Por:
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Fecha:
11/04/1896
.LA MUJER
Directores: RIJ y F AR
SERIE lii } Bogotá, Abril 11 de 1896 { IIUM. 40
LA MUJER
EL PROGRESO EN BOGOTA
Indudablemente Bogot,{., con
sus alrededores, ha. progresado
algo n estos últiTuos quince a.ños;
por supuesto que ese progreso uo
es debido á tal ó cual Gobierno,
porque éstos poco se preoeupan de
ello, tt lo menos de un modo directo.
lla invadido, por ley natur( 1,
como invade en todas pm tes, corno
busca el ngua el nivel mf(s bajo
para. correr.
Antes de estos quince años no
teníamos líuea de tranvía á Chapinero,
ni ferrocarril de la Sabana,
ni el del Norte, ni luz eléctrica, ni
úíbrica de cristales, ni establecitnientos
de baños como el Guanahaní,
ni de cervecería como el de
la Bavaria, etc. etc.
Nuestros viajes fÍ ~1adrid, Fa.
c~tativá, Zipaquirá y otras poblaciones
de la Sabana, los hacíamos
en pésimos coches tirados por flacas
y malísimas bestias, y en un
viaje redondo, por ejemplo á Facatativá,
gastá.bamos dos días, uno
de ida y otro de venida. Hoy estos
viajes se hacen en menos de
un día, pudiendo quedar desocupados
de nuestros negocios en los
puntos adonde nos hemos dirigido.
Enantes para ir á Chapinero, que
es hoy barrio de la ciudad, y que
entonces tenía apenas una veintena
de casas, teníamos que hacerlo á
cn.ballo, ó á pie, con nuestra ruana
y sombrero ,jipijapa y bordón en
la mano. IIoy podemos vivir nllá
y tcuer n ne;'tros negocios en el
centro de la. ciudad, pues se pue·
den hacer, si se q uiore, veinte viajes
en un día con nuestro vestido
ordinario, y sin temor alguno al
invierno, al barro ni al polvo; y
su población ha crecido enonnemet
te, tanto qt e hoy ese barrio
cnentn. con más de cuatro mil ha·
bitantes.
Por 8U puesto que todo ese pro ..
greso deja todavía mucho qué de ..
sear: los ferrocarriles, que se puede
decir son ferrocarriles de alcoba,
aunque prestan muchos servicios,
no hacen el principal, que es el de
ponernos en pronta y directa comunicación
con nuestras tierras
bajas, pero muy principalmente
con la gran vía fluvial de la República,
el IY1agdalena.
El tranvía toda vía no recorre
toda la ciudad, ó sea los puntos
más importantes ó que más necesitan
de él; así pues, su servicio
es apenas á medias; y los paseos
mejores de la capital, como son
el Salto de Tequendama y Tun·
j u e lo, no tienen vía rápida y cómoda
de comunicación.
La maquinaria de la luz eléctrica
es una maquinaria vieja y
mal servida, y los focos en la ciudad
están á largas distancias, ha-
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314 LA MUJER
hiendo muchas calles qn.e carecen
absolutamente de dicha luz.
Ademá~, ésta deja de verse en
muchas noches, y su constante titilar
dafia la vista y los nervios.
La fábrica de cristales, aunque
es cierto que hace muy poco tiempo
qu~ se hn. establecido, y sn
QUeño, ~1 progresista señor Samper,
ha tropezado con multitud de
inconvenientel'j, todavía no puede
abost~cer á Bogotá, siquiera sea
en la mitad de los utensilios que
de esa clase necesita. Además,
no fabrica vidrios planos, de los
cuaJes hay en esta ciudad gran
consumo, ni bvtellas.
El establecimiento de bafios de
Guanahaní, que es tal voz el mejor
que de su clase se ha establecido
en Bogotá, y el cual está muy
bien manejado y presta útiles servicios,
tiene los inconvenientes de
estar en un edificio muy reducido,
con muy poca lu7, y ventilación,
por supuesto sin patios ni
parques tan necesarios para un
establecimiento de esa clase.
La gran cervecetÍa de Bavaria,
establt?cida por el inteligente
súbdito alemán, señor Kopp, proporciona
al público una bebida
agradable y bien confeccionada,
pero su precio no es todavía el
que debiera tener para ponerla al
alcance de la gente pobre.
