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Imagen de apoyo de  El Orden Público: diario semioficial - N. 95

El Orden Público: diario semioficial - N. 95

Por: | Fecha: 08/03/1900

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 37 EL ORDEN PUBLICO -1 Voz autorizada ... u tro ra Ji lh IDO htj ) 1 'Intimo 1 lli-t 'rali mo frane" El Dr. Mm dIo hizo u lu 'ad6n política n ,} p liodú mo l' ri i n y . u. artí ulo de El Tü:m}Jo no ran otra c ::;a Ut:) un trn unto d 1 lit de Emilio de irardin y le otro de.al A eu la Hoy mú mo la manir" t ·ioll 'de anarqu' 1~0 d que han . dado lllU tI ~ )( re,-olucionari on la im i-ta iÓIl d -1 partido anarqui ta fl ancé', rama dI. 'iali ta á qu ha' nido á quedar l' '­luddo (>1 antig-uo l'adi 'ali~ mo. POf"O hombl' , han j r 'ido mil influjo en­tI' 1 radkal' de 'olomLia ·ui han ido má imitad, lorene qu Yí tOl' Hu . D de qu abandon6 la monarquía 1'01' )a H púhlica y 1'8- neo-ó d la f 'reHgio a qu tan h rlllO a. pági­n~ I habia in pit'ado, II gó á, r el POl~tifi(' Má -mo y ... i pu de d ~ci • el ídolo d 1.lIbera­J' IDO d· mbo mundo_o E 'l'itor lib l'ale hubo n 'olombia como Erhevel'ri. qu no cont ntal'on con 1 netral d u~ ídem: imitar su lnetáfol'as y la bl'illantez d ro e - tilo. sino qu modelaba..,u artículo n pe­ríodo, corU> para que la lui ma forma de lo rito: en pro d 1 gran 1 oeta qu daran v'm'iad 11 1 uyo . Aunqu hoy un ;u1'ote d 1 lib 'l'a!i81Do de Colomuia e "p 'u· rIaDO, la hugolatl'la no ha ~-ido abandonada. La palabra dE V~CtOI: Hugo ti ne O'l'all autoridad entr 10 1 artIdarlO del libre .. -amen Y á ello d dicam el iguiel1te artículo dpl ~ütor d .. La Ley Ilda d lüs Si,.. glo , y 1 P dilllo lo le9Jl con la atenci6n que I iUnto clt::U1anda : J!/' j)ucblo )' la !(ejJlíblica En lllOn81'qu18, la reyoluciún e' un pa.o ha ia adelante' II 1 epúbliea un 1 a o ha-cia atrás. . 1'. L in .. u 1'1' ción DO un dl r ho mo (:f. e ndición de t~nel' ante í)¡ verdad 1 a rebel­de que e' la mouarquÍa. l n pueblo e detien­de' contra un hOlllul'e r .~ ju too Un l' y ~ Ulla obrecarga; t~:lo el un lado, nada d otr; plle", n . arl(~ opone~' un CODtrape~o á e ~e hOlllure ·C 1 TO, la 111 ~­l'rección 110 ' otra cosa que un r ... tabl (;,}­mi nto de equilibrio. La cólera 1 d l' cho de lru co ju· tas; d truír la B· ,..tilla e una acción yi()- lenta y . nta. . . La u urpa ión ngondra la re l .. t nCI.a, e~-- decir. la obel'anía d 1 hombre obre í IDI mo y ob~'e ~I 010; como pl'incipio .. o 'ial ~b oluto, hac toda monarquía una u urpaclOll, aUll­que fu e legalment pI' ~aIDada, pue' hay CO .. lli n qu la 1 y ontl'adl' el der). h
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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El Orden Público: diario semioficial - N. 95

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Imagen de apoyo de  El Orden Público: diario semioficial - N. 133

El Orden Público: diario semioficial - N. 133

Por: | Fecha: 26/04/1900

DIA..FlIO SE~OFIOIA_T o 1 Bogotá ( r>lnJ 01 JU A. Z U L E T A J) H -r 1 non MA WEL. A. ~OTERO (j " 250 20 ,. 02 01 o 10 )a ITAn~ 31 oua. r~trlG A ricD. • t nuc· anterIOr 8 r> epú lica 010 bia)" ju "O' 20 de n e SEMILLA DE PAPA 'cnd "' , lo h.· l2-í" le superior calidaJ, en la IIa ien la de hucuita ( oa-chal · ~I c rnpra lor ruede recibirla en la I:.stación ) el rerr carril del Sur, en esta CIU lad, -.- --o J:.c1 ~ IJ) o CIJ ~ e o ~ ~ .~-
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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El Orden Público: diario semioficial - N. 133

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Imagen de apoyo de  El Cachaco de Bogotá - N. 24

El Cachaco de Bogotá - N. 24

Por: | Fecha: 06/10/1833

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 9i DIOS carso de sus violados juramentos. Per,o, bÍ no ~ai a )QS Jmch os., para hacer prevat·icildOI'CS a los déhile UD JOIO hecho de esta naturaleza l repartimiento i notese que el i'nlerés va disminuyendo Cé.lda ;¡ño á de la deuda estranjera, diez ó doce millo"Res lle vesos, pro¡)orcion que se disminuye el cnpiL••L AplicanJo ·es conveniente saber que no estamos obligados a pa- 3oo,ooo pesos por primera vez para amol'tizar d ca· ¡arlos en un d1a, ni en un mes, ni en un añ@. Jenles pital, puede irse aumentando la cuota de la amorti?.a- 1lai que, asustadas por la ignorancia, ó guiadas por cion á proporcion que se disminuye la suma del iH­una malicia refinada, tiemblan al pensar que los gra- terés, i Jc c'ste 11nodo cloce millones ele pesos serian nadinos tenemos que paga1• ele pronto doce 0 mas reembolsados en menos de treiuta 01ños. millones de pesos. Pero este es un error. La Nueva Un cálculo semejante puede lJ:tcerc;e respecto de Granada solo está obligada a pagar cada año el interés la deuda interior, con la notable diferencia de que., de dicho capital, i a amortizar una pequeña pJrle de para e~ta, solo es 11ecesario a. cgu:-ar el }ljo•· conocida, (lencia )e los F..stados Unidos co~trajer9u grandes deu- 1 1 cuyos conocimientos forenses i espir1Lu fiscal ofrez­das e~tranjeras é interiores para asegurarla: cincuenta ,can mas garan\Ías en favor del erario público, i de i ocho años hacf: que el pueblo americano se ocupa los particulares que luchan con él. Tan cierlo es esto, de pagar sus lleudas, i hoi, en el año ele 1833, apenas que la camara de representantes del tihimocougresó acabar:: de completar el pagatn~nto de toda su deuda; Lppia aproba(lo un artículo en el proyecto de lei or­que es tanto como decir, que hombres que no exi~ gánica judicial, por el cual, 1l~.sta despucs ele la últi­tian . ól lJot•a cincuenta Í Ocho años, ni a}tOI'a treinta, i ma . inst.an<'ia, Se Ql~ndabau reYeer loS espeJienleS en propiedades ·que entonces no eran productiva8, i ma- ~!11! la hacienda púLl¡ca fuera condenada, para saber Düfacturas desconocidas al tiempo de proclamarse la i .. hahia)ugBI' á exijir la responsabilidad al juez o jue­independencia, i ciudadanos que! en esa época no eran ces de ella. Es preciso confesar, qne los que litigan hatiitantes de aquella tierra afortunada, han sido gra- . ~ou la hacienda pública se apoderan de todos los re­vados posterionnente para el reembolso de la dt>uda a~rtes que les presenta su interes indhidual, para con~ 'Asi, pues, sueederá entre nosotros sin que nos arrui- seguir: una buena aeutencia, i con t.tl objelo no pier4 nem~, como maliciosamente pronosticán los enemigos . den la m~s pequeña oportunidad, ni dejan escaJWr la del gobierno .~rana.mno, q.n~ echan ~auo tle toda ar;na men~r ClÍrcunstancia ~ra QJO~er en su. favor el ánimo mal~ para t~nerhJ) la Ofll'~o~ p\iblwal pua eugaQa~ del JUC~. En: estos ple1to~ ,1 JUCI .afi heue po1· del~ u~ . \. .. ..... . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 'te sino uPa pNsona material tle las dos que· litigan, porque esa }JCrsoua que rept'CScl ta al estado es invi­sibl--, i por· des~r·acia los homhl'cs en lo jcnera], co­nw dolados de flCrsonas de quienes inme­tl i<.~tet,lr(lista, l1a des­te tTado de su cot·m,on todos los eslimulos del pundo­iltoa ·, i se ha fot·mado uua manera de ·vivtr análoga de} totlo a la que SUS inclinaciones lo han 'USlOSil­mente conducido. S'i las ju,licatut•as de hacienUa son uu empl<'o de honor como uosottos Jo cre0tl!os, pare­ce intlutl.ahle que no se tlehcn pro,·eet· en hoinlu·e ele-acreditados. ¿ étiul :erá. la gurantia que en favor de la hncicn.m­Lbr aun al mismo <.lict\ld01{~ para ·arrau~arlc decretos que les permitiesen dt•,orar .la S!J.h~tancia de I~s pue·1 blos, en l.t crápula, en la disipacion, i en medió de los vicios mas esc.~ndalosos _i, gmseros; enemipos im­placables de todo ordén socwl, de todo gob,erno de leves que sepa ponet• ' ft·eno á sus abusos, á sus vio-lP.~ cias, .:í sus dilapicbcioues i concusiones ; ellos uierel~ destruirlo, rár,,_ e_leYil~c:J·lo l ~onfund~d~ ~0- 0i á bn de. tene,r a ~u··:thspc~SLOton lRs arcas pubhcas, i privar al estado de sus economías i las _del ho'mbre industrioso, para atender a sus disipadores vicios, de los que sus inclinaciones penersas les han hecho ha~ cer necesidades siempre nacientes, nunca termio~·hles. Tan poco dPlicados en los medios de saciCjr s~ desenft·enada codicia, como determinados i. cometer los c~·imenes n;.as negros 'i ~~.troce~, ellos se atreven á ntrincher;lrse con la relijion, para ocultar á los ojos. del vulgo la deformidad de sus '·icios 1l0t·rendos i mor .. tíferos, á la vez que el caudor i l..t belleza de las vir-tudes civicas i del patrioLismo. ¡Miserables, vosotros, que osais proferir e! nom­bre augusto de la relijion, armandoos de puñal~s ase­sinos contt·a la autoridad respetable de las leyes! l La llabeis visto, por ventura, ~con. eJar alguna vez },, ~ub~ version de los gobie1·nos legalmente constiluiélS3r allí la temporada' que tan funesta ha sido par a tantos de sus compañeros. POESIA. No ha muchós dias que recibimos de Carare unos versos ingleses, que se estractaron de un celebre poe­ta, i se nos remitiéron por ser propios de las circuns­tancias actuales. Ofrecemos cde ellos, aunque con sen .. timiE>nlo, la siguiente imperfecta traduccion. ¡Ah! ¡ cuantas veces, bajo el nombre augusto De relijion, ha sido derramada lJa humana sangre ! ¡ I cuantas el orgullo J ..a fama del patriota se usurpára, La obra del delito coronando ! Pero en campos de sangre las miradas No, no fi.jeis jamás, que aHí no habita La relijion; su campo de batalla Solo es la solec1ad, su insignia el cielo; La penitencia i la t>racion sus armas. Vistese. de monástica cogulla , I~a ambicioo, i del triunfo . la guit"tlalda Con ella oculta, mientras el lim)1io acero De la virtud reposa en su morada; Que, aunque :narchan intréP,idos, no riñen Los jenuinos ''alientes por la fama, Ni de la relijiou el nombre invoc
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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El Cachaco de Bogotá - N. 24

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Imagen de apoyo de  La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 17

La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 17

Por: | Fecha: 02/01/1875

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~-____ -,,,;---~~ S' :R ? ~.-~~ --_. _ ~-- PERIODICO DEDIOADO A LA LITERATURA Serie 11. Bogotá, 2 de Enero de 1875. Número 17. A~DEx EL AÑO NUEVO. Un año más que ha pasado á hundirse en el abismo de la eternidad. Una gota caida de la clépsida del siglo XIX marcando la medida de doce meses. ¿ Qué nos quedan de esos dias que como un vértigo han pasado á nuestra vista? Dos recuerdos de dolor por uno de placer. Cien lágrimas por calla sonrisa. La vaga remembran­za de algunas ilusiones concebidas, y la tristí­sima realidad de algunas decepciones. Es un año ménos. Es un año más. Allí en la casa de un rico negociante tiene lugar una rcunion de niñas, que esperan en medio del bullicio do la danza el primer vagido del naciente año. S 1S risas infantiles, sus dúlcidos cantos de ánid les impiden oir los gemidos que en su estortor exhala el moribundo anciano. Todas miran ansiosas hácia el minutero del gran reloj colocado en la consola de la sala. La manecilla ma.rca inexorable minuto á minuto, los que faltan para que suene la última hora del año viejo. O la primera del año nuevo. Unos cuantos segundad más ...... hé allí la cam· pana que da doce monótonos tañidos que re· piten en coro todos los relojes de la ciudad. Un grito de alegria resuena en los labios de aque­llas vírgenes que se abrazan mutuamente con una alegria infantil. i Un año más! exclaman; j feliz año nuevo! La anciana abuela q11e senta­da en un rincon miraba ao-uella escena, que le traia á la memoria recuerdos de otros tiempos más felices para ella, inclina la frente, y siente deslizarse una lágrima por las arrugas de su marchito rostro. Una de las pequeñuelas viene á darle un beso en la frente, y sin comprender que se pudiera estar triste cuando ellas reian, pregunta á la anciana la causa de su pesar. --Tú no lo puedes comprender, María, dice la abuela. Eres muy niña aun. Pero lo Ilue me en­tristece es lo que tú llamas un año más, que es para mí un año ménos. Tú ves hácia arriba, porque subes el sendero que conduce á la cima de la montaña de la vida. Yo miro hácia abajo porque desciendo por la pendiente que conduce al abismo de la tumba. ·-No te entiendo, abue­lita, replica María y corre bulliciosa á confun­dirse entre la. nube de mariposas de sus ami­guitas. '"¡ Qué egoista. es la infancia! murmura la anciana. j Qué egoista es la ancianidad! añadimos nosotros. Despues aquella parvada de golondrinas se desbandó; cada una se dirigió ásu nído á ~oñar COn Un mañana lisonjero. La anciana fué á pensar en un ayer melancólico. Nosotros en un hoy indiferente. En unos cora­zones veiamos sonreir la esperanza, en otros el recuerdo ... llevamos la mano al nuestro y encon­tramos en él solo el vacío. No encontramos ni vestigios de un ayer ni la ambician de un maña­na, ni la realidad de un hoy. No habia lágri­mas en nuestros ojos, ni sonrisas en nuestros labios. Ni odio en nuestra alma, ni amor en nuestro corazon. Nos dirigimos a nuestro ha­ga", apagamos la luz y nos dormimos tranquila­mente. En la mañana nos despertó un imper­tinente rayo de sol que á traves de la ventana se deslizó hasta nuestro lecho como por desearnos un buen año. Poco despues nos levantamos, y fuimos á almorzar con varios conocidos. En los postres nos pidieron un brindis. El champaña hervia en las copas. Nos pusimos en pié, y pa­rodiando á los heraldos de Antaño en la muer­te de los reyes, exclamamos: Puesto que el año ha muerto viva el año! ! - BRISAS DE LA MAÑANA. A LA SEÑORITA CONCllITA. BORDA. A wind came out of the sea. (LONGFELLOW.) A disipar los nublados De allá, muy léjos del mar, La brisa viene diciendo; "Neblinas, dadme lugar." Las balsas que, orilla al río) Se mecen va á saludar: "Balseros, velas al viento i " Es la alba; al remo; y bogad." El bosque medio dormido Con su ala toca al pasar; " Hojas, música á los cielos, " Aromas al viento dad." A sacudir en los llanos V á las cañas de un trigal O el sedoso traje undoso Del sonoroso maizal. Las gasas con que la. cumbre Del Ande, cubierta está, Descorre j y á média lUID bre Comienza luego {\ brillar. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 130 LA Guardando el caliente nido Aün las aves están; " Cantoras del aire, os toca " Alborada alegre dln. Algunas nieblas aun vénse En el barbecho blanquear: Las sigue, las rasga, en grupos, Las hace al valle rodar. Con el gallo que aletéa, Posado bajo el alar, La voz de alerta á la aldea Se pone luego á soltar. Cruza calles; en las puertas La rendija expiando está, y hasta las tibias alcobas Silbando se atreve á entrar. Allá al blanco campanario Travieso trepa á jugar; " Campanas ya el alba rompe "Sonad, campanas, sonad." " Todos, vuestras plegarias " En el templo, al alba, alzad: " Que en nube de incienso envueltas, " Derechas al cielo van." En el triste ce~enterio Que tras la iglesia está, Por entre tumbas se esconde y sollozando se va. CINTlO. LOS ZAl? ATOS. Los zapatos, á los ojos de la mera observacion, son el vestido de los pies, y nada más: los exigen el pudor dor y la limpieza, aunque no los reclama la, bigiene; pican la curiosidad de quien mira, y mantienen la ilusion de quien no puede ver, por más que mi re. Ouanto de ellos se diga como distintivo, es aplicable al vestido en general, porgue si el calzado es el ves­tido de los piés, el traje es el cal zado del cuerpo. Empero, como no es lo comun que la filosofía presida ]0. formacioll ideológica de los juicios, aquellos, que son s610 10 que hemos dicbo, hacen un papel que no guarda armonía con las sustancias de que los fabri­can, y causan más de una ilusion, y otrC's tantos de­sengaños No es el solo objeto que tiene múltiplo carác-ter, derivado de los y las praocupaciones, más bien que de la realidad. A los objetos, á las palabra y á los bombres, les acontece en el teatro social lo que á. los guarismos en las cantidades: tienen un va­Jor real, invariable, y otro mayor ó menor, que crece á voluntad, segun el lugar que ocupan ó la ilu ion que los favorece. Las palabra~, por ejemplo, tienen segun el diccionario un ignificado que les es pecu­liar, que altera el capricbo de quien las dice ólas oye. Una fra e que en lo labios de un particular apénas es sonido que el viento so lleva, proferida por un Em­perador ó su Ministro, es prenda de paz, pul acion de guerra, golpe de bol a, ó cambio de decoracion en el es­cenario político. Traduzca cualquiera una accion ó pa­labra con el criterio de una arbitraria interpretacion y todo cabrá en el dicho más sencillo y tornaráse ~n grave hasta lo baladí. Esto explica el papel que hace en el mundo la. interpreta.cion de las acciones ajenas. A DE Ctnllqnier accidente ó a~ributo per, onal? pOI' nimio que parezca, se bace sentll' con la teJUlel.t1ad ,de )0 perdurable. Siga 01 lector con su atenclOll ti una mujcr h ermo:=;a por la,senda que le preparan SI,IS grn.­cías Ó P(ll' la maleza a qU,e,la llevan ~11 atractlYOS" y deducirá que gU belleza [¡slca decre~o s,u suerte ]ll·.r.;­pera ó adversa. Tome en ~u memOI'H\ ~\ una fea p~r'\ bacer la misma observaclOn; cn . egu\(]a :í. una 111- glesa de Ja, al'istocr~cia; despues :í. una ni~1l. m! 'c­rabIe y scductora, bIJa de las calles de Pans,! a la postl'e, cumpa,re á ~na bC"gotana con una mUjer de aldea. ¡Qué dlferencHls en el pal?cl -ocial, cl vestido es rl'fjllbito esencial : tan notable seria un ll1ngistrado dl:;,calzo en su dCt-pacbo, como un d tripa-terrones de ca aca y cbaleco blan­co. Para aspiral' el hombre á cierto empleo", para ingresar en tal círculo social, par:! porlel el' cadlCtco en ejercicio de liS funcione", e forzuso usar zapatos, así como el !leyados es prueba de que e tiene renta y uo jurnal. Poco importa el fondo productivo de la renta; pero ellos no se adquieren, in buena oldada. Donde cs costumbre usarlos, los zapatos son yes­tido y nada más; á pesar de que, entro los de cuero y lo de ra o, aunque todos son del género, bay us diferencias. Donde apénas los alguno, , muchos ó poco, pero señalados, son signo de distinciun, no ante la realidad de las co af, sino para el extraviado criterio bumano, En pueblos ele a,enidos por la lec­ciones que dejan los re entimientos pohtico" ó por rivalidades de cla e, 6 emulacion de predominio, el ve tido es marca social, motivo de antipatía. y fuente de inmotivadas prevenciones: algo com(l ser pri. io­nero en Roma, moro cn E paña, extrajero en el Paraguay 6 negro en New-Yorl. No e tán rezagados en nuestra memoria los episodios de Bogotá entre ca­chacos y a Para prevenÍl' Ó 'par tales ani­mosidades, para quP. el ve tido no sea valla social, es útil demostrar que son los zapatos, á la vez que para generalizar tan buena costumbre. U nos se persua­dirán de que quien los usa es obligado por el há­bito, el cual le fué y le es impuesto por fuerza- • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. LA TARDE 131 mayal'; otro perderán el temor ó la vel'güeuzn. que le coarta el vebemente de ea de u arIos. n recien llegado ó desconocido no e visto con los ro ojo cuando se presenta descalzo, que si . e ex-hibe de zapato, levita, reloj, cháleco: varita y dema ndberentE's, r¡ue son las insignias tic ser cachaco en disponibili{lad. A aquel, ni lo miramos; poro al ver :í. e te preguntamos: " i quién scrá?" En un baile de cl evada condicion, caeria en ridiculo el desco­nocido que se atreviera á ingresar como pUl'cja, des­calzo ó de ruana: el rechazo mudo de la incli(crencia y el dc precio no se hari:!. cspcrar. Pero si cse con quien (por exhibirse con tan vulgares credenciales) nadie habria bailado, ni ido alteatro, ni pl'esentádose al publico, . c da valia con cambiar de edicion, y se iuieia cun modales y arte, como neófito cutre la gen­t<" . ubirá ('n bre\'e, ante el criterio ajeno, los esca­lone' necc. ario para ser aceptado como ig ual por aquellos ú aquellas que, de otro modo, no se digna­¡' ian nliral'lo. E te prólogo de iniciacion, ante,ala y recibimiento, lo npeesita, i án lo conocían como á extraño á ese círculo; pero si e de conocido, 01 ves­tido le sirve de letras patentes para ser de todos aca· tado, y merced á él e pre-enta con aires de gente y librea de caballero. Per.onas hay que por sus cos­tumbre é intE'nciones y pOI' su e ca a cultura no merecen en ju tici,1 lo miramientos que comprnn con la decorncion que lbvan; cUlintos que por aber sor· prendor con su C'xtcrior el extraviado cl'iterio feme­nino, to:n:m.trinchcras sociales ó pecuniarias, que án­te juzgaban inexpugnables; muje que si e.cogcn pam u recopcilln en el gran mundo un teatro á rné­dia luz por lo extenso, como una ciudad no\'clera y populosa, escalan puestos elevad en la gcrarquía de la fama tan sólo con una audacia amanerada y lujo­samlmt. e vestida, Lo ocupantes de pue tos elevados, ó cnanclo ménos,'l figurantes del buen tono, los cau­datario de la llovededacl, al acercar c un pcrRonaje de eae jáez, lo r~cibpn primafctcüJJ como á igual, porque a. ignan á ¡:lS cualidades el lugar quc ocupan los gnan las joya y el coche de librea, á .ahien­das de que tales atavíos son el di fraz de una ba­cante, perla salida del muladar del crímen, variante de la Rigolboche aderezada por la mejor modista de la capital. Nadie piensa que el vestido, lógicamente, no es más que indicio de que hubo quien lo diera ó lo com­pral'a. Al contrario, parece que todos hacen esta deduccion: é. te está bien vestido, luego cs gente. Para poner.~e el mejor vestido basta la voluntad y los medio ; para ser lo que muchos desean CI', mediante un buen ve tido, se necesita volver á nacel', 6 al mé­no formal'se de nuevo ó mejorarse mucho. Don Eu­genio Diaz, el simpático viejo narrador de costum bres, el pintor de pluma de cuadl'Os nacionales, era bajo su humilde ruana tan observador, picante y talentoso, corno jamas lo fueron ni podrán serlo rnucbos que á Sil lado se creerian superiores. Allí donde todos usan zapatos, ellos nada significan; luego tienen valor social porque no los usan todos; pero ello no quiere decir que si todos compran, que­dan de igual condiciono Quien en Francia se pu, iera la cruz de la Legion de lIonor no quedaria condecorado: le sucederia lo que á aquel que en Prusia se vistiera de general sin serlo: quedan todos lo mismo que ántes ante el criterio que la filosofía aplica para pesar á los hombres. i Qué son, pues, los zapatos ante la lógica '?-El vestido de lo . ¿No agregan mél'ito?-El mérito que da el sombrero-¿ Son prueba ó señal ó indi cio i­quiem de que sea inteligente, rico, in truido, bueno, malo, holgazan ó laborioso quien los lleva ó se viste bien '1 No, mil veces no.-¿ Qué prueban, pues, los za­patos en los piés ?-Que quien los tiene so los puso.­i y el que los considera como premi, a de algu­na deduccion favorable 6 desfu.vomble á la persona que se los pone ...• ? Es un tonto. Y si es mujel' la que so paga. de la lujosa edicion de un pretendiente nulo •••• es más que tonta, •.• está loca. i Y qué se debe hacer con aquel que con pretensiosa intencion se exhibe con ellos? Dejarlo pasa!' como á un mente­cato y procurarle cuarenta pares más paro. que prue­be si su valía. e hace cuarenta veces mayor •.•• 6 si queda Jo mi IDO que ántes. Esta es nna leccion de filosofía. escrita con el propó­sito de que se mejore la manera do juzgar: es apli­cable al vestido y á todos los atavios de la especie humana, PEDRO ELÍ.\5 MANTILLA. --_Z>-&. _ _ TRISTEZAS. Cuando recuerdo la piedad sincera Oon que en mi edad primera Entraba en nuestras viejas catedrales, Donde postrado ante la cruz de hinojos Alzaba á Dios mis ojos, Soñando en las venturas celestiales; IIoy que mi frente atónito golpeo, y con febril deseo Busco los restos de mi fe perdida, Por hallarla otra vez, radiante y bella. Como en la edad aquella, i Desgraciado de mi! diera la vida. j Con qu6 profundo amor, niño inocente Prosternaba mi frent~ En las losas del templo sacrosanto! Llenábase mi jóven fantasía De luz, de poesía, De mudo asombro, de terrible espanto. Aquellas altas bóvedas que al cielo Levantaban mi anhelo; Aquella majestad solemne y grave; Aquel p?usado canto, parecido A un doliente gemido, Que retumbaba en la espaciosa nave; Las marmóreas y austeras esculturas De antiguas sepulturas, Aspiraeion del arte á lo infinito; La luz que por los vidrios de colores Sus tibios reeplandores Quebraba en los pilares de granito; Haces de donde en curva fugitiva Para formar la ojiva, Oada ramal subiendo se separa, Oual del rumor de multitud que ruega, Ouanclo á los cielos llega, Surge cada oraeion distinta y clara; En el gótico altar inmoble y fijo El santo crucifijo, Que extiende sin vigor sus brazos yertos, Siempre en la sorda lucha de la vida, Tan áspera y reñida, Para el dolor y la humildad abiertos; El místico clamor de la campana Que sobre el alma humana De las caladas torres se despeña, y anuncia y lleva en sus aladas notas Mil promesas ignotas Al triste corazon que sufre ó sueña; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 132 LA TARDE Todo elevaba mi ánimo intranquilo A má s sereno asilo: Religion, arte, soledad, misterio ...... Todo en el templo secular hacia Vibrar el alma mia, Como vibran las cuerdas de un salterio. y á esta voz interior que solo entiende Quien cr6dulo se enciende En fervoroso y celestial cariño, Envuelta en sus :flotantes vestiduras Volaba á las alturas, Virgen sin mancha, mi oracion de niño. Su rauda, viva y luminosa huella Como fugaz centella Traspasaba el espacio, y ante el puro Resplandor de sus alas de querube, Rasgábase la nube Que me ocultaba el inmortal seguro. i Oh anhelo de esta. vida transitoria! i Oh perdurable gloria! I Oh sed inextinguible del deseo! i Oh cielo que ántes para mi tenias Fulgores y armonías, y hoy tan oscuro y desolado veo! Ya no templas mis íntimos pesares, Ya al pié de tus altares Como en mis años de candor no acudo. Para llegar á ti perdí el camino, Y errante peregrino Entre tinieblas desespero y dudo. Voy espantado sin saber por dónde; Grito, y nadie responde A mi angustiada voz; alzo los ojos Y á penetrar la lobreguez no alcanzo j :l\fedrosamente avanzo, Y me hieren el alma Jos abrojos. Hijo del siglo, en vano me resisto A su impiedad i oh Cristo! Su grandeza satánica me oprime. Siglo de maravillas y de asombros, Levanta sobre escombros Un Dios sin esperanza, un Dios que gime, j Y ese Dios no eres tú ! No tu serenll Faz, de consuelos llena, Alumbra y guia nuestro incierto paso. Es otro Dios incógnito y sombrío: Su cielo e~ el vacío, Sacerdote el error, ley el Acaso. ¡ Ay ! No l'ecuerda el ánimo suspenso Un siglo más inmenso, Más rebelde á tu voz, más atrevido j Entre nubes de fuego alza su frente, Como Luzbel, potente' Pero tambien como Luzbel, caido.' A medida quo marcha y que investiga. Es mayor su fatiga, Es su noche más honda y más Oscura, y pasma al ver lo que padece y sabe, Cómo en su seno cabe Tanta grandeza y tanta desventura. - Como la na ve sin timon y rota, Quc l ronco IDur azota, Iuoondia 01 rayo y la borras ca mece En piélago ignorado y proc e loso, Nuestro siglo-colo s o Con la luz que le alJrasa, resplandeco. j y está la playa mística tan léjos ! ... A los tristes re:flej os Del sol poniente se colora y brilla. El huracan arre cia, el baj e l arde, y es tarde, e ~ i ay ! muy tarde Para alcanzar la sosegada orilla. - ¿ Qué es la ciencia sin fe? Corcel sin freno, . A todo yugo ajeno, Que al impulso del vértigo se entrega, y á. traves de intrincadas espesura. , Desbocado y á. ol'curas A vanza)in cesar y nunca llega. Llegar! A dónde ? ... El pensamiento humano En vano lucha, en vano Su ley ocult'} y misteriosa infringe. En la lumbre del sol sus alas quema, y no aclara el problema. Ni penetra el enigma de la esfinge. i Sálvanos, Cristo, sálvanos si es cierto Que tu poder DO ha muerto. Salva á esta sociedad desventurada, Que hajo el peso de su orgullo mismo Rueda al profundo abismo, Acaso más enferma que culpada. La ciencia audaz, cuando de ti se aleja, En nuestras almas deja El gérmen de recónditos dolores, Como al tender el vuelo hácia la altura Deja su larva impura El insecto en el cáliz de las :flores. Si en esta confusion honda y sombría. Es, Señor, todavía Raudal de vida tu palabra santa, Dí á nuestra fe desalentada y yerta: -Anímate y despierta! Como dijiste á Lázaro: -Levanta! G.N DE ARCE. o ::: o UNA ALMA PIADOSA. (Conclusion.l La tarde de la boda, los vecinos principales se presentaron de punta en blanco. Don Nico­las, el más ricacho de los gamonales, se puso /;lse dia, como los juéves santos, mancornas de oro en el cuello de la camisa, cuyas alas, cual las de un murciélago, le caían sobre los hom. bros. Doña Pastora, su bizarra consorte, tam. bien concurrió. La tal señora tenia una figura en verdad poco romántica: era chica y gordi­: flona i en su cara circular y terminada por una. papada mórbida, hacian juego algunas manchns azules, que las gentes decian ser carate, sin perjuicio de que ella las atribuyera á la. me­lancolia. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. LA TARDE 133 Doña Pastora debajo de tan mala pasta te­nia uua alma buena, así como hay bellezas encantadoras dueñas de corazones ruines. Don Nicolas tenia sus defectillos de gamonal, como una presuncion necia y muoha golosina de man­do; pero en el fondo no era malo, quizá por su docilidad á los consejo de su esposa. Don Nico las ora cabildante perpetuo, de donde se le metió en el cuerpo la mania de perorar: en pocos minutos decia unos cuantos despropósitos; pero, eso sí, con todo el garbo de un señor cabildan­te, ó un señor senador, ó cosa por el estilo. Ouando don Juan lo vió esa tarde con una enor­D1Jl totuma en la mano, perorando, necesitó de mucha fuerzn. de voluntad para no soltar una imprudente carcajada. En toda la tarde no hubo más novedad que unos cuantos puñetazos que Oustodio clió á un muchacho, porque no queria descubrirse al pronunciar el negro el nombre de Bolívar. Al ruido salió Oarlota, y Custodio se de~cubrió respetuoso saludándula con el sobrenombre que la habia puesto de "mi Vírgen del Pi­lar," por la semejanza que decia haber en­tre Oarlota y una imágen que él vió en Oarácas, ó en no se qué infierno. Oustodio vivia siempre ebrio, y en ese estado tí nadie respetaba, excep­to á Oarlota, quien lo salvó una vez de una en­fermedad grave. Las autoridades le temblan al negro, que habia hecho la campaña en la guerra de la independencia: habia alotado al­gunos años en presidio, y en prueba de sus ha­zañas ó ue sus crímenes, tenia la cara -marcada por dos anchas cortadas. La presencia de Ous­todio era casi aterradora, con sus labios grue­sos, su nariz aplastada, su piel aceitunada, sus ojos de rapiña y sus cabellos grifos; pero cuando se dejaba llevar por sus continuos arrebatos de ira, y al que primero se le acercaba le tiraba con lo que habia á la mano, y mugía y echaba espuma por la boca, y por los ojos llamas, era el tal hombre verdaderamente aterrador. Más, cosa rara, bastaba para calmarle en tales casos una sola palabra de Oarlota, "su Virgen del Pilar." La dulzura de una mujer bella y vir­tuosa es capaz de amansar fieras. La dicha de Oarlota. era completa: su única aspiracion habia sido siempre la de unir su existencia á la de un hombre honrado. Alma generosa! aquel dia de triunfo, recibió entre sus brazos, con demostraciones del más tierno cariño, á q ueUas mismas am(qas que la trataron con desprecio y casi con insulto en los dias de BU infortunio. EL HOGAR. v Coronada de floree y cantando La alegre juventud viene á la vida: N o halla una zarzo su flotante manto, Ni BU planta ligera bnlla una espina. GREGORIO GUTIÉnREz GONZÁLEZ. Pasado el dia. del regocijo, don Juan y Oarlota pensaron casi con miedo en el porvenir. Don Juan, aquel apreciable jóven, que entre dOlicientos compañeros de estudio tuvo rivales, pero no superioreSi que .iempre se distingió por SH carácter caballeroso; quo hizo una carrera de bastante lucimiento; 61, qué pro~ sion creis qué tomó? La de maestro de escuela. Pocos habrá que no recuerden con emocion aquellos dias felices de colejio en que tan hormosos castillos se fabrican en los aires. El alma soñadora del jóven entrevé el porvenir al traves de un velo matizado de rosa y oro. Poco le importa ver asomarse desvergonzados sus dedos por entre sus rotos zapatos, y al pasar por entre los corros de los cachacos, divisal' sonrisas de burla y desprecio excitadas por su l)oética figura: poco le duelen las calaúazas que a]gun adoTCldo tor­mento le da por preferir á un pepito de esos que abundan en las ciudades, petrimetres ridí­culos que valen tanto cuanto lo que llev~m enci­ma: poco se le da cuando el dia do ,' acaciones recibe el flaco rocin que de su casa lo envían para el regreso á la familia, y de verse allí encaramado en su silla escarapelada, con sus estribos dé palo y sus zamarros llenos de conde­coraciones que publican an tiguos servicios. Qué es todo eso, y más, para una fantasía poblada de imágenes risueñas, y que entrevé riquezas, honores y glorias? Dichosa edad la de la juven­tud! Si nunca el hombre pasara de ella, habria en el mundo felicidad. Entónces se ama con ardor, se sien te con emocion, se espera con fe. Por cierto que don Juan en sus ensueños de gloria jamas pudo figurarse venir á parar en un triste maestro de escuela. La pobreza de los nuevos espo. Doña Pastora, temiendo '1 ue pre· tendiera hacer algun disparate, tomó una luz, y la siguió, no sin algun terror -Niña, no le dije que estaba dormido? Allá se las avenga: él se molestó porque le fué á quitar el sueño. Era falso: don Juan no habia desplegado los lab, ios. -El me oyó, él me oyó! Exclamó Carlota, sonriendo como un niño, y señalando con la mano extendida la imágen de Oristo: y le oyó á Custodio! • Don Juan se restableció en pocos dias, con sorpresa general, pues se creía infalible su muer· te. El vecindario se alegró todo, como si cele­brase un triunfo. Era tan amado el noble ca· ballero! -Cuando yo me muera, buscarás una novia buena masa y muchacha. No? Le decia un dia Oarlota, acariciando á Ignacioy jugando con los dorados ca bellos de éste. -Si yo me hubiera muerto, ya estarías tú en segundas nupcias, le repuso él, sonriendo. -Como no somos como ustedes los hombres, que mujf'r al hoyo y mujer al altar. -y dices eso casi con seriedad. Mírame. Te has puesto brava? Por qué palideces? -Si yo no estoy braba. No me ves riendo? y Oarlota sonreía sin caer en la cuenta de que sus ojos estaban aguados. -y lo dioes llorando. Qué es, Carlota.? es· tás celosa? -,Ay el tunante. Celos yo? -Es con lágrimas como festojas mi vuelta á la vida? Ah! tuve acaso la culpa de no habor­me muorto? -Carlota exhaló un débil grito, y se llev6 las manos al rostro. Don Juan se las tomó con ternura. -1 o llores, Carlota, por Dios I -Tú me juzgas, así, y quieres q uc perma-nezca impasible. Qué motivo te he dado yo pa­ra ello? -Perdóname, que no pensé lo que dije, ama· da mia. Ignacio, que se habia retirado hacía un ins­tante, volvió trayendo en una varita un gusano negro. -Te echo el coco. Huuuuuy ...... coco, que te come, decia Ignacio, dándole sustos á Carlota. -Ay qué asco! Le dijo ella haciendo un jes­to ágrio y ese u piendo. El chico botó al patio el gusano, y luego se lanzó al regazo de su madre, riendo con in­mensa gracia. Don Juan plle:lto ne rodillas al pié de su esposa, se puso hacerle caricias al niño, sin perjuicio de que algunas fueun tam­bien para ella i pero hecha~ con disimulo y respeto, con esa casta timidez del amor primero. En la noche de ese dia, Oarlota permaneció en el oratorio más tiempo del acostumbrado. Don Juan, cansado de esperarla, se fuó á bus­carla, y la encoutró llorosa, con las mauos cru­zadas sobre el pecho y la ca beza inclinada. -Dime, O'll'lota, qué tienes? Por qué has es­tado hoy tan tonta? Ven á acostarte, que ya es media noche, é Ignacio ba llorado. -Alma mia del negrito i habr
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 17

