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Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VII Serie IV Tomo I N. 6

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VII Serie IV Tomo I N. 6

Por: | Fecha: 14/02/1903

~ l!SJUS IV-rovo 1 •==A==~=o=V=I=I-=H=U=K=B=Jto=e=.·=s l Boletín Militar de Colombia ~ ~~-·-~~S.~~-D-~-~s-~~o~~--~~~-~-~~-~~~-~-~---·-·-·-~~ i DIRECTOR, Francisco J. Vergara y V el asco i ¡ General de Jn1enieroa ~ : Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejército i . 1 PautÜ llt"f bim •ucetkr 9'" nueltro retpeto á toda• 14_. ~cotectonu, •enga 4~H~rar • U. t. ''"lifernteia. )' no• tkj• •in energía• para difnttkr la.• nuittra• ¡ .E!tRIQtiC Str:JiXI&WICS ¡ 1 : -·:···················································································-···-·······················-·-í- 1 + + + Bogotá, Febrero 14 de 1903 + + + l r ~0ficial-- DECRETO NUMEROgtDEt~J (ENER.O 27) f{Ue dispone la organización de una División El V.Ctprtsidenll tl1 la República, mcargadc del Pcdtr F;iuuli"'l#, DICR.ETA Art. 1.0 Refúndese en una sola División, que llevará el nom­bre de Divúión Córdoba, la fuerza que hace la guarnición de Hon­da, la División Herveo acantonada en la Provincia del mi~m,, nom­bre, la 2." Brigada de la División Vanguardia del Ejército de An­tioquia, acantonada también en dicha Provincia, y las Compañías y Cuerpos sueltos de guarniciones que se hallen en el Norte del Tolima y que no hagan parte de otras Divisiones del Ejército de aquel Departamento §. La División Córdoba quedará dividida en dos Columnas, así: la primera será la misma Columna de Van2'uardia que co­manda el General Celiano Jiménez, y la segunda la formarán las otras fuerzas que se enumeran en este artículo. Art. 2.0 Queda segregado del Ejército de Occidente de Cun­~ inamarca el Batallón Ricaurte, y del Ejército de Antioquia la 2.• Brigada de Vanguardia, fuerzas que se refunden en la División. Art. 3. 0 Nómbrase Comandante general y Jefe _de Estado Mayor de esta División á los Sres. Generales David Concha y Lu­cio Ruiz, respectivamente. Art. 4. 0 Autorizase al Sr. General Comandante genLral de la División para organizarla convenienttmente, de acut-rdo c<.n las prescripciones del Código Militar, y rara hacer los m .. n Lrarr ien­tos de empleados del Cuartel general y de Jefes y Oficial€s de los SERB W-TOJIO 1-f 1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. l:ioletín Militar d e Colombia '- t62 -' Cuerpos, de lo que dará. cuenta al Ministerio de Guerra y á la Co­mandancia en Jefe para su aprobación. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á. 27 de Enero de 1903· JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARr TID&s FxRNÁNDJ!Z DECRETO NUMERO 108 DE 1903 (EN4RO 29) :por el cual se crea un empleo en el Ramo militar y se le se\'lalan atribuciones y sueldo .KI ViuprtSidmll d1 la Repúblka, mcargado del Poder Ejemliv•, En uso de sus facultades constitucionales, DEC~ETA. Art. 1.° Créase el empleo de Jefe Organizador de los Ejérci­tos de los Departamentos de la República, con las atribuciones que le señale el Ministerio de Guerra por conducto de la Coman­dancia en Jefe del Ejército de la República. Art. 2. 0 El empleado que desempeñe el puesto que se crea por el presente Decreto, gozará de una asignaci6n mensual equiva­lente á la del General Jefe de Estado Mayor general del Ejército de la República. PubHquese. Dado en Bogotá, á 29 de Enero de 1g03. JOSE MANUEL MARROQUIN El ubsecretario de Gobierno, encargado del Des_pacho, A.N­: r•~IO GunÉRRY.:z RuBro-El Ministro de Hacienda, josK RAMÓN LAGo-El Ministro de Guerra, ARISTIDEs FERNÁrmEz-El Ministro de Instrucci6n Pública, encargado del Despacho de Relaciones Exteriores, Jo É Jo.,QdN CASAS·-- El Ministro del Tesoro, FRAJ\ C I ~ Co MJ:HDOJ:.". p. DECRETO NUMERO 109 DE 1903 (ENERO 30) por el cual se acepta una renuncia y se hacen varias promociones .1:1 Vicepresidente dt la RepúbHca, encargado del Poder EjecuHve, lJECRETA Artículo único. Por renuncia z ceptada al Sr. Sien o Pi ñero del puesto de 1-iabilitado de la Sccci6n 4 ... del Ministerio de Gue­rra, nómbrase en su reemplazo al Sr. Adelino Rozo, rara lo cual se le promueve del puesto de Escribiente de la mi~ma ·~ ecci6n, y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 163 -' para llenar la vacante que éste deja, se promueve al Sr. Félix Gon­zález Bravo del destino que desempeña en el Cuartel general del Ejército. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 30 de Enero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 110 DE 1903 (:!:NERO 30) por el cual se haee •na promoción y un nomoramiento El Vicepresidenlt dt la Reptíblica, encargado «el Poder Ejee~li:P#, DECRETA Art. 1.0 Promuévese al General Alcides Arzayús del puesto de jefe de Estado Mayor general del Ejército al de jefe Organi­zador de los Ejércitos de los Departamentos de la República. Art. :z. 0 N6mbrase Jefe de Estado Mayor general del Ejér­cito de la República al Sr. General Juan B. Tobar. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 30 de Enero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, AltiSTIDE S FERNÁNon DECRETO NUMERO 113 DE 1903 (ENERO 30) po r el cu al c; e hace ua nombramiento en int erin idad El Vicepres zam/e dt la Reptlblú:a, mcarga1o del Poder Ej t cut/vo, DECRET.A .Aktículo único. Por excusa aceptada al ' r. General Roberto Villasal6n, encárgase accidentalmente del puesto d e Gobernador Militar de Honda al Sr. General Isidoro L a sprilla, prim e r Ayu­dante general de dicha Gobernaci6n. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 30 de Enero de 1903· JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro d e Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 164 _J DECRETO NUMERO 1 14 DE 1903 {ENE~O 30) por el cual se señala una asimilaci6n ~~ Jl'icepresidenlt dt la República, encargado del Poder E;'tculifJI, DECRZTA Artículo único. La asimilaci6n de que disfrutará en lo sucesi­vo el Médico del Hospital Militar de Zipaquirá, para los efectos fiscales, será la de General-de Brigada. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 30 de Enero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDRs FERNÁNDKZ DECRETO NUMERO 1 15 DE 1903 (ENltltO 30) por el cual se hace una promoci6n El Vicepresidente de la República, encargado del Poder Ejecuii'H, DltCRE,TA Artículo único . Promuévese al General Rafael Pulecio V., del Cuartel General del Ejército al pu esto de Jefe de Estado Mayor del 2.° Cuerpo de Ejército de Cundinamarca. Comuníquese y pubHquese. Dado en Bogotá, á 30 de Enero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARisTmxs FERNÁNDEZ DECRETO NlJMERO 1 16 DE 1903 (ENERO 30) por el cual se hace un nombramiento El Vtcepresidenlt de la República, mcargado dd Poder Ejeculi'vo, DECRETA Artíc ulo único. N6mbrase primer Ayudante general del Es­tado Mayor del Ejército del Tolima al Sr. General Honorato Díaz. Comuníquese y publfquese. Dado en Bogotá, á 30 de Enero de IgüJ. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, A~sTmxs FUN.ümu Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín l\1ilitar de Colombia '- 165 _J DECRETO NUMERO 117 DE 1903 {li'NERO 30) que acepta una renuncia El Vteepresidmle de la RepúbHca, encargado del Poder EjuuHvD, DECRETA Artículo único. Acéptase la renuncia que presenta el Sr. Ma. nuel Vicente Esquive} del puesto de Oficial Supernumerario de la Sección 1. • del Ministerio de Guerra Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 30 de Enero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 118 DE 1903 (ENERO JO) por el cualae concede una licencia y se hace un nombramiento en interinidad El Vt'cepresidenle de la Repúbhca, encargado del Poder .Ejeculi1Jo, DECRETA Art. 1.0 Concédese la licencia que solicita el Sr. Daniel de J. Brigard para separarse del puesto de Proveedor de la Intendencia general del Ejército, por el término de noventa días contados des­de el del 1.0 mes entrante. Art. 2.0 N6mbrase interinamente en reemplazo del Sr. Bri­gard, por el término de la licencia concedida á éste, al Subjefe de la Proveeduría, Sr. Luis Carlos Corral. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 30 de Enero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNoxz DECRETO NUMERO 1 19 DE 1901 (ENERO 30) que confiere un ascenso El Vtctprtsidenlt de la República, encargado del Poder Ejeculi'v1, DICRI:TA v ;Ardcúlo único. Asciéndese á General graduado al Corone) jos~ María Restrepo Briceño. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 166 --' §. Dése cuenta al honorable Senado en sus próximas seiio­nes, para los efectos constitucionales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á JO de Enero de I903· ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARrSTIDES FxRNÁNoxz DECRETO NUMERO 120 DE 1903 ('EJURO 30) por el cual se hace un nombramiento .El Viceprtsidenle dt la República, encargado del Poder Ejecutivo, DECitETA Artículo único. N6mbrase jefe de la Oficina de Teléfonos del Ministerio de Guerra al Sr. Julio R. Escobar, con el sueldo que le señala el Decreto ejecutivo número 335,de 20 de Febrero de 1902. Comuníquese y publf uesc. Dado en Bogotá, á 30 de Enero de Igc>J. JOSE MANVEL MARROQUIN El Uini tro de Guerra, l\RtSTIDtt FERNÁNoxz DECRETO NUMERO 121 DE 1903 (ENERO 30) que hace una promoción y concccle una autoritación El Vtápresidmle de la Repúbhca, encargado del Poder Ejeculi'v1, DECRETA Art. 1.0 Promuévese al r. General Roberto Urdaneta del puesto de Comandante en Jefe del primer Cuerpo de Ejército de Cundinamarca, al de Inspector general de los dos Cuerpos de Ejér­cito del mismo Departamento. Art. 2. 0 Autorfza!:>e al t xpn!s] primer Cuerpo de Ejército de Cundinamarca,de acuerdo con las prescripciones del Código Militar. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 30 d i..· En·.· ro de 1903· JOSE MANUEL MARROQUIN El Mini5tro de Guerra, .ARISTmxs FxRNÁNoEz Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia DECRETO NUMERO~~~ DE 1901 (KNEltO JO) por d cual se c Pecuados, á pasar el verano. El Sr. Obaldía nos acompañaba y nos presentó á tan hospitalaria colonia. Esta era la única gente blanca residente. Al punto nos adoptaron en la tribu, y en efecto dormíamos en el campamento y comíamos con la fa­milia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia L 173 ..J La bella señora no admitía excusas. La finca del doctor mide 450 acres de pradera fértil y terreno ribereño, la mitad cubierta de maderas. Los lectores hambrientos de datos se interesarán en sa­ber que esta hermosa finca le costó 20 centavos (sic), que es el ho­norario que le costó extender la escritura del caso. Dista sólo dos millas del agua salada, pero las vueltas del río al través del lla­no hacen necesarias tres ó cuatro horas de viaje en canoa. Cultiva plátanos y cacao principalmente. Dice que los monos le disminu­yen las cosechas; porque destruyen má~ de lo que comen. Te­nía una piel de tigre, de cinco pies y medio · de largo, con una cola de dos pies y medio. Allí conocimos á otro huésped tran­seúnte, uno de dos hermanos jóvenes solteros, de quienes estamos reconocidos por sus atenciones. Tiene una finca cercada de alam­bre, dedicada á la cría de ganado mayor, al lado Este del río FoR­seca, la cual incluye como dos millas cuadradas de pradera. Su con­cesión se extiende 12 miilas por el río con área proporcionaL Los linderos aún no están demarcados en el terreno ni descritos en nin­gún plano ni escritura. Abraza 47 millas cuadradas, más del tamaño ordinario de un condado de Pensilvania. -------..a..------- LA GUERRA DE MONTAÑAS VENTAJAS É INCONVENIENTES DE LA DEFENSA Y DEL ATA• QUE EN PAÍSES DE MONTAÑAS Traducido por el Capitán D. Adriano S. Juárez (argentino), de la obra del Ba­rón General F. d~: Kuhn \.au~tnaco) DEFENSA VENTAJAS DE· LA DEFENSA a) Fuerza de la defensa relativa.-Es sobre todo á propósito de los países de montaña como se puede decir, con el General Clause­witz, que la defensa es la forma más potente del arte de la guerra. Se encuentran á menudo en las montañas, sobre todo en las al­tas montaña-,, posiciones que, aun desde el punto de vista táctico, no pueden ser forzadas, tanto de frente como de flanco, sino por fuer­zas muy superiores en número y á costa de sacrificios considera­bles en hombres, y al cabo de un tiempo bastante largo. Existen aún postc10nes que son absolutamente inatacables. Sería, sin embargo, un error querer hacer de estas posiciones, fa.,.orables á la defensiva absoluta, posiciones de defensa pul amen­te pasiva de un pafs de montaña. Como se verá adelante, un sistema semejante de defensa no conducirá á ningún resultado ven- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo1etin Militar de Colombia '- 17-4 --' tajoso. Es de otra manera como se saca partido de las ventajas de estas fuertes posiciones. El defensor puede utilizarlas haciéndolas ocupar por pequeños destacamentos, que lograrán detener al atacante bastante tiempo para permitir á las reservas tácticas y estratégicas, colocadas más á retai!"uardia, llegar á tiempo y caer á su vez sobre un enemigo ya debilitado por ataques infructuosos, y aun tomar la ofensiva. Una posición semejante puede aun servir de punto de apoyo á los grandes movimientos estratégicos envolventes, cuya ejecución será naturalmente confiada á las reservas estratéi!"icas, mientras que las reservas tácticas detendrán al enemigo tanto tiempo como sea posible, delante de la posición misma. Creemos, pues, que tales posiciones, relativamente muy fuer­tes, asegur¡rán, cuando se sepa sacar buen partido de ellas, venta­jas reales para la defensa de un país de montaña ; ventajas que se podrían hacer aun más significativas fortificando ciertos puntos im­portantes; ejemplo: la defensa de las Termópilas, cuya historia es suficientemente conocida. En 1800, el desfiladero de Bodenbuchel, situado sobre el ca­mino que conduce de Salzburgo, por Reichenhall, á Zell-am-see, y que cierra, con los desfiladeros de Stein y de Knie, el acceso al desfiladero principal de Strub, fue infructuosamente atacado tres veces por fuerzas superiores en número. El tercer asalto, con 2,500 hombres, fue vigorosamente rechazado por los cazadores tiroleses y salzburgueses, que apoyaban débiles destacamentos autriacos. El enemigo dejó cerca de 400 muertos sobre el teatro de la lucha. El desfiladero de trub fue defendido con un heroísmo seme­ ·jante en 1805 y 1809 ccmtra fuerzas muy superiores en numéricas. El camino que conduce á Salzburgo por Lofer á Saint- Johann en el Tirol, atravie5a el desfiladero de Strub, formado del Iad<;> Sur por las pendientes escarpadas del Steinberg y por los flancos del Strubkoff, que se levanta á pique del costado Norte. El Steinberg se compone de un macizo montañoso silvestre y desolado, cuyos vértices alcanzan una altura de más de 7,000 pies. La montaña situada más al Sur, el Franchhorn, desciende á pique con el Bauergeschoss hasta el desfiladero de Strub. En el lugar más estrecho del pasaje se encontraba una obra fortificada que se componía de un block-house y de una torre. Un muro aspillerado formaba el desfiladero. El camino pasaba por dos puertas. Esta obra se encontraba sobre el territorio del Tirol. Otra obra, levantada sobre el territorio de Salzburgo, protegía el des­filadero de Mollenstein, que comienza en la frontera del Tirol. En los alrededores, un ¡olo sendero, únicamente practicable para los montañeses, c:l Hulfersteig, permitía enYolver estos dos desfiladeros! Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 175 _.) Un poco más lejos se encontraba otro camino que, partiendo de Saalfelden, atravesaba el Griesen-Pass, pasaba por Hochfilzen, y costeando en seguida el lago de Pill (Pi11ser-See ), desembocaba detrás del desfiladero de Strub. En el año de 1805 este desfiladero estaba ocupado por 1,300 hombres de tropas regulares (dos batallones de Klebeck, un bata­llón de Kerpen y 110 dragones de Mela5), con dos cañones, y ade­más, por 2,300 tiradores nacionales (Landes Schützen), en todo 3,6oo h')mbres, bajo las órdenes del General Conde de Saint Juhen. La División bávara Deroy, compuesta de las dos brigadas Mi­nuzzi y Marsigli, fuerte de 7,000 hombres, con 24 cañones, había recibido el 30 de Octubre, del Mariscal Bernardotte, la orden de penetrar en el Tiro) por Reichenhall. El r .0 de Noviembre se apoderó de los desfiladeros de Bo­denbuchel, de Stein y de Knie, y marchó sobre Lofer. El 2 de Noviembre, á las 9 de la mañan;¡, el General Deroy avanzó contra el desfiladero de Strub y trat6 de envolverlo con tres compañías, pero fracasó completamente. Hacia el medio día hizo avanzar la brigada Minuzzi, guardando en resena la brigada Marsigli, que llegó á Lofer á las 5 de la tarde. Dos compa­ñías de la 1 ." brigada, mandadas por el Mayor Haynau, rodea­ron lo atrincheramientos del desfiladero de Mollenstein, hicieron saltar la parte principal que cerraba el camino, destruyeron las palizadas, y permitieron así á las tropa de la brigada Minuzzi, colocadas sobre el camino, penetrar en el de filadero. Pero en este momento dos batallones austriacos salieron d . 1 desfiladero de Strub y rechazaron á los bávaros fuera del desfiladero de Mollens­tein, haciéndoles sufrir pérdidas considerables. El 3 de Noviembre, en la madrugada, fue tentado un ataque general por la División Deroy, el que fue rechazado por un fuego terrible de fusilería. Un segundo ataque corrió la misma suerte. Hacia el medio día el General Deroy, formando. u tropas en columnas cerradas y haciendo apoyar su movimiento por fuegos de salva, ejecutado. por 12 de sus piezas, tentó un tercer ataque, que fue igualmente rechazado. Un cuarto asalto, ejecutado por la brigada Marsigli, y en el cual' fue herido el General Deroy, tampoco tuvo éxito. El combate, que había durado más de ocho horas, cesó, y los bávaros comenzaron á marchar en retirada á las 4 de la tarde, habiendo perdido 18 Oficiales, de los cuales 2 Generales, y 1,500 hombres de tropa. Las pérdidas de los austriacos fueron sólo de 170 hombres.· La defensa dt:l mismo desfiladero, en 18og, fue aun más bri­llante, aunque menos feliz en sus consect.:encias; y c!f'be, por la energía y valor de plegado por un puñado de hombrc!:i, ser colo­cada en la misma categoría que las de las Termópilas. Cosa inexplicable: el desfiladero de Strub no estaba defendi­do en ese año sino por 300 tiradores de la milicia tirolesa, por Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '-- 176 _J una ftledía compañía de infantería, y por una media compañía de cazadores; en todo, cosa de 400 hombres con 2 piezas de á 6. El 10 de Mayo la División bávara Wrede recibió del Maris­cal Lefebre, Duque de Dantzig, la orden de atacar el desfiladero. El 11 de Mayo, 3,000 hombres con 4 piezas de á 12 y 8 obu­ses, fueron designados para este ataque. Los atacantes eran, pues, ocho veces más numerosos que los defensores. A las 6 de la mañana, la artillería del ataque abrió el fuego y redujo bien pronto á silencio las dos piezas de la defensa. El General Wrede lanzó entonces la brigada Minuzzi adelan­te : los defensores resistieron valientemente, y rechazaron cua­tro asaltos ejecutados por un adversario muy superior en número. El combate había durado nueve horas; la mayor parte de los defensores habían encontrado una muerte heroica ; las fuer­zas de los sobrevivientes estaban agotadas, cuando hacia las 3 de la tarde el General Wrede dio la orden de renovar el ataque. Fue solamente después del sexto cuando los bávaros lograron apoderarse del desfiladero, habiéndoles costado esta posición 2,000 hombres entre muertos y heridos. La historia nos enseña aún que las ventajas que presenta la defensa en los países de montaña tienen á menudo por consecuen­cia conducir al defensor á tomar medidas inconvementes, á resol­verse por planes muy defectuosos, á separar sus fuerzas y á volver al sistema llamado de cordón, sobre el cual nos proponemos insistir cuando expongamos los inconvenientes de la defensa. b) Factlidad de las maniobras-El defensor puede preparar de antemano las Hneas llamadas á ejercer una influencia capital sobre el resultado final de la defensa, tales como las líneas de operacio­nes y de maniobras, y hacerlas cómodamente practicables para todas las armas. De esta manera se asegura la ventaja de poder lanzar rápi­damente sus reservas sobre el punto más amenazado; tomar la ofensiva cuando ha rechazado al enemigo; hacer pasar sus reser­vas de un valle lateral al valle atacado; caer sobre los flancos y sobre la retaguardia del adversario, y cortarle sus comunicaciones. Siempre que las comunicaciones hayan sido cuidadosamente preparadas de antemano, se habrá asegurado el medio de poder ejecutar rápidamente y con más probabilidades de éxito un ataque de este género. e) Facz1idad del aprovisionamimfo.-Cuando se dispongan y re­partan las tropas conforme á los verdaderos principios que desa­rrollaremos ulteriormente, el aprovisionamiento se hará sin dificultad. Es según esta disposición de las tropas como se determina el emplazamiento de los almacenes y la repartición de los viveres, cuestiones de que ya trataremos de modo especial. Todas las vueltas ofensivas del defensor podrán, pues, ser ejecutadas con tropa convenientemente provista y por consiguien- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \.... 177 .....) te, vigorosas, siempre que se haya juiciosamente repartido y co­locado los diferentes cuerpos. Si, al contrario, se les colo ·a n cordón, su aprovisionamiento presentará forzosamente grandes d; i­• C ultades. INCONVENIENTES DE LA DEFENSA a) Vigilancia de los mtnurosos pasos que conducen al país qut se quiere defender-En razón del estado actual del cultivo de las tH r·as y del desmonte, cada día creciente, de las montañas, no h á mucho tiempo cubiertas de bosques, muchos caminos, unos naturales, otr 1S artificiales, pero todos practicables para la infantería y artille¡ ía de montaña, penetran en el macizo que se propone defender. Cuanto mayor sea el número de pasajes y caminos de este género, tanto más tropas es necesario emplear para vigilarlos, á fin de poder resistir, aunque sólo sea momentáneamente, el ataque del enemigo; y por consiguiente el defensor se verá más obligado .á debilitar las resénas colocadas á retaguardia. El hecho mismo de que el enemigo puede, gracias á la t>.·is­tencia de comunicaciones tan numl"'rosas, multi!Jlicar cómodam< n­te sus demostracion e ofensivas, hace más difícil para la d ft·nsa la determinación del verdadero punto de ataque. Esta circunstancia, unida á las ventaja indicadas a .- iba, que fluyen de la fuerta relativa y algunas veces de la fut •r7a ab­soluta de la defensa de la montañas, ha tenido, sin embargu, e:.. n la mayor parte de los casos, por r sultado la adop~ión dt 1d ·as falsas y falsas medidas, es decir, del si tema de conlún. e pn· Pn­dfa de esta manera no sólo cuirlar, si o tambit.!n d •fer.d ·r oh ti ­nadamente todos los pa os que conducían al pab, é impe dir ~1 ac­ceso del enemigo á él. e quería, en una palabra, comenzar la defensa absoluta, si no sobre la frontera mi ma, pc,r lo menos en su proximidad inmediata . Para alcanzar e te resultado era necesario naturalmente cu­par con tropas todas las entrada y todos los pa aje . En razón mi ma de la extensión del frente estratégico oru­pado, el número de tropas colocarlas en primera lftv- a alcam~aba proporciones tales, que no quedaba casi nada para formar las n - serva estratégicas á retaguardia. Se esperaba así lograr r si tir sobre todo los puntos, porque puestos aún más débiles de los 'r e se empleaban, habfan siempre logrado oponer, en circunsta n Í"S análogas, una larg-a resiseencia al enemigo; pe ro no s C(•n irl~-·r a­ba que su resisten cia había sido relativa y no absoluta; que 1 n rt·a­Iidad esta resistencia había sido larga con n·lación á la fur>r za t n­cargada de la defensa, pero que cada puesto había terminado flor ser tomado desde el momento en que el ataque era lle\ a do cun alguna enPrgía. Esta disposición en cordón aumentaba singularmPnte las difi­cultades del aprov/sz'tmamt'mlo: las tropas sufrían toda clase de privaciones; en las altas montañas estaban expuestas á los rigo­res de la temperatura, debilitándose física y moralmente, sobre SERIE IV-TOMO I-12 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. tloietín fvli:itar de Colombia \._ J 78 ....J todo cuando semejante estado de cosas se prolongaba, aun antes que el enemigo hubiese pronunciado un ataque enérgico sobre un punto que eligiera cómodamente durante este tiempo, y que le pareciera el más favorable desde el doble punto de vista táctico y estratégico. El atacante comenzaba por hacer demostraciones contra to .. das las posiciones ocupadas por el defensor; en seguida salía de sus acantonamientos con tropas frescas y bien alimentadas; for­zaba luégo el punto que había elegido, sea atacándolo de frente, sea envolviéndolo pot· uno de sus flancos por los senderos meno1 vigilados, y se apoderaba del pasaje. Todo el cordón defensivo se encontraba roto de un solo golpe, y como no se disponía de sufi­cientes reservas, prontas para reparar el descalabro, la defensa se encontraba, en pres ;ncia de una ofensiva enérgicamente con­ducida, en la imposibilidad de reunir sus fuerzas. El ataque se hacía aún más fácil cuando el atacante, dueño de las crestas del macizo montañoso, se encontraba en presencia del defensor, establecido sobre fuertes posiciones en los diferentes valles que partían de esta montaña. La posesión de una sola de estas posiciones bastaba casi 5iempre para hacer caer todo el sis­tema defensivo. e forzaban las posiciones, sea de frente, cuando el defensor, á fin de apoyar sus alas al pie de las montañas, se había extendido demasiado sobre la derecha 6 izquierda ; sea de flanco, cuando había dejado una d sus alas en el aire, es decir, sin apoyo, en razón de no creer en la po. ibilidad de un ataque por este lado. Fue así como tuvo lugar en 1799 la toma de la posición de Taufers. Fuertes column« , formando la · ala del ataque, dese ndieron de las crestas hasta los últimos contrafuertes de las montañas que flanqueaban 1 valle que se qu ría atacar, y envolvieron la posi­ción en miga. El defensor. fJJt nc, h!nfa re ervas e tratégicas suficientemen­te fuertes, debía darse por muy feliz con poder reunir en el valle principal situado más á retaguardia de la meseta, sus tropas que ha Lían sido dispersadas en todas direcciones. Se puede citar como ejemplo de la defensa de montañas por medio del sistema de cordón, la defensa del Tiro! n 1799, y la de los Alpes Marítimo y de la Brochetta en 1796, por el Ejército austropiamontés. Una defensiva absoluta, Lasada en las ideas que acabamos de exponer, lleva en sí misma el g rmen de la derrota del defensor, y una catástrofe trágica. d) Dificultades de va d lo lejos, de descuór/r d pr/nápal objd1i:o del enum:r;o y de dútz'nguirlo de los falsos ataques-A causa de la con­formación del terreno, el def nsor se encuentra en la imposibili­dad de adivinar el plan de ataque y de sorprender las maniobras del adversario. Está reducido á los partes de sus espías, y cuando comienza el ataque, para basar sus comunicaciones y su plan, sólo cuenta con las noticias enviadas por sus avanzadas .. -Conl7nú« Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Co~omb1a '- 1 79 _.) LA GUERRA Y SU ENSEÑANZA 1 ., 1 1 CONFRRENCIAS DE UN CAPITAN DE COMPANJA A SUS CLASES Y OFICIALES (De la Rn~isla ád Bt~ldlts Militar de Buenosaire~) (Continúa) Agregaré que las circunstancias pueden exigir que nos que­demos un tiempo en la defensiva, pero será una defenszva ifmsz'va, en la cual se busca la oportunidad, el momento favorable para to­mar la ofensiva por un contraataque . Es aún el caso del duelista que hace quites hasta que encuentre un claro p or donde meter la punta de su florete. Terminará esta reflex ión diciendo que esta ver­dad es elemental, y es útil al jefe de escuadra ó de sección tanto como al de un ejército de cien mil hombres. Insistirá mucho en esta parte, sobre todo si es necesario rebatir opiniones :avorables á la defensiva pura, basada en razones de orden geográfico ú otras opiniones no sólo falsas, sino aun peligrosas, puesto que, á la larga, · la defensiva y su idea acobardan á los que creen en su eficacia. Cuando haya dado algunos ejemplos, que serán perfectamen­te comprendidos por las clases, pues se trata aquí de algo que se aprecia con el simple sentido común, les dirá que la ttl/lz'zadón dtl te­rreno no es acurrucarse donde se encuentre uno bien abrigado. Así como la guerra hase emancipado de las formas rígidas, lo ha he­cho del terreno. Un escritor militar francés, el Coronel Maillard, lo dice muy bien: "No elegimos el terreno del combate; no es el terreno, pues, sino la situación táctica, es decir~ nuestra misión de combatientes, 1 fin que buscamos, lo que ~1os guía en la elec­ción de una posición." Una sección ó una escuadra estaría muy bien echada detrás del terraplén de una vía de ferrocarril .... pero como no podrá tirar sin ·ocupar una posición algo más elevada, es ésta la que será buena para el combate y no aquélla. Esta reflexión 11e­vará naturalmente al Cafiitán á hablar de la Yerdzdera utilización del terreno, es decir, de la manera de hacerlo nuestro auxiliar en la ofensiva, manera que ya habrá sido enseñada por él á las clases en los jercicios en el campo, de acuerdo con la · prescripci nes de nuestros reglamentos. El Capitán entonces agregará que si bien totlo lo que enseña ó recomienda es sencillo, no se lo sabe sin habr;:rlo estudiado, y que su conferencia no es sino un progra:na de estudio; que para mandar aunque sea cuatro soldados en el combate, es necesario saber. Las t..ualidades del carácter, como lo decía ~1 Mariscal Bu­geau'l, son sin duda las más preciosas, pero aun así, ¿á r¡ué condu­ciría la ene rgía de un ignorante incapaz de elegir el camino que conduce al objeto que se busca? La inacción es sin duda peor r¡u~" l!i'il nc.tivirlad medianamente sensata, ¿pero si esta actividad es J-:! t -:.- lu J..:scabellada? Instruírse, pues, ya que las faltas come- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 180 _J tidas por ignorancia ó incapacidad, cualquiera que sea la impor­tancia del mando que tengamos, división, sección ó escuadra, pue­den traer catástrofes irreparables. Se han visto posiciones tomadas por un puñado de soldados bien mandados, después que un Jefe de carácter, pero ignorante, había sido rechazado de ellas, sembrán­dolas de miles de cadáveres de sus soldados. Es pensando en esto como se ha dicho: "no trabajar es un crimen." En efecto, es la sangre del soldado, que pagará la ignorancia del Cabo, del Sar­gento, sin ir más arriba .... Y lo que tenemos que saber, agregará el Capitán, e!i muy sencillo, pues la combinación de los medios y procedimientos no nos incumbe, sino la ejecución de aquéllos, es decir, la realización del pensamiento del Jefe. Como los ejércitos :10 son ya una máquina inconsciente, sino un organismo cuyas partes funcionan individualmente, debemos ser conscientes, comprender lo que hacemo'), para lo cual debe­mos e~tudiar. Seguramente la guerra no se hace co:1 fórmulas; en ella no hay panaceas, y todas las cuestiones de táctica son dis­cutibles; pero es también seguro que ~¡ la instrucción y la inteli­gencia no son el genio, á él cunducen, y que sin picar tan alto, dan capacidad y talento, los que, con el carácter y la energía, sun virtudes militares al alcance de todos. Como e ve, el Capitán no ha dicho nada que sea inferior á la intelectualidad de sus Teniente::., ni superior á la de sus Cabos y Sargentos. Al reunirlos á todos t'n una misma conferencia, no ha rebajado el nivel intelectual de aquéllos, pero sí elevado el de lús últimus, y creado, ademá , un lazo de confraternidad militar qne lo e también de indisoluble disci¡.>lina. Hasta aquí las conft:rencias van dirigidas á túdas las armns. Las siguientes serán en special de infantc•rfa. Pero serán facil­mente tran formables en conferencia de caballería y artill ría. CUARTA CONI<'ERE.'CIA El Capitán explicará que en la guerra, más aún que en la paz, cada uno debe tener u responsabilidad, y que la conciencia que de ella se tiene, exalta el carácter y da á nuestras facultades su pleno valor. Un Reglamento alemán dice que la t'nidaliva de los cuadros su­ballernoJ e la ba e de los grandes éxitos en la guerra, y tiene mu­cha razón, pue. to que 1 combélte se llt>va á callo pur lfneas de guerrillas y el a vanee de las cumpañía , y que son lu cuadro· u­balt rnu_ Jos que dirig~n á la tropa, la llevan hacia adelantP, y la · Latallas, dice Dragomiroff, se ganan con ~oldados que e:, ne­cesario content•r, y no con gLnte que s ir.dispen_able mpujar. Otro General ilu~tre, Von der Goltl, dice: "La iniciativa t s la fuerza de los ejércitos modernos; la obediencia pasiva ya no basta." ¿Debe reglamentarse la iniciativa? No, pues reglamentatla es matarla. Nuestros Reglamentos tienen por base la iniciativa. El de ser­Ticio en campaña, en su capítulo 23, la impone formalmente: HEs Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 181 _1 un deber en todos los escalones de- la jerarquía." Es decir, hasta el soldado inclusive. Este capítulo 23 deberfa aprenderse d e memoria, después de lo cual vendrían los comentarios del Capitán, que tendrían espe­cialmente por objeto hacer comprend~r á los Cahos y Sargentos -qu~ serían en campaña no sólo jefes de escuadra, sino aun de d e tacam entos, reconocimientos, patrullas, rondas, escoltas, de diez mi iones más, en las cuales no tendrían jefe, y estarían obligados á tomar p0r sí resoluciones á vec es in tantán eas- ue la inictativa le es tan necesaria como á los Oficiales. El Capitán encontrará sin mucho trabajo, en su memoria 6 en libros militare , ejemplos interesantes en que Sargentos, Cabos y soldados han realizad...> hazañas merced á su es~íritu de iniciativa. Terminará diciendo que iniciativa supone inteligencia y rela­tiva ilu tración, las que se adquieq~ n rcfi c: xi onandv con frecuencia en lo que ven hacer ó hacen en las operaciores d l campo de ejer­cic ios ó las maniobras de campaña, en las qu e, p:.>r su parte , sabrá colocar á menudo á sus clases en situaciones tales, que lmgan qut haca algo por si. QUL'TA CONFERENCIA H o y, dirá el Capitán, no ocuparemos en los fuegos: principal medio de combate de la infantt•r ía, como dicen los reglamentos todo : e l arg·emino, el alemán, el francés, lo que no es completa­me nte e xacto, pue sto que el fu e g-o, en suma, no es ~ino un medz'o p1 ·ovisz"onal, el definitivo y fundamental, siendo la mrzrcha hada el mt­tmg- J, la ufen~iva bien marcada y Je ' idida, el ataque a la bayone­ta, e l úni co que haga dar vu e lta al enemigo. H Avánza y pé ra: S la tácti ca d 1 ataqu ." A í ele cía o u raroff, pi.:! rO hace un sig-lo, cuando la potencia del fu . il e ra la décima parte de la de 1902. E ta má,·ima ru a, con­s e rv"lda y xag-erada, y que causó á loo; ru os tantos descalabros en la gue rra de hace veinti cincu año contra los turcos, (.S e:vtden­te m e nte teme raria a í enunciada; pero cuando el avance á bayo­n eta calada ha sido bien preparado por el fuego, ese a vanee es con­di c ión indispensable de la vi ...: toria. Tirar mucho y bien, y quedarse en sus posiciones, como lo ha­cían hace poco los boers, es poco meno::; qu e inútil. E- · un hermoso discurso que no concluye. La ofensiva siempre, y aun la ofensiva en los movimi· ntos y en la lucha: hé aquí todo. Dicho esto, que por cierto no tiene !JOr objeto desacreditar á Jos fuego , ino prestigiar a la ofensiva-lo que felizmente está en nuestra índole,-agr garemos, dirá el capitán, que antes de ata­car avanzando, hay que batir en brecha al enemigo que se quiere abordar. Para ello, primero la artillería. Pero ella sola no basta. La infantería debe proceder á la pr"paración de su ataque con su fuego. Y no creáis que sea esto táctica general solamente. Un Sargento con su escuadra se encontrará á menudo, sobre todo en la guerra de montañas, en la situación de hacer papel aparte, de atacar con sus veinte hombres á otros tantos enemigos bien situados. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Holetín Militar de Colombia '- 182 --' No lo criticaré mucho si corre así no más hacia ellos, porque tiene inmenso poder una actitud resuelta; pero, como regla, obra­rá prudentemente, tratando de meterles algunas balas primero, causarles dos ó tres bajas, después de lo cual su ataque contra gen­te ya temerosa, tendrá más probabilidades de buen éxito. Es bien evidente que este procedimiento, la preparación por el fuego, se impone más al Oficial que manda una sección ó una compañía, porque la masa que úna ú ótra presenta, el blanco, es más vulnerable. Y aquí interviene un procedimiento de orden más elevado, ya táctico; dividir su fuerza para envolver un ala. Pri­mero combate de frente, con más ó menos energía, como el perro que ladra sin morder. Después se exti~nde á un flanco, hace mar­char un grupo á derecha ó izquierda, el que va á tomarlos por el fla!lco, sm ser visto, si es posible, porque un peligro que el enemi­go no ha visto <;e multi¡.>lica por diez, y si no es posible, dejándose ver. Aun en este último caso, sobre todo si hemos seguido ocupán­dolo mucho á su frente, ese ataque de flanco le obliga á marchar hacia atrás, y lo desmoraliza y prepara su derrota. A estas reflexiones, que son generalidades, el Capitán agre­gará lo que dicen nuestros reglamentos sobre el fuego avanzado, la disciglina del fuego, el arte de aprovtchar el terreno, lo que evi­dentemente no es pegarse á él, ser su ec;;clavo, enterrarse en una zanja ..... Toda posición que ocupamos, regimiento, batallón, escua­dra, es como un trampoHn desde el cual saltaremos más lejos ...... El tema es vasto. El Capitán lo tratará, sin perder de vista que el fuego es el principal medio de preparación del triunfo, pero que éste sólo e obtiene marchando contra a memigo has/a asa/lar/o. Tanta pers nas repiten hoy la enorme herejía de que la defensiva es uperior á la ofensiva, que no podrá nunca desmentir­la bastant \ y jamás repetir con sobrada energía que no se vence sino atacando, saltándol t>ncima al enemigo ...... Esta verdad de orden psicológico vale por todos los tratados de pretendida ciencia. El General que vence, y el Cabo, e,; el Cabo Vorwartz, el Cabo Adelante ...... Cuando el Capitán haya dado algunas conferencias del género de las que hemos esbozado, habrá ya comunión de pensamientos, unidad de doctrinas entre él y sus cuadros. Su compañía, su escua­drón ó batería serán en verdad, y sólo entonces, en umaades. Antes eran agrupaciones deleznables al primer soplo de guerra. Que las haga, pues, sencillament~, como conversando, pero con la voluntad de penetrar en las inteligencias, de persuadir á sus compañeros de armas .... y estamos seguros de que, á más del provecho, encon­trará en ellas satisfacción. ¿Cómo podría, al disponer de tt einta in­teligencias abiertas, no sembrar en ellas sus conocimientos y sus doctrinas ·? Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militai de Colombia '- 183 __,} ENSEÑANZAS DE LA GUERRA ANGLO-BOER ¿Cuál deb:! s ~ r la form-\ ea que se llevará á cabo en una f~ttura guerra un ata• que frontal de infantería, tratándose de terreno descubierto? • (Escrito por el Tmimte Coroml Rolo vo11 Komalzki, Profesor de la E. S. d~ G.) Muchas y muy variadas son las enseñanzas que se despren­den de la guerra anglo-boer; pero las más preciosas son las que se refieren á los efectos producidos por las armas modernas, y ' las modificaciones que habrá que introducir en la táctica de com­bate. Ambos adversarios emplearon armas creadas por una téc­nica de las más perfeccionadas, fusiles, ametralladoras, cañones de tiro rápido y cuya munición estaba cargada con pólvora sin humo. Ambos adversarios han tratado de adaptar sus operacio­nes tácticas á las necesidades que se presentaron como consecuen­cia de la mayor eficacia de las armas modernas. También en esta. guerra se ha comprobado la verdad de que bajo la influencia de nuevas armas, van creándose formaciones tácticas completamente nuevas. La guerra en el Africa del Sur ha planttado una multitud de ~uestiones y problemas. Un número relativamente reducido de estos últimos ha reci­bido una solución definitiva; para la mayor parte falta buscarlos todavía. Pertenece á esta última categoría la cuestión : ¿ cóm1 debt um­duciru hoy la infantería cuando lilm que tjteular, tn terreno D&scu­BUtRTO, u1z ataque frontal! Para la solución de este problema encontramos algún mate­rial, algunos indicios en la guerra anglo-boer, por cuyo motiYO trataremos de fo'rmarnos una idea sobre el desarrollo probable de un combate de esta natural~za, y sobre las condiciones en que debe llevarse á cabo. El caso que vamos á analizar se refiere, lo repetimos, & un movimiento de ataque ejecutado por cuerpos de infantería en una llanura completamente descubierta. En nuestra suposición podre­mos admitir que la infantería del agresor luche sola contra la del defensor, ó que ambos adversarios cuenten con el apoyo de la ar­tillería. Interviniendo esta arma en el combate, será preciso que la arll1lería dtl agresor cuente con una superioridad numérica indiscu­tible, ó que á lo menos tenga un efecti 'lO tal, que atraiga cons­tantemente sobre sí el fuego de las baterías enemigas. • En el presente trabajo se utilizaron las conclusiones á que lleró ua Ofici_al alemá'_l, quie? despu~s de ~aber tomado parte en la guerra anglo--boer, pub .hc~ sus 1mpreswnes baJo el htulo de MiMii,-údu B'tracklu1lgm uber tlttl Krttg m Sud-Afrika (Beiluft del Militar W1chmblatt, r9or), así como el Co. mandante von Lindenau, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar oe Colombia. \..._ 184 -' F• e...,tas condiciones se desarrollan los combates d.e Magers.>. f L~i C;h nzo y Spion kop, contando en ellos los ingleses con u t •er iuridad numérica muy considerable, y tratándose en to­d , ' .. t 1s acciones de guerra de ataques frontales. ~:ntrando en materia, vamos á examinar en primer lugar la f, Pll? 1 n -:¡ue los z'nglests ejecutaron sus movimientos de ataque, t · 1d ' d . pué de la manua como combatieron los botrs, para u •• rar fi1.almente una contestación adecuada á la pregunta que rnu)¡¡ mo. arriba. P.,r,·ce ser cierto que los Jefes y Oficiales que vinieron cort Ja t- ,pa de la India y de las Colomas inglesas, no tenían idea muy el '" de a•n 1 dt' lus inglt.sC'S, fue la custumbr~ de hacer entrar á las di­f r··nt• : Brirradas en la línea de combate, no simultáneamente sino ·td.s d otra. La con er.uencia era que el adversario nunca tenía que com­b a ir s.>brc toda la línea, pudiendo correr sus fuerzas á voluntau, h ri ':1 Jo la pasar á los puntos más amenazados de su largo frente, mani 1h1·a quP ror lo general pudo ejecutarse con éxito, gracias á. su gran movilidad. Pero el mal éxito de tantos movimientos de ataque no era, p1n· cierto, debido sólo á los errores com t: tidos por los Jefes supe­rivres Pn el empleo de las tropas durante el combate. L t). motivos de este hecho hay que buscarlos en otras circuns­tan 'la ... , ·n la conservación de formaciones de combate anticuadas y '1 ~ no correspondían á las necesidades del momento. La hi~toria de las guerras nos da frecuentes ejemplos que e m¡1rueban estas afirmaciones. La eficacia del fuego de las líneas de tiradores franceses fue la cau-;a por que en 18o6 se estrelló el ataque de los prusianos con­tra aquéllos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 185 _J En 1866 la superioridad del ft.sil prusiano á carga posterior hizo fracasar la táctica ciel choque de los austriacos. Vemos también c¡ue por id¿nticos motivos la infantería alema­na tuvo que sufrir al principio de la campaña del 70 pérdidas muy considerables, hasta que logró abandonar las formaciones de com­bate anticuadas y que le eran tan perniciosas. Situaciones parecidas encontramos también en la guerra an­glo- boer. Bajo la protección del fuego de su artillería, la infantería in­glesa procedía al despliegue. Dentro de la zona eficaz del fuego de infantería no se presen­taba sino en líneas de tiradores. Estas, sin embargo, eran demasiado densas, pues se trataba de terreno descuóz"erlo. Además, ltJS ti adores no habían aprendido á utilizar el terre­no ni á manejar su fusil, de modo de dar al fuego toda la eficacia que preci a á las distancias· medt'anas. De allí que sufrieran pérdi­das tan grandes. Otro de los motivos del fracaso debe buscarse en la manera inconvE·niente como los ingles s emplearon sus sostenes y resen:as, puf>s éstos segufan á las tr, pa de primera línea casi siempre en. formación cerrada y á distancias demasiado cortas. Más tarde, las Hneas de tiradores fueron menos den. as. Los ino-le es hicieron avanzar tres ó cuatro líneac; sucesivas, separa as por distancias generalmente bastante grand ~s. A veces las primera posiciones de fu go se encontraban ya en puntos que e taban á 1,300 m tros de di tancia de la posición enemig-a. Llegando á la zona eficaz del fuego de los boers, se avan?.aba generalmente por tramo· suce ivos. Antes de proceder al asalto, es decir, desde la distancia de 300 metros más ó menos, los ingleses pasaban al fuego rápido ha taque creyesen haber obtenido la superioridad del fuego sobre el defensor. · Entonces se hadan avanzar la~ reservas, las que trataban de arrastrar las líneas de tiradore hacia adelante. La artillería apoyaba el movimiento de ataque siguiendo á la infantería hasta las distancias cortas. ¿Qué estragos hizo el fuego de los boers en las Hneas del agresor? Hasta distancias de 1,000 á 8oo metros y contra líneas de tira­dores, en las cuale~ el intervalo era de 2 pasos más ó menos. el fue­go de fusilerfa no tenfa una eficacia muy considerable, pudiendo los ing-leses acercarse, por lo ge· .eral sin grandes dificultades, á las posiciones boers hasta las distancias indicadas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Holetín Militar de Colombia '- 186 ..../ En cambio, cuando la artillería boers abría su fuego de shrapnel sobre el agresor que avanza'ba por terreno descubierto, las líneas de tiradores ingleses tenían que decidirse-aun á la dis­tancia de 1,500 metros más eS menos-por la posición cuerpo m tie­rra, no pudiendo avanzar sino unos doscientos ó trescientos me­tros bajo el fuego enemigo, para volver á tomarla. Los sostenes y reservas, al avanzar á. la línea de tiradores, su­frieron- tambz'én á la dúlanáa de I,JOO metros-pérdidas tan conside­rables, que imitaban el ejemplo de los compañeros que estaban en la primera Hnea de combate, y e5to antes de llegar á esta última. Llama la atención que los boers solían dirigir su fuego contra los sostenes y reservas del adversario ~iempre que éstas presenta­ban u 1 objelz'vo más visible que las líneas de tiradores. Así se explica el hecho de que á veces Jos sostenes se detu­vieron ó se retiraron cuando las Hneas de tiradores trataban toda­vía de ganar más terreno' siguiendo en su movimiento de avance. Este, por regla general, podía continuarse sólo allí donde el terreno, con sus acddentes, permitía al agresor abrigarse contra el fuego enemigo. En terreno descubzerlo, el movimiento cesó definitivamente á los 6oo metros mís ó menos de la posición del defensor, no habiéndo­se recorrido, por consiguiente, sino unos 150 6 200 metros bajo el fuego del enemigo. Las pérdidas de los ingleses, al recorrer sta corta distancia, eran bastante grandes; en cambio, el fuego de los boers no tenía gran eficacia, aun á la distancia de 6oo metros, si los ingleses per­manecían en su posición de ctterpo m tz"erra, especialmente cuando el terreno les ofrecía algún abrigo. Esta última circunstancia (la eficacia reducida de su fuego) indujo á muchos comandos boers á no hacer fuego contra objtlivos tuerpo en lz"erra que quedaban á una dislamia mayor de 400 me/ros. El avance por tramos sucesivos lo efectuaron los ingleses de modo que largas líneas de tiradores interrumpieron de repente el fuego, levantándose los soldados todos á la vez y recorriendo unos 6o ó 100 metros para echarse después nuevamente al suelo. Se dice que este modo de proceder tuvo principalmente tres defectos: 1. 0 La interrupción del fuego se efectuó de una manera que llamaba demasiado la atención del adversario. 2. 0 El largo de los tramos era exce ivo. 3. 0 Las líneas de tiradores, que avanzaban por tramos, eran demasiado largas. Siendo muy extenso el frente de combate, no deben general­mente efectuar largas líneas de tiradores el avance por tramos, sino sólo pequeños grupos de ellos, pero tampuco por orden nu­mérico de las secciones, sino irregularmente. Si se procede de otro modo, el adversario, puesto sobre aviso, gana tiempo para poder dirigir su fuego contra los tiradores desde Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \...._ 187 _.) el momento mismo en que se levantan del suelo á fin de conti­nuar el movimiento de avance. Así se explica por qué, aun en el caso de ser cortos los tramos, el avance ejecutado por largas líneas de tiradores traía pérdidas demasiado fuertes para que se pudiera s~guir con el movimiento por mucho tiempo. Este avance podrá ser ejecutado correctamente y por sorpresa, si lo efectúan pequeños grupos, debiendo tenerse presente que lo esencial para que el movimiento tenga éxito, es y será siempre que el enemigo esté desprevenido y que el movimiento se efectúe por sorpresa, no debiendo, por consiguiente, durar más tiempo que la sorpresa misma que cause. Otro de los errores que padecía el método de ataque de los ingleses, era que se intentaba dar un desarrollo demasiado rápido al movimiento, faltando además casi completamente el apoyo que la artillería con su fuego debe prestar á la infantería. Es cierto que la artillería acompañaba el movimiento de avan­ce de la infantería hasta los 400 y 300 metros de distancia del ene­migo. Pero desde este momento hacía cesar su fuego. La infantE:ría continuaba todavía un momento el suyo. Después: ¡calma completa l Sólo se oían las voces de mando dé los Oficiales que hacían cesar el fuego, y el ruido peculiar que producen las bayonetas cuan­ndo se las arma. En seguida, largas líneas de ingleses se ponían de pie y se lanzaban hacia adelante. Estos asaltos han fracasado casi todos; bastaba para ello á menudo uno pocos segundos. Intencionalmente los boers abandonaron á veces sus posiciones colocándose á unos 100 metros 6 sólo 50 detrás de los kopjes. Entonces, cuando los inglesE:s llegaban triunfantes á la cresta, ofreciendo como blanco á los boers su silueta completa, siempre eran barridos por el fuego hecho á corta distancia por un número á veces muy reducido de adversarios. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \....... 188 _) - Variedades - LA POBLACION DE CHINA El Gobierno chino acaba de publicar el censo del Imperio, el que, según la opinión de los diplomáticos extranjeros, ha sido levan­tado de manera que puede mirarse como exacto y completo en su conjunto. Provincias Superficie (k. c.) Habitantes Densidad Tche-li ..................... 300,000 20.930,000 70 Chan-si. ..................... 212,000 12.200,450 57 Chan-tong .................. 145,000 38.247.900 2Ó4 H )-nan ..................... 176,000 25.316,820 20I Kiang-su ................... 100,000 23·980,230 140 Ngan-huei ..... , ............ 142,000 23.672,300 167 Kiang--si .................... 180,000 26.533,000 148 Trho-Kiang ............... 95,000 l 1.500,000 122 Fu-Kien .................... 120,000 22. 870,000 I9I. Hu-pei ...................... 185,000 35.280,000 I9I Hu-nan ..................... 216,ooo 22. r69,000 103 Chan-si ..................... 195,000 8.450,000 43 · Kan-su ..................... 325,000 10.386,000 32 Ssen-tch 'uan ............... s66,ooo 68.724,800 121 Kuang-tong ................ 259,000 31.865,200 123 Kuang-si .................... 200,000 5.142,000 26 Kuei-Tchen ................ 174,000 7.65o,ooo « Yun-nan .................... 380,000 12.721,500 34 Mongolia .................... 3·543,000 2.580,000 0.7 Tz'b(/ ........................ 1.200,000 6-430,000 5 Siiz-I{z'ang (Turquestán) .. 1.426,000 1.200,000 0.8 Mandchuria ................. 942,000 8.500,000 9 Total (redondeando cifras)... 425.000,000 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia PEREGRINACION DE ALPHA 1 POR :&IANUEL ANCIZAR (Continúa) Tota dista de la orilla del lago una legua por línea recta, me· diando cerros y colinas de páramos poco habitados. El pueblo es pequeño, pues entre casas y ranchos no llega á tener doscientos, arremolinados en desorden al rededor de una iglesia nueva. La mayor parte de los vecinos son indios toda vía puros, humildes y ol­vidados de su antigua grandeza; porque Tota1 según los cronistas de la Conquista, era una ciudad tan populosa como su homónima del cantón Tunja, llamada después Toca, para distinguirla de aquélla, que es la última población Chibcha por este lado hacia el SE., siguiéndose los Teguas y otras parcialidades de hablas di­versas, que dieron belicoso entretenimiento á Juan de San Martín cuando su expedición á loo;; Llanos. Entre Tota y Pesca media el alto estribo divisorio de las hoyas de los ríos apellidados de igual modo. Desde la cumbre, mirando al Oriente, se ve una ancha faja reluciente, cual espejo que á manera de diadema ciñe la eminencia. de unos cerros lejanos y nebulosos: es el lago de Tota que por úl­tima vez y bajo un aspecto fantá~tico se nos presentaba, teniendo detrás de sí, en guisa de solio, las negras y tumultuosas nubes del páramo de Toquilla, y coronando con sus aguas frías una re­gión helada, tri t y d sapacible, como lo son toda~ las serranías desprendidas del semicírculo de páramos casi nevados que se ex­tienden al . de. d Cuspaquirá ha~ta las confusas crestas de Tiba­ná, obre un arco de catorce leguas. Tra puesto el alto, se baja sin interrupción á Pe ·ca, pueblo de indí ena y me~tizo , con algunas familia de apariencia y colore europ os, compuesto, poco más 6 menos, de tresci ntas casas mal di tribuídas, de las cuales apenas seis serán de teja, pero bellamente situado á las márgt:nes del c1aro río, y n el extremo de la planici que se prolonga recta y á. un nivel ha ·ta Sogamoso. Tiene por Cura stc pueblo al Dr. Parra, anciano benévolo y amable, en cuya compañía pasámos ratos agradables é instructivos <.le las cosas de Antaño: vive solo, en una casa muy aseada, y bajo su techo se halla con eguridad hospedaje franco y ami tosí imo trato: es hombre rle ideas caballtro. a , pa­triota sincero, y de aquellos que no deberían envejecer nunca, para estar siemprt:> de servicio en la brecha de las reformas, de que tanto y < n tan copioso número necesita nuestra infante Repúulica. Pur C!)le lado pi ábamos ya la lín ~a divisuria de Tunja y Tundama, manada por el ramal de la cordillc•ra en que tit-'nt.n ·u asiento los páramos Las Cruces y Tibaná, ~obre el ma~nífico Di­voriz" o aquarum que caracteriza el territorio tunjano. Tundama, en un territorio útil de 215 leguas cuadradas, contiene 43 pueblos ca­beceras de distrito con 163,000 habitantes, de los cuales el mayor número es de blancos y bien conformados, y el resto de indios pacientes, vigorosos, en quienes la rutina parece hacer los uficios del alma, y la humildad ser el compendio de todas sus virtudes. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 190 _) La tierra fértil y apenas removida por un cultivo sin arte ni ade­lantamientos, devuelve con prodigalidad el grano que se le confía, y en la variedad de las temperaturas, que dentro de breve espa­cio recorren la escala termométrica de o 0 á 24° del centígrado, afianza la riqueza y multiplicidad de sus productos, y establece la abundancia segura para todos sus moradores. Sus entrañas guar .. dan ricas minas de carbón, hierro, plomo y azufre en toda la Pro­vincia; alumbre en los cantones Soatá y Cocuy; asfalto en Santa Rosa y Sogamoso ; yeso en Sogamoso y Soatá; sal de Glauber en Sogamoso y Santa Rosa; alcohol (galena) y sal común en Co­cuy, Soatá y tal vez en Sogamoso; probablemente plata en Santa Rosa y Cocuy ; oro, óxido de cromo, fosfato de hierro y cinabrio en Cocuy; cristal de roca (cuarzo y hié.lino puro) en el cerro de Tibe, cerca de Santa Rosa; piedras de chispa casi por todas par­tes; y en una palabra, por dondequiera indicio~ de minerales pre­ciosos, que yacen escondidos bajo la serie visible de las capas que constituyen el terreno secundario, y aun de algunas del de transi­ción, manifiestas en las grandes quiebras y levantamientos lineales del suelo. Luégo que nuestro régimen administrativo se reforme de ma­nera que Jos Gobernadores sean magistrados de origen popular, exclusivamente consagrado~ al cuidado y progreso de los intereses de su Provincia, y no subalternos amovibles del Poder Ejecutivo, casi exdt~sivamente encargados de agenciar elecciones, la suerte de las Provincias será muy otra de la que al presente soportan; y en particular Tundama gozará los beneficios de una transforma­ción económica, para la cual reúne cuantas circunstancias y ele­mentos pudieran apetccerse. Caminos le faltan hoy para llevar los frutos fu e ra de su territorio; p e ro le faltan no porque la natu­raleza se los haya ne~ado de todo punto, sino porque los hom­bres no se han tomado el trabajo de buscados ó de mejorarlos. Al N. de Santa Rosa va el camino que pasando por junto á los picachos piramidales de Tures, sal á Charalá por Sincelada, tre­pando adrede la eminencias más p e ligrosas que pueden fácilmen­te desecharse, y quedaría trazado un buen camino de herradura, por el cual Tundama podría enviar al Socorro sus frutos de tierra fría y sus ~anados, y para sus importaciones aprovecharse del nuevo camino de esta Provincia que la enlaza por el Sogamoso al Magdalena. El cantón Cocuy, ceñido al E. por las asperezas de la Sierra Nevada, parece condenado á. no tener comunicación con los Llanos de Casanare ; pero una exploración de las abras del N. no sería infructuosa: la anhelada comunicación quedaría estable­cida tal vez más pronto de lo que se pi · nsa, y Jos frutos copiosos del cantón hallarían salida y mercados, sin los cuales abruman al agricultor con su propia riqueza y le arruinan por el abatimiento de los precios. Finalmente, para la importación de ganados casa­nareños, que engordados en los inmejorables potreros del cantón Sogamoso, formarían un ramo precioso de comercio interior, ha indicado la naturaleza la hoya del río Saza, cuyas cabeceras su-ben hasta la depresión de la cordillera en la cuchilla Cara de Pe­Jro, y cuyo curso termina en el río Mongua, cerca del pueblo de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia este nombre; 6 bien las faldas por donde corren los riachuelos Boche y Chiniscuá de Socha en demanda de la misma cuchilla, desde la cual á Pisba el camino se halla trazado. Mas todo esto encalla en el ánimo inerte de los unos, en la ignorancia presuntuo­sa de los otros, y en la humilde resignación de los restantes para vivir con el día, sin aspirar á mayor suma de goces, sin compren­der la satisfacción de dar cima á las empresas que traen el pan, el bienestar y la civilización á millares de nuestros conciudadanos. XXV Los pontífices sucesores de Nenqueteba, por otro nombre Ida­cansas, padre y legislador de los Chibchas, deseosos de que los jefes soberanos residentes al rededor del sagrado valle de Iraca (Sogamoso) no se hiciesen guerra, les persuadieron á que en asam­blea de todos ellos levantaran por señor al más autorizado y le juraran obediencia, declarando hereditaria esta dignidad en los descendientes de las hermanas. Así lo hicieron, y resultó elegido Hunzahúa, de quien tomó nombre la confederación, llamándose Hunza la capital. Apellidáronle Zaque, es decir, señor grande, lo mismo que significaba Zippa entre los bogotanos; epítetos tan es­timados, que los principales capitanes chibchas los usaban ante­puestos 6 pospuesto¡ á sus nombres, según se halló en los tunjanos Zaquenzippá y Lenguzaque, y en Zippaquirá y Guachenzippá, jefes bogotanos. "El valle de Hunza, hoy Tunja, dice Piedrah{ta, corre NS. muy poco trecho y con menos trave ía: es falto de agua y leña, y por causa de la eleYaci6n de la tierra, muy frío y seco, y por los aires sutiles y nocivos que la bañan, e padecen c_pasmos y dese­cación de cerebro, de que resulta estar muy sujetos á perder el juicio sus habitadores; pero como era este Yalle el centro de los Estados de Hunzahúa, puso n él su illa. Cíñcnla dos colinas rasas: una á la parte de OrientP, dvnde habitan* lo Chibataes, Soracaes y otras parcialidades que ~ extienrlt-r: hasta la cordillera que di­vide los llanos de San Juan d Jo CJUC al pr sente se llama Nuevo Reino; y la otra al Occidente, llamada por Jos españoles Loma de los Ahorcados, á causa dt• hab r hallado allí muchos justiciados de esta manera cuando entraron, la cual tien á las espaldas un valle de tierras llanas y fértiles de carne y . emillas, donde hay un gran lago t y en que habitan los Cucaitas, oras ...... &c.'' El día 20 de Agosto de 1537 lh garon !o españoles á los pri­meros burgos de Hunza, y a' istaron t·l cercado del Zaque á tiem­po que el sol caminaba pa1 a su Ocaso, y su desmayada luz hería los edificios principales y los iluminaba con los resplandores de las 1 áminas y piezas de oro qu~ tenían pcndient~~s, tan juntas, qu~ ro­zándose unas con otras rr.ondas por el viento, fot rnab~n la armo- • Escribía esto en 1656, recorricnJo el t<.rritorio Jc.: Tunja y Tata t Hoy DO existe el lago, desaguado ~or el cauce uel río Chorrcrn, que precisamente en aquel parnje lo denominan .Duaguadero. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia n{a más deleitosa para los invasores, quienes sin más esperar se entraron arrebatadamente por las calles de la ciudad, con g-ran turbación de la muchedumbre de indios congregados junto al cer­cado, cuya grita y espanto fueron tales por razón de los caballos y fiereza de los extranjeros, que confusos no combatían, aunque se hallaban con las armas en las manos. Quimumchatecha, imposibi­litado de salvar la persona por sus pies ni por los ajenos, á causa de su mucha corpulencia y edad de setenta años, mandó á sus guardias cerrasen las puertas del doble cercado que ceñía las ca­sas, y arrojasen ocultamente por encima unas petacas en que ha­bía hecho recoger sus joyas y riquezas, y eran recibidas por los indios de afuera y traspuestas de unos en otros hasta donde no se había tenicio más noticia de ellas, sin advertirlo los españoles, por haber ocurrido todos juntos á ganar las puertas con el fin de ha­cerse dueños de lo interior, donde te nían noticias de que estaban los tesoros que buscaban. Llegados, el A lférez Antón de Olalla rompió con la espada las cerraduras y abrió paso á Quesada, que desmontado y con guardia d infante , penetró hasta una sala gran­de, en la cual le esperaba el Zaque inmr>vil y severo, sin dar mues­tra de sobresalto, sentado en una silla baja y rodeado de copioso núme ro de cortesano , todos con patenas de oro en el pecho, me­diaslunas de Jo mismo y rosas dL· plumas ceñidas por diademas , de manera que les recogían y sujetab:1n las cab"'llt:ras tendida sobre la espalda y hombros; galas que no dt>cían mal con las túnicas de lienzo de algodón caídas hasta las rodillas, y las mantas cua­dradas penrlient s del hombro derecho obn• el lado izquierdo, ostentando en ellas los dibujos y la borcs que indi caban el rango y nobleza de los que la ll evaban. Que~arfa, in vacilar, e dirigió al soberano, é intentó abrazarlo amorosam nte; pero lo UzaquPS lo retiraron poniéndole las mano .n el pe cho, y con gritos manifes­tar. •n su i11dignación pur s mejante liancza. El españvl gritó más~ hablándoles d •l Papa y d .. 1 R y d España, y haciéndoles protes­tas de los daños y violencias que ..,, l>revini ran. Alborotáronse todo . Creció la gritería. El Alférc z Olalla y el Capitán Cardoso, entrambos muy esforzados, pusi~run mano sobre Quimu inchatecha y lo apri ionaron; de que r sultó trabar e un desord enado com­bate dentro y fuera de las casas, ha~ta que la oscuridad de la no­che no permitió continuarlo, r t1 a ·éndo los indios harto escar­mentados por los caballos y lanzas d e Gonzalo uárez Rondón. Puestas centinela y guardia , com("'nzaron los e pañoles el saqueo y dt>vastación, no dejando ca ·a ni templo qut! no d espojaran hasta reunir más de do..,cientas cargas dt~ oro y esmeralda ; y como ha­llasen caída y olvidada fuera del cercado una de las petacas que los indio sacaron, encontrando en ella ocho mil castf'llanos de oro y una urna de l mic;mo metal que encerraba los huesos de un ca­dáver, y pesó seis mil cast llanos, comprendierun que la mayor parte de las riquezas las habían traspuesto; pero nada pudit>ron descubrir, aunque apremiaron con ruegos y amenazas á Quimuin­chatecha, quien permaneció silencioso, menospreciando igualmen­te los halagos que los rigores. c~nlmÚtJ • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VII Serie IV Tomo I N. 6

