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PERIODIOO DEDIOADO A LA LITERATURA
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erie n. Bogoti, 6 de Febrero de 1875. Número 22.
Al\. DE.
EL DOCTOR SANGRE_
(Contilll1:lcion. )
FiESTAS.
-" Oielo hermoso, ya no te veré más!" así
exolamó Garcfa, al despertarse despues de un
su eño fatigoso y pesado en que su alma habia
sufrido las torturas del infierno y su cuerpo habia
luchado con la angustia y la fatiga, como el
pez moribundo entre las ondas negras y pesadas
del mar de Sodoma.
El cielo estaba alegre, azul y sereno y una
de sus luces ontraba juguetean ~ro al tl'aves de
los negros enrejados, como si quisiese llevar al
reo Ulla ilusion de esperanza, léjos cantauan los
gallos y las campanas n.e la iglesias despertaban
á. la dormida cin rlad.
García saltó de la barbacoa y sus ojos maquinalmente
se posaron sobre la cruz que colgaba
en la pa.rea como la illlágen de la resul'eccion y
la gloria. Hay almas para las cuales los grandes
peligros son como el fuego para el acero,
las retemplan y afirman. Así era esta: el remordimiento
y la duda la habían agobiado; la
muerte cercana le volvia su vigor. Alzó sus
ojos á Dios, se despidió de la v ida, cuyos principales
acontecimientol! habia repasado lugubremente
su sueño anterior y esperó la hora.
No tardó ésta en llegar: corrieronse los cerro·
jos y el preso sumergido en una meditacion
profunda no oyó su crugido. Valverde entró con
aire desenfadado, el manteo echado al hombro
y hácia la nuca el sombrero de teja. Era. talllbien
hombre de pelo en pecho y juzgaba que si
el anuncio de la muerte puede causar impresion,
la muerte en si misma era más bien un premio.
Dejóse pues de salamerias y gritó:
-García, los momentos urgen,
-Ya lo sé, padre, estoy listo.
-De rodillas, pues j ya sabes la obligacion
del cristiano.
Sentóse Valverde en la bnbacoa, quitóse el
sombrero de teja, dejando al aire su ancha corona
que con la calva se confundia, apoyó la
cabeza devótamente sobre In. mano derecha en
que colgaba su pañuelo de rabo-gallo y prestó
atencion. El reo se santiguó y poniéndose de
rodillas acercó sus labios al oido del sacerdote
y dejó caer en él sus confidencias íntimas, la
historia de sus miserias y do sus desgracias.
AlU el sacerdote no es hombre, es un vicario
do Ori to cuyas palabras bajan como del cielo,
llenas de uncion y ternura. Despues de una hora
de conferencia, Valverde se quitó la mano
del rostro, bañado en sudor y bendiciendo al
preso le dió un estrecho abrazo, diciendo como
Oristo: Vade impace.
El preso se levantó: su marmóreo semblante
e taba resignado y tranquilo j su alma no vivia
ya en este mundo, la voz del sacerdote la habia.
llevado á. los horizontes de la inmortalidad.
La familia de García no habitaba en la capital,
pero dos ó tres amigos llegaron á darle el
último abrazo y á animarle con sus palabras: á.
todos contestó con serenidad.
En seguida entró el alguacil mayor, seguido
de una turba de agentes subalternos que traian
unas grandes tijeras y una larga túnica blanca
manchada de sangre. Por órden del alguacil
mayor, so pu o el preso de rodillas; uno de los
alguaciles le cortó el cabello y otros dos le pu"
iuron la t ún iea.
Afl:era se oía el murmullo de la plebe, aglomerada
á la entrada de la cárcel, en donde una
humilde borrica, tristemente enjaezada, esperaba
á su jinete cosas de Esp'lña.
Eran las ocho de la mañana. El preso salió
sostenido por los alguaciles y acompañado por
el sacerdote. Montáronle en la borrica y cuatro
soldados de ccl.saquilla azul y calzon bajo tocarOn
en sus pitos y tambores una especie de
marcha fúnebre, en tanto que Val verde recitaba
con aire gangoso las oraciones de los agonizantes.
La gente do la plaza miraba, cuchicheaba
y tal vez sonreia, que hay almas tan viles ó ignorantos
que hallan una fiesta en la muerte
bárbara dada á uno de sus semejantes por una
sociedad que no se sonrojaba de llamarse cristiana.
El cortejo marchó al centro de la plaza, en
donde la horca alzaba sus de'3cal'nados brazos
dejando ondear al aire la soga fatal. Especi<'Ícul~
horroroso! Subieron al preso al andamio que
debajo de ella se alzaba. El verdugo le ató la soga
al cuello con un nudo corredizo, á. la vez
que otro verdugo trepaba ~í la cima de la horca.
Un momento despues ei verdugo saltó al suelo,
el andamio desapareció y el cuerpo de Gal'cía
quedó colgando tranquilament0 ; pero al instante
mismo 01 que ocupaba la cima de la horca se
descolgó _ violentamente por la soga, quedando
a ahorcajadas sobre los hombros del infeliz condenado.
El toro más violento al sentir sobre sus
lomos por primera vez al llanero, y en sus hijares
las agudas rodajas de la espuela no habJ in
dado saltos y saoudidas más violentas j pero el
jinete estaba. aganado á la cuerda y sus piernas
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170 LA TARDE
de acero estaban cruzadas en torno a l cuello del
moribundo. Aquel rato fué espan toso, su rostro,
de lívido se convirtió en morado; sus ojos estab?,
n iny'ectados, horribles y la lengua le colgaba
hmchaClay negra. La multitud miraba, por un
momento aterrada y el doctor don Francisco de
San de, Presiden te del Nuevo Reino, miraba
complacido desde sus balconelj el espectáculo.
No en vano le llamaban el doctor Sangre.
Cuando hubo expirado, el verdugo saltó al
su elo y Valvdrde subiendo a l andamio dirigió
á la multitud una platica, mostrando el cndaver,
como un ejemplar de la justicia humana. Entre
tanto un hermoso castaño de la saban a rica~
ente enjaezado, con una silla de terciop~lo roJO
con cantoneras de plata entraba al palacio
d e l Presidente. Don Jaime, l os oidores Enriquez
y G Ó?le z de Mena, que siemp r e acompañaban al
PresId ente en sus maldades, llegaron lujosamente
v cstidos, en briosos caballos y tras ellos los
miem bros de uno y otro cabildo, la clerecía y
toda la grandeza de Santafe.
La multitud que habia a sistido á la prim era
fiesta, dejó de oir el se rmon, se 01 vidó de la horca
y volvió curiosa y alegre á extaciarse e n la
comitiva que ruid os a y feliz marchaba al encuentro
d e l Visitad or.
D es de San Victorino para abajo el camellon
estaba lleno de toldos blancos sobre l os cuales
flotaba la bandera amarilla y d ebajo las lindas
vendedoras de spachaban á los númerosos COUlpradores,
mantecados y bizcochos, barquillos y
palacinos, ora destapando los botellones de aloja
cubierta con claveles, ora sacando en totumas
hmpias y nu evas el oloroso vino de lllaÍz color
de oro. Todo era alegría y el mismo so l parecia
regocijars e como ignorando lo que se oc ultaba
allá en el fondo de los corazones.
Serían las cinco de la tarde cuando la comitiva
regresó entre una nube de polvo, al r e pique
de las campanas y al tronar de lo s co hetes
que poblaban los aires. Oasi toda la ciudad estaba
afuera, los que no á pié, á caballo y só l o
en algunas ventanas de donde llovian flores dejaban
ver lindas caras, ante las cuales caracoleaban
los pisaverdes de Santafé. L os vivas
a~r?~aban los aires; pero notóse que todo iba
dll'l g Ido al poderoso señor clan Andres Saliema
de Mariaca, Vis itad or del Nuevo Reino, miéntr~
s que ~l nOl;nbre del do cto r Sangre só lo ha~
na. podIdo OIrse en. alguno que otro grupo,
lrómcamente pronunClado.
El Visitadol' se mostraba taciturno: e l de
~ande, don Jaime y los oidores, por e l contrano,
com~l?,cientes, decidores y galantes p ara
con el VI sItador; así es el mundo: estais arriba?
r espirad el incienso, señol' mio; pero cuidad
de no dejaros caer.
El Visitadol', que venia cabizbajo, al desemboc
a r la comitiva á la plaza alzó la cabeza y vi6
la horca, en que colgab a todavía el cuerpo l ácío
d el condenado. Como era corto de vista no
c~mpr~ndi ó d~ qu é se trataba y preguntó al
vll'ey Si le tema prepara da alguna fiesta de maroma,
.para obsequia: su llegada.
-SI, señor. Visitador, dijo el de Sande, esa
fiesta la. tengo siempre preparada para los malos
servldores del virey, cualquiera que sea su
clase.
Bstas palabr as las dijo con aire somb rí o, pero
a l punto cambió de tono y añadió melosamente:
--Lo mismo tcndl'eís que hacer vos, seilor;
porque ya mi mi"ion ha concluido y os voy á
dejal" el puesto.
No quiso el de Salieroa darse por notificado
de aquella ameuaza qne comp r endió muy bion
y contestó:
--Bien sé que de vos y de vuestro Gobierno
sólo podré dar á la Oorte lo s más favorables informes.
La comitiva llegó á la puerta de palacio y l os
grandes subieron a l salan en donde l os esperaba
l a Prcsideilta, do ña Ana de Mesa.
Favor singular que e l Presidente quiso di sp,
ensar al Visitad?r, ~orqu? d esde su llegada de
G~atemala no la habla dejado ver de nadie; temIendo
que su belleza ca 11 tivase otr os cora7.Qnes
y ta l vez q u edase en olvido e l suyo. Una
mesa suntuosa espel'aba al Vi. itador, que fué
colocado alIado d e la Presidenta, miéntras que
los oidores tenian en medio al de Sande v otras
varias damas y caballeros ocupaban los· lados
d~ la mesa. Manjares ricamente preparados,
VlD OS generosos ~e. España y brindis halagadores
y galantes, hlCIeron aquella hora memoraole
en la sombría y silenciosa casa del doctor
Sangre.
Al cao r la noche todos acompañaron al Visitador
á la casa quc se le habia preparado. La
ciudad estaba en silencio i pero en ese silencio
y en e l contento d e aquel dia un buen observador
habria notado que no era tanto por las dos
fiestas como por las esperanzas del porvenir.
En vano procuran los tiranos dorar lal¡ cadenas
de los que oprimen y distraer con festines y con
músicas á los que nacieron p a ra vivir libres.
Continuará.
--==->O<>-Orinto, humo de Lóndres, verde mar, viol eta de los
bosques, vapOl', azul de Suecia, &e, &c. &c. Fuese uno
negro ó blanco, gordo ó delgado, de pelo negro 6 ~ubio,
nadie se cuidaba de eso; ante todo era preCIso
llevar el I!olor de moda.
Hoyes completamente diferente, vivimos en plena
libertad, y este estado de cosas ha traido sobre cada
dama una especie de responsabilidad de su bel~eza;
ya no hay escusa para vestirse de un modo que SIente
mal; conviene, pues, fijar una séria. atencion en las
hechuras y en los colores que se adoptan, y la cuestion
tiene gra.n importancia; puesto que se tr.ata. á.la
vez de parecer lo mejor posible, y de probar SI se tiene
6 no esa cualidad esencial mento femenina, el gusto,
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174 LA TARDE
El t ac to y el to snn fl ores de la civilizacion ;
yénse:í. las veces oculta l' e á tal dnque a para dej nl'se
coger por la primera niña que se presenta. Tomad un
\'"estido de seda y de gnst u, y compadeced lo vesti
dos de terciopelo de mala eleccion.
:\IacIama de St a el , qne era fea, se n,do l'lla b a~ con
plumas convirtiéndose en horribl e. Madama de Recamier,
I'ln e era lindn, se ponia un prendido de dos pesetas
en la cnbeza, y es taba divina.
El tac to es la ciencia de la oportunidad en toda las
cosas; el t acto es más que una gra ci:l, las bace valer
todas, las de la imaginacion C0mo lns esteriores. El
tacto se adqni f' re, el gusto se forma, tienen un orígen
comun: el deseo de agradar bien entendido.
Para concl uir p e rmítas~ n os al gunos con, ejos gene·
rales, ll pl ica blcs á to d~s las latitudes y á todos los
tiempos.
Los colores claros: el azul bajo, el color de paja, el
rosa, el verde pálido, convienen á In tez morena y colorada,
el blanco e su triunfo. Por el contrario el
negro; el rnjo, los m·\ti ces oscuros r concentrados son
más favorabl es á las rubias, y !'obre todo el color rubio
pálido.
Lo que es una verdad con á las colores,
puede muy bien apli carse con respecto á los tejidos :
las mujeres gruesas deben gastar telas ligeras, y las
delgadas telas de mucho cuerpo. Si empre los contras·
t es. Lo contrario efi al ejarse de la armonía, y puede
decirse que en materia de toilette, las antít es is son
con frecuencia las que obtienen más victorias.
No tratamos aquí de ciertas bell ezns fuera de lo
ordinario, ó de ciertas originalidades sin ej emplo: estas
ti enen seguridad de ser admiradas bajo todas las
forma y maneras; pero las reglas no e hucen para
las escepeione . No hemos querido más que hacel' algunas
indicaciones generales que nos sabrán Ilgl'adecer
las lectoras indeci as.
UN JURAMENTO_
Conclusion.
El hombre del fusil se aproximó; y :í. los mo·
ribundos resplandore~ del crepúsculo Ralph
creyó reconocer en él al cazador J uau Deuis, el
mismo á quien habian cnterrado por la maña·
na en el castillo.
Entre este apuecido y el de la noche anterior
habia, para el vizconde, la diforencia que existe
entre lo bello y lo feo; entre una mujer seductora
y un hombre de rostro repugnante.
Fulmen muerta y saliendo de la tumba, era
inconcebiblemente bella aun; adcmas Ralph no
la habia visto como habia visto al cazador,
acostado en su ferétro, inmóvil con eEa palidez
amarillosa que es indicio cierto de la muerte.
Viendo aparecer á Fulmen apénas habia temblado;
pero la fantasma del cazador tuvo el
terrible poder de erizar sus cabellos y de hacer
Cl'ugir sus dientes.
El mu~rto, sin decir una palabra, levantó la
mano é hiZO seña á Ralph de que lo siguiese.
El vizconde era incapaz de dirigÍl' su caballo;
pero éste dominado sin duda por una fuerza in·
vencible, se puso en marcha de tras del cazador.
. El muerto caminaba lentamente; pero sus
plés no hacian crugir la nieve y apénas dejaban
sobre ella una huella ligera.
El caballo seguia maquinalmente. El vizconde
de quien se había apoderado el terror se sentia
como clavado en la. silla é incapaz de desmontarse¡
insensiblemente fué familiarizandose
con el terror y cuando llegó á calmarse ae hizo
la siguiente reflexioIl :
- t, Quién sabe si este hombre ha muerto en
r ealidad? ó si quieren burlarse de mi
La sospecha empezó á tomar grandes propor-ciones
en su espíritu.
De r epente detuvo el caballo y gritó:
-Hola 1 Juan Denis.
-¿ Qu6 desea monseñor?
-Saber á dónde me conduces.
-Al camino del castillo que está tí cicn pasos
de aquí. Venid señor, yo os mostraré á Roca
Negra,
Ralph no se movió.
-Dime, Juan Denis, ¿ me asegurais que has
muerto realmente?
-Toma! ¿ no habeis asistido esta mañana á
mi entierro?
- Si; ciertamente.
-Eutúnces porqué lo dudais?
y la fantasma soltó una carcajada estridente
que hizo estremecer el bosque.
Ralph montó en colel'a y puso la mano en
sus pistoleras.
-Pardiez, dijo, quirro saber á punto fijo si
estais muerto ó vivo.
-Ah! ah!
Tomó el vizconde una pistola y la preparó.
-Nunca muere uno dos veces, continuó, y
jamas he oido decir que una bala haya hecho el
menor daño á. una faDtasma.
- Yo tampoco dijo el cazador con tono de
burla.
-Entónces no arieago sino una cosa.
-Ouál?
- M;1tar á un pillo que se ha burlado de mi.
Esto di ciendo el vizconde apuntó al cazador.
-Ea la frente, dijo, haciendo fuego.
El tiro partió; un relámpago ilumino el bos,
que y una carcajada satánica se dejó oir, despues,
cuando la nube de humo que le habia envuelto
se disipó, el vizconde no vió ya á Juan
Denis, hnbia desaparecido como desaparecen los
fantasmas ... , ..
Entónces Ralph clavó las espuelas en los flancos
de BU caballo y en algunos segundos llegó al
camino del castillo.
La noche empezaba á caer; pero en lontananza
alumbraban las luces sobre la sombría
fachada de Roca Negra.
IX.
El vizconde Ralph llegó al castillo más pálido
y conmovido que nunca.
Un hombre le esperaba á la entrada del
puente levadizo. Era el baron que estaba mu~
cho más alegre aun que por la mañana.
-Ah! mi querido huesped, dijo corriendo á
• • • su encuentro, es necesarIO convemr que no S018
muy feliz, os habeis extraviado, y perdido la
caza; nosotl"OS hemos pasado el resto del dia.
buscandoos inutilmen te.
