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Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 180

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 180

Por: | Fecha: 01/12/1900

BocoTÁ, DiciEMBRE 1. 0 o a 1900 ·-- ---------- ---------------- --- ----- ~-~- - -- -----------~- -··--------- Or¡rauo del lllhai•terio de Guerra y del Ejército Son colaboradores de este peri6clico loa Jefe!! y Oficiales del Ejército .A.& C> ::J:""Q' Director ad honorcm Franci•co J. Vergara V. General de Ingenieros, Miembro d• Yariat S~ ciedades Cientíticae N'"U:t\1.1:. 100 IP)llij(QJ~~:ij¡l@ k~. o • • m>~ 11~@® (23 DI! NOVIEMBRE) por el cual se adscriben varios Cuerpos y E1cuadrones al Cuartel general del Ejército El Yiuprnidttlft dt la Rtpúólica nuargado dd Poder Ejuulifll DECRETA Art. 1. 8 Adscríbeu~e nl Unartel general del Ejército los Batallones A~·tille}·ía llÚmero 1.0 y Politécnico, y lo~ E&ouadronel Soacha, Bosa, Sebnstián Ospina y Urdancta . .Art. 2.• El BATALLÓN A RTILLI~RÍA. NÚM:gl~O J. o tendrá el eiguieute personal : Primer Jefe, G ~neral tTnau Francisco Urdaneta; Segundo Jefe, Uoroncl Guill ·rmo If rrera; Ayudante l\laJor, Teuieute üoronel I icloro VargaR; S e gundo Ayndnnte, Capitán Pt'dro Soriano; Abaod rudo, Subteniente JoRé 1\[ :uía vViesner. P 'rime-ra Batería-Sarg·ento 1\Iayor, .1\Iignel )ionroy; Te­nientes, noberto J\.Ioreno y Donato Cubillos; Subteniente, Ma­uuel Díaz. Segunda Batería-Uapitan,•s, Julián V. O{u·deuas y Santia­go Pro.fiche; Teniente, Guillermo Vila; Subteniente, Felipe Rimón. Te>·ce)·a Batm·ía-Uapitán, Sixto Carnero; Tenientes, Anas­tasio Houríguez .Y Carlos E. Os pina; Snbteuieate, José de los Santos Carvajal. Ottat·ta Batería-Capitanes, Urbano Barrera y Lázaro Re­yes; Subtnte, L!sandro Reina; Subteuieutes, Silitatlo clol Cuartel ge­u •ra.l. La. orgauizacióu interua. del Escuadróu será hecha. pot· los ~Jefes Ul~l rni:::mw, con aprobación del Geueral Jefe de Esta­do :Mayor geueral. Comuníquese y publíqnese. Dado en Bogotá, ú 23 (lo Noviembre ,}e HIOO. JOSE 1\IA.NUEfJ l\IARBOQUIN El Miui~tro ele Guerra, JosÉ DOMI."GO ÜSPIN.A. C. ----·------ 1ID ~©[~ 'iW~ñ) R\Ja 0 • • lQ;}] ll.®'CJ® (24 DE NOVIEMBRE) por el cual se organiza la S·a División del Ejército El Vicepresidente de la República encargado del Poder Ejuutivo DECRErA Art. 1.0 OrganízaRe la 5. • Di vbión (}el Ejército de la Repú­blica, que se compourrea T.; Primeros Adjuntos, Capi­tanes Emigdio Bl'iceño, Je:sús 1\Iaría, Ilinestrosa y Aníhal .An­gel; Segundos Adjuntos, 'f0uiente J nau ánctwz y Subteniente Félix J. Quintero; Ilabilitarlo del Cuartel general, Enrique F. de Soto, asimilado á Teniente Coronel; Ordenanzas, Sargentos primeros Luis i\Ialdonado y Félix Alarcóo. Inspección-In pector, General Raimnnd"> Castañeda. A.mbulan.cia-.Médico, Dr. Antonio l\Iaría Pinto, a imilado á General de División; Ayudante, Nicolás Vanegas, asimilado á Oapitán. DA.TALLON PUSADA GUTIERREZ .Art. 3. 0 Este Batallón tendt'á el l::iiguiente personal : Plana Mayor-Primer Jefe, Coronel }Uatías Camargo; Se­gundo Jefe, Sargento )t:ayor Guillermo Ruiz H..; Ayudante Ma­yor, Capitrtn 1\Iarco Aneelio Vega; Segundo .Ayudante, Te­niente Luis F. 1-tuiz R.; Abanderado, Subteniente José Luis Rodríguez; Instructor, Teniente José 1\la.ríu. Guerrero; Habi­litado, Vicente Gouzález B., a ·illlilado á Capitán. Primera Oompaiiía-Oapitán, Aurelio Al varado; Teniente, Ernesto Forero; Subtenientes, Luil:) .A.ugulo .Y Eugenio Pachón. Segztnda Complt,ii:ía-Oapit{tn, .Juan de Jesú~ Santos; Te­niente, Simón Quintero; Subtenieut s, Félix Delgado y Eras­mo ~t:edina. TerceYa Compañía-Sargento .l\Ia.yor, Octa'i'iauo Vega G.; Teniente, c,ulos Julio Gómez; Subtenientes, Rafael Abello y Oarlos .A. Forero. Cuarta Vompaiiía-Sc.uge lto }Iayor, llelisn.rio ~I Velandia; Teniente, Rafael Talero; Suutenioutes, Benjamín ~Iedina y Abel Velandia. Quinta Oompaiiía-Oapitán, Antonio 0;i8tellanos; Tenien­te, Emilio Alvarez; Subtenientes, Uarlos S:uwhez y O~ferino Pachóu. Sexta Oompañía-Capitán, Eleuterio Sánchez ; Teniente, Félix Escobar; Sul>teuieutes, l\la.teo H,~yes y Eladio ~lora. DATALLON PII',ACIDO MORALES Art. 4. 0 El personal de este Onerpo será el siguiente: Plana Jllayor-Primer Jefe, Uoronel Eugenio Urdaneta; Segundo Jefe, Teniente üorouel Hoaolfo Roa A.; Ayudante Mayor, Capitán Ricardo l\Iorales U.; Segundo AyLulaute, Te­niente José J oaq níu ~Iuüoz; AlMmleratlo, Subteniente Benja­mín Robles; Ha1Jilita<.lo 7 Eusebio Sán~hez: asimilado á Capitán, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ F1·imera Compañía-Capitán, Antonio Neira M.; Tenien­te, Auastasio Romero; Subtenientes, Justo Pastor 1\fartínez y Rafael González T. Segunda, OompM1ía.-Capitán, Julio Maza; Teniente, Ra­fael Mala ver; Sul>teui<'n tes, :\Ian nel Ujueta. y Carlos Osorio. Tercera OompaiUa-Oapitán, Carlos A. Lombana; Tenien­te, Alejandro Acebedo; Subtenientes, Teo(loro Pinilla y Ceci· lio Triviño. Oua'rta OompaftÍct-Capitún, Bernabé J~odríguez; Tenien­te, Andres Perelli; Subteui{'n1 Ps, Jesús Sierra y Jorge Cuervo. Quinta Comprtiiía-Oapit..tn, Benjamín Salg-ado; Teniente, Simón Gómez; Subtenientes, gzequías li'orero y Dimas López. D.-l'I'AI.-LON' CORDOH"\. Art. 5. 0 Este Cnerpo tc·rHlrá el personal siguiente: Plana Jllayor-Primer Jeft", Coronel Guruersingundo J t-f'e, Tt>nieu to Coronel J u liá n Uabrera ; AyUilitHdo, Jesús Lueug·as, asimilado ~í Capitán. Primera Oompaitítt-O:lpitftn, Julio Rodrígnt>z L.; Tenien­te, Aquiliuo Teqnia; Suhtt•llíente8, Yic •ato Siorra y Liborio Sánchc~. Segunda Compa¡/.í,t-U:tpitúu, 1\fa.rco A. Salgar; Tenie11te, Joaqníu Bneno A.; Subtl!uicntes, Luí~ Gouzúlt>z y Eliécer Castellauos. 1'ercera Compttiiía-Oapitán, Alfn·11o H.tHlrígtwz; 'fenit·n­tP, A lt~jantho Üoll~,d '7.; SubLt1 llicute:, Joaquíu Uuen·o y Emigd io l\fal'tell. Cuarta Compañía- 1 ·tpit<ín, ]), dtl Hoddgnez; Te11iellte, Cal' los ~l. :\lartín e ~ · Subtenientes, Alfrel sig-nitmtc: Plann .Vaynr-Prinwr Jt .. f. .. , Uoronel Vicente Jimén('z; Segundo J<'fe, 'f<'liÍ<'IItl ( oron •1 J<'lHHO H. Uorona<1o; Ay u· dan te M a:Yor, ' apit:'l 11 ,J ni io U. ntrzón ; SPgn11do Ay nthtJJ1·e, TeniPuto ]Jni~ lJo11~r\•r: ,, ; .A.llanz; Snbteuieutes, Federico Acero y _. . . _ ..... Com u 11íq u es~. Dado en Bogotá, á 24 rle Noviembre de 1900. JOSE l\IANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, JosÉ Do~IINGO ÜSPINA C. ~~C='---'~(06)6 08~ G~~=TE:I:N AL ~-~; ~~1l~11tñ>J:ID:l~~~ 'tf ~~~ Wrt:©JECO> DE LAS PIEZAS EN LA ARTILLERÍA RODADA Reglamento provisional arreglado por la Comantlanci'l militar de In Plua de Bogutá para el Onerpo de su dependencia PARTE PRIMERA-AMETRALLADORAS '.l'ítulo t.•-Servicio de la boca tlc fuego en campaña. Manejo de varios pelltones de pieza (Contin(h) Cuando muchas piezas estén reunidas para la instrucción ó maniobra, al mando de un mismo jefe, una vez alineadas según el orden de sus números, el destacamento que va á servirlas, pre­viamente dividido en tantos grupos como pieza , cada uno al mando de un oficial subalterno, ser,í dirigido hacia aquélla por el lado de las lanzas de los arm )!les, paralelamente á la línea de batalla. Las piezas pueden estar en parque ó de march.l, y en ambos casos entrar á servirlas por la derecha ó por la i?,quierda. Estando las piezas en parque ó para entrar por la derecha cuando la cabeza del destacamento se halle á unos veinte pasos de la lanza de la primera pieza, el jefe mandará: p?r la derecha á sus piezas. Cada jefe de pieza, cuando su pelotón llegue á la altura de su respectiva lanza, mandará: variación, á sus puestos. Mt\RCHEN. A e3ta voz, los sirvientes ejecutan el movimiento prescrito en el número 7.0 Si el destacamento debe entrar por la izquierda, el jefe dará la voz preven ti va: pl)r la izquierda á sus piezas, cuando la cabeza éntre al parque, y los oficiales darán la voz MARCHEN, á medida que lo3 primeros sirvientes lleguen á la altura de la lanza de la pieza que deben servir. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 671 Estando la batería de marcha para entrar por la derecha, el jefe, así que la cabeza del destacamento diste veinte pasos de la lanza de la primera pieze1, mandará: pelotonts, á sus respectivas piezas. Luégo, cuando el primero llegue á la altura de la rueda, primer pelotón por el flanco izquic: rd?- y MARCHE!\', al llegar los primeros sirvientes á la altura de la lanz .1. El oficial que lo mande repetirá la voz M.P.RCHEN y detendrá el pelotón, mand.tndo ALTo cuando llegue á cuatro pasos de la lanz 1. Los otros pelotones con ti 11 ú ·1n ·marchando <:j n cambiar de di­rección, y sucesiva mente serán colocados del mismo modo con las voces segundo (tercero, etc.), p h .tJo, pa~ .uJ<.Io p·>r entre la lanzas de los ~rmones y los otros peloton es, lo. q te s c<::- ivamente entran "'n columna á la voz de MARCHE.·, d.Hla por lo o ficié le: á mt:di !.1 gue los preceden­tes haya'n reb tsado el de su mapdo. En toJo caso, con cada pclotc)n irá un sargento que se coloca á la derecha en prtmera fila, y los pe lotones fu •ra del parque ó lí­nea de pie?-as marchan por el flai!CO. El sargento 1.0 que h(lp;a de jefe de pieza m 'lrcha á la altura r á un paso de la cabeza del pelo­tón, del !aJo del guía, y c11ando los irvie11tcs entran á sus puestos, dicho jefe se detiene á la altura de bs lanza., en la prolongacic)n de la h_i lera izq uicrdc~ de s11 pi za y da fre11te á la derecha : si las piezas están en b,ltería, el jefe de pieza se mantiene frente á su pie­za, un paso afuera de la fila izquierda, á la altura del tornillo de puntería, y si los sirvientes forman en paraJa dará frente á van­guar d ia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 872 80LETIN MILITAR '-Y-" Cuanto á los oficiales, si los pelotones están en batalla se co­locan dos pasos adelante del centro del suyo; si en columna, á un paso y á la altura del jefe de pieza, y si está oc u pan do sus pues tus en torno de la pieza, en el centro de las filas, entre la la11za y la con­tera. Los oficiales que rijan dos ó más piezas, y el que mande el conjunto, se l'itúan donde sea más conveniente para la maniobra ó servicio-Continúa. IDJl ESTRATEGIA Y DE TÁCTICA EN LA~ PEQUEfitAS GUERRA~ por el Mayor C. E. Callwell, del Ejército ingléa TJI..ADUCCIÓN DX ISIDOJlO LA Yltii.D.& .A N.A T .A (Continuación) Ejtmplo de Amoaque-En el combate de Amoaque, en la gue­rra contra el Ashantí, la columna debía, al principio, tomar una formación que se asemejase á un cuadro de grandes dimensiones. El bosque era muy espeso, y al fin, como por otra parte se habrá comprendido, los flancos del cuadro perdieron completamente el contacto de la cara delantera, que soportaba el choque del com­bate. En el curso de la acción, la cara posterior reforzó la delantera. Sin embargo, bien que la formación en cuadro poco á poco se fue­se desbaratando durante el combate, ella consiguió su objeto, pues­to que no hubo sino pequeñas fracciones enemigas que lograsen envolver la cara delantera, pasando por los intervalos entre esta cara T las tropas á los flancos, que, al comenzar el combate, formaban los lados del cuadro. La intención del enemigo era manifiesta en atacar la retaguardia de la columna, puesto que hubo un comba­te en Quarman, á algunas millas atrás, en dvnde se había dejado un convoy con escolta, y puesto que los Ashantí penetraron en­tre Quarman y la columna. • XXI. Yentajas de la formación elástica en el combatt en bos­ques- En estos combates de los bosques, cuando se libran contra salvajes bien armados y numerosos, y en país desconocido, el cua­dro elá5tico parece excelente, á lo menos al comenzar una acción. Una marcha de frente en línea no ofrece ninguna protección á los servicios combatientes. La columna de camino no tiene sino un frente restringido y permite que el enemigo acometa repenti­namente un flanco, y por tanto que corte la columna en dos; por último, la columna de camino no protege al convoy que sigue siempre al ejérc:ito regular en las pequeñas guerras. Por lo común Véanae las Exp1dicionu inglesas 1n Ajrica, páginas 98 y siguientes. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ...._.,_, 073 el bosque no era tan denso en el Dahomey como en el Ashantí; por esto fue más fácil para el comandante sostener el contacto en­tre las caras del cuadro, y vigilar los movimientos de toda la columna. Batalla dt lsly-En la batalla de Isly la formación singular en triángulo ó en forma de lanza se adoptó como orden gene­ral de combate, y consistía en columnas de batallón en escalones, formación habitual de combate de la infantería en esa época. El Mariscal B ugeaud había dispuesto que cada batallón se formara en cuadro si la caballería mora cargaba á fondo. La artillería y los no combatientes estaban en el interior del triángulo, al cual nun­ca pudo penetrar el enemigo. Es verdad que los asaltos de éste no fueron muy formidables, á pesar de su enorme superioridaJ nu­mérica. Sin embargo, una formación en cuadro que presente gran­des vacíos se recomendará muy rara vez como medio para recha­zar las cargas de caballería cuando hay en el interior del cuadro mucho personal y material que proteger. Esta formación salió bien, sin embargo, en Isly, porque los franceses obtuvieron una brillante victoria con pocas pérdidas. Ejemplo de una formación en escalonn-EI interés que esta batalla presenta todavía hoy se debe principalmente á que el Ma­ri~ cal Bugeaud formó sus batallones en columnas pesadas, como era costumbre entonces en todos los ejércitos regulares, menos en Inglaterra. Pero es un hecho notable que esta batalla, quizá la más de­cisiva en 1 s pequeñas guerras de este siglo, la ganara uno de lo!' más grandes maestros en la guerra ir regular á la cabeza de una columna formada, en suma, en cuadro, y marchando derecho !'O­bre el centro de un ejército enemigo considerable que se vio obli­gado á atacar. El cuadro de Isly, ó triángulo, p~ra ser más exacto, es un buen ejemplo del principio d~ la formación de comb.ite en escalo­nes, principio que han defendido mucho=> tácticos que no son par­tidarios del cuadro rígido. XXII. Oburvacionn sobre la formación tn ucal?nes- Este mé­todo de disponer las tropas en escalones tiene la ventaja de asegu­rar un buen desarrollo de fuegos, y de proteger los íl.ancos ; pero la retaguardia permanece descubierta. La marcha muy rápida de fanáticos como aquellos q 1c se encuentran en el Sudán y algu­nas veces en Argelia, les permite llevar á cabo ataques repentinos. La sencilla vuelta de caras sería impotente á detener el empuje de numerosos enemigos que se lanzasen sobre la retaguardia de una columna formada en escalones. Por otra parte, si el enemigo logra­se pasar por los intervalos, las tropas corren mucho riesgo de fusi­brse mutuamente. En terreno descubierto es difícil al enemigo, por atrevido que sea su ataque, acercarse tan cerca de la columna. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 674 80LETIN MILITAR ~ Pero la experiencia ha probado que en los bosques y en los terre­nos cortados, el enemigo llega algunas ocasiones hasta las bocas mismas de los fusiles. Dado el éxito que generalmente se ha ob­tenido con la del cuadro rígido, parece dudoso que la formación en escalones puede sustituírle con ventaja. Enfrente de adversarios menos partidarios de la táctica de choque sería, sin duda, :algunas veces muy ventajosa, hasta en el bosque *. XXIII. Colocación de la caballería y de la artillería en ti cua­dro tlástico-Sería in ú ti! extendPrnos sobre la cuestión de la colo cación de la artillería y de la caballería en un cuadro elástico. En el Dahomey cada grupo tenía su artillería, de suerte que cada fren­te disponía lo mejor posible de sus cañones, que p ..... rmanecían en el interior del cuadro hasta el momento en que se necesitaba de ella. En semejante terreno, la caballería no tiene mucha acción y ella debe permanecer comúnmente en el centro del cuadro. En el Da­homey algunas veces se utilizó la caballería para formar al frente de retaguardia del cuadro, lo que permitía disponer de mayor nú­mero de fusiles en los puntos importantes. XXIV. Cuadros en marcha-Si estando de marcha se temen ataq ·1es repentinos, se hace u o á m en u do de la formación en cua­dro como el medio mejor de proteger los convoyes que acompañan á las culumnas regulares. rram bién cuando se va al combate es in­dispen-> ab!e siempre, en estas pequeñas guerra~, asegurar la protec­ción Je los serv cios no combatientes, lo cual es una de las causas principales para que se ad )pte el cuadro como orden de marcha. Es cierto que de viaje, los efectivos de lo5 servicios no combatientes aum~ntan eviJenternente mucho, tanto durante la marcha como en los alto ~ , y también aumenta la superficie de terreno que ocu­pan. A la columna iguen provisiones para días y hasta para sema­na , provi~iones que forman un inrnenso convoy comparativa­m .... nte á la longitud de la columna. El conv >y e· ;1 m e nudo tan consiJerable, que lo efectivos combatientes son del todo insuficient~s para formar en torno de él un cuadro que tenga alguna apariencia de cohesión. Desde luego que la formación en cuaJro, en marcha, es muy embarazosa y muy difícil Jc sostener. Los france·es, sin embargo, han hecho grande uso de este orden de marcha en varías de ~tus pequeñas guerras. En Egipto, Cll:tnd b époc{ de los Malcmucos, en Argelia y en Túnez, el peligro Je sufrir ataques repentinos de grandes masas de caba­llf! rÍa ha hecho á menudo necesaria esta formación. El Ge­neral Logerot, en Tú 'lez, marchaba ~ iem pre en cuadro, prece­dido Je una vanguardia. En los bosques del Senegal los franceses R1 ror. Ninguna formación es ta11 fue1t e en e tos ca. os como la ese .• lo· nad;•-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '-y-"' 675 han empleado frecuentemente el cuadro; lo miimo que los rusos hicieron uso de él algunas ve ces en el Asia Central, señaladamente durante la sumisión de los Turcomanos en el Khanato de Khiva, después de la ocupación del Oasis en I 874. En el Sudán, y sobre todo en los alrededores de Suakín, las tropas inglesas y egipcias se vieron obligadas á ejecutar marchas en cuadro en circunstancias muy desfavorables. Es una contrariedad muy grande cuando las circunstancias obligan á un ejército regular á marchar en cuadro rígido con una masa de no combatientes y medios de transporte dentro del cua­dro. Hay que andar lentamente. El desorden se introduce e ;rre los animales de transporte, y p· r lo mismo que están agrup:HJ >~ en un espacio limitado, la vigilancia sobre ellos se hace muy J i fkil. El paso de toda la columna queda subordinado al del animal más lento. Algunas veces, sin embargo, no hay medio de remediar este inconveniente, que es preciso tolerar. La marcha hacia las fuentes del Abu-Kiea e5 de ello ejemplo. Suakín, r885-La historia de las última5 pequeñas guerras no ofrece probablemente ningtín ejemplo del empleo del cuadro como formación de marcha, en condiciones tan de favorables como la de I 88 5, cerca de Suakín. Los repentinos ataques de fanáticos armado3 de lanza" en ese t t> rre no cubierto obligaron á recurrir al empleo de cuadros rígidos. L ·>s convoye s que había que proteger contaban camellos, medio m u y defectuo!lo de transporte cuando los animales se estrechan uno · contra otros. El ag~ta, de muy di­fícil transporte, era una parte importante de las provisiones que _e llevab·lll á e pddJ de c:unello. La mimoo;a" con sus espina · difi­cultaban mucho los movimiento y hacían romper las filas. El calor era excesivo. rrodo parecÍ'\ con. pirar · e contra el éxito, y sin em­bargo la fcxmación en cu,ldro . ali<) bien, porqu e á ca u: a de la n t­tura lcza de la ~ operaci n es se puJo arrc g l < r con veni e nte mente de acuerdo con los efec tivo d e la tropas encargadas de su custodia, y según la i T•portancia de los convoy'--c::· El método adoptado en S11ak í n e r a fo rmar depósitos di tantes uno:. de otros alguna millas, á 1 largo de la línea de operacio­nes que se seguían. Se m \ vían e.::to · depc) sitos-convoyes escol­tados por tropas e ;, peciales que form·1ban el cua·iro al:ededor del convoy. Al llegar al depó ito se alm.lcenaban las provisione~ y el con voy rco-resa ba. E 1 hecho era que la fur.:rLa del convoy estaba arreglada de tal manera que la e . colta podía protegerla marchand0 en cuadro. Pero cuando las tropas s mueven en columna volante á una considerable ui!ltancia y en una región inhospitalaria, el convoy se vuelve pronto una r~ s ada masa que ocupa má terreno del que las tropas pue<..len roJear, formando el cuadro rígido. La cr)lumna de Sir H. Stewart, en su nHrchl de JakJull Wlels (po­zos de Jakdull) sobre Abu-Klea, conducía como 3,ooo camellos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. t7G BOLETIN MILITAR ~ El efectivo de los comb:aiente!!, sin incluír los oficiales, no era sino como de 1,500 hombre!!, efectivo insuficiente para permitir formar el cuadro alrededor de tan gran número de camellos en movimiento, sin que se abriesen numerosos claros-Gontinúa . • •• SOBRE LA FORMACIÓN DE SIRVIENTES APUNTADORES EN LOS CUERPOS DE ARTILLERfA Arreglada del francés para el Buletí11 Militar La instrucción práctica sobre la formación de apuntador~s en la artillería se divide en dos partes: la elemental, que se dará á todos los soldados, y la ~special, á que sólo asistirán los artilleros recono­cidos aptos para desempeñar las funciones de apuntador. Prlu1era parte-lu•trucción elemeutnl La instrucción elemental comprende: el manejo del alza; los ejercicios de puntería; el manejo del nivel; la rectificación de la puntería y una primera cla!!ificación de los artillero• en apuntado­res y no apuntadores. Es condlción esencial que toda carga de pieza ejecutada en un ejercicio ó maniodra entrañe una apuntada reaL Para apresu­rar la marcha de la in~trucción se enseñará esta primera parte, hasta la séptima leccion inclusive, conjuntamente con la general de artillería, consagníndoJe los de!cansos del ejercí io y además algunas sesionet e-;peciales. En seguida se repetirá esta instrucción elemental en cada batería, por los oficiales de ella y bajo la vigi­lancia del capitán. Para evitar todo simulacro de puntería se procederá como sigue: el in,tructor, antes de ejecutar la carga la primera vez, ejer­citará á los artilleros á dar la primera dirección á la pieza, opera­ción que estará bien ejecutada cuando ésta, prolongada, caiga entre las dos verticales oue enmarquen el blanco. Designará, mostrán­dolas, las partes de la boca de fuego que sirven para la puntería con el alza, á saber: el canal del alza, el tope de la corredtra y d guién y sus dos puntas (ó la ranura de mira y la punta del guión). Dará también la nomcnc1atura sumaria del alza, fijará él mis­mo la corredera y la planchuela é introducirá el alza en su ca­nal. Al ejecutar esto hará observar á los artilleros que el alza ~e coloca en u canal con el ojillo del lado de la pieza, y que ~e la introd .. ce Íntegramente haciendo presión suave sobre su tope, el pulgar sobre la corr~dera, hasta que ésta toque la boca del canal. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 877 Definirá la Hnta dt mira, ó sea la línea recta que pasa por el centro del ojillo del alza puesta en su canal y el c~ntro del inter­valo comprendido entre las dos puntas del guión (sistema Broca). n~spués dirigirá sobre el blanco la línea de mira que hubiere esco­gido. Ha5ta el fin de la sesión no se volverá á desplazar la pieza, de suerte que el artillero que éntre á desempeñar las funciones de primer sirviente de la izquierda, cuando se dé la voz de apuntat no tendrá que hacer otra cosa si no ver el resultado de la operación, pues no se le exigirá la ejecute él mismo hasta que no haya termi­nado toda la serie de los ejercicios de puntería. En estos ejercicios se tomarán como blancos objetos bien vi­visibles, como kepis, aros de mimbre ó metal, ó pequeños círcu­los concéntricos, bien negros, que pueden pintarse en número su­ficiente en las paredes del cuartel. Para rectificar las puntería~ se empleará un tablero blanco de 50 centímetros de lado y una placa de lata ennegrecida de 6 á 8 centímetros de diámetro, provista de un mango y con un agu­jero central que dé paso á la punta de un lápiz de carpintero. Siempre se dirigirá la línea de mira sobre el centro del blanco Primera lección- Mantjo dd alza Dada la nomenclatura del alza, el instructor procede á expli­car lo que se entiende por dar el alza y el dtsvío y ejercita en esa operación á los artilleros, empleando primero alzas que correspon­dan á hb divisiones mayores de la graduación y luégo las corres­pondientes á las intermedias. Lo mismo hará con los desvíos. En seguida ejercitará á los artilleros á pasar de la graduación en distancias á la en milímetros y recíprocamente. De pués hará dar á los sirvientes el alza y el desvío, pero sin emplear alzas superiore á las del tiro ordinario de campaña (1,500 á 3,000 metros). En todo caso, el instructor insistirá en los puntos siguientes: después de arreglada el alza, apretar el tornillo de la corredera; des­pué de arreglar el (ksvío, hacer lo mismo con el de presión de la planchuela; para introducir el alza en su canal, hacer fuerza en la corredera y no sobre la cabeza de aquélla; puesta el alza en su ca­nal asegurarse de que la corredera descansa ~obre la caña y no se ha movido á lo largo de ésta ; para modificar el alza ó el des'fío, principiar por aHojar el respectivo tornillo de presión Segunda lección-Buscar la línea dt mira El instructor introduce Íntegramente el alza en su canal des­pués de fijar la corredera y la planchuela de desvíos en una divi­sión cualquiera de ellas. En seguida dirige la línea de mira que escoiió sobre el centro del blanco y manda que sucesivamen~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 678 80LETIN MILITAR ~ te todos los artilleros pasen por el puesto que él haya ocupado, colocándolos de la manera como debe estarlo el primer sirviente de la izquierda en esta parte de la ejecución de la boca de furgo. Ejercita en seguida los artilleros á que tomen la línea de mira haciendo pasar el rayo visual por el centro del ojillo y el del intervalo comprendido por las dos puntas del guión, y á que pro­longuen este rayf> ó línea hasta el punto apuntado. Les hará comprender el porqué de la necesidad de que al apun­tar miren por el centro del ojillo, haciéndoles observar, además, cuánto varía el desvío que resulta según que miren por la punta derecha ó izquierda del guión. A algunos artilleros cue ta mucho trabajo mirar con el ojo derecho y al mismo tiempo cerrar bien el izquierdo: preciso es ejercitarlos con paciencia hasta que logren hacerlo así; otros miran con más facilidad por el ojo izquierdo; se dejará á los artille-ros c>mplear á su elección uno ú otro ojo. El instructor insistirá en los puntos siguientes: el ojo debe quedar tan cerca del ojillo como sea posible; el blanco debe pare­cer exactamente situado no sólo entre las dos puntas del guión, sino confundido con el punto brillante constituído al parecer por el ojillo del alza. Tercera lccción-Prolmgar la línta dt mira El instructor, para asegurarse <.!e que los artilleros han com­prendido bien lo que antecede y s2ben tomar la línea de mira, les hará practicar el siguiente ejen.:icio: Puesta la pitza en batería y representado el blanco por un tablero de 50 centímetros de lado, cubierto de papel blanco y fijado á la pared ó á un árbol que diste unos 30 metros del cañon, un horn bre se coloca cerca del blanco con el indicador. El instructor, después de fijar el mismo la corredera y la planchuela, y de colocar el alza en ~u canal, dirige la línea de mira sobre un punto cualq IJÍcra del hlanco (tablero), pero no hace marcar ese punto. Cada artillero, sin tocar la pieza, hace colocar el indicador en el punto del blanco que le parece corresponde á la línea de mira, para lo cual hará al hombre del tablero, en alta voz, las indicaciones del caso (como más arriba, más abajo, á la iz­quierda, á la derecha), hasta que el indicador le parezca en el lugar conveniente, lo que expre ará con la palabra bien. Entonces se marca en el tablero la posición del centro del indicador con el lápiz, ins­cribiendo al lado de la seilal el nombre ó número del artillero que hizo la puntería. Por último funciona el instructor, y de la com­paración del punto que él hace poner con los fijados.por los arti­lleros se da idea á cada uno de ellos de los errores que cometió en la operación. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ G79 NoTA-Es bueno en esta operación colocar un artillero que en alta voz transmita al del tablero las indicac i -.>nes del que está haciendo de apuntador, el cual se colocará de 'nanera que no vea el blanco para que no influyan en él las señales puestas antes, con orden además, para andar aprisa, de no hacer mover el índice sino en los sentidos vertical y horizontal, y nunca oblicuamente. Los desplazamientos del índice se regularán de tal manera, que cada uno sea igual al precedente si se manda en el mismo sentido, y sólo la mitad del espacio si es en sentido contrario. Cuarta lución-Puntería en altura Enseñados los artilleros él tomar y prolongar la línea de mira con alguna corrección, procederá el instructor á hacerles pasar u na línea de mira dada por un punto determinado, para lo cual se pro­cederá como sigue : El instructor coloca la pieza dirigida sobre el blanco, de ma­nera que una línea de mira cualquiera pueda asestarse sobre una línea horizontal, por ej. .... mplo el dintel de una puerta, el pie de una ventana, y muestra á los artilleros en seguida cómo debe presentar:se esa línea con respecto á las puntas del guión, tras lo cual desarre­gla la puntería moviendo el tornillo de e:ste nombre, y hace la ex­plicación siguiente : Para fijar la línea de mira en una posicion tál que las dos pun­tas del guión se proyecten sobre una línea horizontal, el artillero debe accionar la manivela del tornillo de puntería hacia la flecha más cerca si la línea del blanco aparee'"' debajo del intervalo que hay entre las dos puntas del guión, y en el sentido de la flecha más lejos si aparece encima, porque las cureñas de los cañones tienen marcas destinadas á facilitar el empleo de la manivela en la correcci<)n de la puntería. En seguida hace el instructor que cada artillero funcione como primer sirviente de la izquierda, y le manda accionar la maní vela del tornillo de puntería p · raque el cañón suba ó b .1je hasta que la línea horizontal y las dos puntas dd guión aparezcan en la situa­ción deseada. El instructor verifica la operación y la hace recti­ficar si fuere preciso. f3¿uinta lecci ón-Dirección definitiva de la pieza .El instructor coloca ]a pieza de manera que la~ dos puntas del guión enmarquen una línea vertical, u no de los largueros de u na puerta ó ventana, y hace ver á los artilleros el resultado de la ope­ración, tras lo cual c.lesplaza la contera y da las explicaciones si guientes: Para dirigir la línea de mira de tal suerte que las dos puntas del guión enmarquen un trazo vertical, el artillero que desempeña . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 880 BDLETIN MILITAR '-y-"' l~s funciones de primer sirviente de la izquierda hace, por señas, que el segundo de la derecha desplace la contera, en el sentido con­veniente, la cantdad necesaria para conseguir el resultado. El se­gundo de la derecha mueve la contera á derecha ó izquierda, según los signos del primero de ]a izquierda, proporcionando la amplitud del movimiento á la intensidad con que éste golpea en la gualdera respectiva, y observando la regla de la nota de la lección anterior. En seguida el instructor hace ocupar á otro artillero la posi­ción de primer sirviente de la izquierda, deja al que ayudó al ante­rior moviendo la contera y manda restablecer la pieza á su debida dirección. Terminada la operación procede como en el caso ante­rior. Y así se repite lo prevenido hasta que todos los artilleros su­cesivamente han apuntado la pieza y movido la contera, cuidándose de establecer completa concordancia entre las señales del apuntador y los movimientos de la contera, pues la rapidez de la puntería aepende de esa perfecta concordancia. NoTA-Si hay tiempo, es preferible enterrar un trozo cilín­drico de madera en el sitio que debe ocupar la contera para facili­tar su deslizamiento lateral con h palanca de puntería, pues en este c~so se aprovechan en la operación las manos y los ojos del segun­do sirviente de la derecha. Stxta lección -Apuntar la pieza Cuando los artilleros ejecut~ n correctamente las operaciones de que tratan las dos l:cciones anteriores, el instructor los hace di­rigir la línea de mira sobre el punto Je cruce de dos líneas, hori­zontal una y vertical otra. Para e<:to se prevendrá á los artilleros proceder como sigue: 1.° Colocar la pieza en la dirección del blan­co; 1..0 Mirar por el ojillo y Jiri¡.?;ir el rayo visual por entre las dos puntas del guión; 3·0 Subir ó bajar la culata de la pieza por me­dio de la manivela dd tornillo d ... puntería, hasta que la iínea ho­rizontal del blanco quede un poco encima del guión ; 4.0 Hacer desplazar la contera de manera que la línea vertical caiga entre las dos puntas del guión; y 5.• F1j 1r la puntería sobre el punto se­ñalado con un ligero movimiento del tornillo de puntería. El instructor cuidará de que los artilleros sigan siempre el orden indicado para la operación, y de que el segundo sirviente de la derecha obedezca fielmente las indicaciones del primero de la izquierda. Además, á cada operación hará que la verifiquen todos lo! demás artilleros, la verifica él mismo y la hará rectificar por el interesado si fuere preciao. Por último, se adiestrará á los artilleros á repetir esta última operación co 1ocando ello> mismoJ, previamente, la corredera de la planchuela de desvíos ; conseguid.> lo cual, indica el alza y el des- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 681 vío de la puntería cuidando de no usar alzas superiores á las em­pleadas en campaña, ó sea de r,soo á 3,ooo metros. Séptima lección -Manejo d11l nivel de puntería El instructor da á lo5 artilleros la nomenclatura del nivel y les explica brevemente el uso de tal instrumento, conformándose á los detalles dados sobre la materia en la instrucción sobre el servi­cio del cañón de retrocarga (publicado en el número 121 de este Boletín). Se abstenurá de hablar del vernier, y sólo muestra á los artilleros el trazo que corresponde al O. de la graduación de la correder~, explicánd les que es ese trazo ó marca el que se debe poner enfrente del que señale la división que corresponde al núme­ro de grados inuicados. Los ejercita á disponer primero los grados cuyo número está repre'entado por una cifra grabada en el arco y después los intermedio~; en seguida los enseila á usar los medios grados que corre. pon den á los trazos pequeños, y después los cuar­tos de grado ósea la mitades de los medios grado . En fin, ejercita á los artilleros á C.)locar el nivel sobre la culata de la pieza y á dar á ésta con b manivela la inclinación que marque el nivel. Octava leuión -Rectificar fa puntería Enseñados los artilleros á apuntar sin mucha dificultad, se procederá á ejecutar el ejercicio de que trata esta lección, cuyo fin es acostumbrar á los artilleros á apuntar de u!la m ncra regular y permitir al in tructor juzgar de la aptitud d.:: cad.1 uno de ellos para desempeñar las funcio 1es de apunt, dor. J) · ac11erdo con lo preveniJ) en las 1-::ccionc:> anteriores, e, da artillero ocupa el puesto de primer sirvi nte de l1 izquierda, y ej - cuta cinco punterí que e fij n con el in ,ic· ( r (ter era lección), se marcan con los números 1, 2, 3 4 y 5, y forman un polígon cuyas di 1ensi ):1es d n idea del grado oc r~gu ,u dad con que el ar­tillero ejecuta sus punterías. Clasificación provisional dt· los apuntadores Terminada esta instrucción elemental se distribuyen los arti­lleros en dos categorías: los apuntacbres y los no apuntadores, lo que será fácil en vista de los resulta >. de los ejercicio antes di­chos; pero á fin de hacer b i nstruc:ión de 1 s sirvicn tes tan com­pleta como sea posible, á la especial asistirán todo~, salvo los que resulten marcadamente inhábiles ó muy obtusos de inteligencia. Concluirá VIII-44 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 082 BOLETIN MILITAR ~ LECCIONES DADAS EN LA ESCUELA MILITAR DE VIENA POR EL TENIENTE CORONEL DE INGENIEROS MAURICIO BRUNNER Traducidas libremente de la 5. a. edición para el Boletín ilfilitar PARTE TEORICA uapitulo t.•-lliisióu primordial de la fortificación cu caaupaña (Continüa) b) Medios de disminuír el tiro del numigo Este resultado puede conseguirse por los siguientes medios: 1.o Ocultar los objetivos dd combate al enemigo; 2.o Suprimir todos los objetos que pueden permitir al adversario regularizar su fuego ó apreciar las distancias para el tiro; 3. 0 Utilizar el terreno con sus abrigos y sinuosidades (relieve); y 4.° Crear abrigos. § l. Ocultar los objetivos-Lo que se busca con e ta medida es: 1,0 Hacer al enemigo más dificil el reconocimiento de la3 propias posiciones y de las disposiciones defensivas en general, y de las loca­lidades ocupadas en particular; lo mismo que el med10 de apuntar á objetivos determinados y de observar el efecto de sus proyectiles, sin lo cual le será imposible regularizar el tiro de su artillería; 2.o Permitir intentar movimientos á cubierto y ejecutarlos de ma­nera imprevista para el enemigo. Para obtener sus resultaJos es preciso: no cortar ni rasar los árboles, arbustos, matorrales, etc., que se encuentren delante de la posición (el objetivo del enemigo) y no perjudiquen ni la vista ni el tiro. Cuando no existen accidentes de e::;ta e pecie, preci o será crear una máscara artili~ial por medio de ramas y arbustos (fig. 4. 8 ). Figura 4. 8 Así se logra hacer más difícil á distancia el reconocimiento de los objetos cubiertos y la regularización del tiro de la artillería: este último puede llegar á ser imposible porque será muy difícil la ob­servación del punto de caída de los proyectiles y hasta el del esta­llido de los shrapnell si las cubiertas son altas, ya que no se verá entonces ni el globo de humo de la explosión, ni el polvo levantado por la bala al chocar en el suelo (fig. 4. 8 ). Las cubiertas de arbus- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y--" 683 tos y matorrales deben disponerse por grupos é irregularmente, entre 50 y 300 pasos de distancia del objetivo, para que de la posi­ción pueda verse ai frente por entre los troncos ; de esta suerte las balas disparadas de la posición no serán interceptadas por los árbo­les, y la explosión de las granadas enemigas no será producida por el encuentro de tales troncos si su grosor no es superior al del bra­zo de un hombre. Figura s.a. Las cubiertas muy próximas á la posición no deben ser visi­bles de lejos para que el enemigo no laC\ vaya á tomar como objeti­vos, como sucedió en Ieni-Sagra (1877): en esa batalla cerca de un reducto turco quedaba un pedazo de banqueo de ferrocarril, so­bre el cu,d est"l.llab.ln los proyectiles ru os, que con sus cascos cau­saron grandes pérdidas á la guarnición del invisible reducto. 2.0 Ocultar con cuidado todos los accidt:ntes ocupados, como las trincheras con ramas, céspc 1, etc., y si se alzan sobre el suelo con tierra, de suerte que de le jo~, en todo caso, su aspecto se confunda con el del contorno. 3·0 Evitar las fr>rmas angulare en las trincheras, porque el paso brusco de una cara á otra resaltará en el horizonte, lo que exige cubrirlo con ramaje (fig. S·ul i no se quiere denunciar su posición al enemigo. Figurtz 6. 8 4. 0 Quitar las techumbres vi iblc d\.! lejos en las casas ocu­padas, dar una capa de tierra ó color á las paredes blan -as, y ocul­tarlas con ramaje para hacer m~ís difícil su observación. s.o No olvidar que los objetivo no deben destacar e sobre el fondo, y por lo mismo es preciso con ·ervar los sembrados, ramas, arbustos, etc., sito á retaguardia; los parapetos y trincheras no e construí rán sobre las ere tas vi si bies si no un poco adela:1te para que no se destaquen sobre el horizonte. 6. 0 Ocultar el emplazamiento de las reservas y de las proba­bles línea~ de marcha ó retir ad,t con matorrales, ó desplazando las cercas y setos del terreno, ó con parapetos si fuere preciso. Las alamedas de árboles tupidos ocultan bien hasta contra el polvo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 684 BOLETIN MILITAR ~ (que conviene no levanten las tropas en marcha), aun á grandes distancias, y sin necesidad de ningún otro trabajo. La cu bicrta que dan los árboles es completa cuando se parte el tronco á la al­tura de un jinete y la copa se dirige paraleta al camino (fig. 6.•): si entre dos árboles queda un e3pacio se llena con ramas ó arbustos. 7.0 Ocultar como se viene diciendo las partes enfilables de los caminos, en especial en las porciones en que atraviesan loca­lidades, puentes ó bosques. NOTA -En W oerth una batería prusiana no pudo asestar sus tiros á otra francesa que estaba tras una alameda; en Koeniggraetz las trincheras austriacas se di;;imularon tan hábilmente entre tri­gales, que los prusianos no tuvieron noticia de ellas sino al encon­trarlas de manos á boca; en el sitio Je Strasburgo los prusianos ocultaron con ramas alguna batería levantada de noche en pleno llano, y los franceses no la vieron al siguiente día. § II. Suprimir los punt:;s qut pu eden servir de hitos ó señales al enemigo -Objetos como árboles aislados, monumentos, campa­narios de localidades que no se ven, chim .... neas, postes telegráficos, etc., deben cortar;;e ó bajarse en la porción visible para el enemi­go, porque de lo contrario le servirían para orientarse, apreciar las distancias, regularizar el tiro, etc. En Koeniggraetz dos álamos plantados en la altura de Hovenore5 sirvieron á los prusianos para orientar su marcha Je ataq u~ y arreglar su tiro. § III. Influencia del terr.mo-El suelo sirve para atenuar el efecto de los proyectiles cuando adelante del punto ocupado es blando ó presenta barrancas y fosos, porque entonces los proyecti­les d ... los ti ros cortos re:w ltan interceptados y las granadas no esta­llan ó no daíi.m. El surtidor de cascos sube mucho y las balas no rebotan. Estas condiciones pueden tenerse en cuenta al elegir los cmpltlzamientos de las tropas, y en caso necesario, si se puede, remover hondo el suelo hasta 1 oo pasos adelante de las trincheras y baterías. Deben suprimirse los objctos cercano á la posición y capa­ces de aumentar el efecto de la artillería enemiga, como paredes, montones de piedras, troncos gruesos, cte. Desde el punto de vista de las jormas del terreno, conviene es­tablecer la posición en las alturas, porque las granada de los tiros cortos estallan en la falda delantera, y los que de abajo bu can la cresta ra~an ésta con un escaso ángulo de caí da, pasan sobre los defensores situados un poco atrás, en la cresta militar, y, en geñe­ral, dan en el blanco en malas condiciones balísticas. NoTA-En Woerth una batería prusiana sufrió pérdidas sensibles porque las balas de lvs fusiles franceses, aunque lanzadas á la distancia máxima, la alcanzaban por rebote. En efecto, en­tre doscientos y ochocientos pasos, el pro•neJio de los rebotes al­canza de ordinario al 17 por roo, y sube hasta el 6o por 100. Continúa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ (cccrleral, y <¡no ]a. mayoría Yotó en contrario; que pedí la intervención de la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 686 80LETIN MILITAR ~ Convención para que el Gobierno hiciese juzgar conforme á, las leyes á los prest's de Car'tag na, y la mayoría no tuvo por conveniente acee~ler á ello; que '\'oté por la inadmi._ión del Sr. Peña como votó la prirnera vez el Sr. Gori, y la segunda el Sr. Pumar; que estuve por la reforma de la Con titucióu, como lo hizo totla la Convención; que no accedí {J. que se llamase al Libertador Presidente á Ocaila, como lo hicieron casi las dos terceras partes de la A 'atn blea; que sos tu ve el rechazo del proyecto de la comisión de contStitución en segnudo debate, y la preferente a(lmisióu Je la del Sr. Uastillo. En una palabra, las actas dirán cuántas mocioues y proposiciones he presenta­do para ser discptidct8 1 y cu{tntas se llau rechaza(lo por la ma­yoría de la Uonveución. Si nn homl)re á quien se imputa pre­dominio en nua. Asamblea pne(le contestar con hechos notorios y evidentes la falsedad , cuando se me in­formó qn~ ha oía. orparánnsca, n.hr ", ·á quién dPho ocnnir siuo á la. miRma fu en t • el PI podPr, .\'si :>tupn~ como suplicante? Scfiot': ctwtHlo Y. B. cotJllllltó Pn \'ida la ·iujw1ta sentencia de muerte pronurwiada eontra mí p} U ele 1 ovi~ml>rt>, V. E. hizo une. uuenl ereación. P(•ro p~t; obra de laju, ticia, ]Wrmítasetue StlH·}H'Ú . r l]llP(lÓ de. fignracl: :iYHII ente hiÍ· meda, rotlcada tl• ePiltinl'la~. clontlP me ha sitlo prohibhlo eo­muniear'nH~ con pers 111a algnnn, y he tt>niclo que n.limentm·rru~ con \ ' Í\'<'n's poeo auftlog·o · :\ mi complP ·ión enft•t·miza. Nnuca he recibido una, carta el~ 111i familia; laR qne yo he poño, lm t •nido Riempre g-,lth·os qne le son c~onsiguieutes, e8 una verdadera pena, á llt cual ni yn he sido condenado, ni puetle estar en la inteución de Y. g. hacét~mela :;;ufLir con rueugua tle sn gloria y riesgo (le la misma vida que V. E. ha querido conser- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 688 80LETIN MILITAR ~ var. V. E. no puede ignorar todas las penas que se snfren en este estado, aunqne la fortuna jamá le haya redueido {t, expe­rimentarlas: V. E. no pucjecutado la con pira­eión del 25 de S •ptiembre: y yo he reprobado el proyecto enaudo apenas lo conocí <'n cm brión; yo he procura tn pri­sión, y mi" ÜtYore~ tns c~ulenar·q te lw (lt.~tPniclo para cohnarto clo iene . . " ......... o, .ño :yo w quie ·o .' ÍI o an. et b r1 e U( Ja ibe­ras colombianas; nada apete zco, .·ino vivir <:on algnua tran . CJnilidad en nn país extranjero y morir h:wijó mi detención en .1.: oviemhre pasado~ f.Jos preparati\~os que se hacen par:~ la guPrra jas con mo­viese ú Oolomuia? Uorupal mom nto me rcstitu. ·e V. E. el precio 'O dón d~ mi libt'rtad natural. ¡ Qné ohra tan acPptaule á lo. ojos del mundo mora 1! ¡ I.Ja liherta1l de nn antiguo colomhiauo, qne gobernó su país, que dio en .. :mnc:he y nu•lo al progrc:o d<~ lch cierrcins y d<" la educa­ción eomúu, qnP derramó sn . angr • .n los campo· de uata.lla, qne le sil'\'ió dnrantB identP. he cha por la convocaci6n granadina, J egresé á la Nueva Granada. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 891 fccción de la que V. E. me ha dejado el 12 de Noviembre. Hag·a V. E. expedirla, como encarecidamente se Jo suplico. Castillo de San José de Bocachica, á 24: ligro el C'jército inglés, npenas fuerte de 200,000 hombres, ~ólo porque e. te relativo J'Uiinclo de sold¡¡ por su carácter, os de­jan la mayor latitud en la elección de los me<.lios que deben cm· plearse para pacificar cuanto antes la región que se somete á vues­tra autoridad. "En los términos del Decreto de 29 de Septiembre último, esa región comprende el país de los Bezanozanos, ó sea el valle del Manforo. l'v1i intención es poner á vuestras órdenes tres com­pañías de vuestro batallón y la 4·" d ... la legión extr-tnjera, para mantener el orden en el valle y asegurar, en primer término, la norm:tlidad del camino militar entre Analamazaotra (inclusíve) y Ankeramadinika (exclusive). "Vuestra atención se dirigirá de preferencia á la protección inmediata de ese camino, con_ frecuencia inquietado desde hace Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 694 BOLETIN MILITAR ~ algunos días, en los alrededores de Analamazaotra, por partidas que parec~n venir del valle del Manforo. "Os adjunto copia del informe rendido sobre el particular por el capitán de ingenieros, comandante de ese camino, y cuyas conclusiones me parecen muy razonables. "Os toca combinar una operación entre vuestros diversos puestos á fin de indagar el centro evidente de esas bandas de me­rodeadores, y conquistarlo con toda la prudencia del caso. En se­guida dejaréis allí un puesto enlazado al camino por una trocha abierta en el bosque. Vigilaréis además la entrada occidental de la selva con un puesto bien colocado en el valle del Manforo. "Desde otro punto de vista más amplio, examinaréis si no es posible ocupar paralelamente al camino una línea militar marcada por un río, una serie de alturas, otra senda, etc., porque es claro que el camino principal se guardará cubriendo el terreno aledaño. "Cuando la seguridad del camino militar sea un hecho, podéis pensar en extender la influencia de nuestras armas hacia los límites del territorio de vuestro cargo, dirigiendo de preferencia vuestros primeros esfuerzos hacia el Norte para poneros en contacto con el Comandante Rouland en tierra de Ambatondrazaka, sin dejar de combinar operaciones con las del Comandante Mougeot (encarga­do del círculo de Ambohidraboly) y las del 'Teniente Coronel Bor­bol- Combret lencargado del Circulo de Ambatomanga), para que la faja estrecha pero continua de bosque:; que forma d borde de la mesa de Emyrna no continúe siendo una guarida de insurgentes. En fin, del lado de Beforma, de cuyo territorio estáis aislado por la gran selva, no debéis perder de vista que las poblaciones, a un cuando en calma por el momento, pueden ser arrastradas por las bandas que atraviesen la selva, lo que demanda una constRnte vigi­lancia sobre esa clase de tentativas "-Gallieni. El G_ncral fr. ncés on.J ...... nó, ad..:m.í ·, á lo Comandante de círculo el envío de inf>rm~s perióuicos, p lítico y militares, sobre los acontecimientos del p ..... ríodo en referencia, sobre los progresos de la pacificación y reorganización ad 11Ínistr.1tiva, etc. Y las res­puestas á eso mformc~, que eran la critica de las operaciones cum­plidas, indicab:tn la mJ.rcha que debíJ. seguir;e en lo futuro, á la vez que ponían á los com1tdante· de círcul al corriente de la situa­ción en los círculos vecinos. De esto trataremos en el próximo nú­mero- Continúa. __ .....,.. . ._ __ (Continuación) VI Cerea de las minas de esmeralda , al otro lado de Jos cerros que demoran al O. Pras < tica , cuyo ,,¡\"ir e" UH< u por a n~rignar : la si t nación é im­portancia lo sn. O(licho coutenre". Nacen 35 en el tran ,curso (lo doce mc::;es en todo el distrito (800 bal.>itantc ) y mnereu JO; por m< uera que aquello camilla rápitb.mente ~1. la
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 180