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VII Serie IV Tomo I N. 18

Por: | Fecha: 09/05/1903

~ ~:::::~il!~eA~~:~:::i1~ ~ l ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJÉRGITO _ l ~~ ---------------- - - - -- - -------------------------- ~ ! ¡ DIRECTOR, Francisco J. Vergara y Velasco j i General du Ju~eniero a ¡ ¡ Son colaboradores de este periódico los Jefes y Ot'iciales d el Ej é rcito ¡ :t'.uth '""SI bten rttceder que nuettro reepetc tf toda• lar convtcetonet, nnga l. parar #11 le i?tdifercncia 11 not dej• .m encrgiu• para defender lar nuéttra• !::.:: i ENRIQU~ StEHKIBWICZ l -r··- ··· ······· ·-··----· ............. ............... ....... .............. ... . ............... ..... ....... .. .......... ¡-· ¡ • • • Bogotá, Mayo 9 de 1903 + • • ; · r-·------~- ------------------------------------------- ~ -=--=== Oficial ~ - DECRETONUMERO~rDEI~J (ABRIL 21) por el cual se acepta una renuncia y se hace un no mbramien t o 'El Vicepresidente de la República, mcargado dtl Poder .Ejeculiv1, DECRETA Artículo único. Acéptase la renuncia qu e present a el Gen eral G ustavo S . G ue r rero del puesto d e Jefe de E tado Mayor del Ejército d e l Cauc a, y n6mbrasele Comandant e de la Jefatura Mi­litar del Sur del Cauca. Comun íquese y publfquese. . Dado en Bogotá, á 21 de Abril de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ALFREDO V ÁsQ UEZ Cono DECRETO NUMERO 488 DE 1903 (ABRIL 21) por el cual se hace un nombramiento . El Viceprest"dente de la Repzíblú:a, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Artículo único. Por renuncia aceptada al Sr. Joaquín Andra­s: nu: IV-TOKO I-35 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia de, nómbrase ingeniero de la Oficina de Loni:"itudes al Sr. Dr. Jor­ge Vergara E. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 2 I de Abril de rgo3. JOSE MANUEL MARROQUI El Ministro de Guerra, ALFREDO V ÁSQUEZ CoBo DECRETO NUMERO 502 DE 1903 (ABRIL 28) por el cual se •prueba un Decreto del Comandante General de los Ejércitos. del Atlántico y del Pacífico El ViCepresidente de la RepúbHca, mcargado del Poder .EjecuHvtP, DECRETA Artículo único. Apruébase el Decreto número I 3 de 16 de Marzo del año en curso, por el cual se reorganizan las flotillas del Pacífico y del Atlántico, expedido por el Sr. General Comandan­te General de los Ejércitos de Bolívar y Panamá. §. Los nombramientos que se hagan para las Divisiones Na­vales deben someterse también á la aprobación del Poder Eje­cutivo. Comuníquese y pubHquese. Dado en Bogotá, á 28 de Abril de 1.::>03. JO E MANUEL MARROQUI El Ministro de Guerra, ALFREDO V ÁsQt.:Rz CoBo u DECRETO NUl\.1ERO 13 DE 1903 (1t!ARZO 16) por <:1 cual se reorganizan las Flotillas del Pacífico y del Atlántico El Comattdatzü en Jife de los Ejérdlos de Bolívar y Panamá, En uso de sus atribuciones legales, y CONSIDERANDO Que se hace necesario reglamentar el servicio de los barcos de la Flotilla del Pacífico y del Atlántico, uniformando su material de guerra, personal y colores de dichos barcos. Que es indispensable regularizar la marina con las Leyes y reirlas que son la base de las Escuadras de las naciones extranje­ras, para darle una buena organización, mientras el Poder Ejecu­tivo dispone lo conveniente, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 547 _J DECRETA Art. I.0 Los barcos de guerra del Atlántico y del Padfico (...onstituirán dos Divisiones Na vales y se denominarán Di'vi'szon .fla­zHzl det Pacífico y Dzviszfm Naval del AllánHco. Art. 2. 0 El personal del Cuartel General de estas Divisiones cramientos del Cuartel Gen ral comiJ d .• lo.., ue trata el artículo 6.0 , se harán por D creto especial, así n.•mo ei personal del Cuartel General de la /J¡v/sián l\í.zval dd .. /1- ltf;¡f¡i·c·. 1\rt . 10. Facúltase á los Comandantes Generales de las Divi­... ion\ ~ ~ . Javale para la reorganización del personal de dicho bar­co~. haciendo los nombramientos respectivos, los cuales ometerán ~ la aprobación de esta Comandancia en Jefe. f rt. 1 r. Continuarán en vigencia los artículos 1 .0 , 3. 0 , 8.0 , 9.0 LO dC'l Decreto número 26 ya citado, expedido por el Sr. Go ... "'~<.-rnéll]()r del Departamento. A rl. r 2. L os Comandantes Generales de la Divisiones Na va­les quccJr¡n facultados para dictar los reglamentos del régimen dis- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia ciplinario en los barcos, sometiéndolos á la cen.mra de esta Co­mandancia en Jefe. Comuníquese, publíquese y dése cuenta á quien corresponda. Dad0 en Panamá, á 16 de Marzo de 1903. El Comandante en Jefe, PEDK.o SrcARD BRICEÑO El Ayudante Secretario, Aiftalí Díaz M." DECRETO NUMERO 503 DE 1903 (ABRIL 28) por el cual se hace una promoción El Vícepresidmle de la RepúbHca, encargado del Poder EjecufivtJ, DECRETA Artículo único. Promuévese al Sr. Rodulfo Asperty del pues­to de Oficial supernumerario del Ministerio de Guerra al de Ayu­dante del mismo Ministerio} asimilado á General de Brigada y de­pendiendo del ( ... uartel general del Ejército para Jos efectos fiscales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 28 de Abril de 1903. ] SE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ALFREDo V ÁsQ EZ CoBo DECRETO TUMERO 504 DE 1903 (ABRIL 28) por el cual e hace un nombramiento El Vicepresz'denle de la Repzíblzca, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Artículo único. N6mbrase Sfndico del Hospital Militar de La Mesa al Sr. D. Francisco A. González. Comuníquese y publíquesc. Dado en Bogotá, li 28 de Abril de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ALFREDO V ÁsQuEz CoBo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 549 _j DECRETO NUMERO 505 DE 1903 (ABRIL 28) por el cual se confiere un ascenso El Vicepresidmle de la República, encargado del Poder Ejecutivo, lJECRETA Artículo único. Asciéndese al Teniente Coronel Luis B. Ama y Hoyos á Coronel efectivo. §. Dése cuenta al honorable Senado en sus próximas sesiones, para los efectos constitucionales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 28 de Abril de 1903. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ALFREDO V ÁsQuEz CoBo DECRETO NUMERO 51 1 DE 1903 (ABRIL 30) por el cual se hace un nombramiento ~n interinidad El Vzc~presidenle de la Repúblzca, mcargado dd Poder Ejuulivo, DECRJ~;TA Artículo único. N6mbrase al Dr. Pedro :María Silva Ingenie­ro de la Oficina de Longitudes, en interinidad, en reemplazo del Dr. Eugenio Ucrós, durante el término de la prórroga de la licen­cia concedida á éste. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 30 de Abril de 1903. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gue_rra, ALFREDO V ÁsQ Ez Cono DECRETO NUMERO 512 DE 1903 (ABRIL 3 0) por el cual se hace un nombramiento El Vtcepresidmle dt la Repúblzca, encargado del Poder Ejeculi'v•, DECRETA Artículo único. Por renuncia aceptada al Sr. Adelmo Rozo, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 550 .J nómbrase Habilitado de la Sección 4. " del Ministerio de Gue.rT· al Sr. Gregorio Aráoz. Comuníquese y pubHquese. Dado en Bogotá, á 30 de Abril de 1903. JOSE MANUEL MARRO lfh .El Ministro de Guerra, ALFREDO V .ÁsQU!Z Coso DECRETO NUMERO 5 r 3 DE r903 (ABRIL JO) por el cual se aumenta una asimilación El VJeepresidmü «e la Rep!tbb'ca, mcargado del Poder Ejecutt'~, , DECRETA Artículo único. Auméntase la asimilación de que disfruta el Postillón del carruaje del Palacio de San Carlos, Sr. Isaías An2·et, á Capitán. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 30 ele Abril de 1903. ]OSE MANUEL MARRO..._UL El Ministro de Guerra, ALFRF:Do VAsQuEz CoBo RESOLUCION NUMERO ro DE 1903 (ABRIL 27) sobre expedición de Pasaportes El !IHmslro de Guerra. O. · mi•: R .... NDO Que habiéndose delegado á la Comandancia en Jefe del Ejér­cito la facultad de ordenar la expedición de Pasaportes á Jefes, Oficiales é individuos de tropa, por Decreto número 1 roH de ... 4 de Julio de 1902; y Que llevándose la estadística del Ejército en el Cuartel Gene­ral, es allí donde debe examinarse el derecho que tengan los peti­cionarios á la expedición de Pac;;aportes, RESUELVE Los memoriales que se hagan en solicitud de pasaporte por militares excedentes ó licenciados, deben dirigirse á la Comandan­cia en Jefe del Ejército, la que resolverá la petición de pasaportes si los solicitantes acreditan su derecho, de conformidad con la Re­solución número 94, de 13 de Marzo último, dictada por este Mi­nisterio. Dada en Bogotá, á 27 de Abril de 1903. Comuníquese y publíquese. El Ministro, A. V Á QUE7 Cono , Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 8oletín Militar de Colombia L 55 1 _...) - Doctrinal - TEORIA DE LA ESTADISTICA JtSC l.IT A P O ._ ]. P. HU .. T A DO ( JtSPA ÑOL) (Contim1a) VII 1 , EXPOSICION ESTADISTICA Los cuadros estadísticos-Métodos de exposición-Método descriptivo-Mctodo razonado-Naturalf'za y objeto propio de cada uno de ellos-Reglas comu­nes á tod a exposición estadística-Método üxicográji.co-Circunscripciones territoriales-Método grájiú-Dia~ramas, stereo~ramas y c~rtografía­Aplicación legítima de estos procedimientos. El lenguage peculiar de la Estadística, ya lo hemos visto, son los guarismos; este medio de expresión, á la par conciso y elo­cuente, necesita, sin embargo, ser manejado con gran criterio, si ha de unir á esas ventajas las no menos apreciables de exactitud y claridad. El estadístico encuentra en el número toda la preci­sión que puede desear para exponer sus ideas; pero tiene que hacer un estudio muy detenido para representar sin confusione los elementos tan varios que describe 6 elabora, los diferente hechos y relaciones que pueden contener unas mismas cifras, cuyo valor y sentido depenclt:n las más veces de la man ra de coordinarlas. Los resultados de todas las operaciones estadísticas, las no­ticias y los cálculos se xponcn en cuadros 6 tslados-a1gunos han creído hallar en esta palabra la etimología de la ciencia-divi­didos por columnas verticales, en los que se escriben metódica­mente, sobre líneas paralelas horizontales, los guarismos relativo á un hecho cualquiera 'de los que constituyen el dominio de la Estadística. La primera columna á la izquierda contiene la no­menclatura de los lugares, fechas ú objeto~ á que se refieren los datos numéricos; las siguientes expresan por números, colocados los unos encima de los otros, los pormenores de estos datos, y la última columna que cierra el cuadro, á la derecha, reúne en un total parcial los datos consignados en cacla línea. Las columnas están recapituladas también parcialmente en sentido vertical, en una línea de totales que ocupa la extremidad inferior del cuadro, y que termina á la derecha por el gran total general. Títulos muy concisos, si es posible monosilábicos, van á la cabeza de las colum­nas é indican su destino. Estos títulos se subdividen muchas veces de modo que expresen en la primera línea una generalidad y reúnan debajo, abrazándolas por medio de una llave, las dift· · rentes especialidades que ésta contiene y que son objeto de otras tantas columnas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. \ Boletín Militar de Colombia '-- 552 -' Los cuadros estadísticos, añade Moreau de Jonnés, considera- ­dos en su conjunto, son verdaderos análisis lógicos, figurados por líneas que explican las divisiones de la materia y por guarismos que enumeran sus elementos. La primera condición de estos cua­dros, después de su exactitud, es que sean claros, concretos, bre­ves, fáciles de concebir en su objeto principal y en la diversidad de sus pormenores, de modo que respondan categóricamente á todas las cuestiones cuya solución se busque en ellos y no exijan nuevos cálculos para comprenderlos. Para darles este carácter de lucidez es preciso que su plan esté concebido, meditado y combi­nado como el de una obra literaria ó científica, y que obedezca á las dos reglas supremas de unidad, de composición y de distribu­ción de las materias según el orden lógico de las ideas. Pero estas condiciones cada estadístico las busca por camino diferente, dando lugar á varios sistemas de exposición que Mr. Orlandini enumera de esta suerte: Hay, dice, el método descriplz'vo, que se limita á registrar ordenadamente los datos de un cierto género de hechos por tiempos ó lugares determinados, ó bien todas las noticias estadísticas relativas á un Estado cualquiera. El método razo?Zado que otros prefieren, y consiste en presentar los hechos enlazándolos según la manera de concebir sus causas ó mu­tuas influencias; el lo.:ú:ogrdfico, que sigue en la exposición de las materias el orden alfabético; el comparalz'vo 6 labelan·o, que rela­ciona dos asuntos del mismo género pero de tiempos y lugares diversos, y, finalmente, el grdjito , que se vale de líneas, signos y lores para expresar las cantidades y relaciones estadísticas. Es claro, continúa Orlandini, que el método descriptivo, preferido por la escuela histórica, es el fundamento de los demás, y puede con­siderarse como el único que, cornbinándo. e con el razonado y el comparativo, conduce á los fines de la Estadística; pero usado aisladamente, sería demasiado difuso y al mismo tiempo incom­pleto; los otros métodos no corresponden verdaderamente á la forma científica, porqu(.; el tabelario prescinde de las causas y no da cxplicacione de los hechos ; el gráfico carece de la exac­titud necesaria y acepta como idénticos hechos que sólo son seme­jantes, y, por último, el lexicográfico, si es útil para encontrar rá­pidamente un dato, es toda vía más ajeno á la forma científica, porque trunca y repite las descripciones. Nosotros creemos, sin embargo, que antes de juzgar los siste­mas de exposición estadística, conviene hacer una distinción, que 1 l vez arroje sobre este asunto luz suficiente para armonizar las divergencias que se notan en las doctrinas y prácticas de los esta­dísticos. Desde el principio hemos tenido cuidado de separar las dos partes que comprende el objeto de la Estadística, las dos ope­raciones que la realizan, y ahora veremos que la diversidad de los procedimientos de cada una da lugar á una diferencia natural en el modo de exponer sus resultados. La z'1Zvesligaáón se dirige á reunir datos y cumple presentándolos sencillamente; la tlab6ración busca leyes y causas, y necesita no sólo establecer, sino demostrar· sus conclusiones; aquélla analiza los hechos y los. ducribe numéri- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia L. 553 --' camente; ésta calcula y razo11a sobre los números. Hé aquí dos métodos que no pueden confundirse : la exposición de datos ha de ser descriptz'va; la exposición de cálculos, razonada. Se comprende bien que, no estableciendo esa distinción ne­cesaria, los estadísticos divaguen y se contradigan para buscar la regla única, un sistema modelo de exposición que no existe, por­que ha de haber dos de condiciones esencialmente diversas. Unos, como Moreau de Jonnés, no quieren que se mezcle el lenguaje ordinario con el idioma de los guarismos, y rechazan de los cua­pros estadísticos toda clase de leyendas ó explicaciones, mientras que otros, como el Sr. Orlandini, pretenden que para exponer con acierto los números referentes á un hecho cualquiera, deben colo­carse al lado de las cantidades absolutas las cantidades relativas, 6 sea los guarismos medios y proporcionales. Todos á un mismo tiempo tienen razón y carecen de ella. :Moreau de Jonnés está en lo cierto tratándose de nuevos datos ó descripciones estadísticas de ~echos en que sólo deben fi~ urar los números ; pero ¿cómo podrá Impedir que en la exposición de los cálculos se utilicen á la par los guarismos y las anotaciones, combinándose los números y los ra­zonamientos en los cuadros, ó fuera de ello , del modo que se crea más conducente? Orlandini y los que como él opinan, tampo­co defienden más que una parte de la verdad. Es claro que las verdaderas cifras estadísticas son las que expresan relaciones y comparaciones de hechos sociales; mas, ¿por ventura no será lícito exponer sencillamente datos elementales sin hacer sobre ellos cálculo ni elaboración alguna? ¿ regaremos al mero investi­gador el derecho de ofrecer precio os materiales e. · poniendo el resultado de sus ob ervacioncs? in duda que amuu métodos de e.·posiciún, 1 descriptivo y ·1 n zonado, deben armonizarse, según dice otro escritor, del mis­mo modo que se relacionan la investigación y la elaboración, pro­cedimientos de que derivan, y que son, respectivamente, la base y el complemento; pero mientras el descriptivo- el comparativo 6 tabelario no es más que una forma del descriptivo-puede em­plearse aisladamente, el razonado no puede prescindir de aquél con justificación tn ningún caso. En efecto, no hay mal alguno en exponer datos elementales sin comentarios ni deduccior.cs, some­tiéndolos al juicio de todo el mundo, y sería sospechoso presentar un cálculo estadístico sin que le precedieran las noticias de que párte. El estadístico, libre en sus apreciaciones, ha de obrar, sin embargo, como el historiador, que inserta los documentos en que funda la narración y su crítica. Dedúcese de lo expuesto que habrá reglas de exposición co­munes á los dos métodos, y otras que serán especiales de cada uno. Comenzaremos por éstas. El método descriptivo encontrará su plan en el análisis pro­fundo del hecho que va á exponer y en el estudio de. us relaciones con Il)S demás fenómenos sucia les; de otro modo no podrá presen­tar todos los elementos de ese hecho, todos los pormenores que acerca de él convenga conocer, ni separar aquellos que, no siendo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 554 -:-' esenciales 6 no teniendo una íntima conexión con el asunto, com­plican los cuadros y les quitan claridad sin hacerlos más comple­tos. El que movido por la curiosidad 6 por un particular interés, dice un publicista español *, acude á un libro estadístico, y sobre la mala impresión que causa un volumen compuesto exclusivamen­te de guarismos, encuentra dificultades para comprender los cua­dros que contiene, necesita hacer muchos cálculos para utilizar sus datos, ó echa de menos detalles que por su importancia merecían lugar preferente en la publicación, no tarda en apartar la vista de lo que tanto le fatiga y tan imperfectamente satisface su deseo, y desengañado en sus esperanzas, viene á aumentar el número de los que miran la Estadística con el desdén que inspira aquello que e juzga inútil. Exponer todos los elementos del fenómeno que se describe, pero nada más que esos elementos, hé aquí, diremos nos­otros, la condición principal que ha de cumplir este método. En él únicamente los números pueden dar la precisión científica; en él no tienen legítima cabida más explicaciones ni razonamientos que Jos encaminados á señalar el origen de los datos, las circunstan­cias en que se han obtenido, y el sistema empleado para recoger­los, ó sea aquellas noticias que merezcan tenerse en cuenta para ¿¡preciar su exactitud y la confianza que debe dispensárseles. El método razonado tiene dificultad y complicación mayores; como que no trata de mostrar hechos, sino de demostrar principios, necesita sujetarse con más rigor á los preceptos de la lógica. Debe computar todos lo elemento y apreciar todas las relaciones del hecho que examina; ha de desenvolver naturalmente los racioci­nios, no pasando de uno á otro principio sin dejar aquél previa­mente demostrado, y ha de prevenir dudas y objeciones, refutando directamente las que can inevitables. Para ello este método dis­pone con entera lib rtad d 1 número y del razonamiento, y puede combinarlos á su arbtírio, aprovechando á la vez la precisión ~e los guarismos y la fle.·ibilidcd y elocuencia del lenguaje cümún. Vaga son estas reglas ~iertamente, pero no es fácil concretar­las más por la gran variedad de objetos á que esos sistemas puedeR aplicarse. La naturakza de cada hecho determina un análisis y una exposición descriptiva diferente, del mismo modo que el fin de cada cálculo y la índole de los datos sobre que versa darán motivo para exponer razonamientos muy diversos. Las reglas comunes á ambos métodos se dirigen á evitar los defectos en que pueda incurrir tOda expo ición estadística. Uno de los vicios más graves de las compo iciones estadísti­cas, dice á este propósito Moreau de Jonnés, es la complicación, que hace su estudio penoso y desagradable. En vez de procurar la sencillez, considerando en cada cuadro una sola relación del asun­to, hay comúnmente el empeño de hacer entrar en el mismo cua­dro todos los guarismos que se poseen acerca de un objeto, sin re­parar en la confusión que resulta y en el inconveniente de estre- • Jimeno Agius-Obra citada. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Eoletín Militar de Colombia ~ 555 -' charlas líne as y las columnas. Una división muy natural permite, sin embargo, tratar toda clase de mater ias por dos puntos d e vista diferentes : primero según los lugares, y después según los tiempos. E:1umerando las cosas en el orden g e ográfico por las provincias á que corresponden, y luégo en el orden histórico por las fechas en que se han recogido los datos, pueden presenta rse en cuadros ó series di tintas los números más interesantes. Esta es una división esencial, porque querer comprenderlo todo en un solo cuadro, es exponerse á envolverlo todo en las tinieblas. El principio de unidad, á que debe obedecer un cuadro esta­dístico aislado, ha de aplicarse también á. una serie numerosa de ellos, aunque fcrme uno ó muchos volúmenes; el encadenamiento de todas las partes ha de ser el mismo, de tal suerte que aun el trabajo más extenso pueda desenvolverse en un cuadro único, di­VIdido y subdividido indefinidamente. Es también circunstancia muy importante tratándose de cua­dros estadísticos, dice el escritor español antes citado, la de su magnitud, que no debe ser tan desmedida :¡ue dificulte la consulta, ni tan reducida que obligue á emplear tipos d{'masiado pequeños. De modo que si un hecho comprendiera muchos detalles y no conviniese omitir ninguno de eilos por ser todos de interés, lo más prudente s ría hacer de cada uno d é t s un cuadro especial, porque, de inclu{rlos todo e n u'no, aumentaría con iderablemente las dimensiones de éste, ú obligaría á emplear tipos muy pequeños, y tanto en un ca o como en el otro, se dificultarían el manejo y la con. ulta. El método lt•.·n(:ogrdjico ú orden nlfaLético aplicado á las mate­rias y Jug-are ., como regla general de (!.·posición, s tan inconve­niente n la. descripci ncs como en lo razonamiento e tadísticos. Agrupar lo. obj t s s verdaderos principios de la ofensiva en la montañas. Entre estas ventajas ya hemos señalado la siguiente: La iniciativa, la que, por su naturaleza misma, presenta Yen­tajas reales; cualquiera que sea )a forma del terreno, tiene una Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 559 _J importancia más considerable en la montaña que en la lla­nura. Como inconvenientes hemos indicado : 1.0 La multiplicidad de los obstáculos. 2. 0 La dificultad del aprovisionamiento. 3. 0 La dificultad del despliegue de las tropas. 4. 0 Las dificultades que se presentan para la dirección de las trofaS y para la transmisión de las órdenes. A fin de sacar pleno provecho de las ventajas que le ofrece la ofensiva, el atacante debe procurar reducir á la más simple expresión los inconvenientes inherentes al ataque. 1. 0 Deberá esforzarse en vencer los obstáculos que resulten de la configuración del terreno ó de los trabajos ejecutados por el defensor, desplegando una perseverancia extraordinaria, ponien­do en juego todos Jos medios necesarios para triunfar de ellos; en fin, echando mano,: cuando sea imposible obrar de otra manera, de los movimientos envolventes juiciosamente concebidos. 2.0 Por lo que se refiere al aprovisionamiento, hemos hecho ya resaltar, al hablar de la defensa, que el sistema de requisicio­nes es aplicable sólo á pequeñas columna~, y que es necesario, en consecuencia, para asegurar el aprovisionamiento de las tropas, organizar almacenes móviles. Pero este sistema presenta también graves inconvenientes : los convoyes no se pueden mover sino con mucha dificultad, y muchas veces quedan imposibilitados de seguir los movimientos de las tropas. El transporte de víveres por medio de animales de carga requiere el empleo de una cantidad consi­derable de conductor s y ganado, pue estas columnas, además de las subsistencias destinadas á las tropas, deben transportar su propios víveres y forrajes. Los hombres deberían, pues, llevar consigo por lo menos¡tres ó cuatro días de YÍveres. Pero esto es cas' imposible, por lo menos respecto del pan y la carne, porque ~e car­garía demasiado á los soldados. No queda, pues, más remedio que renunciar á un aprovisio­namiento regular durante los tres ó cuatro primeros días, y distri­buír á las tropas dos raciones de carne cocida y dos de tocino en lugar de carne, y reemplazar el pan por la galleta, que es á la vez más liviana y mis nutritiva. Por lo demás, es por medio de requisiciones como se llegará á obtener más fácilmente la carne. Sería prudente dar á cada soldado, á más de la ración de sal~ algunos granos de pimienta 6 ají que le servirán para sazonar la carne y el tocino, haciéndolos más agradables al paladar y que le permitirán preparar en poco tiempo una comida substanciosa y muy agradable. El café nunca qebe faltar á las tropas que maniobran en montaña : sirve para co•trarrestar los efectos perjudiciales de la temperatura y conservar las fuerzas del hombre, mucho mejor que el a~uardiente. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 56o .J El atacante debe procurar, siempre que le sea posible, apo­derarse cuanto antes de los almacenes de primera línea del de­fensor é impedirle que destruya las provisiones que contengan. Las columnas de víveres, ya se compongan de carros ó de ani­males de carga, deben seguir á las tropas á una jornada de marcha. Es necesario, además, que estos convoyes sean constantemente apro­visionados con dos días de víveres por los almacenes móviles, que se irán desplazando á medida que el ataque gane terreno. Se for­ma así una primera línea de almacenes móviles, á retaguardia de la cual se constituye una segunda línea á dos ó tres jornadas de la precedente. Este es el único sistema gracias al cual el atacante lograri aprovisionar completa y seguramente sus tropas. De todos los transportes, el que ofrece mayores dificultades es el de la a vena y el del pasto necesarios para el ganado de carga, los caballos de silla y los de tiro. Algunas veces será posible encontrar pasto seco en las mon­tañas, y cuando esto no suceda, se le reemplazará en parte por avena y cebada; si este medio de racionamiento es imposible, se recurrirá entonces al pasto natural que allí exista. Este último procedimiento es el que tendrá forzosamente que emplearse en los países no cultivados y en donde la duración de las operaciones esté, por consiguiente, subordinada á las esta­ciones. Vemos, por ejemplo, que en la guerra contra los turcos, las operaciones en ervia y en Bosnia nunca comenzaron antes de la primavera, es decir, cuando había ya suficiente pasto, termi­nándose siempre á la entrada del invierno. Una campaña de in­vierno hecha en estos países costaría, en efecto, un número de hombres y de ganado fuera de proporción con los resultados que se podrían alcanzar. ]. 0 y 4. 0 Se logrará reducir á su más estricto mínimum los inconvenientes relativos al despliegue y á la dirección de lastro­pas, observando escrupulosamente las condiciones en que se ope­ra, y teniendo rigurosamente en cuenta las circunstancias locales. Desarrollaremos esta idea cuando expongamos en detalle los principios fundam e ntal es del ataque. PROVECHO QUE SE DEBE S.~CAR DE LAS DESVENTAJAS DE LA DEF.ENSA Cualquiera que sea la forma del ataque á que se quiera dar preferencia, el atacante debe siempre, por todos los medios á su alcance, tratar de sacar el mayor provecho posible de los incon­venientes inherentes á la defensa. Hemos visto hasta ahora que estos inconvenientes son los si­guientes: 1.0 La necesidad de cubrir numerosos puntos de pasaje, ne­cesidad que puede fácilmente conducir al defensor á adoptar el sistema dt cordón .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 56t _, 2.0 La falta de vistas y las dificultades que se tiene para po­er descubrir á tiempo el objdzvo del ataque principal. DEMOSTRACIONES Y FALSOS ATAQUES Para transformar los inconvenientes de la defensa en ventajas ra el ataque, y para sacar de ellos verdadero provecho, el ata­cante debe tratar de engañar al defensor sobre el verdadero pun­o de ataque; inducirlo á dirigir sus reservas estratégicas sobre puntos secundarios; obligarlo, si posible es, á dispersar sus fuer­. zas y, por consiguiente, á hacer uso del sistema de cordón. Para alcanzar este objeto se pueden emplear ventajosamen­. e las demostraciones y los falsos ataques. Pero para que estas operaciones den resultados, es necesario que tengan lugar algunos días antes del ataque principal y que se ·· ejecuten en el momento oportuno para que el defensor no pueda ser a visado y no tenga tiempo de tomar sus disposiciones para opo­erse á estos falsos ataques, antes que se produzca el verdadero. En el momento en que estas demostraciones comiencert á r:producir su efecto, el atacante podrá determinar su verdadero .ataque con J:>robabilidad casi segura de éxito. El ataque efectuado durante las guerras de la Independencia de la América del !::>ur, por el General San Martín, sobre la Cordi­; Uera y la provincia española de Chile, nos presenta un hermoso ejemplo del sistema para lograr engañar al defensor sobre·la di­ ·recci6n del verdadero ataque. ATAQUE REAL Cuando las demostraciones y los falsos ataques hayan tenido xito, lo que es muy difícil determinar en las montañas, á causa e que las vistas son muy limitadas, el atacante debe inmediata­~ nte avanzar sobre las líneas principales de operaciones que ha­, elegido, y emplear toda su energía y todos sus recursos para ~-encer los obstáculos que encuentre en su camino y alcanzar una entaja decisiva . .1FORllACIÓN DE MARCHA OFENSlV EN PA{S DE MONTAÑAS Para contrarrestar las empresas que el defensor pudiera diri- ~r contra la retaguardia del atacante, sea con su reserva princi­pal, sea con fuerzas menores que hiciese pasar por los valles late­.: rales, y para protegerse lo mejor posible contra estas maniobras ttan peligrosas, el atacante debe, después de haber penetrado en ~~ valle, hacer marchar sus columnas no en orden compacto, :sino por escalones; la última columna sirve entonces de reserva ~ eneral. Para proteger su flanco y ajustarse completamente á los prin­cipios de la tactica ; para precaverse contra una sorpresa y contra . SERU IV-TOllO 1-36 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombta \_ 562 _J los grandes peligros que presentan las emboscadas; para estar,.. en fin, en condiciones de atacar sin pérdida de tiempo y sin emplear fuerzas muy considerables, una posición ocupada por el enemigo,.. el atacante deberá, en general, ejecutar su marcha por escalones19 adelantando sus alas, las que hará marchar sobre las alturas •. Si no se destacasen del grueso estas columnas encargadas de atacar los flancos del adversario, sino en el momento en que se llega delante de la posición, resultaría: primero, que se perdería.. un tiempo precioso; y luégo, que á causa de la fuerte ittclinaci6n .. de las pendientes de la montaña, se impondrían fatigas enormes á -_ las tropas, y, por consiguiente, las que constituyen las columnas:,. laterales estarían cansadas y agotadas precisamente en el mo­mento en que deben comenzar su ataque contra los flancos del enemigo. Siempre que el atacante deba franquear líneas de manio- . bras que el defensor pueda utilizar para sus movimientos envol­ventes, deberá dejar á retaguardia, para vigilar estas líneas, un cuerpo de tropa de efectivo suficiente para observar los pasajes que conducen á los valles laterales, en el caso que este cuerpo permanezca en el punto de unión de los caminos, ó bien para ocu­par por sí mismo estos pasajes, cuando se tema ser atacado por un. solo lado. El papel asignado á estas fracciones destacadas tiene un ca­rácter esencialmente defensivo; su misión consiste en resistir el mayor tiempo posible á los movimientos ofensivos del enemigo. Estas tropas deben, pues, sujetarse á todos los principios expues­tos para el empleo de las reservas tácticas cuando se habló de 1 defensa. El atacante que penetre en un país de montañas y descuide observar estos principios, se expone á colocarse en una situaciéP por demás difícil y á menudo crítica. Las marchas ejecutadas por las columnas franco-bávaras d rante las campañas de 1703 y 1809, cuando marcharon de Lan­deck sobre Pfunds, nos dan un ej(;mplo severo que confirma la exactitud de los principios que acabamos de exponer. Se trataba en ambos casos de restablecer por Nanders las comunicacione~ con el sud del Tirol. Como los bávaros mandados por el príncipe elector invadie­ron el Tirol, el pueblo de este país, completamente adicto á la casa. imperial, se sublevó en todos los puntos del valle del Inn inferior,. y este ejemplo fue inmediatamente seguido por los montañeses de­los distritos de Landeck, Pfunds, Nandersbeg y Ried. El 28 de Junio la vanguardia, fuerte de cerca de 300-. hombres, compuesta la mitad de dragones franceses y la otra mi­tad de granaderos bávaros, había llegado á Landeck. El I.0 de­Julio esta columna continúa su marcha sin hacerse explorar por· una vanguardia y sin hacerse cubrir por guardaflancos destacados. sobre las alturas vecinas. El valle del Inn, desde Landeck hasta los alrededores de Prutz, es extremadamente estrecho y está encerrado entre dos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '-- 563 _j murallas de rocas que se levantan á pique; sus dos extremidades, cerca de Landeck y de Pontlatz y Pfundlatz, son formadas por · estrechos portillos de rocas. En fin, en esta época las montañas que limitan á este valle estaban cubiertas de espesos bosques. El camino está, pues, encerrado entre el Inn por una parte y las murallas á pique por el otro; forma un verdadero desfiladero que no permite extenderse ni á la derecha ni á la izquierda. Atraviesa el Inn en el puente de Pontlaz, hacia el cual sube en pendiente suave pasando al pie de una muralla de rocas á pique; se continúa en el valle encajonado de Prutz, y llega á la aldea del mismo nombre, después de haber franque:1do una se­gunda vez el Inn en Ladis. Esta garganta ó pasaje estaba ocupa­da por los tiradores de los cuatro distritos que hemos enu­merado, y además se habían colocado baterías pedreras en Flie­serberg. En el momento en que la columna se aproximaba á Pont­latz, los proyectiles comenzaron á lloverle de todos lados, las pie­dras y los troncos de árboles rodaban á lo largo de la pendiente á pique, cayendo sobre el camino, ocupado completamente por las tropas, el que fue en un instante cubierto de muertos y heridos. Los que no fueron muertos por las piedras y los troncos de árboles, heridos por las balas de las carabinas de largo alcance de los tiradores tiroleses, huyeron hacia Landeck, en donde fueron recibidos por paisanos armados, que los hicieron prisioneros. Ningún soldado del destacamento pudo escapar para lle ar al elector la triste nueva de esta catástrofe. Una suerte análoga esperaba en 18og, en este mismo valle, á una columna de un efectivo más considerable. El Coronel barón von Dourscheidt había recibido del 11ari - cal Lefevrc, antes de comenzar su movimiento de Innsbruck so­bre Sterzing, la orden de marchar con el 10.0 regimiento de in­fantería bávara, un escuadrón de dragones y dos cañones de tres Ji_ bras, desde Landeck sobre Meran, pasando por el desfiladero de Finstermunz y por el Vir.tschgau, á fin de tomar por la espalda á. los paisanos insurrectos del Valle de Eisack. Como en 1703, los paisanos que habitaban en los distritos de la alta montaña forma­ron el plan rle sorprender al enemigo en el momento en que pene­trase en el desfiladero. También esta vez habían establecido bate­rías pedreras sobre el Flieserber~. Como en el primer caso, la columna penetró en este temible desfiladero sin cubrir sus flancos y contentándose con hacerse ex­plorar por una punta de sólo 15 dragones. Una parte de la colum­na había ya atravesado el puente de Pontlatz, cuando se hizo sen­tir el primer disparo, lo que dio la señal del combate generaL Los bávaros intentaron apoderarse del bosque de donde ha­bía partido el primer tiro de fusil, pero fueron rechazados. Tra­taron entonces de atravesar en la dirección de Prutz, pasando por el puente de Ladis; pero este puente había sido destruído, y fueron recibidos además por un fuego mortífero que partía de la otra orilla. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '-- 564-' Procuraron entonces tomar la aldea de Ladis, en la esperanza de envolver á Prutz y poder continuar su marcha por las alturas; pero también este nuevo ataque fracasó. La columna no pensó desde este momento sino en su salvación y en su retirada, que co­menzó durante la noche. Desde que los tiradores colocados sobre las montañas nota­ron que el enemigo pretendía emprender la retirada, hicieron caer una lluvia de proyectiles sobre el puente de Pontlatz. Las baterías pedreras abrieron el fuego y destruyeron carros, caballos, cañones y hombres, de los cuale~ una gran parte fue precipitada á las rugientes olas del Inn. Sólo una parte de la columna pudo, gracias á una huída pre­cipitada, llegar hasta Landeck. El resto marchó á Prutz, en donde debió rendir las armas al día siguiente, á pesar de su defensa heroica. La parte de la columna que había huído hacia Landeck no tuvo mejor suerte en su retirada sobre Imst. Si en los dos casos, tanto en 1703 como en 1809, se . hubiesen cubierto los bávaros por las columnas laterales escalonada~ hacia adelante, desde Landeck, al Este, pasando por Schatzerhof en di­rección de Fliess y hacia el paso que separa el valle del Inn del de Wens; al Oeste, del lado de Hochgalting pasando por Schon­joch en dirección á Ladis, no habrían seguramente sufrido seme­jante desastre. Sea que el atacante a vanee en una ó en varias columnas, será siempre necesario, cuando estas columnas estén separadas por grandes macizos montañosos que abarquen una gran extensión, que cada una de ellas observe escrupulosamente los principios que hemos expuesto. Las modificaciones eventuales que se pueden hacer sufrir á ese orden de marcha, resultan de la conformación particular de la montaña. FQRMAS DE ATAQUE Las formas del ataque son, en conjunto, en montañas, las mismas que las prescritas en general por la teoría. No trataremos, pues, aquí, sino de que resalte la influencia que ejercen las montañas sobre las operaciones ofensivas siguientes: 1.0 Marcha concéntrica á vanguardia en varias columnas. 2.0 Movimiento estratégico envolvente, por ~no ó por los dos flancos. 3. 0 Ruptura estratégica. 1.0 El ataque concéntrico en varias columnas necesita el cálculo exacto del tiempo necesario para hacer llegar todas las columnas sobre el punto de ataque, á fin de que estas columnas puedan ejecutar este ataque simultáneamente y que obren, du­rante el combate, según lo acontecimientos y las circunstancias. La dispersión de las fuerzas no presenta en ninguna parte tanto peligro como en las montañas : en efecto, desde que las co­lumnas dejan de estar en las manos de su jefe superior, se hace Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '-- 565 -' muy difícil, y á menudo completamente imposible, remediar las faltas cometidas; las columnas, separadas las unas de las otras por caminos de montaña, no están en condiciones de prestarse re­cíproco apoyo, ni socorros de cualquier especie. Al contrario, cuan­do se combate en llanura ó en un país ligeramente ondulado por colinas de poca elevación, esa dispersión favorece y facilita la operación. Colocándose sobre ciertos puntos, se logra á menudo tener vistas de conjunto sobre toda la línea. El carácter del ataque en montaña tiene una gran semejanza con el de un ataque ejecu­tado en una llanura cubierta y fragosa, en donde no pudiendo ni dirigir por sí mismo ni vigilar los movimientos de las diversas columnas, debe resolverse de antemano por un plan de ataque minuciosamente calculado y maduramente estudiado. Aun en el caso de que lleve un ataque concéntrico que lo obligue forzosamente á dividir sus fuerzas, el atacante deberá siempre conservar el grueso de sus fuerzas sobre la línea princi­pal de operaciones, á fin de proteger su retaguardia contra cual­quier tentativa del adversario. Este gruéso, que en montaña avanza por escalones hasta el momento del ataque real, debe naturalmente concentrarse á van­guardia el día en que se libre el combate decisivo. 2.0 Las maniobras envolventes son, generalmente, de difícil ejecución en montaña, y á veces del todo imposibles, por­que las comunicaciones que corren de derecha á izquierda del frente e tra.tégico de una línea de defe..,sa, están casi siempre se­paradas por grandes espacios que conducen á menudo en direc­ciones divergentes, siendo muy raros los que desembocan sobre los flancos y la retaguardia del adversario. Cuando un movimien­to tál tiene éxito, sus cons cuencias son naturalmente má consi­derables, y casi siempre termina en una verdadera catástrofe para el defensor. Es necesario, pues, en montaña, emplear iempre los movi­mientos envolventes, cuando el terreno permita su ejecución, tanto por la importancia de las ventajas que ofrecen, como por lo difícil que le será al defensor emprender contramaniobras con al­gllnas probabilidades de éxito. En este caso, sería indispensable hacer ejecutar los movi­mientos envolventes con el grueso de las fuerzas, á fin de no dar oportunidad al defensor de poder batir en detalle á su adversario. Por lo demás, en montaña más que en ninguna otra parte, será posible y fácil ejecutar tales movimientos con el grueso de las fuerzas. La fuerza relativa del terreno permite, en efecto, hacer la defensa sobre su frente con fuerzas de un efectivo poco consi­derable ; si éstas llegasen á ser atacadas, encontrarán siempre buenas posiciones sobre las cuales les será fácil resistir al enemi­go hasta el momento en que la columna que ejecuta el movimien­to envolvente venga á pesar en la balanza, tomando una parte ac­tiva en las operaciones y en el combate. Cuanto más se obstine el defensor en su contra-ataque, es decir, cuanto más persista en avanzar en la falsa dirección á que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '-- 566 _) lo ha inducido la débil tropa que se h~ colocado á su frente, tanto más peligrosa se hace su situación. Se debe hacer uso de los movimientos envolventes, sobre todo cuando, á causa de la naturaleza del terreno, la posición enemiga es tan fuerte sobre su frente que no sea posible tomarla sino á costa de grandes sacrificios. Si, por ejemplo, el defensor ha tomado posición sobre una. a.lta y vasta meseta, un ataque de frente no será posible sino en casos extremadamente raros; se debe entonces forzar al enemigo á retirarse, envolviendo estratégicamente una de sus alas. En 1796 el Archiduque Carlos, después de la retirada de Canstadt, tomó posición sobre la meseta de la Rauch-Alpe, cerca de Bohmenkirch y de Geislingen, con la espalda hacia Ulm, á fin de ~ermitir la salida y cubrir durante el movimiento de ella, los aprovisionamientos que se habían acumulado en esta ciudad. Atacar de frente esta posición muy fuerte, viniendo de Goep­pingen y de Gmünd por los valles encajonados del Rems y del Fils, hubiera sido una operación muy difícil, y habría costado pérdidas muy considerables. Si Moreau hubiese querido cortar al Archiduque Carlos del Danubio, habría debido hacer salir de Stuttgard y de Tübingen una columna que, pasando por Kirchheim, Weilheim y Wiesens­teig, marchase en dirección á Urspring, mientras que la columna principal, saliendo de Tübingen y pasando por Urach y Blaubeu­ren, marcharía sobre Ulm. Maniobrando de esta manera, ame­nazaría y envolvería el flanco izquierdo del Archiduque, el cual se vería obligado á abandonar inmediatamente la posición de la Rauch-Alpe. Si al contrario, Moreau ten{a, como lo hizo, la intención de separar el Ejército del Archiduque del General Wartensleben, de efectuar él mismo su unión con Jourdan á fin de apoderarse de la línea interior, le era necesario envolver el ala derecha del Archi­duque Carlos, lo que con tituía seguramente una maniobra difícil, pues se veía obligado á hacer una marcha de flanco delante de la posición enemiga. Moreau podía, sin embargo, ejecutar esta maniobra gracias á su superioridad numérica: bastaba solamente cubrir, con un Cuerpo que distrajera al adversario por su frente, la marcha de flanco que debía ejecutar por el valle del Rems, por Gmünd y Aalen, dirigiéndose hacia Nordlingen ; maniobrando de esta ma­nera, habría cortado completamente al Archiduque Carlos del Ejército de Wartensleben. Los movimientos estratégicos que tienen ¡.>or objeto envolver al enemigo por ambas alas, son más peligrosos en montaña. que en llanura, cuando no se ejecutan con fuerzas superiores á la~ del enemizo ; en efecto, la línea de maniobra sobre la cual lo'i dos grupos 6 columnas podrían reunirse en caso de una retirada, está generalmente más alejada en montaña que en llanura, y en­tonces el adversario, tomando enérgicamente la ofensiva,. dispone Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 567 _.) ,, ae más tiempo y facilidad para sacar provecho de su victoria parcial. 3. 0 El ataque presentará grandes ventajas sobre todo cuan­do el atacante, por medio de demostraciones y falsos ataques, haya inducido al defensor á dividir sus fuerzas, ó bien cuando ·éste, haciéndose una falsa idea de la guerra de montaña, adopte el sistema de cordón. Si el atacante se ajusta á las reglas teóricas de la ruptura es­tratégica, si pone toda su energía en la ejecución de esta opera­ ·dón, obtendrá en montaña, por las razones ya expuestas, resulta~ dos muy superiores á los que se obtienen en llanura, y terminará por hacer prisionera la mayor parte de las tropas enemigas. 1 - CARACTER DEL COMBATE EN MONTANA Según lo que hemos dicho hasta ahora, se ve que el combate ·decisivo no puede tener en montaña el carácter que tomaría una batalla premeditada librada en una llanura ó sobre un terreno on­dulado. Consiste, al contrario, en varios combates aislados, libra­, dos muchas veces en diferentes días, y en que el resultado final es l a acción de conjunto de todos ellos. Por lo que se refiere á la manera de dirigir las tropas en un combate decisivo, la batalla librada en montaña se asemeja, muy á menudo, á la que tiene por teatro una llanura cubierta y ondu­lada ; en uno y otro caso falta el horizonte extenso y despejado, necesario para la dirección del combate: la inteligencia debe su­plir á la vista, y es ella la que puede descubrir, en este caso, ..-cuál es el verdadero punto de ataque . ConHnútl -Historia- ~HISTORIA DEL NUEVO REINO DE GRANADA POR JUAN DE CASTELLANOS ( I 5 90 f) (Continúa) Pero dejemos esto para cuando pidiere coyuntura tratar de­' llo, y volvamos á nuestro Licenciado que, visto que la tierra des­cubría más próspero caudal que se esperaba, á Ciénaga mand6 tres de caballo que llamasen la gente que alH estaba. Y ya cuan­do llegaron al asiento, el Juan de San Martín era venido, y sab!­da por él la buena suerte, á Tunja se partieron con el campo á ·donde se juntaron todos ellos alegres y contentos con la presa, y • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia con espectativa de más bienes, porque quien dio noticia del de Tunja, también les declaró que Sogamoso (á la tierra del cual lla­man Iraca) tenía crecidísimo tesoro en el adoratorio de su pue-­blo, y que por ser aquella tierra santa, otros muchos señores prin-­cipales, demás del General, allí tenían también particulares san­tuarios do hallarían cuantidad de oro. Lo cual oído por el Licen­ciado, con el sabor y gusto de aquel cebo que cuanto más se come menos harta, apercibidos veinte de caballo y peonaje menos pere­zoso que veloz pantera cuando salta al fimo que le cuelgan los pastores, caminaron apriesa tras la guía y fueron en un día hasta. Paipa (suerte que es hoy de Gómez de Cifuentes, heredero deL otro de su nombre), donde hicieron noche, y otro día llegaron á las sierras de Tundama. El cual como guerrero ca vi loso, les envió regalos al camino de Manta, oro, caza y otras cosas, diciendo que esperasen entre tanto que él venía con ocho cargas de oro que se llegaban entre los vecinos; y siéndoles acepto su mensaje, por no perder aquel aditamento, pasaron tanto tiempo, que pasaba el sol del círculo meridiano; mas él, con el espacio que le dieron, se dio tan buena maña con los suyos, que sacaron del pueblo las alha­jas, y el oro todo de los santuarios, y por los altos comarcanos puso innumerable gente bien armada que hundían con gran grita la comarca con oprobio , diciendo que viniesen, llevarían encima; las cabezas el oro que tenían para darles. Y corridos los nuéstros de la burla, determinaron saquear el pueblo, del cual salieron to­dos manvacíos, aunque no de pedradas y flechazos que descendían de lugares altos, . in re pondelles armas españolas, porque les fue forzoso por entonces no pelear, á causa de ser tarde para 11egar á donde los llevaba la guía, que seda la distancia de estos asien­tos hasta Sogamoso, poco má de una legua de camino. Y así, por grande priesa que se dieron, llegaron cuando Febo ya quería des.. amparar aquellos horizontes, en los cuales hallaron congregado en llano sitio grandes escuadron s, que viéndolos venir, dieron la:. grita que suelen cuando piden rompimiento, y nuestros e pañoles convidados dellos y del lugar acomodado, rompieron por la gente más granada, derribando coronas y penachos con algún daño de los dueños dellos, que no fue mucho, porque fácilmente hicieron. que vol viesen las espaldas y les dejasen libres los albergues, y el mismo Sogamoso su cercado, con las pendientes láminas y platos del pálido metal que se buscaba, según y como Tunja los tenía, que valieron ochenta mil ducados, los que se recogieron con obs- 1 tro, y entre ellos hubo pieza que pesaba arriba de mil pesos de uuen oro. Y la tiniebla fue no poca parte para sacar los indios gran riqueza, así de casas como de santuarios, y más del princi­pal adoratorio que ya por religión ó por ser cosa común, ó porque_ más no fue posible, no pudieron del todo despojallo. Al cual llegaron rato de la noche Miguel Sánchez y Juan RO­dríguez Parra, ambos valerosísimos soldados (de los cuales es hoy el Miguel Sánchez vivo, y el primer Alcalde deste pueblo), y para ver lo que se contenía dentro del edificio suntuoso, rompiéronle las. puertas, Y. con lumbre de pajas que llevaban encendidas, entraro Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 569 _J dél, adonde vieron donde llenar las manos á su gusto, y en una barbacoa bien compuesta hombres difuntos, secos, adornados de telas ricas y de joyas de oro, con otros ornamentos, que debían de ser cualificados personajes; y el pavimento del adoratorio cubierto de espartillo blando, seco (según allí se tiene de costumbre, y en las demás Provincias deste reino que participan de terrenos fríos). Y estos soldados, con la gran codicia que las más veces suele dar de mano á consideraciones necesarias, pusieron en el suelo la can­dela de las ardientes pajas que IleV"aban, y embebecidos en reco­ger oro, no miraron aquel inconveniente, que fue cundiendo por los espartillos, no con abierta lla:na ni sonora, hasta venir á dar en las paredes, que estaban esteradas de carrizos pulidamente puestos y trabados, donde creció la llama de tal suerte, que cuan­do revolvieron las cabezas no fue cosa pos1ble mitrgalla, y aun po­der salir fuéra fue un milagro, á causa de ser fábrica paji­za. Pero con este riesgo no dejaron el oro que tenían recogidb, á lo menos aquello que sus fuerzas bastaran á poner sobre los hom­bros, dejando lo demás encomendado á la soberbia furia del in­cendio, que fue volando hasta la techumbre, y de su resplandor aquellos campos desecharon de sí nocturna sombra. Y Domingo de A~uirre, que velaba junto con Pedro Bravo de Rivera, vinieron á caballo presurosos, pensando ser ardides de los indios, porque vieron algunos ir huyendo ; de la cual opinión es Miguel Sánchez, diciendo que no fue descuido suyo; mas puesto por industria de los jeques que decían estar allí secretos en guarda del insigne san­tuario, y viendo los dos hombres ocupados, determinaron de que­mallos dentro. Mas de cualquier manera questo sea, el fuego de ta casa fue durable espacio de cinco años, sin que fuese invierno parte para consumillo, y en este tiempo nunca faltó humo en el compás y sitio donde estaba. Tanto grasor tenía la cubierta, gordos y corpulencia de los palos sobre que fue la fábrica compuesta, los cuales se trajeron de los Llanos, según dicen los indios más antiguos, con infinito nú­mero de gente que de diversas partes ocurrieron á: traer de tan lejos la madera, que parecía ser incorruptible, porque su templo fuese tan durable como los que nos cuentan las historias ser hechos de maderos arcenthinos, que son de enebro, planta conocida, de quien leemos que, sin con·omperse, en España duraron edificios doscientos años sobre tres quinientos. La cual madera Salomón pedía al Rey Hiran para labrar el suyo ; y esta ciega Nación con pensamiento de hacer edificio permanente, buscaba materiales infalibles. Y aun d íceme] uan V ásquez de Loaísa que cuando se hincaban los estantes ponderosísimos, cada cual dellos se plantaba sobre un esclavo vivo, porque fundados sobre humana sangre no serían su­jetos á fractura. Mas engañáronse los insensatos} pues fueron en ceniza convertidos, sin que la potestad de Sogamoso entonces. acu­diese con su pluvia; porque según aquestas gentes creen llover y granizar e¡ en su mano, con los demás efectos naturales que por Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 570- los cuatro tiempos se varían ; y están en esto tan endurecidos es­tos be:stiales, que raz6n no basta á deshacer aquestas burlerías, con otras más ridículas y tontas que tienen arraigadas en los pe­chos. Y el origen de aqueste desvarío Fernando de Avendaño, cu­rioso en las antigüedades de los Moscas, mozo criollo, diestro des­ta lengua, hijo de Capitán Juan de Avendaño, certifica que fue por esta vía. Hubo tiempos pasados un Cacique, Idacansás llamado, que en su lengua significa luz grande de la Herra, el cual tenía gran co­nocimiento en las señales que representaban haber mudanzas en los temporales 6 de serenidad 6 tempestades, de sequedad, de pluvias, hielos, vientos, 6 de contagiosas pestilencias, por el sol, por la luna, por estrellas, por nubes, aves y otros animales, y co­sas que le daban cierta muestra en aetuella Provincia que regía de venideros acontecimientos; y por ventura como hechicero por comunicaciones del demonio que, como gran fi16sofo, diría estas revoluciones y mudanzas el gran Idacansás, cuyos juicios, como vieron en él ser puntuales, entendieron venir por orden suya, y acudían á él con varios dones á la necesidad correspondientes de lo que pretendía cada uno, reverenciándolo como quien era orácu­lo común que consultaban, no s6lo sus vasallos, pero cuantos indios hay en aqueste Nuevo Reino. La cual opini6n fueron heredando hasta hoy los Caciques, que tenían aquesta dignidad, no por herencia, sino por elecci6n en aquel tiempo; y no podían ser los elegidos sino de Tobacá y Fira­vitoba, pueblos de Sogamoso comarcanos, gozando de su vez cada cual destos, sin haber elecciones sucesivas, unas tras otras en un mismo pueblo, antes, en las va.cantes, alternadas; mas dicen que una vez, en la vacante, un caballero de Fira vi toba, de barba larga. y en color bermejo (cosa que raras veces acontece en aquesta Na­ci6n), tiranamente usurpó con favor de seis hermanos varones y valerosos que tenía, aquesta dignidad y ~eñorío, siendo de Tobacá la vez entonces; y sobre es:a raz6n dieron aviso los Tobacaes i los electores, cuatro principalísimos Caciques de Busbanzá, de Gámeza, de Toca y de Pesca, y en caso de discordia se valían del voto de Tundama. Los cuales a visados de )a fuerza y atrevimien­to grande del bermejo, determinaron de hacelle guerra, ansí por quebrantar los estatutos, como porque prendió por ciertas vías á Gámeza, y á causa de negalle el voto y voluntad que le pedía, hizo justicia dél públicamente. Juntaron, pues, ejército crecido todos los electores y el Tun­dama, y el bermejo barbudo con su gente no rehus6 de dalles la batalla; donde dio clara muestra peleando á todos ellos ser aven­tajado en animosidad y valentía ; pero los electores pregonaron so penas capitales que ninguno de Jos de Sogamoso Jo siguiese ni lo reconociesen por Caci 1 ue, pues les era notorio ser tirano y ha­ber tomado violentamente aquella dignidad que se debía hacer por elección de los señores que venían allí determinados de poner en razón aquel abuso. Y aquesta diligencia pudo tanto, que la par- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 571 _J cialidad de Sogamoso, que era la mayor parte de su hueste, se pasó de la seña del bermejo á la de los Caciques electores, y ansí dieron sobre él, y en el conflicto fue de vida y estado perdidoso, como varón insigne peleando; y los hermanos viéndolo caído, de entre la multitud innumerable con sus pocos parciales lo sacaron, y el cuerpo transpusieron donde nunca jamás supieron dél, porque quisieron poner en palos altos el cadáver, según él hizo terminan­temente, de Gámeza, Cacique generoso. Puestas ya las cosas en sosiego, de voluntad de todos eligie­ron uno de Tobacá que se llamaba Nonpanín, que en su lengua representa basija de león, y después deste sucedió su sobrino Suga­muxi, que allí quiere decir el mcubz'erto, y éste reinaba cuando los cristianos entraron en la tierra, y es llamado (el nombre corrom­pido) Soga m oso, á quien después llamaron Don Alonso, cuando con agua santa fue la vado. Al cual yo conocí, y en muchas cosas tenía términos caballerosos, y para negociar sus pretensiones se daba buena maña con Jueces. E yo le vi hablar con una dueña, mostrando sentimiento de la muerte de su marido, por estar viu­da, y condoliéndose de su trabajo, por remate del pésame le dijo: "Entiéndeme, señora, lo que digo: yo tuve por amigo tu marido, y sin amor fingido consentía que alguna gente mía le sir­viese y dellos recogiese la demora. Tú los tienes agora, y están dentro de aquel repartimiento que te deja. De mí no tendrás que­ja, y á la clara el guardalle la cara ten por cierto, tanto después de muerto como vivo, si tú con buen motivo la guardaras; pero si te casares, aquí cesa el dar á mi promesa cumplimiento; pues si tienes intento de otra prenda, quiero que mi hacienda no la tenga cualquierotro que venga bigarrado á lo que no ha ganado ni me­resce ; pues vemos que acontece muchas veces entrar aquestas heces holgazanas en lugar de las canas honorosas, y con manos ociosas y lavadas gozan de las lavadas posesiones, y os dan de bofetones y de palos, en vez de los regalos recibidos de los viejos maridos que perdistes. Y ansí, lo que hiciste por holgaros, suele después quitaros dulce vida ; pena cuya medida satisface, porque la que tal hace, que tal pague." Semejantes palabras en substancia fueron las deste bárbaro prudente, el cual, por las razones declaradas, tenía gran caudal en aquel tiempo que entraron españoles en su tierra ; mas por es­tar los indios avisados, el que hallaron fue casi ninguno en res­pecto de lo que se sabía por la noticia cierta que les dieron; pero por no perder lo recogido, si junta de Caciques ocurriesen, de­terminaron de volverse luégo á se juntar en Tunja con los otros que quedaron en guarda de la presa en aquella comarca recogi­da ; y juntos allí todos, dieron orden en la prosecución del escru­tinio de donde resultase más ganancia. Y ansí por ser caminos algo largos, haberme detenido con digresos debidos al sujeto deste canto, en el que después viene, Dios mediante, iremos por sus pasos proscediendo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 572 _J ~~Variedades === PEREGRINACION DE ALPHA , POR MANUEL ANCIZAR (Continúa 1 A las nueve leguas se encuentra el pueblo de China vita, pri­mero del cantón de Garagoa por este lado. Llegámos quebrantados de cansancio, y nos pusimos á buscar posada con la diligencia que es de suponerse; pero en vano, porque en todas las tiendas nos la negaron, excusándose de varias maneras, é indicándonos siempre la casa del Cura. Allá fuimos, precisados por la necesidad, y en­contrámos en el corredor á un anciano de formas atléticas, que en voz alta conversaba con otro eclesiástico transeúnte, á quien acom­pañaban en su viaje dos damas, asimismo manifiestas en el corre~ dor de la casa, todos en pie, más ó menos embarrados, cual lo es­tabamos nosotros, y en traje de caminantes recién llegados. El Cura vestía zamarros no cumplidos de cuero de perro, ruana raya­da y chaquetón de manta, llevando en la cabeza, como por tole­rancia, un desdichado sombrero con funda de hule, que de tanto moverlo no había podido tomar forma definitiva. lnvitónos á des­montarnos, y así lo hicimos, aunque d e salentados por el aspecto decadente y anárquico de la casa, y referimos al robusto Párroco nuestra larga jornada, nuestras cuita por falta d e alojamie nto, y á manera de incidente mencionámo la dieta de nuev hora que nos espoleaba. Una significativa guiñada de ojos de la dama de mayor edad me dio á entender que nuestros esfuerzos oratorios eran perdidos; y en efecto, el buen señor siguió su ruidosa com·er­sación, sin darse por notificado de nu e stras solicitudes diréctas é indirectas, salpicando la plática con interjecciones tan bi e n acen­tuadas y edificantes, que sin poderlo remediar nos echámos á reír de buena gana por la novedad de aquel estilo nada teológico. En­tre tanto ven!ase la noche y se iban nuestras esperanzas de refec­torio y descanso. Resolvíme á e,·plorar el terreno, y · suponiendo que una de las señoras deseaba reposar en la sala, pedí permiso, le di el brazo, y abriendo la mampara de la puerta, me Hallé den­tro de la estancia menos blanqueada y más desconsoladora: que había visto en mi vida. Arrimada al ángulo de la derecha estaba una lar~a mesa junto á un canapé de cuero, y contra la pared fronteriza otro mueble del mismo linaje, de diversa hechura, con­venientemente adornadas las patas con telarañas antiguas, lo mis­mo que varios cuadros al óleo que colgaban bien torcidos y á di­ferentes alturas; en el resto de la sala campeaban dos ó tres sillas de brazos, anchas y fornidas, que por luengos años habían desa­fiado las injurias del tiempo. Cayóseme la últ ma ilusión, é infor­mado mi compañero, salímos á registrar todo el pueblo, y al fin di ... Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín ~Iilitar de Colombia '- 573 _) mos con los cuerpos y el hambre en una venta llena de fardos y enjalmas, donde juntando los rezagos de nuestras provisiones de páramo, les hicimos amplia justicia sobre un cuero algo más oloro­so de lo que convenía para su oficio de entonces. Cuando hubimos acabado la improvisada comida, y también cena, nos acordámos de las desventuradas viajeras que habíamos dejado en casa del tronante Cura, y determinámos obsequiarlas con una lata de sardinas. Fuimos : ya tenían luz en la sala, y estaban sentados al rededor de la mesa ...... pero va da y sin muestras de haber tenido ni haber de tener encima cosa de provecho : exhibi­mos nuestra lata, de la cual se resolvió á tomar algo la más joven de las peregrinantes. -"¡Qué es eso, canario!", gritó el jovial dueño de las susodi­cha. s telarañas; bien entendido que no era ésta su interjección f~­vonta. -"Sardinas, dijo mi compañero, que solemos llevar para re­mediarnos en los desiertos, ó en los lugares donde no hallamos quien nos ofrezca un vaso de agua, como verbigracia." -"¿Sardinas? A ver¡ canario l, que debe ser cosa particular en estos parajes." Y funcionó heroicamente sobre la lata, sin curarse de los de­más. Al cabo de un rato, _u Sagrario 1 ", exclamó, llamando á una chica de quince años, que asomaba la cabeza por entre un biombo del inmediato apo.. sento, y se ocultó en vez de salir: "vén, Sag,·ario, pruéba esto, ¡ca­nario !, que está bueno. A mí me hace daño el cenar, pero tomaré poco, y lo demás lo guardaré para mañana. Coma usted, niña, que debe tener apetito y viaja en galápago francés, con los inconve­n'entes y riesgos de esas monturas, ¡canario l, que son grandes: más seg-uro es viajar en sillón, como Nuestra Señora, y es más de­cente " ; observación á que no contestó la interpelada sino tosiendo por bien parecer y cubriéndose la cara con el pañuelo. Conforme lo había dicho, después de satisfacer el primer ím­petu del apetito, guardó las sardinas remanentes y siguió la con-ersación, bien condimentada de anécdotas que nos dejaban lelos, y á las damas aquellas estupefactas. El genio pronto, el vivir se­cuestrado del trato civil, y más que todo, la grande ancianidad, siempre divorciada con los usos actuales, habían convertido á este sacerdote en una especie de original que con dificultad tendrá se­mejante. De las damas la una era alta, pálida, de nariz dominante y boca pertinaz, cerrada por unos labios de treinta años y delgados, pero no siempre callada : la otra contaría unos veinte aniversarios á lo sumo, usaba grandes ojos negros, y parecía sufrir con más timidez que resignación la dictadura de su compañera. El Cura viajero que las llevaba, ó era llevado por ellas, llamaba hermana á la primera, siendo él trigueño, pequeñito y de tipo totalmente diverso en lo físico y en lo moral, pues tenía dentro del cuerpo, ya envejecido, un espíritu manso y gobernable sin oposición; á la se­gunda nombraba comadrzla, palabra elástica, tornasolada y de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletin Militar de Colombia \....... 574 _j valor convencional en la feria de los afectos. Tengo para mí que la mujer es radicalmente contagiable, por cuanto he observado que se impregna, por decirlo así, de las ideas y costumbres de aquellos con quienes vive en intimidad, en términos que para adivinarlo basta dejarla hablar, que e11a sin echarlo de ver descubre la cate­goría social y doméstica á que pertenece. Las damas de que tra­to, hablaban constantemente de clérigos y curas, describían ves­tiduras de santos y accidentes ocurridos en fiestas de iglesia; de lo profano y lo eclesiástico, hadan canastillo de c·ostura, según lo­revolvían, pero sin mezclar un átomo de cosas ni personas secula­res, que no les merecfan sino los pensamientos sobrantes y de menos valor. Con todo esto, no eran una excepción, sino las ge­nuinas representantes de un género, ó si se quiere tipo, harto es­parcido en nuestro país, fácil de conocer y que bien merece mo­nógrafo é historiador especial. Por curioso de observar que fuera este grupo de caracteres que la casualidad me presentaba reunidos y manifestándose tal cual los habían formado la naturaleza y la educación, como se adelantasen las horas de la noche, quedándome pocas de descan­so, hube de retirarme á la posada de las enjalmas, de donde al aclarar el día siguiente partimos para Garagoa. A corta distancia voltea el camino á la izquier.da para tomar una bajada larga y pendiente hacia las márgenes del Tibaná, que raudo y espumoso se desliza por P.] pie de las serranías laterales. El g~pe de vista es magnffico, abrazando el óvalo espacioso for­mado por la separación de las serranías. La de la izquierda mos­traba sus retiradas cumbres coronadas de nubes que resplande­cían iluminadas por el sol de la mañana, y desde ellas hasta el río una serie de extendidos planos permanecfa en la sombra, car­gados de sementeras y animados por la presencia de muchas casas repartidas dentro de las cercas de plantas vivas: en lo alto ondu­laban las mie~es de tierra fría resguardadas del páramo por una zona de árboles apenas perceptibles: en lo bajo brillaban las hojas largas y lucientes de los cañaverales, y humeaban las hornillas de los trapiches: abajo era tierra caliente, arriba fría, y entre estos dos extremos se hallaban las temperaturas medianeras re­presentadas por las plantas y frutos que en el1as se producen. Los cerros de la derecha, menos suaves que los de enfrente, dejaban ver el pueblo de Pachavita, encaramado en una meseta y rodeado de pequeños campos de cereales, á cuyo respaldo queda la extensa y desocupada mole de páramos que prolongan sus vertientes occi­dentales hasta la planicie de Chocontá. Descendimos, y azotados por la lluvia y hundiéndonos en el barro del detestable camino~ alcanzamos por fin la cuesta, en seguida de la cual se hal1a la cabecera del cantón. Conlinú~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 575 --' -===Página literaria- ­A LA AMERICANA (DEL FRANCÉS) (Concluye l En ese preciso instante Mis Walker entraba al salón, más hermosa que de ordinario, con traje de muselina azul pálido, pei­nados los cabellos de oro y reflejos de fiera en un moño que sos­tenía sobre la nuca una peineta de carey. Ella se dirigió á los reyes con graciosa sonrisa y les tendió las manos. -Señores, les dijo, mucho agradezco los sentimientos que han tenido á bien manifestarme, y me siento muy honrada con ellos; anhelo sinceramente satisfacer los de uno de los dos; pero, como ustedes bien lo comprenden, la elección me es casi imposible ...... Los dos americanos se inclinaron con un gesto automático. -Por esto he resuelto, continuó la linda viudita, desposarme con aquel de ustedes que me ame hace más tiempo. Y puesto que tuve el honor de ser conocida por ustedes el mismo día, tal vez ustedes recuerden la hora exacta en que ..... . -Fue entre las tres y las tres y media, respondió vivamente Brown, 6 sea en el momento en que aparecisteis en la tribuna. -Muy bien, ¿y usted? -Cuanto á mí, dijo Cockrill, el hecho es muy fácil de esta-blecer. En el momento en que os vi, detuve el movimiento de mi reloj, que está parado desde entonces. Y diciendo esto sacó del chaleco un soberbio cronómetro, cuya tapa abrió. Mis Maud y Mr. Browm se adelantaron ansiosos á mirar la muestra: las agujas señalaban las tres y cuarto! -Hé aquí un hecho que sobrepuja~ toda verosimilitud, agre­gó :Mis 1-Iaud, mientras que Mr. Cockrill se mordía rabiosamente la punta de sus rojos bigotes, y Mr. Brown hacía gestos de deses­peración. La joven, pasados algunos instantes de meditación, agregó: -Bien, señores : puesto que sus probabilidades de triunfo son iguales, no veo sino un medio para salir de la dificultad, y es que si ambos persisten en su propuesta, busquen distracciones, viajen, se diviertan, y que el más constante torne á buscarme cuando el otro, desanimado, abandone la partida. Cuanto á mí, esperaré pacientemente un año al que de ustedes quiera volver. -¡ All right ! -¡ V ery well 1 Los dos reyes saluJaron y salieron . ••• Durante un año los dos rivales, obstinados como nunca, reco­rrieron ambos mundos, sin perderse de vista: iban á unas mismas ciudades, habitaban unos mismos hoteles, se observaban sin tregua, temerosos de perder la mano de la linda mistress Maud. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 576 -' Durante esa extraña entrevista, ni una vez se dirigieron la palabra. Se vigilaban uno al otro, guardando el mismo mutismo que en París, adonde tornaron, siempre el uno en pos del otro. En la gran ciudad, todas las mañanas montaban y paseaban por el Bosque, yendo uno al lado del otro, al paso, al trote, alga­lope, sin cruzar ni el saludo, y luégo volvían al departamento que habían tomado en alquiler en los Campos Elíseos, almorzaban, vi­sitaban calles, y comían sin aflojar un punto su mutua vigilancia. Esa vida l no podía prolongarse más ; no osaban decírselo, pero rabiaban por poner término de cualquier manera á semejante situación. Fue Thomas C. Cockrill quien primero rompió el silen­cio, durante uno de los cuotidianos paseos al Bosque ; recorrían á la sazón una a venida en ese momento solitaria, y detuvo de repen­te el bruto, é interpeló á su compañero: -Mister Brown, ¿aún ama usted á mistress Walker? -¡Yes !. .. ¿Y usted? -¡Y es 1. .• Los dos reyes reflexionaron un momento, y luégo Cockrill .agregó: -¿Continúa la lucha siempre? -¡Yest -¿ No cree usted que ha durado lo suficiente? -Sí en verdad. -¿ Y no será bueno terminarla ? -¡Yesl Entonces, con una sangre fría verdaderamente americana, y como si trataran el negocio más sencillo del mundo, deliberaron sobre la manera de ganarse á mistress Maud. A lo lejos se divisaban las tribunas de Longchamps, que sobre­salían por entre un grupo de árboles; y tuvieron una idea genial : correrían hasta encontrarlas, y de los dos el que primero llegara ante las tribunas, sería el dichoso cónyuge de la linda viuda. -Puesto que en el circo de carreras comenzó nuestra rivali­dad, concluyó Mr. Cockrill, es justo que termine allí. Los caballos, excitados por el látigo y el espolín, se lanzaron i una carrera desesperada, levantando al paso un torbellino de pol­vo, con no poco asombro de los transeúntes. De repente resuena un grito de victoria. -¡Hurra! Mistress Maud for everl, exclamó Mister Brown aL llegar frente á la tribun~. Un instante después se le reunió su contrincante, y en tanto que los dos brutos, bañados de sudor, sacudían sus crines, los jine­tes ponían pie en tierra. -Señor, dijo entonces Mr. Cockrill, con exquisita cortesanía, usted ha ganado la apuesta. Mis parabienes para usted, y mis res­petos para la Sra. Brown. Y el otro, no menos cortés y flemático, estrechó la mano de su infortunado rival, y en seguida, tendiéndole las riendas de su caballo: -Señor, este animal es excelente, como acaba usted de verlo. Le ruego lo acepte como un recuerdo mío, pues consigo lleva la fortuna. ¡ Adiós! jAQUELIN.A LASSERRZ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VII Serie IV Tomo I N. 18

