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Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 184

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 184

Por: | Fecha: 29/12/1900

BoaCTÁ, Dici&WBJtB z9 DE 1900 Or::ano del .Uiai terio de ~ .(;uerro. y del Ejército en ~olaboradores de e11te periódico los Jefe11 1 Oficiales del Ejércitu .A.:S.'TC> X'V' Director ad honorem Franci•co ;J. Ve reara T. General de Ingf'nieros, Miembro de Y&rlaa Sv· c.edades Cientificu :N"U1v.l:. 104 !iDllil ~ID.l?l~ 'O.> h~. o • • . lb)I~ ll~® ~ü) (JO DE NOV · EMBRE) que aprueba la teorganizaci6n del Ejército del Centro del Tolima El Yiupresidtnt~ d~ la RP-pública Enc.1rgad~ dtl Podtr Ejuutiw DECRETA Artículo único. Apt uéhase la reorg-anización del Ejército del Ct.~tttro del Tolima, qnc cou fe(~ha 9 <1.-1 pre~ente mes hizo 8tl tlefe de E .·tado Mayor general, Sr·. Ni(•olás Penlomo, am­pliam ~nt a¡~toriza(lo para ello l•Ol' d P· •l~r Ejecutivo, eu la form~ ~ig-nit.~ute: El Ejót·cito . e compondrú. (los Dh· i. ion<'s y una Brigada llamacla Brigada del Tolima, y t<.HHlrr el siguiente personal: U u A R'l'J·;L (:Hl g. Vill~; SP~mulos Ayns: Primera Brigada-Con los Batallones Jlfarroquín número l.o, Briceño número 2.o y uua Bater{a de Artillería. Segunda Bt··igada.-Con los Batallones Vencedorts número 3.o y Oazado·res núme~·o 4.0 , y Escuadrón T()ba-r, del Regimiento­Moya Vásq·uez. Cuartel General de la División-Comandante geueral, Ge­neral Pedro Sicard Briceño; ,lefe de Estado l\Iayor geueral, General Benjamín Silva; Primer Ayudante geueral, Oorouel Fernando Piuzón; y los demá · empleados que hoy tiene uicho Cuartel general. Primera Brigada. Oua.rtel general -Uoruandaute general,. General Daniel Estévez; Jefe de Estado Mayor, Coronel Prós­pero Piedrahita; y los demús empleados que hoy tiene este ()uartel general. Batallón Marroquín número Lo-Primer JefP, Coronel l:laximino H.h-era; St .. gunuo Jefe, Sargento Mayor Ju~tino Angel. Batallón Briceño núme1·o 2. 0 -Primer Jefe, Teniente Coro­nel Alejandro Srumlwz; S~gnntlo ,Jeü~, Sargeuto l\layor Ramón Rodero. Ba.terírt de A~·tillería-Capit{lll, Fnweisco Villo L. 1-Iatallón 5. 8 de Garz6n-Pl'imer Jefe, Coronel Jlonorat()l Díaz; Seguudo Jef~, Sargento Jt.Iayor Auge! .1\-L SilYa . . Medio Batallón Sanftt Rosa-Primer Jett!, Teuiente Coro· nel Antonio Uánlena~. J.JoS Unart<.•ks geueralc5\ de las lJrigatlas ron. taráu ele do8 prin) ros Ayudantes g·enera1es Ooronelcs ó 'l,euienteN Uorone­les); dos seg·nndos Aylalnnte~ generaleH ( argentos 1tlayores);:; dos Ayudante~ de campo (oticialt-s inferiores); un Col'ucta de órdenes y hasta seb~ iu}ana ~1ayor; y Jo Escuadrones se organizarán couforme Jo previo­no d Oúdi~o Militar. J..JOS C• manda u tes gent-ra1es ra.mieu tos de Oticiah!s inferi01·e~ y Hahili­tauo de tiu.· Ül erpos, ~- wel>crán dar cuenta de ellos al Estado­Mayor geueral del Ejército. Comuniques y publíques(1. Dado en Bogot:'l, á :10 de Noviembre de 1900. JOSE MANUEL 1\IARUOQUIN. El Jrliuistro ele Guerra, JOSÉ DOMINGO ÜSPlNA 0. -----1~··-_._. __ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR -y---' EN TIEMPO DE GUERRA Prácticas francesa 111 -SOBRE EL CAMPO DI'~ H:lTALLA Disposicionu preliminares-Para las reuniones que en cierto¡ casoc; pueden preceder al combate, la artillería debe desocupar lo¡ caminos. U na batería sola se forma en batalla, con la reserva tras los armones de la batería de combate; varias baterías se forman en masa (una tras otra en batalla) cada una con.su reserva respectiva establecida como acaba de indicarse. Durante el reconocimiento general de la posición, el jefe de la artillería acompaña al jefe superior, y en seguida dirige las baterías á un emplazamiento á retaguardia del que haya reconocido útil para la lucha, al abrigo de la vista del enemigo en cuanto sea posible. Ha­ce saber esto al director del parque, asigna puesto á las secciones de municiones y lo indica á los jdes de las baterías. Por regla gene­ral las municiones de infantería se estacionan cerca de las de arti- 1lería, á menos de orden contraria emanada del jefe superior de toda la fuerza. Los comandantes de batería, después de establecer sus piezas en el sitio designado por el jefe de la artillería, se trasladan á donde él esté, acompañado cada uno por dos ó tres clases y dos cornetas, á recibir órdenes, tras lo cual vuelven á su puesto, y desmontados se adelantan á reconocer el campo, tratando de no llamar la aten­ción del enemigo. Reconocer el emplazamiento de los diversos elementos de la batería, el blanco que debe batirse, apreciar la dis­tancia del tiro y darse cuenta de la posición de las tropas vecinas en estado de proteger la batería es lo que tienen que hacer allí. Durante ese tiempo los jefes de sección lo hacen alistar todo para el combate: asegurarse de que armones y cajillas no están con cerradura; hacer jugar los mecanismos de cierre y de puntería; pasar las barrenas por los oídos; verificar si los sirvientes est~n equipados con Jos juegos de armas completoc: y en ellos se encuen­tran los útiles necesarios; hacer abrir los armones y asegurarse de que saquetes de carga y proyectiles pueden retirarse sin tropiezo; hacer que los soldados recojan los morrales si iban sobre los ar­mones. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR '-y--' 79f Los elementos que deben entrar inmediatamente en accton son la~ piezas con el armón de la derecha de cada sección, y el per­sonal cvmpkto para el servicio de las dos piezas. Los sirvientes de reserva se colocan junto al armón de la izquierda de cada sección. Elección de las posiciones. Baterías-La primera condición que debe llenar un buen emplazamiento de combate es que tenga sufi­ciente vista sobre el blanco indicado, y en cuanto sea posible en todas direcciones, hasta las más próximas distancias. Después se procede á cubrir la batería por medio de abrigos naturales, colú­cándola de manera que no sea vista fácilmente por el enemigo. En una palabra, gran campo de visi0n, no ser vista, y facilidad para dejarla cuando así convenga, es lo que constituye la buena P,osi­ción de combate de la artillería. Buscar á vanguardia un terreno plano y descubierto en toda la extensión del tiro; ocupar los sitios dominante:;, prescindiendo de los muy elevados, que tornarían fijantes los disparos y no deja­' ían barrer las pendientes aledañas; si no interesa batir el pi de la falda, cubrirse con la cresta de la altura; tratar de colocar las piezas sobre fondos sombríos, como cortinas de árboles, etc., y de manera que no se perfilen sobre el cielo; evitar los terrenos pedregosos y aRrovechar los obstáculos que pueden detener los proyectiles ene­migos ó sus cascos (pantanos, fosos, desmontes, etc.). El estado del suelo no debe ser un obstáculo para los movimientos de las baterías. Alejarse de las casas, de los árboles aislados y de todo lo que pueda · ser cómoda señal para el enemigo, buscando en cambio las posicio­nl'! s que le dificulten la regulación del tiro: colocarse entre los cul­tivos, á cierta distancia á retaguardia de las cercas y etos, en es­pecial sobre u na cresta estrecha que no permita observar los puntos de caída adelante y atrás de los cañones y oculte los armones, etc. En cuanto sea posible, alejarse de los barrancos, tallarec:, gru­pos de arbustos, etc., difíciles de vigilar ó no explorados; b11scar desembocaderos fáciles que aseguren la movilidad hacia adelante y hacia atrás; cuidar de que la línea de piezas no pueda ser enfilada ni cogida de revés. En terreno plano cuidar de que los cañones no queden cerca de la espalda de las 11 neas de infantería, y en suelo ondulado establecer varios pisos de fuegos en los puntos que quie­ran tornarse fuertes en extremo. Municiones-Colocarlas unos I ,500 metros á retdguardia de la línea de combate, cerca de los bivios de los caminos, en un pueblo, á orillas de una corriente, en puntos fáciles de ' indicar y de encon­trar; pero en todo· caso á proximidad de caminos practicables, mas no en ellos, y si es preciso hacerlo, disponerlas en una fila para de-jar libre el paso. • Ocupación del terr~no. Battrías-Reconocida la posición, el comandante de la batería la hará amojonar por los dos cornetas mencionados antes, se asegura de que el blanco podrá verse de los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 798 BOLETlN MILITAR ~ •itios en donde habrán de quedar las piezas, para lo cual se aga­ ·Chará hasta poner el ojo á h. altura del ~uión, y manda avanzar la batería, la cual lo hará á buen paso, en columna de piezas ( ó de sección) por los caminos, ó á campo traviesa, con frente de sección, si se está fuera del alcance de los disparos del enemigo, en línea de columnas si son muchas las piezas. Bajo el fuego, avanzar en bata­lla, cuidando de no dar el flanco al enemigo. Dar á las baterías indicaciones tan precisas como sea posible, para no tener que ejecutar movimientos á brazo; no retirar brus­camente una pieza sobre otra; adoptar frente de despliegue tan perpendicular á la dirección del fuego como sea posible; desenfilar los armones sin alt~jarlos mucho de las piezas, y establecerlos de manera que no haya riesgo de una sorpresa: en este caso hasta se pueden desenganchar las bestias. En caso de tenerse que conservar cerca los avantrenes, alejarlos una veintena de metros por lo menos. Abrigar las cajillas de combate, pero sin alejarlas tanto que sea causa de fatiga para los proveedores. Construír espaldones, á ser posible. Adoptar intervalos de r 5 á 20 metros entre las piezas, y no reducirlos á 1 o sino en caso de necesidad absoluta. Colocar las ruedas á la misma 3ltura. Los sirvi~ntes pondrán su morral en tierra, r metro á reta­; guardia de su puesto; los terceros pasan al armón de su sección; los polvoristas, sin oficio por lo pronto, instalan el anteojo de bate­ría; el sargento brigada toma el tn;tndo de los otros tres armones, , de las bestias de re m u da y de los sirvientes de reserva, y con ellos se sitúa hasta 30::> metros atrás de la batería, según lo indiquen los .abrigos que se encuentren en el terreno. La reserva, i no ha podido seguir á la batería de combate, se aproxima y constituye segundo escalón de 500 á 8oo metros á re­taguardia, al abrigo de los disparos del enemigo, y su jefe se pone en el acto en comunicac:ión con el de la batería. Por regla general, las reservas se agrupan como las baterías, de acuerdo con las formaa del terreno y cerca de un camino ó sendero. Los jefes superiore1 de la artillería harán vigilar e s tas operaciones por medio de sus .ayudantes de campo. Municion~j -Los jefes del parque deberán mostrar grande ini­ciativa y obrar de suerte que las municiones lleguen al campo de batalla Jo más pronto posible. Desde que se empeñe el combate se hará avanzar, stn esperar órdenes, una sección de municiones de .artillería y otra de infantería, haciéndose saber á los jefes respecti­YOS ellu; llamar siempre derecha ó iz­quierda del enemigo lo que éste mismo llamará con esas voces; adoptar como blanco para regularizar el tiro: contra una batería la pieza má visible de la sección d:::l centro, salvo que el viento sople oblicuamen'te, pues en este caso se tomará la pieza colocada en la extremidad ó ala por donde sopla el viento; sobre tropas en formación cerrada, el centro de la primera fila; sobre tropas en or­den disper o, un punto bien visibl~ de la línea de tiradores ó de lai reservas. Regular el tiro ordenada pero lo más rápidamente posible, ¡:or­que esta condición es de la mayor importancia en la lucha de arti­llería contra artillería. Hacer en las circun!'tanctas ordinarias del combate dos á tres disparos por minuto: á ·razón de seis se agotarían en dos h oras todas las municiones de una batería. A las distancias cortas, cuando se puede juzgar bien del efecto producido, tirar rá­pidamente; á las grandes ó cuanJo el fuego es poco eficaz, hacerlo con lentitud. Por regla general no disparar una pieza hasta que no haya estallado la granada de la anterior; aumentar la rapidez del tiro cuando se acentúa el combate, y llevarla á su máx1mum en los momentos decisivos. No emplear el fuego por descargas sino en casos excepcionales, para batir tropas amontonadas, en maniobra é para prevenir una carga de caballería-(Concluirá) DK ESTRATEGIA Y DE TÁCTICA EN LAS PEQUEf;iAs GUERRAS por el Mayor C. E. Callwell, del Ej ército inglés TllADUCCIÓN D~ ISIDORO LAV.;RDE AMATA . (Continuación) XII. Atraer al enemigo exponiendo los bagajes, etc.-Este ejemplo de Arogée muestra de qué m..>do el enemigo se verá al­gunas ocasiones tentado á combatir cebado por el botín. En Aro­gée los bagajes fueron presa que tentó á los Abisinios; pero la marcha del convoy no había sido dispuesta por el comandante in­glés con el fin de atraer al enemigo fuera de su formidable posi- ..ción, aun cuando así sucedió. Este hecho prueba que semejantes Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 800 80LETIN MILITAR ~ adversarios se sienten inclinados á combatir al columbrar expues­tos convoyes, ganado, etc., con la intención de despertar su co­dicia. Los guerreros indisciplinados no sueñan sino con el pillaje .. En las rebeliones el enemigo va movido por el patriotismo ó ex­citado por el d . .:c;eo de vengarse de un pretendido daño; pero en muchas pequeñ - s guerras, opuesto á las tropas regulares, combate principalmente por amor del botín: el pillaje es el fin de su entra­da en campañ~. Se bate por batirse, porque la victoria produce el pillaje. De este modo fácilmente llega á caer en la trampa si el cebo es tentador. XIII. Obligar al tnemigo á que permanti.ca tn su posición cuan­Jo tient dtuos de retiraru- U na vacilación fingida ó una retirada momentánea decidirán algunas veces al adversar!o, inhábil en la apreciación de la situación militar, á permanecer en su posición, cuando en otras circunstancias habría podido e caparse y evitar d combate. Un gran desarrollo de fuerzas puede, como se ha demos­trado en un capítulo precedente, asustar al enemigo, que se retira. Y á la inversa, el enemigo puede <1rriesgar el combate si e le disi­mulan los efectivos. Los resultados del gran reconocimiento que se ejecutó por una parte de la columna de Sir F. Roberts la víspera de la batalla de Kandahar, * es de ello una prueba incontestable. Cuando la tropa del reconocimiento, después de haber logrado su objeto, volvió sobre sus pasos, los A fganes la siguieron á alguna distancia. Ellos se imaginaron que esa demostración había sido tln verdadero ataque sobre su posición, y tomaron de ahí una con­fianza excesiva al ver el mal éxito. Ayub Khan parece que se impresionó tnlJCho con los acontecimientos del día, y que e.)o in­fluyó en su resolución de permanecer en posición. De estt modo, pue~, el reconocimiento no sólo permitió recoger numerosos y pre­ciosos datos para la batalla del siguiente día, sino que produjo el resultado de sostener al ejército afgán en su posición y empeñarlo en un combate decisivo. XIV. Astucias qut conci~rntn al ataqu~-De e!>ta suerte estos adversarios, á pesar de su prudencia y de su astucia de salvajes, no solamente á menudo se les arroja en una acción prematura ó se les saca de una posición favorable, sino que se dejan también en­cañar por -astucias y estratagemas empleadas para cambiar el pun­to de ataque escogido por el comandante de las fuerzas regulares. • • Véanse las Expediciont>s Inglesas en Afin, pá¡. 256. El Mariscal Lord Roberts ha escrito después á este propósito: ·'Según la noticia. ebtenidaa por este reconocimiento, ) o juzgaba que era muy posible flanquear por la derecha i los Af,;anes, y situarme detrás de la altura de Baba Wali; decidí, pues, atacar la posición á la mañana siguiente. Además sabía que el movimiento retrógrado de la pequeña columna tle Guh 5e consitleraría por el enemi3o como una derrota; éste, si nosotros no seguíamos inmediatamente adelante, pensaría de aeguro que teníamos miedo de tomar la iniciativa. y, por conaecuenc:ia1 ae haría mb atrevido ...... " (Furtyone !lea1·1 in India, Capítulo LXJJ. p&\c. 487). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BDLETIN MILITAR '"-y--" Los maestros en el arte de la guerra de partidas recurren á men·u:­do á tales astucias, y logran así la mayor parte de las veces enga­ñar hasta á oficiales experimentados. Algunas veces, sin embargo, les pagan en la misma moneda. En el combate que siguió á la toma del fuerte de Nilt, en la región del H unza-Nagar, frect!er:t­tes tentativas sobre el centro de la posición enemiga habían a-~ raí­do sobre este punto la atención del adversario. Una columna escaló audlzmente rocas escarpadas y atacó la extrema izquierda , e la posición, en donde el enemigo, que no esperaba el asalto, pe.rmz.­neció sorprendido. Un ejemplo interesante del éxito de eHa cla­se de astucias nos lo ofrece el combate do Batoche en I 88 5, en el cual los rebeldes reunidos por Riel fueron definitivamente di.J­persos. El General Middleton encontró á Jos mestizos ocupand una larga línea cubierta de tiradores, que cerraba el terreno·rode2- do por un extenso ángulo saliente del Sackatchewan. Las fuerzas del Gobierno acamparon enfrente de una de las extremidades de esta línea de defensa, formaron un zeribá, y permanceieron cuatro días disparando contra el enemigo. Al tercero las tropas montadas hicieron una demostración contra el centro del enemigo, y se notó que una partida de Jos soldados de Riel abandonaba la extremida de la línea de defensa enfrente del zeribá para venir á reforzar e punto amenazado. A la mañana siguiente se n:.novó esta demos­tración por las tropas montadas y una se~ción de artillería, las que Yolvieron en seguida tranquilamente al campo. Por l::t tarde toda hls tropas del Gobierno atacaron la extremidad, muy desguarneci­da, de la línea de los rebeldes, arriba del zeribá, la rompieron, y es­peraron .i Batoche. El terreno, ondulado y cubierto de bosque y de sotos, favoreció mucho el logro de esta treta. Por otra parte, Rie1. y sus mestizos parece que supusieron que el ataque tendría luga &obre su centro, y que er. tal virtud habían procedido *. XV .. En algunos casos no u puede lograr qu~ ~1 ~nemigo com­ilata- Se podrían multiplicar los ejemplos que muestran en cuán­to son eficaces estas tretas durante el combate, y de qué manera el enemigo, por una hábil maniobra, llega á abandonar las venta­jas de su posición, ó verifica un ataque prematuro, ó reúne-s fuerzas lejos del punto decisivo. Pero antes de terminar este ca· . ' • Después de la ex!)edi c i6n '!el Rfo Colorado de 1870, exoedici6n de que ya hablado el antnr, Luis Rit>l, Jefe! ele los me!!tizos franco-canadeuses, tn\'() que exp - triaue á los Estados UnidO!', de clondc volvió amnistiado, algunos :~ños mác; tard Obligados por las invasinnf' de los anJ?lo-snjones, los frauco-c:maden eH f.C levant:J ­ron tle nuevo en 1885, y pu,;ieron á Luis Riel á sn cabeza. El General Middelc. ton tomó el mando de las fuerzas del Gobierne Los mestizos franco-cjecuci6n de!!pert6 inJignaci6u e u todo el Car.adi. Ot Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 102 80LETIN MILITAR ~ pítulo, se puede hacer notar que se han pre~entado episodios que demuestran que algunas veces los guerreros irregulares no caen en la trampa. Las campañas de los Ingleses en las fronteras de la In­dia prueban que á mpnudo es muy difícil inducir á los montañe­ses á que se batan en la llanura; los indígenas se dan instintiva­mente cuenta de que al abandonar sus pendientes rocallosas se entregan voluntariamente á sus adversarios. Todas las tentativa¡ para atraer á los Matabclés fuera de sus bosques, fracasaron; ellos no ocultaban que querían escoger el momento para atacar á las fuerzas coloniales. La notable jornada de Toski, en r 889, merece citarse como ejemplo de una columna que contaba sobre todo con musulmanes fanáticos-guerreros particularmente inclinados á de­jarse arrastrar á la persecución de un enemigo en retirada-y que rehuso el combate, bien que una parte de la columna hubiese ya mpeñado la acción, y esto se debió simplemente á que una vo­luntad enérgica se encontraba á la cabeza de esta columna. Ya se ha hablado más arriba de la marcha notable de Wad en Nejumí, hacia el Norte, más allá de Wadi Halfa. El Egipto era su objetivo. Despreciando las amenazas sobre su línea de re-irada y los sufrimientos de su columna por falta de agua y de ví­veres, no dando ninguna atención á la imponente c0ncentración de tropas que él sabía se hacía para librarle combate, este jefe se avanzó resueltamente sobre Toski. Un poco más lejos se encon­craban colmas rocallosas y escarpadas que él quería ocupar á fin de resist1r eficazmente á las fuerzas egipcias. El General Gren­fell resolvió impedírselo, y los hechos lo probaron; d jefe derviche estaba no menos decidido á volver al abrigo de sus rocas. Saliendo de Toski para reconocer la po3ición de los Dervi­ches en el desierto, el General Grenfell oh ervó que el terreno que debía recorrer el enemigo en su próxima marcha era muy descu­bierto y favorable para una acción. Como todas las tropas que se reunían en perspectiva del combate no habían llegado á Toski, se ordenó un reconocimiento de tropas montadas para la mañana siguiente. Se debía mostrar un frente tan extenso como fuera po­sible, y tratar de obligar al jefe derviche á que domorase su mar­cha hacia adelante. Cuando por la mañana la fuerza de reconocimiento se acercó al enemigo, éste iba á ponerse en marcha. A la vista de las tro­pas egipcias el enemigo se desconcertó al punto, y las tropas se vieron obligadas á retirarse poco á poco, arrastrando en su segui­miento á los Derviches. El General Grenfell envió á buscar la infantería, que se mantenía li ta en el campo. P~ro antes de la llegada de ésta, Nejumí había evidentemente resuelto evitar el combate, y se dirigía hacia el terreno quebrado. Se envió á las tropas montadas, dando un largo rodeo, á que le cerrasen el ca­mino; la infantería apresuró su marcha, y el enemigo tuvo al fin t¡ue combatir, y fue derrotado después de un reñido combate. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MiliTAR ~ 803 Al principio se trató de comprometer á los Derviches en un encuentro parcial; pero Nejumí estaba decidido á llevar á cabo su proyecto de marcha; por esto comenzó una marcha de flanco delante de las tropas montadas, cubriendo su flanco en descubier­to con nubes de tiradores. Nejumí se mostraba de este modo como jefe muy capaz y resuelto. Sin la prontitud del General Grenfell en llevar su infantería y en tomar la decisión de obligarle á un en­cuentro general, el ejército maravillosamente organizado de lo~ Derviches habría pasado de To ki y llegado á un terreno quebrado, en donde las cosas habrían terminado de muy distinta manera. Esta cuestión de tretas y estratagemas para estimular al ene­migo al combate, se ha tratado con alguna extensión, porque es hecho reconocido gue los adver.sarios de las tropas regulares hace 1 mucho uso de engaños y de astucias. Hasta se podría suponer que es difícil aventajarles; pero este no es el caso, como lo prue­ban numerosos ejemplos. A pesar de su astucia innata, el salvaje puede ser engañado, lo mismo que el montañés. No son fortuitas las ocasiones tan frecuentes en estas pequeñas guerras, de derrotas de guerreros irregulares con ayuda de una estratagema, porque la disciplina y la cohesión de soldados regulares le permiten á un General hábil maniobrar sin correr riesgos, de manera de hacer creer al enemigo que puede prescindir de toda la prudencia 1 comprometerse en un terreno en donde la superioridad táctica del ejército regular recobra todas sus ventajas. Este es un punto im­portante que no hay que olvidar en la guerra contra gut:rreroi irregulares; porque para batir á estos guerreros de una manera de­cisiva, casi siempre es necesario cogerlos en terreno descubierto. ContinM6 Han sido tan grandes los adelantos conseguidos en el fusil como arma repetidora y de precisión, que el problern.1 objeto de estas líneas puede considerarse hoy de capital importancia, tanto más cuanto cada día se opone más á &u debida observancia la na­turaleza de los factores que en ella influyen. No refiriéndose la disciplina del fuego á la mayor ó menor uniformidad en ejecutarlo, .sino á la cantidad de municiones con­sumidas, á la oportunidad en hacerlo y buen aprovechamiento, tendiendo siempre á obtener el mayor efecto útil con el menor gasto posible de ellas, se comprende fácilmente que son varios lo10 elementos que con sus variaciones modifican aquélla en cada mo­mento del combate, de modo que con relación á la unidad del tiempo vendrá expresada aritméticamente en cada caso particular por un número distinto. En tal sentido, del oficial más que del Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 804 80LETIN MILITAR '--y-"' !oldado depende la ejecución de lo que podemos Jla mar uuocitn d~ la disciplino de/fuego, puesto que siendo ésta variable, el oficial es el llamado á resolverla en cada momento y según las diversas cir­cunstancias, fijándola en números para el soldado, además de vi­gilar su exacto cumplimiento, y sin que esto quiera decir que no flebamm dirigir nuestros constantes esfuerzos á que todos y cada uno adquieran el conocimiento de lo que dicha disciplina signifi­ca, pues si llegáramos á conseguirlo se simplificaría mucho el pa­pel del oficial. Mas cbmo no es probable que el soldado, en medio del acaloramiento y multitud de causas que le excitan durante la lucha, tenga la suficiente serenidad para darse cuenta d~ lo oue nos hemos permitido llamar ecuación, su papel debe limitarse á obedecer lo ordenado por el oficial, adquiriendo en las prácticas de tiro el hábito é instrucción precisa para ello; instrucción tanto más necesaria cuanto hoy, por una especial paradoja, aunque ló­gica socialmente con iderada, no sólo no se ha perfeccionado el soldado en la medida del fusil, sino que, por el contrario, el poco tiempo de servicio vigente, al cual poderosas razones obligan, nos impone también, para manejar armas complicadas y de gran per­fección, hombres q e no reúnen ni con mucho las condiciones de nuestros antiguos soldados, de cuya aptitud no nos cabrá duda al considerar que se pasaban, por decirlo así, toda la vida manejando un sencillo mosquete ó una más se ncilla pica, y por tanto á éstos les bastaba su instrucción individual para el manejo del arma. He:nos dicho que es cuestión de capital importancia y que son varios los elementos que la hacen variar, pudiendo decir que de este número son todos los que influyen en el combate, y hasta los menores detalles ó peripeci..ts de éste; así pues, la calidad del fusil propio y del del contrario, municiones disponibles, naturaleza del terreno y del enemigo, carácter ofensivo ó defensivo del com­bate, y si se lucha en campo abierto ó detrás de trincheras, por lo cual todos los llamados accidentes del combate, terreno y enemigo, serán datos que hay que tener en cuenta y que deben marcar al jefe la densidad y forma del fuego en cada momento. Suponiendo iguales los demás elementos, de dos fuerzas con­trarias podrá abrir antes el fuego aquella que tenga mejor fusil en alcance y precisión, para aprovechar dichas ventajas descon­certando al enemigo y causándole bajas cuando él no está aún en capacidad de hacerlas. Se debe ser muy parco en este fuego á ~randes distancias, y emplear preferentemente el de descargas ce­rradas contra masas enemigas, y el fuego lento á discreción con­tra guerrillas y pequeñas fracciones, mandando á menudo alto ti fuego para que la tropa, obligada durante un momento á no tirar, mire frente á frente el peligro y conserve el do mi ni o sobre sí misma y el oficial sobre ella, puesto que es p~rfectamente ilusorio que en un fuego practicado sin interrupción sea posible fijar y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 8DLETIH MILITAR ~ comprobar las diferentes velocidades convenientes, dado que no hay nada que se apodere más imperiosamente de los soldados que el deseo de disparar, y si se les permite hacerlo sin interrupción pierden la serenidad y hac;ta son más accequibles al miedo, siendo consecuencia inmediata de ello que al acortarse las distancias, lejos de aumentar los efectos del fuego, di"minuyen. A las grandes dis­tancias, aunque se disponga de un fusil de repetición, no se debe aprovechar, pues esta cualidad debe aplicarse solamente en la ú lti­rna fas'! del combate; en las preliminares todos los esfuerzos del qu~ tiene mejor fusil deben tender á hacerle s:!ntir sus efectos al contrario, y estos efectos serán tanto m a y ores á gran distancia, cuanto mayor sea la lentitud y :;erenidad en hacer los disparos. Las municiones disponibles son muy dignas de tenerse en cuenta, pues de nada serviría tener un buen fusil capaz de las ma­yores velocidades en el fuego, si la escasez de aquéllas nos impo­ne su economía; en general puede decirse que, salvo para un ejér­cito que se mantenga á la defensiva, bien en fortificaciones perma­nentes, bien improvisadas, donde le sea fác-il almacenar repuestos, lo regular será que una fuerza no lleve e-l excesivo número de car­tuchos que las armas modernas exigen, adquiriendo excepcional importancia el talento del jefe en saberlas ahorrar, eligiendo para ello los momentos más oportunos del combate. La naturaleza del suelo in fi uye de una manera poderosa, pues mientras en un terreno llano y despejado ó de suaves pendientes, por prestarse á ello, puede hacerse uso del fuego desde hora muy temprana, continuándolo en la forma ordinaria; en otros terrenos muy quebrados su naturaleza podrá ser tal, que resulte el enemi­go casi por completo desenfilado, y haciendo un fuego inoportuno y poco eficaz cac;i nos ha::emos más daño que al contrario, debili­tando nue tra moral, y por tanto en semejantes caso no se debe romper el fuego hasta que se esté á poca distancia y se haya lo­grado por medio de movimientos enfilarle desde una posición con­veniente. No podemos menos de citar el caso, tan frecuente en Cuba, de una columna que marchando por un camino era atacada por fuego de flancos desde una alta loma; lo discreto en tal ocasión hubiera sido siempre, puesto que se tenía superioridad sobre el ene­migo, escoger posiciones que lo flanqueasen, y de~de ellas comen­zar el fuego y el ataque, procurando quedara la menor fuerza po­sible en la posición desventajosa del camino. En vez de esto, lo practicado regularmente era detenerse en el mismo camino, donde se inmovilizaba y atontaba al soldado con un bonito fuego por des­cargas, siguiendo después la marcha como si hubiera algo más im­portante que destruír á un enemigo que tantas penosas marchas costaba encontrar, tan sólo porque se creía que en el mal terreno donde estaba colocado no se le podía batir, puesto que el fuego no Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 806 BOLETIN MILITAR ~ le hacía suficiente daño, ya que no le impedía contestarnos; esto era verdad, pero obedecía á que no se aprovechaba el terreno, y al mal empleo del fuego. Si la disciplina consistiera sólo en la uniformi­dad de las descargas hechas á Ja voz de mando, no hay duda que en semej~ntes casos se observaba bien; pero ya hemos dicho que la disciplina no estriba precisamente en eso, sino en hacer d fuego más oportuno, cumpliendo con )Js reglas convenientes, lo cual no se realizaba, pues hemos visto hacer descargas tan uniformes como en un simulacro, en las que no sólo se sacrificaba la puntería á la oportunidad para no discrepar, sino que en mucho3 ca.sos, ni si­quiera se colocaba convenientemente el alza, y olvidando lo prin­cipal, mal puede conseguirse ningún efecto, y menos decirse que se observa disciplina. Si se lucha con un enemigo poco organizado ó disciplinado y que no avanza ó aguarda en formaciones correctas, debe procurar­se no acostumbrarle poco á poco al fuego haciéndoselo á grandes distancias, pueSto que esta clase de enemigo suele mover ~ e mucho dificultando los blancos; se debe avanzar ó dejár<>elo hacer hasta qa~ esté á una di ·rancia tal qu .... el fuego sea necesariamente mor­tífero, y sorprenderle entonces de im()roviso con las muchas ba · jas q ut le oca. ion e un fuego nutrido al que, por no estar bien pre-parado, será origen de su espanto y súbita retirada. Luchando contrJ tropas fc)gueadas y disciplinadas, se debe tratar de h r d e ·cargas. Esa ten:5ión de e5píritu d.!be buscarse con un fu>!go ejecutado de t'll m tnera, que las b.tj .ts que sufra el con­trario v.:1yan aumentando progre . ..;i .,S y las b tja;; sufrida haya la misma relación que entre una progresión P' >r diferencia y una progresión p r cocien­te, única forma de llevarle á la creencia de que lubrá un sitio en que el avance será im¡nsible y neces;.¡ri'l la retirada; para esto el fuego rtantes, con recnnocida i nfaioridad numérica respecto al ene­migo, inferioridad que tratará de contrarrestar atrincherándo e, puede decirse que en campo abierto un~ tropa no se mantendrá ... n absoluto á la defensiva, dc!rendiendo su conducta del resultado del primer encuentro y tnodi ficándola siempre según los sucesi-os: la única idea preconcebida que puede tener el jefe que la mande, es la de no tomar la iniciativa para no abandonar posicio­nes ventajosas, á reserva de hacerlo, sin embargo, si la marcha del combate es t-al que la ventaja de una oportuna ofensiva resulta mayor que- la que su po tción le proporciona, y tiene la seguridad de volver á ocupar ésta sin que pueda hacerlo antes el enemigo. Para el objeto que nmotros perseguí m os, de relacion:1r la disciplina del fuego con el carácter ofensivo ó defensivo del com­te> no debemos, l>Ín embdrgn, con :. iderar el total desarrollo de ~ste, sino su marcha ó carácter en cada momento, pue toque uélla será también distinta en cada inst<'nte. Una tropa que e mantiene á la dcf..!nsi\'a puede y deb.., ha­t:. er m,ás u5o del fu eg0 que otra que tome la of-.n - iva. Si es en el Gomien·zo de la lucha, p >rque habiendo tenido tiempo en general para elegir posiciones de atemano, sabe los puntos probables de ataque y conocerá regularmente la'5 t.Jistancias á cada una de las uicb r.ts del terreno, por pequeñ1s que sean, y que el enemigo eng.l que atrave:.ar, con lo que podrá alcanzar gran eficacia en el e-=-o, h que debe aumentarse indudablemente, de un lado por l m:>vimient s del enemigo, que le pondrán al descubierto en casi >nes det ~ rminad.ls, y de otro p~r la baena p •Jntería que pue­den hacer soldados q •te, agurtrd tnd >á pie tlr.ne, no se encuentran fAtigados por lc.1 marcha, y cuyo pulso debe por e nsiguiente estar eren<). Si la actitud defensiva no es tomada al principio de la ac­ión, la única ventaja de que no se gozará será la de no conocer las distancias, pero en todo caso la marcha que debe seguir e en el fue-tt · e~ la que anteriormente hem'>S indicado al tratar del combate Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 809 contra un enemigo organizado y disciplinado, no debiendo olvi­darse, sirviendo e5to de norma, que al prescindir de los movimientos en un momento dado, todo se fía á la acción del fuego, y son po­cos cuantos cuidados se tomen en la buena ejecución de éste. En la ofensiva, por el contrario, se hará poco uso del fuego, pues tratándose de obtener el éxito por la combinación de fuego y movimientos, debe procurarse que el excesivo uso de aquél no impida la ejecución de éstos, clavando inoportunamente la tropa en puntos determinados, é impidiendo su avance y transformando quizá el at:.aque en defensa, con todos sus inconvenientes, pues to­dos sabemos que es muy fácil pasar de la ofensiva á la defensiva, mientras es muy difícil el problema recíproco. Hemos dicho que el que se mantiene á la defensiva conoce las distancias y puntos probables por donde puede venir el ata­cante, y por tanto éste debe procurar, por la variedad y rapidez de sus n'ovimientos, cambiar el frente de ataque creído probable por la defensa, sorteando las mayores dificultades para caer en los puntos débiles y donde no es esperado, ocultando en lo posible sus movimientos y limitando la acción del fuego á lo necesario para quebrantar la defensa, conservando el empuje del que ataca, dando á la fuerza, en lo5 momentos que decaiga su moral, la energía su­ficiente, y teniendo también en cuenta, además de lo expresado, que hasta el mismo cansancio de la tropa haciendo el fuego poco eficaz, aconseja que no se prodigue, pues aumentando el valor y fuerza moral dd contrario, en razón directa del fuego resistido, é in­versa de las bajas sufridas, puule decirse que en tal smtido todos lo1 proyutiles disparados y que no hagan dafí.:; á la defensa, se lo haan al atacante. En resumen: en el ataque debe emplearse el fuego como preparación al paso suce~ivo de una posición á otra, dispa­rando pocos cartuchos para que el soldado no le llegue á coger apego ni al fuego ni á la po ición, y aco tumbrándole á no mirar cacla una de éstas sino como un punto de descanso que debe aban­donar para continuar con nuevo brío la marcha, á tiempo que debe tratarse de fortalecer su moral, arraigando y con firmando la creencia, que él supone lógica, de ser el más fuerte, puesto que ataca. En todo lo que llevamos apuntado hemos supuesto implíci­tameC? te q':ie _el .combat~ se desarrollaba entre dos infant~rías; pero aunque menos frecuente, puede darse también el caso de tener que luchar aquella arma con caballería y aun con artillería, impri­miendo cada una de estas dos armas, por su naturaleza especial, un carácter completamente di tinto al papel que enfrente de ellas desempeña, pues mientras su actitud es defensiva ante la caballe­rí<~, es, por el contr:rio, francamente ofensiva contra la artillería. La gran precisión y rapidez en el fuego conseguidas con las armas modernas han hecho afirmar á muchos rotundamente que VIII-$2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 810 BOLETIN MILITAR ~ el papel de la caballería había desaparecido del campo de batalla, debiendo limitarse en lo sucesivo á desempeñar el importante y difícil de explorar el terreno y el enemigo antes de llegar á las manos; nosotros, si bien creemos que han dismi:luído mucho las probabilidades de lucha entre infantería y caballería, no la creemos imposible ni con el fusil actual ni con otro más perfeccionado, mientras tenga que manejarlo el hombre, cuyas pasiones y moral no pueden sujetarse con los eslabones de la ciencia, como el me­canismo de un fusil. Las cargas, pues, subsistirán, bien indicadas lógicamente por la desorganización de la infantería contra la que se dirijan, bien por la necesidad de salvar, sacrificándose, una por­ción importante del ejército, impidiendo su persecución ó evitan­do su retirada, ó bien para entretener al enemigo y dar tiempo á la ejecución de un movimiento decisivo. En el combate de infantería y cabaiJería hemos dicho corres­ponde á la primera el papel defensivo, confiando el éxito -al fuego; á la segunda arma el de la ofensiva, que lo fía á la rapidez de sus movimientos, y hasta en gran parte al efecto que espera causen en los infantes el estrépito de una caballería cargando, como la trepi­dación del galope, choque de armas, etc., siendo pues, de capital importancia, y en este caso más que en ningún otro, el conservar la disciplina y serenidad. No siendo de temer que la caballería pue­da causar bajas hasta que la infantería esté al alcance de sus sables, compréndese fácilmente que en todos aquellos casos en que ha ob­tenido éxito una carga, ha sido debido á la moral deprimida por la perspectiva de una avalancha de jinetes, ante los que parece que todo va á desaparecer; el o1icial ó jefe de infantería debe, pues, imbuír á los soldarlos la idea de que, puesto que no han de recibir ningún daño de los jinetes, les basta un cartucho ó dos para des­embarazarse de ellos, y por tanto nada tienen que temer, puesto que pueden aguardarlos impunemente hasta una pequeña distancia en que aprovechen seguramente los cartuchos. Sin embargo, estas ideas no serán realizables prácticamente, pues será muy difícil que una tropa conserve la presencia de áni­mo suficiente para ello, sirviendo sólo para realzar la moral del in­fante, dándole idea de lo que puede frente á la caballería y facili­tando la buena ejecución del fuego, que debe hacerse por descargas siempre, y comenzándolo bajo la dirección de los oficiales á la dis­tancia de 1 ,soo metros en que puede esperarse sea eficaz, no de­biendo nunca hacer uso del fuego á discreción, porque siendo lo regular que individualmente el soldado no se entera del efecto de su fuego, el gran aparato con que la caballería se presenta hace na­cer en él ]a necesidad de ejecutarlo muy nutrido, dando fácilmente paso al miedo si ve que aquélla sigue avanzando. Si es poco frecuente el combate de infantería y caballería, menos frecuente es aún el de aquélla y la artillería, pues antes Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y-"' 811 que los infantes puedan llegar á la distancia del alcance del fusil, se habrá decidido el éxito de una artillería sobre otra, y la vencida habrá quedado desmontada ó se habrá retirado por no caer en po­der del enemigo; mas si llegase el caso de la lucha anteriormente indicada, ha de tener sobre todo presente la infantería que su inte­rés está en salvar prontame nte la distancia que de los cañones la separa para recibir el menor número de disparos, puesto que cada uno de éstos debe ?reducirle muchas bajas, teniendo además en cuenta que por la misma razón no le conviene inmovilizarse para recibir el fuego de aquéllos, aun cuando sea á una ciistancia en que ella pueda causar bajas en los sirvientes. Así pues, la fuerza encargada del ataque debe avanzar en formaciones muy poco com­pactas y con rapidez, reconcentrando preferentemente sus fuegos sobre la escolta de las piezas, y dejando á unos pocos, buenos tira­dores, el cuidado de destruír los sirvientes de aquéllas; por lo de­más, la disciplina que debe observarse en el fuego es Ja de todo combate ofe11 ivo, haciendo aquí menos falta el fuego que la ra­pidez. En resumen, la disciplina del fuego puede definirse diciendo: que es el arte de emplear en cada caso el más apropiado á las dis­posiciones del enemigo, municiones disponibles, condiciones del terreno y demás factores del combate, y siendo esta la idea que so­bre este punto hemos de tener, debe ser cuestión principal el sa­berlo ordenar con élrreglo á las múltiples circunstancias que en él influyen, siendo secundario, aunque siempre importante, lo relati­vo á la ejecución. Debe, pues, desecharse el sistema de hacer siem­pre la misma clase de fuego, como igualmente la arraigada creen­cia de que es el todo en el combate, pues si en esto hay mucho de cierto, es porque nos da el medio de aprovecharnos del terreno pro­tegiendo nuestros mo\'imientos; terreno y movimientos que recí­procamente han de faci litar el uso eficaz del fuego. Es indudable que entre dos enemigos llevará una gran ventaja el que mejorar­mado esté, pero si éste descuida el aprovechamiento de los demás elementos tácticos, puede fácilmente llegar á perder aquélla. En 1870 los franceses, fiados en la superioridad del Chassepot sobre el fusil de aguja, quisieron encomendarlo todo á la acción del fuego, y adoptando generalmente la defensiva para su mejor aprovechamien­to, prescindieron de otros f;.¡ctorcs importantísimos, cuyo abando­no fue causa de su derrota, á pesar de que en casi todas las accio­nes, y no obstante salir victoriosos, eran más las bajas sufridas por los alemanes que por los vencidos. A nosotros en Cuba nos ha sucedido lo mismo, pues si bien es verdad que no hemos ~ido nunca derrotados, salvo algunos pe­queños destacamentos, una derrota moral era, sin embargo, dejar escapar al enemigo (lo que era siempre su objetivo) por conten­tarse con hacer fuego, cuando hubiera podido impedine movién- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 812 BDLETIN MILITAR ~ dose oportunamente las columnas y haciendo menos uso de aquél; pero era la consecuencia de ciertas ideas sustentadas, pues como alguna vez nos extrañáramos de que se desperdiciaran tantas balas sin ver al enemigo ni procurar descubrirle, moviéndonos y sin mandar siquiera colocar convenientem~nte las alzas, alguna habrá, se nos contestaba_--- N o somos partidarios del proverbio ruso de que" la bala es loca y sólo la bayoneta es cuerda;" pero por muy sabia que sea la bala, si por medio del alza no se le dice dónde tiene que ir, mal podrá ella acertarlo, y mereciendo entonces pro­piamente el nombre de loca, el mucho abuso de ella puede at:a­rrear el trastorno de otro factor, cuya cordura es más importante que la de la bala ó bayoneta, cual es el soldado. JOSE YUMREP, Capitán de infantería (De la Revista Técnica de .4rtillería é 111/antería ele 1\fadtid, España) SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continuación) r I. Ejercicios de fuego- En los primeros días de este perío­do se ejecutan comúnmente al fin de los ejercicios de las baterías enganchadas; después, más tardt>, cuando los reclutas han adqui­rido cierta costumbre y los caballos ya no se espantan, durante el curso mismo del ejercicio. Estos ejercicios de fuego deben servir de preparación al tiro real, y por consecuencia van empre acompañados de explicacio­nes sobre las medidas de precaución que deben observarse en el servicio de las piezas, manejo de las cargas, de los estopines, del mecanismo de cierre, etc. I 2. Cmfección de las municionts- Durante este período, cada batería debe preparar tantas cargas como ha de consumir durante las escuelas de fuego del período siguiente. Todos los reclutas deben concurrir á este trabajo, que bajo la vigilancia de un oficial, los sargentos y oher-gifreite les enseñan á ejecutar. Los candidatos á oficiales, sargentos y artificieros * están igualmente obligados á concurrir á ellos, así como los vo­luntarios de un año. Cada sesión va precedida de explicaciones orales é indicación de las precauciones que es necesario observar cuando se maneja pólvora de cañón. Se dan también algunos detalles sobre el desti­no y empleo de los diferentes proyectiles, y por último, se pasa revista á las cargas confeccionadas. • Ober-Feuerwerker. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 813 13. Tiro de pistola y preparación de cartuchos-Todo el per­sonal de las baterías á caballo y los conductores de las baterías montadas son ejercitados en el tirú de pistola. Primero tiran indi­vidualmente con cartuchos sin bala, después al blanco á la distan­cia de 18 metros. Seguidamente se ejercita la batería entera en el tiro á caballo, ya sea á pie firme ó marchand:J. Los artilleros deben aprender á confeccionar sus cartuchos por sí mismos. 14. Movilización de las baterías-A fin de asegurar que en caso de guerra todo esté presto y cada uno perfectamente al co­rriente del papel que le incumbe en tales circunstancias, se ejecu­ta todos los años en cada regimiento un simulacro de movilización de una batería, sirviéndose del material conservado en los almace­nes del cuerpo. La batería movilizada se forma con todas las demás, las que contribuyen cada una con la fracción que se le ha prescrito. Así, por ejemplo, tal batería movilizará una pieza, tal otra un armón, una tercera facilitará los hombres, etc. Además cada batería mon­tada debe movilizar uno de los carruajes que forman parte de la columna de municiones que se le atribuye. El problema propuesto cambia naturalmente todos los años: la batería que haya puesto al pie de guerra una pieza en 1874, movilizará un armón ú otra cosa en 187 5, etc. Todo el personal de la batería toma parte en estos ejercicios, particularmente los oficiales, sargentos y ober-gefreite, cuya situa­ción á este respecto es objeto de la más seria atención. Si el tiem­po faltara para ejecutar la movilización en esta época del año, la 'operación se deja para el período siguiente, después de las escuelas de fuego, pero se cuida rigurosamente de que cada batería pase todos los años por este ejercicio. I S· Instrucción sobre los transportes por camino de hierro- Para ,este objeto se forma de todas las baterías de un regimiento una lbatería combinada con el efectivo de guerra y provista de todo el material, carruajes, etc., qu~ debería conducir á campaña. Des­¡ pués, al mando de uno de los ca pi tan es, esta b.nerí a se transporta ¡por ca mi no de hierro á una pequeña distancia para enseñar á ttodos á embarcarse y desembarcar rápidamente. Todo lo que se rrefiere á estos ejercicios es organizaJo y reglamentado por el ca­¡ pitán que manda la batería. A él corresponde ponerse en relación ccon la dirección dd camino de hierro, redactar la orden del movi­rmiento, exigir la ejecución de todos los trabajos indispensables y welar que el embarque y desembarque se haga conforme á las pres­ccripciones reglamentarias y en el menor tiempo posible. Le es ¡preciso cambiar, tanto con la compañía del camino de hierro como con otras autoridades, toda la correspondencia que sería necesaria en tiempo de guerra para que la batería fuese transportada y abas- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 814: 80LETIN MILITAR ~ teccrla de todo cuanto tenga necesidad durante la marcha. Des­pués, ter m in a do el ejercicio, eleva un parte detallado de todo lo que haya sucedido. Esta instrucción tiene lugar bajo la vigilancia del jefe que mande la ahtheilung y en presencia de todos los oficiales, sargen­tos, ohtr-gejrcite, voluntarios de un año y candidatos para oficia­les. Sobre el terreno mismo se dan explicaciones á todos, de manera que cada cual sepa lo que tendría que hacer en ocasión semejante. 16. Marchas militarts-No se ejercita en ellas sino á las baterías que se encuentran de guarnición en los puntos inme­diatos á los ca m pos de tiro, porque en el caso contrario, que es muchas veces lo más general, :1l hacer el trayecto necesario para ir al polígono, constituye un ejercicio de marcha muy suficiente. Las blterías de la guarnición de Berlín, por ejemplo, para ir á su campo de tiro sobre las márgenes de la Tégel no andan menos de 15 á 20 kilómetros (ida y vuelta). Por lo q IJe hace á las baterías que no tienen esta ocasión de ejercitarse, se las obliga á ejecutar, como mínimo, cada año, dos paseos por l0 menos de 3 millas (z.2k,soo). Estas marchas se com­binan habi tuJ.!mente con otros ejercicios; así, todas las veces que se.t posible, se deja el camino ordinario para ir á tornar posiciones, medir distancias, etc. Todos los artilleros, cualesquiera que puedan ser sus funcio­nes especiales, deben estar perfectamente al corriente de los prepa­rativos que comprende una marcha, como también de todos los debereJ que incumben al soldado, tanto en las marchas como en los acantonamientos . .ti.! orden más perfecto debe ser siempre, en uno y otro caso, estrictamente observado, y de esto se cuida rigu­rosamente. Como en estos paseos se tiene ocasión con frecuencia de atra­vesar terrenos de aspecto y de naturaleza diferentes, se aprovechan para dar á todos indicaciones sobre el empleo de. la artillería en la guerra, ejercitarles en la apreciación de distancias, á elegir y ocu­par posiciones y ponerse en marcha con precaución, etc. 1 7· Tiro d! fusil -Los hom bre5 descinado á ser agregados á las columnas de municiones están armados de fusiles r se les ejer­cita, así como á los sargentos, en el tiro al blanco. Además de todo lo que hemos enumerado, un regimiento de artillería se encuentra también durante el período que acabo de describir, obligado á aplicar dos semanas próximamente á la ins­trucción de los reservistas y de los hombres de la landwthr. Se les distribuye entre las baterías que los ejercitan para impedir olviden lo que han apre11Jid1J durante su tiempo de servicio activo y para ponerles en e.;tado desempeñar el papel que les correspondería en caso de guerra. Durante los dos últimos días de su estancia se reú- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 815 nen aparte de sus baterías y se les conduce al polígono para prac­ticar las tscutlas de Jutgo. E¡;¡ fin, la artillería se encarga además de los diversos traba­jos relativos á la conservación y reparación de las armas y de los proyectiles en los arsenales y plazas de guerra. El número de hombres que se dan para este trabajo varía mucho de una ciudad á otra. En algunas es bastante considerable, en otras, por el con­trario, es casi nulo. En Berlín no hay, por término medio, sino uno 6 dos hombres por batería cada día-Continúa. __ .__.. __ _ (DEL FRANCES) De actualid a d para Colombia Corta ya la duración del servicio, que está probablemente llamada á reducirse más todavía, se hace indispensable que la inHrucción del hombre sea. dirigida de manera de no perder un mino to de este tiempo precioso. Para tral>::¡jar aprisa y bien es indispensable poseer exce- 1entes útiles en cómodos talleres; es decir, cuadros perfecta­mente instruídos en campos de maniobras y terrenos apropia­dos y bien distribuídos. Esto entado, veamos los modio9 de que tliApone el ejército francé para ht instrucción de la infantería y nt 'S pérdidaA del tiempo á la ida y al regreso), y también cou frecuencia está de8tinado á varios regimientos. Cada uno pnecle utilizarlo nno 6 dos veces á la semana, lo que, descontando los días de muiente; sobre todo es en los fre­cuentes ejercicios ~le conjn nto de ciertas di \'il:;iones del Este más favorecidas, jecutar e á condición re debería tirar "obre blaneo variados que es ne­cesario aparezcan de improvi~o en diferentes tlirecciones. Ado­ruás, eu el stand no se puede tirar iuo paralelamente al (lje del tiro. También la instrucción del tiro de combate individual, CU) a importancia ha u cou tata(lo la generalidad de los oficia­les en las e ·eueb de tiro, es en los stands necesariamente de­fectuosa, y, sin em l>argo, son los úuicos terrenos de que se <.lis­pone. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 81'1 La instrucción del tiro se completa con el tiro de combate, en el cual el hombre debe a prender la disciplina y el su balter­no la le, la creación de cuatro má~: otl'o más en el Este y el resto en el Sur, en el Oesto y en el Centro; lo que potlría ol>teuer~e, sea por t->nsan­chamiento de loR campos ya existentes, sea por compra ras. Eusaucba.r dos campos y crear otros do~, tales serían, pues, Jos primeros gastos que sería indispensable hacer cuanto antes fuera posi hle. EN EI. BX'l'RAN.JERO-Los alemanes nos han precediate rnoderuo por el fuego, es necesario habituar á los jefes y á h\ trop<~ á maniobrar como en tiempo de guerra en granue nnidacl s táctic;as." De ·de 1891 e han comprado diez y siete nuevos campos, lo que, ag-regaclo á los tres sa existentes, eleva su número á veinte. l.JnS principales ~:;on: Dól>eritz para la guardia, on el centro de la Marca de BralHlel>nrgo, en la JH'oximiog; A.rys, cerca de Boyen, para el twirner cuerpo ; l;ol>nrg, para el 1 v ; Bi >rar el otofio de 1900. Los campos de Spottan, para el VI cuerpo; Padeuoru, para el vn; Montjoie, para. el vrrr ; Lockitedt, para el IX ; Soltau, para el x, y Grappc para el XTII. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 811 Alemania ha gastaclo en la aclquigici6n de lo~ 17 campos comprados clespués de 1891, la suma de 80.000,000 de franc.os. Pal':t 1900 se ha presupuesto la st1ma de 2 .500,000 franco:J para la atlqnisición de un Huevo terreno en Alsacia. Los cam­pos tienen, por término medio, 2,500 hectáreas cada. uno, lo que fija el precio de la hectárea en unos 1,900 francos. Examinemos ahora lo que costaría á Francia el estableci­miento 6 ensanchamiento de los campos demandados más arriba. Supong-amos que la hectárea suba al precio muy remune­rador de 2,500 francos, más 6 menos. P.ua ensanchar el campo de Bois- l'E,·eque habría. que agregarle Jo menos 1,200 hectá­reas, lo que repreRentaria un ga~to de 3.000,000 de fraucos. Con 3.000,000 de francos podría duplicarse, sin duda algu­na, el campo le en los grandes ejércitos moderuog. l\1ieutra!i tanto, el presupnesto incluye annalmente un mi ­llón por afio que, pnetle a egurarse, es gastado á pura. pér­dida. En efecto, tan pronto como el E tado hubiera adquiriclo algún terreno en cualqui e r parte, con la intención, para tOllO'i evidente, de ensa.ncllarlo po. teriormente, lo precios llegarían á ser inabordal>les, porque los jurados de expropiación explota-rí< tn la situación egnrameute. . · Estoya ha ocurrido, especialme nte en el E ·te, de manera . que desde luego lla.y ya Departamentos en que el Estado uo encuentra terreno it. menos jos del Unnrtel general; , e hacía, put•s, necesario esperarla para no c.•xpouerla {t las contiugcucia tle umt cterrota probable, si el enemigo, mny npcl'ior en núnwro, alía á su enctwutro y caía. sobro ella ele iruprod~o. Un temor tan ju to me retn,·o alg-u11a ,' horas en .Acbngua:oi, y estt d mo:.·~ sa.1YÓ siu dmla la tropa,· que yo esperaba. El 29 ~~ ('jército r unido marchó hacia lo lng-are"' en donero me vi obligado á abandonar ese proyecto, impo­sibilitado para vencer los numerosos obstáculos que se oponíau á, su ejecución. Desde este instante los enemigos dejaron de presentárse­nos, y hasta renunciaron á, la guerra tle partidas que nos ha­bían hecllo hasta entonces. EL ejército volvió á us acantonamientos de A.chagnas, y d~spués c.le alguno jaron á las tropas reales más ue cincuenta lHW'VOS prisioneiOS, trescientOS animales y almacenes abundantemente ¡n·ovistos tle víveres. La tercera división carecía eu absoluto de sem~jant{)S pro­Yisiones, de suerte que se dedicó milnwiosame11te á, vonerlas en seguridad; salió entouccs de Tn11ja y bajó al llauo el 6 He Abril; derrotó completamente vm íos tlestnmuneutos ien informado. ¡ El servicio de dos aiio8! Uommela, venhulcramente con· suela que haya también ea Ohile gente ignorante y mil· ar Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. , BOLETIN MILITAR ~ 823 de ideas equivocadas. Como Chile y la Argentina tienen igual población de reclutamiento, si flotase en la. ntruó~fera del Pa­cífico ~einte por ciento menos de tonterías qw .. ' ~n la. del Atlán­tico, sería una Yentaja de "'·eiute por ciento que nos llevaría Chile en poder bélico. El General Koroer sabe perfectamente que para formar excelentes solres más. Pero partiremos de la base admitida, 15,000 homht·e y uue\·e me8es, para comparar los rPsultados que producida. con los del er\·icio de dos años. Los dcfensore de ésto, tan ignorantes allá como aquí, afect¡.¡ n corn pa.rar sólo la i 11 trucción de j~uHlo á un hulo los demás facto­res del problema. Podría m os dedl'les que si un soldado sabe bien lo que debe n.her á los tres me ·e·, no lo abrá mt-jor á los u neve, pero creemos que les cou\•euCl.,rá mejot· uu argumen­to numérico. El qne 'tnplea el 11lercurio de Valparaí o. Hélo aqni: 15,000 hombres dura.ute nue\·e meses cuestan lo que 5~1>00 tlurante dos afio~.¿ Prefiereu ustedes 5,600 hombres á 15,000 ~ That is the question. ¡Y como esta. difcreneia anual va sumándo ·e t ¡ Prefioren nstedes un <'jército aclivo formado con diez con­tingentes de 5,üoo ó de 15,00lH Un total
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 184