U n secreto instinto de prudencia impidió al
baron hablar del extraño encuentro que habia
tenido.
Efectivamente me he extraviado, dijo, hice
mal en fiarme de mi caballo.
-¿ y no os ha sucedido nada?
-Nada ...... absolutamente ..... .
La voz de Ralph temblaba á pesar del esfuerzo
que hacia para ocultar su emocion ..
-Está. bien! dijo el baro~, que parecla no
•
•
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• q
LA T A RDE
¡
l ~liJ
hab E' rlo notado, vaDlOS á. la mesa ; IIe r mi n i a ' Es b u eno, pr osiguió porque mo ba per ..:ninos
e p e ra, y vo s d e b eis tener m u ch a h amb r e . t ido r e cata r me. Si un h omb r e mo amara más
-Mucha, balbuceó e l viz conde , d esmontan- a llá de l a tumba . . . .. .
dose y solta ndo las bl'iaas d e s u caballo. j Yo os amo, exc l amó! Ralph.
Como lo habia anuncia do e l b a r on , H erm i nia i , y c u ando m i mano toq ue la vue stra, a r ro-las
e s pe raba en el com e d or. L a j óve n estaba j a r ei s un grito como l a !loche últi ma, y t e ndreis
p á lida y miraba al vizc ond e co n un a i n d ec i b l e miedo .... . . i L os muertos siempre tiencn frío !
tristeza, habló poco durante l a comida y p ar e- D a dme vu estr a mano , re pondió Ralpb
ció absorta en una m e di tacion profund a . tendien d o la suya r es u e l tamente á l a m u e r ta.
S ólo el baron es taba al e gr e. R a lph p or s u ¡ H ela a quí .
parte d ese aba qu e la comida s e terminase . Q u e - Ra lph es p e l'im entó un a sensacio n t erri b l e;
ria v er de nue vo á Fulme n. p e r o tuvo v al or para co n te n e r se y f u erz a p a r a
-La amo! murmuró m etie ndo se e n s u l ec h o so nre ir. Cub rió á la mue r ta con un a m irad a !l ey
apagando la bugia y con voz t embl or os a y na d e a mo r y l e d ij o :
conmovida empe zó á g¡'itar : --Yo os a mo!
-Fulme n ! ...... Fulmen !...... --Pobre a m ig o mi o, co n te s tó e ll a son rienc1C',
Un ins t a nte d e pu e s de esta evoc acion mi s t e· cr e o qu e em p eza is á amar me .
riosa, las b lJgias de la cbime nea se encendi e r on -i Olt ! yo os l o j u r o ..... .
y Ralph, cuyo corazon palpitaba violentam e nte, El a ~ or qu e s o prof es a á un mu e r to es u n
vió aparecer la muerta. amor es t éril; y p a r a qu e v u es t ro a mo r pu d i ese
Despues de todo lo que habia visto, Ralph abrirme l as pue r t as d e l ci el o, se ria n eces ario
creía ya en los aparecidos. que fu ese t an profu ndo, tan ar diente, tan apa-
!Si hul-iese dudado de la muerte de Fulmen, s ionad o, qu e odi a r as l a vi day amar as la t umba ...
despues de haber e trechado su mano hE'lada; y á. vues tra ed a d, R a rh , l a vida es muy b e lla ! ..
si no hubiese dado fe á la iLscripcion fúnebre de El escoc es movi ó la cab e za y dijo:
la capilla, habia por lo m énos un acontecimie n- --Ah! vivir sin vos , es la muerte; la vida,
to que no dejaba duda. Era la mue rte del ca- unirm e á vos e n l a t umba.
zador. Ralph le habia apuntado perfectamen t e , Ouidado, ami go mi o .
y estaba seguro de haberle clavado la bala en P orqu é, qu e rida Fulm en ?
la frente: P o rqu e s i hi ci eceis s em ej an t e v oto, Dios
Esta circunstancia quitaba al vizconde sus podria a d m i t irl o .
últimas excépticas ideas. Ah! continuó 01 j óve n c on exa ltaci on , j se r
Al evocar la fantasma de Fulmen, lo hacia vuestro es po s o e n el ci e lo! atrav esa r con v os la
con la buena fe de un nigrom á ntico, eternidad de los sigl os , no es la ve rdader a
La fantasma apareció, arroj ó su sudario y s e vida, la f eli cidad sin límites?
sentó en una silla á la cabecera del lecho de Ralph continu o la mu erta e n c uyos ojo s
Ralph. brillaba una al egría ce l estia l , cuid ado.
Tenia efectivamente la palidez cadáverÍca de i N o t e mo la mue rte !
los muertos, los ojos apagados y el andar peno · P e ro si me ama s, m orirás ..... .
so y lento de los que vienen del otro mundo; Lo d eseo ardi e ntemen t e .
apesar de esto estaba hermosa hasta el punto de S ois e l prom e tid o d e mi h erm ana.
hacer palidecer la inconcebible belleza de su Ralph d ej ó e sc apar uua explo sion de cólera.
hermana Herminia. --Oh! la odio, dijo.
Ralph esperimentó una suprema emocion; --Porqué ?
despues se sintió dominado, fa scinado y por d e - --Porque ella vive , mi 6n t ras la tumba s e h a
cirlo así atraido por el luminoso semblante de ce rrado para vo s . ¿ Qu é ha h ec ho ella para
Fulmen, y una vez más olvidó que ella no per- gozar aún de los r a yos d el s ol, d el perfume do
tenecla ya á este mundo. las flores, del can t o d e las aves ? ¿ Era m á s b e -
-Oh! murmuró con voz temblorosa; oh!... 11a, má s j ó ve n ? ¿ T e nia el co raz on m ás puro ?
al fin !......... ---Ra lph murmuró la mue r ta , sois injusto y
-Aquí estoy, dijo Fulmen, por cuyos labios oruel. Mi h e rmana no dirigia el dedo del de s-descoloridos
rodó una angélica sonri, a. tino qu e m e t ocó en la fr e n te .......
-¡ Cuán buena sois! murmuró Ralph mi- Quizá t e neis razon, Fulmen, p e ro os juro
rándola con amor. Tenia mucho mi e do que no que no me ca s aré nunca co n H e rminia, y s i
Dios qui e re llamarme y unirnos en la eternidad,
estoy pronto á morir.
•• • VlUleselS.
-j Es muy léjos del otro mundo á aquí!
• • amIgo mIO.
-Luego la distancia existe para los muertos?
preguntó ing6nuamente el escoces.
-Como para los vivos, amigo mio; yo os lo
he dicho, estoy condenada ...... El infierno está
mns léjos que el paraíso .......... ..
-i Condenada-! murmuró Ralph.
-Sí, porque he muerto con un pensamiento
de amor.
-Dios es bueno, sinembargo ......
-Si, Dios es bueno pero severo.
La voz de Fulmen estaba impregnada de lá-
• grllllas.
La muerta retiró brnscamente la mano y
dijo:
-Prefioro subir al cielo á obtener mi rede ncion
por semejante sacrificio.
y levantando se vivamente dió un paso para
l·etirarse.
-Adios, dijo, adios Ralph ...... casaos con
Herminia y rogad á Dios por mí.
Ralph se lanzó tras e Ua y cayendo de rodillas .
-¡ Fulmen! i Fulmen! murmuró! no m e
b d . I I a an onels....... i os amo.
-Vuestro amor es la muerte.
-j El la dicha, es la lipertad ! . .. . . .
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176 LA TARDE
Abundantes lágrimas corrian pf)r sus mejillas,
y su acento era tan vcrdadero, tan simpático
tan conmovedor, que Fuhnen se detuvo.
-·-Entónces me amai verdaderamente?
---No ambiciono sino morir para vivir eter-namente
contigo.
-y si depondies.e de mí el matarte al instante
-Ah i no vaciles, murmuró lleno de exaltll-cion
y de amor.
La muerta quedó pensativa.
--Escucha, dijo al fin, extendiendo la mano
h:ícia una pequeña cómoda esculpida por Boule
¿ veis ese mueble?
-Si.
-Pues bien, dentro se encuentra un fra qui-to
que contiene un licor rojizo ... reflexiona aun
cuando yo no esté aquí.. ....
-¿ y ese licor?
---:Bs la muerte_
---j Es la felicidad! dijo Ralph lanzándose
hácia la cómoda.
Fulmen le detuvo con un gesto.
-Todavía no, más tarde ...... A media noche
hay tiempo para reflexionar ..... .
Inmediatamente las bugias se apagaron y
Ralph quodó en una oscuridad completa; sin
embargo creyó ver la blanca fantasma de la
muerta alejarse lcntamente, y despues borrarse
y desaparecer, como se borran y desaparecen
los fantasmas.
x.
Si el vizconde Raph hubiera sido frances, es
probable que, cuando Fulmen hubiera partido
hubiese corrido á. abrir la ventana para exponer
su frente ardiente al aire frio de la noche.
Pasado este primer acceso de fiebre, hubiera
reflexionado y dicho:
-Tado esto es una locura, tengo vcinte y dos
años, soy mosquetero del rey, voy á. casarme
con una hermosa niña rubia como una madona
y blanca como una azucena y que me trae de
dote cien mil libras de renta. Verdaderamente
no tengo sino que dejarme llevar por la corriente
de la vida
y se hubiera acostado tranquilamente sin
pensar más en Fulmen. Pero Ralph era escoces j
habia sido auullado en su infancia con esa extraña
leyenda de la doble vida que se repite en
las faldas del monte Cheviot, habia llegado á.
tal punto de exaltacion, que para él, en lo suce-
• • • • • • 8IVO, monr era VIVlr, era reunIrse para sIempre
á Fulmen.
Luego que la fantasma hubo desaparecido,
se precipitó hacia la chimenea, y buscando un
tizon se puso á. soplar para encender una bugia
couió luego á. la cómoda, la abrió y encontró
con facilidad el frasco.
-FulmenL .. Fulmen!...cspérame! yo te amo!...
y esto diciendo, bebió el contenido del frasco.
Ralph esperimentó por un momento una
sensacion extraña inexplicable, un gran frio én
el pecho y mucho dolor en la cabeza; en seguida
sus ojos se cerraron poco á poco, su piernas
flaquearon y una laxitud extrema que se apoderó
de él, le hizo caer en cl suélo murmurando
con voz inteligible:
---Fulmen ! ...... espérame! ...... te amo!
Al beber el contenido del frasco, Raph creyó
partir para el otro mundo. Se engañaba.
----•
El frasco DO contonia sin un narcótico, y el
vizconde se llenó de asombro cuando al despertarse,
al cabo de alguna horas, se en con tró en
su lecho y vió qu por la ventana entraban 106
ravos del sol.
" Una mujer estaba n. su lado. Ero. Fulmen,
pero no Fulmen la muert iuo Fulmen jóvell y
bella, con la mirada ardiente, la boca fresca y
sonrosada, vestida con e e traje color do púrpura
y con el corpiño de terciopelo negro que llevaba
en el baile de la Opera, donde Halph la
per eguia con us promesas de amor.
Por un momento el vizconde croyó estar muerto
y en el otro mundo, pero bien pronto reconoció
el aposento en que e encontraba, y vió al traves
de los barrotes de la ventana los árboles del
parque de Roca Negra.
Ademas, Fulmen le habia cogido las manos y
le miraba sonriendo.
-Ah! querido esposo, le decia, ahora si podremos
unirnos, porqué estoy segura de tí i porque
creyéndome muerta has querido morir i
porque has aceptado hasta la última prueba.
Tranquilísate, amado Ralpb, Fulmen no ha
muerto y sólo quiere vivir para amarte siempre.
Ralph atontado miraba á Fulmen y parecia
no comprender.
La jóven dió tres golpecitos en la pared y la
puerta por donde ella entraba al cuarto del esco
es cuando hacia el papel de fantasma, se
abrió para dar paso á Herminia, á. su padre y á
un elegante gentil-hom1re cuya presencia hizo
arrojar á Ralph nn grito de terror.
Era Juan Deni, pero sin barbas, con el saco
azul y las polainas de cuero que ántes usaba.
-Querido vizconde, dijo el baron de Roca
Negra, permitidme que os presente al marqués
Juan Denis de l\I aurever, esposo de mi sobrina
Hermia, que se ha prestado, en compañía de su
mujer á los caprichos del otro mundo de mi
querida hija Fulmen.
Fulmen que tenia siempre las manos de Ralph
entre las suyas añadió sonriendo:
-¿ Quereis saber de que provenia la sensacion
de frio que espcrimentabais ?
le ponia unos guantes de piel de culebra
tan delgados y diafanos que no se lo apercibia.
Mi primo de Maurever se habia disfrazado de
cazador, y h:tbia hecho confeccionar en Paris
su imigen en cera, que es la misma que has visto
en el féretro. Mirad amigo mio, con muy poco
se llega á ser fanático j y de un hombre esc6ptico
y burlon se ha hecho un hombre que cree
en los aparecidos.
-Pero, exclamó Ralph, que recobro al fin el
uso de la palabra, espero que el señor de Maurever
me explicará. cómo consigue hacflr frente á
una bala, y de que modo llega :i desaparecer
sin dejar la menor huella sobre la nieve.
-Muy sencillamente, respondió el marqués:
Vuestras pistolas estaban cargadas solamente
con pólvora y mientras el humo os rodeaba, yo
salté á la rama de un árbol donde me oculté.
El vizconde frunció las cejas y dijo:
-Todo, todo esto es una burla.
-No, dijo Fulmen, es la consecuencia de tu
juramento, amigo mio. Habias jurado amarme
más allá de la tumba y he querido saber si cumpliria.
e tu juramento. Ahora, seré tu esposa .
•
Fuente:
Biblioteca Virtual Banco de la República
Formatos de contenido:
Prensa
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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 22
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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 40
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
·.----_-S:cc...--t:~ ¿ <5 S ~L2.2_-----" -
PERIODICO DEDICADO A LA LITERATURA.
Serie IV. Bogotá, 19 de Junio de 1875. Número 40 .
•
RESIGN A-CION,
, ,
A. MI QUERlDIS1MO M.!ESTRO y AMIGO DON
,
JOSE MANUEL l\lARllOQUIN.
8empre il mal noa vien pe!' nuoce!'e,
Al pié de una de las serranías que se desprenden
de la Cordillera oriental de los Andes, se
dilata un delicioso valle, en que lozanea una vejetaciou
exuberante y vigorosa, con todas las.
maravillas que la naturaleza ha delTam:Jelo allí
cou mano liberal: ostentase, .vestido algunas
veces do encarnadas flores, el cámbulo que da
80\11 bra y frescor á. numerosOs arbustos multiplicados
con profu:lion, el cual emula en proceridad
á la ceiba en que anidan las urracas, y á la palma
que apénas puede sustentar sus ponderosos
racimos; los riachuelos que vienen de las quiebras
de los vecinos montes, cruzan y riegan el
valle,y son de agua tan cristalina, que en ella se
l'etl'ata el nítido azul del ciclo, como los muchos y
florecidos arbolicos que se acercan á besarlas,pel'fumando
el ambiente, y su murmurio,' grave y ru·
moroso, se une en dulce concierto á las arpadas
voces de las avecinas y al ruido de los ramajes
acariciados por el viento, Mas adelante, en un
extremo del valle, está. asentada una casería,
alegre, limpia y ataviada como una novia puesta
de veinticinco alfileres en el dia de su desposorio,
en mitad de la cual se alza una pequeña
igle~ia de almenada torrecilla; y las casas agrupadas
en órden, siempre recien enlucidas y encerradas
por cañales y cercas de árboles frutales,
ocultan su sencillez con las plantas trepadoras
sembradas al rededor de ellas, todo lo cual ha-
. ce hermosísima vista. mntre todas aquellas casas
hay una cuyo aspecto permite creer que en ella
tienen asiento el lujo y la comodidad, y que pertenece
á persona rica y principal, porque es de
dos pisos, eestá pintada artísticamente de varios
colores, sus vidrios han deslumbrado más de
una vez los ojos de los que pasan, y sobre su
hermoso porto n realzado con adornos arquitectónicos,
muchos de ellos chulTiguerescos, sobresale
un antiguo escudo de armas con un leon en
actitud rampante, y en el cual acaso fincaron orgullo
los que allí le es~amparon.
Pero si la. casería por su aspecto es parte
para hechizar al que la conooe, cuánto mas no
hechiza al que hace conocimiento con sus moradores,
que son honrados sobre la misma. honradez
é hidalgos sobre la misma hidalguía: ni
desavenencias que turben su sosiego i ní la en·
I
herbolada maledicencia que conoe el seno de la
8~ciedad en que se aposenta j ni la envidia que
bllJca asqueroso diente en el ajeno crMito' ni
e~ influjo de arteros magnates, que enerva l¡ altivez.
de los corazones, se acomodan en aquel
apaCIble lugar: ántes por el contrario el señor
y el labriego, el poderoso y el pobre l¡bran allí
de consuno la patria prosperidad, vinculada no
mé~os en la hacienda que en el humilde pegUJal'.