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VII Serie IV Tomo I N. 7

Por: | Fecha: 21/02/1903

~ SBJUll IV -Touo l • U.o Vll-HUUBaO :t.•. i , Boletfn Militar de Colombia ! ; ORG!HO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJÉRGITO 1 O cn~ral de Jn~t-nieroo Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejército PtUtÜ "'"" bi~n oue~d~r quut~otr" r~epet" 6 tod4ola• eonllf~CfOileo, w~nga.ll Jfa.rar • la indifenncia 1f noo d~j• oitl ~norgiat para llejet~.derlo.o nutotrao .ElllUClUE StEHII:IEWlCZ -.................. .... .. .. .......... .................. . .. . ..... .. .. ... .. .................... . -.... ........ --·-·{·- • + + Bogotá, Febrero 21 de 1903 + + + ¡ _, --~ Oficial === - DECRETO NUMERO 138 DE 1903 (J'&BUR.O 6) por el cual se refunden e n un solo empleado ~aria!O funcio nes milit ares y se fija un suel do El Viapresidtnlt dt ·la ReptJblt'ca, encarg ado del Poder Ej ecult"v•, En .. uso de sus facultades constitucionales, lJltCIUt T .A _. Art. 1.0 R efúndense transitoriamente e n un solo empleado las funciones de Comandante en Jefe de los Cuerpos de Ejército de los Departamentos de Bolívar y Panamá. y Comandantes de la Marina del Gobierno de los litoral es del Atlántico y de l Pacífico. Art. 2. 0 El empleado que ejerza dichas funciones devengará un sueldo mensual de ochoci e ntos pesos en plata, pagaderos por la .. Administración principal de Hacienda Nacional de Panamá. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 6 de Febrero de 1903 . JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, encargado del Despacho de Ha­cienda, ARISTIDES FERNÁNnEz-El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, JosÉ jo.AQUÍM CAsAs-El Mi­nistro del Tesoro, encargado del Despacho de Relaciones Exte­riores, FRANCisco MxNnozA P. SU.Ilt lV-TOXO 1'--1 3 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de ColombJa '- 194 __¡ DECRETO NUMERO 1 ~9 DE 1903 (FEBRERO 6) por el cual se hacen Tarios nombramientos- El Vicepresidente de la República, mcargado del Podtr Ejecult'll,. DECRETA Art. 1.0 N6mbrase Comandante en Jefe de los Cuerpos de Ejército de los Departamentos de Bolívar y Panamá y Comandan-­te de la Marina del Gobierno en los litorales del Atlántico y del Pacífico, al Sr. General Pedro Sicard Briceño. Art 2.0 Destínase á prestar sus servicios en la Comandancia en Jefe de dichos Ejércitos, á los Sres. Generales Pedro Antonio Cuadros, Benjamín Silva, Aristides Garda Herreros y Aparicio. Lozano, en el puesto que les deSigne el Comandante en Jefe. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 6 de Febrero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, Josi. JoAQUÍN CAsAs DECRETO NUMERo" 1.40 DE 1903 {FEBR.!RO 6) por el cual se hace un nombramiento .El Vitep1 ·uidml1 de la Repúbbi:a, encarcado del Pode,· Ejecttlt'v•, DECRETA Artículo único. N6mbrase al Dr. Pedro Lamus segundo Médi eo del Hospital de !bagué, asimilado á primer jefe de Cuerpo, para los efectos fiscales. Comuníquese y puhlíquese. Dado en Bogotá, á? de Febrero de I9(>J. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho 4le Guerra, Joi:Í JoAQuÍN CA~A~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia ,_ 195 -' DECRETO NUMERO 141 DE 1903 (FEBRERO 6) por el cual se reconoce un grado El Vietprwdmtt de la República, mcargado dd Poder EjecultfJ#; DECRETA Artículo único. Reconócese al Coronel Simeón Gómez el gra­do de Genera] graduado á que fue ascendido con fecha 6 de Di­ciembre del año último por el General Lucio Velasco, en su caráC­ter de Comandante en Jefe del Ejército expédicionario del Cauca sobre Panamá. §. Dé.; e cuenta de este ascenso al Honorable Senado en sus próximas sesiones, para los efectos constitucionales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 6 de Febrero de 1903· JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despache de Guerra, JosÉ joAQulN CAsAs DECRETO NUMERO 142 DE l993 (FEBRERO 6) por el cual se deroga un Decreto .11 Vicepresidente de la República, mcargado dd Poder Ejeculi'oo, DECRJ:T.A Artículo único. Der6gase el Decreto número 49, de 19 de Enero del año en curso. Comuníquese y publfquese. Dado en Bogotá, á 6 de Febrero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho · de Guerra, JosÉ joAQu{N CASAS DECRETO NUMERO 143 DE rgo3 (FEBRERO 6) por el cual se hace un no mbrami ento en interinidad El Vicepresidente de la República, mcargado del Poder FjeculirHI, DECRETA Artículo único. Durante la enfermedad del Sr. General R.._ món Pereira Ch., nómbrase interinamente Inspector general de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia L rg6 -.J Brigadas al Sr. General Juan N. Silva, con las mismas atribucio­l'les que el titular. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 6 de Febrero de 1903· JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, JosÉ JoAQUÍN CAsAs DECRETO NUMERO 144 DE 1903 (FEBRERO 6) que confiere un ascenso El Vzcepresidenle de la Repríblt'ca, encar~ado dtl Podtr Ejecutivo, DJtCRETA Artículo único. Asciéndese á General de División al de Bri­cada Sr. General Francisco Vaneg-as A. §. Dése cuenta al honorable Senado en sus próximas sesio­aes, para los efectos constitucionales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 6 de Febrero de rgo3. JOSE MANUEL MARROQUIM El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho eSe Guerra, JosÉ JoAQUÍN CASAS DECRETO NUMERO 145 DE 1901 (Fi:BRltlW 6) por el cual se aumenta el valor de una hospitalidad Zl Vzcepresidenlt de la República, encargad~ del Poder Ejecull"v#1 DECi.ETA Artículo único. Auméntase la hospitalidad que causan los en­fermos militares en el Hospital de virolentos de San Juan de Dios, á diez pesos ($ 10) diarios cada uno, á contar del I.0 de Enero del año en curso. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 6 de Febrero de 1g03. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, JosÉ JoAQUiN CAsAs Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 197 _J DECRETO NUMERO 146 DE 1901 (FEBRXRO 6) por el cual se hace un nombramiento » Vieepresidenle dt la República, mcargad" dd Poder EjeculiV#, DECRETA Artículo único. Nómbrase Institutor de la Dti,isión A1lzoáteglli al Teniente Coronel Antonio Vega, con anterioridad de 1.0 de Ene~o. del año en curso, fecha desde la cual viene prestando sus serVICIOS. Comuníquese y publíquese. Dado en Bo~otá, á 6 de Febrero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encar~ado del Despache de Guerra, JosÉ JoAQUÍN CASAS DECRETO NUMERO 15<4 DE 1903 (FEBRERO 7) que d" tina dos Jefe y hace una promoción El Yiuprtst'timle de la Reptíblú:a, mcargado del Poder .Ejecull'v#, DECRETA Art. 1.0 Llámase al servicio activo al Coronel Lucio Jiménez, y destínasele á. prestar sus servicio'i en el puesto que le designe el Comandante en Jefe de los Ejércitos de Bolívar y Panamá. Art. 2.0 Promuévese al General graduado José María Restre­po Briceño del puesto de primer } ~ fe del Balal!Jn 2.0 de Líma de la Dlvisión Co/ombz'a, al de primer Ayudante general de la Comandan­cia en Jefe del Ejército de Panamá. Art. 3. 0 Destínase al Coronel Lucio Angulo á prestar sus ser ... vicios en el puesto que le designe el Sr. General Comandante eft Jefe del Ejército de Panamá. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 7 de Febrero de IgüJ. }OSE MANUEL ldARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despache u Guerra, JosÉ JoAQUÍN CAsAs Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 198 _J DECRETO NUMERO 155 DE 1903 (FEBRERO 7) por el cual se hace un nombramiento El Vicepresidente de la República, mcargad~ dtl Poder E:itcuJi'O,, DECRETA Artículo único. N6mbrase Pagador general del Ejército de llolfvar al Sr. Coronel Alberto Ayala, asimilado á General de Di­tisi6n. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 7 de Febrero de I903· JOSE MANUEL MARROQUIM El Ministro de Instrucción Pública, encar¡:-ado del Despacho 4e Guerra, jos:Í JoAQUÍN CAsAs DECRETO NUMERO 156 DE 1903 (FXBR.ERO 7) por el cual se admite una renuncia y se hace un nombramiento Kl Vicepresidente de la República, encargado del Poder Ejeculi._,, DECRETA Artículo único. Por renuncia aceptada al Sr. Silvestre Páez, aómbrase Director del Taller de Mecánica al Sr. Albino Duarte. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 7 de Febrero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho e Guerra, JosÉ JoAQUÍN CASAS. DECRETO NUMERO 157 DE 1903 (FEBRERO 7) que confiere una aut lrización D Vicepresz"denft de la Rep!'tblt'ca, encargado del Poder EjteuiÍTJfJ, DF.CRETA Artículo dnico. Autorízase al Sr. General Luis R. Moreno, Comandante gen~ral del Ejército del Tolima, para nombrar los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 199 _; Comandantes Generales Divisionarios del expresado Ejército, so­metiendo tales nombramientos á la aprobación del Ministerio de Guerra, y dando asimismo cuenta de ellos á la Comandancia en Jefe del Ejército. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 7 de Febrero de 1903· JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despache -de Guerra, Josi joAQu{N CASAS DECRETO NUMERO 159 DE 1903 (FEBRERO 7) por el cual se hace un nombramiento El Vzi:epresidenle de la Repúblzi:a, encargado del Poder Efeculivl, DECRETA Artículo único. Nómbrase Comandante general de la Di'vin'!lfl Carlos Albátz, del Cuerpo de Ejército de Panamá, acantonada en .aquella ciudad, al Sr. General Pedro Antonio Cuadros G. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 7 de Febrero de 1903. JOSE ~IANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, Josi JoAQUÍN CASAS DECRETO NUMERO i6o DE 1903 (FEBRERO 7) por el cuill se hace un nombramiento El Vicepresidmlt de la Repzíblü:a, encargado del Poder Efeculivo, DECRETA Artículo único. Nómbrase al Dr. Fausto Domínguez MédlCO del Hospital Militar de Villeta, asimilado á General de División para los efectos fiscales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 7 de Febrero de 1g03. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho .de Guerra, Josi JoAQUÍN CAsAs Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín ~filitar de Colombia '- 200-' DECRETO NlJMERO 161 DE 1903 {i'EBRERO 7) por el cual se concede una licencia y se hacen varias destinacion~ El Jlz'cepresidenle de la República, encargado del P•der E:;'eculiv~, DECRETA Art. 1.° Concédese licencia por noventa días renunciables al Teniente Coronel Roberto O!)pina Pradilla, Edecán riel Vicepre­sidente de la República, para separarse de dicho puesto. Art. 2.0 Nómbrase IJrimer Ayudante general de la División Carlos Albán, acantonada en Panamá, al Coronel Enrique Hernán­dez S. Art. 3.0 Destínase transitoriamente al Teniente Coronel Ro­berto Ospina Pradilla al puesto de segundo Ayudante General de la Comandancia en Jefe del Ejército ae Panamá. Igual destinación se hace al Sargento Mayor Carlos Gómez Barberi. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 7 de Febrero de Igc>J. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, Josi JoAQUÍN CAsAs HONORES MILITARES Rtjníólt'ca de Colombia-Ejército de Panamá-Dzvisi!m Manuel Casa­bz'anca- Balallún Marroquín nzímero I.0 Artículo de la Orden del Cuerpo, dictada en el expresado Batallón el día 4 de Febrero de 1903, en Facatativá, que á la le­tra dice: lt Art. 314. Anoche, á las 1 1 y 35 minutos, la parca cortó el hilo de la vida al Sr. Coronel D. Rafael Angel Osario, digno y muy sentido primer Jefe de este Cuerpo, quien agobiado por trai­dora enfermedad, sucumbió al fin en medio de su señora madre y señoritas hermanas, mitigándole esto en algo su agonía. Infatigable luchador de nuestra Causa, por la cual luchó con tenacidad y valor, dándole así gloria al Ejército y honor á nuestro Batallón. El suscrito, haciéndose fiel intérprete de Jos sentimientos de duelo que tal desgracia ha producido en los miembros de este Ba­tallón, lamenta la desaparición del Coronel Rafae1 .h.ngel Osoriot Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. / Boletín Militar de Colombia '- :.101 -' y se asocia al luto de su estimable familia ; y para hacer los ho­nores de su grado que se tributen á la memoria del valeroso Co-ronel, . DISPONE El Batallón llevará luto por nueve días; el pabellón 5erá izado á media asta en el edificio del Cuartel; la banda de cornetas, debi­damente escoltada, ejecutará fres retretas fúnebres, y la memoria del Coronel Osorio será venerada profundamente por el Batallón. Copia de esta Orden se enviará, con nota de estilo, á los deu­dos del extinto. El 2.0 Jefe, Luis Gux.RRJ:RO . ., Bogotá, 7 de Febrero áe I90J Elévese á la Comandancia en Jefe para su conocimiento y re­~ olución. El General Jefe encargado, M. D. MoNTÚFAit Publíquese. Febrero 8 de If)OJ· El Comandante en Jefe, CASTRO u. Repúblz'ca de Colombza-Ejérci'lo de Panamá-3: Dz'vúión Casabz'anca. EJtado };'fayor-Ntímero .. . -Facalalz'vá, Febrero 4 de r903 Orden general de la División, para hoy miércoles 4 de Febre­ro de 1903, en Facatativá. Artículo. Este Estado Mayor deja constancia en esta Orden de la profunda pena que ha sufrido por la prematura muerte del valeroso Coronel Rafael Angel Osorio, acaecida en la madrugada del día de hoy. Las fatigas sufridas durante toda la campaña con desinteréi y abnegación, y especialmente los campos inmortales de Girardot,. Alto de la Cruz, &c. &c., testifican su acendrado amor por la Causa conservadora, donde dejó t ien sentado su nombre de patriota. Se recomienda su ejemplo á la Divi5ión, como digno de ser imitado. Artículo. La División llevará luto por tres días, y el Batallón Marroquín por nueve. Artículo. Durante este tiempo las bandas de la Divisi6n toca­rán retretas fúnebres en la Comandancia de la División, las cualei­terminarán en el Batallón Marroquín. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 202 _.1 Artículo. Un Ayudante de este Estado Mayor presentará co­pia de esta orden á la señora madre de 1 finado Coronel, con nota de estilo. Por el General Jefe, el Coronel primer Ayudante general, MARCO A. GÓMEZ D. Bogotá, 7 de Febrero de I90J A la Comandancia en Jefe para su conocimiento y resolución. El General Jefe encargado, M. D. MoNTDFAJt B de Febrero Publíquese. El Comandante en Jefe, CAstRo U. -~- · ==== Do e trinal ==--= EL FERROCARRIL INTERCONTINENTAL EN COLOMBIA (L~nlimla) Cerca de Remedios encontrámos una partida de indios salva­jes del interior, fornidos de cuerpo y de piernas fuertes. Se pinta­ban las caras, como con pincel de camello, en líneas negras delgadas, con una figura de diamante en torno de la boca, y tres 6 cuatro listas horizontales al través de la nariz. En la frente y los carrillos ostentaban dibujos de los que no había dos iguales, y se envanecían de ellos como de un traj€ de fiesta. Contestaron nuestro saludo con gesticulaciones de agrado. Indios agricultores, que hablan español, son los que se hallan establecidos en toda la línea de nuestros estudios de Chiriquí á Veraguas. En las capitales de Provincia, David y Santiago, pue­de suceder que haya más blancos. La poblaci6n de los campos está casi exclusivamente compuesta de indios. Viven felices. Hay numerosas aldeas, unas tras otras, á lo largo del camino, ya compuestas de casas aisladas, ya de agrupaciones de varias vi­viendas en el mismo paraje. Traen á la memoria de los viajeros del Pacífico, los archipiélagos de coral del grande Océano: la aldea sería el islote circular con la pradera por laguna al rededor; un arrecife ceñido de cabañas, con el extenso mar de árboles en con- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo!etfn Militar de Colombia - 203 _) torno. Como sus cofrades de las islas, antes de corromperles los blancos, en su mayor parte vivían en la infancia, por así decir, hijos de la naturaleza . que aquí les ofrece pecho más abundante que á los esquimales y los naturales de la Tierra del Fuego. Tienen á la fecha que subir la pendiente aflictiva que se llama civiliza­ción, en medio de la cual nos encontramos nosotros mismos, antes de alcanzar, á costa de grandes tribulaciones, la margen gloriosa de lo futuro, donde una segunda y más prudente niñez habrá de crear un cielo terrenal. Jamás han leído libro ni periódico alguno, ni oído las palabras abrumadoras de evolución, generadores, factor, herencia, microbio, tarifa, reforma, &c.; ignoran la caída de la manzana eterna de Newton, su propia caída en la de Adán, cabeza federal del género humano, y el millar de otras cosas de Historia, tradición, lucha por la vida y malestar por medio de las cuales nos sofisticamos los civilizados. Las cabañas están de ordinario dispersas y generalmente al alcance de la voz, con grupos de mangos y cocoteros y pequeñas plantaciones d e trás, á semejanza de las del Canadá francés, en las márgenes del San Lorenzo; y cerca del arroyo ó del río, pues el agua es la primera de sus necesidades. La perenne vegetación y el cli­ma cálido igual, templado con las brisas del mar, compensan las desventajas del suelo, que apenas puede llamarse moderadamente fértil. Se crían ganados, caballos, cerdos, vacas, cabras y gallinas. Las familias se encuentran regularmente alojadas en sus casas, bien conservadas sin gran trabajo, y los mayores de edad andan completamente vestidos. Las esposas son aseadas, robustas y ale­gres compañeras. Los chicos corretean de nudos en las inmedia­ciones. L::1s alde as son todas semejantes en la forma y en sus esce­nas de paz y ctmtento y bien estar, procuran al filántropo, á la par, ya placer, ya dolor, por lo malo que pucae sucederles en lo por venir •. La economía social, la franca y generosa hospitalidad, las Yirtudes de buenos ciuda'dano , han subsistido entre ellos, no desde los tiempos de la conquista, sino desde períodos anteriores á otras invasiones, probablemente de a ventureros fenicios ó guerreros in­migrados de la AtJ.intida. Estas señales, así como sus facciones, color y antigüedades de su país, los muestran como una raza idén­tica á la de nuestros indios norteamericanos, modificada al parecer con la infusión de sangre semítica. Los españoles, con motivo de tal modificación, tuvieron más fácil tarea, primero en la guerra y luégo para vivir en paz entre ellos, por ser más tolerantes y fáciles de acomodarse á otro régimen, de lo que nosotros lo somos. De aquí resulta que ~obre vi ven en gran parte la antigua economía social y las costumbres domésticas, semejantes en los puntos esenciales, á las de las tribus del Norte, con quienes nuestros padres sostu,·ieron una lucha más prolongada, formidable y fatal para los aborígenes, que las prontas y decisivas campañas de los españoles. (•) Como ha sucedido con la rehelión de 1899-1902-N. del D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- %04 _¡ 11Ganaron el pan con peligro de la vida, á causa de tener á la espalda el desierto." Ningún verso de la escritura sagrada ni profana pudiera, me­jor que ése, sintetizar la vida de nuestros colonos exploradores eo nuestros Estados del centro. No es posible que sus hijos conciban con exactitud lo que fue esa vida. Las escenas de padecimientos y de triunfos han cambiado, y no quedan rastros suficientes para concebirlo en forma adecuada. Nuestros padres transformaron la tierra; fue parte de su tarea borrar las señales de la salvajez primitiva, servicio laborioso, de que pueden todavía dar alguna idea los '-pocos restos que nos quedan de las antiguas florestas. Pero ¿contra cuáles obstáculos y en medio de qué peligros y priva­ciones ¡e llevó á cabo aquella obra? Imagínese una familia en tris­te desamparo, esperando que termine la construcción de la casa. Imagínese el caso de temporales, pestes de insectos, enfermedades endémicas, sierpes y fieras que se tienen por males menores. Con­sidérese al salvaje nómade. Cada árbol que cae, cada golpe de hacha que suena, cada tiro de fusil para conseguir el alimento ne­cesario, dan al vagamundo y sanguinario aborigen indicio de que se aproxima su presa. Cuando penosamente y al acaso, mes por mes, año por año, la espesura del bosque retrocedía ante los colonos, la nueva pradera servía de asilo á las emboscadas. El asesino acechaba su presa entre la yerba de Junio, ó se­guía á la madre y á los hijos detrás de las cañas del maíz. Desde el Jtrincipio de la primavera hasta el fin del otoño, se vivía sin poder escapar una hora siquiera del día, ni de la noche, á las congojas del peligro indio, á las manos del homicida cuya táctica en la guerra de depredación parecía estudiada e n la pante ra, que se lanza desde su escondrijo sobre la presa ind e fe nsa. Cada noche y cada mañana que la familia se reunía sin que faltara alguno, era para ellos obra clara de la bondad de Dios, en tanto que nos­otros vemos hoy ese espectáculo estúpidamente, sin el debido re­conocimiento. La contingencia era horrible, esperándose siempre la matanza de los niños, la prisión de las esposas y la muerte de Jos maridos en las hogueras y otros tormentos inconc e bibles por lo diabólicos. Nuestros antepasados atravesaron las aguas bravas, flotando sobre ellas, por decir así, y nos dejaron la fábrica ma­jestuosa que sirve de puente para el paso del comercio y del amor. ¿Quién puede expresar con propiedad ni apreciar la medida de la gratitud que les debemos en recompensa f A veces parece increí­ble que la carne y el hueso hubieran podido pasarpor semejante prueba. Sin embargo, Tales fueron los esfuetlOS que nos dieron patria. De monte en monte, de río en río, no Hay palmo de tierra que no fuera adquirido con Manos ensangrentadas en la trágica labor de la lncha.. Peli{!ros inauditos, la muerte La fiereza y el Jesconsuelo al frente, sombrío el porvenir, Las aronías incesantes ; pero jamás pudo el destino Vencer eJ ánimo del colonir:ador. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 205 -' Nuestros indios también de muchos modos justifican á sus cam­peones. Fueron llevados allí del Norte helado del Asia, y de la mano divina recibieron aquella hermosa y extensa tierra de cace­ría por tiempo señalado, y sin duda se aprovecharon de toda ella y de un modo aceptable. Desarrollaron una política sencilla, la so­ciedad, la familia, sin descrédito de la naturaleza humana, de la cual pudieron copiar el ejemplo para su mejoramiento, bajo cier­tos respectos. No tenían el artificio de la ley escrita. Les basta­ba el instinto y la tradición de la justicia. Vicios pequeños, el hurto, las contiendas y otros del estilo, les eran casi desconocidos. La tierra, fuente de la vida, era libre y estaba á la disposición de todos, porque no la ocupaba el cultiTo actual ; los busques y las aguas eran del -público, y cada cual de los miembros de la comunidad podía utilizarlos á su placer, para la subsistencia diaria. Podían salir con el arco y el venablo á proveerse dé carne dondequiera que en el orden natural estaban al alcance de la habilidad y del arrojo del hombre. Todo lo debían única­mente á le. no interrumpida voluntad de Dio~ y á sus propios es­fuerzos. No existía la chocante anomalía del pobre hambriento y del rico nadar:do en la abundancia. Nadie carecía de aquello que la tribu tenía. Universalmente el salvaje partía con su prójimo el último bocado y la última tira de abrigo. Podía haber pobres á veces, pero los pobres del cielo; la familia afligida, pero no divi­dida contra sf, en interna competencia; el débil y el fuerte, el as­tuto y el inocente, el harto y el hambriento, todos buscaban la sub­sistencia en común, y esto impedía el desperdicio y la superabun­dancia. ;, Es éste ó aquél quien realiza la idea de la comunidad? Con uno 6 do~ vi ios execrables cultivaban las virtudes del valor, la perseverancia, la veracidad, la fortaleza y el amor fraternal hasta tal punto de perfección, que nadie les ha excedido en parte alguna. Existía siempre entre ellos difundida universalmente la creencia en Dios, el Gran Espíritu de la creación. La superstición que se les atribuye en cuanto á manitous, espíritus subordinados de vida más humilde, de árboles, rocas, colinas, ríos y las fuerzas de la naturaleza, difería materialmente de las que existen entre otras tribus de hombres, incluyéndonos nosotros mismos, y si carecían de todo fundamento de verdad en su esencia, es punto que no se ha resuelto todavía. La respuesta final es más que probable que habrá de ser negativa. Tuvieron su tiempo en las vicisitudes de la vida preponderan­do lo bueno y lo feliz. La hora final sonó con la llegada de hombre blanco. Aquí se presentó un siglo antes. El indio del Norte, criado para la guerra, optó por la guerra á muerte, y pereció. Para sus hermanos del Sur, de~de México hasta Chile, la conquista espa­ñola fue por Jo regular el simple reemplazo de una clase domi­nante por otra; continuó como antes, pagando su contribución de trabajo por el derecho de viYir, y así continúa en lo principal. Su carácter original persiste latente cuando no patente. Con la me­jora que acompaña el crecimiento de una civilización más huma­na, la carga del tributo se hace m~s lii:"era. Aunque apenas se Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \.... 2o6 .J halla disminuída ya en el Ecuador, se encuentran manifiestamente mejoradas sus condiciones en el Sur de Colombia. En estas pro­vincias de Chiriquí y Veraguas, puede decirse que se ha removido del todo la carga. Nacidos para la libertad, borrada la marca humillante de la sumisión, la nueva generación aquí reproduce señales características de sus remotos antepasados, que eran la misma raza en el Norte y en el Sur. En virtud de estas señales varoniles-de educación y de carácter estable-por su mismo número, acostumbrados á ser señores después de haber sido dis­ciplinados por largo tiempo como siervo~, los indios están pro­bablemente destinados á tomar parte principal en la construcción de esas grandes comunidades de la América del Sur, que de segu­ro habrán de construirse durante la próxima centuria. -~- LA GUERRA DE MONTAÑAS VENTAJAS É INCONVENIENTES DE LA DEFENSA Y DEL AT A• QUE EN PAÍSES DE MONTAÑAS Traducido por el Capitán D. Aoriano S. Juárcz (argentino), de la obra ocl Ba. rón General F . de Kuhn ( austriaco) (Continúa) Sin embargo, en la montaña más que en la llanura, importa conocer rápidamente y ae una manera precisa cuál es el verda­dero punto de ataque, pues sí esto no se logra y el defensor con­duce sus reservas en una falsa dirección, le será difícil reparar después esta falta, por lo mismo que los obstáculos del terreno le impedir~n maniobrar sobre la línea de operaciones del ene­migo y cerrarle el camino. No es :>ino mediante una indomable energía y mucha audacia como se logrará escapar á una derro­ta completa, y para esto es necesario, después d e haber triunfado de los obstáculos, operar uno mismo sobre los flancos del adver­sario. No se logrará evitar estas falsas maniobras, la mayor parte de las veces irreparables, sino teniendo un servicio de informacio­nes y de seguridad bien combinado y bien dirigido; eligiendo bue­nas posiciones para las tropas de primera línea, que son las desti­nadas á oponer la primera resiste ncia al e ne migo, y la únicas que pueden prüveer informaciones, según las cuale s se juzgará si el enemigo intenta sobre un punto una simiJ!e demostración, ó si, al contrario, intenta un ataque serio. Hemos hecho resaltar ya los d e fectos del sistema de cord!m. Algunos técnic.)S, que no han estudiado la guerra de montaña ino en Jos libros, han querido, para e,·itar los inconvenientes de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia L 207 J este sistema, sentar como principio: que u debe toncenft·ar las /r()­pas m posiciones eslralégü:as á rtlaguardia,y hacer ocupar los pu11los ó vanguardz'a con débt1es des/acamen/os, la/es com~ un pelotón ó tma medía compañía. Sería salir de las lJamas para caer en las brasas. ¿ Qué noticias podrían procurar estos pequeños destacamentos sobre la marcha hacia adelante del adversario ? El enemigo los haría, á su vez, atacar por pequeños grupos ; por ejemplo, á media compañía, por dos compañías; y se conside­rarían felices estos pequeños puestos cuando pudieran efectuar su retirada en buenas condiciones. Sus informaciones se reducirían, cuando más, á hacer saber que han sido atacados por una 6 por dos compañías enemigas, y obligados á retirarse; y todos los puestos harán llegar datos aná­logos. ¿Qué conclusión podrá sacar de esto el comandante de la re­$ erva estratégica, para saber si el ataque del adversario es verda­dero 6 falso '? Absolutamente ninguna. Además, estos puestos pueden ser tan rápidamente rechaza­dos, que el terreno perdido por el defensor en un tiempo relativa­mente corto, será á menudo considerable, y las reservas estratégi­cas llegarán muchas veces demasiado tarde sobre ciertos puntos importantes que se tenía especial interés en defender. Este sistema de cotuenlracz'ón exagerada de fuerzas es, pues, igualmente defectuoso, y conduciría en muchos casos á una defensa tan poco eficaz como la de cordófl. ATAQUÉ VENTAJAS m: LA IN'IClATIVA EN LA KONTAÑA Cuando un ataque, intentado en la montaña, es emprendido con la energía requerida y llevado vigorosamente hasta el fin, da siempre resultados más significativos que en la llanura. Desde que el atacante, á raíz de noticias favorables, y basán­dose sobre la configuración del terreno y sobre reconocimientos hábilmente dirigido , haya determinado el punto favorable para un ataque decisivo, le será fácil engañar al enemigo por medio de falsas maniobras y demostraciones ofensivas, y podrá emplear entonces el grueso de sus fuerzas en el ataque principal. Antes que el defensor haya podido reconocer el verdadero ob.felivo elegido por el atacante, antes que haya podido ejecutar las contramaniobras necesarias, el enemigo habrá ya rechazado sus puestos avanzados, se habrá precipitado desde lo alto de las montañas, procurando alcanzar los puntos de unión de dos 6 varios valles, á fin de separar las fuerzas desparramadas del adversario y Jlegar sobre estas posiciones importantes antes que las reservas estratégicas, llamadas con premura por el defensor. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 208 _J Aun cuando el defensor lograra ocupar estos puntos, tomando posición en ellos, el atacante que desciende las alturas podrá sin trabajo arrojar de estas posiciones al enemigo, envolviéndolas por uno de sus flancos. Las ventajas que el atacante puede procurarse, avanzando de manera tan enérgica, son incalculables y deben conducir á un re­sultado decisivo, siempre que el defensor conserve una actitud exclusi­vamente pasiva. Como, por Jo demás, el defensor no dispone en las montañas sino de un reducido número de líneas de retirada, y muchas veces solamente de una, se expone tanto más á una catástrofe cuanto más hábiles y enérgicas sean las maniobras del atacante. El ataque tiene, pues, en país de montaña, una superioridad incontestable sobre la defensiva pasiva. INCONVENiENTES DEL ATAQUE a) Mulliplt'cidad de los obstáculos-El ataque no podrá siempre efectuarse por caminos abiertos y practicables, y aun existiendo semejantes caminos, los obstáculos artificiales que la defensa habrá colocado en ellos, harán, si no imposible, por lo menos difícil la marcha de las columnas, y retardarán sensiblemente los movimien­tos ofensivos del ataque. Si el atacante se ve obligado á a van zar por senderos y cami­nos indirectos, además de las dificultades que resultan de las mar­chas d~ este género, tendrá que salvar obstáculos naturales tan serios, que le será necesaria Ja más firme voluntad unida á la más grande energía para triunfar de ellos y para no perder de vista el fin que se propone. Todas las facultades intelectuales, morales y físicas son pues­tas igualmente en juego en supremo grado en la guerra de moA­tañas. Esta tensión general de todas las facultades tiene natural­mente por consecuencia un debilitamiento parcial, que alcanza pro­porciones más significativas cuando se trata de tomar al defensor posiciones que ha elegido de una manera muy ventajosa para él. Si el ataque se ejecuta de frente, se sufrirán siempre pérdidas enormes, por lo mismo que los primeros asaltos son casi siempre rechazados y forzosamente hay que renovarlos. Si el atacante quiere, por el contrario, intentar un ataque de flanco, no podrá, la mayor parte de las veces, emplear para ello sino débiles destacamentos, cuya acción no ejercerá influencia de­cisiva en la terminación dél combate. En fin, si destaca á este efecto grandes columnas, estas tr-opas deberán atravesar un terreno difícil, no avanzarán en lo general sino á costa de grandes esfuerzos y siempre muy lentamente; se perderá, pues, mucho tiempo, y el resultado será que el defensor logrará hacer llegar sus reservas á buen tiempo, y tal vez hasta lanzar en el valle fuerzas considerables que caerán sobre su adver­sario debilitado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- :¡og __; b) Dificullades para la altinmlacz!m-Los informes estadísticos demuestran que los países de montaña no producen sino una parte de los víveres necesarios para el consumo anual de sus habitantes, y que por consiguiente es necesario llevar consige la mayor parte de las provisiones. El Tiro], por ejemplo, no produce en cereales sino lo que le es indispinsable para cinco meses; el resto se lo provee Italia, Alemania y Austria. Resulta que en un país de montaña rara vez se podrán pro­curar, por medio de requisiciones, los víveres necesarios; se estará obligado á recurrir al sistema de aprovzsionarmenlos por medio de almacenes y á la ayuda de convoyes bien organizados. Por lo que respecta á la carne, se podra, sin embargo, pro. curársela en cantidades suficientes por medio de requisiciones, siempre que el defensor no hubiere hecho imposible este medio de aprovi'sionami'enlo, haciendo retirar todos k 1S animales en pie á re­taguardia de sus líneas. Resulta de todo esto que, á fin de poder responder á todas }~¡ eventualidades, el atacante hará Líen en todos los casos en contar sólo con sus almacenes fijos ó móviles. La dependencia. en que se encuentra con relación á los alma­cenes, entorpece forzosamente las operaciones y las hace más di­fíciles, quitándoles la rapidez y en ·rg(a indispensables ; en fin, les da un giro tanto más lento cuanto no dispone, en general sino de vías de comunicación detestables, por las cuales los carro~ de las columnas de víveres pasan con mut;ho trabajo, y que á veces llegan á ser hasta impracticables. e procura obviar este inconveniente haciendo transportar los víveres por animales de carga; pero es éste un recurso que no se podrá utilizar cuando se trate de proveer á la alimentación de una tropa de efectivo considerable, á cau a de que estos convo­yes tomarían tales proporciones, que serfan como una bala atada á los pies del atacante, cuyo peso retardaría y paralizada casi to­dos los movimientos ofensivos que quisiera intentar. Las dificultades provenientes del acopio de víveres, que , crecen en razón directa del efectivo de las tropas, tienen por con­secuencia natural el limitar el efectivo de las fuerzas, muy poco considerable · por lo demás, que se debe destinar al ataque de un país de montaña, máximo que no se podrá extralimitar, so pena de exponerse á ser detenido ca:,i inmediatamente, por la imposibi- 1idad de hacer vivir sus tropas. La expedición intentada en 1866 por las legiones de Gari­baldi, es una prueba en apoyo de lo que acabamos de decir. Estas legiones se habían metido entre dos valles: el de Le­dro y el de la Giudicaria,.y se habían detenido sobre las crestas estrechas y escarpadas de las montañas que separan estos dos va­Hes, de tal modo, que el aprovisionaüuenlo de esta gran masa de 38,000 hombres no pudo efectuarse de una manera satisfactoria, á pesar de la acumulación de víveres que se había preparado con tal objeto en Candino, Darso, &c. SltRIK lV-TOKO 1-14 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de C o lombia \,_ :J IO -' e) Dificullad del desplügue.-Como los valles son casi siem­pre muy estrechos, la s pendientes y las crestas de las montañas impracticables, r esulta que es muy difícil desplegar como se de­s earía, y preparar con el tiempo deseado, un número de tropa en­c argada d e ejecu t ar un ata que. Mientras que e l defensor pueda desplegar sus fuerzas en una pos ición elegida y p r eparada de antemano, y asignar á cada uno el emplazamiento que más conviene á su modo de acción, el atacante e stá obligado á avanzar en columnas profundas, que no disponen s ino de uno ó dos caminos en el valle, y sobre los flancos de la montaña, las que tienen que abrirse paso en medio de piedras y rocas, y que muchas eces llegan delante de la posición ocupada por el enemigo sólo después de haber vencido multitud de ob,s­t á culos. En fin, y esto es fácil comprenderlo, las posiciones dominan­tes que ocupa el defensor dan á su tiro marcada superioridad. De todo lo que precede resulta que el defensor puede, con fuerzas mucho más débil s numéricamente, detener á m nudo al atacante, el que á causa de la naturaleza del terreno, se encuentra en imposibilidad de sacar partido de su superioridad numérica. d) Dijiwllad del comand~-Para obviar las dificultades que aca­bamo de enumerar, y que el atacante ncontrad cuando trate de hacer vivir y desplegar sus tropas, éste tá obligado á diYidir sus fuerzas y á dar al frente de ataque una extensión mucho más con­siderable que en la llanura. Es nec ·ario, por consiguiente, en raz6n de esta divi ión inevi­table de las fuerzas, y además porque el horizontf! y las vistas on muy limitada en las montañas, que el comand prc¡ are, con spe­cial cuidado, hs di positivo del o taque; que e preocupe ante todo por hac r llegar al mi~mo tiempo las diferentes columnas obr el lugar del combate; que examine l camino que d be eguir cada una de .llas; y que calcule e.·actamentc el tiempo qu~ 1 s será nece ·ario para recorrer estas distancias. i e descuidan stas precauciones, el ataque no podrá menos que fracasar; cada una de las columnas puede ser gravemente comprometida y expuesta á una catástrofe, que termina, por lo regular, coñ una capitulación. En una palabra, es nece~ario de­terminar en las órdenes matemáticamente la marcha de cada co­lumna después de haber r flexionado y examinado ron todo cuida­do los obstáculos naturales ú otros que cada una de llas e~té ex­puesta á encontrar: pues si un eslabón de esta cadena llega á romperse, resultará que la cadena entera queclrá rota. La separación de las diferentes columnas entre sí y la natura­leza impracticable del terreno queb ado y cubierto que las sepa­r a , hacen imposible la acción de un comando único. Cada una de estas columnas debe, pues, comprender bien el papel que tiene que desempeñar, y debe ser abandonada á sí mis­m a: tiene su destino entre sus manos, y por otra parte, es necesa­rio que el General pueda tener confianza en los Jefes de estas co­lumna s. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín ~1ilitar de Colombia '--211~ Si estos jefes Sl1balternos no son vigorosos é inteligentes, el ataque terminará en una derrota. En motaña, lo mismo que en una llanura cubierta y quebra­da, es absolutamente necesario determinar el punto sobre el ~ual debe ser dirigido el verdadero ataque ; pues á la simple vis~a no se puede, en efecto, descubrirlo. I.a determinación de un plan de operaciones en las montañas s~rá,. por consiguiente, una obra de las más delicadas y de las más dlfí~lle.; para el General en Jefe. El d be pensar en todo, porque de:;ne que las columnas comienzan sus movimientos, no las tendr' en su mano; porque le será desde este mpmcnto Imposible el r~ ­parar las faltas que se hayan deslizado en el plan primitivo: fal­tas que pueden á veces pasar inadvertidas ó no tener consecuen­cias funestas en la llanura, pero que conducen, en paísec; de mon­taña, á desastres y catástrofes. La concepción del plan de ataque, la dirección de la marcha y del combat , fjre~entan graves dificultades en países de monta­ña, dificultad s mucho mayores que en la llanura, y en que la di-rección gen ral es con frecuencia imposible. · 1 CO~CI.USION De las ventajas é inconvenientes que acabamos de enumerar, resulta que el atacante tiene soLre el defensor una superioridad inconte;table y evidente si sabe tomar sus disposiciones, preparar y conducir intelig .ntcrnente su operaciones; i ha sabido asegu­rar la alim nta<'ión de u~ tropa ; ~:i e encu -ntra en estado de vencer tod lo b táculos con indom·\ble n rgía, unida á una fuerza fíc;ica y moral á toda prueba; po otra pnrt , 1 defensor, como la hi. toria lo comprueba ampliamente, e expondrá. á una fatal y espanto a catástrofe, siempre que se obstine en perseverar en la ddenj\·a abso:uta. DF.F'E.' A DE UN PAÍ~ DE :U:O .. i1'AÑA De lo qu~ precede resulta que la defensiva pura tendrá for­zosamente d sv ntaja sobre el ataque, y el General no podrá si m­pre, ni tomar por sí la ofensiva, ni tampoco llevarla cnérgicam nte. Se trata, pues, de saber ahora cómo se debe org-anizar la defeRs~ de un país de montaña, de rna era de poder llenar cvn éxito esta difícil mi ión. Como Jo hemoc; dicho al principio, los países de montañas no constituyen gent ralmente sino teatros de operaciones subordina­dos, secundarios y aun terciarios. Las tropas empleadas en las montañas; dependiendo de los ejércitos que operan n las llanuras 6 en los grandes valles formados por los principales cur!>OS de agua, deben subordinar sus movimientos á las operaciones de estps grandes ejércitos, y no pueden, en consecuencia, tomar la ofensiva por su propia cuenta, en tanto que el ejército principal quede e n la defe nsiva . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia L 212 ..J El Comandante de las tropas colocadas ~n países de monta· ñas tiene por misión rechazar todo ataque del enemigo, y por consiguiente, asegurar el éxito de la defensa de que está encar­&" ado. Es necesario, pues, sin necesidad de tomar la ofensiva, que tenga la posibilidad de llenar gloriosamente y con alguna proba­bilidad de éxito la misión defensiva que se le haya encargado. Es esto, según lo que hemos dicho sobre las ventajas é incon­Teniente5 del ataque y de la defensa, lo que no podrá hacer sino cuando haya logrado asegurarse las ventajas de estas dos clases de operaciones, ofensiva y defensiva, y cuando renunciando á la defensiva pasiva, le imprima, al contrario, un carácter ofensivo y n• retroctda ante los avances y golpes de mano del adversario. Para que una defensa activa pueda ser coronada de éxito, es necesario que las tropas estén de tal manera colocadas, que sea posible y fácil tener con ellas, durante cierto tiempo, un ataque u disminuír la Yiolencia y lalimpetuosidad del mismo. y tomar á s Tez la ofensiva. Como lo dijimos precedentemente, no es ni por el sistema de ctJrdón, ni por medio de la concentración exagerada de las tropas, como se obtendrá este resultado. Expondremos primeramente la manera como el defensor debe repartir y disponer sus tropas para Jlegar al fin indicado arri­ba. En seguida discutiremos las medidas necesarias, por una parte, para aumentar las ventajas de la defensa y facilitar los movimien­tos y la alimentación de las tropas ; por otra, para aumentar !o5 inconvenientes del ataque, para multiplicar las dificultades que éste deba encontrar cuando quiera hacer marchar y Tivir á sus co­lumnas. , DISPOSICION DE LAS TROPAS DE LA DEFENS.l A fin de poder defel)der victoriosamente un país de montaña, es indispensable recurrir al empleo combinado de la defensiva y de la ofensiva. Para llegar á este resultado es necesario dividir sus fuerzas y disponerlas en dos líneas colocadas una detrás de ia otra. La primera es ocupada por las tropas destinadas á observar al adversario, y á oponerte, si llegan á ser atacadas, la mayor re­sistencia posible. Subre la segunda Hnea se colocan las reservas estratégicas, cuya :nisión es tomar inmediatamente ]a ofensiva, desde que se descubra la dirección del ataque, es decir, del ataque principal. Como los puntos y las líneas estratégicos sobre los cuales son colocadas estas reservas están casi siempre bastante alejados de la primera línea, ó línea de observación, el atacante podrá lograr, sin mucho trabajo, gracias á un ataque conducido enérgicamente, atravesar toda la zona montañosa, penetrar hasta las posiciones ocupadas por las reserva5 estratégicas, y apoderarse de puntos ó de líneas que, situados en esta zona, tienen importancia capital, por cuanto facilitan las vueltas ofensiva¡ del defensor. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 213 _¡ A fin de poder mantenerse en estos puntos bastante tiempo para permitir á las reservas entrar en línea; á fin de debilitar tan­to como sea posible el ataque, es forzoso no contentarse s6lo coA una pura y simple observaciÓn y con que únicamente débilei puestos los cubran ; es necesario, al contrariq, ocupar la primera línea con numerosas tropas para tener en jaque al enemigo; estas tropas deben ser dispuestas en dos líneas: la primera es una línea de observación 6 de avanzadas, y la seg-unda, una línea de reser­Tas, llamadas tácticas. 1 1 OCUPÁCION DI!: LA LINEA DK AVANZADAS Primera línea-Las tropas colocadas en primera línea tieneD por misión observar al enemigo. En general se aplican en este caso los mismos principios que la táctica recomienda seguir para la dispo~ición de las avanzadas. Como la viabilidad en las montañas, sobre todo en las monta­ñas de alturas medias, y mucho más en las altas montañas, es peor que en los países de colinas y llanuras, se necesita gene­ralmente menor número de tropas para vigilar una misma exten­sión de terreno. Es esto una gran ventaja, pues el servicio de avanzadas, que por su naturaleza misma es extremadamente fatigoso, ejerce en montaña una influencia por demás perjudicial sobre h fuerza y la moral de lo hombres, en razón de las dificultades que se experi­mentan para aprovisionar las tropas, y del · rigor, á menudo exce­sivo, del clima. Por estos motivos en la montaña, más que en cualquier otra parte, no se debe dedicar al servicio de avanzadas sino el número de hombres estrictamente necesario. Por otra parte, en la montaña se presentan serias dificulta­des para relevar lac¡ tropas de la primera línea por las reservas colocadas á retaguardia, porque estas re~ervas están, casi siem­pre, muy alejadas de la primera línea, á causa de la naturaleza y de la escasez de las comunicaciones, aun cuando, á la simple vista, parezcan mucho más próximas. La misma distancia honzontal que puede ser franqueada en una hora en la llanura, no lo es, la mayor parte de las veces, sino en seis ú ocho horas en las altas montañas. Hesulta de esto, que no se podría relevar frecuentemente las avanzadas, y que conviene, por lo tanto, economizar las tropas no haciéndoles vigilar y ocupar sino los puestos de importancia real. Se puede, por lo demás, disminuír tanto más el número de estos puestos, cuanto menos practicable sea el terreno, porque es­tando colocados sobre las alturas, cada uno de ellos tiene vistas más extensas. Los puestos principales, reservas de las avanzadas, deben, al contrario, estar más próximos de las grandes guardias, á fin de poder entrar en línea rápidamente, en caso de que sea nece­sario sostener la primera línea. Por lo demás, en montaña e& Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 214 -' en donde la disposición de las avanzadas debe tener un carácter casi semejante al adoptado por una tropa en marcha, que hace alto y toma precauciones rápiJa.s para su seguridad. Siempre que el defensor de un pafs de montaña tenga á su disposición franco-tiradores ó tropas de milicias del mismo país, deberá emplearlos de preferencia en el servicio de avanzadas, en razón de que estos mvntañeses conocen perfectamente todos los senderos y todos los parajes, y que tienen mayor interés en prote- 2"er su propio territorio. Pero como semejantes milicias no tendrán verdadera instruc­ción militar, como su inexperiencia podría conducirlas á abando­nar prematuramente, en caso de ataque, ciertos puestos importan­tes; como sedan obligadas, en presencia de simples demostra­ciones hechas por el enemigo, á dar el alarma á las tropas colo­cadas á retaguardia, y como esto causaría para estas últimas gran­des é inútile fatig-as, será juicioso y prudente no confiar exclusiva­mente á estas milicias el s<.:rvicio de avanzadas, ó por lo mtnos, de los puestos principales, y colvcar, juntamente con ellas, algunas unidades tácticas que formen parte del ejército regular. Empleando á los montañeses de esta manera, se logrará eco­nomizar las fuerzas de las tropas regulares y tenerlas concentra­das, á fin de poder hacerles tomar una ofensiva enérgica en un momento oportuno. (Continúa) CRONCJMETRÍA TIADUCCIÓN LIBR~ PARA EL "BOJ.E1 {.. 1111LITAR •· Lo re . Fichot y Vaussai, Secretarios que fueron del Con­lreso Int rnacional de Cronometría celebrado en París durante la última E:po ición Universal, acaban de publicar la memoria del caso, en la cual se olvidó fijar la fecha de )a publicación, no obstante tratarse de la Relojería de precisión, de cuya marcha regular tanto se ha hablado. Esa importante memoria, atestada de cifras y de integrale' destinadas á los especiali tas, permite resumir la hil;toria de la importante cuestión ha ta nuestros días. Genéricamente se llaman cronómetros los instrumentos de toda magnitud y forma, capaces de suministrarnos la medida exac­ta del tit:mpo. De de el siglo xvn, Jos Gobiernos de los pabes eu­ropeos que poseían una marina digna de ese nombre, compren­dieron cuán importante crvicio podían prestar los Relojes Portá­tiles á la navegación~ y apo)'aron vigorosamente en esa yfa los esfuerzos de los peritos en el aqe. En r610 Holanda creó un premio de cien mil florines para el inventor de un instrumento que sirviera para calcular las longitudes en alta mar; por la misma época Felipe m de España de~tinaba cien mil escudos con idéntico fin. Un poco más tarde, el Gobierno Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 215 ~ inglés prometía, por medio de una ley, la suma de veinte mil libras esterlinas al constructor de un cronómetro marino que en Sf'ÍS meses de marcha no diera un error de longitud superior á medio grado. Por su pa¡-te Francia no quiso quedar atrás en esta vía, y en 17 r6 creó una recompensa de cien mil libras, en condiciones aná­logas á las ya mencionadas. Ninguno de estos premios fue discer­nido, porque ninguno de los concurrentes pudo fabricar un instru­mento que llenara las condiciones referidas. No fue sino en I 736 cuando el inglés James Harrison cons­truyó el primer reloj marino ó guardatiempo que pre~tó tales servi­cios en una travesía de Lisboa á Londres, que \'alió- á su constructor la medalla Coplcy, reservada por la Sociedad Real á los inventos de notoria utilidad. Algún tiempo después, el célebre artista recibía una nueva recompensa de cincuenta mil peso por otro instrumento aún más perfecto, que acompañó al Capitán J. Byron en su viaje al rededor del mundo ( r 764- I 766). Este instrumento registraba las longi­tudes con sólo un error de medio grado, debido á una lámina com­pensadora que permitía corregir las irregularidades producidas por los cambios de temperatura. En Francia introdujo la construcción de los cronómetros de marina Pe ro Le R()y, quien en 1754 depositó en la Secretaría de la Academia de Cien :ias un pliego cerrado con la descripción de un instrumento de esa clase, que terminado Jo presentó en I 763. En I 766, de pués de construír un segundo modelo más perfecto, consiguió por fin fabricar un reloj marino adecuado para calcular las longitudes en alta mar. Al año siguiente se embarcaron los. do cronómetros de Le Roy en la corbeta Aurora, y ·n 1768 se adjudicó al con tructor un premio de tres mil libras. La Academia no e timó, en vi ta de los résultados, que su programa se hubiera realilado por completo, reabrió d concur:so, y para d jar más campo á los interesadt> , prorrozó "'1 plazo otros dos año , y elevó el premio á seis mil libras. Le Roy fue de nuevo el laureado, des. pués del viaje d Borda, á la vez que Ar endan, uno de los com­petidores de aquél, r cib{a un auxilio de mil quinienta libras. Por este tiempo entraron en liza otros dos sabio~: Fernando Bershoud, quien fue nombrado relojero mecánico de la marina, y Luic; Breguet, quien introdujo importantes perfeccionamientos en la fabricación de los cronómetros marinos. Los progresos realiza­dos sirvieron de punto de partida á la obra de una pléyade de practicos en el arte, Motel, \Vinnerl, Vi ·siére, Dumas, Rodanet y Delepine, po-l:rosarnente secundado por los trabajos técnicos de Villarcea.u, Phillips, Resal, Groye, Magnac. La alianza de la ciencia y de la mecánica ha permitido que en nuestros días se r~suelvan, con maravillosa precisión, los dos problemas fundamentales de la cronometría : I .° Fijar una unidad de duración con sus múltiplos y subdivisiones; 2.° Con.:>truír apa­ratos que midan la duración de un fenómeno celeste, empleando a unidad fundamental escogida. A priort' parece que el primer Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colotnbia '- ~16 --' punto no . presenta iificultades. ¿Acaso el segundo, es decir, la unidad de tiempo, no es la 86.4oo: parte del día solar medio ? • Laplace no demostró, mediante el estudio de los eclipses conoci­dos, que la duración de ese día no ha variado 1 J 100 de segundo en los tiempos históricus? Sin embargo, como lo que se necesita es la certidumbre ausoluta y no una aproximación, el asunto se complica. Nuestro planeta no es un sólido de figura invariable¡ la corteza terrestre se modifica sin cesar. El núcleo parece tener cierta plasticidad; las masas de aire y ele hielo que se mueven so­bre la superficie. lo hacen en virtud de la acción de fuerzas que no admiten una resultante única que pase por el centro de grave­dad : en resumen, nada garantiza la invariabilidad de la duración del dfa, por lo cual Lippman propuso servir¡e de los constantes de la electricidad para encontrar la unidad de tiempo. Empero, sea de ello lu que fuere, el dfa solar medio sirve aún en la prác­tica como término de comparación, pero esto no libra ele atender á. dos puntos esenciales: subdividir el día y relacionar las fugitivas observacion~s de los astros con una máquina cuya rnarcha sea tan regular como la de la tierra misma. En los últimos años se ha producido alguna corriente en fa­vor de la duzmalizadlm del túmpo y dt los ángulos. En vista de . Jos experimf'ntos practicados durante nueve meses (1899-1900) en cinco cruceros franceses en el Océano Pacífico y en el :r..·1edtte­rráneo, puede afirmarse que los instrumentos decimales no suscitan nin~una dificultad en los cálculo prácticos de la navegación, pero la reforma ha encontrado seria oposición en los países que no han adoptado aún el sistema métrico. · A la fecha, para que un cronómetro de bolsillo se considere bueno, es preciso que s~ le someta á una serie de pruebas en esta­bl"' cimientos especiales. El mas antiguo Observatorio cronomé­trico es el de Ginebra (1842), al que siguieron los de Liverpool, Neuchatel y Yale-College ( 1879). Este último tuvo que cerrarse en 1885, falto de relojes que regular 1 La cualidad importa poco, por lo visto, á los hijos del tío Sam. En Francia se fundó en I 888 el de Bcsan~on. Los cronómetros se someten á dos clases de pruebas. Prime­ro á ensayos de pos1"c/ón: un reloj puede' suspenderse 6 colocarse horizontalmente. Horizontal el cuadrante, puede quedar encima 6 debajo; suspendido, tiene la argolla arriba 6 abajo, pero en el bolsillo se inclina á la derecha ó á la izquierda. Hay, pues, que examinarlo en todas tres posiciones. Después toca el turno á las observaciones ltrmicas, consistentes en someter el reloj á la tempe­ratura ordinaria (I5°),á la de estufa (30°) y á la del hielo (0°). El in­tervalo comprendido entre las dos temperaturas extremas, repre­senta las variaciones que puede experimentar un cronómetro en el bolsillo; pero como de ordinario no se necesitan instrumentos tan precisos, las pruebas se reduce" á lo que en se~uida se indica, y los relojes qu~ los resisten con éxito, reciben un ~oldín de ob­servatorio de 1.• clase; en la 2: y en la 3: se clasifican los que han sufrido pruebas menos; serias. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 217 _J En Ginebra se procede así: Prueba Duaciéa I .• Cronómetro vertical, alto arriba, temperatura or-dinaria ( 15 °)..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . .. . .. . 5 días. 2.° Cronómetro vertical, inclinado á la derecha, tem-peratura ordinar·a ( 15°) ........................................... 5 íd. 3.° Cronómetro vertical, inclinado~ la izquierda, tem­peratura ordinaria ( 1 5°)............................................ 5 íd. 4.° Cronómetro horizontal, cuadrante encima, tempe-ratura de hielo (o 0 ) .................................................. 6 íd. 5.° Cronómetro horizontal, cuadrante encima, tempe-ratura ordinaria (15°) ............................................... 6 íd. 6.° Cronómetro horizontal, cuadrante encima, tempe-ratura de estufa (30°) ............................................... 6 íd. 7.° Cronómetro horizontal, cuadrante debajo, tempe-ratura ordinaria ( 1 5°) ............................................... 6 íd. 8.° Cronómetro vertical, posición ordinaria (15°). ..... 6 íd. En Holanda las pruebas duran un año, y en Alemania se aumentan sometiehdo los cronómetros á trepidaciones, sacudidas y velocidades. Como se comprende, cada boletín de observatorio lleva ins­critas 44 observaciones diarias, con cálculos de términos medios, lo que exige no poco trabajo, sin contar los gastos que impone la conservación de temperaturas constantes, por lo cual los fabrican­tes que hacen co1llrolar ~us relojes, pa~an cuotas de , 2, 1 y o-6o, según la clase. Cuando el cronómetro no sirve, se devuelYe sin boletín. En la actualidad el precio de los cronómetros superiores, es como sigue: Cronómetros Négus (New York) ...................... $ 412 (oro) Leroy (París) .............................................. 210 íd. Russell (Liverpool) ........................................ 200 íd. !vfac-Gregor (Glasgow)...... .. ... . .. .. . . .. .. .. . . .. .. . ... 192 íd. Hohwü (Amsterdan) . .. . .. . .. . . . .. . .. . . . .. .. .. .. .. .. . .. .. 172 íd. Seckel (Rotterdan) ........................................ 172 íd. Brocking (Hamburgo).... ...... ... ... .. ... . .... . .. ..... ... 160 íd. Parkinson (Londres) ..... : ................................. 144 íd. Pennin~toa (íd.) .......................................... 120 íd. Y para concluír, bueno es observar que ciertos defectos me­eánicos se atenúan con el uso, pues Jos cronómetros que han ser­Yido algún tiempo, marchan mucho mejor que al salir de casa del fabricante. J. Bovn. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia APTITUDES PAR'flCULARES EXIGIDAS PARA LAS DIFERENTES ARMAS Stgt~n la ú/Hma reglammlaáón frnMesa Los jóvenes declarados aptos para el servicio activo son re­partidos por los Comandantes de reclutamiento entre las diferentes armas, según sus aptitudes Hsicas y profesionales, conforme á las fijaciones de efectivo determinadas cada año por ur¡a instrucción ministerial. Las principales condiciones fí icas necesarias para ciertas armas, son: la ulalura, la apldud para la marcha, para la equita­ción, para las mam'obras de fuerza. La primera de e~tas aptitudes, determinada para ciertas ar­mas, se constata por medio de un cartabón; la determinación de las otras es más compleja, y es de la competencia especial de un médico militar. En consecuencia, éste da su dictamen sobre la aptitud física, tanto al consejo de revi ión y á las oficinas de reclutamiento, antes de la incorporación, como después de la incorporaci,Sn, ante Jos jefes de cuerpo 6 ante las comisiones departamentales, cuando estas últimas tienen que re olver pedidos de cambios de arma. Para la repartición de los conscriptos en las diferentes armas ó servicios, los comandantes de reclutamiento se basarán, después de las indicaciones dadas por los médicos, en las condiciones ge­nerales de aptitud siguientes: I 'J•ANTERÍA-La aptitud para la infantería comprende: 1.0 La aptitud para la marcha, que necesita la int gridad de los miembro inferiores y su buena conformación; 2. 0 La aptitud para llevar el fusil, l.as municiones y el equipo, lo cual exige suficiente fuerza ; 3. 0 Una ai!·udez visual que se ap1·oxime tanto como sea posi­ble á la normal, por lo menos para uno de Jos dos ojos. CABALLERlA-La aptitud para la caballería comprende: 1.0 La aptitud física para la @quitación, que exige más des­treza que fuerza y una longitud suficiente de los · miembros infe­riores; no es indispensable que la conformación de las piernas y de los pies sea irreprochable; 2.0 Una agudez visual que se aproxime tanto como sea po­sible á la normal, por lo menos para uno de los dos ojos, y t&n campo visual bastante extenso. ARTILLERlA-La aptitud para la artillería comprende: Para los hombres comprendidos en la artillería á pie ó en las baterías de montaña, y para los sirvientes de las baterías mon­tadas: 1.0 La aptitud para la marcha, que necesita. la integridad de los miembros inferiores y su buena conformación; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- .219 J 2. 0 La aptitud para las maniobras de fuerza. Para los conductores de las baterías montadas y para los conductores sirvientes de las baterías á caballo: 1.0 La aptitud para la equitación como para la caballería; 2.0 La aptitud para las :naniobra de fuerza. Para todos los artilleros sirvientes : Una agudez visual que se aproxime tanto como sea posible á Ja normal, por lo menos para uno de los dos ojos. lNGENIERIA-La aptitud para e 1 servicio de ingeniería com­prende: 1.0 La aptitu:l física necesaria pan. la infantería, sobre todo .desde el punto d~ vista de la marcha; · 2.0 La aptitud para las maniobras de fuerza; 3. 0 La aptitud para distinguir claramente el verde del rojo, para los hombres del regimiento de ferrocarrileros, los pontoneros y los telegrafistas. =- - Variedades PEREGRIN ACION DE ALPHA 1 POR }lA. 'UE.L ANC17.AR Continúa Después de estos sucesos, y con la muerte subsiguiente del anciano príncipe, abatido por la pesadumbre de su deshonra, de hecho quedó disuelta la Confederación de Hunzahúa, pues el últi­mo jefe Quimuinzaque, no sólo fu e despojado de u capital el 6 de Ago to de 1539, para fundar allí mismo la actual ciudad de Tunja, sino mi erablemente asesinado por Hern:in Pérez de Que­sada, con los principales Uzaques, á los cuatro años de un reinado aparente y oscuro. La multitud de indios que poblaba el territo­rio muchas legua á la redonda de Tunja, fue presa de los con­quistadores, que bajo el título ue encomiendas, los redujeron á la esclavitud, sacándoles tributos arbitrario en que hadan consistir la renta de sus casas. Al cebo de esta \'ida regalada y ociosa, cual convenía á hidalgos españoles, acudieron los principales com­pañeros de Quesada, Federmán y Benalcázar, y se avecindaron en Tunja, labrando casas costosas, cuyas portadas sembraron de escudos de armas "para eternizar su fama en la posteridad," según cándidamente. lo afirmaba Juan de Castellanos, primer Cura y Cronista de la encopetada ciudad; la cual, no obstante todo aquello, progresó tan poco, que ciento cincuenta años después de fundada no contaba más de 500 vecinos españoles: como si la sangre j¡,ocente de Quimuinzaque y sus deudos, regada en Jo¡ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 220 J recién abiertos cimientos de la villa española, hubiese traído sobre ella la esterilidad y sembrado el germen de su decadencia y ruina inevitables. Vivió y creció Tunja nutrida con la sustancia de los indios, que rápidamente se fueron acabando, sucediéndoles en la idea de mantener la ciudad, los numerosos conventos que se levantaron, enriquecidos por las donaciones llegadas de todas partes, los mo­nopolios y sueldos de los empleados bajo el régimen colonial, y las pequeñas industrias desdeñadas por los hidalgos. De repente 'fino la Revolución de I8IO, que trajo por necesidad la República, y ésta un orden de cosas político y económico totalmente contra­rio al régimen antiguo. La existencia de una aristocracia española, cimentada en la opresión y despojo de los indios, se hizo imposi­ble y quedó abolida; la existencia de los conventos continuó tole­rada, mas no favorecida, por cuznto ellos fueron desde aquella fecha un anacronismo; la existencia de los monopolios cesó tam-bién ...... ¿Qué le ha quedado, pues, á Tunja, ciudad sin artes, sin agricultura, sin comercio propiamente dichos? Yendo por el camino que traspone la colina del Oriente y deja á mano derecha el pueblo de Chil>atá y á la izquierda el de Soracá, se llega al punto en que desde lo alto se ve la ciudad media legua distante, y en el promedio el valle margoso, árido y desgarrado, cual si acabara de ser lavado por torrentes irr.pctuo­sos que lo hubiesen roto en grietas, llevándose la vegetación y el suelo cultivable. Arrimada á los cerros de Occidente alza Tunja las torres de sus numerosos templos y los ennegrecidos tejados de sus casas. Contemporánea <.le Vélez, tercera de las ciudades cas­tellanas fundadas en el paí · de los Chibchas, lo~ nños han pasado silenciosos por encima de ella, han encontrado generaciones suce­sivas en la misma inmovilidad de háLitos y costumbres, y han añadido marcas de Yejez sobre las marcas que pusieron los siglos ya olvidados, y que intactas atestiguaban cómo los tiempos mo­dernos no habían llevado por allí sus inno,·aciones. Tunja es para el granadino un objeto de respeto, monumento de la conqui::.ta y sus consecuencias, que es la edad media de nuestro país, y una especie de osario de las antiguas ideas de Castilla, esculpidas y conmemoradas en las lápidas de complicados blasones, puestas sobre las portadas de las casas, 6 viviendo todavía dentro de los conventos, es decir, fuera del siglo y extrañas á todo comercio hu"llano, con el cual han cesado de armonizar; mansión de hidal­gos á quienes la Revolución republicana cogió de improviso, y la aplaudieron sin echar de ver que les traía el final político de los privilegios, y el término social de las ejecutorias. El aspecto material de la ciudad es silencioso y húmedo; las calles torcidas, mal empedradas, y por lo general cubiertas con la pequeña yerba que anuncia falta de tráfico y movimiento, como el no haber puentes ni camino bien transitable para entrar al poblado, indica la total ausencia de policía y buen gobierno. Las mujeres pobres visten saya y mantilla de bayeta oscura, llevan sombrero y andan embozadas, lo que les da el aire de frailes Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Botetín Militar de Colombia '- 22 I --' franciscanos; los artesanos y jornaleros no abandonan las pesadas ruanas que les embarazan los moYimientos, ñi han dejado aquel exterior abatido que en los tiempos coloniales revelaba el menos­precio en que eran tenidos. En compensación, las gentes acomoda­das demuestran gusto y aseo en el vestido y las habitaciones, particularmente las damas, que son bellas, agraciadas y de una elegancia señoril sin afectación ni quijotería, candoro~as y en extremo sensibles para las afecciones domésticas. Por los restos de la antigua riqueza conservados en las igle­sias, se conoce que los tunjanos amaban las artes liberales, y tenían tacto para juzgar y apreciar sus buenas obras. Lo primero que en esta materia repara el transeúnte es la portada de la iglesia mayor, exquisitamente labrada en piedra, hermosa y noble en el conjunto. Compónese de dos columnas extraídas con primo­rosos capiteles dóricos, que sustentan una cornisa de labor acabada, y flanqueadas por dos pilastras que terminan el revestimiento de piedras sillares y resguardan las inscripciones latinas, casi indes­cifrables por las embrolladas abreviaturas del estilo pastrano en que fueron escritas ; corona:-1 la obra tres perfectas estatuas de mármol común oscuro, que en cierta manera templan con su se­veridad el lujo de tallados y altos relieYes del resto; flor esplén­dida que ha brotado en un viejo paredón rústico, parece esta por­tada sobrepuesta al muro de la fachada del templo, junto á la bárbara y pesada torre, no siendo menester traducir las inscrip­ciones, para comprender que aquella joya de arquitectura Yino de países más cultos, puesto que no acertaron á rodearla de construc­ciones que armonizaran cun ella, ó la hubiesen dejado aislada, sin el ruin vecindario de masas de ladrillo toscas y desmañadas. En lo interior es la iglesia sólida, espaciosa y levantada en arque­rías ojivas. Ocupa la testera un vasto altar mayor, recarg-ado de estatuas de estuco hastante buenas, especialmente las de los ca­marines laterales; en lo demás no hay una sola cosa de mérito, sino figurones ridfculos, ó grupos tan absurdos como el de un altar en que un fiero y colosal soldado de Judea, recibe directamente el incienso del sacerdote, mientras Jesucri~to yace postrado y eclipsado á los pies de su verdugo ; disparate repugnante y men­tira de bulto, fabricada para perpetuar el odio á los judíos, cuando el fanatismo y la intoleranria eran las únicas virtudes que se pe­dían al pueblo. Guarda el convento de Santo Domingo dos prendas de que se envanece : la una es la estatua de uno de los judíos que hubieron de intervenir en la Crucifixión, y la otra es la Capilla del Rosario. Sobre la primera no me atrevo á decir cosa alguna, por cuanto pertenece al gremio de las reputaciones tradicionales, en que todos se ponen de acuerdo por rutina ó por bien parecer, y el que se atreviera á disentir, padecería bajo el poder de tanto amor propio lastimado, como contra él se levan:aría para anonadarlo ; acerca de la Capilla diré que es una obra maestra, en cuya contempla­ci6n he pasado enteras las horas, admirando lo que put::den la fe y la devoción sincera, y la vida con que son capaces de animar la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín ~1i!itar de Colombia '- 223 _J ¿Quién fue el ingenio superior que supo modelar en estuco hasta los sentimientos más delicados del espíritu? Busqué, y en el reverso de un pliegue del ropaje leí: " 1605," pero el nombre del autor estaba borrado.-¡ Cuán efímera es la gloria civil! Dos si­glos y medio habían pasado : la estatua se conservaba desfigurada con enaguas y camisa de zaraza, por el pecaminoso rubor de unas beatas: el nombre del artista había sido rayado, y su recordación aniquilada por la estólida mano de algún aprendiz de sacristán! Tiene Tunja 5,ooo habitantes, y de; ellos 237 moran en los cuatro conventos, siendo 162 las mujeres así encerradas. Calcu­lando que sean 13 los sacerdotes secular s, resultan 250 personas, 6 el 5 por 100 de la población, Yivi ndo del culto, lo que en ningu­na otra ciudad de la República sucede, y de donde se colige lo di­fícil que será ganar allí la ubsistencia, pue~to que la vida conven­tual es un ofic!o, y el sesgo que habrán tomado las ideas en mate­ria de religión para hacerlas productivas, munclanamente hablan­do. Aseguran que el Obispo electo de Boyacá es persona de claro entendimiento é ideas e nas, en cuyo caso hallará muchos retoños y ramas chupadoras que podar en el á.rb::>l del Cri tianismo dentro de la nueva Diócesis, y al mismo tiempo muchas proclu-.:ciones que salvar de necia destrucción en pintura y escultura: afortunada­mente la gente es dócil, y una per~ona de autoridad é ilustración puede hacer grandes y exten a n·formas n la moral popular, en el culto e. ·terno y .n los encargado de manten rlo puro y desin­teresado. Entre los monumentos antiguos es digno de m ncionarse un edificio frontt~ro á las casas que fu ron del Ayuntamiento, notable por la torrecilla que e levanta sobre la <::s uina. I• s la ca ·a que labró Gómcz de Cifuent s, conqui~taclor seña ad y .. ncom ndero de Paipa, quien men.: ció por us servicio· qu F Ji¡ e 11 le permi­tiera poner sus armas enfrente de las R ales que adornalJan el Ayuntamiento; sobre Jo cual h b p1 ito reñido, n que el buen hidalgo invirtió algunos ducado" e.·traf s d(,! la. sangre y sudor de lo indios d Paipa, pero se salió con la ·uya ...... y hoy la or-gullosa torrecilla e tá desmantelada, los apo entos y el estrado VdCÍos y ruinoso , la e tirpe e ncluída: tan solo ha. quedado la va­nidad petrificada en el e cuelo de armas. En clase de rarezas naturales, s· enunw .. an trc á los alrede­dores de la ciudad: el Pozo de DL nato, lo~ Cüjines y la fut nte perenne que sumini tra copio o caudal de agua tibia. l..._ra el pri­mero una cavidad cilín ]rica de gran diámetro, muy pt·ofunda y llena en parte el ag-ua. "Los Hunzas tenían una tradición ridícula á la par que vul,. ar respe to de la formación de este pozo. La madre de Hunzahúa, el ·cían, irritada ontra su hija por una grave falta de honestidad, le tiró con la sana> f!Ut' r-s el m.:ng-o de ma­dera que sirve para revolver la chid1a, y habiéndose escondido la joven detrás de la g-acha (tinajón), recibió é:::.ta el golpe, con lo que se quebró, formándcsc de la chicha derramada en la tierra un pozo, aunque desgraciadamente para los aficionados el líquido Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \..._ 224 .....) .se convirtió en agua., • Después se rugió que cuando el saqueo de Hunza habían los indios arrojado en este pozo los tesoros del Zaque; y no faltó un cándido, Ila m a do Do nato, que creyera la conseja al pie de la letra, y consumiera su haber escarbando el pozo, sin otro fruto que contribuír á cegarlo y dejarle impuesto su glorioso nombre. Dan el de Cojines á unos círculos tallados en relieve sobre la viva laja desnuda de tierra en la colina del Occidente. Son dos, juntos, de ocho decímetros de diámetro y cuatro de altura, per­fectamente trazados y labrados al parecer con instrumento metá­lico. La superficie está dividida por un diámetro tirado de N. á S., y la mitad occidental cortada en plano inclinado del centro hacia afuera, como si hubieran querido facilitar el arrodillarse allí mi­rando al Oriente. En lo restante de la gran baldosa natural, que es de arenisca ferruginosa, no se halla señal de otra obra, de modo que los co;ines solos están en aquel paraje desafiando las conjeturas de nuestros anticuarios, sin arbitrio de ser auxiliados por tradición alguna, pues no hay memoria del origen ni uso de estas piedras. El Sr. Manuel V élez, diligente indagador de nuestras anti¡¡;üeda­des y poseedor de un precioso museo de ellas, juzga que ]os coji­nes son restos de un adoratorio; opinión que parece confirmada por los trabajos geográficos recientes, de los cuales resulta que una persona puesta de rodillas sobre el plano inclinado de dichas piedras, queda perfectamente orientada mirando hacia Sogamoso, asiento del Templo máximo y morada de los Pontífices sucesores de Nenqueteba, á quienes debían los Zaques la fundación de su imperio. Con este nuevo dato dejaremos el asunto á la considera­ción de investigadores competentes. ~ Dentro de un solar comprendido en los últimos de la ciudad, nace con fuerza un chorro de agua que sale á 2 1° centígrados de temperatura constante, siendo la media de la atmósfera 18°, y la altura sobre el nivel del mar ~,793 metros. En toda estación brota la misma cantidad de agua, siempre clara, lo que haría inferir desde luego que viene de lo profundo, si no se presentaran á ratos hojas y frutas de roble, para indicar que el origen se halla no solamente á la superficie, sino en alturas de páramo, puesto que en otros lugares no hay robles cerca de Tunja. Tal vez proviene del desagüe subterráneo del lago de Tota, mezclado en su trán­sito con aguas hirvientes, ó acaso nace de la grande y semivol­cánica serranía del Oriente, que, en mi concepto, es la hornilla de los gigantescos laboratorios de Paipa y sus correspondientes de Issa. Lo cierto es que suministran agua para baños deliciosos, construídos á propósito y á disposición del público, pagándose una pequeñez por el uso de los estanques prim~ros, seguidos de otro grande,. á disposición de los que no quieran ó no puedan pagar nada. c~nlmfÍtl ]O.A.QufN AcoST.A.. Conq•ista y coloniución de la Naen Granada. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VII Serie IV Tomo I N. 7