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Por: | Fecha: 29/09/1900

BocoTÁ, SEPTIEMBRE 29 DE 1900 -------------------- ------------- -~~ - - -- ---- -- --------------------- Organo del Miailiterio de Guerra y del Ejército Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejército Director ad honorem Franci8co J. Vergara V. General de Ingenieros, Miembro de varias So. ciedades Cientificae liD}]CQJ~¿_g~~ ~~Ql,'liE~Ll'~'ID ®W 1IDJJI 11~~® (20 DE SEPTIEMHRt:) sobTe creación de una Intendencia El Vicepr(sidentc de la República, encargado del Poder Ejecutivo En uso de las facultades que le confiere el artículo 121 de la. Constitución, y CONSIDERANDO ~e se ha efectuado la demarcaci.ón y amojon.tmiento de los límites ent e Colombia y Venezuela en la Sección 6.a determina­da en la farte dispositiva del Laudo proferido por el soberano es­pañol, y que, con motivo especialmente de la perturbación del orden en el país, conviene proveer sin demora á la administración de aquella parte del territorio colombiano, estableciendo las res­pectivas autoridades encargadas, entre otras funciDnes, de la vigi- . lancia y policía de las fronteras, y de fundar, en los lugares más .adecuados, los centros de población necesarios para reducir á la vida civilizada las numero as tribus diseminadas en esas regionts, ' que han venido á quedar definitivamente bajo el imperio y juris­dicción de la República, DECRETA Art. !.° Créase una Intendencia especial, sometida á la au­ttoridad directa del Gobierno, en la parte del territorio de la Re­ública comprendido dentro de los siguientes lí ~ites: VJl,I-~5 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 878 BOLETIN MILITAR ~ El meridiano tercero al Oriente del meridiano de Bogotá hasta cortar el río Meta; este río aguas abajo hasta su desemboca­dura en el río Orinoco; luégo por este río, siguiendo la frontera con los Estados U nidos de Venezuela, hasta la piedra del Cocuy, límite de dicha República con el Brasif; y luégo por los límites con las Repúblicas del Brasil y del Perú, hasta llegar al meridiano tercero, al Oriente de Bogotá. Art. 2.0 El territorio así demarcado se denominará Intenden­cia Oriental, y tendrá provisionalmente por cabecera á Maipures. Art. 3.o El Intendente que se nombre para esta sección queda investido de autoridad suficiente para reglc:lmentar todos los ramos del servicio público, de acuerdo con la Constitución y las leyes y la ulterior aprobación del Gobierno. Art. 4.0 Destínase hasta la suma de seis mil pesos, oro, para los gastos que exija la organización y servicio de ]a nueva In­tendencia. Art. 5.0 Queda á cargo de los respectivos Ministerios la in­mediata ejecución de este Decreto, en lo que á cada uno corres­ponde. Dado en Bogotá, á 20 de Septiembre de I900. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C.-El Ministro de Relaciones Exteriores, CARlOS MAR'IÍNEz SILVA­El Ministro de Guerra, PRÓSPt"RO PHZÓN-El Ministro de Ins­trucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, MIGUEL ABADÍA MENDEZ- El1\1inistro del Tesoro, ENRIQUE RESTREPO GARdA ~~-----'J~g(g~ l.._')~~OT:E:I:N .A.L ~ JI ~ .:.t\~~ill IL~ MÉTODOS DE MANDp, EDUCACIÓN É INSTRUCCIÓN POR EL GENERAL H. BONNAL Traducción para el Bolt>tí11 ltf1litar • PllOEIUIO El GPtlf'ral Moraufl, nno fh'l los iln. trfl~ jPfe. flhrilolionarios que servían á ónl~11e · del .M a rie~cal Davout, e 'cl'il>ió cou razóu: • Con verrlancro pl;~cer no . apresnrilmo á ofrecer á lo~ lectores de est~ sema­nario la traducción del libro del Gc11 e rlll Bonnal que ac·tha de pub licar,.e en París, cuya Dparición se e!iperahn l'On an ia en los círculos milibres clt' Franci11, y qne, en nuestro juicio, f'S en 1ealidad la • hra ntá..; nott~h 1 e 1ne sohre l a materia ha visto la luz púhlice~ en la 6 lt11na clécada del siglo. Su atento e:tnrlio se i ·npone á todo oficial de infanterb que aepire á llenar cumplidamente su obligacióu.-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y--" 379 "La infant(>rÍa es el ejército: cuando avanza se delínea la victoria, pero si retrocede la tlerrota está próxima." Formar una buena inf¡;¡ntería es, pues, una de las más im­portantes tareas de los jefes, y por buena infantería debe en­tentltJrse la que es capaz de de~empeñar seriamente la~ diver­sas fnncionm~ q ne pne(leu incum birle en campaña. Los jt>fes formados en esta arma, con in8ticia apellidada la reina de las batallas, han contribuí<.lo todos, cuál más, cuál meuos, al pcrfecciouamiento de sus métodos de instrucción y educación. Sobre todo después de la última guerra (la franco - alema­na (le 1870-71) los libro~ y foll~to sol>rt' 1os <.liv•~ rsos modos corno se [Htf'fle emplear la ir ,fantt.:>ría so11 tántos, que ni aun aproximath·amente se puede calcular su número. Y esas publicacione , además de que casi todas encierran ideas y enseñanza· ue un \· alor real, representan en su conjun­to una suma enorme de trabajo. Pero como toda obra retleja el estaclo mental del que la. ejecuta, no carece ucia ejercida en el ánimo l mes de Agosto, lH'ovist.os de las ~ctnaiP armas, sin camhiar una líuea. á u orgauizacióu, ~u mando supremo y di ntlor téc deo, no se ve qué modi tieación .·eria habl'ía i 11 tl'otl nciclo <~1 tmt>vo armamento al re~ultado (le la~ jorll batalla la. infantería al mana pudo apt·o. i 10 trse ha. ta me11o go, la (lestrucción St>gura de todo atnq ue con­sumado al descubierto, la nece ·idajércitos que mauiohrau •. Lo experuueutos del po lígouo son ~imples experimentos de laboratorio: el Cc-ttnpO de lJataiJa es el ÚUÍCO teatro donde se re~mel ven los problemas üe la guerra ¡,Por qué~ Porque el ruando, lct iustrueeión táctica de las tropas, su uwral, las faltas dt->1 t'IIPilllgo, la coo¡wraci •)Jl de las di" el'Si:ts :H'mas, son f f,utol'eS de primer ordeu que i ufluyeu en el r~sulta.do de li:t lucl!a uo weuos que la. velocidad, el alcance y la precisión del tiro. • • • La mayor parte tle los antort>i militare~, preocuparlo~ ante to(lo por dJstUtllttlr la~ pérdidas de la iufa,utel'Ía. eu till rnat•clla de aproXilllaciou al enemigo, hau perdrdo de vi~ti:t el coujuuto de circuustaucicil'lo así. Ahora. lu ·n: no tie pued~ wauiour,u· Slllo ~~~ JUMHL y al a.l1ri~o de la vi~ta. y el fu~go del ~uemigu, pol'LJ ne esta es u u a. v~nhul d~ to1los loti ~ü­gws, que lo~ tlle:t.yores p1'ugresos del armauwu to u o puede u al­tera!'. ¡Y cou quó ohjeto se maniobra eu las litutes del campo de batalla 7 ~IUJpletuellt~ para ascg·urar la l't'particiou de las fuer­zas, de utaut>ra adecuad'" á la coudw1oues tuúltiple de tiu y Wt"uiol'\, y t~llleudo pre~:PHte que t'· a repartición teudrá prepon· Ueraute wtlueueta ~ll los l'eSUI tado~ de la lucha. ~~~ uu t'jérciro tle cuatro ó ciuuu cuerpos (de ejército) por ejemplo, tal r~pal'twiou uo corre,·pouderá siempre, desde el prll10lplo, á las ueuesitlatl s •lo la situacióu, porqu~ ésta, antes del etllpt>ño de las vauguanhas, de onlmario so preseutará a.ún mal c.h·li Lllda. De lo dwllo re ulta que á una primera repartición de las tropa. , onleuatla Ull poco a ci .... ga.~, llat.H:á que 8Ustituír uua se­guuüa, algo mal::i a\lecuada uou lati cirüUll ·tcdJCias, y á veces hasta uua tercera, pal'a alca.uzar el tiu perseguido. • Te .,tigo elocuente la presente guerra civil: el Mánnlint:her, que en Concón causó estragos á l,OJ,J metros, y al cuis .. tas dt: gabinete 1-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 381 Y 1a8 modificaciones sucesivas ~ la reparti(~ión y emplaza· miPnto de la!'! tropas 110 pnNlPn rPl:llizane con PI or<..lPII y la ce· leridns t~ctieas lJan Rido pro,~Píoas d~ esa cualidacon~titnyamoR la batalla de Wagran, célebre entre to­das las de la ~poea Na polpóuica, por n sa hia ,Y larg-a prPpa.ra­ción, por la importHtH.da de le~s ftwt· za~ <]tu> ltl libraron, por el ardor eon Qtl(ll se clispntó el triunfo, y, en fin~ por la grau Yalía de loR jefps qne ml:lndaron loR Pjér<'itns conteudort>s En la noche clel 4 al 5 ele Julio St>i~ ctwrpos ele P;]ército, la guardia y cuatro cli d~iont's de ea ha 1 lt>rítl, fi'H nq ne:-tron t>l hrazo menor del Da11nhio por cinco puente.:-:, lanzados por soqn·t-sa entre la parte mPriclional de la isla de Loba.u y la frouteriza y montuosa orilla clel río. La m ;.~ fíana hrni+>lltP. se empleó en tPrminar el pal'lo y en estahlt>c~Pr el Gr' anclp Ejéndto sohre l'Ía f>ll los intt rvalo , . l..JHS ::t. La rt--unión del Granclf> Ejéreito qtwcló eonelnída el 5 entre las 10 y las 11 de..~ la maíiantl., dt>shorchwclo la t--XtrPma. izquier · da anstriaefl. El ptwhlo dP EnzPrl'ldorf, próximo al río, st-ñrda­ba la izquierda francP~a. El artioulo 14 df> ht orden inqwrial pl paso clP.I Dannhio, escrito t>l 2 eh-' .Julio á la· ll de la noelw, elijo: "En tPsis ~reupral, la rnarolJa s<~ P,]Pentará por la dert>eha toman(lo eomo PjP dPI giro á. Enzersjt>cnt:-tron, á la somhra de sus tropas avanzaflas, nll de. plit>gue en abanico con el fin ele rechtlZ la hatalla. St•gún el GenPral Peld, entmtct> . A.rncl:uJtP día. t>l t>j é rcito easi entero, formado en mnsH, cwupaha un ¡wquttíio espacio en el cual hom­br , oaballo y e~i1oues npar' (' ('Íall como amontonados p e ro eu el orc..leu más bello: era una brillante el va de bayonetas y sa­bles, pero muy pronto t- ,·a tropa así reunida iban á extender­se y á ·nhrir vastas llaJtura:-1." A ca u. a de 1m~ eom ha tes rlPl 5 por la tarde, que no teJ·mina. ron sino entraet>r·, ¿.;obre Pl cnPr¡m dt·d centro. Napoleón se pl'ocuraha así la lib rt:td de corulueir sn ejér­cito renni(lo {t, la zona. e~cogida. para dPsplegarlo, porqne se­gón el General Pelet, "teniendo t.odo~:; Jos cuerpos hnjo su mano, pooü\ repart·irU.,s lfl el momento mismo en que convenia emplearlos." " Esta es la veruadet•a mauiobra ele Ja bataJiu." ( Ot>"tin'l!a) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 382 80LETIN MILITAR ~ LltCCIONJI:S TOMADAS P • .O,RA .EL .EJ É RCITO COLOMBIANO !:N LOS TltXTOS Dl': SORBU:Il1 BOUNJ:It AZIBERT 1 l!:TC. INTRODUCCIÓN Nada de lo que se relaciona con la guerra se puPrle im­pro\ isar: ni el material, ni la organizacióu, ni los soltla<.los, ni Jos oticiaiPs, ni el estndio visto y estudiado: este es el objeto (le la estrategia y de la táctic.a. La e.itrateg·ia es la ciencia de la guerra en su aspecto más elevado: elección de movirniPntos que han de ejecutarse; de­terminación ele las vías auecua(las parét alcanzar con más se­gul'ida< l el fin que se persigue; hábil empleo de couju~!to y de los mes, por lo cual su conocimiento completo se impone á todo oficial. En re, umen, la estrategia os la dirección superior de las operacione~, la cie ucia del manclo en campHñ .. ; la táctica ense­fi. a á la tropa á ejl~Cntar lo mandado por el jeft3, es el arte ú ofi­cio de todos lo que ob rlec n. Las conce pciones e tratégicas pertenecen exclusivamente al m, ntlo uperior de una fuerza, por lo cual, en un estudio como el pre.' ute, no hallan cabida útil. Lo eontrario sucede con los principio. que rigen la táctica, ya que t dos los oficia-l debeu conouel'lo'i, put>sto qne tOgn ra r la más rápida con­dueción posi hle dH las tropas al campo (}e batalla, alwrráudo· les á la vez las fatig-as iuútiiPs, a~wgnrátuloles la alimPntación y poniéndolas a 1 abrigo ·a. Son reglas ele apli­cación pr('cisa fnera del campo de bntalht y qne constitnyen nua verdadera cieJJ<·ia por clt>eir lo así, parar s t>jPcntar una marcha de maut:>t·a intacllahle, 110 sucediendo lo mismo con la táctwa óll como un tratado de pint.ura no forma un Rafael, JH•ro aquél es tan iudispensahle ;.¡) j<.--fe como éste al piutor, Riquier·a sea para e>itarle conwta faltas y errores de cierta rnagnitucl y para formarle un fondo de criterio raci()ual que reemplace, aun cnauclo ea en parte, las enseñanza~ de la experiencia, si carece l E>.stnjércitos rnoderuo¡; corn~ .· ponde á los oficiales hacer &mnplir eu mar<:has y e~taeionamientos las prescripciones re­glanwut~ ria del ca:o, y e~to tanto m{ estriC'tamente cuanto son hoy mayort-. la.~ clifienlt~HlPs (le la mo\' Ílizaeión de las fuer­zas por razón misma ele sns oonsitlf'rahtes efeeth'oS. El Pjército qu puede t>jecut,tr marchas fe; su preparación indica el valor del Estado Mayor; y ~n ejecución sir\'e de piel méto(lo raeioual con i2te en e~t udiar primeto Jo¡;; principios r•1111idos Pn los d •versos reglrgeuma i nteligeute de tod:-ts las voluut;ult.~s haeia un nu~mo Hu. Y para que los priuciJJios se eompl'eudan oi~n, cou . u venhulero alcauce, pre­ciso es ocurrir {t la llistol'ia. rra de Ashantí es igualmente un ejemplo muy bueno. La verdadera Ií nea de ataque era, hacia el Norte, la ruta más corta de Cape-Coast-Castle á Kumasi; pero tres columnas sepa­radas, de poca importancia, procedían de modo independiente sobre los flancos y en defensa de éstos. La de la izquierda no penetró nunca en el territorio A hantí; mas parece que ella, sin embargo, redujo á la inmovibilidad á gran número de los enemigos. Otra columna sobre la derecha marchaba paralelamente y á gran dis­tancia de la columna principal, la cual se retiró sin combatir; esto, no obstante, distrajo la atención de destacamentos considerables Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 388 80LETIN MILITAR '-y--' de los Ashantís. La tercera columna, situada muy lejos, hacia lt derecha, tenía cierta importancia: penetró en el corazón del te­rritorio enemigo, y encontró alguna resistencia que dominó, lo­grando al fin llegar á Kumasi por la derecha, después de que esta ciudad había sido destruída y abandonada por la columna princi­pal de sir G. Wolseley; y dicha tercera columna se retiró por la misma ruta que había seguido la columna principal en su marcha de avance y de retirada. Los Ashantís tuvieron, pues, que enfren­tarse á cuatro columnas y se vieron obligados á desprenderse de numerosas partidas para atajar lo" progresos de la invasión de dos de ellas que no tenían ninguna importancia efectiva. De este modo debilitaron sus filas, sin motivo, desde el punto de vista militar*. V. Varias columnas tienen la ventaja de que, hasta cuando una de ellas jracasa,Jacilitan la marcha de las otras-Hay otra razón para invadir el territorio enemigo con diversas columnas, razón que hará este procedimiento ventajoso en algunas de tales campañas. Es incierto el éxito cuando hay que vencer grandes dificultades de terreno ó que no se pueden obtener noticias exactas en el teatro de la guerra; entonces es difícil alcanzar el objetivo siguiendo una sola línea de operaciones. En tales casos es evidente que, dada la posibiliJad, es una precaución sabia la de march a r siguiendo va­rias líneas, puesto que es justo suponer que todas las líneas de ope­raciones no serán impracticable . Tales condiciones son raras, sin duda, pero la historia muestra que se pre entan algunas veces. En la campaña de los rusos contra Khiva, se recordará qu e la columna que partió de Krasnovod. k se vio obligada á retroceder por causa de falta de agua, pero el oasis fue tomado por las otras dos colum­nas. La reciente campaÍlo del Chitral es también un ejemplo: si la columna del Coronel Kelly no se hubiera podido reunir á la guarnición sitiada, es dudoso que el ejércico que avanzaba del Sur llegara á tiempo para salvar esa guarnición. VI. La separación 11.? se permite hasta tanto que cada destaca­mmto se hallr en estado de luchar solo. Dificultad de prever los efecti­vos necesarios - La di vi ión de la columna se determina así, algunas veces debido á las circunstancias; en otras, la condiciones de un caso particular conducen á que se resuelva la división, á despecho de las objeciones estratégicas, bien conocidas, que se hacen á la división de las fuerzas sobre el teatro de la guerra. E~ta divi ión no se justifica, sin embargo, sino cuando cada destacamento es bastante fuerte para sostenerse solo contra cualquiera columna que el enemigo envíe contra él *· Hé aquí, pues, una dificultad en la • Luego haoer pa~ui'lts 6 sea tlividir lns fuettas ~ · proc()dimiento inadmisible en buena estt·t~tegla-t. D. • 1!1s declr1 cunth1ó el Jnnsor tiehe tal !Utpt>riolidnd l'lútl.~tioa que el sitnple aune~ plJt lt mtlor lti\ea al! bpehoiuhes itbt!ide ~rohtb ltelhtlb de ltt ~atnpdia-L. ;o, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. bOLETIN MILITAR ~ 389 preparac10n de la campaña; porque á menudo es imposible pre­ver hasta qué punto las fuerzas del enemigo puedan ser capaces de reunirse en un punto cualquiera del teatro de la guerra. Cuando es tan Jirícil determinar las fuerzas totales del ene­migo, naturalmente lo e3 mucho más el calcular el grado de resis­tencia con que se haya de tropezar en cada una de las varias líneas de operaciones. La gran movilidad del adversario, lo imprevisto de sus concentraciones y la completa disgregación de sus fuerzas des­pués de un desastre, todo tiend~ á complicar el problema. Por otra parte, existe siempre la po.ibilidad de que los adversarios tengan á ~u cabeza un jefe que sepa aprovecharse del fraccionamiento de las tropas regulare sobre el terreno. En la sublevación de la In­dia, los Jefes rebeldes, en un momento crítico deJa campaña, die­ron prueba de su conocimiento en el arte c1e la guerra, cuando colocaron á los ejércitos ingleses en una situación peligrosa: ellos hicieron avanzar una columna formidable contra Cawnpore, mien­tras que Sir Colín Campbell marchaba por primera vez al socorro de Lucknow. Si estos Jefes hubieran sido más activos, la guarni­ción de Cawnpore habría podido ser destruída antes de que la co­lumna de Lucknow pudiese volver en su auxilio. El tjemplo siguiente muestra los ríe gos inherentes á la di­visión de las fuerzas en las guerras de esta nat11raleza. Ejemplo de desastre d >! bido á la separación-En 1876 hubo fuertes eocuentros cerca de Yellow ·tone Ri ver, entre las tropas de los Estados U nido· y los Pieles Rojas. En el curso cuela de Vcr~alles. Prhnera lección-:Neceaidad de la fortificación lmprovieada Utilidad -De tiempo atrás á la fortificación piden auxilio, el defen or para reforzar las partes débiles del campo de batalla, y el agresor para asegurar la con ervación dd terreno que ha ganado á costa de charcas de sangre. Los atrincher:¡mientos así considera­dos, si antes fueron útiles, son hoy indi pensables, por la tendencia creciente que impone el progreso de las armas, de convertir en sitio rápido las antiguas batallas campales. Los doctos en la materia ocurren á la historia de la época napoleónica en demanda de hechos que prueben cómo entendió el asunto el maestro incomparable y cómo lo realizó en la práctica en sus campañas memorables, por cuanto el Gran Capitán, e.n afo­rismo clásico, pedta que todo oh.lado, junto con el fusil, llevara una herramienta de zapador. Por eso el General Foy, subalterno del Emperador, pudo decir con razón: H Europa queda sembrada con los reductos y las trincheras levantados por nuestros soldaJos." • Y el rcsu ' tado es t:l lllisiTIO. La mejor prtH ba contra e a, ,divhinma se halla en la toma de Tauau:\Tlve por los franceses, quienes entonces no formann sino una sola columna de inva~tióu.-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 392 80LETIN MILITAR ~ Entre las causales de éxito de las armas napoleónicas, puede figurar el hábil empleo de la fortificación improvisada, señalado por el General Dum<3S en las siguientes líneas: " Todos los mili­tares de Europa reconocen que los ingenieros franceses han sobre­pujado á sus antecesores en esta clase de trabajos, y han utilizado mejor las ventajas nuturales del terreno, dando á sus trazados des­arrollo más hábilmente calculado para el emplazamiento de la arti­llería, la economía del fuego y los movimientos y acción de la tropa destinada á la defensa de las posiciones y de los atrincheramientos." Por su parte, el General Noizet afirma: "Es un hecho que en tiempo de Napoleón se hizo uso prodigioso de la fortificación de campaña, tanto en el ejército francés como en el adversario, siendo de sentir que la historia no conserve recuerdo de tales atrin­cheramientos sino cuando resultaron ligados con los acontecimien­tos de mayor importancia: no es posible olvtdar los reductos de Montenotte y de la Moscowa, las líneas de Torresvedras, las baterías de Bautzen, las lunetas de Dre!'de, etc.; pero á la par con ellos, cuántos campos atrincherados, cuántas cabezas de puente, cuantas líneas y obras de menor importancia no se construyeron en torno de los ejércitos, y no fueron vistos y apreciados sino por un reducido número de oficiales, y hasta quedaron ignorados por el ejército, por cuanto ó oo tuvieron sino influencia indirecta so­bre las operaciones militares, ó resultaron simples obras de precau­ción, que en la marcha de los acontecimientos dejó á un lado. De ahí esa opinión errónea de que la fortificación es inútil, for­mada en los espíritus superficiales, contraria á la de los Generales de más nota, y, sobre todo, á la del mismo Napoleón." En efecto, acaso Napoleón no escribió: "La fortificación de campaña es siempre útil, nunca estorbosa cuando se la aplica con­venientemente." "Sostener que la victoria es del que marcha, se mueve y maniobra, y por lo tanto no hay que trabajar el suelo, puede ser hermosa palabrería, ¿ pero es despreciable? " .Acción del fusil-Y después de Napoleón las cosas han cam­biado, el progreso ha sido incesante y la marcha de la humanidad á este respecto, en vez de hacer inútil la pala en el combate, la de­manda más y más. El fusil moderno, que dispara diez veces más aprisa que el de los soldados de- Napoleón, que á I,ooo metros tiene más precisión que aquél á 200, y cuya tensión de trayectoria hace innecesario el cálculo de la distancia hasta los 500 metros, tiene que ser arma de mayor efecto en el combate, sin contar con que su bala atravie­sa 4 á 5 hombres, y por cuanto emplea pólvora sin humo no revela la situación de los tiradores abrigados en un campo de batalla. Ahora bien: la fortificación improvisada aumenta la eficacia del fuego de la infantería, tanto por las condiciones más ventajo­sas en que merced á ella dispara el soldado, como porque aminora las pérdidas de la fuerza que la defiende. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 393 En el supuesto de dos tropas iguales en número, calidad moral, instrucción y armamento, atrincherada la una y movién­dose la otra al descubierto, preciso será estudiar los elementos que se enumeran en seguida para juzgar con acierto del resultado de la lucha: 1.0 Dimensiones del blanco (en altura y profundidad): me­nores en la tropa atrincheráda; 2.° Condiciones físicas de los tiradores (fatiga y seguridad del puh>o): menores en fu misma; 3·0 Posición del fusil (apoyado ó nó): da más fijeza al tiro de la misma. 4.° Conocimiento de la distancia (medida previa del campo): ídem ídem la misma. 5. 0 Aprovisionamiento de municiones (cartuchos á la mano): ventaja para la tropa atrincherada, porque es más fácil remunicio­nar al que no varía de puesto; 6.0 Rapidez del tiro: superior en la tropa atrincherada, por­que es mayor la fatiga del soldado que camina, y porque el solda­do atrincherado puede tener las municiones á su lado, fuera de la cartuchera; 7. 0 Intensidad y permanencia del fuego: el que ataca du­rante el asalto tiene que suspender sus disparos; 8.0 Dirección del fuego: tarea más fácil para los oficiales cuyos soldados están inmóviles; 9·0 Eficacia del fuego: de ordinario tras la trinchera no ha­brá sino una fila de soldados, y el asaltante llegará formado en enjambres que equivalen á una formación sobre varias filas; 10. Supresión del humo: facilita la puntería del defensor y quita al asaltante la cortina que antes cubría sus movimientos; Ir. Des!Jlazamiento del blanco: es favorable al ataque, pero no debe olvidarse que lo rasante del proyectil mjaudo en el viaje una gran parte del personal. De ahí en adelante fue impo~ible hacerlas ~van­zar un paso á pesar del brío de la tropa, por lo l alza de 2,200 . •• 1 l ti) crl ot; 8 ~ .... -::! ~ ~ Repite : aumen- ~ .§ ten 50 décimos,· or- o·- lQ ~ ~ ). den a á su , ección Repite las voce · ; indi'ca á su Sec­ción 2,250, retorna 2,250 y manda: á mi orden. Hace di paJar las piezas carg•tcla con gran:1da percutante y m a nda: corran el ojillo de desvíos tan .. íd. íd. t ~ 4i 1 2,250,retorna 2,250 ~ ., g ! manda cargen sin E c-t - mterrupciór.. - ..... ~ -- ~,_.. 1 <. d tos mm á la izquierda; destaperl el oJo que el ojillo cohete á 9 segundo.~ 9 décimos; cargucll de d e s v í o s lo ....; ~) m:tnda correr ~ la derecha El fuego de conjunto á 2,300 necesita una corrección de 25 metro . El Capitán determina el alza y la velocidad del tiro. ( Repite las voces del J C:tpitán, anuneia 2,275 y luégo manda: á mi or- 1 dm 2,27 5, desta pen con 10 egnndos 1 décimo (e ·cala recibida de las ~ secciones fusantes y no 1 modificada por el Capi­tán). l Cargen sin interrupción. La 8.• sección dispa1a despuéa de la 1.•, á unos 20 segundos de intervalo. Repite : fijen et alza 6 di.~paros por mirwto; coloca la corredera á 2,275, anuncia 2,275, 10 segundos 1 (cohete arrc­glado) y manda: 2,275= destapen 10 con 1; car· guen sin iutermpción. Lhta la~. • sección, la t.• hace su descarga. íd. íd. ítl. íd. íd. La 1.• sección tira después de la 2.•, á 20 segun­dos de intervalo. ( ContittútJ). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ DEL GENERAL PABLO MORILLO (Contint'ia) 399 Al otro rlía se supo que un cuerpo de insurgentes parecía pretender reorganizarse. El Brigadier Correa se separó con al­gunas tropas á. ti n ele ir á. oponerse á este proyecto, pero el ene­migo no lo esperó. Fue entonces cuando el ejército realista pudo reconocer sus pér(lidas, las que alcanzaron á cieu muertos y á otros tantos heridos; el Comandante General D. Miguel de la Torre se contaba eu el número de estos últimos; le reempla­zó, en consecuencia, el Jefe ele Estado :Mayor general, Briga­dier D. Ramón Correa. Las tropas os tu vieron, sin tomar ningún alimento, una marcha estias y á cuidar {t los herido¿¡, los que partieron el 4 para. San Carlos bajo la escolta del Batallón Pardos de Va­lencia y algunas otra compañías de Infantería. Por la tarde, el ejército ya pro\·i ·to de recursos, vino á acam­par á la ribera izquierda de Cogedes. Al otro di' a por la maña­na continuó su marcha tra del enemigo, y el 11 llegó á Gua­narito, en la Proviucia. de Barinas, en floude ~e put:;o en comu· nicación con los Coronele Calzada y Reyes Vargas. Todas las tropas que formaban la primera División pasaron á órdmu.)s ele este último ,Jefe, quien recibió orden de mar·char á u cabeza obre Nutria , eu dond , ·egún liver o a\·i ·o , debía encon­trarse uu cuerpo d rebelde •. Al re to del ejército hice tomar la ruta de Baúl, que e con­vertía en pnuto central á causa. de las operaciones del Bri­gadier Iora.les Robre Calabozo, y os tomaron sus acantonamientos. • Es tiempo de volver nue tras miradas sobre la operaciones del Brigadier J\.1orales, á quien dejamos listo para marchar hacia Calabozo. Sólo después de larga tarea. logró él ocupar dicha posición de manera ventajosa; entonces reunió todas las fuerzas puestas á su dispo:iición, y dio batalla entre el Calvario y Ca­labozo. El enemigo perdió eu esta jornada cerca de cuatrocien- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 400 80LETIN MILITAR ~ tos de caballería y trescientos de infantería, y el resto de la pri­mera fue perseguido hasta el paso del Guayabal. Ciento cincuen­ta hombres, todo lo más, llegaron allí en bastante buen orden. Entretanto el batallón del Iufaute D. Francisco fue envia­do de San Carlos á Gnanare, para servir de reserva á las tro­pas de Apure. El Comandante de este cuerpo dio entonces á conocer en el Cuartel general el resultado de la expedición á Nutrias, de que ya hemos hablado arriba. Se mataron más de cien rebeldes, y los prisioneros tomados fueron en número poco más ó menos igual; entre ellos se eucontraron varios jefes. Dos revolucionarios sumamente peligrosos, Romero y Cuesta, pagaron con su vida su acto de rebelión. El Coronel Calzada tuvo en la misma época un encuentro cerca jército real. l puerto de Tola de la H.epública del Ecuador, y la cría de algún ganado, on la pl'incipé 1 s ocupaeiones de di­cho haoitantes, los cua.les vit'en por cierto patriarcalmente, sujeto de he ·ho al má autian de la isla., en la que todos sou parí n te· nuí 6 meno cerca. u o . Auuque uo de sangre de ula.nco • in mezcla, como se lo persuad n, pne to qu , aun cuatHlo no fácil averi uar su origen, debe cousid~rán~elo como cuarterones, tle~;precian al­tamente á los negros y á los iu~lios, á los que anmtajé n, eso sí, bajo todos reRpectos. Los horu l>rcs son robustos é in teligen­tes, y tienen u u trato fino que llan u prendido (l>ll su~' correrías, pues frecuentan todos los puerto' del Pacífico desde Panamá hasta. Guayaquil. Si se cousidBra qne en las dilat~ulas costas del Chocó uo habitan sino indios salvajPs y negros l)ozates, 6 gente de color huitla. de los presidio.', se ve que d~ laR (.le Bar­bacoas, donde moran los i leños radas de raucbo~ en que vh~en los negros, :r euuiertas por una vegetación secular. La ciudad de Barbacoas se eueuentra en la latitud de 1o, 44' 45' ' del N., y en la lougitud de 3° 57' 40' al O. delmeri· diano de .Bogotá, á 22 metros sol>re el uivel del mar, del cual está á 10 leguas grauadinat'i eu clistaucia directa. Está situada. en el extremo it->rto ia.s las cenizas á que redujo sus dos terceras y nwjores partes el fatal incendio que sufrió á principios del presente año de 1853, y que no es el primero que ha experimentado. La parte re tante, con excepcióu ue alguuas casas de ma<.lerH, t:~ Jtj\ m:nr~~~n~EA CAJf.(PAÑA DE 1812 Teatro de la guerra (superficie): 45o,ooo kilómetros cuadrados (ocho veces el De· partamento de Antioquia). Duración: 5 meses 21 días. Principia el 24 de Junio EFECTIVO DE LOS EJÉRCITOS Fra11ceses • Rusos • 442,ooo hombres t (xSs,ooo caballos) (x,zoo cañones) 1 -- -- 2.20,000 infantes al principiar la 2 5,000 jir:etes 1 940 canonea guerra -- 2oo,ooo franceses 242,ooo aliados 1 á principios de G 2 x 3 300 hombres Octubre 2 so ooo hombres ' Tom~ de M.oscu ' l~á fin;;o~~embre ~===-- 6S,ooo hs. Paso del . 1 54-,ooo hombres Beresma • Según los rusos, del pt incipal ejército francés (363 1ooo hombres) hicieron 1 ~o,ooo prisioneros y enterraron 243 1000 cadaveres. ! El mayor ejército que reunido ha visto • El ejército ruso que á mediados de Oc· tubre contaba 12o,ooo hombres, á fines de Diciembre estaba reducido á 421ooo, en Wilna. el siglo. DESTRUCCIÓN DEL EJÉRCITO FRANCÉS 1 .....,.--~-:------~-363,000 hombres 1 229,000 hor~ TI S 5 ,ooo hum bres pasan el Niemen-2.4 de Junio llegan á Vitebsk-Fin de Julio llegan á Smolensk-Io de Agosto salen de Smolensk-2o de Agosto 1 1 s6,ooo hombres 1 I 34,000 hom~ combaten en Borodino -- 1 5,000 hombres entran á Moscu 50,000 hbs. vuelven á Smolensk-9 de Noviembre - 3 3,000 p:~san el Beresina-z8 de Noviembre ~~ repasan el Niemen-15 de Diciembre Napoleón no fue vencido, y sin embargo resultó víctima ele la mayor c:~tástrofe militar que registra la historia. En la retirada caminó 1 ,zoo kilómetros en cincuenta y ocho dÍa1. Fuerzas contendoras LAS BATALLAS fulses pierden el 4- por xoo-Vencedorea Bmolensk.... J......l l pierden el 10 por xoo-Vencidoa rusos .Borodino • ... ~~ III:IIIJ.I pierden el 2 5 por 1 oo-Venced orea pierden el 35 por xoo-Vencidoa rusos LAS MARCHAS NAPOUÓN-Del Vistula á Wilna .........•.••• De Wilna á Smolensk . .••.•••.••• De Smolensk á Moscu.. . . . ••••.. Rusos: BARCLAY-De Wilna á Smolensk . ...... . De Smolensk á Borodino • • • • ••••• BAGU.TlON-De Wolkowitz i Smolensk. •.•••••• soo kilómetros en ZJ días 440 26 días 4-40 27 días s6o kilómetros en 29 días 300 19 días 86o 33 díu Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 171

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 174

Por: | Fecha: 20/10/1900

BoaoTÁ, OcTUBRI 20 o~ 1900 ·------ -------- -- --- -- --- ------- - ~~- ----------- - -- - --- ------- -- - ---- Ora-ano del lUiuis~erio de Guerra y del Ejército Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejércit,, Director ad honorem F•·ancisco J. Verifnra V. General de IngPnieros, Miembro de varia.s So­ciedades CienHficaa ~'"0"1\1.1:. 174 :IID~c? l~~~_Q) ~.o -· IIDllil 1l®@ ,ro (3 DE O~TUBRE) en desarrollo el el artícu lo 3 .• de l Decreto número 777, de 11 de Junio último El Vicepresidente de la República, encargado del Poder Ejecutivo, CO ' SIDERAl' DO Que de acuerdo con el memorial elevado al Despacho de Ha­cienda por varios comerciantes y exportadores de esta ciudad, el día 22 del mes próximo pasado, hay urgencia suma en proveer á las necesidades d~l comercio de importación y exportación, espe­cialmente del último, pues los frutos y artículos destinados á {'Ste comercio se hallan detenidos há largo tiempo en puertos y bode­gas, con grave riesgo de pérdida ó deterioro; Que por razón del estado de guerra y á causa de las exigen­cias de la misma, sólo el Gobierno puede atender debidamente esas necesidades, brindando al comercio ]a seguridad posible, sin perturbar por ello el servicio de la guerra ni poner en peligro la seguridad pública, DECRETA Art. I.0 Organízase una Flotilla mercantP, compuesta de seis buque , de los cuales dos prestarán servicio en el alto Magda­lena, y los restantes en la parte baja del mismo río, destinados ex­clusiv. lmente á transportar, desde el día 15 del presente mes, ]a carga de importación y expor.ación que se halle detentda en las Aduanas del Atlántico, y en los puertos y bodegas del río Mag­dalena. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 474 80LETIN MILITAR ~ Art. 2.o Los buques expresados se tomarán de preferencia entre los que tiene el Gobierno actualmente á su servicio para operaciones militares; pero si éstos fueren insuficientes para aten­der á un tiempo á las exigencias de la guerra y á las necesidades comerciales, el Administrador general tie la._ Flotilla mercante po­drá, ppa. Exceptúase el caso de que se presente mercancía susceptible de descomposición ó desmejora, como materias alimenticias, pues entonces se dará preferencia á esta clase de carga. Art. 6.° Kn las bodegas de Calamar, Jesús del Río, Magan­gué, Banco y demás lugares de embarco situados entre Barranqui­lla y La Marfa, los respectivos bodegueros presentarán al Capitán del buque una relación por duplicado de la carga que tengan para embarcar, y este empleado deberá recibir á cada comerciante la cuota proporcional que le corresponda, atendido el espacio sobran­te en el buque, con la misma excepción contenida en el artículo precedente. Art. 7.0 En cada uno ele los dos ejemplares de la relación arri­ba indicada, y que deben presentarse para el embarque de la carga, se hará constar al pie, bajo la firma del interesado, el monto de la carga recibida de acuerdo con el prorrateo prescrito. Un ejemplar de la relación se conservará en !a Oficina del Contador del buque, y el otro deberá enviarse al Administrador general de la Flotilla mercante para todos los efectos á que hubiere lugar. Art. 8.0 En ningún caso y por ningún motivo se recibirá más carga de la que puedan contener los buques en sus bodegas, quedando siempre despejadas las cubiertas. Art. 9. 0 El valor de los fletes se cobrará en las respectivas Agencias que determine el Administrador general de la Flotilla Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR 475 mercante, las cuales serán de preferencia las Administraciones de Hacienda nacional ó las Administraciones subalternas de Correos que tengan el carácter de Administra~iones de Hacienda nacionaL En las bodegas y puertos intermedios de las riberas del río en donde no existan tales empleados, el cobro lo hará el Contador de cada buque. Art. ro. El personal de los buques de la Flotilla mercante al servicio del Gobierno disfrutará de las mis.nas asignaciones de que gozan actualmente los empleados de igual clase en ]a Flotilla de guerra. Art. Ir. Créase el empleo de Administrador de la Flotilla mercante, el cual será el Jefe superior de esta Flotilla, y tendrá una asignación mensual de seiscientos pesos ($ 6oo). Art. r 2. Son funciones del Administrador general de la Flo­tilla mercante: a) Reglamentar los t'ansportes que deban verificar5e en los buques de la Flotilla y fijar el itinerario de éstos; h) Organizar convenientemente el personal de la Flotilla, d:mdo cuenta de todo al ivlinisterio de Guerra para su aprobación; e) Reglamentar el cobro de los fletes y pasajes; d) Disponer la manera como se deba atender al pago de los empleados de los buques, y á las demás erogaciones que el servicio de éstos demande; e) Fijar el número de soldados que debe llevar a bordo cada buque para la seguridad de éste y de su cargamento; j) Cuidar de que las Oficinas recaudadoras de fletes y pasajes, después de atender á los gasto que les correspondan, remitan el excedente de los produ tos á la Oficina principal, que lo será la de Honda; g) Formar un inventario minucioso en que conste el estado de cada buque al recibirlo ó tomarlo para el servicio, y los elemen­tos para servicio del mi mo ; h) Hacer lo nombramientos de los empleados y fijar los so­bresueldos á que sean acreedores los empleados de ]as oficinas re­caudadora , atendido el mayor recargo de trabajo ; pero en todo ca~o dará inmediata cuenta al Ministerio de Guerra para su apro­bación; i) Cuidar de que los empleadvs de las oficinas recaudadoras lleven sus cuentas con toda escrupulosidad y las rindan oportuna­mente, y disponer la manera como los Cuntadores de los buques deben rendir las suyas en cada viaje y qué libros deben llevar; j) Inspeccionar y vigilar constantemente las oficinas recau­dadoras y las operaciones que se realicen á bordo de los buques ; k) Cuidar de que los empleados de ]a Flotilla cumplan estric­tamente con sus deberes, é impedir que é ' toS tran"porten carga por su cuenta, bajo pena de desntución inmediata y una multa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIJI MILITAR ~ equivalente al doble del flete de la mercancía transportada fraudu­lentamente ; t) Rendir al Ministerio de Guerra un informe mensual sobre los productos y gastos de la .Flotilla, sobre su estado y necesida­des; y m) Obedecer y hacer obedecer las órdenes que se le comuni-quen por el Ministerio de Guerra. · Art. 1 3· Los buques de la Flotilla mercante prestarán su con­curso, en casos urgentes y bajo la dirección de los Jefes militare~, en las operaciones de guerra ; y á su vez los buques de la Flotilla de guerra, cuando las circunstancias lo consientan, prestarán su servicio en el transporte de carga. Art. 1 4· El Ministerio de Guerra queda ampliamente facul­tado para dictar todas las resoluciones necesarias para la cumplida ejecución de este Decreto ; para determinar las condiciones con que, en cada caso particular, deben ex~dirse los salvoconductos, á fin de que el transporte de los frutos de exportación se haga por tierra con toda seguridad y garantía para el propietario. Art. 15. Las Compañías de navegación fluvial que quieran movilizar carga de importación y exportación podrán hacerlo ; pero deberán sujetarse á las condiciones y reglamentos que les im­ponga el Administrador general de la Flotilla mercante, y deberán prestar ante el Ministerio de Guerra, y á satisfacción de éste, una fianza de cien mil pesos (~ 1oo,ooo) por cada buque, para respon­der de que éste no ~erá tomado por los revolucionarios ni les pres­tará ayuda en forma alguna, sin que sea válida la alegación de la fuerza mayor ó caso fortuito. Art. 16. Los gastos que demande el cumplimiento de este Decreto se harán por antici p~~CTEJ:N AL ~:::J ~Th1 rJ©1lliT©ílE~rcJEJ~~@~ Pocas voc~~ técuicas habrá 11tes ui tan útiles, en opinión de militares muy autoriza,los. El reconocimiento ofensivo es un combate. Al "practicar un fuerte reconocimiento "-que es la frase l.Jabi­tual- 1'\e trata de compeler á vint. fuc..•rza al en~migo á qne ce s y ua~ta ,}e Rus intentos; haciéndole que forzosarn~ute descubra sus atriucheramientos, u baterías, que despliegue sus tropas, que revele, en fin, sus recursos y sus proyectos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 480 BOLETIN MILITAR ~ Esto no puede conseguirse sin trabar escaramuza, sin empeñar un combate por lo menos de avanzareeiar y di.'tinguir el mérito real del trabajo, sin necesidad de acentuarlo cou vretensiones pe­dantescas. Comisión ele reconocimümto puede recibirla rlirectamente el oficial de infantería ó caballería, ó bien indirectamente al Rer nombrado comandante de la pequeíia escolta ó partida que de onliuario acompaña á uno ó más oficiales facultativos, sin­gulannente del cuerpo especial de estado mayor, al cual, como se ha 8tá com 1 n .. n. dirla la ley uni\·er al, á la. cual nada . o.:tlR· tl'a r,'e; stigio, su diguisaparezca como agrupación benéfica, dis­gregándose los eslabones que la constituyen; por eso necesita. indispensablemente un .. organismo que la proteja. "Este organismo, imperiosa exigencia de aquél, es el Ejér­cito, el cual, como parte soliuaria <.lel Estado, representa HU fuerza defensiva, tan necesaria para su vida. "De aquí vemos que la ley deJa lucha por la existencia sigue cumpliéndose aun en organismos tan po<.lerosos y bien constituidos como el Estado. • • • "¿Pero el E8tado es la Patria' Nó: la segnnrar corno nnestra madre común. '' ANí lo ate ti guaba Uicerón al afirmar: Porque todos los bienes se reciben de la Patria, no debe ser tenid() co ·mo grave nin­gún mal que por ella se ,fJujra, s·ino, poJ· el contrario, debemos con­sidera? · como sabios á todos aq1tellos que anteponen los peligt·os d~ ésta tí su p·ropios peligros, ya pot·que devuelven á su patria el honor que la deben, ya pm·que prefieren, mm·ir po1· muchos antes que morir con muchos. '' Rermo as palabras qne nos dicen que todo lo que fueron nuestro padre , lo que somos uosotros y lo W8 mejat· para la Patria que para la gloria, pues cada uno debe pre ferir á la utilidad común _la Pat·ria. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 488 BOLETIN MILITAR ~ " Sin necesidad de razonamientos, descubrimos la su b1i­m: dad de la Patria y el sagrado deber ~~~ IID~ ~m~Jr~J1~mit~ • OBSERVACIÓN DE LOS DISPAROS EN EL TIRO DE CAÑÓN A) Observación directa a) GENERALIDADES-La regulación del tiro no es posible sin~ cuando u conoce el sentido del desvío, tanto en alcance camo en dirección. Como es sabido, llámase corto el disparo si el proyectil estalla más acá del blanco, y largo, en el caso contrario. Dícese, igual­mente, que está en dirección, si estalla sobre la línea que une el ojo del observador con el blanco apuntado; á la d~recha, cuando lo hace á la derecha de la misma línea; y á la izquierda, en el caso inverso. Los disparos cortos ó largos tienen desvío en alcance con respecto al blanco; los que estallan á derecha ó izquierda de la ci­tada línea, lo tienen en dirección. Para apreciar el sentido del desvío en alcance, es preciso que el proyectil esté en direcc1ón, lo que es, por otra parte, requisito indispensable para la eficacia del tiro. Cumplida esta condición, el mejor elemento para apreciar el sentido del desvío de alcance es, sin duda ninguna, la poskión del humo que produce la explosión de la granada con respecto al blanco: si el humo oculta .' blanco, el disparo es corto, y al contrario, será largo si el blanco se destaca sobre dicho humo. A falta del humo (cuando no estalla), el polvo y la tierra le­vantada por el proyectil al dtocar con el suelo, pueden dar algún indicio: en el agua se toma como tal la columna líquida que le-vanta la granada. . En el tiro fusante, cuando se ve el polvo producido por las balas y cascos delante del objetivo, el disparo es corto, y largo en caso contrario; si sobre un suelo seco y no rocalloso no se observa polvareda delante del blanco, lo más probable es que el disparo fue­ra largo; si el terreno sobre el cual está el blanco es una falda que desciende hacia la batería, el tiro será corto, ó largo, si choca so­bre el suelo, abajo ó arriba de dicho blanco. Como la carga interior de la granada de cañón de montaña es muy reducida, el humo que produce su inflamación es poco, y por tal motivo su observación el> dificil á más de 3,ooo metros en el tiro percutante, por lo cual sería de desearse se invente una pólvo- • • Traducirlo para el Boletín Militar, del curso de E. GtRARDtN. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 BOLETIN MILITAR ~ ra que con reducido volumen produzca una gran cantidad de humo. Entre mayor sea el ángulo de caída, más penetrará la grana­da en el suelo y menos rápidamente tornará á levantarse para re­botar, por lo cual también más adherido al suelo quedará el humo y se alzará mezclado con tierra y polvo, lo que dificulta su exacta observación. En los terrenos blandos (labrados, humedecidos por la lluvia, etc.), en los pantanos, ttc., los proyectiles percutantes forman fogata, es decir, estallan entre el suelo, levantan únicamen­te tierra ó agua, y el humo apenas se ve: en este caso es preciso regular el tiro por medio de proyectiles fusantes. Las granadas percutantes que no estallan y sólo levantan tierra á modo de surtidor, de ordinario producen la ilusión de un tiro largo, siendo corto cuando la discontinuidad del surtidor deja ver á su través una parte del blanco. b) Utilización del humo arrastrado por el viento-El humo de • la' granadas que no caen en dirección permite juzgar del sentido del desvío cuando el viento lo arrastra hacia el blanco, por lo cual es preferible forzar desde un principio la corrección inicial de desvío exigida por el viento, que hacerla débil. Si el viento es perpendicular á la línea de tiro, el humo de un proyectil que no esté en dirección y caiga más allá del blanco forma cola tras él, y al contrario, la cola pasa delante en el disparo corto. Si la dirección del viento es oblicua, las indicaciones que suministre el humo así arrastrado, en especial cuando los proyec­tiles caen cerca del blanco, deben recogerse con mucha circuns­pección. Cuando el viento sopla del lado de la batería, todo proyectil cuyo humo pase más allá del blanco indica precisamente un dis­paro largo; al contrario, cuando aquél corre hacia el blanco y el humo pasa más acá de este último, indica un disparo corto. Pero el humo de un proyectil de tiro largo, por ejemplo G~ caído muy cNca del blanco puede ser arrastrado hacia adelante de una por­ción de aquél y provocar la ilusión de un disparo corto, y vice­versa (fig. 1 .a). o a ·'···... __ ./7< ...... .·#' 0········ .. , D ... ········ D ···.'-.~ o·····~·/ Figura 1.• Figura z.• Además, en todos los casos en que se pueda utilizar como in­dicación el humo arrastrado por el viento, es preciso desconfiar si Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoLETIN MILITAR "-y--' aquél se viere descarmenado, siendo de advertir que cuando el vi en· to es muy fuerte descarmena el humo rápidamente, lo cual torna delicada la observación aun á 2,ooo metros. En efectQ, cuando el humo de un disparo corto está descarmenado, como los contornos del blanco pueden divisarse al través de la ligera cortina de aquél, provocan fácilmente la ilusión de un tiro largo. A la inver~a, el humo descarmenado de un tiro largo pero vecino del blanco, puede ocultar los contornos de éste, s1 no es muy neto, con lo cual haría creer que el disparo fue corto. Lo antedicho se aplica igualmente al caso en que se espere que el humo sea descarmenado, aun en una atmósfera calmada, an­tes de es ti mar el sentido de los disparos. e) Utilidad del anteojo de batería- En todos los casos, el des­orden producido en un blanco animado por los disparos que lo hie­ren, sin contar la disminución de su fuego que es la consecuencia más común, constituye un indicio de suma importancia, que será preciso tomar en cuenta. En este caso el anteojo de batería, cuyo aumento es conside­rable, es un instrumento precioso, por cuanto permite inspeccio­nar á fondo el terreno y mirar los setos, cultivos naturales, etc., donde pudiera disimularse el adversario á la vista ordinaria y aun á la de un simple binóculo. El anteojo de batería, por la estrechez de su campo visual, no es propio para la observación de los disparos mientras se regula el tiro; pero á falta de buenas cartas permite darse cuenta de la for­ma del terreno y de los accidentes que avecinan el blanco, lo que es muy importante. En efecto, es preciso desconfiar de las cejas, setos, mieses, etc., que en parte oculten el objetivo, porque se po­dría caer en el error de regular el tiro con respecto á tales acci­dente por causa de un error de óptica frecuente. También es pre­ciso ponerse en guardia contra las depresiones del terreno situadas delante ó detrás del blanco, porque en ellas desaparecen los di. pa­ros percutantes próximos al blanco, en cuyo caso es preciso á ve­ces esperar algún tiempo antes de observar el humo de los dispa­ros cuando se levanta hacia el cielo. d) Obse1·vación con auxilio de los disparos Jusantes-Los dispa­ros fusantes se ven á las mayores distancias porque el humo del shrapnel forma un globlo denso, blanco y nítido. Cuando se regula el tiro con granadas fu san res buscando el alza conveniente, deben tomarse en cuenta los disparos que resul­ten m u y próximos al suelo para mirarlos, sin error sensible, como en la intersección de la trayectoria con el terreno. Por esto los dis­paros altos ó á la altura del blanco, en los que una parte del surtidor parezca corto (ó que haya marcado como cortos la observación in­directa), deberán ser mirados como dudosos, puesto que pueden per­tenecer á .trayectorias largas (fig. 2.a). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 496 BOLETIN MILITAR ~ Los disparos señalados como en el blanco por la observación indirecta, deben computarse como largos, si á la vez no se señalan como bajos ó percutantes. Al contrario, un surtidor prolongado, ó un disparo indicado como largo, corresponde siempre á una al~a larga con respecto á ]a distancia real. Un disparo fusante bajo corresponde al alza del blanco, si su surtidor enmarca dicho blanco ( ó si se señala como en e) blanco), ó á una alza corta, si el surtidor parece corto ó se le señaló como corto. Cuando se regula el tiro por la duración del trdyecto, bus­cando la que conviene á la posición del blanco, un disparo fusante alto ó bajo, si su surtidor levanta tierras delante del blanco; indica forzosamente una duración corta del cohete; pero un disparo per­cutante corto puede corresponcler á una duración larga, por lo cual no se Ie puede tomar en cuenta cuando se busca la tenaza de tiem­po. Sin embargo, en la práctica se admite que puede servir para verificar un disparo fusante corto. e} Consejos sobre la observación de los disparos-La rápida y exacta apreciación del sentido de los desvíos en alcance, es de la mayor importancia para el jefe de una batería, por lo cual los ofi­ciales deben ejercitarse asiduamente en la materia. Es preciso acostumbrarse á juzgar de] sentido del desvío en el momento en que estalla el proyectil, es decir, cuando la nube de humo es más densa: si se espera á que éste se desvanezca, es posible incurrir en errores, como atrás se dice. Cuando el blanco esté cubierto por humo proveniente de an­teriores disparos, ó de las piezas, ó producido por modo artificial, se debe observar el contorno aparente dé] dicho humo desearme­nado que rodea e] blanco, para distinguirlo de] producido por el estallido del proyectil. Si el contorno de este último es continuo y se destaca bien sobre el descarmenado, el disparo es corto; al con­trario, será largo, si ese contorno no es nítido en su intersección con el existente que ya cubría el blanco. Debe evitarse formar opinión previa sobre el probable sentido del desvío de un proyectil antes de que estalle, porque entonces es fácil ser víctima de una ilusión personal, que consistirá en t::reer que realmente el disparo presentó el desvío previsto y que sí se es buen juez en el asunto. Esa ilusión se presenta en especial duran­te la verificación de los límites de una tenaza ó de una alza de ensayo. No debe vacilarse en declarar dudoso todo disparo de cuyo sentido (dirección, alcance, altura) no se esté seguro: sin duda ninguna es de suma importancia evitar esa clase de tropiezos que no hacen adelantar la regulación del tiro; pero es más grave co­meter por precipitación ó aturdimiento un error de tal especie. Esta recomendación t>S especialmente importante cuando se trata de verificar una alza. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ F) Observación Indirecta La observación indirecta de los disparos se verifica, !5ea en la batería misma, sea á sus inmediaciones, por el oficial que laman­de y vea el blanco; siendo ventajoso que la línea de observa~ión de dicho oficial sea lo más próxima posible á la dirección del tiro. Por línea de observación se entiende la recta que enlaza el ojo del observador con el blanco, y por dirección del tiro la recta que úna el centro de la batería (ó la pieza que dispara) con el blanco. Cuando el jefe de la batería no ve el blanco, tendrá que recu­rrir á la observación indirecta, para lo cual confía el cuidado de observar los disparos á dos observadores colocados á uno y otro lado de la dirección del tiro, más allá de los flancos de la batería y un poco adelante de ella. La línea recta que úna á los dos ob­servadores, próximamente perpendicular á la dirección del tiro, se llama base de observación. En ciertos casos la observación del tiro será unilateral. e} Fundamento de la acción bilateral-Sea A B (figura 3.•) la anchura del blanco ó de una parte bien visible del mismo y al cual se V n á referir las observaciones; C y 0 dos observa­dores laterales colocados en puntos de donde puedan ver el blan­co, pero separados por una base de observación bastante grande A la dere cha t-l o _,?< --- -:::--- -:-------:--:-------,,,'' o Base de observación ~ A la derecha 1 ~ ,- +++ Figura 3·a A la izquierda Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 498 80LETIN MILITAR ~ para que las líneas visua1es que cada uno dirija sobre A y sobre B se corten con nitidez. La longitud de esa base no puede ser me­nor del -io de la distancia, ó sea, por ejemplo, I 50 metros si la distancia es de 3,ooo metros. Los dos observadores se dan frente pero mirando á la vez el blanco, y cada uno observa Jos desvíos con relación á su línea de observación, es decir, que úna sus ojos con el blanco sin tener en cuenta la dirección del tiro, y avisa al jefe de la batería á la voz, por gestos ó con un hombre á caballo, el sentido de los desvíos en dirección, como si los proyectiles los lanzara 1 cañones puestos á su lado y asestados según su dicha línea de observación. En una palabra, el observador e, puesto frente al observador conju­gado O, anuncia á la izquierda todo estallido visto á la izquierda del plano vertical e A; á la derecha, el que resulte á la derecha del plano vertical e B, y en dirección, el que parezca entre las líneas CA y C B, indicando además en este caso, si es posible, si el dis­paro es corto ó largo. El otro observador hace lo mismo con re­lación á las líneas O A y O B. Si los observ~dores están á la vista del jefe de la batería le comunican el resultado de las ob:;ervaciones con gestos muy sen­cillos, á saber: extender horizontalmente el brazo erecho, si el estallido se vio á la derecha; extender del mismo modo el izquier­do, si se ve á este lado; levantar los dos brazos, si se ve en direc­ción; mover los brazos en el aire, si no se pudo observar el disparo. Ahora bien, del examen de la figura 3·a resulta: !.0 Todos los proyectiles caídos en la zona P A M B ~serán largos (brazos tendido hacia el blanco); 2.0 Los que caigan en la zona CA NO B serán cortos (los brazos estarán dirigidos hacia el lado opuesto del blanco); 3· o Los proyectiles que estallen en la zona P A C ó en la JtB O serán dudosos, puesto que el un observador extenderá un bra­zo y el otro el opuesto, bien que e:::ta circunstancia sólo ocurre cuando la dirección del disparo es defectuosa; 4-. 0 Todo proyectil vi to en la zona A M B N, corno se indica agitando los observado­res los brazos, sea largo ó corto, resultará incierto en dirección pero cercano al blanco. En resumen: brazos dirigidos hacia el blanco, tiro largo; brazos diri~idos en sentido contrario al blanco, tiro cor­to; brazos al aire, tiro incierto; los dos brazos en sentidos opuestos, tiro dudoso; un brazo hacia el blanco y otro al aire, tiro largo; un brazo en dirección opuesta al blanco y el otro al aire, tiro corto. (Continúa) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIK MILITAR ~ ~99 SÍNTOMAS DE UNA EVOLUCIÓN TÁCTICA AL PRINCIPIAR EL SIGLO XX Géneros, medios, ejecución • " N o omitir esfuerzo para conocer los medios de ata­que, morales y materiales, de los Estados vecinos." '' Preciso será buscar los medios de neutralizar los efectos de un material perfeccionado, siendo sin duda lo primero que indica el buen sentido, modificaciones en el armamento y el equipo de las tropas, y luégo la adop­ción ele una nueva táctica que produzca el desenlace de la lucha lo más pronto que fuere posible"-Jomini. CAPITULO l Ciertos indicios dejan entrevm· una nueva tendencia táctica entre los alemanes-Cada Estado consagra su reflexión al estu­dio de los métodos de guerra de las nacione vecinas, para se­guir de cerca las modificaciones que ellos adopten: el retardo en este trabajo intelectual, el error en la apreciación de tales acontecimientos, tendrá como consecuencia un inferior rendi­miento para la máquina moral y material que constituye la fuerza del Estado. ¿Acaso en 1806 la completa destrucción de las fuerzas mi­litares do Prusia no fu~ el rescate de los triunfos anteriores del orden lineal sobre el profundo i Queremos en e .. ta líneas averiguar si los recientes perfec­cionamientos introduciOl A pesar de los perfeccionamientos del arte posteriores á Federico, el procedimiento no ha variado: el armamento no es aún tan poderoso que permita ase:star los golpes brutales, irre­sistibles, que reclama el ataque de frente. No hay sino una excf'pción, pero E:\lla se refiere al Maestro, á Napoleón, quien gracias á la clarovideucia que tenía de la guerra, pudo permitirse el empleo de todos los métouos, reser­váu< lose la escogeucia oel que cóuveuía mejor al caso del mo­mento •. Su regla de obrar sobre el punto débil lo llevó á me­nudo contra una ala del adversario; pero en otras ocasiones lo encontró eu diverso lugar, como e11 Austerlitz, Ligny, Rivo­li, Montenotte. Esc:L independencia de criterio, ese desdén por los siste­mas- tipos, fue propiedad exclusiva de Napoleón: sus ad v·ersa­rios y sucesores, es decir, sns admiraJores y plagiarios no sa­lieron de la rutina. Por lo demás, Napoleón consideraba tan improbable el ataque del centro de su línea, que no vacilaba en desguarnecerlo para reforzar sus ala . Ataque y d-efensa de la Rothie're (l. o de Febrero de 1814)­Esta batalla hace resaltar lo que acabamos de decir. Los cuer­pos arranco basta en­contrar el tronco del árbol; desde aquí parten cuatro grueaas guaduas trabadas á di tancia tle uu palmo por tra\·esaño~ fir­memente atados debajo, formauuo uu piso susteutado eu el aire por un espeso tejido de bejucos que bajan tle las ramas del árbol y eulazan las guaduas, que ailadic.las unas á otras, se prolongan de ribera á ribera, hasta eucoutrarse sobre el centro • "Los tu os, á pesar ele todos sus esfuerzo , no habían logrado apoderarse por completo c.lel villorio (La Rothiere) ...... La situ:tción general, ·in ser brillante, dis­ta La mucho de estar comprometida ha ta el momento en que el ataque de Werc.le contra Marmont {izquierda) vino á cambiar la faz de los acontecimientos. '-Coman- 6aaute W•ll. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 8oLETIN MILITAR ~ G03 del rio, describiendo una curva irregular, cuya parte media se levanta cerca de ocho varas encima de las aguas. Couforme avanzan las guaduas hacia el ápice de la cun~a, se multiplican los bejucos de suspensióu, eu térmiuos que á la mitad del puen­tes*" espesan y juntan, y se cruzau y eutretejPn los de allá y los de acá cou uua profu:sión de mH.los q ne indican el afán del artífice por salir airoso del difícil paso. Sobre las guaduas, y de media en media vara, hay planchas sacadas de la misma plauta y afirmadas al piso con Lwjucos delgados; fiua.lmente, encima de estos tra\·esaños y Qn el sentido de la longitud del puente: hay uu listón ce .ntral de una t rcia de ancho, formado de cintas angostas de guaduas, y destwado á ser el piso tran­sitable <.h· l puente. Lo angosto de éste y la oscilacióu que le comunica el transeúnte, no permiten pasarlo á caballo ni con bestia cargatla: laR cargas pasan poco á poco á espaldas d~ Jos peones, y el viajero toma su mula
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 174

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 181

Por: | Fecha: 08/12/1900

BoaoTÁ, DiciEMBRE 8 DE 1900 -------------- - ~-~ -------.- -------------------- Organo del Miui terio de Guerra y del Ejército Son colaboradores de este periódico los Jefe~; y Oficiales del Ejércitn .A.:iSí" C> X"V" Director ad honorem Franci•co J. Vera-ara V. General de Ingenieros, Miembro de varias So­ciedades Científicas J.IDlli1@m~~:m IDY [)o •• m>J]ll JJ.®®m> ( 20 DE NOVIEMBRE) por el cual se suspenden los Palomares Militares y se hace una cesión á los Lazaretos El f/icepresidentt dt la República encargado del Poder Ejecutivo C<..>NSIDERANDO Que los Palomares lvlilitares que en la actualidad sostiene el Gobierno causan gastos de mucha consideración y no prestan ser­vicio al Gobierno; Que un respetable grupo de cab:tlleros solicitó la cesión de la!, palomas mensajeras para destinar su valor á los Lazaretos de Agua de Dios y Colltratación, con lo cual se hace un positivo be­neficio, desde luego que transcurr"rá aún algún ti rnpo antes de que el Gobierno pueda atender directamente á la subsistencia de Jos elefancíacos) DECRETA Art. 1.° Cédense las palomas mensajera· que hoy sostiene el Gobierno en los Palomares Militares, á los Lazaretos de Agua de Dios y Cantratación. Art. 2. 0 Autorízase al Sr. Intendente general de la República para que haga formal entrega de ellas al R. P. Evasio Ravagliati. Comuníquese y publ:quese. Dado en Bogotá, á 21 de Noviembre de 1900. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C.-El Ministro de Relaciones Exteriores, CARLOS MARTÍNEz Srr.VA­VJll- 45 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 898 BOLETIN MILITAR ~ El Ministro de Hacienda, PEDRO ANTONIO MoLINA-El Minis­tro de Guerra, JosE DoMINGO ÜSPINA C.-El Ministro de Ins­trucción Públic·:1, N!IGUEL ABADÍA I\1ENDEz-El Ministro del Tesoro, ENRIQUE REsTREPO GARcfA. ESTUDIO FRANCÉS DE ACTUALIDAD El romanticismo ha querido pervertir la estrategia: desvián­dola de la vía científica y sólida pretende transformarla en una es­peci~ de arte caprichoso, paradoxal, brumoso, indeterminado, espe­cie de terreno abertal en donde cada cuál á su antojo puede apa­centar sus caprichos. Esopo en su tiempo mostró que la monomanía médica era la más frecuente, puesto que todo individuo daba consejos á los otroa en caso de enfermedad. En nuestros días prevalecen los estrategis­tas: todo el mundo se cree apto para tratar las más hondas cues­tiones militares. El talento y aun el gracejo no faltan, pero la com­petencia de los aficionados sí falla á cada paso. El instinto belicoso de lus Galos atrae á todo francés hacia las cosas de la guerra, pero á la vez le inspira repugnancia visible por el estudio de las cuestiones á ella referentes. El burgués mo­derno es estrategista de nacimiento, y ]a mejor prueba de ello la tenemos en la manera como se discuten las leyes militares en los Congresos: gusta del lado caballeresco de la carrera, pero abomina sus mil detalles; viste con placer el uniforme, mas detesta el ejer­cicio. Es, por otra parte, antimilitar y le repugna la disciplina; la fantasía lo domina. No s;ent~ en su alma las sencillas virtudes del soldado, y sin embargo cree tener las condiciones de un gran ca-pitán. . Discutir sobre la guerra 1o seduce y lo marea: pronto está ~ repartir críticas y elogios: censura lo que se hace y lo que no se hace, y vapula á las gentes del oficio. Especialmente vive ena­morado de las operaciones imaginarias, de la confecció:1 de planes de campaña, hasta el punto de que habría inventado la estrategia especulativa si ésta no hubiese existido desde antaño. El mismo día en que Monsieur Prudhomme se inscribió en la milicia le asaltaron pensamientos estratégicos, é imposible se­ría anotar todas las necedades guerreras que han salido de su3 labios. Esto se explica fácilmente, porque fácil es dejarse arras­trar ~acia las cosas de pura imaginación: los conjuntos seducen1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ las altas concepciones atraen; cómodamente se cabalga sobre las quimeras, y con gusto se pasan algunas horas en el país de los en­sueños. El campo allí no tien~ límites ni obstáculos: en ese suelo propicio se maniobra con holgura, sin preocuparse por las posibi­lidades prácticas, mirada<\ como cosas que no merecen la atención de un espíritu superior. En el dominio de la fantasía, toda concepción parece ejecu­table; á juzgar por las apariencias, dirigir es una obra cómoda: parece suficiente tener ideas, y las ideas estratégicas abundan sobre todo en los cerebros de las personas extrañas á la carrera militar. Ya Clausewitz lo había observado hace años: "Cuando se leen los relatos que de sus campañas escribieron los grandes gene­rales; cuando se les ve mover miles de miles de hombres con tanta destreza como si sólo se tratara de su propia persona; cuando se les oye exponer los motivos que los incitaron á obrar de éste y no de otro modo, raciocinando sobre causas nada complicadas, Jlegan­do á veces á atribuír sus actos á un simple movimiento de su ins­tinto de soldado, nada parece tan sencillo como dirigir un ejército desde el fondo de un gabinete." Y en efecto, muchas son las gentes que están persuadidas de que nada es tan sencillo como dirigir un ejército, no obstante que el reducido número de los generales notables debiera indicar que la tarea es más ardua de lo que se supone. Los escritores militares, colocándose en otro punto de vista, han coadyuvado á generalizar el error de que la estrategia c~tá al alcance de todas las mano~. Por ejemplo, Jomini e cribió en sus Grandes op~racionu: "La estrategia funciona sobre líneas geográficas invariables, cuya importancia relativa se calcula por la situación de las fuerzas con­tendoras; situación que no puede entrañar. nunca ~ino un pequeño número de soluciones, pu sto que la:> tropas e~tán separadas ó reu­nidas, sea obre el centro, sea sobre uno de los extremos. Nada, pues, tan natural como someter ele ent s tan sencillos á r gl s derivadas del principio fundamental de la guerra, por lo cual nun­ca ciencia militar alguna tuvo tan sólido asiento como la estrate­gia moderna." Pero esta tesis es perfectamente falsa. La estrategia no es ni sencilla, ni está fijada; la cantidad de malas combinaciones ejecu­tadas lo demuestra de sobra para lo pa:;ado, é indica que en lo por­venir la obra aún será más deli~ada, visto:> los enormes efectivos que habrá que mover. Esto es de toda evidencia, y, sin embargo, todo se aventuran en el terreno de la disertación e tratégica, que según parece, ofre­ce alicientes irre istibles. D~ ahÍ e·a ca!Hidad innumerable de elu­C braciones inútiles, introducidas por la literatura novelesca en la estrategia, en las que se reempla~.w, con alidJs más ó menos espi­rituales, el razonamiento, el cálculo, la ciencia y hasta la misma h ·storia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 700 80LETIN MILITAR ~ A partir de la guerra desgraciada de 1870, la monomanía de la estrategia ha adquirido proporciones colosales: nue3tros reveses se convirtteron en mina inagotable para esa clase de explotadores. Críticas, ataques, recriminaciones, calumnias, llovieron sobre los que habían cumplido modestamente con su deber. Los que poco hicieron, y sobre todo, los que nada habían hecho, exultaron. Cada uno de ellos habría salvado la patria si se hubiera aceptado su plan; cada uno poseía un secreto y lo ofrecía con la respectiva do­tación de consejos. La antigua historia del retórico de Efeso, que daba lecciones sobre el arte militar, enseñando lo que no sabía, es siempre real. El uno vaticinaba 'sí: una vez en país libre (aun sin enemi­go), los batallones de franco-tiradores, describiendo gigantesco circuito, se lanzarán en abanico sobre el flanco del enemigo, y en herradura sobre su retaguardia. Esa tropa no será, sin duda, sino un cordón; pero ese cordón será una inmensa línea envolvente, y la envoltura se convertirá poco á poco en m u ralla de hierro. Otro decía: pasó el tiempo de las sabias combinaciones: basta la energía. Uno de los ejércitos, disimulando su marcha con los bosques, cortará la línea de comunicaciones del enemigo por me­dio de un vasto movimiento envolvente, en ta to que el otro, franqueando de improviso el río, lo asaltará de frente. Sorprendido y cogido entre dos fuegos, su destrucción es segura. Muchos deben recordar esas elocuentes tiradas; recuerdos, reminiscencias, sueños, todo se encontraba en ellas, menos senti­do común, menos espíritu práctico. Los fabricantes de proyectos y planes creían realizables las concepciones de su cerebro desbo­cado, sin caer en la cuenta de que su dedo majestuosamente pa­reado sobre una carta geográfica no era ni un puente, ni un cor­dón, ni una muralla. Entre sus lucubraciones y una aplicación cualquiera, había un abismo, y ese abismo no acertaban á decir cómo se podía salvar. .. Otro tercero afirmaba: el enemigo nos sorprende, nos asalta, nos rechaza, sin ce¡ar nos inflige nuevas derrotas: no podemos soportarlo. Arrebatémosle sus procedimientos, y la victoria será nuéstra. Esas frases, vacías de sentido, llenas de bombo, recordaban la lección de esgrima de Monsieur Jourdan: todo consiste en dar estocadas y en no recibir ninguna. Con suma gravedad repetían el precepto de Moliere, pero sin indicar los medios de realizarlo. Desde hace medio siglo Clausewitz criticó esa estrategia ro­mántica con suma donosura. "Fácil es formar el proyecto de en­volver al enemigo por la derecha ó por la izquierda; lógico el pen­samiento de mantener concentrado el ejército para ser dondequiera superior á un enemigo que se ha extendido; natural la idea de suplir la inferioridad numérica con la rapidez de los movimientos; todo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 701 eso, decimos, se acepta tan pronto como se enuncia. El descubri­miento 110 puede, pues, admirarnos, y de ideas tan sencillas no ten­dremos que decir sino que son muy sencillas." Antes de nuestra fatal guerra otros dos autores, reviviendo la idea de Clausewitz, pusieron en_ escena, en la Gran Duquesa, ese dislate tan común de los confeccionadores de planes de campaña: cortar y envolver, como si se tratara del bizcocho del colegio. En­tonces se rió á boca llena; pero la lección fue perdida, puesto que nadie se corrigió, según se vio poco después. · La reorganización del ejército, la defensa del territorio, las futuras operaciones, los nuevos si-temas de guerra dieron pábulo inagotable á la monomanía estratégica, creciente sin cesar. La ideología militar es uft recurso maravilloso, una djstracción amena, un campo sin límites para entretenerse en lanzar masas de hom­bres unas sobre otras, y donde se espera mostrar talento elaborando planes de campaña. En esos combates imaginarios se halla la em-briaguez y el vértigo de la victoria ____ sin dificultades, así como los fumadores de opio se procuran en su embriaguez el vértigo de la voluptuosidad. En esta clase de disertaciones todo proviene de la e13pecula­ción, y nada de lo real: su autores, embarazados se verían al con­cretar el asunto, en tanto que generalizando se llegan á creer, en cierto modo, generales de veras. La parte artística de la estrategia es de un manejo cómo­do: cualquiera se mueve sin tropiezos en ese dominio nebuloso. Las concepciones, los planes, la críticas, con5>tituyen un álgo elás­tico y dúctil que se amasa sin esfuerzo: se pliega, se extiende, se redondea, se aplana y recibe dócilmente las más variadas formas. Como en aquélios nada se presenta determinado, todas las conje­turas son lícitas, todas ]a;, hipótesis permitidas: cualquiera puede elucubrar á su · ntojo; hasta lo extravagante puede afirmar e, sin que se pueda contradecir, porque, en rigor, el mi rno imposible e adm.si le quitaao el fren de la razóh. Las nocio1 e vagas, los principios universales, se apiican á todo, al decir de los decadentes. l\1ultitud de individuos desprovis­tos de nociones militares abordan sin pestañear las más intrincadas cuestiones de la guerra; emiten u opinión sobre los nuevos fusiles y pólvoras cuando los especialista aún suspenden su juicio. Otros escritores explican lo que será la guerra futura, de qué manera fun­cionarán los grande e· ércitos, cómo se librarán las batallas tcrres­tres y navales, y señalan lo que sucederá en 1895 ó 1900. Esos libros, escritos en estilo llano y con cierta gracia, tienen algo de sabor apocalíptico, por lo cual recuerdan más ó menos la predicción del Cura de Dormunt sobre la gran batalla de tres días en 1-t encrucijada de Bouleau. Su lectura divierte como la de una novela, pero nada :nás. ANco DE lA REPU! ICA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 702 BOLETIN MILITAR ~ Ese género de literatura se distingue por su carácter abstrac­to, citas generalizadas sin tino, y un abundante emp~eo de expre­siones técnicas, puntos estratégicos, transportes estratégicos, esta­ciones estratégicas, y hasta tranvías estratégicos, etc. etc. Fue también Clau ewitz quie~ hizo la crítica anticipada de esas necedades tan comunes en el día: "Las expresiones: posi­ción dominante, pcsición cubridora, llave de posición y otras seme­jantes, no son de ordinario sino pal.1bras sin sentido; y es á fin d~ salpimentar ]a muy aparente vulgaridad de sus combinaciones gue­rreras para lo que ciertús pseudo doctores en estrategia e m pican pre­ferentemente esas expresiones sonoras que constituyen el tema pre­dilecto que desarrol1an siempre con el mismo són ante sus adepto!S." En efecto, los vocablos sonoros dan apariencia de erudición, y en el fondo nada significan por tener valor esencialmente tcm­poral y relativo. En esos relatos oscuros que ninguna claridad alum­bra, todo pretende ser profundo, y en realidad no guarda sino el vacío. Esas concerciones militares se asemejan á piezas dramáti­cas escritas por quitnes ignoran lo que es el teatro, y por lo tanto no se pu<'den representar. En un teatro 0e ciudad como en un teatro de operaciones, se imponen nccesidad<'s del mismo orden: en absoluto es preciso qu,. la obra sea práctic·, y ante todo hay que conocer el oficio para crearla. Si esas ccn di ciones fundamentales no existen, el fiasco es seguro. La única d i ferencia e tá en que tn el primer cas<' el autor no hace mal sino á sí mismo, y en el segundo lo hace á la cosa pública, presentatldo el espejismo como una realidad, y al sembrar esperanzas quiméricas, exaspera luégo aun más ]a decepción. Semejante exposicione~ rematan en conclusiones pcligrosísi­mas: puesto que las soluciones estratégicas son tan sencillas que cualquiera puede hallarlas, ¿cómo es que escapan al cerebro de las gentes del oficio? Y ese razonamiento, que surge en lo ánimos de los burgueses en ti t> mpos de revuelta, resulta acrecentado con loe- es­critos ó dicho e~pc r· iosos de los estrategistas de novela. Ese es uno de los grave~ incc :t \"enientes de la propensión á transfcrm.ar en juego de ima~i,,ación ó terna de sobremesa las arduas y serias cuestiones de la gutrra. General LEWAL (ex-Ministro de la Guerra) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 703 LltCCIONl5 DADAS EN LA ESCUELA MILITAR DE VIENA POR EL TENII'!NTZ CO~ON!L DE INGENIEROS MAURICIO BRUNNER Traducidas libremente de la 5.• edición para el Boletín Milif«r PARTE TEORICA eapitule t.•-Mi•ión primordial de la fortificación en eampaaa (Conti11úa) C- Cubierta.& Las cubiertas ó abrigo~ pueden ser: a) Un simple foso 6 triucl.tera (zanja) (figura 7.a); b) O~jetos que se interponen en­tre úuo y el enemigo para iuter'ceptar las balas de éste (ftgn­ra 8.•); e) Ambas espeeies reuuidas, que es lo que constituye el atrincheramiento militar propiamente dicho (figura !J.a) ; ti) Construcciones huecas (abrigos), es decir, espacios cubier­tos al abrigo de los proyectiles (figura 10). Figura 7·" Pi¡ura 10 Figura 9· El suelo natural puede prPSPHtar CU UÍertaS qn Sa­ti. faga11 más ó menos In~ eolHlic~ion("'H df>seailas, ta­les e m no za uja s, st.•to~, fl r­hole8, pare(les, t>ra otros materiales que se hallen á la mano. Nomenclatura-Las líneas y los planos que limitan la ma­yor parte de las cubiertas han recibido nombre propio. En Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--r-' 705 masa cubridora 6 parapeto (figura lR), marcados con puntos y trazos en el perfil y el plano tenemos : x y 6 línea de tierra, es decir, el suelo uatural 6 terreno; a o, Ja cresta inte·rior ó ma­gistral, es la línea c'ltbridora, también llamada l·ínea de fuegos en los parapetos defensivos; abes el talud interior, siendo b el pie del mismo; a e es el declivio, en el que e marca la cresta inte­rior; a 1 e 1 es el espesor ó cuerpo del parapeto, sin contar los taludes; a a 1 es la altura del parapeto ó de la cresta interior, 6 el relieve del parapeto; e f, el talttd exterior, en el que fes el pie; a. a 1 , la altura, y a1 b, la u ase rlel talud interior, represen. tanuo e o 1 y e 1 f las mi~mas partes del exterior; e e 2 representa la inclinación del declivio. En el foso (sea interior 6 exterio ¡' ) se hallan: x n y r p, ó talud interior; x 1 r, 6 borde superi01 ; n p, 6 pie; r r 1 , 6 altura, y p r 1 , ó base; z p, 6 fondo; z b es el talud exterior (anterior) ele! foso; m 1 z, el pie; b 1 y, la cresta; y z 1 , la altura, y z z 1 , la base del mismo; r r 1 , la profundidad Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ del fo~o; y r, la anchura de la boca 6 superior; z p, la del fondo 6 inferior; h h 1 , la. altura de la. cubierta, que es la del parape­to, aumentada con la profundidad del foso interior; f r es la berma ó banda de tierra natural que separa el foso del pa­rapeto. En el foso exterior el tal1¿d exterior se llama también con· traescarpa, y el interior escarptt; en el foso interior las misma8 partes se denominan talud dt- la banqw:ta, (pared anterior), y talud de revés el exterior. Las tierras del foso interior pueden servir para aumentar el espesor ue la cnhi~rta, 6 bien para constitnír el parapeto ; el fo&o exterior, cnautlo es profundo y tiene taludes muy pen­dientes, constituye nn obstáculo, porque en otras condicione! apenas sirve para dar tierra~ para la trinchera. En fiu, en las tt·aviesas y para,los tamhién hay cresta (lfneft. de mayor altura), declivio y talud exteJ"·ior é interior-Oontinúa. D! LAS PIRZ.\S EN LA ARfiLLERfA RODADA Jt,~lil !t~nto provi'linual arregla lo por la Co,nandanch milit 1r de l11 Pl11t:tt s oficiales ordenan n ' ACCJÓ~ y repiten la indicación Jefe­rente al alza que. va á emplear e. A la voz en acción los sirvientes ejecutan la Cé:lrga á voluntad como se pre"cribe en su lugar. Los oficiales se aseguran de que el alza empleada e ]a man­dada, y verific<.~n rápidamente la puntería. El jefe indica, según la dirección del viento, si el fuego principia por la derecha ó por la izquierda, y se sitúa en el punto donde pueda observar mejor )os disparos. Si el viento sopla. por la derecha, el fuego principia por la izquierda, y recíprocamente. Tan luego como las piezas están apuntadas y eon el provee­dor puesto, el jefe manda: tal pieza, FUEGO. El primer sirviente de la izquierda de la pieza designa~a repite la voz fuego y principia á disparar hasta agotar el proveedor ó hasta que se mande ALTO :IL FUEGO, Las piezas se designan por su número de orden en la lí­nea, contándolas de derecha á izquierda. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 108 BOLETIN MILITAR ~ Fuego por descargas-Para ordenarlo, el jefe manda: fuego po, diScargas; á tantos metros, ROMPA N EL FUEGO. En seguida se pro­cede en todas las piezas como en el caso anterior, el jefe manda: piezas (ó tales piezas), FUEGo, voz que repiten simultáneamente los primeros sirvientes de la izquierda antes de descargar los respecti­vos proveedores, si no se ordena ALTO EL FU EGO antes de agotarlos. Fuego por descargas con serie progresiva -El jefe indica el blan­co que habrá de batirse; adopta una distancia inferior á la real, y manda: fuego por descargas en serie progresiva; tantos proveedores, á tantos metros, ROMPAN EL FUEGO. U na vez preparadas las piezas como en los c1sos anteriores, manda el mismo jefe: piezas, FUEGO. Los primeros sirvientes descargan los proveedores respectivos, pero á cada uno nuevo que se coloque en la pieza, los segundos sirvien­tes de la izquierda hacen describir al volante del tornillo de punte­tería un cuarto de vuelta de izquierda á derecha, sin que de nuevo se apunte la pieza por la ranura de mira. Cuando el jefe juzga que los disparos alcanzan bien el blan­co, y que por lo tanto está hallado el alza conveniente, mandará: FIJEN EL ALZA, á lo cual los sirvientes cesan de mover el tornillo de puntería, y el fuego sigue con la misma alza hasta que se ordene ALTO EL FUEGO. Al darse la voz de fijen el alza, los jefes de pieza colocan el alza en la graduación que coincida con la inclinación que en ese momento tiene la pieza sobre el plano horizontal, in­forman á los oficiales de cuál es el alza así obtenida, y éstos, des­pués de rectificar la puntería si fuere preciso, transmiten el dato al jefe de la maniobra. Fuego á discreción-El jefe indica el blanco y manda: Juego á Jiscreci6n, á tant?s m etros, ROMPAN EL FUEGo. Después cada ofi­cial, así q UP su pieza está lista, ordena : pieza, FU EGo, el cual con­tinúa hasta que se mande cesar el fuego. NoTA - Durante la ejecución de los diversos fuegos el jefe de la maniobra puede ordenar el empleo del mecanismo de dispersión lateral, lo cual hará indicando qué amplitud (corta, mediana, gran­de) dehe darse á la dispersión de los prorectiles. Si aún no fuere suficiente esa dispersión, como cuando varias ametralladoras deben batir una extensa línea de tiradores, se ocurrirá á la dispersión de los fuegos dando á la contera movimiento de vaivén con la palan­ca de puntería, como se indica en su lugar. En ningún caso se podrá modificar el alza empleada, sino por la orden Jel oficial de grado superior que mande la pieza ó piezas. Cesar el fuego Para suspender el fuego el jefe manda: ALTO EL FUEGo, y se procede conforme se dijo en el número 8. 0 Este mandato no es re­petido por los oficiales ó jefes de pieza. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ S,.lir de batería Para que las piezas vuelvan á formar en columna con la dere­cha en cabeza, el jefe manda : artilleros á la dtTecha, á cerrar dis­tancias sobre tal pieza, MARCHEN. A la primera voz los artilleros giran á la derecha; á la segunda, todos lo~ oficiales, excepto el del pelotón que debe formar la cabeza de la columna, mandarán: (~­iumna de frente, y á la voz ejecutiva MARCHEN, que repiten los oficiales, menos el primero, los pelotones se ponen en movimiento. Luégo cada oficial manda : pelotón, ALTO, cuando el de su mando se ha acercado al anterior. Formada la columna el jefe mandará: columna de pie-.as, d1 (rente, MARCHEN. Si la columna ha de formarse con la izquierda en cabeza, el jefe mandará : artilleros á la i-r.quierda, etc., y el movimiento se ejecuta de modo análogo pero inverso al anterior. Es claro que para formar la columna si las piezas no se están moviendo á brazo sino atalajadas, se harán enganchar previamente á los armones ó avantrenes. NoTA-Cuando varias piezas que están reunidas para la ma­niobra forman dos ó más baterías, los capitanes comandantes de ellas repiten las voces del jefe superior. Además, en los fuegos su­cesivos las piezas se disparan en cada batería por mandato del res­pectivo capitán. La ametralladora con su armón arrastrada por dos bestias ocupa 2mo frente por I o de fondo, que suben á I 2 si ~1 tiro se dobla, como sucede en los terrenos dificiles.-Continúa. D.l ESTRATEGIA Y DE TÁCTICA EN LAS PEQUENAS GUEJlllAS por el Mayor C. E. Callwell, del Ejército ingléa TJ.ADUCCIÓ.N DE JSIDOAO l.A VZRDX AMA Y A (Continuación) Los tres cuadros de Hicks Bajá en Sekán, en donde su ejér­cito fue atacado y destruído por los .1\lladistas, guardaban el enor­me tren que exigía la conducción de víveres para cincuenta días y el agua para algunos. 1'al convoy debió ser un terrible estor­bo durante el combate, y contribuyó probablemente á producir el desastre que sobrevino. Sin duda que un hecho semejante rara vez se presenta en la guerra, porque es un caso sumamente raro el de un ejército que abandone sus comunicaciones para lan­zarse á varias jornadas de marcha en el interior de un país sin agua y sin recursos, y ocupado por un adversario bastante temi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 710 80LETIN MILITAR ~ ble para hacer indispensable la formación en cuadro, y esto e~ justamente lo que sucedió. De ordinario en semejante caso el método e~ formar un z.eribá ó vivac atrincherado, en donde se deja el convoy protegido por una parte de la ~olumna, c:uyo resto se forma en cuadro para p1 ec:;entar combate al adversario. XXV. Si es posible, antes del combare, los bagajes st colocan m un -x.eribá-Antes de los combates de Tomay y de Abu-Kiea se formaron z.eribás, en el interior de las cuales se colocaron en se­guridad, durante la lucha, las provisiones ·y los no combatientes. Este procedimiento es generalmente fácil en un terreno descu­bierto, pero es imposible en las regiones cubiertas de malezas y de arbustos, como en los alrededores de Suakín, atendiendo á que no se sabe en qué punto esté el enemigo y á que el lugar y el momento inminente del combate no pueden fijarse ni aproxima­damente por las tropas regulares. La regla de que cuando está próximo un encuentro se ha de dividir un cuadro de marcha en uno de combate y en un depósito fortificado, no es, desde luego, siempre aplicable. XXVI. Formación del cuadro elástico en marcha- El proble­ma se simplifica muchísimo cuando la naturaleza y la táctica del adversario en estas guerras irregulares permiten adoptar para la marcha una formación en cuadro más elástico. Desde luego hay más espacio en el interior de un cuadro elástico que en uno rígi­do; en segundo lugar la misma existencia de los intervalos facilita los movimientos de toda la columna. XXVI L C:;/umnas dispuestas de manera de formar rápida­mente ti cuadro-En el Dahomey, como ya se ha dicho, la co­lumna expedicionaria del General Dodd3 marchaba generalmente al principio en grupos paralelos dispuestns de manera de poder formar rápidamente un cuadro de trc lados en el mome ¡Ho de contacto con el enemigo. Los reconocedores del ter reno no po­dían apartarse mucho de las columnas por causa de la densidad de la selva, y por esta razón la presencia del enemigo de ordinario no se notaba sino á última hora; sin embargo, las tropas francesas al­canzaron casi siempre á tomar á tiempo la formación de combate. Pero después de cerca de un mes de experimentos el General mo­dificó sus disposiciones, y en la marcha final de Akpa á Abomey adoptó la formación de marcha en cuadro, sobre todo para envol­ver las numerosas trincheras de los del Dahomey y para tener más alerta á toda su columna. Pero este cuadro tenía siempre grande elasticidad, y al disparar, la formación, como ya se ha dicho, fue á menudo ca¡i abandonada porque una ó varias caras atacaban al enemigo. El orden de marcha volvía á tomarse tan pronto como era posible. Algunas veces, cuando la selva era muy tupida, el cuadro avanzaba muy lentamente; pero después de todo, el siste­ma de marchar en cuadro se sostuvo hasta la llegada de la colum­na al frente de la capital del enemigo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 111 En lo que concierne á la formación rápida en cuadro de una columna en marcha, importa hacer notar que el deaastre de la co­lumna Baker Bajá en I 88 5, cerca de Tri nkitat, parece en parte imputable al hecho de que sus tropas no tuvieron tiempo para for­mar el cuadro en el momento del ataque de los Madistas. Pero esas tropas eran tan poco veteranas y tan poco diestras, que no se puede sacar grande enseñanza de este desastroso combate. XXVIII. La artilftría y la caballería en los cuadros tn mar­cha- La colocación de la caballería y de la artillería en los cuadros en marcha está sujeta á los mismos principios que han determi­nado la colocación de estas dos armas en los cuadros en acción. La artillería en movimiento está sin defensa. Por tanto, cuando se adopta el cuadro como orden de marcha, á fin <.le re­chazar los ataques súbitos del enemigo, es evidente que las piezas deben estar en el interior del cuadro. Por fuera correrían riesgo de ser atacadas antes de poderlas poner en acción. 'Tales condi­ciones, si el enemigo es audaz y está resuelto, presuponen una forma rígida del cuadro. La colocación de las piezas durante el combate, sea en los ángulos, sea sobre los frentes, ha de .fijarse de antemano, y lai piezas deben marchar en el interior del cuadro c~r­ca de los sitios en que han de colocarse. En una formación en cuadro más elástica, la artillería, por lo común, debe también co­locarse en el interior. Por otra parte, en marcha, la caballería estará necesaria­mente fuera del cuadro; ella es inapreciable para el servicio de re­conocimientos y puede de este modo prestar grandes servicios al cuadro. Su retirada al interior de éste en cas::> de ataque, rara vez será prudente, á menos que, como en Ulundi, el enemigo no sea muy numeroso y no envuelva la columna, ó que no di. ponga del tiempo necesario para que esta retirada se ·verifique de propósito deliberado y en buen orden. Desde luego que, en circunstancias ordinaria , la cabal eria es cornP.letamente iudependiente del cua­dro. Durante la marcha hacia los pozos <.le Abu- lea, lo mismo que al Teb y á Tamay, la caballería marchaba á alguna distan­cia de los cuadros; y lo mismo pasó en el Dahomcy. Hicks Bajá parece que adoptó idénticas disposiciones. Cuando el cuadro es atacado, la caballería puede obrar seg.:in las circunstancias, y has­ta puede hacerlo muy eficazmente contra un enemigo en derrota, como se demostró tan bien en el Teb. Cuando los centinelas de caballería marchan al frente de un cuadro en marcha, deben estar prevenidos, que si dan sobre un fuerte número de enemigos, se re­tiren hacia uno de los flancos, de manera de d scubrir el fuego de la infantería y de Ja artillería. En el Dahomey, en donde la naturaleza del terreno y lo reducido del destacamento de caballe­ría paralizaba toda acción de esta arma, las tropas montadas se mantenían por lo común, durante la marcha, sobre el flanco. Al­& unas veces, cuando el enemigo aparecía numeroso, la caballerít. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 712 80LETIN MILITAR ~ se retiraba detrás de la columna y formaba la cara trasera del cua­dro de combate. XXIX. f7ivac en cuadro-No hay mucho que decir sobre la formación del vivac en cuadro. Cuando hay que recurrir á él, casi siempre es mejor transformar el vivac en un puesto fortificado provisorio, ó zeribá, ó en laager, si á la columna siguen carruajes. Los franceses en Egipto vivaqueaban en cuadro. En las opera­ciones de guerrilla en Argelia, en la mayor parte de las campa­ñas de los rusos en el Asia Central, en el Sudán, en Achín y en la generalidad de las operaciones en bosques, el orden normal de vivac es el cuadro. La víspera del combate de Kashab, en Per­sia, * la columna de Sir J. Outram vivaqueaba en cuadro cuan­do fue repentinamente atacada por el enemigo. Hay que pre­ver la posibilidad de un ataque de todos lados. Esta cuestión se estudiará mejor en el capítulo siguiente, que trata de los zeribás y de los laagers. CoNCLUSI6N-Nos hemos extendido mucho sobre la forma­ción en cuadro, más bien con el fin de mostrar las diversas condi­ciones en que se ha empleado dicha formación en las guerras irre­gulares, que para sentar principios sobre la oportunidad de ella y sobre la mejor manera de organizarla. Ella no goza de gran presti­gio entre ciertas personalidades. Es cierto que en teoría se puede decir mucho en su contra; pero en tanto que tropas regulares se vean estorbadas con los bagajes indispensables, y tengan que com­batir con guerreros que por causa de su gran superioridad numé­rica y de su rapidez de movimiento ó de la naturaleza del teatro de operaciones ataquen por todos lados y cuando quieran, será di­fícil encontrar nada mejor que el cuadro *.-G"'ontin~a • En 1857 el Virrey de la India h bh enviado á Per~ia una columna com~ pne ta de tropas ingle ·asé incli~~ mandada· por Sir James Outram. E:.ta columna debía con¡,treñir ,.1 Shah de Per ·ia á que abandona e. us preten. iones ~obre Hérat y Kandahar, "los do· puntos del Afganistán oecident.d que dominaban las líneats eiarnprt! seguidas, desde Alejandro ha ta Ahrnael Shah, por lo invasores de la fn. dia, y que por e. ta causa debían ser ocupado~ por attligos de la India Británica 6 por ésta misma." La colum11a de Sir Jame · Outrnm de embarcó en Bu!~hir, sobre el Golfo Pérsico, obtuvo dos victorias, unn de ellas la de K'lshab, y forz6 al Shah de Persia á pedir la paz. The lndian Muting of 1857, by colonel Malleson, páginas 25 y 26. • El Mariscal '\Volseley se expre. a sobre este punto así: " Es absolutameu· te indispens!lble en el desierto que toda columna tenga caballería que asegme el servicio de lo reconocimientos; porque si no tenéis tiempo de prepararos á recibir la carga de los 'rahe~, ::;eréi~ destruí,los. Yo sé que la teoría me enr;;efta qne una línt-a puede con su ÍL1cgo rechaz •r al enemigo más audaz, y que los teóricos mili. t.1res rechaz:m todas las formaciones eu cuadro. ¡ Pero que Dios ayude á la línea estorbada con las provisiones y camellos que se'\ atacada por los árabes, como aque­llos que cargarou en el Tcb y en Ahu-Klea! Cuando os aproximéis al entmigo es mejor formar un zeribá y colocar en él la mayor parte de los llagajes que podáis; en stguida marcharéis al atal¡ue en nno, dos 6 tres grandes cuadros en escalones, liegún vuestros efectiY'os1 lanzando la ea ballet fa en todas direcciones •••• '' Soldin'' Pocklt Book, p¡gina 341. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y-" DEL ESTUDIO DE LA HlSTORIA PATRIA Páginas dedicadas al Sr. General M. D. M. 711 La virtud más recomendable en un ciudadano es el amor á la Patria. A favor de tan generoso y noble impulso se han llevado á cabo grandes hechos. Lo que más mueve d ánimo á las arduas empresz.s guerreras es el des de ver engrandecida y pujante la nación en donde uno ha nacid . Por eso nos complacernos tan á m en u do en evocar la memoria de los Próceres, porque ellos expu­sieron su vida á los azares de una lucha encarnizada, tenaz y lar­guísirna, sin otro móvil preponderante que el de la libertad y el progreso del suelo patrio. Cuando nuestros sentimientos republicanos se vean combati­dos por la duda; cuando demo más valor á la posesión de nues­tras comodidades quP. al de·eo del bien general, y cuando el can­sancio de los años nos induzca á ser i ndif~.::rentes en la suerte del país, tratemos de recordar un pasado que nos deslumbra con sus glorias y que, quitándonos repentinamente la venda que nos ofus­ca, nos d<:volverá el vigor del hombre que se siente dueño de sus acciones: que ama el bien y sueña con las glorias de la Patria. El Panteón de: nuestros hombres ilustres es el que guarda los restos mortales de tántos valic::ntes corno se contaron en las prime­ras filas del ejército republicano. ¿Qué mayor título para adqui­rir fama que el exponer la vida con osadía por fundar Ja patria ? Por esto se concibe: que el pre tigio militar que surgió de )a guerra de Independencia fuera tan ab · oluto. La sociedad tnton­ces, vacilatlte en su marcha, desorientada del rumbo qut debía to­mar., y dando pábulo á m zquina Je confianza~ q 1e hicieron sur­g; r con torpe liviandad Ja ambiciones per onal s de algunos polí­ticos, creyó cuerdo oponerse á lo que se llamó el militari. mo. Este no era, materi2.lrnent~.; h.lblando, sino el exceso de= fuerzas, que aleccionadas en el campo dr! la guerra, dueñas del indisputable prestigio de su valor y di::;ciplina, paseaban s•1s armas vencedoras de un t-xtremo á otro dt.l territorio libertado. U na rivalidad secreta enardecía los ánimos de los letrados 1 abogados de la Nueva Granada, quienes pretendía11 ver en cades heroico lidiador una amenaza contra el derecho. En su afán por ver mejorada la sociedad, todo lo concedían al buen juicio y pa­triotismo de que se creían ó sentían animado , sin calcular cuánta era la significación moral d-:! los militares para mandar, ni cuál el grado de sus incontables sacri licios *. De de entonces se sembró ---------------- • E'l po!iible qne irsfluyera en mucho á formar este juicio la consi1leraci6n de que fue un grupo 'le hombres de pluma el que preparó el Clmbio político del pds.. VIJI-46 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 714 80LETIN MILITAR '-y--" por los campos de nuestra política esa nociva semilla de }as des­confianzas, que al andar del tiempo produjo la formación de los partidos y el constante soc:avamiento de la e nece· 81ta <1 JOI),'tf at·, Unjo tOtbiS .StlS f'Ol'Jll¡l, ) Jl80Ctl'(~ ct.J fin en JlUC,­tra legis!adóu. ¡, St•rá llPces,tl'Ío recordar cuán \ ru·ouzosa­nwnt e ' ' tol(tcla fm~ la igualuacl a.nte la justicia bnjo ol • uti­~ ·w rég·inwu'Y Parlameuto~, trihnna.le~ de 8eg·unclo orclcn, ju­Jbcli(: ciones extraol'tlinaria& s ~in lazo que ~e anogahau el derecho lo lle\ar {t los justieinhlt>s ú. ~u barra. 11 tal de:-~¡u·ocio de proc climieutos que uu ahogatlo del rP.r pu,lo flecir que la justicia tle sn tiempo· era nn JHIIajc. No e.·i ·tía ninguna. unilhul en la legislación; casi tHntos eócligo COIUO prO\'ÍIIcia • Fue la. n~\'"O!ución la qu6 eu la Dt·claraeióu ele los a á asegtu·ar la. unitbul (le L.t legislauión. ¡En nue~tros día.:::~ totlct.\'Ía los triuuuale:::~ militares no sou, eu tiempo de paz, vestigiod de uua socieds pri vilegia.uas, el clero y la. uobleza, lmjo pretexto de que el u no reza. ha y la otra. com u a tía, relt usal>a tomar part& en Ja~ (jarg·as pública:-\; ésta:::~ recaían sobre el tercer estado, que f11era. de los impuest s reales llebía, por acre<·entamiento, pagat· una f:lerie ién fne predso qne La. Revolución .estal>lecie~· e et uivel de la ley común. Los célel>res decretos tlo Ja. uoehe tlel 4: de Agosto de 17~9 abolieron los impuestos más ubusivos, y mús tarde, en 1793, la. Couveudón arregló equita­tivameute, por •nedio tle un si~tema. de contribuciones direo­tas é iutlireetas, la parte •le calica ,le 1~4S, el su­ft ·agio uuivtwsal, forma \·i\·ieute y cto, el tiem w lle tres años ape­nas de sct·vwio. L · )~ miembro~ de la euseñs 1.~> y 4.u en letras y ciencia , de dootot· e11 llel'ecuo, de doctor en llledicina, de fa.rmaceuta de pr.ime.ra clase, de veteriwuio, ó el título de iuteru't de los llos­italc: i, noml>l'Ha. el diploma superior que se otor~a. á lo~ (liscípulos externos de la e~cuela rle l">nen­teR y Ualz~ul;.ts, la escuela superior de minas, la e~H·nela de ar­tillería marítima, sea el (liploma. snpel'ior concedido por el Instituto nacional agronómico, la e~cuela de los Raras jercen industl'ias de arte qne sean de~iguaclas por un jnra•lo .Jppartamental formatlo de ohreros y Jlatrones. El núrnP-ro de estos jóvenes no podrá pasar en uiu­gnn caso de nn mcclio por ciento del eontingeute que deua in· corporarse para tres años.-Oontinúa. DEL GENERAL PABLO MORILLO (Continúa) Por e te mismo t.icrnpo l\lariiio pretendió ha.tir en detal la~ g-na¡·nie1o!H'S de Oar·ítpa.no, de Ual'iaeo y gnitln sohr·e C.r1mallfí y bloCJnear esta. plaza por tierra y por mar. El 31 de Oc~tulH·e á uwclio día se prt.•t\eutó, á ]a cahe:;m 0() hom ln t~. , del a u te ra. á la cabt~zn. ele sus. tropas, .Sile (}Olido llacía. alg·unas i llClli':-IÍOiteS :'t Los Lhlnos con sn iufanteda y tllt retlucido número íl t~ jiuete~. Anu cucuHlo víveres no le f.tltaron HUHca, los etwneutros <]tle tn,·o con el enemigo 110 dieron resultc.ulo uingnuo satisfat~torio. La. q ui 11 ta di \'JSión, que permant>ció eutre N u t rias, Ohi~pos, etc., durante la forz. La cornuuieacioue · perma~aece n iut{~tTnm· pidas, y el temor de las euferaH~ sa¡ntrecl'r la inundación. Durante el reposo del l-jército collwllcé n11 géll<'l'O de tra­bajo menos peuoso que el que acababa <~í <~n Valeneia una com1sión encarga­da de remetliar totlos estos abusos, y confhwdome enteramente á su celo, juzgué que podía ponel'mo en eamiuo pa.ra. pasar re Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR '-y--' '119 ista á mi ~jé1·cito. Tenía qne recorrer una v·asta ext(msión del país, pero e~te viaje era indispeusa.ule pa.1·a ordenar bien la cawpafía que iha á abrirse. Me traslaclé pr¡.mero á Barquisimeto por el camino re üalahozo, en a bajo las ól'deues Llel Brigadier D. Francisco To­más Mora les. gst.cjefe, · iempre infatigable en sen?icio del Rey, había logr·aclo ya reunir mil cnatt·ocient.o· hcLbitantes de los llanos, totlo~ m ny bien mon taclo .. 1 n~tru ído ·, (lebió eostttl'le i ncn. ettlahlos t.t'.thnjo~. El s ~lllulo B,ltallúll (le Val< fle ~.,., ele reei<~nt~ f,n·mnción, bací· parte d su 1 ivisión Qt )clé al taulP 1 t <~o m p tiempo so completó en t.oclo, que«la.nclo perf~<:tamentt• el}tlil,ata­ban ya 8ecas; durante todo el inderno el enemigo oeupó ~1 San Fernando y á San Juan de Payara, y tle tiempo en tit>mpo (lP-s­tacaha parte de su eaballería llasta üarnag-uán y San .Taime> para obsen·ar nuestras fuerzas. Al principio no hubo siuo al­gunas escaramuzas de poca importancia, cuyo éxito quedó balanceado. A juzgar por la atHhwia que ostentaban Jos rebeJ ~llll toda apa­riencia, annqne Ye ~·tidos cou uuiform •s relega(los ya en InO'la­terra por viPjos. Los habitante. de las llanurm;, de ·Jum brados con tales preparativo~, se ereían .. n s<>gnritlad sol>re la dert-'clm del Apure, y no rlu(lahau de la , · ictoria si las tropas d"l Hey osa­ban preseutar e. Siu embargo, hada la mitad <1" Diciembre cuatro de nuestras clh·i ·iones se ponían en rnareha. para. La Portngnesa con el fin de re u u irse e u el paso del Chorrerón. Justamente en eso momeutos snfrí en üaraca~ una caítla de á caballo tan violt'IJta c¡ne nw imposibilitó para poder ha­cer Ul'iO, durante alg-ún ti ... mpo, ele la. piPrna. izqniPrda. l\le vi obligado {!, gtwnlar canw, y tu\'e <]IIP co11tiar al 1l;tri~cal de campo D. Miguel Latol'l'e t>l mando ele )a vaug-uardia y de la 6egunenc.->fieeucia r .s¡wcto de estoR impmta:iltes fun­ciouarios que, como he dicllo antes, lo son ~·ono en pueblos retiraga floja y deto;virtnada, si aca. o llt>ga.. ¡ Plugnieso á Dios que por tiu .·~ aboliera la perniciosísima prúctie de cobrar dinero por la a:lmiui ·tración de los ~acra.mentos, v •t'(la.· dero ,if ot i ·moque des nto iz· y vilipeudia. el minil;terio del Cura y lt> despoja dé su prestigio moral á los ojos de Jo feli· gr .·e , al pa~o que propaga. entre é-.tos la corrupción y el con­cubinato! • Pero uo l>asta.rá señalar Rneldo {t lo Cnras para fJU6 vivan mode tamente; 1· ju ·ticia. ~· la con veuieucia el •mandan que se pien.·e también en crear nn fl)mlo de pensiones de retiro para los iu\Tálidos del sac rdoci0 ~ctivo á quienes la vPjez y la pohn!za ,orpretHlan é inutilicen en meÚl'J'ocos ruraleR, sin reconl refuta á cada pa'!o: laa excepciouea no coustituytn rf'gla- L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 722 80LETIN MILITAR ~ envejecen, .V env~jecen roaearlos . F11e preciso llesmon­tar ·s<~ y dt=-ja.rse rocita que, totla azort.Mla., tratctb i\ escalar nn cerro qne se alzaba det·echo y descarna(lo sobre la quebrada. No había otro camino sino una senda. mn,y angosta q ne SPrpentealH\ en cortos zig-zag basta la eJe,·adacumhre piramidal. Uouforrne subíamos, el J)rohlema. se complicaba más y más. El suelo de la setHht "e componía de pizarra es uso y costumbre en la mayor parte de lo~ nnéstros, snbe á la cima misma. del picacho, aprovechantlo totl~ la al t11ra p:tra despnés proporciouat· el placer de u u a b:~ja1la correspondiente: a8í las Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 723 agraclable~ emocione~ del tránsito se prolongan ba~ta qne no hay clón(le encaramar~e, como si SL' hnbiesc querido ponPr á pruPha la SPren iclar­m ·uHlo paredón. Al fin •lcl r~coierta aq nella~ e. traiia.s cabl'iolas. - "¡,Y flllién te ha dicho, alcoruoqne, replicó mi cmnpa­ñero dese le lo alto. fllle este camino se ha. hecho para. caminar?" -"Sí, mi arno. el camino e~tí .fierecittJ, pero en h1-1.ja.rulo la otra. mu~sta eutr;:trc~mos en lo llano, qno aunque es un poco pan­tano" o no tieue peligro." -"¡Otra enesta y nn 11a.no ptlntanoso! exclamé desmon· tán(lorne. bn(l'n consnelo! & Y vos clecí:i, ala. ha.qniano, qtte este camino :fierecit() es mejor qnc el qne am;l.n (le arriba?" -'·Sí, señor: el (h~ arl'i balo ba ta.p ll) el monte, y hace tiem­po que no lo componen." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LElUI MILITAR '-y-" -"¡Y qué bac~n el Alealuía eYi­dentenwnte n1ás de malicioso qne de cándido; razón a(licional para clt->jarlo en pacífica po~esión (le su reser\·a. Todo· los ca­minos de la parte baja del Cantóu de Chiqninqnirá. se parecen al que .., '? Ni debe sorprencler la próxima extinción de los pueblos de Bnena\'ista, Muzo y Pu­rip1, cuan1lo á la falt.a de caminos trausitahles se une para des­truíl'los la ausencia ue to(la policía y el egoísmo y la avaricia de los vecinos que po(lrían atajar la ruina, pero que no la per· cibeu 6, ¡co~a extraña! estft.u interesados en ella, como las au­toridncles de M uzo. Bien entracla la tardt~ llegamos á Canipauna, pueblo asta.nte eoucurreucia y mod­miento, Cf-\lebrárHlose los cambios y contrato. pri11cipalmento con Yeeiuo.' de Ohiquinquirá. Canipnnua eneittTTa muchos ele­nHmtos de progreso, y adelantará sin (}ucla si la. suerte le d~­para Alca.lcles como d que hallamo:~ funcionan llo, jo\~en lleno ele patrioti . In'> y clPseo ·ísim ele la f~licicla1l cta ele dos y mn lia legua.:;, en el últ.imo término de unas rio d colina.s d •sct·ecien­tes qne cle,'tle Oa.nip.:tuiH h·ljan iul~ta Hl pie tle la maje .. tnosa serranía cl..-1 Tam brial. el h~hmmos los \·értices blattr¡ necino y erectos de Furat<)ua. Para llegar allú. Pra preciso dar nrt roch~o de casi cinco leg-uas yenclo por el eami11o mpresa lwmé riea, no siendo r.,c~il atr·avesn.r las selnts y desiertos qne ele él nos separa.han. A la mafia.na signiente partirnos,~,. como á las tres ele ht tarcle llegca.mos á la. casa del Sr. P .. ttlilla., donde hnhimo'i de clt•jar las cabalgtt.(lnra.s pa.n\ tra~poner un <'erro qne nol:i tli­vidía del objeto de nuestra excursión. No había camino alguno~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ y fue menester abrir á machete una. pica por entre el hosque: el calor <>ra a.hra~aclor y la. fcltiga no peq neña, pues las lacleras del cerro son en extremo esca r¡)a
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 181

