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Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 165

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 165

Por: | Fecha: 18/08/1900

BoaoTA, AaosTo 1 8 DE 1 900 ---- - -- -- - -- --- -- - - -- ------------~~~ ----------- - -- - - - ---- -- - -- - -- -- -· Organo del IUiaisterio de Guerra y del Ejército Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejército ~~ Dh·ector ad honoreiD Francisco .T. Vergara V. General, Miembro de la SCJciedad Co1om bian de Ingeniero& lSTUl.\1.1:. 1GB Y LICENCIA INDEFINIDA Orden general para el 15 de Agosto de 1900 Art. 2435· La Comandancia en Jefe, en uso de las plenas autorizaciones que le han sido conferidas por el Ministerio de Guerra, ha dispuesto declarar en uso de letras de cuartel ó de li­cencia indefinida, según su clase ó grado, á los Sres. Generales, Jefes y ()ficiales del Cuartel generalísimo, de los Cuarteles ge­nerales divisionarios y del Cuadro de Jefes y Oficiales en dispo­nibilidad, que en esta fecha no se hubiesen presentado aún ·á la ~omandancia en Jefe á ponerse á disposición del Gobierno del Excmo. Sr. Vicepresidente, reconociendo así la legitimidad de su existencia, pues no sería decorosa para ellos recibir sueldo de au­toridad que no sostienen, ni aceptable para el Gobierno mantener á·s'u servicio á militares que no reconocen su existencia legal. El Estado Mayor generalísimo queda encargado de hacer insertar en e~t:i Orden general la lista de los militares á quienes se refiere el presente artículo. Art. 2436. Por mandato de la Comandancia en Jefe declá­rase suprimida la 2.a División del Ejército permanente, y por lo tanto separado del servicio activo el personal que compone su Cuartel general, con fecha 7 de] presente, por cuanto, con excep­ción del Sr. General José B. Ortega, ninguno de dichos Jefes y Oficiales ha servido ú ofrecido sus servicios al Gobierno del Excmo. Sr. Marroquín. El General José B. Ortega queda incor­porado, con esa fecha, en el. Estado Mayor generalísimo, como primer Ayudante general. Publíquese-El General Jefe encargado, F. J. VERGARA Y V. VIII-1 3 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ ~--..._:)~(9f2)(9~~ OOT::EJ:N A::I::r ~-~· - m1tJ :®m~llil~&\1tJ~ ~«» FJlAGMENTO DE UN ESTUDIO ESPAf:lOL SOBRE ASCENSOS Y RECOMPENSAS (Conclus ión) Podrá en otras partes ser muy conveniente el sistema ele la elección como exclusivo medio para ascender al Generalato y dentro de sus diversas clases; pero aquí en España nos~pare­ce que hemos ido demasiado aprisa. Aparte de que, como ya se ha dicho, el verdadero General no empieza á bosquejarse sino en el mando de las unidades de tercer orden, y que por tanto el de una brigada es mando pu­ramente técnico, dígase lo que se quiera; aparte de esto, la misma exageración del principio ha originado en la práctica males sin cuento. Como es muy duro aplicar la ley con completa libertad de acción, porque á cada vacante que ocurre puede repetirse la frase famosa del General Esponda: "Si hay algún Aníbal, que pase adelánte," se ha caído en el extremo opuesto, y rara es la promoción al y dentro del Generalato que no se ajusta á la antigüedad más rigurosa. Olaro que hay excepciones; pero esas excepciones revis­ten un carácter como en uingún país lo tuvieron jamá , y para eso tampoco cabe exigir aquí lo que en otros Ejércitos e exi­ge de los exceptuados. Estos pueden decir, y dicen con razón, que no pidiéndose condiciones para s er promovido, si ellos no ascienden no es por defecto de cualidades, sino por falta de influencias. Porque si es, verbi gTacia, la murrnnración de las gentes lo que impide el a censo, ! qu ó r a z ó n llay para que a - cienda á lo mejor uno de quiou llan murmurado durante diez años, y quede sin ascender otro de qui e n no ·e murmuró sino 'res meses! Es además frecuente que uno que s e \~ e postergado en la promoción de Febrero, por ejemplo, alga adelu.ute en la do Abril 6 Mayo: ¡qué cualidade ha podido adquirir en esos dos 6 tres mese , que ya u o tu y·iera ante , hallándose en el último período de la carre ra militar y á la cabeza de la escala! Como ascendió en Abril pudo ascender eu Febrero, y este ejem­plo, invocado con cierta ela. ticidad por lo que van quedando rezagados un año y otro año, tiene, cualquiera que sea el grado de sinceridad con que se le saque á relucir, suficiente eficacia para. mantener la esperanza de que algún día el que parece pos­tergado entrará en el reino de los cielos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 195 Si la selección existiera y fuera una verdad para los ascen­sos dentro de las altas clases de la milicia, la antigüedad com­binada con la elección evitaría espectáculos que dañan e1 pres­tigio de aquéllas. Cuando la. elección ~ignificara en cada caso que las sobresalientes cualidades se abrían camino, no podrían los más antiguos que el promoviuo sentirse mortificados en el grado que hoy necesariamente baQ de sentirse, porque aguar­darían su turno de selección para ver si entonces la posterga­ción era ineludible y efeetiva. Si llegado el momento ascendían, entonces, por antigüe­dad, seguirían torturados, ¡ quién Jo duda!: por la celosa pena que siempre experimentamos los mortales, salvo caso de ·será­fica resignación, al saber que hay otros más inteligentes, más brillantes y hasta más guapos; pero ]a dignidad personal no sufriría quebranto, por cuanto á su tiempo se reconocía y pro­clamaba que reuníau las cua1il oficio, distinguiéndose en el ejermmo de su empleo, no servirán para mandar un Ejército. Y por el cout.rario, quizá algún divisionario que aparezca inferior, re­sulte por otras cualitlades extraordinarias excelente caudillo. Por eso Ja elección absoluta, sin trabas ni ditstingos, sin explicaciones por parte del que elija ni refunfuñamientos tole­rados de parte r condimentar esta ración por los cuidados de los furrie­les que preceden á las compañías) '*. En este caso la autoridad lo­cal facilita en especial al batallón, en vez de la manutención del alojamiento, una porción que entrega en un plazo fijo (dos horas, lo más tarde, antes de emprender la tropa la marcha); ó bien da en dinero la equivalencia. Se expide recibo como para el alojamiento con manutención; pero naturalmente se previene con severidad á los soldados que no han de exigir víveres á sus patrones, á no ser algunas legumbres ó un poco de pan, cuando no se ha distribuído. Por este medio se logra la doble ventaja de poder distribuír á la tropa, con regularidad, sin dilación y en todo tiempo, las racio­nes neceszrias; y de dejar así á la autoridad local la facultad de de­gollar las reses, cocer la carne, etc., ó de hacer venir de las cerca­nías, donde generalmente están escondidos, los abastecimientos precisos. Semejante modo de proceder es más regular y justo, tanto para la tropa como para el habitante; y es evidente que está en el • Estos métodos -e emplearon muchas veces y con completo éxito por el 8.0 cuerpo en a u marcha desde Metz hasta el Ejército del Norte. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR '--"-y-" 205 interés de una autoridad local inteligente el emplearlo, porque sim­plifica su tarea, á la vez que facilita la derrama ó reparto que ha de hacer después para el pago de lo consumido. El interés de to­dos, incluso el suyo, queda con eso garantjzado; y su consideración no puede menos de salir ganando. Donde las autoridades locales han emprendido la fuga se ha visto á las personas que provisional­mente las han sustituído, aceptar y cumplir compromisos de este género, porque han comprendido que obrando así, las que se ven obligadas á hacer anticipos están siempre seguras del reembolso de los mismos al firmarse la paz, y se conquistan, además, la fama de buenos patriotas. En todo caso será cuerdo exigir el previo depósito de una caución ó de una garantía hasta la total entrega de la porción pe­dida ó de su equivalente (en harina, embutidos, etc.); porque sin esta precaución, de intento y con toda clase de pretextos se retra­saría la entrega hasta el último momento, con la esperanza de no facilitar una parte del pedido. Pero si se encuentra algo de buena voluntad, se debe otorgar sin dilación el recibo correspondiente, con el objeto de adquirirse con esto buenas re1acione3 para más adelante. Acontece también con frecuencia en otras ocasiones, que la alimentación no queda bien asegurada sino cuando se autoriza al batallón para comprar directamente sus víveres. En efP.cto, la ex­periencia ha demostrado que aun allí donde las requisiciones forzo­sas (por ejemplo en una comarca que ha sido rica) no han dado resultado alguno, se ha encontrado en menos de doce horas todo lo necesario, mediante promesa de pagar al contado á un precio equi­tativo, y la seguridad, además, de no hacer pesquisas en los puntos de donde las provisiones se han sacado. Esto obedece sencillamen­te á que las gentes acomodadas ocultan sus acopios de tal modo, por temor á las requisiciones forzosas, que no pueden ser descu­biertos por las tropas si no es por delación ó por la casualidad. De esto resulta que el empleo de las requisiciones forzosas es casi siempre m~lo y falso (excepto cuando se usan como castigo, ó para hacer efectiva una contribución en metálico destinada á pagar los víveres que ha habido precisión de comprar); puesto que su única consecuencia es producir que las gentes de posición desaho­gada ocultan má~ y más sus provisiones, y que sólo los más pobres de los habitantes sean los obligados á entregar su último pedazo de pan y su última cabeza de ganado. Si se llega á este punto, enton­ces reviste la guerra un carácter de fría crueldad; no recibiendo el soldado la alimentación necesaria, lo achaca á la mala voluntad del habitante ó á la falta de solicitud de sus jefes, y tiende á los exce­sos que perjudican al buen espíritu, minan la disciplina, y destru­yen, por último, la valía de las tropas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 206 80LETIN MILITAR '-y--" Cuanto más numerosas son las masa5 que afluyen á un espa­cio reducido, más frecuentes serán los tránsitos por unas mismas ciud-ades, y más importará que el jefe de batallón impida, en la medida de su esfera de acción, toda requisición forzosa, y aun todo alojamiento con manutención. Los que primero lleguen vivirán seguramente en la abundan­cia, pero los últimos hallarán cada vez meno5 elementos *. Parece contradictorio, al primer golpe de vista, fiar á las compañías el cuidado de proveerse de víveres á su arbitrio, y prohi­birles á la vez transgredir las autorizaciones concedidas; en efecto, la compañía tiene la pretensión de percibir, cuando menos, las ra­ciones reglamentarias; y desde el momento que recibe la orden de procurárselas efectuando por sí misma, según las necesidades, la requisición, se siente naturalmente inclinada á emplear al efecto todos los medios que crea más productivos. Un jefe de batallón, por su solicitud y por las órdenes que dicte, puede contribuír á la exacta observancia del principio, con arreglo al cual debe su tropa estar provista constantemente de las raciones indispensables, por lo menos para la jornada del siguiente día. También recomendará que las compañías transporten en sus carros una parte de la porción de reserva (arroz, café y sal), que, como acredita la experiencia, se consume demasiado pronto. Cuanto mayor ha sido el cuidado con que el jefe de batallón ha atendido á todas las necesidades de su tropa, más severo puede mostrarse en la reprensión de todo acto arbitrario de las compañías en las requisiciones que verifiquen por sí mismas (por ejemplo cuando los comandantes de las compañías se muestran demasiado cuidadosos del interés exclusivo de sus soldados). Seguro estará entonces el jefe de conservar siempre á su tropa animosa, sufrida y disciplinada; y le bastará con castigar severamente á alguna oveja descarriada, y 'con éipelar al punto de honor general, así como á la autoridad de los jefes subalternos para asegurar, aun en las más di­fíciles circunstancias (como lo es el momento de la llegada á un • Delante de París, durante los seis meses de sitio, no se careció nunca de carne, no obstante las pocas medidas adoptadas al efecto, porque los ganados entregados por los ha­bitantes ae les pagaban al contado, y hasta se dice que desde Bretaña se llevaron rebaños de carneros voluntariamente á los sitiadores, por preferir los comerciantes venderlos al enemigo más bien que facilitarlos á su propio ejército á cambio de recibos. El esta•io sa­nitario fue, en consecuencia, relativamente satisfactorio delante de París, pues las reme­aas, sacadas de un radio bastante extenso, fueron !ntficientes para completar los abasteci­mientos. Si en alguna parte hubo escasez, dependió de que los proveedores temieron ver arrebatados sus acopios de reserva por requisiciones extraordinanas decretadas por la autc­ridad. Por esto es por lo que dichas requisiciones ocasionan falta de vtveres por lo general, sin que, en el caso más favorable, traigan consigo la abundancta sino para una e scasa parte de la tropa. Si una necesidad momentánea obliga á adoptar semejante medida, no se la debe emplear sino en la última extremidad; pues sus consecuencias nunca dejan de ser perjudiciales. Por lo demás, esto no sucederá sino allí donde el servicio ha)•a sido mal orEanizado, ó donde no se haya vigilado de un modo suficiente el consumo de la porción de; reserva. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 207 punto de etap~, ~urante la noche y después de una jornada fatigo­sa), el establectmtento reglamentario del alojamiento y el servicio regular de víveres. En. la eventualidad de alguna de estas situaciones difíciles, deber~ s.te~npre recurrir á medidas especiales: en cuanto sea posible prescnbtra que los furrieles se adelanten con las raciones, y que tan pront~ _,como lleguen á la etapa hagan cocinar los ranchos de las com~ar11as, ya en grandes locales, ya en las plazas al aire libre (por cocmeras requisadas si es preciso), á fin de que la tropa lo encuentre todo preparado á su llegada.-(Continúa). VON ARNlM ••• SOBRE EL SERVICIO DE LAS TROPAS EN CAMPA~A (EJÉRCITO BELGA) TITULO I IMSTALAClÓN DE LAS TltOPAS :!N CAMPARA Acantonamientos-Vivaques-Campamentos Consideracion es g en erales sobre el e&tacionamiento-Deflniciones Art. 1.0 .El reposo es una necesidad que se impone en razón directa del trabajo realizado; Ql mando está en el deber, por consiguiente, de asegurar á las tropas todo el descanso que sea pQsible concederlas. Las tropas en campaña, concentradas generalmente en grandes masas en un mismo pnnto, se disponen en acantona­mientos, vivaques 6 campamentos. Se entiende por acantonamientos el conjunto de pueblos, al­deas y caseríos que ocupan las tropas, sin estar en ellos acuar­teladas; por vivaques, los parajes donde se instalan por un tiempo, ordinariamente muy corto, á cielo raso 6 bajo abrigos improvisados; y por último, por campamentos, los lugares en que se establecen para una permanencia de alguna duración, bajo tiendas 6 en barracas. El jefe es quien determina la clase de estacionamiento, y los emplazamientos que han de ocupar las diversas unidades. Las tropas se acantonan con cuanta frecuencia es dable: no se vivaquea ~i no en caso de necesidad absoluta, y en la proximidad inmediata del enemigo. Por lo general, en la guerra es mixto el sistema de esta­cionamiento diario ó de marcha, estableciéndose una parte de las tropas en acantonamientos y otra parte en vivac. En prin­cipio debe procurarse estacionar por unidades constituidas. Oua~do todo el espacio disponible en las habitaciones está ocu- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 208 BOLETIN MILITAR '-y-"" pado, las tropas que no han podido guarecerse bajo techo vi­vaquean en los alrededores. De los campamentos no se hace uso sino en tiempo de paz, y en algunos casos particulares durante la guerra, como por ejemplo en el sitio ó bloqueo de una plaza fuerte y -du-rante un armisticio. · En tollo acantonamimento, vh·ac ó campamento, corres. ponde el mando al jefe de mayor graduación; y en igualdad de ésta, al más antiguo. Personal de instalación Art. 2.o El personal ~ncargado del reconocimiento y de la preparación de los acantonamientos, vivaques 6 campamen­tos, consta : Por div·isión: de un oficial jefe del personal de instalación, y de un funcion'lrio de la intendencia. Por brigada: de un oficial ayudante de órdenes. Por batallón de infantm·ía, por regimiento de caballería ó por grupo de baterías: de un ayuuaute mayor y un ayudante. Por compa1íía, escuadrón ó batm·ía: de un furriel, un cabo y dos soldados. En un cuerpo de ejército el segundo jefe del estado mayor ú otro jefe de éste puede ser designado por el general en jefe para tomar el mando del personal de instalación del cuerpo de ejército. En una fracción inferior á uua di dsión es ejercido el man­do de dicho personal por un oficial expre amente nombrado para esta misión. Para el reconocimiento del terreno que debe abarcar el acantonamiento puede ser acompañado el comandante del per­tional de instalación por un oficial de ingenieros, especialmente encargado de los trauajos res por hogar, sien(lo el hogar de 3 á 5 llabitante~. Para las tropas {t caballo es la proporción de ~ caballo por un infante. Art. 9.o En el acautonamiento-abrigo sólo se procnra ins­talar hombres y animales de modo que queden preservados de la intemperie, con tal de q ne tcugan las tropas el espacio sufi­ciente para acostorse al abrigo. Un hombre ocupa 3 metros de longitutl por 1 de latitud, y nn cahallo 3m,5 por lm5. Se debe cuidar de dar libre acceso al aire. Vlll-I"f Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 210 BOLETIN MILITAR "--y-' Para alojar á las tropas se utilizan especialmente: las granjas 6 cortijos, las fábricas, las casas de recreo 6 quintas, las de labranza, las posadas, las casas espaciosas, en una pa­labra, todos los locales que se presten á agrupar, en un mismo edificio, las unidades inferiores (compañías, escuadrones, bate­rías, secciones, escuadras y pelotones). Las tropas preparan por sí mismas sus ranchos, ya en los mismos locales si existen co­cinas suficientes, ya fuera, en los patios, en los caminos, en los terrenos eriales, etc., si se corre peligro en el interior. Los ví­vere8, la leña, la paja, etc., se requisan sobre el terreno, á me­nos que se as~gure la subsistencia ue las tropas por medio de columnas 6 con,oyes de víveres de los almacenes, ó excepcio­nalmente por las raciones que el soldado lleva en su morral. Art. 10. En los acantonamientos ordinarios los oficiales no está11 mezclados con la tropa, ;si bien se alojan en la zona afectada á la unidad á que pertenecen; y en cuanto es posible, en las posadas donde pued~H tomar sus comidas. En los acan­tonamientos- abrigPs se alojan en meuio de la fracción de tropa de que forman parte, pero en casas ó en habitaciones que se les destinan al efecto. También se uesignarán locales especiales para servir de oficinas á los estados mayores, de calabozo correccional, de enfermerías, de almacenes para la administración militar, etc. ; Distribución de las tropas (Dislocación) Art.. 11. Las agrnpaciones de las tropas en los acantona­mientos deben ordenarse, en cuanto sea posible, en el orden de batalla. Durante la marcha se acantonan en el ortlen de marcha del día, ó mejor en el del día sigui nte, salvo modificación si es necesaria. Se evita fraccionar los r~giruiento~ nezolano Castro, es poco conoci­da en el interior, y bien merece que le consagremos algunas líneas en estos momentos en que ya lucen los fulgores de una larga era de paz y bienandanza para Colombia. La hoya ó valle del Chucurí, postrero afluente izquierdo del Sogamoso, se abre de S. á N., entre este último y el de La Colo­rada (ambos tributarios del 1\r:lagdalena), al respaldo del extremo septentrional de la agria y empinada sierra de Los Lloriquíes ó Los Cobardes, en cuya vertiente oriental se asienta Zapatoca, teniendo por opuesta muralla un ramo de la misma serranía, el cerro d La Paz, que el Sogamoso cruza por formidable cañón para llegar á las playas de Barrancabermeja. El valle en cuestión, que mide unas 8 leguas de S. á N., es grieta entre las dos formaciones geológicas llamadas esquistos de Villeta y de Guadalupe, la cual indicación basta y sobra para que del aspecto de la comarca se formen idea quieneR conozcan el ca­mino de Honda y el de Bucaramanga; la altitud del fondo sube de 200 á 2,ooo metros, y la densidad de la población apenas alcan­za á unos IO á 12 habitantes por kilómetro cuadrado. El pueblo de San Vicente de Chucurí, emplazado en la parte media del valle, casi al O. de Zapatoca, dista de esta población 4 leguas en línea recta, 7 de la Mesa de Jéridas, 9 de Hucararnanga y 12 de Barranca bermeja, lo cual equivale á decir que es un saco sin salida para los rebeldes, puesto que éstos no dominan el río Nlagdalena. El l\1unicipio de Chucurí, de no muy reciente creación, se divide en I 8 partidos insignificantes y comprende los dos caseríos de l\tfontebello y La Vendee; y en el plan ó sitio designado para cabecera, á inmediaciones de la orilla izquierda del Chucurí, ape­nas exiHen unas pocas :casas de tapia y varios ranchos. El plan, como allí se llame:~., es uJ a hondonada de clima ardiente y mortífero, por lo cual la población poco ó nada ha adelantado en los último$ años. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 212 BOLETIN MILITAR -.........--- La población del Municipio ascie .1de á poco más de 3,000 almas, que viven en un territorio que colinda con los de Zapato­ca, Betulia, Lebrija (Puerto Wilches) y selvas del Carare., y donde reinan endémicas las calenturas, que ocasionan una mortalidad del 10 por 100 anual. . El territorio mencionado se compone: hacia el 0., de llanu­ras incultas y selvosas; y al E., de cerros y cuchillas de difícil tránsito por la falta de caminos y lo áspero del suelo. Las princi­pales selvas se denominan Cascajales, Oponcito, Cerbal, Cantarana, La Llana, Guadual, Primavera, Pavansera, La Paz, Mesetas, Chanchón y Loma Redonda, las tres últimas ya en la caída oriental del páramo de los Lloriquíes. Los terrenos planos permanecen in­cultos, salvo exigua extensión, en donde se encuentran algunas labranzas, potreros de ceba y cacaotales. En el territorio en referencia ruedan además del Chucurí, que por la derecha recibe la qneb1·ada del Medio, los ríos Oponci­to y Casca jales, tributarios del Colorada, nacidos en selvas y montes desiertos, sólo rara vez cruzados por atrevidos caucheros. De la cabecera parten cuatro caminos: I.0 , el de Zapatoca, por Cruz de Piedra, que se prolonga al O. hasta el Oponcito y por lo tanto hasta el Opón (reemplaza el antiguo de Puerto de las Infantas); 2.0 , el de Zapatoca, por Betulia y Santa Inés, y que también guía luégo al Oponcito; 3.0 , el de Girón, por la V endee, ósea Chucurí abajo, en dirección del Tablazo; y 4. 0 , el de Monte be­llo, que sigue por el mismo valle á encontrar el Soga mosoal pie del ce­rro de La Paz. Los dos caminos de Zapatoca, al cruzar la cuchilla que se alza entre el Chucurí y la quebrada del Medio, cruzan sendos boquerones que son paso obligado para las recuas. Existen además diversas trochas que guían á los campos de los labriegos y á las selvas, alguna de las cuales avanza hasta Galán, pero cruzando los Lloriquíes por boquerón donde 100 hombres pueden detener á Io,ooo. Las tales trochas, únicamente para peatone y difíciles en verano por las malezas, fangales y barranco s, son peligrosas en in­vierno aun para los que las trajin a n de ordinario; por lo cual la fuerza que se deje acorralar en Chucurí, ce1 rado los caminos de Zapatoca y Girón, está condenada á entregarse ó disolverse para huír por los ríos á perderse en las selvas de las márgenes del Magdalena. Tal es la zona donde vino á morir la rebelión herida de muer­te en Palone¡ro, y que por lo mismo ocupará página inolvidable en la historia militar del país. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ (LECTURAS PARA EL SOLDADO) Traducido del francés sna El I o de Enero de I 87 I, en una pequeña cabaña aislada si­tuada sobre ~1 camino que conduce del Grand Lucé á Mans, una mujer anciana remienda medias á la luz vacilante de una vela de sebo. De tiempo en tiempo se detiene, con las tijeras ó la agu­j~ en la mano, para escuchar los rumores que vienen de fuera. La anciana está inquieta. Su hijo Jacques ha partido desde por la mañana para el Grand Lucé, y no ha vuelto aún. Es viuda; ha perdido cuatro hijos; sólo le queda el más joven,de edad de diez y nueve años. Debiera ser su consuelo, su apoyo; pero es un pe­rezoso, un libertino, y teme que acabe mal. Jacqucs ha devorado ya una buena parte de las pequeñas eco­nomías que ella había hecho con su marido cuando estaban al ser­vicio de un viejo comandar.1te, militar retirado. Está inquieta por­que todo el día ha oído el caiíón á lo lejos. El ejército de Loire está delante de Mans, cerrando el camino al enemigo. Hasta la puesta del sol el ruido de las detonaciones ha hecho temblar la cabaña. Su hijo ha ido á Grand Lucé á buscar noticias; desde luego ella le hab1a dicho que no permaneciera mucho tiempo afuera. Con tal que no haya encontrado á los prusianos y que no les haya bus­cado querella todo andará bien; porque es amigo de camorras, y cuando está c0lérico nada le detiene, nada le acobarda: por vengarse de una palabra, de un gesto, j ugaria su vida. Comprende que hizo mal en dejarlo partir; pero ¡diablo! él es intratable, y cuando se le ha puesto una cosa en la cabeza, es impo­sible hacerle cambiar de ideas. La anciana piensa en esa carnicería que llaman la guerra; no comprende que los hombres puedan ser tan locos ... ¿Por qué ma­tarse u nos con otros? ¿A quién aprovecha la sangre derramada? •• , Cuando la paz se restablezca, los soldados vencedores no serán más ricos, y los vencidos quedarán más. pobres y más agobiados por los impuestos. Puesto que hay tribunales para arreglar los asuntos de los par­ticulares, ¿por qué no hay jueces para arreglar los asuntos de los pueblos? Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ Entre un conquistador y un asesino vulgar ella sólo encuentra esta diferencia: que el primero es un asesino por mayor y que el segundo también es asesino pero en pequeño. Dios no da hijos á las madres para hacer de ellos carne de cañón ___ _ Seguramente que era necesario defenderse, puesto que los enemigos habían invadido la tierra; pero en lugar de asesinarse así, hubiera sido más simple arreglar pacíficamente la diferencia. Ella sabía que los prusianos habían matado á su padre, á con­secuencia de haber herido á uno de ellos que le había insultado. El reloj de la campiña dejó oír un pequeño ruido seco y en seguida dio nueve campanadas. j Las nueve[ La anciana se levanta. ¿N o vendría, pues, J ac­qucs? ¿Y su comida? ¡Ohf no podía tardar en llegar. ¿Qyé hacer entonces? Coloca su trabajo sobre un banco, se dirige á la puerta r la abre. Se pone á escuchar, y en seguida da algunos pasos por el ca­mino á fin de oír mejor. Sus zuecos resonaban sobre la tierra endurecida; un aire frío penetraba en el cuarto. Vuelve á entrar murmurando: -Nadie. · Arranca de un manojo algunas ramas seca~, las rompe sobre sus rodillas y las arroja sobre los carbones; después, gimoteando, se pone de rodillas, é inflando los carrillos, sopla algún tiempo los tizones. Algunas chispas ]e pasaron por la cara, la ceniza revoloteaba; un humo espeso subía por la chimenea; después, como un rayo, la leña se inflamó. Se levanta penosamente, sofocada, y aproxima al fuego el pequeño caldero. -Así! él puede volver; eso estará caliente. Vuelve á sentarse, teniendo su trabajo, su dedal y sus tijeras en su regazo, y extiende la s manos hacia las llamas. De repente le vanta la cabeza y escucha. Por la chimenea le llegaba un ruido confuso de voces. ¿Era Jacques? Se levanta y va á entreabrir la puerta. Oye distintamente la voz de Jacques mezclada á un rumor confu s o, á pa~os numerosos que sonaban con ruido seco en esa noche glacial. Se pone á escu­char. Los que venían se habían detenido á diez pasos de la cabaña; oye que Jacques decía con una voz vinosa: -Dadme veinte francos más, y os conduciré á través del bosque. -No tendrás nada más, respondía una voz ruda, con acento extranjero. Sabes bien lo que te he prometido. Hé aquí tus diez piezas de oro. Márcha adelante, ó te hago fusilar como un perro. -Y bien ¿qué? No hay necesidad de hacerse tan maligno porque lleváis un gran sable y tenéis amigos! ¿Creéis que por Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 215 doscientos francos me arriesgue á hacerme agujerear la piel por los franceses? ¡Ah, no! ¡ciertamente que no! -¿Entonces rehusas? La .anciana oyó el ruido que hace un revólver cuando lo pre­paran; tiembla pero está lista á lanzarse hacia ese lado. -¡~é diablos! poco á poco, señor oficial, no os chanceéis con vuestro juguete. Fusilado por fusilado, prefiero serlo más tar­de_-:-- Entonces ¿queréis que os conduzca á la Tuiliere por el cammo más corto? ¿Y deseáis pasar por Mulsaure para sorpren­derlos? -Sí, y despachémonos; no tenemos tiempo para charlar. j Vamos, en marcha! -Dadme veinte francos más para beber á vuestra salud. -¿Imbécil, no has bebido ya bastante? -¡Oh! es que el camino me ha alterado, y después eso me haría ver más claro. -Vaya, tóma. Pero acabemos. ¡Er, marcha! -Muchas gracias; pero ved allí mi casa, quiero llevar este dinero á la anciana, porque una vez que os haya conducido allá, vosotros podréis suprimirme y volver á tomar vuestras monedas. - 1Bribón ----! ¡En marcha! Te sigo, y si quieres escapar­te, te prometo que tendrás que hacer conmigo. La anciana le mira acercarse; ¡estaba aterrada! ¿Cómo su hijo, su J acques, era bastante miserable para trai­cionar á su país? Por algunas piezas de oro iba á servir de guía á esos prusianos que querían sorprender nuestras tropa!'! Pero enton-ces era un canalla, decididamente ____ ! Pues bien: no, él no iría. Ella, su madre, la hija de un hombre á quien los alemanes habían dado muerte, no lo permitiría ____ Vivir como un perezoso, como un borracho, arruinarla, pase! ¡pero traicionar á su país! ¡No, jamás! ¡.Ser la madre de un Judas! ¡Qué vergüenza! ¡Era preferi-ble monr! J acques entró dando traspiés. -¡Hola, madre ____ ! Tóma; tú dices que yo no gano jamás un centavo! Recíbe, míra. Arrojó un puñado de oro sobre la mesa y se puso á reír es­túpidamente. -¿No dices nada? El oficial prusiano estaba de pie sobre el umbral de la puer­ta; tenía un revólver en la mano, preparado para hacer fuego al primer amago del borracho para huír. La madre miraba con des­precio el casco puntiagudo sobre el cual centellaba la luz del fuego. -¿Dí> madre, vas á comértelo con los ojos?; es un buen mu­chacho. Es él quien me ha dado eso. Tú sabes los papele3; dicen que los prusianos no cometen por todas partes sino porquerías y asesinatos. ¡ Y bien ! esas son bolas. Ellos me han ofrectdo en ~1 Grand Lucé vasos de vino sin medida. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 216 . 80LETIN MILITAR ~ -Ya le contaréis todo eso mañana, muchacho. ¡ Vamos li­gero, despachémonos ! -Vaya, madre, recóge las monedas. La anciana agarra el montón de oro y lo arroja al través de la puerta. El oficial recibe una pieza en plena cara. Exhala un ru-gido de furor, y apunta con el arma á la desventurada ___ _ U na refl~xión le detiene .... Si mata á esa mujer, su hijo no querría ciertamente servir de guía. Baja su arma diciendo: -Os prevengo que si dentro de cinco minutos no hemos par­tido, os levanto la tapa de los sesos á todos dos. ¡ V amos, tú vén ! Y saca fríamente su reloj. J acq u es, estupefacto, mira ya al oficial, ya á su madre con ese aire embrutecido de los borrachos cuando tratan de compren­der algo que les inquieta. Después se pone á reír y se agacha para recoger las piezas de oro que detenidas por el cuerpo del oficial han rodado por el suelo. -Esperad, dejad que recoja el dinero y parto. -Cuatro minutos aún, dijo el oficial La n1adre da un salto hacia la puerta encontrando la fuerza y la agilidad de la juventud para defender su honor. El miserable se dirigía hacia esa puerta con la cabeza agacha­da buscando el oro ! Bruscamente choca con su madre y levanta la cabeza ... Retrocedía. Su madre, soberbia bajo sus cabellos grises, con los ojos ful­gurantes, las manos temblorosas, estaba allí, amenazante y con los brazos cruzados, obstruyéndole la puerta con un gesto de mando supremo. -¡Tú no partirás de aquí. No quiero,¿ me oyes? vendido! ¡ N o saldrás ! Admirable de cólera, de grandeza de alma, de conciencia in-dignada, se alza esa anciana hija del pueblo. -Tres minutos aún, repite el oficial. Jacques, que había retrocedido, vuelve á avanzar. -Vamos, mi vieja, no hagas tonterías. Bien sabes que nos hará fusilar como lo dice. -No saldrás, miserable! No saldrás. -Dos minutos aún, ya estoy cansado. Jacques aprieta los puños con rabia. -Pero, señor oficial, no es mi culpa. Yo querría bien ... Pero no puedo pegarle á mi madre. Escuchad: vue~tros hombres están allí, decidles que la separen de la puerta . ............. ........ --···· ·-····· .......................... ···-·· -Miserable, cobarde! -Un minuto, el último. Jacques, enloquecido, furioso, se arroja sobre su madre con os puños levantado , pero retrocede arrojando un grito espantoso, y rueda por el suelo de la choza, agitándose, torciéndose, aullando. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 217 -Oh! mis ojos! mis ojos! Su madre con las tijeras en el momento en que J acques se precipita sobre ella para pegarle, de un solo golpe con las dos pun­tas le ha reventado los ojos. -¡Ahora sírveles de guía! El oficial se lanza hacia ellos; pero demasiado tarde. El desgraciado daba botes por el suelo, se torcía, rugía, te­niéndose los ojos con las dos manos. Lloraba sangre, que se desli­zaba por sus mejillas. Se levanta tratando de orientarse, pero tro­pezaba con todos los muebles. -¡Madre mía! ¡M4dre mía! ¡Ah, Dios mío! -¡Canalla! Los prusianos habían invadido la cabaña, y aterrorizados mi­raban á esa madre, muda, feroz, insensible á todo lo que pasaba á su alrededor. Había dejado caer las tijeras, que brillaban á sus pies, abier­tas, en forma de cruz, con las puntas enrojecidas. -Señora, le dice el oficial inclinándose con respeto y descu­brióndose, permitidme saludaros! Después, volviéndose hacia sus soldados: -¡Fusiladles! Los soldados arrastran á J acques, que gemía y marchaba va­cilante con las manos extendidas. La madre pálida, con la tnirada fija en el oficial, el labio des­deñoso y la frente levantada con al ti vez, avanza á colocarse por sí misma delante del muro, al lado del ciego que no comprendía nada de lo que pasaba, y á cinco pasos de los soldados. A la claridad de la luna que surgía entonces de en medio de una nube, la anciana apareció como la estatua del deber. En el momento en que el oficial da la orden tde fuego, la madre estrecha la mano de su hijo, y los dos caen como heridos por el rayo, dándose un último apretón. ¡Imploraba un perdón de su hijo en cambio del que ella le daba! El oficial mandó desfilar á sus soldados delante del cadáver de la madre, y saludó militarmente á la modesta heroína. Después hizo conducir los cuerpos hacia la choza y colocarlos sobre las camas. Fu'e allí, al día siguiente, en tanto que la tierra temblaba con el espantoso cañoneo de Mans, que los franceses los encontra­ron. Ese día Francia agonizaba. El cadáver de la madre tenía una majestad suprema. La ca­beza pálida, rígida, se destacaba sobre las almohadas tintas en san­gre. Los ojos abiertos, vidriosos, guardaban una inmovilidad extra­ña. La sencilla campesina, muerta por el deber y por la patria, después de haberse sacrificado corno madre, presentaba una expre­sión sublime de victorioso martirio. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 218 80LETIN MILITAR ...._...,.._, POR SANTIAGO PEREZ (Continuación) Dice el compilador Acosta que desde entonces se sintieron l­< :E o ¡... z ,.¡ 1.:) "' < en o-1 ~ z o "' o u -1-~~~ 355~~~~ ~ 1070 2 4 25 5 ... 5 70 7 10 8 551 12 10 10 70 14 25 17 85 21 40 3 6 40 7 50 8 fJ5 JO 70 12 8.5 18 20 16 05 21 40 26 75 32 10 4 8 55 10 ... 11 40 14 25 17 101 24 2;5 21 40 28 55 1 35 70 42 85 6 10 70 12 50 14 25 17 85 21 40 30 35 26 7.5 ;35 70 44 60, 53 55 6 12 85 15 ... 17 10 21 40 25 70 36 40 32 10 42 851 53 55 64 25 7 1.5 .. . 17 50 20 .. . 25 .. 30 .• ·1 42 50 37 50 50 .. . 62 50 7 5 .. . 8 17 10 20 ... 22 85 28 55 34· 25 48 55 42 85 57 101 71 40 , 85 70 9 19 25 22 50 2.3 70 32 10 38 55 1 54 60 48 20 6·1< 25 80 35 1 96 40 JO 21 40 25 .. . 28 55 35 70 ·1-2 85 60 70 53 55 71 40 89 25 107 10 11 23 5!) 27 50 31 40 39 25 47 10 66 75 58 901 78 55' 98 20/ll7 86 12 25 70 30 ... 34 25 42 85 51 40 72 851 61: 25 85 70¡107 10, 128 55 13 27 85 32 50 37 10 46 40 55 70 78 90 69 60 92 85116 05 139 25 14 30 ... 35 .. 40 ... 50 .. . 60 ... 85 .• . 75 . .. 100 1 . • 0. 11.~3()3- 9··0·1 150 15 32 lO 37 50 42 6 53 55 61· 25 91 05 80 35 107 160 70 16 34· 25 40 ... 45 70 57 lO 68 55 97 10 85 70 114 2 5 1·J.2 85 !171 40 17 36 40 42 50 48 55 60 70 72 ,85 103 20 91 05 121 4·0 151 75 ,182 10 18 38 55 45 . . 5140 64 25 7710109 2 5 96 4·0128 5 5 160 70 ,19:t S.5 19 40 70 47 50 54 25 67 8.5 81 4 115 35 101 75 135 70169 60 203 .5 5 20 1·2 85 50 ... 57 lO 7140 85 7012140107 JOH2 8:jl78 55214 25 21 45 ... 52 50 60 ... 75 .•. 90 ... 127 50112 50150 ·· ·¡ 187 50¡22.5 ... 22 47 lO 55 ... 62 85 78 55 94 25133 55 117 85 157 10196 40 23J 70 23 49 25 57 50 65 70 2 JO 98 65 139 60 12;3 20 164 25 205 3J 216 40 24 51 40 60 ... 68 5!5 85 70 t02 85 Hli 70 128 55 171 ·10,_ 14 25 257 101 25 53 55 62 50 7l 401 89 25 107 101151 75 1:13 90 178 55,223 20 267 85 26 55 70 65 .•. 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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BDLETIN MILITAR '--'"y--" MES DE 31 DIAS 1 90 2 251 2 55 3 20 3 85 5 45 4· 80 6 45 8 05 9 65 2 3 85 4 50 5 15 6 45 7 70 10 95 9 65 12 90 16 10 19 35 3 5 80 6 75 7 70 9 65 11 60 16 45 14 50 19 35 21- 15 29 ... 4 7 10 9 10 30 12 90 15 45 21 9o 19 a:, 25 so 32 25 38 70 5 9 65 11 25 J 2 90 16 1 O 19 35 27 40 24· 15 32 25 •loO 30 48 35 6 11 60 13 50 15 45 19 35 23 201 32 90 29 ... 38 70 48 35 58 05 7 13 501 15 80 18 05 22 55 27 0.5 38 35· 33 85 4 5 15 56 45 67 70 8 15 45 18 05 20 60 25 so . 30 95 43 85 38 70 51 60 64 50 77 40 9117 40 20 30 23 20 29 ·· ·1 34 80 49 35 43 50 5~ 05 72 55 87 0.5 1 o 19 35 22 55 25 80 32 25 38 70 54 80 48 35 64 50 80 60 96 7 5 :~ :~ ~~ ~; ~~¡ ~~ :: :: ;~ ¡ :~ ::1 :~ :~ :: ~~ ;~ :~ :: ~~ :~: ;~ 13 25 15 29 aJ I 33 5o 11 9o¡ 5o 3o 11 2.:; _ 62 go l sa s;"í 101 so 125 so 14 27 05 31 60 36 10 45 15 54· 15 , 76 75 67 70 90 30 112 90 135 45 15 29 ... 33 851 3S 70 48 35 58 05 82 251 72 J.S 96 75 120 95 145 15 16 30 95 36 10 41 25 51 60 61 90 87 70 77 '10 103 20 129 ... 154 80 17 32 90 38 35 43 85 54 80 65 80 93 20 82 25 lOO ü5 137 05 161· 50 18 34 80 40 60 46 1·5 58 05 69 6J 98 70 87 05 llu 10 H-5 15 174 15 2 109 36 i5 42 90 49 .. 66 ·~ 5205 7:-73 ~1· 00 1 110094 61~ 9961 90122 55 1i.í3 20 183 85 38 70 45 15 51 60 .r V 7,3 129 ••• 161 25 193 50 1 21 40 60 17 40 54 15 67 70¡ 81 :l5 lll5 15101 GO 135 ·1·5 169 35 203 20 22 42 55 49 G . 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Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 165