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 8

Por: | Fecha: 23/02/1901

BOGOTA, FEBRERO 23 DE 1901 SERIE Il-TOMO l-11. • 8.• BOLETIN MILITAR DE COLOMBIA Organo del Ministerio de Guerra y del Ejército !on colaboradores de este periódico Jos Jefes y Oficiales del Ejército l Director ad honorem F. J. VERGARA Y V. + General de Ingeniero11, Miembro « l.: tlcularmente del establecimiento de puentes, se compone de pontoneros; la segunda y tercera se forman de zapa­dores propiamente dichos, y la cuarta de minadores. Además, por oposición á esta última, las otras tres se llaman de campaila (Feld­Compagmen). Los ejercicios de estas compañías son enteramente diferentes, salvo lo que concierne al tiro y á la instrucción militar general. En virtud de la naturaleza misma de la misión que les incum­be, las compañías de un batallón no están destinadas á obrar en conjunto, ni aun en caso de guerra. Constituyen, por el contrario, otras tantas unidades independientes unas de otras, y se agregan á los diversos elementos del cuerpo de ejército. Así pues, en el momento de una movilización, un batallón de zapadores se disuelve inmediatamente. La compañía de minadorei forma en la Guardia siete secciones de telégrafos de campaña . en el cuarto batallón cinco secciones de telégrafos de reserva, y' en todos los demás tres compañías de zapadores de plaza. La compa- • V éanse las Expedicio1us Inglesas en Asia, págs. 241 y siguientes. El com~ bate de Maiwand se verific6 el 27 de Julio de 188o; comenzó á las 11 y 45 m. de la mañana, y terminó como á las tres de la tarde; las fuerzas del General Burrosos ascendían á menos de 3,000 hombres, que tuvieron que luchar contra 25,000 afganes. "Nuestras tropas, escribe el Feld Mariscal Roberts, fueron puestas en completa derrota, y deben dar gracias á los Afganes por su lentitud en la per­secución, lo que las libró de una destrucción total." De los 2,476 hombres com~ prometidos en Maiwand, murieron 934, entre ellos 2ooficiales ingleses, y queda­ron 175 heridos ó dispersos; los ingleses perdieron, además, gran cantidad de armas y de municiones. (Forl)' om Yfars itl ImHa, fOr el Feld Mariscal Lord Robert., pág. 470) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Militar ñía de pontoneros y una qe las compañías de zapadores se repar­ten entre los equipajes de puente divisionarios y las dos divisiones de infantería. La otra compañía de zapadores queda á las órdenes directas del comandante general del cuerpo de ejército. A cada una de estas compañías se agrega por lo demás cierto número de minadores para el caso en que haya necesidad de ejecutar algunos trabajos que requieran esta especialidad. En fin, el jefe del bata­llón y su ayudante cesan de hecho de ser oficiales de fila, y se les pone como oficiales ingenieros á la disposición del comandante ge-neral del cuerpo de ejército. ' Por otra parte, aun en tiempo de paz los oficiales de zapado­res no forman en cierto modo parte integrante de los batallones, á los que no se destinan sino temporalmente. No existen en Prusia, como en Rusia, oficiales de zapadores permanentes; no hay más que un cuerpo de oficiales ingenieros, del cual van por tumo á pa­sar cierto tiempo en los batallones de zapadores para familiarizar­se entre ellos con el servicio de zapadores de campaña, en tanto que sus compañeros se emplean en los trabajos de plazas fuer­tes y en las direcciones de los del cuerpo. Si bien reglamentariamente todos los tenientes deben desta-: carse durante tres años al batallón de zapadores, en realidad la duración de esta residencia varía un tanto, en un sentido ó en otro, según las necesidades del servicio. Por lo que hace á los capitanes y jefes de batallón, deben por regla general pasar cinco años de servicio en filas. Así pues, cada cinco años próximamente es cuan­do cambian de jefes estas diversas unidade . Se comprende que en semejantes condiciones es imposible es­perar de los ingenieros una ejecución perfecta en las maniobras y evoluciones del conjunto, cosa que por otra parte no se les pide. En cambio, todo lo que constituye su especialidad es objeto de la rnás seria atención, y estos ejercicios, dirigidos por oficiales que han recibido como ingenieros una instrucción muy sólida, condu­cen á resultados notables. Una sola circunstancia se opone á que los trabajos de mina y zapa tomen el desarrollo conveniente, y es la deficiencia de los lu­gares destinados á su ejecución. Cuando se han visto los inmensos espacios de que disponen en Rusia los batallones de zapadores para ejecutar sus ejercicios y sus experimentos en la más vasta escala, es imposible no encontrar bien mezquinos los que se ponen en Prusia á su disposición. El gran desarrollo de los cultivos y el precio elevado de los terrenos son para estas tropas una traba de las más molestas. Por lo wis­m o, el batallón de zapadores de la Guardia no tiene otro sitio vara sus ejercicios que una pequeña extensión de 213 metros, tomado en el mismo gran campo de maniobras de Tempelhof y situado en las vecindades inmediatas á los barrios de Berlín. En este estrecho espacio es preciso ejecutar todos los trabajos de zapa, y vense en consecuencia forzados á reducirlos á un estudio puramente técnico de las cuestiones, puesto que la necesidad de apro'ximar las obras unas á otras hace que no se pueda dar á sus Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn Milüar diversas partes ni á la extensión que las separa, sino di'Tlensiones muy poco cercanas á la realidad. Cuando se trata de cargar y hacer saltar las minas, es sob1·e todo cuando el vecindario de la ciudad se mues.ra extremadamente intransigente. Estos trabajos se hacen, en efectv, á 400 pasos apenas de las últimas casas; tampoco pueden dar fuegu á grandes f.Jgatas, y aun se e\'itan las pequeñas, pcrque es prec1so á cada ejercicio entenderse con la policía muniCIJJaJ, etc. Agre6uemo:; á e to que el estrecho lugar donde se ejecutan tc..dos lo~ mvvimientos de tierra ha sid.J de tal manera ca vad1J y removido, que ha venidu á ser casi jmposible encontrar allí una pulgada de terreno natural. De. pués de cada ejercicio, está übligadu el ba­tallón á nivelar por sí mismo el suelo y á destrufr todas las obras que acaba de ejecutar, para que otro pueda t:mprender idéntica la­bor en el mLmo sitio. Preciso es decir, no obstante, que la insuficiencia de la ins­trucción práctica reciuida así por los zapadores en el Cuerpo de Ingeniervs, se encuentra algo compensada por la parte que turnan. de conciert..> con la artillc..:ría de campaña y de plaza, en las ma­niobras llamadas de sitio. En cuanto á los ejercicios del conjunto ejecutados pnr los in­genieros fuera de su especialidad, son los mismos que en la infan­tería, pero menos desarrollados naturalmente. Voy á dar aquí un resumen de todas las noticias que me ha. sido posible recoger, algo á la ligera, so bre la man<·ra c0mo ~e da la instrucción durantt~ los dos perívdos, llamados d~ ti.v/erno y d~ tstio, entre .os cuales se reparten todos los trabajos de un batallón de ingenieros. T;abajos de iiw/enro, dtsdt princ.p:os dt AtrlJlemlrt ha!la med.'ado$ dt Febrtro I-Instrucción teórica Esta se da en tres escuelas 6 clases: 1.0 La escut la de compaíiía, cinco días por semana. Arte del pontonero y del minador, tres horas; trabajos de zapa., una hora; nociones generales sobre el servicio del so dado de in­genieros, cuatro horas; 5ervicio interior. tres horas; lectura, es­critura y aritmética, cinco horas. En total, diez y stis horas. 2. 0 E·cuela de balal/J11., cinco días por semana. Arte del pontonero y del minador,dos horas; trabajos ~e zapa4 una hora ; nociones generales sobre el servicio del sold~do de in­genieros, seis horas; fortificación, ataque y defensa de plazas, una hora; dibujo, tres horas; aritmética, dos horas; servicio interior 7 estilo militar, dos horas. En junta, diez y siete horas. En el batallón de ingenieros de la Guardia y en el de Magde­burgo (4.0 ) se dan además lecciones de telegrafía militar (una hora ~r semana), por un funcionario de la Administración de Telé­grafos. TOKO 1-16 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. J.0 La clase de los candt(Jatos (Aspiran/en-Klasse), cuatro horas por semana. Los cursos duran dos años, pero la enseñanza no se ¿a sino durante los tres meses y medio de im·i~rno. Comprende : las matemáticas y la mecánica que es indispen­sable para el estudio del arte de las construcciones, y el dibujo. Además, se ejercita á los alumnos en apreciar los materiales de construcción y en dirigir los trabajos <.le terraplenar. Todos los detalles de los programas, los días y horas de los cursos, así como la forma que se ha de dar á la enseñanza, son re­glamentados por el jefe del batallón. La clase de los candidatos recibe como alumnos á los Sargen­tos más antiguos del batallón, destinados á ocupar más tarde los. emplevs de JVa//msúter * y otros análogos en las plazas fuertes. La escuela del batallón está destinada para todos los sargen­tos que hayan seguido el curso de la escuela de compañía, para los enganchados, gifrdle, y para aquellos voluntarios de un año cuy~ instrucción cvn .respecto á los ejercicios tácticos está bastante a van­zada. El curso de trabajvs de zapa es seguido por los sargentos de • todas las compañías del batallón; el de puentes militares, por los de las tres primeras compañías, pero el de minas, en fin, que se ha':e bajo la vigilancia inmediata del capitán de la compañía de minadores (cuarta compañía), no lo es sino por los sargentos de esta última. Procúrase siempre elegir para dar estas lecciones las horas en q'.le pueda asistir el mayor número de sargentos. La escuela de compañía está destinada para todos los hombres (á excepción de los recluta~) que no siguen el cur~o de la escuela de batallón. El arte del pontonero no se en eña sino en las tres pri­meras compañías, y el dd minador en la cuarta. En la clase de los candidatos y en la escuela de batallón los cursos se dan por los oficiales, y en la escuela de compañía por los fe/dwelel y lvs sargentos más antiguos. U- Trabajos pr.ícticos Maniobras por toda la fuerza, gimnástica, ejercicios de punte­ría, servicio de guardia, resolución de problemas geométrico~ sobre e) terreno, y ejercicios preparatorios para la construcción de puen­tes. Estos comprenden: conducción del material, transporte de vi­gas y maderos, uso de los diferentes cordajes, factura de nudos y navegación. Todos estos ejercicios son ejecutados por las tres pri­meras compañías, y también, pero con menos extensión, por la cuarta, La carga y descarga del material de puentes-Hakct-E.,..·erde ... rm-no se hace sino por las tres compañías de campaña • ~. • Alg) así como los oficiales celadores del cuerpo de ingenieros-H. tf,¡ 'I. •• Ya hemos dicho que se dcsi¡:na de este modo á las tres primeras eompa• iMLs, por oposición á la cuarta. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B de oficiales y sargentos destacados por los regimientos de in-. fantería. Se designa á este efecto un capit~n ó t~niente del bata­llón de ingenieros que se encargan de la instrucción teórica y práctica, el primero de los oficiciales y el segundo de_ los sargen­tos de infantería. Los zapadores están armados de fusiles cortos, del sistema Máuser, del mod lo- adoptado para los batallones de cazadores1 ; pero los ejercicios de tiro son mucho ~enos extensos en esta arma especial que en las otras tropas á pie. :No se asignan anualll'\ente' cada Qficial, sargento y soldado siQo 4 ca.rt~~9S: $in ba~ y 3$ con eLla .. ~l-h4~llón no t~ne cada año. pcu¡a ~l ~n~.e.t~~o ·~ ~_us blancos,- sino Ur:'A suma de gtá marc~.\ao: p:JS~~s Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletfn Militar En cuanto á las reglas que se siguen para dar la instrucción del tiro, se puede acudir á lo que hemos dicho á propósito de la infantería. El curso cnmienza igualmente en invierno y dura casi todo el año, pero las sesiones son frecuentes, sobre todo durante el verano. Casi todos los batallones de zapadores tienen sus campos de tiro particulares, organizados .como los de infantería, ó bien, en defecto de lugar especial, lo comparten con el de las tropas de otras armas. Los hombres, según su destreza en el tiro, se dividen como en la infantería en tres clases, y no pueden pasar de una á otra sino satisfaciendo á condiciones análogas, pero más fáciles. El tiro de inslrucáón, ejecutado en la infantería á las grandes distancias, no se verifica en los batallones de mgenieros; éstos no se ejercitan en tirar más allá de 250 metros, porque sólo á peque­ñas distancias habrán de encontrarse comprometidos en tiempo de guerra. Hé aquí, en fin, cuáles son, aparte de las inspecciones interio­res del jefe del batallón, las que se pasan cada año en los inge­nieros: En Mayo-1.0 Inspección de las maniobras tácticas del bata­llón, pasada en la Guardia por el Emperador y en la línea por el Comandante general del Cuerpo de Ejército ó su dekgado. En el vera1u;-2.0 In pecci6n de los ej e rcicios (Speciales del instituto, por el Inspector de ingenieros. Se hace subre d te­rreno en donde han sido ejecutados los divf'rsos trabajos. J.0 Una inspección técnica detallada del material se pasa igual­mente cada dos años por el Inspector del cuerpo.-Cor.l.núa. ------ ~._ ____ __ OPERACIONES MILITARES DE LA EPOCA , , , PASO DE LOS RIOS POR LA CABAL! ERIA-METODOS ANTIGUOS Y MODERNOs- LA ENSEÑANZA DE LOS CABALLOS-DIVERSAS MA~ERAS DE QUE PASB LA TROPA (De f..a flustraciÓ1l Militar de Quito) Desde que la caballería posee un arma de precisi6n de largo alcance, su importancia ha crecido, pues su papel no se limita ya á txplorar, pt·otegu· y cargar; hoy puede concurrir á la acción Cúmún, en el seno mismo de la batalla. Gracias á su carabina de repetición, capaz de tanta resisten .. cia como poder ofensivo tiene, la caballería necesita menos del apoyo de las otras armas; y puede, por consiguiente, alejarse con confianza, de modo que si sabe utilizar oportunamente su rapidez y el poder de su armamento, encontrará muchas ocasiones para rea .. lizar gloriosos hechos de armas. Efectivamente, la caballería se mueve, se despliega y empeña la acción rápidamente, quedando siempre dueña _de interrumpirla cuando le plazca, gracias á la facilidad que tiene para esqu:varse y ponerse prontamente fuera del alcance de los ataques celaJ versario, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo/et{n Militar Su ~parici6n inopinada por los flancos 6 por la retaguardia de un cuerpo enemigo, es capaz de producir en éste un gran efec­to moral; y su ataque brusco lo desconcierta, lo obliga á desple­gan- e prematuramente, provoca de su parte una falsa maniobra, Jo enJaña, lo cansa, gasta sus fuerzas, y lo deja, por fin, en el vado, cuando no lo fuerza á batirse en retirada. Semejante modo de acción puede, pues, tener para la caba­lJería c0nsecuencias tácticas muy felices ; pero para que las alcan­ce es preciso que ande rápidamente·! y oculte su marcha. La caballería va ligero, no cuando avanza con el paso más rápido, sino cuando toma el camino más corto ; y se hace menos visible eligiend0 la dirección menos vigilada, la más oculta, segdn ]as condiciones del terreno. Debe, p-:>r lo tanto, evita·r frecuente­IJlentc los caminos transitados, buc;car su vía en campo raso, por entre las ondulaciones del suelo; pero entonces encuentra obs­táculos. ¿Cuáles son esos obstáculos? ¿ Las montañas? Nó, pues en 1800 la caballería siguió al primer Cónsul J-lOr sobre las cumbres de los Alpes. _ Esos obstáculos, objeto de la constante preocupaci6n de los oficiales por causa de las dificultades que hay que vencer para franquearlos, y del peligro á que ex punen á una tropa que los tiene detrás, cuando el enemigu está cercano, son las corrzenlts de agua. Pasar un río es siempre una operación delicada para una tropa de caballería que no dispone de puentes ni de vados. N..> hay que asumbrarse, pues, al ver :i Jos jefes de esta arma esforzarse por encontrar y ensayar los medios prácticos de esgua­zar una extensión de agua. ' EL PASO A NADO El medio más sencillo y más expedito consiste en pasar á nado, PI hombre sobre el lomo del caballo, ó nadando al lado de éste. Me dio evidentemente positivo, que los Arabes usan y cuya in­vencirSn se atribuye á los Cosacos. Si queremos vol ver más hacia atrás en la historia, hacia Jos tiempoc:; heroicos de las luchas de Cartago y de Roma, vemos á Aníbal en las orillas del Rótlano, preparado á cruzar el río con su ejército antes de elevarse por encima de la barrera de los Alpes. ¿ C6mo procede su caballería? Equorum pars magna na11les lorú a jmppz'lus lrahebanlur, protler tos, quos inslratos frenalosquf, ul exlemp/(J ef{reso tiJripatz e t¡m1i ustd usml, ziuposueranl zlt naves. (Tito Livio, H.slort'a Romana, libro xx1). "L'l mayor parte de Jos caba11os nadaban conducidos de la brida desde arriba de la popa, con excepción de los que habían sido emba reacios con silla y freno, para que el jinete pudiera ser­virse de ellos al llegar á tierra." Así puc~, en el añ0 288 antes de Jesucristo los jinetes de aquel ejército que realiz~n una hazaña sólo renovada después por Napoleón, se separan de sus caballos y pasan el río en barcas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet!n Milita~ Anfbal había reunido una gran cantidad de barcas y botescons­trufdos expr.esamente para la comunicación de las dos orillas ; los. Galos habían recurrido á otra clase de embarcaciones: troncos de árboles .ahuecados, y los soldados mismos, incitadus á la vez por la abundancia de los materiales y por la facilidad del trabajo, ha· bían hecho de prisa un gran n1mero de peq:.!eños botes uniformes destinados al transporte de sus personas y efectos; por fin, el ge .. neral cartaginés había hecho construír grandes balsas para que pasaran en ellas sus elefante~. . Mientras que dirigía todos esos preparativos, había enviado AnJbal á uno dP. sus tenientes, Hannon, á hacer una demostración en Ja retaguardia del enemigo, que ocupaba la oril'a opuesta. Han­non se puso en marcha, fa vorccido por la oscuridad de la noche. con una parte de sus tropas, principalmente españoles: suLió el río durante un día entero, y se detuvo en un punto donde el Ró­dano, dividiéndose para abrazar una pequeña isla, era más ancho y por lo mi mo menos profundo. Los solda<...os se pusieron apresura .. damenfe á cortar árboles y fabricar balsas, con ayuda de la~ cua­les transportaron á la otra orilla hombres, caballos y ec¡uipos. Los españoles no se dieron tanto trabajo : se desnudaror, pusieron sus vestidos sobre odres que empujaron hacia el otro lado, y atravesa­ron el río chados sobre sus escudos. Todo este relato de Tito Livio, tan interesante á no ser en lo que se refiere á los españoles y á los elefantes, merece ser aún más conocido, porque explica con bastante fidelidad los medios de pa­$ ar extensiones de agua adoptados casi exclusivamente, hasta hace pocos años. PRIMERAS REFORliAS En Francia, por Jo menos, no existía stquiera una orden de un Ministro que estableciera reglas para el paso de extensiones de agua por la caballería. Hasta se podría decir que antes de la guerra francoalcmana los gobiernos se habían dC' . cuidado completamente de la cues­tión. Sin embargo, n 1867 el Mini tro de la Gu _rra, Mariscal Nie1, comprendió que allí había una laguna qué llenar. "La caballería-escribía el Mariscal Ni 1 con fecha 8 de Marzo de ese año-tiene con frecuencia la misión de reconocer el curso de un río no vadeable 6 de pasarlo forzosamente á nado, y, por lo tanto, importa que se ejercite en esas prácticas de guerra. "No se me oculta que sería imprudente emplear de e~a ma­nera cuerpos enteros; pero es irrefutable que algunos jinetes ais­lados, de buena voluntad y bien ejercitados, pueden pre~tar gran­des servicios como exploradores, principalmente si e~tán pruvistos de caballos habituados á nadar con su jinete á cuestas." CuJ,ndo con el impulso dado por el General de Galliffet, la l.balleda vol dS á sus sanas tradiciones del primer imperio, sus jefes comprendieron que las corrientes de agua no debían ser en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn Militar adelante obstáculos para ePa, y cada cual se esforzó, como hemos visto, en hallar un método aplicable al arma. En cuanto al paso de los dos á nado, hubo apenas alguna$ tentativas aisladas, efectuadas por pequeños grupos; y como ese procedimiento no se podía generalizar, se r nunció á él. Su aplica­ción implicaba, por otra parte, la destrucción prematura de las prendas de vestuarios de los hombres y de los arneses de los ca­ballos, y exponía á homl::res y caballos á excoriaciones y heridas si, como es lógico, la marcha continuaba sin esperar á que se se­caran los vestidos y las monturas. Hacer pasar los caballos en balsas no era posible, á menos de construír éstas de manera que fueran muy vastas y muy e tables, condiciones que exigen muchos materialP.s y mucho tiempo. En resumen, se generalizó un método mixto: pa ar los hom­bres y las silla<; en barcas ó bal ·as, á veces por puentecillas, y los caballos á nado, ya en tropilla, es decir. agru~edJS y arreados hasta la otra orilla; or·a tirados de las riendas detrás ele las balsas, ya, en fin, conducidos á lv largu del puentecilla por un soldado. (Del fr.mcés) Gmtim11J ----+Jill!to---- MARCHAS Y CAMPAMENTOS Oontfoda 7. M:trchas forzadas, secretas, á la ligera, en posta, en ferrocarril, de uoche Todavía se reconocen en t,:ct .ca y ~slraüg/a otras variedades de marcha, según la disposición, manera ó celendad con que se ejecutan. En general, mrrrlw fot·zada se llama (por oposición á la que es 1·euular, 6 por tránsitos y eta¡..,a~) á toda la que dobia ó triplica esta~ últimas: á la que en tiempos iguales recurre espacio mayor que el ordinario. En un porven:r que <.'5-tamos tocando, en que los f rrocarriles juC:>guen como ''erdadcros elema:hs de guerra, l>icn se ve que e~tas clasificaciones serán ociosas; pero hay que citarlas, puesto que hoy subsist ·n. Una marcha á pie puede empezar á llamarse fi rzada desde siete ú ocho leguas ha~ta diez 6 duce; siempre tvma.ndo <.n cuenta el objeto, la estación y el estado del camino. La marcha crdinaria de pequeñas columna suele ser de cinco 6 seis leguas, unvs 30 6 35 kilómetros; aunque para nuestra infantería, cuya. fama de an­dadura es universal y merecida, casi puede decir e que no hay distancia, ni trayecto fijo, pues marcha ~in c~fuerzo como y cuando se le manda. Sin mbarg·o, diez 6 doce leguas ya ocasionan reza­gados ó despeados. La ca ballerfa. marchando sola y bi n cuidada, duplica próximamente la marcha de la infantería. Entrambas re­quieren mejor asistencia, doble ración ó por lo mero~ abundante, algún regalo ó refresco de Yino, café, . tabaco. El alto central <:s necesario, y el descanso, el reposo md1spensable, como se ha di­cho, cada cuatro ó cinco días á lo menos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{Jz Militar Napoleón 1 entre sus máximas incluye la siguiente: "Un ge­neral n..> debe saber sino tres cosas en la guerra: rr archar diez leguas al día, combatir y acantonarse en seguida." Willisen da un ~ >co desfi6"urada esta concisión favorita dd gran maestro, donde dice: "La mis perfecta soluci1)n del problenl'l de la gun·ra no pued.:: obtenerse sino caminandJ simultánt:amente, por los dos caminus los tSpac:os y el tiempo, esto es, dirigiéndose contra las co­m:. tn."c.zc,(m!s dd enemig-.> con la rapidez del relámpago, haciendo t]tti'nce legu.zs por dirz, cum.:> algo exagt:radamente prescribe Napo­león." La exageración será del autor alemán; pues, como se ha visto, Nap..>león ó sus comentadores prescriben duz lt•guas, que no es p..>c..>. D! todos mod.>s, estas citas vienen á comprubar cuánta super:orid..z 1 da á una tropa ó ejército el marchar bien, mucho y á tiem¡.>.). L'l ocultaCl:sn y la celendad son condiciones indispen ables,. lo mi~mJ á todo mJvimiento eslratég."co que á toda maniobra lt:clr"ca. Así l0 condensó el mismo NapJleón en aquella fra e casi ininte­ligible p0r lo profunda y sent~nciosa: I:.'l secrdo de l..z ~uerra está m el secreto de las comum"cac,·ones. Al decir marcha oculta y secreta, hablando <.le una de maniolra, ya se Pntiende que no ha de tomarse el calificati,·o al ¡.>ie de la letra. E 1 rig-or, sólo deberían llamarse así las que se empren­den de noch! para u:1a sorpresa ; mas. por extensión, marcha secref,z se dice de toda la que es ignorada, 6 no muy conocida y presumida por el enemigo, aunque él esté muy cerca y la marcha se haga á la luz del día. Teóricamente, toda marcha de ma­niobr l debería ser (orzada y secreta; pero en la imposibilidad ma­terial de que así suceda, iempre con"iene aproximarse, singular­mente cuando se tiene zrl/úat.ira, cuando hay que anticiparse á tomar una posú:z"óu, á socorrer una plaza de guerra. Aftzrchas d la lL:~cra, que siempre tient'n algo de forzadas, son aquellas que ll e van por objeto una o.j;td."cú'm ó gol¡e de mano, una tlem os lraci:m, (¿versz:)n 6 fslr rlagema m u y calculada, y n la , que se prc cinde de todo embarazo, bagaje 6 t!nped,'uJeJ.ta~· de la arti­llería ~ruesa y sus reservas ele m unicionc s ; y á veces la infan­tería de su mochila y la caball .. ría de ~u grupa. Las antiguas marchas rn pcsla, no por la existencia de los ca­minos de hierro han perdido su interés é importancia. Al contra­rio, quizá s e rán más títilt:s y frec 1lentes, para llegar trans\· rsal­mente á una línea férrea y tomar más pronto los vagones. lvlar­char en po: ta es simplemente montar la trupa, si s pequ ña, en acémilas; si es grande, y si los hay, en carros tomad es por n .quü.i­ción; 2.000 á 2,500 hombres necesitan unos 250 carros, y éstos á razón de 10 ó 12 metros ocupan cerca de tres ktlómetros. Por lo regular no toda lL infantería va montada; se e: o m bina y alterna para descansar. L s carros no deben hacer más de dos jornadas,. para causar menos perjuicios; lo cual exige relevos bien di pues­tos y prevenidos. La zlnped/menla, en estas marchas rápidas, como que ha de separarse de las tropas, se organiza en co?Z7JOY con su co­rrespondiente escolia, y se la dirige á un punto determinado de an­temano. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar 249 · Respecto á las marchas por ferrocarrz1, que tanto juego han tenido ya en las guerras de Italia, E~tados Unidos, Alemania y Francia, com::> preludio de más extenso y ordenado empleo, no se desenvuelven aquf, porque el oficial conocerá en esta parte y ha­brá estudiado el Reglamento para el transporte de las tropas por los ferrocarriles. Algunos prufetizan que los ferrocarriles, cuando estén com­pletas las redes, han de producir en la guerrd modificaciones qui­zá superiJres á las que introdujo la invención de la pólvora. No hay duda que así como en t,!ctú:a en el campo de batalla las nue­vas armas hoy la dilaté.n y ensanchan, así la grande extensión de ferrocarriles y telégrafos ensanchará el círculo de la estrategia. -Elbs, en fecto, extt..:nderán desmesuradamente los teatros de gue­rra y de operaciones. Ya en el día empiezan á constituír podero­sas lín~ ·zs de op~r..z:."onJs y de co:n:.micaci. mes; aceleran la coucmlra­d! m inicial, ligan con las reservas~· desligan á la ez á los grandes cuerpos de las antiguas trabas que los sujetaban á una base única ; facilitan los movimientos envolventes y los difíciles cambios de hase y objetivo, y las peligrosas alternativas de ofensiva y defensiva; ase­guran la subsistencia del ejército, trayéndole rápidamente refuer­zos, municiones, vituallas, refrescos, medicinas; abrevian la eva­cuación al interior de herid-.>s, enfermos, prisioneros, botín, impedi­mmla; permiten operar sin riesgo en comarcas pobres. Se perci­ben ya 1 s nuevos horizontes que se abren á la fc-rlijicaci.'m, á la ca­oallerú. z; los anchos moldes que sustituirán á la pedantería teórica y doctrinaria; la soltura que darán á marchas y mam·obras, y, por consig·uiente, la expedición á jefes y oficiales subalternos. El ervici militar de ferrocarrile está a ignado al Cuerpo de Ingenieroc;;, porque su complicado mecant, mo exig~ un estudio anticipado y una seo-uridad perfecta en el manejo; es anilogo al de pontoneros, •n que cada hombre tiene que saber y jercitar muy de antetflano su papel especial. Pero así como en este último ramo, que no puede ser más técnico, el oficial de las armas g-ene­rales debe tener nociones adquiridas de ant mano sotre ciertos puentes llamJ.d JS de circu:1stancia , sobre ciertas obras de fortifi­cación impruvisada, así también d be aclr¡uirirlas sobre ferroca­rriles, puesto que quizá se le encargue el reconcc,!m'enlo; la guar. da de un trozo de vía, muy análoga á la de un río ; la destrucción, la restauración 6 habilitación, el ataque ó defensa, el guerrilleo, si así pudiera llamarse al ra/d de los generales Stoneman y Stuart en la guerra de los Estados Unidos, y, en fin, esa otra comisión, militar y civil á la vez, mezcla de orgánica, administra­tiva y táctica, que se llamará Comandancia de etapa ó de estación. P,)cas palabras bastarán sobre marchas de noche. Recu~rJese, ante todo, que se deben evitar en lo posible. Fa­tigan más que tres de r:iía ; se anda menos que con el calor más rigoroso; dejan muchos rezagados y extraviados; es inútil ó im­posible la combinación de las armas; la caballería y la artillería embarazan, más que auxilian; y hasta en soldados curtidos entran terrores y extrañas alucinaciones, que les hacen "ver de otro modo " Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. zso Boletfn Militar' las cosas y el país mismo, aunque lo conozcan, y que producen p'-­nicos y desórdenes inconcebibles.-Continúa JOSÉ DE ALMIRANTE Mi§tn€ia ZUMALACÁRREGUI GURR.RA CIVIL DE NAVARRA, 1834-183,5 Trauucido para el Boletftz llfil.'tar Co11t:mia El teatro de la guerra no es menos singular que el plan de la campaña ; tiene poco más 6 menos veinte leguas de extensión de extremo á extremo. Lo constituye Navarra y muy particular­mente la parte de esta comarca de que Pamplona es el centro, y que, titulándose reino, aun cuando no tenga más de 250,000 habitantes, es una gran masa de montañas donde apenas tienen las aguas una salida, pues brotan, por así decir, á modo de arroyos entre las sierras que las oprimen, y aumentan la corriente á medida que és­tas avanzan, hasta reunirse al fin, después de haber rodado en todos sentidos, en una g-ran cuenca que se inclina hacia el Ebro y que está circunscripta de Este á Oeste por el curso de tres ríos: Aragón, Arga y E6a; esta es la Ribera. Cada pliegue de las montañas forma un valle de trc.s, cuatro, cinco aldeas ; éstas son Bastán y ~us al­rededores, al Norte; al de~cender al Sur, Lan, Ebro, Ronccsva­Jle , Ayescoa, alazar, Roncal, etc.; en fin, las Amezcoas, Bo­runda, Berrueza, Solana, Guezalaz Araquil, etc. Al a\·anzar al Oeste, de Pamplona á Victoria, se encuentra la famosa ruta que enlaza las dos planicies en las cuales e5tán edificadas las dos capitales de Navarra y de Ala Ya, y donde en­contraremos las mismas guerrillas tan funestas para nuestros con­voy S uurante la guerra española. Los Navarros que habitan esas aldeas perdidas en el seno de las montañas, son perezosos cultivadores é infatigables solda­dos; de suerte q11e sólo distracciones apetitosas ó peligros graves logran sacarlos de su indolencia. Sobrios como los Arabes, pasa­rán días enteros sin comer, fumando cigarrillos; pero todo es que llega una fiesta local, y la prolongan cuatro 6 cinco días, entregados á comilonas que duran cuatt·o 6 Lineo horas. Contrabandistas, cuando no son soldados, no sueñan con la ga­nancia sino con la victoria y la a ventura. Durante este tiempo, de­jan sus mujeres cultivando el campo que debe alimentarlos, siendo de advertir que la Navarra se ve mucho mejor cultivada entonces que cuando los hombres no están en armas. Celosos con su indepen­dencia, tienen sus costumbres locales, sus fueros, como una supers­tición. " Libres como el rey," al decir de ellos mismos, aman mu­cho al rey, pero al rey libre y mio, como patrono natural de sus propias libertades ; solamente que á es'e rey, á quien proclamaD Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 251 como á príncipe absoluto, niegan el pago del impuesto y el ser­~ icio~ militar. Al estimular su fuerza y orgullo. puede hacérseles capaces de todos los heroísmos ; pero nada harán por la simple disciplina. Algunos días después de su exaltación, Zumalacárreguicondu~o i sus soldados á la Ribera para estimular el movimiento insurreccio­na} de los habitantes; pero se acostumbraron de tal suerte á los ju­gosos frutos de la llanura, al generoso vino de Peralta, á la pródiga hospitalidad de los habitantes, que la autoridad de su jefe llegó á ser desconocida cuando éste dio la orden de marcha. Necesa­rio fue á Zumalacárregui afirmar que había insurrectos qué pro­teger y cristinos qué derrotar. Los Navarros no comprenden el honor militar como los soldados del ejército reglado ; de suerte que sin escrúpulo huyen del enemigo, aun en medio del combate ; si lo juzgan superior en número, esquivan el lance, pero e~to no quiere decir que no s pan afrontarlo: simplemente es que no gustan se diga que fueron vencidos en la lucha, y la fuga la adoptan como menos deshonrosa que la derrota. Cuando los creáis dt:rrotados, buscarán un punto más ventajoso para esperar á sus adversarios. Dejadles entrever el hmlot· de vencer, y recorrerán veinte leguas de un tirón para llegar al Jugar de la cita. Sin esto, se dispersarán y volverán á sus Cftsas, hasta que un común interés de venganza, que reemplace la esperanza de la victoria, los reúna de nuevo. Verdad que los fusilamientos perpetrados en las poblaciones carlistas por los cristinos, contriuuyeron tanto á reanimar la in­surrección como el prestigioso influjo de Zumalacárregui sobre los Navarros. El pueblo Vasco- Navarro ofrece temas sin número para una epopeya heroica digna del t·omancero, por cuanto po ee fuerza natu:-al y una grandeza rústica. Esto se demostró con frecuencia. En la última guerra civil hubo madres que después de haber perdido un esposo, un h1jo, solicitaban del General, en nombre de sus mismas desgracias, el honor de sacrificar una nueva pren­da por la causa común, y aquel padre que decía á su hijo ya agonizante, cuando lo llevaban por el camino de San Sebas­tián: "Me enorgullezco al verte morir por nuestra causa," es co­nocido de todo Europa. Por Jo demás, aquellos hombres enérgi­cos soportan con el mismo sentimiento de estoicismo la alegría y el d lor. PuJiera creerse que durante las calamidades y les horro­res de la lucha contra los crislinos, el aspecto de las poblacivnes debía ser triste y desierto; pues al contrario, nunca los Navarros fueron más festh·os y más dados al placer. No era cosa rara ver pueblos y ciudades, que los peseteros y los · carabineros habían saqueado por la mañana, sacudir por la noche sus cenizas y olvi­dar sus desastres para ponerse vestido de gala al aproximar­se los voluntarios carlistas. Las calles aparecían cubiertas de flo­res, las ventanas estaban empavesadas, se agitaban las bandas y los pañuelos, y llegada la noche, las melodiosas canciones y la$ ruidosas rondas despertaban por dondequiera ecos alegres. Habf~ entonces hambre de pasatiempo y placer, tornada más viva entre Neo IIU ¡ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletln Militar la matanza de la víspera y los peligros del siguiente día. La guerra ha pasado muchas veces sobre la comarca sin alterar su carácter primitivo. La población vivió de la guerra civil como en su elemento; tanto se acostumbró á ella, que únicamente subsistía de algunas galletas de trigo negro con pimienta y cebolla, durante las hostilidades, con el fin de tener siempre medios de suministrar raz(jnes suficientes á Jos dos partidos que se disputaban la vic­toria. Naturalmente las mujeres están acostumbradas á todos los ac­tos de esta existencia llena de peligros. Bravas y fuertes como hombres, las Navarras son sensibles y se sacrifican como heroínas romanas. Muchas veces las niñas pedían por esposos á soldados heridos, casi siempre porque habían recibido heridas vistosas, y rara V.:!Z los padres rehusaban acceder á tan singulares exigencias de amoroso patriotismo. Además de que ellas traLajan la tierra mientras que los hombres combaten, se encargaron de conducir los convoyes, y se las vio cruzar los campos de batalla por entre las balas, para retirar á Jos heridos, para auxiliarlos ó para distribuir cartuchos á los combatientes y animarlos con su presencia. ¡Cuán­tas veces Zumalacárregui no hubiera alcanzado la victoria sin su intervención en el combate 1 Zumalacárr gui comprendió muy bien que NaYarra y sus ha .. bitantes presentaban inconvenientes y ventajas, y supo evitar los unos y apro,·echarse de los otros. Además de los jóvenes disponiLles para el servicio, existían en Navarra los veteranos de la guerra de 1812 y los del ejército de la Fe de 1823. De estos antiguos gue­rrilleros, los unos se incorporaron en los tercios ó milicia provin .. cial, y Jos otros fueron nombrados aduaneros ó contrabandistas. Fue con estas dos clases de veteranos con las que Zumalacá­rregui formó las primeras compañías de u famoso batallón Guías de Navarra, que sirvió de escolta al General, y en todos los com­bates derramó sang•·e hasta el punto de tener que renovarlo, solda­dos y oficiales, cada cuatro meses por muerte en función de armas. Estas compañías escogidas, siempre mantenidas con su completo efectivo, con~tantemente obraron s0bre las columnas del ejército cristino destruyéndolas, pero á su turno di~minuían poco á poco, de tal manera que de los 8oo hombres de que se compünÍa el Batallón, al cabo de dos años no quedaban sino veinte del primi iYo personal. La admisión en los cuadros de este batallón escogido fue con­siderada como una rPcompensa militar, y durante todo el curso de la guerra se completó con lus voluntarios que se distinguían en los otros batallones, con los subalternos cristinos desertados ó to· m a dos prisioneros y que Zumalacárregui incorporaba como simples soldados. Cuando un oficial había sido rebajado en el ejército car­lista, también se le incorporaba sin grado alguno en las compañías del Guías. Una vez lanzado este Batallón, que, por decir así, lo tenía en la mano el General, jamás volvió sin haber abierto ancho claro en las filas enemigas, á la manera de la famosa columna in­glesa de la Maison Rouge en Fontenoy 6 de una bala de cañón. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolelt1z Militar 25.1 .Además del Guias, Zumalacárregui levantó otros tres cuer­pos en Navarra. Los cuadros de estos Batallones también muy pronto quedaron completados, porque á los Navarros sólo faltaba que un verdadero militar presidiera las bandas de insurrectos. Todo esto dio al General Carlista un efectivo de 3,coo hombres. Había llegado el momento de principiar la campaña partiendo de la zona más áspera de Navarra. Es de advertir que Zumalacá­rregui no obró casi nunca con más de 3,000 hombres, bien que sus victorias le hubieran permitido disponer más tarde de hasta 30,000 soldados. El mismo decía, en la hipótesis de una interven­ción francesa, á la cual temía, que en este caso licenciaría todo su ejército, para ocupar las montañas con solo el Batallón Guías y otros cinco cuerpos, como lo había hecho Mina en tiempo de la guerra de la Independencia. En guerras semejantes, la parve­dad de los medios empleados produce con frecuencia la gran­deza de los resultados obtenidos. Fue con menos de 3,000 hombres con los que Mina, El Manso y El Pastor (Jáuregui) paralizaron todos los esfuerzos de los ejércitos triunfantes de Napoleón. Continúa ------- ~~------- DE!IfOGRAFÍA CUNJJINAMARQUESA 1 Tema de fecundas meditaciones será sin duda alguna el cua• dro que en seguida se inserta, comprensi\'O de la pohlación muni­cipal de Cundmamarca en los años de 1842, r 86g y 1899, es de­cir, en tres períodos lt.: janos, como que del primero al segundo me­dian cinco quinquen os, y seis de é te al tercero, sin contar con que el padrón de 1842 se levanta en seguida de termin~r una gue­rra y una epidemia que casi diezmaron Jos habitantes; el de J 86g se acomete apenas principiaban á sanar las heridas de largu{ ... sima guerra civil, y el último representa el estado del Departa .. mento ucspués de muchos años de paz. · Los datos correspondientes á los dos primeros censos se en .. cuentran en el Archh·o Nacional ; los relacionados con el tercero nos fueron galantemente suministrados, de los libros de la JunltJ Censora, por el Sr. D. Carlos Pardo, con excepción de los Cúrres­pondientes á una docena de Municipios, qut no enviaron en opor­tunidad los suyos y que obtuvimos directamente de las respectivas autoridades municipales. · Los tres censos arrojan Jos siguientes totales : 184a 285,222 1869 4Qg,6o2 1899 572,084 que indican que la poUadún no se duplica sino cada 50 aiüJs. En próximos artículos insertaremos las demás reflexiones per-. tinentes á la materia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 15/- Botettn Mtttt~ HABITANTES HABITANTES ......_ --~ .,.__ K tm1ci'P1ol 1Si2 1S09 1899 Kluücipios lS42 1369 1S9 Anapoimn ...•.• 1,537 ~.725 5.327 Manta ........... 4.462 6.047 7.37~ Anr¡}aima ...... 4.968 8,970 11,128 Mosquera ...... 731 1,647 r,859 Arbeláe:r; . ...... 1,931 3,275 6,J99 Narino ......... 1,362 2,445 1,827 Beltrán ......... 2,005 3o345 3.28o Nemocón ...... 2,555 4,1ll 3.964 Bituima ........ 3.965 3.353 4,105 Nilo .......... . .. 1,758 2,•55 3.113 Bogotá . . .. .. . .. 4o,o86 40,883 77.981 Nocai ma ....... 2,944 2,888 3.953 Bo]tcá... .. . . . .. 1.967 2,875 1,853 Pacho .......... 4,126 7.519 IJ,8JZ Basa............ 1,118 I,JQ6 1,407 Paime .......... 896 1,602 2,037 C'l.licá .......... 2,565 3,160 4,100 Pandi ........... 1,907 2,183 2,283 Ca era .......... 1,)25 2,458 3.775 Pasea ........... 488 885 2,6o5 Caparrapí ...... 4.449 6,88o 5,248 Pulí .. .......... 1,685 2.756 3,043 Cáquez.\ ... .. .. 5.573 6,710 9.736 Quebr.l~anPgra.. .... 2,855 3 .4~6 3.500 Carm~n ......... 2,002 3,316 7,219 Quetame ....... 1,2u8 2,896 4.381 Co~a .......... 3,629 3.95° 4,325 Quipile ... . ..... 1,760 J,Ol7 5,529 Co egio ......... 1,007 3.239 3,8oo Ricaurte ........ 1,329 3.639 4.957 Cota .. . ......... 1,4~0 1,7 ~7 1,081 San Antonio ... 1,5 · 2 1,929 2,000 Cucuuubá ... .. 4,216 5,o78 6.ooo San Cayetano. 315 1,013 3.440 Chaguani ... . .. 1,475 1,705 3,130 San Francisco 570 1,966 2,015 Chía ............ 3.972 4-468 5.659 S \n Juan . .. ... 2,7ro 4.367 6,777 Chipaque ..... 3·442 5-352 6,13~ !),1 aima ..... ... 1,276 3 .434 7,569 Choach• ........ 4,118 4.732 5·590 Sesquilé ........ 2,712 3,819 6,130 Cbocont:i ...... 7,079 8,509 7,120 Simij1ca ....... 3,264 4,2o8 4,231 Engati'·.á ·;··· ·· 589 5S6 555 Soacha .. .. ..... 2,644 2,845 4·544 Facatattva ..... 2,239 6,282 8,463 Sor ·ó .. .......... 2,187 3,074 2,882 Fc',m,. que .. .. .. 6,317 7,001 S.41 r Suba . .. . .. ...... 950 1,400 1,599 Fontibón ...... r,66~ J 92Q 2,00J Subacboque .. . 2,354 4·543 6,109 Fo,ca .. . ........ 1,66..¡. 2,6oo 3 .303 Suesc t .... ... . .. 2,650 3443 5 002 Funza .... . .... .. 3.95-l- 2,85o 2,823 Supat.í .... ... 417 1,210 J.<.6I J•'•quene .. ..... 2.U6 1,6o5 J,026 Susa .. .. ... . . .. 3,• oS 3· 709 J .8oo Fus:1.g '"U)! 1 .. . 2 .8Q1 7027 5·152 Sutatausa ... ... 2,167 3·3•3 3,200 G ch:tlá ....... 1,665 •,8s8 5,078 Tabio . . .... ..... 2,310 3 ,002 2, 54 Glch lncipá ... 1 , 5~~ 1,965 2.220 T.tusa ......... •·390 21JI8 2 072 G:tch c tá ........ 5.041 7.533 9,800 T <:! n:l . .. .. .... ... 1.391 4 . •9 5 3 .375 Guacheta ... .. 4.124 S 49 5 6ooo T " nj o .. .. .... .. J ,269 4.539 2,866 Giraruot ....... . 872 1,8 17 4.62..¡. TihaC" uy .... · .. . 435 575 4,154 Guatluas .. ..... . 7,342 ~. 527 10,148 Ttbi ita ........ . 3458 4.337 5.6o¡ Guasc:t .. ....... 3,034 4·427 4.789 To::aima ....... 4·809 6,021 4·500 Guataqui.. ..... 1,032 1,076 1,319 Toc~ncipí .... 1,65o 2,314 2,)90 Guata"ita ...... 4.527 5,614 6,oo.¡. Ub:tlá .. ..... .... 1,160 2,001 6 .134 Guavabal ...... I,J3I 3'.447 4-128 Uhaque ....... .. 2.8~ 3·445 5 .229 Gutiérrez . .... .. 211 741 1.624 Ubaté .... .. ..... 6,1 7. 256 ,5..205 Hatoviejo ...... 4.504 5,109 5,264 Une ...... ....... 2,047 2,837 4·097 terusalén .. . . .. 943 2,oS6 2,3J6 U.;aquén ....... 895 1,306 1,582 unín ............ 5 229 7,270 I3,Jl3 U·tne .......... I,o68 1,774 4·369 a M ·st ....... 4.485 8 .02) 14,000 Utica ............ 1,518 3·197 2,683 La Palm:1 ...... 4.5o6 8,t 18 9,120 Vergara ...... .. 1,747 2-350 3 756 L'1 Paz . ........ 2,325 2,728 3,oso Vtlleta ......... 4 ,71 ( 5.()34 6,255 I.a Peña .. ...... J,219 J,ÓOJ 3,966 Vi•>tá . .......... 482 1,281- 5.436 La Vega ...... 3.464 3,070 4,229 Viani ............ 1,238 2,445 4,528 Lenguazaque .• 3,265 J,6II 3800 Yacopí.. ..... . . 945 3.799 5056 Mac~etá ...... 5,120 ¡,661 s,soo z;p eón ........ J,6oo 1,774 2,218 Madriu ......... 1,111 1,648 J,OOI z ·paquirá. ..... s.sJ6 8,J13 9.48o Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Militar 2JS PALONEGRO Diagramas de la. marcha y combates por el dominio de las montañas entre Pamplona y Bucaramanga (') ·~ ~ ~m e) t tl + ~ e R. ~ ~ ~ ~mm ~ o ~ 1 mm~ o Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mt"lt.la,. V, .ª' ~ ~ ~ o 1 ~ "ir ~ m ~ C) ~~ ~ ':! ~ ~ ~ ~ m ~ ~ ~ o ~ ~ m .:; ~ ~ 1 Q y ~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 8

