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Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 141

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 141

Por: | Fecha: 03/03/1900

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 258 BOLET1N MILITAR Tenientes Coroneles: Leonardo Munévar, Erniliano Leiva, Fran­cisco Rodríguez y Enrique Raymond; Sargentos Mayores: J crónimo Escobar, Nicolás Córdoba, Ignacio Rodríguez, Emiliano Castro, Librado Sandoval, Indalccio Saavedra A. y Carlos Tribín; Capitanes: Guillermo Hernández, Francisco de P. Cuervo, Teo­doro .Pineda, Abcl A. Giraldo, Francisco Malo S., Fidel Mendoza y Lisandro Castillo; Tenientrs: .1\larcelino Gómez, Antonio S. de la Parra, José María Rincó,l, Raf,tcl Perca, Román Rodríguez y Carlos N úfiez; y Subtenientes: Aristides Russi, M a. co Tu lío Tello, Emilio Prieto, Nepomuccno Ortega, Oliverio Ortega y Enrique Dávila. §. Serán daJos de bc~ja en el Cuadro de Jefes y Oficiales en dispo­nibilidad los que á él pertenezcan de los nombrados, y llámanse á los restantes al servicio activo. Art. 7.0 El Cuartel General se situará, por ahora, en Tunja, y se autoriza al Jefe C1vil y Militc1r de Buyacá para que, si fuere necesario, modifique la organización del Ejército al cual se refiere el presente Decreto. Comuníquese y publíqucse. Dado en Tena, á 20 de Febrero de I 900. MANUEL A. SANCLEMENTE Bogotá, Febrero 22 de 1900. El .:Ministro de Guerra, JOSÉ SANTOS República dt Colombia-Mi11hterio de Guerra-Seuión 1.•-Númer1 597-BogottÍ, 24 de Febrero de 1900 Sr. General Com:mdante en Jefe del Ejército. Pongo en. vuestro conocimiento 9-ue la au~or!zación con\erida .á esa Comandancia para hacer nombramientos se hmtta tan solo a desu­nar Ojicialn inferiorn del Depósito, para llenar las vacantes que ocurran en los Cuerpos del Ejército, dando cuenta oportuna á este Despacho para su aprobación. . Los nombramientos de Jefes, los ascensos, el llamamiento de nue-vos Oficiales al servicio ó al Cuadro de Oficiales, etc., requieren decre-to expreso del Poder Ejecutivo. . . . También os hago presente que la mov1hzactón de fuerzas no puede efectuarse sin orden de este Despacho. Soy vuestro atento servidor, ¡od SANTOS Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Se previene al Administrador de Rentas de Cali (y circuló á los demás), que inmediatamente reciba cuentas á los subalternos de su car­go y que forme las suyas; para que á su tiempo se rindan á l.í Tesorería general, 6 á Jos comisionados que ésta dipute. e le dice al Dr. Félix Vergara que, no obstante las razones que expone en su oficio 17 del corriente, se presente en este Gobierno como se le previno con fecha 1 S del mis1no, pues interesa al servicio de la República. Se oici6 á la Comisión de secuestros de Buga diciendo: que ha­biéndose presentado verbalmente la mulata Juana, esclava de la Sra. Matgarita Hoyos, en este Gobierno pidiendo que se le obligue á ésta ' que no la venda; y que como esta esclava y los demás bienes deben estar secuestrados por pertenecer al espat'iol D. Gabriel Prado, se le previno á dicha Juana ocurra á esa comisión por la providencia convenien~e respecto ! que la Sra. Hoyos no puede usar de los bienes embargados, ínterin no acredite, conforme al reglamento de la materia, el derecho que tenga á ellos. Al Capitán Custodio Gutiérrez se le ofici6 diciendo que hallAndoae en el rfo Palo una p1eza perteneciente á la imprenta, haga las indagacio­nes mú exactas y ofrezca gratificar á quien la saque 6 entregue. Que no descuide la vigilancia sobre los movimientos del enemigo y que hap otJ.ervar el mejor orden discipJina en la tropa y que vahéndose de hombres de confianza introduzca el espionaje en el campo enemigo. Y se le remite un tercio de sal para la subsistencia de la tropa. Se e ofici6 al Juez Mayor de Cali diciendo que el Alcalde de Vijea se presentó en este Gobierno acreditando que el toro que tom6 del Dr. V ergara, lo in virti6 en el sostenimiento de la tropa de la Rcpú­br ca 1 que no se le haga cargo alguno. Se re~ibieron del Sr. Coronel Cancino los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET.fN MILITAR • • • • • • • • • • • • • • SEXTo MOMENTO - El enemigo • • • • • • • • • • • • • • • repliega /enttzmente 111 ala derecha Sexto momento 1&1&1&181 l. S~PTIMO MOMENTo-E/ enemigo que había ade/ant11do, y reJiJte en JU nue'lJO frente formado por doJ tltnpa­iíím en tiradorn, apoyadas por otras dos e7J jilaJ cerradaJ. J)bposid6.D: cuarta compañía, avanza hacia el ala izquierda, gru­po ror grupo, y se establece á la altura de la primera; primera y cuarta compañím, mantiene cada una dos pelotones en tiradores para entretener seriamente al enemigo; tercera, se reúne cerca de la segun­da; y ambas se forman en columna de compañía. refuerza JUJ tiradortJ; parece pre- • • *0~ • *1&0• • • •®S • •0121• • • • para un ata1ue contra nlltJtro frente. 4 . a 1 . a DI po ld6n : primera y cuarta tompañíaJ: Jos sosten e~ apoyan la línea de tiradores; segunda} tercera tompañíaJ, avanzan hacia la iz-quierda para lanzarse de aHí con­tra el flanco derecho del adversa­rio, apenas pronuncie su movi­miento de ataque. Séptimo momento ÜCTAVO MOMENTo-E/ enemig,> inicia JU ataque Jobre nuntro frente. tJ.a 1 1 1 1 1 1 1 . t t ; 2 a : . ¡ i Octavo momentQ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 266 BOLETÍN MILIT A.R a) SISTEMA BANGE-DATOS NUMERICOS t.•-Dianen ione exteriores Longitud total de la boca de fuego . .•..•..•.•.•.•...•... Longitud del cubo (cañón) .................•....••••.. Longitud del refuerzo ó J'arte birolada .... .. ............ . Longitud total del vuelo (parte del tubo adelante de los mu-ñones). . . . • . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . ....•....•..• Longitud de la parte cilíndrica del vuelo (adelante de la bi-rola de calage) .. . . • • . ... .. .......•...••.••..••. Longitud de la parte tronco-cónica del vuelo ...••••••.•.• Longit~td de la platabanda de brocal ......•...•......••.. Longitud de la birold de culata ( in la saliente de las orejas). Longitud de cada una de las dos birolas intermedias . . .• . ••• Longitud de la birola muñonera .••...•.••..•..•.•...•.•. Longitud de la birola de calage . ... . . . . . . . ...•........ Longitud de la línea de mira (el ccn tro del ojillo de la alza está 5 mm2 atrás del eje del canal triangular de la caja de la alz ) . . . . . • . . . • . . . . . . • . . • . . . . • . . . . . • .. Diámetro del refuerzo .•.....•.•..••..••......••..••.• Diámetro exterior de la hirola de calage en su frente anterior DJámetro de la platabanda del brocal .....•...........••• D ., d 1 ( ba e mayor (á la altura de la cara an-tametro e a parte t · d 1 b' 1 d 1 ) 6 . d 1 J tenor e a 1ro a e ca age ....•• tronco-e mea e "'\ 1 d 1 · 1 , base menor ( 1 a altura e a ansta vue 0 • l_ posterior de la platabanda de brocal). Diámetro de la parte cilíndrica del vuelo .•......••.•••.•• Diámetro del tubo dentro del birolaje •.•.••..••••.••.•• Longitud de los muñones . ..... . .........•.......••.•• Separación del zócalo de los muñones .••.•.• . .•••....•.. Diámetro de los muñones . . • . • . • . .. .. • ............ . Diámetro de la cavidad cilíndrica de los mufiones ..••.••..• Profundidad de dicha cavidad · que termina en una semiesfera. Distancia del eje de muñones al corre po terior ...•........ Distancia del eje de m u ñon es al de la pieza.. • . • • . • . . . •. Distancia de la lfnea de mira } vertical. .•....••..••.•.... al eje del cafión horizontal .••••.••••....•• 2.•-Dimen•lones int.erlore• Longitu~l de la parte fileteada del tornillo de culata .......• Longitud de la fou arreglada para el juego del tornillo.. . •• Longitud del alojamiento del obturador ..••..•.........•. Longitud de la cámara de p6lvora .•.•......••..•••.•.•. Longitud del cono de paso de nivel . • • • . . ••••••••••••• • lA lía~ lfct mir• 111 fipctJ'HmQA\11 pl&r.lell al lfl:._ le 11 pi.¿a. Metro• 1.200 1.200 o.sso o.6;o o.oo6 o.626 o.o18 0.125 o. J 35 0 . 100 o.o6o o.soo 0.16~ 0.134 O.I lO o. 12 5 0.102 0.128 0.125 0.063 0.170 o.o68 0.022 0.043 0.4-40 0.000 0.075 0.070 0.070 O.OIO o.oz8 O.I 50 0.015 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 268 BOLETÍN MILIT A..R 6." -Vureii;l. de Jmontaña Peso de la cureña completa, con ruedas y frenos ..•..••• Peso de la cureña sin ruedas y frenos ....•••.....•.••• Peso de cada rueda (número S) .•...•....••.••••••••• Peso de 1 a 1 i manera . • • . . • • • . • • • • • .•••••....••..•• Peso de un fr('no de resorte ...••..•.••.•..•...•.••• Peso del basto de cureña con cojines .•..••....•....••. Altura del eje de los muñones sobre un suelo horizontal (pieza en batería).... • • . . • • • • ••..••.....•..•• Distancia del punto de apoyo de las ruedas al de la conte-ra (pieza en batcrfa) . . . • . . • • . . . . . . . • . ••••••• Distancia de la extremidad de la contera á la parte delan-tera de las ruedas. . . • . • • ••••...•..••••...••••• Diámetro de las ruedas .•••.••...•••.•.•.••.•...••• Vía (distancia entre las dos ruedas...... . • . •.••..•••• Distancia horizontal de los muñones al tornillo de puntería Longitud de la cure11a (de la muñonera al argollón de con-tera) ..•..•...•..••..••.•••....••••...... Anchura m<íxima de las gualderas .•••.•••.•••••.•..•. Separación media de las gualdcras .•••...•. - ••......•. \bajo el horizonte (pic:za en batería en L' . d l. < suelo horizontal) ..••.••...••..•••• Imite e tlro 1 sobre el horizonte (para el alcance má:xi-l mo de 4,osom8 ) • ••••••••••••••••• '1.•-Pro yeetlle ) peso de la granada. . . • • • • • . • •• G d d . · i carga interior de pólvora 6 carga 1. o rana a or tnana de ruptura .......•..•...•••. l peso total•(con espoleta) ••...••• ) peso de la granada ..••••..••••• 2.o Granada de balas.¿ peso de la carga .•.•••••.•.••• (Shrapncll) l peso total •...••••...•••.•••• l número de balas .•...•••.••••• ~ peso tota 1 •••••• ~· ••• , ..•••••.• 3. 0 Bote de metralla número de balas ....••••.•.••• peso de las balas ....•••...•••• e d 1 . ( d l .1 >{pólvora .••. arga e a pteza para to os os proyec t1 es saquete ..•• 8.•-Carga de mula Primera mula: de pieza.. . una estaca-palanca.. 2 kilos 17 5 kilo1. 1 12 kilo!. 26 kilot. 18 kilm. S 22ksoo 0-7S8 ¡.moso Im798 0.900 0-730 0.22 sk1oo 0.2f0 sk6oo Skioo 0.1 so S-970 93 s~csso ss oko44- okcf.oo 0.015 ~ la pieza ..••• - • • • • 10 S kilos un escobillón...... 2 kilos 109 (B) Pasan 109 _(B) 't• Enterrando la contera puerle aumentarse el ángulo y por ende el alcance. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 270 BOLETÍN MILITAR tración y organización para que su movimientos no resultaran paralizados en los momentos en que la principa l, si no la única esperanza de éxito, e taba en la rapidez con que -e ejecutara su audaz concepción de la camp ña. Lo!> primeros días lo empleó el . General en asegurar los servicios de retaguardia: error sería supo­ner que Napoleón se limitaba á a\·anzar, ~in inquietarse por la co­mida de las tropas; al contrario, esta fue su preocup ciún constan­te, aun cuando atendida de suerte que nunca perturbó ni la claridad de su ojeada militar, ui la marcha <> dirección dt: las operaciones militares. A este rt:specto siempre ubservl) l siguiente regla: "en la dirección de nu stros ejército debemos !>Cr guiados por el prin­cipio de que la guerra debe alimentar la guerra." Y empleó tan bien su tiempo, que á po o de posegionado del mando podía escribir á Parí : '' ~ ~ forrc1je e tá a e gurado para un me~, las etapas provi!>tas ;" y sin temor por e e lado, dio principio á la concentración del ejército sobre. u derecha, eg11nda parte Je su tarea antes de abrir operacione . Sobrt: c.-te punto dijo: "El pa o dd orden defensivo al ofensivo e u11 de la op e racione más Jeli­cadas en la guerra.'' El plan de apoleón er" us grande Ji neamien­tos era el mi ·mo que de arroll ra do año antes en c]á:;ic memo­ria: atacar el centro de los aliado:-, que una vez cparado~ á causa de la oposición de sus interese. , de btan retirarse t:n direccione di­vergentes; imponer en segu·da rápid,unente la paz á Jo piamonte­ses, y luégo rt:volvcr e Cúntra Jos au triactL, ya ai~l do . , y arrojarlos de Italia. Cuanto al punto más fdvor ble para romper el centro enemigo, reconoció era la depre i 5n que separa los Alpes de los Apeninos, ó sea el punto donde hay meno altura que trepar, y está marcado por el ca mi no de Savona- Ca di hona- Al tare-Carca re. Hasta aquí el común de los escritores militares, que olvidan un detalle capital en el asullto: que á la derecha de esa ruta se des­prende una crecida ma a montañosa que avanza hacia el Oriente, casi paralela, de lejos, á la cresta central de los Alpes, y divide allí el terreno en dos grandes cuenca. aled,tila , o upada cad una por uno de los aliado·, de suerte que epar do · é tos y guarnecidas esas breñas intermeJias por tropas francesas, era imposible á aquéllos reunirse de nuevo sin retroceder mucho terreno, lo que á la vez de-· jaba libres todas las vías de inva it)n de Francia hacia el Pi amonte, y expuestas ]as de retirada de los au triacos sobre el ·rirol. En conformi<."ad con lo dispuesto, las divi~iones se concen­traron, tropas suficientes aseguraron la retaguardia del ejército, y el Cuartd gentra1, por etapas, avanzó á lo largo ,le la co· ta. Em­pero, el adversario no permanecía inactivo: la pre. encia de desta­camentos france · es en Voltri de . pertó desconfianzas en el ánimo de Beaulieu (austriaco) por la seguridad de Génova, y algunos movi­mientos que ordfnócon tal motivo indicaron á Napoleón que había fracasado su tentativa de sorprender al enemigo en sus cu<~rteles de invierno. A la vez los piamonteses (Colii) estrechaban sus acantona- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE'l'ÍN IILITA.R 273 Los sorprendidos france. es, primero á la voz de Massena y luégo á la de N:.tpolec)n, qu'- ll·ga vol.llldo al camp , se rehacen y resis­ten; á las 2, reforz. do, vuelven á tomar la ofen~iva y arrollan al enemigo sobre Spigno, tras inl1igirlc pérdida.:; enormes. Antes de que pnncipiara e:,te combate, inf;,>nnado apnleón de que Beaulieu pretendía dirigir:,e obre D_go, había detenidn la marcha de Lahar­pe, y por e ·o puJo contar con lo:, refuerzo que re tablecieron la Ii -1, un instante comprometida. Por lo que hace <Í Serurrier ha lle­gado entre tanto frente á Ceva (valle del ·ranaro), y Auglereau se pune en comu11icación con él al arribar á l 1ontczzemoo persi­guiendo á lo:; piamonte es. Napoleón, que , caba de infligir una nueva derrota á los aus­triaco ·, queJa doblemente a egurado por este lado, en tanto que u izquierd , }' '1 en contacto con el enemigo, n cierto modP Jo fija sobre el terreno, á la ez que él mi m o, p, rticnd > de Dego, e apr st.t á envolverlo y aniquilc~rlo. A los u triaco ha causado una pérdi a de Jo,oo h more y le ha impuc to un d'!prc ión moral tan grande, que Beaulieu, convencid d la superioridad numérica de los franct: e , súl, pien a en reunir e 1 Acqui lo que le resta de su~ soldado para cubrir con ellos á L 1bardía. OChernuo o Dego0 0 Ce'lln lrlil!nimo o o .Acqui ~ o o 2 3 4 5 leguas ! ______ ! ______ ! ______ ! ______ ! ______ L_ (Co1ztinuará) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 274 BOLETÍN MILITAR SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continuación) b) Ejercicios de los ueleranos Durante los dos períodos que acabamos de describir, el prepa~ ratorio y el de l.:1 instrucción individual ó de los reclutas, se suben­tiende que ni los reclutas ni sus instructores hacen servicio alguno de plaza ni mecánicn de cuartel, etc. Todo d peso del servicio ordinario recae únicamente sobre los soldados veteranos * desde el mes de Septiembre hasta mediados de Febrero. Así pues, en la<> grandes ciudades suelen e tar de guardia cada tres ó cuatro días, sin perjuicio de los de,nás servicios de rodas especies que les incurr.ben. Resulta de esto que los capitanes de compañía rara vez pueden disponer de toda su gente, no pudiendo, aden ás, ocupar á los ve­teranos en otra coa que e11 ejercicio· de instrucción individual. Al capitán corresponde dirigir éstos de manera que preparen convenientemente su fuerza p.1ra las maniobra de primavera. U na gran parte del tiempo se con~agra al tiro al blanco, á la giuanasia y ,la enseñanza teórica. Además, reunidos los soldados en pequeños grupos, se les ejercita en la práctica del servicio de campaña, bajo la dirección de los oficiales á los cuaJe - está encomendada particu­larmente esta instrucción. Tt~mbién los sargentos que revelan in­teligencia y aptitud para el servicio de exploración, practican sobre el terreno con pequeña, fuerzas organizadas en patrullas, etc. En virtud de los mismos princtpios de independencia, que no autoriza á los jefes á intevenir más que en el caso de que el capitán de compañía emplPase procedimientos de in>trucl.·ión manifiesta­mente erróneos ó co11trarios á los reglamentos, éste es enteramente dueño de organizar como le parezca la instrucción de sus soldados veteranos, tanto desde el punto de vista de la JJaturaleza de los ejercicios, como del tiempo que debe emplearse en cada uno de ellos. La única obligación que se le impone es la de presentar su com pa­ñía en épocas determinadas á la inspección de sus superiores, cu­yas exigencias está entonces obligado á satisfacer. Al capitán com­pete buscar Jos medios apropiados para alcanzar el fin que le ha sido señalado y la mar~ha que debe seguir para dar á !:iUS soldados los diversos géneros de instrucción. Jamás prescripción alguna de sus superiores, incluso el jefe de su batall6n, se dará para indicar!,. • Cuyo número se encuentra pur entonces reducido al mínimo por consecuencia: J.o Del licenciamiento de los soldados que acaban 1lc pasar á la reserva; z..o Del envío á aua ho~ares de cierto número de ho:nbre:i, á Jin de su seguntlo año ele servicio, en virtud del Konig- Urtt,ub, de que ya hemos hablado anteriormente; 3·o y último, por cierto número de toldados anti6uos, que se agrc:gan á la instrucción de los reclutas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Gimnftstiea y esgrimll • trucción t 6rica gi ie o de un rrospecto á la cual Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. manejo del Jlrma, dar una estocada 6 corte, etc. Esta instrucci6n e aa siempre haciendo uso 'de las voces de mando reglamentarias empleada en el ejército. Excusado es decir que todo esto agrada en extremo á los muchacho , que entretienen sus días d,e vacacio­nes en jugar á los soldados. o debe extrañar, después de lo dicho, que los reclutas al llegar al egnniento se encuentren ya algo instruídos, como lo hemos he­cho no r al hablar del reclutamiento. Gracias á su educación, estos omllres son en cierto modo medio soldados. Saben marchar al paso, hacer gimnasia, están ya familiarizados con las exigencias de la vida militar, y el trabajo de su instructores se encuentra así facilitado. En cada regimiento la formación de in tructores de gimna-ia se confía á un oficial procedente del Instituto Central; pero por consecuencia de lo difundidos que e tan los conocimientos gim­násticos en el ejército, el oficial encargado de esta mi ión no tiene, la mayor parte de las veces, nada que ha er para llenarla, y úni­camente cuando llega al empleo de capitán puede sacar provecho de la enseñanza especial que ha recibido, supuesto que la instruc­ct6n .de la g~mnasia, como todas la dem , se dan bajo la direc­CIÓn r YÍJilancia del capitán de la compañía. El tenic;nte que está pec:aalmente encargado de ella tiene por mi ión velar que los rgentos instructore sigan rigurosamente la progresión orden da y expliquen correctamente á los soldado el objeto de cad mo i­micnto que se ejecute. Se exige que tod los oficiales y sargentos llenen tado de ejecutar por í mismos todos los movi-entos, pero ' veces se les agregan para dar la instrucción mo­ora especiales elegidos entre los soldados antiguos más ina­uídos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 280 BOLETÍN MILITAR En el invierno los soldados no se ponen la mochila más que para el servicio de guardia y para el tiro al blanco. En general no se empieza á usarla permanentemente hasta después de las manio­bras de primavera. Nluchos oficiales C>pinan que es ' preciso ah te­nerse de hacer poner á los soldados la mochila derna_iado pronto. De otro modo, dicen, se impide el desarrollo · natural Cic su fuerza y de su destreza. Es preciso al principio dejar al soldado libre de toda traba, equilibrarse por decirlo así, y adquirir en los movi­mientos del c.uerpo la soltura n<.!cesaria: agobiándole prematura­mente bajo el peso de una mochil<~, e le hará desmañado y poco diestro, sus m o vi rnientos vendrán á ser torpe:> y embarazados. La importancia de esta cuestión es tan generalmente recono­cida, que los jefe de regimiento e resen'an habitualmente fo mu­lar por sí mi~rnos las regla que deben eguir e á este respecto, y de ordinario no se u a la mochila más que á partir de cierta épo­ca del año, haciéndole variar prcwr ivamente el peso. Para lo­grarlo, y también para evitar el deterioro de los e~ ctos con fre­cuentt> S empaque~, no se ponen éstos en la mochila tná que en ca o de neC'e~idad, y por lo regular se les r en"'plaza, ya con ladri­llos, ya con C'ajas ó saquitos lleno de arena, á los que e da fá­cilmente el peso apetecido. (Continuará) Que la guerra sea un·a desgracia sin igual para la humanidad, es cosa que nadie lo niega, y por lo mismo se justifican todos los esíuerzos que hagan los hombre· de buena voluntad para alejarla lo más posible, ya que no ~e la puede arrojar de nuestro planeta; pero sostener que la guerra es impo ible por ca,.Jsa de los perfec­cionamientos d~l material con que se la hace, es error mayúsculo que puede conducir á de. astres como los que en la actualidad ~ufre el ejército inglés en el Sur de Africa. Muchos son los soñadores que en Europa han incurrido en tan singular desacierto, y au:J cuando ya lo habíamos combatido en este semanario, no podemo!' dejar de traducir Jo que sigue, in­serto en el número de 9 de Dicicm bre pa ado, de la Revue Scienti-jique, por la autoridad que tan connotada publicación viene á dar á nuestras palabras. La tesis de los verdaderos quimeri tas fue formulada a~í por Ja pluma de un sabio: al declarar quimera los soldado'> la posibilidad de extirpar la guerra, olvidan las grandes lt!cciones de la hi toria y desconocen un hecho in11Lgable, y e que, gracias á lo que ellos mis­mos han inventado r.n los últimos treinta añoJ, la guerra se ha con­vertido en un imposible, nz una quimera. Los argumentos en que esa misma pluma apoyó su tesis pue­den resumirse así: el ataque de una posición fortificada se ha he- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 282 BOLETíN MILITAR es un plano horizontal? Generalmente el objetivo estará más alto ó más bajo que la trinchera donde se halle el dt-fensor, por Jo cual, sin sangre fría y buena puntería en altura, su fuego será ineficaz. Y lo dicho no es todo: el defensor para apuntar tiene que descu­brir la cabeza y el pecho, y á su turno sufrirá bajas con~iderables. 'Hoy día la técnica ha realizado el sueño de que ei manejo de las armas de acción más terrible exige precisamente menos atención y sangre fría que en tiempo de los arcabuces.' "Error también: al contrario, entre más se perfecciona un útil, mis h.1bilidad se exige en el obrero que lo maneja, y manos más finas y delicadas. Por ejemplo, dos baterías con los cañones lisos de otra época podían luchar largo tiempo sin resultado deci­sivo, aun cuando la instrucción de ellas fuera desigual. Hoy, con los cañones de tiro rápido, la batería que por inhabilidad ó falta de instrucción pierda algunos minutos, á veces uno so!J, estará per­dida ó á lo menos inmovilizada. "Lo antedicho demuestra además la inanidad de esta otra afirmación. 'La soJa artillería podrá exterminar ócho veces más soldados que los que pueden alinear e en un campo de batalla'; porque esto no sucedería sino en el caso en que tales soldados se presentaran ante la artillería como los blancos de un campo de tiro, que ni tienen movimiento ni sólben utilizar el terreno; por­que esto no sucederá sino en el caso de que dicha artillería nad" tenga que temer de los cañones enemigos, y adef(lás ejecute su tiro con tanta calma y holgura corno en el polígono, y cuente con jefes perfecto:; que no cometan ningún error de observación ó apreciación. Quimera! podemos afirmar á nuestro turno. ¿Y esa artillería podrá contar siempre con municiones suficientes? Gra­vísimo problema es este, en el cual no piensa el que escribe los errores corregidos, y que sin embargo suscita, con razón, inquietu­des en el ánimo de los militares.* "Seguramente se nos objetará que si el defensor no puede obten<"r de sus armas todo lo que ellas pueden dar, menor rendi­miento conseguirá el ofensor que avanza al descubierto, sin contar con que el defensor puede acumular en sus posiciones toda clase de defensas ú obstáculos que detengan el avance del segundo á corta distancia de las trincheras y bajo un fuego horroroso; si el une sufre pérdidas, el otro las contará mayores, y la superioridad queda en definitiva en manos del defensor, á quien no se podrá desalojar de su posición, de donde imposibilidad de obtener una solución cualquiera por medio de la guerra. Pero á tal argumento replicamos con una sula palabra que olvidan los que se entrometen en el asunto sin ser militares: la maniobra. • La derrota de Jos ingleses en el Tugela en Diciembre pasado, dicen l~s rela-to!!, se debió en parte á habers~ agotado las municiones de artillería. l Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 285 de sorpresa su ataque decisivo. D .... hech0 impondrá al defensor el momento y el lugar de la respue ta, p()rque no le d~ja libert..td, ni tiempo de acudir allí con sus r.::serv.1s, y pu:te de su lado toJas las prvb..tb' liJades de ser el más fuat en el punto d:1d0 d_l campo de b.1talla. D.!l mismo m do q e Jo h.tcía N .1polec.