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 167

Por: | Fecha: 01/09/1900

BoGoTÁ, SEPTIEMBRE 1.• DE 1900 -------- - - -- -- ---- ---- ~~~~ - ----- ---- - - -------------- Or;runo tl •1 "" i•:tistct·io de f;;ncrr;t y del aqé ·cHo .Son co!.Jbor.\dores de t!:niero~. Mienli>ro de varias s,. cíeclade~ Cit:ntific· ,¡ :L\JU:t\1.1:. l..G 7 =====================----.-=r~-================================ ' 0 . ~;1}{] t:1 ~;1;1~D JTIL 0 -· J) ~l 11®©·0 (.\Gus 1 o 23) s0brc ho l\ orcs al Sr .. ~cner. 1 Pró,:;pcro PitJZÓn El f7icepresidJnt <> ¿_, la R .:públic!i, erzcargadJ d.•! Poder Ejc.:utivo (.0 SIDFRANDO 1.o Qu~ la paz públi "a ha ~· cb r e stablecid· en d Norte de la R e púbii c.:~., debido muy e~peci;dmen te á ios e .--fucrzos y servicios tdd Sr. G~q ~ral Pr\~ ;ipero Pnl/',Ón; 2.o Q.K la campana dirigi,h por el cit:tdoGeneralen el Nor­te de l.a Ke¡>ttblica p!!ede comp tr.\.rse con las mas gloriosas de nues­tra Ma6na G 1erra, y b.1st.lrn por sí ~ola par,t fundar la más escla­recida r ·put.lción mi lit tr, por la graveJctd de los peligros arrostra­<. ios) pur el acierto en lo• movimientos, por la t.:rHcidad y bravura del adver ario, por Ja grandiosidad <.le los episodio~, por l,1 trascen­dencia de los resnlt.ulo~·, pur el amor y respeto que el General Pinzón supo gr.llljear.:e en su propio Ejército, y por la aJmiraci<:in que logrú despertar en t 1 contrario; 3· Q.;e el Ger,eral 1 inz..o11 agreg1. á sus timbr.:s milit,ucs sus eximi ·ts v11ruJes ~í vi-.:a ,, JcmostraJas en más de una ocasión en los altos p11esto:' pu biico:' <1ue h ,t ·lt. ~ empcí1ado; 4. 11 Que el Gener .. d ?inz í11 h.a puesto muy en alto las glorias de la pnna; 5.0 Q ae á más de s...:r un deseo, es un deber inelu:Iible del Gobierno recibir Jigna y solemnemente al General Pinzón, VJII-1/ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 258 80LETIN MiLITAR ~ DEC RET A. Art. I .o E J Gobie r no r econoce la importancia de los servicio s que ha prestado el Sr. General Pró pero Pinzón, y lo recomien da á la Nación como modelo de cumplido pa t riota y b~nemérito ciu­dadano. Art . 2.o El Gobierno ofrecerá al General Pinzón una meda­lla de oro en que se conmemore sus grandes hechos, y como mues­tra, aunque insignificante, de su admiración y gratitud. Art. 3 . 0 El Gobierno solicitará del próximo Congreso la ex­pedición de una ley en que se premien debidamente los ingentes servicios del General Pinzón. Art. 4 ·° Créase ur;.a Junta de ciudadanos encargada de dispo­ner lo que sea necesario para el recibimiento del General Pinzón en la capital de la Rep1:íblica, compuesta de ]os Sres. Dr. Antonio J. Cadavid A., Dr. Jo é Vicente Concha, D. Roberto Gómez Saíz, D. Bernardo Pizano E., D . .Enrique U maña S., D. Jorge V élez, Dr. Guillermo Martínez Silva, D. Justo Vargas, D. Carlos Pardo, D. Federico Montoya y D. Rafael Arrazola. Art. 5. 0 El Nlini!>tro de Guerra queda encargado de hacer cumplir el presente Decreto y de atender á los gastos que él de­mande. Art. 6. 0 Un ejem piar auténtico de este Decreto será presen­tado oportunamente al Sr. General Pinzón por el comisionado á quien designe para el efecto el Excmo. Sr. Vicepresidente de la .República, encargado del Poder Ejecutivo. Dado en Bogotá, á 23 de Agosto de 1900. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, encargado del Despacho de Guerra, Guu.LéRMO QuiNTERO C.-El Ministro de Relaciones Exterio­res, CARLOS lVlARrÍNEz SILVA.-El .i\llinistro de Instrucción Pú­blica, encargado del Despacho de Hacienda, MIGUEL ABADÍA MENDEz.-.El Sub·t:cretario del 'Tesoro, encargado del De pacho, IGNACIO R. Pif~EROS. --·-.....-- DEL GENERAL PRÓSPERO PINZÓN La Comandancia en ]eje del Ejército Teniendo en cuenta que próximamente llegará á esta capital el benemerito Sr. C::reneral Prospero Pinzón, quien viene á encar­garse del Nli nisterio de Guerra, á fin de recibirle con los honores que á su jerarquía y méritos corresponde, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80tETIN MILITAR ~ RESUELVE 25S» 1.o Enviar una Comisión del Ejército permanente á la ciu·­dad de Ubaté, primera que pisará el Sr. General Próspero Pinzón en territorio cundinamargués, donde la dirección de la guerra está á cargo de esta Comandancia en Jefe, para g u e le haga los honores de ordenanza como á Jefe de Jas fuerzas legitimistas de la Re­pública. 2.0 Enviar á la ciudad de Zipaquirá una Comisión de Ofi­ciales Generales, formada por militares en servicio activo y por militares en uso de .Letras de Cuartel, á .fin de que presenten al Sr. General Próspero Pinzón saludo de bienvenida en nombre de la Institución militar de Colombia, la cual espera días de verdade­ro nrogreso y gloria bajo la acertada dirección que indudablemen­te habrá de imprimirle guerrero tan experto. 3· e En Bogotá saldrá á recibir al lV1inistro de Guerra titular el Cuartel General dd Ejercito, siendo obligatoria la asistencia .á este acto para todos su miembros. La Columna de honor que haga en .Bogotá los honores mili­tares durante el desfile del cortejo, maniobrará á las órdenes del General Comandante General de la I .a División del Ejército per­manente, ecundado por los Ayudantes que él designe. Dicha co­lumna será formada por e1 Batallón Artillería con sus piezas de servicio, la Policía Nacional y los Escuadrones U rdaneta y Usa­quen. 4. 0 Para desempeñar las Comisiones arriba mencionadas se nombra el siguiente personal: Comisión de Ubaté Generales Rafael Ortiz, Eliseo Arbeláez, Eduardo Briceño­y Emiliano Caicedo; Coroneles !\1anuel M. Leal, Jesús Peralta y Francisco Acebedo ; Tenientes Coroneles Arturo Acebedo y Maximiliano Gutiérrez R.; Sargentos Mayores Jesús Peña R., Antonio Nariño y Julián Cabrera; Capitán José E. Ucrós; un pelotón del Escuadrón U rdaneta. C?misión de Zipaquirá Generales Jaime Córdoba, Roberto rv1orales, Aquilino Apa­ricio, Arturo Dousdebés> Víctor Calderón, Daniel Villa ; una Banda de Mú~ica. Bogotá, Agosto 23 de 1900. JORGE MOYA V ASQUEZ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 26() 80LETIH • MILITAR ~ D~ LA PATRIA (Concluye) El cnnrt.f'l pnPtle ;..· <1t·h~· ~t~l· la ('.'<~n:•l:t el~ la. :r twión C!'lpa­iiola d ... :-.:clp hoy: bta·tw::; ~olclado~, buetJOs ciutLlllauo.· . gste t!S corolario C\'Íclt•tJtl'. 1\las t•l bnc·11 sold:uln 110 p11P1le ~nt·~·it-, no, <~on lcl~ proc~pdi· mie11tos l'll bog·;t. Htt'tlllo la priJtH·r. t tn .ttt•ri;.t tan tlíwtil .Y tan ~XCl'lt•llll', <'P ra llh• 11 el :1 y ~ 11 . TP ¡d i 111 e· d l' l'l't:i hi l' 1 a f11 l'lll a <¡ lll~ <:011 · Yt•ttga, ¡ qné dol ·• r 110 apt·o\"c>dt .tt· tiP.Iltpo, ju •• t•utltd, ('tta.li•la•le:s! l~ul'C)IIl' el p:t .· o dc•l í•indadntw por hts tilas p,..; lt11,\" Hl;..!.O n:-:i <'OtilO el (}(•stile por u u ln~;ll' que mnlt .. sta :d 11 p111:o !1~ .·l'lpaís \'t•a <'lt t>l etwttt-1 ;tlgo flt l'Pilltllt~Wt.'llCÍ:t .· carct>la1 ias, tliiP le ha1·t·ll hnsc~a•· In.· uat•clios (h• t~lutlir l'l en111pli · uit•~tto dt>l ndts alto cl••h,.r llt• elltclncLwí .t; y eu el .·en·ieio, clut·<>zas ,Y fot'lllll i islllos b , lltlío~\ no poclt•IIIO" t'~pe· t•ar fntllert y lilwral simp:t1Lt, q11P Clll-!'·'lldru sc·tttllliÍ I' Illos do corclifvl'IIICII la illstitncióll eta ge­uuiua rl'pn•sPI I t:u:iún tlP la pntri:t. S {,Jo p11~de (~OliSl':,!tl ir:::;~ t "111'1 iia tt':tllsfnrmac~ · 611 llW(lht 11te la rpf'onna. • tt sn t•.·t"tu:ia . la edtw:wiótl dt•l soldado: gitnnasios hieu pro,·istos tlP a par;t t : s; e ·ettt'l:t.' a111 pi ias y eo11 el i. ·ct't>ción tlit·i;.ridas y dot:td lleilla hibliott•c·;t; dueh't.:, a~nl, limptt•;r.a, ltigic•ll«'; j11nto eon este, in.·trnc:ción tt·úric:a. c·ott o ·plie;H:iún l!ahlacla p• ,. t>l oOciaJ, emplE>:llldo t~m <-ts \'ctriado.· ;.· algo 111á~ Pspil itualcs y útiles qne los rPg-lam llltario~. 'omplt>tnt•ntallclu todo ello en el c·r~mpallll'll­to, lt',io.· de la eindacl, (>) t-jPn~ieio t':u~io11al. l'Oil \· ari;~utes ~~inicia­ti\' a., la \'ida milit;u· Ht'llt.;illa, y Pll ~-;n llll~lll ;l. ~t'll <' illez, t't.'~m~ i­j:- ula y fr:ttl'l'llal. Dnnclt> t••to .·e· Ita ht>dw, ,\' e11 la::4 g·uarniei,Hil'S donde feliZlllt'lltH OClltT<", c-J ,·nJdado p< S l• ;t p(WO ,\' ti H baja IIIU· clto· ellaa..·lío 110 in\' Hclo su espír·itn. <·1 ('ll c·lltn·ti<·llc y ~t>tllle<', ptH'H llil1 {)tle ('orporal é inklt-etualutt·tJte trah:1ja !IH'tln~. E .l eamhitl es el qnt~ mayor(':-> tnoth·o~ tit·u.- par.l :~hurrir~(~ de la \'ida qne se le impoue, y el que mús ew0o.s \'a a~nntL hwdo contra el servicio. Sn in. trncci6n prilctica. es nHlimcttt.aria. n~arrot-ntla y mo. lestn; PU ~1 políg-ouo, eomo ('JI <•1 e,1:npn dt> tll:llliohras, {) t'll los Catnplt10Pl1to~, él[H.~IIH:-. :-;j :se lt~ <·~tÍII\lll:l p:tt•a qlll' H<'H'('ÍPIIte l-lll a_fieión al tilo, y por lo t:111to ft las arn1as (]IIP lll:liiPja; su t·.·pí­r: tn <~01110 ~ns <~jo~, 110 Yt'll por todas } 1 arl•·~ sino l'l }ll'llOSO Ren·ieio de ePutine!a ú du \'ig;ilt~ale~ 110 sit.·¡:~pre hi­g- iélll<~o~; t'} dt 1'0 J" Sll g·t'll· tnalla qr10 lltl'lHlintit>lltO .,e t'llS:lll ~!te eo11 l:h nos;¡~ d••l olieio \'t>Jd;ldt•t:llll('lttt.~ útllt·~. <·on t.al .·, enú 1 ll•>eiÓil dt~ 16 .• gt·a !Hlt•s prngTt> ·o· que <'11 todo n ha. alt·:tllZdio pilr:t t•l (':ph·itll, y }l:tr:t ('} ent•rpo 1lí~ ntll !ho~ la adqni.-iei{.u de t•llf\·r· 1 wda ;tlllt'lltt~tti ndolt•.' COll h:thiiHl.l(l ~ll libcrt;ul callt~j.'r:l, y halh:seu t•n d cuartelt·'c.~lllt'lltos tlc atrac­cióll y de tt"L !t:rj<,. f.J t olH a, S11hre .~ut· i lll}H'rin. :lln<'ll te• w·c('¡::;;q·i:l n 1 paí~. es capital phra ]a institnei·)n arrlliHln <'ll ~ns fill4'~ ~ut•rrPros . .l\Ie· diaut'~ el ah,ulilouo ó 1'1 dt·seollciPrto dt· la c.•dth·BO:S Hoitludol-1, ~t>íhtl t>Yidt•tttt~ dl· fllle lo d(•JitiÍs HtHla fnera. 1le qnieiu, 110 ¡.:;o g·:.uwll eantpnfias, Hlll~"s bit·n ~e ¡,ipnlt:>tl; y eon des(ts~res militare~ IP~ pue )lnJ ~e nrt·ttin:lll ;t' ~twtunheu. El pt>ns·uuh~nto de V m del' Oolt~, eonto sit>lllpn·, t•s Yt•rdalltplos pl'r.;t·\·~·ratltt·M <¡lle llit•rall y t->11- saueheu la imagi uaciull tlel jo ve u, i utla uwt,do su alma. y rol.HlS· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~62 80LETIN MILITAR ~ ':teciendo sus miembros, regocijando su áuimo con horizoutes y -e~perauzas con que jamás soñó. A~í lo enteuclieron y practicaron, felizmrute para ello~, puehlos que hí)y alcanzan Ja meta tle sn prospel'i•lad y gloria. No hemos de voh·er sobre lo becho en Alemania á raíz ele ~us cruentos desastre~; veamos lo ocurl'ido en Fraucia y en Italia., paísP~ similares al nué!-\tro por origen, clima. .v te111leucias. '.rras t>l arranq ne oficia 1 á raíz del desastrf', ht labor, afio tras afio, de lo· de abajo. Uua nota. bibliográfica de las ohrillas .Y li br~>jos pu bhcatlos para la. edncacióu del soldado, sAr{t lle­mo~ tradón más •loeneute que cuanto nosotrm~ pudiéramos d(•cir conómie:t~: su preeio o ciJa eutre 0~~0 j' 1 fl'auco. IútS obras alcanzan ·iempr·e varias edi~ioue.·, ~den .:taR obrilla~, infinidad de Cahiers v de ()a¡·nets JH!.l'a vulgarizar el tiro, la hipología, la eRgTirna, la gim .. ua~i; , los n•g-hl.llHm to~, la forti ticaeíón tle ca ru pafia, el ~ervicio ttle ~ ·plora,·ióu, t>tc. ete., to1lo en edieiotit" ecouómicas. Uon:agl'ado~ e~ pecialrnet te á la educacióu moral .V militar aeJ soldado y \l . la. cla, · <:'~", eu couiicione · ignalrnente ecouó­m icas: Edw•a.tion m.ilitaire, 1Va CO'mpagn.ie Catéchisme rlu .~oldat, Oon eils a u.r carl1 f' de tna batterie ,¿ la l'l'ille df' l'arrivée des recruN~, L'edttc(ttion moTal rlu. ow; officie~·, L'educntion moral du, ..soltlat, De:~ t ltt~one · dan. le . ., clwmbre.'i, ,líanuel pu.triotique d1t ci · toyen et du. oldat, J[(lyens á employer pour m.aintenir ct n:let'CJ' en campagne le tnot·al ile .·oldrtts, Conseils d un fut>u· conscrit. Le jetuw cnncrit. La vie 'núlitaire, Chnnts m.ilitai1·es, Chansons • Cono •iclo son: el Qngc;.tivo libro de La y¡Q~:!, Tu seras SQldat (1 o euicioncs '; el de Bignt, Lt Petit Pmnqr.is (25 ediciones); Le Livre de in. Patrie ( 9 eclicione, ); His· toire de Frrwce rles Pt tits E1!la11ls ele Kcrgomard; h nrdieute co.ección de la Liga de p,,tri( t ·. · Chn.nt Pntriotiques, Chanls du soldat ( 1 ~ edicione._), Nouverwx Chauts du soldat (79 ediciom.s); ftfarclt.•s Pt s m¡prie' (31 c.lil'Í~>nPs ; r .,t(or!d. me Jlfilitaire á .l'u~a/!e des Nablessimenls d'instruclion publi iJ'II', p01 Dérigny. Tt;ng .~e en <'ucuta 1p1e t;mto las edif'ione• de la cas.t Col~>n C'nt!l · •. o.; dt• l,t Lig-a dt! Po~tl'iot.l!>, on de 30 á -t-0.000 t•jemp an·s cad.t urH. [,a Bib/iQl/,pr¡ue de Sonuwirs et R<'cits Militaires tam­bi( n llcvn publicados en colt>cció11 más d,, luO cu deruo._, E tct cot~cci6n, CtllllO otros muchns librillo., de car;;jl'ter ¡l\lpular. ostentan ilu. tracion .,.. por der11ás llamativ•t·. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 263 de ro'u,te et refrain.~ du bit'oua.c, En 'marche, Chansons de route. A éstos deben agrt>garse los mPt·a.mente pl'of'esionales de gim· naxia., P~grima, eq ni tación, higiene lluma11a y dél caballo tit·o 1 d fi . . ' ' e emcntos e l~wa y de c~iencia, para el mejor eonouimiento d~ las armas,, do la fortificación y del caballo, y preparatorios para ascencler a cabos, sargento~, etc. De carácter histórico existen nna infinietite Bibliotheque de l'a rmée [rnn9a ise. (hu la sol· t>, él. lo:s entph~a 1o.'e u Francia, acaso porqne la uece~i{lad de hacer patria y fortalt.·c~rla era. enestión mfts apl'emiante y capita.l. Uomo cou~ecu~nd:t tle nn ,·ia.je ~l Italia s I, Educac16n moral del 'old,"lo. La olHa es una verdd._d ... ra joya, y en su génct.o está,á 1~ al.tura de _las. d~ Nicolo ~I. 1 rselli, vertidas tamb1én al castellano por el c1tado Com.lnd-wte de 1nf¡in terít, prnfesor de la Esl!uela Superior de Guerra. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2G! BOLETI~ ~11LITAR ~ \icl u m hre ú ofreeen los bol'izon te::; geogt·áficos, militares y ma­rítimos d~ il hel p:w,..e ('he Apcnnin pa1 te, il mar circoncla é 1' Aire. Cualquiera de e.·os catt'ci. •tHI", librillo~, cnnwt.~ ú opú~cn­Jo~, encierran prJJIIOl'O, a~ t.'tls<·fíauz:.:t~, l"t• tH·IIIo~ ,Y 11ohlt•H e~ti­Jnulos. Al>rarnos uno, el de ühapni.·, por {-jPmplo, y n•amo ... cf sumario:'· Ncce~ülad tlc d<·s< nollar la t'dnt.·aeión utonil; 1~1 re­gimiento e~ una familia; Del st•J'\·icio mi lita¡· ; La p,,tt ia; Do­la di cipliua; Del ¡·e~Jwto mtlitar; Lii. hl s •l•·rto; La Patrie~; El n~·y; El c•jérl'i tt~, di ·ei pli 11( , ol1 ·n;. Sdlidarid:u.l; Ho11or lllil1L r, y ,tln r, ;dHII'g'Ht'ÍÚil, c. ~pÍI it11 tlt~ ¡.;;;¡. m·itkio; L: HatHleJ·a; El jur,ll.ll':Jto; St>lltÍIIIÍl'lltO n·!igio. ••; El P.Olcladu 1:10d ·lo; I.n \ida ci il clt•:-o¡liH~, dc.·l ,· t·n·icio tnil!tnr; U u poco 4.h .. g·l'ogTafi;t j(•J"nr la patriH qtt~•tida. IJa Retuilla qne ese pn·cio:o tt•sm tl :tlllOith>taa t'll ul ( ... iét t·ito Re dt'IT. 111:1 do:-;pttés tu t·l ~t:.tiO de.~ la Na<·· {111, Pll en ,ro rq~·.~:~.) t!n'N" y fnH·tifica {t- d e sp<'cho dt~ olra:s te.~ tde ii<:J;t.· nalsana~ p ;1 n1 t'l iutet·é · coiPcti\·o. Porqtll' l;t~ •11. c·fi :Lttí'.,t.· r ·eihidas t·ll t·l cjt'r· cito, lo· c. .. j •mplo · Yisto t'll la :ttl~tt·t.t \'1 la 111i lit r. no pic·nlcu jalllils Sh fut>rza íntima ·' .-uu \ • '11 t•l cürazon del suldado . • • ranea, pu 14, est:í la da, y f(u·il y agrndahlo t:~ la tnr<'n. Flaca la c.•u:eilitllZ;t c. .. lf·lllt-'llt;tl, dc.•:.,veueijll tru de.· rl'parn e ion y tll' "· l í 111 u lo·,, do11rd ::\ dt·ro, si11 < lharac:ts ui ·allicl:~dt•s tlel carúetPr lliWlOllrto, muy eierto PS qne para lograr pró:·qwro~ re~:wlta­dn., a~í en el onlen po~i ti , ... o como en el abl-lol utameu te moral_, no l>.t,' ta eon la. eclncaeión que el soltlado pueda, recibir du­raute ~n cor·ta permanencia, en filas. Si la ::)OCi ·d~.d tle doiHle un ejéreito ~e nutre 110 atienl alma del citHhHlano eu el culto l'al ~Iar ~ elli, coufortHPH c.->n l'Sto e011 .l\larce­ll: tdn, \Tillama r tin y L lutiraratP, s~~. cnmplt·n por twHlo I'i~· lno:so~ ,, El ('.iéreito r•·tl Pjn. la ' t) e Í(·Ilad y el tit•:npo en (}!H..), · i,·e." Pero aqní, dolltl e <· i11 tene¡· CtHtStituído el E ·t a llo }lfilitar h('mo: Ot'g" r,a d •1 E ~ t a do, b; e u pn<·a (•o sa t•~' l'll , -pnl<:,d t>l eon~a;.{rar algu 11 n atPueiú n {¡ f o nuar el alma d e.l .. ·oldació11 Je conbate es, pue , 1ns.eparable de l2 noción de guerra. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 266 80LETIN MILITAR '-'Y"'-"' Del encuentro de dos partidos que buscan en el combate un resultado decisivo para el c.le5enlace de la lucha resulta una bata­lla; para é;;te no e el carácter de wdas las acciones que constitu­yen la trama de una guerr.J. El encuentro general de las ma as principales va precedido comúnmente de n urnero5o ciH>LJ u es de pequeñas fraccione. de tropa, l que también ocurre e >mo consecuencia después de los grandes comb,t tes decisivos. L-ls de:;t. s,)bre el campo de bat.dL.t la victoria depende principalmente del número y valor de las tropaq, de u buena dirección., del tiem­po y h >ra del emp<:i1o., de Lt s fuerzas de que se Jicponga y de una multitud de circunstanci a s que constituyen la par te azarosa de la guernt. La proporción entre las fuerzas de loe; contenJores ejerce in­fluencia considerable sobre el rcf'ultado del combate: poner en línea fuerzas superiores en el punto decisivo, es el principio fundamen­tal de la dirección de los ejércitos. Las formas del terreno también pueden contribuír á fc1cili tar la victoria á uno de los do· partidos, haciéndola más difícil para el otro. Sin embargo, en primera línea lo que habrá de tenerse en cuenta es el valor de las tropas y su buena dirección. La hi::;toria militar prese:1ta numero. o s tjemplos de que un soldado eminente con tro¡n aguerrid,ts, a ...: ostumbrc~d;¡s á triunf..tr, haya vencido á un advers·ario dos y aun tres veces superior en nt'ímero. Es claro, se entiende, que además será preciso que eljefe que persigue la victoria no ~e vea abandonado por la fortuna; y la for­tuna se complace en no otorgar sus favores sino á la audacia y á la intrepidez. Los resultados de la victoria son, ante todo, resultados de ca­rácter moral, aun cuando de ordinario también son mayores las pérdidas del vencido en muerto: y herido , y lo son siempre en prisioneros y troft!os ( 11 m .t~, banderas, etc .). ~ l efecto principal de la victoria consiste en la de moralización, la indisciplina y el des­. orden que engendra en el vencido L1 conciencia de la derrota. En- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2G8 BOLETIN fíllliTAR ~ tre más d¿cisiva haywl sido la vi··toria, mayores . erán esto últimos resultados y más puede esperar el vencedor con una persecución tenaz, que no deje al venciJo tiempo de re tablecer el vrden en sus filas, akanz;.¡r la completa disolución del ejército enemigo. Es de noté.lrse, sí, que en las m a yo res catá ·tr::>fes mili tares el vencido ha qued.ado en el crma de prisioneros: Bor bat:-dla campal se entiende una gran lucha en la que todos los cuu pos de tropá~ e han cli ·pue. to nH.:túdicamente sobre frentes regulare antes de la pugna; y es antítesis de la bata lla d e e;zcuen­tro, que resu1t·1 de ts'l choq e inesperado p:ra les lidia(.ore · , y por lo m · m o no presenta tanto urJen y regulan dad. Un combate parc.:al es una de 1 ·s e~cena<; más 6 meno~ i nde­pendiente · de un comb..! te n ás COlb 1 ier rebeliones, á la guerra de guerrillas, en todas las partes del m un do en donde ejércitos organizados (ó regulares) luchan contra adver­sHios quP. rara vez e lanz.an á campo raso. L1.s pequeñas guerras no se denominan así á c;-..u ~ a de la <>sca­b s.obre la cual ge ejt'cuten. La lucha reciente entre el Japón y la Chuta fue, desde el punto de vista puramente milit,lr, u11a pequeña guerra, bien que ambos adversarios 1 de un l.:ido, y flt t" rZ .JS q• .. H.·, dd otro, bie.1 que numéri­camente considerables, no poJJvimien t os al comen- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 270 . BOLETIII MrLtTAR ~ zar las operaciones, se persigue por las dos potencias, porque cada una tiene su plan de campaña. La que toma primero esta iniciati­va puede, por consecuencia, echar por tierra todo el plan de opera­ciones acordado teóricamente por el adversario. Pero, en guerras civileo;;, bien que la prontitud en abrir operaciones sea más ó me­nos obligatoria para el ejército regular, no h.ay las mism."s razonea para precipitar los acontecimientos. Los adversarios no tienen plan complicado de movilizaci.ón cuya ejecución pueda ser detenida por un golpe súbito. No se trata de tomar una iniciativa que, salvo en algunos raros ca!:os, no es disputada al principio. El punto princi­pal que debe perseguir e no e· el de que no haya retard\)S en abrir operaciones, sino evitar las dilaciones una vez que las operaciones han comenzado. Un triunfo efímero cuesta caro si se obtiene al precio de un período ulterior de enojosa inac ·ión. Porque es prin­cipio importante en la dirección de estas guerras que el ejército regul.ar debe forzar al adversario á que subordine á los suyos sus movimientos, y á que se dé cu~..nctt de su absoluta inferioridad moral. Toda dilación ¡,e considera co·no una debilidad; toda demora permite al enemigo rehacen•e . .Es, pues, condición esencial de buen éxito, no comenzar las operaciones sino cuando se han reunido fuerzas sufi ientes p .. ua drrigir vigorosamente la campaía y cuando esas fuerzas están com pletamen tt organizadas y eq ui pa,l2.s según la empresa á qu<:: se la destine, cualquiera yue sea. Lord Wolseley ha dicho: "Si en cualqui<::r momento de las operaciones os veis obligado á derenero algún tiempo para hacer venir provisiones, dais ocasión á que el enemigo recob:-e valor y á que se olvide de la ventaja que ya habíais obtenido sobre él: se imagin:1 que es el temor el que os detiene." Una vez que la guerra ha comenz~do, una dilación produce la conser.uencia de dar tiempo al enemigo para organizar sus fuer­zas de combate, y no tard ... rá n sacar partido de ello. Antes de abrir hostilidades eso~ adversario~ no saben á anenudo darse cuenta del peligro que le· amenazél, y no to siempre á combatir con él, en donJeq uiera que lo encuentre. N o se trata solamente de con­servar la iniciativa, sino de obligar al enemigo á persuadirse de que lleva siempre la desventaja en todo encuentto, y de que la uperio­ridad de las tropas ale cionadas ~·veteranas es evidente. Pero convie­ne r<:n.>rd ... r que la ofen iva estratégica no es incompatible con el emple o d.: Ll defen iva en el campo Je b,tlalla . ..t-n muchas campa­ña~ recientes las fuerzas rc.gulares e11 el momento del corP bate se dej . ron ataca r. A~í sucedto en la guerr-t del Zulú, que es un buen eje 1 plo de e . t e pri nci p i o. La columna del Coronel \V ood en K.arn­bul; i, y la e 1lumn t <.le Lord Chelm~ford, que marchaban en auxilio de .t.ko we, estc1 ban ambas en tcrntorio Zulú; elias obligaron á los zulúe · á cornb.ttir ó á reconocer su superioridad; pe-ro en Ging­hilowo como en Ka m bula fueron los zulues lvs que tomaron la oíc:nsiva, no los ing!ese ; lo mismo pa::.ó en Uiundi. V l. Efcto d r. una aann dc.e siva sobre los indecisos en las filas del adv~-rsario y sobre aquellos quc vactfan en juntarse al enemigo- Hay un h echo muy importante que diferencia los adversarios de las gue .. 1 rras civiles de lo que cornl-,aten en 1 ,s grandes campa-'-tS. Las pri­meras aumentan y disminuyen en razón del electo moral producido, y sin que á ello contribuyan las pérdiuas sufridas en el combate o las ocaciones de conflicto. Los ejércitos irregulares cuentan siem­pre en sus filas muchos indecisos. Hay siempre masas de guerreros prontos á engrosar lrls fila del enemigo en caso de victoria. Aun en el terreno mismo del combate una gran parte de Ja fuerza ad­versa e compone generalmente de si m pies espectadores; pero éstos serán los mn ardientes en 1~ persecucion, si el ejército regular su­fre un desa. tre, v tom:.trán parte, probablemente, en el próximo combate si este ejercí to sufre -;¡Jgú n revés. U na ofc:nsi va vigorosa tiene por objeto retraer de la lucha á los que vacilan en tomar las armas, y dism in uír, en consecuencia, los electivo· del enemigo. Un plan atrevi <.lo de campaí a tiende á reducir al Inínimum las fuerzas del enemigo y á impt- dir que los que no <;&t ' n comprometidos au­menten la fuerzas de los amotinados. V l L &ra nde Í71lf rr' Ú~n prod uet: o! en emigo uua aui{¡n atnvid~, y r ts uelta - Los anales de las gu e rr2s civile pt ueban bien á las da­as la impresión casi decisiva que prodt...cen Jos procedimientos a~.-­tivos y resueltos. Cada página de la historia militar de la do •1.ina- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 272 BOLETIN MILITAI ~ G:ton inglesa en la India es u:1a prueba de elio. Desde Clive hasta la época presente el atrevimiento y la impetumidad, más bien que la sup'-rioridad numérica, h .n asegurado la victoria. El espíritu de ufcnsiva que animaba igualmente á jefes y á subordinados ha dado .J triunf; á las armas inglesas. En ninguna expedición este espíritu de ofensiva se ha mos­Hado de modo más con tante, ni ha hecho sentir de modo más trrc · istible su influencia como en la ublevació¡;1 de la India, cam­paña en la cual, ~or causa de u superioridad numérica y de circuns­tJncias particulares, el enemigo era formidable. Durante esta gran lucha las operaciones á campo ra o consis­tieron, de un modo casi uniforme, en una serie de combate. en los e u a les pequeñas col u m nas inglesas atacaban y batían siern pre fuer. z :ts muy superiores del enemigo. Los golpe- se sucedían sin inte­nupción, y nunca se daba tiempo á los rebeldes para rehacerse. Cler-o que hubo que combatir mucho porque la resistencia no f •. tlró. Al principio los u blevados combatían siempre valcrosametJ te, algunas veces hasta con de esperación. No era la superioridad Jel arma­mento inglés lo que acababa con el enemigo: comparadus con las tropas ingle as los rebelde- estab;-1 n bion armado . .Fue el esp í ritu de ofensiva, de qq~ se sentían animados los j e fes ingle ... e~ y · us sol­dados, lo que les procuró, en la peripecia~ de una campaña :-ingu­larme nte activa, e a larga serie de victori;-¡~. La lucha memorable de Sir H. Ro ·e en las Provincia. centrales del A<;ia fue notable por la intrepidez y la energía indom:1b'es con que condujo las ope­raciones. Los rehelJes no tuvieron ni repoc;o, ni tiempo de re::,pi ­rar. '"rodv triunfo se complt!tabl hasta con cguir éxiro a~ . oluto. La campai'1a del Gwalior no f•Je .. ó lo un triunfo de e~t;ratt · gia y de táctica, sino también de r<:!;;olución. Los a iáticos no compr ndían semejante vigor. S >lamente cuando el ataq es .. consiJ,.ra a impo iblt pudo el enemigo conserv a r sus p:lsicione" . Lo mi _ mo pa5o gen ralmen­ve en las campaí1as de los rusos en el A i ,, central. Energía y atre­-. ·imiento, tal era su pal«bra de orden. Su ma :1era de proceda con is-Í .l má bien en intimidar al enemigo con una vigorosa of<:!n . iva, t:¡\1 ·en enviar co:ttra él fuerte. col•m·1as. Ahí c. tán loe; re::,ultados. E 1 l re:-tigio e:; t Hi > en esta _ guerra;-. E 1 j · f~ que rec 111>ce e tos . r ' n cipios y obra <:!ll confl>rmidaJ ·on ellos, es el vu11::eJor incon­' t~ ··ablc:. V 1I l. Es ir~disp ens7hl p: r ' rrui t 'ltl z ·n .zt " el éxit?-Pero el -e­a: r e tl de vencer á t le s aJv e rs<.ri ; nr> e :> tri b ! snL-tmente en el atrevi­mient ,Jcl at.tque. En roda g tttrra, para qut la victoria sea comple-a, es m _ ne~tcr terminarla con la per ecuci6n. Un golpe único pro­cur rá á menudo imp, ,rtantes resultados, y una suce -ión d ... golpe-s paraliza al enemigo. Lo guerrc:>ros de m ntonera no comprenden .!cino, de dos piezas de su batería y de una partida de voluntarios' á caballo. Desembarcó á algunas millas de Arrah y marchó contra el ene­migo. Los rebeldes se reunieron en buen número para cerrarle el paso; la pequeña columna inglesa los atacó sin vacilación. El com­bate fue reñido, casi desesperado. La fiera actitud de la pequeña columna inglesa desconcertó á los rebeldes. Este vigoroso combate quebrantó toda resistencia y le abrió camino á la columna. La intrepidez de los asaltantes produjo tal efecto sobre las fuerzas enemigas, que los ingleses no encontraron ya resistencia, bien que estuviesen todavía á algunas millas de Arrah. La guarnición fue salvada sin más lucha. E ta fue una brillante hazaña, no tanto en razón de la ejecución, por cierto h ábil, cuanto desde el punto de vista de la concepción. Marchar á su encue ntro é intimidados con una tenaz energía, tal es el procedimiento que hay que em­plear con los asiáticos. 3.0 Bello ejemplo de una grande hazaña militar, realizada por una fuerza insignificante, comparada con la del adversario, es el ataque efectuado por el Duque de Aumale contra la Smala de Abel el Kader en 1843. Smala es el nombre que se da en Argel á una colonia nómade, á un conjunto de familias, y también algu­nas veces á tribus enteras que cambian de lugar para vivir ó po­nerse en seguridad. Con la Smala marchan los camellos y los re- ~ Valiéndose del bluff (terrenos pedregosos que forman parapetos naturales en A.sia) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 2T5 baños que forman su principal riqueza. El General en Jefe supo la posición aproximativa de la Smala, es decir, mucho más a11á de la cadena de puestos defensivos que señalaban entonces el lími­te de la autoridad francesa, y resolvió atacarla por un movimiento combinado. La columna del Duque de Aumale contab3 6oo ji­netes y 300 infantes. Las tropas montadas, lanzadas á vanguar­dia de la infantería, menos móvil, cayeron repentinamente sobre la gran Smala, justamente en el momento en que se instalaba en un nuevo campamento, de>pués de uno de esos cambios periódicos de lugar. Resultó que Abel el Kader estaba ausente; pero s,ooo hombres de tropas regulares del Emir estaban presentes. El Duque intentó un golpe atrevido. Sin esperar '>U infantería, sin tener en cuenta la gran superioridad numérica del enemigo, atacó con sus escuadrones aprovechándose de la confusión en la cual se encon­traba la Smala y de la circunstancia de que su aparición sobre el campamento era inopinada. La victoria fue completa. El enemigo fue totalmente dispersado. Tomó numerosos prisioneros, lo miimo que un inmenso botín de camellos, carneros y otros ganados. Los estandartes y el tesoro del Gran Jefe nómade cayeron en las manos de un débil cuerpo de caballería francesa. El revés más decisivo que experimentó Abel el Kader durante sus años de lucha contra los conquistadores de Argelia, le fue infligido en un combate que, por decirlo así, se redujo á un encuentro casual con algunos pe­lotones de caballería. Estos ejemplos de triunfos notables obtenidos por columnas débiles comparadas á los efectivos enemigos, se han citado no sólo para demostrar lo que cuerpos pequeños de tropas regulares pueden ejecutar en estas guerras pequeñas, sino para comprobar también cuánto vale la influencia moral, asunto que era el objeto principal de este capítulo. Estos ejemplos nos enseñan el gran principio de que el vigor y la decisión son la base de una dirección eficaz en esta clase de operaciones.-Continúa. 'cccct~-;-:.-+ Jm~m1DJJRIL~~ DEL GENERAL PABLO MORILLO (Continúa del núme I 32, del 30 de Diciembre de I 8 99 ) A la mañana siguiente el ejército entró á la villa de Onra, en dontle inmediatamente le pasé revista con toclo el aparato posible. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 276 BOLETIN MILITAR ~ A pesar de la marcha forzada y de varios encuentros con el enemigo, las tropas desplegaron un estado de ánimo bas­tante imponente para desmentir las falsas noticias que un te­rror pánico había divulgado. Había corrido la uoticia de nuestra completa derrota, cou otras mil imposturas, y nuestras pérdidas se habían exagera­do fabulosamente. Los habitantes tornaron á sus hogares cou alegría é hicieron muchos sacrificios en favor de las tropas, cuya brillante situación hacía renacer en ellos sus esperanzas. El ejército reunido acampó en Cura hasta. el 25: entonces señalé los acantonamientos de los diferentes cuerpos. Los ba­tallones de Navarra se encaminaron á Valencia, el de la Unión hacia Turmero, el de Castilla hacia la Victoria, y los Húsares á la Quinta. Los Batallones de Pat·dos de Caracas y de milicias de Valencia permanecieron en Cura; el batallón de la Unión marchó tres días después á Valencia. Acababa de ser informado de que el enemigo se replegaba sobre Calabozo, y tomé todas estas medidas con el deliberado propósito de que mis tropas descansasen, y sobre todo para es­perar las que comandaba el Coro'Jel Calzada. Yo suponía que éstas se encontraban á inmediaciones de San Carlos, y les había dado orden de que se me unie. en eu Valeucia. Me trasladé, pues, á esta última ciudad, dejando á órdenes del Brigadier de, la Torre la guarnición de Cura formada por las cuatro compañías de Burgos y el batalló1 de Castilla, porque, según las últimas noticias, el enemigo, acampado en San Pablo, amenazaba á Ortiz. Este período de obs rvación no fue largo, puesto que el 5 el enemigo desfiló por el lado de Ortiz, siempre á presencia de nuestros puestos avanzados. El Brigadier de la Torre abandonó la ciudad, y se reple­gó primero á la Victoria, y después á las posiciones de Las Oocuizas, tanto por razón de la inferioriflad de sus fuerzas, como para cumplir mi órdenes. Había pre í to este caso, y dado, en con ecuencia, mi~ instruccione . Nuestras tropas dejaron en la ciudad res, fuerza mucho mayor que la nuestra, puesto que los lanceros del Rey, el sexto escuadrón de artille­ría y los húsares no habían podido reunírsenos. Los bravos rlragones deJa Unión, que ape.nas c~utaba1_1 en sus filas cl?s­cientos jinetes, cargaron con .Intrepulez sin calcular la n~­ferioridad de su número, y pus1eron en derrota á cuantos qui­sieron oponérseles, persiguiendo á los rebeldes, sin darles cuartel ha ta una legua más allá de Maracay. La~ fuerzas enemigas que se habían estacionado en este pueblo pretendieron entonces sa ... car partido del desorden Y fatiga con que los nnéstros ha.b1an llevado á cabo la acoi?e­thla y alieron á su encuentro en el momento en que volv1an gTnpas; pero á pesar de tamaña. ventaja, su audacia, quedó bien ca t.igada. Los dragones volvieron á cargar con el ~mpetu que acababan de ostentar, y obtuvieron un triunfo brillante, digno ele tanto valor. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 278 BOLETIN MILITAR ~ Resultado, la caballería enemiga quedó becba pedazos, y sus desbandados jinetes hnyeron en todas direcciones. La pér­dida de los rebeldes fue de ciento y tantos homures, cuarenta y dos cajas de parque, más de dos mil caballos y mulas y la. tota­lidad de sus equipajes. La conducta de los dragones de la Unión es digna de los mayores elogios, sobre todo si se tiene en cuenta que habían venido desde las orillas del Apure á marchas forzadas y sin re­mudar monturas. Además, antes del primer ataque recorrieron á galope dos leguas y casi dos más salvaron con igual ligereza en persecución de los enemigos; tales marchas debieron agotar sus fuerzas, y sin embargo lograron consumar de una manera tan completa la derrota del resto de las huestes enemigas. La infantería no tuvo nada que hacer en esta jornada: toda la gloria recayó sobre los bravos dragones de la Uuión, sosteni­dos por el ·escuadrón de guías y por algunos jinetes de van­guardia. El ejército hizo una corta parada en Maracay hasta las cuatro de la tarde, y entonces, á pesar de una fuerte lluvia, tomó la ruta de Cagua. El rebelde Bolívar, quien durante· el combate de Maracay se ocupaba en la loca .tentativa de forzar el paso de Las Co­cuizas, que defendían las guerrillas de1 Brigadier la Torre, á la noticia de la derrota de su caballería, retrogradó precipita­damente hasta La Victoria, de donde salió con igual precipitud para la villa de Cura. El ~jército realista llegó á Oagua el 15 por la mañana, después de penosa marcha, y en la tarde del mismo día em­prendió la persecución de los rebeldes, á quienes yo me pro­metía dar alcance en Cura. :Mntrámos á esta pol>lación á la una de la mafiana, formados en tres columnas de ataque; pero mis esperanza fueron frustradas: no había en la plaza sino un destacamento de 200 6 300 hombres de caballería, que después de cruzar algunos tiros con nuestra vanguardia, huyó á favor de la oscuridad de la noche. En Cura supe que el enemigo había emprendido su retira­da (lurante el día y parte de la nocho, por el camino de La Puerta, dirigiéndo.e hacia la llanura. Calculé que aún lepo­dríamos picar la retaguardia, y en acometimiento de ella envié nuestra vanguardia: el re to de la tropa pasó {t. acampar en una sabaua. Esta operación se retard.ó por el mal estado de los caminos, llenos de lodazales y de pendientes. Ell6, al despuntar el día, nuestra vanguardia acometía· á todas las fuerzas enemigas que había encontraflo en el paso de Bocacbica, arr~jándolas un poco más lejos, in darles tiem­po de retirarse en buen orden. Al primer golpe de vista los rebeldes se dieron cuenta de la inferioridad numérica de nnestra vanguardia respecto de la de ellos, y se decidieron á sostener el ataque, sin (luda con el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 2T9 propósito de poner en salvo sus enfermos, sus bag~tjes y los muchos emigrantes que los acompañaban. En efecto, no sólo impidieron el avance de nuestras tro­pas, sino qne hasta lograron qne sn caballería volviese á va­dear mm queb 'rada y ~e apo(lerase de algunas casas que que· daban sobre uuestro flanco. Yo pretendía dar algunas horas de reposo á las fatigas de la tropa, y aguardar á los rezagados en la ciutlacl de Cura: dos días de nna marcha forzada y penosa hacían indispensables estas medida·; pero el ruiflo de la fusile· ría, que aumentaba á cada instante, me decidió á partir apre­suradamente, dPjando á Jas tropas orden de que me siguiesen con tolla celeridad. En el camino encontré varios postas del Bri­gadier Morales, quien sin hact>rme perder toda esperanza de trinufo, me pedía con instancia urgente socorro. Por esto di orden á lc:ts tropas de que acti vaseu su marcha, y muy luégo que tirasen las mochilas y siguieran á la carrera. Llegué al campo de batalla en el instante más crítico: nuestra caballería, tras varias cargas brillantes fue menos feliz en la última. En el momento de acometer, un fuego muy vivo de los rebeldes contuvo el ímpetu de su carga, y reanimó el arrojo de la caballería enemiga. Fácil es apreciar las consecuencias de esta indecisión ; el enemigo se aprovechó de ella. para rechazar nuestra caballería y obligar á la infantería de vanguardia, falta ya de municiones, á batirse en guerrillas y en retirada Ni mi voz, ni los esfuerzos recLas ó sohr • lo parapetos, ])Hra im­pe, 1ir ln. entracla en una ¡)laza á lo itiadore.'. AURU .\1 AI. enct r al ene-migo cou la nperioridad del u (tmE'ro. ABRUPTO. Terreno cortado, q nebrado, e:carpado. ABSOLUTA. adj. Bntre sol­da< lo , licencia ab. olutn. An. Tli..NERSE. v. r. Privarse de alguna co~a.. AB~OLU LÓN ••• f. cción de abRol 'y r. 1 n •ft>cto. ARSOLVEH .. \""', a. Dar por li­bre sen·ar con cuidado al enemigo ocultáu­< lo e á. >U "i ta. ACELERAR. Ejecutar algu­na co a con má pre 'tcza que la orjo del fusil y de la lauza. .AFILIAI{.S.E. v. a. Alistarse eu cualquier cuel'po del ejér­cito. AFLOJAR. C(~jar, ceder, per­der terreno, entibiarse el entu­siasmo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 6 VOCABULARIO l4ILITAR AFLUENCIA. Afiuent e e S toda corriente de agua que desemboca eu otra 1nayor ó mirada. como tál ( \?éa.se ctten· ca). El sitio donde dicha co­rriente afluye se lhuna con­fluencia, y ella no se denomi-ua continente sino afluente. AFtHLADO. El que disfruta de fuero. AFORA.DO DE GUERRA. El que disfruta de fuero militar. AFRONTAR. Aceptar com­bate; dar ó hacer frente al ene­migo. AFUERAS. Extramuros. 1 Eu fortificación el ruedo ó te­rreno que la rodea dentro del alcance del ca.ílón. AFUSTE. S. m. l\:foutaje de los pedreros, morteros y ca­rronadas. Nombre geuérico de todo aparato óarmazón eu que se sienta 6 asegura un arma de fuego: en las portátiles se llama caña. y en la piezas de artill ·ría cureiia. A.GARR.Ol'AR. Apretar el ra­maje de una fagina, dejar al enemigo incapaz de 11liciativa y movimiento e pontáneo. AGO'l'AR. Consumir, gastar fuerzas y recursos. AG-UAJAa. Úlcera que apa­rece en la cuartilla, tloulez d 1 corvejón y parte po ·terior de la rodilla del caballo. AGI EGADO. s. m. El militar que, destine n ando de la confianza del agraYiado, 6 con circun ·tancias en que éste uo pueda defender. e. Comete e ·te delito el que hiere á otro con ventaja, de ca o pensado, por la e. palda, con arma es­tando el contrario sin ellas, esperándole en un punto ele­terminado en donde uo pueda defenderse, 6 cogiéndole des­cuidado. ALFANA. Caballo de guerra. ALFAQUI.-~. Banco de arena en la de embocadura de un río. AI~FÉREZ. adj. Oficial subal­terno de caballería, inferior al tenieut cou quien comparte el trabajo y cuidado en todo lo concerniente {l la, compañía. ALI•'OLÍ. s. m. Almacén de sal: también se llama así al granero, alhúntliga. ó pó ·ito donde e guar
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 167

