Por:
|
Fecha:
28/02/1903
SERill IV -'toMO I • Ano vrr-NuMEl'lo 8.•
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Boletín Militar de Colombia
1
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l ORG.ANO DEL MINISTERIO DB GUERRA. Y DEL EJÉRGITO . ¡
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¡ DIRECTOR, Franc1sco J. Vergara y Velasco ¡
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Í .. :¡ Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejército ,l
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Pu~d~ muv b!en .•uceder que nue•tro reopeto tí toda• laa corlvtcetonea, t~enga 4 parar m la
mdiferlncia v no• deje a in energía a para defender la a nuiltra•
~ EliRI~UE SIE:liKIEWICZ ¡
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¡ + + -e- Bogotá, Febrero 28 de 1903 • + + ¡
----------------------------------- ~
--= Oficial =--
DECRETO NUMERO 173 DE 1903
(FEBRERO 9)
por el cual !e hace un nombramiento
1!l Vicepresidente de la República, mcargado del Poder .Ejecu.li1JI,
DECRETA
Artículo único. Nómbrase Gobernador Militar de la Plaza de
Honda al General Celio Guzmán R.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 9 de Febrero de 1903·
JOSE MANUEL MARROQUIN .:
El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho
41e Guerra, Jos:i Jo.4.Qu{N CAsAs
DECRETO NUMERO 17 5 DE 1903
(FEBRERO 9)
por el cual se disminuye un sobresueldo
El Vr'tepresidenll áe la República, mcargado del Poder .Ejtculi'vl~
O!: CRETA
Artículo único. Por haberse aumentado las asignaciones miitares,
disminúyese en un 50 ° f 0 el sobresueldo fijado á los indivi-
S:ERIJL IV-TOllO I- 1 5
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BoletínMilitar de Colombia
'- 226 --'
duos de tro¡ta de la Brigada Anzoátegui, cuando presten el servicio
de zapadores en el Quindío.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 9 de Febrero de 1903.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Instrucci6n Pública, encargado del Despacho
· de Guerra, jos~ joAQu{N CAsAs.
DECRETO NUMERO 181 DE 1903
(FEBRERO 9)
por el cual se confiere un ascenso
El Vicepresidmlt de la Repríblica, encargado del Poder Ejtwli'vo8
DECRETA
Artículo único. Asciéndese al Capitán Rafael Quintero á Sargento
Mayor efectivo.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 9 de Febrero de Igc>J.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho
de Guerra, JosÉ joAQUlN CAsAs
DECRETO NUMERO 183 DE 1903
(FEBRERO 9)
que concede un auxilio
El Vz'cepresidmlt de la RepúbHca, encargado dd Poder· .Ejtmli·vo,
En uso de sus facultades constitucionales,
CONSIDERANDO
1.
0 Que el joven Miguel Pinz6n, hijo del benemérito General
Próspero Pinz6n, eximio servidor de la Patria, necesita permanecer
en Eur0pa, con el objeto de curarse de una enfermedad de la
cual es víctima en la actualidad.
2.
0 Que es deber del Gobierno velar por las familias de los
que, como el General Pinzón, no vacilaron en sacrificarle hasta la
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vida en defensa de las instituciones patrias, dejando su familia en
desamparo,
DECRETA
Artículo único. Concédese en favor del joven Miguel Pinz6n
un auxilio de 5,000 en oro francés para atender á los gastos de su
permanencia en Europa y los que ocasione el tratamiento médic()
para su curación. Dicha suma se pondrá á la disposición de la Sra.
Aureliana de Pinzón, viuda del General Pinzón, para el objeto indicado.
§. Este gasto se considerará induído en el Presupuesto de
Gastos del bienio en curso, Departamento de Guerra.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 9 de Febrero de 1903·
]OSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Gobierno, encargado del Despacho de Ha ..
cienda, ARrsTmEs FERNÁNDEz-El 11inistro de Instrucción Pública_,
encargado del Despacho de Guerra, Jos& JoAQUÍN CAsAs-El Ministro
del Tesoro, encargado del Despacho de Relaciones Exteriores,
FRANCisco MENDOZA P.
DECRETO NUMERO 184 DE 1903
(FEBRERO 9)
por el cual se confiere un ascenso y e hace un nombramiento
.i."l Vicepresidmle dt la RtplÍbHca, mcargad• dtl P#dtr .EJtct¿h;,~.
D1tCRET.A
Artículo único. Asciéndese á General efectiYo de Brigada al
graduado General Paulo Emilio Escobar, con la antigüedad de 1.0
de Enero del año en curso, y nómbrasele primer Edecán de honor
del Excmo. Sr. Vicepresidente de la República, en propiedad, con
la asignación de General en Jefe.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 9 de Febrero de 1903.
]OSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho
de Guerra, Josi ]oAQvlN CAsAs
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\._ 228 _)
DECRETO NlJMERO 20~ DE 1903
(FEBRERO 14)
por el cual se hace un nombramiento
El Vicepresidente de la República, encargado del PtJder Ejecult"v#,
DECRETA
Artículo único. Nómbrase al General José Joaquín García
Inspector de la División Córdoba del Norte del Tolima.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 14 de Febrero de I903·
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho
de Guerra, JosÉ JoAQuÍN CAsAs
DECRETO NUMERO 209 DE 1903
(FEBREKO 14)
por &1 cual se reconoce la efectividad de un grado
El Viupresr'denle de la República, encargado del P()der Zjeculi'v•,
DECRET.A.
Artículo único. Reconócese la efectividad del grado de General
al graduado Sr. General Fernando Borrero.
§. Dése cuenta al Honorable enado en sus próximas sesiones,
para los efectos constitucionales.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 14 de Febrero de 1903.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho
de Guerra, Josí JoAQUÍM CAsAs
RESOLUCION NUMERO 84 DE 1903
(FEBRERO 1 I)
por la cual se hace una prevención
El Minútro de Guena
RESUELVE
Los Jefes y Oficiales á quienes se les haya cubierto el sueldo
que concede el Decreto legislativo número 1829, de 23 de Diciem-
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bre último, y que fueren llamados nuevamente al servicio antes de
haber vencido el término de un mes, deberán reintegrar la parte
correspondiente del sueldo de excedencia, tomando por base el
tiempo transcurrido del mes de excedencia.
Asimismo, los que fueren llamados al servicio después de haber
recibido los auxilios de marcha correspondientes para trasladarse
á sus domicilios, por razón de licenciamiento ó declaratoria
de uso de Letras de Cuartel ó de licencia indefinida, deberán también
reintegrarlos, y en caso de ser destinados fuera de la capital,
se les deducirá en el mismo pasaporte que al efecto se les expida
al Jugar de su destino, la suma que por auxilios de marcha se les
hubiere pagado.
Comuníquese.
Dada en Bogotá, á 1 1 de Febrero de 1903.
El Ministro, Josi JoAQu{N CASAS
RESOLUCION NUMERO 85 DE 1903
(FEBRERO 19)
sobre el Cuerpo de Inválidos
El l'vlziu"slro de Guerra
RESl ELVE
La Comandancia en Jefe del Ejército, en asocio de dos médicos
del Ejército, practicará un reconocimiento en el Cuerpo de Inválidos;
y si hubiere algunos individuos pertenecientes á este Cuerpo,
Jefes, Oficiale ó individuos de tropa, en estado de dedicarse
á sus antiguas labores, serán declarados excedentes por reorganización
y pasaportados á sus domicilios, para determinar los cuales
se levantará la comprobación del caso ante la Comandancia en
Jefe, y solamente quedarán incorporados en dicho Cuerpo aquellos
individuos que por estar imposibilitados físicamente, no pudieren
entregarse á sus trabajos ordinarios.
Comuníquese.
Dada en Bogotá, á 19 de Febrero de 1903.
El Ministro, JosÉ joJ.QUÍN CAsAs
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Boletín Militar de Co!ombia
Doctrinal
C. DE WET *
TRES AÑOS DF. GUERRA
Traducción para el BOLETÍN MILITAR
I
Antes de relatar los dolorosos acontecimientos en que tomé
part~, ósea la larga guerra en la cual pereció para nosotros la
~atna, séame permitido decir unas pocas palabras sobre la ley militar
que regía á los ciudadanos de la República del Orange.
Esa ley nos mandaba que entre los 16 y los 6o años estuviésemos
listos á toda hora para luchar por la Patria. En el momento
de la llamada debíamos suministrar un caballo ensillado, un arnés,
un fusil con 30 cartuchos y víveres para ocho días. Los cartuchos
podían ser reemplazados por otras tantas balas y medio kilogramo
de pólvora. Cuanto á los yfveres, la ley no fijaba ni la especie ni la
cantidad; pero la costumbre exigía que consistieran en tajadas de
tasajo salado y pimentado, en salchichón y en pan.
En Septiembre de 1899 recibimos la orden de estar listos para
movemos en el menor tiempo posiblt', y poco d e spués, el 20 de
Octubre, se publicaba en Orange la orden de movili zación, encargando
de su ejecución á los v eldcorncls. En obedecimiento á la ley,
partí como simple soldado, ll e vando conmigo á mis tres hijos:
Kootje, Isaac y Cristiaan.
Entonces pertenecía al Partido de Krom - Ellemboog, del Mu·
11icipio de Heilbron, y con mis convecinos nos dirigímos á Elandslaagté,
punto señalado para la reunión, mandados por el v eldcorne/
Dartius Els. En dicho lugar nos organizámos en comando, á
la orden de Lucas Steenekamp, y recibímos la orden de a van zar
4 marchas forzadas, junto con los vecinos de Vrede, Harrismith,
Bethlehem, Vinburgo y Kroonstad. Nos reunimos todos en Harrismith,
lo cual absorbió 8 días, en los que debíamos soste nernos á
nuestro costo, porque en seguida el Gobierno se hizo cargo de suministrarnos
víveres, y comenzó la vida de comando. Por lo que
hace al azúcar, el café, la harina y otros víveres secos, la ración
era igual para todos, y la distribución se hacía como en el Ejército
inglés. Al principio recil ímos la carne cruda, y nosotros la co.
cinábamos y sazonábamos; pero es de advertir que no todos los
días las porciones respectivas eran iguales en can ti dad ó calidad:
para el improvisado ranchere no era fácil tarea hacer del artículo
una equitativa repartición.
• El General Cristiaan De W et, el héroe de la guerra del TransvaOJ l.