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 160

Por: | Fecha: 14/07/1900

BOGOTÁ, JULIO 14 DE 1900 --- - --- - -- - -~~-- --------------- - - -------------· Or&'ano del Mhai•terlo de Director ad honereua Guerra y del EjércUo F.rancl•eo :.. Ver~rara v. Ion eolaboradoree de este periódico los Jefes 7 General, Miembro de la Sociedad Colombiana Oticiale1 del Ejército ele Ingenieros .A.::STC> ~ ~- 100 1 mm~ i11B~r:mrn® ... mm u~G>® (2 DE JULIO) por el cual ae reconocen á los Jefes y Oficiales de la u.• División del Ejército del Norte lo• empleos en c¡ue sirven El Presidente de la República DECRETA Artículo único. Reconócese á los Jefes y Ofiqales de la 12.• División del Ejército del Norte, que acaba de llegar á la capital, los ascensos que á continuación se expresan, en atención á sus importantes servicios en la campaña de Santander, y á su noble}' heroico comportamiento en la memorable batalla de Palonegro: CUARTEL GENERAL G e neral de División Luis María Gómez, Comandante ge­neral; General de Brigada José María Mosquera, Jefe de Estado Mayor; General graduado Leopoldo Triana C., primer Ayu­dante general; Coronel Manuel María Toro, Auditor de Guerra; Coronel Oliverio Mesa, Comisario Ordenador; Coronel asimilado Vicente Plata, Comisario Pagador; Coronel Vicente Barrero, Médico; Teniente Coronel Demetrio Muñoz, Habilitado; Te­niente Coronel Luis F. Valencia, segundo Ayudante general; Teniente Coronel Ramón Betancur, segundo Ayudante general; Sargento Mayor Uladislao Vásquez, segundo Ayudante general; Sárgento Mayor Salomón Ledesma, segundo Ayudante general; . VIII-J Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIII MIUTAR T Sargento Mayor asimilado Educ~rdo González, Practicante; Sar­gento Mayor Antonio Rivera, segundo Ayudante general; Te­niente Luis F .. 'Torres, Ayudante; rTeniente Carlos Plata, Ayu­dante; Teniente Fernando González, Ayudante. BATALLÓN PA.LONEGRO Plana Mayor-Teniente Coronel Clímaco Bueno, primer Jefe; Sargento Mayor Laureano Sarria, segundo Jefe; Sargento Mayor Ramón Pajoy, Supernumerario; Capitán José Mosquera, Ayudante Mayor; Capitán Guillermo Bonilla, Habilitado; Te­niente Amador Díaz, seg4ndo Ayudante; Teniente Teófilo Fer­nández, Supernumerario; Subteniente Luis Domínguez, Aban­derado; Subteniente Avelino Córdoba, Supernumerario. Prim~ra Compañía-Capitán, José Pajoy; Teniente, José C. Mera; Subteniente, Gregario V elasco; Subteniente, Guillermo Alegría. Segunda Compañía-Capitán, Pablo Sarria; Teniente, Lau­reano Collazos; Subteniente, Isaías López; Subteniente, J usti­niano Sandoval. Tercera Compañía-Capitán, Manuel S. Díaz; Teniente, Apolinar Astudillo; Subteniente, Juan de Dios Agredo; Subte­niente, Apolinar Díaz. Cuarta Compañía-Capitán, José J. Fálaga; Teniente, Pe­dro Pablo Mosca; Subteniente, Manuel Anaya; Subteniente, Manuel A. Volverás. ff¿uinta Compañía-Capitán, Elías Sandoval; Teniente, Mar­tín García; Subteniente, Román Noguera; Subteniente, Hermó­genes Agredo BATALLÓN PRÓSPERO PIN&ÓN Plana Mayor-General graduado Tomás García, primer Jefe; Teniente Coronel Matías Camargo, segundo Jefe; Capitán Dioni­sia Aráoz, Ayudante Mayor; Teniente Braulio Gaitán, segundo Ayudante; Subteniente Alejandro Caicedo, Abanderado; Capitá~ asimilado Demetrio Gaitán, Habilitado. Primera Compañía-Sargento Mayor, Guillermo Ruiz; Te·­niente, Carlos F. Romero; Subteniente, Carlos Julio Gómez; Subteniente, Tobías Cepeda. Segunda Compañía-Teniente encargado, Aristides Gómez ; Subteniente, Tobías Pachón; Subteniente, José C. Ruiz. Tercera Compañía-Sargento Mayor, Antonino Galvis Nieto; Teniente, Javier Sarmiento; Subteniente, Francisco Camargo; Subteniente, Paulina Nieto. Cuarta Compañía-Capitán, Eleuterio Romero; Teniente, Evaristo Algarra; Subteniente, Maximiliano Bernal; Subteniente, Marceliano Sarmiento. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAI ~ 35 !!¿uinta Compañía-Capitán, Ricardo Anzola; Teniente, Pa­blo E. Patiño; Subteniente, Argemiro Nieto; Subteniente, Car­los Vargas. BATALLÓN POPAY.ÁN Plana Mayor-Teniente Coronel Paulino Escobar F., pri­mer Jefe; Sargento Mayor Salomón David, segundo Jefe; Capi­tán Leonidas~González S., Ayudante Mayor; Teniente Ruperto Victoria T., segundo Ayudante; Subteniente Eustorgio Sarria, Abanderado; Subteniente Nicanor Chacón, Supernumerario; Ca­pitán Francisco Hurtado, Habilitado. Prim1ra Compañía-Capitán, Estanislao Martínez; Tenien­te, Pedro J. Cuadros; Subteniente, Vicente Velasco; Subteniente, Francisco Rubio. Segunda Compañía- Sargento Mayor, Eulogio Meléndez; Teniente, José T. Gómez; Subteniente, Isauro Valenzuela; Sub­teniente, Florentino Castro. Tercera Compañía -Capitán, DarÍo Realpe; Teniente, Jorge Bonilla; Subteniente, Jorge Goicohea; Subteniente, Félix Bui­trago. Cuarta Compañía-Capitán, Cruz Ordóñez; Teniente, Julio E. Silva; Subteniente, Juan Daza; Subteniente, Rafael Madro­ñeros. Y los de los siguientes heridos en el mismo combate, y que prestaban sus servicios en Jos citados Cuerpos : Sargento Mayor, Apolinar Anaya; Sargento Mayor, Nico­lás Silva; Teniente, Gregario Salazar; y Subteniente, Daniel Mar­tínez. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 2 de Julio de 1900. Por del gación del Excmo. Sr. Presidente de la República, El Ministro de Guerra, M'ANUEL CASABIANCA -~ ..... ·~-- tDUJ~ ~~ ··· IDtm U®®® (5 DE JULIO) que honra la memoria del General graduado Antonio Elvira El Presidente de la República CONSIDERANDO Que el 3 de los corrientes falleció en el Hospital de Bucara..: manga el General graduado Antonio Elvira, á consecuencia de la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 36 80LETIN MILITAR ~ herida recibida combatiendo heroicamente á la cabeza del Bata­llón Timbío, de que era Jefe, Cuerpo que "por su excepcional bra­vura en el combate d~ Palonegro," mereció llevar el nombre de tan memorable jornada, en la cual fue ascendido á General, sobre el campo de batalla, el entonces Coronel Elvira, DECRETA Art. I •0 El Gobierno lamenta e1 fallecimiento del General Antonio Elvira, y recomienda al Ejército el ejemplo de su deci­sión y valor heroico como digno de imitarse. Art. 2.0 La 1 2.a División del Ejército del Norte llevará luto por tres días, y el Batallón Palonegro por nueve, en señal de duelo. Art. 3.° Copia auténtica de este Decreto se enviará, con nota de atención, á la viuda del finado, la que continuará disfru­tando del sueldo que correspondía al General Elvira, de acuerdo con el Decreto número 681, de carácter legislativo, de fecha 12 de Marzo del año en curso. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 5 de Julio de 1900. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, El .Ministro de Guerra, MANUEL CASABI ANCA c6MO S.E TRANSFORMAN EN UN MES PAISANOS B.N SOLDADO Han pasado las grandes movilizaciones de los años de peligro que no ha desaparecido del todo. Las experimentos recogidos e aquella época deben conservarse vivos en nuestro recuerdo, para aprovechar las enseñanzas que nos hayan dejado. Un oficial tuvo ocasión, durante aquel período, de ensayar prácticamente las ideas sugeridas por las dificultades del momentOJ y los métodos poco prácticos empleados en la instrucción de laL guardia nacional, y obtuvo resultados muy satisfactorios ocupán­dose de la enseñanza de dos batallones de guardia nacional aptos; para el combate en pocas semanas. ¿ Qué debe saber el soldado moderno, en resumidas cuentas, p'lra prestar concurso eficaz en el combate? La contestación est~ en la conciencia de todos~ tirar, aprovechar bien el terreno, hacerr Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR 37 1 ibir: 1.0 Que en el combate el empl~o de las compañías, en el cumplimiento del cometido que incumbct al batallón, quedase única y exclusivamente reservado al jefe del mismo; 2.0 Que la independencia de las rompañías debiera mante­nerse en los límites estrictos de la misión confiada ó de la orden recibida; 3.0 Que todo oficial subalterno, una vez terminada su tarea, debiera reunirse con su compañía, así como 1las compañías reunir­se con el batallón, cuyo enlace no debe nunca, ni en ningún caso, perderse por completo. No por encerrarse exclusivamente en el espíritu de estos principios, será difícil dar un resumen general sobre algunas ope­raciones de detalle. Este resumen concierne: 1.0 A los cuidados que el jefe de batallón debe poner, en el momento del empleo de sus compañías, de trazarles su misión con las menos palabras posibles, sin que por eso quede en la incertidumbre sobre si ha sido bien compren­dida la marcha entera de la operación; 2.0 A la necesidad que se le impone, durante las evoluciones que hayan de ejecutarse bajo el fuego enemigo, antes del combate verdadero, de tener á todas sus compañías tan completamente bajo su mano, que en el momento r de su entrada real en línea no hayan perdido de vista el objetivo general; es decir, que sea posible darles todavía las instrucciones Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MIUTAR ~ 4'1 necesarias. Todas las teorías, todos los artificios de no fácil em­pleo, deben, naturalmente, queáar relegados al olvido. En la men­te del jefe de batallón no ha de haber más que un fin, y las com­pañías .deben saber hallar los medios más sencillos y los caminos más cortos para llegar á dicho fin; á cuyo efecto es preciso que entre los capita.nes y el jefe haya completo acuerdo. Los ejemplos particulares que damos á continuación, son propios para evidenciar los casos en que es posible, hasta cierto punto, que exista este acuerdo: 1.0 En lo referentt á la defensiva, en que cada comandante de compañía ha podido recibir con anticipación las instrucciones re­lativas á su cometido particular, no es necesario sino convenir · en la manera como habrá de conservarse el enlace en el batallón, aun durante el combate. La remisión de órdenes y partes no puede tener lugar durante el combate (muchas veces en detrimento de la unidad de la ac­ción), del mismo modo que en tiempo de paz, por no ser entonces cosa practicable. Pero si los jefes de batallón, y lo propio los de las compañías, en el caso de la defensiva (en el que unos y otros estarán casi siempre á pie), no se apartan del puesto que ocupan cerca de su tropa, y desde el cual pueden vigilar mejor el combate y el terreno de enfrente, posible es entonces hacerles llegar órde­nes é indicaciones preciosas, ya mediante un sistema de transmisión sobre la línea de guerrillas, ya con auxilio de ordenanzas monta­dos, que con este objeto anden siempre inmediatos al jefe de ba­tallón. Por analogía, cada comandante de compañía procurará esta­blecer un enlace parecido entre sus jefes de pelotón y é 1; cuidando especialmente el oficial que mande el sostén, de no perderle ni un instante de vista, para poder obedecer la primera señal que se le haga. También es muy útil que el comandante del sostén se sitúe personalmente de manera que le sea posible vigilar una parte del combate; y si se ve obligado á alejarse al¡o de su tropa, no lo efectuará, naturalmente, sino á condición de quedar en enlace tan estrecho con el sargento más antiguo que le habrá sustituído, que toda señal ó toda llamada al sostén no pase para él inadver­tida. • 2.0 En lo referente al ataque, debe igualmente dar de an­temano ciertas adaraciones, aunque sólo sobre algunos puntos principales. • Comoquiera que en la defensiv~ dehe estarse siempre atento ' las ruccio nea ofensivas que puedan ejecutarse, conveniente es decir aquí formalmente que, e>n esta situación, una compañía no ha de permitir un movimiento semejante en orden ~special. No sería superfluo recordar claramente estos principios cada Tez que en la gaerra se ocupe una posición. · Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 83LETIN MILITAft ~ -· Las pequeñas misiones que en el momento del ataque se dan á las compañías son, por regla general, las siguientes: a) Servir de vanguardia en una dirección dada; h) Ser tropa avanzada ( ó fracción de ésta), para atacar t=il ó cuál punto; e) Sostener, en medio del combate, el ataque de una compa­ñía designada, ó desbordar al enemigo por un ala dada; d) St!rvir de reserva. El modo como estas misiones deben realizarse, es del domi­nio del comandante de compañía; pero .conviene añadir que si el jefe de batallón se ha dado clara cuenta de antemano, acerca del alcance de tal ó cuál cometido, así como sobre la manera de des­empeñarlos con unidad, habrá entonces alcanzado un punto ca-pital. ' Ejemplo A-En el momento del ataque, á la vanguardia es á quien corresponde todo lo que puede servir de una manera conve­niente para el del batallón, como por ejemplo: r .o, la toma de cier­tos puntos avanzados, sobre todo si, con ese objeto, ha adoptado el batallón su orden de combate; 2.0 , el reconocimiento de las fuer­zas enemigas en su posición principal; 3. 0 , la preparación, por medio de un fuego eficaz, del ataque que se habrá de dirigir con­tra dicha posición principal. Pero queda prohibido á la vanguar­dia toda tentativa privada de asalto contra la dicha posición, porque pudiera tener por consecuencia comprometer en combate todo el .batallón, y arrastrar impensadamente al jefe de éste por una falsa dirección de ataque. Cuando se trata del asalto que debe darse contra la posición principal, la vauguardia obrará siempre de concierto con otras com­pañías; y por sí misma, y sin orden particular, tomará parte en el ataque general. • Ejemplo B-La tropa avanzada, en el momento del ataque, . tiene la misión de ganar terreno al frente todo lo posible, quebran­tar al defensor, y preparar el camino al ataque principal. Dicha ' tropa debe servir 3implemente para entretener con sus fuegos al enemigo sobre el frente, mientras se dirige el ataque principal con­t~: a una de las alas; prescripción ésta que repetirá cada vez que sea preciso1 )' ~e a~temano, e.l jete de batallón, á los comandantes de compan1a a qutenes concterna. En el caso de formar la vanguardia dos compañías, no irán ambas bajo el mando del capitán más antiguo (á menos que expre­samente haya ordenado lo contrario el jefe de batallón), por ser conveniente que cada una de ellas conserve su particular misión. • En este caso particular será perfectamente posible al jefe de batallón, situado eñ un punto de observaci6o, indicar con exactitud y antelación al comandante de esa compañía el punto 6 puntos de que la vanguardia habrá de apoderarse. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIII MIUT" ~ Sin embargo, las dos deberán obrar de concierto; y ninguna, sil'l mandato especial, se queJará atrá" de la otra. También puede designarse á una de ellas especialmente como compañía de dirección, en el caso de pretenderse que amhas ten­gan una acctón y una dirección comunes;* y con el fin de qte en dicho caso sea posible al jefe de batallón enviar con prontitud sus órdenes á la primera línea de ataque, cada comandante de compañía dejará á retaguardia uno ó dos ordenanzas, con encargo especial de observar al jefe del batallón, ya para repetirles las ór­denes que les comunique, ya para llevárselas con toda rapidez, h'jemplo C-0 l.ts compañÍJ:> del grueso permanecen unas al lado de otras (con arreglo á las circunstancias en medio batallón), bajo un mando único (que puede reservarse para sí el jefe de bata­llón), ó e tán desplegadas á distancia tntera, lo que acontece ge­neralmente en d caso e 1 po·.ible un pelnt611 <:n orlen cerrado, para que en caso precÍ&() puedan h tCer frente á alguna~ cargas de la fuetza contnui 1. • E-;tn comprende tantl c•nplt>o del terreno para cubrirse. Si d jefe del batal_16_n ae Ir, reserva1ICl el maudo 1lel cuerpo princip ti, á él toca rá, n:1turalmente, prescnbu la f.rm:•ci6 1 y l.ts mt:didas de .~eguridad t¡ue h tyttn de lldoptarsc. • Conserv .r en orden l"err:ulo las compañí tS (¡ue con:.tituyen el cuerpo princ~­p;, l, y elit' ' durante el mnyor tie111po pullihle, es un pu~1to ca pita! de la táctica mo­clerna, y por cou!>iguient~ lleg" á ser una <~e las operac1ones más unport~nte&; . puea VIII-4 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETII MILITAR ~ Los comandantes de compañía que hayan re-cibido una mi­sión determinada (sea la de sostener la vanguardia, ó la de atacar al enemigo por un movimiento envolvent~) deberán ante todo poner el mayor cuidado en conservar su tropa en la mano, en el momento mismo de la realización especial del cometido de que están encargados. Cabe afirmar que quien á 300 pasos del adversario tenga odavía su tropa b::tjo su mano, no dejará nunca por completo de enerla, aun en medio de la confusión de la refriega. Esto es de l.a más alta importancia, tanto para el jefe de batallón como para il de compañía. Ejemplo D -Las compañías de reserva que han de seguir el movimiento de las de primera línea, á retaguardia de las cuales deben hallarse á una distancia conveniente, en la formación más ventajosa y utilizando los abrigos del terreno, no tomarán parte en el combate sin previa orden del jefe de batallón. 3· 0 En 19 rrforente al momento que sigue á la refriega, en que d jefe de batallón se verá casi siempre en la imposibilidad de in­terponer directamente su autoridad, y en que, sin embargo, es de capitai importancia concentrar de nuevo en su mano la tropa que debe emplear lo más pronto posible en la realización de un nuevo ~ometido, importa determinar sólo un punt0, y es: que todos los soldados que no hayan tenido ocasión ó posibilidad de perseguir al enemigo con sus fuegos, deben ser inmediatamente contenidos y reunidos por los oficiales subalternos hasta capitán inclusive, no para establecerlos en formación normal, sino sólo para distribuír­los provisionalmente en secciones y en pelotones. Los pelotones y aun compañías que obran aisladamente ó que se extravían, no han de tener preocupación mayor (y esto se aplica también á una patrul1a que debe dar pa·rte del emplaza­miento que ocupa y pedir órdenes), que Ja de tratar de restablecer ttl enlace con el batallón ; así como el batallón que forma parte de liJO cuerpo de tropas considerable, y se ha separado de su regimien­to, debe, tan pronto como le sea dable, restablecer sus comunica­" iones con él. Sólo procediendo de este modo será posible rehacer y ordenar Ji!Ontamente á buenas tropas, y emplc:arlas en nuevas misiones, tales como la persecución del \!ontrario, la ocupaci6n del terreno €onquistado, ó )a continuación de la ofensiva contra segunda po­- ición enemiga. u formaci6n demasiado prem?t.u~a en orclen disperso, y aun su simple clesplic>gu«-, ~ce que ya no se las pueda dmgtr sobre. tales 6 cuáles puntos efe llt .-HJllt', que pre- , c:JSamente duunte el combate de la pnmer!l línea se recouoci6 ~;er lus "ás favo­: Jabt;s. Además, y como anteriormente dijimos, la fuerza ofensiva de densl!s .llñSIS e tiradores es tanto mrnor cuanto más tiempo hace que están en orden di~;perso. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETII MILITAR ~ . lil 4.0 En k rtlativa á l'ls combates ~n rttirada, no trataremos. -especialmente si no de las dos clases de misiones siguientes: a) Formar i.J retaguardia ; b) o,·upar una huma posición at recepción. Un jefe de batallón que, sin tener que dar explicaciones pre­liminares, puede contar con la pericia de sus capitanes, sacará el mejor partido posible de las compañías: 1 . 0 , enviando la que esté intacta á ocupar á retaguardia una posición de recepción, que le indicará él y detrás de Ja cual todo el mundo habrá de reunirse; 2.0 , afectando á la retaguardia todas las fracciones que se encuen­tren más próximac; al enemigo, sobre el camino que haya de se­guirse al batirse en retirada. Cuando el jefe de batallón reciba 0rden de retirarse antes de verse obligado a ello por el adversario, deberá emplear todo su conato en sustraer á su tropa y ponerla al abri~o del alcance del :fuego del contrario, antes de que éste haya podido adoptar sus dis­posiciones para evitarlo. En todo lo relativo á momentos tales, es muy dificil acordar de antemano lo mejor. Si jefes y tropas no han aprendido, en tiempo de paz, la manera como la retaguardia debe proceder para contener al enemigo, inducirle á error y desaparecer en seguida lo más aprisa posible, toda instrucción ó explicación en el momen­ ·to del combate es perfectamente inútil, y aun puede no ser com­prendida; por lo cual, ¿ de qué servir~ entonces nombrar para la retaguardia )a compañía que más solidez haya conservado, y qué odrá la iniciativa del capitán ?-(CMtinúa) VON ARNIM -- ·~· --- (Continuación) lnspución de l?s reclutas al finalizar su semestre dt instrucción Esta inspección tiene siempre lugar en el campo de manio­bras. Cada escuadrón concurre solamente con una de sus tandas de reclutas. presentados y mandados por el oficial encargado de la mstrucción. Durante la inspección este oficial permanece á pie, así como . el inspector y todos Jos asistent es. Después de haber examinado el aspecto general de la tropa y haber pasado por delante dé las filas, el inspector hizo varias veces seguidas echar pie á tierra y mon­. tar á caballo; después se pasó á la equitación inJividual. Los · -soldados se mantenían bien en la silla, sin violencia; los caballos marchaban decididos. El inspector parecía b.lstante satisfecho; -exigía solamente que se dejase entera libertad al caballo para que ANCO DE UPUSU .A Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. pudiese desplegar toda su velocidad. Sobre la marcha, Jos soldados.. ejecutaban a) mando del oficial instructor diferentes movimientos. del ejercicio del sable. Después se reorganizaba dicho grupo y hacía algunos ejercicios en conjunto, cambios de formación, etc.,. después de Jo cual volvióse á Ja equitación individual. No obstante, no era ya el mismo ejercicio que anteriormente. Ahora se trataba. sobre todo de exc:1minar la manera c0mo cada rtcluta sabía condu­cir su caballo. Para esto hacíanse salir de las filas dos soldados á la vez, bien de una mi~ma hilera ó tomándolos de la s dos alas del pelotón. Los hombres dec;ignados debían avanzar á un t~ire determi­nado, luégo recorrer cierta extensión del campo de ejercicio , yendo á donde y como les pareciera mejor, haciendo giros, cambios de dirección, etc. Exigíase sólo que el aire indicado se sostuviera invariable y que los jinetes tuviesen el cuidado, sobre la marcha,. de esgrimir sus arma.;, ya fuese alrededor de ellos ó sobre mani­quíes dispuestos al efecto. A veces se hacía parar á un soldado, man­d5nci<' le echar pie á tierra y después montar á caballo, lo que no siempre era i.icil, porque los caballos, tendiendo sin ce~ar a entrar en l.1s filas, rw e mostraban naturalmente muy dóciles, pero el inspector podía así a.egurarse ha taqué punto el recluta era real­mente dueño de su montura. Entonces se pasaba á otra pareja, etc .. En lo regimientos de dragones sucede con frecuencia tam­bién que durante la cquitaciú n individual por ·tandas se manda ol-to y se ordena á los solJaJos echar pie á tierra, tomar sus cara­binas y hacer fuego. De. pués comienza el salto de obstáculos, ejecutándose pri­mero indtvidualmente. Estos obstáculos consisten ca. i siempre en cierto número de muros, vallat!os )'zanjas, dispuestos unos detrás de otros, á suficiente di tancia, para que:= entre do:. de ellos tenga el caballo tiempo de dar algunos pasos y tomar Í111pulso. para un nuevo salto. Ordinariamente se cierra el local por dos lados con una barrera ó tapi~ coutinu.1, para impedir al caballo ;e desvíe. En suma, es una di pos ición muy análoga á la de los springgcrrtm, de que hemos y..1 h J blado. Sin embargo, se exige ad~más, en todos lo' regimiento~, e 1 salto de obstáculos en terreno despejado, es decir, dispuestos de t al manera que no haya barrera alguna que impida al anim al cambiar de dir~cción. Así se puede juzgar hasta qué punto on cn¡nces los reclutas de obltgar á su cabtlllo á que aborde un obstáculo. En todos los tnO\ imientos se cuida ce que la velocidad regla­mentaria p:1ra los dif.:reilte' aires siempre se oh ervc: 125 por minuto, al p,1so; de 30? á 4-_oo al ~~ote, y 500 al ~alope. lJe de luego, cuand0 se efectua !,1 tnspeccton de los reclut.:~s, corno los de ]a primera y segundJ clase de equitación, ó de los cabJIIo;; de la antigua remonta, los cuales tienen lugar en el campo de ejerci­cios del regimiento, ósea sobre un terreno más ó menos reduci- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~o, es difícil comprobar si estas márchas alcanzan todo su desarrollo y SI! conforman lo:; inspectores con exigir que sean francas; pero en las i 1specione.s de escuadrón, que siempre se pasan en el gran camp·o .de rnaniobra$, corno lo veremos dentro de un instante, es perfec­tamente posible proceder á esta comf>robación. Inspección de escuadrón Sucede con respecto á los escuadrones en la caballería lo que ,con los batallones en la infantería; no se inspec~ionan todos por la isma persona. Así pues, en la guardia el general jefe de la divi:sión sólo inspecciona comúnmente uno por regimiento, míen-· tras que los jefes de brigada ven dos ó tres de ellos y los coroneles los emás. La distribución se hace siempre de tal suerte que los supe­riores puedan asistir á las inspecciones que pasan sus subordinados, .Y recíprocamente. Esto no impide el que cada uno pase la suya de una manera absoluta é independiente, eligiendo el día y la ·hor:a, preocupándose sólo de q11e se pierda el menor tiempo posi: ble dd consagrado á la irhtrucción. Así sucede á veces que dos oficiales, subordinado el uno dd otro, pasan simultáneamen­te sus inspecciones respectivas en uo.> puntos diferentes del qlis­mo campo de maniobras, dor .tde, durante aquel tiempo, se ejerci­tan adem.ís otras trvpas. En la inspección de escuadrón se procura ante todo apreciar su \•'aler como unidad táctica de combate; solamente más tarde, con oca~i<)n de las inspe.:ciones de regimiento y de brigada, se le j uz,gará como fracción constítuída de un cuerpo de tropas más con iderable, pero aquí el inspector trata sobre todo de hacer­se cargo del grado de destreza é i nte1igencia de loe:; :wm brcs con­siderados aislaJamente, al mismo tiempo qtr ·~ po11c á prueba la habilidad y flexibilidad del conjunto. Un ejemplo hará compren­der bien, por lo demás, cómo pasan las cos·1<>. Se trataba de examinar un escuadrón el ual se encontraba f¡ rrmado en línea en el campo de maniobras. Al llegar el in pec­tor pa.ó por el frente y retaguardia,de las fila ; luégo, para hacerse car cg;o de la instrucción individual, mandó primero que se rompiese la nnarcha de á uno (desfilar). Todos los soldados suce:ivamente re- ·C rr-ieron la pista de un gran cuadrilongo á diversos aires y carga­- r n uespués sobre una línea recta, á lo largo de la cual se habíá dis­p ue:sto una serie de maniquíes á los cuales debían procurar ffi¡tr­- c a riles blanco con sus armas, al pasar. La atención del inspector se comcentraba únicamente sobre dos puntos: de3trez1 de los soldados en tel manejo de sus armas, y marcha de los caballos, que desea ha er lo más sostenida posible. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETUI MILITAR A este trabajo individual siguió la ,.jecución de cierto número­de movimientos reglamentarios, según programa establecido por el capitán. Ni una sola formación tu\'O lugar al paso; era preciso­que todo se hiciese á los aires violentos. Y la vivacidad de las ma­niobras era tal, que los asistentes las seguían con dificultad, y se cansaban {anto ellos como sus caballos de correr tras el escuadrón,. que se tr.tnsportaba con la rapidez del rayo de un extremo á otro del campo de maniobras, dando cargas á cada instante y en todas direcciones, salvando las vallas en línea ó en columna por peloto­nP~, y no abandonando casi nunca el galope. Cada ataque se ter­mma invariablemente con un simulacro de combate en dispersión, esto es, que después de haber cargado, los soldados pasaban al trote, se dispersaban en seguida para el combate individual, y gi­raban durante algunos minutos en un reducido espacio, esgri­miendo sus armas en todos sentidos unos contra otros. U na vez que la confusión era completa, el capitán hacía oír el toque de llamaaa, á la vez que indicaba con la mano á sus oficiales la direc­ción del frente. Estos ocupaban inmediatamente sus puestos, y el escuadrón, al galope de carga, acudía á reorganizarse detrás de· ellos. . La formación no era en verdad sino apenas regular. Los oficiales y sargentos no trataban de ocupar de nuevo su posición reglamentaria, sino sólo de señalar el puesto de las diversas subdi­visiones normales dd escuadrón. Los soldados se formaban al azJr, pudiendo encontrarse en el centro los jinetes de las alas, los de primera fila en la segunda é inversamente. Cada cual corría hacia el puesto que le resultaba más próximo, y no se cuidaba sino de determinar el frente de la línea lo más pronto posible .. En una palabra, todo esto se ejecutab~ con una vivacidad verda­deramente pasmosa, y apenas se hallaba formado el escuadrón cuando se le lanzaba al ataque una segunda vez, haciéndole partir desde á pie firme al galope de carga, sin esperar á los que se re­tardasen y no hubiesen podido g nar su puesto en las filas. Todo lo que se quería era que la masa general se hallase reunida y car­gase sin perder un minuto. Esta maniobra es la que tiene más aceptación, y en las ins­pecciones yo la he visto repetir más de una vez. Contribuye á desarrollar en los soldados la agilidad y la inteligencia, y conven­cerles de que una carga cualquiera debe siempre terminar con el choque y d combate á discrecis caballos, se les aprovechaba para ju2.gar, por un medio muy práctico, de la manera como cada hombre sabía manejar su caballo y reconocer si todos los animales estaban habituados á salir de las filas aisla­damente. Se enviaban algunos oficiales y sargentos á colocarse en diferentes direcciones, á distattcias de 200 á 400 pasos del escua­drón. Después mandaba el inspector á un soldado cualquiera salir de las filas é ir á un aire determinado á llevar una orden á uno de ellos. Así, por ejemplo, Schultz debía dirigirse al trote á cierto punto; Muller, á otro al galope; Hans, á un tercero al aire de carga, etc. Todos volvían después á donde el inspector, dándole cuenta del cumplimiento de su misión, y por la respuesta que ellos llevasen podía juzgar si la orden había sido transmitida co­rrectamente. En tales circunstancias guardábanse bien de enviar sucesiva­mente varios hombres en la misma dirección; la tendencia que tie­nen los caballos á seguirse unos en pos de otros hubiese hecho en efecto la cos~ muy fácil, y el objeto del ejercicio no habría dado resultado. Un jinete no debe olvidar jamás que en todo instante puede ser llamado para salir de las filas y encargado de una misió particular; también se desea que tanto los hombres como los ca­ballos estén desde el tiempo de pciz ejercitados en el desempeño de este papel. Preciso ~s decir también que lo más frecuente no era marcar un aire vivo á los portadores de órdenes; aun á veces se les enviaba al paso, porque es, en efecto, mucho más difícil hacer salir de las filas en estas condiciones á un caballo, que impulsarle vivamente y arrojarle en seguida al galope. Después de este pequeño descanso empezaron, como ya he dicho, los ejercicios tácticos. Hé aquí algunos ejemplos: Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ Se envía un oficial y tres ó cuatro trompetas-tomados de <>tro escuadrón -en una dirección ignorada para el capitán. Llegados á U11a distancia b a ta11te grande, se forman en Jínea para figurar el frente de un escuadrón, y avanzan al paso como si se preparasen á cargar. A la vista del enemigo que se aproxima así, el capitán recibe la orden de atacarle y tratar de tomarlo por un flanco, á la izquierda, por ejemplo. Inmediatamente pone su tropa c:n movimiento, informando á los tenientes de sus intencio­nes, y sin detenerse procura, por una marcha oblicua ó alguna <>tra maniobra, envolver inopinadamente á su adversario. Este, por su parte, del paso cambia al trote, después al galope, y sobre la marcha cambia de frente. Un movimiento semejante, ejecuta­. do por tre:- ó cuatro jinetes aislados, es extremad..t.mente difícil de comprobar, para un escuadrón que se encuentra enfrente, y es preciso, para lograrlo, mucha atención y sagacidad de parte del capitán y de sus oficiales.- (C?mtinú a ). --···--- l. Con i IN,ciones Textos-2. Diferentes casos-3. G enera l y tn•p:ts-1•. T ~'é gra. f··· S i1ales-5. D .. ~ n.a. H.q>arti~;ión tle la. fuerzas. Posicione··. e n.tr.t<.tl•jUC. Fortifieacióu -6. At:H lue-7. Dc~filaderol>. • No existe-y ~ería n ti 'í. i rno por ci('rto-un trn hHlo <'~pe­tcia. l y compl•to sobre la gw1·ra de montuña. Cabalulenh~ en ·<• ·ta c.}H.~ei _ tle gnetnt, en que tanto e~ea. t"HII y He eontradi<·~·n lo~ pn•ct•t to~, es do1Hle mrts ~e ltt"'et>:ita y de.s;lrrolht la "intli­vitluali• latl :d:1.· i:HlieaeionPA t(íoticru~, en armouía con la!'i topogníji ~.;as y vco!nr¡it·a. ( n • .. ., <•st.ndian al tratanw tle los Recmwcimientos. Tt anscrihiremo · te tna.J, 1>or da un resultado, t• un medio; no (.lS un pt o •lt•JIHI. que .:e J'(.l!'itleh·p, t·~ nn pl'ohl ~m a que ~e plante, ; no e~ el clrama comp t•to ele nna gnena, es lct intro:-o;eahro.sidadt>s dt_, nua sicrnt, basta que ptte(l<-t t·~grimir su~ armas cu campo aui.3t'to. • V éanse 1 as notas fi11i1h s. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOl!llll MtttTAR '--y--"' 51 "De un modo 6 élrte ele 0110 de los Pjércitos de hacer baja1· á la llauun.t á sn enemigo; y por éste, en no uajar basta que, por haht•r ere· -ciclo sn fuerza ó por haber perditlo kt ~u ya el contrario t'll eom· bate~ parciale~, sea snperior á él en carn¡,o raso. No e~, por cousiguit->ute, una guena de grandes batHltas td movimic11tos genel'ale~, porque ui el terreuo lo permite, ui nrto ele los dos ach· er~ar-ios lo consiente: sino que es una cornbiuacióu de pe­qnefí:;~ .s maniobra~, anlide~, sorpresas, rápitlas marchas y cho· qnes aisiHdos, todos inclependiente':i al parecer, pero todos SU· bordinados á u u plan general; porque si no la campañs nsen, .. 'ólo s Pll· ~ttPutra al~·mn\ r~gla tan vaga <·omo <· ta: eu lns montañas lwy por todaH partes nn grau 11Únwro . ·dén, ó 110 tPuía gran­de aficiór.1 á las montañas. A Jo mcuos a:sí puedo dctlucinm do los iguientcs púrmfos textuales: "Los paí ·es cle obrat· de otra mauera, es pura gana de gozar con las cliticultacles y Juchar contra gigautes; es obrar sin senticlo común, y pot· lo tauto contra el espíritu del arte de la guerra." ( Cmnent. T. ur, pág~. 464 y 465). Los franceses consideran al Duqne ele Rohnn, que comba­tió contra la casa ele Austria en el Higlo XVII, como t-1 tn·imer escritor y general moderno que ha claclo y aplic;;Hlo alg-uuos preceptos útile .. Este fraucéH erige en principio (1(1 pi tal H la posesión ue las cumbt·es." Pero otro fraucé:-1, tl e últimos del siglo pasado, Lecourbe, tenido también por ma (' stt·o f'n su país, prescribe al contrario "marchas hábiles por lo. vall~s," ocu· panclo las desembocacluras. Tenemos, ¡meA, lo~ clo~ cxtrt"lliOS. Dice Luis Blanc eu su cli curso vrn: "Primerauwute se dio una, importancia exagerada {¡, la po~~sión (l o las conl i llt•ra.s más elevada ; pero la vi ta ele grande ~j é rmto~ t•ou todas armas maniobrando sobre ella8, junto cou la s rc· tlPxicmes de la ciencia, ba hecho conocer qne (· n lo Yallt>s ~s cloudt> Ht~ de­ti~ ude y e do mi na la parte moutailosa de los pai es, estraté­gicamente considerados." Si acudimos á Jomini, qne tiene la pretensión ele (lar re­glas para tollo, nos deja sumidos en mayor incertidumbre. Por ejemplo, respecto á esta cuestión capital ele ()(mpar valles ó altu.ras, dice textualmente en su compendio: "Mucho ti~mpo hace que se duda. si la posesión de las montañas hace uueilo de los valles, 6 si debe suceder al contrario. El archidn· que Carlos, juez ilustrado y cornpetent(\, se inelina al segundo extremo, y ha demostrado que el valle del Danubio era la llave de la Alemania meridional. Sin embargo, es murwster eonvenir en que todo clepende en esta clase de cuestiones de las fuerzas relativas y de las disposiciones del país. "En el eRtudio de los becl.Jos es donde se puede reconocer cuán vanas son las teorfas de d~talle (sic), y axegurar qu~ una Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BDLETIII MILITAR ~ 61 1 Yolnntad firme y heroica puede más especiahnE>nt~ en 1a gue­rra de montaña que to~ Réticos, decía que un ejército debía pasar por donde uu hombre ¡mdie­! e pasar á pie. "Algunos gen(lra1es, no tn(lnos expf'rim('Qtacios que ~1 ea la guerra de montaña, han tf'nido sin duda la mi~mn opiuión. proclamantlo la gr:1n clitienltael qn~ hay en clirigir <•n ellos nna guerra uto en masa de las polJlacionNl á los recnrsos tle un ejército rt>gu~ lar; el 11rimero para gnardar las eima~ y acosar al t>llt.>migo, y el s~gundo para preAeutarle batalla en lo:~ puutos tleci~i\·o~ s-continúa el mi~ma Jo nini-no lo hacemm~ por e~píritu de mtH·mnraciúu, ~iuo úui­ea aente de mostrar á naw~tros lt>(ltores qnP, l•·jo~ de halwr'N8 lle ado el arte á sus últimos límites, quedan touavia runclwa pu tos que discutir." Y tánto • Oigamos otra autoridad comp(ltpntt' y contem­pot'áueu: ''La guerra de moutl'liia 110 es Ja. que m~11os alttlt'a­ciones ha sufriclo, corno cortMPctwncia el<~ las uuev:ts arma& de fuego; ninguna regla fija He puede estahleet>r t•u nH pnutra.J, Ne eRta.hleeLt qnt' para dominar la diviMoria~ era ut>et~l'lario ocnpa.r loN vallt>s; en ésto esVtn las grandes pol>lacioHes y todos los recursos ele la. co­marca; hoy la. regla para elitas opt.>raeiones la da Rola y e ·cln­sivamente la. topografía clel país. Por r~gla general, para dominar lo~ valles, en nuestra zona uel Norte, es necesari~ ocupar las uivisoria8, porqne aqnóllos suelen ser tan estredam~ .. que si el enemigo ocupa las divisorias, crnza. soba·e uosotrolf sus fuegoM y hace insosteuihlf~ la. posieión ; pero si, por IR. an .. cbura del valle, aquéllos son int>ficmces, ocnpan táctica. se consitlera tomarla uua po~ieióu, cuando se ha ccnpaelo la a1tu ... ra que constituye su pouto-lla\"e, y queda asegurada la pose .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BDLETIN MILITAR ~ eión tle un valle cuando las tropns se ba.n hecho tlueñas de las alturas que le roclt:-a n, así ta ml>it\11 ~:;e a(hnitía generalmente t,¡tw, en t:-strategia, tle la posesión a lt·í-l, y á adoptar el ~bte111:t rou triunfm· la opil~ióu contraria, y se \'ino á establecer que la posesión de la llanura daba la de las montañas. " Mirada la cuestión de. (le su venlad(•ro aspecto, es eom· ph•tamento ociosa: eu la gnerl'a la8 operaciones no son, en t>ft·cto, decisivas, si11o en <:H}nPilos pm1tos en qne se empeñHn J~u1 ftwrzas pritwip;tles. e8 decir, (\11 los qne ~e riüe la batalla tleei.·h·a. Estl'atégicaml•nte ht rwturaleza y la forma de terreno nnuca. tieueu iutluencia deei:i\·~. Vl.:'rdn iuftnír y mod i ticar pro fu uclame11 tH las o¡wt·acioue~; ¡wro las les es ge­Ileralc.~ s que l'igeu el <~mplpo y tll:llll'jo clt> la~ trolH's ~iem¡H·e serán las mi:-:mas: la. fuer~a sol1, nada m:'l · qnP. Lt fuerza es la. t}ne (leci1lc~ l'l éxito. 'l'ambi ~,, es por lo tanto faJ..;:o prPtetH.ler . que el que N~ dneiío de ht llalllll ~ lo Sl'tt 1h• la mo·ttaüa." '~Si lo~ Hw\·imieut(,~ dt•l acln•r8Hl'io obliga11 á maniobrar eon el g"t'IIPso de las flll->rza~ t>tt un pn ís mo gol¡w ~B 1wrdl.:'rá, por· lo eomíln, la pose8ión de la llannnt." (KunN. lJt'r Gebirgs. lcricg, p:'lg. lf.) E ·to, HIIIH]II(\ t>.~céptico y ele consolador, eH ci mtíficamente ercladt>ro: "la fttt·r za sola, uad.1. IIUÍH Jlle la fuerza es la. quo dl.:'cidll llanm·a. y f'll lllfllttniin , J>ara qtw c•u é~tas to1l0 .. · · pre:cute ·oluta qne el l'n se haya cometido P ·t ~ encargo. Si no , e trata~e lllÍIS quo tle la defeat8a ele 1111 ~olo f, e11te ntt•s hada Pl 11nr ca ie:>se, cuautl) p:tl'a pl·c•\'ellll'lt•s coutiunase11 ohrarulo en L1 motltaiiaH ~obre los llaneo: ch·l CIH'IIIÍ;.{o, se JHHhía. Cl't'('l' {>lltma- 11 ces Íll\'t-llciltlt• poi' lo· i1dinitos ohst;.lcnlos que las localielaeles JH'C:it'llbLII al , inntslll'. Pl'm, cuatulo ú. los latlos ele este fn•ut~ ele o¡wraeh tWI'\ :e IJ;tllan otl'OI':! 111 ·s ó IIH~nns ¡o;puwjant~s á tle­Jedta ó izqnit·nl.t; ,~n.l!ldo ~e tl'ata. ele dt•fc•Htlel' it tlll tiet~lpG toclos c~tos fn•ntt•:-;, ~-'O pc11.1 ele• \'et· c;lt•r u•IHlieht á la plimera. aproximaeiúu del cllt'JIIigo el q1h} ~o hnhit·~e dt~) tlt•ft•llsor,i meel itla q nc se annwuta. h~ t•xt~usi6u de la línea de dt.•fl•llsa~ .V aparece el Histenm de los conlout'~"~ eou toclo' sus ri~~gos tii.~t que l'a. fútil adopta•· otl'o.~' . "PHtando Slt mo,·tlitl:ul cou el tin tle pa~; r fn~mwnto y fú.cilmcute á la of ·u:i \'a." (Continúa) JIJS]~~ AL)liRA TTE Genl'ral de lu~cuie10s. PARA LAS MEMORIAS SOBRE COLO IIHA Y LA fi:UEVA GRANADA (CJntinuación) Un motin> ele ftlnc~or, y ele nlucor cncnrllizaclo haRhl ho~., fne la (l~f~usa lllpr('tHlilla. por· el alwgatlo Da·. I~h .. hG Url'i~al'l'i, por lauclahiB qne fupra, como t•s, auxiliar co11 N.lli lnct•s á nu cle~gl':t<:iaclo, el ahot:?:ado atlopt6 mc.lios iucotuln­CPiltt ·~ al oh,jcato, .Y para Rah•at• :'t Sil cdit~lltc clHl Cl'ÍUH'll, HC~IIAG al Oohil'I'IIO h:t{·iéuclolo el'imiual. Cl 'l'l'ihnualltizo notnr (ln 'IM. seut(•twia de l:J (\O Oettthr.-, "C)lll' <'1 tl•·f'c·tt.·or eh) ,José S.tnlaí. Re Ita hí•t t•xc:(•d ido t~ll stl cll'ft•n.·a ha<:it•nclo a IP!!lleiout•s ex a~~·· l'Hel;ts y malit:iv~;ts, é ilnputat~ÍI)IIl'S enutral'htl'\ :'1 la ,·ercla1l, t'•or Jo cual le ~qwn:il>ía ~t·r·ittmeutl~ p;u·a. qtw f..'.ll J,). 11eP~h·u an-.~­gln~ P ~n · ,lt>f'eul:\a~ {t. lo pl't'\'CIIillo en la. LP,Y 8.", elel 'rítnlo 2! del IJihro ~~ ele Iuclia~." La JJ, a NC publicó J•Or la hh· ]U'euta, ~- tleHpués ele ltJt•r·la co11 cnitliulo me pareció uo sólo ~h· eonlluceute, sino un znrciuo de frases pestülns ·Y ~tito ·gong'o.- • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoLETIII MILITAR ~ :rista. TLn·e la imprudencia de decirlo, á tiempo que otras per­~< mas tl~ gusto lo censuraban por la imprenta. Ofeuüido el amor propio tl~l autor, y n.tribnyémlorne iujustameute dó ~it•mpre difíeil que las tn•s J{,,•pírhlimt.s ~e a\~iuiesen mnigablt~mt>nte (:•u la. di\·i:-~ión tlt., la dt•nda, é iutlieó, como par­tidn má~ expeilith·o, adopta.l' la. uase tle la puulación. No se t>cnlta.ha la. uovejo de Estado uo había auxiliado cou un lnmiuuso drcta· • meu que recomendó el Oonstitucio~&al de Oundinatt,ado por el Congreso, resolví ccmcluírlo, Nalvan­jo así mi responsal>ilidad por los males que poüríau soureve- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BDLETII MIUTAR ~ nir del rompimiento de laM negociaciones. El Senado de la República por dos veces, en las sesiones de 1836 y 37, aprobó el tt·atado, y si la Cámara de Representautes 110 hizo lo mismo en 1836, siuo hasta ts:n, lo atribuyo más bien á escrúpulos y equivocaciones iiHlispensables á la gravedacl y novedafl de la materia, q ne á la iucoud u ce u te cuestión de iucom;ti tnciouali­dad ~nscita•la por desgrctcia y ventilafla con preveucióu. El Congreso ha saucionaclo _ya la di\~isión de la c.lenda, y crc~o que Jo ha brcl10 convencido de las ventajas que reporta la Nueva Gr,un~da de atit·mar la paz y recobl'ar· su honor, er observado el partil(los y cli~put.>sto ele ellos libl'emen· te. ¡No e un encHruizamicuto oclio~o el notarlo sólo eu mí f Cacla \1 ez que me \"CO eu actitutl clt' oc11rrir decentemente {, las .obligaciones de mi esta•lo y po icióu, ele servir A mis a:nigos, de soeorrer la meueneficeucia, eon Jos bienes que la patria me ba coucetliuo, me glot·ío de verles un origen tan Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 160

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 141

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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 258 BOLET1N MILITAR Tenientes Coroneles: Leonardo Munévar, Erniliano Leiva, Fran­cisco Rodríguez y Enrique Raymond; Sargentos Mayores: J crónimo Escobar, Nicolás Córdoba, Ignacio Rodríguez, Emiliano Castro, Librado Sandoval, Indalccio Saavedra A. y Carlos Tribín; Capitanes: Guillermo Hernández, Francisco de P. Cuervo, Teo­doro .Pineda, Abcl A. Giraldo, Francisco Malo S., Fidel Mendoza y Lisandro Castillo; Tenientrs: .1\larcelino Gómez, Antonio S. de la Parra, José María Rincó,l, Raf,tcl Perca, Román Rodríguez y Carlos N úfiez; y Subtenientes: Aristides Russi, M a. co Tu lío Tello, Emilio Prieto, Nepomuccno Ortega, Oliverio Ortega y Enrique Dávila. §. Serán daJos de bc~ja en el Cuadro de Jefes y Oficiales en dispo­nibilidad los que á él pertenezcan de los nombrados, y llámanse á los restantes al servicio activo. Art. 7.0 El Cuartel General se situará, por ahora, en Tunja, y se autoriza al Jefe C1vil y Militc1r de Buyacá para que, si fuere necesario, modifique la organización del Ejército al cual se refiere el presente Decreto. Comuníquese y publíqucse. Dado en Tena, á 20 de Febrero de I 900. MANUEL A. SANCLEMENTE Bogotá, Febrero 22 de 1900. El .:Ministro de Guerra, JOSÉ SANTOS República dt Colombia-Mi11hterio de Guerra-Seuión 1.•-Númer1 597-BogottÍ, 24 de Febrero de 1900 Sr. General Com:mdante en Jefe del Ejército. Pongo en. vuestro conocimiento 9-ue la au~or!zación con\erida .á esa Comandancia para hacer nombramientos se hmtta tan solo a desu­nar Ojicialn inferiorn del Depósito, para llenar las vacantes que ocurran en los Cuerpos del Ejército, dando cuenta oportuna á este Despacho para su aprobación. . Los nombramientos de Jefes, los ascensos, el llamamiento de nue-vos Oficiales al servicio ó al Cuadro de Oficiales, etc., requieren decre-to expreso del Poder Ejecutivo. . . . También os hago presente que la mov1hzactón de fuerzas no puede efectuarse sin orden de este Despacho. Soy vuestro atento servidor, ¡od SANTOS Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Se previene al Administrador de Rentas de Cali (y circuló á los demás), que inmediatamente reciba cuentas á los subalternos de su car­go y que forme las suyas; para que á su tiempo se rindan á l.í Tesorería general, 6 á Jos comisionados que ésta dipute. e le dice al Dr. Félix Vergara que, no obstante las razones que expone en su oficio 17 del corriente, se presente en este Gobierno como se le previno con fecha 1 S del mis1no, pues interesa al servicio de la República. Se oici6 á la Comisión de secuestros de Buga diciendo: que ha­biéndose presentado verbalmente la mulata Juana, esclava de la Sra. Matgarita Hoyos, en este Gobierno pidiendo que se le obligue á ésta ' que no la venda; y que como esta esclava y los demás bienes deben estar secuestrados por pertenecer al espat'iol D. Gabriel Prado, se le previno á dicha Juana ocurra á esa comisión por la providencia convenien~e respecto ! que la Sra. Hoyos no puede usar de los bienes embargados, ínterin no acredite, conforme al reglamento de la materia, el derecho que tenga á ellos. Al Capitán Custodio Gutiérrez se le ofici6 diciendo que hallAndoae en el rfo Palo una p1eza perteneciente á la imprenta, haga las indagacio­nes mú exactas y ofrezca gratificar á quien la saque 6 entregue. Que no descuide la vigilancia sobre los movimientos del enemigo y que hap otJ.ervar el mejor orden discipJina en la tropa y que vahéndose de hombres de confianza introduzca el espionaje en el campo enemigo. Y se le remite un tercio de sal para la subsistencia de la tropa. Se e ofici6 al Juez Mayor de Cali diciendo que el Alcalde de Vijea se presentó en este Gobierno acreditando que el toro que tom6 del Dr. V ergara, lo in virti6 en el sostenimiento de la tropa de la Rcpú­br ca 1 que no se le haga cargo alguno. Se re~ibieron del Sr. Coronel Cancino los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET.fN MILITAR • • • • • • • • • • • • • • SEXTo MOMENTO - El enemigo • • • • • • • • • • • • • • • repliega /enttzmente 111 ala derecha Sexto momento 1&1&1&181 l. S~PTIMO MOMENTo-E/ enemigo que había ade/ant11do, y reJiJte en JU nue'lJO frente formado por doJ tltnpa­iíím en tiradorn, apoyadas por otras dos e7J jilaJ cerradaJ. J)bposid6.D: cuarta compañía, avanza hacia el ala izquierda, gru­po ror grupo, y se establece á la altura de la primera; primera y cuarta compañím, mantiene cada una dos pelotones en tiradores para entretener seriamente al enemigo; tercera, se reúne cerca de la segun­da; y ambas se forman en columna de compañía. refuerza JUJ tiradortJ; parece pre- • • *0~ • *1&0• • • •®S • •0121• • • • para un ata1ue contra nlltJtro frente. 4 . a 1 . a DI po ld6n : primera y cuarta tompañíaJ: Jos sosten e~ apoyan la línea de tiradores; segunda} tercera tompañíaJ, avanzan hacia la iz-quierda para lanzarse de aHí con­tra el flanco derecho del adversa­rio, apenas pronuncie su movi­miento de ataque. Séptimo momento ÜCTAVO MOMENTo-E/ enemig,> inicia JU ataque Jobre nuntro frente. tJ.a 1 1 1 1 1 1 1 . t t ; 2 a : . ¡ i Octavo momentQ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 266 BOLETÍN MILIT A.R a) SISTEMA BANGE-DATOS NUMERICOS t.•-Dianen ione exteriores Longitud total de la boca de fuego . .•..•..•.•.•.•...•... Longitud del cubo (cañón) .................•....••••.. Longitud del refuerzo ó J'arte birolada .... .. ............ . Longitud total del vuelo (parte del tubo adelante de los mu-ñones). . . . • . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . ....•....•..• Longitud de la parte cilíndrica del vuelo (adelante de la bi-rola de calage) .. . . • • . ... .. .......•...••.••..••. Longitud de la parte tronco-cónica del vuelo ...••••••.•.• Longit~td de la platabanda de brocal ......•...•......••.. Longitud de la birold de culata ( in la saliente de las orejas). Longitud de cada una de las dos birolas intermedias . . .• . ••• Longitud de la birola muñonera .••...•.••..•..•.•...•.•. Longitud de la birola de calage . ... . . . . . . . ...•........ Longitud de la línea de mira (el ccn tro del ojillo de la alza está 5 mm2 atrás del eje del canal triangular de la caja de la alz ) . . . . . • . . . • . . . . . . • . . • . . . . • . . . . . • .. Diámetro del refuerzo .•.....•.•..••..••......••..••.• Diámetro exterior de la hirola de calage en su frente anterior DJámetro de la platabanda del brocal .....•...........••• D ., d 1 ( ba e mayor (á la altura de la cara an-tametro e a parte t · d 1 b' 1 d 1 ) 6 . d 1 J tenor e a 1ro a e ca age ....•• tronco-e mea e "'\ 1 d 1 · 1 , base menor ( 1 a altura e a ansta vue 0 • l_ posterior de la platabanda de brocal). Diámetro de la parte cilíndrica del vuelo .•......••.•••.•• Diámetro del tubo dentro del birolaje •.•.••..••••.••.•• Longitud de los muñones . ..... . .........•.......••.•• Separación del zócalo de los muñones .••.•.• . .•••....•.. Diámetro de los muñones . . • . • . • . .. .. • ............ . Diámetro de la cavidad cilíndrica de los mufiones ..••.••..• Profundidad de dicha cavidad · que termina en una semiesfera. Distancia del eje de muñones al corre po terior ...•........ Distancia del eje de m u ñon es al de la pieza.. • . • • . • . . . •. Distancia de la lfnea de mira } vertical. .•....••..••.•.... al eje del cafión horizontal .••••.••••....•• 2.•-Dimen•lones int.erlore• Longitu~l de la parte fileteada del tornillo de culata .......• Longitud de la fou arreglada para el juego del tornillo.. . •• Longitud del alojamiento del obturador ..••..•.........•. Longitud de la cámara de p6lvora .•.•......••..•••.•.•. Longitud del cono de paso de nivel . • • • . . ••••••••••••• • lA lía~ lfct mir• 111 fipctJ'HmQA\11 pl&r.lell al lfl:._ le 11 pi.¿a. Metro• 1.200 1.200 o.sso o.6;o o.oo6 o.626 o.o18 0.125 o. J 35 0 . 100 o.o6o o.soo 0.16~ 0.134 O.I lO o. 12 5 0.102 0.128 0.125 0.063 0.170 o.o68 0.022 0.043 0.4-40 0.000 0.075 0.070 0.070 O.OIO o.oz8 O.I 50 0.015 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 268 BOLETÍN MILIT A..R 6." -Vureii;l. de Jmontaña Peso de la cureña completa, con ruedas y frenos ..•..••• Peso de la cureña sin ruedas y frenos ....•••.....•.••• Peso de cada rueda (número S) .•...•....••.••••••••• Peso de 1 a 1 i manera . • • . . • • • . • • • • • .•••••....••..•• Peso de un fr('no de resorte ...••..•.••.•..•...•.••• Peso del basto de cureña con cojines .•..••....•....••. Altura del eje de los muñones sobre un suelo horizontal (pieza en batería).... • • . . • • • • ••..••.....•..•• Distancia del punto de apoyo de las ruedas al de la conte-ra (pieza en batcrfa) . . . • . . • • . . . . . . . • . ••••••• Distancia de la extremidad de la contera á la parte delan-tera de las ruedas. . . • . • • ••••...•..••••...••••• Diámetro de las ruedas .•••.••...•••.•.•.••.•...••• Vía (distancia entre las dos ruedas...... . • . •.••..•••• Distancia horizontal de los muñones al tornillo de puntería Longitud de la cure11a (de la muñonera al argollón de con-tera) ..•..•...•..••..••.•••....••••...... Anchura m<íxima de las gualderas .•••.•••.•••••.•..•. Separación media de las gualdcras .•••...•. - ••......•. \bajo el horizonte (pic:za en batería en L' . d l. < suelo horizontal) ..••.••...••..•••• Imite e tlro 1 sobre el horizonte (para el alcance má:xi-l mo de 4,osom8 ) • ••••••••••••••••• '1.•-Pro yeetlle ) peso de la granada. . . • • • • • . • •• G d d . · i carga interior de pólvora 6 carga 1. o rana a or tnana de ruptura .......•..•...•••. l peso total•(con espoleta) ••...••• ) peso de la granada ..••••..••••• 2.o Granada de balas.¿ peso de la carga .•.•••••.•.••• (Shrapncll) l peso total •...••••...•••.•••• l número de balas .•...•••.••••• ~ peso tota 1 •••••• ~· ••• , ..•••••.• 3. 0 Bote de metralla número de balas ....••••.•.••• peso de las balas ....•••...•••• e d 1 . ( d l .1 >{pólvora .••. arga e a pteza para to os os proyec t1 es saquete ..•• 8.•-Carga de mula Primera mula: de pieza.. . una estaca-palanca.. 2 kilos 17 5 kilo1. 1 12 kilo!. 26 kilot. 18 kilm. S 22ksoo 0-7S8 ¡.moso Im798 0.900 0-730 0.22 sk1oo 0.2f0 sk6oo Skioo 0.1 so S-970 93 s~csso ss oko44- okcf.oo 0.015 ~ la pieza ..••• - • • • • 10 S kilos un escobillón...... 2 kilos 109 (B) Pasan 109 _(B) 't• Enterrando la contera puerle aumentarse el ángulo y por ende el alcance. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 270 BOLETÍN MILITAR tración y organización para que su movimientos no resultaran paralizados en los momentos en que la principa l, si no la única esperanza de éxito, e taba en la rapidez con que -e ejecutara su audaz concepción de la camp ña. Lo!> primeros días lo empleó el . General en asegurar los servicios de retaguardia: error sería supo­ner que Napoleón se limitaba á a\·anzar, ~in inquietarse por la co­mida de las tropas; al contrario, esta fue su preocup ciún constan­te, aun cuando atendida de suerte que nunca perturbó ni la claridad de su ojeada militar, ui la marcha <> dirección dt: las operaciones militares. A este rt:specto siempre ubservl) l siguiente regla: "en la dirección de nu stros ejército debemos !>Cr guiados por el prin­cipio de que la guerra debe alimentar la guerra." Y empleó tan bien su tiempo, que á po o de posegionado del mando podía escribir á Parí : '' ~ ~ forrc1je e tá a e gurado para un me~, las etapas provi!>tas ;" y sin temor por e e lado, dio principio á la concentración del ejército sobre. u derecha, eg11nda parte Je su tarea antes de abrir operacione . Sobrt: c.-te punto dijo: "El pa o dd orden defensivo al ofensivo e u11 de la op e racione más Jeli­cadas en la guerra.'' El plan de apoleón er" us grande Ji neamien­tos era el mi ·mo que de arroll ra do año antes en c]á:;ic memo­ria: atacar el centro de los aliado:-, que una vez cparado~ á causa de la oposición de sus interese. , de btan retirarse t:n direccione di­vergentes; imponer en segu·da rápid,unente la paz á Jo piamonte­ses, y luégo rt:volvcr e Cúntra Jos au triactL, ya ai~l do . , y arrojarlos de Italia. Cuanto al punto más fdvor ble para romper el centro enemigo, reconoció era la depre i 5n que separa los Alpes de los Apeninos, ó sea el punto donde hay meno altura que trepar, y está marcado por el ca mi no de Savona- Ca di hona- Al tare-Carca re. Hasta aquí el común de los escritores militares, que olvidan un detalle capital en el asullto: que á la derecha de esa ruta se des­prende una crecida ma a montañosa que avanza hacia el Oriente, casi paralela, de lejos, á la cresta central de los Alpes, y divide allí el terreno en dos grandes cuenca. aled,tila , o upada cad una por uno de los aliado·, de suerte que epar do · é tos y guarnecidas esas breñas intermeJias por tropas francesas, era imposible á aquéllos reunirse de nuevo sin retroceder mucho terreno, lo que á la vez de-· jaba libres todas las vías de inva it)n de Francia hacia el Pi amonte, y expuestas ]as de retirada de los au triacos sobre el ·rirol. En conformi<."ad con lo dispuesto, las divi~iones se concen­traron, tropas suficientes aseguraron la retaguardia del ejército, y el Cuartd gentra1, por etapas, avanzó á lo largo ,le la co· ta. Em­pero, el adversario no permanecía inactivo: la pre. encia de desta­camentos france · es en Voltri de . pertó desconfianzas en el ánimo de Beaulieu (austriaco) por la seguridad de Génova, y algunos movi­mientos que ordfnócon tal motivo indicaron á Napoleón que había fracasado su tentativa de sorprender al enemigo en sus cu<~rteles de invierno. A la vez los piamonteses (Colii) estrechaban sus acantona- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE'l'ÍN IILITA.R 273 Los sorprendidos france. es, primero á la voz de Massena y luégo á la de N:.tpolec)n, qu'- ll·ga vol.llldo al camp , se rehacen y resis­ten; á las 2, reforz. do, vuelven á tomar la ofen~iva y arrollan al enemigo sobre Spigno, tras inl1igirlc pérdida.:; enormes. Antes de que pnncipiara e:,te combate, inf;,>nnado apnleón de que Beaulieu pretendía dirigir:,e obre D_go, había detenidn la marcha de Lahar­pe, y por e ·o puJo contar con lo:, refuerzo que re tablecieron la Ii -1, un instante comprometida. Por lo que hace <Í Serurrier ha lle­gado entre tanto frente á Ceva (valle del ·ranaro), y Auglereau se pune en comu11icación con él al arribar á l 1ontczzemoo persi­guiendo á lo:; piamonte es. Napoleón, que , caba de infligir una nueva derrota á los aus­triaco ·, queJa doblemente a egurado por este lado, en tanto que u izquierd , }' '1 en contacto con el enemigo, n cierto modP Jo fija sobre el terreno, á la ez que él mi m o, p, rticnd > de Dego, e apr st.t á envolverlo y aniquilc~rlo. A los u triaco ha causado una pérdi a de Jo,oo h more y le ha impuc to un d'!prc ión moral tan grande, que Beaulieu, convencid d la superioridad numérica de los franct: e , súl, pien a en reunir e 1 Acqui lo que le resta de su~ soldado para cubrir con ellos á L 1bardía. OChernuo o Dego0 0 Ce'lln lrlil!nimo o o .Acqui ~ o o 2 3 4 5 leguas ! ______ ! ______ ! ______ ! ______ ! ______ L_ (Co1ztinuará) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 274 BOLETÍN MILITAR SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continuación) b) Ejercicios de los ueleranos Durante los dos períodos que acabamos de describir, el prepa~ ratorio y el de l.:1 instrucción individual ó de los reclutas, se suben­tiende que ni los reclutas ni sus instructores hacen servicio alguno de plaza ni mecánicn de cuartel, etc. Todo d peso del servicio ordinario recae únicamente sobre los soldados veteranos * desde el mes de Septiembre hasta mediados de Febrero. Así pues, en la<> grandes ciudades suelen e tar de guardia cada tres ó cuatro días, sin perjuicio de los de,nás servicios de rodas especies que les incurr.ben. Resulta de esto que los capitanes de compañía rara vez pueden disponer de toda su gente, no pudiendo, aden ás, ocupar á los ve­teranos en otra coa que e11 ejercicio· de instrucción individual. Al capitán corresponde dirigir éstos de manera que preparen convenientemente su fuerza p.1ra las maniobra de primavera. U na gran parte del tiempo se con~agra al tiro al blanco, á la giuanasia y ,la enseñanza teórica. Además, reunidos los soldados en pequeños grupos, se les ejercita en la práctica del servicio de campaña, bajo la dirección de los oficiales á los cuaJe - está encomendada particu­larmente esta instrucción. Tt~mbién los sargentos que revelan in­teligencia y aptitud para el servicio de exploración, practican sobre el terreno con pequeña, fuerzas organizadas en patrullas, etc. En virtud de los mismos princtpios de independencia, que no autoriza á los jefes á intevenir más que en el caso de que el capitán de compañía emplPase procedimientos de in>trucl.·ión manifiesta­mente erróneos ó co11trarios á los reglamentos, éste es enteramente dueño de organizar como le parezca la instrucción de sus soldados veteranos, tanto desde el punto de vista de la JJaturaleza de los ejercicios, como del tiempo que debe emplearse en cada uno de ellos. La única obligación que se le impone es la de presentar su com pa­ñía en épocas determinadas á la inspección de sus superiores, cu­yas exigencias está entonces obligado á satisfacer. Al capitán com­pete buscar Jos medios apropiados para alcanzar el fin que le ha sido señalado y la mar~ha que debe seguir para dar á !:iUS soldados los diversos géneros de instrucción. Jamás prescripción alguna de sus superiores, incluso el jefe de su batall6n, se dará para indicar!,. • Cuyo número se encuentra pur entonces reducido al mínimo por consecuencia: J.o Del licenciamiento de los soldados que acaban 1lc pasar á la reserva; z..o Del envío á aua ho~ares de cierto número de ho:nbre:i, á Jin de su seguntlo año ele servicio, en virtud del Konig- Urtt,ub, de que ya hemos hablado anteriormente; 3·o y último, por cierto número de toldados anti6uos, que se agrc:gan á la instrucción de los reclutas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Gimnftstiea y esgrimll • trucción t 6rica gi ie o de un rrospecto á la cual Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. manejo del Jlrma, dar una estocada 6 corte, etc. Esta instrucci6n e aa siempre haciendo uso 'de las voces de mando reglamentarias empleada en el ejército. Excusado es decir que todo esto agrada en extremo á los muchacho , que entretienen sus días d,e vacacio­nes en jugar á los soldados. o debe extrañar, después de lo dicho, que los reclutas al llegar al egnniento se encuentren ya algo instruídos, como lo hemos he­cho no r al hablar del reclutamiento. Gracias á su educación, estos omllres son en cierto modo medio soldados. Saben marchar al paso, hacer gimnasia, están ya familiarizados con las exigencias de la vida militar, y el trabajo de su instructores se encuentra así facilitado. En cada regimiento la formación de in tructores de gimna-ia se confía á un oficial procedente del Instituto Central; pero por consecuencia de lo difundidos que e tan los conocimientos gim­násticos en el ejército, el oficial encargado de esta mi ión no tiene, la mayor parte de las veces, nada que ha er para llenarla, y úni­camente cuando llega al empleo de capitán puede sacar provecho de la enseñanza especial que ha recibido, supuesto que la instruc­ct6n .de la g~mnasia, como todas la dem , se dan bajo la direc­CIÓn r YÍJilancia del capitán de la compañía. El tenic;nte que está pec:aalmente encargado de ella tiene por mi ión velar que los rgentos instructore sigan rigurosamente la progresión orden da y expliquen correctamente á los soldado el objeto de cad mo i­micnto que se ejecute. Se exige que tod los oficiales y sargentos llenen tado de ejecutar por í mismos todos los movi-entos, pero ' veces se les agregan para dar la instrucción mo­ora especiales elegidos entre los soldados antiguos más ina­uídos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 280 BOLETÍN MILITAR En el invierno los soldados no se ponen la mochila más que para el servicio de guardia y para el tiro al blanco. En general no se empieza á usarla permanentemente hasta después de las manio­bras de primavera. Nluchos oficiales C>pinan que es ' preciso ah te­nerse de hacer poner á los soldados la mochila derna_iado pronto. De otro modo, dicen, se impide el desarrollo · natural Cic su fuerza y de su destreza. Es preciso al principio dejar al soldado libre de toda traba, equilibrarse por decirlo así, y adquirir en los movi­mientos del c.uerpo la soltura n<.!cesaria: agobiándole prematura­mente bajo el peso de una mochil<~, e le hará desmañado y poco diestro, sus m o vi rnientos vendrán á ser torpe:> y embarazados. La importancia de esta cuestión es tan generalmente recono­cida, que los jefe de regimiento e resen'an habitualmente fo mu­lar por sí mi~rnos las regla que deben eguir e á este respecto, y de ordinario no se u a la mochila más que á partir de cierta épo­ca del año, haciéndole variar prcwr ivamente el peso. Para lo­grarlo, y también para evitar el deterioro de los e~ ctos con fre­cuentt> S empaque~, no se ponen éstos en la mochila tná que en ca o de neC'e~idad, y por lo regular se les r en"'plaza, ya con ladri­llos, ya con C'ajas ó saquitos lleno de arena, á los que e da fá­cilmente el peso apetecido. (Continuará) Que la guerra sea un·a desgracia sin igual para la humanidad, es cosa que nadie lo niega, y por lo mismo se justifican todos los esíuerzos que hagan los hombre· de buena voluntad para alejarla lo más posible, ya que no ~e la puede arrojar de nuestro planeta; pero sostener que la guerra es impo ible por ca,.Jsa de los perfec­cionamientos d~l material con que se la hace, es error mayúsculo que puede conducir á de. astres como los que en la actualidad ~ufre el ejército inglés en el Sur de Africa. Muchos son los soñadores que en Europa han incurrido en tan singular desacierto, y au:J cuando ya lo habíamos combatido en este semanario, no podemo!' dejar de traducir Jo que sigue, in­serto en el número de 9 de Dicicm bre pa ado, de la Revue Scienti-jique, por la autoridad que tan connotada publicación viene á dar á nuestras palabras. La tesis de los verdaderos quimeri tas fue formulada a~í por Ja pluma de un sabio: al declarar quimera los soldado'> la posibilidad de extirpar la guerra, olvidan las grandes lt!cciones de la hi toria y desconocen un hecho in11Lgable, y e que, gracias á lo que ellos mis­mos han inventado r.n los últimos treinta añoJ, la guerra se ha con­vertido en un imposible, nz una quimera. Los argumentos en que esa misma pluma apoyó su tesis pue­den resumirse así: el ataque de una posición fortificada se ha he- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 282 BOLETíN MILITAR es un plano horizontal? Generalmente el objetivo estará más alto ó más bajo que la trinchera donde se halle el dt-fensor, por Jo cual, sin sangre fría y buena puntería en altura, su fuego será ineficaz. Y lo dicho no es todo: el defensor para apuntar tiene que descu­brir la cabeza y el pecho, y á su turno sufrirá bajas con~iderables. 'Hoy día la técnica ha realizado el sueño de que ei manejo de las armas de acción más terrible exige precisamente menos atención y sangre fría que en tiempo de los arcabuces.' "Error también: al contrario, entre más se perfecciona un útil, mis h.1bilidad se exige en el obrero que lo maneja, y manos más finas y delicadas. Por ejemplo, dos baterías con los cañones lisos de otra época podían luchar largo tiempo sin resultado deci­sivo, aun cuando la instrucción de ellas fuera desigual. Hoy, con los cañones de tiro rápido, la batería que por inhabilidad ó falta de instrucción pierda algunos minutos, á veces uno so!J, estará per­dida ó á lo menos inmovilizada. "Lo antedicho demuestra además la inanidad de esta otra afirmación. 'La soJa artillería podrá exterminar ócho veces más soldados que los que pueden alinear e en un campo de batalla'; porque esto no sucedería sino en el caso en que tales soldados se presentaran ante la artillería como los blancos de un campo de tiro, que ni tienen movimiento ni sólben utilizar el terreno; por­que esto no sucederá sino en el caso de que dicha artillería nad" tenga que temer de los cañones enemigos, y adef(lás ejecute su tiro con tanta calma y holgura corno en el polígono, y cuente con jefes perfecto:; que no cometan ningún error de observación ó apreciación. Quimera! podemos afirmar á nuestro turno. ¿Y esa artillería podrá contar siempre con municiones suficientes? Gra­vísimo problema es este, en el cual no piensa el que escribe los errores corregidos, y que sin embargo suscita, con razón, inquietu­des en el ánimo de los militares.* "Seguramente se nos objetará que si el defensor no puede obten<"r de sus armas todo lo que ellas pueden dar, menor rendi­miento conseguirá el ofensor que avanza al descubierto, sin contar con que el defensor puede acumular en sus posiciones toda clase de defensas ú obstáculos que detengan el avance del segundo á corta distancia de las trincheras y bajo un fuego horroroso; si el une sufre pérdidas, el otro las contará mayores, y la superioridad queda en definitiva en manos del defensor, á quien no se podrá desalojar de su posición, de donde imposibilidad de obtener una solución cualquiera por medio de la guerra. Pero á tal argumento replicamos con una sula palabra que olvidan los que se entrometen en el asunto sin ser militares: la maniobra. • La derrota de Jos ingleses en el Tugela en Diciembre pasado, dicen l~s rela-to!!, se debió en parte á habers~ agotado las municiones de artillería. l Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 285 de sorpresa su ataque decisivo. D .... hech0 impondrá al defensor el momento y el lugar de la respue ta, p()rque no le d~ja libert..td, ni tiempo de acudir allí con sus r.::serv.1s, y pu:te de su lado toJas las prvb..tb' liJades de ser el más fuat en el punto d:1d0 d_l campo de b.1talla. D.!l mismo m do q e Jo h.tcía N .1polec.>n, el a"altante mo­de- rno allí acumulará C..Janto;; caJ1one:; pu .... J 1 pMa dominar la ar­tillería enemiga, y de seguro entre ell >~ los h tbrá capaces de arrui­nar con proy~ctdes ex plo:,i vG~ las defensa y tri nch~ras del contra­rio par abrir paso á las masas de inCantena. "Entre más poderosos y perfectos seau los cañones, más serios serán us efecto.;, más se inclinará La balanz 1 dd Lldo del asaltante. El grande error '1 u e se comt:te al hacer la apologí.1 de la defensiva está en representarla siempre provi ta de t )tlO:i sus medio de ac­ción, olvtdando adrede que el ataque principia por arruinar esos medios con una poder >Sa concentración de fuego , y dispone á su placer del tiempo y el espacio para maniobrc.~r. D..:sconóce~e, por otr.t p· rte, lo fact ·>re · p-icol/)gi o:. que ejercen en la guerra inlJ uencia tan considerable como la de los fctctores materiale . "La defen a pre·ieme un peligro inm.inente, pero ignora dón­de y cuándo estallara la temp tad~ y u moral e resiente de se­mejante expectactiva. El soldado tendrá el sentimiento de que sus jefes, en ve"L. de dominar los acontecimientos, están dominados por ellos, y carece además dd derivativo qu .... procura l..t actividad y el movimiento. En fin, diferencia capital entre el defensor y el asal­tante: 'El defen or no obtiene la victoria sino á trueque de ser victoriosó eit to·ia la 'lír1ea, e'n 'taÍlto q'ue 'el ' asaltatúe ' tríunfa' con . sólo que obtenga la ventaja en un punto del campo de batalla.'­Yon der Goltz. "¿Quién osará al presente negar la exactitud de la siguiente afirmacion: no hay resistencia, no hay fortaleza que no se domi­ne por medio de las maniobras? "Las erradas ideas del escritor citado, sobre el valor intangi­ble de las posiciones forti licadas y la ~uperioridad de la defensiva sobre la ofensiva, no son nuevas. A cada perfeccionamiento de las armas han salido á luz idénticas opiniones: para no citar sino un ejemplo, recordemos el fusil Chassepot, adoptado en J 866, que hizo creer que siendo una arma de tiro tan rápido y tan eficaz, comparada con las anteriore, tenía que hacer imposible todo ata­que dirigido contra una tropa bien apostada. Entonces se trató de poner en práctica esa quimerd, se retrocedió al tiempo de las bellas posiciones y se adoptó como norma fatal la resolución de no librar sino batallas defensivas. Ya en la guerra franco-alemana pagamos suficientemente caro ese error, para que no nos pongamos en guardia contra teoría tan nefasta y perniciosa. "¿Quiere decir lo dicho que nunca convendrá adoptar la for­ma defensiva, siquiera sea momentáneamente? Tal no es nuestro sentir. La ofensiva loca, atropellada, sin plan, sin tiempos de de- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 286 BOLETÍN 1\ULITAR mora, sin organizac1on sumaria del terreno conquistado, conduciría al desastre: los rusos se dieron cuenta clara de ello tra" de las dos primeras batallas de Plevna, y el ardoroso Sk.obelev debió recordar á las admirables tropas que mandaba la necesidad de consolidar los éxitos parciales que pudieran alcanzarse. "U na tropa que protege una columna en marcha, una flanc­guardia, no debe buscar el combate y estará á la defensiva; otra que espera refu~rzos se guard,lrá de atacar antes de haberlos reci­bido. Pero estas situacwnes son excepcionales, y todo jefe, obligado por las circunstancias á defenderse, no dc:=be olvidar que su recurso supremo no está en el poder del fuego, sino en la disimulada pre­paraci? n de los medios de parada y respuesta á la agresión del ad­versano. "Muy bien que se trabaje por suprimir Ja guerra confiando á tribunales internacionales las diferencias que ocurran entre los pueblos; pero entre. tanto la guerra, lejos de ser una quimera es la última ratio, á pesar de lo perieccionamiento~ de la. arma , y ~iem­pre tendrá una solución . .F ·liz el ejército que tenga que combatir un adver ario imbuído de las erróneas ideas apuntada sobre el va­lor y la invulnerabibd.ld de las po~icioncs fortificadas y convencido de la superioridad de la def~n iva, porque ·uya será la victoria. Esperemos que no sea nutstro ejército el derrotado por tales errores-X." (Arreglado para el B11lelín Militar) (Continuación) La duración de la reacción parece ejercer poca influencia sobre la constitución del pyrnxylo, r pnr lo mismo se han preconizado desde algu­nos minutos hasta cuarenta y ocho horas: ambos términos son exagerados. El remojo debe durar lo suficiente para que todo el algodón se trans­forme, pero una vez concluída la nitrificación, no hay objeto en con­tinuarlo; al contrario, el ~e ido disucl ve siempre una cantidad apre­ciable de algodón pólvora. En tesis general, con algodones bien carda­dos y poco comprimidos en los vasos ó pilas de remojo, basta una hora de nirrificación, pero de ordinario se les deja doce para tener seguridad de que la operación resulta completa. Es de observarse que un exce­so de ácido sulfúrico en el baño sulfonírrico retarda la nirrificación; empleando diez partes de ácido sulfúrico y una de ácido nítrico Ja ope­ración dura ocho horas para obtener un producto nitrado que desprenda 170 centímetros cúbic JS de byóxido de ázoe por gramo. Durante el baño una rejilla de acero mantiene el algodón sumer­gido y le imJ:ide que flote en la superficie, en cuyo caso una parte po­dría sustraerse á la acción de los ácidos. 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Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 141