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 168

Por: | Fecha: 08/09/1900

BoaoTÁ, SEPTIEMBRE 8 DE 1900 ------------------------- ------ Orr:ano del lUillisterio de Guerra y del Ejército Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejército -------- ----~-------------- Director ad honorcm Francisco J . Vergara V . General de Ingenieros, Miembro de variaa S•.l~ ciedades Científicas JSTUJ.'\1.1:. 168 J:PYJl(QJB.~~f:> ID1' a 0 - . TI»llil 11®©® (22 DE AGOSTO) de honores al Ejército del Norte El f/ic:epresidente de la República, encargado J¿f Poder Ejecutivo, En uso de sus facultades constitucionales, y COl ·siDERANDO I.0 ~1e la campaña del Norte de la República ha quedado terminada; 2. 0 Que el Ejército que la emprendió y que la ha llevado á feliz término ha luchado por espacio de muchos meses con toda clase de diil'cultades y de peligros, logrando dominarlo todo y ob­teniendo victorias de las más grandes y trascendentales que se re­gistran en los anales patrios; 3· 0 ~~e durante la campaña el menciom.do Ejército ha ob­servad h .. más correcta disciplina, ha mostrado la más inquebran­table firmeza y ha dado constantes pruebas de heroico y abnegado valor; y 4.0 Que para la República y para el Gobierno es obligato­rio reconocer y premiar en alguna forma tan eminentes servicios y dejar duradero recuerdo de la gloria adquirida por esa legión de ilustres hijos de la Patria, DECREfA Art. I . 0 El Gobierno declara que la conducta observada por los miembros del Ejército del !~orte que ha militado á las órde ­nes del invicto General Próspero Pinzón1 ha adquirido los tim­VIII- I<) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 282 BoLETtN MILITAR ~ bres de la :nás cumplida heroicidad y es digna de ponerse como ejemplo y modelo en la noble carrera de las armas. Art. 2.0 El Gobierno entregará á cada uno de los miembros de ese Ejército una medalla conmemorativa, de acuerdo con el modelo que determine el Ministerio de Guerra. Esta medalla será de oro para los Jefes Di visionarios, de plata para los Oficiales hasta Capitán inclusive, y d e bronce para el resto de la tropa. Art. 3. 0 El Gobierno, en decreto especial, aproba:-á todos los ascensos otorgados por el General en Jefe durante la campaña, y concederá los nuevos que á juicio de éste fueren de just icia. Art. 4. 0 Las clases y soldados recibirán al tiemp del licen­ciamiento, á más de la suma á que tengan derecho conforme á la ley, una recompensa extraordinaria, cuya cuantía será la de un mes de paga. Art. 5. 0 El Ministerio de Guerra queda especialmente en­cargado de dar cumplimiento á este Decreto y de atender á los gastos que él demande. La suma para ello necesaria se onsiderará incluída en el Presupuesto de Gastos de la vigencia en curso. P u blíq u ese. Dado en Bogotá, á 22 de Agosto de I900. ]<)SE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, encargado del Despach o de Gue­rra, GuiLLERMO QyiNTERO C.-El J.\1inistro de Relaciones Ex­teriores, CARLOS MARTINEZ SILVA - El Ministro de l:1strucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, MIGUE:. ABADIA MENDEz-El Subsecretario del Tesoro, encargado del Despacho, IGNACIO R. Pif~EROS. La Dirección del Boletín Militar se complace en pre­sentar su saludo de bienvenida á los Sres. Jefes, Oficiales, clases y soldados del abnegado y valiente Ejército df'l Nor­te que, á órdenes del n1eritísimo General Próspero Pinzón, entraron el 4 del presente á esta capital entre I - vítores de entusiasmo de un pueblo agradecido. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BGLETIH MILITAR ..........,.T-SOBRE EL SERVICIO DE LAS TROPAS EN CAMPA~A (EJÉ R CITO BELGA) (C ontinúa) CAPlTULO III VIVAQUES 283 Art. 47. No se hace viYaquear á las tropas sino cuando las circunstancias exigen que Re las tenga concentradas y dispues­tas á combatir, y cua tHlo el acantonarlas las expondría á com­prometer su rápida preparación para el combate. Se vivaquea también orde de una carretera muy frecuentada, con el objeto de que el polvo y el ruido uo incomo-deu ~· las trovas. · · Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 284 BOLETIN MILITAR ~ Art. 50. En los vivaques de los grandes cuerpos de tropas se debe conservar, en cuanto ea. po iul ~, el onleu de batalla, de cuya suerte podrán los cner¡~o tornar sus posicion de com­bate in embc razar"' mutuamente. Si hay que \Ol\er á em­prender la marcha el día sigui \nte, se fraccionan lo.s vi\aques escalonándolos en el seutido de la. p ·ofundidad, co11 arreglo al orden de marcha. Las grande' colum11a" put"'den viva1near por divisiones, eYitándose el fraccionar éstas eu grupo menores que nn regimiento de infantería. Alojamiento de los genemJes y de los estados mayores Art. 51. A causa de su servicio burocrático, los 0 enerales y los estado· mayor~s no vi vaquea u sino cuaudo no exis­ten casas en la proximidad de la"' tropas. Los jefes de cuerpo ó de servicio, y en general los oficial )s que han de ocuparse en muchos trabajos de oficina, se establecen, previa la autoriza­ción del general en jefe, en los edificio que se encuentren en el paraje en que ~e vivaquee. PREPARATIVOS DE INSTALACIÓN Art. 52. El jefe del J)ersonal de instalación elige el emplaza­miento de los vivaques con arreglo á las iudicacione que pre­ceden, y á las instrucciones que haya recioiJecer{tn los abrev deros, y por último, los que se destinen para Jos cuidados de a ·eo y lim­pieza. Si hay necesidad ¡)rocede á.)utcer con:struír presa , ó ram­pas de acce o. Si sólo hay aguas estancadas, no ~ .r.os y fu nte .. El jefe couocimieuto r •cursos de la localidades eci11a~ en ctu uto á VÍ\T(lres, fotTaJ ·, cte., y forma el prospecto de di ·trioución de estos recur os. y le los puntos de distribución. El referido jefe visita el emplazamiento deJas av.lnzada , reconoce sumariamente la posicióu que baya de oct:parse en caso de ataque, y, si el tiempo lo permite, l'ealiza todas estas operaciones de un modo análogo al prescrito para los acanto- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 285 namientos; con el objeto de poder entre~ar al jefe de la columnA. un pro.' eclo de esta hleci nneuto de lo~ di verso~S vivaques, y Rus propo ·icione~· r =-la ti\Ta.~ :l las órdenes que deban darse, así como la illllicaeióu de la, medidas ya. adoptadas para proveer á las nece, iflaiute pa~os de la segunda línea de las de la tropa, á la altura de 1m~ pnntos 11eJlone" poi' nna part ' y las ue los oficiales do compa-ñía por otra. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. J86 BOLETIN MILITAR ...._.,._.., En pie de paz, la línea 'le cocinas se instala á veinte pasos de los pabellones; las hogueras de los oficia les qe compañía á otros veinte y ft la altura del punto medio del intervalo de los dos primeros pelotones de su compañía; la· de la tropa, en medio del intervalo entre los pabellones y las cociuas, y entr~ éstas y las hogueras de los oficiales. Los soldados se acuestan con la cabeza apoJada en el mo­rral y los pies hacia el fnego; y si tienen tiempo y medios al efecto, Ae cHnstruyen abrigos. La tropa no puede quitarse pren­da alguna de uniforme, ui el calzado. A veinte pasos á retaguardia de la última línea ele pabe­llones vivaquea la plana mayor del batallón. El primer jefe de­trás del c~ntro de su bata1lón; los demás oficiales de plana mayor á su derecha, y la plana menor á retaguardia de la iz­quierda de los hombres de las compañías de la derecha; los ca­rruajes y su atalajes á retag-uardia de la derecha de las compa­fifas de la izquierda. El vaguemestre (conductor de equipajes) y los obreros vi­vaquean á proximidad de los bagajes. Los cantineros de las compañías de la derecha, á veinte pasos á retaguardia de la de· recba de dichas compañías; y los de las compañías de la iz­qni~ rda, á la misma distancia á retaguardia de la izquierda de estas últimas compañías. La guardia ue prevención se establece en el centro y á vein­te pasos delante de la primera línea de pabellones. El emplazamiento no obedeciendo á ningún código de estrategia, absolutamente libres en sus movimientos, van y vienen á su antojo. Considérese las vacilaciones é inquietud que tal manera inde­pendiente de obrar causarán en el ánimo del jefe de las fuerzas regulares, quien se mueve como en una angostura, sujeto á una línea fija de comunicaciones y de conducta. El enemigo goza de una independencia que á veces casi se torna en libertad absoluta de acción, y esta libertad de acción es una consecuencia dirl!cta de las condiciones en las cuales los guerreros irregulares se reúnen para co b~t\r. En las filas enemigas no hay ni cohesión ni confianza mu~ua; ninguno se fía completamente ni de su camarada ni de su Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • :¡92 80LETIN MILITAR ~ jefe. En tanto que todo va bien, las fuerzas irregulares permanecen co·npactas y obedecen á su jefe, pero en el momento de prueba os lazos que mantienen compacta la masa quedan expue · tos á romper­se, y entonces todo se disgrega y desaparece; y no pasa esto sólo con partidas de guerrillas, sino que á menudo sucede hasta con fuerzas enemigas que poseen verdadera organización militar y dis­ponen de batallones, de baterías y de e cuadrones. 17. Facultad de concentrarse y de dispersarse súbita;nente -- -En las guerras de Afganistán y en casi todas las guerras de montaña en la India, la rapidez de estas reuniones y su pronta dispersión , han sido un rasgo distintivo del enemigo en su manera de hacer la guerra: después del combate, Afganes y montañeses ocultan sus armas en sus casas y sale n en seguida á dar la bienvenida á las tropas encargadas de perseguirlos. En la campaña de España on­tra ..,\1arruecos, en I 8 59, el grueso de las fuerzas marroquíes desapa ­recía tras cada combat e, para juntarse luégo un poco más lejo , listas á emprender de nuevo la lucha. La~ operaciones de los fran­ceses contra Abel el Kader duraron años; el jefe kabilo aparecía con sus adictos en el punto en que era menos esperado, causab1. grandes pérdidas, y desaparecía cuando un cuerpo organizado de tropas se lanzab ten su persecución. En la lucha contra adversarios que obran de esta manera caprichosa, las fuerzas regulares tienen evidentemente una gran de ventaja desde el punto de vista estra­tégico . f/1 . ./1 m~dida que mejora su organización el enell'tigo, menores son las vmtajas de qu -" dispone desde el punto de vista eJtratégico -­Pero al sentar el principio de que en las guerras civiles las condi­ciones estratégicas favorc.:cen al ene mi o-(, ha_' neccsi dad de de m o trar cuánto varía este principio según la naturaleza de las fuerza ene­migas. En efecto, hay una gran diversid.ld en la organización de las fuerzas enemiga·, en su composición y en las circun ·rancias de u entrada en campaila. Alo·unas veces el ej é rcito regular en­cuentra delante de él un ¡stema militar ba tante emejante al suyo . Las fuerzas de Arabí Pachá, en 1882, tenían <Í: lo mu1os la aparien~ia de un 1 organización m derna, y hs tropa-; china que se opusieron á los franceses ep I 884 á 8 5, e. taban en el mis m pie, y es un hecho ba tante notable que mientras m;ís se acerca ~1 sistema d 1 enemigo al modelo europeo, meno· nQtables son las ventajas estratégicas de quP. di ·pone. Vll. Sobre d camp? cü batalla la ventaja vuelve á ur de las fuerzas regltlart'.í. La estrategia, sin embargo, no es el árbitro d - finitivo en la guerra. El campo de batalla decide; y sobre el campo de batalla b ventaja pa·a al '""jército regul .• r. L:.t superioridad dd armamento la fuerza de la disciplina, la existencia de una cadena definida y rec()nocida de re~ponsabi!idad, el espíritu de ~u~rpo, la fuerza mor·tl de la civilización, todos estos elementos co tribuyen Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80lETIN MILITAR ~ 293 .; dar al ejército organizado é instruído una ventaja incontestable desde el punto de vista táctico. . vlii. Moti·vos de la superioridad t !A ctica del Ejército organi­zado. J.Ja superioridad táctica de las tropas regulares -se debilita un poco con la rapidez de movimientos del enemigo en el combate, por la facilidad de éste para invadir terrenos ásp ros y por su re­siste! cía física. Pero nada puede compensar la dif~rencia de 2rma­mento, de instrucción, de cohesión y de método. La superioridad numérica puede dar á veces la victoria al adversario; alguna par­ticularidad local del campo de batalla puede hacer inclinar la ba­lanza en favor del enemigo; el arrojo de una rápida acometida (carga á fondo), puede romper la línea y anular el efecto de la superioridad aplastadora del armamento. N o hay regla absoluta en la guerra. Pero en la.:~ condiciones ordinaria de las guerras peque­ñas, . , por regla general, en el curso de sus operaciones, las con­dicione3 tácticas e tán to~las en favor de la fuerza organizada é instruí da. Individualmente, el político sublevado, el atrevido nó­made ó el salvaje audaz, pueden hacer frente ó quizá ser superiores al soldado de línea; pero en conjunto le son inferiores. IX. Puesto que las condiciones tácticas son favorables y las con­didof. es estratégicas desfavorables, hay que buscar una solución táctica. Y de este modo llegamos al gran principio que surge de una ma­nera muy clara entre las vagas incertidumbres que acompañan toda las operaciones de esta categoría. Pue to que la táctica fa­vore e á las tropa. regulares, mientras que la estrategia favorece al er emigo, el fin que debe perseguirse resueltamente es el de com atir y no maniobrar, medirse con las fuerzas enemigas en batal a campal y no obligarlas á huír acogiéndose á la estrategia. X. De ordinario conviene más com~atir al memigo que no dis­traerlo con maniobras-Sin embargo el adversario puede algunas vece ocupar posiciones en un terreno muy favorable á su manera de C( m batir, atenuando de este mouo su inferioridad táctica. En semejante caso vale más desalojado con alguna maniobra que no prod zca combate. De t dos modos tale condiciones deben ICon­sider rse como excepcional s. Por r e gla general el partido más atrevido será el m á sabio. Un asalto á la ~ lí nca tnemi..gas, ya de flanco ó á retaguaruia, será en la ma 7 0r parte de los casoc:, el mé­todo más cuerdo. Succder:i con fre~u e nci a que se cncu~.:ntre al ene­mig colocado de tal manera que o c upe algún punto que se juzgue indispensable tomar, y se haga nece ario obligarlo á que lo aban­done; pero es m u y raro que en semejante, casos no se encuentren los n edios de acción: pocas posiciones hay que no puedan ser flan­quea as ó de que no se pueda prescindir para avanzar. Acaso sea ventajoso maniobrar sobre el enemigo fuera de su posiciones. Los moví mientos envolventes inquietan á las tropas indisciplinadas que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '-y"'-" temen perder su línea de retirada; * pero comúnmente será mejor recurrir á la táctica, combatir al enemigo, rechazarlo y no esqui­var su encuentro. Un buen ejemplo puede citarse en apoyo de lo que antecede, ejemplo que justtfica el principio de la acción vigorosa y tenaz. Ejemplo de Telf el Kehir-En 1882 las fuerzas egipcias se ha­bían atrincherado fuertemente en la importante posición estratégi­ca de Tell el Kebir, que cubre el punto en donde la vía férrea del Cairo á Isma'ilia y el canal de agua dulce dejan el delta del Nilo para penetrar en la estrecha depresión del desierto, por la cual ga­nan el canal de Suez. Esta depresión era la línea de operaciones escogida por Sir G. Wolseley. El cuerpo expedicionario inglés, que había avanzado hasta ponerse á distancia desde donde podía atacar las líneas egipcias, tenía que tomar esas líneas por asalto ó envolverlas con una marcha de flanco al través del desierto. La últi­ma alternativa habría obligado al enemigo á evacuar sus trincheras y á retirarse al delta, y, según todas las probabilidades, también ha­bría conducido al ejército inglés, sin combate serio, á un terreno muy cultivado y cortado por numerosos canales. Pero el grande objetivo de Sir G. Wolseley era el de librar una batalla decisiva en el desierto; porque en el terreno cortado del delta, Arabí Pachá habría probablemente podido evitar un encuentro general prolon­gandodurante algún tiempo una resistencia fatigosa. Igualmente se había previsto que si se dejaba al jefe•enemigo y á sus tropas, una vez en derrota, tiempo para rehacer sus pérdidas, el Cairo ú otros puntos habrían podido resentirse de ello. El medio más seguro de prevenir este peligro era infligir al adversario una derrota abruma­dora que lo incapacitase para poder librar ulterior combate, y que además permitiese ocupar al Cairo mediante un golpe de mano. Pero las ob'ras construídas en Tell el Kebir eran formidables. El asalto en pleno día habría costado pérdidas muy serias. Se deci­dió, pues, el atacar las líneas al amanecer, despué de una marcha nocturna en línea de batalla. El éxito significativo que coronó la ejecución de este plan, es un hecho histórico. El triunfo se hubiera podido obtener, aun­que menos rápido y menos completo, por medio de una maniobra estratégica. Se coofió, pues, á la táctica la decisión, y el resultado fue la terrn:inación rápida y brillante de la guerra *. XI. Circunstancias en las cuales este principio no se debe apli­car -Se presentarán sin duda algunas circunstancias en las cua­les será ventajoso recurrir á la estrategia. Si el enemigo ha ocupado una posición de tal modo formidable que el ataque de ésta haya de ser una operación arriesgada, puede verse uno obligado á ma- • La contradicción con lo afirmado atrás es flagr;. nte.-L. D. • Y~ansc: las E~pedicitnes ingl•sas en A/t'ica pá~inas 313 y siguientes. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BILITII MILITAI 291 niobrar contra el enemigo, ó también si éste último cubre un punto cuya pronta ocupación es esencial y se puede llegar á él por me­dio de un movimiento envolvente, ó bien, si el objetivo inmediato es socorrer alguna guarnición sitiada, es mejor hacerlo sin comba­tir. En tales casos es preciso evitar los encuentros. En apoyo de lo que precede se pueden citar los siguientes ejemplos: 1.0 La marcha de los franceses de Hano1 sobre Bacninh, en I 884, es un buen ejemplo. La ocupación de Bacninh se deseaba vivamente, por el efecto moral que debía causar en el Tonlcin. El enemigo, muy numeroso, había levantado fuertes obras de defensa en la vía directa. Sin duda las tropas francesas habrían podido abrirse camino con las armas en la mano, tomando esa vía, pero las pérdidas hubieran sido ~onsiderables. G1 acias á un movimiento envolvente, Bacninh cayó casi sin resistencia en poder de los fran­ceses, y los chinos evacuaron precipitadamente esta parte del teatro de la guerra. 2.0 El Coronel Kelly, en su marcha para auxiliar al Chitral, resuelto á atacar al enemigo, cuando éste intentase cerrar la ruta, tuvo cuidado, gracias á los rodeos que dio faldeando las monta­ñas, de evitar el combate en posiciones excepcionalmente favora­bles al enemigo. Su objeto era Jlegar lo más pronto posible en auxilio de una guarnición que se halldba en situación desespe- · rada. La derrota del enemigo era una cuestión subsidiaria. En este caso, era juicioso combatir cuando fuera preciso, pero no bus­car el combate á toda costa. Las regiones montaños.as entre Gilgit y Mastuj se prestaban admirablemente á una tenaz defensa. Los del Chitral mostraban mucho juicio en la elección de posiciones formidables, á fin de cerrar el camino á la columna del Coronel Kelly; pero en los dus principales encuentros, el comandante inglés envolvió las posicio­nes del enemigo por ambos flancos. Con una débil columna en­cargada de empresa difícil y peligrosa, hubiera sido completamen­te fuera de sentido intentar ataques de frente. En tales circuns­tancias, el gran principio de atacar á un adversario irregular y de no maniobrar, no tiene razón de ser.-(Continúa) . • • • SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continuación) ARTILLERÍA Aunque esta" arma no recibe sus reclutas hasta Noviembre ó Diciembre, no {'Or eso debe dejarse de considerar el año de instrt<;- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~96 8 LETIN MILITAI ~ ción como inaugurado desde el r.o de Octubre, puesto que en esta fecha se reanuda la serie regular r:le los ejercicios individuales para los soldados veteranos. Estos ejercicios, ~ los cuales se consagra sobre todo, como en las demás armac;, la estación de invierno, son muy variados en la artillería, no sólo por el carácter especial de dicha arma, sino porque encontrándose entonces reunidas en un regi­miento baterías montadas y de á caballo, todo debe combinarse de manera que satisfaga á las necesidades del servicio de unas y otras. El capitán es el único responsable de la instrucción de su batería, y en consecuencia, á él corresponde determinar los ejercicios según su saber, tanto para los reclutas y voluntarios como para los demás sol­dados. Los cv.nandantes de Abtheilung y el coronel no tienen en la materia más misión que la de inspección inmediata; cuidan de que no se adulteren los reglamentos vigentes y de que, en lo posi­ble, la instrucción de las diferentes baterías sea uniforme. El capi­tán es, por consiguiente, dueílo absoluto en aquel campo durante todo el período de la instrucción individual. Al fin de cada una de las fases de ésta le obli g a sí presentar su tropa á las minuciosas inspecciones de sus superiores, quienes entonces hacen sus observa­ciones y determinan las condiciones á que la enseñanza debe sa­tisfacer. En el mes de Abril termina la instrucción individual; los re­clutas son admitidos en las filas de la batería, así como los caba­llos de la antigua remonta, y en cuanto es posible, también los caballos de tiro de la nueva ; después comienzan las maniobras de conjunto, que duran casi hasta Julio. Desde el principio de este mes hasta mediados de Agosto ocú pase la tropa sobre todo de los ejer­cicios de tiro, después de lo cual toma parte la artillería, primero en las pequeñas y más tarde en las grandes maniobra ejecutadas por tropas de las otras armas. Esta es también para ella la última eta­pa y el coronamiento de u aílo de instrucción, cuyo fin se señala con el licenciamiento de l o s hombres á quienes corresponde pasar á la rescn·a. Se ve, según esto, que la~ mayores divisiones de este año de instrucción :;e reducen á cuatro principales: 1.0 Período de instrucción individual ó de los reclutas, que com­prende desde el 1.0 de Octubre hasta Abril. 2.o Período de los ejacicios de conjunto, de Abril al fin de Junio. 3·0 Período de tiro (escuela de fuego), dt."sde Julio hasta me.­diados de Agosto. 4.0 Penodo de maniobras, hasta el fin de las maniobras de otoño Según e.;to, no ct con tramos en la artillería período prepa­t ·ato7·io, tan importante en la infantería, y aun cuando los ejercicios de los soldados antiguos empiezan des<.le el 1.0 de Octubre, los 'omandantes de batería no por e::~o dejan de utilizar particular- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '-y--"" 297 mente el tiempo que transcurre antes de la llegada de los reclu­tas para formar los instructores destinados á éstos. Bajo su inme­diata vigilancia, oficiales y sargentos se ocupan activamente en prepararse para esas delicadas funciones. Es también en otoño principalmente cuando se ejercitan loa oficiales en la práctica de reconocimientos y de todos los detalles del servicio de campaña; puesto que ha debido observarse que este período del servicio de campaña, que en la infantería y caba1lería de<:empeña el principal papel, no existe en la artillería. Esro pro­viene de que en tal arma el servicio de campaña está lejos de cons­tituír una especialidad tan importante como en las otras, siendo posib e por lo mismo hacer ejecutar todos los trabajos que á é! se refieren simultáneamente con otros ejercicios. Período de la instruaión individual Este período lleva también el nombre de período de los reclu­tas, y sería más justo llamarle período mixto, porgue por la misma naturaleza de algunos de sus ejercicios especiales, resulta que los reclutas s.e ejercitan en bastantes puntos en común con los soldados veteranos. Tenemos que en la artillería los reclutas no reciben la ins­trucc~ ón aisladamente sino los dos y medio ó tres primeros me­ses, después de lo cual pasan á las baterías, y en ellas concluyen su in~trucción, de concierto con los demás soldados. Hay que se­ ·ñalar una diferencia en esto, con respecto á lo que ocurre en la infantería y caballena, donde la etlucación de los reclutas se con­tinúa aparte hasta el fin, salvo no ob tante, como lo hemos visto, en lo que concierne á los ejercicios á pie en la caballería. Si bien el curso de instrucción comienza el 1.0 de Octubre en la artillería y los reclutas no llegan hasta Noviembre en la guar ia y á principios de Diciembre en la línea, yo creo, sin em­barg , más lógico empez.ar por de cribir la manera como se dirige su i rL trucción y pasar después al estudio de cuanto hacen los soldacJos antiguos en la misma época y también antes de la incor­poración del nuevo contingente. or lo que hace á la instrucción anual, se puede dividir todo el per onal de un regimiento de artillería en cuatro cbsc:s, cuyos ejerci ios ~e determinan por otros tantos programas particulares . .Estas cuatro clases, la · mismas en la artillería á caballo que en la montada, son: 1.•, los reclutas; 2.a, lo hombres que se en­cuentran en su segundo ?. ño de servicio; 3.a, los soldados del tercer año; 4. 8 , los sargentos y ober-gefreite. Los reclutas Ya he dicho que ttna batería montada recibe próximamente 30, y una batería á caballo, 25 reclutas. Deben añadirse, además~ VIII-20 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 298 80LETIN MILITAR ~ los voluntarios de las dos clases *, que son instruídos en común con todos los nuevos soldados. No hay más excepción que para los voluntarios de un año y única mente en lo que se refiere á la parte teórica de su instrucción. Todos los reclutas de una batería se confían á un oficial ex­perimentado, á quien se le asignan como auxiliare~ los sargentos más activos. El capitán ha adiestrado cuidadosamente á éstos, en vista de tan dificil tarea, ponié ndolos á prueba é instruyéndolos personalmente desde el 1.0 de Octubre hasta el día de la llegada de los reclutas, esto es, de cinco á nueve semanas. El oficial, por su parte, ha debido prepararse especialmente para el desempeño de la misión que le incumbe. N o insistiré sobre las diferentes operaciones preliminares que siguen inmediatamente á la incorporación de los reclutas y que he descrito al hablar de la infar.ltería. Todo pasa en esta arma de una manera igual, incluso las recomendaciones que se hacen á los ins­tructores sobre la manera como deben comportarse ante los nuevos soldados, el modo de proceder con respecto á ellos, etc. Voy, pues, á ocuparme en seguida de la instrucción propiamente dicha, y á indicar sus diversas fases, tomando por tipo la batería montada. Más adelante veremos cómo se la modifica en una batería á ca­ballo. Instrucción de los reclutas en una hatería montada-Desde el siguiente día de su incorporación al cuerpo se di vi den los reclutas en otros ·tantos pequeños grupos como sargentos instructores haya. Estos les instruyen bajo la vigilancia directa del oficial encargado, y se comprende que cuanto menor es el efectivo de cada uno de los grupos, mejores son los resultados obtenidos, porque es más fácil seguir los progresos de cada hombre en particular. Durante las cuatro primeras se manas ocú pan se aquéllos sobre todo en hacer adquirir á los nu e vos soldado aire militar, en desarro­llar sus fuerzas físicas y en darles h á bitos de orden y obediencia. Así pues, todo este tiempo se consagra e spe cialm e nte á la gimnasia y á los ejercicios á pie, que se hacen primero sin armas y después con el arma blanca. Estos ejercicios tienen por obj e to dar á conocer al recluta los principios de la posición del artillero á pie, de enseñarle á ejecutar los cambios de posición, la s medias vueltas, etc., y en fin, darle un aire marcial y desenvuelto, ya sea cuando marche li­bremente, ya cuando lo haga en formación, porque los alemanes distinguen cuidadosamente estas dos maneras de ir de un punto á otro, que se pueden calificar con mucha justicia de marcha á vo­luntad, de marcha por tiempos. En la primera, en efecto, el soldado marcha á su antojo y sin marcar fuertemente la cadencia, como lo hace en la segunda, que exige siempre cierta rigidez y un ~ i'.a decir • de un año y de tres años. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '-r--" 299 paso vigorosamente acompasado por el choque del pie sobre el suelo. Cuando los hombres han adquirido un grado suficiente de instrucción, se les forma en pequeños pelotones y se les hace eje­cutar así algunos movimientos y formaciones de los más elemen­tales. La enseñanza de la gimnástica marcha á la par con estos ejercicios. Se comienza por los ejercicios preparatorios para llegar gradualmente al trabajo en las máquinas. Se añade á éstos el volteo, ejecutado primero en el caballo de madera y después sobre el ani­mal. Con respecto á la progresión y método, si lo tratáramos, no ha­ríamos sino repetir aquí todo lo ya dicho á propósito de la infantería. En el principio de la quinta semana se comienzan los ejercicios que comprende el servicio de las bocas de fuego. Esta instrucción se conduce también muy metódicamente. Así, algunos días antes de empezar los ejercicios, los reclutas asisten por su cuenta como espectadores de los de los soldados antiguos. Se forman en círculo por pequeños grupos, y los sargentos les hacen comprender el ob­jeto y utilidad de cada uno de los movimientos que se ejecutan ante ellos. Se les explica también la nomenclatura del material, el modo de funcionar el mecanismo de cierre y las reglas que deben se­guirse para cargar, apuntar y tirar. En todo esto se cuida riguro­samente de que los sargentos se limiten á las nociones esenciales y eviten perderse en los detalles, que no sirviendo para otra cosa al principio sino para sobrecargar la memoria del nuevo soldado, que­dan la mayor parte de los caso) sin ser comprendidas, y son en suma más perjudiciales que útiles. Seguidamente á estos preliminares vienen los ejercicios ver­daderos. Todavía en ellos no se trata sino de lo que es esencial, sin exigir de los hombres la ejecución absolutamente correcta y precisa de los movimientos reglamentarios. Sobre ello se insistid. más tarde, pero por el momento únicamente se quiere que cada uno de e · tos movimientos sea bien aprendido. La práctica va siempre acompañada de explicaciones orales, y al mismo tiempo se h acen conocer á los reclutas las reglas de puntería y lo instru­mentos que sirven para ejecutarlas. El teniente instructor y los sargentos toman desde este momento nota de los .:¡ue parecen más aptos para ser apuntadores. Cuando los reclutas empiezan á conocer bien el servicio y puntería de las bocas de fuego, se pasa á la ejecución de los 7Tlovz­mientos auxiliares. Los nJOvimientos de avantrén se enseñan primero á los hom­bres con la vista de los ejercicios que hacen los soldados antiguos, cuya explicación se les da en el mismo terreno. Después los eje­cutan ellos mismos, primero con piezas no enganchí:!.das, y en fin, cuando están suficientemente ejercitados vienen las maniobras con bocas de fuego enganchadas, en las que toman parte los soldado~ ve ter anos, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 300 80LETIN MILITAR ~ La instrucción de las maniobras de fuerza se inaugura ordi­nariamente con la indicación de las reglas generales y los movi ~ mientos más sencillos, de los que poco á poco se pasa á los que son más difíciles. Se cuida sobre todo de que los hombres lleguen á ejecutarlos tan hábilmente como sea posible. Se les hace también conocer el cargamento de las cajas, pri­mero del avantrén, después del armón, insistiendo particularmente sobre las precauciones que deben observarse en el manejo de las municiones, y cuidando de que cada uno sepa perfectamente dónde se encuentra tal ó cuál clase de proyectiles-Continúa. Aunque la palabra reconocimiento tiene una acepc10n muy lata, en la guerra se aplica ordinariamente á la operación que tie­ne por objeto estudiar los accidentes del terreno, las localidades y fortalezas, las posiciones que ocupa el enemigo, sus fuerzas y sus maniobras, ó los recursos de todo género que ofrece una población ó una comarca. A todo movimiento de tropas, sea para marchar, alojarse, acampa·r, ocupar posiciones ó combatir, precede siempre el reco­nocimient )' base primordial de toda acción táctica, sin cuyo auxi­lio no es posible concebir ni dictar las disposicione. que convienen á cada situación. Es por lo tanto ocioso consignar la importancia que tiene su acertada ejecución, que á más de una suficiente competencia requiere gran costumbre de practicarlos y ojo militar para apreciar rápida y exactamente los innumerables detalles que contribuyen á ilustrarlos y perfeccionarlos. Existe tal variedad en la manera de llevar á cabo los recono­cimientos, en los medios empleados y en la naturaleza é impor­tancia del objeto á que se dirigen, que pueden de ignarse con este nombre, desde la simple observación de un centinela hasta la inspección que antes del combate hace del campo de batalla el General en Jefe; mas la necesidad de clasificarlos de algún modo ha motivado su división en tres grandes grupos. El primero com­prende los reconocimientos topográficos que estudian, desde este punto de vista, una región ó zona determinada, en todo lo que se relaciona con la táctica, la logística ó la estrategia; el segundo, los reconocimientos tácticos, cuyo objeto es conocer, antes del combate, las posiciones que ocupa el enemigo, sus fuerzas, actitud y movimientos; y el tercero, los reconocimientos estadísticos, que se dirigen exclusivamente á informarse de los recursos disponibles en una población ó comarca, para atender al alojamiento, subsis­tencia y demás atenciones de las tropas. Raro es, sin embarg.>, el reconocimiento de alguna importancia que no reviste dos de estos Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ ·301 caracteres, ó los tres, porque guardan entre sí tal relación que ea casi imposible deslindarlos sin que queden incompletos. El reconocimiento topográfico se practica ordinariamente de una manera rápida y general, sin instrumentos ó con algunos muy sencillos y con el auxilio de una carta del país; estudiando má~ ó menos detalladamente las partes del terreno y sus recíprocas rela­ciones, en lo que interesa al objeto especial que lo motiva, y pro­cediendo á levantar un plano ó croquis sumario que contenga to­dos los puntos ó líneas capitales y el mayor número de los impor­tantes; y si no hay tiempo para ello, como sucede con frecuencia, tomando algunos apuntes, haciendo en la carta las anotaciones ó señales que- ayuden á esclarecer los datos obtenidos, y prescindien­do de cuanto ofrezca escasa importancia. En el examen general del terreno se consideran separada­mente : su variedad de formas, estudiando las agrupaciones de obstáculos, las partes libres y la extensión y naturaleza de las dis­tintas secciones que unas y otras determinan; sus condiciones de circulación y abrigo, más ó menos favorables al empleo de las tro­pas para el objeto que motiva el reconocimiento, y las ventajas ó inconvenientes que, desde el punto de vista táctico ó estratégico, presenta á la operación que se estudia en él. El reconocimiento se completa con una memoria ó relación detallada, escrita con claridad, en estilo sobrio y correcto, obser­vando orden en la exposición, di tinguiendo los datos ciertos de los dudosos, lo que se ha visto de lo que se conoce por referencia, señalando las conjeturas deducidas de cada obs~rvación, refirién­dose siempre á lo puntos cardinales al fijar la situación de los ob­jetos, conservando rigurosarnente la ortografía de los nombres propios, evitando expresiones vagas y detalles superfluos, y acom­pañando el plano indicador, que sirve á la vez para abreviar el escrito, en el que se debe suprimir todo aquello que el dibujo muestra claramente. Si se trata de un simple itinerario, el examen se limita al es­tado, clase y anchura del camino, obstáculos y lugares notables que cruza, datos e ·tadísticos de las diversas etapas y algunas con­sideraciones militares act.rca de las posiciones y punto~ importan­te . que e hallan á la vi ta ó al alcance del cañón. El reconocimiento táctico del enemigo se practica con el a11xili de tropas protect ras. Puede ser secreto, empleando pe­queñas patrullas ó destacamentos, que se deslizan furtivamente burlando su vigilancia hasta llegar á su inmediación sin ser vis­t ·-ts, ú ofensivo si se practica \'On fuerzas m a y ores y librando un comb,lte. Del primer medio se valen las patrullas exploradoras de caballería y los p tlt:s tw ava nz:td s; el segundo es el procedimiento ordinario de torla vanguardia, que al encontrar al adversari pro­cura, gd.nando tiempo, proteger la última ojeada del comandante ANC F ~EPUBlfCA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 302 BOLETIN MILITAR ~ de las tropas y el despliegue del cuerpo principal: umco caso en que tiene verdadera y útil aplicación, porque empleado en otras circunstancias, los escasos resultados que en general produce no compensan las pérdidas á que da lugar un combate de esta clase; el compromiso que envuelve, por la dificultad de abandonarlo á tiempo, y la impresión desmoralizadora que deja en las tropas que lo libran, por lo que se asemeja á una derrota en su desenlace. Por excepción podrá ser conveniente alguna vez que interese reconocer una posición aislada, una localidad fuerte, un reducto, un paso que se sospecha está ocupado, ó cualquier otro punto que debe ser teatro de un combate episódico ó parcial; pero aun en este caso conviene obrar con suma prudencia y, mientras sea po­sible, por sorpresa; pues siempre hay riesgo de provocar un trance de mayores consecuencias que las que se han calculado. RECONOCIMIENTOS ESPECIALEs-Así se llaman los que tie­nen por objeto estudiar detalladamente una serie de posiciones con todos sus accidentes y propiedades tácticas, una línea de comuni­cación ó una zona de acantonamiento, con las localidades que en ella se encuentran y los recursos que ofrecen. Los principales de­talles que en tales operaciones se examinan (muy distintos según la naturaleza de los lugares en que se practican y el fin especial que los motiva) son los siguientes: Caminos ordinarios-En un camino hay que determinar su clase: si es real, provincial, vecinal ó de herradura, expresando si lo es en toda su longitud ó á trozos, y en este caso, en cuáles va­ría y cómo. Su dirección, relativamente á los puntos cardinales; cambios que en ésta tiene, y su situación respecto a las líneas de defensa, base de operaciones, puntos estratégicos y plazas impor­tantes. Su construcción, de afirmado, empedrado ó de tierra. Su estado general y condiciones de circulación para las tres armas, trenes y convoyes; reparos que exige para hacerlo más practica­ble, pendientes que forma, con apreciación de la longitud é incli­nación de cada una, y deduciendo si son accesibles ó nó á los ca­rruajes. Destrucciones hechas por el enemigo; facilidad y medios de repararlas, expresando el tiempo que se empleará en ello. Ha­biendo puentes cortados, se buscan los vados próximos, señalándo­los con exactitud é indicando cualquier otro medio supletorio de paso que se encuentre. Encrucijadas y bifurcaciones: su número, situación y direcciones. Obras de fábrica, como puentes, viaduc­tos ó pasos á nivel de vías férreas, alccntarillas, calzadas y muros de sostenimiento. País que cruza y sus puntos notables: pueblos, caseríos, fábricas, ventas, castillos, santuarios y otras construccio­nes. Ríos, bo<>q u es y desfiladeros, señalando su importancia. Dis­tancias entre las di ver as etapas y accidente notables; y por últi­mo, sus alrededores, describiendo e! terreno que los forma; su acceso á las distintas armas; facilidad que ofrecen para el desplie- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 803 gue; comunicación que permiten con las vías paralelas; alturas que lo dominan; distancia hasta ellas; dirección en que se hallan respec o Jel camino; ventajas que proporciona su ocupación; qué armas pueden llevarla á cabo, con qué efectivos, en cuánto tiem­po y por qué caminos, con la consideraciones tácticas que se de­duzcan. Vías férreas-Su clase y denominación. Longitud y direc­ción principal. País que atraviesan. Estado total ó parcial de ex­plotación. Perfil general, forma y calidad de los rails. Si hay vía sencilla ó doble. Rampas, pendientes y curvas. Desmontes, terra­plenes, viaductos y puentes. Túneles; su anchura y longitud. Bi­furcaciones ó empalmes y cruces con otras vías. Apeaderos y es­taciones, expresando si son de paso, de cruce, centrales ó cabezas de línea: importancia militar de cada una y del punto en que se hallan: facilidad y conveniencia de fortiticarlas. Distancias de unas á tra<;, así como las que las separan de las obras y acciden­tes principales de la línea. Desvíos: agujas, plataformas, muelles de carga y grúas existentes en cada uno. Tinglados y barracones: su capacidad de alojamiento. Recursos en agua corriente, en po­zos ó depó i tos: cabida y clase de éstos, calidad de las aguas, can­tidad disponible para tropas y máquinas. Existencias en carbón. Número, clase y estado de las máquinas, vagones y trucks. Ta­lleres de reparación: oficinas y demás dependencias. Personal de emple - dos. Sistema de servicio: movimiento normal de línea, al­teraciones que admite según el material disponible, y su distribu­ción en toda ella al practicar el reconocimiento. Línea telegráfi­ca: longitud que alcanza, enlaces que tiene con otras, sistema y estado de los aparatos de transmisión, reserva existentes para re­parar] s. Medio más expeditos para proceder en caso necesario á la interrupción 6 destrucción rápida de la vía férrea y sus depen­dencias; ó por el contrario, medidas que conviene tomar para im­pedir ue la intente el enemigo y proteger su explotación militar. Ríos y canales-En un río se examina: si es principal ó afluen­te, á que cuenca pertenece, su dirección general, recodos princi­pales y país que baña, describiendo el que abraza el trozo recono­cido. nchura y profundidad en los distintos puntos; naturaleza del lecho, arenoso, pedregoso, de roca ó fangoso; forma de la ori­llas y accidentes que presentan; do mi nación de una sobre otra; altura, inclinación. y naturaleza de sus escarpado ; caminos de accesc á ellas. Vías paralelas y distancias á que se hallan. Caudal de agua; velocidad u·niforme ó varia de la corriente: saltos, re­mansos, presa , bancos é islotes; si tiene crecidas que ocasionen inundaciones; si éstas se pueden producir artificialmente, y en qué extensión. Distinta clases de puentes, barcos, pontones, balsas, pasaderas y vados; su situación y ventajas con respecto á los ca­minog y posiciones vecinas. Puntos favorable al establecimiento Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ de puentes: facilidad de conducir á ellos los materiales; abundan­cia ó escasez de maderas en las orillas. Molinos, fábricas y cons­trucciones que hay sobre el río, aldeas y poblaciones; su situación y utilidad. Cabezas de puente; su clase é importancia. Afluentes; su dirección y puntos en que desembocan. Si el río es navegable, hasta qué límite; clase, dimensiones y calado de las embarcacio­ne" que lo surcan; modo de impedir ó proteger la navegación. En un canal se considera además su clase, extensión é im­portancia, arranque y desagüe; diques y esclusas, con sus dimen­siones y construcción, y caminos de . sirga. Lagunas y pantanos- Extensión; naturaleza del fondo y ori- 1las; si las forman corrientes ó manantiales; caminos conocidos ó dudosos que los atraviesan. Aguas potables-Número de fuentes, manantiales, pozos y cisternas; su riqueza y calidad; si bastan á las necesidades de las tropas; situación de cada una. Bosques-Su extensión y forma general, orientando su eje mayor. Su situación en meseta, pendiente, valle ó llanura. Sus ac­cidentes y los del terreno que le rodea. Naturaleza del arbolado; si es claro ó espeso, uniforme ó desigual. Linderos; ángulos que forman y facilidad de reformarlos. Trozos aislados. Detalles inte­riores; claros, prados, peñas, barrancos, arroyos, tapias, cercas ó edificios, expresando su situación r condiciones. Número, clase y direción de los caminos que lo cruzan; puntos que unen; arm~s que pueden utilizarlos; salidas y entradas; dirección que siguen en el exterior. Avenidas que facilitan el ataque ú obstáculos que lo dificultan. Distancia, dominación y protección de las posicio­nes vecinas. Desfiladeros-Su clase, dirección, longitud y sinuosidades, calculando el tiP.mpo que empleará una fuerza para pasar. Anchu­ra constante ó variable, señalando las variaciones. Facilidad de circulación para todas la arma . Naturaleza de los ob táculos que lo limitan: inclinación y altura de sus lados; forma y dimensiones de la entrada y salida, expresando si c<;tá n en línea recta y favo­recen la enfilada. Posiciones accesibles que ofrecen los flancos para proteger el paso, y cuáles puede ocupar el enemigo para im­pedirlo. Formas del terreno á la salida, y facilidad que ofrecen al despliegue. C0municaciones próximas que permiten evitar el paso por un rodeo de todas las tropas, ó parte de ellas. Modo de inter­ceptarlo y restablecerlo. En un puente, se estudia su situación en terreno llano ó quebrado, en campo nlso ó á la entrada de una población. Su cla­se, construcción, longitud y anchura. Su resistencia para el paso de carruajes. Dominación de la ' orillas y posiciones vecinas. Ca­minos ó calles que á él conduct>n, y dirección que tienen. Incli­nación y longitud de las rampas de acceso . Si está defendido por Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 385 alguna cabeza de puente; y no existiendo, facilidad y convenien­cia de construírla. Medios de destruírlo rápidamente, examinando si ttene hornillos para este objeto. Alturas-Forma de la cumbre, aguda, redondeada ó plana. Situación y forma de la cresta militar. Contrafuertes ó partes sa­lientes; su dirección y estructura especial. Extensión y acciden­tes de la meseta superior; si es cortada ó practicable, si admite ar­tillería y favorece la acción de las tropas; si está cubierta de bos­que total ó parcialmente; naturaleza del suelo y condiciones de circulación; si atenúa ó aumenta el efecto explosivo de los pro­yectiles; elevación sobre el pie y dominio que disfruta sobre el terreno circundante hasta el alcance del cañón; si está dominada por otras alturas, y á qué distancia; horizonte de observación que alcanza. Distancias de la cresta á los puntos notables. Inclinación uniforme ó varittble de las vertientes en el frente y en los flancos; su acceso á las diferentes armas; su naturaleza y configuración. Lugares habitados que hay en ellos; su situación, importancia y habilidad. N úmcro, clase, estado y direcciones de los caminos que conJucen á la cumbre. Declive y forma general del pie; corta­duras, cañadas, barrancos, arroyos y demás obstáculos que presen­ta, y modo de franquearlos. Relación que la altura tiene con las posiciones inmediatas de la misma línea, v protección mutua que se prestan; señalando las que constituyen llave, y añadiendo las consideraciones tácticas que sean del caso. l/afles-Su dirección, expresando si son principales, secun­darios, gargantas ó barrancos; si son paralelos á las líneas estra­tégicas, ó forman parte de ellas, y en este caso qué desfiladeros presentan y qué obstáculos á la marcha; inclinttción general, as­cendente ó descendente hacia el enemigo. Si siendo transversales constituyen, por su dirección, una línea de defensa ó parte de ella. Su extensión desde el nacimiento hasta el fin. Zona que se puede ocupar, y cómo. Distancia uniforme ó variable que separa las crestas de ambos flanco<;; diferencia de nivel entre ellas; acción y eficacia del fuego de una á otra. Estructura general de los flancos: grado y elevación de sus pendientes; cortadura , alturas y mc<;eta'i que las limitan, y posicione defensivas que constituyen. atura­le2. a del fondo; si es seco ó tiene alguna corriente, y de que im ­portancia. Trozo incultos, maleza:::, bosques y cultivos que cu­bren el valle; localidades que contiene; su sicuación y utiliuad para el ataque ó la defensa. Caminos: su número, clase, direccio­nes é importancia; acce o que ofrecen á las distintas armas; sus ventajas para el a vanee y la retirada. Consideraciones tácticas de oportunidad que completen el rt>conocimi e nto. Llanuras-Su cxten:;i on, y naturaleza de los terrenos. Lu­gares habitadus, bos ques, cultivos, eriale·, <;r>rt<:IJura ·, rÍo<;, cana­les, arroyos, lagunas, pantanos y d e ná· ob táculos. Caminos: su Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 306 80LETIN MILITAR ~ número, clase y direcciones; utilidad que ofrecen. Alturas lejanas: su dominación, zon::1 á que alcanza el fuego desde ellas, y partes que quedan libre~. Edificios-Su clase y situación, orientándola. Dimensiones generales. Construcción, espesor y resistencia de los muros ó pa­redes. Número de pisos; distribución interior; capacidad de las habitaciones y comunicación de unas á otras. Número y situa­ción de las puert3s, ventanas, balcones y galerías. Clase y resis­tencia de la cubierta; torres ó miradores que tiene, y su domina­ción. Dependencias anexas; cuadras, graneros, bodegas, talleres, cobertizos, patios, huertas ó corrales, su situación y capacidad. Altura y resistencia de las tapias, valles y verjas. Agua disponi­ble y recursos de defensa; trabajos necesarios para aumentarla, y facilidad de su ejecución. Configuración del terreno circundante y sus condiciones ofensivas y defensivas. Poblaciones-Situación geográfica. Posición elevada ó baja, horizontal ó en pendiente. l)ominación del recinto sobre el te­rreno exterior. Accesos de éste; obstáculos ó abrigos que ofrece para el ataque, y condiciones del de retaguardia, para flanquear la población y proteger la retirada. Alturas que la dominan, y á qué distancia. Caminos que conducen á ella. Agrupación de los edifi­cios. Anchura y direcciones de las calles. N umero, situación y magnitud de las plazas. Forma y extensión del recinto exterior; ángulos que presenta en el frente y los flancos; estado y resisten­cia de las casas, tapias ó muros que lo forman. Número, clase y situación de las salidas; modo de cerrarlas y deft>nderlas. Edificios exteriores aislados; su posición y resistencia, conveniencia de uti­lizarlos ó destruírlos. Distancias de tiro del recinto á las avenidas principales; fuegos que permite todo él. Zonas y barrio que se prestan á la formación de líneas ucesivas y sectores de defensa; calles que favorecen la comunicación entre unas y otros; manera de cubrirlas ó desenfiladas. Obras exteriores que conviene hacer sobre los flancos y retaguardia para aumentar la defen a y prote­ger la retirada. Resumen de lo trabajos necesarios para fortalecer ' la localidad. Datos esradísticos. Cifra de la población; número de casas y . u capacidad para el alojamiento; oficinas de correos y telégrafo ; hospitales, iglesias, cuarteles, almacenes y demás edificios públi­cos utilizables para depósitos y parques; vías ferreas en explota­ción; líneas telegráficas abiertas. Existencias en artículos de co­mer, beber y arder. Abundancia de aguas y su clas~. Materiales e industrias utilizables para la defensa; materias inflamables ó ex­plosivas que conviene retirar. Hombres disponibles para el trabajo; bagajes y carros para transporte; ganados, productos y recursos supletorios que ofrecen el termino muliicipal ó lo alrededores, y cualesquiera otros detalles que contribuyan á ilustrar y completar esta parte de reconocimiento.-MAr.:'UEL MOHENO CHURRUCA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BDLETIN MILITAR ~ ~~~­AE:: I:EDAD:!ES . ~~~JEI@}1~JI~~©IC©JThj JIDlliJ ~~~m!A (Continuación) IV 307 Dejando atrás á Simijaca. y andadas tres leguas granadi­nas e casas, se entra en u::1 vall~ amenísimo prolongarlo S-E N -0, ceñido de altos cerros que terminan hacia el valle en mul­titud ue colinas redoudas, y suaves laderas salpicadas de casitas y sembradas de trigo, maíz, cebada, papa , babas y otros frutos menores, cuyas sementeras, divididas por cercas vivas (sic), y subdivididas en pequeños (madros, baceu el efecto de un mo­saico de variados colores, negros algunos retazos y preparados para la siembra, verdes los otros con los trigales nuevos, ama­rillos muchos con los rastrojos de la mies cost•cbada, y no pocos matizados cou el vivo colorido de ltts flores de habas, arvejas y friso les; paisaje bello y fresco sobre toda ponderación, ante el cual un hábil pintor se hallaría perplejo para reproducirlo en ~u lienzo, bajo un cielo de azul brillante franjeado de ligeras nu­bes, y en medio de la atmósfera diáfana ro, quien pagó por et cuadro veinte pe~os do oro. Llevólo {¡, u Capilla, que era un raneho de paja de vara en tiert'a, en el cual e solía orar ue día, .r de noche e recog·íau á dormir los e rdo y las gallin3s. Al loco tiempo qne, .V colocacla eu varias Uapilla.·, hast: qne á principios de e:-;te siglo .·e eom nzó { uiticar el suu t uosu t e m p lo en que lloy tri, con~:tgraien queda al Onra la mitad, limpia l·cio vergon:w o que practican varios c l ~rigús suelto~ 6 curas eiTantc que caen tiobre Chiquinquirá como gorriones :.obre eml'uteras. Ellos l:'e anticipan á re­coger de lo .· peregtinos el dinero que traen para mi :us, s1tuando mensajero!> en las entradas de la ciudad, y estableciendo un regatl!o que los hace á todo acreedores á la férula con que Jesucrü.:to arrojó del templo á los tratantt:> y usurero que lo pro­fonaban. Pero 110 es c·t¡, lo peor: PERSON;\S VEHÍD!CAS Y co tPETENTEs me infor­mann <¡ne todo ratero que no espera absolución en el coufe::.ionario de su propio Cura, á menos que no restituya lo hurtado, 1Htlla en Chiquinqnirá quien le remita el pecado, mediante m1 tribnto á la VirgPn. ¡ Exti:.ño modo de hacer cómplice y 1 encubridora á la inocente imagen! La pluma se re::;i te á trazar las consecuencbs lamentables que se d ciucen de tale a bu. o , nc ya en detrimento de la moral y del orden civil solamente, sino en perjuicio y afreut:l dt:: la religión misma, desfigurada, desn¡¡tuulizada y prostituida con ::.emejautes prácticas y lns doctrinas que ellas pre­suponen. ¡DE PARTE DE QUIÉN ESTÁ LA IMPIEDAD Y LA IRRELIGIÓN? Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 310 80LETIN MILITAR bargo, no hay en la villa una sola ¡)osada que merezca este nom­bre; porque á nadie le ha ocurrido explotar esa rica mina. Chiquiuquirá cuenta cerca Je 4,000 vecinos que habitan 135 casas de teja. y 1,040 de paja. Tione izarra y greda do lo arroyo·, " que cuando llueve, dicen aquellos infelices, saben y huelen á pan." En couseeuencia, la población permanece e tacionaria, si no retrógrada, como lo demuestran las cifras 57 bautismos y 48 entierros en el último año. Buscar posada era pedir peras al olmo; por lo que sin va­cilar nos dirigimos á la casa del Cura, triste rancho de paja contiguo á la iglesia. Estaba el solitario sacerdote en el patio escogiendo granos de trigo de sembradura sobre una malla· brada mesa. Joven todavía, vestido de manta del país1 en el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 312 80LETIN MILITAR '-y--" rostro impresa la melancolía y los ademanes no sueltos ni vi· vos con..ao expres ión del bienestar, sino abe: tidos y rPsignados, produjo en mí una impresión de simpatía. que me hizo e8tar un rato contempláu<..lole. Llamé al fin, y vino á nosotros con los brazos abiertos, y tle~de aquel puuto fueron nnéstras la casa, la frug·n l mesa ~~ toda l~s comodidades del Presbítero Ortiz, si comodidades pueden llamarse dos a si m;¡ tos de cuero y u11as esteras de junco. Un a~pecto <.le jón profnudo. · e eahro~o, cpre llaman ea­mino, es la alida d •1 pueblo; de~; pué. igueu beha v<:'ga por dorHle pasa pre~u­ro ·o el río Oautino. El t ,.rmóm~tlo c:eutígrado mareó 30° á m uiodía; ni u u aura leY mo-vía los corpuh.·utoR {lrool R; ni más ruido que el penetzaute y coutit1no chirrülo de las cllicba­ITHS acompaüaba al de las negTas aguaH •1el Uantino. IJa na­turaleza dormía lJ<"ljo el pr•, o d ' u na atmó8fera densa y caldea­da, y hombres y be8tias buscamos la sombrH, abrumados de calor, para prepararnos á J>a8ar 1 puente colgante, y trepar en seguida 1 alto cerro que se alza lm enfrrute ha, 1 a penl~rs, entre nube . En t.>l brPYe e paeio de cinco horas llal íamo pasado por nua ·erie tlc tempt.>r::~tura de",de 1 so centígrarlos (Huena­Yista) hasta la arda· u te del Uantillo; t>ll mt•uos tiempo 1bamos á YolYer á temperamc·uto ea i frío. 'lHl r:-- la com:uca que visi­tábamos; rica ~n prmluccioue..? ll<> todo,· los climas t•twerrados eu pequdios espado , JH.·l·o olitaria y 11 la pleuitud de la agt'etite maguiticencia que ba ost utado y ~ egnirá ostentando inútilmente por muchos siglos.-( Oontinúa) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 168

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 149

Por: | Fecha: 28/04/1900

AN'OIV Bogotá, Abril 2.8 de 1900 NUM.149 --~·~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIUCTOit AD•KONOUM, FRANGISGO J. VERGARA y V. Genel'al, Miembro de la Sociedad Colombiana de Inaenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República 'IC A :OEOP.Er:t'lO N'O'Ml:l~ O .. :CE 1900 (lU DE Al3IUL) por el cual . e confiere un asceuso y ~e honra la memoria ele un servidor público El Pre irlente de la R epúb lica CONSIDERANDO l.o Qne ay(.)r fallecí' en Bucaramanga <'1 Sr. General Jnan B. Carreño, Jefe de g ·tatlo 1\Iayor lel Ejército de Santander, víctima de enfermedatl producida por las fatig-as de la cam­paña; 2.o Que en la actual rebelióu fue uno de lo primeros en ofrecer sus servicios á la cau a de la Legitimidad, organizó fuerzas y desempeñó papel importante en la.' jornada de Pie­decuesta, .Bncaramanga y I.1o, Helechales, en la~ cuales contri­buyó eficazmente al trinufo d la· arma nacionales; 3.o Que el General Juan B. Carreiio t1 'empeñó elevados empleos en todos lo" ramos de la Aumini tración pública, y repetidas veces ocupó pne to en las A1:umblea de Santander y en el Congre o de la Hepúulica; 4.o Que con la armas eu la mano concurrió cou valentía á la defensa de las instituciones en las anteriores guerras civiles, DECRETA Art. l. o Declárase asceuuido á General n Jefe en el Ejér­cito de Colombia a.l General de División Juan B. Oarreño, y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 498 BOLETÍN MILIT A.R dé8o cuenta de este ascenso al próximo Congreso para los fines legales consiguientes. Art. 2.0 Laméutas~ la prematura muerte del General t'a­rreño, y preséntase al Ejército su memoria como ejemplo digno de imitación por quienes a piran á m recer bien de la patria; Art. 3.o La guarnicióu de Bogotá hará al finado los hono­res corre~pondientes á un General eu Jefe que muere sin man­do, llevará luto por nu ve dia , y la Baudas tocarán tres re­tretas fúnebres en la Plaza de Bolívar. Art. 4. 0 El suddo qne n vida correspondía al General Juan B. Oarrefio como Jefe de E tado ~1ayor de Ejército en campaña en Santander, al tenor de lo di puesto en los artículos 1.0 y 2. 0 del Decreto de 12 d .1. farzo último, e continuará pa­gando á la familia del General Carr .ño, re¡>artido por partes iguales entre la señora vindé y la hija del finado. Art. 5.° Copia. auténtica de e ." te J)ecreto será enviada á los deudo del Gen ral Juan B. Oarr fio. Dado en Tena, Cundin marca, á 17 de Abril de 1900. MANUEL A. S OLE 1E ... TE El Hinietro de Guerra, .JOSÉ S J.: TOS ~:ElOP.lilfJ.'JO Nt1~EP.O .... ~:a 1900 (16 DE ABRIL) por el cual ae reorgaaiza el Cuerpo del Ej ército de Antioquia que marchó •1 Norte de la Reptíblica El Presidente de la República DECRETA Art. 1.0 Las dos Di vi ione del Ejército de Antioquia que marcllaron al orte de la República á órdene, del Sr. heneral Ricardo Lesm , quedarán refundida en una sola ])i isióu que, con el nombre de Divisió'n, Antioqueña, será incorporada en el ~egundo Ejército de Reserva. Art. 2.o Nóml.>rase Comandante General y Jefe de Estado Mayor de la Divisi6n Antioy_ueña, á los Generales Luciauo Es­trada y Bonifacio Vélez, respectivamente. Art. 3.° Compondrán el Cuartel general de dicha División, como Ayudantes, Adjuntos, etc., lo individuos pertenecientes hoy al Ouartel general del citado Cuerpo de Ejército y á los Cuarteles generales de las do Divi iones de que en la actuali­dad consta, todos en sus respectivos grados. Art. 4.0 Los cuerpos que componían las dos Divisiones quedarán incorporados en la nueva División, con el mismo personal de Jefes, Oficiales y tropa que hoy tienen y con sus mismas denominaciones. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET.fN MILITAR 499 Art. 5.o N óm brase al Sr. General Ricardo Les mes Inspec· tor General de los tres Ejércitos de Reser·va creados basta hoy. Comuníquese y pnblíque,e. Dado en Tena, Cundinamarca, á 16 de Abril de 1900. :MANUEL A. SANCLE:l\'IENTE El Ministro de Guerra, JOSÉ SA~TTOS ••• D30RE~O N't1MlC~O 7 DE 1900 (.ABRIL 17) aclaratorio y reformatorio de las disposiciones anteriores sobre pasaportes, salvoconductos y exenciones militares El Jefe Civil y Milita~· de Oundinamarca Teniendo n cuenta que Yaria, autoridad y algunos par­ticnlare llan licitado de f-,·tc J cfatura que e reform n algu­na de la& dispo icion • dictada r ·~pecto de pa. Hportc., al­vocon< lucto y exeucione · mili tares, con el fin de que queden claramente determinados el valor y , lca.nce de tale docu­mentos, DECRETA.: Art. 1.0 J.,os pa aporte que e expidan por esta Jefatura 6 por otras Oficiuas del Departamento, como Pr fecturas ó Alcaldías, solamente ervirán para un iaje continuo, ida y re. greso inmediato, y por u11a ol?, vez . .Art. 2. 0 o be expedirá pasaporte {L indidrluos particula­res que uo presenten u exeuciou militar; ) en ningún ca o á aquelloa que · an uo .:tile~ al Gobieruo. §. Los extranjero· 110 n ce ·itc u xención militar; pero por lo demás quedan sujeto á lo clis¡,ue" to en este Decreto. Art. 3. 0 Tampoco se expedirá p saporte alguno mientra no se compruebe con el ¡·ecil>o del caso haber cubielto los de­rechos corresporuli ntes, lo cuales se pagarán única y exclusi. vmnente en la re peetiva Oficina de Hacienda departamental. .Art. 4.o El valor de todo pa aporte será de do pesos por cada persona y uno por cada bestia. Art. 5. 0 No habrá pasaportes echoso :POdrá ser detenido y registrado, aun cuando esté provisto de pasaporte. Art. 7. 0 Unicamente los vivanderos y sus bagajes tienen erecho á pasaporte gratis. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 500 BOLETlN MILITAR Art. 8. 0 Sólo se considerarán como vivauclerls para los efectos del a.rtícule anterior, lm; individuos que iendo dueños ele víveres, conduzcan y expendan é ·to personalntente en los mercados, en cantic.la<.l no mayor de cinco cargas. Art. 9.0 Lo individuo provi tos de pasaporte no podrán ser conscripto cuando sean vivanderos~ 6 si careciendo de este carácter están pro vi tos, además, de la re pecti va exención militar. Art. 10. Toda autoridarga.nización. Empleo táctico-La, am trctlladora son eminentemente apta , 11 ólo p· ra la < ci: le ) tlef lh a,, •le artillería. Det rmiu, d:. la. di · :. uch, la pnnt da . e hacía. con pr ci ·ión. En un ca o olo . e hizo fu ego { grande di ·t., ncia , cerca <1 2,500 motrm~, mpl •:u1do el t.ir·o ~tlt'VO p ·ua bat1r la ciudad de Sautingo qu .· taha oculta por t~ l t )rreuo. f.J a. el vación se dio cou el cua trn ·tor para batir 1 ·ampo; ant él, 1 adver ario timw que replcgc r e; lm~ d fen:orcH d nn~ trincher< tuvieron que suspeJI(l•r el fuego para cubrir.-e, y toda la ametrallado· ras pudieron ohteuer esto · re ul tado a 250 m •tro de lo. atrin­cheramiento . Ningúu ataque d h iufantería 6 llidad n~o y á p qu fia c..li ·tancia, la Yen taja e te t'Ú ~ i mprc por parte <1 ~ la. am tralladoru . Para toce ario qu uo falten la municiones, p .. ro es de todo ¡mnt infnudado el suponer que las ametralla­dora · hacen un con ' tuno •xag- rado. En la campaña d antiaho, eomprendi, icion . no pu<1i ron .. peritH ntar. e como ,e deReal><, p r el autor cr •e qu mpl •ada Hu. •natro pi zas de e ta m. n ~ra hul>i ra podido re istir contra fuerz, su¡ eriore del eu •migo. i la am tr. liad ra marchan acompañadas por la iufan­t ría 6 la cahétll ría, ú e tas arm. del> encargar e el r •co­nocimi nto del t rreno. Ig·u. lmeute, en caso de ellcoutrar al enemigo, Hi la c. b: llería .·e retira para dt•ja.r campo libre al fnt>g'O ele laR amet.ra1lndora.·, aquélla ¡wdrá rehacerse á cnbi •r-to y preparar.· para la carga.. . hn el muw ba~tnntc probable de qtw ~1 en migo tuviese que eer per · gnido, .. •rá n b:clrÚll aYauzar 1~. ametrnlladora , y e colocarán en nna po, ición {t prop<'!Rito para romp r d impro'dso y con en rgía l fuego. ohlig·ando e l enemigo á r tirarse 6 preparan­do el ata(]ne <1 la infant ria. ]Ja. am trall:ulm·a no han t nido oca ión rle er exp(>ri­ment. n.da. en nn <:oml>nte de rec011 cimiento 6 de Yanguardia, pm~o ha11 po Rer mny sereno y e.·tar mny al corriente ele las in­tenciones del General y Í<'Zc s. D .. . ~ pués 1lo a ' Í durHnte algún ti mpo, pero hacia las cuatro lo.' e pañol s atacaron ~alero"ameute la po iciones perdida , y mp zó, por parte de lo americanos, un Yivo fuego de fusilería, y al mismo tiempo se d jó sentir el característico ruido de las Gatliug, quo tanto animaba las tropa . Las am trallaIían podado manten rse n Ru. po. icionea. in la aLuda de la am - tralladoras. Por e u. ecne11 ·ia, la eficacia d estas armas en la de~ nsiva inmcu a, corno n el ca o anterior, y uo hay u ce­sidad d vol ver {t d mm~trm lo. En la r ci nt camp. ñn. d 1 Sn<1áu, n ]. batalla d Om­dnrman, e tiene un (•j .. mplo auálogo tlel rupl o de la a m - trallador. n una acción camp. 1. La acción fue al principio defen iva por part de lo. anglo- gipcios; fueron atacc do re­petida v e por los d •rvisc ·, que ~l\·anzaban eu rua a irregn­lare · con ardor fanútico, p ro que no poclíau 11 gar á pon rse en contacto porque l fu go d la.· ametralladoras l\laxim era ex­traonlinariamente mortíf•ro. Reellazmlo el ataque rle lo der­vi e , l irdar l itchuer inició un contra-a alto, y la 'il-Iaxim fueron empleada. en la. ofeu ·i a. En é ·ta, como en la faz prec - dente, su fu g , ·egún te tigo oculare .. , fu mortífero en grado sumo. En las op racione d guerra en los alrededores de San­tiago ·e emplear n la· Gatlin~ en la defen a de la lluea de asedio. Se e locaron en una trinchera, en medio de la otras tropas, y cubiertas de modo que ólo á pequeña di tancia. e podían distinguir su 1 c. s. A aquélla~ se le agregaron c1o · ametralladoras automáticas Oolt, montadas en trípodes, y nu cañón de dinamita. Este último no era un arma bastante per­fecta para asegurar la preci ión del tiro, pero disparaba pro yectiles que contenían 2 kg. de gelatina explosiva, y que en un radio de acción, no permite reunirfa . Otro principio es a igu 'r la ametr, lladoras como arma anxiliar jado á Jo' oficiales que las mandaban. Rara v z recibían órle, y haced el mejor u o po 'il>le de ,·nestras piezas." Este sistema a.11ería (Rough Riiiers), y no fue u de ninguna utilidad, no di parando uu tiro ha~ta que se reunieron á la Gatling. Por último qued~ el 'istema. de or·ganiz. r la. am trallado­ras n nniclaat •ría (lo la, atliuCJ". Lo. re~ ultado obt nido c.lemo tn ron la bondad d l principio. E ·ta. idee fnc expne ta por pri m ra. 'Tez, hace < !gano anos por a.tlin,g, in \·en tor reH tácnlo para crear una cuarta.. Le instrucción necesaria vara operar la ametralladoras, el empleo táctico de esta armas, su tremen•la eficacia cuando sean bien empleadae, requieren un e¡¡tuncia y hac r su empleo má r. ciona.l, y de este modo serán para el Ejército un nuevo instrumento )t. ~~ ~ ~ x.• Terar mDmento Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 510 BOLETfi( MILITAR CuARTO MOMENTO-La caballería, dnpués de proteger el avance de J&. infantería, Je retira rápidamente fuera del alcance eficaz de nuntro fuego: medio euuadrón e?Jemigo u dirige al trote hacia JU ala derecha; fa infante­ría del contrari1 continúa marchando con lentitud, adelantatrdo máJ y máJ JU ala derecha. El jefe del batallón reconoce que el enemigo es inferior en núme­ro, y resuelve tornar la ofensiva. SeñafeJ: para todos, alto! )Jisposidón: cuarta compañía, íntegra en tiradores, replegando su ala derecha; ugunda compañía, zoo pasos á retaguardia del ala izquierda de la cuarta~· primera compañia, 200 pasos atrás del centro de la cuarta, y tercera compañía, tras el ala derecha de la misma cuarta. ,¿· Jé. • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • * • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • t4·a ~ 200 pasos ·. e u arto momento QutNTO MOMENTO-La caballería carga en forrajero! la1 doJ alaJ de la cuarta compañía. La infimtería enemiga aprovecha tJe momento para afianzar ctJ• rapidez á corta dútancia y acelerar JU futgo. 1 _, + ' ' o ~00 ~®~ I.e. ~ + Quint~ momento o o 181181® 181181® 3· a ~~181 + Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT .A.R 511 Seña/u: cuarta compañía, formar en columna (el ataque se dirige sobre ambas alas), y luégo (para todos), lentamente en retirada! SExTo MOMENTo-La caballería no puede romper niuguno de loJ gru­tJoJ y u retira con pérdidaJ; la infantería enemiga rifuerza d1 nutflo JtJJ tiradorn. SeñaleJ: para todos, alto! Disposición: debe atacarse el centro enemigo. A la señal (para todos) afiancen! Ja primera compañía á la carrera avanza sobre el centro de nuestra línea de tiradores; lc.s compañíaJ tercera y cuarta refuerzan con un pelotón en tiradores las alas de la cuarta, y siguen con las otras 1 so pasos á retaguardia. Seña/u: cuarta compañía, fuego rápido! SÉPTlMu MOMENTo-E/ aavenario tiene ahora compañía y media en tiradores; media cDmpañía en orden cerrt!d{) traJ JU centro y medio tJCUII­drón unos 100 paltJS á retaguardit: de cada ala. Señaln: para todos, avancen! (se ejecuta lo indicado). t t t ••• • ••• JO!Y.:)IIOIIOl • ~IOIIOl • JO!lOIIOCJO! •••••• . . . . . . ~~~~. -~~. -~~~~. . . . . . 'K.. ..:X 4 . a I. a 4 . a 'K.. .·:X · ..... · · ... · .· t t Séptimo momento OCTAVO MOMENTo-La infantería enemig4 retrocede de prúa anU el ataque dicho; JU caballería avanza y carga para desempeñar la infantería, atacando las alas de nuestra cadena. Señalo: para todos, olt1! Formar las columnas! 1 1 Q0®®QQOO ~ I.a Octaf/o momento Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 512 BOLETÍN MILITAR " • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • l. a 4 . n 1\ 1\ Noveno momento NovENO MOMENTO--La ca­ballería enemigo es rechaza- • da, pero la infantería ha ga- • 11ado tiempfJ y ejecuta JU reti­rada en buen orden. Señales: para todos, en ti­radores, ava?tcen.' Disposición: primera y cuartacompaiiías fntegramen· te en tiradores. DÉciMO MOMENTo-La in-,. • • • • • • • • • • • • • • • • • .• • • • • •* • • • • .• .• fantería enemiga co1Jti11Úa su retirado perseguida vivamen· te por el fuego de nuestroJ ti· radfJreJ,· la caballería Je reú11e de nuevo y u maJJtiene cercana al ala izquierda dt aquélla. Señales: para todos, alto! Disposición : primera y cuarta compañíaJ, menos los tiradores, reunión; ugunda y ttrcera, reuni6n. DécimD momento UNDÉCIMO MOMENTo-Bajo l,z protección de JU caballería, que per­manece á pie firme nifrente de nuntro flanco derecho, la infantería adversa gana Jfl línea de retirada. IUsposlción: El batallón continúa su primitivo movimiento, línea por línea; uguttda y tercera compt~ñías, á retaguardia, y cuando han ca­minado 400 pasos, alto; los pelotones de tiradores se despliegan; prime­ra y cuarta compañías, en retirada desde que las otras han tomado posiciones. • • • • • • • • • • • • • :11: • • • • • • • • • :11: • • • • • • ~ • • :11: • • • • • • • • • . •.• ... •.• ... •.• . . . . V V V 4·a l. a ~~0 181181~ §il!BI~ 181181181 1811810 181181181 V V Undécimo momento Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BO:UETfN MILITAR 513 DuoDÉCIMO MOMENTo-La caballería enemiga sigue á su infantería. Señales: para todos, alto! nlsposicl6n: primera compañía de retaguardia. El batallón se forma en columnas de compañía, sobre la tercera, á dobles intervalos de despliegue. Luégo continúa su retirada. SOBRE EL EJÉRCI'rO ALEMÁN (Continuación) lnspuciones de tiro Examinemos ahora en qué consisten las inspecciones de tir0, que merecen una atención particular, tanto á causa de la manera verdadera:nente práctica con que se organizan, como por la extrema importancia que se les concede. Los jefes de regimiento en la línea y los de brigada en la ~uardia * son los que pa. an esta · inspeccio­nes y dan cuenta de los resultados á la autoridad . uperior. El pro­grama de la inspeción de tiro se redacta en el Ministerio de Guerra, y cambia todos los años según el punto de vi sta particular de de el cual se propone examinar el e stado de la instruc ión. El iVlinii­tro confía habitualmente á la escuela de tiro * la formación de este programa. Después lo aprueba y hace litografiar un número suficiente de ejemplares para que se lt!s pueJa di tribuír á todos los batallones del ejército, con los modelos de los informes que de­berán llenar. Todos estos estados se envían entonces á los cuerpos bajo so­bres cerrados, y se conservan rigurosam ente secrdos hasta el mismo día de la inspección. Solom ente sobre el tt·rrtno mismo del tiro se da co1tocimitnto de ellos á los capitanes de compañía. Se limitan á in­dicar la clase de los blancos que deben emplearse, con tiempo su­ficiente para que todo el material necesario esté dispuesto en el momento deseado. Es preciso reconocer que este sistema está perfectamente concebido para impedir toda tentativa de preparación especial para la inspección, y para obligar á todos á ocuparse siempre con el mis­mo cuidado de todas las partes de la instrucción. Al mismo tiempo deja al Ministro libertad completa d'! variar su programa dentro de los límites del reglamento, y le permite juzgar de las tropas según • E ta diferencia estriba sencillamente en las facilid a d •s que ofrece In con­eentraci6n, generalmente mayor, d e las tr opas de la gnudia en sus guarniciones. Y aun en la líne,, el comandante generr parte del Gobierno prusiano, la cual parece habc.;r dado hasta aqJÍ exce­lentes resultados. Se ha procurado por todos los medios posibles animar y adelantar la educación de los caballos, tratando de pro­pagar en todas partes las buenas razas, que se confía poder utili­zar en el ejército. Hé aquí en pocas palabrc:is el sistema en vigor: Además de las yeguadas particulares, se ha juzgado ventajoso crear tres pertenecientes al Estado, organizadas en grande escala, tales como la de Trakenen (Prusia oriental), NeustaGt (en la Doss) y Graditz (cerca de Torga u, en la Sajonia prusiana); esta úl­tima para los caballos de pura sangre, y las otras dos para los . cruzados. Cada una de estas ganaderías, que dependen del M:nisterio de Agricultura, no recibe un céntimo del Estado, pero posee la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT .A.R 517 propiedad de cierta extensi~n de tierras que cultiva y administra por sí misma, y cuyo~ rendimientos deben bastar para su conser­vación. Las yeguas del establecimiento, en partidas de una ~en­tena de cabezas, pastan en inmensas praderas bajo el cuidado de guarda~ á caballo. La misión de estas ganaderías es únicamente la de producir buenos caballos sementales para proveer cierto número de d~pósitoi p~rmanentu, que contiene cada uno de 8o á 100 bestias distribuí­das en todo el territorio. De allí se les conduce, durante la esta­ción de la monta, es decir, de Enero á Mayo, á las diferentes esta­ciones de umentales para cubrir las yeguas que les presentan. Estas estaciones, muy numerosas (de ellas hay próximamente 120 en la sola provincia de la Pru ia oriental, qu~ contiene cuatro depósitos), están servidas cada una por tres ó cuatro sementales. El precio de la monta varía de 6 á 300 marcos * (7.50 pesetas á 37 5 pesetas), pero su término medio sólo es d e 9 i 12. Esta es la renta más segura de los depó i to. de ca ballos padres que no tienen, como las yeguas, tierras á su di s po ic i ó n. Los caballos padres vuelven al de­pósito no bien terminada Ja monta.-(Continúa) --··· - - DEL TIRO DE LA ARTILLERIA EN CAMPAÑA segfín las Ler;on1 d'artillerie de E. Girardin. (Conclusión) f/1- Tiro fusant~ repentino o) Circunstancias en que puule emplearu sin inconveniente-El tiro fusante rept: nti no, ó sea reglado por la sola observación de los disparos de:: shrapnd, se usa en los casos en que es imposible ó por lo menos dificil distinguir los puntos de caída de bs granadas, como en un terreno pantanoso: lucha con una artillería que ocupa una cresta que tenga una depresión detrás y un barranco delante, bombardeo con tiro indirPcto de un pueblo de que no se ve sino el campanario; tiro de campaña á distancias excepcionales, por lo cual el estallido de las granadas no se ve sino en malas condiciones. El reglaje del tiro con shrapnd~s es más lento que el verifica­do con granadas, exige espoletas que funcionen con toda precisión y presupone un gran consumo de municiones. Los disparos fusan­tes producen un globo de humo denso, blanco y distinto, que es visible á las mayores distancias, pero que para ser utilizado en el reglaje dd tiro debe producirse al ras d el suelo y destacarse sobre • Et\te fíltimo precio só lo se p!iga cuando se trata de ementales de elección, á lo~ que se les lleva las yeguas á sus mi mos depósitos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 518 BOLETÍN MILITAR los blancos verticales que se encuentran en ]a guerra y de ordi­nario tienen poca altura. Por eso, en la práctica, este tiro da nu­merosos diiparos dudosos, y los tanteos necesarios para poner en concordancia el alza con el cohete, aun en espoletas muy buenas, y la graduación casi incesante de nuevas mechas y la necesidad de ser frecuentes los disparos dudosus que hay que repetir, hacen un tanto lento este procedimiento de reglaje. Primer procedimiento: reglaje por el a/za-Sábese que en el tiro directo con granada percutante la explosión media á la altura tipo se produce } 0 de segundo más acá del punto de encuentro de la tr.:~yectoria con el suelo, de donde que, si sin cambiar el alza, se aumenta en -1 2 0 * la duración del cohete, 5e obtienen explosiones fusantes muy próximas al suelo, que pueden considerarse como puntos de intersección de las trayectorias con el terreno, proce­diendo entonces al reglaje como si se tratara del tiro percutante. Así que se obtiene la trayectoria media conveniente basta, pues, disminuír la duración en 1 2 0- para volver la explosión á la altura tipo . En el curso del reglaje se hacen variar paralelamente el alza y la duración, esforzándose por mantener el punto medio de explosión á escasa altura, obrando sobre la duración como en el método normal. Gracias á la carga por pieza, nunca resulta más de un cohete graduado para cierta distancia. U na vez encontrada el alza conveniente, no se la vuelve á tocar, y se regla la altura de la explosión obrando sobre la dura­ción del cohete. Como se ve, el procedimiento es sencillo, permite tomar siempre la distancia como base del reglaje, pasar sin difi­cultad de un reglaje por percusión á otro por explosión y viceversa, y utilizar todos los disparos percutantes visibles por casualidad. Segundo procedimiento: reglaje por tl tiempo-En este reglaje se enmarca el blanco entre dos tiros fusantes al ras del suelo y cuya duración (en trayecto) difiera cierto número de décimos de segundo que corresponda á la profundidad del marco deseado, ó en otros términos, se busca una tenaza en duración en vez de ha­cerlo en milímetros de alza, para deducir de ella la duración que conviene á la posición del blanco y á la alza correspondiente. En este caso, del reglaje se deduce la duración, y obtenida no se la toca, buscando la explosión más conveniente en el tiro de con­junto, obrando tan solo sobre el alza. Sea .AB dos explosiones fusantes próximas al suelo, corta la una, larga la otra, obtenidas con duraciones de cohetes que difie­ren rr de segundo y la alza correspondiente. La posición más probable del blanco dentro del marco obtenido es la mitad e del espa~io AB; y como además sabemos que la trayectoria media más favorable para la eficacia del tiro fusante, es la que pasa por .. El aumento en t!l ca ñón ele 8o mil\metros de montaña debe ser tres clécimas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 519 el pie del blanco, si la explosión media se produce /o más acá (tiro directo con granada), tendremos que será la duración lo que puede dar la explosión en E (antes) y hacer que el proyectil describa la trayectoria media EC que se desea obtener. Esto sentado, si se designa por N la duración del disparo fu­! ante corto A y por N' la del largo B, la que debe corresponder á la explosión en C, es decir, al ras del suelo, será igual á la media N+N' --- entre las dos duraciones extremas, y la conveniente para 2 l .. " d l bl N+ N' S a posiclon e anco 2 1 r Cuanto al alza de la trayectoria media EC, será la media de las correspondientes á los dis paros extremos A y B: se principia por adoptarla como alza de ensayo, y de pués se regla la altura de la explosión obrando sobre el ángulo del tiro. Si al tiempo de verific a r los límites de la tenaz a, se obtiene una contradicción liq uid :.~ d a po r u os fu ante· largos y dos cortos, hay probabilidad de c ~ tar en p o e ión del tiempo que corresponde al pie del blanco: en tal ca o e le Ji minuye simplemente en 1 3 0 y se toma como alza de ensayo la del tiempo que dio la contra­dicción. En el tiro en atrincheramiento , la tenaza de duración se toma correspondiendo á una diferencia de alza de dos tenazas de las tablas de tiro (8 desvíos probables). Durante el reglaje, con fre­cuencia hay que establecer la concordancia entre el alza y la du­ración, modificando ésta sin tocar aquélla, á fin de obtener las explosiones poco más ó menos al nivel del centro del blanco. A causa de la lejanía del blanco y de la rigidez admisible de la tra­yectoria, las variacione ~ de alza así introducidas desplazan sensi­blemente la explosión sobre una vertical. Debe recordarse que en estas variaciones, las ~xplosionts si­guen la boca de la pieza, es decir, suben ó bajan con ella, pero esto no debe hacerse al aca o, sino lo más metódicamente posible, ba­sándose en el principio de que la altura tipo corr~sponde á un nú­mero de milímetros de a lza fácil <.le determinar consultando las tablas. Cuando se pn::senta un <.li s paro dudoso cuyo globo de humo o rebasa sensiblemente la parte ~uperior del blanco, vale más tirar un segundo y aun un tercer proyectil en las mismas condiciones, que modificar precipitadamente el alza: en razón misma de ]a dis­per ión de los casco.' , :>e obtendrá nece ariamente un disparo fu­s ante cuyo gl o bo d e humo se proyecte sobre el blanco. · *- Dos décimos para el cañón de montañ:t. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 520 BOLETÍN MILITAR f/111-Tiro progrtsivo p) El tiro progresivo, que pudiera llamarse tiro oscilatorio, consiste en a ·pergiar con proyectile fusantes una extensión de te­rreno más ó menos profunda, pero bien determinada, que abarque el blanco ó sitio sospechoso, haciendo variar progresivamente el alza y de un modo paralelo la duración del cohete, primero en un sentido y despué~ en el inverso. Este tiro se aplica en los casos en que la tenaza normal (roo metros) no puede conseguirse por una ú otra razon, en especial de las que provienen de di (icultades de observación, ó cuan Jo conviene .sacrificar todo reglaje á la rapitlt z m rompe ·r el Juego Jusante. Cuan­do el objetivo está completamente oculto por una cresta, por ejem­plo una batería atrincherada que 110 se revela sino por los fogo­nazos de sus disparo , se regla el tiro sobre la cresta de la trinchera y luégo se ejecuta el tiro progre ~ ivo del caso. El tiro progrcsi vo se ejecuta por series de tantos disparos cuantas piezas com prencla la batería, ora tiro por tiro, ora por descargas. U na primera serie se di para con el alza correspondiente al límite corto del enmarcamicnto ó es pacio que debe batirse, y se regla la altura de la explo ión y la din.~ cción. Las series siguientes se disparan sucesivamente, dando sendos saltos de 100 ó de 200 metros, según la di tancia, en el tiro de campaña, ó de una tenaza en el de trincheras, haciendo variar el alza (ó el ángulo de tiro) y, paralelamente, el tiempo. Como regla general, se dan tantos saltos cuantas tenazas me­nos una encierra el marco (que debe batirse), para no tener que tirar sobre el límite máximo; en eguida se retrocede hasta el punto de partida y se repite la operación sucesivamente. Sábese que la profundidad eficazmente batida por una serie de granadas mide unos 300 metros á 2,500 metros, de los cuales roo antes y 200 más allá de la trayectoria media. En consecuencia, si se procede por saltos de I oo metro , el mismo espacio resulta batido dos veces seguidas, y si se dan de á 200 las zonas se recubren par­cialmente, de iuerte que ninguna porción del terreno sospechoso escap"" á los efi ctos del tiro fusante. La observación de los efectos producidos, y á ser posible el sentido de los disparos fusantes bajos, permitirá de ordinario, al Jefe de la batería, restringir á lo preci o la profundidad de terreno que debe batir; y aun puede, .acrificando sí una parte de la eficacia del fuego, hacer bajar momentáneamente el tiro fusante de la sección guía, aumentando la duración en -1 'J0 , á fin de obte­ner mayor número de tiros observables. El tiro progresivo, que debe ejecutarse con rapidez, cunsume gran cantidad de municiones, y por eso hay interés en restringir el espacio por batir. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETiN MILI~AR 5~1 También puede ejecutarse este tiro tscalrm~?ndo las alzas y el titmpo en la misma batería, á fin de batir con la misma descarga toda la zona sospechosa: si d objetivo tiene gran frente, se despla­za transversalmente el tiro en las descargas siguientes. 1 X- Tiro de grupo q) Sobre el campo de batalla el tiro de una pieza aislada es excepción; los cañones se reúnen por grupos para combatir. El tiro de grupo que bate un mismo objetivo, comprende dos casos principales: L 0 , el frente es extenso y puede repartirse entre las diversas baterías; 2. 0 , á lo menos en su parte visible, el blanco tiene un frente restringido y no puede repartirse entre las bate­rías como objetivo de reglaje. Empero, sea de ello lo que fuere, el jefe del grupo dará á las baterías las indicacione siguientes: L 0 , posición que deben ocu­par; 2.0 , blanco que les corresponde batir; 3. 0 , clase de tiro que deben ejecutar, agregando los demás informes que sean del caso como distancia, proyectiles que se emplearán, et ., y vigilará que sus órdenes se cumplan con la mayor regularidad posible. A este respecto pueden sentarse las reglas siguientes: I . 0 Prohibir el tiro por sobre tropas amigas situadas á menos sao metros adelante de las baterías, salvo que el terreno per­mita reducir esa distancia. 2.° Considerar como peligroso para la tropas amigas el te­rreno comprendido en una zona de 500 metros adelante del blanco. 3.0 Darse cuenta del tiro de cada batería ocupando una posi­ción conveniente. 4.0 Dejar á los Comandantes de baterías la responsabilidad del reglaje del tiro, cuidando sí de hacer que se verifique cualquier alza que le parezca sospechosa. 5. 0 Designar la batería mejor situada como guía encargada más especialmente del reglaje. Objetivo de frente extenso --Cada batería regula su propio tiro, sea fijo ó movible el blanco, pero á manera de auxilio el jefe del grupo comunica á las otras, como alza probable del blanco, la halla­da por la batería-guía, que aquéllas verificarán antes de adoptarla, si difiere en más de 100 metros de la que habían encontrado. Objetivo de frente reducido-El reglaje lo ejecuta la sola bate­ría- guía, para evitar confusión en los puntos de caída, y las otrás sólo disparan proyectiles fusantes entre tanto, cuidando sí que no estallen bajas para no confundir ~la batería-guía. Contra trinche­ras, las otras baterías permanecen mudas mientras la guía regla el tiro. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 522 BOLET1N MILITAR TRADUCCIÓN Y EXTRACTO DE "EL TIRO DE LA ARTILLERÍA EN CAMPAÑA,'' PO~t EL MAYOR H. ROHNE (PRUSIANO) '.I'lro de grnnada contra blancos fijos 1) Tiro contra un blanco-infantería (r.8o metros de alto por 12 me­tros de largo) 1 ,,.too + ·1 t.:wo ' - 5 J,a5o ? 6 I,a5o- 1 1,375 + 10 1,37.'í + 11 1,875 ! 12 1,37.5- Mandatos del Com:'lndante de la batería 1) Con granada, cargtun l Sobre el centro de la infantería/ .A 1,200 metros.' Fuego por el ala dertcha.l 2) Con la kurbel (nivel de puntería). Apreciación del procedimiento-Como el fuego se dirige siem­pre sobre el c:entro del blanco, salvo orden en contrario, basta­ba mandar 1sobre la infantería! para no alargar sin necesidad el mandato. El empleo de la kurbel al segundo disparo está justificado, pue to que aquél no se pudo observar, el tercero fue tirado con el mismo ángulo de elevación y la cuarta pieza podía estar ya apunta­da con el kurbel, y por tanto éste podía emplearse en dicho cuarto disparo, lo que permitÍa aumentar la rapidez del fuego. El procedimiento empleado para determinar la tenaza-límite de la distancia de los disparos (disparos 1.0 á 6. 0 ) es correcto y con forme á las reglas de tiro: no se tienen en cuenta los disparos 2. 0 y s.u, cuya observación fue dudosa. Direccion de/fuego después de determinar la tenaza-El au­mento de 25 metros después de los disparo 6. 0 y 7. 0 observados cortos, está conforme á las reglas de tiro (distancia menor de 25 metros y blanco de I .80 metros de altura), y el mismo aumento queda justificado tras el r4. La mitad de lo . disparos 8 á 14 se observaron muy cortos, de donde el que fuera justa la conclusión Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET.fN MILITAR 523 de que el punto de impacto medio se hal1aba al pie del blanco, ó ea I 6 metros adelante del punto deseado, siendo 32 el espacio pe­ligroso. El aumento de 25 metros desplazaba el punto de impacto medio + 1.4 (horizontal de 9 metros atrás del punto de impacto buscado), lo que tenía que dar un % mayor de disparos que hirie­ran el blanco de lleno. En estas condiciones el Comandante de la batería pudo mandar tras el I 5 disparo: "' Consérvese la distancia." Como el blanco presentaba longitud escasa, no había para qué pensar en repartir el fuego. 2) Tiro contra una hatería - - - l.• PIEZA 2." PIEZA 3." I'Ir: ZA 1.• PIEZA 5.• I'IEZA 6. a PIEZA Mandatos del Capitán 1) ¡Carguen con granada! sobre la 3.• pieza. ¡A I,Soo metros! ¡Fuego por el ala derecha! 2 y 3) ¡ Con la kurbel á 1,400 y 1,5 oo metros! 4) Conservar la distancia de I ,47 5 metros. ¡Repartan el fuego! Apreciación de la dirección del tiro-Las voces de mando son las reglamentarias y adecuadas al fin que se persigue en el tiro. La determinación de la tenaza de los límite& de la distancia (dis­paros 1 á s), C'"Stá hecha de acuerdo con las reglas. Tras el segundo disparo la distancia ie disminuyó 400 metros en vez de 200, en obedecimiento á lo prescrito en el reglamento, "si el primer dis­p- uo es observado más allá dd blanco (detrás de éste), la distancia se disminuirá en el acto y la corrección se hará bastante enérgica para que pueda contarse con que el siguiente disparo sí cae ade­lante del blanco," procedimiento perfectamente justo y arreglado á lo que enseña la experiencia en el particular. La continuación del tiro da 3 grupo& de disparos cortos ( I ,550, 1,57 5, I,6oo); el Capitán creyó mal hecha la observación del tercer disparo y lanzó el 14 charol blanco, pero ya sea por la mala calidad de este material ó por otros motivos, la idea no ha prosperado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 526 BOLETÍN MILITAR No apartándose mucho del tipo especial de ros, sin aumento sensible de peso, tal vez se lograra lo apetecido, alterando su he­chura en algunos detalles, trocando la superficie desarrollable que hoy presenta la imperial por una p "ximamente semi~ elisoidal, se­mejante á la superior del cráneo, que colocando todos los puntos de esta cubierta á igual distancia de la cabeza, haga imposible el contacto, y agregando en la parte posterior y lateral una cot;otera de forma tronco-cónica, de tres ó cuatro centímetros de altura, las generatrices se desvíen cuarenta v cinco grados, próximamente, de su eje. La supresión de todo adorno metálico es de creer que permitiría hacer estos cambios sin notable sobrepeso. La gorra de cuartel sin visera ni cogotera no se sujeta á la cabeza ni tiene en su ab0no más que la facilidad con que se pliega y puede guardarse en cualquier parte. Un casquete de lana de sec­ción semi-elíptica, con visera y cogotera de paño, ó una gorra sin visera y de plato grande, disfrutarían de las buenas condiciones de la gorra de cuartel y subsanarían en algo las faltas de que ésta adolece, por la posibilidad de inclinarlas en uno ú otro sentido, según indiquen la dirección del sol, del agua ó del viento. Con tituirán el vestido de la cabeza según lo dicho: Un capaccte de fieltro gri , con imperial de cuero de forma elipsoidal, visera y cogotera y sin ningún metal ni adorno. Una gorra de paño que no tenga visera de cuero, pero pu­diendo tenerla de paño ó suplirla por su hechura. 111- Equipo El equipo de nuestras tropas de infantería es bastante lógico, dadas las bases de que se ha partido para su disposición, pero tal vez estas bases sean provechosamente modificables. La colocación de la mochila (morral) apoyándose sobre los omoplatos é insistiendo sobre la región dorsal, no es conveniente, y no es necesario detenerse mucho para comprender el flaco de esta disposición. Cuando el hombre, estando en pie, no soporta carga alguna, la vertical del centro de gravedad pasa por dentro del polígono de la base de sustentación dibujado pvr el contorno exterior de los pies y las rectas que los unen, y el equilibrio es perfecto. Al colo­carle un peso cualquiera, es claro que si el centro de gravedad de este p(:SO no coincide con el del cuerpo, será preciso un esfuerzo muscular para traer la vertical del centro de gravedad del sistema á la posición de equilibrio ó para resistir el empuje que tienda á variar la base de sustentación. Dada la distribución actual del equipo, se comprende que coloc;.¡,das la mochila, la cartuchera y la manta á la espalda, con más cuatro paquetes de cartuchos sobre la mochila, el peso de los cartuchos colocados en la parte anterior del cinturón no basta á contrarrestarlo, y de aquí la inclinación del tronco hacia adelante, mantenida por la tensión muscular, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN l'diLITAR • 527 cuando el hombre permanece quieto y la imposibilidad de ejecu­tar muchos movimientos sin violento esfuerzo y sin riesgo de caída cuando marcha. Para sostener la mochila en la posición indicada, se emplean dos correas laterales que arranquen de la parte superior é interior que está en contacto con la espalda y terminan en la parte infe­rior rodeando el hombro; si el soldado cede á las fuerzas que soli­citan los hombros hacia atrás, disminuye el volumen de la cavidad torácica, y de ello resulta dificultad en la respiración y natural­mente gran fatiga; si, por el contrario, reobra contra ella, es mer­ced á una tensión conitnua y no menos violenta de los músculos angulares del omoplato. En todos los casos estas correas perj u di­can grandemente los m o vi mi en tos del" brazo en su articulación escápula-humeral, y lo mismo que las de la cartuchera y toda otra que tenga por objeto sostener un peso, á no ser bastante anchas, lo hacen soportar á una reducida superficie, dando lugar á excesiva ompresión. · Para remediar este mal se propone el sustituírlas por un co­]. eto de lona en el que se in:>erten, por medio de correas cortas y (>asadores, todos los pesos que haya de llevar el soldado. Con esto e conseguiría que aumentando considerablemente la superficie de , ontacto, la pre:>ÍÓn en cada unidad tuera mucho menor y )a mo­). estia otro tanto más pequeña. Es decir, que repartiéndose en rnayor espacio estos pesos, no fuera necesario, para conseguir la imprescindible fijeza, ejercer compresiones locales, como la que se fla citado en el brazo ó la que producen el ceñidor y los tirantes ~e la cartuchera en la cintura, en el hombro y en toda la extcn­s ión de su longitud. Ciñéndose al cuerpo este coleto y estando invariablemente unidas á él todas las partes de la carga, no sufrirá ¿sta ninguno de los balanceos ni desviaciones, que tan inesperadas resultantes producen al ejecutar algunos movimient<;>s, haciendo finalmente las veces de unas correas cuya anchura fuera la máxi­nna que permite el cuerpo sin tener la contra de ser duras y siendo nnucho más ligeras. Para ponerse el equipo se tiene que emplear algún tiempo, s1iendo siempre necesaria Ja ayuda de un extraño y un minucioso c .uidado para que cada efecto quede en el sitio que debe ocupar, s1iendo muy frecuente que la pérdida de alguna de las partes que ho componen afecte á la seguridad de las demás. Con el coleto macla de esto sucedería, puesto que preparado siempre y llevando e:n sí todos cuantos objetos no deban separarse del soldado, no t:ardaría éste más tiempo en hallarse equipado que el necesario p>ara pasar los brazos por las escotaduras de las mangas y abrochar leos botones que los sujetan por su parte anterior, operación cuya bJrevedad no hace falta encarecer, pudiendo en certísimo espa­c: io pasar de la situación de no llevar sobre sí ningún objeto del ecquipo á la de tenerlos todos convenientemente colocados. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 528 BOLETíN MILITAR Por la configuración humana, la espalda es una de las partes más distantes en sentido horizontal de la vertical del centro de gravedad. Siendo así que la situación más favorable de una carga es aquella en que su centro de gravedad diste menos de esta ver­tical, la curvatura sacro-coxígea brinda una cavidad que permite colocar un peso acercándose á ella todo lo posible. La proximidad absoluta al centro de gravedad de esta región permitirá mayores desviaciones del tronco, sin riesgo de perder el equilibrio y mayor libertad en todos los movimientos. Siendo causa su estructura de que la presión que sobre ella se ejerza, no se transmita á órganos importantes, entorpeciendo sus funciones. Si á más de esto se. logra que el peso de la parte de equipo colocado á la espalda, sea contrabalanceado por otro colocado en la parte anterior de la cintura, se habrá conseguido que coinci­diendo el centro de gravedad de la carga con el del hombre, no se varíe la situación de este punto después de cargado, y por lo tanto no se le obligue á un esfuerzo para que no se alteren las leyes sa­biamente dispuestas del humano equilibrio; esfuerzo que no siendo de provecho para el transporte, debe amenguarse en cuanto se pue­da, con el fin de no distraer cantidad alguna de fuerza del objeto á que se deben aplicar todas. En esta carga hay que distinguir los efectos del equipo que forman el peso útil y el vehículo, ó sea lo5 medios de colocarlos sobre el soldado, que no teniendo otra aplicación que encerrar y sujetar á los primeros, constituye un peso muerto. El trabajo des­arrollado será tanto más fructuoso culnto más se disminuya el peso muerto; por eso, á vuelta de conseguir mayor ligereza, deben sacrificarse en el vehículo otras condiciones menos importantes. Esta razón es la que mueve á emplear la lona como princi­pal materia para la construcción de estos efectos, no usando el cuero sino en donde convenga mayor resistencia. Para terminar con la colocación del equipo, se propone en concordancia con lo expuesto: 1.0 ~le la mochila-morral con tapa de cuero se sitúe en la parte inferior del dorso. 2.0 Que los cartuchos se distribuyan en dos canana5 de 30 cartuchos, sujetas en la parte anterior de la cintura. 3·0 Que los 4-0 cartucho que restan de la dotación se colo­quen en cargadores rápidos del si tema Krnka, en cartucheras á la circasiana, de un solo paquete, en las regiones laterales del pecho. 4.0 Que la m;mta se lleve rodeada á la mochila ó arrollada como bandolera, yendo cubierta con un rectángulo de tela imper­meable. 5. 0 ~e en la parte superior de la espalda se sujete una pala, pequeña, de acero, cuyo mango sería la bayoneta. 6.0 Que esta bayoneta vaya al costado izquierdo y la bota al derecho. (Continúa) NAZARIO CALONJE Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 149