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Buietín t\filitar de Colombia
'- 231 -'
El animal, matado á balazos, descuartizado y bien Je~angrado,
S~,.; partía en tantos pedazos cuantos soldados había, á los cuales
entregaba su ración el ranchero, vuelto de espaldas, á medida que
aquellos se acercaban, preYio llamamiento por lista. Esta distribución,
que se creía equitativa, dejaba, no obstante, muchos de$contentos,
y el ciudadano encargado de distribuír los víveres necesitaba mu.
chísima paciencia para no irritarse con injustas recriminaciones ;
ante el peligro que nos amenazaba y la dura labor que á todos nos
corre pondía, pronto se amoldó á esa ingrata tarea y se acostumbró,
como dicen, á dejar salir por una oreja lo que le entraba por
la otra. Al cabo los exigentes reconocieron su falta, y la distribución
de la carne fue para nosotros el primer ejercicio de la abne_
gación y de la tolerancia de que en lo futuro tánto habíamos de
necesitar.
Distribuída la carne, cada cual la cocía á su antojo: el mayor
número la asaba, fabricando parrillas con el alambre de las cercas
ó con ramas endurecidas al fuego. Con la harina hacíamos grandes
arepas, llamadas slorurjagers (cazadores para la carga), ó bien
maagbommetz (balas para el estómago).
Los ingleses no adoptaron nuestro modo de vivir sino cuando
ya vivieron de nue~tros ganados; y dejando el uso de las conservas
por el de la carne fresca. Entonces hasta creyeron conveniente
desperdiciar un artículo que no les pertenecía, y que saqueaban á su
antojo; de modo que cuando sorprendíamos alguno de sus campamentos,
hallábamos cuartos enteros de res y de puerco y gallinas
visiblemente abandonadas.
Tal fue el sistema de reclutamiento empleado para llamarnos
á la defensa de la Patria, y tal, ha ta el último día de la lucha,
nuestra manera de vivir en campaña. Durante dos años mantuvimos
el campo con nuestros fusiles y caballos, sin que ningún convoy
se presentara á re a vituallamos. Armas, municiones y víveres
los tomábamos donde podíamos. Después de la batalla no quedaban
ni Jefes ni soldado , sino ciudadanos, pues todos éramos iguales
en el ComandCI.
El General y el vddcornet no gozaban de mayores comodidades
que el simple burgués, y todos tomaban parte en la discusión
de las operaciones que se habían de ejecutar al siguiente día. Esta
singular organización, tan lejana de la jerarquía usada en los Ejércitos
europeos, nos produjo soldados admirables por su valor y su
iniciativa : cada cual daba todo aquello de que era capaz en habi.
lidacl y energía, pero también nos causó un sinnúmero de derrotas,
puesto que es sabido que no hay ejército posible sin la más rigurosa
disciplina.
Y ahora que he b.:>squejado lo que fueron esos comandos, que
durante tres años recorrieron el Veld, ágiles y movibles como los
pájaros, comenzaré el relato de nuestras operaciones militares.
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Boletín ~1ilitar de Colombia
LA GUERRA DE lVlONTAÑAS
VENTAJAS É INCO~'VEKI1~ 1 TES DE LA DEFENSA Y DEL AT.A.·QUE
EN PAÍSES DE MONTAÑAS
Traducido por el Capitán D. Aoriano S. Juárez (argentino), de la obra del Ba.
rón General F. de Kuhn : austriaco)
(Continúa)
1 ' DISPOSICION DE LAS RESERVAS TACTICAS
Segunda Línea-A las reservas tácticas incumbe la importante
misión de amortiguar, tanto como sea posible, el primer
choque del enemigo. y de obligarlo á desplegar sus fuerzas;
gracias á ellas, se llega á reconocer de una manera positiva si
el ataque es verdadero ó simulado.
Las reservas tácticas deben, por consiguiente, tomar su primera
posición en los punto importantes de los valles ó en la
proximidad de los desfiladeros.
Siempre que la comunicación principél franquée la cresta de
la montaña, ó bien cuando no haya sino pasajes principales poco
numerosos y muy difíciles, será ventajoso colocar la reserva táctica
en la proximidad del punto de pasaje y sobre la posición táctica
elegida en este mi mo punto.
Si en este caso se colocase la reserva táctica en el valle, sería
de temer que el adversario logra e, por un ataque repentino,
apod rarsc de una posición á menudo ventajosa, que le sería fácil
def nder durante largo tiempo y de una manera relativamente
tenaz, ante que esta reserva pudiera li gar. El enemigo podría
·ntoncc" descender rápidamente de las alturas, forzar tal
vez á los defensores á retirarse con precipitación, trasladándose
bastante lejos á retaguardia en el valle, hasta encontrar otra buena
posición, en la cual le fuera posible detenerse. '
.E)'em¡,zo: el Tonal y el Stz'ljser-l'ocll (Sielvzo)-En 1866 la reserva
táctica debió ser colocada en Jos pasos mismos de estas
montañas.
i para el Tonal se la hubiese colocado cerca de Cusiano,
En el punto de unión de los dos valles, de Vemigliana di Pejo y
el del Tonal, esta reserva no hubiera podido llegar á tiempo para
defender esta posición relativamente fuerte, en caso de que el
adversario, empleando un poco de astucia, hubiese atacado al
mismo tiempo vigorosamente el paso del Tonal.
La re erva táctica hubiera sido obligada á batirse en retirada~
y no habría encontrado una nueva posición defensiva sino á algunas
leguas á retaguardia, en los alrededores de Mala.
Hubiera sucedido lo mismo respecto del Stilfser-Yoch (Stelvio ),
si se hubiese querido colocar la reserva táctica en. Trafoi, por
ejemplo, ó en cualquier otro punto más á retaguardia.
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Boletín Militar de Colon1bía
'- ~33.....)
Si la posición sobre la cresta de la montaña y en el punto de
pasaje df'l desfiladero, no se prestara para una defensa relativamente
larga, ó si la reserva táctica que debe servir de sostén á
varios puestos, tiene que cubrir, por consiguiente, varios pasajes,
se procurará entonces encontrar una buena posición en la proximidad
del punto de unión de todos los caminos, ó por lo menos
en el punto donde termine)a mayor parte de estos caminos. En
este último caso, la reserva táctica tendrá además por misión el
atacar enérgicamente á las cabezas de las columnas enemigas,
que no podrán avanzar, en general, sino por malos caminos,
obligarlas á retroceder, y retardar, por tanto, lo más posible,
el despliegue de las fuerzas enemigas en el valle principal.
Pero como fácil es prever que esta lucha no podrá durar indefinidamente,
y que no podrá ser continuada con éxito sino por un
corto tiempo, el comandante de la reserva táctica debe buscar á
retaguardia una ó varias fuertes posiciones, en las cuales d~berá
oponer al enemigo una resistencia tan larga y tan encarnizada
como sea posible.
Ejemplo: en el Tirol meridional, en 1866, la posición cerca de
Campi para cubrir los pasajes de los montes Oro, Pari y Pichea.
Era este último pasaje el que debía, sobre todo, vigilar.
Se tenía como posición á retaguardia, para en caso de retirada,
la situada entre Pranzo y Campi.
Consistiendo el plan de la reserva táctica en quitar al ataque
del adversario su impetuosidad y en debilitarlo lo más que sea
posible, á fin de ganar el tiempo necesario para que las re~ervas
estratégicas puedan llegar, ó para ejecutar las maniobras indispensables
para dar el golpe ofensivo que ha de decidir, el comandante
de esta reserva táctica debe, por lo tanto, poner todo en
juego para aumentar las dificultades del ataque.
Puede lograr esto multiplicando los ob táculos artificiales,
aproYechando todos los obstáculos naturales, oponiéndose al
adver ario en posiciones relativamente fuertes y preparadas
con tal objeto de antemano, y si las circun~tancias lo permiten,
tentando movimientos ofensivos que debilitarán aún más al enemigo.
Para realizar la primera parte de este programa, se harán
impracticables todas las comunicaciones de que el enemigo pueda
servirse para marchar contra la primera línea, y se dispone
todo de modo de poder destruír fácilmente, cuando sea uportuno,
las comunicaciones que conducen de esta primera línea á
las posiciones de las reservas tácticas y estratégicas.
Se deberá elegir con especial cuidado las posiciones en las
cuales las reservas tácticas han de recibir al atacante, y aumentar
su valor por medio de atrincheramientos y por el establecimiento
de otros obstáculos artificiales.
Se deberá, sobre todo, tener cuidado de asegurar y atrincherar
los flancos de estas posiciones, lo que se conseguirá fácilment~
colocando abatíes y cortando las comunicaciones.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
BolétÍn l\'1 ilitar de Colom bi~
\...._ 234 -'
Como las reservas estratégi~,;as deb~n jugar un papel casi exclusivamente
ofen ivo, y combatir rara vez defensivamentc, y esperar
el ataque del enemigo sobre posiciones preparadas de antemano,
nos parece oportuno, mientras tratamos de los principios
que rigen el empleo de las reservas tácticas, decir algunas palabras
sobre la elección d las p\)siciones en las montañas.
' - ELECCION DE POSICIO. ES E~ LAS MONTANAS
En los países de montaña se puede tomar posición :
a) En el fondo del valle, con el frente hacia el nacimiento
de este valle.
b) En el fondo del vall~, coa el fr nte hacia la desembocadura
del mismo.
e) Sobre las alturas delante d•! las cuales se extiende un valle
paralelo al frente. .
d) Sobre las alturas para cubrir un punto de pasaje en la
intersección de dos ó m:ís vall c: s que toman nacimiento en este
punto.
a) Posicíón. m el fondo de tm valle; ron el frente Izada d nadmtimlo
del mismo- Las posiciones en el fondo de un valle, con el
frente hacia el nacimiento de este valle, on en general desventajosas,
porque los contrafuert .... s y las pendiente de la montaña en
los cuales se colocan casi siempre en e~te caso, son por lo regular
dominados por las posiciones qu ocupa 1 enemigo.
El enemigo que desciende del , acimicnto del Yalle y que es
dueño de las alturas, puede fácilmente nvolver tales posiciones
y atacarlas de flanco.
Puede rcmediarse en parte este grave defecto, adoptando
para los flancos que e adelantarán hacia el nacimiento del Yalle,
una formación en escalones, con abntíes ú otros obstáculo. artificiales.
Si uno de los flancos está apoyado n el ,·alle, n un do 6
arroyo que, como la mayor parte de los torrente de montañas,
sea profundo y encajonado, se deberá vigilar con mucho cuidado
el lecho de este curso de agua en tiempo de seca, y aun en la
época en que 1110 e té completamente crecido. No se debe dejar
de ocupar la orilla opuesta, pues si se omite esta precau- •
ción, una columna enemiga podrá lograr deslizarse sin ser vista,
siguiendo el lecho del arroyo y tomar así la posición del defensor,
de flanco y de revés.