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 4

Por: | Fecha: 29/09/1874

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .--____ --c:t-.:~ s; ~ 2 ~,--:;S--_---- PERIODICO DEDICADO A LA LITERATURA .. -- Serie l. Bogotá, 29 de Setiembre de 1874. Número 4. • • Al\. DE. El c: Diario de Cundinamul'ca" nos recibió con un gala!1te y C:J.balleroso sulndo, "La I1us­tracia n " nos ha deseado cordialmente, al anun­ciarnos al público, una marcha. próspera y feliz, " La Américu" y "El Tradicionista" dieron cuenta de la apuricion de nuestro periódico, Devolvemos el cordial saludo:i los unos y da­mos las gracias á los otros. LA SERPIENTE DE ESMERALDA. (CONTTNUA CIO~ ), SaliJo de aquel fangal con mil congoja y angus­tias, seguimos lIuestm marcha bácia el punto denomi­nado El Toro de de donde se ve, segun la tradicion, el punto en donde Lancllero tuvo su primel' en­cuentro con los inuios, DC'spues de perdidos seis hombres muel'tos Y ocho heridos, entre estos el mis­mo Lanchero, quedó indecisa la victoria y :imbo be­ligerantesse apl'e .. taron para lluevo combate. Diez mil hombres presentaron los abol'Ígen á la pelea, y aunque muchos fueron lo,:; esfuerzos hechos por los e pañales, la suerte les fué adversa segunda vez. Des­pues de haber perdido doce he>mbrt>s y de recoger mueho'l heridos, empezaron:í. buscar salidel'e> hácia Santafé, teniendo que soportal' en la marcha la esca­sez de recursos y los ataques continuos de las dife­reutes partidas que los perseguían, A í terminó la primera intentona de Lanehcro sobre los valientes ,¡¡¿USOS y colimas. -Ni tantica fe le tengo á esa mula gulmnbeaclo?'a, dijo el arriero al ver 110 sé qué movimiento de una de las en que iba montado un compañero. -POI' qué, hombre; qué es eso de g~¿l¡¿mb eado?'f1, ?' -PUE'S que en lo mejor de la bajada afloja el rabo para zafar la baticola. -Eres muy aprensivo. --A llá lo veremos. El camino sigue su descenso hasta llegar al borde de una peña de de donde e ve la boya del rio Zarbe, so­gun 105 conquistadores, y hoy llamado Oantino. Aque­lla pefia denominada de Geromico se corta tan repE'nti­namente, que el viajero que allí llega por primera vez 6A amedrenta al pensal' CÓlllO podrá bajar al fondo profundo l hombre moria de pesadumbre ó se daba la muerte, obligaban á la adúltera á ql;e tuviese el cadáVer cn el regazo durante tres dia en los que no podia tornar mis alimento que un poco de chicha. Quemaban de pue el cad,í.ver y lo colocaban en un tú­mulo adornado con su" armas y capacete y alli perma­necia durante doce lunas, l\Iiéntras tanto la mujer era arrojada á los montes en donde vagaba hasta que ba­j aban el cadáver para darle sepultura; pero i es­ta ceremonia. no debia asistir la penada, No obstante, (jespues de pa ado este acto, la buscaban, la traian á la casa y la obligaban i que se casase nuevamente Si elll1arido queria hacerse de Ja. vista gorda,d ues de que su espo a cometia la falta, rompia todos los me­nnjes de la casa y se iba al monte: la mujer entónces deponia lo roto y Re iba á bu cario al obo de un me , Al hallarlo, lo Illal trataba de palabra y obra y vol­vian á la c~¡;a á vÍl'ir como ántes, Pocos años despues de la derrota d@ Lanchero se internó el capitan nIelchor Yaldes en lo dominios de los muzos <:on el objeto de someterlos, pues ya ame­nazaban Jo pueblos de los rnuiscas, El ejército, com puesto de cien l.lOmbres de mfantería y algunos de caballería, fué atacado por cuatro mil flecheros que los pusieron en perplegiuau, Sólo el ánimo de Yaldes pudo detener á los suyos y :luyentar oí. los in­dios; poro éstos se retiraron :í recoger todos los ele­lmentos de que pudieran hacer uso los enemigos y á Í1H'itar á todas las tl"ibus vecina para que concu­rrieran átla pelea, Por entre escollos profundos y tronco tendidos en el camino pudieron llegar los es­pañoles al '1'01"0 y luégo d der al rio_ Ilabia pasa­do la mitad de la. gen te el corrento o rio cuando los atacaron los indios qU\\ estaban escondidos entre cue­vas formad as en lo barrancos y entre las arboledas de la orilla, produciendo aquello uno de los ataques más sangrientos que en época se vieran. 1Ilu­chos e~pañoles murieron ahogados en tan terrible pa- , • so, pel'O p l' fin, gracia al fuego ele lo arcabuces, pu-diero~ l repasar el rio JI em prendel' retimda, 'l'rein tu e pañole' y quiniento~ indio ' mlll'ieron en aquella se­gunda j omada en que los naturale::. defclluieJ'oll la li­bertad de su &uelo, lIoy no existe de tan valiente nacíon sino gen­te raquítica y degenerada, y aun el rio que corriera tinto en sangre de iberos y aborígene no conserva su nombre indígena. J. DAVID GUARlN. • ( e ontin2ta1'á), .... ,/\ Al r ecibir de nuestro amigo el señor Pom bo la siguiente poesía para su r eproduccion, nos dijo que el original ha sido acaso la que haya h echo vérter más lágrimas y de las que más bie­nes hayan reportado á la clase prolotaria, Des­pues de publicada esta eomposicion y e l "Canto de Id. camisa,," que pronto verán nuestros lectores, se formaron sociedades en Inglaterra para aliviar la. suerte de los obreros y de las jóvenes huérfanas, se fomentaron casas de asilo y asociaciones para levantar los j ornales, No falta raZOD, pues, para d ecir que todos los can­tos de BJl'on juntos, en los que se bebe la hiel de un corazon sin esperanza, jamas hicieron ni la centésima parte d el bien que han hecho las dos poesías de que hablamos, Tendencia no ménos filantrópica lleva la com­posieion de nuestro dulce é inspirado cantor señor Esguerra, Poesías como las dos que insertamos hoy, son para la indigen cia un alivio, pues que ablandan el corazon de los que pueden hacer el bien, y sirven de corona inmortal :lo quienes las conciben. El puente de los suspiros. (DE ROOD,) Ahogada! ahogada! lIAMLET, One more unfortunate, Wearyoí breath. Otra! otra. infortunada Ya cansada de vivir! Importuna despechada Que por fin logró morir ! Recojedla con blandura, Con gentil solicitud! j Cuán delgada! -Su figura Cuenta aún su d esventura, Su belleza y juventud. Como al niño los pañales, Como lienzos funerales Se le adhiere el casto traje, Do áun gotea el oleaje D el naufragio del dolor. R ecoj edla sin ultraje! Recoj edla con amor! Ni una burla, ni un agravio Le-bagan mente, ó tacto, ó labio! P ensad d eUa como h ermanos, Como d ébiles humanos; PeDsad sólo en sus angustias, Y sus manchas olvidad. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • • LA TARDE 27 ¿ Qué hay en esas formas mustias Que no implol'e caridad? N o h agaiH honda, cruel pesquisa D el conflicto que insumisa La encontró con el d eber; Ya la muerte en su torrente Llevó el fango; y solamente Queda el oro de su sér. Sus errores, sus deslices Son de hntas infelices! Hija de Eva! su contagio D esvalida la encontró. Por la. herencia que nos toca Enjugad en esa boca Las espumas del naufragio ..... . Trago acerbo, pero el último Que el amor le presentó. Ricos enm sus cabellos! Componedlos cual salia Cuando, mísera! esperaba y creia en el amor. Ah ! decidnos, gajos b ellos, Dó está el peine q ne os peinaba, Dó el humilde tocador? Quién sus padres nos diría? Tuvo hermana? tuvo hel'mano ? O uno acaso más cercano Y más caro toda vía? Ah ! en el mundo cuánto es rara La cristiana caridad! Oh gran lástima! oh avara Inhumana humanidad! Que á una víctima indefensa Falte h ogar en esta inmensa Babilónica ciudad! Ya no hay padres? no hay h ermanos? Ya no hay vínculos humanos? Reina pues la indiferencia Y el amor se desterró? -y únn la Santa Providencia A su grey desamparó? Desde aquí .t al ve.z la, misera, Al nocturno CIerzo ImplO, Recol'ria tantas lámparas Que r eileja el ancho rio, y la tibia luz de innúmeras Galerías y ventanas Quo pintaban en su espíritu Tras de velos y per ianas Oada cual la paz y el júbilo De un amor y de un hogar; Miéntras ella, aislada y huérfana, No tenia más q ne lügrilllas y ni donde ir á llorar! Y la endeble criatura Tiritaba, de hambre y fria, No de histérica pavura, Al mirar de tanta altura Relumbrar siniestro el rio. Ya palpaba los dolores, No sus duendes y temores; Ya sabia el cuento serio Qlle la vida le enseñó; Y tentábala el misterio Que la fácil muerte esconde; - El transporte de lanzarse, D e exhalarse en un segundo Para ir ...... qué importa adónde? Fuera! fuera de este mundo! Y esa idea devolvió A sus labios la sonrisa; Dióse prisa, y se lanzó! ..... . Ven, alegre libertino, A mirarto en esta escena Que ameniza tu camino Por el Támesis ó el Sena. Ven, r bcoge tus la ureles, Y regálate cual sueles En el ba1'io y el festín. Brinda y b ebe sin espanto De esa espuma y sangre y llanto Oon que riegas tu jardin. R ecojedla con blandura, Oon gentil sol ici tud! Cuán delgada !-Su figura Ouenta nún su d esventura, Su belleza y juventud. Oomponed sus miembros frígidos Con esmero cas to y pulcro Antes, ántes de que rígidos So rebelen al sepulcro, Y que al ménos en su fosa Paz y abrigo se le dé. Y cenadle luego, luego Esos ojos ya sin juego Que parecen los de un ciego Que nos mira y no nos ve ; Porque allí quedó clavada Sólo esa última mirada Oon que ansiosa y acosada A abrazar la muerte fué ! Triste fin da una existencia Aun más triste! Eu su demencia La empujaron al abismo La crueldad del egoismo Y la afrenta de su error. Débil fué, mas no in acento. Oruzad pues humildemente Sus dos manos sobre el pecho Cual si orara sin despecho Silonciosa y reverente ..... . Y delito y delincuente Dejad ambos al SEÑOR. RAFAEL POMBO. ----~~~:---- NAVEGANDO. Patri:... '! Patria! mi destino Me arrebata peregrino y para siempre quizás .... Si desmaya l- n otra playa MI varonil ardimiento, Mi post.rero pensamiento Tú serás. • RICARDO PALUA. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 28 LA TARDE LA PRENSA. P r ngmento de "El crimen de Aguncntal," por F . de P. M UDo z." L a pre n sa es un gran p ouer I La p rensa es I ve r bo hUll!a nO d o mi n ando el es pa­cio p Ol' el m ov imie nto, la rapide z y la e xpansio n, y do m i nando e l ti e mpo p o r la dura c io D) la iD co rrupti bi­lid a d y la fi j ez a. NUDca, en la a ccide ntada série de los siglos , s e ha­ba alza do e l p e n ami e nto humano so bre un trODO má s el e vado y m ás d ominad or, ni habia di s puesto de UD in s tr u m e nto más p od e r os o y m ás so n o r o . La p re n s a ha li g ado las almas co n un v ín c ul o indi ­s(,] u b l e co n y irti é Ddo las e n m o l éculas o lidarias é ins e­par abl es de un g ran iD trum e nto a c ú ti co qu e golp ea­do ó t oc a do c n un punto , e parce, co mun ic a, difunde y multipl ic a las vibra ci o n e , para formar al fin una g r a n v o z de eco et e rn o y d e r es onan c ia infiuita. B ocina abi e rta á t o d os l os labi os y p e r ce ptible á t odos l os oi d os , á ella a c ude t o d o el qu e se s ien te po­br i u o d e una idea, d ominado p Ol' un seuti mi c nto, im­p ul s ado p o r al g un in stit1t o ; y halla si e mpre eco que r e p e r c uten sus palabra, alma;; que la r ec i ben, i nt e l~­gcn cias q ue l as a ceptaD y COl'az o nes que se las aSI ­m i lan. L a go ta d e tinta d c- rramada s o bre e l pape l p OI' un s abi o sol ita rio en el f o n d o de un gabin ete i g n o rad o, ] 1 0 es se milla qu e se aniquila 6 s e e vapo ra al vi e nto; p o rque fi j a da co n el tipo inm ortal de G utte mberg y pro pagad a e n t o das direccio n es p o r el s o pl o espansivo d e hI. publi c idad halla s i e mpre e n la montaña ó en la llanura, en e l á rbo l ó e n la pi ed ra, en el aire ó en el ~l gU:l, en el hi e lo ó en la. r oc a, un terreno propio que la rec ib e para d es arrollarla, que la ace pta para hacer­la fl o r ecer, que la acog e para darle vida y duraci0n. .A veces la idea enco m e ndada :í. la c o rri e nte de las in­t e lige n c ias atravi es a esté ril ó d es e chada un gl'un nú­m e ro d e g e neraci on es; pero tarde ó t e mprano es a he milla que du e rme olvidada en el polvo de una bi­bli o tec a, s ale d e nuevo á la luz para germinar, crecel', fl or ec er, fru c ti fic ar y reproducirs e como el grano de tri g o ence rrado de s de la m as remota antiguf:'dad en la caja embal s amada de la m o mia. i Ouántas veces una fra s e ni lada é ireflexiva caida d e la. pluma de un necio vieBe á ser la clave de un d ifícil é intrÍncado probl e ma para el sabi o umergido en largas é infructuos as meditacion es! i Y cuántas o tras es una in s piracion r e pentina y reveladora de su pro pia fu e rza para una intelige n c ia qu e yacia dormida en la más co mpleta ignorancia d e sí mi s ma! i Ouántas v eces la nota, la palabra, el soll o zo, el grito la máxima, el precepto , la d o ctrina, el siste ma, lanza'd os á la publicidad pOI' un hombre de genio ó p o r un h o mbre de inte ligencia, 6 por un hombre de corazon, ó p o r un hom bre de ciencia, toca repentina­m e nte, á mil leg uas ó :i mil siglos de distan c ia, otra alma que a g itada de súbito por un opIo en é rg ic o da á la humanitlad un grand e arti ta, un g ran p oeta, un grande orador, un gran fil 6so fo, un gran p o lítico, un grande após t o l ó un g ran genio! i Y cu á nt a otras , una palabrn. de vida va á matar en la m e nte de l h o mbre d é bil el pe nsamiento crimi­nal nllcie nte , 6 :i mitigar en el alma adol o rida un pe­sar in co n solabl e , 6 á dulcificar en la co nciencia del c u lpado la lág rima siempre enjug ada y siempre rena­ci~ nte de un r e m o rdimie nto t e naz! Mas, así c omo la nube que derrama aquí la abun­danc ia en lluvia bi e nh e ch o ra, más allá la des truccion e n agres iva granizada, m á s l éj os la d esolacion en im­petuoso hura can ó en tromba devas tadora, en otra parte la muerte en rayo des tructor, la imprenta, ala, que dis e mina las ideas y buril que las eterniza, puede llevar con igo la s al ud ó e l ve neno, el bien ó el mal la vitalidad ó la co rrupcion, la calma 6 la inquietud, la fe ó la indiferen c ia, la e s peranza 6 la desesperacion á los hombres; y la obediencia ó el motin, el órden .. Tiiulo de una obra que pronto verá la luz púb lica. 6 la in urreccio D, la paz ó la g u e rra, la v ida 6 la mu e r ­te á la na cio n es . F ormid abl e y t e rri b l o p o d e r e l d e la pre n s a que e n c ierra e n s u sen o t o d as la esperanzas y t odos 10 8 p e l íg l'os, como e l aire q ue co n teniendo el p rincipio ·.,- i­t al d e la exist e n c ia Il c va ta m bieJl co n sigo e l miasma m o r! í fe r o y la e p ide mia d eva" Latlo rn t M as i c6 m o hace l' pam co n 'e l'var e l bi e n y e vitar el mal i' upr i mirla '? R e prim i rla. ? Limitarla? Oh ! n o ! ¿ Pue d e habe r al go más tirá nÍ co y más odio o qu e e l m on o po lio d e l aire que en cie rra el miasma ? S í! e l m on o po lio de la pal aL I'a! Pu e qu é l i N o n os d e muestra á cada pas o la hi s­t o ria qu e la i de a na c i d a e n un só lo ce r e bro o bj e t o d o la burla, d e l cbc arnio, d e Ja maldi ci on, d e la s p e rse ­cucioncs de una é p oc a, s u e le s er la a pira cio n, la es ­p e ranza, la f e li c idad, la. vida, la exist e ncia de otra? P qu é ! i ' o fu é el cri s tianis mo una heregía di-sociadora de su ti e mpo, y no rasgó rabi os o el juez us ves tiduras ante el blasfemo d e G alil e a? y si tanto abu a h oy d e la imp re nta e l que preco­niza el p e tró leo C(1 mo el qu e pred ic a la Inqui ~ i c iol1 i cuál s e rá e lju e z qu e pu e da J ec hlil' imparc i a l 6 infali­bl e mente de la v e rdad ó d e l e rro r, d e la salud 6 de la mu e rte que en s í mi s mo entraña el prin c ipio que aca­ba de nace r mald e cido, abo minado, anatematizado p o r las cre en cias gen e rales d e una é po ca ? i ser á n y d e b e rán ser l os Go bi e rn os encargad o. , es verdad, do procurar la f e licidad pública, p e ro suj e t os como todo lo qu e vi e ne de l o hombre s á la influe n c ia de las preo­cupacion es y sobre todo:i la acclon de sus propios intere es y pas iones del momento? N o : las ins tituciones deben dejar amplia la liza para que á la vista de la Humanidad combatan la verdad y el eITor; y no hacer como el avestruz que acos ado p or un enemigo mortal, cierra los ojos y se­pul ta su cabeza entre la arena figurándose que, por dej ar de verlo, desaparece el peli g ro. Prohibir no es combatir, y por consiguiente prohibir no es vencer. En Oolombia, á Dios gracias, se ha ganado para siempre las más absoluta libertad del pensamiento y de la palabra, y el escritor público no reconoce otros límites que los s e ñalados por sus propios principios 6 por su propio decoro. A s í co mo en la conducta de los gobernantes y en el es píritu d e las instituciones y en la vida pública y privada de sus conciudadanos; pue­de el escrito r, stn 1'esponsabiliclad l eg a l penetrar in­discreto en en el respetable santuario de l os Tribuna­les, P e ro la prens a que indudabl e mentente p ued e, de be hecerlo ? E te era el punto á donde queriamos llegar y sobre el cual vamos á emitir nuestras opinio­nes francamente, ............................................................................................ UNA LIMOSNA POR AMOR DE DIOS 1 D edicada á las R ennanas d e la caridad residentes en la capital. 1 Felices de este mundo! es á vosotros Que esta plegaria se dirige tierna, A vosotros que nunca habeis sentido El terrible aguijon de la miseria; A vosotros, que en bailes y festines, Entre el bullicio de la alegre fiesta, Libais, ansiosos de emociones vivas, En ricos vaso, delicioso néctar; y que ignorais tal vez cuántos dolores La humilde choza del mendigo asedian, Porque los ayes que su p ~ cho exhala Se pierden entre el llanto y las tinieblas. Llevad á su infortunio, algun consuelo, Oompadecidos escuchad sus quejas, • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. o rol A T A R DE 29 Que por vo otros nunca los clamores Del desgraciado desechados sean. ·H lIIírad allá la huél'fanc. inocente Contra el vicio y el cl'Ímen indefensa, Volver temblando los llorosos ojos A los umbrales de las ricas puertas. Mal cubiertas sus formas demacradas Con el sucio jergon de la mi eria) Luchando con el hambre y la intemperie Que en pre pectiva el deshonor le muestran; Sin abrigo, sin pan, sin una mano Que bienhechora su virtud proteja, Las palmas tiende mendigando amparo, y el mundo despiadado la desprecia. Empeña, sin embargo, heroica lucha, Parece que algo en su ansiedad espera; Pero al tender' en torno la mirada La torva faz del infol'tunio encuentra, y el hambre la tortura, Ja :miquila, y ya estinguidas las escasas fuerzas, Cae <>n la red que ante SltS pasos tiende El genio tentador de la inocencia. III Ved ese niño enflaquecido y sucio Que á demandaros compasion se acerca, En su voz, en su aspecto, en su mirada Un inmenso infortunio se revela. Sus mugrientos harapos bien nos dicen Cuánto es á aveces la fortuna ciega) Con esos sél'es que abandona el mundo y al suplicio de Tántalo condena. Sus tristes ojos que piedad imploran, Su aspecto de abandono y de miseria, Dejan ver que los labios de la madre N unca á sus labios cárdenos se acercan. y ese niño tal vez os pertenece, Sangre vuestra quiza corre en sus venas, y en desagravio á la justicia humana De ajenas culpas el estigma lleTa, Ah ! si á tu madre al ménos fuera dado Entre sus brazos estrecharle tierna! Si en las mejillas que humedece el llanto us cariñosos besos imprimiera! Cuánto fueran menores los tormentos Que su eXIstencia mísera envenenan! Porque el amol', los besos de la madre Con la ternura el corazon alientan. IV Ved ese anciano, en cuya faz rugosa Marca el dolor sus indelebles huellas, En su mejilla pálida y enjuta IIondo surco las lágrimas le dejan. Ese anciano de aspecto miserable, Suplicante mirada y marcha lenta, Que entre pesares su existencia arrastra o y que mendiga un pan de puerta en puerta, En otro tiempo desafió al destino {)onfiado en el poder de su riqueza, Que di ipó como neblina leve Un solo golpe de fOl'tuna adversa. Ah ! nunca el llOmbre á penetrar alcanza El hondo arcano que el futuro encierra, y en ese escollo á su mirada oculto La más fecunda prevision se estr ella, V No veis esa mujer? el infortunio Con dardo cruel su corazon lacera, ¿ En su,; ojos de lágrimas preñados La imágen del pesa!' no veis impresa? Esa mujer que desolada llora, Tuvo dichas, tesoros, gentileza Más, la °a convirtió en harapos De sus d.ridacl refleja flelmcllte Ull aspecto poco conocido de la vida de los A! pes . 1 liaba alumblNln. únicnmente por el trémulo resplan­dor de las l'amn que ardian en la chimcnea. Junto}\ la ventana, cuyos vidrios se habian vuelto opaco con el [¡ielo, una jóvcn 8e hallaba de pié (I]lo­yada en el mUI'o, con la manos cl'ul.adas, la caL(~za baja, y en una actitud que mnnifcslaba una tristeza meditabundn. A sus piés se Lallaba scntndo un jóven con In fl'ente apoyada en sus manos. Su dilíl0go e taba in duda interrumpido por una de esa pausas de de­saliento, tí cuyo beneficio carla intetloeutor continúa. la conversacion con, igo mismo. Durante largo tiem­po no e oyó en la choza más que los mllgidos sordos del Lutschine-l egro que continuaba lanzando sobre sus orillas las pieclm. arrancadas de la montaña, y los chasquiuos de la leñ:;, que proyectaba á lo léjos llamas y sus chispas. Por fin el 11101.0 cogió una de las manos de la j6vcu y la dijo con aceuto abatido: -¿ Conqne es verclad, Freneli? En tanto que yo trabajaba léjos de aquí con valor para obtener tu ma­no, la Trina te destinaba al pl'ÍIllO Hans. -Es verdad, D lri cn, respondió tri lemente lajóven. -Pero i no he oído mal, uada ha dicho toda \ ía ni tí tí ni á él. - ada. -Entónces tu abuela no te ba prometido al primo. -No de palabra, sin duda, pero sí de intencion, y Hans la comprendió sin que abriera la boca; se han esplicado en e píritu. -Ahora falta saber i, confesando :í la abuela que tu corazon e tá por otra parte, cambiará de proyectos. Freneli meneó la cabeza. -La Trina es tan firme en su resolucion como el Heiger en us raíces; más facil selia mover la mon­taña que cambiar su volunt::td. -i Aun cuando al primo no le agracIara? repuso Ulrico, cuya mirada estaba fija , está en los picos de arriba buscando sus y clesde el 28 de octubre el sol no habia brillado una planta., us piedras y su~ cri tales. No obstante, ten­sola vez en el valle, Una luz apagada penetraba apé- gO e perauza de que volverá esta noche. nas en el fondo de la gnrganta, y las montañas que la -Pues bien; hasta mañana no me voy á 1\1eren­baei:: m frente desde Isel ten·Al pp hasta el ",Veter-Horn gen, respondió UlI'ico pensativo; veré si puedo espe­se hallaban cubiert'l.s de una nieve de lumbradora, rar algo del tio. Plor entrebla cua 1 asomaban de distancia ell distancia y acueándose :í la jóven, que rodeó con uno de sus a gU110S a eto . brazo : Hó aquí pues lo que pasaba en la chozl, ql:e ~e hl-, -Pero tú, añadió inclinando la cabeza tasta rozar • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • LA TARDE 31 'Con su labios la cabellera de Freneli, ¿ tan poco me amas que pueda vivir contenta con el primo Hans? -Bien subes lo contrario, respondió la jóven muy conmovida y haciendo un (!sfuerzo por soltarse. --i Me ayudarás, F¡-eneli '1 -Uuan to pueda ayudarte una pobre jóven. -Pero si la Trina y Hans pertii ten ..... -Entónces muy desgraciados seremos. El jóven se lIe\·ó los puño' á la frente con una ex­presion dese'perada_ Sinembargo, ni él ni Freneli pen­saron un instante en la posibilidad de una drsobedien­cia. En esa yida s('ncilla de lo_ yalle de los Alpes, la tradicion del hogar, mantenida por la infiuencia de la Biblia ha ·conservado intacta la sumi ion en los hi­jos; la lógica no habia yenirlo aún en favor de la ra­sion parn. discutir cl poder del jefe de la familia; él sólo tenia el derecho de querer, y COlllO Abraham po­dia eu ca o de nece idad conduci l' á su bija á la iumo­lacion, haciéndole lIe-var ln, leña del sacrificio . La abuela de Freneli, que e habia quedado sóla para representar ese poder omnímodo, lJabia sabido con ervar todos lo privilegios de u posicion_ Educa­dos á su lado, sus sobrinos Hans y Ulrico habian tlPI·endiuo a no discutir nunca voluntades ba ta la edad eu que los dos, que se habian hecllo cazadores de gamuzas, bauian conquistadc, l:t libertad de la. mon­taña; pero Dlrico no poseía ni el instinto de la. lucha ni la necesidad de emocion febril necesaria para esa dura exi"tencia; sus aspi radones eran otras. Cada. vez que atravesaba lo valles de Lauterbrunnen ó de Harlí, se detenia involuntariamente horas enteras á ver cómo los pastores esculpian el roble, admiraba esas obras maestras que sólo se l'e<:Íenten de la falta de invencion, imaginaba nuevas formas, y en las bo­cas de acecbo, olvidando la presa que e peraba) dejaba caer á sus piés su carabina para cortar y labral· una vara. arrancada de un árbol. Sus pruebas mul tiplica­das fueron conocidas eu breve, y á medida que decli­naba su reputacion de cazador, la de escultor iba cre­ciendo. Por fin: un fabricante de Ierengen ofreció llevarle :1 su taller. Ulrico ckbia encontrar, alli no sólo los medios de seguir sus gustos perfecionándose eu su arte favorito, sino tambien bastantrs ventajas para asegurar:i Freneli un biene tal' que no babria podido obtener por medio de la caza. Este úl timo mo­tivo era bastante. Ulrico colgó su carabina á los piés de la calDa del tia Job, Y se marchó á l\1erengen. Dos años tra currieron, dos años de trabajo encarni­zado, uurante los cuales Ulrico conquistó el primer puesto entre los escultores de madem de Oberbnd, y reunió la suma suficiente para la realizacion del más caro de sus deseo _ Ya hemos v cómo sa enteró de los proyectos de la abuela en el momento en que creía lograr sus fines. El jóven escultor pregt¡ntó ce nuevo á Freneli so­bre los indicios que llUbieran podido descubríl' los proyectos de la Trina cuando entró esta: era una mu­jer de set()nta años, pequeña, delgada y COIDO doble­gada bajo <:;1 peso de la edad_ Al YCI' sU andar Icnto, pero firlll(" se babria dicho que la vejez babia revesti­do us miembros con una armadura de acero. La de­crepitud de 8U !"I)stro baciaresaltar m:1s aun sus njillos pardos de una fijeza tan penetrante como los de las nves de rapiña; sus hombros se hallaban cargados con uno de eso cestos de mimbre que parecen in e­parables del habitante de- la montana, y que llevan siempre in oujeto, por bábito, como el militar lleva la espada. Apénas entró, cuando su mirada fué :í. bu car en la sombra del cuarto á Freneli y:í. Irico que, inte­rrumpidos en medio de la conferencia, se quedaron natUl"almcnte algo cortados. -¡ 11! \lh! dijo sacando lentamente unO de sus brazo del tirante de mimbre de la cesta; compañía tenemos! - -Dios os proteja, tia, respondió el jóven adelan-tándose hácia la anciana; llego de Merengen .••• y venia á saber cómo estábais. -y te informabas preguntándola á Neli quedito co- 111 0 e tau:1. yo ¿ no es \-crdad ·? repuso la aJlciana; es­tá uien, pero CQIllO me gustn ver el rostro de las gt'n­te~, encell'J er:ís unn. 1m:, Neli, Miéntrmi la jóven obedecia, la Trina se sacó el ces­to que uejó en un rincon, y I uégo adelantándose há­cia la parte 1D1lS clal'a de In choza, ecbó una rápida. mirada á UII-ico y á su nieta. -~_H:\ns no ha ynelto aún? preguntó_ -No todavía, respondió Fr(,lwli. La -vieja se volvió hácia su 5011 ino, diciéndole con intenci oll : -E porque 61 nunca descansa; rl pan que se come aquÍ, tiene ('1 que ganarlo allú. arriba soure las ven­tisqueros. Has hecho bien en elcgir un oficio más f:i­cIl; las ¡r:Jmuza~ van muy de prisa para los piés que gustan de la chimenea . -POI' e1'O cada dia me alegro más de mi delermi­nacion, r cplicó el jó"en sin adivinar la irouía uajo el acento sel'Ío de la :luurla. -UII'ico nos ha tl·nido una mnestrn uc su trabajo, interrumpió F r enel i tratanao de mezclarse en la cou· versacion; abuela, mirad qué cos··s hace. y al decir esto acercó la luz :í. una de esas copas en forma de lulipan, imitadas por todos los esculto­res de madera, pero cuya inyencion era debida á UI­rico. La vieja apénas arrojó una mirada rápida sobre la obra de su sobrino, y preglll"ó con una espcie de sorpresa: -¿ y bay gentes que compran eso? -y muy caro, contestó UII-ico con alti-vez; de modo que mi torno, mi punzon y mi cuchilla me pro­ducen más dinero en una sem:,na, que le produce á Hans su carabina en todo un IDes. i A que le gustan los cuartos á la abueli ta '1 -Ciertamente .. _. pero me gusta más la plata y el oro. -Sin contar, añadió Ulrico siguiendo su idea, que no estoy expuesto siempre á encontrar In. muerte co­mo en la montaña. Por eso la mujer que me espere en casa no tendrá que temhlar cada Y(;,7. que oiga el ruido de una avalanchn, por el lado del Schereck­lIoerner 6 del Wetter-IIolll. La abuela le lan7.Ó una mirada que le obligó á ba­jar los ojos. -i Y era eso lo que la deeias nI oido tí N elí ? La jó,en quiso cortar con un ademan la respuesta de Uh-ico, pero éste apro-vecl1ó la ocasion con ulla es­pecie de ardor desesperado y q ui o conocer ó'U suerte. -Es cierto, la be haulado, dijo con acento COnIDO­vido; y puesto que lo habei adivinado no hay razon para que ya lo calle. yo be deseado siempre ese ma­trimonio, pero de de hace tres unos, somos dos á de­searlo. La anciana se yol"ió llácia Freneli que bajó los ojos sonrojándQse. -Me conoccis desde la cuna, continuó Ulrico; be sido educado nquí como vuestro bijo, sabeis que en mi cora7.011 no Ilay cobardia ni malicia, y que la mu­jer que me dell será dichosa; Dios me confunda si llora algllna vez por culpa IDia. Dejad que Freneli y yo eamos felice : y os daremos las gracias de rodi­llas; Frencli os suplica conmigo; 110 nos quiteis la fuerza y el contento de la vida. "Inca habia tomado la mano de la 5ó\'el1 y estaba con ella delante de la abuela en actitud de ruego te­mero o. Esta los miró un in tan te fijamente, y des­pues meneando la cabLz!1. dijo:i lrico: -i Sabes cuál es la dote de Freneli ? -Su dote? repitió <:;1 jóven como si no compren-diera; nun(;[\ he pensado en tal cosa; i qué me im­porta una dote? -A mí me importa mucho, repuso la vieja, porque esa dOté no es un bien que me enriquece, sino un bien de respeto. Abí esta en ese armario que ningu­no de vo otrE'S ha vi. to nunca abrir y que os daba. miedo en infanCIa. y la vieja se fue al mueble carcomido, metió en la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. , 32 LA TARDE cerradura. una llave que dió vuel ta. con gran trabajo, y abrió de par en par la dos puertas, dejando ti. des­cubierto en la. . o mbría profundidad del armario una porcion de c¡'áno- de gamuza, con trofeos de cuemo . Estos hueso ' blan cos e d tacaban en la sombra. en perfiles tan ingulare, que Freneli no pudo contener un grito; la abuela se volvió hácia ella y le dijo COD dureza: -' EI'e' tan d é bil de ánimo que te ta eso? -~i 110 espanta, bien puede sorprender, intenum-pió Irico; i qué dote es esa, y de quién proviene '? -Proviene de los padres de su padre, respondió la anciana; aunque no sea un gran cazador, Irieo, pu e des reconoce r que cada uno de de pojos per­t enece á una emperatriz de gamuza. -En efecto, replie.) el jóven que sabia, por tl'adi­cion qUtl aquellos cuemos tau altos pertenecian tÍ las gamuzas bastante viejas val'a que su descendecia for­mase una especie de tl'ibu de la que las cl'cían jefes. -Tambien d e bes haber apI'endido lo dificil que es matar á una de éstas, repuso la tia, y supongo que te habrán dicho que el que la cazaba no reconocía por supe rior en la destreza, sino al arcángel Miguel ó al Cazadol' eO"ro' o -Me lo lJUn dicho, conte¡;tó Ulrico. -Pues bien, repu o la abuela c o n cierto enfásis; desde hace más tiempo que el que es preciso para ha­cer crecer una encina, todos los mal'iuos de las mu­chachas d e nues tm ca a han traido <Í su desposada, en regalo de boda, una empe?'atl'iz de las g:unnz'ls. Mira: bajo cada uno de esos trofeos porlrás l eer el nombre de nuestros antepasados. El último que se :lIza un poco sobr~ los de mas, fu é colgado ahí por mi yemo; Dios le recompense; cuanuo vino ú peJilme su prima, la m , dre de FI'eneli, le en~eñé lo mismo que tc enseño. -¿, y qué os l'pspondió él? -~ada, p e l'o dos m eses de3pu es arrojaba á mis pié- 10 que estás viendo; si n 10 hubiese traido, mi bija y yo habriamos esperado á otro cazador más dies­tro. Los dos amantes cambiaron nna mirada desoladora. -; Cómo! exclamó Ulrico, i creeis que semejante glori:t es superior á todo lo demas? i no h?briais acordado nada á la amistad de vuestra hija por el pa­dre ue Freneli ? U na sonri ' a de des precio allornó, pOI' toda respues­ta, á los arrugados labios de la anciana. -Poco os imp0rta, pues la voluut:ld de la que se casa, repuso tristemente el jóven; no pensai en u felicidad, sino en que haya en vuestra familia el me­jor cazador de I a montaña. ~i y siempre suceclió así! exclamó la Tl'Ína con orgullo. -¿o y qué os han traido e os maridos, continuó DI· rico animán::l.ose, sino la pobreza, la viudez y las an­gustias? ¿ Dónde e tán ahora lo .~ restos rle los que han traido á ese armario tan bello de,;pojo '? i N o duerm e n tocios en el fondo de los precipicio', su úni­co cementerio? -i Quién te dice lo contl'ario? r epitió la abuela con una feialdad al tanera; i te he hablado yo de vi­da larga, de de;;canso, ó de I'iqucza? En las vieja historias que los chicos nos leen en aita voz dUr:lnte las veladas de inviern .', i no b as vi - to que nacian no­bles fami lias de los hOlllbre- que morian en l:l gue­na? Pues bien, nucstros maridos rnue¡''lU sobre la montaña; es su campo de batalla; la verg üenza prin­cipiad. pOI' el primero que muera en su lecho, Freneli cruzó las manos con un exclamacion que se asemejaba á una protesta; pero la anciana conti­nuó imperiosamente : - ilencio, loca cl'Íatura, no te piden aqní tu pa­recel'. Gracias:i Dios, no eres tú la que manda' e.3eucha y calla, e a e tu obligaciun. Yo bablo al qu~ ha querido saber cómo entraban ::quí los maridos' ya lo ":Lbe, ya ha. vi - to lo que cada uno ele ellos d~bia añadu' á nues tro tesoro de honor .. -De modo 'lile in 1I0nar la condicion, ninguno será a ceptado? dij o lrico; y l.HI."ta el primo IltI.ns .. -Han no pide nada, inte l'l'ull'lpió brevemente In abuela; Hans cumple con su d ebe l', un dia. tentld suerte, y entónces su bala segllini el camino r ecto; entre tanto trah'lja para nue .~ tro su tc;;uto. y podeis añauiL' quo e una pl'e l'e reneia que obtie­ne contra toda jn ticia, dijo Ulríeo vivamente, por­que yo tambien ten llria d e rec ho para h!lcer aceptaJ·. -Nada, exclam' 1.\ abu ela : 10<; Han (> 1' }¡an vivi­do siempre de la montaña, el sobrino IIlUs y el Uo Job recogen para no sotras y su cosecl11. ha ·ta. Cuando acababa de d eci r e'lto, sc> oyó en el sende­ro hondo que conciucia á la cabañ'l. el ruido de las piedrecillas bajo unos pasos precipitados. Freneli al­zó la cabez'l, prestó el oído y dijo: -j El es 1 (cmcluil'.i). Diario de un petardisb. ( CONCLUSION ). DIA 13-Anoche fuí al circo. Mi general corl'espf)nuió tí mi esperanzas, Pretendí sel' im'itado por v[\rios amigos á cen~r, pero no m e atreví. ... Ya se ve. A veces es una des­gracia tener un canic"éel' como el mio. Genio y figura hasta 1n sepultlll'n . E tá visto que debo el' corto toda mi viua, Ademas, e taba allí un tal don Ba<¡ilio, autor de un artículo en el- cual he crciuo ver alutiiones á mi persona; y me mil'aba con unos ojos .... Qué bombl'es, ni cumen ni dt~all comer! DIA 14.-11oye cumpleaños de fulanita. Le be compuesto una. u éc ima y á correspondiJo á mi fineza remitiéndome tres fuertes, A la caja. Pero no, pl'obaré suerte con ellos en un albur! Qué diablos, al fin somos hijos de la tentaciou r D lA 15.-S'mto·' Dios! Limpio como uua. patena! Me han robado! Pero he de vengarme! • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •• • ••••••••••••••••• DIA 20. En la' R otnnda de Cn l'ácas.-Cineo dills mortales! cinco dias infernales hace que estoy en esta hOl'l'ible mansion, como i fuera un malhechor! Cinco dias há que penH mi adorada libertad! 1\1al­hl. ya el Prefecto, y todos cuantos haceu alarde de per eguir las aí·tes libel'rll es ! Pues qué? El talento no es un cimiento de trabl­jo como el zurron ó la e c:l.I·uil1a? Ah! desdichado de mí Pensé que poniendo en accion mis dotc's inteleetua- 108 para proporcionarme la ,ida, pouria 'r m; objeto. Pero nadl\ de e~o. .AllOra cinco noches fuí á de quitarme en el propio lugar donde me habian estafado. C\lmbil1é una nuc;;~a marca, arreglé con ella mi ' bllajas, y provisto de' Cst05 elementos, obra tojo de una inteligencia que no me "uborizo al confesar, me preparaba recuperar el pro­ducto de mi obra. literaria, cuando izas! se introdu­cen l os alguaciles ,en el taller y roe arrastran á esta horrible pl'Ísiun. j Destino clel hombre vi~j¡, p!lra ....•... " .... ' .• . .. .. . . .. . .. . . . .. . .. .. .. .. ............ "'" .. .. .. .. .............. , ............ .. Aquí está rota la última página de e te dia.rio que ha venido á nu tras munos de la mallera m ;t impre­vistn, y que reprotlucitoos in quitar ni añadirle nada, por haberno parecido bastante interesante. Hespec to nI peligro qnt.: pudiC'l'a cxistir por haber­le dado publicidad ¡í apunte::, rep05<'lmOS tran ­quilos en la confianza. de que no habrá padre que quie­ra reconocer :í. semej:lI1te hijo. .A.nn1iL AZIs, •
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 4