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 182

Por: | Fecha: 15/12/1900

BocoTÁ, Dicr~WBilB 1 S oa 1900 ·---------------------------- - ~~~~- ---- - -- -- ------------------ ---- Organo del iliiaisterlo de Guerra y del Ejército Son colaborad orea de este periódico los Je!ea 1 Oficiales del I::jérci~'' .A..::ST<> X"V" Director ad honorem Francisco J. Vergara Y. General de lngrnieros, Miembro de Y&riu So­ciedades Cientfticaa :ISTU:t\1.1:. 102 J!Dllil&J~'1Jj~~ k11'. 0 ~41Sl JWTª Jl~®® (10 DE DICIEMBRE) que honra la mem ria del Ilustrísim0 y Re\.·erendísimo Sr. Dr. D. MANUEL JosÉ MosQUERA El Vutpresidentt de la República encargado del Poder Ejuuti'Us co , ·siDERANDO O .te la Iglesia colombiana ha dispuesto honrar hoy de un modo ~special la mern ri.t del ilus trísimo y Reverendísimo Sr. Dr. D. MA:-:UEL JosE .V1.osQUERA, Arzob ispo de Bogotá, por ser est· fecha aniver:, ario de · u f.diecimicnto; Q~ e e te i 1signe va r. ón p o r su profunda ciencia y sus exi­mias Vlrtudc5 preste) incalculables SCn'i c i· >s á )a formación de }a inteligencia y de L1s volunt(\des, ora. con su elocuente palabra en los colegios y en la cátedra, ora con sus admirables escrit s, y ya ta nbién con Si! abnega:ió :1 y mansedumbre á maravilla armoni­Zld.. ls con la cons t..1ncia y ener5ía que en día aciagos desplegó en defensa de los fu e rm de la Rdigión C a t c)lica, b.1se del orden social, DECRP.TA Art. r .o El G >l:>iern 1 de la República se ria dd ilu~tre m irtir y gran defen.or de la Fe, Ilustrí...imo y RevaenJÍ::;im ·J Sr. Dr. D. \1. ~NUlH .. ]osE MosQUERA, dignísimo Arzobisp~ de Bogotá. VUI-4-7 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. '130 80LETIN MILITAR ~ Art. 2.0 El Gobierno presenta al pueblo colombiano como­ejemplo y dechado de caridad y celo apostólico la vida del gran Arzobispo. Art. 3·° Copia auténtica de este Decreto le será presentada al Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. Arzobispo de Bogotá. Dado en Bogotá, á 1 o de Diciembre de 1900. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C. • • JID}j}@~~~l» ~~~o ~~1]; ID>~ 11~®® (ro DE DICIEMBRE) por el cual se tributan honores á la memoria del Sr. Dr. D. AQUILEO pARRA El Yicepresideñte de la Rtpública encargado del Poder Ejecutivo CONSIDERANDO Que ha fallecido en el Municipio de Pacho, el día 4 del co­rriente mes, el Sr. Dr. D. AQUILEo PARRA; Que el finado, por sus méritos distinguidos, de5empeñó por un período constitucional la Pre idencia deJa República, y ejerció­los empleos de s~cretario de Estado y Gobernador Secciona!, y mereció también por su moderación y prudencia la confianz-a de gran parte de sus conciudadanos, como Director político, DECRETA Artículo único. El Gobierno deplora el fallecimiento del meritorio ciudadano y distinguido hombre público Sr. Dr. D. AQUILEO PARRA, y dispone que se tributen los honores póstumos que son de costumbre en casos semejantec;. Este Decreto se enviará en cop:a auténtica á la familia del finado. Dado en Bogotá, á 10 de Diciembre de 1900. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Mini tro de Gobierno, GuiLLERMO ÜUINTERO C. "" Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ '131 SOBRE LA FORMAC I ÓN DE SIRVIENTES APUNTADORES EN L0J. CUERPOS DE ARTILLERÍA Arr~glada del francés para el BJleli11 Militar SEGUNDA P ARTE - J os,rucción e s p ecial La instrucciórl especial comprende: a) Los ejercicios de pun­tería; b) Los de alineamiento; e) Los de corrección de Ja puntería; d) Los de conjunto, y las prueb21s para la definitiva clasificación de los apuntadores. La instrucción especial se dará en cada batería ó grupo de piezas por lo3 oficiales, b.1jo la dirección dd superior res­pectivo. Los ejercicios se ejecutuán primero en el patio del cuartel, empleandJ tantas piezas cuantas sean necesarias: la maniobra en cadc1 caso corre á cargo de lo5 artillero;; designados p:tra desempe- ' ñar las funciones de primer sirviente de la izquierda y segundo de la derecha. Lo3 otros artilleros permanecen observando tras la pieza, hasta que les toca el turno de reemplazar á aquéllos. En fin, para facilitar la vigilancia se reducirán los intervalos entre las. piezas. Primera lección-Puntería con ~1 alza sola Puestas las piezas en batería y colocados los artilleros tras de ellas, el instructor designa cuáles de los soldados desempeñarán las funcione$ de primer sirviente de la izquierda y segundo de la derecha, )es hace ocupar sus puestos, y en seguida indica cuál es el punto sobre el cual se debe dirigir la línea de. mira, mandando: cvn (tal) alza y (tal) desvío, APU:-JTEN. El primer sirviente de la izquierda repite en voz alta los ele­mentos de )a puntería indicados por el instructor, y asesta la pie­za, ayudado por el segundo rie 1.~. derecha. Apuntada la pieza am­bo:; vuelven á su puesto en la fila, en seguida de lo cual los jefes. de pieza verifican la puntería y la rectifican en caso necesano. Antes de a"estar la piez.1, el primer sirviente de la izquierda se asegura de que la culata descansa sobre la cabeza del tornillo de puntería. El instructor indica entonces una nueva alza y otro des­vío, y así continúa la sesión, haciendo que los mismos individuos ejecuten varias veces seguidas diver · as punterías, hasta que todos los artilleros hayan desempeñado las funci,mes de primer sirviente de la izquierda t ras p.lsar por lJs de segundo Je L.t derecha. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 732 BOLETII MILITAR ~ En las primeras sesiones el instructor indicará las aJzas en milímetros, c;iendo más tarde cuando lo hará en distancias con laa voces á (tantos) metros, con (tal) desvío, APUNTEN. Los desvíot los indicará ora á la derecha, ora á la izquierda, conforme sucede en el tiro real. Segunda lección-Puntería con alza y nivel Cuando se haya de disparar á distancias superiores á aquellas que están indicadas en el alza, se hace uso del nivel de punte­ría para dar á la pieza la inclinación conveniente. El instructor dará el nivel al primer sirviente, quien lo coloca en el saco de es­topines, en seguida seña!a el blanco y manda : con (tal) desvío 1 (tantos) grados, APUNTEN. El primer sirviente de la izquierda repite en voz alta los da­tos enunci~dos, coloc'i la corredera del alza en la última división en ésta marcada, introduce la espiga en su canal y asesta la pieza, .auxiliado por el segundo sirvie-nte de la derecha. En seguida, to­rna d nivel de puntería, coloca la corredera en la tdi visión corres­pondiente, aprieta el tornillo de presión, pone el nivel sobre la culata, á plomo, con la flecha dirigida hacia el blanco, y hace que el segundo sirviente de la derecha mueva el tornillo de puntería hasta que las extremidades de la burbuja de aire queden á igual distancií:l de los dos trazos marcados en el cristal. Terminada la puntería los sirvientes se retiran á sus puestos y el jefe de pieza procede como en la lección anterior. Cuando obstáculo; naturales ó artificiales, situados entre la pieza y el blanco, impidan dirigir la línea de mira sobre aquél, mirando por el ojillo del alza, y sí sea posible que el artillero lo vea colocado de pie tras la cular.1, se hará uso del nivel de punte­ría para dar á la pieza la inclinación correspondiente, y la direc­ción se determina por medio del alza y de la plomada. En este caso, al mandato de con (tal) desvío y (tantos) grados, APUNTEN, el primer sirviente de la izquierda repite el desvío in­. dicado y coloca el alza en su canal con la corredera en la divi­sión correspondiente al ángulo de tiro indicado, ó en la última, si fuere superior á la escala de ella, arreglando en seguida la inclina­ción de la caña por medio del nivel de puntería. Hecho esto se coloca algunos pasos á retaguardia de la pieza, se empina, si fuere necesario, hasta ver el blanco, y se sitúa de .manera que el hilo de la plomada que tiene en la mano cubra el -. ojillo del alza y las puntas del guión, y hace mover la contera á derecha é izquie-rda, siguiendo el movimiento del ojillo, hasta que :el hilo de la plomada cubra á la vez el centro del ojillo, la mi­t3d del espacio entre las puntas del guión y el blanco. Como en­ ·.t.onces la pieza está apuntada en dirección, retorna á la culata, ve- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 733 ri fica la i ncli nací ón de la caña, y la rectifica, si fuere precisf', COIT' el nivel de puntería. Cuando á corta distancia adelante de la pieza existe algún· obstáculo ó relieve que impida el empleo del procedimie11to que acaba de indicarse, la dirección de la pieza se obtiene por medio de dos jalonadores. Para esto dos artilleros ( ó dos estacas) se trasladan á la cresta de la ceja, cima de la pared, etc., manteniéndose á cier­ta distancia uno de otro, el instructor los alínea entre el blanco y la pieza, y sobre ellos apunta el cañón el apuntador. Asegurada la dirección, el ángulo de tiro se obtiene por medio del nivel de puntería. Tercera lección-Alineacion de la pieza sobre una señal á vanguardia Siempre que no se pueda apuntar directamente las piezas so­bre el blanco con la sola alza, ó se tema qne aquél pueda desapa­recer durante la lucha, á lo menos para los apuntaJores, se debe jalonar la dirección primera dada á las piezas. Apuntadas las piezas conforme se ha dicho atrás, el instructor escoge á vanguardia y en dirección ce--cana á la 1 í nea de mira, un punto de referencia netamente indicado y bien visible, y manda: sobre (tal) objeto, JALONEN LA PIEZA. Los primeros sirvientes de la izquierda, sin modificar la dirección de la pieza, determinan el alza y el desvío que resultan necesarios para que la línea de mira pase por el punto de referencia. Para conseguir esto sacart n el alza de su canal, aflojan los tornillos de presión de la corredera y de la planchuela, vuelven á ponerla en el canal, y la bajan ó suben de manera que el borde su­perior de la planchuela coincida con el o~jeto señalado, en cuyo momento ajustan de nuevo la correriera. En seguida mueven la planchuela hasta que la ranura de mira quede sobre el blanco, he­cho lo cual aprittan el re pect·vo torr ill . Los jefc:s de pieza se asegurarán entonces Je que la pieza no se ha movido, y de que la nueva línea de mira pasa por el punto de referencia, ó sea el auxiliar de la puntería. El instructor, en cuanto sea posible, se conforma á la progre­sión siguiente para esta enseñanza: designar primero como punto auxiliar ó de referencia un objeto situado sobre la misma vertical que el blanc-o, clavando convenientc;mente una estaca si no lo hay; después otro colocado sobre la misma horizuntal, y en fin, uno si­tuado en una posición cualquiera con respecto al blanco. Para verificar las operaciones, el inHructor desplaza las piezas ligeramente, hace apuntar sobre el punto de referencia con el alza y el desvío auxiliares antes obtenidvs, y derll sobre A, con lo Ctl'tl b el" tanci.t eutre l¡ s dos c:o• reclrrc1.~ rcsult~rá at mentadOn dos estac¡¡s de gancho clavad.:s rlehnte de las rued;t$. L. D. • Para facilitar la puntería en e)o.te ca~o ~s preferible clavar adelante ó atrb pero en la prolongación del eje de la pieza, tres estacas ele m:aynt á meuor, la ú tima' unoa -5 metroil de la baca (contera), y subre ell11!:, más baja que la crior. Colocad<~ lét re~la de correderu, la correcci611 se h3ce á la voz de corran la •orredera (ta11to.~) miUmetrul 4 la derecha (izquierda). • En el A frica Austral tocla obra l etrte de :1fuer·t. e ~onstruye una trinchcrs i11gluas m A/rica, págiua 146, la dt:~cripci6n del b,.­ll• elt-walo", del Africa Austral. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ cuando esa protección se levanta de improviso sólo para proteger á los no combatientes, mientras que el resto de la columna se bate á campo raso. Pero antes de discutir la cuestión más en detall, conviene hacer notar que, por lo común, este modo de manejar las operaciones es, en suma, la adopción de la defensiva durante el combate, y cuando uno no se bate, la formación de laagers y de z.erihás produce en las tropas el mismo efecto que ]a defensiva, esto es, que aumenta la moral de Jos contrarios. III. Objeciones-El sistema, tan extensamente empleado en muchas de estas pequeñas guerras, de encerrar siempre la columna en una especie de fuerte, ¿tiene efecto moral pernicioso s~bre bue­nas tropas? Este punto es controvertible ; pero lo natural es que todos saquen ]a conclusión de que ciertamente el ejército es inca­paz de combatir con el enemigo á campo raso: por esto muchos jefes experimentados pr~tenden que este sistema ejerce influencia depresiva sobre sus soldados. Sir C. Napier, después de su brillan­te triunfo de Meanee, en el Sind, se vio obligado á construír un un campo fortificado, porque cuerpos considerables de Beluchis se­guían todavía la campaña. Pero él hizo acampar su columna fue­ra del campo atrincherado, temiendo que sus tropas, entusiétsmadas con la victoria, no se imaginasen, con motivo de la ocupación de las líneas fortificadas, que su causa peligraba. La confianza en ]as fortificaciones es una prueba de inferioridad con respecto al adver­sario. Los laagers y Jos zeribás no implican el espíritu de ofensiva. El soldado que todos los días se rodea de estacadas y de obstáculos á fin de alejar al enemigo, llega á creer que, falto de esta defensa, no se puede medir con su salvaje adversario. Si se ve con indife­rencia el factor moral, esta manera de hacer la guerra se reco­mienda en muchos casos. Pero el factor moral no carece de im­portancia. IV. Sitt•acioncs que hacen necesario rl emp/e6 de los laagerr y de los zeribás-Cuando el ~iército regular está paralizado por la e­ponsal i .idaJ de la cus~odia de u~1 gran convoy; cuc.ndo no es si no una e:.colta de sus propias provisiones, los laagers y los zcri­hás son casi obligatorio~, si el enemigo es numeroso y emprende­dor. En las malezas y bosques por donde el enemigo pu\!de avan­zar, arrastrándose sin ser visto, v caer repentinamente c;<'bre la columna, es muy ventajoso rode~r el campo de algunas 'obras de­fensivas. Para resistir á los ataques de hordas fanáticas, ó para atajar los asaltos de salvajes que atacan sin tener en cuenta las pérdidas causadas por ]as armas modernas de precisión, los obstá­culos son inapreciab)eg. Lo mismo aconcece en los países en don­de hay que temer las cargas repentinas de caballería irregular. Pero tal modo de manejar las operaciones no deja de ser, hasta cierto punto, una contravención al gran principio que gobierna todo el éarte de la guerra: el triunfo debe buscar~e en el ataque, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ en la conservación de la iniciativa de los movimientos en táctica como en estrategia, en la adquisición completa de los beneficios del efecto moral, en la torna de una actitud de iniciativa que no hay que abandonar nunca. V. Condicionu necesarias para su construcción- La formación de zeribás y de laagers exige ciertas condiciones. Los zeribás, en la acepción ordinaria de la palabra, son espacios cerrados por talas ó matorrales espinosos. Para formarlos es preciso encontrar en el sitio jarales, bosques ó malezas. Los laagers se construyen con carruajc:c;, y sólo en ciertas pequeñas guerras acompaña á las tro­p- as material rodante. Algunas veces estos sitios ó espacios defensivos transitorios se refuerzan con parapetos formados con los arneses y las cajas de provisiones, con trincheras cu bridoras, etc. Pero el fin de esta clase de fortificación rápidamente improvisada no es tanto (para emplear la frase0logía del ingeniero) abrigar la defensa cuanto oponer obstáculos al ataque. Se trOita de proteger las tropas regu­lare~ contra el choque personal del adversario más bien que contra su fuego. VI. Campañas en las cuales los z.eribás y los laagers han sido principalmtnte empleados- Sobre todo se hizo uso de los zeribás en Jas campañ<>s del Sudán, en donde la táctica del enemigo con­sistía de modo especial en asaltos repentinos de temerarios fa~láti­cos armados de lculZas. De ordinario se encuentran á mano mi­mosas y matorrales. Los bosques espesos de los alrededores de Suakín favorecían la aproximación inesperada de gruesas bandas de enemigos, y la construcción de parapetos era el medio sencillo r evidente de contrariar la táctica de los Madistas. En el Daho­mey, en los vivacs en cuadro, los franceses se guardaban por me­dio de trincheras improvisadas y empalizadas; era, en suma, á modo de zeribás. Estos recintos defensivos se construían espe­cialmente para protegerse durante la noche. Los laagers han stdo una característica especial de la guerra en el Africa Austral y en la América Septentrional. En país descuLierto y en las llanuras los zapadores de la civilización marchaban en grupos pequeños con sus familias y sus bienes colocados en grandes wagones, cons­truídos especialmente para estos países montuosos y faltos de ca­minos; detrás de estos carruajes encontraban una muralla eficaz en caso de ataque. ,i4 n estas condiciones las armas de fuego des­empeñaban un papel muy importante, y los asaltos del enemigo eran atajados y rotos. Las tropas regulares que hacían campaña en estos países adoptaron el mismo método, y les salió bien. Las fuerzas de los Estados U nido!', en sus operaciones contra los Pie­les Rojas, formaban á menudo laagers ó corrales, como se les lla­maba generalmente. Durante la represión de Ja revuelta de Rie1, en 188 5, las tropas del Gobierno construían laagers des pué a Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETII MILITAI ~ f4.1 -de cada marcha. En las guerras contra los Zulúes y Jos Matabe­lés, los laagc:rs se levantaban siempre en cada alto si había carruajes y si se temía un ataque. VII. Sus ventajas especiales. Economía de ~uardias de avan­zada- U na gran ventaja del laager ó del zeribá, es la economía te respaldo, transformarse en una co­lumna exclu Ívamente de combate, salir CUJ.ndo estUVO Jista y .combóttÍr en un terreno ventajoso. Fue sostenida por el fuego de la artillería, que permaneció en el zeribá, y que por consiguiente no dificultó sus 1 ovimien-os. Se puede igualmente citar el ejemplo que sigue, sacado de las campañas contra los indios Pieles Rojas, de un laager forma­do, p r causa de un ataque vigoroso y súbito del ~nemigo, sobre una posición defensiva desfavorable, y que siu embargo salvó á Jas tropas de la destrucción. En 1879 una columna pequeña de caballería., seguida por un tren de carruajes, marchaba hacia el White River Agency, en el Colorado. La caballc:ría, que precedía los carruajes., cayó · nopinadamente, cerca del Milk River, sobre el grueso del ene­migo, y fue obligada á b:.1tirse en retirada. Los carruajes forma­ron apresuradamente, cerca dd río, un laager, que se completó en una de sus caras con los caballos. herido5, los que ultimad~s form¿ron una especie de parapeto. La posición era muy desfc~vo- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 742 BoLETIII MILITAR ~ rabie para la defensa. Sin embargo, las tropas reststteron a1lí por una semana, hasta que fueron al fin auxiliadas; durante ese tiem­po habían recibido cortos refuerzos. Las pérdidas en hombres y en caballos fueron muy considerables; pero la columna se salvó. La experiencia muestra también que zeribás y laagers pue­den levantarse en posiciones del todo favorables, y que los ataques del enemigo, en lo general, se pueden p;ever. En Ginghilovo, en la guerra contra los Zulúes, en lmbembesi y en Shangani, en la guerra contra los Matabelés, la posición de los laagers se escogió á voluntad. En Tofrek, cerca de Suak.ín, en 188 5, el sitio del ze­rihá se escogió cuidadosamente. El enemigo vacila casi siempre en atacar vivacs defendidos de este modo. Por otra parte, empleando esta fortificación improvisada para defender á los no combatientes, las fracciones de una columna de tropas regulares que combaten pueden salir y entrar en pelea cuando lo juzguen conyeniente. Esto pasó en Ulundi, en Tamay y en Abu-Klea. Los franceses, en el Dahomey, dejaban á menu­do sus convoyes al abrigo de defensas improvisadas, y salían de sus zeribás para combatir á su tiempo y en un sitio escogido .. Cuando las cosas pasan de este modo, el iaager ó el zeribá Ji bran á la columna de sus bagajes estorbosos, y, por otro lado, le sir­ven de refugio si la suerte de las armas es desfavorable. X. Facilitan el rep~so de las tropas durante las largas operacio­m ·s-U n ejército q 1Je penetra en los territorio~ de razas díscolas y guerreras tiene á veces necesidad de reposo y de seguridad, sin em­bargo de que el hecho mismo de detenerse es en cierto modo una confesión de debilidad. El enemigo 1deduce que es falta de fuer­za, y cobra valor. En un alto, las tropas regulares están muy ex­puestas á los ataques de los adversarios, á quienes esa momentánea inacción infunde atrevimiento. Las tropas nada tienen que temer en el interior de los iaugt!rs y de los z~ribás. Cuando las tropas tie­nen realmente necesiJad de reposo, el tomar una actitud defensiva y también de defensa pasiva es legítima; algo más, á veces es hasta obligatoria. XL Cmclusiones gen~rales -Se podrían añadir otros podero­sos argumentos en f.1vor de e:,te método de ha ... 'er b guerra . .En much.ts campailc1s de estos últimos año·, la práctica ha sido inva­riablemente furmar el laagt r y el zeribá todas las veces que las tropas se deren tan por la noche ó por un lapso más largo. En el Dahomey, en el Zululanci, entre lo3 Matabdés, en la expedición contra Riel, y en d Asia Central en muchos casos, las tropas regu­lares han adoptado este sistema, conf,Jrmándolo á las circu nstan­cias diversas con grande éxltl). Algunas persona<> piensan que tiene un efecto depresivo, y t e men que influya sobre la moral de las tropas. Pero si no se abus t, si se recurre á él en casos de necesi­dad; si no se consiente que consumc1 las energías ó dificulte una Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoL~TIII MILITAR ~ acc10n ofensiva juiciosa, hay mucho que decir en favor de este sistema militar que protege las provisiones de un ejército y le permite algún descanso. XII. Los zerihás pueden servir de puestos defensivos en la lín~4 de comunicaciones, ó ie depósitos de víveres para un tjército en mar­cha- Con el tiempolos zerihás se transforman en pu tos defensi­vos. Cuando la columna avanza, los zerihás de la retaguardia for­man las etapas de la línea de comunicaciones. Algunas veces t~mbién el empleo de los zeribás es un medio de hacer a\·anzar las provisiones á la cabeza de un ejército en marcha. En 1885, cuando se resolvió partir de Suakí n hacia el Sudoeste, un convoy, fuerte­mente escoltado, se envió con orden para las tropas de construír un zeribá en el cual se debían dejar las cargas, bajo la protección de una parte de la escolta. Las tropas volvieron entonces á su base con los animales de transporte. El zeribá se establ ció, á pesar de que hubo que rechazar un furioso ataque cuando apenas estaba medio construí do. En seguida, durante varios días, se envia­ron allí convoyes hasta que hubo provisiones suficientes para per­mitir á la columna seguir adelante. En esta emergencia el zeribá sirvió primero de depósito de víveres y luégo de punto fortificado sobre la línea de comunicaciones, cuando el ejercito pasó adelan­te. Este ejemplo demuestra bien un aspecto Je lo que puede lla­marse guerra de /a a gen y de z.er·ibás- Continúa. SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continuación) En estns ejerc1c:os se fija la atención en la destre7.a de Jo conductores y la manera como dirigen sus piezas, pero no se des­cuiJa lo que concitrne al servido de los caíione., y se exige de los sirvientes una ejecuciJn en cierto modo maquinal, á fuerza de cos­tumbre, de sus diferentes funciones. Los sold2dos no deben omitir ninguno de los detalles que com­prende la carga, tales como cercicrarse de la buena posición de Ja es­poleta, tomar y colocar el e<>top1n, apuntar pronto y correctamente la pieza sobre el objeto indicado, disponiendo el alza según la dis­tancia. La puntería se verifica frecuentemente por los oficiales. ·Todas e tas maniobras se ejecutan de la misma manera en las baterías á caballo que en las montadas, salvo que en las primeras las evoluciones de abtheilung son m u y raras, y pueden, en el caso de que faltara el tiempo, demorarse para el período siguiente. Al mismo tiempo se continúa activamente la instrucción de los apuntadores, de suerte que al fin de este período se pueda apre- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIII MILITAI ~ ~iar con bastante exactitud la suficiencia y las cualidades particu­lares de cada uno. Así pues, en este momento es cuando se efectúa la repartición por pieza de todo el personal de la batería, esforzán­dose por destinar á las diversas bocas de fuego hombres que valgan, en cuanto sea posible, desde el punto de vista de la destreza, fuerza, inteligencia, instrucción, moral, etc. Esta repartición queda luégo tomo definitiva hasta el fin del año de instrucción. 6. 0 Paso de una zanja c~n una pieza enganchada--Se empieza por hacerlo ejecutar á los caballos de silla y de tiro, éstos sin en­ganchar, pero reunidos dos á dos ; después por parejas con el ata­laje. U na vez que los animales saltan resueltamente, se les hace abordar el obstáculo enganchados. No se abusa de este ejercicio que fatiga el material. Aun en campaña, y por una razón análoga, es decir, para economizar los hombres, los cabdllos y las piezas, se procura no saltar la:; zanjas sino en c;¡so de necesidad absoluta, pues casi siempre es posible atravesarlas con precaución eligiendo sitios cuya pendiente en las orillas es menos rápida y permite descen..Jer á la zanja y salir de ella. N o ob tan te, se considera corno necesa­rio ejercitar de cuándo en cuándo á los hombres y los caballos á sal­var los obstáculos de esta suerte, y por el mismo motivo se hace trepar frecuentemente á las baterías por taludes de pendientes pro­nunciadas, recorrer terrenos arenosos, campos labrados, etc. 7. 0 ApreciaL·ión de distancias por los ojicialts, sargentos y ober­gifreite- Se hJce también tomar parte en ella á los artilleros dota­dos de buena vista y á los apuntadores más inteligentes. Como pr~paración á estos ejercicios se comienza por medir, con pasos de hombres y de c1ballos, porciones determinadas de una luenga línea trazada sobre el terreno y marcada con pique tes de 1 o o en 1 oo metros. U na vez medida esta línea, pueden servirse de ella para comparar y señalar los pasos del hombre y de los caballos á las di-t! rentes velocidade . Despué· se reparte el personal de cada batería en dos grupos, de los que cada uno debe contener hombres monta­dos y á pie. Estos dos grupos se separan en el centro de la línea, ae alejan uno de otro siguiéndola, y examinándose mutuamente determinan ]a distancia que los separa. Estos ejercicios son ejecutados en todos los terrenos, quebra­dos y otros, las grandes vías, etc., de manera que se puedan ex­tt> nder tc1n tejos como sea posible. Se enseña también á determinar las distancias sirviéndose de la plancheta ó por medio de planos. Durante los ejercicios de la batería, ocurre á veces que se hace un descanso, el cual se aprovecht p .ua d.:terminar la distan­cia de tal ó cual punto y se hace ver á los artilleros bajo qué as­pecto se presentan, según la naturaleza del tiempo y la luz de que di~ponen Jos objetos que les son familiares y cuya distancia es exactamente conocida. La vista se acostumbra así á hacerse cargo de estas di versas infl u encías. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y-" '145 Todos estos ejercicios son objeto de la más constante aten­ción. Inútil es insistir sobre la extrema importancia que tienen en la guerra las cuestiones de apreciación de distancias y de reglas del tiro. 8. 0 Aplicación de los ejercicios al tn·reno.-Se aprovechan todas las ocasiones para enseñar á la tropa á disponer las piezas confor­me á la naturaleza y forma del terreno, esto es, á colocarlas de tal manera que, sin entorpecerse unas á otras, se hallen bien cubiertas y en estado de obrar eficazmente. La solución de un problema táctico sirve siempre d-:! ba~e á estos ejercicios, que se van ejecu­tando sucesivamente por pieza, sección, etc., hasta que los princi­pios y procedimientos de ejecución sean imperturbablemente co­nocidos de todos los oficiales jefes de pieza y de los sargentos. La misma práctica tiene lugar con las baterías ó abtheilungen enteros, en los cuales se observan siempre las misma reglas. Así pues, se les pone en los di versos casos que pueden presentarse en la guerra; se disponen las baterías como para so tener un ataque ó cubrir una retirada, atacar ó defender un desfiladero, ó un pue­blo, favorecer ó impedir el paso de un río, etc. En todas estas circunstancias se procura conseguir que los soldados dispongan sus piezas de una manera inteligente, se hagan cargo de la dist~ncia y apunten sobre los objetos que sea más importante batir, según las condiciones del problema propuesto. E 1 ejercicio se termina siem­pre con la crítica del comandante de la batería ó del comandante de abtheílung, si maniobran · juntas varias baterías. En este ú !timo caso no se descuida jamás el explicar á los artilleros de una batería el por qué la batería inmediata, que debe obrar de conciertG con la suya, se ha colocado en tal punto mejor que en otro, sobre qué punto dirige su fuego y por que, etc. Se ejercita tambi~n á las baterías {t alinearse con prontitud sobre una pieza ó una sección dada, establecida en posición. Esto no es, en efecto, sino un caso particular de la aplicación de Jos mo­vimientos éll terreno cuando éste es enteramente llano y descubier­to. Se envía por delar te una pieza ó sección que se pone en segui­da en batería y rompe el fuego sobre el objeto indicado; las demás deben venir entonces á colocarse á su altura y romper igualmente el fuego. Durante este movimiento se procura sobre todo que lo que se mande sea hcch á tiempo, que los toques de clarín sean regulares y se sucedan en el orden deseado; que el objetivo que debe batirse sea clararnent designado,- su distancia apreciada, el género de proyectil que se h 1 r a i n 1 i o en fin, el cañón cuidadosamente apuntado, conforme á la distancia y como si se tratara del tiro real. Para ejercitarse á contrabatir la artillería enemiga se ejecutan maniobras á doble acción: sección contra sección y batería contra batería, y se enseña á los soldados á apuntar las piezas lo mismo VIII--48 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. f46 BOLETIN MILITAR ~ en terreno descubierto que detrás de abrigos y á dirigirlas sobre las bocas de fuego enemigas, ya se hallen inmóvilP.s ó en movi­miento. En estos ejercicios se queman habitualmente algunos sa­quetes de pólvora para dar á los artilleros ocasión de dirigir su puntería sobre los fogonazos de la artillería adversaria. Como complemento de todos estos ejercicios, los comandan­tes de abtheilung emprenden con sus oficiales y sargentos excur­siones ó paseos de reconocimientos (Recognoscirungs-Rite). Duran­te estos paseos se da para resolver á cada uno un pequeño problema táctico, conforme á cuyos datos deben con prontitud elegir posi­ciones para la artillería, c.listribuírla correctamente en diferentes puntos del frente supuesto de las tropas, y determinar la distancia al objetivo contra el cual se trata de romper el fuego. Estos ejercicios sirven de preparación á las pequeñas manio­bras, que la artillería jamás deja de ejecutar de concierto con tro­pas de otras armas, todas cuantas veces se encuentren en la misma guarnición. Basta para esto un simple acuerdo entre los jefes de cuerpo. 9.0 Ejercicios de fuerza-Se unen estrechamente á los ejer­cicios de las baterías enganchadas, y los soldados deben haber re­cibido en tiempo oportuno la instrucción teórica y práctica nece­saria para poder durante el curso mismo de éstas reparar ó cambiar una rueda, reemplazar un afuste roto por el de repuesto, levantar una pieza caída, hacer descender ó subir una boca de fuego por un talud de fuerte pendiente, etc. Se les ejercita también en las mismas condiciones al reemplazo rápido de los caballos ó de los sirvientes muertos, etc. 10.0 Servicio de campaña-Bajo este título encontramos una serie de ejercicios que tienen principalmente por objeto la instruc­ción de los oficiales, sargentos y candidatos á este último grado. Se refieren á la organización é instalación de vivacs, reglas que deben seguirse para la disposición de los caballos, construcción de chozas y de abrigos contra el viento, etc.: el establecimiento de abrigos rápidos se ejecuta, según las indicaciones del reglamento, sobre el servicio del zapador de campaña (Leitfaden for den Unter­richt der lnfanterie in Feld-Pionier-Dienst); las precauciones que deben observarse en el servicio de puestos avanzados y de gran guardia; los cuidados que deben tomarse con los caballos durante los altos cortos ó largos; las reglas que deben seguirse para forra­jear ó en caso de alarma, ó bien cuando una batería debe dar media vuelta en un e&trecho desfiladero ó pasar un vado-para preservar las cargas de la humedad,- etc. En fin, este capítulo comprende además todo lo que concierne al municionamiento de las baterías sobre el campo de batalla, así como la manera de dis­poner las piezas y de ejecutar el tiro en ciertas circunstancias par­ticularmente difíciles.-ContinNa. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoLETIN MILITAR ~ EN EL SERVICIO MILITAR (Continúa) 74'1 Tales son, pues, hoy las cuatro categorías que constituyen excepción á la regla sentada por el artículo 2.0 : "La obliga­ción del servicio es igual para todos." A Cuáles son las circuns­tancias que han infiuído para que este artículo 23 se ha~ a in­troducido en la ley á pesar de la hostilidad de la Cámara! Esto e~ lo que vamos á examinar con ayuda de los debates parlamentarioR. Desde las primeras deliberaciones, y la discu­sión duró vario~ años, la Cámara había claramente sostenido su resolución de separar todo lo que podía aparecer como pri­vilegio. Al Senado, que se obstinaba en querer favarecer cier­tas carreras que juzgaba importantes para la prosperidad in­telectual y moral del país, la Cámara respondía con los mismos votos, con el mismo rechazo. El conflicto amenazaba prolon­garse, cuando el término inmediato uua una. el?cuente declaración que traducía ad­mirablemente el sentimiento general : '' Señol'es, decía él, de­cididos á votar el proyecto de ley obre el reclutamiento, tal como la Oomi ióu del Jército lo ha pre~cntado; pero uo vien­do en este proyecto sino una reforma incompleta n semejante cuestión la última palabra quede al su­fragio universal; no es po ible que el conflicto y la resistencia se prolonguen más largo tiempo. Por otra parte, si persistimos enérgicamente en . ostener la aplicación de este principio, sí la mayoría del partido repuulicano se ha pronunciado siempre ~n este sentido, no es cou al fin exclusivo de re. ponder al senti­miento ue igualdad que est[t en el corazón de la Nación; es, so­bre todo, porque queremos dar al Ejército francés toda la fuer­za material y moral que necesita para llenar su misión. "Sujetando á los jóvenes m á im;truídos al mismo .término de ~erncio que los otros, atlquirir{t fuerza la manera de organi­zar los cuadros audonado por los rebchles á pesar de las baterías y de las trincheras con que lo habían fortificado. 1\Iucllas armas y objetos de equipo que dejaron atrás fueron recogidas por nuestros soldados. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ '/53 Di orden de establecer mejor una de las baterías que el enemigo había preparado y de construír una trinchera sobre la ribera izquierda, para formar así una cabeza de puente que protegiese el paso del río, nuestras canoas y los equipajes que el ejército no podía llevar. Como ignorábamos dónde habían parado los rebeldes, las tropas. tomaron po iciones, y el mismo día una partida de ob­servación, como de dosci8ntos hombres, se presentó delante de nuestro campo. El Comandante D. Antonio Ramos la cargó á la cabeza de su escuadrón, y la puso al punto en derrota; murieron cuarenta de estos desdichados y ciuco cayeron prisio­neros. El Comandan~e Ramos recibió en este encuentro un lanzazo muy peligroso. El 11 la vanguardia marchó á la descubierta, y Páez aprovechó esta ocasión para caer sobre ella tle improviso, con 1,200 hombres de caballería. Las tropas reales hicieron alto al pnu to, y esperaron la carga en buen oruen ; pero su aire de confianza intimidó á los rebelues, quienes se contentaron con desplegar todo el aparato ére~ amcuazaha. la provincia de Bariua por el Alto Apnre. e hacía. urgente pru­veer á la ·eguridad de e te país, tan importante por .·u po ·i­cióu g-eográfica, .-u agricultura. y n IHlllteJ'o. a en itua­ción muy embarazosa para, conciliar tauta.s dificultades, y yo o quería sacrificar el preeio re, según las cir­cum~ tancias lo e1..igiesen. El General Latorre ol>tuvo el mando de estas fuerzas, y partió con orden de hacer construír E-mbar­caciones en esta pro,·irwia, cnya montafíat~~ y ríos ofrecen todas las facilidades de~eables para tal género de construcción. ContÍnÍt• (Continuación) Fue é~ta en su origen un alto estribo de la serranía u el NO., roto al travé por a.lgúu terremoto que dio pa o al 1\linero. Las agua" clel río, que allí e caudalo..,o y corre {t razón de una legua por llora., labraron la rotura basta bajarla al nivel del cauce, cortarulo la peña ,•erticalrnente. El cerro mayor (Fura) mide 625 metros ~obre el río, de lo cuale..:', 100 son una línea perpendicular, determiuáudose clesde este límite. á la cúspicle UJm ligera inclinación hacia atrás, sin má, vegetación que al­gunos arbustos. La. parte posterior del cerro. á trechos mon­tuosa, \.>aja en onclulacioue~ rápidas y cortas dt>jando al descu­bierto la altiva cresta del coloso, descarnada y eu forma de un inmenso bonete coronando una pirámide irregular. El cerro meuor (Tena) mide 380 metros del pie á la cima, cortado per­pendicularmente sobre el río, y formando sn espalda un plano inclinado ondulante, que comienza á un tercio de la altura de la cnml>re, dL~jánertura 2,500 metros de espacio arriba, y 500 metros en la base. El ce­rro cortado mide 3,531 metros ue altura, y las paredes del bo­querón descansan en muros perpendiculares de 1,050 metros de elevación, formado cada cual por una sola roca de gres. Narla puede ser comparable al supremo esfuerzo de la naturaleza para romper así aqnella enorme masa de rocas que parecen creadas para resistir las mátl violentas conmociones; el ánimo se sobrecoge al con iderar la. magnitud del poder puesto en ac­ción para vencer tamaño obstáculo, y se admira la oportuni­dad con que la mano del Creador abatió la estupenda barrera á fin de dar libre paso ft los dos ríos, que de otra manera ha­brían inund ~Hlo toda la comarca, detenidos en "'u curso por al­tas serranías capaces de resistir inmobles cualquiera presión ele las aguas. Como el día se nos acababa tratámos de regresar tempra­no á tomar unestras cabalgaduras y nlcanzar el pueblQ no muy entrada la noche; mas en la penosa. faena de escalar á pie el áspero y montuoso cerro que uo separaba de la l'~ ta.ncin del Sr. Padilla, gastamo el resto del día; y el dueño (le la. ca a, anciano respetable, amable y frauco, qne en aquella ~oledad vive patrüircalmente rodeado de sn!-l hijo, y nietos, no uos permitió seguir, dándonos "n mesa y hm~pedaje de una mane­ra tan cordial que r.()era posible r~hmmr el oportuno beueficio. Hablámosle del Otro .rTnndo. H He estado en él," nos dijo, y no pudimos menos de son reírnos por lo estl'am bótico del quid­pro- quo: ''es un vecindario n bienes indu:->triales, pero ricos en mina de sal, cobre, plomo y hierro, en madtwas lle toda especie y en terrenos fórtile f<.tvorecido:.i por temperaturas muy variadas desde 180 á 290 del centígratlo. La población de entrambos Distritos no pas de 2,100 habi ·tntel!J, que esparcido en un va to territorio apeuas m< rcan la huella. iua.cioues invente acerca de la opulencia quo Dios tiene reservada {l, estas comarcas siugu­lares, va to recipiente de riquezas infinitas que se acumulan en silencio, esperando á sus futuros señores. Tierra como esta no ha. sido creada sin graudes designios; y Jos desíguJos de la Pr-ovidencia no son instable corno los proyectos, ni efímeros como las generaciones del hombre. Poco más de dos leguas al N. cbas *. El bueno, el ilustrado, el benéfico fraile Bartolomé de Las Oasas redujo también á cenizas lo" monumentos y cró­nicas de Chiapa, con intención de perjudicar al Diablo, siendo así que Bólo á las ciencias y á la historia antigua de América pe1judicó. Todos erau igual s en este punto: todo nutridos con las ideas bárbaras y asoladoras de la Inquisición; y por cierto que si el Diablo los vio alguna vez en el afán de qu •mar los auales y documento americanos, Jejo" de enojar 'e hnbo de aplaudir á Jos ~jecutore"', pue to que trabajaban en beneficio de la ignorancia, verdadero y acaso úmco Diablo, cau a de los crímenes que deshonran y
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 182