Tomemos, por ejemplo, la posición y el combate de Taufers
en 1799. El General austriaco Laudon habfa sido enYiado al
principio de la campaña de 1799 con 8 batallones y 16 cañones,
6,200 hombres, al valle de Munster, con orden de cubrir los pasos
que conducen del cantón de Grisons por Teirfser-Yoch, y de la
Valtelina al través del Wormser-Yoch en el Vintschgausuperior.
El 18 de Marzo el General Dessoles marchó con cerca de
5,ooo hombres y 2 cañones contra Sainte Marie; las avanzadas
austriacas se replegaron sobre la posición preparada de antemano
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Boledn Militar de Colombia
'- 235 -J
por Laudcn, cerca de Taufers. Esta posición había sido elegida
en la orilla izquierda del Rammbach, cerca del punto en donde
el valle Rolabach, que desciende del Schoerl-Yoch, se echa en
el Rammbach, y en un paraje donde el valle se ensancha cosa de
2,000 pies. El terreno en el interior de la posición es ondulado: el
Vallarolabach. ccrre delante del frente y con5tituye un obstáculo
bastante serio.
El ala derecha de la posición se apoya en las rocas de la
orilla izquierda del Va11arolabach: el ala izquierda en el Rammbach,
que corre entre dos orillas altas y escarpadas.
Estos dos arroyos estaban completamente secos, y su lecho
era practicable. ·
Tres obras abiertas en la gola y unidas por dos líneas largas
de 1 ,ooo pasos, habían sido construidas á retaguardia y sobre las
orillas del Vallarolabach, apoyándose la izquierda en el Rammbach,
pero de manera que no podía batir el lecho de ninguno
de los dos arroyos.
A 500 metros á retaguardia y á la derecha de esta primera
línea se encontraba, detrás de otro pequeño arroyo de orillas
encajonadas, una segunda línea de 500 pasos, formada por dos
reductos ligados entre sí.
Aun cuando el emplazamiento de las obras había sido mal
elegido, no era menos imposible el abordarlas de frente. No
quedaba, pues, al atacante otro recurso que el ataque indirecto,
el movimiento envolvente.
En consecuencia, en la noche J el 24 al 25, el General Dessoles
pasó por Munster con 4,500 hombres y 2 cañones, y en la
madrugada rechazó las avanzadas enemigas; inco 1tinenti dirigió
tres batallones, que siguieron el lecho del Rammbach, contra el
flanco y la retaguardia de los atrincheramientos, atacando al
mismo tiempo de frente á los austriacos con el resto de sus fuerzas.
Los tres batallones penetraron hasta Taufers sin ser vistos,
porque los austriacos habían descuidado la vigilancia del lecho y
la orilla derecha del Rammbach; tomaron de revés las obras
abiertas en la gola, y el General Laudon debió, después de haber
perdido mucha gente, retirarse á Landeck, pasando por el Gebatschferner.
No se encuentran, en general, buenas posiciones de este género
que tengan el frente hacia el nacimiento del valle, sino en
Jos puntos en donde grandes valles laterales terminan en el valle
principal, y sirven, por decir así, de fosos á estas posiciones.
En este caso la cuesta de la montaña en la cual se está establecido,
presenta pendientes muy rfgidas del lado del enemigo;
las comunicaciones que allí desembocan son á menudo muy alejadas,
y muchas veces no conducen sino al nacimiento del valle vecino:
puede entonces fácilmente hacerse impracticables estos caminos,
y el ad '/ersario se ve, por lo tanto, obligado á hacer grandes
movimientos excé'ltricos que le hacen perder mucho tiempo,
cosa tan esencial en la defensa.
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Boletín Militar de Colombia
'- 236 _;
Uno de los más grandes inconvenientes de casi todas las posiciones
que se toman en el valle, consiste en que estas posiciones,
la mayor parte de las veces, están á cabailo en los cursos de
agua, y por más grande que sea el número de pasajes que en ellos
se establezcan, no se podrá jamás remediar, sino en parte, este inconveniente.
Es necesario, pues, renunciar á estas posiciones, sobre todo
cuando el valle es un poco ancho, porque se expone entonces á un
descalabro inevitable, sin llegar al resultado buscado, t:s decir, á
inmovilizar al adversario el mayor tiempo posible. En este caso
es preferible retirarse en seguida hasta el punto más próximo en
que el valle se estreche.
b) Posidotus m el fondo dd valle, con d fren/e hada la desembocadura
del múmo-Las posiciones de este género tienen la ventaja de
ser dominantes, por la misma razón de que el valle y las alJuras
que lo rodean se elevan ~gradualmente, y más á medida que se
avanza hacia el nacimiento del valle.
Cuando se ocupen tales posiciones se deberá siempre, para
proteger los flancos, adoptár para l&s tropas la formación en escalones
dirigidos hacia adelante: se debe tener en cuenta que los
movimientos envolventes son entonces más difíciles, y que deberán
extenderse más lejos, porque cuanto más se avanza hacia el nacimiento
del valle. más escarpadas, elevadas é impracticables se
hacen las montañas.
Todo lo que hemos dicho en el capítulo precedente, á propósito
de la vigilancia del lecho de Jos ríos y de los inconvenientes
de las posiciones á caballo sobre un curso de agua, se aplica igual-mente
á este género de posiciones. ·
e) Posiáones sobre las al/u ras cotz tm valle para/do al ft m/ eEstas
posiciones son, en general, tan fuertes de frente, que no es
posible tomarlas sino envolviéndolas por uno de los flancos.
Si el enemigo ataca de frente, se expone á la superioridad de
los fuegos del defensor, y está obligado á atravesar la corriente
de agua profundamente encajonada que corre por lo regular delante
del frente ; luégo de efectuado este pasaje, le será necesario
llevar el asalto por pendientes escarpadas y fuertemente ocupadas
por el adversario. Resulta de esto que si este último opone al
ataque una resistencia un poco enérgica, logrará rechazar fácilmente
todes los asaltos, é infligir á las tropas atacantes pérdidas
considerables.
Ejemplo : el ataque del monte Isel en x8og.
Hacia fines de Mayo del año de 1809 el grueso de la División
bávara Deroy ocupaba á Innsbruch, habiendo adelantado sus avanzadas
al Oeste del Sil, sobre una línea que pasaba por Natters,
Mutters, hasta Gárberbach; al este del Sil, hasta Igels-Lans.
El 29 de Mayo estas avanzadas fueron atacadas en las dos
alas á la vez, por las tropas austriacas y por los tiradores nacionales
del Tirol, y rechazadas hasta la llanura, de un lado por la cumbre
del Lanser, del otro por el Gallwiese y Hustelhof.
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Boletín Militar de Colombia
L 237 __;
Los austriacos y los tiroleses ocuparon inmediatamente la
fuerte posición que, pasando por el monte Isel, se extiende desde
Ambras hasta Gallwiese, y se pusieron en comunicación por el
Tiro], con la landsturm del valle del Inn superior.
El General De ro y hizu entonces a van zar el grueso de su División.
Sin embargo, en lugar de tratar de envolver por Gallwiese el
flanco izquierdo de la fuerte posición del monte Isel, dio contra
el frente de su adversario varios asaltos desesperados, que fueron,
naturalmente, rechazados.
Solamente en el ala izquierda una columna logró apoderarse
del castillo de Ambras, pero no pudo avanzar más porque el terreno
se elevaba sensiblemente, á partir de este punto, en dirección de
Aldrans y de Lans.
En fin, en presencia de la sublevación de los tiroleses del valle
del Inn inferior, y de los peligros que corría su línea de retirada,
el General Deroy debió replegarse en la noche del 29 al 30
de Mayo.
No es, pues, sino por el flanco como se pueden forzar semejantes
posiciones, ó bien únicamente por medio de un movimiento
en vol vente se podría obligar al defensor á evacuarlas. Pero como
la ej€'cución de tal movimiento cuesta mucho tiempo al ataque, y
como el tiempo es uno de los factores esenciales de la defensa relativa,
se puede decir, en resumen, que estas posiciones deben ser
clasificadas entre las que mayores ventajas presentan en países de
montañas. .
En cuanto á los movimientos envolventes y á !os ataques de
flanco, se podrá, si no impedirlos del todo, por lo menos
aumentar considerablemente las dificultades, haciendo impracticables
y ocupando todos los caminos que conducen á los flancos
y reta~uardia de la posición. Esto es, por lo demás, una misión
que se puede confiar á tiradores nacionales ó á la territo,rial (landsturm),
pues en este caso se trata sobre todo de impedir al enemigo
escalar las pendientes abruptas de estas alturas, dtrigiendo
sobre él un fuego bien reglado, derrumbándole á su paso rocas
y árboles, y haciendo explotar, bajo sus pies, fogatas pedreras.
d) Posiciones sobre una altura: m el punto de unión. de dos ó varios
valles.-La necesidad, para la defensa, de ocupar semejantes
posiciones con fuerzas de un efectivo relativamente considerable,
se impone, tanto desde el punto de vista defensivo, como desde el
punto de vista ofensivo.
I. 0 Desde el punto de vúta difemz'vo.-Si el atacante ha logrado
apoderarse de tal posición, nada le será más fácil que lanzarse
con toJas sus fuerzas en el valle que tiene su origen en este punto
y que ocupa el defensor; en seguida continuar enérgicamente su
movimiento ofensivo, sea en el valle mismo, sea permaneciendo
en las alturas.
Como el desalojamiento y adquisición de estas posiciones aseguran
al atacante ventajas muy considerables, se debe, en toda defen~
a racional y bien meditada, cuidar de no abandonar demasiado
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pronto los pasos, y forzar, por el contrario, al adversario á perder
mucha tropa antes que pueda apoderarse de ellos.
Se deberá, pues, en Jugar de colocar desde un principio la
reserva táctica en el valle, establecerla en:el mismo punto de pasaje,
en una posición Jo más próxima á la orilla de la vertiente que
dé frente al enemigo, y reforzarla lo más posible por medio de
atrincheramientos, abades, &c.
Pero como las posiciones de este género son forzosamente
dominadas por las alturas que las rodean, se deberá en este caso,
como en las posiciones cuyo frente :está hacia la desembocadura
del valle, asegurar los flancos, adoptando para las tropas la formación
en escalones dirigidos hacia adelante.