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 5

Por: | Fecha: 06/10/1874

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • • • --______ -<:c:;--¡~ <; ~ 2 9¿""?),--:l:s;---___ · PERIODICO DEDICADO A LA LITERATURA • , • Serie 1. Bogotá, 6 de Octubre de 1874. r-' u, mero 5. , ....... A Al\. DE • REVISTA DE LA CIUDAD . quí me tieuen mis lectores mlí ale~re qUtl niña con uOI'io, que noyio con muj(;l' Lien engas tada, que jóven con bue \ empleo, que señol' con portafulio, que político con elecciOlle , que CUI'a con vecinos devutos, que beata con cu: renta hora, que militar con ascen­& 0, que médico con epidemia, que buticario con mé­dicos, que aLogado con enredos, que músico con en­tierros, que muchacho con Vi cacioues, que periodista cou uscritore puntuale. No es mentira, pero siento el alma como bolsillo con pla ta, COUlO dep<,nsn. con proviione , como cocina con fuego, como m ujer si n mariuo en ca a, que marido .... basta de compara­cione" que yatará bueno. y á qué debe el Fisgou tanta. al('gría ? preguntarán los curiosos. y á qué ha do ser? Que me he hallado una mina riquísma para hacer revi taso Siguiendo el con ('jo ele mi galante companero, autor de la. Rovi ta anterior me pu e á medital' en que realmente en Bogotá. hay nu gran número de planteles y do fábrica, tales como cuarteles con colegio, e cuelas normale5, IIospitales, IIospicio, ca as de locos, destilacione, cigalrel'Ías, futografías, agencia, peluquería, y por añadidura lo que cae emanalmente, COIllO matrimonios, tertulia, Laile , entierros, rifas, y demas co illas que en forma de cuento salen al púulico. Pero hay algo más confortable, y es que los co!:tbo­radores de lo barrio., agentes ti'gones me han pro· puesto no dejar pasar cosa que no cuenten; en prueba de ello ahí va la revista de uno de ellos. " Bogotá, 30 de Sttic'nbl'e de 1874-Fisgadnda del bao Trio de la c:aledl'at. Señor Fi_gol1 general de "La Tarde," del día y de In noche. "Oumpliendo el delicado encatgo que me habeis confiado, voy tí. informaro de val'ios asunto que no conviene que edén tudavía á conocer ¡¡orquee es­t, ln de arrollando, ó más Lien purC]ue e t.an en ges­taciun, y de algunos que ya debels dar ¡i la e tampa. Entre e to se cuenta uno de que voy á ocuparme. " En vuestra tocaya de boy fuí noticiado por mis ngentes de que comenzaba tí. rcunin;e un gentio en la Plaza Je la Con titucion, lo cual me hizo pan al' en reuniones de esa naturaleza, en uu lugar que ha ido el teatro de suce.os tau importante, como el pronun­ciamiento de 1 10. - guiente los números 2, 191,85,245,89 Y 178, á lo cua.1e le corresponden en "1 mi~mo óruen los prtmio de $ 122, 60, 61, 30, 46, 30, 15,15, 35, Y 183 90. Por poco sale. I número uno, que era el de mi boleta, por­que habels de saber que el pre que me señalásteis pul' daros cierta noticia acerca de cicrtas niña qud demueüan teller mucbo oficio ('n lo balcones á ma­i'ial? a y tarde, lo hube de emplear en comprarla. Pero 11 cba queado, perdiendo así mi lllO mi~ I injes á las R('públ.ic~s del P~e~fieo, P?rque ~os &eis pepit.os apun­tados, lID.l tando a cIerto Jo,:encltos que oh Idan que deben dejar su puesto' I ancIano se apr~"l1raron á lir de la urna uS')referida de la Lotería colombiana ?obre I~ cual no o diré m~í. 1101' ahora, 1'(' erdndulll~ 111. p~cclOnar los sorteos men"ua les ~iguien tes, y co­mUlllcaros babel' sido favorecido con un buen lH'cmio. ?I a.lguna personas continuaren interponiendo el IIlflt1Jo de an A ntonio para ganarse la ¡'ífa, y aun­que para ello le qUItaren al 1 . P. su Tiño amenazan­do no devolvérselo, como hi7.o ahora año egun dicen una belleza para sacarse la rifa de un mueble o teN­dré que remit.iros us apellidos y nombres ~frecien­doo<; no equivocarme en ésto, pura que en'" La Tlli'­de" algan á pasear. "Os a dV'I erto que aunque" La Tarde es muy leida n~ ati. face su senoría El Fisgon, porque omite de lo~ mdagro el santo que en ello es lo mejor, y no les gu t~ el refl'an que esto acon eja, y ademas muy d~~clente el H Baturrillo" y juzgan que sois muy vIeJo. cuando no podeis alvar las paredes, ni cstais provl~to del manojo respecti \'0 de llave para abrir muy ito In puerta, penetrar en la casa, en los almacenes y dejando quieto los haberes de las gentes acal' á luz tantas co as y cosota que debiera u decir­e para e 'carmiento ejemplar. " Con que a í ved, i os armais dE' valor sufieiente y abri tamaños ojos y tamañas orejas, para informa­ro bien de todo, aunque tengais que quedaros con tamaña narices. " i mi crónica e pecial relativa:í. la carrera del Ul' y plaza de S[,n Yictorino, no la publicais, devol­vétlmela pues he aceptado la colaboracion en otro periódico, y allí no nndanín coi! pañitos caliente, y prlln to verá la I Ul:. ' "Vue tro olícito servidor. "POI' poco pongo mi nombre, que seria tanto qui7.¡1. como poner mis costilla. ' Viéndolo bien mi querido lectore, el cronista DO ba hecho mal en fijarse en las loterias, pueto que, todo en la vida <,s unn lotería en ht que todo toma- 1110 pue, to, pero en la que á todo falorece la suerte ti u motlo: 1i unos los entierra y :i otro los saca l1e atolladeros. El que se ca a é aca la rifa, el qne se muere (y que Cerca me quedó lo UTI(' de lo otro) e aca la rifa; se la acn. el C]ue con igue empleo, dipu­tacion ó viuda rica; á quien le dan una ped/'Uda por til'arlc á otro e saca la rifa y a. i por e e tenor todos todos somo cual 111,h; cual 111 fa,orecido . "Luego que dejé mis ól·t!enes hube de traslad¡\rme &1 lugar del suceso que temia, pero la. presencia tle una bom ba e feroidal a tra yesada por un eje rota torio ent.re do' columna, que llegaba en procel:>ion, m hizo comprender que e trataba de una rifa, y pen é qne si era semejante á la de La ltawLla, era llllln() de dar­les un ramblazo, porque 11/(tS vrtle (arde que nunca. Pero DO eñor Fi. gon, e trataba de una rifa efccti\':l y sonante, llamada Lotería colombiann, y con todo igo en mi oficio. El dia 1.0 se reunió la 111 blea; pien o hacerme á alguno di-cur-o y empl'endel' un. trabajollamadoviaje at rededor de un Dipu:ado, a un­to que me dará mucha materia para un buen cueotoo El mi mo dia se dió al eniclO público un nuevo Hotel llamado" Dam ' dirigido por la señora Paz Díaz y el señor IIipólito Ramin'z, Aquel alon qM o iego me coloqué en lugar conveniente.r puedo a e· urar que ví entrar en la urna. la 613 ficha de la boletas vendida~ y así vi alir en el órden si- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 34 LA TARDE faé hecho en la casa con istorial de Anubla, para lÍ.­mara de Representantes y enado, que luego fué tea­tro para zarzuelas, luego lugar de rifa, y por último, depó"ito de mercado, fué convertido en una casa e - })aciosa, cómoda y elegante. Cuenta con ochenta pie­zas para hué pedes, tiene un lujo o salon de recibo, pesebreras, y por lo que hace á la asistencia, no se puede negar que es esmerada. Yario.> matrimonios hay en salmuera, otros se ]0- graron ya. El señol' Ignacio Osuna y la señorita Su­sana Maldonado llegaron al al tuI" de Himeneo como 11ijenl. un pulcro, El Fisgon les desea una vida tal como la ban deseado. Del Club americano se perdió desde hace dias un inglés; quien tenga noticias de él que avise á. la auto­ridad; se dará una gratificacion. Fuera de chanza, el hecho es curioso. El sugeto cerró su pieza, salió un llía á. la c~lle, y no volvió á la casa. Como si se lo hu­qie ra comido la tierra. En la torre de San Francisco cayó un rayo la vís­pera del santo, penetró luego en el COI'O, y destruyó el llorado de algunos 'cuadro . Señores dc San FI'ancisco cuidado . . . . . .. . ... El amigo de infancia, el seüor J ulian Pardo, me extcn r1ió la mano un din, para decirme hasta luego, pero Dios no me lo dejó ver más. Pocos di as despues moria en las orillas del Magdalena. Cuanto haya entre lIna simple despedida y los decretos de la Providcn­da, lo ha dicbo Lamartine : " Adios ! .... Ay ! cuií.utas "\"'eces hedicho ft í en mi vida, Dejando á los que amo, quiztls sin calcular, Lo mucho que comprende ¡" triste despedida Siel h omhredice " Vuelvo " y Dios dice "Jamas!" Qué contrastes Dios mio! Empecé poI' risas y bur­las, y concluyo con una lágrima derramada en el san­t uario de la amistad. EL FISGON. MAS ALLA. Se adormecieron las aves, Cierran las flores su broche, Los ángeles de la noche Silenciosos vagan ya ; Todo brilla y todo calla En este campo fecundo; El alma, léjos del mundo Más cerca de Dios está. ¡ Ouántos fúlgidos luceros t i Oomo la luna desata Tibios raudales de plata Para llenar la extension ! i Cómo sollozan les rios ! ¡ Oómo suspiran los vientos! i Ouán misteriosos acentos Sabe exhalar la creacion ! Alzo á los cielos la vista: Fila de cándidas nubes, Oomo un coro de querubes Pasando, rápida, va! ¿ A dónde corre á perderse O tal vez á abrillantarse, I Sin tem.or de disiparse En la extension ? ..... Más allá! i Más allá! ...... miles de estrellas Oirculan en el vacío, Más que gotas el rocío En la tierra dejará; Mundos son; inmensos mnndos Que humanas cifras no cuentan i ¿ Los soles que los sustentan En dónde están? ..... Más allá! Ann más allá!. ..... Láctea v'ia En los espacios profundos Bordada está con más mundos Que arenas el mar tondrá ! Decid, pobre inteligencia! ¿ El foco de lumbre pura Que en esos astros fulgura D ónde gira? ...... Más al1(L ! i Más allá!. ..... La humana viste. A tal extension no alcanza, Pero la razon avanza y mayor vuelo tendrá.! ¿ La atmósfera que á ese foco L e da vida y alimento, En dónde tiene su asiento In tangi ble ? ..... 1\1 as allá! Al fin la razon desmaya, Sus alas la fe le cede, Más poder Dios le concede y siempTe subiendo va! i No vaoiles, alma miar A la luz suprema avanza! -¿ Dónde estás? En la esperanza ! -¿ Dónde está. Dios? i Más allá! La (( Aguacarí," Setiembre 1i de 1 72. J. M. PINZON RICO. MAS ACA. A :r.rr AMIGO j. M. PINZON RICO. Más a cá de esos mundos infinitos En que dejó el Eterno Soberano Con caractereres místicos escritos Nombres qU6 yo no sé, con sabia mano, Hay otro mundo en que los dos vivimos Lleno de gala, y luces, y primores; En donde el pecho de esperanza henchimos Al respirar sus mágicos olol'es. Esas aves que arrojan á los vientos Su exquisita, dulcísima armonía, Son las voces de Dios, son los acentos Con que él da encanto á la arboleda umbrra. Sobre el haz de la tierra, en el espacio Ve relucir el hombre la tormenta, y allí coloca el inmortal palacio Donde el Supremo Sér su trono asienta. Más, :l la luz df.ll éter inflamado Olaro le dice cl pobre pensamiento, Que el Eterno Hecedor está á su lado Que él no habita tan sólo el firmamento. El habita con todas las criaturas, No desmiente sus obras ni un instante; Que al brotar tan perfectas sus hechuras Gózase en contemplarlas como amante. No me alejes á Dios de nuestro suelo Por que nOs deja en orfandad y lloro; Donde quie¡:a que miro, está. su cielo y en t.odo cuanto veo, yo le adoro . • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • I I I LA TARDE 35 Yo le veo cernerse en la tormenta j y en el cetá.ceo de la mar inmenso y en el gusano ,il que se alimenta De in visible partícuJa: le incionso. ¿Dónde está. Dios? lo quo en reedor miramos Nos lo dice al oido claramente j Eu la luz, en el ámbar que aspiramos, En 01 sonoro y perfumado ambiente. Por doquiera refleja su mirada, Donde quiera se ve su Omnipotencia; Todo tí sus ojos aparece nada ...... Más acá. está su altar: es la CONCIENCIA. Guamo, diciembre 9 de 1 72 PEDRO A. CAMJ.cno PRADILLJ.. UBICUIDAD. PEDRO A. CJ.MACno PRJ.DILLJ., EN RESPUESTJ. A SU BELLA COMPOSICION" MAS ACÁ." "Sabió á los cielos y está sentado á. la diestra de Dios Padre." EL CREDO. " Dios es una esfera cuyo centro está en todas partes, y 1:1 circunferencia en nin-guna." BLAS P A!CAL. " Dios está en todas partes, pero todo oculta á. Dios; las cosas son negra, las criatu­ras son opacas; amar á un sé1', es hacerle t.1'uspa1'ente." V1C'fOU HUGo. o! ... Dios, el Dios á. quien mi mente adora, quien mi pobre inteligencia admira, A quien mi labio reverente implora, Por quien la vida en tre lo creado gira, N o solo allá. tras de los astros mora, No soló en mundos fúlgidos inspira Que de sus obras en la inmensa escala Su omniciente bondad todo lo iguala! Acá. en el mundo opaco en que vagamos Por expiacion ó prueba transitoria, Do los raptos del alma concretamos En esta terrenal cárcel de esc0ria, Do tal vez nuestras fuerzas preparamos 1 ara otro mundo próximo á. la gloria, En cada parte está, y en el conjunto, Junto tí los soles y á. los hombres junto. Tiembla en la luz y corre con la fuente, En las auroras muestra sus sonrisas, Vibra en Mnues sonidos del ambiente, Aromatiza el ala. de las brisas, Presta la sávia :í. mínima simiente y al cedro secular fuerzas precisas, Atomos en los átomos distingue, Enciende el bóreas y el vol can extingue. y tambien está. en mi, i débil creatura! En mi turbado corazon palpita j En mi cerebro inquieto arde y fulgura; Circulando en mi sangre estanca, agit~ ! Mis ilusiones, con su fe depura; Mi desaliento, con su amor limita: y ante mi anhelo que insaciable avanza Va tendiendo el tapiz de la esperanza ~ Mira esa hojilla; levo mariposa La desprendió del cálico lozano; Cien y cien de ellas forman cada rOsa. y caben mil y mil entre mi mano. ¿ Qué puedes ver en esta? ..... poca cosa, Que alcanza á. ménos tu sentido humano j Mas, la verdad de Dios, la noble ciencia Muestl'a allí todo un munuo á tu presencia! Un mundo entero, sí i con sus montañas) Sus volcanes, sus mares, sus praderas, Sus ballenaE', sus rara8 alimañas, Lagos de néctar, bosques de palmeras; i Tal vel?: con sus ciudades y c!:lbaüas ! j Tal vez con las científica8 esferas, y sél'es de sublimes atributos Que tienen larga vida ...... en tres minutos! Alza la mano ...... el sol llegó á. la hoja; La primavera en ese mundo empieza; El monte, de sus hielos se despoja y ciño de guirnaldas su cabeza! Solo un dedo interpon .. sombra y congoj a ; Noche polar, repleta de tristeza Viene á cubrir ese pequeño mundo Que ignoto, allí, se agita moribundo! De millones de leguas la luz viene Qua de un insecto sobre el ojo brilla Pero aquel ojo atómico contiene Otra invisible, inmensa maravilla! El rayo entre los párpados retiene¡ Debilita la luz, la sombra anilla, y el fulgor, necesario, solamente, Penetra en la pupila tra.sparente! Tal vez, en la impresion, aquel sér brota. Una perla de llanto ...... reverbera Un segundo quizá ...... de aquella gota La vida universal va, se apodera, Hace una nube que en los aires flota O una, como esta, sublunar esfera; Que Dios sabe formal' mundo perfecto! En lágrima in visible de un insecto! . Y Dios, tambien en ese mundo e~iste ! Tambien allí fecunda, inspira, crea! y allí de soles los espacios viste y hace brillar magnífica la idea! Y allí á. las luchas de pasion asiste y ordena más allá. que la luz sea, y cambia sus creaciones, cada instante, Por su inmutable ley ...... el ADELANTE! ¿ Qué somos, i pobre amigo! ante esa ciencia Que el alma, apénas, á entrever alcanza ? ... i Agentes de una Sabia Providencia Que muda todo, porque todo avanza! ¿ Dónde está. Dios ? ...... ACÁ de la conciencia, Como tambien ALLÁ de la esperanza! Por eso, desde el suelo al cielo miro y 10i1'O anticiparme á 10 que aspiro! Guamo, Diciembre 10 de 1874. J. l\I. PI~ZON Rlco\ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 36 LA TARDE FUl'ldacion de ia imp anta en la Amsl'Í ca , :Mi querido José 1furía: Ua'i sirIo dem'l-iado bueno conmigo, siempre bas estado di~p'le"to á. uministl'arme C,¡'\Iltos conocimien­to .. te he pedi.do sobre vario; a~unto> litemrio - ; y me has tratado co n aqu e lla, :\ln'\bilidarl y ex r¡ui ' ita gal:\n· teda, propias d e un cal'iícter tan bond'\d030, y delica­do com el que p seo ; recib e por ello mi gr.\titurl, y a cepta el siguiente tra bajo, el cu'\! no es otra. c05a, q'le un pequeño estl':tcto ó co;upendio ele las memorias e~CI'ita~ P l' BlITO' Arana, Amunát\!gui y otros au­tores distinguidos, y elel estudio que he hecho de la" publicacione, n1.\ s antigua que se hallan e n la Biblioteca naciona l. 'l'u afectísimo ami gl) , N .J. N ESPAÑA, Ante,3 de dar principio á 1" r e lacion histórica de la introducciou de la imprenta en l o,¡: pah~!'l americano. , })e l'mitaseme d ecir cuatro p '¡labras respec to de su fundacion en E ' p:tñ:1., A 1", R e ina,..'ln~ tuvo la glo:'i:J. de favorecer con su p oderoso apoyo la m \gna emp:' ~, ~ uo Cristóval Co­lon, to c,íle tam ' )ien la ele hab er proteóido :i lo s aloma­n e'l que lIeval'ol) tí. E,paXia, el al'te tipogr;ífico; con l o cu '\l, ri tiem~') qu ~ 1))1' e.,te llpdio abría á. la ¡'azo n y á h lib ~í , t'\l un horizo :1te u e luz, prepal'ab '\ la con­quist: 1 de un n.uevo mund ric é inm enso , que m á. tal'de ,ral flvor del ire3ip aü1t , tan p)le ; a y b .. ill :l.n L e,l un tiempo, h oy tan d esgra­. c iadndy ab atida, En el año d e 147,* e im primió en Valencia el pri· m er libro qlle vió l a luz p ública en e l r e ino de Espa­ña; ll eva. dicha obra p or tlt lo Cei't,tmen po eticf¿ e'~ e7¿or dg la CJn ':3JiJ ; :i e3t '\ p ' I')li~,lCion siguió la d e l 'dltstio , y lueg!) en e l año de 147 8 la Biblia, traduci· dl allemJsiQo p OI' el p 'l.dre TI onifacio Fenol'. T,des son las obr:!s d e imp res ion ma · antigua, que se tiene noticia sa.li eron d e la'5 prensas de E-.paña, y en las cu¡\les funda, V i\l en~i a s u derecho de primacía á la p o-es ion de 1;1. prim cl ra impronta ; el cual d e recho en vano le ha di sputado TI \1'celon3., quien tambi e n se j u7. ga a CI' eedo ra al m é ri to de haber sido, en aq u e l reino, la ciud '\d de don 'l e saliem pI'im e l'o el pema­miento escrito con la tinta d e Guttemberg, P e ro la som1)ra no t a rd ó en se~llil' 4, la lUíl, la pren­sa pouia ilu~trar el e - píritu, p odia reve lar :i los sú b­ditos 103 dereches conque do'ó Dios á todos los h om ­bres, y despertar en ello' la ide!l. de lib e rtad é ind e ­pendencia, y e5te campo n o era nada firme para roan­tener al pueblo sometido tí un po ' l e l' inju"to y opre· sor. Era neces ario COl'tal' el vu e lo al p e nsami e nto apagando la luz en su proph fuente, poner obstáculo,> pOl' medio de 1 a ce'lsw'a, á. la di fu " io n de la idea á fin de evitar que el Poder o rl)ním o o ó ab .. oluto pudi e ra alguna vez ~scap :U'se d e la - n1:1n03 de los reyes, y que los señore~ felldal es tuvieran que abando­nar StH ca tillo", y priva rie de la ciega obediencia á que tenian f'ometiLla la cla~e pI·oletaria. Para lograr tan loca pI'eten ion, h een,Yltrn, fu é establecida en la céuula dada en T oledo el 8 de jlllio d e 1502, á la que stJ.cedi ó lo, ley ele setiembl'e d e 155 6, fil'mada por Fe­lipe Ir j Y últimam e nte, para dar m ás vigor á e ta medida, la InlJuis icion rué establecida en los nu evos domini os , p o r ley de 25 de enero de 1560. i Ta I fué la parás ita, dice Juan JU, Gutiénez, co nque la im­prenta nació e;:¡ Eipaña y vin o al uevo Hundo! Sigamos ahora su marcha en A.m é rica, marcha lenta, es cierto, p o rqu e tenia qoe ven ce r preocupacione de muchos s iglos, pero firme y segu ra hasta, el punto de pre parar la em:ll1cipacion de UQ Continente ente ro, y ensoñar á sus habitantes las le yes que marcan el pro­gl'esQ de la~ ciencias físicilS, políticas 1 morales. M:cjico_ TanLc. el cronista de Indias, Gil Gonz;t!ez Dávi- 13, como Egni:tra, E lÍen r Chal'lcs 13l'unet, e,t:ín do a('l1e['clo en que el lll'ímero qne introdujo In. imp¡'enta á la A mérlt;,I, ru é el Yirey do uevn-E'ipaña, don Antonio de :\IenrloziI, quien se e"tabl~ci(í cn la ciudad de l\! l'jico, e l año de 15 ;~5, t ocándo l e al n.. p, J l1nn de E,trnua, 01 b ono l d e haber puhlit:ado 01 primer libro, con el ti tul, ) ele "E~c \1. \ ESPIRITUAL P\R.\ I.Lr.:GAR AL CICLO," obra ue S'm J Han Clílllaco, y la cual tra dujo de e l latin á la len gua vulgar. Si:;uió á. e!;ta el " 111 ~nltal ele A l¡¿[tos," impreso el au de 15iO, p or cJruen ele 105 ll'~ \ 'e rencJísimos obispo de la ¡: ueva EP:Ul<1. ; y al año iguiente, un foJl etito de 4 hnj'l'l, con e l iguiente título: " Re­lacio¡~ el' l espar,íTJle tal'emoto r¡' agorc¿ nuevam.ent8 hn acontecido en le¿ ciTJ ln,cl cl' Gll atimaln ,' es cosa de ,grá,de a,Zmiracion y rlp. ,gráde e;/itmplo p l l'a 'lite todos 'l/OS enmendemos ele 12l1e:;I,'os 1J ecnclos y astemos apresi ­qnidos para cuMlo D ios f¡w'e sC1Tido 110S llamar ," " I mpl'eso el. la grá e¿ndacl de 111t',v¡co en casa ele Sná C,.oml:JeI'g el' nito (le 11bil y r¡niniétos y c¡¿(tl'éta y u.no ." Fer'L.L, Entre la s publ;c:J.eione; O1 :í. antiguas de este pai " , !'lO hallan elo s ill1pres:\~ e l afí de 1585, cU,Vo título úe la primera, es: l' COl1fes io nario 1Jal'a los CU1'as de il1· tu.os , (Jon la instrltlJcion COi/f7'ft SltS 1'itos, y e,'ChortaCIO¡~ 1Ja~'a ayu.dar (¿ bien morir , y fOi'ma de impedimentos del matrimonio. Compnesto l! tl'n,:lnciclo en las l en gu.as Qt¿i chna y Ayl/lnl'a pOI' auto!'Ícln(l cl el Concilio pl'O­vi¡¡ cial de L ima." El título de la 2.·'\l es : " T e¡ 'Cel'O catecismo , E ¡;posicion de l(t cloctri¡¡a cris­tinna 1)01' sermones veces pOl' el vuelo de una ave de conocida, por el paso cau­teloso de un animal montez ó el precipitado de un l\lptil, que e tremece la hojarasca y desaparece. A e ta hora es cunnno está la naturaleza ago­biada por el calor en tales climas: ni las aves cantan, ni. la. bl'Ísas vagabundean, ni el bo'que se mueve; sóJo las agu:ls ruedan incesantemente aumentando con su rumor ronco y p~renne el silencio del bo-que. Hay voces ilenciosas así como hay silt>\1cios hablado­res. El hombre que quiere abstraerse del bullicio bumano bu ca, in tintivamente la orilla del rio rumo­ro o ó de la cascnda estrepitosa. Buscamos un punto en donde aJ abrigo de una pied ra. el rto es ménos correntoso y form}~ un reman­so :-azuloso, tmspal'ente y profllndo. Excusado es de~11' que aquella algazara fué de lo más estrepitoso. QuIén no grita al bañal'se? Quién no e tá contento? Aquel es uno de los actos de la vida en que nadie está tri te. Cada cual em pezó á hacer a larde de su cienf:ia en 11\ natacioll, y éste se botaba á nadauito de pcn'o'aquel al blaca.ldo, el otro zabullia hasta el fondo: quién ba ... cia velas, cual tiraba caimanazos en medio del bo­chinche má;; e tupendo ; y yo, que me precio de tan buen naul1do!', gracias á. Dios, porque asi estaré más excento de a.hogarme, escogí un lugar el ruénos pl'O­fundo, y cogiéndome de una rama empezé dále que rUle opeando para arriba y para abajo. Cua'ndo yo veia aque¡ pozo cl'Uzado por peces de plateada escama y con un fondo ta.pto más medroso cuanto más l~ buscaba la vista inútilmente, me aferraba á. mi ra­ma y más Ille adlllimba de los audaces que exponen su vid:1. en un elememento tan traidor. Por mí si pro­feso el principio de que hasta que no se ;prend~ á nadar no hay que echarse al agua. Hablo con los CJuo se hayan bañado el cuerpo alO'u­na v:z en pl~no ri?: hay cosa más :Jgmc1able que cubl'lrse con una sab:llllJ. despues del baño y acurru­cado y tiritando rec ibi!' el calor del sol que orea? Aquel es sin duda, el plus-café del baño. Medio ves­tidos apénas nos tendimos en el suelo, abrimos c(~je­tas de conservas y de uriquipe, [¡icimo grandes reba­nadas de queso, salpicamos esto con carne fria, lengua nitmda y bmudy, y empezó la tarea con el hambre que llega deapues del bauu. Y vengan tmbajos! Qué ,e guln;nbee allo1'" si la mula, que el bano dé hasta el pescuezo. Bien dicen, ql1e b.ll'l'ig." llena aguanta azote No sé si haya quien sea valiente con hambre. -- Envalentonado:! los muzos con la victoria alcanzad" por dos veces sobre los e ;;pañoles, no se contentaron con gual:dar su tenitorio, s ino que amenazaron el interior, y de aquí el que se organizase una nueva expedicion . El Capi tan Lanchero, ya por guardar su encomienda de Subn, ya por volver por su honor a jado en la primera. expedicion, solicitó y le fué COll­cedido el permiso de or;;:1.nizar una nueva expedicion. Francisco Morcillo lo acompañó como segundo jefe como Capellan, el dominicano Juan Santamaría, y ademas se agTegal'On varios Capitanes y Oficiales de crédito con los auxilios de gente que pudieron llevar. Sesenta indios yaconas amaestrados ya por 10- espa­ñoleR, formaron tambien en aquel mi erable ejército comparado con las numerosas falarijes de los indó­mitos indios. Despues de penetrar por Velez en los t érminos de los il)dios, Qllirimaca, jefe de ellos presentó, bata­lla con cuatl'o mil hombres. Sólo el est!'ago de las armas de fuego pudo hacerlos flaquear de. pues de ba­bel' hecho prodigios de valor. Se retiraron pues, de~alentados, pero no destruidos, y a í fué que al ve­nir el Capitan Rivem por otro camino en alcance del grueso del ejército, fué atacado por Qnirimaca, miént!'as que Lanchero era pl'Ovocado al mismo tiempo por Naiman con cinco mil hombres. Lo des­trozos hecho por los españoles en los escuadrones de este jefe, fuel'On honorosos y feroces, debido á que los perros de presa despedazaban:i los indios fugiti­vos sin compasion. Esta fué otra arma. con que In. crueluad española dejó mJ.rcada en el suelo su fero­cidad. No le fué igualmente favorable la. suerte á Rivel'll quien llUbo de emprender retirada bnjo un:\ nube de fiechns; paro sabedores, fugiti\To y victorio~o en el camino el suce o desgraciado de Naíman é te se desa­lentó y aquel tomó brios y se trabó nuevamente un combate tan reñido como no se volvió :i ver en aque­¡ la expedicion. Prod' de valor hicieron los indIOS entre los que se distinguieron los Caciques Jote, Trinaca y Valaví. Grande seria el apuro en que pu­sieron á los españoles, cuando se cuenta que Rivera cansado de bacer esfuerzos inútiles, alTemetió sólo con su lanza entre los enemigos, pero rota é~ta tomó á un enemigo otra, que era. despojo de la de un ven­cido y obl'ó prodigios. La muerte de Trinaca y el au­xilio oportuno de Lanchero decidieron da la victora. El jefe Quil'imnca mandó sonar la retirada, y de"de entóPges aquella ('ampaña quedó reducida á ata~ue~ • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 38 LA TARDE parciales y guerra. de posiciones en que iempre triun­faron 105 e pañales. Grande fué la. escacez que l o iberos sufrieron, por que los indios 10- privaron de todo recur o, y i n o hubiera sido por 105 Cachipayes, (fruta de una palma que por allí abunda,) a caso hubieran perer.ido muchos de hambre. En el último combate que presentó Qui­rimaca perdió á 10 aciques Note y Yalaví con l o lllás florido del ejército, y de de entónces " la s tri tes reliquias de l os muzos abandonaron]a, tierra de sus padres en busca de otra hospilataria" "Algunos restos de los muzos, como ancian os, mujere , ninos y otros más pacíficos doblaron e l cuello á la. coyunda. de la conquista, y la pacificacion de tan belicosa par­cialidad fué obra de l os esfuerzos de Lanchero" * Pacificada aquella parte, es cog ió e t e jefe un s i tio á propósito y fundó la ciudad qu e llam ó L a Scmtisí.ma Tl'iniclacl de los 1I1uzos, de la cua l hoy no quedan sino ruinas, es de hab e r sido una de las más florecientes y pobladas. Ll egado á Tunja en 1, 562 falleció e l Oapita n Lanch e r o , á impul so dE> la fatiga de aquella expedicio n. y por consecuencia de la herida recibida e n la primera exped ic ion contra l os muzos . Ouánta gloria eclipsada, y cuánta. ferocidad inau­dita quedarán bajo la l os a del sepul c ro de aque l con­quistador ! ,. Plaza, Memorias para l a Historia. ( conclu id!' ). ----~:~~:---- Las tardes amenas de Bogotá, El suntuoso jardin que acaba de construirse en Santiago de Ohile, está d eco rado con las .estátuas ale­góricas de cada una de las capitales de las repúblicas americanas: M éjico , Carácas, la A sunc ion &c; y estas estátuas co mpiten en la belleza artística, a sí como en la maj esta d de la actitud, indicando cada una In cua­lidad distintiva de la Nacion que r eprese nta. Este ha sido un b e ll o y p otrió tico pensamie nto que enal­tece la s virtud americanaR, y tipnde á fundar la fra· ternidad entre las nuevas naciones, mostrando que en cl templo de la civilizacion hay un lugar para cada virtud, y que cada pueblo es honrado y enaltec:do p or las nobles cualidades que le dis tingue n. Bogotá está coronada de laurel, y como la diosa de la co nt emplacion, con el libro de la ciencia en la mano y la mirada en el cielo, aguardando la revelaClOn de la verdad. Oolombia debe estar orgullosa. de la mane­ra como su capital ha sido representada. i M e re ce Bogota este honor ó , indolente y p e rezo­sa se deja arrullar por el vici o, yen los brazos del lujo y de lus pla Ge r es olvida sus tradiciones y su gloria? Sólo los extranjeros que contemplan nuestras cos­tumbres austeras, v que miran esta ciudad melancó ­lica como 13asile:l, en donde no se oye el ruido de una aleg re ti e ta, ni el bullido del comercio, ni un g rito de guerra; p e ro e n donde, como inmensas col­mellas, se e n cuentran por tudas pal'tes l os colegios y las escuelas, con mil enjambres de niños que se educan para el por,enil'; só lo ellos pueden contestar satis­factoriamente á estas preguntas. A s í, las tardes ameuas de B ogo tá no están destina­das á la alegría y al placer, sino á unas fiestas mo­des tas e n honor de In. niñe z, de la virtud y de la ciencia; p e ro son fi estas qu e embalsaman el corazon, d ulcifican nuestros sentimientos y enaltecen nuestra inteligencia. El famo o artista que delineó la estátua de Bogotá, hubiera podido recibir inspiracion asistiendo á la fiesta en que Inocencia Nariño j una señorita de 18 años , exhibia en uno de los salones del teatro los ade­lantos de la escuela pública que dirige, y que es la 2. cO de esta ciudad. Sencilla y elegantemente vestida, co n un sombrerito que le daba. gracia y cO Quetería á t o da su persona; paseándose en el vasto salon por en medio de todas l as niñas, que pendientes estaban de E U mirada para poder hablar, como una maga señala-ba con Sil vari ta In. n iiía que debia responder, y esta varita era mágicn., pues en el in t:'llle alian d los laLios de la lliña que seiín.laba, torrentes de palabras de ciencia, f<ícil y encillamente dichas 1 y, como para motrur el poder de RU encanto, los ni­ña de siete año, ma l'caban en e l mapa lo princi­pales capitales del mundo, recorrian los mores, lleva­Lan al e pectador al Japo!', ó le hablaban de l{,u si a ; y de pucs r e olvlan los prublema de la aritmétic~j ó exhibia n graciosos fenómenos de fisica. Ah ! la suprema. belleza de la mujer (; tá en la in­teli genc ia: ella comunica á todo su sé l' un brillo que deslnmbra. y que fascina; y la mujer bogotana de bella forma y color de nácar, ,iluminada, como noso­tros vimos esa tarde á Inocencia Nariño j no tiene ri­val e n Su r · am érica. 13ogotá. no decae ni pierde s u pre ti gio : la auste ra ciencia que hacia anu ga ¡' la R sie nes y encanecer la ca­beza del sab io , se ha de linda formas entre n os otros, t oma ndo la figul'a de una mujer, y así, ha­ciéndose amabl e y eductora á los niños, extiende su dominio por todas partes y asegura su reinado para • sJCmpre. L as tal'des amenas se r epiten todos l os lúoes, pues cada escuela se va exhibiendo allí por turno, y las horas se pasa n si n sentir, enca ntada con el perfumo de la inocencia, viendo r o, trus alegre , son risas ino ­cent es, y pensando en el lis on jero porvenir de la pa tria. Ayer 10. seño ri ta María de J es us Páramo,'exhibió su escuela, que es la 1. ~ de esta ciudad; y el placer y el asombro aum cn t ó para n osotros . Hermos a como la - más l oza na mujer de Albion, con su abundonte cabe­ll e ra rubia cayendo en bucl es , y t9das s us maneras im. pregnadas de ese aire que ti e nen las grandes seño ra., iba de banca en banca acari ciando sus niñas; y des­pues j cuando de pi é, con la mirada centellante, la. boca sonreida y en a c tit,ld noble las iba interrogando, ah! entónces , aporecia sublime, porque la ciencia la corooab n. de luz. Inútil afan el de la mujer bogotana en vestirse de se­da y cubrirse de j oyas! L os vasos de oro incrustados de piedras preciosas, que se sacan del Herculano ó de Pompeya,jamas alcanzan á t e ner la belleza de la lám­para de alabastro iluminada por la luz que eterna­mente ardía e n el templo d e las vestales . La mujer nunca es mas hermosa que cuando hace lucir su inte­li gencia; y las señorita que despues de haberse edu~ cado con e mero se dedican á difundir la luz, entre sus hermanas del[pucblo, no sólo so n muy interesantes para la soc iedad, sino que en mome ntos como los d e las tanles amenas , en que se muestran ante el público, son r ealme nte encantadoras. iQué tiene la. sociedad para ofr ece r á seño ritas como é tas? ¿ Flores? Es poco. E as se ofrecen tambien á las cantatrices que sólo fascinan los sentidos. Ala­banzas'l Ellas so n muy lindas y muy j óvenes aún pal'a m e recer algo más qu e l o que se ofrece siempre á la. jnventud y á la belleza. Ellas tienen la admi­racion del púLlico que asiste á las tal'd es amenas! y la gratitud y el amor de las niñas á. quienes educa~ para la virtud y para la. felicidad. L as tanles amenas concluyen siempre con coros de lasniñao:, en los que s us mil voces infantiles, armó­nicas y suaves se unen para elevar á Dios sus alaban­zas ó recordar los himnos de gloria de la patria. 1\IEDAR DO RIVAS. ESCENAS DE LOS ALPES. EL CAZADOn DE GAMUZA.S. ( ContinuaGÍon.) Oa s i al mi"mo instante pegaron un golpazo á la puerta, y entró Hans vestido con el traje completo de los cazadores de gamuzas: chaqueta y pantalon de paño llenos de cicatrices dehilias al tiempoj ¡;ruesos • • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • LA TARDE 39 zapatos cubierto.s con polain~s de cuero hechas pe o menor. Con mi anteojo las examiné bien, y renovando dazos por !os.11lclos y las pIedras, y sombrcr~ de cl cebo de mi escopeta, me adelanté arrastrando .. ya fieltro enrojecIdo por el agua. A su lado pendJa cl estaba á tiro de la gamuza colocada de centinela pues bacha para abril' camino sQbre los piés cubicrtos de comenzolba á distinguir sus cuemos cuando saltó de n~eve, el martillo cou que forzaba la carga ~e.su cara- lado para advertir á las demas, y la~ ví pa5ur á todas bIna, y la cartuchera de cuero con las In U J1JC IOnes ; al con la em.pe¡·atl·iz á la oabeza .. hombro llevaba una alforja cncarnada que caia sobre -i Cuán tas habia? el lado izquierdo. -i llabia nueve! Habia entrado como una bomba y acababa de dete- La anciana se estremeoió al oir este número. nerse en mc'lio de la choza dejando caer estrepitosa- -1 Las ba,> contado bien? mente la. culata de su escopeta en el suelo. La abuela -Como si hubiera contado los dedos dE' mi mano. reconoció al instante que la caza habia si(lo mala aquel -i y de véras lIcvaban una empe1"at¡'iz á la cabeza? dia. Sin decir una palabra, hizo una señal á Freneli -i :Me tomais pOI' un cazador o,a~ .. es mi respuesta al sobrino Hans. j Pues no hablaba de mesa pobre cuaudo cntraba yo !.. Ea, dcstapa, .J: elJ, y enséñale lo que traIgo. La jóven abrió el cesto, de donde fué sacandO' suce sivamente huevos, tocino, tre~ panes blancos y una botellita de agua de cerez't. El cazador, que habia permanecido indiferente á los primeros artículos, aco­jió este último con una expre~lOn de contento. _j Ah! i ah I i con que esto os alegra, señor mio! dijo el anciano, pegando un golpe en el hombro á su sobrino. Buenas noches, Trilla, continuó; parece que <:ólo has envejecido de dos djas desde ántes de ayer .. y tú Neli, pronto á la lumbre con estas provisione .. 8ieutate, lrico, cenaremos junto" hijo mio. Dirijiendo a í la palabra en tono jo,ial ú cada UIlO, el viejo se habia desembarazado de su cargl, y se ha­bia sentado á la meSl junto á sus sobrino.;;. Una vez sentado, destapó la botella de agua de cert'za cou pre­caucion, echó á cada persona como la terc(:¡"¡\ parte de un ,aso, sin oll'id:use de sí rnismo, 1 uego se informó afectuosamente de si babia cogido alguna cosa, a lo que el cazador se contentó con respondel· con un signo negativo, y por último preguntó á Ulrico sobre u posicion en Merengen. .l!;l jó,en escultor le repitió lo que ya habia dicho á la Trina, pero con un acento abatido que no parecía estar de acuerdo con la palabras á cuyo beneficio de ruostraba lo bien que iba en su empresa. El tia Job acó en consecuenda que la!> ventajas de su nuevo oficio se compraban muy caras, y recordando los es­fuerzos que habia hecho para dr. uadir al jóven aque­lla idea coucluyó por hablarle dé la independencia y del contento que haJ;¡ria podido disfrutar sobre la mou taña. En los cuarenta años largos que el tio Job vivia expuesto á todas las fatiga, y peligros de aquellas ás­peras soledades, no habia sabido ,el' aun SillO lo que tenian ele agradable y sublime. EH tanto que la auda­cia indómita de Han crcia hallar en ellas el demonio, su dulzura resignada. buscaba sólo á Dios. El primero, arrastrado por no se qué pasion furiosa, corría á tra­ves de lo precipicios y las avalancha, con los ojos fijos en su presa; el segundo evitaba el obstáculo con paciencia, miéntras iba contemplando la flor, la mari­posa y la piedras del barranco. Aquel era la fuerza que desafw, e te la senclllez que admira. Por so na· da en el mundo habia turbado la serenidad de su al­ma; al retirarse de él, b juventud habia dejado un rayo de su alegría, como el sol, ya en el deja soLre los picos nevados un reflejo de su llama. Cuando sacarun la cena, el tio Job mandó á la abuela y á Freneli que se sentaran á comer con ello, y eonsio'uió com unicar su alegría á todo el mundo. Sélo la frente de llans permaneció plegada y som­bría como de costumbre. Sin embargo, euando las dos lllujeres quitaron la mesa, el anciano Job hizo una postrera tentativa para distraerle. Llenó su vaso, y paándole una mauo por el brazo ami tosamente, le dijo: _ Yamos, señor cazador, un trago; ahora el agua de cereza puede correr como el agua de una fuente; está couocido el manmtial, y mañana se llenará de nuevo la botdla de viaje, _j Dios nos proteja! dijo Ulrico. ¿ Dónde habeis desculJierto maravillosa fortuna? -En la posada de Lauterbrunuen, respondió el -Viejo. Esta manaua el despensero me ha comprado todas las muei>tras que encontré hácia el Rosenlawi, sn diez y siete batz, con los cuales he podido daros esta cena .. y auu queda algo, añadió pegaudo en Su boJ illo, donde se o 'ó un sOl11do de co!.>re.- y como el escul tor se sorprcmlio, el tio Job añadió á media voz: -Ko te estrnñes, hijo mio; si supieras lo que he di tínguido ayer cn lo alto de una roca de~cubiel·ta por el deshielo de las nieves! i un nido de crh,tal pu­ro I .A 1 instate lo conod ; tiré una piedra, y se oyó el mi mo rUIdo que hace un badajo en la C:lm pana. -i y habeis podido tocar cse tesoro? -Toda vh no. " UJ ce" que be llega alli tan facilmen-te? No, no; el nido está dentro de la roca, junto al borde del precipicio. Pero con una cuerda el hombre puede lll~ gar :i todas partes donde llega el pájaro; mañana vuelvo. y yol, iE!ndose al cazador añadió; -lIan¡;, atravesando el ,Yengern-Alpp he visto huellas de gamuzas subre LI}Jigel; podré indicarte él sitio. - Gracias, conozco otras yo, re pondió lam. -Es que doude yo digo hay muchas, observo el tío Job, y ya sabes que el 'Vengeru-~\.lpp es un terrc;:uo fácil para la caza. - Yo no busco los terrenos fáci les, contestó srca­mente el cazadol·, y echando unr. mirada irónica á su primo, añadió: En otro tiempo Ulrico se habria podido aprovechar de la noticin. -Dices bien, Hans, y aun boy mismo la aprove­charia, cuutestó el escultor; me daréis bieli las beñas, tia Job, y manana estoy en campana. -i Tú! exclulUó Hans enderezándose; ¿ de véras? ¿ lhblas formalmente? -Tan Iurmal, que pido al tio Job mis vestidos de cazador que he dejado en su casa . -i Será cierto? exclamó el anciano; i con qué quieres renunciar á tus maderas esculpidas para ,01- yer á la montaña '? -Lo probaré. -Eutónces b no volyerás á l\Ierengen ? -Si me lo permitís, dormiré hoy bajo vuestro te-cho tio Job. -1, y mañaoo. ? -l\lañana me dareis mi carabina, indicándome donde están las huellas de que habeis hablado. El nuciano e levantó bruscamente de la me a. -Está dicho, exclamó; j bendito sea Dios I Ulrico vuelve con nosotros; ¿ has oido lo que acaba de cecir, vieja Trina? -Las palabras se las lleva el vianto, repuso fria­mente la abuela; esperaremos á ver la acciones. -Veremos, veremos, dijo el tia Jub; á fe roia, no seria malo que recobrara el gusto de la vida libre. Esta noche pediré á Dios que le :ll1ime y que guíe su escopeta hácia la mejor emperatriz de todas las gamuzas. -Sí, exclamó Ulrico, apoder: !luose del brazo del viejo; pedid eso á Dios, tio; por una felicidad tan grande daria la mejor parte de rrii vida. y al pronunciar e tas últimas palabras, el jóven ecbó á Freneli una mirada que el primo lians sorpren­dió al punto. Su frente se arrugó, y sus labios se pu­sieron blanq ueciuos, pero guardó silencio. Ulrico se despidió, y desapareció con el tia Job. Entúnces, fijaudo en la j()ven una mirada el cuJriña­dora que la obligó á bnjar los ojos y á enrojecer, Hans meneó la cabeza como un hombre cuyas dudas se ac:lararol1 ya, volvió á tomar su carabina y salió ilenciosaroente de la choza. II • Al otro dia, roncho ántes de que amaneciera, Ulríco el viejo Job se hallaban en pié preparados ambos pa­ra su- expediciones. El tio Job habitaba ¡¡na casita al1n más pequeña y mi erable que la de la Trina. Todos us muebles con~ "i tian en una cama, una mesita y tres taburetes, pero las cuatro paredes estaban adornadas con colecciones que habia recogido en la montaña. (concluira). •
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 5