Hacen todavía falta en Bogotá,
además de muchas otras cosas :
un hotel, ó varios, de bastante
capacidad y buenas comodidades,
en donde se puedan alojar lo menos
cien personas, con servicio
para el rico como para el de pocos
recursos, con baños, coches,
carteros, teléfono, etc. etc. ; uno
ó varios establecimientos de heladería,
bien surtidos y c6modos ;
un buen servicio de coches rurales
y de precio barato; una plaza
de mercado en el barrio de Las
Nieves; cafés y restaurantes bien
montados para señoras ; paseos,
parques y multitud de otras cosas
que ]as columnas de nuestro periódico
serían muy pequeñas para
poder enumerar siquiera la mitad
de la mitad.
LOS CONnJOS DEL OEMENTERIO
Son las cuatro de la manana; sslgo
dbl baile no la ópera; mis orejHs tiemblan
RÚ I'l con las vibraciones de la orq
ueEta. do Strauss. Mi portero .se desp
ierta rcfnnínf1ando y, por la ventani
lla, c omo ól Jn lllLma., mo presenta
su mano un:1 carta llegada en la noche
anterior.
H ó aquí lo q uo te mo dicu (ll1 ella:
"Querido sefior:
"He hecho una enza soberbia. ¿Sor1ais
tan amable para venir esta noche
á gustar de lo que he cazado? ... Es una
caza nueva que voy á recomendar.
" Contamos con vos ...• un apretón
de manos.
" Pour.A.RD,
t: Marmolero y empresario de aepul·
croE', en Yo espero allá ar1'iba, avenida
Oharonne."
Saliendo de la ópera .•.• brrr!
* * *
En resumen ... el campanario de lac,r-cel
de Roquette lauzó al viento las ocho
eu momentos que yo pagaba á mico·
che ro.
Entré En el Yo espero allá a1··riba . .•
Comida espléndida, convidados serios:
Dos empleados de la empre~:a fúné·
bre, un fabricante de ataúdes, un guar·
da del cementerio y tres confeccionadores
de coronas.
La comida estuvo muy alegre, á fe
mía.
:rt1í anfitrión es el inventor de eate
epitafio:
"'Dejó nquí abajo sus pesarrs .••• y
una fortuna que le ha permitido elevar
este monumento."
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LA MUJER 315
Esto ea deciros que es jovial ••• En
su casa se canta siempre á los postres,
y recio, os lo puedo asegurar.
Se cantó y se bebió .••• se bebió, sobre
todo, tan bien, que los cerebros se
desarreglaron; que metiendo su bizco·
cho en el salero, el fc1bricante de ataúde3
le hacía gui nadas ...• á u na con·
feccionadora de coronae; que los empleados
de la empresa fú.nebre a.compaf1abau
siempre un mismo refrán, gol·
peando con los cuchillos en sus copas,
y que el guarda del cementerio cantó
el Elogio ds la vida, de M. N adaud .•••
E3 yá la cuarta vez que su infiel memoria
le obliga á recomenzar la copla.
Cuando terminó la comida hablaron
Jas damas entre sí, los hombres se distrajervn
con el humo de sus cigarros, y
mi anfitrión se me aproximó:
-Querido mío, me dijo, ¿qué pensáis
do la comidaf
-¡Pues muy buena!
-¿Y mis conejos?
-El barón Brisse se sonrojaría.
-¿Y eon cóis esta raza?
-¡Pllrdioz, qué o~urrenci~! ... ¡Cone-jos
de sotillo ó de conej-u!
-¡ Salid de acá, bromista! Yo no os
hubiera i nvita o p a ra eso; son .•.•
- ¿Qué?
-¡ Uunejos del cementerio!
* * *
Lo con fieao, para gloria ó vergüenza
mí·, que teugo un estóm11go que envidiaría
nn ·di'Omcdario . ..• Sin embargo,
sin embargo .•••
¡ Oonejos tlel cementerio .••• 1
E3 decir que todas las mana nas los
mamíferos, que tienen mi estómago por
sepu l tu r11, roen la corteza de los ci presea,
lt-.a raíce~ de las siemprevivas, y,
¡quién sabE:', quizá tRmbién los ángulos
do 1/)s cajonea de los muertos!