2.0 Desde el punto de vz'sla ofensivo--La ocupación de estas posiciones
asegura al defensor ventajas muy significativas, por cuanto
le permite tomar la ofensiva cuando lo juzgue oportuno, y llevar
la guerra sobre el te::rritorio enemigo.
Conlznúa
ARTILLERIA
GENERALIDADES PARA LAS CLASES
La voz arHilería, que probablemente es una derivación de la
latina ars, arte, no ha designado siempre bocas de fuego.
Hasta el siglo vu, la artillería se componía de aparatos muro
balísticos, es decir, que utilizaba como medios de propulsión haces
ó cordones de nervios y tendones de animales ó fibras elásticas,
como son cuero, cáñamo, &c., ó resortes metálicos, para lanzar
piedras, dardos, saetas, flechas, &c. Estos aparatos eran las balistas,
catapultas, arietes, &c.
Del siglo vu al x1v, la artillería anterior es sustituída en parte
por la de fuego. Es la época del fuego griego, es decir, de las
sustancias incendiarias y de las mezclas salitradas explosivas.
Desde el siglo IX se utilizan las propiedades balísticas, es decir,
impulsoras de la pólvora.
Las bocas de fuego de esa época son el cohete, análogo á los
que usamos en nuestros fuegos artificiales, que lanzan un tarro explosivo,
ó sea, un cariém proyecHl ó tubos fijos, cargados con cohetes
que lanzan sobre el enemigo chorros de llamas, ú otros tubos que
lanzan verdaderos proyectiles explosivos, que son el modelo primitivo
de los jalcontlu y culebrinas.
A Jos ingeniosos italianos, pueblo iniciador de la civilización
moderna, pertenece el mérito de los primeros trabajos serios
y racionales de los cuales ha salido la artillería actual. Con los
progresos realizados en el refinamiento del salitre y la fabricación
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'- 239 _.)
de la pólvora, fueron llevados á fabricar tubos de metal reforzados
y provistos de una culata, lanzando balas de plomo, mármol ó
fundición: eran las bombardas, empleadas á principios del siglo xrv
en el sitio de Brescia.
Pero la invención de la pólvora actual, es decir, la negra,
aun tosca, parece posteriot· en algunos años. .:::on esta pÓlvora
los ingleses, en 1342, bombardearon la ciudad francesa de Lagny.
Se sabe que en Cahors, en I 345, se fabricaron 24 cañones
de hierro. Sin embargo, en Crécy, en 1346, los franceses no tenían
uno solo para oponer á los tres cañones ingleses que causaron en
Europa tanta sorpresa.
Durante la primera mitad del siglo siguiente, se fabricaron
muchos cañones en Francia, que tomó la delantera en materia de
artillería. Hubo bombardas que lanzaban piedras de 300 á 700
kilogramos. En el sitio de Orleans, defendido por Juana de Arco,
la artillería fue muy útil.
Un poco más tarde, con la inremi0n de los muñones, la adopción
del bronce como metal de cañones y del proyectil de hierro,
la artillería dio un paso consideraule, y Carlos vm c0nquistó á
Italia con un material que causó enorme sorpresa.
A fines del siglo xvx aparece el primer súünu• de artillería.
La francesa se componía de seis calihres designados por su peso
en libras: 32, 16, 8, -~, 2, 1 libra, tirados por piezas cuyos seis
nombres son los siguientes: cañón, culebrina grande, media, bastarda,
falcón y falconete. Más tarde se les agregó el 24 y el 12.
En las batallas se emplea un material ya muy movible. Desde
Enrique IV, un ingeniero propone un cañón de retrocarga.
Gustavo Adolfo emplea cañones muy livianos, compuestos de
tubos de cobre reforzados con cabos alquitranados (los primeros
sunchos), y cubierto todo con cuero hervido.
En tiempo de Luis XIV y Guillermo de Orange, la mayor
parte de los calibres eran de 32, 24, 16, 12, 8 y 4. Este último, en
Francia, era de retrocarga.
A la par de las piezas de campaña, se hacían piezas de sitio;
morteros de 12, 10 y 8 pulgadas, calibres tan bien calculados, que
hoy toda vía se conservan, siendo en centímetro~ de 30, 24 y 12.
Toda esta artillería era de bronce. Con ella combatieron
Federico y Mauricio de Sojonia.
Después de la guerra de Siete Añm,, M:. reorganizó en Francia
la artillería por el si!:.tema de Gribeauval, luégo adoptado ó
imitado en el resto de Europa. Se adoptó el alza, se perfeccionaron
cureñas y carros. Este material hizo las guerras de la Revolución
y el Imperio, y aunque perfeccionado en 1827 por el
General Valée, se puede decir que el sistema de Gribeauval es el
padre de la artillería moderna y el único predecesor de la artillería
rayada, á la cual, en fin, llegamos, y que será materia del
próximo artículo.
• ••
Boca de fuego es arma no portátil, en la Cllal son utilizadas
)as propiedades balísticas de la pólvora.
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La boca de fuego consiste en un tubo ó cañón que durante el
tiro queda cerrado en una de sus extremidades, llamándose ésta
culata y la otra l;>oca.
El interior del cañón se llama ánima, y se subdivide en cámara,
donde se coloca la carga, alojamiento del proyectil y ánima,
pudiendo ésta ser lisa Ó rayada, lo que es el caso general hoy, casi
sin excepciones.
Las rayas que tiene que seguir el proyectil en el ánima, le dan
un movimiento de rotación al rededor de su eje, lo que le impide
dar tumbos.
Las bocas de fuego se cargan por la boca ó la culata, siendo
el último casi exclusivo hoy en todas partes. Esto exige, además
del cuerpo del mismo cañón, un aparato de cierre.
•*•
El servicio de una boca de fuego se hace con tres operaciones
distintas: cargar, apuntar y tirar.
La boca de fuego descansa en su cureña con dos muñones, y
además, casi en todas, un tornillo de puntería.
(El lector comprenderá que esta descripción tiene que ser
concisa y general para abarcar·todas las piezas).
El conjunto de la boca de fuego y su cureña constituye la pie~
a, vocablo que debería siempre tener este único destino.
Se llama calibre el diámetro interior del ánima, medido en el
fondo de las rayas.
La potencia de la boca de fuego se mide, por lo general, por
la media fuerza viva del proyectil á su salida de la boca del cañón .
• • •
El aparato de cierre pertenece, generalmente, á uno de los
dos sistemas siguientes :
a) De tornillo : un cilindro penetra en la iirección de su longitud,
en la parte posterior del ánima, cierra ésta por su base anterior,
quedando fijo por medio de filetes helicoides salientes en la
superficie de dicho cilindro, los que penetran en filetes de la misma
forma, practicados en la pared del ánima, es decir, del cañón.
b) De cuña: un bloque metálico puede correr en una entalladura
6 muesca horizontal, perpendicular al eje de la boca de fuego,
y cierra el fondo del ánima con su cara anterior.
En ambos casos, el órgano destinado á impedir los escapes de
1os gases de la pólvora se llama obturador.
* • •
En cuanto á la curvatura del tiro, las bocas de fuego se dividen
en varios grupos1 cuyos tipos extremos son el cañón y el
mortero.
El cañón está organizado para dar á. un proyectil de peso dado
la mayor velocidad posible. La tensión de la trayectoria y la
fuerza de percusión y penetración que de ella resultan, son facto-
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. '- 241 _)
res muy importantes en la guerra. El tiro ejecutado en estas condiciones
es tiro directo.
Pero es á veces necesario, para alcanzar un blanco ocultado
por un obstáculo, hacer seguir al proyectil una trayectoria más
curva. Para conseguirlo se puede aumentar el ángulo de tiro y
disminuír al mismo tiempo la carga; pero entonces la fuerza viva
del proyectil, que varía proporcionalmente al cuadrado de la velocidad,
se encuentra considerablemente reducida, por cuya razón
se ha preferido comervar la rrisma carga, aumentando el peso del
proyectil, ya sea alargándolo solamente, ya sea aumentando largo
y diámetro, es decir, calibre. Es en este orden de ideas como se
han construído bocas de fuego de cámara corta en relación con el
calibre. Este, aumentando, aumenta el peso y la capacidad del
proyectil, lo que, para los que deben ser cargados con explosivos,
es una ventaja considerable.
Estas últimas consideraciones son las que han conducido á
los artilleros á adoptar tipos de bocas de fuP.go muy distintos de
los cañone puramente de campaña, llamados cañones cortos, obuses
ó morteros. El tiro que ejecutan se 1lama tiro curvo, que puede
acercarse mucho á la vertical.
•· * •
Las muy diversas exigencias de Ja guerra han impuesto la
creación de todas estas bocas de fuego de condiciones tan distintas,
las que pueden clasificarse en cinco grandes grupos, destinados:
1.0 A la guerra de campaña; 2.• Al ataque de las plazas;
3. 0 A la defensa de las plazas; 4. 0 A la defensa de las costas;
5. 0 Al armamento de Jos buques.
1.0 ARTILL:ZRiA DK c.uPA.- A-Esta se destina para acompañar
á las tropas en el campo de Latalla, donde debe combatir á las
tropas enemigas, dcstruír su artillería y demoler ciertos obstáculos,
como son atrincheramientos de fortificación improvisada, muros,
ca as, &c. Debe, pue , reunir, en proporciones convenientes,
la movilidad y la potencia. Se admit generalmente la necesidad
de emplear dos calibres: el uno, que representa el máximum de
movilidad compatible, con suficiente potencia; el otro, que representa
el máximum de potencia, con suficiente movilidad. La primera
boca de fuego pesa, por lo general, 400 kilogramos, y lanza
un proyectil de 5 á 7 kilogramos. La segunda pesa el doble y aun
más, y lanza un proyectil de 8 á r6 kilogramos.
Existe, además, una pieza de montaña que puede y debe
ser del mismo calibre que la primera, pero más corta y más li viana,
que puede ser llevada á lomo de mula y ser puesta en batería
en puntos inaccesibles á los carros y cureñas.
En suma, con el nombre genérico de artillería de campaña se
designa: 1.0 La artillería á caballo, en que todos los artilleros
van á caballo; 2.0 La artillería montada, en que una parte va sentada
en los armones; 3. 0 La artillería de montaña, en que mar-
SERIE IV-TOHO I-I 6
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chan á pie los artilleros; 4.0
__ a artillería gruesa, ú obuses, en que
parte de los artilleros va en los armones.
Estas designaciones, como que son sobre toda nomenclatura,
no tienen nada de absoluto.