>n, el a"altante mo­de- rno allí acumulará C..Janto;; caJ1one:; pu .... J 1 pMa dominar la ar­tillería enemiga, y de seguro entre ell >~ los h tbrá capaces de arrui­nar con proy~ctdes ex plo:,i vG~ las defensa y tri nch~ras del contra­rio par abrir paso á las masas de inCantena. "Entre más poderosos y perfectos seau los cañones, más serios serán us efecto.;, más se inclinará La balanz 1 dd Lldo del asaltante. El grande error '1 u e se comt:te al hacer la apologí.1 de la defensiva está en representarla siempre provi ta de t )tlO:i sus medio de ac­ción, olvtdando adrede que el ataque principia por arruinar esos medios con una poder >Sa concentración de fuego , y dispone á su placer del tiempo y el espacio para maniobrc.~r. D..:sconóce~e, por otr.t p· rte, lo fact ·>re · p-icol/)gi o:. que ejercen en la guerra inlJ uencia tan considerable como la de los fctctores materiale . "La defen a pre·ieme un peligro inm.inente, pero ignora dón­de y cuándo estallara la temp tad~ y u moral e resiente de se­mejante expectactiva. El soldado tendrá el sentimiento de que sus jefes, en ve"L. de dominar los acontecimientos, están dominados por ellos, y carece además dd derivativo qu .... procura l..t actividad y el movimiento. En fin, diferencia capital entre el defensor y el asal­tante: 'El defen or no obtiene la victoria sino á trueque de ser victoriosó eit to·ia la 'lír1ea, e'n 'taÍlto q'ue 'el ' asaltatúe ' tríunfa' con . sólo que obtenga la ventaja en un punto del campo de batalla.'­Yon der Goltz. "¿Quién osará al presente negar la exactitud de la siguiente afirmacion: no hay resistencia, no hay fortaleza que no se domi­ne por medio de las maniobras? "Las erradas ideas del escritor citado, sobre el valor intangi­ble de las posiciones forti licadas y la ~uperioridad de la defensiva sobre la ofensiva, no son nuevas. A cada perfeccionamiento de las armas han salido á luz idénticas opiniones: para no citar sino un ejemplo, recordemos el fusil Chassepot, adoptado en J 866, que hizo creer que siendo una arma de tiro tan rápido y tan eficaz, comparada con las anteriore, tenía que hacer imposible todo ata­que dirigido contra una tropa bien apostada. Entonces se trató de poner en práctica esa quimerd, se retrocedió al tiempo de las bellas posiciones y se adoptó como norma fatal la resolución de no librar sino batallas defensivas. Ya en la guerra franco-alemana pagamos suficientemente caro ese error, para que no nos pongamos en guardia contra teoría tan nefasta y perniciosa. "¿Quiere decir lo dicho que nunca convendrá adoptar la for­ma defensiva, siquiera sea momentáneamente? Tal no es nuestro sentir. La ofensiva loca, atropellada, sin plan, sin tiempos de de- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 286 BOLETÍN 1\ULITAR mora, sin organizac1on sumaria del terreno conquistado, conduciría al desastre: los rusos se dieron cuenta clara de ello tra" de las dos primeras batallas de Plevna, y el ardoroso Sk.obelev debió recordar á las admirables tropas que mandaba la necesidad de consolidar los éxitos parciales que pudieran alcanzarse. "U na tropa que protege una columna en marcha, una flanc­guardia, no debe buscar el combate y estará á la defensiva; otra que espera refu~rzos se guard,lrá de atacar antes de haberlos reci­bido. Pero estas situacwnes son excepcionales, y todo jefe, obligado por las circunstancias á defenderse, no dc:=be olvidar que su recurso supremo no está en el poder del fuego, sino en la disimulada pre­paraci? n de los medios de parada y respuesta á la agresión del ad­versano. "Muy bien que se trabaje por suprimir Ja guerra confiando á tribunales internacionales las diferencias que ocurran entre los pueblos; pero entre. tanto la guerra, lejos de ser una quimera es la última ratio, á pesar de lo perieccionamiento~ de la. arma , y ~iem­pre tendrá una solución . .F ·liz el ejército que tenga que combatir un adver ario imbuído de las erróneas ideas apuntada sobre el va­lor y la invulnerabibd.ld de las po~icioncs fortificadas y convencido de la superioridad de la def~n iva, porque ·uya será la victoria. Esperemos que no sea nutstro ejército el derrotado por tales errores-X." (Arreglado para el B11lelín Militar) (Continuación) La duración de la reacción parece ejercer poca influencia sobre la constitución del pyrnxylo, r pnr lo mismo se han preconizado desde algu­nos minutos hasta cuarenta y ocho horas: ambos términos son exagerados. El remojo debe durar lo suficiente para que todo el algodón se trans­forme, pero una vez concluída la nitrificación, no hay objeto en con­tinuarlo; al contrario, el ~e ido disucl ve siempre una cantidad apre­ciable de algodón pólvora. En tesis general, con algodones bien carda­dos y poco comprimidos en los vasos ó pilas de remojo, basta una hora de nirrificación, pero de ordinario se les deja doce para tener seguridad de que la operación resulta completa. Es de observarse que un exce­so de ácido sulfúrico en el baño sulfonírrico retarda la nirrificación; empleando diez partes de ácido sulfúrico y una de ácido nítrico Ja ope­ración dura ocho horas para obtener un producto nitrado que desprenda 170 centímetros cúbic JS de byóxido de ázoe por gramo. Durante el baño una rejilla de acero mantiene el algodón sumer­gido y le imJ:ide que flote en la superficie, en cuyo caso una parte po­dría sustraerse á la acción de los ácidos. 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Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 141

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 140

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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 26 BOLETÍN 1\IILITAR :Cl!lO?.Efl"JO NUMEP.O e :CE 1900 ( FEBRERO 1 1 ) por el cual ae crean loa pueatos de Alcaidea de las Cárceles de preaos políticos El Director general del Cuerpo de Policía Nacional DECRETA Art. 1.° Créanse los ruestos de Alcaides de las Cárceles de presos políticos de Santa Inés, La EnseJ1anza y Colegio del Rosario, empleados que serán de libre nombramiento y remoción de esta Dirección, con aprobación del Ministerio rle Guerra. Art. z.o Los Alcaides de las Cárceles de presos político., estarán á órdenes de esta Direcció.1 y serán los encarg:tdos de atender al público en todo lo relacionado con los presos, pudiendo solicicitar el apoyo de la respectiva guardia siempre que lo necesiten. Art. 3·u Para los efectos fiscales se asimilan á Comisarios Mayores de 3.• clase de la Policía Nacional á los empleados creados por el pre­sente Decreto; y su sueldo se les cubrirá por la Habilitación del Cuer­po, mediante la presentación de la respectiva nómina con el V iJto .Bue­no de esta Dirección. Art. 4.° Consúltese con el Sr. Ministro de Guerra, y si fuere aprobado, cúmplase. Dado en Bogotá, á 11 de Febrero de 1900. ARISTIDES FERNANDEZ El Secretario, Pablo .A. M artínez. Ministerio dt Guerra-Aprobado-El Ministro, JOSÉ SANTOS Bogotá, 20 de Enero de 1900 Sres. de la Junta Directiva del Montepío Militar Examinada por el suscrito la cuenta de la Tesorería del expresado Establecimiento, correspondiente al mes de Diciembre último, tengo el honor de informaros de su rcsul tado, así : MOVIMIENTO DE CAJA EN EL Ml!:S DE DICIEMBRE DB 1899 Débito Crédito E1i~tencia anterior ....... $ 6,200 57! A Inter~ses.................. 1,673 75 A Deudorea á mutuo...... 60 ... Suma ...... .. S 7,924 32! Por Pensionea . .......... .. 1 825 p, r Fincas rafees........... 414 Por Gasto. generales...... 606 Suma ... ...... S 1,7+5 .. . Resumen Suma el Débito .......... S 7,924 32i Suma el Crédito............ 1,746 ... Saldo en 31 de Dbre ..... t 6,179 32t ])ios os guarde. El General Inspector general del Ejército, M. D. MONTUFAR :..¡ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILI'l'AR 227 SECCION DOCtTBIN AL CAMPA.ftAS NAPOLEÓ .ICAS (Selección arreglada para el Boietín Militar) 1-ltulia: operucionc• contra Ueaulleu PosrciONES DEL EJÉRCITO FRANCÉS-3 5,ooo hombres distribuídos en una línea de J 8 leguas, entre montañas, sin recursos de ninguna espe­cie. E:agerada exten ión del frente; una ala en peligrosa posición y adosada á obstáculos casi infranqueables y al mar. Corrección, en parte, de la mala situación militar, mediante la construcción de algunos re­ductos. PostclONF.S o~L EJÉRCITO AUSTRO-SARDo-sz,ooo hombres en Hnea de 28 leguas de longitud. Exte nsión aún más exagerada del frente de operaciones; inercia para aprovechar la mala situación del adver ario. 10 DE ABRIL . .At,,qut combi11ado por los atutro-Jtlrdos. Combatt de Poi­tri- El jefe austriaco no alcanza,{ discernir cu,íl es el punto decisivo donde debe herir al adversario, y combina un ataque por completo iló­gico, en el que más de 20,000 hombres quedan inac ivos, y el centro­enlace con lo sardos-re ulta de guarneciclo. El error parece provino de que Beaulieu suponía en Bonapartc la idea de adueñar e de Génova á todo trance. Iniciado el ataque, la extrema derecha francesa que ocu­paba á Voltri (Cervoni) fue carg·tda por tierra r por mar, tuvo que retroceder, y aun ... e hubiera \Ísto copada si Beaulieu dirige algunas tro­pas por senderos de la monta1ia hacia la retaguardia 6 línea de retirada de Cervoni. · 11 DE ABRIL. CfJmbr1té dt · !111)1Jte...:Legilio__.:._ Tarde comprendió Beau­lieu cucÍl era el punto decisivo, ante el ruido del calión que repercuthn los ecos de la montafia: el centro estaba en peligro, por lo cual le envió refuerzos que llegaron tarde: en la guerra el tiempo tiene valor incal­culable. El centro austriaco, en tres column3~, había atacado en Mon­te- Legino los reductos de los franceses, y aun cuando tomó dos, fracasó en el asalto del tercero situado en la cumbre de la altura, por más que aún no estuviera con el uído. Las ccnsecuenc ias de ese rechazo fueron Inmensas. 12 DE AB~tiL. BATALLA DE M o 'TENorrE-Bonaparte desde Savona observaba las operacione5 del enemigo; de la intensidad del ataque so­bre su derecha dedujo cuál era la intención de Beaulieu y la situación del enemigo. Sin demora ataca de frente y de flanco parte de la dere­cha austriaca (centro austro-sardo), la aísla del resto y la derrota com­pletamente. 1 3 Y 14 DE ABRIL Batalla de ll1 il!esimo-El resto de la derecha austriaca intenta reunirse con los suyos, pero es detenido en su marcha y rechazado en las gargantas de Millesimo, y hace alto en las ruinas del castillo de Cosseria para pasar la noche, con la mira de reunirse al si­guiente día con los sardos, pero los franceses no le dan tiempo, lo ata. .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE~ÍN MILITÜ can, y aun cuando fortísima la posición-un monte cuyos flancos ha· rrían rocas despren:iidas de lo alto-fue rodeada, durmiendo los asal­tantes muy cerca de ]os sitiados, reducidos al castillo. Una de las co­lumnas francesas pudo, en efecto, reorganizarse, para tentar el asalto, en un pliegue del terreno que resultó ángulo muerto. El 14, viendo los austriacos que los sardos no pudieron libertarlos, capitularon. I 3 Y 14 DE ABRIL. Combate de Cencio-Los sardos, cortados de los austriacos que estaban en Dcgo, intentan dos veces (1 3 por la tarde y I 4 por la mañana) vol ver á restablecer su comunicación con ellos, pero su doble tentativa fue rechazada. 14 DE ABRIL. Primer combate de Dego-Los derrotados en Monte­notte se replegaron á la posición atrincherada de Dego, importantísima porque su posesión permitía maniobrar á austriacos y sardos para vol ver á reunirse: la constituían cuatro colinas con sendos reductos y al pie el río Bormida, que le servía de foso. Los franceses vencedores en el ci­tado Montenotte llegaron el 13 frente á Dego, fueron reforzados poco después y asaltaron la posición en cinco columnas, que atacan con vi­gor por el frente y un flanco, y pronto hacen suya ]a victoria. 14 DE ABRIL (por la noche). E1putáctdo ftÍctico de /o1 do1 ejértitoJ­Cuatro días después de abierta la campaña los franceses, concentrado5, dominaban las breñas del Apenino, y él hermoso ejército austro-sardo aparecía dividido en varios grupos que obraban sin concierto y sin tener conocimiento exacto de su mutua situación. 1 5 DE ABRIL. SoRPRESA DE DEco: doble combatt-U no de los grupos austriacos en marcha haciaDego supo la toma de este lugar en la noche del 14 al 15, pero salió de la falsa posición en que se encontraba, ca­yendo de repente, al amanecer del I 5, sobre el flanco de los franceses, á quienes sorprende y derrota. A los primeros disparos Bonaparte, que no estaba lejos, acude con tropas frescas y recobra la perdida posición. 16 DE ABRIL. Toma del campo att·incherado de e eva-Lograda la se­paración completa de sardos y austriacos con los anteriores combates, Bonaparte resuelve dar á los primeros un golpe decisivo: para esto deja una parte de sus fuerzas enfrente de los austriacos, con el resto cruza ... los Apeninos • y alcanza el rico valle del Po. Los sardos en el campo atrincherado de Ceva, bastante fuerte, sólo tenían 8,ooo hombres, y su jefe apenas resistiÓ allí el tiempo necesario para reunir sus demás hombres, pues en seguida, temeroso de quedar sitiado en Ceva, apro\·e­ch6 la noche para abandonarlo y retirarse apresuradamente sobre el Cursaglia. zo DE ABRIL. CoMBATE DI': SAN MI~UEL-Los sardos, después de evacuar á Ceva, se establecieron en Sari Miguel, excelente posición á cuyo frente rodaba el Cursaglia, torrente profundo; cubría el flanco iz­quierdo con otro torrente afluente del anterior, y el derecho lo apoyaba en el rÍQ Tanaro. Bonaparte no reconoció el terreno, olvido siempre cos­toso, por lo que varias de las columnas de ataque resultaron dc::tenicias por los fosos men:ionados; y aun cuando la izquierda logró pasar el Cursaglia, intacto el frente, los franceses fueron rechazados. • Fue en la cumbre de esta serranía donde pronunció las magníficas palabras que re4 fUman lo hecho; "Aníbal cruzó Loa Alpe•; nosotroa los hemos flanqueado," Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 230 BOLETÍN MILlTA.R recían de puentes, en el río no quedaba una barca y la opuesta riben~ la guardaban fuerzas numeros· s, Bonaparte tuvo que remontar el río. Re­conocimientos bien hechos informaron al G~!neral francés la ocupación de Lodi por una columna austriaca y la marcha acelerada de otra, que venía del Tcsino hacia el mismo lugtr. En el acto rec;olvió dirigirse sobre Lodi, en la esperanza de cop :u la última c o lnmna citada (Wu­kassowich), ó á lo menos impedir n cada uno de sus períodos en particular. • Clomo cons(cuencia de una larga práctica, e han llegado á formuar ciertas reglas, distribuyendo los ejercicios de un modo perfectamente apropiado á las exigencias de la guerra· y al carácter de la nación y á las costumbres del país. Jamás orden alguna par­ticular vendrá á modificar estas reglas sancionadas por la expe­riencia. Cada cual conoce su papel; trazado una vez por todas~ y lo desempeña sin vacilación. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 234 BOLETÍN MILITAR 4.0 Período de servicio de campaña, que dura hasta la primera mitad de Agosto. 5.o Período d e ejercicios de otaiíJ. Hasta el fin del mes de Agos­to. Estos ejercicios, que no deben confundirse con las maniobras de otoño, ó grandes maniobras, no son, durante do· ó tres semanas, sino la repetición de la . evoluciones de regimiento y de brigada correspondientes al tercer período. 6. 0 Período de grandes maniobras, que alcanza á la segunda mitad de Septiembre. Tales son, aproximadamente, las duraciones relativas, con po­cas variantes, de los diversos períodos de instrucción que vamos sucesivamente á examinar. Podrá extraílar quizás que no se indique período especial para lo:; ejercicios de tiro al blanco. Esto se explica sencillamente por­que tales ejercicios tienen lugar durante todo el año de una ma­nera continua. r .0 P eríodo preparatorio Después de la marcha de los reservistas y un descanso de algunos días, . e empieza á preparar todo lo necesario para la re­cepción é instrucción de los reclutas y para la del regimiento en general. E~tas operaciones preparatorias comprenden: I.0 Elección y preparación de im•tructores destinados para los reclutas. 2.0 Limpieza y arreglo de los uniformes de ejercicio. 3· 0 Asco y reparación de las habitaciones para los reclutas. Todo esto se ejecuta bajo la inmediata vigilancia del capitán, y el trabajo se dispone de manera que todo quede terminado el día del arribo de los nuevos soldados. Durante este tiempo, la gran pr~ocupación del capitán es la elección y preparación de los illstructores á quienes h~ de confiar sus reclutas, puesto que de ello depende casi exclusivamente el ' éxito de la instrucción, y como á causa de la corta duración del servicio activo es difícil tener un número suficiente de clases expt"rimentadas, su preparación absorbe completamente durante este período todos los cuidados y todas las fuerzas del capitán. Habitualmente se designan como instructores en cada com­pañía: I oficial, 3 ó 4 sargentos y de 6 á 9 gefreites. El capitán confía el cargo de instructor á aquel oficial que le parece más apto para su desempeño . .Este oficial dirige entonces la instrucción de los reclutas bajo la inmediata vigilancia del capitán, quien se esfuerza por dejarle la mayor latitud posibl , considerando que esa e una condición indispensable para el mejor éxito de la instrucción y el medio más adecuado para impedir que el oficial encargado desempeñe con dis­gusto esta comisión, tan penosa de suyo, fí~ica y moralmente con- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 235 siderada. A cambio de e ta libertad de acci cín que se le concede, el oficial instructor es enteramente responsable de lo. hom brts que se le han confi;,:do. Sobre ellos ejerce su vigilancia, cuidando de que no sean tratado: brutalmente por lo olJaJos antiguos. A los sar­gento~ y g;fi·eite que se ponen á . u. órdene da el ejemplo de la urbanidad y compostura que deb ... ob cn·ar ~ e con los reclutas, á la vez que estimula su celo para llenar ~ us deberes é impedir toda violencia ó grosería de su parte. Para ponerse en condiciones de desempeñar estz comisión, el oficial e. d obligM:Io á prepararse seriamente durante todo el ptrío­do prepar 1torio. Repa a en detall los reglamentos sobre el servicio interior y los diverso puntos <.le la in truccic)n individual, esfor­zándose por perfeccionar la partes débilc de su instrucción prác­tica. Para todo e to se vale de los con ejo de su capitán, en cuya experiencia puede ca i ie mpre confiar. El capitán, por su parte, ayuda eA todo á u oficial acon cjándole amigablemente, sin que por esto se encargue per onalmente de su instruc ión; el papel mi ~ mo que le incumbe de empeílar b tar para obligarle á estudiar á fondo todo lo que uece ita saber para llenar una mi ión tan im­portante como la in trucción de los recluta . Respecto á lo argento , el capitán procura elegir uno ó dos que hayan ra probad us aptitude como in tructores é igual número de otro del mismo empleo, no mu, modernos y que ma­nifiesten tener condicione para esta funcionec:. Obrando de esta suerte, e con igue á la vez dar á los reclu tas instructore experimentados y preparu otros para el año si­guiente. Esta regla no tiene nada · de absoluta, pero generalmente se aplica en la forma q11e .es .posible. Ya <.lijimo . , al hablar del reclutamiento, que los reclutas de cada compañía forman un pelotón e pecial, dividido generalmente en tres e cuadras, confiada» cada una á un sargento instructor, quien se aloja, siempre que se puede, en el mismo dormitorio que los reclutas de cuya instrucción está encargado. Cada sargento tiene á sus órdenes tres ó cuatro gefrcite que están, como él, di pensados de todo servicio · durante el período preparatorio y el de la instrucción individual. E tos gifrcite le ayudan en sus funciones de instructor, e tando particularmente encargado de en eílar á ]os reclutas las reglas del servicio interior. Como sucede con frecuencia que el pdotón se aloja en varios dor­mitorios diferentes, se de igna un gifreite para dormir en cada uno de ellos. Allí e para los nuevos soldados como un antiguo com­pañero, que al vivir en relación Íntima con ello., debe con su ejemplo inculcarles el espíritu militar y sentimientos de honor y disciplina. Así pues, se designa para c·ta funciones á aquellos hombres que adems o ficiales y sold, dos entre sí, aun cuando pertenezcan á un mi.:-mo regimiento, se hablan también de <'usted." ~1 "tú" no se emplea m~h que entre pariente ~ ó amigos particu­lares, y solamente en actos ~u e no sean del servicio. La duración del cur~o de instrucción e , como ya lo hemos dicho, de doce á e~ torce semanas, según b exten i6n c1ue le asigna el jefe de cada regimiento. V amo á examinar cómo se reglamen­ta y conduce en la inf(wtería alemana. Se trata en doce semanas de transformar un recluta en un sol­dado; esto es, enseñarle las reglas del combate en orden disperso, el manejo de las armas, el tiro, la gimnasia y todo lo que es nece.ario para que, transcurrido este tiempo, pueda ocupar su puesto en las filas de la compai1ía, tomar parte en los ejercicio,:) d.: conjunto y desempeñar todos los deberes del servicio milit.ar en tiempo de paz. Se comprende que para llegar á este resultado pare·¿can pequeños todos los esfuerzos del capitán, quien debe apelar á toda su expe­riencia para elaborar el plan de instruccióll y la progresión que debe seguirse. U na progre!:>ÍÓn rigurosa e , en efecto, ]J primera condición para obtener el éxito dentro de las circun titn ias en que él se en- . cuentia colocado. Esta verdad está admitida por todos, grandes y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 239 peqüeños, en el ejército prusiano, y la autoridad superior cuida enérgicamente de que durante el período de instrucción nada ven­ga á estorbar ó descomponer la sucesión regular de los ejercicios. Debemos mencionar también como la parte más caracterí tica de la instrucción militar, la atención extrema que se presta para fijar en la inteligencia del recluta toda cosa que se le enseñe. Ningún instructor r.lebe mandar nada, de cualquiera especie que seot, sin explicar al mismo tiempo el objeto y utilidad del movimiento que se va á ejecutar. Es cosa de una importancia particularísima en la instrucción de los reclutas, para los cuale sin estas explicaciones resultarían los movimientos completamente incomprensibles y has­ta llegarían á parecerles inútiles. Además, teniendo presente el ca­pitán que la práctica de ejercicios á los cuales no está habituado el nuevo soldado debe producirle fuertes molestias físicas y morales, y que prolongándolos mucho tiempo desde el primer día, se expone á agotar Ja¡ fuerza de sus hombres y á comprometer el éxito de la instrucción. Así pues, en todo el ejército alemán, hasta en los más pequeños detalles, se gradúa la instrucción de una manera extre­madamente metódica y discretamente progre iva. Señalemos aun el hecho de que jamás disposición alguna ha sido dictada por los superiores para reglamentar la in trucción de lo recluta . Todas las circulares ó reglamentos vigentes se con­cretan á indicar el fin que se debe alcanzar, e vi tan do cuidadosa­mente y por principio todo lo que pueda conducir á los detalles de la ejecución. Al jefe directo, es decir, al jefe principal d~l rc­g ' miento, incumbe decidir ha taqué grado debe conducirse la ins­trucción de los soldados en cada época del año. Por lo que respecta al procedimiento de la instrucción, división del tiempo que se de­dica á ella y progresión que debe seguirse, son cuestiones de la e ·cJusiva incumbencia del capitán. · Entera y ·plena libertad :.e le Cmpañía distribuídos en pequeños grupo5 que irLtruyen los sar­gentos y los gifreite. El teniente instructor va de un grupo á otro, siguiendo con atención todos los movimientos de los soldados y la manera como los sargentos dan la instrucción. Si nota una falta, jamás se dirige al soldado que la comete, sino al instruc­tor, á quien ordena la rectifique. Sólo en el caso de no ser com­prendido es cuando corrige por sí mismo lo hecho por el recluta. N o lejos de allí se pasea de un lado á otro el capitán, sin perderlos de vista, pero sin hablar más que á Sil teniente, á quien se conten­ta con llamar la atenci<'5n sobre este e) el otro punt . De cuándo en cuándo aparece igualmente el jefe del batallón y el del regimiento, y pa an echando una rápida ojeada sobre la instrucción, pero sin detenerse mu ho tiempo eu el mismo lugar, porque temen que permaneciendo demasiado réltO cerca de una compañía, se restrinja la independencia del capiüin y se quebrante la confianza que u oldados deben tener en él. El establecimiento de programas ernanales de que hemos ha­blado, no tiene nada de obligatorio, y algunos capitanes prefieren conducir la instrucción día por día, arreglándola ó reglamentándola como lo juzguen conveniente. Pero el fin que se per igue, como ya hemos dicho, y al cual tienden toJos los e fuerzos, es lograr una gradación de ejercicios razonable, para no fatigar desmcdiJa­mente á los nuevos soldados ni hacerle5 desagradable desde el pri­mer día de servicio su nuevo oficio. Así, por ejemplo, en la prime­ra semana habrá dos horas de ejercicio por la mañana y hora y media por la tarde; en la segunda y tercera, dos horas y media por la mañana y dos por la tarde, y en la cuarta, dos horas y media á mañana y tarde. Antes de cada sesión, los sargentos y ¡;ifreite deben revistar á los soldados y asegurarse de que todas sus prendas e encuentran en buen estado, lo cual harán con la debida anticipación, para que el ejercicio pueda comenzar á la hora prescrita por el teniente instructor. Los reclutas son objeto de una vigilancia constante, hasta el extremo de que durante la seis primeras semanas d~ su tiempo de servicio no pueden salir del cuartel sin ser acompañados de su gifreite. Es una medida que tiene su importancia, p•rticularmente Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 242 BOLETíN MILITAR del tiro, se facilita para lo futuro. Otros, por el contrario, dete­niéndose más en la gimnasia, no ponen el fusil en manos de los rtclutas hasta la cuarta y aun la sexta semana. En todo caso, los jefes de batallón y regimiento se abstie­nen rigurosamente ue intervenir, y dejan plena libertad á los ca pi~anes. Ocurre con frecuencia que viendo el coronel dos capita­nes de compañía que difieren por completo de parecer, é instruye cada uno sus soldados por el método que ha imaginado, declara alta !Dente que sigue con el mayor interés el experimento, y es­pera impaciente el día de la inspección de los reclutas, para que pueda probarse cuál de los dos sistemas da mejores resultados. No puede menos de reconocerse que obrar de e5ta suerte, es para un jefe de regimiento el medio más seguro para excitar á sus capitanes á hacer física y moralmente los mayores esfuerzos para llegar del modo más directo posible al fin que se hayan propuesto alcanzar. La instrucción de los reclutas viene á ser para los capi­tanes una verdadera lucha de emulación, que la au oridad supe­rior, y aun en ocasiones la literatura militar, siguen con el más vivo interés en su~ diversas fases. De cualquier modo que sea, se llega siempre en último término á tener soldados bien instruídos. Bien entendido que toda esta libertad no va más allá dd método y pro­gre ión que debe segu1r e para la en eñanza; pue• en cuanto á la naturaleza de ella, está determinada por los reglamentos militares, á los cuales todo el mundo se somete estrictamente. Escuela de tiradores Esta instrucción comienza desde la segunda semana, y se da cada día durante hora y media. En las seis primeras semanas, los sargentos ejercitan aisladamente sus grupos en los toques de cor­neta, que hace tocar el teniente instructor, colocado á retaguardia á cierta distancia. De la séptima á la décima semana esta instrucción no se da más que un día sí y otro no, y á partir de la undécima, el teniente forma todos los reclutas de su compañía en una columna, constituyendo cada grupo un solo pelotón formado en dos filas. Los tres pelotones se colocan uno detrás de otro, y se obtiene así una pequeña columna de compañía, que el teniente ejercita como si fuera una compañía entera. Lo::, soldados pueden darse cuenta por este medio de las diferencias que existen entre el orden disperso y el cerrado, así como de los movimientos y formaciones particula­res de este último. Es para ellos la mejor preparación para la es­cuela de compañía, á la que generalmente se pasa hacia hi trece ó catorcena semana después de su incorporación. Ejercicios de puntería Son objeto de una instrucción á la que se dedica media hora cada día. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. llOLETfN MILITAR Se empieza siempre por enseñar á visar los objetos apoyando el arma en un soporte y colocando al recluta frente á un blanco, á fin de ejercitarle en dirigir la línea de mira sobre tal ó cual punto que le indica el sargen_,to . .En seguida se le enseña á apuntar á bra­zo, Juégo rodilla en tierra y por último cuerpo á tierra • Como complemento de esta instrucción, lCJs gifrút~ enseñan á los nuevos soldados el mecanismo clel fusil, las prescripciones re­latí vas á su conservación, á armarlo, desarmarlo, etc. A partir de la quinta semana, los reclutas empiezan los ejer­cicios con fusiles provistos de cañones para el tiro reducido. En cua.Q!o al tiro real, es bastante difícil decir cuándo empieza para los reclutas; la época varía mucho de unas compañías á otras, según la manera de ver de cada capitán, de suerte que en el acto de la ins­pección de los reclutas, los de ciertas compañías no han disparado más que 10 cartuchos mientras que en otras han tirado hasta 40. Trataremos de este punto en el capítulo consagrado á la instruc­ción del tiro. Gimnasia Ba1jo este título se comprende: 1.0 Ejtrcicios preliminaru •, divididos en tres series de difi­cultad creciente y de las qu~ cada una comprende movimientos de cabeza, del cuerpo, brazos y piernas, así como el salto á pie firme ó avanzando, la carrera, etc. . Esta instrucción S'! da primero durante las sesiones de escue­la del soldado, en intermedios de 10 á I 5 minutos, con el objeto de romper la monotonía. Más tarde se le dedica~1 ~esiones . especiales. 2.0 Estos mi. mos ejercicio:s prelimilures se ejecutan también con el fusil, provistos p.ara e ~ tt caso los reclutas de fusiles especiales llamados armas de esgrima * y de un peso superior al del Máuser. El trabajo se hace así en condiciones más difíciles que la realidad, lo que no puede menos de ser ventajoso. 3·0 La esgrima de bayoneta, ó mejor dicho, los ejercicios pre­paratorios hechos sin armas. La esgrima con armas no forma parte del curso de instrucción. No obstante, el instructor se provee de un fusil á fin de hacer comprender á los reclutas el objeto de los movimientos que les manda. • Para la enseñanza de la puntería emplean unos pequeñes aparatos que fijan en lu piezas del alza del fusil y que permiten al instructor saber si el recluta apunta convenien­temente al blanco. • Estos ejercicios preliminares son lo que en Francia se llama assoupli.tumetJt., ejercicios prepar_atorios que, aplicados á b gimnasia, c .mstituyen los trabajos de gimnasia higiénica sin ap3ratos, ó lo que en España se llama gimnasia de 1al(1. Hay completa se­mejanza con los ejercicios gimnásticos que prescribe el reglamento, comprendidos bajo el titülo de Ejercicius prelimin'lres.-(N. del T.) • Generalmente son fusiles Yiejos fuera de aervicio1 ¡uarnecida la punta de h bayo• "eta c;on un botón. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2M BOLETÍN MILITAR Estas diversas instrucciones están minuciosamente reglamen­tadas en los programas q'Je fijan los capitanes, en los que cada uno de ellos se esfuerza por adoptar la progresión y el método que les parecen preferí bies. +·o Ejercicios gimnásticos en los aparatos.-Los principales son: barra transversal establecida á altura franqueable; caballo de made­ra; valla de cuerdas; cuerda vertical, y mástil y viga transversal. ~a duración de los ejercicios es de tres cuartos de hora por día próxi­mamente. Durante las cuatro primeras semanas todos los grupos son uniformemente instruídos por un sargento. Después ae dividen en dos partes, confiadas cada una á uno de ]os gefreite y comp es­tas: una de los hombres más ágiles y otra de los menos. Todos es­tos ejercicios tienen un carácter esencialmente práctico y los ins­tructores no hacen ejecutar uno solo sin explicar la aplicación que puede tener en campaíia, con el objeto de dar á los soldados el me­dio de utilizar sus conocimientos gimnásticos, salvando los obstá­culos que ae ·les puedan presentar en la guerra. Instrucción sobre la reparación de los enseres y conservación de las armas Esta instrucción se da á los hombres de cada grupo por un sastre designado ad lzoc en el taller del regimiento. Los soldados aprenden bajo su dirección á hacer por sí mismos, de una manera conveniente, las pequeñas reparaciones que sus ropas puedan ne­cesitar, tales como: poner un botón, recoser un roto, etc., vigilado todo por un gefreite que á la vez se encarga de enseñarles á cuidar y limpiar las armas. Instrucción de toques de corneta Tiene lugar comúnmente por la tarde. Un corneta colocado en medio del patio del cuartel ejecuta los distintos toques á interva­los dados, y los gefrei te hacen la explicación á los soldados reunidos á su alrededor en sus respectivos dormitorios. Con frecuencia se utiliza para este ejercicio eJ tiempo dedicado á la limpieza de las prendas y también para distraerles durante las horas que se dedican á la reparación de enseres ó limpieza de las armas, ejercitándose en cantarlos á coro. Instrucción teórica Comprende las obligaciones militares, el serviciO interior, el de campaña y la teoría del tiro. No hay respecto á este asunto pres­cripción oficial alguna; sólo sí un sinnúmero de manuales, entre los cuales el que generalmente se observa es el de Weisshun •. • Dienstunterricht des preussischen lnfanterie ¡emeinen, von Wcisahun. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 24:5 Esta instrucción la da siempre el teniente instructor por sí mismo, á razón de uno vez por semana, durante Jas cuatro prime­ras, dos veces en las cuatro siguientes y tres en las cuatro últi­mas; bien entendido que esta regla no es absoluta, pero por regla general el número de lecciones va siempre en aumento desde el comienzo hasta el fin de Ja instrucción. Al oficial encargado co­rresponde determinar la progresi6n que debe seguirse. Debe igual­mente enseñarles las principales leyes militares, * con preferencia las que les interesan más directamente. Por sí mismo redacta su programa, que somete á la aprobación del capitán de la compañía. La enseñanza se hace por medio de explicaciones orales en­tremezclando numerosas preguntas dirigidas de improviso á los soldados con el objeto de mantener siempre despierta su atención. La distribución del tiempo y de los ejercicios depende única­mente de los capitane~ y varía hasta el infinito. Como ejemplo de programas de instrucción, vamos á dar el siguiente, dictado para la primera semana de instrucción de loe; reclutas por uno de Jos capitanes más experimentados del ejército alemán, y á él agrega­remos el programa del empleo del tiempo para un día de la cuarta semana. Orden para la primera semana de instrucción de los reclutas La instrucción de los reclutas durante la próxima ~emana aerá regulada como igue: 1 ." Duración de la instrucción-Todos los días por la ma­ñana, de 8~ y á I J~, comprendido aquí el tiempo necesario para ir al ejercicio y un corto descanso de 20 minutos á eso de las 10. Por la tarde de 2 á 4· P.or la noche de 6 á 7. 2.0 Trait!-Gorro, ·sin equipo ni armas. Inspecciónese minu · ciosamente el uniforme antes de salir. El soldado veterano encar­gado de vigilar la limpieza de las prendas será respon able de toda irregularjdad. Lo hombres se acostumbrarán así al aseo, que es la primera virtud del soldado. 3.0 Ejercicios-Posición del soldado sin armas; marcha á dis­creción *; cambios de dirección; marcha de frente; alineamientos á vanguardia y retaguardia, etc. Los di versos movimientos indivi­duales deben enseñarse á cada hombre aisladamente y sin voces de mando. Estas no serían entendidas por el recluta que las desconoce aún. Es preciso primero colocarle correctamente é indicarle des­pués las voces de mando que corresponden á cada posición que se le hace aprender. Exíjase que el soldado al marchar lo haga con aire marcial, pero con naturalidad y sin rigidez. Los ge/rttte sobre t'0do • Lo que lo alemanes llaman: Los artículos de guerra, Kriegs .Artikel. De dese:use serÍ:t que nueJtros instructores se miraran en este espejo. • Este ejercicio no tiene otro objetó que hacer adquirir al recluta marcialidad y sol­tura cuantio marche aislado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 246 BOLETÍN MILITAR deben enseñar con el ejemplo: al principio que ejecuten pasos cor­tos, alargándolos después poco á poco bajando ligeramente la punta del pie. Es mejor al principio no hacer apoyar las manos en las caderas, lo que hace tomar al soldado una posición violenta y mo­lesta. No recurrir al paso de ejercicio (balancirschritt) más que con los m á:, torpes. 4.0 Rendir honores -Priméro saludando con la mano ; en marcha la cabeza levantada, haciendo frente por tiempos. No ense­ñar este último movimiento desde los primeros días, porque su ejecución ex1ge cierta preparación. 5.o Ejercicios pre/iminares.-Mantenerse derecho, las manos en las caderas, levantar y bajar las puntas de los pies. Flexión de rodillas, levantar los pies alternativamente. Todo esto como prepa­ración á la marcha acompasada. 1\1ovimientos de torsión. Exten­der los brazos hacia adelante, atrás y á los lados, marcando los tiempos en voz alta. Giros de cab~za. Préstese al principio la ma­yor atención á estos ejercicios, qu~ se ejecutarán siempre una hora antes y otra después de la comiLla. Desarrollan el cuerpo, dan flexi­bilidad y constituyen la m ejor preparación y el me io más seguro para ejecutar bien los ejercicios ulteriores. No se haga jamás un movimiento sin explicar para qué sirve y qué parte del cuerpo tiene por objeto de arrollar. D .... e te modo la lección se compren­de mejor y e· más instructiva. A 1 comenzar Jebe ser dada á cada hombre aislauarnen te. 6.0 /rzstrucción teórica-Indicaciones generales sobre Ja vida militar. Termí:1ese cada lección con la explicación de los toques de corneta. La paciencia debe ser la principal cualidad del instruc­tor. El o6.cial vigilará atentamente á los sargentos, cuyas ex­plicaciones y preguntas no suelen ser siempre m• y claras, como consecuencia de la poca confianza que tienen en sus propios cono­cimientos, cosa muy natural si se toma en cuenta la brevedad de su tiempo de servicio. Cuadro del empleo del tiempo en un día de la 4~ semana MANA NA A laa 6 ......... Se levantará la trop~. A las 7......... Desayuno. De 7i á 8t .... Instrucción teórica A las S t........ Salida para el ejercicio. De 9 á 9i .. . . . Ejercicio de puntería. De 9i á 11 i ·.. Maniobras. A lu u........ Comida. TARDE A la 1 i .. . . . . .. Salida para el ejercicio. De 2 á 3-l- ..... Maniobras. De 3t á 4•····· Gimnasia. De 4 á 4t ... ... Ejercicios de puntería. { Instr ucción sobre la con­De 5 t á 6 i . . servación de las armas y enseres. De 6~ á 7 .... Instrucción de toques. A las 7......... Cena. A. las 9... . ..... Se acuesta la tropa. ( Continuará) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 248 :BOLETÍN MILITAR pasa el algodón por una carda para que sus fibras queden netamente se­paradas; un aparato especial lo arregla de modo que no se apelmace durante el remojo, por cuanto los apelmazamientos harían desigual la temperatura del baño en que se humedecen dichas fibras. Antes de sumergir el algodón en el baño debe secársele completa­mente, porque la más ligera humedad eleva la temperatura de los ácidos y podría provocar inflamaciones, pues es sabido que toda combinación de los elementos del agua con un ácido concentrado dc~prende calor. Además, la presencia del agua di~minuye la concentración de los ácidos. El algodón así preparado se sumerge en una mezcla de ácido ní­trico blanco á 480 Beaurnc y de ácido sulfúrico á 66. Los vapores ni­trosos disueltos en el ácido nítrico dan á éste un tinte arnarilloso y aun rojizo: tales vapores disminuyen ]~ estabilidad del pyroxylo, pero con­tribuyen á aumentar su dosis de bióxydo de ázoe. La composición de la mezcla sulfonítrica y. la operación del re­mojo varían según los preparadores. El General austriaco Von Lenck empleaba una parte, en peso, de ácido azótico ( 1.48 á 1. 50 de densi­dad) y dos de ácido sulfúrico (á 66°). En Bouchet se usa un volumen del primero (á 48°) por dos del segundo (;¡ 66o). La mezcla más favo­rable, según A. Poteaux, á quien seguimos en este estudio, parece ser tres partes (en volumen) de ácido azótico á f8°, por siete (en vo­lumen) de ácido sulfúrico á 66o. El ácido sulfúrico no interviene en la operación: su uso no tiene otro objeto que el de absorber el agua á medida que la pone en liber­tad la reacción y conservar así la necesaria concentración del ácido ní­trico. Cuanto al remojo, se han ensayado todos los géneros posibles, á fin de utilizar varias veces el mismo baño y así realizar una cierta eco­nomía: hase notado que los ba1íos agotados por el servicio pueden uti­lizarse otra vez, añadiendo en proporciones convenientes ácidos nue­vos; pero este sistema tiene el grave defecto de no dar productos siem­pre iguales. En la actualidad se sumerge poco á poco una parte de al­godón en diez de mezcla sulfonítrica: es preciso no introducir en el bafio de una vez grand~s cantidacles de algodón, para evitar el peligro de las inflamaciones. La o peración se verifica en potes de asperón, en los cuales no se nitrifican de un golpe sino 5 kilogramos de algodón. (Continúa) --···-- INFI/C'ENOI.A. DEL NÚMERO EN LA GUERRA (Extracto de Pri11cipes generaux des plans de Campag11e) (Continuación) Un ejemplo acabará de completar el asunto. ¿Cómo deter­minar, supongamos, la conducta de un ejército encargado de cubrir un sitio cuando llega otro de socorro ? ¿Saldrá al encuentro de éste? ¿Lo espera en las líneas del sitio y cerca de la plaza? El prb- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN M1L1TAR 249 blema así planteado queda indeterminado porque es susceptible de diversas soluciones; pero para resolverlo en cada ca o particular nc hay que atender sino á la fuerza respectiva de los dos ejércitos. ~'Un ejército que quiere sitiar una plaza enfrente de un ejér­cito enemigo, debe ser bastante fuerte para poder contener la tropa dr. socorro y al mismo tiempo formalizar el asedio. Los ingenieros militares piden que el sitiador sea siete veces más numeroso que el sitiado; si el ejército de socorro cuenta 8o,ooo y la guarnición 1 o,ooo, será preciso tener (8o,ooo+(7 X 1o,ooo)= 1 so,ooo hombres para sitiar la plaza. Reduciendo la fuerza encargada del sitio al mínimum, es decir, á cuatro veces la guarnición, serán necesarios (8o,ooo+(4>. 1o,ooo)= 12o,ooo hombres; si no se contara sino con 9o,ooo, el ejército de observación no po­dría ser sino de so,ooo hombres: 90-(4 X 10,000)= 50,000; no tendría entonces independencia, y preciso le sería estar en situa­ción de ser socorrido en pocas horas por Jos sitiadores; si sólo se dispusiera de 8o,ooo (es decir, que todo nuestro ejército apenas es i~ual al de socorro), no quedarían sino 4o,ooo para el cuerpo de observación. Preciso sería entonces que el todo se mantuviera en las línea; del asedio, pues correría peligro al alejarse de ellos."­Napol tn, Comentarios sobre las campañas de ·rurena. De lo dicho resulta claramente que los cálculos de los grandes capitanes no tienen otra base fundamental sino las fuerzas en prt:­sencia, y ante. t~d asuntos políticos, marchad como si no existieran, pues si me veo en el caso de tener que dar un golpe, mis medidas están tan bien tomadas y con tanta seguridad, que Europa no sabrá mi partida de París sino por la ruina de mis enemigos." En 1807, el 13 de Marzo: "1vli intención es marchar sobre el enemigo dentro de unos quince días; por medio de marchás cstudiad:1s puedo reunir 140,000 hombres y exterminarlo." Y esa confianza en el éxito, cuando se tiene Ja superioridad numérica, no es el todo: si la superioridad es grande, el ejército no sólo e ·tá seguro de la victoria en una batalla campal, sino que im­pávidamente puede exponer su espalda adelantándose ai enemigo en la línea de ret irada d e é te, el cu a l, lejos de poder aprovechar la en apariencia buena oportunidad, se verá obligado á correr á colo­car e d~ nuevo, lo más pronto posible, sobre !'U línea de retirada en . peligro. Por ejemplo, comentando apoleón los sucesos de la campa­ña de .fvloreau en Alemania en 18oo, escribió: "¿Qué debía hacer el General francés para sacar al Mariscal Kray de su campo· atrin­cherado ? U na sola cosa: tener voluntad, seguir un plan, por cuanto le pertenui'a la iniciativa; estaba vencedor y tenía un ejército más num eroso y de mejor calidad ..... El ejército austriaco podía abrigar la pretewión de combatir y derrotar las divisiones francesas aisla­das; pero no podía luchar con el ejército de Moreau reunido."­Napoleón, Mem6rias. ¿Habrá algo más :,en cilio? Un ejército es amenazado por su espalda por otro inferior en número: vuelve caras, lo ataca, lo de­rrota y le copa toda retirada á causa de ]a posición misma que el ene­migo tomó para ejecutar su amenaza. Admira en verdad esta senci­llez de lenguaje y la tranquilidad de alma y la confianza absoluta que suponen en el general cuyo ejército es superior en número al enemigo, por cuanto reduce á nada los temores quiméricos de los soúst.l . Y no .se diga que en l~s ejemplos anteriores sólo puede verse la confianza del Emperador en su genio, en el cual hallaba recursos tan inagotables, que nada le inspiraba temor, y así nada podría te­mer quien estuviera en su lugar. Sin duda esa confianza llenaba su alma, pero no hasta el punto de que por puro capricho se expu- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 252 BOLETíN MILITAR sidente Madrid salió de Chía precipitadamente con dirección á Popayán, y Serviez se situó en Usaquén, á una legua de Santafé. Las avanzadas del ejército aprehendieron un correo que el Presi­dente Madrid enviaba con pliegos á Morillo, en qu~ manifestaba su decisión á capitular y devolver al dominio del Rey los pueblos que aún no lo estaban, y su pesar de que la oposición del ejército de Serviez le hu bie e impedido llevar á efecto sus intenciones y los deseos del Congreso federal, que había facultado al Presidente para esta negociación * . .Felizmente para todos los que estábamos des­tinados por Morillo al cadalso, y me atrevo á decir que también para la Nueva Granada, todos los jefes y oficiales nos impusimos de estas comunicaciones, y las ~abíamos de momoria cuando llegó una orden del Presidente .~.\1adrid desde Funza, dirigida á mí, pre­viniéndome que diera pasaporte á Serviez y á todos los oficiales que quisieran acompañarlo, y que me retirase con las tropas hacia Popayán. ¿~ién, que hubiera conservado un poco de pudor, ha­bría cumplido una orden que llevaba envuelto el sacrificio seguro de ser entregado á los españoles por una negociación? ¿Y con qué tropas se había de hacer la retirada, cuando en el ejército se había creado la opinión de que sólo en los Llanos podía encontrarse salud para la patria, puesto que en Veuezuela habían quedado Ce­deño, Zaraza, Monaga , Rojas, haciendo frente á los españoles, y que bs Llanos ofrecían abundantes medios de prolongar la guerra sin nece. idad de fusile , de pólvora ni plomo, lo que no sucedía en la parte montañosa del Sur? Hoy, que han pa ado veintiún a-os desde dicho acontec-imiento, me felicito de haber encontrado gra­vísimos inconvenientes para cumplir la orden de Madrid, y sal a­do unos resto que después ayudaron á la libertad de la Nueva Granada en 1 8 I 9· Yo manife té á Serviez la enunciada orden, y le pedí que n junta general de jefes y oficiales se decidiese sobre su cumplimien­to, porque st había quienes me siguieran, no la cumpliría; Serviez reunió la junta, hizo leer la orden y los oficios de Madrid á Mo­ri1lo, y esto fue bastante para que ni uno solo opinase por retira:-se al Sur, abandonando la ruta de Casanare. El ejército pasó por Santafé en retirada el 3 de Mayo, y el del• enemigo comenzó á entrar á la ciudad el 6; .tan inme~liatos así es­taban uno de otro. Adelante de Cáqueza (8 á 10 leguas de Bogo­tá) fue alcanzado el nuéstro (ya reducido á sólo 8oo infantes y 1~0 dragones, porque toda la demás caballería se había desertado) por do compañías enemigas, á las cuales hicieron frente sólo los d·a­gones; éstos las habrían derrotado si no hubiera sido muerto su Comandante Espinosa y herido el Mayor Ugarte, que aún v ve • El Dr. Macldcl, después de su regreso á Colombia en 1824, no negó este he­cho, sobre el cua.l expuso las razones que lo habían inducitlo á ejecutarlo. Exi1teu el Gencr.al Mantilla, el General Parí~, el Sr. Burgos, el Coronel Neira, los Oficiales Eu taquto Arce y C:ulos Ortega, que deben recordar estos ucesos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. - dicha Junta. No me acuerdo hoy de todos los que la compusimoos; apenas tengo presente al Coronel José María Carreña, hoy Genne­ral, y al Comandante Ranjel. Discutido el negocio, se acorrdó nombrar un Presidente que, con un Secretario general, ejerciese.! la autoridad superior, y un Jefe para el ejército reunido. La Presideen­cia recayó en el honrado granadino .Ferpando Serrano, que habbía dado muchas prueba , de actividad y patriotismo, siendo Gober a­dar de Pamplona, y la Secretaría en el ilustrado y buen patrioota Francisco Javier Y áñez, hoy existente en Casan are. Parecía nattu­ral que el nombramiento del Jefe del ejército hubiera recaído em el General Rafael U rdaneta, como de superior graduación 1 experrto en la guerra de Venezuela, ó en otro General, antes que en nní; pero los jefes de la caballería tenían anteriores resenti míen tos ccon Urdaneta; Serviez ra extranjero; yo vi con sorpresa que, hec ho el escrutinio de los votos, resulté nombrado. Inútiles fueron toalas mis súplicas para inhibirme: los militares de la Junta se mostrarron inexorables. Demasiado preveía yo que todo lo que SP. estaba haciendo se desbarataría el día que lo quisiese alguno de aquellos Jefes, que wor la analogía de costumbres debía tener influencia sobre los llaherros; ya para entonces se me había tachado de enemigo de los venezol1a­nos con motivo dé las diferencias suscitadas en Cúcuta entr'e .mo­lívar y Castillo. El re ultado correspondió á mis recelos: á los dios meses de mi nuevo mando, los emigrados de Venezuela hicierron revivir los celos entre granadinos y venezolanos, que tanto se lha­bían fomentado cuando Bolívar bloqueó á Cartagena en 1815. Se quiso deponerme del mando haciendo rebelar á tres escuadrones, y yo lo impedí presentándome con mi espada en la Junta de Olic.ia­les, que estaban disponiendo el modo de verificarlo, y después frren­te á dichos escuadrones. Este pasaje deben recordarlo el Gen~ral Páez y el Coronel Fernando Figueredo, que son los que viven de de los que se hallaron en aquella Junta. El General .Flórez Y' el General Urdaneta lo saben también. Reprimida esta tentativa, yo no debía continuar mandando unos hombres propensos á la relbe- ~ lión, y en un país donde se creía deshonroso que un granadüno mandase á venezolanos. No otra podía ser la causa de esta crecen­da, porque hasta entonces no había ocurrido el menor comb1ate contra el enemigo para que me creyesen incapaz de dirigir wna operación militar, ó de llenar mi deber. Renuncié el mando amte el Presidente Serrano, me fue aceptada la renuncia, y nombró al Comandante José Antonio Páez, distinguido siempre por un valor personal poco común. Colocado Pácz al frente de sus tropas, de­cretó la cesación de la autoriciad civil creada en Arauca, y declaró que él reunía todo el poder que podía necesitarse en él país: orga­nizó el ejército en brigadas de caballtría, confiando la primera a) General Urdaneta, la s~gunda á mí y la de reserva á Serviez, re­serva respetable, que contaba entre sus soldados á los hombres ilus- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETiN MILITAR 255 tres de Venezuela y Nueva Granada, que habían seguido al ejér­cito huyendo de la cuchilla española. (Continúa) F. DE P. SANTANDER ------~·~------ V .ARIEDADES , El.. OEOOO .A. MEDIADOS DEL eiGI.O POR SANTIAGO PÉHEZ (Continuación) En él Chocó no hay grandes propiedades de territorio; en el Chocó cada cual puede poseer ó posee la extensión de tierra que alcanza á cultivar : y, sin embargo, lo repetimos, en el Chocó no hay, ni habrá quién sabe hasta cuándo, independencia en los ha­bitantes. Pero se nos dirá que el ejemplo del Chocó no tiene mérito demostrativo, porque los negros que lo habitan on semibárbaros. A lo cual conte taremos, asegurando que no ~ólo son semibárba­ros, sino bárbaros por entero ; pero entonce., siendo bárbaros, y siendo ó pudiendo ser, cuando lo quieran, propietarios, y no siendo, sin embargo, independientes, lo que les falta es civilización}' no prq­piedad territorial ; y que, por lo tanto, no es é ta sino aquélla la que forma al ciudadano. Mas puede decírsenos: de nada vale en el Chocó el poseer tierra, porque el estado en que s~ encuentra de exigir anticipacio­nes para d~smontarla . y hacerla salubre y cultibable, por una parte, y la falta de población y de facilidades comerciales, por otra, no permiten que tierras que se hallan en tales circunstancias, tengan verdaderamente valor, mientra; esa· circum>tancias no varíen. A lo cual contestaremos : cabal ! Luego la tierra por sí sola carece de valor, hasta que con anticipaciones para poblarla y ha­cerla cultivable y transitable, se convierte su intrínseca utilidad pasiva en valor activo ; además, y principaurtente: luego si la pro­piedad de tierras que aún no tienen valor, no da, como es claro, riqueza, y es por tso que no da tampoco independencia, como su­cede en el Chocó, éntonces, concediendo por ahora que la riqueza en cierto grado dé por sí soJa independencia, cuando la propiedad de tierra la dé, no lo hará porgue sea propiedad de tierra, sino por ser verdadera propiedad, ó propiedad de valor. Es decir que, en la misma hipótesis, no es la tierra como tierra, sino la tierra como valor, lo que se quiere, poniendo límite á su apropiación, colocar al alcance de todos, para asegurar, según dicen, á todos su inde­pendencia facilitándoles la propiedad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. De aquí nace, pues, que aun en el caso de tener raz6n JoJ partidarios de la limitación de la propiedad territoriaJ, en el fondo no tienen lógica en su doctrina; pues para ser cónaccucntcs de­bían sostener la justicia de limitar toda propiedad de tJaiDr, ya con­sistiera éste en tierras, ya en metálico, ya en fábricas, ya en cono­cimientos, etc. Confesemos de paso que nosotros ho atinamos con la exten­sión de tierra, que se permite poseer, cuando sólo se permite pgseer la que uno a/ca'lct á cultivar. Si es la que alcance á cultivar con sus propios brazos, unos podrán eer más, otros menos, y algu­nos ntda podrán poseer, porqué! nada podrin cu1tivtr. Y si es la que uno alcance á cultivar con su capital, a~más de suceder otro tanto por la desigualdad de los capitales, ¡se sostiene por alguien la necesidad de leyes que impidan al ciudadano hacer -el mal nego­cio de arruinar e con la compra de tierras que no alcance á bene­ficiar, para pagarse de sus anticipaciones y del valor invertido? Por cierto que prosperaría mucho el Chocó, y lo mismo cual­quiera otra provincia que se encuentre en las mismas circunst - cias, no permitiendo á lo dueños de capitales suficientes para em­prender las industrias que requieren grandes exten iones de "erra el adquirirlas, sino fraccionando el territorio baldío en pequ - at divisiones, y danCio á cada prfl/llarifJ la suya, para que dejara de serlo, aun cuando no poseyera los medios indispcn ables para. uti­lizar su propiedad, en )a cual seguramente se encerraría á per~r de necesidad, por no descender otra vez á la condici6n de JOf_ •­lero, sacrificando su independenaa, asegurada ya pw su fiud• ;,4- Ji,nab/e ••• •••••• H'ce~ la navegación por los ríos del Chocó t'n canoas de ayor ó menor capacidad, la cantidad de sus aguas 1 la n .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 140