BL n puede ser uno de constitución
robnsta; uua revelación semejante atrae
siemp:c en el organismo cierto males·
tar ...•
Pero basta ..•• mi palidez .••• mi
azorada mirada, nada revelaron á. mi
anfitrión, porque continuó:
-Sí, mi buen amigo, ¡conejos del cementerio!
. .•• ¿O u dónde vienen .••• ?
,_Do Romlnville? ¿De Charenne? ¿De
.H 1gnelotP L'> ignoro .••• L') q u o hay de
cierto es que, de3pllé3 del día en que se
cierra la c1z~, el Pere-Laoh 'i~e e3 in-vaciido
por este roedor .••• Todas bs
noches los guardas ponen lazos, y á la
mariana signiente los conej'>s duermen
ahorcados sobre los monumentos ..•• es
decir) que la sombra de Abelardo P.ue ..
de creer que los amantes dichosos vienen
todas las noches á sacrificar una
víctima sobre su mausoleo •.• Es una
caz!l curiosa á pedradas, á palos. ¿Sois
hombre de levantaros temprano para
ver eso?
-¡Yá lo creo!
-Pues bien, maf1ana por la manana.
-¡Convenido!
CuBndo el día despuntó, haciendo
peaetrar su pálida luz al través de las
cortinas, mi anfitrión hizo sena para
que lo siguiera, y salímos.
* * *
.El cementerio estaba completamente
envuelto en la neblina de las maflanaa
de invierno; con dificultad vemos muy
cerca de nosott·os destacarse los matt·
soleos en la neblina que nos hiela •••
To'lo estaba en silencio; la arena blanqueaba
bajo nuestros pies, y algunos
pájaros, espantados, huían al apro.xi ·
marnos.
Hemos penetrado por la pequona
puerta; seguimos el camino que conduce
á la capilla; después, subiendo
siempre, hemos llegado al viejo come -
terio, aún arbolado, cuando de pronto
me dijo mi guía:
-¡No os mováis, yál Tomad es.te
palo ..•• atención.
En segllida se deslizó entre las tumbas,
y desapareció entre los cipreses.
* • *
¡El silencio, las tumbas y las crnces
medio perdidas entre la neblina .•••
los árboles negros que ninguna ráfaga
agita .•.• loa peqneftos jardinillos c~m
sus disenos de boj, y la gran idea de
la muerte cerniéndose sobro todo eso .... 1
Me estremecí; mi espiritu se llenaba
de recuerdos ..••
¿ Ouánto tiempo estuve allí .••• ?
¡Fru;sfruisfruia .•• !
.Es un animal peludo que pasa por
entre mis piernag,
Me sobresalté ..••
Otro, dos, tres .•.• Oí gritar:
-¡A vos!
Entonces volví en mf, cogi mi g~rrote,
lo levanté y err6 el golpe con qae
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816 LA MUJER
debiera haber matado un hermo ... isimo
conejo.
* * *
-¿ En qué estab is pe1:1 ando, puo~?
mo nijo mi guia, aproximánicsc; los
erráis y se os paFan por en tr .. , las piernas
.... por aquí y á o; cosa corcluída;
vamos pronto al otro lad•) .•.. Pero
pronto, porque es l1 hora en que se
abren las puertos, y la gen te Ya á renir.
Nos apresurám0s .... de pronto, á
veinto pasos alelan te de nosctros, se Bgitaron
dos ci rreses .... Ocmo el viento
estaba aún dormido, era, por lo menos,
singular aquello: no nos movimos más,
y nos oc u 1 támoe. ·
* * *
Una joven rubia, como do diez y ocho
afio~, páltda y de pobre aspecto, tiri ·
tando en sus pobres ropas do percal, se
ha levantado: deslizándose por los sen·
deros que separan lo3 monument0s, la
vemos inclinarse ant ciertos sepulcr03,
pnsar stt brazo ent ·e las rejas
de las puertas, y en s gnida. esconder
en su delantal lo quo su m no acababa
de tomar.
¿ Qué hacía?
-¡Es una ladrona! dijo el mar moler,>.