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VI Serie III Tomo II N. 13

Por: | Fecha: 04/10/1902

~ ~::::~:KO~il!de A~~~lN~:~;~ $ l ORGANO DBL MINISTERIO DB GUERR! Y DEL EJÉRCITO l ~-···~=~~~;:··;;~~-:~:~~;: ~:;~~;~· ; ~:;~~~~· ~' e : ::. ¡ G&neral de ln«eniero• ::,¡ Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejército Í: PtUM •vv bien wcelkr que nue.tro re1peto d toda• ku con11iccione•, flenga d parar .,. la !: indiferencia J( nor dej• rin energía• para defender la• nubtrar ~ EMillQUII! SIEIIKIEWICZ i -¡---- ......... ~ .............. _ .......................... ............ .. ... ... .... .... ... ... .. .. .. ...... .. .. ..... ) ... ! + + -e- Bogotá, Octubre 4 de 1902 -tt- + -• ¡ ' ===Oficial = TELEGRAMAS República de Colombz'a- Telégrafos Nacionales- Comandanda general de la Dt"visibn R/caurle-Fusagasugd, ScpHembre 29 de I904 Ministro de Guerra Tengo el honor de comunicar á S. S. que hoy á las nueve menos cuarto fue ejecutado el Mayor Eusebio González, de acuer­do con el veredicto dictado por el Consejo Verbal de Oficiales Ge­nerales. Por conducto del r. Cura, manifestó el reo que era justo el veredicto que lo condenó á muerte, y murió completamente tran­quilo. Afectísimo, FRA ·crsco CAHACHO B. Bogotá, Seplimzbre 29 de I902 General Francisco Camacho.-Fusagasugá Acabo de recibir vuestro telegrama en que me dais cuenta de la ejecución del Mayor Eusebio González, en Yirtud de sentencia proferida por el Consejo de Guerra Verbal que lo juzgó. Tratándose de un servidor del Gobierno, como lo fue el Ma­yor González, parecerá á primera vista extraño el procedimiento, ya que por desgracia para la moral del Ejército y para la seguri­dad de la sociedad que está llamado á resguardar, los desmanes de nuestros soldados se habían visto con lamentable indiferencia; pero examinado en el fondo, hay que confesar que si bien es do­loroso un castigo semejante, también corta de raíz un mal que ha t'OHO II-25 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '-- 386 _J empezado con caracteres alarmant~s, y que á dejarlo sin remedio, quién sabe á dónde nos llevaría. Sirve, además, este castigo para demostrarle á todo el país que en punto de justicia, el Gobierno está resuelto á medir en esta ~poca de revuelta á los colombianos todos con igual rasero. Afectísimo amigo, DECRETO NUMERO 1374 DE 1902 ( SXPTIEMBRE 1 5) que hace una promoción FERNÁNDEZ El V1'cepresidmle de la Repúblú:a, mcargado del Poder EjecuHvc, DECRETA Artículo único. Promuévese al General José Mazabel del puesto que tenía en el Ejército á mando del General Nicolás Per­domo, al de Comandante General de la Dz'vz'sz'fm Manuel D. Cm1a­das, en reemplazo del General Pedro León Moreno, quien no tom6 posesión de ese empleo. §. El Batallón Colombz"a que manda el General Pablo Emilio Escobar, queda desde hoy definitivamente incorporado en la ex­presada División. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 15 de Septiembre de 1902. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEz DECRETO NUMERO 1376 DE 1902 (SEPTIEMBRE 1 5) que concede ll tr::.s de cuartel á un ] tf e, dclrga f<:cul taces al General Ni col á~ Perdcmo con relaci0n á la campar a de la esta, y hace unos nombramientos El Vzápt·esz'det~le de la Re¡úblzca, mcargado dd Poder Ejcculzvo, DECRETA Art. 1.° Concédtnye al r. General Pompilio Gutiérrez las le­tras de cuartel que ha solicitado. Art. 2. 0 Delégase al Sr. General D. Nicolás Perdomo, Minis­tro de Estado en el Despad:o de Gobierno, las facultades del Mi­nis~ erio de 0uerra, en l? relatiYo al mando del Ejército, de las flotillas fluviales y marít1mas que sean menester para ]a campaña en el Departamento de Panamá, y nómbrasele Jefe Supremo de operaciones en los Departamentos de Bolívar y Panamá. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia L 387-' Art. 3. 0 El Sr. General Perdomo, en su carácter expresado é investido de facultades presidenciales, podrá dictar todas las provi. dencias conducentes al cumplimiento de las instrucciones que lleva. Art. 4. 0 Nómbrase primeros Ayudantes del General Perdomo á los Sres. General Alfredo Vásquez Cobos, Coronel Luis Felipe Ruiz, Arturo Borrero y Arcadio Quintero, y Telegrafista del mis­mo al Sr. Isaac Vargas, asimilado á primer Jefe de Cuerpo. Art. 5. 0 Incorpórase al Ejército de Panamá la Dz'visión Manuel D. Cañadas y el Batallón I. 0 de ArHllería, comandado por el Sr. General Juan Francisco Urdaneta. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 15 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁ~Ez DECRETO NUMERO 1381 DE 1902 (SEPTIEMBRE 16) que destina á un Oficial al tercer Ejército de Panamá El Vtcepresz'denle de la ReplÍNica, encargado del Poder Ejeculz'vc, Di:CRETA Artículo tínico. Destinase al Capitán Julio Navarro á prestar sus servicios en el puesto que le designe e] Comandante General de la z.• Dzin':.z'órt del Tolz'ma, del tercer Ejército de Panamá, al man­do del Sr. General Tomás Quintero. Comuníquese y pubHquese. Dado en Bogotá, á 16 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEz DECRETO NUMERO 1382 DE 190.2 (SEPTIEMBRE I 6) que hace un nombramiento y aumenta una asimilación El Vz'ceprest'denlc de la República, encargado del Poder Ejuultvo, DECRETA Art. 1. 0 ~ómb:ase al Sr. Faust~no París Escribiente Ayudan­te de la Sec c16n 3. de la Intendencia general del Ejército. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \_ 388 -' Art. 2.0 Auméntase la asimilación del Secretario del Juez Substanciador del Ejército, á. 2. 0 Jefe de Cuerpo, con anterioridad al 1 .0 del presente mes. Comuníquese y publiquese. Dado en Bogotá, á 16 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 1383 DE 190~ ( SEPTIRMBRE 16) que hace un nombramiento El Vz'cepreszdmlt de la RepúbHca, encargado del Poder Ejecult'vo, DECRETA Artículo único. Llámase al servicio activo al Capitán Teodoro Quijano C., y destínasele al puesto de Adjunto al Cuartel general del Cuerpo de Ejército del Norte de Cundinamarca, que organiza en las Provincias de Chocontá y Guata.vita el General Manuel M.• Castro U. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á. r6 de Septiembre de 1'02. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gu e rra, A RISTIDES F ERN ÁNDKZ DECRETO NUMERO 1384 DE r9o~ ( SEPTIEMB RE 1 6) que hace varios nomb ramientos El Vicepresidente de la R epública, encargado del Poder Ejecutz'vo, DECRETA Art. I.0 Nómbrase al Dr. Julio M. Escobar Médico Jefe de la Ambulancia de Panamá, asimilado á General de División mien­tras haga campañas en Departamentos que no sean el de Panamá, y en éste á General Inspector, con la asignación mensual de $ 300 en plata. Art. 2.0 Nómbrase á los Dres. Gonzalo Mesa S. y Luis G. Angulo Ayudantes de dicha Ambulancia, asimilados á Generales de Brigada, fuera de Panamá, y en este DepartJ.mento gozarán del sueldo que en plata corresponda á Coroneles. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 16 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín !v1ilitar de Colombia '- 389 .J DECRETO NUMERO 1385 DE Igü:l (SEPTIEMBRE 1 6) que hace una promoción El Vlcepreszaenlt de la República, encargado del Poder Ejectdi'lll, DECRETA ~rtículo único. Promuévese al General de Brigada Daniel Umana del puesto de Ayudante del General Nicolás Perdomo, al de Inspector de las fuerzas del Colegio y Viotá, dependiendo del Cuartel general del Ejército para los efectos fiscales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 16 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARrsTIDEs FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 1386 DE xgo~ (SEPTIEMBRE 1 6) que hace una promoción El Vt'cepresz'dmle de la República, encargado d!l Poder EjecuHu, DECRETA Artículo único. Promuévese al General Carlos Herrera del puesto que ocupa en el Ejército comandado por el General Anto­nio Roa Díaz, al Ejército del Norte del Tolima, en el puesto que le designe el Comandante General de él. Comuníquese y puhlíquese. Dado en Bogotá, á 16 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIM El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDn DECRETO NUMERO 1387 DE rgo2 (SEPTIEMBRE 1 6) por el cual se llama al servicio activo á un Jefe y se le destina El Vtcepresz·denll dt la Repúblzca, encargado del Poder Ejecul?vo, DECRKT.A. Artículo único. Llámase al servicio activo al General Fernan- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín 11ilitar de Colombia '-- 390 -.J do ~orrero, y destínasele al Ejército de Boya.cá, en el puesto que le des1gne el Gobernador Jefe Civil y Militar de ese Departamento. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á r6 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUlN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 1388 DE 1902 ( SEPTIEltBRE I 6) que reconoce un grado militar y destina á un Jefe El Vt'ceprtsidenlt de la Repúblz'ca, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Art. 1.0 Reconócese al Teniente Coronel Juan N. Quijano el grado de Coronel efectivo que le fue conferido por el General Próspero Pinzón en su carácter de Comandaate en Jefe del Ejér­cito del Norte. §. Dése cuenta de este ascenso al H. Senado en sus próximas sesiones, para los efectos constitucionales. Art. 2. 0 Llámase al servicio activo al Coronel Quijano, y des .. tínasele á prestar sus servicios en el Ejército de Bolívar, en el puesto que le designe el Gobernador J e fe Civil y Militar de ese Depar­tamento. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 16 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIM El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO r 389 DE 1902 (SEPTIEMBRE 16) que acepta una renuncia y hace un nombramiento El Vú:epresidmü de la Repúbll'ca, mcargado del Poder EjecuHvo, DECRETA Art. 1.0 Acéptase la renuncia que presentó el Sr. General Alejandro Sánchez del puesto de Comandante general de la floti­lla del Alto Magdalena, y encárgase de ese puesto, interinamente, al Sr. Inspector Fiscal de la misma. Art. 2.0 Nómbrase Comisario Pagador de la 3.• División Val­derrama, del Ejército que comanda el General Manuel María Cas­tro Uricoechea, al Sr. Manuel María Quijano Camacho, con la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \.._ 391 _J similaci6n de primer Jefe de Cuerpo, quedando promovido de .. te puesto del Cuartel generalísimo. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 16 de Septiembre de 1902. JOSE ~MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 1390 DE 1902 ( 16 DE SEPTIEMBRE) que confiere un ascenso, hace un promoción y elimina un Cuerpo l!..t Vt'ctpresz'dmle de la Repúblz'ca, encargado del Poder .Ejcculzvo, DECRETA Art. 1.0 A solicitud -de la Comandancia en jefe, asciéndese á Capitán efectivo al Teniente Hernando Pereira, debiendo continuar prestando sus servicios en dicha Oficina. Art. 2. 0 Promuévese al Sr. Flavio La verde del puesto de Ins­pector general del Ferrocarril del Norte, al mismo puesto en el de la Sabana, en reemplazo del General Ignacio A. Rodríguez, por haber aceptado éste otro puesto, con la misma asignaci6n que se­ñala á aquél el Decreto número 456, de 14 de Marzo del presen­te año. Art. 3. 0 Elimínase la Compañía suelta de Chía, que comanda el Coronel Ismael G6mez Herrán. §. Por la Comandancia en Jefe se dispondrá lo conveniente para el recibo de los elementos que tiene tal Compañía. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 16 de eptiembre de 1g02. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 1391 DE 1902 (SEPTIEMBRK 16) que or2'aniza una División y dicta otras disposiciones El Vz'cepresz'denle de la República, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Art. 1.0 Los Batallones Femández, Joaquín Urz'be y Caiiadas, y el Escuadrón Libres de la Columna Cívicos de Facatativá, que co. manda el General Daniel Rubio París, y que dependía del Ejérci­to comandado por el General Antonio Roa Díaz, formarán una Di .. visi6n con el nombre de Dzvisión San Maleo, con el Cuartel general que hoy tiene y dependiendo de la Comandancia en Jefe del Ejér .. e ito Nacional. Art. 2.0 Los Batallones Guayabal y Madrzd, que hacían parte Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 392 -' de dicha Columna, ingresarán á las Divisiones que el expresado General Roa Díaz designe. Art. 3. 0 Nómbrase Ayudante del Ministerio de Guerra, en reemplazo del Sr. Raúl Ayarza, al Sr. Alberto Malo B., asimilado á Capitán, y con la anterioridad del 1. 0 de este mes y dependiendo del Cuartel generalísimo, para que preste sus servicios en la 2.• Sección. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 16 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 1398 DE 1902 (SEPTIEMBRE 1 7) por el cual se reforma y adiciona el marcado con el número 262, ele 10 de Fe­brero de 1902 .El Vicepresidente dt la RepúbHca, encargado del Poder Ejeculzilo, Haciendo uso de las facultades consignadas en la Ley 15.2: de 1896, DECRETA Art. 1.0 Elévase á la categoría de medio cuerpo el Escuadrón Tívoli, cuya organización dispuso el Decreto número 262, de 10 de Febrero del año en curso. Dicho medio cuerpo se compondrá de una Plana Mayor y dos Compañías, así: Un primer Jefe. Un segundo íd. Plana Mayor Un Capitán Ayudante Mayor. Un Teniente 6 Capitán Habilitado. Un Subteniente Abanderado. Un Sargento 1.0 Brigada. Un Corneta de órdenes. Un Tambor de íd. Un Cabo 1.0 Escribiente. Un Soldado ordenanza. Un Capitán. Un Teniente. Dos Subtenientes. 1 Sargento 1.0 4 Id. segundos. 3 Cornetas. I Tambor. 4 Cabos primero~. 4 Id. segundos. 58 Soldados. 75-175 Total de tropa. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 393 _J Art. 2. 0 En atención á las órdenes que verbalmente ha sido necesario dar al Capitán que organizó el Escuadrón, y al nombra­miento que de primer Jefe se le hizo, declárase arreglada al pre­sente y desde el 1.0 de Mayo próximo pasado la organización que ha tenido dicho Escuadrón. Art. 3. 0 El medio cuerpo de que se trata se denominará en lo sucesivo Perdomo, y de él harán parte el Jefe, Oficiales y tropa que han venido figurando hasta la última revista que se le pasó. §. Por la Comandancia en Jefe se proveerá á las necesidades del medio cuerpo indicado y se harán los nombramientos respectivos. Queda en estos términos reformado y adicionado el expresado Decreto número 262. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 17 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gu e rra, ARrsTIDES FERNÁNDEZ RESOLUCION NUMERO 63 DE 1902 (SltPTIE?o1BRE 30) sobre franquicia en los Ferrocarriles El Mznúlro de Guerra RESUELVE Desde mañana 1.0 de Octubre quedan definitivamente supri­midos los pases francos en los Ferrocarriles, 6 sea los que á costa del Tesoro público otorgaban algunos Agentes del Gobierno. Exceptúanse los pases concedidos á los militares en servicio activo y empleados administrativos del Ejército que salgan de Bo­gotá con pasaporte expedido por el General Jefe de la 2." Mesa del Estado Mayor generalísimo, 6 por el Ministerio de Guerra. Fuera de Bogotá, á los individuos separados del servicio por enfermedad, 6 á los enviados en comisión, se les abonará en el respectivo pasaporte el valor en dinero de su pase en el Ferroca­rril, en esta proporción : A los Jefes, de General á Sargento Mayor, pasaje de 1." clase. A los Oficiales, de Capitán á Subteniente, pasaje de 2." clase; y A la tropa, pasaje de 3." clase. El Gobierno no reconocerá el valor de pasajes que no hayan sido concedidos de acuerdo con los términos de la presente Reso­lución. Comuníquese y publíquese. :9ada en Bogotá, á 30 de Septiembre de 1902. El Ministro, FERN1Hn•z Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 394 .J INFORME DEL INTENDENTE GE~ERAL DEL EJÉRCITO (Continúa) ' .RELACION DE LOS RECIBOS EXPEDIDOS POR LA OFICINA DRL PARQUI GENERAL EN EL CURSO DEL MES DE MARZO DE 19<)2 Marzo 1. 0 -2,11 1. Recibido del Sr. Abdón Galvis 130 docenas de alpargatas. Intendencia, 716. Marzo 1. 0 -2,1 I 2. Recibido del Sr. Benito Navarro O. 250 correa­jes con morral y sin vaina. Intendencia, 714. Marzo I.0 -2,II2. Recibido del Sr. IsaacVargas r,ooovestidos. compuestos de chaqueta, pantalón de manta, camisa y calzon­cillos, confeccionados con telas suministradas por el Parque. Proveeduría, 650. Marzo 1.0 --2,114. Recibido del Sr. José La verde 2,000 frazadas. Intendencia, 669. Marzo 1.0 -2,1 15. Recibido del Sr. Sixto Guerrero 1 silla comple­ta, aperada. Proveeduría, 687. Marzo 3-2,1 r6. Recibido del Sr. José Nicolás Muñoz 4 sillas com­pletamente aperadas, tres nuevas y una usada. Intendencia, 720 y 718. Marzo 3-2,117. Recibido del Sr. Manuel Puyo 4 sillas, tres de ellas aperadas con jáquima sin pisador, cincha de lazo y bati­cola, y una con jáquima y cincha de lazo. Intendencia, 718. Marzo 4-2,118. Recibido del Sr. Javier Herrán A. 1,600 vesti­dos, compuestos de pantalón, chaqueta, camisa y calzoncillos. Intendencia, 6g6. Marzo 4-2,119. Recibido del Sr. Marco Antonio Buenaventura 500 docenas de alpargatas, según muestra. Intendencia, 719. Marzo 4-2,120. Recibido del Sr. Intendente de los Talleres de San Vicente de Paú! 650 correajes sin morral ni vaina. Inten­dencia, 726. Marzo 4-2,121. Recibido de la Sra. Ro alía C. de Calderón 100 alfombras. Intendencia, 723. Marzo 4-2,122. Recibido del Sr. Marcelino Gilibert 3 martillos, 3 tenazas, 3 escofinas y 3 cuchillos para herrar. Intenden­cia, 731. Marzo 4-2,123. Recibido del Sr. Saturnino Posse 1 silla usada, aperada, con jáquima con pisador, freno montado, cincha, acio­nes, estribos de aro, alfombra y baticola. Intendencia, 728. Marzo 4-2,124. Recibido de la Sra. Betsabé Guarín 30 docenas de corroscas, según muestra. Intendencia, 736. Marzo 4-2,125. Recibido del Sr. Pedro Mayorga 4 cornetas nue­vas, con boquilla y sin puntillo. Intendencia, 724. Marzo 5-2,126. Recibido de la Srita. Enriqueta González B. 40 tol- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia L 395 __¡ dos de campaña, confeccionados con telas del Gobierno. In.­tendencia, 7 2 7. Marzo 5-2,127. Recibido de la Sra. Evangelina S. de Sánchez 500 frazadas comunes, según muestra. Intendencia, 734· Marzo 5-2,128. Recibido de la Sra. Dolores Muñoz 2,180 male­teras, según muestra. Intendencia, 673 y 738. Marzo 5-2,129. Recibido de la Sra. Betsabé Guarín 150 corros­cas. Intendencia, 739· Marzo 6-2,1 30. Recibido del Sr. Administrador de la Maestranza de San Vicente de Paúl 5,070 chaquetas, 4,776 pantalones, 3,190 calzoncillos y 1,200 camisas. Intendencia, 730. Marzo 6-2,131. Recibido de la Sra. Matilde G. de Quintero 1,000 frazadas comunes, según muestra. Intendencia, 640. Marzo 6-2,132. Recibido del Sr. Rafael Duque 165 docenas de pares de alpargatas, según muestra. Intendencia, 741. Marzo 6-2,133. Recibido del Sr. Hernando Pereira 70 juegos de herraduras. Intendencia, 745· Marzo 7-2,134. Recibido del Sr. Vida! Pachón 26 pares de estri­bos de aro, de cobn~. Intendencia, 745 B. Marzo 7-2,135. Recibido de la Sra. Francisca Díaz de C. 495 frazadas comunes. Intendencia, 690. Marzo 7-2,136. Recibido de la Srita. Enriqueta González B. 40 toldos de campaña, de 6 metros 40 centímetros, por 4 metros 80 centímetros, confeccionados con telas ele! Gobierno. Inten~ dencia, 742. Mar~o 8-2~137. Recibido tlel Sr. Silvestre Páez 55 pares de es­tribos de aro, de hierro. Intendencia, 747· Marzo 8-2,138. Recibido del Sr. Honora lo Landfnez 405 cargas de costales. Intendencia, 743. Marzo 8-2,139. Recibido del r. Intendente de los Talleres de San Vicente de Paú! 138 correajes con morral y sin vaina. Intendencia, 748. Marzo 10-2,140. Recibido del Sr. Miguel Salgar 500 vestidos, compuestos de chaqueta de paño de algodón, pantalones de paño de algodón, camisa, calzoncillos y kepis, confeccionados con telas suministradas por el Parque. Intendencia. Marzo 11-2,141. Recibido de la Srita. Enriqueta González B. 40 toldos de campaña de 6-40 por 4.80 metros, hechos con telas ·del Gobierno. Intendencia, 7 50. Marzo 11-2,142. Recibido del Sr. Francisco de J. Mesa 2,000 frazadas. Intendencia, 743· Marzo 12-2,143. Recibido de la Srita. Enriqueta González B. 40 toldos de campaña de 6-40 por 4.80 metros, hechos con telas del Gobierno. Intendencia, 745· Marzo 12-2,144. Recibido de la Sra. Mercedes A. de Vélez 1,()()() maleltras. Intendencia, 6gx. Marzo 13-2,145. Recibido del Sr. Francisco Camacho 1,200 co­rreajes, con morral de lona, de éstos 770 forrados encañama­zo, los demás como la muestra. Intendencia, 562. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 396 _; Marzo 13-2,146. Recibido del Administrador de la Maestranza de San Vicente de Paú] 4,996 chaquetas, 6,200 pantalones, 14,520 camisas, 1 T ,ooo calzoncillos y 200 kepis. Intendencia, 749· Marzo 14-2,147· Recibido del Sr. José Laverde 100 docenas de alpargatas, 3,6oo corroscas y 50 alfombras. Intendencia, nú­meros 669 y 695. Marzo 14-2,148. Recibido del Sr. Manuel Puyo 3 sillas aperadas completamente, una sin alfombra. Intendencia, 749· Marzo r 4-1,249. Recibido del Director de la Sección de Ampa­ro de la Sociedad de San Vicente roo frazadas con peso de 9 arrobas 14 libras. Intendencia, 748. Marzo 14-1,250. Recibido del Sr. Cristóbal Salazar 36 frenos nuevos, extranjeros. Intendencia, 7 53. Marzo r 5-1,25 I. Recibido del Sr. Antonio González Q. 100 do­cenas de alpargatas. Inlendencia, 7 54· Marzo 15-1,252. Recibido del Sr. José Nicolás Muñoz 50 cinchas de cáñamo y 50 baticolas, s<=>gún muestra. Intendencia, 75.5"· Marzo 14-1,253. Recibido del Sr. Flavio Angulo N. 365 peini­Uas. Intendencia, 7 56. Marzo 17-1,254. Recibido de la Sra. María Parra 26 enjalmas aparejadas, 8o encerados grandes y 40 pequeños, sfm. Inten­dencia, 757 y 758. Marzo 17-1,255. Recibido del Sr. Antonio González Q. 220 do­cenas de alpargatas. Intendencia, 760. Marzo 17-I' I 56. Recibido de la Srita. Enriqueta González B. 50 toldos de campaña, de 6.40 por 4.80 metros, confeccionados con telas del Gobierno. Intendencia, 7 50. Marzo 17-1,257· Recibido del Sr. Manuel Ballesteros una silla nueva, completamente aperada. Intendencia, 765. Marzo 17-1,258. Recibido del r. Antonio J. Ram{rez 70 doce­nas de alpargatas. Intendencia, 764. Marzo 18-1,259· Recibido del Sr. Jesús Segura 102 enjalmas, de ellas 30 forradas en costal, las demás en cañamazo. Inten­dencia, 766. Marzo 20-1,260. Recibido del Sr. Arsenio Zamudio 4,000 correa­jes con morral y sin vaina. Intendencia, 761. Marzo 20-1,261. Recibido de la Srita. Enriqueta González B. 50 toldos rle campaña, hechos con telas del Gobierno. Intendencia, 762. Marzo 20-1,262. Recibido del Sr. J. Marcelino Gilibert dos juegos. de herramientas para herrar. Intendencia, 1. Marzo 20-1,263. Recibido del Sr. Ildefonso de J. Rodríguez un galápago usado, aperado con cincha, estribos de zapato, acio­nes, alforjas y baticola. Intendencia, 763. Marzo 20-1,264. Recibido del Sr. Silvestre Páez 1,000 tornillos para Grass. Intendencia, 635. Marzo 21-1,265. Recibido de la Sra. Matilde G. de Quintero 1,000 frazadas pescanas. Intendencia, 640. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 397 _J Marzo 21-1,266. Recibido del Sr. Numa P. Noguera dos sillas viejas, aperadas con cincha, y una con aciones y estribos. In­tendencia, 4· Marzo 21-1,267. Recibido del Sr. Honorato Landínez 20 enjal­mas sin aperos. Intendencia, 767. Marzo 21-1,268. Recibido del Sr. Tobías Salamanca 38 docenas de alpargatas. Intendencia, 6. Marzo 21-1,269. Recibido del Sr. Antonio Lemos 500 frazadas pescanas. Intendencia, 2. Marzo 22-1,270. Recibido del Sr. Antonio González Q. 141 do­cenas de alpargatas. Intendencia, 7· Marzo 22-1,271. Recibido del Sr. Ignacio Guillén 462 cargas de costales. Intendencia, 5. Marzo 21-1,272. Recibido del Sr. José Laverde 450 docenas de alpargatas. Intendencia, 3 y 8. Marzo 24-1,273. Recibido del Sr. Benito Navarro O. rso correa­jes con morral y sin vaina. Intendencia, 102. Marzo 24-1,274. Recibido del Sr. Jesús Segura 20 enjalmas sin aperos. Intendencia, 14. Marzo 24-1,275. Recibido del Sr. Rafael G6mez M. 300 corros­cas. Intendencia, r 3. Marzo 26-1,276. Recibido del Sr. Saturnino Posse 63 aperos, compuestos de jác¡uima con pisador, freno montado, cincha, estribos de aro, aciones y baticola. Intendencia, 740. Marzo 26-1,277. Recibido del r. Manuel Suárez Madiedo 4,957 corroscas, según muestra. Intendencia, 759· Marzo 26-1,278. R ecibi do de la Srita. Enriqucta González B. 40 toldos de campaña, hechos con telas del Gobierno. Intenden­cia, 1 I. Marzo 26-1,279. R ec ibido del Sr. Darío G6mez 400 docenas de alpargatas. Intendencia, 16 . . Marzo 29-1,280. Recibido del Sr. Honorato Landfnez 30 enjal­mas sin aparejos. Intendencia, 308. Marzo 29-1,281. Recibido del r. Jesús Berna! 993 maleteras. In­tendencia, 7 5 I. Marzo 29-1,282. Recibido de la Sra. Julia G6mez de N. 2,500 frazadas pesc~nas, según muP.stra. Intendencia, 722 y 17. Marzo 29-1,283. Recibido del Sr. José Laverde 1,477 corroscas. Intendencia. 21. Marzo 29-1,284. Recibido del Sr. José Laverdc 173 corroscas. Intendencia, 22. Marzo 31-1,285. Recibido del Sr. Antonio González Q. So doce­nas de alpargatas. Intendencia, 24. El Guardaparque general, IGNACIO A. ÜSUNA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo1~tín Militar de Colombia '- 398 _J Doctrinal ===- EL CAQUETÁ EN PELIGRO Es en los territorios del corazón de la América meridional, en la zona del Amazonas superior, en las selvas Pn las cuales coinci­den los dominios disputados del Brasil, de Bolivia, del ?erú, del Ecuador y de Colombia, donde se encuentra la famosa región del Acre, que no há mucho casi llegó á ser un Estado independiente ubicado al Sur del gran río. La riqueza de esos territorios es colosal ; allí están los innu­merables gomeros que dan el caucho y que jamás se agotan, y tanto pueden rendir, que hay quien asegura que, bien organizado el servicio de Aduanas, sólo de derechos pudieran recaudarse veinte millones de pesos en oro al año. Lo cierto es que, á pesar de que en muchos puntos-no en todos-el 80 °/ 0 de los colonos con­traen pertinaces y muchas veces mortales fiebres, á la fecha de todas partes acuden emigrantes ansiosos de hacer fortuna. Y la zona más rica de ese el dorado vegetal, es tal vez la que pertenece á Colombia, precisamente aquella donde los conquistadores bus­caron el d01·ado meláHco con más tesón. Ahora bien: un explorador inglés, Conway, y un banquero neuyorquino, Pierpont Morgan-el jefe del iroosl de vapores tras­atlánticos,- se pusieron de acuerdo el año pasado para constituir un gran sindicalo destinado á explorar y explotar los ricos territorios mencionados. Y como gente a visada para su propio negocio, lograron sedu­cir al Gobierno de Bolivia y pactaron con él la concesión al sindi­cato de un lote de so,ooo kilómetros cuadrados, algo así como el Departamento del Tolima, en el corazón de la Amazonia. Confor­me á ese pacto, la Compañía obtuvo el derecho exclusivo de ex­plotación del suelo y subsuelo, que Hme hab1tanles, percibe los dere­chos de aduana y no paga impuestos; y en cambio, apenas se com­promete á. abonar al Gobierno de Bolivia un tanto por ciento de lo que perciba. Además, el sindicato se encarga de la policía del te­rritorio, es decir, puede organizar por su cuenta administración de justicia y fuerza pública ; se obliga á establecer servicio postal y á constru(r ferrocarriles. Se trata, en suma, de un nuevo Estado casi soberano, rodeado por otros y que no tiene salida al mar más que por el Amazonas, por territorio brasilero, ó mediante ca­nales ó ferrocarriles por el Plata ó por el Orinoco. El asunto no ha parecido baladí al Gobierno del Brasil, que protesta y no acepta la opción que le brinda Bol :via, y teme y con razón la ingerencia de elementos extraños y peligrosos en la explotación de la rica Amazonia. Los derechos de soberanía que el sindicato adquiere los considera incompatibles con los dere­chos del Estado en cuyo territorio ha de ejercerlos. El Gobierno Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia "-- 399 _} boliviano, al confiar á la Compañfa la organización de fuerzas mi­litares, condición esencial de la soberanía real y efectiva, trans­fiere de hecho parte de sus derechos soberanos, de suerte que, en caso de abuso allende su concesión, muy de temerse, el GobiPrno brasilero se encontrará en presencia de autoridades que no debe reconocer y que, por tanto, no reconocerá. Así habla el Brasil, y amenaza romper las relaciones aiplo­máticas con Bolivia, si persiste en mantener la concesión. En vista de esa notificación, Bolivia se inclinó á ceder, á complacer al Go­bierno brasilero; mas por su parte el sindicato, que sabe lo que trae entre manos, está resuelto á no renunciar al negocio que es­peraba realizar, y por medio de la influencia decisiva del lroosl de los vapores, espera ganarse el apoyo de los banqueros alemanes para hacer fuerza eficaz en las negociaciones pendientes con el Brasil. El peligro apuntado por la República portuguesa es muy real, y como entre los territorios que puede perjudicar el sindicato, se encuentran los de Colombia, suponemos que nuestra cancillería á la fecha ya habrá tomado cartas en el asunto, por tratarse de in­tereses valiosísimos para la República. ---@5--- EL FERROCARRIL INTERCONTINENT AL EN COLOMBIA (Continúa) CAPÍTULO IX-DE CALI Á MEDELLÍN Comenzámos el trazo de la Hnca al Norte de Cali el 25 de Enero de 1892, y en tres semanas lo llevámos hasta Cartago, ha­ciendo en números redondos 24 millas (39 ks.) durante la primera semana, 6o millas (g6.6 ks.) en la segunda, y 40 millas (64.4 ks.) en la tercera. Tuvimos más 6 menos demor :s por mal tiempo, y en la parte entre Cali y Palmira, por las grandes dificultades que presenta el terreno para recorrerlo á campo traviesa. El río Cau­ca cruza allí una sabana, es verdad, pero llena de lodazales, lagu­nas y ciénagas. El actual camino está muy distante de la línea que nos convenía, y necesariamente teníamcs que seguirlo. Las aveni­das de las aguas se habían llevado los puentes hacía cosa de dos años y medio, circunstancia que dificultaba de tal manera los trans­portes, que el a vanee del campamento tenía que guardar rela­ción con el de la mensura. Con los frecuentes vados y pasos por entre agua y lodo, cada 500 ó 700 pies ( 150 á 200 metros) por un trayecto considerable, el campamento tenía que andar despacio. El avance de la segunda semana fue á razón de 11.4 millas (18.35 ks.) cada día de trabajo, que es como go 0 / 0 de lo más que es po­sible en circunstancias desfavorables, con el teodolito, llevando á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colom bta '- 400 _; pie el instrumento. No había prisa. Se trabajaba constantemente. Durante la tercera semana encontrámos tropiezos en el tiempo : el bo<;que, el barro y los desvíos del camino que nos retrasaban. El progreso de la marcha, por término medio, de cada día de labor, sumando las fracciones, fue de 9 millas diarias ( 14.5 ks.) Estas r 13.5 millas (182.66 ks.), medidas en la línea de la ruta probable, pueden construirse á poco costo. El río Cauca) cerca de Cali, requiere un puente de 450 pies de largo (137 metros), y los trancaniles que deben construirse á los lados del río, hacen la sec­ción de Cali á Palmira más costosa, por unidad de distancia, que la de Palmira á Cartago. En toda la última sección el aluvión del valle, un plano ligeramente inclinado hacia la principal corriente, cubre el suelo al pie de las colinas en todas las ondulaciones de la Hnea adoptada, con curvas é indentaciones como si se tratara de las márgenes del mar. El ferrocarril deberá cruzar esas bahías y senos en busca del ter reno firme, con excavaciones (de lomo de pe­rro) á los lados y cortes de desmonte al través de las penínsulas, que delinean los relieves, la mayor parte formados de cascajo pro­pio para bafastro. Es un país bien provisto de aguas, donde abun­dan los ríos y arroyos, que por lo regular tienen cauce poco hun­dido bajo la superficie del terreno. Se encuentra madera buena para durmientes, leña y arcilla para ladrillos. Las aguas de los arroyos corren por lechos pedregosos. El costo de nivelación, albañilería y puentes, entre Cali y Car­tago, 11 3·5 millas ( 182.66 ks.), se calculó en oro á razón de 12,875 pesos por milla ($ 8,000 en kilómetro), ósea $ 1.461,280 por total. Llevamos el trazo d e la línea al campo núm ero 87, como á 1.5 millas (2.4 ks.) al Norte de Cartago, al medio día del 15 de Febrero de r8g2. Nos vi itó cerca de Palmira Mr. James M. Ede r, que fue an­tes Cónsul de los Estados Unidos en Buena ventura. Al separarse de aquel destino, hace veinticinco años, se estableció á dos millas de distancia de Palmira, en una finca de 3,000 acres. Ahora tiene 150 sembradas de café, que le producen anualmente 150,000 libras, que recoge durante los trimestres alternados del año y se venden en Nueva York á 22 centavos la libra. Aquí en la hacienda vale 18 en la moneda corriente del país. Tiene 300 acres sembrados de caña dulce, y cosecha 20 de eilos por mes, es decir, en quince meses el todo. Produce do<; toneladas diarias de azúcar, que vende en la hacienda á 15 centavos la libra, sin contar el ron y las mie­les de purga. Tiene sobre mil vacas ; no sabe exactamente cuan­tas. Rara vez utiliza la mantequilla. Hace quesos. La población de la hacienda es como de 300 personas. Tiene ingenio movido por agua. Nos hizo observar que era necesario especificar con el mayor cuidado todos los pormenores de las piezas de una maqui­naria para evitar error ú omisión en el envío, y añadió que la falta de un eje de hierro que valía $ 12 en Nueva York, contando inte­reses y la pérdida de ganancias posibles, le había costado $ r6,ooo puesto en el ingenio. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 401 _) Mr. Eder nos dijo que flO hay en el país estadística de pobla­ción, producción ni tráfico. Estando para llegar Mr. Garrison dentro de pocos días, Mr· O'Connell se ha hecho cargo de actuar como Jefe de Sección, in­geniero y topógrafo. Este arreglo y la detención del servicio pos­tal que hizo innecesario mi informe periódico, dio campo para el reconocimiento del paso de Quindío, sin pérdida de tiempo para la obra principal. El Dr. Ogden y yo, con algunos de los emplea­dos del país, salímos con tal propósito el r6 de Febrero . Acompa­ño dos mapas que represen~an la región. Uno de ellos muestra con algunos detalles la línea de reconocimi ento de dicho paso, desde las cercanías de Salento; y el otro es mis general é indica las di­ferentes alternativas aceptables entre Cartago é !bagué, que po­drán examinarse después. Nuestras observaciones desde la línea de la mensura, en el valle del Cauca, mientras nos dirigíamos haci:t el Norte, nos indicaron la posibilidad de encontrar un paso en la cordillera por el valle del Paila ó el del afluente del Cauca que le sigue hacia el Norte y que se aproxima á una cumbre baja de la cordillera central, al respaldo de las cabeceras del río Coe­llo, tributario del l\1agdalena. Debemo i Mr. Robert B. White, residente por muchos años en el Departamento del Cauca, los me. jores informes concernientes al país representado en estos mapas. Durante su visita á nuestro campamento, cerca de Salento, á la vuelta de nuestra exploración, donde lo conocimos, confirmó nues. tras conjeturas de que desde Cartago, ó de la Paila, se encontra­ría hacia el ur un f>aso más bajo ClUC el del Quindío. Añadió que el terreno del valle d<.>l Coello y sus afluentes ofrecía mc.ís facilida­des para la con trucción de una vía f~rrea que el valle del alto Toche, al Noroeste de ! bagué, porque e te últ1 m o está muy emba­razado de piedra y despojos del vold.n Tolima. La distancia, por cada una de las rutas generales indicadas en la carta, serfa, según la escala, como de 125 á 130 millas (200 á 2 ro ks.) de Cartago á Ambalema. Juzgando por nuestra explo­ración que el ascenso desde Cartago al paso de Quindío es obra factible, no llevámos má · adelante ele dicho paso nuestro recono­cimiento. El túnel necesario en la cumbre tendría de 2,500 á 3,000 pies (760 á 9 ro metros), á lo más de longitud, y pondría el ferro­carril como 8oo pies (244 metros) bajo ese lomo del terreno. El terreno en que ha de excava~ el túnel es pizarra compac­ta y arcilla endurecida, en capas que se hunden fuertemente hacia el Oeste. A causa de la forma del relieve, un túnel abierto más abajo sería much{simo más largo, y por lo tanto inconveniente. En la porción occidental al paso del Quindío, demandará la vía un trabajo ligero, desde Cartago hasta las cercanías dt; Salen­to; y de allí al túnel lo habría fuerte y con numerosas curvas. Contando estas subdivisiones se estimó que $ 32, 186 por milla ($ 20,000 el k.) cubrirían el gasto de nivelación, albañilería y puentes, y como avalúo preliminar, que la misma suma se inver- TOHO It-26 • IANco DE LA Gl '.J T Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia tiría en toda la distancia, entre Cartago y Ambalema, que en nú­meros redondos asciende á 130 millas (2 10 k.). El mapa general de Colombia ofrece una línea de alterna­tiva hacia el Sudeste y Nornordeste, de !bagué al río Magdalena. El instinto del ingeniero también indica lo mismo, y el valle del río Bogotá puede venir á resultar entonces la entrada para la capital de la Nación. Los recuerdos de niño, que en la escuela oye hablar del Tequendama y del precipicio que hay en la gran barrera de montes que rodean por el Oeste la Sabana de Bogotá, no deben impedir la exploración de esa vía á los que vengan después •. Al regreso del Quindío, alcanzámos á los compañeros el 27 de Febrero, al Norte de Manizales, y ya encontrámos la sección á cargo de Mr. Garrison. El camino principal de Cartago á Medellín fue seguido en nuestro estudio á Salamina, donde un camino transversal nos per­mitió bajar á la margen occidental del río Cauca, en Marmato, más cerca del terreno por donde debe ir la línea, y desde ese punto vinimos á esta ciudad (MedelHn) por la vía de Nueva Cara­manta, Valparaíso, los Farallones, Santa Bárbara y Caldas. Lle­gámos el sábado 19 de Mayo de 1892 á los suburbios de Mede­llín, y pasámos la ciudad dos días después. Debe observarse que nuP.stros estudios de Cartago, hacia el Norte, quedan restringidos, al camino públic(l que tuvo que atra­vesar una región escarpada, surcada por torrentes que nacen en los Páramos y Sierra Nevada de la cordillera central, y por lo tan­to, en su mayor parte, fuera del terreno adecuado para la línea, á lo largo del valle propio del Cauca, es decir, por terreno im­practicable por ferrocarriles á un costo razonable, excepto la par­te entre Cartago y San Francisco. Un trazo conveniente como se indica en los planos, podría hacerse en esa parle, descendiendo de San Francisco hacia el valle del Cauca por el río Chinchiná. Por las noticias recogidas parece inconveniente tal línea. Sin ven­taja alguna aparente, probablemente sería una alternativa más larga y costosa, y entraría en el valle, cerca de las cabeceras de lo que se considera como su parle más difícil, antes de llegar á la boca del río Opiramá, y por tanto sin dificultades de consideración. Nuestros sucesores, sin embargo, antes de elegir el trazo definitivo deberían explorar ambas rutas y resolver la validez de la conclusión que sacamos de premisas conjeturales en mucha parte. Pensá:nos de antemano probar la línea por la vfa de los valles de Risaralda y San Juan; pero los informes de Mr. Franklin White sobre tal vía, que se nos facilitaron en Palmira, nos hicie­ron prescindir de ella. El reconocimiento de Mr. White hecho en 1878, indica una gradiente de 7·7 por 100, por cerca de 9 mi­llas (14.4 ks.) en la cumbre; el ascenso allí, desde la boca del Ri- • Aún se ignoraba en Nueva York que esa exploración se había practicado por ingenieros del país veinte años antes !-N. dd D . o Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- '403 _) saralda, es aproximadamente de 4,300 pies ( 1,310 ms.) vertica­les. La línea del valle, su tancialmente en continuo descenso, consumiría totalmente la diferencia entre dichas bocas, cerca de 2,400 pies (832 ms.) distribuídos en una longitud de más de 100 millas (r6o ks.) La línea interior, según el cuadro de Mr. White, aparece como 8 á 10 millas más corta (de 13 á 16 ks.), diferencia que sin duda se extinguiría. d~ sobra con el aumento necesario, á fin de reducir la pendiente á ct rtos límites, sin com­pensaciones de otra esp~cie. E'1 su:na, la línea del valle del Cauca se recomienda como la preferible. El plan de nuestra obra nos impidió recorrer sus flan­cos desiertos y sin caminos; y el veranillo con sus brumas no nos dejó obtener buenas vistas de la vaguada desde las tierras altas. L:ts ojeadas que pudimos lograr, las observaciones hechas en los diferentes pasos, y los informes de los vecinos, concurren á com .. probar que aunque pueda haber laderas ásperas 6 porciones de cañón, puede construírse allí un ferrocarril con un gasto medio mo­derado. Mucha pilrte, si no todo lo llamado cañón, es de laderas firmes-moldeadas, como dicen, y hay extensas zonas, en forma de bancos y ensenadas. Con todo, en la incertidumbre de nuestro co­nocimiento, sería prudente estim::tr la sección desde Cartago, por la vía del do á la boca del Poblanco, en 100 millas (160.93 ks.) en números redondos, y calcularlas á razón de $ 32,186 la milla ($ 20,000 por kilómetro), lo que se considera un presupuesto muy liberal. El aspecto del país se ha bosquejado en las cartas anteriores. Poco pudiera añadirse sin repetición, porque esta es la misma tie­rra antiquísima, en la que sólo las tintes locales y los tamaños de las relieves difieren. Y aun la criatura humana es lo mismo, con el solo ca'Tlbio del color, como sucede en la humanidad. Siendo como somos, hijos de Adán en el cuerpo, también lo somos en pasiones, facultades y necesidades, en todas partes del mundo, y dondequiera encontramos los mismos inventos, por así decir. Las diferencias c¡ue aquí nos conciernen, en la escala gene­ral, más se refieren á los insectos y los caminos que á otra cosa. A las vicisitudes del clima nos acostumbramos; pero no nos podemos avenir con otras cosas. Cada vereda de las que se suceden por es­tos cerros, nos parece la peor en su especie en el universo. No se han inventado todavía las palabras necesarias para expresar nues­tros sufrimientos por causa de los insectos. Contribuyen á aumen­tar el tormento la picadura, la comezón intolerable y la laceración de la piel, porque no puede dejarse de rascar la parte agredida. No hay descanso. Siempre subiendo y bajando como las olas del mar, como las nubes en las cumbres de las montañas, como la flor y la fruta que cae para renovarse en la floresta ecuatorial. Peno­sas subidas por despeñaderos que desvanecen la vista y á cada paso provocan un acto de flaqueza de la voluntad, y la peste de insectos que embota la energía y deprime la vitalidad. Las prime­ras de día, los segundos de noche y día. Como las a~uas del Pon- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 404 -' to, este tráfago no conoce la baja mar. A veces envidiamos á Job su único tormento de úlceras y el tiesto de cuatro puntas para ras­carlas. El término "Valle del Cauca," como se dice comúnmente, se aplica á la expansión que hay entre La Balsa, á donde sale el río, viniendo de las montañas de Buenos Aires, y Cartago, en donde entra de nuevo en terrenos altos y quebrados. Las crestas de las cumbres que lo encien:an están á 40 millas (64 ks.) de separación, ]a vaguada á ro millas ( 16 ks.) de la cima de la Cordillera Occi­dental; la ladera de dicha Cordillera, cubierta de yerba hacia la parte baja, y de bosque hacia arriba, es muy pendiente y que­brada, comparada con la de su compañera del lado oriental. El Talle arriba de Palmira tiene como I 5 millas ( I 1.16 ks.) de ancho, al pie de la falda de la Cordillera Central, de suerte que forma una región habitable y de cultivo, de ro á 15 millas ( r6 á 24 ks.) de ancho, ahora cubierta en su mayor parte por una floresta espe­sa, formando así una extensión de terreno inclinado y ondulado, con contrafuertes apoyados en la cordillera, y regada por arroyos rápidos y cristalinos, afluentes del río Cauca. El llano ó suelo aluvial está á una elevación media de 3,300 pies (r,ooo ms.) sobre el mar; como dos terceras partes de su área son praderas, y el resto monte bajo, bosque, y lo adyacente al río, una faja de tierra deprimida, expuesta á inundaciones. Tiene fértil suelo y clima subtropical uniforme. Los extremos de la tem­peratura son de 5 5° á 95° de Fahrenheit ( r 3 á 35 C.), la ordinaria diariamente es de 6o0 á 80°, y la media anual 74° Fahrenheit (25° C.). La mayor parte del terreno se dedica á la cría de caballos, mulas y ganados principalmente, y algunas OYejas y cabras. Los ani­males padecen por falta de 'al. El ganado devora ávidamente la ropa, cuerdas y hasta el cuero sudado salobre, que se cuelga fuera de las habitaciones para orearlo. Toda casa rural ti e ne sus galli­nas y cerdos. El cacao, magu e y y ciertas especies de palmas, li­mas, piñas y guaduas, se dan il \'es tres. La guadua se emplea en los cercados, construcción de casas, puentes ligeros y utensilios do­mésticos. Las plantas que más se cultivan son: la yuca, el cacao, el café, la caña dulce, plátanos bananos, maíz, algodón, tabaco, naranjas, y en algunos lugares también el coco. La población es poca y de color vario. Hay notable cantidad de sangre negra. La del indio parece extinguida. Este país, naturalmente rico, puede decirse que está en barbecho. Apenas se ha comenzado á hacer algo desde el punto de vista agrícola. No vimos muchos animales silvestres. Las gallinazas siguen al hombre en todos estos países por dondequiera. Abundan los guacamayos, loros, grajos y diversas variedades de monos. En la exploración del Quindío no encontrámos monos á más de 6,ooo pies de altura. La guadua queda atrás á los 5,000 pies; el plátano de los 5,000 á 6,ooo. La palma de cera se produce á la altura de 9,000 pies; las moras maduras y abundantes, nos acompañaron hasta los 10,000 pies sobre el mar. A esa misma altura nos mecie- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 405 .....) ron en nuestras rústicas camas tres temblorcillos de tierra, que venían del lado del Tolima. Al Norte de Palmira los pasos de las quebradas tienen puentes por lo general. Hasta los 80 pies de abertura de los tramos, aproxi­madamente, se emplean los postes de la reina, y el único hierro que hay en el puente es el de los pernos en los empalmes; los tra­mos mayores presentan enrejados de madera, ó suspensiones á la Burr, por medio de alambres fijados á los cables colgantes. Estas obras llenan una urgente ntcesidad y honran á todos los que de algún modo las llevaren á cabo. Puede anotarse aquí que en todo .el Ecuador y en Colombia, en la línea de nuestro trabajo, los car­pinteros son excelentes en el arte de su profesión. Las herramien­tas modernas y hasta los mismos tornos son desconocidos, excepto en Pasto y una que otra localidad. Las simples molduras se hacen á la mano, conforme á los procedimientos antiguos. Disponen de buenas maderas fuertes, ya duras, ya blandas. Las mesas, sillas, camas y lavamanos son de piezas en escuadría y proporciones ma­cizas. Batlles de tapa redonda, forrados en cuero, como los anti­guos de nuestro país, son los escaparates y las cajas fuertes de la tierra para guardar valores. La obra ele ebanistería la compagi­nan como si fuera la del crecimiento natural de la madera : nadie en el mundo puede aventajados en habilidad. Una antigua protuberancia terrestre de 2,000 millas de diá­metro- ahora reemplazada por una contradepre ión cuyo centro está cerca de la confluencia de los grandes tributarios del gran Amazonas, en Manaos,-una antigua protuberancia terrestre, cuyo hundimiento sucesivo explica la existencia del sistema de circos de montañas que hay en Sudamérica al rededor del valle del Ama­Z. Jnas, explicada también la formación de la antigua Cordillera Occidental en Colombia, luégo la de la Cordillera Central, inclu­yendo los nudos y tierras altas de Antioquia, y finalmente, la for­mación de la Cordillera Oriental colombiana, junto con las alli­plamcz'es de Santander, Boyacá y Cundinamarca, cuyo final le-vantami ento parece diera salida al lago que ocupó el valle del Cauca, por una hendidura que se extiende por 200 millas, desde Cartago hacia el Norte, hasta las inmediaciones de Cáceres. La depresión que atraviesa el río actual, entre aquellos límites, puede llamarse la hondonada (cañón) del Cauca, más propiamente que Valle del Cauca. A la verdad, aun cuando hay expansiones que fingen valle en los puntos donde le tributan los afluentes principa­les, y donde las aguas ó los antiguos cauces derrumbados han causado grandes entradas de erosión, con todo, se trata de un le­cho profundo, donde comparativamente son pocos los espacios aluviales y los bancos elevados á uno ú otro lado del río, que alter­nan con las haces de los cañones y los promontorios que llegan hasta el borde de las aguas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '-- 406-' :BATALLAS DEL SEGUNDO IMPERIO POR DICK DE LONLA Y Traducción del francés para el Boldl11 Militar ( Solferino, conclu;,e) Por su parte la División Bazaine ha vuelto á tomar la ofensi­va, y en el séptimo y último supremo esfuerzo logra al fin entrar al cementerio, en donde el Sargento Garnier, del 10.0 Batallón de Cazadores de á pie, se apodera de la bandera del Cuerpo 66 de línea austriaco. Ya Solferino es nuéstro. Cuerpos completos enemi~os se reti­ran en desorden, abandonando armas y l>agajes. Nada contiene ya á los austriacos en su derrota. Sin perder tiempo, el Emperador dispone marchar contra Cavriana, en donde está el cuartel imperial austriaco, y cuya toma dará por resultado el romper el centro de la línea enemiga. Mac Mahon verifica su movimiento de unión con la Guardia Imp rial y el primer cuerpo, y á su vez toma la ofensiva. El General Manéque, que desde Solferino impulsa nuestra brigada de altura en altura, nos dirige, en tanto que la División Forey se pone en marcha para apoyarnos y que Mac Mahon em­prende el ataque del pueblo de San Cassiano. En breve encontramos al enemigo apostado en gran número sobre las alturas de Casa del Monte, de donde párte un fuego te­rrible. Las fuerzas austriacas son muy considerables para que nos­otros pretendamos desalojarlas con nuestros siete batallones, ya bien mermados. La lucha se prolonga, las municiones se agotan, nuestros fu­siles se han dañado ~ fuerza de disparar, y nos quemamos los de­dos con los sañones. El Emperador da orden entonces al General Mellinet de acu­dir sobre este punto con sus granaderos : en breve se nos unen éstos. Mellinet juzga nuestro comportamiento tan noble, que cree cumplir un deber dando el mando al General Manéque, quien pre­tende que el honor de esta batalla recaiga íntegro sobre los Vol­tíjeros y sobre los Cazadores de la Guardia. No pide sino las municiones. Los héroes de Magenta nos entregan entonces sus cartuchos y se mantienen á alguna distancia, dispuestos á prestar­nos apoyo. Entonces, con el auxilio de la artillería montada, que á orde­nes del General de Severtinge, se pone en batería á derecha y á izquierda del camino de Solferino á Cavriana, logramos lanzar á. los austriacos de las alturas de Casa del Monte. Al propio tiempo los turcos de Mac Mahon toman e 1 pueblo de San Cassiano y los declives abruptos del monte Fontana, último contrafuerte que ¡epara á Cavriana de San Cassiano. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \..._ 407 _.) En este punto de Ca vriana el enemigo ha reunido fuerzas con­siderables y se dispone á defenderlo vigorosamente. El Empera­dor Francisco José se encu':!ntra en este pueblo, rodeado de sus reservas. El Mariscal Príncipe de Hesse se encuentra allí: dirige á los austriacos, comportándose con rara energía. Pero hé aquí á la Guardia con su artillería. El General de Se­velinge hace colocar los cañones sobre el dorso del monte Fonta­na, y en brevísimo tiempo un fuego intensísimo se dirige contra las intomables posiciones del enemigo. Nuestros nuevos cañones diezman las filas enemigas; la arti­llería austriaca trata de enfrentárseles, pero de súbito un resplan­dor siniestro, seguido de otro, enrojece el horizonte .... Dos cajas del enemigo saltan hechas pedazos y ocasionan tales estragos, que los artilleros, asustados, retroceden. En el propio instante todas nuestras tropas se precipitan al asalto de Cavriana: gua:--dia imperial, turcos, infantería de línea, cazadores de á pie, &c. Dos Coroneles, Douay, del 70, y Laure, de los tiradores ar­g~ linos, son heridos de muerte. Los turcos, que adoran á su Jefe, se detien~n un instante, empapan sus manos en la sangre que se le escapa de las heridas, y sacudiéndola del lado de los austriacos, como en amenaza, acometen de nuevo dejando oír su grito sinies­tro deyuyu! Nuestro Batallón de Cazadores de la Guardia los apoya, y ex­tendiéndose por entre un maizal, acometen á la bayoneta. Aún se encuentra en este pueblo el Emperador cuando pene­tramo en él. Un numeroso grupo de nuestros cazadores cae sobre una casa de hermo a apari ncia, enfrente de la cual permanece inmóvil un soberbio caballo: se imaginan tomar allí preso á un Oficial de ~ra­< lo superior. f.' aparece un italiano ya blanco de canas; y les pregunta con mucha flema si pretenden apoderarse del Emperador de Austria. -Exacto, responden los cazadores. -Entonces, volved á la izquierda; por ahí se ha escapado, replica el viejo. Nuestros soldados le creen y siguen el consejo. Per-:> apenas acaban de desaparecer, cuando un Oficial joYen, que lleva el uniforme de General, trepa en el caballo que lo espe­ra, y desaparece al galope. Aquel era Francisco José .... Con el objeto de cubrir la retirada del Mariscal Príncipe de Hesse, el 10 de Hú ares austriaco (regimiento del Rey de Prusia), se lanza al galope sobre nuestrp.s tropas, que comienzan á desem­bocar de Cavriana. Los jinetes húngaros y otros cargan con su­premo valor. De improviso el Batallón 1 1 de Cazadores de á pie, que se ha escondido en cuadro entre el trigo, se levanta como un solo hombre y les recibe con fuego á quemarropa por dos de sus <:aras. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 408...) Estas descargas debilitan completamente al regimiento aus­triaco; tan solo algunos húsares, agachados sobre su cabalgadura,. logran reunirse á sus columnas en retirada. Son las cuatro de la tarde cuando log-rarnos apoderarnos de la aldea de Cavriana. El centro del enemigo está roto. Sus alas, que desde por la mañana luchan Talerosamente contra los piamon­teses, á nuestra izquierda, y contra el General Niel, á nuestra dere­cha, van á ser desorganizadas y á tener que retroceder. La batalla está ganada. Nuestro 4. 0 cuerpo, luégo de defender valerosamente la quin­ta de Casa Nova, á su vez avanza. El 76 de Línea rompe la infan­tería enemiga, y dos esforzados soldados de e~te regimiento lo­gran apoderarse de la bandera del 35 regimiento austriaco, del cual el joven Coronel Príncipe de Windischgraetz, cae muerto en el combate. A las cuatro y media de la tarde el enemigo es rechazado en todas partes. Dueños al fin de las alturas, venciendo por dondequie­ra á los austriacos después de catorce horas de incesantes esfuer­zos, Yarnos á perseguí¡- y romper los batallones de Francisco José. El Comandante Clinchant se vuelve de nuestro lado y exclama:­" Hijos míos, comienza la retirada; todavía contarnos con tres ho­ras para cambiarla en derrota; preparaos á dar la carga. Vénse los regimientos de la Guardia austriaca bajar por las pendientes de Cavriana y desbandarse al sufrir el fuego de nues­tras granadas. En breve las tropas enemigas huyen en espantoso desorden; los soldados de infantería se desprenden de sus morrales y de sus armas; corren tan aprisa que los talones de los que huyen parece corno que los tuvieran pegados á la nuca; los jinetes se abren paso con la espada en mano; la artillería corre gran trecho por ntre esta humana ola, y los cañones aplastan á los que rápidame11te no se libran de ellos. De improviso el cielo se oscurece, y todo el panorama del campo de batalla desaparece á nuestra vista; un ruido sordo y formidable se oye detrás de nosotros. Un huracán espantoso se desencadena sobre nuestro ejército, y con violentas corrientes rom­pe los árboles, saca de su silla á los jinetes, tumba las paredes que se han salvado del furor de las balas, y barre cuanto encuentra por el suelo. La tempestad muge con tal violencia, que no se oye el relinchar de los caballos que están á diez pasos de distancia. Cae una lluvia torrencial que nos cala el vestido y hace inútiles las armas. Esta borrasca dura media hora, y de irnpr~viso se suspende. El viento ha barrido las nubes, el cielo se ilumina con los ra-yos del sol moribundo; mirarnos á nuestro frente ...... nada ! A merced de la tormenta, el enemigo ha huído lo más aprisa y ha vuelto á pasar el Mincio. De súbito una claridad se dibuja á lo lejos en el confín del cielo, aún entristecido por las últimas nubes de la tempestad. Es el puente de Guiddizzolo que los austriacos acaban de hacer saltar. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia L 409 -.J Por la noche nuestras tropas fatigadas por un día de marcha y de combate, empapadas por la lluvia, establecen sus vivacs sobre el campo de batalla, en donde, en medio de los muertos y de los moribundos, al fin logran obtener algún reposo. El Empe­rador Napoleón fija su Cuartel general en Ca vriana, en la mis­ma casa en que el Emperador de Austria tenía el suyo algunas horas antes, y por la tarde, á las nueve, come en la vasta sala en que Francisco José había almorzado por la mañana. . Nuestro ejército perdió 1,670 hombres. Los austriacos confe­saron una pérdida de más de 22,000 muertos ó heridos, sin contar 10,000 presos, 3 banderas y 40 cañones, que tomaron nuestros va­lientes soldados. Nuestros Oficiales sufrieron mucho. 2 Generales muertos, 3 heridos; 7 Coroneles muertos y 649 Oficiales de menor gradua­ción muertos. El I. 0 de Julio pasámos el Mincio. El famoso cuadrilátero es­taba invadido. La guardia imperial iba á establecer su campamento en Valeggio, en el camino de Verona. El 8 de Julio se celebró un armisticio. El 1 1 los dos soberanos tuvieron una entrevista en Villafranca, y convinieron en las bases de un tratado de paz, que se firmó en Zurich el ro de Noviembre siguiente. EL SERVICIO OBLIGATORIO EN LA ARGENTINA LEY NUMERO 4031 El &nado y Cdmara dt Diputados de la Nación Argmlz'na rmm'dos m CongrtSo, &c., SANCI0.1 AN CON FUERZA DE LEY (Concluye) TITULO XV 1 DIVISION REGIONAL Art. 129. Para los efectos de ejecución de la presente Ley, en lo que concierne al Ejército de Línea, la República será dividi­da en diez regiones cuyos límites determinará el Poder Ejecutivo en el Decreto reglamentario, en concepto á movilizar dentro de cada región los elementos necesarios para la constitución de una división de Ejército en pie de guerra, y además, una 6 más divisio­nes ó brigadas de caballería independientes, en aquellas regiones capaces de proveer los elementos necesarios á la constitución de éstas, igualmente en pie de guerra. Art. 130. El Poder Ejecutivo proveerá, dentro de cada re­gión, al establecimiento de campos de maniobras, cuarteles y po- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 410 _) lígonos de tiro, que permitan efectuar el tiro de in"antería y de artillería, y la instrucción táctica de todas las armas. TITULO XVI DI!IPOSICIONFS TRANSITORIAS Art. 131. Durante Jos tres primeros años, después de promul­gada la presente Ley, el Poder Ejecutivo queda facultado para 'rolongar por treinta días más el primer período de instrucción de los reservistas del Ejército de Línea que no hayan prestado sus servicios en las unidades permanentes del Ejército, ó no hayan to­mado parte en las movilizaciones de sesenta días, fijados por la Ley número 33 I 8. Art. 132. A fin de dar cumplimiento al propósito perseguido en el artículo 13, en lo que e refiere al rol que en la movilización de las reservas del Ejército de Línea han de desempeñar los cons­criptos incorporados por dos años, el Poder Ejecutivo queda facul­tado á incorporar el año próximo al Ejército Permanente, de la clase del ochenta y uno, el doble número de conscriptos fijado por dicho artículo, debiendo licenciar, por sorteo, al año de permanen­cia en las filas, la mitad de los mencionados conscriptos de la clase del ochenta y uno, incorporados por dos años, para ser reemplaza­dos por los conscriptos de la clase del ochenta y dos, á quienes haya tocado, por sorteo, hacer en el Ejército Permanente el servi­cio de dos años. Art. 133. Los jefes y Oficiales actuales de la Guardia Nacio­nal pueden aspirar á ocupar los empleos de Mayor s y Oficiales de Reserva del Ejército de Línea, creados por la presente Ley, siempre que satisfagan las condiciones y el examen teórico-prác­tico que el Poder Ejecutivo fijará en la reglamentación de la pre­sente Ley. Art. 134. Los distinguidos y Sarg-entos que actualmente re­vistan en los cuerpos del Ejército de Línea, conservan sus dere­chos al ascenso al grado de Subteniente ó Alférez, siempre que dentro del término de un año, después de la promulgación de la presente Ley, hayan satisfecho las condiciones del examen que será determinado por el Poder Ejecutivo en la reglamentación de esta Ley. Art. 135. a) Los distinguidos y clases actuales del Ejército Permanente, menores de veintiocho años y cuyas aptitudes milita­res, conducta intachable é inteligencia, los hagan dignos de aspirar á ser sub-oficiales del Ejército, serán admitidos hasta quince meses después de promulgada la presente Ley, en la Escuela de Aplica­ción de Clases, y si satisfacen completamente todas las cctndicio­nes del examen teórico-práctico determinado por el Poder Ejecu­tivo, egresarán de la escuela: los soldados distinguidos como Cabos­segundos, los Cabos como Cabos primeros, y los Sargentos segun­dos y primeros como Sargentos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \..._ 411 .J Pero para los efeetos de las recompensas establecidas para las clases en el Título X de la presente Ley, sólo se les computará la mitad del tiempo servido (servicio continuado) como clase antes de su egreso de la Escuela de Aplicación de Clases. b) Los actuales Sargentos primeros y segundos, egresados como Sargentos de la Escuela de Aplicación de Clases, cualquiera que sea su antigüedad -.nterior, no podrán ser ascendidos á sub­oficiales sino un año después de dicho egreso Jos primeros, y dos años después los segundos. e) Los distinguidos y clases que, acogiéndose al artículo 134 que antecede, hubieren preferido prepararse para el examen de Oficiales y no hubieren satisfecho éste, no podrán pretender ser conservados como clases en el Ejército Permanente sino después de someterse y rendir satisfactoriame nte Jos exámenes teórico­prácticos prescritos en el parágrafo a) que antecede. Art. 136. Los distinguidos y clases actualmente existentes en el Ejército, que no hubieren satisfecho las condiciones exigidas por el parágrafo a) del artículo 135 para ser reconocidos como clases, se retirarán del Ejército sin ningún derecho á invocar sus servicios anteriores, para pretender la ventajas acordadas á las clases por la presente Ley . Sólo aquellos que tuvieren más de quince años de servicios computados, t ndrán los dere chos de reti­ro que les acuerda la Ley número 3239. Art. 137. El Poder Ejecutivo queda autorizado para conservar en las filas del Ejército Permanente hasta el número de los con­trll. tados á prima y voluntari os actualmente en servicio, mientras vayan siendo reemplazad os por las cla es y voluntarios reclutados de acuerdo con las prescrípcione de la prese nte Ley. Art. I 38. Quedan derogadas todas la ley s y disposiciones contrarias á la presente Ley. Art. 1 39· Comuníques al Pod e r Ejecutivo. Dada en la Sala de Sesiones del Congreso argentino, en Bue­nos Aires, á seis de Diciem re de mil nov ecientos uno . N. QuiRNo CosTA. B. Ocampo, ~ecretario del Senado. BENITO VILLANUEVA. Alejandro Sorondo, Secretario de la Cámara de Diputados. Captlal Federal, I I de Dr'áembre de I90I Por tanto: Téngase por Ley de la Nación, cúmplase, comuníquese, pu­blíquese é insértese en el RegiStro Naáonal. RocA.-Pablo Rr'cchert· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bol~tin Militar de Colombia '- 412 --' -Variedades PEREGRINACION DE ALPHA 1 POR MANUEL ANCIZAR (Continúa) En un extremo del llano, á 3,985 metros sobre el nivel del mar, está la casa en que viven los que cuidan del ganado, sopor­tando con indiferencia la temperatura de 6° centígrados, y fre­cuentemente las nevadas que manda la Sierra y cubren el suelo por espacio de tres á cuatro días sin derretirse. El condor y el bui­tre son los enemigos q•e han de combatir, vi~ilando los rebaños de ovejas, tras de los cuales andan aquella!i aves saltando de pi­cacho en picacho para aprovechar el menor descuido y lanzarse sobre la presa, habiendo condor tan pujante, que levanta en las g-arras un cordero mediano, y hace remolinear los arbustos al batir sus fuertes alas. Desde la casa hasta el pie de la Sierra mide el llano una legua, en que el suelo negro, apretado y cubierto de ¡:-ramíneas y pequeñQs frailejones blancos, se halla interrumpido por colinitas de esquistos arcillosos, y cortado por arroyuelos an­gostos, límpidos como el cristal y corriendo sin el menor ruido, según se les ve siempre en las cimas tendidas de nuestros Andes. Junto á la Si~rra el frailejón se multiplica, se apodera exclusiva­mente del terreno y adquiere proporciones de árbol, levantando su inmóvil copa sobre largos y embetunados troncos. El suelo se encuentra removido y sembrado de fragmentos lisos de rocas, que revueltos con arenas y margas, forman una especie de cercas pa­ralelas á la base de los cerros, de cuyos costados abiertos han sido arrancadas y arrastradas por una fuerza lenta y perseveran­te: estas son las morenas • que acompañan á los neveros y quedan, después que las nieves han desaparecido, atestiguando á. lo ancho de los valles que allí existieron hielos eternos, como sucede en algu­nos puntos de los Pirineos y de los Alpes, que hoy no son nevados. Nos hallábamos á 4,300 metros de altura y 5° centí~-rados de tempe­ratura : el frailejón había quedado atrás : los líquenes aparecían á trechos al abrigo de las peñas, y rara vez salían de las hendiduras las cortas y retorcidas ramas de al¡rún arbustico sólido y lustroso, como el acero pulimentado: el aire es allí quieto, insuficiente para la respiración agitada por el ejercicio, de donde procede el desfa­llecimiento que sufren las personas y las bestias, llamado chacuá, • lJioraines llaman los ¡teólogos franceses la¡ masas y fragmentos de ro­cas que los neveros (g!acrá·s) arrastran á sus costados y frente, como los surcor laterales que levanta el arado. Ningún diccionario español trae el equivalente de aquel término técnico, por lo cual, en vez de ponerme á inventar otro, he prefe­rido conservar el francés, dándole apariencia española, que así lo entenderán todos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 413 _) perdiendo el tino y el equilibrio ; la atmósfera tan diáfana, que las distancias se equivocan, juzgando muy de cerca los objetos leja­nos; ni un ave, ni un ruido de vida perturba la solemne soledad; y la voz humana se transmite clara y sin rival por el espacio. To­cábamos ya con las manos el bisel 6 límite inferior de un inmenso nevero que se descuelga por un plano rápido desde lo alto de la Sierra, llevando á los lados y al frente muros de roca revolcados entre arena, greda y cascajo, arrancados del suelo por el cortante filo del nevero, y r,resentando el aspecto de surcos de 40 á 6o me­tros d altura. El élel costado derecho se prolonga cerro é.rriba durante media legua hasta el borde de las nieves permanentes, y determinámos aprovecharlo para andar á caballo todavía, bien que el piso desigual y fofo dificultaba la marcha de las mulas, las cuales se detenían frecuentemente y volvían las cabezas hacia el distante llano habitado, como amedrentadas por las moles de nie­ve que J10S rodeaban. Por fin hicim s alto para continuar escalando á pie la masa deslumbradora de la cumbre nevada, y para examinar despacio la portentosa confusión de pirámides y cerros divididos por fosos pro­fundos que ostenta el nevero, sobre cuyo nacimiento nos hallába­mos á 4,676 metros de altura, viéndolo tendido á nuestros pies, de­sarrollándose hasta 6oo metros más abajo. Cáusalo la configuración del suelo en esta parte de la ierra, en que repentinamente forma un plano muy inclinado, en poco menos de media legua de caída y una milla de ancho. La nieve aglomerada en lo alto, con un es­pesor de 25 :i 30 metros, resuala por la rambla removiendo la tie­rra y las rocas, hendiéndose en grandes trozos, por la falta de base plana en qué reposar: ,-icnen luégo las lluvias á llenar las grietas del nevero, dentro de las cuales inmediatamente se congela el agua, que ocupando entonces tres veces más espacio que cuando estaba Iíqui la, hace el oficio de cuña y empuja para abajo la masa de nieve, con fuerza irresistible; y como en cada una de estas grietas innumerables se establece una poderosa cuña, resulta que la totalidad del nevero se mueve lenta y constantemente, levanta al frente y á los costados enormes surcos de rocas y tierras, que cual un poderoso arado, arranca de la superficie del cerro y transporta hasta el valle inferior, donde forman las morenas ó muros de rocas, paralelos á la base de la Sierra. Medido en las grietas el espesor del hielo, resultaron 4 metros en el bisel 6 punta del nevero, á 4, r 50 metros de altura sobre el nivel del mar, y de ahí para arri­ba hasta 4,676 tnetros, altura del borde de las nieves sedentarias eternas, el espesor aumentaba gradualmente, alcanzando por fin el grueso de 30 metros. La luz, descompuesta en las hendiduras, daba á las paredes un color azul celeste, que más abajo se oscure­cía, tomaba algunos reflejos del iris, y concluía perdiéndose en las tinieblas del fondo. Era un poco peligroso el pararse en el borde de estos precipicios movibles, por lo cual no pudimos determinar con fijeza la escala de temperaturas dentro de las grietas, pero sí es cierto que aumenta con rapidez hayia el fondo, donde el calor Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 414 ..J es suficiente para liquidar la nieve; y de aquí procede que la masa. congelada disminuya por la base y no por la superficie exterior, y nazcan los arroyos á la raíz de la nieve, desde encima de la cual suele oírse en lo profundo el rumor de las ocultas corrientes. El aspecto de la parte superior del nevero era como el de un torren­te de nubes vistas por arriba, es decir, una confusa mezcla de pi­rámides y promontorios, que por un lado reflejaban vivamente la luz, y por el otro proyectaban sombras caprichosas, al paso que en el cuerpo llevaban embutidos pedazos de rocas, que asomaban sus ángulos ennegrecidos por entre el albo material que las con­tenía. Deseosos de aprovechar el día, que era felizmente claro y sin viento, dimos algunos pasos más, y no.=, encontrámos sobre la gran­de explanada que forma el lomo de la Sierra*. La reverbeYaci6n de la luz era tan intensa, que por un rato nos quit6 la vista, y hu­bimos de hacer alto hasta habituarnos á mirar sobre la vasta su­perficie tersa y blanquísima que se extendía indefinidamente. Se­guimos la marcha : nuestros pies eran los primeros que hollaban aquel pavimento de cristal, que crujía bajo la presión, hundiéndo­se hasta el tobillo, y á veces hasta la rodilla. El Sr. Quintero traía unos perros cazadores, que nunca habían visto suelo de aquella es­pecie, y era de notar las precauciones con que sentaban las patas y las retiraban al romperse los primeros cristales, exhalando au­llidos prolongados y haciendo morisquetas que nos hicieron reír de buena gana: s6lo después de un rato de experimentos sagaces, y animados por nuestras voces, se determinaron á caminar de segui­da, pero siempre alzando las patas grotescamente, como si el hie­lo se las quemara. Continuámos hacia el N. andando más de un cuarto de legua en demanda de una eminencia, en la cual nos es­tablecimos, y tomadas la altura y temperatura, resultaron 4,783 metros sobre el nivel del mar, 0° en el suelo y 12° á. dos varas de distancia, lo que nos explicó el calor que sentíamos en la cara, efecto de la poderosa reflección de la luz, que nos hizo perder el cutis y llorar á ratos. Físicos de gran reputación habían hablado del peligro de esforzar la voz en tales alturas, y del color casi ne­gro de la bóveda celeste. Nosotros gritámos bastante sin la menor novedad, y vimos el cielo constantemente de color azul pá.lido; mar­chámos á paso largo, y aun lanzámos bolas de nieve, sin sentir la postración de fuerzas que, para menores alturas, indica el Sr. Bous­singault: s6lo sí notamos que la voz no llegaba á mucha distancia,. ni era devuelta por eco alguno, sin embargo de haber cerca pica­chos de rocas desnudas. La explanada de hielo se prolonga N. N. 0., Ilevantlo, de borde á borde, una leg-ua de anchura y cubrien­do 3 leguas cuadradas, extensión en que arropa varias eminen- • Si el alto á que se refiere el autor se hizo á 4,676 metros sobre el mar y con dar "algunos pasos más" se trep6 al lomo de la sierra, éste no puede tene; 5,983, como se dice adelante, de seguro por error tipográfico: la cifra no puede ser á lo sumo sino 5,383, pues copviene recordar que en cada hora s6lo se as­cienden á pie 300 metros, término medio.-N. dd D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia cías semi-esféricas, la más alta de las cuales mide 5,983 metros sobre el mar. Cuando llegámos allf, avanzaban por todas partes columnas de niebla, que eran absorbidas. rápidamente por la nie­ve, y encima se extendían nubes inmóviles, que desde luego co­menzaron á desgajarse en una espesa lluvia de pajillas brillantes, que descendían verticalmente y se nos pegaban de punta en Jos vestidos. Por bello que fuera contemplar aquel descenso continuo de pequeños pri mas, heridos al soslayo por el sol poniente, y ha­ciendo rielar en ráfagas los colores del iris, sentímos el suceso, pues nos quitaba la vista de las extensas regiones que deben co­lumbrarse desde tan elevado observatorio; y como la nevada cre­cía y el sol nos abandonaba, hubimos de pensar en retirarnos en busca del mundo animado, abandonando á paso lento uno~ lugares marcados con el sello del silencio eterno, jamás cruzados por seres vivos, y que irresistiblemente infunden cierto recogimiento religio­so, como si allí se estuviera más cerca de Dios, ó acaso porque se está más lejos de los hombres. Rt..cuperámos nuestras mulas y,bajámos á Llanorredondo, ad­mirando de paso los estratos colosales de la serranía oriental, des­nuda de plantas su cumbre, y con señales de haber soportado nie­ves que hoy son transitorias, y la grande y profunda rotura por donde se lanza entre paredones el río del Mosco, en dirección á Güicán. Atra vesámos el páramo, y comenzaron á alegrar nuestros oídos el canto de las aves y el susurro del viento, perfumado por las plantas que agitaba. "A medida que e desciende de e tas tris­tes regiones, la naturaleza se anima: las gramíneas, los arbolillos, loa árboles, aparecen gradual y sucesivamente; arroyos bulliciosos corren en todas direcciones, para formar torrentes y después ríos cristalinos; el aire adquiere densidad y aromas; el paisaje desplie­ga los variados tesoros de la vegetación equinoccial; las viviendas del hombre se avecinan; las muestras de su industria se multipli­can; crecen numerosos los rebaños; mejoran y se ensanchan los caminos ; y por último, alzan sus techumbres las aldeas, los pue­blos y las villas, circundadas de alegres campos en que ondean las mieses, 6 de verdes colinas cubiertas de prados y arbolcGas, ce­rrando el cuadro las cumbres lejanas que se levantan en anfitea­tro, destacadas sobre el azul del cielo, y ceñidas por fajas de nu­bes que reposan contra las pendientes laderas." * Al respaldo de la sierra nevada, y en la dirección E. hacia los llanos de Casanare, se conservan independientes y aislados los restos de la belicosa tribu denominada Támmez por Piedrahita, y hoy Tunebos, que ocupan Jos cuatro pueblos Royatá, Sinsiga, Ce­varía y Ritambria, que los indios no dejan visitar por los blancos, á quienes miran todavía como tspaño!ts, y así les llaman. Un Indio viejo, animado por el espíritu evangélico, se hizo cristiano y comenzó á catequizar paisanos, erigiéndose en una especie de Cura misionero, con tan buen suceso, que no pocos Tunebos se hallan reducidos y ha- • CoDAZZI, Ctografla (inédita'. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mi1itar de Colombia cen el comercio de gomas, resinas, cacao y otras menudencias, ad­quiriendo en cambio sal de Chita y herramientas, que van á bus­car hasta el Socorro. Estos hablan el castellano muy mal, y se di­cen radonales para diferenciarse de sus compatriotas paganos. Son todos grandes de cuerpo y vigorosos, y trafican un camino que atraviesa la Sierra por donde no hay nieve, el cual termina súbi­tamente interrumpido por un ramal inaccesible y fragoso, que arrancando desde las cumbres nevadas, se prolonga sobre los Lla­nos y forma la barrera de separación entre los Tunebos y sus tra­dicionales enemigos los blancos. Enfrente del punto en que pare­ce concluír el camino, hay un muro estratiforme, casi vertical, de más de 200 metros de elevación, y apenas adornado por algunos arbustos adheridos á las divisiones horizontales de la peña, salvo en una faja ó rastro en que desde la cumbre al pie se nota usada y trajinada la muralla y perforada con una serie de pequeños agu­jeros alternados, labrados de propó ito. ¡ Cosa increíble ! : este es el camino de los Tunebos. El indio lleva cargadas las espaldas con tres y aun cuatro arrobas de peso, toma resuello al pie del pe­ñón, mide con la vista la dirección del rastro, y sin vacilar un punto comienza á trepar á guisa de rana, metiendo la punta de los pies y cuatro dedos de las manos en sus correspondientes agujeros, é izándose de seguida hasta la encumbrada cornisa. Para bajar em­plean un método aún más peligroso : llegados al borde del a bis m o, toman en cada mano un largo bordón de macana y los adelantan como sonda hasta encontrar dos de los agujeros en el muro; afian­zan los bordones, adelantan un poco el cuerpo sobre el precipicio, y se dejan correr por las macanas hasta llegar con los talones á los agujeros; afirmados a11f, vuelven á adelantar los bordones y á des­lizarse más abajo, y a í descienden sucesivamente al pie del peñón. No hay cazador de venados ni hombre alguno del campo que se atreva á imitarlos. El Sr. Quintero nos refería que una vez, invita­do por los Tunebos, cuya voluntad trata siempre de captarse, de­terminó seguirlos y visitar el primero de sus pueblos, no llevando más equipaje n\ embarazo que una ligera escopeta. El es joven, robusto y acostu mbrado á la vena teda, y con todo, nos confesó que habiendo trepado la tercera parte del peñón, fatigados los brazos y los pies, le ocurrió mirar hacia abajo, y fue tal el vértigo que se apoderó de su cabeza, que hubo de retroceder á toda prisa y re­nunciar su propósito de viaje, por más que la curiosidad le aguija­ba. De esta manera los Tunebos han inventado el modo de per­manecer aislados de los blancos, sin estar en guerra con ellos; y según parece, si no es por la parte de los Llanos, atravesando vein­te leguas de desiertos, no hay entrada posible á los pueblos que ocupan. Continúa ---@--- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VI Serie III Tomo II N. 13