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 139

Por: | Fecha: 17/02/1900

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. l94: BOLETlN MILI'l'.A.B Art. 3.0 El Ministro de Guerra solicitará del pr6ximo Congreso vote en favor de las familias de los muertos la recompensa á que tienen derecho, y dispone mientras tanto que les sea pagado el sueldo que en vida correspondía á los Jefes cuya memoria se honra. Art. 4.° Copia auténtica de este Decreto será en viada por el Mi­nisterio de Guerra á los deudos de los Sres. Generales Lucas Gallo y Daniel Olarcieregui, del Coronel Joaquín Escall6n y del Teniente Co­ronel Gratiniano Morales. Dado en Bogotá, á 1 1 de Febrero de 1900. Por delegaci6n del Excmo. Sr. Presidente de la República, El Ministro de Guerra, JOSÉ SANTOS SECCION DOCTRINAL (ARREGLADO DEL FRANCES) Las informaciones geográficas, hist6ricas, políticas y estadísticas, en tesis general, son del dominio de la e trategia ; la táctica rige el es­tudio detallado del terreno en que se obra cada día, cuya labor no pue­de suspenderse ni un momento. Así pues, dicho estudio, que cvmpren­de en primer término el conocimiento del suelo, abarca la topografía, la geología, la climatología, investiga luégo los recursos de toda especie que encierra, y por último lo analiza como teatro donde se habrán de mover los ejércitos. El previo conocimiento del terreno se adquiere por las cartas geo­gráficas y los libros sobre la materia. Las cartas sirven de base á las com­binaciones de los que dirigen las opera\.:iones, porque facilitan la elec­ci6n de las líneas de marcha y permiten calcular relaciones, distancias, frentes, superficies, etc.; sirven, además, para establecer sobre base racio­nal los proyectos y planes, .escoger las líneas de operaciones, preparar lot lineamientos principales de una combina·ción 6 de un movimiento. Lejos estamos de la época en que las operaciones eran lentas y se tenía por lo tanto tiempo para recoger datos y estudiar la comarca don­de se guerreaba; al presente es preciso obrar con rapidez, decidirse en algunas horas y lanzarse resueltamente sobre el enemigo. Las cartas geográficas son este caso la base esencial de toda operación, y á menu­do la única luz para las determinaciones que habrá de tomar el soldado. ­Lejos estamosi gualmente de los ejércitos diminutos que el Comandante en Jefe miraba íntegros desde un lugar elevado. El teatro de la batalla ha crecido desmesuradamente por el aumento de las fuerzas en presen­cia y del alcance de las armas, y como además es preciso tener idea exacta del terreno circunvecino, se llega á extensiones que la vista no puede abarcar totalmente, ni hay actividad que alcance á recorrerlas en fOCOS instantes, por lo cual el jefe se verá obligado á dirigir la acción Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 195 sin ver íntegro el terreno en que combaten los suyos y los enemigos, siendo posible afirmar que sin el auxilio de las cartas geográficas esa ta­rea no c;e puede realizar debidamente, en tanto que la faci)itan en extre­mo buenos documentos topográficos. Las bases del estudio del terreno, de toda combinación, de toda marcha, de todo combate, son las cartas, y es preciso disponer de ellas. De ciertas comarcas no existen sino cartas vagas, incompletas ó inexac­tas, y entonces es preciso construírlas recogiendo, á medida que se ade­lanta, los documentos topográficos del caso, ya por medio de recono­cimientos, ya por informaciones hábiles, siendo de advertir que esta labor es inmensa y demand~ no poco tiempo. En la guerra moderna, con operaciones rápidas, con movimientos incesantes, no se puede pen­sar en procederes de esa especie: desde el principio se necesitan cartas en gran número y bien construidas. Esta imperiosa necesidad ha movido á todos los países á procurarse, desde tiempo de paz, todas las cartas posibles relativas á los territo­rios vecinos, y constituir con ellas depósitos, del mismo modo que se hace con las armas, las municiones y los víveres •. Empero, por mGcho cuidado que se ponga en hacer estos acopios, no es posible poseer el número suficiente de cartas el día de la guerra: buena cosa será que los Generales, los Estados Mayores y los cuerpos reciban las cartas del terreno que van á recorrer, pero si de ellas no u pror;u á todos los ojida­lu, haórá un rnzcío lamentaóle en ti ejército. Para remediar este mal será preciso adquirir las que faltan al principiar la guerra, sin olvidar nin­gún medio ni labor para conseguirlas: el m:ts pequefio trozo de carta es precioso para el que nada tiene. De sobra estará advertir que al Ministerio de Guerra y á los Es­tados Mayores toca asegurar la reproducción y repartición de esta clase de doc•mentos, de tl!nerlos con el día, de completarlos y corre­girlos; y si se trata de comarca de que no hay cartas detalladas, com­pletarlas por medio de una tenaz labor . di~ui~. Y t:to basta .en campafia . poseer buenas cartas : es indispensable rectificarlas y completarlas, por cuanto sin cesar se producen modificaciones en la red de comunicacio­nes, en el régimen forestal é hidrográfico de la comarca, etc., y á veces esos cambios tienen importancia capital desde el punto de vista de las operaciones militares. En país hostil faltan los elementos auxiliares de estos trabajos, y como en guerra sobran las ocupaciones y fatigas, debe evitarse aumentar aquéllos sin necesidad; no se exigirán, pues, trabajos topográficos pro­piamente dichos, no se pedirán cada rato croquis, de ordinario inútiles, si las cartas sirven de algo; la atención se concentra en primer término en las rectificaciones, complementos y desarrollos de detalle, en especial por lo que hace á puntos importantes que las cartas no hagan conocer. Cuando se dispone de buenas cartas, la tarea mencionada es senci­lla: croquis ó itinerarios expeditos se incorporan fácilmente, con sufi- • Intítil advertir que si en Colombia no se poseen buenas cartas del propio te­rritorio, menos lns hay de las tegiones fronterizas, por lo cual es t.ecesidad urgente Henar semejante laguna y completar la Imprenta Nacional con la secci6n de lito­grafía. Si en catástrofe reciente los jeft:s hubieran po eído buenas cartas del terreno, habrían podido darse cuenta que la línea de batalla era paralela á la línea de ope­racioneli, y de seguro cambianuo es~ tvitado un mal por poco irremediable. . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 196 BOLETfN MILIT A.R ciente exactitud en una carta. En este sentido nunca será sobrada Íá instrucción de la oficialidad, que de ordinario no se la conduce por la buena vía, puesto que todo lo que figure en la carta está de sobra en el croquis y representa inútil desperdicio de tiempo y de labor: no debe dibujarse sino lo que aún no es conocido. Un itinerario nuevo puede trazarse rápidamente sin instrumento alguno: se marcan las direcciones conforme á los puntos cardinales y á los colateraltts; se estima su longitud por el tiempo empleado en reco­rrerlas y el paso á que esto se hizo; se indica la situación relativa de los accidentes del terreno por el intervalo de marcha que los separa, y se aprecian á ojo )¡¡s condiciones de las pendientes. Estos datos suma­rios y aproximativos se tornan casi exactos ~~ referirlos á una carta 6 á puntos de referencia conocidos, á lo menos los~de los extremos, porque éstos los reducen á sus verdaderas proporciones, posiciones y dimensio­nes. En todo caso, la exactitud así obtenida es suficiente para las necesi­dades de la guerra, y sería excesivo pedir otra cosa. Por lo que hace á las posiciones militares, puntos de paso de cor­dilleras y ríos, nudos de caminos, etc., conviene hacer croquis detaUa­dos que permitan razonar de antemano sobre el dispositivo conveniente para el ataque ó la defensa. Estos croquis comprenderán todos los deta­lles posibles y se referirán siempre á algún punto conocido y figurado en la carta, con lo cual pocas serán las medidas que haya que tomar; son más bien un dibujo pintoresco que se ejecuta aprisa y no exige sino una cartera y un lápiz. Conviene, pues, dirigir los estudios e los oficiales por esta vía, ya que es indispensable que adquieran una habilidad práctica suficiente para reproducir á la simple vista, no sólo las formas del terteno, sino su situación relativa y sus proporciones. Las comision('S y trabajos análo­gos- de tiempo de paz son un buen campo de instrucción á es e respecto. - Las carcas ordinarias y documentos topográficos, los croquis y los reconocimientos permiten llenar el desiderátum en esta materia. Sabido es que en los sitios se usa un plano director que da con todos sus deta­lles la configuración del terreno y muestra á la vez, día por día, el dispositivo y marcha de los trabajos del asaltante. Este procedimiento excelente, indispensable, no puede ser privativo de la guerra de sitio. La misma obligación se impone en la guerra de rasa campafia, y sin em­bargo nunca se usa •: el reglamento debería imponer la obligaci6n de llevar una carta directriz en todas las unidades donde debe éXistir un servicio centralizador de informaciones. Dicha carta directriz será precisamente la mejor de las que se po­eean, tan completa y rectificada como haya sido posible. Es claro que las individualidades no podrán tener ejemplares de ella, y por lo mismo es preciso que los oficiales puedan consultarla con facilidad; que la ha­llen siempre á su proximidad: á lo menos existirá una en cada Estado Mayor y en la Comandancia de fuerzas que obren destacadas en núme­ro no inferior á un batallón: allí vendrán á examinula Jos oficiales que parten en reconocimiento, pues ella los pondrá pronto al corriente de • Si en el eitio de Manizalea ( 1876-77) los eontendore11 hubieran empleado eat • procedimiento, ea muy seguro que los defenaorea habrían evitado máa de un deaacirrto y¡ loe ualtantea andado máa apriaa en eu labor. - Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 198 BOLETÍN MILITAR tares; es preciso que puedan consultarla de continuo y que ella Jes diga rápida y claramente Ja última palabra sobre ]a situación conocida del momento. Es conforme á ella que se toman laf> decisiones en lo que hace á marchas, dormidas, avanzadas, reconocimientos y órdenes prepa­ratorias para el combate: si falta, ninguna resolución que se tome lo será con conocimiento de causa. La carta directriz es, pues, el resumen de las informaciones obte­nidas y la base de las nuevas operaciones, por lo cual con justicia recibe tal nombre. Es necesario, se sobreentiende, mantenerla sin cesar al co­rriente en los ejércitos, divisiones y columnas independientes, y será el documento más precioso de una tropa en campafia si á su redacción se consagra la atención y el celo del caso. Por lo demás, es claro que su amplitud no puede ser la misma para todas las unidades: cada c.ual se limita á lo que le interesa directamen­te, es decir, á lo que le rodea dentro de cierta distancia, ó sea su radio de acción. Y es aobre todo en el momento de una batalla y durante su des­arrollo cuando urge presentar al jefe la carta directriz rectificada sin demora conforme á los datos que se reciben sin cesar, para que de con­tinuo tenga á la vista el detal de sus posiciones y de las del adversario. Para comodidad del trabajo es conveniente que en cada unidad haya por lo menos dos ejemplares de ella, la una á la mano del jefe y la otra á disposición del oficial encargado del ser icio de informaciones, quien se ocupará en figurar en ella las modificaciones de la situación á medida que se cumplan, y la cambia por la del jefe cada vez que ocurran desplaza­mientos sensibles Cllanto á la situación del conjunto. Huelgan comenta­rios sobre cuán grande y eficaz es la inA.uencia de semejante medio de in­formación, en e u ya redacción nunca estarán de sobra esfuerzos y trabajo. -- ~ -- :WA POLVORA SIN :E'O'MO {Arreglado pa~a el Boletín Militar) • • • Llámase pólvora el cuerpo que hajo una inA.uencia cualquiera pue­de transformarse y producir súbitamcn te una gran cantidad de gases cuya fuerza expansiva puede utilizarse para diversos fines, entre ellos el lanzamiento de proyectiles. Este efecto puede obtenerse ya simplemen­te por medio de la sencilla expansión del gas comprimido, ya empleando un vapor recalentado, ora, en fin, utilizando una reación química capaz de desarrollar una gran cantidad de calor y un considerable volumen de gas. En este último caso la expansión del gas &uele ir acompañada de un ruido violento que constituye lo que se llama explosión, la que si se verifica en un mínimum de tiempo y con una energía máxima, recibe el nombre de detonación. Las moléculas gaseosas, animadas por una cierta velocidad, comu­nican ésta á los cuerpos que se hallen en contacto inmediato con el explosivo; si dichos cuerpos son ligeros y móviles, habrá proyccci6n; si pesados y resistentes, dislocación ó ruptura. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Las p61Yoras son pseosas, líquidas 6 sólidas. Las primeras tienen pota fuerza: el volumen que ocupan no permite obtener una JUfic en e­densidad de ca'rga, es decir, en la relaci6n que existe entre el peso d explosivo y el volumen que ~ste ocupa; ademis, su uso serfa imposible en una arma. Las líquidas tambi~n son de empleo dificil, aunque algo más prictic~ pero tienen el inconveniente de exigir, para guardarl , te• cipientes herméticamente cerrados. En una palabra, las s61idas son a ónie que interesan al militar. El modo de acci6n de una p6lvora depende, ante todo, del tiem• po que dura la reacci6n quf1nica de su descomposición 6 tl•l•stiÍJII: las unas desprenden muy poco á poco Jos gases que pueden produc • , y se lu llama lmt11s 6 lr•gr,slrNts; otras lo hacen en brevísimo tiempo, son riÍiilliu 6 estt~lhlltts, como las que se empleaR t;t( las minas. En fin, las p61voras son susceptibles de otra clasiúcaci6n: son me­c4nicas 6 químicas. Las primeras resultan de la reuni6n m~s 6 menos Intima de un cuerpo o idantc con otro combustible sólido: la p6lvora ne¡ra común es el tipct de la especie. Las químicas, al contrario, pro­vienen de la reuni6n de los elementos del ácido az6tico con alpno de los cuerpos hidrocarbonados, porque entonces no hay mezcla de su - tanciu, sino combinaci~n. Estas p6lvoras pueden. arder sin necesicb~ de c¡ue se les agregue otra materia, ton más fuertes ue la COD\ÓD, t no ha do posible aplicarlas á las armas sino dcspu.6s de trabaJosos pe ... rlmentoa. • u pólvoras son susceptibles de dos clases di tintas de e plosi6n. J,a de pnmer grado 6 IÚtllllltii•, provocada principalmente por la plosi6n del fulminato de mercurio que, al contrario, detona por sim­ple inflamaci6n causada por el choque de dos cuerpos resistentes. La de se¡undo grado 6 1Jt111sií11 ordinaria resulta de inflamarla por cu 1 quier otro medio. Las dos explosiones se dtstinguen por la potencia de sus efectos: po ejemplo, en la nitroglicerina la explosi6n desarrolla 4.8 de fuena y la detonaci6n 1 o.r 3 : el fen6meno no ha redbtelo e ptic ... d6n satisfactoria. La p6lvora .negra no detona sino bajo la acci6n de la nitro¡licerina infiamada por medio del fulminato de mercurio. La fuerza de una p6lvora tiene por características la lresií11 que desarrolla y el tr116ajD que produce. La primera resulta de la temperatura que produce la explosi6n y del volumen que en ella ocupan los gases formados: es ella la que produce los efectos de ruptura y dislocaci6n. El trabajo dependq, sobre todo, de la cantidad de calor desarrollado ~r la combusti6n y se manifiesta por Ja di peni6n de loe pedazos ckl cuer­po ffUe cedi6 al esfuerzo de la presi6n. La fuerza de una pólvora puede, pues, representane como propor­cional al producto de la cantidad de calor desprendido por el volumen del gu desarrollado (f6rmula Berthelot). Por esto hay p6lvctru que en una arma desarrollan presiones enormes, y sin embargo no comunican al proyectil sino escasa velocidad, y al contrario. Si se carga un fusil -con fulminato de mercurio, el caf\ón estalla antes de que la bala háya ten·­do tiempo de partir. En consecuencia, para que una p6lvora sirv al ejército es preciso que la presi6o de los gases sea débil al principio y crezca h•sta el momento en que el proyectil sale del cá116n. B" las minas se busca el efecto contrario: la pólvora debe dar instantá.ooa111cn- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE~íN MILITA~ do en ácido az6tico y lavado en seguida; mas esta pólvora, aun cuando inflamada por medio del fulminato de mercurio produjo terribles efec­tos, por la facilidad con que se alteraba, el peligro de su empleo y el daño que causaba á las armas, quedó largo tiempo como simple explo­sivo de minería. Una de las propiedades principales del algodón pól­vora es la de arder sin dejar residuo, sin producir humo y desarrollar fuerza suficiente para comunicar á un proyectil velocidad mayor con carga menor que la usada de pólvora común. Un solo obstáculo se oponía al empleo del algodón pólvora como pólvora de guerra: la dificultad-que parecía invencible-de fabricarlo de suerte que el producto fuera estable y homogéneo, sin lo cual ardía rápidamente. Los experimentos y ensayos se sucedían sin éxito: ya se daba por perdida la campaña, y el algodón pólvora como pólvora de guerra yacía en la tumba, cuando en 1884- lo resucitó un químico in­glés, Mr. Johston, concibiendo la idea de retardar la combustión del pyroxylo dándole cuerpo, disolviéndolo en un líquido apropiado: la pólvora que así produjo ~irvió de punto de partida á todas las pólvoras sin humo que hoy se usan. En efecto, cuando el algodón pólvora se di­suelve en éter sulfúrico y este líquido se evapora, en el fondo de la va­sija queda una :película delgada, apergaminada, resistente, de aspecto córneo y que al inflamarla arde con gran lentitud: es la pólvora Jin h11mo. El algodón pólvora ordinario, cuerpo sin consistencia, al disolverse en el éter aproxima de tal modo sus fibras, que forma una masa compac­ta, densa, sin poros, en el cual la llama no puede propagarse con rapidez porque no encuentra intersticios donde penetrar. La dicha película no se moja porque sus superficies planas y pulidas impiden la imbibición. La nueva sustancia no detona sino bajo la influencia de un detonador muy poderoso, y la presión inicial debid4 á la inercia del proyectil no tiene por lo mismo influencia tan grande sobre la velocidad de combus­tión del resto de la carga y la resistencia por vencer no produce 1 a de­tonación del pyroxylo dentro del cañón. En una palabra, con el colo­dión por. pólvora, la c~m~m~ti~n ~s regul~r y sin vaivenes, a,un cuando halle fuerces resistencias que vencer-(CoJJtinuartÍ) SOBRE EL EJÉRCITO .ALEMÁN * 1 He el u taDllen te I.0 INP'ANTERfA Los reclutas que se destinan al arma de Infantería llegan á l los regimientos á principios de Diciembre, y para la Guardia, • En 1875-76, por petición del Gran Duque Nicolás, Comandante en Jefe que Iue t del Ejército del Danubio en la guerra con Turquía ( 1877-78), el Gobierno ru~o envió á J Alemania al Coronel Barón Kaulbars, después General, del Est3do Mayor Genera 1, con el e encargo de estudiar in si.tu el ejército de aquel imperio. A au regreso el 06ci.al Ge~eral f [ PU t A Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 202 BOLETIN MILITAR aun desde la primera mitad de Noviembre. Estos últimos se envían á Berlín desde todos los puntos del Imperio, en cuya capital se hace la distribución entre los regimientos. Hay, sin embargo, una excepción á esta regla para los regimiento& de la Guardia esta­cionados en Hanovre y Coblentz, los cuales hacen directamente su recluta, uno en la Provincia de Hanovre y otro en la del Rhin. Debe advertirse que la Guardia no se recluta en realidad más que en el territorio de los once primeros cuerpos de ejército que constituyen la Prusia propiamente dicho y en la Provincia de Al­sacia- Lorena (15. 0 cuerpo). En cuanto á los regimientos de línea, reciben sus reclutas di­rectamente del jefe de zona en el distrito donde residen los bata­llones de landwehr correspondientes. En fin, para todo el ejército los obreros de profesión ( CEkono­mie- Handwerker), reclutados para las compañías fuera de filas, de­ben reunirse de nuevo, desde principios de Octubre, por razón del aumento de trabajo que produce en esta época la preparación y disposición en estado de servicio de los efectos que han de servir para el vestuario de los reclutas durante e] período anual de ins­trucción. Enumeraremos ahora sucintamente las diversas operaciones que requiere el reclutamiento del Cuerpo de la Guardia, y que se reproducen de una manera análoga en los otros cuerpos de ejército, salvo las simplificaciones que permite el reclutamiento territorial de éstos. Todos los años, hacia el mes de Febrero, aparece una circular miniaterial indicando: 1,0 Número de reclutas que debe recibir cada batallón de in-fantería y cada regimiento de caballería. 2.0 Número de obreros que necesita cada uno de estos cuerpos. 3. 0 Los días en que deben recibir sus reclutas. Todos estGs cálculos se hacen en el Ministerio según los da­tos facilitados por el Estado Mayor del Cuerpo de la Guardia, el cual no hace más que centralizar las peticiones que le dirigen los jefes de regimiento, batallón, etc. Al enviar éstos el estado de los mencionado presentó á su Gobierno un completo é interesantísimo informe que publicó, compendiado en parte el Bulleti1~ de la reunión des Officies: "Fui enviado á Alemania, escribió el Barón Kaulbars, para aprender cómo se forma é instruye ese ejército que en los últimos años ha dado pruebas incontestables de su excelente calidad. Cumplido habré mis deseos si logro hacer comprender cómo se entienden en Prusia las cosas de guerra desde que la catástrofe de 1 8o6 (derrota de Jena) hizo germinar en los espíritus de eae país ideas nuevas que desde entonces se han desarrollado y arraigado sin cesar en todos los miem­bros clel ejército prusiano. 'Instrucción metódica y sistemática de las tropfls, dirigida hacia el ÚNICO FIN de prepararlas para la guerra, es la característica de dicho ejército y el único resultado que ae tiene en mira en su organización, sus ejercicios y sus trabajos." El documento cuya traducción española aparece hoy en el Bolttín no es nuevo, y sin embargo reviste completa actualidad, y su lectura será en extremo provechou á loa oficia­les del ejército colombiano, ya que en él hallarán rica miés de procedimientos prácticoa para llenar la misión que les ha confiado el Gobierno Nacional. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOUTfif MILITAR En principio deben ser elegidos Jos reclutas en todo el terri­torio de cada Cuerpo de Ejército; pero en la práctica resultarían dificultades de diferente naturaleza. Así pues, se ha establecido la costumbre de efectuar el reclutamiento cada año, por turno, en una aola de las cuatro demarcaciones de brigada del Cuerpo de Ejérci­to, siendo en realidad solamente la cuarta parte del país la que contribuye cada año con reclutas destinados á la Guardia. Al llegar á Berlín lo¡ mozos de cada cuerpo, en la víspera del día en que deben ser repartidos entre los diversos regttnientos, se les conduce inmediatamente á un edificio especial, Ordonan-x.­haus, en donde se les aloja y socorre. Este Ordonanz.-haus es un establecimiento particular que sostiene un habitante de Berlín. Este admite todas las partidas transeúntes y les proporciona alimentos y habitación. El oficial ó el sargento que manda la fuerza, determina el gasto conforme al dinero abonado á los hombres para su marcha. El provisionista, por su parte, hace un buen negocio y vende á los soldados no sólo co­mestibles, sino también los diferentes objetos que puedan necesitar. Todos los días, á las ocho de la mañana, los tres grupos lle­gados la víspera se conducen al lugar de la saca, patio de cuartel ó cobertizo destinado á ejercicios, etc. Cada. hombre va provisto de un morral ó maleta que contiene sus efectos, pero que puede fácilmente transportarse á la mano ó al hombro. Los mozos vis­ten, como es natural, el traje de paisano, si"!ndo portadores de la Handnationai * que la dirección del distrito de .Jandwehr les ha entregado al marchar. Cada grupo se forma por estatura **, y de!lpués se ponen aparte los canteros, carpinteros, barqueros, etc., que se destinan á ingenieros. Los hombres dotados de buena vista se envían con preferencia á tiradores, cazadores ó artillería; y por último, los obreros que pueden utilizarse en los talleres de regimiento, se re­servan para aquellos etue los han so icitado. No deben confundirse estos obreros con los de que hemos hablado anteriormente, y que son enviados á los cuerpos desde el mes de Octubre, reclutados para las compañías fuera de filas. Estos otros, por el contrario, forman parte de las fuerzas combatientes, y no se emplean como obreros sino temporalmente y en caso de necesidad. Debe advertirse que durante esta primera elección, que exige próximamente dos horas, hecha por un Ayudante y cuatro Ofi­ciales del Cuerpo de la Guardia designados ad hoc, se ex,tminan las solicitudes que hayan podido formular los reclutas para que se les destine á tal arma ó regimiento distinto de aquel que les ha sido designado en la demarcación de landwehr. • Documento que contiene del nombre, domicilio lugar de nacimiento, profeaión, - alla, et~, del individuo. •• La que puede leerse en la Handnationsl que cada hombre lleva sobre el pecho. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2ó6 BOLETíN MILITAR nal que por una part6 provee al ejército de hábiles tiradores de profesión, y por otra proporciona al Estado cazadores y personal seguro consagrado por completo al servicio de bosques y campos. En fin, cuando la repartición eHá definitivamente terminada, el Comandante general del Cuerpo de la Guardia ó un delegado suyo, revista á los reclutas en presencia de todos Jos jefes de cuerpo que han tomado parte en la distribución del contingente. ' Durante la serie de estas diversas operaciones no parece pres­tarse gran atención á la condición social de los rlclutas vestido¡ aún con sus trajes de paisano y mezdados unos con otros entre las filas; y sería un error creer que entre ellos puedan encontrarse muchos individuos dt! las clases elevadas de la sociedad. Hay, por el contrario, muy pocos, ó mejor dicho, ninguno. La razón es que todos, ó casi todos los jóvenes que han recibido una educación un tanto· es'merada, entran en el servicio como vo­luntarios de un año ó en clase de candidatos para oficiales. Por lo demás, todos los reclutas parecen robustos, su aspecto revela buen humor, y se procede con elJos con dulzura. Es tam­bién interesante advertir que, en general, parece que la mayor par­te ha recibido cierta instrucción militar, lo que puede verse en su manera de marchar, de girar; de responder á sus superiores, etc. Una hora después del medio día la distribución queda termi­nada, y á las dos de la tarde todos se encuentran ya en los cuarte­les de sus regimientos respectivos. Cada repartición de éstas tiene lugar entre los hombres pro­cedentes del territorio de tres cuerpos de ejército, y siendo doce los cuerpos que proveen de reclutas á la Guardia, claro es que la mis­ma operación habrá de efectuarse cuatro veces. Dentro de las veinticuatro horas que siguen á cada una de estas reparticiones, los distintos regimientos deben remitir al Esta­do Mayor de la Guardia una relación nominal de los hombres que se les ha destinado la víspera. Es .un medio de comprobación nece­sario y que permite enviar inmediatamente á sus cuerpos respecti­vos á los que se hayan retardado, á los que por cualquier motivo no se hallaban en sus correspondientes grupos y se v?n pres ntando en el Estado Mayor de la plaza. Son también útiles estos estados para poder saber exactamente los hombres que se han dado á cada cuerpo y los que les falta para el completo. A la llegada de los reclutas al regimiento se les somete lo más pronto posible á un reconocimiento médico, á consecuencia del cual todos aquellos que resultan inútiles para el servicio, se remi­ten al Estado Mayor de la Guardia con una nota explicativa. Es­tos casos generalmente son en gran número los primeros días. Durante las dos primeras semanas se encarga el Estado Mayor de devolver estos hombres á sus distritos de landwher correspondien­tes, que deben reemplazarlos con igual número de mozos. Durante las dos semanas siguientes cuidan los regimi'!ntos de la devolución Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETiN MILITAR 207 y reemplazo de estos mozos. Si después de este segundo plazo se vieran obligados á rechazar algunos, ya no se les reemplaza para evitar el retraso que 11 aría á la instrucción la llegada de los nue­vos incorporados en época tan adelantada. Los cuerpos deben su­frir su déficit hasta el llamamiento siguiente, á no ser que encuen­tren medio de completarse con enganchados voluntarios, etc. Cuatro ó cinco semanas después de la recepción de los reclu­tas, todos los regimientos envían al Estado Mayor de la Guardia un informe detallado sobre el resultado del reclutamiento, emitien­do su parecer respecto á las cualidades fisicas y morales de sus nuevos soldados, su talla media, etc., comparando bajo estos diver­sos puntos de vista, el año corriente con los precedentes. Todas estas noticias se remiten seguidamente al Emperador y al Ministro de la Guerra. Según lo que hemos dicho antes, cada regimiento de la Guar­dia recibe sus recluta~ en cuatro ocasiones diferentes, puesto que no llegan en un día más que los hombres procedentes de tres regiones de cuerpo de ejército. La incorporación, por lo tanto, dura en realidad una semana. En los cuerpos de línea, como puede suponerse, se efectúa todo más rápidamente. El reparto se hace de antemano en el distrito de landwehr correspondiente, y todos los mozos pueden incorporarse el mismo día. El jefe de cada cuerpo hace que se le presenten las Handna­' tional de los hombres que ha recibido, y los distribuye entre los ba­tallones el mismo día de su lJegada. Generalmente se clasifican por estatura, destinando los más altos al primer batallón, y los de menos talla al de fusileros. El jefe del batallón distribuye á su vez los hombres entre las compañías, destinando á la primera los de · mayor estatura, y por ·este orden los demás. De tres á cuatro de la tarde se encuentran ya todos en sus respectivas compañías. Entonces entregan la Handnational á las c1ases encargadas de su instrucción, quienes los conducen al lugar destinado al efecto para recibir sus comidas. Poco después se les pasa una visita de sanidad provisional, para averiguar quienes pueden tener enfermedades contagiosas, tales como sarna, sífilis, etc. Después de esto se cunduce á los nuevos soldados á un baño ó cuarto de aseo, donde se les exige un lavado general, y por último se les viste el uniforme que les tienen preparado. Los efectos que se les distribuyen ese día constituyen el traje llamado de instrucción, que debe servirles para los ejercicios indivi­duales y para uso interior del cuartel. Más tarde reciben otro tra­je, aprovechando para probarlo las horas de descanso de la tarde del sábado y mañana del domingo inmediato. Cada rec1uta debe hacer un paquete con sus efectos de paisa­no, que se remiten por el correo á sus familias, después de haber- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN :MILITA:R los conservado durante cuatro semanas n el almacén de la compa­ñía, que es próximamente el tiempo fijado para la alteración que pudiera ocurrir con los hombres que hubie necesidad de devolver á sus hogares. El resto de la tarde de este primer día se consagra á la instalación de los reclutas en sus dormitorios. Después se les recoge el dinero que puedan llevar sobre sí, el cual queda en poder del capitán de la compañía, á quien pueden siempre reclamarlo á medida de sus necesidades. No obstante, se les permite conservar, si así lo desean, una cantidad que no exceda de dos thalers. El ob­jeto de esta medida es evitar que algunos jóvenes sin experiencia sean arrastrados á malgastar lo que poseen, cediendo á las instiga­ciones de los soldadvs veteranos, que por costumbre se inclinan á regalarse á expensas de sus nuevos compañeros . .Además halla oca­sión el capitán de la compañía de llevar nota y estar al tanto de los gastos de su gente, evitando por este medio los que no juzgue sensatos. Casi todos los soldados prusianos llevan el dinero en un sa­quito de cuero pendiente del cuello. Seguidamente se les entregar\ los objetos necesarios para su aseo personal, los de sus , efectos y equipo. Ninguno de éstos se les proporciona gratis, y si bien su precio es sumamente módico, deben pagarlo de su peculio parti­cular. No expresaremos aquí la nomenclatura bastante larga dé estos objetos, entre los que se encuentra un peine, un espejo, una navaja de afeitar, etc. El corte del pelo se hace á todos desde el día siguiente á su llegada por barberos sacados entre los mismos soldados, y aun por clases de Ja compañía. Por último, en el primer mes de servicio todos los reclutas sufren la operación de la vacuna y prestan el juramento de bande­ras. Esta última ceremonia se hace con cierta solemnidad y la fór­mula es apropiada al culto que profesa cada uno. Cada compañía recibe anualmente de 40 á 50 reclutas. Por lo común se procura que tengan en el cuartel una habitación se­parada de la de los soldados viejos. Cada dormitorio está bajo la vigilancia de uno de los sub-oficiales ó gifreite, designados como instructores por el capitán de la compañía. Todas estas disposiciones se confían por completo á la iniciativa de los capitanes, como lo ve­remos más adelante cuando hablemos de la instrucción. El pelo­tón formado por los reclutas de la compañía se somete á la direc­ción de un oficial y se divide en tres ó cuatro escuadras, á las que se destina una clase y tres ó cuatro gefreites. Estos últimos no siempre se designan entre los que desempeñan en propiedad este empleo; con frecuencia se les elige entre Jos mejores soldados del año precedente, y especialmente entre los destinados á marchar á sus hogares al fin de su segundo año de servicio, en virtud de lo que se llama la liancia dt! Rey (Konigs-Urlaub). Es un favor del que disfrutan anualmente de 10 á 2.0 hombres por compañía, en re­compensa á su buena conducta y á su celo en el servicio. Parecerá Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 210 BOLETÍN MILITAR que se destinan á su infantería. L"'s regimientos de la Guardia se reclutan en todo el territorio, mientras que los de línea no reciben más que los hombres que proceden de las zonas de batallones de landwehr más proximos á su guarnición. Los jefes de estos distritos ó zonas se encargan de designar para servir en caballería los hombre;; habituados al cuidado de ca­ballos, ó que sepan montar, ó en general, manifiesten disposiciones particulares para poder ingresar en el arma. Los destinados á la Guardia ~on separados en r:los grupos á su llegada á Berlín: uno afecto á la caballería de línea (c01·aceros y hulanos) y otro á la ca­ballería ligera (dragones y húsare ). La repartición definitiva se hace en eguida por el Comandante General de la Dirección de Caballería de la G·uardia. La talla mínima es de I '",670 para todos los regimientos de la Guardia y para la caballería Je línea. En la caballería ligerct baja á 1m,62o. La caballería recibe, como la infantería, dos clases de obreros: los (E'konomie-Handwerktr que no entran en las filas y que en reali­dad no hacen ningún servicio militar; luégo los que forman parte del efectivo combatit::ltc. Se cuida de c¡ue entre esto~ últimos haya albéitares y silleros ó guarnicioneros. El jefe del regimiento reparte los reclutas entre lo escua-1ro­nes según las \'acante que tengan. Anualmente ingresan en cada escuadrón de 35 á 45 hombres. A todos se les somete á las opera­ciones ya descritas á propósito de la infclntería, baño, reconocimien­to médico, etc. Los nuevos soldado del escuadrón quedan igual­mente bajo la dirección de un oficial y distribuídos en tres ó cua- · tro grupos confiados á clases, gifrtitt, etc. Además de los hombres que comprende su contingente, los regimientol:l de caballería admiten voluntarios de uno ó de cuatro años. Los primeros son en general poco numerosos á causa de los gastos tan considerables que se imponen al joven que quiere pres-· tar sus servicios como voluntario en la caballería. Los · voluntarios, de cuatro años son, por el contrario, con frecuencia muy numerosos, sobre todo en determinadas guarniciones, y como veremos más adelante hay regimientos como los húsares de la Guardia que casii se componen exclusivamente de ellos. Los voluntarios de cuatro aiio son recibidos en los regimien­tos con más gusto que los reclutas procedentes del contingente= ordinario, porque en general opinan los oficiales de caballería que! el plazo de tres años de servicio es insuficiente para hacer un buem jinete. Así pues, se e fuerzan los cap; tan es por atraer á sus escua­drones el mayor número posible de estos voluntarios y recibir po lo tanto menor número de los otros reclutas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 211 3. 0 ARTILLERÍA El número de reclutas que corresponden cada año á ]as di­versas baterías se determina como para las otras armas por el Mi­nistro de la Guerra*. Siempre es de 25 hombres por lo menos para las baterías á caballo y 30 para las montadas. La artillería de la Guardia se recluta en todo el territorio ; la de línea, en los distritos de landwher más próximos á sus guarni­ciones. Los reclutas de la Guardia y de toda la artillería á caballo se reúnen á mediados de Noviembre; los de artillería montada de línea á principios de Diciembre. La talla mínimjl es de ¡m6so; los hombres deben ser de fuerte contextura y dotados de excelente vista. Para la artillería á caballo se eligen, como para la caballería, hombres que tengan costumbre de manejar caballos, y además para toda la artillería se buscan hombres que conozcan algún oficio, como herreros y guarnicioneros. El jefe de la brigada de artillería de la Guardia, distribuye los rC'clut s entre sus dos regimientos. Los coroneles de éstos hacen el reparto entre sus .Abtheilungen, y los je­fes de .Abthcilung entre sus baterías. En la de línea se efectúa todo esto de una manera análoga. Podría repetir e aquí lo que se ha dicho respecto á las dos cla­Se$ de obrero que existen en infantería y caballería. En fin, los hombres declarados inaptos para el ervicio, previo el reconocimien­to facultativo, se envían por cuenta del regimiento al Estado Ma­yor del cuerpo de ejército con una nota que indica si el coronel desea sean reemplazados por otros, porque en general no se ~ o1icita más que por los regimientos que se encuentran en malas guarni­ciones, y se les presentan por consecuencia pocos voluntarios. Los demás se completan · fácilmente por medio de voluntarios· de tres años ó de reenganchados. Aunque la época legal fijada para la entrada en el servicio de estos voluntarios de tres años sea el 1.0 de Octubre, pueden, con la autorización del jefe del regimiento, ser admitidos durante todo el invierno, esto es, hasta el 30 de Abril. Desde esta fecha hasta el I .0 de Octubre las plazas vacantes que haya necesidad de llenar, deben solamente cubrirse por medio de reservistas ó por el llama­miento de soldados con licencia temporal, llamados disponibles. Cada batería puede, además, recibir tres voluntarios de un año y aun más en las ciudades universitarias, pero no se les admite en el servicio más que una sola vez cada año, el 1.0 de Octubre. Obsérvese cuán práctica es la organización del reclutamiento en el ejército prusiano. El jefe del regimiento es el centro sobre el que gravita todo el sistema. Sabe el efectivo que debe tener su • Según loa estados que facilitan los jeíes de los cuerpos, como lo hemos explicado á propóaito de la Infantería. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 212 BOLETÍN MILITAR cuerpo, tanto al pie de paz como al de guerra, y está obligado á arreglarse de modo que tenga siempre en sus registros el número de hombres exigido. En tiempo oportuno solicita del Estado Ma­yor de su cuerpo de ejército los reclutas que necesita; devuelve los hombres que resultan incapaces para el servicio y reclama otros para reemplazarlos, ó si lo juzga conveniente, admite en su lugar enganchados voluntarios. Se comprende que todo esto no es po ible más que con el sis­tema de reclutamiento regional, gracias al cual cada cuerpo del ejército,4tiene, porJdecirlo así, al akance de la mano, un depósito de hombre~ del cual puede sacarlos á voluntad y que se renuevan sin cesar, con el único objeto de proporcionarle dónde cvmpletar á cada instante su efectivo de paz ó de guerra-(Continúa). POR EL FLANCO EN EL CAMPO DE BATALLA (Continuación) 2.0 Yul11erabilidad de la diver1a1 formaciontl Toda tropa al fuego, en cuanto sea posible y mediante el acertado empleo de la formaciones, tratará de disminuír la visibi­lidad que ofrece á los ojos del entmigo, á fin de no atraer sobre sí los disparos de éste; cuando no le sea dable ocultarse á sus ojos, deberá buscar el mismo resultado restringiendo la vulnerabilidad de las dichas formaciones. Si en el trayecto del haz de un fuego colectivo se interponen dos tableros de dimensiones diferentes, pero pequeños con relación á la amplitud de dicho haz, para que pueda admitirse que las por­ciones del agrupamiento de proyectiles interceptados por los ta­bleros tienen la misma densidad, es claro que el número de im­pactos que resulten en ellos estarán en la misma relación que Ja superficie de los tableros. De lo dicho resulta que las vulnerabili­dades que corresponden á dos formaciones tácticas distintas de una tropa colocada, en idénticas condkiones, sobre el trayecto de un mis,no haz de proyectiles enemigos, estarán en la misma relación que las superficies de los tableros receptores de los proyectiles r~ci­bidos por las dos formaciones en cuestión. Ahora bien: el tablero receptor, para una formación delgada, se reduce al marco que encuadre dicha formación, y por el mo­mento no tomaremos en cuenta la restricción natural de que los hombres que componen una formación delgada no reciben la to­talidad de los proyectiles que tocan el tablero, sino una porción de ellos -que la determina la experiencia,-por lo cual diremos que para una formación delgada el tablero receptor se confunde con el visible considerado en el artículo anterior. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 214 BOLETíN MILITAR menos vulnerables, y que aun al serlo, lo sean en las proporciones indicadas por el cuadro, por las siguientes razones: r.a Porque una formación no intercepta todas las balas reci­bidas por el marco que la encuadra: un cierto número de proyec­tiles atraviesan el elemento cabeza de la formación sin herirlo, y iÍ hacen esto con el elemento siguiente; 2.a Porque los proyectiles actuales herirán dos hombres, tér­mino medio, entre los que estén colocados uno delante de otro; 3.a Y es la principal razón, porque los tableros receptores no interceptan en un haz un grupo (de proyectiles) de densidad ho-- ... mogénea para una misma formación, ni grupos de la misma den­sidad cuando se trata de dos formaciones distintas de la misma unidad. Tableros rceepto!es de las diversas formacione a 800 metros de distancia .. 1 SECUION O O 1\1 PA Ñ I A ..... 1 FORMACIONES EN LINEA DE .PLANCO EN LINEA. EN COLUMNA. FLANCO -i filaJ 2 11Ja s ~-~~::_ A diatao-~ 1 fiJa 2 fila s claaen~ De com- • fllu ~ fila• 1--- ru p lila ---- --- ------ ---- m. es n1. es si o ~ (De pie ........... 80 1-0 8..4 4.2 Ii>o 100 52 33.6' 16.8 ~ i Rodilla en tierra 50 25 6 .4 3.2 200 1 100 86 37 25.61 12.8 :- \.A tierra .......... 30 15 51 2.5 120 a o 751 29 20 10 ¡ Además, como es más difícil reglar un fuego concentrado en alcance que en direcció 1, á menudo será ventajoso adoptar forma­ciones delgadas ante fu eg os conce ntrado , á fin de sustraerse todo lo posible á los insultos de un haz de ordinario muy 1 rgo: las for­maciones profundas tienen por lo general el grave inconveniente de recoger casi siempre la parte más den a de la agrupación que el enemigo pretendió concentrar sobre el elemento de cabeza. Por otra parte, admitiendo que el fuego esté bien reglado por lo que hace á la distancia, en lo que se trefiera á la concentración de or­dinario más bien se dirigirá hacia una ala de una formación en línea, sea por el punto apuntado, sea por las circunstancias atmos­féricas, y entonces sie11do el haz mucho menos extenso en anchura que en profundidad, tal elemento de la línea que no recibe proyec­tiles ó recibe muy pocos, liabría recogiao, al contrario, una gran parte del núcleo del haz, si se le sitúa en columna tras la parte de la línea sobre la cual se concentró el fuego; en cambio, ninguna parte de la formación habría sido herida al estar colocada tras la parte que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETfN MILITAR 215 tampoco lo fue. Así pues, en el caso particular de una unidad ex­puesta á un fuego concentrado, no se puede precisar cuál de las dos formaciones, profunda ó delgada, será la más vulnerable. Las anteriores consideraciones nos enseñan que la vulnerabi­lidad relativa de las diversas formaciones de una misma unidad variará según el reglaje del tiro y la concentración más ó menos grande del fuego; es decir, según que la unidad se halle colocada en tal ó cual sitio del haz en ei momento en que él se abate sobre el suelo. Si después de lo dicho queda alguna duda en el ánimo sobre la formación más adecuaJa para marchar bajo el fuego, esa duda desaparecerá si pensamos que en el momento en que somos blan­co del tiro del enemigo la necesidad de re ponderle y obtener la superioridad del fuego, poniendo en línea el mayor número posible de fusiles en línea, impone ~ 1 empleo de formaciones delgadas á las unidades de la línea de comP>ate, que antes de la ruptura del fuego marchaban en formaciones profunda , de e trecho frente, con el único objeto de hacer mínima su movilidad. Cuanto á las fracciones aun en resen a, bien que el regla­mento previene" siguen en lac:: formaciones m á favorables para sus traerlas á los fuego ·, de ordinario por el flan co" esto es, menos para sustraerlas á los fuegos que el enemigo procurara concentrar sobre ellas, que para permitirles de !izarse fuera de lo · . i ti o batid por los disparos enemigo concentrados sobre la línea de ombate, manteniéndose "á retaguardia de las ala ó de los intervalos de esa línea." Sin embargo, si no se exagera 1a profundidad, los inconve­nientes inherentes á esta, que acaban de señalarse, re ultan de mí­nima importancia con relación á las grandes ventajas que e deri­van de la disminución d 1 tablero receptor cuando .e cmpl an las formacionc de frente e vtrecho . Habrá, pues, ventaja en conser\' ar los frentes estrecho~ , ha ~t a cuando e es t á e; · pu to á f1 egos que no se pueden re ponder, es decir, . iempre que no deba nrevalecer la necesidad de utiJizar lo fu sile, la s la que justifica el empleo de la formacion · · en línea. Escrito e n fran c és por J. Pi GÉS de la E cue la Superior de Gu rr !N F:t. UENOIA DEL NÓMERO EN LA <;UERRA (E . tr a ct o d e P1 in cipes g t•ne rau ,, d e. plan d~ Cmnpag,w) fL y un principio fundamental al cual ~ e sujetan todas 1as guerr~s entre país e igualmente civilizados, y que á pes ~ DISTANCIAS Labateca á Pamplona ...... •..•.•••..• Pamplona á Cucutilla ...............•. Cucutilla á Arboledas .............. . Arboledas á S a lazar .................. . Salazar á C6cuta ..................... . Arboledas á Cachirf.. ............. . Cachirí á Suratá ................... . Surntá á Bucaramanga .............. . Su ratA á Cucutilla .................. . Chinácota á Concordia . .. ........... .. Pamplona á Chopo .................... . Bucaramauga á Arboledas (vía Ca-chirf) ................................ .. Id. íd. (vía Pamplona) ...... ........ . '1:! ...... -..... '~ ·!: ~ u o ~ = = ó r (") ... i Cii ~ • li1 .Ks. 40 35 16 20 50 - 45 25 45 60 20 10 115 140 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 139

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 163