L~ seguimos; ha abandonado los sen~
deros para tonnr otr:1 yez el c!\mino
princi pa1, y en, mina á va~os rápidos, velozmente
.••
P~>r fin, se detiene auto un terreno
ondulado, sobro el cual hay una cruz,
que no tiene más que un nombro y
estas palabras:
" A MI MADRE."
Se arrodilló: entonces sus manos dejaron
(·aer las extremidades de su delantal,
del cual cayeron:
¡Un ramo y dos coronas!
F. MORTROSIE.
¿Por q11é?
Si hay carmín en tus mej illlls,
Alabastro en tu gargant9,
Flores frescas en tus labios,
Luz del cielo en tus miradas,
Me dirás ¿por qné motivo,
Hermosa desventurada,
Todos aplauden tus dotes,
Todos celebran tus gracias,
Todos to ven y te admiran,
Pero r~ingnno te ama?
¿Será que todos conocen,
Para tu eterna desgracia,
Que eres como rstatua griega,
Muy bella po·o sin alma?
Contagios.
Varios r·xpm i m<'n tes hechos rara determitH
r la manera de transm';sión de
onf•.HmeJad· ·s con bgio~as, pruoba.n quo
nn~ de los más temibles agentes de cont:.
gtO es la mosc1, que, como es sabido,
frecuenta sit.ios infc1;Ls y se pGEa luégo
en los alimentos ó sobre los animales y
las personas. Otros mecl íos de tmnEmitir
nfermedtlrlcs 8') n h ·s F.elJog de correo",
los sobres de rarto, los peÍm's, las toallas
y navajas usa. las en l uga t· c.~ rúbliCO(
l, la moneUa metál 'ca; pel'O ~ohre
Ldo esto no hny nada más á propósito
para Ja transmisión de enfermedalea
C?ntagiosas, que el papel moneda, y espeCialmente
el do poco valor, por ser éste
el da más circulació 1. N un ca. ea demasiailo
todo el escrúpulo que se use al
contar dicho papel, y si esta operación
so efectú~, como acostumbran algnnas
p tsonas, humodeciéndoso los dedos en
los labios 6 o,l la lengua, !tada más fá·
cil qne a lquil'ir t··rribles y asquero~as
enfermedades, CJ&i sic m pre incnrablea.
No es nada exagerada la costumbre de
algunas penonas, de baflarse las manos
con j:lbón después do haber manoseado
cualquier canti(lad de papel moneda.
El tabaco, y en es necial e.l que se m a·
nufacttu(' en la Habana, es un modio
probado de contagio. J;os operarios cubanos,
de uno ó de otro sexo, acostumbran
rematar la punta del cigarro con
los labios y la lengua, y si el fumador
no tiene la precaución de cortar el ci ..
. garro hasta más arriba de donde pueda
haberse impregnado de saliva, está expuesto
á contraer la sífilis ó los demás
males contagiosos de que padezca el
obrero.
Madrigal.
N o te amo, me decían
Sonr1endo una vez sus labios rojos ;
Y es mentira, afirmab~ eon los ojos.
Y hoy me dicen los labios :
Sólo por tu carino amo la vida,
Mirando hacia otro lado distraída.
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LA MUJER 317
Por esto h aborrezco y amo á un tiempo,
Que un nbsnrdo fcro qne tendrá la
honda de enviármelo. Lo (lstoy uguar
dando con irnpacienc :a." Al día sigu ient9,
In joven recib ió de sn mache Ul ' a
respuesta, concebicln. en catos términos:
''Querida hij-1: te mandnré el espejo q no
me pides; sólo qn \en Iug. r do uno recibirás
tres . . . ED el ¡.rimero verJ.s
lo q~t!J eres; en el segun lo, lo que sm·á~;
y pot· últ imo, en el tercero > lo que debes
861·."
Cuando hubo concluído l. lectura de
la e rtu, la joven se ent1· gó á mll con
jeturns; mas tuvo que resignarse á esp
erar, cosa que e esta bn wtante á los
d iez y seis anos. Así es que contaba 1 s
días, las h ora3, l os mi 1ut s que ¡ns ;bnn,
sin 1 ecibir la nnn 1 'iada remesa,
Por fin, después ,1e trt a mortales día~,
que le pareciel'On tres siglos, ilegó una
cnjn; así qne se la hubieron entregado,
la j0ven se la llevó corriendo, y encerrándose
en el cuarto, ee dio prisa á
abri rlu.