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 158

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ARO IV Bogotá, Junio 30 de 1900 NUM.158 ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DuacToR AD·HONOUM, FRANOISOO J. VERGARA Y V. Geue1•al, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este peTiódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República República de Uolom.bin-.llinifoJterio de G1lB1Ta- Sección 1 ~-Nú­mero 3:13-Bogotá, 22 de Junio de 1900 Señor Pre~ideute de la Cotte de Cuenta_ Para evitar tropiezos y dificultades á Jos re:;ponsahles mi. litares al Emrio, manifiesto á '"1-;ía que . ·iendo el Boletín Jllili­tar órgauo oficial de e:-,to l\Iini ·t _.rio, las piezas que cu él se encuentren publica(la :111 la s<'cción Ojicial haeen f~ como si lo estuvieran en el JJia'rio Ojioial, y, por lo ta11to, hu tau á los in­tere ados que la. pretSenten eu esa Corte para los efectos legales. Dios guarde á U sí a. MANUEL OASABIANCA ...... 11 HOSPITALES :CE SANGn:m DECRETO NU:\1ERO ... DE 1900 por el cual se establece un Ho pital de Sangre en Girardot bajo el nombre de La Cruz Roja El Jefe Civil y Militar de Girardot CONSIDERANDO Que en el campo de batalla de A.mbato ha quedado gran número de horidos do una y otra parte, y que es urgente orga .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 786 BOLETÍN MILIT A.R nizar un Hospital para recogerlos y atenderlos debidamente como cumple á un Gobierno civilizado, DEO RETA Art. 1.° Créase un llospital de Sangre que se denominará de La Oruz Roja de Gi'ra'rdot. Art. 2.o El Hospital estará servido con el siguiente per-sonal: ' Un ~índico ad honorern. Un :Médico Jefe, con la asignación de$ 400 mensuales. U u ~fédico auxiliar, a. imilado á Coronel para los efectos fiscales. . Un Practicante, asimilado á Teniente Coronel. Tres Practicante auxiliares, asimilados: uno á Capitán y dos á Sargeutos seg-undo . Cuatro Ordenanzas: a imi:ados á Sargentos; uno de los cuales estar{t al servieio esp cial del Médico Jefe. § La admini~traeíón interior del Hospital estará á cargo del iguiento p rsonal: Una admiuktnul ra, asimilada á Teniente Coronel. Una auxiliar de la. Di•· ctora, a imitada á Sargento :Mayor. Dos enft>rmera~, asimiladas á S:ug-ento segundo , y Una sirdenta, a-;imilalla. }l • o Ida do. Art. 3. 0 Son atribuciones y deberes del SíniN1do má!-1 qne cuatro horas de clistan­cia, no haríau falta en anclo se neee, itcn. Que clig·no del nomhre ele t{tl." En lo ejércitos moderno~, af.\Í c0mo ent.re los antiguos romanoR, es la primera necl•sidagos vencieron á A ia y gob<'rnaron al mundo. Quizá será tri te considerar que para manteuer en nue~­tros días la disciplina e necesario acudir á ht se,.,.era repre~ión del Código Penal; sin (>mbargo. lo mismo nceleza~ de su~ oluados, Roma exigia an recompon ·a· para estimular la, hon­radez y los acto" a.l. En una palabra: la disciplina, tal como existe en los eji}rcitos moder­nos, á pesar de los más severo artículos del código, es muy tlulce comparada cou la que sujetaba á la \'erdadera nobleza romana. Sin dejar de reconocer que la arg·o, la l1i" toria. nos refiere el inconcebible terror que ~ apoderó de ellos en Villars, de pués de hab r ganado la hat.aJia de ~...,ri ulingen en 1702, y en 'Vagram, también lespnés tlel triunfo y cuando t l enemigo se declaraba n eom pleta. re ti rada., si ~u e lo lo más extraordinario, según no uice Jomini, la d rrota do 1 07 bri­gada, en el sitio s palitbras: "Hé aquí lo qne tengo que de­ciros. ¡Veis esos franceses l Pues bien, . i uo los matáis, ellmt os matarán." Esta sencilla alocnción fue reeibida con uu ver­dadero entu iasmo, mezclado de cierta. alegría, y produjo su efecto, pues aquellos soldados respoutlieron inmediatameute á lo que de ellos se esperaba. Cuando lo olda.<.los e8tán dominados por una. verdadera disciplina, un llamamiento á su ánimo no aumenta en nada su val<;>r: la resignación en lo .. ufri mi en tos, en la fatigas y en las privaciones, y la tranquilidad de espíritu en medio c.le las contrarie<.lade , son los caracteres de las tropas bieu discipli. nadas. . Es forzoso convenir que la di~ ciplina. en el ejército belga no se encuentra á la altura que sería de de ·ear; circuustancia dispensable hasta cierto punto, dada la juventud de los solda­dos y el poco tiempo qne permanecen eu las filas, particular Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ,92 BOLET.f.N MILIT.A.B mente en las de infantería, donde no sirven sino dos años sobre las armas 6 en activo, en cuyo tiempo uo es posible formar un soldado; para conseguir, pues, el ohjeto son necesa­rios tres aiíos, pinzo del que 110 debiera prt"scindirse jamás, porque en el primero y S<)guntlo el recluta no lla podido olvidar Jas coRtuml>re libres de Ja vida civil, y por cousig-uiente, mu­cho menos conocer la importancia que tiene eu el ejército la di8cipliua. La cuestión se comJ)lica todavía, atendida la considera­ción de que la mayor parte de lo~ reclutas que entran hoy día al <)jército~ además Jo por sacudir todo (lominio.y por mostrar repugnancia á lo que sea guardar respeto á Jos magis­trados, dignidades de la nación y {-., los jeft~s militares,. no se comuniea al ejército y debilita :su tlisciplina! Lo contrario sería pedir un impo il>le. A n uet'tra V< z pregu u tamos: 'es factible que Jos jefes y oficiales puedan corregir y modificar estas ten­dencias eu dos años, tiempo máximum que, como dejámos dicho, deben permanecer los soldados de infantería en el servicio ac­tivo' Las estadL ti ca acusan un descenso en el número de re­clutas procedente de la clase que en otra oca8iones formaba el nervio del ejército, es decir, los labradores; ahora, por el contrario, arrojan las cifras un aumento en la proporción de obreros de fábrica, mecánicos, estuuiantes y jóven~s pertene· cientes á las clases entregadas á costumbres licencio as y pro­picios á influeucias desmoralizadoras, defectos desconocidos para los individuos que antiguamente constituían las dos ter-ceras partes del (._jérci to. . Todavía. existen otras. causas especiales de indisciplina. La proporción de los ~oldado.s jóvenes es mucho mayor que en otras épocas, y por otra parte, los soldados veteranos, para quienes la disciplina se tornaba una costumbre, se hallan conta­giados por los primeros; de snerte que estos últimos carecen de la iuflueucia que ejercían en tiempos pasados. El recluta pasa. un período tan sumamente corto &obre las armas, que no es posible pueda considerar al regimiento como Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BO.U.ETÍN MILITAR su propia familia, perdiéndose, por consecuencia, ese poderoso espíritu de cuerpo que nne á los oficiales y oldados con gran ventaja. Otra circunstancia más que se opone á la perfflcta constitución del fl-jércifo, es que cada (lía que pasa es más di­fícil formar buenos sargentos; todo rl ()Ue tiene alguna idea de la profesión mili!.ar, sabe que la fnerza efectiva y la disci­plina depende sobre to(lo de la ealidad de los cuadros de sar­gentos, que con razón se les llama. los nen·iN~ del ~jército. Son necesarias muchas condiciones para llenar cnmplidamente di­cho empleo, condiciones que no se a<.lquier~n en tres ni eu cna­tro años; el ~argento <.lebe tener Ja voz fuert~, buen estilo de maudo~ aire militar, energía para rPprimir las más pequeñas faltas de sus sul>ordiuados, saber in pirarle re peto, y tener cierto tacto; por otra parte, debe po, eer una mediana instrue­ción, alguna inteligencia y amor al oficio. Extraño es hoy en­contrar en los iudividno:s estas cualidades reuuidas, por cuya razón es nmamente (lifícil á los jefes de cuerpo Ja. elección en­tre los canuidato á la clase ele argentos, y eu lo más qne pueden fijar e es en el carácter y el temperamento. Las r nuucias al empleo do cauo ·on tan numerosas, que ]os coroneles so ven obligado á nombrar do ofic.io para e te cargo á lo que uemuestran tener a Jguna aptittu.l para Rn des­empeño y saben leer y escribir correctamente; por lo tanto, es imposible que hombre, obligado~ por Ja circunstancias á nnn po ición á la <}ue 110 eH án habituados, dejen de abmmr en oca­sione de ·u autoridad; así que, en vez de unir á la firmeza ue carácter, eJ tacto y la moderación, tan itHli~pen al>le para los que mandan, á fin de aco~tumbrar iusensiblemente á los recluta á la obediencia, los exasperan con frecuencia y les obligan á ejecutar actos 6 á pronunciar frases que, en interés de la discipliua, deberán reprimirse . everamente. R~ timen de las con, ideraciones expuestas: la 'disciplina no es ya lo que en otras épocas, y las causas de tan deplora­ble estado de cosas se hallan íntimamente ligada con lás con· diciones actuales del ejército y de su composición. N. ADTS (belga) ~·· En épocas de revueltas y discordias civiles Jas ciudad~s popu­losas y los centros fabriles suelen ser teatro de luchas sangrientas é irregulares, producidas por las masas que con cualquier pretexto se declaran en abierta rebeliün contra el gobierno y hacen nece­saria la intervención de la fuerza armada. El empleo de ésta (sujeto en tales ca&os á consideraciones de índole varia) presenta serias dificultades al Jefe superior que la dirige, pues además de que pocas veces podrá tomar con la debida oportunidad las medidas preven ti vas, si la excesiva tolerancia ó el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIM MILITAR deseo de restablecer el orden por medios pacíficos ha dejado á los revoltosos tiempo y libertad bastantes para organizarse y hacerse fuertes, al entrar en acción se ve precisado á hermanar la energía con la prudencia, respetar al vecindario pacífico y evitar toda vio­lencia injustificada, que envuelve para él una grave responsabilidad. La agitación sorda que precede siempre á un motín popular debiera ser síntoma suficiente para tomar cuantas disposiciones concurren á sofocarlo, ocupando militarme:nte los barrios revoltos sos, impidiendo la reunión de grupos y la formación de barricada­y prendiendo á los primeros alborotadores, lo cual bastaría para hacerlo abortar; mas sucede de ordinario que, por respeto exce­sivo á la ley, por sostener el prestigio propio ó por evitar la efu­sión de sangre, la autoridad civil no resigna el mando hasta adqui­rir convencimiento de su impotencia y cuando la conflagración es general. Entre tanto, las precauciones se han reducido á encerrar las tropas en los cuarteles, las barricadas se han hecho, el paisanaje, poseído de audacia, creyen~o debilidad lo que sólo es prudencia y conmiseración, se ha armado y reunido en ellas, y la ciudad pre- · senta un aspecto amenazador. Llegado este extremo, es inútil apelar á los retenes y patru­llas, que sólo sirven para exponer las tropas á los insultos de la multitud y desprestigiarlas, y por sensible que sea, se debe obrar con toda energía, mirando sólo por el bien general y por el solda­do, cuya vida es preciso economizar á todo trance y reservarla para empresas de más gloria. Hechas las intimaciones de la ley y prevenidos los habitantes pacíficos para que se recojan á sus hogares, salen las tropas de los cuarteles, se reúnen en los puntos designados de antemano, que p9r su situación dominan mejor los focos principales, y desde ellos entran en acción resueltamente. Hay que tener en cuenta que la fuerza de las barricadas no consiste en ellas mismas, que son unos imperfectos parapetos, sino en su situación y en el apoyo que reciben de las casas laterales, por lo que bastan algunas para convertir un barrio en fuerte ciudadela. Es, pues, temerario atacarlas de frente y penetrar l Clesc hierro en las calles que dominan, porque si bien subsistirá siempre la ven­taja que tiene la tropa organizada sobre los paisanos, será muy cos­tosa su conquista. Los puntos de partida para su ataque deben ser los edificios fuertes, situados en las calles y plazas principales que se ocupan con las tropas, y desde los cuales se parte simultáneamente con­forme á un plan, que se dirige á aislar y envolver el barrio ó la zona teatro de la insurrección. La infantería, auxiliada por los ingenieros, avanza metódica­mente de unos á otros puntos hasta llegar al foco principal y des­truírlo. La caballería rodea el exterior cerrando las salidas y carga sobre los grupos que acuden á reforzar á los revoltosos y sobre los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETiN MILIT.A.B TOI fugitivos. La artillería se emplea s ún las circunstancias; lo na­tural es que obre desde fuera, pero en ciudades grandes puede com­batir dentro, ocupando las plazas y calles anchas para facilitar la acción de la infantería, batiendo los puntos más fuertes y acompa­ñándola en sus progresos, aunque sin encerrarse donde no pueda maniobrar. La artillería de montaña es más útil para esto que la montada, porque circula mejor y puede establecerse en las encru­cijadas. El ataque directo contra las barricadas no debe intentarse • si no se tiene la persuasión de que están mal defendidas, y aun así, se efectuará con el apoyo de algunas casas laterales tomadas primero, avanzando á la desfilada por a m has aceras para presentar menos blanco ; mas si la resistencia es fuerte, se debe renunciar á este medio, que sería muy costoso, y asaltar las dos primeras casas que forman la e m boca dura de la calle, tomadas las cuales, se avanza por las demás derribando paredes medianeras y haciendo fuego sobre las barricadas desde los balcones. Bajo esta protec­ción, las reservas adelantan por la calle y ocupan aquéllas al aban­donarlas los insurrectvs. Al encontrar una calle transversal, se rompe un fuego nutri­do contra la casa de enfrente que distraiga á sus defensores, mien­tras una fuerza provista de útiles y cartuchos de dinamita la ataca por la calle, ro m pe las puertas y la toma por asalto. Este procetlimiento, por varias calles á Ja vez y en dirección convergente, va estrechando á los insurrectos en el centro de su zona, el que de ordinarío abandonan sin defensa, por miedo á ser cogidos, buscando la salvación por las salidas, donde la caballería que los espera completa su derrota. El combate de barricadas por la noche es imprudente, si viene sosteniéndose desde el Clía ó el enemigo es muy fuerte; mas hay ocasiones en que un ataque súbito y bien estudiado, en hora inesperada para el adversario y cogiéndole en tal de cuido que sea fácil sorprenderle con la bayoneta á la vez que con el fuego, pue­de dar buen resultado y ahorrar una lucha larga y penosa. ANTONIO MORENO CHURRUCA SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continuación) Después de las inspecciones de escuadrón * se pasa á los ejerci­cios de regimiento, que duran de diez á quince días. No he podi­do asistir á ellos personalmente, como tampoco á los de brigada • Las cuales terminan la escuela de eaouadr6n, propiamente dicha, y de laa " qua bablar.mos más. adelante. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR que les siguen, pero según lo q de ellos sé por las noticias que he recogido, se distinguen también por su extrema animación y por la mayor rapidez posible en la ejecución de las formaciones. Se ve, pues, que la escuela de escuadrón es para la caballería como la de compañía para la infantería, la base de toda la instruc­ción de maniobras. Así pues, se le consagra el mayor tiempo posi­ble, porque además de las seis semanas que se le reservan de una manera exclusiva, se vuelve á ella con toda la frecuencia que sé: puede durante el curso del verano. Los ejercicios de regimiento, por el contrario, y con mayor razón lo~ de brigada, tienen por exclusivo objeto dar á los capita­nes, como en general á todos, una idea de las reglas que deben observarse y de los medios prácticos que cieben ponerse en obra para dirigir simultáneamente varios escuadrones reunidos, y por consiguiente no se pierde en ellos mucho tiempo. Así, se juzga por completo suficiente destinar cada año á los ejercicios de regi­miento catoru días, durante ]os cuales el coronel alcanza á mandar unos diez ó doce ejercicios. De estos catorce días se toman en la guardia diez· durante la primavera, y los cuatro restantes en el otoño. En la línea no se hacen estos ejercicios en ]a primavera, es decir, antes del período del servicio de campaña, y los catorce días que se les destina se reservan para el período de los ejercicios J¿ oto­ño, es decir, hacia la segunda mitad de Agosto. Los coroneles no tienen derecho á hacer practicar mayor númtro dt ~itrcicios de regimiento, porque para efectuarlos tendrían que sa­crificar una parte del tiempo reservado á otras·enseñanzas. U na sola semana por año se consagra á las evoluciones de brigada, ·que únicamente comprenden cuatro días de ejercicio. La artillería á caballo toma parte en los dos últimos. Estas evolucio­nes de brigada, así en la guardia como en la línea, no tienen lu­gar hasta el otoño, á continuación de las de regimiento. Para eje­cutarlas, los regimientos de la línea se reúnen temporalmente, lo que obliga á ciertos cuerpos á efectuar algunas jornadas. Los ejer­cicios de regimiento deben, por lo tanto, terminarse para el día de la partida; ó bien, si por consecuencia de las circunstancias locales no pueden hacerse en la guarnición, el regimiento debe presen­tarse en el lugar de concentración designado con bastante antela­ción para ejecutarlos antes de las evoluciones de brigada. En cuanto á los ejercicios de división, no se hacen jamás, aun en puntos donde se reúnen divisiones de caballería, teniendo en cuenta, en efecto, que es impo5ible hacer obrar simultánea­mente una masa tan considerable, y que operaciones de este gé­nero entran en la categoría de las maniobras de guerra*, como lo veremos más adelante. • O grandes maniobra·, esto es, las qne se hacen en un terreno cualquiera, con fin táctico, por oposici6n á las evoluciones que no son más que maniobras de e::.cuela ejecutadas en el campo de ejercidos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE1íN ~ITAB Toda la caballería, á excepción de los coraceros, está ejerci­tada en la práctica del combate á pie. Sabido es que en Prusia los dragones y los húsares, entre los cuales no hay más diferencia que el uniforme, constituyen en reali­dad una misma institución, por completo análoga á la representada en Rusia por los dragones. * Son, pues, realmente 43 regimientos de dragones * los que posee Alemania. Para la ejecución del combate á pie, tres hombres de cada cuatro echan pie á tierra, á saber: toda la segunda fila y los n ú­meros impares de la primera. Hé aquí, por lo demás, cuál es el mecanismo de esta operación. A la voz de prepararse para comba­tir á pie, Jos números pares de la segunda fila no se mueven; todos los demás avanzan hasta que se encu~ntran separados un Cuerpo de caballo uno de otro. El escuadrón se encuentra así formado en cierto modo en cuatro fil~s; delante los números impares, y detrás de ellos los números pares de la primera fila, después los números impares y detrás lo pares de la segunda. A la voz de pie á tierra (abge¡en ), todos se desmontan, á excepción de los números pares de la primera .fila, que quedan para guardar los caballos, y á los cua­les los números impares de esta misma fila les confían sus caba­llos, dando media vuelta y presentándoles las riendas por el lado izquierdo. Los números impares de la seg•mda fila, por el contrario, des­pués de haber pasado sus riendas por entre las de los números pares de su fila, se las entregan por el lado .derecho á los jinetes de los caballos de mano. Cada uno de éstos debe, pues, manejar con la mano tres caba1los, uno · á la izquierda y dos á la derecha. El hombre no tiene, sin embargo, en las manos sino dos pares de riendas, á causa de la manera como se han pasado unas dentro de otras en los caballos de la segunda fila. El pelotón del escuadrón ó el escuadrón del regimiento que debe permanecer á caball.o para proteger á los caballos de mano, se designa en cada circunstancia por el capitán ó el coronel. En los regimientos ~e hulanos, los 32 hombres del escuadrón que están armados de carabinas, son los únicos que echan pie á tie­rra, dando cada uno de ellos su caballo y su lanza á su inmediato vecino de la derecha. El escuadrón se encuentra entonces disminuí do en 64 jine­tes, y los 32 de los caballos de mano se reúnen á retaguardia de sus compañeros que han quedado á caballo y que deben cubrirlos. Como no hay en el ejército prusiano sino 19 regimientos de hulanos, de los cuales 3 son de la guardia y 10 de corac::eros, de éstos 2 de la guardia, resulta que la caballería prusiana es en su mayoría caballería ligera. • Es decir, forman la caballería ligera clel ej6rcito alemán. En el ruso, por el contr;~rio, los htísares son la caballería de línea. • Veintiséis regimientos de dragones, de los cuales dos perteneotn 'la Ínat· dia, y diez y siete de h1Ísares, de ellos uno de la guardia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. T9S BOLETlN MILITAR Véase aquí, por último, cuál es la disposición normal admi­tida para la ejecución de una carga y á la que se someten en los ejercicios del campo de maniobras. Para iniciar el ataque se toma la distancia de 1,soo pasos (1,200 metro-; del enemigo). Los primeros 8oo ó I,ooo pasos se hacen al trote; se recorren además 6oo ó 400 al galope, y los 100 últimos al aire de carga. Estas reglas están muy lejos de ser absolutas, y no hay rna­n~ obra alguna en la ql;Je no se . haga cargar. á la tropa d~sde la posición de á pie firme, hallándose el escuadrón en las más varia­das formaciones y en el momento en que los soldados menos Jo esperan. Se obliga á todos así, á estar constantemente atentos á la vez que se llega á arraigar en la mente de todos la convicción de que la caballería puede cargar por todas partes, en todas las di­recciones y cualquiera que sea la formación en que se encuentre. Se ve, pues, en resumen, que los ejercicios de escuadrón, más que cualquier otro ejercicio, exige de parte de los hombres y de los cab. llos una manifestación de vigor y energía considera­bles, y constituye en su consecuencia la mejor preparación para Jos trabajos del período de strvicio de campaña qnc aeben seguirle. Los caballos de la remonta antigua toman parte en estos ejerci­cios; así pues, con el objeto de no hacerles pasar súbitamente á un experimento demasiado rudo, muchos capitanes cuidan de dar de cuándo en cuándo algún reposo á aquellos que lo necesitan. Aprovéchanse para esto los caballos que dejan disponiblr.s los en­fermos ó ausentes, á los cuales se hace ocupar el puesto de los que se trata d dejar en descanso. Las inspecciones En la caballería como en la infantería, puede decirse que la primavera es en cierto modo la estación por excelencia para las inspecciones. Así pues, y aun cuando cierto número de ellas tengan lugar en otras épocas del año, creemos conveniente pre­sentarlas todas aquí en conjunto, tanto más cuanto no sabría­mos hacerlo mejor para dar una clara idt"'a de la instrucción de un regimiento de caballería en general y de todo lo que sus jefes exigen de él. Véase aquí, pues, en primer lugar su enume­ración con sus fechas aproximac:ias. * Fin tle Diciembre-1. 0 Inspección de los reclutas (trabajo en silla y bridón), pasada por el jefe del regimiento. A principios de Enero-2. 0 Inspección de la primera clase de equitación (trabajo en silla y bridón), por el jefe del regimiento. Fin de Enero-3.0 Insper.ción de la tercera clase de equita- • Se comprenderá que éstas no son en efecto sino las fechas medias, que Tadan realmente en uua decena de días, en uno 6 en otro sentido, r;egtín Jas exigen­cias de los jefes de cuerpo y los ptogresos que tenga hechos la instrucción de lo:~~ Jeolutas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MIL IT A.R . El regimiento de caballería designa á este efecto uno de sus más antiguos tenientes, quien dos ó tres veces por semana hace montar á caballo á todos los oficiales de infantería. * Esta instruc­ción comienza hacia el 1.0 de Octubre y dura próximamente seis meses. Los caballos Jos proporcionan los escuadrones, y en los úl­timos días del curso el oficial instructor presenta 'los oficiales de infantería á la inspección del jefe de brigada. Gracias á este sistema, aplicado rigurosamente por to~as . partes, puede decirse que . no hay en todo el ejército prusiano un solo oficial que no sepa montar á caballo . .A principios ó á mediados de Mayo- -8. 0 Inspección del escua­drón á caballo por los jefes de regimiento y brigada, y en la guar­dia por el comandante general de la división. Fin de Mayo ó principios de ]unio~9. 0 Inspecciones del regi­miento á caballo por los jefes de brigada, y en la guardia por el .Emperador ó un delegado suyo. En la línea esta inspección sólo tiene lugar en el otoño. Fin de Mayo-Io.0 Gran parada pasada por el Emperador, sólo para los regimientos de la guarnición de Berlín. En ]unio- 1 1.0 Inspecciones de brigada, pasadas en la Guar­dia por el Emperador, y en la línea, donde sólo tienen lugar en otoño, por los generales de división ó de cuerpo de ejército. En fin, en Mayo, Junio ó Julio- 1 2.o Inspección de detalle, pasada cada dos años por el jefe de la brigada, al cual se le agre­gan en esta ocasión algunos funcionarios de la intendencia. Esta inspección se limita á un detenido examen de todo el material del cuerpo, y no se refiere ni á los hombres ni á los caballos. La atención del insp~ctor se contrae principalmente á todo lo que respecta al equipo del regimiento en caso de movilización. No hay en la caballería más inspecciones que las que acaba­mos de enumerar. Sin duda, la instrucción de las tropas á caballo comprende toddvÍa otras especialidades; * pero para juzgar del estado de las cosas desde estos diferentes puntos de vista, los gene­rales ó jefes de cuerpo se conforman con asistir á los ejercicios · habituales del regimiento, lo cual hacen frecuentemente, sobre todo durante el período del servicio de campaña. Todo lo que he dicho al hablar de la infantería, respecto á la manera como se pasan las inspecciones, puede aplicarse entera­mente á la caballería, y en su consecuencia no lo repetiré aquí. Siempre y en todas ocasiones se mantienen los mismos principios, y para dar á conocer las ideas reinantes en Prusia respecto á la caballería, me bastará describir algunas de estas inspecciones pa­sadas por oficiales cuyos nom brcs tienen autoridad en el ejército. • N o se hace aq u! referencia de los capitanes de infantería, que, como e. sa­. bido, on plaza~ montadas y no nece itan de estts lt>ccione patticulares de equita. ción, ba.tándoles su servicio haqitual-\Nota de Mr. J.e Marchancl¡. ··• Como por ejemplo los ejetcicios de tiro al blau.:" y servicio de campllña, tlel c¡ne hablaremos más adelante. (Continúa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 801 • EN EL COMBATE ( Contiuuación) Sin embargo, no hemos de pasar en silencio que la aplicación de estas prescripciones y de estos principios no se ha hecho nunca en la guerra, hasta el presente, sino en situaciones poco importan­tes; y que los más amplios ejercicios de paz sobre el terreno no per­miten deducir conclusión alguna válida acerca del mejor medio que puede emplearse en la guerra para que el jefe de batallón no deje al suyo sustraerse de su acción directa.* En los ejercicios dei tiempo de paz va con facilidad á caballo hasta las guerrilla , ya para dirigirlas, ya para ver las disposiciones to,nadas por el adver ari ; y esto le permite dar directamente las órdenes necesarias, yendo montado de unas compañías á otras, ó bien enviando al Ayudante con las pre c ripcione más precisas. Puede corregir fácilmente todo error; d e tener á tiempo cualquier fracción que avance dema iado ; dejar á Io ~ sostenes que sigan mucho más pró,·imos d~ lo qu e . e ría racional en la guerra ; lle­varlos al frente, en un in stante Jado, al pa o ligero ó á la carrera, en el preciso momento de ser inJispensable la pre encía de los mis­mos (cosa que en la guerra no sería muy factible por impedir la demasiada distancia un paso muy precipitado); modificar sin in­conveniente cualquiera orden dada, y por último, y aun en los ejercicios, hacer ejecutar con facilidad cambios de dirección bajo el fuego; en una palabra, puede facilitarse hasta el infinito la tarea del mando de su batallón, con medidas que le es absolutamente imposible emplear en la ~uerra. En esta última situación, en efecto, todo error cometido por eJ jefe de batallón es fatal, puesto que da por re ~ ultado privarle de alguna fracción Je su tropa. Añádase á esto, que más de un detalle de ejecución, que en otros tiempos era :1plicado como regla, y yue muchas veces lo es todavía en el campo de maniobras, puede ser precisamente en la guerra una falta capital. Entre esos detalles se cuenta el que anteriorm~nte hemos mencionad , es decir, la demasiada prema­tura dispersión de las fracciones al iniciarse el combate, operación que en pasadas ép:.>cas tenía iugar siempre tan luego como había de hacerse u o de las guerrillas. Esto obedecía á que no se conocían sino dos clases de formaciones de combate: la columna sobre el centro, ó las columnas de compañía con distancias enteras. Débe- • E·te estudio es anterior á la guerras modernas, en donde han figurado los m~-; re~iente~ progr~~o• en m Lt e ri :l de arm:t nento, y sin ecnb:1rgo guarda su actu:~.­\ idaltá oo;ervarlo ellectH que lo cútej1 C;>U lo sucedido en ellas. ~ IANCO Ut Rt: PUBL& Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 802 BOLETíN MILIT A.R se también contar entre dichos detalles, el despliegue de compa-. ñías enteras, en previsión del combate, á una gran distancia del enemigo; maniobra esta favorita del campo de instrucción, donde la voz tal compañia, al frente en g-uerrilla (sin indicación de un objetivo determinado), llegó á ser tan habitual, que se perdía por completo de vista que, con sólo esa voz de mando en la guerra, su:,traía el jefe de batallón toda la compañía á la acción de su capitán ó comandante, y con mayor razón á la suya propia. Por último, preséntanse en la guerra casos e~1 que, á ~onse­cuencia de una preparación insuficiente, las compañías se escapan, durante la ofensiva, á la acción del capitán más hábil, sin culpa alguna de éste; y en que el jefe d~ batallón se fatiga en vanos es­fuerzos para obtener una acción colectiva. Por ejemplo, en el instante en que llega bajo el fuego, ordena á una compaitía que avance en una dirección determinada, para atraer el del enemigo y poner al batallón al abrigo de sus disparos. El comandante de la compañía, cuya tropa ha ejecutado quizá de un modo admirable la instrucción en orden abierto en el campo de maniobras, dispone en seguida el despliegue de uno de sus pelo­tones; pero se olvida recomendar eficazmente al oficial que lo man­da, que conserve á toda costa la dirección que se le haya fijado. ¿ Qué sucederá entonces? El pelotón de tiradores, que empezó por avanzar rápidame!1te1 se detiene á poco en una ondulación del terreno, porque cada soldado ha aprendtdo individualmente á aprovecha~ todos los abrigos, y cree que debe hacer aplicación de lo que se le ha enseñado en los ejercicios doctrinales; y qe aquí resulta que el comandante de la compañía se ve en breve obli­gado á reforzar la guerrilla con su segundo pelotón, tanto para cubrir las bajas, como para conservar la dirección primitiva; con lo cual hace concurrir esta se.gunda fracción á un objeto secunda­rio, que la primera debió ser suficiente para conseguir. Entonces, si su teniente es bastante emprendedor para empeñar, por su propia autoridad, una parte de su gente en una dirección distinta de la primitivamente ordenada (para aprovechar, verbigracia, cierta configuración del terreno), con el fin de prevenir el ataque, puede suceder que el comandante de la compañía (á quien es impo:;ible el envío de órdenes), opine que debe apoyar este ataque aislado con su tercer pelotón; y de esta suerte, la mayor parte de su fuerza, á consecuencia de actos insignificantes de autoridad privada, dictados muchas veces por un excelente espíritu de iniciativa, se hallará empeñada en dirección completamente distinta de la que se le señaló. El jefe de batallón que ve esto no puede hacer otra cosa que enviar otra segunda compañía en la dirección que debió seguir la primera; y coll'o ésta se encontrará casi siempre ante un enemigo !uperior, aquélla se verá, en ocasiones, precisada á sostenerla en un punto hacia ~1 que no pensaba en modo alguno avanzar. En una Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 803 palabra, bien pronto no tiene el jefe bajo su mano sino la úl­tima compañía, que guarda en reserva para llevar refuerzos allí donde las bajas sean más numerosas; y así se encuentra con su batallón empeñado por entero en un combate de tiradores sin ob­jeto, sobre el que no ejerce influencia alguna, sino es por medio de la compañía que tiene en reserva. Si entonces avanzan al ata­que, e _l una dirección bien observada, las compañías de un batallón de la segunda línea, puede lograrse que todas estas porciones descosi­das de tiradores se agreguen por sí mismas á dicho batallón, y con­curran con él á la acción decisiva; pero al jefe del anterior le será muy difícil, en semejante circunstancia, volver á reunir bajo su mano más de una compañía_ ¿ N o será este caso de los más frecuentes, si en las enseñan­zas del tiempo de paz continua:nos acostumbrando á las compañías á no observar en el campo de maniobras sino una sola orden, la del jefe del batallón, y no á obrar, por el contrario, sobre el terre­no y en el caso en que la orden de dicho jefe no puede ya ser oída, sino con arreglo á las circunstancias ? Pongamos un segundo rjemplo: el de un batallón que forma parte de una gran reuuión de tropas, y avanza en formación cerra­da. Un ayudante llega con e~ ta orden: "que despliegue todo el batallón en tiradores en dirección de tal altura;" ó bien con esta otra: "que forme el batallón en columnas con intervalos de d~s­pliegue." Hé aquí órdenes que privan por completo al jefe de batallón de hacer uso determinado de sus compañías, y que sin embargo deben ser cumplidas al pie de la letra ; tanto, que en un abrír y cerrar de ojos se queda sin otra alternativa gue la de coger un fusil y agregarse á una fraccic5n cualquiera. Por esto e:- por lo que Von Scheríf hace notar, con mucha energía, que el arte del combate moderno exige, no sólo que las fracciones de tropa no sean empeñadas en la refriega por simples órdenes del comandante f!n jefe, sino que además reciban come­tidos claramente definidos. rfercer ejemplo: El jefe de batallón ha mandado avanzar (sin duda por carreras sucesivas) una compañía de vanguardia hasta 300 metros de una posición enemiga, y se esfuerza en llevar suce­sivamente al frente, aprovechando hábilmente los abrigos del terreno, sus otras tres compañías, y hacia un punto de ataque designado, con el objeto de poner lanzarlas á la vez sobre la posi­ción y apoderarse de ella. Para la preparación de este ataque cada compañía ha debido ante todo reforzar con un pelotón la guerrilla de la compañía de vanguardia; pere enwnces el comandante de ésta, viendo á su gente animada por estos primeros refuerzos, piensa que no debe dejarse arrebatar todo el honor del movimiento, y manda la carga á la bayoneta sin esperar la orden del jefe de batallón. Si la carga tiene buen éxito, quedará demostrado que el mencionado of.cial Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 804: BOLETÍN MILITAR supo discernir exactamente el momento oportuno; pero por el contrario, si el ataque no fuere afortunado, muy difícil le será al jefe de batallón preparar de nuevo una carga bien combinada de todas las compa.íiías. En efecto, la confusión de un ataque malogrado se comuni­cará generalmente á las fracciones que no han tomado parte en él; y bajo la extremada violencia del fuego enemigo, gran trabajo le costará lograr á lo sumo sostenerse y romper un fuego ge­neral que, según la experiencia;no podrá . ser transformado en un movimiento ofensivo sino por la llegada de nuevas reservas. Por esto también es por lo que Von Schedf no tiene por buena una iniciativa de este género pvr parte de los coman­dantes de compañía, á no ser en el caso en que estén en impo­sibilidad material de recibir órdenes oportunamente. Cuarto tjemplo: El jefe de batallón, después de haber conse­guido llevar sus cuatro compañías á un ataque simultáneo y envol­vente contra el linde de un bosque ó de una aldea, ha logrado apo­derarse de él. Puedesucederentoncesque las compañías se entreguen, ora á combates aislados, ora á una persecución desordenada del adver­sario; y que ning•.:ín oficial piense en reunir y disponer sin tar­danza la tropa necesaria para dejar la posición conquistada á salvo de una reacción ofensiva de algunas reservas enemigas. Esta pres­cripción se encuentra seguramente en todos los libros de táctica, como igualmente en el reglanJento; pero por una parte, no ha sido puesta en práctica durante la paz; y por otra, el triunfo engríe <{e tal modo á la tropa (habituada á sobrada independencia en el ser­vicio de campaña), que apenas presta atención á la voz de mando de sus jefes para hacer alto y reunirse. El mismo jefe de batallón, que se encuentra á pie, da órdenes en vanu. Entonces atacan dos compañías enemigas; y ¡ espectáculo extraño! bastan para recha­zar á todo el batallón, á pesar de la bravura de cada cual indivi­dualmente considerado, y para inutilizar, en muchas ocasiones, todo ~1 trabajo de la jornada. Después de un descalabro tal, siempre hay tendencia á creer que se ha sido rechazado por fuerzas superiores; cuando se debe atribuír el fracaso, más que á nada, á que no se había llegado al punto decisivo para hacer frente victorioso á las fuerzas enemigas, y á que ya no se disponía de una fracción siquiera en orden cerrado. Todos estos ejemplos, q:.1e ciertamente no son íntegramente producto de la imaginación, y en apoyo de los cuales se pudiera citar todavía gran número de otros análogos, ofrecen ancho campo á la reflexión. Hoy es cosa demostrada que en la guerra no es tan fácil como en tiempo de paz conservar hs fracciones constantemente en la mano, y que es un deber urgente dar solución á las siguien ... tes cuestiones: Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 806 1.• ¿Cómo, por qué medios y con qué disposiciones podrá conseguir el jefe de batallón tener siempre sus soldados bajo su autoridad? 2. • ¿ Cuáles son los princtpios que deben observarse y po­nerse en práctica durante la paz, por las compañías, dada la necesi­dad del pronto despliegue que impone el combate moderno, para obtener una acción colectiva por parte de las mayores fracciones, y adquirir la posibilidad de hacer resolver con orden, por estas últimas, un gran número de problemas tácticos que se sucedan sin interrupción ? • En nuestra opinión, no hay mejor preparac10n para un futu­ro éxito que exigir: 1.0 Que los jefec; de batailón, en su calidad de jefes llamados á obrar en primera línea, puedan hacer ejecutar por sus compañías todas Jas operaciones sobre que tengan por con­veniente; 2.0 Que adquieran cierto aplomo y cierta práctica en el empleo correctamente táctico de sus compañías en el combate, y que comprendan realmente lo que el reglamentó les exige, á saber: por una parte, que su tropa no salga nunca por completo de su mar o; y por otra, que sepan sacar el mayor partido pos1ble de la pericia y de la iniciativa de sus capitanes. Según todas las previsiones, lo· jefes de batallón que tomen parte en la primera guerra que estalle, formarán todavía parte del actual período de tran ición; pues la· diversas corrientes de apre­ciaciones y de opiniones producidas hoy en teoría y en práctica, no habrán podido, para entonces, ser todavía condensada<> en un todo general y correcto . .Es, por consiguiente, muy verosímil que hallarán, tanto entre sus superiores como entre sus subordinados, opiniones muy dife­rentes acerca de la manera de dirigir las tropas en el combate ó en la batalla, opiniones que habrán de tenerse en cuenta. Al lado de las antítesis m:is extremas en las apreciaciones, queriendo unos que el combate, así como la batalla campal, sean,~ en cuanto quepa, dirigidos hasta el último instante por órdenes exactas como sobre el campo de maniobras, y deseando otros, por el contrario, que se otorgue b mayor libertad posible á las compa­ñías para que puedan obrar siempre con arreglo á las circunstan­cias, surgirán indudablemente toda especie de gradaciones y de matices intermedios, apoyados en argumento5 más ó menos claros. Cada apreciación, para revestir mayor autoridad, se basará, ya en una interpretación particular del reglamento, ya en experimen­tos de guerra, ya en tradiciones y en usos del tiempo de paz, ya, en fin, en instrucciones especiales á ciertos regimientos y á ciertas di visiones. El jefe de batalión que' dure n:1ucho tiempo al frente del suyo, no dejará nunca de conocer en gran parte las opiniones de sus superiores y de sus subordinados, por p::>co que haya asistido (lo que ciertamente es muy frecuente) á un cambio de apreciaciones personales. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 806 BOLETÍN MILITAR No sucede Jo mismo al que se encuentra en una situación completamente desconocida. En el nuevo cuerpo á que llega, quizá está admitido aún que el mando en campaña puede ejercerse siem­pre por el mismo jefe, con tal de que la tropa se halle habituada á la más rigurosa disciplina en los ejercicios; en este caso le es muy difícil prepararla, con la mira del combate, para una acción y un concurso inteligentes. O al contrario, el batallón ha aprendido quizá antes ciertas formaciones metódicas de combate, propias para asegurar más la acción colectiva, pero que exigen siempre cierta práctica é instrtcción preparatorias. En este último caso deberá el jefe conceder muy particular importancia á la eistribución y al ejercicio del mando en la guerra; y en el anterior, á la habilidad independiente y á la destreza del soldado en general. En el uno, debe fiar en las buenas formaciones de combate; en el otro~ pre­ferentemente en la inteligencia de los oficiales y de la tropa. En ciertos regimientos puede ser que no se crea necesario introducir modificación alguna en el sisferna de preparación que dio las victorias de W oerth, de Gravelotte y de Sedán; y en otros, se observará e~trictamcnte que todos los jefes de batallón empleen en el combate, por lo que concierne á sus subdivisiones en orden cerrado, medios conducentes á disminuír las pérdidas bajo el fuego enemigo, en la persuasión de que una solicitud tal, en vez de per­judicar á la disciplina y al valor de !a tropa, no hará, por el con­trario, sino desarrollarlos. Más de un jefe de batallón se dedicará entonces á prescribir, para distancias dadas, formaciones también dadas, sin dejar por ello de indicar á su gente, en ciertas circunstancias, que avance en línea desplegada; Y< en otras, q 11e se sirva de un repliegue del terreno para avanzar e.n columna; cuando con frecuencia, y á una distancia más larga, ha tomado una formación dispersa, para desde allí poder, á la menor seí1al del jefe, y en . un punto fijado, for- •marlo indiferentemente en línea ó en columna; ó bien igualmente ordenará para el momento del ataque, numerosos altos en el mo­vimiento al frente, con el objeto de disminuír la eficacia del tiro del enemigo. En una palabra, el resultado de semejante divergencia en las opiniones no puede dejar de conducirnos á no dar valor, desde el punto de vista del mando y de la ejecución, sino á aquello que sea sencillo, á lo que salte á la vista de todo el mundo. En lo que se refiere á la marcha, por más que el asunto sea digno de interés, toda tentativa de inmixión en dicho servicio sería, por parte del jefe de batallón, un gran error; un estudio á fondo del reglamento, hace ver que solamente le prescribe "em­plear sus comandantes de compañía de tal suerte, que se obtenga todo el partido posible de la pericia y de la iniciativa privada de los mismos." (Continúa) voN ARNIM (alemán) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETtN MILITAR HISTORIA AP"''N'I'AMililN'I'OB PAitA LAS MEMORIAS SOBRE COLOMBIA Y LA NUEVA GRANADA (Continuación) l\Ii dt'cisión, pnes, fue ir-revocable, y á la salud ele la patria sacrifiqnó la popula.l'i(lad qne podía habenue reportado otra conducta funesta a.l porvenir dd paí~. E..,te proeetlimit>nto me ha granjeado ciertamente odios, euemistades y calumniaR, y se ba llegado á atrihuír á \'engan7.a lo qno no fue sino uu deseo ardiente de matar la.s re\Toluciora.s. Si yo, por 'lesgracia, hubiera sido dictador en aquellas C'ireunstaucias, sólo hahrfa ht.cho castigar al jefe de la. eouspiracióu c.le dt-jar que ohrase la acciór de la ley, por falta. do 1111 mothTo especial de couveuien­uia pflblica. para conmutarles la pena . .?tlurió también como conspira(lor el jo,Ten Angniano, cuya ~jecución me arrarwó lúgrima~ de pesar. Bra el único militar en servicio activo que había tomado parte en (!l crimen. y de un modo tan eficaz, <]ue sit>JHlo Ayudante :Mayor del Escua­P)' Ón. 1.0 de Jlúsa,res, había ofrecido ei1tregarlo armado y muni­cionado á lo~ conspira,loJ·es. Al delito, pues, do conspirador, ren.nía el ele tra.ieión á su iuranH ntos y d berea como militar activo. Unas veces me inciiuab:.~. á con'muta.rle la pena, y otras me dec1clía á que se ejecutase, para rcMtablccer la disciplina militar, tan relajada durante las convulsiones políticas por laa defecciones da los Ouel'pos ía impuesto el Tl'ibunal. Forzoso, pues, fne tlejar obral' también á la ley en este ca.so, y llenar mi deber ele cuidar de la pública seguridad á costa do cualquier sacrificio penwual. ¡Qué t rrible es la conclieión de nn }iagistrado á quiou ss.._le tmcargan deberes tan sen~ibles y doloro8os! La. historia podrá tacaarme de ev~ro; pero no po­drá uega.rme ~1 mérito de haber procura(lo afianzar el orden y la s~guridad pública para. lo futuro, después de táutas agi· tacioues y trastornos. "" Acaeció en e8os días amarg-oa un suceso, que no hay día en que lo recuerde que no me despedace el corazón, y qne ni lo mencionara aquí, si mi enemigos no me llubieran atriuuí•lo parte en él. Hablo de la muerte del Sr. Mariano París, esposo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET.fN MILITA& 809 varias campañas: habría bastado sólo la naturaleza. del hecho para que me buhiera eausado el mayor disgusto y pPsar. No me quedó otro partido que doplorarJo, y hacer que 86 procediese por la. autoridacl correspondiente á las indagaciones necesarias para. que se ca tiga e al culpable. Se procedió, en efecto, por el .Juez Civil del Cantón, l tomadas las declaracio­nes del Capitán Calle, clel Cabo Velásquez, del Cabo Muñoz, del soldado Antonio Guarín, dt~l Cabo Franci co Ardila, del paisano Anacleto Díaz, t.le su padre Frauci~co de Borja Díaz, todos mayores de ed:.td, se pa arou á. la autoridad militar, la cual, conformárulo ·e con el dictamen (lel Auditor de Guerra, Dt·. Antonio Plaza y l~acines, rellevar el yo; no conoce más accidente gramatical que el llamado gerundio; así es que gerundia siempre que habla el espafiol co las desinencias en ando y en endo. Terminaremos estas ligeras indicaciones acerca de los in­dics del Chocó, con otras más, refereutE:'s á los Cunas. E~tos cuentan sobre los otros la doule ventaja de ser más beli~osos y ¿e estar en la co ta., con la facilidad de traficar por entre am­uo océanos; traen su origen iurreceu, y que les son inferiores en valor, en número, en ac1ividad y t'n industria. Lo· cocos, el cacao, el maíz, el carey, el caucho y otras resinas, son los princip.ales artículos que canbian poe armas de fuego, espejos, cuentas de vidrio, ropas y licores. Las muchas tribus, por decir así, de los Cunas están un das en alianzas; cada una tiene nn jefe, no escaseando en­trf ellos los médicos y los adivinos. Son exactos en 808 prome· ea& é irreconciliables en sus odios. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 814 BOLETÍN MILITAR Aún se conserva memoria de las antiguas venganzas dle de los Ounas y uo su persecución, con la que lograron aterrorizaar~ar basta poblaciones enteras. Uno de Jos suyos, que fue azotadlo do por el Alcalde de Pavarandó, quedó Yengado con el iucendiio lio de este pueblo, lo que sucedió á fines del siglo pasado. En Ua la época eu que se estableció una a~uaua en las bocas del Atratoo, to, los empleados en ella estaban tan intimida(los de los Cuna s, .1.s, que les compraban todas las provisiones que les llevaban , n, ann .ue ellos lo hacían adrede en mucho mayor cantidad de Ua la que los .empleaclos podían consumii· . . Gracias ~~ gran ¡n·estigido rio que entre los indios del Oaimán han gozado ~1 Mayor Fernánn- .n· dez y el Capitáa Letllan, no.. ha sido de truída la aldea dde de Turbo. Los OuuaN aprecian á lo8 e ·tranjcro , y aun se hatn an visto algunos entrar de marinos, y hacer el servicio muy forr- >r­malmente en los buques costaneros durante algunos año . Noticias históricas-Porvenir del Chocó-Observaciones geológica• Una Provincia tan importante corno la del Chocó, cuyro y o contorno mide 360 leguas, de la que 143 ou de costa sobrce re ambos mares, comprendiendo un territorio de 1:900 leguass · s cuadrada~, qne so eomunica con el, Atlántico y el Pacifico poDr or dos grando caualt)B naturales, qne la cruz~m en stt mayo»r r longitud de N. á S., ·eparados el uno del otro por un cortco to istmo, y juntaudo entre ambos, Atra.to y San Juan, las agua s liS de nua superficie de más de 1,500 1 •gua cuadradas, que less .s tributan en la extensión de 212 leg-ua.H, que entre los dos reco l - o­rren cerca de ~00 ríos y más de 000 grandes quebradas ; quee te contiene riquísimas miuas de oro y do platina, y la. más varia - da y prodigios~ abundancia de vegetales útiles; .una Provincial ia tan importante así, decimol4, que ~e encuentra á los tresciento >S cincuenta y dos años de su descttbrimieuto en tan laineutablee le atraso y abandono, que más de las dos terceras partes de suss 18 terrenos permanecen baldíos, y que sus habitante.', ca i todoss )8 de raza, etíope, son en tan pequeño número, relativamente, quee e tomando la totalidad de su territorio eorre pondeu apenas 233 !3 por cada legua cuadrada; con la notable circunstancia dee e haber sido ele las que primero visitaron los conquistadores, yy y de haberse fundado en MUS costas la ·egunda de las poblaeio · nes de Tierrafirme, da necesariamente lugar á u u examen serio, o, para averiguar lo que fue al tiempo del descubrimiento, lo quro e realmente es en la actualidad, y lo que está llamada á ser nol o muy tarde. Si consultamos la Historia, vemos que esta parte de la1. a Nueva Granada fue teatro de notables sucesos, y que alguno> o (le sus puntos puede considerarse como que sirvió de e cala a para atrevidas exploracion~s, que si descabelladas las unas, ;, fueron muy dignas las otras, y obtuvieron un éxito feliz. Ell H sevillano Rodrigo de Bastida fue quien primero, en 1501, visitó> ó el Golfo de Urabá, en cuya costa, 11ueve añi)S después, fnndó , ó Alonso de Ojeda la población de Sau Seha.stiáu, á la que dejó 5 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 81G el mismo nombre de la tribu indígena; la que, como que era de raza carib stián de Urabá. De la nueva San Sebastián partieron Francisco Cesar en 1537 á des­cubrir la rica Antioqnia, atravesando la cordillera de Abibe, y un año deRpués Vadillo, nien se internó basta Cali. De la '·illa de Sauta Ana de lo UaballeroR, entonces recientemente fundada, hoy Ansermaviejo, salió, por orden de Robledo, en . 1539, el Oapitán GómPz Fernáudez para las montañas de Jos Cbocoes, habiendo sido derrotado en Ohamí; siendo d consig­narse aquí lo que á e te respecto dice el cronista Herrera en su libro vu de la Década TI: "Habiendo Jorge Robledo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 816 BOLETÍN MILITAR vuelto á los indios la mayor parte de su hacienda, y asentada paz con los del Valle de Apia, teniendo aviso qne Ocuzca y Umbruca, otro principal señor, se juntaban contra la villa de An!errna, volvió á ella, y euvió mensajeros á todas parte , tlando á entender cuánto holgaría que estuviesen t>acíficos, y lo que Je pesaría que llegasen {t térrniuos de guerra; porque no ueseaba hacerles daño, y con su buena maña los pacificó, con que pudo atender á lo que de eaba, que era descubrir las tierras que había, pasada la conlillera que está hacia la parte del Nor~e . de AnHerma; y .para. esto onlenó á Gómez Fernández, que con cincuent~l soldados rodeleros y baile teros fuese á des­cubrir la Provincia del Chocó; y saliendo con ellos Jorge Ro­bledo hasta el valle de Santa. María, á donde le fue uu indio de paz, y le dijo que era el señor Umbt·uca, tt'atóle muy bien, é hizo muchas demostraciones ue amor; pe1·o sabiendo que no era éJ, le mandó quemar. Gómez Fernámlcz llegó á la. montaña de Oima, que es muy frago~ a, con muchas asperezas, y á donde siempre llueve, y I!ay wuchas hostias fieras, monos y otras tales, y los indios a rulan d •s1nHlos, y 8ou muy rú~ticos; vi ven en casas sobr~ árbole8; y dando en una dft aquellas ca­sati, un solcla(lo dicho Alonso Pér·ez tomó una. india, la cual sintió tanta congoja. de verse cautiva, qne se despciló por aque­llos grandes riscoM. Au
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 158