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 140

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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 26 BOLETÍN 1\IILITAR :Cl!lO?.Efl"JO NUMEP.O e :CE 1900 ( FEBRERO 1 1 ) por el cual ae crean loa pueatos de Alcaidea de las Cárceles de preaos políticos El Director general del Cuerpo de Policía Nacional DECRETA Art. 1.° Créanse los ruestos de Alcaides de las Cárceles de presos políticos de Santa Inés, La EnseJ1anza y Colegio del Rosario, empleados que serán de libre nombramiento y remoción de esta Dirección, con aprobación del Ministerio rle Guerra. Art. z.o Los Alcaides de las Cárceles de presos político., estarán á órdenes de esta Direcció.1 y serán los encarg:tdos de atender al público en todo lo relacionado con los presos, pudiendo solicicitar el apoyo de la respectiva guardia siempre que lo necesiten. Art. 3·u Para los efectos fiscales se asimilan á Comisarios Mayores de 3.• clase de la Policía Nacional á los empleados creados por el pre­sente Decreto; y su sueldo se les cubrirá por la Habilitación del Cuer­po, mediante la presentación de la respectiva nómina con el V iJto .Bue­no de esta Dirección. Art. 4.° Consúltese con el Sr. Ministro de Guerra, y si fuere aprobado, cúmplase. Dado en Bogotá, á 11 de Febrero de 1900. ARISTIDES FERNANDEZ El Secretario, Pablo .A. M artínez. Ministerio dt Guerra-Aprobado-El Ministro, JOSÉ SANTOS Bogotá, 20 de Enero de 1900 Sres. de la Junta Directiva del Montepío Militar Examinada por el suscrito la cuenta de la Tesorería del expresado Establecimiento, correspondiente al mes de Diciembre último, tengo el honor de informaros de su rcsul tado, así : MOVIMIENTO DE CAJA EN EL Ml!:S DE DICIEMBRE DB 1899 Débito Crédito E1i~tencia anterior ....... $ 6,200 57! A Inter~ses.................. 1,673 75 A Deudorea á mutuo...... 60 ... Suma ...... .. S 7,924 32! Por Pensionea . .......... .. 1 825 p, r Fincas rafees........... 414 Por Gasto. generales...... 606 Suma ... ...... S 1,7+5 .. . Resumen Suma el Débito .......... S 7,924 32i Suma el Crédito............ 1,746 ... Saldo en 31 de Dbre ..... t 6,179 32t ])ios os guarde. El General Inspector general del Ejército, M. D. MONTUFAR :..¡ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILI'l'AR 227 SECCION DOCtTBIN AL CAMPA.ftAS NAPOLEÓ .ICAS (Selección arreglada para el Boietín Militar) 1-ltulia: operucionc• contra Ueaulleu PosrciONES DEL EJÉRCITO FRANCÉS-3 5,ooo hombres distribuídos en una línea de J 8 leguas, entre montañas, sin recursos de ninguna espe­cie. E:agerada exten ión del frente; una ala en peligrosa posición y adosada á obstáculos casi infranqueables y al mar. Corrección, en parte, de la mala situación militar, mediante la construcción de algunos re­ductos. PostclONF.S o~L EJÉRCITO AUSTRO-SARDo-sz,ooo hombres en Hnea de 28 leguas de longitud. Exte nsión aún más exagerada del frente de operaciones; inercia para aprovechar la mala situación del adver ario. 10 DE ABRIL . .At,,qut combi11ado por los atutro-Jtlrdos. Combatt de Poi­tri- El jefe austriaco no alcanza,{ discernir cu,íl es el punto decisivo donde debe herir al adversario, y combina un ataque por completo iló­gico, en el que más de 20,000 hombres quedan inac ivos, y el centro­enlace con lo sardos-re ulta de guarneciclo. El error parece provino de que Beaulieu suponía en Bonapartc la idea de adueñar e de Génova á todo trance. Iniciado el ataque, la extrema derecha francesa que ocu­paba á Voltri (Cervoni) fue carg·tda por tierra r por mar, tuvo que retroceder, y aun ... e hubiera \Ísto copada si Beaulieu dirige algunas tro­pas por senderos de la monta1ia hacia la retaguardia 6 línea de retirada de Cervoni. · 11 DE ABRIL. CfJmbr1té dt · !111)1Jte...:Legilio__.:._ Tarde comprendió Beau­lieu cucÍl era el punto decisivo, ante el ruido del calión que repercuthn los ecos de la montafia: el centro estaba en peligro, por lo cual le envió refuerzos que llegaron tarde: en la guerra el tiempo tiene valor incal­culable. El centro austriaco, en tres column3~, había atacado en Mon­te- Legino los reductos de los franceses, y aun cuando tomó dos, fracasó en el asalto del tercero situado en la cumbre de la altura, por más que aún no estuviera con el uído. Las ccnsecuenc ias de ese rechazo fueron Inmensas. 12 DE AB~tiL. BATALLA DE M o 'TENorrE-Bonaparte desde Savona observaba las operacione5 del enemigo; de la intensidad del ataque so­bre su derecha dedujo cuál era la intención de Beaulieu y la situación del enemigo. Sin demora ataca de frente y de flanco parte de la dere­cha austriaca (centro austro-sardo), la aísla del resto y la derrota com­pletamente. 1 3 Y 14 DE ABRIL Batalla de ll1 il!esimo-El resto de la derecha austriaca intenta reunirse con los suyos, pero es detenido en su marcha y rechazado en las gargantas de Millesimo, y hace alto en las ruinas del castillo de Cosseria para pasar la noche, con la mira de reunirse al si­guiente día con los sardos, pero los franceses no le dan tiempo, lo ata. .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE~ÍN MILITÜ can, y aun cuando fortísima la posición-un monte cuyos flancos ha· rrían rocas despren:iidas de lo alto-fue rodeada, durmiendo los asal­tantes muy cerca de ]os sitiados, reducidos al castillo. Una de las co­lumnas francesas pudo, en efecto, reorganizarse, para tentar el asalto, en un pliegue del terreno que resultó ángulo muerto. El 14, viendo los austriacos que los sardos no pudieron libertarlos, capitularon. I 3 Y 14 DE ABRIL. Combate de Cencio-Los sardos, cortados de los austriacos que estaban en Dcgo, intentan dos veces (1 3 por la tarde y I 4 por la mañana) vol ver á restablecer su comunicación con ellos, pero su doble tentativa fue rechazada. 14 DE ABRIL. Primer combate de Dego-Los derrotados en Monte­notte se replegaron á la posición atrincherada de Dego, importantísima porque su posesión permitía maniobrar á austriacos y sardos para vol ver á reunirse: la constituían cuatro colinas con sendos reductos y al pie el río Bormida, que le servía de foso. Los franceses vencedores en el ci­tado Montenotte llegaron el 13 frente á Dego, fueron reforzados poco después y asaltaron la posición en cinco columnas, que atacan con vi­gor por el frente y un flanco, y pronto hacen suya ]a victoria. 14 DE ABRIL (por la noche). E1putáctdo ftÍctico de /o1 do1 ejértitoJ­Cuatro días después de abierta la campaña los franceses, concentrado5, dominaban las breñas del Apenino, y él hermoso ejército austro-sardo aparecía dividido en varios grupos que obraban sin concierto y sin tener conocimiento exacto de su mutua situación. 1 5 DE ABRIL. SoRPRESA DE DEco: doble combatt-U no de los grupos austriacos en marcha haciaDego supo la toma de este lugar en la noche del 14 al 15, pero salió de la falsa posición en que se encontraba, ca­yendo de repente, al amanecer del I 5, sobre el flanco de los franceses, á quienes sorprende y derrota. A los primeros disparos Bonaparte, que no estaba lejos, acude con tropas frescas y recobra la perdida posición. 16 DE ABRIL. Toma del campo att·incherado de e eva-Lograda la se­paración completa de sardos y austriacos con los anteriores combates, Bonaparte resuelve dar á los primeros un golpe decisivo: para esto deja una parte de sus fuerzas enfrente de los austriacos, con el resto cruza ... los Apeninos • y alcanza el rico valle del Po. Los sardos en el campo atrincherado de Ceva, bastante fuerte, sólo tenían 8,ooo hombres, y su jefe apenas resistiÓ allí el tiempo necesario para reunir sus demás hombres, pues en seguida, temeroso de quedar sitiado en Ceva, apro\·e­ch6 la noche para abandonarlo y retirarse apresuradamente sobre el Cursaglia. zo DE ABRIL. CoMBATE DI': SAN MI~UEL-Los sardos, después de evacuar á Ceva, se establecieron en Sari Miguel, excelente posición á cuyo frente rodaba el Cursaglia, torrente profundo; cubría el flanco iz­quierdo con otro torrente afluente del anterior, y el derecho lo apoyaba en el rÍQ Tanaro. Bonaparte no reconoció el terreno, olvido siempre cos­toso, por lo que varias de las columnas de ataque resultaron dc::tenicias por los fosos men:ionados; y aun cuando la izquierda logró pasar el Cursaglia, intacto el frente, los franceses fueron rechazados. • Fue en la cumbre de esta serranía donde pronunció las magníficas palabras que re4 fUman lo hecho; "Aníbal cruzó Loa Alpe•; nosotroa los hemos flanqueado," Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 230 BOLETÍN MILlTA.R recían de puentes, en el río no quedaba una barca y la opuesta riben~ la guardaban fuerzas numeros· s, Bonaparte tuvo que remontar el río. Re­conocimientos bien hechos informaron al G~!neral francés la ocupación de Lodi por una columna austriaca y la marcha acelerada de otra, que venía del Tcsino hacia el mismo lugtr. En el acto rec;olvió dirigirse sobre Lodi, en la esperanza de cop :u la última c o lnmna citada (Wu­kassowich), ó á lo menos impedir n cada uno de sus períodos en particular. • Clomo cons(cuencia de una larga práctica, e han llegado á formuar ciertas reglas, distribuyendo los ejercicios de un modo perfectamente apropiado á las exigencias de la guerra· y al carácter de la nación y á las costumbres del país. Jamás orden alguna par­ticular vendrá á modificar estas reglas sancionadas por la expe­riencia. Cada cual conoce su papel; trazado una vez por todas~ y lo desempeña sin vacilación. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 234 BOLETÍN MILITAR 4.0 Período de servicio de campaña, que dura hasta la primera mitad de Agosto. 5.o Período d e ejercicios de otaiíJ. Hasta el fin del mes de Agos­to. Estos ejercicios, que no deben confundirse con las maniobras de otoño, ó grandes maniobras, no son, durante do· ó tres semanas, sino la repetición de la . evoluciones de regimiento y de brigada correspondientes al tercer período. 6. 0 Período de grandes maniobras, que alcanza á la segunda mitad de Septiembre. Tales son, aproximadamente, las duraciones relativas, con po­cas variantes, de los diversos períodos de instrucción que vamos sucesivamente á examinar. Podrá extraílar quizás que no se indique período especial para lo:; ejercicios de tiro al blanco. Esto se explica sencillamente por­que tales ejercicios tienen lugar durante todo el año de una ma­nera continua. r .0 P eríodo preparatorio Después de la marcha de los reservistas y un descanso de algunos días, . e empieza á preparar todo lo necesario para la re­cepción é instrucción de los reclutas y para la del regimiento en general. E~tas operaciones preparatorias comprenden: I.0 Elección y preparación de im•tructores destinados para los reclutas. 2.0 Limpieza y arreglo de los uniformes de ejercicio. 3· 0 Asco y reparación de las habitaciones para los reclutas. Todo esto se ejecuta bajo la inmediata vigilancia del capitán, y el trabajo se dispone de manera que todo quede terminado el día del arribo de los nuevos soldados. Durante este tiempo, la gran pr~ocupación del capitán es la elección y preparación de los illstructores á quienes h~ de confiar sus reclutas, puesto que de ello depende casi exclusivamente el ' éxito de la instrucción, y como á causa de la corta duración del servicio activo es difícil tener un número suficiente de clases expt"rimentadas, su preparación absorbe completamente durante este período todos los cuidados y todas las fuerzas del capitán. Habitualmente se designan como instructores en cada com­pañía: I oficial, 3 ó 4 sargentos y de 6 á 9 gefreites. El capitán confía el cargo de instructor á aquel oficial que le parece más apto para su desempeño . .Este oficial dirige entonces la instrucción de los reclutas bajo la inmediata vigilancia del capitán, quien se esfuerza por dejarle la mayor latitud posibl , considerando que esa e una condición indispensable para el mejor éxito de la instrucción y el medio más adecuado para impedir que el oficial encargado desempeñe con dis­gusto esta comisión, tan penosa de suyo, fí~ica y moralmente con- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 235 siderada. A cambio de e ta libertad de acci cín que se le concede, el oficial instructor es enteramente responsable de lo. hom brts que se le han confi;,:do. Sobre ellos ejerce su vigilancia, cuidando de que no sean tratado: brutalmente por lo olJaJos antiguos. A los sar­gento~ y g;fi·eite que se ponen á . u. órdene da el ejemplo de la urbanidad y compostura que deb ... ob cn·ar ~ e con los reclutas, á la vez que estimula su celo para llenar ~ us deberes é impedir toda violencia ó grosería de su parte. Para ponerse en condiciones de desempeñar estz comisión, el oficial e. d obligM:Io á prepararse seriamente durante todo el ptrío­do prepar 1torio. Repa a en detall los reglamentos sobre el servicio interior y los diverso puntos <.le la in truccic)n individual, esfor­zándose por perfeccionar la partes débilc de su instrucción prác­tica. Para todo e to se vale de los con ejo de su capitán, en cuya experiencia puede ca i ie mpre confiar. El capitán, por su parte, ayuda eA todo á u oficial acon cjándole amigablemente, sin que por esto se encargue per onalmente de su instruc ión; el papel mi ~ mo que le incumbe de empeílar b tar para obligarle á estudiar á fondo todo lo que uece ita saber para llenar una mi ión tan im­portante como la in trucción de los recluta . Respecto á lo argento , el capitán procura elegir uno ó dos que hayan ra probad us aptitude como in tructores é igual número de otro del mismo empleo, no mu, modernos y que ma­nifiesten tener condicione para esta funcionec:. Obrando de esta suerte, e con igue á la vez dar á los reclu tas instructore experimentados y preparu otros para el año si­guiente. Esta regla no tiene nada · de absoluta, pero generalmente se aplica en la forma q11e .es .posible. Ya <.lijimo . , al hablar del reclutamiento, que los reclutas de cada compañía forman un pelotón e pecial, dividido generalmente en tres e cuadras, confiada» cada una á un sargento instructor, quien se aloja, siempre que se puede, en el mismo dormitorio que los reclutas de cuya instrucción está encargado. Cada sargento tiene á sus órdenes tres ó cuatro gefrcite que están, como él, di pensados de todo servicio · durante el período preparatorio y el de la instrucción individual. E tos gifrcite le ayudan en sus funciones de instructor, e tando particularmente encargado de en eílar á ]os reclutas las reglas del servicio interior. Como sucede con frecuencia que el pdotón se aloja en varios dor­mitorios diferentes, se de igna un gifreite para dormir en cada uno de ellos. Allí e para los nuevos soldados como un antiguo com­pañero, que al vivir en relación Íntima con ello., debe con su ejemplo inculcarles el espíritu militar y sentimientos de honor y disciplina. Así pues, se designa para c·ta funciones á aquellos hombres que adems o ficiales y sold, dos entre sí, aun cuando pertenezcan á un mi.:-mo regimiento, se hablan también de <'usted." ~1 "tú" no se emplea m~h que entre pariente ~ ó amigos particu­lares, y solamente en actos ~u e no sean del servicio. La duración del cur~o de instrucción e , como ya lo hemos dicho, de doce á e~ torce semanas, según b exten i6n c1ue le asigna el jefe de cada regimiento. V amo á examinar cómo se reglamen­ta y conduce en la inf(wtería alemana. Se trata en doce semanas de transformar un recluta en un sol­dado; esto es, enseñarle las reglas del combate en orden disperso, el manejo de las armas, el tiro, la gimnasia y todo lo que es nece.ario para que, transcurrido este tiempo, pueda ocupar su puesto en las filas de la compai1ía, tomar parte en los ejercicio,:) d.: conjunto y desempeñar todos los deberes del servicio milit.ar en tiempo de paz. Se comprende que para llegar á este resultado pare·¿can pequeños todos los esfuerzos del capitán, quien debe apelar á toda su expe­riencia para elaborar el plan de instruccióll y la progresión que debe seguirse. U na progre!:>ÍÓn rigurosa e , en efecto, ]J primera condición para obtener el éxito dentro de las circun titn ias en que él se en- . cuentia colocado. Esta verdad está admitida por todos, grandes y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 239 peqüeños, en el ejército prusiano, y la autoridad superior cuida enérgicamente de que durante el período de instrucción nada ven­ga á estorbar ó descomponer la sucesión regular de los ejercicios. Debemos mencionar también como la parte más caracterí tica de la instrucción militar, la atención extrema que se presta para fijar en la inteligencia del recluta toda cosa que se le enseñe. Ningún instructor r.lebe mandar nada, de cualquiera especie que seot, sin explicar al mismo tiempo el objeto y utilidad del movimiento que se va á ejecutar. Es cosa de una importancia particularísima en la instrucción de los reclutas, para los cuale sin estas explicaciones resultarían los movimientos completamente incomprensibles y has­ta llegarían á parecerles inútiles. Además, teniendo presente el ca­pitán que la práctica de ejercicios á los cuales no está habituado el nuevo soldado debe producirle fuertes molestias físicas y morales, y que prolongándolos mucho tiempo desde el primer día, se expone á agotar Ja¡ fuerza de sus hombres y á comprometer el éxito de la instrucción. Así pues, en todo el ejército alemán, hasta en los más pequeños detalles, se gradúa la instrucción de una manera extre­madamente metódica y discretamente progre iva. Señalemos aun el hecho de que jamás disposición alguna ha sido dictada por los superiores para reglamentar la in trucción de lo recluta . Todas las circulares ó reglamentos vigentes se con­cretan á indicar el fin que se debe alcanzar, e vi tan do cuidadosa­mente y por principio todo lo que pueda conducir á los detalles de la ejecución. Al jefe directo, es decir, al jefe principal d~l rc­g ' miento, incumbe decidir ha taqué grado debe conducirse la ins­trucción de los soldados en cada época del año. Por lo que respecta al procedimiento de la instrucción, división del tiempo que se de­dica á ella y progresión que debe seguirse, son cuestiones de la e ·cJusiva incumbencia del capitán. · Entera y ·plena libertad :.e le Cmpañía distribuídos en pequeños grupo5 que irLtruyen los sar­gentos y los gifreite. El teniente instructor va de un grupo á otro, siguiendo con atención todos los movimientos de los soldados y la manera como los sargentos dan la instrucción. Si nota una falta, jamás se dirige al soldado que la comete, sino al instruc­tor, á quien ordena la rectifique. Sólo en el caso de no ser com­prendido es cuando corrige por sí mismo lo hecho por el recluta. N o lejos de allí se pasea de un lado á otro el capitán, sin perderlos de vista, pero sin hablar más que á Sil teniente, á quien se conten­ta con llamar la atenci<'5n sobre este e) el otro punt . De cuándo en cuándo aparece igualmente el jefe del batallón y el del regimiento, y pa an echando una rápida ojeada sobre la instrucción, pero sin detenerse mu ho tiempo eu el mismo lugar, porque temen que permaneciendo demasiado réltO cerca de una compañía, se restrinja la independencia del capiüin y se quebrante la confianza que u oldados deben tener en él. El establecimiento de programas ernanales de que hemos ha­blado, no tiene nada de obligatorio, y algunos capitanes prefieren conducir la instrucción día por día, arreglándola ó reglamentándola como lo juzguen conveniente. Pero el fin que se per igue, como ya hemos dicho, y al cual tienden toJos los e fuerzos, es lograr una gradación de ejercicios razonable, para no fatigar desmcdiJa­mente á los nuevos soldados ni hacerle5 desagradable desde el pri­mer día de servicio su nuevo oficio. Así, por ejemplo, en la prime­ra semana habrá dos horas de ejercicio por la mañana y hora y media por la tarde; en la segunda y tercera, dos horas y media por la mañana y dos por la tarde, y en la cuarta, dos horas y media á mañana y tarde. Antes de cada sesión, los sargentos y ¡;ifreite deben revistar á los soldados y asegurarse de que todas sus prendas e encuentran en buen estado, lo cual harán con la debida anticipación, para que el ejercicio pueda comenzar á la hora prescrita por el teniente instructor. Los reclutas son objeto de una vigilancia constante, hasta el extremo de que durante la seis primeras semanas d~ su tiempo de servicio no pueden salir del cuartel sin ser acompañados de su gifreite. Es una medida que tiene su importancia, p•rticularmente Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 242 BOLETíN MILITAR del tiro, se facilita para lo futuro. Otros, por el contrario, dete­niéndose más en la gimnasia, no ponen el fusil en manos de los rtclutas hasta la cuarta y aun la sexta semana. En todo caso, los jefes de batallón y regimiento se abstie­nen rigurosamente ue intervenir, y dejan plena libertad á los ca pi~anes. Ocurre con frecuencia que viendo el coronel dos capita­nes de compañía que difieren por completo de parecer, é instruye cada uno sus soldados por el método que ha imaginado, declara alta !Dente que sigue con el mayor interés el experimento, y es­pera impaciente el día de la inspección de los reclutas, para que pueda probarse cuál de los dos sistemas da mejores resultados. No puede menos de reconocerse que obrar de e5ta suerte, es para un jefe de regimiento el medio más seguro para excitar á sus capitanes á hacer física y moralmente los mayores esfuerzos para llegar del modo más directo posible al fin que se hayan propuesto alcanzar. La instrucción de los reclutas viene á ser para los capi­tanes una verdadera lucha de emulación, que la au oridad supe­rior, y aun en ocasiones la literatura militar, siguen con el más vivo interés en su~ diversas fases. De cualquier modo que sea, se llega siempre en último término á tener soldados bien instruídos. Bien entendido que toda esta libertad no va más allá dd método y pro­gre ión que debe segu1r e para la en eñanza; pue• en cuanto á la naturaleza de ella, está determinada por los reglamentos militares, á los cuales todo el mundo se somete estrictamente. Escuela de tiradores Esta instrucción comienza desde la segunda semana, y se da cada día durante hora y media. En las seis primeras semanas, los sargentos ejercitan aisladamente sus grupos en los toques de cor­neta, que hace tocar el teniente instructor, colocado á retaguardia á cierta distancia. De la séptima á la décima semana esta instrucción no se da más que un día sí y otro no, y á partir de la undécima, el teniente forma todos los reclutas de su compañía en una columna, constituyendo cada grupo un solo pelotón formado en dos filas. Los tres pelotones se colocan uno detrás de otro, y se obtiene así una pequeña columna de compañía, que el teniente ejercita como si fuera una compañía entera. Lo::, soldados pueden darse cuenta por este medio de las diferencias que existen entre el orden disperso y el cerrado, así como de los movimientos y formaciones particula­res de este último. Es para ellos la mejor preparación para la es­cuela de compañía, á la que generalmente se pasa hacia hi trece ó catorcena semana después de su incorporación. Ejercicios de puntería Son objeto de una instrucción á la que se dedica media hora cada día. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. llOLETfN MILITAR Se empieza siempre por enseñar á visar los objetos apoyando el arma en un soporte y colocando al recluta frente á un blanco, á fin de ejercitarle en dirigir la línea de mira sobre tal ó cual punto que le indica el sargen_,to . .En seguida se le enseña á apuntar á bra­zo, Juégo rodilla en tierra y por último cuerpo á tierra • Como complemento de esta instrucción, lCJs gifrút~ enseñan á los nuevos soldados el mecanismo clel fusil, las prescripciones re­latí vas á su conservación, á armarlo, desarmarlo, etc. A partir de la quinta semana, los reclutas empiezan los ejer­cicios con fusiles provistos de cañones para el tiro reducido. En cua.Q!o al tiro real, es bastante difícil decir cuándo empieza para los reclutas; la época varía mucho de unas compañías á otras, según la manera de ver de cada capitán, de suerte que en el acto de la ins­pección de los reclutas, los de ciertas compañías no han disparado más que 10 cartuchos mientras que en otras han tirado hasta 40. Trataremos de este punto en el capítulo consagrado á la instruc­ción del tiro. Gimnasia Ba1jo este título se comprende: 1.0 Ejtrcicios preliminaru •, divididos en tres series de difi­cultad creciente y de las qu~ cada una comprende movimientos de cabeza, del cuerpo, brazos y piernas, así como el salto á pie firme ó avanzando, la carrera, etc. . Esta instrucción S'! da primero durante las sesiones de escue­la del soldado, en intermedios de 10 á I 5 minutos, con el objeto de romper la monotonía. Más tarde se le dedica~1 ~esiones . especiales. 2.0 Estos mi. mos ejercicio:s prelimilures se ejecutan también con el fusil, provistos p.ara e ~ tt caso los reclutas de fusiles especiales llamados armas de esgrima * y de un peso superior al del Máuser. El trabajo se hace así en condiciones más difíciles que la realidad, lo que no puede menos de ser ventajoso. 3·0 La esgrima de bayoneta, ó mejor dicho, los ejercicios pre­paratorios hechos sin armas. La esgrima con armas no forma parte del curso de instrucción. No obstante, el instructor se provee de un fusil á fin de hacer comprender á los reclutas el objeto de los movimientos que les manda. • Para la enseñanza de la puntería emplean unos pequeñes aparatos que fijan en lu piezas del alza del fusil y que permiten al instructor saber si el recluta apunta convenien­temente al blanco. • Estos ejercicios preliminares son lo que en Francia se llama assoupli.tumetJt., ejercicios prepar_atorios que, aplicados á b gimnasia, c .mstituyen los trabajos de gimnasia higiénica sin ap3ratos, ó lo que en España se llama gimnasia de 1al(1. Hay completa se­mejanza con los ejercicios gimnásticos que prescribe el reglamento, comprendidos bajo el titülo de Ejercicius prelimin'lres.-(N. del T.) • Generalmente son fusiles Yiejos fuera de aervicio1 ¡uarnecida la punta de h bayo• "eta c;on un botón. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2M BOLETÍN MILITAR Estas diversas instrucciones están minuciosamente reglamen­tadas en los programas q'Je fijan los capitanes, en los que cada uno de ellos se esfuerza por adoptar la progresión y el método que les parecen preferí bies. +·o Ejercicios gimnásticos en los aparatos.-Los principales son: barra transversal establecida á altura franqueable; caballo de made­ra; valla de cuerdas; cuerda vertical, y mástil y viga transversal. ~a duración de los ejercicios es de tres cuartos de hora por día próxi­mamente. Durante las cuatro primeras semanas todos los grupos son uniformemente instruídos por un sargento. Después ae dividen en dos partes, confiadas cada una á uno de ]os gefreite y comp es­tas: una de los hombres más ágiles y otra de los menos. Todos es­tos ejercicios tienen un carácter esencialmente práctico y los ins­tructores no hacen ejecutar uno solo sin explicar la aplicación que puede tener en campaíia, con el objeto de dar á los soldados el me­dio de utilizar sus conocimientos gimnásticos, salvando los obstá­culos que ae ·les puedan presentar en la guerra. Instrucción sobre la reparación de los enseres y conservación de las armas Esta instrucción se da á los hombres de cada grupo por un sastre designado ad lzoc en el taller del regimiento. Los soldados aprenden bajo su dirección á hacer por sí mismos, de una manera conveniente, las pequeñas reparaciones que sus ropas puedan ne­cesitar, tales como: poner un botón, recoser un roto, etc., vigilado todo por un gefreite que á la vez se encarga de enseñarles á cuidar y limpiar las armas. Instrucción de toques de corneta Tiene lugar comúnmente por la tarde. Un corneta colocado en medio del patio del cuartel ejecuta los distintos toques á interva­los dados, y los gefrei te hacen la explicación á los soldados reunidos á su alrededor en sus respectivos dormitorios. Con frecuencia se utiliza para este ejercicio eJ tiempo dedicado á la limpieza de las prendas y también para distraerles durante las horas que se dedican á la reparación de enseres ó limpieza de las armas, ejercitándose en cantarlos á coro. Instrucción teórica Comprende las obligaciones militares, el serviciO interior, el de campaña y la teoría del tiro. No hay respecto á este asunto pres­cripción oficial alguna; sólo sí un sinnúmero de manuales, entre los cuales el que generalmente se observa es el de Weisshun •. • Dienstunterricht des preussischen lnfanterie ¡emeinen, von Wcisahun. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 24:5 Esta instrucción la da siempre el teniente instructor por sí mismo, á razón de uno vez por semana, durante Jas cuatro prime­ras, dos veces en las cuatro siguientes y tres en las cuatro últi­mas; bien entendido que esta regla no es absoluta, pero por regla general el número de lecciones va siempre en aumento desde el comienzo hasta el fin de Ja instrucción. Al oficial encargado co­rresponde determinar la progresi6n que debe seguirse. Debe igual­mente enseñarles las principales leyes militares, * con preferencia las que les interesan más directamente. Por sí mismo redacta su programa, que somete á la aprobación del capitán de la compañía. La enseñanza se hace por medio de explicaciones orales en­tremezclando numerosas preguntas dirigidas de improviso á los soldados con el objeto de mantener siempre despierta su atención. La distribución del tiempo y de los ejercicios depende única­mente de los capitane~ y varía hasta el infinito. Como ejemplo de programas de instrucción, vamos á dar el siguiente, dictado para la primera semana de instrucción de loe; reclutas por uno de Jos capitanes más experimentados del ejército alemán, y á él agrega­remos el programa del empleo del tiempo para un día de la cuarta semana. Orden para la primera semana de instrucción de los reclutas La instrucción de los reclutas durante la próxima ~emana aerá regulada como igue: 1 ." Duración de la instrucción-Todos los días por la ma­ñana, de 8~ y á I J~, comprendido aquí el tiempo necesario para ir al ejercicio y un corto descanso de 20 minutos á eso de las 10. Por la tarde de 2 á 4· P.or la noche de 6 á 7. 2.0 Trait!-Gorro, ·sin equipo ni armas. Inspecciónese minu · ciosamente el uniforme antes de salir. El soldado veterano encar­gado de vigilar la limpieza de las prendas será respon able de toda irregularjdad. Lo hombres se acostumbrarán así al aseo, que es la primera virtud del soldado. 3.0 Ejercicios-Posición del soldado sin armas; marcha á dis­creción *; cambios de dirección; marcha de frente; alineamientos á vanguardia y retaguardia, etc. Los di versos movimientos indivi­duales deben enseñarse á cada hombre aisladamente y sin voces de mando. Estas no serían entendidas por el recluta que las desconoce aún. Es preciso primero colocarle correctamente é indicarle des­pués las voces de mando que corresponden á cada posición que se le hace aprender. Exíjase que el soldado al marchar lo haga con aire marcial, pero con naturalidad y sin rigidez. Los ge/rttte sobre t'0do • Lo que lo alemanes llaman: Los artículos de guerra, Kriegs .Artikel. De dese:use serÍ:t que nueJtros instructores se miraran en este espejo. • Este ejercicio no tiene otro objetó que hacer adquirir al recluta marcialidad y sol­tura cuantio marche aislado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 246 BOLETÍN MILITAR deben enseñar con el ejemplo: al principio que ejecuten pasos cor­tos, alargándolos después poco á poco bajando ligeramente la punta del pie. Es mejor al principio no hacer apoyar las manos en las caderas, lo que hace tomar al soldado una posición violenta y mo­lesta. No recurrir al paso de ejercicio (balancirschritt) más que con los m á:, torpes. 4.0 Rendir honores -Priméro saludando con la mano ; en marcha la cabeza levantada, haciendo frente por tiempos. No ense­ñar este último movimiento desde los primeros días, porque su ejecución ex1ge cierta preparación. 5.o Ejercicios pre/iminares.-Mantenerse derecho, las manos en las caderas, levantar y bajar las puntas de los pies. Flexión de rodillas, levantar los pies alternativamente. Todo esto como prepa­ración á la marcha acompasada. 1\1ovimientos de torsión. Exten­der los brazos hacia adelante, atrás y á los lados, marcando los tiempos en voz alta. Giros de cab~za. Préstese al principio la ma­yor atención á estos ejercicios, qu~ se ejecutarán siempre una hora antes y otra después de la comiLla. Desarrollan el cuerpo, dan flexi­bilidad y constituyen la m ejor preparación y el me io más seguro para ejecutar bien los ejercicios ulteriores. No se haga jamás un movimiento sin explicar para qué sirve y qué parte del cuerpo tiene por objeto de arrollar. D .... e te modo la lección se compren­de mejor y e· más instructiva. A 1 comenzar Jebe ser dada á cada hombre aislauarnen te. 6.0 /rzstrucción teórica-Indicaciones generales sobre Ja vida militar. Termí:1ese cada lección con la explicación de los toques de corneta. La paciencia debe ser la principal cualidad del instruc­tor. El o6.cial vigilará atentamente á los sargentos, cuyas ex­plicaciones y preguntas no suelen ser siempre m• y claras, como consecuencia de la poca confianza que tienen en sus propios cono­cimientos, cosa muy natural si se toma en cuenta la brevedad de su tiempo de servicio. Cuadro del empleo del tiempo en un día de la 4~ semana MANA NA A laa 6 ......... Se levantará la trop~. A las 7......... Desayuno. De 7i á 8t .... Instrucción teórica A las S t........ Salida para el ejercicio. De 9 á 9i .. . . . Ejercicio de puntería. De 9i á 11 i ·.. Maniobras. A lu u........ Comida. TARDE A la 1 i .. . . . . .. Salida para el ejercicio. De 2 á 3-l- ..... Maniobras. De 3t á 4•····· Gimnasia. De 4 á 4t ... ... Ejercicios de puntería. { Instr ucción sobre la con­De 5 t á 6 i . . servación de las armas y enseres. De 6~ á 7 .... Instrucción de toques. A las 7......... Cena. A. las 9... . ..... Se acuesta la tropa. ( Continuará) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 248 :BOLETÍN MILITAR pasa el algodón por una carda para que sus fibras queden netamente se­paradas; un aparato especial lo arregla de modo que no se apelmace durante el remojo, por cuanto los apelmazamientos harían desigual la temperatura del baño en que se humedecen dichas fibras. Antes de sumergir el algodón en el baño debe secársele completa­mente, porque la más ligera humedad eleva la temperatura de los ácidos y podría provocar inflamaciones, pues es sabido que toda combinación de los elementos del agua con un ácido concentrado dc~prende calor. Además, la presencia del agua di~minuye la concentración de los ácidos. El algodón así preparado se sumerge en una mezcla de ácido ní­trico blanco á 480 Beaurnc y de ácido sulfúrico á 66. Los vapores ni­trosos disueltos en el ácido nítrico dan á éste un tinte arnarilloso y aun rojizo: tales vapores disminuyen ]~ estabilidad del pyroxylo, pero con­tribuyen á aumentar su dosis de bióxydo de ázoe. La composición de la mezcla sulfonítrica y. la operación del re­mojo varían según los preparadores. El General austriaco Von Lenck empleaba una parte, en peso, de ácido azótico ( 1.48 á 1. 50 de densi­dad) y dos de ácido sulfúrico (á 66°). En Bouchet se usa un volumen del primero (á 48°) por dos del segundo (;¡ 66o). La mezcla más favo­rable, según A. Poteaux, á quien seguimos en este estudio, parece ser tres partes (en volumen) de ácido azótico á f8°, por siete (en vo­lumen) de ácido sulfúrico á 66o. El ácido sulfúrico no interviene en la operación: su uso no tiene otro objeto que el de absorber el agua á medida que la pone en liber­tad la reacción y conservar así la necesaria concentración del ácido ní­trico. Cuanto al remojo, se han ensayado todos los géneros posibles, á fin de utilizar varias veces el mismo baño y así realizar una cierta eco­nomía: hase notado que los ba1íos agotados por el servicio pueden uti­lizarse otra vez, añadiendo en proporciones convenientes ácidos nue­vos; pero este sistema tiene el grave defecto de no dar productos siem­pre iguales. En la actualidad se sumerge poco á poco una parte de al­godón en diez de mezcla sulfonítrica: es preciso no introducir en el bafio de una vez grand~s cantidacles de algodón, para evitar el peligro de las inflamaciones. La o peración se verifica en potes de asperón, en los cuales no se nitrifican de un golpe sino 5 kilogramos de algodón. (Continúa) --···-- INFI/C'ENOI.A. DEL NÚMERO EN LA GUERRA (Extracto de Pri11cipes generaux des plans de Campag11e) (Continuación) Un ejemplo acabará de completar el asunto. ¿Cómo deter­minar, supongamos, la conducta de un ejército encargado de cubrir un sitio cuando llega otro de socorro ? ¿Saldrá al encuentro de éste? ¿Lo espera en las líneas del sitio y cerca de la plaza? El prb- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN M1L1TAR 249 blema así planteado queda indeterminado porque es susceptible de diversas soluciones; pero para resolverlo en cada ca o particular nc hay que atender sino á la fuerza respectiva de los dos ejércitos. ~'Un ejército que quiere sitiar una plaza enfrente de un ejér­cito enemigo, debe ser bastante fuerte para poder contener la tropa dr. socorro y al mismo tiempo formalizar el asedio. Los ingenieros militares piden que el sitiador sea siete veces más numeroso que el sitiado; si el ejército de socorro cuenta 8o,ooo y la guarnición 1 o,ooo, será preciso tener (8o,ooo+(7 X 1o,ooo)= 1 so,ooo hombres para sitiar la plaza. Reduciendo la fuerza encargada del sitio al mínimum, es decir, á cuatro veces la guarnición, serán necesarios (8o,ooo+(4>. 1o,ooo)= 12o,ooo hombres; si no se contara sino con 9o,ooo, el ejército de observación no po­dría ser sino de so,ooo hombres: 90-(4 X 10,000)= 50,000; no tendría entonces independencia, y preciso le sería estar en situa­ción de ser socorrido en pocas horas por Jos sitiadores; si sólo se dispusiera de 8o,ooo (es decir, que todo nuestro ejército apenas es i~ual al de socorro), no quedarían sino 4o,ooo para el cuerpo de observación. Preciso sería entonces que el todo se mantuviera en las línea; del asedio, pues correría peligro al alejarse de ellos."­Napol tn, Comentarios sobre las campañas de ·rurena. De lo dicho resulta claramente que los cálculos de los grandes capitanes no tienen otra base fundamental sino las fuerzas en prt:­sencia, y ante. t~d asuntos políticos, marchad como si no existieran, pues si me veo en el caso de tener que dar un golpe, mis medidas están tan bien tomadas y con tanta seguridad, que Europa no sabrá mi partida de París sino por la ruina de mis enemigos." En 1807, el 13 de Marzo: "1vli intención es marchar sobre el enemigo dentro de unos quince días; por medio de marchás cstudiad:1s puedo reunir 140,000 hombres y exterminarlo." Y esa confianza en el éxito, cuando se tiene Ja superioridad numérica, no es el todo: si la superioridad es grande, el ejército no sólo e ·tá seguro de la victoria en una batalla campal, sino que im­pávidamente puede exponer su espalda adelantándose ai enemigo en la línea de ret irada d e é te, el cu a l, lejos de poder aprovechar la en apariencia buena oportunidad, se verá obligado á correr á colo­car e d~ nuevo, lo más pronto posible, sobre !'U línea de retirada en . peligro. Por ejemplo, comentando apoleón los sucesos de la campa­ña de .fvloreau en Alemania en 18oo, escribió: "¿Qué debía hacer el General francés para sacar al Mariscal Kray de su campo· atrin­cherado ? U na sola cosa: tener voluntad, seguir un plan, por cuanto le pertenui'a la iniciativa; estaba vencedor y tenía un ejército más num eroso y de mejor calidad ..... El ejército austriaco podía abrigar la pretewión de combatir y derrotar las divisiones francesas aisla­das; pero no podía luchar con el ejército de Moreau reunido."­Napoleón, Mem6rias. ¿Habrá algo más :,en cilio? Un ejército es amenazado por su espalda por otro inferior en número: vuelve caras, lo ataca, lo de­rrota y le copa toda retirada á causa de ]a posición misma que el ene­migo tomó para ejecutar su amenaza. Admira en verdad esta senci­llez de lenguaje y la tranquilidad de alma y la confianza absoluta que suponen en el general cuyo ejército es superior en número al enemigo, por cuanto reduce á nada los temores quiméricos de los soúst.l . Y no .se diga que en l~s ejemplos anteriores sólo puede verse la confianza del Emperador en su genio, en el cual hallaba recursos tan inagotables, que nada le inspiraba temor, y así nada podría te­mer quien estuviera en su lugar. Sin duda esa confianza llenaba su alma, pero no hasta el punto de que por puro capricho se expu- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 252 BOLETíN MILITAR sidente Madrid salió de Chía precipitadamente con dirección á Popayán, y Serviez se situó en Usaquén, á una legua de Santafé. Las avanzadas del ejército aprehendieron un correo que el Presi­dente Madrid enviaba con pliegos á Morillo, en qu~ manifestaba su decisión á capitular y devolver al dominio del Rey los pueblos que aún no lo estaban, y su pesar de que la oposición del ejército de Serviez le hu bie e impedido llevar á efecto sus intenciones y los deseos del Congreso federal, que había facultado al Presidente para esta negociación * . .Felizmente para todos los que estábamos des­tinados por Morillo al cadalso, y me atrevo á decir que también para la Nueva Granada, todos los jefes y oficiales nos impusimos de estas comunicaciones, y las ~abíamos de momoria cuando llegó una orden del Presidente .~.\1adrid desde Funza, dirigida á mí, pre­viniéndome que diera pasaporte á Serviez y á todos los oficiales que quisieran acompañarlo, y que me retirase con las tropas hacia Popayán. ¿~ién, que hubiera conservado un poco de pudor, ha­bría cumplido una orden que llevaba envuelto el sacrificio seguro de ser entregado á los españoles por una negociación? ¿Y con qué tropas se había de hacer la retirada, cuando en el ejército se había creado la opinión de que sólo en los Llanos podía encontrarse salud para la patria, puesto que en Veuezuela habían quedado Ce­deño, Zaraza, Monaga , Rojas, haciendo frente á los españoles, y que bs Llanos ofrecían abundantes medios de prolongar la guerra sin nece. idad de fusile , de pólvora ni plomo, lo que no sucedía en la parte montañosa del Sur? Hoy, que han pa ado veintiún a-os desde dicho acontec-imiento, me felicito de haber encontrado gra­vísimos inconvenientes para cumplir la orden de Madrid, y sal a­do unos resto que después ayudaron á la libertad de la Nueva Granada en 1 8 I 9· Yo manife té á Serviez la enunciada orden, y le pedí que n junta general de jefes y oficiales se decidiese sobre su cumplimien­to, porque st había quienes me siguieran, no la cumpliría; Serviez reunió la junta, hizo leer la orden y los oficios de Madrid á Mo­ri1lo, y esto fue bastante para que ni uno solo opinase por retira:-se al Sur, abandonando la ruta de Casanare. El ejército pasó por Santafé en retirada el 3 de Mayo, y el del• enemigo comenzó á entrar á la ciudad el 6; .tan inme~liatos así es­taban uno de otro. Adelante de Cáqueza (8 á 10 leguas de Bogo­tá) fue alcanzado el nuéstro (ya reducido á sólo 8oo infantes y 1~0 dragones, porque toda la demás caballería se había desertado) por do compañías enemigas, á las cuales hicieron frente sólo los d·a­gones; éstos las habrían derrotado si no hubiera sido muerto su Comandante Espinosa y herido el Mayor Ugarte, que aún v ve • El Dr. Macldcl, después de su regreso á Colombia en 1824, no negó este he­cho, sobre el cua.l expuso las razones que lo habían inducitlo á ejecutarlo. Exi1teu el Gencr.al Mantilla, el General Parí~, el Sr. Burgos, el Coronel Neira, los Oficiales Eu taquto Arce y C:ulos Ortega, que deben recordar estos ucesos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. - dicha Junta. No me acuerdo hoy de todos los que la compusimoos; apenas tengo presente al Coronel José María Carreña, hoy Genne­ral, y al Comandante Ranjel. Discutido el negocio, se acorrdó nombrar un Presidente que, con un Secretario general, ejerciese.! la autoridad superior, y un Jefe para el ejército reunido. La Presideen­cia recayó en el honrado granadino .Ferpando Serrano, que habbía dado muchas prueba , de actividad y patriotismo, siendo Gober a­dar de Pamplona, y la Secretaría en el ilustrado y buen patrioota Francisco Javier Y áñez, hoy existente en Casan are. Parecía nattu­ral que el nombramiento del Jefe del ejército hubiera recaído em el General Rafael U rdaneta, como de superior graduación 1 experrto en la guerra de Venezuela, ó en otro General, antes que en nní; pero los jefes de la caballería tenían anteriores resenti míen tos ccon Urdaneta; Serviez ra extranjero; yo vi con sorpresa que, hec ho el escrutinio de los votos, resulté nombrado. Inútiles fueron toalas mis súplicas para inhibirme: los militares de la Junta se mostrarron inexorables. Demasiado preveía yo que todo lo que SP. estaba haciendo se desbarataría el día que lo quisiese alguno de aquellos Jefes, que wor la analogía de costumbres debía tener influencia sobre los llaherros; ya para entonces se me había tachado de enemigo de los venezol1a­nos con motivo dé las diferencias suscitadas en Cúcuta entr'e .mo­lívar y Castillo. El re ultado correspondió á mis recelos: á los dios meses de mi nuevo mando, los emigrados de Venezuela hicierron revivir los celos entre granadinos y venezolanos, que tanto se lha­bían fomentado cuando Bolívar bloqueó á Cartagena en 1815. Se quiso deponerme del mando haciendo rebelar á tres escuadrones, y yo lo impedí presentándome con mi espada en la Junta de Olic.ia­les, que estaban disponiendo el modo de verificarlo, y después frren­te á dichos escuadrones. Este pasaje deben recordarlo el Gen~ral Páez y el Coronel Fernando Figueredo, que son los que viven de de los que se hallaron en aquella Junta. El General .Flórez Y' el General Urdaneta lo saben también. Reprimida esta tentativa, yo no debía continuar mandando unos hombres propensos á la relbe- ~ lión, y en un país donde se creía deshonroso que un granadüno mandase á venezolanos. No otra podía ser la causa de esta crecen­da, porque hasta entonces no había ocurrido el menor comb1ate contra el enemigo para que me creyesen incapaz de dirigir wna operación militar, ó de llenar mi deber. Renuncié el mando amte el Presidente Serrano, me fue aceptada la renuncia, y nombró al Comandante José Antonio Páez, distinguido siempre por un valor personal poco común. Colocado Pácz al frente de sus tropas, de­cretó la cesación de la autoriciad civil creada en Arauca, y declaró que él reunía todo el poder que podía necesitarse en él país: orga­nizó el ejército en brigadas de caballtría, confiando la primera a) General Urdaneta, la s~gunda á mí y la de reserva á Serviez, re­serva respetable, que contaba entre sus soldados á los hombres ilus- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETiN MILITAR 255 tres de Venezuela y Nueva Granada, que habían seguido al ejér­cito huyendo de la cuchilla española. (Continúa) F. DE P. SANTANDER ------~·~------ V .ARIEDADES , El.. OEOOO .A. MEDIADOS DEL eiGI.O POR SANTIAGO PÉHEZ (Continuación) En él Chocó no hay grandes propiedades de territorio; en el Chocó cada cual puede poseer ó posee la extensión de tierra que alcanza á cultivar : y, sin embargo, lo repetimos, en el Chocó no hay, ni habrá quién sabe hasta cuándo, independencia en los ha­bitantes. Pero se nos dirá que el ejemplo del Chocó no tiene mérito demostrativo, porque los negros que lo habitan on semibárbaros. A lo cual conte taremos, asegurando que no ~ólo son semibárba­ros, sino bárbaros por entero ; pero entonce., siendo bárbaros, y siendo ó pudiendo ser, cuando lo quieran, propietarios, y no siendo, sin embargo, independientes, lo que les falta es civilización}' no prq­piedad territorial ; y que, por lo tanto, no es é ta sino aquélla la que forma al ciudadano. Mas puede decírsenos: de nada vale en el Chocó el poseer tierra, porque el estado en que s~ encuentra de exigir anticipacio­nes para d~smontarla . y hacerla salubre y cultibable, por una parte, y la falta de población y de facilidades comerciales, por otra, no permiten que tierras que se hallan en tales circunstancias, tengan verdaderamente valor, mientra; esa· circum>tancias no varíen. A lo cual contestaremos : cabal ! Luego la tierra por sí sola carece de valor, hasta que con anticipaciones para poblarla y ha­cerla cultivable y transitable, se convierte su intrínseca utilidad pasiva en valor activo ; además, y principaurtente: luego si la pro­piedad de tierras que aún no tienen valor, no da, como es claro, riqueza, y es por tso que no da tampoco independencia, como su­cede en el Chocó, éntonces, concediendo por ahora que la riqueza en cierto grado dé por sí soJa independencia, cuando la propiedad de tierra la dé, no lo hará porgue sea propiedad de tierra, sino por ser verdadera propiedad, ó propiedad de valor. Es decir que, en la misma hipótesis, no es la tierra como tierra, sino la tierra como valor, lo que se quiere, poniendo límite á su apropiación, colocar al alcance de todos, para asegurar, según dicen, á todos su inde­pendencia facilitándoles la propiedad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. De aquí nace, pues, que aun en el caso de tener raz6n JoJ partidarios de la limitación de la propiedad territoriaJ, en el fondo no tienen lógica en su doctrina; pues para ser cónaccucntcs de­bían sostener la justicia de limitar toda propiedad de tJaiDr, ya con­sistiera éste en tierras, ya en metálico, ya en fábricas, ya en cono­cimientos, etc. Confesemos de paso que nosotros ho atinamos con la exten­sión de tierra, que se permite poseer, cuando sólo se permite pgseer la que uno a/ca'lct á cultivar. Si es la que alcance á cultivar con sus propios brazos, unos podrán eer más, otros menos, y algu­nos ntda podrán poseer, porqué! nada podrin cu1tivtr. Y si es la que uno alcance á cultivar con su capital, a~más de suceder otro tanto por la desigualdad de los capitales, ¡se sostiene por alguien la necesidad de leyes que impidan al ciudadano hacer -el mal nego­cio de arruinar e con la compra de tierras que no alcance á bene­ficiar, para pagarse de sus anticipaciones y del valor invertido? Por cierto que prosperaría mucho el Chocó, y lo mismo cual­quiera otra provincia que se encuentre en las mismas circunst - cias, no permitiendo á lo dueños de capitales suficientes para em­prender las industrias que requieren grandes exten iones de "erra el adquirirlas, sino fraccionando el territorio baldío en pequ - at divisiones, y danCio á cada prfl/llarifJ la suya, para que dejara de serlo, aun cuando no poseyera los medios indispcn ables para. uti­lizar su propiedad, en )a cual seguramente se encerraría á per~r de necesidad, por no descender otra vez á la condici6n de JOf_ •­lero, sacrificando su independenaa, asegurada ya pw su fiud• ;,4- Ji,nab/e ••• •••••• H'ce~ la navegación por los ríos del Chocó t'n canoas de ayor ó menor capacidad, la cantidad de sus aguas 1 la n .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 140