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VI Serie III Tomo II N. 14

Por: | Fecha: 11/10/1902

SliRIE III-Tou:o II • A~o VI NUlolliRO 14 ~ Boletín Militar de G:lombia r l~-········--~~~A-~~~~-~~ST_E~~~~-~~~-~-D-~-~~~-~---···-·····-~~ j DIRECToR, Francisco J. Vergara y Velasco ~ ¡ General de Ingeniero• i ,.. ¡ Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejército ~ : : : PtUIU muv bien tmeder que nueetro re6peto d todatlat conviccione•, venga 4 .f'tlrar"' le • : tri diferencia y no• deje &in energfa• para defender lat nubtrat ! ¡ E!fRIQUE SIENKtEWlCZ l ---!-----··--·············-·--··-·-·-----··-···-········ ·······-·········-·····-···- -··-·····-·-.1- : 1 ¡ + + + Bogotá, Octubre 11 de 1902 + + + J - Oficial = DECRETO NUMERO 1401 DE 1902 (SEPTIEMBRE 1 7) que hace un nombramiento El Vz't:epresüimle de la Rep/tbHca, encargado del Poder Ejecutwo, . DECRETA Artículo único. Nómbrase al Sr. Carlos Villafañe Oficial Su­pernumerario del Ministerio de Guerra, con destino á prestar sus servicios en la 2.• Subsecretaría. Comuníquese y publíquesc. Dado en Bogotá, á 17 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 1402 DE 1902 (SEPTIEMBRE 1 7) que acepta una renuncia y hace un nombramiento El Vicepresidente de la Reptí.blica, encargado del Poder EjecultrJ(J, DECRETA Artículo único. Acéptase al Sr. Gonzalo Mesa la renuncia que presentó para separarse del puesto de Practicante del Hospital TOMO li-27 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 418 _; Militar Central, y nómbrase en su reemplazo al Sr. Ezequiel Me­jía M. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 17 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 1403 DE 1902 (SEPTIEMBRE 1 7) que hace dos promociones El Vzeepresülmle de la Repúblz'ca, encargado del Poder EjtcuHto, DECRETA Art. 1.0 Promuévese al General Vicente Vandurraga del puesto de Comandante General de la Dt'v/sz!m 1\'"arúio, al de primer Ayudante General del Cuartel general del Ejército. Art. 2.° Comí iónase al General Vandurraga para organizar fuerzas en la Provincia de Guaduas y recoger los elementos que se hallen dispersos en esa región y que pertenecían á fuerzas que han sido licenciadas, obrando de acuerdo con las instrucciones que reciba del Ministerio de Guerra 6 de la Comandancia en Jefe del Ejército, y bajo las órdenes del General Jefe de operaciones en Occidente de Cundinamarca. Art. 3. 0 Promuéve e al General Rafael l\·faría Gaitán del puesto de Comandante General de la Di·m'siún R1vera, del tercer Ejército expedicionario de Panamá que comanda el General To­más Quintero, al de Comandante General de la Dzvúz'ún 1Yaniio, en reemplazo del General Vandurraga. Comuníquese y pubHqucse. Dadú en Bogot<.i, á I 7 de Septi mbre de 1902. JOSE l\.1ANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁ:mxz DECRETO NUMERO 1406 DE 1902 (SEPTlE:\IBRE 18) que hace una promoción El Vicepreúdmle de la RepúbNca, mcargado del Podet· Ejcculzvo, DECRETA Artículo único. PrcmuéY ~e al SargEnto Mayor Pascual An­drioli del puesto de Ayudante Mayor del Batallón 2. 0 de Línea de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bol~tín Militor de Colombia \._ 419 _J la División Colombia número I.0 , al que le designe el Comandante general de la Dzvzúón Rú:aurte. Comuníquese y publíquese. · Dado en Bogotá, á r8 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FER~Á DEZ DECRETO NUMERO 1407 DE 1902 (~:IPTlEMBRE 18) que aprueba el marcado con ~1 número 327, expedido por la Gobernación del Departamento de Bolívar El Vtáprtsldmlt de la República, encargado dd Poder .Ejeculzvo, DECRETA Artículo único. Apruébase en todas sus partes el Decreto nú­mero 327, sin fecha, e.·pedido por la Gobernación del Departa­mento de Bolívar, "por el cual se aumenta el sueldo á los emplea­dos de los buques de la Flotilla militar." Comuníquese y publíquese. Dado en Bogot:i, á r8 de Septiembre de 1902. JO. E :t\IANUEL JVIARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES 1~ ERNÁ ·oF.z DECRETO 1~UMERO 1408 DE 1902 (SEPTIEMBRE 19) que encarga tcmporalm r nte 6 un Ayudante del Ministerio de Guerra del Des­pacho de la r.• Subsecretaría del mismo l\Iinisterio El Vtúprwdenlt de la República, encargado dd Poder .Ejecul/vo, DECRETA Artículo único. Encárgase al Sr. General Antonio Pineda primer Ayudante ge~eral de1.11iniste~-¡? de .Guerra, del Despach~ de la r .• Subsecretana del mrsmo 11rmsteno, durante la ausencia temporal del titular Sr. General D. Luis V. González. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 19 de Septiembre de rgo2. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 420 _) DECRETO NUMERO 1412 DE 1902 (SEPTIEMBRE 22) por el cual se aprueban los Decretos números 95 y 294, expedidos por las Go. bernaciones de Panamá y el Magdalena, respectivamente El Vtápresz"denle de la República, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Artículo único. Apruébanse en todas sus partes los Decreto5 números 95 y 294-, de fechas 9 de Julio y 4 de Junio de 1902, ex­pedidos por las Gobernaciones de los Departamentos de Panamá y el Magdalena, respectivamente, y que ordenan: el primero, "re­glamentar la alimentación de los tripulantes y guarnición de las naves que componen la flotilla del Pacífico;" y el segundo, "por el cual se fijan los sueldos de los empleados de los veleros 20 de fulz'o y Carazúa, y se hacen varios nombramientos." Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 22 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 1413 DE 1902 (SEPTIEMBRE 22) que reconoce dos grados militares El Vrápresülen/e de la Repúblz'ca, mcargado del Poder li¡jecuNvo, DECRETA Artículo único. Reconócese al Teniente Carlos Páez y al Sub­teniente Martín Flórez C. los grados efectivos de Capitán y Te­niente, respectivamente, ascensos que les confirió el Comandapte en Jefe del Ejército del Norte, con la antigüedad del 4 de Octubre de I9QO. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 22 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEz Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 421 _) DECRETO NUMERO 1414 DE 1902 (SEPTIEMBRE 22) por el cual se hace un nombramiento El Vz'ctpresidenle dt la República, encargado dd Podtr EjuultVo, DECRETA Artículo único. N6mbrase al Sr. Dr. Rafael A. Forero Cape­llán del Ejército expedicionario sobre Panamá, con la asimilaci6n de primer Jefe de Cuerpo, cuando el Ejército esté en campaña en los Departamentos que no sea el de Panamá, y en este último De­partamento gozará del sueldo que señala el artículo 5. 0 de la Ley 139 de 18g6. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 22 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 1415 DE 1902 (SEPTIEMBRE 22) que hace un nombramiento y una promoción El Vz'ctprw"dmlt de la Repúblz'c a, encargado del Poder .Ejecult'vo, DECRETA Artículo único. N6mbrase al Sr. Dr. Ismael Pinilla H. Médi­co del Hospital Militar de Tocaima, en reemplazo del Dr. Pablo Camacho, que volverá á ocupar su puesto en la Dz'visz'ó-n Ma1zud Casabianca. §. En atenci6n al mal clima en que va á ejercer el Dr. Pini­lia sus funciones, éste devengará el sueldo de General en Jefe de Ejército. (Decreto número 55 I del presente año). Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 22 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bole tín 1Y1ilitar de Colombia '-- 422 _j DECRETO NUl\fERO 1416 DE 1902 ( SEPTIE:MBRE 22) que hace una promoción El Vzúpresidente de la Rep/tUzca, encargado del Poder .l!.)úulivo, DECRETA Artículo único. Promuévese al Coronel Salvador Valderrama C. de l Cuerpo de Depósito al pue~to de Ayudante del General An­tonio Roa Díaz. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 22 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FER. Á ·oEz DECRETO rU.1ERO 14r7 DE rgoz ( SEPTIE:IIBRE 22) qu-.. hace unas promociones El Vú:epr~zden/e de la Rep~íbhca, encarg,7do del Poder Ejecultvo, DECRETA Art. I.0 Para llenar la vacante qu e deja. el Sr. Pedro A. Cal­derón, por haberse promo\· ido dd puesto de Oficial 2. 0 de la ec­ción 1! del 1 Ii:1ist 'rio d ~ Guerra, al de Subjefe de la misma Sec­ción, promuéYese al Sr. Roberto Ramírez tld empleo de Oficial de Registro al de O.Icial 2.0 de la mencionada Sección. Arl. 2. 0 Promu~ve t. al Sr. Ju::;tino Parí del puesto de Ayu­dante de la Secci 'n 3: de la In \,;nd encia g neral del Ejército, al de Oficial de P egistro d e la e cción I ." del .t: linistcrio de Guerra. Comuníquese y pul Jíqu se. Dado en Bogotá, á 22 de Septiembre de 1902. JOSE MA1 UEL 11ARROQUIN E l Ministro de Guerra, ARrSTIDES FER:.C'oP"z DECRETO NU¡ 1ERO 1418 DE 1902 ( i'PTIE:\IBRE 22) qu~ hace una prom >ción en i~terinidad El Vzáprtsz'denlt de lz Rep.'t 11/ú: z, em·czrgado del Pvder Ejecu.Hvo , DECRETA Artícu lo único . Pro:nu¿vese intcrinam .nte a l Sr. P ed ro A . Calder ón del puesto qu:= osu.n en la s~cción I .• d el Min isterio de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín l'vlilitar de Colombia '- 423 _; Guerra, al de Subjefe de la misma Sección, y por el tie mpo que falte para que se encargue el titular Sr. D. T obías Hernández. Comuníquese y publíq ue se . Dado en Bogotá, á 22 de Septiembre de 1902 . J OSE MANUEL MARROQUIN .El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO Nillv1ERO 1419 DE 1902 (SEPTIEMBRE 22) que conf1ere un ascenso El T~/ceprwdmlt de la R epúbl/ca, mcargaclo del Pvder .Ejem!tvo, DECRETA Artículo tínico. Asciéndesc á Corone l efectivo del Ejército a l Teniente Coronel J ustino Ange l. §. D¿se cue nta de este ascenso al honorable Senado en sus próximas sesiones, para los efectos constitucionales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 22 de Septiembre de 1902. JOSE MA ~ JUEL MARROQUIN El l'vfínis tro de Guerra, ARrsTmEs FER~Á. 'DEZ DECRETO 1 U1 tERO 1420 DE 1g02 ( SEPTIE)IDRF. 22) que confiere dos ascensos El V/cepres/denlt de la R cptíbl/ca, enr.argado del Poder Ejecutivo , DECRETA Artículo único. Asciéndesc á Generales efectivos de Brigada á los Coroneles Ncmcsio Garda y Eduardo M. Lasprilla; el último con antigüedad del 2 I de Junio del presente año, fecha en que fue herido al tomar las trincheras enemigas en el combate de Pez .. surclza. §. Dése cuenta de estos ascensos al honorable Senado en su s próximas sesiones. Comuníquese y publíq...:ese . Dado en Bogotá, á 22 de Se p tie mbre de 1902 . JO SE MANUE L MARROQUIK E\ :Ministro de Guer ra, ARISTIDES FERNÁND EZ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia DECRETO NUMERO 1432 DE 1<)02 ( SEPTIE:MB RE 2 2) por el cual se reconoce un grado El Viupres.Cimle de la Repúbh'ca, encargado del Poder EjuuHvo, DECRETA Artículo único. Reconócese al Sr. General Hipólito Castaño el grado de General efectivo de División que le confirió el Co­mandante en Jefe del Ejército de Boyacá con fecha 3 de Diciem­bre de 1900. §. Dése cuenta de este reconocimiento al honorable Senado tn sus próximas sesiones, para los efectos constitucionales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 22 de Septiembre de 1902. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 1433 DE 1902 (SEPTIE111DRE 24) .¡ue incorpora unas fuerzas de Boyacá en el Ej ército del Norte de Cundinamarca El Vtcepresidenlt de la Repzíblz'ca, encargado del Poder Ejecullvo, DECRETA Artículo único. Incorpórase la 6 .a División y la Columna Got~­Jález Valencia, del Ejército de Boyacá, en el Ejército del Norte de Cundinamarca, que organiza en las ProYincias de Chocontá y Gua­tavita el General Manuel María Castro U. §. Esta incorporación se hará con anterioridad del 19 del presente. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 24 de Septiembre de 1902. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 1434 DE 1902 ( SEPTffiMBRE 24) que hace unas promociones El Vt'upresz'clenle de la República, encargado del Poder .Ejeculzvo, DECRETA Artículo único. Hácense las siguientes promociones en el Ejército del General Antonio Roa Díaz : Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 425 _J Al General Dcmetrio Mora, del puesto que ocupa en dicho Ejército al de Comandante general de la Dzvisz'ón Bolívar, del mis­mo Ejército ; y al General Ricardo Bonilla, del puesto de Coman­dante General de la mencionada División, al de Inspector de la misma. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 24 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 1435 DE 1902 (SEPTIEMBRE 24) que hace un nombramiento El Vtúpreszdenle de la Repltblú:a, encargado del Poder Ejeculzvo, DECRETA Artículo único. Nómbrase al Dr. Roberto Cárdenas Médico Oficial del Hospital Militar de Fusagasugá y de la<: fuerzas que lleguen á esa ciudad, con asimilación de Comandante General de División, en atención al trabajo que tiene. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 24 de Septiembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 1437 DE 1902 (SEPTIEMBRE 24) or el cual se aumentan los sueldos de los empleados del Ministerio de Guerra y los de los militares acantonados en la capital de la República El Vicepresz'denle de la ReplÍUeca, encargado del Poder EjecuNvo, Dl!:CRETA Art. I.0 Desde el día 1.0 del mes de Agosto próximo pa,e deduce la gran utilidad que se Qbtendría para el Gobierno si las compras se hicieran de contado, ó á lo menos sin tanto p}azo; utilidad que se traduciría, ora en economía para el Tesoro, ora en rapidez en las operaciones militares. Las razones apuntadas son las que me obligan muy á mi pesar á no dar cumplimiento á muchas de las órdenes de ese Des­pacho, no obstante que conozco suficientemente el anhelo de S. S. por que el despacho de los Jefes y tropas del Ejército se haga con la mayor celeridad. No debo pasar por alto aquí la circunstancia de que siendo yo el comprador de artículos, los vendedores asedian constante­mente esta Intendencia, exigiéndome que les cancele sus créditos y haciéndome muchas veoes cargos por la demora en el pago de ellos. En !os tres meses á que vengo refiriéndome entraron á la Ofi . cina, entre notas, memoriales y telegramas, 1 ,028, y se transmi­tieron 1,613. Con fecha 10 de Mayo último y con nota marcada con el nú­mero 907, solicité de ese Ministerio la legalización de los gastos hechos por vía de anticipación en esta Oficina en el tiempo trans­currido de Junio de rgoo á Julio de rgor, por un valor de dos mi­llones trescientos nueve mil quinientos cuarenta y un pesos sesen­ta centavos ($ 2.309,541 ·60), gastos que por haberse hallado de­bidamente comprobados, fueron luégo legalizados. No obstante lo re uelto por S. S. en contestación á mi oficio número 630 de 29 de Marzo de este año, me permití insistir de nuevo, por medio de mi nota número 1072 de 28 de Mayo último, en el asunto á que se refería el expresado oficio, agregando algu­nas razones sobre los inconvenientes que se me presentaban para verificar el examen en debida forma de los reclamos que vienen á mi mesa, enviados por la Sección 2.a de ese Despacho, siendo la principal la falta de tiempo y reposo. El Sr. Jaime Guerrero tomó posesión en esta Intendencia del cargo de Pagador de fletes y transportes de cargas de Facatativá á. Honda, y viceversa, después de haber asegurado su manejo con una fianza de veinte mil pesos ($ 2o,ooo), de acuerdo con lo orde­nado por el artículo 6.0 del Decreto número 886 de 3 r de Mayo del año en curso, que creó aquella Pagaduría, y en virtud de lo dispuesto por el artículo 5. 0 del mismo Decreto, el Sr. Guerrero ha presentado las cuentas correspondientes á los meses de Junio y Julio últimos, para su examen é incorporación en las que debe rendir esta oficina á la Corte. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 430 -' hn obedecimiento de lo ordenado por ese Ministerio en comu­nicación marcada con el número 1613, de 14 de Mayo, comisioné al Sr. Jefe de la Sección 1.& de esta Intendencia para que se tras­ladara al Parque á tomar nota de los pedidos pendientes allí, y enviar á sus almacenes los elementos que hicieran falta en ellos, comisión de cuyo resultado di cuenta á S. S. Habiéndose agotado casi en su totalidad las alpargatas en los mercados de esta plaza, agotamiento que dio por resultado natural el alza considerable del precio de este artículo de primera necesidad para el ejército, se resolvió, de acuerdo con S. S., comi­sionar al Sr. José :María Cogollos para que se trasladara y com­prara en los pueblos de Boyacá y Oriente de Cundinamarca una buena cantidad de aquel artículo, para cuyo efecto se le suminis­traron cincurnta mil pesos ($ 50,000) por la Pagaduría Central. El Sr. Cogollos compró con esta suma alpargatas en número cre­cido, que remitió al Parque ; pero el infrascrito no tiene conocimien­to del resultado definitivo de dicha comí ión, porque como esta Intendencia no fue la que le suministró el dinero para ~u desempe­ño, el citaclo señor no ha rendido á. ella cuenta alguna. Ese l\1inísterio me ordenó entregar al Sr. Ricardo 1\Torales, para senicio de los Talleres na<.:ional"'s de que es Director, la suma de treinta mil p~sos ($ 30,000) del dinero que yo había re­cibido de la Habilitación del Cuartel general del Ejército, para la compra de víver¡;s, suma de cuya inversión no he recibido cuenta, por lo cual no he podido rendir la mía al Habilitado. Por resolución d e ese :Mini terio se me facultó para proveer de víYeres y ganados el ejé ·cito, prescindiendo del Parque general, lo cual he h cho estableciendo flepósito de víver s que he puesto al cuida o del r. Eduardo Berna!, como Jo llevé al conocimi nto de ;:,, S. en mi inform\! anterior. Obedecí nclo á órdene de ese Despacho, y en atención á que el vestuario que producía la l\faestranza no era suficiente para el equipo de los Ejércitos de lus G neral s Perdomo, González Va­lencia, Gutiérrez, &c., que llegaron á la ciudad casi desnudos, hubo necesidad e e celebrar contratos con particular s para atender en lo posible á satisfac r las c. ig\,;ncias del momento. En tal virtud, se llamó á licitación, medio c¡uc resultó ineficaz, porque se presen­taron multitud de personas con propuestas del todo inaceptables, y por este motivo hube de ocurrir á los res. Luis Peña Sánehez y Aquilino Vanegas, con quienes contraté en las mejores condicio­nes la ror fección de siete mil (7,000) vestidos completos, en los términos que constan en los documentos respectivos, que reposan en la Sección 2.& del1Iinistcrio del digno cargo de S. S. Por renuncia aceptada al Sr. Enrique ~fariña del puesto de Oficial Escribiente de la Oficina Central de esta Intendencia, pro­puse á ese Ministerio para el desempeño de aquel cargo al Sr. Juan B. Navarro, quien fue nombrado rJara tal empleo por Decre­to del Poder Ejecutivo, de 2 I de 'Mayo. JAviER ToBAR Comlmía Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar d e Colombia '- 431 --' Doctrinal MANUAL PARA L A PR EPA RA CI ON DE LAS TROPAS A L CO MBATE POR EL GENERAL DRAGO::\fiROFl" SEGUNDA PARTE - PREPARACION DEL BATALLON (Traducido para el Boldín Afilitar} (Continúa) Por ventajosa que pueda ser una posición para la infantería , ésta cede su puesto á la artillería, si un Jefe de batería la escoge. Procediendo de este modo, la infantería vela por su misma suer­te, porque la artillería no se defiende por sí sola, sino para ayudar á la inhnterfa. l'v1ientras más eficaz sea el fuego de la artillería (y para esto contribuye en mucho la posición), tanto mejor para la infantería. Por otra parte, la infantería puede obrar en cualquier clase de terreno, lo que no~ucede con la artillería. La artillería necesita de fácil acceso para situarse en posición, en tanto que la infantería pasa por cualquier parte; la artillería necesita también de un terreno muy de_cubierto y extenso á su frente; lo que es también indi pensable para la infantería, pe>ro en circunstancias apuradas puede prescindir de esto con menos incon­venientes. La artillería necesita poder ocultar sus cañones, los ca­ballos, los carros, las grandes cajas; en tanto que la infantería puede ocultarse aun sobre un terreno plano. 'Mientras más ayude á la artillería, de buen grado y con reso­lución, la infantería más audaz podrá ser la primera en sus movi­mientos; porque entonces no temerá avanzar hasta corta distan­cia del enemigo, y tiene convicción de que sus camaradas no están lejos, y que le prestarán apoyo, llegada la ocasión. Todo en la guerra depende de los buenos compañeros; con ellos nada es imposible, y sin éstos no se puede llevar á cabo ni aun las cosas más fáciles. · 56. Si el adversario ataca una de nuestras baterías, toca á la infantería tomar parte en este ataque por su propia cuenta. Si se trata de un ataque de caballería, será preciso además que prote ja á los sirvientes de la artillería que se forma:-án por grupos contra s us cañones y por frente de la caballería, y se defenderán con las bayoneta s. 57. Hay que acostumbrar al batallón no sólo á defender la artillería, sino también á atacar las baterías del a dversario. P a r a esto, de spués de escalonar centinelas sobre la posición qu e se su- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombta '- 432 _j pone ocupada por el enemigo, hay que dirigir el ataque de modo de que la cadena sola a vanee contra los cañones, y dirigir las frac­ciones de filas cerradas á derecha del flanco izquierdo, ó á izquier­da del flanco derecho de Ja batería (algunas veces á los dos flancos á un mismo tiempo). De este modo las pérdidas serán menores, y si llegamos hasta la batería, la cadena por sí sola quedará en estado de acabar con la artillería; las reservas marcharán contra el sos­tén de la batería, que debe encontrarse á uno de sus flancos. 58. Conviene añadir á los parágrafos de la primera parte, re­lativos al asalto final, las funciones que debe desempeñar la reserva en relación á la línea de combate, durante dicho asalto. Esto se explica en dos palabras : las compañías de reserva no tienen que mirar ni á derecha ni á izquierda. No tienen que ocuparse sino de sus camaradas de la línea de combate. Si éstos traban pelea con el enemigo, y si se encuentran en apuros, sostenerlos. Si están amenazados por un ataque de flanco, tomar ellos mismos la iniciativa para proteger ese flanco. A la bayoneta, si se trata de infantería; con disparos, si es caballería. Si el combate tiene mal resultado para nuestros camaradas, tratar de tomar desquite de este fracaso y siempre resistir hasta cubrir la retirada y darles tiempo de rehacerse. Así pues, hay que apoyar de frente á los camaradas de la lí­nea de combate, por una parte, y por otra guardar los flancos: tales son las leyes que el deber militar les impone. Se desprende que el Jefe de compañía que está de reserva no sólo puede sino que debe, sin aguardar orden, cumplir sus deberes de compañerismo militar. Pero cuando son varias las compañías que forman la reserva, tienen un solo Jefe, que de ordinario es el mismo Jefe del batallón, y entonces es á él á quien le incumbe la obligación de tomar en oportunidad las disposiciones necesarias para acudir en ayuda de la línea de combate. Todo esto debe estar fijo en la mente de todo Jefe de batallón y de compañía, pues de esto no sólo depende la gloria sino el bien­estar del ejército y la vida misma de los soldados. 59· En un ataque de oblicuo de infantería contra infantería, luégo de flanquear la tropa que se enfrentaba, resulta que no hay segunda línea de defensa contra el enemigo; hay que acudir con presteza en ayuda de los camaradas. Si el movimiento comienza al propio tiempo por todas las compañías, la 4·" logrará flanquear la 3." enemiga antes de que la 1 ." haya logrado hacerlo con la 2." Por esto la 4." compañía, luégo de flanquear la 3.", debe dirigirse contra la 2." Pero si el adversario tiene una segunda línea, no es sino des­pués de flanquear ésta cuando se puede acudir en apoyo de los ca­maradas, si ellos no han logrado por sí solos salir del aprieto. 6o. Para demostrar de modo bien claro las obligaciones de la reserva de batallón, el Jefe de batallón puede hacer ejecutar ma- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 433 J niobras de doble acción, dando orden á las partes de que colo­quen una compañía sobre la línea de combate, y la otra detrás, en reserva; luégo t)rdena á una de las partes que ataque, después le previene al Jefe de la compañía de avanzada el lado por donde debe verificar su ataque, bien completamente de frente, ó tratan­do de rebasar uno de los lados del adversario. Después de esto trata de adquirir la certidumbre de que la compañía de reserva esté siempre en condición de sostener la de la línea de combate. Con este objeto, en el momento del atlcuentro, la compañía de reserva no debe estar á más de cincuenta pasos de la compañía de r .a línea, y en caso de un ataque de flanco ó de frente, ella lo­grará burlar al adversario, y cuando se trate de un movimiento de rebase, entonces se dirige sobre el flanco del adversario, pero más hacia la derecha, ó si se quiere más á la tzquierda todavía que la compañía de la línea de combate, según el flanco que se trate de rebasar. 61. Para demostrar que la reserva no debe detenerse durante el período del asalto, hay que colocar las cuatro compañías una tras otra, á cierta distancia; y después de prevenir á los Jefes de compañía, que una vt~z que se dé la señal de ataque, las últimas compañías no deben detenerse en ningún caso, aun cuando lo haga la primera, el Jefe de batallón dará orden de avanzar. En seguida da la señal de acometida, y después de algunos segundos la de hacer alto. La primera compañía se detiene y permanece en el sitio has­ta que la que la sigue viene á darle nuevo impulso. Entonces avan­zan juntas, y las últimas compañías continúan sin interrupción su marcha. Algunos segundos después, otra vez la señal de alto. Los que marchan á la cabeza del movimiento se detienen, hasta que llega la 3.a compañía á impulsarlos. 62. Hay que poner el mayor cuidado en que los soldados y ' los Oficiales conozcan perfectamente la diferencia entre la señal de a van zar y la señal de acometer. Con la primera podemos avanzar hasta dos kilómetro5 com­pletos; pero la segunda nos advierte que se trata de combate á fondo, pecho á pecho. Y por eso no conviene abusar de ella, el tambor debe abstenerse de darla, y en todo caso nunca á más de 100 pasos del punto de ataque. Entre los propios, lo mejor es no darla nunca en la maniobra. Es el mejor modo de evitar la impresión que tiene que producir. 63. Los puntos relativos á la preparación de la compañía para la defensa, y las prácticas para el ataque de las localidades, subsisten también para la instrucción del batallón, con la5 modifi­caciones que en seguida se enumeran: El comandante explica al batallón el objeto que se propone la defensa establecida en determinada posición, esto es, qué se trata de cubrir ó defender, y de qué lado se espera al enemigo. Luégo TGKe 11-28 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar d e Colombia '- 4 34 _) . reconoce co n los Capitanes la posición, de modo de poder fijar la extem,ión de la cadena, el nÚ'llero de compañías de apoyo y d e reserva, y también los sectores que corresponde¡¡ á. cada una de las compañías d e la primera línea de combate . 64. Cuando se han dado las órdene s del caso, el Jefe de ba­tallón se ce rciora si la cadena y las compañías están colocadas convenientem ente . Las primeras compañías están bien colocadas si se hallan á cubierto del fuego del enemigo y si nada les impide acercarse á la cade na y comunicarse con la reserva del batall ón, que igualmente debe tar á la defensi\'a. En los te rrenos montaño ;;; os hay que poner el mayor cuidado en que se m a n tenga lo m1s que se pu e d; el parnklismo del frente de las compañías, lo que es importantísimo en especial en los bos­ques cerrados é impenetrables. 65. Si se cuenta con artillería y caballería, hay que ind icarl es el objeto g eneral de la acción y su colocación en relación á la in­fantería. Los Ofic iales que ma11dan la caballería y l a artill ería, acompañan también al Jefe de batallón en tanto que él examina la posición. Ya h e mos indi cado cuáles son las colocac iones más Ye ntajos as para la artillería; en cuanto al objell'vo que se le proponga, depe nde de la dire cción qu e se desee tomar y de los puntos que haya que tomar á viva fu e r za . Pero el comandante no tiene que mezclar se en la determinac ión d el momento conveniente para romper los fue ­gos, ni en la elecc ión d e los proyectiles con lus cunles haya de dis­parar. Por lo q ue hace á. la colocación de la caballer fa en rel ación á la infante r ía, hay que ten r siempre presente una sola cosa: y es que la caball e ría nunca debe colocarse sobre la línea de com­bate de la in fantería, porque esto no haría sino exponerla á pér­didas imítil es du rante el combate. Es sólo en el n'omento del asal­to cuando se e n contrará. por un instante á la altura de la infan te­ría; pero d esd e que se inicia el encuentro, la caballería debe co­rrerse hacia e l fla nco, ó bien colocarse á retaguardia de aquélla. Con limí4 -==~=- SERVICIO MILI TAR EN LA ARGENTINA R EGLAME1.TACIO.- DE LA LEY 403 I (Concluye) 80. Para los efectos indicados por el artículo 9 4, se a notará al marge n d e las l istas de r evista "conscripws d e dos años ," e n el renglón corre spondi ente á l os que estén incor po rado s p o r este tiempo, así como se exp resará á cad a indi vi duo la condició n en que se encuentra incorpo rad o (voluntario, consc ripto, d estinado, &c.). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 435 _J 81. L1.s clases, para conservar el derecho á ser ocupadas en la forma que establece el artículo 95, deberán presentarse verbal­mente ó por escrito á la División de Reclutamiento del Ministerio de Guerra, con -; u libreta ó baja, á fin de que sean inscritas para las vacantes que se produzcan. 82. Dicha División llevará un registro donde se anote el Rom­bre, edad, condiciones, senicios y domicilio del interesado. 8 3. Las solicitudes de retiro á que se refiere e l artículo 97, deberán ser elevadas al Ministerio de Guerra, con relación docu­mentada de servicios. DEL TITULO XI 84. Todo ciudadano que despu~s ele enrolarse tuviere que alegar algunas de las causas de excepción determinadas por ~1 Título XI de la Ley que se reg·lamenta, se presentará por escrito ante cualquier junta de excepciones de la r~gión militar en que tu­viere su residencia. 85. A toda solicitud de excepción deberá acompañarse la fe de bauti mo. 86. Están comprendido en el inciso a), artículo 100, aquellos que padezcan de una enfermedad crónica ó á quienes la falta de un miembro los inhabilite para el ervicio. 87. Un reglamento especial concretará los casos e enferme­dad ó de defecto físico que determinen el carácter de la excepción. 88. La talla mínima para la incorporación á las unidades del ejército, queda fijada en ! 111 .56. 8g. Aquellos cuya talla esté comprendida entre ésta y Im.54, serán destinados á ciertos servicios a u. ·iliares, así como los que su enfermedad ó defecto físico nv los inhabilite para ig-uales servicios . go. Quedan exceptuados de t .do servicio lo5 que tengan me­nos de 1 m.54. 91. En los casos previstos por Jos incisos b), e) y d) del artículo citado, será, además, indispensable acompañar Jos documentos en forma que comprueben lo motivos que dichos incisos fijan, y justi­ficaci6n judicial de que concurren las circunstancias determinadas por el artículo 101. 92. La justificación judicial comprende una declaraci6n jura­da ante el juez de paz del distrito, partido, 6 departamento á que perten ece el interesado, y con presencia de dos testigos de reco­nocida responsabilidad. 93· En el caso del inciso e), deberá acompaña r á la fe de bau­tismo la de los hermanos, y certificados de los Jefes de cuerpo en que sirviere, por suerte, uno de ellos. 94· Los ciudadanos comprendidos en el inciso t) del mismo artículo, deberán acompañar á su pedido un certificado visado por el Jefe de la di6cesis á que pertenezcan. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \.._ 436 _) (FORl\IUU.RIO) Fecha y lugar .................... . Sr. Preszdente de la Junta de excepciones ... .......................... . Hallándome comprmdzdo etz los términos del incuo ...... artículo Ioo, Titulo XI, de la Ley 40JI, vmgo d soliútar de esa Ju.•zta la excepción que me co1·responde, d cuyo ifecto acompaFto los sigu/wtes comproban-tes........................... . ................................................. . Firma y domicilio. 95· Si se comprobare la circunstancia alegada, se anotará la excepción en la libreta, la cual, nrmada por el Secretario de la Junta, le será entregada, previa presentación del papel sellado, á fin de que se le extienda en él la excepción á que oiiere lugar. 96. Recién llenada esta formalidad, se pondrá la firma del Presidente de la Junta y el sello de la misma en la libreta que lleva como resguardo el interesado, sin cuyos requisitos la excep­ción es nula. 97· Las renovaciones anuales de excepción, cuando así co­rrespondiere, se solicitarán y efectuarán en la misma forma, y se anotarán en el sitio que á este eft!cto se destina en la libreta, 98. La anulación de una excepción puede solicitarse verbal­mente con la presentación á la Junta respectiva de la libreta y papel en que fue otorgada. (l."'RMULARIO) Fuha y lugar ................. . SLtbsz'sHemlo lu c·ut ·tzs por las walts oblu'!Je excepción de esa Junta m el docummto aijmzto, solt'cllo dtJ V. S. su. rmovaáfm. Firma y domicilio (E T LA LIBRETA) Renovada según el acta número ...... de fecha .......... o. o ••••• 'ecretario. (Sello) Presidente de la Junta. 99· Las excepciones á los pobres de solemnidad se extende­rán en papel común. 100. Quedan anuladas todas las excepciones otorgadas con arreglo á la Ley anterior (33 r8). 101. Sin ;) rjuicio del castigo que la Ley determina, el sorteo para determinar el tiempo de servicio que corresponda á un ciu­dadano qUt! haya permanecido ( 104) ausente del territorio de la República, y que por no haberse enrolado en oportunidad, no hubiere entrado en el sorteo de su clase, se efectuará colocando cuatro bolillas blancas que corresponden al servicio de seis meses, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \._ 437 _J y una negra al de dos años. El ciudadano que fuere á ser sortea­do, procederá, ante los miembros de la Junta de sorteo, á extraer, de un globo ó urna, una bolilla, á fin de determinarle la duración del servicio. 102. Si el individuo no se presentare, después de tres llama­mientos sucesivos por los diarios de la capital de la República, que se publicarán con intervalo de ocho á doce días cada vez, la Junta proceder.í á hacer el sorteo extrayendo uno de sus miembros una de las bolillas. 103. En uno ú otro caso se formará acta. DEL TITULO XII 104. Para los efectos de los Títulos XI y xu, se constituirá per­manentemente, y empezará á funcionar, el día r 5 de Junio próximo, una Junta de excepciones en la capital federal, en cada capital de Provincia y de territorio nacional y en cada comandancia de región militar que no tuviere su asiento en una capital. 105. Además de estas Juntas funcionarán, desde el I 5 de J u­nio hasta el 31 de Agosto del corriente año, y en lo sucesivo du­rante los dos últimos meses de cada año, otras Juntas transitorias de excepción, que dentro de cada una de las regiones militares, se distribuirán así : z.• región militar. Mercedes, Las Flores, Chivilcoy, Saladillo, Chacabuco, Chascomús. 2." rtg?Jn mzlzlar. Charhué, 9 de Julio, Olavarría, Tadil, Tres Arroyos, Dolores. 3." regz(m mihtat·. Uruguay, Tala, La Paz, l\1ercedes, Santo Tomé, Caa-catí, Monte Caceros. 4·" t·egióll mz1zlm·. San Nicolás, Junín, Reconquista, San Cris­tóbal. 5." regz.ón mrblar. Jachal, La Paz, Villa Mercedes, Río IV, San Rafaei. 6." regz!m mzHiar. Villa María, Cruz del Eje, San Francisco, Sumampa, Tinogasta. 7·" regz"ótz nzzhlar. Matará, Orán, Cafayate. 106. Dentro de los diez días siguientes al ~ r de Diciembre y 30 de Agosto, respectivamente, estas juntas elevarán al Ministerio de Guerra un informe de sus trabajos en la forma determinada para las juntas permanentes. 107. Las solicitudes de excepción serán consideradas en el orden de su presentación. 108. Toda solicitud de excepción deberá reso1w-rr· c por la Junta dentro de los quince días de presentada. rog. Cuando la solicitud fuere motivada por enfermedad ó defecto físico, el reconocimiento deberá efectuarse dentro del ter­cer día de presentada. 1 10. La Junta de excepciones hará constar en un libro de actas, las cuales irán numeradas, las resoluciones recaídas en cada solicitud de excepción presentada. Estas actas serán firmadas por Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \,_ 438 _j los miembros de la Junta. En las actas deberá hacerse constar el pago del impuesto de la tasa 6 la di pensa, si así correspondiere. 111. La Junta ob5enad la mayor escrupulosidad en el exa­men del ciudadano que solicitare excepción, así como en la r ev isa­ción y confrontación d ~ los ll JCLI.ilentos que acompañare para jus­tificar el pedido, y dejará constancia en las actas de los procedi­mientos que hubiere extremado para conceder 6 negar la excepción y exonerar, en su caso, dPI pugn. 1 12. Sin perjuici<11 de la responsabilidad en que incurre el ciudadano que omite la obligación que tiene ele dar cuenta cuando ha desaparecido la cau a de su excepción, la Junta deberá, con pleno y legal conocimiento de causa-acreditada en una acta,­anular una excepción cuyo interesado no la solicitare un mes des­pués de haber d esaparecido la causa. I 13. Las juntas se reunirán todos los días hábiles. 1 14. Cuand o una excepción se anulare por haber desapareci­do el motivo por que fue otorgada, se cruzará, con un sello qu e diga anulada, la parte en que se hubiere escrito la excepción en la libreta, así como en el pape l en que fue extendida, debiendo que­dar éste depositado en d ard ivo de la Junta de excepciones. 115. El ciudadano cuya t~:cepctón se anulare, deberá ser in­corporado al cuerpo c¡ue dc>terminar el Jefe de la Región en que se hallare inscrito, una vez que éste reciba el aviso respectivo. 1 16. Dentro de los di ez primeros días de cada trimestre, la Junta de excepciones p rman cn e el .vará al Minist·!rio de Guerra una lista. circunstanciada de las e:-~cepcion e s que hubiere otorgado, así como de las que se hubi e ren anulado, á fin de que e efectúen las anotaciones y confrontaciones r e spectivas en Jos libros y regis­tros. Juntam ente con elh elevará una planilla de las sumas depo­sitadas, en la forma qu ~"' lo determina el artículo 127 de la. Ley. 117. A fill de cada año, d e l 1.0 al 15 d e Enero, las juntas ele­varán al Ministerio dt.: Guerra u:1 m morial especificando el núme­ro de excepciones solicitadas y otorgadas en el anterior y los nombres de aquellos cuyas excepciones se hubieren anulado. DEL TITULO XIV 1 18. Toda excepción caduca el 3 I de Diciembre del año para el cual fue expedida; por Jo tanto, si no se la renovare .• abonando la tasa militar, sed. penadv en la forma que lo determina la Ley. 1 19. Las juntas comunicarán al Ministerio de Guerra la nómi­na de aquellos que no se hubieren presentado dentro de los 30 días siguientes á la fecha en que cumple el plazo de excepción , dentro de cuyo término todos los ciudadanos exceptuados están obligados á renovarla. 120. Las personas que se hallaren comprendidas en los bene­ficios que concede el artículo U2 .de la Ley que se reglamenta, deberán conservar sus libretas en debida forma, á fin de hacer va­~ r los derechos que el citado artículo otorga. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 439 ..J 12 I. Para el caso previsto por el artículo 126, la multa se hará efectiva en la forma que se deposita el producto de la tasa militar y con el objeto de ésta. l. TSPJCCCIÓ~ DE RECLUTAMIENTO 122. Sin perjuicio de las facultades de in ~pecció n atribuidas á los Comandantes de Región, y para los efectos de la debida unifor­midad, el Jefe de la División de Reclutamiento del Ministerio de Guerra queda designado Inspector de reclutamiento, y por sí 6 por delegado efectuará, con la venia del Ministerio, cada vez que lo juzgue necesario, una inspección á fin de asegurar y controlar que la operación del enrolamiento se practica en toda la República, de acuerdo con las formalidades de la Ley, así como en lo refe­rente á las prescripciones de los títulos x y xr de la Ley que se re­glamenta. 123. El Inspector atenderá los reclamus que se presenten por violaciones á la Ley que se reglamenta. 124. El Inspector de reclutamiento ó delegado, deberá dar aviso al Comandante de la Región Militar cada vez que se pre­sentare á una de ellas para ejercer sus funciones. DEL TITULO XV 125. Dh·ícl e sc, ,[Jrovisionalmentc, el territorio de la República, fuera de los territorios del Sud y Chaco. en siete regiones milita­res, denominadas del modo siguiente : 1 ." región militar. ( Capz'tal), con el asiento de su comando en la capital de la R pública. 2 ... región militar. (Aíuqubz), con el asiento de su comando en Bahía Blanca. 3." región militar. (Uruguay), con el asiento de su comando en Concordia. 4: región militar. ( .l,t'loral), con el asiento de su comando en el Rosario de Santafé. s.• región militar. (Cuyo), con el asiento de su comando en Mendoza. 6 ... región militar. (Centro), con el asiento de su comando en Córdoba. 7: región militar. (Narle), con el asiento de su comando en Salta. 126. Las regiones militares arriba indicadas serán ronstituí­das como sigue : a) La r.a región militar. ( Cap!lal), por el territorio de la ca­pital federal y partidos de la Provincia de Buenos Aires: Almiran­te Brown, Bragado, Brandzen, Barracas al Sud, Chivilcoy, Chaca­buco, Cañuelas, Chascomús, Carmen de Areco, Exaltación de la Cruz, Florencio Varela, General Rodríguez, General Pintos, Ge­neral Alvear, General Sarmiento, General Villegas, General Bel- 2'rano, General Paz, Las Heras, Las Conchas, La Plata, Lomas Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 440 -' de Zamora, Lobos, Luján, Líncoln, Magdalena, Mercedes, Matan­zas, Merlo, Morón, Moreno, Marcos Paz, Monte, Navarro, Pilar, Quilmes, San Vicente, San Fernando, San Isidro, San Martín, San Andrés de Giles, Saladillo, Suipacha y Junín. b) La 2 ... región militar. (Neuqu é?Z), por los territorios nacio­nales del Neuquén, Rionegro y Pampa, y por los partidos de la Provincia de Buenos Aires: Bahía Blanca, Coronel Dorrego, Tres Arroyos, Juárez, Saavedra, Puán, Adolfo Alsina, Guaminí, Bolfvar, Coronel Suárez, Coronel Pringles, General Lamadrid, Laprida, Olavarría, Tandil, Tre nque-Lauquén, Azul, Ayacucho, Maipú, Necochea, Lobería, Balcarce, Tapalqué, Pehuajó, Patagon es, Vi­llarino, Vecino, General Alvarado, Dolores, Rauch, 9 de Julio, 25 de Mayo, Mar Chiquita, Castelli, Pila, Las Flores, Tordillo, Pu ey­rredón, Tuyú y General La valle. e) La 3 ... región militar. (Uruguay), por las Provincias de Entrerríos y Corrientes y el territorio nacional de Misiones. d) La 4: región militar. (Lüoral), por la Provincia de Santa­fé, y partidos de la Provincia de Buenos Aires: Arrecifes, Gen e ral Arenales, Rojas, Colón, Pergamino, Sa=: Nicolás, Salto, San An­tonio de Areco, Baradero, San Pedro, Ramallo, Zárate y Cam-pana. · e) La 5 ... región militar. (Cuyo), por las Provincias de Mendo­za, San Juan y San Luis, y departamentos de la Provincia de Cór­doba: General Roca, Río IV y Juárez Celman. f) La 6: región militar. ( Cmlro), por la Provincia de Córdoba, con excepción de los d e partamentos indicados en el párrafo ante­rior, La Rioja y Catamarca y departamentos de la Provincia de Santiago del Estero: Ojo de Agua (ó Sumampá), Choya, Salavina, Atamisqui y Loreto. g) La 7: región militar. (Norte), por las Pro vincias de Jujuy, Salta, Tucumán y Santiago del Estero, con excepción d e los de­partamentos indicados en el párrafo que antece de,y territorio nacio­nal de los Andes. 127. Cada una de las regiones militares mencionadas estará bajo el mando de un Oficial general, quien con el título de Coman-dante en Jefe de la Región Militar de ... . ..... tendrá bajo sus órde-nes todas las fuerzas del Ejército Permenente destacadas e n su Región y las de las reservas del Ejército de línea que se movilicen para instrucción ú otra causa del servicio. 1 ~8. El Ministerio de Guerra reglamentará oportunamente la organización y atribuciones inherentes al funcionamiento de las regiones militares, así como las atribuciones correspondientes al Comandante en Jefe de cada una de ellas. 129. Los territorios nacionales de Formosa, Chaco Austral, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, constituirán cada uno de ellos, para su organización militar, un Distrito separado, que de­penderá, así como las tropas en él acantonadas, directamente del Ministerio de Guerra. 1 JO. Comuníquese,·publíquese y dése en el Boletín MiHiar. Ro~A.-Pablo Ricchtr Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :Boletín Militar de Colombia '- 441 _J EL EQUIPO DE LA INF ANTERIA EN LAS MARCHAS DE GUERRA V EN EL COMBATE Conviene dejar atrás el equipo, ó deben los soldados siempre llevarlo consigo? ¿ Qué es lo que enseiia al respecto la historia de la guerra? No está de más reproducir aquí lo que dice sobre esta cues­tión el "Reglamento (argentino) para el servicio en campaña," que se expresa así (artículo 87): "Poco importaría que el soldado fuese bien instruído y disci­plinado y nevase las armas y municion es necesaria<; para dar un combate, si no pudiP.se llegar al campo de batalla sino en malas condiciones físicas y, por consiguie nte, morales. u Es lo que sucede cuando la carga que lleva es excesiva. "Los Comandantes de tropa tratarán de aligerarla por todos los medios posibles, teniendo presente que : 1.0 Toda carga que pase de 25 kilos (vestuario, equipo, arma­mento, municiones y víveres), es excesiva. 2.0 Una rebaja de 5 kilos e n la carga del soldado, le permite andar 5 ó 6 ks. más al día, y le co loca en condiciones de evidente superioridad. 3. 0 El mismo soldado que con carga normal ejecuta una marcha de 30 ks., puede hacer una marcha forzada de 50 á 6o ks. si sólo lleva su fusil, municion es y uno ó dos días de racionamiento. 4. 0 Un batallón no cansado vale, en el combate, por varios batallones cansados. u En consecuencia, se tratará de aligerar al soldado de toda carga que no sea absolutamente indispensable. "A proximidad del enemigo y cuando se prevé un combate, se le hará poner en los carros disponibles, reglamentarios ó de requisición, todo lo que no le hace falta para combatir: útiles de campamento, de zapador, e xceso d e vestuario, &c. "Estas prescripciones serán de fácil cumplimiento si los co­mandantes de las grandes unidades tienden enérgicamente la mano para que no se lleve en campaña sino lo que permiten los reg-lamentos, y si éstos son redactados en vista de la guerra. u La supresión definitiva de la mochila, resuelta en algunos ejércitos, les ha puesto en condiciones de superioridad sobre sus rivales. "La creación d e rc.H.: iones conce ntradas es otro progre, o en la misma dirección; lo de aligerar al soldado, condición esencial para disponer de combatientes válidos y cnérgiro s. u Durante las marchas se aplicarán las prescripciones sobre higiene del capítulo XLIX del "Reglamento sobre .ervicio interno," y las siguientes : El Sargento de escuadra pasar á revista de pies ~i sus Cabos y soldados antes de las marchas, y lué~o cada dos días. Un callo, una Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia uña mal cortada, una ampolla, una llaga no curada á tiempo, pue­den inutilizar á un combatiente. La falta de higiene, motiYada por la falta de vigilancia por parte de los O ficiales y Sargentos, disminuye el efectivo de las tropas y compromete el é. ·ito de las operaciones. Los Oficiales de Sección son autorizados á permitir á sus sol­dados y clases el reemplazar durante la marcha misma ó antes, el calzado de cuero por otro (alpargatas, &c .), cuando uno ó Yarios de ellos no puedan seguir la marcha; es útil que á la llegada reemplacen el calzado de cuero por otro más suave que permita el descanso del pie. Durante los altos en marchas, maniobras y combates, el des­canso es obligatorio, aun sin abandonar la formación. Por lo tanto, Oficiales y tropa toman la posición que les sea más cómoda, sen­tados, echados á tierra, &c., sacándose la mochila, comiendo y bebiendo. No hacen honores, ni se ponen de pie, ni saludan al paso de ningún superior. "Los superiores siempre tendrán presente que las marchas mal preparadas y mal ejecutadas, t;enen por consecuencia una pér­dida de fu erza é in fluyen desastrosamente en la mora l de l
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VI Serie III Tomo II N. 14

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VI Serie III Tomo II N. 20

Por: | Fecha: 22/11/1902

~ ~~::~~:MO~il!d8U~::::~:~ r (~······· O~GA~O- DEL ~I~IST~IO ~E G~~~ ~- ~~ ~~GJ~~- . -~~ : DIRECToR, Francisco J. Vergara y Velasco ¡:·: - G••neral de Jng('llie ros Son colaboradores de este periódico los J e fe~ y Oficiales del Ejército ¡ Puede mvv biNl IUUdtr que f'ltleatro respeto á todns lao C011tJircionea, ~·enga á parar en la ¡ indiferenc1a ynoa deje ain ener{:ira reemplazo El Vi'cepresiden/e de la Repúblzi:a, encargado del Poder E.Jeculz'vo, DECRETA Artículo único. Declárase insubsistente el nombramiento he­cho en el Sr. Jenaro Junca para Ayudante de 1." clase del Parque General, y nómbrase en su reemplazo al Sr. Uldarico Encinales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 28 de Octubre de 1902. ]OSE MANUEL 1\1ARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, JoslE JoAQUÍN CAsAs. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \.._ 6 12 _J DECRETO NUM ERO 15 92 D E 1902 - (OCTUBRE 28) por el cual se declara insubsistente un nombramiento y¡¡e hace una asimilación E l Vtápreszdenfe de la Repúblú:a, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Art. r .0 Declárase insubsistente el nombramiento hecho en el Sr. Dado Rivera para grabador del Boletí-n MiHiar. Art. 2. 0 Asimílase al Sr. Bernabé Neira, empleado de la Im­prenta del Bolefin. JJ1ihfar, á Subteniente, para los efectos fiscales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 28 de Octubre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho 41e Guerra, JosÉ JoAQUÍN CASAS. DECRETO NUMERO 1593 DE 1902 (OCTUBRE 28) por el cual se crea una Oficina Pagadora de Fl~t~s .El Vzápresidmle de la Rtj)/íbhca, encargado del Poder EjtcuHvo, CONSIDERA DO Que es indispensable facilitar el transporte del equipo, arma­mento y demás elementos de propiedad del Gobierno, que se des­pachan de esta ciudad para los Departamentos del Tolima y el Ca u ca y que contraten las autoridades del tránsito, tanto civiles omo militares, con autorización -d~l Ministerio de Guerra; Que la demora en el pago de tales servicios ocasiona dificul­tades en la traslación de tales elementos, lo cual debe obviarse en cuanto sea posible ; y Que conforme al artículo único del Decreto número 627, so­bre transportes, de 1.0 de Junio de I9QI, puede el Gobierno crear Oficinas Pagadoras de Fletes fuera de la capital de la República, cuando lo crea conveniente, DECRETA Art. 1.° Créase una Of.lcina Pagadora de Fletes y Transpor­tes en la ciudad de lbagué, á cargo de la cual estará cubrir los fletes que se contraten por las autoridades del tránsito, tanto civi­les como militares, y que hayan sido autonzadas para el efecto por el Ministerio de Guerra, y los comisionados especiales para el des-p a cho de ]as respectivas cargas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '-- 613 -' Art. 2:0 Esta Oficina estará. bajo la responsabilidad de ua empleado que maneje los fondos destinados para atender á los gastos de fletes y transportes de la carga de propiedad del GO­bierno Nacional y de los Jefes y Oficiales que por orden del Go­bierno deba trasladarse á los Departamentos del Tolima y el Cauca. Art. 3. 0 Para el pago del servicio de transportes de que trata el presente Decreto, será suficiente formalidad la cuenta por du­plicado que presente el interesado, acompañada de la carta de remesa que envíe la autoridad que contrató el flete, del recibo de la carga en el lugar de su destino, y el páguese del Jefe Civil y Militar de Ibagué, para lo cual queda autorizado expresamente. Art. 4.0 La estipulación del precio de los fletes la hará el co­rrespondiente empleado civil ó militar que contrató los fletes, y en su defecto, el Pagador, de acuerdo con las instrucciones que reci­ba ciei Ministerio Jc Gü~;:;:a. Art. 5. 0 El Jefe de la Oficina presentará sus cuentas á la In­tendencia general del Ejército, las cuales llevará por el sistema de cargo y data, para que allí las incorporen en las que debe rendir la Intendencia á la Corte de Cuentas mensualmente . . Art. 6. 0 El empleado responsable de esta Oficina prestará una fianza personal ó hipotecaria por $ 20,000. Art. 7. 0 Queda reformado en estos términos el Decretq nú­mero 627 bis, de 1.0 de Junio de tgoi. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 28 de Octubre de 1 go2. JOSE MANUEL MARROQUIN El 1viinistro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, JosÉ jOAQulN CAsAs. DECRETO NUMERO 1594 DE 1902 (OCTUBRE 28) por el cual se h'lce un nombr:tmiento El Vü:eprest'dcnte de la República, mcar¡;ado del Poder Ejecull'vo, DECRETA Artículo único. Nómbrasc al Sr. Daniel Delgado L. Ayudan­te de la Habilitación de la Sección 4." del Ministerio de Guerra. Comuníquese y publíquese. Dado E.n Bogotá, á 28 de Octubre de 1go2. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, JosÉ JoAQuiN CAsAs. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \..... 614-' DECRETO NUMERO 1595 DE 1902 (OCTUBRE 28) por el cual se hace un nombramiento El Vt'cepresidmle de la Repúblz'ca, encargado del Poder EJect~livo, DECRETA Artículo único. N6mbrase al Sr. General Félix C. Reina Pa­&" ador de la Oficina de Fletes y Transportes establecida en la ciu­dad de !bagué, con el sueldo correspondiente á su grado militar, que es el de General de Divisi6n. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá1 á 28 de Octl.lbre de 1~02. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucci6n Pública, encargado del Despa eh o de Guerra, JosÉ JoAQUÍN CAsAs. DECRETO NUMERO r 596 DE 1902 (OCTUBRE 28) que hace un nombramiento El Vi'cepresidenle de la República, mcargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Artículo único. N6mbrase al Sr. José Joaquín Mesa Ayudan­te de 1.• clase del Guardaparque General, dependiente de la Habilitación del Cuartel General del Ejército, para los efectos fiscales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 28 de Octubre de rgo2. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho tle Gu~rra, JosÉ joAQUÚ( CAsAs Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bol~tín Militar de Colombia '-- 615 --' DECRETO NUMERO 1597 DE 1902 (OCTUBRE 28) por el cual se eleva el valor de las hospitalidades á los enfermos del Hospital Militar de Honda El Vzeepruz'dmle de la República, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Artículo único. Desde el 1.0 de Noviembre próximo venidero la ración diaria de cada enfermo en el Hospital Militar de Honda, ;será de seis pesos. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 28 de Octubre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho .de Guerra, JosÉ JOAQUÍN CAsAs DECRETO NUMERO 1598 DE 1902 (OCTUBRE 28) por el cual se hace una asimilación El "Yíeepresidmle de la Rep¡/blz'ca, encargado del Poder Ejecult'vo, DECRETA Artículo único. Asimílase al Sr. Carlos Suescún, Ayudante del General Inspector general c.le Brigadas, á primer Jefe de Cuer­po, para los efectos fiscales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 28 de Octubre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, JosÉ joAqu{N CAsAs INFORME DEL INTENDENTE GE~ERAL DEL EJÉRCITO {Continúa) RELACION de los recibos expedidos por esta Oficina en el curso del mes de Mayo de 1902, por elementos entregados en este Parque General Mayo 1.0 -84. Recibido del Sr. Marcos Rodríguez C. 3 silla 1 nvevas sin aperos. Intenc.lencia, 149. Mayo 1.0 -85. Recibido de::: la Sra. Clotilde V. de Troyano 1 oo frazadas pescanas. Intendencia, 24, 15 1 y 1 55. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \.._ 616 __) Mayo 2-86. Recibido de la Sra. Teodora Estrada 57 en­jalmas sin aperos. Intendencia, 46. Mayo 2-87. Recibido del Sr. José María Vargas V. 16 do­cenas de lazos largos y 4 de chicos. Intendencia, r 54. Mayo 2-88. Recibido del Sr. Eudoro Pinzón 38 sillas nue­vas, sin aperos. Intendencia, I 56. Mayo 2-89. Recibido del Administrador de la Maestranza de San Vicente de Paú! 1,240 chaquetas, 5,940 pantalones, 10,750 cami~as y 10,200 calzoncillos. btendencia, 15 3· 1hyo 3-90. Recibido de la Srita. Enriqueta González B. 48 toldos de campaña, de 6.40 por 4.80 metros de dimensión, confec­cionados con telas del Gubierno. Intendencia, 148. _ Mayo 3-91. Recibido del Sr. José Laverde 1,500 corroscas~ Proveeduría, r6o. Mayo 3-92. Recibido del Sr. Manuel T. Ballesteros IOO CO­rroscas. Intendencia, 158. Mayo 5-93· Recibido de la Srita. Enriqueta González B. 40 toldos de campaña, de 6.40 por 4.80 metros de dimensión, confec­cionados con telas del Gobierno. Intendencia, 1 59· Mayo 5-94· Recibido del Sr. Manuel T. Ballesteros 141 co­rroscas. Intendencia, 163. Mayo 5-95. Recibido de la Sra. María Parra 30 enjalmas. aparejadas, 103 encerados pequeños y 47 grandes. Intendencia,.. 161. ·Mayo 5-96. Rt~tibido de la Sra. 1 Iercedes Rodríguez 50 en­jalmas aparejadas. lntf•n lencin, 166. Mayo 5-97· ReciLido Ul! la Sra. Jenara de :rvieléndez 6o fra­zadas. Intendencia, 146. Mayo 5-9'. R cibido del ·r. B nito~ ravarro O. 255 correa­jes comp! tos, con morral y sin vaina, y 222 sin morral y sin vaina. Intenclenci , 165. Mayo 6-99. Recibido del Sr. Antoniu González Q. 20 doce­nas de alpargatas e.·propiadas por el Coronel Julio Díaz. Inten­dencia, 168. :Mayo 6-roo. Recibido ele la Sra. Justa Jiméncz 100 docenas ce alpargatas que le fueron expropiadas por el Coronel Julio Díaz. Intendencia, r69. Mayo 6-ror. Recibido del Sr. Abdón Galvis roo docenas de alpargatas traídas por el Coronel Julio Díaz. Intendencia, 17 r. l\Iayo 6-102. Recibido del Sr. Aniccto Beltrán r 5 docenas de alpargatas entregadas por el Coronel Julio Díaz. Intendencia, 170. Mayo 6 -103. Recibido del Intendente de los Talleres de San Vicente de Paúl 368 vestidos completos, de 4 piezas, para vivan­deras. Mülisterio, 26. :Mayo 6-104. Recibido de Jos Sres. Agustín Mariño y Ra­fael Agudelo 359 docenas de alpargatas. Intendencia, 172. Mayo 7-105. Recibido del Sr. Aristides Molina 300 C)rros­cas. Intendencia, 157. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '-- 617 _) Mayo 7-1o6. Recibido del Sr. Jesús Aranguren 100 fraza­das. Intendencia, 167. Mayo 6-107. Recibido del Sr. Manuel T. Ballesteros 75 aperos compuestos de jáquima con pisador de cable, freno monta­do con riendas y cabezadas de cable. Intendencia, 130. Mayo 9-108. Recibido de la Srita. Enqueta González B. 40 toldos de campaña, de 6.40 por 4.80 metros de dimensión, confec­cionados con telas del Gobierno. Intendencia, 1 74· Mayo 9-rog. Recibido de la Sra. Marta Urueña 450 ence­rados. Intendencia, 193. Mayo 10-1 ro. Recibido uel Sr. Néstor Duque 50 cajas de petróleo, ·cada una con dos latas grandes de á 25 botellas cada lata. Intendencia, 1 I 5. Mayo 12-1 1 1. Recibido de la Sra. María Parra 300 ence­rados así: 100 grandes y 200 pequeños. Intendencia, 178 y 184. Mayo 12-112. Recibido de la Sra. Maríd Rita Gómez 6oo frazadas. Intendencia, 162. Mayo 12-1 r 3. Recibido del Sr. Pedro Pachón 30 enjalmas aparejadas. Intendencia, r 77. Mayo 12-114. Recibido de la Srita. Enriqueta González B· 40 toldos de campaña, de 6.40 por 4.80 metros de dimensión, con­feccionados con telas dd Gobierno. Intendencia, I 76. Mayo 12- r 1 s. Recibido del Intendente de los Taiieres de San Vicente de Patll 120 correajes sin morral ni vaina. Intenden­cia, 1ó7. :Mayo I 2-1 16. Recibido de la Srita. Betsabé Guarín 500 con-oseas. Intendencia, 1 79· 1-fay:) [4-I 17. Recibido del Sr. Francisco Camacho roo fra- ~adas. Intendencia, 191. , Mayo 14-1 18. Recibido de la Srita. Enriqueta Gonzá.lez B. 33 toldos d~ campaña, de 6.40 por 4.80 metro de dimensión, con­feccionados con telas del Gobierno. lntenclcncia, r 88. Mayo 14-1 19. Recibido del Sr. Cerbeleón Pinzón 2 sillas usadas y aperadas, y 41 baticolas. Intendencia, 90. l\fayo 14-120. Recibido de la Sra. Evangelina S. de Sánchcz 500 malderas. Intt~ndencia, 183. l\1ayo 1 S-- 12 r. Recibido del Sr. Angel María Zalamea 199 peinillas. Intendencia, 244. Mayo 15-122. Recibido del Sr. l\1anuel F. Pineda 291 doce­nas de alpargatas. Intendencia, 195. Mayo 15-123. Recibido del Sr. José Manuel Sandino 55 aperos de cabeza redondos y planos; I 3 aperos de cabeza planos; 15 pares de estribos con aciones, y dieciocho baticolas. Intenden­cia, 143. Mayo 15-124. Recibido de la Sra. Julia Rivas 2,000 fraza­das pescanas. Intendencia, 189 y 194. Mayo 16-125. Recibido de 1a Sra. Emilia Pardo 73 encera­dos grandes y 8 pequeños. Intendencia, 196. Mayo 16-127. Recibido del Sr. Ernesto Martín I,ooo fraza­das pescanas. Intendencia, 125 y 193. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '-- 618 _.) Mayo 16-128. Recibido del Sr. Juan Horacio Hernández 101 correajes sin morral ni vaina. Intendencia, 198. Mayo 17-128. Recibido de la Intendencia general del Ejér­cito 179 machetes Collins; 3,836 clavos para herrar; 12 bande­ras tricolores para campaña; 25 encauchados nuevos y uno usado; 2,250 cápsulas norteamericanas, calibre 38; 7,000 cápsulas calibre 38, alemanas; 750 cápsulas norteamericanas, calibre 32; 850 cáp­sulas alemanas, calibre 44 ; 3 galápagos sin aperos; 1 par de po­lainas; 3 alfombras; 3 cmchas; 3 alforjas; 3 fundas para encau­chado; 3 pares estribos de zapato, de cobre; 3 frenos montados; 3 jáquimas; 1 par de zamarros usados; 3 cinchas nuevas; 4 pares de acioncs nuevas ; 2 pares de aciones usadas ; 4 jáquimas sin pi­sador; 4 riendas nuevas y 15 frenos nuevos desmontados. Inten­dencia, 203. Mayo 17-129. Recibido del Sr. J. M. Marcelino Gilibert 1 par de baúles. Intendencia, 203. 11ayo 17-130. Recibido de la Srita. Enriqueta González B· 49 b~nderolas para lanza y 20 banderas tricolores para campaña· Intendencia, 203. Mayo J 7-131. Recibido del Sr. Angel María Zalamea 6 za­papicas, 6 hachas, 6 machetes de rozar y t barra. Intendencia, 200. Mayo I 7-132. Recibido del Intendente general del Ejército 2 barras. Intendencia, 200. :Mayo 17-133. Recibido del Sr. Pedro Pachón 30 enjalmas aparejadas. Intendencia, 205. Mayo 17-134. Recibido de la Sra. Matilde O. de Rojas 41 docenas de alpargatas. Intendencia, 200. Mayo 17-135. R ecibido de la Sra. :tviatilde O. de Rojas 41 docenas de alpargatas. Intendencia, 200. Mayo 19-136. R cibido del Administrador de la l\1aestran­za de San Vicente de Paúl 10,2 ro chaquetas, 12,7 ro pantalones, 14,946 camisas y 1 1,880 calzoncillos; además 725 kepis. Inten­dencia, 202. Mayo 20-137. Recibido de la Srita. Enriqueta González B. 44 toldos de campaña, de 6-40 por 4.80 metros de dimensión, con­feccionados con telas del Gobierno. Intendencia, 208. Mayo 20-138. Recibido del Sr. B.,nito Navarro O. r6o co­rreajes sin morral ni vaina. Intendencia, 212. l\1ayo 20-139. Recibido del Sr. Jesús Bernal R. I galápago usado, aperado, menos zama rros y alforjas. Intendencia, 2 r 3. Mayo 20-140. Recibido del Sr. I~ernando Niño 154 y 3/12 docenas de alpargatas. Intendencia, 210 y 214. Mayo 20-141. Recibido del Intendente de los Talleres de San Vicente de Paúl 100 frazadas con peso de 10 arrobas 3 libras. Intendencia, 185. Mayo 21 --142. Recibido del Sr. Benito Navarro O. 70 co­rreajes con morral y sin vaina y 400 sin morral ni vaina. Inten­dencia, 21 1. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \..... 619 ..J Mayo 21-143. Recibido del Sr. Faustino Ballesteros I galá­pago usado, aperado con todo, inclusive polainas y encauchado. Intendencia, 257. Mayo 22-144. Recibido del Intendente de los Talleres de San Vicente de Paúl 400 correajes sin morral ni vaina. Intendencia, 156. Mayo 22-145. Recibido del Sr. Bernardo. Rojas 1 galápago usado, aperado con todo, inclusive encauchado y polainas. Inten­dencia, 261. Mayo 22-146. Recibido del Sr. Cándido Vanegas 16 doce­nas de alpargatas expropiadas por el Coronel Juli-o Díaz. Inten­dencia, 26o. Mayo 22-147. Recibido del Sr. José María Suárez 1 galá­pago usado, aperado. Intendencia, 263. Mayo 22-148. Recibido del Sr. Joaquín Páramo R. 1 galá­~ g-o '..!S!dv, Camille, aperado completamente. Intendencia, 26g. Mayo 22-149. Recibido del Sr. Isaac González 1 gal:lpago usado y aperado. Intendencia, 263. Mayo 22-150. Recibido del Sr. José Ignacio Roble I gaJá_.. pago nueYo, completamente aperado. Intendencia, 26g. Mayo 22-15 r. Recibido del Sr. Enrique Mejía Pérez 1 galá­pago Camille, usado y completamente aperado. Intendencia, 168. Mayo 22-152. Recibido del Sr. Honorato Landínez so en­jalmas sin aparejos. Intendencia, 270. Mayo 22-153. Recibido del Sr. Manuel J. Ballesteros 6 ape­ros de cable y 19 de cuero tejido, con sus frenos y pisadores (de cabeza). Intendencia, 266. Mayo 22-154. Recibido del Sr. Manuel J. Ballesteros 6 ape­ros de cable y 19 de cuero tejido con sus frenos y pisadores (de cabeza). Intendencia, 266. Mayo 23-155. Recibido del Sr. Ernesto Bravo 1 galápago usado, aperado con todo, menos encauchado y jáquima. Intenden­cia, 274. Mayo 23-156. Recibido de la Sra. Inés F. de Forero 5 sillas nuevas, cuatro con bastos de vaqueta y una con bastos de lienzo. Intendencia, 205. Mayo 23-157. Recibido del Sr. Victorino Monroy una silla aperada, con freno, polainas, estribos de aro, aciones, camiseta y baticola. Intendencia, 275. Mayo 23-158. Recibido del Sr. Marcos Borda una silla ape .. rada completamente. Intendencia, 275. Mayo 23-159. Recibido del Sr. Marcos Borda un galápago aperado con todo, menos encauchado y zamarros. Intendencia, 274. Mayo 23-16o. Recibido del Sr. Pablo Cruz 47 frazadas ex­tranjeras. Intendencia, 258. Mayo 24-161. Recibido del Sr. Aparicio Sáenz 1,000 ence­rados. Intendencia, 262. Mayo 24-162. Recibido del Sr. Nemesio Pardo 271 batico­las. Intendencia, 271. Mayo 24-163. Recibido del Sr. Salomón Rojas un galápago :.Usado, de buena clase. In tendencia, 28 I. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 620-' Mayo 24-164. Recibido del Sr. Juan Ortiz un galápago usa­do, aperado y con polainas. Intendencia, 281. Mayo 24-165. Recibido del Sr. Pedro Pach6.1 7 pares de polainas nuevas, negras y cortas. Intendencia, 281. Mayo 24-166. Recibido del Sr. Manuel T. Ballesteros dos galápagos usados, aperados con todo, menos encauchado y zama­rras. Intendencia, 274. Mayo 26-167. Recibido de la Intendencia general 968 pie­zas de bogotana. Intendencia, 277. Mayo 26-168. Recibido de la Intendencia general 208 jue­¡ os de herraduras. Intendencia, 265. Mayo .:;¡6-169. Recibido de los Sres. Jorge Vergara é hijos 9IÍ yardas de paño azul. Intendencia, 279. Mayo 26-170. Recibido del Sr. Intendente de los Talleres de San Vicente de Paú! 500 correajes, sin morral ni vaina. Inten­dencia, 282. Mayo 27-172. Recibido del Sr. Angel María Zalamea 6o platos esmaltados, 30 tazas íd., 24 tazas íd., pequeñas, 60 cucha­ras de metal, para sopa, 1 candelero pequeño, esmaltado, 2 plato­nes y 2 jarras esmaltadas y 6 jarros pequeños. Intendencia, 296. Mayo 27-173. Recibido del Sr. I-lenry Ridd un galápago usado, aperado, menos encauchado. Intendencia, 286. ~hyo 27-1 74· Recibido de la Intendencia general 179 pie­zas de lienzo marca _f!:L Sargento, 84 piezas marca Pandy, 146 pie­zas marca Gt.vtl ·n, y 48 piezas marca .E\peranza. Intendencia, 283. Mayo 27-175. Recibido del r. Pantale6n Arbeláez402 car­gas de costales. Intendencia, 259 y 287. Mayo 27-17'". Recibido del Sr. Jesús Berna! un galápago usado, aperado con todo y encauchado, meno zamarras. Inten­dencia, 280. M~yo 27-177. Rf'cibido del Sr. José Manuel Sandino 23 ape­ros, compuestos de jár¡uima con pisador de lazo, riendas y cabe­zada, cincha, aciones, estribos de aro y baticola. Intendencia, 285. Mayo 27-178. Recibido de la Sra. Salomé Ortiz 148 juegos de herraduras. Intendencia. Mayo 27-179. Recibido del Sr. Ricardo Céspedes 5 sillas como la mues ra número 1. 0 y 10 carpo la muestra número 2. 0 In­tendencia, 290. Mayo 27-180. Recibido del Sr. Prudencia García 1 galápa­go usado, aperado con freno, cincha, alforjas, alfombra y batico­la; 1 silla-galápago nueva, aperada con alfombra, y 1 silla usa­da, aperada con freno, cincha, baticola, estribos de aro, acioncs y alfombra. Intendenc1a, 289. Mayo 27-181. Recibido de la Sra. Carmen Afanador 51 ca­rrascas. Intendencia, 292. Mayo 27-182. Recibido del Sr. Pedro Pachón 1 galápago completamente aperado, con polainas pero sin alfombra. Intenden­cia, 286. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 621 J Mayo 28-183. Recibido del Sr. Abraham Páez I galápage usado, aperado con freno, jáquima, aciones, estribos de zapato, cincha, alforjas y baticola. Intendencia, 296. Mayo 28-184. Recibido de los Sres. Zalamea Hermanos 20 bacinillas, 2 platones, 2 jarras, 12 platos, 12 tazas, 1 olla grande de 25 cfm., 1 olla de 17 cfm., todo esmaltado, 2 cuchillos para co­cina y 2 baldes estañados. Intendencia, 298. Mayo 30-185. Recibido del Sr. Anselmo Bustamante 1 ga­lápago nuevo, americano, con funda de ante, aperado completa­mente y con alforjas y funJa para encauchado. Intendencia, 280. Mayo 30-186. Recibido del Sr. Honorato Landínez 430 car­gas de costales, 259 encerados grandes, r 47 chicos, 200 ovillos de cabuya y 50 enjalmas sin aparejos. Intendencia, 131. Mayo 30-187. Recibido del Sr. Vidal Pachón 5 sillas nue­vas con bastos de baqueta, y 1 usada, todas sin aperos. Intenien­cia, 302. Mayo 30-188. Recibido de la Sra. Jenara V. de Meléndez r galápago usado y aperado con freno, jáquima, cincha, estribos, aciones, baticola, alforjas, alfombra y encauchado. Intendencia, 305. Mayo 30-189. Recibido del Sr. Enrique Mejía I galápago usado, de muy buena clase, aperado, con polainas y encauchadv. Intendencia, 307. Mayo 30-190. Recibido del Sr. Abraham Páez I galápago aperado, menos encauchado, alforjas ni funda. Intendencia, 306. :Mayo 30-rgr. Recibido del Sr. Manuel T. Ballesteros 3 I I corroscas. Intendencia, 308. Mayo 3 r-192. R · cibido del Sr. José Mada Suárez 1 silla usada, aperada con stribos de zapato, cincha, baticola, alforjas Y funda. Intendencia, 301. 1\1ayo 31-193. Recibido del Sr. José Ignacio Roble 10 ga­lápagos usados y comph;tamcnte aperados. Intendencia, 294· Mayo 3 I-194·· Recibido del Sr. Agustín Garzón 1 galápago nuevo, aperado con todo, m~nos estribo·, freno y encauchado. ]n­tendencia, 3 r 1. lVIayo 31-195. Recibido del Sr. Di mas S. Garccran 1 galá­pago usatlo, aperado con freno montado, cincha, aciones, estribos de zapato de cobre, baticola y alfombra. In tendencia, 374· Bogotá, Agosto 18 de 1902. El Guardaparque general, IGNACIO A. ÜSUNA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 622 -' Do e tri n a 1 ==::::::::::::..__ EL FERROCARRI~ INTERCONTINENTAE EN COLOMBIA CAPITULO X DE liEDELLfN Á LA QUIEBRA Y CAÑASGORDAS (Continúa) Las observaciones barométricas de Mr. J. Henry White indi­can que al norte de Cañasgordas el río desciende á razón de 3 por 100 en el curso de 6 millas (9.6 kilómetros), y de allí en ade­lante, h~sta el valle del Sucio, no habría necesidad de adoptar pendiente que pase de 1.5 por 100. La línea principal del río Cauca, de la boca del Poblanco á Antioquia, 6g.5 millas (1 11.84 kilómetros), se calcula que costará $ 22,530 en oro por milla ($ 14,000 el kilómetro), incluyendo ni­velación, albañilería y puentes. La distancia de Antioquia á Cañasgordas, 31.5 millas (so. 7 kilómetros) de terreno áspero, costará 56,326 por milla($ 35,000 el kilómetro). El ramal de Sinifaná á Mcdellín, desde las cercanías de la quebrada Margallo, 48.6 millas (78.2 1 kilómetros), y el ra­mal de La Quiebra, desde la boca del río San Juan á la cumbre de la Cordillera Occidental, con pendiente normal, 28.7 millas (46.19 kilómetros), á$ 40,234 por milla($ 25,000 el kilómetro). El ramal de Fredonia á Medellín, $ 48,280 por milla (, 30,000 el kilóme­tro). El material de la excavación consiste principalmente en la arcilla roja y amarilla, margosa y arenosa en p3.rte, pero casi siempre dura. También se ven lechos de pizarras, frecuentemente metamórfica. Aquí y allí hay vetas de arena pómez. En el valle· de Sinifaná aparecen la piedra arenisca, las pizarras y las arcillas diversas, inclusive la veteada; en la sierra que se alza al oeste del río Mcdellín, hay granito. Trozos de basalto, de traquita, de pórfiilo, y de rocas granitoides son característicos de toda la alta región andina que hemos explorado. Las piedras en los lechos de los ríos son como las d.cmás de su e pecie en todas partes. Al sur del valle del Patía las arcillas superficiales están aso­ciadas con los conglomerados-concretos sería acaso el nombre más adecuado,-la arena y el cascajo, seglÍn se ha dicho antes. Desde que llegamos al Valle del Norte, la arcilla es el material principal. Raras veces se encuentra la roca sólida. En ninguna parte hemos visto piedra realmente buena para edificios, en la zona del trazo de nuestra línea. En toda la región á que se refiere esta parte del informe hay bastante madera para los usos del ferrocarril. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Militar de Colombia '- 623 _j Mr. Garrison informa que en todo el trayecto de la línea, de Caldas á la cumbre de La Quiebra, los vecinos han dispensado á los exploradores las atenciones acostumbradas. En Bolívar, prin­cipalmente, Jos ciudadanos les obsequiaron con entusiasmo, les die­ron una cena y formal recepción á la vuelta del viaje, y con tra­bajo pudo disuadirles de que no le aumentaran el tren de carga con mayor número de animales, para aJcanzar prontamente el punto de reunión. Nosotros, los de la Sección 1 _.,nos encontramos igualmente favorecidos, aunque no en el mismo grado. En nuestra marcha de Medellín á Antioquia subimos primero por un camino pedregoso, de 3,300 pies de altura, dígase I ,ooo metros, hasta el Alto del Boquerón de la Silla, en la divisoria en­tre Medellín y el cañón del Cauca, á distancia como de ocho mi­Has ( I 3 kilómetros) del punto de partida. El corazón de esta re­gión se compone de rocas voJcánicas en una ú otra forma de sus variedades. La superficie muestra arcilla endurecida y pizarras. El camino está cruzado frecuentemente por arroyos ó torrentes, algunos de ellos de consideración. Pasamos por Sopetrán, hermo­sa aldea del flanco occidental, á 2,500 pies (7 52 metros) sobre el mar, y luégo por la ciudad de Córdoba, algunas millas al Norte. La iglesia de Sopetrán, por dentro y por fuera, nos parecio la más bella muestra de arquitectura religiosa que hemos visto en estos lugares. No es muy grande, pero el tamaño no influye en la ar­monía de sus proporciones. Fuera ¿el altar may01· no habfa nin­gún otro en su interior. La casta blancura y la forma de los ar­cos y columnas le sirven de ornamento suficiente. Aunque no vimos ninguna señora en nuestro corto tránsito por el lugar, estarnos en la creencia de que las bellas sopetranas son muy buenas cristianas y muy amables criaturas, puesto que tienen tan hermoso templo de adoración. En las cuestas más bajas y próximas al río del Cauca se abren los valles laterales hacia aquellas aguas, presentando señales de antiguos lechos aluviales, con inclinación de cada lado hacia los canales de desagüe, limpiados al través por las aguas de las altu­ras; pero todavía dejan adivinar bajo sus ruinas cuáles eran los perfiles primitivos. En Sopetrán volvimos de nuevo á la zona de la caña, de la palma y de la guadua. Atravesámos el río Cauca sobre un puente de circunstancia, construído entre las torres de un puente suspendido en construc­ción, y para el cual están ya tendidos los cables, que miden I,ooo pies (ó sea 300 metros), á tres millas de la ciudad de Antioquia. Un puente semejante, de menores dimensiones, ya casi con­cluído, existe más arriba cerca de Jericó. Teniendo en cuenta lo internado de las localidades y las dificultades materiales y econó­micas vencidas, estas obras son mayores, relativamente hablando, que las del puente de Brooklin. Son una muestra honrosa de la inteligencia y energía del antioqueño. El Gobierno destinó una fuerza para pasar nuestros equipa- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 624-' jes de uno al otro lado del puente, arreglado para peatones, mien­tras los animales lo hacían á nado. Se nos proveyó de caballos, y una escolta montada nos acompañó hasta la ciudad, donde fuimoi cordialmente acogidos. El valle de La Peña, por el cual asciende la línea proyectada en busca del paso de la Cordillera Occidental de Antioquia, es una región de pómez y basalto muy corroído. La cresta que lo divide del valle del Cauca, vista en el plano presentaría una serie de seg­mentos ventrales, es decir, unidos por diques en la forma de istmos hechos á buril en las cabeceras de las quebradas, con laderas de 40 á 6o0 de inclinación. La superficie es de arcillas variadas. Trozos de basalto se encuentran esparcidos en el terreno cubierto de yer­ba. Después de pasar la cordillera, aparecen pizarras varias, y prevalece la arcilla rojiza en el material de la superficie. La ma­dera abunda más. El Cauca, entre la boca del río San Juan y Antioquia, corre marginado en ciertos lugares, bajo un antiguo nivel más alto, por cascajo, arena y vetas de arcilla. En otras partes, por intervalos, hay una zona más baja de arcillas compactas y pizarras que domi­nan la corriente; más abajo está el basalto y la arena de pómez en­durecida hasta formar masas. El valle está bien cubierto de bos­que. Surte á Medellín de maderas. La ciudad de Antioquia es el centro de la industria sombre­rera y del cultivo del anís. Se dice que se exportan "sombreros de Panall)á" por val•r de $ 240,000 al año, y $ 16,ooo de anís, distribuídos entre el consumo del lugar y el de otras partes del país. El todo sería de $ 150,000 en oro. Los hombres usan gene­ralmente los sombreros de paja. Las mujeres no llevan sombrero; algunas veces se cubren con mantillas. Nos ha sorprendido ver señoras con sus peones viajando por ·Ias veredas sobre las colinas, por paso frecuentemente peligrosos. Un día, en la altura de la peña, encontramos al caballero fuerte é indomable, nacido para la silla, también en un paso estrecho. La mula se espantó á nuestra vista. Las patas traseras tocaron el borde de un precipicio de mil pies. El la acarició y sostuvo con la rienda sin 1 menor excitación, fumando su cigarrillo, tan plácido como siempre. Al fin, el animal ganó el camino por una pendien­te de r 5°, por doPde nosotros, á pie, teníamos que ir tanteando el paso que dábamos. Ccnli'nM. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 625 _J M ANUAL PARA LA PREPARACION D E LAS TROPAS AL COMBATE POR EL GENERA L DRAGOM IROFF SECUND.\ PARTE- PREPARACION DEL BATALLON ¡Traducido para el Bcldln AEildm) Conlz"mía 85. Basta una sesión de la instrucción por batallones dedi­cada á compañía por compañía, en círculos, y una de medio ba­tallón contra la otra mitaJ, en la forma regiamcntaria. DEoucciO:'iES- Vi,·imos en una é¡.>oca difícil, en la que se re­suelven muchos problemas de la humana e.·istcncia, problema s que con frecuencia surgen inopinadamente. Para resulver con éxito semf'j"lnte;; pnblemas, hay que tra ­bajar con perseverancia dut-ante la paz, á fuerza el~ constél:ncia y de sacrificios. No sabe uno cuándo va á stwgir la crisis, y por esto hay que estar listo á afront:Irla con firmeza, con espíritu justo, y con la persuasión de que nada se ha economizado para alcanzar la victorin. Por esto se exig-e tanto al oficial en la época actual. Voy :-í numerar someramente n 1 que con i ten estas exi­ ·cncia., y ojalá que mis camaradas y compañero..; de servicio aco­jan cun voluntad las palabras que - igut n, puesto quo.;; son dictadas por l corazón. Por ¡ue.. . . · irnpu ii:.Jie cono cr ni c::l día ni l-1. hora de tan terrible lucha, n q 1 • uno 1lcspertar no como solfa en tiempo de paz, sino en pre ncia de la r . alitlad. y en r¡ e cada cual ten­drá que r ponder p )i' su omisi{ln ó faltas d • o;abcr y de energía, -con su mi-.ma cabe La, y e:to n >se ría lo pe r, p >rque los muertos no sufren deshonor! pero Pn su r putnción sí vive, ó en la de sus -subordinado .... No os sulfuréi por el tono dd di~cur;, ), ni os apresuréis á re­flexionar del modo siguiente : ;. Quién es el que a í se expresa? ro se trata del que así habla, ni del modo como Jo hac . No e trata sino de lo dicho. ¡Oficiales del Ejército~ Ante toJo debéis tener á vuestros sol-ados muy subordinados : sujetarlos más por la firmeza de volun­tad que por apremios dolorosos (que en tiempo de paz no son buenos sino para los pícaros, é inaplicables en campaña). l\1an:e­ner á vuestros soldados de modo que no atiendan sino vuestra voz, ni acaten otro ¡.>arccer CJUC el vué ·tro; que en toda circunstancia ;,us ojos y su;; [Lnsam:entos s2 tornen instintivamente hacia vos­; ütros para dejaros en actitud Je obrar. De este mod-:> formaréis on ellos como un solo cuerpo y como una sola alma. TOMO ll-.1(0 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 626 _J Para esto hay que contar con que los soldados tengan fe ert~ sus jefes, que los crean guías seguros, ven:l{\deros jefes; de esta suerte los querrán, y ya nada será imposible al denuedo del sol­dado. Por medio de la superioridad intelectual y moral os impon­dréis á los hombres que os estén subordinados, en el mismo campo de batalla. Si en toda situación ven en vosotros un mentor, si ellos vetl' en su jefe un hombre dispuesto á ser el primero en ejecutar lo que manda, le seguirán incondicionalmente y sin reservada inten­ción, á todas partes á donde les conduzca, y se harán matar to­dos, antes que renunciar al propósito con que les habéis conduci­do al campo de acción. Considérese al soldado como la escala inferior de la grande asociación militar, pero también como parte integrante de esta asociación; no olvidéis las memorables palabras de Pedro el Gran­de: "En nombre de la sociedad cuidad del soldado; pero no lo abruméis; atended á sus menores necesidades (nada por la impo­sición, sino por las buenas\ pero con el brazo inflexible de la ley castigad. "Aprended á ejecutar y no á discurrir sobre lo que deba ha­cerse." En esta última expresión comprendo la tendencia de algunos jefes á hacer hablar al soldado, como á un discípulo en exámenes,. exigiéndole contestaciones en lenguaje técnico, cuando se le hacen preguntas del género de las siguientes : , -¿Por qué hay que limpiar el fusil? ¿Cómo se llaman la partes de la culata? Cierto que no se puede prescindir de explica­ciones verbales, pero hay que acudir á ellas sólo cuando son real­mente necesarias, y no cuando conducen á una charla inútil. Al soldado instructor ttlca también dar explicaciones, pero esto es dis­tinto, esto es ya ejecutar. Por lo demás, para posesionarse de Jo que deba hacerse á. este respecto, lo mejor es hacer venir un soldado joven, y que dé la lección; luégo ver cómo la desempeña, y si hay que habérselas con un soldado completamente ignorante, volverle á preguntar lo que ha entendido, y no exigir, por ejemplo, que recite de memoria una nomenclatura de las piezas del fusil, nomenclatura inventada por los ~abrican.tes, Ó algo por ese .estilo; p~rqu.e se pue~e muy bien recitar la dtcha nomenclatura sm saber hmp1ar el fus1L No se puede prescindir de las explicaciones verbales para in­culcar en el soldado las obligacionc del senicio interior, del ser­vicio de plazas y de avanzadas; pero P.ara enseñarle el manejo. del arma, la manera de desmontarla, de limpiarla, de cargarla .. &c., indudablemente es preferible prescindir de largas explicacio­nes, porque todo esto se aprende mejo1· por medio del ejemplo que con palabras. Servid de modelo al soldado en todo: de este modo renacerá. la p~ntualidad en el servicio, tanto lejos de la vista del jefe com~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bofedn Militar de Colombia '- 627 _.) en su presencia. Mostrándoos penetrado de vuestro deber, lo le­vantaréis á él, al soldad:>, á la altura del suyo, y ya ni privaciones, ni peligr s, ni enfermedades lo desviarán de su camino. El sentimiento del deber se desarrolla no de abajo para arri­ba, sino de arriba abajo. Para cumplir estos requisitos con el soldado, se necesita co­nocer á fondo y ejecutar con nimia escrupulosidad las prescriP­ciones del servicio interior y del de plazas; poseer no sólo todas las ramas de la instrucción individual y de maniobras, sino ser ca­paz de enseñadas, sabiendo dar las explicaciones del caso en po­cas palabras y de manera de ser bien comprendido. Para esto no basta saber los regJam<..ntos de maniobras : se necesita también saber con qué objeto, contra cuáL enemigo, y en qué terreno pue­de convenir tal ó cual formación. Esto presupone, además de lo que ya se ha dicho, el conoci­miento de las propiedades de la artillería y de la caballería ; las propiedades del terreno, desde el punto de vista del combate, y lo que para esto es ayuda poderosa, costumbr·~ de hacer uso de planos. Esto es sumamente sencillo con alguna perseverancia, y si de eJJo se hace uso de tiempo en tiempo, y es, además, una gran ventaja estar bien diestro en la lectura de los planos; la diferencia entre los que 5a ben emplear los planos y los que no pueden acu­dir á ellos, es la mi~ma que existe entre un individuo miope y uno cuya vista alcance á diez y á cientos de kilómetros de distan­cia. Con ayuda del plano se puede desde luego, casi con · certeza, señalar el punto en donde será más fácil colocarse para el ataque y en donde será más ventajoso situarse para la defensa (y qué disposiciones hayan de adoptarse), en donde ha de fijarse el vivac, extender la red de avanzadadas (y también, aproximada­mente, cuántos hombres absorberá). Cuánto tiempo ganado 1 En una hora ó una y media, merced al plano, haréis lo que siA él no se podría verificar sino en varios días, y "SO recorriendo el te­rreno, y aun recorriéndolo no pasaríais por todas partes. De este modo, el que sabe leer en el plano marcha á golpe fijo, alH en donde un ignorante vaya á tientas. Sin duda que la lectura de la carta ó plano no impide cometer muchas faltas; en todo y por dondequiera es inevitable el tropezar; y se trata no de no come­ter errores en absoluto, sino de incurrir en los menos posibles. Por último, donde el terreno no presente abrigos nbe preceder al de las otras acciones geoló­gicas; el agua, el aire, los seres vivos, han ido formando terrenos con los materiales viejos; de cuándo en cuándo el fuego central se ha encargado de levantarlos, dislocarlos y romperlos; para los volcanistas si aumenta la temperatura con la profundidad, es una prueba del fuego central; si brota un manantial caliente, si surge un géiser, se ve la mano poderosa del núcleo incandescente ; si trepida el suelo y devasta lugares y villas un terremoto, allí se pro­ducid con el tiempo un volcán; si no aparece, es porque abortó ; para los partidarios de esta doctrina la verdadera i:>rovidencia es el fuego; lo clásico, la revolución geológica; lo más común, el cataclismo. El admitir un principio general como axiomático, tiene el in­conveniente de que si algún día se modifica, la ciencia sufre un pro­fundo quebranto, porque al principio g~n~ral estaban supeditadas todas las particularidades. En la Geología comienza á. mudarse la hoja; ha surgido un principio, no de los empujes del volcanismo, sino de más modt.sto vuelo, de acción más lenta y continuada. Los geólogos cayeron á tiempo en \a cuenta de que la Tierra perdía continuamente calor, y, según una ley física rudimentaria, todo cuerpo que se enfría disminuye de volumen, y por lo tanto, nuestro planeta es cada vez más pequeño; no concedieron, sin embargo, á esta noción la im­portancia inmensa que tiene hasta hace pocos años, en que al ruien comenzó á sacar deducciones, observando que este principio fun­damental tan sencillo explica má.~ racionalmente, más en armonía con los hechos y con los descubrimientos de la Geología, todo lo que se refiere á. la Morfología y la dinámica terrestre. Que el prin­cipio es cierto, ¿qué duda cabe? En los párrafos sucesivos iremos Tiendo cómo las deducciones no pueden ser más naturales. Aceptando este principio como base, y poniendo en tela de juicio la existencia del fuego central, los conceptos cambian por completo. El volcanismo no es lo más importante: es, por el con­trario, un accidente; ya se ve bien claro que no surgen volcanes Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 631 ~ n todos los puntos, ni para el conjunto del planeta tiene impor­tancia un centenar de cráteres arrojando cenizas, mucha agua y pQcos m::tteriales fundidos; ·las fuentes termales se encuentran a_llá donde las fuerzas moleculares son tan activas que elevan la tem­peratura de una zona del terreno por la que atraviesan ó en la que se produce una corriente de agua ; los terrenos se originan á veces t>Or la desaparición de la sal común que abundaba en ciertos es­tratos, se producen como efecto de las condiciones geol•Sgicas de la localidad, y no tienen nada qué ver con el fuego en la generalidad de los casos. La palabra catacl/S!no, por lo que alude al conjun­to, ha desaparecido; la revolución geológica es el resultado de una larga preparación en que interviene toda clase de agentes; sólo se verificc. cuando una masa inerte, ó casi inerte, se opone al metamorfismo; la providencia en la nueva doctrina es la constan­cia en el trabajo; logran más los ª'ni males microscópicos acumu­- lando con la labor de los siglos sus caparazones, que ha logrado ~~ Vesubio arrojando lavas y enviando con estt uendo columnas de humo á la atmósfera. En estos principi·1S, bosquejad ligeramente, hemos de ins- ·p irarnos nosotros, admitiendo como base, como causa general de 'la dinámica terrestre, el enfriamiento incesante de la Tierra y la -disminución continua del radio como consecuencia inmediata de este enfriamiento. El efecto de esta causa es la formación de los relieves terres­: tres, que és preciso explicar antes de hacer el estudio de los di­versos agentes dinámicos y de los efectos parciaks de la causa general. M.is ó menos fanlásticam<:!nte se ha pretendido explicar en todos lo tiemp s la forma ión de 1 s reliL:vcs terre tres; pero no :tratamJs de reunir antcct!dt.!ntes, y hemvs de limitarnos á apuntar Ja opini 'n de aqut!llo ·~-~~6logos de re pon abilidad cuyos juicios han ejercido positiva intluencia en la marcha de la Geología. Triunfante la escuela volcanista, d ominó en la inteligencia del ran Húmb ldt, que en sus magistrale:; trabajos orogénicos atri­uye la formación de las m ntañas á la fuf;!rla expansi\'a del nú­cleo in.;andescente, comprimido por la disminución de volumen de la Tierra. En Jos mi m )S principios comulgaba De Buch, al que se deben im portantes publicaciones acerca del asunto. La teoría de ambos, sintetizando su definición, puede llamarse de Jos z'lnpulsos verlicalesj el empuje interno levantaba las masas pétreas, originan­do los trastornos estratigráficos que presentan los terrenos de la cordillera. Ambos geólogos se cuidaron de estudiar las diferentes cade­nas montañosas, fijando, según su criterio, la edad en que se le­vantaron; en el centro de Europa creyeron encontrar cuatro gran­des direcciones, á las cuales se ajustan los principales relieves de esta región. L:~. ciencia or,)g-~nica rccibi6 un Í'Tipulso grande con los estu­dio) de Elie de Bc!aurn.Jnt. Aun .¡ue partidario de la escuela vol- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 632 _.J canista, el ilustre ge,6logo francés, reuniendo datos y clasificándo­los, creyó encontrar en los movimientos orogénicos cierta regula­ridad, y afirmó el principio de que se habían realizado con gran constancia en todos los períodos geológícos. Para sus ulteriores.. deducciones, supone que la corteza sólida del globo es de tan te-. nue espesor relativo, que puede considerarse como compuesta de· una sustancia plástica, y no tiene en cuenta la desigual resistencia. de los materiales que constituyen dicha corteza. El antagonismo entre el núcleo central y la envoltura pétrea externa, motiva la producción en ésta de arrugas y abolladuras,. qde son las cordilleras y los montes. Estos fenómenos tienen•l ugar de tiempo en tiempo, periódicamente, produciendo trastornos sin cucnso,dandolugar á verdaderos cataclismos locales que marcan los límites de épocas más tranquilas, durante las cuales se va acumu­lando la fuerza que ha de repetir la catástrofe. Tiene que existir forzosamente una relación marcada ·entre tales fenómenos geoló­gicos y las direcciones en que se producen las arrugas convertidas en cordilleras. Elie de Beaumont estudió la manera como se presentan ali­neadas las montañas, y encontró que describen círculos máximos entrecruzados con regularidad tal que, salvo las causas parciales. que ocultan á trechos la verdadera configuración, podían referirse á un dodecaedro pentagonal ajustado á la superficie del globo te­rráqueo. Los accidentes del terreno se distribuyen en gt·upos ó siste­mas, es decir, en series igualmente orientadas, formando líneas aproximadamente paralelas. Esta doctrina, por tal s afirrnacion"s, se denomina de la red l>ENTAGO.'AL ó dt! los sí t(;mas d· : montañas. En la doctrina de Húmboldt y De Buch dominaba el principio· del impulso vertical; a . ¡uí domina. el de la dirección, carácter que atinadam..- nte apunta el profcSl)r Cald ' rÓn. En los tiempos actuales, dos geólogos distinguidos-Dana y Larnppan nt- o~ticn 'n n part" las t<: orías antiguas, aportando nuevos ei mentos á la cit.:ncia orogénica, que vi !nr~n á servir para la completa elaboración de la d•Jctrina nueYa. ConltiltJA -------~-------- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletin Militar de Colombia . - Historia-·· - E L CORSO D E L " BAN RIGH " Ó CÓMO ME CONVERTÍ EN PIRATA POR EL CAPITÁN WILLIS * (Traducido libremente del inglés para el Bold/11 ¡lfililar) Capítulo 1-La atención pltbhca se despzerla Las noticias de la prensa sobre un buque corsario, el Ban R/gh, llamaron vi\'amente la atención pública en todas partes, sobre todo en Inglaterra y en los Estados Unidos de América. El primer indicio del asunto fue el aviso de que en el Dock Victoria había sido detenido un esteamer, contra el cual pesaba el cargo de llevar á bordo un contrabando de guerra. La palabra Ban Righ significa mujer rey. Los celtas de Esco­cia no tu vieron en su idioma un vocablo que designara á. una reina reinante, y como en gaelico righ significa rey, se creyó hallado el camino para obviar la dificultad, y la voz ban se agregó como prefijo á otra que significa belleza ó mujer. De una manera análoga se procedió en Persia cuando la finada Reina Victoria fue procla­mada Emperatriz de las Indias, puesto que la llamaron Empera­dor mujer de la India. En Noviembre de rgor entré como Capitán al Ban 'Rrglz, creyendo hacerlo al servicio del Gobierno de Colombia: se trataba de un barco de unas r ,500 toneladas de carga, antes perteneciente á la Aberdem Steam Navigalt'on Com/Jai~Y, y df!Stinado á transportar pasajeros y mercancías entre Londres y Abcrdecn. La tripulación se componía de 42 brazos por todo. Una vez encargado del buque, fui al Dock Vtdoria, y lo anclé á sotavento de un pesado barco del servicio teleg-ráfico, al lado opuesto de la estación del Ferrocarril del Cuslom House, y de la manera. más os­tensible comuniqué mis órdenes al Superintendente de la refección de la nave, que fue íntegramente recorrida y provista de víveres y carbón como para un viaje de placer á las Antillas. Sin embargo, el Ban Righ se proponía algo más serio que un viaje de recreo, puesto que en su seno se construyeron dos paño les, se prepar6 puesto para cañones en la popa y en la proa, se rnont6 un fanal de registro en el trinquete, y se arreglaron pasadizos que permitieran á los artilleros trasladarse rápidamente de un lado al otro. Cumplidas estas órdenes, firmé con el Equipaje un contrato para un viaje de Londres, vía de Amberes, tocando en varios • Por la importancia de este folleto que se acaba de publicar en Londres, no vacilamos en insertarlo en este semanario, para conocimiento . de los co~o!'l_ bianos, pero sin h acernos responsables de ninguna de sus afumac10nes Y optnto nes.-E. D. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 63<4- ....J puntos de las Antillas hasta fondear en Colón, donde sería pagado Y á la vez recibiría la suma necesaria para regresar á Inglaterra. El verdadero objeto del viaje lo ignoraban tanto los marineros como los pilotos. Sin embargo, no pude salir del puerto sin dificultades; ya todo listo, recibo una nota de los funcionarios del Cuslom de la To­wer Hül, en la que se me decía que por circunstancias sospechosas y relacionadas con la carga del Ban Righ, éste quedaba detenido mientras se procedía á una investigación, y que por treinta días se me ponía bajo la acción del Forez"ng En/z'stmml Act. Este incidente se rozaba con puntos de Der~cho Internacional, y los empleados del Custom se apresuraron á comunicarlo al Ministerio de Relacio­nes Exteriores. Decíase que el barco se destinaba á tomar parte en una gue­rra próxima entre dos naciones sudamericanas, con las cuales In­glaterra estaba en paz, por lo cual si el Ban Rigl se fletaba con permiso del Gobierno, y luégo destruía una propiedad cualquiera de uno de esos Estados, Inglaterra sería responsable por el monto del daño ocasionado. Y se recordaba el caso del famoso Alabama de los Confede­rados. Este buque de 900 toneladas fue conseguido en Birkenhead, en 1862, por los Confederados, y artillado; y aun cuando el Go­bierno inglés ordenó su detención, la orden llegó tarde, porque el buque había salido la víspera de Mersey y luégo infligió gravísi­mos daños á la flota mercante de los Estados Umdos, ha ta que fue destruído por un monitor federal en Cherburgo, en 1864. Y las gracia de ese buque costaron al Gobierno inglés cerca de f... 3 .000,000. Dos agentes uel Custom se trasladaron á bordo del Ban Righ, con orden de vigilarlo de día y de noche; la noticia del suceso circuló en el público, y numerosos visitante Yenfan al Dod á mirar nuestro barco. Entonces una singular especie relacionada con el buque ocupó la atención de los miembros de los círculos naYalc>s de la ciudad: hacía días que se rumoraba que las autoridades boers proyectaban equipar corsarios para apresar barcos ingleses, bien que (•1 hecho , fuera en verdad irrealizable, pue era claro que en el acto en que se intentara, se tomarían serias represalias. El caso del BaH R1'gh fue una de esas numerosas suposiciones, que los marinos, en espe­cial los interesados en el tráfico con el Cabo, á pesar de su in razón, considera ':>an como peligro ó amenaza para el comercio inglés. En favor de semejante opinión apenas e argüía el hecho de que el barco considerado inocente, se arreglaba como para ejerce el cor­so con excepcional presteza. El ansia de saber Jo que había en el particular, hizo que se dirigiera una carta al principal dueño del buqu~; pero ninguna de las preguntas de los firmantes recibió respuesta. ¿A dónde íba­mos? Adelante: íbamos adelante, es cierto; pero este dato nada Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 635 .J' . significaba ni aun para un sabio, y el misterio del Ban Righ qued6 sin resolver. Sin embargo, la creencia de que una vez fuera del Dock el buque serviría á los b.:>ers, ganab:1 tanto terreno, que ya ninguno de la tripulación podía bJ.jar á tierra sin ser colmado de insultos; • y tanto creció esa mala voluntad contra nosotros, que temí que pronto los ataques no se limitarían á simples palabras. ·Capítulo II-Quütcailtría. 11lslrummlos de músü:ay Hmbaleros. Al cabo de treinta días de detención en los Docks Victorb., ·se me a visó que podía hacerme al mar: nuestra libertad, según lo supe después, fue conseguida por el Cónsul general de Colom­bia en París, cuyo apoyo consiguió el General MatQs, leader de los revolucionarios venezolanos. El General Matos envió al mismo tiempo las instrucciones del ·caso sobre el viaje del Ban Righ. El General, hombre acaudalado, era miembro del Congreso venezolano cuan jo ocurrió alguna des­avenencia que el Presidente Castro resolvió se decidiera por ar­bitraje: el General Matos fue el árbitro elegido, y aun cuando su decisión pareció que ponía punto final al asunto, el Presidente no la aceptó como debiera; el General sostuvo su derecho, y por esto fue reducido á prisión, de la que no salió sino algún tiempo des­pués, cuando su hijo pagó como rescate 24,000 dólares. Inmediata­mente que estuvo en libertad, ardiendo en ira, formó un comité para hacer la gu rra al Gobierno de Castro, y en Julio de I 901 partió para Europa, donde negoció la arlqui ición del Ball Riglz, que fue comprado en nombre ele un caballero inglés. El 24 de Noviembre quedé en libertad de trasladarme á Am­beres. tomé piloto y me dingí de Thames á Graverend, donde anclé y recibí al representante de los pro¡.>ietarios, los dos contramaestres, el maquinista y el piloto de mar. Por esta fecha no teníamos aún á bordo los cañones de popa y proa, pero sí una gran cantidad de ví­\' eres. El dicho de que los cañones y explosivos estaban ya en el buque, y los rumores de que ese contrabando de guerra había sido decomi aclo por las autoridades, carecían de fundamento. Nada de esto podía quedar en Londres, por la sencilla razón de que no exislfa á bordo, puesto que hasta entonces no habíamos recibido sino las provisiones. Después de una estada de dos horas en Gravesend, nos hici­mos al mar: la noche era hermosa, la luna brillaba como no la había visto sino en el Ecuador, y Mr. Hughes, el óptico de Fen­- church Street, arregló nuestra brújula á su luz. Un domingo á las 2 p. m. llegámos á Amberes, el Ban Rig)¡ recaló en el Dock de Asia, y el lunes siguiente por la mañana re­cibí el cargamento del caso, que estaba listo en el muelle. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. "Bo1etfn Militar de ColOJnb1a \.._ 636 _,} El conocimiento de embarque era el siguiente : 1\. R. 1/940, 940 cajas de quincallería ........... . - 941/4340, 3999 íd. de cápsulas ...............• A. R. r /18 18 íd. de quincallería ......... } A. 19/79 61 íd. de cápsulas .............. } 8oj86 7 íd. de íd ........... ~ ..... . 87/ r 20 34 íd. de quincallería ........... . 122j21 1 go íd. de cápsulas ............. ~ 212j230 19 íd. de íd .................. J 23 r /3 3 íd. de quincallería ........... . 2 34/5 7 24 íd. de cápsulas ............... . 302/3 :l íd. de inst,r~mentos de) mu~1ca ............. 1 305/8 214 316 304 309 313 4 íd. de quinc~llería ......... ~ 6 íd. de bagaJeS .............. · 1 4 íd. de quincallería ......... J 5 íd. de íd ............... . 6 bultos mercancías .............. . 6 íd. íd ..................... . A. R. 301 A. R. 310 A. 40 cajas de vino .................... . 5 íd. de quincall ría ........... . 6r,r2o ks~ I70,(XX) , 5,294 , 4,685 , 4,679 , 4,642 , 314 , 1,633 , 2,010 , I ,380 , 1,496 , 2,000 , 510 , 311/1-42 312 4 7 íd. de cápsulas ............. } s5)6o 2 íd. de íd.................. 2 ' " 3I5 A.R. P. H. A. A. R. 317 A. P. H. 1~-R., 1 íd. de perfumería............ 28 , 1 íd. de aparato fotográfico... 10 , 1 íd. de manufacturas .... .. .. . 33 , 1 íd. de vino..................... 28 , 4,72 I bultos .............. gr. w. g. k t. 262,7ot ks. Hasta entonces yo creía sinceramente que este cargamento se destinaba al Gobierno de Colombia. . -~~- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletln Militar de · G:olombia '- 637 -- -:-= Variedades ::::::::::::::::.- N UEVA GRAN ADA SUS RIQUEZAS NATURALES P or J. D. Powles Esq., Presidente del Comité de Tenedores de Bonos de Hispa ­no- América (VERSIÓN DEL INGLÉS PARA EL "DOLETfN MILITAR") (Continúa) La cantidad de oro y esmeraldas que lo españoles obtuvie­ron de los indios de Nueva Granada, excedió en mucho á la que Pizarra sacó del Perú, pero el territorio de la Sierra Nevada siempre se menciona por lo· historiadores como uno de los que contienen más rique1as en el país. Se dice que la montaña de Garupal abunda en ricos minerales, y en la orilla de un arroyo Uamado Camperucho, hay dos minas, una de plata y otra de es­meraldas, que primero pertenecieron á una señora llamada n: Manuela Manuaceli, y que fueron explotadas por ella. Cuando cambió el sitio de Pueblonuevo, á causa de las incursiones de los Chimilas, estas minas se abandonaron y perdieron, pero no hay duda de que sería fácil volverlas á descubdt. Las montañas de la Sierra abundan en canteras de mármol, jaspe y pórfido, en vastos yacirniento.s de carbón de piedra, á am. bos lados del río Cesar, y las vetas de ellas aparee n cortadas á flor de ti~rra y vi ·ibles
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VI Serie III Tomo II N. 20