L') primero que se presentó á su vista
fne un pnqnete cuidadosamente envuelto
y mRrcado con el número l. Abriólo
con precaución. El corazón ]e daba
fuertes l~tido3. ¿Qué era lo que iba á
vor? Halló un modesto perv fiel espejo
que, según la promesa rle Stl buena madre,
le mostró lo qtte e1·a: su juventud,
su lozanía, su belleza, en una p dabra,
las gracias y los encantos de la prima
vera rle la vida. ¡Oh, qué buena. es
man1ál dijo la nifia; y loca de contento,
dio cándidamente un beso al espejo.
Pero ¿quéesloq'Je podía contener
el segundo paquete? Abriólo con curio-·
sa ansiedad, y halló un cuadro quo representaba
una calavera: otro fiel espejo
de lo q'ltB había de ser un día. La
joven empezó á comprendrr la lección
de su madre, y e3tu vo con te m plan do
más tiempo el segundo espejo que el
primero. Quedaba el tercer paquete.
Comprénde~e que, después del eegundo,
la joven hubo de experimentar cier·
to temor al abrirlo; Pin embargo, su
mano a.brió la cvjita. ITn grito de alegría
so ea e :A pó d~ su pecho al hallar,
envuelta en un pafio do seda, la imagen
de la Inm.wnlada Concepción. ¡Hé aquí
lo qu,e debo se1·, exclamó, y lo que seré
con la gr¿Lcia de Dios! Y arrodillándose
al punto, oró largo rato.
AGUINALDO
(Para el álbum de Carlina).
Me has metido en un nprieto
Que el cerebro me lastima:
~so de lidiar con rima,
Con roma'lCe 6 con e wrteto,
O pensar en un sont'to
Que tánto trabajo cuestn,
O h ·wer dócim~ ·como esta,
N o es cosa tan b·.la. •:H,
ltlaa, como te la ofrecí,
V11 1 primera por muestra.
Yá St\lí do lo primero
Pon ir nclo, sí, un asouan to,
l~n lug u· do un consonante
Qno lHcosit.a ol p ·)Gtrcro;
Este CB error verdadero
Que la métrica castiga,
Y q w tú, w i buena amiga,
No uej·U'áS de untur;
Por eso voy á. dejnr
La décima que me hostiga.
Allá voy con la quintilla
Y á entrar también en cuestión;
~Qué te diré? .. ¡Maravilla!
!Que eres modesta, senci !la
Y de sin par corazón;
Qae tienes mucha hermosura;
Prendas sin comparación:
Un alma célica y pura,
Depósito de ternura
Que sirve de te11tación!
Que te quiero ... (¡qué osadía
Hablarlo aquí de .. eariflo .. !
Vuelvo la hoj>i). Te decía ..
Que verte feliz quería
E inocnn te como un ni no.
~fe tiene yá. fastidiado
Este metro, la quintilla.
¿Te gusta el n1etro variado?
¿El cuarteto? No es cansado,
Es una estrofa sencilla.
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318 LA MUJER
Mano á la obra. Te decía
Que quiero verte dichosa,
Y como eres hasta el díi,
Pura, modesta, virtuosa;
Que seas muy afortunada,
(Y sí lo es, pues me ganó),
De los hombres respetada
Oomo te respeto yo.
Que no vuelvas á meterme
En empresa tan llldina;
Retar al que se halla iuerme
N o es chiste, bella Carlina.
El ade de hacer estrofas
Tiene mucha3 amarguras;
¡Juro, pue~, qne si te mof11P,
J.,o haré yo de tus costuras!
¿Tá crees qno hacer un cuarteto
Es prender u tHl arandelaf
¡Ni lo p;cuses! ¡ '1\~ prometo
Que es lidiar cou 1~ caudola!
Escúchame (se dirá
Q11e v )y á darlas 1lo vi ojr,);
E3CÚ vh!lme esto consejo
Que do algo to servirá:
Nnnc~ apuestes con pootas
Aguinal1los de cst \ c!as o,
Q11e si algo se h 'lCtl, se hace
Por salir de calza'.! prietas.