2.0 ARTILLERÍA DE SITIO-Está destinada á bombardear las
plazas fuertes, á destruír sus abrigos abovedados, ó sus torres ó
cúpulas acorazadas, ó sus parapetos, ó á hacer brechas en ellos.
Es necesario que puedan circular, seguir los caminos. Deben reunir,
pues, movilidad y potencia. Pero la movilidad e en ellos lo
secundario, porque los parques de sitio son traídos en ferrocarril
lo más cerca posible de la plaza que deben atacar. La artillería
de sitio comprende cañones largos, cortos y morteros ; los unos
más movibles, los otros más poderosos. Su calibre Yaría de 100 á
240 mm. Los obuses de campaña, v. gr., los de ros mm., pueden
servir para el ataque de las plazas.
3. 0 ARTILLERh DE PLAZA-Las condicione que deLe llenar
ésta son parecidas á las de la artillería de sitio. Debe tener, por
Jo menos, el mismo poder que ésta, puesto que contra ella luchará;
pero no necesitando igual movilidad, puede ser más poderosa.
4.0 Y 5. 0 ARTILLERÍA DE COSTA Y DE MARINA-E. tas deben tener
más potencia que las anteriores, puesto que sus proyectiles deben
atravesar corazas de acero, y las condiciones de movilidad desaparecen
ante esta necesidad. Sus piezas son de r 5, 20, 30 y 40 centímetros
de calibre, y lanzan á I 5 y m<~S kilómetros proyectiles
cuyo peso pasa de mil kilogramos. El aumento siempre creciente
de los calibres y las velocidades trae este r sultado: que un buque
puede hoy lanzar sobre una costa, que la curvatura del globo le
oculta, proyectiles que conservan aún suficiente eficacia, sobre
todo cuando van carga~o con los xplosivos cr ado en e~to últimos
años.
La artillería de co ta dispone, ademá , d morteros que permiten
alcanzar verticalmente la cubierta de lo buques.
Como las nece idades de los buques son múltiples, e en la
artillería de marina donde e encuentra la mayor diversidad de calibres
y variedad de formas: cañones revólver 37 y más milímetros,
ametralladoras, ce.
Conlt'nú•
LAS LEYES DEL NUMERO Y DE LA
VELOCIDAD EN LA GUERRA
POR EL CORONEL D. ARTURO (>HZÁBAL
Según la expresión de Montesquieu, lt.s leyes son las relaciones
necesarias que derivan de la naturaleza de las cosas, y como
induda\llemente entre el número y la guerra y la velocidad y la
guerra existen relaciones, puesto que son cosas más 6 menos liga-
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das, establecidas que sean esas relaciones, habremos formulado
las leyes correspondientes. Una vez obtenido este resultado, á fin
de apreciar de qué manera influyen en la guerra, y la necesidad
de realizarlas, estudiaremos el rendimiento de las armas fundamentales
de los ejércitos en el combate y en las operaciones estratégicas.
* * •
,
I.E\' DRL NUl\lERO
Var/aáo1us del ntíllu ·ro-Echando una nípida ojeada á la historia
militar de todos los tiempos, encontramos que ha sido siempre
una preocupación de lo pueblos la formación de ejércitos más
ó menos numeroso., ó mejor, la formación de jércitos tan numeroso
como lo ha permitido la capacidad general de cada país,
como in trumento indispensable para dirimir sus cuestiones entre
sí, para imponer por la fuerza ~a voluntad del más poderoso, ó para
defenderse de imposiciones semejantes, ya que para arreglar diferencias
de carácter internacional no ha existido nunca ni existe
ningún tribunal constituído e n facultades amplias para solucionarlas
tranquilamente.
La teoría del arbitraje, sostenida con tanto ahínco y entusiasmo
en los últimos tiempos, ha nacido como xpresión de la mayor
cultura y civilización á que ha alcanzado la humanidad; y de desear
e que continúe en su marcha a cendente, para que ·1 imperio
de lo anos princ-ipios de la razón, del derecho y de la justicia
e. ·tienda cada vez más sus dominios, protegiendo igualmente
á t dos, tanto al débil como al fuerte.
Pero aun cuando no hay la menor duda de que lo~ fallos de
los tribunales de arbitraje se han de inspirar siempre en esos principio
, como ha sucedido ya en vario5 casos f !ices de la práctica,
no hay, desgraciadamente,.ninguna leyó fuerza superior que oblig-
u á las naciones á someter sus conflictos al juicio sereno de esas
altas instituciones.
~s este el motivo por el cual todas, en relaciÓn con sus medio",
tratan de aumentar el poder m:tterial de us fuerzas armadas,
pues bien saben que, en último recurso, es el supremo tribun~
l de las armas el que ha de decidir, sin apelaci6n, n el vasto
e ·r( 'nario de la guerra, y no á la luz de la justicia y del derecho,
sino á los sangrientos resplandores de los combates; no por la voz
de la razón, sino por el sordo tronar de los cañones; no de qué
lado está la mejor causa, sino de cuál está la mayor fuerza.
Así pues, aunque mucho se ha adelantado por la senda jurídica
respecto de la paz universal, hoy como antes continúan
los pueblos con la eterna preocupación de la guerra; y una noción
que ha echado profundas raíces en todas las capas sociales, es
la de que en las condiciones actuales la mejor garantía de la paz
es la adquirida por la posesi6n de un ejéq;ito numeroso.
Por más que en todos los tiempos se haya prestado atención
preferente al valor del número ó del efectivo elevado de los ejér-
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Boletín Militar de Colombia
· citos, como lo demuestra la historia cuando nos habla, por ejemplo,
del ejército que el Rey Jerjes, de Persia, llev6 contra Grecia el
año 48 I antes de Jesucristo, que ascendía á cerca de un mill6n,
según unos, y á tres millones de hombres, según otros; 6 del que
en el 333, e )nducido por Darío, se bati6 contra Alejandro el Gran.
de, que pasaba de 6oo,ooo, es el hecho que, examinando con alguna
atenci6n el valor de los efectivos de los ejércitos hasta nuestros
días, hallarnos que el número ha experimentado ciertas variaciones
que lo hacen considerar c:>mo una función natural del tiempo,
y sujeta, por lo tanto, á máximos y á mfnimos en sus movimientos
continuos ascendentes y descendentes.
En efecto, á partir de la época referida, en que pasa por uno
de sus máximos, se nota un decrecimiento de los efecli \'Os. En los
tiempos de la emigraci6n de los pueblos, de las cruzadas y después
de las correrías conquistadoras de los turcos, rara vez exceden
de zoo,ooo hJmbrcs las masas puestas en movimiento.
A partir de este mínimo relativo, vuelve el número á cn:.cer,
hasta que á flnes del siglo xvm llega á 300,000 pr6ximamente durante
la guerra au tro-turca, bajo José n. Desde entonces sigue
constantemente en aumento hasta el presente. La Edad Media no
Yio ejércitos tan numerosos como los de la epopeya napole6nica, y
menos aún como los de la guerra franco-alemana.
La organización militar actual de las grandes potencias nos
p1·esentará en las guerras futuras fectivos más numerosos aún que
los de la antigüedad. Hoy por hoy, el número domina, y no s6lo
ha recobrado su antiguo prestigio, sino que constituye algo así
como un punto fugitivo hacia el cual corren anhelantes todas las
naciones. ·
Como síntesis de las ideas modernas sobr la importancia del
número, es oportuno recordar las palabras ele Caprivi en el Reichstag-
en 1893 : " El valor de un ejército nada puede si sus efectiYOS
son insuficientes."
Siendo tal el concepto moderno sobre el valor del número,
!6gico es pensar que causas más 6 menos poderosas deben haber
tnfluído en el espíritu de los pensadores militares de esta época
para llegar á la conclusi6n referida. Trataremos de ponerlas en
evidencia. ·
Valor relativo del1lúmero-Aun cuando es natural que la superioridad
del número dé mayores probabilidades de éxito al que
dispone de ella, no es menos cierto que frecuentemente no ha sido
el número el árbitro de la suerte de las armas.
Es que el resultado de una campaña 6 de una batalla no es
s61o dependiente de ese factor relativamente sencillo, sino que. intervienen
en él muchos otros, entre los cuales ocupa un puesto Importante
el que representa la capacidad de las tropas, así como el
que se refiere á las aptitudes guerreras . de los Gener~les que las
conducen en amplio campo de operaciOn_es estratégtcas y en el
escenario sangriento de los combates. MenciOnamos solamente este
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\._ 245 _)
último factor, porque su estudio no hace al asunto en que nos ocupamos.
Por más que no sea posible hacer comparaciones eficientes
sino entre tropas formadas é instruídas pór procedimientos que poco
difieren entre sí, porque dichos procedimientos, siendo una consecuencia
de los adelantos de la época, no serán muy desemejantes
de un ejército á otro, es evidente que hoy, como en todos los tiempos,
no obstante esa similitud, el valor de los ejércitos no es el
mismo, porque existe un sinnúmero de causas que lo hacen variar,
y en asuntos muy diversos: el carácter del pueblo, la constitución
ó forma de gobierno del país, el estado de su política interna y
externa, Sli situación geográfica y extensión territorial, su situación
financiera y económica, las fuentes de su producción, su mayor ó
menor grado de progreso material ó moral, &c. &c., tienen inmediato
reflejo en su poder militar, ó sea en el pie y actitud, para la
guerra, de su ejército. La recíproca es igualmente cierta : por el
estado del ejército de una nación puede juzgarse, en general, de
la situación y del valor de un pueblo.
Este cúmulo de causas de distinta índole y magnitud dará una
resultante que será el exponente del número, exponente que representará
la capacidad de las tropas.
Así, fácilmente se comprende que si el efectivo numérico
tiene grande importancia, su valor será relativo, puesto que su
potencia dependerá dd e. ponente mencionado.
Injluenda de/número-Si se estudia el combate en su esencia
y se consideran las diferente fases de su desarrollo, se encontrará
que se han producido en él ciertas variaciones desd~~;; el principio
del siglo pasado hasta el presente, variaci<:mes que hay que tomar
en cuenta cuando se investiga la influencia del número.
En aquellos tiempos, los combates se iniciaban á menor distancia
quP. en la actualidad, por causa del menor alcance de las
armas de fuego, y se decidían siempre al arma blanca. Hoy, las
cosas no pasan del mismo modo: la lucha cuerpo á cuerpo es menos
frecuente, y bien puede terminar un combate sin que intervenga
la bayoneta; al fusil de chispa ha sucedido el fusil de tiro rápido,
y, sobre todo, de gran precisión, poco peso y largo alcance,
que puede ser manejado por cualquiera. Todas estas causas tienen
que haber producido varios efectos.