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 1 y 2

Por: | Fecha: 12/01/1901

Boletín Militar __..DE COLOMBIA~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA MILITAR COLOMBIANA BOLETIN MILITAR Orga'lo del JV{i'listerio de Guerra y del:Eiéreito DIRE.CTOR AD HONOREM Qenertll1e Inrenieros, llitmbro de nrias SOi1edal1a CtentJ..tl.•n / SEGUNDA EPOCA-Jt:ÑO V-TOMO I Números 1 á 26, de 5 de Enero á 29 de Junio BOGOTA IMPRRH'l'A DE VAPOR-CALLE 10, NUMERO 168 l~OJ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. l~diee del 5}foJl1o (.o SERIE II Números 1 á 26-Enero á Junio de 1901 OFICIAL Brigada de la Plaí'a. Relación de las b tia compra­Págiua das por la C mandancia 11ilitar de la Plaza, por mandato del Mini ·terio de Guerra....................... '161 Relación de las be tias entregada para sen·icio d tropa , por la Comandancia Militar d la Plaza 162 y 194 omandancia Militar de la Plaza. Informe clel J fe d 1 Bala/Ión Arlz'l!tría Rodada. Combate de M sagrande. 68 DECRETO Decreto número 1. 0 de rgor, sobre honores á la me-moria de] . r. General D. Próspero Pinzón............. 2 Decreto número 2 ele rgor, por el cual • recompen-an los servicio del General Próspero Pinzón en la personas de su viuda é hijos............................... 6 Decreto número 1.0 de 1901 (del Jefe ivil y Militar de Cundinamarca ), por el cual se honra la memoria del Sr. General D. Próspero Pinzón.......................... 4 Decreto número ... de 1 goo, por el cual se crea un Círculo militar................................................ 65 Decreto número ... de rgo 1, por el cual se hace un nombramiento. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 66 Decreto número ... de rgor, por el cual se hace un nombramiento ................. ,........................ 66 Decreto número ... de 1901, por el cual se hace un nombramiento................................................ 67 Decreto número ... de rgor, por el cual se dispone la incorporación del Batallón Rz'caurle al Ejército 1 a-cional.. ......... ... ........... .. .... ... . .. . .. ........ .. ...... ... . 67 Decreto número ... de rgor, por el cual se dispone 1& Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. VI 1 BOLETL. :MII.IT AR DE COLO:\IBIA formación del medio Batallón Rodrfgurz ... ............ . Decreto número de 1901, por el cual se dictan varias disposiciones (sobre orden público) ...................... . Decreto número 61 de 1901, por el cual se 1·egulariza la circulación de los billetes de $ 50, fabricados en la Litografía del Sr. Otto Schroeder ................... . Decreto número 49 de 1901, por el cual se confieren varios ascensos .............................................. . De~reto número_46 de 1901, por el cual se hacen va-rios nombramientos ......................................... . Decreto número .. ·. de 1901, por el cual se hace un nombramiento ............................................... . Decreto número ... de r 90 r, por el cual se hace un nombramiento ................................................ . Decreto número .. . ~e r go 1, por e 1 cual se hace un nombramiento ............................................. . Decreto número ... de 1901, sobre unos reconocimien-tos ( militares inválidos) ................................... . Decreto número ... de 190 r, por el cual se reforma el de 23 de Noviembre de rgoo (reorganización del Batallón I.0 de Arll'!!ería ) .. ............................... . Decreto número ro de 1901, por el e al se concede una pen ión de los fondo dell\Iontcpfo Militar (al Sr. José 11. Pardo R.) ......................................... . Decreto número 105 de 1901, por el cual se fija la in­teligencia del artículo 2. 0 d la Ley 39 de 1896 ...... Decreto número 212 de 190 r, por el cual e introducen re~o~mas <'n los procedimientos judiciales en materia crrm1nal ....................................................... . Decreto número 3 ( bt's), del Comandante en Jefe del Ejército del Atlántico, que impone una contribución forzo a á lo desafectos al Gobi rno ................... .. Decreto número 141 de 1901, por 1 cual se aprueban los marcados con los número 2 (bis) y 3 ( bú ), del Comandante en Jefe del Ejército del Atlántico ....... . Decreto número ... de rgo 1, aprobatorio de otro dic-tado po1· el . r. Jefe Civil y Militar del Cauca ........ . Decreto número 98 de rgor, por el cual e reorganiza la Columna de Occidente ................................. . Decreto número 101 de 1901, por el cual se org;¡niza la 6." División del Ejército ................................ . Decreto número 2 (bis), del Comandante en Jefe del Ejército del Atlántico (reorganiza ión de dicho Ejér-cito) ................. .......................... ................. . Decreto número 323 de rgor, por el cual se aumentan unas asignaciones (Comandante en Jefe, Jefe del Es­tado Mayor general y Comandante Militar de la Plaza) ........................................................ . Decreto número 324 de rgor, por 1 cual se honra la memoria del r. General antiago Buriticá .......... .. Pági?ta 68 97 98 100 100 101 101 101 129 130 1 3 l 193 225 226 227 257 258 259 261 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ' IXDICE DEL Tü:\IO I-SERIE 11 v¡I Página Decreto número 326 de 1901, por el cual se suprimen algunas asimilaciones militares........................... 386 Decreto número 327 de 1901, por el cual se hacen va-rios nombramiento . . . . . . . . . .. . . . . . . . . .. . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . 387 Decreto número 328 de 1901, por el cual se hace una incorporación (el Batallón Canal en la 8."" División). 387 Decreto número 329 de rgor, por el cual ~e incorpo-ran dos Batallones en las fuerzas nacionales ( Tequm-dama y I. 0 de La Mesa)............... . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . 388 Decreto número 352 de 190 r, por el cual e hace un nombramiento (Ministro de Guerra)..................... 417 Decreto número 257 de 1901, por el cual se organi-za una expedición ( sobre la región de San Juan de Rio eco)........................ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 418 Decreto número 258 de rgor, por el cual se segrega un Cuerpo del Ejército de Boyacá (Batallón Sucre) y se incorpora á las fuerzas dependientes de la Co-mandancia en Jefe del Ejército........................... 418 Decreto número 267 de 190 1, por el cual se incorpo-ra un Batallón al Ejército Nacional ( Batallótt Car-doso á la 5." División)....................................... 419 Decreto número 276 de rgor, por el cual se aprueban varios Decretos dictado por el Jefe Ci \'Íl y Militar de Bolívar..................................................... 419 • Decreto número 284 de 1901, por el cual se crea un Círculo :Militar (el de Zipaquirá) y se hace un nom-bramiento...................................................... 419 Decreto mímero 303 de 1901, por el cual se incorpo­ran unos Cuerpo al hjército Nacional (Batallones Colombz'a y T/radorcs y los tres Escuadrones de Zipa-quirá)........ .. . .. .. . . . . . . . . .. . . . . .. . ... . . . .. . . . . ...... .. . ...... 420 Decreto númet·o 35 3 de 1901, por el cual se adscribe al 1.\tlinist rio ele Guerra la Jefatura Civil y Militar del Departamf'nto de Cundinamarca....... .. . . . . . . . . . . . 449 Decreto número 355 de 1901, por el cual se nombra Jefe Civil y Militar de Antioquia..... . .. .. . .. .. . . ... . . .. 450 Decreto número 357 de rgor, por el cual ~e encarga á un Jefe de la Dirección de la Policía Nacional y se hace un nombramiento..................................... 450 Decreto número ... de 1 go 1, por 1 cual e hace un nombramiento................................................ 45 I Decreto número ... de 1901, por el cual e encarga á un Jefe de la 'omandancia en Jefe del Ejército...... 45 I Decreto número ... ele 1901, por el cual se reorganiza un Bata1lón ( Guard1'a d~ Bogotá, antes Depósito)...... 45 1 Decreto númcrb 420 de 1901, por el cual se confiere una autorización al Ministerio de Guerra (aumentar los sueldos militare ). .. .. .. . .. . .. .. . . .. .. . .. . .. .. .. .. .. . .. . 537 Decreto número ... de rgor, por el cual se restablece la 4·& División del Ejército................................. 538 . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. VIII 1 BOLETIX :MILITAR DE COLO~IBIA Págma Decreto número 502 de 1901, por el cual se aumentan los sueldos y raciones del Ejército de la República... 569 Decreto número ... de rgor, por el cual se crea un des-tino y se hace un nombramiento.......................... 6o1 Decreto número ... de rgor, por 1 cual se hacen una asimilaciones y se asignan unos ueldos.. ... . .. . ... . .. .. 602 Decreto número ... de rgor, por el cual se incorpora un Batallón en las fuerzas nacionales ( Batallón Pz·_ chincha en la 8.n. División)................................. 602 Decreto número ... de 1901, por el cual se hace una promoción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6o2 Decreto número ... de 1 go r, por el cual se crea un Cuerpo de Guardia Cívica y se nombra Jefe de él... 6o3 Decreto número ... de rgor, por el cual se hace un nombramiento............................... .................. 6o3 Decreto número de rgor, por el cu~l se nombra Habi-litado de un Cuerpo.......................................... 6o4 Decreto número ... de rgo r, por el cual se incorporan varios Cuerpos á las fuerza nacionales (Batallón Brú:eiio; Compañías sueltas de Guayabal, Agualar-ga y Madrid; y el Piquete volante de Soacha ).. . .. . 604 Decreto número ... de rgor, por el cual se dispone la organización del Ejército de Re erva, se llama al servicio activo á un Jefe y se le destina... .. .. .. .. . .. .. 6o4 Decreto número ... de 1 or, por 1 cual s hace un nombramiento ....................... :............. ........... 6os Decreto númer 473 de I9(>I, por 1 ual e hace un nombramiento................................................ 6os Decreto mímero 474, por el cual ·p hace un nombra-miento................................. ..... .................... 6o6 Decreto núm ro 477 de rgor, por el cual se forma un Batallón con 1 personal de dos E uadrone (Bata­llón Juan José Neira con 1 s E cuaclrones anlos y Neú·a). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6o6 Decreto número 485 de 1901, por 1 cual refunde un Batallón en otro (el Cardoso n ~1 G/rardot ).. . .... . .. . 6o6 Decreto número 4 7 d r go 1, por el cual refunden en uno do Batallones ( Tú·adores y Pú:lu'nc ha ), e llama al servicio activo á do Jefes y se les destina. 607 Decreto número 497 de rgor, por el cual se hace un nombramiento................................................ 607 Decreto número 497 ( b/s) de rgor, por el cual se hace un nombramiento....................... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6o7 Decreto número 503 de rgor, por el cual se llama al servicio activo á varios Jefes y se les destina.......... 6o8 Decreto número SS7 de Igüi, por el cual se restable-ce la navegación en el Alto Magdalena................ 642 Decreto número 6oS de 1 go r, sobre honores á la me-moria del Sr. General Manuel Casabianca............ 666 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 I.t TDICE DEL TO.MO 1- SERIE II Decreto número ro r de I go r, por el cual se honra la memoria del Sr. General Manuel Casabianca ........ . Decreto número 627 ( b/s) de 1901, por el cual se dic­ta una disposición especial sobre prestación y pago del servicio de transportes concernientes al Ejército. Decreto número 632 ( b1s) de 1901, por el cual se or­ganiza accidentalmente una División (Dzvúión Nára) Decreto número 646 de 1901, por el cual se hace una promoción ..... ............................................... . Decreto número 647 de rgor, por el cual se honra la memoria del Sr. Genet~al Pantaleón González 0 ..... . Duelo Nacional .................................................. . Discur o del 'r. Ministro de Guerra, pronunciado en el Cementerio el día de la Peregrinación á la tumba del Genet~a] Pinzón .......................................... . Homenaje oficial al General Pin:~.ón. Discurso pronun­ciado en 1 Cementerio por el Ministro de Guerra, Dr-. José omingo Ospina C ............................. .. Honores Militar s (al General Nemesio Quiñones) ... . Honores al Cn. ncral Casabianca (Discursos de los se­ño:~ c.s D. Lot·enzo Marror¡uín y General Juan F. Po- ·ada ) .................. ....... ........................... ...... . Mement0 ........................................................ . Muerte (La) de un héroe ................................... .. Nuevo .. 1ini trode Gu 'ITa ................................. .. Orden general del 16 de Enero de 1901 (sobre com-portami nto d 1 Batallón Artillería Rodada) ........... . Ord n r;encral dt 1 3 de ~!ayo de rgor (relath·a al Jefe de la 3·& 'ivfcsa d l Estado Mayor general) ........... .. Proposición del Consejo de E tado, sobre honores á la memoria d e l r. en eral D. Próspero Pinzón ......... Proposición del Consejo iviunicipal de Bogotá, sobre honore:-. :i la mt:moria del Sr. General D. Próspero Pin/:ón ................................... . .... ................. . Prvposición del Consejo de Estado, sobre honores á la memoria del r. General Manuel Casabianca ........ . Palo1le,<;ro.& u~ yi, odio de la inr,1Qrtal JOrnada. Fatigas de la 4· Dlvlslon ............................................ . Reorganización del Ejército. Militarización del territo-rio ........................... ................................... . Resolución número 1. 0 del Ministerio de Guerra, rela­tiva al Decreto nt' mero 15 1 de IgüO, sobre aumento de st. Idos militares ...................................... .. Servici'.) h cai del Ejército. Consultas y resoluciones .. . Sueldos militar s. Racione de tropa ..................... .. Tráfico de mulas ............................................ ···· IX Página 667 729 730 731 731 66g 6 539 670 634 9 417 70 538 5 6 667 635 13 194 6o8 610 353 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. X BOLETÍN MILITAR DE COLOMBIA DCJOTRINAL ARTE MILITAR Pdgina Abrigos de vivac................................................. 194 Artillería (La ) de campaña.................................. 292 Combate (El) defensivo .............................. 289 y 361 Desarrollo de los grandes ejércitos......................... 81 1 Escuela superior de guerra argentina..................... 228 Estudio de la batalla de Austerlitz.......................... 487 Espíritu de un artículo de la ordenanza...... .. .. . . . . . . . . 102 Ejército (El) Burgher ( Boer ): su mérito y sus defectos 522 Espíritu (El) militar de una Nación. ( Discurso del P. D~dón):~ ................ ..: ........................ 732, 761 y 793 Fortif1cacwn de campana..................................... 39 Guerra de Secesión. El General Pope. 505, 543, 579 y 707 Infanterías (Las dos) que combaten en el Sur de Africa 679 [nforme sobre el Ejército alemán. 203, 239, 336, 370, 46 3' 55 2' 7 5 3 y. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 8 5 Instrucción sobre la formación de sirvientes apuntado-re~ en los Cuerpos de Artillería .................... 42 y 8o Igualdad (La) en el servicio militar........................ 182 Juramento (El) á la bandera................................. 520 Manual para la preparación de la Compañía al· com-bate .................................................. 17, 70 y 106 Marchas y campamentos ............ 45, 132, 207, 247 y 427 Mando (El) y la iniciativa................................... 1 14 Maniobra y servicio de las piezas de la Artillería Ro- -dada............................................................ 188 Marchas y combates según los reglamentos argentinos 263, 3 IO, 332, 363 Y· .. · ...... ·· .. ···· .... · ..... ·· .... ······ 390 Necesidad de estudiar la Geografía y la Historia ele América........................................................ 643 Napoleóo. La última jornada................................ 745 ociones de Geografía militar. Teoría del terreno. 452, 473, 513 539, 575, 6r8, 648, 674, 701, 737 y... 770 Operaciones militares de la época........................... 244 Preparación de la 'infantería alemana para el comba-te ......................................................... 137 y 163 Principios generales de c . trategia y de táctica en las pequeñas guerras. 33, 83, 149, 176, 198, 232, 269, 305, 326, 356, 396, 420, 458, 477, 5 r8, 548, 586, 614, 656, 683, 705, 741, 777 y............................ 8o6 Procedimientos ( Los ) ele combate de la artillería 388 y 434 Porqué (El) de una catástrofe... . .. . . . . . .. .. .. .. .. . .. . .. . .. 57 I Programa para la instrucción en nueve meses de los · contingentes de los Cuerpos de Artillería de monta-ña y á caballo.............................. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 697 Progreso (El) oe la guerra................................... 766 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. fNDICE DEL TOMO I-SERIE Il XI Página Reglamento mexicano para el sernc10 de campaña 437, 460, 484, 715 y........................................ 749 Servicio de Estado Mayor ............................ 2 7 3 y 297 Sindéresis napoleónica......................................... 61 1 Servicio protector durante el reposo .......... 301, 321 y 353 Táctica de combate de la caballería....................... II8 INSTRUCCION Combate (El) defensivo .............................. 289 y 361 Escuela superior de guerra argentina..................... 228 Espíritu de un artículo.................................. . .. .. . 102 Ejército (El) Burgher ( Boer ): su mérito y sus defec-tos..................................... ... . .. . . . . .. . . . . . . . . . . . ... 522 Espíritu (El) militar de una Nación. (Discurso del P. Didón ) ............................................ 732, 761 y 793 Guerra de Secesión. El General Pope. sos, S43, 579 y 707 Infanterías ( Las dos) que combaten en el Sur de Afri-ca..................... ............ ........ ......... ............. 679 lgualdad (La) en el servicio militar........................ r 82 Informe sobre el Ejército alemán. 203, 239, 336, 370, 46 3' S S 2 7 S 3 y.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 8 5 Juramento (El) á la bandera............................... S20 Marchas y combates según los reglamentos argentinos 263, 3 ro, 332, 363....... . ... . . .. .. . . .. ... ... . . .... .. . .. .... 390 Mando (El ) y la iniciativa................................... II4 Napoleón. La última jornada................................ 745 Preparación de. la infantería alemana para el comba-te ...................................................... 137 y 163 Preparación de la compañía al combate, 17, 70 y ro6 Progre. o (El) de la guerra...... .. . . .. . .. . . . .. . .. . . .. . . . .. .. 766 Porqué (El) de una catástrofe.............................. 571 Reorganización del Ején;ito. Militarización del territm·io 13 Reglamento mexicano para el servicio de campaña 437, 460, 484,7 IS y ..................................... · ... 749 S~1·v~cio _de Estad~ ~ayor ....................... 273, 297 y 460 Smck:res 1s na¡.nleomca.............. .... . .. .. .. .. .. . .. .. . .. . . .. 61 I Estrategia y t:ictica en las pequeñas guerras ( princi-pios generalc.:> ), 33, 83, 149, 176, rg8, 232, 269, 305,326,356,395,420, 4S8,477,5I8, S48, s86, 614, 6s· , 683, 705, 741, 777 y........................ ... .. .. .. 8o6 Estu io d..; la batalla dt! Au terlitz...... .. . . .. .. . . .. . . . . . .. . 487 11archas y campamento 4S, 132, 207, 247 y............ 427 Operaciones militares dt! la época..................... ..... 244 Servicio protector durante el reposo 301, 321 y......... 353 Táctica de combate de la caballería.................... . .. 1 18 ARTILLERÍA Tlro y fortificación de campaña.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . I 94 Artillería ( La) de campaña... . .. .. .. .. . . . . .. .. .. .. .. .. .. 292 á caballlo. Opinione chilenas.............. . .. . 8 I S Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. XII 1 BOLETL' :m LITAR DE COLO liBIA Página Fortificaci6n de campaña...................................... 39 Instrucci6n sobre la formaci6n de sirvientes apuntado-res en los Cuerpos de Artillería .................... 42 y 8o Informe del Jefe del Batallón Artillería Rodada. ( Véa-se Oficz'a.l) . ................................................... . Maniobras y sen·icio de las piezas de Artillería rodada. 188 Proccdim'entos (Los) de combate de la artillería. 388 y 434 Programa para la instrucción en nueve meses de los contingt.ntes de los cuerpos de artillería de montaña · ;l ca, >all u ................. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 697 GEOGR Flt\ Fronteru. (La) Costarricense .......................... 91 y 96 l\1archa (La) del Valle del Pamplonita al del Lebrija. 128 N u \·a Teografía de Colombia ( vistas, planos y cartas geogd!1cas). I-501,533, 565,597,631,663,695,727 759, 791 y..................................................... 821 Necesi~J~d el e estudiar la Geografía y la Historia de Arn'-r1ra......... .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . 643 Occid ·nt · (El) antioqueño. 621,658, 691, 718 y...... 755 Teorf< del t..: I-r no. (Nociones de Geografía m1litar) 452,473, 513, 539, 57 5, 618, 648,674, 701, 737, 770 )' 799 Viaje á. las r~gione::. equinocciale . 344, 408, 446, 468, 498, 529 y..................................................... 818 Viajes por Mé. ico _ Sudamérica. Nueva Granada. 56 I, 625, 723, 757 .. ·· ..... . ................... ................. . 787 :B:ISTr )R.,T [ Memoria . Jel Gc e ral Pablo 1 f rilo. 15 6 , :.no, 277, 375,401, -1f)2, 591 y..................................... 687 Palonegn} . ........................... 55, 64, 124, 128, 159 y 160 Zumalact~ reO' i. Gu rra civil de ravarra (1834-1835). 21-5, 2."0, 282, 315, 34 I, 380, 405, 443, 49"\ 525 Y... 556 V 1 RIE r.J ...... .<\..DES Casos y e ).as de guerra. Una nube disipc.da............. 318 Dem grafía cundinamarquesa..................... ... . . . . . . . . 253 Errata.... . ............................................... . . . . .. . 630 Frontera (La) Costarricense .......................... 91 y 9n Nueva G'Jgrafía de Colombia 1, 501, 533, 565, 597, 631,663,695, 727, 759 791 )'............................ 821 Occident (El) antioqueño .......... 621, 658, 691, 718 } 7 55 Palonegr o . 1v1archas y combates ......... 223, 224, 255 y 256 Peregrinación de Alpha ............. 219, 286, 347, 413 y 594 Rccreacione. científicas ............................... 190 y 382 Viajes :í l.ts regiones equinocciales. 344,408, 446, 468. 498, 529 Y···················································· 8I8 Viajes por México y Sudamérica. Nueva Granada. 561, ñ25, 723, 757 y......... . .. .. .. .. .. .... .. ... .. .. .. .. .. .... 787 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN ~IILITAR DE COLOMBIA Or¡ano del Ministerio de ¡ Guerra y del Ejército t3on colaboradores de eete periódico lo1 Y lefea y OficiRlee del Ejército ? Director ad honorem F. J. VERGARA Y V. General de Ingenieros, Miembt•o de ~arine Sociedades Cientiflcaa 1BG7-1.0 :CZ Z~E30-t 1901 PROSPERO PINZON Gobernante z'mparci'al; adnzz'mslrador íntegro y dz1igmte; magiStrado juslzdero ~· pttblú:z'sla di's­H11. guido; du.dadano Vl.rluoso_y abmgado; soldado valeroso; aslu.lo guerrz'llero ; Gmeral invzclo. Jife de Estado ~fayor gmeral: Comandante m .fife del Ejército · Mi?zistro de Guerra; fl¡'rtc­lo1 · general de operaciones militares. 1876 -1885 -1895 -1900 Susacón, Chita, La Donjuana, Pan de Azú­car, La Ramada, Cruz Colorada, CAPITANEJO, Palonegro, Cúcula, Capitanes. EL DIRECTOR DEL Boletín M1'll'tar SE ASOCIA RESPETUOS~IENTE AL HOMENAJE QUE LA REPÚBLiCA TRIBUTA EN SU:\IUERTE AL MÁS IL STRE DE LOS SOLDA­DOS CONSERVADORES DE CoLOl\lBIA EN EL S'IGLO XIX. Tmto I-1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2 B oletin JJft"lz'ta,~ DECR.E~1'0 .. VU1VERO I.0 D.E-. I90I (EXERO 1 . 0 ) sobre honores á la memoria Jel Sr. General JJ. PRÓSPERO PL ·z6x .El V/ccpreszdenle de la Rep/tblú:a, mcargado del Poder Ejecut/vo, COXSIDERANDO 1.0 Que hoy ha fallecido en esta ciudad el Sr. General D. PRÓSPERO PINZÓ·, Comandante en Jefe del Ejército de la República; 2. 0 Que el Sr. General PI:-;zox desempenó altos puestos públi­cos, como el de Gobernador de lo · Departamentos de Boyacá y Cundinamarca, Tesorero general de la República, miembro del Consejo de Estado, Ministro de Guerra, jefe de Estado Mayor Ge­neral del Ejército. Comandante en jefe del mismo, y en todos ellos prestó importantes servicios á la República ; 3. 0 Que el r. General P1xzó.· se distinguió desde su juventud por su acendrado patriotL m o, por u amor al bien público, por su ejemplar piedad religio a, por u acrisolada honradez, por su valor y pericia militare · y por otra muchas virtudes públicas y privadas ; 4. 0 Que el General P1xzó,· ·e distinguió como militar de altas y excepcionales dotes, las cuales puso al servicio de la causa del orden en las guerra~ civiles de 1876 y 1877, 1885, 1895 y 1899 y 1900, y en especial en <. sta última alcanzó renombradas victorias ·obre lo enemigos del Gobierno, ntre ellas una que dari á Colom­bia rrloria perpetua ; 5. 0 Que el Gen ral P1.·zó. contrajo la enfe1·medad que le pro­dujo la muerte, en lo~ momento de estarle prestando al Gobierno y á la Patria muy cficace. s n·icio. en su carácter ele General en Jef de los Ejército de la República ~ y 6. 0 Que el ·r. General Pczóx, i pe arde haber hech mu­chos muy granclt s bienes á la :\Tación, obró siempre con desin­tcnEs poca veces io·ualaclo, y mo' ido ólo por u amor á la Patria, DE C R 1!: T.\ .\rt. 1 .0 El Gobierno ele Colombia deplora el fallecimiento del Sr. General Dr. PRÓ PERO Prx~óx, recomienda la vida de este ciudadano como modelo digno de imitarse, y considera su muerte como desgracia nacional. Art. 2. 0 Las Honra. fünebre que han de hacerse al cadáver del General P1x¿Ó. · serán co~teadas por e1 Tesoro público y e e - lebrarán con toda la solemnidad posible. Art. 3. 0 El Ejército y todos los empleado· civiles residentes en la capital concurrirán á dichas Honras. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .Éoletíu JV/z'lz'tar Art. 4.0 Todos los miembros del Ejército de la República Ile­varán luto por el término de treinta días. Art. 5. 0 Durante nueve días consecutivos las bandas del Ejér­cito residente en la capital tocarán retretas fúnebres en la Plaza de Bolívar de esta ciudad. Art. 6.0 Todos los Ejércitos de la República cumplirán las respectivas prescripciones del Código Militar, tributando los hono­res de ordenanza á la memoria del finado General PINZÓ~. Art. 7. 0 Un ejemplar de este Decreto será puesto en manos de la señora viuda y los hijos del Sr. General PINZÓN". Dado en Bogotá, á 1. 0 de Enero de r go r. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C.-El Ministro de Relaciones Exteriores, CARLOS MARTÚmz SILVA-El Ministro de Instrucción Pública, encarg-ado del Despacho de Hacienda, MI­GUEL ABAnlA MÉNnEz-El Ministro de Guerra, JosÉ Do:\HNGO ÜsPI­NA C.-El Ministro del Tesoro, ENRIQUE RESTREPo GARcÍA. DECRETO NUMERO 2 DE I90I (ENERO 2) ppr el cual se recompen an lo ~en· icio del General PR6SPERO PINZÓN en las personas de su viuda é hijos El Vicepresidente de la Rep¡~bli'ca, ~ncargado del Poder .E)eculz'vo, En uso de sus facultarle constitucionales, y CONSIDERANDO 1.0 Que ha fallecido el Sr. General PRÓSPERO PINzóx en cam­paña activa al servicio del Gobierno ; 2. 0 Que en la conciencia pública nacional está la convicción de la deuda inmensa de gratitud que el Gobierno tiene contraída á favor del General PINZÓN, y consiguientemente á favor de su familia; 3. 0 Que ya que 1 Gobierno no pudo premiar como debiera y quiso los servicios del General Pn;z6N, en vida de éste, debido á la modestia y al desinterés que le caracterizaban y que le hacían re­huír todo género de distinciones y recompensas, es muy natural y justo que lo haga con su viuda é hijos huérfanos, á quienes no legó sino su amor á la Patria y sus indiscutibles títulos :í la gratitud nacional; y 4.0 Que es un deber de todo Gobierno retribuír los servicios de los que, como el General PixzÓN, consagran su vida al engrande­cimiento de la Patria, con el patriotismo, desinterés, modestia, abnegación y constancia con que lo hizo el héroe cuya perdida en­lutece hoy al país, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 4 Boletín JWt.l·z'tat DECRETA Artículo único. Del Tesoro nacional se entregará á la viuda del General PRÓSPERO Pr. zÓN la suma de doscientos mil pesos ($ 200,000) para que sea repartida por iguales partes entre aqué­lla y cada uno de sus hijos, todos menores de edad. Esta suma se con iderará incluída en el Presupuesto de Gastos de la vigencia en curso, con imputa:ión al Departamento de Guerra. Publíquese y ejecútese. Dado en Bogotá, á 2 de Enero de 190 I . JOSE MANUEL MARROQUIN El l\llinistro de Gobierno. GuiLLERMO QuiNTERO C.-El Ministro de Relaciones Exteriores, CARLos MARTÍNEZ SILVA-El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, MIGUEL ABADlA ivlÉNDEz-El Ministro de Guerra, JosÉ DmnNGO OsriNA C. El Ministro del Te~oro, ENRIQUE REsTREPO GARCÍA. JJ.ECR.ETO NUMERO I.0 DE I90I (ENERO 1.0 ) por d cual se honra la memoria del Sr. General D. PR6SPERU PINZ6N .E'l Jefe Ovil y Mt"Hiar de Cundinamarca CONSIDERANDO r. 0 Que ha fallecido hoy en esta ciudad el r. General D. PRÓSPERO PINzóx, Comandante en Jefe de los Ejércitos de la Repú­blica; 2. 0 Que el ~·r. General Pt. ·zó. fue distinguido servidor de la República, en la cual desempeñó, siempre con honradez, tino y el más alto patrioti mo los más delicados puestos públicos; 3. 0 Que J Sr. General PrxzÓN sirvió, á contentamiento del pueblo de Cundinamarca, el cargo de Gobernador de este Depar­tamento; -4. 0 Que en lo~ ültimo tiempos prestó el Sr. General PINZÓN servicios inapreciables á la Nación en su calidad de: Comandante en Jefe de los Ejércitos de Colombia, y alcanzó grandes victorias sobre los enemigos del orden público ; 5. 0 Que el Sr. General Pr. ·zóx se hizo notable entre sus con­ciudadanos por su proverbial honradez, por su religiosidad sincera y ejemplar, por su patriotismo nunca desmentido, por sus altas dotes de militar, por su respeto aJ derecho y á la ley, y por otras grandes Yirtudes públicas y privadas; todo lo cual hace que su fallecimiento sea suce o g-eneralm nte sentido, DE C RE 1 ,\ Art. 1.0 El Gobierno de Cundinamarca deplora Ja muerte del Sr. General D. PRÓsPERO P1xzóx, la califica como una desgracia pú­blica, y presenta su Yida como ejemplo di~no de imitación, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar 5 Art. 2. 0 Los empleados del Departamento y los miembros de la Policía Nacional que e!tán bajo la dependencia de la Jefatura Civil y Militar de Cundinamarca, concurrirán á las Honras fúnebres que se harán al Sr. General PINZÓN. Art. 3. 0 Los miembros de la Policía Nacional lle-varán luto por el término de treinta días, en señal de duelo por el fallecimiento del Sr. General PINZÓN. Art. 4.0 Un ejemplar de este Decreto será presentado á la señora viuda y á los hijos del Sr. General PI:-iZÓN, Dado en Bogotá, á r. 0 de Enero de 1901 . ARISTIDES FERNÁNDEZ El Secretario de Gobierno, joaquí'fl .NI. Urz'be B.-El Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda, encargado del Despacho, Davz'd Pontón C.-El Secretario de Instrucción Pública, José Joaquín París. PR OPOSICION El Co11sejo de Estado CONSIDERAXDO Que ha fallecido en esta ciudad el benemérito ciudadano Ge­neral D. PRÓSPERO PINZÓN; Que el General PINZÓN prestó á la Patria inestimables servicios durante su corta pero fecunda vida pública, sosteniéndola con sus heroicos esfuerzos y honrándola con sus virtudes ; Que el Sr. General PINZÓN, abnegado hasta el fin en servicio de su Patria y de la santa causa de sus conYicciones, ha muerto en cumplimiento de su deber como patriota y como funcionario pti­blico; y Que tan ilustre patricio hizo parte de esta Corporación en los años de 1892 á 1894, prestando en e1la el valioso contingente de sus luces y de su noble carácter, RESUELVE Consignar en el acta de este día la expresión de su duelo por la irreparable desgracia que ha sufrido la República con la pérdi­da de este eximio ciudadano, preclaro patriota y magnánimo cam­peón de la civilización cristiana ; y asistir en Corporación á los fu­nerales que tendrán lugar en la Iglesia Metropolitana. Copia de esta proposición será enviada á la señora viuda del ilustre finado. Publíquese. Bogotá, Enero 3 de Igot El Pr~sidente, JosÉ MARÍA GoNzÁLKZ V..-.r.RNCIA-El Secretario tlerardo Puledo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 6 Bo/etiu JV/ilitar PROPOSICIO.lV sohrc honores á la. memoria del Gent~ral PRÓSP:E.RO Pno:ó. El Consejo Jvlumcipal dt Bogotd, dolorosamente impre ionado con la inesperada muerte del benemt­rito General PRÓ PF.RO Pn;7.6~, acaecida ayer en esta capital, RESUELVE 1.0 Laméntase profundamente el fallecimiento del invicto Ge­neral PrNzÓN, como un desgraciado suceso que llena de duelo la República; 2.0 Recomiéndase su memoria y sus importantes y oportunos servicios á la gratitud del pueblo de Bogotá; 3. 0 El Consejo Municipal concurrirá en C01·poraci6n á las exe­quia.:~, que tendrán lugar el \'iernes 4- del presente en la Iglesia Me­tropolitana ; 4.° Comisiónase al Concejcro r. General Rafael Ortiz para que lleve la palabra, en nombre de esta Corporación, en el acto de la inhumación del cadáver; 5. 0 Por Acuerdo separado se dispondrá lo conveniente para la colocación de los restos del preclaro General PrNzÓ. • en t ugar especial del Cementerio público; y 6.° Copia de esta resolución será llevada por una Comisión del seno del Concejo á la señora viuda del ilustre difunto. Bogotá, Enero :,¡ de r go r . El Presidente, c ,,RLO. UGRÓs -El ecretario A11/Mtio JU. Lo7J­dQflo. Homenaje oficial al General Pinzón DISCURSO I'RONúNCIADO EN EL CEJ!ENTERJO POR EL ;\IJ, 'ISTRO DF. GUERRA DR. D. JOSE DO!IIINGO OSPINA C Señores: Con la inteligencia conturbada por ehrudo o·olpe , • .. h que aqu1 nos tiene congregados, á pesar de la comi-sión con que me ha honrado el Gobierno. y del amplio campo á que dan espacio los relevantes méritos del Sr. General PRÓSPERO PrNZÓ)J', las palabras d-:! encon1io. lo mismo que las de lamento, se deniegan á salir de mis labios. La manifestación espontánea de un vehemente dolor no son las lágrimas, nó los gemidos : es el silencio. Obligado á romperlo, no voy á narrar Jos a~tos pechos del Gen~ral PINZ9N, porque el país sabe qu~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo!etí?Z, M-ilitar 7 apenas pisaba los umbrales de la juventud, cuando por vez primera ciñó la espada en defensa de la causa del orden. y que con ella desenvainada y cubierta de lau­reles, ha descendido al sepulcro. ¿A qué recontar esos triunfos que todos hemos presenciado y que si hicieron de PINZÓN el primer adalid de la República. también son esplendorosa muestra del vigor de un alma tem­plada al calor de la Religión y del deber? Tampoco vengo á ensalzar las virtudes del Ma­gistrado. Ninguno de los presentes ignora que lo n1ismo en la oscura Prefectura ele Provincia, que en los más elevados puestos de la jerarquía civil. fue el General Pe~ZÓN n1oclelo de civismo, de abnegación y de honra­dez. Su benevolencia, su parsimonia y su anhelo por el adelanto nacional, lo señalaron como hon1bre capaz ele dar á este suelo querido los días de paz y de progre­so con que soñó la generación que en los principios del pasado siglo enarboló el pendón ele !a libertad. A.yer no tnás lo vin1os aclatnado por el entusiasmo d un pueblo agradecido; ayer no n1ás lo vimos recibir con la humildad del guerrero de Cristo las palmas de laurel que Dios en su sabios designios ha trocado hoy en coronas funerales. Los hechos del General PI ·zóN están escritos en nuestra tnemoria, y la historia los ha recogido para ofrecerlos como ejemplo y estínntlo á las nuevas generaciones. Pretensión ridícula sería querer. con mis descosidas frases, ensalzar lo que por sí mismo está enaltecido. Vengo sólo á depositar en la tumba al malogrado prócer y á dar valor á mi alma atribulada con el re­cuerdo de PINZÓN. Los dogmas de la Iglesia eran el alimento de su inteligencia, y la moral católica la ;;;evera pauta de sus acciones. Pertenecía á la escuela conservadora en razón de sus creencias religiosas, y no por simples lucubra­ciones políticas : por eso, sin elegir nunca el puesto, com­batía en el que se le señalaba; y luchaba en él con tesón y sin descanso, con la fe del creyente, pero sin las ambi­ciones, sin las pasiones del hombre público. Deseaba el éldelanto y la felicidad de su Patria y el bienestar He Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 8 Boletín JV/ilita1~ sus conciudadanos, y para él sólo buscaba la paz en la oscuridad de su tranquilo hogar, y la dicha en el amor de su esposa y las caricias de sus hijos. El odio fue desconocido para el corazón de PINZÓN. N o tuvo siqui~ra el placer de perdonar, porque antes de sentir la herida había olvidado el notnbre del agre­sor. Si no hubiera admirado su carácter, en más de una ocasión me habría burlado de la especiosidad de los pretextos con que atenuaba los ataques y ultrajes de los que le querían tnal. En él todo era buena voluntad, y en su corazón no había quedado nada ele lo que la so­berbia ele los hombres quiere di!::>frazar con el pomposo nombre de dignidad. En su carrera política con1batió con denuedo al adversario, pero tendió siempre la ma · no, generosa, para levantar al vencido. PINZÓN era humilde por temperatnento y por vir­tud : ni la desgracia lo an1ilanaba. ni lo ensoberbecía la fortuna. Jamás hablaba de sucesos que le dieran gloria ó estimación; y si en alguna ocasión se veía obligado á relatarlos, lo hacía de n1an e ra que el n1érito de la acción recayera sobre sus con1pañeros ó subalternos. ToJo he­cho digno de alabanza era obra del favor divino ó ele extraña y oportuna coopera :ión ; en ello no había cabi do parte á su valor, ni á su talento, ni siquiera á su l re­visión. Dios, que sabe que no todos los que defienden la justicia son justos, pide, y á las veces toma para salvar las grandes causas, víctin1as expiatorias- que lieven so­bre sus hotnbros los pecados de la tnultitud. La víctima ha de ser pura; y ¿quién se atrevería á negar que EL no hubiese elegido al inmaculado General PINzÓn con1o ho. locausto ofrecido en aras de la paz y la concordia que diariamente le pedimos? La miseria hutnana no puede adivinar si lo que el mundo apellida desgracia, es en la mano de Dios pretnio ó castigo. Lá n1uerte del General PINZÓN, que es una desgracia nacional, ¿es obra de )a justicia ó de la mise­ricordia divina? El tiempo se encargará de decírnoslo_; pero entretanto acaten1os reverentes los inescrutables fallos de Aquel que tiene en sus manos la balanza en que son pesados los pueblos y las nacionea, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo/et{n Militar 9 ~difnrial LA MUERTE DE UN HEROE Por natural conforn1ación del aln1a de las nlultitu­des, éstas siempre habrán de sentÍr:ie arrastradas á glo­rificar t0do aquello que las deslun1bra y conrnueve, ó á escarnecer lo qLle les repugna y hace sufrir. Y esa alma, esencialmente simplista en su sindéresis, ora deslun1brada, ora entenebrecida, según que la luz ó la sombra, á su rnanera. destaquen las fi~uras que ha­brán de ser n1iradas por el :a con1o ídolos ó c.omo de· monios, descuida siempre los detalles de la escultura si no resaltan con fuerza, aun cuando sean n1uy dignos de tomarse en cuenta para forn1ar juicio cabal sobre el verdadero puesto que al sujeto debernos asignar: Na­poleón y sus victorias. el dictador Francia y su gobier­no son1 brío, el th\lg Faríngea y su~ crírnenes siniestros, Francisco ele Asís y sus seráficas virtudes. s0n tnodelos que llamarán siernpre la atención del vulgo cuando los halle al paso; en tanto que figuras con1o un Luis de Va­lois el Santo. un Fultrn el padre del vapor, un Turcna el militar metódico, un Warren Hastings el político mal­vado, jan1ás desencadenaron en vida el an1or ó el odio de los pueblos, no perteneciendo sus hechos sino á la pluma del historiador ó á las meditaciones del filósofo. Por ese motivo, cuando se trata del hombre lla­mado PRósPERO PINZÓN, la muititud no Jo concibe sino envuelto por los rayos de fuego y el estruenoo de tremendo batallar, largo, sangritnto y tenaz con1o en PALONEGRO, terriblemente sublime cotno en el asalto de Cúcuta, ó dando golpes de n1uerte como en Capitanes ; ó bién probo y modesto en absoluto en época de co­rrupción, desatentada soberbia y mercantilismo sin fre­no, ó, por otra faz, creyente convencido y observante en un siglo de duda é in1piedad. Y esas cualidades y virtudes de pri1ner orden ~on las que se ensalzan en el periódico, en la ca11e, en la choza del labriego, en tanto que para no$otros muy Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ro Boletí11, Milita1· poco significan, pues pa1ic1ecen ante las que llamaremos heroicas, resultc.lntes del culto del deber sin glt)ria, del sacrificio fructuoso ¡Jero en apariencia oscuro y aun es­téril. Grande vimos á PI "\Z '>_ T en la majestuosa basílica, al doblar humilde la rodilla ante EL para ofrendarle los tributos de una entrada triunfal ; pero grande con gran­deza hun1ana, por decirlo así : dorninónos el cuerpo n1as no el aln1a. En e1 seno de la amistad ganado nos había el corazc)n ; pero sin ofuscarnos la mente con el esplendor de sus victorias, ora pacíficas, ora cruentas, porque entre las flores de las coron:ls así conquistadas no titilab:1n los lurninares del martirio, con1plemento indispensable de las vidas que tienen derecho~ se:· mi­radas con1o ejemplo digno de irr,itación entre los hom­bres y con1o tin1bre de orgullo para el pueblo que las contó en su Seno. Empero, lo que: no virnos en la vida del hombre lo hallamos en su n1uerte. porq1te fue al caer, al pos· trarse en tierra, cuando se hizo in1posible no apreciar su talla de gigante, sus ahora ~í orla, las sienes con la coro­na del n1artirio. Y esa pre"~a á C} u e no prestara atención la n1ultitud. por'lue PL ·z6~ la guardó celoso con1o si qui· siera arrastrarla consigo á la eternidad, es la que á nos­otro~ nos ob1iga á llamarle Grande y á mirar su pérdida con1o daño irren1ecliablc parcl la actual generación. La muerte del hér(le es en verdad la lección que lega á los hijos de Colon1bia; lt·cción esct·ita de manera que nadie pueda ni ignorarla ni dejarla de aprender, y que al común de los hon1bres aun cuando nos abruma con peso casi insostenible, que hace flaquear y palide­cer al pensar en el rnon1ento en que puede tocarnos re­petir a, al1nisrno tiempo sirve ele acicate para respon­der alerta cstd, á la voz de alerta coP que el Capitán se ha despedido de nosotros para descansar al pie de una cruz. En efecto, arrostrar la n1uerte, luchar con brío cuando la luz alumbra el espe1táculo y n1iilc.tres de sol­dados son testigos de nuestros actos de arrojo ó del frío cumplimiento del deber. es sin duda glorioso pero ~iene algo de humano, algo de obrq. de carne en que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milt.tar II caben la soberbia 6 el amor propio, y por lo mismo constituye acto registrado una y otra vez en las pági­nas de la Historia ; pero ofrendar la vida en el silencio y las tinieblas, ó cuando sólo Di<,s es testigo del acto heroi-:o realizado, tiene algo de sublime,. de extrahunla­no, que no todos los mortales alcanzan. á ejecutar. PINZON, al regreso de la campaña del Norte, cu­bierto ele gloria y ele laureles, convertido en el hombre de una gran causa, el ídolo de un partido y una espe­ranza para la Patria, con el S' )lio presidencial en pers­pectiva. va á Guaduas á c0ntraer la fiebre que incen­diará su sangre y devorará su existencia. í Por qué ese viaje, para él lleno de presentimient<'s y en apariencia inútil? Ahí está precisamente el acto heroico, el sacri­ficio que á nuestros ojos lo C<>nvierte en n1ártir cuando antes no era sino héroe. Con sabia previsión ordena concentrar las fuerzas del Tolin1a en Giran.lot. y por esa r.auc;a en doble jor nada se desbarata el últin1o esfuerzo serio que pueden intentar los rebeldes del interior de la República; con no n1enor cordura asegurado había la defensa de cuan­tioso parque en su transporte de Honda á la capital. recorriendo Ja vía para establecer debidamente los batallones. i A qué volver á esa ruta ahora invadida por la fiebre, cuando á pritnera vista nada exigía allí su pre­sencia. abandonando las dulzuras de un hogar feliz? Ahí está el voluntario sacrificio. A su venilla á Bo­gotá, encontró, como secreto de Estado, que en el parque no existía ni tt1Z solo fuszlnz' un solo cartucho para Gras, que las guerril1as no podían ser perseguidas por esa falta, que en caso de nuevos con1bates se corría el peli­gro de perderlos por carencia de n1uniciones, y al mis· mo tiempo ]a falta ele vehículos prometía alarg~r la operación decisiva, y la fiebre, surgiendo de improviso, amenazaba disolver las únicas tropas de que se podía disponer para defensa del convoy. Así planteado el problema, la solución era clara: la operación, antes secunclari;1, se tran-.;form~ en decis;i · va~ y de nuevo. com en PALONF.GRO .. va el Jefe á llevar aliento á los soldados con su ejemplo y á repetir COJ?. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I2 Boletín Militar V?Z mucho más elocuente aunque no hablada: " De aquí nt un paso atrás; artuí muero; los que quieran aconl­pañarme quédense." i Quién negará que la muerte ele PrNz c)N fue el acto más sublin1e de su vida 1 i Quién neaará que fue un mártir del deber? o Al sentirse herido por la muerte que ahora se ser .. vía traidora de arma desleal para cun1plir anhelos no cor,seguidos en cien combates; al sentirse PlNz6N heri­do, resuelve no perrnanecer en los campamentos para no arnilanar á los soldados con su enfermedad, y hace á bestia un viaje que comprende hecho así ha de serie fatal. Viene además á procurar á los suyos el anla:-go placer de que le vean morir entre sus brazos ..... . La n1uerte del Capitán se equipara por esto á la del centinela que cae sin testigos en lucha va1entísima contra una partida enen11ga, salvando quizá el campa· mento, para que al siguiente día tal vez se le crea vícti­ma de la bala de algún merod eador ; es la muerte del viajero que da la vida por salvar la de algt'1n infeliz cui­tado, corriendo el riesgo c.l e que su muerte se achaque á la mano de un salteador <)á un accidente imprevisto. Es. pues. la n1uerte de PrN zÓ N uno de esos sacrificios de que sólo Dios es testigo, p e ro que en pren1io á sus vir­tudes no quedó ignorado y le ciñó las sienes con la au­réola del martirio. Es la gran lección que lega al Ejér­cito de Colombia y el lazo con que liga á todos los de­ferasores del derecho, para que no dejen perecer la obra principiada en PALONEGRO, imponiéndoles la obligación de combatir y triunfar de todos los rebeldes, desafiando por igual las balas y los climas y sacrificando sin vaci­lar, no la vida, sino lo que es más, hasta las esperan- . zas de descanso ó de risueño porvenir .... . ---o.•·~-- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar IJ REORGANIZACIOlV DEL E:JERCITO A:!ILITARIZACION DEL TERRITORIO La similitud de situaciones ó de condiciones entraña la simili­tud de problemas por resolver ó de consecuencias á que hacer frente. En la América latina los diversos Estados tienen más de un punto de semejanza, en especial en lo que hace á orden públi­co y á luchas de partidos, por lo cual las soluciones que de tales problemas se presenten en ellos, bien merecen ser tomadas en cuenta, sobre todo en el terreno militar, en el que no caben ban­derías ni otros principios que los del buen sentido. Por estos motivos reproducimos en seguida un escrito reciente de un militar uruguayo, porque el problema que plantea y la solu­ción que aconseja nos parecen tanto más adecuados para Colombia, cuanto aquella República necesita con menor urgencia el reme­dio del mal de que se trata. No negaremos que el problema no pueda tener otra solución más eficaz; pero como no la conocemos, hemos abundado siempre en las ideas del escritor en referencia. Además, el reciente desas­tre de Peralonso y la larga lucha de guerrillas que ha arruinado el país demuestran de sobra que el ejército de línea sólo es firmí­simo sostén del orden cuando las milicias, los voluntarios ó como quiera llamarse á los miembros armados de un partido, le acompa­ñan y ayudan en su delicada tat·ea. Y no se alegue que hay peligro en mantener armadas esas milicias, porque ni los propios se declararán nunca en rebelión, ni las revoluciones estallan como el rayo: los que primero se alzan en armas necesitan algunos días para organizarse y poder presentar combate, lo cual da positiva superioridad á los milicianos apoyados aquí y allá por cuerpos de línea que vie"len á ser como los huesos de recio organismo. Y en caso de no poderse salvar el orden pú­blico ni aun con tales medidas preventivas, la formación de mili­cias, es decir, la di visión y organización militar del país, se impone, porque los cuerpos de línea nada logran contra las pequeñas gue­rril1as que sólo pueden ser refrenadas y vencidas por contrague­rrillas, ó sea por los habitantes á quienes interese la pronta pacifi­cación de cada parte del territorio nacional. ••• H Los persistentes rumores que circulan y anuncian una próxi­ma invasión ó alzamiento en armas contra el Gobierno constituído, traen nuevamente á discusión el problema de la organización mi­litar del territorio. u Probablemente no habrá nada, los rumores no tendrán aca­so fundamento, y todo ello no pasará de una tormenta en un vaso de agua; pero no es lo que ahora pueda suceder por falta de ele­mentos revolucionarios, lo que nos debe preocupar, sino lo que acontecerá el día en que estos elementos se acumulen y sean capa- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín lkfilitar c~s -para promover la guerra, 6 cuando un enemigo exterior se dtsponga á combatirnos. Ese día, hablando militarmente, será des­graciado para d honor d e l Ejército d e la República que, consu­miendo fabulosas sumas en su presupuesto de guerra, no tendrá soldados que oponer al irwasor. Bastará una centena de revolucio­narios para producir los mayore s estragos, recorriendo á mansalva la campaña. "El Ejército p e t-manente cubre apenas las necesidades del servicio ue guarnición, y no se puede contar con él exc1usivamente para un caso de revuelta, pOI-que además de dejar desatendido el servicio que presta, se cometería un desacierto llevándolo á com­batir á determinado punto, cuando no existiera la seguridad de que allí estaba el Yerdadcro foco revolucionario, y de que allí única­mente había enemigos del orden. "Cuando las r Yoluciones no son el producto de cerebros des­equilibrados, se organizan de modo que es difícil reunir todos sus hilos, y cuando atacan lo hacen por sorpresa, combatiendo los puntos más vulnerables. Es de suma importancia para los suble­vados comenzar sus operaciones con un triunfo, aunque sea muy pequeño, porque de otra suerte no avanzarán un paso. Esto es lo que hay que tener en cuenta en todo tiempo. " Se ha pensado tan poco en las causas que permiten el des­arrollo de las revoluciones 6 alzamientos en armas contra los Po­deres públicos, que generalm e nte se cree que es imposible evitar­los, pot~quc ellos son la conse cuencia de la idiosincrasia de los pueblos. Esto no es cierto. Tan inquietos son los unos como los otro . Dondequiera que haya hombre , existirán revolucionarios. Las ocasiones que les ofrezcan posibilidade~ de manifestarse, de­terminarán siempre u acción. Hay error en . u pone r qu e ~ i 1 "> paíse latino- americano pi rden con tanta fi- e cue ncia su c quilil>rio, e mpeñándo~e en aven­turas revolucionaria , es por e fe cto del carácter nacional. Lo que verdaderamente hac que . tos países sean inquietos, es la falta de orcranizaci6n militar y de la fuerza pública que está destinada á mantener el orde n. América c o mo Euro pa y como cualquiera otra partL: del mundo, t e ndrá hombr si mprc dispuestos á derrocar un gobierno, pero stos hombre s jamás se a ventura rían en una jorna­da semejante si no tuvie ran facilidad e s precisas. Los gobiernos que se ven combatidos y los que cae n, no siempre son los malos, :,ino los que e descuidan en atender á su propia seguridad. El que se la sepa procurar, será invulne rable. " e dirá que esto es propio d e lo gobiernos absolutos, de lo~ gobiernos que no descansando en la opinión pl1blica, se \·en obliga­dos á recurrir al proc~dimiento de la fuerza. No aceptamos la teo­ría. El malo como el buen golJierno necesita defenderse. Lo que el malo hace por egoísmo, el bueno lo practica por deber. Los nuéstros, lo mismo los buenos que los malos, vivieron siempre en abandono respecto á su seguridad. que la fiaron, no al cumpli­miento dt::l deber de la fuerza pública encargada de sostenerlos, sino al agradecimiento de los hombres que elevaron, sin mérito Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletí1t llfz'lz'tar las más de las veces, y que faltos de la virtud ciudadana ó militar que forman los buenos servidores del Estado, abandonaron la de­fensa cuando fue más necesaria. Toda la fuerza defensiYa se con­gregaba alrededor del gobernante, y mientras él se creyó seguro, poco importaba el desamparo de la Nación. Siempre fue cosa fácil convulsionar la campiña. Y no porque no hubiera medios de evitarlo, sino porque jamás se pensó en utilizar los medios que es­taban á la mano, bien por el temor que tuvieron los malos gobier­nos de que los elementos d e seguridad se les volvieran adversos, 6 por la confianza, que abrig-aron los otros, ele que nadie había de atreverse á combatirlos. Todos pecaron, los unos por suspicacia, los otros por optimismo. Su falta dañó al país, que nunca gozó de calma. "Sobre este pasado imprevisor debemos reaccionar. El día que todos se convenzan de que el Gobierno dispone de una fuerza organi,mda de tal mJJo qu ~ sea capaz d e.: sufvcar en el primer momento cuak¡uicra intentona revolucionaria, acabarán las locu­ras de esos ánimos inquietos que insensiblementE:, y sin concien­cia acaso de su obra, nos van llevando á nuestra anulación políti­ca; cesarán esos alarmas que nos desacreditan, aun careciendo de base, y el país podrá entrar en una verdadera éra de paz, que permitirá el desarrollo de su fuerzas vivas, que no son pocas. "Recientemente-sosteniendo nosotros una polémica que no concluyó porque se r.os d jó libre el campo-un periodista na­cional nos habló con mucha énfasis de los países europeos en donde-nos dijo-nada turbaba la paz interior, merced á la eclu­cación ó al progTeso que sus ejércitos habían realizado en los últi­mos tiempos. El hecho es cierto; Alemania y Francia, citadas por el periodista aludido com(J m o d e los qu e d bemos imitar, hace mu­chos años que no sufr "n las cons "' Cuencias de disensiones internas ; pero no . á la "' clucación sino á la org-anización ele sus ejércitos á lo que deben el bien ele que di frutan. E paña misma, ese país tan duramente castigado por sus gu e rras civiles en la península, y de quien no nos cansamos d e cl ec i1- que heredamos el carácter y algo m'ís, e , al pres e nte, como Ale mania y como Francia, un modelo de sensatez, desde que su organización militar ha hecho imposible aquellas guerra . No es que allí arli tas ó republicanos estén con­vencidos de que el sistema impe rante sea 1 mejor 6 de que la na­ción necesita repo5o para restaña¡- las h rielas del pasado. Hoy, lo mismo que hace 25 años, se agitan los partidos y están ganosos de conquistar el Poder; pero la organización del ejército permanente y su reserva les detiene en sus deseos y enfría sus ímpetus. La di­visión militar del territorio fue el gran paso que dio la monarquía de Alfonso xu para restablecer la defensa de la corona. Aparte del Ejército permanente exi te un creciclísimo número de cuadros de Jefes y Oficiales, como base de los Batall nes de reserva y que, distribuídos en las diferentes cabezas de los Departamentos ó capitales de Prm·incia y pueblos de importancia, son los que en determinado momento y en pocas horas pueden movilizar quinien­tos 6 seiscien os mil hombre , que perteneciendo á las reservas Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. t6 Bolet{n Mt·lt·ta-r (especie de guardia nacional) y no estando sobre las armas, tienen el deber de acudir á ellas al primer llamamiento del Gobierno. Sus oficiales están, puede decirse, en contacto con esas fuerzas, y están á la vez continuamente relacionados con los funcionarios civiles y judiciales. En los casos de urgencia los Batallones y Regimientos de reserva se pueden movilizar incontinentemente, y así está defen­dido el territorio hasta en sus más pequeños rincones. En esto es­triba el secreto de la quietud interior de los países europeos. Una cosa parecida ó de resultados idénticos hemos proyectado nosotrc;>s en números anteriores al hablar de la organización del Ejército y de su ley constitutiva. El número de Jefes y Oficiales que tenemos en la República permite organizar la división militar del territorio, sus zonas y circunscripciones, de modo que la acción militar se haga sentir en el momento en que sea necesario. Los cua­dros de los batallones departamentales, á los que deberían adscri­birse, según nuestro proyecto, los individuos pertenecientes á la Guardia Nacional, y cuyos Jefes y Oficiales podrían prestar el do­ble servicio militar y de policía, serían los encargados de la cam­piña. Instruyendo á los inscriptos en la época oportuna, forma­rían soldados, y pudiendo congregarlos en las extraordinarias á la orden del Gobierno cuandv las circunstancias lo exigiesen, impedi­rían todo movimiento subversivo sin grande esfuerzo; y cuando esto fuera imposible en determinado momento-caso extremo y poco esperado-porque el número se les impusiera por sorpt·esa ó de cualquiera otro modo, los que se viesen atacados ó imposibili .. tados de defenderse, siempre prestarían un servicio inapreciable: ellos serían los que daban la voz <.le alarma, y en un momento es­taría movilizada militarmente toda la República para sofocar la rebelión, que nunca pasaría de un nsayo. "A nosotros nos parece que esta es la única solución práctica que puede aceptars ~ como bue na y eficaz ; porque por más que hemos pensado, no h e mos visto que nadie t e nga objeciones serias que oponerte, pues ni siquiera lo sería la que se hiciera con res­pecto al gasto que d ·manda la organización militar del territorio, desde que el personal que hubiera de emplearse existe mantenido por el Estado, y desde que este mi!-.mo personal podría utilizarse en otro servic!o que no se sostiene sin graneles erogaciones. Sobre todo, son tan claras é importantes las ventajas que se ofrecen en la realiza­ción de esta idea, que no trepidamos en someterla al Ministro de la Guerra, en la seguridad de que aquilatándola en su mejor criterio, h 1. de sacar todo el provecho que ella entraña para la tranquilidad de la Nación, pues esta idea desarrollada sin titubeos ni suspica­cias, es el medio que tenemos para quitar al Ejército ese carácter de partido que al presente tiene, y que levantando resistencias, le hace perder, en el concepto de muchos, la consideración y el apre­cio á que le dan derecho sus sacrificios dEl pasado y la modera­ción que viene observando en las luchas de la política." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mil-z.tar I'f MANUÁL PARA LA PREPARACION DE LA COMPAÑIA AL COMBATE, POR EL GENERÁL DRACOMIROFP Jefe del ejército MISO , INTRODUCCION Los reglamentos militares y las instrucciones, que también ti · ­nen fuerza de ley, sólo determinan la marcha que ha de seguirse para formar el soldado con relación á cada ramo aislado de la ins­trucción; pero la fusión general de esos diversos elementos en un todo único, y la combinación íntima, necesaria, para poder aplicar­los sobre el campo de batalla, no son ni podrían ser tema d t.: nin­guna reglamentación. Un trabajo de esa clase sale forzosamente del marco de un reglamento, puesto que depende de la aplicación combinada de muchos reglamentos, teniendo además en cuenta el tiempo, los lu­gares y los medios de que se puede disponer. Invitamos á los jefes d e tropas á no considerar como obliga­toria la letra de este Manual. Es preciso e n primer término esforzar­se en aplicar su espíritu, de dicando á la práctica d e los consejos que conti e n e, todo lo que se pu e da d e bue na voluntad y de inteligencia pe rsonal. El asunto val e la pena, puesto que la sue rte d e millares de pe rsonas, la victoria ó la derrota, la gloria ó el d e shonor, de­pe nd e n d e qu e la e ducació n d e las tropas se haga con mayor ó menor acierto. El presente Manual d e fin e e l obj eto qu e se trata de alcanzar, y contiene cierto núm e ro de indicacion e " s o bre la mane ra de con­se guirlo; pero ninguna d e e llas pre se n t a carácte r completamente obligatorio. Todo de p e nde de los e leme ntos d e que se pueda dis­poner; y e l rigor con que se hayan de practicar los pre ceptos con­tenidos en este Manual, resultará de los medios de c¡ue se disponga. Se ejecuta lo que se puede, y si hay partes que lo médios y las circunstancias no permitan llevar á la práctica, se dejarán á un lado, pero después de haberse convencido plenamente el oficial de que s e r e troce de d e lante d e una imposibilidad no aparente sino re al. Se comprende que c uando se trata d e fundir las diferentes ramas de la instrucción e n un todo que se aproxime lo más posz.1le á la práclz'ca de la guerra y del combate, hay conveniencia en poner á un lado muchas cosas que han podido servir para perfeccionar cada una de las ramas particulares de la instrucción, consagrando, por el contrario, especial atención á otros puntos. El éxito de la instrucción depende del carácter que se le haya impreso á la educación del soldado, es decir, del grado en que él adquirió la conciencia de sus deberes. TO?tto 1-2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I8 B olet{n Militar Si ha sido educado de manera que cumpla todas las obliga­ciones que le impone el servicio, sin separarse una sola línea, lo mismo cuando no se le ve que cuando se le vigila, la instrucción dará buenos resultados rápidamente. En consecuencia, será esa educación la que para nosotros ocupa el primer lugar. 1 ED CACION I. El jife de compaií.Ía es responsable de la buena educad(m. dada á sus hombres y al mismo tiempo d todos los cuadros de la compaliía-Sobre ~ta base él tiene el deber de asegurarse de cómo cada uno de ellos conoce sus obligaciones, y de tomar las medidas del caso para que desaparezcan todas las insuficiencias que en ella pueda des­cubrir. Una perniciosa costumbre, perpetuada desde la época en que los oficiales eran para los soldados su/ores, coloca á los comandan­tes de compañía, frente á los oficiales infPriores, sobre un pie de familiaridad mal comprendida, y les hace considerar como molesto el completar y comprobar la instrucción de esas g-entes, jóvenes en su mayor parte. Es tiempo de abandonar eso rrores. El compa­ñerismo serio, verdaderamente digno de gentes que se estiman, no excluye las obligaciones del servicio, sino que, por el contrario, las presupone. El que tiene la autoridad y el deber de enseñarme la profesión de que depende mi porvenir, y retrocede ante esa misión por un falso sentimiento de delicadeza, no es un verdadero com­pañero. El compañerismo está tan lejos de ser incompatible con las exigencias del servicio, que emana directamente de ellas; pero la familiaridad es inadmisible en el servicio, porque es contraria á los interese del mismo. 2. Cuando se trata del hombre es pr ciso recordar ante tod ,que durante el combate no es sólo en virtud de la educación qu se le ha dado como sus piernas le llevan con mayor 6 menor intre­pidez y sus brazos trabajan de una manera más ó menos sensata. Todo depende, en primer lugar, de la manera como late el corazón y razona la cabeza. Por esto, cuando se trata de formar un soldado, es preciso tener en cuenta ante todo: la cabeza y el corazón. El tiempo en que se pensaba que dirigiendo las piernas y los brazos se dirige también el corazón y la cabeza, ha pasado para siempre. Toda una serie de gueiTas ha probado la falsedad de tal creencia. Sin duda aun hoy exúten gentes que la conservan, pero esto mismo ucede con todas las ideas antiguas cuando son rec n1p lazadas por otra5 más modernas. Y hasta esas gentes apo::,Latan poco á poco, obligadas por el progreso de las armas á aceptar ideas que há poco calificaban de herejías. Es incontestable que por las piernas y los brazos se puede llegar á hacer entrar álgo en el corazón y en la cabeza; pero en primer lugar ese álgo no es suficiente para el hombre llamado á dar la vida por su patria, y en segundo se obtienen algunas veces, valiéndose de ese medio, los resultados más inesperados, más di­rectamente opuestos á los que se desean. El jefe de una compañía Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletfn Mzlitar -comete un grave error si se figura que enseñando á su gente el tiro, el manejo de la bayoneta, las evoluciones y el empleo del te­rreno, ha hecho todo lo necesario, y que lo demá vendrá por añadidura. Se puede ser de primera fuerza en esgrima, en tiro,. etc., y al mismo tiempo no tener la menor idea del deber militar. Buscad ante todo arraigar en el soldado el sentimiento del deber militar, desarrollad en su cerebro las ideas de honor y honradez,. afirmad y elevad su corazón; el resto vendrá por sí solo. "Así, según vuestra opinión no hay necesidad de en eñar la marcha, el tiro, el uso de la bayoneta; bastará inculcar el senti­miento del deber," objetarán probablemente ciertas gentes. No del todo; pero si confirmáis al hombre en el sentimiento del deber y desarrolláis en él la _ honradez y el honor, os será diez veces más fácil enseñarle todo lo que acabáis de enumerar, que si (-'S tu viera privado, en todo 6 en parte, de esas cualidades moral e · . 3. Nuestra misión se: torna, pues, muy complicada, y el éxito no es posible sino á condición: r .0 De repartir el trabajo de la ma­nera más conforme al fin propuesto; 2. 0 De hacer elección de un método que dé resultados tan sólidos y tan rápidos como . ca po­sible. El primer punto exige: I.0 Que un plan racionalmente elabo­rado presida á toda la instrucción, á menos de correr el riesgo de omitir alguna cosa, ó de c"Onsagrar á las diferentes ramas de la instrucción un tiempo no relacionado con la importancia relativa de cada una; 2.0 Que el jefe de la compañía se forme idea exac­ta de cuál es la parte que le incumbe necesariamente en la ins­trucción, y cuál la que corresponde á Jos oficiale , á los sargentos á los instructores. 4· Se sabe que la preparación de las tropas compr nde dos ramas bien distintas: la educación y la instrucción. La primera comprende los reglamentos sobre el servicio interior y el de plaza; la segunda abarca los reglamentos de ejercicios y de maniobras, la instrucción del tiro, la esgrima de bayoneta, las maniobras con fin táctico, cte. El jife de compa1'1Ía debe encargarse personalmente de confirmar á los reclutas en lo que constz"tuye la przinera de estas ramas, aunque no en su totalidad, pues esta rama presenta dos fases dife­rentes, á saber : las obligaciones propiamente dichas y el ceremo­nial usado para ejecutarlas. Se comprende, en efecto, que el jife de la compailía 110 esld obligado personalmente szrzo á znculcar las obligacz"ones propz"amente dzdlas. La enseñanza del ceremonial puede confiarse á cualquier instructor un poco inteligente, y el jefe de la compañía se limita en esta parte de la instrucción á comprobar el trabajo de sus ayudantes. 5. En cuanto al método, se puede formular en dos palabras : preferir el ejemplo puesto ante los ojos á la explzcaci!m 7Jerbal, en todos los casos en que sea poúble, y aun cuando no haya ningún medio de evitar algunas explicaciones verbales preliminares, convendrá aprovechar la primera ocasión que se presente para confirmar y aclarar la cosa por un ejemplo. Más vale mostrar una vez que ex­plicar veinte veces. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 20 B oletfn Militar 6. A propósito de la enseñanza oral observemos que no se ha de olvidar nunca que se dirige á gentes sencillas, y que es necesa­rio: 1.0 No presentarles nunca más de una ó dos ideas á la vez, y exigir inmediatamente que repitan lo que se acaba de decirles, no enseñándoles jamás en conferencias; 2.0 Evitar las palabras que sólo se emplean en los libros; 3.0 No enseñar nada que no sea absolu­tamente indispensable ; 4· 0 Aprovechar todas las ocasiones de aplicar la demostración objetiva, reduciendo las palabras á las es­trictamente necesarias; 5. 0 Establecer la primacía de las obliga­ciones sobre el ceremonial por la insistencia que se emplee en la enseñanza de las primeras. 7. Para llevar á buen fin la misión propuesta, es preciso unir á la perseverancia la energía en la senda indicada. Hay gentes que confunden la energía con los arrebatos y aun con la irritabili­dad personal: es un gran error. Las exigencias del servicio no llevan consigo ardores de esa naturaleza. Por el contrario, el que se pone fuera de sí no hace sino satisfacer una tendencia natural á la cólera; pero las obligaciones d e l servicio no tienen nada que ver con ella. Ese procedimiento sólo puede inspirar á los subordina­dos el cuidado de complacer los nervios de su jefe, y por tanto no es en esa escuela donde lograrán aprender la buena ejecución del ser­vicio. Yo no quiero hablar de algunos que llegan hasta á vías de hecho, pues esas lecciones están absolutamente prohibidas por la ley, y por tanto disminuyen el respeto que se le debe. Con la com­posición actual de los contingentes se llegaría por este sistema más bien á vol verlos locos que á instruírlos, y como consecuencia á hace rlos menos propios y algunas veces completamente impropios al s e r icio. Dad vuestras órde n e s y ha c~ d vuestra s ob servac iones l>reve ­mente , con pre cisión, y ~ n un t o no qu .. impo ng a la ob edie n ci a, d e manera que todos pue dan compre nde r lo que que t·éis y darse c uen­ta de que lo queréis por s er n e c e ario y conv e ni e nte , y con se gu­ridad no te ndré is que gritar ni maltratar á vu e stros h o mbre s. E verdad que en nuestra profesión (princ ipalmente en los ejercicios) uno se incomoda á veces sin adve rtirlo. Pero no s e ha de olvidar nunca que dejándose arrastrar por el te mperamento p e rsonal, no se satisfacen las exigencias del servicio, y que se debe procurar reprimir esos arrebatos en vez de desarrollar la propensión á la cólera. 8. El recluta llega al cuerpo dispuesto á obedecer todas las órdenes que se le den, porque antes de su entrada en el servicio, desd e su niñez, ha contraído la co tumbre de obedecer al jefe de la familia, y al hacerse hombre, á los r e prese ntantes de la autori­dad, que es t án en contacto inmediato con los campesinos. No fal­ta, pues, sino especializar esa facultad, dándole una dirección con­forme á. las exigencias y el carácter del servicio militar. 9· Ahora bien: el carácter propio al cumplimiento del ser­vicio militar consiste en la puntualzdad y la pro11.titud para ejecutar las órdenes, basadas en una abnegadón sz'n límzles y sostenidas por un funcionamietllo más activo de la inteligencia. Todas estas condicio- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2I nes son indispensables para la guerra, puesto que el éxito depen­de del concurso unánime de las masas para la ejecución del pensa­miento y la voluntad de uno solo. O mejor dicho : sin puntualidad ni prontitud de ejecución, no puede existir acción común; sin ab­negación no puede haber buena voluntad para sufrir y morir; sin actividad de la inteligencia, no habrá aptitud ni para entender la voluntad del jefe ni para encontrar los medios de realizarla en las mejores condiciones de éxito. No debemos olvidar que nuestra mi­sión es matar, haciéndonos matar, y este es un punto sobre el cual se ha de pensar constantemente. Hacer la guerra matando, sin hacerse matar, es una quimera ; hacer la guerra, dejándose ma­tar, "in que uno lo haga á su vez, es una tontería. Es preciso sa­ber matar, estando uno mismo pronto á perecer. El hombre de­cidido á morir es terrible : nada le detendrá en el camino de su objeto, á menos que una bala lo derribe; pero si se puede herir un hombre, no es tan fácil matar una compañía. Hace falta, por consiguiente, modelar el soldado de tal modo, que no tema hacer­se matar y que sepa al mismo tiempo vender cara su vida. Para ello es preciso abnegación y también inteligencia, y para ayudar á esta última, es necesario dar al soldado, lo mismo que al oficial, ilustración muy profunda y muy razonada de todo lo que constituye u especialidad. El espíritu de sacrificio se fortifica en el guerrero, principalment _ por la educación, en tanto que el des­arroll de su inteligencia, en el sentido de la guerra, se adquiere por la instrucción. Y la educación y la instrucción, conducidas ra­cionalmente, se prestan mutuo apoyo. Cuando la educación ha he­cho del hombre un ejecutante concienzudo y fiel, es más fácil en­señarle á cumplir todo lo que se quiera, inclusive el tiro, los ejer­cicios, etc. ; é igualmente, á fuerza de repetir los actos á que obligan esos diferentes ramos de la instrucción, el hombre está mejor dispu . to para ejecutarlos. La z'nslrucción conlrz'buirá lanlo más á confirmar los resultados de la educacz'ón, cuanto las exigmcias dt aquH!a esl~n más en armonía con el fin propuesto, es decir, cuando cada una d e esa exigencias deje entrever mejor el objeto que se propo­ne. Ejemplo: 1.0 Yo en eño al soldado á apuntar una, dos, veinte veces seguidas, y el más ignorante comprenderá mi intención; 2.0 Y · hago repetir á los soldados veinte veces un movimiento de manejo de arma, y el más inteligente no comprenderá mi objeto. Podrá suceder que yo le ha:ga repetir ese movimiento por vía de mortiricación, pero en ese caso debo proceder de modo que el sol­dado comprenda que lo hago para castigarlo. 10. No hay que creer que el empleo de castigos -severos pue­de crontribuír á acelerar y perfeccionar la educatión del soldado, pues nada es más falso. El mejor procedimiento de educación con­siste en mostrarse siempn~ igual, inflf>xible é invariable en las exi­gencias manifestadas al '>olclado desde el principio. Que él sepa que lo que se le ha dicho una vez, debe ser ejecutado siempre como se le enseña esa v<->z, bajo pena de incurrir infáliblemente en un castigo; que se convenza, por su experiencia personal, de que ciPrtos <'lc~os 'ltTastrí'ln siempre (';iertos castigos, y que por el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 22 lloletín Jfú'itar mismo hecho no será reprendido un día y cumplimentado al si­guiente. En una palabra, que vea hacer y haga lo mismo hoy,_ mañana y durante todo su tiempo de servicio ; y entonces se for­mará por sí mismo á la ejecución de sus deberes, lo que se hará entonces para él una rutina, es decir, una segunda naturaleza. SERVICIO INTERIOR 1 1. El servicio interior abraza toda la existencia del soldado y determina sus deberes al mismo tiempo que sus derechos. El soldado debe conocer únos y ótros de manera completa, para con­vencerse de que la ley, al mismo tiempo que le impone obligacio­nes, le garantiza contra injustos atentados. Pero sin olvidar ha­blarle al soldado de su~ derechos, es preciso insistir, durante la instrucción, en sus obligaciones. Las bases del servicio interior están contenidas en los cuatro preceptos siguientes: 1.0 Ejecúta todo lo que tu superior te manda; 2.0 No te ausentes nunca sin permiso; 3.0 i te sucede alguna cosa, cuéntala siempre á tu jefe inmediato; 4.0 Ten cuidado de tus armas, de tu cuerpo y de tus vestidos (el comandante de compañía no tiene tiempo para ocupar­se de este último punto, que corresponde á los sargentos, pero pasa revistas, para obligar á todos á conformarse con lo mandado). Un soldado al cual se ha inculcado bien el hábito de cumplir con las cuatro prescripciones precedentes, es un hombre con el cual se puede contar: es preciso no exponerse, por atender á detalles, á perderlos de vista en ningún ca o. Además, como cada hombre tiene un cuerpo al mismo tiempo que un alma, todos los asuntos humanos comprenden un lado moral que corresponde al alma, y un lado material que concierne al cuerpo. El lado material en el ervicio se traduce por las muestras exteriores de respeto debi­das á los diferentes grados. Haciendo los honores á un superior, el oldado expresa su subordinación, al mismo tiempo que cumple un deber de cortesía, exigido por la educación aun fuera de la so­ciedad militar. Pero hay reciprocidad en esas muestras exterio­res, y los oficiales que no responden á los honores que se les hacen, cumplen mal con su deber, pues no sólo dejan ver que son pero educados que sus soldados, sino que dan á éstos un ejemplo sensi­ble de infracción á las prescripciones reglamentarias. Cuando uno no se distingue por el exacto cumplimiento de sus obligaciones, falta la autoridad para inculcar á los otros cualidad tan apreciable. r 2. Tratándose de afirmar á los soldados en la ejecución de sus deberes, es indispensable que constantemente se procure des­arrollar en ellos el sentimiento instintivo de su importancia relati­va. En la práctica pueden presentarse muchas exigencias á la vez, y como es imposible hacer dos cosas al mismo ti mpo, el mejor soldado, si no ha aprendido á hacc>r distinciones, puede jecutar la menos importante, descuidando la más esencial. Ejemplo: un u­perior pasa delante de un soldado, y en el mismo momento un mal­hechor se arroja sobre aquél. El soldado deberá dar frente, rectifi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mz"litar car su posición y hacer el saludo militar, ó arrojarse sobre el mal­hechor para libertar á su jefe ? *. Se llega á inculcar al soldado el sentimiento instintivo de la importancia relativa de sus obligaciones, primero, graduando los castigos que se le imponen~· por(]ue si se castiga por infracciones lige­ra tan severamente como por faltas graves, se le deja la impre-ión de que únas y ótras tienen zgual importa1uia. En segundo lu­gar, conviene dar desarrollo á su discernimiento por medio de ejemplos juiciosamente elegidos, pues si bien un hombre de cortos alcances no comprende ó comprende al revés cuando se le dan ex­plicaciones abstractas, todos pueden entender y retener una pa­rábola. Otro ejemplo: un oficial enferma en la calle y se cae. Pasa un soldado, se detiene y hac el saludo militar. Llega otro soldado que sin hacer ningún honor al oficial, se acerca, lo le­vanta y lo conduce á su casa. ¿Cuál de los dos e el verdadero soldado? Otro ejemplo: ucede una catástrofe, y se neeesitan so­corros sin perder un minuto. e toca generala: un soldado corre con 1 mismo uniforme que llevaba un momento antes, no demo­rándose má. tiempo que el necesario para recoger su fusil y ·us cartucho , y n un abrir y cerrar el ojos está en el lugar donde era nece aria u presencia. Otro se retarda para ponerse en traza conv niente, y por lo tanto no 11 -ga á tiempo. ¿Cuál d e tos dos soldados ha cumplido m e jor'? Ci rtam nte tenía razón Pedro el Gran e cuando decía en una de sus órdenes inmortale -, que "en el r glamento e ·tán esc1·itos lo u . os y costumbres, pero no se hace mención del tiempo ni del azar' ; por lo que conviene aplicar los primero · con mucho di.c rnimiento. í, el olclado (y con mayor razón el oficial) d ebe ten r . n cuenta no sólo el r glamento ~ino taml it!n el tiemp y las ir unstancias. ¡, Quién puede dar al hombr' a n. eñanza moral á no ser 1 Comandante de la compañía y únicamente él'? 'i ha hecho bien u rvicio hasta --1 mom nto de llegar á j fe de compañía, debe conocer el r glament y p ce r también el art"' de tonal izar sus prc cripcione , ele modo que el oldado sabi~ndo qué es lo impor­tante, no <.1 je de jecutar con puntualidad toda· sus obligaciones, por in ignificante que parezcan. En una palabra, sólo él puede co­noc r "los tiempos y las circun tancias, '' n tanto que á Jos oficia­le ubalternos, aun abicnclo el reglament , les faltará por lo pron­to la e.·pcrienciá. y apenas abrán cómo hay que hablar á gentes de cortos alcances. sf, antes de encargarle. esa clase de instruc­ción, s pr ciso que sean "alumnos del Jif~ de compa11ía." Tampoco puede pensarse en confiar esa misión á los sar­gento , porque con la duración actual del servicio, es ya un buen resultado conseguir que lleguen á ser buenos ejecutantes y que vigilen la manera como desempeñan los hombres las obliga­ciones que les señala el servicio, y no puede pretenderse que sean • Cunndo el atentado cometido en an Petcrsburgo contra Loris-Meli­coff, fue el mismo General el que detuvo al individuo que acababa de hacer fuego sobre aquél, en tanto que el plantón que había en la puerta, excelent«! hombre_ antiguo soldado, permanecía haciendo el saludo n ililar. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mt:tz:tar capaces de enseñarlo. Sin duda puede haber excepciones, pero nosotros no hablamos de las excepciones. El jefe de compañía que desee cumplir con su deber, inculca­rá por sí mismo á los hombres las partes esenciales del servicio in­terior, teniendo para hacerlo así, además de las razones anterio­res, o t ra de importancia capital. Teniendo que pasar sucesivamente por sus manos todos los contingentes, llegará á conocer perfecta­mente la parte moral y la material de sus hombres y á hacerse conoce r por ellos, condición de grande importancia para transformar Ja compañía, de un montón de hombres en un organismo compacto cuya cabeza sea él mismo. 13. Repartiendo así el trabajo, los oficiales subalternos, los sargentos y los instructores quedarán encargados: de ilustrar á ios suldados antiguos en el conocimiento de sus deberes ; de ha­ct~ rles ejecutar, así como á los reclutas, los ejercicios preparatorios de maniobra, el manejo de la. bayoneta, el tiro; de enseñar á los reclutas las muestras exteriores de respeto debidas á los superio­res, y en general todo lo relativo al ceremonial. En cuanto al jefe de compañía, se reservará la inspección general de toda la ins­trucción, y el cuidado de coronarla fundiendo en un solo cuerpo todo lv que debe entrar en e . a combinación. SERVICIO DE GUARDIA 14. El servicio de guardia es el primer paso en la vía que permite ll e gar á la preparación del soldado para el servicio del camr.:> d .__ batalla, y como tal tiene una significación enorme. Una Yez e locado de facctón, el simple soldado se encuentra encargado d e la ·alvarruardia d t_ objeto é intereses de la mayor importancia, qut;;dando, por con iguiente, investido del derecho terrible de vida 6 mue rte o~ r e sus semejantes, y abandonado á su solo dtscernimiet~­lo para ju~ar de las circunstancias en que ha de aplicar e e de­recho, sin que nadie pueda guiarle ni indicarle qué decisión ha de tomar. Si no mata cuando es preciso, lo juzgan; é igual resultado obtiene si mata cuando no es necesario hacerlo. El soldado de fac­ción está oblig-ado á ob rvar su con igna hasta la muerte ; no pue­de obedecer las órdenes de aquellos á los cuales, en tiempo ordina­rio, debe sumisión absoluta ; está obligado á luchar contra la fatiga, sin que ninguna vigilancia, 6 muy pequeña le estimule; no pue­de abandonar su pue sto, aun cuando esté amenazado de pérdida segura, en tanto que no le releve el que lo ha colocado ; en fin, es preciso que resista á toda clase de tentaciones. En una palabra, el servicio de guardia es el primer servicio real del soldado en tiem­po de paz; todo lo demás no es otra cosa que una preparación pára este servicio. El servicio d~ guardia exige, como condición expresa, que el soldado tenga sentido y carácter ; pero á su vez, el servicio de guardia contribuye á desarrollar esas cualidades, y ciertamente hay que convenir en que se ha de tener la cabeza muy sólida y el corazón muy firme para salir airoso de situaciones en que deben Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M-ilita-r tomarse decisiones tan opuestas como matar ó no matar, obedecer 6 no obedecer. No hay necesidad de más desarrollos para comprender que, á excepción del jefe de compañía, es decir, del hombre responsable y madurado por la experiencia del servicio, nadie de la compañía podrá ser encargado de echar las bases de instrucción tan espinosa y tan erizada d e diñcultades para un recluta. I 5. ¿Pero qué m e dios se emplearan para enseñarla, para que el soldado se la a si mile pronto y sólidamente? Es inevitable empe­zar por el libro que contiene el reglamento; ¿pero cómo? ¿Acaso se debe abrir el r e g-lamento del servicio de plaza y empezar desde la primera página? D e sgraciadamente hay muchos que obran de ese modo, empc ·,·ando por las obligaciones d e l comandante de la plaza, ó á lo m e nos por el capítulo que trata de "Los diferentes puestos, puestos de oficiales, de sargento , etc."¡ Cuánto bagaje úut­lz'l para utz recluta y aun para uu anllguo soldado! ~y alguna cosa puede i'nleresarles en esa parle d el servü:zo de las plazas, la aprenderán mucho mejor por la prdcüca, á m edz'da que adelante la Ú'tSiruccz'ón ; pet·o lodo eso n o / /e n e r daálm alguna con los debereJ más z'mporlanteJ del soldado, en especz'al con l os que le son mds úzdúpensables, los d eberes del centinela. El jef d compañía no debe olvidar ni un momento que en la instruceión del soldado, principalmente en la primera instruc­ción, t odo lo que es tiuítil es uocz'vo, porque sólo puede servir para perturbar '1 e spíritu del soldado en lo que le es verdadera­m e nte n t cesario, siendo esto la causa d e que al empezar la ins­trucc irSn d las obligaciones orrespondientes al servicio de guar­dia, s e pre ocupe más el jefe d e lo que debe callar que de lo que debe d e ·ir. I Ó . Así, antes d e empe zar esa instrucción, d e be darse cuenta: 1.0 , d e lvs p á rrafos que d efin e n las obligaciones propiamente di­chas y de lo que arreglan e l ceremonial, es decir, los formalis­mos; 2. 0 , d e los párrafos que han de formar parte del cuadro de ins trucción particular á cada individuo, según el rango que ocupe en la <· )rnpai1ía. e subentiende que los oficiales y el sargento prime ro J e b c n conocer todos los párrafos; pero hay ya una prime­ra eliminac ió n que hace r para los sargentos, después una segunda para los cabos y soldados distinguidos, no conservando para el . imple soldado más que los párrafos que le sean en absoluto ne­cesarios y qu deben ser perfectamente sabidos por todos los que le son superiores en jerarquía. Después de todo Jo anterior, será preciso limitarse estricta­mente, para la instrucción de los reclutas durante los primeros tiempos, á los párrafos qu e definen los deberes del centinela. Pero en cambio habrá que empleat· toda clase de esfuerzos para incul­cárselos á fondo á todos sz'n excepdlm. Sobre este punto no debe admitirse que haya quien lo eluda por maligno ni por torpe; porque si en un momento difícil da la casualidad de que á un torpe. es decir, á un hombre cuya instrucción no se ha tomado el trabajo de terminar, se le presenta una situación delicada é im­portante, pueden resultar enormes desgracias, tanto más de lamen- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 26 Bolet{n M·ilitar tar, cuanto no es imp::>sible adiestrar convenientemente á lodos los reclutas, cuando se sabe proceder en la aplicación de los mé­todos. 17. Para alcanzar ese resultado es preciso siempre recurrir al ejemplo y no limitarse nunca á explicaciones verbales. Aplicado al servicio de guardia, el ejemplo se convierte, hablando con pro­piedad, en una pru.eba. Veamos cómo se puede proceder, y para ello supongamos que un recluta cualquiera sepa explicar verbalmente todo lo que debe hacer cuando está de facción : no dejar á nadie que le quite el fusil; no obedecer á nadie en absoluto más que al que lo ha colocado de centinela y al jefe del puesto; no aceptar regalos de nadie; no aceptar consignas de nadie, etc. ¿Podemos tener la conciencia tranquila respecto de él'? ¿Tenemos la prueba de que conoce á fondo su obligación? Hemos comprobado que sabe ex­plicarla, pero no estaremos seguros respecto de él mientras que no lo hayamos visto en la práctica. Pongámoslo á prueba, es de­cir, en una situación embara:r.osa que pueda inducirle al olvido de alguna de las obligaciones que enumera vet·balmente, y veamos lo que hace. Ejemplos: e toman algunos reclutas de los que conozcan las obligaciones del servicio de guardia, y se les coloca de facción á cierta distancia unos de otros, suponiendo que el ángulo del edificio frente al cual se encuentren, representa la puerta del cuartel, la de un almacén de pólvora, etc. O aproximáis á uno y os hace lo honores: "¡Eh, amigo! ;, cómo tienes tú el fusil? Más á la derecha! Ahora, más á la izquierda! Pero no es así! V é, así e pone ! '' Y al mismo tiempo cogéis su fusil como si fuerais á enseñarle la verdadera posición. i él cae en el lazo : "Cómo! Qué vergüenza 1 Un centinela que se deja arrebatar u fusil ~" El soldado quedará muy confuso, y es seguro que no le volv rá á pasar un caso análo­go. Si al contrario, el oldado no se deja eno-añar: "Muy bien, bravo! Ten, tóma para que bebas á mi salud!" i rehusa la propina, perfectamente: es un hombre que sabe su deber. Pero si la acepta : " Cómo? tú aceptas regalos estando de facción ! Qué vergüenza ! " Supongamos ahora que ~ e trata de un centinela colocado de­lante de un polvorín. Os acercáis llevando n la boca un cigarro encendido. i el hombre no os manda detener, ya comete una fal­ta; pero si os da la voz de alto, continuad andando como si n 6 o hubierais oído, para obligarle á dar la voz con más imperio. bien, decidle : "Cómo! á mí, al jefe de tu compañfa le prohibes pasar!-" No se pasa!"-'' Vamos, hombre! Que no se pasa~ Y si yo no te hago caso ?"-En este momento, generalmente, el centine­la se queda confuso, y cuesta bastante trabajo convencerlo de que debe dar un tiro ó un bayonetazo á cualquiera que intente contra­venir la consigna. " Vamos, hiéreme si yo violo tu consi~na ; no olvides nunca que cuando estás de facción, eres un sér sobrenatu­ral, que dominas á todo 1 mundo.· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletfn Jlfz"lz'ta r Si queréis aseguraros de que vuestros hombres se acuerdan de que no han de obedecer más que al cabo del puesto, ordenad en voz alta, al fin de esta instrucción, relevar los centinelas, pero habiendo dispuesto de antemano que la operación la realice un cabo distinto. Se pueden inventar pruebas análogas correspondientes á cada una de las obligaciones que 4:omprende el servicio de guardia, y cada jefe de compañía tiene la libertad de combinarlas á su gusto. Ese modo de obrar, yo hablo por experiencia, permite incul­car al soldado la conciencia de sus deberes. Para gentes de corto, alcances, recitar las teorías es emprender un camino malo, estéril y lento; pero los ejemplos, los casos particulares, entran de prisa en su espíritu y se graban fuertemente. Todo el ceremonial del servicio de guardia debe ser practica­do bajo la dirección ·de los instructores y demostrado excluszz•amen­le por ejemplos; teniendo en cuenta que ni durante el período de instrucción, ni durante las inspecciones hechas para comprobar los resultados de esta enseñanza, deben exigirse respuestas verbales sobre su objeto, porque el ceremonial es asunto solamente de for­ma y de ejecución, y no hay necesidari de saber recitarlo. Se evita así una pérdida de ti mpo, en beneficio de otro objeto realmente necesario. 1 ' 1 INSTRU CION INDIVIDUAL Y PASO A LA INSTRUCCION RN F RACCIO .. 'ES 1 CO . 'STYTUIJ)AS 18. La in trucción para el empleo del fu il debe empezar por los ejercicios preparatorios de tiro y el trabajo de la bayoneta, y no por el manejo del arma. Aunque esa progresión en la in truc­ción sea reglamentaria después de veinticinco año , hay aun hoy más de un capitán de compañía que coloca en primer término el manejo del arma. 19. Gz'nmasz"a. A fin de desarrollar la fuerza de resistencia muscular y la destreza en un sentido verdaderamente práctico para la guerra, es preciso que la enseñanza de la gimnasia en la infantería, comprenda en primer lugar los ejercicios siguientes: saltos en anchura y en profundidad; salto de barreras; marcha sobre las vigas; ascenso y descenso rápidos por escalas altas y rígidas. La mejor instalación de gimnasia para ejecutar esos ejer­cicios es un atrincheramiento de tierra, de gran perfil, con talas y pozos de lobo delante del frente, una empalizada sobre el camino cubierto y otra en el fondo del foso. Una compañía cuyos hombres están individualmente en estado de escalar una obra de esa clase,. está preparada á salvar todos los obstáculos que pueda pre­sentar sobre el terreno el punto más fuerte. Sólo falta fundir los elementos de esa compañía, enseñándole la manera de atacar esa misma obra en masa y bien unida. Se ve que no hay mejor procedimiento para encontrar todos los medios posibles para izar­se hasta el parapeto, ayudarse á pasar unos á otros, etc. Además, con solo abrir los ojos los soldados se familiariza11 con todos los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. lJoletíu 1Vfilitar detalles de la fortificación de campaña y aun de la semiperma­nente. Las obras que realmente tendrán que asaltar, serán casi siempre mucho más débiles que su ciudadela de ~imnasia. Las tropas que están situadas en cuarteles, en ciudades don­de hay murallas antiguas ó en las inmediaciones de obras de· for­tificación, pueden completar los ejercicios precedentes fingien.:lo el ataque de los cuarteles, muros y obras. Como complemento indispensable del curso de gimnasia con­viene ejercitar marchas frecuentes, con equipo completo. Una in­fantería marcha bien cuando está en estado de soportar jornadas de 30 kilómetros durante muchos días seguidos, dejando muy pocos rezagados. Pero para conseguir ese resultado es preciso observar la prugresión más rigurosa en el aumento de la carga y de la du­ración de la marcha. Conviene preparar el soldado desde la pri­mavera, de modo que esté en disposición de ejecutar todos los ejer­cicios del período estival con carga completa. 20. Esgrhna. Para que los hombres se acostumbren á usar la bayoneta con destreza sobre el campo de batalla, es nece ario practicar lo siguiente: En los ejercicios de esgrima contra un objetivo inanimado, conceder atención especial á la fuerza y certeza de los golpes, es decir, fijarse menos en la perfección de los movimientos de pier­nas y de las paradas que en los golpes vigorosos y bien dirigidos al punto marcado sobre los maniquís confeccionados con paja, lana, etc. Los soldados deben herir con la bayoneta, sin dejar de correr ni retrasar la velocidad en el momento del choque. Es la única manera de desarrollar en ellos la costumbre de retirar pron­tamente la bayoneta después del golp . Como ejercicio de certeza es útil enseñarles á ensartar al vuelo maniqu{es que se balancean al extremo de una cuerda. En la esgrima entre dos, se debe tratar de conseguir como objeto principal el ardor y la am'mación de la lucha hasta el limz"le ex­tremo, prescindiendo para ello de ejecutar literalmente la regla de parar prúnero y lurir después, porque esta regla es buena para gen­tes de temperamento tranquilo y que poseen e n el arte de la es­grima mayor habilidad de la que podría obtenerse en la instruc­ción del soldado. Este no logrará dar golpes en el campo de bata­lla más que en el caso de haber aprendido que no debe pensar en la propia defensa. Para que el golpe sea bueno, se debe mante­ner el arma con las dos manos, no abandonándola completamente con la mano izquierda, cuando se la empuja con la derecha. Al mismo tiempo hay que explicar á Jos soldados que los pro­cedimientos empleados en un asalto entre dos, sólo son admisibles en el campo de batalla para la lucha individual, pero no para el choque de las masas, pues en ese caso sólo se debe pensar en dar bayonetazos al frente, teniendo el arma bien cogida con ambas ma­nos y poniendo en el golpe toda su alma. Por eso es bueno hacer ver este ejercicio á los soldados, colocándolos por pequeños grupos frente á maniquíes. En las instrucciones de esta clase es preciso no pedirles más Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn Jllililar que una cosa : lanzarse con decisión desde la distancia señalada para correr al asalto, y herir en seguida con la bayoneta recta ensartán­dola hasta el mango. No hay para esta enseñanza reglas metódicas y positivas que prescribir, pues introducir en este caso reglas de ese género, sería probar que no se comprende la esencia de la cosa. Sólo advertiremos que en este ejercicio debe darse atención muy particular á que la bayoneta sea retirada rápülamente después de haber henao. 21. Nota general para todos los e.ferddos. Las voces de mando deben ser dadas con energía y de una manera clara, es decir, bien articuladas, porque como indican el objeto propuesto, deben ser bien oídas para que puedan ser bien comprendidas. La ejecu­ción corresponde al tono en que se manda. i la voz es débil, la ejecución se hará con negligencia. 22. L~mgilud del paso. Durante los primeros ejercicios de mar­cha no convien~:: preocuparse de la alineación, p!..les ante todo se tratará de obtene·r un pas0 resuelto, y cuando se haya conseguido ese resultado, la alineación vendrá por sí sola. Si, por el contrario, se busca primero la alineacUn, se acorta el paso, sin notarlo, por la sencilla ra.tón de que es más fácil alinearse marchando al paso corto. En otro tiempo, cuando las marchas en línea constituían la preocupación dominante, se redujo en Rusia la longitud del paso á tres cuartos de la usual, lo que dio lugar á ]a siguiente nota de ouvaroff: "Se ha acortado el paso en un cuarto de su longitud, y la consecuencia ha sido que cuando se busca al enemigo, sólo se andan treinta verstas en vez de cuarenta." 2 3. Observaúones sobre las diferentes clases de 1/ro y su empleo­De de la adopción de los fusiles de tiro rápi o, se ha hecho indis­pensable que tod~ estén bien convencidos de la verdad del axio­ma: " Pocos tiro·, pero que sean certeros." Partiendo de esto, se debe en los ejercicios practicados en tiempo de paz, restringir en lo posible las prácticas viciosas capaces de desarrollar en el solda­do la costumbre de apuntar con descuido y tirar con precipitación, así como la creencia de que puede disponer de su fuego no sólo en el orden abierto sino también á veces en el cerrado. En conse­cuencia, conviene: 1. 0 Evitar el tiro con cartuchos sin bala, que contribuye á enseñar al soldado á agitarse mucho, apuntar mal y tirar precipitadamente *. 2. 0 Hacer que los jefes dirijan el fue­go en el orden cerrado, y también siempre que sea posible en el orden abierto. Esta última proposición es indiscutible para el orden ce­rrado, pues en él debe poder el jefe, sin excepción alguna, dispo­ner de la elección del blanco, así como del momento oportuno para tirar. La marcha de la instrucción debe contribuír á inculcarle al soldado la convicción de que sólo los cobardes se apresuran á tirar, • Este tiro sólo puede emplearse con ventaja: 1.0 Para acostumbrar los re. clutas á las detonaciones; 2. 0 Para los ataques entrecruzados; 3. 0 Para las ma.. niobras de doble acción, con objeto de indicar la pesición ocupada por el de. fensor. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. JO Boletfn Mzl·üar y que todo soldado que se respe41 á sí mismo, tiene que esperar siempre la voz de mando, pues el individuo que en orden cerrado dispara sin esperarla, es reo del crimen de desobediencia á su jefe, estando en formación. En orden disperso, los jefes * no determinan siempre el mo­mento en que se ha de tirar; pero deben guz'ar á los tiradores para la elección del objell'vo y ordenarles suspender el fuego todas las veces que las ventajas probables no correspolldan al consumo de cartuchos necesarzo. 24. Para la dirección del fuego propondremos las indicaciones siguientes: Economizar los cartuchos-En orden cerrado, tirar siempre por descargas, preferidas también en el orden disperso. A distancias su­periores á 800 pasos (rusos de o m 7 1) las descargas valen más que el fuego individual, porque la dirección queda á los jefes, el humo no molesta para tirar, y se puede observar el punto de caída de las balas. Es preciso tirar tranquilamente, apuntando á un blanco de­terminado, y ejecutarlo siempre con el mayor cuidado posible. La rapidez del tiro, obtenida á expensas del cuidado que debe consa­grarse á la puntería y á disparar sin sacudidas, aumenta el gasto de las municiones, disminuyendo las probabilidades de hacer blanco. Los jefes de escuadra, en lugar de velar sobre los soldados, para obtener que coloquen bien el alza, tiren con orden y tengan en cuenta todas estas advertencias, se entregan algunas veces á una agitación irrazonable, hacen mucho ruido pero no ven nada. Es preciso enseñarles á desempeñar su cometido desde sa puesto, tran­quilamente, con buen sentido y sin lanzar gritos * *. Son los primeros tiros los que producen impresión más pro­funda sobre el adversario. Así, es necesario que sean muy certe­ros, porque si no hacen blanco lo enardecen, pues cree que nues­tro fuego tiene poco valor. 25. Damos á continuación algunos datos aproximados respec­to á las 6iimensiones de los blancos sobre los cuales debe abrirse el fuego individual según la distancia. A 8oo pasos y distancias mayores, sobre masas. De Soo á 300 pasos, sobre grupos de cuatro hombres, á lo menos. De 100 á 300 pasos, sobre grupos de hombres semicubiertos ó sobre hombres aislados al descubierto. • Hay que entender por jefes, sobre la cadena de tiradores, no sólo los ofi­ciales que mandan la tropa, sino también los sargentos y cabos que mandan pelotones ó escuadrones. u El of1cial casi nunca puede conservar la vigilancia inmeiiata del em­pleo juicioso de los fuegos de la guerrilla. No debe preocuparse sino de una cosa: de preparar, desde tiempo de paz, subordinados que se encarguen de la ejecución de ese deber importante, y á los cuales indicará, sobre el campo de ba· talla, los blancos á que con preferencia debe diri~irse el fuego. Se da esta ense. ñanza, ordenándoles algunas veces, durante las sesiones de tiro, dirijan el fue­go no sobre todos los blancos (suponiendo que haya varios), sino sobre algunos de ellos en particular. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. A partir de 300 pasos, sobre hombres aislados, aun acostados. El jefe posee, sobre el campo de batalla, un medio muy sen­cillo para impedir á los hombres tirar antes de que él lo crea con­veniente, y es quedarse de pie á van~uardia del frente, hasta el momento en que se decida á romper el fuego, no retirándose hasta que va á dar la voz de mando. En las descargas á 300 pasos y distancias menores, debe apun­tarse siempre á los pies y ejercitar los soldados á que lo practiquen así, dedicando á esto especial cuidado *. Aun á todas las distancias es preferible apuntar al pie del blanco, porque valen más los tiros de rebote que los demasiado largos. Debe evitarse siempre, sobre el campo de batalla: I . 0 Tirar por descargas con muchas alzas, porque la dispersión de las balas es suficiente sin eso; 2.0 El tiro de cartuchos contados y el rápido, pore'lue una y otro degeneran fácilmente en tiroteos muy difíciles de detener. * -t- - NoTAs-Por lo que ya se dijo, se ve que no vale la pena tirar sobre hombres aislados á distancias mayores de 300 pasos. Se ve también que los casos en que r.onviene emplear el fuego de descargas á grandes distancias, se presentan pocas veces, y que en general debe esperarse para hacerlo á que se encuentren frac­ciones enemigas formada en orden cerrado, dentro de la distancia señalada. Pero como una vez llegado á esa distancia, el jefe, que conoce bien su deber, no se deja fusilar, y después de dos ó tres descargas, marcha al asalto, lanzándose á la bayoneta, los mo­mentos de que dispone el defensor para sus descargas son muy cortos y su fuego se limitará al ~asto de algunos cartuchos por fusil. Resutta de aquí que durante el primero, es decir, durante el más largo período del combate, se presentarán pocas veces blan­cos que permitan á la vez tiros certeros y rápidos, y que en el se- • Aunque el alza está dispuesta sobre el fusil de modo que permita al­canzar un hombre á 400 pasos, apuntándole á la cintura, se ha observado sobre el campo de batalla qut! en el tiro á cortas distancias, la mayor parte de las balas pasan por encima de la cabeza. Cualquiera que sea la razón de ese hecho, bien provenga de que los hombres, al apuntar, traen su arma de arriba abajo y, faltos de sangre fria, no esperan siempre que la línea de mira llegue á la horizontali­dad, bien que obedezca á otras causas, no deja de ser cierto que los que tienen experiencia adquirida en los campos de batalla, acon ejan, en el tiro á cortas distancias, renunciar al deseo de una precisión que resulta engañosa, y apuntar constantemente á lo pies, á fin de dar á los brazos del soldado una costumbre constante. Por lo demás, las balas que hieren el suelo delante del frente enemi. go, á. causa de un gran descenso del fusil, pueden tocar de rebote, en tanto que las que pasan sobre el adversario no alcanzan á nadie, ó, si por azar hieren en alguna parte, no es donde había necesidad. Procedimiento para enseñar á apuntar á los pies : colocar á 200 6 300 pa­sos las dos mitades de la compañía frente á frente, y hacer apuntar, ó bien colo­car los soldados á la misma distancia de una censtrucción cualquiera, y hacerles apuntar al pie. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B olet{n M·ilüar gundo período, por el contrario, habrá blancos numerosos, pero la duración de esta faz del combate será solo de algunos instantes. En consecuencia, es claro que un tiro eficaz, es decir, certero, no podría ser rápido. Ese tiro tampoco podría ser ráptdo por la razón sjguiente: sólo reteniendo el tiro entre ciertos límites de velocidad, se puede conseguir que los hombres tengan un poco de aplomo y se les impide acalorarse hasta el punto de tirar al azar. Hé ahí la razón por la cual se vuelve siempre al aforismo " pocos tiros, pero certeros," y que enseña el error que se comete al calificar el fusil actual de arma de tiro rápido cuando sólo es un arma de carga rápt'da. Los jefes nunca deben olvidar que apresurándose á tocar so­bre blancos que no presenten grandes probabilidades de éxito, arriesgan el quedarse sin municiones durante los momentos def combate en que la suerte les presente ocasiones de disparar sobre ellos á boca de jarro. La experiencia de la guerra de 1877 ha inspirado á muchos militares la convicción de que el fuego por descargas, en plata­bandas, puede ofrecer serias ventajas, aun á las mayores distan­cias. Los turcos tiraban sin apuntar; no tenían limitación de car­tuchos, puesto que nunca atacaban, y combatían en posiciones pre­paradas de antemano, á donde las municiones se 11evaban con abun­dancia. Si se tiene en cuenta, además, la falta de instrucción preli­minar de la mayoría, se llegará á comprender que su fuego era sencillamente un tiroteo desordenado, que sería extraño convertir en tema de instrucción, puesto que se producirá por sí solo en todo ejército compuesto de reclutas. Pero un ejército disciplinado é instruído no debe recurrir á esos procedimientos, porque los soldados que lo forman estarán imbuídos tle la convicción de que la eficacia del tiro depende de la certeza y no de la velocidad, y que un cartucho tirado muy lejos, al azar, es perdido para los momentos del combate en que se puede contar con disparos á boca de jarro. Pueden presentarse casos raros en extremo, en que el enemigo descubra reservas en masa compacta, á distancias largas, pero comprendidas en la esfe­ra ele acción de los fuegos de infantería. ¿Por qué no enviarles al­gunas descargas, si no tenemos otro blanco por el momento? Pero eso no es una razón para incluír en la instrucción esa clase de fue­gos; el jefe mandará, tirarán los soldados y las balas caerán al azar. Conviene, además, observar que los blancos de esa clase pertenecen mejor á la artillería que á la infantería; y que si las reservas del adversario aparecen á una distancia de I ,500 á 2,000 pasos, es porque su primera línea está ya frente á nosotros, to­cándonos casi, por lo que nuestra infantería de la línea de com­bate tendrá bastante qué hacer con afrontarla para que pueda ocu­parse de las reservas. Así, si se nos pregunta si el tiro en platabandas á gran distan­cia es racional, sólo podremos contestar una cosa: que ese tiro es racional si la provisión de cartuchos es inagotable y si el ejér­cito que la emplea es bastante ignorante para que no se pueda Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. obtener de él .otra clase de fuegos, per-o que no hay fundamento: alguno .para ver en ese género de tiro un nuevo elemento de la t'ctica de los fuegos.-( Conhnúa). -------~------- PJUNCIPIOS GENERALES DE ESTRATEGIA Y DE TÁCTICA EN LAS PEQUEN4S GUEIUUis­por el Mayor C. E. Callwell, del Ejército inglés TJLADUCCI6N DE ISIDORO LAVE:RDE AMA Y A-Cfmli,Úa CAPITULO XI TÁCTICA DE ATAQUE l. La lácHca ofensz"va ts generalmente imperalt"va-En la mayorfa de las pequeñas guerras las tropas regulares han adoptado gene­ralmente, y como era natural, la ofensiva sobrt! el campo de bata­lla. El enemigo rehusa atacar : se confía en las ventajas de Ja posición y en las defensas. naturales ó impro:visadas. Los mi~mos Sikhs, la raza más aguernda con que ha temdo que combatir el ejército inglés en Oriente, adoptaban de preferencia la defensiva, bien que comprometidos en una campaña esencialmente ofensiva. Pero aun cuando el enemigo no mostrase esta repugnancia na­tural á tomar el papel de asaltante, el principio fundamental de estas pequeña gu rras es atacar siempre, si es posible, al ad­versario. Guerrero" deridido y fa.náti s, que combaten en masa y adoptan la táctica de · hoqu , obligan algunas veces al ejército re­gular á ponerse á. la defensiva, á marchar y á combatir en cuadro, y á renunciar á las ventaja morales que procura el ataque; pero estas condiciones son excepcionales. En los capítulos precedentes se ha hablado de la grande im­portancia que hay en hacer sentir al enemigo su inferioridad, de la ventaja de una actitud de iniciativa sobre el terreno, del valor del efecto moral. Un plan de campaña audaz y resuelto es la me­jor garantía de éxito final, y aun sobre el terreno este gran prin­cipio se sostiene íntegramente, y la historia de las guerras pequ~ ñas lo confirma casi de modo evidente. Las victorias decisivas ga­nadas por débiles cuerpos de tropas regulares sobre grandes ma­sas de bárbaros, como en Pla ley, en Isly y en ~lean ce, se deben generalmente á la toma de la ofensiva atrevidamente. Este hecho da al estudio de la táctica contra semejantes adversarios un inte­rés especial. II. Es Üllporllznle lograr un é.xzlo decisiv• m el combate-Ya .se ha puesto de manifiesto que el éxito decisivo en el combate es. m-. cuestión importantísima del manejo de es.tas pequeñas guerras,._ Toda vez que es difícil suscitar el combate, y que el campo de ba­talla es el desiderátum supremo, lácil es comprender que wur TOllO I-J Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. simple victoria no es suficiente, y que se hace preciso derrotar en absoluto al enemigo ; de donde nace la necesidad de ataques en­volventes y de operaciones dirigidas contra la línea de retirada del enemigo, conforme se ha tratado en el capítulo In •. III. Preparadón por la artillería-Pero antes de hablar de esta tan importante cuestión como es la dirección que debe darse al ataque, y de los motivos que haya para escoger esa dirección, con­viene fijarse en los medios de preparación por la artillería, que des­empeña papel muy importante en la táctica moderna. Esta prepa­ración es interesante para el desarrollo de un combate, cualquiera que sea la dirección del ataque. La experiencia de recientes grandes campañas en Europa, prueba que la preparación por la artillería es un principio esen­cial del ataque en la guerra regular, un principio absoluto admiti­do sin discusión por los tácticos, un principio igualmente verdade­ro hasta cierto punto en las pequeñas guerras El primer deber de la artillería en el combate es reducir al silencio la artillería adver­sa, y el segundo es derribar á cañonazos la defensa del contrario en el punto escogido para el ataque. En las pequeñas guerras ge­neralmente no hay necesidad de considerar sino la segunda faz de la acción de la artillería. En efecto, i el enemigo posee cañones, rara vez se sirve de ellos con ventaja. Así pues, en general en estas pe­queñas guerras la acción de la artillería se limita á abrir una bre­cha en la línea de batalla del enemigo para dar paso á la infan­tería. En ciertos casos, es e 1 prólogo indispensable del asalto. IV. Cuándo y m dónde esta preparación no es vmlajosa-Pero este prólogo no siempre es necesario, ni aun prudente. En todas las guerras la artillería ejerce un grande efecto moral. Los Asiá­ticos se pagan mucho de tener cañones. Guerreros irregula1·es que pueden disponer de algunas piezas de campaña para su línea de batalla, conceden grande importancia á esa artillería. En­tre tales adversarios esta es una característica de que pueden apro­vecharse las tropas regulares, como se verá más adelante. Mas la cosa es que adversario que dispone éle cañones teme mucho el fue­go de la artillería. Hasta cuando no tiene cañones y no conoce la artillería, el adversario se aterra cuando las granadas lo alcanzan. Por esta razón un bombardeo preliminar tiPne por efecto, en am­bos casos, arrojar al enemigo de su posición y hacerlo huír antes del desarrollo del ataque ; este es un resultado que no es codicia­ble. Durante los ataques de los Franceses sobre Bacninh y sobre Hu:· .~·-Hoa, en el Tonkín, en 1884, el fuego de la artillería causó la rdirada de los Chinos, quienes no sufrieron sino pérdidas lige­ras, cuando hubiera sido muy conveniente haberks infligido una sangrienta derrota. Algunas veces, por motivo especial, puede ser ventajoso arrollar de este modo al adversario; pero, por regla ·general, al principio de una campaña es ciertamente una gran .contrariedad que los guerreros irregulares abandonen sin lucha la posición en donde se disponían á aceptar el combate. • Esto confirma lo dicho entonces como objeción al autor-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n A-'f·ilt'tar 35 V. Objeciones-A veces la preparación por la artillería indica .al enemigo e) punto de ataque, lo que no siempre es de de5ear ; -esta preparación es naturalmente incompatible con toda idea de sorpresa. La salida de Kandahar contra la. aldea de Deh-Koja, en 1880, es de ello un ejemplo : una media hora de bombardeo no ..sirvió sino para alarmar á los Afganes, quienes acudieron en masa de todos lados ha~ia el punto amenazado. Y esta primera objeción no es tan importante como la segunda ; es á saber: que tal prepa­ración produce la huída del adversario sin que haya habido com­bate. "El efecto de la artillería, dice Lord Wolseley, es absurda:.. mente insignificante contra un enemigo que no combate en masas -ó siquiera en cuerpos organizados." * Esta observación se aplica -naturalmente á los efectos materiales de la artiJlería, y no al efecto moral. Las probabilidades de infligir una derrota decisiva á un adversario tímido, pueden quedar destruidas por el envío prema­turo de algunos proyectiles poco ó nada mortíferos. VI. Esta preparacibn. se impone cuando el enemigo está fuertenunle atrincherado-Pero á veces la preparación por la artillería es indis­pensable. Si el enemigo está fuertemente atrincherado y decidido ..á la lucha, un bombardeo preliminar puede ser útil. Cuando la su­blevación de la India, la artillería prestó grandes servicios abrien­- do paso á la infantería. Una maniobra muy ventajosa fue la de enviar algunas piezas sobre los dos flancos, de modo de enfilar la posición enemiga. Pero en esta campaña los rebeldes estaban bien .armados y con frecuencia combatían con encarnizamiento. Si el enemigo está atrincherado y si la resistencia que haya de oponer parece que ha de ser considerable, urt bombardeo preliminar se impone. Se podrían multiplicar los ejemplos de la necesidad de la intervención de la artillería en semejantes casos á fin de abrir ca­mino á la infantería. Los puntos que deben servir de guía para la decisión respecto de la preparación por la artillería, son : la natu­: raleza de la posición enemiga, el valor del enemigo y la cues­tión de saber si la toma misma de la posición ocupada por el ene­migo tiene por el momento más importancia que la de una simple lección dada al adversario. VII. Ejemplos de la neceszdad de la preparacz(m en la arlz1lería.­La falta de un bombardeo preliminar ha ocasionado algunas veces resultados muy de lamentarse. El combate de Chillianwallah es bien conocido t. En el combate de Wad Ras, cerca de Tetuán, • Correcto aforismo aplicado á la mal organizada y peor servida artillería i nglesa de montaña; pero enorme desatino táctico en otro caso-L. D. t Chillianwallah es una aldea del Ungah, sobre la ribera izquierda del Sind .de Thelum. El 13 de Enero de 1849 Lord Gough atacó imprudentemente, cerca -de esta aldea, al ejército sikb mandado por el célebre Shere Sing, de quien el autor ha hablado antes. Este ejército ocupaba una posición naturalmente fuerte, ~eforzada con trincheras provistas de numerosa artillería, y por delante de la .cual se encontraba un bosque impenetrable. El ejército inglés, inclusa la brigada -de caballería Popa y las dos divisiones de Sir Walter Silbah y de Sir Lolin Camphell, avanzó valientemente, bien que algunos jefes se diesen cuenta de la imprudencia de lanzar algunas débiles brigadas contra fuertes baterías y tropas frescas del enemigo, apostadas en medio de una floresta virgen. No hubo preparación por la artillería, y esta horrible carnicería (tenib!e Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mt'!t'tar 'en I35g, los Españoles atacaron la aldea de Amsal sin prepara­~~ ión previá por la artillería ; varias veces fueron rechazados, y no la tomaron definitivamente sino después de sufrir muy grandes (pérdidas. La falta de preparación por la artillería parece h ber sido la causa principal de las grandes pérdidas que los Holan­deses experimentaron en sus ataques contra las trincheras de ~"Achin en 1873-74; la artillería habría sido muy eficaz contra es­- tas aldeas, y la prueba es que el Kratón de Kota Raja, la princi­pal fortaleza enemiga, fue abandonada después de un bombardeo. Las guerras irregulares son quizá tan abundantes en esta cla­se de ejemplos, como las grandes campañas de la historia. Parece inútil decir que vale mucho más arrojar al enemigo de su posición con el solo fuego de artillería, que sufrir un revés por falta de bombardeo preliminar. La preparación por la artillería es en oca­siones un acto esencial, y sólo cuando no es así surge la cuestión de saber si esta preparación es ventajosa ó nó. * VIII. Imporianda de la loma de la arh1lería mem(ga-Mientras que tratamos del capítulo de la artillería, se puede hablar del prin­cipio importante que se desprende de la táctica ofensiva : cuando adversarios como aquellos contra los cuales tienen que Juchar las tropas regulares en estas pequeñas guerras, llevan artillería al cam­po, es muy ventajoso ponerle la mano á esa artillería. Ya se ha hablado de la importancia considerable que estos guerreros irre­gulares conceden á los cañones. Los Asiáticos se inclinan á medir la fuerza de un ejército por el número de sus cañones. Es cierto que el material de artillería de estos adversarios rara vez es for­midable; generalmente es anticuado, las municiones son malas, y las usadas casi nunca dañan. No es, pues, tanto el concurso que esa artillería presta al enemigo en el combate, lo que hace desear que sea tomada pronto, cuanto el efecto moral que produce el qui­társela. Estos guerreros irregulares olvidan una derrota, pero no la pérdida de su artillería. Un ejército de bárbaros que párte á la guerra con un gran tren de artillería, símbolo del poder militar en el pafs que atraviesa, y que vuelve sin sus cañones, trae, evidente­mente, las señales de la detrota. La artillería es un dije (playiit"ng) para potentados medio ci-vilizados; los jefes tienen gran confianza en ella, y los simples guerreros la consideran como una poderosa máquina de destrucción. Cuando ven tomados sus cañones, pierden toda esperanza de vencer; entonces llega el momento del sálvese t¡uietr. pueda. slaughtu), que habría evitado un jefe de sangre fría y más prudente que el bravo · Lord Longh, comenzó por la derrota de la brigada Pope, y costó á los ingleses 89 oficiales y 2,357 hombres muertos y heridos; además seis piezas y cinco ban. fieras quedaron en las manos de Shere Sing y de los Sikhs. Por su lado, Shere Sing perdió 4¡000 hombres y 45 piezas enclavadas. t (British batlu la11d «ud sea, by :James lgmnt, pág. 62) *' El cañón es hoy elemento indispensable de combate-L. D. t Entoneea no existfe.n eaiionérrde acero y retrocmrp -L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M -ilitar 37 Por lo demás, la artillería ·de . estos ejércitos no es difícil de capturar. La. batería forma rara vez una unidad móvil. A los ca­ñones se les sube, no importa cómo, sobre la posición; una vez en batería, no hay medio ninguno para quitarlos de ese lugar en el momento que se quiera, cuando el asaltante dirige contra ellos un ataque resuelto. En todos los combates de la última guerra de Afganistán, ~n . los cuales el enemigo poseía cañones, combates que fueron triunfos para los Ingleses-Charasia, el Peiwar Kotal y Khandahar, por ejemplo,-casi todos los cañones cayeron en poder de los Ingleses. En la sublevación de la India los cañones de los rebeldes eran por lo general defendidos bien y vigorosamente; pero rara vez logró el enemigo retirarse con ellos, y varios pasaron á engrosar el botín después de los triunfos de las arm~s inglesas á campo raso, y sin embargo dicha artillería era formidable, y los rebeldes tenían, con justa razón, mucha confianza en ella. Algunas de sus baterías de campaña maniobraban admirablemente. Las grq.ndes pérdidas en material de artillería que sufrieron los rebeldes provinieron sin duda en parte de que estas piezas permanecían bravamente en ac­ción hasta el último momento. Esas pérdidas hicieron perder toda confianza al enemigo, quien, al fin, combatía sin esperanza de venc r. En la guerra de China de 1 86o, la toma que los aliados hi- .. cieron de muchas piezas en los dos combates librados durante la marcha de Tientsín sobre Pekín-Shanhia wan y Palikao-produ­jo grandísimo efecto moral en los contingentes chinos. Buen ejemplo del efecto moral que produce la toma de la ar­tillería, es el incidente siguiente. En 1854los Khokandiers se reu­nieron en gran número y bloquearon el fuerte Perowski, puesto .avanzado de los Rusos sobre el Sir Daría. El comandante resol­vió dar un golpe vigoroso, y á este efecto envió las tropas de que podía disponer á atacar inopinadamente al enemigo. Esta peque· ña columna se encontró bien pronto en una situación crítica, amenazada por todos ladps. Pero en la ejecucióQ de su movimien- • to nvolvente, el enemigo había dejado su artillería sin protección; lo que visto por el comandante ruso, le incitó á dirigir sobre las pie­zas un impetuoso ataque. y se apoderó de ellas. E;l efecto fue inme­diato. Los Khakodiers se asustaron y huyeron en desorden, dejando numerosos trofeos en las manos de la pequeña columna rusA-; su derrota fue completa. IX. Co11.jia~a que tienen los gufrreros irregulares en sus cañotus­Es interesante hacer notar que la artillería. ~s á menudo no sólo causa de estorbo para guerreros irregulares, sino hasta un peligro .evidente. La causa de Schamyl declinó desde el día en que élatJr mentó su artille
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 1 y 2