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 159

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Boletín Militar DE COLOMBIA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Revista Militar Colombiana BOLETIN MILITAR Organo del Ministerio de Guerra y del Ejército --··- Director ad honorem FRANCISCO JAVIER VERGARA Y VELASCO General .!e Ingenieros, Miembro de varias Sociedades Científicu CUARTO A~O-TOMO VIII Números 159 á 184, de 7 de Julio á 29 de Diciembre BoGOTÁ-COLOMBIA IMPRENTA NACIONA.L-C!LTJE 0.•, N.o 175 B 1900 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. VI llO~El'ÍN MILITA~ Páginas Decreto número .. de 1900, por el cual se acepta una~ ex-cusa y se hace un nombramiento . . . . . . . . . . . . . . . . • 130 Decreto número .. ue 1900, por el cual se confiere u u as-censo. . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . .. . . . . . . . . 131 Decreto número .. de 1900, por el cual se confiere un as-censo . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . • . . . . . . . . . . 131 Decreto número .. de 1900, por el cual se confiere un as-censo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • 132 Decreto número .. de 1900, por el cual se confiere un as-censo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • • . . 132 Decreto número .. de 1900, por el cual se hace un nom-bramiento...... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 133 Decreto número .. de 1900, por el cual se confieren dos ascensos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ... . . . . . . . . . . . . . . 133 Decreto número .. de 1900, sobre orden público....... 225 Decreto número . . de 1900, por el eual se honra la me-moria de los Generales Luis Ii~rancisco Sáncbez y Jesús Casas O. y del Teniente Coronel Augusto Pardo. . . . . . . ............ _ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 227 Decreto número .. .te 1900, sobre honores al Sr. General Próspero Pinzón.... . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . • ~57 Decreto número .. de 1900, sobre honores al Ejército del Norte . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 281 Decreto número .. de 1900, por el cual se organiza la In-tendencia general del Ejército de la República..... :H5 Decreto uúmero . . I Sr. General D. José Santos. . . . . • . . . . . . . (09 Decreto uúmero .. de 1900, por el cual se hace un nom-bramien tó . • • . • . . . . • • . . • • • • . . . . . . . . . • . • • • . . . • . • 441 Decreto número . . de 1900, por el cual se reorganiza la 4. • Di vi ión del Ejérei to del orte.... . . . . . . . . . . . 44:2 Decreto número .. tlc 1900, por el cual se reorganiza la 3.• División del Canea. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 444 Decreto número .. de l 900, en desarrollo del artículo 3. 0 dc~l Dtl.creto número 777 de I.o de Junio último. . ... 473 Decreto número .. de 1900, por el cual se ~nmentan lo snelrlo y auxilios de marcha de los militares en ser-vicio ... . . _ ... . . _ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 477 Decreto número .. de 1900, por el cual se organiza un Cuerpo de Ejército.. . . . . . . . . . . . . . .. .. .. .. . . . . 505 Decreto número .. de 1900, por el cual se hace un nom-bramiento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 537 Decreto número .. de l 900, por el cual se hace un nom-br~ miento.. . ... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ........ 538 Decreto número .. de 1900, por el cual se haee uu nom-bramiento. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . 538 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1NDIO.E DEL TOMO VIII Decreto número .. de 1900, por el cual se autoriza al Director re la ca m pafia. del N or-te ........... -.. . . . . . . . ................ . 40, 113, Cosas de guerra. (Vé ~u¡e Varie1lades). Deberes del jefe de batallón en el combate . . . _ ..•.. 46, Deberes del jefe de batallón en la.s avanzitdas •..••. 107, Enseñanzas de la llistot'ia (Lrme ,obre el. . .... 51, 116, 183, 205, 428, 561, 612,743 . . . . . .. . . .. . . .. . . . . . . . .. .. . . .. 812 Ejército es la patria. (El) . ...... . .............. .. . . . .. . 482 Enseñanza obj ti\· a ( ~\scensos . , r ~coro pensas) . . • • . • . • 13-! Enseñauza. del serv· cío de eampaña.............. ... . . . . 540 Generalato (Bl) .. .. . .. .. . ... . . ... . .. . ..... HH, 194 Igualdad t¡n el sen·icio nnlitar (La) 521, 584, 715, 747, 779 • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. J iNDlCE DEL TOMO VIII IX Páginas Instrucéión sol>ru el S<'rvieio en campaíín. ...... 207, 234, 283 . . . . . . . . . . o • • • • ••••••••• - ••• ' • • • • • • • • • • • • • o • 320 Iufantcría. :Métodos do ma1Hlo, cclucaeión é instrnc-ción...... . .. . .. . . . .. . . . . .. . . .. . 378,431: 462, 510 Inst.rneción , 3:~s, 5:1) {00 784: l>alouegro (Batalla de) ... ........ o •• ·.: •••••• ~ _· •• ~ ••• -.Ll!;L-;¡¡(¡¡¡¿,~p,p !. o;,_J~Lt _!Batalt. tl')'· .. : ............ o •••• Capitanes (Batalla Htri •' Ametralladoras. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . SG Artillería ia11a •.•..•••.•..• , •..•.•••••. Higiene en diez mil~m:-1s jL_a) .........••..........• Uirnno nneional: efectos dél ... -:-.... , _ , _;- .... ~ . .•. ;.~-: ·: .J.. "'oticins <1e la guerra ............................... . Peregrinneiún de .Alplla, 1~1, 157, 186, 253, 307, 50~, ()26, GUJ., 721, 75! ........•......•.••.••.•.......• Ueclutamiento forzoso. Orígenes del...... . ...•..... . BOGOTA-lMPRENTA NACIONAL 14 788 725 5G6 5:33 6ü~ 213 153 436 . .. , o)..J 790 10.3 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoaoTÁ, J uLro 7 DE 1900 ---------------------- ------ --- ~~--~- __ _ ,. __ - ------------- -·~ Or&"ano del lliillisterio de Guerra y del Ejército Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejércitn Director ad honorem Francisco J. Vergara V. General, Miembro de la S•Jciedad Colombiana de Ingenieros N"'U':Lv.J:. 159 (25 DE JUNIO) p 1r el cu~tl se reorganiza el Ejército del Tolima El Presidente de la Rppública DECRETA Art. 1.0 Reorganízase el Ejército del Tolima de la manera siguiente: Comandante General, Jefe de Operaciones y Jefe Militar del Departamento, General Juan C. Ramírez; Jefe de Estado Mayor General del mismo Ejército, General Nicolás Perdomo. Por decretos separados se nombrarán los Ayudan tes, e m pica­dos civilc , etc., del Cuartel general. Art. z.o Este Ejército constará de las siguientes fuerzas: 1.0 De la División del General Mariano Ospina Chaparro, q 'ue se reorganiza en dos, así: la primera, que se llamará r .• Di­visión de Cundinamarca, á órdenes del General Ospina Chaparro, y como Jefe de Estado Mayor el Corone! Daniel Villa; la segun­da, que se llamará 2. • División de Cundinamarca, bajo el mando del General Luis Francisco Sánchcz, y como Jefe de Estado Mayor el General Habacuc Beltrán. A estas Di visiones se incorporará un Batallón de la guarni­ción de Girardot, con 300 plazas de fuerza efectiva. 2.0 De la 4.a División del Cauca, COlJ? ~ucsta de los Batallones que últimamente han llegado á 1 bagué, y la cual estará á órdenes del General Luis Enrique Bonilla, en su carácter de Jefe de Es .. tado Mayor de la misma i · Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2 BOLETIN MILITAR ~ 3·0 De la Columna de Cundinamarca, á órdenes del General Floro Moreno ; 4.0 De la Columna de Antioquia, á órdenes del General Pom­pilio Gutiérrez; 5.0 De la 3.• División de Neiva, á órdenes de los Generales Ulpiano Manrique y Toribio Rivera, como Comandante General y Jefe de Estado Mayor, respectivamente; 6. 0 De la 4·a División del Sur, á órdenes del General Benig­no V elasco; y 7. 0 De las guarniciones de !bagué, Honda, Girardot, etc., y de las demás fuerzas organizadas ó que se organicen en el Depar­tamento. Art. 3· 0 El Ejército del Tolima dependerá directamente del Ministerio de Guerra. El Comandante en Jefe nombrará sus Je­fes de Estado Mayor, Ayudantes generales, empleados civiles,~etc., de cada División ó Columna, con aprobación del Ministerio. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 25 de Junio de 1900. Por delegación del Excelentísimo Sr. Presidente de la Re­pública, El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA República ae Colombia-Ministerio de Guerra-Sección 1.•-NúmtrD 1,917-Eogotá, 26 de Junio de 1900 Sr. General Comandante en Jefe del Ejército Servíos disponer que á los individuos de tropa que vengan á esta capital heridos en el combate de Palonegro ó en cualquiera otro de los ocurridos en Santander, Cundinamarca, Boyacá ó Tolima se les conceda, además del pasaporte á que tengan derecho para regresar á sus domicilios, un auxilio de cincuenta pesos ($ so) á cada uno, que se cubrirá por el General A urelio Merizalde, primer Ayudante general del Estado Mayor general, con los fon­dos que se han puesto á su disposición para gastos militares. Al mismo tiempo os autorizo para dar un vestido completo á los mismos individuos y á los demás de tropa que sean licenciados por invalidez ó enfermedad, á cuyo efecto se pondrá á vuestra dis­posición el número suficiente de vestidos. Conforme al ordinal 2. 0 de la Resolución número 7, dictada por este Despacho el 1 o de Enero de 1899, corresponde á vuestra Oficina ordenar la expedición de pasaportes á individuos de tropa licenciados. Soy vuestro atento servidGr, MANUEL CASABIANCA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ GENERALÍSIMO DE LAS TROPAS DEL EMPERADOR • Libro pri01ero -Principios geuerale del ar&e milUar Capítulo 1.o-De la guerra 3 1. 0 La guerra es nn acto de tropas que chocan de todos modos persiguiendo la victoria. 2. 0 La guerra es civil 6 extranjera, ofensiva 6 defensiva, marítima 6 terrestre, según la diferencia de medios, lugares y personas. 3.o La victoria se obtiene por medio de los preparativos, la disposición y la acción d(:\ las tropas. 4.o Cada uno d' 'tos tres requisitos presenta al cnmplirsl3 ventajas y c.lesveutajas que son consecuencia. tH\turales ó de­ducidas del tiempo, el lugar, las armas y otros elementos que ayudan á vencer al ell(\migo 6 tlificnltan dieho resultado. 5. o Lo p1 epa.rativos presuponen la reunión de hombres, armas, municioues, l.:>ag·aje' y dinero. 6. o I.Ja aliza con resolución, secreto y pronti· tud, marchando, acawpaudo y combatiendo. • Tres iglos ha··c que tHtci6 ~u :\I6dena el 4uc dc-.pués fue Ramón, Conde de Montecuc coli, cé lebre Capitán it11liano y profundo pcn ••dor y c:c1itor en asuntos de guerra, como de ello potllá con,·eucer~c el lector de e tus ltfemorias, que, segün enteudt·mos, no se h<~n vertido nunca ul e pañol, no ohstantP. su indil>cutihle irllpor­tancia, r.umo que en· u nutyor parte y ti pe. ar tle lo~ ,iglo. que la~ cobijan, ·un y erlin de •ctualicil•d en totl11s lo tienqHJs, y. uper:m en cnlidad de: doctrina á mu­chos afanltrlo lihro· fnrj;ulu: de pué::-. pnrtple su autor tu,·o má,; vi ·i611 de lo porve· uir que e~o novele e critorc., y t toe lo que cun,tituyc .-u mérito. ltfoulrcuccoli, qnt.> entró á lu carrera mi lit;,r como volunbrio en un regirnit;ttto de dJ;.gnne::-, de - tJ•tés de e~:;tudiar con los je!>ufta , murió Generalísimo de hts tropas del Emperador de Au-.tria, y .·e micli6 \'Ídorio. au•cnte cou TuretH• y Conde: Clltltldo aqué• pereció en ~ ; nlhach, el itali11n0 dijo: •• h.t rnuc1to ur. hombre que h<~cía ho11or al hn111bre"; y suya es la frnse de que" p tra hacer con éxito J,. guerra, sólo se nece~itun tres cosas: 1.•, dinero¡ 2 .0 , dintro; y 3.", dinero." Después de la c:.mp<•il :t de 1765 en el Rhin, no queriendo cOillJHOillt.>ter la gloria que acabab • de adquirir al no er venci­do por ninguno de lo dos mlb ~rancies Capibnes del iglo, re ign6 el mando y se con ·11grt) li hs ciencias y las letras. En vida us enemigos le tacharon de falta de audacia y le llamaron tempori­zador; :o cual, en vez de mortificc~rle, le cau~aha placer, porque siempre tuvo por modelo al romano F,tbio Máximo. Cur~ros 1 Esp1as Arrieros Vivanderos t Armeros, etc. In-Se dividen en decurias, de 8 á 10 hombres, á órdenes de un jefe llamado decurión. • 2.v En escuadl'as, que abarcan varias decurias. 3.o En compañías, compuestas de escuadras. 4.o En regimientos, formados de varias compañías reuni­das en un solo cuerpo. • Reminiscencia de las prácticas romanas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BDLETIN MILITAR ~ 5 IV-Con los regimientos de infantería se forman batallones, que son cuerpos ordenados en varias filas de profnndidail y bastante frente. En la caballería los cuerpos se denominan es­cuadrones .. • 1.° Fila es un cierto número de soldados arreglados eu línea recta uno al lado del otro. 2~ Hilera es un cierto número de soldados arreglados en línea recta uno detrás de otro. v-De muchos escuadrones y batallones se forman los cuer­pos 6 grandes miembros del ejército denominados brigadas. Con las brigadas se constituye : ~La vanguardia ~ que ~adelante }.o El cuerpo de batalla en el medio I.~a retaguardia marchan atrás { El ala derecha ~ que . ~ á la derecha 2.o El centro sobre el centro El aJa izquierda conversan á la izquierda ~La 1.• línea ó fr('nte ~Lo que forma un ejército 3.o La 2~ íd. La 3.a íd. ó reserva ordenado sobre tres líneas 3.o La Columna es una parte de ~jército que marcha con los e~cuadrones y batallones unos tras otros, ó bien á la misma altura. VI-Los oficiales superiores ó inferiores son : 1.0 En el ~jército, los generales. 2.0 En los regimientos, el coronel. 3.0 En las campañas, las primeras plazas. VII-Cuando se reúnen varios oficiales cuyos cargos son iguales, manda el más antiguo, haciéndose caso omiso de digni­ilades ú otra razón. De e~ta regla se deriva un orden inaltera­ble que corta toda ocasión ó pretexto de discusión 6 osición má cerc::u1a al euemigo. Solamente en casos extraQrate en orden disperso. 32. La. formación de las dos c9mpaüias del gruesQ se aco­modará a.l terreno y á los efeetos del fuego enemigo. Para la. exactitud de los movimientos convendría mantenerlas en co­Jumua. por enartas; pero la consület·ación de los eft·ctos del fuego enemigo, harú. indispensable la reducción del fondo de esta columna, pasando á la columH le el terreno con respecto á los abrigos que puetle ofrecer. 33. El principio fundamt:'ntal debe ser qne la guerrilla no tenga que cambiar su dirección, sino que vaya rectamente ha­cia el punto señalado como dirección, y que todos los claros que se produzcan en ella deben llenarse inmediatamente por los sosteues qne la siguen, los que serán á su vez reemplazados por las reservas, y éstas por el grueso del batallón. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '-y--" 11 34. La atención de los comandantes de las subdivisiones del batallón debe dirigirse, por esta causa, hacia a(lelaute, para que no pase inadvertida ninguna d~ las emerg~ucias que pueden ocurrir en la línea anterior, tratando siempre ele cubrir los flancos, á fin de que se sepa que no están descuida­dos, y que los tiradores, sin preocuparse de ellos, no disminu­yan el ímpetu de ataque, que no debe tener otra demora que la que se necesita para salvar la distancia que los separa de la posición defensiva y para imponer al defensor, de la manera más irrefutable, la superioridad de fuego. 35. Ningún comandante de subdiviRión debe esperar una orden especial para tomar las medidas del caso, sino que debe obrar independientemente en vista de las necesidades eviden­: es, y el papel del segundo comandante del batallón se reduce á In. mera vigilancia del buen funcionamiento de las dos com­pañías avanzadas, y á procedimientos activos sólo en caso de contravenciones manifiestas contra los principios del combate en orden diHperso. 36. A la distancia de 100 á 200 pasos de la línea enemiga se debe preparar la carga á la bayoneta. La primera medida conducente á este fin es, pues, la de armar la bayoneta, lo que no debe hacerse antes de e8te momento por los graTes incon­venientes que produce para el fuego cuando ella está armada. Sin duda, sería lo más conveniente no armarla sino en el últi­mo momento, es decir, cuando la tropa atacante se levanta de su última posición de fuego para no detenerse sino en la misma posición enemig-a, ó tal vez :Hmarla al mismo tiempo que se emprende el ataque. Si estos dos procedimientos uo dau resul­tado satisfactorios, es decir, si el primero impide ó retarda la inten idad del fuego, que debe 8er lo más vivo posible en el último momeuto, y en el eguudo llay dificulta.d ele armar la bayoneta {t la. carrera, se recurrirá al méto(lo u a(lo general­mente, que consiste en armarla tan pronto como se ocupa la última posición de fuego, á pesar de qu~ hay que tropezar con los gravísimos incouveuieutes que re~ultau ca­ña y activaré la marcha al teatro de la guerra de la División del General Villa, de los dos cañones Bange que traje de esa capital y del Tenerifi, que encontraré en el camino. S. S., si le parece con­~ niente, dispondrá la concurrencia de más tropas de otros puntos.''• El Boletín de Urabe U. continúa así: "Dos razones dedsal'U obligaron, sin embargo, á evacuar la posición de Tasajero: 1 .• La caídll de Maracaibo en poder de us constr'Uadores fJtntZfJianos, 1Juestros '#ttnnig•s, ¡, cual tlejgba sin objeto nuestra pe.rmanencia m un Junto dtMdt lltláa tmíarnos f"' agu-ardar; y 2.0 El casi otal agotamiento de las vituallas para el sostenimiento del ejército, así como el des­arrollo de pésimas condiciones higiénicas en nuestro campamento. Una embestida audaz sobre el interior, con probabilidades de un.~r­n~ al General Vargas Santos, y coger desprevenida á Pamplon.a, fue el plan que se formó, aunque con bien escasa sc;guridad de rea-lizarlo." • . Del Salado (una le_gua al . de Cúcuta), decía el 1 1 por la mañana el General en Jefe del Ejército del Gobierno, después de avisar taban impuestos de la operaciones de V ar¡as Sant;os: "ayer aparecieron en territorio venezolano partida que a igos • Cuaado por wa momento el General Ou biaaca podo cteel le tocam maa-r la batalla, ~16 plan de ataque arrollando e . ~entro enemigo para 1-'lo da­tiMar ua al•, tia oaa t'uetu que la preaeate en el campo del alado; pen para el Clbtbtiate Ubr•do po1 otto lete pedfa had.tgameote le auaneataaen loe recunoe & fta de dar ' -.e. la aegurid.ad del triunto. El General C ... bianca, que reaigu6 el· mando del ejtrcito con qae march6 & bt r por Ocafla sobre Cllcuta cuaado ae le puao & órdenes 'd General Villa lftr, 6 'lo me.aoa se trat6 de e tablecer mando dual, para evitar coalictos y deaavenebcfu ID ta-fuersa, r~saba ' ID hogar por la miama vfa de Ooáfta, IIÍb tropa, y -por-lo taa­AaDO lo ue dicen loa boletinee revolllOioaarioa ~ebre el o como &om4 parte j cfel 6, Hí'é ae comprueba ea aa lug Loa rebeldea aabfan q a e V argaa Santos, con 1,8ot J;ombres, e ta.,• & una jer • ••*·f!.a,-.piloala, &a la •pilda apoy en la frontera en oapac aolte-alpaoa dfM.. oontra · 8108 q « · aa dé Bo7 ~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '-y--' 17 nuéstros suponen principio de una nueva invasión; ..•. grueso del enemigo ocupa á cerro Tasajero en el centro, el camino del río Tá­chira, desde el Cerrito para abajo, con su flanco izquierdo (ala) bien defendido, la vía férrea en su flanco derecho. lntimámosles rendi­ción incondicional de armas, y contestaron proponiendo armisticio por cinco días. En el acto rompimos inteligencia * y adelantamos operaciones preparatorias de ataque, que no se habían suspendi­do. S. S. comprenderá que no perdemos un instante, y que hemos procurado aprovechar todo elemento físico y moral, y ahora mism~ nos ocupamos en hacer mover los cañones que se calcula estarán en St1n Pedro." * Así las cosas, el 14 se dijo de Pamplona: "acabamos de sa­ber que enemigo tomó vía Las ··rapias á Salazar. N u es tras fuerzas tomaron esta mañana vía San Cayetano para ver si pueden cortar­los," agregándose que Vargas Santos se movía, de suerte que po­día unirse con aquél, lo cual, de ser cierto (que no lo era), podía c:1par al Ejército legitimista de Bucaramanga (allí se supo la noti­cia el r 6), donde no había gente concentrada por estar por grupos persiguiendo guerrillas. Tras ese aviso llegó el siguiente: "Ene­migo de 'I'asajero ha tomado para Sa1 di nata; se le persigue y puede volver sobre Salazar, ó irse para Ocaña, pero todo está ya previsto por el General f/illamizar." En fin, ese mismo día se recibió, fechada el I 5 en El Salado, la comunicación expresiva que insertamos á continuación: "Estre­chado el enemigo en la forma que se avisó á S. S., envió antier dos comisionados á pedir la respuesta de una nota que ellos me habían dirigido y que estaba contestada, y á tratar verbalmente sobre otros puntos. Pues bien: aprovechando esta farsa (sic)*, que yo tomé naturalmente por operación hidalga y de buena fe, los Sres. Uribe U ribe y demás Jefes h1cieron desfilar el grueso de su Ejército ha­cia Astillero, pasando el Zulia, que han dominado desde el prin­cipio con canoas, lanchas, etc. Despedidos fueron los singulares embaucadores, aunque sin conocer el movimiento, porque los pues­tos avanzados se veían intactos *. Mas durante la noche se les tomaron algunos desertores, y entonces pude saber la verdad de • El Gencial Villamizar, cuando rehusó entregar el mando eo jefe 111 General Ca,abianca (cll1), dijo por telégrafo que tenía adelantadas negociaciones secretas qu~ iste no debía conocer. • De Cúcuta á San Pedro hay veinte leguas de mal camino, y además Jos caño· nes aCín estaban en Ocaña. Cuando el ejército del Norte partió de Bogotá, dejó por estorbosa la artillciÍa de montaña. • Lo cual es prtteba concluyen te de que el servicio de exploración era cosa del todo desconocida en el Ejército del Norte, y que al General Villamizar, como { Bazaine en Metz, las negociaciones secretas con el enemigo sirvieron á éste para burlado á su sabor. • Si se hubiera vigilado, como era natural, la margen iz fuerzas, y dentro de tres ho­ras estaré en el teatro, para extender la línea de combate cuando sea necesario *. Avisaré todo." Ese mismo día, á las 2 p. m., se supo en Pamplona que toda la fuerza de Vargas Santos estaba en Labateca, es decir, podía mar­char hacia el N. por el valle del Táchira. • Violación de los más elementales preceptos del arte fue tal división de fuerz~a en previ ión de un combate. Además, como del Salado al Peralonso hay ocho leguas y un río sin puente, las tropas así empeñadas no podían ser reforzadas á tiempo,) se marchaba cándidamente á una catástrofe. • Y es original que disponiendo el enemigo de un ferrocarril no se pensara que para algo podía servirle. • Seg6n el Boletín liberal del Ejlírcito de Ocafia, el campo de é:.te (dP. la Ya­guala al camino de San Fauslino sobre la margen del Táchira), se levantó el 13 á las seis y media de la tarde con orden y sigilo para burlar á los nuéstros, que destle cinco días atrb te11ían sus a~~anz.adas á dos euadras de dicho campo. La marcha tenía por ob­jeto unirse á los otros dos ejércitos liberales que habían principiado á de~filar de Tasa­jero y Aguablanca desde las 3 p. m. ; dicho ejército c:unin6 toda la noche del 13 y todo el 14, tras lo cual t.e unió á lHlS compañeros en Astillero : 8 leguas en 24 horas) y juntos si~uieron moviéndo e la no~: he del 14 y la mit ad del 15 has ta llegar ;¡) cerro de L, F lorida, frente al de La A lcjandra, ya ocupado pór ello (6 leguas en 18 horas); pero al hacerlo se supo que ya se habían roto lo f11egos entre el Ejército del Norte (vanguardia) y los legitimista que se disponían á interceptar el pa o á los ejércitos unidod, de suerte que si todo el t>jército del Gobierno ae hnbiera movido por la vía de Santiago, la victoria habría sido segura. ¿Por qué se dividió de tal modo el ej,r­cito? En nuestro Cuartel geneul se creía que el enemigo iba en fuga, y que al pre­sentlirsele nuestros batallones se declararía en denota: no sucedió así, y como nQ ae procedía conforme á ning6n plan, la sorpresa que caus6 el combate hizo compro­meter e 1 ejército al acaso. • Véase adelante lo que sucedía por esos lados. · • Además, como Grama lote queda al N. del Peralonso, es claro que el General en Jefe autori.z6, si no ordenó, la conducta del General González Valencia "lavan .. zar de La Laja, no obstante lo cual, despu~s quiso hacerlo responsable de su falta de pericia militar. • ¡Hermosa ilusi6n, suponer que un ej~rcito alza el campo, p.\Sa á vado un au­cho río y camina 40 kilómetros en tres horas l Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BDLETIN MllJTAR ~ 19 De Bu cara manga se ofició el 17 á Bogotá que "las fuerzas legitimi~tas habían obtenido completo triunfo sobre ]as revolucio­narias, en el punto de La Baja (por La Laja), abajo de Santiago, después de día y medio de combate rudo y violento, en los días 15 y I 6, habiendo combatido por nuestra parte la División Santander y el Batallón Cauca. El combate terminó el 16 á ]as doce del día. Los derrotados huyeron en dirección á Chane, y los persigue nu­merosa fuerza que pronto les dará alcance." El mismo día y del mismo punto se había transcrito antes la siguiente noticia, enviada de Pamplona el 16: "Ayer la primera División de Santander y el Batallón Cauca lograron derrotar, abajo de Santiago, revoluciona­rios. Dos días de combate. Derrotados huyeron para Chane; nu­merosas fuerzas nuéstras persíguenlos. El enemigo tuvo muchísi­mas bajas entre muertos y heridos. Triunf.:> espléndido."* Y cuando se esperaban en la capitz.l los detalles de la victoria, se recibió telegrama del General Villamizar, fechado en Pamplona, avisando que el Ejército había sido completamente derrotado, y que él, casi solo y por milagro, se encontraba á salvo en esa ciu­dad, que di ~ta diez y ocho leguas del campo de batalla. De cuál se­ría la sorpresa que tal noticia produjo en los habitantes, puede for­marse idea el lector. Para hacer más inteligible el relato de la jornada conviene transcribir primero los telegramas que del lado de Cúcuta llegaron á Ocaña en esos días y fueron comunicados el 19 á la capital con el siguiente exordio: "en la noche del 13 se escapó el Ejército re­volucionario, que acampaba en las breñ~s del cerro de Tasajero, por la vía del Astillero y Chane, á bu:;car salida por Salazar y Ar­boledas para penetrar en el interior de 1 República. Todo el Ejér­cito legitimista se hallaba en operaciones sobre el enemigo, en el campamento del Salado, y se proponía atacar seriamente el 14 al amanecer, cuando circuló en el campamento la noticia del escape del enemigo." · orra d Piedecuesta (cerca de Cúcuta) -4las dos de la maña­na del 14, al Coronel Yáñez en Salazar: "Tenemos fuertes presun­ciones, casi eguridad completa, de que el enemigo se nos escapó por La Arenosa, buscando el Astillero y La Laja, á pasar por Sardina­ta y salir á La Cruz. Sin perder tiempo y por orden del General Villamizar, pongo á usted este propio para que prevenga su gente allá en Gramalote, y sobre todo Batallón Tenerife, que debe estar llegando á esa. Desplegará una actividad prodigiosa, á fin de po­ner espionaje y orientarse del lugar á que pueda salir la Revolu­ción, y situarse bien con su tropa y el Batallón Tenerifi, y atacar­los en algún buen punto. Mi División se está moviendo y toma­remos el can.ino real para esa con fiando en que usted dará sus • Por d contexto mismo de t¡,\es telegramas hubo aqu( ~uienes dudaran Í'Qn~ d,adnmente de tan extraña victoria, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 20 BOLETIN MILITAR ~ oportunos avisos. No hay tiempo para más. El comhate z'ba á ur hoy, y nos han dejado con tantas narices.-Ram6n González f7a­lencia." El General Casabianca, impuesto de lo suc~dido en Cúcuta, por hallarse sobre la vía de los postas, de motu proprio dijo el 15, de La Palmita, al Jefe Civil y Militar de Ocaña: "Mande espionaje á los puntos por donde los revolucionarios puedan desembocar á La Cruz ó La Palma, y si se confirn1an noticias que anuncian de Cú­cuta, proceda á despachar para Gamarra (puerto en el río) todo lo que pueda serie embarazoso, incluso la artillería bien custodiada; quede expedito con los batallones caucanos, para obrar como se lo aconsejen las circunstancias. No duerma. Esté listo y preparado para todo evento. Piquete que está en La Cruz retírelo para Oca­ña. Yo regreso á Salazar, cinco leguas de aquí." Por su parte, el General Villamizar había dicho á la misma autoridad, después de anunciar la escapada del Ejército rebelde: "Nosotros lo perseguimos rápidamente; pero es urgente é impor­tante sí que ustedes procuren moverse en la dirección que más conveniente les parezca, para hostilizados en toda forma y por to­das partes." Esa misma tarde y noche el General Casabianca, de Salazar, comunicó: "Combate reñido hoy de ocho horas. Revolucionarios intentaron pa5ar río Peralonso por puente de La Laja, media legua abajo de Santiago, y fueron rechazados por los Batallones Gramalote, Salazar, Arboledas, Córdoba y Cauca. Tengo Tenerife escalonado desde el alto de La Laguna hasta el Molino, al norte de esta ciudad, esperando ataque; pero creo que si revoluc-ionarios intentaron esca­parse para el interior, por &Sta parte fracasará, porque nuestro E j ér­cito los trae ya acosados muy de cerca. Tenemos muchos heridos eR Santiago." "Debo advertirle que combate de La Laja no lo dirigí yo, sino el valiente y simpático General Ramón González Valen­cia. Ahora mismo (doce de la noche) avanza el Tenerife hacia Cai­mito (puente una lt!gua arriba del de La Laja), porque se cree que el combate se renovará al amanecer, pero tenemos seguridad del éxito, porque contamos con las fuerzas suficientes para infligirle á los revolucionarios un golpe mortal. Yo estoy también en cami­no, v puedo asegurarle que mañana le comunicaré buenas noti­cias." Es decir, esperaba que el Tenerife podría pasar el Peralonso en la madrugada del 16 y para flanquear la derecha enemiga. * En seguida llegaron á Ocaña estos otros despachos: "Ayer el valiente y simpático General Ramón González Valencia, con la División de su mando, y después de reñido combate en el punto de La Laja, que duró desde las ocho de la mañana hasta las cin­co de la tarde, resistiendo el empuje de las fuerzas revolucionarias, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '"-t'-"' 21 logró detener éstas en el sitio indicado. El enemigo, por la vía de Salazar, buscaba salida para el interior de la República, pero el golpe que acaba de recibir basta para que su plan fracase. Hoy nos preparamos para un nuevo combate, si el enemigo empuja, apoya­da la fuerza de los Generales González Valencia y Zuluaga con el Batallón Teneri(e, que tengo colocado en posiciones cstra~égic~s para resistir. Sé que el grueso del ejército, con el General Vlllamt- • zar, llegará hoy mismo al teatro de las actuales operaciones.-Ca­sahianca." "Acabo de saber por posta que después del último combate que tuvo lugar hoy en el puente de La Laja con las fuerzas rebel­des, éstas tueron batidas, dejando en el campo gran número de muertos y heridos. Los fugitivos huyeron hacia tierras de Chane, á donde los persiguen fuerzas numerosas.--Yáñez." El 16, del mismo $alazar (á las 8! de la noche) corrigió Yá­ñez: "según últimos informes, el rechazo que se dio esta mañana al enemigo no fue decisivo, y el combate ha continuado todo e 1 día, siempre en las dos bandas del río, pero ~vanzando hacia arriba, pues el puente fue tomado por nuevas fuetzas. Comunican de Gramalote que esta tarde á las 5, las cabezas de las dos columnas combatientes se encontraban ya más arriba de San Diego." Y ~n 'ista de tales noticias y ~e saberse en Gamarra que la revolución contaba más de s,ooo hombres bien armados y muni­cionados, y de que á las tres de la mañana del I 7 no se había vuelto á saber nada de Salazar, el General Folíaco oficiaba al Gobierno (el 19) diciendo juzgaba un hecho Ia ocupación de Salazar por los rebeldes quienes entonces habrían logrado salir con ventajas de la rinconada en que los tenían los nuestros; siendo de suponerse, además, que al lugar del combate no había concurrido todo el Ejér­cito sino sólo una parte de él. "Veo cambiado totalmente el curso de la guerra y Pegado el momento de obrar muy activa y enérgi­camente. Las fuerzas de Ocaña, constantes de 8oo hombres, se hallan e peditas para proceder como lo aconsejen las circunstan­cias hasta replegarse á este puerto ( '7ar,.arra ), donde conservo cua­tro de los mejores buques armados en guerra .... Ayer regresó á ésta la artillería y caudales, quedando cumplidas todas las disposiciones dictadas anticipadamente por el General Casabianca para en caso de un desastre ... espero mañana al General Domínguez con sus fuerzas, constantes de 400 hombres, y tengo lista brigada suficiente para que siga sin demora á Ocaña." En fin, en el citado puerto se recibió el 22 el siguiente tele­grama del General Casabianca, aclamado Jefe por los restos del Ejército, fechado el 20 en Pamplona: "Cuando llegué á La Laja el 16 por la tarde ya el desastre estaba consumado, y apenas pude evitar que fuera más grave rechazando un furibundo ataque del enemigo por el puente del Caimito, que duró desde las doce de la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • BOLETIN MILITAR ~ noche hasta el amanecer---· Estoy reorganizando lo que llega y ha quedado del desastre de La Laja y San Cayetano, y creo poder contar de aquí á mañana con más de 3,000 soldados, y daré prin­cipio á mi retirada sobre García Rovira y Bucaramanga, donde tenemos más de 3,000. Ha vuelto el entusiasmo y la confianza, y Dios mediante y los esfuerzos del patriotismo, salvaremos la Re­pública de los horrores del vandalaje." Son necesarios estos antecedentes para la inteligencia de lo que fue la singular jornada de La Laja, cenit casual de la rebe­lión, aclarar los graves errores de los boletines liberales, escri­tos ad hoc después de los sucesos, y recoger la lección allí dada, ó sea las consecuencias de las faltas en el alto comando: el General en Jefe dijo por entonces que la derrota provenía de la confusión que se introdujo entre los batallones al cumplir sus órdenes, olvi­dando que las que les comunicó fueron contradictorias, e:; decir, hubo orden, contraorden y desorden, porque no se supo abarcar el número de contendores-más de Io,ooo hombres-ni la extensión del campo (2 leguas) donde el esfuerzo se partió en secciones sin enlace ni apoyo mutuo, de suerte que las tropas de González Va­lencia y Zuluaga, vencidas en lo físico por el hambre, el cansan­cio y el esfuerzo de veinte horas de lucha sin relevo, refuerzo ni descanso, batiéndose uno contra cuatro, y diezmadas por el fuego no pudieron permanecer más tiempo en el terreno. Cuanto á la confu­sión que, repetírnoslo, díjose por el Cuartel general, se introdujo en las tropas, fue evidente, mas provino de errores de quien no pudo señorear las relaciones de tiempo y espacio aplicadas á esa batalla donde se perdió por disolución la mitad de un magnífico ejército de cerca de 7,000 soldados, que formaban una veintena de cuerpos, de ellos la mitad de línea*, y que resultaron derrotados cuando apenas contaban en conjunto un 5 por 100 de bajas. * * * La tuerza rebelde (Ejército unido) principió su movimiento el 13 por la tarde, llevando el Ejército del Norte la vanguardia, el del Centro tal puesto y el de Ocaña la retaguardia, por la pica (tro­cha) que de La 1\renosa (una de las estaciones del Ferrocarril) con­duce á Limoncito, sobre el Zulia, pasando este río no lejos de di­cho punto, en la madrugada del 14, por vado previamente recono­cido, sin peligro, pero empleando en ello mucho tiempo. En seguida, á pesar de un torrencial aguacero, remontó el río por la orilla iz­quierda hasta Pajarito, La Colorada y Zulia, de donde torció á la derecha, hacia Chane, por La Culebra, buscando la vía de Salazar. El 15 temprano la descubierta enemiga, seguida por tres Di­visiones del Ejército del Norte, pues la cuarta se había enviado á • Los boletine,; liberales vol vieron 9 ese 7, cuando frente á Tasa1eros no for­mbann 61000 hombres completos del Gobierno el 1-t- por la mañana. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--.,.--' 23 ocupar el cerro de La Alejandra para proteger el flanco de la Co­lumna y hacer frente á la fuerza que pudiera salir por La Amarilla; la descubierta enemiga, decirnos, ·después de salir de un bosque lle­gaba á La Azulita y principiaba á descender de las alturas hacia el Peralonso, cuando de manos á boca dio con la vanguardia de la Di­visión Santander, que cargada por fuerzas muy superiores se vio obligada á retroceder hasta la margen del río para ocupar la casa y corralejas aledañas al puente de La L~ja, que defendió largas horas con brro, no obstante lo cual tuvo que abandonar esa dominada posición por la inferioridad de su fuerza y la no llegada de oportu­nos refuerzos, pero su retroceso fue corto, pues se limitó á pasar el puente para establecerse en la margen derecha de este caudaloso afluente del Zulia *· El Peralonso es en la parte baja de su curso torrentoso é in­vadeable en lu general ; por su margen meridional, en poder de los legitimistas, gira el camino real de Cúcuta á Salazar, y á lo largo de esa vía, en longitud de unos 300 metros, tanto hacia arriba como hacia abajo del puente, existía una pared de tierra que la División González Valencia aspilleró para impedir con el fuego de sus tira­dores que el enemigo cruzara el puente. Este último es colgante, de alambre, soportado por dos estribos de cal y canto. Atrás de la pared mencionada se alza una línea de colinas montuosas, de las que se desprende por el E. una cuchilla que forma ángulo agudo con la pared expresada, sustentando en su lomo una cerca de piedra. Los revolucionarios se establecieron en las casas y cercas in­mediatas al puente, en la orilla norte, y enviaron fuerzas hacia arriba á sostener los puentes de Santiago y el Caimito, ocupando para e llo el alto del Caucho, y hacia abajo á La Amarilla, para cubrir los flancos de la posición principal, ó sea La Laja, donde quedaba el grueso de los rebeldes. Lo sucedido en el Caimito se explica e n su lugar. Cuanto á los legitimistas, aun cuando dueños de una línea ve nt aj osa, po r desgracia en el citado pu ~ nte de La Laja vino á que­dar un a ala, y confundiéndose en cierto modo el camino real con su fr e nte de co mbate, el envío de refuerzos á ese punto, por La Ama­rill a, por se nda o bligada, presentaba las naturales dificultades de tal disposició n t á ctica cuando el mando en jefe no se da cuenta de se- • Segt:í n el BolMíT' de Herrera, las fuerzas de González Valencia (una Di vi i6n) res i::; tieron eti la cft sa d e La L :~ja el em puj e rle cnatro Divi:ione ' ha ta la s dos de la tard e, en q ue repa a rt-n el pue nte, y de este lado sostuvieron cinco cargas cl11das sin ~~ti to por los ej é rcit o ~ del Norte y Centro• reunirlos, ce ando los fuegos al cerrar la noch e d el 15, y e l J 6 las ele O caña relevaron á 1 as quebrantadas el día anterior, siendo así un t ercer ejército fresco el que tom6 el puente. Según el de Durlín, su ejército so::.tuvo la lucha en el puente d esde el 15 por la tarde hasta las diez de la mañana del 16 , en qne volvieron al combate los otros Genetales rebelcles, y por la nocht: de este día mand6 considerables tefuerzos al Caimito y un batallón á La Amaril1a. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 24: - 80LETIN MILITAR T mejante situación para impedir el desorden en los movimientos de flanco, evitar las órdenes y contraórdenes y atender á una lucha cuya llave táctica resulta en uno de los extremos del campo de batalla. Y no se extrañe hallar tropas nacionales más al 0., en el Cai­mito, por cuanto las que allí lidiaron al mando del General Casa­bianca, sobre ser en muy corto número, no formaron parte de la lí­nea: allí acudió dicho Jefe, que, como se dijo, sin mando, regresaba á Ocaña, * atraído por el rumor de la batalla, mas sin saber con precisión lo que ocurría ni cómo estaba empeñado el Ejército del Gobierno, de suerte que para nosotros la lucha en el Caimito fue un combate distinto y separado, aun cuando eficaz, y que pudo haber sido de gran trascendencia si el General en Jefe del Ejér­cito hubiera alcanz.ado á darse cuenta de la situación general antes de•abandonar el campo. En una palabbra, nuestr0 Ejército se empeñó sucesivamente por escalones pero á distancias en que no podían apoyarse debida­mente; la fuerza que combatió la primera en La Laja llegó á tiem­po de cerrar el paso al enemigo en su rápida marcha hacia el in­terior *, pero el resto del Ejército perdió un tiempo precioso adelantando por el Ferrocarril á averiguar lo que pudo y debió in­dagar un simple destacamento, y aunque algunos cuerpos fueron acertadametfte movidos hacia Chane, á obrar sobre la retaguardia del enemigo, ya en el sitio preciso para ejecutarlo, al otro lado del Zulla, recibieron orden de retroceder de nuevo, y en marchas y contramarchas, en clima fortísimo, perdieron su vigor, y de poco ó nada sirvieron en definitiv:1 en ]a jornada. "Así pues, no obstante ]o rápido c:Je la marcha que hizo el Ejército liberal, el enemigo le ganó de mano porque ]a distancia que tenía que recorrer era m á~ corta y por mejor camino. N os tocaba forzar el paso, retroceder ó buscar otro camino para cruzar el río más arriba *. Al enemigo le tocó en suerte una posici~n soñada, • El General C'lsabianca entregó su ejército al General Villamizu y regresa­ba por donde había ido cuando lo sorprendió en el camino la ha talla empeñada como queda dicho. Entonces, orientándose del campo, voló á defender el desguarnecido puente de C<~imito, evitando a¡,( que el Ejército legitimista fuera realmente envuelto, y que eliebelde ó nna parte de él, encontrara libt·e ese camino para el interior. • Aun cuando esa fuerza se hubiera enviado á La Laja con orden de no pasar elrío,lo qne hahrf1sidoun error, ya que lo natural era ocupar las alturas al Norte del mi mo, el paso trausitorio del puente nada significaba, pues en definitiva se li­mitó á impedir al enemigo cruzara el río y por ende á cortarle el camino al interior resistiendo su empuje como perentoriamente ae le había otdenado. • Un movimiento de tlanco para retirar un ejército del fuego y llevarlo á otro campo de batalla, posible en tiempos de Federico el Grande, es hoy día simple y sencillamente una herejía militar. Por lo demás, aunque en el Caimito el General Casabianca cerraba un paso á la extrema derecha revolucionaria, quedabll libre el puente y vado de Santiago que ella no ¡¡upo aprovech411. ' Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ provista de trincheras ya construídas, ~·on un río á su frente, * es decir, para nosotros el problema militar más difícil de resolver que desde el Gránico hasta el Alma sobre Sebastopol ha dado lugar á victorias insignes y c:o>tosas y á derrotas violentas " *. El enemigo, pues, atacó con denuedo pero sin éxito, la posición de La Laja todo el I 5 y las primeras horas del I 6. Este día por la ma­ñana principió á acercarse nuestro grueso al campo: una División logró cruzar el Peralonso por La Amarilla, y atacando con venta­jas la izquierda revolucionaria, la puso en difícil situación, pues hubo momentos en que se apoderó de un picacho que dominaba La Azulita y las corra lejas de La Laja, pero no fue reforzada oportuna­mente, y no pudo conservar un punto en donde sus fuegos habrían determinado en algunos minutos la derrota de los rebeldes. "El problema (Boletín de Uribe U.), continuaba (tarde del 16) sin resolución. Todo esfuerzo se estrellaba contra el obstáculo inven­cible del río y de los atrincheramientos enemigos; sólo un nexo(sic) ligaba los dos campos: el angosto del lado del puente, y cuantas ten­tativas se hicieron por pasarlo, costaron la vida á cuantos lo inten .. taron. Efectivamente detrás de los machones de la banda derecha estaban apostados tiradores enemigos; de la tapia frontera zumbaba un continuo huracán de balas (sic) á lo largo del angosto pasadizo, y por añadidura, fuegos oblicuos lo hacían más peligroso. "La perspectiva del desenlace no podía ser más triste; el ago­tamiento de los pertrechos y el desaliento del Ejército imponían en un plazo perentorio de horas el fin de la jornada. De todas las posiciones no llegaba al Estado Mayor sino una sola demanda: refuerzos y cápsulas y ni una ni otra cosa había de dónde sumi­n istrarlos. El número de heridos y muertos era considerable .•.. Todo esto causaba impresión de profundo desaliento, que se veía pi ntado en todos los semblantes. Había ya más de 200 *hombres hacia la cordillera en calidad de derrotados ; por las quebradas y rastrojos había gran número de soldados ocultos ; el espectáculo de La Azulita era desconsolador: una multitud de mujeres y ho mbres armados se mantenían delante de las hogueras, continua­mente ati zadas, devorando sin descanso cuanto hallaban á la mano; sólo co n i nfinitos esfuerzos se lograba formar un centenar de hom­bres pa ra llevarlos al combate, no se llegaba á éste con 20, y de allí • Soñ a da sí fue la po sición que tocó en s uerte al enemigo en Palonegro. Cnnn­to á Es t a de L a L aj a, aun cuando buena para un des pliegue al frente, por des­componerse e n cu enc c. s entre colina~ que llega n hasta e l río, presentaba graves c1i­fi. eult ades para el desp liegue de flanco, por uo cruzarla sino un solo camino, ocupar lo rebel de l as alturas f1onterizas y oo mediar entre éstas y las otras sino un tilo de fusil. • Del Boletín de U ribe Uribe. Olvidd el autor en su recuento desde la guerra de Secesió n hasta la Turco-ruaa, posteriores á 1854, y en las cuales se han cum­pUdo notab e:~ pasos de rfos empleando las armas de retrocarga, de invención pos­te ior á la campaña de Crimea. • Puede agregarse otro cero á esa cifra p:na acercarla ' la verdad • • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 26 80LETIN MIUTAR ~ se retiraban los demás poco á poco, fatigados, hambrientos ó con pretexto de comisiones imaginarias. Es lo cierto que si se hubiera pretendido prolongar el combate el 17, no habría amanecido un solo hombre en su puesto. Hacia el medio día el enemigo comunicó á Cúcuta la derrota del Ejército revolucionario." Según el mismo Boletín, el ejército rebelde estaba metido en JJn callejón sin salida, y á la una de la tarde, aun cuando resistía en La Amarilla, no podía tardar en ceder allí el campo; en el Ca­cho la derecha no estaba en mejor situación;" del Cerro anuncian que dos batallones subieron de Zulia al alto Alejandra, cayeron á Chane y vienen por la misma vía" que siguiera el Ejército, el que estaba, pues, en inminente riesgo de ser envuelto. Afirma el pa­negirista de U ribe U ribe que éste dijo entonces: "N os queda la salida hacia Gramalote (?), pero como no nos restan cápsulas para diez minutes más de combare, y como lásolidez de nuestra tropa no es tanta que permita una retirada en orden *, lo que nos aguar­da, si nos movemos, es una derrota pura y simple por territorio po­blado de enemigos y, sobre todo, sin saber á dónde vamos ni qué hemos de seguir haciendo. Estamos tocando con la mano la diso­lución del ejército y el fin de la guerr4 *." Agregando dicho jefe que "era preciso hacer un último y desesperado esfuerzo sobre el puente, á fin de que si no se obtenía el triunfo, á lo menos no se repitiera El Papayo, Chumbamuy y Capitaneja." Resumiendo tendremos que al amanecer del 16 se reanudó el combate, inic1ado este día con dos ataque.s de las escasas tropas le­gitimistas que defendían el puente, pero que fueron rechazados peor los rebeldes; al mismo tiempo una Di visión de éstos atacó el sect ~or denominado La Amarilla para coadyuvar á un movimiento general que intentaba el enemigo hacia nuestra izquierda buscando anhe­ante paso para el interior. La línea de combate se había ido prolongando insensible­mente hacia el 0., y á la sazón medía ya 10 kilómetros (La Amarilla á San Diego), por lo cual los Jefes del ejército legitimista proyectaron romperla atacándola denodadamente en lo que sup,o­nían era su centro (en La Amarilla), pero no con5iguieron s u intento, que principiando con éxito se redujo á perder tropas, p•or no sostenerlo á tiempo, como que da dicho. Corrió, pues, el día sin que el combate pareciera próximo á wn desenlace desfavorable, al contrario, las tropas legitimistas, con tenaz esfuerzo lograron poco á poco dominar casi con sus fuegenta prisioneros alcllll7.Arlos ~n la persecución (de la madrugada, no se olvide), y con los 35 restantes, puestoa al mando del General Pedro Rodríguez, no vaciló en atacar el grueso del enemigo ocupado en el paso del Zulia, por el Urimaco. Esto produjo el más espan· to Q desconderto., ... pero con todo, el enemigo se desplegó sobre las fuertes colinas del UrimhcO y con sus fuegos nos caus6 graves dañoa y nos impidió pasar el Zulia." La demostración de nuestro aserto ef-e pue ·, completa; los rebeldes no derrota• ron el ej(rcito legitimista; no supieron la catástrofe de la prima noche hasta lama­drugada eiguiente, y todas !>Us contradictorias publicaciones se vieron obligadas ' falsear los hechos para concanetar su derrota y su singular victoria y. discernirse así singularísin,os laureles. • A firma Herrera que Soler Martínez, "haciendo un movimiento de flanco d~sde La Azulita, había extendido la línea de batalla á. la clerech3, basta El Cacho. una media legua, parándo11e allí como antemural" (¿contra quién?), y nada dice de lo que allí sucedió; por su parte Durán afi.rml que envió primero alguna tropa á refor­zar i Soler Martínez, "quien combatía aquella misma noche con fuerzas del Gene. ral Casabianca. Ya avanzada la noche, ....• penetrado de la importc1ncia del punto que se defendía, envió un batallón para que apoyara por tetaguardia" á Soler Mar. tínez; el panegírico de Udbe U. sólo trae estas líneas: 11 Por arriba el General Soler era seriamente cargado por 800 hombres al mando del General Casabianca," gu~l'· dindose de mencionar el resultado de tal caTga. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 30 80LETIN MILITAR ~ hay noticia oficial y por esto reproducimos en seguida el parte que el General Casabianca, que lo mandó sin cargo oficial, comunicó á su familia: u Pamplona, 21 ''Laura de Casabianca-Bogotá " Estamos sanos. Cuando llegué á Santiágo el I 6, cercano al teatro del combate*, fue para presenciar el principio del desastre., y al día siguiente (17), se consumó en el paso del río Zulia. Por fuerza hube de retroceder, y para lograrlo, tuve que librar un r:eñido com­bate de seis horas en el punto del Caimito, legua y media arriba de La Laja, que terminó al amanecer con la derrota del enemigo, de­jando el campo cubierto de muertos, heridos, dos banderas y varios prisioneros. Nosotros también sufrimos muchas bajas. Seguí mi retirada á Salazar,yde allí hasta aquí, en donde despues de haberme hecho cargo del mando en Jefe, me ocupo en recoger dispersos y reorganizar todo lo que va sa 1 i -::ndo del campo del de::;astre. Y a te­nemos organizados más de tres mil hombres, y hoy ó mañana los moveremos sobre B ucaramanga ó García Rovira en busca de rea~­ción moral y de las tropas que tenemos del Sube para acá, con ánimo de librar un segundo conbate en donde convenga. CASABIANCA" ¿Cómo se había cumplido la última escena en tan extraño dra­ma? Por propia i,niciativa algunos soldados legitimistas ocuparon las colinas que por la izquierda dominan el Zulia, á modo de retaguar­dia, y el río se principió á vadear ~n relativa calma; pero hacia media noche el General en Jefe mandó suspender el paso del parque, que se hacía en canoas, y esto y un toque de retirada mal dado, luégo, y peor entendido, hizo bajar á la orilla á los que de las colinas ved­nas habían cubierto la operación, llenando, además, de pavor á los que así abandonaba el Jefe supremo. Fue entonces cuando unos po­cos revolucionarios llegaron á dichas colinas y dispararon sobre la masa reunida en las orillas del río, produciéndose. la escena final del tremendo pánico: sesenta cargas de parque fueron arrojadas al Zu­lia, de donde las sacaron más tarde los enemigos; las tropas qut! en montón lo cruzaron, dejaron en sus ondas arma:s, equipo y ha:sta el vestido. Cuanto á las tropas que esguazaron el río en relati­vo orGen (González Valencia y Arboleda), se replegaron á C ú­cuta, donde pocos días antes entraron victoriosas, y de allí p>or • El General Casabianca al encontrarse con un puente desguarnecido (8Hm· tiago, entre los de Caimito y La Lllja}, euvi6 aviso de esto y de sn llegada, con un hijo que le acompafiaba, al General González Valencia, pero e!'te Jefe no ptndo tmviar tropas á ocuparlo, porque de día era imposible cruzaran un camino barr·ido pot el fuego enemigo. Ofreció hacerlo en la noche, suponiendo le llegarían refmer· zos, pero esa tarde fue cuando la to:na del puente cortó las comunicaciones emtre los dos citados Jefes legitimistas, y el primero tuvo qu~ anollar al enemigo que te­uta al frente para poderse replegar sin peligro y en ordeq. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '---v--' 31 Chinácota pasaron á Pamplona á reunirse con los que en mejor estado moral, los vencedores en Caimito, condujo el General Ca­sabianca por otra vía, siendo sobre esos núcleos que se logró reu­nir la mitad del lucido ejército con que la República contara la antevíspera, como queda dicho atrás. . • Las bajas de los legitimistas ascendieron á unos 700 muer­tos y heridos, 900 prisione os y 2,ooo dispersos ; los de la revolu­ción á r,soo, entre muertos y heridos, y muchos dispersos, por lo cual por el momento no pudo perseguir á nuestro quebrantado ejército, que en orden se retiró á García Rovira, cubriendo el ca­mino de la capital. * * * Por misteriosa coincidencia la misma aurora iluminaba la ca-tástrofe del Zulia y la victoria de Caimito. Cuáles fueron las consecuencias de aquélla, no nos toca decirlo; la otra fue sin duda la primera donde el pabellón de la República, por etapas de victo­ria que se llaman Caimito, Palonegro, toma de Cúcuta y, segura­mente, rendición de Ocaña, vengó la doble ofensa que á sus sol­dados se infiriera en las inolvidables márgenes del Peralonso. ----.,. ..... ·~-- EN ALGUNOS CIUDADANOS Cuando un italiano oye el himno de Garibaldi en tierra extranjera, lo primero que hace es soltar un PER BAoo, sonoro y rotundo, echarle una loa al Papa, si es republicano, 6 á la Repú­blica si no lo es, apretar los puños, fruncir las cejas, y comple­tar la escena con otro PER BAcu. (Esta observación está sujeta á rectificación; porque es probable y posible que baya italianos que se produzcan de otra manera, á lo cual no me op>ngo). Cuando un español, en las mismaM condiciones del italia­no, oye la Marcha y espalda la de la yt>gua. Un polaco lanza todo su surtido de imprecaciones contra Rusia, piensa vagamente en la venganza, en el anarquismo, y .... acaba como el ruso. Por último, cuando un americano oye el SWEET HoME 6 el YANKEE DooLLE, ~i lo cantan á su gusto, aplaude, si muy á sn gusto .... chifla; medio supremo de expre~Sar su admira­ción; y t;i no lo cantan á ~n gusto~ sigue mascalHlo tabaco. Y ustedes perdonen estu.s reflexiones de carácter IN1.'ER· NA.ClON AL y manden lo que gusten á su afectísimo. Un chileno, al oír la Canción Nacional, se pára y se saca el sombrero y exclama: Hurra! Viva Chile! y st la chicha le ha hecho mucho efecto, grita acaloradamente: ¡Viva CI.Jile miéci.Jica! ~ WLI~ll~tll ~ IDrllE w~~um~~ 1.• Higiene general: levántate temprano, acuéstate tem­prano y ocúpate durante el itación: la casa limpia y alegre hac el hogar a~radabl . s.• Higiene moral: e1 espíritu reposa en las distracciones del entendimiento; pero el abu o eugendra la pasión, y la pasió el vicio. 9. • Higiene intelectual : la alegría hace amar la vida, es 1 50 por lOO de la salud; por el contrario, la tristeza y el abati­miento adelantan la vejez. 10. • Higiene profe ion al: ¡vi ves con el producto de tu in­teligencia t No dejes aniquilar tus brazos y piernas. ¡Ganas 1· vida con la labor de tus brazos f No olvides adornar tu int · ligencia y engrandecer tus pensamientos, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 159