Uno de ellos, y que nos interesa notar ahora, es el hecho de
haber disminuído las oportunidades de dejarse sentir el valor propio,
la acción individual de los soldados, su poder personal dependiente
de las aptitudes físicas y aun de las condiciones morales. La
masa absorbe cada vez más los esfuerzos aislados disolviéndolos en
la acción del conjunto 6 colectiva, y por más que ésta no sea otra
cosa que la resultante de acciones individuales, no es menos cierto
que presentándose con menos frecuencia las ocasiones incitantes
sle distinciones personales, en que el individuo suele llegar á supe-
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rarse á ~í mismo por causa de las circunstancias en que se encuentra,
la resultante r r ferida 110 debe ser considerada con más valor
que el que le da la suma de los elementos materiales que intervienen,
de los que previamente se habrá descontado el sohrevalor á
que acabamos de referirnos.
Vemos, pues, q.ue en los combates modernos la ma a se hará
sentir preferentemente, sin que por eso la calidad del soldado pierda
nada en su Yalor absoluto para el efecto colectivo, el que, por
el contrario, estará siempre en relación directa con aquélla. Más
claramente: aunque la calidad siga siendo un factor de primer
orden, el número adquiere mayor importancia relativa.
Continuando con el perfeccionamiento de las armas, iremos
constantemente alejándonos de la epopeya de los singulari mos y,
naturalmente, aproximándonos al otro extremo, á aquel en 1 cual
los hombres pudieran ser considerados puramente como agentes
impul ores del movimiento mecánico de las armas de fuego, y en
el que, por lo tanto, habrían llegado todos á equivalerse, es decir,
se habría llegado á la sustitución de los hombres individuales por
los hombres unidades.
La corriente del progreso no arrastra hacia la preponderancia
del número, cuya influencia se acentúa sin cesar, según se desprende
de las consideraciones apuntadas, que son la expresión de
los hechos. La i nportancia que hoy se le atribuye y el de eo de
darle el mayor valor posible, se ha pronunciado de un modo más
manifiesto entre la potencias militares de Europa después de la
guerra de r 865 y de la franco-alemana ; y es 1 ser-m'rio u.m'vtrsal
el procedimiento á que se ha recurrido para darle el más amplio
desarrollo.
La influencia del número en la guerra· está condensada en la
siguiente fórmula alemana: · '' La victoria estratégica pertenece al
que consiga reunir en un punto determinado, y en el má5 breve
tiempo, el mayor número de soldados."
Ley dd mÍIIW'o-En lo que dejamos dicho quedan expuestas las
causas que nos habíamos propuesto investigar del concepto moderno
del número; queda también explicado que existe entre él y
la guerra una relación que se expresa diciendo que, para asegurar
mayores probabilidades de éxito, hay que aumentar en lo posible
el valor de aquél.
Según la definición recordada de las leyes, esta relación entre
Jas dos cosas, guerra y mímero, constituye una ley que es la que
designamos con el nombre de lry del número m la guerra.
Conlintía
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~ 247-'
LAS FUERZAS MORALES
(De la Rwista del Bo!etfll 1lfilrtar de Bucnosnirt: )
Hace pocas años, el Coronel de Villebois Mareuil-muerto,
como lo saben nuestros lectores, en una lid en que no se sabe á
quién admirar más, si al vencido ó al vencedor-decía en una de
sus conferencias que hacía á la Oficialidad d~ su regimiento, el 67
de Infantería francesa .... "Es moda, de algunos años atrás, mate-rializarlo
todo .... Nos olvidamos del alma, y es por ella por lo que
vale un ejército ... Cuando estudiamos las guerras de lo por \·enir,
hacemos entrar en nuestros cálculos sólo factores secundarios: terreno,
formación, armamento; y olvidamos el factor principal : el
hombre .... Y sin embargo, es hacia las fuerzas moral s á donde
debemos dirigir nue tras miradas .... "
Antes de Villebois Mareuil, los hombres de guerra y los escritores
militares de alguna valía habían proclamado la superioridad
de la fuerza moral sobre la material.
La fuerza moral, dice Marmont, es esa fuerza misteriosa que
hace que un hombre valga por diez, ó diez por uno.
Si las fuerzas moralc no fuesen lo principal, casi" todo, en la
guerra, Jamás se habrían visto victorias alcanzadas por ejércitos
el efectivo inferior .... Sin embargo, la estadística curi sa de
un Oficial au!.triaco, rt.:producida de pués en tantos libros militares,
demuestra que en lo · últimos cien años, 33 batallas en 73 han sido
ganada p r tropas inferí re en número ....
Esta fuerza moral es el resultado de muchos diversos elementos:
valor individual, e píritu de cuerpo, patriotismo, estimación recíproca
entre los Jefe: y soldados, cumplimiento del deber profesiona
1, es decir, trabajo constante para crear, desarrollar y conservar
todos estos sentimientos: trabajo comlante, que éste todo lo encierra.
Habiendo escrito el Mariscal de Sajonia-y con razón, desde
otro punto de vista-que "el secreto de la guern está en las piernas
del soldado" (es decir, en la velocidad, que multiplica el número),
replicóle, cuarenta años más tarde, el Archiduque Carlos:
~'Sí. pero á condición de que se admita primero que está en el corazón
de los combatientes."
Napoleón, que tantas verdades nuevas ha lanzado, y á tantas
verdades viejas puesto el sello de su incomparable genio, pone muy
por arriba "de la parte terrenal de la guerra: armas y po5iciones,
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la parle divina del arte, lo que deriva de consitleraciones moralespsicológicas,
diríamos hoy-la opinión, el espíritu del soldado, que
es fuerte y vencedor, débil y derrotado, según cree serlo." Es él
también quien creemos que decía: "¿Qué es batalla perdida? Es
la que cree uno haber perdido,'' dando á entender que nunca está
derrotado el que no se da por tal.. ..
Aunque la batalla fuera perdida en realidad, basta erguirse
contra la evidencia para cambiar el resultado.
11arengo es ejemplo céleqre de esta verdad. ¿Qué puede un
enemigo, aun victorioso, contra un hombre que, como Dcsaix, plantea
la cuestión en estos términos: "La primera batalla está perdida
... muy bien ... pero nos queda luz para ganar la otra ... "¿ Qué
puede e e enemigo cuando los soldados quieren, como el General,
siempre volver á empezar?
Y de sus soldados puede obtenerlo todo el Jefe en quien sus
soldados tienen confianza.
Aunque lo haya citado ya la Revista en un número anterior, no
podemos resistir el placer de reproducir una vez má el diálogo de
Chevert y un granadero en el sitio de Praga:" .... Vas á trepar á
esa muralla-Sí, mi Cqronel-Encontrarás allí á un centinela-Sí,
mi Coronel-Te hará fuego-Sí, mi Coronel-Te errará-Sí, mi
Coronel-Lo matarás-Sí, mi Coronel-Nos abrirás la puerta-Sí,.
mi Coronel-Entonces llegaremos para ayudarte ... "¡ Diálogo magnífico
en su implicidad.
Esta confianza ciega á tsus jefes e. plica los triunfos de las
nue,·ns leYas de la Revolución Francesa, incomprensible · sin
ella. ¿, ·onocéis esa maravillosa litografía de Raffet, el pintor de
los oldados, el que iempre mezcla un poco de ironía Y. de caricatura
á sus epopeyas ?-Una tropa de soldados republicanos se ha
ocultad o en un pantano, con barro hasta la rodilla: llueve á cántaros.
Un,J d , los Oficiales dice (en la leyenda de la litografía):" el
en migo no sospecha que e tamos aquí, pero no duerme ahora.
Son las siet ". Lo sorprenderemos mañana á las cuatro .... "
Queremos, antes de terminar, contestar de antemano á una
nbjeción y combatir una preocupación cuyas consecuencias podrían
ser funestas.
Personas mal informadas de las cosas militares, otras que de
ellas sacan consecuencias falsas, los mismos que después de cada
guerra, la franco-alemana, la ruso-turca, la hispano-americana,
la anglo-boers, niegan la posibilidad de la ofensiva, sin cansarse
de ser desmentidos por la siguiente, pretenden que con los nuevos
armamentos, la guerra, profundamente diferente de lo que era antes,
será sólo una lucha de habilidad técnica, de ingeniería y de
mecanismo, hasta de prudencia, y no exigirá ya el arranque, el
empuje, las cualidades de valor per~onal y tenacidad que eran antes
indispensables .... ¡Gravísimo error t
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'- 249 _J
En sus líneas esenciales la guerra futura, en cualquier parte
del mundo que tenga lugar, se parecerá á la de ayer. Cualesquiera
que sean los perfeccionamientos introducidos en los sistemas de armamento,
la ültima palabra siempre pertenecerá al valor moral,
que se manifestará por la ofensiva, no s6lo en estrateg-ia, sino aun
en táctica, por el ataque en el combate, dando la victoria no s6lo
al talento del General, sino sobre todo al ejército mejor preparado,
al soldado más sufrido, más valiente, más tenaz, más animado
del deseo de combatir y más resuelto á vencer. ¡Hermosa tarea
para una Oficialidad preparar así á las tropas ! Pero es indispensable
tener nuestro credo.
LA GUERRA Y SU ENSEÑANZA
' ,..., , CONFERENCIAS DE UN CAPITAN DE COMPANIA A SUS CLASES Y OFICIALES
{Continúa)
SEXTA CO.FERENCIA
Deberu de los 0/idalesJ' clastS duranlt el combate-Los deberes
de los Oficiales les están señalados en el capítulo x ·x de nuestro
Reglamento de ervicio en campaña. Este, que es un Reglamento
general, no puede entrar en detalles. Además, como entre los deberes
de los Oficiales está el de vigilar toda la marcha del combate
y hacer que las clases cumplan con el suyo, dice suficientemente
al respecto.
Pero en una conferencia hecha por el Capitán, son precisamente
los detalles que importan. El Capitán debe ctecir lo que á
los Sargentos corresponde, lo que á los Cabos, citar casos y ejemplos;
todo esto s"' ncillo, familiar, al alcance del auditorio, como lo
sigui e nte, que, ya lo hemos dicho, no es conferencia sino sumario
de conferencia. ~
Deberes gmerales-Cooperar al éxito :tal es el deber primordial
de todos en el campo de batalla.