La .casa del escudo de armas en que hemos
detemdo la atencion pertenecía efectivamente á
personas principales: habitaban en ella don
Adeodato J doña Cunegunda, ricos en bienes de
fortuna, y, en lo que toca tí los de naturaleza,
no anduvo ésta avara con ellos, que si el buen
parecer de los verdes años lo iban perdiendo, no
er~ á tal pun~o, que no se conservasen algunos
deJQs de antIgua hermosura, Tendria él unos
cincuenta años, y ella salvaba los término:; de
los cuarenta, si y~ no era que á usanza fcmenil
los descabalase. El era arrogante sobre modo
y su alma, aleccionada en las adversidades, siem~
pre estaba apercibida á aliviar cualquiera desgracia,
á aligerar cualquier dolor, á abrir liberalmente
los brazos á quien le buscaba, y libraba
su satisfaccion en hacer el bien y en evitar
el mal; ella, ademas de su ademan grave y recatado,
de que dependia el respeto con que se
la miraba, era una mujer nobilísima, que derramaba
sus bienes sobre la necesidad, como Dios
había derramado encantos sobre ella. Con tales
c?ndiciones, ¿ qué mucho qUtl. se tuviese en precIO
á estos buenos esposos, y se les considerase
COffiO dechado perfecto de virtudes?
Empero, si la fortuna no habia puesto tasa á
su deleite y regalo, sentian un vacío que no le
alcanzal"Ían á colmar todos los tesoros que la
diosa ciega eva en su codiciado cuerco el cual
consistia en q Dios les negara el n:uto de su
amor, como a que se cumpliera la inflexible
ley de que la a no puede encontrarse en el
mundo terrenal, pua$to que es patrimonio que solo
se alcanza 'en algo más elevado. Con todo esto
ellos,honradores del precepto divino, nunca levan~
taran queja contra lo que otros habrían calificado
de infortunada suerte; ántas bien, sumisos se rendian
á lo que ordenaba el cielo, considerando
que solo de este modo puede alcanzarse la tranquilidad
de ánimo y la fortaleza de espíritu. Así
que, aun cuando tuviesen en su interior un secreto
vacío que no dejaba de congojarlos de
manera que su aliento se .trocase más de una vez
en suspiros, no daban muestra de la flaca ocasion
que los traia tí tal término, por lo mismo que
su ánimo era fuerte para contrastarla.
Un día de 106 hermosísimos de la zona ínter-
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
- . ' ....
I~ A T A R DE
-- -- - ... u_u .
tropical determinaron don Adeodato y doña Cu- r se hubiese reparado algo de 8U tUI'bacion, il'l.quinegundo.
visitar BU casa de placer, á corta di s- l'Íeron por su nombl'e y el de sus padl'es, Dijo
tancia de la casería, ApeI'cib"i é ron se paTa cllo, que so llama'ba liumberi;o, y SUs padres Peri c~
acomodá.ndose de 'todo lo 'necesar'io para su 'c(}- y Toña, que fuá dejad(ls 'tacanuo t n bleta. , sunería,
cowo solian hacerlo 'en casos semejan tes; puesto que no sa bia el n om bre y apellido l egíti:.
y sirviéildotes 'de 'mozo de espuelas 'un an'tiguo mos dc sus padres, sino sdlamente 'el sobrenomcriado,
pues lo bahia. sido en la. casa, parti e ron 'b1'e familiar con que le habian e'tl¡;eíiado n lla'
gozdSOS: el cielo despejado j el sol, que ¡¡tln '1l0 mal'los, Ní tampoco atinó C011 el del si 'tio én qua
habia adelantado en su camil1o, aerralÍl aba sobre vivia , y solo dijo qu e su casa era en el Cc n'ó, y
la campiña EUS dorados cabellos para darla ani- que Perico le llevaba con el objeto de hacer una
macioll, baciendo exhalar:í las flores dulcísimo vi~-ita á su plidri'no,
,arom?, ·; '~ l l:e'frescado ambiento ,Y el sordo rumo,r En 'vista dell'osultado nada satisfactorio que
,de,1 1'10 ~~~ perezosamente c~rJ'la pal'8lelo al ca- ubtu'vi el'ou de las l1"ro-guntas ~u'e habian hecho
~1DO, hll'lendo las enormes,pledras que se le opa' 0:1 'l'apn'Znclo, d et erminaron haccr sabedOres d é l
y~a:n en su lecho; el mugu' ,del ganad.o ~.u las extraño suceSo á la autoridad dell lugar y colÍlU"aehesas
<}ue se encontr~ban al p~so ; ~l canto de nicarlo con todas las personas 'Iue pOI' su condi]
os traba~adores al d:e~l'lb~r árboles anosos para 'cion estuviesen en términos de poder aclnrarl ó
formar tler~,a labran~la i cada una d~ cstas co- por n¡edio 4c sU éi:iscreciúny consejo '; q'}e, SI
gas de ,pOI' s~ era ~an amena, ,y todas J~nt?:s tan bien desde el mismo punto que lo encontl'arol},
,s,eduCtlvl,ls, q~e el. compue~to _ no poma ~é~os 'trataron al niiio como á su propio hijo, llevaban
qde dar ese ~Ie~esta~ que po ~~cas . veces sona- con pesadumbre ~I qu~ se hqbiesc visto expues,
'lIlOS en la. prosálCa :n da Be las (hud~des. , to en templ'ana 'vIda á 'los embates del desamptr-
Así, montados sobre seridos caballos, cdulÍna' ro, 'bien así 'c bmo la'Ve y pl'C!ciosaSimicnte que
'han los buenos esposos embebecidos ~lIla com,i· dI vii:lDtb arroja deladte ~e. sí, ~a cual solo pue:.
deracion de aquel c\l¡:¡.dro magníficb q~e la natu- de desenvolv~rse y frudtlficar SI le acoge el s enó
'rateza con inimitable mano desenvolvía á sus de 'la madre iJEJ'rra,
:ojos, ?lost.I'ando 'l,as innum~rables bellez~~ con No ta!'daron dou Adéodato y doña Onnégund¡¡"
que 11beral nos brmda el C~lador, cuando muan- dada su vuelta por la casa de placer, en pl)nel'!:' 9
do n,caso á la ,vera del canuno" ~opal'on, sentado en camino para la ca~el'Ía á horas en que 'el bron'al
pIé de un arbol, con un nmo de hasta edad ceado sol de la tarde comunicaba melancólic o
de cinco años, de cabellos ensortijados" rostl'o 'tinte iL los campos .presagiando -la venida de 'lb.
:agraciado 'y Doble, CUy;l téz hal:iia1.:obádo cl color noche, '
'á.,las>'osas que 'por, allí se parecian, y eu ' cuyo 'La cual ' cei'rllba á más andar, y las tlstrellas,
radeI?~n se trasl,uCl,a la du1zur~ ~el natur~ ~ no q ne !por ' ehtónces 'no e:an celad~s por el ,br~W)
.mén<;>s que lo I:rmclp~l de su lInaJe, Vesha, un de la luua, se daban pnsa por aVIvar su tUllldh
saquIto de pano naCIOnal con J;lautalones 4e lo ·luz, cuando terminaron el inocente paseo, acoro'mismo,
cubríale I.a c8:be,za Vn sombrero de fie~- paíiados de aquel á quien acuso habían sll.lVad<:>
,tro'l c~lzaba zapato~ ~e cor.doba tl ' un 'tau to tl'a,l- de perdurable milleria, el cúal iba rnoutado en el
.d~a y ' empolvados,.qUlz,ás á .~ausa del que habla cuartago que I!l efecto 'le habiau aparejado desde
pIsado en el cammo . . Co~la en aqu~lla sazon la granja pUI'a mayor comodidad,
,lln me?drug~ de pan negro! que qm-za pOI' GOU- No bíen se habia apeado don Adeodato, .puso
do}enc,13 le dll~ran unos ar1'1eros al pasur. en obra ' punto pOI' punto lo que desde un prin-
Movidos 'á lástima los esposos, Se dirigiEi'l.'dn . cipio habiau deterwinado: aboeóse cou ' el alcal-
: a1 rapazuelo 'y con voz conmovida le ' ptegunta- ,de y , demas persouas 'principales del lugar ,para
ron qué hacia en tal lugar, y qtúén le habia ' la aclara.c iou del suceso que 'tan inquieto le te'
abandonado, á lo ' cual · dieron por respuesta so- ' nia, y todos se apre~Ul'aron ' cdn solIcitud á eje'
lamerlte ' uIl'lis :g l'uesísimas lágrimas seguidas de cu,t'ar lo que p!j.reeia más conveniente: ningun
. zollipos, ' que bien manifestaba cuánta ' ei'a l'a indicio, ni la más ligera vislumbre lea dió el hil,o
·amargura de su tierno corazon. 'lnterrogado que pudiese sacarlos del laberinto de dudas á
' nuevamente, apénas pudo dar 'á, erit énder en mal que se habian dado; Y tuvieron por bien creer
' concertadas ra~ones c6mo su padre esa noche que quizá los padrea por desamor al ~ijo le aban-habia
sido llevado por ünos negros que le ame· donaron á Dios . y ála ventura, de,sechánaole co'
n 'auLban, y cómo:i él le habian sacado ' del ' bos- mo pesada, carga, y valiéndose de algun lanoo
I que y le habían pues~o a1)í,. , . pax.a porierlo ~n efec~o. ,. , . .
Contentól"es en ' todo extremo la graCla del Y como suele deelrse que el trato es ~ngeD-
' niño, y con el alma lacerada por la miseria de drador de cariño, don Adeodaio y doña Cune'
éste, dieron traza y órden como le llevara con· gunda le cobraron tal á. Humberto, que vino á.
sigo e\ moz~ , ~~ ~spuel~s hasta la gr·anja, y ' ver ser l~ lumbre de sus ojos y el arrimo d~ su ~s)\
1 (; 0'0 de averIguar qUIénes eran su& padres y peranza; y ' como acaece que la larga puvacI,on
'd'lnode par~ban,si ya no era que ' liubiesen csi'do del bien apetecido es .parte para extremar la
p a bulo :i la ferocidad 'de salteadóres, cosa que 'e satisfaccion cuando se alcanza su go~e, los nuel
lcs. h'nciai'ecÍo creer, pues jam'as habian oiao vos padres de Hum berto se holgaban sobre maóe:
d eci'r ,qu~ los h?biese en aq~ellos ' :parajes: El ra con el ,,Pensamiento de que, ' tras, ~ontin~ós
niño SlgU'lÓ obediente á su gUIador, y los otros anhelo~ SIempre defraudados, les hubIese DIOS
. su camino, 'disc~rríéndo en su imagil}:ación cómo deparado ' ese hijo por lD:edios el!. traordinarios é
habria llegado ·á tan lamentable estado ése Diño, inesperados. Daban' por bien servidos todos los
. en'·quien la cort:dad de su fortuna se adelanta- r.fcl.~es p~ralc~nz~r ese tér~iDo, y solo ~eDsaron
\ baá la de sus anos. en adelante en gUiar á su hiJO por el caWlDO de la
' CoDÍ'o llégarón"á ' la: casa "de . placer, y el niño rectitud yen el temor do Dios, para que algUIl
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LA TARDE 264 •
~ia fuese útil servi~or. da la l'evública, tanto
~mo bijo 6n quien se hel'manaseu las dotes <;1.e.
~a sabiduría y la virtud, Humberto, qu,e. 6. IQ¡S
principios D;\ost¡'a,ba en sus frecuen,tes lág.rimas
la pen~ de su ternísima alma, so. n,cQmoda ba á
,~ nu~va vida á que le habin. tra ido :tI,O ya su
gesventurada sino Sil dichos~ suer.te, si c~ que
puede calificarse de talla, que n.o está vivificada
en la infantil edad p,or el c:¡do~·· del hogar, qt;l.e,
;\pura, lQs, afec~08, ~. mper.o, aunque dO,n Adeodato
y dpüa¡ Cun~un,da J?0 cabú\U de sati~ac-.
~_iov, con cl hl:\lIazgo que por orden3¡¡;l.ion, del c~~lo
habian tenido, en vece&, la m,inon~ba el pe o lil:),mi-
ento de que habia 1l;na madr~ que cstarifl¡ paga,
ndo con lágrimas de. &,angre 13. p 6 ~'d~da de uv.
pijo, lo cual les hacia¡ r~)Jp.pe.r eJ?, dolorosQs 81,],Spiros,
con que solian e.xp~'i¡;nil' la co~pasiQ~ q1,le.
1P1; do,~inaba, y e~cla,ma,b.~:o, ~ i O~ ~e.s\,enturada
madre, pues s;n veutu~?- es la que ve así robados
sus, m,ás ~:lros afectos por la cruelísima
for~llGa! ¡ Tuviel:as esta prcnda querida de tus
e~trañas, y trocáramos el goce que con ella 1;l,e~
IDOS tenido, en punzante torced9.~ ~u~ ~op ~~en~7
~eas~ ¡
Estas razon~s daban á co~ocer bien 01a1'0 el
amor q\le habían cQbrado á. H umbel'to, que igualmcnte
acr.ecentaba el que. se habia despertaQ,o
como por instint-o en su cora~on, Oreció algo
ruas ~ste, y conforme iha dese.nvolvi611 4ose su
cuerp{\, se desenvolvia tnmhicn su intelige.ncia,
al parecer clara, lo cual hacia que se afirmase.n
más en la ide~ d~ que hab.ia, nacido de padres
en quienes andal'ian al par. el tale~to y la educacion.
Asimismo iba mostrando una gallarda
disposicion, qua se aunaba amigablemente con
las buenas dotes d.e su entendimiento,
:ft:abia. llegqQo puts l~ sazon oportuna pal'a
facilitarle el paso pOI la senda de la sabiduría,
~n la cual tenia andado ya algun tanto, porque
sus nuevos padres no habian qescuidado el enseñarle
á eODQcel' á piQs, y. la,s oraciones q~e nos
brindp. b Sant.a Madre 19lesia ~al'a cons\lelo ~u
-puestra escab~os& vidq, ISabielldQ ellQs por prop~
a experiencia, á. ley de católicos cristianos,
que allí no tienen cabida los nobilísimos afectos
y las acciones gener0sns, donde el temor de
Dios y la ol'f\;cion no hacen su oficio.
Habiendo qeliberado madUl'amente sobre cuál
habria de ser el género de educacion que se
hubiese de dar á H\lmbertQ, determinaron PQnerlQ
bajo la direccion de un ayo sabio y discl'eto,
ql.~e diera PQr cimiento á su aprendizaje
las máximtls d~ l.~na sana moral, sin el cual cimiento
toda la fábr,ica del saber en un punto da
en tierra al mas leve soplo del mal; observacion
que habian hecho cn muchos que, colmados de
oonocimientos, como no se sustentasen 6stos en
108 principios de la mOt;al cristiana, se han tornaqo
en instrumentos que acarr.ean la degrada~
cion del individuo, y que refluyen en perjuicio
de la sociedad que lo mantiene en su seJlo,
~scogielon por ayo de H umberto á don Pedro
Románez, d6min~ de una de las ciudades vecinas,
y :í quien trajeron mediante una paga
que de antemano se concertó, Era este un hombre
CllYo ijspecto le señalaba. la edad de unos
cuarenta. años, de alta estatura, de buena disposioion
; tenia larga y negra barba, los ojos aSombrq.
dos por pobladas cejas, y s~ ves~ido p.umilde
' . . - " ,
como 511 condiciono 1\ tal caballero se confió la.
d!;)lir.a,d.a tarea de educar á Hu,mberto, quien.,
como lo rayase ya la luz. de, la raZOD~ se l'indió
d ~ bueQ grado á la vQJunta,d dfl S.US, padres •.
l\h :~mo MÉNDEZ DE MENDOZA.
~ ~ ..
(Se contínuar~,),
_. --'"'.~~ ... ~
EL ADIOS- . -
(De Goete,)
Oh! i Déja q.u.e mi lIa.nto, amada mía,.
~e diga lo. que siento al darte adíos !
t Porque mi labio nunca expresari~
El pesar de mi triste corazon !
i Yo no puedo sufrir. de este momento,
Aunque h(;)'~bre soy, el sit;l igual dolor ~ -
i 1\11! i L.as Y9.~efl. de qulce sentim~ent~
Tristes a.hota p,ara mi alma son ~
i Esos besos de amor que tú me has Jado.,
De los de ~yer no tienen el calor!
i Ni a~ estl'ec4a:rla.: b9Y he gozado,
PQrque ¡tI dec,irrpe adios ¡at;lguideció. l·
Cua:o,do. un favor m~ dapas placentera,
•
Ouán dulce era á mi alm.a l, a emocion !
i Dulce, como e! plac~r, que e.n p!,imaver~"
1\.1 ye4 la. flor, sintiéramos loa qos ~
I De hOJ más D(l formáré ¡le. tiel'·nas ~9re,
Diadémas para tí !." i Todo acabé !. '.'
í La. primavera huyó con mis amores,
y el invierno sucede!..,.i Adios, adios!.,.
187Q. • 'TElIÍST-OCLE-S T.E.JA.D A,.
- .
Es el dia 4 4e julio d~ 1874. No han dEj.q~
las diez de la IItaijana y el .calo!, es ya sofocaxtte,
al cqal se liñade una nqbe !le polvo, en el c!1JIlino
que va. de la ci'u,da!i de g. fll PlleplQ de R.