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 139

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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. l94: BOLETlN MILI'l'.A.B Art. 3.0 El Ministro de Guerra solicitará del pr6ximo Congreso vote en favor de las familias de los muertos la recompensa á que tienen derecho, y dispone mientras tanto que les sea pagado el sueldo que en vida correspondía á los Jefes cuya memoria se honra. Art. 4.° Copia auténtica de este Decreto será en viada por el Mi­nisterio de Guerra á los deudos de los Sres. Generales Lucas Gallo y Daniel Olarcieregui, del Coronel Joaquín Escall6n y del Teniente Co­ronel Gratiniano Morales. Dado en Bogotá, á 1 1 de Febrero de 1900. Por delegaci6n del Excmo. Sr. Presidente de la República, El Ministro de Guerra, JOSÉ SANTOS SECCION DOCTRINAL (ARREGLADO DEL FRANCES) Las informaciones geográficas, hist6ricas, políticas y estadísticas, en tesis general, son del dominio de la e trategia ; la táctica rige el es­tudio detallado del terreno en que se obra cada día, cuya labor no pue­de suspenderse ni un momento. Así pues, dicho estudio, que cvmpren­de en primer término el conocimiento del suelo, abarca la topografía, la geología, la climatología, investiga luégo los recursos de toda especie que encierra, y por último lo analiza como teatro donde se habrán de mover los ejércitos. El previo conocimiento del terreno se adquiere por las cartas geo­gráficas y los libros sobre la materia. Las cartas sirven de base á las com­binaciones de los que dirigen las opera\.:iones, porque facilitan la elec­ci6n de las líneas de marcha y permiten calcular relaciones, distancias, frentes, superficies, etc.; sirven, además, para establecer sobre base racio­nal los proyectos y planes, .escoger las líneas de operaciones, preparar lot lineamientos principales de una combina·ción 6 de un movimiento. Lejos estamos de la época en que las operaciones eran lentas y se tenía por lo tanto tiempo para recoger datos y estudiar la comarca don­de se guerreaba; al presente es preciso obrar con rapidez, decidirse en algunas horas y lanzarse resueltamente sobre el enemigo. Las cartas geográficas son este caso la base esencial de toda operación, y á menu­do la única luz para las determinaciones que habrá de tomar el soldado. ­Lejos estamosi gualmente de los ejércitos diminutos que el Comandante en Jefe miraba íntegros desde un lugar elevado. El teatro de la batalla ha crecido desmesuradamente por el aumento de las fuerzas en presen­cia y del alcance de las armas, y como además es preciso tener idea exacta del terreno circunvecino, se llega á extensiones que la vista no puede abarcar totalmente, ni hay actividad que alcance á recorrerlas en fOCOS instantes, por lo cual el jefe se verá obligado á dirigir la acción Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 195 sin ver íntegro el terreno en que combaten los suyos y los enemigos, siendo posible afirmar que sin el auxilio de las cartas geográficas esa ta­rea no c;e puede realizar debidamente, en tanto que la faci)itan en extre­mo buenos documentos topográficos. Las bases del estudio del terreno, de toda combinación, de toda marcha, de todo combate, son las cartas, y es preciso disponer de ellas. De ciertas comarcas no existen sino cartas vagas, incompletas ó inexac­tas, y entonces es preciso construírlas recogiendo, á medida que se ade­lanta, los documentos topográficos del caso, ya por medio de recono­cimientos, ya por informaciones hábiles, siendo de advertir que esta labor es inmensa y demand~ no poco tiempo. En la guerra moderna, con operaciones rápidas, con movimientos incesantes, no se puede pen­sar en procederes de esa especie: desde el principio se necesitan cartas en gran número y bien construidas. Esta imperiosa necesidad ha movido á todos los países á procurarse, desde tiempo de paz, todas las cartas posibles relativas á los territo­rios vecinos, y constituir con ellas depósitos, del mismo modo que se hace con las armas, las municiones y los víveres •. Empero, por mGcho cuidado que se ponga en hacer estos acopios, no es posible poseer el número suficiente de cartas el día de la guerra: buena cosa será que los Generales, los Estados Mayores y los cuerpos reciban las cartas del terreno que van á recorrer, pero si de ellas no u pror;u á todos los ojida­lu, haórá un rnzcío lamentaóle en ti ejército. Para remediar este mal será preciso adquirir las que faltan al principiar la guerra, sin olvidar nin­gún medio ni labor para conseguirlas: el m:ts pequefio trozo de carta es precioso para el que nada tiene. De sobra estará advertir que al Ministerio de Guerra y á los Es­tados Mayores toca asegurar la reproducción y repartición de esta clase de doc•mentos, de tl!nerlos con el día, de completarlos y corre­girlos; y si se trata de comarca de que no hay cartas detalladas, com­pletarlas por medio de una tenaz labor . di~ui~. Y t:to basta .en campafia . poseer buenas cartas : es indispensable rectificarlas y completarlas, por cuanto sin cesar se producen modificaciones en la red de comunicacio­nes, en el régimen forestal é hidrográfico de la comarca, etc., y á veces esos cambios tienen importancia capital desde el punto de vista de las operaciones militares. En país hostil faltan los elementos auxiliares de estos trabajos, y como en guerra sobran las ocupaciones y fatigas, debe evitarse aumentar aquéllos sin necesidad; no se exigirán, pues, trabajos topográficos pro­piamente dichos, no se pedirán cada rato croquis, de ordinario inútiles, si las cartas sirven de algo; la atención se concentra en primer término en las rectificaciones, complementos y desarrollos de detalle, en especial por lo que hace á puntos importantes que las cartas no hagan conocer. Cuando se dispone de buenas cartas, la tarea mencionada es senci­lla: croquis ó itinerarios expeditos se incorporan fácilmente, con sufi- • Intítil advertir que si en Colombia no se poseen buenas cartas del propio te­rritorio, menos lns hay de las tegiones fronterizas, por lo cual es t.ecesidad urgente Henar semejante laguna y completar la Imprenta Nacional con la secci6n de lito­grafía. Si en catástrofe reciente los jeft:s hubieran po eído buenas cartas del terreno, habrían podido darse cuenta que la línea de batalla era paralela á la línea de ope­racioneli, y de seguro cambianuo es~ tvitado un mal por poco irremediable. . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 196 BOLETfN MILIT A.R ciente exactitud en una carta. En este sentido nunca será sobrada Íá instrucción de la oficialidad, que de ordinario no se la conduce por la buena vía, puesto que todo lo que figure en la carta está de sobra en el croquis y representa inútil desperdicio de tiempo y de labor: no debe dibujarse sino lo que aún no es conocido. Un itinerario nuevo puede trazarse rápidamente sin instrumento alguno: se marcan las direcciones conforme á los puntos cardinales y á los colateraltts; se estima su longitud por el tiempo empleado en reco­rrerlas y el paso á que esto se hizo; se indica la situación relativa de los accidentes del terreno por el intervalo de marcha que los separa, y se aprecian á ojo )¡¡s condiciones de las pendientes. Estos datos suma­rios y aproximativos se tornan casi exactos ~~ referirlos á una carta 6 á puntos de referencia conocidos, á lo menos los~de los extremos, porque éstos los reducen á sus verdaderas proporciones, posiciones y dimensio­nes. En todo caso, la exactitud así obtenida es suficiente para las necesi­dades de la guerra, y sería excesivo pedir otra cosa. Por lo que hace á las posiciones militares, puntos de paso de cor­dilleras y ríos, nudos de caminos, etc., conviene hacer croquis detaUa­dos que permitan razonar de antemano sobre el dispositivo conveniente para el ataque ó la defensa. Estos croquis comprenderán todos los deta­lles posibles y se referirán siempre á algún punto conocido y figurado en la carta, con lo cual pocas serán las medidas que haya que tomar; son más bien un dibujo pintoresco que se ejecuta aprisa y no exige sino una cartera y un lápiz. Conviene, pues, dirigir los estudios e los oficiales por esta vía, ya que es indispensable que adquieran una habilidad práctica suficiente para reproducir á la simple vista, no sólo las formas del terteno, sino su situación relativa y sus proporciones. Las comision('S y trabajos análo­gos- de tiempo de paz son un buen campo de instrucción á es e respecto. - Las carcas ordinarias y documentos topográficos, los croquis y los reconocimientos permiten llenar el desiderátum en esta materia. Sabido es que en los sitios se usa un plano director que da con todos sus deta­lles la configuración del terreno y muestra á la vez, día por día, el dispositivo y marcha de los trabajos del asaltante. Este procedimiento excelente, indispensable, no puede ser privativo de la guerra de sitio. La misma obligación se impone en la guerra de rasa campafia, y sin em­bargo nunca se usa •: el reglamento debería imponer la obligaci6n de llevar una carta directriz en todas las unidades donde debe éXistir un servicio centralizador de informaciones. Dicha carta directriz será precisamente la mejor de las que se po­eean, tan completa y rectificada como haya sido posible. Es claro que las individualidades no podrán tener ejemplares de ella, y por lo mismo es preciso que los oficiales puedan consultarla con facilidad; que la ha­llen siempre á su proximidad: á lo menos existirá una en cada Estado Mayor y en la Comandancia de fuerzas que obren destacadas en núme­ro no inferior á un batallón: allí vendrán á examinula Jos oficiales que parten en reconocimiento, pues ella los pondrá pronto al corriente de • Si en el eitio de Manizalea ( 1876-77) los eontendore11 hubieran empleado eat • procedimiento, ea muy seguro que los defenaorea habrían evitado máa de un deaacirrto y¡ loe ualtantea andado máa apriaa en eu labor. - Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 198 BOLETÍN MILITAR tares; es preciso que puedan consultarla de continuo y que ella Jes diga rápida y claramente Ja última palabra sobre ]a situación conocida del momento. Es conforme á ella que se toman laf> decisiones en lo que hace á marchas, dormidas, avanzadas, reconocimientos y órdenes prepa­ratorias para el combate: si falta, ninguna resolución que se tome lo será con conocimiento de causa. La carta directriz es, pues, el resumen de las informaciones obte­nidas y la base de las nuevas operaciones, por lo cual con justicia recibe tal nombre. Es necesario, se sobreentiende, mantenerla sin cesar al co­rriente en los ejércitos, divisiones y columnas independientes, y será el documento más precioso de una tropa en campafia si á su redacción se consagra la atención y el celo del caso. Por lo demás, es claro que su amplitud no puede ser la misma para todas las unidades: cada c.ual se limita á lo que le interesa directamen­te, es decir, á lo que le rodea dentro de cierta distancia, ó sea su radio de acción. Y es aobre todo en el momento de una batalla y durante su des­arrollo cuando urge presentar al jefe la carta directriz rectificada sin demora conforme á los datos que se reciben sin cesar, para que de con­tinuo tenga á la vista el detal de sus posiciones y de las del adversario. Para comodidad del trabajo es conveniente que en cada unidad haya por lo menos dos ejemplares de ella, la una á la mano del jefe y la otra á disposición del oficial encargado del ser icio de informaciones, quien se ocupará en figurar en ella las modificaciones de la situación á medida que se cumplan, y la cambia por la del jefe cada vez que ocurran desplaza­mientos sensibles Cllanto á la situación del conjunto. Huelgan comenta­rios sobre cuán grande y eficaz es la inA.uencia de semejante medio de in­formación, en e u ya redacción nunca estarán de sobra esfuerzos y trabajo. -- ~ -- :WA POLVORA SIN :E'O'MO {Arreglado pa~a el Boletín Militar) • • • Llámase pólvora el cuerpo que hajo una inA.uencia cualquiera pue­de transformarse y producir súbitamcn te una gran cantidad de gases cuya fuerza expansiva puede utilizarse para diversos fines, entre ellos el lanzamiento de proyectiles. Este efecto puede obtenerse ya simplemen­te por medio de la sencilla expansión del gas comprimido, ya empleando un vapor recalentado, ora, en fin, utilizando una reación química capaz de desarrollar una gran cantidad de calor y un considerable volumen de gas. En este último caso la expansión del gas &uele ir acompañada de un ruido violento que constituye lo que se llama explosión, la que si se verifica en un mínimum de tiempo y con una energía máxima, recibe el nombre de detonación. Las moléculas gaseosas, animadas por una cierta velocidad, comu­nican ésta á los cuerpos que se hallen en contacto inmediato con el explosivo; si dichos cuerpos son ligeros y móviles, habrá proyccci6n; si pesados y resistentes, dislocación ó ruptura. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Las p61Yoras son pseosas, líquidas 6 sólidas. Las primeras tienen pota fuerza: el volumen que ocupan no permite obtener una JUfic en e­densidad de ca'rga, es decir, en la relaci6n que existe entre el peso d explosivo y el volumen que ~ste ocupa; ademis, su uso serfa imposible en una arma. Las líquidas tambi~n son de empleo dificil, aunque algo más prictic~ pero tienen el inconveniente de exigir, para guardarl , te• cipientes herméticamente cerrados. En una palabra, las s61idas son a ónie que interesan al militar. El modo de acci6n de una p6lvora depende, ante todo, del tiem• po que dura la reacci6n quf1nica de su descomposición 6 tl•l•stiÍJII: las unas desprenden muy poco á poco Jos gases que pueden produc • , y se lu llama lmt11s 6 lr•gr,slrNts; otras lo hacen en brevísimo tiempo, son riÍiilliu 6 estt~lhlltts, como las que se empleaR t;t( las minas. En fin, las p61voras son susceptibles de otra clasiúcaci6n: son me­c4nicas 6 químicas. Las primeras resultan de la reuni6n m~s 6 menos Intima de un cuerpo o idantc con otro combustible sólido: la p6lvora ne¡ra común es el tipct de la especie. Las químicas, al contrario, pro­vienen de la reuni6n de los elementos del ácido az6tico con alpno de los cuerpos hidrocarbonados, porque entonces no hay mezcla de su - tanciu, sino combinaci~n. Estas p6lvoras pueden. arder sin necesicb~ de c¡ue se les agregue otra materia, ton más fuertes ue la COD\ÓD, t no ha do posible aplicarlas á las armas sino dcspu.6s de trabaJosos pe ... rlmentoa. • u pólvoras son susceptibles de dos clases di tintas de e plosi6n. J,a de pnmer grado 6 IÚtllllltii•, provocada principalmente por la plosi6n del fulminato de mercurio que, al contrario, detona por sim­ple inflamaci6n causada por el choque de dos cuerpos resistentes. La de se¡undo grado 6 1Jt111sií11 ordinaria resulta de inflamarla por cu 1 quier otro medio. Las dos explosiones se dtstinguen por la potencia de sus efectos: po ejemplo, en la nitroglicerina la explosi6n desarrolla 4.8 de fuena y la detonaci6n 1 o.r 3 : el fen6meno no ha redbtelo e ptic ... d6n satisfactoria. La p6lvora .negra no detona sino bajo la acci6n de la nitro¡licerina infiamada por medio del fulminato de mercurio. La fuerza de una p6lvora tiene por características la lresií11 que desarrolla y el tr116ajD que produce. La primera resulta de la temperatura que produce la explosi6n y del volumen que en ella ocupan los gases formados: es ella la que produce los efectos de ruptura y dislocaci6n. El trabajo dependq, sobre todo, de la cantidad de calor desarrollado ~r la combusti6n y se manifiesta por Ja di peni6n de loe pedazos ckl cuer­po ffUe cedi6 al esfuerzo de la presi6n. La fuerza de una pólvora puede, pues, representane como propor­cional al producto de la cantidad de calor desprendido por el volumen del gu desarrollado (f6rmula Berthelot). Por esto hay p6lvctru que en una arma desarrollan presiones enormes, y sin embargo no comunican al proyectil sino escasa velocidad, y al contrario. Si se carga un fusil -con fulminato de mercurio, el caf\ón estalla antes de que la bala háya ten·­do tiempo de partir. En consecuencia, para que una p6lvora sirv al ejército es preciso que la presi6o de los gases sea débil al principio y crezca h•sta el momento en que el proyectil sale del cá116n. B" las minas se busca el efecto contrario: la pólvora debe dar instantá.ooa111cn- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE~íN MILITA~ do en ácido az6tico y lavado en seguida; mas esta pólvora, aun cuando inflamada por medio del fulminato de mercurio produjo terribles efec­tos, por la facilidad con que se alteraba, el peligro de su empleo y el daño que causaba á las armas, quedó largo tiempo como simple explo­sivo de minería. Una de las propiedades principales del algodón pól­vora es la de arder sin dejar residuo, sin producir humo y desarrollar fuerza suficiente para comunicar á un proyectil velocidad mayor con carga menor que la usada de pólvora común. Un solo obstáculo se oponía al empleo del algodón pólvora como pólvora de guerra: la dificultad-que parecía invencible-de fabricarlo de suerte que el producto fuera estable y homogéneo, sin lo cual ardía rápidamente. Los experimentos y ensayos se sucedían sin éxito: ya se daba por perdida la campaña, y el algodón pólvora como pólvora de guerra yacía en la tumba, cuando en 1884- lo resucitó un químico in­glés, Mr. Johston, concibiendo la idea de retardar la combustión del pyroxylo dándole cuerpo, disolviéndolo en un líquido apropiado: la pólvora que así produjo ~irvió de punto de partida á todas las pólvoras sin humo que hoy se usan. En efecto, cuando el algodón pólvora se di­suelve en éter sulfúrico y este líquido se evapora, en el fondo de la va­sija queda una :película delgada, apergaminada, resistente, de aspecto córneo y que al inflamarla arde con gran lentitud: es la pólvora Jin h11mo. El algodón pólvora ordinario, cuerpo sin consistencia, al disolverse en el éter aproxima de tal modo sus fibras, que forma una masa compac­ta, densa, sin poros, en el cual la llama no puede propagarse con rapidez porque no encuentra intersticios donde penetrar. La dicha película no se moja porque sus superficies planas y pulidas impiden la imbibición. La nueva sustancia no detona sino bajo la influencia de un detonador muy poderoso, y la presión inicial debid4 á la inercia del proyectil no tiene por lo mismo influencia tan grande sobre la velocidad de combus­tión del resto de la carga y la resistencia por vencer no produce 1 a de­tonación del pyroxylo dentro del cañón. En una palabra, con el colo­dión por. pólvora, la c~m~m~ti~n ~s regul~r y sin vaivenes, a,un cuando halle fuerces resistencias que vencer-(CoJJtinuartÍ) SOBRE EL EJÉRCITO .ALEMÁN * 1 He el u taDllen te I.0 INP'ANTERfA Los reclutas que se destinan al arma de Infantería llegan á l los regimientos á principios de Diciembre, y para la Guardia, • En 1875-76, por petición del Gran Duque Nicolás, Comandante en Jefe que Iue t del Ejército del Danubio en la guerra con Turquía ( 1877-78), el Gobierno ru~o envió á J Alemania al Coronel Barón Kaulbars, después General, del Est3do Mayor Genera 1, con el e encargo de estudiar in si.tu el ejército de aquel imperio. A au regreso el 06ci.al Ge~eral f [ PU t A Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 202 BOLETIN MILITAR aun desde la primera mitad de Noviembre. Estos últimos se envían á Berlín desde todos los puntos del Imperio, en cuya capital se hace la distribución entre los regimientos. Hay, sin embargo, una excepción á esta regla para los regimiento& de la Guardia esta­cionados en Hanovre y Coblentz, los cuales hacen directamente su recluta, uno en la Provincia de Hanovre y otro en la del Rhin. Debe advertirse que la Guardia no se recluta en realidad más que en el territorio de los once primeros cuerpos de ejército que constituyen la Prusia propiamente dicho y en la Provincia de Al­sacia- Lorena (15. 0 cuerpo). En cuanto á los regimientos de línea, reciben sus reclutas di­rectamente del jefe de zona en el distrito donde residen los bata­llones de landwehr correspondientes. En fin, para todo el ejército los obreros de profesión ( CEkono­mie- Handwerker), reclutados para las compañías fuera de filas, de­ben reunirse de nuevo, desde principios de Octubre, por razón del aumento de trabajo que produce en esta época la preparación y disposición en estado de servicio de los efectos que han de servir para el vestuario de los reclutas durante e] período anual de ins­trucción. Enumeraremos ahora sucintamente las diversas operaciones que requiere el reclutamiento del Cuerpo de la Guardia, y que se reproducen de una manera análoga en los otros cuerpos de ejército, salvo las simplificaciones que permite el reclutamiento territorial de éstos. Todos los años, hacia el mes de Febrero, aparece una circular miniaterial indicando: 1,0 Número de reclutas que debe recibir cada batallón de in-fantería y cada regimiento de caballería. 2.0 Número de obreros que necesita cada uno de estos cuerpos. 3. 0 Los días en que deben recibir sus reclutas. Todos estGs cálculos se hacen en el Ministerio según los da­tos facilitados por el Estado Mayor del Cuerpo de la Guardia, el cual no hace más que centralizar las peticiones que le dirigen los jefes de regimiento, batallón, etc. Al enviar éstos el estado de los mencionado presentó á su Gobierno un completo é interesantísimo informe que publicó, compendiado en parte el Bulleti1~ de la reunión des Officies: "Fui enviado á Alemania, escribió el Barón Kaulbars, para aprender cómo se forma é instruye ese ejército que en los últimos años ha dado pruebas incontestables de su excelente calidad. Cumplido habré mis deseos si logro hacer comprender cómo se entienden en Prusia las cosas de guerra desde que la catástrofe de 1 8o6 (derrota de Jena) hizo germinar en los espíritus de eae país ideas nuevas que desde entonces se han desarrollado y arraigado sin cesar en todos los miem­bros clel ejército prusiano. 'Instrucción metódica y sistemática de las tropfls, dirigida hacia el ÚNICO FIN de prepararlas para la guerra, es la característica de dicho ejército y el único resultado que ae tiene en mira en su organización, sus ejercicios y sus trabajos." El documento cuya traducción española aparece hoy en el Bolttín no es nuevo, y sin embargo reviste completa actualidad, y su lectura será en extremo provechou á loa oficia­les del ejército colombiano, ya que en él hallarán rica miés de procedimientos prácticoa para llenar la misión que les ha confiado el Gobierno Nacional. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOUTfif MILITAR En principio deben ser elegidos Jos reclutas en todo el terri­torio de cada Cuerpo de Ejército; pero en la práctica resultarían dificultades de diferente naturaleza. Así pues, se ha establecido la costumbre de efectuar el reclutamiento cada año, por turno, en una aola de las cuatro demarcaciones de brigada del Cuerpo de Ejérci­to, siendo en realidad solamente la cuarta parte del país la que contribuye cada año con reclutas destinados á la Guardia. Al llegar á Berlín lo¡ mozos de cada cuerpo, en la víspera del día en que deben ser repartidos entre los diversos regttnientos, se les conduce inmediatamente á un edificio especial, Ordonan-x.­haus, en donde se les aloja y socorre. Este Ordonanz.-haus es un establecimiento particular que sostiene un habitante de Berlín. Este admite todas las partidas transeúntes y les proporciona alimentos y habitación. El oficial ó el sargento que manda la fuerza, determina el gasto conforme al dinero abonado á los hombres para su marcha. El provisionista, por su parte, hace un buen negocio y vende á los soldados no sólo co­mestibles, sino también los diferentes objetos que puedan necesitar. Todos los días, á las ocho de la mañana, los tres grupos lle­gados la víspera se conducen al lugar de la saca, patio de cuartel ó cobertizo destinado á ejercicios, etc. Cada. hombre va provisto de un morral ó maleta que contiene sus efectos, pero que puede fácilmente transportarse á la mano ó al hombro. Los mozos vis­ten, como es natural, el traje de paisano, si"!ndo portadores de la Handnationai * que la dirección del distrito de .Jandwehr les ha entregado al marchar. Cada grupo se forma por estatura **, y de!lpués se ponen aparte los canteros, carpinteros, barqueros, etc., que se destinan á ingenieros. Los hombres dotados de buena vista se envían con preferencia á tiradores, cazadores ó artillería; y por último, los obreros que pueden utilizarse en los talleres de regimiento, se re­servan para aquellos etue los han so icitado. No deben confundirse estos obreros con los de que hemos hablado anteriormente, y que son enviados á los cuerpos desde el mes de Octubre, reclutados para las compañías fuera de filas. Estos otros, por el contrario, forman parte de las fuerzas combatientes, y no se emplean como obreros sino temporalmente y en caso de necesidad. Debe advertirse que durante esta primera elección, que exige próximamente dos horas, hecha por un Ayudante y cuatro Ofi­ciales del Cuerpo de la Guardia designados ad hoc, se ex,tminan las solicitudes que hayan podido formular los reclutas para que se les destine á tal arma ó regimiento distinto de aquel que les ha sido designado en la demarcación de landwehr. • Documento que contiene del nombre, domicilio lugar de nacimiento, profeaión, - alla, et~, del individuo. •• La que puede leerse en la Handnationsl que cada hombre lleva sobre el pecho. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2ó6 BOLETíN MILITAR nal que por una part6 provee al ejército de hábiles tiradores de profesión, y por otra proporciona al Estado cazadores y personal seguro consagrado por completo al servicio de bosques y campos. En fin, cuando la repartición eHá definitivamente terminada, el Comandante general del Cuerpo de la Guardia ó un delegado suyo, revista á los reclutas en presencia de todos Jos jefes de cuerpo que han tomado parte en la distribución del contingente. ' Durante la serie de estas diversas operaciones no parece pres­tarse gran atención á la condición social de los rlclutas vestido¡ aún con sus trajes de paisano y mezdados unos con otros entre las filas; y sería un error creer que entre ellos puedan encontrarse muchos individuos dt! las clases elevadas de la sociedad. Hay, por el contrario, muy pocos, ó mejor dicho, ninguno. La razón es que todos, ó casi todos los jóvenes que han recibido una educación un tanto· es'merada, entran en el servicio como vo­luntarios de un año ó en clase de candidatos para oficiales. Por lo demás, todos los reclutas parecen robustos, su aspecto revela buen humor, y se procede con elJos con dulzura. Es tam­bién interesante advertir que, en general, parece que la mayor par­te ha recibido cierta instrucción militar, lo que puede verse en su manera de marchar, de girar; de responder á sus superiores, etc. Una hora después del medio día la distribución queda termi­nada, y á las dos de la tarde todos se encuentran ya en los cuarte­les de sus regimientos respectivos. Cada repartición de éstas tiene lugar entre los hombres pro­cedentes del territorio de tres cuerpos de ejército, y siendo doce los cuerpos que proveen de reclutas á la Guardia, claro es que la mis­ma operación habrá de efectuarse cuatro veces. Dentro de las veinticuatro horas que siguen á cada una de estas reparticiones, los distintos regimientos deben remitir al Esta­do Mayor de la Guardia una relación nominal de los hombres que se les ha destinado la víspera. Es .un medio de comprobación nece­sario y que permite enviar inmediatamente á sus cuerpos respecti­vos á los que se hayan retardado, á los que por cualquier motivo no se hallaban en sus correspondientes grupos y se v?n pres ntando en el Estado Mayor de la plaza. Son también útiles estos estados para poder saber exactamente los hombres que se han dado á cada cuerpo y los que les falta para el completo. A la llegada de los reclutas al regimiento se les somete lo más pronto posible á un reconocimiento médico, á consecuencia del cual todos aquellos que resultan inútiles para el servicio, se remi­ten al Estado Mayor de la Guardia con una nota explicativa. Es­tos casos generalmente son en gran número los primeros días. Durante las dos primeras semanas se encarga el Estado Mayor de devolver estos hombres á sus distritos de landwher correspondien­tes, que deben reemplazarlos con igual número de mozos. Durante las dos semanas siguientes cuidan los regimi'!ntos de la devolución Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETiN MILITAR 207 y reemplazo de estos mozos. Si después de este segundo plazo se vieran obligados á rechazar algunos, ya no se les reemplaza para evitar el retraso que 11 aría á la instrucción la llegada de los nue­vos incorporados en época tan adelantada. Los cuerpos deben su­frir su déficit hasta el llamamiento siguiente, á no ser que encuen­tren medio de completarse con enganchados voluntarios, etc. Cuatro ó cinco semanas después de la recepción de los reclu­tas, todos los regimientos envían al Estado Mayor de la Guardia un informe detallado sobre el resultado del reclutamiento, emitien­do su parecer respecto á las cualidades fisicas y morales de sus nuevos soldados, su talla media, etc., comparando bajo estos diver­sos puntos de vista, el año corriente con los precedentes. Todas estas noticias se remiten seguidamente al Emperador y al Ministro de la Guerra. Según lo que hemos dicho antes, cada regimiento de la Guar­dia recibe sus recluta~ en cuatro ocasiones diferentes, puesto que no llegan en un día más que los hombres procedentes de tres regiones de cuerpo de ejército. La incorporación, por lo tanto, dura en realidad una semana. En los cuerpos de línea, como puede suponerse, se efectúa todo más rápidamente. El reparto se hace de antemano en el distrito de landwehr correspondiente, y todos los mozos pueden incorporarse el mismo día. El jefe de cada cuerpo hace que se le presenten las Handna­' tional de los hombres que ha recibido, y los distribuye entre los ba­tallones el mismo día de su lJegada. Generalmente se clasifican por estatura, destinando los más altos al primer batallón, y los de menos talla al de fusileros. El jefe del batallón distribuye á su vez los hombres entre las compañías, destinando á la primera los de · mayor estatura, y por ·este orden los demás. De tres á cuatro de la tarde se encuentran ya todos en sus respectivas compañías. Entonces entregan la Handnational á las c1ases encargadas de su instrucción, quienes los conducen al lugar destinado al efecto para recibir sus comidas. Poco después se les pasa una visita de sanidad provisional, para averiguar quienes pueden tener enfermedades contagiosas, tales como sarna, sífilis, etc. Después de esto se cunduce á los nuevos soldados á un baño ó cuarto de aseo, donde se les exige un lavado general, y por último se les viste el uniforme que les tienen preparado. Los efectos que se les distribuyen ese día constituyen el traje llamado de instrucción, que debe servirles para los ejercicios indivi­duales y para uso interior del cuartel. Más tarde reciben otro tra­je, aprovechando para probarlo las horas de descanso de la tarde del sábado y mañana del domingo inmediato. Cada rec1uta debe hacer un paquete con sus efectos de paisa­no, que se remiten por el correo á sus familias, después de haber- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN :MILITA:R los conservado durante cuatro semanas n el almacén de la compa­ñía, que es próximamente el tiempo fijado para la alteración que pudiera ocurrir con los hombres que hubie necesidad de devolver á sus hogares. El resto de la tarde de este primer día se consagra á la instalación de los reclutas en sus dormitorios. Después se les recoge el dinero que puedan llevar sobre sí, el cual queda en poder del capitán de la compañía, á quien pueden siempre reclamarlo á medida de sus necesidades. No obstante, se les permite conservar, si así lo desean, una cantidad que no exceda de dos thalers. El ob­jeto de esta medida es evitar que algunos jóvenes sin experiencia sean arrastrados á malgastar lo que poseen, cediendo á las instiga­ciones de los soldadvs veteranos, que por costumbre se inclinan á regalarse á expensas de sus nuevos compañeros . .Además halla oca­sión el capitán de la compañía de llevar nota y estar al tanto de los gastos de su gente, evitando por este medio los que no juzgue sensatos. Casi todos los soldados prusianos llevan el dinero en un sa­quito de cuero pendiente del cuello. Seguidamente se les entregar\ los objetos necesarios para su aseo personal, los de sus , efectos y equipo. Ninguno de éstos se les proporciona gratis, y si bien su precio es sumamente módico, deben pagarlo de su peculio parti­cular. No expresaremos aquí la nomenclatura bastante larga dé estos objetos, entre los que se encuentra un peine, un espejo, una navaja de afeitar, etc. El corte del pelo se hace á todos desde el día siguiente á su llegada por barberos sacados entre los mismos soldados, y aun por clases de Ja compañía. Por último, en el primer mes de servicio todos los reclutas sufren la operación de la vacuna y prestan el juramento de bande­ras. Esta última ceremonia se hace con cierta solemnidad y la fór­mula es apropiada al culto que profesa cada uno. Cada compañía recibe anualmente de 40 á 50 reclutas. Por lo común se procura que tengan en el cuartel una habitación se­parada de la de los soldados viejos. Cada dormitorio está bajo la vigilancia de uno de los sub-oficiales ó gifreite, designados como instructores por el capitán de la compañía. Todas estas disposiciones se confían por completo á la iniciativa de los capitanes, como lo ve­remos más adelante cuando hablemos de la instrucción. El pelo­tón formado por los reclutas de la compañía se somete á la direc­ción de un oficial y se divide en tres ó cuatro escuadras, á las que se destina una clase y tres ó cuatro gefreites. Estos últimos no siempre se designan entre los que desempeñan en propiedad este empleo; con frecuencia se les elige entre Jos mejores soldados del año precedente, y especialmente entre los destinados á marchar á sus hogares al fin de su segundo año de servicio, en virtud de lo que se llama la liancia dt! Rey (Konigs-Urlaub). Es un favor del que disfrutan anualmente de 10 á 2.0 hombres por compañía, en re­compensa á su buena conducta y á su celo en el servicio. Parecerá Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 210 BOLETÍN MILITAR que se destinan á su infantería. L"'s regimientos de la Guardia se reclutan en todo el territorio, mientras que los de línea no reciben más que los hombres que proceden de las zonas de batallones de landwehr más proximos á su guarnición. Los jefes de estos distritos ó zonas se encargan de designar para servir en caballería los hombre;; habituados al cuidado de ca­ballos, ó que sepan montar, ó en general, manifiesten disposiciones particulares para poder ingresar en el arma. Los destinados á la Guardia ~on separados en r:los grupos á su llegada á Berlín: uno afecto á la caballería de línea (c01·aceros y hulanos) y otro á la ca­ballería ligera (dragones y húsare ). La repartición definitiva se hace en eguida por el Comandante General de la Dirección de Caballería de la G·uardia. La talla mínima es de I '",670 para todos los regimientos de la Guardia y para la caballería Je línea. En la caballería ligerct baja á 1m,62o. La caballería recibe, como la infantería, dos clases de obreros: los (E'konomie-Handwerktr que no entran en las filas y que en reali­dad no hacen ningún servicio militar; luégo los que forman parte del efectivo combatit::ltc. Se cuida de c¡ue entre esto~ últimos haya albéitares y silleros ó guarnicioneros. El jefe del regimiento reparte los reclutas entre lo escua-1ro­nes según las \'acante que tengan. Anualmente ingresan en cada escuadrón de 35 á 45 hombres. A todos se les somete á las opera­ciones ya descritas á propósito de la infclntería, baño, reconocimien­to médico, etc. Los nuevos soldado del escuadrón quedan igual­mente bajo la dirección de un oficial y distribuídos en tres ó cua- · tro grupos confiados á clases, gifrtitt, etc. Además de los hombres que comprende su contingente, los regimientol:l de caballería admiten voluntarios de uno ó de cuatro años. Los primeros son en general poco numerosos á causa de los gastos tan considerables que se imponen al joven que quiere pres-· tar sus servicios como voluntario en la caballería. Los · voluntarios, de cuatro años son, por el contrario, con frecuencia muy numerosos, sobre todo en determinadas guarniciones, y como veremos más adelante hay regimientos como los húsares de la Guardia que casii se componen exclusivamente de ellos. Los voluntarios de cuatro aiio son recibidos en los regimien­tos con más gusto que los reclutas procedentes del contingente= ordinario, porque en general opinan los oficiales de caballería que! el plazo de tres años de servicio es insuficiente para hacer un buem jinete. Así pues, se e fuerzan los cap; tan es por atraer á sus escua­drones el mayor número posible de estos voluntarios y recibir po lo tanto menor número de los otros reclutas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 211 3. 0 ARTILLERÍA El número de reclutas que corresponden cada año á ]as di­versas baterías se determina como para las otras armas por el Mi­nistro de la Guerra*. Siempre es de 25 hombres por lo menos para las baterías á caballo y 30 para las montadas. La artillería de la Guardia se recluta en todo el territorio ; la de línea, en los distritos de landwher más próximos á sus guarni­ciones. Los reclutas de la Guardia y de toda la artillería á caballo se reúnen á mediados de Noviembre; los de artillería montada de línea á principios de Diciembre. La talla mínimjl es de ¡m6so; los hombres deben ser de fuerte contextura y dotados de excelente vista. Para la artillería á caballo se eligen, como para la caballería, hombres que tengan costumbre de manejar caballos, y además para toda la artillería se buscan hombres que conozcan algún oficio, como herreros y guarnicioneros. El jefe de la brigada de artillería de la Guardia, distribuye los rC'clut s entre sus dos regimientos. Los coroneles de éstos hacen el reparto entre sus .Abtheilungen, y los je­fes de .Abthcilung entre sus baterías. En la de línea se efectúa todo esto de una manera análoga. Podría repetir e aquí lo que se ha dicho respecto á las dos cla­Se$ de obrero que existen en infantería y caballería. En fin, los hombres declarados inaptos para el ervicio, previo el reconocimien­to facultativo, se envían por cuenta del regimiento al Estado Ma­yor del cuerpo de ejército con una nota que indica si el coronel desea sean reemplazados por otros, porque en general no se ~ o1icita más que por los regimientos que se encuentran en malas guarni­ciones, y se les presentan por consecuencia pocos voluntarios. Los demás se completan · fácilmente por medio de voluntarios· de tres años ó de reenganchados. Aunque la época legal fijada para la entrada en el servicio de estos voluntarios de tres años sea el 1.0 de Octubre, pueden, con la autorización del jefe del regimiento, ser admitidos durante todo el invierno, esto es, hasta el 30 de Abril. Desde esta fecha hasta el I .0 de Octubre las plazas vacantes que haya necesidad de llenar, deben solamente cubrirse por medio de reservistas ó por el llama­miento de soldados con licencia temporal, llamados disponibles. Cada batería puede, además, recibir tres voluntarios de un año y aun más en las ciudades universitarias, pero no se les admite en el servicio más que una sola vez cada año, el 1.0 de Octubre. Obsérvese cuán práctica es la organización del reclutamiento en el ejército prusiano. El jefe del regimiento es el centro sobre el que gravita todo el sistema. Sabe el efectivo que debe tener su • Según loa estados que facilitan los jeíes de los cuerpos, como lo hemos explicado á propóaito de la Infantería. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 212 BOLETÍN MILITAR cuerpo, tanto al pie de paz como al de guerra, y está obligado á arreglarse de modo que tenga siempre en sus registros el número de hombres exigido. En tiempo oportuno solicita del Estado Ma­yor de su cuerpo de ejército los reclutas que necesita; devuelve los hombres que resultan incapaces para el servicio y reclama otros para reemplazarlos, ó si lo juzga conveniente, admite en su lugar enganchados voluntarios. Se comprende que todo esto no es po ible más que con el sis­tema de reclutamiento regional, gracias al cual cada cuerpo del ejército,4tiene, porJdecirlo así, al akance de la mano, un depósito de hombre~ del cual puede sacarlos á voluntad y que se renuevan sin cesar, con el único objeto de proporcionarle dónde cvmpletar á cada instante su efectivo de paz ó de guerra-(Continúa). POR EL FLANCO EN EL CAMPO DE BATALLA (Continuación) 2.0 Yul11erabilidad de la diver1a1 formaciontl Toda tropa al fuego, en cuanto sea posible y mediante el acertado empleo de la formaciones, tratará de disminuír la visibi­lidad que ofrece á los ojos del entmigo, á fin de no atraer sobre sí los disparos de éste; cuando no le sea dable ocultarse á sus ojos, deberá buscar el mismo resultado restringiendo la vulnerabilidad de las dichas formaciones. Si en el trayecto del haz de un fuego colectivo se interponen dos tableros de dimensiones diferentes, pero pequeños con relación á la amplitud de dicho haz, para que pueda admitirse que las por­ciones del agrupamiento de proyectiles interceptados por los ta­bleros tienen la misma densidad, es claro que el número de im­pactos que resulten en ellos estarán en la misma relación que Ja superficie de los tableros. De lo dicho resulta que las vulnerabili­dades que corresponden á dos formaciones tácticas distintas de una tropa colocada, en idénticas condkiones, sobre el trayecto de un mis,no haz de proyectiles enemigos, estarán en la misma relación que las superficies de los tableros receptores de los proyectiles r~ci­bidos por las dos formaciones en cuestión. Ahora bien: el tablero receptor, para una formación delgada, se reduce al marco que encuadre dicha formación, y por el mo­mento no tomaremos en cuenta la restricción natural de que los hombres que componen una formación delgada no reciben la to­talidad de los proyectiles que tocan el tablero, sino una porción de ellos -que la determina la experiencia,-por lo cual diremos que para una formación delgada el tablero receptor se confunde con el visible considerado en el artículo anterior. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 214 BOLETíN MILITAR menos vulnerables, y que aun al serlo, lo sean en las proporciones indicadas por el cuadro, por las siguientes razones: r.a Porque una formación no intercepta todas las balas reci­bidas por el marco que la encuadra: un cierto número de proyec­tiles atraviesan el elemento cabeza de la formación sin herirlo, y iÍ hacen esto con el elemento siguiente; 2.a Porque los proyectiles actuales herirán dos hombres, tér­mino medio, entre los que estén colocados uno delante de otro; 3.a Y es la principal razón, porque los tableros receptores no interceptan en un haz un grupo (de proyectiles) de densidad ho-- ... mogénea para una misma formación, ni grupos de la misma den­sidad cuando se trata de dos formaciones distintas de la misma unidad. Tableros rceepto!es de las diversas formacione a 800 metros de distancia .. 1 SECUION O O 1\1 PA Ñ I A ..... 1 FORMACIONES EN LINEA DE .PLANCO EN LINEA. EN COLUMNA. FLANCO -i filaJ 2 11Ja s ~-~~::_ A diatao-~ 1 fiJa 2 fila s claaen~ De com- • fllu ~ fila• 1--- ru p lila ---- --- ------ ---- m. es n1. es si o ~ (De pie ........... 80 1-0 8..4 4.2 Ii>o 100 52 33.6' 16.8 ~ i Rodilla en tierra 50 25 6 .4 3.2 200 1 100 86 37 25.61 12.8 :- \.A tierra .......... 30 15 51 2.5 120 a o 751 29 20 10 ¡ Además, como es más difícil reglar un fuego concentrado en alcance que en direcció 1, á menudo será ventajoso adoptar forma­ciones delgadas ante fu eg os conce ntrado , á fin de sustraerse todo lo posible á los insultos de un haz de ordinario muy 1 rgo: las for­maciones profundas tienen por lo general el grave inconveniente de recoger casi siempre la parte más den a de la agrupación que el enemigo pretendió concentrar sobre el elemento de cabeza. Por otra parte, admitiendo que el fuego esté bien reglado por lo que hace á la distancia, en lo que se trefiera á la concentración de or­dinario más bien se dirigirá hacia una ala de una formación en línea, sea por el punto apuntado, sea por las circunstancias atmos­féricas, y entonces sie11do el haz mucho menos extenso en anchura que en profundidad, tal elemento de la línea que no recibe proyec­tiles ó recibe muy pocos, liabría recogiao, al contrario, una gran parte del núcleo del haz, si se le sitúa en columna tras la parte de la línea sobre la cual se concentró el fuego; en cambio, ninguna parte de la formación habría sido herida al estar colocada tras la parte que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETfN MILITAR 215 tampoco lo fue. Así pues, en el caso particular de una unidad ex­puesta á un fuego concentrado, no se puede precisar cuál de las dos formaciones, profunda ó delgada, será la más vulnerable. Las anteriores consideraciones nos enseñan que la vulnerabi­lidad relativa de las diversas formaciones de una misma unidad variará según el reglaje del tiro y la concentración más ó menos grande del fuego; es decir, según que la unidad se halle colocada en tal ó cual sitio del haz en ei momento en que él se abate sobre el suelo. Si después de lo dicho queda alguna duda en el ánimo sobre la formación más adecuaJa para marchar bajo el fuego, esa duda desaparecerá si pensamos que en el momento en que somos blan­co del tiro del enemigo la necesidad de re ponderle y obtener la superioridad del fuego, poniendo en línea el mayor número posible de fusiles en línea, impone ~ 1 empleo de formaciones delgadas á las unidades de la línea de comP>ate, que antes de la ruptura del fuego marchaban en formaciones profunda , de e trecho frente, con el único objeto de hacer mínima su movilidad. Cuanto á las fracciones aun en resen a, bien que el regla­mento previene" siguen en lac:: formaciones m á favorables para sus traerlas á los fuego ·, de ordinario por el flan co" esto es, menos para sustraerlas á los fuegos que el enemigo procurara concentrar sobre ellas, que para permitirles de !izarse fuera de lo · . i ti o batid por los disparos enemigo concentrados sobre la línea de ombate, manteniéndose "á retaguardia de las ala ó de los intervalos de esa línea." Sin embargo, si no se exagera 1a profundidad, los inconve­nientes inherentes á esta, que acaban de señalarse, re ultan de mí­nima importancia con relación á las grandes ventajas que e deri­van de la disminución d 1 tablero receptor cuando .e cmpl an las formacionc de frente e vtrecho . Habrá, pues, ventaja en conser\' ar los frentes estrecho~ , ha ~t a cuando e es t á e; · pu to á f1 egos que no se pueden re ponder, es decir, . iempre que no deba nrevalecer la necesidad de utiJizar lo fu sile, la s la que justifica el empleo de la formacion · · en línea. Escrito e n fran c és por J. Pi GÉS de la E cue la Superior de Gu rr !N F:t. UENOIA DEL NÓMERO EN LA <;UERRA (E . tr a ct o d e P1 in cipes g t•ne rau ,, d e. plan d~ Cmnpag,w) fL y un principio fundamental al cual ~ e sujetan todas 1as guerr~s entre país e igualmente civilizados, y que á pes ~ DISTANCIAS Labateca á Pamplona ...... •..•.•••..• Pamplona á Cucutilla ...............•. Cucutilla á Arboledas .............. . Arboledas á S a lazar .................. . Salazar á C6cuta ..................... . Arboledas á Cachirf.. ............. . Cachirí á Suratá ................... . Surntá á Bucaramanga .............. . Su ratA á Cucutilla .................. . Chinácota á Concordia . .. ........... .. Pamplona á Chopo .................... . Bucaramauga á Arboledas (vía Ca-chirf) ................................ .. Id. íd. (vía Pamplona) ...... ........ . '1:! ...... -..... '~ ·!: ~ u o ~ = = ó r (") ... i Cii ~ • li1 .Ks. 40 35 16 20 50 - 45 25 45 60 20 10 115 140 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 139