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VII Serie IV Tomo I N. 3

Por: | Fecha: 24/01/1903

~ ~~:~::Mo~il!de u~:::::i: i 1 ORG!l!O DEL MINISTBRIO DE GIJERRA Y DEL EJÉIIC!TO -1 ~~ ····-~;;;;;::::·;~::·:;·~::·;:·;:;~~~:·;·;:~:~~~---···-~¡ i Gtlneral de Ingeniero• ~ ¡ ; : Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejército j ¡ Prud• mUif bien IUCtiÚr que f&Utltro rtlptto tÍ to<ÜZI la1 COIUJICetOnta, tum.ga tÍ parar en l11 ~ ¡ indiferencia 1f no• deje fin energía. para defender la.r nutrtrar 1 j EYRI~U& SIENKIEWICZ ... i .. ·---·--·--·--·---------·-----·-------------·-·----------·------·------·-------------------------·-·--------------··r- ¡ + + + Bogotá, Enero 24 de 1903 .... + + i ,.- -"\ - Oficial - DECRETO NUMERO 3 DE 1903 (ENERO 9) por el cual se divide en dos Cuerpo'> de Ejército el que debe hacer la cuarni. ción en el Departamento de Cundinamarca El J'iupr1zidmll d1 la Rtptíblz'ca, mcargado tltl Podtr Ejuuii'D1, CONSIDERANDO Que el Cuerpo de Ejército destinado por Decreto~ número 1741, de 25 de Noviembre pr6ximo pasado, á la guarnici6n del Departamento de Cundinamarca, tiene que acantonarse por Bata­llones en diferentes puntos muy distantes unos de otros en el res­pectivo Departamento, y adonde por la causa dicha sería difícil que ll~gara en oport midad la acci6n del Cuartel del Cuerpo de Ejército; y Que tales inconvenientes quedan subsanados dividiendo eft dos Cuerpos de Ejército el destinado por el Decreto citado á la guarnici6n de Cundinamarca, DECRETA Art. I . 0 Divídese en dos Cuerpos de Ejército, que se denomi­narán I.0 y :1. 0 , constantes cada uno de 5,000 hombres, el Cuerpo de Ejército que había sido designado á la guarnici6n del Depar­tamento de Cundinamarca. Art. 2.° Formarán el primer Cuerpo de Ejército las fuerzas acantonadas en la capital de la República y en las Provincias de Oriente, Tequendama y Sumapaz, y la Columna Bolívar, acanto .. nada en San Juan de Rioseco. SERIE IV-TOMO I-5 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '-66_) Art. 3.• El 2.° Cuerpo de Ejército lo formarán las fuerzas aeantonadas en las Provincias de Chocontá, Guata vita, Zipaquirá, Ubaté, Facatativá, La Palma y Guaduas. §. El 'Batallón 4. 0 de Línea, perteneciente á la División Co­lombia, del primer Cuerpo de Ejército, continuará haciendo parte de dicha División hasta que sea relevado por otro del respectivo Ejército. ·Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 9 de Enero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, JosÉ JoAQUÍN C.\sAs. DECRETO NUMERO 4 DE 1903 (XNERO 9) que fija el valor de varias hospitalidades El Vt'cepresz'dmle de la Repúblt'ca, encargad• del P•du· EjtlulirJ~, DECRETA Artículo único. A contar del 1.0 de los corrientes, aumén .. tase á 8 diarios el valor de la hospitalidad de cada enfermo en los Hospitales Militares de Honda, Guaduas, VillNa, Girardot, Tocaima, La Mesa y Fusagasugá. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 9 de Enero de 1903· JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro d~.: Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, JosÉ JoA.Q ÍN CAsAs. DECRETO NUMERO 5 DE 1903 (E~ERO 9) que dispone la reducción del Ejército de la República El Vicepresúlenle de la República, encargado del Poder Ejeculiv1, Teniendo en cuenta que á medida que se va acentuando la paz en toda la República, se debe ir reduciendo el Ejército Nacio­nal al pie de fuerza únicamente necesario, DECRETA Artículo único. Redúcese el pie de fuerza del Ejército de la República á la mitad del número que señala el Decreto número 1741, de 25 de Noviembre del año próximo pasado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militrir de Colombia '- 67 __; §. Por la Comandancia en Jefe del Ejército Nacional se dará cumplimiento á esta disposición y se harán las reorganizaciones del caso y el licenciamiento de los 25,000 hombres que quedan exce. dentes. Para esto procederá de acuerdo con las instrucciones que para el efecto le comunicará el Ministerio de Guerra. Comuníquese y publfquese. Dado en Bogotá, á 9 de Enero de 1~03. ]OSE ~IANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Ptíblica, encargado del Despacho de Guerra, Jos:i joAQuÚ• CAsAs. DECRETO NUMERO 6 DE 1903 (:ENERO 9) por el cual se reconocen Yarios gr•<.los 1!1 Vz'ctpnrzdmle de ltJ Rep/tbhca, mca1·gado del Poder Ejecult71,, DRCRRT.-. Artículo único. Reconócen e Jos siguientes grados á que fue" ron ascendidos los señores que á continuación se expresan, por De­creto número 322, de 8 de Octubre de Igüi, expedido por el Go. bernador del Tolima: El de General efectivo de Brigada á los Coroneles Plácido Cárdenas, Juan de Jesús Rengifo y Celiano Correa; El de Coronel á los Tenientes Coroneles José A. Parra y Ni-colás Lozano ; El de Teniente Coronel á los Sargentos Mayores Antonio Vega R. y Gervasio Bocanegra. §. Dése cuenta al honorable Senado en us próximas sesio-nes, para los efectos constitucionales. Comuníquese y pubHquese. Dado en Bo~otá, á 9 de Enero de 1 go 3. JOSE MANUEL MARROQUIN El Miniitro de Instrucción Pública, e~tcar~ado del Despacho de Guerra, Josi JoAQUÍN CASAS. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 68 _J DECRETO NUMERO 1139 DE 1902 (Juuo 26) por el cual se confiere un ascenso El Vicepresidente de la República, encar¡;ado del Poder Ejecuft'vo, DECRETA Artículo único. Asciéndese á General efectivo de Brigada al . Coronel Mateo Escallón T. §. Dése cuenta de este ascenso al Honorable Senado en sus próximas sesiones, para los efectos constitucionales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 26 de Julio de 1902. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 8 DE 1903 (EN.ItRO 9) por el cual se declaran insubsistentes unos nombramientos .El Vietprwaenle de la RepríbHca, encargado del Poder Ejecull'v•, DECRETA Artículo único. Decláranse insubsistentes los nombramie11tos hechos en los res. Julio Meléndez, Carlos Escobar y Joaquín Me~a, para Ayudantes del Guardaparque general del Ejército, con fecha 1. 0 de los corrientes. Comuníquese y puhlíquese. Dado en Bogotá, á 9 de Enero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, JosÉ JoAQUÍN CAsAs. DECRETO NUMERO 9 DE 1903 (ENERO 9) por el cual se hacen varios nombramientos ZJ Viapresidenlt dt la República, encargado del Poder E.Jec~tlifll, DECRETA Artículo único. Nómbrase Comandantes en jefe de los Cuer­pos de Ejército 1.0 y 2. 0 , y Jefes de Estado Mayor general, res- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '-6g-' pectivamente, á los Sres. Generales Roberto Urdaneta y Manuel María Castro U., Clímaco Silva y Pedro Sicard Briceño. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 9 de Enero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIM El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho. de Guerra, JosÉ JoAQUÍN CAsAs. DECRETO NUMERO 10 DE xg<>J (ENRRO 9) que hace un nombramiento El Vicepresidenle de la RepúbHca, mcargado del Poder Ejecult'v~, DECRETA Artículo único. Por renuncia aceptada al Sr. Elíseo Rubio, nómbrase Oficial supernumerario de la Sección ~.·del Ministerio de Guerra al Sr. Plinio Rengifo. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 9 de Enero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, JosÉ joAQUlN CAsAs. DECRETO NUMERO 1 1 DE 1903 (E~ERO 9) por el cual se aumenta una asimilación El Vti:epresidenle de la República, mcargado del P1der .Ejeculivt~, DECRETA Artículo único. A contar del 1.0 de Enero de 1903, auménta­se la asimilación de que disfruta el Sr. Victorino Rodríguez, Con .. serje de la Sección 2 ... de la Intendencia general del Ejército, ' Capitán para los efectos fiscales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 9 de Enero de 1g03. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, JosÉ JoAQUÍN CAsAs, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \._ 70 _J DECRETONUMEROr2DEr~3 (ENERO 9) por el cual se elimina un empleo El Viapruidenlt de /a Repzíb/z'ca, encargado del Poder Ejuutt'•1, DECRETA Artículo único. Elimínase la Superintendencia del Ferroca­rril de Girardot, creada por Decreto número ro 16 de 10 de Junio de 1902. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 9 de Enero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción' Pública, encargado del Despacho d~ Guerra, JosÉ JoAQUIN CASAS. DECRETO NUMERO 13 DE 1903 (E,'ERO 9) que hace un nombrami ento El Vt'apraidenle de la Rtpública, encargado dtl Poder Ejecull'vo, DECRETA Artículo único. Nómbrase Síndico del Hospital Militar de Gi­rardot al Sr. Lucio Plata, asimilado á T eni e nte Coronel para los efectos fiscale . Comuníquese y publíquese. Dado en Bo¡otá, á 9 de Enero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, en cargado del Deipa.cho de Guerra, JosÉ JoAQUÍN CASAS. RESOLUCION NUMERO 76 DE 1903 (i:N.!:RO 16) por la cual se reglamenta el embarque de la carga de preferencia en los vapores del Alto y Bajo Magdalena El J.Hmslro de GtJerra, Teniendo en cuenta que en la aplicación de las obligaciones impuestas á los vapores del Alto y Bajo Magdalena por la Resolu­ción número 73, de 6 de Diciembre último, sobre embarque de preferencia de la carga del Gobierno y de particulares que hayan anticipado derechos de exportación en oro, se han presentado ca­sos de no haber en los puertos carga pri vile¡iada, y otros in con ve- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia nientei que han dado por resultado que los vapores demoren sus viajes, con grave perjuicio para la Empresa y para los intereses del Gobierno, Rli:SUELVJ: En lo sucesivo la obligación que se impuso á los vapores del Alto y Bajo Magdalena por la Resolución número 73, de 6 de Di. ciembre próximo pasado, queda reducida al cupo del 25 por 100 del tonelaje. Una vez embarcada la carga de preferencia, cuyas planillas se hayan pasado á las respectivas Agencias, y resulte que no al­cance al cupo que el Gobierno se reserva, pueden las Agencias li. bremente disponer del ~xcedente del cupo; y si llegare el caso de que no haya en los puertos carga del Gobierno ó de los particula­res que tengan derecho á preferencia al ponerse el vapor á la car .. 2'a, la Agencia podrá tomar el cargamento que á bien tenga. Queda en estos términos reformada la Resolución número 73 dicha. Dada en Bogotá, á r6 de Enero de 1903. El Ministro, j OSJÍ J OAQU{N CASAS INFORME DEL INTENDENTE GENERAL DEL EJÉRCITO (Continúa) DOCUl!ENTOS REVI ADOS Y DEVUELTOS AL .n. 'lSTERlO DE GUERlt4 Repúblz'ca de Colombza-Intmdmciagemral del Ejtrcz'lo-&cción J.•­Nlmuro .. . -Bogotá, Jubo 8 de I902 Fechas Junio Reclamantes Cantidad 2 Mariano Santa maría .... 3 Facundo Berna!.......... ro 3 Rafael Galvis............ 6 4 Elisa de Herrera y Fe-lisa de Rudas. 4 Natalia V. de Forero (Jorge Rojas) ........ .. 4 Santiago Ca margo...... ~ 4 Mi2'uel Lozano........... 1 ,ooo 4 Juan B. Salcedo (]. A. Mariño). 4 Francisco Groot (Adol-fo Afanador)........... 25-3 4 Juan Clímaco l\1endoza. 6 4 Francisco Groot (Rodol-fo Acosta) ........ ... .. . 4 Artículos Despastes. Bestias. Bestias. Varios objetos. Caballo. Mulas. Pesos. Bestias y reses. Bestias. Mulas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \._ 72 .....J Fechas Reclamantes Junio 5 Jesús Gómez ............. . 6 Ramón N. Plazas ....... . 6 FranciscoGroot(Eduar-do Quintero) .......... . 6 Juan A. Uricoechea .... . 9 Hermógenes García ... . 9 Ricardo García ........ .. 9 Jaime Córdoba ......... .. 9 Manuel J. Urdaneta .. .. 9 José María Sierra ...... . 10 Francisco Groot (Maxi- Cantidad Artículos 14 Reses. Galápago. 2 Bestias. 4 Bueyes gordos~ 2 Caballos. 2-1 Mulas y carga azúcar. 36 Reses gordas. 3 Mulas. 1 1 Reses. miliano Neira)... 24 Bestias. Reses. 10 Anastasio Balaguera... 15 10 Luisa Roa................. 1 Canuzal y yucas. Panela y sal. Mulas. 10 Ahdón Bogotá ......... 4!--9@ 11 Nieto Hermanos ..... . .. . 4 11 Domingo Salazar (Sa-lustiano Torres) ...... . 1 1 Julia Guerrero .......... .. 11 Julián Restrepo (Jhon H. Parish) ............ .. 1 1 Alejandro Lesa ca ...... . 12 Faustino Gómez (Darío Gómez y otros). 12 Domin~o Mora ......... . 12 Juan E. Rodríguez ..... . 12 Fernando Nieto C ...... . 13 Ricardo González ...... . 13 Ricardo González ..... .. 13 Rodolfo Zárate ......... .. Il FranciscoForero(vVen- Mula. Víveres. 10 Mulas. 62 Mulas. Alpargatas. 1 Estante. 8 Bestias. 1 Caballo. 5 Bestias. 4 Bestias. 30 Reses. ceslao Medina) ........ 3 Bestias. 1-4- Patricio Galiano .... .. .. . Monturas y aperos. 14 Liborio Carreño.. .... .. . 4 Bestias. 14 Segundo ánchez.... .... I 1 @ Arroz. 16 Anselmo Bustamante... 1 Caballo. 16 Ignacio Luque Perea... 22 Bestias. 17 Venancio Páez........... 6 Vacasv 1 7 Emiliano Caí cedo •. . . . . . t 1 Bueyes·. 17 Custodio Escobar........ 40@ Sal. 18 Julio de Mier y Euge-nio Umaña ............ .. 18 Milcíades Gutiérrez ..... . 1 8 Lucio Gori. .......... .. 18 José María Sánchez .... . 18 Francisco Groot (Hipó-lito Navas) ............. . 18 Lisandro Cortés, Eze-quiel Garzón .......... .. Unas bestias. Des pastes. 790 Botellas de aguardiente. 2 Novillos. 1 I Reses. Vaca. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Fechas Junio Boletín Militar de Colombia '- 73 _J Reclamantes Cantidad Artículos 18 Andrés Santos ........... : 5 Bestias. 1~ Pablo J. Rodríg•1ez ..... Mula. 18 Félix Cortés (Francisco Zapata) ................. 1 1 Mulas. 19 Luis Suárez Castillo ..... 22 Bestias._ 19 Pablo E. Mariño ......... ~6 Mulas. 19 Isaías Suárez ............. Macho. 19 Francisco Groot ......... 11-2 Reses y bestias. 20 R~m6n Acevedo ......... Res. 20 Juan C. Trujillo (Nivar-do Ca macho) .......... 14 Bestias. 20 He.rminia Sánchez ...... 2 Reses gordas. 20 Luis A. Mesa (Antonio Salcedo y otros) ...... 64 Mulas. 21 Pedro María Murillo ... Unos animales. 21 Santos Micán ............. I Res. 23 Liborio Carreño ........ . 2 Galápagos . 23 Sixta B. de Fonnegra ... 61 Reses. 24 Ricardo Garda .......... Sementera. 24 A 1relio Durán (Roberto Durán) .................. ¡:.;¡ :Mulas. 25 Ignacio Luque Pérez ... 1 Flete y mulas .. 25 Pablo Ferro ............... 50 Reses gordas. 25 Benigno M uñoz y Ma-nuel Gómez ......... ... 1-44 Papa y postes. 25 Enrique Hoyos y Adol-fo Viana ................ I-4 Bestias y galápagos. 26 Hufino Gutiérrez (Feli-l\ 1ulas. pe J. Fadet) ............ 40 26 Elisa G. de Herrera y Fe lisa R. de Rudas ... 210 Pantalones. 26 María J. de C. Bermú-dez ....................... 9 Mulas. 27 Antonio Peña ............ 2 Caballos. 27 Rufino Gutiérrez (Ber-nardo Wessels) ...... 415-25 Novillos y mulas. 27 Lisandro Segura......... 18 Bestias, 27 Feliciano González ...... I5 Mulas. 27 Rufino Gutiérrez (Fran-cisco Díaz). 2 Mulas ~ 28 Benjamín Martínez(Lá-za ro Riascos) .......... 29 Mulas. 28 Raimundo Acosta ....... 3 Reses. 28 Félix Cortés (Francisco Angulo) ................. 2 Caballos. 28 Félix Cortés (Francisco Zapata) ................. 11 Mulas. 30 Francisco Collazos ...... 485 Alpargatas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia L 74 _; Fechas Reclamantes 1 unio 30 Gregario Sánchez ...... . 30 José María Sierra ..... . 30 José María Sierra ..... . 30 FranciscoForero(Evan-gelista Barragán) ..... 30 Francisco Plazas (Oc-tavio Rincón) ......... . Cantidad 19 Bestias. 20 Reses. ~ Reses. 6 Bestias. r 1 U:ulas. Artículo! ACTAS DE POSitSIÓN Y FIANZA EN EL .MISHO MES Junio 1.0 Jaime Guerrero, Pagador de fletes y cargas en Agualarga. Fiador, Justo A. Guerrero,$ 20,000. Junio 3. Julio Ramírcz, Comisario Pagador de la División Próspero Pinzón. Fiador, Bartolomé Rodríguez,$ 4,000. Junio 4· Carlos Sampedro, Comí ario Pagador del Ejército del General Manuel Castro. Fiador, Vicente Sampedro, $ 4,000. Junio 5. Jesús Cuéllar, Comisario Pagador de la 1 .• Brigada del Ejército de Santander. Fiador, ilvano Cuéllar, $ 4,000. Junio 6. Flavio Vanegas, Comisario Pagador de la División Boyacá. Fiador, Alejandro Lesaca, $ 4,000. Junio 10. Victoriano González, Pagador del Batallón expedi­cionario á Sumapaz. Fiador, Benjamín Silva, S 4,000. Junio 21. Francisco Olarte L., Comisario Pagador del Ejér. cito del General Roa Díaz. Junio 30. F. J. Vcrgara y V., Pagador del Ejército de San­tander. Fiador, José 1\Iaría Pinto, $ 4,000. El Jefe de la Sección 3:, GoNZALO GrRÓM - Doctrinal EL FERROCARRIL INTERCONTINENTAL EN COLOMBIA (Contimla) La Mesa, como lo implica el n~mbre, está situada en un llano alto, con cierta inclinación al Este, el que al fin se realza hasta el punto de hacer necesario un desarrollo cerca del Vacoy. De allí á Santiago, cruzando los afluentes del San Pedro, se encuentra otra señal característica muy marcada de la llanura del Pacífico: cerca de estos canales tributarios, la superficie está excavada en muchas partes por cavidades de 1 o á 1 5 pies ( 3 á 5 metros) de profundi­dad. Las capas más fuertes han sido cimentadas por alguna solu- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. lJoletín Militar de Colombia \..- 75 -J ci6n de hierro, y aquellas áreas perforadas tienen exactamente la semejanza de las excavaciones en los minerales de hematita. Para evitar el paso costoso del río Chorro en Santiago, en la línea de la vereda, el trazo deberá pasar una silla en la sierra, al Oeste del río, y cruzarlo al Norte de la ciudad. De Santiago, una llanura ancha y herbosa, con desagües á derecha é izquierda, nos conduce por un descenso imperceptible al río Santa l\1aría. De allí á Aguadulce hay grandes ondulacio­nes bajas, con hoyas muy poco profundas, como si fuesen de an­tiguos lagos, á uno y otro lado, y que la vereda evita con un rodeo. Están cubiertas las hojas de cierta yerba acuática verdeoscura, que indica que allí se rebalsa el agua en la estación lluviosa. De Aguad!Jlce la vereda tuerce •1 Nordeste hasta Natá, pa­sando á la izquierda de un grupo esporádico de colinas. Este des­vío no parece ser impuesto por la topografía. Debiera buscarse un sendero á. la derecha de las colinas, aunque acaso desde el punto ele vista comercial no debe dejarse á un lado á Natá. Después de llegar por terreno igual á Antón, seguímos la ve-.. reda hasta la playa, y de la playa á San Carlos; y si no lo hubie­ra impedido la pleamar, la habríamos seguido hasta las cercanías de Chame, para ganar tiempo. La vereda es el camino público cuando lo permite la marea. El terreno propio para ferrocarril está más hacia la tierra adentro, como lo presenta el bo quejo del croquis, desde Antón á. los suburbios de la aldea de Chame. Una parte de la tierra, á lo largo de la costa, se interna en el mar en la forma de promonto­rios de 50 á. So pies ( r 5 á 25 metros) de elevación, con lechos de guijarro redondos y fragmentos de cascajo cimentados con arci­lla y en posición \'ertical 6 casi vertical. La montaña de Capín• , al sur del río as( llamado, fue una barrera enteramente inesperada. e llega á ella al través de una serie de ondulacione - formadas por lomas de la cordillera princi­pal. Requiere un ascenso de 550 pie ( r 70 metro ) y un descenso de 330 pies (100m . tros), hasta el paso del río. Muestra lechos de roca arcillosa de mayor espesor que la que se encuentra má.s hacia el Oeste, y e tá sembrada de trozos sueltos del mismo ma­terial y de piedras de origen volcánico. Las maderas gruesas re- · aparecen en esta localidad. Es hacedero el desarrollo de la vía para tran~montarla cerca de donde la eruta la actual vereda ; pero parece, por las vistas que tuvimos y por los mapas del país, que en el trazo pudiera ser ventajoso un rodeo al Este, dando una vuelta para evitar la al~ura, por la vía de los valles de Ca­marón y Calabozo, que no se indican en el croquis. Se recomien­da esa exploración á los que nos sigan en la obra. Se anda sin embarazo del río Capira á Chorrera. El trazo debe pasar al Este «e Chorrera, y por lo que pudimos juzgar, debería a·proximar e á la línea del Ferrocarril de Panamá indica­da en el mapa que se acompaña. En el concepto de que la longitud del trazo entre David y Panamá sea de 274-4 millas (451.49 kilómetros), calculamos el costo de nivelación, albañilería y puentes como sigue: Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 76 _J l. La región de la cumbre entre los ríos San Die-go y Cobre (40 millas), 64.37 kilómetros, á$ 13,000 .. $ 836,810 2. La región de la cumbre cerca de Capira ( 10 millas) 16.09 kilómetros, á$ 13,000........................ 2üg,I70 J. El resto de la línea (~24.4 millas), 361.13 kiló-metros, á $ 10,000.. ...... ......................... ............ 3.611,300 Total (~74·4 millas), 441.59 kilómetros ............ $ 4.657,210 Siendo el término medio por kilómetro como$ 10,546, y por milla como $ 16,97 1. Desde el paso del río Cobre á Natá, en río Chicó, el mapa general, lo mismo que la topografía local, indican otra línea practicable más directa que la de nuestros estu­dios, por la zona de Santiago. Seguímos el camino público más frecuentado, é hicimos de la capital de la Provincia el punto prin­cipal del trabajo. Los que vengan después podrán hallar razones económicas que favorezcan el recorte. Sujeta á la misma contingencia está la bajada al Tabasará, que puede necesitar nuevo estudio, con la mira de adoptar una lí­nea de Remedios al río San Pablo, y á uno ú otro de los puntos mencionados. Las futuras expediciones de estudio en sus investigaciones más completas para el trazo entre Punta Arenas y la región del Atrato, deberán arreglar el tiempo y la organización y distribu­ción de los trabajos de manera de llevarlos á cabo en la estación de verano; es decir, de Diciembre á Marzo inclusive. El mes de Noviembre se comr.>uta como el destinado á que se enjute el terre­no, lo que no sucede sino al fin del tiempo eco. Aun en Enero y Febrero encontrámos lodazales que apenas permitían el paso sin grandes rodeos. Algunos días de lluvia pueden entonces im­pedir, cuando no hacer de todo punto imposible, el trabajo en el campo. Esta anotación es de mucha importancia. CAPITULO XV LA REGIÓN DE SAN MIGUEL Según ya lo hemos comunicado, acampámos cerca de Pana­má el jueves 16 de Febrero de 1893. El viernes fue día de lluvia. El sábado 18 salímos para Chepo, y el 22 muy temprano pusimos el poste terminal sobre la margen del río Mamoní, al Este de di­cha aldea, 43·5 millas (¡o kilómetros) distante de Panamá. Des­pués de presentar nuestros respetos al Reverendísimo Juan Ale­jandro Peralta, Obispo de Panamá, que tiene su residencia de ve­rano en Chepo, regresámos el mismo día para Panami, volvimos á nuestro campamento anterior, á dos millas de la ciudad, el ~4 de Febrero, y al día siguiente partímos para el Chocó. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 77 -' Habiéndonos chasqueado el Capitán de una goleta, compro­metido á transportarnos en ella á la bahía de San Miguel, el lunes 27 de Febrero tomámos otra y dimos la vela al Mediodía el miér­coles 1.0 de Marzo. Nuestro personal se componía de Garrison, O'Connell, el que suscribe, el cocinero y un auxiliar. Parker se quedó para disponer de nuestros animales, y en nuestra ausencia buscar transporte por mar de Colón al Atrato. Nos encontrámos en el viaje en manos de un patrón indio, que conocía la costa pero no era marinero, á bordo de un bote de doce toneladas, con sólo algunos quintales de piedra de lastre, aparte de nuestros víveres, por lo cual tumbaba demasiado. Los vientos son variables aquí, pero más frecuentes los del Norte desde el mar afuera, y borrascosos de cualquier punto de la rosa náutica. NI) se podían tomar rizos á las velas. El patrón y su asistente se dormían sobre el timón. El velamen, tendido todo, es­tuvo á punto de voltear y sumergir la embarcación. Entonces se arrió el trinquete y de nuevo se corrió el peligro de zozobrar, con la vela mayor y el foque, por lo cual fue preciso navegar á palo seco. A la id;} anclábamos por la noche cerca de tierra para no pasar parte alguna de ella sin reconocerla. Llegámos á la altura de La Palma, en la bahía de San Miguel, en la tarde del sábado 4 de Marzo; y retrasados por el viento y la marea, no arribámos al término de la navegación del río Sabana, hasta la mañana del martes 7· Al regreso caminámos día y noche á la vela, y llegá­mos á Panamá el sábado por la tarde, maltrechos por el peli_e-ro exasperante y continuo de una tragedia en el mar, porque e ·capá­mas 50 ó más vece s de volcarnos con la embarcación, sin que se hubieran salvado entonces má de dos pe rsonas, y entre ell s nin­g- uno de los blan·cos que iba á bordo. Nuestras observaciones demo traron lo que podía haberse afirmado de antemano, que el llano de la costa á que entrá m os en Chiriquí Viejo, al Oeste de David, y atravesámos de allí al Ma­moní, continuaba al Oriente hasta la bahía de San Miguel. La línea de nuestros estudios desde Panamá. fue por el cami­no de mulas hasta Chepo, como puede verse en el croquis que acomp.1ño. Por algunas millas el terreno es abierto, ligeramente ondulado, y después, hasta el río Juan de Dios, que faldea unas colinas, desde la sierra central al mar en el plano inclinado que allí se forma, el terreno llano, cuando se presentaba, en partes - estaba cubierto de bosque alto y espeso, y á veces encharcado por las úllimas lluvias. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia L 78-' GEOGRAFIA DE LOS ANDES TROPICALES LA VEGETAClON (De la Gco~rafia del Ecuador, por T . Wolf) 1. 0 -La región andz1ta ó de los páramos La extensión de esta región vegetal es grandísima; pues ocu­pa los anchos lomos de las dos Cordilleras grandes, los nudos in­terandinos, y muchas montañas intermedias más ó menos aisla­das, que exceden á la altura de 3,000 á 3,400 metros. Sus condi­ciones climatológicas singulares se exponen en otro lugar, y ahora completamos el cuadro con algunos detalles botánicos. Sus límites verticales podemos ponerlos entre 3,400 y 3,6oo metros de altura; su flora se separa ?OCo á puc o de la subandina, y se pierde finalmente entre las nieves eternas de los cerros más altos. En el límite superior de los bo~quecitos subandinos, descritos en la sección correspondientl, de saparecen poco á poco ciertos gé­neros de arbustos, y aun familias en~era , c.omo las mirtáceas, me­lastomáceas, mirsíneas, piperáceas, araliáceas, &c., y en su lugar se presentan otras planta , que con toda seguridad anuncian el pára­mo y una altura de más de 3,400 metro ; por eje mplo la Chuqui­ragua ( Clwqrúragua mú:ropllylla é z'twgms, aunque la última baja algo más), Calceolarúz encozdes, Valen·ana dgz'da, JVermn·a dúltcha, Polmlz"lla andt'na. La paja del Ishu (Stipa ú:lm) ya principia en la zona subandina, pero sólo en esta región superior llega á su domi­nio indi putado. Con algunos d ~ su · congén cr s (Andropogón pas­patum, C."c.) forma lus pajunal cs , qut; con de. esperada monotonía cubren centenares de leguas en las Cordilleras de los Andes. Las gramfn~;as, y e5pecialmentc la Stipa rChu, constituyen el elemento esencial de la Flora andina, y le imprimen su carácter singular; las demás plantas alpú1as casi desaparecen entre los altos y den­sos mechones de la paja, y sólo hacia el límite de la nieve, donde aquéllos se hacen más ralos y bajo ·, pueden desarrollarse con ma­yor libertad. A pesar de la mucha semejanza y analogía entre loi elementos botánicos de la Flora andina y de la alpina de Europa, existe una. diferencia inmensa en el aspecto complexivo ó gene­ral de las dos, y á este respecto la Flora alpina lleva la ventaja indisputable. Hé aquí cómo e expresa el mejor conocedor de la Flora ecuatoriana. que en tiempos anteriores ha estudiado también la alpina: " El aspecto de los pajonalts está muy lejos de poderse comparar con el tan profundamente simpático, ale­gre y amenísimo de los Alpes. En estos se puede «lecir que la Naturaleza se despierta casi de improviso del profundo letargo invernal, y rebosa de nueva vida. El espectador casi no da cré­dito á sus propios ojos al ver cambiada de repente y como por encanto la faz de aquellos parajes, poco antes tan escuálida y tris­te, en otra tan alegre y risueña. Parece que á los suaves calores de Mayo y de Junio la vida se reviste allí de todo io más hermoso Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 79 _; y brillante, como para el tiempo de sus fiestas, porque conoce los días de luto y desolación que le han de llegar más tarde. El rigor invernal de esas regiones destruye enteramente sus tallos jugosos é inmaduros, y así es que en primavera la nueva vegetación puede mostrarse con todo el fausto de sus tiernos retoños, no ofuscados por los restos escuálidos de la pasada. Por el contrario, en los pa­jonales de los Andes el período más largo de vegetación permite á los tallos consolidarse más, y muertos resisten más las causas destructoras, esperando del tiempo lo que no puede sobre ellos la inclemencia demasiado mitigada de las estaciones, y entre tanto ofuscan y afean con sus despojos fúnebres el brillo de las recien-tes generaciones." 4 ¡Este es efecto nece~ario de la primavera eterna!, expresión del todo inadecuada tanto para el clima como para la vegetación. En el páramo ne hay ni primavera, ni otoño, ni verano, ·ni invier­no; sólo hay eternamente lo mismo. Dos terceras partes de las hojas de la paja siempre están secas, con un color pardusco ó ama­rillento, las nuevas de un vtn.l e azulado, prouucen con aquéllas ese manto aceitunado que ~e llama pajonal y qu (' cuLrt tudas las mon­tañas. Un desierto completo no cau ·a en el viajero las impresiones tan tristes y melancólicas, como el yermo de lus pajonales. Aquí tratamos solamente de la fisonomía g-eneral del páramo y de sus rasgos característicos; pero del..Jernus agregar que la flora de esta región, analizada por el hutánico de profesión, nQ deja de ser muy interesante. ProYoca cspontán amu1te una com­paración con las flores árticas y alpinas, C<·n ia-. cuale presenta tanta analogía, y excita al pensad Jr á con~idera<..iur~es profundas sobre la migración de los \'Cgetales, ·obre el ~ndemi:--.mo , el origen de las especies, y otrcls cuc. tiones ~emcjantc , cuya discusión nos alejaría demasiado ele nuestro .)bjeto . .Algunas particularidades de la flora andina cncuntnu·ci el lector "'n los supkm<:ntos. Desde el punto de ,.¡ ta económico, los páramos son un pa(s de pasto, y como tal, ti~ne una importancia muy g-ra1~de para el Ecua­dor. La riqueza de muchas haciendas c~nsistc únicamenle en tan­tas leguas de páramo, 6 mejor dicho, n tantos miles de cabezas de ganado vacuno, caballar y lanar, que ¡.acen en eso· páramos; y el pobre indio, que tal vez no posee una cuarta de tierra en pro­piedad, mantiene sus animales en el páramo comunero; de suerte que la existencia d~ millares de anima k s y de centenares de pro­pietarios, está íntimamente conexionada con esta suprema y fría región de los Andes. La vegetación arbórea y fructífera cesa generalmente con ]a altura de 3,500 metros; sin embargo, en alguna quebradas abri­gadas sube algo má.:i. En el Antisana se hallan matorrales espe­sísimos de dos metros de altura de la Clmsquta a1 /~lata á más de 4,000 metros, y los tortuosos árboles de Quenua (Polylepis sp.) forman en el Chimborazo (camino de Guaranda) y en otros cerros, bosquecillos á la altura de 4,200 metros; pero siempre son fenó­menos aislados. Algunas plantas fructíferas y leñosas que se hallan hasta cerca de la nieve perpetua, apenas se levantan del suelo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- So-' sobre las yerbas bajas de su ceréanía, y por esto no causan la im­presión de arbustos; así, por ejemplo, Baccharú alpzna y htmzijusa, HedyoHs ericoides, la Gaullhen·a, Rttbus nubigenas, Chuquz·raga micro­phi/ la y otros. En 4,500 metros de elevación, poco más 6 menos, la paja del páramo y en general las gramas ya no son tan tupidas, se hallan en mechas aisladas y esparcidas, y desaparecen final­mente casi por completo; de suerte que la faja suprema se compo­ne de preferencia de otras yerbas andinas, algunas con flores grandes y vistosas, y la flora toma un aspecto mucho más alegre y más parecido al de la flora alpina. Como en un jardín botánico, y separado por caminos y plazuelas arenosas, se encuentran visto­sos grupos de Gentianas, Acamas,' Malvas/ros, Valen·anas, las lanu­ginosas especies de Culezlium (frailejones) y el grotesco Lap¡nus alope curpzdes (Gonda, cola de caballo). Las Wernen·as y una peque­ña lfmbellifera, Peclophytum, forman céspedes densísimos 6 al­mohadillas de un verdor primoroso; entre ellas se levantan los co­lorados y cilíndricos tallos del L;•copod/um c1·assum y L. erythraeum (Tarugo-cacho), así como las enrolladas hojas de un helecho sin­gular (Jamesom"a dmzamomea). En 4,600 metros de altura la vegetación herbácea ya es muy rala, y los arenales se cubren por grandes trechos con líquenes ce­nicientos ó blanquecinos (Sterso caulon sp.). Sin embargo, no fal­tan del todo las fanerógamas, y algunas como el Culá17imz m7,ale y rufescens, la Valerz·ana af;pitolz'a, la Pemettya anguslifob'a, trepa.n entre las manchas de nieve hasta alturas que exceden de la línea ordinaria de la nieve perpetua. Pero aquí pongamos el punto final á nuestra revista sumaria de la vegetación andina ecuatoriana. La distancia desde la palma de coco hasta los líquenes del Chimborazo es corta; subiendo del golfo de Guaydquil al Cajas de Cuenca, podemos recorrer todas las zonas, de de la ardiente del litoral has'a la andina superior, en un solo día; pero ¡qué in­mensa variedad, qué riqueza sorprendente la de esta Yeg tación, acumulada en un pequeño e pacio 1 Pocos países habrá en el mun­do que abran á la ciencia botánica y :i la especulación humana un campo tan vasto y grato como el Ecuador. 2. 0 -Regz!m zizterandina La zona subandina ó templada no presenta el mismo interés que la anterior, ya sea con respecto á la riqueza y variedad, 6 ya se considere el aspecto fisonómico de su vegetación. Esta carece al mismo tiempo de las proporciones aventajadas y lozanas que se admiran en la de las inferiores ó cálidas, y de las formas elegan­tes que se presentan en la superior ó fría. Su aspecto de com­plexión es monótono, innoble y triste. Es, por decirlo así, una zona de transición de la tropical á la alpina, y como tal participa 6 más bien resulta de lo menos interesante y halagüeño, así de la una como de la otra. De la primera recibe los elementos raquíticos y casi abortivos; de la segunda, las formas más ~roseras y casi monstruosas. Este estado proviene de un doble orden de causas: Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 81 _J 'las naturales y las que llamaremos accidentales ó arbitrarias. Pertenece á las primeras por su considerable altura, ya que asig­nándole como límite inferior la elevación de la altz"plam'cie que se ex­tiende entre Riobamba y Quito, ésta sería de 2,800 metros, eleva­ción que excede el límite inferior de las nieves permanentes en la cadena de los Alpes. En consecuencia de esto, la temperatura me­dia es de 14° C. 6 poco más, demasiado débil para fomentar en las presentes circunstancias una vegetación más vigorosa. Además, por haber sido ésta (como lo es aún al presente) la zona más habi­tada, se despojó poco á poco de la vegetación arbórea que antes poseía, y se le redujo á campiñas y á dehf'sas. Los Yestigios de e to se manifiestan en todas partes, y se debe atribu(r á la circunstan­cia de que los dueños se descuidaron de recompensar el suelo de las sucesivas pérdidas sufridas, el que agotándose en él paulatina­mente los elementos productivos, se haya vuelto inútil para el cul­tivo, por lo que finalmente se le abandonó del todo en muchos puntos de esta vasta llanura. De este modo se originaron esas pampas estériles, tubiertas de pocas gramas, que vcmo entre Ambato y L:'l.tacunga, cuyo producto apenas basta para alimentar los rebaños lanares que vagan por ellas. Añá le e tami.Jién que el terreno pumíceo de este paraje, parto infeliz del vecino CotoiJa.·i, con la misma facilidad con que absorbe el agua llov . diza, la eYa­pora, siendo al mi mo tiempo poquísimo apropiado para determi­nar el rocío nocturno, y la toba volcánica Congagua compacta, que constituye Jo demás de esta zona, la deja ftuír toda, queJando en ambos casos el suelo siempre árido é infecundo. Solamente una densa vegetación arbórea (á falta de un e_ me­rado cultivo) podría obviar estos inconveniente que se originan de la naturaleza del suelo, impidiendo la evaporació demasiado activa y suministrando al suelo nuevos elementos orgánicos, &c.; pero una vez destrufda ésta, no hay que extrañar que toda e ta g-rande llanura se halla tn tal e tado. Hay, sin mbargo, algunos puntos que e preciso xceptuar de estas generalidades. Los valles de Chillo, Taurubamba y Machachi, provi~os de mejor terreno y abundantei en agua, poseen quinta apreciables por su fertilidad en maíz, trigo y otros cereales, que forman el principal recurso de la capital, y excelentes potreros que alimentan numerosos rebaños de ganado vacuno, cuyas aventajadas proporciones dejan entrever los felices resultados que se podrían conseguir si se pusiera el de­bido cuidado en la mejora de las razas. Los alrt.dedores de Am­bato, cuya fertilidad ha sido mejor fomentada por la agricultura. forman el jardín de nuestros Andes y como el oasis de la altipla­nz'cz'e de Quito. Allí prospera el naranjo, la vid, el peral y el du .. razno, que son casi los únicos árbolei frutales aclimatados en el suelo ecuatoriano. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mi Jitar de Colombia '- 82 --' SORPRESAS DE LA CABALLERÍA CONTRA LA INF ANTERIA y WI\DIOS DB QUlt DISPONE ÉSTA PAit.A PRRSKR.TARS& o• aLLAI (De la Revista ád Boldln Militar de Buenosaires) V Prtparación dt la sorpresa-Recotzocimt'tnlo en eilerreno-Elea,(m dt 1• emboscada-Instaladón del destacamento Cuando el Jefe ha puesto á su tropa al abrigo, estudia minu­ciosamente, por sí mismo, la zona de terreno al través de la cual piensa efectuar la operaci6n. Y si sospecha detalles y particulari­dades que la escala de la carta no haya permitido representar, lo¡ reconoce con la mayor prolijidad. Ciertas cortaduras, que serían obstáculos para una marcha r:ípida, pueden no figurar; tal llanura, representada como plana, es, sin embargo, ond ulada; estas ondulaciones no aparecerán siem­pre á primera vi ta, pero un ojo ejercitado las sabe encontrar ri­pidamente, y aunque parezcan despreciables, son, en la mayor parte de los casos, muy favorables á la emboscada de una tropa de caballtría. Basta una diferencia de nivel de :l m. so en el thal­weg para que el d stacamento desaparezca, cons rvando á sufren­te un buen terreno pard. la progresi6n rápida en 1 momento del ataque. Por lo general los campos no e encuentran completamente descubiertos, y se hallan en ellos arbustos y arl.Joleda , bosques, quintas cercadas con muros 6 con setos, poblaciones, &c. Por consiguiente, el Jefe del destacamento debe aplicarse al examen de todos estos detalles, determinando los elementos de los cuales podrá sacar partido, y los que deberá evitar, como por ejem­plo los lugares habitados, puesto que pueden contener e pfas ; y si le parece conveniente ocupar una quinta cercada con muros 6 cu­brirse 6 emboscarse por sus inmediaciones, es n cesario que ésta se encuentre suficientemente alejada d el itinerario seguido por el enemigo. En g-eneral, si se oculta en una localidad ú en un grupo de casas, es necesario que lo haga desde alguna distancia, porque esos lugares es seguro que serán estudiados por el enemigo, vi2"i- 1ados y quiz:ís visitados, á. menos que se encuentren tan alejados de las patrullas y de los guardaflancos, que estos últimos no espe­ren poder hacer ese servicio sin perder mucho tiempo. En terreno ondulado, el destacamento debe ser disimulado dentro dellhalwet de una de las ondulaciones, y tanto como sea posible ocultado por algún abrigo; además, será conveniente dejar al~nas ondulaciones entre sí y el punto por donde ha de pasar la ~olumna enemiga, porque 1as patrullas de esta columna, si son Ti­¡ ilantea, no dejarÁn de Yisitar las más próximas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia 1._ 83 __¡ Evidentemente, no se pueden dar sino indicaciones generales sobre la preparación de la sorpresa. Pero en resumen, es bueno emboscar á la tropa fuera del alcance eficaz del fusil y más allá de los abrigos y de las ondulaciones que puedan ser visitadas por las patrullas que flanquean la columna enemiga. Cuando se ha terminado el reconocimiento, el Jefe del desta camento reúne á su tropa, la conduce al emplazamiento definitivo que ha elegido, y ahí se instala. Debe tener e studiada su línea de retirada, lo que debe indicar con antic ipación á su tropa ; igualmente señalará sobre esta misma línea un punto d e reunión para el caso de sufrir un fracaso; y si fracciona á su tropa, a signa á cada fracción su papel. También debe poner á toda ella al corriente de sus proyectos, porque demos­trando así su confianza, conquistará fuerza moral. Si ha de perma­necer algún ti e mpo e~ p e ra ndo al enemigo, ordenará que ponga pie á tierra alternativamente la mitad de sus hombres, á fin de tener siempre alerta una pa r te de su efectivo mientras que la otra des­cansa. Desd e es te momen to, e l J efe del destacamento no hace ex. plorar más de l lado de l en e migo, pero se cubre á retaguardia con algunos centinela::. que, bi e n colocados, vigilen sus flancos y su línea de retirada. VI Ptríodo de esptclaHv a - Ón'c ammle d Jife dd deslacamenlt~ va dt descu bt"erla dd lado del m emigo-Sangre fría J' emoeton Cuando ha ll egado es te im•tant e, el Jefe, nadie más que el Jefe, vi¡ila con su vista ex perta. No • le b e confiar e l cuidado de ver ni de explorar al Oficial mÁs sagaz, aunq th.! sc:a 1 mejor dotado de esta cualidad entre los de su destacamento, porque el momento favorable para el ataque es tan corto en la mayor parte de los casos, que es necesario casi siempre ver, decidir y obrar al mismo tiempo. Por consiguient e, es necesario esperar al enemigo con el ma­yor silencio é inmoYilidad. Con el objeto de ver bien, el Jefe puede tener necesidad de trasladarse hacia adelante; al efecto, deberá avanzar á pie, ocul­tándose 6 arrastrándose en caso de necesidad, utilizando los meno­res abrigos que ofrezca el terreno, y en seguida se mantendrá en una inmovilidad absoluta, detrás de una maleza, un tronco de ár­bol, un talud de foso, en el linde de un bosque, &c. Si lleva casco ú otras prendas muy vistosas, tendrá especial cuidado en quitárselas, porque el centelleo del metal, lo visible de lo blanco, &e , pronto denunciarían su presencia. Muchas tentativas de sorpresas han fracasado por haberse negligentemente despreciado ó ignorado estas precauciones que pareciendo superfluas, son sin embargo casi la clave del éxito. En efecto, se ve, en las maniobras, que los oficiales de caha- · llerfa es!:t blecen conYenientemente á su tropa, pero que descuidan Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia L 84 -J por completo el hacer vigilar su retaguardia y sus flancos, mien­tras envían patrullas del lado del enemigo y colocan centinelas en esta dirección. Cuando han conseguido las noticias precisas, montan á caba­llo y van arroganftmmlt á comprobar los avisos que han recibido. Este movimiento r evela al enemigo su presencia; esta pérdida de tiempo no les permite utilizar ese instante fugaz en que es posi­ble sorprender al enemigo. Sin embargo, llevan su tropa al ataque. Mas la infantería prevenida los recibe con nutrido fuego, ante el cual son obligados oien pronto á retirarse con toda pnsa; y ts de este modc como mantienen entre la infantería la creencia de la impotencia de la caballería para llevar contra ella una carga eficaz, sembrando la duda en el espíritu de los jin etes, dos errores igualm ente funestos. En maniobras, las tres armas deben instruírse la una á la otra, y no inducirse en error recíprocamente, realizando las operacio­nes que se asemejen más á la verdad frente de los fusiles carga­dos, y no ejecutando cargas que se detienen antes del choque, pero que se guardarían !Jien de tentarlas en campaña, p r lo menos en malas condiciones. Si estos oficiaks hubiesen sido su propio explorauor, habrían visto, decidido y obrado con tiempo y rápidamlnte. Pero no que­riendo trasladarse hacia adelante personalmente, poniendo pie en tierra y ocult<índose para observar de más cerca, pierden la oca­¡¡ ión de conseguir el éxito. Para estar seguro de obtenerlo en campaña, es necesario desde luego haberlo obtenido en maniobras. Es uifícil obtener el éxito en maniobra , porque la infantería no se resuelv , es decir, no se conforma en ser vencida sino cuan­do e sorprendida t7 óout portan/, s decir, en .tales condiciones que le sea imposible tomar una formación y abrir el fuego ó armar la bayoneta. La infantería no admite que una caballería que se encuentre Jalopando á 200 metros en el momento que la aperciba ella, pue­da abordarla; cuenta con la violencia del fuego rápido que le hará, y por lo tanto, y en esto tiene razón, que mientras le sea posible alcanzarla en su carrera, subiendo las pendientes, su objrlz"l'O mis­mo lanzará sobre ella una lluvia infernal de balas y de metra­lla ...... Pero una caballería que al galope largo llega á 200 metros de su objtlivo, estará sobre él en algunos segundos. Todas las balas no hieren á los caballos, y muchas se pierden; no todas las que dan en el blanco lo hacen caer, á lo menos inme­diatamente. Para derribar un caballo es necesario herirlo en sus órganos vitales: el corazón ó la cabeza. Se han visto caballos continuar la carrera en tres patas, teniendo la otra quebrada ; por consiguiente, muchos caballos heridos llegan á dar el choque. Pero admitiendo que este ataque fracase, por lo menos se cu­brirá con el escalón siguiente, que será el que llegará. Si detrái Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia de este segundo escalón se cuenta con un tercero, un cuarto, &:c., el éxito estará más asegurado. Todo este razonamiento lo hacemos admitiendo que la infan­tería atacada conserve toda su sangre fría y se despliegue sin perder uno de los preciosos segundos durante los cuales el adver­sario droora la corta distancia que lo separa de ella. Con los soldados de nuestros ejércitos modernos, esa sangre fría y esa rapidez en las evoluciones, estarán, en caso semejante, fuera de toda verosimilitud, porque los mismos antiguos valientes de nuestros gtoriosos ejércitos de otra época, no poseían siempre esas cualidades en semejantes eventualidades. · En un momento tan crítico como el que hemos señalado (to­dos los hombres que han hecho la guerra lo saben bien, y nosotros tenemos todos los días ejemplos de ello en las campañas colonia­les), la sangre circula más ligero en las arterias y en las venas, el corazón late más fuerte; entonces la vista es menos segura, el oído oye mal, la mano que sostie ne al arma es menos firme, el tiro se desvía: se tira muy alto ó muy bajo, la bala se pierde, la carga llega y el inevitable choque se produce. . La emocz'lm, que no hay que confundir con el miedo, la emo­ción es una si mplc sensación física que se apodera momentánea­mente de nu e stro estadü di..! conc ie ncia, á la oual no se sustraen lo más valientes; es quizás la única pasión que el jefe, cualquiera que sea, es impotente para pre venir, porque nos invade brutalmente, como la claridad im·ade á las nubes en el momento en que el rayo estalla ; ¡la emoción ! hé ahí el gran factor de ]as sorpresas. En campaña, esta emoción ha e presa tanto del jef~ como del soldado. Descontamos, pues, no solamente la rapidez de nuestros caba­llos, sino también la emoción, pronto convertida en pánico, produ­cida por la instantaneidad de nuestra aparición y la impetuosidad de nuestro ataque. Esa emoción yo la he visto, ese pánico yo lo he producido m maniobras: y esto me ha decidido á emprender este estudio. Puedo decir también que esa emoción yo la he experimenta­do. Sí, yo la sentí cuando, voluntario en el año terrible, tuve el ho­nor de servir en las filas de la infantería, y puedo asegurar que el más insignificante suceso la produce. Para darse exacta cuenta de ello, es necesario haber oído sil­bar las balas en otro punto que dentro de los abrigos para lo5 marcadores de los polígonos de tiro ; es menester haber experi­mentado el tiro y presenciado sus efectos en otra parte que sobre los blancos; de otra manera no s~ puede!) sustentar teorías sino sobre tradic10nes muy frecuentemente falseadas y sobre razo­namientos que, cuando no son apoyados por la experiencia, forman una base muy frágil y con frecuencia muy equivocada para funda r una convicción. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 86 __1 VII J'rtsdmlol ftw'lts e~nlra /res jt1ulu 9 El 28 de Noviembre de 1870, día del ataque de Beaume-la­Rolande, mi Batallón, el 3. 0 del regimiento 32 de marcha, ocupa­ba un bosque en los alrededores de la población de Boiscommun. Dos compañías desplegaron, una de las cuales, la mía, estaba oculta detrás del límite del bosque. A nuestro frente se exten­dían algunas viñas ; más allá, de 1,500 á 1,800 metros, se perci­bían las poblaciones de Saint-Loup y de Mézieres, que se decía estaban ocupadas por el enemigo. Tres jinetes alemanes aparecieron de repente, galopando so­bre la misma línea, á un centenar de metros los unos de los otros, y avanzaron hacia nosotros. Viéndolos llegar bastante cerca, instintivamente cargamos nuestras armas, y sordos á la voz de nuestros je fes, rompimos un fuego muy nutrido sobre los jinetes. Al punto los alemanes dieron media vuelta y se retiraron rá­pidamente, acompañados de una lluvia de proyectiles, pero nin­guno de éstos dio en el blanco. Los jinetes querían saber si el bosque estaba ocupado, para lo cual nosotros no habíamos hecho sino ayudarles á cumplir más rápidamente su misión. Se me objetará: pero ustedes estaban armados con el fusil Chassepot; las armas de repetición, actualmente en uso en los ejér­citos, son más temibles que las de que se sirvieron. Esto es verdad, pero haré observar que el fuego de trescien­tos fusiles, concentratio un momento á corta distancia sobre tres ji­netes, valía bi e n el de un tiro de repetición ejecutado por una ó dos compañías sobre un escuadrón desplegado. En esta circunstancia tuve ocasión de darme cu e nta de dos hechos: 1.0 Del efecto moral producido en nosotros por la presencia inesperada del enemigo ; 2.0 De la poca eficacia de los fuegos dirigidos sobre los jine­tes, en los momentos en que el espíritu se encuentra turbado. Sé que muchos de nosotros éramos jóvenes, pero contábamos en nuestras filas hombres de 30 á 40 años y cerca de un cuarto de veteranos aguerridos que venían de los ejércitos del Este. Poco después de este reconocimiento, la infantería alemana salió de la población más próxima y nos atacó. Salímos del bosque á nuestro turno para desplegarnos en tiradores en los surcos de las viñas ; nuestro despliegue fue acogido por un fuego de fusilería tal, que la mayor parte de nosotros no pudimos dejar de saludar á las ba­las. Nuestra sangre fría fue desde luego muy perjudicada, y si con­servámos alguna, fue por el poco mal que nos hacía el enemigo, casi nulo hasta en los momentos en que nuestros Oficiales nos conducían hacia adelante. Uno de éstos no quiso abrigarse ó acos­tarse para protegerse del fuego : por el contrario, se paseaba de­trás de nuestra línea ; todos nos alentaban, nos aconsejaban, re­~ lando nuestras alzas, y ninguno de ellos fue herido .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '-- 37 _J Muchas balas pasaban á más de diez metros por sobre nues­tras cabezas; se las distinguía por ese silbido desagradable que es su particularidad; otras pasaban por entre los intervalos, dejando oír de paso su zumbido brutal. Decididamente, esos tiradores alemanes eran bien torpes, 1 nosotros no teníamos mucho que temer de ellos, á no ser que tu­' fieran la veleidad de apuntar hacia nuestros intervalos, porque entonces nos hubieran hecho mucho mal. Estos tiradores, cuya torpeza nos sorprende, pertenecían al ejército de Federico Carlos. Nuestro combate de ese día cesó por la noche con la retira. da del enemigo, que volvió á la población y la evacuó en seguida. Sólo tuvimos dos muertos y seis heridos. Según los habitantes de Saint-Loup, población que ocupámos al día si~uiente, los alemanes se llevaron tres carros con heridos. Nuestro tiro había sido más eficaz que el de nuestros adver. sarios, y nuestra sangre fría había sido mayor que la de ellos; con­clusión: no se tira sobre los hombres como sobre los blancos; el tiro de guerra no puede ser comparado al tiro al blanco, ni las ma. niobras á los combates reales: la emoción y el efecto moral hacen enorme papel en campaña. La caballería, pues, debe acordarse de esto cuando calcule sus ataques, porque afortunadamente en esta arma la emoción se atempera por la ceguedad que produce la pro­gresión rápida, el relincho de los caballos, el ruido de las armas, la polvareda que levantan y la voz de mando de ¡carguen 1, repeti­da con toda la fuerza de sus pulmones por todos Jos jinetes. He citado el pequeño episodio que precede, á fin de indicar bien las bases sobre que h e fundado mi convicción para el ~xito de las sorpresas hechas contra la infantería desde 200 metros y también más allá, á condición de que la caballería u mcuenlre galopan­dtJ m el momento en que aquélla la aperciba. Es fuera de duda que hubiera podido escoger en la historia ejemplos más importantes y más sorprendentes, y citar la opinión de los maestros, pero he creído mejor citar lo que he vis/o que lo que he leido. Y diré el porqué : con frecuencia los relatos, con el transcurso del tiempo y por efectos de la transmisión, se encuentran falseados, de donde viene que no se les concede la misma confian­za que á las afirmaciones de un testigo ocular. -=== Historia- HisToRIA DEL NUEVO REINO DE GRANADA POR JUAN DE CASTELLANOS ( 1 590?) (Continúa) Y cuand..> ya la roja cabellera de . la febea frente descubría sus claríficos rayos, desterrando el tenebroso humo de la noche Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín l\1ititar de Colombia '- 88 _; determi:1aron de salirse fuera del belicoso suelo, por dar cura con más seguridad á los pacientes; mas no por el camino que vinieron, sino por una si"erra montañosa, por abreviar camino, siendo guía5 los Moscas que traían de servicio. Y antes de comenzarse la subi­da, vieron venir un Panche dando voces, de gran disposición y ho­rrible gesto, solo, sin otras armas en la mano que macana de palo ponderoso; y los nuéstros, creyendo ser mensaje, ó para dar la paz ó mayor guerra, pararon todos é hicieron alto, con intención de conocer la suya. La cual él hizo luégo manifiesta, pues por salutación en el pri­mero dellos que se halló más á la mano, á quien llamaban Juan de las Canoas, el palo descargó con ambas manos, que, como vio ve­nir el golpe, puso la cóncava rodela por delante, donJe lo recibió; mas el escudo quedó desmenuzado, como cuando de fulminoso fue­go que desciende de la región aérea fue tocado el duro material que lo deshace, y las briznas y astillas van volando, por una y otra parte di \'ididas. Y aunque mozo robusto y animoso, faltóle fuerza para su-;tentarse sobre sus pies, y con oscura nube de que sus ojos f~en n ocupados, cayó desacordado y aturdido. Lo cual visto por nuestros españoles, acometiéronle por todas partes, y el Céspedes á voces les decía que por ninguna vía lo matasen, sino que sin herillo lo pren iesen, por saber la razón de su locura. Mas el soberbio Panche con el leño y portentosa fuerza se defiende, los unos y los otros o.· ando con buen compás de pies y gallardía, según mae tro práctico de esgrima que en plaza pública se desenvuelve, jugando de floreo con montante, rodeado de gente que lo mira, que porque no les toque revolviendo, los unos y los otros e retraen, d jando campo desembarazado donde pueda jugar á su contento · que bien desta man ra lo hacían aquellos que tentaban de pr ndello, cada cual re ·guan.lando su cabeza. Mas Juan Rodríguez Gil, mozo valiente, de monstruosas fu rzas, corpu­lento, en vit:ndo ti mpo dio veloce salto pur las espaldas dél, y con ]os brazos nervosos lo ciñó por los ijares, según el torbo tigre que, rastrando el pecho por el sudo, in ruido se va llegando para ha­cer presa en ancas del cornígero juv neo, y con v locidad imper­ceptible, ~ubiéndose sobrél asió las garras, y el mísero novillo por librarse, da brincos y corcovos, brama, gime, sin se püder valer ni aprovecharse del arma que le dio naturaleza. Dcsta manera lo tenía preso, sin lo dejar usar de la macana, que con dificultad se la quitaron los otros compañeros de las manos, ligándoselas luégo con esposas y p ndiente cadena del pescuezo. Y el Juan de Céspe­des, con una lengua mosca que declaraba los acentos, pregunta~ "Dime, bárbaro valiente, ¿cómo te poseyó tan gran demen­cia, que siendo solo contra tanta gente, presumieses venir á com­petencia ? Porque moverte tú tan solamente, sin emboscada de mayor potencia, no me parece vera testimonio, y si lo es, tú debes ser demonio." El indio le responde : "Yo soy hombre por tal y por mi nombre conocido, y aquí donde resido fui criado. Antier me fue forzoso salir fuera, y ayer, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 8g _) que no debiera, ya muy tarde, vi con temor cobarde gente pan­cha que nunca de tal mancha tuvo nota. Dijéronme ser rota y abatida, privando de la vida de muchos buenos vosotros que sois me n .s, y tan pocos que no tuve por locos desconciertos pensar dejaros muertos por mi mano, en pago de un hermano y de un tío y un mozo hijo mío, y otras gentes, mis deudos y parientes,. cuya muerte me turbó de tal suerte, que con saña, sin convocar compañía de los tristes, intenté lo que vi teis por los nuéstros, cuan­do probé mis fuerzas con las vuéstras." Todos de ver el término soberbio y atrevimiento con que les.. hablaba, quedaron admirados, y quisiera el Juan de Céspedes que lo llevaran á Bogotá ligado con pnsiones; mas Juan de las Canoas, que corrido estaba por habello derribado, con otros compañeros impacientes, luég-o que el Capitán volvió la suya, al indio le corta­ron la cabeza, que por los indios ~1oscas fue guardada, y en cer­tificación de la victoria, con gran solemnidat.l y r<"'gocijo, con otras la metieron en su tierra, para donde los nuéstros se partieron atra­vesando por aquella sierra. Y ~ara ver si por aquella vía la ha­llarían para los caballos hasta salir á la sabana rasa, envió Cés­pedes á Juan del Valle y á Juan Rodríguez Gil, mancebos sueltos, que fue en descubriendo y aguardast:n en las insuperables aspere­P. as. Y ans( fueron dos, dos siempre adelante, apartados del cuer­po de la gente, distancia que sería media legua, por una senda vieja, mal trillada, y de una y otra parte monte e. peso, pero tal que podían ir: las be tías, las una tnis las otras enhiladas. E yen­do con aviso como sucl "n aquellos que recelan embuscada, vieron veinte gandul~s bien armados que P')r el a venían con recato; y como fue , e cosa creedora tener -pue!)ta celada más ad ·ntro, em­brazan las rodelas y echan mano con brit so valor 'í las espadas, poniéndose á los lados de la s enda uno frontero de otro, d mane­ra qu el camino quedaba de por medio, y por s~ñas llamaban á los indios que se llegasen m.is, si los buscaban. Ma ellos asentán­do en el suelo, una cruz enseñaron y una carta, por donde cono­cieron ser m•"nsaje que desde Bogotá les enviaban, y ansf pararon hasta que llegase la gente que venía caminando; y el Capitán la carta recibida, á todos la leyó públicamente, cuya sustancia fue la que se sigue : ((De ,·uestro bien ó mal somos inciertos, porque los indios Moscas fugitivos que con vosotros fueron á los puertos y <,¡ ·1-ras desos bárbaros nocivos, nos han notificado que sois muert s, que no permita Dios, pero los vivos aquesta carta vista y entendida, abrevien lo posible su venida." Entendida por todos la congoja en que la mala nueva los te­nía, esforzáronse sanos y heridos á los desengañar por su presen­cia, dándose cuanta priesa fue posible en salir á terreno descubier­to. Y ansí, dos ó tres días después desto á Bogotá llegaron, donde fueron los unos de Jos otros recibidos con placer á medida del de­seo, igual en todos de se ver los rostros. E ya fuera de ries~o los que fueron heridos en la guerra de 1· >S Panches, pareci61es dejar aquel asiento de Bogotá, y el campo todo junto, ir á buscar las minas de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia esmeraldas, de que tenían ya clara noticia. Y en confianza de las buenas guías, que según las preguntas y respuestas, no se movían con incertidumbre, pusieron en efecto la partida. Cuyos sucesoi callo de presente, pero mediante Dios, haré memoria dellos en otro canto, pues aqueste aquí será razón que se concluya. · -~- Variedades ~­NUEVA GRANADA SUS RIQUEZAS NATURALJ!S ConHnúa Per J. D. Powles Esq., Presidente del Comité de Tenedores de Bonos de Hispa ­no - América (VERSIÓN DEL INGLÉS PARA EL "BOLET{M MILITAR ") (Continúa) Cada porción que desmonten los cultivadores dará "alor adi­cional á las tierras tan pronto como la ocupen. Muchos de los cul­tivadores criollos se quedarán al cerciorarse de la ventaja de mé­todos más adelantados, y tomarán tierras de la compañía mientras que subsecuentes partidas de emigrantes hagan que la Compañía pague mayor remuneración que al principio. El ejemplo de la Compañía del Canadá es un poderoso estí­mulo de lo que puede hacerse en este camino. Esta Co:npañía se estableció el año de 1826. Adquirió tierras mediante compra á razón de tres chelines por acre. Estimuló á los cultivadores abrien­do caminos y alquilando las tierras á una rata moderada. Las tie­rras han ido aumentando de valor, como puede verse por los pre­cios fijados á las ventas de tierras que ha hecho la Compañía durante los tres últimos períodos decenales que tomamos de l últi­mo informe de la Compañía : 1829 á 1840...... 736,6o8 acres á tI ch. 1 d. por acre. 1841 á 1850 ...... 989,117 íd. 15 ch. 4 d. íd. 1851 á 1861.. .... 493,873 íd. 32 ch. -4 d. íd. Las últimas ventas han llegado hasta el alto precio de 3 {. por acre. La compañía tiene ahora de -4,000 á 5,000 haciendali. Sus acciones, que valfan 32 f¿, se venden á 102. Algo mayor estímulo se encontrará, para el propósito que se tiene en míra, al considerar lo que pasa en la Sección del Sur de América, bañada por el espléndido río de la Plata. Un afecto á trabajos de minas que vivió algún tiempo en la ciudad de Buenos­aires en los años de 1857 y 1858, me obsequió con el siguiente memorándum del valor de las tierras en Buenosaires: En 1852, una hacienda situada como á seis leguas de distan­cia de Buenosaires, fue comprada en 45,000 dólares, que al tipo co- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia rriente eran 450 ~ por legua cuadrada, con hacienda, edificios, &c. La tierra ahora (1857) produce mucho más. En 1849, una faja de terreno, á distancia considerable de Buenosaires, se vendi6 en 5 d6lares, valor corriente por yarda de frente, con g,ooo yardas de fondo, y ha sido poco há (en 1857) vuelta á comprar por los primeros dueños á 8o y á go d6lares por yarda de frente. · · A causa de la construcci6n del ferrocarril en San José de Flores, los ejidos de la ciudad habían alcanzado el precio primero de 8,000 d6Jares (80 ~),y luégo de 6o á 70,000 d6lares (600 y 700 -!.) por cuadra. (Una cuadra es una manzana de 150 varas 6 yardas). Por una ley de Agosto 6 de 1857, el Gobierno de Buenosaires qued6 autorizado para vender 100 leguas de terrenos comprendi­dos dentro de los límites del río Salado, á un precio no menor de 200,000 d6lares por legua cuadrada (2,000 ~). NorA-Una legua de tierra es un cuadrado angular de 6,000 varas (6 yardas), pero de ordinario se vende midiendo el frente, con un fondo de g,ooo varas, de tal suerte que generalmente una legua no es en la actualidad un globo de 6,ooo varas x 6,000, sino de g,ooo varas x 4,000. Desde la indicada fecha, 200,000 d6Jares pueden computarse como un buen avalúo de tierras en Buenosaires, comprendidas dentro de los límites del 11fo Salado. Mas allá de este límite (en donde hay mayor riesgo de incursiones de los indios, y en donde el río forma una especie de barrera) el valor es menor, y no ten­go datos para calcular cuál pueda ser el precio. Tierras á inmediaciones de la ciudad y en otros lugares en donde hay particulares ventajas, naturalmente tienen mucho más valor, y no se puede justipreciar de modo general cuál pueda ser este valor. En 1852 una vaca lechera valía cuarenta pe¡os; ahora (1857) vale 300 y hasta 330. Por la misma época las ovejas se vendían á$ 12 y 14 lo más; hoy valen 40, com!Jradas en partida; y esco­gidas por la lana, $ 100 (d6Jares) . Nuticias de Montevideo del 31 de Diciembre último de 186o, insertas en el Túnes, decían así: Potreros (dehesas) de ceba continúan aumentando de valor. De siete á ocho chelines y seis peniques cada acre, no es precio que asombre. En adici n á los testimonios expuestos antes en estas páginas respecto del carácter d6cil de los obreros, pueden agregarse los datos siguientes : Extracto de una carta del Sr. Juan Lloyd, quien por varios años manej6 un establecimiento en Nueva Granada: 11 Diciembre 24 de 1861 He \e\do \as publicaciones agrícolas de la Nueva Granada. Estoy perfectamente convencido de que se puede aacer algo bue- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia no en el país, comenzando por ]as regiones altas, en donde los eu­ropeos soportan el clima. Los criollos, una vez acostumbrados, pueden emplearse en las tierras calientes, como las situadas á lo largo del Magdalena (valles). Esta es una región (la del Magdale­na) hermosa y fértil; pero de Guaduas á Bogotá, en toda esta re­gión, que es de muchas· millas de extensión, los europeos se man­tienen muy bien. Es uno de los países más bellos del mundo. Le aseguro á usted que los trabajadores criollos que emplee eran buenos y de fina raza de hombres. Se puede emprender cual­quier tralajo con ellos, porque lo hacen bien y barato. He estado en Italia, pero prefiriría contar con un peón de Nueva Granada en vez de dos italianos, por lo que hace al trabajo y más en cuanto á obediencia; con maestros europeos escogidos con cuidado y sobrios, y colocando molinos manuales y fijando á los árboles en el bosque, y trabajando en ellos con mulas, caballos ó bueyes, y rajando ta­blas que puedan conducirse con facilidad á su destino, y aserrando la madera fuerte para muebles y otros usos, pueden oLtenerse pingües ganancias. JuA':'l Lr.oYD Sr. D. J. D. Powles Esq." El siguiente informe es Ele Mr. Juan Munday, que también estuvo muchos años empleado en las minas de Nueva Granada "19 de Agosto de x86z Respecto de la salubridad de las tierras montañosas de Nue­va Granada, y muy especialmente de aquellas de Jos Estados de Antioquia y de Cundinamarca, puedo hablar d" Jo que yo mi mo he observado. Hay grandes distritos de suma fertilidad dísput' stos para el cultivo. La población agrícola d los distritos montañc sos generalmente es descendiente de los e pañol s ó de los indios, y probablemente pertenece á una raza tan robu ta, industriosa y de bu na comlucta, como la de cualquier otro país. En los valles se encuentran los productos tropicales en abundancia. El extran­jero es bien recibido por dondequiera, el talento es siempre apre­ciado, y la buena conducta nunca deja de impon r r ~peto. No tengo la menor duda de que los establecimientos que se funden y que se inauguren al principio á razonable distancia de los distritos mineros, y que tengan fácil comunicación con la costa, en breve prosperarán muchísimo, y tales establecimientos, exten­diéndose gradualmente, vendrán á ser un beneficio permanente para el país y para aquellos que puedan fundarlos. Que Nueva Granada requiere sólo paz estable para llegar á ser país rico y próspero, no puede ponerse nunca en disputa. Posee muchas minas abundantes con climas variados y una población tra­bajadora y comunicativa, que acoge con simpatía á los europeos 6 americanos que gustosos ayudan al desarrollo de los vastos recur­sos de esas regiones. jUAN MUNDA'Y Al Sr. D. J. D. Powles Esq. ' Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín ~iilitar de Colombia \.._ 93 _) Con relación á los artículos que se producen, como el trig-o, para el consumo del país, pueden mencionarse el café, el cacao, el algodón, el azúcar, la quina, caoba y maderas de tinte, entre los principales. De éstos hay gran pedido en Europa. No obstante el aumento de la producción del café en algunas partes del mundo, en los últimos años el producto total de este artículo nunca es igual al general consumo que se hace de él. El cacao es un artículo de consumo que aumenta cada año: Libras hn 1820 fue.................................................. 276,321 En 1840 ...................................................... 2.041,678 En r861 ...................................................... 5.482,023 La importancia del algodón nunca se encareced. bastante. Los acontecimientos actuales son suficientes para dar desarrollo progre­sivo á la produccién de éste. A e~te propósito conviene citar la opi­nión sensata, que ha sido generalmente acogida, de que los blan­cos no sufren con el cultivo del algodón corno pasa en el Sur de los Estados Unidos. Esta opinión está basada en una publicación del año pasado. Esclaz;z/ud y Separación m Amén'ca, artículo tomado del Ellúon, publicado en 1861 : H La noción de la insalubridad del clima del Sur es tan sabida en Inglaterra como en América; pero si hubiéramos de creer el testimonio de los viajeros y los datos que suministra la estadística, ninguna opinión como ésta stá tan lejos de la verdad. Tomando el dato por años, la proporción de los muertos res­pecto de los habitantes ciertamente que es mayor en el Norte que en los E~:.tados del ur. Por ejemplo, en 1850 la mortaliriad de los siete primeros Estados esclavistas fue de sólo 1 por 73-30. El mayor promedio en los antiguos E tados libres fue de I por 81-63 en Pen­silvania; el mayor en los antiguos Estados esclavistas, de 1 por 91-93 en Georgía. En Charleston, Carolina del Sur, el Dr. Nott asegura, fun­dándose en sus propias observaciones é investigaciones, que com­prenden un período de seis años, que la proporción de la mortali­dad en la ciudad fue de 1 por 51 ; y esto, respecto de los blancos, arroja solamente una proporción de 1 en 58, y entre los negros una proporción de 1 por 44· De las relaciones que los médicos nos han dado del clima, nos parece imposible que los blancos ocupen provechosa 6 venta­josamente su tiempo, con excepción de los trabajos minerales, si no quieren destruír su organización; sin embargo encontramos, conforme con la estadística, que en 1850, fuera de la pob1aci6n blanca de 6.184,477 personas de todas edades y de ambos sexos, había 1.0Tg,o2o hombres como de cincuenta años de edad, encar­gados de trabajos manuales en las haciendas de esclavos; 803,05~ estaban simplemente empleados en empresas agrícolas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 9-4 _) Mr. Darly, geógrafo y cosmógrafo de Luisiana, durante sus trabajos profesionales en el Sur de Alabama, Misisipí, Luisiana y Texas, en los años de 1i05 y 1815, recorrió no menos de veinte mil millas á pie por dichos Estados. Durante todo este período, dice él, no me detuve ni un mes; todos mis achaques se disiparon, y ni por un momento pude atri­buír ninguna enfermedad al clima. Había dormido a la btllt éloz1t por varias semanas, en las noches más cálidas, en la más intrinca­da selva quizás del mundo. En toda mi excursión por el río Sobine, mis peones y yo vivimos por largas semanas de la caza y del pes­cado, sin pan ni sal, y sin sufrir enfermedad de ninguna clase. Las diecinueve partes de los declamadores de los climas cálidos deben mirarse con desconfianza. No abrigo al respecto la menor duda. Mr. Olmsted, en su Journry irz lhe Seaéord Slave Slales, refiere que en Nueva Orleans trabó conocimiento con un mecánico inglés, y que en una con ver ación que tuvo con él, él mecánico le hizo notar: Que los blancos reemplazaban á los esclavos en toda clase de trabajos; y que él esperaba y creía que no pasarían muchos años sin que todos los negros tuviesen que abandonar la ciudad. Piensa que una vez aclimatados los negros, pueden efectuar, aun en las regiones más cálidas, mayor trabajo que los negros, si observan bu en régimen y no hacen uso de comidas estimulantes. Esta era, agrega, la opinión general : que de los que habían estado allí durante el verano, aquellos que beben mucho whúkry y licores y cons ervan sus vestidos abrigados al comer, tal como si estuvieran en Inglaterra, ran los que más se quejaban del clima, y que se imaginaban qu e los blancos no están hechos para vivir en él. El había permanecido hasta fines d e Julio, y vuelto c a Septiembre, y nunca se ll egó el día en que no pudies e trabajar tanto como acos­tumbraba en Londres." PEREGRINACION DE ALPHA 1 POR HANURL ANCIZAJl. (Continúa) H Colocado el observador en la confluencia de los ríos Gáme­za y Sogamoso, ve al SO. patente la rotura del extenso la¡o cuya configuración y accidentes acaba de estudiar en medio de las pla­nicies: contempla la ruina espantosa de un ramal entero de la cor­dillera; traza los límites y el volumen de la terrible inundación; y le parece asistir al sublime espectáculo del diluvio parcial, que arras­tró montañas enteras y tal vez arrancó de sus bases la comarca. llamada Cht'camtJc},a por los aborígenes, de la cual sólo queda el nombre impuesto como un recuerdo á una sección de las ruinas por cuyo fondo va el río Sogamoso. Al Oriente le quedan las se­rranías colaterales revueltas y destrozadas, cuyos escomhroi ya­cen esparcidos á uno y otro lado del G~meza ; ' la espalda se ala Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 95 _, la mutilada mole de los cerros que recibieron el primer choque del diluvio é hicieron desviar su torrente á entrambos lados ........ . "¿Por ventura ningún sér humano presenció esta catástrofe, ningún pueblo fue víctima de la furia de las aguas? u En la confluencia del Gámeza y el Soga m oso, muy cerca de la rotura del último dique, en medio de una muchedumbre de ro­cas desprendidas y precipitadas desde lo alto de un cerro estrati­forme sobre la vega septentrional del río, á 2,476 metros de altu­ra, es decir, 93 metros más abajo del límite occidental de la inun­dación, se encuentra una roca de arenisca micácea, de 8 metros de largo y 6 de ancho, en forma de pirámide, con una de las ca­ras principales orientada hacia la rotura antedicha. Numeroso¡ caracteres y jeroglíficos esculpidos á cincel, la cubren. Allí está repetida muchas veces la rana perfecta, símbolo de abundante¡ aguas, según la explicación que el erudito granadino Duquesne hace del calendario chibcha; allí hay figuras de hombres con los brazos leYantados en actitud de huír; allí, en fin, ~ignos cuya sig­nificación se ignora, pero que sin duda relataban las circunstancia¡ del memorable suceso. Existía, pues, un pueblo testigo de aque­llos acontecimientos, y bastante civilizado para levantar un monu­mento que eternizara su recuerdo, y que siglos después ha servido de incontestable confirmación á las deducciones á que el estudio geológico del país conduce al viajero. La relación de la turbulenta muerte de los pueblos barridos entonces de la haz de la tierra, pereció para siempre en la destrucción de los archiYos y tradicio­nes chibchas, quemados con el templo de Sug-amuxi por los Con­quistadores castellanos; la piedra de Gámeza es un monumento mudo para la hi!)toria indígena, pero expresivo para el observa­dor y elocuente para el geólogo." Después de la descripción y medida de los otros lagos, que denomina de Busbansá, Cerinza y Guatavita, concluye: "Tal era el sistema de lagos andinos, que suspensos en lo alto de las serranías, hermoseaban de una manera particular aquellas regiones. Todos desaguaron por la cortadura que abrió el de Sogamoso, y el río heredero de su nombre lleva en los es­carpes desnudos que lo encajonan, las señales del suceso hasta caer al Saravüa. El lago de Tota es el único sub~istente por su peculiar situación, que lo pone fuera del sistema g:eneral, y por el desahogo que le proporciona el cauce del Upía." "Con lo dicho se viene en conocimiento de que el gran des­agüe tuvo lugar en una época bien anterior á la conquista de estos países, puesto que los españoles hallaron poblaciones numerosas donde fue mansión de las aguas. En el camino que de Nobsa con­duce á Duitama, pasado el de Santa Rosa cerca del río Chiticuí, se ve una zanja de tres metros de profundidad, recientemente abierta para desecar en parte el suelo pantanoso, la cual deja Yi­sibles las capas componentes, siendo las últimas idénticas á las del fondo de la recién desaguada Laguna Verde del Cocuy: lueco po­dría decirse que éstas fueron también las del fondo del van Jaro, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '-- g6 --' y que los tres metros de tierras sobrepuestas eran resultado de los acarreos aluviales posteriores al desagüe, que al respecto de 6 á 7 milímetros de espesor en la tierra depositada cada año, represen­taría el transcurso de 430 á 500 años después del desagüe ; de modo que la ocupación y población de las planicies pudieron veri­ficarse 100 años antes de la conquista, cuya suposición parece en armonía con la edad aparente de la piedra grabada de Gámeza, y con el estado de cultura en que se hallaron estos pueblos á me­diados del siglo xvx." · Qi.lc::!dábanos por visitar la famosa Laguna de Tota, ohjeto de maravillosas fábulas desde tiempos antiguos, y hoy dominada por los pobladores de sus márgenes, menos crédulos que las cándidas gentes de antaño. XXIV De Sogamoso á Issa median algo más de 4 leguas de camino llano, alegre y despejado, al través tlel lin o y Terde va11e ocupado por la hacienda llamada La Compaliía, en conmemoración de los Jesuítas, primitivos dueños de aquella valiosa finca, única que en el cantón mantiene concentrada en una sola familia la exten­sión considerable de tierras comprendidas n este valle, pu s lo restante del sue lo se halla felizmente dividido en pPqueñas por­ciones, patrimonio de otros tantos propietarios. La Compmlía. es simplemente un potrero para engordar ganado, de modo que las sementeras de lus colonos que la rodean e ven como refugiadas soure los escarpe s y laderas de las serranías laterales, y la rica planicie poseída por relx'1ños de ovejas y reses mayores, y por partida numerosas de mulas; signo inconte table de,. la infancia de un país, este de la agricultura de alojada de sus legítimos te­rrenos por la ganadería. Dejando á Firavitoba á mano derecha, síguese ~rillando el río Tota por una de las fajas en que la planicie se bifurca al N. y S., y se llega al recodo final, donde, rod "ado de a u ces y labran­zas, permanece como en el centro de un verde nido, Issa, pueblo que fue de Jos indios y habitan hoy familias blancas de agradable pre!:encia y costumbres patriarcales. Recibiéronnos muy cortés­mente, y uno de los vecinos puso á nuestra disposición su casa, cuyo aspecto, lo mismo que el de_ otras muchas del lugar, nos llam6 la atenci6n. A la parte de la calle hay una pared vestida con los flexibles sarmientos de varias matas de granadilla, cuajada entonces de hermosas flores. Abierto un ancho port6n, se entra en el patio, sombreado por dos árboles copados, barrido y limpio con esmero, y al frente aparecen las habitaciones: las de la derecha .destinadas al servicio doméstico, y las de la izquierda conteniendo los aposentos de }.¡ familia; todas ellas de adobe y paja, pero ésta recortada en los bordes, y las paredes blancas y lisas, como gene­ralmente no las acostumbramos. Continúa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VII Serie IV Tomo I N. 3