El General habrá hecho combiné.ciones de movimientos y disposiciones
de tropas, pero nosotros, los de las compañías, no tenemos
por qué meternos en tantas honduras, ~ino atacar lo más vigorosamente
posible al enemigo que vemos.
Las pequeñas unidades que atacan con brío, que ej~.;cutan
valientemente las misiones que han recibido, han cumplido con su
deber, pero no antes. Agregaré que en estas cuestiones de valor,
lo más prudente es hacerse tildar de temerario.
En ciertos casos, una fracci6n tiene por misi6n ocupar una
posici6n y defenderla ; en otros, atacarla y tomarla. Pues bien,
estas misiones, al parecer encontradas, son idénticas en el fondo :
obtener la superioridad sobre el enemigo.
Para conservar una posici6n es necesario ser bastante fuerte
para obligar al enemigo á quedar donde está.
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Para tomar una, es necesario ser bastante fuerte para quebrantar
al enemigo y obligarlo á abandonarla. .
En ambos casos, el éxito se obtiene por lc..s medios que indica
nuestro Reglamento táctico de infantería (en las dLmás armas, el
Capitán conft:renciante se expresará en términos parecidos), empleados
no sólo con inteligencia, sino aun con valor, pues el valor
es el más inteligente de los medios, á tal punto, que muchos dicen
que á todo suple.
Protecáón á los hen'dos.-EI artículo 195 de nuestro Servicio
en Campaña dice que los Oficiales, y por consiguiente sus auxiliares
las clases, no permiten que ningún soldado quede rezagado ni ,..
se aleje para levantar á lus h eridos. E te ~eber incumbe al servicio
de sanidad. Y seda falsa y peligrosa humanidad la que
abandonara el combate para acompañar á un h erido, puesto que
uno, diez, cien combatientes menos, d ecir, los pretendidos filántropos
que desiertan de la lucha con este santo pretexto, causarían
la derrota del ejército y la muerte de los he1 idos, que son abandonados
cuando éste se retira, por lo mr ·nos durante un día ó dos. La
guerra de 1870 entre Alemania y Fran ia nos ofrece guarismos
elocuentes á este respecto.
Los alemanes perdieron 47,000 hombre .
Los franceses perdieron 1 39,00~ hombres, porque fu ron derrotados,
p o rque en las retiradas funciona mal el servicio d~ sanidad;
porque, en fin, el vencedor tiene dos veces más recursos en
víveres, medicamento y comodidade que el Yencido : los de éste
y los suyos propios.
Es la victoria, la victoria sola la qu ·, como Jo dice el artfculo
195 de nuestro ervicio n Campaña, "permitirá dar á los heridos
los cuidados n cesario . " Es éste ~::1 verdadero compañerismo.
Comav¡¡ción del ordm láctico-Es tanto á la:; clases como á los
Oficiales á quiene se refiere el artículo 195 del Servi cio de Campaña.
El Capitán, entre otros comentarios que podri hacerle, no se
olvidará del siguiente: la perfccci6n en la con ·en-aci6n del orden
táctico, sería la simultaneidad de todas las fracciones, secciones y
escuadras, en la progresión hacia adelante, e decir, en la direcci6n
del ataque.
Vigzlanúa m d gas/o de las mtmz'cioms-Un libro militar argentino
dice á este respecto lo siguiente:
"A í como la disciplina en la milicia es la observancia estricta
de los reglamentos militares generales, establecidos con el fin
de dominar en los soldados el instinto de la conservaci6n y de llevarles
á combatir á pcs•r de este instinto, la disciplina del fueg-o
es la observancia de los reglamentos especiales tácticos, relativos
á la utililizaci6n del arma, establecidos con el fin de sacar de ella
el mejor partido posible, empleándola cuando es oportuno y de la
manera que más convenga á los fines buscados en el momento
que se considera."
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·....._ 251
La indisciplina del fuego es la de los soldados que tiran sin
ton ni són, á la suerte, en cualquier parte, por nerviosidad ó miedo,
y que despilfarran sus municiones.
La disciplina del fuego se compone de la pericia del Oficial
que lo dirige y de la competencia y energía de sus auxiliares, loa
Cabos y Sarg-entos, que, aun haciendo fuego ellos mismos, vigilan
el de sus soldados.
El Oficial elige la clase d~ fuego: de sal va, individual, lento,
rápido, &c .... según el terreno, las distancias y las circunstancias ;
la destreza y obediencia del soldado, que hace fuego como, cuando
y donde se le ordena, y deja de hacerlo á la voz de mando 6 por
una simple indicación, completa el cuadro de la disciplina del fuego.
La pericia del Oficial es general en los ejércitos que, como el
nuéstro, se ocupan en asegurársela; la obediencia de la tropa, es
dectr, la sumisión de sus nervio , es más rara. Depende mucho
de la instrucción, y más aún de la raza, es decir, de la calma natural
á ciertas de éstas, pero todo se adquiere, y una instrucción bien
dirigida la dará á nuestros conscriptos.
Una prueba de que la disciplina del fuego está bien establecida
entre las tropas, es cuando é tas, como á menudo se ha visto
entre los ingleses, y últimamente también entre los botrs, pueden
dejar acercar al enemig-o hasta la distancia del fuego rasante, y
aun hasta distancia mef'or: 2001 100 metros, sin largar un tiro, á
pesar de la impaciencia nerviosa que le~ agita. La prueba contraria
es el tiroteo, ó la ltúría, propia de los malos soldados, más
peltgrosos para sus compañeros de armas que para sus enemigos.
Se subsana en parte la indi ·ciplina del tiro, la tirería, el tirar
mal, con la abzmdtmda del fuego; es as{ como el aprovúiottamú:nlo
de municiones y el reaprovi's/onamti:nlo en el campo de batalla,
han llegado á ser una grave preocupación para el comando. Los
Reglamentos argentinos le dedican especial atención.
El Capitán podrá leerles primero el Reglamento de Servicio en
Campaña en el capítulo xxtx, y después en el arma á que pertenece,
y t rminará diciendo:
El de orden en la tropa y el fuego de ésta e la derrota, si el
enemigo sabe aprovecharlo.
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- Variedades ===:::::::::::~
PEREGRINACION DE ALPHA
1
POR MANUEL ANCIZAR
(Continúa 1
Dejaré para mejor oportunidad el hablar de los establecimientos
públicos de educación y beneficencia con que se honra
Tunja. Pésame decirlo, porque no quisiera encontrar en mi país
sino motivos de elogio: tales establecimientos dan materia para
rigurosa y merecida censura : en la voluntad de los hombres ha
estado el hacerlos buenos ; pero han preferido ó han tolerado lo
contrario.
XXVI
Al occidente de Tunja, y dentro de un óvalo irregular formado
por dos largos ramales que se desprenden del alto páramo de
Gachaneque, se comprende un espacio de 35 leguas cuadradas de
país árido, sin bosques, cortado en toda su longitud por el río Sutamarchán,
y sembrado de cerros enteramente compuestos de
margas pardas y grises de esquistos arcillosos, que envuelven nódulos
calizos y de hierro carbonatado, constituyendo una masa de
tierras ingratas y unitarias regadas profusamente de amonitas. Al
pie de los cerros y en giros muy irregulares se e. ·tiende una plallicie
formada por los sedimentos de un lago que debió medir más
de 5 leguas en longitud con 2 de anchura máxima, y hubo de
desaguarse cerca del lugar en que hoy se benefician las minas de
cobre, impropiamente llamadas de Moniquirá, cayendo sobre el
Saravita, como lo testifican las riberas revolcadas del río Moniquirá.
"No obstante que sea idéntico el origen de las planicies
de Tunja y Leiva, la composición del suelo y la acción de las
aguas llovedizas los han diversificado totalmente. Las llanuras de
Tunja conservan por lo general la e JStra de tierra vege tal distribuida
en planos revestido de pastos jugoso;:. y apropiados para el
cultivo de los certales y legumbres que alimentan una población
numerosa y sustentan lucidos ganados; las de Leiva, compuestas
de margas poco re. istentes al lado de las lluvias y demasiado
permeables, aparecen áridas y empobrecidas con los acarreos de
los cerros vecinos, que han quedado limpios Je vegetación, formando
masas completamente estériles. En Tunja, salvo los alrededores
de la ciudad, todo es verdura y prados suavemente inclinados;
en Leiva, todo, excepto algunas hondonadas y pequeños
valles, presenta la aglomeración de tierras rojizas, cuya superficie
cubren guijarros en vez de plantas. La porción cultivable no es
suficiente para mantener los habitantes cada vez más numerosos,
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'- 253 _1
á quienes no queda otro recurso que la emigración á lugares menos
ingratos, como lo son la montaña de Ormas y cercanías del
páramo de Marchán, donde el país cambia de aspecto, se cubre
de bosques y ofrece una fertilidad que contrasta con la desnudez
de los demás cerros del cantón." •
Tal es el aspecto del cantón Leiva, colindante al S. con el de
Chocontá, al O. con los de Ubaté, Chiquinquirá y Vélez, y al N.
con el de Moniquirá, comarcas fértiles, frescas y copiosamente
regadas de aguas vivas, como si de propósito se las hubiese puesto
allí para contrastarlas con lo árido y raído del territorio leivano.
Sin embargo, antiguamente suministraba éste copiosas cosechas
de trigo, "hasta el año de 16go, dice Alcedo, que un eclipse
de sol esterilizó la tierra "; 9 racionalmente hablando, hasta que
los desmontes y quemas bárbaramente llevados, priyaron el suelo
de la tenue capa de abono que cubría los cerros, dejando descubierta
la masa esquista, que absorbe las lluvias, sin dejar en la
superficie la humedad necesaria para la vegetación de planta alguna.
Los restos de tierra cultivable han sido arrastrados á las
últimas depresiones de las llanuras lacustres, donde sustentan sementeras
de trigo, maíz, papas, arracachas, cebada, garbanzos,
habas, lenteja , anejas, fríjoles y anís, con los cuales frutos se sostiene
una población de 24,000 habitantes, quedando poca cosa
para el comercio, que en otro tiempo era considerable en el ramo
de harinas. Por tanto, Leiva es el cantón más pobre de la Provincia
de Tunja, como lo demuestra la población específica (656 habitantes
por legua cuadrada), menor que la de los otros, e. ·cepto
el desierto de Miraftores; pobreza de que podrían remediar e Jos
leivanos, si quisieran ser menos rutineros, consagrándose al cultivo
de los olivos y viñedos, que a11í prosperan casi espontáneamente,
y al cuidado y mejora de la cochinilla que cubren lus nopales silvestres,
hasta en las orillas de los caminos: con todo eso, persisten
en sembrar todavía trigo, no obstante que la exhausta tierra no
les devuelve ino pocas espigas al remate de los ralos y enfermizos
tallos de una planta que ya no encuentra jugos para nutrirse.