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El Mosaico: periódico de la juventud, destinado exclusivamente a la literatura - Año II N. 22

Por: | Fecha: 18/06/1872

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. AÑO n. Bogotá, 18 de junio de 1872. NUM.n ·EL MOSAIOO PERIODICO DE LA JUVENTUD, DESTINADO EXCLUSIVU!ENTE A LA LITERATURA. l'a8" Algo -abre literatura iDglDII~ EL RW4C-roll .•••.•...•.••...••...•••..••.•••. 1G9 Oenove'l"tl. lo.U·OI;SO K"'lm ... . ..... . . , .. 1'10 trua coll 'l"er"!I(;ion en la Alhllmbru. PEIHtO A. DI,; AL.\IICOS ............. t 7".:! Moda&. M"'ni'", IILL PIL.'n SII\Ub! DE M. 17"­lA CondeM do l1ontecriato. J. DVBO\'S .•• 1 .. 3 'l'mLlro. El. Jb:I>AC'rO Il ..••.•..••••.•... 17ti Auuncios ....... . 176 EL MOSAICO. ALGO SOBRE LITERATURA INGLESA, 23 de un contemporáneo, pudiese fiCr oida puertas del teatro, es el ~time r trágico de hasl:. el fin. Inglaterra, y los lores Ingleses 6e delocu- Shak~pearc puede collsidcnr~ como un bren al pronunei:lr su nombre inmortal. poeta mOlal j dcsgnciadamcnto no se :lIta Cuando murió la rcyua I~abelJ laJ:l pa ­de la tierra ni \'0 el cielo crislillllo con siones públicag volviC'rou á desbordafijC. lodos sus cousuclo~ y esperanzall. Los trá. " El dolor de los espiritus era ijiu medida, gicos griegos son lnt!nos fatalistas, Inás re· dice Guizot¡ el Olo\'imicnto universal ¡nan­ligio~ os, lIl~n08 paganos que {JI. Jito y u<'i CiliOS \er50S, 110 te acuerdes I discutia ...... Eu esta ex ptosio ll de todoa dc lu lIlallO que 108 ha trazado; ¡Io rque to los sentidos, en medio de esta apelacion am? con taula si nceridad, (¡Ile. (¡uiero ser tan Ilue\'l\ á la 0rioi?u .d~ 1 pueblo, reiu3b3 J. MWtl.IS"' . olnd;ldo en tu dulce ))ensaUlIcnlo, ántes ya ell el fo ndo e prlD ell)lO de la sobcralJi:.. que impirarte tri~lezll. UllCiOllal en luellll con el derecho di\'Íuo (Continuaeion). "Ah! si tus ojos ~e detienen sobre estos do las coronns." Otra ue las m:l.s hermosns trageoills que versos, eunndo yll tal \'ez no Beró mis que .En aquclla época tempestuosa apareció h emos ,'isto representadas en lI,ueEt ro mo. polvo, no pronuncies siquiera mi nombre. en la fil osofl3 un gran góni'l utravi3do, el dCll to csc(lnllrio, embellceida por el lirislllo '·Que tu amor aClloo con mi vidll. no k'l célebro Il obbeB, lavorito de Cárlos 11. 1.11 c8pJ(:nJido de Verdi es Julirla'!l Romeo, que los pretendidos sabios del mUlldo, t e,,· filosofia de este hombre consiste eo 01 m:..· drama melancólico qno el romantici;;nlO tigol¡ de IU melnncoli~, no le echen on cara lerialismo; IIh! como su poMiea en el des· reclnma como una de sus UI ~~ ba de las más solelDues J pllttitieall do! por las bri~a8 de III mnñ:lUn. De.;deIllO. W a.ller, DeohaD, .Co.woley, Cleil'elaod, y Mccnas del tealro, . ua, dormida ent re ahllolladoues de seda, \·a rl?s. otros, (Iue 111 bl~o ¡restaron 8raD(le~ /llachctlt e~ IIl1a trnged ill iuspirllda por can ];1 cnbellera suella y blllejilla npoya. j~f\'1l110S ~ la I.ong.la Hlg esa, hau Ido pero b ambician y el remordimiento. AI~uuos d:1 ou el redondo br .. !o mililltras 1ue el leudo su glorm y 110 han lo¡::rado salvar el la eonsider:1II eo nlO unll obra de genio Igupl Moro de Venecia, la co~(emplu COII losea mllr que separa :\ su patria del eon tiDeuW . • 1 Olelo. A e&lnS ~iguen Julio C~r, Ca· Ul irada, y blljado el burnuf, IIl'u la nl300 Laobrllnltarnentenolabledellqueltiem. riolano, Al/lomo y \'ári:lJl piezas tomadas al puii:ll 'Iue celllellea en ~u cin tura; el po es el ll udibras, ]loem~ heroico cómico, do la. bislorin moderna. rey 1.en r, con kl bUI'ba de niel'O y la ell· deUutler, (¡lIe trntó de iUlitar n Cerl':\.ntell. HI critico J OhUSOII, admirador de Stl~ka· beza desnnda por los uñoB,a brn znndo ¡\ Coro BI persouaje dt: este poellla es UII Juel pcare, como tod08 10ij inglesC>i, cOIllPreutlia delip, (IUO tal pareco deci rle: ., 1';( perro de presbiteriano, orgulloso y I!tllo de celo, que ui el juicio ¡;obre sus obms: mi enemigo, aUllque ¡ne haya herido con recorro III I nglaterra, lIara reprimir la .fU· " Al ludo do sus cu~li dad es t icDe faltas, su diente tlsosiuo, hnbrill sido eolo<:lldo con l>erslicion (i !) Y corregi r los abusos, ncom· r fult~ s cap~ces de oscurecer y alcuuar mis IIIUIlOS, cerca de mi hogllr. Y tu, mi pañado do un beeretario caprichoso y pello cU:llquier otro m\irito qM (11 ~uyo. ] .. as buen I)ndre, tel debias s<:r rcdul:ido :\. no delleiero. ofw!Íone8 de In pasiou, cuando la fuc rza de tener otro lecho 'lile la paja impura, ni };~os poctns do tan bljo órden DO alean. la situueion las hnce ¡;alir de su genio, Mil otro asilo (IUO la. gUllrida do lo~ m:\.s im· !:Iron ni á merecer el nombre de prccuroo· eu gelleral grlludes y enérgicas; mas cunndo puroa nnim3les! Ay 1 es un milagro que no res del grlln sol de [nglaterra. lrnta de invelltarlns e~lirondo sus fneultn hayas perdido. ~ 1I1 \'I~Z la. razan y la ,·i· Milton brotó 11010, en una noebe de linio· des, el fruto do,esa lnborioSII eoocopcion es da! " J'or ultImo, In espo~n de )Ii¡cbeth bias. III hinchozou, III bajeza, ellJll~tio y III 08en· eOIl el ellbello en dCl¡órdcn y In mirada Nació el !) do diciembre do 1608 eo UIll· ridad. En la lIarraeioll nfeeta uon pompa extravilllla, r el'clnlldo en su mllg., ifico ll(,' drca. d!.'sproporcionada de dieeion .. .. Tien.o cs· ceso do delirio, el crimen d\l .i\bcLelh, el Su padre, que era un nolnrio se propu~o cenlls de ulla 8ul'er ioridlld continuo y no a~e;;i nnlo del, rey })unell ll ! eduoarle con esmero y le dió por runCbtro dudom: rnas tnl vez 110 liene una sola pieza Olori" ni genio, Angelina! 1,: 1 hijo del 111 poeta Young. C¡1l0 si fue8e repreS(lutllJa hoy corno obra earuicero, el cuidador de cabnllo.\\ ó. I~ De!pues de coneluir sus eBtudioB recorrió Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 170 E L MO SA I C O. la FflInci(\ y In Italia, regrcliÓ :l su patria IÍ. punto, por la. inoolcnch U(' la 1I1c:-gríllo de no- -o~ lo IIgradcu:o infinito, contestó. y eztablcció un colc~io. dulfo,:i al'~gar {'>oa akgrill :otcro, pero t cn~ La rCfolucion de Ideas le nrr~8t ro en su ~clUejaT1tc:i la que ncabal>n de haCarnento lo que 1110 " Matar ti. un hombre e~ IIH\tar ti llnn Li" de h~bel" aigunn equil"l.ICucion; y por otrn dicen'¡ lo méllos diez \"C(!cs al dia: "No po­crialura roeiounl; mutar Ul1libro es malar pnl·te, ino 50 debia"mOl>tr~r ti la ~efiora lI nral- driai~ tocar \"ioHn á otm hort' 1" ,~ bien ; "011 la razono e~ matar l:l. inmortalidad, lU:l.1J d>cll todo el uc;;pl" .. ~io en 'Iue ~e In ll'nia, prc- seria igu~1 el 110 (OClIr nunca 1 ~l'ntánd()5o alegre, fdilo, (csdefio.~",)rn Hl\raldscn, qUIl ' l"'rel1tv uo nllNCI- dc>a~radlllJle y todos mas que mi vioJin1 clldo 11. Ilosot~()s' HIS idens politicas hacen lllr:e de ello. Se. sel1tllron n In m<",:o; H~I"lfo _Ci~ru.mcnte, seiíor, J muy léjos de .•. , d l h b' dé· ébno tic gozo, 'Ll1éntm~qllc ,\Ibl'rln ooulmu!l.- -l.:l \'ecintl tic! frCl1 le no tit'ne nifiO!l que e é un 01U. ro e nuestra. 'poca: en,bu~ IJn de~f:1I1ptfial)doel !'~I'el qm' 'c Lnl,i;1 impoes- grilan y ml\rido que reniega 1 El t rf'TLIentine­VOI'soK,~ e (¡nCJa oJe l13bc~ n(lc ldo ~ll un I;lglo I to . .1" ooula!}a que ~c habia din:rtido o;(7IlQ7di- ro do abajo puede aCIIs!l.nne1 Y los dh'eM!06 de n1l1~lndo tnrde, Hl:lS blCIl d~berJn haberse '",ría/ilf~Ü durante h41 \¡lcl\C iolle .... De Ifls mu- l'iallos que 1110 rodean, I\I!! crceis muy WI"CI"­quejado en su prosa de lmoer llegado de- j~rcs hablaba horrorcs; mas do rep(·utc cesó tidOl! '1 maaindo pronto. Ya ha. Iltgado In hora do dI: ImLhlr.~· su ?>~~1.On le pnlpitnLn,.~il~t!t'ndo -Soi~ entemmcnte ue mi op:nion, y ... . . su resurreeciou , yo lile alegraré de haber que un P'': 0I'I"1I11IR. cl bUrO .. \ 1 l,rmc.'I)!o ,no _1'"cnr& \ioli1l, l"ll l,reciso que 10 toque. dado 11\ lll.llno:i i\liltOll para qUe ~aliera de }"l' ]ll)udl"" e~a l,r('$,on; ~:ta\)a dcma.tadn 111- _Pero señor, dijo el otro, Oll digo que no b d d d l l ' d'Snfu!o, y :ldemR~, !lO uubm pel1'ar que In se- vengo:\. impediros cl que toq u ~is violin; al COII - Il?- turu a eOIl1? prosa ~r; . e.O e m argo iíora I l nmlu~t'n hacia otl"O WlnlO con ltodolfo 1 tnrio, querria 011"0$ eun mas frecuencia. ; t e­tlcmpo la gloria le habm du;ho como !H)e, )'a~ pronto perdi':' I~ IUN...,." de o\oe{k-eer:i su neis una di0pol'>icioll ndnliralJle, y los Tl'ci n~ ta: " Lenilltate !" Se hn lenmh¡)o y 110 . ~H'ntimientQ y re' llOudi,," todo lo que le de· qne se qUl'jan de \"os MHl 'tinos asIlOS . .E.:; ta el volTerá ti. acostarse." cin ese Ilit.! quc ~entin sobro el suyo. Por lo IR I,or.lo en que de ordinario 1 0000i~, seiíor Lau- (Conll"lluar;n Lenn hizo 1111:"\ señal afirmativa. GENOVEVA, \'ano ~c re¡lelia Alberto todo loque él h~bia _ y lJien, mi querido M'ñer Lauter, ('Sta es pen~ado acerca do ell~; le pnreeia entrever \lna la llomcn que tocl1.isor.:linal"Ía1l1ente ; me per-le O" 1" I X l) A e I O X.) multitud de excusas IIn poco confu$as cierta- mitireiN oiros, soLre todo si tocais cierta cau4 _Cómo! te lo ha dicho 1 meute y de cxplicaei{)ne~ que ~e rescrv:>.bn de- cioa . . . . _T()(ll\\'üL no, pero, . .. Y en I"C$úmen, por sembrollar en m>i¡¡ oportuno momento. y tararl'Ó las primeras not u . quó no he de decirtelo todo? IUcin al fin de la comIda, In selíorn de RI'- _Ln:>. clllleioll, euyas llalabras CODOUO, se-r ltodolfo t..:;~roc.hó la mano á Albcrto, I¡UU dl'uil pidio en di~tinta9 oca~ione~ no s~ qu" gun croo. no (:I;trcchóla. uC Hodo!fo. Mn'CfI"IIS que los criados no I,udleron hallar y _Mucho me alcgro f(>~pomlió Leon, de po- _Oh! ~i, continuó, me IIml; pero, .. com- b ~~fiman, ~eiior, y tengo cierto modo de -Si, Lajo la 1I1~~, torlas la. fardes durante Cl"l\ la ~cñora lIarahlsen se lel"nnt':' y Alucrto oir la mú~icu, del cual no mc gusta nriar. la comilla.; ~R era la ],o,'a por la cllal viIi:!. yo ~e sintió un poco adl1lirndo de ~cn t il' :vd~\"Í3 _ ] t! iI. hll.'l'ar\" ue~t ro tabaco; lo que es cer - y que e~pcr,'ba durante toda!; la~ otraS 1111 pié sobre el suyo; andm'n ella y toda\"Í(I " ezft, aqui tcngo, _ l'cro cu~ndo? preguntó .\Iherto. ~iulió (;1 Sil pié; div diez 1'1\.\.QS fuera de la lile' CUlmdo \"tOO trnido el taUReO y taqueatlosu _Antl's dellllO se fuesen al cnmpo; J' el di8 ~:1. Y lo ~in(iu aílll; abrió la puerto tlel eume- pipa, se 1'.1temhó:í !us anchas en una gtnn pol­< le la partida, ~untl su I,ié mas eXI>I"Cl,i\'O, mlÍ¡¡ ¡\~~ y siguió sintiéndolo; desapareció y .. - . el t TOna, nció ~ u I"ftSO, lo llenó de nuevo y lo co.-. IImofO(¡O que nUUCft. . lile 3111 mismo. I locó delante de él. Aluerto ~e htntió soLrecogido de un vcrligQ, Eso I'rn inc<)mpren~ible. ~~chó 1011 ojos al };ntónccs le tocó U>-an In ealleion que 113b¡lI. Fe apo)",\contrn un1Í,oolj todo giró 11 su rooe- moicn:o que ~C:lb~ba do! dl'jar la~l'ñora Ibl"al· manifl'St.ado dGour Olr. Al cabo de un fllto der y lu('go de.ap3re<:"i,'. d~l'n pnn \"er ~i cf('C l i'-aU1cnh' ~o LlIuia idu, el fOMl~tuo I'úh"ió i. pedirle que la toca.r:¡ . F.l1tre tanto Rodolfo continuaba; ~i 110 .. ra juguete de una ilu.inn~' ~c ('ncontro _R'IM.'n.d un flOC",dijo, y cantó. Cómo ~ll- _y cstll. tHde, ('!,t:I ume, dentl"o de uu COIJ I .. s '~"" d" nodolfu tan admir:wus como beis ('SO, que !lO es de 1'~ l e pais/ preguntó á cuarto do hora la \"oll"eré á ' ·er. lo>< ~ur"~ y el "ié FC letiró. Leen. y (:()ntinuú :..~í duranle un cuarto de hora, };n o·recto, C">e I,¡éque acaricia!':!. tan nmoro· -)Ii madre roé quien 11M la enseüó á. mi lucíendo b I'intura de ~u dichn, 'lue IoIl1I1UO el partido de 1·~tirar1(1!, L~jo ~u ~ilIn. Pari~ 1 que ('!lO bahria ~ido pre<:isamentc lo que l'lhill Alberto, al blL'>t'n!', habia. balllldo d de Hodol- -Xo. ooutado," nodolfo bi no le huuiese inlerfmn- ti"~ r Hedolfo, ere)"~'ndo¡;enlir el pié de S~I pri- _}:n qué 05 ocupais 1 pido. m1l,. que era I~ "n'ca que u"t.lI,ba senta.daJul1to -K,tudio IJl'~cLo .\' toco violin. _E~ hor.lo, dijo Rodolfo, de encamin3mOll á de l'l, t~'PO~U¡Ó, y se eutiLlo "~1 C>:!. 11~["J1a co- _ y eU:l.ndo :lCabci~ IO!I cstudios 1. , ... la C&.<,a. rTe~p"ndencla. . -1'\0 ~é lo que liare; pero Le oidu dedr " _'l'eda.\·ia no, dijo ,\ Iherto. .Alul'rto ~e retm¡ RI puniD de Ic"pntarse 1:1. mi tioquc ~I compuri:!. n mi primo un es tudio _Iremos d'-"'I,ae1(l. mc:;a sm ImLlar a Hodolfo, el cual por MI parte de abogl,It>; ,. 11lt' figuro que mi madre ha.r:!. _ 1..0 mi~mo da pa. rcsDl1a r otro ¡lía dehia (J't rt ir á un ,·iuje. amBba e~ indigna dll tooo amor; no l>1l'l('ce KU~ \·c~tid().<; IIxtremnmente ~l'neillos con UlUlo - Yo I' ien~o, dijo 111 ~el)nTll"6e de Ll'on, qU(l ~ino el de~l)recio y nuncn f!l"onuQcinrt: yo Sil flllonomia ~impática)" di~ t ingui(lft. \'oh'crú dentro do alg onos me>'('s y tendré el uomure. _Serier, dijo' Le(ln, aqui tenei~ una urta mayor plsecr al ,·el"O$. Si l!Or ea~ual idlld do-y Jlen~.ba en la pcrfiOi:t.oon 'lile I,abia ~ido qut' me h~l1 entregA.do por equi\'ocncioll y que jsis e~u pn~adD , dejadme en elll " ucstra Que­tMli'¡ unado; de~lm".~ hO preguntó si I'fl'ctir~- C!>t:i. dirigida ... \"O!'I; no he querido tmar uu ,a direcciun. mento era él el engailado, y \'einto ,'eCCS eslu\"O instante. en entregárosla. Estrechó la mano a.1 jÓl'CU y partió. I r Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. == J.ean le Cllcbntrablllln poco pregunton; por que en nlJ.1LdllL~ fI\)'; noches le habia hecho lLa· blar de totln.~u (~milin «111 los m:\¡¡ milluciMO!! dHallt!!<; mil", I'n su "ire y ¡¡U~ palabra,., habin tanta bllLUhd, y en sus modales t"nta (nn. qUCZII, que 110 ~e lel po lía echar:i mall! I)/Irte la. curio~¡'.I:"I, la tual, aunque un l.l\nto de~lI­gradnble, Htaba lI!jo, de ser nl!llo\·ol~. LacR)'· la que habiu. clltregnrlo ri. Leon CI"a ti" GCll0I'C­va. Jló aquí lo que ellll.lc escribía: EL MOSAICO, 171 C'iertaml.'nte que HO":. amt\hll JI. ~u herro,,- ClL~rdn~ c~t:in pront:tS A dRr la misma Ilota. no, pero no teni:!. parn él a,¡uclll\ tl.'rnun.·in· El único cn~ueflQ lid amor es la. reuníon y la qll1.;1.4 e ingeniosa dc (¡ t'1I0 \·~\·a. E.~ta I'0!,re ¡,a'ion COlll111ctn de dO"! 5ÚCS: eso es lo quo nifla, ~in saber Jo que cm amur, amaba á "-\1- I:\Ct que do,¡ manos 'lno ~o estrechan, erean bcrto con todas 1m; luerl,~, de MI.lm~; ya no ~ntir ~iempro un oly,l.Ii.culo entre ellas, y ~'" tenia p!acen-;:, ni triste1,a~, ni ~CINlci"ne1 que I Clitrechnn e,<" ,'unml>l ya ~e toctln por todos los llUn· dolores de J\ Ibeno, Jt( ... n no 'I!JOl'l'!!.ba la~ rhan- t,,,. l'll~~ bien ! ~n rSf¡ (."{)l\lun,dari de sensacio­l, M ~obrc la jamu$'!. enfcrlUt'\h.d dl' .-\lbel'to; IW~ hay una ellHWi\l1l que ~e experimenttll\ un rebusaba ir li. ver cunlquierco_,a quu di'-'ra tlempu: el que aUla y ia que e~ amada están gusto á. Alberto, porque ya la habi" I-i~to un 1lI0mt'U10 unido~, CUIllU 1, plata y el cobro XXlLI. ba.tante; ~e lI<'galJ,. á. cantar Ul1a cand"n rllu'¡ido,)' juntos en una campana de timhl1l QueriJu hermano: que gll'tartl i .,\lberIO, pvr(lue la lJaLi:r. r:\.u atmnniu;o. '" I! ,__ b tlulu Unto, que ni ~i'llliero. ¡""liD. enteuderl:r.. Alb.'rtu que <",taba "'t~nO!l conmm·i,lo, ho- i>lluo...,., un ien como nQ60tf'{11t, quc ,\1- },. rllll los ultimo'! dill.s u_, e octub re, blo' ¡II,'l Uerll,}' t"iltl'1.' 1:\nh) 1,;, miraba G enoveva, bcrto h:lo Il<'glld" aquI un lJoUCO enfermo,' )' le Parece que en ID.~ divel"tll.S ("taeion('S -"el -_1 ;~''ur'H'.\·IL, ,le ..,Ü u; ,I "'PUl', de una hl'rmo- ~UIIllanea, d campll, .\ no ~er por {';;P, caeria en el má~ estauO tan cniliosa y tierna como dc.spuetl de u'tul yamorJ·1 1 a; CI! C1 c~tio, rOJ' a ~'On 1o s o Il a· L'" IIl leu 1o eutu~io,mo Jllbtoril'J' no se deberia este quebl'allto en MI salud; m3'~ bay algo tan bol~; tu el 01011", bhmca, ozul y amni1la: dese,pel':lr de verme alg'ln ia tlpaccntando triste en ~u~ CIlI"iClR~, que a)'er 111 darme l"1 Io s Ol"r$anteml1.~, Ia .;, gram1 e s margB".rltbas la ll- unas OVI~¡'U'd, '" , 1'11 lIInu '/11( la. I'Ht t'l',!I trnvc~ beso, malinal, me cclw a llorar', ella me dIJO Cl\..< I a gran ~tlh'ia alul oscura y Itls e,ool'»O- (Ie la pnlIl en, CIdlIl un C, mi qut'~,do 1.0011" que lIe\"& una.' ala I de Juna· pero cuando be IlOnia el de color de erU1,3,1" por 611 ca!.ocla Ó ~II corazou, 1?\Jy ~1"\~t<',1 ~r:l..Ul\lY )o\·en ~unndo ,m()~ ~o,)l,"'¡¡';llIcipede~lumbl'ado ceTl"abal()~ ojo~ -~o,)impol'u,d~o,aquies!ldondeunolle_ ~.ontameb¡e3u, ~lln se consen~ lIenn< ... a,) y ~e \,oh·i(\ completauwntIJ loco, bcria nmir;i ,·ilircuuMl amada. Cno tIeberia 11m cmbargo, nI) l,,,OIl v.arte en nmgun placer, En el otono bs h<~ag dl' 10lj I\rbol<,'1 toman eael' ~aLI"C Pal'i", COIIIO ~'I águila wbre la lla­no ~ei na,!Je, pMa su nda cou nOboll'oS y be dcos tinte, dc oro, do 1'\l1"1'(lrn. v du '¡ olo t~; nl(r~, cugn allí ~u Ilre"a y \'ol"cr II tvmar el enc~eJta ~~III. ., , , el ~ol ndvrna la~ nuLe_ I~on colon'. ., m;\s Clj- l·lIdo,), ) o 11(\<'I'!a. escrIbirle que ".Imcs":,,, pUC'I IIlC l,léndid>Y<. j Io.~ bo~qne$ cxhRlan un olor cm· E,Ia.~ palaLrns enlrv.ron como un hierro (no lo lJa III·O~'~ldo, y eom~ yo m"ls.~le: .. e, IIU ros: bria¡;:Ulte; y I:IS bojas quo ctlen y empiezan cn el COI~7.0l) de (;cnol"t',a,que '-'n cada tra$(', Lro se, .¡~.erlJ,y C~Il, 101. comoo, ,d. lile dl~o. á cub .. ir los se))del"o~ ad,icrlen 'Iul' todo ,'11 en c.:"lda IIlfl<,xion de Alberto, trataba de lecr . -:-Entcs! y licue:; que lúnces too..., lO!! selltimiento~ toman un tin- :\0 .~c ll!l"llba Ull minuto, cuando ""taba al la_ da:~rll\elo" , fC Ile Julce me!B.nco!í,; el amor ~c apode"" do dc AILt'l"to, sil) 'Iue pasara "arias veces do 1.' 01lle ech ... en sn.~ b:a:'.(IS lI.'leguril~dole.qlle del COf8l.on con un llOlier ha¡,tR entónccs dt's- ItI dicha mas comlllcttl á la de-e;;peracion mis por el conlrano, el medICO me habla dIcho ooll y e~ condenaJo. toC; mM yo no 1)(1111"1.' recomendarle s~ficlente· CUIll~r, d~'Cidjdaml'nte le CUln"f'J~ la ca,:!. ell- -En !'.lIi~ ("', 1l<..'n~6 OenO"l"e;tI, donde pien-mente que n" lo,) hnga~: mama creena qUll, te ter:¡,; I'0r'lue la l",rtic\llaridad de {u euf~rme· !;.lI. eucu\ltru la lIluj,·r:i quen amará, 110 pamadll~' e-o,) pu,lrla eaU-Irle un;¡, .<'Tn'ICJI1n dad t~ que comt.,; tú '011.1 m:i, que tudos no>o- -Oh! r¡Ut' l,il'lI ~."taria aqlli el amor, conli-peh~ ro..3. _i'.~ta C:lrttl la (:Sto~' ~c!1b,end() de tro_, r~u))ido". Yo no vvy al bo-qu<,. nu,í ,\luerlo, habhUldo ea'l cou,oigo mismo-, \JOC t', y manana la Ilenré ~:o UIt_IIlII ~t 00' _ y tú, (;cnovc\"tI, diJO AllIcll cayentIo ~Il l'rimo,), J' por los otru," lad,>,; cn e';lI~ al·dicntes coliDa~ en cuenta do III ellflol"llwdad do &u hern\lIUa, ~;I ~()I, ya abajo del horil,oute, lanzabn rayos I"crd~'!\ 'lile fOI·mal) h~ cadcnl\..~ de cu_tallO!;!". y III'COOU IIRe paró junto a un t-lIjtrMO, Gcnovc\':¡ ¡¡mtió un plalX'r ~ecrcto ci ma~ lIe lOIi ';'rl,¡oles uuido.:¡ ron ~u~ redondas arbol, tom .. UII CQrt~I,lumll~ y ;>C 1 u~o ¡¡ grabar IlIlr ~ u cnfl'rlUl'dad, y algunO'.! diaa dC!\pue~, oupa~l ~bre las CU:I.1e~ C<>l'ria U\l ,'ieuto li¡;cl"\', II.lgo en la curh·w. cuando d~~cubrió que <,1 enfermo e,taba per- II:lrcclan un mnre,[IC-o de Co,)l'M)" d" I'Crdlllll, I Gen cou 1(\ IlC,."uunRnlal almas ~e que no lrneu ~¡1I0 \'I~ion<'$ diclll:"a.". tlochu 101 ruibei1or(,ii, ponen uuísun.u, como dO!! iustrumellt06 euy!l..i AILcrtu c;1JO tU cucul4 de que b, luz dh· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 172 EL MOSAICO. . minuill. y de que era ticmllO de voh'er ~ la De mi ya tienen los lector dutiu propin.. '·o~ de~- Ilabia esto llegndo conmigo en la dili- dadn vip, 1~8 colgaduras que adornaban pcrla..c su alma de Ilqu~1 SUCllo lell7. que la gcncia que me trlljo últirn~mcnte i Orana- lO!! balcone~, y el numeroso gentfo que. lo 00I11ub1; se apoyó maql\IIlI\III\(·nte~l~ ell>rnzo . da' ero él no moutó en la cort ... ni mucho inundaba todo, imlicaball que la proCCSlO1l de Alberto; pero nI jl3 ...1. r por el SitiO en que ,r. I l' JI Z " . recorTl:L las e:r.llcs de la J crUSlllem de Oc­habia grubado Ill~ CQII el e')I"uplmnll.", .. il\tió I III~009, al?o cn. a eltl(t l e .... !"rl~ IJII~ ('s, p!llpit~r!u corn~."n Cf>n ~nlll vIOI('lIcia .• ;n la como qUlcn dlcc, al fill dc 1111 v!l'Je, ~u eidentc. col'tcza del 'rbo! e~tab:l. su sentencia. modo que solo ealllill~mos Juntos \IIla8 BCI~ Yo 1110 apostó en In plaza de llib-ram· Adelll:15 úe e,;o, por 113da en cJ IRlondo ~e leguas. Durante el corlO tiempo Que tar- bla, cerca del Zacatiu, y ~co~ momentO! habri:L alre"ido" mimr dc l"'C lado. Se rlL~rol\ damos en recorrer est ... dislnncin, apénns I de~pues tle~liI:\ron ante mis oJos corpora· pOr cl otro utremo de In "Iameda y .cuando 0011 di rigimos aiguno:! cu.nlplimien~os; pero eiones, corr~d¡a!l, niños dc la .iuelusa, c~­c~ tufieron R ¡,unto du p<'rd~l"c dCl \I~tn, (;(! en cambio, pude estudiar detQuul:lIl1ente ce.'! parroqumles y toda la brlllan!e eoml­volvieron'mOOs, quenendoulIoyotrol'ol"crJ\ Sil notable fi~ODomla J' distinguido porte, tiva (Iue s.igue y precede al SanUslmo Sa- ver "3e cspcchi.eulo al cual hnl.tinn mef.dall" b tlln dul~ pcn"~lHientOll. F.I alamo ('n 'lue y entretencrme, como tengo do CostUIU re, cramento. . habiJ\ CllCrito Alll('rto~e lef~l\tllba, entel'lllllen- en inventarle toda uun biografia. 1'uS3ron, en fin, las andas trIUnfales, en ' av .......... ".-. 1'.n;Rdo b b 1 llos himnoS" (I ue can~Lun cien armoniosal ,,~"'- ~ ~ UT a, Sumamente ncgr!l, muy atllsa( n y, 1 1 ,1 mJl~ ,álido, el Ciclo n?ul c!nro t.omaba de pOflmtllrn 1e zn, de corte naz:¡rcno. S lI~oJ. oa voce~, entre el repi/lue glorioso (1e ns fe am· un refle'i o amnil1ento el hermos" tmte verde gruudes y oXpreSI.Y O~, d e . ,:millas do plata, miéntras que e per ume 1111 negro ntcrclO- fl que Jl'!l'5eCn ciertll!J turqueUll'. . del illcienso y el nroma de las orcs ro- La última mirada Je (lCI)()I·C'·1I y la últi- pelado, recordab~n :\ loa piratas descrItos deab:lO la Custodia de una embalsamada mil miu.da de AIl!crto ~e dotll1'ieron en ·cl por lord llyron. Las Iincas de sus pobla. alamo. das cejas, as; como las de su bien rll~gadn nube ...... ,\ la mañana siguiente All!crto partió con boca, d~notaban fuerza y elel'acion de ca. Uu 11010 hombre permaneeia de pié cn ~u padre. rácter. Su dentadura, limpia como el mar- médio de la mulLitnd poürada_ XXV. fiI, y el azulado blauco d e sus ojos contras- la .dNea ttoudraol mele nmteu nldloll.m ó mi atencion, como Qut> tri~te y cal1~adll C!;tadon la del iOl'jer­no, mi querido ¡,.('(In' lince quince di;¡s la nll­turalez... . estaba nún bella y ri~; dI' repente cayó una. Ilurill fina y hebdl.j un \'lento agu­do arrancó las hojllll de los árlJ.oIE'll y IlllI ha hecho rodar 4 tr:nes de 108 s~ndcT'()8 del bos­que. Nuestra casa parece tener por su parte ln:is invierno que In~-.:otra., j los IK!rbalC1l sin hojas 1\0 tienen IIl1is que ~us ramilletes de coral. Mama está ~ielnJlr0 enfcnnllj nOS!! se IIMtiaj Modesta está de un humor verdadera_ mento feroz; yo por mi voy con BO!!a y Sem­II: r, ó sola, cuando no quieren lC()mpaiillnnc, Ii roeorrer el bosque. Hay todal';a grnmlc1.11 en 103 árbolc~ cuyas ramu secas se cntrechoc.111 como esqueletO/!. Ames que haga dI'! todo lila! tiempo, quiero volver ¡\ ,'cr todos lus si­tios del bosqull que mo..,gradan por el re<:ucr­do; no hay e.1si 1In árbol que no tenga al;2;o que decirme: mi ,·ida hn lIeneilla y tan uni­rOl" me 1110 la cuentan toda entera IOI! /jerb~IClI c!l"l 111. easn, las encin!t. y los álamos del 00s­qu", la. rl"ltarn~s no tienen ya hoy ~ino Il"grru; \·aina~ en "ez ue 8U~ herm()l¡n~ llores d!.l oro. Qu~ haces de Alberto 1 Te le em·hunos un poco menos tri~te, I'<'gun creo, de lo 'lue nO$ babia venido. H<"IlIlico ó por lo sobrenatural. Preguntó al mayorlll ~u nombre, y me dijo que, como aquel viajcro hnl;ia mono tado tan cerca de Granadn, 110 ROle habia extendido billete. P ensó en seguirlo; pero mi equiJI:lje me reclamaba l:z atencion: oeurr!óme somet erlo:\ un interroglltorio; pero lo juzgué descortesía. Conteili', pue~, á su silencioso saludo con nI! IlJoY imiento de cabeza, y me dirigí ti. mi albergue todo lleno de curiosidad. Di chosamente, esta primera parto de mi ...rUculo se lIalUl1 por algo la prOCCs10'" del CÓr¡IIIS. Coneurramo:! á ella, que llca80 nos enteraremos allí de qui{m era mi eom· pafiero de viaje. A las nue"e de la mañana ~igu¡ente de mi Jlegnda i la ciudad de Boabdil, I ~s ealn_ panal r epicando ti. vuelo, 1M músicos de In II. "EL ÚLTIMO ZEGRí. Aquella brde sub! á la .'