No dejes da recordar
Quo me diste gra•tdo miedo,
Onando te sentí gritur:
"¡ ?tiis nguinaldos, Rogelio!"
Vuelvo con el asonanto,
¡Qué capncho tengo yo!
¡ Rogelio! buen consonante ..
¡EL cuarteb so danó I
~fas, en fin, acabar quiero;
Lo hago muy mal, yá. lo ves.
Guárda este rf'galo, e m pero,
De tn amigo muy sincero
Y afect1simo,
ÜORTBS.
Diciembre: 1893.
FJL ABUSO DEL O )RSE.
En B~silea, en un b'lile da lo hace algún
tiempo por unoa oficiales, una d3ma
se desmayó bailando ua Vtli. Se acudió
en su socorro ; se le pr Jdigaron en
el acto lo3 cuida lo3 mé tlic;>s. Tolo fue
inútil; la j >ven o:>quetaJ que para
adelgazarse el talle se había apretado
demRsiado el corsé, acababa de morir
de sincope.
Sin tener un re-;ultado tan fatal, se
debe decir que el abuso del coreé crea
con frecuencia en ]a mujer, á causa
de la contracción enérgica y continua
que determina, desórdenes más ó menos
graves. Digamos, en primer lugar,
para permanecer en los límites exactas
de la verdad, que loa corsé a no ejercen
ninguna acción nociva cuando no están
muy apretados; los diferentes desórdenes
que pueden causar se hacen sentir
cuando la presión es demasiado enérgica
y prolongida.
Ahora pues, si la mujer, en muchos
casGs, sa aprieta on extremo el corsé, y
si hace sufrir n&í á sus órganos una
verdadera tortura, r s par:~ tratar de
realizar lo más pmibl o el i leal estético,
qn 1 no eq, sin e mbargo, más quo un tipo
convencional y qne varía á cada
instante.
En cfo 3to, no sólo l os caprich s de la
moda h fl n impnostn nl traje, en la serie
de los siglo", un grnn número de
modifi caciones sucoaivas, sino que también,
con c1csprecio del respeto que se
debe á las fot mas de la naturaleza, se
ha procura::lo modificar ol estado anatómico
del dorso, y crear así un nuevo
tipo de belleza. Así es como exRminando
las diferentea Venns de nuestro3
m.us l! os, que nos h·~ ltlg~do la estatuaria
antigua, percibe uno que varias difieren
notablemente de~de el punto de vista de
la anatomía de las formas.
Eu Ja Venus de Médicis, por ejem·
p1o, los hombros son salientes hacia
adelante, lo que redondea la parte superior
de la espalda.; el tómx está BJ3·
trechado al nivel de su tercio inferior,
y el dorso se ensancha á p·Lrtir de la
última costilla falsa. Pnes bien, eete
género do belleza no r-ra únicamente
un ideal reprojucido sobre el mármol
por el artist~, sino una copia tomllda
del natural de un tipo estético que las
matronas griegas se esforzaban en hacer
adquirir á sus hijas, por medio de
presiones apropiadas. Si se mira, al contrario,
la Venus de Milo, se ve que representa
el ideal más completo de las
formas libremente desarrolladas de la
mujer. Esta not'\ble estatua será l:áem·
pre, con justo titulo, el prototipo absohlto
de la hJlleza femenina.
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LA MUJER 319
• Durante cierta época (1833 á 1838),
las mujeres Ee empennron en reproducir
en Joa salones la pr.stura y los hombros
redondos de la Venus de Médicis;
el coreé, bastan te n pretado, les daba
ese talle esbelto, tan estimado por los
ant.iguos. Más tardr, habiendo cambiado
la moda, unas mismas mujert'S no
preEentnban yá. un mismo tipo.
Hoy se tiende á volver á esa moda
de 1833, y actual m en te el colmo de la
elegancia y la g1·acia (S representado
por Ja düminución, cada vez mayor, de
los diámetros inferiores del dorso, en
provecho del aumento de los diámetros
superiores. Pues bien: esta modificacíón
de las formf\s exteriorea no se puede
obtener sino por Hna opresión intensa
y prolongada.