Francisco Jiménez Villalobos y Juan Otálora fundaron la
Villa de Nuestra Señora de Lei va, desde 12 de Junio hasta 1 5 de
Diciembre de 1572, y le impusieron aquel nombre en honor del
Dr. Andrés Díez Venero de Leiva, primer Presidente del Nuevo
Reino de Granada. El principal cuidado de los pobladores fue
edificar iglesias y establecer un convento de monjas carmelitas,
que aún subsiste, y en estos días le han anexado un nuevo templo,
dedicado á la Virgen de Chiquinquirá, con asomos de rivalizar al
principal en milagros, promesas y peregrinaciones lucrativas. La
villa se compone de un número razonable de casas de teja mal
construídas y peor amuebladas, en que se albergan cerca de 2,000
habitantes, y está situada en un llano de 1,982 metros sobre el
nivel del mar, con 20° grados centígrados de temperatura media,
• Geo~rafía física de la ProTincia de Tunja. (l111dila).
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'- 254 ...J
aires secos y en extremo sanos. Vívese allí en la quietud y recogimiento
peculiares de las poblaciones españolas y correspondientes
á la falta de comercio y quehaceres activos, en tales términos,
que ni aun las autoridades cantonales se hallaban en el
silencioso pueblo cuando llegámos, y habríamos ayunado todo el
día, á no ser por el Sr. Camilo de Rivadeneira, quien lleno de bondad
nos salió al encuentro .Y nos proporcionó en su casa cuanto
necesitábamos para las personas y para el desempeño de la comisión
que llevábamos. Cerca de LeiYa y sobre el camino de
Tunja nacen tres fuentes termales, una de ellas tibia y ferruginosa,
que brota al rededor de un pequeño promontorio de sedimento y
forma baños naturales no aprovechados todavía, sin embargo de
ser la Villa uno de los lu¡:-ares preferidos por las gentes acomodadas
de Tunja para ir á temperar durante la estación de los páramos,
y excelente punto de convalecencia para los enfermos de
las tierras fría~.
El cantón, no obstante su decadencia, sostiene un regular
comercio doméstico, cuyas contrataciones se hacen en los mercados
semanales. De Tunja y Tundama recibe ganado vacuno,
cebada, trigo, habas, arvejas, papas y tejidos abatanados, de lana,
dando en cambio garbanzos, lentejas, aceitunas muy mal preparadas,
pudiendo ser exquisitas por su tamaño y calidad, y algunos
géneros de tránsito traídos de otras provincias. Del Socorro y
Vélez recibe mantas y lienzos de algodón, ombreros de trenza,
panela, azúcar, alpargatas., algodón en rama y cigarros, dando
en cambio ganado, carnes saladas, bayetas de fri a, cueros, aceitunas
y mochilas de fique. Finalmente, de Bogotá recibe ganado
vacuno, sal y efecto extranj ros, dando en cambio aceitunas,
carnes ~aladas, cueros de res y de ovejas. El movimiento de valores
que determina este pequeño comercio no pasa de go,oco pesos
anuales, y mantiene en actividad alguno telares de ruanas, bayetas
y lienzos, y 10 herrerías que suministran instrumentos de
agricultura, frenos y clavazón, quemando carbón de piedra, sacado
de las buenas minas que asoman por todas partes n la superficie
del suelo, y son las únicas que se lahran con generalidad,
pues las hay también de cobre, plomo, hierro, azufre y nitro, y
aun se asegura que los cerros al occidente de la Villa guardan
criadero abundantes de plata; riquezas latentes de que nadie se
aprovecha, por falta de medios y de estímulos industriales.
La población se compone de blancos é indios, por mitad, robustos,
sencillos y trabajadores, particularmente los que moran
en los campos; gente de tan buena índole, que en el transcurso
de un año ( 1849) no hubo más de un reo de homicidio; 4 de heridas
y 27 de hurtos desmañados y miserables, en el conjunto de
2-4,000 habitantes, por cuya mejora intelectual y moral nada,
absolutamente nada, han hecho las Corporaciones ni el Gobierno
local. A los funcionarios civiles que pretendieran rechazar este
cargo justísimo, les centestaría desde luego con una observación,
que me releva de muchas otras, á saber: que en todo el cantón
no aprenden á leer sino 1 10 niños, en 5 malísimas escuelas. A los
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'- 255 _.)
curas, maestros presuntos dt. buenas costumbres, les contestaría
diciéndoles que de 712 nacimientos que hubo en el año citado,
4.o4-3 fueron legítimos y 269 ilegítimos, es decir, que pesa sobre su
conciencia sacerdotal El 36,5 por ¡ro de nacimientos ba tardos,
á los cuales los mismos curas, con señaladas excepciones, contribuyeron
y contribuyen e candalosarnente, viviendo de manera
que los desautoriza para reprender á su feligreses la licencia en
en el 'ivir; tal vez, en gran parte, imitada de los llamados Ministros
de la moral, que suelen introducir la corrupción á cara descubierta
en los pueblos pequeños, donde ante no se conocía, 6
por lo menos se disimulaba, por temor á la censura pública.
Tres leguas y media casi al NO. de la Villa de Leiva quedan
las minas de cobre, cuyo laboreo formal ha emprendido una
compañía de capitalistas granadino , fundando un e tablecimiento
digno de st.r visitado. Para ir á ellas hay que trasponer el Alto
de las Minas, bella montaña de 2,360 metros de cleYaci0n sobre
el mar, ricamente dotada de árbole , que se conte:mplan con
placer después de haber ·iajado por los cerros pelados del resto
del cantón. Poco antes de llegar á la cuesta se halla el naciente
pueblo Las Quebradas, que es una fracción del antiguo Gachantivá,
cuyos restos, con pocos vecinos y un Cura testarudo, permanecen
á orillas del río Cane, sobre lo bancos de arcilla improductiva.
Los d/s/denles de Las Quebrada han comenzado á edificar
sus casas de palma en las falda de la fértil serranía, dejándose
al párroco en su peladeros, de donde lo sacará ¡)ronto el irresistible
reclamo de los derechos d estola . . :.. ju zgar por lo que
vim en una espaciosa tienda, la ·migración dt:: Gachantivá comenzó
del. modo más premioso para Jos ciudadanos del lugar, es
decir, emigrando las muj res jóvenes, que, según se manif taba
en la siete gallardas moradoras de la tienda, son á prop ; sito
para no dejar en torno del Cura sino Jos viejos ya sin preten iones,
y los de venturados á quienes apri ione allí algún cargo parroquial;
por manera que la desaparición de Gachanti\'á puede con-iderarse
irrevocabl ,, como decretada por jueces bien obedt:cidos,
y in apelación.
Fuimos en derechura á la casa del Director de las minas,
Sr. Bernabé Villafrade, porque las noticias que teníamos de este
caballero, y amistosos en:icios que habíamos recibido de un
hermano suyo, en nuestra l'Xcursión por Cbaralá, nos hacían creer
que en aquella familia se hallaba vincula~a la más fina cortesanía;
y de ninguna manera nos equivocámos, pues el breve tiempo de
nuestra mansión en Las Minas, nos dejó en la memoria recuerdos
gratísimos por el amable trato de la. señoras, y nociones
completas de las minas, por la franqueza y buena voluntad
con que el Sr. Villafrade satisfizo nuestras preguntas y nos hizo
ver el interior de los socavones y las rasas y labores del establecimiento,
relatándonos su hí toria é in~truyéndonos in rcsrna en
el estado de la Empresa.
El descubrimiento de estas minas se debió á la casualidad,
pues se refiere que corrie-ndo unos cazadores detrás de un guar-
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Boletín Militar de Colombia
'-- 256 _)
da tina jo, allá por los años de 17 so, llegaron á la orilla izquierda
del río Moniquirá, y perdida la presa entre los peñascos amurallados
de la ribera, repararon que las rocas fronterizas sudaban
una sustancia verde, que llamaron "humo de esmeraldas," de la
cual recogieron cierta cantidad y la llevaron á Vélez, donde examinada
por prácticos, declararon ser muestras de criaderos de
cobres muy ricos. Juntáronse varios, denunciaron la mina, que
tomó nombre del inmediato río, y comenzaron á trabajarla, calcinando
la roca á fuerza de grandes hogueras, para facilitar el
trabajo de las barras, pues en aquellos tiempos en que, según la
tra':iición, gobernaba el Arzobispo Virrey Góngora (1782), valía
una libra de pólvora 4 pesos, y no podía pensarse en taladros.
Bajo ·este sistema bárbaro continuaron labrando la mina con
mucho provecho, hasta que la guerra de la Independencia vino á
paralizar la empresa, en términos que cuando los señores Montoya
& C.a de Bogotá, y Lorenzana & c.a de Antioquia, se unieron
para tomarla el año de 1842, se hallaban cegados los antiguos
socavones, y perdido el rastro de las vetas principales. Desde
luego contrajeron us esfuerzos á organizar las oficinas y á limpiar,
ensanchar y acodalar 6 ademar las galerías, dirigiéndolas hacia
los puntos que mejores señales de mineral daban, sin curarse por
entonces de atacar las vetas. Por tanto, los trabajos de esta mina
se hacen inevitablemente por el sistema de pozos y galerías al
través de las areniscas cuarzosas que marcan los límites de los
terrenos secundario inferior y de transición, y exigen la precaución
de ademarlas (acodalar/as), penetrando á veces más abajo del
lecho del do, que corre al pie del cerro, de donde se originan
filtraciones copiosas, y la necesidad de establecer varios aparatos
de desagüe.
~--
SOCIEDAD COLOlVIBIA rA DE INGENIEROS
En virtud de lo acordado por la Corporación, en sesión del
15 de los corrientes, y de acuerdo con lo que disponen los, Reglamentos,
se comunica á l0s socios que para tratar de la modificación
de los artículos g. 0 y 10 de los Estatutos y los concordantes
del Reglamento, se cita á los socios á la reunión que se verificará
el domingo 22 de Marzo próximo, á la una p. m., en la AGE.TCIA
DE INGENIERÍA, 698, Carrera 7 .a .
El Secretario, DioooRo SÁNCHEZ
Bogotá, Febrero 17 de 1903·
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Fuente:
Biblioteca Virtual Banco de la República
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