\Ihambr .... Sua oscuras alamedas, sus dejos torreo­lIes, sus 1>lnza9 y p~l:lcios· estaban solos. },11 festividad cristiana r eteuia ti. todo el muudo en la ciudad. ]~nt r~ en la casa real, como se ordinariamente al p:tlaeio de los mOTOS. llama réye. Aquel palacio, hecho por las hadas, Be­gnn Zorrilla, cncontrábaMl hmbion eo la mis dulce wledad y Ilondo ~ileocio. Aca­so IIlguna golondrinll, procedeute del Afri_ ca, c3ut:lba ~obre el llli~1I10 capitel en que sus ontcpDs:r.das dC5eans3rOu hace cuatro siglos .... " ambien el w l acariciaba, como ell otro tiempo, las esbeltas columoh del 1'a(io eh 103 L«mts, y uo se desdeñaba de penetrar riente y earillOSO por llls calada, galerfa~ .... }'eusaudo iba yo en cosas tan insignifi_ eante9 corno estas, cuando noté que no me hul1aba ~olo en aquel patio. Allá, frcnte " uno do los belllsimos tCUlpletes que están r estaurlUldo en esto mOuteu to, distinguí 4 mi eompollero de viaje, que mirl1ba fij~ ' mente el cstndo dn la obra. Mis pllSOS lo hicieron yoh'cr la eabeza: púsose ligernnl~nte colorado, y 1'ioo á mi cncuentro ~i u I':lcilar. nirigimosnos algunas frases de pnra coro t csía, y como 111 convcrsncion diese foudQ t 1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL MOSAre-o, " las poc~s p:llllbt~JiI, voh'ióse él hacia a11 ta imnginllria nmyOf fortuna.? ¡ Chalenu­templct? quc CX:UDlunbll enand!') yo Ilegull, bri:llld mi~mo me hubiera dado 6U ab,net­y We diJo con un WIIO de sl;utidll queja.: 'Traje á trueque de mi ::c;rí! -l'or!¡ué derrilull1 C!to l' El baleon 6 ngimez del salon dcEmbaja- . lnspmibalc esta prcgunt.llla circuns- dnrrs C8 una de Ida mayores prccio~it.h dCli huma de haber unOlllndamios en tornouc1 do la Alh3mbr3, Sus vistas dan ! 108 aicm­templete y hlltarso por tierra los fragmcn- pro floridoa cármenes de 1:1. carrera ucl 1.08 de su techo. Darro: en frente 60 Icvautan la~ pinto -No lo derriban, le contesté; sino que rc~cas colinas del .':iacr(;.-m(Jlltr, y abajo lo reconstruyen. óyese el melancólico rumor del Tio que se -Lo reconstruyen 1 Conque los espp.iío· abre calle por un abismo cubierto de roea' les :uuais la AII~!uJlbra! exclamó aquel y de litboles; árholesy rOCaS(llle~uheTl es· hombre con exlr~Tleza. calonados por t(ldo el flanco de la fortnleza, -Sobro t.oda pouderaciolJ, respondL hasta que el ramaje penetra nmteria!rliente -911 ! continuó ól; di8pcnse usted la por los miradores y perfuma la3 estnuci3S OnlOeLOn <¡ue me embarga. Yo e~taba a(lui del palacio. Es un pensil babilónico; eH un 60'10, ~r~ycudo quc n3die se neordoria hoy cuento de las ¡lb{ JI ul/a tl(JC/tCS,- es Ulla del VLeJO a!cázar meruno, "iuo que lodes eonstruccion de de G~nios. per~~nceerJtln allá. abajo, eons:lgrados á la Pues:1 aqud baleon me a~omó el ~egrf. fCltLvld:l\ltllle c;lebrn la modorna Gran:!.· Ya se apagaba el crepúsculo al otr? la· da .... A propósLto : debo :1. ustcd una ex- do do la catedral, cuyn oscura mole g'gau­plieacion. Est:!. Ullliionll, en el ~aeatiLL, me tesca se dcstacaba sobre el fendo do ero reprendió w;ted con la mirad:! .... no lo nic· del peoiente. La luna empezaba :1. blun· gue usted ...• porquc no I.ue ]¡abi¡L Il..rro~i. quear In copa de los :1rbele¡¡, desllaci óu d~. lIado. Ay! he fuó soberbia; no rué lIupLe· so CQIDO una gasa de p]¡¡.lll por I:lB OSCUrI· dad .... Qui~s yo lambioll soy ya cri!.tiallo! dadcs de los hosr¡ues y las !lllebrndtLs del Era quc el dolor lile enloquocia. terreno. Les ruiscfiores, ],u{>~pedel>eteruos -Perdóncmo usled fii DO lo cemprendo, de 3QUel para/so, despediau al sol con sus l'ep~iqu(i, hl':ciendome todo oidos, pues "eia más amerosos cantos, mióntrlLij CJue 1:J. cor_ vcnlr la anSI:ld3dd biografíd do mi bombrC'. Deja, rcina del silencio, lanzaba p su como _y sinembargo, prosiguió ól ceu hon· pasado t!emido que habill. de d~rar toda la da melaucolia, yo nece;;ito dar rienda sucl. noche. :Era \:l. tarde .... era la pruna,·cra ..... u.:i mis 6(!lltiolientos. Ayer euaudo DOS era en Granada! .... Los que no h3yal6 acereab:un09 á e~ta ciudad sallla usted Ilmado 6 !'ufrido en aquel eden, vanamente me veia. palpitar en silencio .... J~~ta ma. querreis imaginaros todo el misterio, todo liana, durante ¡Il procesion, usted sorpren- el enelLnto, toda. la peesla que caben en el dió hmbieu las preocup:loiones de mi cs. alma human3. p_i ritu ...... Usted C!! ya mi confidente...... -Si, yo soy africano; yo soy Aben- EscÍlcheme w;lcd un momento. Abdul, I el último de los zegrles! eontiuuó 1\1 i princi¡IC, mi b::mdolero, mi eomisio. ;l(luo.1 hombre extraerdinarie._ nista se habia trau~liglLrado al prolluciar Olge 11131, yo S?y tan espanol como tú j estas palabras. ~'edo su sór rCI·elaba la yo soy U'l gnuadmn desterrado i yo soy de m:l.& ueble expansiell. Cogióme, pues, una raza prescrita. . . mano y me condujo :1 la. próxima. sola. de .Au.n no hace tres slgles quo mIs padres, los Abcllurmj('s.. mi trIbu entero, los deudes y vasallos dll _¡ A(IUí, dijo, sobre e.,a fuellle de m:1r. mis may.ore~, fuero~ lauzados de. las cuas mol que nÚII ve ustc\l olLrojlleid~, 109 va. que.hablan een~lrUldo, do lna t\Crras que li.entes ::r"tÍes hicieren rodar 1:\ cabeza de h~blan lnbrado, de 109 be!!qucs que plauta­los aiJrnc~·TfI.if:S 1 En aquel ratio, cn esta rOIl pan {Iue lcs dieran sombra ell su vejcz. !:lla, moraban a'luelba hurie~, hijas del "Sois africtJ.}lJ)s," les dijisteis, ¡ cuando Yemen y do nllluasco, que encauhrell I~ lIC\'aban ~iete siglos de ,·il·ir ell Esp:liia' vida. do los selJadoA dcJ l>ro fc t~. lA hi Y los eeb:lstcis de esta tierra; los arrojás­eat. 1n las al"bantns :1. Dios y !l. 8U" guerreo teis al 1Il3r. ros! J)c.sde AIlw.IIUlT que levan"" este al· Ellos, per un mihgro del Altí~imo, na­c; ízar en cuarenta afias, hasta lJoobtld que die sabe cómo, nadando ó en fr:l~iles bar_ Io perdió en el tiempo (lue dura un euspi- 'luillas, m\ufragús y bambricntos, llegaron A ro, lodos hall gr3badc gU nombre en esas ItI. otra costa del :\leAiterráneo, al Africa galerías fanl:l.:sticlIs ... 01\ viejo l'u$S('!1... oh-ida da, tlas playas do un Cl robll y nos fler sigue como :i. fiera~ . }:I rey cri~tiau¡ ocs llama pcrros y nad fusila. Ni el uno ni el otro nos da carta deciu· dadnnfa, no~ llama compatriotas, nos reco­noce como lterm:mos. De afluí es \Iue nosotros, l o~ ltijotl Uré nunca á \"erlos! .... Alli e6tún los que edi6c~ron el Genera {!(e, les que habit:lton el _Albaicil1, les que hicieron un p¡¡bcio de esta ,-ega, les <¡ue berdaron de jordinc~ las nl:irgenas de los ri o~, los <¡ue C'slIHlltarall ue oro lBS roca!, l o~ que alfombraron de flores su ealDino. J\ ~I im-:tdioron ellos, n~i colonizarou. )Ii r3:1.a ha ('umplido EU mision sobre la til'rra: no a~í la tuya. Nosotros. al pasar por España, la LIIejo· rom o~, la eil-iliumos, In sacamos do la bar· barie. Módico!', poeta~, botánicos, arqui. teetos, filósofos, industriales, agricultore~, todo lo fuimos en vuestro p3is. Elllrte, la ciencia puedell estatno, agradecidos: la humanidad IIOS d.:!be un voto de gn.eiaa. Pues allí e~t.in, "uel\'o:i decir, alli cst:.io. mis com patriotas, surnidos en la miseria, en la ignorancia, en la ignominia; y voso· tros 3qllf, felice!!, epulent09, poderosol', ilustrados. Ahora bien, cristianos, fil:1ntrep09, pro· pagandistas, ne~r6fil os, ¿ qué habeis hecho por mis p3dres y mis hermanos? Paru. eu:1udo las armas? Para eu:indo]l\ eleeuenciu.? Para cuándo el martirio? ¿CÓO\O.1I0 os horrorizais ~I pen~ar que cn· tre Marruecos .'1 E~paii~, eotre dos puebloa civilizados, v cuando mónos constituidos en sociedad, hay una raza bárbara, sah-aje, ea· si fcrcz, y (I\le vosetros no haceis n~da pa· rn redimirla? Yo comprendo cl estado brutal del Groen· landes quo ,·i,-c en les límites dd mundo, en una montaiia de bielo, ina eee~¡ble :l loa hombres de otra raza: yo lo comprendo {lImbien eu e1llcgro quo ,·¡ve enterrado en Id!! arenas aun 110 espler3das de la zona tó-rrida ...... 1 En una y otrl' parte pnede hn· ber hombres fuera. de 11 ley ! j Pero qoe l o~ haya eu 01 centro del mundo ci\'ilizado, lindando por todas par­tes cou puC'bloE; eulto~, y que est.os pueblos cullOS lo! dejen "ivir y morir como bestia.! feroce!, eB indigno, cs 611erílego. es 1100- minllble! ¡ Y o~ot ro~, espaiioles, re~p en dereia nnte Oios de los crímenes que cometan les rife· fi08 eu esta ,-ida y de su eondcullCion cu In ot[l\ L ..... Vosotros, si; por haber ohidado vues· ~ro destino, per hber nbdieado vucstro derecho, per J¡~ber f~ltado á 1:1. ley provi. d~Lloial de I~·ci vilizaeion. ¡ }O~n cuanto :\ mi, continuó Crbcrlsco, esa UIlS, IOlluia dc mis progcnitor~ l...... lcn05n gUItarra, c~c VIlS') COOCl'¡)tO de ]tl. y clldl mis g3nndo~, vendí mi c~pillgnrdn, copla, c~a mCllloria perdida de lo~ árabc~, fcudi mi tienda, bc5é trcs "cces á mi pro- C~n pella de dcstcrradOl:l que scnlwJOs, esa mctiull cspo~a, In bella Alciull, y hui del c~pcran1.[l. dc nucI'as patl'Íu9 que UDS alien· Africa para ~icmprc. ta, lodo c~o arr:lllca del fondo de nuestro y lns boha adorna.das do nitos taconcs i y llIoda (IUO no \'¡ono de alU tie'lo poca autoridad y poca dUfUCioli, siendo I~ lIrio. cipal ruzon d>f esto, ul quo JIIS modistas y pf'I\IIllIerOS son los }lriUlllros on deS:lcre­ditlrlllS y (:n hncorlus dosnparcoor. ••• Di~z nfios haee 41ue reoorro 1n Europa: eornzon un inmotivado lloro, uua 8anh y T.JO qua en Pari:,; ult:aU1.1111ctunlmento 1:1. fortuna mo ha ~¡Jo prol,icin en cunnt.o del¡cios:!. Iristu.:l, no liÓ quó solcmne y cxal· m:ls f,\\'or es d traje pril.ecsa: os docir, he inteutado: guerrero hoy en Urime:t, t:"lda plegnria Ilue bien IlUede compensar el qua tiene el cuerpo y In falda oortad05 comerciante aycr eu la Indlll, poeta un día toda una ,ida I e \·auid:u.l y de locura. uo una wla pieza: ha "isto uno quo ] 111. cn Jerusalcll, morillO cn Amúrico, todo lo I Así es '-lue miónlrns yo pellSl1ha en los llegado pura una omiga mili., qua 05 do sov, lodo Jo he sido, todo lo seré, ¡LLónos Il'ueños eSJ,lendorosos de mi nifiez, concebi- lo m!ls bello (lue on su g(mero se puedo rijclio. dos al campas de arl'lella mú.,ica, en los dé· illLllginar. . l'cro 8i mis riq.uezM, si mi "aJor, si mi lirios do mi adolescencia, en lo~ 8ére~ (Iue· E:,; do fllyo color do pOllSoulIonto : la fo en Cri.!>to, ~i mi amor al bombre pudie· ridos 41ue muricron, en I;Ls noches dc llluor p~rle inf4Crior do la falda e8t.'I .adornaaa bCIl servir alguna "oz para voher á mi" d('s\'aueeid~~; en IlIs ilusiOlles que ayer mi- con dos g randes bundas do torclOpelo dol IlenMuos la di¡!"ilidad social Ilue lmil ller· Tllb:1 eu el pOfl'enir y (lllO hoy ~olo CMUOII'¡ mbm~ color, y dos eenofas bordnuas con dido, la gerarquia humana 'llle ~c les ¡lie· lL'O eu el pa~ado, Abeu-Abtlull'l'llsaba en troucllla do soda Tlegra lll\ly filia, altar­ga, 1011 bienes de la eil'ilizneion que oh-i- Afrie:J, donde tamLioli rcsuellll por la no, nando ullas y otms: (>l.cuorpo do tallo daron, mi l"ida 110 haLria ~;d,) iu\ltil y la (:110 aquel patético oauto, donde aquella cOI'IO llol'1l un cuollo ObICI'tO, qua figura fclicidad dMeenderia por primen "ez á mi misma hLlm e~cbreee los risueiio8 \'lllles ¡jf'1 sol:lpas on la ,espalda y pee.ho, y on ám-coruon! .\tlllS, donde tl(':ISO cn atluel momento re· bo~ ludos se tlorra con un 1"1(;0 brocho do lB. frc>;caba la primcra bri.ti1 el abra~adoco r ll- ra~anLaneria de SOlla mor,lda y negra, zon de \iILll mujer <.¡UO 110 habiu podido 01- IClfIninando Oli COl'donos con borlas do A·¡ habló .\\.len·ALdu!. Yo le eslreelLéln iUallO con "crdadem ternura, y IlIU disllO­uia n coutestarle con uoo do ('!;(lS _artículos de-f/lldo quo los I'eriúdicos espaiioles ~\IC' len dedioar :1 n1Le~tro !Iorrenir en Afdca (artículo~ quc el Gobieruo bn con~idcrndo nI filL de primera lleecsidnd), cUl1udo un llue,"o iueidcute poético, ino á levantar más aúu aquella pn1(:Lica e~cclLu, que yo Lubiern indudaLlelu(;ute cou1"ertido en tri~te prosa. AUli. llbajo, entre las nrbolcdas quc se il,tlinabnn robro el rio, resolló In tr(:lllula .' delicada ,·jbraciou de una guih.rra que Lalbueia algunos Ilcordes del t:ludaugo. -Oye,." .. me dijo el ~egrl. J.o~ cco~ dol Afriea re~ponden !I mis ~u~ll¡roR. ]~90 '1110 0~eucha9 es el c1nto del desie rto, el rezo do la cnra\'nna. A'luí cl nocturno tronldor entouó una. de aqueJl:ts COI ,la;; dJ emdellCitlt; y \'oluptuo. lIa molodía <¡uo encierrall todo la upa.iona­d1 tristeza de unos nUlores andaluce8. i Aleiua! lUurmuró el afri~aILO. }~ra, sí, In c~lLluria melancólica Je su tierra. Era aquel ¡[ire monólono J ldllgui­ullweute acoillp~sodo (IIIC eueontró el frnu­~ s David en lo.'! arcnales argeliuos. j';ra 01 /11",lrlll1;o, era In "l/fw, cra la /"Ol1tklut,' óra­lo todo ti. un mi:;wo tielUJlo. Porque ya sa­brei8 que el awador audaluz ha fílo~ado hasta c! infinito y descllvuello cu md y mil l'&riIlCiollell, tristesó lasciVAS, alegr('s ó re· Jigingnl', alJuc! sencillo é incomparable le­Ina 'Iue COIlHlituyc nuestro tesoro musical. i T:I.II scntido y tierTlO, t1tl rico y eapontá· ueo C8 ese tema que IIOS en\'idia ha:.ln In inspifllda ] tulio ! Yo de mí pu~do deciros 'Iue ni en 108 otr:l:' naciollC/l \Ii ell JOt; m:i.8 relire!! arruo· qUcB del génio he clJcolllrado.e1 foudo de pasion y de dulzura, cié iLl!Jllita IllcbncoliJl, de "ago auhelJlr, dll ilTlimo ~cntimicilto que r.o l1dil'ina tU esa I¡ueja inee!';(mt<" cn Cbe "ullpiro eterno, eu e~e i ay.' mil voces rc­petido robro que giru c! (m/1U1l1go. Oh! Y cuando es de noche; cuando los tiempos pns~dos reaparecen (l!l la iJUJl~ina_ cion, cua.ndo la soledlld, In luun, la dormi. da nllturaleu, clliileneio, la iDgCllil.3 llOohía \'idarlo. los dos colores. iII udlO tiempo permanecimos de estc 1110· U IL sombl"Cl"O 110 crespon morado ~o do, 1I0r~udo silclwioS1U1ellte !oa rigores de una rosa amarilln, ndomnda do ~ollaJ o lluCSlro destino. ver,le, complotan ebto eleganto traJo. Al fin ce~ aquella seronah que 1l0~ te· Ro hacen torobion lo~ trojes IOOtlllla 6.- nia como elcctri1.~dos, y onlónces clmoro, princesa do grOg negro, y do ulotlios co­cnjugando sus hI"rima~ y cstrecM,ndODlc loros, eerra,los en toda la dclantera, con eutre ~us brazos: o una mil. dll botonos ó do la la>;, ya seao -.\dios! hermano, exchm6. i Nunea do l'nsamnnería, ya do la misma tula del hubiera I"cnido:í la AI1Jambro! P orto ¡La· restillo. ra el Sor~l',.,. .. l\laiialL:J no me 1lumbrará ~i nlg-un medio hnbia do destorrar la la IUUJ\ de .\ndaluda. i Grocin~ l,ol' h1bcr· aficion á 11\ segundo falda, era inventar mc COUL]lrCndido! I Adios, y ¡']J (e ¡¡com· una moda t,m oOlltrn ria, quo aquolla apa- 110ño! re<:ie!;e ritlLcula; las modi~tas h on' teni- A~í habló, y, sin e~perar mi respuesta, do ('sta intCllcioll y 10 \'nlí consiguiendo ; nlejóse y dcsapal"eoió prontnmclltc, como si sinembargo, os tanto olumur quo las se­~ e desvaneciera on la fllUt:l~tica peuumbr:J fioras prot<:nu :\. la segunda r~lJ.a, qua de las eoluLDual3~ moriscas (lue In luz del :lun han hnlllldó la manora do diarIa a ll'imern fnlda do mori no verdo clnro, del genuino trajo ohpaiiol (>11 la oomann I1l10rna(10. a la parto ill forio l~co ll IIU all­t; unto. qua acoLo de ¡lILstlr: hO Clllla {lile cho \'ulanto olillnclo con un bios do to r­Ilara l'\(jitnr los sllgrnrios, las UIlIn.'lS mas ciopl'lo "eflle o~euro: esto volante cst.1 elegantes lleHlrian el "estido corto y CO·1 P\Lcstll :\ l)li¡Ot;"uus doLlos: tónica de fOf ­iiido, In lllnntilla gllal'llecida y la !lito. lila Il1"incohl\ del lII i~mo mOI'ino que 01 peill('ta, y sinell\unrgo 110 ha sido ns!: el Yebtldo, igw.lmonto adornado. de 1111 bias \·e.!>tido III:lS l.'V\i.o w(:uua tll I>uolo, y los do h'rciopclo: csla tilnica muy larg:n, se homos " i~to tumbiclI do Oléllio. cola, y do Ilomnla ('1\ lo~ costadoa por tllodio do cin_ cola U1U,r largo. y lIIlIy e~pl~ndiua. ,tl~ inturiI)Tt!.~, y queda aLier b. por do- Manullas do fondo I!C hlln "i~to bas- lau"", sobro un ehalooo 0011 largos fuldO­iOlltes i pero osto sucodo todos los a1108, lIes do terciopclo \'ordo: t res brochas do y la diferoncia con los nntorioros consiste p.1SlImtl1wría l'erdo con COrdOIlOS y boro an ser el nUIliIll'O un IX)(:o muyor. las señalan el t.1110 por dolras: los ladOI:l En ellauto !llas l)(-inolas, imposiLlo de la túuica llovan por delo.nto al mismo do todo plinto aclimatarlas: los d.1ULU'J. J.¡¡e~. \'oroadortl1nento elegtllLtes nu hall lIega- El sombrero correspondiento i e sto do :\ comprarlas: y sé do algullas q \LO se trujo os di;. oreSflon verde, adornado do les han regalado y lli aml Ilsí las h all laws de torciollelo dol mismo color, y do lueido. una mma tla.aznlcas blancas. Por 1111': Jm da(lo la moda cstochasoo ? A IInquo las Nll'istas do modas fran co_ Porqlle O!! coqueta y como hl Ctlprich08!l. sus habl1\l1 ain eesal' do lo muy do TUoda y alLtojadi~a; ademas, en l 'aris sigilO 01 que cst:iu los bordados do trellc illas, lo trajlllargo, los pcinndos Lat;dos y largos cierto es quo muy pOCQ.8 sOlloras 103 110' Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL MOSAICO. liS van. r astí fuera do toda du~la el que los 1 ainas, ~:l.s perSI~icacos ó mónOIl alteradas, clla;-to y sollOi':ando quo pnrtia. el nlma. figurines no los traen caSI nunca: ya lo bnlJlilU conOCido. ]0,11 la cscnloro. se cruzó con un s(ir eUll­sea por lo muy CBfOS quo salen, ,siendo -El sefior do la calesa! exclamó unA si fant.'\.stico qllo trepaba penosamente b~e?-os, ~'a porque cbta moda nació poco do ellas." las gradas un~'t. por una, agarrándose do dlstlnglllda, :\ causa de lo quo so gono_ "La adorada murmuró una excusa. 110. baranda. "1~~e nue\'o Ilorsonnjo no era raliz(¡ nI aparecer, es lo ei..,rto quo los El condo ostaba urgido y r~iteró nue- otro que el mismo Numo. rompilio, el bordados, so puede decir 1]110 existen yamento su deseo, on touo do mundo. Numo. POlllllilio que la víspera hacia las solo en la mente de las per¡;onns cllcar- dClles. delicias del baile de la ópera, gadas do hacer las crónicas de la moda, -Desearia hablar con vos SO]fl . Pero en qu/! estado, buen Dios!. .. Sil y que apénas se vo algu'lo. Las veeinas se fum·on rotirando tlua casaca do piel estaba toda. manchada. de Anúnciaso quc se lleyarán faldas lisas por una, 110 sin ochar una. mirlldn de yino, sus homhrillos arrancado~, su nariz del todo, largas y con bastanto \'lICio, y tdsteza sobro las botellas (¡ue iban por do carton aplastada por un formidable quo los cuerpos de estos trajes estarán la mitad. Luego que hubo salido la úl- puñotazo, y de lo alto do su casco do bom­abiertos en el pecho y adornado:> de tima, Loredallo se accrcó ;i la Iluerta, bero colgaban lamcntflbleruente restos solapas. 11IIr(l. ver si :1lguiell escuchaba, y dando del plumaje deshilachados y polados. dosllues dos \'udtas:'lo la com:ulul"a, \'ol- Así pasan lus glorias de este mundo! •• • vió cerctr de la señor,\ Gos6e.. El soñor Gosse, porque ay! del rey la· -l~ceonoccis osto Y le preguntú por tino tan cólcbre por su sabiduría, de Nu. Los cinturones siguen muy en favor: la tercera vez, tenilicndolo las cartas del ma Pompilio no quedaba yo. más que un cs preciso C recuerdos clásicos del ilustro cale. costado, (l.unquo las fajas listadas siem- cuando en realidad sabia mejor quo na.-, gio La\'ertue le yolvian á las mientes, y pre so colocan do est!l última manera. die la falsodud de esa. usorcion, se habia asf como Calipso no po(lif\ ronsolarse do P ara baile el cinturon no ciñe hoy 1ll hecho culpable de una sllstitlLcion de la partida do Vlises, así Numa Pompilio talle: todos los cuerpos de los vestidos Jlijos j y con semejante prueba en las: sen tia amargamente el no ~aber seguido destinados á ficstas nocturnas tienen peto mauos podia perdcrla J..orodano con una los consejos }lrudentes ue Egeria. delanto y doble peto detras: el cinturon sola pulabra. Egeria, Calipso ó la "adorada," todo es \lna banda muy ancha que pasa. bajo Echóso á sus piós y ten(li(;ndolo Ilaté- era UIlO, yacia. aún en el come(tor. el puer y lo sostieno: esta banda so abro- ticamente los brazos, exdumó en un to- ]~I seiior Gosso babia llegado al des. eha en el costado derecho, bajo un gru- noquo lo habria envidiado lllla actriz del canso y del puerto do Silllld no estaba yn. po de lazadas muy Hojas, cuyo numero Ambigú: separado sino por el esposor do un tabi. lloga á yecos:i ~iete y á lluevo. -Perdon! perdon! no 1110 perdais! quo. Con la frente apoyada sobre el mar. Uno do los más bellos modelos de bai- Loredano no tonia en aquel instante co do la IlUorfa, lanzaba desgarradore9 lo es de crespen azul; la primera falda muy alegre el cOl"Uzon ; sinembargo, no suspiros. No do otra suerto los faldorillo3 tiene trcs unehos volantes plogados)' pudo m6nos do sonroirse : fugitü'os, desllUes de "ho dias ue vaga. aplallchados; la segunda más larga se -No es para perderos, qucrida seño- bundería vuclven (~c a do su amo con lovauta en Pllfl', bajo una ancha faja de ra: lo 1uo necesito es que me resPQu- la cola entre las Jl!:úruns, y ánt~s de ah·o· gros azul que va:'lo onlll~arso Cll cllado dais categóricamonte. Y('r~e á cntrnr, esperen con sumisiou ell derecho: el cuorpu muy escotado ti(,ne -No fué culpa. mia! dijo sollozando el dintel 111. correceion merecida. peto agudo delante y doble detras, y "la adorada." .Me obligaron, mo 10 exi_ Dol otrO lado del tabique, unos gemí. queda cQlllpli>tado por una camiseta bu- gieron ellas. dos somejantes contcstaba.n:'lo los gerui-llonada do tul klanco; las mangas hllo- -Quiónes son ollas? preguntó 1..or<:- dos dQI soñar Gosse: TIlas bieu pronto eas y muy cortas Uovan llar hombreras dano. degeneraron en un ronquido sonoro. La un ancho bies de gros azul. -Lns dos señoras! respondió la co- comadrona se habia. dOl'mido cn el sitio , Algunas ramas de miosótis completan madrona. mismo donde so había lIrrodillildo nnte este oleganto trajo, Ulczcl:illdose eou los El conde caminaba de misterio en el conde on la efusion de su miedo y su rizos del cabello. misterio. Columbraba en torno suyo Ulla remordimiento. El equipo que acabo do describir se espocio de cOllspiracion, quo hlcasion, llOr grosora Y el)i1l:ptica quo fu ose, ha· bria hecho acaso sonroir al conde, llOy lo rompia el nlma. algun disgusto, alguna pena? Yo bus­caba un compañero y os lUtbois ofrecido galantemonte; ti " OS buscais un o.migo, ereo que 011 mí le hallareis. -Lo se, respondi(o I .oredano con voz oonmo"ida. y esta vez 8U mano fué la quo sali" nI t'ncuontro de la do don J osé, y se lo. 08- trechó cord inlmonto. llay.l1or1\3 on que, por ruás coneen· trado de espíritu y de eoraZOD que uno soa, siente la necesidad irrosi,;lible do confiar"e á otro, aunquc sea entregán­doso. ( Continuará). -_ .•. _. - TEATRO. El circnlo <10 SIlS amigos tenia aquol dia muchos claros. Dos (o tres parroquia- En 111. !lOCllO del domingo 16 del co­nos alltigllós Iciun los diarios, un d:lUdy r¡-iento n ~ibtiUlo!:l ti. !ti. representacjon dra­enteramente solo on la. sala dol bdlor, mátiua quo tu\'O' lugar en el Coliseo, y 11iblljalJO. negligentomouto carambolas, salimos muy complauitlos de la funcioa. esporuntIo 5in duel a. la hom do alguna. El drama, 'luO 110m por título La COl!· cita. dNa de Ilar:pi ó el a¡,wr y el ¡"/Iteres, no Aplinas llabia onlrar. Como que I!IU ge niO Ilem el rofleJo gozoso murmuraba. una. nlugre candon, f~nehre do la l'ida do aquel á quien M.a­y on sus ojos brillaba uo rollujo tan vi- l"!allO 'o so nñado 01 do 11\ di. rOllrescutadn; y CII su elogIO bastarlll ('ha j á. ~u colltacto, toda tri¡,t~zu se deso.- ducir, q uo (~osdo olllfincipio ha~ta 01 fin tA on alegría y toda frialdad ,r anima. fuó ncompanacla por ~lI\a cll¡·caJllda, tan Los malos son los que so entristeoon con elStl'lltóroa como ull.ñnuno, dcluumoroso la nlogría do los otros. con;urso. .. . J .oredallO sintió \tll bi('l\ostar pene. 1 rosenta?IOS nuostras fehclu:.c.lOnc8 :4. tranlO quo so infiltraba en su~ venas,!Í todos. los mlODlbros dO_lO ~ou:pa1Ha, muy 111. lJf<·sion do esa mano ardorosa y firmo. o~peotalm.ollte á la senorlta l::afrauli y :1 - Mal IHlya el carnal'ClI! exclamó don !o,¡ Aciiores Manuol ZaCrané y ElUiquo J osó. Milord Ar~oui1lo os el único quo Í'Jafrnnó. tieno derocbo do l)lUoane 110y on Paris. ________________ _ ANUNCIOS. l ..a. I nglaterra ha oonqui¡;lado á l)aris con un ejlircito do máscaras. Si )'0 en­oontraso un compañero, me iria I~'jos a librarme do esto rnido quo IIlO asorda. EXPOSICION PARTICULAR -}~so es lo quo nooositnis '! lilio, grlln r~ci¡idM en Ig, 1"C'l'arLlck,nCl;, y sobre todo por 111 "'o~end¡¡ ­dm ·:l m on lrod~ ~ob r(' (;.~h bM~, qu~ 1'1Iedrn Vef' J" nlloli1,ur I:u; pc)"!!onnK que lo dc.'crn. J1ogotil, mayo l!) de J 8i~. 6_3 JMrRJ~ NTA 1m HL lJfOSA fQ(). .I:.~CD\"U. ",. Cunrlu, Edi1on •• 1
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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El Mosaico: periódico de la juventud, destinado exclusivamente a la literatura - Año II N. 22