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 163

Por: | Fecha: 04/08/1900

BocoTA, AcosTo +DE 1900 ------------------------------ -- -~~---- ---------------- ------·-----· Or¡rano del Miaisterio de Director ad honorem Guerra y del Ejército Francbco J. Ver~rara Y. Son colaboradores de este periódico los Jefes y General, Miembro de la Sf)ciedad Colombla•a Oticialel' del Ejércit•l de Ingenieros .A.:8t <> :J:"V" JXI"UJ.v.l:. 1.63 1ID~~~~ -~í» ~lo n.Cio :w.rr~ JJ.~JD® (3 1 DE JULIO) por el cual se no!nbran Ministros del Despacho Yo,José Manuel Marroquín, Vicepresidente de la Repúbli­C3l e.n ejercicio del Poder Ejecutivo, en vista de mis facultadea constitucionales, DECRETO Art. I.0 Nombro Ministros del Despacho á los siguiente• señores: Para el Despacho de Gobierno, al Sr. General D. Guillermo Qu"intero Calderón; Para el de Relaciones Exteriores, al Sr. Dr. D. Carlos Mar­tíí nez Silva; Para el de Hacienda, al Sr. Dr. D. Pedro Antonio Melina; Para el de Instrucción Públic:a, al Sr. Dr. D. M1guel Aba­dHa Méndez. Para el del Tesoro, al Sr. D. Alejandro Gutiérrez; Art. 2.o El Ministro de Gobierno quedará encargado del Des­p¡ ac:ho de Guerra mientras no se provea en propiedad esta Cartera. Art. 3·0 El Ministro de Instrucción Pública quedará encar­g, ad o del Despacho de Hacienda hasta que se posesione el Dr. Pe­drro Antonio l\1olina. Art. 4.0 El Subsecretario del rresoro quedará encargado del De!spacho hasta que torne posesión el Sr. D. Alejandro Gutiérrez. Dado en el Palac10 de Gobierno, á 3r de Julio de! 19~0. JOSE MANUEL MARROQUlN VJU-~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 130 BOlETIN MILITAR ~ JID~©J~JEI~(Q) 10J a O • • E)lli] 11®®® (2'/ DE JULIO) per el cual se reorganiza el Ejército en opera<'iones en las Provincias de Oriente y Sumapaz, y se nombra Comand.mte en Jefe del mismo El Presidente de la República DECRETA Art. 1.0 Rcorganízase el Ejército que obraba en operaciones en las Provincias de ·requendama y Sumapaz, así: la anti~ua quinta División, con el nombre de División Moya, compuesta de los Batallones Canal, Próspero Pinzón y Caro, y del Escuadrón Muisca; y la décimaoctava Div;sión del Ejército del Norte, con el personal de Jefes, Oficia!e y Cuerpo Civil que hoy tiene. Art. 2.0 La Columna ]unín, á órdenes del General Eloy Caicedo, queda igualmente incorporada al Ejército que en ade­lante se denominará "en operaciones en l-as Provincias <.fe Oriente y Sumapaz," quedando dicha Columna sujeta á la reorganización que le decrete el Comandante en Jefe de ese Ejército, con la apro­bación de este lVli nis terio. Art. 3· ~ N óm brase Jefe de Operaciones en las Provincias de Sumapaz y Oriente, con mando en Jefe sobre todas las fuerzas á ellas destinadas, al Cien eral Jorge Moya V ásq uez, y Jefe de Es­tado 1\1ayor al General Cl11naco Silva. Art. 4.0 Destínase al Cuartel general del Ejército á que se refiere el presente De~reto, al General graduado Ari tides García Herreros, como primer Ayudante General, y al Teniente Coronel Julio García Herreros, como segundo Ayu<.lante General. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 27 de Julio de 1900. Por de 1 egación del Excmo. Sr. Presidente, El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA JWíE@ID.~ilíD Jl~ a 0 · · lli)~ Jl®({)(O (27 DE JULIO) por el cual !le acept~ una t'Xc!.l~a y se hace un nombramicnt• El Presidente de la República DECRETA Art. 1.0 Acéptase la excusa que ha presentado el Sr. General Cl-í•aco Silva para encargar;;e del puesto de Jefe <.fe Estado Ma- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 131 yor del Ejército en operaciones en las Provincias d~ Sumapaz y Oriente de Cundinamarca. Art. 2.0 Llámase al servicio activo al Sr. General Mariano Tobar, y destínasele para reemplazar al Sr. General Silva. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 27 de Julio de 1900. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente. El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA ¡w~~m~~© ~a o •. JIDJEJ JI~®® (27 DE JULIO) por el cual se confiere un ascenso El Presidente de la República DECRETA Artículo único. Asciéndese á General efectivo de Brigada al General graduado Sr. Francisco Camacho Barreto, en atención á los valiosos servicios que el agraciatJo ha prestado en todo tiem­po á la República. § Dése cuenta para Jos efectos constitucionales al honorable Senado, en su reunión venidP.ra. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 2 7 de de 1900. Por ddegación del Excmo. Sr. Presidente, El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA lD)~C{j~lliJ~© JThj DO • • liD~ 11®@@ ' (29 DE JULIO) por el cual se confiere uu 11scenso El Presidente dt la República DFC.RETA Artículo único. En atención á los importantes servicios que en todo tiempo ha prestado á la República el Coronel Pedro Ma­ría Corena, a ciéndesele á General efectivo de Brigada. § Dése cuenta al honorable Senado para los efectos consti-tucionales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 29 de Julio de ·1900. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, ~1 Ministro de Guerra¡ MANO.U. CAS~BTANCA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 132 BOLETIN MILITAR ~ JL)~CeJID.I?J2F@ li\7 [)o . . @Wj Il®®® (29 DE JULIO) po1 el cual se confiere un a~censo El Presidente de la República CONSIDERANDO Que en el combate librado el día 24 de los corrientes en Si­baté y sus cercanías se distinguió por su intrépido valor el Te­niento Maleck Adel Caicedo, DECRETA Artículo único. Asciéndese á Capitán efectivo del Ejército de la República al Teniente Caicedo. Dado en Bogotá, á 29 de Julio de I900. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA . ' • JW)fil@ill,~~V ll'Ia 0 ··ID~ Il®@® (30 DE JULIO) por el cual se confiere un ascenso El Presidente de la República CONSIDERANDO Qye el General de Brigada Sr. José Antonio Pinto viene prestando hace más de treinta años valiosos y desinteresados ser­vicios á la ~epública; ~e en los días de peligro para la causa que representan las actuales instituciones e~ de los primero en contestar á lista en los campamentos, y abandona int re~ s y familia para dcfe 1der su Dios y su Patria, dando pruebas de Heroico patriotismo; ~e el General José Antonio Pinto ha sido siempre admi­rado por su bravura en los campos de batalla, y es además militar inteligente y disciplinado, DECRETA Artículo único. Asciéndese á General en Jefe del Ejército de la República al General de Brigada Sr. José Antonio Pinto. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 30 de Julio de 1900. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, ~1 Ministro de Guerra, MANU~L CASABIANCA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ J:IDm©~rnF~!l@ Jrno 0 •• IID~ JJ.~®® (30 DE JULIO) por el cual se hace un nombramiento El Prtsidente de la República DECRETA 133 Artículo único. Llámase al servicio activo al General José Antonio Pinto, y destínasele al puesto de Jefe de Estado Mayor gent>ral del Ejército del Cauca. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 30 de Julio de I 900. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA liDJEl@)!'l~:Jl:Q) [\j(JO .. W)llij Jl®@@ (30 DE JULIO) por el cual se confieren dos a~censoa El Presidente de la República CONSIDERANDO ~te los Tenientes Coroneles Jesús María Osorio y Carlo; Ordóñez Santamaría se di s tinguieron por su valor en el combate de Sibaté, concurriendo á los punto~ más peligrosos de la línea de batalb, . DECRRTA Artículo único. Asc ~é nd es c á Coroneles efectivos del Ejér­ci o de la República á los T e niente:> Coroneles Osorio y Ordó-ñez S. . Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 30 de Julio de I 900. Por delegación de] Excmo. Sr. Pre,iclente, El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA 1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 134 80LETIN MILITAR ~ FllAGMENTO DE UN ESTUDIO ESPAROL SOBRE ASCENSOS Y RECOMPEKSAS ¡Los defectos de nuestra enseñanza militar que hemo~ apuntaclo, aunque someramente, se remediaban luégo á virtud del ejercicio de la profe~ión '.. . . a, Se remedian hoy 7 E u una palabra: ¡Se cumplía y cumple aquí aquella condición adver­tida por Bt1njamín G. Aparicio, etlando, r~firiénclose en su libro Etwuela3 ~Militares de Europa, al Ejército prusiano, expresa., ~e­gún ya hemos indicado, que consisión . .. " Antes ha hecho con tar el :-\ntor f)ne aunque se ht de los in~·eniPros en Guadalajara. donde no hay fortiticacio11e~, ni pretexto ni eampo para hacer~ las; la de loo artillt•ros en SPgoda, sin fúhriea y sin material; la de E~tado ~layor er: Jos bulevares esta obra salió á luz (1887), en un tDtere ·ante estnrnoto pero no problemático. clf" uua guerra nacional, le acarrearía .r¡egu~·am e ute males y desast11es sin cuento, plWS ya LA VICTORIA NO SONHÜ.~ AL MÁS VALIENTE SLNO AL Ul•~ 1\Hna, por­ne, "drtL años -segnía nao el autor de ese stndio-q ne PI npg·lanwnto T~1et Í(~O <11 1 la Inf:lll teda sufrió im­portante t.t·ansformaeión, y á pe.· nr d pre eriuirse termirwnte­ute en él la eorwt>~iáu de ci<>rta ¡n·udente inr •iativa al oficial ha. · ta. al soletado, no ohstan tP tli.·pon e r~ • la prúcti<~a fn•ctwn­t. e de lo~ ejercil:io8 de cmnbote, q11 e uo .·on otra eo.·a qne t-;Írnula­ro en p(•qupño, de~t.itJ~l(los á qtH ~ todo.· y cada uno SE:\ fjo de .·n nrlitlacl, ién en la preu a,-el autor conoce lo que trata, lo ha vi to y lo describe tal cual e . 1\Ierece, por lo tanto, meditarse. Y como nos parece preferible, para dar idea de una época, sustituir las impre iones traza(las a posterio't"i por la que fue­ron escritas durante ella, copiaremo~ del e tu dio á que nos ~ venimos refirienclo, la parte consagrada á trazar el cuadro que entonces ofrecía nue tro esta(lo militar. "Si observarno -decía-lo que pasa en la infantería, vere­mos que eu ella la "- ida militar toda no es ino una serie de rutinas inútiles, de ab urdos inconcebibles, de soporíferas prác­ticas que convierten á oficiales y soldados poco menos que en una comunidad religiosa, según está todo de reglamentado y encajado en antiquí imos moldes; veremos que el todo de un regimiento ó de un batallón de cazadores es el Coronel ó el Te· niente Coronel; que el poder de estos primeros jefes es absolu· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 131 to; sn personalioafe principal la resolución de todos lo asnntos s y for­ma, r en alg- na. paradas y proce"' iorw~, haee que, pudiendo coutar con batallones perfectamente iu~trnídos, llO disponga­rno's sino de fuerzas que sólo saben marchar gallard:.\mente y e-fectuar una docena de movimit>ntos, en los que á la brillan­tez. y precisión se ~acrifican la parte venladeramente práctica de la evolución y ~u inteligente aplicación en la guerra. ''Nada u e e' olucioues manchulas y ejecutadas con pausa, á ecnciencia, R2 bieuclo el porqué y el cuándo condene reali­z: airlaR; nacla de enJth~ar loR ejercicios de combate, que poclrian u ¡plir en parte á las tn.n uece al'ias mauiobras en grantle esca­lla, y nada tampoco de dt clicarnos perfeeta' meute al fljercicio de e01mpañía-base ele la tút:tiea monto aetual. "H.elt>ga(los est{l n también al oh·iclo el <)stud io teórico, ya stros oficialeR, de 1 a opereiciouet; toda, de la guerra. y la ejt.·cucióu de marchas elfres y co~a:-; (]ne, e le obligan á aprender de llll~moria, y con hacer inmenso f{trrag-o (le documentos y asistir {á mo poca r cepcione ' y actos, mús ci ' ' iles y religiosos que mi­llitm. re , se cousidera sufic eutemeute instruíua uue1:1tra iufah-ttell'ía. ., 'Verdad es que como cada batallón cuenta con unas 400 ]nlmzas en reYi~tjo comba tiente, el joven y ya reputado Modesto Navano, tan bra\·o sol<.laclo como pu­blici ta insigne. a u H.omún, en la Ojeada genm·al á sn Estado militar de Es­palia •, decía que baufa que H abauclnnar los últimos métodos, la m~ayor pat te inefieaces, como se ahanclonaron 1os más anti­guos jor y mús vece· al eutet ligo, dan eu tierra con torios los . .;istemas y procedimie,ltOI de diiez aiíos lÍ esta, pa-rte, ?1 .L.,. OSOTH.Oc ESTAMOS l\lUY DE­TE4<\ c S DE ESOS DIEZ ANOS, mientras que todas la,s ntt­cio ne .- s se 1uecipitan á la reformlt con más ó menos cordurrt, pe·ro com lia. atenuación 2Ja 'ra la critica de no llegar ta'rde y no dejarse 10rp1 ·ender." tJi nén~z Palacios, en int• re~ante trabajo acerca de O¡·ga­niz; areión 'militar, dt~ .· t•aha que log-t'ía-ba ofrecitlo el t ctáculo eh p •rHotla.' colocadas mn.r altas tm lajerarquía, u mqpaudo, con perjui<:io ele las propias, la. atribuciones d~ toOllcio), Villega. ; en ingenieros, La Llave, .MarYil, ÜPrYera, Ami. .... entre otro.'- iu olvidar á La Ig·lesia, y García. Velarde, qt1e no por pert<'necer ya á la Guardia Civil d(>jaron de tnüar con mucho garbo asuntos de org-anizációi geueral,-jamás desperdiciaron ocasión, ora en el libro, ora. en el folleto, ora en el periódico, ora eu la tribuna, para señalar defectos y pedir pro11to y eficaz remedio. Por doloroso que sea confe~arlo, todos tenían razón. Así como el elenwuto móvil ~-.e t>neontraha en concli<·iones deplora­bilí~ ima~, y <"1 m a tPria 1 eh~ gtwn a era e c::~so, f>l p<·rsmJa 1 no es­taba en xaltación patriótica, el surdo Ufl una precipitación cú•ga y fnne.·ta. La paracióu para la gn~>ITH, un la; la monliza­ción, sin JH't: \'f'I'. li.JI <•jfireilo act h o eonsagTaclo por completo á ese inútil St"rYicio (le gnarHieit'111 que hace {t las tlO}H\S ineapa­ceR para las verdmleras fu11c~iotH'S eh• la gut na; las reservas sin armmtwnto ni \Cstnatio 11i asarublc•a"' ]wrióclicas; el solda­do. uspirarHio (eutn~ el hnstío ele lo a ú comprc•u­der y el <•;ltl,':llleio ¡wtidor le uua mou.~<·rga enojO,'<"l. eh• houm·t•s, .· :llttdos, llOillhn.~s y con­sigHns pm•t i h·. ·, snfrit.~tl ra eían e8eu::~tl tt>s. La ca ha liPJ 'Ía. con.sH g-rada. a 1 s<>rvicio de es<~olta~, iuactint por Ja <'an.•ncia de elemt•lltos: eou hom­hreR qnt> apellJ'St~ en la ~illa regrpsal1n.n á ~us ho~at·es, y con nn ganado C]lle ~úlo <•ngonlauaterí~s á <·a hallo é in:uticiente adt•mns, dada la proporción que dehí::t (•xi~tir entre P~ta arma y las demás. La A~lrninistración l\lilitar coufuudi<.la con un cuerpo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR '-y--' 14.1 de cuenta y razón. La~ distintas armas sin enlaee ni relacio­nes mutuas. Bn tre la i 11 fa n tel'ía .Y la artillería, por PjPm pJo, hauía las misrllas q.ue erttre la Guardia l~t>al prusiana, y los moros de H.ey lllaiToquíes. La. artilleda y la caballmía sólo de vi~ta ~e couocían. 1 La organi~amón por , con gTan desespe· racit..'u de la oficialidad, que lo.· preft-!ría ú las rntinas pesa(lísi­mas del enarte!. Uua caballería sin jinetes por falta de tiPm­po, J. casi sin c.llmllo~, porque era irrisorio ~u número. Una arLJllt'l'Ía que se <~OJisagTaba cí ejercicios pjos é iusalulH·e~, donde la. tropa se IJacinaha; almlicacio1H:~~ militareiS de carácter profesional; jarw1s e.stuvo la. masa g·ent"'ral de la ofi.. cialitbul tan rwnet ... ada de sn dPber téeu ico; jamús se il nstr ó á sí mi8JJla cou el afúu ciPntítieo que lo hizo; jamá:-; se ~túcnlo~, oh~-itúeulos uacidos JH'C~I­~ arneute de doude del>íau eJn·iár:-;t'lt"' alh•J1tos. Y eso lo llizo Hlll esperanza algnua, in el atra.etivo del JH'o\'P<:ho, con plena con­ciencia de que lo mismo da ha ·ah •r JUtH:ho que sa.hPr poco, Y de que quizá fuese más cou\'euieute saber poco que saber de­masiado. • • • Este gran mo:\•imiento intelectual e~pontáneo, generoso, cligno de aplauso, .·e extendio hasta clamar por nua. organiza­cióu que permit1e1·a. el útil empit~o de )_.H aptitudf's en vez de esterilizarlas. El anhl•lo dt reformas fue tan \'ÍYo, qne sólo por eiSe llt>cho puede explicarse la agitadOI'Ía, JIO ftWl'Oil uiell UeS• anollauos cu la JH'Úctiea, ora por p1ecipitadóu, ora por mali­cia quizá; otroM qnt~tlarou aJTÍJicOIIsull a1· neueticioso vino al cabo á corn·~rtin;e cu IIHe\'a can. ·a de [Witurh~wlón. o siem­pre la prnjer, que de día en día la ha iclo pn•cipitando por la rúpida. peud1e11te d~ la d (:adeucia. E~ \'CI el a el qne un •stra. coraza -st-gúu la frase de ilustn• autor de las Campm1as dt:l General Oráa,-se hallaba por los aiios a l>ollacla y t.:onoída; pero no es meuos cierto que, ~alvo eu pel'Íodo · cor tísimoH, los golpeH que recibió, { pretexto de COlliJIOilerla, no hau se1·vitlo máM que para dt•jarla eu peo1· t•statlo. Puedt~ decirse que perdido lo qne alg-nil'll ha. lhumulo e.l aentimiento del decoro m·gcínit·o, aeouwclamo8 á laH per:mnas toda forma de orga11izacióu unUtar. rinclit-"ouclo t•XH:!'l'I';u)o rt.~s­peto á los hechos consuJuadoH; uo aqut·l rt!.S(H'to exig·itlo por la evolucióu prudeute, siuo aquel otr•, qne antP(HHte al iuterés nacional el t.•goísmo m~trado en nn Yallt>, es primera condi­ción renuir, «:'JI (•l punto en que se efectúe, tiUpenoridad uurné­rica muy Kt>ñalatla, ~olne todo cuatH.lo se dinja. contra la cabe­cera del \'allt·, porque la posieión domimtntt-1 dt.:d adYensatio au­menta eu e:stP cal'\o la potencia s de éxito si no cuaull.o el agresor dise­miue sus fuerzas, ó euan en·ar al pie de la letFa 6 exagt>rar el pri uci pi o <.le conc<.•n tracióu, ol YÜla ocupar los Yalles laterales. En t>~te caso el dt>fl"IISor pulirá usar las re­S<' lTas táctim-1s que eu ellos tenga apostasde lnt>go Yen tajas i ucou testables, y e u la geuerahdad de los casos pueha.to~ con ti unos, con agu s de las lí nPaA de operaciones cou las de ntaniobra. Estas fortificaeioues son iudispeu~ables para e:uwgur·ar la. pose- 8ión de dicho~ puutos importante , cna11tlo sei-111 ahautlonaLlos · por la • resen·as estratégieas, al mal'ellar contra el agresor directa ó indireetamt·mte, ·in eui chulo por la retieada. Estan~ l.Htít·se de la q Ul·ño~ fuerte.s de la. círcu nfereucia; dPjaudo para cuando los sucesos re,·eleu su ma1·cllrdadera plaza, semipermauente, ó como otros diCl•n, del mornento. ' 1\Iuchas \reces uo ser·á nece. ar-io constrtÚr este núcleo. Cuando en HU proximida:st.reehos de.¡,;p'lade­ros que puetleu f<'teilmcute cortar · ~t~ ó taparse; cuyo soMteni­mieuto permit;t al def~ u:-;or tornar la ofcu~Jnt, y que ~-;i cayt'sen en poder tlel a~rt.~sor, auuqne los gu:u·rtt'Zmt cou débil fut>rzn los valles. Re~ponuiendo al earncter general de la deftmsa. en la mon­tafia, c¡ne es defemm oft>nsin1, las fortifi('aeimws indudable­mente (leben también pre~tarse {l la ofen.~it,a. Por la difiunltad de la nmcia e u las obras 11 en su proximi•lad. De ma11era qne la ma.g­nitnd ó ca.pacidacl ele Jo:o¡ fn11rtt-s clepPtlller{t, aoea y guel'ra (¡ne en Pllos deban coHser­varse. La guaruició11 será lo más pequeña posible para no mer­mar clemasil"\clo el efectivo de las tropas ele operaciotH:.~~: basta­rán en general 40 ó 50 hombres; en com¡wnsaeión, mucha y po­d~ rosa artillerht, y Plegir, para guarn(leer los fuertP~, Ct>rteros tiratlorr.s. La eleceión 1le los comamlantes ó g·oht"ruatlores es ele la mayor importe a(lmitir en los fuertes, soldados t.•xtra,·ia«los ó fereuks :.ti ataqnt>, puesto •Jue para anular y '\"er.cer aqné11a, forzosame11te se hc.1. ele amol(lar á las dispmdeiones que eu cada caso tom~. Citemos otra '' ez á Jomini: ''La of~n~iva contra un país de montañas preseuta tarnbié11 nua doble hipótesis: In se diri­gir á con ti a un cerco d<> mon Htiías q ne ter mi uau en u u \~asto teatro tle llalluras, ó aea~o m{ts hien coutra nn teatro particu­lar enterame11te moHtafíuso?" ''En el primer ea~() sólo uu preet·pto lwy que seguir, que es el de amagnr en t •la lct perift>ria cisivo que mejores resnltatlos ofr(·zca. Este e~ un conlún débil en llÚJUero, pet'o fuerte 1101' las locali­dades que se trata dP romper, .v si es forzado por tllt solo pun­to, le es por toda la lÍJH•a .... " "Cuantlo 1'\e eoll~ i dt•r· au las 'lificultades tác1 ieas de una guerra 'le montafí.as y las iunwru::;a~ \·entHjas qut~ al parecel" pre~entan á la Uhan•pionuet, en la batalla de Fossa­lio, J)ara aHeg·urarse ,h~ ello. Bi hay cinco 6 ~wis caminos prac­ticables soure Pl frente arnellHZs <]ne tlebeu n•correr no e tén en dirección t..lin~rgPnte, porque 1-\Ufl'irún 1111 golpe por poco que el cnemig·o esté di~pue~to {t . recibirlas cnaudo <.lt.•:.;;pmlloqneu. El mús HPgnro Hi.stl'lllH <.'s, al pan'eer, el que "· ig·uió apoleún e11 el paso tlt~ San Bt>rnardo: formó <·H t>l dercella é izqni<.~nla pm el j lonteem.- y el Simplúu. para di\· idir In attJueióu .pleg-ar g¡·au­< les masa8, la guerra se re imuulo las uH.rchas (le moüo que tit3 salg-a al punto de renuióu de lo.-; Yalles co 1 cor·t<1 ras, el ag-resol' podr{\i precipitar~e como nn torreute lle:de los altos hasta los vallet-~, oeupando la reunión de dos ó más 'le éstos. Ann en el caso de qne el ataqne, partiendo ae la llanura, quiera penetrar en algn 110 tle los \·alle~ que en ella de1-1em ho­can, se f)()tlrá preparar ~~,·te ataque ocupando las altunu:; que l>ordt•au el Yalle proemaudo apoderar,·e lt>s, ó auuq u e los ha~·a, \·encer· y allanar lo::; obst(.wnlos artificial~~ con qne el e1u migo los habrá corta­do, para ha6er la mareba tarIJ­come · ulctr~e á pequeños destaeamentos qne Hnuea ~jereerán influencia decisint eu el combnte. Si, para e\·itarlo, sP t>udan gnwsas coln m na·, 11<-'Cl·~i taní n gra ncles .~. úwrzos, mareiJ<~I·án con leutitud y darúu tiempo al defpu:sor para Ja¡¡zar ."llti n·ser­vas con oportnui cn •Hh (·on almaceJH.'S fijos y móviles n retagum dia. E. ta forzada d<>pendc11cia embaraza y agarrota las opera<~ioues, lt•s qníta 1·a pid('z y eu rgía "5' las ll 9 puesto que crece en razón directa del efectivo de las tropas, lo limita Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETII MILITIR ~ ae su) ... O, y se ,.e que nunca podrá ser gratule, so pena de verse inm(>diatamente paralizado por la imposil>ilicta'l de ,·ivir. Las dificultades rnpefia.udo en el tiemp0 oportuuo la cantidad rle tropas req uericla. para. t>jecn tar el ataque. }Iieu­tras que el defeusor desplit..•g-a á sus aucha.s en posición esco· gida y preparada de antemauo, darHlo á cada arma el 1 ugar "!Ue más convenga á su acción, el que Htaca tiene que avanzar ~n columnas profurulas, que por los oh~táculos s del mando,~¡ huy qnP clnr gran s. ten.sióu al frente de ataque y fl'acciouar mucho las fuerzas. El menor descuido eu Jos preparath·os, el más le,·e error en los cálculos para hacer concurrir á tiempo las columuas, pue­de dar lugar á nn jor combinado. Es preci¡.;o, por tanto, determinar con matemática exactitud .en las órd e iH~s la marcha de cada coluwna, después de bien axamina(los los obstáculos que haya Je la acción de n mando único. Cada n~1a de las columnas debe por tanto oomprender bien el cometido que le toca en el conjuuto. Ocio­so es añadir que el General en Jefe ha (le tener coufia,nza en . !os comandantes de columnas:" si éstos no son vigorosos é iu- · teligentes, el ataque se malogra. El mando superior ~a no dispone de las columnas en cuan­to salen de su mano: deberá pemmr en todo con tiernpo, pues­to que luégo será iruposible corregir los errores del plan pri­mitivo: faltas que en la llanura pudieran pasar como veniales, ó por lo meuos no traer consecuencias funestas, son origen á ~ces en montañas de inconcebibles catástrofes. Hespecto á. la forma del ataque, en montaña lo mismo que .en llanura, no puede teuer sino una. de las tres consabidas: romper por el ceutro, envohTer uua ó las dos alas. En la pri-nera, si el agresor, por amagos y uemostracioues, lta consegui­- tlo aturdir, desorientar y diseminar, y luégo arremete eon ím­petu, no hay duela que el resultado será aun más completo que en el llano, y logrará coger prisionera la m::.yor pax te de la fuerza defensora, dislocada y atiende ante todo á la comodidad del soldado, limitándolas á jornadas de 20 á 30 kilómetros y dejando entre cada euatro ó seis, un día de descanso, qne se dedica al aseo personal y at arreglo de los desperfectos en el equipo .Y material. Las de guerra, por el contnuio, como obedt>ceu á un fin e8tratégico ó táctico, son de longitud muy variable, que. aumenta hasta exi­gir grandes esfuerzos, y sn ~jecnción equiere diRposicione~ especiales que garauticeu el medio ue pasar fácilmente á las d6 combate. Mieutras las operaciones lo permiten, las marchas de guerra ¡.:e hacen por jornadas iguales como las de etapa, á tin de e\'itar fatiga que, no obstante, resulta mayor, por la necesi­dad de llevar las tropas pre~enidas para el combate y alojarla~! con sujeción á un or(len de batalla, que algunas veces precisa á dejar los abr.gos buenos y de pronta instalación por otros insuficientes, ó por el vi~ac~ pero cuando conviene ganar terre­no, se aceleran, ltacietulo jornadas algo más largas que no se interrumpen con ningún día de descanso. Las forzadas se im­ponen en circunstancias críticas, obligando á marchar día y noche con sólo los precisos descansos para refrescar la. tropa y sostener ~us fuerzas hasta el fin. En general son más perjud ·­ciales que útiles, porque el apresuramiento con que se lleva á efecto rompe la. cohe~ión de las columnas, que dt->jau tras sí · nn continuo cordón de rezagados, rinde y abate al soldado y lo exaspera iucitá ndolo á quebrantar la disciplina~ estropea los caballo~, destruye el material y "' tear, y en invierno se aprove­cha el m dio d e l día . }"> o r exct p e i6u se mardnt de not:he en elima :::; muy cálid o ~, ó cm udo t:ie tra ta de llevar {t cabo una ope rac ión o c ulta, mas eu c ~ te ca go es indL pf>nsnhle nua abl:'O· luta r~._ P n' a, c o no< ~ im J e u to e xado tlt'l tt-'lT e uo y de la 8i t uación ·del en e migo, y graudes }H' •catu;i o11 e s p a ra no cae r eu una ern­bos(' ada. De tOg·o, aunque con menos rapidez. La caballería tie ne una m a r c ha wás desigual, pt.>ro en caruhio pue­de r e corre r en poco ti~mpo g-nuule· trayecto. , altt'rnaudo en el trote y el galope, si bien este recurso s e rcst'r\'a para casos extra<.JI'dinaríos, porque empleado de continuo ]Wt'judica mucho al ganado. Igual 6 parecida. aptitud tiene la artillt•ría para mar­char, especialmente si es n el orden de batalla. r.Ja. infantería que forma. el núcleo de las columua8, marcha tle á cnatro con dos fila por cada lado del ca mi no, <.lt·jando el centro lil>re á la circulacióu; la caballeda de á cnatro, si lwy auchura ISUficien­te, y no habiéndola, de á do ; la artillería. ~n columna de pie­zas por un hulo, para que cada carruaje pueda Yolverse en cualquier momento obre su misruo tt•rreuo. El máximum de fuerza· que onliuariameute compone una columna ~ la división. El cuerpo de t'jército m:ucba n dos mientra8 e po ible, es deeir, mientras el intt•rva.lo que las se­para uo impide que se ayuden mutuamente y con la d~uinieros, ot.t·o batallón y uun. amhnland:t. Ter·cer· gTnpo (:'t nn kilómetro lle distancia, fi>rma ndo la ea b1•za dél e11erpo prnwipal): el reRto de la prime­ra. briga.tla, lle\ranclo las batería~ g-unda. , Un cuerpo de t::jército qne marcha por un 8olo camino, llent sns clivisionPs ol'g·anizala 11 te de la vauguara.llo. La vanguardia. eon¡.:;ta: de una brigada de iufan­ría, dos baterías, nn de¡.:;tacamento de ingenieros y una ambu­lancia; la artillería de cuerpo marcha entre las dos divisiones, y en la retagu.a.r de nuestras fuerzas por territo­io venezolano para atacar á Tasajero) en provecho de una causa ~iosa, tantoallende como aquende la frontera." Esto es de un B?­! etín de Uribe Uribe. Por lo pronto pudo parecer tal párrafu como ~ imple literatu­ra dP. boletín revoluciona r io, no ob- tante lw grandes auxilios que dicl10 Gobernador suministrara á lo rebeldes rompiendo todo pre­~ epto de Derecho internacional; pero después de La Laja, anima­do aquel General con la esperanza del triunfo de Uribe Uribe, se quitó la careta, y con su Estado 1\1ayor pasó la frontera, se incor­pol'ó en Cúcuta á los rebeldes, y cuando éstos se movieron hacia Paf?negro, quedó en realidad de verdad como guardián de la ciu­dad, con tropas regladas del Táchira, de seguro mediante algún ~stipendio que ignoram0s cuál .ea, pero que es muy probable tu­viera relación con el asunto límites, á juzgar por la actitud de la prensa liberal cuando la discusión del tratado sobre modificación iolel Laudo arbitral español. Ahora bien: si el Jefe revolucionario llam0 cinismo cobarde la 3-upuesta petición mencionada, ¿qué nombre ó calificativo merece .,.¡acto de traer un Jefe extranjero mediante pacto, infame cual­quiera que sea, y permitir á sus mercenarios, en cambio de servicios G:ontra la patria, escenas de pillaje y devastación como el saqueo de Gramalote? En verdad que lo natural sería negar la ciudadanía á uienes de tal manera proceden contra el suelo que los vio n~cer. Por fortuna el ya mencionado Peiíalosa, el filibu tero liberal ve•tezolano, cayó prisionero en Cúcuta, y decimos por fortuna, porque tal prisión hace que los revolucionarios sans patrie no p~­dan negar su crimen. Por lo demás, á la justicia militar correspon-e aplicar á ese intruso Gobernador un castigo que señala hasta el ódigo expedido por los mismos liberales en 188 I, á saber para este c.1so, diez años de presidio con el grillete al pie. Otro de los Jefes rebeldes, el General Herrtra, Había escrito que á fines del año pasado no se atrincheró en C1ícuta el Ejército evolucionario por "evitar á una ciudad amiga y que tan valiosos intereses guarda, las escenas de sangre y devastaciún c0nsiguientes á un combate." Pudo ser verdad est,>, es decir, t.d sentimiento pudo influír en ese entonces en el ánimo de Herrera, para no li- · brar combate dentro de Cúcur-a, pero después los rebeldes cambia­ron de ideas, ó tal vez arrojaron la máscara, y no sólo no evitaron las escenas que preveían, sino que las reagravaron guarneciendo la plaza con mercenarios venezolanos, con prófugos de presidio á · uienes nada importaba lo que sucediera á la "ciudad amiga," que será muy estulta-esta eg la palabra-si no cambia de ideas políti­~ as después de lo sucedido. Oigamos lo que dice el parte oficial sobre el particular : Aflictivo en extre1 o es el aspecto que hoy presenta la ciudad, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIM MlllTAR '--"y-" 155 ayer próspera y floreciente y hoy de nuevo convertida en escom­bro : puertas y ventanas lujosí imas destrozadas para trincheras ; cadáveres de hombres y animales juntos y despedazados ; riquí i­rnos muebles frao·mentos de ropa de soldado en, ano-rentados sobre , b b lujosas consolas; la, calles todas ob truída p~r enon~1es vigas y erizadas con cuerdas de alambre, saco de cafc y harneadas de la­drillo de lo. embaldo,ados, convertido en fo. as, trozos de periódi­cos y libros magníficos rodando por el suelo ; la e.,tatua de San­tander ostentando un simbólico balazo en la frent , y, en fin, un cúmulo de ruinas levantadas por la mano neg1:a de la Revolución, como testimonio elocuente de una propaganda de exterminio y de libertinaje." ¿ Por qué ocuparon los revolucionarios á Cúcuta para some­terla á las escenas de un combate ? ¿ por qué no se establecieron de nuevo en sus "inexpugnables posiciones~, de 'l'J.sajero? Porque los que tal hicieron no eran colombianos en su mayor número, y les interesaba acabar con la rica y próspera ciudad. Por fortuna, y en desagravio de la majestad de la patria, tan villanamente ul­trajada, podemos asegurar 4ue la fuerza revolucionaria que la OCU­paba excedía de 1,500 hombres, de los cuales muy pocos pudieron escaparse, y que para los presidiarios venezolanos no hubo cuartel. Lo sucedido en esta guerra demuestra que es necesario dictar cuanto antes decreto legislativo imponiendo la pena de muerte contra todo filibustero ó mercenario que se coja en armas contra. el Gobierno dentro de nuestras fronteras. Los gr<.lndes males exi­gen enérgicos remedios. Y nos~ alegue que Venezuela es República federal y que el Gobierno central detuvo los buques rebeldes en sus puertos, por­que tal medida la dictó después de las victorias legitimistas de Palonegro y Cúcuta, y cuando supo que Colombia había comprado buques de guerra para limpiar de piratas nuestras costas, siendo de advertir, además, que uno de tales buques detenidos era propiedad del Gobierno venezolano, entregado por venta simulada á los rebel­des, y que el Gobierno de la vecina República había reconocido la behgerancia de los revolucionarios declarándose neutral entre éstos y el Gobierno de Colombia ! Y públicos son los compromisos que mediaban entre el Presidente Castro y la Revolución que acaba de vencerse en cien combates y la compra de parques por su inter­medio hecha por aquélla en Trinidad. Tiempo es, pues, de retirar nue~tro Ministro en Caracas y de terminar toda relación amistosa con q\lien nos trata con tanta perfidia: entre Colombia y Venezuela se extiende hoy día inmensa fosa, la fosa en que yacen 34,0'J0 colombianos destruí dos p0r la Revolución. Y si de la frontera del N or.te volvemos los ojos á la del Sur, d cuadro se reagrava; la intervención del centralista Gobierno del Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 156 BOLETIN MILITA ~ Ecuador ha sido más descarada y desleal, de tal suerte que el últi­mo de sus Minisúos vino á servir en Bogotá de agente de la Re­volución, tomando las d~ villadiego cuando la gigantesca victoria de Palontgro le hizo comprender que estaba herida de muerte la negra causa en que se había afiliado. Allá en el Sur prisioneros están los jefes, oficiales, banderas y cañones del Ejército ecuato­rianq que el Presidente Alfaro envió en auxilio de la Revolución. La justicia exige que se tomen cuentas por tamaño ultraje, y se exija al Ecuador el debido resarcimiento de daños y perjuicios, para lo cual basta y sobra el valeroso pueblo caucano, principal agravia­do en la contiend-t. Pero la queja mayor la tenemos contra el incalificable Go­bierno de Nicaragua, que al apoyar á los rebeldes sitiadores de Panamá, tuvo la osadía de enviar su buquecillo de guerra con ca­ñones y un batallón de su ejército regular. Tal (-yobierno sacó la cara con tamaño atrevimiento porque supuso triunfante la Revolu~ ción, y en castigo es preciso que los buques-de guerra que hoy for­man la flota de Colombia vayan á bombarde4r los puertos de aque­lla Nación villana que auxtliaba un movimiento · infame contra la integridad nacional. Es imposible tolerar la ofensa recibida; las Islas Mangles y la Mosquitia claman al cielo contra nuestro descuido, y . no &eremos dignos Gel nombre de Nación libre y capaz de existen­cia independiente si no imponemos ejemplar castigo á semejante desmán. Y como los rebeldes del Istmo-por fortuna muy pocos pa­nameños- pretendían convertir esta hermosa y fecunda tierra en feudo que explotar á su sabor con norma filibustha, preciso es aclarar el punto h1sta la saciedad, para demostrar á la faz del mun­do el verdadero carácter pirático de la rebelión, arrancarle la careta y abrir los ojos á multitud de ilusos colombianos que con esfuerzo digno de mejor causa ayudaron, tal vez sin saberlo, á ca­var inmensa fosa para sepultar á Colombia, y de la cual sólo nos ha salvado la Misericordia Divina. En la actual rebelión, como Francia á fines del pc~sado siglo, no sólo hemos vencido al enemi­go intestino, sino también á una triple alianza forjada por el odio, la envidia y el crimen. Salvados del n~ufragio no sólo tenemos que dar gracias al Todopoderoso por el triunfo de la ca usa conservadora, sino que de­bemos poner punto final á la anticuada fraseología que no_ hacía llamar "Repúblicas hermanas" á pueblo que sólo anhelan nuestro exterminio; cese el quijotismo, y abramos los ojo á la amarga rea-lidad. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOlETIN MiliTAR ~ (Continuación) II HJT Tres leguas mHs adelante de Zipaquirá eoncluye el camino 11ano y empit'za la subida del Boque'r6n de Tier'raneg1·a, .midien­do legua y cu1:1rto basta llegar fJ· la cumbre, 2,868 metros sobre el nivel del mar. El viandante perdona entonces, de buen gra­do, el cra~o error de consen·ar el camino por encima de este cerro, ahc1ndonaudo el llano qne lo rodea: la fatigosa peua de tanto subir queda 1 es~ucida con la contemplación del grandioso espectáculo que á uno y otro lado 8e presenta. Hacia el S. se ven, como uua alfo111bra matizada de hermosos colores, las ri­cas y extensas llanuras que se desarrollan desde el pie del Bo- . quer6n hasta la distaute azulada cordillera del antiguo Cama­naos y del Teqnt'nrlama, dominándos~ la serie tumultuosa de cerros extendidos á derecha é izquierda de los valles. Hacia el N. surgen las multiplicadas cre~tas, desnudas y despedazadas, de las dos rama~ principales de la oordi11Pra, y más ahajo se extiende un anfiteatro de cerros menores, formados á expensas de los primeros, que atestiguan las tremendas suble\~aciones y los hundimientos posteriores que eu tiempos no mny remotos trastoruarou aquel territorio. Desde esta altura se ven clara y mauifit>stameute los dos grandes sistemas de valles que se in­clinan al N. y al S., y cnyo suelo limpiamente nh·ela<.lo y com­puesto de capas de aluvión, con~erva todos los caracteres del fondo de grandes lagos tranquilos, uno de los cuales tuvo su principal y último desHgi.ie por Tequenclama, y el otro por las roturas y abras al N. E. de Simijaca, confirmándose la tradición chihcha que establece la existencia de esos mares dulces, próxi~ mamente hasta dos sig-los antes de la conquista., según lo indi­can la composición y couformación actuales del terreno, y se­gún puede juzgarse por la antigi.iedad histórica de los Chib­cbas, puesto que sólo en 1470 empiezan los anales de los Zipas y las crónicas de la civilización de aquel pueblo, que sin duda necesitó el transcurso de tres siglos, por lo menos, para poblar y labrar las ,-astas planicies comprendidas entre el Teqnen­dama y los últimos cerros de Sngamuxi, después que las aguas las hubieron abaudonado. * Tra~puesta la cima del Boquerón ~e baja un trecho de dos legu;.u~, hasta el pueblo de Sutatausa, dejando ú. la izquier­oa á Tausa. envuelto en la niebla y en el humo de su salina, que sólo á ratos descubren las hnmildes casas de paja, agrupa. das en torno de la iglesia. El terreno que corta el camino en este espacio es árido, revuelto y trastornado, minado hasta lo • Conviene advertir que todas•las teorías y afirmaciones geológicas de e te ca­pítt1lo estátl reehazildas y negqdas por la .ciencia mederna-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. é inútil hasta que ad- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIJI MILITAR ~ 15t y desah1jndos, con gran morhmdaYe aflos a11te::;! * Elt·c<·uenlo tlel sangriento suceso me hizo pasar el de::; ti ladero co11 derta Yeneraeión por la nH>mori& de los Yen<'itlos, defen~Ofl'li de ~u patria. y hogares s de la sanW. libertad, }lor entonct~~ perdida. Al pie dt:~l Pdión detuYe el e·:t­oallo, proenralldO Ímllginarme la SÍtnacÍÓil de los l:lSl: lta(lOS y el trance del combntP, que sin (~io y peligroso miet. tras los twrtinace:-\ eunqni~tan la cumbre ngital>a con ::;ordo y prolongado rumor los ár. lJolPs em.t.uos qne la coronan P:uecíame oír el clamor de lo& combatientes, tumultuario en lo alto, ronco y amenazadot· e~ lo bajo de la. <'asi iuaeeesihle fortaleza. La cieucia de la des­trncciou tl'inufó dPl mnyot· uúmero, y la yerma soledad 8e esta­bleció p;na~ es~asa:s m:-ls :ulelan te mptH~~ ta. c.e capa~ gc ,. en este Yalle ú nn grado de perfcceión y ntriedad, tle qne ltoy no se th·ne i(lea. Atrasiésaulo eu la dirPt'Ción S.O.. N.E. los rntchuelos Hltto de Suúía y Uúaté, alimentados por • Inútil parece hoy rlemostr:n la evidente exageración de tales dfras-I .• D.. • Contradicción palmaria, proveniente de la necesidad de sostener hechos iu­ex'lctos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • . 60 BDLETIII MILITAR ~ las vertientes de la alta cot·diller~' (lel O., los cnaleR ~on la base de un .,istema. de irrig-ación apenas bosquejado, y que en lo futuro asegurará la felici(la1l permanente de la llanura, cons­tantemente enriquecida con lo,;; despojos de los cerros vecinos. En medio de las sementeras y trojes de hermo~o trigo, y á pequeñas rli~tancias, se alzan las habitaciones de los cultiva­dores, feas: y toscas más de lo que puíliPra esperarse fle gentes muy lejos de la indigencia, .y tan rcdncidnau obs: truiclas por hneyPs enjalmados, con carga y sin ella, y por mu chednmbre de indio~ y mestizos, más ó meuos aiPgr·one , á -cansa le la chicha, los unos disputau(lo á gritos en mitacl de la calle, y los otros agrupados en la~ ti u das y pa ~~ ndose de mano en mano sendas totuma del licol' popular, miPntras 1 algún tañeclor de tiple rasgaba con entusia m o la cuerda~, y entonaba el monótono recitatlo en que xpresaha sn pena de­lante de la redwncha. Dulcinea, objeto r clogmñ ticauwn t~ ·al indígena ~n i nterlo­cutor. P1>r en me
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 163

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 162

Por: | Fecha: 28/07/1900

BoGOTÁ, juLIO 28 DE 1900 -------------------- ----------- ~~ ---_------------------------ --· lle•111r~tu ~~ Or¡rano del :Jiiraisterio de (Guerra y del Ejército on colaboradores de este periódico Jos Jefes y Oficiales del Ejército Direct3r ad honorem Franci!llco J. Verg"ara V. General, Miembro de la StJCiedad Colom~ia.a de IngE>nieros JSTU1V.J:. 182 )]}~@ .._:. ~Jjp@ Jt\jo 0 •• M~ lJ.®@@ (r I DE JULIO) reform 11 torio clel q•le orgnniz!\ un Consejo ele Gue:rra vetbal permanente El Presidente de la República DECRETA Art. I .0 Para evitar las dificuitades que se han presentado para la constitución e instalación de un Con ejo de Guerra verbal permanente, creado por Decreto anterior, dicho Consejo quedará ~onstituído por cinco miembros, de acuerdo con el Código Mili­tar, así: dos Generales, dos Coroneles y un Sargento Mayor; tendrá además un Coronel Fiscal y un Oficial Secretario. Art. 2. 0 N 6m brase p ara tal efecto á los Sres. Generales Antonio B. Rebollo y Agu s tín Garzón; á los Coroneles Francisco ·robar Morales y Julio Escallón; y al Sargento Mayor J O!)é Luis Pieschacón. Art. 3. 0 Los nombrados en el anterior Decreto que no figu­ren en el presente ocuparán los destinos que tenían antes d'! la expedición del Decreto reformado. Comuníquese y publíquese. Dado en Vi lleta, Cundinamarca, á r I de Julio de rgoo. MANUEL A. SANCLEMENTE El Ministro de Gobierno, RAFAEL M. PALACio-El Minis­tro de Relaciones Exteriores, CARLOS CuERvo MÁRQUEz-El vn~-7 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 98 BOLETIN MILITAR ~ Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA-El Ministro del Tesoro, F. J. lNSIGNAREs-El Ministro de Instrucción Pública, Encargado del Despacho de Hacienda, MAR.Co .F. SuÁREZ. --~·--- riDmJ©Jmm~~© ~.o .• m>~ JI®®® (18 DEJULIO) por el cual se traspasa una fa culta d al Director general de la Policía Nacional El Presidente de la República DECRETA Artículo único. Desde la publicación del presente Decreto co­rresponde únicamente al D i rector g eneral de la Policía Nacional la facultad de expedir salvoconductos y pasaportes á extranjeros y personas civiles para transitar en el Departamento y fuera de él. §. El Director general de la Policía cobrará por la expedición de salvoconductos y pasaportes los 11 ismos derechos que hoy cobra la Jefatura Civil y Militar de Cundinamarca, y los fondos que de esa manera se recauden ingresarán en la Administración de Ha­cienda de este Departamento. Comuníquese. Dado en Bogotá, á I 8 de Julio de I 900. Por delegación del Excmo_ Sr. Presidente, El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA --~·--- Rqpúó/ica dt Cq/omb i a- MiniJ te r io dt Guerra- Sección 1.•- Nú­mero 547-lJtJgotá, 4 de No v iembre de 1899 ir. General Comandante en Jefe de i E j ército Por Decreto de car~cter legislativo, de 18 de Octubre próxi­mo pasado, del cual debéis ten e r conocimiento, se di~puso que, en atención al excesivo trabajo en el Mini sterio de Guerra, se au­mentara, como en efecto se aum e ntó, en un 50 por 100 el sueldo de los en1pleados civiL:! s del Mini terio de Guerra; hoy me permito signiScaros que e ta gracia se ha he h > extensiva al Habilitado del Cuartel general del Ejército, Sr . .t.milio García, al Teniente Bruno de los Santos y al Subteniente Jacinto Uribe, estos dos últimos Adjuntos al Estado Mayor generaltsimo, y que trabajan en este Despacho. Lo que tengo el honor de comunicaros para los fines consi­guientes. Soy vuestro atento servidor, Por el Sr. Miniitro, el Subsecretario, cLÍMACo LOSADA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y--' (Cor.t:nuaci6n) Repartición de las fue'rzas 91 Para defender un país de montaña es indispensable, como e queda repetido, recurrir al empleo combinado de la ofensiva y lla defensiva: para lograrlo hay que di,·i(lir las fuerzas general­Jmente eu tres líneas, ó más bien fajas, una detrás de otra, como een el servicio avanzado, com<:> en la guarda de 'l.U~ ·río, como en tto(lo cornbate en general. La primera, de tinada á obse'rVaJ· a nemigo y también opon(•Jle, cna11do ataque, la mayor resisten-} <..Cla pOlSi u le. Ularo elS, por con iguien te, que llO basta formarla tcon pequeños puestos, <]ue fúcilmeute sean rechazados y reba-sados: es pr{)ciso, al contrario, colocar eu ella tropas suficien­ttes y bien situadas para mauterwrle en jaque. La línea extrema sse conformará á las reglas generales del ervicio avanzado; 1 pero como en las montañas se agravan las penalidades por el suelo y por el clima, debe reducirse el efecti\·o á lo estrictameu­tte necesario. Eu segurllla línea, y á distancia. variable de la primera, ddeben apostarse los primeros apoyos, sostenes 6 'reservas, que aalguuos denominan tácticas, por opo icióu á las segundas reser­' •a , más lejanas y en terc~ra líuea, que llaman estratégica~ . .P.Aceptaudo los dos aer{t e _mplearlas prt~fprentemente en el ser­vicio (\e a va nzatlct, put> 'to q u • t'l'ito.s rnon ta Ji eses conocerán perfectanwnte sn propio uelo .Y tPrulrún iuteré.s en cleferulerlo. Siu embcngo, no tlt>be Cdntian~e por t:>tnero este servicio á gentes que, sin instnwción militar, ,' 1n ("Xperi('JH:ia de la guerra J expue~tas de ~Suyo á alanuas inftlltdada~, podrían abarHlonar prematuramente, eu ca8o de at<-HJIH', ciertos pnutos principales. (Jouviene, pues, alternar, intt~rcalar en lo~ puestos mús impor­tantes fuerzas del ejército rt'g-nlar. De todos modos, los parti­darios 6 guerrilleros (si reúnen la' cotHliciones rHlo el papel mpo á la llegada dt~ las rel'\er\'as f'~::~tratégicas, 6 para Pjecn.tar laR maniobr-a~ Jll'(•paratoria¡.; de nn golpe deci-) sivo, el eomanclante (le la re~Pr\'a túetiea no dl'lle ¡wHlouar me­uio de entorpecer el progrt:>so y el axanee, ya multiplicando los obstáculos artificiale , ya apr·ovt>ehan1lo los tmtllralt~s, hacieudo frente al a.tlversario eu pnntos relati\·autente fLwrte~ preparados al · efecto, y tentÍt'CtÍ\·o total oe las tropas, si se qnier • qne l<1s ru. 'l'lTas tficticas lleueu comple­tameute su encargo. A u lllt'tl taudt) esta pt oport•ióu, se debi li­tal'Íau las reservas estraJétJicas, apo. t;.tter~e de dos tt•reio:-., ó pot lo meuos rvar lilH·rtad de :te<~ ión, no dehen estar dema­shido próxi me:H5 ~ las rcst•t·,·as lác:ticas; al c,,n tnnio, lm~tan te detrás, en lo8 punto, .n te e¡ ne en este pn nto, ó Pll su proxi­mi< lajano de 1 a primera línea. de defensa, conviene cliRtrihnírlas Pn l;ts líneas interior(.>S de comunicación 6 de nwniolwa e¡ ne cortPn tra n~v<>rHaluwn te las de operacioue~. Así h1s tropas fHH·den vivir, alojarsP, alimet:tar:e más c6molla­mente, y t>jt>cntar tamhiéu eon mayor holgura y rapidez los m o vi mi en tos y m a niohras necesarios. Cnanclo las líneas ~tiu.ulas ú Hllft>usiva, 11i esperar el ataque en posiciones pre­parada. · IPs :in auxilio de tig-nras qna en esto ca,os más mbrollan que ~ · ~clarpe 1 11. Ahnndan <·ft>etivam •ntP •11 laR comareas montañosa, 1M~ pm;ir.ion es, : i 11 }.!111 a l'IIJt•u h~ rlf:lcns i ¡;as. e¡ ne reúueu la tlia tan grave inconveniente, adoptando para los flancos (que se pt' ocnrará adelantar todo lo posible) una. formación escalonada, cubierta por talas ú otros obstáculos. Si el defensor <.lel valle apoya uno de ~ns flancos en un arro­yo ó torrente, ordinariamente muy encajonado, deberá vigilar el lecho con suma atención, no aólo cuando venga eco, sino aun­que traiga mncha agua.. Nunca dejará ele ocupar la margen opnesta; porque si se de defian por nimias ciertas precaucio­nes, una columna enemiga quizá logre deslizarse por el lecho del torrente, casi siempre practicable, y tomar al defensor de flanco y de revés. Generalmente las buenas posiciones con el frente á la cabecera del valle, no sc:1encuentran sino en aquellos parajes en que otros valles y cañadas la.terales ó ~ecundarias vienen á conflnfr en el va.He principal, sir-viendo en cierto modo como de foso á aquellas posiciones. En este caso la pendiente de la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ lO~ montaña, sobre la cual se establece el defensor, es rápida hacía el enemigo; las comnnicacionPs por Jo g-E-neral están Jpjos, y á vece::; no conducen si u o á la ca.becera del valle inrnPdiato; y entonces se pne(len cortar ~. tos cnmino~, lo que obligará al arlvt>rsario á moYirnientos muy ex<·éntrico~, f>n los que perderá mucho tiE-mpo, elNnento e~f>ucial en la cl.-fell~a rel-ltiva. Ent.re las (lesventajas de estas po-.,iciones en el foudo de un valle, la mayor es qne casi siempre hallo sobre la corriente fecto. Con dt>nP, pnes, ren nnciar ft tales posiciones, sobre todo en valles algo' anchos, porqn~ PS marchar á uu des­calabro inevitable, sin consegnir el re ·nltale. Mejor será en tale~:~ casos retírar~e des1le lu.-go, y retroceder al punto más próximo en qne el valle se estreche. Las po~iciones en el fo11llo del valle, con el fr·ente á la de3- embocadura, tienen por lo regular la ventaja de ser dominantes, porque tanto la solera del valle como ltts alturas qne la circun­dan van gradualmente :'!ubien1lo á medi1la que se remonta á la cabecera. Siempre cotn"Í(>ne protf'ger lo~ fhtucos con formacio­nes e~calona.das á vangnarclia; annqne bi n se comprende que Jo~ moví mi en tos envolventes del enemigo han de aumentar en dificulta(leu con .. iderar corno inata­cables de ft·cnh.•, porqne el enf'mi~o, expnesto al fuego •lomi nante del defensor, eMá ohlig-aclo primeramente á pa -arel río ó arroyo que corre por delante uel frente, y cuan~· n:-lor. Y eomo la ejecu­ción de nn movimiento envoh·ente cuesta mnebo tiempo, y el tiempo, repetimos, es f;.tctor mny principal en la defensa, se pnede conclnír eon segnrWad qne e~tas po iciones á media la­dera son las qn , ofl'ecen mrts VPntaja. en paí~ de montañas. Lo movimientos euvol\~eutes y de flaneo son f:-lcile de contrarrestar, :r el eneargo ntorpe?cerlos pue- · de darse al paisanaje, que guardará los pa.~os uifíciles siu gran esfuerzo. · Las posiciones sobre nna cumb't·e donde se reúnan dos 6 más ' valles necesitan, tanto en la dPfenRa como en el ataque, fuerza relativament€ con. iclPI'ahle. La primP.ra se guardará biPu de abandounr con flnjPclaH ~rtos ó pa.~os, y apostará desde luego la ·reserva táctica en ellos rnistuos, lo más cerca po­sible del borde de la vertiente que mira al enemigo, y que se Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 104 80LETIN MILITAR ~ reforzará con trincheras, talas, etc. A la vez estas posicione1 dan la ventaja al clefensor de tomar la ofensiva, cuando le pa­rezca opoL·tnno, y lle\ar la guerra al territorio enemigo. Respecto á las cwnb~·es ó al tu ras, se com prencle q ne las reglas para su elección, ocupación y ct.efensa han ele variar se­gún su respectivo pn:fil .( :.:tsí se llama un cort~ imaginario ó .sección transversal de la montaña); según la mayor ó menor pendiente de las faldas ó laderas, y según también la naturaleza cubierta 6 rasa y la e ·tructura del sueto que las forme. Este ángulo de inclinaci \ n ó declh·e, es decir, el que la vertiente forma con el plano borizonta,l, determina ~eusibles tliferencias. El de 45 grados, ó mitad tlel ángulo recto, se considera " téc­uicameute" como inacct"sible ó impracticable; el de 42 grados, en terreno areni co es el limite casi para el cazador suelto; el de 35 es muy difícil todavía; el de lfl lo es para acémilas car­gadas; el de 7 á 8 se considera como máxiruo para carruajes. De manera que puede llamarse declive, ó pendiente, ó rampa. l!mave la que varía eutre 8 y 15 gnulos; fuerte ó agria, desde 30 hasta 40. Aquélla favorece el fuego rasante y la reacción ofensiva contra el que ataca: esta última perjudica bajo ambos a~pec­tos. VisiblemeJtte la primera, más casi que defensiva, está in· dicada como posición ofensiva: mientras que la segunda, por lo que embaraza y dificulta los movimientos agresivo , con\·ida á la defen a patJiva y absoluta. Por eso el sistema de alturas con alternativa de pendient~ · , con r~~a.ltos 6 rellauos, hermas y escaloues, da á la posición un carácter mixto, que concilia ventajosamente los llos extremos. La de pendiente muy suave y descubierta (de 8 á 15 gra­dos) se ocupa, ó técnicamente, se co?"·ona, di~poniendo el grueso de 1~ infantería á 40 ó 50 pasos lo más ele la cresta 'militar, como suele llamarse á ht arista ó línea, no muy marcada, de encuentro rlel plano de la 1Jenrliente con el de la cumbre, cima. ó mes¿ota. Sobre ella se esta )lece la artillería, destinada á barrer con fuego ?'·a~ante la rampa d uhitla. Ma , por suave y li~a que ésta sea, .·iempre tendrá alguno~ árboles, mataH, hoyos y asperezas qne utilizarán los bueno~ tiradore . Estos, al avan­zar el euemigo, cuidan inacioues de infi­nit. a variedad que sería. prolijo tlescribir. Si un gran ,·el llano corta la pendiente en dos, la defensa lo utiliza, <.lh·idiendo también su fuerza én dos trozos. Pero cui­da do mucho ele la cmnunicación, para que al eva.cuar el esca. lót hajo, no sólo sea pronta y segura la. -retirada, sobre todo de la rtilleda qne se hubiese esta.blecillo, sino que el frente quede al punto despejado, pM O COMANDANTE DE AVANZADAS Ó JEFE DE VANGUARDIA Para las situaciones particulares en que la infantería va siem­pr ·e apoyada por un destacamento de caballería, y á veces por al­gwn ~as piezas de artillería, no encuentra el jefe de batallón, ni en la t:eorías ni en las escuelas del tiempo de paz, las instrucciones ne.! cesarias relativamente al ejercicio de su mando; y sólo la prác­tic:: a de la guerra ha confirmado la verdad los textos reglamenta­riros, según el cual "es preciso que en cada caso el criterio priva- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 108 80LETIN MILITAR '--"y-" do sepa discernir: 1 .0 , cuáles son las condiciones de cumplimiento de la misión principal, cuyo fin es asegurar en todas ci~cunstan­cias al grueso del ejército, e11 estación ó en marcha, el tiempo que le es necesario para tomar sus disposiciones de combate; 2.0 , qué fuerzas deben emplearse para lograr ese res ultado." Las prescripciones de los reglamentos se encaminan más bien á dar á las tropas una instrucción uniforme, que á trazar reglas invariables para esta rama del servicio. La nueva manera de hacer la guerra ha puesto ya muchas veces en aplicación, para el servicio de exploración y seguridad de las tropas avanzadas, nuevos principios que, teórica y práctica­mente, no están del todo fijados todavía, y que rara vez llegan á ser comprendidos aun en las maniobras de paz, donde ante todo se trata de hacer un estudio instructivo de las prescripciones gene­rales. De impor:tancia suma es que el jefe de batallón que se halle en la guerra en situación de adoptar disposiciones particulares con­venientes á la dirección de un servicio de vanguardia ó avanzadas, sepa claramente, á este propósito, las medidas que puede dictar, la situación y las disposiciones que debe prescribir á las compañías y al destacamento de caballería colocado á sus órdenes. Impórtale, ante todo, cumplir su cometido, gastando lo menos posible de s us medios y sus fuerzas; porque durante la guerra, en que con fre­cuenciA es desempeñado el servicio de exploración y de seguridad largu tiempo por unas mismas tropa , antes de que sea dable rele­varlas con otras, es esencial que la s economice, y que sepa en qué límites puede hacerlo, sin perjuicio de la buena ejecución del ser­vicio, y sin comprometer su res pon abilidad personal. Un jefe en cuya cabeza no haya sino ejemplos sacados de los ejercicios de paz y de los reglamentos, está m u y predi ~ puesto á exigir de su tropa un servicio sumamente dificil y penoso, sin que por eso logre me­jor el objeto capital de su misión, que consi te: 1.0 , en informarse de todo, rápida, exactamente y en tiempo oportuno, para poder ponerse siempre en seguridad contra las empresas del ene mi g o; 2.0 , en tratar de descubrir los emplazamientos que e l adversario ocupa y los movimientos que efectúa, y dar noticia de ellos con exactitud. Un comandante de vanguardia ó avanzadas necesita, más que cualquier otro jefe de tropa en lí nea, saber orienta rse con prontitud sobre el terreno y sobre el mapa, y abarcar la situación en su conjunto estratégico. Debe igualmente, por medio de indi­cacione;) cortas y precisas, trazar á sus subordina dos la línea de conducta que hayan de seguir en cada caso particular, cuidando con sumo esmero de no infundirles aprensiones demasiado vivas, ni una seguridad tal que los incline á la negligencia. Como no siempre puede contar, para el cumplimiento de su misión, con subordinados que sepan juzgar por sí mismos, pron- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoLETIN MILITAR ~ 100 tam1ehte y con inteligencia, de la manera como habrán de cum­plir las misiones que se les confíen, de:berá indicarles la regla que hay1an de seguir, y trazarles, en todos los casos, su acción perso­nal y hasta la parte de iniciativa que podrán tomar; pero evitará dar cometidos demasiado difíciles á quienes no posean la suficien­te ccapacidad para desempeñarlos cumplidamente; y de no serie dabJle esto, auxiliará á los nombrados con la claridad de sus ins­tru cciones. En circunstancias importantes no ha de temer dar personal­me! nte instrucciones minuciosas á los oficiales ó á las patrullas, puees este es uno de los caso<> en que procede precisar el límite de la JJibertad de acción que debe dejarse á los jefes subalternos para el ccumplimiento de su ·servicio. Sin embargo, el jefe de batallón quee descendiese continuamente hasta los más mínimos det:-tlles, desstruiría con tal conducta en sus subordinados todo espíritu de iniiciativa personal, todo deseo de emplear su inteligencia en cum­pli ! r bien. Por otra parte, es esencial que, en ciertos casos importantes, has.sta el establecimiento de un centinela, ó la fuerza, ó la marcha de las patrullas, sean determinados por el mismo jefe del batallón. De todo esco resulta que no es posible trazarle sus deberes poor medio de reglas fijas, dado que, por lo general, cada situación ex~ige medidas particulares. Hay que limitarse, pues, á indicar cier­toss medios que han sido reconocidos prácticamente como exactos en1 numerosos casos, por más que algunos pormenores puedan apa­reccer en contradicción con las teorías actuales y las prácticas del tieem po de paz. 1. 0 En la marcha en avance hay razón para considerar como de · suma importancia el que la exploración del terrer10 no ocasione dettenciones á la misma marcha (cosa que, desde luego, prescribe el , reglamento). Estas detenciones son inevitables cuando la exploración corre á ( cargo de la infantería, para la que siempre es dificultoso en ex­treemo efectuar esta clase de 'operaciones; al paso que, aun en te­rreeno enteramente cortado, las patrullas de húsares poseen la su­ficciente aptitud para trepar á las alturas cuyas pendientes no sean deemasiado pronunciadas, proporcionándose así un campo de vista maá exten o. Igualmente les es posible, aun en países en insurrec­ci< ión, atravesar al galope los pueblos; y tienen, además, la facultad dee envolver al enemigo en un vasto círculo, y, á favor de la velo­cicidad de sus caballo , señalar por dondeq uier.i. la presencia de sus deestacamentos. Verdad es que muchas veces la"l patrullas de caba­lleer- a, al llegar ante pueblos ó ante bosques, han debido retirarse poor causa del fuego de algunos guerrilleros ó partidarios, y esperar á < q Je h infantería les despejase el camino; pero á consecuencia dee las mejoras que ha recibido el armamento podrá la caballería, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 11ft . BOLETIN MILITAR ~ en semejantes casos, mostrarse mucho más osada en lo sucesivo. Si no penetra de frente en una posición, le será factible, por lo menos, ocupar audazmente, mediante rodeos, sus avenidas. En todas partes ha quedado demostrado que el mejor servicio de seguridad de marcha, lo mismo que la mejor exploración del terreno, no consiste exclusivamente en registros más ó menos mi­nuciosos, sino por el contrario,•en buscar al enemigo, enviando á largas distancias á u encuentro, y por todos los caminos que á él conducen, patrullas mandadas por oficiales, ó partidas de caballería. Un comandante de vanguardia, aunque pertenezca al arma de infantería, debe evidentemente poseer ciertas nociones de todos ·estos de~alles, con el fin de poder tomar sus disposiciones en con­secuencia. En un terreno muy cortado los destacamentos de infantería de escasa fuerza que operan aisladamente, se exponen á algunos riesgos á causa del ataque que pueden recibir por sus flancos ó su retaguardia; cuyos riesgos, sin embargo, es fácil conjurar con una poca circunspección. Pero cuando se trata de gruesas columnas importa saber dónde se encuentra el enemigo y la dirección en que marcha; cosas que se averiguan recorriendo todos los cami­nos y no haciendo ejecutar simples exploraciones. Cuando se presume que el adversario puede atacar uno de nuestros flancos, no hay cosa mejor que disponer que marche, por el camino paralelo más cercano, un destacamento de suficiente fuerza, y compuesto de las tres armas. El paso de grandes colum­nas al través . de los desfiladeros de las más ásperas montañas, ha demostrado, durante las últimas guerra5, en las que el enlace no ha sido posible sino por medio de destacamentos de caballería en­viados por las carreteras transversales, que la mejor seguridad en un terreno cortado consiste en avanzar por gran número de ca­minos á la vez, haciéndose preceder por la caballería. Por este medio, en efecto, los pequeños destacamentos con­trarios que han podido ocupar algunas posiciones favorables, se ven obligados á una retirada inmediata, si no quieren exponerse al peligro de ser cortados por una de las columnas contiguas. Aun en las grandes selvas, de las que se trata de desalojar al ene~igo, es preferible mantenerse á lo largo de Jos caminos y ser­virse de ellos para avanzar en varios destacamentos, enlazados en­tre sí por patrullas de caballería dirigidas por las sendas transver­sales, más bien que dejarse arrastrar, por temor á las emboscadas, á hacer explorar la selva por extensas líneas de tiradores, incapa­ces de una ofensiva enérgica, como de una resistencia eficaz. Un solo caso hay en que es indispensable hacer explorar minuciosa­mente el terreno por la infantería (y es en dicho caso cuando más ae prescinde de ello), á saber: cuando se trata de perseguir al con­trario en un terreno cubierto ó quebrado, sobre todo después de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 111 un largo combate, que ha tenido por objeto desalojarle de una po­sición. Conviene entonces emplear en e:.te servicio una parte de la vanguardia (aunque nunca la que abre la marcha), la cual bati­rá detenidamente el terreno en busca de los soldados extraviados, de los heridos y aun de los mismos enemigos ocultos bajo cual­quier disfraz. Con este último objeto se deben registrar en los pueblos y aldeas hasta las casas particulares. 2. 0 La misión de la vanguardia, cuando se encuentra con el adve sario en marcha ó en posición, se ha representado muchas veces como una operación esencialmente defensiva ó demostrati­v~ cual si dicha tropa no tuviese otro com~tido que entretener al enemigo, ó contenerle hasta que el cuerpo principal se halle dis­puesto al combate, ó conservar la posición que se le haya designa­do e la línea t:le batalla. Incontestable es que la vanguardia llena­rá mucho mejor su misión, la mayor parte de las veces, to,nando sin tardanza una vigorosa ofensiva, puesto que en los primeros m mentos no tiene que habérselas sino con las tropas avanzadas q e ocultan las fuerzas principales del contrario. En la operación de rechazar estas tropas avanzadas, es en lo que consiste el verda­dero reconocimiento de la posición enemiga, el cual da al jefe del gr ue:so la posibilidad de tomar, con pleno conocimiento de causa, su:.s disposiciones de ataque. La vanguardia debe, por lo menos, tratar de apoderarse de ciertos puntos que no sea posible atacar sin un gran despliegue de fu terz as, y susceptibles de ser socorridos por fuertes destacamentos qwe puedan aproximarse á cubierto. En este caso el papel principal corresponde á la infantería; la caballería se establece en observación á retaguardia de una de las; alas, ó de ambas á la vez; gana los puntos desde los que es da­hice wer á lo lejos; explora todos los caminos que van hacia el ene­m ii gc>; y por último, puede desde una de las alas lanzar de impro­vü: so oficiales acompañados por un corto número de jinetes bien mraciones militares en los puntos que .admiten varia solución. Desde luego el avance del Ejército de Ocaña fue excesivo, por tardío, en la fecha en que se llevó á cabo; ejecutado en momentos en que el grueso de los rebeldes aún estaba en Bucaramanga y el Ejército del Norte podía ya tomar la ofensiva, habría sido correcto hasta Salazar y Gramalote, ó bien no ten::iríamos tacha que oponerle si detiene su vanguar­dia en Salazar ínterin entraba en comunicación con la masa prin­cipal de tropas legitimistas. Claro que si el Jefe de las fuerzas de Ocaña ignoraba lo que sucedía más al Sur, y tenía ~otivos para suponer á los rebeldes contenidos en Bucaramanga por el Ejér­cito del Norte, su avance no es censurable, aun cuando sí se ejecutó sin todas las precauciones que demanda una operación de esa natu­raleza. En todo caso, de lo sucedido sí se desprende una grande en-eñanza, la de que entre nosotro'> ha sido deficiente la coordina­ción de movimientos de masas distantes, por falta de cartas geo­gráficas correctas y Estados Mayores organizados á la europea, por lo cual es preciso que en tales casos cada jefe obre en lo futuro como si estuviese aislado, á fin de evitar desagradables y funestas sorpresas. Los revolucionarios en la situación indicada, es decir, una masa central entre dos tropas distantes, ó sea poseyendo una línea central de maniobra entre las dos separadas sobre las cuales se mo­vía el adversario, aprovecharon su situación para intentar batirlo en detall, lo cual les fue posible, porque el punto de convergencia de los segundos e taba dentro de la misma zuna base de su con­tcndor. Sabido es que el Ejército de Ocaña fue sorprendido en Terán y batido completamente por un enemigo superior en número; pero lo que no tiene la misma notoriedad es que los revolucionarios, á pesar de su ventajosa situación, no alcanzaron la victoria sino ocurriendo á medios reprobados entre soldados de honor, cual es e de fingirse tropas amigas para acercarse ó envolver al adversario. Cierto que e'5te peligro no debe olvidarse por ningún jefe, pero el descuido del uno no absuelve la villana cobardía del segundo. La rota de Terán prueba que si el Ejército de Ocaña es más nu­meroso ó se guarda mejor, ó su acción se ejecuta en combinación real con el del Norte, el resultado de la lucha habría sido muy distinto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETII MILITAI ~ lll Cuanto al ejército del Norte, es más dificil aún juzgar coR ~cie to sus operaciones en tales momentos por ser diverso el sentir de los jefes superiores, sin duda en todos ellos basado en las noti­cias que poseían sobre el contrario y susceptibles de diversa inter­pretación. Para unos, aun á pesar del fracaso de Terán, y de los rec rsos de que en ese campo se apoderó el enemigo, éste podía ser bati o mediante pror-lta y enérgica ofensiva; para otros tal no era la situación, porque juzgaban que aún quedaban restos del pánico de La Laja, reagravados con 1<1 noticia de la derrota del Ejército -de Ocaña. Y aun cuando se llegase á publicar la exacta situación de los Te beldes después de Terán, como el fallo j u to re ultaría a posterio­ri, claro está que podrá emitirse en són de enseñanza práctica, pero no en el de censura documentada sobre este ó aquel jefe. Redu­ciendo el punto á mera opinión personal, creemos, con los partida­rios de la enérgica ofensiva~ que es muy seguro se hubiera triunfado con ella por cuanto los cuantiosos elementos que los re~eldes es­pennban de fuera aún no les habían llegado, r el.avance comunica brío•s extraordinarios al soldad0. Sea de ello lo que fuere, después del avance del Ejército del Nou-te, y el repliegue de Jos revolucionarios, la situación fue aná­loga á la establecida después del triunfo de Bucaramanga, con la sola diferencia de cifras, por lo cual se tradujo en dos ejércitos fren­te á frente, el uno apoyado en su base, el otro distante de la suya, .sier11do de advertir que la zona ocupada por las tropas era mucho maJVor, y el legitimista tenía que atender ahora á custodiar buena p.arte de una larga línea de comunicaciones. Los dos contendores, ya enfrentados, se cubrieron con buenos atrimcheramientos que les impedían llegar á las manos Í!1te1 in algu­no 1d'e ellos no se creyera con fuerzas suficientes para aventurar una j og:ada que, por la marcha de los acontecí mi en tos, se presentaba .cc::>n caracteres de decisiva. Establecidos los dos campos en posiciones elegidas y refor­z :ad,os con cuidado, los rebeldes contra la frontera por donde reci­b, íar los elementos que obtuvieran en el Extranjero, los legitimistas em llas breñas de Pamplona en espera de los recursos demandados á hu c:apital, se mantuvieron unos tres meses en mutuo acecho. La tmr~a de los segundos era más difícil, puesto que obligados á cu­hJrir- las vías del interior, en e peciallas de Bucaramanga y Tunja, y em definitiva á atacar al enemigo en sus propios reductos, nece­si ta.ban acrecenrar de modo serio sus fuerzas, y cada día de espera rceswltaba en provecho de los primeros, quienes tan luégo como se emc,ontraran suficientemente fuertes para tomar la ofensiva, tenían amt~do en Alemania en 0.75 metros, 6 del paso del caballo, que, como lo hemos dicho más arriba, dehe medirse de O 80 metros. • Tod{)s saben que t:l ~alope es incomparablemente más: fatigoso en un picadero· 1•e en lfnea recta. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ llt En todas las inspecciones pasadas á los dragones, húsares y laul.anos, s~ hacen ejecutar ejercicios de combate á pie, con la so­} uctón de un pequeño problema táctico del género que he indicado más arriba. Ya he explicado en qué orden y manera los hombres se desmontan del caballo cuando se trataba de combatir á pie, que es en resumen todo lo que los reglamentos dicen sobre este asunto. Al capitán corresponde hacer echar pie á tierra al número de hombres que juzgue necesario st"gún las circunstancias: una, dos ó tres secciones; la cuarta quedará generalmente á caba!lo, á menos que se disponga de otro escuadrón para proteger á los en­cargados de guardar los caballos. En cuanto á la formación de com­bate de los hombres á pie, no está reglamentada de ninguna mane­ra y depende enteramente de las circunstancias. Así pues, podrán constituír uno, dos ó tres grupos, ó bien con mayor frecuencia, se desplegarán en tiradores para ocupar seguidamente una zanja, un vallado, la linde de un bosyue, etc. Jamás esta maniobra se ejecu­ta en terreno descubierto, á no ser como instrucción, para hacer comprender á los hombres su mecanismo. Pero se juzga entera­mente inútil establecer otras reglas, porque las circunstancias en que pueda tener lugar para la caballería el combate á pie son de tal manera variables, que el despliegue en tiradores será, con la mayor frecuencia, la sola disposición aplicable, y que es preciso dejar siem­pre al jefe que haya dado la orden de combatir á pie, el cuidado de indicar el fin que se debe alcanzar y de fijar el número de hombres necesario para conseguirlo. Yo creo que no e~tará fuera de lugar, puesto que se trata del combate á pie, decir aquí algunas palabras sobre los experimentos á que se han entregado varios regimientos de 1a Guardia para ha­llar el mejor medio de llevar el arma de fuego del jinete. Los dra­gones y los húsares prusianos tienen la carabina fijada á la dere­cha, á lo largo de la silla, la boca de·l cañón hacia adelante y pa­sando por una abertura practicada en la funda del capote ; la caja del arma reposa !'obre el muslo del hombre. Es el modo de sujeción que ha parecido menos molesto y más apropiado á su objeto. Tiene, sin embargo, grandes inconvenientes. El arma colocada así golpea sobre el muslo, y en los aires vivos estos choques repe­tidos y bastante violentos deben ser muy sensibles. Después, cuan­do el hombre desciende del ca hallo, en lugar de poder saltar viva­mente á tierra le es preciso perder algún tiempo en desatar su ca­rabina. No quiere esto decir que este tiempo sea muy interesante, porque en los casos P.n que la caballería echa pie á tierra no son generalmente tan apremiant~s que semejante retardo pueda tener grande importancia. Pero ya no es lo mismo cuando se trata de volver á montar á caballo. Entonces, y es lo más frecuente, es pre- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 120 80LETIII MILITAR ~ ciso apresurarse á toda costa * y se ha debido establecer como regla que los hombres pongan simplemente su carabina en bandolera y ~e lancen vivamente á la silla ; y una vez saJidos del paso, apro­' Vechen el primer momento de espera para volver á colocar el arma -en su lugar. Pero en el entretanto no habrán dejado de sufrir me­nos con los choques reiterados de ésta que no está dispuesta para ser llevada á la espalda y á lo cual no están habituados. En cuanto á llevarla así constantemente, ajustándola ad hoc, no se ha conside­.- ado tal método como práctico, á causa de las contusiones que ·pudiera producir en la espalda del jinete, y aun á veces á su caballo. Preciso es reconocer que los dos sistemas tienen el gran defecto de . ser tanto uno como otro más ó menos molestos para el hombre y ~ cabaHo. e han ensayado del mismo modo diferentes procedimientos de -ajuste del sable á la silla con objeto de permitir á los dragones y hú­sares dejarlo en aquélla cuando echan pie á tierra. Resulta, en efecto, ec;;ta arma muy embarazosa para el combate á pie. Se han conten­tado en un principio con suspender el sable en el costado izquier­do de la silla, pero la cosa no ha parecido práctica, porque al toque de á caballo, en lugar de montar los soldados con prontitud, debían, .en primer lugar, desatar su sable y e11gancharlo en el cinturón. Para remediar este defecto se ha imaginado fijar el sable horizon­ ·talmente al costado izquierdo de la silla, de tal manera que el sol­dado pueda moutar á caballo sin tomarlo, quedando bajo su pierna izquierda á la altura de la rodilla. lntítil in istir sobre lo que tiene de poco práctico este método, de cuyo empleo podría resultar que .al saltar rápidamente un hombre á caballo para perseguir al enemi­go ó huír de él, se viese obligado á galopar por largo tiempo con .el sable bajo el muslo izquierdo. Sería mucho más sencillo dar á .toda la caballería prusiana la chachka de nuestros dragone , arma iigera y cómoda, tanto á pie como á caballo. Análogos experimento · han tenido lugar en los re g imientos de hulanos para buscar un medio de fijar á la silla á la vez el sable .Y ta lanza, con el objeto de desembarazar al soldado cuando en una marcha se vea obligado á conducir su caballo de la brida. Pero has­ta ahora todos estos ensayos no han terminado, y las carabinas per­manecen fijas al costado derecho de la silla mientras que los solda­< los conservan el sable á la cintura cuando echan pie á tierra. A continuación de las inspecciones de escuadrón los regi­mientos pasan á los ejercicios de regimiento y brigada. Más arriba he dicho su objeto, su duración y el pequeño número de sesiones que se les consagra. No habiendo podido asistir personalmente á este período de instrucción anual, me conformaré con mencionar- • Ya para dar remate á la victoria con una vigorosa per. ecudón, ya para re­- tirarse, en caso de descalabro, puesto que esta iíltima operación debe, como lo hemoa •isto más arriba, efectuarse igualmente: al galope de carga. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIII MILITAR ~ 121 Jo aquí, recordando solamente que se termina de una manera análoga á los demás., con las inspecciones de regimiento y de bri • gada, pasaré desde luego al período siguiente, ó sea el del servicio .de campaña-( Continúa). .. ... .POR LAS PROVINCIAS DEL NORTE DE LA NUEVA GRANADA, EN 18 50 Y t 8 51 I 21 de Enero de 1850 Era la mañana, y los primeros rayos del sol derramaban eopiosa luz sobre Bogotá y la extensa planicie que demora al frente de la ciudad andina. Leves vapores se alzaban desde el pie de la cordillera inmediata, escalando lentamente las majes­tuosas cimas de J\Iouserrate y Guadal u pe, C1aya sombra ·se pro­yectaba l>ien ":tdelante de sns ba.ses, contrastando la sua\"'e oscurid~d de éstas con la brillante iluminación de las crestas y picachos salientes de la parte superior. El ambiente puro, li­gero y perfumado con los innumerables olores de los arbustos de la ladera y de los rosales y campánulas que crecen silves­tres a orillas de Jos vallados y alamedas, producía en todo mi sér una impresión indefinible de bienestar, sintiéndome vivir desde el fácil movimiento del pulmón, vigorizado al aspirar aquel aire diáfano y fresco, haBta la palpitación de las más pe­queñas arterias de mi cuerpo. Una brisa tenue mecía 1os flexi­bles sanees de la Alameda ·vieja, por entre los cuales se veía á intervalos la vecina pradera, verde-esmeralua, matizada de innumeral>les flores de achicoria, y poblada de reses quepas­taban la menuda yerba cubierta ue luci e nte rocío cto. una simple abra de la cordillera del E., ft·outeriza á la Venta del Contento, le envía los vientos del pára­mo y esteriliza el terreno: al paso que el abrigo de los cerros de Fusc~ y Ja acción prolongada rle los rasos solares sobre la ladera de Torca, determinan allí, á más de 2,700 met.ros de al­tura sobre el mar, el crecimiento de un bosque robusto y ele­vado. De esta manera no Rólo la altura de las planicie y valles de nuestro país y la con. titución g e ológica del terreno, sino aun las mPras sinuosidades y quiebras del suPlo, prodnm~n la inagotable variedad de frutos con qn~ la Providencia ha euri­quecido las bellas y delicios a .· comarcas de los A.n<.les. A poco andar 11eg~mo~ {l, un arroyuelo claro y purisimo, que haja l d la vida, inocent~ y pura Hl principio, opri­mida (lespnés por las r~glas Rociales, perturbada y tumultuaria al fiu, pt>rrliéndo~e eu las insondables tiuieulas s 9 líeito estar des­piert() eu tales po~adas, me apresuré á gastar el resto det dia et visitar el Puente del Común, objt~to de nuestra detención allí. Mide 440 vara8 de longitntl, iuclusos los camellones au. juntos, y la obra es (le sillares y mampostería, bastante só­litla para resistir el abandono en qne yace. Sobre el cuerpnio diligeute que haga valer su fecundidad. Pero s, qué mucho que así vayan las cosas en orden á lo material, cuaudo en lo intelectu3\- tiene que lamentar el patrio­ta la ausencia de una simple escuela primaria 1 Fincan :su em­peño los zipa.quireños en añadir lentamente piedra á piedra en la fábrica de una iglesia colosal, espouja que embebe inútil­mente dineros que, empleados en fundar escu~las y mejorar caminos, mautemlrían hoy próspera y floreciente la ciudad, en vez egundo, y ae le agreg11rá al sueldo dt! qué se trate. BOGOTA-IMPRENTA NACIONAL • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 162