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BocoTA, AcosTo +DE 1900 ------------------------------ -- -~~---- ---------------- ------·-----· Or¡rano del Miaisterio de Director ad honorem Guerra y del Ejército Francbco J. Ver~rara Y. Son colaboradores de este periódico los Jefes y General, Miembro de la Sf)ciedad Colombla•a Oticialel' del Ejércit•l de Ingenieros .A.:8t <> :J:"V" JXI"UJ.v.l:. 1.63 1ID~~~~ -~í» ~lo n.Cio :w.rr~ JJ.~JD® (3 1 DE JULIO) por el cual se no!nbran Ministros del Despacho Yo,José Manuel Marroquín, Vicepresidente de la Repúbli­C3l e.n ejercicio del Poder Ejecutivo, en vista de mis facultadea constitucionales, DECRETO Art. I.0 Nombro Ministros del Despacho á los siguiente• señores: Para el Despacho de Gobierno, al Sr. General D. Guillermo Qu"intero Calderón; Para el de Relaciones Exteriores, al Sr. Dr. D. Carlos Mar­tíí nez Silva; Para el de Hacienda, al Sr. Dr. D. Pedro Antonio Melina; Para el de Instrucción Públic:a, al Sr. Dr. D. M1guel Aba­dHa Méndez. Para el del Tesoro, al Sr. D. Alejandro Gutiérrez; Art. 2.o El Ministro de Gobierno quedará encargado del Des­p¡ ac:ho de Guerra mientras no se provea en propiedad esta Cartera. Art. 3·0 El Ministro de Instrucción Pública quedará encar­g, ad o del Despacho de Hacienda hasta que se posesione el Dr. Pe­drro Antonio l\1olina. Art. 4.0 El Subsecretario del rresoro quedará encargado del De!spacho hasta que torne posesión el Sr. D. Alejandro Gutiérrez. Dado en el Palac10 de Gobierno, á 3r de Julio de! 19~0. JOSE MANUEL MARROQUlN VJU-~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 130 BOlETIN MILITAR ~ JID~©J~JEI~(Q) 10J a O • • E)lli] 11®®® (2'/ DE JULIO) per el cual se reorganiza el Ejército en opera<'iones en las Provincias de Oriente y Sumapaz, y se nombra Comand.mte en Jefe del mismo El Presidente de la República DECRETA Art. 1.0 Rcorganízase el Ejército que obraba en operaciones en las Provincias de ·requendama y Sumapaz, así: la anti~ua quinta División, con el nombre de División Moya, compuesta de los Batallones Canal, Próspero Pinzón y Caro, y del Escuadrón Muisca; y la décimaoctava Div;sión del Ejército del Norte, con el personal de Jefes, Oficia!e y Cuerpo Civil que hoy tiene. Art. 2.0 La Columna ]unín, á órdenes del General Eloy Caicedo, queda igualmente incorporada al Ejército que en ade­lante se denominará "en operaciones en l-as Provincias <.fe Oriente y Sumapaz," quedando dicha Columna sujeta á la reorganización que le decrete el Comandante en Jefe de ese Ejército, con la apro­bación de este lVli nis terio. Art. 3· ~ N óm brase Jefe de Operaciones en las Provincias de Sumapaz y Oriente, con mando en Jefe sobre todas las fuerzas á ellas destinadas, al Cien eral Jorge Moya V ásq uez, y Jefe de Es­tado 1\1ayor al General Cl11naco Silva. Art. 4.0 Destínase al Cuartel general del Ejército á que se refiere el presente De~reto, al General graduado Ari tides García Herreros, como primer Ayudante General, y al Teniente Coronel Julio García Herreros, como segundo Ayu<.lante General. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 27 de Julio de 1900. Por de 1 egación del Excmo. Sr. Presidente, El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA JWíE@ID.~ilíD Jl~ a 0 · · lli)~ Jl®({)(O (27 DE JULIO) por el cual !le acept~ una t'Xc!.l~a y se hace un nombramicnt• El Presidente de la República DECRETA Art. 1.0 Acéptase la excusa que ha presentado el Sr. General Cl-í•aco Silva para encargar;;e del puesto de Jefe <.fe Estado Ma- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 131 yor del Ejército en operaciones en las Provincias d~ Sumapaz y Oriente de Cundinamarca. Art. 2.0 Llámase al servicio activo al Sr. General Mariano Tobar, y destínasele para reemplazar al Sr. General Silva. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 27 de Julio de 1900. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente. El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA ¡w~~m~~© ~a o •. JIDJEJ JI~®® (27 DE JULIO) por el cual se confiere un ascenso El Presidente de la República DECRETA Artículo único. Asciéndese á General efectivo de Brigada al General graduado Sr. Francisco Camacho Barreto, en atención á los valiosos servicios que el agraciatJo ha prestado en todo tiem­po á la República. § Dése cuenta para Jos efectos constitucionales al honorable Senado, en su reunión venidP.ra. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 2 7 de de 1900. Por ddegación del Excmo. Sr. Presidente, El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA lD)~C{j~lliJ~© JThj DO • • liD~ 11®@@ ' (29 DE JULIO) por el cual se confiere uu 11scenso El Presidente dt la República DFC.RETA Artículo único. En atención á los importantes servicios que en todo tiempo ha prestado á la República el Coronel Pedro Ma­ría Corena, a ciéndesele á General efectivo de Brigada. § Dése cuenta al honorable Senado para los efectos consti-tucionales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 29 de Julio de ·1900. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, ~1 Ministro de Guerra¡ MANO.U. CAS~BTANCA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 132 BOLETIN MILITAR ~ JL)~CeJID.I?J2F@ li\7 [)o . . @Wj Il®®® (29 DE JULIO) po1 el cual se confiere un a~censo El Presidente de la República CONSIDERANDO Que en el combate librado el día 24 de los corrientes en Si­baté y sus cercanías se distinguió por su intrépido valor el Te­niento Maleck Adel Caicedo, DECRETA Artículo único. Asciéndese á Capitán efectivo del Ejército de la República al Teniente Caicedo. Dado en Bogotá, á 29 de Julio de I900. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA . ' • JW)fil@ill,~~V ll'Ia 0 ··ID~ Il®@® (30 DE JULIO) por el cual se confiere un ascenso El Presidente de la República CONSIDERANDO Qye el General de Brigada Sr. José Antonio Pinto viene prestando hace más de treinta años valiosos y desinteresados ser­vicios á la ~epública; ~e en los días de peligro para la causa que representan las actuales instituciones e~ de los primero en contestar á lista en los campamentos, y abandona int re~ s y familia para dcfe 1der su Dios y su Patria, dando pruebas de Heroico patriotismo; ~e el General José Antonio Pinto ha sido siempre admi­rado por su bravura en los campos de batalla, y es además militar inteligente y disciplinado, DECRETA Artículo único. Asciéndese á General en Jefe del Ejército de la República al General de Brigada Sr. José Antonio Pinto. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 30 de Julio de 1900. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, ~1 Ministro de Guerra, MANU~L CASABIANCA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ J:IDm©~rnF~!l@ Jrno 0 •• IID~ JJ.~®® (30 DE JULIO) por el cual se hace un nombramiento El Prtsidente de la República DECRETA 133 Artículo único. Llámase al servicio activo al General José Antonio Pinto, y destínasele al puesto de Jefe de Estado Mayor gent>ral del Ejército del Cauca. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 30 de Julio de I 900. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA liDJEl@)!'l~:Jl:Q) [\j(JO .. W)llij Jl®@@ (30 DE JULIO) por el cual se confieren dos a~censoa El Presidente de la República CONSIDERANDO ~te los Tenientes Coroneles Jesús María Osorio y Carlo; Ordóñez Santamaría se di s tinguieron por su valor en el combate de Sibaté, concurriendo á los punto~ más peligrosos de la línea de batalb, . DECRRTA Artículo único. Asc ~é nd es c á Coroneles efectivos del Ejér­ci o de la República á los T e niente:> Coroneles Osorio y Ordó-ñez S. . Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 30 de Julio de I 900. Por delegación de] Excmo. Sr. Pre,iclente, El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA 1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 134 80LETIN MILITAR ~ FllAGMENTO DE UN ESTUDIO ESPAROL SOBRE ASCENSOS Y RECOMPEKSAS ¡Los defectos de nuestra enseñanza militar que hemo~ apuntaclo, aunque someramente, se remediaban luégo á virtud del ejercicio de la profe~ión '.. . . a, Se remedian hoy 7 E u una palabra: ¡Se cumplía y cumple aquí aquella condición adver­tida por Bt1njamín G. Aparicio, etlando, r~firiénclose en su libro Etwuela3 ~Militares de Europa, al Ejército prusiano, expresa., ~e­gún ya hemos indicado, que consisión . .. " Antes ha hecho con tar el :-\ntor f)ne aunque se ht de los in~·eniPros en Guadalajara. donde no hay fortiticacio11e~, ni pretexto ni eampo para hacer~ las; la de loo artillt•ros en SPgoda, sin fúhriea y sin material; la de E~tado ~layor er: Jos bulevares esta obra salió á luz (1887), en un tDtere ·ante estnrnoto pero no problemático. clf" uua guerra nacional, le acarrearía .r¡egu~·am e ute males y desast11es sin cuento, plWS ya LA VICTORIA NO SONHÜ.~ AL MÁS VALIENTE SLNO AL Ul•~ 1\Hna, por­ne, "drtL años -segnía nao el autor de ese stndio-q ne PI npg·lanwnto T~1et Í(~O <11 1 la Inf:lll teda sufrió im­portante t.t·ansformaeión, y á pe.· nr d pre eriuirse termirwnte­ute en él la eorwt>~iáu de ci<>rta ¡n·udente inr •iativa al oficial ha. · ta. al soletado, no ohstan tP tli.·pon e r~ • la prúcti<~a fn•ctwn­t. e de lo~ ejercil:io8 de cmnbote, q11 e uo .·on otra eo.·a qne t-;Írnula­ro en p(•qupño, de~t.itJ~l(los á qtH ~ todo.· y cada uno SE:\ fjo de .·n nrlitlacl, ién en la preu a,-el autor conoce lo que trata, lo ha vi to y lo describe tal cual e . 1\Ierece, por lo tanto, meditarse. Y como nos parece preferible, para dar idea de una época, sustituir las impre iones traza(las a posterio't"i por la que fue­ron escritas durante ella, copiaremo~ del e tu dio á que nos ~ venimos refirienclo, la parte consagrada á trazar el cuadro que entonces ofrecía nue tro esta(lo militar. "Si observarno -decía-lo que pasa en la infantería, vere­mos que eu ella la "- ida militar toda no es ino una serie de rutinas inútiles, de ab urdos inconcebibles, de soporíferas prác­ticas que convierten á oficiales y soldados poco menos que en una comunidad religiosa, según está todo de reglamentado y encajado en antiquí imos moldes; veremos que el todo de un regimiento ó de un batallón de cazadores es el Coronel ó el Te· niente Coronel; que el poder de estos primeros jefes es absolu· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 131 to; sn personalioafe principal la resolución de todos lo asnntos s y for­ma, r en alg- na. paradas y proce"' iorw~, haee que, pudiendo coutar con batallones perfectamente iu~trnídos, llO disponga­rno's sino de fuerzas que sólo saben marchar gallard:.\mente y e-fectuar una docena de movimit>ntos, en los que á la brillan­tez. y precisión se ~acrifican la parte venladeramente práctica de la evolución y ~u inteligente aplicación en la guerra. ''Nada u e e' olucioues manchulas y ejecutadas con pausa, á ecnciencia, R2 bieuclo el porqué y el cuándo condene reali­z: airlaR; nacla de enJth~ar loR ejercicios de combate, que poclrian u ¡plir en parte á las tn.n uece al'ias mauiobras en grantle esca­lla, y nada tampoco de dt clicarnos perfeeta' meute al fljercicio de e01mpañía-base ele la tút:tiea monto aetual. "H.elt>ga(los est{l n también al oh·iclo el <)stud io teórico, ya stros oficialeR, de 1 a opereiciouet; toda, de la guerra. y la ejt.·cucióu de marchas elfres y co~a:-; (]ne, e le obligan á aprender de llll~moria, y con hacer inmenso f{trrag-o (le documentos y asistir {á mo poca r cepcione ' y actos, mús ci ' ' iles y religiosos que mi­llitm. re , se cousidera sufic eutemeute instruíua uue1:1tra iufah-ttell'ía. ., 'Verdad es que como cada batallón cuenta con unas 400 ]nlmzas en reYi~tjo comba tiente, el joven y ya reputado Modesto Navano, tan bra\·o sol<.laclo como pu­blici ta insigne. a u H.omún, en la Ojeada genm·al á sn Estado militar de Es­palia •, decía que baufa que H abauclnnar los últimos métodos, la m~ayor pat te inefieaces, como se ahanclonaron 1os más anti­guos jor y mús vece· al eutet ligo, dan eu tierra con torios los . .;istemas y procedimie,ltOI de diiez aiíos lÍ esta, pa-rte, ?1 .L.,. OSOTH.Oc ESTAMOS l\lUY DE­TE4<\ c S DE ESOS DIEZ ANOS, mientras que todas la,s ntt­cio ne .- s se 1uecipitan á la reformlt con más ó menos cordurrt, pe·ro com lia. atenuación 2Ja 'ra la critica de no llegar ta'rde y no dejarse 10rp1 ·ender." tJi nén~z Palacios, en int• re~ante trabajo acerca de O¡·ga­niz; areión 'militar, dt~ .· t•aha que log-t'ía-ba ofrecitlo el t ctáculo eh p •rHotla.' colocadas mn.r altas tm lajerarquía, u mqpaudo, con perjui<:io ele las propias, la. atribuciones d~ toOllcio), Villega. ; en ingenieros, La Llave, .MarYil, ÜPrYera, Ami. .... entre otro.'- iu olvidar á La Ig·lesia, y García. Velarde, qt1e no por pert<'necer ya á la Guardia Civil d(>jaron de tnüar con mucho garbo asuntos de org-anizációi geueral,-jamás desperdiciaron ocasión, ora en el libro, ora. en el folleto, ora en el periódico, ora eu la tribuna, para señalar defectos y pedir pro11to y eficaz remedio. Por doloroso que sea confe~arlo, todos tenían razón. Así como el elenwuto móvil ~-.e t>neontraha en concli<·iones deplora­bilí~ ima~, y <"1 m a tPria 1 eh~ gtwn a era e c::~so, f>l p<·rsmJa 1 no es­taba en xaltación patriótica, el surdo Ufl una precipitación cú•ga y fnne.·ta. La paracióu para la gn~>ITH, un la; la monliza­ción, sin JH't: \'f'I'. li.JI <•jfireilo act h o eonsagTaclo por completo á ese inútil St"rYicio (le gnarHieit'111 que hace {t las tlO}H\S ineapa­ceR para las verdmleras fu11c~iotH'S eh• la gut na; las reservas sin armmtwnto ni \Cstnatio 11i asarublc•a"' ]wrióclicas; el solda­do. uspirarHio (eutn~ el hnstío ele lo a ú comprc•u­der y el <•;ltl,':llleio ¡wtidor le uua mou.~<·rga enojO,'<"l. eh• houm·t•s, .· :llttdos, llOillhn.~s y con­sigHns pm•t i h·. ·, snfrit.~tl ra eían e8eu::~tl tt>s. La ca ha liPJ 'Ía. con.sH g-rada. a 1 s<>rvicio de es<~olta~, iuactint por Ja <'an.•ncia de elemt•lltos: eou hom­hreR qnt> apellJ'St~ en la ~illa regrpsal1n.n á ~us ho~at·es, y con nn ganado C]lle ~úlo <•ngonlauaterí~s á <·a hallo é in:uticiente adt•mns, dada la proporción que dehí::t (•xi~tir entre P~ta arma y las demás. La A~lrninistración l\lilitar coufuudi<.la con un cuerpo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR '-y--' 14.1 de cuenta y razón. La~ distintas armas sin enlaee ni relacio­nes mutuas. Bn tre la i 11 fa n tel'ía .Y la artillería, por PjPm pJo, hauía las misrllas q.ue erttre la Guardia l~t>al prusiana, y los moros de H.ey lllaiToquíes. La. artilleda y la caballmía sólo de vi~ta ~e couocían. 1 La organi~amón por , con gTan desespe· racit..'u de la oficialidad, que lo.· preft-!ría ú las rntinas pesa(lísi­mas del enarte!. Uua caballería sin jinetes por falta de tiPm­po, J. casi sin c.llmllo~, porque era irrisorio ~u número. Una arLJllt'l'Ía que se <~OJisagTaba cí ejercicios pjos é iusalulH·e~, donde la. tropa se IJacinaha; almlicacio1H:~~ militareiS de carácter profesional; jarw1s e.stuvo la. masa g·ent"'ral de la ofi.. cialitbul tan rwnet ... ada de sn dPber téeu ico; jamús se il nstr ó á sí mi8JJla cou el afúu ciPntítieo que lo hizo; jamá:-; se ~túcnlo~, oh~-itúeulos uacidos JH'C~I­~ arneute de doude del>íau eJn·iár:-;t'lt"' alh•J1tos. Y eso lo llizo Hlll esperanza algnua, in el atra.etivo del JH'o\'P<:ho, con plena con­ciencia de que lo mismo da ha ·ah •r JUtH:ho que sa.hPr poco, Y de que quizá fuese más cou\'euieute saber poco que saber de­masiado. • • • Este gran mo:\•imiento intelectual e~pontáneo, generoso, cligno de aplauso, .·e extendio hasta clamar por nua. organiza­cióu que permit1e1·a. el útil empit~o de )_.H aptitudf's en vez de esterilizarlas. El anhl•lo dt reformas fue tan \'ÍYo, qne sólo por eiSe llt>cho puede explicarse la agitadOI'Ía, JIO ftWl'Oil uiell UeS• anollauos cu la JH'Úctiea, ora por p1ecipitadóu, ora por mali­cia quizá; otroM qnt~tlarou aJTÍJicOIIsull a1· neueticioso vino al cabo á corn·~rtin;e cu IIHe\'a can. ·a de [Witurh~wlón. o siem­pre la prnjer, que de día en día la ha iclo pn•cipitando por la rúpida. peud1e11te d~ la d (:adeucia. E~ \'CI el a el qne un •stra. coraza -st-gúu la frase de ilustn• autor de las Campm1as dt:l General Oráa,-se hallaba por los aiios a l>ollacla y t.:onoída; pero no es meuos cierto que, ~alvo eu pel'Íodo · cor tísimoH, los golpeH que recibió, { pretexto de COlliJIOilerla, no hau se1·vitlo máM que para dt•jarla eu peo1· t•statlo. Puedt~ decirse que perdido lo qne alg-nil'll ha. lhumulo e.l aentimiento del decoro m·gcínit·o, aeouwclamo8 á laH per:mnas toda forma de orga11izacióu unUtar. rinclit-"ouclo t•XH:!'l'I';u)o rt.~s­peto á los hechos consuJuadoH; uo aqut·l rt!.S(H'to exig·itlo por la evolucióu prudeute, siuo aquel otr•, qne antP(HHte al iuterés nacional el t.•goísmo m~trado en nn Yallt>, es primera condi­ción renuir, «:'JI (•l punto en que se efectúe, tiUpenoridad uurné­rica muy Kt>ñalatla, ~olne todo cuatH.lo se dinja. contra la cabe­cera del \'allt·, porque la posieión domimtntt-1 dt.:d adYensatio au­menta eu e:stP cal'\o la potencia s de éxito si no cuaull.o el agresor dise­miue sus fuerzas, ó euan en·ar al pie de la letFa 6 exagt>rar el pri uci pi o <.le conc<.•n tracióu, ol YÜla ocupar los Yalles laterales. En t>~te caso el dt>fl"IISor pulirá usar las re­S<' lTas táctim-1s que eu ellos tenga apostasde lnt>go Yen tajas i ucou testables, y e u la geuerahdad de los casos pueha.to~ con ti unos, con agu s de las lí nPaA de operaciones cou las de ntaniobra. Estas fortificaeioues son iudispeu~ables para e:uwgur·ar la. pose- 8ión de dicho~ puutos importante , cna11tlo sei-111 ahautlonaLlos · por la • resen·as estratégieas, al mal'ellar contra el agresor directa ó indireetamt·mte, ·in eui chulo por la retieada. Estan~ l.Htít·se de la q Ul·ño~ fuerte.s de la. círcu nfereucia; dPjaudo para cuando los sucesos re,·eleu su ma1·cllrdadera plaza, semipermauente, ó como otros diCl•n, del mornento. ' 1\Iuchas \reces uo ser·á nece. ar-io constrtÚr este núcleo. Cuando en HU proximida:st.reehos de.¡,;p'lade­ros que puetleu f<'teilmcute cortar · ~t~ ó taparse; cuyo soMteni­mieuto permit;t al def~ u:-;or tornar la ofcu~Jnt, y que ~-;i cayt'sen en poder tlel a~rt.~sor, auuqne los gu:u·rtt'Zmt cou débil fut>rzn los valles. Re~ponuiendo al earncter general de la deftmsa. en la mon­tafia, c¡ne es defemm oft>nsin1, las fortifi('aeimws indudable­mente (leben también pre~tarse {l la ofen.~it,a. Por la difiunltad de la nmcia e u las obras 11 en su proximi•lad. De ma11era qne la ma.g­nitnd ó ca.pacidacl ele Jo:o¡ fn11rtt-s clepPtlller{t, aoea y guel'ra (¡ne en Pllos deban coHser­varse. La guaruició11 será lo más pequeña posible para no mer­mar clemasil"\clo el efectivo de las tropas ele operaciotH:.~~: basta­rán en general 40 ó 50 hombres; en com¡wnsaeión, mucha y po­d~ rosa artillerht, y Plegir, para guarn(leer los fuertP~, Ct>rteros tiratlorr.s. La eleceión 1le los comamlantes ó g·oht"ruatlores es ele la mayor importe a(lmitir en los fuertes, soldados t.•xtra,·ia«los ó fereuks :.ti ataqnt>, puesto •Jue para anular y '\"er.cer aqné11a, forzosame11te se hc.1. ele amol(lar á las dispmdeiones que eu cada caso tom~. Citemos otra '' ez á Jomini: ''La of~n~iva contra un país de montañas preseuta tarnbié11 nua doble hipótesis: In se diri­gir á con ti a un cerco d<> mon Htiías q ne ter mi uau en u u \~asto teatro tle llalluras, ó aea~o m{ts hien coutra nn teatro particu­lar enterame11te moHtafíuso?" ''En el primer ea~() sólo uu preet·pto lwy que seguir, que es el de amagnr en t •la lct perift>ria cisivo que mejores resnltatlos ofr(·zca. Este e~ un conlún débil en llÚJUero, pet'o fuerte 1101' las locali­dades que se trata dP romper, .v si es forzado por tllt solo pun­to, le es por toda la lÍJH•a .... " "Cuantlo 1'\e eoll~ i dt•r· au las 'lificultades tác1 ieas de una guerra 'le montafí.as y las iunwru::;a~ \·entHjas qut~ al parecel" pre~entan á la Uhan•pionuet, en la batalla de Fossa­lio, J)ara aHeg·urarse ,h~ ello. Bi hay cinco 6 ~wis caminos prac­ticables soure Pl frente arnellHZs <]ne tlebeu n•correr no e tén en dirección t..lin~rgPnte, porque 1-\Ufl'irún 1111 golpe por poco que el cnemig·o esté di~pue~to {t . recibirlas cnaudo <.lt.•:.;;pmlloqneu. El mús HPgnro Hi.stl'lllH <.'s, al pan'eer, el que "· ig·uió apoleún e11 el paso tlt~ San Bt>rnardo: formó <·H t>l dercella é izqni<.~nla pm el j lonteem.- y el Simplúu. para di\· idir In attJueióu .pleg-ar g¡·au­< les masa8, la guerra se re imuulo las uH.rchas (le moüo que tit3 salg-a al punto de renuióu de lo.-; Yalles co 1 cor·t<1 ras, el ag-resol' podr{\i precipitar~e como nn torreute lle:de los altos hasta los vallet-~, oeupando la reunión de dos ó más 'le éstos. Ann en el caso de qne el ataqne, partiendo ae la llanura, quiera penetrar en algn 110 tle los \·alle~ que en ella de1-1em ho­can, se f)()tlrá preparar ~~,·te ataque ocupando las altunu:; que l>ordt•au el Yalle proemaudo apoderar,·e lt>s, ó auuq u e los ha~·a, \·encer· y allanar lo::; obst(.wnlos artificial~~ con qne el e1u migo los habrá corta­do, para ha6er la mareba tarIJ­come · ulctr~e á pequeños destaeamentos qne Hnuea ~jereerán influencia decisint eu el combnte. Si, para e\·itarlo, sP t>udan gnwsas coln m na·, 11<-'Cl·~i taní n gra ncles .~. úwrzos, mareiJ<~I·án con leutitud y darúu tiempo al defpu:sor para Ja¡¡zar ."llti n·ser­vas con oportnui cn •Hh (·on almaceJH.'S fijos y móviles n retagum dia. E. ta forzada d<>pendc11cia embaraza y agarrota las opera<~ioues, lt•s qníta 1·a pid('z y eu rgía "5' las ll 9 puesto que crece en razón directa del efectivo de las tropas, lo limita Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETII MILITIR ~ ae su) ... O, y se ,.e que nunca podrá ser gratule, so pena de verse inm(>diatamente paralizado por la imposil>ilicta'l de ,·ivir. Las dificultades rnpefia.udo en el tiemp0 oportuuo la cantidad rle tropas req uericla. para. t>jecn tar el ataque. }Iieu­tras que el defeusor desplit..•g-a á sus aucha.s en posición esco· gida y preparada de antemauo, darHlo á cada arma el 1 ugar "!Ue más convenga á su acción, el que Htaca tiene que avanzar ~n columnas profurulas, que por los oh~táculos s del mando,~¡ huy qnP clnr gran s. ten.sióu al frente de ataque y fl'acciouar mucho las fuerzas. El menor descuido eu Jos preparath·os, el más le,·e error en los cálculos para hacer concurrir á tiempo las columuas, pue­de dar lugar á nn jor combinado. Es preci¡.;o, por tanto, determinar con matemática exactitud .en las órd e iH~s la marcha de cada coluwna, después de bien axamina(los los obstáculos que haya Je la acción de n mando único. Cada n~1a de las columnas debe por tanto oomprender bien el cometido que le toca en el conjuuto. Ocio­so es añadir que el General en Jefe ha (le tener coufia,nza en . !os comandantes de columnas:" si éstos no son vigorosos é iu- · teligentes, el ataque se malogra. El mando superior ~a no dispone de las columnas en cuan­to salen de su mano: deberá pemmr en todo con tiernpo, pues­to que luégo será iruposible corregir los errores del plan pri­mitivo: faltas que en la llanura pudieran pasar como veniales, ó por lo meuos no traer consecuencias funestas, son origen á ~ces en montañas de inconcebibles catástrofes. Hespecto á. la forma del ataque, en montaña lo mismo que .en llanura, no puede teuer sino una. de las tres consabidas: romper por el ceutro, envohTer uua ó las dos alas. En la pri-nera, si el agresor, por amagos y uemostracioues, lta consegui­- tlo aturdir, desorientar y diseminar, y luégo arremete eon ím­petu, no hay duela que el resultado será aun más completo que en el llano, y logrará coger prisionera la m::.yor pax te de la fuerza defensora, dislocada y atiende ante todo á la comodidad del soldado, limitándolas á jornadas de 20 á 30 kilómetros y dejando entre cada euatro ó seis, un día de descanso, qne se dedica al aseo personal y at arreglo de los desperfectos en el equipo .Y material. Las de guerra, por el contnuio, como obedt>ceu á un fin e8tratégico ó táctico, son de longitud muy variable, que. aumenta hasta exi­gir grandes esfuerzos, y sn ~jecnción equiere diRposicione~ especiales que garauticeu el medio ue pasar fácilmente á las d6 combate. Mieutras las operaciones lo permiten, las marchas de guerra ¡.:e hacen por jornadas iguales como las de etapa, á tin de e\'itar fatiga que, no obstante, resulta mayor, por la necesi­dad de llevar las tropas pre~enidas para el combate y alojarla~! con sujeción á un or(len de batalla, que algunas veces precisa á dejar los abr.gos buenos y de pronta instalación por otros insuficientes, ó por el vi~ac~ pero cuando conviene ganar terre­no, se aceleran, ltacietulo jornadas algo más largas que no se interrumpen con ningún día de descanso. Las forzadas se im­ponen en circunstancias críticas, obligando á marchar día y noche con sólo los precisos descansos para refrescar la. tropa y sostener ~us fuerzas hasta el fin. En general son más perjud ·­ciales que útiles, porque el apresuramiento con que se lleva á efecto rompe la. cohe~ión de las columnas, que dt->jau tras sí · nn continuo cordón de rezagados, rinde y abate al soldado y lo exaspera iucitá ndolo á quebrantar la disciplina~ estropea los caballo~, destruye el material y "' tear, y en invierno se aprove­cha el m dio d e l día . }"> o r exct p e i6u se mardnt de not:he en elima :::; muy cálid o ~, ó cm udo t:ie tra ta de llevar {t cabo una ope rac ión o c ulta, mas eu c ~ te ca go es indL pf>nsnhle nua abl:'O· luta r~._ P n' a, c o no< ~ im J e u to e xado tlt'l tt-'lT e uo y de la 8i t uación ·del en e migo, y graudes }H' •catu;i o11 e s p a ra no cae r eu una ern­bos(' ada. De tOg·o, aunque con menos rapidez. La caballería tie ne una m a r c ha wás desigual, pt.>ro en caruhio pue­de r e corre r en poco ti~mpo g-nuule· trayecto. , altt'rnaudo en el trote y el galope, si bien este recurso s e rcst'r\'a para casos extra<.JI'dinaríos, porque empleado de continuo ]Wt'judica mucho al ganado. Igual 6 parecida. aptitud tiene la artillt•ría para mar­char, especialmente si es n el orden de batalla. r.Ja. infantería que forma. el núcleo de las columua8, marcha tle á cnatro con dos fila por cada lado del ca mi no, <.lt·jando el centro lil>re á la circulacióu; la caballeda de á cnatro, si lwy auchura ISUficien­te, y no habiéndola, de á do ; la artillería. ~n columna de pie­zas por un hulo, para que cada carruaje pueda Yolverse en cualquier momento obre su misruo tt•rreuo. El máximum de fuerza· que onliuariameute compone una columna ~ la división. El cuerpo de t'jército m:ucba n dos mientra8 e po ible, es deeir, mientras el intt•rva.lo que las se­para uo impide que se ayuden mutuamente y con la d~uinieros, ot.t·o batallón y uun. amhnland:t. Ter·cer· gTnpo (:'t nn kilómetro lle distancia, fi>rma ndo la ea b1•za dél e11erpo prnwipal): el reRto de la prime­ra. briga.tla, lle\ranclo las batería~ g-unda. , Un cuerpo de t::jército qne marcha por un 8olo camino, llent sns clivisionPs ol'g·anizala 11 te de la vauguara.llo. La vanguardia. eon¡.:;ta: de una brigada de iufan­ría, dos baterías, nn de¡.:;tacamento de ingenieros y una ambu­lancia; la artillería de cuerpo marcha entre las dos divisiones, y en la retagu.a.r de nuestras fuerzas por territo­io venezolano para atacar á Tasajero) en provecho de una causa ~iosa, tantoallende como aquende la frontera." Esto es de un B?