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 3

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BOt~TIN MIIJTAR DE COL OM BI A 1 Organo ~el M injsterio de Guerra y del Ejérc · to • ·on roh\borndorl'" ele este periódico lo>< .Jpfes y OftciniP<; d 1 Ej'rcito Director ad honoram F. J. VERGARA Y V. Ocnernl de Ingenieros, Miembro 11 • vt~rir.ll ocied:~dc Ci ntíf\cus /J.E('R E1'0 l\'{MERO ... D.E I9CO ( DICIE:\IHRE 3 1 ) por el ual e crea un Circulo Militar Al 1'/tefJI.tSldm/e de la Repúbb'ca, encargado dl'l Podt'r lt.¿_jcotf¡'¿,ro, O 1•: 'RE r Art. 1. 0 r ·a e el ·írcul Militar de an Juan ele Río ~ e o {!n el Departam nto d undinamarca, compue to de lo munici­pio de an Juan, Vianí, Bituima, Quipile, Chaguaní y Guayabal. Art. 2. 0 ómbra e J f ~ :Militar de dicho Círculo al ,-. or - nel emetri M ra . . Quedan bajo us órdene todas la fuerza· acantonada · en aquella región y las d m á que cr ·a conveniente organizar dentro de su jurisdic ión el xpre ado J 'fe Militar, para lo cual e 1 fa­culta ampliam(')nte. omuníque e y publíque e. ad l''n J ogotá á 3 1 de iciembre de rgoo. JO É MANUEL 1vfARRC <;Jl ÍN El Mini . tro d uerra, Jo É DoMINr>o ,PINA C. TOllO 1- S Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 66 Boletín JJ!ilitar ·,· Dl!."'CR.El'O iVUMERO ... JJE I900 ( 12 DK DICID!lllr. · A C. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ·68 Boletfn M·ilitar /)¡,_· 'REJO iVÚ!VI.ERO ... 1J.E' I90I (7 DE ENERO) ror c:l cual ·e ui POJ!C la fonpaciém del medio 1Jatalló1l Rodríguez El ¡r,ápt·esiden!e de la República, encargado del Poder E}ecutivo, DE RETA Art. 1 •0 Organíza e un medio Batallón con el nomure de Ro­dríguez, compue to de dos compañías, 1 cual quedará ajo las in­mediatas órdenc de la Comandancia n Jef del Ejército, mientras , e organiza la 6.~ Di vi _ ión. Art. 2.0 Lláma e al servicio activo á lo ·iguicnte Jefe y ficial s y de tí na, eles al Cuerpo expr ado, así: Plana Mayor-Prim r Jefe, Coronel Custodio Rodrfguez; e­gundo Jef , arg nto Mayor Hipólito algado. Primera Compmiía-Capitán, otero Ama ya· Teniente, Dani 1 Tribiño; 'ubt ni nt , Ju to Gutiérr ·z · ubt niente, Domingo buzmán. · Seaumla CompaíZia - apitán, Ju ·to Elig-iQ; Teniente, Hipólito Gutiérrez; ubtenic nt ', milio xonzál z; . ubt ni nte, Roso Cár­denas. omuní u s ' . ado n Bog tá, á 7 d 190f . J M 1 UEL MARR QUÍr ' El Mini~tro d ' u erra, Jo i o nNGO PI, .\ CO 1/.-1 .DANCIA ftfiJJTAR DR BOCOTA R epúblz'ca de C'olombz'a-Ejé?·áto permanente- Jefatu·ra Mz'Niar de la Plaza-Batallón Artzllería Rodada-Bogotá, Enero IÓ de I90I. Sr. ' encral omandante Militar de la Plaza-Present . Tengo el honor de poner en vuestro conocimiento que en la madrugada del día 6 del mes en curso siguió de ésta en dirección á Oriente, por la vía de U m - 1 Capitán David Velilla con una Sect ·én de Artillería del uerpo d mi mando, según órdenes que de 'o recibí en la no h anterior. El día 7 á la 3 de la tarde me puse n marcha de orden vuéstra, en la mi ma dirección, para ponerme á la cabeza de la Sección de Artillería comandada por el Capitán Velilla é incorpo­rarme con ella á las fuerzas que comandadas por el Sr. General Ospina Chaparro, debían abrir operaciones sobre la Provincia de Oriente de Cundinamarca. A la 9 p. m. llegué al sitio denominado Los HornzJos, donde estaba acampado el citado General con su Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo/etfn ll4z/itar Ayudantes y e l Batallón ·Bárbula de la 1.3 Di,·isión del Ejérdto permanente. El día 8 organicé la S cción a í: 1 .• pieza al mando del Ca­pitán David Velilla y servida por onc individuo de tropa; 2.a pieza al mando d 1 Teniente Víctor O-pina y ervida ig-ual­mente p0r once indi' iduo · de · tr pa, y el parque á cargo del Te-niente Emilio Roda · V. y ·atorce individuo de tropa. la 8 a. m. · nos pu..,imo en marcha para Cáqueza, la 1 ." piP.za p r la vía de Une e n 1 General ¡ ina Chaparrv, y la 2."' pi za 1 parque por la da de hi¡x1qu bajo mis inmediatas órd . ne , acampando todo t'n Cirtueza i la 2 p. m. El 9 continuámos la mar ha sobr Qu tam e, y acampámos en sitio d C:' norninado !.a Flor/da, á ¡..>oca di ·tan ia dL' dicha población. El 10 acampámo~ ··n /Ja Téga . El 1 r á la 6 a. m. ·alím )S d t'.'tc: !:>itio no · pu ·imo en mar­cha ·o bre A1esrzgrande, lugar l.mcl e e tal an f rLifi ada la fuerzas d la r YOl u ión. . la 12 m. llegá m o .· á Monft>rrcdondo, donde se hallaba nu ·tro Cuart 1 (Y n ral dond re ·ibí in tru cion del Gen ral ·pina Chaparro. d mandar al apitán \ dilla con la 2: pieza ( añón \" ithwurth,dc tr s libra corto) á o · upar 1 ala izquier­da d nue tra lín a d tirad r' , qu obraba bajo la - órdenes del ~ neral Habacuc Beltrán y d ' eguir el infra crito on 1 General pina Chaparr , ll ev and la I: ieza (cañón Bang , d och nta milímP.tro ·) á ocupar el e · nlr d nu tra, lín a para d minar las a as de Mesaurande y e 'rca. d t pi dra a ya- nte · , dvnde para­petado r · i · tía 1 Batai/Jn Pt:rd n.o de la · fu erza· r volucio­naria:, comandado pe r el -- 01-on{'l Abd Uril e, mu rt , n '1 com­hat •. 1 u ta la~ ¡.>ieza _ n bat ría en la mi ma línea upada J or lo tirad r s, s · om<·nzaron 1 ) di paro: clt: cal1ón Ba.no· por o r' la a a d 1 Cdmbulo, mpl ando alza de 1 oo m - tr s, y en e 1 r • la 11/esagraude r~mph·· andv alza d 700 m tr > • • y 1 >. d can n ithworth p r r • la m ta ocupada por e l ala d e recha d " la r ' \' }u ión, t>mpl anclo alza le 1,200 me­tr , ' lo. últimos S( br la .... ra~a · d · AI(.wgramlr , ·m ¡ 1 ·a nclo alza d 1,400 m tro~. e l cañón Banu·c se e n~umicron 16 g-ranada~. • dl'l \Yith\Yorth n la p ca · horas u duró t·• l fu eo-o d e artiiiL ·ría. D l J e f cto pr elucido por 1 ¡ ruycctik. lanzados por nue tra bat :! ría ·ol r ~la trin ·h ra en ·migas, v!-. informarán 1 s J fe u¡ t: rior · u dirig1 ¡-vn ·ta ac -ión dv arma ~ . Me ¡.>t! rmito manif t.::tro qu tanto Jo · Ji ·ial1· - apitán Veli­lla y Teniente O pina · Roda~, e m lo 3 indi..-iduu~ rl· tropa que comp nían el total d la ce ·ión d Artill{ da, li ·ron mu<' ·tra de. abnegación y di ·c iplina durante 1 ~ día d p rman ·ncia fuera de ta capital. Dejo así rendido e te informe, ha iéndoos pre ·e nte que todos lo individuo - que componían la sección que salió á campaña, ape­na cuentan do me e de e tar recibiendo in trucción d artillería. Vu .·tro ~ervidor. El mandante, Jos{ :VhRÍ.\ PoRF.RO S. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ¡o Boletin Mz*l-ita1' ORDEN GENERAL PARA HOY IÓ DE ENERO J)E I(jOI A.;~.· 3 ~~.5~ .. :E1. ·;~. ~·~i·t~j~f·~. ·ci~· . E. ~·ci~ ·M~~~~· g:~~~~~¡¡~¡·~~· ·; ·ncargado de la Comandancia en J~fe del Ejército, se complac en hacc·r cvn tar en la pre ent Orden general que el comporta­mi ntu del Cuerpo d Artillería Rodada ha sido altamente satis­factorio en todo lo qu e r laciona con u disciplina, moralidad y competencia en u arma, habiéndo. e hecho notar particularment en el ht:cho de armas o urrido el Ir del corriente contra los revo­lucionarios de Orient , donde puso de manifiesto, así como otro · Cuerp " del Ejército, u intr pidez, energía pecialmente su comp tcncia. Como un acto de ju ticia, l infrascrito, en nombre del o­bierno, felicita al mencionado Cuerpo y al r. General Francisc J. Vergara y V., quien lo ha formado y lo ha 11 vado á uno de lo primeros puesto d 1 Ejér ito de la R pública. El G neral Jefe, MARIA · Tt)HAI< , MANUAL PA.R.1 LA PREPARAC!ON D E LA CO liPA 11 AL COJJ-fBATE, POR E L GEN ERAL DRA(/0 lllROFF [ t •.,,tiinti·• 1 J f d 1 jér il l'llSO 1 l STR C 10 DI~ L.\ 2 . La pr 1 aración raz nada d la compañía al combat con tituy . la ba . la ducaci n militar d la infant rfa. ~· ¡ la. compañías son bu na , el batallón 1 rá también; y por otra par­t , . n un de. ta am nto compu t d m u ho · a talione cada un por u · olidaridad ( on lo d má , no tendrá que hac r co a alcruna cuya ej cución a el un 1 1da á u compañ ro . 27. El cua ro el in trucción d la compañía e tá d terminado por la divi ión d 1 ombate en do período : el de los fu go 6 d pr paración y el d la bayon ta ó de d ci ión, que hace ver cuál d JOS dos ad ver ·arios es di{rno d merec r la victoria. Partí nd de esta ba e e puede repartir la in trucción de la compañía en tres parte~ : 1 ... Instrucción de la compañía obr aplica ión al ombat . en terreno variado, de la marchas y formacione , pero in hac r uso de las armas ; 2 ... Ejercicios obre el mismo tema, pero añadiendo el tir con cartuchos de guerra ; 3 ... Pr paración de la compañía al período del combate lla­maJo d e {a hO)'Onela. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. lJoletln M -ilitar JI 2 . ];, ·Ios es/os ejercicio deben r.onduúrs:: de manera que se Cle de la instrucción, y termi­naba y acon ejaba terminar a . í cada se~ión. La sesión duraba en general una hora, hora y m e dia á lo más, y la conversaúón se pro­longaba algunas vece más de dos horas. Ciertamente sería necesa­rio ser uvaroff para hacer e e cuchar por soldados en movimiento -dos horas seguidas; pero cinco ó diez minutos de conversación, so­bre todo con hombres que no se mantien('n firmes, sino dueño rlt> ~ us Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 72 J]o/et/)/l .JfilltaJ. actitud e , no xcederán nunca los límites de la atención. Y, por otra parte, diez minutos bastan para comunicar al oldado muchas nociO­nes útiles y accesibles á su espíritu, sobre todo ·i la mar ha de l~ instrucción está arreglada de modo que lo pr par á ent ·nder los consejos que se le dan para hac r la guerra. Una dobl ventaja resultará d esas conversaciones: el soldado empezará á pertene­cer á su oficio, no sólo por los brazos y las piernas, ino también por la cabeza y el corazón; y por su parte, el oficial aprenderá la manera de hablar breve, enérgica, clara, que no e pierde en los d tall ; e a que tiene nece idad de emplear para dar u órde­ne ·obr 1 campo de batalla y durante las maniobras. eñores oficiales: no rehuséis entrar en explicaciones con el soldado obre vuestra común misión en los combate . Las grande acciones y el arte de salir airoso de las situacione má difícil s, sólo son posible para aquel que conoce al soldado y á quien éste por u parte co­noce y comprende. 1 l STRUCCIO, DR MA, ' !OBRAS Y EJER '1 lOS 30. La ba ·e de esta instruc .ión .on ·i t n <'onfirmar á todos lo · hombr s y cuadros d la ompañía n la cjt•cución pronta y pr cisa le 1 movimientos y ( roluciones pr crito por e l regla­m nto. El .paso rápido d 1 orden rrado al ord n d fila abi rt=1 ,. é in er am nt , á pi firme y t-~n marcha, mer ce partí ular aten­ción. · preciso sab r con igual rapid "'Z tanto abrir la · fila· bajo 1 fu go, com tr charla ( n pr . vi ión del ata u final. 3 1. Al dt·sarrollo de la atención de los hombres cousl/lu)'e una de las toiUlzrúme fundamentales pm·a d Í'.1:do de .es/a rama de la ÚLSirucaón. El oldado á qui n han n · ñado 1 moYimi nto · y la v lu io­nes en ma a j ruta todo c. J p r rutina, como un cu " r¡;o in alma, y pr ci o im dir qut• . e duerma n las filas. n e ·t jeto l omandante d . la mpañfa al mi ·mo ti mpo qu ha ej' 'Utar la ri d movimi nt ~ pr ·crit por 1 r glam "' nto, s , forzará n variar 1 orden d suce · ión d so movimi nt todo 1 qu e pueda. sí, or j .mplo, al empezar la ·ión e n su compañía no debe emp zar ·i mpr por e l man jo rlel arma, con­tinuar por marcha á vano-uardia y r ta uardia, t ., ino al con­trario, cualqui ra que sea el ord n en que se encuentre la compa­ñía, in exc ptuar el de marcha, tomar el ord n disp r o, te. etc. Siguiendo e a marcha, e preservará la compañía de la rutma,. bajo cuya influencia bastaría mandar el orden di perso ó cualquie­ra otra formación, antes de haber ejecutado cierto movimientos preliminares, para que se produjeran confusiones. 32. in embargo, aun siguiendo ese modo de obrar, no se llegará á conseguir que los hombres adquieran el grado de aten­ción necesario para los· ejercicio de aplicación, es d cir, para las: maniobra destinadas á adaptar lo tipos reglam ntario á una hi­pótesis táctica determinada, obre un terreno cualquiera. Es indiS­pensable, teniendo en cuenta e e objeto, desarrollar la atención de los hombre en grado tal, qu aun en una formación e n masa,. cada uno de ellos esté siempr pronto á una ejr uricín indiYiclual. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. JJoietfn .11 d;"tar 73 Para lograrlo., s pu de r currir á' pr cedimiento · como el siguiente •: 1. 0 La compañía e tá formada én columna d compañía ó ea Hnea, para ejecutar 1 manej del arma. Después de la vo:r. firmes mandad, por ejemplo: "números pare · de la 3·& se ción armas al hombro der cho"; ó bi e n: "2. 3 fila d e la 4.& scuadra d la 4 ... s ección, presenten armas," etc. 2. 0 Estando la compañía n mar ha n línea ó en columna~ mandad : "Núm ro· pare , media vu Ita, marchen. ' Los núm ro.· pare .jecutan el movimi · nto y marchan e n · ntido inv .r o. "Compañía, media vu Jta, march n. Lo número pares é impa­r <:>. mar harán al en uentro unos de ott·os, y la compañía pu de . er ord nadad nuevo, bi n d t niéndola n 1 momento en u - lo: número par é impares . e ncu e ntran á la misma altura, bi n mal"dando " media vu Ita . (>brc la mar .ha ) á tiempo á la. nlas par · 6 á las impar ·. Otro t'.Jcrádo. "1 al ·ua ra de tal ión, m dia YU Ita, marc h n ' ; 6 i n : "tal . e ·ión, m dia vuelta, march n"; yd "spué re tabl e 1· 1 ord ~ n por mandato anál g- s á los pr e d e nt s ó también mandando : "tal ·c uadra de tal e ·ción ( 6 tal s cción , á. . u puc tu, pa o gimná tico, march n · Otro ejt'n:icz'o. ' Tale filas n cada ección, alto. ' Y para re·- tablee r f ord n. "Tale filas n cada ción, á su pu sto, pa gi mnásti u, mqr hen. · Cuando la fila d ti nen, rd nar á la e mpañía ~ trechar e . o r 1 e ntr , ó con ·ervar lo int r alo , á o\ untad. Fn una e lumna n marcha dire ta por 1 flanco, e pu de adcmá d · lo · jc rci i s pr e . 1 ntes, d doblar la columna man­dand : ' tal ' · hilera ·, media vu Ita, mar h n.' El ord n n. ta­blee p r un p- ced1micnto análo ro á lo pr ccd nt s . .Eit lodos los ejerúúos d~.· sünado d verificar y desarrollar La a.tm­non d lO.\ hombres, C0/1.1)/t'll atenerse rigurosameute á las VOCeS regfa77lt'll­farias sút ZÍLvmtar voces fa! as para en.uailar _Y sorprmder. i l hom­bre durante toda la se ·ión recuerda ·u número en la s cción y no ol ida si e · par ó impar, ~i r 'Cuerda igualm nte l de la e cuadra y ccción de que forma parte, n d be cxi dr ele má pu s ir má. l jos no contribuiría á o t ner y ele arrollar la at nción, sino á. fatigar! y por tanto á debilitar aquélla. NoTA-Los procedimiento anteriorment e, puesto no on único e n su género. La cuestión no stá en lo procedimiento , ·ino n l fin deseado, e d cir, n el de arrollo de la aten ión pues poco importan lo medios si e ll ega al re ultado. No deb n bu carse demasiadas astusias, pues cuanto más encillo ea el , iS­tema mpleado, más valdrá. A í, por ejemplo, los jcrcicios jecu­tados á la voz de mando d 1 j fe d e la compañía, sin que la r pi­tan los jefes de cción ó pelotón, y la instrucción muda, es decir~ arreglando lo movimientos por la · eñas ó cambios de lugar del jefe de la compañía, son medio á propósito para concurrir al fin propuesto. e puede también comprobar la atención de los hom­br ·, ent ndiénd s~ de anteman on lo oficial de p lotón y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 74 liolclín !1/düar sección, d modo que r pitan equivocadamente la voces de mand del comandante d la compañía y velando que los soldados· ejecu­ten siempr lo mandado por el jefe má inmediato, s a el que fu - re. Este p•·ocedimi nto s doblemente venta jo o: desde lu o-o, hace ver claramente ~ lo · hombres que no deben permitir e razonar en la filas, y ns ña á lo · onciale · ubalternos á corre ir tranquila­ment un movimi nto defectuoso. Engañarse no es una d sgra­cia; lo que e n tituiría una desgracia, es que lo oldado ima­g ·ina-.. n c¡u pueden e rregir a quien lo manda y u é te pierd . la ·aueza á la m nor falta qu ·e le escapa. l.:lra-reu/ammtarias. Porque pre­cisament sa volucion no tien n otro obj to ino desarrollar la habilidad de adaptar lo tipos r o-]amentario~ de la f rmacio­ne al terr no y :í la cir un tancia . Es preci o ntend rs bien s bre el punto ya qu no pid á lo ofi ial ej reí io d m - moria. Lo que St" bu ca s en e ñarle · á al ir d 1 lance con calma, cuando se les pr · nte de impr vi o, y no inculcarl la mala co - tumbre d no po r hace r nada in previo nsayo. 36. Ej utando e\ lu ion xtra-rcglam ntaria , onvien ob ·ervar lu que igu : r .0 Exio-ir u e a evolucione cumplan e n igual pre i i 'n ue la maniobra ordinaria , con igual regula­ridad en ll >S man ~latos, la misma calma y prontitud n la j cución, el mi ·m · silencio é igual inmovilidad al fin d la f rma ión; 2.0 o tratar al princi io, qu la ej cución ea inmediata, para dejar á 1 cuadrus, n lds dif rente grado. de la j rarquía, la facultad de reftc. ionar un in tante de pué de la voz de mando del coman­dant d la compañía; 3. 0 o p r er d vi ta que las evolu ione · d t o-éne ro tienen por bj "t n eñar á conformar~ rápida-un toda las eventualidad lel ombat , y por tanto, á 1 - v·ir para SU j CUClOn ·itua ion que hao·an V ¡· clarame:tte éÍ t do en qué ca o pu d n r útil Así, no despl gar á la izquierda una columna por la izqui rda (' á la derecha una columna por la der cha) en un sitio igualmen­te favorable al de. pliegu obre lo do flanco y donde, por lo mi mo, no hay ning-una razón para no f rmar e e n el orden natural; p ru en cam io, aprov char 1 momento e n que, durant la esión, pasa la ompañía al lad el ' un obstáculo infranqueabl cualqui era: fv . o profundo, muro, to t . para .j cutar J movi-miento n cu ·tión: · úTA .. 'e n:rá en lo qdc · i11u que no hay ninguna voluci6nque no e pue­• la cj cutar con l.t. ,-oc . de: maneJo reglam ntari<1 ·. Por tanto, la parte funda­mental d 1 r..:g l:lm ·nto, e, ckcir, el 1 ngu1.je de la-. órdene. , queda inmutable. En 1 enuu ·iaJo de lo proulcm:1· por rcsoh·, r, el lector cncontra ciertos ca o · !:_O que ·e sup;>nc:: la .lpar:c;óa i ·· e:;p~rJcla del enemigo a di tancia muy peque­nas, y se pr-:guutar.j, si e · adouisible que, por negligencia, la pre. encill del enemi­go no pue.la su -p<:char • má~ que á 100 pa . o. de la compañía. E;n realidad semejante · ca. o . e han pre en tado, r por tanto no hay motivo para dejarlos á un lado durante la in trucci6n; in duda vale má tratar de que no se repitan, peto si por d 3gr:~.c : a ·ulJre\·it·n..: un c.1 1 ar,·cido, e prcci o e tar pro11to :i alir del hn cc rápidamente r con honor. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ¡6 Boletín Mzlitar 4. 0 i ~e trata d e un ataque á la derecha, á la izquierda ó á retaguardia, de~pués de una advertencia, como por ejemplo: u ataque sobre tal objeto," mandar: "Tal fracción en guerrilla á la derecha (ó á la izquierda 6 á retaguardia), pa o gimnástic . marchen. " Y si el obj to del ataque stá pr 'ximo, marchar sobre él, aun sin e nviar gu rrilla, dando la · von: l mando nece aria~ para e l ataque á la bayoneta. 37. Es preciso inculcar bien á los homLre , á fuerza de r pt.·­tír lo y d explicárs lo, que en tanto que la infant ·ría hac frent · á la aballería, n tiene nada qué temer dt: ., ta tlltima. :. í, ·ólo una osa hay qu _ ns ñar á los ,·oldado , y qu todo, aqu Jlcv, que ~L! encuentren má próximo á una tropa de caball ría que ha roto la formación 6 desbordado sus flan os, d ben ,·ol · llame nt para darle iempre e l fr nt . 38. Por cau a de su mi ma natural za, la aballería, aun si ndo muy num ero a, no puede obrar sobr la infant ría o n un número de jinete superior al qu corre ¡ onde á la · dim nsionc~ del frent de la infantería ... sí, i , t fr nte largo, toda tropa de caballería qu no vuclv brida · tá !:. gura de romp rlo: i ·1 fr nt s c!:.tr cho, la caballería pa ará g uram ntc á lo largo d · lo flanco ·. Lue o, para redbú· 1111 alar¡ue de caballería es neresar/o pre-ferir las formaúont!S c¡tu permitan al lita) or número dl' hombre lirar sobre aquélla y que no e~"tjJon .:m Úlllltdt"alamcnil' d sus golpes /uo d mí­mero mím7uo de soldados. 39· o · deb eje utar •1 at qu in qu , 1 •0 , j tos i ibl !) • 2. 0 , st. ob r\'t:n ~crupulo am nt las di ·tancia pr crita por 1 r lam ento para armar la bay n ta lanzar gritando, Jw,Ta/1 ; 3. 0 haya indicado á t o 1 mundo ·uál " ob..felz'vo del ata u". \demá no ·e d u d "t n r nun a á la tropa ha ta que ha a r .. ba ado la lín a n la ·ual , · u pon · al · nemi­go, á cual ui ·r di lancia que ~ pr · ·nte : 1 ataqu b hac r · con pa ·o n ni o o, \·i ,. y rápido alint- ándo t dos sobr · Jos m á adelantad ·, no admitiendo reza ·ado ·, á la di tancia d 1 hurrah lan~arse á la carr ra con la mayor v locidad po ·i 1 ·, uando 1 ataqu haya t rminado ,· igir, ·in érdida mom ·nt r tao) ·;~·a 1 r en y la formación. KJF.MPT . O 40. La manera recom ndada para 1, r ~tos ' j .mpl . la ·io-uiente : recorr r al 'nunciado, r ~ol \' r "1 problema por ~í mis­mo, y sólo enton leer la olución que aquí e pr pone · aqu Jla de las dos más · ncilla y de má pronta ·j cución rá también la mejor. acons ja ombinar las volucion ·, de m do quL' la fracción u la compañía más pró ima al e n miao nu tenga qu jecutar desplazami nt JS lat ral , porqu d b ·tar si · mpr " <'n estado de obrar. Las otras fracciones de la compañía deben er colocada tam­bién en estado d obrar lo má rápida m nt p ·ibl . Es pr ci. o en cada solución omputar on cuidado el tiemlJO qu · ( 1 ~ n ·m i ro Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Jl1ilitar 77. tarda en lfegar ha ta nosotros. La infantería r corre próxima­mente 1 1 o pasos por minuto, marchando al paso, y 17 5 corriendo á una velocidad moderada, pues la carrera rápida empl ada en 1 momento del asalto durante lo 30 á 50 últimqs pasos, no es aire de maniobra. La caballería recorr próximamente por minu­to: rso paso al pa o, 300 pasos al trote, 400 pasos al galope ordinario,_ 6oo á 8oo pa os al galope de carga, durante el primer minuto d est aire. Cuando la di tancia no exceda de goo pasos, la caball ría e lanza al galop obr la infant ría ; pero i la di tancia mayor adelantará al trot ha ta lo goo pasos. NoTA. - La · adverl •ncia y mando· d 1 apiti..ln d' la 'ompa­ñía van n letracur iva. 1) Al frcnt , infant ría enemiga á 1 ,500, soo, 300, 100 pa o ·. 2) Ad lante y hacia la derecha, infant ría en miga, á r ,500, -oo, 300 y roo pa o . 3) obr 1 flan o d recho, infantería nemiga, á r 500, 500, 300 y roo pa os. 4 A retaguardia y hacia la dcr ha, infant ría nemiga, á 1 ,500, 500, 3 o y roo pa ·o' , ¡·ca del árbol. 5) r taguardia, infant ría enemiga, á r,soo, soo, 3 o y roo pa o. 6) A retaguardia y hacia la izquierda, infant ría enemiga, á 1 ,500, 500, 300, roo pa o , n la cabaña. 7) Sobr el flanc izqui rdo, infantería n miga, á r,soo, soo, 300 y roo pa os. 8) A vano-uardia y hacia la izqui rda, infant ría en mio·a, á 1 ,500, 500, 300 y roo pasos. Los mismos problemas contra caball .ría. Los mismos problema contra la artill ría. A- Columnas de camz?w 41. NoTA-La compañía e ·upon la derecha en cabeza. Problema 1. 0 n columna por 1 flanco Advertencia del comandante de la compañía : A vanguardz·a y haáa la derecha, 1·nfm-J/n·ía á ISOO paJos á la difenúva (ó atacando). V o es de mando: I) Obhcuo á la derecha; 2) ecdones, á la tzquzerda en línea; 3) eco/m de cabeza, en tiradores; 4) Línea dts-'7 plegada). La compañía s despliega en el orden normal, puesto que dispone del tiempo nece ario. Después se puede continuar el pro­blema, es decir, atacar 6 defenderse, 6 bien advertir z'njanlería • NOTA DEL TRADU TOR-Conservamos las voces de mando y formaci.:>ne del original. Nuestros lectores harán las aplicaciones á nuestra táctica 'lUe po­drán constituír nuevos trabajo . • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • rechazada. En todos lo casos se vuelve á tomar la posición inicial, que aquí era la columna por el flanco. l'roblema 2. 0 Advertencia : A 7Jaugttardia hacia la derecha, úifmlie?'Ía d JOO pasoJ . Voces de mando: I) Oblicuo á la derecha; 2) Secáones, d la izquierda en lí1zea, paso günndstú:o; J) A la derecha mlí·nea desplegada~ paso gz'?nnástü:o ~· 4) Carguen armas, apu.ntm, alnzúón,fuego; 5) Guía al cm/ro, adelante, marchm. Tamb01·es, la carga. Húrra! En este caso se ve que el tiempo falta, no sólc para evitar una confusión, sino también para desplegar tiradores. En mi juicio vale más no hacer la descarga, i la compañía no e tá bien sosegada. Problema 4· 0 Advertencia: á varwuard1'a, hada la derecha, t'?ifantería á IOV ¡;asos. Voces de mando: I) Oblicuo á la derecha; 2) Cruzar la bo_1 '0- nefa, hurrah! En este ca o no pued ha e r e el 'Scarga antf's d lanzar a 1 a alto, ni hay posibilidad d modificar la formación ; pero las últi­ma filas alcanzan, marchando, á la primera . E resolviendo problema análogos como verá cada uno .n qué ca os po ibl y permitido u ar las forma iones reglam n­tarias, y al mismo tiempo se conv nc rá d . qu hay situacion e n la cuale 1 tratar d . r alizarla conduc-iría á una pérdida segura por falta del ti mpo n e ari . nt t do e pr i o pon r e en tado d obrar, in dar gran importancia á la formación. D pués del ataqu on ienc xigir ,·uelvan <Í. formar en ord n compact y mom nto. Problema 5. 0 mpr . que 1 hombr s alini n, in pérdida d <..1 ,·ertencia: r1 r etaguardia, caballeda, ntw¡ue á I,SOO pa ·o.\ . Voces de mando: .E) M edia v uelfa á la der a ha; 2) eccúmes 01 !íuea paso .rt'nmásfú:o; J) Fuego de compa11ía · 4 Seccz'ón de cabe:;a, dt' rodt'llas, seccz'01tes de cola en escalones; 5) Apunten. Advertencia : caballería á 200 pasos. Voces de mando: 6) 11tte,O'o; 7) Cruzar la ba)toneta. A las• do primeras voces la compañía da media vu lta y forma la seccione ; á la t re ra la . ección de cabeza pone ro­dilla en tierra, la que le sigu cierra sobre ella, y las otra dos desbordan á Jerecha é izquierda á lo prim ro · , formando escalón detrás de las primeras. Cuando se haga la adv rten ·ia w~alleria rechazada, se hará sobre ella una ó dos descargas. Las ccion s vuelven á colocarse n sus puestos y s r·'hace la formación por el flanco. Se puede también re olver stc probl ma de las maneras i­guientes: 1.• Formar la olumna. de p lotón y e 1 C" ;r la ~t.n·un- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Jl,/etfn .'11/l/lr7! 79 da detrás ciones, á ausa d ' la razón ya mencionada, de que presenta un fr nte menor al choque inmediato. Cuestiones propuestas: ¿Cuáles serían lo cambios producidos en la formación y modo de acción, si la caballería ataca en igual dirección á 500 pasos, á 300 pa os ó á distancias menorc '! i Qué suced ría si uno de los flancos, el dere ho ó el izquierdo, es­tuviera cubierto por un pozo profundo, un arr yo, etc.? Problema 6. 0 .-\d en >tH ia : Sobre d .flanro denrh(l, f,c ( a/ allcril · y el ftant o el r' ho muy diff il. Lo ~zdar habían on truíclo u · ·s-angar en la R"a:ganta mi rr.a y sobre la altura · . la d r cha, de manera de t mar 1 flanco la · tropa qu . int nta n forzar 1 a o. 'Esta · última · trinch ra · tahan e r a del d sfi]ad ro y formaban la ihquie rda de la po ición nemiga. Cuando 1 en ~ ral hamb T­lain, á la cabeza d 1 gru .:o d u columna, d jó 1 f nd del Yall , á alg-una di tancia del punto n que este trecha mu ·ho, para marchar ontra la 'xtr ma iz uierda de la Hn a d e la defcn a enemiga, dando una 'uelta por las alturas, los sangar, que no ta an dispu to para e t ataqu , fuer n tomad fácilm nt . Lo montañeses se imaginaron con candidez que la tropas guirian 'él valle para forzar el pa o del desfiladero mi mo, bi n que era evidente que nada podía impedir un movimiento envol ente como eH quf' el General· Chamb rlain jecut6 on éxito completo. .. La batalla de uruy Kund> e rca de Multan, ·n 1 47, ·-s 'tá.mb ...... n un buen ejemplo. Lo, ikhs habían escogido una fuert ~~osici6n y la habían atrincherado. El G n ral Markham tue enY.Ja-tl~ con tropas ingle as é indias para caer sobre el fla:nco izquierdo .,~del ·enemigo, en tanto que algunos ~kh y otl"os ind.ígenas qu ·ayudaban, pf'rmanedan al frente .de la posiciól), p>rest.a:lild0 d e. te - modo su· concurso para completar la victoria. n La . batalla de ·u- .uy Kand, ha escrito el Mayor ' Herbert Ed,wardes, que marchaba Cara llamar la atención d 1 · n migo, y 1 Coronel orp · re ibió la ord n d hacer d · mo tra ion d · ata JUe contra el ne mig apostado obre la CtÍ!:.J->Íd ·. El re to de la e lumna verificó el movimi nto nvolvcnt . . La operación salió á la marav1lla . El n mig·u e agarró desesperada m nte á la defen a d _u po ición, bi n que de d u altura debió ver la mat·cha de la columna que iba á ata arlo por reta t ' ta columna 11 6 por detrá y á la d re ha de la po ·ición n mig·a, la · e lina y la altura fu ron ata ada i­mulüneamentt-- . L... ra e r :i tieron con valor y ·ufri ' ron gran­d . pér idas, l>i n qu · una parte capó ant d l J->rÍn ipio d , ¡ ata ¡ue. La vict ria fu e mpleta. on un olo um al< ' qu< ·d' des ­truído, en esta part d l t atro de la gu rra 1 p 1 ·r d ·1 ~ n · mi o- •. J VIII. Cooperaczlm de la fuerza encargada dt cMJient>r al en emigo. - ~ n , ta jornada. la débil fuerza que e dejó fr ntt-: á la po­sición en miga e taLa tini am nt ncargada de ont n ·r al ad­ver. ario y no hiz ataCJu · alguno directo. in mbargo, por r gla g n ·ral, en - ~tas p ra ion la tr pa. col cada~ fr ·ntc al en<'migo toman una partP má activa en el combat ' , y l ataqu r vi te la forma d un a alto combinado contra .1 frPnt · v el flan­co · hasta obr la · n .: taguardia . i se pued, loo-rar ~e 1 ata­que de frente di traig·a al n migo y lo ost no·a n su po ición .. n tanto que se lleva á cabo oportunamente el ata ue de flan ' O en 1 ~omento en que 1 en mig comience á batir~ n r tirada, de modo que los que huy n pu dan s r alcanzado. por la~ tro ¡ as qu amenazan su línea de retirada, lo resultado~ :,urán g :¡ ralmente muy satisfactorios. El método seguido por el G n ral Négrier en el 1 onkín para atacar las trinchera chinas, que de ordinario es- Véanse lao; Expedit't.Otll'.r :-,tKkrns m Afncu, páginas 413 y -..iguic:nte . . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletin ¡}[ilt'tar 87 taban a i~ladas sobre las montañas 6 sobre lvs picachos, era muy eficaz. En tanto que el gru so de la infant ·ría, s stenido por léi. . artillería, marchaba derecho sobre el objetivo, nubes de tiradores se avanzaban rápidamente para envolver los flancos y camb\ai­fuegos cruzados sobre el enemigo en retirada. Rara vez los Chinos dejaban aproximar á los Franceses, y, sin la forma envolvente dada á los ataques, se habría·n casi invariablemente scapado. En los combate di continuos de Birmania, en donde los dacozls y otras banda de enemigos ocupaban aldeas 6 trincheras, la caballería env lv~a habitua~mente los dos flancos ant _ del ataqu de la ih­fant ría, d m do de ca r obre los que huían. Estas pequeña: opcraciunes en el Tonkín y e n Birmania ·on un Pjemplo muy bueno d e l principio d e lo ataqu •s e mbinados sobr ; 1 fr nte y soiJre 1 b flancos. XL". Ataque principal sobre el tlanco- ~ ¡ la po ición del enemi­go t· . muy fuert , y si por esta cau a un ~taque de fr nte debe proual ll·m nt e nducir á un coml>at muy r ñido, e preferible dar · 1 a alto principal obr el Hanc . Un ataque s cundario direc­to sot rt' el ir 'nt erá muy ri ·az uando 1 a alto al flanco haya com nzad á producir su f ~ ctt). En . ·te caso particular la condi­cion .· ltti r e n nt ·ram nt d la~ des rita · arriba en el 1. onldn y e n Ru-mania e n onde el . nt-•rnw, ~taba puco dtspu sto á resis­tir "' n~ru·¡ ament . S e pu d · Citar ·1 h •c ho sigui ntc, como un j e mpl de ca ·os en qu · por ia r · ¡ tenc ta de la po i ión del ad­. r ·ari,J, e l ata4ue ¡;rinctpal se ha 11 vadu á cabo sobre l flanco, e n tant' que la alw d tr nte nu era . ino una op ra i 'n sub­¡ ltana v ecundat-ia. Pá7,' r K olai-La toma d 1 P .. iwar Kotal por Sir F. Robert , n t · 7 , s un jemplo magnín · . Los Afganes eran dueño de una garg-anta ttua a ubr una cú ptde elevada, cuya ·e¡- anía eran m·u, rdaol . Un ataqu ~ d trente bre !:.U posición, habría e td c' lltvmt nt ·a iunadu -rantles pénii a . · ¡r F. RoberL' re o- 1 g-ruvsu d su colu mna la 11:qui rda el en migo, por :-.ur¡ >r a, de~pué · d una marcha nucturna. Una parte de · u jt:rcit0 del ía atacar de frente, cuando 1 movimiento principal e ntra la ízqui rda e n e miga hub1era logTadu. La columna ncar­gada del rnuv1m1 .mu nhJI ent alcan¿Ó a 11 ·ar, al despuntar del día, ¡_¡ ta ·. · trema tzyut rda <..le la~ tnncnt·ra tle l · Afganes, y tri unto <. mpletament . Etla arrojó ubr ~u ntro' el ala izquierda del t'nt•m¡gu, y cumo la marcha adelante, á lu largo de la altura, e hauía h ec llv ca 1 tmpustble, se acometlo un segundo movimiento envul vente, dtrigtdu sobre la línea de r tirada a~~ ~tt:)?d~-~ á fa défensa en un punto o t::n otro, . }!>u e efe fÍt ~tua¿:s,c ~~on ~ap1~ez: . . ... . ~•a..• ~ !J , í ~ _ ,,. 1~ .. , "" .b De e to resulta que con un ataque ae rente, 1 evado a ca o aun por un d~Í( cuerpó :ae tropas, s.e ~eae, éuando l enemígo ' varian'do de sitio, ha hecho q'ue sus fuerzas camblé n d e ' lugar p'ara r forzar el blanco amenazado, obtener un r ' suitaao ónsiderable,. ~¡ no d eci ·ivo, si fas tropas son dirigidas ,cor1 habilidad. En Charasia, en 18¡'g, IÓs Afganes háb(an o·cupado una fu rte po~ición e n la montañas, á ambos lados d e un d e ·nlade ro, por el cual pa aba e l camino de Cabul, y principal'me nte cupaban la . izquie rda d e este camino. Sir F. Roberts dispuso sus fu e rzas pa'ra e l ataque, d e mane ra de lanzar la mayor parte d e su tropa , bajo el mando d 1 Ge neral Báker, contra la dere cha d 10 Afganes,. mi ntras qu un débil Úe rpo, bajo las Ól-d !'n S d f' l Mayor White,. debía distra r al ene migo ad lant d e l dL~ lllnd t .r u . e, mo el Ge­n ral f3ak r avanzaba ha i ndo r e tro ' <· d r a :-. u 1 a ~~~ á lo Afga­ne , e l l~ n c migo e apresuró á re tirar d su p us iC" iÓn t rlJ ¡•as e rca d~l d e ·filad c r á fin d e r forzar la d rec ha ame nazada. E l Mayor White , vi e ndo que e l n c: migo qu e e staba á s u fr nt n o ra muy t mibl , atacó con r e solu c ión, y l gró tal éx ito, qu con su déoil tropa d e u t·g anizó compl e tam nte la izqu¡ rda e n mig a y . apo­d r ó d 1 d filad e ro, c r a d 1 cual la artill . ría e ri miga e ncon- . traba e n posición; e tomaron todas las pi e za , gra ia · á la marc ha r á pida ll' un d é bil c u erpo dt · tropa, c uyo pap 1 al p 1·in c ipi o ra ~impl m nt(: 1 p o n t nc 1· a l e n migo por se lad o * . 4 • E s i/ifíúl co fl se J ar l a u m!m I Úc l ú:a en tre UJl ataqu ,· dr ( u n k . v uno d e Jl~ mco .- P r o para 11 var á cabo · m jan t e · ata u · 'um­binado , s necesita ha r con uídado cálculo d ~ ti mJ.>O y t tu ­diar s e riam nt las pr habilidad s g e neral s d J com at . qu . de b Ifbrars . En Kirb ' kan . · había calculad c rupulo am nt _ la hora á la cual la artill e ría el e la fu r za ncárgada d conte ner al e n mlgo de tre nt , d bía r >mp r el fu ego. i para log rar ' xito ~ ~ s n cial la conexión, s también d e t do punto indisp n ·abl e qu . las d o · parte s se paradas proce dan d e conc i rto e n ·1 mom ntu ?Pet cidq. f~ede .s .rle s 1mp ible comuni arse ntr sí, y puede s r d e tal . naturaleza l terreno, que las dos fraccion s no s pan ~on e~actit';l~ lo _que mutuamente hacen. En ~h.ará.s~a, bien que estuviesen á algyna distancia una de otra, ambas partes podían, 'liastá cierto punto, vigilar . redpr'ocame.ñte sus movimientos. Por reglz. general es bueno dejar alguna iniciativa a fos comandantes ~epa.rados .q':l~ de. este iño~o se ponen ep ~apa~ictad de _ hacer ·rente á lo' tmprevtsto. Más ade lant ., cuando e habl p e una ma­: Jer~ ,general d :! cblumñás <'panid-as u'~ proc ' den C< 111 i ',r'to ~ra lográr un objetivo co~ún sobre el campo de báfafla, ~ · c ita- • Véan e las Expedicionu ~-11glu,, s at A.ri,,, pág . I 2 y sigui l. nte . . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletin Milt/ar ran otro eJemplo ~ d'e'iiio~i:ráran • cuan cH~ioil es· á mehud pai:a un jefe dirigir cu rpó · ~p'<\raélo éorript·óh1eticlo en una misma - a'écion, y _qu~ ~xt'hrño ér'rores pu d n com terse. Para· Ja parte én~cargada del araqué de freri ' y para aqu Jla á qui n toca en­volver e) flanco 6 rnaniúbrar cótltra la r •tao-uardia ' todo d p nde 'de ló compl~to' d la ifu'¡)tH i6n n 1 mómento de la salida. uéédé éon fr'ecul=!ncia qu ; por alguna negligen ia 6 por cí rtas difkultáde s 1mpre'vi~a ·, una ú otra parte no pued n ejecu­far p o r co mple to la ord n C¡ú e 1 . na t a o. o . cál ul : para la ma rcha · una colúrrina ¡u d bt! t• úrr r Uh terr ' nO que .on fre ' ·u e nc ia no f' conoc bi e n, á ,; . · e pu<"d n sE'r in e xa t os, ha ta · uhndb n o lo d truye una ac ión impr ' ista d _ part · dl'l f" n "mi­g o . Ad má ·, la a Ción di idtda d • dos columna · distinta í{U e mar­é han á al g una di tanci'a uha· d l)tt•a, e · _ Í(· mpr susc ptibl · d P . n­caJlar · pu r cau a d e alguna mala int llge ncia. El ataque ~ o br Alí Mus jirl, n r 78, e. un bu n j t . mplo d una columna ent ·ar ada d ~ un mo ,·imi· nto "n olvc nt · y u . fra asó ·n la misión qu t e le á:>i g· nó , p o r au a d e difi c ultad impr vi ta prov ni nt<':-. cJ ·1 t - rr no . El s rio d c:astr qU L' ·ufrieron lo Franc se n Han¡.; Bo ' n r 8 5, pu d t: citars ' ' m ~ jemJ:>lo d un rror om rid por una tn pa ncaro-ada d un movimie nto .n\' h nte ; ll > t uvo muy · rías con c u nc ia . ~ A lí Muyid- AI í Musjid, n e l Khai ar Pa s, rriu y bi en sitúa d o , muy grand ·, y 1 · fo-an e: habían he,- h rio · [>r · para ti vo d d ~ f n a ara . o t n r la p si j ón. El plan dt · p - raci n · e ra n" iar una oh:nnna obr la montaña ha ia la 1e r ha d l d e fi lad r , para alir á al una di tan ia p r d •t1·á , d "' mu d u d e o rtar la r e tirada d e l e n migo · n caminar otr a e lum­na e n un a di rC' c ión á f nd di tinta d la prim ra, á fin d · tomar la p o ·ic ió n por la •. pal a y . o bre e l flan co iz ui rdo, y p r último, e nviar el resto d e la · tropa á tr par d de !:>filade ro á ata ·ar de fr nte. L a 1 rim e ra columna, baj la órde n s del n raJ Tytler, partió á Ja · ·ci d e la tard e ; la s e gunda, á órd ne d 1 e ne ral Mac¡Jh e r on, á las 2 horas 30' d e la mañana, y la columna prin­c ipal á la ·¡ te d e la mañana; e ta última taba bajo 1 mando d e ' ir . Browne , que mandaba n j f . ir. · . Browne ll eo· ó de­lant d e la posi c ión, la bombarde ó, y por la tard e mprometió su infante ría e n e l ataqu . e ro pronto se hizo e vidente que la co­I'omna e ncargada de lo movimie ntos envolv nte no habían al­canzado su objeHv o, y que el proyecto de atacar simultán amente ambos lado , e ncallaba. De este modo el combate quedó inte rrum­pido. La columna del General Mapherson había ufrido r t:ardo pot fas dificuhades ca'Si insuperables del camino y por consi­guiente no pudo pre tar· ru á-yuda. La columna del General Tytler pudo sin e mbargo alcanzar al desfiladero on poco má arriba, y ya por la tarde logró cortar una fracción considerable de tropas ene­migas que se batían en retirada. Por la noche de ocuparon el fu rte, y á la mañana siguiente se tomó sin más combate. Desastre de los Franceses en Ba1rg Bo-Bang Bo está á algunas millas d la fronte ra d hipa. El G~neral Nég-rier había h cho Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .. Boktín JW ilitár retroceder á los Chinos y tomado á Langson ; él los había pers - guido sobre su propio territorio, arrojándolos del Tonkín por me­dio de una serie de brillantes operaciones tácticas . . Más leins, el camino seguía el fondo de una profunda depr:e­sión en las montañas. Algunas millas más allá de la frontera, lqs Franceses encontraron al enemigo en posición sobre alturas desde donde barrían el valle y no dejaban sino un estrecho paso ; por la tarde tomaron con un comportamiento brillante estas alturas. Des­de este punto elevado se veían otras líneas de defensa, como d~s milla adelante : consistían en una fuerte trinchera perpendicular al fondo del valle, en algunas fortificaciones sobre picachos, y en un pequeño parapeto sobre una altura que dominaba los otros punto~. Las tropa vivaquearon durante la noche, y una parte de la columna fue á ocupar dos trincheras abandonadas. El neral Négrier resolvió emprender á la mañana iguiente un movimiento envolv nte combinado con un ataque d frente, y dio orden á su ala d r cha para que esforzase de de temprano por ocupar la al­tura obre la derecha, tomando a ( de reverso la línea de defe nsa china, que par cía fuert y bien def ndida. El ataque de frente de-bía comenzar cuando s tomase sta altura. · Desgraciadamente d d temprano r inaba una niebla esp _ sa. El ala derecha no pudo a anzar sino muy lentam nte, son­deando 1 terreno durante tre hora poco má<; ó meno . Entonce com nzó la niebla á disipars , y las tropa en argadas del ataque de la altura apresurar n u mar ha. P ro bru camente se vieron detenidas por un profundo barran o, qu era impo ibl atra v ar. Los Chinos, dándo cuenta d 1 movimiento dirigido contra su iz­quierda, · nviaron u · hom r á la d fensa de la altura, que ha ta ntonces no e habían cuidado d guardar. Cuando la niebla e disipó por completo 1 G neral é ri r vi u · d . tacam nto qu tr pa an la altura. o o nd li par , r ~ ó que los hinos no o upaban la altura, y qu las tr pa que alcanzaba á ver ·ran france e que ·e ha ían ac rcad , gracias á la bruma, in ha r ido de cubieno . Bajo la falsa impr ión de la situa ión táctica del mome nt) lanzó J r · to su columna contra la trinch ra. del vall ; é ta ran f rmidabl . , y ·1 ataque frcrotá, lu::. do país e confiaron al Presidente las funcio­nes d árbitro en el litigio que xistfa ntre llo sobr delimita­ción de ·u respecti ,-o territorio . " Con tal moti ,-o se con tituyó en el l\1inisterio de Relaciones Ext riores una comi ·ión para que e tudiara la cuestión sometida al arbitraj - d 1 Presidente e la República, la cual e compuso de Mr. Rou tan (eml ajad r), Pre idente, Delavand y ouques-Du­parc (. ~c r ·lario d e embajada) y Gabriel Marcel (bibliotecario en la Bil>liot ·ca nacional) y De la Chap 11 (Secr tario de mbajada.), SecrcLario de la omi.:>ión. En vi ta del informe d ' sa omi ión di tó . u fallo 1 Pr idente de la República. " El prin ipio conform al cual debía fijars l límit entre las do R epúbli ca · par cía ci rto en d r echo. uando lo virr inatos español " s criu-i ron n r ptiblica · indepe ndient ~s d spué de las u-uerra~ k lo prime ro · añ d 1 ·iglo xrx, a rdó ue cada una de e lla on rvaría l te rritorio u con tituía 1 d e la colo­nia el la cual pro Y nía · pero n la práctica la · dificultade · no p')­dían · · · ar por u lo límit · d lo virreinat · e pañol nunca fu ·ron fijado le un modo pre i · y d ti ni ti, . . '' 'omu con · ·cu n ia l 1 principi del ull' possúlt!lis de jure, el límite que 1 odfa prel ' nder ostarrica no podía s 'r tro sino el que hJs Reye de 1 spaña hubi eran á ignado á la antigua Provincia de Costarrica, dep ndi nte de la Capitanía general de uatemala; y por e l otr lado, la República de Colombia no podía a pirar á otras frontera que á la d 1 antiguo virreinaro de Santafé, des­pué. u , -a · ranada. '' S e trataba pUt-~-, d e al> r cuál s e ran Jo límit s de Guate­mala y Nue,·a Granada, en el mom~-· ntu d e la mancipación de las colonias .spañola ·, y el punto no podía resol verse sino m e diante investigacion · - históricas n las uales la comí ión fue guiada, en to uc· oncierne á ostarrica, por los important<.: trabajos de D. Manuel Peralta, Enviado xtraordinario y Ministro plenipoten­ciario de sa R pública en París, y por lo que hace á Colombia por di ver ·a rn 'moría , n e pecial las de D. Francisco Sil vela, abogado de la Legación de dicha República en España, y de M. R. Poincaré, abogado en la Corte de apelacione~ de Parí . " El. fallo del litigio iba á reso1ver un asunto valiosísimo, pues­to que los territorios disputados comprendían: en el mar de las An­tilla la magnífica bahía del Almirante donada por el Rey de E - Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. <}2 paña á los descendientes de Cri~tóbal Colón, y en el Océano Pací­fico la rada de David y el Golfo Dulce, bahías que, lo mismo que la del Almirante, gur&tlent ba.br.á.n· de ser estaciones marítima importantísimas, sobre todo cuando e haya concluído el canal de Panamá. Porta~ -ra1.ón, el- ten·itorio qu comprende es~s bahías y las islas que lo a vecin·an, fue 1¿¡- por ión m á: disputada por lo inte­resados. H Co ·tarrica a:firmába qúe SÚ r16l1tera con Colorn bia en 1821' -idéntica á la del utiposszaetz's d e r8ro era una lín a que, fa-rti ' ndo del E elido de Veraguas (i ·la), ~e cxt ndia hacia el ur en bu a de la boca del río Chiriqu"í, n la co ta d 1 Atlántico, qu _ n: mon­taba hasta u m·igen n 1 C e rro Santiago, d dond ' ,-ohia al Oeste por la cumbre de la Cordillera divi ·oria d ag-ua entr lb . dos océano , hasta en ontrar la rama ori ntal y mayor del rfo Chi­riquí Viejo, por el cual bajaba ha ta su boca en el Padfi o e rca de la boca del río Piedra, al Est el la. fJ nín ula y Punta de Bu­rica. Por - u parte Colombia tenía u J la línea fronte riza el bía fijarse así: á partir d la d e mbocadura del río Golfito, en 1 Pa­cífico, seguir al Norte por un m ridian qu atraviesa 1 río oto, tributario de aquel mar, y cortando lo ríos Lari y Un n, tributa­rios d 1 ixola, que d ' sagua n el Atlántico, bu car dicho río (el Sixola) n un }JUnto situado hacia los 9° 33' d latitud ·orte. D 1 punto d int r ección de di ho m ridian on el ix 1 (punto cuyas coonl nada on próximarn nt 9° 33' d latitud Nvrt y 85° 31' 30 ' de longitud O. d l m ridiano de Parí ), una lín a r ·cta á la bo a del río Sarapiqui .n 1 'an Juan ó D ao-uad .ro ( 10° 43' N. y 85° 16 longitud .). Conocí a las preten i nc d ' las do parte hé a uí l lexto d 1 la u lo art itral d< • 1". L uh t, d e n e d la R púl li a : ' La frontera ntre las Rcpúuli a - <.1 rri-ca quedará fonnada por e l contrafucrt d la Cordill ra qu ' párte del Cabo Mona, e n 1 céano Atlántic , y ierra por l orte el valle d 1 río Tarir ó do . Í. ' ola; en seguida por la cumbr qu divide agua ntre 1 Atlánttco y 1 Pacífico hasta lo 9° de lati­tud (Norte) próximam nte; n fin, eguirá lué ·o por la lín ea divi-oria de aguas entt· J Chiriquí Viejo (río) 1 s aftu nt s del Golfo Dulce, hasta terminar n la Punta Burica obre el e ano Pacífico. 'Las islas, grupos de islas, i!:.lote - y ban co. , ituado­Océano Atlántico, á proximidad d . la co ta y al E!>tc y al ure t d.._ la Punta Mona, tale ti _. rra , cualquiera qu " , a _u núm ro y su extensión, harán parte d 1 territori de olombia. La que · existan al Oe · t y al Noroest d la Punta m ncionada perten e - rán á la República de Cosfarri a. 'Las islas d~st~ntes <¡!el litoral y comprendida - entre la ·o ta de Mosquitos y el Istmo de Panamá, que se llaman M:angle Chico, _ Uangle Grande, ayo· de ·Aibug,uerq:1,1e, . árr Añdrés, ..... anta Ca­talina, Pr Yidt·ncia ~- E . rud d Véragua lo mi·5mo flU 1as t,tras Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo/ctitt · Jvlifitar 93, . islas, ~slott;s y banco · d ¡pendientes de ,la ant~g-u~ _ prpvincia de Carté\gena, bajo la d nommación de Cantón de San And(és, es efl tendido que ·SU .territorio, tn x,ceptuar ninguno, pertenece á Colombia. '.Del lado del Océano Pacífico, Colombia poseerá tam_bién, á partir d e las isl;t,s .de Buric<\, é inclu~ive ~sta toda las islas . itua­das al E t e de la Punta d e aquel nombre, en tanto qlle las ubica­da al Oe te d la mi m a p rt necerán á Costarrica.' "Fácil e comprend r que el territorio que no se otorga á Colombia .qui vale, ó ¡ ~oco m e n , en importancia, al que ti ne qu r ~ nun c 1a r os arnca. i Colombia no e queda on toda la parte del Mar d las • ntilla que reclamaba, á lo m~no cons rva n sa o ta la ma•rnífi a había del Almirante co.1 . us i la , y todas las rada ct 1 Golf de Chiriquí en el Pacífico. Co tarrica re­c ib al ur tod ~~ olfo ulcP de que Colombia r clamaba la parte ri ntal. Gustavo R~gelsperger. ' La anr riQre · lín ea~ la hemos traducido del númen de No­iembrc: últim le la autorizada Rezrz'sla de Geograt"ia, que !l e a 24 , ñ : de e. i t<.:ncia ' a aba de ganar medalla de oro en la reci nte expo ición de París. ·¡ no~ atuviéram · á h letra de 1 escrit p r 1 cronista fran­cé , t ndríam ue l fallo del Pr . idente Loubet era una especie de partici6n quitatJYa del territorio di ·putada; pero la vi ta del adjunto ·r qui indicará d -· ·o ra al lector que t no es a í. En efecto, 1 Lau 1 no ra ni p día r cue ti6n:de uidad :tenía que res lv ·r una cut tión conf rrn á d r ho y nada más. A e to se limit' : lo el r eh d · 1 m ia ran incontrovertible y fueron r e no j<] · la · pr ·t ·n i1Jn de Co tarrica exótica é infundadas, a í lo el laró imp\ícitam ·nt · la entencia de ue tratamos. En f t l 1 lad ch·l Pa ífico reclamábamos como límite la ordilJe¡·a de Las ruc " ' el río Golfito, que nace en ella para es mbocar n 1 olfo J ulc y no marca como frontera toda la cordillera mencionada que corre de N. á . y termina en la un­ta Burica : en a ariencia perdemos cinco leguas cuadradas d te­rr n ; pet-o ~ " · be h · rvar ue había mucha personas compe­tente que entendían qu nu tros derechos no pa aban de la citada Punta Burica. En todo ca.~o la ... xio-ua pérdida queda compen ada de bra on lo pr ti. o clt: la frontera, perf ctamente natural y zJtsiblt' y 1u por lo mi mo n ' d manda comí ión que la demarque n 1 terreno, ó s .a ahorra n poc s ga to á nue tro xhau to T oro. E~Loét ·ce ión miele 22 1
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 3