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Por: | Fecha: 02/06/1900

\Í~O IV Bogotá, Junio 2 de 1 900 NUM.l54 ----..·~-- ORGANO DEL Mh ISTEI lO DE GUEHRA Y DEL EJERCITO DIRECTOR Al>--HONOREM, FRANOISOO J. VERGARA y V. Genel'al, Miembro de 11'1. Sociedad Colombiana. de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República OFICI L (19 DE MA.YO) org:'ínico de un Consejo de Guerra ¡.ermanentc El P 'residentc de la República En u. o (lo la~ faeu1tad s ele qne e halla in estido, con­forme al artículo 121 do 1: Coustitucióu, y CON DERANDO Qne e ele imperio~a necesidad, para mantener la orero si el amor propio es útil á la di ciplina en ciertos ca­sos, Jo mi mo que al soldado para a.leutarlo en u~ trabajos y excitarlo al bien, á menudo es muy perjudicial á mucbos que, faltos de inteligencia, lo confunden cou el orgullo, la pre uucióu y la vanidad. Imposible negarlo: el amor propio unido á la inteligen­cia y al buen seutido puede hacer á uu hombre capaz y digno er, preci o es ern­¡) lear el ca ·tigo. tl'i tí._ ima u ce itlad que hace forzosa la in­dignidad del ollhulo, porqn eu materia de correccione , e la fu rza la única. lt',Y <}Ue obliga al hombre malo á ejecutar lo qu l 110. iente •n su cora~óu. li..l oldado castigado, . i no es malo iiidaitlo á que no todo lo ohlatlos poseen suficiente di cer­nimieuto para. comprender Jo' th·here del superior, se qu(•ja.n alguuas vece' contra esta clifer ucia. de ca tigo , y á menudo e les oye decir que se le tiene m a la Yoluutad; ¡u~ ro que cucben menos lo .. con ·~jos de ·u vanidad, y entonce de cub1·irán en toda su plenitud la ju ticia. de u' jefe con re pecto {1. ello . Lo oldados que pos )en cierta inteligencia, que compren­den la dsiciplina, que aben que us intereses son comunes á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 660 BOLE1'IN MILITAR todos, llenan 8U deber cou celo, sin que á ello los obligue el te­mor; ellos saben muy bien qne la. everidatl de lo jefes no hiere á los bueno sino á los malos, que el mayor número de los ~oldados castigado en los cuerpo se forma de hombres es­casos de raciocinio y corazóu, y sobre todo, de esos espíritus falsos cegados por la ntuidad. El buen soldado sabe que los regh mento militare y el Código Penal no fueron conc l>i hombre ya no o ·ará erguir la frente, ni jac­tarse al vol \·er á su domicilio y al seno de su familia, de que en un tir.mpo fne sohlado. El habrá comparPcido ante un eonsPjo de guerra, y sufrido una condeua <; _ruel. ;, ..... T"o e Yenlad que; necesita que un hom­bre piet·cla del tojt•eneione en lo condcto condenados, qua han de.·fihHlo ú .-u vista con nua a'lena ó un grillete al pie, cnnndo sólo · ~ IL~ ~xig;< lo qne e jn. to y bouorítico al indivi­duo, lo f)IH~ es útil al bien general, {¡, la grandeza y á la gloria do su patria ? La. impol'tanein 'le la tli ciplina y la ubordiuación es aún mayor e u estado de guerra, n campaiía, en el combate y en los peligros upremo . · Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 662 BOLETIN MILll'Aa En campaña, obrar sin esperar la Yoz de mando, 6 des­obedecer, es un crimen al que no hay bastante s veritlad para castigarlo; á medi(la que s~ antuza hacia el enemigo, el solde:\· do se debe más al interés gen ,re 1, y debe {t ns snperiore la obediencia m á ab. oluta.v la complct:.L ahntlgación. Ijos hombres que en esos momentos solemn ~ fa.ltau {L la en·s de oldado y de hombre tabl "'eerlo, si llega á qnebrantar e en un in~tante crítico; dt'b n nuirse pat·a forzc r al deber y al silencio ft. los rado por sus innobl · pasiout'~. Dun nt la p ,¡,a, ningún milité. r del.w ,' [H\rar e ni una 80ia pulg; tla fe..~, quien ni •ra. que sea, para oír y ejt en tar . u" órdenes con L>río y resolución, único r •cur­so de alvacióu en e a crisi . El militar que vueh·ecara y suelta u arma ,-oluntariameute, uo sólo s nn cobartl• de la. peor especie, sino uu inseusato, porq ne de ordinario es víctima de RU mala acción, pues aislado ó fugiti ,.o tiene meno, pl'obabilidades de salvar ·e, que apoyado eu la fuerza de su~ cam. rada y en la inteligencia de sn jefe~. El coharara conseguirlo, teudi ndo esta disposició11 á C\'ita.r que pudi':!ta disparar ·e el arma a11 te ' 37=37 77 69 863 á 900= 37 .......... 000. 931=3<1 71 56 966 á 1000 = 34 ......... 1000 á 1033=33 67 -i-5 1 , Yo y haz de trayectorias Distancia máxima á que debe tirarse ugím el bla1uo ¡ ·~ 85°t0 70 50 4-8 4 ~ ·10 S5 28 23 16 24 3! H 52 6.5 82 96 123 ~ a 3 <1 a ... ~ • A 11 100 :lOO 300 400 500 600 700 800 900 95 100 71 84- 47 61 23 41 ... 29 100 100 8·1- 90 69 78 52 65 88 .51 22 3í) 100 JOO 100 100 100 100 90 100 8:l 95 73 6 63 78 lOO 100 100 100 100 100 lOO 100 lOO 100 100 100 82 !}5 95 100 100 100 100 95 86 78 67 56 45 32 20 .. 1 ... O.m. o 36 0 .86 1.81 3.0 4.72 6.90 9.62 ~:0 1 100 200 200 800 300 400 400 1,000 1,100 1· 1,200 1,300 ... 1G 53 67 41 56 30 45 20 33 11 18 73 86 86 63 78 78 1)2 67 67 41 51 56 30 38 45 21 27 32 12 15 20 18.0 17 .05 :l2.15 27.87 34.75 1 500 500 600 700 700 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ROLETÍN MILITAR M9 'C'NA PAGINA :CE GEOGP.Ai'IA EL MUNICIPIQ DR LEBR IJ A * La. extraordinaria importancia qne n nne tra historia mi­litar ha adquirido de repente la parte oriental d l Munidpio de Leb,dja, comprendida entre tierras de H.iouegro al N., Bucara­manga al E., y Girón al S., de la cuales, en te is general, la separa el río de Oro (iremo de Occül ute á Oriente y de Norte á Sur, para la mejor intelig ncia del campo de batalla. El resto comP.reud 5 corr git lientos. Oorregi?niento del 1. ~aratvo-Linrija.), aguas abajo hasta doude la corta el ca mi no central de Puerto Santos, y luégo é te hasta el Oaiiaverale . Hay en el corregimiento una treintena artil'ino (4 kilómetros), por· el camino seccional del O 'o á Bucaramanga, de de Las Moradas hasta el puuto de Llanadas; por el N m·te, con el O o (5 kiló­metros), por la quebrada Lagnua, de de Las ~Ioradas haMta su boca. El suelo del partido plano, si u t m nteraR, t..lco y e. té­ni, no obstante lo cual ncierra 90 yivienrija, •l Oso y Cefcrino, y de la cual. hacia el E., e d prende ott·a que sigue á enlazarse con el camino de Bucaramanga. Aguada de Cefedno-Linda por el Occidente con el 0Ho '7 i kilómetro"), qu.eb't·ada ],;a. Laja agua arriba, d d u uoca en l Oro ha. ta ) coclo 11 tloude dej~ '\1 uir cción .r' • á S. }lBI'S lar al E., •n bu ·a el su origon, en 1: cordillera d Oanta; por el 'tn·, co11 Palonegro (5 kiló1netro ), queb·rafla Laja de por medio; por el Ot'ie~ttc, cou 13ucaramanga. (5 kilómetro ), río de Ot·o ahajo, ha, ta. .. ¡ pu u te H.oldán ; por el "'m·te, con Río ne­gro (5 kilómetro.·), río d • Oto de por medio. El parti<.lo ocupa 1a falda occidental y el extremo norte de la cordillera de Canta, con suelo e téril y de Yaria. forma, en que e encuentran 45 ca.­sas (uua de t •ja) y 250 habitantes. De S. {t ~. Jo cruza el cami­no de Lel>rija á Rionegro, por totlo el lomo de la serranía, del cual, l1acia el E., e de prende una \·ereda que guía á Bocara­rnanga. Ousamán -Linda por el Occidente con San Joaquín (5 ki­lómetro ), por la eordi llera de e~ te nombre ó el Cacique ; por el Sur, con Santa Bárbara y lo Alpes (5 kilómetro ), sir­viendo de divi 'Oria .el camino del Oacique á Cantabria hasta la Tigre, y loégo e ta quebrada hasta u término eu La Angu­la; por el Oriente, con Puyana (5 kilómetro ), de de la desem­bocadura de Ja ~au Nicolá hasta la qu,ebrada Tigre; por el Norte, con Capitane ( 5 kilómetro.), e~ta última corriente de por medio. El partido demora al O. de La Angula., en la fal­da E. del Cacique, cou suelo ~eco cubierto de pa tos y careta­le , qne encierran 53 ca a (3 kilómetro ), por La Tigre arriba, ha ta el camiuo de Ca.ntabria al Cacique. Ocupa una parte de la llanada ele Santo Domingo, s .mhra.da. ria al Ua.eif}u~, dotHle e une al ca­mino d~ Puerto anto~, y de ella e desprende hacia el N. otra que guía á Onsamán. Gan:tabria-Linja) y 150 habitantes · ; de E. á O. lo riega la quebrada de" n nomure, tributuria de l.Jt.Ja. Angula, y que á su turno recoge la Sangral, compue.·ta. de ést:ta y de La Lajita., nacida ambas eu el valle. D :1 S. á N. atra ' Í e­san el partido dos caminos que guían de Lel>rija á Puyana y Agnirre. Mirabel-Linda. por el Oeste con Cacique (2 kilómetr )S ), por la cuml>r j~• el rumbo N . S . . , y de aquí, linea recta, á lo orígt>nes de la. . Te gra; por el 7 0 tete, t~ou Santa Bárbara. (3 kilómetro ), por el camino central d do Puerto Santos, de la eordillera del Cacique á la quebt·ada Sa an Nicolás. El partido ocupa la parte . de la llanada d Santo Do>o· mingo, seca, sana, cubierta de pa tos y cafetales; en su ten-ri-ri· todo nacen las quebradas El Tigre, que rueda hacia. el N., y · h la San Isidro, que corre con rumbo opue to por el pie E. del ja), con 400 habitautes, y las principales porciont•s (' <.lenomiuau 01.> ervatorio, Buenos­aires, Cañadas y J.Jaguna de San Pablo. Eu e ta falda nacen los arroyos Sauta Uo a, los Suárt>z y las Areiniega. , que corren de O. á E., y se dirige11 el primero al partido de su nombre, y los otro al de lloyalarga. Uon el münllo rumbo lo cruza el camino real de Bncaramauga. San Gabriel- Linda por el Oe te cou Caciqu (4 kilóme· tros), por la quebradlt de Santa Rita, ha ta ·u confiueneia con la Boca del l\lonte; por el ~u~·, on Giró u (3 kilómetros), por esta. última q·u,ebrada; por el E. te, eon :-.auto Doruiugo (5 kiló­metros)~ por la cordillera de 'ant.a. Iné~, dP 'itantes. Santo Domingo-Linda por t•l Oeste con ~a.n Gabriel (5 kilómetro·), por la cordillera. de Santa Inés, hast:t la quebrada Booa del Monte; por el Sttr, con Girón y Angula (4 kilómetro ), por esta última queb·rada arri l>a, ha: ta la. boca de la. del .. Macho, por ésta á. su origen cu la. cordillera de Sau Nicolás ó Carraspo­so, y de aquí, lín a recta, á La. Angula, frente á la boca de La Puente; por el Este, con San Nicolás (3 kilómetro'), por la cor­dillera. de este nombre, basta la fueute de La. Negra; pür el Norte, con Mirabel (3 kilómetros), por la cuchilla. de San Nico­lás, línea recta á La. Negra, y ésta abajo hasta encoutrar la cordillera del Cacique, allí llamada S tnta Iué . Ouupa. el par­tido un valle amplio, (le fontlo plano, eutre lo· 1·elieves de San Nicol{u; al E. y el Cacique al O., de suelo seco, con semente~ raH, pastos y cafetales, 46 ca as (2 ele teja) y 400 habitantes, y lo cruza el camino de San Gabriel, qne viene á unirse con el central de Puerto San tos. Antigua-Linda por el Oeste con Santo Domingo (4 kilóme­tros), par La Angula arriba hasta la boca del arroyo Bl Barro; por el Sur, con Angula (42- kilómetro ), por e te arroyo arriba hasta su origen eu la cuchilla po. o y San Pablo: en u cnm bre nacen Jos dos arroyos llamndoH J¡a Puerta y El Cancho, que ruedan ha­cia el 0., e r "(w n al pi e d t• la falcia, y d e RJHI ~_. poso basta la::; fueute: clt4 1 arroyo facho, que dcsci< ns coliun y alturita ·, cul>it>tto de: dehesas para ganados. Lo riegan la .A.u­gula, qne nace ~n jnl'i dicción cte Girón, y corre 4le SE. á NO. y lué{.{o vuelve al N.; l;a Ptt~n te, q ne naee e u el mismo M nnicipio, rueda hacia. el O., y desemboca en aq nélla; la del Salado, con igual origen y término, pero rumbo S. á N., y remate en. el sitio rlel Salto. De N. á S. ernza el partido el camino de Lebrija á .1\{arta. y Zavatoea, pa ·a.ndo por la. casa de Angulo, y hacia el S. del valle se erwnen tran 15 casas (2 de teja), y 70 almas. La Puen.te-Lirula al Oe te con Angulo (6 kilómetro~), por el cauduo ca mi no ceutral hasta. Ja cumbre tle Canta; por· el Este, oon Girón (4 kilómetros), por la cumbre de esta última cordillera ha~ta encontrar el nacimiento de la cu. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 678 BOLETÍN MILITAR chilla de El Reposo; por el Norte, con el Caucho (3 kilómetrofi), por esa cuchilla al>ajo hasta el camino de Angulo. 'fambién ocupa este partido una parte de la falda Oe~te de la cor­dillera de Cauta, de peudi~ nte StHL\~ e y fértil, con plantíos tro~; 2. 0 l O gira el camiuo de lo puertos Sautos s \Vilclle ·, con pu •ut' • obre la Angula (La Victoria), el cual, d~. pué · (lo cruzar la cordilh:~ ra de~ San Nico­] ás y el llauo de auto Domingo tra · mont~ lgo el CC· rrito del Naranjo: g:ana la hoJa d la Cutagatá, por cuya mar­gen llega al río L •brija á lo, · 55 kilbmetr fle l ngiture de San NicolúH, E:>l llauo de mito Domingo, Ja ere t ría de Las Cruce~ ó Santa Iné · s cae á la bo a d 'a u 'al> h·l de donde pasa á Liucoln, cas~rio ya en tierra de Girón; 2. 0 El que con­duce á Sa11ta.liáruara y lo , Al pe y reeorr uua parte de la cor­< lillera (le Snn Nicolás por t .. rreuo e ·carpado; 3. 0 ~1 que parte del Cacique y gma á. Li uoa y .Au1 ora, cruzando la cordillera ele La Cruce ó Sauta Ana; 4. 0 El qn de Aguadulct~ gnia {t San Joaquín y r mata en el Uafia.vt•ntl .' siguiendo una cafia<.la hú­meda; 5. 0 El que. eparáudoHe dE:>I d Puerto Santos en La Cru­ces vuelve á reuuír.'ele eu t.~ l Naraujo, <.le :Jué, d atrave ar la Cutagatá; 6. 0 El de Cautabria, que parte del poulado para el .r .... , cruza la colina del Bo que, el arroyo Uafiabrava, el caserío de Oantabria, las queb·railus Las l;ajn y Santa Ro a, el llano de Pnyana, la queb-;·ada de Agnil'l y termina en la Aguada de Oeferino. donde se juuta al de Rionegro. Do este camino se desprenden varias ~eudn , á. aber: a) De Oantabria al Cacique cruzando la qlleb-;·adas S~n Ticolú' y Gaque, con un ramal de San Nicolá á Cnsamún; b) De Palerm á Cusamún y Capita­nes; e) La de Aguirre al O 'O y Capitaue cruzando La Angnla; d) Le qne (le Pnyana pnrte ~ll E. y e une al camino de Buca· ra.manga en PalonPgro al través de terre11o e.·carpado; e) La ele .Aguirre hacia el E., la cual cruza la cordillera do Canta y el camino de Rioul'gro, por tierra est ril, y también guía á Bnca­ra. maoga. De Leurija arrauea ademá. nna se1ula qn • CIUZ:.lo las quebradas Mirla, Pn ute y Augula, y empalma con el camiuo de Girón á Puerto )!arta. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETfN MILITAR 670 A lo antecliebo agregaremos las siguientes lineas, e~critas hace alguno año, por persona conocedora de la localidad : "Como posición militar tiene I.~Phrija una ium(\jorahle p~ra la defensiva, y es PI filo de la cordillera do Oanta, que se extiende dP d~ Puento Rolclán sobre el río cindario, el filo N. de la. Mesa de Los Sa11to~. la Mesa de ltitoqne al O. de Piedecuesta, y to(lo el llano del ~In­nicipio de LPbrija, comprendido entre ella (Canta) y la cordi­llera c.lel Caciqne. Como 1 untos débil tiene el pa o del Tabla­zo u el Sogamo o, al S., ~· el tle Cañaverales en el Lebrija, al N." En fin, d reciente documento oficial tomamos lo que sigue: "Al O. de Rncaramauga, en una hoya profunda, corre el río Girón 6 del Oro; de la. misma orilla i?.qniürcla del río se levanta una corclillera para nbir á la cual bay algo más de m (lia legua por e, minos ele rápida pentli(\ute. El camino que gnía tl~ Bncaram; uga ~ 1 pu ~bto tl~ L brija c..• l llamado del Tirabuzón •, '!!y por él. e ncnentra, al remate de la ene, ta, la lwci .AJHla <1 Palonegro, contigua á la en al hay otras tre ó cuatro pi, ntacioues de café con ~n' ca a , patios, cercas y co­rra leja:-;. l~ te ¡muto e , la llave de lapo. ición del enemigo. De Gir6n ú. Lebrija ~ Ya. por la ~nbicla. (ene 'b) del ctam u te des, le Bnca­ramang- a, y entre ella se levanta ntHt altura que ha sido teuaz­meute disputada poi' lo conterHlPrcs." Uon ~to ata.lh de Paloneg~·o y Lebrija. • Por rápido zigzag. • Es de c ir, al través d e Hoyalarga. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR PARA I.A ARTILLERfA DE CAMPANA ltlétotlo alcnuin ( Traducidas para el Boletín Militar) 1) Reglaje del tiro por el C omtmdante de batería Se rompe el fuego á la distancia calculada *, apuntando de preferencia sobre un punto del blanco que pueda distinguirse neta­mente y en caso de im "posibílidad sobre un blanco auxiliar. Como de ordinario no puede reconocerse con exactitud cuáles disparos alcanzan al blanco, ó valuar la magnitud de los desvíos y, por consiguiente, basar sobre e:;e dato las correcciones qúe hayan de efectuarse, para reglar el tiro se ocurre al procedimiento si­guiente: a) Investigación de ln distancia Si el primer disparo es corto, para el segundo se aumenta el alza en 200 metros (á las distancias medias, ó ea de I,ooo á 2,ooo metros), y así se continúa ha ta que de dos disparos consecutivos uno resulte corto y otro largo. Si el primer disparo resulta largo, inmediatamente se dismi­nuye el alza todo Jo que sea necesario para que el segundo caiga más acá del blanco: cuando se haya logrado abarcar el blanco entre dos disparos consecutivos, se estrechan los límites así obtenidos hasta reducir la distancia á 50 metros, tomando sucesivamente el término meaio entre las dos distancias geñaladas por el último dis­paro largo y el primero corto. Si ocasionalmente se puede apreciar la magnitud del desvío de un disparo (por ocupar una posición dominante) ú observarlo bajo (tiro contra alturas), la tenaza e reduce á menor amplitud. Si se observa con certeza que un proyectil hiere directamen­te el blanco, se continúa tirando á la distancia que produjo tal impacto. En ningún caso se tomará como base de corrección un pro­yectil cuya caída no se observó con certeza. En este caso se con­sidera el disparo como nulo, y el siguiente se ejecuta con la mis­ma alza. b) Direcci6u del tiro una vez encontrada la distancia El fuego se continúa eu seguida con la más pequeña de las dos distancias que constituyan la tenaza, cuidando sí de repar- • En tierra de montaña parécenos que el primer disparo debe siempre buscarse cortn, ya para tenet la certeza de la observación, ya para medir la di t;~ncias ínter· medias que son tan difíciles de apreciar en los valle:~ y flancos de los montes.-( L. D.). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETiN MILITAR 681 tirio. Las correcciones subsiguientes no se ordenarán sino tras un mínimum de ocho disparos, salvo que los tres primeros que sigan al reglaje resulten cortos, pues si esto sucede se procederá en el acto á hacer la corrección del caso. Si más de la mitad de los ocho disparos mencionados resul­tare corta, se aumenta la distancia en 25 metros; pero si sólo se obtiene menos de :f, se la disminuye en 25 metros. Si S(. observa un número muy pequeño de disparos cortos, de suerte que varíe entre el ! y la -2 de los hechos, el tiro está re­glado. Al continuarse el fuego el comandante de batería \·igilará que cada serie de di paros dé siempre la proporción exacta entre los cortos y los largos. c)-Ti•·o flOr grupos 6 serie.r Cerrada la tenaza se hace un cierto número de disparos (6 á 8), á la más pequeña de las distancias halladas: si el número de los que resulten cortos es superior á la mitad del total, se vuelve á principiar el tiro aumentando la di;;tancia en 25 metros; si los tres primeros re ultaren cortos, la corrección se hará sin esperar el fin de la serie. Si el número de disparos cortos es inferior al i del total, se vuelve á principiar la serie, disminuyendo el alza en 25 metros. Si la proporción de los cortos resulta comprendida entre el t y el 2- del total, el tiro está reglado. A distancias inferiores á 1,500 metros, el comandante de batería puede mirar el tiro como reglado, si la proporción de los cortos es inferior á t (de i á -k). Si el blanco fuere considerable (batalla ó columna), se pueden aumentar los 25 metros si los dos primeros disparos del grupo resultan cortos: en todo caso se hará el aumento cuancio la mitad de la serie sea corta. Cuando se pueda observar los disparos que hieran el blanco, ó valuar la magnitud de los desvíos (disparos cortos ó bajos), como cuando el blanco está en una altura bien iluminada, se pasa al tiro por series en el acto en que se averigua que el desvío obtenido es inferior á la dispersión media en alcance ( ó altura) de la pieza. El valor de esta dispersión media puede fijarse en 20 metros para las distancias medias y en 30 para las que no exceden de 3,ooo; la media en altura puede estimarse en To1 0-0 de la distancia: por ejem­plo, á 2,ooo metros será igual á 2 metros. Al contrario, si el desvío observado es superior á la disper­sión media, antes de pasar al tiro por grupos se estrechará la te­naza á sus límites ,~onvenientes. Cuando el comandante crea haber hallado la distancia exacta, indica á cada sección (tomando en cuenta la naturaleza del blanco), el punto al cual debe dirígir su fuego, y manda conserven TAL dis­tancia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. (¡82 BOLETÍN MILIT.A.R Reglado el tiro, su dirección continuará en manos del capi­tán, quien á partir de ese momento vigilará en especial que el con­junto de disparos de la batería dé siempre la proporción conve­niente entre los cortos y los largos. · %) CorrtaitmtJ de IDJ jtjtJ dt uuión a) Correccionu en dirección Los jefes de sección están exclusivamente encargados de rec­tificar la dirección del tiro, si ello fuere preciso, vigilando que sus mandatos se cumplan estrictamente. Esta es una de sus principa· les funciones, porque tal clase de correcciones tiene importancia especial en el tiro sobre blancos estrechos (artillería). La dirección se rectifica al primer disparo, si el desvío obser­vado es superior á la dispersión media; en caso contrario (igual 9 inferior), no se hará sino después de dos ó más disparos concor­dantes. Puede admitirse que la dispersión media lateral es igual á la en altura, ó sea Ti o 0 de la distancia. U na variacic)n de 1 \- de grado produce igual desplazamiento en el punto de impacto. Si los disparos se alejan del blanco á la derecha se aumenta el desvío; si á la izquierda, se disminuye: no deben hacerse conec­ciones inft:riores á 1 1T de grado. b) Corrrcciottll en nlcattce (oltura) En tesis genera!, los jefes de sección no pueden ordenar correcciones en alcance (ó altura): vigilarán sí que la distancia se­ñalada por el capitán se emplee exactamente en cada disparo y que las piezas se apunten sobre el punto designado. Sin embargo, si una ú ambas piezas de la sección tiran cons­tantemente corto ó largo, podrá introducir una corrección de ± 25, dando cuenta de ello al Jefe de la bcttería. ' ..•. '' VARIEDADES La batalla de Palonegro 71 Lebrija RELATC DE CONJUNTO ESCRITO PARA EL "liOLITIN MILITAR" El jueves 10 de Mayo el General Pinzón, encargado del man­do en Jefe del Ejército del Norte, por promoción del General Ca­sabianca al Ministerio de Guerra, durmió en B ucaramanga, donde estaba el grueso de aquél, quedando aún tropas escalonadas en el camino de Pamplona hasta el páramo, para guardar las vías que de Suratá y Matanza conducen á García Rovira. Además, fuerzas le- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR giti mistas guarnecían á Piedecuesta, Florida y Mesa de Jéridas, y más distantes otras de algún efectivo sostenían á Zapatoca, San Gil y Málaga. El Ejército no estaba concentrado, pues no se pre­veía próxima la gran batalla que debía poner fin á la contienda en Santander. El enemigo, después de pasar la cordillera por El Carbón, tenía sus huestes en Suratá, Matanza y Rionegro, convertido este último en e uartel general y base de operaciones para intentar la marcha que debía conducirlo á la línea del Chicamocha, flan­queando ó dejando atrás al Ejército nacional. Con el fin de asegurar su marcha y Jistraer ó desorientar al General Pinzón, tropas rebeldes se aproxima ron á B ucaramanga por la vía de Rionegro; pero á la vez otras asomaron en las cum­bres de Canta, lo cual bastaba, en verdad, para despertar sospechas sobre la real.intenc:ión del enemigo, por le que, con el objeto de guardar y observar tan importante vía, se dispuso que dos Cuer­pos marcharan á ocupar esa cordillera por el camino real. En efecto, el viernes I I las tropas señaladas desfilaron, y a las dos de la tarde dieron con el enemigo, dándose principio á un tiroteo que por lo pronto pareci6 sin importancia mayor, pero que arreció luégo, por lo cual el General en Jefe se trasladó con algu­nos refuerzos al campo, y merced al cañón, logró aca1lc1r los fuegos del contrario, que un tanto maltrecho y con pérdida de Jefes y ban­deras, se replegó á las casas de PaiiJntgro, cesando la lucha hacia la media noche, hora en que el General Pinzón se establecía en firme en la cumbre de Canta, consiguiendo su pretensión de cerrar á los rebeldes el camino del Sogamoso. Los revolucionarios, sorprendidos en su intentona y conven­cidos de que nada conseguirían si vacilaban en sus operaciones, aprovecharon la noche para mover fuerzas considerables por el camino de Puente Roldán, de suerte que al amanecer tenían en Palonegro numerosos Batallones enfrente de las pOC4S tropas que personalmente acaudillaba el General Pinzón, ordenando á la vez un ataque simulado sobre Bucaramanga para impedir que de allí se enviaran refuerzos al verdadero campo de bata1la. * * * Había principiado una batalla de encuentro y una batalla de­cisiva, teniendo por el momento los revolucionarios todas las ven­tajas de su parte: en armas, en número y en ~alidad física de soldados. Sólo ~n el terreno moral y legal era superior el Ge­neral Pinzón. El 12, con el primer rayo de luz, se rompieron formalmente los fuegos, que no debían suspenderse hasta las I 1 de la noche, que fue hermosísima, revistiendo la lucha e pecial intensidad hacia los lados de Lehrija, donde no sólo resistieron, in0 que avanzaron algún tanto los legitimistas. Los rebeldes, al mismo tiempo, ata- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 684 BOLETfK MILITAR caban con cierta resolución aparl"'nte á Bucaramanga por el Nor­te, y lograban inmovilizar allí media decena de millares de solda­dos. En la cordillera, derrochando municiones, lograron encasti­llarse fuertemente en las casas y cafetales de Palonegro, contra los cuales se estrelló luégo sin éxito el empuje del General Pinzón, quien dándose cuenta de lo que sucedía, pidió á Bucaramanga no ya simples refuerzos, sino el envío de todas las tropas acuarteladas en la ciudad. A.l terminar el I 2, nadie dudaba que se libraba un gran combate, pero ninguno creía que se trataba de una jornada decisiva. En vista de ]a marcha de los sucesos, se llamó á la capi­tal de Santander á las tropas que cubrían lo~t pár~mos, y á las guarniciones de Florida, Piedecuesta y Jéridas. El brioso empuje de los legitimistas había producido el feliz resultado de restablecer del todo la herida que la moral del ejército sufriera en Las Lajas (Peralonso), pues nuestros soldados quedaban convencido¡ de que el enemigo se componía de hombres como ellos. Reforzado el General Pinzón, el combate fue aún más recio, si cabe, el día 13: el enemigo, haciendo un supremo esfuerz.o, de tal manera y en tanto número cargó sobre nuestra derecha, que al caer el día rechazó la artillería, y por un momento copó al Gene­ral Pinzón sus comunicaciones con Bucaramanga y estuvo á punto de abrirse paso hacia el Sogamoso; pero la llegada de una Brigada enviada de la capital, permitió recobrar algo de lo perdido y contuvo el empuje del enemigo por aquella parte, lográndose mante­ner el campo. Los fuegos se suspendieron avanzada la noche, y las fogatas encendidas en el campo enemigo mostrar n que allí estaba el grueso de la invasión, más de 8,ooo hombres, siendo preciso, por Jo tanto, que el General Pinzón recibiera cuanto antes todos los refuerzos de que se pudiera disponer, para sostener con éxito la lucha, que sólo la noche había lograJo interrumpir. En tanto que en la serranía se lidiaba con tanta intensidad, al N. de Bu­caramanga el combate sólo prendía por intervalos, y al Ocaso se desarrollaba con lentitud sobre las colinas que señorean á Lebrija. También al amanecer se reanudaron los fuegos el 1..4-, día en que la fortuna se nos quiso mostrar esquiva y la victoria se cernió un momento sobre el campo revolucionario. En vano el General Pinzón, á1 la cabeza de tres batallones frescos da carga tan tremenda, que arrolla y recobra las posiciones la víspera perdidas, cerrando el paso á la derrota; en vano nuevas divisiones por la mañana y al medio día arriban á nuestras líneas, y el brío se sostiene en nues­tras filas con d anuncio de próximos y mayores refuerzos. En Bu­caramanga había permanecido arma al brazo, y detenido por los amagos del contrario, todo un ejército que pudo haber pesado de modo decisivo en la balanza, pero que no lo hizo porque no entró en lid sino á retazos, de suerte que al morir el día, aun cuando el enemigo resultó quebrantado y reducido al tt"rcio de sus primiti­vas posiciones, quedában]e las más fuertes, y el triunfo decisivo se escapaba esa noche de nuestras manos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 685 Con ansiedad inmensa se esperó la aurora del 15, y aun cuan­do un nuevo ejército había aumentado la primitiva y ya maltratada fuerza del General Pinzón, pues ya estaban en la línea de batalla González Valencia, y U pegui, y Córdoba, y González (Cayetano), y Olarte, y ~ijano, y Barrero, y otros bravos, también el enemigo recibe refuerzos importantes este día, y la lucha sigue tenaz, inde­cisa, sangritnta, y los postas vuelan llamando al campo á los bata­llones más próximos, de cuya llegada parece dependerá el éxito de la jornada. Al terminar el 14, pareció asegurado el triunfo, y así se festejó en los lugares Yecinos; pero al morir el 15, permanecían los ejércitos en sus campos respectivos, la noche no era bastante á suspender el recio batallar, y los legitimistas habían recibido el último batallón y la última caja de pertrechos existentes en Buca­ramanga. Por fortuna los rebeldes también carecían ya de muni­ciones, agotado el cuantioso parque introducido por Maracaibo ( r .2oo,ooo cartuchos), y aunque la victoria parecía no querer deci­dirse por ninguno de los contendores, en verdad cubría con sus alas las tiendas del General Pinzon, porque próximos estaban los refuerzos y municiones anhelados y reducido al enemigo á las casas y cafetales de Palonegro, sobre los cuales tenía que ser eficaz la granada del cailón ; lu~ rebeldes no tenían modo de reponer por lo pronto el consumido parque, y sus terribles macheteros, de quienes esperaban la victoria, yacían todos tendidos por la metralla, y na­die osaba reemplazarlos para intentar nuevas cargas contra los va­lientes sostenedores de la Legitimidad. El 16 amaneció encontrando casi sin fuerzas á los soldados, no obstante Jo cual nuestra izquierda destrozó y batió la derecha ene­miga, y la batalla continuó tenaz á pesar de recia lluvia: de frente una División fresca atacaba á Palonegro, que los cañones batían por los flancos, y el ejército recibía fondos suficientes para el pago de sus haberes atrasados, lo cual levantó, aun si cabe, su moral. El día corrió bajo la influencia de anhelante expectativa: quien primero recibiera nuevos refuerzos y municiones, sería el vencedor, y los jefes legitimistas hacían supremos esfuerzos por vencer en esta otra lucha de velocidad, de la cual dependía el éxitoen el cho­que material. Los fuegos se suspendieron á la oración ; los menos animosos de los enemigo& por grupos principiaron á replegarse á Rionegro, y por fin, á las 9, llegaron los pt imeros ansiados refuer­zos, idos de García Rovira, los que al entrar en línea recrudecieron por algunos momentos el fuego, ya medio extinguido, y aseguraron el éxito comprado á tan alto precio. El 17 se deslizó sin lucha, á modo de tregua: el resumen de los seis días de batalla podría escribirse así por parte de los legitimis­tas: veinte cargas desesperadas resistidas, cuatro derrotas contenidas por los esfuerzos inauditos de los Jefes, el ejército medio diezmado y casi disuelto por 8o hora-; de ayuno y recia labor, y sin embargo en pie. Con todo, el descanso no fue considerable, porque en la no- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 6 6 BOLETÍN MIL IT .A.'R. che tentó el en~migo una última carga, aun cuando sin éxito nin­guno. * * * El enemigo queda, pues, encastillado en Palonegro y su línea de batalla se extiende hacia el ocaso hasta Lebrija, enfrente y casi paraleh á la de los legitimistas tendida del Alto de Girón al pie de Lebrija, por San Pablo, distando las dos apenas medio kilómetro, por lo cual el espacio intermedio era campo de muerte para el que osaba atravesarlo, y los muertos allí quedaban insepultos y los heri­dos yacían abandonados á su dolor. En el campo legitimista, otro medio kilómetro á retaguardia, en una cuchilla, se construyó un reducto destinado á hacer frente á cualyuier revés, y el enemigo, dominado, no vencido, hallaba socorro especial en su misma posi­ción, porque el bosque de los cafetales le prestaba seguro abrigo contra el fuego de nuestros soldados, de suerte que aun cuando allí sólo conservaba s,ooo hombres, éstos podían resistir con ventaja el asalto de los 8,500 de que podía disponer el General Pinzón. En el combate el manlicher, principal fusil del enemigo, como era natural, resultó más resistente que el máuser, de suerte que los trescientos de aquéllos cogidos á los rebeldes sirvieron eficazmente á los legitimistas, fuerza que consistió principalmente en el cañón, cuyos proyectilt:s explosivos, de media arroba de peso, causaron tremendo estrago en las filas rebeldes. Debemos sí observar que d enemigo, obligado á guardar la lar­ga línea de Palonegro á Rionegro (20 kilómetro ), cortada por la hondonada del Oro, por más que su izquierda la defendieran riscos y peñascales y en las hondonadas de la derecha tuviera tendidas em­boscadas, estaba expuesto á ser trozado en dos si fuerzas suficientes atacaban á tiempo el Puente Roldán, lo que desgraciadamente no pudo hacerse. Según los informes de los Jefes, el enemigo presentó al fuego I 2,ooo hombres, á quienes resistieron y vencieron Io,ooo soldados de la Legitimidad, empeñados sucesivamer.te, quedando en el campo 1,200 muertos y 3,500 heridos de ambas partes, las que en junto contaron algo así como -4-,000 dispersos. Jamás en tierra colombiana se habían medido dos ejércitos de tan considerable efectivo, ni se había luchado con igual tenacidad. * • * Del 18 al 24, es decir, por una semana entera, por la fuerza misma de las cosas el drama militar de Palonegro presentó nueva faz: los con ten dores carecían de municiones suficientes para librar otra batalla formal; los muertos infestaban el campo; los soldados necesitaban reposo; era preciso atender á los heridos; las fortifica­ciones se aumentaban, y era peligroso á cada cual tentar un supre­mo empuje sin recibir refuerzo y reorganizar los diezmados batallones. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET1N MILITAR En esta semana de forzada tregua, durante el día tan solo se prendían ligeros, tiroteos que aquí y allá fulguraban como las úl­timas llamaradas de un incendio; pero en la noche el mismo esta­do moral de las tropas los hacía arreciar, y el enemigo tentaba una y otra carga, de seguro para q uit4lrnos el reposo necesario ó sondear la vigilancia en la extensa línea de combate que medía diez kiló­metros de longitud, para ~vitar lo cual los batallones que la soste­tenían se relevaban para comer y descansar. Y por sobre el cuadro espantable de aquella carnicería, á in­tervalos retumbaba el estampido del cañón que metódica, pausada­mente cumplía su obra de exterminio, convertía á Palonegro en un nido de la muerte, y al lado de las trincheras enemigas que destro­zaba levantaba otra no menos sólida pero formada con cadáveres. Por fin el Ejército legitimista, ya listo para representar el final del drama, fuerte ahora de 9,ooo soldados llenos de brío, con sus parques reforzados por convoyes que se sucedían unos á otros, en­viados por el Ministro de Guerra hasta del mismo Bogotá y de los que algunos recorrieron ochenta leguas, caminando todos, por su orden, dedía y de noche, al través de valles y montañas; así refor­zado, entró de nuevo en plena actividad: el 25 al amanecer las tres divisiones 'lue componían su ala izquierda, atacaron y barrieron las fuerzas rebeldes que ocupaban á Lebrija y Cantabria, hacién­dolas retroceder medta legua, ósea hasta la mesa de Puyana,abrien­do el camino sobre el flanco de Palonegro, y en la noche, de las ó á las 7, .el grueso atacó de frente y tomó el último reducto del enemigo, que de prisa hubo de retroceder, abandonando armas, equipo, municioues, víveres y heridos, para repasar sin tardanza el río de Oro é ir á encerrarse en las breñas de Rioncgro, á esperar el golpe de gracia, aislado del exterior y envuelto por todas partes por tropas anhelantes de devolver al país la paz y la tranquilidad. En efecto, en Rionegro, previamente atrincherado, el ene­migo, fuerte de 3,ooo hombres, no esperó el choque: al aparecer los primeros batallones legitimistas, huyó, presa del pánico, aban­donando en las calles y caminos las urnas por centenares, buscan­do el mayor número asilo en las selvas vírgenes de la comarca. La pujante rebelión caía convertida en cadáver. Fecunda en enseñanzas de todo género la gran jornada, será inolvidable en nuestra historia, y los qut: á ella asistieron han gana­do lauro inmarcesible, de suerte que quienquiera que á alguno de ellos veí1, tendrá que decir: ese es un vrliente. Ministerio de Guerra El anterior relato ha sido escrito por la Dirección de El Bo­letín Militar, en vista de los telegramas auténticos venidos del campo de batalla. El Subsecretario, CLfMACO LOSADA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILIT AB HISTORIA. .f.P"C'NrrAlv.tiENrrOS PARA LAS MEMORIAS SOBRE COLOMBIA Y LA NUEVA GRANADA (Coutinuaci6n) .Antes de hablar de la conspiración del 23 de .Julio arte de mi Mensaje al Congreso (le 1837, en que le manifesté cufll babia sido mi política en la anes anteriores !Jabí· n eug ll(}rado tántos enco­notJ y animo ~idade , cuando la. Uou \. ucióu Con~tituyent ha­bía decretado la ind peud ncia y trélZ{Hlole una. canera propia; cuando l Goui ruo tenía que orgauizar la adrnini ·tración, re­sistir á u u tit~mpo la, r a.cci IH~ · • ntr· el · i t m a e. taulecido y contra lali per ona encarga•ln
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 154