Ambrosio Paré cita el caso de nua
novia que so halda apretado hmto, qne
se murió en el ciía. Pelletan cita igualmente
otro hecho semejante: el de una
joven actriz del Odeón, que murió en
Ju. tscena.
Loa efectos inmediatos de un cors6
demasiado apretado se ac:usan por una
gran dificultad de la respiración y de la
circulación, que pueden determinar ahogos
y hasta síncopes.
La respiración es la primera función
que manifiesta FiU perturbación; se precipita,
se acelera al principio; en seguida
reaparece la calma; se puede ver entonces
que el número de respiraciones
por segundo disminuye sensiblemente,
y que de cuando en cuando son entre·
mezcladas de una ó dos grandes inspiraciones.
Esta dificultad constante en Ja función
pulmonar l'eacciona igualmente
sobre el corazón, cuyos latidos, para lu- ·
char contra el obstáculo, aumentan en
número y llegan á ser incompletos. Se
comprende entonc(ls que el menor esfuerzo,
el más pequef1o cansancio, pueda
ser el punto de rartida de palpitaciones
en un órgano que yá no puede
funcionar ccn desahogo.
El estómago sufre ignalmen te con ]t&
compresión producida por e] corsé; las
mujeres que se aprietan mucho, casi no
comen, 6 se ven obligadas á soltarse un
poco antes de comer; cuandv no pueden
hacerlo, y obedecen al hambre, ex·
perimentnn enfermedades penosas, y
sobre todo sofccacionea que no cesan
más que deshaciéndose del corsé. jOuán ·
taa dispepsias y h~sta gastralg·as son
debidas al mucho apretanet
Hasta el h1gado y los demá3 órganos
abdominales pueden sufrir trastornos.
Pueden obstruírse á consecuencia de la
presión ejercida sobre ellos por los intestinos,
que los cortés demasiado a pretadoa
echrtn hacia abajo, y de la dificultad
que se produce entonces en la
circulación sanguínea.
Se han visto también ciertas hetnorragias
de narices, á consecuencia de una
presión demasiado enérgica, y cesar en
cuanto ésta desaparecía.
Al terminar, diremo3 que no hemos
(\nerido atacar aquí má9 que el abuso
de una de las piezas de vestir más · de·
licadas, y que al hacer del corsé, no el
tirano, sino el Eervidor fi~ 1 Üe los encantos
de la naturaleza, la mujer pondrá
en })ráctica esta máxima tan justa
dol poetu: "Sólo la verdad es bella; con
ella se nnradn y se puede agradar 1· rgo
tiumpo.'
D ctor liiXYQ REC.
CONFERENCIAS
SOBRE LA. EDUCACION DE LA MUJER
POR MEDARDO RIVAS
(Continuación).
Su vida era un verdadero prodigio;
sus confesores le ordenaron, para guía
de las otras monjas y para ejemplo del
mundo, que la escribiese, lo que ella
verificó con tánta sencillez, pero con
tanta elocuencia, qne después de tres si·
glos hay placer en recorrer esas páginas
y ver los destellos de esa alma inocente
y dominada del amor divino.
Las obras princi palea son:
l. A Su vida, escrita en el ano de
1562.
2. • Camino de la perfección.
3. a El Castillo interior ó las Mo-radas.
4.• Fundación de los Monasterios.
5. • Sobre los cantares ele Salomón; y
6. & Las cartas, cuya elocuencia y aa·
biduría les han ruerecido la rElimpresión
en este siglo ilustrado.
Esta mujúr admirable por su talento,
esta monja inmorta1, fue Santa Teresa
de JesúP, llamada la Angélica por el
espíritu divino de que estaba animada;
y declarada DoctcA·a de la Iglesia, por
la profundidad, ciencia y maestría con
que escribió sobre la Biblia y las cuestiones
teológicas.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
32f) LA MUJER
Entre tantos libros como en aquella
époea se escribían en lr s mon n. sterios,
sólo las obras de SJn ta Teresa so han
faivado del olvido del tiempo; y de tantos
autores de 'reología como er. ton ces
hubo, sólo el nombre de una mujer ha
conqt:listado la in m0rtalidad.