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 5

Por: | Fecha: 02/02/1901

~~~ ~ EOGO'fA, FEBRERO 2 DE 1901 SERIE TI-TOMO l-N. 0 6.• BOL~TIN ~11llTAR DE COLO~iBlA Organo del Ministerio de j Guerra y del Ejército &n colaboradorPs de stc periódico los ? Jefes y Oficinles del Ejército ? Director ad honorem F. J. VERGARA Y V. Gencrnl de Ingenieros, Miembro de v11rin~ ociedadea Cit>ntífi<·a DECR/iJI!l'O ]1./t-MERO ... DE I9oo (29 DE OCTUBRE) • "' • sobre uno · reconocimiento El Vú:epreslfimlt' de la Rep/tbb'ca, encargado del Poder .Ejeculi'vo. CONSIDER.\. 'DO Que no hay disposiciones que reglamenten las r compcn as y gratificaciones á los Jefes y Oficiales heridos y enfermos en cam­aña, mientra dur turbado el orden público, DECRETA Art. I.0 Los jefes y Oficiales del Ejército heridos n campo e batalla 6 enfermos por motivos del servicio en campaña, ten­rán derecho á gozar de su sueldos mientras dure la herida 6 la enfermedad. Art. 2. 0 Los jefes, Oficiales é individuos de tropa que por mo- 1vo de heridas recibidas en combate 6 por causa del servicio mili­tar hayan quedado inválidos, seguirán gozando de sus sueldos 6 -raciones mientras se reúne el próximo Congre o. Art. 3. 0 Los Jefes, Oficiales é individuos de tropa herido , ~enfermos é inválidos de que se habla en los artículos anteriores, comprobarán su invalidez, herida 6 enfermedad, con certificaciones de médicos competentes y de los jefes respectivos, 6 con declara­ÓGnes i'-~t"adas de nudo hecho, tomadas ante Ju z competente. El TOMO 1-9 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Militar Ministerio de Guerra podrá exigir esta comprobación cada vez que lo juzgue conveniente. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 29 de Octubre de IgüO. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GUILLERMO QuiNTERO C.-El Ministro de Relaciones Exteriores, CARLOS MARTÍNEZ SILVA-El Ministro de Hacienda, PEDRO ANTONIO MoLINA-El Ministro de Guerra, Josx DoMINGo ÜSPINA C.-El Ministro del Tesoro, ENRIQUE RxsTREPO GARCIA-El Ministro de Instrucción Pública, MIGUEL ABADIA MENDEZ. , DECRETO NUMERO ... D.E I90I (19 DE ENERO) por el cual se reforma el de 23 de Noviembre de 1900 El Vü:eprest'tienle de la Repúblz'ca, encargado del Poder EjecuHvo, DECRETA Art. 1.0 Apruébanse las siguientes promociones y ascensos. hechos por órdenes generales d e l Ejército del Norte en el Batallón I.0 de ArH!lería: El ascenso á Subteniente conferido al argento primero Luis Ortega, con destino á la 1.~ Batería; La promoción del Teni nt Donato Cubillo , <.le ubt ni (! ntc de la 1.~ Batería al de Teniente de la 5."; La promoción d 1 Capitán antia ··o Profice, de Teni ntc de la 2: Batería al de Comandante de la 3."; La promoción del Teni ntc GuilJe¡-mo ila, de u tenientl! de la 2." Batería al de Teniente d la 3.a; El a e nso de argento Mayor onferido al apitán Julüin Cárdenas, Comandante de la 2: Batería ; El ascenso á ubt niente conferido al argento primer ní-bal Chaparro, destinándolo á la 2.11 Batería; y El aseen o á ubteniente conferido al argento primero . i ­rnón López, con destino á la 3." Batería. Art. 2.0 La antigüedad de los ascensos y promociones hechos por las órdenes generales del Ejército del Nort , en cuanto se re­fieran al Batallón I. 0 de Artz'/lería, e contará desde las fechas de ellos. Art. 3. 0 Hácense las siguientes promociones, y confiérense los ascensos que á continuación se expresan: La del Sargento Mayor Siervo Reyes, dtl pue to de Coman­dante de la 5.• Batería al de Comandante de la I.~; y la del Ca­pitán Lázaro Reyes, del puesto de Teniente de la 4·& Batería al de Comandante de la s:, en virtud de la vacante que deja el Ma­yor Reyes. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Militar IJI Art. 4.0 Asciéndese á Subteniente al Sargento primero Juan Baquero, y destínasele á la 3 ... Batería; á Teniente, al Subteniente José María Córdoba, y destínasele á la 4 ... Batería; y á Subte­niente al Sargento primero Antonio Luque, á quien se le destina á la misma Batería. En consecuencia, el Escalafón del Batallón I.0 de ArHllería será el siguiente : Plana Mayor-General primer Jefe, Juan Francisco Urdaneta; Coronel segundo Jefe, Guillermo Herrera; Teniente Coronel Ayu­dante Mayor, Isidoro Vargas; Capitán segundo Ayudante, Pedro Soriano; Subteniente abanderado, José María Wiesner. Prz'mera Batería-Sargento Mayor, Siervo Reyes; Teniente, Roberto Moreno; Subteniente, Manuel Díaz; Subteniente, Luis Ortega. Segunda Batería-Sargento Mayor, Julián V. Cárdenas: Te­niente, Anastasia Rodríguez; Subteniente Felipe Rincón; Subte­niente, Aníbal Chaparro. Tercera Balería-Capitán, Santiago Profice; Teniente, Gui­Hermo Mila; Subteniente, Simón López; Subteniente, Juan Ba­quero. Cuarta Batería-Capitán, Urbano Barrera; Teniente, José María Córdoba; Subteniente, Juan Hernández; Subteniente, An­tonio Luque. ()zúnta Batería-Capitán, Lázaro Reye ; T niente, Donato Cubillo ; ubtenicnte, Juan B. Camargo; ubteniente, Joaquín Alf1.ro. omuníquese y publíqucse. Dado en Bogotá, á 1 de Enero d 1901. ] E M UEL MARROQUI , El l\Iini ·tro ele u rra, Jo 1~ Dmn. 'GO PI 'A C. DECRETO ivÚMERO Io4 DE I90I (25 DE E~ERO) que concede una pensión de los fondos del Montepío Militar El Vi.c cpresülcntt• dt! la R,,p/tbllca, encargado del Poder Ejccutz'vo, CO. 'STDERA.:DO Que el r. Jo é María Pardo R., padre legítimo del Capitán José María Pardo Q., ha ocurrido al Poder Ejecutivo por conduc­to de la Junta del Montepío Militar, en solicitud del socorro á que les da derecho la Ley 153 de 1896, artículo 7. 0 , á las viudas, hijos y padres de los militares que fallecieren en servicio activo y que hubieren contribuído por lo menos dos años para el Montepío : Que el Capitán José 1\Iaría Pardo Q. falleció en los Llanv!:> cuando desempeñaba las funciones de comandante de una de ]a compañías del Batallón 2. 0 de Granaderos; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. IJ2 B oletf1z Mzlz'tar Qut: al c. ·pre aJo militar se le de contaron por más de dos años las cuotas corre pendientes para el Montepío, egún Jo certi­fica el Sr. Te orero de la institución ; Que el mencionado Sr. José María Pardo R. ha acompañado á su petición lo comprobantes exigidos por el artículo 22 de la precitada Ley I 53 de r8g6 ; y Que ·la Junta Directiva del Montepío Militar apoya la solicitud del referido r. Pardo R., DECRETA Artículo único. Concédese al Sr. José María Pardo R, padre del Capitán José María Pardo Q., una pensión de cuarenta pesos (. 40) mensuales, pagaderos de los fondos del Montepío Militar, de conformidad con lo determinado en el artículo 7. 0 de la Ley 153 de 5 de Diciembre de r8g6. Comuníquese y publfquese. Dado en Bogotá, á 2 5 de Enero de I 90 I. JOSE MANUEL MARROQUIN El Mini tro de Guerra, JosÉ DoMINGO OsPJN <\ C. ,J/.ARCI/AS :V CAJlfPAJfENTOS c.,ntinúa 3· Retaguardia Relaguanha de una columna en marcha es YOZ que expresa idea opuesta á vanguardz'a; pero análogamente significa el destaca­mento ó trozo, casi independiente, que marcha detrás del grueso. Es evidente que en marcha ofensiva ó de avance, por país que no sea hostil, la retaguardia será muy pequeña: basta poca fuer­za de caballería ó guardia civil, para mantener el orden en la cola de los bagajes y recoger rezagados. Fijaremos, por lo tanto, la atención en el caso en que la retaguardia despliegue su acción na­tural con mayor eficacia, esto es, cuando, vuelto el frente á donde se tenía la espalda, por causa de un combate desgraciado ó de una combinación, hay que detener al enemigo que persigue, 6 como técnicamente se dice, cubrir la relz'rada. Las operaciones en la gue­rra son siempre azarosas, y como queda dicho, en pocas horas la vanguardz'a y retaguardia pueden cambiar de objeto, de oficio y de nombre. Siendo, pues, el papel principal de una retaguardia cubrz'?· la relirada, vale más, en vez de minuciosos y repetidos pormenores de marcha, entrar en reflexiones generales sobre esta maniobra fatigo~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletin Milita1' sa, ingrata, peligrosa, difícil, sembrada de escollos y de contradic­ciones, pero que en cambio es mirada-y con razón-por el buen militar como la piedra de toque de todas las virtudes de una tropa que se precie de ser tan diestra en táctica como vigorosa de espí­ritu y de cuerpo. Efectivamente, en las retiradas, sobre la cuestión lécm'ca des­cuella otra más elevada, la cue tión moral. Sin el sentimiento del honor, in la más severa disúpl/na, sin el amor á la bandera, in la confia¡¡;;a en los jefe ~ , inútil e ca i fiar á la lácl/ca sola el réstable­cimiento de una empre a desgraciada: la rell'rada podrá conver­tirse f'n catástrofe. Per con jefes hc.íbile , con tropas cons¡"slenles y no de morali­z; adas, que conscn n en tranc . tan funesto su varonil entereza, mucho puede el arte, y recurs'>S tienen la maniobras para contra­balancear á un enemigo victorioso, á qui "n quizá su mismo engrei­miento hará menos cauto. Un e critor f¡·a ncé dice con su elegancia habitual : "D todas las op-:. raciones militares, la retirada son aquella en que el arte y la ciencia se desarrollan con mi e plendor bajo ~¡ imperio de la n e ·sidad. En otra clas de e.·peJiciones, las combinaciones p líticas, la sed de botín, el entusia ·m o del é. ·ito, pueden r mpla­zar mumcntáneamente al cálculo y al art ; pero en 1.ma retirada na la pu d, suplir á esta~ du. (rrantles condiciones de la existencia eh lo~ •jércitos. ·· Tola rcHra'la supo le de gracia en 1 combat ' por inferiori­da ·l num ~rica, cksaciertos lÍ otras ca u ·a. , y d" consiguiente "eva­cuación ' f >rzosa y alg-ún tanto de ordenada del rampo dt• bala{la. Al dispon r la retirada, 1 General ó jefe que la orden in­dica la clin.cción 1 camino principal y •1 punto de reunión, algo 1 ·jan , de las difer nt . trop ó cuerpo maltratados. Los trenes, 1 ba ·aj,!, lo· herido., la artillería gruesa, todo lo qu<' cmbaraza y que tan ~xpr. ivamentc llamaron lo romano imptdlinmta, toma, con el orden y la rapidez po ·iblc , el camino central ó principal para ~anar delantera y poner pronto un grande espacio entr el en ~mig-o victorioso. Tropa qu hayan con crvado alguna solidez eccione · de ingenieros, •scoltan e ta columna ó mejor, cst con­VJ_.' embarazo. o; reparan ó rompen puentes; cortan ó habilitan caminos, bus an, ocupan, atrincheran pos/dones de re piro y des-an '> ,y puntos en .~·~n ~ral favorables para nhaccrse. Jefe , ofi­ciales, 'vl dados de eso· de val Jl' incontrastable, cuyo espíritu nun­ca se amilana, deti ··nen fugitivos, retinen dispersos, constituyen ntÍ< 1 o:- de -esistencia, ¡·eaniman, alientan y consigu n restablecer el r>rJ n y la formación desbaratada. De un cao aparente nace un cuerpo 6 montón que toma el nombre expresivo entonces, de rc/rzguard,á. El General echa la vista sobre un Jife ya probado com -.uperior á lo ucc o .. e mo soldado de punta, como hábil ma :1iv1Jr ro; y micntra ~1 Í el t:nemigo viene presuntuoso; ó de cederle, para que se cebe, alguna parte del bagaje; ó de tirar, fingiendo pánico, mochila y fusiles; pero dejados bajo la guarda , conci o , in detalle inútiles ni forma­li smo. Indican :irnplemei.t el fin hu cado, con alguno· principio, positivos, d 'ducidos ele experiencia de las últimás guerras. D jan á la init ·iativa de lo · jefe · de toda graduación, aun de la méis in­ferior, la ·lección del procedimiento que d('b . n emplC'ar para lle­gar al re ultado que se el ·s a. E ·tán t•scritt) ünicamentc en vista de la preparación para la guerra; admit n que en¿_ ta sólo pu ·el n lorrrar é,·ito lo · mf di sencillos, : qu la in trucción de una tropa puede s "r con~iderada como r a ional i e rnprcnck todo lo que ·. ·i~·e la ~-u rra y nada más. Seda in1ítil bu car ·n <'lios un ord ·n normal de marcha, una forma ció n n n·mal el e com.>atc. n.:en en Alemania que tale . fór­mulas n son s·no trabas ptF·stas al comando, y se con id ~raría corno imrrud ncia suprema el atentar á la. iniciatÍ\'a d é ·t '. Como con ccu •nr,ia , tunpoco se admi e que el ce mando upcri01· pueda rcstring·it· la lt u,.; subordinados. La pn:c,;c:ripción -iguit·ntt•, que ~ ncabeza el Reglam nto d in­fantería de 1888, es cara terí tica : " ...... Al mismo tiempo que con erva la antiguas tradicione de disciplina y orden en la in trucción, exprc a un conc pto má amplio de las neccsi ade el ·1 combat . Mucha formacion s se han podido simplificar; e ·ta ventaja no deLe comprometerse. Es pr hibid ), puc. , haccrk ningún agr gad , sea escrito ó verbal, so prete.·to de obtPn r mayor uniformidad xt rna, ó por cualquier otro motivo. Al contrario, la libertad dejada intencionalmente en la marcha y aplicación de la in trucción, no rlebe jamás ser res­tringida." Lo ~s también el encabezamiento del Reglam nto de servicio en campaña: " ...... Esta ordenanza d ja intencionalmente, para la ejecución práctica del servicio en campaña, cierta libertad de ac­ción que desarrollará la iniciativa en los jefe de todo grado. E ta es absolutamente necesaria, y no debe ser limitada en ningún caso con prescripciones complementaria más preci a ." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Jlfilitar Esta amplitud de concepto de las prescripciones reglamenta­rias les permite amoldarse á situaciones bastante diferentes unas de otras, de tal suerte que el Reglamento de r888 pudo continuar en vigencia después de la adopción del fusil de pequeño calibre y de la pólvora sin humo.. TENDENCIAS GENERALES HACIA LA OFENSIVA-NO está de más recor­dar que el espírifu de la ofensiva inspira hoy, más aún que en 1870, á los jefes del ejército alemán; lo prueban los reglamentos de ma­niobras, los artículos de la prensa militar, los partes é informes so­bre la grandes maniobras. En Alemania puede haber divergencias de opinión sobre la forma que deba darse á la ofensiva; pero ésta goza más que nunca del favor general, ya se trate de la ofensiva estratégica, ó de la táctica, consecuencia ésta de aqué1la. Se tiene la convicción de que, como dice Von der Goltz, "la defensiva estratégica ó táctica no conduce, aun en los casos más favorables, sino á una completa in­decisión." Ejemplo: los boers. En cuanto á la forma de esta ofensiva, resulta de la aplicación de la conocida máxima tomada de Napoleón por el General Mol­tke : Separarse para marchar, reunz'rse para camball'r. Veremos cuáles son las consecuencias de este principio desde el punto de vista de la multiplicación de las columnas y de la concentración de su ac­ción cGntra un oldctzvo~único, de antemano determinado. Estas ideas privan tanto en Alemania, que puede sentarse como regla general que toda fracción aislada, por pequeña que sea, se forma por lo menos en dos columnas, una principal y otra que sirve de guarda­flancos. Los temas graduados del Mayor Griepenkerl contienen muchos ejemplos de esta tendencia, que no es nueva, ya que de ella nos ofrece numerosos ejemplos la guerra de 1870. Existiendo este píritu ofcn ivo en el jército alemán, no es sorprendente que su Reglamento de infantería afirme ·nérgicamen­te las ventajas de la ofensiva táctica: "En todo los t:jercicio , as{ como en la marcha g·eneral ue la instrucción, e conservará y des­arrollará la afición natural de la infantería á la ofen iva." Como los factores principales de la of nsiva son la rapidez del movimiento y la sorpresa, es necesario que lv!> varios dementes de la formación de combate estén colocados e n las condiciones que más convengan á su realización. Tenemos en esto la explicación de la an­tipatía de los alemanes contra las largas columnas, de reunión y -despliegue tan lentos, y por con iguiente impropia para realizar ~orpresas, y la de sus pr ferencias p r las columnas cortas y nu­merosas y por la marcha con anchos frentes, en formación de reunión, hasta lejos d J enemigo. "Inmediatamente después de la batalla propiamente dicha. -dice un escritor militar, lo que constituye la más alta expresión de la preparación para el combate, es la marcha hacia el enemigo, en formación de reunión. Las tropas están en la mano de sus jefes; es fácil hacerse comprender de los subordinados ; la dirección de la marcha puede ser fácilmente modificada. En lo sucesivo, con los enormes ejércitos modernos, estos movimientos en masa serán más y más indispensables." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo!etfn ./l..J,·fitu r I39 VANGUARlJIAs--La cuestión de las vanguardias ha sido ardoro­samente discutida en Alemania en estos últimos tiempos. Es sabido que en r870 el espii-itu ofensivo de los comandantes de Yanguardia obligó á menudv al comando á combatir, aun contra sus voluntad. Los resultado fueron ventajosos, pero merced á circunstancias que ¡.>odrían no reprvducirse en adelante. Es sin duda á esta ültima previsión á lo que debe atribuirse el concepto actual del papel de las vanguardias. El Reglamento de infantería previene que el comba­te de éstas sea conducido con mucha prudencia, á fin de dejar al comando libertad en sus resoluciones ulteriores. Según dicho Reglamento, en el combate de encuentro inopi­nado, la vanguardia tiene por misión asegurar á las tropas que la siguen el tiempo necesario para desplegarse. Se permite mucha inicia ti va al jefe de aquélla, con la limitación de operar de manera de no comprometer el despliegue del grueso. Así pues, el problema es complejo ; la Yanguardia debe des­plegarse ante que lo haga el enemigo, pero sin comprometerse á tal punto que obligue al grueso á apoyarla. Contra un adven;ario ya establecido, la vanguardia está obli­gada á obrar con la mayor prudencia; aumenta la extensión de su frente con el despliegue sucesivo de su unidades, y espera que el jefe haya dado á e noc r su intenciones para atacar. Para formu­larlas con tiempo, e indispensable que esté en el terreno; marcha­rá, pue , con su vanguardia. La doctrina que inspiran estas prescripciones, difiere algo de las tradiciones del 70. No e trata ya, para los comandantes de vanguardia, de una ofensiva á todo trance, sino de una ofensiva ra­cional, que tome en cuenta las circunstancias y, sobre todo, lavo­luntad del jefe. En consecuencia, se nota la tendencia á reducir la importancia de las vanguardias. Se admite que contra un adver­sario ya en posición, bastan pequeñas vanguardias, sin artillería, retrocediendo ésta hacia la cabeza del grueso. Son aconsejada5 hasta lejos del enemigo, en país abierto, marchando con frente5 crecidos ó en formación de reunión. Agregaremos que el Reglamento alemán de servicio en cam­paña dice solamente : "La fuerza y composición de la vanguardia se determinarán en razón de la naturaleza del terreno y del efec­tivo de la columna entera, ó bien, tratándose de grandes unidades, del elemento que encabeza la columna. La vanguardia compren­derá generalmente de un tercio á un sexto de la infantería, más 6 menos, de un destacamento suficiente de caballería, y se le adscri-birá artillería é ingenieros, según las necesidades ...... " La formación de vanguardias débilt=>s, de simple seguridad, encuentra adversarios en Alemania. Hácese notar que si la liber­tad de maniobrar, la iniciativa dejada á las vanguardias alemanas en 1870, su fuerte constitución, sobre todo en artillería, presenta­ron á menudo inconvenientes, no es menos cierto que frecuente­mente estas mismas vanguardias, lanzadas contra un enemigo en posición, producían en él una sorpresa tal, que lo paralizaba duran­te el resto dd combate. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Militar SuPERIORIDAD DEL FUEGo-Los alemanes dividen el combate ofensivo en combate de preparacz/m, ejecutado en todo el frente, y ataque decis1vo, que se hace por lo general contra uno de los flan­cos del enemigo, con tropas frescas. Este ataque decisivo, este aconteám/e¡zfo, ¡;ara hablar como Napoleón, no puede producit·se sino cuando :e hn obligado al ad­versario á dejar ver sus fuerza , cuando e 1 ha gastado moral y físicamente, cuando, en fin, ha empeñado ya us reservas. Es este el objeto dd combate de preparaci )n, ¡u e e prolonga horas y horas en todo el frente, con alternativas de of"'nsiva y ddcnsiva. Terminada esta preparación, llega el momento d e l choque violento, del martillazo asestado por tropas frescas, bru ca­mente y con vigor, con rabia como diría Dragomirmv. Es el ataque decisi,·o. Para que tenga buenos resultados es indispen able que el que ataca haya adquirido la super/on"dad dt! .fuego, tanto en ;lrtille­ría como en infant da. La superioridad de fuego de la artilleda se sabe l o que es se a \'C ·i;:·ua fácilment . P ro, ¿ cuánd ad·luien" una tropa de in­fantería superioridad de fu ego sobre otra ? • c.:g-ún el Coronel ale­mán Keim, cuando haya infligido al enemigo pC:rdidas tan g-n1nde , que su valor moral rc!:.ulte aniquilado. Un autor francés nos da una definición más larg-a pero meno_ vag-a que la anterior: "Una tropa ha ad ¡uirido la superiurida del fue:-.·._; cuando el haz de bala que lnnza t: bastante den. > para obligar al ad ·ersa­rio á ocultar e, á cntt.rra¡·se, y á no haCL'r de sus armas sino un uso inseguro é intermitc nk. '' El R n·lam nto alem<Ín de infankría se xpresa así sob1·e la imp rtancia del fueg-o: ''El combate d" infantería se d ·cicle gt net·alm nt .... por '1 fue­go, que alcanza su mayor intensidad l. n el orden di. pers . El fuego n formación e rrada . sólo una ·.·ccpción. "Una tropa de alg-una impl)rtancia n orlen c~n·aclo, en la zona del fuego f1caz del .ncmig-o, puede c.·pcrimentar en un mo­ment pérdidas enorme . Es nece.ari >, p >r con:ig·uicnte, r ·ducir al mínimum poo;,ibl el intenalo cntn· su · parición y su ataque; el combs el que má~ e emplea "'n el combate. En ('Sta formaci,)n se le inicia, ' f mcnurl 1 • 1 termina. '' La (ormaá(m t'Jl mjambres de 1/radorrs ·s, por cDnsio-uientt , la formación principal del ·coml are de infantería. "hl fuego en orden di. per. o es el principal me li\.) de acción de la infantería en el combate. "La infantería con su fuego pucd:~ rccha7.ar al acher ario, preparar su ataqu propi y ha t· pruducir un de t:!nlace inmPdia­to. En la mayor ¡Hrte ele lv=- caso·, la concentración del fu<'g-o vio­lento, á corta distancia y contra objdtúus importantes, pn)c1ucirá un resultado tal, que en el a alto final sólo se abordará una po~ición débilm ente disputada ó tal v""'z abandonada ya por el enemigo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín ll1ilz'tar "En el combate de infantería contra infantería, el éxito de­pende, independientemente de los íactores morales, de la destreza del tirador, de la disciplina del fuego y de la dirección de éste por los oficiales. COMBATE OFENSIVO. REC01 OCDIIEKTO PRELIMINAR-ASÍ se expresa el Reglamento alemán: "Todo combate empieza por un desplie­gue de tiradores. "Importa, ante todo, establecer el contacto con el enemigo, pero conservando libertad de acción. En consecuencia, el primer despliegue de tiradores debe ser medzdo y ejecutado sin precipi­tación. "Para evitar toda sorpresa es prudente desplegar, en la di­rección peligrosa, una línea d6l:>il de tiradores." Evidentemente, esta línea débil de tiradores es análoga á los e~'t-ploradores franceses ó rusos, aunque los alemanes digan que no quieren emplear exploradores. E cuestión de palabras. En realidad, no hacen objeción alguna al empleo de exploradores en la marcha de aproximación al enemigo, pero no son partida­rios de dedicar á este ofici0 hombres elegidos y con prepa­ración e pecial. Creen que este procedimiento conduce á sacar de las unidades la mejor tropa. Siendo los exploradores lo mejor de las compañías, lo que queda de é.:;ta · es, según Jos alemanes, una in­fantería de egunda clase, que exige mucho~ cuidados. "No necesitamos e pecialista , repite un escritor alemán, y debemos evitar el tener una infantería de segunda clase. Cada pelotón debe conservar us bu nos soldado., llamado á tomar la dirección del fuego cuand· las balas hayan. cgado á su jefes." Así pues, el primer acto del combate de infantería consiste en de ·plegar una débil línea de tiradores, cortina que, además, está más ó menos cubierta por la caballería divisionaria, y á cuyo am­paro el jefe reconoce personalmente la posición enemiga, ayudado por oficiales que observarán aisladamente, con buenos anteojos, detrás de e-sa cortina ó sobre los flancos de la vanguardia. La falta del humo y el hábito adquirido en los buenos ejército de utilizar el terreno, hacen este reconocimiento prelimi­nar tan delicado y difícil como indispensable. Su ejecución demo­rará forzosamente el principio del combate verdadero, y los ale­manes tratan de remediar este inconveniente de todas maneras, como por ejemplo con el empleo del telégrafo, que pone en comu­nicación, durante el combate, cada división con el jefe del cuerpo del ejército, 6 por medio de la creación de destacamentos de esta­fetas, de los cuales cada uno, una vez instruído, estará adscripto á un cuerpo de ejército. Su misión especial será la de la comunica­ción de partes y órdenes durante la acción, CoMBATE DE LA VANGUARDIA-Una vez efectuado el reconoci­miento preliminar, ¿cómo se verifica el combate de vanguardia? A este respecto, se expresa así el Reglamento alemán de in­fantería: Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M-ilita,. "El combate de encuentro, tan frecuente en las operaciones, se desarrolla parHendo de la columna de marcha, contra un adversa­rio que también concentra sus unidades. "En estos combates, las vanguardias deben asegurar á las columnas el tiempo y el e pacio necesarios para su despliegue. " Los jefes de unidades subordinadas obran con toda la posi­ble iniciativa, sin que su acción se oponga al progreso del des­pliegue general. Se trata, por una parte, de tomar al enemigo la delantera, de desplegarse antes de que él Jo haga; y por otra, de no prejuzgar las intenciones del comando en jefe, ni de hacer peso sobre sus designios ulteriores. "Se notará cuánto importa que el comandante en jefe esté en la vanguardia desde el principio del combate de encuentro, desde la cual podrá dar á la vez órdenes para el combate y el despliegue. "El ataque no debe ser demorado por el despliegue. "Un despliegue preparatorio como base, es pérdida de tiempo. "Si el adversario ha terminado su reunión para el combate, 6 si está ya en parte en posición, el despliegue de la vanguardia exige más precauciones. Se da mayor extensión al frente de com­bate con la entrada en línea de las unidades sucesivas, y se espera que el comandante en jefe haya dado á conocer sus intenciones, y para que pueda formularlas con oportunidad, tiene que estar pre­sente en la vanguardia. "El ataque de tln frente completamente ocupado 6 ya prepa­rado, debe, desde su principio, ejecutan,e egún el plan del co­mandante en jefe. " Cualquiera que sea el plan dt 1 ataque. no puede tener éxito si no se con igue la superioridad d l fucg-o, n prim r término la del fuego de artillería, que abre el anli.tu que d ·be recorr r el ataque dt. infantería. i e. · isten al fr nt punto · de apoyo conve­nientes, el ataque debe apoderar e de ello ; bajo su protección se harán luégo los grandes despli_gues, ..... '' Es en este mom nto cuando empieza la lucha de artilleríq., que no entra en el cuadro de e te estudio especialmente consagrado á la infantería. CoulD.\TE DE P...mPARACION. ExTENSIÓ DEL FR.El TE. EscALO .. A:\IIE ... - To-El Reglamento alemán estaLlece la necesidad de dividir las tropas de ataque en tres escalones: pr paración, j cución, reserva. Tropa aúlada.-La necesidad de librar comLat con sus pro­pios recursos, excluye la posibilidad, para una tropa aislada, de desplegar desde el principio todas sus fu rzas en una sola línea. Por lo general, será necesario proceder á una preparación, para conocer las circunstancias qu habn~.n de influír en la eje­cución. Esta sola consideración exige ya un funcionamiento en pro­fundidad con dos escalones por lo menos. El primero y más débil ejecutará la preparación. Cuando éste haya dc;spcjado bastante la situación para que se pueda pensar en la ejecución, e notará que es necesario reservar parte de las fuerzas para hacer Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n JVIZ:It.tar frente á los accidentes imprevistos y producir el desenlace final. El resultado de estas reflexiones conduce naturalmente al fl·accio­namiento en tres escalones, que puede ser llevado más lejos, si hubiere necesidad, por ejemplo, de proteger los flancos. La fuerz~ de los escalones no es uniforme. Como principio general, la tropa de preparación será lo más reducida y la tropa de reserva lo más fuerte que sea posible. En general, consagrar á la preparación menos del cuarto del efectivo, y á la reserva más del cuarto, será procedimiento ordina­rio. En ningún caso, para establecer esta proporción, se dividirán unidades tácticas. E.;te fraccionamiento no se podrá mantener durante el com­bate, pues la tropa de ejecución se untrá pronto con la de prepa­ración, y la reserva misma entrará en lfnea. De ordinario, estas entradas sucesivas en línea entrañarán la extensión del frente de combat . Esta sola razón bastaría para indicar que el frente de preparación debe ser relativamf>nte estrecho. Tropa encuadrada-Hasta aquí se ha tratado de una tropa ais­lada; si fuere encuadrada, la extensión del frente, dice el Regla­mento alemán, generalmente será determinada por el comandante en jt:fe. Esta tropa no e ti expue ta á ataque de flanco, y tam­poco pue:dc ejecuLarlo.::, alvo si e. tá en un ala. Estas indicacio­nes d-..!terminan un íraccionamiento especial: mucha gente en pri­mera línea, sin 1·eserva ó con muy poca, rr scripción muy distinta de la d 1 R eglamento francés, puesto que los aleman s admiten que ias tropa::; encargadas de la preparación pueden no tener re­scn ·a ni segunda línea. Cor.ocAcró.x nF. LAS RESI<:RVA.. Dr TA. ·crA E· 'TIU. Los I~SCALO. 'ES­" Nuestra infantería, asegura el Reglamento alemán, está en e tado de recha:t:ar con su fuego todo atar¡ue de frente. El asaltante su­frirá pérdidas tan enormes y se le quebrantará de tal modo que, una ve~ rechazado, le será difícil renovar el ataque;" afirmación ésta 1UI! hacen ca!:>i axiomática los últimos ataques de posiciones por lo5 ingl ~ses en la guerra contra los boers. "Una infantería que sabe resistir el asalto con un fuego eje­cutado con sangre fría, es invencible en su frente, con tal que sepa utilizar el terreno 6 sacar recursos de u misma situación : no necesita ser sostemda. Sólo t1enc un punto vulnerable: sus flancos si no están cubiertos por otras tropas ó por el propio terreno. HEs, pues, de la mayor importancia proteger los flanco!). El medio más eficaz de hacerlo consiste en el fraccionamiento ra­cional en profundidad." La colocación dada á las reservas tendrá, por tanto, capital importancia. Colocadas atrás del centro del frente, quedarían expuestas,. desde El período de preparación, á recibir fuegos de los dirigidos á la primera línea. Para sustraerlas á éstos, habría que establecerlas tan atrás, que su empleo oportuno quedaría comprometido por la distancia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletf1t Milita,. En consecuencia, y sal \ ' 0 circunstancias e pedales, la coloca­dón más racional de las reservas será detrás de las alas de la primera linea. Se las dispondrá tras una ú otra, según la situación y el te­rreno, eligiendo el ala con que parece más probable se ejecutará el ataque decisivo. Dz'stancia entre los escalones-Estas son determinadas sobre todo en razón de la clase del combate proyectado. Hasta la acción decisiva, las fracciones en orden cerrado de­ben er abrigadas del fuego. Si se trata de obtener una decisión, toda las distancias se acortan. Todos los jefes, hasta los de las más pequeñas unidades, rivalizan para a\anzar, á fin de cooperar á la victoria. Como la du­ración de la crisis es generalmente breve, sólo se dispone de cortos instantes para emplear útilmente las tropas disponibles. Las distancias dependen del terreno. Si éste es descubierto, aquéllas son grandes y las formaciones e, tensas ; líneas densas de tiradores y tropas en orden desplegado atrás. Cuando avanzando, no es posible desfilar ó abrigar las últimas, conviene evitar que un haz de balas ó un shrapnel pueda aL:anzar dos escalones á la vez. En este caso la distancia será mayor de 200 metros, y no se acorta ino cuando llega el momento decisivo. En terreno cubierto, se acortan las distancias ; frentes estre­chos, distancias reducidas, formaciones más cerradas, fuertes re-ervas en las alas ..... . Todas e tas indicaciones del Reglamento alemán, especial­mente las que se refieren á la marcha de las reservas, denotan el espíritu ofensivo que lo inspira. Es necesario, además, tener pre­ente que, aunque guardándose de entrar n prescripciones inúti­les y peligrosas, se revela en él la constante tendencia á reducz'r el tscalomwuállo en pro.fzmdz(lad. E como una vuelta á lo principios de la táctica lineal, en la que el pap 1 principal pertenecía al fuego; mientras que el orden profundo caracterizó la. guerra de los tiempo antiO"UO , cuando todo se decidía con 1 choque. FRI<: 'TE DE CO.l\lBATE. D1 TA .. 'CIAS EN E L COl'I[BATE DE PREPARACIÓN. - e ha dicho anteriormente cuál Jebe ser -1 efectivo relativo y a pro ·imado de la tropa encargada del combate de preparación: menos de un cuarto del efectivo total ; y de la tropa de reserva más de un cuarto; que, además, una tropa encuadrada tiene una primera línea muy fuerte sin reserva, ó una débil, según caso; prin­cipios que e tán en correlación con el a ·ioma del Reglamento ale­mán : una z1ifantería que fz'ra bien, rechaza ~i'empre un ataque de frmle, si sabe utilizar el terreno, y que conducen á e te otro, también regla­mentario: "al principio de un combate en que el jefe quiere dis­poner ulteriormente de la mayor part de u fuerza, el frente debe ser relativamente estrecho." "La primera línea de tiradores podrá tener densidades va­riables. Se limitará la extensión del frente para poder sostener en él un fuego eficaz y conservar durante el combate, y á pesar de las pérdidas, una línea densa de tiradores. Para U1la compatiía de 250 hombres el frmle 1lO pasará de IOO metros." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mz'lüar I45 Para un batallón no excederá de 400 metros. Para una briga­- da de seis batallones, será de 1,000 á 1,200 metros, que corres­ponde á cinco hombres por metro, proporción que pt~ede ser con­: siderada como un máximum en el combá.te de preparación, cuyo .objeto es mantener ó contener el enemigo, al cual la primera línea no debe acercarse sino lo indispensable á este fin. Que­rer adelantarse más, sería aumentar las pérdidas sin provecho. Quedarse muy atrás, sería impedir que el fuego fuese suficiente­mente eficaz para el combate de preparación, que durará horas, -con alternativas de a vanee y retirada. ¿Cuál es esta distancia, es decir, la poszct'ón przncipal de fuego? Depende de la eficacia del arma. Es actualmente de 450 á 700 m etros, 6, si se quiere un solo guarismo, de 500 metros. A ella hará la preparación la infantería, con la sangre fría que exi­ge el buen empleo del arma. En suma, los alemanes disminuyen el efectivo de las tropas de preparación para poder aumentar el de las tropas de ejef'ución del ataque decisivo : " Pretender, dicen, desplegar fuerzas iguales en todas partes para producir con ellas un esfuerzo igual, es la ca­racterística de una dirección poco hábil. Sólo el que s pa econo­mizar sus fuerzas y sostenerse en los puntos en que hasta un fra­caso no podría tener consecuencias decisivas; solo ése quedará ha­bilitado para obrar enérgicamente en otro punto, en el cual conseguirá superioridad definitiva." Movli\IIE. 'TO DE LA LÍNEA DE co.IBATE-Examinemos lo que pa­sará en la línea de combate, y primero los movimientos de las lí­neas de tiradores. Estos no e ejecutan ino cuando ya se está en contacto con el enemigo : deben ser, pues, de la mayor sencillez. Fuera del alcance del fuego, el principal cuidado es conservar -orden y cohesión. E11 la zona de fuego se trata de acercarse al enemigo por d canu'no 'lás corto. En los movimientos hacia adelante ó hacia atrás, es sobre todo importante con ervar la dirección indicada. Los pequeños cam­bios de dirección pueden ser ejecutados marchando mientras el fuego del enemigo no es molesto. Los movz'rmentos de flanco de algu­na únporfanda y loJ cambzos de frente son úujeculables bajo el juego. Si es necesario formar una línea de tiradores en un nuevo frente, se despliegan en orden abierto las fracciones intactas y se repliegan as partes inútiles de la primitiva línea. Los movimientos de líneas de tiradores se hacen normalmen­te al paso. Si se trata de alcanzar un punto determinado antes que lo ocupe el adversario, ó de atravesar espacios batidos por el fue­. go, se emplea el paso gimnástico. Si hay que recorrer largas distancias, puede ser útil mandar .alto después de cierto tiempo de carrera, acostándose entonces tos tiradores, que, en la zona del fuego eficaz, gastan algunos ti­! t"os para preparar la marcha ulterior. Durante esta marcha TOMO 1-10 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mt"litar (por secciones), una parte de la línea puede hacer fuego mientras la otra parte sigue. La extensión de estas secciones varía en razón de la naturaleza del suelo, de la violencia del fuego, de la composición de la tropa. Esta clase de marcha es de difí­cil ejecución y aminora la progresión del a vanee : hay dificultad real y siempre creciente en volver á poner en movimiento una lí­nea acostada, tal vez abrigada, y todo aconseja no emplear la marcha por saltos sino con precaución. Todos deben estar con­vencidos de que sólo una marcha continua, un arranque hacia adelante, combinado con una buena preparación por el fuego, es lo que asegura el éxito; de que, al contrario, todo estaciona­miento bajo aquél causa pérdidas enormes; y áe que, en fin, la retirada de una tropa en estas condiciones equivale á su aniquila­miento. El Reglamento alemán agrega que el fuego durante la mar­cha, que no permite apuntar convenientemente, es poco eficaz. Se hará uso de él sólo en casos excepcionales, como, por ejemplo, en la marcha en retirada de una línea de tiradores, para entorpecer la libre ejecución del fuego del adversario. Cumo se ve por lo que antecede, el Reglamento alemán reco­mienda la marcha continua hacia adelante. Es evidente que esta recomendación no es del todo apli­cable á las tropas de preparación, cuyo combate es el que exami­namos en este capítulo. Además, las ideas alemanas actuales di­fieren de las que inspiraron la redacción del Reglamento de 1888 . Uno de los escritores militares más apreciados, el Coronel Keim, no cree en la posibilidad de la marcha sin interrupción, ni siquiera hasta la posición principal de fuego, á 500 metros del ene­migo, y la califica de táctica de cartuchos de fogu eo. No se trata, agrega él, de portarse bien, de ser derrotado con honra, sino de derrotar al enemigo. Pues bien, una tropa expuesta á una lluvia espe a de proyectiles sufrirá pérdidas t~n considerables para lle­gar á la posición principal de combate, que no podrá adquirir en ella la superioridad del fuego, que depende, ante todo, del número de fusiles en línea, é inversamente de las pérdidas sufridas. El Coronel Keim piensa que el fuego en marcha, que admite apenas el Reglamento alemán, se impone durante la última parte del combate: H Los soldados harán fuego sin orden durante el asalto." ¿ Por qué no reglamentar este tiro, ya que no es posz"ble z1npedzi·lo? REFORZAMIENTO DE LOS TIRADORES-FORMACIONES DE SUS L{NEAS­El -Reglamento alemán prescribe no desplegar toda la compa­ñía en tiradores sino por excepción ; prescripción ésta contraria, no precisamente á la reglamentaria francesa, pero sí á los hábitos franceses. Otra prescripción notable es la de emplear la formación en línea desplegada, en dos filas, para las fracciones que siguen la línea de tiradores. El Coronel Keim y otro técnico conocido, el General Scherff, creen que la única formación admisible es la for­mación en una fila, de suerte que el ucalonamz'enlo en profundzdad st tompondría en realidad de una serie de líneas de lz"radores; tendencia Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Militar ésta que se manifiesta también en el Reglamento argentino. Pero el General Bronsart de Schellendorff sostiene, al contrario, la ne­cesidad de conservar la formación cerrada el mayor tiempo posi­ble : " Se tendrían varias líneas delgadas unas tras otras.... ¿ Qué resultados producirían semejantes formaciones, que conducen á un desmenuzamiento completo de la infantería antes de que esté en línea? " · Como se ve, algo encontradas están las opiniones. Pero pre­domina la preferencia por la formación en línea desplegada, en una ó dos filas, de )as tropas que siguen á la línea de combate. Las formaciones en columna sólo se emplean por excepción En Francia, y basada en cálculos numéricos y experimentos de impactos, existe la tendencia á plegar atrás de Jas alas las re­servas y hacerlas marchar en columna de compañía, por el flanco no doblado de las secciones. Una sección por el flanco doblado es menos vulnerable que en línea, es más manuable, más fácil de conducir y desplegar. Estas indicaciones se tendrán probablemente á la vista cuando Jlegue el momento de hacer una nueva edición de la táctica argentina vi­gente. Los fuegos-Dice el Reglamento alemán: "El fuego en or­den disperso es el principal modo de acción de la infantería ...... y es necesario que los tiradores tengan la sangre fría, la destreza y la disciplina del fuego ...... No es indispensable que todas las partes de una línea hagan la misma clase de fuego ...... Los momentos propicios á la ejecución del fuego rápido, son : 11 a) En la ofensiva, la última preparación antes del asalto. "b) En la defensiva, el asalto del enemigo, para rechazarlo. "e) Un ataque de caballería, un ataque súbito del enemigo, un combate en bosques, aldeas, etc. "d) Persecución del enemigo en retirada por medio del fuego. "Por regla general, el fuego rápido se ejecuta hasta 350 me­tror.. Excepcionalmente se emplea hasta 1 ,ooo metros para batir objetivos particularmente favorables ...... En todos los casos, el efec-to del fuego no puede ser decisivo si el enemigo no está bastante cerca para ser alcanzado con seguridad...... Una tropa sólida debe poder aguantar el fuego sin contestarlo, si el suyo no pue-de dar resultado ...... El tiro indirecto no se emplea sino en los casos en que se conozca la distancia ... Economizar las municiones, sobre todo en las grandes y medias distancias, es de imprescindible nece-sidad ...... '' Como se ve, el Reglamento alemán no habla de los fuegos de repetición, ni de los de descarga, ni de Jos fuegos á grande distan­cia. La mayor parte de los escritores alemanes consideran estos últi­mos de completa in4tilidad. Inútiles, dice Bronsart von Schellen­dorff, porque no producen resultados apreciables; peligrosos, por­que su visible inutilidad aumenta la confianza del adversario en si propio. Este General quisiera que la infantería marchase, sin dt-tc·- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. nerse ni hacer fuego, hasta 6oo metros del enemigo, sin ser siquiera protegida en su marcha por fuegos á grande distancia de otra in­fantería. Se puede admitir la exactitud de estas consideraciones. Pero, ¿qué son grandes distancias? Las de 1 ,goo no son las de 1 ,850, las de 1 ,870, ni siquiera las de 1 ,8go. Si la trayectoria no se levanta más de 1m.70 á los 1,200 metros, ¿se llamará aun gran distancia la de 1 ,200 metros ? " Si porque á 1 ,ooo metros-dice el General-salen algunos tiros de la posición enemiga, todos se acuestan, sucederá que las tropas echadas experimentarán mayores pérdidas, sólo por el shrapnel, que las que sufrirán marchando por éste y por el fuego de infantería reunidos: adelante, pues, hacia el enemigo, sin detener­se hasta 6oo metros .... " Como lo hemos visto ya, otros niegan la posibilidad de llegar de un solo tirón hasta 6oo metros. En cuanto al fuego de descarga, tan recomendado por el Re­glamento francés, hé aquí la opinión del Teniente Coronel Holback, Director de la Escuela de Tiro de Infantería: "Nuestro fuego de tiradores ha destruído la fama del fuego de de carga.... ólo con él y la elasticidad de las lfneas de fuego, venceremos todos los obstáculos del campo de batalla." Los alemanes no usan los fuegos de repetición, porque consi­deran su fusil como arma de carga rápida y no de tiro rápido. Las prescripciones del Reglamento alemán difieren poco de las del francé . El infante aislado debe estar persuadido de que aun en terre­no absolutamente descubierto, es superior al jinete aislado, á con­dición de e tar li topara tirar. No debe temer ni aun 1 combate con vario jinetes. Asirni mo, una tropa de infantería debe estar conv ncida de que no tiene por qué temer á una caballería, aun muy superior en efectivo, si conserva sangre fría y actitud resuelta. Para la defensa es bue na toda formación que permita oponer á la caballería fuegos colectivos, bien dirigidos y ejecutados con calma. Lo que más teme la caballería es un gran número de ar­mas de fuego en línea, y los único cambios de formación 6 de frente que deba ejecutar la infantería, son los que á este fin tien­dan. Una infantería que no se cree capaz de detener en línea des­plegada á la caballería que la ataca, cuando aquélla tiene us flan­cos cubiertos por los escalones posteriores, tampoco encontrará su salvación en la formación del cuadro. Es perfectamente posible á la infantería marchar en terreno descubierto, sin ocuparse de la caballería, salvo cuando ésta se ha­lla sos tenida por una artillería superior ó por infantería, ó cuan­do puede atacar á la vez en varias líneas y por diferentes lados. No es sino en circunstancias excepcionales cuando podrá ser oportuna la formación del cuadro. La precisión y la oportunidad de estas prescripciones son ta­les que es imposible agregarles algo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Milz'tar I49 UTILIZACIÓN DE LA OSCURIDAD-Los combates nocturnos son siempre peligrosos para el que Jos inicia; pero otra cosa es ulz1izar la oscurúiad para acercarse al enemigo, y el Reglamento alemán examina la cuestión : "La dificultad de recorrer espacios batidos por el fuego aconsejará á veces utilizar la oscuridad para aproximarse. En este caso, por lo general, se acercará de día, hasta el alcance del fuego, y se hará adelantar las tropas de primera línea en la noche, á fin de romper el fuego al aclarar." El mismo procedimiento se impone para el ataque de posi­ciones fortificadas. En cuanto al ataque nocturno: En los movimientos para el ataque, siendo imposibles los cambios de dirección, se tendrá pre­viamente un objetivo bien determinado. La extensión que hayan de recorrer las tropas debe ser corta. En las formaciones más sencillas, columnas de compañía ó dobles, con pocos tiradores al frente se intentará al ataque. Podrá también hacerse por las cabe­zas de columna un fuego corto, rápido y enérgico. Todo mayor fraccionamiento producirá desorden.- Concltu"rá. --------~ -------- PRINCIPIOS GE1VERALE' DE ESTRATEGIA Y DE TÁCTICA EN LAS PEQUEÑAS GUERRAS por el Mayor C. E. Callwell, del Ejército inglés TRADUCCIÓ DE ISIDORO L VERDE A tAYA-ConfimJt~ XXI. La caballería en los ataques de jlanco.-Por ventajosos que sean los ataqu s de flanco combinados con asalto sobre la po­sición enemiga, puesto que aumentan la probabilidad de obtener un triunfo decisivo, hay siempre la posibilidad de que la combina­ción fracase, á menos que todo salga á la medida del deseo. Si el terreno se pr ta, la acción de la caballería es m u y eficaz en los ataques de flanco, por la rapidez con que puede obrar contra el enemigo en derrota. El combate de Badli Ke Serai * entre los • Meerut está á algunas millas al NNE. de Delhi. El combate de Badil Ke Serai se libró el 8deJuniode 1857; hacia launa,elGeneral Barnard dio la orden de marcha. Los expl01adores comunicaron que los rebeldes habían ocupado una fuerte posición en Badli Ke 'erai, á seis milbs al Norte de Delhi, en donde grupos de ca .. as viejas y jardines rodeados de paredes constituí;1n una posición que permitía prolongar la defensa. El día comenzaba cuando Barnard llegl, al frente de esta posición. Ilasta donde él podía juzgar, los salientes esta­ban fuertemente armados de caf10nes. A fin de cerciorarse de su fuerza hizo avan­zar cuatro grandes piezas, una tropa de artillería á caballo, una media batería de artillería montada, y les dio orden de romper el fuego. Algunos disparos bas­taron á demostrar que la artillería enemiga era de un calibre más poderoso que el de las piezas inglesas. Los artilleros ingleses comenzaban á ceder, y parecía dudoso que pudiesen sostener la lucha. No quedaba sino un solo remedio á la situacif>n, que siempre ha salido bien aplicándolo contra los Asiáticos. Barnard lo puso por obra; lanzó contra las piezas de los rebeldes el 75. 0 indígena, desple­gad<' ,- ~stenid9 por el 2. 0 europeo; al mismo tiempo, la segunda brigada, con- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ISO Boletfn Militar rebeldes y la columna en marcha de Meerut sobre Delhi después de estallar la insurrección, es un magnífico ejemplo de la acción de las tropas montadas ; la caballería y la artillería á caballo fue­ron enviadas á obrar contra el flanco y la retaguardia del ene­migo, mientras que la infantería atacaba de frente; el resultado fue una completa derrota de los rebeldes. Esta insurrección pro­porciona muchos otros ejemplos de la misma naturaleza. En .t ques. Las tropas de ataque deben sondear el terreno; enton­ces el enemigo cobra aliento, y atribuye á timidez la falta de pro­secución de pués de un primer triunfo. Además, lo bosques y los zarzales impid n al adversario darse cuenta del giro del combate. Las fracciones enemigas que no están en contacto con las tropas en el punto en dond~ éstas atacan, ignoran los triunfos de sus ad­\' ersarios. La toma de algún punto particular de la posición ene­miga no tiene el mismo ef cto moral obre los defensores. XXIV. Nt!ces¡'dad de la úzú:/ativa de parle de los subordznados du­rante el ular¡ue-Acontece casi iempre que una vez que se lanzan las tr )pa al ataque, y que Jo han ejecutado á fondo, tienen los su­bordinados qur• Jecidir si la victoria ha de completarse con una segunda carga; porque á vece es una cuestión del momento, y esperando órdenes, e puede dejar escapar una buena ocasión. Es en semejantr·s circun tancia críticas cuando se exhibe el genio del comandante. Pero en e tas pequeñas guerras está tan claramente establecido el principio de que una vez que el enemigo ha sido doblecrado hay que sujetarlo á ese estado, que la responsabilidad que :Sume el jefe subordinado de proseguir su camino, no es tan grande como en una lucha contra tropas regulares. El notable in­cidente que sigue, referente á la batalla de Kandahar, merece enumerarse como ejemplo de la importancia de la iniciativa indi­vidual que no permite al enemigo recobrarse después de un pri­mer revés. • Véanse las Exp~dicio1zes hzgluas e1t Africa. p o-t o ~- ~ o ~- !') rama del teatro de operaciones en la cordillera v de la lucha por las vías de García Rovira Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I6o Diagramas de la marcha y combates por el dominio de las montañas < z o ~o ~ < p.. entre Pamplona y Bucaramanga -~ 1 .Bogotá-Imprtnla de Vapor- Calle IO, número z68 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 5

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 6

Por: | Fecha: 09/02/1901

~ BOGOTA, FEBRERO 9 DE 1901 SERIE U-TOMO T-N. 0 8. 0 BOLETIN ~11LITAR DE COLOMBIA Director ad honorem Organo del Ministerio de ¡ Guerra y del Ejército F. J. VERGARA Y V. Sou colaborndorl's de e te per1ódico los 9 J •fes y Ol!ciales d 1 .b;¡'·rcito ~ Gcnerul de Ingeniero ~;, Micmhro de varins ociedades Cientitl. liS BR./GAJJA DE L Ll PLAZA ' REL,\CII..\Z ,\ POR ?IL\:\!DAT DEL :.n.·r.;;TERIO DE G ERlC Octubr,· 9· Al . ' r. Pablo Terán... 5 I<.l. 1<- .\1 Sr. L'li., l'ortoc1.rrcro It; Id. 20. Id. Id. l.t.......... C> Tel. 2:. ,\1 .'r. \g¡nci 14 Tel. 26. 1 !'-'r. r\qudino \fontc..., -6 Tel. 30 .. 1. ·r. p11linar Jiménrz 12 lt.l . 30 .. \1 Sr .. ·alomón Serna... 2 J. ·oviem!Jrc 2 .. 1 Sr. 1anuel ~J. l .-1rdo . .. ............... 13 Itl. 2. 1 'r. Poliuoro Santo-;... 2 Tri. 2. 1 . r . AC]uilino , lnnte · 81 Id. 7. Id. Id, 1 .. ... 77 Tel. 19 . ., \1 Sr. Enrique .\rbo-leua .. .. .... . . ... ... 4 Id. 23. Al .'r. Rieardo !artí-nr> z . ...................... . Id. 23. Al . r. Lui. F. nrcía.. .> ¡ti. 24. l Sr. Manuel J f. Par-do.......... . ............... z¡ Id. 25. Id. íd... ... ... ............ 27 Id. 2 . Al Sr. quilino 1ontes 53 Id. 29. Id. íd............ .. . .. .. .. 1 7 iciembrc 3· 1 . r. Manuel M. Pardo.................. 14 ld- 8 .. \1 . r. Gcrardo Torres.... 20 Pa an ............... 479 ienen ............... 479 I>brc. 8. Al. ·r. Aquilino ~lonte 82 I J. ÍJ. Al . 'r :Mariano 0-.pina 'h.............. ...... ..... 2 Id. íd. l 'r. P<:clro ~1. l'cyc . 1 Id íd. 1 Sr. Te~ús Cuéllar: ... I d. 12 .• 1 r. \polinar Jimém•z Id. íd. Al Sr. Eduardo Uri cñu ] ,J. 15 Al 'r. Ignacio 0:-una .. . ld.2o.Al:r.Ja ,icr Hcrrán ... 1 ld. 28. l Sr. Pedro P. Díaz... 6 Id. 30. Al . 'r. Pedro ntonio . ánchez.......... ........ ... 10 T . íd. l 'r. quilino :\lont ·s 102 Id. íd. Al Sr. 'er:trdo Turre. .. 20 Enero 2. Al Sr. Luí :\f. Arango... 1 Id. 3· Al :r. Lu• élez...... ... 2 ld. íd. l :r l'cdro A11toni > San hez .. .... .. .... .. .. .. .. t() Id . íd. Al . 'r. General 1laria no pina 'h .... ............ .. H.l. ro. Al. 'r. l>. !'edro }'. Díaz 2 Id. íd . Al. ·r. Aquilino :Montes 30 Id 23. Al Sr P dro P. Díaz... 1 Id. íd. Al • r. l't dr Rincón..... 7 Id. 26. Al . r. Pedro P. Díaz.... 3 Id. íd. Al Sr. Aquilino :\-[ante . 77 Id. 31. Id. I d. Id ..... 134 Pa an ............... 975 TOMO I- 1 [ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. . . :Vienen ............ ··· 975 Enero 31. A\ ::ir. J .. an A. Garda 2 ]d. ícl. Al S-.. Auolfu Rodnguez 2 ]d al. Al ::ir. Jua" A Garc1a... 1 ] d. íd. Al ::ir Daniel Uma1•a ... ·Febrero 3· Al ::ir. Aquilino Mon-tes . .. 41 Suma total. ........... ~o2~ , Boletbt Milita,. Vienen ................. ~1~2 Recibidas de la Brigada nacio./ nal, en vana partirlas 70 Recibidas Je la Gob...-rnación· del Depanam~:nto. ... do Tomacl:>s al enemigo ... 9 Devueltas por ario.; oficial<:~... 6 Total de entradas ......... 1257 ULACION DE LAS BESTIAS E. T~EG.\DAS P.\RA SERVICIO DE TROPAS POR LA ' COMANDANCIA 1\IILIT AR DE LA PLAZA DE BOGOTA Oetubre 9· Al llatall'n s,bast •. rfrz Os¡ma... ....... ...... 20 Id. 16. A lasa' anzada de Mon-s rr::Uur:ln Dorda.... 6 Id. id. Al Ur. Sul .. m n Lligut.:- r ,l.................. ....... 1 Id. itl. Al E,c ·adrnn Uo'a .. . .. 32 J•.29.Alü"ner •lf>sp·n:\ 'h .. 2 lJ. íd . Al Sr F1hb 'tu Ballcs-t,• ro• . .......... . Diciembre 1. 0 Al G-:!11eral 0-p·n.l 'h......................... 42 Id. 2. A 1 Sr . .'anti:•go F<.:no... t Jd id. Al H. 1 . 1 ·. G \\·inier ..... ll 3· Al Subt nicntc Cipria-no 11 ·rn •nd z........ ... 3 IJ. íd. Par 1 ' l ·n·icw del n rall'n;.., ero 1 inz n 15 Id, íd. Al ·.,mand· ·lt · J .. :in- ·h ·z .................... .. Iu. 4· Al G .: n ·ral Floro Gt'l-ln z...... ...... . .. ......... 55 1<1. 6 .• 1 1 s u dn'tn B sa...... 10 Id. 8. Gw.:ral .'u 1r z C:1s· till ....................... .. IJ. 12. Al . ubt.:nit.:nt.: Lozt.:nzo J>1:1z .... .. ... .. . .. .. • • 6 Id. id. Al Esouu/r,</1 B.1s.r .. . .. 30 Jd. 15. Al G~neral piu:t Ch.. 7 Id. ÍJ. Al ~ubteni. · nle Cipria· no H t· rnánJ• z ....... ,... .2 IJ. 18. Al :-;ubt· nientc Alb\:rto Ch;¡ves......... .......... . I 1<1. íd. Al Coronel F. NaYarro 2 Id. 20. Al In pector G-.;neral de Hrigatlas.... .... .. ... 14 Id. Z2. Al Cuerpo de Dcpñsito 6 Jd. 28 Al Gen -ral Ospina Ch. 5 ld. 31. Al Cllnnnd,, nlt! Adol-fo Rodri~uez.... ........ t Id. íd. Al Escuadn)n l3osa.... ... 10 rasan .................. 596 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn JJ.Iili<ar Vienen ............... 5~ Enero 3· Al General L. Vélez R. · 2 Enero 7. Al Bntal/ÓJt fJI.ícido JIIIu-ralt• s. .. ... ................ 16 Id. 7. Al G:·nl.!ral J. A rango .. . IJ. q. Al E<;cua<l ron llosa...... 2 IJ 21. Allltt:11lón t 0 d<! Ar-tillcrí: t...... .... .......... 55 1·1. j,J. A 1 E cu:tdrón Ur.laneta wo 1<1. 22. Al In-pector general Je B iga<l.•s ................. 5 Id. ícJ. Al G ·n_ral L. '1. ArJngo 1 Id íd. Al G ·n •al 0->pina Ch. 1 I l. 24 r\1 ¡:ataf/,ín 'ald{rs... ... 46 ld. d. Al C1.pit •n G1.bricl J..:, j H 17 IJ. 31. Al G~ner.\l Mari ... uo 'foh:tr .................... . Febrero 1. 0 Envi da co1t p r ¡ue á. ·umapn .............. 15 IJ. 4· IJ. IJ. á Oc.:identc... 20 rasan .................. 8¡8 Vienen ............... S¡S NoTA-El Eswadrém h'osa diu de Sot prim_r brig1..Ja 35 b~s­tia;; para moví izar un Bata­llón. Suma total..:.......... 8¡8 Resumen Entradas..................... J 257 Salitlas........................ 8¡3 Resto ......................... . 3i'l "Perdidas en servicin y muertas ... . En Lt Brigada rlc la Pl :1 z;1.. ....... . En la Brig 1da de la A t" ll~rí.t ... . Brig:td:l. en m1.l e<;t·1d .... .. ..... . AdcuJa Ll. 1Jrig:1 'a n:1cicmal Exü.t:::ncia............ 356 PREPARACION DE I.A INI:4N7ERIA AI.EJIIAVA PARA El. CO.VBATE, POR El. COlJIANDA.VTE T'ALA? Tradu-::ción I'br_ d.:!l fr.tnc~s, p r el é.::>ma11tl:tntc M lign..! (.1rgcnt inu} (Cmc u 1ún) AT.\QUE m:crszvo-EI • ·gl r 1 nto alemán 1 declara de una manera casi al>~oluta: "E · (.n un ala, nYohién ola, en la que con­\' Í ne l.Ju ca r la su lución '...... l r la práctica de las gran u ma­niol. Jra alemanas no ·n lm c¡ue la cosas n pa arán ~iempre as(, ya que n ellas se ·je utan aun p e lig-ros os ata ues de frLnte. ~1ien•ras no se tenga la superiJridad dt.>l fuc·go, dice el Regla­mento, ó por Jo m n:)s mi entra · no parezca alterada la solidez dd enemig-o, la jecució n dd ataque no c·s posible sin g-randes pérdi­da . Habrá, pu s, que dejar obrar 1 fuego antes d e proceder al choque final. G mo es m J,z línea de tt'J·adores donde se jw::.g ,z nu:J l':>:aclammle la s:tuadrm, en dla se dará de ordinan·o la se12al rld asalto. Las fracciones en orden cerrado la seguirán in vacilar para soste­nerla y protegerla contra una vuelta of n iva del enemigo. P r lo g neral, ser:i el comandante de las tropas de ataC]ue quien dará la s ñal de asalto. Si la línea de tiradores ha lleg-ado á corta distancia y si, constantemente 1·ef >rtada, ha preparado el asalto dando al fuego su mayor potencia, los f:scalones s1gutentes serán movidos hacia ella para dar solución al combate. Desde.: el mo­mento en que este movimiento de los escalones no puede escapar á la vista del enemigo, los tiradores de todas las fracciones antes en orden. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín JJ1ilt:ta1' cerrado, combatirán ... A partir de este instante, es indiferente que las fracciones en orden cerrado estén acoladas ó escalonadas, ten­gan ésta ú otra formación, conserven ó nó reserva general; todo esto es cuestión de circunstancias... Sólo existe en este z'nslanle un deber: avanzar, avanzar ... Tambores y cornetas tocan asalto, ponen en movimiento hasta el último soldado, y la tropa asaltante se arroja sobre el enemigo gritando ¡hurra 1 " Toda otra reglamenlaáón de la marcha del ataque es prohz"búia.'' Esta última prescripción del R eglamento es característica· Demuestra que intencionalmente se asbtiene de indicar forma­ciones normales para el ataque resolvente, y considera que éste debe amoldarse á las circunstancias: obedecerlas y no pretender dirigirla . Esta opinión sobre el ataque no e tá adoptada unánime­mente. Alguno técnicos, entre ellos e l General Von cherff, son partidario d una formación normal, de un esquema de ataque, y hac n al Reglamento el cargo de dar indicaciones insuficiente para los oficiales de línea y d forll'on· para los de lamvehr. Pero Bronsart de chellendorff defiende 1 R o-lamento y de­muestra que la lasticidad de u pr cripcione e amolda m jor á la varieda infinita de las circun tancia d 1 combat : " Hay tan­ta batallas di tinta como terr no y robl mas de combate .... Y la olu ión de conjunto d e pende, n ·urna, d' las olu ion par­cial e d e un núm e ro con id rabl d operador · que en ada pun­t0 obré.l n gún e ir un tan ia articular ~ ... ' Es man ra d r, conform al R o-lam nt , paree también má confor m á la corri nte g n ral d id as que i mpre r .inó n 1 jácito al emán, la u , d arrollan o má y más ·1 . píritu dt iniciativa, contribuyó p clero amente á us triunfo . 'Para una acción el ci i va es n · e ario pon r n lín a, de una vez, el mayor número posible de fusile á fin d dar al fu go la mayor inten idad po ibl y n ervársela. Todo combat deci i o, ofensivo ó defensivo, compr nde un mom nto en qu 1 de ple­gar el mayor núm ro d tiradore en un pacio dado, se impone imperiosamente. La di tancia ha ta donde puede llevarse el combate decisivo por 1 fuego, ólo pued , alvo configuración ex epcionalmente favorable del terr no, er fijada en 300 me­tro . i>ero te pacio d ma iado grande ara er ah·ado la­yoneta calada, á la carr ra. Tendrán qu • hac r un corto alt para tirar. Durant sta parada, la · fracciones aún con en·ada atrá.s, se acercarán y darán e l mpuj nece ario al a alto final. "A con ecuencia del empl o d la nuevas pólvoras, lo sea­Ion es de retaguardia, no estando ya cubierto por e l humo, no po­drán detenerse n ningún caso, alvo cuando el terreno le ofrezca abrigo seguro. Deberán, pues, ser llevados hasta el enemigo de un solo tirón." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Jlf1litar IÓ5 Como se ve, la di~tancia del fuego decisivo es aquí de 300 metros, y no de 500, según lo hemos visto ya. Es que el General Schellendorff escribió esto en 1896, y los partidario de la posición · á 500 metros escribían en 189r. Además, los 500 metros e re­fieren á la posición central de fuego, y los 300 á lo .últimos fue­go de ataque decisivo. Vvlvam fÍ. la ejecución del ataque decisivo y consultemos el Re yJamento y el general d eh JlendOJ-ff, nueYam nte de acuerdo: 'Inmediatamente que _e hayan computado con xactitud las fuerzas nece arias ara la ·j cución del ataque, · la de plegará en la formaci 'n más fa vorabl á la concentración de u esfuerzo . No hay peor falta que la de emp ñar con fu rzas insufici ntes, con la intención d r forLarlas p~)CO á poco: e. abandonar 7)0lunla­námmte la íJeJZI1zja del ma)'c>r número. Todo combate n que e de-ea t·esultado deci i v , e ·io-e flUe e cubra con densa línea de ti-ra or todo el pacio di -punible para e l de pliegue. ' Lo mi mo dicen or nel Keim y el General Rohne; la ventaja pertenece f r¿o ament á la cadena mis den a, en igual­dad de otras condici nes. La táctica d - lo ;;rupdos no tiene apli­cación prácti a en J combat : 1 eneral Rohn. lo demuestra materP:iticament , ba ·ándo e en lo · re ulr.ado del tiro de polígono. Para el ataqu , 1 Rf'~rlamcnto al mán r e mienda la lín a de mpañía el pi o·ad s. El oronel KPim 1 ide parL:t la · tr pas flU ·igucn, ha ta para la. má distant ·,la lín a d . pi gacla n una sola fila: ni columnas, ni formaci n _ pr•)fun a . • H emos ita l a la pr ·fcrencia · franc sa por la forma ión p r 1 flanco, p r _ e ión, que cr emos muy justificadas. PER ·¡¡:e ·eró.·-.. 