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 24

Por: | Fecha: 20/02/1875

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • • - --------¡;c---cc:;:::::::::.,R s: :s:t ? '2¿:?¡-~:s:s------- PERIODICO DEDICADO A L A LIT E R A T U R Al Serie n. Bogotú.-) 20 de Febrero de 1876. Número 24. Al\. DE. ==========~.========-=-~-~~ Con el presente número termina. el segundo trimestre de este periódico. Suplicamos á los Agentes que no han arreglado sus cuentas del primero y segundo trimestre) tengan la bondad de remitirnos los fondos que hayan re­caudado. Damos las gmcia.s á los Agentes que han tomado empeüo por la empresa. oaQ • • ORIMEN Y VENGANZA. DF.DI CADO A MI (W ERI]')O .UIJOO E U';EDIO HERNA -OE Z T. I Era el 25 de Febrero tic l'GG. De la uahia de Cartagena y en direccion á Franci '¡ zarpaba á las dos de la tal de In. goleta llamada" La Jirafa." Iban :í. bordo su eapitan Tomas Hadoul, el timonero, diez y seis marineros y algunos . eros; entre éto MI. üárlos Malfit, su e posa y un ño de seis año", junto con cUlltro negrus hermoso~, fornidos, inteligentes y de cabezas lanudas. úmero total de tripulacion y pasajerJs, trell1ta individuús. La goleta iba cargada de riquezas pertenecientes :í. los espo os Ialfit, que años án habian ,euido á esta ciudad en busca. de furtuna, fortuna tanta ,eces am bicionada por el europeo y t.ll1ta veces hallada en América. Doce años de permanencia en ünrtngena les un tó para 1 a adq ni icion de inmensas riq ueza que pensabnn disfrutar en su paí , léjos de la T ueya Granad:t, léjos de la tierra que se (as habia otorgado, La dicha de los e posos em completa, puesto que á la sn a ambician de riquezas se agregaba el na­cimiento de un gentil y gracioso niño. Voluntaria­mente y 5010 pOI' gratitud seguínnlos los cuatro ne­gros, pue no ob tante haber obtenido la li bertad, juzgábanse dichosos permanecien lo fieles á. sus amos; y é tos aceptaron sus servicios en clase de compañeros. Sin embargo, no siempre se abandona un pueblo, una ciudad como Cartagena, en donde plácidamente se ha pasado una parte de la vida, en donde se ha conse­guido todo lo que se CI'ee constituye la dicha, en don­de se dejan recuerdos gratos y durables, sill que e experimente cicrta dolorosa opresion que angu tia el corazon y empaña los ojos. Al zarpar la goleta d. De la contemplacion la sacó su esposo, prE'sen­t ándole el niño j y las lÁgrimas de la madre humede­cieron las mejillas del' hijo. II A las iete de la noche, sentados el uno cerca de) otro, enlazados de la. mano y el niño obre las rodilJas de la madre, lo c.-po os Malfit se pintaban un cuadro risucño y cn nntarlor de la felicidad que gozarían allá en su paí , no hi cieran más que pisar la playas dcl uelo natal. El punto can]inal que detenia sus mira­da;:, el col or más ubido en el cuadro que allí se tra­zn ball, era la educacion y bienestar del hijo querido. :\las no se excluia á los cuatro leal es y pobres negl'os, no; :i ellus se les daba cabida: tambien se les conce­dia una parte de la futura y afortunada vid:J. europea. Los esposos concebian y desarrollaban mile de pra­se fUljaban millares de nacal'ada' ilusione<., á n'''ves 'de bs cual es ya el horizonte de la Francia. A las J111e\C, cuando bay) el último vigía del mástil y cuando hubieron terminado las maniobrrs concer­ni entes á su empIco, los marineros se repartieron en dos mitadcs' la unn se fué á dormir á sus hamacas colgada en el entrepuente y l:J. otra se quedó velando sobre el puente, dillpuesta á maniobrar en caso ne- • cesa no. Los ~lalfit se retiraron al ('amarote. 010 que~nron sobre la cubiel'ta los marineros fac­cion:¡ riof', quienes muy plOl1tO e pu. ieron á trabajar, porqne el viento, que soplaba en la línea del Sudoes­te, obligó al piloto á doblar la caña y mandar que izaran vela . Eu el in tan te mismo" La Jirafa" in­clinó un costado y principió :i cortal' las ondas con ba tante rapidez, oyéndose á intervalo la música que producia el viento en las velas y mástil, acompañado del crugido de las cuerdas. Al amanecer el scr;undo di:J., todo el equípajc esta­ba de pié, incl ve el capitan, así como los Malfit y demas habitantes de la casa marítima. Despues del exámen minucioso de todas y cada una de las partes del buque, ne no habia. sufrido nada en la noche, e procedió al uno. El resto del dla so pasó bien y la navegacion fué buena. A las once de la mañana del tercer dia de viaje, not6se que hacia rato se senti:J. una calma profunda, calma chicha, que duró hasta las siete y media de la noche, que la brisa. volvió t\ lSoplar_ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 186 LA TARDE 111 El 1. o de Marzo, al acercarse "La Jirafa al 4. o grado latitud Norte, recibió de lleno las brisas que le venian del Sud. Todas sus velas se de . plegaron é in­mediatamente se hinch!lron, impeliéndob. con extra­ordinaria 1 igerezn. Todo indicaba que el dia seria bueno y la navega­cion bastante feliz, porque el cielo, claro y sereuo, apénas marcaba algunos puntos cubiertos p or nubes blancas que iban bajando y evaporándose al calor del sol. .el horizonte e taba despejado, dejando :i la vista de los navegante, por vía de panorama, el magnífico espectáculo del firnll\mento unido con el mar. Por la tarde M. Malfit y su eñora, lladoul y otro, sentados delante de una mes ajugaban alegremente al domin6)' en tanto que los marineros, tambien alegres é in pirados por la hermosura del dia mezclaban su canto a 1 ruido de las olas. -Doble seis, dijo Madama Malfit colocando la ficha sobre mesa. -Seis y tres, contestó HadouJ. -T1'es y blanco, añadió DI. Malfit. -Blanco y C1¿at1·O . -Doble blanco. -Blanco y uno. y el juego continuó, colocaudo cada jugador la pie­za que le correspondia, hasta que Madama Malfit gri­tó, presentando la última ficha: -Domin6 ! Una voz, pero voz de alarma, siniestra, aterradora, pesada y fría como la muerte, se oyó en ese momento que gl'itaba :-Fuego ! ! -Fuego!! Fuego!! repitió un marinero desde el fondo del buque. El'5e grito fué como un rayo caido eu medio de los jugadores, como un eco que cOlitestara á Madama l\falfit. Todos se pusieron en movimiento. Se reunieron, se juntaron marinero~ y pasajeros, y aterrados con la espantos!1 catástrofe que los amenazaLa, precipitárun­se en monton al punto de donde salia el fuego para detener sus estragos. Pero en vano todo. El incendio era efecto .le un descuido. Producido por una chispa volada al azar que habia caido y pren­dido fuego al depósito de estopa que el buque llevaba para sus necesidades, tomaba increm ento con los ar­tículos inflamables que iban á bordo, secundado por la impetuosidad con que el viento soplaba. En vano fueron los esfuerzos de todos. Sin que pu­dieran impedirlo, el incendio se hizo general. Por doquiera reinaba el espanto, el terror; no se oian más que gritos, ayes dolorosos que exhalaban pechos ago­nizantes, próximos á ser tragados por aquel infierno. La l!ama fué subiendo, estendiendo y '~n anchándo­se' ciñendo y cubriendo á la nave con sus anillos 1'0- jos' y malditos: la feroz serpiente se bacia cada vez más gruesa, más compacta, m~s temible. Enormes lenguas de fuego, como lava salIda de un volcan, ele­vábanse á los aires lI ebadas por el viento. El incendio crecia, el viento aumentaba y la goleta crugia, anunciando que pronto desapareceria. Esfuer­zos y más esfuerzos; pero en vano todo, pues ya los gritos de los agouizantes infelices no se oian, domina­dos por el rugido espantoso de la candela y el horrí­sono bramido del viento. En el supremo trance en que se encontraLan, tran­ce de desesperacion, el capitan desprendió del costa­do de "La Jirafa" y lanzó al mar nna lancha peque­ña en quese precipitaron veintiocho personas. Apémrs la luncha fu'; sepa lada y empujada fuera del costado de la goleta, vióse sumergir y desaparecer á ésta, dando al aire sus últimos quejidos. Dos hombres habian perecido en el incendio: el ti­monel y M. Malfit. IV Los náufragos salvaron en la lancha un poco de carne y una pequeña vasija de agua. Ya en la fni.gil barquilla y pasado el primer mo­mell to de terror, los pobres náufragos coru pren dieron que su muerte era inevitable, porque la lancha, de­mas iado pequeña parn. conten er tanta gente, no tenia remos ni lugar donde culocar una vela, siendo a í qU(} i end, iln que permanecer mucho tiempo á merced de las olas, esperando que pasara algun buque que los • socorriera. En tal ituaeion, y cm vista de lo que lel'5 esperabn, qué era preferible? i Haber perecido en el incendio, morir de hambre ó ahogados en el in ondable mar s i y si entretanto se agotaba la comida ó se pro­sentaba una tempestad? En el primel' ca so tendrian que devorar;;e los unos á. los otros pam. aplacar el hambre; en el Regundo, morir sumergidos en el Océano. K a era la perspecti­va de los náufl'ago;; de " La Ji raía." l\Iiéntras tan tu, la lancba sin rumbo ni puerto fijo, era juguete del embravecido mal'. Pasaron tres dTas sin que se viera ni n:\,e ni tiarl.'a, siguiendo la barca en la mi ma inaccion. Los infelices desesperaban de sr.lvarse y temblaban á la iclea de que llegara el caso de convertirse en antropófagos, porque la comida disminuia, á pesar de que la racion se redujo á dos ouzas de carne y una de agua. y llegó el último dia &1n que la situaeion mejorara, sino que empeoraba, puesto que las fuerzas faltaLau á causa del poco alimento. y para colmar la medida, por la nocbe se notaron algunos síntomas que indicaban 1 proximidad de lit tem pestad. 'rales eran la -vi ta de unas lJrocela,"ias, el cruzamiento de numerosos grupos de nubes negras, rojas y plomizas, la oscuridacl del cielo, l os reflejos que ele cuando en cuando fulguraban l os relámpagos, el encrespamiento de la s olas agitadas poI' el viento, yotro más ql descabellado, donde va á apa· garse una pi sto la en la frente pOI' nn desden de su amaela, la que qneda tri te y pensativa ignorando fa· tal cs consecuencias . .Fijémonos ahora en el exterior de l os tcrtulinllos: oh! qué ClitU ia mo! i Qué her­mosas fig.uras forman cn los cuadros de contradanzas y lanceros ! Todos bailan con el placer má grande. i Qué miradns tan ti e rna: y fascinadoras las de las bellas hurí. ! ¡Qué sonri as tan dulces y encantado­rns! Los hombres se estremecen de alegría y gritan El hombre vive y su existencia es una cndena pro- unebatados de entusiasmo: viva el buen 7wrnol'! La longada de padecimientos mas bien que de placel'es música deja de sonar.:y todos descansan, ya galan­que á veces se disipan, aunque mornentaneamente, teando ó ya apurunuo sendos tl'ag0;s de licor; pero con ese lampo fa cinatlor y engañoso que llamamos fe- llega la quinta pieza y comienzan á bailar. ¡Qué en­licidad; digo fascinador y engañoso porque en la v!da tusiasmo! qué placer! y .... qué mentira! Parece del mundo todavía no ha existido un sér que, abriga- que los hombres se di,ierten al influjo de esa sensa­do con el manto de esta diosa de los placeres, haya cion que comunica un verdadero placer, pero mentira cruzado los senderos de la vida sin pi ar continuamen- es el abominable influjo del espíritu del brandy y del te los ásperos abrojos que se presentan á nuestro pa;¡o. champague: al inflnjo de la maldad y de la locura. A veces nu estra buena posicion monetaria, nuestro i Las mujeres gozan en aquel instante? Sí. i A im­buen estado de salud, y viviendo en regioncs donde pulsos del verdadero placer? No. A impulsos de la parece que gozamos halagados por las frívolas vanida- vanidad y de la coquetería! ....•..••..•.......... des de la sociedad que continuamente nos proporcio- Oh ficciones de la humanidad! i oh mundo engaña­na medios d'3 pasar ratos de placer y solaz, en que el dor, lleno de meJ.ltiras é ilusiones! i Dónde están los alma se expande, alza su vuelo en alas de la imagina- placeres que con stituyen la ,erdadera felicidad 1 .... cían á las regiones ideales de la fantasía más absurda, Por más que la humanidad se afane en creer que entónccs parece que gozamos, que alTebatados por l~ la felicidad se encuentra en los vanos placeres que nos felicidad más grande llegamos al estado de una ver~ brinda el mundo, se engaña. No hay placer que no dadera tranquilidad y bienandanza. Pero mentira! 'esté saturado con una d6sis mayor de dolor. Es un engaño! ilusion! la felicidad está muy léjos de encon- . grande absurdo decir' que la felicidad consiste en los • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. LA TARD E lS0 placer es, pues to que c1etras do ellos no encontramos m¡is que ha tío, d i~gu to y tristeza, Yo b conocido per onas ll ena de vida, de rique~as , aduladlls por to­do el ruun lo, instruida', elevada lí. la Cll tegoríJ. de g randes, que despues de -un suntn050 y espléndido banquet e, para cl i:;;ipar u ia tid'io y 1m; dolores de ld onciencia producidos por alguna mall1 accion, han t enido que apelar tui erabkmeoto á conSUIlHU' el m:\s h or roroso atentado eOnLrl1 Dios y con.tra la sociedad, al mald ito y abominabl e cl'Í men del suiciJio, b Y esto qué prueba? Que det¡'as del plaeel' viene el dolor; detras de los banquetes y fes tines los fé l'etl'os y los fun eral es , Si la fcli cidud consiste en los placeres, i porqué experimenta la humanidad semej antes do­lencias? "Vanidades de la vida Fugaces pompa del mUlldo, Glorias que el tiempo con ume, Placeres de amargo fruto, Quimeras que fugitivas Pasan en r ápido cur o Ciencia que ha ta Dios levantas La arrogan cia de t u orgullo; Ansia que la vida enci emle Fuego que apaga el sepulcro, Poder, riqueza, her lO(l Ul'n •••• AIRE, S O nlBR~, POLVO, n UMO." No basta que la criat ura vÍ\'a, en un suntuoso pal a­cio dando sea curtejaao por lo!'; mi apuestos cortesa­nos, halagada por la, comodidades más apetecida:: , para que por est o e té compl et amente satisfecha; no señal'; los reyes, los granJes magnates, lo miembros de las sociedades má¡=; el ovada del mundo, no encuen­tran jama la verdadera feli cidad en es tos lugares de vanidad; ignoran donde se b allan y por consiguiente vi ven atormcn tados. i Oh triste condicion de la humanidad! i Cuán fal az y engañadora es nues tra. vida de mentiras y vanida­des! i D6nde se encuentrn, pue , d6n tan apete­cido, esta diosa tan desead ~ y detras de la cual corre­mos continuamente á nlcanzarla in poderlo conseguir nunca? La criatura alimentada por las veleidade de 1 mundó, criada en la opulencia más grande, es impo­sible que la pueda encontrar. La humanidad experi­menta, á veces, subiendo por la escala de los padeci ­mientos y miserias, dulces y deli ciosos pla ceres que la encaminan hasta cierto punto donde di vi un :í. esa diosa que sOlll'iente nos fascina, á muy lejana distan­cia.; entónces .gozamos i ah ! p ero est os goces duran lo que dura una exhalacion; se evaporan y se van t al vez para no volver mus. El hijo de un I'ey naco en medio de 111. opulencia, ignora lo¡=; padec imi ento ha ta que llega á cierta edad on que el coraZOl1 cicl) trizado con el orgullo se lastima con todo aquello que molesta su vista y que no pueda e vitarlo; padece porque ye que el puesto que ocupa es eminentemente peligroso, y que tar<.le ó temprano, puede ser destronado, y si es posible conden:l.do lí un des tiel'l'o ign(lmillioso don­de gima bajo el yugo del dolor y la mi eria, El solo temor lo intranquiliza y lo consume en un illfel'llal tormento. El pobre que mendiga un pan de puerta en puerta, oxpuesto al desprecio de sus mismos hermanos, más bien encuentra momentos de felicidad, porque acos­tumbrado á la escacez, el dio. que lleva bueIlos y abun ­dantes alimentos para sus hijos, ese dia alza u alma al cielo, da gl'acias al Dios de las misericordias y de­rrama una verdadera hígrima de felicidad. Más tarde éste mismo mendigo cambia de suerte, so va elevando poco á poco hasta que llega al colmo do una vel'tigi­Diosa prosperidad, los grandes caudales le halagan: pero infeliz! el dia que quiero gozar de sus espléndi­dos tesoros, ese dia la inexorable cuchilla de la des­tructora parca corta 01 hilo de su existencia y lo consume en la eternidad: etite es el receptáculo de 1118 vanidades del mundo. • -- El hombre cree quo éstr divinidad ilusoria, dosco­noeirla,!'; c halla en la. riquellu- yen los honore!'; quo bl inda mentiroso el muudo: se agitll, se enloquece por haccr"e á grandes tc.;;o!'os, pOI' a canzar granc1io­hOllores, so sacrifica y se expone á la nbcl'l'acitlll malévola de u' competidores Ó I i"nlc:~, y ¡lcs \1ues do muchos aITos de pellas inaudita, de d \!" ti e ITo~ , (~e hambres y vigiliui<, entl)llCm" como quo (livi$a en lon­tananza á eSll dio::." fugitiva, de lo. placerc cnhiel'ta con las gala de la OPUIClICill y H'lnda con la sutil gasn de la bienamlanza. Entónccs nlllfl Sil f:.lZ que es­taba caida por el tOl'mento, extiendu una mi l'ada ávi­da. ele entu iasmo y se alza en ala. de su futura g¡'an­deza. Lleno de vanidau i o:'gullo desdeITa al tanero á us mi mos compaiícl'o!,; y camaradas; el'ee ser supre­mo r que an te él todo' deben etuLlsos doblegar las services, que ante é l nadie debe al! e\'erse ti alzar los ojos eino dirigiéndole mil'ada tímicla~, y que todo. deben estal' prontos i complaccr sus caprichos r in­diéndole vcnel'aCiOll y respeto. Pero. puhre sér lleno <.le ,anidad y orgullo! Cuando '1 pensaua cucontrar e con la felicid ad que divisaba en lontananza, de súbito tropieza con el desengaño, que le sale al encuent ro pálido, ex t enu1\rlo, cubier to con los a, querosos hara­pos de l indigente; y entónces perdi(las ya f.\;S Í'Ísue­fías esperanzas, <1 ue Curnu\ua n el pc¡]csta I de su yida. de placeres, Sl' clIcamin:\ taciturno y lleno de melan­colía. 11 lugares soli tarios á donde va :i da!' rienda. á su dolor por sus 51wranzas perdidafi; entóll ces siento al'der en su alma las llamas del al gullo, y bn. cando un leni t ivo para curar sus pen as, se entrega á la lo­cura bajo la. sucia capa del vi cio y d 1 descaro : r enas sobre penas : cJetras d e grandes dolores, to rm (~ n tos infernales. i Oh t ri te y d ébil h umllni cla(l , que no te aClle r c1as del bálsamo que nos da para las penas y sulL'imientos la dulce y santa re ignacion ! ( Conela irá. ) l:n memoria. de J. E· Caro, (EN El, CE IúENTEBIO DE SANTAMARTA.) • ¡A~uí!. ¡ cerca d el mar que brama insano y en .a quemante playa, calcinada, Se convirtió en coniza, en polvo, en nada, El más tierno p oeta americano! ¡De g 6nio y sen timionto sob erano, Se hi zo g rand e, cua l T l1sso, por su amada! Ah! di g na de su l ira abandonada Jamas Oolombia encontrará. otra mano ! i Hoy yacen sus d esp ojos en el cieno Olvidados del mundo, cuya his tor ia Enalte ció con cítara de trueno! ¡Oh! que lo olviden hoy !...¡ que su memoria. Brillará. de les siglos en el s eno Con la aureóla inmensa de su gloria!.,. TEMíSTOCLEs T EJAD.\.. EL REY DE BASTOS. IV El conde lIéctor se hallaba muy sorprendido sin duda con aquell a brusca idea que habia tenido el flo­rentino de llevarlo al Louvre, y vaciló un momento en seguirle, pero la curiosidad es un poderoso aguijan y el j6ven se hallaba picado en alto grado I ¡Y des pues el Louvre donde ella estaba hncia. una - Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 190 LA TARDE hora, donde quizá volveria á verla" gracias á ese dios :Mal'garita habia salido para Fontaineblau, des-de los amantes ¡¡ne . e llama el aca o. pacbaron un paje á buscal'!a como ya hemos v . E ,ta última reflexivn habria llevado á nuestro bé- Al perro le llamaron por todo el Louvre hasta que roe á la IlIna . Por eso e decidió á seguir:i Ren~ le encontraron muerto junto al libro de caza que ha­qni en pal'lI ll egar más ]JI'onto se puso en ancal; de! bia roido. caballo de IIéctor, y le blzo tomar un buen trote. El rey acostumbl'llLa :i tOlllar un contraveneno Diez milllltos de, pues llegaban á un po tigo de Lou- desde su infancia j por e o es que tenia aun ocho vre, guardado por un suizo. El florentino se in clinó dias de vida, cuando su perro ya habia lUuerto. al oi llo del ('entillcln, murmuró el santo y seña, y to- El rey de Naval'la entró en el aposento y vertil) mando á n éctor de la mano, le dijo: abundante lágrimas amargas y sinceras, En aquel -Abandonad \'l1estro caba llo al suizo y dejúos guiar, j óven de vl'inte años e descuhria ya al noble y buen IIéctor tenia. un espíritu aventurero corno un jóven Enrique IV á quien el pueblo llamó padl'e ~íntes de de veinti cinco años, enamorado y decidido. Aunque oturgarle el título de ¡!;rande , el florentino le llevara :i uno de aquellos calabozos -Enrique, le dijo Oárlo IX-, mi raZ!l es una raza secretos que la reina Catalina de i\Iédicis habia sem- maldita que trae la muerte con igo. Mi hermano do brado aquí y allí por log sombríos y ileneiosos corre- AlIjon es rey de Polonia, y quizás es el único que dores del Louvl'e, el j óven le babria seguido con con- cuen1la con el amor y el bien del pueblo. Mi hermano fianza. de Anjou no vendrá, pero no quiero que r eine de Llevaba una mano en la de René y otra en el puño I Alen<:on. Tú me lIcederás en el trono. de su espada! un guia, y una espada! Con esto habria En tanto que pagaba esto en el cuarto del rey, la ido al fin del mundo en busca de una simple sonrisa I reina. madre y su último hijo el duque de Alencon, de la reina de Navarra. estaban en consejo con el condenado perfumista René René le introdujo en un corredor húmedo, tenebroso, el florentino. donde el j6ven conde si hubiera. ido solo, hubiera tro- i Rey el Beames! murmuraba Catalina! eso no pezado á cada paso; d le hizo subir una escalera puede 'el' y no será. de caracol, á cuya extremidad habia otro corredor tan - Pues será, re pondió el duque con una sonrisa húmedo y oscuro como el primero, y en el cual entró infernal. El reyes rey hasta su muerte. Miron le ba el florentino con atrevido paso. dado ocho dias de vida y con dos olamente Lay bas- -Pero á dónde diablos me llevais ? tante pal'a r6unir uñ varlamento y hacer sancionar -Silencio, respondió el perfumista en voz baja, su voluntad por él y pOI' la. universidad. Un inst:mte despues, deteniéndose de repente, La reina madre se quedó pemativa. añadió -René, preguntó, i no se podría salvar á mi hijo ? -Esperad me aquí. -Ya sabeis, señora, que el veneno que le mata. no Y se e~capó en las tiniebhs. Al cabo de un segun- tiene remedio. V. hl. debe acordar e de Juana de ~o se abrió una puerta, un rayo de luz llegó hasta el Albret, conde, despues la puerta se cerró y siguió reinando -i Sil encio! Puesto que mi hijo debe morir que la oscuridau de ántes. muera seis di as m,ís pronto. Es una simple cue tion Antes de pasar adelante di gamos en pocas palabras de ti empo. lo qUA en aquel dio. babia sucedido en el Lcuvre, La. reina madl'e pronunció estas palabras con un Esto que sigue es histó rico. acento tan firme y severo que el duque y el pel'fu­V. En la maüana de aquel mismo dia á eso de la 8 nueve, el rey Cárlos IX baj6 de su taller de cerra­jería y plateria donde habia estado trabajando desde el amanccer con su favorito el cincelador Andres Pi­soni, y dijo que quería ir á cazar á San German en seguida. Miéntras la córte se hallaba conmovida con la ór­den, y el montero mayor se ocupaba. en los prepara­tivos de la caza, el rey entró en el apo 'ento ocupado por su hermano político el rey de Navarra; su ber­mano no estaba, pero en una. mesa se veia un libro de ectl'eri<\ cuyas hojas estaban pegadas. El rey era un cazador apa ionado, y todo lo que tenia rebeion con la montería le interesaba. en sumo grado. Así, pue , abrió el libro áyjdamente, y con un dedo que mojó en su boca mucbas yeces, separó las página' pegadas recorriéndolas una despues de otra, Media hora despues la cacería estaba pronta, el r ey montó á caballo y llegó á San German bueno y "ano. Pet·o apénas se habian lanzado los primeros perros cuando S. L que iba al galope sintió un fu erte dolor de cabeza, detuvo su caballo, y exclamó: "Soy hombre muerto." En efecto, Cárlos IX entró mori­bundo en el Louvre. Miron su médico de cabecera examinó la lengua del rey, y viéndola cargada de pústulas verdosa , le dijo: " Sl'ñor estais envenenado. ' El rey palideció, pero sin perder ánimo. -i Tienes alguna esperanza de salvarme? -Ninguna, respondiÓ Miron; pero po deis vivir seis dias mas, lo que es bastante para conocer y cas­tigar á los regicidas. -Los conozco, murmuró el rey con acento sombrío. Despues mandó llamar á los tres sé¡'es que le eran mas queridos; el rey de Navarra, su herma.na Marga­rita, y su perro Acteon. ,mista, á pesar de toda su corrupcion, se estreme- • eleron, -Maese Rcné, continttó la reina impasible, i no teneis en casa un poco de ese veneno que se habia destinado al rey de Navarra, y que la fatalidad. ha querido que baya ido á dar contra el rey de FrancIa? -Os comprendo murmuró el florentino estreme­ciéndose. Un instante despues salia de Louvre en direecion de su ca a; pero habiendo encontrado á Héctor en el camino, é iluminado de repente por un pensamiento maquiavélico, en lugar de ll egar á su tienda, se volvió con el j óven conde al palacio de Louvre. VI. René habia dejado~ pues al conde Héctor de Fur­meyer en el oscuro corredor que Catalina de Médi,.is habia mandado practicar al rededor del Louvre en el grueso de .sus antiguos muros, y se habia entrado 50- lo en el cuarto de la rei na. -Qué hay? preguntó esta -Señora, respondió René, es del todo indiferente que el rey muera seis djas ántes 6 despues. -i, Qué quiere decir eso? -Que el rey de Navana no será rey de Francia. -Porqué? -Por que tenemos aquí al rey de Polonia. La reina madre lanzó un grito de júbilo; mas el duque de Alencon se mordió los labios con mal hu­mor, y murmuró. -i Jamas llegaré yo á ser rey! Pero René en vez de responder abrió la puerta. y dijo á media voz: -Venid. Héetor que esperaba á la puerta e ...l tró al punto. A su vista, el duque de AlenC(on retrocedió, y la. reina madre corrió Mcia él con los brazos abiertOfJ, diciéndole: -i Hijo mio! • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. LA TARDE 191 , -¡ La reina! murmuró lIéctOl' cOI·tado. Pel'O des- • no, y luego llevando nI jóvcn lH\cia e l bburetc nrri­pues dijo: o engañais .... no soy el rey de Polonia. mado á 1:1. pared, l e dljo quedito: La rcina se quedó estupefacta y el duque de Alen- -Todo lo he oido .... no eumplireis vuestrn pro-con arrojando un grito de ·alegría lanzó uua mirada mcsa .... de triunfo á Reué . -- i Por qué? preguntó l1 éCtOI' que creía estal' -y bien, dijo René glorioso, el parecido no e pero soñando. fecto? -Porque en vez do sah'ar ~\ mi horma no .... La rein1\ clavó su mirada inquisitorial sobre H éctor Margarita se detuvo estremeciéndoso. y exclamó: -Qué! .... -Sí, pero no es mi hijo. -1,0 matariais. -Lo sé, conte tó Rene, pero qué import:l. eso? --lIéctor hizo un movimiento do 80rprel'll. -Oómo diccs? -i Silencio! l\largarita, escuchad y ved! -Oigo, repuso el florentino, que si sienclo su madre Y al decir osto toc.ó un re- orto encnjado en el os ha bei s engañado, todo el mundo so engañad taro- muro, y quedó abi e rto eu él un agujero imp e rceptible. bien desde el rey ha ta el último de su guardias. -Mirad, le dijo. -y luégo ? lIéctor aplicó el ojo al judas microscópico y reco- -Ya tonemos un rey de PolonÍil, provicional que noeió el cuarto de donde acababa do salír. La reina mañana entralá con gran pompa cn Paris y tomará y el florentino ya no estaban, p el'O en su puesto hn­el puesto de Enrique de Anjou hasta que éste llegue bia un hombre vestido con sencillez, de ojos frias, de Polonia. frente baja. y hundida, que "e hallaba sentado en- Los ojos de Oatalina brillaron con un relámpago de frente del duque de A len«ol1. aurniracion i despues mirando fijamente á Héctor le -Olivry, decia el duque á Sil capitan de guardias, dijo: creo que tengo al infierno en mi favor. Me parece qu!' -Sabed, caballero, quien quier:J. que seais, qua te- voy:í. ser rey. ueis la fortuna en las ruanos. La dejáreis escapar? -i Qué decís! El jóven conde se acordó espontáneamente de las -Hay á la llora en que f"1stamos, repuso el duque, últimas palabras de su padre :"Afecto absoluto al rey dos hombres que se p:\recen hasta el punto de equi­de PolOllia" Oomprendió que tenia. en sus manos la VOCl\rse i el uno es un simple noble, y el otro es 01 corona del duquo de Anjou, y que si él queria, el du- rey de Polonia. que de Anjou seria rey. -i Y des pues ? -Acepto, dijo sencillamente. ---Do esos dos hombres, el UDO no existirá dentro -Sereis el noble más rico de la corte de Francia. de ocho di as. -Nada pido ni nada quiero, señora. Voy á pagar ---i Ouál de ellos? la deuda de mi padre. Me llamo Héctor de Furmeyer. ---El rey de Polonia. -Ah! dijo la reiua danelose en la frente' una pal- Olivry se remeció. mada. Ya me acuerdo y en seguida añadió: ---El otro, repuso el duque, será ahorcado como es- -Seguireis á mi perfumista que os llevará á su ca- debido dentro de un mes. sa donde os tendrá escondido, y allí esperareis mis --- o os comprendo, dijo bumildemente Olivry. órdenes. ---"Vamos á ver, continuó el príncipe con su falsfI Héctor se inclinó en señal de despedida. sonrisa, faltando el rey de Polonia, el rey soy yo. El -Id con Dios, lo elijo la reina. rEj-V de Polonia está léjos y yo no. Si el rey de Polo- René abrió la puerta y arrastró al conde al corre- nía estuviem aquí mañana, reinaria; pero mañana por por donde habia venido. otro hará su papel, miéntras llega el rey verdadero Pero do repente se volvió á abrir la misma puerta que no Ilogará nunca. y la reina llamó á René, porque sin duda tenia que -~_Y cómo es eso? darle nuevas instrucciones. - Vas á saberlo. Hace un año que un puñal asesino -Esperadme aquJ, díjo el perfumista volviendo amaga la exi tencia del rey de Polonia. sobre sus pasos y dejando nuevamente al conde en -i Y con qué brazo? las tinieblas. -El brazo son los tribunales secretos de la Ale- Oatalina dijo á René abriendo una puerta secreta mania protestante. y dejando solo al duque: -i Y con qué objeto? -Vamos al cuarto del rey i ese jóven podrá espe- -Con el objeto de que la corona de Francia recai-rar diez minutos. ga en Enrique de Navarra. El conde esper,~ en efecto, y ya principiabá á can- -¿ Y á quién obedece ese pUllal ? sarse, cuando oyó cerca de sí el ligero ruido de un -A mi. No tengu mas que deej¡' una palabra, y vestido de sed::t, sintiendo un segundo despues un entrará hasta el puño; porque despues del rey de Po­aliento tibio y perfumado y una suave mano que se lonia hay el duque de Alen«on, el hermano del rey apoderó de la suya. Oárlos IX, que será rey á su vez, y ántos queEmique -¿ Quién está nhí ? preguntó en voz baja. de Navana. Oyeme bien, Olivry si yo devuelvo á los -i Silencio! respondió una voz simpática y sonora protestantes francese lo que les ha quitado Cárlos que le hizo estremecer. IX, y lo que les ba prometido Enrique de Navarra, IIéctor se abandonó sin resistencia á su nuevo guia ellos acabarán con el rey de Polonia para coronarme. y le siguió en medio de las tinieblas, con el corazon Esperan solo una palabra •.. palabra que te diré. palpitante, la frente inundada de sudol', estl'cme- Vas tí montar á caballo. ciéudose de todos sus miembros, y aspirando volup- -Esti bien. tuosamente aquel hálito misterioso que le rozaba los -I¡'ás á V:Jrsovia. cabellos. -Oorriente. Al cabo de algunos pasos encontró una puerta, -Te dil'igirás á casa. de la querida del rey, la her-luego dos escalones, y la voz de su guia desconocido mosa marquesa de Aureville y la dirás estas palabras: le dijo: i Ha llegado la hom del ?'ey (le Bastos! -Subid. Olivry se levantó, se ajustó el cinturon y dijo al El jóven subió, se abrió una segunda. puerta, y se duque: halló en un cuartito, especie de oratorio y de 'gabi- -¿ Nada más '1 nete al mismo tiempo, débilmente alumbrado por la -Nada más. El resto no te importa: puedes irte pálida claridad que daba una lámpara cubierta. al instante . .El conde alzó los ojos y reconoció. " .á la reina de -Al instante voy. Navarra. . . Y el conde de Olivry salié> del aposento. Sus labIOS se abneron y estuvo á punto de lanzar , Ouando el duque se vió solo exclamó: un grito. Margarita le tapó la boca con su linda roa- -j Ah ! j mi señora. madre! i Ah! j mi hermano • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • • 192 LA TARDE ue Poloni!\! i Ah ! mi primo de ravarrn.! i Conque no I]llercis que yo sett rey! Pues lo seré contra la .01 un tau ue todos. ......................................................................... El conue néctor e apttrtó del agujero, y se volvió hácia Uargari ta, que, pálida, conmovida y con lo. cn­bello- orizadLs, no babia pOl'dido una ola palabra de la conversacion del duque y de u favorito. -j Ya e viendo lo que sucede! le dijo; si pcr-manoceis aquí, mi hermano está perdido. -Vne tl'o hermano vivirá. y ser¡\, rey, respondi{) el conde dando un pa o hlicia ella, y alzando con orgullo su cabeza. 'abré llegar á Polonia ántes que ese bribon' ... -i Y luégo? preguntó Margarita con ansiedad. El puñal entrará en mi pecho y no en 'el de vuestro hermano. -j Ah ! exclamó Margarita con espanto y tomando en su manos la. del conde; no quiero, no, que e,,0 suceda.. -Dios ruio, Dlurmuró en "l"OZ baja, tan baja, que solo una muje¡' podia oirle, i por qué so reina? Ella tomó la frente del jóven en sus manos, la be ó, y respondió en el mi-mo acento silencioso con que él habia hablado: -j Id con Dios .... las reinas son mujeres como las demas. nT Héctor se estt'emeció al contacto ele los húmedos la de la reina, y vuldu:í levantar l\ frente con nltivez . Aquel bes le habia hecho fuerte y gl'1.nue; ya se sentia capn de acometer las accione ... lila" heróicas, y se hallaba ~egnro de alir triunfante de tojos lo ' obstácu los. Margarita, sin :lñadir una pal:1.bra, le tomó por 1 .. mano y le hizo salir del :1po~ento d(ll1,le le habia in­troducido; de"p 1(' (' lll'lujo e1L' Il11C\-O por el labe­rinto de lo corredore<, y en t;na direccion o[1\1e tu á. la que habia seguido cU;lll'lo I florentino le guiaba. Los dos jóves (bien podeUlIJ llam'lrlos a í, puei:> ámbos eran jóvenes y hermo'o ) and:lban en bi!encio; pero SU'i manos se toca han i, e c:;tremecian con una presioH ligera, que era entre ello' como el hilo con ­ductor de un lenguaje muelo; sus respiraciones á veces se cruzaban en la :ltmósf<:'ra .oluptuo. a que lo rodeaba; á veces tamLicll un hucle de cabellos de Margarita r07.3 ba la fren;'e de IIécto¡' y e te se e. tre­mecia y besaba ese bucle con la furtiva espolltaneid:HI de I1n ladron astuto. De cuando en cuando un ruido pel'ado de pa~os ó de .oce!'; re onaba en las pro­fundidades del viejo palacio, y entónces se acercaban silenciosamente el uno al otro, conteniendo el alieuto y temb)ando. Lo diez minutos que emplearon en atran'-ar los conedores y la escalera. de caracol, á cuya extremidad habia una puertecilla que daba al rio, fueron para ellos un siglo de fiebre voluptuo a, un sueño de cien años que duró diez lUinutos y que confundió en una sola entrambas alma~. De repente, 01 aire de 105 ho corredo-re de Louvre y de sus e"calerlllns secretas, e cam­bió en un aire má y pu:-o, y una pálida clari­dad impregnada de 105 hÚloedo aromas del rio inn­dió de repenle las tiniebla, al mismo tiempo que e hallaron junto á un;], puertecilla cerrada con cerrojo, y que comunicaba con la parte baja del muelle junto al ena. --Buenos cerrojo gastaban antiguos reyes. Pero este ob táculo no detuvo á " Iargal'Íta, que sa­cando una llave de su seno, abrió la. puerta, que giró sobre sus gozne sin el menor ruido. Catalina de l\Iédicís que nece itaba muy á menudo esas snlidas misteriosas, hacín. untar de aceite todas las cerraduras. -Ya estais fuera del Louvre, dijo Margarita rom­piendo el silencio. Subid el muolle y seguid el rio ha. ta la puerta 11011nlolle. Allí enseñareis el anillo que o' di hoy <;n Yillnnuc\-a du an .Jorge, al capitan de los arlJlIcro' l]\1e guardan la puurta y le pctlireL un caballo en mi nombre. Ahora, pro~ iguió Marga­rit. a, :lql\l tenei un bolillo lleno de oro para subvel11r á los ga<;t uel vIaje ..... y al decir esto lo tendió un bol i\lo que el conde apartó con II mano. -1'engo en mi poder lo suficiente para. llegar :\ cknde e.~ tá el rey. Sud g~neroa hasta el flll, y dejad­me que lleve á cab'l lo que hacer, movido úni­cameute por vuc tro amor, La frente de Margarita Ee cub:'ió de una viva, emocl•O n. • Continuará. UN ARROYO. ¿ Ves ese arroyuelo blando Que va la yerba lamiendo, Cómo se acercn sonriendo Cómo se aleja llorando? Es una blanca madeja Que con sus hebras encanta, y cuando se acerca canta, y llora cuando se aleja, Cinta do cristal sonora Que en aljófar se dedlie, omo un alma alegre rie COlliO un alma triste 1101'3. Ya forma en su murmurio, Oopos de blancas ospumas Rizados como las plumas De los ánades del rio. Ya temblando se alboroza Si el aura sus linfas mece, O bien corriendo parece Que e queja y que solloza; Y cuando viene :i besar J.Jas flores con su corrien te, Se llega tan mansamente, Que no se siente llegar. Entre sus espumas frias y mis yertas ilusiones, Hay vagas palpitaciones De secretas simpatías. El baja del soto umbrío Solo, humilde, sin estruendo; y v a corriendo, corriendo, Ilasta perderse en el rio. Su existencia viene á ser Una existencia latente Que corre tan mansamente Que no ¡,o ~iente correr. y yo con paso ligero Busco el lugar del olvido, Trovador desconocido, Ignorado caballero. Vengo á su orilla á sentir La fe muerta, el bien pasado, y á vivir tan ignorado Que no me sienta. vivir. J. J. PALMA. • -
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 24