Referiros la historia do rada una de
las mujeres célebres por su inteligencia
é instrucción, eería hacer la historia
tltl progreso del mundo, porquo en cada
época una mujer ha prestado contingente
poderoso á la obra común de la
ciencill y de la literatura.
JiJn el siglo de Luis xrv, cuando el es·
piritu francó~, largo tiempo retenido
en límites estrechos, ron1pi6 de repente
ias trabas que parecían retenerlo, y se
lanzó con ímpetu y produjo admirables
obras maestra9; en esa época. maravilloea
para la literc1tura francesa, que comienza
por Mtdherbe, abraza á Uornei ·
lle y á Racine y cuncluyo con Fenelóo
y Boile¡m, utu¡ mujer se hizo también
notable alternaudo l.wllam nle c on aq ue·
llos genios divinos: ma unm a de Deshouliers,
cuyos ver t:: o8, 11 nos de g1 acia
y natun l id:H.l, eran Rpr endidos d ~ me·
moría por to -l as las danws de la Co rt e;
á la que en med io de los elogi os llegó á
llamársole la Décima musa; y e: u y as
églogae se leen toda d l con un sn premo
agrado. Tambión m~darwt l) ,wíor y
otras muchas literatas P.ostu vieton ül brillo
de su s,. xo.
Después vemos á matlama de s~vigué
que vivió en el siglo ?VI 1, tan conocida
por las fumosaa Cadas á Hl hij1.t llenas
de luz, de sePsibilidad, de dulzura y de
elocuencia, y que sc.n admirMla~ como
el más puro modelo de la correspondencia
epistolar.
:Madama Cottin, que tuvo on el siglo
pasado gran celebridad como escritora;
que dejó infinidad de novelas, entre las
cuales t!stá lsabel, ó los emigradus á üt
Siber'Ítl, romauce tierno, dulce, lleno de
perfume y de belleza, c ::meagrado al
amor filial llevado al heroísm0.
(Continuará) .
Conocimientos útiles.
Pat•a conservar los objetos de cnero.Para
conservar en buen estado }(os ob·
jetos de cuero e m pleudos en las fincas,
como arneses, conet1s, coyulH.iaf, etc.,
se frotaráu con un linimento que ee
prepara calentando una parte de aceite
de higuerilla con una parte de sebo de
res 6 de carnero. Preparados así los ·
mencionados obj.3tos, se mantienen dó·
cilcs, se preservan de la humedad y no
los ataean los insectos.
Para dest1·uí1·las pulgas.- Para destruírlas
en el piso de una habitación,
póngase una olla de agua al fuego, atlf\dar,
sele doa dracmas de sublimado corrosivo
; déjeso hervir el aguH, y con
ella, estando aún caliente, rocíese el
aposento Llespuéa de bien barrido. De
esta m a u era las pulgus quedan destruída9
y no vuelven á r t producirse, con
tal que se repita la operación dos veces
en cada mes.
Dulce de zapote .-'rómense zapotes
bien tnad uros ; pélense, quítese les la
semilla, téngaseles medía hora en agua
de sal; se lavan en agua limpia, so reducen
á musa, y ésta se echa en almíbar
clarificado; y á fuego lento se
está menear.d0, lHts \ 1 darlo el punto
de conse r va para ser ir1a on c~. jetus ó
<.'n bollito ·.
Charada.
Sin ti mi prim e ra es nada,
J..~ ·\ eegn nda se hall¡\ en mí;
Y l t odo ·11,) la ch ·1ra d
Soy y o desrl 3 que t v vi.
olución á la chura a del número
anter ior :
Con el do agudo
Del gran Mozart,
Princ ipia elnombr13
De una. bclund ;
Y, entre les lo1'es
Du Albión, t.st.án
Laa ci uco letras
DJ mi ficud .
Si CQtWcrt t,dn.s
LA-s voces van,
Nunc a, Dolores,
1Ie olvidarás!
DEORETO NUM €11.0 161 de 1888
(17 DE FEBRERO),
sobre prensa.
(CONTINUACtO:o~)
Art. 17. L~ explicación ó 1ectificación
cons a bida. deberá sar exc ~ usi vamen te
Fuente:
Biblioteca Virtual Banco de la República
Formatos de contenido:
Prensa