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VII Serie IV Tomo I N. 8

Por: | Fecha: 28/02/1903

SERill IV -'toMO I • Ano vrr-NuMEl'lo 8.• ====~ Boletín Militar de Colombia 1 i l ~ l ORG.ANO DEL MINISTERIO DB GUERRA. Y DEL EJÉRGITO . ¡ i~·····························:············································ .. ~i ¡ DIRECTOR, Franc1sco J. Vergara y Velasco ¡ ¡ o.,ue-rul lle Iugeuiel'oa Í ! : . Í .. :¡ Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejército ,l 11 j Pu~d~ muv b!en .•uceder que nue•tro reopeto tí toda• laa corlvtcetonea, t~enga 4 parar m la mdiferlncia v no• deje a in energía a para defender la a nuiltra• ~ EliRI~UE SIE:liKIEWICZ ¡ ·-¡-.. ·--·--· .. ····-----·····----........ ........ .. .................................................. ¡--. ¡ + + -e- Bogotá, Febrero 28 de 1903 • + + ¡ ----------------------------------- ~ --= Oficial =-- DECRETO NUMERO 173 DE 1903 (FEBRERO 9) por el cual !e hace un nombramiento 1!l Vicepresidente de la República, mcargado del Poder .Ejecu.li1JI, DECRETA Artículo único. Nómbrase Gobernador Militar de la Plaza de Honda al General Celio Guzmán R. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 9 de Febrero de 1903· JOSE MANUEL MARROQUIN .: El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho 41e Guerra, Jos:i Jo.4.Qu{N CAsAs DECRETO NUMERO 17 5 DE 1903 (FEBRERO 9) por el cual se disminuye un sobresueldo El Vr'tepresidenll áe la República, mcargado del Poder .Ejtculi'vl~ O!: CRETA Artículo único. Por haberse aumentado las asignaciones mi­itares, disminúyese en un 50 ° f 0 el sobresueldo fijado á los indivi- S:ERIJL IV-TOllO I- 1 5 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoletínMilitar de Colombia '- 226 --' duos de tro¡ta de la Brigada Anzoátegui, cuando presten el servi­cio de zapadores en el Quindío. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 9 de Febrero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucci6n Pública, encargado del Despacho · de Guerra, jos~ joAQu{N CAsAs. DECRETO NUMERO 181 DE 1903 (FEBRERO 9) por el cual se confiere un ascenso El Vicepresidmlt de la Repríblica, encargado del Poder Ejtwli'vo8 DECRETA Artículo único. Asciéndese al Capitán Rafael Quintero á Sar­gento Mayor efectivo. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 9 de Febrero de Igc>J. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, JosÉ joAQUlN CAsAs DECRETO NUMERO 183 DE 1903 (FEBRERO 9) que concede un auxilio El Vz'cepresidmlt de la RepúbHca, encargado dd Poder· .Ejtmli·vo, En uso de sus facultades constitucionales, CONSIDERANDO 1. 0 Que el joven Miguel Pinz6n, hijo del benemérito General Próspero Pinz6n, eximio servidor de la Patria, necesita permane­cer en Eur0pa, con el objeto de curarse de una enfermedad de la cual es víctima en la actualidad. 2. 0 Que es deber del Gobierno velar por las familias de los que, como el General Pinzón, no vacilaron en sacrificarle hasta la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia vida en defensa de las instituciones patrias, dejando su familia en desamparo, DECRETA Artículo único. Concédese en favor del joven Miguel Pinz6n un auxilio de 5,000 en oro francés para atender á los gastos de su permanencia en Europa y los que ocasione el tratamiento médic() para su curación. Dicha suma se pondrá á la disposición de la Sra. Aureliana de Pinzón, viuda del General Pinzón, para el objeto in­dicado. §. Este gasto se considerará induído en el Presupuesto de Gastos del bienio en curso, Departamento de Guerra. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 9 de Febrero de 1903· ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, encargado del Despacho de Ha .. cienda, ARrsTmEs FERNÁNDEz-El 11inistro de Instrucción Pública_, encargado del Despacho de Guerra, Jos& JoAQUÍN CAsAs-El Mi­nistro del Tesoro, encargado del Despacho de Relaciones Exte­riores, FRANCisco MENDOZA P. DECRETO NUMERO 184 DE 1903 (FEBRERO 9) por el cual se confiere un ascenso y e hace un nombramiento .i."l Vicepresidmle dt la RtplÍbHca, mcargad• dtl P#dtr .EJtct¿h;,~. D1tCRET.A Artículo único. Asciéndese á General efectiYo de Brigada al graduado General Paulo Emilio Escobar, con la antigüedad de 1.0 de Enero del año en curso, y nómbrasele primer Edecán de honor del Excmo. Sr. Vicepresidente de la República, en propiedad, con la asignación de General en Jefe. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 9 de Febrero de 1903. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, Josi ]oAQvlN CAsAs Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \._ 228 _) DECRETO NlJMERO 20~ DE 1903 (FEBRERO 14) por el cual se hace un nombramiento El Vicepresidente de la República, encargado del PtJder Ejecult"v#, DECRETA Artículo único. Nómbrase al General José Joaquín García Inspector de la División Córdoba del Norte del Tolima. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 14 de Febrero de I903· JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, JosÉ JoAQuÍN CAsAs DECRETO NUMERO 209 DE 1903 (FEBREKO 14) por &1 cual se reconoce la efectividad de un grado El Viupresr'denle de la República, encargado del P()der Zjeculi'v•, DECRET.A. Artículo único. Reconócese la efectividad del grado de Ge­neral al graduado Sr. General Fernando Borrero. §. Dése cuenta al Honorable enado en sus próximas sesiones, para los efectos constitucionales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 14 de Febrero de 1903. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Guerra, Josí JoAQUÍM CAsAs RESOLUCION NUMERO 84 DE 1903 (FEBRERO 1 I) por la cual se hace una prevención El Minútro de Guena RESUELVE Los Jefes y Oficiales á quienes se les haya cubierto el sueldo que concede el Decreto legislativo número 1829, de 23 de Diciem- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia bre último, y que fueren llamados nuevamente al servicio antes de haber vencido el término de un mes, deberán reintegrar la parte correspondiente del sueldo de excedencia, tomando por base el tiempo transcurrido del mes de excedencia. Asimismo, los que fueren llamados al servicio después de ha­ber recibido los auxilios de marcha correspondientes para trasla­darse á sus domicilios, por razón de licenciamiento ó declaratoria de uso de Letras de Cuartel ó de licencia indefinida, deberán tam­bién reintegrarlos, y en caso de ser destinados fuera de la capital, se les deducirá en el mismo pasaporte que al efecto se les expida al Jugar de su destino, la suma que por auxilios de marcha se les hubiere pagado. Comuníquese. Dada en Bogotá, á 1 1 de Febrero de 1903. El Ministro, Josi JoAQu{N CASAS RESOLUCION NUMERO 85 DE 1903 (FEBRERO 19) sobre el Cuerpo de Inválidos El l'vlziu"slro de Guerra RESl ELVE La Comandancia en Jefe del Ejército, en asocio de dos médi­cos del Ejército, practicará un reconocimiento en el Cuerpo de In­válidos; y si hubiere algunos individuos pertenecientes á este Cuer­po, Jefes, Oficiale ó individuos de tropa, en estado de dedicarse á sus antiguas labores, serán declarados excedentes por reorga­nización y pasaportados á sus domicilios, para determinar los cua­les se levantará la comprobación del caso ante la Comandancia en Jefe, y solamente quedarán incorporados en dicho Cuerpo aque­llos individuos que por estar imposibilitados físicamente, no pudie­ren entregarse á sus trabajos ordinarios. Comuníquese. Dada en Bogotá, á 19 de Febrero de 1903. El Ministro, JosÉ joJ.QUÍN CAsAs Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Co!ombia Doctrinal C. DE WET * TRES AÑOS DF. GUERRA Traducción para el BOLETÍN MILITAR I Antes de relatar los dolorosos acontecimientos en que tomé part~, ósea la larga guerra en la cual pereció para nosotros la ~atna, séame permitido decir unas pocas palabras sobre la ley mi­litar que regía á los ciudadanos de la República del Orange. Esa ley nos mandaba que entre los 16 y los 6o años estuviése­mos listos á toda hora para luchar por la Patria. En el momento de la llamada debíamos suministrar un caballo ensillado, un arnés, un fusil con 30 cartuchos y víveres para ocho días. Los cartuchos podían ser reemplazados por otras tantas balas y medio kilogramo de pólvora. Cuanto á los yfveres, la ley no fijaba ni la especie ni la cantidad; pero la costumbre exigía que consistieran en tajadas de tasajo salado y pimentado, en salchichón y en pan. En Septiembre de 1899 recibimos la orden de estar listos para movemos en el menor tiempo posiblt', y poco d e spués, el 20 de Octubre, se publicaba en Orange la orden de movili zación, encar­gando de su ejecución á los v eldcorncls. En obedecimiento á la ley, partí como simple soldado, ll e vando conmigo á mis tres hijos: Kootje, Isaac y Cristiaan. Entonces pertenecía al Partido de Krom - Ellemboog, del Mu· 11icipio de Heilbron, y con mis convecinos nos dirigímos á Elands­laagté, punto señalado para la reunión, mandados por el v eldcor­ne/ Dartius Els. En dicho lugar nos organizámos en comando, á la orden de Lucas Steenekamp, y recibímos la orden de a van zar 4 marchas forzadas, junto con los vecinos de Vrede, Harrismith, Bethlehem, Vinburgo y Kroonstad. Nos reunimos todos en Harris­mith, lo cual absorbió 8 días, en los que debíamos soste nernos á nuestro costo, porque en seguida el Gobierno se hizo cargo de su­ministrarnos víveres, y comenzó la vida de comando. Por lo que hace al azúcar, el café, la harina y otros víveres secos, la ración era igual para todos, y la distribución se hacía como en el Ejér­cito inglés. Al principio recil ímos la carne cruda, y nosotros la co. cinábamos y sazonábamos; pero es de advertir que no todos los días las porciones respectivas eran iguales en can ti dad ó calidad: para el improvisado ranchere no era fácil tarea hacer del artículo una equitativa repartición. • El General Cristiaan De W et, el héroe de la guerra del TransvaOJ l. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Buietín t\filitar de Colombia '- 231 -' El animal, matado á balazos, descuartizado y bien Je~angra­do, S~,.; partía en tantos pedazos cuantos soldados había, á los cuales entregaba su ración el ranchero, vuelto de espaldas, á medida que aquellos se acercaban, preYio llamamiento por lista. Esta distribución, que se creía equitativa, dejaba, no obstante, muchos de$contentos, y el ciudadano encargado de distribuír los víveres necesitaba mu. chísima paciencia para no irritarse con injustas recriminaciones ; ante el peligro que nos amenazaba y la dura labor que á todos nos corre pondía, pronto se amoldó á esa ingrata tarea y se acostum­bró, como dicen, á dejar salir por una oreja lo que le entraba por la otra. Al cabo los exigentes reconocieron su falta, y la distribu­ción de la carne fue para nosotros el primer ejercicio de la abne­_ gación y de la tolerancia de que en lo futuro tánto habíamos de necesitar. Distribuída la carne, cada cual la cocía á su antojo: el mayor número la asaba, fabricando parrillas con el alambre de las cercas ó con ramas endurecidas al fuego. Con la harina hacíamos grandes arepas, llamadas slorurjagers (cazadores para la carga), ó bien maagbommetz (balas para el estómago). Los ingleses no adoptaron nuestro modo de vivir sino cuando ya vivieron de nue~tros ganados; y dejando el uso de las conser­vas por el de la carne fresca. Entonces hasta creyeron conveniente desperdiciar un artículo que no les pertenecía, y que saqueaban á su antojo; de modo que cuando sorprendíamos alguno de sus campa­mentos, hallábamos cuartos enteros de res y de puerco y gallinas visiblemente abandonadas. Tal fue el sistema de reclutamiento empleado para llamarnos á la defensa de la Patria, y tal, ha ta el último día de la lucha, nuestra manera de vivir en campaña. Durante dos años mantuvi­mos el campo con nuestros fusiles y caballos, sin que ningún con­voy se presentara á re a vituallamos. Armas, municiones y víveres los tomábamos donde podíamos. Después de la batalla no queda­ban ni Jefes ni soldado , sino ciudadanos, pues todos éramos igua­les en el ComandCI. El General y el vddcornet no gozaban de mayores comodida­des que el simple burgués, y todos tomaban parte en la discusión de las operaciones que se habían de ejecutar al siguiente día. Esta singular organización, tan lejana de la jerarquía usada en los Ejér­citos europeos, nos produjo soldados admirables por su valor y su iniciativa : cada cual daba todo aquello de que era capaz en habi. lidacl y energía, pero también nos causó un sinnúmero de derrotas, puesto que es sabido que no hay ejército posible sin la más rigu­rosa disciplina. Y ahora que he b.:>squejado lo que fueron esos comandos, que durante tres años recorrieron el Veld, ágiles y movibles como los pájaros, comenzaré el relato de nuestras operaciones militares. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín ~1ilitar de Colombia LA GUERRA DE lVlONTAÑAS VENTAJAS É INCO~'VEKI1~ 1 TES DE LA DEFENSA Y DEL AT.A.·­QUE EN PAÍSES DE MONTAÑAS Traducido por el Capitán D. Aoriano S. Juárez (argentino), de la obra del Ba. rón General F. de Kuhn : austriaco) (Continúa) 1 ' DISPOSICION DE LAS RESERVAS TACTICAS Segunda Línea-A las reservas tácticas incumbe la im­portante misión de amortiguar, tanto como sea posible, el primer choque del enemigo. y de obligarlo á desplegar sus fuerzas; gracias á ellas, se llega á reconocer de una manera positiva si el ataque es verdadero ó simulado. Las reservas tácticas deben, por consiguiente, tomar su pri­mera posición en los punto importantes de los valles ó en la proximidad de los desfiladeros. Siempre que la comunicación principél franquée la cresta de la montaña, ó bien cuando no haya sino pasajes principales poco numerosos y muy difíciles, será ventajoso colocar la reserva tác­tica en la proximidad del punto de pasaje y sobre la posición tác­tica elegida en este mi mo punto. Si en este caso se colocase la reserva táctica en el valle, sería de temer que el adversario logra e, por un ataque repentino, apod rarsc de una posición á menudo ventajosa, que le sería fácil def nder durante largo tiempo y de una manera relativamente tenaz, ante que esta reserva pudiera li gar. El enemigo po­dría ·ntoncc" descender rápidamente de las alturas, forzar tal vez á los defensores á retirarse con precipitación, trasladándose bastante lejos á retaguardia en el valle, hasta encontrar otra buena posición, en la cual le fuera posible detenerse. ' .E)'em¡,zo: el Tonal y el Stz'ljser-l'ocll (Sielvzo)-En 1866 la re­serva táctica debió ser colocada en Jos pasos mismos de estas montañas. i para el Tonal se la hubiese colocado cerca de Cusiano, En el punto de unión de los dos valles, de Vemigliana di Pejo y el del Tonal, esta reserva no hubiera podido llegar á tiempo para defender esta posición relativamente fuerte, en caso de que el adversario, empleando un poco de astucia, hubiese atacado al mismo tiempo vigorosamente el paso del Tonal. La re erva táctica hubiera sido obligada á batirse en retirada~ y no habría encontrado una nueva posición defensiva sino á algu­nas leguas á retaguardia, en los alrededores de Mala. Hubiera sucedido lo mismo respecto del Stilfser-Yoch (Stelvio ), si se hubiese querido colocar la reserva táctica en. Trafoi, por ejemplo, ó en cualquier otro punto más á retaguardia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colon1bía '- ~33.....) Si la posición sobre la cresta de la montaña y en el punto de pasaje df'l desfiladero, no se prestara para una defensa relativa­mente larga, ó si la reserva táctica que debe servir de sostén á varios puestos, tiene que cubrir, por consiguiente, varios pasajes, se procurará entonces encontrar una buena posición en la proxi­midad del punto de unión de todos los caminos, ó por lo menos en el punto donde termine)a mayor parte de estos caminos. En este último caso, la reserva táctica tendrá además por misión el atacar enérgicamente á las cabezas de las columnas enemigas, que no podrán avanzar, en general, sino por malos caminos, obligarlas á retroceder, y retardar, por tanto, lo más posi­ble, el despliegue de las fuerzas enemigas en el valle principal. Pero como fácil es prever que esta lucha no podrá durar indefi­nidamente, y que no podrá ser continuada con éxito sino por un corto tiempo, el comandante de la reserva táctica debe buscar á retaguardia una ó varias fuertes posiciones, en las cuales d~­berá oponer al enemigo una resistencia tan larga y tan encarni­zada como sea posible. Ejemplo: en el Tirol meridional, en 1866, la posición cerca de Campi para cubrir los pasajes de los montes Oro, Pari y Pichea. Era este último pasaje el que debía, sobre todo, vigilar. Se tenía como posición á retaguardia, para en caso de reti­rada, la situada entre Pranzo y Campi. Consistiendo el plan de la reserva táctica en quitar al ataque del adversario su impetuosidad y en debilitarlo lo más que sea posible, á fin de ganar el tiempo necesario para que las re~ervas estratégicas puedan llegar, ó para ejecutar las maniobras indis­pensables para dar el golpe ofensivo que ha de decidir, el coman­dante de esta reserva táctica debe, por lo tanto, poner todo en juego para aumentar las dificultades del ataque. Puede lograr esto multiplicando los ob táculos artificiales, aproYechando todos los obstáculos naturales, oponiéndose al adver ario en posiciones relativamente fuertes y preparadas con tal objeto de antemano, y si las circun~tancias lo permiten, tentando movimientos ofensivos que debilitarán aún más al ene­migo. Para realizar la primera parte de este programa, se harán impracticables todas las comunicaciones de que el enemigo pue­da servirse para marchar contra la primera línea, y se dispone todo de modo de poder destruír fácilmente, cuando sea upor­tuno, las comunicaciones que conducen de esta primera línea á las posiciones de las reservas tácticas y estratégicas. Se deberá elegir con especial cuidado las posiciones en las cuales las reservas tácticas han de recibir al atacante, y aumen­tar su valor por medio de atrincheramientos y por el estableci­miento de otros obstáculos artificiales. Se deberá, sobre todo, tener cuidado de asegurar y atrinche­rar los flancos de estas posiciones, lo que se conseguirá fácil­ment~ colocando abatíes y cortando las comunicaciones. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BolétÍn l\'1 ilitar de Colom bi~ \...._ 234 -' Como las reservas estratégi~,;as deb~n jugar un papel casi ex­clusivamente ofen ivo, y combatir rara vez defensivamentc, y es­perar el ataque del enemigo sobre posiciones preparadas de an­temano, nos parece oportuno, mientras tratamos de los principios que rigen el empleo de las reservas tácticas, decir algunas pala­bras sobre la elección d las p\)siciones en las montañas. ' - ELECCION DE POSICIO. ES E~ LAS MONTANAS En los países de montaña se puede tomar posición : a) En el fondo del valle, con el frente hacia el nacimiento de este valle. b) En el fondo del vall~, coa el fr nte hacia la desemboca­dura del mismo. e) Sobre las alturas delante d•! las cuales se extiende un valle paralelo al frente. . d) Sobre las alturas para cubrir un punto de pasaje en la intersección de dos ó m:ís vall c: s que toman nacimiento en este punto. a) Posicíón. m el fondo de tm valle; ron el frente Izada d nad­mtimlo del mismo- Las posiciones en el fondo de un valle, con el frente hacia el nacimiento de este valle, on en general desventa­josas, porque los contrafuert .... s y las pendiente de la montaña en los cuales se colocan casi siempre en e~te caso, son por lo regu­lar dominados por las posiciones qu ocupa 1 enemigo. El enemigo que desciende del , acimicnto del Yalle y que es dueño de las alturas, puede fácilmente nvolver tales posiciones y atacarlas de flanco. Puede rcmediarse en parte este grave defecto, adoptando para los flancos que e adelantarán hacia el nacimiento del Yalle, una formación en escalones, con abntíes ú otros obstáculo. ar­tificiales. Si uno de los flancos está apoyado n el ,·alle, n un do 6 arroyo que, como la mayor parte de los torrente de montañas, sea profundo y encajonado, se deberá vigilar con mucho cuidado el lecho de este curso de agua en tiempo de seca, y aun en la época en que 1110 e té completamente crecido. No se debe de­jar de ocupar la orilla opuesta, pues si se omite esta precau- • ción, una columna enemiga podrá lograr deslizarse sin ser vista, siguiendo el lecho del arroyo y tomar así la posición del defen­sor, de flanco y de revés. Tomemos, por ejemplo, la posición y el combate de Taufers en 1799. El General austriaco Laudon habfa sido enYiado al principio de la campaña de 1799 con 8 batallones y 16 cañones, 6,200 hombres, al valle de Munster, con orden de cubrir los pasos que conducen del cantón de Grisons por Teirfser-Yoch, y de la Valtelina al través del Wormser-Yoch en el Vintschgausuperior. El 18 de Marzo el General Dessoles marchó con cerca de 5,ooo hombres y 2 cañones contra Sainte Marie; las avanzadas austriacas se replegaron sobre la posición preparada de antemano Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boledn Militar de Colombia '- 235 -J por Laudcn, cerca de Taufers. Esta posición había sido elegida en la orilla izquierda del Rammbach, cerca del punto en donde el valle Rolabach, que desciende del Schoerl-Yoch, se echa en el Rammbach, y en un paraje donde el valle se ensancha cosa de 2,000 pies. El terreno en el interior de la posición es ondulado: el Vallarolabach. ccrre delante del frente y con5tituye un obstáculo bastante serio. El ala derecha de la posición se apoya en las rocas de la orilla izquierda del Va11arolabach: el ala izquierda en el Ramm­bach, que corre entre dos orillas altas y escarpadas. Estos dos arroyos estaban completamente secos, y su lecho era practicable. · Tres obras abiertas en la gola y unidas por dos líneas largas de 1 ,ooo pasos, habían sido construidas á retaguardia y sobre las orillas del Vallarolabach, apoyándose la izquierda en el Ramm­bach, pero de manera que no podía batir el lecho de ninguno de los dos arroyos. A 500 metros á retaguardia y á la derecha de esta primera línea se encontraba, detrás de otro pequeño arroyo de orillas encajonadas, una segunda línea de 500 pasos, formada por dos reductos ligados entre sí. Aun cuando el emplazamiento de las obras había sido mal elegido, no era menos imposible el abordarlas de frente. No quedaba, pues, al atacante otro recurso que el ataque indirecto, el movimiento envolvente. En consecuencia, en la noche J el 24 al 25, el General Des­soles pasó por Munster con 4,500 hombres y 2 cañones, y en la madrugada rechazó las avanzadas enemigas; inco 1tinenti dirigió tres batallones, que siguieron el lecho del Rammbach, contra el flanco y la retaguardia de los atrincheramientos, atacando al mismo tiempo de frente á los austriacos con el resto de sus fuerzas. Los tres batallones penetraron hasta Taufers sin ser vistos, porque los austriacos habían descuidado la vigilancia del lecho y la orilla derecha del Rammbach; tomaron de revés las obras abiertas en la gola, y el General Laudon debió, después de haber perdido mucha gente, retirarse á Landeck, pasando por el Ge­batschferner. No se encuentran, en general, buenas posiciones de este gé­nero que tengan el frente hacia el nacimiento del valle, sino en Jos puntos en donde grandes valles laterales terminan en el valle principal, y sirven, por decir así, de fosos á estas posiciones. En este caso la cuesta de la montaña en la cual se está es­tablecido, presenta pendientes muy rfgidas del lado del enemigo; las comunicaciones que allí desembocan son á menudo muy aleja­das, y muchas veces no conducen sino al nacimiento del valle ve­cino: puede entonces fácilmente hacerse impracticables estos ca­minos, y el ad '/ersario se ve, por lo tanto, obligado á hacer gran­des movimientos excé'ltricos que le hacen perder mucho tiempo, cosa tan esencial en la defensa. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 236 _; Uno de los más grandes inconvenientes de casi todas las po­siciones que se toman en el valle, consiste en que estas posiciones, la mayor parte de las veces, están á cabailo en los cursos de agua, y por más grande que sea el número de pasajes que en ellos se establezcan, no se podrá jamás remediar, sino en parte, este in­conveniente. Es necesario, pues, renunciar á estas posiciones, sobre todo cuando el valle es un poco ancho, porque se expone entonces á un descalabro inevitable, sin llegar al resultado buscado, t:s decir, á inmovilizar al adversario el mayor tiempo posible. En este caso es preferible retirarse en seguida hasta el punto más próximo en que el valle se estreche. b) Posidotus m el fondo dd valle, con d fren/e hada la desemboca­dura del múmo-Las posiciones de este género tienen la ventaja de ser dominantes, por la misma razón de que el valle y las alJuras que lo rodean se elevan ~gradualmente, y más á medida que se avanza hacia el nacimiento del valle. Cuando se ocupen tales posiciones se deberá siempre, para proteger los flancos, adoptár para l&s tropas la formación en esca­lones dirigidos hacia adelante: se debe tener en cuenta que los movimientos envolventes son entonces más difíciles, y que deberán extenderse más lejos, porque cuanto más se avanza hacia el naci­miento del valle. más escarpadas, elevadas é impracticables se hacen las montañas. Todo lo que hemos dicho en el capítulo precedente, á propó­sito de la vigilancia del lecho de Jos ríos y de los inconvenientes de las posiciones á caballo sobre un curso de agua, se aplica igual-mente á este género de posiciones. · e) Posiáones sobre las al/u ras cotz tm valle para/do al ft m/ e­Estas posiciones son, en general, tan fuertes de frente, que no es posible tomarlas sino envolviéndolas por uno de los flancos. Si el enemigo ataca de frente, se expone á la superioridad de los fuegos del defensor, y está obligado á atravesar la corriente de agua profundamente encajonada que corre por lo regular de­lante del frente ; luégo de efectuado este pasaje, le será necesario llevar el asalto por pendientes escarpadas y fuertemente ocupadas por el adversario. Resulta de esto que si este último opone al ataque una resistencia un poco enérgica, logrará rechazar fácil­mente todes los asaltos, é infligir á las tropas atacantes pérdidas considerables. Ejemplo : el ataque del monte Isel en x8og. Hacia fines de Mayo del año de 1809 el grueso de la División bávara Deroy ocupaba á Innsbruch, habiendo adelantado sus avan­zadas al Oeste del Sil, sobre una línea que pasaba por Natters, Mutters, hasta Gárberbach; al este del Sil, hasta Igels-Lans. El 29 de Mayo estas avanzadas fueron atacadas en las dos alas á la vez, por las tropas austriacas y por los tiradores naciona­les del Tirol, y rechazadas hasta la llanura, de un lado por la cum­bre del Lanser, del otro por el Gallwiese y Hustelhof. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia L 237 __; Los austriacos y los tiroleses ocuparon inmediatamente la fuerte posición que, pasando por el monte Isel, se extiende desde Ambras hasta Gallwiese, y se pusieron en comunicación por el Tiro], con la landsturm del valle del Inn superior. El General De ro y hizu entonces a van zar el grueso de su Di­visión. Sin embargo, en lugar de tratar de envolver por Gallwiese el flanco izquierdo de la fuerte posición del monte Isel, dio contra el frente de su adversario varios asaltos desesperados, que fueron, naturalmente, rechazados. Solamente en el ala izquierda una columna logró apoderarse del castillo de Ambras, pero no pudo avanzar más porque el terre­no se elevaba sensiblemente, á partir de este punto, en dirección de Aldrans y de Lans. En fin, en presencia de la sublevación de los tiroleses del va­lle del Inn inferior, y de los peligros que corría su línea de retira­da, el General Deroy debió replegarse en la noche del 29 al 30 de Mayo. No es, pues, sino por el flanco como se pueden forzar semejan­tes posiciones, ó bien únicamente por medio de un movimiento en vol vente se podría obligar al defensor á evacuarlas. Pero como la ej€'cución de tal movimiento cuesta mucho tiempo al ataque, y como el tiempo es uno de los factores esenciales de la defensa re­lativa, se puede decir, en resumen, que estas posiciones deben ser clasificadas entre las que mayores ventajas presentan en países de montañas. . En cuanto á los movimientos envolventes y á !os ataques de flanco, se podrá, si no impedirlos del todo, por lo menos aumentar considerablemente las dificultades, haciendo impracti­cables y ocupando todos los caminos que conducen á los flancos y reta~uardia de la posición. Esto es, por lo demás, una misión que se puede confiar á tiradores nacionales ó á la territo,rial (lands­turm), pues en este caso se trata sobre todo de impedir al ene­migo escalar las pendientes abruptas de estas alturas, dtrigiendo sobre él un fuego bien reglado, derrumbándole á su paso rocas y árboles, y haciendo explotar, bajo sus pies, fogatas pedreras. d) Posiciones sobre una altura: m el punto de unión. de dos ó va­rios valles.-La necesidad, para la defensa, de ocupar semejantes posiciones con fuerzas de un efectivo relativamente considerable, se impone, tanto desde el punto de vista defensivo, como desde el punto de vista ofensivo. I. 0 Desde el punto de vúta difemz'vo.-Si el atacante ha logrado apoderarse de tal posición, nada le será más fácil que lanzarse con toJas sus fuerzas en el valle que tiene su origen en este punto y que ocupa el defensor; en seguida continuar enérgicamente su movimiento ofensivo, sea en el valle mismo, sea permaneciendo en las alturas. Como el desalojamiento y adquisición de estas posiciones asegu­ran al atacante ventajas muy considerables, se debe, en toda de­fen~ a racional y bien meditada, cuidar de no abandonar demasiado Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 238 _.) pronto los pasos, y forzar, por el contrario, al adversario á perder mucha tropa antes que pueda apoderarse de ellos. Se deberá, pues, en Jugar de colocar desde un principio la reserva táctica en el valle, establecerla en:el mismo punto de pa­saje, en una posición Jo más próxima á la orilla de la vertiente que dé frente al enemigo, y reforzarla lo más posible por medio de atrincheramientos, abades, &c. Pero como las posiciones de este género son forzosamente dominadas por las alturas que las rodean, se deberá en este caso, como en las posiciones cuyo frente :está hacia la desembocadura del valle, asegurar los flancos, adoptando para las tropas la for­mación en escalones dirigidos hacia adelante. 2.0 Desde el punto de vz'sla ofensivo--La ocupación de estas po­siciones asegura al defensor ventajas muy significativas, por cuan­to le permite tomar la ofensiva cuando lo juzgue oportuno, y llevar la guerra sobre el te::rritorio enemigo. Conlznúa ARTILLERIA GENERALIDADES PARA LAS CLASES La voz arHilería, que probablemente es una derivación de la latina ars, arte, no ha designado siempre bocas de fuego. Hasta el siglo vu, la artillería se componía de aparatos muro balísticos, es decir, que utilizaba como medios de propulsión haces ó cordones de nervios y tendones de animales ó fibras elásticas, como son cuero, cáñamo, &c., ó resortes metálicos, para lanzar piedras, dardos, saetas, flechas, &c. Estos aparatos eran las ba­listas, catapultas, arietes, &c. Del siglo vu al x1v, la artillería anterior es sustituída en par­te por la de fuego. Es la época del fuego griego, es decir, de las sustancias incendiarias y de las mezclas salitradas explosivas. Desde el siglo IX se utilizan las propiedades balísticas, es de­cir, impulsoras de la pólvora. Las bocas de fuego de esa época son el cohete, análogo á los que usamos en nuestros fuegos artificiales, que lanzan un tarro ex­plosivo, ó sea, un cariém proyecHl ó tubos fijos, cargados con cohetes que lanzan sobre el enemigo chorros de llamas, ú otros tubos que lanzan verdaderos proyectiles explosivos, que son el modelo pri­mitivo de los jalcontlu y culebrinas. A Jos ingeniosos italianos, pueblo iniciador de la civilización moderna, pertenece el mérito de los primeros trabajos serios y racionales de los cuales ha salido la artillería actual. Con los progresos realizados en el refinamiento del salitre y la fabricación Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 239 _.) de la pólvora, fueron llevados á fabricar tubos de metal reforza­dos y provistos de una culata, lanzando balas de plomo, mármol ó fundición: eran las bombardas, empleadas á principios del siglo xrv en el sitio de Brescia. Pero la invención de la pólvora actual, es decir, la negra, aun tosca, parece posteriot· en algunos años. .:::on esta pÓlvora los ingleses, en 1342, bombardearon la ciudad francesa de Lagny. Se sabe que en Cahors, en I 345, se fabricaron 24 cañones de hierro. Sin embargo, en Crécy, en 1346, los franceses no tenían uno solo para oponer á los tres cañones ingleses que causaron en Europa tanta sorpresa. Durante la primera mitad del siglo siguiente, se fabricaron muchos cañones en Francia, que tomó la delantera en materia de artillería. Hubo bombardas que lanzaban piedras de 300 á 700 kilogramos. En el sitio de Orleans, defendido por Juana de Arco, la artillería fue muy útil. Un poco más tarde, con la inremi0n de los muñones, la adop­ción del bronce como metal de cañones y del proyectil de hierro, la artillería dio un paso consideraule, y Carlos vm c0nquistó á Italia con un material que causó enorme sorpresa. A fines del siglo xvx aparece el primer súünu• de artillería. La francesa se componía de seis calihres designados por su peso en libras: 32, 16, 8, -~, 2, 1 libra, tirados por piezas cuyos seis nombres son los siguientes: cañón, culebrina grande, media, bas­tarda, falcón y falconete. Más tarde se les agregó el 24 y el 12. En las batallas se emplea un material ya muy movible. Des­de Enrique IV, un ingeniero propone un cañón de retrocarga. Gustavo Adolfo emplea cañones muy livianos, compuestos de tubos de cobre reforzados con cabos alquitranados (los primeros sunchos), y cubierto todo con cuero hervido. En tiempo de Luis XIV y Guillermo de Orange, la mayor parte de los calibres eran de 32, 24, 16, 12, 8 y 4. Este último, en Francia, era de retrocarga. A la par de las piezas de campaña, se hacían piezas de sitio; morteros de 12, 10 y 8 pulgadas, calibres tan bien calculados, que hoy toda vía se conservan, siendo en centímetro~ de 30, 24 y 12. Toda esta artillería era de bronce. Con ella combatieron Federico y Mauricio de Sojonia. Después de la guerra de Siete Añm,, M:. reorganizó en Fran­cia la artillería por el si!:.tema de Gribeauval, luégo adoptado ó imitado en el resto de Europa. Se adoptó el alza, se perfecciona­ron cureñas y carros. Este material hizo las guerras de la Revo­lución y el Imperio, y aunque perfeccionado en 1827 por el General Valée, se puede decir que el sistema de Gribeauval es el padre de la artillería moderna y el único predecesor de la arti­llería rayada, á la cual, en fin, llegamos, y que será materia del próximo artículo. • •• Boca de fuego es arma no portátil, en la Cllal son utilizadas )as propiedades balísticas de la pólvora. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia La boca de fuego consiste en un tubo ó cañón que durante el tiro queda cerrado en una de sus extremidades, llamándose ésta culata y la otra l;>oca. El interior del cañón se llama ánima, y se subdivide en cáma­ra, donde se coloca la carga, alojamiento del proyectil y ánima, pudiendo ésta ser lisa Ó rayada, lo que es el caso general hoy, casi sin excepciones. Las rayas que tiene que seguir el proyectil en el ánima, le dan un movimiento de rotación al rededor de su eje, lo que le impide dar tumbos. Las bocas de fuego se cargan por la boca ó la culata, siendo el último casi exclusivo hoy en todas partes. Esto exige, además del cuerpo del mismo cañón, un aparato de cierre. •*• El servicio de una boca de fuego se hace con tres operacio­nes distintas: cargar, apuntar y tirar. La boca de fuego descansa en su cureña con dos muñones, y además, casi en todas, un tornillo de puntería. (El lector comprenderá que esta descripción tiene que ser concisa y general para abarcar·todas las piezas). El conjunto de la boca de fuego y su cureña constituye la pie­~ a, vocablo que debería siempre tener este único destino. Se llama calibre el diámetro interior del ánima, medido en el fondo de las rayas. La potencia de la boca de fuego se mide, por lo general, por la media fuerza viva del proyectil á su salida de la boca del cañón . • • • El aparato de cierre pertenece, generalmente, á uno de los dos sistemas siguientes : a) De tornillo : un cilindro penetra en la iirección de su lon­gitud, en la parte posterior del ánima, cierra ésta por su base an­terior, quedando fijo por medio de filetes helicoides salientes en la superficie de dicho cilindro, los que penetran en filetes de la mis­ma forma, practicados en la pared del ánima, es decir, del cañón. b) De cuña: un bloque metálico puede correr en una entalla­dura 6 muesca horizontal, perpendicular al eje de la boca de fue­go, y cierra el fondo del ánima con su cara anterior. En ambos casos, el órgano destinado á impedir los escapes de 1os gases de la pólvora se llama obturador. * • • En cuanto á la curvatura del tiro, las bocas de fuego se divi­den en varios grupos1 cuyos tipos extremos son el cañón y el mortero. El cañón está organizado para dar á. un proyectil de peso da­do la mayor velocidad posible. La tensión de la trayectoria y la fuerza de percusión y penetración que de ella resultan, son facto- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia . '- 241 _) res muy importantes en la guerra. El tiro ejecutado en estas con­diciones es tiro directo. Pero es á veces necesario, para alcanzar un blanco ocultado por un obstáculo, hacer seguir al proyectil una trayectoria más curva. Para conseguirlo se puede aumentar el ángulo de tiro y disminuír al mismo tiempo la carga; pero entonces la fuerza viva del proyectil, que varía proporcionalmente al cuadrado de la ve­locidad, se encuentra considerablemente reducida, por cuya razón se ha preferido comervar la rrisma carga, aumentando el peso del proyectil, ya sea alargándolo solamente, ya sea aumentando largo y diámetro, es decir, calibre. Es en este orden de ideas como se han construído bocas de fuego de cámara corta en relación con el calibre. Este, aumentando, aumenta el peso y la capacidad del proyectil, lo que, para los que deben ser cargados con explosivos, es una ventaja considerable. Estas últimas consideraciones son las que han conducido á los artilleros á adoptar tipos de bocas de fuP.go muy distintos de los cañone puramente de campaña, llamados cañones cortos, obu­ses ó morteros. El tiro que ejecutan se 1lama tiro curvo, que pue­de acercarse mucho á la vertical. •· * • Las muy diversas exigencias de Ja guerra han impuesto la creación de todas estas bocas de fuego de condiciones tan distin­tas, las que pueden clasificarse en cinco grandes grupos, destina­dos: 1.0 A la guerra de campaña; 2.• Al ataque de las plazas; 3. 0 A la defensa de las plazas; 4. 0 A la defensa de las costas; 5. 0 Al armamento de Jos buques. 1.0 ARTILL:ZRiA DK c.uPA.- A-Esta se destina para acompañar á las tropas en el campo de Latalla, donde debe combatir á las tropas enemigas, dcstruír su artillería y demoler ciertos obstácu­los, como son atrincheramientos de fortificación improvisada, mu­ros, ca as, &c. Debe, pue , reunir, en proporciones convenientes, la movilidad y la potencia. Se admit generalmente la necesidad de emplear dos calibres: el uno, que representa el máximum de movilidad compatible, con suficiente potencia; el otro, que repre­senta el máximum de potencia, con suficiente movilidad. La pri­mera boca de fuego pesa, por lo general, 400 kilogramos, y lanza un proyectil de 5 á 7 kilogramos. La segunda pesa el doble y aun más, y lanza un proyectil de 8 á r6 kilogramos. Existe, además, una pieza de montaña que puede y debe ser del mismo calibre que la primera, pero más corta y más li via­na, que puede ser llevada á lomo de mula y ser puesta en batería en puntos inaccesibles á los carros y cureñas. En suma, con el nombre genérico de artillería de campaña se designa: 1.0 La artillería á caballo, en que todos los artilleros van á caballo; 2.0 La artillería montada, en que una parte va sen­tada en los armones; 3. 0 La artillería de montaña, en que mar- SERIE IV-TOHO I-I 6 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia chan á pie los artilleros; 4.0 __ a artillería gruesa, ú obuses, en que parte de los artilleros va en los armones. Estas designaciones, como que son sobre toda nomenclatura, no tienen nada de absoluto. 2.0 ARTILLERÍA DE SITIO-Está destinada á bombardear las plazas fuertes, á destruír sus abrigos abovedados, ó sus torres ó cúpulas acorazadas, ó sus parapetos, ó á hacer brechas en ellos. Es necesario que puedan circular, seguir los caminos. Deben reu­nir, pues, movilidad y potencia. Pero la movilidad e en ellos lo secundario, porque los parques de sitio son traídos en ferrocarril lo más cerca posible de la plaza que deben atacar. La artillería de sitio comprende cañones largos, cortos y morteros ; los unos más movibles, los otros más poderosos. Su calibre Yaría de 100 á 240 mm. Los obuses de campaña, v. gr., los de ros mm., pueden servir para el ataque de las plazas. 3. 0 ARTILLERh DE PLAZA-Las condicione que deLe llenar ésta son parecidas á las de la artillería de sitio. Debe tener, por Jo menos, el mismo poder que ésta, puesto que contra ella lucha­rá; pero no necesitando igual movilidad, puede ser más poderosa. 4.0 Y 5. 0 ARTILLERÍA DE COSTA Y DE MARINA-E. tas deben tener más potencia que las anteriores, puesto que sus proyectiles deben atravesar corazas de acero, y las condiciones de movilidad desapa­recen ante esta necesidad. Sus piezas son de r 5, 20, 30 y 40 cen­tímetros de calibre, y lanzan á I 5 y m<~S kilómetros proyectiles cuyo peso pasa de mil kilogramos. El aumento siempre creciente de los calibres y las velocidades trae este r sultado: que un buque puede hoy lanzar sobre una costa, que la curvatura del globo le oculta, proyectiles que conservan aún suficiente eficacia, sobre todo cuando van carga~o con los xplosivos cr ado en e~to úl­timos años. La artillería de co ta dispone, ademá , d morteros que per­miten alcanzar verticalmente la cubierta de lo buques. Como las nece idades de los buques son múltiples, e en la artillería de marina donde e encuentra la mayor diversidad de ca­libres y variedad de formas: cañones revólver 37 y más milíme­tros, ametralladoras, ce. Conlt'nú• LAS LEYES DEL NUMERO Y DE LA VELOCIDAD EN LA GUERRA POR EL CORONEL D. ARTURO (>HZÁBAL Según la expresión de Montesquieu, lt.s leyes son las relacio­nes necesarias que derivan de la naturaleza de las cosas, y como induda\llemente entre el número y la guerra y la velocidad y la guerra existen relaciones, puesto que son cosas más 6 menos liga- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia das, establecidas que sean esas relaciones, habremos formulado las leyes correspondientes. Una vez obtenido este resultado, á fin de apreciar de qué manera influyen en la guerra, y la necesidad de realizarlas, estudiaremos el rendimiento de las armas funda­mentales de los ejércitos en el combate y en las operaciones es­tratégicas. * * • , I.E\' DRL NUl\lERO Var/aáo1us del ntíllu ·ro-Echando una nípida ojeada á la his­toria militar de todos los tiempos, encontramos que ha sido siem­pre una preocupación de lo pueblos la formación de ejércitos más ó menos numeroso., ó mejor, la formación de jércitos tan nume­roso como lo ha permitido la capacidad general de cada país, como in trumento indispensable para dirimir sus cuestiones entre sí, para imponer por la fuerza ~a voluntad del más poderoso, ó para defenderse de imposiciones semejantes, ya que para arreglar di­ferencias de carácter internacional no ha existido nunca ni existe ningún tribunal constituído e n facultades amplias para solucionar­las tranquilamente. La teoría del arbitraje, sostenida con tanto ahínco y entusias­mo en los últimos tiempos, ha nacido como xpresión de la mayor cultura y civilización á que ha alcanzado la humanidad; y de de­sear e que continúe en su marcha a cendente, para que ·1 im­perio de lo anos princ-ipios de la razón, del derecho y de la jus­ticia e. ·tienda cada vez más sus dominios, protegiendo igualmente á t dos, tanto al débil como al fuerte. Pero aun cuando no hay la menor duda de que lo~ fallos de los tribunales de arbitraje se han de inspirar siempre en esos prin­cipio , como ha sucedido ya en vario5 casos f !ices de la práctica, no hay, desgraciadamente,.ninguna leyó fuerza superior que obli­g- u á las naciones á someter sus conflictos al juicio sereno de esas altas instituciones. ~s este el motivo por el cual todas, en relaciÓn con sus me­dio", tratan de aumentar el poder m:tterial de us fuerzas arma­das, pues bien saben que, en último recurso, es el supremo tribu­n~ l de las armas el que ha de decidir, sin apelaci6n, n el vasto e ·r( 'nario de la guerra, y no á la luz de la justicia y del derecho, sino á los sangrientos resplandores de los combates; no por la voz de la razón, sino por el sordo tronar de los cañones; no de qué lado está la mejor causa, sino de cuál está la mayor fuerza. Así pues, aunque mucho se ha adelantado por la senda jurí­dica respecto de la paz universal, hoy como antes continúan los pueblos con la eterna preocupación de la guerra; y una no­ción que ha echado profundas raíces en todas las capas sociales, es la de que en las condiciones actuales la mejor garantía de la paz es la adquirida por la posesi6n de un ejéq;ito numeroso. Por más que en todos los tiempos se haya prestado atención preferente al valor del número ó del efectivo elevado de los ejér- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia · citos, como lo demuestra la historia cuando nos habla, por ejem­plo, del ejército que el Rey Jerjes, de Persia, llev6 contra Grecia el año 48 I antes de Jesucristo, que ascendía á cerca de un mill6n, según unos, y á tres millones de hombres, según otros; 6 del que en el 333, e )nducido por Darío, se bati6 contra Alejandro el Gran. de, que pasaba de 6oo,ooo, es el hecho que, examinando con al­guna atenci6n el valor de los efectivos de los ejércitos hasta nues­tros días, hallarnos que el número ha experimentado ciertas varia­ciones que lo hacen considerar c:>mo una función natural del tiem­po, y sujeta, por lo tanto, á máximos y á mfnimos en sus movimien­tos continuos ascendentes y descendentes. En efecto, á partir de la época referida, en que pasa por uno de sus máximos, se nota un decrecimiento de los efecli \'Os. En los tiempos de la emigraci6n de los pueblos, de las cruzadas y des­pués de las correrías conquistadoras de los turcos, rara vez exce­den de zoo,ooo hJmbrcs las masas puestas en movimiento. A partir de este mínimo relativo, vuelve el número á cn:.cer, hasta que á flnes del siglo xvm llega á 300,000 pr6ximamente du­rante la guerra au tro-turca, bajo José n. Desde entonces sigue constantemente en aumento hasta el presente. La Edad Media no Yio ejércitos tan numerosos como los de la epopeya napole6nica, y menos aún como los de la guerra franco-alemana. La organización militar actual de las grandes potencias nos p1·esentará en las guerras futuras fectivos más numerosos aún que los de la antigüedad. Hoy por hoy, el número domina, y no s6lo ha recobrado su antiguo prestigio, sino que constituye algo así como un punto fugitivo hacia el cual corren anhelantes todas las naciones. · Como síntesis de las ideas modernas sobr la importancia del número, es oportuno recordar las palabras ele Caprivi en el Reichs­tag- en 1893 : " El valor de un ejército nada puede si sus efectiYOS son insuficientes." Siendo tal el concepto moderno sobre el valor del número, !6gico es pensar que causas más 6 menos poderosas deben haber tnfluído en el espíritu de los pensadores militares de esta época para llegar á la conclusi6n referida. Trataremos de ponerlas en evidencia. · Valor relativo del1lúmero-Aun cuando es natural que la supe­rioridad del número dé mayores probabilidades de éxito al que dispone de ella, no es menos cierto que frecuentemente no ha sido el número el árbitro de la suerte de las armas. Es que el resultado de una campaña 6 de una batalla no es s61o dependiente de ese factor relativamente sencillo, sino que. in­tervienen en él muchos otros, entre los cuales ocupa un puesto Im­portante el que representa la capacidad de las tropas, así como el que se refiere á las aptitudes guerreras . de los Gener~les que las conducen en amplio campo de operaciOn_es estratégtcas y en el escenario sangriento de los combates. MenciOnamos solamente este Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \._ 245 _) último factor, porque su estudio no hace al asunto en que nos ocu­pamos. Por más que no sea posible hacer comparaciones eficientes sino entre tropas formadas é instruídas pór procedimientos que poco difieren entre sí, porque dichos procedimientos, siendo una conse­cuencia de los adelantos de la época, no serán muy desemejantes de un ejército á otro, es evidente que hoy, como en todos los tiem­pos, no obstante esa similitud, el valor de los ejércitos no es el mismo, porque existe un sinnúmero de causas que lo hacen variar, y en asuntos muy diversos: el carácter del pueblo, la constitución ó forma de gobierno del país, el estado de su política interna y externa, Sli situación geográfica y extensión territorial, su situación financiera y económica, las fuentes de su producción, su mayor ó menor grado de progreso material ó moral, &c. &c., tienen inme­diato reflejo en su poder militar, ó sea en el pie y actitud, para la guerra, de su ejército. La recíproca es igualmente cierta : por el estado del ejército de una nación puede juzgarse, en general, de la situación y del valor de un pueblo. Este cúmulo de causas de distinta índole y magnitud dará una resultante que será el exponente del número, exponente que repre­sentará la capacidad de las tropas. Así, fácilmente se comprende que si el efectivo numérico tiene grande importancia, su valor será relativo, puesto que su potencia dependerá dd e. ponente mencionado. Injluenda de/número-Si se estudia el combate en su esencia y se consideran las diferente fases de su desarrollo, se encontrará que se han producido en él ciertas variaciones desd~~;; el principio del siglo pasado hasta el presente, variaci<:mes que hay que tomar en cuenta cuando se investiga la influencia del número. En aquellos tiempos, los combates se iniciaban á menor dis­tancia quP. en la actualidad, por causa del menor alcance de las armas de fuego, y se decidían siempre al arma blanca. Hoy, las cosas no pasan del mismo modo: la lucha cuerpo á cuerpo es me­nos frecuente, y bien puede terminar un combate sin que interven­ga la bayoneta; al fusil de chispa ha sucedido el fusil de tiro rápi­do, y, sobre todo, de gran precisión, poco peso y largo alcance, que puede ser manejado por cualquiera. Todas estas causas tienen que haber producido varios efectos. Uno de ellos, y que nos interesa notar ahora, es el hecho de haber disminuído las oportunidades de dejarse sentir el valor pro­pio, la acción individual de los soldados, su poder personal depen­diente de las aptitudes físicas y aun de las condiciones morales. La masa absorbe cada vez más los esfuerzos aislados disolviéndolos en la acción del conjunto 6 colectiva, y por más que ésta no sea otra cosa que la resultante de acciones individuales, no es menos cierto que presentándose con menos frecuencia las ocasiones incitantes sle distinciones personales, en que el individuo suele llegar á supe- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia rarse á ~í mismo por causa de las circunstancias en que se encuen­tra, la resultante r r ferida 110 debe ser considerada con más valor que el que le da la suma de los elementos materiales que intervie­nen, de los que previamente se habrá descontado el sohrevalor á que acabamos de referirnos. Vemos, pues, q.ue en los combates modernos la ma a se hará sentir preferentemente, sin que por eso la calidad del soldado pier­da nada en su Yalor absoluto para el efecto colectivo, el que, por el contrario, estará siempre en relación directa con aquélla. Más claramente: aunque la calidad siga siendo un factor de primer orden, el número adquiere mayor importancia relativa. Continuando con el perfeccionamiento de las armas, iremos constantemente alejándonos de la epopeya de los singulari mos y, naturalmente, aproximándonos al otro extremo, á aquel en 1 cual los hombres pudieran ser considerados puramente como agentes impul ores del movimiento mecánico de las armas de fuego, y en el que, por lo tanto, habrían llegado todos á equivalerse, es decir, se habría llegado á la sustitución de los hombres individuales por los hombres unidades. La corriente del progreso no arrastra hacia la preponderan­cia del número, cuya influencia se acentúa sin cesar, según se des­prende de las consideraciones apuntadas, que son la expresión de los hechos. La i nportancia que hoy se le atribuye y el de eo de darle el mayor valor posible, se ha pronunciado de un modo más manifiesto entre la potencias militares de Europa después de la guerra de r 865 y de la franco-alemana ; y es 1 ser-m'rio u.m'vtrsal el procedimiento á que se ha recurrido para darle el más amplio desarrollo. La influencia del número en la guerra· está condensada en la siguiente fórmula alemana: · '' La victoria estratégica pertenece al que consiga reunir en un punto determinado, y en el má5 breve tiempo, el mayor número de soldados." Ley dd mÍIIW'o-En lo que dejamos dicho quedan expuestas las causas que nos habíamos propuesto investigar del concepto mo­derno del número; queda también explicado que existe entre él y la guerra una relación que se expresa diciendo que, para asegurar mayores probabilidades de éxito, hay que aumentar en lo posible el valor de aquél. Según la definición recordada de las leyes, esta relación entre Jas dos cosas, guerra y mímero, constituye una ley que es la que designamos con el nombre de lry del número m la guerra. Conlintía Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia ~ 247-' LAS FUERZAS MORALES (De la Rwista del Bo!etfll 1lfilrtar de Bucnosnirt: ) Hace pocas años, el Coronel de Villebois Mareuil-muerto, como lo saben nuestros lectores, en una lid en que no se sabe á quién admirar más, si al vencido ó al vencedor-decía en una de sus conferencias que hacía á la Oficialidad d~ su regimiento, el 67 de Infantería francesa .... "Es moda, de algunos años atrás, mate-rializarlo todo .... Nos olvidamos del alma, y es por ella por lo que vale un ejército ... Cuando estudiamos las guerras de lo por \·enir, hacemos entrar en nuestros cálculos sólo factores secundarios: te­rreno, formación, armamento; y olvidamos el factor principal : el hombre .... Y sin embargo, es hacia las fuerzas moral s á donde debemos dirigir nue tras miradas .... " Antes de Villebois Mareuil, los hombres de guerra y los es­critores militares de alguna valía habían proclamado la superiori­dad de la fuerza moral sobre la material. La fuerza moral, dice Marmont, es esa fuerza misteriosa que hace que un hombre valga por diez, ó diez por uno. Si las fuerzas moralc no fuesen lo principal, casi" todo, en la guerra, Jamás se habrían visto victorias alcanzadas por ejérci­tos el efectivo inferior .... Sin embargo, la estadística curi sa de un Oficial au!.triaco, rt.:producida de pués en tantos libros militares, demuestra que en lo · últimos cien años, 33 batallas en 73 han sido ganada p r tropas inferí re en número .... Esta fuerza moral es el resultado de muchos diversos elemen­tos: valor individual, e píritu de cuerpo, patriotismo, estimación re­cíproca entre los Jefe: y soldados, cumplimiento del deber profesio­na 1, es decir, trabajo constante para crear, desarrollar y conservar todos estos sentimientos: trabajo comlante, que éste todo lo encierra. Habiendo escrito el Mariscal de Sajonia-y con razón, desde otro punto de vista-que "el secreto de la guern está en las pier­nas del soldado" (es decir, en la velocidad, que multiplica el nú­mero), replicóle, cuarenta años más tarde, el Archiduque Carlos: ~'Sí. pero á condición de que se admita primero que está en el co­razón de los combatientes." Napoleón, que tantas verdades nuevas ha lanzado, y á tantas verdades viejas puesto el sello de su incomparable genio, pone muy por arriba "de la parte terrenal de la guerra: armas y po5iciones, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín lVIilitar de Colombia la parle divina del arte, lo que deriva de consitleraciones morales­psicológicas, diríamos hoy-la opinión, el espíritu del soldado, que es fuerte y vencedor, débil y derrotado, según cree serlo." Es él también quien creemos que decía: "¿Qué es batalla perdida? Es la que cree uno haber perdido,'' dando á entender que nunca está derrotado el que no se da por tal.. .. Aunque la batalla fuera perdida en realidad, basta erguirse contra la evidencia para cambiar el resultado. 11arengo es ejemplo céleqre de esta verdad. ¿Qué puede un enemigo, aun victorioso, contra un hombre que, como Dcsaix, plan­tea la cuestión en estos términos: "La primera batalla está per­dida ... muy bien ... pero nos queda luz para ganar la otra ... "¿ Qué puede e e enemigo cuando los soldados quieren, como el General, siempre volver á empezar? Y de sus soldados puede obtenerlo todo el Jefe en quien sus soldados tienen confianza. Aunque lo haya citado ya la Revista en un número anterior, no podemos resistir el placer de reproducir una vez má el diálogo de Chevert y un granadero en el sitio de Praga:" .... Vas á trepar á esa muralla-Sí, mi Cqronel-Encontrarás allí á un centinela-Sí, mi Coronel-Te hará fuego-Sí, mi Coronel-Te errará-Sí, mi Coronel-Lo matarás-Sí, mi Coronel-Nos abrirás la puerta-Sí,. mi Coronel-Entonces llegaremos para ayudarte ... "¡ Diálogo mag­nífico en su implicidad. Esta confianza ciega á tsus jefes e. plica los triunfos de las nue,·ns leYas de la Revolución Francesa, incomprensible · sin ella. ¿, ·onocéis esa maravillosa litografía de Raffet, el pintor de los oldados, el que iempre mezcla un poco de ironía Y. de carica­tura á sus epopeyas ?-Una tropa de soldados republicanos se ha ocultad o en un pantano, con barro hasta la rodilla: llueve á cánta­ros. Un,J d , los Oficiales dice (en la leyenda de la litografía):" el en migo no sospecha que e tamos aquí, pero no duerme ahora. Son las siet ". Lo sorprenderemos mañana á las cuatro .... " Queremos, antes de terminar, contestar de antemano á una nbjeción y combatir una preocupación cuyas consecuencias po­drían ser funestas. Personas mal informadas de las cosas militares, otras que de ellas sacan consecuencias falsas, los mismos que después de cada guerra, la franco-alemana, la ruso-turca, la hispano-americana, la anglo-boers, niegan la posibilidad de la ofensiva, sin cansarse de ser desmentidos por la siguiente, pretenden que con los nuevos armamentos, la guerra, profundamente diferente de lo que era an­tes, será sólo una lucha de habilidad técnica, de ingeniería y de mecanismo, hasta de prudencia, y no exigirá ya el arranque, el empuje, las cualidades de valor per~onal y tenacidad que eran an­tes indispensables .... ¡Gravísimo error t Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 249 _J En sus líneas esenciales la guerra futura, en cualquier parte del mundo que tenga lugar, se parecerá á la de ayer. Cualesquiera que sean los perfeccionamientos introducidos en los sistemas de ar­mamento, la ültima palabra siempre pertenecerá al valor moral, que se manifestará por la ofensiva, no s6lo en estrateg-ia, sino aun en táctica, por el ataque en el combate, dando la victoria no s6lo al talento del General, sino sobre todo al ejército mejor prepara­do, al soldado más sufrido, más valiente, más tenaz, más animado del deseo de combatir y más resuelto á vencer. ¡Hermosa tarea para una Oficialidad preparar así á las tropas ! Pero es indispen­sable tener nuestro credo. LA GUERRA Y SU ENSEÑANZA ' ,..., , CONFERENCIAS DE UN CAPITAN DE COMPANIA A SUS CLASES Y OFICIALES {Continúa) SEXTA CO.FERENCIA Deberu de los 0/idalesJ' clastS duranlt el combate-Los deberes de los Oficiales les están señalados en el capítulo x ·x de nuestro Reglamento de ervicio en campaña. Este, que es un Reglamento general, no puede entrar en detalles. Además, como entre los de­beres de los Oficiales está el de vigilar toda la marcha del com­bate y hacer que las clases cumplan con el suyo, dice suficiente­mente al respecto. Pero en una conferencia hecha por el Capitán, son precisa­mente los detalles que importan. El Capitán debe ctecir lo que á los Sargentos corresponde, lo que á los Cabos, citar casos y ejem­plos; todo esto s"' ncillo, familiar, al alcance del auditorio, como lo sigui e nte, que, ya lo hemos dicho, no es conferencia sino sumario de conferencia. ~ Deberes gmerales-Cooperar al éxito :tal es el deber primordial de todos en el campo de batalla. El General habrá hecho combiné.ciones de movimientos y dis­posiciones de tropas, pero nosotros, los de las compañías, no tene­mos por qué meternos en tantas honduras, ~ino atacar lo más vigo­rosamente posible al enemigo que vemos. Las pequeñas unidades que atacan con brío, que ej~.;cutan valientemente las misiones que han recibido, han cumplido con su deber, pero no antes. Agregaré que en estas cuestiones de valor, lo más prudente es hacerse tildar de temerario. En ciertos casos, una fracci6n tiene por misi6n ocupar una posici6n y defenderla ; en otros, atacarla y tomarla. Pues bien, estas misiones, al parecer encontradas, son idénticas en el fondo : obtener la superioridad sobre el enemigo. Para conservar una posici6n es necesario ser bastante fuerte para obligar al enemigo á quedar donde está. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia Para tomar una, es necesario ser bastante fuerte para que­brantar al enemigo y obligarlo á abandonarla. . En ambos casos, el éxito se obtiene por lc..s medios que indica nuestro Reglamento táctico de infantería (en las dLmás armas, el Capitán conft:renciante se expresará en términos parecidos), em­pleados no sólo con inteligencia, sino aun con valor, pues el valor es el más inteligente de los medios, á tal punto, que muchos dicen que á todo suple. Protecáón á los hen'dos.-EI artículo 195 de nuestro Servicio en Campaña dice que los Oficiales, y por consiguiente sus auxilia­res las clases, no permiten que ningún soldado quede rezagado ni ,.. se aleje para levantar á lus h eridos. E te ~eber incumbe al ser­vicio de sanidad. Y seda falsa y peligrosa humanidad la que abandonara el combate para acompañar á un h erido, puesto que uno, diez, cien combatientes menos, d ecir, los pretendidos filán­tropos que desiertan de la lucha con este santo pretexto, causarían la derrota del ejército y la muerte de los he1 idos, que son abando­nados cuando éste se retira, por lo mr ·nos durante un día ó dos. La guerra de 1870 entre Alemania y Fran ia nos ofrece guarismos elocuentes á este respecto. Los alemanes perdieron 47,000 hombre . Los franceses perdieron 1 39,00~ hombres, porque fu ron de­rrotados, p o rque en las retiradas funciona mal el servicio d~ sani­dad; porque, en fin, el vencedor tiene dos veces más recursos en víveres, medicamento y comodidade que el Yencido : los de éste y los suyos propios. Es la victoria, la victoria sola la qu ·, como Jo dice el artfculo 195 de nuestro ervicio n Campaña, "permitirá dar á los heridos los cuidados n cesario . " Es éste ~::1 verdadero compañerismo. Comav¡¡ción del ordm láctico-Es tanto á la:; clases como á los Oficiales á quiene se refiere el artículo 195 del Servi cio de Cam­paña. El Capitán, entre otros comentarios que podri hacerle, no se olvidará del siguiente: la perfccci6n en la con ·en-aci6n del orden táctico, sería la simultaneidad de todas las fracciones, secciones y escuadras, en la progresión hacia adelante, e decir, en la direc­ci6n del ataque. Vigzlanúa m d gas/o de las mtmz'cioms-Un libro militar argen­tino dice á este respecto lo siguiente: "A í como la disciplina en la milicia es la observancia estric­ta de los reglamentos militares generales, establecidos con el fin de dominar en los soldados el instinto de la conservaci6n y de lle­varles á combatir á pcs•r de este instinto, la disciplina del fueg-o es la observancia de los reglamentos especiales tácticos, relativos á la utililizaci6n del arma, establecidos con el fin de sacar de ella el mejor partido posible, empleándola cuando es oportuno y de la manera que más convenga á los fines buscados en el momento que se considera." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia ·....._ 251 La indisciplina del fuego es la de los soldados que tiran sin ton ni són, á la suerte, en cualquier parte, por nerviosidad ó miedo, y que despilfarran sus municiones. La disciplina del fuego se compone de la pericia del Oficial que lo dirige y de la competencia y energía de sus auxiliares, loa Cabos y Sarg-entos, que, aun haciendo fuego ellos mismos, vigilan el de sus soldados. El Oficial elige la clase d~ fuego: de sal va, individual, lento, rápido, &c .... según el terreno, las distancias y las circunstancias ; la destreza y obediencia del soldado, que hace fuego como, cuan­do y donde se le ordena, y deja de hacerlo á la voz de mando 6 por una simple indicación, completa el cuadro de la disciplina del fuego. La pericia del Oficial es general en los ejércitos que, como el nuéstro, se ocupan en asegurársela; la obediencia de la tropa, es dectr, la sumisión de sus nervio , es más rara. Depende mucho de la instrucción, y más aún de la raza, es decir, de la calma natu­ral á ciertas de éstas, pero todo se adquiere, y una instrucción bien dirigida la dará á nuestros conscriptos. Una prueba de que la disciplina del fuego está bien estableci­da entre las tropas, es cuando é tas, como á menudo se ha visto entre los ingleses, y últimamente también entre los botrs, pueden dejar acercar al enemig-o hasta la distancia del fuego rasante, y aun hasta distancia mef'or: 2001 100 metros, sin largar un tiro, á pesar de la impaciencia nerviosa que le~ agita. La prueba con­traria es el tiroteo, ó la ltúría, propia de los malos soldados, más peltgrosos para sus compañeros de armas que para sus enemigos. Se subsana en parte la indi ·ciplina del tiro, la tirería, el tirar mal, con la abzmdtmda del fuego; es as{ como el aprovúiottamú:nlo de municiones y el reaprovi's/onamti:nlo en el campo de batalla, han llegado á ser una grave preocupación para el comando. Los Reglamentos argentinos le dedican especial atención. El Capitán podrá leerles primero el Reglamento de Servicio en Campaña en el capítulo xxtx, y después en el arma á que pertene­ce, y t rminará diciendo: El de orden en la tropa y el fuego de ésta e la derrota, si el enemigo sabe aprovecharlo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia - Variedades ===:::::::::::~ PEREGRINACION DE ALPHA 1 POR MANUEL ANCIZAR (Continúa 1 Dejaré para mejor oportunidad el hablar de los estableci­mientos públicos de educación y beneficencia con que se honra Tunja. Pésame decirlo, porque no quisiera encontrar en mi país sino motivos de elogio: tales establecimientos dan materia para rigurosa y merecida censura : en la voluntad de los hombres ha estado el hacerlos buenos ; pero han preferido ó han tolerado lo contrario. XXVI Al occidente de Tunja, y dentro de un óvalo irregular forma­do por dos largos ramales que se desprenden del alto páramo de Gachaneque, se comprende un espacio de 35 leguas cuadradas de país árido, sin bosques, cortado en toda su longitud por el río Su­tamarchán, y sembrado de cerros enteramente compuestos de margas pardas y grises de esquistos arcillosos, que envuelven nó­dulos calizos y de hierro carbonatado, constituyendo una masa de tierras ingratas y unitarias regadas profusamente de amonitas. Al pie de los cerros y en giros muy irregulares se e. ·tiende una pla­llicie formada por los sedimentos de un lago que debió medir más de 5 leguas en longitud con 2 de anchura máxima, y hubo de desaguarse cerca del lugar en que hoy se benefician las minas de cobre, impropiamente llamadas de Moniquirá, cayendo sobre el Saravita, como lo testifican las riberas revolcadas del río Moni­quirá. "No obstante que sea idéntico el origen de las planicies de Tunja y Leiva, la composición del suelo y la acción de las aguas llovedizas los han diversificado totalmente. Las llanuras de Tunja conservan por lo general la e JStra de tierra vege tal distri­buida en planos revestido de pastos jugoso;:. y apropiados para el cultivo de los certales y legumbres que alimentan una población numerosa y sustentan lucidos ganados; las de Leiva, compuestas de margas poco re. istentes al lado de las lluvias y demasiado permeables, aparecen áridas y empobrecidas con los acarreos de los cerros vecinos, que han quedado limpios Je vegetación, for­mando masas completamente estériles. En Tunja, salvo los alre­dedores de la ciudad, todo es verdura y prados suavemente incli­nados; en Leiva, todo, excepto algunas hondonadas y pequeños valles, presenta la aglomeración de tierras rojizas, cuya superficie cubren guijarros en vez de plantas. La porción cultivable no es suficiente para mantener los habitantes cada vez más numerosos, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 253 _1 á quienes no queda otro recurso que la emigración á lugares me­nos ingratos, como lo son la montaña de Ormas y cercanías del páramo de Marchán, donde el país cambia de aspecto, se cubre de bosques y ofrece una fertilidad que contrasta con la desnudez de los demás cerros del cantón." • Tal es el aspecto del cantón Leiva, colindante al S. con el de Chocontá, al O. con los de Ubaté, Chiquinquirá y Vélez, y al N. con el de Moniquirá, comarcas fértiles, frescas y copiosamente regadas de aguas vivas, como si de propósito se las hubiese pues­to allí para contrastarlas con lo árido y raído del territorio leiva­no. Sin embargo, antiguamente suministraba éste copiosas cose­chas de trigo, "hasta el año de 16go, dice Alcedo, que un eclipse de sol esterilizó la tierra "; 9 racionalmente hablando, hasta que los desmontes y quemas bárbaramente llevados, priyaron el suelo de la tenue capa de abono que cubría los cerros, dejando descu­bierta la masa esquista, que absorbe las lluvias, sin dejar en la superficie la humedad necesaria para la vegetación de planta al­guna. Los restos de tierra cultivable han sido arrastrados á las últimas depresiones de las llanuras lacustres, donde sustentan se­menteras de trigo, maíz, papas, arracachas, cebada, garbanzos, habas, lenteja , anejas, fríjoles y anís, con los cuales frutos se sos­tiene una población de 24,000 habitantes, quedando poca cosa para el comercio, que en otro tiempo era considerable en el ramo de harinas. Por tanto, Leiva es el cantón más pobre de la Provin­cia de Tunja, como lo demuestra la población específica (656 ha­bitantes por legua cuadrada), menor que la de los otros, e. ·cepto el desierto de Miraftores; pobreza de que podrían remediar e Jos leivanos, si quisieran ser menos rutineros, consagrándose al cultivo de los olivos y viñedos, que a11í prosperan casi espontáneamente, y al cuidado y mejora de la cochinilla que cubren lus nopales sil­vestres, hasta en las orillas de los caminos: con todo eso, persisten en sembrar todavía trigo, no obstante que la exhausta tierra no les devuelve ino pocas espigas al remate de los ralos y enfermi­zos tallos de una planta que ya no encuentra jugos para nutrirse. Francisco Jiménez Villalobos y Juan Otálora fundaron la Villa de Nuestra Señora de Lei va, desde 12 de Junio hasta 1 5 de Diciembre de 1572, y le impusieron aquel nombre en honor del Dr. Andrés Díez Venero de Leiva, primer Presidente del Nuevo Reino de Granada. El principal cuidado de los pobladores fue edificar iglesias y establecer un convento de monjas carmelitas, que aún subsiste, y en estos días le han anexado un nuevo templo, dedicado á la Virgen de Chiquinquirá, con asomos de rivalizar al principal en milagros, promesas y peregrinaciones lucrativas. La villa se compone de un número razonable de casas de teja mal construídas y peor amuebladas, en que se albergan cerca de 2,000 habitantes, y está situada en un llano de 1,982 metros sobre el nivel del mar, con 20° grados centígrados de temperatura media, • Geo~rafía física de la ProTincia de Tunja. (l111dila). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 254 ...J aires secos y en extremo sanos. Vívese allí en la quietud y reco­gimiento peculiares de las poblaciones españolas y correspon­dientes á la falta de comercio y quehaceres activos, en tales tér­minos, que ni aun las autoridades cantonales se hallaban en el silencioso pueblo cuando llegámos, y habríamos ayunado todo el día, á no ser por el Sr. Camilo de Rivadeneira, quien lleno de bon­dad nos salió al encuentro .Y nos proporcionó en su casa cuanto necesitábamos para las personas y para el desempeño de la co­misión que llevábamos. Cerca de LeiYa y sobre el camino de Tunja nacen tres fuentes termales, una de ellas tibia y ferruginosa, que brota al rededor de un pequeño promontorio de sedimento y forma baños naturales no aprovechados todavía, sin embargo de ser la Villa uno de los lu¡:-ares preferidos por las gentes acomo­dadas de Tunja para ir á temperar durante la estación de los pá­ramos, y excelente punto de convalecencia para los enfermos de las tierras fría~. El cantón, no obstante su decadencia, sostiene un regular comercio doméstico, cuyas contrataciones se hacen en los mer­cados semanales. De Tunja y Tundama recibe ganado vacuno, cebada, trigo, habas, arvejas, papas y tejidos abatanados, de lana, dando en cambio garbanzos, lentejas, aceitunas muy mal prepa­radas, pudiendo ser exquisitas por su tamaño y calidad, y algunos géneros de tránsito traídos de otras provincias. Del Socorro y Vélez recibe mantas y lienzos de algodón, ombreros de trenza, panela, azúcar, alpargatas., algodón en rama y cigarros, dando en cambio ganado, carnes saladas, bayetas de fri a, cueros, acei­tunas y mochilas de fique. Finalmente, de Bogotá recibe ganado vacuno, sal y efecto extranj ros, dando en cambio aceitunas, carnes ~aladas, cueros de res y de ovejas. El movimiento de valo­res que determina este pequeño comercio no pasa de go,oco pesos anuales, y mantiene en actividad alguno telares de ruanas, ba­yetas y lienzos, y 10 herrerías que suministran instrumentos de agricultura, frenos y clavazón, quemando carbón de piedra, saca­do de las buenas minas que asoman por todas partes n la super­ficie del suelo, y son las únicas que se lahran con generalidad, pues las hay también de cobre, plomo, hierro, azufre y nitro, y aun se asegura que los cerros al occidente de la Villa guardan criadero abundantes de plata; riquezas latentes de que nadie se aprovecha, por falta de medios y de estímulos industriales. La población se compone de blancos é indios, por mitad, ro­bustos, sencillos y trabajadores, particularmente los que moran en los campos; gente de tan buena índole, que en el transcurso de un año ( 1849) no hubo más de un reo de homicidio; 4 de heri­das y 27 de hurtos desmañados y miserables, en el conjunto de 2-4,000 habitantes, por cuya mejora intelectual y moral nada, absolutamente nada, han hecho las Corporaciones ni el Gobierno local. A los funcionarios civiles que pretendieran rechazar este cargo justísimo, les centestaría desde luego con una observación, que me releva de muchas otras, á saber: que en todo el cantón no aprenden á leer sino 1 10 niños, en 5 malísimas escuelas. A los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletin M ilítar de Colombia '- 255 _.) curas, maestros presuntos dt. buenas costumbres, les contestaría diciéndoles que de 712 nacimientos que hubo en el año citado, 4.o4-3 fueron legítimos y 269 ilegítimos, es decir, que pesa sobre su conciencia sacerdotal El 36,5 por ¡ro de nacimientos ba tardos, á los cuales los mismos curas, con señaladas excepciones, contri­buyeron y contribuyen e candalosarnente, viviendo de manera que los desautoriza para reprender á su feligreses la licencia en en el 'ivir; tal vez, en gran parte, imitada de los llamados Minis­tros de la moral, que suelen introducir la corrupción á cara des­cubierta en los pueblos pequeños, donde ante no se conocía, 6 por lo menos se disimulaba, por temor á la censura pública. Tres leguas y media casi al NO. de la Villa de Leiva que­dan las minas de cobre, cuyo laboreo formal ha emprendido una compañía de capitalistas granadino , fundando un e tablecimiento digno de st.r visitado. Para ir á ellas hay que trasponer el Alto de las Minas, bella montaña de 2,360 metros de cleYaci0n sobre el mar, ricamente dotada de árbole , que se conte:mplan con placer después de haber ·iajado por los cerros pelados del resto del cantón. Poco antes de llegar á la cuesta se halla el naciente pueblo Las Quebradas, que es una fracción del antiguo Gachan­tivá, cuyos restos, con pocos vecinos y un Cura testarudo, per­manecen á orillas del río Cane, sobre lo bancos de arcilla impro­ductiva. Los d/s/denles de Las Quebrada han comenzado á edificar sus casas de palma en las falda de la fértil serranía, dejándose al párroco en su peladeros, de donde lo sacará ¡)ronto el irre­sistible reclamo de los derechos d estola . . :.. ju zgar por lo que vim en una espaciosa tienda, la ·migración dt:: Gachantivá co­menzó del. modo más premioso para Jos ciudadanos del lugar, es decir, emigrando las muj res jóvenes, que, según se manif taba en la siete gallardas moradoras de la tienda, son á prop ; sito para no dejar en torno del Cura sino Jos viejos ya sin preten iones, y los de venturados á quienes apri ione allí algún cargo parro­quial; por manera que la desaparición de Gachanti\'á puede con-iderarse irrevocabl ,, como decretada por jueces bien obedt:cidos, y in apelación. Fuimos en derechura á la casa del Director de las minas, Sr. Bernabé Villafrade, porque las noticias que teníamos de este caballero, y amistosos en:icios que habíamos recibido de un hermano suyo, en nuestra l'Xcursión por Cbaralá, nos hacían creer que en aquella familia se hallaba vincula~a la más fina cortesanía; y de ninguna manera nos equivocámos, pues el breve tiempo de nuestra mansión en Las Minas, nos dejó en la memoria re­cuerdos gratísimos por el amable trato de la. señoras, y nocio­nes completas de las minas, por la franqueza y buena voluntad con que el Sr. Villafrade satisfizo nuestras preguntas y nos hizo ver el interior de los socavones y las rasas y labores del estable­cimiento, relatándonos su hí toria é in~truyéndonos in rcsrna en el estado de la Empresa. El descubrimiento de estas minas se debió á la casualidad, pues se refiere que corrie-ndo unos cazadores detrás de un guar- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '-- 256 _) da tina jo, allá por los años de 17 so, llegaron á la orilla izquierda del río Moniquirá, y perdida la presa entre los peñascos amura­llados de la ribera, repararon que las rocas fronterizas sudaban una sustancia verde, que llamaron "humo de esmeraldas," de la cual recogieron cierta cantidad y la llevaron á Vélez, donde exa­minada por prácticos, declararon ser muestras de criaderos de cobres muy ricos. Juntáronse varios, denunciaron la mina, que tomó nombre del inmediato río, y comenzaron á trabajarla, calci­nando la roca á fuerza de grandes hogueras, para facilitar el trabajo de las barras, pues en aquellos tiempos en que, según la tra':iición, gobernaba el Arzobispo Virrey Góngora (1782), valía una libra de pólvora 4 pesos, y no podía pensarse en taladros. Bajo ·este sistema bárbaro continuaron labrando la mina con mucho provecho, hasta que la guerra de la Independencia vino á paralizar la empresa, en términos que cuando los señores Mon­toya & C.a de Bogotá, y Lorenzana & c.a de Antioquia, se unieron para tomarla el año de 1842, se hallaban cegados los antiguos socavones, y perdido el rastro de las vetas principales. Desde luego contrajeron us esfuerzos á organizar las oficinas y á limpiar, ensanchar y acodalar 6 ademar las galerías, dirigiéndolas hacia los puntos que mejores señales de mineral daban, sin curarse por entonces de atacar las vetas. Por tanto, los trabajos de esta mina se hacen inevitablemente por el sistema de pozos y galerías al través de las areniscas cuarzosas que marcan los límites de los terrenos secundario inferior y de transición, y exigen la precau­ción de ademarlas (acodalar/as), penetrando á veces más abajo del lecho del do, que corre al pie del cerro, de donde se originan filtraciones copiosas, y la necesidad de establecer varios aparatos de desagüe. ~-- SOCIEDAD COLOlVIBIA rA DE INGENIEROS En virtud de lo acordado por la Corporación, en sesión del 15 de los corrientes, y de acuerdo con lo que disponen los, Regla­mentos, se comunica á l0s socios que para tratar de la modifica­ción de los artículos g. 0 y 10 de los Estatutos y los concordantes del Reglamento, se cita á los socios á la reunión que se verificará el domingo 22 de Marzo próximo, á la una p. m., en la AGE.TCIA DE INGENIERÍA, 698, Carrera 7 .a . El Secretario, DioooRo SÁNCHEZ Bogotá, Febrero 17 de 1903· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VII Serie IV Tomo I N. 8