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 164

Por: | Fecha: 11/08/1900

BoGOTA, AGosTo 11 DE 1900 ---------------------- -- -- -------~~ --4--- Ora-ano del Miuisterio de Guerra y del Ejército Director ad honorem Francisco J. Ver¡rara V. Ion colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del E jércit., General, Miembro de la Sociedad Colom'bia•a de Ingeniero• ::N"U:LV.I:. 104 República de Colombia-Ministerio de Guerra-Sección I.•-BogD­tá, 31 de ]ulio de I 900 Sr. Gener~l Francisco J. Yergara y Velasco-Presente. El Poder Ejecutivo ha tenido á bien nombraras Comandante de la Plaza. Lo que tengo el gusto de comunicaros. GUILLERMO QUINTERO c. ~~---.o~GG!X9~ \ .. J)~~CTEJ:N AL ~~; ~dl!t @lli)~~~~ffi~~@ FRAGMENTO DE UN !:STUDIO ESPAÑOL SOBRE ASCENSOS Y lt.!COMPENSAI I Hasta aquí, como habrá podido observarse, hemos tratado sólo de los ascensos en la~ diferentes jerarquías de los oficiales particulares. Tócanos ya hablar del ingreso en el Generalato y de las promociones dentro de esta elevada clase. En España, país de los contrastes y viceversas, mientras consideramos pecaminosa la elección en las graduaciones infe­riores á Ooronel, hallamos digna de reprobación Ja antigüedad de Coronel para arriba. ¡A qué criterio obedece esta uüeren'. Vlll-l:t._ • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 162 BOLETIN f MILITAR ~ cia' Esto es lo que' procuraremos poner en claro, suavemente, porque ha traído males sin cuento. Por lo pronto á un estudiante o de e~cmulra!" Uno de los j6,.·enes que mfts l10nrau al Ejército por su cul­tura, por sus mérito·, por su e u tu iasmo y 'US incesantes tra­l,) ajos, en notabilisimo estudio que ha consagrado á La Educa- , Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. QOLETIN MILITAR ~ 165 ci6n JJUlitar *, recordando ciertas palabras de Taine acerca de Ja Sociedad i~glesa., y aplieéJndola8 á la Soeieda.d militar, dice, y con razón, quo no es fácil cosa llacer un General .v mucho menos un camlitlo. Porque el geuio, en •fecto, no surge ni de la Uuiversiditd, ni del campo de mauiobras. Francia, Italia y Prusia buscan auhelo~as la selección más pura. Un.minando con paso seguro Ingla.teira, 1mesta la Yista en el Generalato pru­siano, uo olvida aquellas ruda~ pero exactas palabras del Ge­neralísimo Wolseley: '•Los Generales qne 110 t'Studian, que ig­noran su graves y pesa,das obligaciones, sou unos asesinos. Inspirémouos en la constitución del Generalato alem{ul .... Nada de teóricos, ni de practicone~, ui de Geuerales de gabi­nete .. Sencillamente hacen falta Generales que conozcau sus deberes." • * • A mediados de Junio de 1894 publicaron los periódicos franceses, la Gazette de France entre ellos, varios documentos de extraordinaria importancia. hi~tóriea. Uno de dicllos docu­mentos, ele fecha 12 de Octn u re de 1880, era u u a carta reser­vada del General Galifctt á Gaml>etta., Presidente de la Cáma­ra á la sazón. "Estuve a.,rer-escribía el GeneraJ de.sde Tours-unas ho­ras eu París, con el objeto de evacuar alg-unos asuntos perso­nales, y he teuido oca~ión de recoger las opiniones emitidas por Jos agregados militares extranjeros con motivo s son los Generales-aña de Galifett,-y del Coronel ruso Kaulbars es la frase)." "Este mismo Coronel. conversando con el General L'Hotte, que manda la. caballería (lel 6. 0 cuerpo, ha quedado sorprendi­do de sus pocos alcanee y de su 'rnediocrité, salvo en equita- • La Etiucari611 AfilUar, por D. José Ibáñez Marfn, Comandante de infan . ~ería-Madrid, 1&99. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 166 BOLETIN MILITAR ~ ción. Las maniobras de la caballería han sido vergonzoHamen­te malas. Se ha combatido á pie. Y en la caballería decimos que el combate á pie es el recurso de aquellos que no saben qué hacer con la caballería." "Hay en esta arma, según se ha visto, muchos Capitanes, Tenientes y Subtenientes de porvenir; algunos Coroneles, Te­nientes Coroneles y jefes de,escuadrón lo son también. Pero en las maniobras verificadas entre Lunéville, Epinar y Mirecourt, el director y los dos divisionarios han resultado de lo más me­dianos." "El General de Brigada de Oools, que manda una Brigada de caballería, es el único que entre nueve Generales ha sabido lo que hacía. Sin embargo se le ha advertido inexperiencia en el manejo de su arma. (E!Sto era natural: hacía su deb'ttt.)" "En mi cuerpo de ejército, de los dos divisionarios uno de ellos, Sonis, ha estado bi~n. El otro, Arnandeau, es absoluta­mente incapaz. Con~tantemente se ha puesto en ridículo. Este hombre, muy instruido en ciencias, no tiene aptitud militar de ning.una clase. Es un hombre precioso en P~u· ís para una comi­sión mixta de trabajos públicos." "Todas estas cosas no han sido advertidas solamente por Jos oficiales extranjeros. Ayer, durante las dos horas que he pasado en el Mini. terio de la Guerra, lo he oído repetir en to­dos los despachos." "EL J\IlNIS'l'RO QUIZÁ SERÁ EL ÚNICO QUE 1.0 IGNORA, Ó NO LE CONVENDRÁ QUE SEPAN QUE LO SABE, y dirá que los Generales son buenos porque sirven al Gobierno de la Repú­blica. Es, en efecto, esencial servir al Gobierno con celo y leal­tad; pero hace falta también servirlo con inteligeucia." Este documento no estaba destinado á la publicidad. Reu­ne, por lo tanto, todos los caractere de una confidencia since­ra. Del mismo modo debe ser apreciado el juicio que otro Ge­neral, ilustre también, hizo en 1880, en el terreno de las confi­dencias, al Presiden te de la U á mara, á propósito de la promo­ción de Generales preparada por fines de aquel año. "Los que de erían elegirse-escribía-parecerían muy modernos al J\linü;tro." "Uarrelet es muy mediano; L'llotte viPjo y opuesto á tolo progreso. Los demás no merecen ni que Re les cite. Latheula­de, l\'Ionterby, Oudinot, Gnyon-Vern1er, antereau Dupar, Du Val de Dampierre, Petit, ele Flaynes, Guyot soluta.. La ofensiva mucho menos. Ya formen las moutañas un simple obstáculo lineal é barrera, que se deba salvar como largo desfiladero, para caer en el llano de la otra parte; ya constituyan el teatro de la guerra y el núcleo defensivo, la ac­ción de la ofensiva debe ser eficaz, más aún que en las llanu­ras, por su energü:t,, por su iniciativa estratégica, si bien tQm­plada por gran mesura y circunspeccióu táctica. en las marchas, encuentros y combates. Si en la defensiva entra ¡Jor mucho el terreno, la ofensiva requiere su exacto "conocimiento," que no puede obtenerse sin continuos, prolijos y acertados reconoci­mientos. Bien se ve qne sin aquél y sin éstos, los amagos, las demostraciones, los falsos ataques y llamadas, tan recomenda­bles para que el enemigo se esparza y desatienda los puntos codiciados, podrían llegar á ser una serie de choques sin resul­tado, 6 quizá una suma de sangrientos descalabros. Nada más frecuente ni más censurable en la guerra de montaña que la manía de tomar y perder, y volvf3r á tomar posiciones, deján­dolas encharcadas de sangre, para estar al fin de la jornada Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 170 BOLETIN MILITAR '-y-" peor que al principio, y quizá teniendo á la e~palda más enva­lentonado al enemigo qne antes estaba al frente. Si en la guerra de montaña influye con preferencia la es­tructura y naturaleza del tm·t'eno, no hay que desatender ideas y elementos que se relaciouan con la organización y con lapo­lítica. Esta última, singularmente, acrecientaJos embarazos al constituír la g?.tet·ra y al proseguirla. Si unas veces conviene el siRtema, hoy tan conocido en medicina, de similia si1nilibus, ó de herir por los mismo filos, es decir, de contraguerrillas, de dis· persión, de dislocación ; otras veces conveudrá localizar la gue­r? ·a, para. establecer una c~ntrarrevol'ución ó bloqueo, como hoy se dice, hm·mético j otras, en fin, obrar, como el ariete sobre una muralla, por golpes repetidos de una masa única y poderosa. Demostrado hasta la evidencia cuán varia y complicada es la guerra de m.ontaiia en su esencia, todas las reglas que se quisieran Ueuucir para RUS opet·acionlJS secundarias y pormeno­res ién el espacio de que <:;e disponga, la artillería con vivo cañoneo podrá apoyar un rápido despliegue, ó con más frecuen­cia, en valles encajonados, se t udr{¡, que romper el ataque des­de luego con las cabezas de columna. La ínstáeu­los localc .. quo pre ente la boca del desfiladero. Por demplo: en un valle ó garganta, las primeras alturas ó estribos; en nu ca­mino entre bosques, los primeros manchone' y matorrales. En tal dispo~ición la. artillería Se distribn ·e tlonle, espía el momento de cargar por el flanco {l. la columna enemiga que avance. l3ieu se compreude qne una po­sición de este g~nero lo misn1o puede tomarla una retaguardia al cubrir retirada, que la vang'uardia de una tropa en marcha ofeneiva. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 173 Y haremos aquí también una advertencia, repetida pero necesaria, sobre la jar al desprenderse del grueso todo lo que abulta y embaraza, incluyendo á veces basta lo indispensable, como la mocllila y la grupa. En grande y en pequeño, es indudable que el defensor, á la entrada de ttn de.sfiladero, lleva implícitamente esa desven­taja iuicial y casi constante en la guerra del que espera y se defiende. No ha.v, pues, más remedio qne suplir y comptlnsar con táctica y valo1· lo desventajoso que la maniobra envuelve en sí. En ella justamente no hay elección de terreno: forzoso es acomodarse, cla"\·arse al suelo. Irse muy adelante es buscar voluntariamente el ser envuelvo y cortado; es desatender el objeto esencial, que cabalmente estriba en que ~l enemigo no se anticipe y guarnezca ó corone la entrada. Más vale, cuando ya no se pueda resistir el empuje, iniciar á tiempo el retroceso, retirando despacio la artillería. y el escaso bagaje que se lleve, y mientras una. parte escogida. corra. á establecerse en el inte­rior ó á la salida, verificar el repliegue con la calma y el orHen posibles, comeuzando·por las alas ó por (>l centro, según eon­venga . .A. la extrema retagua1·dia es á qui<.~n toca el peligroso honor tlio tit·o de distancia si es posible, enfila por el eje c..lel desfiladero, arroj< grauada · de roe­tralla contra el enemigo, que naturalmente e ·tar{t aglomerado dentro. Si no, toma colocación lateral para cruzar fuegos obre la salida. La caballería bicu se ~e que ha de est~ r recogida ha­cia las alas, para cargar, siempre de jlctnco, á la primera co­lumna que desemboque. El ataque 6 paso ofensivo s guardias y en sostenes sobre una milla de extensión, y para cubrir con ellos no más que cada punto del terreno comprendido en la línea de enlace. En efecto, como el adversario más emprendedor no puede, en la oscuridad, intentar nada absolutamente si no es siguiendo las carreteras, dedúcese que una gran guardia que se establece con sus centinelas para obtener el enlace entre dos caminos, es una fatiga inútil que se impone ·á la tropa, y una causa de debilidad para los destacamentos que tienen además que cubrir los dichos caminos. Cuando éstos están próximos ó se cortan, es práctico situar, en el punto de cruce, una tropa encargada de patrullar, y que, en vez de centinelas, mantiene á su frente un incesante servicio de rondas. Los ejercicios de paz, con sus reconocimientos en la oscuri­dad de la noche, y su tendencia, con la mira de la instrucción del soldado, á establecer en cuanto cabe, pero constantemente, un ~ordón continuo de centinelas con puesto de examen, patrullas Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 177 volantes, de enlace y de ronda, han hecho nacer en el espíritu de muchas gentes la idea de que siempre debía ser así en la guerra; que en ausencia de un enlace sólido entre los centinelas, éstos y las grandes guardias de que dependen, estaban muy expuestos; y por último, que toda sorpresa debía ser coronada pQr el éxito. En la guerra de movimientos, la seguridad de las avanzadas, como ya dijimos para la vanguardia, consiste, por el contrario, más en buscar al enemigo que en cubrir y batir todo el terreno. No es el número de las grandes guardias, ni su enlace, lo que ga­rantiza á un cuerpo principal, establecido en campamento, la se­guridad más c¡>mpleta; muy al contrario, una línea continua de avanzadas ofrece el primer inconveniente de hacer impracticable el deseo que se puede tener de alojarlas al frente durante la noche, medida que, en presencia del adversario en la guerra de movimien­tos, sería ciertamente ventajosa en extremo, tanto desde el punto de vista de la exploración cuanto desde el de la seguridad real. La añeja teoría con arreglo á la cual se debía, durante la no­che, replegar las avanzadas, no tenía otra base que la idea de la necesidad de un cordón no interrumpido de centinelas. Siempre ha sido posible en la guerra enviar al frente compa­ñías durante la noche, sin riesgo alguno, hasta la distancia de me­dia milla poco más ó menos, y dejarlas aisladas, sin otro enlace que un pelotón de caballería; y gran falta habría sido por parte de dichas compañías querer guardarse por todos lados, mediante un cordón continuo de centinelas, en vez de buscar su seguridad en la ocupación sólida de un punto fácil de defender (una granja ó cortijo, por ejemplo), y en patrullas dirigidas del lado del enemigo. Es de notar, por el contrario, en la guerra de movimientos, que aun en el caso de establecerse centinelas aislados á mucha dis­tancia al frente, el peligro que corren durante la noche es insigni­ficante, puesto que tienen la facultad de retirarse en caso de ata­que súbito. Sin embargo, conveniente es observar que la mayor parte de las veces obra tan violentamente sobre el espíritu de cier­tos jefes el temor de no hallarse en seguridad, que con frecuencia prefieren vivaquear en campo raso, sin leña y sin paja, lejos de toda posición defensiva, á establecerse en una granja que les pro­porcionaría abrigo, seguridad y facilidad de resistencia. El fantas­ma de un enemigo que los sorprende, flota ante sus ojos, y no quieren exponerse á esta eventualidad. Empero, en la guerra de sitios ya no es lo mismo, y tampoco durante ciertas largas suspensiones de operaciones; puesto que en­tonces el contrario intentará de preferencia sorpresas, con grandes probabilidades de éxito, gracias al exacto conocimiento que habrá adquirido del terreno y todos sus accidentes. En estos casos pre­cisamente es en los que todo el mundo reconoce como evidente que las grandes guardias deben, en cuanto quepa, ser establecida¡¡ Ylll-l~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 178 BOLETIN ILITAR ~ en casas de labranzas, cortijos, etc., para que estén más seguras y más en aptitud de mayor resistencia; y si un centinela es destaca­do á lo lejos á un punto de observación importante, ningún Jefe creerá por eso correr un peligro particular, pues que tomará siem­pre las medidas conv~ientes para ser advertido por las patrullas de la aproximación del enemigo, lo suficientemente. á tiempo para poder retirarse. Hay en la humana naturaleza contradicciones de las más ex­trañas; así, con frecuencia es condición de las organizaciones más enérgicas y bravas, ver durante la noche toda clase de fantasmas. Un jefe debe contar con semejantes dificultades, ó saber preve­nirlas haciendo notar, por ejemplo, la inmensa ventaja que preci­samente durante la noche tif>ne el defensor más débil, á quien es dable disparar, desde un emplazamiento oculto, sobre un atacante más fuerte, que se ve obligado, por causa de la oscuridad, á man­tenerse en el camino en una masa cerrada; debe también recor­dar que lanzando un vigoroso ¡adelante! ó ¡á ellos! unos cuanto5 hombres pueden lograr intimidar á un agresor que no se halla en estado de cerciorarse del número de adversarios que le acometen. 5. 0 Si en la guerra de movimientos, en la que en tan alto gra­do ha de economizar la tropa, no hay nada más falso y más fati­goso para aquélla que dispersarla en una multitud de pequeñas y grandes guardias con cordón continuo de centinelas, en los blo­queos y en Ja guerra de sitios ~s preciso, por el contrario, no des­cuidar nunca esta disposición de las avanzadas; pues que importa entonces no sólo garantirse de las salidas y de las sorpresas, sino también impedir el paso .de las patrullas, el de los espías y de cualesquiera otros individuos aislados. Prescríbese en. este caso emplear buen número de grandes guardias y de puestos de sar­gentos, porque las patrullas de caballería por sí solas no pueden asegurar un acordonamiento. Entre los caminos y sendas, y sobre todo en ciertos parajes propios para que en ellos se disimulen las patrullas contrarias, es donde con viene establecer los centinelas. Comoquiera que para un círculo de acordonamiento de gran desarrollo no es posible disponer de rodas las fuerzas nece·arias para vigilarlo todo perfectamente, preciso se hace que se recurra á medios ingeniosos, que den á los centinelas (tan debiles en í mis­mos) mayor fuerza de resistencia, y pongan impracticable en una gran extensión el terreno intermedio. T'ambién se puede, durante la noche, hacer retroceder la grandes guardias y los centinelas, á fin de reducir y estrechar más el círculo de acordonamiento. Igualmente debe ejercerse una exquisita vigilancia sobre las gentes del país, que se presentan muchas veces con apariencias inofensivas, y por último, tampoco corfviene tolerar que las casas situadas en las inmediaciones de las avanzadas continúen habita­das, por dura que pueda parecer una medida que consiste en echa( ! los habitantes de sus hogares. - Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIII MILITAR ~ 179 6. 0 Durantt una larga suspensión de operaciones, Ó también 1n los comienzos de una campaña, cuando el ejército verificntra un adversario figurado por algunos jinetes. Se proce­de del mismo modo para la instrucción de unidades más consi­derables. En fin, después de esta maniobra, la ca baile ría toma también parte en Dtras, ejecutadas con el concurso de tropas de las demás armas, y que habitualmente se organizan por simple acuerdo entre los jefes de cuerpo. • En el capítulo destinado especialmente á los oftciMle!, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 186 BOLEY.IN MILITAR ~ Todos los ejercicios del servicio de campaña se hacen con el armamento completo, pero sin equipo; y se repasa en consecuen­cia con ellos, durante todo este período, la instrucción individual, á pie y á caballo. V uélvese del mismo mudo á la equitación en pelo y bridón, y se vigila particularmente la de los reclutas. No puedo dejar este asunto sin decir además algunas palabras de las marchas ó etapas que con ella se relacionan naturalmente. U na marcha se dice corta cuando no excede de 3 millas ( 22kil., 5); ordinaria, hasta 4- millas ( 30 kil.); larga, hasta 5 mi­llas .(37 kil.5), y forzada, cuando pasa de este límite. Por otra parte, este nombre de marcha forzada se aplica menos á la longitud mis­ma de la jornada que á la forma en que se ha recorrido. Así pues, podrían ~itarse muchas marchas mayores de cinco millas y que no se han considerado de ningún modo como forzadas, porque se han ejecutado en circunstancias muy favorables. El aire empleado, el estado del tiempo y de los ca mi nos, el de los mismos hombres y caballos, son otras tantas condiciones que es preciso tener en cuenta para saber si una marcha debe ó nó citarse como forzada. Si, por ejemplo, en una jornada de 3 millas se han hecho al trote los tres cuartos de cada milla, puede decirse que es una marcha forzada. Se admite como perfectamente posible recorrer durante las marchas hasta una milla entera (7 kil., soo), al trote, y de un tirón. Para hacer una milla se admite que habitualmente es preciso: al paso, poco más de una hora ; al trote, 32 minutos ; con aires mixtos, 45 minutos. Este aire mixto consiste en descomponer la milla próximamente como s igue: un octavo al paso, otr·o al trote, otro al paso otra vez, un cuarto al trote, un octavo al paso, y otro cuarto pl trote. Lo que hace cinco octavos recorridos al trote en 20 minutos y tres octavoc:; al paso en 25 minutos, esto es, omo se ve, un total de 4-5 minutos. En las últimas campañas, y aun á ve­ces durante la grandes maniobras, se citan casos en que la caba­llería ha hecho 10 millas (7 5 kilómetros) en veinticuatro horas. ~ ~ ~­. A.~:t:EDADES - '(Continuación) (Continúa} Por una pequeña y desvencijada puerta entramos á un pasadizo, obstruido con vigas, cueros y tR bias viejas, y en se· guida al patio poblado do auimales y nada limpio. Mo tráronnos al frente la sala, dando este pomposo nom l>re á una pieza larga con pavimento natural, es decir, ue tierra pisada, mesa empol­vada próxima á un poyo de ladrillo, dos sillas de cuero con· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN !LITAR 187 '"-y--' tempmráneas de la conquista, y en las paredes toda la corte celestiial, representada en estampas al humo, gr~-.,barlas en ma­dera, ilumimulas Yalerosamente con azafrán y achiote, y nn San .A\.ntonio de bulto, perdidos los colores, raído el hábito, y extenuliendo las mutiladas manos hacia do sartales de friso les interp>Olados con musgos que invadían la puerta. del nicho del a:fiigiu.1o Ranto, como para impedirle la salida; y en verdad que los bi en aventurados no debían permanecer allí sino prisioneros y mal de su grado, en compaí1ía de las escandalosas gallinas, que dle cuán(lo en cuándo trepaban llasta el andamio beatifi­do, CO)n la manifiesta intención irrespetuosa de convertirlo en nido. La po adera en jefe era una vit.•j \cilla enjuta de carnes, de gernio agrio y al parecer rezandera, muy celosa de una mu­chacb a mofletuda y desgreñada, de quien se hacía acompañar, y la ccual, según las apariencia del rostro, manos y pies, pro­fesabaa tenazmente la teoría gallega de que "la cáscara guarda al}laJJo." No quise vi~itar la, cocina porque estaba seguro de perdefr, con detrimento del a.petito, el resto de las ilusiones que aún n·ne quedal>an. Llegó por fin la hora de comer y cenar en comp(leudio, y salirn.os heroicamente de aquel mal paso, cli~po­niencUo en segnic.la nuestra peuitentes camas en la sala y en prese1 ucia de los santos susodichos, por cuanto el dormitorio no se halbía barrido desde la coustrucción de la casa, y las dos enjas allí ·oterradas no daban muchas garantías. -"¡Oh señor!'' prorrumpió la voz de la patrona por de­bajo dde sLl alto y amarille1 to sombrero (le palma: "¡cómo no se acune tan en el dorrnitorio y uo aqui por onde una tiene que dir á st cuarto 1" -' .._:Tacla tema , rígida virtud," contestó mi compañero, '' puess e hallarús hbrc de acechan7-aR ." -'· Chau~aR 0? ajo ) 1 ·ujas! " - -- '' r ora 1" continuó la interesante patroua un tanto pi· cada, " ¡, m s no tá bueno qne no tenga una por oude pasar sin que . .... · " UJ ronquido nasal y vigoroso de mi compañero, y una sú­bita cea m jada. mía.., pusieron fin al importuno diálogo: salióse )a viej~ja, grnfi~nllo, y á pocos ruomeuto volvió, y procurando no hacer-: r ido y empujando por delante á la jaspeada :Maritornes, cansa t. ( e su .ser,·acióu, que e~pero ver clemostr , al examinar la rotura de la cortlillera. hacia Saboyá y Pne Nacional, pues deJa parte del llano se presentan rápidos y ' carnaclos cou escalone que manifieMan los sucesivos derr bes que han padecido, al paso que del lado opuesto conser fntegros sus declives deslle la cumure, y entera su form .ao primitiva. Demn de esto, lo' croni · ta s de la couquista m cionan por incidencia la gran laguna de Cncunubft y Ub lugare · hoy enjutos y hturatlos, lo que hace creer que en ton comenzaban en el primero do esto.· pneulos las aguas del 1 de F úquene, restos del antiguo mar dulce. Poco más adelante de Ubaté He acaba el eamino llan sigue por encima de cerros escarpados, uno de los cuale Alto de BnenaYistn, mide 2,769 mett os de elevación, y la e bre siguiente, llamacta Vol«dor «e Fú.quenc, 2,8!)5 m~tros, a gándm~e y dificultándose uotal>lem eute el camiuo por aquel eminencias, cuamlo ¡10dl"Ían rodearse fácilmente siguiend • I~a exi stencia de tales lagos la niega la P aleontología con los restos de tedonte que guardan en albuudancia nuestras al tiplanicit>s, y en cambio el autor da la acción de las heleras, cuando la nieve las cubrió en el perfodo glaciar. A de la teoría de los cataclismos es una hert:jfa para los geólogos modernos-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 189 de la laguna de Fúquene hasta Susa. Sin embargo, la cos­re y el espíritu de rutina conservan esa uispendiosa y bár-vía de comunicación abierta por los indios y frecuentada 1 Jos espaf1oles cuando la llanura estaba anegada. Entonces cesida.d los disculpaba: allora, varia<.las las cosas, es de ad-rse cómco no se ha pensado en mf:\jorar y acelerar la comu-ción eutr e Jos productivos valles de Ubaté, Susa y Simijaca. De lo alf110 <.lel Volado¡· de Fúquene alcanza la vista sobre ~grande · xteusión de país hasta los linderos de la planicie "'hiqni 1q nirá. Largo rato estuve contemplando aquella :ma magnifica, aquel océano , H e1or. Todo peregrino qne por primera vez pasa eumbt"e, d viaje á Ohiquiuquirá á cumplir promesa, pone •·nz «le nun lera, ó la graba eu las peña~· ó en la. corteza de irholcs,. c~onfurme 'Taya de prisa ó despacio. -" Se~úin eso, y por la cantidad de tuue ·tra devotas que :<:>n estre rea ino, la peregrinación á Chiquinquirá debe ser ' numen·o~sau. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ioo BOLETIN MILITAR ~ -"Oh, señor, sí Jo es! El Cura de Chiquinquirá, coge más de 20,000 pesos al año en misas, salves y ofrendas, por enseñar la Virgen milagrosa. -"¡,Y él clla, tamLiéu iucliuaua al culto de sautnari : tl. vecialcs, ha producido una raza de lwwhre · fJUe aunque no creen que t•l Cura de Chiqninquirá dice to(las las misas que l e c>neomicndan, per isten en cr ~er que i uo ·au allá á ?.'isitar á la iTgen, nada obtendrán d ella. Vau, pu ~, con el {mimo pue ·toen el diver­tido viaje, y bien di. tantc 1 a. e.., tá ocu­pada J¡>Or nuestro benemérito compatriota Z a. El J>oi rno de Veueznela, que 1 ha tomnado {t su cargo la libertad (le une tra u pim~la patria. E~:itas . Provincias y el Ejéréito, ueudores al GeueL·al Bc,lí\?ar del brillauute estado en que ·e llallau, deben, por otro acto de grati­tud, soometerse á la. autoridad qu'" cUguarueute l·jerce. Yo el prime ro he renovado mis votos de obe(liencia, umisión y res­peto altl Gobierno venezolano. Por tanto, y sin ánimo de com­prornenter los derechos del pueblo granalici­tar á V. E. más sin duda por hal>er V. E. rcstableciuo el Go­bierno constitucional (le ella, que por un suce ol'dinario en el orden de la justicia, como el de ht expresada elección. (Siguen elogios de orclenanza)-Co pi a do del libro respectivo . • • • Parte del G~;neral Santander al General Bolívar, sobre el re~ultado de la invasión de lo1 enemigos en Casauare en 1819-Publicado en "El Correo del Ori noco" Cuartel general en la Isla de Cazaderos, á 2 L de ..4.bril de 1819-9.0 Excelentísimo Sefior: El enemigo reunió todas sus fuerzas por ~1arzo en las posiciones 1le Paya y La Salina, y amenazó invadir los llanos egún tuve el houor de comunicarlo á V. E. Hice un movimiento general sobre sn línea para tle~cnbrir si sus verdaderas intenciones eran atacarme ó defenderse, y logré to­marle algunos prisioneros y proteger sus desertores. Bl 6 del co­rriente apareció en el Llano, por la vía a en tres columuas cerradas sosteuitlns por una de 800 hombres de cal>allería, y luégo q u o alió á la llanura frente á mi campo dirigí do colnmnas de infantería y caballería obre su vanguardia y rctaguardü para detener algunos 'le u cuer­pos, y empeñarlo en utm función que me hnuie ·e ido favora­ble; 1 ero redobló o.:h marcha, . · apoyado á la cordillera ga.nó terreno deba tante l>o C}n , y frustró mis d si•'HÍO . Bien pu­diera haberme dPcidido en e ta. o c a ióu á obligarlo á un com­bate forzoso, si J>Ol' una p~ rte hnhie en esla.flo junto mjs de 600 hombres, qne ll garou al :ig-nientc dí(, y si por otra. no hubiera tenido pr<;.'entes las órdeues do V. h., de ma.rwjarme con prudencia v circuu ·pec ·ión, entre tanto qne las operacio­nes que V. ~J. ba mandatlo hace r eri V~uezn ~ la. dan seguridad á las mías. El 14 marchó el euemi o , obre la po.·ici6n del Pal­maT, que yo había dt.'jaüo, sitn{wlome más de tloJ leguas l~jos de la serrauía.: nuestros p 1e ·tos a v t nz..- dos tirot ·~ ~ ban su des­cubierta, y al resentarse un cuerpo de cab a llería para soste­nerlos, el enemigo cambió a.llería. y drag·one~, la evacuó y tomó el ~amino de 'l'ocaría, que había tra.ído.-Oontinúa FRANCISCO DE P. SANTANDE& Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 164