Quien pQr !lUí pas!} ppr primf!ra vez, se encuen,
tra desagradablem!;lnt.e sq:rPl'fludido ;\1 sentir en
aquella latitud tfl.nta palol' como en las llanuras
de la Manchfl. ó 40 Oastilla la Nueva: la topografía
do l~ comarca, una especie de desierto de
rp.uphas leguas, sin agua ni vejetacion q 't~ eató
cerca, explioa aque!la elevada t~mp~ratJ.P'l}.
Por la carretera apénas ~ay ntás' tra'n~éuxttes
que militares que vq.n y yi~nQI1, y !llqltitud da
carros con pr~v~slqHeB, espoltaq,os FQf f)lerza.
armada.
E.ntrp el polvQ hay p:luchaa rama.s desg1'!-jadas
de los árbQles que est4n orilla del camipo, La
pdm~ra idea que oCllrre al vcr19s jl~spojados de
gran parto de su follaje, es acusar á. la desenfrenada
so14adesoa. que así l~ d!3stroza ; pero cuan-
,
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
265 LA TARDE
do se van encontrando soldados con equipo de
invierno, morral, armas Y municiones, cuando
se los ve marchar en medio de aquella nube de
polvo candente, Y con una cosa negra sin ala
cubierta la cabeza, se comprende que instantáneamente
la rodeen de verde follaje, que lleven
en la mano una l'ama para apartar un poco el
polvo Y poder respirar j las que son grandes ó
pequeñas, 6 sobran, quedan en el camino; de
muchos TIlales se acusa á los soldados en vez de
acusar á la guerra.
Por entre los carros y sorteándolos, corre una
diligencia, no es muy propio decir que COTre,
púrque se pára muy á menudo. En aquella direceion
hay una via férrea, que la ruptura de un
puente y la guerra combinados dejan sin circulacion:
se han improvisado medios de suplirla
saliendo de vehículos arrinconados, de cuyo número
es la diligencia mencionada. Con la sequía
y el calor crugen sus maderas mal ajustadas;
una rueda se caldea en términos, que hay que
rej1'esca1'la á cada paso. Este 1'ejresco consta de
las partes siguientes: desenganchar el tiro,
apearse los viajeros, suspender el coche, sacar la
rueda y echar agua a] cubo y al eje hasta que
se cnfrien, y el correspondiente coro de blasfemias
y obcenidades que acompañan á estas operaciones.
Durante ellas, los viajeros se agrupan
á la sombra más próxima; maldicen de todo,
ménos de los verdaderos causantes de aquella
vejacion j comentan la última sangrienta batalla,
que por haberse dado hace muy pocos dias
no se ha olvidado aún; hay sobre ella tantns
opiniones como personas, que se ofrecen cortesmente
10 m!lrienda, Y se dicen quiénes son, de
dónde vienen, á dónde van y á qué. Uno solo de
los viajeros ve y oye en silencio todo lo que pasa.
Acabado el refresco de la rueda, monta con
los otros, á la media .legua los saluda y se apea;
bajan de la vaca varios bultos y cajas de su pertenencia,
y alguna de esas personas á quienes
produce un verdadero malestar el incógnito de
aquellos con quienes viaja, se pregunta: " ¿ Es
usted comisionista de comercio ~
-No señor, responde el interpelado, acompañando
estas palabras con una triste sonrisa, y
agrupando sus efectos,
Está. en una especie de plaza, de grande extension,
de forma irregular; por dos lados, cssas
de mala apariencia y una iglesia; por otro la
carretera; en frente un gran edificio de piedra,
sobre cuya puerta se lee: HOSPITAL MILITAR;
en medio, y como sembrados al acaso, árboles,
de poco ramaje, á cuya escasa sombra se guarecen
algunos Boldados, arrimando los fusiles al
tronco. Se ven parados gran número de carros va-
•
ClOS, y otros que van llegando; hay muchas voces,
mucha confusion y jefes y oficiales de Sanidad
militar con bota¡;¡ de montar y los caballos embridados.
El viajero sabe que hay allí heridbs,
comprende que van á sacarlos; su rostro se altera;
pasan pOI' su frente sentimientos de piedad
y nubes de indignacion, y parece expresar
Illternativumente,la súplica y la amenaza. Ade·
lántase resueltamente como para hablar aljefe;
á los pocos pasos se detiene, mueve tristemente
la cabeza, hace un gesto que significa ¡ qué necedad
vO'!J tí hacer yo! vuelve atras, y se sienta
en una piedra, á su parecer ménos dura que el
,
corazon de los que van :.í eva cual' un hospital tí
tal hora Y, en tal forrua , Con los codos npoyadoo
en las rodlll~~s, la cabeza en las manos, y mirando
al sucIo SlO ver lo que hay en él habla así . . ' consigo mIsmo.
-j Habiendo via férrea llevar )08 beridos en
carro! Se dirá que no está. corriente. ¿ Cómo )0
estuvo hace dos dias para llevar á los generales?
Lo que se hizo por los jefes sanos, ¿ no podrá
hacerse por los soldados heridos? Dar el largo
rodeo que se da por la carretera, estivados en
carros de infernal movimiento Y con esta temperatura
tropical! ¿ Tampoco podian sacarse más
temprano ó más tarde? Es preciso que salgan
de aquí {~ las once, para que aprovechen las
horas en que el sol calienta más. i Cuánto van
á sufrir al atra\' esa¡' este desierto, sin una gota
de agua que llevar á sus abl'asados labios, Y cuánto
les perjudicará este horrible viaje! nim80
que no 8e evacúan los graves; á los siete dias, no
lo parecen todos 108 CJue lo son: cuántos morirán
(¡ quedarán inútiles de 108 que van á salir Y qué
buenos aliados son de la gangrena Y de todo
género de desgraciadas complicaciones, el calor
el malo Y prolonga"do movimiento, la dureza;
fal~a de amplitud del vehíuulo, y tanto subir y
bUJar. ¿ No saben que los heridos deben moverse
10 ménos posible ~ Esto es elemental. El
• • • VIaJero pIensa e1;tas cosas Y otras: luego, como
si quisiera apartar de sí las ideas que le mortifican
con ]a v ista de los objetos exteriores, levanta
la cabeza, mira acá y allá, fijándose en una
mujer pobre, pero decentemente vestida, sentada
á la puerta del Hospital, y llevando con
frecuencia á los ojos las puntas del pañuelo que
cubre sus cabellos blancos, Como está muy triste,
se siente atraido por aq uella mujer que llora
se acerca á ella Y le dice: '
-Buena anciana, ¿ qué tiene usted?
-¿ Qué quiel'c usted que tenga señor? - res-ponde,
como admirada de que todos no le a.di-
• vlDen su pena.
El viajero la comprende., y prosigue:
-Está aquí?
-i Ojalá.! j Desear una pobre madre ver heri·
do al hijo de sus entrañas! Yo lo deseo.
-Tal vez c~té bueno. No habrá podido csoricribir.
-1 Bueno! No señor, Todos los soldados de
su batería le han visto caer, y en aquella confusion
nadie sabe si quedó muerto herido y prisionero
como tantos otros, ó ha. venido á este hospital.
-¿ y no le permiten á usted entrar 'á vez si
está?
-No me lo han permtido.
El viajero entra en el Hospital; le sale al en·
cuentro el portero; es un paisano, á quien ade·
mas de un ojo le faltan todas l&s señales exteriores
que impresionan favorablemente. So entabla
el siguiente diálogo.
-¿ A donde va usted, caballero?
-A ver el Director del Hospital.
-No se le puede ver.
-Es indispensable que le vea, púelelllted
recado.
-No puedo.
-Es preciso.
-¿ De parte de quién?
•
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LA TARDE 266
-De una persona que viene á regalar al hos- enfermas de los que iban á cuestas ó en brazos.
pital algunas de las muchas cosas lue le faltan. Al llegar á. los carros, i qué de dificultades y de
El portero se v~, .y no tarda. en volvtll' . con la I dolores para subir á los que no podia.n hacerlo
órden de que el viajero entre a ver al Director, pOl' sí mIsmos! Cunndo se halbban e5tlvados saque
se excusa con él de recibirle en la escalera bre la tabla dura, el bagajero preguntaba si espor
donde sube y baja apresuradamente, Es una taba caT[Jado, y con la re"puesta afirrnat.i\'u,
persona muy amable, y parece excelente: se arreaba las mulas y se dirigía á. la carretera.
queja de lvs apuros que pasa, de 10 mal servido A todo esto, sin oÍl'se un ¡ay! una protesta,
(I.. . ue está, de las muchas cosas que le faltan, in· ni una qneja de tantas como podrian darse.
terrumpiendo la relacion con órdenes que da á ¿ Seria que loslperjudicados no tenian idea de que .
unos y á. otros, y aplazaudo una conferencia más la traslacion pudiera hacerse con ménos perjuilarga
para cuaudo hayan marchado los hel'idos cio para ellos, ó 'lue el soldarlo herido 813 intimique
van á salir. da en presencia del médicojife con sus estrellas
En cuanto á. la pobre mujer que lloraba á la ó sus entorchados, y no se atreve á quejarse por
puerta, se comprende quo no puede subir en no parecer insubordinado?
aquel momento, porque aun en el caso poco pro- Fueron pasando, pasando: era tan pcnoso el
bable de que Re lo permitan, se expone á que verlos, que al viajero le pareció que debian ser,
miéntras busca á su hijo en una sala, 61 salga sin no doscientos, sino dos mil. Al principio sus ojos
que ella le vea. La infeliz se resigna á esperar, pasaban alternativamente de ellos á la afligida
pero el viajero prevee lo que va á suceder si se mujer, que esperaba como una fortuna ver á su
queda allí. Van á. pasar 200 heridos: cada uno hijo entre aquellos desgraciados: dospues no
que vea aparecer de léjos imaginará que es su miraba mas que á ella: su rostro, su ademan,
hijo, y recibirá doscientas impresiones al coo- sus estremecien~oB continuos, eran corno el refietemplar
su mísero estado, y doscientos terribles jo y el reslÍmen de todos aquellos dolores.
desengaños al saber que no e~tá allí, y creyéndo- En brazos de dos camaradas apareció un arti·
Je muerto. COD'lpadecido, se acerca á. ella y le lIero con las dos piernas herid~s. Se oyó un
dice: i Bjjo I imposible de repetir, y SI! vió á la ma-
-Buena anciana, vengase usted conmigo á dre abrazarle, y despues caer de rod illas. Palaesta
casita inmediata, aquí el calor es sofocante, bras no tenia; con lágrimas le hablaba besando
y va usted á sufrir mucho inutilmente. Dígame su rostro, sus manos, y hasta aquellos paños
usted el nombre de su hijo; aquí á la puerta empañados en su sangre. El soldado, profundale
llamaré, á medida que vayan pasando los he- mente conmovido, decia llorando: "Madre, no
ridos, y cuando respo a correré á buscarla á llore, el físico ha dicho que la bala no ha tocado
usted. al hueso, y que pronto estaré bueno."
-Ay! no señor, no. Podria no oir que lo lla- Rabia llegado el límite de las fuerzas de la
maban; los artilleros suelen ljuedarse algo sor- pobre anciana, que tuvo una congilja y perdió el
dos; él me escribia que estaba. tardo de oido; sentido. Auxiliáronla piado~amente; el vi"jero
figúrese usted si estuviera aquí y yo no le viese. sacó de su equipaje alguna cosa con que con fOl'-
¿ A donde iria á. buscarle? tal'la y volverla á. la vida, miéntras su hijo, sin
-Temo que le falte á usted fuerza. saber si estaba muerta, era llevado al carro, y
-Dios me la dará.. Él me la dió, porque yo pedia al bagajero que no arrease hasta ver si su
no tenia tanta como la que he neoesitado. El me madre reoobraba el sentido y podia siquiera deampara.
Elle premie á usted, buen caballero, cirle adios.
que tiene compasion de mí. Desde que salí de Un bagajero no es un hombre que se conmuocasa,
hace cuatro dias, no he visto más que per- ve facilmente. Tratado con dure'z-ar "ajado cl1si
sanas extrañas i y luego, en estos pueblos en ~iempre aún mas de lo que exije la lleoesidnd ;
que hay guerra, no sé cómo se vuelve la gente: perjudicado en sus intel'esos, arruinado tal vez,
en el mio, cuando una mujer llora en la oa11l:\, expuesto on ocasiones á peligros que no debiera
se forma corro y le pregunta por qué: aquí pa- correr, el bagajero es una desdichada víctima de
san de largo: sin duda han visto llorar muchas la guerra, y no es raro que en ella se endurezca,
y se han acostumbrado, pero es cosa terrible. que de sus iras participe, y que odie á los que
Si viera usted, señor, qué consuelo tan grande forzosamento sirve. No obstante, el que llevaba
me dió nada más que con deoirme: "¿ Qué tie- al artillero herido, se comp~deoió de él. Tal vez
De usted, buena anciana? " se acordó de un hijo que tenia In misma edad,
El diálogo se interrumpió con la vista del pri- ausente tambien de la oasa paterna i tal vez penmer
herido: el doloroso desfile habia empezado. só en su pobre mujer, aflijida por tenerle léjos ;
En lúgubre silencio empezaron á pasar jóvenes, ello es que dijo con voz que no parecia la suya:
alegres y apuestos hácia una somana, hoy des- "No te aflijas, hombre, daré tiempo á que tu
figurados, débiles y afligidos. Iban con la cara madre vuelva en sí ; " y enredando de propósito
ó la cabeza cubierta de paños ensangrentados, los tirantes de las mulas, hizo como que los esotros
con el brazo pendiente de un pañuelo, ó taba arreglando cuando le dieron órden de an~
cojeando, arrimados á. un compañero ó á un palo, dar, y se quedó el último.
6 acuestas, 6 en brazos. Ni una oamilla, ní una Entre tanto la pobre anciana había reoobrado
sola. se emplea para trasladar á. aquellos infeli· el sentido y volvia tí donde estaba su hijo, con
ces: y no podía verse sin indignacion y sin mie- el firme propósito de seguirle. En vano le dijedo
de que se hicieran mucho daño, como los ron que apénas podía tenerse en pié, que la jorque
teDían una pierna herida, oon gran trabajo nada era penosa, el oamino sin un árbol, el oalor
y esfuerzo bajaban la escalera saltando sobre la sofocante. Despues de tanta dolorosa zozobra,
nna, á. riesgo de caer, y oómo colgaban las dos de oreer á su hijo muerto, ouando le encuentra
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•
20, • LA TARDE
L __
vivo, habia de verle un momento nada TI¡as, y '
d jndo ir sin aber s,i le. ha.cia da.ñ.o el camino,
tli si las heridas se agravaban? i Xmposible !. por
mucho que sll,friera con ir, ba.bia. de sufrir más
quedándose. El viajel·o. comp'l'endió que,serian
~l1útiles cllaut¡¡S l'cfl e)\ione SB le hiciesen" y desapareció
de une IJa pobJ:e mujer le busca.ba en,
\'ano con la vi ta., y p.1:eguntaba por él.. afligida
de marcharso sin darle las rrrlicias, sin saber su.
110m bl'e ni d eei de cómo se llamaba.
Habia echado ya andar con el e al:l'O, que 1'levaba
al querido de su cora7,pn, estaba ya on la
carretera, y volvía la yistf,l. con fl'ecuencia, por
ver siquiera deci r ndios pOr seüas ü. u descollor
cido bienhechol', cuaudo lo vió salir de entre las
casas corriendo, y á. s~~ lado un hombre con, I,1na
borriqui1la; era la cabalgadura que :í I:lubido
precio habia podido conseguir pa.ra la d~bíl
mujer. Cuando ésta lo comprendió. es.tuvp ~í. puno
to de clesD,layarse otra vez de entel'Uecimiento y
gratitud. Al despodirs~ dcl ~iajero. ro.r má.s <];ue
(lste lo resistía, quí o bes~rl.;l la mano. q,ue quedó
cubierta de lágrimas. Mirándola.s se hume·
decieron los ojos del desconocido, su amargut:fl.
lile dulcificó, su. alma, crispada por tan div~J."Bas
y. dolorosa.s seu,saciones, sintió una e.spElci.e de
b~cn estar,
En qué consistiria?
E.rl\ que, consolando., habia hallado eonsttelo.
Entúnces vi nublado tu ~olllhlnnte,
Ent6nces 1l}~ . mi rás.te d.esolnua.;
•
J turna lo olvid::tné : an· aquel insttwte,
¡Qué dc Gosa,! me d'ijo tu mirada I
Eutó\lúcS vi que (1 tu pupiia hermosa.
A.soulaba una hígrima J,l.echíecra
Qll{l un punto EO detuvo temhlorosa ... ..
Ay ! fué de amor tu lágrima p:-imera ?
E a gota a á cOlllunicnr á
lb, reina las' noticia obtenidas,; pero aguardaba el re"
sulta~lo d'e la entre\'i ta 1pa'I'a ' terll111l:ll' sU curia.