­! etín de Uribe Uribe. Por lo pronto pudo parecer tal párrafu como ~ imple literatu­ra dP. boletín revoluciona r io, no ob- tante lw grandes auxilios que dicl10 Gobernador suministrara á lo rebeldes rompiendo todo pre­~ epto de Derecho internacional; pero después de La Laja, anima­do aquel General con la esperanza del triunfo de Uribe Uribe, se quitó la careta, y con su Estado 1\1ayor pasó la frontera, se incor­pol'ó en Cúcuta á los rebeldes, y cuando éstos se movieron hacia Paf?negro, quedó en realidad de verdad como guardián de la ciu­dad, con tropas regladas del Táchira, de seguro mediante algún ~stipendio que ignoram0s cuál .ea, pero que es muy probable tu­viera relación con el asunto límites, á juzgar por la actitud de la prensa liberal cuando la discusión del tratado sobre modificación iolel Laudo arbitral español. Ahora bien: si el Jefe revolucionario llam0 cinismo cobarde la 3-upuesta petición mencionada, ¿qué nombre ó calificativo merece .,.¡acto de traer un Jefe extranjero mediante pacto, infame cual­quiera que sea, y permitir á sus mercenarios, en cambio de servicios G:ontra la patria, escenas de pillaje y devastación como el saqueo de Gramalote? En verdad que lo natural sería negar la ciudadanía á uienes de tal manera proceden contra el suelo que los vio n~cer. Por fortuna el ya mencionado Peiíalosa, el filibu tero liberal ve•tezolano, cayó prisionero en Cúcuta, y decimos por fortuna, porque tal prisión hace que los revolucionarios sans patrie no p~­dan negar su crimen. Por lo demás, á la justicia militar correspon-e aplicar á ese intruso Gobernador un castigo que señala hasta el ódigo expedido por los mismos liberales en 188 I, á saber para este c.1so, diez años de presidio con el grillete al pie. Otro de los Jefes rebeldes, el General Herrtra, Había escrito que á fines del año pasado no se atrincheró en C1ícuta el Ejército evolucionario por "evitar á una ciudad amiga y que tan valiosos intereses guarda, las escenas de sangre y devastaciún c0nsiguientes á un combate." Pudo ser verdad est,>, es decir, t.d sentimiento pudo influír en ese entonces en el ánimo de Herrera, para no li- · brar combate dentro de Cúcur-a, pero después los rebeldes cambia­ron de ideas, ó tal vez arrojaron la máscara, y no sólo no evitaron las escenas que preveían, sino que las reagravaron guarneciendo la plaza con mercenarios venezolanos, con prófugos de presidio á · uienes nada importaba lo que sucediera á la "ciudad amiga," que será muy estulta-esta eg la palabra-si no cambia de ideas políti­~ as después de lo sucedido. Oigamos lo que dice el parte oficial sobre el particular : Aflictivo en extre1 o es el aspecto que hoy presenta la ciudad, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIM MlllTAR '--"y-" 155 ayer próspera y floreciente y hoy de nuevo convertida en escom­bro : puertas y ventanas lujosí imas destrozadas para trincheras ; cadáveres de hombres y animales juntos y despedazados ; riquí i­rnos muebles frao·mentos de ropa de soldado en, ano-rentados sobre , b b lujosas consolas; la, calles todas ob truída p~r enon~1es vigas y erizadas con cuerdas de alambre, saco de cafc y harneadas de la­drillo de lo. embaldo,ados, convertido en fo. as, trozos de periódi­cos y libros magníficos rodando por el suelo ; la e.,tatua de San­tander ostentando un simbólico balazo en la frent , y, en fin, un cúmulo de ruinas levantadas por la mano neg1:a de la Revolución, como testimonio elocuente de una propaganda de exterminio y de libertinaje." ¿ Por qué ocuparon los revolucionarios á Cúcuta para some­terla á las escenas de un combate ? ¿ por qué no se establecieron de nuevo en sus "inexpugnables posiciones~, de 'l'J.sajero? Porque los que tal hicieron no eran colombianos en su mayor número, y les interesaba acabar con la rica y próspera ciudad. Por fortuna, y en desagravio de la majestad de la patria, tan villanamente ul­trajada, podemos asegurar 4ue la fuerza revolucionaria que la OCU­paba excedía de 1,500 hombres, de los cuales muy pocos pudieron escaparse, y que para los presidiarios venezolanos no hubo cuartel. Lo sucedido en esta guerra demuestra que es necesario dictar cuanto antes decreto legislativo imponiendo la pena de muerte contra todo filibustero ó mercenario que se coja en armas contra. el Gobierno dentro de nuestras fronteras. Los gr<.lndes males exi­gen enérgicos remedios. Y nos~ alegue que Venezuela es República federal y que el Gobierno central detuvo los buques rebeldes en sus puertos, por­que tal medida la dictó después de las victorias legitimistas de Palonegro y Cúcuta, y cuando supo que Colombia había comprado buques de guerra para limpiar de piratas nuestras costas, siendo de advertir, además, que uno de tales buques detenidos era propiedad del Gobierno venezolano, entregado por venta simulada á los rebel­des, y que el Gobierno de la vecina República había reconocido la behgerancia de los revolucionarios declarándose neutral entre éstos y el Gobierno de Colombia ! Y públicos son los compromisos que mediaban entre el Presidente Castro y la Revolución que acaba de vencerse en cien combates y la compra de parques por su inter­medio hecha por aquélla en Trinidad. Tiempo es, pues, de retirar nue~tro Ministro en Caracas y de terminar toda relación amistosa con q\lien nos trata con tanta perfidia: entre Colombia y Venezuela se extiende hoy día inmensa fosa, la fosa en que yacen 34,0'J0 colombianos destruí dos p0r la Revolución. Y si de la frontera del N or.te volvemos los ojos á la del Sur, d cuadro se reagrava; la intervención del centralista Gobierno del Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 156 BOLETIN MILITA ~ Ecuador ha sido más descarada y desleal, de tal suerte que el últi­mo de sus Minisúos vino á servir en Bogotá de agente de la Re­volución, tomando las d~ villadiego cuando la gigantesca victoria de Palontgro le hizo comprender que estaba herida de muerte la negra causa en que se había afiliado. Allá en el Sur prisioneros están los jefes, oficiales, banderas y cañones del Ejército ecuato­rianq que el Presidente Alfaro envió en auxilio de la Revolución. La justicia exige que se tomen cuentas por tamaño ultraje, y se exija al Ecuador el debido resarcimiento de daños y perjuicios, para lo cual basta y sobra el valeroso pueblo caucano, principal agravia­do en la contiend-t. Pero la queja mayor la tenemos contra el incalificable Go­bierno de Nicaragua, que al apoyar á los rebeldes sitiadores de Panamá, tuvo la osadía de enviar su buquecillo de guerra con ca­ñones y un batallón de su ejército regular. Tal (-yobierno sacó la cara con tamaño atrevimiento porque supuso triunfante la Revolu~ ción, y en castigo es preciso que los buques-de guerra que hoy for­man la flota de Colombia vayan á bombarde4r los puertos de aque­lla Nación villana que auxtliaba un movimiento · infame contra la integridad nacional. Es imposible tolerar la ofensa recibida; las Islas Mangles y la Mosquitia claman al cielo contra nuestro descuido, y . no &eremos dignos Gel nombre de Nación libre y capaz de existen­cia independiente si no imponemos ejemplar castigo á semejante desmán. Y como los rebeldes del Istmo-por fortuna muy pocos pa­nameños- pretendían convertir esta hermosa y fecunda tierra en feudo que explotar á su sabor con norma filibustha, preciso es aclarar el punto h1sta la saciedad, para demostrar á la faz del mun­do el verdadero carácter pirático de la rebelión, arrancarle la careta y abrir los ojos á multitud de ilusos colombianos que con esfuerzo digno de mejor causa ayudaron, tal vez sin saberlo, á ca­var inmensa fosa para sepultar á Colombia, y de la cual sólo nos ha salvado la Misericordia Divina. En la actual rebelión, como Francia á fines del pc~sado siglo, no sólo hemos vencido al enemi­go intestino, sino también á una triple alianza forjada por el odio, la envidia y el crimen. Salvados del n~ufragio no sólo tenemos que dar gracias al Todopoderoso por el triunfo de la ca usa conservadora, sino que de­bemos poner punto final á la anticuada fraseología que no_ hacía llamar "Repúblicas hermanas" á pueblo que sólo anhelan nuestro exterminio; cese el quijotismo, y abramos los ojo á la amarga rea-lidad. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOlETIN MiliTAR ~ (Continuación) II HJT Tres leguas mHs adelante de Zipaquirá eoncluye el camino 11ano y empit'za la subida del Boque'r6n de Tier'raneg1·a, .midien­do legua y cu1:1rto basta llegar fJ· la cumbre, 2,868 metros sobre el nivel del mar. El viandante perdona entonces, de buen gra­do, el cra~o error de consen·ar el camino por encima de este cerro, ahc1ndonaudo el llano qne lo rodea: la fatigosa peua de tanto subir queda 1 es~ucida con la contemplación del grandioso espectáculo que á uno y otro lado 8e presenta. Hacia el S. se ven, como uua alfo111bra matizada de hermosos colores, las ri­cas y extensas llanuras que se desarrollan desde el pie del Bo- . quer6n hasta la distaute azulada cordillera del antiguo Cama­naos y del Teqnt'nrlama, dominándos~ la serie tumultuosa de cerros extendidos á derecha é izquierda de los valles. Hacia el N. surgen las multiplicadas cre~tas, desnudas y despedazadas, de las dos rama~ principales de la oordi11Pra, y más ahajo se extiende un anfiteatro de cerros menores, formados á expensas de los primeros, que atestiguan las tremendas suble\~aciones y los hundimientos posteriores que eu tiempos no mny remotos trastoruarou aquel territorio. Desde esta altura se ven clara y mauifit>stameute los dos grandes sistemas de valles que se in­clinan al N. y al S., y cnyo suelo limpiamente nh·ela<.lo y com­puesto de capas de aluvión, con~erva todos los caracteres del fondo de grandes lagos tranquilos, uno de los cuales tuvo su principal y último desHgi.ie por Tequenclama, y el otro por las roturas y abras al N. E. de Simijaca, confirmándose la tradición chihcha que establece la existencia de esos mares dulces, próxi~ mamente hasta dos sig-los antes de la conquista., según lo indi­can la composición y couformación actuales del terreno, y se­gún puede juzgarse por la antigi.iedad histórica de los Chib­cbas, puesto que sólo en 1470 empiezan los anales de los Zipas y las crónicas de la civilización de aquel pueblo, que sin duda necesitó el transcurso de tres siglos, por lo menos, para poblar y labrar las ,-astas planicies comprendidas entre el Teqnen­dama y los últimos cerros de Sngamuxi, después que las aguas las hubieron abaudonado. * Tra~puesta la cima del Boquerón ~e baja un trecho de dos legu;.u~, hasta el pueblo de Sutatausa, dejando ú. la izquier­oa á Tausa. envuelto en la niebla y en el humo de su salina, que sólo á ratos descubren las hnmildes casas de paja, agrupa. das en torno de la iglesia. El terreno que corta el camino en este espacio es árido, revuelto y trastornado, minado hasta lo • Conviene advertir que todas•las teorías y afirmaciones geológicas de e te ca­pítt1lo estátl reehazildas y negqdas por la .ciencia mederna-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. é inútil hasta que ad- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIJI MILITAR ~ 15t y desah1jndos, con gran morhmdaYe aflos a11te::;! * Elt·c<·uenlo tlel sangriento suceso me hizo pasar el de::; ti ladero co11 derta Yeneraeión por la nH>mori& de los Yen<'itlos, defen~Ofl'li de ~u patria. y hogares s de la sanW. libertad, }lor entonct~~ perdida. Al pie dt:~l Pdión detuYe el e·:t­oallo, proenralldO Ímllginarme la SÍtnacÍÓil de los l:lSl: lta(lOS y el trance del combntP, que sin (~io y peligroso miet. tras los twrtinace:-\ eunqni~tan la cumbre ngital>a con ::;ordo y prolongado rumor los ár. lJolPs em.t.uos qne la coronan P:uecíame oír el clamor de lo& combatientes, tumultuario en lo alto, ronco y amenazadot· e~ lo bajo de la. <'asi iuaeeesihle fortaleza. La cieucia de la des­trncciou tl'inufó dPl mnyot· uúmero, y la yerma soledad 8e esta­bleció p;na~ es~asa:s m:-ls :ulelan te mptH~~ ta. c.e capa~ gc ,. en este Yalle ú nn grado de perfcceión y ntriedad, tle qne ltoy no se th·ne i(lea. Atrasiésaulo eu la dirPt'Ción S.O.. N.E. los rntchuelos Hltto de Suúía y Uúaté, alimentados por • Inútil parece hoy rlemostr:n la evidente exageración de tales dfras-I .• D.. • Contradicción palmaria, proveniente de la necesidad de sostener hechos iu­ex'lctos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • . 60 BDLETIII MILITAR ~ las vertientes de la alta cot·diller~' (lel O., los cnaleR ~on la base de un .,istema. de irrig-ación apenas bosquejado, y que en lo futuro asegurará la felici(la1l permanente de la llanura, cons­tantemente enriquecida con lo,;; despojos de los cerros vecinos. En medio de las sementeras y trojes de hermo~o trigo, y á pequeñas rli~tancias, se alzan las habitaciones de los cultiva­dores, feas: y toscas más de lo que puíliPra esperarse fle gentes muy lejos de la indigencia, .y tan rcdncidnau obs: truiclas por hneyPs enjalmados, con carga y sin ella, y por mu chednmbre de indio~ y mestizos, más ó meuos aiPgr·one , á -cansa le la chicha, los unos disputau(lo á gritos en mitacl de la calle, y los otros agrupados en la~ ti u das y pa ~~ ndose de mano en mano sendas totuma del licol' popular, miPntras 1 algún tañeclor de tiple rasgaba con entusia m o la cuerda~, y entonaba el monótono recitatlo en que xpresaha sn pena de­lante de la redwncha. Dulcinea, objeto r clogmñ ticauwn t~ ·al indígena ~n i nterlo­cutor. P1>r en me
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 163

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 162

Por: | Fecha: 28/07/1900

BoGOTÁ, juLIO 28 DE 1900 -------------------- ----------- ~~ ---_------------------------ --· lle•111r~tu ~~ Or¡rano del :Jiiraisterio de (Guerra y del Ejército on colaboradores de este periódico Jos Jefes y Oficiales del Ejército Direct3r ad honorem Franci!llco J. Verg"ara V. General, Miembro de la StJCiedad Colom~ia.a de IngE>nieros JSTU1V.J:. 182 )]}~@ .._:. ~Jjp@ Jt\jo 0 •• M~ lJ.®@@ (r I DE JULIO) reform 11 torio clel q•le orgnniz!\ un Consejo ele Gue:rra vetbal permanente El Presidente de la República DECRETA Art. I .0 Para evitar las dificuitades que se han presentado para la constitución e instalación de un Con ejo de Guerra verbal permanente, creado por Decreto anterior, dicho Consejo quedará ~onstituído por cinco miembros, de acuerdo con el Código Mili­tar, así: dos Generales, dos Coroneles y un Sargento Mayor; tendrá además un Coronel Fiscal y un Oficial Secretario. Art. 2. 0 N 6m brase p ara tal efecto á los Sres. Generales Antonio B. Rebollo y Agu s tín Garzón; á los Coroneles Francisco ·robar Morales y Julio Escallón; y al Sargento Mayor J O!)é Luis Pieschacón. Art. 3. 0 Los nombrados en el anterior Decreto que no figu­ren en el presente ocuparán los destinos que tenían antes d'! la expedición del Decreto reformado. Comuníquese y publíquese. Dado en Vi lleta, Cundinamarca, á r I de Julio de rgoo. MANUEL A. SANCLEMENTE El Ministro de Gobierno, RAFAEL M. PALACio-El Minis­tro de Relaciones Exteriores, CARLOS CuERvo MÁRQUEz-El vn~-7 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 98 BOLETIN MILITAR ~ Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA-El Ministro del Tesoro, F. J. lNSIGNAREs-El Ministro de Instrucción Pública, Encargado del Despacho de Hacienda, MAR.Co .F. SuÁREZ. --~·--- riDmJ©Jmm~~© ~.o .• m>~ JI®®® (18 DEJULIO) por el cual se traspasa una fa culta d al Director general de la Policía Nacional El Presidente de la República DECRETA Artículo único. Desde la publicación del presente Decreto co­rresponde únicamente al D i rector g eneral de la Policía Nacional la facultad de expedir salvoconductos y pasaportes á extranjeros y personas civiles para transitar en el Departamento y fuera de él. §. El Director general de la Policía cobrará por la expedición de salvoconductos y pasaportes los 11 ismos derechos que hoy cobra la Jefatura Civil y Militar de Cundinamarca, y los fondos que de esa manera se recauden ingresarán en la Administración de Ha­cienda de este Departamento. Comuníquese. Dado en Bogotá, á I 8 de Julio de I 900. Por delegación del Excmo_ Sr. Presidente, El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA --~·--- Rqpúó/ica dt Cq/omb i a- MiniJ te r io dt Guerra- Sección 1.•- Nú­mero 547-lJtJgotá, 4 de No v iembre de 1899 ir. General Comandante en Jefe de i E j ército Por Decreto de car~cter legislativo, de 18 de Octubre próxi­mo pasado, del cual debéis ten e r conocimiento, se di~puso que, en atención al excesivo trabajo en el Mini sterio de Guerra, se au­mentara, como en efecto se aum e ntó, en un 50 por 100 el sueldo de los en1pleados civiL:! s del Mini terio de Guerra; hoy me permito signiScaros que e ta gracia se ha he h > extensiva al Habilitado del Cuartel general del Ejército, Sr . .t.milio García, al Teniente Bruno de los Santos y al Subteniente Jacinto Uribe, estos dos últimos Adjuntos al Estado Mayor generaltsimo, y que trabajan en este Despacho. Lo que tengo el honor de comunicaros para los fines consi­guientes. Soy vuestro atento servidor, Por el Sr. Miniitro, el Subsecretario, cLÍMACo LOSADA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y--' (Cor.t:nuaci6n) Repartición de las fue'rzas 91 Para defender un país de montaña es indispensable, como e queda repetido, recurrir al empleo combinado de la ofensiva y lla defensiva: para lograrlo hay que di,·i(lir las fuerzas general­Jmente eu tres líneas, ó más bien fajas, una detrás de otra, como een el servicio avanzado, com<:> en la guarda de 'l.U~ ·río, como en tto(lo cornbate en general. La primera, de tinada á obse'rVaJ· a nemigo y también opon(•Jle, cna11do ataque, la mayor resisten-} <..Cla pOlSi u le. Ularo elS, por con iguien te, que llO basta formarla tcon pequeños puestos, <]ue fúcilmeute sean rechazados y reba-sados: es pr{)ciso, al contrario, colocar eu ella tropas suficien­ttes y bien situadas para mauterwrle en jaque. La línea extrema sse conformará á las reglas generales del ervicio avanzado; 1 pero como en las montañas se agravan las penalidades por el suelo y por el clima, debe reducirse el efecti\·o á lo estrictameu­tte necesario. Eu segurllla línea, y á distancia. variable de la primera, ddeben apostarse los primeros apoyos, sostenes 6 'reservas, que aalguuos denominan tácticas, por opo icióu á las segundas reser­' •a , más lejanas y en terc~ra líuea, que llaman estratégica~ . .P.Aceptaudo los dos aer{t e _mplearlas prt~fprentemente en el ser­vicio (\e a va nzatlct, put> 'to q u • t'l'ito.s rnon ta Ji eses conocerán perfectanwnte sn propio uelo .Y tPrulrún iuteré.s en cleferulerlo. Siu embcngo, no tlt>be Cdntian~e por t:>tnero este servicio á gentes que, sin instnwción militar, ,' 1n ("Xperi('JH:ia de la guerra J expue~tas de ~Suyo á alanuas inftlltdada~, podrían abarHlonar prematuramente, eu ca8o de at<-HJIH', ciertos pnutos principales. (Jouviene, pues, alternar, intt~rcalar en lo~ puestos mús impor­tantes fuerzas del ejército rt'g-nlar. De todos modos, los parti­darios 6 guerrilleros (si reúnen la' cotHliciones rHlo el papel mpo á la llegada dt~ las rel'\er\'as f'~::~tratégicas, 6 para Pjecn.tar laR maniobr-a~ Jll'(•paratoria¡.; de nn golpe deci-) sivo, el eomanclante (le la re~Pr\'a túetiea no dl'lle ¡wHlouar me­uio de entorpecer el progrt:>so y el axanee, ya multiplicando los obstáculos artificiale , ya apr·ovt>ehan1lo los tmtllralt~s, hacieudo frente al a.tlversario eu pnntos relati\·autente fLwrte~ preparados al · efecto, y tentÍt'CtÍ\·o total oe las tropas, si se qnier • qne l<1s ru. 'l'lTas tficticas lleueu comple­tameute su encargo. A u lllt'tl taudt) esta pt oport•ióu, se debi li­tal'Íau las reservas estraJétJicas, apo. t;.tter~e de dos tt•reio:-., ó pot lo meuos rvar lilH·rtad de :te<~ ión, no dehen estar dema­shido próxi me:H5 ~ las rcst•t·,·as lác:ticas; al c,,n tnnio, lm~tan te detrás, en lo8 punto, .n te e¡ ne en este pn nto, ó Pll su proxi­mi< lajano de 1 a primera línea. de defensa, conviene cliRtrihnírlas Pn l;ts líneas interior(.>S de comunicación 6 de nwniolwa e¡ ne cortPn tra n~v<>rHaluwn te las de operacioue~. Así h1s tropas fHH·den vivir, alojarsP, alimet:tar:e más c6molla­mente, y t>jt>cntar tamhiéu eon mayor holgura y rapidez los m o vi mi en tos y m a niohras necesarios. Cnanclo las líneas ~tiu.ulas ú Hllft>usiva, 11i esperar el ataque en posiciones pre­parada. · IPs :in auxilio de tig-nras qna en esto ca,os más mbrollan que ~ · ~clarpe 1 11. Ahnndan <·ft>etivam •ntP •11 laR comareas montañosa, 1M~ pm;ir.ion es, : i 11 }.!111 a l'IIJt•u h~ rlf:lcns i ¡;as. e¡ ne reúueu la tlia tan grave inconveniente, adoptando para los flancos (que se pt' ocnrará adelantar todo lo posible) una. formación escalonada, cubierta por talas ú otros obstáculos. Si el defensor <.lel valle apoya uno de ~ns flancos en un arro­yo ó torrente, ordinariamente muy encajonado, deberá vigilar el lecho con suma atención, no aólo cuando venga eco, sino aun­que traiga mncha agua.. Nunca dejará ele ocupar la margen opnesta; porque si se de defian por nimias ciertas precaucio­nes, una columna enemiga quizá logre deslizarse por el lecho del torrente, casi siempre practicable, y tomar al defensor de flanco y de revés. Generalmente las buenas posiciones con el frente á la cabecera del valle, no sc:1encuentran sino en aquellos parajes en que otros valles y cañadas la.terales ó ~ecundarias vienen á conflnfr en el va.He principal, sir-viendo en cierto modo como de foso á aquellas posiciones. En este caso la pendiente de la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ lO~ montaña, sobre la cual se establece el defensor, es rápida hacía el enemigo; las comnnicacionPs por Jo g-E-neral están Jpjos, y á vece::; no conducen si u o á la ca.becera del valle inrnPdiato; y entonces se pne(len cortar ~. tos cnmino~, lo que obligará al arlvt>rsario á moYirnientos muy ex<·éntrico~, f>n los que perderá mucho tiE-mpo, elNnento e~f>ucial en la cl.-fell~a rel-ltiva. Ent.re las (lesventajas de estas po-.,iciones en el foudo de un valle, la mayor es qne casi siempre hallo sobre la corriente fecto. Con dt>nP, pnes, ren nnciar ft tales posiciones, sobre todo en valles algo' anchos, porqn~ PS marchar á uu des­calabro inevitable, sin consegnir el re ·nltale. Mejor será en tale~:~ casos retírar~e des1le lu.-go, y retroceder al punto más próximo en qne el valle se estreche. Las po~iciones en el fo11llo del valle, con el fr·ente á la de3- embocadura, tienen por lo regular la ventaja de ser dominantes, porque tanto la solera del valle como ltts alturas qne la circun­dan van gradualmente :'!ubien1lo á medi1la que se remonta á la cabecera. Siempre cotn"Í(>ne protf'ger lo~ fhtucos con formacio­nes e~calona.das á vangnarclia; annqne bi n se comprende que Jo~ moví mi en tos envolventes del enemigo han de aumentar en dificulta(leu con .. iderar corno inata­cables de ft·cnh.•, porqne el enf'mi~o, expnesto al fuego •lomi nante del defensor, eMá ohlig-aclo primeramente á pa -arel río ó arroyo que corre por delante uel frente, y cuan~· n:-lor. Y eomo la ejecu­ción de nn movimiento envoh·ente cuesta mnebo tiempo, y el tiempo, repetimos, es f;.tctor mny principal en la defensa, se pnede conclnír eon segnrWad qne e~tas po iciones á media la­dera son las qn , ofl'ecen mrts VPntaja. en paí~ de montañas. Lo movimientos euvol\~eutes y de flaneo son f:-lcile de contrarrestar, :r el eneargo ntorpe?cerlos pue- · de darse al paisanaje, que guardará los pa.~os uifíciles siu gran esfuerzo. · Las posiciones sobre nna cumb't·e donde se reúnan dos 6 más ' valles necesitan, tanto en la dPfenRa como en el ataque, fuerza relativament€ con. iclPI'ahle. La primP.ra se guardará biPu de abandounr con flnjPclaH ~rtos ó pa.~os, y apostará desde luego la ·reserva táctica en ellos rnistuos, lo más cerca po­sible del borde de la vertiente que mira al enemigo, y que se Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 104 80LETIN MILITAR ~ reforzará con trincheras, talas, etc. A la vez estas posicione1 dan la ventaja al clefensor de tomar la ofensiva, cuando le pa­rezca opoL·tnno, y lle\ar la guerra al territorio enemigo. Respecto á las cwnb~·es ó al tu ras, se com prencle q ne las reglas para su elección, ocupación y ct.efensa han ele variar se­gún su respectivo pn:fil .( :.:tsí se llama un cort~ imaginario ó .sección transversal de la montaña); según la mayor ó menor pendiente de las faldas ó laderas, y según también la naturaleza cubierta 6 rasa y la e ·tructura del sueto que las forme. Este ángulo de inclinaci \ n ó declh·e, es decir, el que la vertiente forma con el plano borizonta,l, determina ~eusibles tliferencias. El de 45 grados, ó mitad tlel ángulo recto, se considera " téc­uicameute" como inacct"sible ó impracticable; el de 42 grados, en terreno areni co es el limite casi para el cazador suelto; el de 35 es muy difícil todavía; el de lfl lo es para acémilas car­gadas; el de 7 á 8 se considera como máxiruo para carruajes. De manera que puede llamarse declive, ó pendiente, ó rampa. l!mave la que varía eutre 8 y 15 gnulos; fuerte ó agria, desde 30 hasta 40. Aquélla favorece el fuego rasante y la reacción ofensiva contra el que ataca: esta última perjudica bajo ambos a~pec­tos. VisiblemeJtte la primera, más casi que defensiva, está in· dicada como posición ofensiva: mientras que la segunda, por lo que embaraza y dificulta los movimientos agresivo , con\·ida á la defen a patJiva y absoluta. Por eso el sistema de alturas con alternativa de pendient~ · , con r~~a.ltos 6 rellauos, hermas y escaloues, da á la posición un carácter mixto, que concilia ventajosamente los llos extremos. La de pendiente muy suave y descubierta (de 8 á 15 gra­dos) se ocupa, ó técnicamente, se co?"