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 138

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ANO IV Bogotá, Febrero 10 de 1900 NUM. 138 BOL~ ~m MILITAR --~·~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIUCTOR AD•HONOREM, FRANGISCO J. VERGARA y V. Coronel, Miembro de 1& Sooiedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natoa de este periódico todos loa Jefes 7 Oficiales del EJército de la República OFICIAL Oonferencias de los Oficiales de la Misión Francesa NOCIO~ES DE TOPOGRAFIA (Continuación} Sección · 3.•-Jn trurncntoa onfomé-trlcoa Hay dos clases de instrumentos goniométricos: los que permiten medir los ángulos en sus planos, y los que dan los ángulos de los planos Yerticales que pasan por los puntos mirados, es decir, los ángulos hori­zontales. § 1.0 -Instrumentos que dan lo• ángtLlos en 1us planos El principal instrumento de esta clase es el uxtantt, fundado en el principio de la doble reflexión. PriJJCipio de la doble rejlexióll-Cuando t.ln rayo de luz se refleja sucesivamente sobre dos espejos, el ángulo 70J" (figura A A' A" 59) del rayo incidente y del rayo reflectado es el doble del ángulo a. que forman los dos espejos M y N. En efecto tenemos : ct.=i+i' y 'm'=2i+2.i' de donde 70J"=2.ct. Esta demostración no es exacta sino cuando la doble reflexi6n s~ hace en un plano perpendicular á ambos espejos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 162 BOLETÍN HILIT.A.ít . Sextantt-El sextante se compone esencialmente de los elementolt siguientes (figura B 6o) : MBC, sector de 6o0 , cuyo arco es un limbo graduado; MD, alidada que puede girar al rededor del centro M; M, grande espejo fijado en la alidada; m, pequeño espejo fijado en el limbo, paralelamente á MC; su mitad superior sin estafiar; Y, par de pínulas ó anteojos. Medi(/6n de un ángulo-El ojo colocado en el punto V puede ver: 1.0 1 directamente, por la parte no estañada del pequefio espejo, un ob­jeto O; 2.0 , por doble reflexión, un objeto 0', siempre que ambos obje­tos estén en el plano de] limbo. El ángulo OAO' que forman las direcciones de ambos puntos, es igual al doble del ángulo que forman Jos espejos M y m, cuando se so­breponen ambas imágenes; este ángulo es igual al ángulo CM D; se lee el valor del ángulo de las dos direcciones en el limbo, dividido en medi06 grados, y cifrado como si fueran grados enteros. Con un par de pínulas se ve la línea de separación de las dos mi­tades del pequefio espejo, y ambo:; objetos no son visibles sino en parte; la auperpo5ición de las imágenes es muy difícil de obtener. Con un anteojo, la línea de separación no se distingue, y ae pue­den ver las imágenes completas de ambos objetos; por consiguiente, es más fácil hacer coincidir ambos objetos. NoTA-No podemos estudiar la comprobación ni tampoco el ma­nejo de este instrumento, que no existe en el material de ingeniería de que ~s ponemos. § 2. 0 -lnstrrsmento& qu1 dan ángulo1 hori%ontQlel Algunos de estos instrumentos no permiten medir sino ángulos in-variables. · Tales son la escuadra de agrimensor ó cartabón, que mide ángulos rectos y de 45°, y que ya hemos estudiado. Otros pueden medir cualquier ángulo, y se componen de un lim­bo graduado horizontal, sobre el cual se mueve, girando al rededor de un eje vertical (eje de movimiento particular) una alidada provista de nonios. Fijando la alidada sobre el limbo, el conjunto puede girar al rededor de un eje concéntrico al primero (eje del movimiento general). Las visuales se dirigen por medio de pínulas 6 anteojos fijados al limbo y á la alidada. Estos instrumentos se llaman goniómetros. Grafimetrtí-EI grafómetro es un limbo semicircular, graduado y horizontal; uno de sus diámetros está provisto de un par de pínulas; una alidada de pínulas puede moverse sobre el limbo. Con los dos pa­res de píuulas se dirigen visuales á dos objetos; el ángulo se lec en el limbo graduado. Se ha renunciado casi ror completo al empleo de est~ instrumento, incómodo ó inexacto. Goniasmómetro-Este instrumento fue inventado en 1822 por un Subteniente de Ingeniería, francés (figura O 61 ). Se compone de dos cilindros iguales sobrepuestos, y cuyos ejes coinciden; el eje puede ponerse vertical á ojo, ó mejor, por medio de un nivel esférice. N. El cilindro inferior L eitá graduado y se emplea como Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLB1'b JDLITAB el limbo del grafómetro; dos hendiduras que forman un plano visual, per­miten dirigir la visual correspondiente al diámetro marcado O. El ci­lindro superior A reemplaza la alidada del grafómetro; e~tá provisto de dos hendiduras, formando un plano visual movible, y de dos nonios en los extremos de un diámetro. Se puede fijar el cilindro inferior por un tornillo de presión P; . haciendo girar el cilindro inferior, el superior sigue el movimiento (mo­vimiento general). Por medio de un botón B, se puede hacer girar el cilindro supe­rior sobre el inferior, que queda fijo (movimiento particular). Compro/Jafión del g~nitumómttro-1. 0 Dos hendiduras opuestas de­ben determinar un plano, lo que ocurre si un mismo punto es siempre visible, haciendo mover el eje á lo largo de una hendidura, sin variar la posición del instrumento. z.• Cuando se dirige la visual al mismo punto con el par de pínu­las del cilindro superior y con las hendiduras superiores, los nonios de­ben marcar 0° y 180°; si no sucede así, hay un error constante (error de colimación) que se debe corregir en todas las lecturas. Se suprime este error, dirigiendo la visual en ambas direcciones con el plano visual superior; la diferencia de las lecturas da el valor del ángulo. Precisión-La precisión del goniasmómetro es análoga' la del cartabón: 5' á 6', si se emplean dos hendiduras; 101 á 12.1, si se emplea una hendidura y un hilo. OTA-Al tratar de la ni velación y de Jos instrumentos que per­miten medir ángulos verticales, estudiaremos la brújula de eclímetro y el tacheómetro, que sirven para medir á la vez ángulos horizonLales y verticales; y la regla de eclímetro, que es una alidada de pínulas, me­jorada. SEGU DA PARTE NIVELACIÓN · O!Jjeto Je la niflelafión-Si los mapas topográficos indicaran única­mente Jos detalles de la planimetría, el terreno representado por ellos se convertiría en una superficie horizontal. Es preciso, para repre­sentar las elevaciones y depresiones del suelo, hacer en el terreno una serie de operaciones distintas de la planimetría. Es lo que se llama nifle­ladón dtl terrm~. Cotas y alturas-En la nivelación las diferentes quiebras del suelo se representan tomando por superficie de comparación el nivel del mar que idealmente se supone prolongado bajo Jos continentes. Para los levantamientos de terrenos poco extensos, la parte correspondiente de esta superficie de comparación puede confundirse sensiblemente con un planfJ h1rizontal. Sólo nos serviremos, pues, de esta denominación. Se refieren al plano horizontal de comparación (que reemplaza la superficie del mar) todos los puntos del terreno, y se llama altura de un punto la distancia vertical de este punto al plano de comparación. Ex­pre~ ando en metros esta distancia vertical, el número que la repretea se llama tola del punto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 164: BOLETlN MILIT.A.lt Ejemplo: Sea un terreno cuyo perfil (intersección con un plano vertical) es representado por la línea r, 2, 3, 4 (fig. D 62). Si del pun­to 3 se traza la perpendicular 33' sobre la línea 1-4, que representa el plano horizontal de comparación de la superficie del mar, y si la línea 33' es igual á 400 metros, diremos que el punto 3 tiene la cota 400, lo • que significa que su altura sobre el nivel del ,mar es de 400 metros. Diftrencia de nivel entre dos ptmtos-Ahora, si en lugar de la altura del punto 3 acotado 400, se quiere conocer la altura de ese punto res­pecto de otro punto 2 acotado 3 12, bastará ca1cular la diferencia +oo- 312, ó sea 88 metros. Esta cantidad 88 metros es la altura relati­va del punto 3 respecto del punto 2; es lo que se llama la diferencia dt nivel entre los puntos 3 y 2. La noción de la diferencia de nivel permite, conocida que sea la cota de un punto 2, y la diferencia de nivel entre los puntos 2 y 3, cal­cular la cota desconocida del punto 3· De esta manera se evita tomar constantemente el nivel del mar como plano de comparación, lo que sería impracticable. En la nivelación topográfica se buscan diferencias de nivel. Esas di­ferencias servirán, conociendo la cota de un punto fijo, para determinar la cota de un punto vecino, que servirá á su turno para determinar la cota de otro punto, y así sucesivamente. Lo más á menudo no se conoce la cota del punto fiJo, al cual se re­fieren los demás puntos del terreno. Dec;de luego se le puede dar una cota arbitraria, mayor que todas las diferencia _ de nivel entre este punto fijo y todos los puntos más bajos del terreno. Es decir, que se escoge un plano horizontal auxiliu de comparación, de manera que todos los pun­tos cuya cota se busca queden encima de él. Cuando se trata de buscar las cotas del fondo del mar, el plano auxiliar se escoge de manera que todos los puntos queden debajo de él, es decir, que se escoge este plano en el del nivel del mar. Por consiguiente, para que sean inteligibles las cotas de un mapa topográfico, es decir, su nivelación, será siempre preci o anotar junto á la escala (que hace inteligible la planimetría) una nota análoga á la siguiente: NoTA-El punto fijo de comparación R., ~cotado 1oo,oo (por ejem­plo), es la parte superior del umbral de la puerta de entrada de tal edificio. Y en el plano se marca este punto, de un modo muy visible, (( !::. R )) de manera que sea fácil reconocerlo en el terreno. 100,00 NoTA-Referir las cotas de los puntos nivelados á un punto fijo acotado 1 oo,oo, por ejemplo, es escoger un plano horizontal de compa­ración situado á 100 metros debajo del punto fijo. Si, por acaso, algunos puntos del terreno se hallaren debajo del pla­no de comparación, sus cotas 5erán negativas. Las cotas se escriben en los planos dentro de un paréntesis, para distinguirlas de las cifras de la planimetría. Nivelación directa é indirecta-Hay dos clases de nivelaciones to­pográficas: 1.o La niflel6tiÍn directa, en la e u al la cota de un punto B se de­duce de la cota conocida de otro punto A, haciendo uso para medir la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 167 S 3· Agrimen!ura y problemas que se resuelven con cadena y car­tabón. Capítulo ~.0 Generalidades sobre algunos aparatos empleados en las operaciones topográficas. § 1. Anteojosólunetas. § 2. Mius. ; 3· Nonio ó vernier. Capítulo 3. 0 Medición de distancias. ; 1. M edición directa de distancias. · ; 2. Medición indirecta de distancias. Estadías. Capítulo 4.• M edición de ángulos. Sección 1. • Instrumentos goniográficos. Planche tu y alidadu. Sección s.• Brújulas. Sección 3· • Instrumentos goniométricos. ; 1. Instrumentos que dan los ángulos en sus planos. Sextante. ; ~. Instrumentos que dan ángulos horizontales. Segunda parte-Nivelación Capítulo 1.0 Nivelación directa. Capitán SABAR THEZ (de Ingenieros) N. DE LA D.- Has ta aquí había preparado el material de sus con­ferencias el autnr, las que por lo tanto quedan truncas á causa de la muerte del distinguido Capitán de ingenieros Sabarthez ya conocida de nuestros lec tares. -- ~· -- A~OEIVO NAOIONA:t, DQCY~E~TOS INÉDITO~ Cnmpaña de I819-182o en el CattctJ (Continuación) El otro bando (que se publicó y dirigieron copias, como en él se previene) contieue los siguientes artículos: 1.0 Que dentro del preciso y perentorio término de seis días, con­tados desde la publtcación de él, todos los propietarios de cualquier es­tado, clase 6 condición que sean, 6 sus mayordomos ó confidentes, pre­senten todas las cabillllerías que posean, sin excepción de ninguna, in­el u si ve las yeguas mansas de silla, para oc u par unas y otras en s~rvicio del Ejército. 2.0 Que se hará la presentación de ellas :al Juez Mayor del De­partamento por los que habiten en su cabecera, y al territorial, los que en los res pec ti vos partidos; 3. 0 Se prohíbe, bajo el más serio apercibimiento, e] uso de otras caballerías; y ofrece el Gobierno, luégo que se dé fin á la presente campafía, devolverlas á sus respectivos duefíos, para lo que los Jueces á quienes se consignen llevarán un libro formal en que consten las par- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1~ BOLETfN MILIT A.R tidas firmadas por él y el propietario, con demarcación de su seiíal, para que á su tiempo no se traduzca equivocación; 4.0 Que todo individuo que no dé cumplimiento á lo prevenido, · en el término setialado, á más de la pérdida de sus caballerías, será juz­gado como enemigo de la Patria; 5· u Que igual pena sufrirán los Jueces convencidos que por su inacción, condescendencia 6 cualquier otro defecto culpable de su parte, hagan ilusoria 6 entorpezca esta providencia; 6.0 Que será castigado cualquiera que trate de encubrir, ó que siendo sabedor de alguna ocultación no la denunciare al Gobierno ó al Juez que corresponda ; ¡.0 Que se somete la ejecución de esta providencia á los Jueces Mayores 6 Partidarios á que corresponden los propietarios, y que luégo que se hayan colectado las dirijan al Gobierno con ·los libros ó testi­monios de ellas; S.o Que se faculta á todo individ~to para que vele en el particular sobre la conducta de dichos Jueces Mayores y Partidarios, y dé cuenta al Gobierno en caso de que ella no sea conforme. Se sacaron copias para la Escribanía y s~ circularon. Esta noche me ha informado el Sr. Juan Gregorio Hoyos, que sigue de Administrador general de rentas <'1 las Provincias del Chocó, que en el Zitará hay veinte cargas de tabacc que se remitieron de esta Factoría. He dispuesto que se vendan y se remita su valor á este Go­bierno. 711nio 1.0 -Se publicó un bando de este Gobierno, en que se manda: "Que todos los Administradores de rentas públicas den cuenta exacta de las respectivas á su manejo, exhibiendo los intereses qur. exis­ten en su poder dentro del perentorio término de seis días; "Que los empleados de dichas rentas que hayan malgastado tales intereses y que por temor se hayan ocultado ó r.o descubran lafolnuia, se presenten á rendir las cuentas de su cargo, como los demás, con la buena fe que corresponde á la confianza pública, bajo la seguridad de que en vista de los motivos que la hayan ocasionado y de sus padeci­mientos, disimulará y abrogará los arbitrios convenientes para su rein­tegro, sin perjuicio de sus personas y honor. Que el que no lo hiciere así dentro del término asignado, ó se le probare mala fe, será castigado conforme á las leyes de la materia y gravedad de circunstancias; "Que todos los que sepan la existencia ú ocultación de bienes de espafioles, europeos ú otros enemigos de la causa republicana, los de­nuncien dentro de tres días. Que la misma obligación se impone á todos los que tengan 6 supieren depósitos de intereses de cualesquier género ó especie que sean. Que si pasado el término fijado no hubier~n cumpli­do con estos deberes y se les probare el fraude de encubridores, respon­derán con el duplo y sufrirán las demás penas á que haya lugar, como unos enemigos perjudiciales á la sociedad.,. Se revisó el Diario de operaciones del Comandante M urgueitio, el 16 del corriente, en que dice lo siguiente: "''Que los 50 caballos ligeros y otros de línea pasaron el Palo á las 7 de la noche del día 1 5; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 169 " Que á las dos de la m afian a del I 6 atacó al enemigo en el puen­te de Japio y fue batido completamente; "Que dejando guardia al campo marchó á Quilichao, donde á las cinco de la mañana fue aprehendido en su cama el Comandante Rafael Ledesma, y con él allí se hicieron trece pri~ioneros más; "Que el resultado de esta acción ha sido las muchas muertes del enemigo (82) y caballos ensillados, tres galápagos, tres sables, muchas lanzas y alguna:a carabinas; que de nuestra parte sólo hubo un soldado levemente herido y diez caballos cansados; que se remiten loa prisione­roc; á este Cuartel divisionario." Se ofició al Sr. Mini tro de Guerra y de Hacienda remitiéndole el Diario de operaciones del Comandante M urgueilio del 16 del corrien­te, y se le dice que aunque fueron cogidos algunos papeles, no se le ·acompañan por no tener nada de rarticular. Se remitieron copia ' á los Jueces Mayores departamentales p~ra que impusieran á los pueblos de las ventaja· obtenidas ~obre el ene­migo en J apio. Ser cibicron tres oficios del Teniente Coronel Antonio Main, Comandanre de la vanguardia de Cartago, con fecha 14- del corriente. En el primero dice que el 12 llegó á aquella ciudad con la División de retaguardia, y que en aquel punto e le entregaron las instrucciones que le dejé con fecha 8 para su manejo; en el !egundo, que hará Jo que le previne en oficio de 9 del prc ente acerca del relevo del Oficial y tropa que quedó en Boquía; y en el tercero, que á pesar de la genero­sidad con que se le ofreció garantía á D. Jerónimo Antonio Oruz (Co­mandante enemigo entre los ansermcfios) con tal que presentasen las armas, nada se ha con cguido sino un oficio de aquél, del punto El In­dio, con fecha 12 del corriente, en que dice ''que se halla en reposi­ción de la gran enfermedad que le acometió, por lo que es muy corto el término que se le señala, por sede prcci o hacer la solicitud de las pe .rc;qna~ por .el .riesgo en que. se . hallan las .armas, pues la noche que se retiró, cada uno lo hizo con la que tenía; pero que si se confía en su palabra, de las que acopie dará cuenta para su percibo. A las siete de la noche ha llegado la primera Compañía del segun­do Escuadrón de caballería de línea de Cali, al mando del Subteniente Sebastián Barbosa. Junio 1 8-Se han recibido los prisioneros de ]apio; queda el Qficial Ledesma en capilla y los demás en seguridad. Se recibió oficio del Juez Mayor de Buga, en que dice ha recibi­do las cuatro cargas de sal que le remitían de Cartago, y que de ellas ha dejado un tercio para esa Provincia, y mitiendo á este Cuartel los siete tercios restante~, y han sido entregados al Proveedor con una carga de arroz que compró el mismo Juez en doce pesos, pagándolos de se­senta que entregó Casimiro González, por cuenta del remate del paso de ~Ioreno en Cauca; y en otro oficio dice que con Joaquín Peña Pla­za mafiana remite quinientos pesos que Vicente Ramírez ha consignado. Se ha recibido el Diario de operaciones del Comandante Mur­gueitio, correspo11diente al 16 y 17 del corriente. en que expresa que á consecuencia de mi orden y con fecha de ayer, ha oficiado al Sr. Ge­neral Valdés, dándole aviso de mi llegada á este cuartel, y que com& Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 170 BOLET1N MILITAR yo le he prevenido en virtud de sus conocimientos en la Provincia, ins­truya á dicho Sr. General del punto más conveniente para la reunión de aquellas fuerzas con éstas; con fecha 17 se ha oficiado acompañán­dole un mapa que á la ligera y sin instrumentos ha hecho para que elija la senda más adaptable á las circunstancias, manifestándole las diversas que hay, las dificultades y el tiempo que invertirá. También le acompaño el Diario de sus operaciones desde el 16 y 17 del corriente: dice que el suceso del 15 ha hecho dasaparecer la gran tllttmna de qperationts del Ya/le y hace una pintura de cuantos ma­les y horrores han hecho desde el Bolo á Popayán: que ha mandado zo caballos ligeros y los de línea á reunir las pocas reses que andan disper­sas por las llanuras de Caloto y Quilichao para que sirvan de subsisten­cia á la tropa; que los espías anuncian que el 16 huyó precipitadamente para Popayán el español Eugenio Payo], comandante de los facinerosos, C()n dos Compaí'Ías que tenía en Santa María, otra que ocupaba la Balsa, los destacamentos de San Vicente y Cerrogordo y los derrota­dos de Japio. Que la tropa de línea que cubría á Pitay6 ha contramar­chado á Popayán, dejando en aquel punto veinte paisanos lanceros al mando de Antonio Lino Hurtado. (Continúa) JOSÉ CONCHA SECCION DOCTBIN AL ARREGLADO SEGÚN LA ESTRATEGIA DE BLUME En la guerra los acontecimientos aislados varían hasta lo infi­nito, y los factores que los engendran son igualmente numerosos y diversos; también las relaciones de tiempo y espacio en que se cumplen dichos acontecimientos se diferencian sin cesar. Las com­binaciones resultantes de tales factores son tan varias, que jamás el mismo hecho militar se reproduce de idéntico modo, por secunda­rio é insignificante que se le suponga. Y sin embargo es preciso buscar los hilos conductores que nos orienten en medio de esas m ú lti pies manifestaciones de la guerra; preciso es estudiar la naturaleza de los factores de esas manifesta­ciones, sus relaciones con el tiempo y el espacio, y luégo agrupar los resultados del estudio en forma de reglas generales que en cam­paña nos sirvan de puntos de apoyo para obrar con probabilidades de acierto en cada circunstancia análoga que se nos presente, sin olvidar, se entiende, que apenas es dado al hombre levantar una punta del velo que cubre los secretos que entraña cada nueva gue­rra <¡ue estalla delante de nosotros. • El hoy General Bliime es mirado en Alemania como uno de los primeros expo· sitores militaret de la época: su obra sobre Estr;ttegia, que le dio el nombre y la autoridad de que soza1 la escribió siendo Coronel, Jefe de un Regimiento de infantería. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :aOLET.fN MILITAR 171 En efecto, aun cuando una operación militar se combine con toda la prudencia y habilidad que permiten las facultades humanas, siempre en su ejecución quedara ~uficiente espacio donde aparez­can incidentes que derriben los cálculos primeros, porque la previ­sión del hombre no uede abarcar to ios los elementos y factores que obran en una guerra, y porque la voluntad es impotente para dominarlos todos á la vez. En la guerra los actos de uno de los partidos se desprenden ó deducen de los que ejecuta el contrario, y todo~ saben cuánto es incierto el conocimiento que se adquiere de los actos y designios del adversario; y cuánto interesa su conocimiento para obrar con acierto. Además la exten ión ó superficie que debe'! abarcar el ojo del Jefe de operaciones se acrece sin ce ar con el aumento de los efectivo., la construcción de ferrocarriles, el mayor alcance de las armas, etc., y la probabilidad de engañarse y adoptar resoluciones viciosas, aumenta en la mi ma proporción. De lo antedicho re u Ita que es inmen ·o el campo abierto al azar y múltiples las probabilidades que tienen jefes y soldados de hallarse á uiario en prc:sencia de circunstancias imprevistas. Cree­mos al enemigo en retirada, y marcha sobre nosotros con intención ue atacarno ; COih.:e ntrarnos fuerzas para acometerlo en la po ición en que suponemo. re istirá, y allí ólo encontramos las cenizas de las h Jg u e r as del vivac que prendi6 con el objeto de engañarnos; p ~ n a 10 que el adver!'iario e tá en imposibilid~d de franquear una e rra ni l para atacarn o s por el Ranc >y la \ruza, y quedamos ex­p• re:tu' á peligro~í · ima agn:. sión. Rara vez obra el enemigo confor­rr. e 1 > habíanHJS imaginado, y feliz de aquél cuyos cálculos funda­mentos no resulten de baratados por eso. imprevi tos que lo· igno­rantes. suelen llamar sorpres:.ts. · Los rozamiento que se hallan al poner en obra los diver­so~ <Írganos de un ejército, difieren con la especie de cada .uno de ello. , pero siempre son múltiple · y variado, y por insignificantes que parezcan, ejercen no obstante grande in fl ucncia sobre el curso de los acontecimientos. Desde luego ~ e comprende que son menos numerosos y gra­ves en un ejército bien organizado y adiestrado, que en tropa5 le­vantadas en pocos días, pero su infl u encía perniciosa sub-iste: un informe importante que no llega á su destino ó llega demasiado tarde, porque el portador ó no cumplió su deber, ó un accidente atrasó su marcha; una orden mal comprendida y que al p~merse en práctica se lo hiz dándole giro contrario al deseado, porque su re­dacción fue viciosa; una columna que se equivoca en su marcha, porque la tropa no conoce el territorio y no llegó á tiempo donde se la esperaba con ansiedad; un camino con el cual se contaba y resul­tó impracticable por el invierno y la destrucción de los puentes que salvaban ríos invadeables; un centinela que se distrae y acaba con la necesaria vigilancia y seguridad allí donde se la creía asegura- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 172 nOLEt.tN 11ILITA.B da; la enfermedad de un jefe que aniquila las esperanzas que se fincaron en la comisión confiada á sus dotes personales, etc. La historia militar encierra millares de ejemr>los de esta especie de accidentes, cuya repetición siempre es posible y cuyas consecuen­cias siempre serán nocivas. Y, por último, no es raro tampoco que en la guerra los fenó­menos naturales burlen los cálculos mejor hechos; por causa de un chubasco repentino crecen los ríos, destruyen los puentes ó cierran el pa5o en un camino sobre cuya viabilidad se combinó una operación delicada; una espesa bruma oculta al enemigo ó hn, porque en la guerra I)Í el más grande ge­nio militar puede suplir la falta de iniciativa de su · subalternos *. Para que los jefes puedan obrar con iniciativa es preciso, en primer lugar, que sus conocimientos se extiendan bien allá de 1a esfera de acción que se le imparte, y que comprendan las exigen­cias y manifestaciones de la guerrJ.. Si así sucediere, cuando la guerra los coloque en una situación particular, estarán en capaci­dad de apreciar rápida y exactamente, no sólo la importancia de esa situación, sino el lugar que le corre ponde con respecto al conjunto de las operaciones de la campaña. En fin, esas cualidades son las mejores garantías contra el peligro de la iniciativa extremada, tra­ducido en inconvenientes para la unidad de acción. La iniciativa exige, además, el valor moral, gt acias al cual se ejecuta resuelta y enérgicamente lo que se juzga oportuno hacer, sin dejarse amilanar por el miedo de Ja responsabilidad. Y el valor y el talento de un jefe quedarán particularmente sometidos á ruda prueba cuando las hipótesis que dieron origen á una orden recibida, resultan inexactas, y por lo tanto tiene:: que • Buen testimonio de ello nos dan Grouchy en Waterloo1 Davoust en Auerstaedt '1 Rondón en Pantano de Vargas, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍN MILITAR 177 hacer' caso omiso de ella, y sin embargo obrar tan conforme como le sea posible con el pensamiento del que dio la orden. En fin, para que se pueda apelar á la iniciativa de los subal­ternos es preciso que éstos posean una abnegación tal, que se esté seguro de que se someterán voluntaria y completamente á los de­signios de los superiores que los dirigen. En este punto, que como se comprende es de importancia nunca bien ponderada, se tendrá la garantÍa deseable si los di versos grados de la jerarquía se otor­gan conforme á principios justos. La masa se inclina con gusto ante la superioridad dd talento, la energía, el carácter y la vetera­nía, en tanto que el sentimiento de una injusticia de que se es víctima hace penosa la sub ' rdinación. Por esto si un cuerpo de oficiales no posee verdadero espíritu militar, no se pueden evitar la envi<.lia, los celos y los abusos de autoridad, ni aun con el mejor sistema de ascensos dable. Cuando los subalternos tengan los de­fectos apunta,dos es preciso restringir su iniciativa en guarda de la unidad de acción. El valor moral, indisolublemente ligado al espíritu de inicia­tiva, casi siempre se presenta acompañado de otra cualidad que hace aún mis nece aria una justa libutad de acción; nos referimos al de ~ eo de obrar bien y distinguirse. Si los jefe·, por espíritu de iniciativa, se e -fuerzan p~r acelerar la ejecución de disposicione5 del que m nda; si para conseguirlo utilizan toda! las ocasiones favorables; si empeñan su responsabilidad para aprovechar el mo­m: nto propicio sin dejarlo huír pidiendo explicaciones que llega­rían tarde, se produce en las operaciones ese brío y empuje que duplica las fuerzas y paraliza las del adversario. En ningún ejército el entusiasmo ser.í nunca excesivo, y b:u­ta cuidar de que no d .... genere en una e:'p-cie de "carrera hacia adelante," ·como sucedería: si lo's sub'alterr1os· olvidaran cúárita es' la · imp:>rtancia de la unidad d ... acción ó no la apreciaran de una m¡­nera conveniente. Sin embargo, en todo caso vale más exponerse á que un vivo espíritu de iniciativa impulse á "correr hacia ade­lante," que á ahogar en un ejército el espíritu que engendra la ini­ciativa y la personalidad. Al contrario, despertar y desarrollar ese espíritu, guiarlo por el b:.1en camino y restringirlo á sus límites racionales, será siempre una de las tlreas mis importantes, aun cuando difícil, entre las confiadas á los que de un modo ú otro están lla:nado á ejercer alguna influencia sobre la vida y la mar­cha de un ejército. Desde la organización misma del ejército, preciso es tomar en cuenta estas consideraciones, porque si los di versos elementos de ese 0rganismo no se regulan y hermanan de un modo racional, no es posible hacerlos obrar con armonía y unidad de acción. Por esto ciertos reglamentos y disposiciones tienen que ser comunes al ejército, y otros han de referirse únicamente á las unidades que lo componen, per0 cuidando de no reglar ni centralizar lo que puede: • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 178 BOLETÍN MILITAR dejarse al criterio individual sin que se perjudique la unidad de acción. Al dar al soldado reglas fijas, sobre todo lo que es elemen­tal y que para él se convierten entonces en hábito, se da al jefe medio eficaz de desembarazarse de las cadenas que imponen el cuidado constante de Jo¡ pequeños detalles; pero si se abusa de esas reglas sólo se consigue ofuscar el espíritu. En los países donde la dirección de las operaciones militares está centralizada con exceso, los jefes de tropas pierden el hábito de la iniciativa y noción de la responsabilidad; lo contrario sucede don­de desde tiempo de paz se deja á cada cual la parte de iniciativa que comporta su esfera de acción. Y es cosa fuera de duda que la au­toridad de los superiores jamás está mejor asegurada que cuando, al dar órdenes, se limitan á lo necesario y vigilan con toda seve­ridad su estricta ejecución; pero los superiores, al limitarse así en sus mandatos, no deben descuidar la instrucción y educación de sus inferiores. Creemos, por lo dicho, que debe declan"rse viciosa toda educación que no sabe ni despertar la iniciativa de los inferio­res, ni obtener su sumisión vvluntaria y razonada. Verdad es que semejante tarea no puede acometerse sino en un. ejército donde el terreno se ha preparado con una previa ins­trucción y educación del espíritu y el carácter de los oficiales, que un día serán jefes. Son, pue ~ , los elementos componentes del cuer­po de oficiales y el espíritu que en ellos se sostiene y desarrolla, los que hacen que en caso de guerra el Estado pueda contar ó nó con las grandes ventajas que procura la inteligente iniciativa por parte de los jefes, cuya importancia ha crecido de modo extraordi­nario con el aumento de los efectivos y la mayor amplitud de las operaciones militares. Las masas obran con flojedad y penosamen­te, aun á órdenes de un genio, si éste no cuenta con la iniciativa de sus subordinados, la que debe ser mayor en los comandantes de las grandes unidades, porque el jefe de una de éstas no podrá ha­cer nada que valga la pena si no posee las dotes de un buen General y no dispone de un buen Estado Mayor. Y tánto número de tales hombres no se encuentra sino en un ejército donde se ha cultiva­do con esmero el espíritu de iniciativa. Para completar las consideraciones que sugiere el estudio de la iniciativa importa averiguar hasta qué punto el telégrafo facilita el mando, ya que este es un medio poderoso para obtener en la guerra el acuerdo entre el jefe y sus diversos subalternos, por la rapidez con que transmite órdenes, informes, preguntas y respues­tas. Mas si es cierto que en su empleo procura ventajas innega­bles, también lo es que con frecuencia se exagera su importancia. Desde luego la comunicación telegráfica no es tan rápida que la ocasión propicia para obrar no pueda huír en el intervalo que siem­pre media entre la pregunta y la respuesta, y se cifra de ordinario por horas cuando no por dí as. Si del telégrafo se hace uri uso con­~ iderable) los despachos se acumulan en las estaciones terminales ó Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 179 en las intermedias, y duermen en ~nas ú otras. Hasta cuando los di versos grupos de tropas están ligados t:onvenientemente por el te­légrafo, las interrupciones son frecuentes, producidas por los fenó­menos naturales, por las tentativas del enemigo y mil otras causas de todos conocidas, por lo cual sólo excepcionalmente se puede contar con sostenida comunicación telegráfica entre el jefe y los subalternos. Por esto, por importante que sea el telégrafo para transmitir órdenes é informes y mantener entre las grandes unida­des la identidad de criterio, cuanto al conjunto de las operaciones y la determinación de los objetivos que se persiguen, en manera alguna puede suplir la iniciativa y espíritu de acción de los jefes, y menos disminuír el valor de tales cualidades. Además, la escasa seguridad de semejante medio de comuni­cación exige que se le emplee con discernimiento, aun en los casos ~n que de él se dispone, tanto por los errores que suelen cometerse en la transmisión de los despachos, co'mo para que los jefes no pier­dan el hábito de obrar con iniciativa y no se tornen indecisos y vacilantes cuando el telégrafo falte. Servirse del telégrafo para en­frenar á los subalternos y dirigir todos sus actos, entraña inconve­nientes que no guardan proporción con las aisladas. ventajas que procura este medio de comunicación. Lo antedicho se desprende principalmente de dos s:o!lsidera­ciones capitales: De la amplitud de la e fcra de acción de los jefes y del tiem­po necesario para que puedan comunicarse con sus superiores, ó sea de la inseguridad del telegrafo ·y de la distancia que separ~ al que manda del que ejecuta, en cuyo tiempo los acontecimientos pueden precipitarse ó modificar<>e. En <;onsecuencia, el jefe . superior á sus . inmediatos agentes que obran independientemente uno de otro, sólo da directivas que les trazan la marcha general que deben seguir para alcanzar los objetivos inmediatos. Cuanto á los dichos agentes inmediatos tam­poco les será posible dirigir constantemente á sus propios subalter­nos por medio de órdenes diarias, como que los partes de lo ocu­rrido la víspera de ordinario llegan lo bastante tarde para que no se les pueda utilizar para la redacción de las órdenes que se expe­dirán á la mañana siguiente. Sólo será, pues, á los jefes de unida­des muy cercanas, que están en el mismo campamento por decirlo así, á quienes se puede comunicar órdenes cada mañana ó cada vez que lo exija la marcha de las operaciones. En resumen, delimitar netamente las atribuciones de manera que cada cual tenga su esfera de acción y no la rebase ,.;~n~a; exigir que cada jefe no dé órdenes sino á sus subalternos inmedia­tos, y sin nec<>sidad no se inmiscúe en ]as naturales atribuciones de éstos; tales son, decimos, las condiciones esenciales que habrán de satisfacerse para que sea buena la dirección de las operaciones militares. · Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. iso BOLETÍN MILITAR En circunstancias particulares, sobre todo en las diffciles, po­drá ser necesario, á veces, apartarse de los principios anterior('s: por ejemplo, en un mismo día el jefe superior puede ver¡e obligado ora á enviar nuevas instrucciones y aun dar órdenes precisas refe­rentes á detalle3 sobre la dirección de una fuerza, ora á disponer directamente de ciertas fracciones de tropas, con la condición sí que de ello informe lo más pronto posible á su jefe directo. Y como este procedimiento á menudo es pernicioso, no debe empleársele sino para hacer frente á inconvenientes más gran­des aún, porque es muy de temerse la incertidumbre que se apode­ra de los jefes y la mayor fatiga que resulta á las tropa. si, por abandonar la norma señalada, las órdenes se cambian durante la ejecución de las anteriormente comunicadas. Error sería, sin duda, creer que en la guerra no tendrán que darse contraórdenes, pero tamaño mal debe evitarse en cuanto sea posible, y de esta necesidad se desprende otra regla que abarca todos los grados de la jerarquía militar: las prescripciones deben detenerse allí donde se hace imposible prever los acontecimientos del mañana con alguna exactitud. _ Por lo dicho, los jefes que éJan una orden deben tener presen­te las reglas siguientes: 1.• U na orden que resulta inejecutable quebranta la autoridad del que la da y disminuye la confianza que en él tenía el subordi­nado que la recibe. Razón es esta, además, para no pretender pre­verlo todo y para no limitar con ext:eso la acción de los subordi­nados. En especial es nociva la impresión que produce una orden inconsulta, cuando la imposibilidad de su ejecución depende de errores palpables que se habrían podido evitar y así lo comprenden los subordinados : por ejemplo, cuando no se tiene en cuenta el tiempo que necesita la transmisión y la ejecu.ción de una orden. Natural parece que esta cuestión del tiempo debiera siempre compu­tarse correctamente por l0s jefes; pero por desgracia se olvida con tánta frecuencia, que hasta en las mismas órdenes de Napoleón se han hallado errores de esta especie ; 2.• Si varios cuerpos de tropas ó fracciones de ellos resultan mom-entáneamente reunidos para ejecutar una operación dada, es de primera importancia colocarlos á órdenes de un solo jefe, ínte­rin dura la operación. El olvido de esta regla también ha prúdu­cido con frecuencia funestas consecuencias ; 3.• La unidad de acción se facilita si los comandantes d tropas conocen las misiones asignadas á las fuerzas vecinas, y en muchas circunstancias convendrá dar á todas ellas la:; mismas directivas generales; 4.• Para obtener la transmisión rápida y segura de las órde .. nes es preciso que el jefe elija juiciosamente un punto para esta blecerse, y desde allí entrar en relaciones con sus subordinados; s prevé que tendrá que intervenir personalmente en cierta zona, s Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 'BOLET .fN MILITAR J 181 puesto natural está en ella. Los subalternos deben poder aproxi­marse al jefe en toda circunstancia y sin pérdida de tiempo, lo que será imposible si él cambia de lugar con frecuencia; S·" La rapidez y seguridad en la transmisión de las órden~s depende del valor de lo~ órganos empleados en tal servicio y de la confianza que inspiren, trátese de telégrafo, ayudantes ó jinetes estafetas. Para concluír, conviene poner de relieve las ventajas que pro­curan la actividad y la iniciativa, por cuanto en la guerra el éxito no depende de las fuerzas de que se dispone, sino de la habilidad con que se las emplea. La historia militar no tributa admiración á la (zurza qut rttrocede ni á la inteli'gtncia que deifallue. La his­toria militar sólo honra el nombre de los que supieron emplear con habilidad y energía las fuerzas confiadas á su dirección, aun cuando no hayan recogido los laureles de la victoria, y condena, al contrario, á los que en la guerra no hicieron todo aquello que en sus manos estaba ejecutar y cumplir. Entre mayores esfuerzos y sacrificios haga el Estado para asegurar el triunfo de sus armas, con mayor intensidad también deberán buscar los jefes no sólo la victoria, sino lo que es más importante, terminar la guerra en bre­ve plazo. Los grandes ejércitos cuestan demasiado caro para que se les pueda sostener largo tiempo, y Ja duracic>n de la guerra se abrevia dando vigoro ~ o impulso á 1as fuerzas en operaciones. La rapidez de é tas, unida á su conveniente dirección, aumenta las fuerzas del soldado y las del ejército. Tropas acostumbradas á considerar una marcha de cuatro leguas como su tarea ordinaria, se fatigan con más facilidad que las habituadas á caminar seis en el día. La actividad en el empleo de las tropas aumenta su moral si á la vez conciben la esperanza de que el éxito coronará sus es­fuerzos: marchas y contramarchas sin objeto producen contrario resultado, por cuanto las tropas comprenden perfectamente cuándo se las conduce con método y energía y cuánd con vacilaciones y al acaso. Lt actividad y la rapidez en el empleo de las tropas equi­valen á aumentar los efectivos; un jefe que hoy bate una parte del enemigo, y mañana, mediante una rápida marcha, cae sobre la otra para aniquilarla, de hecho duplica las fuerzas de que dispone con la energía y la r..tpidez de sus operaciones. "Actividad, energía, ra­pidez/' fue la consigna de Napoleón á sus mari cales al principiar en 1809 sus brillantes operaciones entre el A ns y el Isar, para impulsarlos á que sacasen partido del tiempo y de los soldados puestos á sus órdenes. Ell la guerra las horas son preciosas; á menudo un ligero avance en el tiempo decide del resultado de una operación ca­pital. * Mediante la rapidez y la energía logramos que al enemigo sea más diftcil el conocimiento de nuestros plane y le impedimos el • Ejemplo capital de esta verdad hallamos er1 l• camp.tña de Boyac.i. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 182 BOLETIN MILITAR oportuno empleo de las contramedidas con que pudiera contr2riarlos; así obtendremos las ventajas que procura siempre la sorpre a. Ade­más, semejante procedimiento es en la guerra el único medio de colocar al enemigo en una dependencia tal, que agote sus fuerzas en obviar las malas consecuencias que le resulten de 11 uestra labor, obligándolo por tanto á que renuncie á sus propios designios. Obrar así es dar la ley al adversario, ganándole de mano. Y el que tiene la batuta en la mano escoge los objetivos que le conviene alcanzar, busca los puntos débiles de la línea enemiga y sobre ellos acumula fuerzas superiores, lo que es un gaje de victoria. El que espera á que el adversario obre para en consecuencia adoptar su propia línea de conducta, llegará casi siempre tarde para plan­tearla y se estrellará contra nuevas disposiciones del enemigo, que trastornarán los proyectos que pretendía realizar Ganar de mano levanta la moral del ejército; el que persigue un objetivo determi­nado netamente, y para alcanzarlo emplea todas sus fuerzas, ad­quiere superioridad moral sobre el que resulta obligado á tomar como punto de partida las miras y operacivnes del contrario. Por lo mismo que en la guerra es tan difícil saber á ciencia cierta las intenciones del enemigo, el que subordina sus procederes al conocimiento de esas intenciones sufre, militarmente hablando, más que su adversario: del un lado voluntad clara y firm ,aumen­to de la moral del soldado, desarrollo de las fuerzas fí icas é inte­lectuales del ejército; del otro, dudas, vacilación con tante y lucha interna que arruinan las mejores tropas. En resumen, sólo el que emplea ofensivamente sus tropas puede sacar ventaja real de las fal­tas del adversario; el que se limita á defender e tiene que reducirse á buscar el éxito en las faltas que supone habrá de cometer el ene­migo. ¿Y si no las cometiere á tiempo? La iniciativa en las operaciones es el único remedio contra las malas consecuencias que los olvidos, equivocaciones, etc., oca­sionan en campaña, ya difiriendo la realización de una idea, ya buscando el mismo fin p .r otros caminos. En la defensiva las fa­tales consecuencias de esos incidentes ~on irremediables. Si ya los adversarios están en contacto, y un cuerpo no recibe á tiempo la orden de marcha que se le envió, fácil es juzgar cuáles serán las consecuencias, según que pertenezca al ej i: rcito que lleva la ofen­siva ó al que se defiende. El vencido por un adver ario .más resuel­to y activo podrá tempre citar un gran número de incidentes que contrariaron sus designios y favorecieron los del enemigo, pero nosotros no debemos olvidar que no es por casualidad, sino por a fuerza misma de las cosas, que el que es activo recoge los frutos que puede producir el azar. En todos los siglos los grandes Generales emplearon siempre sus tropas ofensivamente, hasta cuando estuvieron reducidos á la defensiva estratégica. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOYACÁ Ee&udle láctleo.,. eetraté8'1eo (0ontinuaei6n) Si bien es cierto que en las batallas, aun en las de encuentro, lo ordinario es hallar, cuando se analiza su desarrollo, la existencia de ciertas fases-momentos de los tácticos, -que en len1tuaje vulgar podemos llamar preparación, desarrollo, ejecución ó combate de­cisivo y ruptura de la lucha, \JUe se traduce en persecución ó reti­rada; si esto es lo común, decimos, al tratarse de Boyacá f"ue tal la rapiJez con que se desarrollaron y consumaron los acontecimien­tos, que los períodos de la lucha se sobreponen, por decirlo así, hasta confundir sus límites normales, y quizá no registra la historia otra batalla rampal¡en que, como en ésta, haya sido más rápido el dra­ma, haya vacilado menos la fortuna, y el resultado de la jornada haya sido tan decisivo, lo cual depende, conforme ya se dijo, de que Boyacá no es sino el desenlace de Pantano de Vargas, y por lo mismo, en el campo táctico, es el tipo pedecto de la batalla de en­cuentro, pero tipo que rara vez se repetirá, ora por lo escase de los efectivos en pugna, ora por la situ=tción política y social que ser­vía de razón de ser á la contienda, ya que la incapacidad del ge­neral vencido sí es, por desgracia, hecho frecuente en la historia y la clave de esa catástrofes que transforman la marcha de la hu­manidad, aun eh ctpartadas regiones del planeta. Empero, ante.i de engolfarnos en consideraciones de éierto orden,. pl'eciso es dilucidar. algunos .puntos .mera.mente .históricos; y en primer término la duración de la batalla propiamente dicha. El Boletín no indica la hora á que terminó, pero dice que consu­mada la ~errota de Barreiro, la vc1nguardia republicana "siguió n el mismo acto en persecución de los dispersos," hasta Venta­quemada, que dista cosa de 12 kilómetros del Puente. El día 8, á las siete de la noche, llegó á Bogotá uno de los oficiales españoles ue se salvaron de la derrota y había estado en la batalla hasta el fin: la marcha Je e;;te oficial, que tenía que recorrer 24 leguas, no udo durar más de veintisiete horas, lo cual indica que la jornada oncluyó cuando más temprano á las cuatro de la tarde. La perse­ución de la vanguardia es fama se detuvo en V entaquemada al ce-rar la noche, y cr>mo in, destinado á la campaña de Cúcuta, bajo las órdenes del Co­ronel Simón Bolívar, después Libertador de Colombia. Desde la acción de annas en la Angostura de la Grita, terri­torio de Venezuela, en Abril de 1813, empecé á ver mi nombre con honor en las gacetas de aquella época*. Unas veces mandé columnas bajo las órdenes inmediatas de otros Jefes, y otras las mandé inde::pendientemente. Mientras que Bolívar llevaba á cabo, con audacia inimitable, su gloriosa empresa de arrojar á Montever­de de Caracas, yo quedé encargado Jc la seguridad del valle de­Cúcuta, y después de varios encuentros con los enemigos en Lo mapelada, San Faustino, Capacho y Zulia, en que fueron derrota~ dos, lo fui á mi turno en el llano de Carrillo. No me acusa m 1 conciencia de haber dejado de llenar mi deber en aquella desgracia· Yo pedí un juicio militar, que se me negó por el Gubierno; pedí mi licencia atJsoluta, y también se me negó. Seguí, pues, sirviendo en aquel territorio bajo las órdenes ya del General escocés Mac Gregor, ya del General granadino Rovira, y últimamente del Ge­neral U rdaneta, hasta Junio de I 81 5· Durante esta época el valle de Cúcuta fue alternativamente ocupado por las tropas enemigas y reocupado por las independientes. (Continúa) F. DE P. SANTANDER • En la Gaceta extraordinaria de Cunclinam;.rca, del 8 de Mayo de 1818, número 10, ae publicó el parte del Coronel Castillo sobre la jornada de la Angostura de la Grita. Allí ee lee Jo siguitnte: "Destiné al Mayor Santander con las compañÍlls 1.• y 3.• del batallón S·o á ocupar la altura de nuestra derecha, en cuya declinación estaba situado el enemigo y apoyaba eu ala izquierda .• , Santander concluyó su operación ein eer notado, y en tan corto tiempo y con tal astucia, que no será creíble sino a Jos que lo presencia­mos, y que logró subiendo por el escarpado, dejando á su espalda l:~s vi~ías del enemi­go ...... entre tanto Santander batía al enemigo en su propio campo. Se han aguerrido loa rcclutu, puee las dos compañías con que Santander batió al enemigo er.m de las del batallón s.• ." Entre los recomendados está el Mayor Santander. En el Argo1 de la Nueva GrtJnada, periódico del Gobierno general de la Unión, se encuentran otros documentos, á saber: en el de 24
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 138

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 150

Por: | Fecha: 05/05/1900

Af:tOIV Bogotá, Mayo S de 1900 NUM.150 --~·~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIRECTOR AD-HONOREM 1 FRANCISCO J. VERGARA y V. Genet·al, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos loa Jefes y Oficiales del Ejército de la República OFICIAL BAT.~L!.ON PO:.ITEONIOO Conferencias de los Oficiales de la Misión Francesa (Comunicadas por un anti¿-uo oficial del Cuerpo) SERVICIO DEL CARÓN DE MONTARA Puntería y tiro El ángulo de tiro es el ángulo que el eje de la boca de fuego hace con el plano horizontal: es también el ángulo que indica un nivel colocado sobre la faceta del refuerzo. La distancia de tiro es la distancia que hay de la pieza al blanco sobre el cual se dispara. El punto de caída es el punto donde el proyectil viene á encontrar el suelo. El alcance es la distancia que hay de la pieza a1 punto de caída. El alcance (en los límites ordinarios de tiro) es tanto más grande cuanto más inclinada e-tá la pieza. La duración del trayecto es el tiempo que media desde la salida del proyectil del cañón hasta la llegada á su punto de caída. La trayectoria de un proyectil es la línea seguida por el pro­yectil desde la boca de la pieza hasta el punto de caída. El desvío es la cantidad de metros que el proyectil se separa á la derecha de su dirección primitiva, por consecuencia de sumo­vimiento de rotación. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 530 BOLETíN MILITAR El rmvnmento del proyecti 1 puede ser comparado al movi­miento de un trompo durante u movimiento de rot&ción. Si se inclina un poco, el trompo adquiere un movimiento lento que se llama movimiento de preasión. La flecha AB indica el movimiento de rotación del trompo; y la flecha CD indica el movimiento de precesión. Los dos son del mismo modo y CJmbus en el sentido de las agujas de un reloj. Un proyectil en su trayectoria adquiere un movimiento de rota­ción que le es dado por las rayas. Su pe o lo inclina un poco, y des­pues toma un movimiento de j>ruesion del mismo lado que el movi­miento de rotación. Principiando su movimiento de precesión el proyectil, se pre­senta oblicuamente al aire, y de pués la resistencia del aire produce un desvío, que es más grande en los cañones cuanto más grande es el alcance. En esta separación que se llama dt!sv/o se ve que se hace á la derecha para la pieza rayada ét let derecha, y á la izquier­da, para la pieza rayada á la izquierda. El desvío de las tabla e la cantiJad de milímetros que se necesita correr el trazo horizontal dd alza para corregir la des­viación. NoTA-En el fusil hay también de vío, pero se le corrige po­niendo la ranura 'le mira un poco á la izquierda ó á la derecha clel eje del arma, según que el fusil sea rayado á la derecha ó á la izquierda. Un tiro es largo ó corto, según que el punto de caída esté más lejos ó más cerca que el blanco. Un tiro está á la derecha ó á la izquierda, según que el pun­to de caída se halle á la derecha ó á la izquierda de la línea que va de la pieza al blanco. Por efecto del viento el proyectil va á caer del lado hacia el cual sopla. Un desnivel de las ruedas hace de viar el tiro del lado de la rueda más baja; á la izquierda, por ejemplo, si la rueda izquierda está menos alta que la d,.recha. Para averiguar si las ruedas están á una misma altura, el apuntador debe colocarse atrás de la pieza y comprobar á la vista ó con la ayuda de una plomada que el alza no e:;tá inclinada á ningún lado. Para di minuír la influencia de un desnivel de las rueda5 se puede hacer una zanja en el puesto de la rueda más alta; en cada caso debe siempre volverse á colocar la pieza en batería en el mismo punto, 1~ más exactamente que sea posible. La línea de mira es la línea recta que pasa por el centro del ocular del alza y la mitad del intervalo de las puntas del guión. El ángulo de situación es el ángulo que forman el plano ho­rizontal y la línea recta que une la pieza con el blanco. Apuntar una pieza es colocarla en las condiciones precisas para que el proyectil vaya á tocar el blanco. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MI LIT A R 531 Para apuntar una pieza es preci!o darle una inclinación t{tl que el proyectil vaya á caer á .la altura del blanco, y en la dirección co:1veniente para que t>l proyectil llegue sobre el blanco. La puntería puede hacer;;e ya con el alza sola ó con la ayuda del nivd de puntería; en este caso la dirección debe ser dada por un procedimiento que varía con las circunstancias, no permitiendo dar el nivel sino la inclinación. La dirección se da, sea con una plomada si el apuntador, es­tando de pie, detrás de la pieza, puede ver el blanco; sea dirigien­do la línea de mira sobre un jalón ó un sable colocado en Ja di­rección del blanco. Casi siempre esta manera de obrar no se em­plea sino para primera puntería, y se tiene siempre cuidado de tomar un punto de mira auxiliar sobre el cu<:~l se apunta la pieza para lo otros ti ros. En ciertos casos, en los cuales la punterÍ cort.> n hrgo, sep;LÍn que ocul­ten el objetivo cí que aq11cl "e divist! ~nhre li ha nube . La ob-.;ervaci6n se ha,...e á h simple vista, y m ejor con ayuda de un anteojo (, binóculo. Arreglar el tiro de una batería, es hallar el alza que debe em­plc< trse para que los proyectile lanzad por su diferentes pieza , llegando á a~rupar e al red edor del objetivo, produzcan el mayor efecto que se pueda. Se cono;igue este resultado por medio de la observación de los punto de caída de cierto número de pro- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 534 BOLE'l'IN ?tiiLI'r.AR yectiles, rectificando luégo metódicamente las alzas empleadas en este tiro de ensayo. Pero aun terminado el tiro de ensayo, se necesita \' eriftcar el alza p.1ra evitar los errore~. f/erijicación dtl alza- La verificación ~el alz.a es una opera­ción por la cual se asegura el artillero yue una alza da puntos de caída próximos al blanco. Esta verificación se hace de la manera siguiente: ·e observa un tiro del alza para verificar, si este tiro es corto ó largo se tira un segundo con el alza aumentada ó disminuí da en so metros. Si los dos primeros tiros están del mismo lado, se tira un ter­cero, aumentando ó disminuyendo también el alza en so metros. Si el desvío no cambia· de lado, por el tercer tiro se \'erá si 1 verificación no sale bien y se vuelve á empezar el arreglo. Ejemplo: alza para verificar á 2,250 metros. 2,2so corto. 2,300 corto. 2,350 corto. Arreglo y \'olver á empezar. e aprecia, al contrario, que la vcrificaci6n ~ ale bien, ~ ¡ el desvío cambia de lado, sea al segundo tiro, sea al tercero. Se verifica el alza en las circunstancias siguiente": 1.0 Para la ejecucion del arreglo; 2.° Cuando en un tiro de conjunto se oh ervan olamentc unos tiros del mismo lado; 3· 0 Si la eficacia del tiro no parece suficiente; 4.° Cuando la di ~ tancia del blanco es la que una artillería ha hallado ante por un arreglo; 5.° Cuando se observa, durante el arreglo, un tiro en el blanco. La reglas para continuar el tiro despues de la verificacion son las siguientes: 1.0 El dtsvío cambia ¡{ .. lad? al St!KU 'Id? ti1:;- i la vcri ficación está hecha para la ejecucÍÓ;l del arreglo, 6 de . pues d<' un tiro de conjunto que dio solamente tiros del mismo lado, e toma la mi­tad entre las alzas empleadas para l0 ~ dos tiros. Ejemplo: alza para verificar á 2,250 metros. 2,250 corto. En lo verificar. 2,300 largo. Se toma 2,2 7 5· 3. 0 , 4. 0 y 5. 0 casos, se vuelve á emplear el alza para Ejemplo: durante el arreglo e ob ~ erva el alza de 2,4-00 me­tro · que dio un tiro en el blanco, verificamo. : 2,400 corto. 2,450 largo. Se vurlve á u ar d alza de 2,400 metro que dio un tiro en el blanco. 2.0 El dtsvzo cambia de lado al tercer tiro. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍN MlL11.'AR. 535 Se toma en todiJs /IJs casos para continuar el tiro, la mitad de las alzas con las cuales se tiraron estos tres tiros. Ejemplo: alza para verificar 2,250 metros. 2,250 corto. 2,300 corto. 2,350 largo. Se toma 2,300 metros. ()rro ejemplo: el alza de 2,400 dio un tiro en el blanco; ve­riJiquémosla: 2,400 corto. 2,450 corto. 2,500 largo. Se toma 2,450, aunque 2,400 metros diese un tiro al blanco Arreglo dI tiro-Es sólo el Capitán quien regla las correc­ciones relativas al error de alcanc~. Siendo corto el primer tiro, hará tirar un segundo proyectil, un tercer\>, etc ... aumentando cada vez el alza en 200 metros ó 400, según que la distancia sea inferior ó superior á 3,000 metros. Luégo qu~ por mt:di ,> ele este procedimiento se haya obtenido un tiro largo, elt'apitán h.1rá tirar el siguiente con un al!.a igual al valor medio Je lo do último tiros. Se continuará después el tiro ele ensayo empleando como alza, á cada tiro nuevo, el alza media entre las que han dado anteriormente el tiro largo y el tiro ' orto má aproximado: uno Je otro. Obrando de e~ta manera, ·e obtendrán pronto Jos al.l..ts, cuya diferencia sea de 100 metros, y que cor-re-pondan una á un tiro· largo y la otra á un tiro corto. El Capitán indicará el alza media entre estas dos alza~, mandará la vaijicación, y designará, si lv juzga convenientt":, una parte del objetivo á cada sección ó cada pieza, como blanco, y hará emplec.~r tiros de conjunto de cuatro tiros cada uno. En los tiros de conjunto, lo tres en el blanco cuentan por la mitad largos y por la mitad corto . E 1 alz.1 pu~dc ser considerada como buena cuando svbrc cuatro tiros resultan dos cortos y dos largos. Cuando el objetivo es una tropa descubierta y en líne.1 del­g ada, s::: pued~ consiJerar como buena un alza que dio sobre uatro tiros, dos ó tres tiros cortos, pero solamente si lo:, tres tiros cortos no son los tre primeros del tiro de conjunto . .El alza debe ser modificada en 25 metros después de cada tiro de conjunto que no dio el resultado deseado. Si los tres primeros tiros de un tiro de conjunto caen de.l mismo lado, e verificará el alza empleada. Ejemplos. El blanco es una línea de artillería. A 3,500 metro:', viento medio viniendo de la derecha. Se cot re el ocular á la derecha 7 milímetros. 3,500- I .a pieza, fuego. L:argo. 3, l0:)-2.~ pieza, fuego. Corto. 3,300- 3·n pieza, fuego. N o observado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 536 BOLETÍN MILITAR 3,300-4. • pieza, fuego. Largo. 3,2oo-5.a pieza, fuego. Corto. 3.250-- Alza para verificar. 6. 11 pieza, fuego. Corto. 3,300-1 .n. pieza, fuego. Largo. La verificación sale bien; se emplea el alza de 3,27 5· 3,275-Tiro de conjunto, 2.11 pieza, fuego. Corto. 3,27 5-Tiro de conjunto, 3.• pieza, fuego. Corto. 3,275-Tiro de conjunto, 4.• pieza, fuego. Corto. Los tres primeros tiros resultaron cortos, se necesita verificar el alza. 3,325-5.• pieza, fuego. Largo. La verificación sale bien, se adopta 3,300 metros. 3,300 metros-6. • pieza. Larbo. 3,300 metros- I .a pieza. Corto. 3,300 metros-2. • pieza. Corto. 3,300 metros·-3.a pieza. Largo. El alza está arreglada.-(Cmtinúa) ------~··~------ SECCION DOCTBfN AL VJtllHÓN LIDilE PARA XL 11 DOLitTfN MILITAR" • Apenas se llega á tierra montañosa, á la región de las cum­bres eminentes, y, recorriendo el terreno, se le estudia desde el punto de vista militar, la derrota de ciertas ideas preconcebidas es completa, y provoca hacer todo lo contrario de lo prescrito por el reglamento, para poder t.plicarlo á la guerra en la m ntaña. En efecto, los proccd· miento~ de marcha no pueden :;er los mismos que en las llanuras ~n donde fuertes columnas pueden mo­verse por carreteras bien conservadas, y los servicios de exploración y seguridad exigen condiciones aJecuadas y aun diferentes. El estacionamiento presentará numerosas y considerables di­ficultades. El ataque y Ja d fcnsa de posiciones no se desarrolla del mis­mo modo que en la ll..tnurci, t!onde la menor elevz.ciun dd terreno se torna obstáculo formidable para el ataque, y facilita la defensa creando extenso campo de tiro, en el cual es fácil la apreciación de las distancias y donde la aplicación de los preceptos reglamen­tarios puede hacerse sin mayores dificultades. • Como término de e te trabajo hrtremo'! .tlgunas obsen·uciones indispensables en nuestra cordilleras, tan distintas de los Alpes, y en las que si falta la nieve in­vernal, en ca.nbio ·e p-te!:'ent .. n dificultades de otlo 1den, de t·ruo<'ida en la Euro­pa centr,l-(rf. del T.) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETiN MILITAR 537 En la montaña, 5Í las grandes leyes de la guerra permanecen inmutables, pues no dependen del terreno, su aplicación no es idéntica á lo que se hace en la llanura poblada y cultivada. Una parte de las tropas de la Nación está encargada especial­mente de la defensa de la frontera alpina, y en el:a se encuentran ya quienes, merced á una constante práctica, conocen la guerra de motañas; el mayor número lo ignora aún. La fuerza no tiene ni al equipo, ni la instrucción, ni l;J práctica necesarias. Los jefes, desde l~s más jóvenes hasta los de mayor categoría, no poseen ni el vigor-aumentado por el adestramicnto é intJtil sin él,-ni el arte de manejar la tropa entre los riscos, sea en marcha, sea en combate. Y no puede ser de otra manera: V en idos de todos los rincones del país, in tener idea anterior de lo que es una mo11taña, llegan y pa an, tras un sumario apren­dizaje, legando á los que los reemplazan los mismos errores y la mismas ignorancias_ Preci ·o es variar el sistema de reclutamiento de estas tropas y luégo establecer un reglamento de servicio dedu­cido de la práctica de los que allí sirvan, para que el día del peligro, á falta de experiencia, á lo meno haya un libro que ilu tre á los ignorantes y guíe á los presuntuosos y atropellado • I- GE ERALIDADES Haríamo bien en imitar á Descartes cuando hizo tabla ra a de la ciencia y la fdosofía antiguas para no buscar la verdad ino por mctlio del raciocinio, y por eso á nuestro turno nos serviremos tan sol0 del raciocinio y la experiencia para indagar los mejores mé­todos pétra marchar, descansar y combatir en la montaña. Para rea­lizar e te desiderátum debemos ocurrir á los montañeses, y de sus prácticas deducir un esbozo de reglamento que ponuría luégo en práctica una tropa de 100 hombres venidos de todos los rincones Jel país, \larianuo cada día las fdtigas, los peligros y las pruebas que habrían de vencer para dominar las cumbre . Hecho e to, fácil sería entonces establecer un código de reglas segura y apropiadas para enseñar á la mayoría de los habitantes á hacer la guerra en la montaña. Las primeras observaciones naturalmente habrán de referirse al equipo y ve tid del soldado. El calzado debe ser ancho á la vez que ajustauo al pie., on la. uela. obrcsaliente y guarnecida Je cla\ os de abeza grande, con ·on.lún ¡nra amarrarlo por dchnte, alto lo bastante para abrigar el tobillo pero in e torbar los movi­mientos del pie. El calzado de cuero duro que no puede man te­nerse elástico y ab:,orbe la tran piración y el polvo es detestable y lastima el pie, cuyo descanso no puede obt~ner e sino cambiando de calzado si éste e.s apropiado para la marcha. Con el calzado descubierto como la alpargata*, el pie queda demasiado libre, e hincha y ]a$tÍma. • Cue·tión de co!'tnmbre: 81JUÍ la tropa Oll calzJ.do ería iníítil en la montañ.­y con alpargatas 6 t¡ltimbas y aun descalza hace marcha asombrosas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 538 BOLKTÍN MILITAR Si tras una fue1 te marcha el pie adolorido se la va y seca, y en seguida se recoge en un calzado sólido, resistente y á la justa me­dida, descansará perfectamente, y el bienestar que de esto resulta se extenderá á todo el organi mo. En una palabra: el soldado en la montaña nece ita dos pares de botines, uno en los pies y otro en el morral. El uso de la media cort::t ó calcetín es excelente, puc da al pie má elasticidad dentro del calzado, y aun cuando muchos solda­dos pueden prescindir de él, dado su e~tado f1sico, es indispensa­ble en las altas cumbre , cuando el frío arrecia. No debe olvidarse sí que esta prenda del vestido demanda aten ión especial, tanto para su aseo como para el modo de usarla. La higiene del pie es capital en campaña, y todo cuidado es poco á fin de que en él no se produzcan heridas: es error comtín que un par de botines medidos al pi convienen al individuo p:~ra la marcha. 'l'al calzado que llena la condiciones de longitud, an­chura y aju. te, hiere de pués de do ó tre días de marcha, porque s_ form:w pliegue· ó el pie se hincha, y ya no cabe bien, ó lo lasti­ma el ontrafuertc, cte. El a eo es condición indispen able para conservar el pie en buen e tado. Los diver os accidente que p:1eden producirse, am­poll. t!' con tu. iones, lastimaduras, etc . ., deben curarse en el acto. Si aca~o d dailo ocasiona dolore en tod un mú:culo de la pierna, se impnne el reposo completo hasta que el dolor haya desaparecido, y si ocurre una hemorragia hay que detenerla á cualquier precio, inclu ive con cor~1pre a de yerba y ti rra en t2nto que 1 ega el médico. El calzado debe so:;tencr la garganta v el tobillo, pero el pan­talón debe caer con lib...rtad, ajuc;tar'e á las caderas y tener la am­plitud ·uficiente en el fondo y entrepierna para que los músculos pucJan j11gar con entera oltura. Por e<:.to todo calz,ón que apriete la rodilla debe desecharse. Si se quiere ajustar lc1 parte inferior del calz,ón, b.1 ta y sobra un alfiler de nodriza para arreglarlo, como lo u. an lo ciclistas. Las band~s ó fajas de paño, dichas MolletierN, son lÍtiles si no comprimen la pierna, porque preservan del polvo y a u 11 del lodo que no puede penetrar en el calzado. Es indispensable la franela. La camisa de génuo e n un cin­turón de franela no basta, porque es necesario que la tran piración .ea absorbida sobre todo el cuerpo, en especial el pecho y los bra­zos; la cintura en refer~ncia no garantiza ino el vientre, y en vez d~ una rc · ultan dvs prenda, que debe cuidar el soldado. El vestido erá amíllio, con mangas ancha , que no compri­m1 los hombros ni el pecho y deje libre juego á la respiración. U na blu a por el e~tilo de la que usan los cazadores, e el ve ti do que llena mejc r e tas conJ.icioncs. Nuestra incómoda y antipática chaqueta de inf.lntería es el más ckte table de lo,; vestidos: com­prim .... lm hombros y el tórax, apri'.!ta las caderas, mantiene los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE~'ÍN .l.\HLI~'AR 539 brazos como dentro de un estuche, ~e de arregla con el más Ji gero movimiento, forma pliegues y aun la tima al soldado así que éste tiene que hacer grandes esfuerzos, de suerte que se ve entonces obligado á desabotonar los ú !ti m os botones p.1ra darle más ampli­tud y estar con mayor comodidacl. Es el ve tido diarnetralm~nte opueno al que se necesita en la montaiía. El vestido debe ser completado con un manto: el actual ca­pote de infantería no es práctico, requiere estar á la medida, y no lo es así, resultando ser muy ancho y feo, ó muy estrecho é in­cótnodo. Se necesita, pues, no un capote sino una capa amplia, que e u bra bien el cuerpo, e :; té pr~>vÍ:->ta de u na capucha, y sirva no en la marcha si no en el vivac y en el servicio de avanza­das. El mejor moJelo es el que usan lns rusos, cuyos delanteros se cruzan sobre el pecho sin comprimir! , y tiene una capucha fijada en la espalda. En fin, se nece5ita un sonbrer que Cttbra Lts orejas y la nuca; el birrete de los alpinistas es prenda de \'e tido de ópera cómica; el kepis no tiene en su apoyo si no la costumbre. Lo que sirve en la serranía es l<1 gorra de paiw de alas que pueden bajar e; el pasa-montaña poco elegante, pero adecuado al fin á que se le de tina. Vestido el soldado, resta saber qué carga llevará sobre lo~ hombros, la cual entre más liviana mejor. Regla absoluta: todo el cq ui po debe acomodarse sobre la espalda y hombros, y nada obre las caderas. La mochila (morral) no debe encerrar sino lo indis­pen able: una muda de ropa, aguja é hilo, y dos días de víveres. El cinturón con cartucheras para 120 cartuchos, pero sostenido por correas que hagan gravitar ~u peso sobre los homhrm;. l)cl cinturil, un bastón herraJ ,>, la can­timplora, y el soldado estará listo para la guerra de m rmtaña. T .' CTICA DE MARCHA I- Preparaci6n del soldado ·rres cosas son indispen'iables al soldado en la montaña: la moral, el jarrete y el pulmón; las dos primeras se pueden adquirir si faltan, en tanto que la última es independiente de nuestra vo­luntad. 1.0 La moral-Es el factor fundamental en el asunto. En la montaña el soldado habrá de encontrarse enfrente de serias diíicul­tades, de peligros reales de que no saldrá si no con erva la sangre fría que permiten desplegar íntegros la energía y el valor. La moral se adquiere, y aun fácilmente, si el hombre se adies­tra progresiva y metódicamente; primero es preciso habitu,trlo á la fatiga que produce la carrera en la tl'_lontaña: desde que sepa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT A.R marchar sin dificultad, con seguridad y esté educado su jarrete, se le hará abandonar lo3 5enderos transitados y atacar de frente las pendientes. En toda región de altas montañas las pendientes se muestran de naturaleza y calidad muy diversas, pero que puede11 reducirse á tres ti~os: la cubierta de césped ó de pedregales, el derrumbe y la roca v1va. La falda, pedregosa ó cubierta de césped, se sube no sin pena, porque es resbaladiza, y la suela del zapato se alisa á los pocos pa­sos, pero no presenta grandes dificultades, y de ordinario su incli­nación es mediana, sucediendo otro tanto con los pedregales. Los derrumbes varían al infinito en forma, caracteres y ex­tensión, pero iempre pertenecen á uno de los tres tipos siguientes, en cuanto composición: grava ó arena, piedra y cantos de roca. Solament.:: la experiencia ense~ará cuál es el mejor sistema para abordarlos, ya según la línea de máxi:na pendiente, ya en lí­nea oblicua que con aquélla forme ángulo más ó menos abierto. Por regla general los derrumbes de grava deben ascenderse i­guiciHlo la línea de mayor pendiente, cualquiera que sea el sub-uelo que los soporte, porque tomándolo al se g , si la tropl es numerosa, abre un largo surco, y como entonces las capas superio­res quedan in apoyo, e deslizan empujada por su peso, y pueden causar des·:tstres, formando aludes de piedras. El peligro aumenta aún si el sub·uclo e de marga ó roca lisa, por lo que cualquiera que sea la dificuitad, hay que subir los derrumbes por la línea de mayor pendiente. Los de piedras pueden atacarse oblicuamente· si el subsuelo es firme, pues de lo contrario hay que proceder como en el caso anterior. Los de rocas sin vacilar deben afrontarse por la línea más recta; la sola precaución que debe tomarse e que el guía de la Cyar e ó el e·pacio se reducido, corre inminente peligro de h1 erio caer al abismo que lo atrae, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET~ MILJTAR • Nadie puede afirmar que no es accesible al vértigo, porque quien no lo siente en unos casos, puede sufrirlo en otros, en espe­cial cuando prolongada fatiga debilita las fuerzas y quebranta el ánimo; pero conforme queda dicho, aparte de esos casos excepcio · nales, el vértigo es estado nen' ioso que se aprende á vencer. El mal de montaña es causado por la rarefacción del aire: constitúyelo una laxitud invencible seguida de fuerte fiebre, y no tiene otro remedio.:> que un reposo absoluto. Nadie está exen lo de este mal, ni aun los viejos montañeses, y según el tiempo, la esta­ción y el estado del organismo, se principia á sentirlo á los 3,ooo metros de altura. El vertigo, al contrario, nada tiene que ver con la altura: el que lo sufre lo siente lo mismo en un balcón de tercer piso que en una enhiesta roca, y desaparece con el menor apoyo, una cucrJa que el menor e fuerzo rompería, y viceversa. En todo caso, á partir de 2,ooo metro , aun cuando no se ienta el mal de montaña, ya se respira con más dificultad, la¡ fuerzas disminuyen y la fatiga domina con mayor facili~ad. Con la educación, pues, podemos producir la moral en el sol­dado, es decir, la sangre fría, ]a energía, la audacia que vaya hasta la temeridad, pero sin perder la razón; y esa moral se rctempla y afirma á medida que se ejercita. Sólo el que ha hollado las cum­bres solitarias sabe cuánto placer se siente después de la ascensión, no por el paisaje visto, ino por las fatigas y peligros vencidos, por la dosis de energía, calma y sangre fría puestas en obra; por la fuerza gastada, por el desdén de la muerte que lo acechaba á cada paso, por el orgullo del triunfo obtenido sobre la naturaleza en desigual batalla.-( Continúa) H. BARAUDE ... INFORME SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continuación) Remonta y desecho de caballos Los caballos necesarios para la caballería, así cG>mo para la artillería y el tren, se sacan directamente de los quince depósitos de remonta, que contiene cada uno de 400 á 500 caballos, los que se en­tregan á los cuerpos periódicamente y á medida de sus necesidades. La provincia de la Prusia oriental contiene, para su servicio, siete depósitos de éstos, y provee ella sola la mitad (3,ooo) del número de caballos que son precisos anualmente á las tropas prusianas. Estos depósitos de remonta dependen del Ministerio de Gue­rra, pero están organizados sobre los mismos principios que las ye- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 542 BOLE'fJN MILITAR guadas del Estado, es decir, que po een como éstas algunas tierras que administran libremente. En los depósitos los caballos están todo el año alimentados con paja ó heno seco, y alojados en caballerizas capaces para 25 ani­males. Pero aun cuando estas cuadra'\ están provistas de pe ebres, no se ata en ellos á los caballo , que andan libremente. Dt>l cuello de cada uno pende una placa de hoja de lata con un número que ha de seguir al animal hasta e1 fin de su carrera militar. Estos nú­meros se determinan para cada remonta, anualmente, y difieren de un depósito á otro, de manera que se puede saber siempre, en el acto, de qué depósito viene cada caballo y por quién ha sido com­prado. Sólo se compran, para los depósitos, caballos de tres años. Los que se destinan á la caballería ligera (dragones y húsares) deben tener una talla de cinco pie y dos á cuatro pulgadas ( 1"',37 5 á 1 m,625), y para la caballería pesada (hulanos y corace­ro~), de cinco pies y cuatro á ocho pulgadas ( 1 m,62.5 á 1 ... ,727). Los caballos que se tienen en más es ti rna son los de la Prusia oriental. Las compras se hacen directamente por cuenta de los depó­si ros de remonta, por seis comisiones especiales ( Remmte-Ankaufi­Commissiolh'm), operando cada una en radio determinado, del cual llega de este modo á conocer bien lo productos. Cada comisión se compone de un pre. idente (oficial superior ó capitán de caballe­ría) y de tres vocale (dos teniente y un veterinario). Tiene ad­juntos un secretario y algunos soldados ordenanzas. Estas comisiones no se constituyen sino para el acto de las compras, que empiezan el mes de Mavo. El pre · idente es el único miembro permanente, y durante el ·invierno los seis presidentes tienen su trabajo en el Ministerio de Guerra. Los otros miembros de b comisión se nombran cad·{ año en los cuerpos, elegidos entre los oficiales que conozcan bien los caballos y parezcan aptos para ser más tarde presidentes. Así pues, se procura enviar á los mis­mos oficiales varios ar1os seguidos para este servicio. Cuando se terminan las compras, estos oficiales vuelven á sus cuerpos. Algún tiempo antes de empezar estas operaciones, cada co­misión hace publicar la indicación de las localidades y los días en que tendrá lugar lo que se llama los mercados ó ferias de remonta (Remonte-Markte). En el día que se determine se traslada la comi­: aión á la localidad indicada y compra al precio corriente los caballos de tres años que se le ofrecen. Estos caballos se reúnen por grupos, y conducidos por des­tacamentos que prororcionan los regimientos de caballería inme­< liatos, se dirigen al depósito de remonta más próximo, en donde permanecen un aiío entero. Por excepción pueden algunos conser­varse allí dos años. Para poner la dignidad del presidente al abrigo de todas las proposiciones impertinentes de los corredores, está admitido que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETÍN MILITAR 543 sea él quien decida definitivamente la compra de cada caballo; pero corresponde al teniente más antiguo gestionar el solo las con­di ~iones de la venta con el propietario del animal, mientras que el oficial más moderno hace proceder á su reseña, etc. La reman ta de la caballería, arti llen'a y del tren del cjérci to prusiano exige cada aiío próximamente 6,o:)O caballos. El reparto por armas se hace . iempre por el inspector de remontas, quien con este objeto pasa en tiempo oportuno la revista de todos lo caballos de la remonta llegaban Á los cuerpos en c·l otoiío, y tal cambio proviene principalmente de que hasta ahora los caballo viajaban siempre por jornadas, lo t:ual retardaba much su llegada. Hoy, por el contrario, se ha re­gl mentado su tran porte por el cam1no de hierro, y no se recurre al antiguo modo de conducción sino para los regimiento. que se encuentran en punto ~ inmediatos al depó ito de remonta. Como por otra parte los desecho d ~ caballo ólo se hacen al fin de las gr.tndc;, maniobra~, resulta que durante algún tiemp el efectivo de los caballos er1 los cuerpo es superior á la cifra regla­mentaria. Así pue . , se autoriza á los regimientos para de embara­zarse en parte de este excedente, vendiendo hasta 20 caballo in­mediatamente después de la llegada de las remontas. Un regimiento de caballería recibe anualmente 63 caballos, que se distribuyen á razón de I 2 ó I 3 por escuadrón, más un número variable, según las necesidades, de caballos suplementa­rios des ti na dos á la categoría de caballos de oficiales, que llaman OJ!izier-Chargenpferde. · l'odos los tenientes de caballería, adern ás de l caballo que deben poseer personalmente, tienen derecho á tomar además otro de los de filas. Los del Chargenpferd no deben entregarse al oficial sino después de una doma completa, porque el mucho servicio del oficial de caballería no le permite entregarse á esta operación, y se cuida esencialmente de que cada oficial posea siempre un caballo bien amaestrado. Estos caballos, entregados gratuitamente á los tcnien tes, vienen á ser propiedad del poseedor al cabo de cinco años. Y el oficial que no hace uso de su derecho de tomar caballo del escuadrón, recibe en cambio el precio medio de caballo de remonta, pagado en cinco anualidades correspon­dientes á los cinco años al cabo de los cuales el caballo hubiera sido de su propiedad. A tales oficiales no por eso deja de obligár­seles á tener dos caballos, y en general se cuida rigurosamente en el ejército prus;ano de que todo oficial, cualquiera que sea su arma, tenga constantemente presentes en el cuerpo el número de • E decir, desde el nño 1 75, que e al que el autor se refiere. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 544 BOLE'l'ÍN MILIT A.R caballos que ordenan los reglamentos para el tiempo de paz. ~ otro modo, en caso de movili2'ación, no podría desempeñar el pa­pel que le incumbe. El inspector de remontas, al hacer la reparti­ción de los caballos en los depósitos, hace poner en la categoría de Chargenpferde los que resultan rnejores desde todos los puntos de vista. Esta designación, por otra parte, no limita en modo al­guno la libertad de elección de los oficiales, que pueden siempre ejercerla entre todos los caballos de remonta, no directamente sin emb:1rgo, sino con la intervención de una comisión compuesta dct un jefe, un capitán y un teniente, la cual debe aprobar las elecciones. Por lo que respecta al desecho de los caballos, el reglamento deja la más completa libertad á los capitanes, teniendo presente que éstos, con conocimiento perfecto de todos los caballos del es­cuadrón, están mejor que nadie en estado cle juzgar si tál ó cuál es ó nó apto para el servicio. No hay regla p a rticular al g una que determine la duración normal del tiempo que debe servir un caballo; por lo regular su entrada en el cuerpo es á lo cu a tro años, y permanecen, por tér­mino medio, poco m á s de una decena de años; de manera que la mayor parte de ellos s~ desecha n entre los catorce y quince años; pero como en todo esto el capitán es el solo responsable, no se le obliga á desechar sus caballos, y puede, si lo cree posible, conser­varlos en el servicio hasta la edad de veinte años. Este es el límite extren1o, y, por r gla general, un caballo de veinte años debe ser sustituído *. 1 comandante del escuadrón debe ser muy circun pecto en sus desechos, porque estando determinado el número de caball06 de remonta una vez para siempre, sólo recibe anualmente la can­tidad de ellos así fijada (trece próximamente), no variando, por lo demás, esta cifra sino á consecuencia del mayor ó menor número de caballos designados para Chargenpjerde. Resulta de esto que un capitán que haya recibido~ supongamos, trece caba­llos en el mes de Julio, no desechará igualmente sino trece en Septiembre, después de las maniobras, si bien puede ser que tenga más de éstos en su escuadrón que merecieran ser desechados. Su­cede que, por ejemplo, un caballo muere en el curso del año, y no se le reemplaza: en el otoño se procurará desechar uno meno> para mantener siempre el completo del efectivo. Si esto es impo­sible, y un capitán se viese obligado á desprenderse de más ca­ballos de los que ha recibido de la remonta, el déficit persiste du­rante un año, y el número de hileras del escuadrón se encontrará, por lo tanto, reducido. • Sin embargo, se encuentran eh los cuct pos C;lbtlllos qne tienen veintiun6 y aan veintidós año , como lo veremos má· adelante. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 545 Puede también suceder que en el curso del año resulte un caballo impropio para el servicio, y que el capitán del escuadrón juzgue imposible conservarle en las filas. Entonces informa al jefe del regimiento, quien da la orden para que se reúna la comisión de examen (Pferde-Prüfungs-Commision), compuesta de un capitán, dos tenientes y un veterinario, á cuya comisión se presenta el ca­ballo, y sin más apelación da su dicta.ntn, sin que haya tampoco necesidad de que su decisión sea aprobada por la autoridad supe­rior. Si el caballo es declarado inútil para el servicio, se vende in­mediatamente en subasta. Cuando tenga lugar el desecho siguien­te, el capitán procura desprenderse de menos caballos para poner al completo su escuadrón. Se ve, pues, que en suma el capitán del escuadr6n es absolu­tamente el dueño de sus caballos, y el mismo coronel no tiene el derecho de exigirle se de~haga de tales ó cuáles caballos. Aún se encuentra en e te momento en varios regimientos de la caballería prusiana una categoría particular de caballos llama­dos Augmmtations-Pferrle, di tri bu í dos entre los cuerpos para llenar los vacíos que se produjeran durante la última guerra. El número de estos caballos varía mucho naturalmente de un regimiento ó de un escuadrón á otro. En algunos no lo hay, y en otros podrán contarse unos 40, esto e , casi el tercio del efectivo. Esto depende enteramente de las pérdida sufridas en el curso de la campaíia. A í, por ejemlo, el 1.0 de dragones de la guardia, que perdió en 1V1ars-la-·rour casi la mitad de su caballos, tiene aún hoy de 30 á 40 Augnuntatior.s-Pfcrde por escuadrón. En fin, exi::;te también cierta clase de cahallos ql!e se llama ,·aba/fas de compra ( Aukaufs-Pjn·dc), porque han sido comprados por Jos mismos escuadrones. Hé aquí en qué forma. Hemos dicho antes que el caballo que muere en el curso del aíio no se le reem­plaza inmediatamente, y que el escuadrón tiene que soportar este déficit ha ta la llegada de la próxima remonta; pero en el ínterin tl Gobierno continúa abonando al regimiento la cantidad de ra­ciones correspondientes á su efectivo reglamentario. De suerte que el e cuadrón que haya perdido un caballo recibe, no obstante, l;1s raciones para él como si estuviese siempre presente. El capi­tán separa esta raciones, las vende, y con su producto compra un nuevo caballo, que viene á ocupar en el escuadrón el puesto del que fue baja. Compréndese, por otra parte, que estos caballos constitu­yen realmente una excepción y que no se encontrarán en todos los escuadrones. Antes que algún caballo de desecho sea vendido, todos los capitanes de escuadrün, no sólo del mismo regimiento, sino de otros cuerpos de tropas á caballo de la guarnición, tienen el der~~­cho de elegir, entre los caballos de ech~dos por sus colegas, aque­llos que les parezcan mejores que tal ó cuál caballo que tenga 2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 546 BOLETÍN MILITAR precisión de conservar en su propio cuerpo *. Así pues, cada vez que un cuerpo cualquiera hace un desecho de caballos, se apresura á advertirlo en tiempo oportuno á los cuerpos más próximos. Los cambios se efectúan entonces amistosamente entre los capitanes y sin que nadie tenga derecho á intervenir para cohibir la libertad de sus elecciones en un sentido ó en otro. Cada cual no tiene aquí más mira que la del bien del servicio, y se conJprende que un ca­pitán, responsable ente1amente del buen porte de su escuadrón, no incurrirá jamás en el caso de hacer el cambio de un buen caballo por otro malo. Todo cuanto hemos dtcho relativo á la remonta de la caba­llería, puede aplicarse por completo á la artillería. Los regimien­tos de esta arma reciben los caballos que se les destina de los de­pósitos de remonta más próximos, á razón de cuatro ó cinco cada año por batería montada y de nueve por batería ;l caballo. Estos caballos, como los que deben remontar al arma de caballería, son comprados á la edad de tres años, y pasan un aíio ó dos en los de­pósitos, con el objeto de que no lleguen nunca á los cuerpos antes de haber cumplido los cuatro años. La artillería nece s ita caballo de silla que atisfagan á las mismas condiciones que lo · de la caballería y de caballo de tiro, en los cuales se de ea más bien el vi ~ or que la ligereza. u alzada debe estar comprendida entre 1 "',620 y 1 m,67 o . Como las necesidades de lo cuerpo· respecto á caballos de una y otra categoría, pueden variar ·f! glí n lo s años, los regimien­tos deben manifestar con tiempo el número de caballerías de cada especie que le son necesarias. Los caballos llegan á los regimientos durante el verano, ge­neralmente en el mes de Julio, y quedan como excedente del efec­tivo hasta después de terminadas las maniobras de otoño, en segui­da oe las cuales los jefes de regimiento determinan el número de caballos que necesitan desechar en cada batería, según el de los caballos de la remonta puestos á su di ·posición. El ganado desechado se vende en pública subasta, y si ocurre que un caballo resulta inútil para el servicio en otra épo~a del año, se examina inmediatamente p r una comisión especial formada en el regimiento, y se vende con la autorización del jefe de la brigada. Instrucciones de la caballería-Gtneralidades El año de instrucción, comprendido en él la doíT1a de los ca­ballos de la remonta, comienza en la segunda mitad de Septiem­bre, seguidamente después de las grandes maniobras. V éanse aquí las divi~tiones principales: durante el otoño, el invierno y una • Por consecuenci son, por el cnntnuio, r elativameute tHt·nos nunH."roso.; en h caballerfa, como lo he1110 ' lllclw en el cupí· tulo del 1edutamiento. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 548 BOLETÍN MILITAR so de instrucción de la caballería deberá comenzar en esta época. Y se ve que desde este punto de vista esta arma se encuentra en peores condiciones que la infantería: esta última recibe el mismo día la casi totalidad de sus reclutas, mientras que en caballería, los hombres llegan en dos períodos, unos el 1.0 y los otros el 15 de Octubre, y aun en la Guardia todavía más tarde.* De donde para estos últimos un retardo en la instrucción que puede llegar á tres y aun á seis semanas. Compréndese, pues, que el período preparatorio no puede existir en la caballería, ó por lo menos debe encontrársele confun­dido con otros ejercicios . .En las dos semanas, y algunas veces me­nos, que transcurren desde las grandes maniobras y la repetición de las instrucciones, es difícil formar instructores para los reclu­tas. Así pues, durante todo el año es cuando el capitán debe pro­curar ir preparando poco á poco su personal á estas funciones de­licadas. Al mismo tiempo, busca también para los reclutas los caballos más tranquilos, hace poner en buen estado los dormitorios v trajes que se les destinan, etc., como lo hemos explicado á propó­sito de la infantería. Hé aquí, en suma, cómo se pueden designar los diversos pe­ríodos entre Jos cuales se divide el año de in trucción con sus du­raciones aproximada~: 1.0 Período de la inst1 ucúón individual ó d~ los reclutas­Desde el 1.o de Octubre y 1.0 de Noviembre hasta 1.0 de ~1ayo. 2.o Ptríodo de los ejercit.ios de primavt•ra-Desde el 1.., de Mayo hasta mediados de Junio. 3.0 Período de servicio de tampaña - · De~de mediados de J u­nio hasta principios de Agosto. 4.0 Período de los ejercicios de otoií.!)- Durante la primera mi­tad de A¡!osto. 5.n Período de las grandes maniobras-Hasta la segunda mi­tad de Septiembre. Examinaremos cada uno de estos p'=ríodos en particular; pero antes vamos á decir algunas palabras sobre la doma de los caballos.-( Continúa) --···-- :msrru:o:tcs SOBRE EL UNIFORME MILITAR (Continuación) Equipo de los Institutos montados En la investigación de las condiciones del uniforme se ha tratado ya del que debiera vestir la caballería; pero nada se ha di­cho hasta ahora sobre el equipo de los institutos montado , y cier- • Hacia mediado de Noviembre. Véase t:l capítulo obt·e el reclutamiento. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. lJOLET:fN MILITAR 549 tamente no faltan motivos para desear reformas en el actualmente reglamentario, tanto para el jinete como p~ra el caba1lo. Por razones no fáciles de alcanzar, se ve colocado sobre el caballo el armamento que el jinete debe manejar cuando esté pie á tierra, y por el contrario, el hombre lleva sobre su persona el que sólo á caballo put·de e grirnir. ¿ Por qué no se ha de establecer el orden que parece natural ? Vayan el sable ó la lanza sujetos al caballo, pues que á caballo se juegan, y lleve sobre sí el soldado la tercerola ó carabina, que es la única de sus armas que estando desmontado usara con fruto. El servicio avanzado y de exploración encomendado á la Cá­ballería, encarece y extrema la conveniencia de que tenga aptitud para defender un puesto pie á tierra, si no como oficio habitual, por lo menos fortuitamente. Hoy que la velocidad en Jos movimientos es tan importante que á vece depende . u éxito de la cele.ridad con que se ejecutan, ¿no sería conveniente aprovechar en absoluto la idoneidad de la caballería para e te efe cto, aumentando hasta el último límite su ligereza? ¿ o sería útil el que e ta arma pueda ocupar rápidamente un punto importante, anticip:ind o e al enemigo, y sostene1se en él ha tala llega da de la infa ntería? Re uelv a n otros má. competentes e tas arduas cuestiones, y en ocasión más adecuada de exponer las razone que las puestas para conseguir la abso­luta inmovilidad del arma con relación al jinete, aun en los aires más violentos. N o es el peso de la tercerola lo que más molesta cuando se lleva á caballo, terciada á la espalda. Lo que más mo­lesta es el golpeteo del arma contra el dorso, y sobre todo ]o:; cho­ques del guardamonte con la columna vertebral y las costillas, consecuencia natural de la disposición en que se lleva colgada. Dos medios se ocurren, que empleados simultáneamente evi­tarían tales molestias: J .• Que se aplique á la espalda uno de los dos costados de la caja de la tercerola, que son aproximadamente planos, en vez de la parte éJnterior cuyo perfil quiebra el aro del guardamonte con su contorno saliente; 2. 0 Sujetar la tercerola de suerte que no se mueva; para que esto se alcance sin que el porta­tercerola ó bandolera ejerza exce:ii\'a compresión sobre el pecho, es preciso variarlo en la forma que se dirá. Se logrará que al colgar la tercerola quede de plano sobre la espalda, colocando u na barreta en forma de puente en la unión de la garganta de la caj~ con la parte casi plana de la culata. Para facilitar el resbalo de la tercerola á lo largo de la correa porta­tercerola, deberá e·tar el puente fijo cubierto por un1 coscoja. En cuanto al segundo medio, razones idénticas á las em­pl"! adas para proponer la su presión del correaje de la infantería, aconsejan que la tercerola "'ya sujeta al coleto, no dejando otro papel á la bandolera que el del lazo de unión que de empeña ahora cuando la carabina queda enganchada; cuáles sean las disposicio-­nes adoptadas para llegar á e:lte fin y los recurso5 de que se ha echado mano para conseguí rlo, es lo que á continuación se trata de explicar lo más clar;:,mente que se ha acertado. Se adoptarán sobre el coleto: 1.0 Un rectángulo de cuero de o,m 15 de ancho, por o,m4o de largo, amoldándolo al fll)mbro izquierd desde la parte anterior. Sobre este refuerzo de e-u .: ro irá ti jo por su rama más corta un gancho de plancha de acero en figura de U y cuya rama libre termi11a forma 1do una baguilla fija. La rama que e aplica sobre el cuero deberá hallar e colocadél precisamente encima de la fosa supra-espina del omoplato. (El papel de este gancho es sostener la tercerola). 2: U na bagui11a fija algo más arriba de ]a cintura, en el cos­tado derecho de la espalda. (Esta baguilla servirá para sujetar la bandolera). 3.• Dos baguillas fijas en la cintura, en el costado derecho del pecho. (Por estas baguillas se pasará el látigo de la correa des­crita en el § s.o). 4·a U na correa de I metro 6o centímetros de longitud y 0,4 de anchura, que tendrá una hebilla en uno de sus extremos, y á los 50 centímetros de la hebilla un tope. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 551 Esta correa se colocará pasando el látigo de abajo á arriba, por la bagui lla fija en la espalda (§ 2 ... ), y después por la del gancho de acero (§ r. .,), cruzándola hasta que la hebilla y el tope las toquen respectivamente; tr 1yendo después el látigo por encima del hom­bro, se cruzar:í por delante del pecho, sujetándolo por fin en la hebilla que se ha quedado á la espalda. (El oficio de esta correa sed el mismo qu.: d..:: em;)eñaactualmente la bandolera). 5.0 ()tra correa de .x_ metro de largo y o "\02 de ancho . .Esta correa pasará por las Jos baguillas de la cintura(§ 3.o) y vendrá á formar á la espalda un lazo en el cual se sujetará el caii ón de la tercerola. * Con estas dispo iciones, m<Ís engorrosas de explicar que difí­ciles de concebir, quedará la t.:rcerola como se ha ofrecido, es decir, colgada del gancho de acero, ter ·i·~Ja del hombro izquierdo al coc.tado derecho, con la culata sobre aliendo del hombro, la punta á la izquierda, y el talón hacia la cabeza, la boca del cañón mirando al suelo, el guardamonte hacia abajo, las partes planas de la caja, culatín y ca.1a apli~.:adas contra la esp.dda y sujeta con el látigo hasta no tener movimiento. Claro está que la barreta y las anilla del mod elo de 187 I deben desaparecer. • De la colocación de la espada y de la lanza s6lo se dirá que (h:bcn ir sujetas á la montura; la primera como la llevan l0s jine- U~: . .trrullallilo ·1 g.w ·ho de pl.u\ ·ha de nccro '§ 1. 0 ) . ohre un plano re. tltnre llll!l fig-ur.t de COIItOrliO ICl"l, ngulh 1C "1 ~ÍmétrÍt•a COll re pc•(."tn á U eje, de O.mJ5 ele lougitud, y de diferente.· nndto, que ~erán (contan u la· lungitm.le:s eu .c:utitlu del t·je ele inllttfn y la:- audtura~ pcrpendicnlarnh.•nte á él): o .m 04 á cada lado del {'je, en lo. primetoo. o.m 06 de lougitnd. o.m 02 á cacl.t lado del rje, en Jo ~ !>iguit•ntes 0.10 08 de longitud. o.nliJ5 á cud lado d t:l ej ·, en lo: re~tnnte ... o.m ()1 ele longitud. Uniendo los \ 'értice .-imHric:o. de lo . ángulo" cutrante:<, t¡uedará di,•iditla la fi.gur:t en tres n:ctánguio:-, que ·e ll.mHtrán, para f.lCilitar !tU explicación, }.O, 2.o y 3.• rt:ctáugulo, y cuyu¡., lados tenc.ltán, en el 1 .0, t>u "~ntulo del eje, o. m Oü; pcrpcthlicnlnrmente á él, o. m 08. 2. 0 , en S,.litÍtlo del eje, Ü.mQ ; pcrpc tclicularmente á éJ, Q.m 04. 3. 0 , e!l eutido ele! l'je. O,m Ol; pet pcndicnlanncnte á él, o.m 10. Par.t vul\'er á dar á C!-t 1 plancha de o. m 002 de grue ·o • u forma primitiva t·n que hcl de usar:sc y que ·e h'.l de hecho al d~sarrollarla, e practicará lo iguiente: J .o ;..,e con Tr~atá plano el primer rectá11gulo. 2.u s~ 1.'11<'011\' trá llllil l ougitud dt> o.m02.0 rectángulo, á partir de ia unión con el 1.", for!twnd.l uw . upcrficic cilft,clrica t a ngente en su ori~t·n al plano d.el pri111cr rectángulo y en !-.U ter ,11 in e ión á la p trie clcl :-egundo tcctángnlo t¡ue dt:be quedar p ann. La !>ccdón tct"ta de e·. t .t ~npcilicie cilíndrica tendrít próximamente la figllla de una como' invertill <•, p¡tra que lu pnrte que ha c¡uedat.lo plana del sl•gundo rec . tángulo, .t: apli<¡ue sohn: l'i pt·i111ero. ' 3.11 Las ch.s p:.t:tt's clcl t c r~er rectángulo c¡ue exceden de la anchura del segunrlo, . e cl .. bla.áll h .. cii\ ,, ¡ rib:t de 1110 lo que '"engan á unirse, formando un:t b; guiila del lado de Lt cara cxlcriot del .t·gumlo tel:tángul u , 6 sea t.lc la que uo e tá en contacto con el pri tncro. • P .t ra coluc.t r la tercerola :-":e hará lo :iguien:e: l.' La tnano iz'luiercla recibirá ¡,, tercerola cogiéndola por la cañ3, con el dedo pulgar cxt~..n.lidu .,.obre ella, eu prolougacióu del gnardan.o .. te y u ex!lemo próxi- 1\1 " á la aht czadcra; los cu tro restantes roclc:mdo al cartón por debajo del alza, de t11odo c¡ue resulte el auna con el cañ611 ,ti fre11te, el pttcnt~ hacia arriba y LL boca del célñ6n á In izquierd':t. DE t .... Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 554 BOLE'l'ÍN MILI'l'AR Bu 1-t IIV'().nción tle Üc;tila. l!J ·fuerzo· acth'os hicieron Jos DiptttcHlos t'llcarg:-Hlos del' ta. intriga Jl t()llu ful' inútil. I.Jcl'tador-Presid ·nt , ·que :vo lliO pn•Ren té en l ·to.· n ·out •cimi uto.- han Yi ·ita1lo la Eur p; mu ·laos dt- usi · ·ompat.l'iota:, y e toy .·,•guro qnc no hay uuo oJo qne haya oído ha bi:J r de L1s p1· 'l 'tHl i,l a. ri<1 u<:zHs q w· .·e tlecía hau r _yo depo:ilado en Jo.- banco de I11gla 'tTa., llolcuula, cargo y data del 111p1é tito que deben senir para formar l.1 general, n(·ccdi6 . E. á ello; pero no expedí t:ntonct·~ las 6rcle11t·. pon¡ue e~per anteriu1es dcbí.:n ya Jecibiu;e muy pronto¡ nw~ uo habil'ndo ~ucediJo a~f, por t 1 ¡nóxir11o correo teclalllaté las que a(Jn f.dt~n. Tengo 1·. honra de Cl.llt(•star á la nota de V. E., fecha 12, ele repetÍ! me con la clebid" COI• idU';u·ión y respeto de Y. E. ob~dicute ervidur, l. l. DEL CA .. TILLO • El S.:ct"t"' ¡,¡de la Cáuur.1 de H.epre ·entantes, Dr. ~fanuel de Beruardo Al­vare?., n:e dio la· certiftcal·iom:s <·orrc.pondienteo acreditando que la Cámara no ha­bía l'llL'OIItrado t'iHJ:-a para una :'t..usncióll. E. tu ~nccdfa en l 827, cuando yo no ejer­d ·, t•l Gobierno. L<~ iguiente nota (.fici:d e::. un documento i1 Lchabl~:.: ReptiiJlicn de CulomiJin-Cámara de Reprneutuutes-Bogolá, á 16 de .1gosto de 1827 •• Al E:otcelentbimo .'r. Yicepresi•lente de la Re¡¡úblic:l, encarg¡ttlo del Poder Ejecutivo. Exc:mo. Señot: Irupue~t 1 la Cámara de lte:preslntantes de la nota de V. E., ele 9 clelc nient<', l'n que recuerda la rt•peti !a~ .olit·ituth. que tn lastre.· l'.!one legi­! ativils ha hecho, pidiendo con ahinco tlue el Congre o examine su conducta públi­('; 1 h. jo todo: a ·pecto , y exigiendo declare la Cálll<•ra i h;t hallado can a para in­' e:-tig .. n dich 1 conducta e< nf.1t m¿ al artü:ulo ~!) de la Co1 stitnción, y prirrcipalme11te obre k. punt~·~ á que ~e refiere In nota de 12 de Mayo <¡U-! diligiú al Cougre. o, haueos, rd nueiorH•s. í'ontra ellos. g¡ úrtieo hauco as eorr~:poncli•~ntN~. La revolución paraL' ú VerH'7-IH·Ia dt.• la. N neva Grnnade:l, Y• par. ju · t.iliear tllt <Ül ~ lltado tan criruinal t:;O ))ltl>licarou •nor·nw cargo· cont t'a luí, qne dchÍit opollt:'I'IUL' al proyecto. u en. a iiol:l han pa:aa an't>pL•utido d • ~m <:oulleillstittteiollal. Donll tras q u o Dolí \Ta r' Hólo p 'IL ·ó •11 1 i huta,. estos paíse ~ de la dominación e.·p:v1ola, eontrayc11do excln. ·h·ameut ~ sn~ miras y o. fnerzo · {t ,lt.• truír el Pjército enemigo, . n~ empresal:i fn ~ro1i heroiea ·, útilP: :ns sacrifieios ,\' gloriosos los re ·ulta· do . 'fodos lt~ ayndamo ·ou pr·e ·teza, ton. Pt~ro lnégo qne logró pasear trinrt6ute el e ·tligTo~a ·, por euyo HH.'s amigo~, .Y, lo peor de todo, ele 'lWLtó algnua ' arnl>it~iont>s, t•cuni~mo (loude se hundieron Uolor11bia: .ns IP:es, Bolín1l' y ~u glori:-t. Yo fui 11110 (le los q nc, sicudo Vi e •¡n·esidt•Jt te do Uolom bia, colltrat.lijt•J o11 y re~istierou n • proyectos con firmeza y )(•g·al idad; me opuse ü la tlietadnl'a. militar ú qne ·q a~·pin ba arcli •ut ·nHmte, fomeutaudo reaccione tumultuaria, y a ·ona.das en el ej6rcito; me opuse al Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 556 BOLE'l'ÍN MILI'l'AR ultrHje y aholieión <](') 'ót ' tta t h ·o, Jiüpn lar y rrspon~a ble . . 1\J e bonro de haber· bPc•ho fl BolíYar <.>~ta oposición, en C'ircnn. tancias tle ha­berme ofrecia á envol\·er con . us proycetm;; legi ·lativos. BoJh·ar staba pcr:nndiclo s en la. cnHl~t y prolong·ada guerra ele la Iulatin>s á ella. 1\li/'\ t>IH'lliÍgos pr<'h'lltliPtOII di'Htlcr •1litnr la 'on. titución de 'úenr:1, que yo XCI u. i n.tmeu te~ deHti mHlos ú zaherí r·nw, cartRto com­probaba, que {t falta de hnena razones para corn· e1wcr al • No se cncontra1á un .olo documento qne lo compruebe. En J819 y 20 creí (~Uc la ci1cunstancias del momento cxigf:tn 1111 podf:'r fuerte en 111altO; tle llolívar para hacer la guerra á lo: españoles, pero jamá corona, ni cetto, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 557 . país de lo pei:jmlicial qne le era el onlen político existente, y r por la fnerza, R("" apela­ba á mi ·eraule personalidades y orlialeva<.la, anilm de Uit metro; y como al nd.·mo ti~mpo la anehuta re ella dilatan su copas euredaOso.s que los que meuciouamos antes de los caminos por tierra. En otnts oca~iones el ataque se hace por la parte iuferior, eucontr{wdo.sc · de repente la cauoa como lJalauceánuo e sobre un pueute iu­oportuuo, tendido dH orilla á orille~, y qne con i ·te en el trouco robusto de algún árbol de los de la Lu pida ti la que crece e u las márgenes del río, al que alguua. borra ca de plomó ol>re él ruosa, y apoyan la palanca en las 1m­naneas laterales, ó en el fondo mismo, si el río es ~o mero. El extremo su¡wrior del palo ó gnaarcaeióu e11 aquello~ pnn tos e11 q ne la houd ara no les permite hacer fuerza en el leeho dan con violencia nu:¡yor. Eu la. uaYegación ~t' va siempre coRte:tllllo cnauastanll una ftH'rza más grande. lJa de:-~ignal anchura de 1< corriente que s ~sig-ne ó que se rcmon ta., y el di \'er. ·o en lor de sus ag·u as, so u la~ ítn ica cosas en CJHe puede \·ariar, ó ntrí a , la per · pcctiva, qt.tebnuias mús ó menos cau dalosas, que Yiencn á morir· al juntarse en la e tTiente eu que todas se coufnllden. La Yista no alcanza otro objoto qu<1 la faja de agnas escu­rriétttlose por entre un monte no interrumpiusto~, las flore~ y las planta:-; se entretejen formando como nua sola nuva ele \'enlura, de troneos, de ramas y colores qne la naturaleza ha amontonado allí, t-;iglo tra. de siglo, en toda la libertad del desierto y con todo el lnjo ala sobre las piedras de u lecho, y el grito destemplado y monótono con que acotupat'a el boga los golpf'S e por horas seguidas en aque­llos presa; lo que sólo tendrá lugar cuando la. pohhlci0n .r las IIPce.sidal cual, á pesar de todas su~ prpcaucioll< s, tuYo que exverimeutar mil. cnhtmirado {t lu-tllar á su alrere llJÚ.' n·<·nr o~ que su habili­dad y la fortalezH y el ln'thito lln . tani •s para ~uplirlo todo y ~nrostrarlo todo; a. í como tamhi ~~~ ]a qne llay entre el que trabaja por JHitriotismo: y t-1 qu ~ ante~ que otra co5a. busca su propia utilidad. Uumple ú lo. qu • lwmo ·iSIItero cou que está ejecu­tando Ja obra de qu<• 11 ne. tra pa tli a, l'eeaba rá mú~ ventaja y más gloria. Siga IUO~ a hora para Qni udó. Por la que!Jrarla a 11 ta g)<·Ha • P e11 t nt en la dó nues· tra persp~ctiva era hermosa co11 tocla la ltPrmoSlll'a de la nove­fla( l y tle la esplendiamos, Jos rayos horizontales del sol ponientt'. Majestuoso y gip:autesco el Atrato se dila­taba. como uua anclla IHmina de plata. y la cindaa sobre sus andamios :-'t contelllpli!rlo á sn paso. (Continua¡ á) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 150