-Papá, dIjo Blanc¿L entl'Ul\do repentinamente, un
'un bombl'e te trae una carta, 'pero 'no qui'el'e' entre¡.
gal'la ino á. tí ; dice que' es ' urgente,
El conde salió y ' reeibíc, 'do 'un labriego urla cal'ta
'con sob ito para él. Abri'Ó Y leyó lo ~iguiente:
"El, séñor ?on'Lui de Robl«!s, solicita del señol'
'co-nde de Lare(l'o 'una entrevIsta que tiene pOl' objeto
'hablar de asuntos que intcre un :í ámbos, y espera le
será concedida y que !>e' le' ludicará la hora y el sitio: '
El conde ~tr'Ó' á su despacho y escribió de '
'estas lineas: ,
_ ." El conde de Loredo saluda atentamente al señor
don Luis de nobles y tiene el honor de mani tarle
'que le espera maiíalla. en el.parque del Castillo á las
, ochu de la ruafia~H~."
Salió y la: eútre~ó al e·illisai'Í'o.
A'pénas-se .habia alejado éste, cllal1c\:O le 'a'l:'!\mcial'on
¡·á-Sebastian. Un m'On'lent\:) ide .. pú·Cs's·c hallaba en con'
versaeion cen él.
;nON ,LUIS DE ROBLES.
•
'Hay naturalezas quc parecen destinada, 'pal'a ei
' mal y que como que son el complemento de nue tra
, sociedad: con idemuo el hombre en sí misrm>, aislado
de los demas sércs humanos Ique le ro'dea'l-I, e 'ye quc
, es un compuesto de buen'o y malo i en la. sociedad,
' considerada" ~ot'no U)1 o inrlivi'd'o'o, hay también una
parte 1l1:1.lu' ·cuyo terrible papel liay cierto~ hl'>inbres
'que se ~binplacen en hacer, á. los cuales parece que
un 'destino superior i'In}Jele hácia ello, sin 'qoe puedan
'detenerse un momento rsin que puedan siquiera pl'e'
sentAr como barrera para el nuevo crímen"los remol'·
dimientos del ya cometido. Pero, á donde voy á. parar
'con tales digl'esiotres '1 i es seguro que si continúo por
. semejante 'CU'mino T1te expongo á decir quién sabe
cuántas'blasfemias y 'disparates 'que no ban eótrado
en el' l)la'U' de n'li' CUen to y que, por el contrariu, ' me
estorbal'Ían en él. Todo eso cou que principia: este capítulo
es mentira; cs un monton de palabras que nada
dicen: el hombre es rnalo cuando se le antoja y
pO\1que ,tiene libertad pJlJ'a ' ello, es decil', libertad
acompaña<.la de la reil'ponsabi.Jidad natul'al por us sccion
; pero es ciertol(lue hay homeres en ¡quienes ' el
instinto dcl mal es tan fuerte, tan poderoso que los
8\'l'astm como en vertiginoso <.les censo á las regiones
' aterradoras del crímen, 'fal es nuestro hom'bre,' El
lectol' conoce ya algunos de sus hechos .que ba tan
para darle á conocer su caráctel', asi como hay algunos
contornos, algunlls facciones que deterUl~nan uua
fisonomía. Hombre audaz, suplia el valor con esa san-
'grc fria1uc'no resisto cu&udo hny tiempo de conside-
!'al' el .pelig ro ; ning ull lIotllc 8éntimi ento ll:Icia palpitar
"b cora'~on ; 110 lIlLbia enifJre a r¡uc 110 ucometiera
por cl'imin:íl que fue -e, i ue e lla esperaba a al' nl¡;un
proveclio. 'En fin , querido Iccto,', I)(JI'(]onadme por
pr~e ll tál'o ¡;em~Jante 'IH~r;<ó I1 n'je'y conocedlu pUl' m¡
propios becllo . 'Va á caballo sobre t1n
'
mngnífico :l1Ii mal
ne r:l'za ¡ptJ¡'ll. En su ,emLlante se lec tina cíel tll,
ati faccioh 'Ibézclada tie ircmía; con Un 'Tloco de inocencia.
scria el sel1lLlútite' del niiío'quc acaba de robat'
ti n a '1 úrt 1i'¡(1l. 11 O ,
Se al ej a d I ca, ti llo en áll'ecJiun ;1 su Casa. 'Ira soltadD
la 'ri enda obre el cuello del caballo y ,lo deja
andal':'t "U 'l1l1tojO; le ha dicho C0ll10 se dice á ·la fucl--
7.:\ públk"l1 en ' tl'lC los gubif;l'Ilos van :\'tWballo: '" al'UlII'S
;í llis(ll'~eitlll." .\hr, cmltestó un mozo que récibió 'el' caballo
para llevarlo ti la cuadra. JIa venido un sefiOI' que
por cierto no tiene muy finos modal ; e tá esperando
en' la sala. de las armas y dijo que le avisaran cuando
estuvierais de rcgreso.
-Bien, dijo don · Luis, ya no se perdió esta. ocasion,
y pasó á la sala que~se Je habia' il!ldicad0 .
En la sala á que entró Y'flae el'a en realidad uno.
sala de"árma en la que' las habia de todas cla es, y
n'uestro querido lector 'h> comprenderá fácihuente si
' le decirnos que ~ su d1'leño el'a e padn:cbin y dtleli ta
de' prafesiO'll,' como bNen ca.ballero de in'dustl'Ía, estaba
sentado ' en una ancba sma 'do I msclel'a comuIl,
'hecha. ¡j,' prOpósito para descans&l" de pues' del ejercicio'
de: las al'mas,' ún hómbte • como de unos cuarenta
. y cinco'á; citI'cuenta 'sños;'ddlllet'liana: 'e tatura, gl'UesQ,
tamido, r&biusto,: :lIIloho 'de espaldas, a'bultlado de hombros
;' teñla' ~:na> . C81'''; redonda' q'Ue pareeia mas grande
á' cónse!:a~dla I de ';~IlSlp&tmas negras y pobladns
'que h~adót'Dabá'Il' d~.'tkl'();t¡j!ñ't1 aspecto inde1iinido entro
ja bondad'natural\y"lal t;>l!íMini; este' hombre hubieJ'l\
e1lgaüado al' lllas'pro'ftrritlo : fisonmnista. 'No era feo,
,poro tampo~o se hubicl'a..podido decir ,que ella UuCln
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,•
•
2GD LA TARDE
--
mozo. En todo . u continente revelaba Sl'r un marino,
lino de eSlJ hOlllure ' que viven entre el cielo y la
mar, sin má ley que la fuerza del viento, sin m:ís
,"olunt
Fuente:
Biblioteca Virtual Banco de la República
Formatos de contenido:
Prensa
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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 40
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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 11
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
--____- -""I:t::-¡;~ ':'~ ~ ~.-.....:... s----------
- ,
F E R-I O D.J~ n D E DIe A D o A LA LITERATURA
Serie 1. Bogotá, 20 de Noviembre de 1874. Número 1].
•
Al\. DEx
-1\
Nueve periódico.
De las prensas de los señores Echevcrría
Hermanos acaba de sa lir "El Oorreo de Colombia,"
periódico político. Que su vida sea
larga y provechosa para el país, es nuestro voto
sincero. La redaccion principal corre, segun
se dice, á cargo de nuestro amigo el se.uol' doc
·tor Lino Ruiz.
Saludo.
Ha negaclo á esta capital lluestyO compatrio~
ta el distinguido literato, señor José Ignacio
'Trujillo, despues de muchos años de residen-
cia en Costa Rica, Los Redactores de " La Tarde
saludan cordialmente al señor Tl'ujillo, y
ponen á su disposicion las columnas de su peil'iódicQ..
•
:REVISTA DE LA CIUDAD,
Vivo ahora en una pi eza que se baila en al t ercer
!piso del Hotel Danies, en la plaza de Bolívar. Como
ave encerrada en una jaula, golpeo los alambres para
ver si encuentro espacio en donde nade mi alm.a anhelosa
y por fortuna un ba lcon da á la plaza desde
-donde, sentado á mi escritorio veo una grande extcncion
de edificios, h elegante catedral que tengo al
frente, los tl'Ístes cerros que guarecen la ciudad y un
-cielo, un cielo .... ah '! nuestro c:elo azul, diáfano,
profund-o limpio é insondable. Cuántas veces he querido
romper esta leve baI'rera que me ¡;epara para volar
por los mundos de mis afectos, por a'llá en donde
se hallan los mio, y luego vagar por el infinito; pero
-es inútil, en tanto qucel espíritu esté sujeto por la materia
estará unido á esta vida de miserias, de decepciones
de desalientv profundo. Pero vamos, Fisgon, no es
tí. echar al ai,re tus debilidades á lo que te bas sentado
~quí, es;Í. escribir la revista de la ciudad. Son las
'diez de la mañana y te halla al {['ente de la plaza de
]a Constitucion. Oiertamente pido pel'don por la digres
ion y prometo no volverlo á. hac~r.
Pram, pram, prampram.
Un batallon de, emboca por el lado de San Agu!ltin
y una banda de música se ha encargado de anlinciar su
marcha desde muy léjos. Va de viaje pues el arma á
discrecion, su tmje y el de los jefes lo anunci :m. Irá
seguramente háeia Cúcuta á guardar la frontera con
motivo de la guerra que ba. vuelto :i incendiar la
República de Venezuela. Bendita sea la Providencia!
Nuestro pais est.á en paz, no tememos la guerra, y
aunque detras de este batallon brillan en mucbos ojos
lágrimas que nf) se han podido contener; si millares
de afectos como sombras impalpables siguen á los
villj('rOi; si ellos mismOl no puedon ménos que lanzar
-
l.ma mirada retrospectiva, eso consiste en que hay
I madre, parn quienes nunca se extinguilá el amor, en
que hay lazos íntimos que no pueele de1>tl'uir la au-
• son cm.
Allí, a1 pié de la estatua se ngrupa una cabalgata.
Es el jefe de las fuerzas naci~nnles que con la oücialitlnd
sale á acompanñar basta las afueras á sus compaííe'l'os
do :1rmas.
Diez ómnihns y algunos 'carruajes m:ís esperan (\
que lleguen los convidados á un almuerzo en Chapinero.
Las dama y"n llegando, los convidados se :1grupan
en derredor. POto fin partie.'oH á pasar un dia de
pIncel' en el campo.
La orquesta ue la gran Catedral se expacl1\ y llena
de soniu0s rtrmoniosos los mreR, y cm, i percibo cl 0101'
elel incienso que se quema al pié del altar. El atrio
e~üí colmado y las granues puertas del templo dan
entrada á lus qUE' por devocion ó por cur'Íosidad llegan
alli.
Ouántns seiíol'a,~, cuántos n iños y niíía~ pululan desllllTl,
hrando con sn~ vistosos trajes! A dónde van?
~c dirigen al Capitolio, en donde continua hoy la fie:,;ta
más gl'nnde q'Ie la civilizacion puelle presentar.
II.\y cert;Ímclles de lns escuelas públicns, Van otros
al snlon de grados tÍ :11 colegio del señor l\Iontenegro.
. L~s horas "an pn~n.ndo y el movimiento incesllnte
de gentes se '\umenta cada yez más y m;l'. l\Iultitud
ele senoras elegnntemente vestida, caballeros en traje
de etiquetay UOln gran multitud decul'io¡:os ocupan
la Catedr'al y el grnno¡:le y espacioso atrio. Algo e PP.rnn
todos porque se mueven, se agi tan, se ngrupan,van,
, ienen y revuel,en hasta. que apan:ce una silla de
manos., qne al pasar por enfrente ele la iglesia ela, ¡:alida
;í una j óven ve--tidn. de blanco. Quién es '? Qné es ].0
que hay. ,\Ta n. celebral'se un matrimonio en la Cated
ral, hor domingo y <Í. las d oce clei dia . P or fin concluye
la ceremonia; el inmensn concurso se derl'am~
por la piaza y calles. y la comitiv:l. se dil'ige á la ca~a
en donde habrá un gTan almuerzo. Sesenta cubiertos
adornarán la mesn_ Pero quiénes son los novios? Son
la señorita Rosalbina Amador y el caba~INo Abraham
Aparicio, qui enes se han unid l) con tan fallsto boato.
El día sigue <:on la animacion hasta que al fin ll eg&
la noche.
Paso á oün cosa_ La Asamblea del Es tado, entre
otras leyes de Fcrrocaril y leñocarríl y qué so yo qué
más, c.-pidió nna qne probibe todo jnego de suerte y
azar. A consecuencia de esto, pregul1tuua un suj eto
que tiene adquirido un comprometimiento ~Ario, s i esa
ley comprendia tambien el matrimonio. N"ada hay
más aventurado decia, y ahí si que juega UllO h de
toda la vida.
La policía ha emprenuido una cruzntla terrible contra
la r aza. canina. r-o ería po ible aborrar á la poblacion
el espectácu lo q ne se vé pOlo toda las ca lles
con los infelices animal es, entregauo, :í. las t erribles
convu oues que produce la estricnina? En dond.e
quiera que baya un g rupo de niííos y gentes de,ocupadas
ahí, e seguro, acaha de caer algun perro que
retuerce, e estira, que lucha para ponerse de pié -y
que con los ojos azulosos y de lu trados parece pedir
algun consuelo á quicnes rien quizá de verle en tan
horrorosa sit.uacion. Francamente, esto no es humano.
Dcspues de la última revi ta de teatro,la c0mp;¡iíl:l.
ha puesto en escena. los tres dramas llamados 'El tan-
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
82 LA TARDE
to por ciento" "La Campana de Almudaina", y In
Flol' de un dia " Antes de entrar á hablar de e tas piezas
diré Jo que generalmente se crce, y es que BClgotá
DO resiste tres repre entaciones semanales, De ahí el
que las de los sábados hayan , ido e casas de concurrencia.
Otra advertencia, Toches ha habido en que dos
personas hayan ido :i ocupar un mismo puesto llevando
:\mbas boleta; y por último, puesto que á las galerias
altas sube a hora el totilimundi, y que ya se ha permitido
allá una cantina, seria conveniente no se pcrdiel'a
de vi ta por la policía aquel barrio latino. úte e
que de allá parten Jos gritos, la carcajadas grotescas,
los llantos de los mucbnchos y las observaciones de
los ajumados. Hombre! y ya se me olvidaba otm cosa:
es muy desagradable el ver en la escena, cuando
, se cree el e pectador trasportado á la sala ?'égia, y casi
llora al ver á dos amantes que enteramente sólos se
juran ser tan fieles corno Lola en la "Flor de un dia"
alcanzar á ver la cabeza de un niño Agnpito ú otro
ue e os que acaban de soltar el cordel pam ir :í ayudar
á los tramoyistas. En toda casa los te::;tigos sun
perjudiciales pero en la escena más.
Entrando á juzgar del mérito de las piezas representadas,
i qué juicio más oportuno y esncto podré
dar á mis lecteres que el que acerca del drama "El
Tanto por ciento" escribió nuestro inolvidable amigo,
el señor José María Vergara y Vergara? Con placer
con satisfaceion, con orgullo abro campo en mi pobre
revista al juicio que la galana pluma de mi amigo escribió
hace ya algunos años.
-
Tanto por oiento.
Este drama que tan buena acogida ha recibido en
Bogotá, en cuyo te:¡,tro se ha repetido 3U representacion,
merece que" El :Mosaico " le destine una de sus
páginas; merece mucho más: que todos los periódicos
lo recomienden, y que todos Jos miembros de la dislocada
sociedad del siglo 19 nos lo aprendiéramos de
memoria, En primer lugar, nos felicitamos de que
este admirable drama, de los mejores dramas del siglo,
sea original español. El señor LÓPEz AYALA, su
autor, de poca nombradía ayer, de nombradía universal
hoy, ha abierto una carrera nueva á la Iiteraturn
española, aclimantando en ella la. gran e cuela francesa,
mejorada en sus tendencias; y que, bajo la dulce,
y armoniosa versificacion castellana, tendrá un encanto
más. i Qué son los más grandes dramas del
egregio Víctor Rugo? Sublimes cuadros de literatuI'n,
en qu e la moral no queda muy bien parada, porque
El Re y se d'ivie?'te, .1IlJaTia Tudo?' y todos los demas de
su plu ma desgarran el alma, y pervierten su pudoroso
y delicado ins tinto y ponen un abismo entre la esperanza
y el corazon. ¿ Qué grande enseñanz!t se saca de
los "Amantes de Teruel," si en este siglo ya no se
usan los casamientos forzando las inclinaciones? La
jmaginacion se extasía delante del os magníficos cuadros
desarrollados por Harzembusch, pero el corazon
no retira de la funcion provecho ninguno. Se han e -
cr to muchos dramas para el beneficio de célebres actr;ceis:
pocos, muy pocos, en beneficio del público que es
un autor más digno de consideraciones y más desgraciado
que las mimadas actrices, Entre estos pocos luce
como la luna entre las estrellas el "Tanto por ciento"
cuyas tendencias son á sanar la llaga que devora
las sociedades actuales, Severo como un predicador,
atento sólo á su objeto, como Colon atento sólo á descubrir
el Nuevo Mundo; y sin embargo, con una accion
en que lleva á remolque la imaginacion de los
oyentes, y con una versificacion que encanta los
oido¡;, y lleno de pensamientos elevados reducidos á
una corta fmse que se puede aprender de memoria, ó
mejuI' dicho, que no puede lllénos que aprenderse de
memoria: tal es el Tanto pO?' ciento!