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 2

Por: | Fecha: 15/09/1874

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • _---------¡:c:--¡R-g C' ~ 2 9- de la, humanidad. Las fronteras aseguran la independencia de jos pueblos: los tabiques constituyen la independencia de los in­dividuos." Pero, cómo es la humanidad de aferrada á las cosa inexplicables! Conociéndose:i sí misma ha hecho de pequeñeces sus más grandes adquisi ione . Los se­oretos del alma, es decir, lo que s610 Dio sabe lo oculta muchas veces la cubierta de una carta, e- de­cir, una hoja de papel, 6 la sombra de un tauique que no es sino un poco de barro. La fe elo lo más sa­grado la hacen eonstituil' en una palabra que se Ilrt.­majuramento, r¡ue e., en lo má mentiro o y ,olu­ble de que pueda hacerse uso. Pero volviendo al tablqlle, quién diablo:; se atreve, no diré á derribal'lo, pero ni a tmsparentarlo iQuie­ra, cuando es lo único que, epam al hombre del res­to de la sociedad; lo único quizá que lu une:i Dios? Más 6 mónos tabiques furman los templ0s; más ó ménos tabiques forman los lugnres en los que cn ayes concentrados y al tl'aYes de lagrimas amllrgas se llama á Dios en las horas de desconsuelo." o es un tlLbi­que, acaso, dice el mismo autor, el tl'Uje dC' la mujer que vela la codiciadas formas de la hermosura? TO 6.'5 un tabique el casco de la nave que separa al hom­bre de la inmensidad f No es un tabique la nube del e pacio á traves de cuya endeble contextura se de"ea penetrar inútilmente en el mistcriv de los cielos ?" • , Viéndolo bien, acaso el tabique no me encerró de tal uerte que por pocu no salgo de él.? Vuelvo á mi propósito. Hoy de qué se puede ha­cer revista, cuando tE'1'll1inaron la. Jiesta:;, terminó el ten t.l'o, terminaron las carreras? Profundo dolor y grllnde pena da decido. Hoy no se puede !labIal' sino de la muerte y de la consecuencias de las fiestas. Salga usted á averiguar pOl' la necrología y verá. que no hay aDligo que no le hable de una pérdida reciente, que no hay esquina que no contenga diariamente tt-es ó Cuatl'O convites á entierl'O, que no hay muclla­cbo que no le entregue una boleta para lo mismo,que no hay iglesin. en uonde 11IS campanas no doblen, que no h~y agencia mortuoria que no esté en actiVIdad, que no hay carro que no lleve un muerto ó que tI'ai­ga acompañantes del cementerio, que no hay ruú ico que no e'té tOcando Ó cant"ndo (lo únicos que hoy ueben padecer necrolatría), periódico que no ten­ga algun recuerdo necrológico, capta que no esté con ribete, negros, cara que no esté afligida, ojos que no estén llorosos, traje que no sea de luto y sombrero q U6 no tenga gasa. Esto es de a ustar ; vea usted; no han pasado diez dias y han muerto la ¡¡eñora :J\fercedes B. de l\1atéus, el señor Nicolas Queyedo Rachadel, el señor Juan Sántos, la señorita Amalia Pena Ibáñez, la seño­ra Cármen Caicedo de Hel'ran, la señori ta l\Iatilde Riano, la sefiora Mariana Mon toya de R, un hijo del señor C¡Íl·los Zapata y quién >;¡tbe cuánt0 que co­mo el marinero desprendido desde el tope (le la nave caen, conmueven por un instnnte la superficie de las aguas y luégo nada se vuelve á ver ni á saber de ellos. llogotá se e tá haciendo inhabitable yf1, dicen al­guno , la mortalidad es espantosa, deDe haber a 19u­na causa 0cnl ta que fuem Lnello averiguar; ántes no era a í e ta ciudad. No caen en la cu(mta los tales de que la püblacion aumenta diariamente por la afluen­cia de extranjeros y de persona que llegan de los Estados, que este gran número de gentes Re agrupa en las Cll as mas y más, puesto que aqui no se bace ino reedificar pero no construir en la" afuern ni en los ll1uchos solares y tiena baldías que hay dentro ele la ciudad, lo cual produce ncce1'ariamente :itmó. fera lllefí triea. Esto está ayu,lac1o por la tendencia gene­ral de querer, como ciertos pólipos hacer aglomera­ciones en un sólo punto. Ac" o qUE'I·emos hnbit.ar casa alguna quo no ('st6 cerca de la pInza? 'j pOl" 110S0- Lt-IJS fuera y pndiel'all1os edificai· soure lns turres de la Cl¡teural, lililÍ cRta1"Íamo5 llllOS :,;obre otro. Acerca del re;:;ul! aelo de fie"tas hay una CU,,::1. q us pan'ce rara, pero que l'S un hedlO. Para <¡Ile los turus y caballos no ,·e de:,; pl'lIl'an, para darle UlI vi~o de ver· dadero cireo ,t t\Jdcl :\quello y porler deeil· con propie­dad: "el toro le hizo morder el polvo, lo :¡rra.-;trÓ entre el polvo, , y otms frace, illa de l~ laya, le echa­ron á la plaza arena, ha ta hacerla subil' unas cuantas pulgalla . Pue~ bien, terminada ' la fi e"tf1s lit p]¡u:a se queuó empolvando á 10- tendero;;, til'!HlaR, s y trall~Uelltes; las lllujt'I'es Re empolvan desue tCllIpra­no y lo" homb¡'es en \ i ta de c"to ,olemos no blljm'­no el polvo á ninguna hora. Y lo peor de tudo e6 que algunos hay que poI' 'luitarbe aUn esas pajas quieren sacudirle a uno el poh-o. Yean u,~ teJe"" pue,.-, lo que es el ma I ejemplo. Si la plaza no lo dicI'a, á huen se­gUIO que nadie más se empolyaria. Sienembarga, para Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 10 LA TARDE de lo dicho, confieso aquí que e t rabaja en , el nsilo de la religion, volvió los ojos humedecidos tÍ, su celda diciendo: oh! cuánto puede el primt!r amor! - DI6GE l~S A. ARRIETA. Setiembre de 1874. NAUFRAGIO. (A mi esposa). Como barca velera que undulante A los soplos del viento se desliza, Sobre las crespas ondas del océano Iba un nido arrancado de la orilla. Tan pronto se alza á la espumante al tura, Donde la ola. se quebranta y brilla, Cómo desciende por pendiente !'ápida Hasta la curva y azulosa sima. Por instantes en tersa. superficie Con tal presteza y esbeltez camina, Como la pluma sobre limpio espejo Cuando la impu!sa la chancera brisa. Dos polluelos en el fondo lJevn. Que entre su lecho de pI umon se agitan; C6mo extienden las alas cuasi implumes! y cómo se alzan y anhelosos pian! Una ave blanca de extendida alas Llega basta el nido y amorosa. grita ; Quiere arrancarlos pero hirvi ente espuma aves y nido con furor salpica. Aquella cuna que entre frescas algas Al arrullo del viento fué mecida, Con sus polluelos en horrible choque Irá á pel·del'se en la profunda sima. Un punto apénas entre dos. abismos Impotentes y sOl·dos á la ruina Es la existencia de tan t ristes séres Que ban de moril' al erupezal· la. vida. Quién les escucba los tenibles ayes? Quién de la madre calma la agonía. ? S6lo el espacio les repite el eco, La mar tan sólo sin cesar se agita ..•. Vedlos! Ya se alzan •. bajan .. y mzobrnll! Van á abrirse las paja mal unidas! ....................................................................... Señor, Dios! de una marlre en desventura No desoigas los gritos de agonía! J. DAVID GUARa;. CARTA A DAVID, Has do saber, mi muy qUClido David, si 110 ~o sabes ya, que por valerme de la tardo para corregir las pruebas de "La Tarde," incurrí en el gravo des­cuido de dejal' pasar un gaya por un gualda,; maldito vocablo, que aunque poético, t;billa nuís que brilla á la. 1 uz del medio dia, y está haciendo un tristísimo papel entre los colores de ro a y de zafiro Está visto, mi querido amigo, la tarde puerle ser muy bella, delicio a y adecuada para salir á pascar gozando de un fresco ambiente y aspirando el perfulll~ de Lts flores, y aun ha ta para hacer una declarl\.cion de amor; pero por lo que á. mí tuca, no volveré á fiarme de ella para contrael·me á trabajos sério y mucbo ménos me dcdicaré il. corregir pruebas de g~leras an­te su luz pálida é incierta, que no ofrece garantla de ninguna especie, que 1105 bace ver todo de color de rosa, que oculta los defectos y nos engaña casi iem­pre. No, yo quiero la luz del medio dia, clara y bri­Ilante; la.. quier.o sin descomposicioll alguna, nítida en u conjunto, no YI5ta al traves ¡de prismas ni di-fundida. en el espacio en mil rayos de violado 'azul y verde, de topacio y q uó sé yo que más color~s. Pro­testo, David, protesto contra los dorados celajes de una tarde, contra el arrebol de las nubes y el azul de las montaña, contra todo 10 que 110 .sea clal'o, muy claro y tan puro como el agua de Padilla. D~seog;íñ~te, David i la tarde no sirve ni aun para elegl1' la. mUjer con ql1len ha de uno casarse; esto si que debe hacerse á sol abierto, de di:J. y bien de dia. Abora, respecto de compras, Dios te 1 i bre de elegir la tarde para tul efecto, so pena de tenerte que llamar á engaño á la siguiente mañana; la cOI'bata que creis­te tomar de un color pajizo ó nácar, te aparecerá. lue­go descolorirla y ajada; y tu señora no encontrará. en el corte de tul que le llevas, azul de cielo que creiste ver en él. Deja que los escolares canten á la. tarde, ellos ti ene~ l'3.zon,. el de babel' pasado mort~les horas baJO la ferula del maestro; que los tl'3.bajadores la ¡,aluden con el "Ave María)) y la re­ciban con placer, desplles de una incesante y abru­madora labor; que anhele por su ll egada el amante tú Ilsté durmiendo cuando ya es hOl'U do sestiar? Arl'Íba, arriba! -Hola! Palmarotc por aquí? cuándo ha J1~gado usted? -Cañ3fü,tola que pC\l' t¡'is no doy con su comedero Dende que apuntó el lucero lo amlo sabaniancIo por ('stos piedreyugales, y por aquí caigo, ari levanto: acá me arrempujan, ayá me ec;tl'lljan ; y por donde quiera el f¡'io y la gente, y 1:1. buya: y 1 malojel'o, juio, juio, juio ; y lns cal'l'cteras ¡'l'¡TlIun. Caramba! i cómo diablo<; pueden ustedc,~ vivir y entenderse entre esta gri'5apa? Así se anunció en mi casa no ha muchas mañana..c;, el personaje que voy á pre entar á mis lectores. No erá nece, ario decir que era un LLA ERO, tipo tr.ll conocido en esta capital, que la pinceladas preceden­tes bastn.rian fÍ bosqu~jn.rJo ; tipo original é interesan­te al propio tiempo: tipo, en fin, que difiere esencial­mente de los demas cn.racteres provinciales de aquesta nuestra pobre República. Serian las ocho de la mañana todo lo más, y yo dormia, ó con In¡ís . edad, YHcia aun en el lecho en ese estado de que su pende el uso ele nues-tras facultades icas y moral Gmta y deliciosa pa.ráli. en que ni se duerme ni se está de~pierto: en que 105 objetos se ven como al traves de un pris ma, y 105 sonidos e o)'l'n como á una gran distancin, Parálisis de una vez, que quHéramos prolongo¡' in­definidamente, y de la qne nos arrancamos por un e~fuerzo de decidida voluntad. Bien se me alcanza, desde luego, que el escritor que a í describe e. ta ituacion e compromote fÍ algo, porque parece que se declara abogado de la pereza, echándo:-e á. cuesta, por aiiadidura, una grave rE'S­ponsabilidad higiénica. Empero yo protesto que no es mí ánimo comprometerme á nada. En la incon - tancia é jn~tabilidad de mi carácter, bey aplaudo lo quc ta 1 vez ma.ñana cen uro: ahora, saboreo las deli­cias de la cama, acaso más tarde E'scribo una filípica contra los dormilone", Y ¿qué remedio, lectores mios? Cllda uno es como Dios lo ha hecllO y á ,eces un poquito peor, segUli decia Sancho. Lo que sí no puedo pasar sin someterlo á mi fórmula, es el candoroso err0r en que incnrren algunos cuando exclaman: " oh! qué grato es levantarse temprano!" Gra,e error gramatical, imperdonable confusion de tiempos. Señores, ser:í. grato y mny grato HABERSE levantado, pE'ro ¿ levantar;;E', Dios mio? Puede haber maldito el placer en arr:lncarse- el placer mismo de los labios? Pasemos adelante, Icctore mios, y no bahlemos m:1 de J~EVANT_\nHEXTOs, que es el plato más indige tn en estos clima". Palmarote acababa ele llegar á e-ta melancólica capital, :i donrle 1'e habia encaminado no pl,r capricho ciertamente, sino a consecnench de no sé qué pecado cometido en Junio último en la provincia de Guári­rleo: y no ménoc; queria. ino qlle yo le endereza. e :í esas notabilidades rIel poder ó del f~vor. Yo precisa­mente que no sé en donde paran las unas ni las otras! Pero, paciencia, m~ dije, que esta es una de la ven­tajas de tener paic;anos. Y despues de rebullirme y de, perpzar me lentaruentE', salté al fin de aquel lecho, sepulcro de mis gratos ó desagradables ensueños. En tanto que Pa!marote lo registrllba todo con ávida. curiosidad, en tanto que comentaba las lámina" de algunos libro y ('xaminaba atentamente los mue­bles, tocándolo todo con sus manos, como para salir • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • LA TARDE 13 de algun error, ó mejor fijar una idea, en tanto, digo, bacia yo mi TOILETTE, que de paso sea uicho, ni es tan esmerada como la de un pi;;averck, ni tan des­cuidada como la :le un avar~). Y tí propó. ita, el vesti_ da de Palmarote no dejaba de inten'sal' pOI' su origi­nalidad. Corto el cal7;on y <,strecho, terminando á média pierna por unas piccecillas !']ue remedan, n.un que no muy fielnH'nte, las uñas del pavo, de dOllde tomn. su nombre: la cami a curiosn,mente rizada, no abrocbado el cuello) aj tach al cin to por una banda t1'Ícolor, como el pabellon nacional, y cuyas faldas vo­laban libremente pOI' defuera: nn rosario al derredol' del cuello del GUARDA-CAMl A ostentaba su grandes cuentas de 01'0: desnudo el pié y la camisa metida, por uecirlo así, entre un pañnelo de enormes listas rojas, soportaba un sombrero de castor de anchas alas. Mirábame el llanero, nosin curiosidad, pasar de una funci on á otra de TOILETTB, y l11e abrumaba (:on re ­petidas pregunt.as, - y ehe palito, dotor, qué sinifica? . -Es la escolJilla de dientes, Pal mal'Ote : sirve para el aseo de la dentadura. -Demoo que el que no tiene dientes ..•• i pobre mi bale Alifonso! se quedó con mi palito! Y este otro artificio, doctor? -E!'a es lIna relcj era : ahí se pone el reloj cuando no lo lleva el individuo. -¿,Y la cabuyita negra 1 -Es el cordon del r el~j . Mire lrteel un curioso tejido de cabellos de mujer. Y se lleva aSÍ, míre u ted. -Ja, ia, ja! Dotar, eso es cU l'gal' la soga en el pes­cuezo, Caramba 1 que ya las muje res enlazan CO!1 su mesma cel'da. Pues, alIara, mi dotor, tiene usted que cabl'estiar hasta el botalon ó tirar para :ttrns y reben­tar la soga, Pero qué 111 a 10 es est.e espejo! -Al contrario, Palmarote, ti ene muy buena luz. -Pues, cómo me veo yo tun feo! Jesu qué e pan-tamio! -POI'que ese espejo refl eja fielm ente Ins imágenes, • amIgo mIO. -Candela! pues cuando mi sombra se mira en es­tos ojitos dice que ya tiene Rueño i Y es(,os cueritos, dotor, para qué son buenos? -Esos son guantes, Palmarote: se llevan las ma­nos de este modo, mire usted. -, Caramba! cntinto;; apem . . ¿ Sabe lo que se me ocurre, dot.or'/ Si todo lo que u tedes emplean en tantos cachibucbes, lo b IlbierJ.n empleado en noviyas de primer purto, j, cuantos becerros no jenal'ian en este verano '? -Pero es menester, Palmarote, no ver la vida de sociedad sólo por al lado de las inva iones que e lla hace al bol illo, sino tambien por el de los goce« que da en cambio. -Oh! Mucho que se goza aquí con el frío, y con las piedras, y con la buya, y con los rial es por el san­cocho, y cuatro ramas de malojo pordos dules, y los mal'chante con sus tienda..o;, y los novillos á I'ea I V medi, y uno tan corto, y ...• dotnl', usted necesita estapistolita'/ Qué bonita! -No dejo de usarla al gunas veces, Pulmal'ote; pero este no es inconveniente pal'a que yo tenga el gusto de ofrecerla :i usted: tómela usted. -Dios lo yeve al cielo, mi rlotor, aunque yo creo. que ayá no entren los papeleros. AqUÍ interrumpí yo la sél'ie de pregunt.a de mi paisano pam ponel'me á su disposicion, C'stando ya en actitud de alír ue ca¡;;a, :Mis sp rvieio,<, le elije, se lí ­mitanín á dal' á usted la direccion de eso' señores de quienes anda usted tan solicito. Sin conte;;tal' una pal!lbm, sacó de su holoillo un cnvol torio de hojas de tabaco (del malísimo que se produce en el pais), mor­dió una dósis más que medinna que mas ticaba con entusiasmo, luego me ofreció para que yo mordiera :í. continnacion, lo rebusé desde luego, me protest6 que su oferta era. r,incera, le probé que mi negativa lo era tambien, y por último, yo !\lle lal1te y él atras (humildad característica del llanero), salimos de casa. y nos bechamos {L rodal' por Ins inmensas calles de esta capitlll. En puridad de vel'darl, no andaba Palmarote e5caso ele ra7ion al quejarse del frjo, acostllmhrado, por otra p!lrte, al calor sl1focante de las llanuras. La humedad de la atmósfera helaba !:Is extremirladt's em­p1eados que se venden á precios cómodos." -Gran consuelo es ese para lo probe!', mi dotar. Mira. aquelot l'o; pero apál·tel'e que lo t.umba el bu­rro. (Vuelta burro, juio, juio, jnio !) -" Aquí se amuela casi de -mId e." -Caramba! ya lo creo; pero bn~lhnse á apartar, elotor, mi re esa carreta. (Ese buei pal amo e boooó : i\Inrchante5, com pran curbone5?) i Ah In ~e r o, m i re, dotar, aqneya blanquita cabos neg,'o qne ba ayí , aq ueya ojos negros, pelo n egro .... ei'::I Candela.! y que bnena pata debe tener! mire como pi~a en la pie­d ra, ni se trompie a, ni pierde el golpe. Tiene todas las condiciones . -Sepamos, Pa1ll1arote, cuáles son e!'as cond iciones, -Ancus, pecho, siet.e cnarta:::, snabe de boca, y güen movimient.o. ¿ No correrá con la siya. Dotnr '! -Pero enten<1ámono~, Pnl1l1arute, ¿ uabla llsted de mujere ó de caba 110 ? -Pué entúnce léame aql1elotro letrero, que ya beo que no no<; vamo" á entender. Y ap:í rte'ie que ahí va una carreta con basura. ¿ Pa6nlle yeban esa bllsul'a, Dotol' ? -Para !lquel basurero que ve ll!:'tec1 allí. -Cómo en la capital de Berel1Suela hay un ba u-dero dentro de la suirhí ? -Uno no más no, Palmarote; t o(1avÍa hny nlgnnos ot1'OS. --Corotos! y buélbase á apartal', dntor, y le nCOll­sejo que se biGa apartando; mire un:) trosa ¡Je jente que biene asi, y aquí biene otra, estos barriles y ese borracho, mire, miro (Lepruu! BiLa la emOCl'a ia ! I3ibaa! Caraaamba-i Compran piednls de amolar ? -AlTe buno, jnio, jnio, juio! Ea no el llOmbre, ,'párte e.-¿ -sted habla con mign? .:\fil·e que i me le boyal bosa l jase baLTO con el I'al,o). - Vamo!', Palmarote, continnemw, .r t om<1l'emo' ahora Ll calle (lel sol. -Ja! e<;t:ín creendo estos 111n que como UllO anda medio inr¡nilino no puede c:\ntal' en patio n~el1(), y no Mben qne yo ni miro joyo ni vtlmrt ehiqnit:1, y cuando no tuml1 al toro le ananco el 1':\bo. -E tamos, pues, ya en la odie d('l f;ol, Palmnrot<" -¿ En la caye riel Rol, dotar? iAca¡::o el 1'01 snLa-nea l1liÍs pOI' estn caye que por las otra!; ? -Tiell e;; l'azon; est.e es un nomul'c de capricbo; pero esto viene de la necesidad de nombra¡' lns calles , bien que lllguuas tengan nl1 nombre nlnivo <Í histó ­ri co. En los pueblo, de lao; llanura;; no se conoce estn necesidllrl, ni tampoco la de nUIl\ C'l'al' las ca a¡;, por­que ullí las poblacioncs son redllcirl:l" lllS callC's pl"­queña¡:;, la,; casao; más clistantes puede decirse que' e<- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • • 14 LA TARDE t¡in vecilla ~ , y los individuos se conocen entre sí. No sucede a 5í en la!:> g raneles ciudu.de;; pOI' muchas y extensas calles, con casas varias y en níune ­ro infinit y con una poblacion con s iderablc, emique­cicla casi siempre con gran número de extmnjeros. -Sí, ya comprendo la neces idú de jelTar las ca­sas, como sucede con el ganao, q ne ha.biéndose au­mentao tanto, ha. side menes ter pt'garle IIn jierro Y diga nst(' dotor, i algunas casas orejanas que he visto aquí: no podria el vecino quemarlas con su jie­ITO? -Eso seria un robo, Pnlmarote, como lo seria e l hecho de apropiar"f) el individuo un OREJANO que no esta en sus sabanas. E s as casas no e s tán numeradas por de. cuido. -Y:i propósito de extranjeros, diga usted, dotor, i esa gente de esasot r as tierras, ser:í.n cristianos? -No todos lo Ron, Pa Imarote; porque no todos los pueblos adoran al leyes. -Oa¡'amba, dotor, y pa. una cosa tan pequeña un caseron tan grande? Pues andarán toas eyas rega':! queni frutas de maraca. -Oontinuaremos, si le place) Palmarote, y vol­viendo á esta esquina g:muremos la calle de las leyes patria. :lIIir(' u , ted ese pare don que alTancando des­de aquel edificio q ne usted ve allí recorre toda la manz'ma. Todo eso es el convento de l1evcrendas 1\13.­dres Conccpr.iolles. -Hum) malo, malo,! Tan cerca de los fruiles esas l11a.dres1 i Y no es peeao que las monja.s sean ma­dres, dotor? - Jo, Palmarotc) es un título que Re da á las reli­giosas, quienes renunciando el mundo y abrazando una religion de las aprobadas, se dice que sone sposas de Jesucristo nuestro padre, así como á los clérigos se les llama padre.> considel'ados como esposos de la iglesia nuestra madre. -y que dirán esas sa.ntas muj e res de nuestras co­sas, dóctor '? Y: gordasas que estar:ín entrese potrcl"O, y cómo chocnran al tranql!erO por berse á toda s a­bana! -Ese edificio que está al frente, Palmarote, es el Seminario 'rridentmo, el establecimiento m:is útil y más célebre de nuestro pais. Allí se enseñan las cien­cias más importantes al 11Ombr, , , , -Hablemos cla.ro, doctor: aquí se enseña :i pape­lero; aquí es que se apriende á dotor ; pero ya naide quiere aprender ú. cura) no seño r. Papeles van y pa­peles vienen; pero n:l.ide dico" dominos bobisco, " Cuando sn ben baser cuatro gasetas se creen unos hom­bl'ecitos ; pero coja usted un dotor y póngale una soga en la mano) p:I. que lo bea to regao en la. siya Ni sabe apiársele á un toro, ni arriar una madl'ina, di trochar una potranca, ni pasar su siya) ni maldita la cosa. i y esto no es sencia! No señor, gacetas ban y gasetas bienen: Dotores por aquí y Dotores por uyí; y ni el tOl'O se tumba, ni se jien'a el besel'l'o, ni se alTea la madrina, ni se troncha la potmuca y se mojU dulce y franca fisonomía me cautivaron desde luego y sin embargo, en nuestra primera ('ntrcvista, la circustancias no me predisponian en mancra alguna en su favor; llluy al cOlltra1"Ío. Sentado bajo la alta ("J,illlt'nea (\(·1 J¡ognl' en la co­cina e taba yo hablando COIl la p"tIO!la l11uy ocupada en aderezar la cena. En esto llegaron de ntelta de la escuela los dos muchachos á todo escape con su libros debajo del brazo. - j Ahí viene! gritaron ámuo.· con voz sofocada por el cansancio y la alcO"l'Ía : nhí c:;.tá Pedro! dc::-de el cerro hemos diyisado Sil lancha ...• ahora estara • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 16 LA 'l'A.RDE desem barcando .... Vamos :i salí rle al encuentro .•.. ¿ Xo es vcnlaJ, madre, no es verdad? - i Para qué? replicó con IlltÍs a ' pereza que nun­ca la Cesarina: me parece que ya es bastante talluJo pam venir ,010; ademas o" nece"ito. Id lo~ dus til huert.o ti cogerme perIfollo JlaJ'a la ensa ' ada. . A C!5tas últimas sílába, más que imperativa. , lo dos pobres chicos desaparccieron volúndo como paja· rillos e pantados. - ¡Diablo .... Dije alhí para mi,> . ¡Será apaso IRi 5ciiol' patroll un mal padre ? ... un mal marido "? Pocos minutos despues llegó; Como para COlToboral' aquella impr?sion¡'la Ce~ sarina no s alió á r ecibirle, uo le presentu la 1rente Jll la mano, ni se dignó siq uicru acoger su llegada con • una sonnsa. Nu •... :intes bien se limi~ó á de colgar de la pa· r('d una pizarra y con el lápiz ya en la mano: - i Cuánto {- preguntó sccamente. Pedro Aubert sacó de su cllaquet.a un bvlson de ouero y dia p o r dia de la semana, fué enumerando el pr~ducto de su parte de pesca, cuyo importe en di­nero colocó sobre la mesa. Entre tanto la rapaz pescadora iba sentando en la pizarra su groseros gl1lll'i~mo;; y .sumál~dolo ylUy despacio; luego muy despaCIo t:lIUblen fue examman­do una á una las monedas de pla ta y hasta las de cobre, aun las más roñosas. Afortunadamente la cuenta alió exacta. Cesarina metió el total en un cajon, cenó dicho c'ljon dando dos vuel tas á la llave y se guardó ma­gistralmenta dicha llave cn el bolsillo. Pedro por su parte, Pedro Aubert se metió en el snyo silenciosamente la bolsa de cuero cuyo contelú­do acababa de entregar sin la menor resistencia, sin el mas pequeño reparo, con la más indiferente y la más bonachona docilidad del mundo. -Ya iba á juzgarle mal, dije para mi en vista de aq uella escena doméstica. Pedro es seguramente un buen marido. En el mismo intante los dos muchachos hicieron en la sala segund;\ irmpciun más impetuosa acaso que la primera: ya de regl'eso ( mncho debian haber corriuo los pobrecillos) se arojal'on á los brazos de Pedro Aubert con tal e pontaneidad, con una alegría y una ternura tales que al punto añadí pOI' lo bajo: -y es además un excelente padre. Pero cuál no fué mi asombro cuando las Jos yoces infantiles, logrando al fin remon tarse desde el corazon basta los labios, exclamaron :i un mismo tiempo: -Buenos dias, buenos dia , tio. ¿Luego no era más que el tio de l dos mucha-chos •••. no era el marido de Oesarina? .. , Eu un hermano, y más aún en un cuñado, tantn suml"ion, tamaña resignaoion y abnegacion tanta eran todavía mucho más singulares. Pero lo que todavía me sorprcndió má fué la ter­nura verdaderamente paternal con que Pedro Auuel't trataba á los dos muchachos. ámbos en sus rodillas, los besaba y los acariciaba con una ychemellcia tall apabionada clue verdaderamente me cunmovia. Así pll aron breycs mumentos. Luego de repente, y como si aeabase de abrirse en su pecho alguna Illltigua herida, algull doloroso re­cuerdo, Pel1ru Aubert se puso p;ilido como la cera. , . una lágrima asomó á sus párpacll's", . 0(' pu o oe pié .... y aunque con I'OZ siempre llena de dulzura, npartando tleí á sus sobrino : -Id á jugar á la playa, les dijo, id, hijos 'fll ios. ---Imposible seria expresar todo lo quo hubo de amargamente tri. te y de afectuoso al mi.mo tiempo en aquellas dos últimas palabras. Los dos pobres chicos, mú tios y coutri taLloi','litu­bearon un momento; luego, obedeciendo.í un ademan cabi :,uplicante de s u tio y sobre todu á un ' dion muy exprm,ivo de ueñor:1 madre, desaparecieron peru ' in correr, cn dil'cccioll de I~ playa. .. .. -Ya sabemos (lue no los qUlcre!:>! U1JO enton~cs 'e arilla con cam tle vinagrc pero era excubado dar- , b . 1 1 selo á t'nte11l1e¡' tan claro.l ,- as po rcs cna uras . Pedro 110 re ' pondió palabra, pero cerró I?s ?jos y se llevó la mano al pecho corno pal'a eUlll]1l"1111lr una justa indi o-naciOIl ó un dolvr muy agudo. Luego ~ogiendo una azuda cn un rincon de la es­tancia: -Voy á t.rabajal' al huerto, dijo fl'iamente. Y salió. III Viendo al pobre aleju¡'se, Oe al'ina se en-coo'ió de hombros llizo un gesto Ji ¡¡licente. Presintiendo yo un d!'Urna lugal'eITo, eguí á Pedro y desde léjos, escondido de tras de un chapaLro le ob- , 5er\"c . Pedro llegó efectivamente :í un huertecillo en que habia una poca verduras, si tuado en los confines del pueblo; efectivamentc empezó á cavar la tielTa ; pero. á los muy pocos momentos, enderczó el cuerpo, y aunque sin sol tal' In. a;,.ada, pú ose :i mirar de uua manera muy particular cierta ca"ita cuyo tecllO hu­meaba á pocos paso de allí y una de cuyas ventanas estaba enteramente tapizada pOl' los floridos ramos de un rosal tL-epador. En aquella ventana únicamente clavaba sus mira­da el marinero. Po!' entre la flexible corLina de verdura pude co.­lumbral' una somb!'a. de muje!'. Inmóvil COLDO una estatua, Pedro Aubert perma­neció Qn su huerto hasta ya entrada la noche, hasta que la última e trella se hubo iluminado en el cielo, Luego, con su azada al hombro, tomó lentamente el camino. del pueblo. Pero en el momento en que, por decirlo. así, se ar­rancó de aquel sitio, oí distintamente el amargo sus­piro de un corazon sin esperanza. IV A la mañana iguit"nte, al - alir de mi a, ví á Pedm Aubert en el atrio de la iglc ia. De una mano llevaba á lU5 dos niño, miéntras alargaba silenciosamente la otra, llúmeda de agua bendita, á una jÓI'en que, próxima á alir iba á pas:\!' por delante de él. ¡ Qué muje!' tan hermosa, qué fi onomía tan dulce! Aunque era una simple labradora, u tez prpsentaba la blancura mate del mármol. , .. Bajaba l,údicam('n­te los rasgados ojos negros y en sus labios vagaba u.na sonrisa angélica, .. , Bien quc representa e unos Velll­te años, su frente conservaba aun el casto sello de la primera virginidad. Ouanclo su dedos se tocaron, hubo en ámbos un extremecimiento, una súbila palidez, un choquc e](:c­tricu, ... ¿ No eria aquella la 'o mora que columbré la tardo anterior por entre las ramas delrobal '? V Po.cos momentos de pues no pudo ya quedarme la mellor ti uda. Aquel dia subia telllpl~\nU la lIlnl'ea y ya los pcsca­dores se c1bponian á voll'cr a bUS Jancua o, Pedro Aubert partió el primcro, pero tomando un rodeo, pasó por delante de h cn:,;itn del rosal. na flor "ino :i caer á 5US piés. Oogióla precipitadamente, guardó_el:~ del n,isl1\o modo en el pecho, y el IDO un ladro:! que acaba de robar un te5uro, huyó, , .. VI A la caida de la tardc, en el momentu en que las barca zarpaban de la playa, \'1 tambielJ .... porque conLmuaU¡\ en ob~en acion .... tremolar un pañuelo blanco en la, ycutana cunsablda. (Coltdttú¿,. ) •
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 2