'u ba t hab r onqui tad una 1 o ición ene­mirra; . nec:esari aseg·urar su on.cr ación durad ra," dice el eglam 'nto · lemán : para ello e mene ·ter perseguir al nemigo en retirada y preca\' · r d su. vu Ita ofen. ivas. i d ntro d la ¡ o ici 'n enemiga se ncu 'ntran ald as_. o qu · , < te., l ataque JelY cr llcvadu hasta la lind ~:; opue~ta. La pers _ ución no conti­núa, pot· lo g neral por la prolongación de la marcha de ataque, sino p r '1 solo fuco· ), mientra la tropa de a alto vuelven á or­denar u unidad .... DEFE~SlV.\-Eu:cciÓX DI·: LA PO 'ICIÓ:'-1-La furma de combate que más d pende d el t ~ n-eno la defensiva, dice e l R glamento de infantería al .mana. Ne <"·ita ella aldeas, bo qucs alturas, des­filad ros, etc. Toda d fen a e ba a en la utiliza t6n perfecta del arma de fu go, y á e ta on ideración oh d -e la 1 cción d la po ición y su preparación. El Gen"ral Von cler G ltzexpre a el mismo concepto: " .. . ... El punto capital es la el cción del di positivo para obt ner fuego po­derv os; erá la acción de éstos y no la dificultades del terreno lo que constituirá 1 principal obstáculo que tendrá que v-encer el adversario." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo/etfn Milz.tar· En suma, en la defensiva la cuesti6n esencial es saber apro­vechl. r el a'rma. Ü CU P.\CI ·SN Y ORGANIZACIÓN DE LA POSICI6N-" Cuando se conoce la dirección del ataque del enemigo, dice el R eglamento, se proce­de al despliegue de líneas de tiradores, tan densas como lo f. xijan la con enación de la po ición, el objeto del combate y el terreno; se preparan trincheras y otros abrig-o ; se mide n la di tancias ha ta lus puntos importantes, para batirlos con seguridad ; se dis­tribuye n los cartuchos de lus arros, y lus soldados lus ll e ,·an basta la lín ea y los dispon e n al alcance de la mano. Las tropas de sos­té: l serán acercadas y á v ces colocadas inm diatamente detrás de la lín a de tiradores. Todas las distancias se acortan ...... " El R eglame nto recomienda el uso de los abrig-os artificiales, pero de é,to no .e d ebe auu5\ar. E tabl ciclos Cun oportunidad en el punto conv niente, son para la tropa y sus j ef s ayuda pre­ciosa, y á vcc s indispen able, con tal que se suborum n i los pro­yecto d e l comando y no ll egue n i d e terminarlos. Esto último es lo que sucede cuand se empieza el tra ajo antes de que _e co­nozca la intención d e l jef : una organización defensiva }Jrematura pone trabas á la lib rtad d e m vimientos. El R t->glamento no m nci na las antelíneas~ No están en favor en Al manía, e n razón d e la dificultad ¿e retirarlas d 1 combate, y d e l mal e fecto producirlo por su retroceso sob1·e la posición prin­cipaL RRP.\RTrcrÓ~ DF. LAS FUF:RZAs-Una d fensiva que ti ne por ú:-ti­co objet~ r ·i tir á la· t ntati va del nemigo, puede concretarse á d fender e l terr no· ro i ' busca un r ultadod cisivo, debe siempre s re mbinada a u.;l!a con la dden ¡,·a. hsta con id ·ra ión obliga á ser muy }->arco en la r partici6n de la tropa de 1 • ector s ele def n a y i con n ·ar la r · erva g en<'ral en 1 r unto n uc 1 ~b rá tomar la of n i ,.a : por lu gene­ral n un ala, d de la cual impt·dirá :u mo,·imicntos en oh·e ntes, que con ·tituy n para una pu~ición 1 principal peligro. E ... ta tran cripcioncs abre"iada · dt·mu stran ¡u en Alema­nia f'xi te la per · u a ión d _ que la <..1 ·fcn a el Le ::. rae ti \'a y que es ~n l a mov l.lla.l )' /,z luena j os,ó'(m ae las rcse1 vas d óude dele lurcarse la prmül.d.ul del¡. ·.Jo en la dtj~ns,va; persua ión que es al>solutamente ~en 1·al, sin duda, pue to que in -; J ira e l R glamentu francé , e l ar­gentinu, y e pecialm nte e l al mán. L boers, que rechazan á los ingk pero no lo . per igu n, aprenderán demasiado tarde que no se vence al ad v . r ario con ólo re hazarlo. Los dos flancos, dice V on der G,>itz, n como 1 talón de Aquiles d e l ddensor. La ituaciÓT' indi cará cuá l de 1 do s el más amenazado, tal Yez 1 único en pe ligr , y á é te se desti­narán las r . erva di p niules. Pur otra part , · ~ impe'- lir:i que ea transformada la def n ·iva n inacción ...... La id ea de d ·kn iva es comu un plomo que aplasta n los j ' Í s v luntad y pensamien-to ...... Se quiso, ca i si mpre, proteger el ala amenazada, prolon-gando el frente; pero parece más seg-uro cubrirla con tropas movibles no ligadas al suelo. Movilidad y actividad son para la tiefensa elementos de fuerza. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B.o/etin Müitar Co:'llTRAATAQUE-Hemos visto que el Reglamento alemán coloca. ·como regla general, la reserva en una de las alas, }Jara prevenir . los movimie ntos envolventes, principal peligru para toda po ición. ' Esta colocación indica y limita la dirección en que se hará el con- , traataque. . Se admite en Alemania que teóricamente el frente ofensivo· estará claramente separado del defen ivo, y que Ja<; tropas de con-: traata . .:¡:..~c se án distintas d e: las d e dden ·a. El CJrunel C.J.rdinal ; V un \.Viddern nu quiere ataques ejecutadvs pur lus <.left.::n ·u res. mismvs, ata ¡ues que interrumpirían el fuego de la defensa ·n el. mvmento preci o t>n que e más elicaz. Además, no r al izan a~í ]a stin t!I.Jil~td.zl, el ifedo de. sorpresa) que t.inlo colllrt'br~yen al ~xt"lo de loz· conlraalzques. V un der Gl)ltz es d 1 mismo parecer. ¿ En e¡ u¿ m..Jrnent <.1 b hacerse el contraataque? Cuando e l asaltante ha 11 ga<.lu al alcance mis eficaz del fue­go de la dden~a, de 500 á 300 m trus ; esperar más, sería expo­ner ·e rnuchu. Ivllrou nro: INSTRuc....rÓ.'l-Hcm s expuesto cuiles son las ideas· alemana· r ·la ti vas al combate ofen~ivo ó defen~ i vo ele la infante..: ría. V t.: remo · a hura cuál 'S son los métud s de instrucción emple a..; du · p · ra p,m~;;r en planta estas id ea . El m' o<.lu ~=> t.:ncral es caractt:rizadu así en el Reglamento de infant ría: "Lo · jerciCJO tienen por objeto la instrucción y la p:--epara­ción de of1 ial · · y o!Jadv para la guerra. Tu 1 deben st r rga.:­ni~. ad >S para la u c. rra. E:1 llu:, una di ciplina sever:l y un rigu­ru. o urden ha ta en lv · ma.y r - fuer¿u:, sun ab ·ulutam ·nte indispe n aul e . 1 culear á. la tr..Jpa h :1bitu\, de: ma 1 . ra de fv r rnarle comJ una nueva naturale .. m, tal es el fin ¡.;nncipal d~ l..J ejer 'i 10 ." "E:1 la n·u e rra s 'lo tien n é · ito los med1u ncillos. BJ.sta, pues, apn:! nd ~.: r y emplear alo·u:1a fvrm::tcion 5 sencillas; pt: rv cle·­ben er enseñada. y bida á f ndu. L 1 · p. escripciJnes <.1 ~.: 1 R gla­rn nto ·on ley. S te tu y · · píritu ·un ub!Jo·atoriv~ tanto t·n la •rue­rra cum J ·n la p..tz. Jn pruhibidvs tudu · lu proceJ:m1entus arti~ ficial "S. ' " La \'erdadera scucla de maniobras no pasa de la compañía. En 1 batall0n ·t.: ·n eñ:tn la furm · cion e s en urden cerradv. En el regimiento y la urigada, la de reunión." " LéL ba ~ d e la e ·cuela de e mbate es el batallón." . " Hac r concurrir á un fln cvmún los e fuer¿os de las compa­nm en tudas la situacione del combate: hé aquí la táctica toda de la infant ría." "El regimi~nto a eg ura la unidad en la instrucción y el ma~­do: los ejercicios de r o·imiento y de brigada son la transición ql;Je conduce á la dirección ·uperior de las tropa ." . INsTRUCCIÓN INDIVIDUAL-El Reglamento alemán atribuye m:u­cha importancia á la instrucción individual, pero va inmediatame~ te á lo esencial : · · .· ... Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. IÓ8 Boletfn JV!zlz"lar "De de los primeros días de su incorporación ...... el recluta toma l fu il para familiarizar e con u empl o...... uando ha hecho progre ·os en la marcha, la carga, el movimi ·ntv d apun­tar...... e le enseña lo que del> hacer como tirad...>r...... ·e le conduce al terreno y se 1 hacen compr nd r las nocione~ lemen­tales del combate, haciendo maniobrar ·n ·u pn· encía ~-rupos de oldado v te ranos ... Oponie,1d0 á los recluta ad er ·ari<.; · á orta di tancia, les en eñará la conducta que d b n ob.ervar en el ataque y la defensa, y cómo se utiliza el terreno. Este cuidado pue to en la instrucción del tirador, la ue em­pieza desde su incorporaáón, no ex luye ·u edu ación n e l rd n ce­rrado, con 1derada como m~dio de di ciplina y gimnástica moral. Lo d talle de la instrucción individual e d jan al cuidadode lo Comandante de compañía, qu gozan· á est r _ pecto d la má amplia iniciativa. P ro e ta iniciatiYa vigilada por lo je fes in me iato , :'obligado á intervenir cuando notan error· ó atrasos n la marcha de la instrucción," y por in peccion s periódica de jefe · sup riore . En la in trucción e aplica e l método de la lecáones de cosas, la nseñanza F or la vi ta, el ejemplo, haci nd qw · obr ·n con tant - mente obr 1 buen s ntido y la int lige n ·ia <.1 ·1 ·olla lo. I TRuccró. DE TIRO-~ n Al manía <' ·on~,¡ era la in truc ión del tiro com la part má irnpurtante d · la d 1 infant ·. E conti­nua é ininte rrumpida ha la la lib ración del oldado. ·e da una im- 1 ortan ia especial á la apreciac ión d di ·tancia , y á ~t r specto ·e .·pre a e mo igue 1 cglamcnto d tiro : ' E indi pen ablc habilidad de 1 arte d f1ciak y oldado , la exacta apr ·ciación dt· la li tancia ; · lla d p •n e < 1 é. ito del tiro en ·1 mbat . Lo · oldados b -n ab ~r a¡;nc/arlm ha ta 6oo m. ·l! lt-!> ·jcrcita á esltinarlas d · 6o á r ooo m. L ol1cia l , cla e y oldaJo · má di· · tro~ deb ·n al.J r apreciarla c. acta-m nt hasta I,ooo m ..... . ~. Lín conv ncid . 'n 1 manía d qu t:l tiro á pl'qul'ña · 1 - tancia * e e l más in tructi v . l ~n 3 arlucho quL· e tiran <.1, I 50 á 60 m., 53 son ga tado á meno de 500 rn., y 43 á meno~ de 300m. El R eglamento pr hibe ll evar tro¡ a al lir ·uand la Clr­~: un.lanc·ias tmo férica on l' favorabl · . Van por pt:·4ucño des­tacament s, para e itar fa Lidio a inacciones y pérdida e tiem­po. Lo soldado tiran uno á uno, n r>r sencia d e l Capitin ó d un oficial de compañía. To a in cripción in xacta en la libreta indi­vidual d tiro, puede ser ca ligada ha ta con tr año de pri ión~ De pui.! del tiro d e cuela, se hace t:l de combate, individual y colectivo: "objeto final de toda la instrucción, de la cual es la parte má importante." • Distancia · á 6oo m. 6co , rooo , 1000" 1500" ~500 20 atrá de 1a línea de tiradores. Es ésta la que forma reserva. La m· csidad -d cubrir uno de lo flanco , puede xigir la colocación de otras fraccitJn(· ~ atrás de cada ala de la cadena. La distancias de estas fr cciones á la cadena, y la el cción de las formaciones, dep ndcn del combate, dd terreno y de la efica 'ia del fucgv del enemio-o. La línea, ~eg:.ín el R glamento alemán, s m en,> vuln rabie que la columna; per ésta ~e abriga con mayor facilidad. En la práctica de la maniobras, la f ·acciones en ordf'n ce­rrad.. J siguen la cad na :í. 200 metros. A 8oo metros t.lel n mig-o, toda la compañía debe de:pleg-arse. El fu ecr ca ·i xclusiva­mcnte empleado s el tÍ dúrrr.ri)n, dicho de tirarbre~, alt rnán­d.:> e para hacerlo los do homiJr · de cada hil ·ra ha ta 6oo me­tros. M:.l.s Cf'r 'a del nemigo, t-'1 fu go e reneral y continuo. 1 mple de dv alza r¡ue diílt·ran roo mE'tros ~ g n ral á ui tan ia · m a y ore de 8oo metro . El Coron 1 Kci r.-. a con .. ja no abrir el fu gv ante ele I ,ooo mctrv y aun el oo m trvs, á tln de no C]Uebrantar 1 imvul 1J de la marcha. Lo ~oldado ~ • ej r i­tan n aum ntar p r ·í mi mos la int 'n ·idad dvl fu<>go, ruando el advl'r ario ab:1nd ma sus abrig-vs. e p nc 'Spccial cmpl'ñ en colo arios en circun Lanrias en que n p ~ían contar ('( n la di­r cción de us olkiales, p:tra que aprcnJan ::i cumplir u · deberes sin ellos. D1 e PLL ·A Dí~r. FUE:Jo-El R eglamento alemán da de lla una excelente definición: "E la jccución concienzuda dt~ las órdenes recibida durante el combat<·, así como la e cru¡ ulo a ob~ nancia de lu~ principios relativos al empl o del arma y á la conducta qu Jebe ol> ·e..-\·arse en 1 fu go.' E.' ige, además: calma bajo ·1 fu go del nemigo, aun cuanJu no se permita conte tarlu; poner toda atención en cada di paro, utilizar el terreno para la eficacia del fuego, prestar -att>nl~ión con tante al jefe y al em·mio-o, ce ar el fut·go cuando desaparece el blanco ó lo manda 1 ilbato del jefe ó cuando la ·.orden de hacerlo es dada de C'lalquier otra manera ...... Para des- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn ll.filitar I7I pertar 6 conservar su inicia ti va á los soldados, se les debe acos-tumorar á combatir aun cuando falten oficiales y clase ...... "*. C MB.\TK DF'L B.\TALLÓN-La formación 1Ímca de )a compañía, ~táculüs, como bo qu , , la cumpañía marcha por el flanco en grupos de 4 á 6 hileras. E.1 l terreno de ejercicios todo e to se hace al paso a om­pasadv de 1 14 p ·)r minuto, nuestr pas redoulado. El dc~pli gue para el com are se cjecut::t al ]Ja 0 de camino. En la zvna del fuegv enemigv, se marcha al paso acompasado. Las furrnacion · se toman d<: á p1e firm ó marchando. En este úl imo caso, la fracción de cal>eza iguc al pasv r · dvblado y las d ·mIL:s en el cam¡v, de suelo genera 1m · ntc dublado. CuandJ se hace al tu en la zona d . lo fuego , todo el batallón se ech al suck> á la VJ /. el..: mJ.n lJ, cvn c-.>rr Cl:ÍÓn; e da mucha imp-..>rtancia en Alemania á csr mv\'Ímiento. • En Chile,, nya n gla•llt!lll;lcil•n proce de de la ~1 ·mnna, llega ha la re-presenta r 1.\. pé rdiua · cxpc1in•t·J:t.11la · 1 or una compaub 1 1 or 1..11 Latal!0n l:O un <\\an~ e h..1cia '1 en ·rni!,!u. El j.:fe ti~: la u· idad th:-,:g••a ue ant·•nano lo mut·rtu5 y heri o·. l>.: ·<1~ iu, pn nH: ros p ISth, lo ( ' lidale ... s.: r ·ti r:m ; m á · allá caen S•l c­SÍ\ am .: nte y qucda11 tirad. n el Ul·lo sargentos y cabo·; po o :1 po~.· o el c.uupo atd.· de la t •opa c¡ueda st:: 1nl>ra.lo dl! c. dávcre · ; t·n 1 ·s .um1•a Ll,, s ·c­cion, · y tScuad•a·, ~a llohay ... •no sclu;:.du rae-s, pLro d mando no queda acéfa­lo: hay si ... •npr.· un su('clior: el m anLgrH, y l'sk cur,t:.lucc u. e nHl•ada al a alto. :í. vec.:-. t1.n bi e n com lt1 h,cí 1 u ca bu ó rgent 1 porqu..: c::d.t olJado h..t pr-:v, to el C:l-"0 de t..: ner que hacerlo. Tcrmin oa la marcha, l vs 111 uto se lcYantan, e :lCUOt·n el poh·o y '\' Uel\'l'll á •U putsto. T.1mb1éa .: h:t r ~g lam "nt,tlo en Fr.mcia la simdaciém de la. 1 értliJas en los imul.1cro~ de C· llllb::tt , co~n el d .bit: o~ j :!t • de r pr ·s ntar el fullt:ionamiento Ubonlinadn.:. L~ -upu .: to~ heri lo e qu : dan. á un, indicacic',n con\'(~nida, cuerpo en tierra; lJ. · !i a· s · a lar 11, lo c.1bo y.., lJ.;d.,, mandan :í. los sobre' ivi, ntts, etc. A u va, el ·ervicin de s:lllid t.! hact llevar lo h ·ridos E ·ta clase de ej.:•cicios dcb IÍ' e r piactic; .da entre nosotros con frecuen­cia. llabit.la ha ta cieno punto á lo 0.1cial~ y s .. ldAdo.; á la fi,u,.o, •Ía real del camp11 d.! b:tt dla, le inl·u c:1 Ll idea de que u11 1 unidad no qu\: 1>~ nunca sin j .. fe, y que l.t pádida dd titular no es moti\'o para que dt.je de tomar tn d Ct •mbate la enérgica pa1 tic1pación que con él tenía antes. · u estro esccpt icismo ac• gen tal vez con una sonrisa,-ó una risot:1d<1, esta comedia; lo q1.e · LrÍL una prueba de que ignuramo la.inmensa.superioridad educati,·a de las cosa vi ta y h c.: chas_sobre las cosas oída 1 y del ejemplo sobre el prec.:pto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I72 Boletiu iliilüar . .. Al principio del combate y durante él, el jefe del batallón da ó1·dene á cada uno de su ·capitanes, pero le deja la el ción de los medios de ejecución. No e d spli o-an la · compañías sino poco á poco, o-ún las n e sidade . La compañías de r s rva df-'1 batallón marchan, por lo g ne­ral, á 400 m etr .:> d e la cadena, casi ie:n¡Jr' en Hn a d 'splev-ada. Lo batallan s d egunda lín a forman, s gún las circuns-tancias, n columna doble, en lín .a de e lumna ·de compz..ñía ó en línea de pi gada, á 400 metros atrá de la primera línea, e d cir, como á 8oo d la cadena. Toda · ·ta fraccion s _e acu · tan al hac ·r alto, i están á meno de I ,ooo m etro d •l ncm igo . . Cuando un _batallón d los de r serva debe j ·cutar inmedia­tam nte algún ataqu 1 r parado por otras tro1 as, ·e ·~fuer/.a por sacar e l m jor partido po ibl · de su formación errada. En la rand s maniobra ~ han vi to batallan 11 gar á la cad na en línea d ' columna · de compañía. E tas forma cione ele á ~E>i d fondo par en h y alJsoluta­m ent inat.;C[J alJie fr nt á un fu:il que atravi .sa idos humbr ·s á 1,8oo m tro ·. El frente d . mlJat del batallón n) pa ·a gen ralm nt de 400 m tro . C::oMB.\TE JJKI. REGD11R ,'TO-El .f eg-lam •nt , una \' Z más, e~ta­bl e la n 'L' idad ele r · p tar la ininativa el· 1 ~ ubalt•·' J nos ...... 1 Cor nt 1 da á cada barallón ~u m1 ión ...... le~ dc.ja la el ' Ct'JÓn de lo · medí el cj cución ; no int •rvien" ~in u por ·:-;.e pc1 ' n n la dir' · ión de la compañía . J oronel a: gura mej r 1 dirc < ión le 1 primera lfn · n la d ·f ·n i \a, a~ig-nándolc· scct r Ji m nado. , y en la f ·n iva in Icándol · ol')dt7'os. J-<:1 Re g-1-- nwnto a~rvga: ·• 1 po~JI>Ic d · t ·rmina¡· fr nt ' n )nnal al r g-imi · n . La . ten ión del fn·nte el ·pt·ndc u ·le t;~ ·ll"-r• o y del t rr no, así e me d la ~itua­ción r _,lati\'a J • lo · r ' g-ÍmiL· ntus \'C cinu~. Par un n!g·iJnicnto ais­lad> de trc· 1Jatal1on , ..., ·1 fr ·ntc no ¡ ll~ad, gene ralm · ntt' , d · do · batallones J ~plecrado~, e~t ·:, cll' oo m lro . Co::-.tB.\1E DE L.\ Bl Incu ntro, l n d cual ·1 Rt gimit. nto de · L >¡a t' d pli rra éL~ gurándu e por sí mi mo · calunamicnt en pr fundid~d y formando el de cola á r t truarcli de un ala. En u prim r de plic·g-u ' la bng-ada l ... ei · bata llunt.. ocupa de 1 ooo á 1,2uo metro · de fr me. ON~ID HRAcro.-Es Fl. 'ALE -.'e ha r ·surniJu el cvnjuntJ d 1 re - crip ion y de tradici n ,s qu - rin bastante co as anticuada é inúti­les, racional 1 rvicio d do años, admi ibles aún con el d un , p r que el se harán los países en que e impon 1 servi­cio reducido á p co me · ,- e, t ' SIO~E -Un mismo principio domina toda la in trucción d la infant ría al mana; se 1 . ncuentra _n t da part , explí­itamente manif . taclo ó implícitamente contenido en la má insig­nificant ele la pr cripcionc que nci rra; es 1 que tiene por fin sencial preparar la f1·opay sus cuadros para la guerra. En los demá jército nadi de conoce esta verdad teórica, pero sólo en 1 alemán se la hace verdad práctica. Los cuadro y la tropa deb n, por consiguiente, conocer á fon­do Jo qu e s guramente tendrán que ejecutar en campaña. Además esto es lo único que deben aprender. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolclfn .Jtf-ilitar De Jo que precede, se llega á la conclusión cie que un ejercicio que no tiene por causa este fin, s un ejernc.·o i'nú//1 y hasta centra­producente, puc ·s en él se gastan tiempo y fuerzas que podrían ser utili:cada de manera más pro\'echo!:.a. · La necesidad de la ¡11" paración incesante para la gu rra, implica ejercicios r petiuos fu ra de lus cuarteks y }Jla'za d ejer­cicio , los que deben s r practicados durant todo el p ríudv de in trucci 'n, pue!:>tO que respo?Zdcn á una neresúi11d pt-rma,;wfe: rmulana puede estrilar la uuerra. L..>s r · el uta ,, inmL'diatam<. nte que salJen marchar al compás ) manejar u fu il, son conducidos á t erreno va­riado, cLmrle se les enseña c6mo (klxn manejar~e n el comLatc, cuand-:> furman parte ele la cadena. E ta n ñanza se l1a ce por los ojos; s una lecci() n de cosa , comu e die '.1 pt-clag, 1gía . La in . trucción d 1 reclu ta inco ·pJrado en Nuvi('mLrc, t' con­du ci a c1n la actividad nc~ce aria pa ·a que ea apto :í entrar en ca m pana :í lus tre · mese , á tincs de F L'UI- ·ro. La de los a;.f/Kllcs so!.lu. dos, qu on los incorporadus en 1 añv ant r·c.r, es al rnism0 tiemp p ·rfecciun::tda, solm.~ tJdJ n ·1 tir . Lo l:jercicios n t rreno rariado 110 son de fácil ejecuc ión C'n muchas guarnicion s de All~mania, pvr falta de t rr<.·no. Se Yence esta dific tltarl c11cluci ·n le, las tro¡ns á tl rrcnos de mani,,Lr( s y campame11 os de in trucción, de lus ualt.:s hc mc.~ haLJadl yá, y c_>n 1-v cu 1 perrn necen algurr sema¡n ·.A kmá ·,se apr >,. cha el i11Yierno, dur::tnte el cu·d lvs , mp:>s de propit dad particuJa¡-, no tenienclJ ntonc · culti,·u ·, ~u . dueño~ ¡>1 rmi Ln ue se L· gan n ellos maniolJra . U.1 rt>glan1l'nto espcct· l tija de an cm< nv pe-. queñ1.s i 1dt m;-tizaciont s p <•r alguno~ in,ignif.< antt ~. d ··; riorc.s, que no p Pd n a . í rv!r de pr ·te. ·tu :í r; xpl >taciv11 CS del 1~ co . . i lJ~ <.•j rciciü· n terrL'n YanauJ no sun ~ic mprc posible,, se le su<..tltu¡" en parte T or <. j · rcicius 1' cuadru~, cvnf n.·ncia,·, tra J~j .; ( i ,,.¡ 'rn , viajt·s di.· L, tudiu y cur.ft: l nc j¡¡c; pdctiu· ~ n el tl rn no, inclic;¡y·n a!Jk p~ra c 0 nscn .. u· b e~¡, id~d de t~¡;fritu de ofinalc . v cla s. I~n los ~jerc:ci s r11 trrrcno , - ~riado y la · m niubras cl(' ua­dros- no r ·gla!11cnt·ttb.s é tas, per-.~ frccul·ntcment · prc. c tic:ad a. ­se d die~ p rticubr atcnL·ión al recvnocimic nto dtl tcrn no. Este es clcm::t iado descuidad á mt nudu, pu<:"s eh 1 t rrtno l fu go, st-·gún las circunstancia., cuando los uficiah ~, ha bit ndo d('~ a par ciclo, no pueden ya dirigirlos, el be E-> 1· imitada. Es evident , ·demás, que· la conduce i 'n dl'l fu egv es una d e las partes más interesante de h. misió.1 d l' l o!irial en e l combate. Hay, igua lm ntc, provecho en estudiar las prescripciones d el Reglam t-'ntu a le mán, relativas á la colocación d e las reservas: lí­n ea de ·pi gada para aminorar 1 efecto d 1 fuego n · migo, co ­] umnas para a r r,wechar Jos abrig-o~. di s tancias corta para que intervengan á ti r: mpo, colocación cl1 trá de la s alas:, p qu ño, ya sea más bien p r la concentración ele lo- fu "g s sobre un s ,]o punto. Uno de lo puntus qu J más deLen llamar· la atención en este estucr l, es el n ~peto, e la palabra que onvi ·ne, para la iniciati­,. a el loe; ·ub rdin1.dJc:;, in ti~pt.::nc;aule ésta, bre todo, para Jos comandantes de compuñía, á condición de que n salga <..lLI mar­co tr·tzaclv por la vulunta<..l dd j<>ft• y ·1 Reglamento. ~t> ha dicho qu la iniciativa upone la ilustré.lción de los cua­droc; inferi it' cJ uli.cia)e , y f]Ue aquél!R dt ue StT limit da dl,nde no exi!)ta é · ta. S ría ( to c·xactu i L n un jér ito hubiera ( Laclr s supt·rior :, d ~ otro ni" ·1 int ·kctual que el <..le los inferior :; pero no <' . a-..í, put· · aquéllos p:\JC<'dl'n dv é~tus, y e~ en un cucH.lr J di.! com-'n in~uticic·nc1a cl J ndt• <:: d<'sarrullará la. inicinti,·a, madre dd arrvjd y cl r 1 é . ·ito; iniciati,·a que SL:plid, n cL.anto t.~ )J(J i le, i o~ra~ cualidad ·s. El R1·g-'amc·nto "'lcmán prohiiJC', con energía y 1 r isión, toda rerri< me n· ·.c.ón 1 ad. ita, tuda ad, pci6n du t'~qu ma nto p 1 débil efL·cti,·o ele paz, in con el e nj'unt() d las fuerzas movilizadas, y todos los refinami ntos. desapar 'C't'n d ·sde el primer día de la movilización." 'l't·rminar m os r pi ti nuo con la intn ... ducción del Regla m nto: "El ejercicio tlene (JO!" obj to la instrucciÓn y preparación de los soldad.Js y oficiales p3.ra la guerra. T odos los ejercicios, pues, d ebEn ser org-anizados en vista de la guerra ...... tn ella sólo-pueden ten er b.:ilo Los medz'os senc,/los ...... enuiiados e friclameJ,/e y á tondo ...... " Agregaremos que sólo así una infantería cumplirá sus obli­gaciones con el ejército y el país. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletf1t Militar PRINCIPIOS GENERALE: DE ESTRATEGIA Y DE TÁCTICA EN LAS PEQUENAS GUERRAS por el Mayor C. E. Callwell, del Ejército inglés TRADUCCI6N DE ISIDORO LAVERDE AMAYA-Co11timJa XXX. Desventajas-El peligro de este fraccionamiento táctico es sobre todo el de ofrecer al enemigo ocasión de batir en detall las diferente columnas. Pero también hay el riesgo de errar en los cálculos de tiempo, y el éxito puede comprometerse por causa de órdenes mal interpretadas ó de confusión, que puede producirse en las div r as fracciones de la columna, en los esfuerzos que hagan para prestarse mutuamente su concurso. XXXI. El memz'«o puede batz"r las jracdones en detall-Los sal­vajes, y la tropas cuya organiza ión moral e inferior, no co­nocen generalmente el principio de maniobrar sobre la líneas interior , ni el de aprov charse de las ventajas que cfrece el ad­vcr ario qu di ide us fuerzas. Sin embargo, sobre el terreno, cuando lo d efe nsores ocupan una po ición central que los asal­fant s acometen por div rso lado , algunas vec paree rá evi­d nte ha ta á j f qu no son un rayo para la gu rra, que llos pu d n caer br las diver a columna a omet dora y aplas­tarlas n d tall, puesto que ven lo que pa a, lo mi mo qu sus guerrero~, y por esto están m á e n aptitud de a rovechar la oca­sión que se 1 ofr e de obrar tácticamente olJr líneas interiore , que de ar cuenta de qu ta maniobra una aplicación d la combinación e traté ica ontra columna. d pr ndidas que con­verg n d dif r nt · punto di tante d 1 t atro d la rruerra. o b tante, n op raci n e contra m jantes n mi o , aqu llo asos n que n la j cu ión el 1 ataqu , el fraccionamiento <.le la e lumna ha producid un mal é.-ito ó un d a tr , no han sido imputables halJitualm nte á la d tr za técnica d 1 adv r-ario, ·ino m á · bi n á los errores Ó malas di:posicion d lo acometedore . El combat . d 1 Little Bio· Horn, ra m ncio­nado á propó iLo d 1 fra cionami nto tratégico de la fu rza, , muestra io·ualm nte 1 peligro d 1 frac i nami nto táctico. La olumna que sufrió el desastre contaba doc · ¡;clot n es d ca­allería y un convoy de animale de acarreo. En el mom e nto del contacto con lo Indio , e dividió en cuatro fraccione : una de cinco grupos bajo el mando d 1 oroncl u t r, omandant d la columna ; dos de á tr oeloton ·, d la. uale una bajo el mando d 1 Mayor Reno; la cuarta f1·acción, d un pelotón, for­mó la o·uardia del convoy. La columna bajaba igui ndo el valle formado por un cur o de agua. Cuando se upo que el campamen­to del enemigo no distaba ino dos millas, la fuerza del Mayor Reno fue ~nviada adelante para marchar con rapidez sobre el nemigo · se había convenido en que ef Coronel Cúster lo sostendría. La~ otras do fracciones se habían separado de esta fracción principal Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín llfilz"tar .. :· _IJ7 de la columna. El l\IIayor Reno se e ncontró con un número consi­d erable de Indios. Como no fue so tenido, tuvo, tras un comba­te r eñido y mortífero, que refugiarse en un monte vecino que se pre taba para una bu na defen a. Felizmente allí se le reunieron las do fraccion que taban separada . , y pudo resistir á los ata­ques enérgico que los Indios, despué de un tiempo de tregua, eje­cutaron durante varia hora . L columna del Coronel Custer pa­rece que se dirigió hacia la der cha del valle, porque oyó disparos de e te lado · ella vol vía al fin obre el río, á alguna distancia abajo del punto donde la fuerza del Mayor Reno había tomado posici 'n . Esto, á lo me nos, fue lo que resultó de sus huellas, porque la columna fu destruícla: lo cadávere de hombres y de caballos .apena podían comprobar 1 el a tr . Parece, sin embargo, que las cinco partidas s ncontraron con una fuerza abrumadora de Indio , que acudí ron en seguida á atacar el grupo del mayor Reno. Por fortuna, e te oficial había escogido una buena po ición y algo se atrincheró cuando aún era tiempo. XX.Il. Dificultad que para mamoorar eficazmente lz'enen colum­na separadas-Cuando aria · columna eparadas deben partici­par n un ataque combinado, ha· iempre que temer mucho el peligro de un error de tiempo ó d di tancia. Tal fue, como ya se ·ha m ncionado, 1 caso el 1 ataque ele flanco sobre. 1í Musjid. De de qu las fraccion s paradas ponen en movimiento, es siempr difícil al comandante up rior ele la columna maniobrar con llas. La gran dificultad con i te n señalar á cada fracción una tarea que esté en aptitud de de empeñar, dándose cuenta de la naturaleza del terreno, de la r si ·tencia proba 1 et . Si po­sible, es pr ciso de de 1 princi¡ io comunicar á cada columna un movimiento propio. Después, mi e ntra meno intervención haya de parte del comandante, much mejor. ierto ue pueden resultar circunstancias imprevistas que ha en imperio un cambio de plan en el último momento. Pero, aparte esta ventualidad, no hay que ol idar nun a que el e ret d l é.·ito reposa en la confianza en lo subordinado , hasta cuando ello se equivocan, puesto .que las órdenes enviada á di tancia pueden er dadas bajo el imperio de una concepción fal a de la situación exacta del momento, y .lila y siempre gran riesgo en producir desorden. . La de graciada salida de Kandahar contra la aldea de Deh Koja, durante 1 bloqueo de 1 8o, e jemplo muy del caso. La alida se v rificó al comenzar 1 día, y antes se preparó por un bombardeo umario por la artillería desde las murallas de I . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo_letín M~"litar · r8s .. zada, que hace que se rodee de un respeto excesivo á los servido­res del Estado, pr fectos, ubprdectos, obispos, profe ores, etc., á los· abon-ado , á los m é i -os, ·n tanto que no hay consideración para el industrial, para tl n gocianL, ino ha ta el día en que e l éxito haya coronado d cfinitÍ\'<.lmcnte su sfuerzos. Colbert hada decir á Luis xrv, n una d su or enanzas, que "el comercio ma­rítimo no perjudicaba á la nvbl za." S ería tiempo de que las fa­milias comprendí n que la int l igencia y la voluntad pueden ejercerse en otra parte que no s e a en la admini tra ión, y que nuestro camp d acción económica s, n ci ¡·to modo, ilimitado después del engrandecimiento de nuestro imperio colonial. Se ha dicho alO'unas veces que los capital s franceses no estimulaban sino tímidamente á lo jóvenes di. puestos á tentar fortuna en los nego­cios, fu era en las colonias ó en la metrópoli; eso puede ser verdad. Pero, ¿no es de suponer que e ta timidez daría lugar á la con- - fianza el día en que no se atendiera á los primeros que ll egaran, sino á los más capace á lo de mejore condiciones, á los más ené rgico de nu tro jóven , quienes, para aurirse campo en la industria, huuie n d r currir al crédito d e su compatriota ? .. A aqu llos ue po eí lo d la b e lla 1 tra , encariñado del art , admirador 'S apa ionado de la civilización ateni ns , nos re­prochasen el que fom ntábamo una o i dad d ma iado utilitaria, d d nde de terrarían la poc"'Ía y la imaginación, nos erá per­mitid re ponde rl · que la artes y las letra h::tn obr todo flore­cido entr la nacione ri ca y pró peras. in r montar o ha ta la hi toria d t nas y d Roma, bien e pu de recordar que Flo­rencia, en 1 iglo xnr, dio la señal d 1 r nacimi nto n el momen­to mi mo :. n que us banqu ro in talaban sus rédito en toda Europa y n la co ta d ~ 1 ia, n 1 mom nto en que lo produc­to de u manuf ctura de lana y de da invadían todo los mer­cado . u xpan ión artí tica coincidió con lo progreso de su industria y d ·u com rcio. Lo Bramante, lo Leonardo de Vinci, los Mi uel Angel y los afael no habrían alcanzado á la plenitud de su g nio i no hubies n vivido n una é¡ oca de prosperidad conómica, n un m dio apaz de compr nd r, de ju7gar y de re­compensar liberalmente us obra .. Holanda acababa de afianzarse como potencia marítima y colonial, cuando s abrió con Rembrandt e l más brillant período de la e cuela holandesa. Aquellos eran los ti m pos n que la compañía el _ lo paísc remoto y la de las grandes Indias le habían conqui tado el cetro d l imperio de los mare . ¿En nu stro. día arí n el be su . upr · macía artí tica, científica é intel ctual á , u proclio-· o a ac ividad en los dominios del trabajo del h mbr ·? L acumula ~ ió d e capitales y d e riquezas que levanta el m vimie nt vertí Tin ~ de 1 s neo-oc ios, fa v ore­ce, sin duda, la manife tacion e s d e buen o·ust y la cvncepcio­nes: del p n ami .n t . Pv.·quv p.u?iO e el ~ la f rtuna d esarrollar la necesidad de lo b 11 , dr.l luj ; y ólo la ciencia y el arte pueden colmar esta nece~iuad. lndu trialc , negociantes, obreros, escrito­res, pensadores, artista , todos concurren á aseo-urar á París su intensidad de vida ; la supresión ele uno de estos órganos compro­meter. íá.. to.do el mecanismo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I86 Boletín Mt"lt"tar En definitiva, la más alta expresión de la civilización consiste en el armonioso equilibrio de todas las funciones necesarias á la exi tencia material é intelectual de un pueblo. * * * La abrogación del artículo 23 tendría seguramente por resul-tado disminuír el núm ero de Jos candidatos á las profe iones li­berales y devolver al comercio, á la industria y á la agricultura á algunos de e tos jóve ne . Lo médicos, los abogados, los farma­céuticos, no s e quejarían ; e n cuanto al país, ganaría la mejor uti­lización de sus fuerzas. Otra ventaja de esta me dida sería la de hacer más fácil y fe­cunda la formación d e los cuadros de sargentos y cabos. El legisla­dor ha con iderado siempre el r ecl utami nto de sargentos ó cabos como la primera condición de un buen ejército, y se esfuerza cons­tantemente por mejorar la ituación d e e llos, con el propósito de con­sen ·arlos el mayor tiempo po i 1 bajo las banderas. ¿Pero no ve­mos que los elemento m ás intelig nt s de la nación, aquellos mis­mos que serían los más apto para o tener grados, d e jan las filas al cabo de un año d e servicio, sin que la e mulación se haya apode­rado de ellos? Mucho se ha a gurado que las cualidades que constituyen 1 mérito d e l lit rato, del a io, del artista, no son las que hacen al buen oficial. Esto apenas era exacto cuando el ejér­cito, reclutado n parte por medio d l os r ee mplazo ·, ra di tinto de la nación. P ro d e pué de la fu ión opérada por el principio de la obligación militar, emejante apreciación cae por ( misma, "Rep etid por d ndequiera, e cribe ' 1 cor ne l' qu firma nota­bl artícul n A/ Tú:mj>o, qu on la mi ma cualidad la que h:tcen bu no al obr r , bueno al soldado, bueno al ontramae tre, bu no al· aro· nt , bueno al ino-eni r y bueno al oficial. Estas id ea cu rda y razonable han qu dado en la penumbra, n tanto que 1 ejército ha formado un mundo aparte. Ab urdo é injurioso sería d sconocerla hoy, y, n f to, 1 hombre cambi.1.rá de ve tido, pero no cambia , u naturaleza. i su valor, u conocimien­tos ientíficos, u voluntad, su poder d trabajo, le crean una supe­rioridad marcada sobre u conciudadano , ¿por qué qu réis vos­otros, o pretexto de igualdad fí ica, que él no adquiera e n el regi­miento la mi ma autoridad sobr us amarada ? ¿Por qué no s­taría bien el mando en u manos? Por lo d e más, ¿los o-rados de nuestro ejército d e r eserva no se confieren en parte á esos jóvenes que no han pa ado sino un año bajo las banderas? Se les juzga dignos de servir con el título de oficiales, ¿y no serían capaces de ser excelentes cabos ó sargentos?" Si se con idera que tres años de interrupción corren el riesgo de cortar ciertos estudios y de acabar con algunas carreras, ¿hay un medio de conservar ese estado d e espíritu sin menoscabar el principio de la igualdad? Volvamos á la duración del servicio mi­litar de dos años. En este studio, que simplemente tiene por ob­jeto justificar la aplicación de una misma regla para todos los franceses, no nos toca examinar tan grave cuestión. Pero hay au­toridades militares que piensan que la sustitución no es imposible, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mz'lita?' á lo menos para una buena parte d e nuestros efectivos. Parece tam .. bién, por otra parte, que i la Administración de la guerra reduce á lo estrictamente necc ario á e os inútile de nuestros regimien­tos, ordenanzas, mpl ados, obreros, enfer meros, almacenistas, emboscados de toda cla es que hacen que ciertos días batallones ó escuadrones, parezcan esquel etos, resultaría una instrucción total más rápida y un aumento sensible de nuestras umdades de combate. En cuanto á las armas técnicas, la artillería por ejemplo, que exige más largo aprendizaje, nada impediría llamar con an­ticipación á los que deben formarlas, con obligación de tres años de servicio, en vez de cuatro como hoy, ó llenarlas con los enganches, estipulando en u provecho v ntajas pecuniarias especiales. En resumen, el a1·tículo 23 ha creado, en nuestro juicio un privil egio exc sivo bajo un r égi me n d mocrático. Viola, en efecto, el principio de igualdad en provecho de aquellos que, como decía el General Campenon, "e tán ya privileo-iados, sea desde el punto de vista de la fortuna, de la in trucción ó de la educación," ó en pro­vecho d a uello qu "por esto mi mo se preparan una carrera feliz y, en cons cu n ia, tienen n la soci dad una urna mayor de intere es que d fend r." uprimir e l artículo no solamente sería cumplir una obra d justicia, ino que ría también dar fuerza al e jército, con enciéndolo de la bon ad de la nación que e nrique­ce su cuadros de oficiales subalt rno ; ería igualmente de­fender lo ínter del com rcio y de la indu tria, rvir á la cien­cia, de pojándola ele pará ito que no acuden á lla ino por ca-par de perman r tre año bajo las band ra , y para terminar con una cita del n..!ral amp nón : " i lo hijos d 1 campe ino, del obrer , de la buro·uc fa, irvicran durante tr año codo con codo; i oporta en la mi ·ma fatio-a , i e unies n en común á llenar un día u de r de d fcn ore d 1 paí , ¿.no v is la magni­tud d lo re ultados que e obt ndrían? ~ to son : la hom ge­neidad y el pod r d nu tro ejército llevado á su máximum en tiempo de guerra _ para los d paz, 1 ac rcamiento de las clases y la verdadera paz social. ' Tale son las con ideraciones que han d terminado al que fir­ma e t artículo, para pr s ntar 1 2 r de Juni o d r8gg, á la Cá­mara de Diputado , un proyecto de ley t ndiente á la abrogación del artículo 23. i h mo de juzo-ar por la discu ión que acaba de tener lugar con motivo del pre upue to el 1 Mini tcri de Guerra, hay que ere r que en la Cámara ncuentra una gran mayoría para votar la su pen ión de todo privileo-io. En 1 notable discurso que pronunció en la s ión del 13 d F br ro último, M. Aimond, Diputado del ena y Oi e, ha podido d cir, con aplauso casi úna­nime de sus colegas: "¿,No pensáis qu tiempo de fijar sin tar­dar en nuestra ley militar e l principio de la igualdad real y efec­tiva de todos los ciudadanos e n las obligaciones del s rvicio mili­tar?" Después d e é l, M. Hérissie declaró que la erdadera revisión de la ley de r88g consi tía e n "la supresión de todas las di pensas, cualesquiera que fueran." Los señores Fernando David, M. La­sies, M. Pourquery de Boisseuin, poco más ó menos formulan las mismas declaraciones, de tal suerte que se puede decir que los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. r88 Boletín Milz'tar . inconvenientes de la ley, en rigor, hán acabado por llamar la aten- · ción del Parlamento, pr scindiendo de todo espíri+u de partido . . Durante cierto tiempo e estableció como specie de com·en­ción tácita, no tocar las institucio:1es militares. Ciertamente, ellas son de aquellas que no se pueden estar removiendo constantemente sin peligro: la def nsa nacional stá. int n · ada en su estabilidad. Pero cuando la e ·pe riencia ha demo trado Jos vicios de un siste­ma, y que estos vicios son de tal suerte que afectan en sus obras al organismo social,¿ no se impon e e l deber de buscar el remedio? Sin duda, el paí debe estar Ji to á afrontar las supremas eventua­lidades; sin duda que él no retroc d e ante ningún sacrificio para poner su ejército y u marina en estado de re istir á todas las ame­nazas, porque al lado d las atalla que e libran de tiempo en tiempo en el teatro d e la o-uerra, hay la batallas que se compro­meten incesantemente, cada día, en el terreno económico, y para ganarlas también hay que armar á Francia, y pre parar á nue tro hijos, enseñándoles que 1 en anche del comercio y de la industria e inseparable de la riqu za y del pod r nacional s. Cuando seme­jante resultado, á lo m no en parte, se obtenga sin comprometer nuestra eguridad ca i e puede decir que antes bien asegurándo­la ; cuando las medidas propuestas tiendan á la vez á proclamar una medida igual para todos lo ciudadano , á dar entrada en el ejército á los lcm ntos más inteligentes de la nación y á devolver su favor á carrera que on la verdad ra fuente de un gran pue­bl?,. ¿ qué mienbro del arlamento, qué francé no querrá sino u - cnb1r nu e tra prop ición, ó á lo meno examinarla con imparciali­dad, con el sincero deseo de ll egar á algún r sultado? P. ASTIER --- ~)¡;(!(C>- ---- 1llA., '-IOBRAS Y SER VICIO DR LAS PIEZAS EN LA AR7ILLERIA RODADA R eglamento pro\ i ional arreglado por la omandancia militar de la Plaz de Bogotá para el cuerpo de su dependencia PARTE PRIY!ER - METR LLA ORA Th ' LO 1~- SEl' \ ' lClO l)E L BQC , DF. Fl'F.C E CAMPA~ A l 'ontinún) .S'e1"?/ÍCÍo de la pieza en compa11a Ianiobras de fuerza Las maniobra de fu e rza e ejecutarán siempre con una sola pieza, y jamás como ejercicio de conjunto. Los artilleros concurri­rán á ellas sin armas ni quipo; si e tuvie en armados, el instruc­tor ord nará que e forme con ellas un pabellón á 3 metros de la contera. Los s is sirYicnte reglamentarios bastan para la ejecu­ción de las maniobras de fu · rza. El in tructor r com ndará á los artilleros que cuando hayan de ejecutar un fuerzo muscular agachándose, ó para levantar un peso, mantengan juntos los talones en cuanto sea posible, porque esto, sobre hacer más enérgico el esfuerzo, previene a<;cidentes desa~ral , per lanza si mpr un bu n volumen d agua. Por encima, nada eñala la prc ·e ncia d la fuente; 1 paí · es ári­do y pedrego o. ~-¡ agua brota rlc la roca como i la Yara de Moisés la hubie e tocado en medio del desierto. Por debajo el con­traste e notable. De la taza natural á donde cae el arrua nac un grande arroyo, ue baña la bella aldea d alle -la- ouce. e ven verdes pradera , campo bi n regado , y luég-o, qu un molinero trabajador se ha aprovechado de la corriente para hacer mo er su molino. E ta fuente, poco conocida por fuera ha ta esto últimos años, e célebre en el Departamento del veyron. Después de aborear el plac r que ca u a ste pai ·aje encan­tador, el pen ami nto e transporta á la fuente cél bre que los poeta han cantado, de la que lo naturali ta han ponderado las mara illas, y se encuentran alguna n nue tro paí . La de Nim s, que ale de una gruta poco profunda, r¡u lo alo di' :­nizaron, á la que lo Romano ncerraron en un rec ptáculo mag­nífico, adornado de estatua , ya hoy, por de dicha, degradadas. La de Vaucluse, n la extremidau de un' alle sin al ida ( u nom­bre quiere decir Yalle e rrado). La fu nte del Loirett, que no es sino una d ri ación ubterránea d 1 Loira. La d la Trouve, cerca de Angulema, cuyo volumen e tan fuerte que al juntarse con el Charante, basta para hacer á este río navegable por na­víos de fuerte tonelaje. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Éoletín Jlf·ilz"tar Propio es del espíritu humano pasar de un asunto á otro. El encanto del campo, el de rememorar los sitios análogos que uno ha visto ó de que ha oído hablar, no tardan n e de r sitio á un senti­miento de curiosidad. Uno se pregunta de dónde puede venir esta agua que aparece a í tan de repente, por qué brota n ciertas lo­calidades privilegiada , mientras que otras carecen de ella comple­tamente, y si no será posible acudir en socorro de los sitios deshe­redado . Uno qui iera inquirir i bu cando compañías empresarias para remediar esa sequedad~ se obtendría algún é, ' ito. Y todavía más, quisiera úno saber qué se hacen los arroyos y ríos que deben su existencia á manantiale y á fuentes. Estas cuestiones pertenecen á la alta física, es decir, á la cien­cia que estudia lo fenómenos de la naturaleza. Daremos á ellas respuestas dif~rentes; y para que se comprendan bien e tas res­puestas hay necesidad de que se preste atención sostenida. Todas las agua que circulan en la superficie de la tierra pro­vienen de las lluvias; y las lluvias misma se deben á que el calor del sol absorbe sin cesar la humedad del suelo y la mucho más abundante que le ofrece la vasta exten ión de los mares. Esa hu­medad se transforma en vapores que se eleYan hasta las altas re­gione de la atmó fera, para formar allí la nubes. De este modo se establece una circulación incesante de vapore que se amonto­nan en la uperficte de la tierra y de los mares, para subir ha ta las nube . En seguida uelven á caer bajo la forma de llu ia ó de nieve, para sujetarse de nuevo á la acción solar. Hé aquí un h cho importante, que e capa á la atención del vulgo y que ha id desconocido por toda la antigüedad. Es pre .. ciso una ob er ación atenta para dar e bien cuenta del poder de e ta fuerza ilencio a que tomando gota por gota de pequeñas can­tidades de agua obre una superficie inmensa, las tran porta á una grande altura y basta para producir toda la masa de aguas que riegan la superficie ntera de nu e tro planeta. -in otro tiempos imaginában e que e l interior de la tierra contenía vasto depósitos, y que de estos subterráneos provenían todas las fuentes que alimen­taban lo río . e creía que 1 agua del cielo no contribuía para esto ino con una débil parte. Por abundantes que fuesen las llu­vias, se consideraba que eran absolutamente insuficiente . • Esto era un error. La lluvias bastan para todo, y no tienen otra cau a que la evaporación que e verifica en la superficie de la tierra. No hay verdad mejor e tablecida que é ta. Pero evapora­ción y lluvias,., se reparten ele una manera muy desigual, según los lugare . El sol en los mar quita mucha más agua de la que las lluvias dan; lo contrario tiene lugar en los continentes. Los ríos que los mares reciben colman la diferencia, y de este modo se establece el equilibrio para el conjunto de los mares, entre lo que pierden y lo que reciben. Como todo los mares comunican unos con otros, re ulta de esto que su nivel no varía. La cantidad de agua que cada mar recibe por causa de las lluvias, puede, pues, ser diferente, sin que de ello resulte in­conveniente alguno; no pasa lo mismo con respecto á los conti· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milítar nentes. Tenemos la fortuna de habitar una parte d e l globo terre.s­tre en donde el ardo r d el s 1 · s de una fuerza m e dia. La evapo­ración que se produce no ni muy o-rande ni muy pequeña. Las lluvias también on de una int n idad m d :a, y on bastante igual­dad r e partidas · ntre la di ver as estacion s; un poco más fr cuen­tes n im·ie rno, un poco má abund ntes n tío . Así, el su lo permanece ca i siempr conv ni e ntement humedecido; las épo­cas de sequía ó d e inundación son rara . Lejos tá de aconte­cer lo mismo n todas par e . Se encue ntran, sobre todo en el centro de los conttnentes, vasto espaci · e n que la lluvia no cae casi nunca; y hay otros en que la lluvia torr ncial s son tan abundante , qu e el agua, en cierta tacione , e rre por donde­quiera: nada capa á la humedad. Lo sabio han bu cado la ex­plicación de esta al t racione : toda ía no han ncontrado razón completamente atisfactoria. T odo lo que e abe =e que la ma­yor parte de los paíse ituados en la zona tórrida, entr los trópi­cos, e tán expue tos á lluvia verdad ram nte diluvianas durante ciertos me es d 1 año. Lo ríos se hinchan entonce de una mane­ra prodigiosa, de bordan y ubren grand s ,· tensiones del país. Es á la lluvias qüe obrevienen a í n la bi inia, y al limo que arrastran, á lo que 1 Egipto debe las inundacione periódicas del Nilo y la fertilidad que llo le produce. El gran rfo de la Amazona y u podero os afluentes tam­bién de bordan, ubr n con varios m 'tr d agua llanura inm n­sas y lo bo ue que la tapan, oblirrando á la reo·ada población de indio alvajes á r fug·ars n las ramas ó en la punta de los árbole á dond e 1 ao·ua no alcanza. Entre 1 paí es completamente ó a. i del tod privados de agua, se r uedcn citar la · co ta · del Perú, e 1 o-ran d ierto del ahara, lo · d esie rtos d rabia ele 'l artaria u la India, aqu llo que s paran la P r ia dE;l Turquc tán, y otro de iert n 1 centro de Au tralia. ada má pant o que _ ta · tri t s comar a , en dond ca · i no puede vivir ninguna 1 oblación y ue lo viajeros an apr ura amente, in deten r e . En icrto punto ·, raro n v rdad, se ncue ntran in mbargo pozos [UC vi ven de fuent subterráneas. La ,· i t ncia de to pozo , n comarcas en donde ·e pasan de cinco á di ez año in v r caer una lluvia, lo que •parece contradecir lo que he a co·urado obr 1 origen aé­reo de la fu e ntes, lo llevaría á uno á volv r á la hipót _¡ de los lagos ubterrán o . Pero de ningún modo es esto ,. rdad, y la ci n­cía con igue ··xplica1· e ta anomalía ele una manera muy natural. i el calor transforma la humedad que e.·i · t~ n la · :perficie de la tierra en un vapor ue e di uelv en 1 air , el frío uora de una manera enterament di tinta, y obliga al aire á de pojar e del vapor que contien , bajo forma d gotita , cuando hay e. ceso de este vapor. El aire contiene iempre o-ran cantidad d Yapor, pre­sente aunqu invi ible. Caliente, s su e ptible de a sorb r má ; enfriado, lo devuelve, com es fácil rlo por la mañana, bajo la forma de rocío en la plantas, n la y rba d las prad ras ; y por la tarde ó por la noche, n muchos lugares en donde lo que se lla­ma el sereno, es muy sensible-Contz'n1ía. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 6

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 7

Por: | Fecha: 16/02/1901

~~ BOGOTA, FEBRERO 16 DJs 1901 SERIE II-TOMO I-N. 0 7. 8 BOLETIN ~iiLITAR DE COLOMBIA Organo del Ministerio de ¡ Guerra y del Ejército Son colaboradores de este periódico los ~ Jefes y Oficlnles del Ejército + Director ad honorem F. J. VERGARA Y V. General de Ingenieros, Miembro de varias Sociedades Cientiftcaa DECRETO NUMERO ros DE I9o.1 (25 DE ENERO) por el cual se fija la inteligencia del artículo 2. 0 de la Ley 39 de 1896 El Vú:epresz'dente de la República, mcargado del Poder .Ejecutivo, En uso de las facultades que le confiere el artículo r 2 r de la Constitución, DECRETA Artículo único. Para los efectos del artículo 2.0 de la Ley 39 de r8g6, se entiende que prestan el servicio de guarnición no sólo las tropas acantonadas en determinado lugares, sino también las que por necesidades del servicio tuvieren que salir á campaña en la comarca 6 región á que pertenece la ciudad que designe el Go­bierno como asiento principal de la guarnición. Dado en Bogotá, á 25 de Enero de I90I. JOSE MANUEL MARROQUIN El .Ministro de Gobierno, GurLLER!riO QuiNTERO C.-El Subse­cretario de Relaciones Exteriores, encargado del despacho, ANTo­NIO Josi URIBE-El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, MIGUEL ABADIA MÉND&z-El Ministro de Guerra, Josi DoMINGo OsPINA C.-El Ministro del Tesoro, ENRIQU& RESTREPO GARCÍA. TOllO l-13 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolel{n Milita, RESOLUCION NUMERO z. 0 Minisürio de Guerra-Sección J.•-Bogolá, Febrero 9 de II)OI CONSIDERANDO Que el Decreto número 151 de 1g00 ha sido interpretado de diversas maneras, lo que ha ocasionado muchas dudas y dificulta­des en la Contabilidad, como lo manifiestan las numerosas consul­tas elevadas á este Despacho, principalmente por los Pagadores del Ejército, SE RESUELVE Tanto el aumento del 25 por 100 de que habla aquel Decreto, como cualesquiera otros señalados por el Poder Ejecutivo, de acuerdo con la autorización conferida por el artículo 2.0 de la Ley 39 de 18g6, deben liquidarse tomando por base los sueldos fijados por dicha Ley; así, en el caso de haberse de computar á un mismo tiempo varios de tales aumentos, se liquidará por separado cada tanto por ciento sobre la base ya indicada. Por ejemplo, un Capi­tán de la guarnición de Honda tendrá hoy un aumento de $ 20 conforme al Decreto citado, y$ 20 conforme al Decreto número 153 de 1897. Comuníquese esta Resolución á la Comandancia en jefe del Ejército, y publíquese. El Ministro, J osE DoMINGO ÜSPINA C. BRIGADA. DE LA PLAZA En la relación publicada en el número anterior, se dijo que el Dr. Agustín Uribe había recibido cuatro bestias, cuando en verdad esa cifra debió reducirse á dos, por haber quedado las otras dos en la brigada de la Plaza. ABRIGOS DE VIVAC (REGLAllENT.ARIOS EN FRANCIA) Sucede con frecuencia que por una ú otra razón táctica 6 es­tratégica, las tropas se detienen á pasar la noche en lugares donde no hay habitaciones para acantonarse, ó carecen de toldos de ~mpaña Ó de barracas: en este caso, organizan la dormida en vivac, ya bajo el toldo-abrigo, ya bajo abrigos artificiales im-proYísados. · Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Milita1' Cuando la tropa dispone de toldo-abrigo, se instala en cam­pamento como si llevara toldos de campaña, es decir, siguiendo las prescripciones de los reglamentos sobre la materia. Un bata­llón, por ejemplo, forma en el centro una columna de filas de pa­bellones, y á los lados se establecen, por sendos grupos de dos compañías, los soldados, con las cocinas sobre los flancos, y las le­trinas por lo menos á 6o metros, donde lo aconseje la configura­ción del terreno. Si faltare hasta el toldo-abrigo, se vivaquea al aire libre, en el orden y sobre el terreno donde al haberlos se huhieran levan­tado los toldos, protegiéndose los soldados contra la intemperie con abrigos improvisados. a) Ramaje-Si en la comarca hay bosque ó matorrales, habrá en pie, por decirlo así, el material necesario para construir abrigos consistentes en dos estacas sobre las cuales se atraviesa una Yara que soporta una especie de tinglado ó mediagua formada de ramazón menuda (figura 1.•). Si las ramas escasean y hubiere paja ú otra materia análoga, se reemplaza con ésta una parte de aqué- 11as en Jos tinglados. Figura 1.• Perspectiva de un abrigo de ramaje b) Zarzos-Cuando lo que falta es la ramazón, y más .bien se busca defensa contra el frío y el viento que contra la lluvia, los abrigos ligeros de ramas se reemplazan con zarzos (figura 2. •). Figura 2.• Perspectiva de un abrigo de zarzos Con frecuencia en ciertos períodos de una campaña, en.espe­cial en los investimientos de fortificaciones, sucede que un puesto 6 retén ocupa un sitio á donde no llegan las miradas del enemigo, y los rigores de la estación exigen dar algún abrigo á los hombres que Jo forman. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mz"l·itar . En tales casos puede instalarse un abrigo ligero, eficaz y fácil de construír. Para esto se principia por trazar en un terreno de piso igual, una circunferencia de 5 metros de radio, y en su centro se abre un pozo de om.30 de profundidad por om.6o de diámetro. De ese foso se hacen partir en seguida cinco ó seis zanjitas de una cuarta de anchura, de manera que encuentren el nivel del suelo á 2 metros del centro de la circunferencia, cubriéndolas con piedra 6 césped, si es posible, á fin de convertirlas en tubos de tiraje para el aire que habrá de alimentar el hogar central. Figura 3.• Per · pectiva de un abrigo ligero para un pue to de 40 á 6o hombre En efecto, ese hogar ocupará la parte central del vivac, for­mando un círculo de unos 2 metros "de diámetro, de manera que cubra el foso y las zanjitas de tiraje. Sobre la circunferencia del puesto de vivac se levanta un pe­queño reborde de cesped6n (la hierba hacia afuera) de om.30 de anchura por om.2o de elevación ; sobre ese reborde apoyan los sol­dados la cabeza, de suerte que los pies les queden vueltos hacia el fuego. El escurrimiento de las aguas de lluvia hacia el exterior se asegura por medio de zanjas abiertas con tal fin. En tiempos muy frios 6 lluviosos puede disponerse en torno del vivac, á 4 metros del centro, una línea circular de piquetes de unos om.go de a1tura, ahorquillados hacia arriba, espaciados de ·metro en metro y unidos en la cabeza por medio de una cuerda de ramaje 6 cuan pasada por las horquetas. Sobre la cuerda se apo­ya una serie de zarzos de 3 metros de longitud, cuya otra extremi­dad se coloca en tierra á 2m.50 más allá de los piquetes, pasando por sobre el reborde de cesped6n ya mencionado (figuras 3.a y 4:). De los tales zarzos no se quitan las hojas sino por dentro, y por fue­ra se arreglan de manera que el agua ruede con facilidad; si es posible, ya colocados se acaban de tapar los vacíos con paja, ramas, etc. En la pared de zarzos conviene dejar un boquete ó-puerta del Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo/et{n Milz'tar lado hacia el cual el viento empuje el humo de la hoguera central. Si faltare ramaje y los soldados tienen toldo-abrigo; pueden colo­car éstos en vez de zarzos, fijándolos en tierra por medio de estacas 6 piedras. t- · - - - . . - . - .. -- --'~; . -- ·----·--- · -·-- -· - -·-------~ o o----·--··-·--··~----·­~---- ··--· · · · -- -·-···-""'-··-·---·-·· ·-- -- -~---- _ _, ••o• Figura 4- • Corte vertical de la figura anterior por A B Si el suelo estuviere húmedo, pueden hacerse zarzos para que sirvan de lecho á la tropa; si el vivac fuere circular, tales zarzos - ""-'. --~ Figura S·,. Perspectiva de un puesto cubierto de zarzos en torno de un fuego de vivac serán más angostos en la parte destinada á los pies que en la que se deje para el tronco, á la cual se da una anchura de una vara (figura 5. • y 6:). :r', , •U ~-- 1~9Q ... .. *-~ero .. ·--~)90. · --~ Figura 6.• Corte ertical de la figura anterior Si el vivac debe servir varios días en tiempo de lluvia, es •n­dispensable el empleo de zarzos para lechos, porque sin ese re-: quisito pronto el puesto no sería sino un fangal. Las figuras 7 .•-y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mt"tt'tar i ... indican con toda claridad cómo se construyen los zarzos para camas 6 lechos de vivac. ~ 1 Figura 7. • Armaz6n de un zarzo Figura 1P Zarzo ------- ~ ------ PRINCIPIOS GENERALES DE ESTRATEGIA Y DE TÁCTICA EN LAS PEQUENAS GUERlfAS por el Ma.yor C. E. Callwell, del Ejército inglés TRADUCCI6N DE ISIDORO LAVERD.K AMA YA-Contintía XXXVI. Son necesarias algunas reservas-Esto no obstante, no debe prescindirse en absoluto de las reservas, sobre todo en com­bates contra fanáticos que pueden intentar una carga á fondo re­pentina bajo la forma de un contraataque. En suma, esta cuestión de las reservas, surge de la táctica de infantería que se tratará con este título en un capítulo siguiente. Pero lo relacionado con la falta de reservas en casos de contraataque conviene igualmente á todas las armas. Ejemplos de contraataques enemigos-En Denghil Tepe, en 1879, el General Lomakin se vio obligado, á causa de la debilidad de los efectivos de su columna, á dar el asalto sin reservas á retaguar­dia. Cuando Jos asaltantes, no habiendo podido penetrar en las trincheras, se batieron en retirada bajo el fuego más vivo de los Tekkes, no había reservas que Jos recibiesen. Felizmente los ca­ñones favorecieron á la infantería rusa reunida por los defensores, quienes escalaron las murallas y cargaron en masa con vigor. La infantería en retirada ocultó por algún tiempo á la artillería, pero · despejó en oportunidad el frente para permitir que las piezas arro­jasen algunas granadas sobre los grupos turcomanos, que tuvieron que penetrar desordenadamente en su fortaleza. En la batalla de Tetúan, en 1859, en la cual el Ejército espa­ñol se decidió por un ataque directo contra los Moros atrinchera­dos en una fuerte posición, el enemigo verificó una salida de flanco, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. y cargó de repente, justamente en el momento en que. iba á darse el asalto. Este imprevisto contraataque favoreció desde luego á los asaltantes y les permitió penetrar á viva fuerza en la posición, tras los talones de los Moros, que huían, y que no tenían ninguna pro­babilidad de triunfo, en terreno descubierto, contra los fusiles de los Españoles; y el incidente corrobora la tendencia de estos adver­sarios en llevar á cabo semejantes contraataques inopinados, que exigen que las tropas regulares presenten un frente sólido. La carga de los Ghazis en la batalla de Bareilly, en 1858, es otro ejemplo bueno de contraataque enemigo. El ataque contra los rebeldes estaba dispuesto. Sobre la izquierda de los Ingleses, la artillería, que debía tomar al enemigo de flanco, había estado en .acción durante algún tiempo. De repente, una masa de fanáticos armados de sable atacó la extrema derecha de los Ingleses. La infantería tuvo tiempo de cerrar filas, y rechazó al enemigo. Ape­nas libres de los Ghazis, una gruesa columna de caballería rebelde .envolvió el flanco derecho y sembró el desorden en las retaguardias. Todavía se pueden citar como ejemplos menos importantes una carga súbita de enemigos armad=>s de lanzas, que se arrojaron desde las alturas de la derecha de la posición de los Madistas, en Kirbecán, sobre la infantería que iba á asaltarlos, y una acometi­- da de Jos fanáticos en el combate de Kotkai, en la expedición de la Black Mountain, en 1888. En este último hecho de armas'" el enemigo huía y las tropas asaltantes avanzaban con rapidez para completar la victoria, cuando, de repente, de un barranco disimulado que cortaba diagonalmente el campo de batalla, se lanzó un grupo de fanáticos armados de sables, que hicieron un esfuerzo desesperado para romper la línea. Todos murieron, pero ocasionaron algunas pérdidas, y hubieran podido ser causa de muy serios desórdenes sin la consistencia de las tropas •. XXXVII. Necesúlad de la cooperación entre la z'nfanterla J' la ca­ballería para rechazar los contraataques-Adversarios de esta clase rara vez se muestran muy dispuestos á abandonar sus posiciones para ejecutar un contraataque,aun cuando los ejemplos precedentes muestran que hay con frecuencia probabilidad de que un ataque re­pentino se lleve á cabo por una fracción de las fuerzas enemigas. El caso de Denghil Tepe, aun cuando fue más bien un contraataque, verificado después del mal éxito de un asalto, pone de relieve la im­portancia de la artillería como elemento protector. Es otro argu­mento en favor de la acción ofensiva de esta arma, acción que ya se ha demostrado que es necesaria, si se quiere obtener una victo­ria decisiva sin recurrir á un movimiento envolvente. Buenas tropas poco tienen que temer de una acometida súbita, si el terreno es des­cubierto; pero en un terreno quebrado y anguloso, en donde no hay campo de tiro, tales adversarios pueden ocasionar muy serios des­órdenes si atacan con energía y repentinamente ; pueden hasta romper la línea si no hay reservas. El General Skobelef, en sus instrucciones á las tropas en la campaña contra los Turcomanos • Kotkai se encuentra en el Gomal Pass. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 200 Boletín Milzta1 en 1880, concedía muy grande importancia al hecho de que la artillería pudiese sostener á la infantería en el ataque, y á que la infantería estuviese siempre lista. "El gran principio de la táctica en Asia es el de emplear las formaciones cerradas. La artillería debe exponerse con grande abnegación para sostener de cerca á sus camaradas." Tales eran sus máximas. Y bien que semejante táctica sea inaplicable en muchas situaciones que presentan las pequeñas guerras, las reglas de manejo sentadas por un jefe tan ilustre merecen considerarse maduramente. XXXVIII. Tendencia del enemigo á amenazar los flancos y las re­Jaguardz'as de unacolumna de alaque.