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 143

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AN"OlV Bogotá, Marzo 17 de 1900 NUM. 143 --~·~-- ORGA O DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIR~CTOR AD-HONOR'I':M, FRANGJSGO J. VERGARA y V. General, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República O ICIAL D:mo~.~ero NU'M~?.O 661 :CE 1900 , ( 12 DE MARZO) por el cual se otorga una gracia El Presidente de la República CONSIDERA N 1.>0 Que es un deber de todo Gobierno civilizado reconocer los esfuerzos y estimular el patriotismo de sus servidores ; Que, por regla general, los ciudadanos que inmolan su vida en defensa de la causa de la Legitimidad, se ven obligados á aban­donar el hogar y mueren dejando á sus familias en orfandad com­pleta; y Que ya está sentado el precedente de que á la familia de todo militar que rinde la vida en servicio del Gobierno, éste le recono­ce, como alivio inmediato, el sueldo que correspondía al respectivo deudo, DECRETA Art. 1.0 Los deudos de militares ó de individuos que, hacien­do parte del Ejército ó de la Marina de la República, hayan muer­to ó mueran en la presente guerra por cau a del servicio, y carez­can de bienes de fortuna, disfrutarán, en calidad de recompensa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 322 BOLETÍN MILITAR provisional, del sueldo de que gozaba el finado, desde el día de su fallecimiento, sin perjuicio del derecho que les asista, conforme á la Ley 194 de 1 896. Art. 2.o Los deudos favorecidos por el presente Decreto son los comprendidos dentro de los grados de parentesco señalados en la citada ley para la asignación de recompensas. Art. 3· 0 En cada caso, previas las comprobaciones de muer­te, etc., que el Ministerio de Guerra crea conveniente exigir, éste dará las órdenes necesarias para que en la Pagaduría Central se cubran los sueldos respectivos en la forma usada para el pago de las radicaciones militares, las que continuarán pagándose á los agra­ciados mientras aparejan los precitados comprobantes. . Art. 4.o El derecho para cobrar los sueldos de que se trata cesará tan pronto como el Congre o re uelva si hay lugar ó nó al pago de pensión ó recompensa á los interesado~, ó estos hagan uso del derecho que les confiere la ley sobre la materia. Art. 5.0 Los deudos de los individuos de tropa muertos en servicio del Gobierno, en las mismas circunstancia:-; de que tratan los artículos precedente , tendran derecho á que se les abonen por el Ministerio de Guerra, por ur1 ola vez, las raciones que hu­bieran corresp ndido al finad en el término de ei meses. Las reclamaciones de esta especie serán <::levadas por conducto del Es­tado Mayor generalísimo, quien les dará curso inmediato, rindien­do los informe de su incumbencia. Art. 6.0 Los gastos que oca ione el presente Decreto se im­putarán al capítulo 41, artículo 249, del Pre u puesto vigente. Comuníquese y publíquese. Dado en Tena, Departamento de Cundinamarca, á 12 de Marzo de I 900. MANUEL A. SANCLEMENTE El Ministro de Gobierno, PAFAEL M. PALACio-El Mi­nistro de Relaciones Exteriores, CA.R LOS CuERvo MARQUEZ­El Ministro de Hacienda, CARLOS CALDERON- El Ministro de Guerra, JosE SANTOS - El Ministro del Tesoro, MARCE­LIANO VARGAs-El Ministro de Instrucción Pública, MARCO F. SuAJ.tEZ. Conferencias de los Oficiales de la Misión Francesa SERVICIO DEL CAÑÓN DE MONTAÑA (Continuación) DESCARGAR EL MATEil IAL 7· Antes de hacer descargar las mulas el instructor las hace colo­car en hilera, la mula de cureña á tres metros de la de ruedas, ambas Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETÍN MILITAR 323 dando frente hacia adelante, la mula de pieza á tres metros de la mula de ruedas con frente á retaguardia, y la mula de cajillas á ocho metros de la mula de pieza, dándole frente. Los primeros sirvientes á la altura de la mula de pieza, los segun­dos sirvientes á la de la mula de ruedas, los terceros sirvientes á la de la mula de cureña, todos dando frente á donde quede la cabeza de las mulas. El primer sirviente de derecha se coloca á la izquierda de la mula de pieza y el primer sirviente de izquierda á la derecha; los otros sirvientes se colocan del lado de sus puestos con respecto á las mulas de ruedas y de cureña. DESCARGAR LA MULA DE RUEDAS 8. Remmn1 de ltl maniobra-Deshebillar la limonera y las ruedas. Quitar la limonera y las ruedas. Colocarlas en tierra. Quitar la palanca y los frenos. Para hacer descargar la mula de ruedas el instructor manda: 1. 0 Prepílrtnse tÍ dncargar la mula de rued(u; 2. 0 DeJCarguen la mula dt ruedaJ. A la voz prep áreme ti dncarg,¡r la mula dt ruedru, los terceros sir­vientes 'e sitúan á paso de trote cerca de la m u la de ruedas, los segun­dos y terceros sirvientes deshebillan la limonera y después las ruedas, los terceros sirvientes colocados cerca de la cabeza de la mula. A la voz deJCargum la mula de rucdaJ, Jo terceros $Írvicntes quitan la· limonera, el escobillón y la palanca de repuesto, y los colocan en el suelo, la cabeza de la limonera tres metros hacia atrás, los brazos á la altura de la grupa de la mula. Los terceros sirvientes quitan las ruedas y las colocan en el suelo detrás de ellos, recostadas sobre el pequeño cabo del cubo. Las llevan después cerca de la mula de cureña y se colocan á la altura del eje. Los segundos sirvientes quitan los frenos, el segundo sirviente de derecha quita además la palanca, que coloca sobre la limonera. Ambos se acercan á la mula de curctía y se colocan frente á la grupa de esta mula. El conductor de la mula de ruedas sitúa su mula descarghda á un metro atrás de la mula de cajillas. DESCAR..GAR LA MULA DE CURERA 9· Rnumen de la matJiobra-Deshebillar la curefia. Bajar la cure­fia. Poner la contera en tierra. Sostener la cabeza de curefia. Volver á colocar las ruedas. Levantar las sobremuñoneras. Para hacer descargar la mula de cureña, el instructor manda: x.o Prepárenu á dncargar la mtJltl de cureña; 2.0 DeJCargrun la mula Je c11reña. A la voz prepáreme á deJCargar la mula de cureña, los terceros sir­vientes deshebillan la cureña y agarran, cada uno de su lado, los pesoncs del eje, dando frt!nte á la grupa de la mula; los segun.dos sirvientes aga­rran la contera. A la voz dncarguen la mula de confl'ra, y á la indicación alcen, he­cha por el segundo sirviente de derecha, todos levantan la cureña y la colocan entre las ruedas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 324 BOLETÍN MILITAR Los segundos sirvientes colocan la contera en el suelo (el segundo airviente de derecha coloca el pie so~re la contera para impedirle que resbale), el segundo sirviente de Izquierda se coloca junto á .a cabeza de la cureña y la sostiene con ambas manos. Los terceros sirvientes quitan los pernos y las arandelas. colocan las ruedas y vucl ven á colocar las arandelas y los pernos. El segundo sirviente de izquierda levanta las sobremuñoneras y vuelve á ocupar su puesto á la altura de la contera. El segundo sirviente de derecha agarra la palanca de culata, el lazo y el escob.ll6n y se sitúa detrás de la mula de pie:.a . Los terceros sirvientes ocupan sus puestos cerca de la cajilla de izquierda. El conductor de la mu.a de cu­reña lleva su mula á un metro atrás de la mula de ruedas. DEiCARGAR LA MULA DE PIEZA lO. Re1umen de la maniobra-Quitar el tapaboca y el ta_ aculata. Colocar la palanca y el escobillón. Levantar la pieza. Colocarla sobre la curelia. Volver á colocar las sobremuñoneras. Para hacer descargar la mula de pieza el instructor mmda: 1 .o • Prepárenu á deuargar la mula de pieza; z.o Deuarguen la mula de pieza. A la voz prepáreme á dncargar la mula de pifza, los prioeros sir­vientes quitan: el de derecha el tapaculata, el primero de izq ierda el tapaboca, que coloca en la cureña junto con el tapaculata que recibe del primer sirl'iente de derecha, y deshebillan la pieza. El primer sirviente de derecha coloca la palanca, que le pasa el segundo sirviente de dere­cha, debajo de la culata y Ja agarra con ambas manos. El p imer sir­viente de izquierda amarra la culata á la palanca con el lazo, y la agarra con ambas manos. Los primeros sirvientes dan frente á la grupa de la mula. El segundo sirviente introduce el escobillón en el ánima, el ataca­dor hacia afuera y lo agarra con ambas manos. A la voz deuarguen la mula de pieza, y á la indicación alcm, hecha por el segundo sirviente de derecha, todos levantan la pieza y la colo­can sobre la cureña, haciéndola pasar por encima de la rueda derecha. El segundo sirviente de derecha coloca las sobremuñontras, saca el escobillón del ánima y vuelve á ocupar su puesto. El primer sirviente de izquierda suelta el lazo, coloca 1 alza en au canal y vuelve á ocupar su puesto. El primer siniente de derecha va á colocar la palanca sobre las mufioneras, saca el tirafrictor y ocupa su puesto. El segundo sirviente de izquierda baja el tornillo de puntería y vuelve á su puesto. El conductor de la mula de pieza la sitúa un metro a:rás de la mula de curefia. DESCARGAR LA MUI:A DE CAJILLAS 1 1. Para hacer descargar la mula de cajillas el instructor manda: J .o Prepáreme á deuargar la mula de cajilla1; 2. 0 Deuarguen lJ mula dt cajillas. A la voz prepá,-enu á deuargar la mttla de ca} illa1, los primeros sirvientes se acercan con rapidez á la cajilla de su lado, lo: tercero$ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 325 sirvientes deshebillan cada uno del lado de su hilera la sobrecincha. Todos agarran las empuñaduras, los sirvientes de izquierda la más próxima á la cabeza de la mula. A la voz descarguen la mula de cajillas, y á la indicación alcen, he­cha por el tercer sirviente de derecha, todos quitan las cajillas descol­gando las cadenas y las colocan á la derecha y á. la izquierda de la mula. Los primeros sirvientes vuelven á la pieza. Los terceros sirvientes entran á sus puestos. CARGAR LAS MULAS 12. Antes de hacer cargar las mulas, el instructor dispone todo el personal corno está prescrito en el número 2. Para hacer cargar simultáneamente la pieza, la cureña, las ruedas y las cajillas, el instructor manda: cargue11 las mulas. A la vuz cargue• ltu mulru, los conductores de las mulas de e u re fía y de pieza colocan con rapidez sus mulas en el puesto indicado para la carga, pasando á la derecha de los elementos á pie firme; el conrluctor de la mula de ruedas sitúa la suya fre11te a frente de la de pieza y á un metro de distancia, lJsta para colocarla entre las ruedas cuando se alce la cureña; el conductor de la mula de las cajillas coloca la suya entre las cajillas. Los artilleros ejecutan sucesivamente y sin interrupción los mo,_­mientos rrescritos para cargar las mula5. Cuando ha conduído la carga, la mula de pieza da media vuelta y todas las bestias estrechan la distan­cia hasta reducirla á un metro. DESCARGAR LAS MULAS 1 3· Antes de hacer descargar las mulas el instructor iispone todo el personal como está prescrito en el número 7· Para hacer descargar simultáneamente las cajillas, las fuedas, la cureña y la pieza, el instructor manda: de.scarguen las mulas. A la voz descargum las mulns, los artilleros ejecutan sucesivamente y sin interrupción lo que está prescrito para descargar las mulas de ruedas, de cureña, de pieza y de cajillas. ENGANCHAR LAS MULAS DE Pll!:ZA Y DE CUREÑA 14-· Estando la pieza armada con su limonera, los sirvientes en sus puestos y las mulas en hilera detrás de las cajillas como queda dicho en el número z, para ejercitar los artilleros á enganchar las mula~ de pieza y de cureña, el instructor manda, después de haber hecho girar á la pieza: tngandeJI las mulas. A est 1 voz los conductores de las mulas de pieza y de cureña traen sus mulas hacia adelante, en la dirección de la limonera, la mula de cureña delante de la mula de pieza. Cuando están dispuestas, los se­gundo!- ó sirvientes hacen adelantar la pieza cou la ayuda de los primeros sirvientes, que se aplican á las ruedas como para el movimiento á brll­zo tÍ retngt.~t~rdia. Los segundos sirvientes colocan !os brazos de la limo­nera en los sostenes de la sobrecincha y cierran las hebillas de las correas de retranca pasándolas por los grampones de atrás. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 326 BOLETíN MILITAR El segundo sirviente de izquierda baja lo más que se pueda el tor­nillo de puntería. El conductor de la mula de pieza quita los contrafuertes de la pe­chera de los anillos del basto y los asegura á los grampones de los extre­mos de ]a asa de l a limonera. El conductor de la mula de cureña quita los contrafuertes de la pechera de los anillos del basto, desarrolla los cables y los engancha por la argolla á los ganchos de tiro de la limonera, empezando por el cable derecho; después hace templar un poco los cables. Los primeros y segundos sirvientes vuelven á ocupar sus puestos y dan frente al mismo lado que las mulas. Cuaudo se enganchan las mulas, el segundo sirvienre de izquierda engancha la cadenita á la cadena de la clavija para impedir la salida de ésta de su alojamiento durante la marcha. DESENGANCHAR LAS MULAS 1 S· Para hacer desenganchar las mulas de pie7.a y de curefia, el instructor mand:1: dtJtngtlluhen !aJ mulaJ. A esta voz el conductor de la mula de cureña hace retroceder su mula, desengancha los cables, los enrolla y los cuelga á los ganchos de atrás del basto, después hace adelantar su mula tres metros y vuelve á asegurar el contrafuerte de la pechera á los anillos del basto; el con­ductor de la mula de pieza de hebilla los contrafuertes de la pechera, los quita de los grampones y vuelve á asegurarlos á los anillos del basto. Los segundos sirvientes deshebillan las correas de retranca, las quitan ae los grampones de tiro y vuelven á cerrarlas, sostienen la li­monera y sacan los brazos de lo sostenes de la sobrecincha mientras que el conductor hace adelantar su mula. Después ponen la contera en el suelo. Los primeros y segundos sirvientes vuelven á ocupar ~us puestos frente á la pieza-(Co1Jtinúa) AO!.A~AOION Bogotá, Marzo 12 de 1900 Sr. Director del Boletín Militar-E. S. D. En el número 142 de su importante semanario, correspon­diente al 10 del presente, en la sección Oficial, Crmfirencias sobre el servicio del coñón d1. montaña, transporte del material á lomo de m u la, se enser. a que según lo previene el reglamento francés sobre la máteria, levantarán la pieza y la conducirán sobre la mula tres sirvientes, cosa impracticable entre nuestros soldados, por no tener las condiciones de estatura y de fuerza que se requieren en los ejércitos europeos para ser artilleros. En la práctica he tenido que hacer ejecutar la maniobra de cargar las mulas del modo siguiente: Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 327 C1rgar la mufa de pieza-Los dos primeros sirvientes y el segundo sirviente de la derecha ejecutarán los movimientos que previene el reglamento francés; el tercer sirviente de fa derecha tomará la palanca de caña, la pasará por deb1jo de la parte cónica de la pieza, lo más cerca p ible de las muñoneras, la asegurará con una cue.·JJ. como la palanca de culata, y á la voz de alcen ayudará á levantar la pieza y á cargarla sobre la mula como está prescrito en el reglamento. Cargar fa mufa de curtña-Los segundos y terceros sirvientes ejecutarán la maniobra como e tá prescrito, los primeros sirvientes se colocarán al lado d'! la cureña, en us respectivos puestos, para ayudarla á levantar por las gualderas á la voz de alcen y colocarla sobre la montura. El sistema para cargar las mulas de ruedas y de cajillas no ofrece dificultad algtlfla en la práctica. Me he tomado, Sr. Director, la libertad de hacer estós indi­cacione , para que us ted, i lo e tima convenientr., lo haga poner en práctica en las mAniobras que juzgo se ejecutarán en el Cuer­po de Artillería de esta ca pi tal. Quedo del Sr. Director afectísimo seguro servidor y amigo, JO!É M. FORERo Antiguo ComandantE: de batería • • SECCION DOCTBIN AL SEG6N ARD .\~T DU PIC *. LO .i\10RAL Y LO MATERIAL La acción de un ejército, de una tropa, sobre otra fuerza es á un tiempo moral y material. La primera es su potencia destr~c­tora; la segunda el temor que inspira. _• El C ~ tOn e l fnn cés~ autor de los e turltos. que hoy vertemos libremente 11 } espanl)l, rnun6 en 1 70 baJO lo · mur_o de .:\fetz, y apen¡¡ s lo dejó en borrador; pero c~Hno fuer o n pro lucto d e s ~ lll i! S d octrm;L , lu · añ o ~ h ·m pn arlo sobre ellos, in inuti­lizarlo en lo g e n e r.d. D e s .. g uro e_l va le ro o j e f e fr a n é.-, si en sn trab¡¡jo pensó an tes ~t las b 'l t.·d_l a c¡u l! en es .t t rá gt ca gn •rra "t:tn 16 B ,t z ·line. cl eb16 sufrir tortura~ h o r11hle:;; y VIVIr h~r;ts lllllY . o nbrías en prescnci·t de lo c>rrores de l manclo y dt> la falsa t eorí t qu y_nvaba e u 6 - te: la de las guerra corta , c o n la nece ühd ele gran­~ es b n_ta_ll_'l~ de '1St vas c omo con ecuPnci 1 d e l p e rfe c cionamiento de la ~ armas y la Il?fH>slbtltd t d de cl c r~otar á qt~i e n ocup t rt hta e n as po si ciones, sin contar la ignor:Jil­c~ a del cálc ulo c. pe-:_• •tl q ••e n ~e lo r e ff: rentc á la gu rra . Un j efe incap¡¡z y ~ubor­dtnaclo -. _tfli C nr! k. th 'l tl e r. z aga, e¡ , frente d e hombres expE· tto-. en u ofi .: io; fa ltos del esptl'ttu de t ll l ciatlv.t. r~· e nplazado por !-.iugular pu ilanimid:ül moral, de ec;a que no excluye el valor per on tl, y que contrastaba con lo procedere. de los jefes ad- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. s28 BOLETfu MILITAR Ahora bien: en el combate accionei morales, más aún que materiales, entran en juego y tri un fa la más fuerte: de ordi­nario el vencedor pierde por el fuego mayor número de hombres que el vencido, porque la acción moral no se presenta en razón directa de la potencia destructora real, sino más bien en razón de esa potencia presumida por el contrario, y que se manifiesta ora en forma de una fuerte reserva pronta á continuar la lucha, ora con un ataque resuelto por el frente, ó por tropas que se dejan ver sobre uno ó sobre ambos flancos. La acción material es tanto mayor cuanto más perfectas son las armas que se u an, más numeroso , robustos ó instruídos en su oficio los hombres que las manejan, ó porque pueden resistir más largo tiempo las fatigas del combate. A igual potencia destructora, y aun con una inferior, vence quien por su resolución y su ener­gía marcha hacia adelante, y por sus di posiciones y movimientos hace flotar sobre su adversario la amenaza de una nueva acción material, es decir adquiere, en un:1 palabr., el ascendiente de la ac­ción moral. Esta última no e , pue:: , sino el temor que inspira el más resuelto, con poco esfuerzo se cambia en terror para el ene­migo, y quien lo consigue ha hecho suya la victoria. Lo que constituyó la fuerza de los conquistadores antiguos fue el terror; fue no tanto u fuerza real cuanto su ferocidad: asesinaban todo lo que resi tía, a esinaban sin buscar siquiera la excusa de la resistencia. El terror por heraldo abatía los corazo­nes. La necesidad de vencer ó morir exalta .... la cobardía, y el pueblo invadido se rendía .••. por temor de ser vencido. Cuando la confianza que se finca en una incontestable supe­rioridadad material para mantener el enemigo á distancia, resulta fallida por la resolucióu con que éste se acerca al mejor armado, afrontando tales armas, la acción moral del enemigo se aumenta con toda la confianza perdida por las propias tropas, y esa acción domina el campo y los amilanados huyen. Así ceden las tropas atrincheradas ó que fían su defensa á las llamadas buenas posi­ciones militares *. El sentimiento del impulso moral es el sentimiento de la re­solución que anima á una tropa, sentido por el enemigo. En Aros­teten, según se afirma, una tr0pa en línea esperó, hasta llegar al ve1sarios. Amargos debieron er su últimos momeutos, irviendo i 6rdene de un superior :.in voluntad, incapaz de tomar re ueltamente un pntido y meno· de impo­ner el cumplimiento de 6rrlenes que daba in fe. Cuando en Mars-la-Túllr lo fran­ceses, más numerosos y en mejore condicione que lo pru iauo , en la jornada del 15 no pudieron obtener una vict01ia decisiva, probaron que er;, n inca pace de luchar con los invasores, y !emejante e"pectáeulo no era por ·ierto con oladora esperanza para quien morfa como bravo por su patria, después de ca i ptofetizar los de astres que ~ufriera el ejército francés. • Ya Federico el Grande había dicho que en caminar al enemigo; otro tanto sucede con la confianza que se tiene en las :urnas de fuego perfeccionadas cuya acción se limita al al­cance normal del arma, lo mismo que antes. De lo dicho resulta que las carga á la b:,¡yoneta (en las que nunca hay bayonetazo ), * ó en otros términos, la marcha hacia adelante bajo el fuego, tendrá día p?r día un tjectiJ m~yor, quedand la victoria por q 1ien en tales marchas logre reunir á un tiempo el mayor orden y la más enér­gica re· lución, por cierto difíciles de adunar, pero factible cosa con inteligencia y buena voluntad, pues al mantener con firmeza tropas de sostén in mediato, es posible defender ó ganar y conser­var el terreno que se disputa. Por lo dicho no se puede prescindir nunca de usar la acción destructora ante:; de emplear la moral; no se puede prescindir de tener tiradores por enjambres, ya que sin el! s ningún ataq11e lle­gará á su último período, porque iendo tiro de azar el rápid de los modernos fusile , e· preci~o multiplicar ese azar cuanto sea dable para intimi lar al adversario. Desde las trincheras de Friburgo hasta Areola y Solferino, las hi torias narran intinidad de maravillosa empre a , ó sea rela­to de la toma de fuerte po tctone, por imple ataque de frente, que engañan á todo·, general e:> y burgueses, y provocan la repeti- • La histotia milit!lr confirma e t¡L al parecet extraña a erción. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 330 BOLETÍN MIL IT .A.R ción de f. tale errores: en efecto, en ninguno de los tres casos ci­tados los atrincheramientos fueron tomados por simple ataque de frente *. Siempre la mala costumbre, ]a impaciencia del resultado sin atender á lo medios para conseguirlo. Por lo demás, claro está que juzgar cuá 1 e el momento propicio para el ataque, y saberlo prtparar anteladamente, son la indicativa del buen jefe de tropas. Verdad que sin cañón y sin maniobras se ha conquistado más de una posici6n, pero á trueque de qué sacrificio ! Cuántas veces, después de perder un mundo de tropas en ataques ciegos, ó mejor dicho, loco , se ordenó lo que debió hacerse desde un principio, quebrantar á cañonazos la resistencia del contrario. Difícil es, en verdad, imaginarse la justa diferencia que existe entre la prá ctica y la teoría en asuntos de guerra. Cuántas veces un General en rn ni obras emplea ' us tropas dando á su su bordi­nados órd~.;;nes como" Coronel, vaya allá abajo;" y al preguntar el Coronel: "H ace dme el favor, rni General, de precisarme qué di­rcrción llevo, de qué punto á qué punto debo ocupar al fuego, qué tropa quedarán á mi derecha y á mi izquierda, etc.," re ponde el eneral: " i a rche usted sobre el enemigo; e o basta, me parece; ¿qué sio-nifican . us vacilaciones?" Y como es natural, la razón e tá de parte del Coronel, á quien pueden ofrecerse múltiples m~­ncra. Je cumplir la orden. En este ca o potlemos agregar: "¿Si no sabéis elegir la buena dirección é indicarla con claridad á vuestro ·ubordinado, comprender y aclarar sus dudas, seréis realmente Ge­neral ?" Cuanto al combate mismo, al empleo de las acc:iones mate­rial y moral, bueno es recordar que desde hace tiempo el Príncipe Lign'! dio al traste con los órdenes de batalla, sobre todo con el famoso orden oblicuo, y que Napoleón puso punto final á la cues­tión por no tratarse en el particular sin de mera pedantería. Mas no se confundan tales órdenes con el establecí miento de la tropa en csc::tlone, porque moralmente hablando e ta dispusición se basa en la certidumbre del so tén, la defensa del flanco, la sucesión de los e fuerzas, la amenaza suspendida sobre el enemigo. Y no hemos hablado sino del infante, porque es para él, hoy como ayer, que el combate es más terrible: en la antigüedad, si era vencido, por u lentitud q uedG ba á merced del vencedor; en la ac­tu a lidad el jinete corre al través del peligro-el caballo incita á hu1r, - cn tanto que el infante sólo marcha: en el mismo lugar, y á \ eces largo tiempo, ha de permat1ecer inmóvil ante la muerte. Q¿_1ien conozca la moral del infante, la sometida á pruebas más ru­das en el comb.tte, ése conoce lo que es la moral de todo el ejército. • :\lucho: on lo ejemplo que pudieran citarse en corroboración de e ta afir­mación. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. UOLETÍN MILITAR 331 EJEMJ?LOS r:t'AOTIOOS POR H. HELVIG, DEL ESTA DO MAYOR ALEMÁN Versión libre para el Boietin ~filit,-.r PAK'.I'E PRilUEKA-EI, Hrio.'.I'ALLON TERCER EJEMPLO Un batallón contra batallón y medio (cuatro compañía contra sei• compaftiu) Comideraciones tácticas Ante fuerzas superiores es preciso, en todc} caso, tener reunida en reserva una porción disponible de tropas, pues sólo con esa reserva pue­den intentarsr. cortos conrraaraqucs que detengan la marcha ofensiva del enemigo, y, llegado el caso, cuhran nuestra retirada. En consecuen­cia, tan luego como esa reserva éntre en línea, es preciso constituír sin demora olra, por pequeña que sea. El batallón marcha de frente; primera compañía de vanguardia; .re­gunda compañía de sostén; tercera y cuarta C?mpaií ías de grueso, en co­lumnas de com~añía á intervalo de desp.iegue. PRIMER MOMENTo-E/ enemigo 4 • 4 • • • 4 • ._• • * 4 * • • • •.., * • • • • • • 4 • • avanza con dos comptliíí4s contra el ala derecha de la primera compañía. I)J posición: primera comptliíía, dos pelotones en tiradores; segun­da compt~ííía, prolonga la cadena de tiradores hacia la derecha con dos pelo ton es; tercera y cuarta compa· ñías, 300 pasos á retaguardia de la cadena. ®!81® ®®® 0~~ 181181® )811810 ~0® 4 .a J.a Primer momeJlto • • • • •* *• ""• • • .... • * • * • * • * • • • • * * • SEGUNDO MOMENTO- El enemigo 1. n. 2. n parece pretende atacar nuestras dos ~ ...... l8H8!® 181®181 ®181® 18l®® ®®181 ®®® ... //}.·.:.>.13· a Segundo momell!o alas envolviéndolas; sobre el frmte ntttstros tiradores contienen á los suyos. Uisposiclón: la cadena de tira· dores es reforzada por los sostenes; tercera y cuart11 compaíiías, se sitúan I 50 pasos atrás del ala derecha: ante todo importa rechazar el ata­que contra el ala que vencida ponga en peligro nuestra línea de retirada TERCER MOMENTo-El etumigo muestra tL1l medio batallón tras cada una de las alas de su línea de tiradores, las cttales fuerzas avanzan co11tra nuestras propias alc:s. Oisposición: trimera comptlñía, permanece en posición y trata de contener con fuego rápido al enemigo que está frente á ella; tercera compaíiía, se despliega íntegra para reforzar la stgttnda,· c11arta c~mpañía, por pelotones se establece como sostén 1 o o pasos atráb del ala derecha. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 332 BOLETÍN MILITAR Señal: marchen! marchen! Las compañíai ugrmda, terctra y cuarta se lanzarán al ataque al oírla; el comandante indicará un pliegue del te­rreno, aun cuando sea insignificante, como límite de hasta dónde se impulsar:.l el ataque. 2.at t tJ.a .... .. .. "" ...... . . . :• . ..,. : ... :• .. 1 1 ' ' : 1 fl81181® :®1810 :®181® ~ • * • • : !4. a f ...... . : : , 1 • a : : f r 1 ' 1 1 1 : : ! e u arto momento CuAJtTO MOMENTo-E/ ala izquierda enemiga Je r;e obli­gada á detuurJe; laJ compa­ñíaJ que el advenari1 tenía reu!lidm traJ ella principian á de1plegane. Señale J: marchen! marchen! primera compañía, futgl rá­pido! • • • • • • • • • • • • • • • : 2.1\ QurNTO MOMENTO- El ene­migo rtpliega JU altJ izquitrda así trtacada, pero en cambio aprieta vivamente nuntra iz­quierda. • • • • • • • a• • • •• l. DI posición: pri1fura com­pañía, martillo defensivo (ala izquierda); terce~a y crurrta compañíai, en ret1rada, pelo­tón por pelotón, á reunirse zoo pasos atrás de la pri­mera. Stñaln: cumdo esas com­pafiías han ocupado su nue­va posición: ugunda compa­ñía, el/ retirada, lentamente! • • • • '· ',"" * * •• 1 1 1 1 1 \ \ \ *' .. \\',',,, •• •• •• .. Quinto m~mento ~ . • • ~. ·~ ... '\. . . · ... -~ Sexto momento Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE'l'ÍN MILITAR 333 SExTo MOMENTO- El numigo c~ntinúa aflanzando JU derecha, frurü it unaJ cuatro compañíaJ, y obliga á 1JtleJfra primera compañía á retirarse. Dispo~ldóo: tercera _Y cuarta compaiííaJ, cada una dos pelotones en tiradores para relevar la primera que se bate en retirada; primera flmpañía, se retira d pidarnen te después de relevada; ugrmda compañía, se liga por su izquierda con la nueva cadena de tiradores. Señal: fuego rápido! S:áPTIMO MOMENTo-La marcha oftnriva del enemigo eJ contenidtt mo­mentáneamente por el fuego de loJ cuatro pelotonu. Disposición: primera compañía, reunión y á situarse como reserva 300 pasos atrás de la tercera y cuarta compaiííaJ . ÜCTAVO MOMENTo-E/ ene­migo no ha dejado frente tÍ la ugunda compañía Jho 1111 cor­'' número de tiradorn y ruin~ todaJ JttJ fuerzaJ contra nun­trl ntteflo frente. Dlsposldén: ugunda com­pañía, reúne dos pelotones que se sitúan tras el ala iz­quierda de ella misma; pri· mera compañía, avanza á re­forzar el ala izquierda. • • ••• •••••••• ••••• •• •• .. ~ ..• ~~ .:· "). • • •• .. ~ •• ..&.~ ~ • ~ b<.. NovENO MOMENTo-E/ enemigo attiva Jtt fuego, aproxima á JUJ tira­doru laJ tropa! que mantinu en formación unida y prepara un ataqtu general. Disposición;: sostenes sobre la cadena de tiradores; primera com­pañía, al ala izquierda, á paso gimnástico, para flanquear al enemigo con fuegos de descargas y tiradores. Señal: marchen! marchen! al oírla las subdivisiones de las compañía! .segunda y primera pronunciarán su ataque contra los ílancos del enemigo . .Lh_ ...... $v- ••••• ~: 2.a •• e¡¡. -$-•• ,.., . • • '!!> .,.. b<." •• .181~.· .~.·. I.a ~ Nofleno momenta Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 334: BOLETÍN MILITAR DÉciMO MOMENTo-Sobrevitne el ataque general del enemigo. Señal: fuego rtípido! UNDÉCIMO MOMENTo-E/ elJenJigo Je detie11e en Jtt fllurcha o.fensifJa. Señal: marchen! marchen! -f-..........•• • • ~d •• ~ c-i -f-.........• '* t U1tdéc imo mome11to ••• •• ••• • f/J~~ Duodécimo momento • • DuonÉcrMo MOME "To-Los ti­rridorcs emunig?s retroceden un po­co, pero JJucstro propi1 ataque es recibido con tu: f11ego fliolento, y 110 podemos gtmar más tfrreno ha­e Ítl addti7Jfe. Seíirdes: altrJ, para todos, en retirada! Las compañías primera )' ugrmda cubren la retirada con fuertes enjambres de tiradores; la tercera y cuarta se: reúnen du­nmtc la marcha en retirada. La ametralladora Gatling, en uso en Colombia, consta de diez cañones de fusil, de 12 milímetros de calibre y 50 centíme­tros de longitud, colocados al rededor de un eje central y movibles con él, atornillados por su extremo posterior en un disco metálico soldado al eje, y pas(:)dos por la boca en otro disco, también f. jo al mismo eje. Este es bastante más brgo que los cañones en unas, saliendo apenas algo por delante de su b 1Jcas en otras, y prolon­gándose por detrá en todas para atravesar la culata fija, donde se encierra el mecanismo que hace fun("ionar el arma. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITA:U 335 Esta va sostenida por un marco con nuñones, en el que el eje gira libremente, apoyado por su extremo anterior en una mu­ñonera · ó abertura colocada en la parte anterior del marco, y por su otro extremo en una placa que hay en la caja de la culata; el movimiento se produce por un manubrio colocado ya detras, ya al costado derecho de la pieza, y que, ó por medio de un piíión, en­grana en una rueda dentada en que termina el eje, ó mueve direc­tamente éste. Los cañones son de ánimas recamaradas, y omo están inva­riablemente unidos á lo disco , gir n con ello , e tando dispuesta· las piezas de la culata de modo que todos los cañones se car ~ uen y disparen mientras dan una vuelta completa. El mecanismo con el cual e obtiene suce::,ivamente, y de un modo continuo la car;a y el disparo de todos lo cañone , e tá contenido en un tubo de br nce, fijo concentricamente al cilindro que forma la culata. e comp ne de un cilindro hueco de metal, cuya superficie exterior 1leva diez canales emicirculares, corres­pondiendo cada una de ellas al án1ma de uno de los c~uíones, en cuya prolongación e tán, para recibir y guiar lo cartucho que vayan cayendo del depósito ó proveedor ha ta llevarlo~ á sus re - pectivas recámara·. T'ambié.l sirven e tas canale~ de guía para sacar luégo las vaina . Detrás de este cilindro hay otro, también unido al eje, en cuya superficie van sujetos los obturadores con el mecani mo de percusión. Cada obturador l'eva, además del cilinJro de obturación, un extractor de uña, unido á é!, que obligado por la forma del rebajo que hay en la recamara del cai1ón, agarra el reborde del cartucho para poder arrastrar hacia atrás la vaina después del dispJro. En d interior de los émbolos de obturación va el percutor, que es una aguja movida por un muelle en espiral, la que termina por un tope que puede correr á lo largo del émbolo para comprimir el muelle, por lo cual puede retirarse la aguja y quedar montada para hacer el disparo. El mecanismo que sirve para abrir y cerrar la culata, reti­rando los obturadores para que puedan entrar los cartuchos y mon­tar al mismo tiempo las agujas, consiste en un anillo que va detrás del cilindro cerrador y está cortado interiormente de modo que presente dos filete helizoidales, inclinados entre Sl y enlazados por una pequeña superficie plana. Los cilindros obturadores tienen un movimiento longitudinal, apoyando constantemente su extremo sobre los filetes del anillo, yendo hacia adelante ó hacia atrás, según la inclinación de los filetes : para esto cada cilindro lleva un diente ó resalto esférico que sirve para guiarlo. La amplitud del movimiento de los obturadores es suficiente para que, cuando retroceden, puedan colocar e delante de ellos los cartuchos y avanzan luégo lo bastante para hacerlos entrar en la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 336 BOLETÍN MILITAR recámara, cerrándola por completo, y quedando apoyados en su extremo posterior para aguantar la reacción producida por cada d1sparo. La aguja se monta por medio del resalte ó botón, que es cogido por el principio de la curva helizoidal y empujado hacia atrás, á medida que ésta va girando; el re orte encerrado en el cilin­dro se distiende, y cuaHdo lo está por completo, el tope encuentra bruscamente la rotura de la curva que lo deja e. capar, y p0r con­siguiente la aguja, impulsada por el resorte, que se recoge, va á inflamar el cartucho. El cilindro guía de los cartuchos, está cubierto por encima del marco por una tapadera metálica, semicilíndrica, que en su parte superior lleva una abertura de la forma y magnitud necesa­ria para que pueda pasat un solo cartucho á las canales, según se van presentando éstas debajo. Sobre dicha abertura es donde se colora el depósito de cartuchos que surte al arma, cayendo uno tras otro en las canales, á medida que van haciéndose los disparos. La parte inferior del cilindro guía de cartuchos, está descubierta para que las vainas puedan caer al suelo, á medida que las van sa­cando les cxtractore~. Los cartuchos (42 gramos) son de cobre, de igni~ión central, muy semejantes á los de rémington, y los proyectiles oblongos, de plomo, y de 25 gramos de p :so; la carga de pólvora es de 5 gra­mos y la velocidad ini ial pasa de 420 metros en el primer se-gundo. . . . . Las cajas ó depósitos de cartuchos que se colocan sobre las ametralladoras son de hoja de lata, largas y e trechas, de sección trapezoidal, y están abiertas solo por abajo; también hay otras que son ciltndricas y de palastro: las primer<-~s llevan 40 cartuchos, y las últimas, que sólo se emplean en cierta· ametralladora de las de pequeño calibre, tienen diez y eis divisione , agrupadas alrede­dor de su eje, y en cada una de ellas van 20 artucho , ó sea 320 por caja. El depósito deja caer lo· cartuchos uno á uno sobre las cana­les del cilindro, y suce.;;ivamente de sus di. tintas seccione , si es ci­líndrico. Cuando se \'acia•uno, :se le su:tituye con otro por un mo­vimiento sencillísimo, y que requiere un intervalo de tiempo casi inapreciable. Un agujero ó ranura practicado en la caja permite observar con el dedo ó con la vista cuándo pasa d último cartucho, y en­tonces es cuando se ]a reemplaza por otra llena, pudiendo conti­nuar el fuego durante esta operación, pues e obtiene aquel indi­cio permanentemente ó cuando resten aun cinco ó seis cartuchos sin disparar. Esta ametralladora se coloca sobr~ u na cureña semejante á la de los cañones ordinarios de campaña, y puecL montarse también sobre uno de plaza ó marino, ó sobre un trípode, según el servicio Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN .MILITAR 337 á que se la destine; con el primer sistema fácilmente la arrastran dos bestias. El tornillo de puntería es semejante al que se emplea en las piezas de campaña. También se aplica á esta arma un aparato que sirve para dar un movimiento automático de dispersión á los disparos sucesi·vos. Para esto, en la de cañones descubiertos, hay unido al eje de la ma­nivela un cilindro que lleva en su superficie dos ranuras helizoi­dales abiertas en sentido contrario, y en las cuales entra la punta de una aguja ó tope que va unido á un brazo que parte del tor­nillo de puntería, y cu:1ndo gira la manivela, la aguja, moviéndose en las ranuras helizoidales, da un movimiento de vaivén á los ca­ñones, cuya amplitud suele ser de tres grados. En las qus tienen los cañones cubiertos, el vaivén resulta de la mi5ma fuerza que hay que aplicar á la manivela para hacerla girar, y como es defec­tuoso el procedimiento y mal empleado perjudica la buena marcha del fuego, preferible es no usarlo en las situaciones difíciles. Cuando no se quieren dispersar los disparos, se suelta la aguja para que no engrane en el cilindro, ó se aprieta el resorte que, dis­tendido, deja oscilar la pieza. La manera cie funcionar e ta ametralladora es co'llo sigue: colocado el depósito ó almacén de cartuchos, y arreglado el torni­llo de puntería y el disp.:rsador ó regadera, si se ha de emplear, el sirviente co&e con su mano derecha el manubrio, y lo hace dar vueltas, con lo cual el eje, movido por su engranaje, ó directa­mente, hará girar el cilindro guía de cartuchos y el cerrador con sus obturadores. Las diez canales se irán así presentando sucesi­vamente debajo del alrnar.én ú depósito colocado en la plataforma ó tapa, é irán recibiendo los cartuchos, que caen por su propio peso, sin que puedan salirse de la ranura respectiva, por la envuelta semicilíndrica que lo cubre; al mismo tiempo el movimiento del cilindro cerrador produce el de los obtura ores, aproximándolos primero á las recámara· de los cañones, á donde hacen entrar los cartuchos, y empujándolos luego hasta que ocupen completamente la recámara, cuya abertura e u bren, sirviendo de pieza de cierre. Al verificarse e~ta primera parte del movimiento, es detenido por su tope ó botón el muelle de cada aguja (en tanto que el ob­turador ha avanzad ), resultando así preparado cada cañón; el ex­tractor corre'pondiente entra en su caja, y en virtud del plano in­clinado de ella viene á coóer fu~rtcmente con su ul.a el rebvrde del cartuch . Er1 el mo:n--nto en q e el ejl.! del cañón así dispues­to llega á OLupar la posición inferior, deja de ser contenida el tope de la aguja, y ésta se ese tp t con fuerza, produciéndose un disparo.) Continuando el giro de lo clñ' >nes, se inicia el movimiento de retirada del obturador, arra trado por su tope, y como el extrac­tor va unido á él, sacará la vaina del cartucho disparado, soltándola en cu1nto se halle fuera dd ánima, :í causa de su elasticidad, que 2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 338 BOLETÍN MILITAR lo hace levantarse un poco, con lo cual la vaina es lanzada al suelo. Como se ve, en cada vuelta corresponde á cada cañón y su mecanismo, la serie de operaciones que siguen: recibir un cartucho del depósito, llevarlo á la recámara, cerrar ésta, montar la aguja, dar fuego, sacar la vaina y preparar el hueco ó canal para recibtr otro cartucho; se deduce, por lo tanto, que en cada vuelta com­pleta del aparato se harán diez disparo , los que se reproducirán de un modo continuo, mientras se dé vueltas al manubrio y haya cartuchos en el depósito. Entre más rápic!o sea el movimiento de rotación, mayor ~erá d número de disparos que e haga en un tiempo determinado, pu­diendo, para hacer un fuego muy sostenido, colocar un depósito auxiliar sobre el ordmario de la ametralladora, reemplazándole en cuanto éste se vacía, de manera que el depósito inferior esté siem­pre lleno. Para servir esta pieza se necesitan tres hombres, de los cuales uno da vuelta al manubrio, otro col ca los depósitos de cartuchos, y el tercero cuida de apuntar en la dirección conveniente. Ade­más se necesitan tres hotll bres que preparen las cajas de cartuchos para entregarlas al que las coloca sobre la ametralladora. De este modo se pueden hacer de 100 á 16o disparos por minuto. El mecanismo es sencillo, dados los muchos movimientos que han de ejecutarse, y sólido; pero exige una gran perfección al construírlo y mucho cuidado en su conservación y manejo; tiene el inconveniente de que si se acuña un cartucho al entrar ó una vaina al salir, ó se calza un cañón, basta esto para estropear el me­canismo del cañon en que esto sucede, y sólo con dificultad puede seguirse disparando con los otros. Cuando.por cualquier circunstancia convenga sacar los car­tuchos después de estar en los cañones ó canales, se quita el pe­pósito superior y se da vueltas al manubrie en sentido contrario al de hacer fuego. Otro de los inconvenientes de esta arma es que se caldea de­masiado cuando se hace un fuego un poco sostenido, y que expone un gran número de cartuchos á ser destruídos con facilidad por el tiro del cañón enemigo. Esta ametralladora produce un fuego continuo mientras tiene cartuchos; no se parece, como otras, á los cañones de campaña, y alcanza eficazmente á I,ooo metros: con la cureña pesa 530 kilo­gramos incluso el armón. Las modificaciones introducidas en el mecanismo primitivo han sido reemplazar el engranaje del eje por una rueda que va fija en él, pero que toma su movimiento de un tornillo sin fin que mueve el manubrio. Los tambores de carga, que daban lugar á detenciones frecuentes en el tiro, también se cambiaron por cajas Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 339 de 40 cartuchos, que se colocan verticalmente, con una corredera, encima del eje de la ametralladora, y además en la corta de diez cañones se ha puesto la manivela sobre el mismo árbol que los ca­ñones, en ve? de estarlo en el costado. El mecanismo de disper ión es distinto en algunas ametralladoras de diez cañones, y en muchas una cubierta de bronce protege lr's cañones y el mecanismo, dán­doles el aspecto de un cañón de campaña. La de cinco cañones cortos, que no existe aquí, se monta en un trípode para la defensa de fortificaciones, y pesa menos de so kilogramos; puede también colocarse sobre una cureña ligera para 1levarla con la caballería y aun transportarla á lomo. El armón de la de diez caíiones, ligera, contiene 2,ooo cartuchos en so cajas, y con ella se pueden hacer de ordinario I oo disparos por minuto; con la de cinco se pueden obtener 8o tiros por minuto. Otra modificación que- se encuentra en las ametralladoras aquí en uso, es que en ellas se pueJen separar ó colocar los obtura­dores en el arma sin necesidad de separar la plancha del cascabel, la que se h:tce perforada con tal objeto, cerrando su abertura con una llave ó pestillo que sirve p~ra el fin mencionado. El ángulo de tiro es ilimitado, pue si el montaje lo permite, puede dispararse la ametralladora colocada verticalmente, con la boca hacia arriba ó hacia abajo; pero en este caso lus proveedores dt!ben llevar resorte que empuje lo; cartuchos, que entonces no pueden avanzar movidos por su peso. La fuerza de penetración de los proyectiles es considerable, y lanzándolos sobre un mismo punto del blanco, en pocos minutos pueden destruírse ó perforarse obstáculos considerables. Conviene, al emplear estas ametralladoras, disparar con cierta mesura, tanto para evitar daños al mecanismo como para no con­sumir municiones con exceso. La rapidez máxima no debe em­plearse sino en los casos extraordinarios y por bre\'es momentos. SOBRE EL EJÉRCI'rO ALE~IÁN (Continuación) La memorable jornada de Saint-Privat, particularmente, y las pérdidas enormes sufridas por la infantería prusiana al atravesar bajo un fuego mortífero esa descubierta y vasta llanura, parece haber contribuído en gran manera para dar á las ideas sobre la ins­trucción de las tropas, la dirección que tiene hoy día. En todas partes, en efecto, se estudian activa mente las más apropia'-las formaciones para conducir un ataque en terreno descu­bierto, sufriendo el menor número posible de pérdidas. Cada cual busca á su modo la solución del problema y la variedad de las solu- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 340 BOLETÍN MILITAR dones propuestas, con las discusiones á que dan lugar, excitan por todas partes el más vivo interés. He visto también á algunos coroneles, dejando á U'l lado en­teramente los ejercicios en terreno llano, es forzarse por lograr re­gularidad en las formaciones y la mayor precisión posible en las maniobras operando sobre un terreno tnuy quf>brado. E problema no es tan fácil de resolver-, . 'J bre todo cuando se quiere al propio tiempo no ejecutar sino formaciones tácticamente apr piadas á la naturaleza del terreno. S e puede afirmar que es mucho más di­ficil conseguir aquello que alcanzar esta p erfeccion verdcderamente ideal, de que la mayor parte de lo s regimientos dan el e pectáculo cuando maniobran sobre un terreno igual y descubiert . No hay exageración en las palabras perfección ideal. Yo he visto r- egimien­tos, con motivo de su prese ntación, p.l ar por toda la seri de ejerci­cios con una regularidad tan absoluta, una corrección 3e tal ma­nera ptdantesca, que á menos de haber sido te. tigo, es imposible formarse idea. Pero lo que hay de más notable en est es que los regimientos h~ bi tuado. á ejercí tarse en terrenos quebrados, se muestran en general super íore á los otros, y que la precisión de sus movimientos excede á todo lo que ~e pueda imaginar. • Lo que no prueba, por otra parte, sino una cosa, y es ue la ma­niobra en los lugares de ejercicios viene á ser fácil parad que está acostumbrado á conservar el orden y la regularidad en un terreno quebrado. Después de esta exposición en globo de los ejercic os del pe­ríodo de primavera, nos queda todavía por anotar su fisonomía general y sus rasgos característicos : en primer lugar, omo aca­bamos de decir, la precisión y un rigor meticuloso en la ejecución de los movimientos. Hay, además, en todas circunstancias, una calma y un silen­cio tan completos, que causan en el espectador la mejor impresión. Se exige que los soldados ~e alíneen por sí mismos á la v z de alto, y lo hacen generalmente con una rapidez y una exactiud que no dejan nada que desear. Después de mandar firmes, la i 1 movilidad es absoluta. En lo que respecta á los oficiales de todas h.s gradua­ciones, jamás se verá la menor turbación, ni montar en cólera, ni proferir gritos, cosas todas ellas que les están por lo cemás for­malmente prohibidas, hasta el punto de que se ha visto á oficiales relevados de su cargo por habérselas permitido. Salvo las voces de mando, dadas siempre en un tono extremadamente breve y enérgico, no se oye el más ligero rumor durante la maniobra. Si se comete alguna falta, el instructor detiene el movimiento, se aproxima al oficial que se ha equivocado, y le explica tranquila­mente lo que debe hacer. Muchos prefieren esperar al fin del ejercicio, y sola"'lcnte en­tonces, en el círculo que forman los oficiales á su alr!dedor, es cuando hacen notar los errores de cada uno. A un en presencia del Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 341 soberano, las cosas pasan exactamente lo mismo que de ordinario. Los ayudantes de campo y oficiales de órdenes no se ponen en movimiento sino que en•circunstancias muy excepc:ionales, y pue­de decirse que casi nunca se les ve por parte alguna. Es de principio en 1o5 ejercicios, no repetir jamás ninguna orden. El que la haya dad ~l, espera pacientemente su ejecución, y ai algún sub'lrdi nado vacila ó se equivoca, se contenta con hacerle la observación cuando tiene lugar la crítica con que termina siempre la instrucción. Pero se recomienda especialmente que du­rante el ejercicio haya posibilidad y al mismo tiempo la obligación, de reflexionar y decidirse por sí mismo para asegurar la ejecución del movimiento que se manda. Promover y desm·rollar la iniciativa individual tn todos l?s gra­dos de la jerarquía, desde el último subteniente hasta el general, tal u el fin al cual se tiende constantemente y sin descanso en el ejército alemán. Y hé aquí cómo un jefe de este ejército me explicaba las ideas inveteradas que sobre este punto había entre todos sus co­legas: "Por más que nosotros tengamos- me decía-el perfecto de­recho de hacer observaciones en todo caso á nuestros inferiores, nos abstenemos de ello por principio, aun cuando les oigamos exponer, en sus críticas., opiniones no conformes con las nuéstras. No todos, en efecto, tienen el mismo modo de ver las cosas, y estimamos que antes de juzgar un sistema es preciso esperar y ver á qué resulta­dos conduce. Cuando llega el día de nuestra inspección, podemos en­tonces formular nuestras exigencias y dar á conocer á la vez nues­tra opinión. Lo que se persigue, ante todo, es desarrollar entre nuestros oficiales la iniciativa y el gusto por el oficio, y pensa­mos que el mejor medio de conseguirlo es dejarles siempre plena y entera libertad en la elección de la senda que deben seguir para alcanzar el fin que les hayamos fijado. Por otra parte, oyendo sus crític:1s, recogemos á la vez estimables elemento~ de aprecia­ción sobre su valimiento personal." 'rales son las ideas y los principios en vigor en el ejército prusiano, pri nci pi os que, por otra parte, no se con ten tan con for­mular teoricamente, sino que se conforman á ellos cuidadosamente en la práctica. Y compLce verdaderamente ver la sangre fría y facilidad perfecta con las que en semejantes circunstancia lvs ofi­ciales más jóvenes desarrollan su ideas frentt.: á sus superiores, sin que ]a presencia de é<>tos, aun cuando sean de la más alta gradua­ción, parezca en n1odo alguno turbarles ó cohibirles en la expre­sión de su manera de pensar. Véase aquí, por lo demás, un hecho del que yo he sido testi­go y que puede dar una idea del modo como habitualmente sue­len ocurrir las cosas. Un comandante instruye su batallón en el campo de manio­bl as, cuando \e aparecer un general que se dirige hacia el pu ntu Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 342 BOLETÍN MILITAR donde se encuentra. Al instante detiene su tropa y manda firmu, y saliendo al encuentro de su superior le dice: Mr g eneral, el hata­lifm N., dtl regimientD N., hace. sus ejercicios de hatallón.-Continúe usted.-El comandante vuelve hacia su tropa y continúa en efec­to con la mayor calma y sin preocuparse ya más del general, quien por su parte va y viene como simple espectador de la maniobra. ·rerminada ésta, el comandante, siguiendo el uso establecido, hace á sus oficiales formar en círculo, y empieza la crítica, discutiendo ampliamente sobre lo que se ha hecho, censurando á unos, elo­giando á otros, etc. El general se aproxima al grupo para escu­char sus observaciones. El comandante, sin manifestar ninguna turbación por su presencia, concluye lo que tenía que decir, y des­pués, dirigiéndose á él, dice: El ejerciciD ha terrninado, mi gen, ral; ¿me permite usted retirarme con el batallón? Signo de asentimien­to, saludo del comandante y marcha de la tropa, que se retira tran­quilamente á su cuartel, mientras que el general se aleja sin decir una palabra, y se dirige á otro punto del campo, donde la misma escena se re pi te. No omitamos hacer constar que semejante sistema, además de la poderosa manera con que contribuye á desenvolver la inicia­tiva individual, tiene aún la gran ventaja de obligar á todos los oficiale , cualquiera que sea su grado, á conocer su oficio en los más pequeños detalles, á elaborar maduramente su plan de ins­trucci0n y á pesar cuidadosamente cada palabra de su crítica. Otro rasgo saliente de los ejercicios es la vivacidad not b)e con que se ej ecutan todos los movimientos, vivacidad que da al conjunto un car á cter de animación extraordinaria. En mar ha, todas las formaciones ó c~mbios de una á otra se hacen al paso ligero en medio de una confusión que no es más que apar~nte y que se disipa tan pronto como el movimiento ha terminado, to­m:¡ ndo inmediatamente entonces cada uno el paso ordinario, ó mar­cando fuertemente ]a cadencia. Pero no bien restablecido el orden sobreviene un nuevo mando del instructor, que parece tener el pro­pósito de que se sucedan sin tregua los unos á los otros, no dejando entre ellos más que el intervalo estrictamente necesario para su ejecución. La cosa es en verdad un tanto fatigosa para los hom­bres, pero la maniobra gana con ello en interés, la atención está siempre despierta, y todo el mundo, oficiales y tropa, concluyen por adquirir una destreza y una agilidad de espíritu y de cu rpo verdaderamente maravillosas. Bien entendido, como ya lo he os dichú, que estos ejercicios doctrinales se sujetan religiosamente á todas las prescripciones del reglamento de maniobras, siendo úni­c:: tmente para este objeto que los alemanes estiman verdadera su utilidad práctica. Para ellos no es más que un medio proclama­do altamente indispensable de subordinación y disciplina. Y es solamente á este título que aún se conservan hoy multitud de disposiciones, tales como las formaciones en tres filas, el cu3ldro, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍ.N MILITAR 343 el relevo de una línea de tiradores, sus movimientos avanzando ó en retirada por escalones, etc., que unánimemente se han consi­derado como inútiles ó inaplicables en la guerra. De todos estos movimientos se exige en el campo de ejerci­cios la ejecución más minuciosamente correcta, en virtud del prin­cipio de que es preciso en tiempo de paz pedir lo más para obtener lo menos en tiempo de guerra. Y el resultado más directo y más es ti mab1e de e ·tos ejercicios doctrinales es disciplinar la tropa y ponerla admirablemente á merced del jefe. Véase aquí, por lo demás, el resumen de las opiniones que en este asunto se profesan por la mayor parte de los oficiales pru­sianos: "Todas las formaciones reglamentarias son por nuestra parte objeto de un estudio profundo, y las concedemos una impor­tancia extrema. Nuestros soldados no sirven má!t que tres años; ninguno de ellos ha estado en campaña., y por consecuencia les es imposible juzgar por sí mismos la mayor ó menor utilidad que puede presentar tal ó cuál formación que se les mande. No vemos inconveniente alguno en dejarles creer que todos estos movim ien­tos deben ejecutarse así bajo el fuego J ··l enemigo. Con ello no estarán sino más atento; á la voz d~ su jefe y más dispuestos á obedecerle. Si, por el contrario, interpretamos el reglamento á nuestro antojo, no tardarían nuestros soldados en figurarse que para la guerra no hay ya reglas, y que todo se modific3 según las circunstancia : esto daría lugar á la disper i6n. A í como se cono­ce al soldado disciplinado en su manera de entender el deber y el honor militares, se puede también apreciar hasta qué punto una tropa está verdaderamente disciplinada y obediente á su jefe, en el modo como sabe y practica su reglamento de maniobras. El regla­mento es la piedra de toque para probar la disciplina, y muchos de sus artículos no tienen importancia sino desde este punto de vista. Así es también como lo consideran todos los buenos ofi­ciales, y en estas condiciones no no preocupamos porque pueda encontrarse eu él tal ó cuál imperfección. Estamos seguros de que, dado el caso, se hará siempre su aplicación de una manera in­teligente." Por lo que toca á las medidas á que se recurre en tiempo de paz para asegurar sobre el campo Je batalla lo que se ha lla­mado la disci'plina del fiugo (J ur disciplin), esto es, para permitir al comandante de una tropa conservar siempre la dirección del fuego de su gente, nadie ha podicio darme una respuesta cate­górica. La opinión general es que un jefe sólo podrá, hasta cier­to punto, mantener su tropa tan obediente en lo que á esto se refiere, como la tenga en todo lo demás. Ninguna regla especial se ha dictado á este respecto, y nadie piensa en formularla. La disciplina del fuego no es con iderada por tot' os más que como un caso particular de la disciplina gen eral, y como ésta, debe estar ase­gurada por idénticos medios, es decir, por el completo sistema Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 344 BOLE1.'ÍN :MILITAR de educación ll)ilitar del tiempo de paz, cuyo objeto constante debe ser: mant~ner al soldado, en todas partes y en todas las circuns­tancias del servicio, dócil á la voz de su jefe directo, atento á sus órdenes y con confianza en él. Así pues, á adyuirir e te ascendiente moral sobre sus hom­bres, es á lo que han de tender todos los esfu e rzos de un oficial; entonces soh1mente podrá comcguir, hasta cierto punto, dirigir el fuego de su t1opa. Hemos subrayado estas últimas palabras intencionalmente, porque todos los oficiales prusianos están de acuerdo en reconocer que hay instantes sllpremos en la lucha, en los que la excitaci4n es tan grande, la emoción tan poderosa, que no está en l2s facultades de todo el mundo el conservar la san­gre fría necesaria para obedecer lo que se mande, sin perturba­ción en el ánimo. Es más: en las maniobras de tiempo de paz no es raro ver, durante un fuego violento, equivocarse un l'olda­do y tomar un ruido cualquiera por la voz de su jefe. Con cuán­ta más frecuencia el mismo hecho no se reproducirá en medio de las escenas tumultuosas de una batalla. Aun cuando en los ejerci­cios de escuela del tiempo de paz se cuida riguro amente de la eje­cución metódica del fuego por descargas, nadie se hace la ilusión sobre la posibilidad de aplicarlo realmente en la guerra. En toda la última campaña no se cita más que un ejemplo: un capitán pretende haber conseguido se hiciera una descarga por su compa­ñía contra la caballería francesa en la batalla de Sedán; todavía esta descarga única, por confesión misma de su autor, estuvo muy lejos de ser pura y degeneró inmediatamente en fuego rápido. Para terminar nuestras reflexiones sobre este asunto, creemos deber decir aquí algunas palabras sobre el nuevo reglamento de maniobras con que se ha dotado á la infantería alemana en I 876, y el que tanto por su aspecto exterior como por su contenido sim­boliza admirablemente las ideas puestas á la orden del día en este momento en el ejérdto prusiano. Se compone de dos partes muy distintas: una puramente re­glamentaria, obligatoria para todos, y que indica los movimientos que deben ejecutarse, puesto de cada uno y voces de mando que corresponden; y la otra parte, llamada táctica, no da si no consejos é indicaciones sobre el empleo que debe hacerse de las formacio­nes reglamentarias. La primera parte comprende la escuela del soldado y todo lo concerniente á las de compañía, batallón y brigada para los movi­mientos y formaciones en orden cerrado; en una palabra: todo lo que constituye la Schul-Exercieren. Esta no es, en definitiva, más que un tratado metódico de disciplina y de enseñanza preparato­ria, pero de la cual, por esta misma razón, se ejecutan todas sus prescripciones con el mayor rigor. En cambio, es preciso reconocer que todo ello se encuentra tan reducido y condensado como es posible, puesto que este volu- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .BOLETíN MILITAR 345 men de pequeña forma é impreso en grandes caracteres, contiene en 226 páginas t do lo relativo á Jos ejl'rcicio individuales, de compañia, de batallón y de brigada, y además las reglas concer­nientes á órdenes de parada, modo de recibir y de pedir la bande­ra, toques y toda la parte dctica. Una co.a que debe señalarse, es la · usencia de figuras para la xplir:.!ción de los mo imientos. No hay más que dos en total: una pé.ira la formación del cuadro, y Otra para la columna de regimi · to Ul ]as pzradas que, vista SU complicaci(;n, habría sido bastante difícil explicar con el texto solo. Todas las demá formacione son de tal St1erte sencillas y de tal manera bien conocidas por tod s, que se ha juzgado el texto perfectamente suficiente para hac<.r cornprencer ó recordar los de­ralle!, que puditran haber escapado de la memoria de alguno. Además, y por princij>io, se ha evitPdo hacer uso de dibujos en la parte tá tic a dd libro. Se q uicre, c>n efecto, evitar así todo menoscabo á la iniciativa individual y á la independencia que se entiende ha de dejar e á cada uno cuando e trata de aplicar sobre el terreno las formaciones rcglamcntari€.s. 'T'éme~e que con una figura dada como ejemplo se inspire á los espíritus la falsa idea de que al modelo es preci o, por obligación, conformarse. No menos notable es todavía la opinión, muy extendida, de que en la parte táctica las láminas serían más perjudiciaLs que convenientes, porque dicen que .e Jlcg. ría :í aplicarlas pura y sim­plemente en muchos ca os en los que valiera má imaginar cual­quiera otra cosa. Esto ~ería la muerte del trabajo intelectual y de la ren r~ xión con que cada uno debe formarse p:~ra sí mismo una opinión sobre los casos que pueden presentarse en la guerra. Así pues, como se ve, el desarrollo de la iniciativa in di vi­dual que los prusianos consideran como una de la más grandes fuerzas de su ejército, se encuentra francamente consagrada por su reglamento. Podría pensarse quizás que de esta iniciativa desarrollada así, y de la ausencia de figuras en la parte r eglamenta,.ia, resultara cierto defecto de uniformidad en la ejecución de los movimientos entre los diversos regimientos del ejército. En realidad no hay nada de esto. Por d contrario, puede decirse que las formaciones regla­mentarias están, en cierto modo, de tal manera enct::rnadas entre todos los oficiale~, que no se nota en este asunto, de un cuerpo á otro, la menor diferencia. Precisamente esto es lo que ha permi­tido prescindir de figuras que indiquen disposiciones bien conoéi­das de todos, y á las cuales se halla habituado el ejército desde hace muchos años. Debe ad· ertirse que el reglamento no contiene artÍculo al­guno especial para los ejercicios de regimiento, que considera, sin duda, corno mero intermediario entre los de batallón y los de brigada. En cuanto á las evoluciones de una división entera, ya hemos dicho que los prusianos jamas las hacen, no admitiendo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 34:6 BOLETlN MILITAR que una división pueda en caso alguno desplegarse sin dejar un~ de sus brigadas en reserva. V ale más entonces, dicen, hacer ma­niobrar estas dos brigadas aisladamente, que dejar una con los brazos cruzados contemplar á la otra. En tin, no creo poder terminar mejor lo que acabo de decir sobre el reglamento, que con la cita de esta reflexión hecha un día ante mí por un olicial del ejército: "Para mandar bien una campañía, basta un militar instruído y que conozca bien su regla­mento; pero el mando de un batallón exige ya una seria prepara­ción táctica"-( Continúa). CAMPARAS NAPOLEÓNICAS (Selección arreglada para el Boletín Militar) 1-lto.lia: opero.ciooe contra Ocaulicu {Continuación) El 15, aún más que el 14 por la noche, sonreía á Napoleón la pers­pectivJ. de obligar á los piamonteses á pedir la paz; á nada podía con­ducirle la p -.. rsccución de los austriacos, cuyo contacto había perdido, por 1 cual estaban en capacidad de rehuír la lucha, y en este caso moverse sobre ellos era dar golpe en vago. Además, entre tanto Colli podía replegarse Sl>hre Turín, cubrir la capital y poner á salvo sus tro­pas, con lo cual ya no era posible imponerle la paz, dejar fuera de combate uno de los dos adversarios y adquirir la ansiada superioridad numéricl. Ahora bien, el plan de campaña descansaba sobre esta pre­misa: después de separar las fuerzas aliad :u, obligar inmediatamente á los piamonte~cs á pedir la paz, á fin de as:gurar e una buena base para las opcrctciones futuras y no tener en ellas al frente sino un solo adver­s: uio. La historia militar rcgistrd numerosos ejemplos de generales que se dejaron arrastrar por el éxito táctico á explotar directamente las ven­tajas aJquiridas sin atender al plan general de las operaciones •; Napo­león, llegado á este momento decisivo, no pierde la cabeza, y obede­cicnd0 á los dictados de la lógica, avanza sobre los piamonteses. Debe observarse sí que Narolc6n principió el segundo período de las operaciones por enviar la división Laharpe vía de Sassello, y aun la hizo sostener por Massena, operación no muy inteligible, pero es de observar que son grandes las lagunas existentes en la correspondencia de la campaña; además es prúbable que muchas cuestiones se trataron de vi va voz, porque Napoleón se imponía fatigas durísimas á trueque de intervenir dondequiera que su persona era necesaria. ''Mi vida aquí es inconcebible, escribió al Dir~ctorio, llego á la dormida fatigado, y sin embargo me es preciso pas1r la noche en vigilia para administrar é ir á todas partes para re'tablecer el orden." • Conforme lo prueba de modo amargo nuestra historia militar. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 347 El 16 de Abril Augcreau fue dirigido sobre la postciOn atrinchera­da de Ceva, y al caer el día había Árrojado de ella á los piamonteses, que se replegaron vía de Mondovi. El 17 llama á Laharpe á Dego, y Massena y Serurrier se mueven sobre Ceva, .i donde el último llega por la poche. Napoleón traslada su cuartel gener 1 á Saliceto. El 19 se ata­ca á Colli; Serurrier se carga á la izquierda para en vol ver al enemigo y coparle el camino de Mondovi; Augereau avanza á envolver la derecha por Castellino, y Massena ataca directamente, ó sea por el frente. Colli intenta replegarse sobre Mondovi, y aún obtiene ventajas parciales sobre Serurrier. Napoleón se ha trasladado á Ceva entre tanto; hacia media noche avanza hasta Lesegno, y allí, á la una, da la orden de ejecutar un ataque general contra Colli, complementando 1 uégo sus instrucciones cuando ya conoce la v~rdadera posición del en..:migo. Según esas nuevas órde­nes, Massena debe marchar 5obre Lesegno con parte de las tropas de Augereau; el resto de éstas tomará posición, parte en Castellino para amenazar el flanco izquierdo de los pi:tmonteses, parte en Mombarcaro para observar el valle del Bormida, por donde pueden llegar los austria­cos. Para mayor seg~ridad, Laharpe es llamado igualmente á Mombar­caro con orden de guardar la posición atrincherada de Ceva, no dejando en el Cairo sino una brigada. El 21 á las 2 de la madrugada Massena cruza el Tanaro y marcha sobre Lesegno; en la mañana Serurrier recibe la orden de pasar el Cur­saglia por el puente de Torre y caer sobre el flanc<;> derecho del enemi­go, que ocupaba posiciones tras el dicho Cursaglia, y en seguida avanzar hacia Mondovi. Empero, el enemigo no espera el ataque y se retira por Mondovi. Serurrier no logra alcanzar sino una retaguardia en posición sobre la línea Mondovi Niella-Castellino, y en cierto modo permanece inmóvil La composición del ejército republicano exigía sin duda un tiempo de alw absolutamente indisrensable para reformar los lazos tác­ticos, y Napoleón no estaba seguro de que Colli no pretendía tomar la ofensiva. Como el enemigo nada intenta, el 23 dispone que Scrurrier continúe marcha por la vía de Fossano y 1\-[assena por la de Chcrasco, ambos con orden de adelantarse hasta más allá de Pesio; Augereau pasa á Dogliani, y Laharpc seguirá el 24 hasta Niclla. En Lesegno Napoleón dicta una orden para reprimir el merodeo entre las tropas. Él, como todos los grandes capitane~, explotó siempre hasta el extremo los rcc ursos del territorio en beneficio de sus tropas, pero siempre prohibió el pillaje por considerarlo como seguro destruc­tor de la disciplina. Además, el saqueo repugnaba á su naturaleza, tan benévola é indulgente en el fondo, que no supo odiar ni aun á sus enemigos. El 23, en tanto que sus columnas pasaban el Pesio, recibió una nota de Colli pidiéndole un armisticio, á la que con testó estaba pronto·á conce­der lo pedido si se le entregaban las pi azas fuertes de Alejandría, Coni y Tortona, y si en seguida se iniciaban negociaciones para acordar un tratado de paz, lo cual fue aceptado por los piarnonr~scs, por lo qtrc el 2 8 cesaron las operaciones militares contra ésto5. Y hemos llegado al término del primer período, victorioso, de la primera campaña napoleónica, cuyo examen habrá de: suministrarnos una primera luz sobre el genio militar de Bonaparte. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 348 BOLETIN MILITAR El examen de estas operaciones mili tares da en primer término pre­ciosa característ1ca sobre el genio militar de Napoleón. Desde luego lo que más llama la atención es el desenfado con que el joven General acep­ta la carga y desempeña su papel: nada de é'Citos á medias ó reveses que le sirvan de ?enosa escuela para aprender su oficio; principia por un golpe de maestro, 1o mismo que Alejandro, Aníbal y Carlos xu. Fuera de duda está que ciertas cualidades físicas é in . electuales deben hallar­se reunidas en un hombre para que sean posibles tales resultados, pero también es cierto que en achaques de guerra hay cosas que pueden y deben aprenderse para conseguir el éxito. En vano se posee el espíritu más elástico y brillante: esto no suple el trabajo previo, porque el arte de la guerra tiene su lado profesional Rl mismo Napoleón lo dijo : "Aquiles fue hijo de una diosa y un mortal, y por eso es la imagen del genio de la guerra." Todos saben cuánto se había preparado bien el joven Capitán para entrar á. la carrera militar, cuánto el teatro de gue­rra italiano había sido objeto de sus maduras reflexiones. Ahora bien, como á esto debe agregarse que la fortuna fue pród1ga con él en dones naturales, el éxito no sólo era merecido sino forzoso. En nuestros días Gam betta es ejemplo de que Ir: m tÍJ grtmdt rnergía adu11ada al espíritu mrjor dotado no puede co11q11iJtar f,z victori11 cuando falta el collccimiento del oficio. Si ahora examinamos en detal los actos de Napoleón, podremos apreciar j un tamen te su resolución y la habilidad de ejecución, dada la peligrosa situación estratégica en que encontró e1 ejército francés, des­granado en una estrecha faja de tierra entre los montes y el mar; la única vía que lo enlazaba con Marsella quedaba por un lado expuesta á las intentonas de un enemigo superior en número que podía desem­bocar por el Col de Tende para cortarla, y por otra á los insultos de la flota inglesa, dueña del mar, sin contar con que á retaguardia del ejér­cito carecía de protección, pues como línea de comunicaciones prolon­gaba el flanco izquierdo, es decir, creaba una de las situaciones más desfavorables conforme el mismo Napoleón lo hizo sentir á los prusia­nos en 1 So6. ¿Qué partido saca de tan peligrosa situación? Tres sema­nas después el ejército francés, aseguradas sus comunicaciones, está ya concentrado debidamente, uno de los adversarios derrotado y arrojado lejos, y el otro vencido y con su capital amenazada. En los albores mismos de la campaña se destaca la característica del genio napoleónico: la noción clara del empleo de la masa. Jornini, e u ya grandiosa teoría surgió de los actos del más grande de los prácti­cos, dijo "que el principio fundamental de la guerra consiste: 1 •0 , en llevar sucesivamente por medio de combinaciones estratégicas el grueso de las fuerzas á los puntos decisivos del teatro de guerra, en cuanto sea posible sobre las comunicaciones dd enemigo sin comprometer las pro­pias; z.o, en maniobrar de suerte que se empeñe el dicho grueso de las fuerzas sólo contra fracciones del ejército enemigo." Esta verdad Napoleón la conoció a priori, pues en I 794 se expresó a í: "Los sistemas de guerra deben ser como los si ti os: se reúnen las fuerzas contra un solo punto, y abierta la brecha queda roto el equilibrio, todas las dem-ls defensas resultan inútiles, y la plaza cae. Luego en vez de diseminar los ataques se debe concentrarlos." En 1799, cuando vio á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 349 Moreau por primera vez, la conversación rodó sobre las cosas de guerra. n Siempre el mayor número vence al pequeño," dijo Moreau. "Te­néis razón, replicó con viveza Napoleón, siempre el mayor número vence al menor," y luégo añadió á guisa de comentari o : "Cuando con fuerzas inferiores me he encontrado en preseñcia de un gran ejército, agrupo con rapidez el mío, caigo como el rayo sobre una de las alas, y la arrollo. Aprovecho el desorden que esta maniobra causa siempre en las líneas contrarias para atacar otra porción de ellas, siempre con fuer­zas superiores. Así pues, derrotaba en detal al enemigo, y esa victoria, como lo veis, era el triunfo del mayor número sobre el m á s pequeño." En la aplicación de este principio reside todo el secreto del arre napoleónico; pero para aplicarlo es preciso adem·ís, y siempre, de una ojeada, saber encontrar el punto donde debe empeñarse la masa y tener cabeza suficiente para despreciar los accesorios por importantes que parezcan á primera vista, para no lanzar aquélla sino sobre el punto de­cisivo. Es principalmente esa clarovidencia, esa lógica en el raciocinio estratégico, comprobada en Napoleón, lo que causa nuestra admiración y hace fecundo el estudio de sus campañas. Al fin de esta campaña que analizamos, cuando victorioso cruzó á 1 tali para entrar á Ausrria, dijo á propósito de su método de guerra: "Existen en Europa muchos buenos generales, pero se fijan en muchas cosas á un tiempo, en tanto que yo no veo sino una: las masas enemigas, y trato de destruí das, seguro de que los accesorios caerán 1 uégo por sí mismos." Por esto al principio de la campaña lo vemos tranquilamente abandonar el camino de Génova á Beaulieu, limitarse á observar á Colli y arrojarse con fuerzas
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 143

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