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VI Serie III Tomo II N. 21

Por: | Fecha: 29/11/1902

i SBRIK III-TOKO li • .U.o VI-X11KBU 1.1 tf1 l Boletfn Militar de Colombia 1 ; 1 !:~· .. _o~~~~~-D~-~~ST~~-DE_G~~~~-~ ~~ ~GI~~---······-···-~~ i DIRECTOR, Francisco J. Vergara y V el asco ¡ l • ¡ General de Ingenieros i j Son colaboradores de este periódico !os Jefes y Oficiales del Ejército } ¡ l ! Pu•u mu11 bien •u ceder que nuutro re~tpeto á toda ala• c011t•i<'ci01UI, tJenga á parar en la l ! itldifcrencia 11 nor deje a in energía a para deje11der /aa 11w!1traa ! l E~RIQUE SrENKtEwrcz J -·¡·····················································································································-·¡-· ¡ • + -e- Bogotá, Noviembre 29 de 1902 + + J ,..... ' ---=====~ O fi e i a 1 ~- DECRETO NUJ.1ERO r6r9 DE 190~ (NOVIDIDRE 5) por el cual se reconoce un grado El Vz'cepr·esidmie de la República, encargado del Poder EjuuHM, DF.CRETA Artículo único. Reconócese al Capitán Vicente Arturo Galin­do el grado de Sargento Mayor· á que fue a cendido por el Gene­ral Juan l\-1anuel !guarán, Comandante en Jefe del Ejército del Magdalena. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 5 de Nqviembre de 1902. JOSE ~L\! TUEL 1IARROQUIN El Ministro de Guerra, ARISTJDES FER. rJ.. 'PEZ DECRETO NUMERO r6zo DE 1902 ( . OVIEMBRE 5) por el cual se reconoce un grado El Vicepresz'clmte de la Repúblt'ca, encargado del Poder Ejeculivc, lJECRETA Artículo único. Recon6cese al Sr. Valentín Jiménez de Que­. sada el grado de General ele Brigada, con el cual ha venido pres- TOllO II-41 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 6-42 _J tando sus servicios en el Ejército de Boyacá durante la presente e-uerra, con antigüedad de 19 de Mayo último. §. Dése cuenta de este reconocimient" al Honorable Senado ~n sus próximas sesiones, para los efectos constitucionales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 5 de Noviembre de 1902. JOSE MANUEL MARROQUllJl El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 1621 DE Igc>!i ( NOVIEMIIR~ 5) por el cual se reconoce un grado El Viupresidmte de la RepúbHca, encargado ád Poder .EjuulítJ•,. DECRETA Artículo único. Reconócese al Sargento Mayor Demctrio Ru­bio F. el g-rado de Teniente Coronel á que fue ascendido por el Comandante General de la 3: División del Ejército de Occidente de Cundinamarca, con fecha 1.0 de Abril del año en curso. §. Dése cuenta de este reconocimiento al Honorable Senado en sus próximas sesiones, para los efectos constitucional~s. Comuníquese y publíqucse. Dado en Bogotá, á 5 de Noviembre de 1902. JOSE .MANUEL ldARROQUI El Ministro de Guerra, ARrsTIDEs FERNÁNDEZ DECRETO NUMERO 1622 DE 1902 ( OVIEMBRE 5) por el cual se r econoce t\n grado El VtceprtSidmle de la Rep!Íblz'ca, mcargado tlel Poder EjtcuHtHI, DECRETA Artículo único. Reconócese al Capitán Manuel Hortúa R. el grado de Sargento Mayor á que fue ascendido por el General Je­sús García R., Jefe de operaciones sobre la Provincia de Vélez y Occidente de Cunloracio­nes recientes hechas bajo su dirección, demuestran que el río es accesible á los barcos que navegan el Atrato, y que luégo no hay obstáculo alguno serio para la construcción de un ferrocarril, con una pendiente suave. E tos estudios habrán de dejarse á nuestros sucesores. Las opiniones de los conocedores del país convienen en que, durante la actual estación, es imposible hacer estudios en el valle del A trato. El solo dato que tenemos ahora, concerniente á dicho valle,. es el informe de Collins en ~875. La experiencia de aquella ex­ploración indica muy bien que los estudios del terreno son imprac­ticables por tierra, sea cual fuere la e tación. La obra probable­mente pudiera realizarse con menos gasto de dinero, trabajo y vidas, mucho más completa, por agua, ó combinando ésta con la ti rra. Si fuere sólido el suelo ó tuviere subsu lo á una profundi­dad moderada, el mejor paso sería por el Sucio. El Teniente Co­llins indica que subiendo el río se ven allí las primeras márgen s firmes, manteniendo una altura uniforme como de r 5 pies (4.5 me­tros) sobre las aguas, al tiempo de su reconocimiento. A cada lado de aquellas represas naturales se extiende un trayecto de ciéna­gas y pozos paralelos á la corriente, de anchura variable y sumer­gido en la estación de las a venidas. El objeto de los estudios ~ería encontrar un buen fondo para un paso aunque sea angosto. El Teniente Ea ton habla de una especie de calzada natural que le sirvió de mucho en la región del Na pipí. Puede haber abajo otras en el curso de la corriente. Son, sin embargo, inútiles las conjetu­ras mientras estemos á oscuras sobre las condiciones reales del pro­blema. Puede ser más serio de lo que sospechamos ; y puede ser que estemos haciendo alharaca sobre una bicoca. Lo mejor es aguardar, y como dice el adagio, desespinar el pescado cuando lo tengamos en la mano. Con respecto á la más eficaz disposición del Cuerpo número 2 para completar los estudios, después de llegar á Cartagena, de- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 653 _J penderá de ustedes. Estamos á sus órdenes, prontos á permanecer aquí y listos para marchar á otro lugar. Si nos va bien, llegaremos á Cartagena el 1.0 de Septiembre; y de no, á mediados del mismo mes. Abril, Mayo, Junio, Octubre, Noviembre y Diciembre son los meses de lluvia. La estación húmeda nos ha demorado pero no detenido hasta ahora. Así puede que suceda en lo venidero. Campamento número IJO, al Norte de Medellín-Jum·o I. 0 de I89:1 Estando convencidos, por los últimos informes recibidos, de que el valle del Sucio no es transitable antes del mes entrante, y en­tonces sólo por bueyes, y que el estado del país más bajo nos obli­gará á regresar por la vía que trájimos, haciéndose necesario un gran rodeo con pérdida de tiempo y posposición de los estudios de la línea de Cartagena, consideramos prudente seguir hacia el Nor­te, reunidos todos, y hacer el trabajo relativo al Istmo en la estación favorable. Este cambio de plan nos llevará al valle del Atrato por el otro lado. - Conl/núa GEOGRAFIA MILIT_ R: OROGENIA (Continúa) Dana no cree, como Elie de l3eaumont, que la contracción de la corteza se verifique con uniformidad; considera que actúa en diversa medida sobre los bordes de los continentes que en la parte central de éstos. Observa en la di tribución de los . relieves coinci- _dencias que le permiten formular leyes, y deduce que c. ·Lten en el globo dos líneas de menor resistencia, en las direcciones TE. y NO.; considera estas líneas como señales de la primitiva acción orogénica, á la que se siguieron otras dos que diervn por resultado la formación de los continentes triangulares terminados en punta hacia el S., y el levantamiento de montañas en las zonas de de­presión. La doctrina orogénica de Dana se completa con detalles en que nos veda entrar el carácter elemental de este trabajo. En todo lo expuesto se observa que prevalece el principio del levantamiento de las tierras sobre Jos mares y de la pérdida suce­siva de espacio que éstos experimentan en el proceso de mudanza operado al través de los siglos. No se atiende, sin embargo, á un factor importantísimo, la constitución geológica del suelo. Se acep­ta, sí, por todos, que lá. Tierra disminuye constantemente de volu­men al enfriarse, pero no se asigna á este principio más relación que la forzosa con el núcleo central, admitido como primer ele­mento de las transformaciones; de aquí nace una exagerada regu­laridad teórica de los accú.l,nles orogénicos, que desaparece en la realidad ante el sinnúmero de excepciones encontradas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 65-4--' Tener en cuenta todos los elementos; asignar á cada uno su legítima influencia; interpretar sin prejuicio los hechos observados en el estudio de la arquitectura terrestre, es Jo que han hecho los geólogos contemporáneos que, huyendo de las exageraciones vol­canistas, han formulado la nueva doctrina orogénica. En la doctrina orogénica moderna han intervenido no pocos geólogos contemporáneos; cabe la honra de haberla sintetizado á Mallet en Inglaterra, á Suess y Neumayer en Austria, á Macpher­~ on y Calderón en España. El principio fundamental, el origen de los acddenles todos que presenta la superficie de la tierra, es la pérc!ida de calor que ésta experimenta, y que se traduce en una disminución de volumen. Las cordilleras son pliegues inmensos y colosales fracturas que no se hallan dispuestos de un modo regular, smo asimétrica­mente. No son la obra de un levantamiento volcánico; los volcanes. aparecen dispuestos en relación con las cordilleras, no porque sean la causa de éstas, sino por ser efecto de las energías 1 cales deS­arrolladas al producirse los trastornoi que la disminución del volu­men terrestre trae consigo. En los trastornos ejerce grande influencia la desigual elasti­cidad de los materiales que constituyen los terrenos; pues mientras unos ofrecen escasa resistencia, otros, efecto de su rigidez, apenas se quebrantan; mientras los primeros se pliegan con facilidad, lo~ segundos no pueden plegarse y se rompen. Es ncce ario hacer constar que la disminución del radio te­rrestre tiene una importancia mayor de la que puede ere rse. Heim, estudiando los pliegues de los Alpes y del Jura, calcula que sólo durante el pe ríodo terciario ha experime ntado el radio una disminución de 10,000 metros. Briart consid ra que d de los ttempos primitivos ha disminuido en una mitad como mínimum; pues habiéndose depositado horizontalmente las primitivas forma­ciones de gneis y micacitas, se encuentran hoy con una inclinación media de 60°. Teniendo necesidad de acomodarse á un volumen tan consi­derablemente menor, júzguese la serie de trastornos que se ha­brán producido ; los pliegues y las roturas son forzosos, y los re­lieves no pueden aparecer por levantamiento, sino precisamente por todo lo contrano, por hund,·mzenlo. Existen en el globo zo:1as rígidas que desempeñan impor­tante misión; recordamos entre ellas las grandes llanuras de Siberia, Rusia Central, Alemania, la zona de los desiertos africa­nos y la meseta central de Es[Jaña, tan escasas en acczdmles oro­génicos. Al verificarse la contracción, las masas más flexibles se plegaron ó quebraron entre las rígidas, presentando los pliegues una disposición unilateral á lo largo de éstas. Debe predominar, , por lo tanto, en las cordilleras una estructura monocb1zal, según la deducción apuntada; así es en efecto : predomina semejante dis­posición en el Jura y en los Alpes, en los montes americanos y en los del Africa, ya estudiados. Por lo que respecta á la Península,. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 655 -' tal estructura ha sido perfectamente demostrada por el Sr. Mac­pherson. La Estratigrafía viene i comprobar claramente la doctrina que exponernos. No sólo debe producirse en el proceso de la contracción la clase de acddenles que hemos indicado en aquellas zonas terrestres en que la rigidez se acentúa, por efecto del calor que experimen­tan; no pueden producirse pliegues, y se producen fallas y desli­zamientos para acomodar el terreno al menor espacio que se ve precisado á ocupar. Se han producido, en efecto, estos desliza­mientos; determinadas zonas han experimentado caídas verlzrales, como el valle del Rhin, según Suess, ó hundz1m'enlos lineales, como ofrece un ejemplar la disposición del Mar Rojo. Algunas regiones de inmensa extensión están hundiéndose á traYés de los tiempos, mientras otras, constituídas por materiales arcaico::>, permanecen inmóviles; denominaremos á éstas pzlares, como lo hace Suess. Estos pilares forman el núcleo de muchas extensiones continenta­les ; sin modificarse en su interior, se modifican en la periferia ; á ellas se adosan otras partes flexibles que, plegándose, limitan á la zona rígida convertida en una meseta rodeada de montes más 6 menos altos. La meseta central de España nos ofrece un claro ejemplo; puede considerarse corno el núcleo de la Península; es uno de los elementos primordiales de la Orografía ibérica, se­gún se puede demostrar. Según los principios de la nueva doctrina orográfica, no han cambiado los relieves incesantemente, como creían los partidarios de las antig-uas teorías; los hecho~ comprueban también dicha de­ducción. El interior de los continentes, las masas arcaicas que los constituyen, se hallan emergidos desde los ti mpos primitivos, y sólo en sus bordes y en sus depresiones se observa la sucesión de Jos materiales más modernos; en cambio, las grandes profundida­des del mar están cubiertas por las aguas desde la consolidacitSn de la primera corteza. Los rasgos generales continentales han va­riado poco; varían en cambio mucho las zonas de las costas; las cordilleras no son efect') de un instante; se han ido formando con sucesivas dislocaciones en un período de tiempo muy largo. Hay que borrar, pues, de la Geología, las cuatro principales concepciones antiguas, que son otros tantos errores: 1 .• Que las fuerzas volcánicas sE:an el agente principal de los accidentes oro­génicos; 2.• Que las montañas sean obra de un levantamiento por impulso vertical; 3: Que los relieves han cambiado incesantemen­te, alterando de continuo la posición de tierras y mares; y 4: Que el nivel del mar haya permanecido invariable. Que el nive'l del mar ha variado, es una consecuencia precisa de la disminución del radio terrestre ; los hechos vienen i comprobarlo, como no podía menos de suceder. Continúa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \,_ 656 -' E L CORSO D E L " BA N RI G H " Ó CÓMO ME CON VER TÍ EN PIRATA 1 POR EL CAPIT AN WILLIS (Traducido libremente del inglés para el Bofet{¡,. Militar) (Continúa) A l siguiente día se sirvió á bordo un "banquete" de que habló mucho la prensa, bien que en verdad no mereciera tal nom­bre, pues á la mesa sólo se sentaron el Capitán del puerto, el jefe Colectpr del Customs, el Corredor de las compras hechas y su es­posa y los Oficiales del barco. Cie~to que la fiesta fue lucida, un agradable acontecimiento que terminó con brindis por el total buen éxito de nuestra empresa. Una vez tomada la carga, vino á bordo el Cónsul de Colom­bia, quien me aseveró era para el Gobierno de Colombia, y me entregó los documentos necesarios para que la entregara á los empleados del puerto de Colón. En Amberes recibí además, á bordo, un Capitán francés de artillería, dos sargentos de la misma arma, un médico y un caba­llero que resultó ser hermano del General Matos. Al siguiente día nos amaneció en el mar, pero nos detuvimos abajo del Scheld (Escalda) para recibir el resto de la carga que, según los documenlos ofic;iales, era de "víveres, instrumentos de música y quincallería." Aquí con el lanchón vinieron al buque los oficiale de la Cusloms H ouu. Mis marinero , en vista de la carga, entraron en so_ pechas sobre la naturale za de nuestro servi cio y r e husaron continuar á bordo en las condiciones usuales, por lo cual fue prec iso ofrccer.les como prima un mes de sueldo y pagárselo en el acto. A la maña­na siguiente, con la primera luz bajámos el río ha:>ta Flessinga, donde de nuevo nos demorá.mos para que los ingenieros hi cieran algunas reparaciones necesaria~ y además embarcarnos cuatro lanchas. Al fin tomámos la ruta del Canal de la Mancha (Straits of Dower), cuando mi jefe de máquinas me informó que los increnie­ros creían necesarias otras reparaciones, por lo cual nos detuvi­mos de nuevo cuatro horas, y al otro día, cuando doblámos el Bea .. chy Jitad (cabo de Inglaterra), otra vez tuvimos que demorarnos porque una de las piezas de la caldera exigía inmediata com­posición. Tras alguna detención continuámos la derrota hasta frente al cabo Lizards, donde doblámos hacia Madera; pero como entonces supiera, por informe de mis oficiales, que por allí andaba un cruce- · ro inglés que buscaba en todos los buques los elementos de guerra que podía suponer se destinaban á los boers, resolví abandonar ese rumbo y adoptar el de las Azores. Durante este viaje descu- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 657 _; brí que las bodegas contenían 175 toneladas de fusiles máuser, 180 íd. de municiones para los mismos, buen número de piezas de artillería de montaña con su equipo, dos cañones Hotchkiss y dos ametralladoras. Los Hotchkiss y las ametralladoras estaban desti­nados á artillar el Ba11 Righ. A los dieciséis días de viaje llegámos á Marigot, en la isla de San Martín, una de las del grupo de Svta vento. La razón para preferir este Jugar fue la de que cueciendv la isla de comunica­ción telegráfica, se prestaba especialmente para ejecutar la obra de montar los cañones, llevada á cabo por los marineros bajo la dirección del Capitán francés de artillería, en tanto que una cua­drilla de naturales transportaba carbón de la costa á las bodegas. · Hechos estos trabajos, el cañón de popa fue rodeado con una ~omo empalizada, sobre la cual se colocaron tiestos de flores para dar á la obra cierto aspecto de inocencia, y el de proa se ocul­tó con un toldillo de lona. Permanecimos cinco días en San Martín, tierra en parte fran­cesa, en parte danesa, plantada de hermosos naranjos, bananos, plátanos, cidras y a nanas. Abundan los ostiones y el pescado. Mien­tras permanecimos en la isla, nuestro buque estuvo lleno de damas de color, que venían á vendernos bananos, Latatas, melones, curio­sas conchas y también amor. Paréceme que la gradación social se marca mucho más entre esta gente de color que en mi país. Re­- cuerdo que un día vi á dos señoras negras, t¡ue parecían de mejor -clase por los adornos de la cabeza: las invité al salón á tomar una bebida refrescante. Aceptaron con ceremonia la oferta, y me si­guieron con aire de importancia y dignidad, y mientras se prepa­raba el refresco, la más rolliza, cuya tez parecía cuero, me dijo : ,., Creo, Capitán, que usted conoce como yo, desde hace tiempo, la buena sociedad." " C~o, en efecto, que sería ciegü si ahora no reconociera tal elemento," le contesté con galantería. "Gracias, añadió tomándose íntegro el contenido de la copa. Esto es muy bueno, Capitán. Usted puede ver aquí reunido lo mejor del pueblo., '"Así lo considero," contesté con tono solemne. 41 Oh l sí, agregó la dama negra, soy sirvienta importante en una familia blanca en St. Kitts. Una familia inglesa, Capitán, dis. tint{sima en origen de los negros que viven aquí abajo en Mari­got, y sólo son gentes francesas." En l!sta mujer admiré el t::tcto de su casta: supo pagarme e~ n sus órd nes y dominio de la situación, redol>lará el va IPr y la n¡nfianza de sus tropas. Vigilará la acci6n de sus ubordinados ~in d1 >bili .tar su liberttid de ÍlliciatiYa; ·su papel prin­cipal, el de di ·currir en el momento decisivo n que hace falta Íorzs r la \'Íd ria, ubrando entonces con todo el vigor posible·hasta el • g-ol._ miento completo de las fuerzas. Su puesto será aquel desde el cual obscne mejor la batalla, no abandonándolo sino en ca~~ t1 solutamentc preciso •; debe estar al tanto en cuanto sea p ible (; Jo que ocurra, imponiPndo á quien haya de reempla­zarle , caso ele que esto fuere posible, de su pensamiento y de las vicisitudes de su desarrollo, á fin de que, si llegare á imponerse un cambio de mando, no haya detención en el combate. Lus Comandantes de unidad deben llevar sus tropas dentro ~Jel espíritu rle las 6nienes recibidas, conforme á las prescripciones de los respectivos reglamentos y con. id~f'ando siempre que no march n ais!éidos, sinv fo:-mando parte de un conjunto. De.ber suyo es ~cuclir en ~ostén del mismo si es necesario y compatible con su • Obsérvasc aquí el espíritu y la prácticn del Ar~hid1 que Alberto cuya corta campaña de Italia, que tan alto elevó su nombre, parece como cu~rpo de doctrina en lo que se refiere á lo que pudiera llamarse moral del mando en el ('O m bate. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '-66o-- propia misión •. El prudente empleo de todas las armas y el acuerdo completo entre todas ellas y con la~ demás unidas de la propia, multiplican las fuerzas y aseguran la victoria. Los Jefes ocuparán el sitio desde donde puedan inspeccionar mejor el des­arrollo del combate, dictar sus disposiciones con mejor acierto y .acudir á los puntos donde sea precisa su intervención personal. Cuando ocurra el caso de que tropas no pertenecientes á la misma unidad, se encuentren reunidas en una acción común, el jefe lla­mado á tomar el mando no modificará las disposiciones tomadas por las distintas unidades, sino después de haberse dado clara idea de la situación. Todo jefe de tropas á quien no retenga lejos del combate una misión especial, deberá, desde que oiga fuego continuado de arti­llería 6 fusilería, enterarse de lo que ocurra. Prevendrá desde lue­go al Jefe de las tropas empeñadas en combate, de la posición por él ocupada y de las fuerzas de que dispone. Los jefes deben estar persuadidos de que la afluencia sobre el campo de batalla de todas las fuerzas que puedan llevarse, y lo más rápidamente posi­ble, es el medio mejor de asegurar la victoria. Desde luego, la decisión más enérgica será la mejor, y la inacción la mayor falta que se puede cometer en la guerra. Quien olvide sostener en el peligro á sus hermanos de armas, incurre en la más grave respon­sabilidad. Los Oficiales subalternos y los sargentos deben dar ejemplo de valor y de fortaleza, exigiendo y obteniendo del soldado todas sus energías hasta el límite de las fuerzas humanas, emplean­do, si para ello hubiere necesidad, los medios de coerción más extremos, es decir, Hegando hasta la ejecución del culpable. Ellos son también los llamados á recomendar los hechos de valor y distinguidos. El cuidado de los heridos corre á cargo de los camilleros no armados de fusil; sólo en caso extremo se sacarán hombres de filas para este servicio. En el caso de un revés, es preciso emplear todos los medios para salvar las banderas y los cañones. Están prohibidas la cruel­dad y la destrucción inútil, y si sobreviene la victoria, Jos heridos amigos, así como los enemigos, se cuidarán con igual interés y ca­riño, y los muertos se enterrarán después de haber sido reco­nocidos. • •• En cuanto á la relación entre los diversos mandos, durante el combate, el Reglamento previene que el General en jefe 6 Jefe principal, debe conocer en todo momento la situación de las tro­pas, empleando para ello cuantos medios tenga á su alcance. • Los redactores del Reglamento han tenido presente en este punto el pro. ceder de los Generales y Jefes alemanes en· la campaña de 187o-71, escuela y norma admirables para el compañerismo y la cooprración en el combate En loa preceptos sucesivos se ve de igual modo la misma discreta influenc.ia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 661 ...J Todos los datos y noticias recibidos son cuidadosamente utilizados para tener cabal idea del estado de cosas en cada momento. Des­de el instante en que una tropa que no es independiente, se en- ' cuentre lejos del mando supremo y oculta á su vista, el Jefe de ella está obligado á enviar cada dos horas, y más á menudo si las circunstancias lo exigen, un informe del estado del combate por aquel sector, emplazamiento de sus tropas, y en general, con cuantas indicaciones considere pertinentes para la mayor .ilustra­ción del General. Los Comandantes generales de las divisiones de primera línea envían al Comandante General de Cuerpo, y éste al Generalísimo, informes breves sobre el estado del combate y la repartición de las tropas. Los Comandantes de las grandes unidades, á partir de la división, organizan con Oficiales montados é individuos de la gendarmería en campaña, un servicio constante de observación, mediante el cual están al corriente de lo que hacen á cada instan­te las tropas á sus órdenes, así como también de Jo que ocurre; en las gt andes unidades vecinas. Aparte esto, se utilizará el ciclismo y automovilismo, las comunicaciones telefónicas, telegráficas ú óp­ticas, y cuantos recursos tenga el ejército. Todos los Jefes de tropas, lo mismo que los Oficiales de Esta­do Mayor, deben observar con pr~cisión el momento en que co­mienzan y terminan los acontecimientos más importantes que se desarrollen en el campo propio y en el enemigo. Todo Jefe debe tener á sus subordinados al corriente de la marcha del combate, en la proporción necesaria para el desempeño del papel que le in­cumbe. Las relaciones ~ntre las tropas combatientes y los servicios · auxiliares cuidarán los Jefes de que estén constantemente asegura .. das; en los cambios de posición se tratará siempre de que dichos servicios los sigan. La parte consagrada á los Oficiales de Estado Mayor, Ayu­dantes de Campo y Oficiales á las órdenes, ofrece también interés, especialmente para los militares españoles. Es deber de todos los Oficiales, dice el Reglamento, secundar con todo su celo á la persona cerca de la cual prestan servicio,. informarle sobre la naturaleza del terreno, soLre los movimientos de las tropas, y en general sobre todo aquello que vean y consi­deren conveniente para la ilustración del mando. Es también deber suyo informar á las autoridades, á las cuales comuniquen ó lleven órd~nes, sohre la situación general ; pero no darán jamás, en nom­bre de quienes ellos van y de tos que son meros agentes, órdenes que no estén autorizados para ello. Sin embargo, los Jefes de Es­tado Mayor tienen el derecho de proponer disposiciones é iniciati­vas, no solamente á su Jefe directo, sino también á todo Jefe de tropas que encuentre en su camino. Pero la aceptación ó no acep­tación de estas proposiciones, se deja en todos los casos á la apre­ciación de las autoridades á las cuales se hacen. Ni los Oficiales á las órdenes ó Ayudantes, ni los de Estado. Mayor, deben tomar el mando de tropas, salvo en casos es¡.>eciales Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colómbia '- 662 --' en que no resulte ningún perjuicio al desempeño de su particular servicio. Y en caso de que tál ocurra, deben, tan pronto como hayan dado las órdenes necesarias y asegurándose de su ejecución, Tolver lo más rápidamente posible á ocupar su puesto en el Cuartel general. De las prescripciones del Reglamento relativas al servicio de etapas, á la alimentación de las tropas y policía de los campamen­tos, sólo mencionaremos la segunda, en la que se establece que u es deber de todo jefe el asegurar á sus tropas una alimentación suficiente, tomando para alcanzar este resultado cuantas medidas sean de sus facultades y provocando del superior las decisiones necesarias. En muchas circunstancias de la guerra, y sobre todo en momentos decisivos, será preciso imponer á las tropas grandes privaciones, en presencia de las cuales los Oficiales deberán dar ejemplo siempre." El Reglamento es menos amplio que el dictado el año ante­rior para el Ejército alemán; sin duda se ha querido respetar el empleo de los Reglamentos particulares de las armas, y por eso nada se dice en especial del juego de ellas en el combate. El mis­mo silencio se observa acerca de los combates de vanguardia, de la sucesión de esfuerzos en el combate y de la ejecución de la acción decisiva. Solamente dice que al Jefe es á quien incumbe la determinación del momento y el realizarlo con toda energía. Al contentarse con trazar un schcma del combate y de los servicios en campaña, acaso también haya querido dejar espacio más dila­tado á la iniciativa del mando y aun al genio militar de los Gene­rales y Jefes. Tal es, á grandes rasgos, lo más esencial del Reglamento en la parte concerniente al combate. Resulla en él, hay que repetirlo, una gran amplitud á la iniciativa y una elasticidad también grande en las relaciones de lo diversos mandos, lo que acusa, en nuestro sentir, la envidiable educación militar del Cuerpo de Oficiales aus­tro- húngaro, la instrucción de sus tropas y la preparación cuida­dosa para la guerra, así en elementos como en estudios y en práctica. La lección por demás elocuente de la doble campaña de r866 en Bohemia y el Cuadrilátero no ha pasado inadvertida para aquel valentísimo ejército, con el cual tiene el nuéstro mu hos puntos de contacto en sus Reglamentos tácticos y aun en el uniforme de algún regimiento de caballería *. Réstanos decir algunas palabras sobre las recompensas : la facultad de concederlas reside tn el Emperador, y pueden consistir en el ascenso al grado superior, en condecoraciones y en felicita­ciones. El título xxxu del Reglamento cuida de consignar que las recompensas son una gracia, jamás un derecho. Desde General de Brigada en adelante, pueden formular pro­puesta, cuidando de reservarla al conocimiento de su Estado Ma- • Húsares de Pavía. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar Je Colombia '- 663 ...J yor, en lo que á éste se refiera. Para graduar las recompensas, el Reglamento establece esta escala: hechos brillantes en el curso del combate; ejecución hábil de una misión difícil, especialmente en los servicios de exploración ó d~ seguridad; pruebas de valor; impedir el desaliento de una tropa; llevar al combate rehecho una tropa dispersa; tomar banderas, cañones, y salvar á un Jefe ó á un camarada. Finalmente, queriendo el Emperador premiar al Cuerpo de Oficiales, ha ordenado que todo aquel que durante treinta años haya prestado servicio al frente del enemigo, en cuerpos de tropas, Estad_os Mayores, Guardia ó Gendarmería, podrá ingresar, á su instancia y libre de gastos, en la nobleza austriaca ó húngara. Y .como las guerras suelen ser en estos tiempos meno~ frecuentes que en la antigüedad, se concede el mismo favor á los Jefes y Oficiales que lleven cuarenta años de servicio efectivo, aun cuando éstos no sean de campaña. UN CoRONEL DE CABALLERÍA (Español). --===-= Historia ===- HISTORIA DEL NUEVO REINO DE GRANADA POR JUAN DE CA. TELI ANOS ( 1590 '~) t Continúa) Estas prestígío~as vanidades de que suele jactarse Sogamo­so, se conocieron más abíf'rtamente andando Yisitanclo su provincia el Arzouispo Oon Luis Zapata y el tesorero Don Miguel de I~sp - jo, el cual tenemo hoy pot· vicepre ul; potT¡ue como hiciesen es­crutinio destas vanbimas super5ticiones, averiguóse con algunos indios que el bárbaro que lzázen de presmlt por cacique llamado Don Felipe, con haber profesado fe cristiana, riñendo con su gente les • decía: "Vosotros, perros, no me tenéis miedo; pues bien, sabéis que puedo cualquier cosa: traer contagiosa pestilencia, la fétida dolen­cia de viruelas, grave dolor de muelas, calenturas, con otras des­venturas, y que crío con este poder mío todas cuantas hierbas, le­gumbres, plantas son nacidas." Tales palabras y otras semejantes dijeron que decía los testi­gos, mas él en negar estuvo firme, y así se descargó; pero lo cierto es decir lo que tienen de costumbre los embaucadores segamosos, hablando con aquella gente bruta, á lo cual dan más crédito que suelen á los que les predican cosas santas, contradiciéndoles sus desvaríos y el culto de los ídolos nefarios, á qu.im ofrecen lzoy me- ·Jor que nunca aquella~ cosas con que les parece tenerlos más pro- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \..._ 664-' picios y contentos para conseguir cosas que les piden. y antes que­hagan el ofrecimiento, ayunan grande número de días, eso me da. varones que mujeres. Y es digna de notar el abstinencia y el gran recogimiento con que viven, el tiempo todo que el ayuno dura. N• u lavan el cuerpo, siendo cosa que lodcs ellos usan por mommlos; no tocan á mujer, ni ellas á hombre, ni quieren comer carne ni pescado, sino cosas de muy poca sustancia, sin sal y szn ají, sien­do todos sus gustos el que más les satisface. Y aunque sepan morzr tn la demanda, no tienen de exceder un solo punto de aquel recogi­miento y abstinencia. Y concluídos los días del ayuno, que 11aman saga, Juégo dan a Xeque aquello que han de dar al Santuario, y el Xeque, no con me­nos abstinencia, ofrece la presea, consultando con el demonio le> que se pretende por parte del que dio la tal ofrenda; al cual des­pués el Xeque ]e da cuenta de aquello que el diablo le responde~ 'poco más 6 menos por palabras equívocas, y el indio con aque]J() se va contento, sin saber qué 1leva; y con cierto jabón que tienen. ellos u lava luégo bz'm d cuerpo lodo; víslese nuevas mantas y galanas, convida los amigos y parientes, banqueteándolos algunos días, á donde se consume harta chicha, que es el brevaje que de grano hacen. Danzan y Lailan, cantan juntamente cantares ó can­ciones, donde tienen sus meceidas y ciertas consonancias que co­rresponden á los villancicos, compuestos á su modo, donde cuentan los sucesos presentes y pasados, ya de facecias, ya de cosas gra­ves, adonde vituperan 6 engrandecen honor 6 deshonor de quien se­trata. En cosas graYes van á compasete; usan de proporción en las alegres. El modo de cantar es algo frío, y del mismo jaez todos sus bailes; mas van en el compás tan regulados, que no discrepan una sola coma en todos us visaje y meneos. Y aun hasta cuandu traen arrastranrlo algunos poderosos ma­teriales para sus edificios 6 l0s nuéstros, con bailes ó con cantos van tirando á una con la voz y pies y manos, medidos al vaivén y voz que guía, como cuando caloman marziuros. Van rnuy empenachados y compuestos con grandes medias­lun: ts en la frcnte 1 cuyos cuernos responden á lo alto, que r]e buen oro tienen apariencia ; y en seguí miento suyo van mujeres con cantidad de m!Ímras de chicha, qtu lleva 11 dondequz"era r;ue se muevm,. y son Jos adherentes principale de que ellos e pertrechan en sus tratos, y más en las belígeras contiendas, según entonces hizo Nemequene, á quien dejé haciendo sacrificios debajo del intento. declarado. Y como por el Xeque le fue dicho ser bien afortunado su via­je, efectuóse luégo la partida de la tumultuosa compañía, hacien­do grande estrago por las tierras de Turmequé, cacique poderoso,.. que del tunjano rey era vasallo. El cual, como tuviese ya noticia de su diseño muchos días antes, había convocado de los suyos no menos multitud de combatientes que los que gobernaba su contra­rio; y á su contemplación también había venido Sogamoso de su ¡:.arte con más de doce mil hombres de guerra valientes, y estos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia \._ 665 ..J dos señores juntos al Nemequene salieron al encuentro, y al fin se dieron vista donde agora llamamos el Arroyo de las Vueltas, de tal manera, que el pequeño río hacía división de los dos campos que cubrían Jos llanos y laderas. Y antes de presentarse la batalla, entre los reyes hubo mensajeros, porque el de Bogotá con un cria­do de los más eminentes de su casa envió su recado y embajada, y al de Tunja habló desta manera : "Tunja : varón prudente, yo me espanto que te confíes tanto de tu brío y quieras con el mío competencia, sin que de mi po­tencia te receles. Tú que á los otros sueles dar preciso consejo, ten aviso no te 'pierdas, pues por vías más cuerdas que por guerras, gozarás de tus tierras y vasallos ; y sin precipitallos en reyertas, á donde tengo cierta la victoria, siendo cosa notoria que mi mano todo lo halla llano dondequiera. Harto mejor te fuera y mejor fuera que me reconocieras vasallaje, el cual, á mi linaje le es de­bido. Si me prestas oído y obediencia, s~rás de mi clemencia per­donado, querido y acatado de mis reinos, y en todos sus gobiernos tendrás voto; pero si vas remoto por tu parte, no puedes escapar­te de mi ira. Pues tienes tiempo, míra tus contentos antes que rom­pimientús se comiencen, y en ti se desvergüencen los que llevo • . De piedad me muevo ciertamente, por no ver mortandad de tanta gente." Oyó Tunja con los de su consulta, no sin alteración, aquel mensaje; mas, con aquel reporte que debía á su reputación, a) mensajero dijo que se volviese, que otro día dada !a respuesta con acuerdo. Y ansí lo hizo, pues por la mañana con un criado suyo satisfizo á su punto y honor con embajada, cuya sustancia fue la que sigue: "Gran Nemequene: de ti me maravillo en tener de caudillo de mi punto tan absurdo barrunto, pues que pides que sin ver des­tas lides el efecto, me dé por tu subjecto y obediente, teniendo por patente de tu parte lo que no pueden darte presunciones, pues sue­len opiniones ser falibles, y fuerzas invencibles las del Cielo; por­que en aqueste suelo bien conoces que da terribles coces la fortu­na, y es potencia ninguna también puesta que esté segura desta lisonjera que con rueda ligera se remueve. Dices que se te debe por antiguo linaje, y eso dig-o de los míos; y que los desafíos tie­nen veces ya para ser jueces; pues quien fuere mejor y defendie­re su nobleza, dará de su grandeza muestra clara. A la prueba te pára con tu gente, y si por ti se siente tanta muerte, haz como va­rón fuerte, que do estamos los dos solos hagamos el examen en singular certamen, y el vencido sea constituído tributario, tenien­do por señor á su contrario." Oyendo Nemequene el embajada, quedó corrido del atrevi-­mieP. to, y confiado de su valentía bien quisiera salir al desafío; mas todos los Uzaques le dijeron que por ninguna vía lo hiciese, porque demás de ser exorbitancia un príncipe de prendas tan ex­celsas salir á combatir con un cacique que ya por su vasallo repu- • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 666 _; taba, tantos reinos y tantos señoríos y un campo tan florido de guerreros valientes y cursados en las armas, era temeridad la confianza de los aventurar al fin incierto de singular batalla, pues­to caso que la ventaja ya se conocía en ánimo, vigor, destreza y arte ; pero negocio de tan grande peso no debían colgar de un solo hilo por infinitas vías quebradizo. En efecto, le suplicaron todos que luégo se le diese la batalla de poder á poder, lo cual se hizo : y ansí los escuadrones ordenados por uno y otro reino, se dio principio á la sangrienta lid, y en el discurso, no tempestad de viento riguroso viene con tal vigor precipitado de las cubiertas plantas las coronas, cuanto la furia fue destos salvajes en los pri­meros acometimientos, pues vieras por aquel sangriento suelo pe­nachos y diademas cuyos amos quedaban batallando con la muer­te, unos de las volantes tiraderas por lados ó por pechos traspasa­dos, otros las duras piedras con las hondas impresas en los cé'scos y molleras, otros quebrados brazos y ternillas con los terribles golpes de macana; rompe los vagos aires al estruendo, y grita de los unos y los otros. Andaba Nemequene en ricas andas, aquí y allí los suyos ani­mando, y en otras no de menos valor Tunja con gran solicitud lo mismo hace ; y á lo que pareció según las muestras, ambos con gran deseo de encontrarse; pero la confusión sanguinolenta impe­dimento fue por ambas partes. Mas otro muy mayor se les ofre ce, al uno de dolor y al otro grato, y fue venir silbando por el aire acustísimo dardo cuya punta al Nemequene hirió profundamente por la tetilla del derecho lado; el cual, sin esperar manos ajenas, él mismo la sacó con ambas suyas, y fue tal el dolor, que dijo luégo á los que resguardaban su pe rsona: "Amigos, yo me si ento mal herido, y tan cruel ha sido la herida, que no tengo d e vida confianza. Haced en mi venganza corno bu e nos, y no ve ngáis á menos por mi daño, porqu e, si r.o me engaño, por la mu e stra, presto tendréis por vuéstra la victoria." Quistera de cir más, y el dolor grave turbaba sus acentos á la lengua, de cuya cau a todos los pres.entes en gran manera fu eron ocupados de turbación, éxtasis excesivo; mas todavía gran núme­ro de ellos procuraron sacarlo del conflicto, y este rumor ace rbo fue corriendo por unos y por otros de tal suerte, que con los sobre­saltos aflojaron del ímpetu primero, y ansí Tunja, como reconocie­se su desmayo, con una y otra carga dio tal priesa, que todos le volvieron las espaldas, y hasta Chocoritá (sic) los fue siguiendo, d~ donde se volvz'ó vzdorioso, dejando los confines campos llenos de los que en el alcance perecieron, que fue gran cantidad ; pero los vivos llevaban al Señor, sin que parasen un tan solo momento con las andas, los unos y los otros á remudo, las noches y los días has­ta tanto que á Bogotá llegaron, do los Xeques á su cargo tomaron esta cura; porque también son médicos y tienen noticia de las yer­bas virtuo~as; y al tiempo de la cura también usan de mil ridículas ceremonias. Mas aquí sus insanas diligencias fueron de ningún fru­to, porque dentro de tres ó cuatro días ó del quinto, quedó privado Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 66¡ -' del vital aliento, y tojos sus vasallos en prolijo lloro, como Jo tie­nen de costumbre, que son endechas y cantares tristes, á donde .representan las hazañas y cosas que por él acontecieran. _:_ Variedades CIVILIZADC)S Y SALVAJES No habremos de negar que en la guerra civil que acaba de terminar se han cometido crímenes indignos de un pueblo civiliza­do, merecedores de toda censura y reprobaci6n; pero como los ex­tranjeros, y en especial los yanquis, ven á este respecto la paja del ojo ajeno, qui~ás no será ocioso mostrarles la propia viga, no como excusa de nuestros yerros, explicables por la ardentía de la lucha y lo apasionado de las ra7as latinas, sino para que los ilusos del país sepan lo que es por dentro uno de esos pueblos modelos cuando entran en juego su interés y sus conveniencias. Nada diremos de lo hecho por los americanos Íuera de su país, pero sí vamos á narrar someramente, sig-uiendo á. Llopis •, la manera como dentro de la casa y en el siglo de las luces, han tra­tado lo americanos á los indios, á los cuales asimilan ellos todos los hispanoamericanos. En r8 r 7 se apoderaron violentamente, ya que sus dueños no quisieron cederla de buen grado, de la comat-ca ocupada por los indios criks, eu Jos límites orientales de Florida, haciendo en esos infdices una gran carnicería. En r823 arrebataron por la fuerza, sin previa dcclaraci6n de guerra, sin preceder acto alguno de hos-ilidad, los territorios pertenecientes á. Jos indios cherokis: de estos infelices, lo5 que no se prestaron á la expulsi6n fueron muertos des­pués de haber sido uuelmente azotados. En 1825 (Abril) se procedi6 al despojo del jir6n de terreno que se había dejado á esos indios en Jos límites de Georgía, obli­gando á los habitantes á emigrar, 6 lo que fue lo mismo, á morir de hambre, por cuanto les prohibieron llevar sus ganados. Muchos indios protestaron contra el despojo, y casi todos ellos fueron muer­tos después de atormentados de la manera más cruel. En Julio del mismo año se hizo otro tanto con los indios de Kansas y de Arkan­sas, acompañando la expulsi6n de grandes matanzas entre esos .desgraciados. En 1829 los indios que aún quedaban al E. del Misisipí ele­varon al Congreso y al Poder Ejecutivo una solicitud en que pedían Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 668 _) protección por los despojos de que eran objeto, as{ como para sus familias, que también eran víctimas de toda clase de vejámenes. Ambos poderes no sólo la negaron, sino que, como contestación á la solicitud, se les ordenó emigrar hacia el W. del río, conminando con severos castigos á los que resistieran. En I 8 32 se repitieron los robos y atropellos contra Jos indios de Illinois y Wiscousin, que exasperados se defendieron con las armas : el resultado fue una espantosa carnicería verificada por las tropas del General Scott, que casi los exterminaron, obligando á los pocos sobrevivientes á internarse en los bosques, para escapar al filo de la cuchilla. · De 1835 á 1842 duró la guerra contra las diversas tribus de· La Florida, cuyo progreso en el camino de la civilización fue noto­rio durante la dominación española. En ella fue tal la feroz cruel­dad de los yanquis, que emplearon perros hambrientos, educados­exprofeso para esa cacería. Centenarec; de indios murieron despe­dazados por esas fieras, después de caer heridos y prisioneros. En 1851 fueron despojados los indios del Minesota, con todo el cortejo de crímenes y violencias anexas á esas expoliaciones. En 1862, por el temor de que los indios cometieran alguna. hostili­dad, aprovechándose de la guerra civil entre el Norte y el Sur de la República, se ordenó al General Sibley que entrar·a al territorio indio del Minesota, y como medida preventiva ahorcó á 4g6 de esos desdichados. En 1863 el Coronel Conner, por simples sospechas contra los indios de Utah, invadió su territorio, y sin averiguar los hechos, asesinó una tribu de 300 personas, sin perdonar mujeres ni niños. En ese mismo año Sibley degolló á sangre fría 1 30 indios principales, que tenía en su poder en calidad de rehenes, para ga­rantizar la quietud de los demás. Lo propio hizo el General Sully con 156 indios que, poseídos de espanto, á él se habían acogido en Whilestone, pidiéndole amparo: entonces los soldados de la Unión solemnizaron su hazaña con burlas y chacotas á modo de respon­sos y de oración fúnebre. Por esta misma época fue exterminada íntegramente una tribu Siux por medio de la estricnina, pues se les vendía pan y tocino enve­nenados, de cuyas resultas perecieron 53 familias en medio de ho­rribles sufrimientos. El Oficial al}tor de semejante vileza, fue pre­miado poco después, con grandes concesiones territoriales. Preciso es remontarse al Bajo Imperio, ó á la época de mayor tiranía de los Sultanes, para encontrar en la historia hechos semejantes. En 1864 matanza y exterminio general de 6,000 indios aco­gidos al pabellón americano en el territorio de Sando Creek ; re­curriendo á falsas promesas y engaños, los infelices fueron desar­mados previamente, y dos días después de esto el Coronel Cliving­ton, con 700 jinetes, 4 cañones y 8oo infantes, cercó el poblado antes de amanecer, cuando los indios estaban entregados al reposo, confiados en el pacto acordado y en la fe del honor americano. Al toque de degüello fueron pasados á cuchillo hombres, mujeres y niños, incendiadas las viviendas, donde perecieron los restantes Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '-669._.) -entre crueles torturas. La soldadesca, ebria de whiskey y de sal)­gre, cometió horrores qtle no son para descritos, y los pocos que pudieron escapar esa noche, fueron cazados con perros al día si­guiente. En vano en el Senado el honorable Waden protestó con­tra semejante crimen, pues nadie le prestó atención, y á los pocos meses el Presidente de la República ascendió á General al reo de tamaño crimen. De r88o á 1895 se repitieron diferentes veces las expoliacio­nes contra los indios, y á tal punto llegaron las cosas, que en 1899 una masa de w,ooo pieles rojas, que habitaban en Kansas, ya civilizados y que disponían de 2,000 bicicletas, pasó á establecerse en México, donde fueron bien recibidos, declarando que se expa­triaban por las persecuciones de que eran objeto por parte de los americanos. Se lamentaban de ser tratados injustamente por el Gobierno, y añadían : "preferimos ser súbditos mexicanos á con­tinuar formando parte de la gran democracia americana, que _ha destruído nuestra raza." Por su parte el publicista Leupp decía recientemente en el Forum: " Es odiosa la forma en que son explotados los pobres in­dios. • No hace mucho se nombró una comisión investigadora de unos bosques que debían venderse en provecho de los indios: los peritos, que cumplieron su cometido en las tabernas, declararon que no había sino 1 1,000 pies donde existían 300,000, y señalaron como desarboladas regiones donde existían 50,000 pinos de No­ruega. Los indios reclamaron sin éxito contra la venta, pues no hay ejemplo de que se haya hecho nunca justicia á un indio roba­do ó maltratado por un blanco." Y si á este recuento agregáramos lo hecho con los negros, que prácticamente están despojados de todo derecho civil, y moral­mente considerados como esclavos, y aun con los emigrantes, re­chazados si no poseen ciertos bienes de fortuna, tendremos demos­trado que no siempre civilización es sinónimo de humanitario, y que nuestros detractores ante la historia, necesitan tanta conmi­seración como nosotros mismos. PEREGRINACION DE ALPHA ' POR MANUEL ANCIZAR (Continúa) El cuadro que se presenta difiere poco de los análogos en las otras Provincias andinas: los mismos indios de formas rechonchas, color cobrizo y fisonomía socarrona de suyo y humilde cuando sa­ben que los miran, los mestizos atléticos y los blancos de tez des­pejada y facciones tan españolas que parecen recién trasplantados • En 1895 aún -existían 250,000 indios. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar de Colombia '- 670-' de Andalucía 6 Castilla; tipos de población que, con leves desinen­cias, se hallan repetidos en V élez, Tunja y Tur.dama, y hasta ciert punto en Pamplona. Las únicas peculiaridades que en Santa Rosa encontré fueron los sombreros colosales de lana (fieltro endurecido J con que los campesinos oprimen sus cabezas, llevando en la copa. un almacén de tabacos, pañuelos y otras zarandajas de uso perso­nal; y los burros en servicio activo cargando víveres al mercado y viajando en recuas, de lo cual están exentos en las otras Provincias, donde los bueyes sufren el peso de los quehaceres como Lestias dt: enjalma y carga, y los asnos se están quietos, refocilándose en los potrf>ros. Así es que habituado el que ha dado la vuelta por VéleL y el Socorro á no ver en los camiuos ni lugares públicos los pa­cientes y siempre apaleados burros, los saluda risueño cuando los encuentra de repente en Santa Rosa y Sogamoso, lle\'ando su car­ga cabizbajos y tomándose de propia autoridad lo mejor del cami­no y las aceras de las calles, conforme lo han por costumbre malicia en todas partes. Hay en esta ciudad un Colegio particular, fundado y dirigido por el Dr. Juan N. Solano y su hermano, jóvenes de ilustración . modestia, que han consagrado sus dfas á la enseñanza, con má patriotismo que lucro pecuniario. Cuenta el establecimiento corto número de alumnos internos, base de su existencia, los cuales re ­ciben educación cristiana é instrucción en varios ramos d ~ filosofía y literatura, en idiomas vivos y matemáticas, procunindoselc. a ~ mismo tiempo la salud y buen desarrollo del cuerpo, merllank al ­gunos ejercicios gimnásticos; ramo ent rn mente d e. c uidé1: 1o entrt nosotros, de donde resulta que . a len de los Col g10. jÓ\ n s aptu para los quehaceres sedentarios, pero incapac c~ dl: ·roostrado que esta piedra no es aerolito--El D. t PIEDRAIIITA. Conquista de l., Nueva Granada. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo~etfn Militar de Colombia L 672 ..J el 19 de Agosto, y el 20 lo aprisionó y saqueó. • Reunido Sanmar­tín á Quesada, le habló de Tunclama y su mensaje, noticia confir­mada por el traidor que vendió al Zaque, añadiendo la que ningún indio se había atrevido á dar todavía, y era la de la existencia de Sugamuxi, Uzaque tie Iraca, Pontífice de los Chibchas, y guarda­dor de los archivos y caudales del templo máximo; de que resultó la marcha de todos y entrada en el territorio de Tundama, quien les mandó un corto presente, rogándoles que se detuvieran, en tan­to que él en persona les reunía y llevaba ocho cargas de oro. Hi­ciéronlo así los españoles, y mientras tanto el astuto indio sacó y escondió las joyas é ídolos de los adora torios, apareciendo en se­guida con gente bien armada, y convidando á los Ochíes á que fueran á recibir el oro sobre sus cabezas, porque á menos costa no podrían ganarlo. Corridos de la burla, lo atacaron hasta entrarse en Duitama; pero salieron de la ciudad sin fruto alguno, y maltra­tados de las piedras y flechas, enderezando para Iraca. Al regre­so de aquella expedición pasaron por Paipa, y el Tundama les mandó un mensajero, advirtiéndoles que allá iba á buscarlos, como en efecto se apareció con numerosa gente de guerra, muy engala­nada de petos y coronas de oro, distinguiéndose por medio de ban­deras los tercios de Onzaga, Cerinza, Sátiva, Susa, Soatá, Chita­gato y otros curacas súbditos del Uzaque altanero. El encuentro tuvo lugar en la llanura de Bonza, y la victoria quedó por los es­pañoles, retirándose Tundama con su ejército, más amedrentado por los caballos y arcabuces, que realmente derrotado. Quesada estuvo á punto de perder allí la vida derribado del caballo á ma­canazos, con lo que determinaron no detenerse en esta conquista por entonces, y siguieron en demanda de Neiva, después de haber asentado paces con Tundama por intercesión del Uzaque de Paipa. Finalmente, repartidos después en diversos feudos los indios de Iraca y Duitama, tocaron éstos con su generoso Jefe al Capitán Baltasar Maldonado, en calidad de siervos tributarios. Marchó Maldonado en I 540 á sujetarlos; y como por ensayo hecho, al pa­sar arrasó y saqueó las poblaciones de Iraca (Soga m oso), dirigién­dose luégo á Bonza, donde lo esperaba Tundama, fortificado en una isla rodeada de pantanos. A traición lo vencieron, y en otros combates fuera de los pantanos acabaron de postrarlo de tal modo, q e hubo de pedir la az. Otorg-ósela Maldonado, y le impuso tri­buto arbitrario, que la codicia del ruin Encomendero aumentaba sin tasa, dificultando más y más el pago. • Doscientos ochenta y dos años después, día por día, Bolívar y Santan­der derrotaban á los españoles el 19 de Agosto, tres leguas al S. de Tunja, y el 2o, aprisionado el ] efe castellano y saqueado su campo, se dirigían las huestes libertadoras á TunJa, ciudad de hidalgos descendientes de Encomenderos, lle­vando en el pensamiento la manumi,.ión de los esclavos y la emancipación de los restos degradados de la nación Chibcha, que no c•mprendía. ni aún compren. de su redención. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VI Serie III Tomo II N. 21

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Por: | Fecha: 2021

En esta publicación vamos a contarles los avances, reflexiones, estrategias didácticas y experiencias de quienes hacen parte del sector educativo y están comprometidos con mantener la educación en primer lugar. Este es un encuentro de voces, de miradas, de sonidos e imágenes diversas y queremos que sea también un espacio para conocer nuevos protagonistas de este escenario tan variado, complejo y rico que es la educación en una ciudad como Bogotá. Esta publicación será un canal de comunicación para que esas voces, con un lenguaje sencillo y fluido, lleguen a oídos de todos los ciudadanos. Así, buscamos seguir cumpliendo nuestro mayor propósito, que, desde la casa, el colegio o la universidad, los bogotanos se conecten con el valor que tiene la educación como oportunidad de avance y esperanza para el futuro.
Fuente: Centro de Documentación y Memoria de la Secretaría de Educación del Distrito Formatos de contenido: Publicaciones periódicas
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