-El hecho de que los guP.rreros irregulares no están muy dispuestos á resistir un ataque directo, los conduce á hostilizar los flancos y las retaguardias de las tropas regulares. Además, se dan instintivamente cuenta de que los flan­cos y las retaguardias de las tropas dirigidas contra ellos, son los puntos más favorables para un contraataque, y por esto, frecuen­temente dan mucho que hacer. En la guerra en los bosques, cuando el enemigo no se mantiene simplemente á la defensiva tras empalizadas ú otra clase de trincheras, ame nazan constan­temente las retaguardias y los flancos. Esta razón fue la causa de que en el Dahomey se adoptara la formación en cuadro, como se hizo notar en el capítulo VIII; y lo mismo aconteció en Amoaful y en Ordahsu en el Ashanti, y también en el Achín. Pero este sistema envolvente de parte de los adversarios indisciplinados no es especial de la guerra en los bosques : también se encuentra en las montañas de las fronteras de la India, en Argelia y en el Asia Central. Los Moros lo em­plearon igualmente en 1859, y el Mariscal Mac Donald, en la ba­talia de Tetuán, avanzó en una formación en cuadro en ángulo, privándose de sus flancos, formación de combate bastante seme­jantP á la ya citada del Mariscal Bugeaud en Isly. Tal formación se parece á la del cuadro; y cuando el enemigo, con fuerzas superiores, trata de verificar ataques enérgicos contra los flan­cos y las retaguardias, es indispensable adoptar una formación que permita á la columna hacer frente á todos lados y cubrir sus bagajes. Pero aquí hablamos de amenazas más bien que de ata­ques regulares contra flancos y retaguardias de una columna ofensiva. XXXIX. Importa proseguir camino y no dar demasiada alennon á las demostraciones contra los flancos y las retaguardzas.-Por lo gene­ral, cuando los flancos y las retaguardias de las tropas de ataque están simplemente amenazadas, parece bueno el principio de no dar mucha importancia á esas amenazas. Cuando en el Tonkín los Franceses atacaba~ fuerzas muy numerosas, adoptaban común­mente una formación en escalones para impedir que la táctica en­volvente fuese un peligro serio. De ordinario, si el ataque es enér­gico y el asalto á fondo, las nubes de enemigos que acosan los flancos se disipan y dejan de ser un peligro. Tal fue el caso de Ordahsu, citado atrás; las tropas inglesas avanzaron atrevida­mente, no preocupándose de la tendencia de los Ashantis á hosti- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar 20I lizar los flancos y las retaguardias ; y no hubo ninguna contrarie­dad. Este método de combate de parte del enemigo poca relación tiene con el sistema de ataque envolvente que los Zulúes emplea­ron c0n tanto éxito en Isandwhana y con sus maniobras de Ghin­hilowo y de Ulundi; porque en el Zululand las tropas regulares se mantenían á la defensiva sobre el campo de batalla, en cuadro 6 en laager, y el enemigo era el asaltante. El hecho mismo de no prestar atención á las tentativas del enemigo contra los flancos y las retaguardias, manifiesta á este enemigo que el ejército regular le teme poco, y, como tan frecuentemente se ha hecho notar, el efecto moral es poderosísimo en estas campañas. La victoria decisiva del General Romanowski sobre el ejérci­to Uzbej en Yedshar, entre Tashkend y Samarcanda, en 1866, es digna de ser mencionada á este respecto. Mosuffer Khan, el emir de Bvkhara, tenía poco más ó menos 40,000 hombres; la columna rusa contaba:como 3,000. A pesar de la desproporción de los efec­tivos, el General Romanowski atacó. El enemigo envolvió á la co­lumna ru a y dirigió ataques desesperados contra el convoy, que estaba defendido por algunas compañfas. Pero los rusos continua­ron con resolución y firmeza su camino, y la escolta del convoy rechazó Jos ataques lo mejor que pudo, tornando á emprender su marcha cuando tenía un poco de tregua. El enemigo no pudo atajar la marcha determinada hacia adelante ni el fuego de las piezas del G .... neraJ Romanow ki ; y al cabo, huyó presa de pánico. En la batalla de Wad Ras, en 1859, los Moros amenazaron seriamente los flancos de los Españoles en el momento en que se desarrollaba el ataque. Bien que fue necesario desprender algunas tropas para mantenerlos á raya, el ejército acometedor continuó su movimiento sin inquietarse por las maniobras del enemigo ; y cuan­do la aldea de Amsal, en el centro de la posición enemiga, fue tomada, los Moros desaparecieron en todas direcciones. El ejército del Sultán era, numéricamente, superior en mucho á las fuerzas españolas, lo que le permitió envolver á los asaltantes, resistiendo al propio tiempo al ataque principal. • XL. Combates en el bosque-El combate en los bosques ofrece todos los caracteres del combate bajo bosque en las guerras regu­lares: la misma incertidumbre, la misma dificultad de sostener la unión entre los diferentes cuerpos de tropa y las varias fracciones de un mismo cuerpo, igual necesidad para los soldados y clases, y para los oficiales jóvenes de no confiar sino en e U os mismos •. Esto, naturalmente, depende mucho del espesor del bosque, que es una expresión muy elástica. En la Chechnaya, valle del Daghestán en donde encontraron una resistencia tan seria durante varias cam­pañas, los Rusos peleaban en Jos bosques. En el Achín los Holan­deses combatían en medio de una espesa vegetación tropical, en ciertos parajes casi impenetrables para el europeo. En suma, el combate en bosques es Jote de la infantería, y como se puede es- • Véase en las Exj>edicionu Í1ll{lesas m Afrua (p:igs. 81, 82, 83, 84 y 85) las instrucciones tácticas del Mayor General Sir G. Wolseley, para la ¡r1erra dd Ashanti de 1873-74. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 202 Boletín Mt·lt·tar 1udiar mejor es en la táctica de ésta. A la caballería poco lugar le toca en estas operaciones. Las piezas y las máquinas de guerra -son algunas veces muy útiles. Por supuesto que es necesario que se mantengan, ya sea en la línea del fuego 6 ya muy cerca de esta línea, y corren el riesgo de ser acometidas, á menos que estén en contacto íntimo con la infantería. Como á veces se cae inopi­nadamente sobre trincheras empalizadas, el fuego á boca de jarro de algunas piezas de campaña es muy eficaz ; por esto es esen­cial que estas piezas estén muy inmediatas para romper el fuego súbitamente. XLI. Hora deL ataque. Al11ques al amanecer-Un punto más, respecto de la táctica de ataque, merece llamar la atención: es la -cuestión de la hora en que deba verificarse el ataque. En un ca­pítulo próximo estudiaremos los ataques de noche, al mismo tiem­po que las demás operaciones nocturnas y las objeciones que sus­citan. Estos ataques rara vez son juiciosos; pero la experiencia demuestra cuánta es su eficacia cuancio son posibles los ataques al .amanecer. Es costumbre muy común de los ejércitos indisciplina­dos é irregulares, retirar una gran parte de sus fuerzas durante la noche, y volverlas á su puesto por la mañana. El ejército francés, en su marcha sobre Argel en 1830, sacó gran provecho de esta costumbre en Sidi Khalif, en donde las fuerzas del Rey fueron completamente atropelladas. Se había observado que el enemigo tenía la costumbre de retirarse, durante la noche, de la posición que cuidadosamente tenía dispuesta, de manera que el General Bourmont la atacó por la mañana temprano y la tomó con bastan­te facilidad. El mismo hecho se observó en Deh Koja, ya mencio­nado en este ,capítulo; y si no hubiera habido bombardeo prelimi­nar por la artillería de Kandahar, probablemente la aldea hu­biera sido tomada sin seria resistencia. También es singular el hecho de que estos enemigos, dispues­tos como están á atacar desde la aurora, no parecen prever el peligro á esta hora. Lo cierto es que si una columna puede por una marcha nocturna llegar delante de la posición ocupada por una fuerza irregular, y hasta por un ejército un tanto formado al sistema europeo, pero que carezca de la representación de un ejército regular, dicha columna podrá de ordinario verificar un ataque muy eficaz, si no se ha notado su aproximación. Y por causa de la insuficiencia 6 de la carencia total de avanzadas del enemigo, Ja marcha de los acometedores rara vez es descubierta, -~i es conducida con destreza y perseverancia. Ejemplos-Buen ejemplo de ataque al despuntar del día acae­ció en Argelia en 1845. Abd-el-Kader, con aquella prontitud que era la característica de su método de hacer la guerra, apareció en la Métija, cerca de Argel, en donde todo el distrito estaba en armas. Se supo en la capital que el Emir se encontraba en las montañas en un sitio llamado Cherek el Tobul. El General Gentil, que mandaba en Argel, hizo una marcha de noche hacia el campo enemigo ; el movimiento se mantuvo en secreto y la marcha fue inopinada y rápida. La columna llegó al Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mt'tt'lar 20.J campo antes de la aurora y lo sorprendió al comenzar del día. Los rebeldes fueron derrotados, y el Emir mismo apenas tuvo tiempo de escapar. El castillo de Ludlow, en los afueras de Delhi, fue tomado du­rante el sitio de 1857, gracias á un ata1_ue ejecutado al amanecer, porque las tropas se acercaron merced á la oscuridad. El ataque sobre el flanco de los Afganes, en el Peiwar Kotal, citado antes, se llevó á cabo al amanecer. El caso bien conocido de Tel el Kebir es un ejemplo muy no­table de un ataque de esta clase. El movimiento de un grande ejército en formación de combate durante la noche, directamente y hasta situarse á buen alcance de una formidable línea de trin· cheras ocupada por un ejército no menos numeroso, es un hecho notable de guerra. Llegó justamente en el momento que se desea­ba ante las trincheras, y el resultado fue una victoria completa. Se sorprendió á los Egipcios, que habían descuidado su servicio de avanzadas, pues las que tenían estaban muy inmediatas para dar á tiempo la señal del asalto proyectado. * XLII. Es preciso atacar por la mañana lemprano, de modo de podet· verificar una persecuáón ~caz-Si se pueden disponer ataques al des­puntar del día, tienen muchas probabilidades de dar un triunfo decisivo. Este parece también el momento más favorable para dar el asalto á una fuerte posición. Si es posible, siempre es ven­tajoso atacar por la mañana temprano, á fin de tener tiempo no sólo de arrojar al enemigo de su posición, sino también de verifi­car una persecución eficaz. Este un principio que se aplica igual­mente á las guerras regulares. Pero no hay que olvidar nunca que en las pequeñas guerras, para obtener triunfos decisivos, no sólo se necesita batir al enemigo, sino completar inmediatamen­te el éxito. No debe permitirse que el enemigo, á medio batir, se escape y disperse sus fuerzas. Una vez que se le ha agarrado, no hay que soltarlo. El enemigo desconoce una persecución encarni­zada, no la comprende; pero le desmoraliza completamente. Una victoria táctica decisiva, ganada por la tarde, puede tener efecto menos durable que un triunfo menos señalado sobre el terreno, pero obtenido antes de medio día, si este triunfo es el preludio de una persecución tenaz y de una marcha general ofens~va de lastro­pas victoriosas. ----..... ~.- --- INFORME SOBRE EL EJERCITO ALEMAN Continúa J.0 -Período del tiro En el mes de Julio, así que la instrucción de las baterías se ha confirmado bien por todos los puntos de vista, es cuando se • Véanse las Exp~diciollu illglesas tn Ajrica (páginas 319 y siguientes), y señaladamente las reflexiones del General Hamley sobre esta marcha en batalla de noche. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oiet{n M·ilitat pasa, tanto en la artillería de campaña como en la de plaza, á los ejercicios de tiro con las diversas bocas de fuego; ejercicios que duran hasta mediados de Agosto y á los cuales suceden las ma­niobras de otoño, ó grandes maniobra , ejecutadas de concierto con las demás armas. Por consecuencia del desarrollo de la agricultura en Prusia, los campos de tiro para la artillería son difíciles de encontrar, y su número es, por consiguiente, muy limitado. La mayor parte de las veces uno solo sirve para varivs regimientos que van allí sucesiva­mente á hacer sus escuelas. La duración de éstas es entonces de veinte días para un regimiento de artillería de campaña, y de treinta para un regimiento de sitio. Sólo á las baterías que se en­cuentran estacionadas en las inmediacio nes del campo de tiro no se les limita el tiempo, y pueden elegir los momentos que les pa­rezca mejor. En el punto de ista del tiro, como en todo lo demás, el capitán tiene la plena y entera responsabilidad de la instruc­ción de su batería, y cada año se ponen á su disposición para este objeto: 244 granadas ordinarias, 100 balas granadas, 12 botes de metralla y el número correspondiente de saquetes de pólvora y de estopines. En suma, son 356 tiros de cañón por batería ; y como en tiempo de paz las baterías no tienen sino 4 piezas, resulta que cada una de éstas tira durante sus escuelas: 61 granadas ordinarias 25 balas granadas 3 botes de metralla Esto es..... . .. . 89 tiros Hé aquí cómo está organizada la enseñanza del tiro : Se empieza por lo que se llama tiro preparatorio 6 de ins­trucción- lhzlern"ch~s Schzessm,-que tiene por objeto demostrar á vista de todos, los efectos de las piezas, el uso de las tablas de tiro y cómo las diversas circunstancias influyen sobre la precisión de éste. A fin de comprobar mejor los resultados, se sirven de blancos llamados de prueba-Anschus Scheibe- • de forma cuadra­da y de 5 metros de lado. Luégo se pasa á ejercicios que tienen por objeto principal enseñar á los sargentos, y sobre todo á los ofi­ciales, á seguir el tiro de su pieza y á rectificar la puntería después de cada tiro. Para conseguirlo, se da á cada teniente el mando de una pieza aislada, con la cual tira al principio á las pequeñas distancias, hasta 1 ,ooo metros; después á las medias, de 1,000 á 2,000, y por último á las grandes, más alJá de 2,000 metros, hasta el alcance máximo de la pieza. El tiro se hace siem­pre á distancia no conocida. Cuando los oficiales nuevos han aprendido á determinar el tiro, sigue el mismo ejercicio para los primeros tenientes que di- • Literalmente : blancos que sinen para determinar el tiro. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milz'tar 205 rigen el tiro de una sección, y por último para el mismo capitán que determina el tiro de su batería entera, á diferentes distancias y con diversos proyectiles. Los resultados que da cada pieza sirven de guía para regu­lar el tiro de las otras. A una de las últimas sesiones de escuela de fuego asiste uno de los inspectores del arma, para comprobar el estado de ins­trucción del regimiento. Esta sesión constituye el tiro de inspección. Hé aquí los blancos de que la artillería hace uso en sus es­cuelas de fuego: I .0 Los blancos tiradores Schülzen-Scheiben, que se colocan en una fila á 2 metros uno de otro. Cada uno de ellos tiene om.so de ancho y Im.8o de alto. 2. 0 Blancos infantería-Infanlerz"e- Schez"ben-Altura, I m.8o; ancho, 12 m. 3. 0 Blancos-artillería-Artz'llerze-Schez'ben,-que son formados por dos partes separadas. Delante se coloca un tablero cuadrado de 1m.8o de lado, y detrás de él, á 7m.so, otro semejante. Además de los blancos se emplean también como objelt'vo para ser batido, atrincheramientos, barricadas y otros obstáculos diversos. Así, por ejemplo, un día que fui al polígono, vi una ba­tería de sitio tirar á 1,500 metros contra un espaldón que repre­sentaba una obra de fortificación. Se pueden encontrar indicaciones más detalladas sobre el tiro de la artillería en el Reglamento intitulado Lez'lende Grundsiilze für die Abhallung der Schz'ess- Vebungen. Las inspecdones En la artillería, como en las otras armas, la mayor parte d~ las inspecciones se verifican durante el verano ; y por consiguiente, aquí es la ocasión de hablar de ellas. El coronel es responsable del valimiento adquirido por su regimiento como máquina de guerra, por decirlo así. Por tanto, está obligado á seguir día por día la instrucción de su tropa. El es también quien pasa todas las inspecciones relativas á los de­talles de las diferentes ramas de la instrucción, mientras el jefe de brigada no ve las baterías sino cuando están ya enteramente dispuestas é instruídas. Todo lo que hemos dicho de las inspecciones al hablar de la infantería, se aplica á la artillería y á las otras armas. Hé aquí ahora cuál es la serie de las inspecciones pasadas á la artillería en el curso del año : Hacia mediados de Enero-1.0 Inspección de equitación en silla y bridón, por el jefe del regimiento. A principios de Marzo- 2.0 Inspección de los voluntarios de un año, por el coronel, antes de su admisión en las filas de la ba­tería. 3.0 Inspección de los reclutas á pie, y servicio de las piezas, por el coronel. Afines de Marzo-4. 0 Inspección de equitación, con silla y bri­da, por el coronel. 5. 0 Inspección de los trompetas, equitación y toques á todas las velocidades, por el coronel. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 206 B~let{n Militar A fints de Abrz'/--6.0 Inspección de conducción de carruajes, por el coronel. 7. 0 Examen de los alumnos de la escuela regimenta}, sobre las diversas ramas de la enseñanza, por el coronel. A principzos de Mayo-8. 0 Inspección de las baterías á pie y funciones de los soldados como artilleros, por el coronel. 9· 0 Ins­pección de gimnasia, por el coronel. 10. Examen de la instruc­ción teórica de los sargentos y de los soldados, por el coronel. 1 1. Inspección de todo el material ti e las baterías, esto es, vestua­rio, repuesto y material rodado, por el coronel. A fims de Mayo ó principios de Jum'o-12. Inspección de los ejercicios de toda la fuerza de las baterías por el coronel, y algu­nas baterías por el jefe de la brigada. 1 3· Revista general de toda la guarnición de Berlín, por el Emperador. 14. Maniobras de toda la artillería reunida de guarnición en Berlín, ante el Em­perador. A fines de Junz'o- 15. Inspección de las evoluciones de abilw·­lung, por el coronel. 16. Inspección del servicio de campaña, por el coronel. Hacia medt'ados de Agosto-Inspecciones pasadas por un inspec­tor ó por el inspector general del cuerpo de artillería. 1 7. El tiro. 18. Maniobras de todas las fuerzas reunidas. Y 19. Servicio inte­rior del regimiento. Además, durante el verano el comandante general del cuerpo de ejército pasa una 6 dos veces, según lo juzga necesario. la re­vista de todo el regimiento. El comandante general del cuerpo de la Guardia no pasa estas revistas, porque el Emperador ve los dos regimientos al mismo tiempo, y entonces el comandante en jefe, lo mismo que todos los demás oficiales generales del cuerpo de ejér­cito, tiene todas las facilidades para asegurarse del estado de las tropas que están bajo sus órdenes. En fin, cada do años, como en las otras armas, se hace la inspección de detall-Muslerung,-relativa solamente al material, es decir, vestuario, equipo, aprovz'sz'onamimlos y material rodado, pa­sada por el jefe de la brigada, asistido por funcionarios de la intendencia. Ordinariamente esta inspección se limita á la parte del material necesario en caso de movilización. Las inspecciones de las maniobras de toda la artillería reuni­da, se hacen, como en Rusia, con solución de problemas tácticos; pero conviene notar la diferencia de que entre nosotros estas ma­niobras tienen lugar en el campo, en terreno quebrado, á dis­tancias desconocidas, mientras que la artillería de la guarnición de Berlín tiene por exclusivo teatro de sus maniobras de conjunto el terreno casi llano y descubierto de Krenzberg, donde no puede tirar sino con pólvora sola. 4.0 -Período de las grandn maniobras Así que han terminado sus escuelas de fuego, hacia mediados de Agosto, las baterías de artillería van á reunirse á las tropas de las demás armas para concurrir á los ejercicios de servicio de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Militar campaña de éstas y después á la ejecución de las maniobras de­otoño. Aquello es para todo el mundo la verdadera piedra de toque que permite apreciar los resultados obtenidos durante el curso del año; así pues, son objeto de una particular atención. No se des­cuida por esto la instrucción individual, y se continúa llevándola adelante con los otros ejercicios, por lo menos tanto como lo. permitan el tiempo y las circunstancias.-ConHnúa __ .....,..,.,_ ___ _ MARCHAS Y CAMPAMENTOS 5· Marchas ofensivas, retrógradas, en retirada Las marchas de manz'obra admiten varias clasificaciones. Con respecto al objeto, pueden ser ofensivas, retrógradas y en reHrada. Las marchas ofensivas son para atacar al enemigo en poszciún, ó para buscarle y combatir, ó para perseguirle ya batido. El ata­que en el primer caso puede ser á vi va fu e rza, 6 por estratagema y sorpresa. La marcha que prepara ó prece de á un ataque á vzva fuerza, unas veces inicia un movimiento, otras completa una venta­ja anteriormente alcanzada ; otras, por el contrario, previene un revés amenazante. En los tres casos se avanza "en orden compac­to," la vanguardia con poca delantera, y el cot·dfm explorador muy recogido, para no dar alarma anticipada al enemigo. A esta mar­cha, rápida y cerrada, sucede inmediatamente el ataque con un fuego vivo de artillería, descubierta de repente. Más cerrada es todavía la marcha, más vigorosa la acción de la artillería, en los otros dos casos mencionados, en que se busca un efecto pronto y decisivo. Pero si la posición del enemigo, por lo cubierta ó por lo des­conocida, e xige tanteos y d emostraciones, la marcha entonces se con­vierte en un verdadero reconocz1m'ento: su disposición toma amplitud, el orden se ensancha y desenvuelve para cubrir mayor espacio y extender "el radio de observación., Todas las precauciones de seguridad son, por consiguiente, indispensables. Las marchas de maniobra retrógradas (que no deben confun­dirse con las marchas en retirada) tienen por objeto desviarse mo­mentáneamente del enemigo, para atraerle á algún lazo, 6 por lo menos á una poJz'ción, á un campo de batalla más desventajoso para él, más seguro y conocido para nosotros. Estas marchas son real­mente de manzobra, lentas, tortuosas, escalonadas, variables en su diSposrcz'ón y orden, como que se trata de dar largas, de desorientar 6 de impacientar al enemigo y hacerle cometer algún error para aprovecharlo en el acto. Una marcha retrógrada, prolongada con habilid~d, revela y enaltece las dotes tácticas de una buena oficia­lidad y la consistencia de una tropa veterana. La marcha en retirada es para evacuar definitivamente un campo de batalla, una poszczün, no sólo á consecuencia de un revés sufrido por la columna, sino para acomodar sus movimientos á los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 208 Boletfn Milita-, de las otras de un ejército, que lo hayan sufrido en otro punto del teatro de la guerra ó de operacz'ones. Explicadas extensamente, al ha­blar antes de la retaguardüz, la disposición general de una marcha ~n reHrada y la particular del destacamento que la culre, sólo repe­tiremos que en ninguna ocasión brilla más la inteligencia, la ener­gía, el temple militar del oficial, que olvida su propio peligro, para no atender más que á la conservación del orden y de la disciplina, única tabla de honrosa salvación en el naufragio de su fortuna. Napoleón 1, poco aficionado á las retz'radas, dice sobre ellas lo siguiente: u Al abrir una campaña es menester pensar bien si se debe avanzar ó nó; pero una vez tomada la ofensiva, es preciso soste­nerla hasta el último extremo. Por grande que sea la habilidad de las maniobras, siempre debilitará la moral del ejército, puesto que, perdiendo las probabilidades de éxito, se entregan en manos del enemigo. Las retiradas, además, cuestan mucho más hombres y material que las acciones más sangrientas, con la diferencia que en una batalla el enemigo pierde próximamente tanto como vos, mientras que en una retirada vos perdéis sin que él pierda." " Cuando dos ejércitos están en batalla, y el uno debe operar su retirada sobre un solo punto, mientras que el otro puede reti­rarse sobre todos los puntos de la circunferencia, toda la ventaja es de este último. Entonces es cuando un General dehe mostrarse audaz, descargar grandes golpes y maniobrar sobre los flancos de su adversario : la victoria está entre sus manos." 6. Marchas de frente y de Banco Otra clasificación admiten las marchas, si e consideran con relación al orden de batalla; pueden ser entonces de frente y de flanco. La marcha de frente es la que se ejecuta en dirección próxima­mente perpendicular á la línea de batalla que se abandona, y por consiguiente á la posz'ción del enemigo, que se supone paralela. En el fondo es un caso de la marcha ofmszva, antes mencionado. Como es imposible ejecutarla en el orden mismo de batalla ó desplegan­do, la línea se fracciona en columnas paralelas, que avanzan por las avenidas que ofrezca la posición enemiga, siguiendo los caminos abiertos, ó abriendo los que se necesiten, ó marchando al través de los campos y de las tierras labradas. Marcha de flanco se llama la que emprende una tropa "rom­piendo en columna" sobre la derecha ó la izquierda, y corriéndose por la prolongación de la línea de batalla ó posúión que deja, en di­rección paralela por lo tanto á la que ocupa el enemigo. En la antigua fórmula, que hoy no es ya tan respetada, de que todo 11rdm de batalla se componga de dos líneas de combate, y otra tercera de reserva con parques, trenes y bagajes, naturalmente al marchar de J!anco, quedan de hecho constituídas tres columnas paralelas en­tre sí. El jlanco más próximo al enemigo se denomina exterior,. y, por oposición, interior el que está más lejano. En esta marcha de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn Jl,f-z'b"la'l' flanco, más bien que vanguardia y retaguardia, se llama cabeza y cola á las tropas extremas que, al volver al orden de batalla, se convierten en alas. Sabido es que, hablando con técnica propiedad, alas son los último hombres ó las tropas extremas, por ambos lados, de una formación ó líiiea de batalla, mientras que flanco es el terreno adyacente al que pisan la alas. Desde lueg-o se ve que el ataque menos peligroso en una mar­cha de flanco es el que se dirija sobre el exterior, por la facilidad de formarse instant<1n,: amente· n batalla con una simple variación; pero en cambio, pur los antiguos medio tácticos, el ataque por la cabeza 6 por la cola, por ésta singularmente, introducía una pertur­bación, muy prÓxima al desorden para desplegar y combaúr. Hoy, gracias á la simplificación y flexibilidad de nuestra táctica regla­mentaria, la maniobra, si bi n más lenta forzo amente que una varz"acz/m, por causa del camino que las unidades 6 bata11ones tie­nen que recorrer, nunca puede producir embrollo, ni gran pérdi­da de tiempo. Alguna vez, ante un nemigo poco maniobrero y emprende­dor, aunque tenga superioridad numérica, la marcha dl flanco podrá ser mpl ada para correrse ó e.·tendersc, y procurarse así supe­rioridad ''relativa " sobr el punto que se tiene por deúsá•o en la líma 6 posiáún nemiga, al cual técni amente llaman los tácticos punto llm./t, 6 más orto, lla·u. Como lu /go se 'erá con más detención, al tratar de los órdenes de atalla paralelo y oll/cu(J, esta marcha de flanco que hoy satíricam nt se dice m jJroasz!m, constituía el fondo de la cé­lebr maniobra d e F derico 11, admirada on increíble candor por los táctico J ·1 siglo pa_ado. Sólo ante la calma imperturbabl ',ante la pesad z ó la torpeza del enemigo quP le dejal.Ja dtsfilar, podía repetir ·e impunem nte esa marr!Ja pro.feúonal del gran mvnarca y g neral prusiano. Y tan así e , tan convencido estaba él mismo de los pelig-ros cvident "S de esa cándida maniobra, que al querer copiarla ··uuhise con sus franceses n Rosuach, ayó Federico como el rayo sobrt: la caü:::.a de la proccúóu, de baratándola, e mo si efectivamEnte lo fuerél, y logrando á poca costa una de las vic­torias de más lauro n Jo anales militares de Prusia. Si hoy ··s irnpo ible la r petición exacta, quizá la permita aproximada en algún caso un fuerte de5tacamento ó columna de flanco que proteja; ó bien lo cuLierto del terreno, la mayor distan­cia que impon n las armas, y, obre todo, la ag/lidad y la dúciplz'na de unas tropas que sepan marchar entre la niebla, la tempestad 6 las sombras de la noche. De otro modo, la marcha procesional po­dría ser tan ridícula como el mismo apodo que la designa, admiti­do ya en el tecnicismo táctico de los reglamentos actuales. En el remoto caso de emprender una marclza de flanco de este género, se necesitan razonablemente dos vanguardias, una á la ca­beza, otra, que podría llamarse lateral, al flanco exterior ó más próximo al enemigo; y como éste puede cargar también sobre la cola, conviene, además, una 1·etaguardia. La caballería y artillería marchan, si pueden, en estas tres fracciones 6 trozos: si no es po- TOMO 1-14 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2IO Boletitt M·Z:lt"tar sible, en el centro 6 en el flanco inltrzor, donde también se agrupan trenes y bagajef.. Aunr¡ue basta lo dicho para llamar Ja atención del Oficial sobre lo defectuoso y anticuado de ciertas marchas de flanco, reforza­remos, como siempre, el raciocinio con las palabras textuales del primer Emperador francés : " Nada es más temerario, ni más contrario á los principios de la guerra, que hacer una marcha de flanco delante de un ejército en posición, sobre todo cuando este ejército ocupe alturas al pie de las cuales se tenga que desfilar." "Es menester evitar las marchas de flanco, y cuando haya que hacerlas, deben ser lo más cortas y rápidas posible."-Conlinúa. MEi'I~IORIAS DEL GENERAL PABLO il:fORILLO Continúa Los últimos encuentros quitaron al enemigo todo deseo de medir sus armas con las nuéstras, por lo que nos dejó dominar tran­quilamente el país y sacar partido de los recursos que ofrecía. To­dos los días veíamos aumentar nuestras filas con merma de las tro­pas que habían militado bajo la bandera de la rebelión; nunca fue mejor empleado un tiempo de inacción. Gran número de familias vinieron á confiarse á nuestra protección; muchos habitantes, re­fugiados en las guaridas más ocultas de las montañas, volvieron á sus hogares, y varios miles de cabezas de ganado fueron conducidos á la ribe ra izquierda del Apure. Se remontó la caballería y se completaron sus cuadros. La estación de las lluvias comenzaba á reinar; los torren­tes crecían y las enfermedades debían aparecer con la inunda­ción. Las lluvias son muy abundantes en este país, y el Bajo Apure iba á quedar bien pronto impracticable. Bolívar habíase en­caminado á la Provincia de Barinas con fuerzas considerables; partidas enemigas, bastante numerosas, habían pasado por Ori­chuna é interceptaban las comunicaciones de San Fernando con la plaza de Calabozo, en donde teníamos nuestros almacenes. Todo esto me hizo abandonar un país peligroso y colocar el Ejército en lugares más sanos y más convenientes á la estación y á las cir­cunstancia . El Batallón ligero de Barinas se puso en marcha para Nutrias el día 25 con una compañía de dragones Leales que pertenecía á la quinta División. El Batallón del Infante D. Francisco de Paula y dos compa­ñías tomadas á los Batallones Burgos y Hostalrich, se trasladaron á San Fernando, en donde debían ·servir de guarnición. Estas fuer­zas alcanzaban por todo á 6oo hombres, y no se necesitaban menos par a poder defender un punto de semejante importancia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo/et{n Mz·lt·ta1' 2II La división de vanguardia recibió orden de reunir los rebaños necesarios para la provisi6n de esta guarnición, y el comandante en jefe obtuvo la misión especial de trasladarse en seguida á Gua­darrama, después de abrir de nuevo las comunicaciones con Cala­bozo, y ele recorrer las jurisdicciones de Guayabal y de Camaguán, á donde partidas enemigas habían penetrado. Con el resto de las tropas me alejé de Achaguas el 30 de Abril; el 1.0 de Mayo acampábamos temprano á orillas del Apure, y el siguiente día á las dos de la tarde todas las fuerzas habían pasado el río. El ejército siguió su marcha hasta Puntabrava, en donde se dividió en dos cuerpos. El 7 de Mayo el Estado Mayor con la se­gunda División y un Escuadrón de tropas del país. tomó la vía de Guada1-rama, en tanto que el primer Batallón de Navarra y las otras tropas de la quinta División se trasladaban á Santa Rosa por Pueblo Nuevo, Nutrias y Santa Lucía. El Coronel D. Juan Ciri,. Segundo Jefe de Estado Mayor general, recibió el encargo de la conducción de e · tas tropas. Después de entregarlas al Comandan­te general de su División, se trasladó á Calabozo por Guanare y San Carlos. , Yo llegué el 12 á Calabozo, después de dar orden de construír en Guadarrama un pequeño fuerte que, custodiado por una com­pañía del Batallón del Infante D. Francisco de Paula, dehía prote­ger la navegación de La Portuguesa. La segunda División que, se había detenido seis días en Baúl, volvió al Cuartel general el 28. Los ingleses que llegaron á Margarita permanecieron en esta isla sin formar ninguna expedición. Los Escuadrones que ocupaban los valles de Aragua para observar estos nuevos enemigos, se trasladaron á Camatagua, también para estar en comunicación con el alto llano, y el primer Batallón de Valencey formó la guar­nición de la capital de estas provincias, en reemplazo del segundo Batallón de Navarra, que se envió á los valles del Tuy, para re­forzar la columna del Comandante Arana. La Provincia de Barcelona parecía que por razón de su posi­ción geográfica y sus relaciones con Guayana y Margarita, debía ofrecer á los rebeldes las ventajas más grandes para el próximo invierno. Por esto, reconociendo que no bastaban las medidas que yo había tomado relativamente á esta comarca, me creí en el deber de dictar otras más activas. El segundo Batallón de Valen­cey y dos Escuadrones del Regimiento de la Reina, que apenas co­menzaba á formarse, recibieron orden de marchar sobre Chagua­ramas, pasar en seguicla á San Diego de Cabruta, y de ir más lejos, si era necesario, para batir á los facciosos que sin cesar arruinaban esta sabana. Esta columna, mandada por el Corone Pereira, no bajaba de novecientos infantes y doscientos de caba­llería. La de Arana y el segundo Batallón de Navarra bastaban para cubrir los llanos de Barcelona y para resistir los golpes que los facciosos pudieran intentar sobre esta Provincia. Durante mi estada en Calabozo me entregué por completo á los negocios de que me había alejado la campaña. Recibí noticias de todos los puntos importantes; Jas que me llegaron del Istmo de Panamá y de la Jlanura de Barcelona fueron muy satisfactorias. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2I2 Boletín Milita" Dos combates, cuyas consecuencia. debían ser d 1 mayor in­terés, habían tenido lugar en estas dos extremidades de la Améri­ca meridional. La expedición que hemos dejado en los Cayos de San Lui . al mando del ave nturero 1\IIac Gregor, bien que ya mucho menos numero a, había recorrido en són hostil las costas de Portobelo, y desembarcando al fin sin oposición, había ocupado esta plaza el 1.0 de Abril. El Comandante general del Istmo trabajó con la mayor acti­vidad para ponerse en situación de recha%ar al enemigo de u te­rritorio, y el 30 de Abril por la mañana cayó sobre él ele impro­viso con todas sus fuerzas. El combate no duró largo tiempo inde­ciso; esos mtserable a ventureros, obligados á encerrarse en el castillo, en pocas horas se vieron reductdos al .·tremo ele que, para salvar su existencia, tuvieron que implorar gracia del vence­dor, de . pué dL sufrir una pérdida considerable. Sesenta oficiales de toda graduación, hasta Coronel, se rin­dieron á discr ' ci6n con más de 400 hombres, y d jaron en nuestro poder todo el mat rial que habían desembarcado. E de notarse que en este número, al que hay que agr gar go muertos y 6o he­ridos, no se contaron seis spañoles am ·-rica no . Los buque de transporte de ~ sta expedición aprovecharon un viento favorable para salvar á Mac Gregor y á algunos áe u compañeros. Este feliz acontecimiento restabl .ció la tranquilidad en esta parte tan lejana y tan importante del territorio conflad<;> á mis tropa . A principios de Junio los Gen ral s reb Id s l\1ariño, Ced ño, Monaga y Pojas se r uní r n con 1,300 hombres n . an Diego de Cabruta; contaban n us fuerzas 400 jinet s llegados de Gua­yana, de Maturín y de las orillas del Orinoco. El Comandante Arana, con su olumna, fuert de oo hom­bres de infantería y de 100 de caha11 ría a tante mal montados, efectuaba enton s un movimiento sobre San Martín de Ipir . Supo, por las declaraciones de algunos pr sos, que lo · rebeld · tenían intención dt: atacarlo, sin duda para p n .rse en comunica­ción con sus partidarios de Margarita, ap dt rarse de la Provincia de Barceloná y p<:>netrar en seguida á los \alles d 1 Tuy. Arana no podía vencer sino por sorpresa á un n · migo tan su­perior en número, y como an Diego e tá situado en medio de ·una llanura inmensa, tal proyecto parecía impracticable. Sin em­bargo, tuvo noticia de que los rebeldes tenían en Pao un depósito de 6oo caballos bajo la guardia de 200 hombre . Al punto formó el proyecto de apoderarse de ellos para montar un gran número de buenos jinetes que tenía bajo sus órdenes, y marchar apresurad::t­mente contra los facciosos, que estaban lejos de esperarle. Animado por tan lisonjera esperanza, llegó prontamente á Pao; pero á su llegada supo que los rebeldes, informados de su venida, habían abandonado ese puesto llevándose todos los caballos. Viendo que sus esfuerzos eran vanos, el Comandante Arana retro­gradó hasta el Chaparro, y se encontró el 1 2 de Junio con un Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín ~fzlz'tar 2IJ Escuadrón enemigo r¡ue pretend1ó oponerse á su marcha; casi al propio tiempo descubrió tres más, colocados en el declive de una colina, á tiro de cañón, junto con una fuerte columna de infantería. Calculando prudentemente los medios de que di. ponía, vio, sin dificultad, que el terreno no le era fayorable,y resolvió atraer al enemigo á otro punto más ventajoso para sus tropas. H.Jstigauo continuamente en su retirada, la efectuó sin em­bargo en buen orden hasta las orillas del Gucrc, distante mis de una legua. Allí tomó posiciones, y resolvió esperar á los rebeldes; estaci nó en el lech seco del río á su infantería, enteramente cor:npuesta de recluta , su bagaje , y su caballería consumida de fat1ga. Pocos in ·ta ntc d2~pués apareció la infantería enemiga y se trab' el combate má tenaz y más sangriento. Nueve cargas con­secutiva nos dieron, y varias veces los rebelucs se aproximaron á nu e tras fila hasta el alcance de la bayoneta, pero siempre tuvie­ron qu~ ceder antt.. la firmeza prodigiosa de las tropas r ·alcs que los pt..!rsi¡;uicron varias Yeccs hasta la entrada del llano, ·in d jar e ll evar nunca demasiado lejos de modo de cxp ncrse á perder su ventajosa posición. El combate duró siete horas, con un encarnizamiento sin ejem­plo: los do partí os se mantuvieron alternativamente á la of"n iva y á la defensiva. Al fin lo· reb Jdes, debilitados por sus pérdidas, y viendo bien que n podían for;.ar s m jante po ición, se batieron en retii-ada, prot gidos por . u caballería. Arana reunió sus heri­dos y siguió t::l cur o del rÍo. En tres días logró llegar al acanto­namientu de Onoto, in hab r ~:el in uictaclo en su marcha. Nuestra pé.-dida fu · onsiderable: ciento sesenta y dos hom­br s queJaron en el camp de batalla; tuvimos no\'enta y un he­ridos, dos Ca pitan s Comandante y tres Oficial ·s más; pero este combate sangriento libró á la Provincia de Barc lona de los males que la amenazaban con la inYa ión de los rebeldes. La pérdida de e tos últimos no pudo ser bien a valuada; e supo tan sólo que cua­tro Coronele. y muchos otros Oficiales s\; contaron entre los muer­tos, para expiar sus crímenes y la angre qu-v habían derramado. Pero si se tiene en cuenta que nuestras tropa , protegidas por los ár­boles, dispararon cincuenta mil cartuchos contra un n migo que las atacaba á descubierto, se reconocerá que su pérdida debió ser inmensa. Tales triunfos fueron el coronamiento de la campaña de r819 y debieron persuadir á los rebeldes de la superioridad de las tro­pas reales sobre sus hordas indi ciplinadas. Si el enemigo no hu­biese evitado casi con tantemente el combate, nuestras armas habrían obtenido ventajas toda vía más decisivas, pero ciertamente que la pérdida de una batalla campal no le habría hecho más daño al partido de los rebeldes que la conducta que ellos ob­servaron. A la derecha del Apure, Páez había obtenido antes algunas ventá.jas, debidas menos á sus talentos y á su valor que á la inex­periencia de los jefes reales con quienes combatió. Los descon­tentos, los pusilánimes, y aquellos que no saben apreciar el mérito Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M-ilz"tar de operaciones sabias y el poder de la disciplina, anunciaban de­sastres inevitables á las tropas que se atreviesen á hollar ese suelo, y pronosticaban muy en alto que la campaña tendría un funesto resultado. En efecto, la naturaleza misma presentaba obstáculos casi insuperables: arroyos y ríos profundos que no daban ningún vado; la imposibilidad de hacernos seguir de barcos por la falta de medios que emplear para ello; la inmensa extensión de los llanos que tenía­mos que recorrer; la numerosa caballería que los rebeldes podían levantar y sostener en las sabanas, y por último, sobre todo, el es­píritu público, generalmente faYorable á la causa de la revolución,­todo parecía conjurarse en favor de los rebeldes y en contra nuéstra. A pesar de todo, el ejército del Rey, aunque reducido en su fuerza numérica, obtuvo las ventajas más positivas sobre Jos rebel­des ; arrojó los restos de éstos hasta los desiertos del Meta, y des­vaneció el prestigio de que trataban de rodearse. En esta campaña el enemigo sufrió pérdidas sensibles y se debilitó con una deserción continua. Más de doscientos hombres, agradecidos á la manera como habíamos tratado á sus familias, abandonaron los estandartes de la revolución para ir á alistarse bajo la bandera real, y se pusieron á disposición del Coronel Pe­reira. En diversos encuentros combatieron valerosamente contra aquellos que, de~pues de arrancarlos á sus hogares, Jos habían arrastrado á tántas desventuras. Se remontó del todo la caballería del ejército, y numerosos rebaños caballares pasaron á la ribera izquierda del Apure para distribuírlos en el invierno en dehesas excelentes, lo que para la apertura de la siguiente .;ampaña nos ponía en situación de poder aumentar nuestra caballería, tan necesaria para pacificar á Vene­zuela. Algunos millares de bestias, reunidas en estas llanuras por la rapacidad de los rebeldes, repasaron el Apure, y sus dueños, para quienes constituían casi toda su fortuna, los condujeron, bajo la protección de nuestras tropas, á comarcas más tranquilas. La navegación del Apure, que procuraba muchas ventajas á los rebeldes, se les impidió en una extensión de más de ochenta leguas, por medio del fuerte levantado en San Fernando. Fortifi­cado este punto como estaba, era un punto militar de los más se­guros, y muy importante para permanecer dueños, con poco gas~o, de todo el pafs. Por otro lado, oponía obstáculo á las acometidas que el enemigo pudiese intentar, durante la estación de las lluvias, contra la parte inferior de la Provincia de Barinas. Después de referir los principales acontecimientos de la cam­paña, no es fuera de lugar el dar una idea de los sufrimientos que las tropas tuvieron que soportar. En todo tiempo los ejércitos han sufrido fatigas y privaciones de toda clase; pero esos trabajos, comparados con los de nuestros soldados, parecerían bien soportables. Algunas veces ellos atrave­saron desiertos inmensos en donde sólo lograron encontrar un pozo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín ilft'litar 2IJ de agua fangosa para saciar la sed que los consumía y calmar el calor de que se ahogaban; otras veces, al contrario, tras una marcha de siete leguas, caminada más de la mitad por entre pan­tanos que los cubrían hasta la cintura, se veían obligados á pasar un río ancho de sesenta varas, con el agua hasta las narices y á menudo sin encontrar fondo, y aun en medio de estas crueles peri­pecias sucedía frecuentemente que no habían comido nada y que no sabían cómo satisfacer sus necesidades.-Conlznúa -- -o·:200~--- 1 ZUMALACARR.EGUI * GUERRA CIVIL DE NAVARRA, I834-1835 Traducido para el Bolelhs Militar I Se sabe cómo principió en España la guerra civil de 1833: el matrimonio de Fernando vn con Cristina de Borbón tenía dividida la Península en dos partidos, constitucionales y apostólicos, que después tomaron el nombre de cri'sHnos y carHslas. La muerte de Fernando, acaecida el 29 de Septiembre de 1833, dio la señal de las hostilidades : mientras que apresuradamente se coronaba en Madrid á la joven Isabel n, D. Carlos, hermano del difunto Rey, retirado en Portugal aliado de su cuñado D. Miguel, lanzó su pro­clamación de aspirante al trono de España; y ese manifiesto espar­cido con profusión por las provincias, á manera de reguero de pólvora, produjo una explosión general. Ocho días después el es­tandarte de la insurrección flameaba sobre todas las montañas del Ebro. Veinte mil voluntarios de Vizcaya y de Alaba, comandados por los Brigadieres Zabala y Uranga, acudieron á Bilbao y á Vic­toria, á ponerse á órdenes de Valdespina y Verástegui. El General Santos Ladrón, á quien su grado y las consideraciones de que go­zaba en todas las provincias, designaban como jefe de la insurrec- * La personalidad de Tomás Zumalacárregui es una de aquellas que no deben ser ignoradas p•1r ningún soldado por ser la de uno de los Generales más expertos, quizás la del primer jefe de guerrilleros que ha visto la humanidad. Al estudiarla, bien podemos dejar de lado su espíritu sanguinario, hijo del tiempo y la comarca en que vivía, el que si puede mancillar la memoria del hombre, en nada toca la del capitán de férrea disciplina, de disciplina tan dura que á mu. cbos parece censurable. Activo, audaz, emprendedor, apenas tuvo mando entre los rebeldes carlis. tas imprimi6 á las operaciones de montaña un vigor desconocido basta entonces, logrando suplir una enorme inferioridad numérica y la falta de recursos á fuerza de rapidez, habilidad y valor. Fue Zumalacárregui un capitán notable, de ojeada militar rápida y segura, de cerebro riquísimo en ardides y que indudablemente nació para mandar. Por reducicción, iba á producir una llama que mese d ~pué había de abra ar todo España. Por lo pronto, Zumalacárr gui partió con los principa­les de ra\'élrra, encargado de pedir au.·ilios á los insurrectos de Ala va y de Vizcaya, y ele combinar con ellos 1 plan de campaña ; pero el Marqué · de Valdespina y Verást gui no podían hacer nada por Iturralde: se disponían, 1 uno á abandonar á Bilbao y el otro á Victoria, amenazada de lo cristino ; negaron, pues, lo auxilios, pero ofrecieron tomar á Zumalacárregui por segundo. Ahora bien : no convenía al antiguo Coronel er el egundo de nadie, ni de Valdespina ni de Verástegui, que no eran militares, ni de Itu­rralde, que tenía un grado inferior al suyo. Inmediatamente después c:le su vuelta al campo de Arronitz, dijo á los oficiale y á ia junta: "Yo quiero mandar aquí." Los ofi­ciales y la junta, fatigados ya por la inacción é inexperiencia de Iturralde, inmediatamente, por unanimidad de votos, elig iero~ á Zumalacárregui. Iturralde se lisonj eaba diciendo que había s1do el primero en levantar el estandarte de la in urrección con Santos Ladrón, y que muerto aquel jefe, el mando recaía sobre él por derecho, hasta que el Rey Carlos v lo resolviera de otra manera. Parece que en su calidad de primer jefe, dio orden á dos compa­ñías de arrestar á Zumalacárregui; mas el CJmandantc Sarraz~, el segundo de Iturralde, hizo tocar llamada en el acto, reumó Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2I8 Boletfn Milt.tar los voluntarios en un campo, cerca de la ciudad, á orillas del Eja, y y a sobre las armas, les dijo en alta voz: "Voluntarios, en nom­bre de nuestro Rey, el Coronel D. Tomás Zumalacárregui :será reconocido por Comandante General interino de Navarra." Y antes de guardar su espada, el ComanJante Sarraza ordenó á las dos compañías el arresto de lturralde. Las dos compañías obedecieron; todo había concluido. Esta fue una de esas revueltas de cuartel tan familiares á los soldados españoles. El primer procedimiento autoritario de Zumalacárre­gui fue el de escoger para su segundo á Iturralde, y por otra parte declaró ó manifestó que estaba listo para dimitir en manos del Coronel Eraso tan pronto como se presentara. En seguida el nuevo Comandante avanzó hacia sus tropas, mandó terciar y pasó la re­vista. Después de la revista, Zumalacárregui levantó su espada, los batallones formáronse en círculo al rededor de él, y en aquel mo­mento reinó el silencio en el valle. "Voluntarios! dijo el General con voz fuerte y llena de auto­ridad: hasta ahora se os ha pagado dos reales; á partir de mañana no tendréis sino un real; está vacío nuestro tesoro, mas yo me haré cargo de vuestro sueldo, y de éste soy responsable. Muchos de entre vosotros no tienen fusil, y la mayor parte de los que lo tienen ~arecen de bayoneta para combatir al arma blanca. Tampoco tenéis ni pólvora ni balas para combatir de lejos; no estáis arma­dos, casi estáis desnudos, y hé aquí que el invierno llega l Las mon­tañas en las cuales tendremos necesidad de albergarnos para es­capar al enemigo, pronto estarán cubiertas por la nieve, y será necesario sufrir el frío y el hambre, porque vuestra5 ciudades pere­cerán bajo las llamas, y vuestros hijos serán pasados por las armas, á menos que permanezcáis unidos para resistir y tomar venganza en seguida. Guerra es ésta sin remisión á la que necesariamente os convido. ¿Estáis listos?'' Una inmensa aclamación contestó á estas palabras extrañas, y Zumalacárregui prosiguió con voz atronadora:"¡ Muy bien!; si por defender vuestros hogares, proteger vuestras familias, sostener vuestra santa causa, no dais paso atrás, ni delante de las privacio­nes, ni de las fatigas, ni del peligro, os proporcionaré lo que os falta, municiones, equipajes y víveres. Yo os enseñaré cómo se desliza uno en medio de los batallones para dispersarlos ; os diré en qué lugar es necesario ocultarse para sorprenderlos; á dónde es necesario correr para asaltar los convoyes. La guerra que os pro­pongo no es una guerra abierta; seríais vencidos en ella: es una gue­rra de ardides, guerra de emboscadas y de marchas forzadas. No tenéis ni pólvora, ni fusiles, ni cañones como vuestros enemigos, ni tampoco medios de procurároslos: no tenéis sino una manera de adquirirlos: tomarlos al enemigo. Os exijo una obediencia absoluta, una confianza sin límites ; no os prometo otra cosa sino veladas continuas, días sin descanso, fatigas sin número; mas yo os conduciré, Dios mediante, á la gloria y al triunfo. ¿Aceptáis?" Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar 2I9 ' Los voluntarios navarros lanzaron al viento sus boinas, y gritos de entusiasmo llenaron el valle y la montaña. Esos campesinos antes atemorizados pidieron lanzarse sobre los cristinos : apenas eran quinientos. Por tan rudo programa ya se puede figurar lo que será la lucha.-Conlz1túa PEREGRINACION DE ALPHA POR MANUEL ANCIZAR En punto de instrucción pública, nada tiene de lisonjero el esta­do en que se encuentra el Cantón. De los 26,6oo habitantes, sólo 177 niños y 56 niñas reciben instrucción primaria, y 62 jóvenes con­curren al Colegio de Chiquinquirá á viciarse el entendimiento con el estudio del latín, metafísica y algo de leyes. Por tanto, la instruc­ción buena ó mala es á la basa general de la ignorancia como If es á 100. De los 395 educandos de ambos sexos, 188 pertenecen á la villa de Chiquinquirá y 40 al Distrito de Caldas, el mejor librado en materia de escuela. ¿ Qué resta para los demás Distritos? !toco, Maripí, Paime y Canipauna no tienen una sola escuela primaria. Las de Buenavista y Coper, Muzo y Saboyá dan pesadumbre por la carencia de útiles, lo desaliñado del local y la falta absoluta de un método racional de enseñanza, en lo cual influye decisivamente la carencia de útiles, contra la cual sólo un gemo pedagógico po­dría luchar con buen éxito. Qut!janse los vecinos notables de que hay repugnancia por parte de los padres de familia á mandar á sus hijos á la escuela, y achacan á esto el culpable abandono en que yace la instrucción elemental. Tienen mil veces razón los padres de familia : la ex­periencia les ha hecho ver que sus hijos envejecen en las llamadas escuelas, sin acabar de aprender, y no quieren verlos perdiendo tiempo en esta vagancz'a honrada, cuando pueden y deben ayudar­les en las faenas del campo. Tienen mil veces razón, porque en se­mejantes escuelas jamás se aprenderá nada con solidez y prontitud; y los notables y las autoridades de cada uno de esos pueblos nun­ca hallarán disculpa á los ojos del patriota, ni dejarán de ser mo­ralmente responsables de todas las consecuencias que nacen de la ignorancia VIII Cinco leguas casi al N. de Saboyá demora el Valle de Jesús, Dis­trito parroquial del Cantón de V élez, á donde emprendimos visita, terminada la del de Chiquinquirá. Trepa el camino hasta la cum- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 220 JJoletí1t ivlzlz"tat bre de la alta serranía llamada P~rta de Saboyá, desde la cual se domina completamente la hoya d Jos ríos Guayabal, Delvalle Y Guache, que reunidos bajo el nombre de Popoa, cerca del Puen­te Nacional, aumentan el caudal del Suárez, antes Simijaca 6 Balsa, y se descubre una ucesión de cerros y colinas que se in­clin~ n hacia el lejano l\t1agdalena, perdiéndose entre la niebla del horizonte. Por una bajada rápida en e.'tremo, y ~obrado res­balosa cuando llueve, se lle;.;a al pequeño vecindario del Chusca], donde SP. encuentran posada · alvjami e nto regulares, y abundan­cia de ciertos animalillos "de cuyo nombre no quiero acordarme," los cuale hacen al viajero forzosa ~ ineYitable compañía durante una jornada ó más si ·e d scuida. En las veces que por diversos caminos bajámos desde la planicie chibcha á la comarcas de cli­ma templado ó d.lido y volvimos á lla, había notado que el cam­bio sen ible de temperatura y del carácter de la vegetación, coin­cidía con la desaparición de las flores de achicoria n la bajada, y su reaparición en la subida. Desde lueg-o, upu -e que aquella plan­ta tenía n los Andes un límite inferior, ·1 cual pJclría. tomarse como demarcación cosible de las region~ · suban·lina y superan­dina. Tres obser ·acionc hechas, la una c~rca ch.. Calt.la ·, la otra, pasado el alto DJs.crJ.minos, entre Canipauna y Chiquinqui:á, y la tercera poco antlS de llegar al Chusca!, toda. ellas en el lugar en que la~ ft res de achicoria ce. aban de matizar las pradera ·, dieron por re. ultad 19° el 1 Cl ntígt·ad como temperatura media, y de 2,520 á 2,470 m~tro d altura sobre d nivel del mar. E te n·sul­tad es d1gno d anotar!:.e y con vit.la á repetir las observacion s hasta llegar á una inducción categórica, pu ·s de e a manera qued ría estabkcida una ·ñal bien visibll.! de los límite · de las dos grande, reo-iones n e¡ u nueslro territorio se divide, y por consigui nte, los de la zonas agrícola , en que 1 cultivo d cier­tos fruto se halla pr •(kterminado por la nalurakza, y que hoy, por un mal entt.ndid de eo de lucro, confund n en algunas partes sin concebir que la Providencia ha querido fijar en este suelo, por la reunión de climas variado· en cortos pacios, el fecundo prin­cipio d la divi ión del trabajo agrícola; principio altamente 1 ro­gre i. ta, que la raz;6n hum:tna n ·to último tiempo aplicara a] trabajo fabril con benehcio palpable ele todos y en todo. Desdl.! que se pisan los lindero del Valle d Jc ús, se r. ta lo numero o de u población y la índ le indu triosa dt.:: los morador s. Por dondequiera e ven ca itas rodeadas de sementera y caña­verales, gente labrando los campo ó cosechando frutos: de tre­cho en trech resuena el chirrío de los pesado trapiche , y se alza en blanco penachos el humo de las ca ·as en que e con­fecciona la miel de caña. Allí todos son propietanos, ninguno indi­gente; y esta igualdad de medios de hacer fortuna excita la acti­vidad industrial de caJa uno, é imprime en su alma cierto senti­miento de independencia, que cuando ea vivificado por la luz de la in trucción, formará la base de sólidas virtudes civiles. El centro del Distrito es un pueblo del mismo nombre, fundado sobre una ladera ondulante, que termin_a en la margen izquierda del claro y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín iYfilz"tar 22I pintoresco río Del valle. Las ca11es principales están empedradas; las casas cómodas y espaciosa , m~>chas de ellas de teja y algunas de dos pisos; el aspecto de los habitantes, robusto y de gentes bien halladas con su suerte, atentos y obsequiosos con lo foraste­ros, respetuosos á la· autondades y vecino notables. Hospe dónos en su casa el Sr. Juan Nepomuceno Téllez Me!o, jefe de una fami­lia tan numero a como una tribu, hombre llano, franco y que rebo­saba. en idea patrióticas nada comunes. Dato , noticias, explora­ciones, todo lo facilitaba con el empeñ y buena voluntad que un egoísta habría puesto en co as de su privado interé . El influjo de que goza, justamente merecido, lo emplea en bien del pueblo y guiado por las más :-anas intenciones. El Cura del Valle, Dr. Ma­riño, es digno también de mención especial, como caballero y como sacerdote ilustrado, protector de la escuela de niños que cuenta 35 alumnos, y promovedor y director de la hermosa fábrica de la iglesia, cuya conclusión ac lera el activo Párroco sin e ca ear los e fuerzo per onal s y con el menor gravamen posible de sus feli­greses. El Valle de Jesús 'deja recuerdos gratos al viajero, tanto por la índol honrada y carácter obs quio o de su moradores, como pül- el a pecto de sus campos cultivados y de sus caminos cuidados con e mero, ignos de la pro peridad creciente de aquel Distrito. D.:> camino llevan del Valle al Puente Nacional: el que pár­te hacia el NE. atravesando el río Guache, y el que tomando la dirección ::,E. pasa por el río Guayabal, y torci e ndo al E. enfila el Pumte de Pt'tdras, formado por la naturale.ta obre el raudal pre­cipitado d e l uárez. Elegímos el segundo, porque conduce direc­tamente á la brecha de la serranía p r londe en otro tiempo rom­pieron la _ agua del gran ]ao-o de Fúquenc para caer sobre las tierra baj::.t.s de Vélez; h choque des ábamos comprobar como complemento y confirmación de las obscrvacione anteriore acer­ca de la formación edim ntosa ele la gran llanura rJUe principia al pie del Volad r de Fúqucne, y corriendo de S. á . con un d ecl ive sensible, t rmina en los cerros de la Peña de aboyá. En efecto, andadas dos leguas y media escasas, se entra en las ruinas de la erranía por un camino estrecho y pcdrego ·o que costea los restos del cerro de la derecha, dejando á la izquierda una hondonada irre­gular, excavada por el choque de grdndes masas de agua, como lo manifiestan lo atormentado del suelo, los grandes su leos de los flan­cos de los cerros adyacentes, casi despojados de tic!rra por esta parte, y la enormes rocas de calcáreo siliceoso, descarnadas pero no movidas de su antiguo asiento. Más adelante las señales de des­trucción se aumentan: la cima de la serranía se presenta cerce­nada y en partes cortada por cauces profundo , á los cuales co­rresponden socavones en lo bajo, señal de que allí cayeron los primeros torrentes de las aguas libres de barrera ; después, y en la dirección del curso actual del Suárez, yacen desparramados peñascos ponderosos, lanzados á lo lejos por la potente irrupción del lago cuando se hubo desgarrado hasta su base el alto cerro. La inundación debió ser espantosa, puesto que teniendo el lago pri- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 222 Boletfn M·ih"tar mitivo 40,000 metros de longitud y 1 5,CXX> de latitud media, la se­rranía perdió de repente 1,1 oo metros de altura desde la cima has­ta el fondo de la brecha, violentamente abierta por el empuje de las aguas del vasto recipiente*. Así, no hay cerro en derredor que no haya sido cercenado en la mitad, por lo menos, de su volumen originario, y sus despojos han ido á formar por largo trecho valles y laderas de terreno revuelto y configuración particular. El Puen­te de Piedras, es una aglomeración confusa de rocas gigantescas, rodadas unas sobre otras por espacio de 200 metros en el sentido del desagüe del lago, amontonadas, enclavadas y perforadas, de ma­nera que constituyen una bóveda, por debajo de la cual corre bra­mando el Suárez, reapareciendo después á 30 metros de profun­didad. En tiempo de fuertes lluvias, el río se halla estrecho en el socavón y desborda por encima de los peñascos, formando saltos ruidosos, que sin embargo no desquician aquella fábrica estupen­da. Vista desde el extremo N., donde forma un plano por el cual pasa el camino, presenta un paisaje de admirable grandeza: una rica vegetación cubre ambas orillas, inclinándose los árboles sobre los peñascos rojos y parduscos, los cuales suben encaramados unos sobre otros hasta perderse entre el distante cortinaje de verdura y flores silvestres, rasgado á trechos por torrentes de agua espumO­sa que desde luego desaparecen cayendo á la caverna; óyese de­bajo el sordo tronar del río quebrantado por las rocas, y encima todo es quietud, amenidad y frescor ; un simple lecho de piedras separa lo bello de lo terrible, tanto más terrible cuanto se siente y no se ve; las flores encima, el abismo debajo! Allí se medita in­voluntariamente, y el hombre experimentado recuerda los contras­tes de la vida, y cabila en Dios. Como una legua más adelante del Puende de Piedras se llega á lo alto de un recuesto, desde el cual se descubren las vegas an­gostas por donde corre el Suárez, que los indígenas llamaban Sa­ravita, avistándose también el Puente Nacional, linda y aseada villa recostada en la falda de la serranfa fronteriza. Tomó su nom­bre de un antiguo puente echado por los españoles sobre el Suá­rez, en tiempos en que una obra de estas era cosa rara y formaba época en l0s mezquinos anales del Virreinato. Sementeras de caña, maíz, plátano, trigo, cebada, añil, café y gran variedad de granos y legumbres demuestran la fertilidad del terreno, la suavidad del clima y los hábitos laboriosos de los moradores en el Distrito, que hoy cuenta 1 3,CXX> vecinos, la mayor parte propietarios de peque­ños predios, todos bien acomodados, activos é industriosos, de cos­tumbres sencillas, y fáciles de entusiasmar en nombre de la Liber­tad y de la República. Allí reside el Dr. J. A. Chaves, Obispo de Caledonia, patriota venerable, que señala con un beneficio cada día de su vida, sacerdote ilustrado, tolerante, lleno de mansedum­bre y modestia, de cuyos labios salen solamente palabras de bon­dad y de paz.-Continúa • Dicho queda que la ciencia moderna infirma esta clase de suposicio nes-N. dd D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mtiitar 223 PALONEGRO Diagramas de la marcha y combates por el dominio de las montañas entre Pamplona y Bucaramang& 11 < z o P:o ~ < p.. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. o ~ §2 <:.1 "" c.s ;; ~ Q) ~ ~ · ~ • "" ::S ~ -1'- ~ ·~ 1 ~ :;:.: cqm C) Olll t; m~ ~ C) o~ R. ~ ~ ¡:¡ r35 ::;: o ~ mm~ o ~ Bogo/á-Imprenta de Vapor-Calle IO, nú~mro z68 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 7

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