Sus grandes caractéres son el especulador, en primer
término, odiosa figura demasiado verdadera, por
desgracia! que hace negocio solamente. 1, Qué es para.
Roberto la noble pasion de la noble condesa por Pa.-
blo? i Qué la felicidad de cste, que es su amigo de
infancia? i Qué In cOrI'upcion que inspira á la criada
de la condesa y al criado de Pablo, y á don Gas ,
corazon honrado, y á PetI a corazon vulgar y 0-
. o? i Qué la ruina de su amigo, !lU dcsesperacion profllnda?
i Qué la el shonra de la conoe a, cUYlI. inocencia
consta en un papel que él guarda cuidado fllllente
y que no muestra porque echaria á perder u plan de
ganancias? Qué es todo eso? Lo elemento con lo
cua les va á ganar un treinta por uno; las cifras moral
es que constituyen lo que él llama un negocto
?'Cdondo. Ya á subir de valor la . de Pablo: para
quitarla, destroza dos corazones, porque i Pablo
se casa con la conde a, e rico otra vez y l'e\'Índica su
propiedad. Qué Ílupol'ta I Corazoncs'? Patarata! El
, negoc1o es negocIO
En dCJ'l't'dúr de e te caráter protagonista, que no
está olnmp.nte bien ideado sino copiado del natuml,
se agrupan los C~l'nctéres principales y lo ubaltcl'Dos.
El primero, el de Pablo, jóven, caballero. o y enamo·
rado; el segundo, el de la condesa 1 abel, buena como
saben serlo las ll1ujeles buenas, en quienes la genero~
idnd es de 01'1', como lo es de oropel en los hombres.
1. abel cleswfllCt {~ Pablo todo ~tn día, porque los negociantes
que la rodean le han in pirado no sólo celos,
ino a co por Pablo, suponiéndulo un libertino, que
ha abrazndo camareras y enamorado cnsadas de vulgar
condicion ; pero apénas sabe que Pablo es desgraciado
y pobre, 01 vida sus celo, lo olvida todo, y no
tizne sino un pensamiento: <>1 de dar á Pablo su riqueza
y su mano. Siguen don Gaspar, viejo de buena
conciencia, débil ante las especiosas exigencias de su
e posa, y que por debilidad calla cuando una palabra
suya pudiera, alYfII' la bonra de la condesa: Petra, su
esposa, mujer odiciosa é infame; la camarera de I abel,
codiciosa tambien; Andres, que pretende detener
su ruina y acial' su pasion, casándose con la condesa
que es bell:t y rica; y Sabino, que tambitm bace
cueDtns en los dedos, contando lo que puede ganar, ya
ca ándose con la camnrcra de I . abel, ya yendo cou
Roberto á la parte sobl'e los de pojo de su noble
amo. Todos estt; negociantes giran.en derredor del
amor de Isabel y de Pablo; y entre las rninas de e os
corazones amante y nobles no buscan sino oro, como
lo alquimi ta lo bu. caban entre las cenizas del hogar
dunde habian encendido fuego para hacer su ma-
~ ligno y codiciado metn1. Todos los caractéres son pin-tados
con mano maestl'a: el subl!me poéta, en lugar
de soltar su imaginacion á creal' tipos, ó desfigurar
tipos bistóricos, los ha tomado del natural entre la
sociedad que nos rodea. La intriga, que á cada paso
excita una cmocion, se desenlaza de una mnnera en
que lo natural y lo romántico se disputan el premio.
I abel, que acaba de hacer aparecer 5U inocencia anLe
los ejos de Pablo y que ha vuelto á ganar su amor
con ganal' su estimacion, ha pngado en secreto la deuda
de Pablo; y cuando él, absorto ante las dos felicidades
que se le vienen encima, la de baIlar inocente
á su amada, y la de reconquistar su pmpiedao , pregunta
á qué mano debe esos beneficios, Isabel le dice:
á esta, que te entngo hom'ada; y al oir e, e grito qne
le sale del fondo de sus entrañas, una lágrima _sale
tambien á los ojos del oyente del lugar de doude sal ió
aquella inimitable respuesta.
La comedia termina en casamiento, como debe hacerlo
toda comedia honrada.
-
"La Flor de un dia" del señor Camprodon es un drama
que no resiste juicio crítico severo. Ni el plan es
correcto, ni bay cohesion en el desarrollo, ni vivo interes
ni verosimilitud en las escenas, ni el desenlace
trae aliCiente alguno. Casi puede decirse que no hay
tal desenlace. Pécase por otra parte en los diálogos
interminables y los monólogos sin motivo qne los
justifique. Pero en cambio; qué lirismo, qué dulzura,
qué novedad de imágenes; qué rima tan suave y tan
cadenciosa! Puedo decir esto sin riesgo de equivocarme:
" La Flor de un dia" y "Las Espinas de una
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LA TARDE 83
flor", no se habrian representado segunda vez, si no
se llevasen la imaginacion del espectador tras ele
una :1\'monía casi celestial. Vaga C01110 el perfume
enante del bosql¡e, rU11101'0Sa como la brisa en la enramada,
juguetona como el arroyo campC' ino, blanda
C01110 la ola, trasparente como la Ilube de verano,
rosada corno el celaje de la tarde 6 eomo el carmin de
la aurora, eso es, y más, aquella poe in encantadora.
POlo centenares podda presentar aquí mue. tras de
versos admirables; versos que, justo es decido, han
adquirido un gran mérito on lQs labios de los actores.
La recitacion fué satisfactoria.
De las petipiezas haré excepcion de una para castigarla.
":Ner.esito un hombre" no merece el trabajo
del reparto de papeles, del aprendizaje, y mucho ménos
de la representacion. Adcmas ue escasa de ingénio
es poco decente. Toda ella está reducida :í. un diálogo
en que una mnje¡' suplica á un hombre que (iba
á sentar la fmse de que:allí se valen) le sirva de amant
e no más que por tres dias. Ya e co'np renderá que
el hombre no se hizo de rogar. Me dió pena de , el" á
la senara de Ortiz haciendo aquel papel de costu rera
que busca y suplica (t un hombre.
Debo á la fineza de un amigo el siguiente artículo:
LA CAMPANA DE LA ALMUDAINA.
,
E SPECIE DE Jl:ICIO CRlTI CO.
La campana de la Almudaina es un drama de don
Juan Paloa y Co11, á. quien Dios conserve 11Iuchos aITos
para honra y gloria del teatro y Lien de nuestras
almas.
El infante don Jaime se halla. preso por órden del
rey su tio, y el gobernarlor Centellas qlliere hacerle al
infante la volada de matarlo. Doña Cons tanza, S il mndre,(
no de Oentella ni de usted señor lector, sino del
infante,) aparece:delante del Gobernador uplicandole
que no baga tal desa fu ero. El Gobernador no da cuartel,
porque es un h.ombre endemoniado, ap e~a r de que
dou,\ Constanza lo babia cur Ido de unas heridas q\le
le hicieron unos facin e1'Osos. Don Jaime va á morir,
porque Centellas va :i tocar" una campana, y oh ! portento!
una conspimcion estalla de )'epente por una
ventana y la hija de Centellas es entÓ1lees la que vaá
motir. Isabel se llama 13. hija y no queda duda q {le es
de él, porque el retrato de la madre está colgado sobre
una. puerta.. (Aquí el autor dice que el telon debe
correrse rápidamente j. En fin, sigue el t ercer acto
y con ésto acaba el drama.
Creemos que nuestros lectores se habrán formado
una idea completa del drama, con lo que dejamos expuesto,
réstanos solo dar una idea del verso, para lo
cual, copiamos el siguiente
"y aunque os pese, porque os prive
En mi ese azar, de reboso,
No sé reprimir mi gozo
Que siento al pensar que vive! "
Es de advertir que en el drama figuran primero Casador,
segundo Casador y tercer Casador.
He dicho.
La Compañía ha continuado llamando la atencioD
del públ ico por sus esfu erzos en la rep¡'eseutacion.
Cada dia se nota el adelanto de los que al lado del señor
Ortiz, su señora y el señor Sigan'oa hacen esfuer-zos
por agradar al espectador, EL FISGON.
EN UN LIBRO.
Para adornar las hojas de tu libro
Le pides á mi lira una cancion :
A ve de paso en cxtranjero suelo
No tengo cantos que ofrecerte hoy.
Como la planta que atrevida mano
De su suelo nativo la arrancó,
y á otra tierra, otro clima y otro cielo
El capricho del hombre la llevó i
y nunca más la primitiva sávia
Vol vió á sus tallos á prestar verdor
y débil, triste, pálida y marchita
Ya nunca más á florecer volvió.
Así yo siento léjos de mi patria
M6nos vida en mi pobre coraílon,
y las flor es del alma ... mis cantares .. :
Se agostaron al soplo del dolor I
Paris, Julio de 1866.
HORTENSIA ANTOMMARCHI DE V ASQUEZ.
•
CARTA A UN AMIGO.
Vaya, Cár los, que has sido cruel, muy cruel
conmigo, al escribir la carta que se reg istra en
uno de los números de "La Tarde" j esta horrible
decepcion me aguardaba. al declinar la
carrera de mi vida.
Tli me has h erido á man salva, y poniendo por
mampuesto á David, me has lanzado á quemaropa
un tiro alevoso, que me ha d esgarrado el
alma, porque con él se han marchitado mis ilusiones,
mi más ardiente aspiracion ha volado, y
nada, nada queda ya en el horizonte de mi
existencia, de esa luz viva y radiante que ilumina
e l albor de la juvent,ud, cuando el alIlla
animada por las mis dulces emociones, por la
fogosidad y la alegría, por sensaciones inten·
sas, se halla en la plenitud de la vida, se mueve,
se eleva y se agita, con la fuerza con que
la lava inflamada y los gafOes encendidos de un
vol"au, sacuden y conmueven las gigantescas
moles de granito que los encierran y aprisionan.
Prevalido del seudónimo y de la distancia qua
nos separa creiste que en la ceguedad que me
atribuyes, no alcanzaría á divisar la mano qua
me ha asestado tan tremendo golpe; ah! no
caiste en la cuenta de que el estilo te habria da
vender, y que cualquiera al leer tu carta, podia
ver en ella la misma pluma, que para houor de
la literatura nacional, trazó el magnifico cuadro,
titulado « Misterios del corazon "
Confiesa, CárIos, que si no te ha guiado un::t
torcida intencion, al ménos has pro cedido con
manifiesta imprudencia al llamarme viejo, al
pregonar á són de trompeta mi d ecaden te edad,
y exhibirme así en plena tanle a chacos o y valetudinario,
indigno por consiguiente, de entrar
triunfante al templo d el Himeneo.
Inútiles han venido á ser mis r epetidos viajes
á las peluquerías de Saunie;', Gilede y Ferdinand,
estimubles sujetos, á cuya incontestable
habilidad, tantos hemos podido pasar como jó·
venes rosagantes, ocultando las arrugas y el
plateado brillo de nuestro cabello. Ah! si estos
tres maestros del divino arte de las tij eras y dol
cosm6tico, llegaran::í. hablar, como tú lo has hecho,
qué trastorno socialllegaria á veríficarse;
cuántas caretas eaidas al suelo, cuintas esperanzas
perdidas, y cuántos desengaños más; p ero no,
ellos no lo harán, ello::3 continuarán guardando
el secreto de las debilidades humanas, que allí
lleva en trofeo la vanidad del hombre.
Tú mismo no sabes todo el mal que me has
ca.usado, yel terrible ostrasismo á que me con~
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84 LA TARDE
uena tu in consulta Egereza; y todo esto Pl'ecisamente
cn el momento más ério de mi vida,
cuando pensa ba __ -sí, pensaba en abandoll'u
ste ostado que ya comienza a lllal'tiz.lrllle e l
alma, qu e me alarma, me abruma y desespera;
porque en los celajes do la tarde á que he llegado,
veo el oca&o oscuro y pavoroso, á donde ir é
á ocultarme, solo, sin un rayo do luz que ilumine
1 veloz descenso de mi vicIa.
y no hay r emedio, im posible es detener 01
tiempo! que inexorable é impa sible en su carrel'a
no se detiene un momento, ni pál'a sus alas
de r ápido v<>lar. El tiempo qu e se complace en
a grupar l a nieve sobre nuestra cabeza, que enjuta
nuestras carn es quitándoles su frescura y
morbidez, marchita l os colores, r oua 1 brillo á
los ojos, entorpece l os sentidos, d e~t ruye la fuerza
vital, y se lleva el fuego, el vi gor, la animacion,
todo, todo, hasta l a i noeenci ¡¡ de .n u estros
primor os años. Mar insondablo donde la felicidad
esquiva y caprichosa, escapándoso ele nuestras
manos, va á s ume rgirse para n o volver á
a so mar su faz e n el horiz onte ele nuestrc\ vida.
R e loj d e l infinito, cuyo horario va marcando
amarguras y decepciones, y que á cada momento
nos señala un nuevo escollo, una contrariedad
m ás qu e vencer.
No, Cárlos, yo no querría ser inmortal, como
lo has ll egado a juzgar; p e ro si me par ece ~lue
ayer no más vine al mundo, si tengo tau fresco
el re c u e rdo de m is primeros años, si aún no se
ha secado el árbol á cuya sombra jugaba con
l os co~pañCl'os de mi i nfanc;ia, que no puedo
convencerme, se hayan aglomerado tantos años,
y que la v ej ez haya v enido á sorprenderm e á ntes
de estrechar esa mag'a que se llama la Fortuna,
qne sonrie y se aleja, y cuya rue da no he
polido hacer parar jamas.
Pero tú 10 has dicho, lo ha s pregonado, y co n
tu denuncio has pronunciado u n fa llo, una sentencia
inapelable, que las muj e r es se encargal'{
m de ejecutar, entregándome ::í. la desob cjo n.
Si síquiera me acompañara un fuerte capital,
con l o cual ningun hombre es mal recibido, ni
carece de cualidades inapreciables, y á l os cuarenta
es todavía jóven y hasta inteligente, la
cosa vari aria d e aspecto; pero ni e l r ec urso de
este infalible ta1isman mc ha quedado.
Alucinado con la idea d e que mi vej ez era
desconocida, iba i empreuder mi vuelo, y tú mal
amigo, m e has cortado las ala ; hoy ya las madres
e n contrarán en mí un obj eto co n que asustar
á. los niños; no faltará quien venga á pedirme
consejos como á hombre experimentado, no
podré librarme de los cargos onerosos; e n hs bailes
á fu er de mas anciano, me tocará. poner la
contradanza con aIgun v estiglo ; pues por l o que
hace á las muchachas, ellas sc darán sus trall9.S
por evitar mí compañia; son tan hábiles l as muj
e r es en esto de esqu ivar e l bail:u con una par
eja madura, ó r epelente, que cuando se hallan
as e diada s por un mal partido se les disloca ua
pié ............ ó resultan comprometidas de a nte-mano
con algun primo, que á guisa de calan-
, chin ha ocurrido á esa lotería llamada baile , d onde
muchos juegan á fi cha vista, pero donde no
á todos le es dado gritar ambo ni ganar partida.
Penosa situacion por cierto, para quien son
negadas l as son risa para quien toda r eunio n
donde la juventud exhibe sus gracias y belloza,
se convierte en un suplicio de Tántalo; quien
al fin de tanto fiasco, de tan t,) lance ridículo,
comienza por fa. tidia r se de todo, por protestar
contra el mundo que lo mira con desden, y con cl
uye por retirar e doi trato social y por dudar
hu ta de sí mismo. Un sér sin afectos íntimos,
contrariado, descreído, inuolento, gastado y hasta
caprichoso y malgeniado, éste es amigo mi()
el solteron .
Quie'!.'es conocer el e sta do de su alma? Visita
una de esas casas abandonadas y derruidas por
el tiempo, allí donde no se enciende 01 fu ego,
ni se levanta el humo en forma d e espirales
sobre su techumbre, donde no hay una flor, una
fuente que corra murll1urando, una mujel' que
la anime con su presencia, niños que salten, jueguon
y griten, lli perro qua salga al encu e ntro
del amo. Observa en el desierto el árbo l sin lozanía.,
cubier to de musgo, sin bojas, sin fl ores y sin
frulo, que en busca de la brisa vivificantA extiende
a l espacio sus ramas desprovistas de sávia
y de vera.ura, como brazos entecos, r ígidos y
descarnados.
Tal es s u estado de desolacion, y al cual ha
podido lanza rm e tu imprudencia.
Pero llO, yo no viviré solo: Hay en el mundo
un 561' que m e ama á p esa r da mi decad ente
edad, que me mira con cariño y con ternura~
que me sonríe :i cada rato, cuyo corazon es mio;
mujer llena de bondad y de dulzura, cuyo amor
no me adandonará nun ca, y que como un ángel
de conf'uelo me acompañará en todas las sitU!l.4
ciones de mi vida:
Yo tengo mi madre.
Tu amigo,
- EL SOLTB:B.Olli'.
--==><><:;>0-0= --
ELLA DUERME!
"No duermas," suplicante me decia. ;
" E scúcha me, despierta" ..... .