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 153

Por: | Fecha: 26/05/1900

ARO IV Bogotá, Mayo 16 de 1900 NUM. ~~3 BOL 'ETU\J IVULITAR __ ...,. . ...., __ ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO 0IUCTOJl AD•JfONOUM, FRANCISCO J. VERSARA y V. Gene1·al, Miembro de la Sociedad Colombiana de ln&enteroa Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefe• 7 Oficiales del Ejército de la Rept\blica ECCION DOCXRIN AL DISClPLIN A Y SUBORDIN ACION !.Ja disciplina es el alma de los ('jércitos; del manteni­miento y de la exacta observancia de la. di ciplina dependen la salvación de lal'J tropas y el éxito ele "US empresas. La falta 1de disciplina destruye el conjunto tle la acción militar y aísla los esfuerzol'f, que naturalmente tienen que ser impotentes; sólo la disciplina puerle reunir todas las voluntades eu la del jefe, alentar la energía y el valor de cada cual, y fundirlo en el interés de todos para obtener, en fin, aquello que asegura la victoria, gara.ntiza el orden y la confianza, sin lo cual el vigor y la. abnegación son inútiles é infructuosos. Un pequeño nú­mero disciplinado logra casi siempre vencer á otro mayor que carece de disciplina; además, impidiendo los excesos . ~e los vencedores, la disciplina dispone á los vencidos á la sutni· sión, asegura así el éxito, y á menudo obtiene más resultados que la fuerza y la victoria. La se,·eridad de las leyes militares indica tompre la falta de disceruimiento y de inte­Jigeucia en el militar. ¿Qué ymeordinacióu es tan culpable como el que deserta al frente del euemigo; antbos son cobat·des, el uno aute el deber y el otro ante la muerte; ambos atacan real ~ · · · · · · mente los intereses más preciosos de SLlS camaradas y del ejército. Los soldados que faltan {t la disciplit1a frecuentemente, deshonran á su regimieuto; u:s camaradas no deben olvidar que esos hombres son RUS peores enemigos, porque la discipli. na es la. ley que protege el lwuor y la vida. de los bravos y de los buenos sohlados. Los camarada deben, pue", tener si e mpre nn gran inte­rés en volver á su deber al soldado iu olnt~ iutlif r neia por sí mi. · mo cotHluce á la re­Jajacióu d todas la ooligaciou 'y 110 ta.rcla en hacer perder á uu hombre su nwjore cualidades . . El amor propio del . olc.hulo •s e e af,•cto houoraltle que todo hombro c.lebe t~ ener~e •n proporción de u valor; seuti­mieuto que toca á la estimauión do sí mi rno, que nos ha~e tan scllsiole á los reprodws y á los ca · tig-os, que sin cesar nos excita. á obrar bi n y aun m •joe, para merecer la aprobacio­nes y las impatía d ~ los clemá . El amor propio así ohm eutendic.lo siempre encuentra las razones más adecuadas para ooedecer y nunca para resi tir. - - ···--- ( Continúa) • El fusil G·ras e una arma de cerrqjo, adoptado en 1874 para el armamento de la. infa.n te ría. franca a, en la. cual de un modo ú otro estln·o en servicio lla ta 1897, y en la actualidad • Extracto~ de un libto que próximamente se publicará, profu amente ilustra­do, y que contendtá la descripción y mant:j de toda · la arm · s t'Xi ·tentes en el par­que. Como dato curios'> auotuemos aquí que los fu ilcs que en la actualidad gozan 6 han gozado de algún renombre on: .Albini- braendlin, .Amsler-ll1ilhank, Beaumont, Beaumont-Vitalí, Budrm, B J.rer, Carean o, Chassep ot, Comblain, D ttuleteau, Dreyse, Enfield-Snider, Engh, Friihwirth, G1.ffard, Gms, Jlebler, lfenry, Hiram-.Ma.rim, Ju.r­malln, Krag-Joorgeuse (~), Kragpl'iersen, Kn1ka, Kropatscltel;, J,eht>l, Lee, Lee-Metford, Lorenz, ~lanliclter {-1-), ,l[zrtini-Ilr,nry, ~lauser (-!-), Minie. Montalembert, Mourata, Ptlravicílw-Carcano, Pe"!Jorty, Pu ·Levito, &rninglon, Uttbin, Ru.so rle 1891, Schmidt, Sltarp, Ruider, Spencer, pitalcki, Springjield, Tersen, Treüillc de Beaulien, J'etterli ( ~ ), Yitali, 1Viin:z.l, 1Va1let:z.el, 1Verder, JVenarJdl, Wiucltester. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 628 BOLETlN MILITAR aún es reglamentario en Grecia, y en Colombia constituye el arma introducida en mayor número en los últimos tiempos. Como en todo~ los fn ·ilt>~, .·e di. tint:?;uen eu él el cafión, el me­canismo de cierre y percm ión, la caja y las guarnicioues. Oañ6n-El cafión, za. produce la expul­~ ión u~ la ~aina al retirar el cilirulro obturador (cerrojo). Tam· bién en el fondo, pero á la parte eL terior, ha.v otro tornillo que njeta el muelle del cli para lor, en. ·a. uña. penetra al interior por una ranura q ne para llo tiene la caja t>n cnestión. A la de­recha existe otro tornil1o que hace de tope (tornillo garbanzo) é i m piel con 'U punta la salida del cil intlro obturador 6 cerrojo en su movimi nto retrógrado. Cilindro móvil ó cerrojo-E ta es la pi lza capital del arma, pul'S contiene y mueve u órganos principales: el obturador, el percutor y el extractre la parte anterior el el cilindro que comprime dicha vaina. contra la recámara, impidiendo sn alitla por efec­to del disparo, y e~tá, por cou iguiente, c~ elante del cilindro, al cual se liga por un re~alto, itnado encima, que lo t-oma al girar aquél, pues el obturador sólo participa de los movimientos de traslación del cerrojo y nunca de los rotativos. En el costado derecho del refuerzo uperior hay una mortaja donde entra un diente del cilindro al levantar la mauiv·ela; en tanto que en la inferior exi, te la canal para que funcione el tornillo expul or y no impida su movimiento de nt y \·en, y á la derecha de la parte cilíndrica la en que juega el tornillo tope. Para que el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 629 punzón 6 aguja llegue hasta el cartucho, el obturador está tal3- drado, y para asegurar su completa inmoviljdad, la parte inte­rior- posterior de e~e taladro e prkmática, de la mL;: m a forma que el trozo de punzón que en él se aloja, de , uerte que sólo los extremos anteriore de amba pieza~ on cilíndricos. b) Extractor-En uu estuche 6 cama praeticado en el re­fuerzo clPl ohtnral]wrcutor, y en el m nor tan olo. n e piga; (~.r terio ml'!nte el cilindro ti n .. acl­berhla una mauigueta. ó manin•la, ó mango n la. (]tte t-tjns ­ta la cnñn-tope <1•1 gatillo al hac r la percusión 6 ir haeia adelaute. La ele la cler cha recibe la cnfia-tope en la po. ición inmediata á la p •tetvión. y la ranura ele la. izqui nla al estar cerrarla la recámara; entre é. tnH la H(loción (~~de p( rtil heJi ·oi­rlal qn , a poy{wclo 'H 'n otra <'orreHponcliellte do la c:uña-tope, r~tira antOUlÚtHmllH.' Ilte el JlllllZOil, lJa •ieJit}O retrOCetlel' el gati· llo al levautHr la mani,·ela. rl) Gatillo-El gatillo colocado á continuación de la pit•za < e.erita <.'~un cilindro con el refnerzo n la parte SUJH'l·ior para s rvir d gnfa eu fm movimi nto de tra lación, cnyo re­fuerzo termina. en uu tnlóu labrado, sobre el cual Re actúa cuando ólo e qni n .. arnl-lrtillar el arma. La cuña-tope ó fiador pen traen la corrpspon5 en 2- metro de 400 {ii 1200 en la Yarilla del co tac.lo izqni rtlo. Para los 1300 ·e apunta por la ranura snperior. D • do t400 incln ~ive ha ta 1800 e hace uso llas el pavón duraría poco tiempo.-( Oonclu.irá) T.~OTIO.~ DE ESTACIONAMIENTO (Continúa) CAPITULO II PUESTOS AVAN7. DOS - SU DISPOSlCIÓN GE 'ERAL-.!STADLiCIMIENTO Y SERVI-CIO DE LOS PUE STOS-REGL S DE CONDUCTA-PUESTOS IRREGULARES Las di posicione de seguridad que en los cantones ó campa­mentos tornan la tropa para ponerse al abrigo de cualquier ata­que, con tituyen un crvicio e pecial, que comprende varios pues­tos avanzado hacia el enemi g o. Su 1nisión principal es resistir los ataque· de fuerza upcriore. el tiempo necesari para que el grueso Je la propias ocupe sus posiciones y se apreste al combate, replegándose despué sobre ellas, aun los que no han sido hostili­zados, ó rechazar por sí solos los pequeños ataques que no exigen una re. istencia superior á la que ellos pueden presentar. Lo puestos . e e tabler.en á van guardia y sobre los flancos de la posición de combate elegida por el cuerpo principal, la cual deben Conocer (!Xactamente para obrar COn acierto, pues Ja f .. Jta de este conocimiento podría dar lugar á su retirada prematura, por rreer á aquél ya establecido, 6 á su estéril destrucción, por resistir má · de lo necesario. Su fuerza varía según las circunstan­cias. Ante un adversario que se retira batido, 110 debe ser tanta como ante otro fu~rte }' entero que busca el combate; tropas ague­rridas y di.ciplinaJas requieren menos vigilancia que las bisoñas ó desmoralizadas por un revé , así com las que se guarec(!n en cantonee; de ben prevenirse más que las acampadas, y é ·tas, en una sola noche de vivac, no necesitan guardarse tanto como en varias ons e utiv ,ls. No e , pues, p sible dar reglas pr(!cisas; y, según las a ntedicha. circun:tancias, la proximidad del enemigo y las con­iicion e· topográíacas del terreno, se emplea en e te servicio un . fcctivo que pueJe variar entre -Ir y ! del total, con el mínimum 1ue la prudencia aconseje y teniendo en cuenta que el aumento ue la armas modernas han dado á la fuerza de res'stencia de cualquiera tropa y el apoyo que el terreno puede prestarle, permi­en reducir algú11 tanto lo efectivo ·, . in gran detrimento de su otencia defen iva. El . ervicio ·1vanzado se cubre con infantería y caballería: quélla para re::.istir, th ... upand la alturas, los terrenos ásperos y odo · los punto · que exigen una defen a enérgica; ésta para reco- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 632 BOLBTIN MILITA'& rrer y explorar los que le son accesibles, en toda la extensión que permite su movilidad. La artillería sólo tiene aplicación en los grandes puestos que cubren puntos de importancia. La línea de puestos avanzados afecta la forma de un extenso arco de círculo que cubre el cuerpo principal y sus posiciones, y cierra las avenidas, caminos ó desfiladeros por donde se puede te­mer una agresión, pasando por las alturas ~u e ofrecen un buen radio de observación. Los puntos expuestos al ataque se guarne­cen sólidamente con infantería, y si hay tiempo se fortifican; los de observación se cubren con efectivos menores de la misma arma, y los espacios intermedios se vigilan desde los puestos, que durante el día extienden por ellos su lfnea de centinelas hasta unirla con ]a del inmediato, y por la noche, destacan patrullas que los reco­rren, y mantienen la comunicación entre todos. Esta línea de infantería constituye la parte fija del servicio, ó sea· la línea de resistencia; su complemento es la parte móvil ó la línea de observación, formada por la caballería, ocupando una zon'a más avanzada, distribuída en puestos volantes, cuyo punto de estación se sitúa frente á los intervalos de los de infantería y bajo su protección. Ambas líneas se apoyan recíprocamente, y cada una completa la acción más ó menos eficétz que la otra puede ejercer en los diferentes terrenos, puesto que en los descubiertos y poco quebrados, que son los m~s impropios para la resistencia que debe hacer la infantería, puede la caballería llevar muy lejos su exploración, mientras que en los cubiertos y ásperos que no per­miten extenderla tanto, encuentra la infantería mayores recursos defensivos, y por consiguiente los medios de contrarrestar los pe­ligros de la sorpresa. La linea de puestos de infantería consta de cuatro escalones, semejantes á los del orden de combate. El primero lo forma un cordón de centinelas, el segundo los pequeños puestos intermedios, el tercero las grandes guardias y el cuarto la reserva de éstas. En una línea poco extensa que sólo tenga una ó dos grandes guardias se suprime el cuarto escalón. Cada uno de ellos procede del inme­diato por retaguardia, que lo apoya y refuerza si es atat:ado; pero así como en la disposición de combate, la resistencia se des­arrolla en el primero, que absorbe sucesiva mente á los demás, en ésta tiene lugar sobre el tercero ó sea la gran guardia, que es la que detiene al enemigo hasta que el cuerpo principal se halla dis­puesto á recibirlo. Los centinelas son casi siempre dobles: uno fijo y otro que se mueve en un radio determinado, explora el terreno y mantiene la comunicación con los inmediatos. Los puestos intermedios son pequeños y numerosos, compuestos regularmente de una escuadra ó un pelotón, cuya cuarta parte se invierte en un trozo del cordón de centinelas. Las grandes guardias constan de una sección, de dos, ó de una compañía entera, y destacan la mitad de su fuerza Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT A.R 633 para formar los puestos intermedios. La reserva de éstas es igual al otal de fuerza distribuída en los tres escalones primeros. La distribución de la fuerza en cad:1 pue to no se sujeta á reglas sistem'áticas que harían muy difícil su colocación conve­niente y acomodadc1 á las circun ~ tancias. A 1, por ejemplo, u~ batallón encargado de este servicio deja dos compañías en rese1va y distribuye las otras dos en varias grandes guardias, mayores ó menores, iguales ó desiguales, según la importancia del punto que se les confia, y cada gran guardia destaca á su vez los puestos in­termedios que son necesarios, con igual libertad. La distancia entre los escalones depende de la situación de cada puesto con relación al enemigo, de sus condiciones de defen­sa y de su alejamiento del cuerpo principal, al que deben proteger de modo que lo mantengan en los primeros momentos de un ataque fuera del alcance dt• la artillería agresora. En terreno regu­larmente variado se puede establecer como tipo medio de distan­cias, la de mil metros desde el cuerpo principal á la reserva, 8oo desde ésta á las grandes guardias y 500 de la gran guardia á sus puestos. La línea de centinelas se adel a nta uno 2 0 0 metros de los puestos, con tal que todos sean vistos desde ellos, y la misma distancia se deja entre lo dos centinelas de cada pareja. En terre­no muy quebrado se disminuyen las distancias prudencialmente, y ]o mismo en los cuerpos pequeños, cuyo servicio más reducido exige naturalmente mayor concentración. Algunas veces, sobre todo durante la noche, es conveniente reemplazar los dos primero escalones por una línea de pequeños puestos de un cabo y ocho hombres, que ocultándose en las quiebras ó tendiéndose en tierra á 300 ó 400 metros de la gran guardia, adelantan dos centinelas ó escuchas á 20 ó 30 metros *. La reserva de las grandes guardias se sitúa en un punto cen­tral ó hacia el que más probabilidades tiene de ser atacado, y de un modo análogo se colocan las grandes guardias sobre las aveni­das que les corresponde vigilar; los puestos intermedios ocupan los caminos que cruzan su emplazamiento y los puntos más fáciles de abordar por sorpresa. Los distintos escalones mantienen una regular y continua correspondencia entre sí, y el último con el cuerpo principal. Las grandes guardias destacan además, durante la noche, pAtrullas que recorren los intervalos entre los puestos y exploran el terreno de­lantero á los centinelas, y el comandante del servicio y los de ellas se aseguran de la vigilancia y exactitud con que se hace, re­corriéndolas con frecuencia. Generalmente, ]as avanzadas vivaquean al raso; en las esta­ciones muy crudas se permite á la reserva, y aun á las grandes guardias, utilizar los lugares habitados comprendidos en su empla- • Entre nosotro , por obvias razone . , e. te último .i tema deberá ser el nor­maJ.-( J ... D.). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 634: BOLETíN MILITAR zamiento; pero los puestos intermeJios nunca se guarecen bajo techado, pudiendo cuand más re guarJarse de la intemperie detrás de algún edificio, sin perder de vi ·ta los centinelas. Los puesto. de caballería se constituyen de un modo análogo á los de infantería, formando de ordinario cada gran guardia con un escuadrón. Los volantes no tienen lugar fijo para establecerse, sino un punto de partida y un radio determinado d~ exploración. La reserva de los puestos de caballería se aleja dos ó. tre kilómetros del cuerpo principal y destaca sus grande guardias á 1 ,6oo ó 1 ,8oo metros; éstas adelantan sus puestos intermedios á I,ooo ó I,soo, y los centinelas se sitúan á 6oo ó . 700 metros á vanguardia de ellos. Por la nocht se repliegan los escalones sobre el último y establecen un servicio mixto concentrado, que ]o:, dos primeros escalones hacen á pie y con la carabina. EETABLECIMIENTO Y SER\' ICIO DE LOS PUESTOS Los puestos avanzados están á las órJene · de un oficial su­perior, que recibe del Comandante en Jefe Je las fuerz.as la (.>rde­nes é instrucciones sobre la situacic>n general de la línea, apoyo que debe tener, colocación de los má importantes y el santo y seña de cada día; siendo responsable de la seguridad del campo ó cantón. Antes de instalar los puestos, reconoce detenidamente las posi­ciones que han de cupar, elige el emplazamiento de cada uno, comunica sus instrucciones á los comandantes y los despide á sus destinos. Despué de instalados lo inspecciona, rectifica lo qu~ le parece con\'eniente en su colocación, omp1eta las instrucciones dadas y ordt!na la manera de hacer el servicio nocturno, para que los comandantes puedan e.studiarlo durante el día; pasando des­pué: i á situarse en la reserva ó puesto principal, desde donde se mantiene en correspondencia con todo ellos. El comandante de cada gran guardia, luégo que ha recibido sus instrucciones, la conduce al puesto, llevando delante una van­guardia ó patrulla exploradora, y llegado á él, reconoce el terreno que ha de cubrir, elige loR puntos de instalación de los centinelas y loR coloca por sí mismo, empC7,?.nJo por un extremo; Cll:tndo ha e tablecido los del primer puc to, fija la situación de éste, y con­tinúa colocando los demás de igu.:~.l modo hasta concluír. Si 1 cord6n es muy extenso, le ayuda un subalterno que empieza p r el extremo opuesto. Los centinelas se colocan formanoo una línea que nadie pue­da atravesar sin ser visto, y alcance a enlazar con la de los puestos inmediatos; las consignas deben hjar con claridad d radio Jt ob­servación de ada pareja, el m do de d .1r lu . a\ i o la conducta que han de seguir si on •ltacad ~ ,y todo· deben on cer n exac­titud la situación del puesto á que pertenecen, la de los inmedia- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 635 tos por ambos lados, la de la gran guardia y la dirección que traerán las rondas y patrullas. Establecido el cordón, el comandante de la gran guardia rectifica si es necesario la situación de los puestos, de modo que queden próximos al centro del trozo que cubren, á conveniente distancia y ocultos en lo posible á la vist;.l del enemigo, señala las horas de relevo, da sus últimas instruccione , se incorpora á la gran guardia que hasta entonces habrá permanecido sobre las armas, envía al jefe del servicio el parte de haberse efectuado la instala­ción y ordena á su fuerza que organice d campo. Todo comandante de gran guardia debe estar provisto de papel, lápiz y unos gemelos de campaña, siendo conveniente que tenga además una brújula de bolsillo para orientarse. Durante el día se ocupa en recorrer el puesto, reconociendo sus caminos y estudiando una buena disposici6n para el servicio de noche, y á la vez elige para hacer agua y leña los lugares que la ofrecen más cerca, visita con frecuencia los pequeños puestos y hace que lo ejecuten también sus subalter110s. El servicio de día lo reo u ce en lo que permite la seguridaJ, para que descanse la mayvr fuerza po!'ible, y á la caída de la tarde dispone la que debe prestar el de patrullas, pone la fuerza sobre las armas, y hace una descubierta de los alrededo1 es preparándose á la concentración. Esta se ejecuta por retirada de todos los escalones sobre el último, deteniéndose cada uno de vez en cuando para observar, y volviendo á emprender la marcha hasta que el inmediato llega cer­ca de él sin indicar noved:1d. Concentrado el puesto, rectifica la disposición general con arreglo á la nueva situación que toman los centinelas, los cuales coloca por sí evitando hacerlo en las partes más elevadas para que no se destaquen y puedan ser vistos de lejos*. Si el tiP-mpo es muy frío, permite encender algunas hogueras á reta­guardia, en sitio bajo ó en hoyos, teniendo prevenida agua ó tierra junto á cada una, para apagarlas instantáneamente, y dispone que la fuerza vaya por tandas á calentarse. El servicio ~e patrullas empieza inmediatamente después de Ja concentración, formándo e de dos clases: unas exteriores, que reconocen el campo en dirección del enemigo, y otras de comuni­cación, que marchan trasversalmente de un puesto á otro y man­tienen la relación entre ellos. Como su objeto no es combatir sino observar ocultamente, se componen de un cabo ó s~rgento y cua­tro ó seis hombres escogidos como inteligentes y serenos, dando á cada jefe instrucciones precisas s bre la dirección que ha de llevar y puntos que debe reconocer con más detención, y fijándole un tiempo prudencial para el regre o. Procedimiento inver o, es decir, adelantar á la oración puestos m:mtenidos próxi" mos durante el día, e impone en la lucha contra guerrillas.-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 636 BOLETlN MILITAR La marcha de las patrullas debe ser pausada, sigilosa, bien orientada, evitando los sitios muy despejados, la luz de la luna y cuanto pueda descubrirla, deteniéndose de vez en cuando para escuchar. Las exteriores esquivan el encuentro con las enemigas, y si tropiezan con alguna superior en número, se ocultan deján­dola pasar ó procuran sorprenderla, y hacerla prisionera si es pe­queña. Las de comunicación marchan hasta encontrar á la del puesto inmediato en un punto intermedio escogido de día, se reco­nocen por seña convenida, y después de comunicarse una á otra lo que hayan observado, regresan al punto de salida ; si no se en­cuentran, continúan hasta el puesto inmediato para dar parte de la falta y regresan al suyo. Las patrullas de comunicación deben ir muy prevenidas para reconocerse y salir á una hora fija de todos los puestos, siendo las mejores las que median entre las de relevo de centinelas. A la salida se informan de lo que éstos han observado, y al regreso co­munican al jefe del puesto el resultado de su exploración. Hasta media noche la vigilancia se ejerce con facilid. d, pero de esta hora en adelante el sueño empieza á rendir á la tropa, y como el enemigo que intenta una sorpresa escoge los momentos de mayor cansancio y abandono, es preciso redoblarla á medida que avanza la noche, teniendo despierta u na parte de la fuerza. Media hora antes de a•11anecer todo el puesto toma las armas y espera el día para hacer la descubierta. La fuerza encílrgada de ella sale luégo que ha amanecido, di­vidida en tres patrullas, y se dirige á explorar el frente y los flan­cos. La del centro lo hace directamente hacia el enemigo, prece­dida de dos exploradores que avanzan poco á poco, deteniéndose alguna vez y reconociendo las menores quiebras: á medida que avanza, deja de trecho en trecho un hombre que sirve para no per­der la correspondencia con el puesto y continúa hasta llegar á una distancia prudencial, eligiendo para detenerse un punto que ofrezca buen radio de observación. Las otras patrullas proceden de igual modo, saliendo por derecha é izquierda y describiendo en su explo­ración un arco de círculo, que va á cerrar sobre el extremo de la línea que sigue la patrulla central, en el cual se unen las tres, y después de comunicarse sus observaciones, envían parte de ellas al comandante del puesto. Este se adelanta entonces con su tropa á tomar los puestos de día, y después de cerciorar~e por sí de que no hay novedad, coloca los centinelas y pequeños puestos, hace retirar las patrullas y envía al jefe del servicio avanzado parte de la insta­lación con las novedades que hubiere. Para ahorrar trabajo á las tropas es costumbre formar las pa­trullas de descubierta con los mismos hombres que han de entrar de centinela en el cordón de dia, y si han de ser muy fuertes, se les agrega los que deben formar uno ó dos pequeños puestos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN Mll1l~AR 687 Si al hacer la instalación observa el comandante que el ene­migo ha variado algo sus disposiciones, modifica con arreglo á ellas la del puesto, y lo hace presente en el parte. El servicio avanzado dura veinticuatro horas. Los relevos se hacen al amanecer, en el momento de la descubierta, ó al oscurecer, cuando se concentran los puestos. La fuerza entrante llega á ellos en silencio, forma junto á la gran guardia saliente, y su coman­dante, después de informarse por el de ésta, de las instrucciones y consignas, reconoce el terreno que debe ocupar, y procede al relevo de los pequeños puestos y centinelas. Cuando el ejército se pone en marcha, los puestos avanzados toman ]as armas para retirarse, pero no abandonan la línea, hasta que la ha rebasado la extrema vanguardia, y si la marcha es retró­graaa, esperan para hacerlo á que todo el ejército esté en movi­miento y se haya organizado el cuerpo de retaguardia. (Concluirá) MANUEL M0RENO CHURRUCA HABLAR Y ARENGAR Á LAS TROPAS El General ti ne la strecba obligación de manten r una coiTe8pondencia o tenida con su oberano y lo mini tro ; debe darl cuenta acta de sus operacione'; necesita dictar las órdenes general e , y expedir por e, crito la' particulares. Si en todas estas circnn.·tancias no sabe escribir con pureza su propia lengua; i su estilo uo reúne á la sencillez, la claridad, la conci ·ión y la energía, sus despacho· y sus órdenes pueden ser mal eutenrlidos y dar lugar á fnnestas equivocaciones. Los Generales hallarán monto de hablar á: as tro· pasante de la batalla, en el curso del combate y rlespu s de la victoria, es un arte que el General debe poseer á la perfección. Los malos arengadores, el énfa"·is de alguno Generales en cir· constancias Recnudaria , el abuso que hacen de discursos y órdenes escritas á la tropas, sólo sit·ven para poner de relieve el maravillo o efecto de la arengas snbJimes de los grandes capitanes de la antigüedad y de los tiempos modernos. En una arenga militar pronunciada antes del combate, el General debe hablar á sus soldados de la superioridad de su armamento, de su instt·ucción, ele su di. cipliua y su , .. alor; debe llamarles la atención hacia las ventajas de la posición que ocupan y del or­den en que se hallan colocados; en ese momento decisivo debo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 638 BOLETIN MILITAR lisonjear los talentos y la bravura de los jefes en general, ¡y quién osaría cotu1euarlo, si hablase de sí mi roo con un eierto orgullo! Sin embargo, bé ahí un escollo; es necesario que todo lo atribuya {~ la buena calidad de sus tropas, rebajando el mérito de los enemig-os y guardáuclose bien rle infundir la idea de un éxito difícil. Inferior en número, citará ejemplos en que los ejércitos superiores han sido irremediablemente derrotados: debe presentar el cuadro de las consecuencias de la derrota y de la victoria, pero en semE>jante materia, las reglas oratorias quedan muy atrá de los ejemplos. Citemo algnno,. Unando Leouidas se encamiualJa á defender el pa o el~ l~s Termópila~, alguien exclamó: llé ahí á lo.~ persas que se nos · aproximan. Y nosot·ros á ellos, con te tó el héroe tranquilamen­te. Otro esparciata, habiendo diclw que el ol se ocult~ ría bajo las uubes ele las flechas per a , tanto mejor, replicó Leonidas, combatiremos á la somb1·a. Camilo, cerca de Satrico, ob ervan­do que la pre encía tle las uumer .. a tropa .. enemigas aterra­bn. {t sus ·olda.do ·, monta á caballo, recorre las fila~ y 1 dice: Oa1naradas, ¿ dónde se hallan ese gozo y esa ansiedad de combatir que siempre he arll'e·rtido en vuestro se1n1Jlante . ¡ IlabéiR olvi­dado quién soy yo, quién sois vosot1·o. y quién el enemigo ¡No debéis la conquista de vue tras glorias á los volsco y ú los latinos 1 ¡ No habéis bajo mi· 6rdene conquistado á Vije , de ·n ·otado á los galos y libe>·tado á Roma? ¿Re dejado de se1· Camilo ? Mar­chad como de co ·twnb>·e, y como de costumbre también, los enemi­gos hui,·án despavorido . ~~~ la batalla. c.le üauuas, rnomeutos antes al dice á u~ oldatlo" : Basta, estlJ olo día para poner tér­mi" o á vuestras fatigas; y hoy al dm·os el i'lnperio y los bienes do lo& romanos, vais á ser dueiíos del Unit·e~·so. En otra ocasión: Desp·ués de tres victo ·das con8e(;ut ·ivas, ¿qué discursos ni qué pa­labras pueden atc.ima1·os mejor que vuest·ros propio· hechos 1 En Farsalia, Cé ar ordena que se derriben las muralla y se sie­gueu los fosos; porque, añndía,11a8aremos la noche tan cóm.oda­mente cO?l'Z.O en el cantpo de Pom.peyo. Arminio, eu los iu tan tes de combatir contra las tropas ro­manas, que antes había derrotado casi en el mismo Jugar, cuanclo estaban bajo las órdenes de Q. Varo, exclama al frente de sus soldados: Hé ahí á Va1·o y sus legiones que van á ser batidas pm· segunda vez. Al>a-Suan, Capitán sarraceno, decía á sus soldados antes de la batalla de Yarmoue: Fieles discípulos del g-ran profeta, pensltd en que el pa1·aíso está adelante, el d1·ablo y el fuego atrás. El Califa Ornar, al comenzar uua batalla: Combatid por Dios, Él os dará la tier·ra. Cuando en 1066 Guillermo el Conquistador abordó á In­glaterra, creyó, para inflamar el -valor de sus soldado , que de­bía quitarles toda esperanza de 1·etirada: Amigos, les dice, anojando él mismo la prim ra tea sol>l'e ~n flota, este recuJ-.'lO es hoy ·inútil, y pu.es que no tenéis el designio de huí·r y reg-,·esar á Franc;ia, n14estro único asilo sefá Londres; ubrárnonos camino 6 perezcamos bajo nuestras bande·ras. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE1'ÍN MILIT.A:R 639 Pocos Capitanes tuvieron, como Gonzalo, el talento de hablar á las tropa y de reanimarlas, pareciendo contar sif>m­pre con su valor .V su fortuua. A los principios de uua acción, ve volar sn almacéu de pólvora, y an eu los Jihros. Impor­taba úuicam uto 1uo, t1 ·ar qn ·, • Pgún el earáct r d los Eljérci­to , sus j f,... mpleabau la ironía, el desdén, la gloria, l inte­ré,, la prome a d la r comp n a· la nwmoria de la grandes accione.~, la. nohl 'Z' , ,¡orgullo, la religión y 1 honor. En otro ortlen encoutraríamo · t•jemplos ·em jautes. A ·í, uu Uoronel que 11 1~1 •ru , pronto ú carg·ar, uo abía. cómo animar á us soldado , de ·contento. por halwr utnulo eu campaiia •in uni­forme , le· die : .1lli • amigo.·, hé aquí algo pa·ra con.~olaros : tenéis la fortuna de hafla·ros en p·resencia de un regimiento que hace ala·rde de sus uniformes nttevos; cw·guemo scon 1:igo·r, y vi&· támonos. Eu la uatalla o q u lo, que le m u e ven á él t El arte de la. pa.laln·a le erú aún más nece ·ario en Jos Consejos que ha a de r )unir bajo u Pre i
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 153

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