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 42

Por: | Fecha: 06/07/1875

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • ----.-_.....s:c~t<;::?(; c: <5 S ~:::::;IL:2.?._----_• P E R 1 O DIe o D E DIe A D o A L Á LIT E R A T U R A. -- • Serie IV. Bogotá, G de Julio de 1875. Número 42. • A~DE. RESIGNACION. (,ontinuacion) Sepa usted, buon caballero, y de hoy en ade­lante noble amigo, que Juan Oepeda cs mi nom­bre, y que tengo por patria una de las más nota' bIes villas de esta provincia: mis padres no con­servaban árbol genealógico que indicase la no­bleza. de su linaje, pero en cambio tenian la virtud, que no se trasmite con la sangre, y en aquélla quisieron c!'iarme y educarme. No intento referü' á usted las menudencias de una vida como la mia, desprovista de interes, y que por eso mismo futigaria su atencion y em­bargaria inútilmente el tiempo que necesitamos para. continuar nuestro viaje; empero, como usted es jóven, y por BU bueua disposicion des­cubro su buen natural, será bien que le refiera algunos de los altibajos de mi vida, do los cua­les pudiera usted sacar experiencia y provechosa leccion. Habiendo adquirido el conocimiento de las primeras letras en la escuela de mi lugar, de· terminaron mis padres enviarme á uno de los colegios de la capital do la República, donde cursé lo que entónccs llamaban litn'atura, con­tenida toda ella en la gramátioa castellana de Herranz y Quiroz, la francesa de Ohantreau, la inglcsa de Urcullu, la retórica de Blair y la aritmética de Mora; estudios que hice en dos años, al cabo de los cuales, como cundiesen ru­mores de un próximo trastorno de la paz públi­ca, mis padres, temerosos de que pudiese yo caer, á. pesar de los cuidados de mis maestros, en la recluta que en aquella sazon se hacia para le· vantar ejércitos, resolvicron sacarme del estable· cimiento y llevarme nuevamente á. San BIas, que este es el nombre de mi patria, donde ellos vi· vian, y de donde vengo ahora. Todos desapro· baron tal aprehension, porque conocian que mis padres, que, solo á instancias de muchos, me habia enviado á la ciudad capital, se asirian de las guedejas que esta ocasion les presentaba para mantenerme á su lado, con perjuicio de mi sabel' y experiencia. Oierto, ellos se habian mos­trado renuentes en ponerme en un colegio, no á causa de que careciesen de la discrecion baso tante pal'a comprender la estima en que se ha de tener la instruccion, sino porque, conociendo mi carácter pacato y tímido, temian que le ven­cieran las sugestiones del mal, y en vez de un hombre de provecho sacar uno de malas iDCli· - naciones, que les ocasionaria sinsabores y amar­gUl'as. Y no iban fuera de camino: aunque mis maestros con todo empoño y solicitud me vigi­lasen y doctrinasen, eludia su vigilancia y des­oia sus con. ejo'!, tí instigaciones de las amista­des que habia contraido, y por las cuales me iba deslizando á la pendiente del vicio; de suerte que á los dos años de aprendizaje, se habia ope­rado una completa metamorfósis en mi alma, y en vez de instruecion y buena doctrina, la habia. colmado de malas pasiones y depravacion. Todo esto se ocultaba á mis padres, pues mis superio· res deliberadamente no habian querido hacerlos partícipes de ello, esperando que á. poder de exhortaciones y ruegos, fuese entrando yo en razon, y sc alcanzase lWí mi refOl'ma; mas ay! que el vicio es impetuosísima corriente que nos arras· tra, y no se detiene hasta que no ha dado con nosotros en un golfo de desdichas, Volví, pues, al lugar de mi nacimiento, con las necesidades que la molicie me habia criado, con el corazon lleno de malicia, y sabiendo apé­nas vestirme como atildado mancebo. Notaron mis padres desde luego el cambio moral efectuado en mí, y dentro de si baldo­naron tí los que con sanar" intenciones los habian reducido {~ deshacerse de su hijo, á trueque de la esperanza propincua del bien que yo habia ·de rE;cibir. Como la vida lugareña sea campo abierto al desenvolvimiento de los vicios, biceme mozo de mala yacija, y aborrecedor del trabajo, no tuve más ocupacion que la de holgar con mis amigos, divertirme en giras, pelar la pava, andar de bar­danza dándome un filo á la lengua, y barzonean­do por último en el fandango y la pavana. Mi madre, siempre bondadosa (¿ una madre cuindo no lo fué?) me llamaba a solas, y me decia. enternecida: i Cómo que es posible que tú andes á la. briba con cscándalo de los vecinos, para dal'nos en qué ~er~cer! ¿ De tal manera pagas á. tu padre las lllquletudes en que de continuo ha vivido todo este tiempo, procurando labrar tu dicha? Ouando nosotros creiamos que tí la hora de ahora habrias de ser amparo y consuelo de nuestra vejez, llegamos á téJ'minos de ver en ti un mozo desenvuelto, cuyas liviandades han llegado ya á oidos de aquellos á quienes está:! obligado por respeto y por afecto. Entra en razon , hijo mio, y si mis canas no son bastante rueO"o . • o para moverte, SIqUIera te mueva el cariño de una madre, que no podrá. vivir sino por la hon· ra de su hijo. Así vivas siempre venturoso y BC ahuyenten de ti las desdichas anexas á la. huma.­na. vida, que mis consejos y a.dvertimientos en· cuentren cabida en tu corazon, á.ntes depravado por el artifioio que por la na.turaleza. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 279 LA TAUDE Las reflexion e s de mi padre no eran m é n os afectu osas , aun q u e fu ese n m ás s e veras y acom­paña d as de c eño ; y á una s y á o tra s c a ll a ba yo, c on oci en do el p es o d e la verd ad qu e ca r g a b a s o­bre mí , p e ro era d ar vo ces al vi ento ha b l a r á u n corazon empedernido, y d ébil p ara e nd er e z'lr al camino que guia al so s ie g o. Vi endo mi s p a dres quc era p edir c otufas e n el golfo ob te ne r mi m e­jora, me escatimaron d e t o d o en t od o e l din ero, para de esta m a n e ro. qui ta r o ca s io n es a l vici o , que el din e ro es á las vec es pod e r os o i ncen t ivo para fomentarl e ; y yo a es ta sazon , apre t a d o por la d es e s pe raci o n en que m e e nc ontraba, y dando rie nda suel t a á mis inclinacion es, m e dí á andar con gente de seguida, por los de sp o bla ­dos, pillando aquí, amenazando allí, y por d o n­de quiera causando espanto en los morador es do la comarca, ó bien, en los ratos de o cio quo s e­mejante oficio me d ejaba, enfrascá bam e en ' la lectura, á que desde el colegio habia sido afi cio ­nado, de El S ec 1' eto d e Roma, LOIi JlIist erio s de Pm'is, el J~t dío En'ante, L as R u i na s d e Palmi- 1'a y en suma, todas las obras de este jaez que m e llegaban :í. las manos. Un día aconte ció que, á eso d e la s s eis de la tarde, mis compañeros resol vieron acometel' á un c~ballero que por su apostura juzga ron por hombre d e gran cuenta, el cual llevaba en el ar­zon delantero de la silla á un niño d e p o co mas d e tres años . Hicié ronlos apear, con intento d e aban­donar al niño á su suerte entre unas intrin cadas selvas que cerca quedaban, pues lo t e nian á. obs ­táculo para sus propósitos. Sobrepúso se en mí, acordándome una vez siquiera d e las adverten­cias sabias de mi madre, la compa si on á mis ma­los instintos, y desde aquel punto, viendo qu e ni la misma inocencia se libraba de ser paEto d e su codicia, determiné despartirme de aqu ella mesnada de inicuos sin decirles palabra, > y sal­var así á aquel niño del desas trado fin de p e re­cer de hambre, ó por las zarpas de alguna bes tia feroz, ó por la ponzoña de los r ep t iles . A s í, miéntras que ellos se encaminaban á i nternar­se en el riñon del bos que con el obj eto d e p o ­ner al viajero á euestion de t orme n to porque l es entregase todo su caudal, m e apod e r é d e l niño y dando de los calcaños á mi c a b a ll e ría , embes tí de estampía y no paré hasta que no me c o nside­ré libre do la perseeucion que t emia hubiesen puesto en ef~cto aquellos á quienes ya conside­raba como mis contrarios,. sospechosos acaso d e que yo los descubriera á la autoridad. Hube de andar esa noche obra de nueve leguas; mus, como imaginase que el niño- salvado seria para mi un estorbo, tuve por bien, ya al reir el alba, dándole un mendrugo de pan, dejarlo á la vera de un camino, cerca de los alrededores de una bellísima casería, confiando en que la pública caridad se cond::>leria del párvulo arrojado al acaso en el mundo; y luego al punto me alejé ' de aquel sitio para no dar lugar á s ospecha algu­na, con determinacion de volver á mie padres, > que no se daban punto de reposo lamentando mi desventura, y los cual e s esperaba yo tuviesen los brazos abiertos para recibirme. A esta relacion había es tado atentísimo Hum­berto, y así como llegó el relator á la última parte, no pudo vencer la turbacion, y gruesas lágrimas asomaron por sus ojos, bien como do-minado p o r h ondo pes ar. Arrimó las Ju a n !(Je~ peda á l a extr e m a pesad u mb r e, n aci da de alma Iolví reprimir mi carácter levantisco, y en vez de guitonear y andar á la que salta, tomar asient0 en un lugar ó manejar ántes el arado ó el recio azadon, gran­jeando la voluntad de Céres, que debia do es­tar reñida conmigo por haber cortejado á Pilas. Hice á Sempronio meI!uda relncion de las últimas cuitas y altibajos de mi vida, y él, con­dolido, a cojióme bondadosamente y me agasajú de buell grado, ofreciéndome su rústioo alber­gue, dOllde pasé muchos dias, atormentado por las r.emiuiscencins de la pasada vida, las ouales . se habian convertido para mí en afliccion y con­goja, una vez que habia visto la pendiente por la cual resbalaba á un báratro de miseria, y ha-bia retrocedido espantado. . Tomé consejo oon Sempronio para buscar el lenitivo de mis males, el cual fué de parecer, experimentado como estaba en la virtud y la discrecion, que el solo remedio que á mis penas con venia era acudir á 1lO saoerdote, y en el san­to sacramento de la penitencia cvmunicar con él los remordimientos que traian conturbada mi alma i que la confesion sirve á zarandar las pa­siones, y á apartar todo lo que puede empe­cer {L su pureza. Vine con el dictámen de Sem­pronio, y con solicitud, y despues do agrade­cerle su buen acojimiento y sus a.dvertencias, partí á realizar mi pensamiento. . Dirigíme al pueblo de La Pradera, á diez le­guas de la villa en que vi por primera vez la luz del dia i y encontl·é con un eclesiástioo, cuya. fisonomía, si bien no estaba aún blanqueada por las canas, infundia. respeto, y ouyas virtudes hacian felices á sus feligreses. La confesion fué prolija y fervorosa, y al terminar, sacerdote y penitente teniamos arrasados los ojos de lágri. mas, y nues~ros oorazones hermanados en el amor de Jesucristo i se me dió el pan de los fuertes i mis amarguras cedieron" la virtud que sentía penetrar ~n mi alma,"1 al contacto de aquella la pestilencia del pecado huyó " toda. • prlsa. Vuelto, pues, como de muerte á. vida, DO me faltaba por hacer sino, nuevo bijo pródigo, vol. ver á oasa de mis padres, postrármeles. y pedir .. les perdon por mia desav1os. Híoelo as1, diéron­me BU bendioioD, y tuve la dioha de traer' sus \'lltimos días el gozo y el contento, que .uoedió , loa lamentos 1\ que los hablan reduoido mis de •• • graolas. Desde aql1el tiempo que, por la kaoe - Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • LA TARDE 282 nueve años, no he t.ornado á 'seporarme del ho­gar en que nací, ni {~ reincidir en mis desvios primeros, y he perse,'erado en el bien, aplicán· dome á menudo lo que :sirvió de cura tí mi males. ('uatro años há murió mi madre eIl el seno del Se.ñor, bendiciendo á I!U esposo y á J uau su hijo, que perdió en ella la mitad dI:! su vida; y dos meses há, falleció mi padre de la misma manera, con lo cual quedé por heredero de todos sus bienes, ménos el sexto de ellos, que me previno lo entregase religiosamente á una hermana ma· yor suya, que no conozco y que vive al presente en la capital de la provin cia, la cual de algunos años acá ha tenido infortunios tantos, que ni el entendimiento puede diseurrírlos, ni son para contarse en tan breve espacio tiempo, y los cua­les la han traído al infausto estado de que la conmiseracion pública tenga que mirar por ella y sus hijos, la cual á lo que entiendo ha sido grande en extremo, pues les ha proporcionado el sustento, no dejándolus carecer de trabajo á que se dan con teson y constancia. Sorpresa y mucha ha de causarles mi llegada, y la dádí va que les voy á hacer han de considerarla como recompensa que el cielo les envia, tanto más merecida cuanto han sacado fortaleza de la fla­ca desgracia. Voy, pues, á c01'l'esponrler á la última voluu· tad de mi caro padre, y doy por bien servidos la mole .. tia y afan que el viaje haya podido traer­me, por haber topado con la buella amistad de un caballero de tan excelentes par~es, y de ha· ber hecho camarada con él siquiera por un cor­to espacio de tiempo. I (Se conclui1·á.) Al GENERAL RAFAEL MARQUEZ , IMPROVISACION A BORDO. Desde el tiempo de mi abuela, QU€ era una vieja machucha, Oigo hablar de larga lucha En la hermana Venezuela. y una lucha que así asuela A una tan querida hermana, Es una plaga tirana; Una de las diez de Egipto, Que bien mereoe un rescripto De la gente colombiana. Yo soy nieto de mi abuela, Como juzgo: lo crees; Pero es ya tál mi vejez; Tanto lo que desconsuela, Que un hijo de Venezuela Como tú, de bizarría, y de tanta lozanía; Al ve'rme en tan grande aprieto, Cree, en vez de juzgarme nieto, Que mi abuela es nieta mia. Puedes creer lo que quieras, y pasemos adelante: , No importa nada el sembhLnte Desapacible de Lléras ; Te dije, y hablo de veras Que desde tiempos remotos, Sean ignotos ó sean notos, Una cosa desconsuela: La suerte ele Venezuela Debida á sus alboroto, . , Despues de la independencia i Qué vino 1 La oligarquía; Un partido que servía De bandera ú. la violencia; Causa que, con imprudencia Pu o la garra del lobo, Con el fraude y con el robo, Sobre la egregia garganta De esa vírgen sacrosanta Que naciera en Carabobo! y el pueblo se volvi6 loco D erramo/ sangre a/ torrentes Que aumentaron las corrientes Del Táchira al Orinoco. Alguien dijo: " poco á poco, " "Cese al fin tanto desman,' " " Los pueblos recibirán" " Eso á que tienen derecho," " Si van á exponer el pecho" "Como lo expone Guzman!" -- - y " Guz man " ! dijo el Océáno ; " Guzman ! " grit6 la Angostura; " Guzman! " con grande bravura, El pueblo Maracaibano. y temb16 todo tirano: Por qué 1 Porque estaba viendo Que opinion iba perd iendo : Que eran polvo ya sus parques, Porque estaba Rafael Márquez La victoria presidiendo! y Márquez su frente inclina Ante el poder de la ley: y hace que el pueblo sea rey Sobre el valor de Colina. Desde ent6nces una ondina Hoy sobre los mares vuela Diciendo: " ya no desvela" "Tu horror, guerra; no te embarques;" "Que las victorias de Márquez : " "Dieron paz á Venezuela. " y el ciudadano valiente Que sin enojo ni zaña Con una corta campaña Pacific6 el occidente, Hoy se encuentra entre la gente Hija de una gran Nacion, Recibiendo la ovacion De aquellos que, Colombianos, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 283 LA TARDE --- - VCll en Venezuela, hermanos, Con fraternal corazOD. -- - lIIas . .. qué mucho 1 si tellia MÚl'quez (con perdon de ustedes), A la sensi bl e Mercédes, A su lado noche y dia, Yo, con semejante guía; Sin disponer de un fusil, y siendo un hombre civ il, Puro ni eto de mi abuela, DomÍnara á Venezue la D es de La Guaira al Brasil! -- Bie n venido seais los dos D esp u es d e campaña ruda, Pues bien sabeis que os escuda Por siempre el pod e r d e Díos ! Mas dejad que alce I4i voz, Mi voz d ébil y doliente, Para daros mi ferviente Saludo más fraternal, y una corona triunfal Pedir para vuestra frente. -- y si no estuviera aCJ.uí ... Tan oprimido y sujeto En este bo n go repleto ' De gente que ántes no ví, Ah ! yo os saludáTa a sí : " Que Dios con mano prolija" " A los dos siempre os elija, " " y os libre de un desengaño" " Por haber traido tí. Calcaño" " y á su simpática hija. ! " I 1 ::\In., no .,·ri, unn not" de llanto ñ lo s amore8, Porque ellos se extinsuieron, cun llas olne del mar Que juegan IÍ l a auror", con plácidos nunores, Y, huyen a l hondo piélago, los \icntos al llega r I ¡ Ni ya será 011'0 himno de cándida alcgrl.l Cual los que en otro tiempo bájo mi hog"r canté 1 i Ni cánt i co~, como eeos que modular oolía, .Aqueste ingrato mundo, y ñ cunnto en él soñé! ¡ Oh no 1 1 Que e l desgl'aciado que consumió la suerte, Sin tregua nl desca.nso, cnrgando e n orme cru z , No debe verter llanto, al contemplar su muerte, Pues su almn vivo en eombr!1s, y anbela velO la luz 1 ¡ No d ebe ya su m ente tornar á lo pasado D e risas y de ensuenoe de l oca vanid.\d 1 1 JlIil'emos, 1 al ma mia! la tumblL que está alIad o, Y on eete ¡;ério instante cantemos libert"d ! 1 Oh si! -j La luz d e l mártir se eleva de la fosa, Que alll muere n las carnes que causan el dolor! Y, el alma hb ertlLda de s u cadena odiosa, En Cl'll'idad ignívoma se eleva á su Señor 1 1 Que rian esperando los que se creen felices, Antes de que el destino l es grite el 1 alto ah! 1 1 Despnes de dulce. albas, hay noches infelices !. ... 1 Ay 1 1 CuánlaB de esas noches cayeron sobre mi 1. ••• i Oh juventud risueña , que vcis eorrer las horas • Con esa. indife rencia d e la primera edad! 1 Que os sirva H ebé laa copas dulces, adormidora9, Bie n pronto-mas, sus vinos del todo no apurad 1 j Mirad que aquellas heces 1 ay r son la desventura I 1 Que del placer las gotas, un mar de llanto son I 1 .Ah ! 1 Cómo cuesta al hombre de cara esa ventura :Fugaz, que compra dando, su .. ida y corazon 1 j Y cunndo ya se apaga de la iluston la llama; Cuand o se hiela el alma can sada de gozar •••• Un sedimento queda l ..... ¡ Y eete cómo se llama 1 - Bogotá recibirá Al Bardo venzolano, , Cual se recibe á un hermano, Que está. ausente tiempo há; Y Calcaño encontrará ¡ Oh Byron.'-Tú lo has dicho :-" ¡ Infierno sin cesa.r,I •.•• En Bogotá, una. mansion ; Que le dé satisfaccion ; A s us p esar es, consuelo; A su hija, un amigo suelo y á su lira, inspiracion. JOSE MANUEL LLERAS, • : • SEÑOR DON IGNAOIO BORDA. La fina generosidad de usted me autoriza para de­dicarle la siguiente composicioD, dictada en un dia que creí morir de una terrible fiebre. Tal como la concebí y dicté, se la envío, aunque ella no tiene ' ningun mérito literario. Acéptela como un recuer­do de su agradecido amigo, EL AUTOR. • EL POSTRER CANTO DEL MARTIR. ¡ Jete salue, ó Mort, libérateur céleste I J.&1or ABTINE. ¡ Vén, por la vez postrera, ¡ oh lira de mi vida ! A mia endebles manós, un canto á producir! I Un acorde supremo del alma adolorida! I Que quiero, como el cime cantar, que "a i. morir! • 1 Por Dios 1-1 T en eel en cuenta las tardes del Invierno, Los que gustaie ahora de primavera el sol 1 1 Guardad algunas flores-que el tiempo no os eterna­Para esas triste3 tardee, yertas, sin arrebol 1 1 Oh suerte! Cuando vienen de la v e jez los año!, O un tiempo de desgracias sin término jamás, ¡ Porqué oon rudo encono nos eáusas mntos da.ií08' ¡ Porq]lé botas espin~ por do pasando .vás , I Esta es la ley del mundo perecedero y trie te ! ¡ El mar como la gota se secarán tam bien 1 Que á todo lo que tuera, lo que vendrá y existe, Caerán las maldiciones de Dios en el Eden 1 1 Y yo, mártir-poeta, des .. enturado, en brevs Tam bien seré ya polvo, que mi hora se acercó I ¡ Y ptlrque déje al ~undo, y que nada me lleve, ¡ He de llorar acasoJ-¡ Deél nada quiero yo 1 1 Ay I-¡ s~o á algunas almas me llevára conmlgo,­Que me quisieron siempre, y á quienewtantoamé •••• Mas, las espero arriba, junto al Mayor Amigo, Al cual, por mis martirios, aguardo llegaré I 1 Y qu6 me importa luego que el viento de esta Il~a Disperse mis cenizas, sañudo, bramador I 1 No llora, no, la tterra, la mfaera palada De tierra, que íi. otro surco, le bota el labrador l ' • • , • • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. LA TARDE - ¡ y qUtÍ és el cuerpo humano! -1 Roy B~r que un alma mueve 1 I1>Iananp, cllando déje su c.plritu Inmortal, -Un molde amarillento que á n ada se conmueve! y dontl'o de diez años-ceniza sepulcral I I Ah 1-1 Y el olvido ctomo-¡ nuevn 10sI1 mort.uoria 1- Caerá sobre su nombre, si en nadn ilustre fué I Mas, pnrn e l que fnllecc ¡ qué import.'\ la memoria Que déje en este mundo, del cual yn nn<>n que lIevabacn el bo 110. -No tcmai , j<Í\'Cm, dij0 e l IIH\l'in0, aquí e tamos Luego se tendió al sol, y un momento de pn es aque- todos y p ob r e del que inte nte al go contra n osotros. Ilas patillas negras que tanto modificaban su semblan- Vamos, e muarqucll1 o l10S y !tabl:ll'cmo durante e l p¡\­te, quedaron tan rubias como las del más ca t izo ale · seo. i Parece, agregó ,ol,iéncJo. e al d e Ib¡íñez quo roan ó ingles, y de apareció el contra to que se nota- podemos haular .. in inconvoniente delante de' este ba entre las patillas negl'R y los ojos azules . j ó ven? Rien, dijo, gracias á este expediente, no t engo que -Con toda seglll'idad, contest6 el intC'rpelado. quitarlllc las patillas, lo cual es una gran y e n taja, El seií0r de IbMí ez tomó el timon y Enrique uno atendiendo á que si así no fuera me veria j)re c i ado á do l os remus. El marino los d ('jó obl'al' como para. parecer prior de un convenio esp'lñol Ó panad e ro fla- con,'encel"o de los c onoc imi e ntos y de3treza que te­menco. Ahora dejo de ser el capitan Fran ck , á quien nian en aquel arte. Luego se sonrió con ~aiisf:Jccion tengo la honra de no conocel" Puede sucecler que u os y dijo: conozcamos do una manera. bast.anto desagradable Ah ! lo entendeis bien .... Enrique tiC'l1e la. prác-para. él. tica ; pero vo s teloeis el conocimiento del arte ...• Veamos si mis credenciales e!'tán en regla ó si se -He s!do tambien mnl'ino. ha perdido alguno de estos papeluchos .... Con diez -Ahora bablemos, dijo el marino, mi é ntras iban mil bombas! •... me gusta más entenderme á cañona- abanzando mar adentro. Sabed que el d o n Luis IDa zo que con estos malditos que se pueden perder de acaba de revelar un plan cuyos motivos y fin no coro­un momento á otro. Si no tuviera tanto deseo de atra- prendo, pues no me atrevo á creCI' que sea el que él palo á estos dos perillanes, b abria renunciado á la em- manifi c tao presa. Pero, quien sabe. Tambien puede ser cierto . No erá. ~ada bueno segun las noticias que he po­esto asunto dcl tesoro, y no hay motivo de renunciar dldo adqull'll' acerca de ese hombre. Oh! si yo tuvie­á un buen bocado que nos cae del cielo. ra. certeza de que es él á quien busco. '" Tengo, in Por lo que me han dicho, esto señor de Ibáñez debe embargo, ?astante~ datos para creer que no me equi­ser un hombre de juicio, debe ser lo que se llama todo voco. Decldme cual es el plan que ha concebido y un hombre. venmos si podemos descubl'Ír el objeto que se propone. En e te monólogo llegó ú. la aldea y casi sin vacilar -En primer ¡ugal', es preciso que sepais ,que en se dil'Ígió á la casita que huscaba. Al Bcgar á la virtud de una carta vuestra, di¡'igida á nUdStros ami­puerta, se asom6 á la ventana un sujeto que no podia gos, recibí 6rden de venir á ponerme á vuestra dispo- 6er otro que el que buscaba, y así le preguntó: sicioD, SiD economizar dinero, ni saorificio alguno. En -Tengo el honor de hablar al señor de Ibáñez 1 Tiaje ya, babiéndome detenido en una posada de un --Al mismo, señor, qué me quereis? pequeño puerto á donde arribamos, tuvo lugar una de -Tengo algunos asuntos importantes que oomuni- . aquellas escenas que tanto nos agl'adan cuando j ÓV Q- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. - LA TARDE ---- --- - - - - - lles. Tom'í!,:I\Ilo alguTlo, ':1~0~ ue Vi IlO, cuanuo un I En e~to dCl>e ll1 b'\rc:t l'on .\' BI11'ir)lle par! IIj 1\ todo hO\llbrc de mal a:pe<:to y clIlllpldall1entc ébr io:,;e pl'C- C01Tel' h:icia. la caUafia. Al Ilegal' halló:l :'l:\ rta lIor3u­sent6 pregun tando por el ca pil an F r ank. Ya habia do y :\ Ju lia q ue la consolaba . • \ cel'có,¡c a ellas y e11 - yo oido ese l1(1111bre acompañado de CO lll cnta ri (f . poco tónces oyó la VOl' de d01l L ui" que g r i taba : l1Onr050- para el que lo lI e \'a ; pero pensando <:11 d i- - Ya lo en t iendes, entn'galos al capi tan F r ank ó \'l' I·tirme le dije q tll' ) o e ra. E ntónces me c ntrc~(j una yo te en t l'{'g:'\ ré á la ju -ticia. c:lI'ta, y a llllque qui"e .. acarlo del er ror e l1 que le ba - Y par t ió a gal ope t'11 u c:aballo. b ia pue to n.i n ·:,.puest.a, el al cal (le de aq uel IlIgar que E ll rique corrió h:ícia u padre, qui en lo r eci bit'> con e:.taua pre5<:lIte y que c~ de 105 nu lue lo illlpi - l0' brazos abi ert o. , diciéndole : d i<Í y Ilam:índome a partc, lile lIlal.iJi.·" t(Í q ue ,-ir nclo Hijo mio ! es preciso ql1e os salv(> is ' e preci o quc aql:eJ hombre Iwlig,l'o o Y estando fuera de la ley, huya i-. Id al ca, tillo y dccid al cO;1(le q 'le qui ero uq uella carta u(-' I,ia er inte rccptada, y que el COIIIO hab lade inmediatamente. Yo corro cn bu ca dt>1 Re­nUlorid a,d, lo hacia. Con c.1 mayor de, enfado la aurió ñor de Ibrder tiempo. Vogad, Enrique, con todas vues- el premio de esta mi eria, y de tanto ~ufrímieuto. tras f u(> rzas. Capitan, ayudad l e, no tenemos tiempo -Padre, dijo, Ell1'ique, voy á llevar vuestro recado que p tl·d cr. al conde. -~r i .-ad dijo el capitan, pnr'ece que hubieran es- -Xo, uo, esperad, dijo el de Ibáñez. y tomando (: l1cha'ln la 'lectma y que fueran iguiendo la instruc- al capitan por un brazo lo llevó fuera de la pieza y 'Cioncs claeb s. Allí va un barco lleno de gentes como le dijo: . las han pedido. Alhí, más léjos, se distingue una em- -Es preci o que todo lo sepais : yo S0y .... yacer­barcacilln mayor que no ha podido llegar á la Co. ta, cándo!:>e al oido del capítan le dijo un nombre en unn ]lera q l1e ha anclado. Ahí los tenemos: deben ser voz tan ba ia que apénas la oyó aquel á quien se diri­Frank .r su gente. gia. Ya veis que mi situ'\cion es angus tiosa, acn'iado -Si, sí, ellos deben ser; rememos, rememos, para de traidor á mi p tria, huyo de ella y dfl mi- enemi-il egal' cuanto ántes. gos que son lo suyos. No pnedo dil'jgirme al conde. El c'¡ pitan tornó un remo y con una calma que de- -y él Y su familia e tán en pelig ro. Qué hacer? scspcr<1ua al de Ibáiiez empezó á remar; pero al pri - -No o. inquieteis tanto, es perad. Entró, pidió mel' impulso que cÚlDunic<Í á la barca, faltó poco para papel, plullla y tinta:r escribió : qué dos compañeros saltarau al mar, tal fué el vi- Señor conde, con el pretexto de que en el castillo gol' que empleó en le maniobra. hay un t esor'O, quiercn atacarlo fingiendo un desem- El señor de Ibáñez jadeaba; corriale el sudor á barco de tropa fran ce"a - : si quereis impedirlo, ó por chorro por la frente: parecia que algun genio babia lo ménos defenderos, venid á la caLaña y hablaremos, cambiado sus facciones: e taba. herIDO o, pero cou aquella hermosura de l guerrero, que cau a temor y asombro: sus negros cabellos que apénas empezaban á teñirse por las canas, le caiau en de <Írden á un la­do y otro del resto; las cejas arqueada y separadas por una grande arruga vertical, le daban un aspccto imponente; la nariz dilatada, parecia que no era bas­tante para la respiracion, y que era preci o abrir un poco la boca, que dejaba ver dos hileras de blanquísi­mos dientes; el bigote retorcido y la contraccion de los músculos de la cara le daban la apariencia de quien padece un gran terror ó de quien e -tá domina­do por una gran cólera; pero estaba hermoso. -i Cuántos hombres teneis á vuestras órdenes, c:lpi tan 1 -No tengo muchos; SQlamente quince; pe-J:o no sou hombres como aquellos: los mios son de otr a es­pecie; con ellos DO hay nada que temer, y mañana colgaremos á Frank del primer palo que encontremos. -Es preciso i,' C0n cuidado. Mi casa está léjos y no quisiera que me vierau entrar. Enrique, por pri· mera vez, acepta vuestro ofrecimientu, tantas veces repetido, y me albergo con el capitan en la cabaña. -Ah! cuánto placer me dais, señor de Ibáñez; me adelanto á prevenir á mis padres, y como conoceis el camino po deis conducir al señor capitan. EJ. CAPITAN DICKSON. Entregó la carta á El1l'ique quien partió á todo c()­! Ter pen ando que ti de la inqui etud en que 103 veia á t odos principalmente á Marta y á Seba tian, iba á hallar e en un negocio importante, y probable­mente habria que pelea!', á juzgar por Jo que les habia oido decir al señor de lbáñez y al capitan. Babia oscurecido completamente, pero Enrique eo­nocia muy bien el camino, de modo que muy pronto cumplió su e, trayendo la siguiente respuesta: "Dentro de una hora estaré en la cabaña. No ten­go el honor de conocer al capitan Dickson, pero creo que quien da un aviso de esta especie no puede engañar." _ -Bueno, dijo el señor de Ibáñez; pero es preciso que el conde no me vea. -Por el contrario, es preciso que os vea y que los d1>s hableis y os recor.czcais. •
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 42

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