Cuando haciendo cojín dA su regazo
Soñándome besarla me dormia_
Más tarde ... Horror ~ en convulsivo abraz()
L e oprimí el COl'azon ... Rígida y yerta :
En vano la b esé; no sonreia .
En vano la llamab a ; no me oia :
La llamo en su sepulcro y no despierta!
JORGE ISAAcs.
--oo:O«o-o~-
FLORES DE MUERTO.
A 'í pued en llamar'e las que han quedado presentes
siempre en mis sombrías l'I::mini cencia~, al
hielo de mi nocbes sin sueño, y sin embargo iuextin""
uibles en el triste desencanto de mi vida.
o Es una honda mem oria, cruel y pers eg uidora, que
en vano quiel'o desterra r del alma.
Sombra que fi ota sus alas de vampiro sobre el triste
vacío de mi juventud.
Extinta primavera de mis soles, recuerdos de una,
hermosa pe"adilla. -
Era el año de 1860, frescos están en mi oorazon sus
•
•
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LA TARDE 68
acontecimientos, como el remedo de una incesante ,
ngoma.
Yo era jóven alegro y bullicio o, bijo único de una
familia acomodada, y con alguna educacion, recibIda
en la bancas de un colegio de provincia, mi vitla sé
de Iizaba como la' aren'\ de mis nativas fuente .
Era una e pecie de Byron, sin su talento y in su
belleza, pero i con algo de su' inmen a tempe tades.
En toda la plenitud de mI Incido años, y tra los
tibio arrebole de mi primera estrella, amé con e e
amor qne abre su alas de inquieto colibrí
sobl'e interminables mundos do la fanta ía. Idca
única rccluida iempre á u primera fe.
A í oñaba bnjo el poder de una evocacion divina, y
sentía en mi corazon algo emejante al de'peñado
Tequendama, y mi cabeza hcn"ia como la lava en infusíon.
Oh! In. amaba tanto! oh i, .... tanto, que boy
ues de 14 años .... boy de!;pues de que por mí
han pasado tan duras y tcrribles pruebas, aún me pa-rece
verla todavía!
Era mi que mi vida, y la amaba tanto, como el
antiguo caballero de la Oruz, el in eparabJe recuerdo
de su patria riberas y el honor de u amada.
Pero ay! la noche llegó tri te y helada sobre los
limpios paisajes donde soñaba mi alma.
Las olas de los acontecimientos políticos me proscribían
do mi pais.
Era preci o decirle adios! ...
Con l:lo Uluerte en el almn, y CO!l la triste esperanza
dQ mi ituaeiou me encaminé á su casa.
E taba ola, dulce y hermo a como siempre, no sé
lo que le dije; pero su mano calenturienta y t.cmblorosa
oprimió la mia vacilante, helada. u dorada cabez::.
cayó sohre u pecho, y sus ojo dulcemellte in o
clinados, me dijeron muelos toda la solemne tristeza
de u corazon. Así lo creí, y el infinito peso de mi
dolor no tuvo límites .
Nos dijimos adios! último y tri te adios! que aún
hoy des pues de tanto tiempo .... vibra en mis oidos,
como el eco da una maldicion, corno el hirviente plomo
sobre las olas de un lago.
Ingrato! por ella me habia olvidado de mi pobre
madre. Oorrí á abraznrla por la última vez I
Hacia tres meses que me aturdia al agrio són de los
clarines guerreros, en los campamentos del general
París, cuando la carta enlutada de un amigo mio, me
llevó la nueva do su tri te fallecimiento. j Pobro madre
mia! j cuánto debió sufrir! Santa y dnlce compañera
de mis año, la muerte selló sus amarguras
con el último sucño. Y mis labios y mi alma
no recojieron ni su última plegaria, ni su postrera ca-
• • rICIa.
Huérfano desde la cuna, de un padl'e am~nte y cariños,
o , tampoco cerré u ojos, ni velé sus postreras
agoma.
La muerte de mi madre extendió sobre mi frente
una visible sombra de profundo malestar, que casi
ahogaba la locds emocione tic mi cO¡'azon, imponiénles
un olemne y silencioso recojlmiento. Mi alud
declinabn, y úl timaOlente tomó caractéres tan sé1'Íos
que mi amigo e alarmaron profundamente.
Mi razon se extraviaba.
i Quién lo creyera! Mi jóven organizacion ardirnte
y vigoro a, al fin e dió por vcncida: 1 me e sin
conocer á nadie, y en una sitllacion de espíl"itu ti
Docida, reducido al lecbo, sin conciencia de mi propio
destino, pa é mi vida sin que á mis oído llegara nil:l.
más vaga noticia de mi encantndora amiga.
Nunca supe sí me habia escrito siquiera dos líneas,
acompañándome en el duelo de mi madre.
Un poco débil, pero ya mejor de salud, de esperado
por la ince¡·tidumbl'e, y un tanto desprjado el ho-rizonte
político de mi me Ivi á marchar.
Dije adios á mis queridos go , lleno de pena y de
agradecimiento, y cada cual al abrazarme me miraba
triste y pensativo; tornando yo este sentimiento por
efusion de cariño, se los ngradecl en el alma, y emprendí
mi viaje.
Diez días despues piso.ba el suelo querido que me
vió nacer; mi corazon latia ansioso y delirante; en
e e suelo habia d ejado la infinita ventura de mis primeros
ueños; de nuevo sentí desbordar e mis ojos
cuando mi pi ada re onaron huecas y silenciosas en
el fl'io y de ierto hogar de mi padre.
na antigua criada de la ca a me recibió llorando,
y alJondando lí. cada palabra las herida de mi corazon.
'.l'rabajo le co. tó reconocerme. i Ouánto habia
cambiatlo! ii vida habia sido un cementerio en sus
do últimos anos y en él ardia una lámpara, única, solitaria,
inextinguible ....
TO hacia du. horas que habia llegado cuando mi
ca a se llenó de amigo que venian lí. darme la bienvenida,
enlutados y cabizbajo. Despues de un rato,
la com'er acion se animó Ull poco, y uno de ellos me
dijo, con tOllO entre alarmante y di imulado: i La
familia de .... no te ha escrito? Nada, ni ella siquiera,
le contesté; quizá por mi locura me habrá olvidado
..... a. í P. este mundo. Oiertamente, r eplicó mi
amigo, con airo incierto y meditabundo, mil'lllldo á
sus compañeros con ojo interrogadorcs y tri tes; alguno
se me acercó en este momento y poniéndome
familiarmente la mano en el hombro, me dijo: si ctla
te olvidó, Dios se encargó de !Su castigo .... ya duerme
el l.u'go ueño de la tum ba ....
Herido Lomo por una detonacioll, mi cabeza empez6
á dar vueltas, y sen tia que mi corazon habia cesado
de latir. Empezaba otra vez el delirio de la locura,
mi o amigo me rotlearon, y des pues de agotar los recur
os de la ciencia y ele la ternura, logró rehacerse
mi eSl?íritu dcspues de la madrugada.
Do dias de pues, recoo tado en mi lecho, como una
sombra obre unas ruinas, apuraba gota :í. gota toda
la inmeusa amargura del incurable mal de que me
muero.
Ella, perjura y vil, se habia casado, cuando yo agonizaba
casi al duelo de mi madre y al luto de su ausenC'Ía;
Pero Dios se habia encargado de mi fe burlada.
Poco del'pues tle casad", en una noche de tempestad,
un rayo descendió sobre su hermosa frente; quedando
así recolllpenFada su felicidad de la tiorra y el
hondo desconsuelo de mi vida!
Pobre do mí !
Mi cabeza jamas babia probado el vértigo de la cai·
da, balanceándose sobre ese abismo que acaba á nue.tro
piés el desengaño.
Mi cornzon habia muerto á la primera impresioIl
del mundo; dije adios á la tumba de mi padres; besé
reverente todo lo que les habia pertenecido en el
hogar; y errante y :!in objeto me bice viajero; pel'O
lo lluevos soles de otro o pai"rs y el aire de us clímas
deliciosos, no le han devuelto la salud á mi espíritu
enfermo.
No dllé que roe he abandonado á la. dese peracion,
porqu esto no es cieloto; pero i ver:1ad, que el
recuenlo de esa mujer prsa como el Tolima obre mis
hom bro . En vano cierro mi COloaZOll y m is ojos: ella
y iempre ella, entre mi destino y yÓo Ella .... que
embr6 de Itlgrimas y abrOJOS el endero do mi vida,
y alTazó con el cier7.0 de su ingratitud, las primeras
florrs que brotaron en mi alegres mañana o
Tal es la l.Jistoria que nuestru amigo Enrique nos
contaba hace algun tiompl'>, tratando de dominar sus
tri ' tes impreiones. La que tra cribiruos íntegra á
l1ue tro lectores sin pretensiones de ningun género.
Octubre 13 de 1874.
AGRIPINA MONTES DeL VALU:.
• : • •
A DOS AMIGOS
el dia. de sus boda.s.
Fundir dos almas en la misma vida. I
En solo un vuelo remontarse dos!
Doble mirada, en lo infinito unida,
Alzal' al tl'ono en que bendice Dio~ !
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86 LA T A R D E
j Esa es la iniciacion, dulce y sublime
De que hoy partis al porvenir ideal I .
Por hase, amor, que encanta y que redIme,
Virtud que inmortaliza por fanal!
¡ Seguid, amigos, la envidiada vía
De sombras y de espinas sin temor!
j Pueda, por siempre, ser vuestra alegría. I
Ouaoto hoy promete la esperanza en flor.
y siga, siga vuestro amor creciente
Para libraros del humano mal!
El alma. embota del dolor el diente!
El amor, como el alma, es inmortal!
Ambalama, Octubre, 9 1874.
Pr~zON RICO.
•
LAS HOJAS SECAS·
El sol' se habia puesto: las nubes, que cruzaban hechas
girones sobre mi cabeza, i~an á am?ntonar~e
unas sobre otras en el horizonte lepno. El VIento fno
de las tardes de otoño arremolinaba las hojas secas á
o o , mIs pIes.
Yo estaha sentado al borde de un camino, por donde
siempre vuelven ménos de los que van.
No sé en qué pensaba, si en efecto pensaba entónces
eu alguna cosa. l\Ií alma temblaba á punto d~
lanzarse al espacio, como el pájaro iembla y aglt:l. ligeramente
las alas ántes de levant~r el v~e!o.
Hay momento en que, merced a una sene de abstraccione
, el espíritu se sustrae á cuanto le rodea, y
replegándose en si mismo, analiz~ y ~omprende todos
Jos misteriosos fenómenos de la VIda mterna del hombre
lÍay otros en que se desliga de la carne, pierde su
personalidad y se confunde COIl 103 elementos de la
naturaleza se relaciona con su modo de ser, y tradu- , o ce su incompren5ible lenguaje.
Yo me hall!lba en uno de estos últimos momentos
cuando solo en medio de la escueta llanura oí hablar
cerca de mí.
Eran dos hojas secas las que bablaban, y éste, poco
más ó ménos, su extraño diálogo:
-¿ De dónde vienes, hermana?
-Vengo de rodar con el torbellino, envuelta en la
nube de polvo y de las hojas secas nuestras compañeras,
á lo largo de la interminable llanur~. ¿ Y tú ?
-Yo he seguido algun tiempo la corriente del r10,
hasta que el vendaval me arrancó de entre el légamo
y los juncos de la orilla.
-y á dónde vas?
-No lo sé: i lo sabe acaso el viento que me em-puja?
, ., d" h b' d bar ama -i Ay. i qUien Ir,la que a lamos. e aca -
rilIas y secas arrastran nonos por la tierra, .~osotras
que vivimos vestidas de color y de luz meClendonos
en el aire?
-¿ Te acuerdas de los hermosos dias en que bro~amos'
de aquella apacible mañana en que, roto el hmchado
boton que nos servia de cuna, nos desplega.mos
al templado beso del sol, como un abanico de esmeraldas?
-i Oh! i qué dulce era sentirse balanceada por la
brisa á aquella. altura, bebiendo por todos los poros ~l
aire y la 1 uzo
. Oh! qué hermoso era ver correr el agua. del
riC: que lamia las retorcidas raícés del añoso tronco
que nos sustentaba, aque~ agua limpia. "5; trasparente
que copiaba como un espejo el azul del C1el~, de modo
que cI'eiamos vivil' suspendidas entre dos abISmos azules
!
-j Con qué placer nos asomábamos por cima. dE;
las verdes frondas para vernos retratadas en la temblorosa
corriente 1
o
-j Cómo cantábamos juntas imitando el rumor do
la brisa y siguiendo el r ¡tmo de las ondas!
-Los insectos brillantes revoloteaban dpsplegando
sus ala de gasa á nuestro R lrededor.
-y las mariposas blanc \8 y las libelulas nules,
que giran por el aire en extraños círculos, se paraban
un monumento en nuestros dentellados bordes :i contarse
los secretos de ese misteri030 amor que dura un
instante y les consume la vida.
-Cada cual de nosotras era una nota en el concierto
de los bosque3.
~Cada cual de nosotras era un tono en la armonía
de su color.
-En las noches de luna, cuando su plateada lu;¿
resbalaba sobre la cima de los montes, i te acuerdas
cómo charlábamos en voz baja entre las diáfanas sombras?
-y referiamos con un blando susurro las historias
de los silfos que se columpian en los hilos de oro, que
cuelgan las arañas entre los árboles .
-Hasta que uspendiamos nuestra mon6tona charla
para Oil' embebidas las quejas del ruiseñor, que habi~
escogido nuestro tronco por escabel.
-y eran tan tristes y tan suaves sus lamentos
que, aunque llenas de gozo al oirle, nos amanecia
llorando.
-' Ob ! i qué dulces eran aquellas lágrimlls que nos
prest'aba el rocío de la noche, que resplandecian con
todos lo~ colores del íris á la primera luz de la au-rora
!
- De>:pues vino la alegre banda de gilgueros á llenar
de vida y de ruidos el bosque con la alborazada y
confmm algarabía de sus cantos.
--y una enamorada pareja eolgó junto á nosotras
su redondo nido de ari~tas y de plumas.
-Nm¡otras fiervíamos de abrigo á los pequeñuelos
contra las molestas gútas c!e la lluvia en las tompestades
de verano.
-N osotra les sel"oíamos de dosel y los defendíamos
de los importunos rayos del sol.
--Nuestra vida pasaba como un "meño de oro, del
que no sospeehábamo~ que se podía despert~r. .
--Una hermosa tarde en que todo parecla sonrelr
á nuestro alredeuor, en que el sol poniente encendia
el ocaso y arrebolaba las nubes, y de la tierra ligeramente
húmeda su levantaban efluvios de vida y perfumes
de flores, dos amantes se detuvieron á la orilla
del agua y al pié del tronco que nos soste~ia. .
-i Nunca se borrará ese recuerdo de mi ~~morla t
Ella era jóven, easi una nii'ía: hermosa y pahda. El
le decia con ternura :-i Por qué lloras 1-Perdona
eate involuntario sentimiento de egoismo, le respondió
ella enjugándose una lágrima; lloro por mí. Lloro
la vida que me huye: cuando el cielo se corona de rayos
de luz, v la tíerra se viste de ver¡]u~ y de flores,
y el viento trae perfumes y can~os de paJaros y armonías
distantes, y se ama y ~e siente un~ ~ma~a,. i!a
vida es buena !-¿ Y por que no has doe VIVIr? mSlstló
él e5treebándole las manos conmovldo.-Porque es
imposible. Cuando eaigan secas esas hojas que m~r;
muran armoniosas sobre nuestras cabezas, yo monre
tambien, y el viento llevará algun día su polvo y el
mio i quién sabe ~ dón.de ? .
-yo lo oi Y tu lo Olste, y nos ~stremeclI~os y. callamos.
i Debíamos secarnos! i deblamos morir y gIrar
arrastradas por los remolinos del viento! Mudas y
1 lenas de terror permanecíamos aún cuando llegó la
noche. j Oh! i qué noche tan horrible!
-Por la primera vez falt6 á su cit~ el enamorado
ruiseñor que la encantaba con sus queJ88 •
-A poco Vvlaron los pájaros, y con e~los s~s pequeñuelos
ya vestidos de plumas: y quedo el melo sólo,
columpiándose lentamente y triste, como la CUDa vacía
de un niño muerto.
_y huyeron las mariposas blancas y las libe]u]as
azules dejando su lugar á los insectos oscurO!! que
venia~ á roer nuestras fibras y á depositar en nuestros
senos sus asquerosas la.rvas.
•
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LA TARDE , 81
-j Oh! j Y cómo nos estremecíamos encogidas al
helado contacto de las escarchas de la noche!
-Perdimos el color y la frescura.
-Perdimo la suavidad y .la, forma~, y lo que án-tes
al tocarnos era como rumor de como mUl',
mullo de palabras de enamorados, luégo se convirtió
en á pero ruido, seco, desagradable y triste.
i y al fin volamos desprendida !
-Hollada bnjo el pié del indiferente pa ajero, sin
cesar arrastrada de un punto á otro entre el polvo y
el fango, me he juzgado dichosa cuando podia repo ar
un instante en el profundo surco de un camino.
-Yo he dado vueltas sin cesar arra trada por la
turbia corriente, y en mi larga peregrinacion ví. solo,
enlutado y ~ombrío, contemplando con una mirada
di traida las aguas que pa aban y la Iloja secas que
marcaban u movimiento, á uno de lo do amantes
cuyas palabras nos hicieron prc rntir la muerto.
-j Ella tambien se de prendió de la vida y acaso
dormirá rn una fosa reciente, obre la que yo me detuve
un momento!
-i Ay 1 Ella duerme y reposa al fin; pero nosotras
¿ cuándo acabaremos este largo .iaje l ..
_j Junca ! •. Ya el viento que no dejó reposar un
punto vuelve á soplar, y ya me siento estremecida
para levantarme de la tierra y seguir con él. i Adios,
hermana!
-,. Aj'l OS ., ................................................................... ..
......................................... lO .............................. ~ .............. ..
Silbó el aire que habia permanecido IIn 1Il0mento
callado, y las hojas se levantaron en confuso remoli-
110, perdiéndose á lo léjos entre las tinieblas de la
noche.
Y yo pensé entónces algo que no puedo recordar, y
que, aunque lo recordase, no en contraria palabras
para decirlo.
G. A. BECQUER.
EL POETA Y EL VULGO.
Al altanero y encumbrado pino
Díjole un dia la rastrera grama:
-" ¿ Porqué tan orgulloso alzas tu rama
Cnando no alfombras como yo el camino?
y él respondió: -yo doy al peregrino
Sombra, cuando BU luz el sol derrama,
y cobijo tus flores cuando brama
El ronco y desatado torbellino."
Así el vulgo al poeta gritó un día:
_" Porqué mirais indiferente el suele, ?
,
¿ Qué hacei ? Quién sois 1" y el bardo re!'pondia :
-Soy más que vos, porque tal yez recelo
Que Bolo de mi canto á la armonía
Comprendeis que bay U11 Dios y que hay un ciclo.'
EUSEBIO LILLO. (Chileno)
LA VIDA DE DOS MUJERES·
(CUADRO iNTIMO)
Por Aldebaran.
( Continuacion.)
_Quiero estar sola, uijo tia Juana interrumpiéndola
con brusquedad é incorporándose y mirándola
de hito en bita, añadió:
-l Porqué se te figura que he de sufrir hoy más
que ayer?
-No só , ••• pensé ..••
-Pues no pienses nada, volvi6 á decirme durante
la enferma; hasta mañana, añadió volviéndose hácia
el rincon.
lI.
Yo tenia mi cama en el cuarto de tía Andrea di.
idido del de tia Juana por la snla. La noche estabp
calmosa y 1'0 tenia sueño, a í fué que en lugar d
acercarme á mi cama, me senté en una tarima que t
hallaba al lado de la ventana enrejada que daba sobre
el corredor. La ventana estaba abierta y levantando
la vista al cielo le ví nublado, y la luna no daba sino
una luz tri te y de igual.
- Jo piensa acostarte 1 tia. Andrea.
- o tengo sueño, con
-Mucha impresion te ha hecho ]0 que vimos esta
noche 1 me preguntó.
;-Talvez sí, contesté .... era el primer muerto que
ve!a.
-Hice mal, re el1a,lo con en llevarte á
la Iglesia .. " pero no pude vencer el de verle
por última vez, despues de tantos años de extraña.miento
y fingida indiferencia.
_ Y ~ la miré sorprendida, y notando ella mi sorpresa
anad,ó:
- o sabias acaso, Pepita, que yo debia de haber
sido la esposa de don R~mon ?
-Nunca 10 habia oido, contesté ¿ y porqué pues no
se llevó á cabo ese matrimonio?
-Quiéres que te cuente lo que pasó ahora veinte
años '1
-M ucbo se lo agradeceria, tia, exclamé, pues
esta propuesta me fOl'prendia mu~hisimo, siendo tÍ<\
Andrea tan reservada, que rara vez hablaba de su
persona.
-Pero, dijo ella con embarazo y como arrepentida
ya de lo ~ue habia dic1;o, pero será mejor dejarlo para
otro dla •.•. te clara sueño ....
-No, no, contesté, no tengo sueño y es preci o que
cumpla lo que ofrece, anadí tomándole la mano, miéntras
que ella se sentaba á mi lado y envolvia mi cíntnra
con su brazo y apoyaba su cabeza sobre mi
hombro.
-Yo, jamas, dijo, he tenido confiall7;a en Iladie y
tú s0la al hacerte mujer me lo in piras... . '
-Yo tambien, contesté, la quiero á usted más que
á tia Juana, quees tan séria.
-Lo sé, repuso, y por eso deseo hablar contigo
de m i pasado ....
-y con tia Juana no lo recuerda?
--:-i o sabes que es tan rígida y poco comuni-catlva?
--y con mi abuela?
-~féno !. ... cuando te refi era la bictoria de mi
tri te \"ida encontrnr::ís que con ella me eria imposible
h~blar del pasado •... En cuanto á mi hermana,
ella sIempre me ba mimdo como á infel'iol' V pien a
que mi entendimiento no está :i la altura del suyo ..
Pero en e to es cierto que no se eq 11I YOC,I; yo no tengo
talento, ni he leido, ni he e ~ tudiad o en esos librote
que:i elln le han gu, tado ..• , in c:mbargo si á
veces es brava y me ofende, tengo de perdonarla al
ver que sufre tanto y es tan enferma. l!:n ca 1\ todos
la preferian por ser la ~a,):ol' y la más inteligente. Tú
sabes que mI padre reclbw en us primeros años muy
poca educacion, y como el único bija hombl'e tu padre)
que le ayudaba en sus negocio se de do
muchacbo y se fué á establecer á 01 ra parte mi herman~
l~ ofreció ayudar en sus cuentas, y en 'breve se
convIrtió en su mano derecba; nose cansaba mi padre
de elogiarla pOI' lo juiciosa y reservada que era desde
niña. Le llevaba los libros y con ella consultaba cuánto
hacia, sirviéndole muchísimo. Ouando Juana cumplió
veinte años yo tenia trece, y era una niña aficionada
á jugar á las muñecas y divertirme en la huerta
con ob'as compañeras de mi edad; no se habin logrado
que me aficionase al estudio, sufriendo ca tigos en la
escuela, lo que me causaba mucha afiixioD, volviendo
á casa bañada. en lágrimas, pero sin intencion de enmendarme.
Por ac¡uella. época llegó á N*** don Ra-
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88 LA TARDE
mon, quien despues ¡Je haber vivido siempre en TIogotá,
qui o venir á ra(1:ca l';;(' en sus tielTas y velar de
cerca RUS interese-o Aunque teni,\ m,í.'l de 30 añ01;,
Don Ramon era hombre elegante y se manife taba
siempre amable con la' mujeres, aunque le tachaban
de altanero y orgullo o con las gentes del pueblo. A
poco de haber ll rogado aquí empecé á verle con frecuencia
en casa, y supe que le habia llamado mucho
la atencion el inculto talento de mi I¡ermana, á quien
empezó á pre~tar libros, dade consejo en estudios,
enseñad e fr:mees, acabando como era natural
por prendar'e de ella. Juana no era hermosa, pel'o
tenia ojo muy vivo~, dientes blanqui ímos, boca
agrnciaua y sobre torIo, mucho jllicio y buena conversacion
. Don R'lmon, que deseaba tener un hogar
arreglado, en breve concertó matrimonio con mi
h ermana, cosa qnc llenó de orgullo y alegl"Ía á. mipadres
que creian establecerla muy bien con el hombre
de más con'litlel"llcion de ~stas comarcas. Aunque
al principio yo le tenia recelo y no me atrevia á acercatrme
al novio de Juana, él me trataba con tanto
cariño y me regabba con fre0uencia dulces y manzanas
d~ las que le traian de Bogotá , que al fin fui adquiriendo
confian:r.a y hnci éndome muy amiga. uya,
y le aguantaba sin alterarme sus chanzas acerca de
mis estadios y percances y afanes ell la escuela.
Aunque el matrimonio con Juana e"taba entE'ramente
arreglrlllo, no se habia fijado más fecha "ino
para cuando e acabara de edificar III casa de don
Ramon, qua es la que conoce", yen donde IllnriÓ. En
el entretanto. ufrió Juana una enf~ rm edrtd muy grave
que le duró mucho meses, y ¡Je el la digeron lo
médicos que jamás volvería. á recuperar su salud por
completo, y efecth'amen te, desde entónces padece
ataques que la postran en la cama dumnte scmanas y
hasta mese;; como 11[\ vi"to. El fallo de los mé !icos
con trarió sobre manera á Don Ramon, qu::: tenia por
máxillla, que la cualidad más ap"eciable en una esposa
era. la buena !.'alud, sin la. cual no pod ia haber, decia
él, ni sombra de felicidad en el matrimonio. A la
verdad, don Ramon no estaba enamorado de mi hermana
y lo que habia buscado en ella en su inteligencia,
buen sentido y honradez de su familia, cualidades
que creia I{' formaran un hogar tranquilo y una vi(la
honorable. Artnclla malhadada Enfermedad produjo
en él suma de,'azon é intranquilidad de espil"Ítu, yendose
al fin para Bogotá á pasar una tempOl'ada con
un hermano casado que vivia en la. ~apitnl. Aunque
todos habiall notado el re friamiento de don Ramon,
nadie se atrivia á decirlo y ménos que todo, mi hermana,
que no llegó á manifestar el menor disgusto ni
queja. A pesar de mi poca inteligenci.l y corta. edad,
nada. de esto se me habin. escapado, y un dia me con
vencí de lo mucbo que sufria. la pobre Juana con la
cruel indiferencia de don Ramon, porque me encontré
un papel que ella habia e~crito, en el que se lamentaba
con sentidLimas palabras del abandono del
hombre á quién ella amaba, y por quien tenia una
ndmiracion sin límites. En tanto que sucedian estas
cosas, se habian pa, ado los año, y yo habia. crecido
haciéndome mujer, aunqne!lo utjaba de ser bastante
juguetona y poco estu1iosa. Cuando cumplí quince
años empezé á oir decir que era bonita, cosa que me
repetía el e pejo cuando le conslutaba. _. esto lo
digo, Pepita, no por pre uncion, sino porque han desaparecido
de mi fisouomÍa ajada basta las huella de
una. belleza que se marcbi tó pronto, merced á la triste
y monótona vida que he lle'!ado desde entúnces.
-
Tia. Andrea guardó silencio por algunos momentos
é iba. á continuar bablando, cu.ando de repente entró
por la ventana abierta un murciélago, el que, despue
de dar dos ó tres vuelta,> volando en torno del aposento
fué a. golpear contra la vela que babiamos puesto
sobre la mesa. Yo me puse de pié para alir á encenderla,
pero mi tin. me detuvo dlciéndome:
_ T o te vaya!', Pepi ta, prefiero 1:1, oscuridad pnra
se61lirto refiriendo 10 que tengo de decirte •• dcspues
iré yo mi ... ma á encenderla al aposento do Juana, quo
, i mpre c!<'ja luz.
y en ¡;egnida continu6 . u relaciono
-Tc dcela, qucrida Pepitn, que yo era. bonita, y
así era la verdacl : mucho mús blanca que mi hermana,
tenia lo ~jos m¡Í" grandcs J' 111 boca pequeiia,
el pelo rubio, ondeado y .. ,'..:" ."ro .), ademas tenia
buen cuerpo y a¡;pecto sielT,¡l,-e ao imado y alegre.
lIabia permanecido don Ramon en Bogotá mucbos
me es, y el dia en que volviü ;í X*** haLia yo e tronado
un Ü"aje de III uselina blanca y como. e usaba
entóncc~, lle\'aba los brazos descubiertos y cubríame
el pecho un paiiuelo blanco tambien, entre b parte
supt'rior de la - tl·en:r.as habia p un rami to de
jazmines estrellade s, y a. í vt'stida salí á la sala en el
momento en que entraba á 1Ia don Ramon y se estuvo
de pié :i la puerta mirándome sin hablarme; yo
me sOllrojé y bajé lo. ojo. an te lo suyo.. .
-Andreita, me dijo al fin alarg;índome la mano, ha
crecido u, ted t..'l.nto y embellecido que casi no la conocí.
i Y hasta bonitas mano~ y ari stocráticas tiene I
añadió guard¡índo una de las mia entre las dos suyas.
Yo permanecia canada y sumamente turbada y él
añadió:
-Ouántos años tiene usted, pues '1
-Pronto cumpliré diez y seis, contesté arrancando
con dificultad mi mnno que aún tenia en las uyas y
no queria altar, y bajo pretexto de avisar su llegada.
:i mi madre y hcrmana, salí corrienrlo dc la sala.
Sin embargo, yo no me cuide de llamarlas sino que
me senté de tras de unos granados, b¡0o un emparrado
de jazmines que habia en el primer patio, y llena
de o¡'gnllo con los elegios <1e don Ramon, me puso á
mirarme las mano", como sino las hubL' e vi tojamns.
-y , i Juana ]0 ha oido, pensaba, pues e taba en
la alcoba, se disgu'tará .... i Pero no será mi bermano
1 ..•. Qné voz tan dulce tenia y que mirada ! .•
" ! Y hasta bouitns manos y aristocráticas tiene! "
decia yo en voz bnjn, repitiendo sus palabras á mcdia
vo:r. .... segura mente don Ramon se acordó de las de
J nana, que son negras y fla(;as !
No qui e vol,er á la sala, pero 10 estuve oyendo hablnr
por la rendija de In puerta de mi cuarto, y desde
e¡;e (jin cuidaba mUf'hi ilUo mis manos y pensaba sin
ceoar en el novio de mi hermana; aunque me iba.
cuando oia q\le se acercaba á la casa, y i acaso permanecia
en la ala, Juana buscaba siempre algun pretexto
para alejarme. Yo salia, pero me situaba en alglln
lugar de donr:le le pudiera ver y oir sin ser vista,
notando que cuando yo 10 estaba presente conversaba
con distraccion y C011 los ojos parecia bu car alguna
cosa que le faltaba, manifestándose animado y satisfecho
si por ca ualidad me presentaba.
.4 La pobre de mi hermana en breve descubrió lo qua
pasaba en su corazon y en el mío y cada dia se manifestaba
más tri te é impaciente. Habia momentos en
que fijaba en mi los ·os con indecible pena. Al fin
era preciso que e ta fa situacion tuviera. término .•
Un dia, estando yo en la. alcoba escuchando la conversacion
de Juana con don Ramon, que estaban solos,
oi que ella le decia con voz un tanto turbaba:
-namon i no es cierto que soy una mujer muy
inutil y enferma?
-y no recuperará de vél"as su salud? preguntó él.
-Tal,ez no.
-Qué desgracia! exclamó él suspirando con desa-liento.
-Lo siente u'lted por mí ? pregunt6 ella con ironía.
El no contestó.
-A usted no le conviene una mujer como yo,
repuso ella con acento ronco por las contenidas lá-
• grimas.
Sin decir una palabra él se puso á dar golpecítos
con su baston contra la mesa.. Oomprendí que ella se
babia puesto de pié al decir:
-Ramon .••• le devuelvo su palabra y su libertad
•... No crea, añadió, que pretenda. obligarle á
cumplir un compromiso hecho en otro tiempo y en
otras circlll1Stanci:lS. . • • (Continullrá.)
•
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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 11
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La reforma: editorial del número 72
Impreso en el que se realizan varias críticas y comentarios a la política nacional de los Estados Unidos de Colombia. en el documento, que conserva la ortografía de la época, se cuestiona el proceder y trayectoria de los candidatos a gobernar las diferentes regiones del país y los congresistas.
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La reforma: editorial del número 72
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Los clérigos son hombres
Impreso en el que se defiende a los clérigos y se rechaza la guerra que se libra desde el gobierno en contra de la religión, que a juicio de quien escribe, ha propiciado la humillación de los religiosos y la privación de muchos de sus derechos. El documento conserva la ortografía de la época.
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Ley 3a. de 1883
Copia del texto que emitió la Asamblea Legislativa de Boyacá, a partir del cual decretan las facultades que tiene el poder ejecutivo para intervenir y reprimir cualquier brote de desorden público que tenga lugar en el Estado soberano.
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Los dioses del Olimpo
Impreso satírico en el que se cuestiona el accionar de algunos líderes políticos del Olimpo Radical y se señala asus principales representantes de mantener una conducta cobarde y egoista que pronto llevará al decaimiento de este periodo de gobierno.
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Los dioses del Olimpo
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Los dimes y diretes setembrinos
Impreso en el que se formulan varias preguntas de forma anónima sobre temas relacionados con política y militarismo. El documento aparece firmado por un militar desconocido.
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Los dimes y diretes setembrinos
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Los conservadores, el clero i la paz
Impreso en el que se formulan varias críticas al catolicismo y el Partido Conservador en Antioquia, por las políticas implementadas y promulgadas que, a juicio de quien escribe, son extremistas y fanáticas. En el impreso hace un llamado a unirse al liberalismo.
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Los comuneros de Santander
Documento en el que se reproduce una copia del acta de pronunciamiento de un grupo de habitantes de Simacota en el que piden salvar las instituciones patrias y hacer efectovio el derecho al voto que, a juicio de quienes firman, ha sido vilado por el general Solón Wilches. El documento conserva la ortografía de la época.
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Los comuneros de Santander
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