·ona, di~poniendo el grueso de 1~ infantería á 40 ó 50 pasos lo más ele la cresta 'militar, como suele llamarse á ht arista ó línea, no muy marcada, de encuentro rlel plano de la 1Jenrliente con el de la cumbre, cima. ó mes¿ota. Sobre ella se esta )lece la artillería, destinada á barrer con fuego ?'·a~ante la rampa d uhitla. Ma , por suave y li~a que ésta sea, .·iempre tendrá alguno~ árboles, mataH, hoyos y asperezas qne utilizarán los bueno~ tiradore . Estos, al avan­zar el euemigo, cuidan inacioues de infi­nit. a variedad que sería. prolijo tlescribir. Si un gran ,·el llano corta la pendiente en dos, la defensa lo utiliza, <.lh·idiendo también su fuerza én dos trozos. Pero cui­da do mucho ele la cmnunicación, para que al eva.cuar el esca. lót hajo, no sólo sea pronta y segura la. -retirada, sobre todo de la rtilleda qne se hubiese esta.blecillo, sino que el frente quede al punto despejado, pM O COMANDANTE DE AVANZADAS Ó JEFE DE VANGUARDIA Para las situaciones particulares en que la infantería va siem­pr ·e apoyada por un destacamento de caballería, y á veces por al­gwn ~as piezas de artillería, no encuentra el jefe de batallón, ni en la t:eorías ni en las escuelas del tiempo de paz, las instrucciones ne.! cesarias relativamente al ejercicio de su mando; y sólo la prác­tic:: a de la guerra ha confirmado la verdad los textos reglamenta­riros, según el cual "es preciso que en cada caso el criterio priva- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 108 80LETIN MILITAR '--"y-" do sepa discernir: 1 .0 , cuáles son las condiciones de cumplimiento de la misión principal, cuyo fin es asegurar en todas ci~cunstan­cias al grueso del ejército, e11 estación ó en marcha, el tiempo que le es necesario para tomar sus disposiciones de combate; 2.0 , qué fuerzas deben emplearse para lograr ese res ultado." Las prescripciones de los reglamentos se encaminan más bien á dar á las tropas una instrucción uniforme, que á trazar reglas invariables para esta rama del servicio. La nueva manera de hacer la guerra ha puesto ya muchas veces en aplicación, para el servicio de exploración y seguridad de las tropas avanzadas, nuevos principios que, teórica y práctica­mente, no están del todo fijados todavía, y que rara vez llegan á ser comprendidos aun en las maniobras de paz, donde ante todo se trata de hacer un estudio instructivo de las prescripciones gene­rales. De impor:tancia suma es que el jefe de batallón que se halle en la guerra en situación de adoptar disposiciones particulares con­venientes á la dirección de un servicio de vanguardia ó avanzadas, sepa claramente, á este propósito, las medidas que puede dictar, la situación y las disposiciones que debe prescribir á las compañías y al destacamento de caballería colocado á sus órdenes. Impórtale, ante todo, cumplir su cometido, gastando lo menos posible de s us medios y sus fuerzas; porque durante la guerra, en que con fre­cuenciA es desempeñado el servicio de exploración y de seguridad largu tiempo por unas mismas tropa , antes de que sea dable rele­varlas con otras, es esencial que la s economice, y que sepa en qué límites puede hacerlo, sin perjuicio de la buena ejecución del ser­vicio, y sin comprometer su res pon abilidad personal. Un jefe en cuya cabeza no haya sino ejemplos sacados de los ejercicios de paz y de los reglamentos, está m u y predi ~ puesto á exigir de su tropa un servicio sumamente dificil y penoso, sin que por eso logre me­jor el objeto capital de su misión, que consi te: 1.0 , en informarse de todo, rápida, exactamente y en tiempo oportuno, para poder ponerse siempre en seguridad contra las empresas del ene mi g o; 2.0 , en tratar de descubrir los emplazamientos que e l adversario ocupa y los movimientos que efectúa, y dar noticia de ellos con exactitud. Un comandante de vanguardia ó avanzadas necesita, más que cualquier otro jefe de tropa en lí nea, saber orienta rse con prontitud sobre el terreno y sobre el mapa, y abarcar la situación en su conjunto estratégico. Debe igualmente, por medio de indi­cacione;) cortas y precisas, trazar á sus subordina dos la línea de conducta que hayan de seguir en cada caso particular, cuidando con sumo esmero de no infundirles aprensiones demasiado vivas, ni una seguridad tal que los incline á la negligencia. Como no siempre puede contar, para el cumplimiento de su misión, con subordinados que sepan juzgar por sí mismos, pron- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoLETIN MILITAR ~ 100 tam1ehte y con inteligencia, de la manera como habrán de cum­plir las misiones que se les confíen, de:berá indicarles la regla que hay1an de seguir, y trazarles, en todos los casos, su acción perso­nal y hasta la parte de iniciativa que podrán tomar; pero evitará dar cometidos demasiado difíciles á quienes no posean la suficien­te ccapacidad para desempeñarlos cumplidamente; y de no serie dabJle esto, auxiliará á los nombrados con la claridad de sus ins­tru cciones. En circunstancias importantes no ha de temer dar personal­me! nte instrucciones minuciosas á los oficiales ó á las patrullas, puees este es uno de los caso<> en que procede precisar el límite de la JJibertad de acción que debe dejarse á los jefes subalternos para el ccumplimiento de su ·servicio. Sin embargo, el jefe de batallón quee descendiese continuamente hasta los más mínimos det:-tlles, desstruiría con tal conducta en sus subordinados todo espíritu de iniiciativa personal, todo deseo de emplear su inteligencia en cum­pli ! r bien. Por otra parte, es esencial que, en ciertos casos importantes, has.sta el establecimiento de un centinela, ó la fuerza, ó la marcha de las patrullas, sean determinados por el mismo jefe del batallón. De todo esco resulta que no es posible trazarle sus deberes poor medio de reglas fijas, dado que, por lo general, cada situación ex~ige medidas particulares. Hay que limitarse, pues, á indicar cier­toss medios que han sido reconocidos prácticamente como exactos en1 numerosos casos, por más que algunos pormenores puedan apa­reccer en contradicción con las teorías actuales y las prácticas del tieem po de paz. 1. 0 En la marcha en avance hay razón para considerar como de · suma importancia el que la exploración del terrer10 no ocasione dettenciones á la misma marcha (cosa que, desde luego, prescribe el , reglamento). Estas detenciones son inevitables cuando la exploración corre á ( cargo de la infantería, para la que siempre es dificultoso en ex­treemo efectuar esta clase de 'operaciones; al paso que, aun en te­rreeno enteramente cortado, las patrullas de húsares poseen la su­ficciente aptitud para trepar á las alturas cuyas pendientes no sean deemasiado pronunciadas, proporcionándose así un campo de vista maá exten o. Igualmente les es posible, aun en países en insurrec­ci< ión, atravesar al galope los pueblos; y tienen, además, la facultad dee envolver al enemigo en un vasto círculo, y, á favor de la velo­cicidad de sus caballo , señalar por dondeq uier.i. la presencia de sus deestacamentos. Verdad es que muchas veces la"l patrullas de caba­lleer- a, al llegar ante pueblos ó ante bosques, han debido retirarse poor causa del fuego de algunos guerrilleros ó partidarios, y esperar á < q Je h infantería les despejase el camino; pero á consecuencia dee las mejoras que ha recibido el armamento podrá la caballería, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 11ft . BOLETIN MILITAR ~ en semejantes casos, mostrarse mucho más osada en lo sucesivo. Si no penetra de frente en una posición, le será factible, por lo menos, ocupar audazmente, mediante rodeos, sus avenidas. En todas partes ha quedado demostrado que el mejor servicio de seguridad de marcha, lo mismo que la mejor exploración del terreno, no consiste exclusivamente en registros más ó menos mi­nuciosos, sino por el contrario,•en buscar al enemigo, enviando á largas distancias á u encuentro, y por todos los caminos que á él conducen, patrullas mandadas por oficiales, ó partidas de caballería. Un comandante de vanguardia, aunque pertenezca al arma de infantería, debe evidentemente poseer ciertas nociones de todos ·estos de~alles, con el fin de poder tomar sus disposiciones en con­secuencia. En un terreno muy cortado los destacamentos de infantería de escasa fuerza que operan aisladamente, se exponen á algunos riesgos á causa del ataque que pueden recibir por sus flancos ó su retaguardia; cuyos riesgos, sin embargo, es fácil conjurar con una poca circunspección. Pero cuando se trata de gruesas columnas importa saber dónde se encuentra el enemigo y la dirección en que marcha; cosas que se averiguan recorriendo todos los cami­nos y no haciendo ejecutar simples exploraciones. Cuando se presume que el adversario puede atacar uno de nuestros flancos, no hay cosa mejor que disponer que marche, por el camino paralelo más cercano, un destacamento de suficiente fuerza, y compuesto de las tres armas. El paso de grandes colum­nas al través . de los desfiladeros de las más ásperas montañas, ha demostrado, durante las últimas guerra5, en las que el enlace no ha sido posible sino por medio de destacamentos de caballería en­viados por las carreteras transversales, que la mejor seguridad en un terreno cortado consiste en avanzar por gran número de ca­minos á la vez, haciéndose preceder por la caballería. Por este medio, en efecto, los pequeños destacamentos con­trarios que han podido ocupar algunas posiciones favorables, se ven obligados á una retirada inmediata, si no quieren exponerse al peligro de ser cortados por una de las columnas contiguas. Aun en las grandes selvas, de las que se trata de desalojar al ene~igo, es preferible mantenerse á lo largo de Jos caminos y ser­virse de ellos para avanzar en varios destacamentos, enlazados en­tre sí por patrullas de caballería dirigidas por las sendas transver­sales, más bien que dejarse arrastrar, por temor á las emboscadas, á hacer explorar la selva por extensas líneas de tiradores, incapa­ces de una ofensiva enérgica, como de una resistencia eficaz. Un solo caso hay en que es indispensable hacer explorar minuciosa­mente el terreno por la infantería (y es en dicho caso cuando más ae prescinde de ello), á saber: cuando se trata de perseguir al con­trario en un terreno cubierto ó quebrado, sobre todo después de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 111 un largo combate, que ha tenido por objeto desalojarle de una po­sición. Conviene entonces emplear en e:.te servicio una parte de la vanguardia (aunque nunca la que abre la marcha), la cual bati­rá detenidamente el terreno en busca de los soldados extraviados, de los heridos y aun de los mismos enemigos ocultos bajo cual­quier disfraz. Con este último objeto se deben registrar en los pueblos y aldeas hasta las casas particulares. 2. 0 La misión de la vanguardia, cuando se encuentra con el adve sario en marcha ó en posición, se ha representado muchas veces como una operación esencialmente defensiva ó demostrati­v~ cual si dicha tropa no tuviese otro com~tido que entretener al enemigo, ó contenerle hasta que el cuerpo principal se halle dis­puesto al combate, ó conservar la posición que se le haya designa­do e la línea t:le batalla. Incontestable es que la vanguardia llena­rá mucho mejor su misión, la mayor parte de las veces, to,nando sin tardanza una vigorosa ofensiva, puesto que en los primeros m mentos no tiene que habérselas sino con las tropas avanzadas q e ocultan las fuerzas principales del contrario. En la operación de rechazar estas tropas avanzadas, es en lo que consiste el verda­dero reconocimiento de la posición enemiga, el cual da al jefe del gr ue:so la posibilidad de tomar, con pleno conocimiento de causa, su:.s disposiciones de ataque. La vanguardia debe, por lo menos, tratar de apoderarse de ciertos puntos que no sea posible atacar sin un gran despliegue de fu terz as, y susceptibles de ser socorridos por fuertes destacamentos qwe puedan aproximarse á cubierto. En este caso el papel principal corresponde á la infantería; la caballería se establece en observación á retaguardia de una de las; alas, ó de ambas á la vez; gana los puntos desde los que es da­hice wer á lo lejos; explora todos los caminos que van hacia el ene­m ii gc>; y por último, puede desde una de las alas lanzar de impro­vü: so oficiales acompañados por un corto número de jinetes bien mraciones militares en los puntos que .admiten varia solución. Desde luego el avance del Ejército de Ocaña fue excesivo, por tardío, en la fecha en que se llevó á cabo; ejecutado en momentos en que el grueso de los rebeldes aún estaba en Bucaramanga y el Ejército del Norte podía ya tomar la ofensiva, habría sido correcto hasta Salazar y Gramalote, ó bien no ten::iríamos tacha que oponerle si detiene su vanguar­dia en Salazar ínterin entraba en comunicación con la masa prin­cipal de tropas legitimistas. Claro que si el Jefe de las fuerzas de Ocaña ignoraba lo que sucedía más al Sur, y tenía ~otivos para suponer á los rebeldes contenidos en Bucaramanga por el Ejér­cito del Norte, su avance no es censurable, aun cuando sí se ejecutó sin todas las precauciones que demanda una operación de esa natu­raleza. En todo caso, de lo sucedido sí se desprende una grande en-eñanza, la de que entre nosotro'> ha sido deficiente la coordina­ción de movimientos de masas distantes, por falta de cartas geo­gráficas correctas y Estados Mayores organizados á la europea, por lo cual es preciso que en tales casos cada jefe obre en lo futuro como si estuviese aislado, á fin de evitar desagradables y funestas sorpresas. Los revolucionarios en la situación indicada, es decir, una masa central entre dos tropas distantes, ó sea poseyendo una línea central de maniobra entre las dos separadas sobre las cuales se mo­vía el adversario, aprovecharon su situación para intentar batirlo en detall, lo cual les fue posible, porque el punto de convergencia de los segundos e taba dentro de la misma zuna base de su con­tcndor. Sabido es que el Ejército de Ocaña fue sorprendido en Terán y batido completamente por un enemigo superior en número; pero lo que no tiene la misma notoriedad es que los revolucionarios, á pesar de su ventajosa situación, no alcanzaron la victoria sino ocurriendo á medios reprobados entre soldados de honor, cual es e de fingirse tropas amigas para acercarse ó envolver al adversario. Cierto que e'5te peligro no debe olvidarse por ningún jefe, pero el descuido del uno no absuelve la villana cobardía del segundo. La rota de Terán prueba que si el Ejército de Ocaña es más nu­meroso ó se guarda mejor, ó su acción se ejecuta en combinación real con el del Norte, el resultado de la lucha habría sido muy distinto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETII MILITAI ~ lll Cuanto al ejército del Norte, es más dificil aún juzgar coR ~cie to sus operaciones en tales momentos por ser diverso el sentir de los jefes superiores, sin duda en todos ellos basado en las noti­cias que poseían sobre el contrario y susceptibles de diversa inter­pretación. Para unos, aun á pesar del fracaso de Terán, y de los rec rsos de que en ese campo se apoderó el enemigo, éste podía ser bati o mediante pror-lta y enérgica ofensiva; para otros tal no era la situación, porque juzgaban que aún quedaban restos del pánico de La Laja, reagravados con 1<1 noticia de la derrota del Ejército -de Ocaña. Y aun cuando se llegase á publicar la exacta situación de los Te beldes después de Terán, como el fallo j u to re ultaría a posterio­ri, claro está que podrá emitirse en són de enseñanza práctica, pero no en el de censura documentada sobre este ó aquel jefe. Redu­ciendo el punto á mera opinión personal, creemos, con los partida­rios de la enérgica ofensiva~ que es muy seguro se hubiera triunfado con ella por cuanto los cuantiosos elementos que los re~eldes es­pennban de fuera aún no les habían llegado, r el.avance comunica brío•s extraordinarios al soldad0. Sea de ello lo que fuere, después del avance del Ejército del Nou-te, y el repliegue de Jos revolucionarios, la situación fue aná­loga á la establecida después del triunfo de Bucaramanga, con la sola diferencia de cifras, por lo cual se tradujo en dos ejércitos fren­te á frente, el uno apoyado en su base, el otro distante de la suya, .sier11do de advertir que la zona ocupada por las tropas era mucho maJVor, y el legitimista tenía que atender ahora á custodiar buena p.arte de una larga línea de comunicaciones. Los dos contendores, ya enfrentados, se cubrieron con buenos atrimcheramientos que les impedían llegar á las manos Í!1te1 in algu­no 1d'e ellos no se creyera con fuerzas suficientes para aventurar una j og:ada que, por la marcha de los acontecí mi en tos, se presentaba .cc::>n caracteres de decisiva. Establecidos los dos campos en posiciones elegidas y refor­z :ad,os con cuidado, los rebeldes contra la frontera por donde reci­b, íar los elementos que obtuvieran en el Extranjero, los legitimistas em llas breñas de Pamplona en espera de los recursos demandados á hu c:apital, se mantuvieron unos tres meses en mutuo acecho. La tmr~a de los segundos era más difícil, puesto que obligados á cu­hJrir- las vías del interior, en e peciallas de Bucaramanga y Tunja, y em definitiva á atacar al enemigo en sus propios reductos, nece­si ta.ban acrecenrar de modo serio sus fuerzas, y cada día de espera rceswltaba en provecho de los primeros, quienes tan luégo como se emc,ontraran suficientemente fuertes para tomar la ofensiva, tenían amt~do en Alemania en 0.75 metros, 6 del paso del caballo, que, como lo hemos dicho más arriba, dehe medirse de O 80 metros. • Tod{)s saben que t:l ~alope es incomparablemente más: fatigoso en un picadero· 1•e en lfnea recta. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ llt En todas las inspecciones pasadas á los dragones, húsares y laul.anos, s~ hacen ejecutar ejercicios de combate á pie, con la so­} uctón de un pequeño problema táctico del género que he indicado más arriba. Ya he explicado en qué orden y manera los hombres se desmontan del caballo cuando se trataba de combatir á pie, que es en resumen todo lo que los reglamentos dicen sobre este asunto. Al capitán corresponde hacer echar pie á tierra al número de hombres que juzgue necesario st"gún las circunstancias: una, dos ó tres secciones; la cuarta quedará generalmente á caba!lo, á menos que se disponga de otro escuadrón para proteger á los en­cargados de guardar los caballos. En cuanto á la formación de com­bate de los hombres á pie, no está reglamentada de ninguna mane­ra y depende enteramente de las circunstancias. Así pues, podrán constituír uno, dos ó tres grupos, ó bien con mayor frecuencia, se desplegarán en tiradores para ocupar seguidamente una zanja, un vallado, la linde de un bosyue, etc. Jamás esta maniobra se ejecu­ta en terreno descubierto, á no ser como instrucción, para hacer comprender á los hombres su mecanismo. Pero se juzga entera­mente inútil establecer otras reglas, porque las circunstancias en que pueda tener lugar para la caballería el combate á pie son de tal manera variables, que el despliegue en tiradores será, con la mayor frecuencia, la sola disposición aplicable, y que es preciso dejar siem­pre al jefe que haya dado la orden de combatir á pie, el cuidado de indicar el fin que se debe alcanzar y de fijar el número de hombres necesario para conseguirlo. Yo creo que no e~tará fuera de lugar, puesto que se trata del combate á pie, decir aquí algunas palabras sobre los experimentos á que se han entregado varios regimientos de 1a Guardia para ha­llar el mejor medio de llevar el arma de fuego del jinete. Los dra­gones y los húsares prusianos tienen la carabina fijada á la dere­cha, á lo largo de la silla, la boca de·l cañón hacia adelante y pa­sando por una abertura practicada en la funda del capote ; la caja del arma reposa !'obre el muslo del hombre. Es el modo de sujeción que ha parecido menos molesto y más apropiado á su objeto. Tiene, sin embargo, grandes inconvenientes. El arma colocada así golpea sobre el muslo, y en los aires vivos estos choques repe­tidos y bastante violentos deben ser muy sensibles. Después, cuan­do el hombre desciende del ca hallo, en lugar de poder saltar viva­mente á tierra le es preciso perder algún tiempo en desatar su ca­rabina. No quiere esto decir que este tiempo sea muy interesante, porque en los casos P.n que la caballería echa pie á tierra no son generalmente tan apremiant~s que semejante retardo pueda tener grande importancia. Pero ya no es lo mismo cuando se trata de volver á montar á caballo. Entonces, y es lo más frecuente, es pre- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 120 80LETIII MILITAR ~ ciso apresurarse á toda costa * y se ha debido establecer como regla que los hombres pongan simplemente su carabina en bandolera y ~e lancen vivamente á la silla ; y una vez saJidos del paso, apro­' Vechen el primer momento de espera para volver á colocar el arma -en su lugar. Pero en el entretanto no habrán dejado de sufrir me­nos con los choques reiterados de ésta que no está dispuesta para ser llevada á la espalda y á lo cual no están habituados. En cuanto á llevarla así constantemente, ajustándola ad hoc, no se ha conside­.- ado tal método como práctico, á causa de las contusiones que ·pudiera producir en la espalda del jinete, y aun á veces á su caballo. Preciso es reconocer que los dos sistemas tienen el gran defecto de . ser tanto uno como otro más ó menos molestos para el hombre y ~ cabaHo. e han ensayado del mismo modo diferentes procedimientos de -ajuste del sable á la silla con objeto de permitir á los dragones y hú­sares dejarlo en aquélla cuando echan pie á tierra. Resulta, en efecto, ec;;ta arma muy embarazosa para el combate á pie. Se han conten­tado en un principio con suspender el sable en el costado izquier­do de la silla, pero la cosa no ha parecido práctica, porque al toque de á caballo, en lugar de montar los soldados con prontitud, debían, .en primer lugar, desatar su sable y e11gancharlo en el cinturón. Para remediar este defecto se ha imaginado fijar el sable horizon­ ·talmente al costado izquierdo de la silla, de tal manera que el sol­dado pueda moutar á caballo sin tomarlo, quedando bajo su pierna izquierda á la altura de la rodilla. lntítil in istir sobre lo que tiene de poco práctico este método, de cuyo empleo podría resultar que .al saltar rápidamente un hombre á caballo para perseguir al enemi­go ó huír de él, se viese obligado á galopar por largo tiempo con .el sable bajo el muslo izquierdo. Sería mucho más sencillo dar á .toda la caballería prusiana la chachka de nuestros dragone , arma iigera y cómoda, tanto á pie como á caballo. Análogos experimento · han tenido lugar en los re g imientos de hulanos para buscar un medio de fijar á la silla á la vez el sable .Y ta lanza, con el objeto de desembarazar al soldado cuando en una marcha se vea obligado á conducir su caballo de la brida. Pero has­ta ahora todos estos ensayos no han terminado, y las carabinas per­manecen fijas al costado derecho de la silla mientras que los solda­< los conservan el sable á la cintura cuando echan pie á tierra. A continuación de las inspecciones de escuadrón los regi­mientos pasan á los ejercicios de regimiento y brigada. Más arriba he dicho su objeto, su duración y el pequeño número de sesiones que se les consagra. No habiendo podido asistir personalmente á este período de instrucción anual, me conformaré con mencionar- • Ya para dar remate á la victoria con una vigorosa per. ecudón, ya para re­- tirarse, en caso de descalabro, puesto que esta iíltima operación debe, como lo hemoa •isto más arriba, efectuarse igualmente: al galope de carga. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIII MILITAR ~ 121 Jo aquí, recordando solamente que se termina de una manera análoga á los demás., con las inspecciones de regimiento y de bri • gada, pasaré desde luego al período siguiente, ó sea el del servicio .de campaña-( Continúa). .. ... .POR LAS PROVINCIAS DEL NORTE DE LA NUEVA GRANADA, EN 18 50 Y t 8 51 I 21 de Enero de 1850 Era la mañana, y los primeros rayos del sol derramaban eopiosa luz sobre Bogotá y la extensa planicie que demora al frente de la ciudad andina. Leves vapores se alzaban desde el pie de la cordillera inmediata, escalando lentamente las majes­tuosas cimas de J\Iouserrate y Guadal u pe, C1aya sombra ·se pro­yectaba l>ien ":tdelante de sns ba.ses, contrastando la sua\"'e oscurid~d de éstas con la brillante iluminación de las crestas y picachos salientes de la parte superior. El ambiente puro, li­gero y perfumado con los innumerables olores de los arbustos de la ladera y de los rosales y campánulas que crecen silves­tres a orillas de Jos vallados y alamedas, producía en todo mi sér una impresión indefinible de bienestar, sintiéndome vivir desde el fácil movimiento del pulmón, vigorizado al aspirar aquel aire diáfano y fresco, haBta la palpitación de las más pe­queñas arterias de mi cuerpo. Una brisa tenue mecía 1os flexi­bles sanees de la Alameda ·vieja, por entre los cuales se veía á intervalos la vecina pradera, verde-esmeralua, matizada de innumeral>les flores de achicoria, y poblada de reses quepas­taban la menuda yerba cubierta ue luci e nte rocío cto. una simple abra de la cordillera del E., ft·outeriza á la Venta del Contento, le envía los vientos del pára­mo y esteriliza el terreno: al paso que el abrigo de los cerros de Fusc~ y Ja acción prolongada rle los rasos solares sobre la ladera de Torca, determinan allí, á más de 2,700 met.ros de al­tura sobre el mar, el crecimiento de un bosque robusto y ele­vado. De esta manera no Rólo la altura de las planicie y valles de nuestro país y la con. titución g e ológica del terreno, sino aun las mPras sinuosidades y quiebras del suPlo, prodnm~n la inagotable variedad de frutos con qn~ la Providencia ha euri­quecido las bellas y delicios a .· comarcas de los A.n<.les. A poco andar 11eg~mo~ {l, un arroyuelo claro y purisimo, que haja l d la vida, inocent~ y pura Hl principio, opri­mida (lespnés por las r~glas Rociales, perturbada y tumultuaria al fiu, pt>rrliéndo~e eu las insondables tiuieulas s 9 líeito estar des­piert() eu tales po~adas, me apresuré á gastar el resto det dia et visitar el Puente del Común, objt~to de nuestra detención allí. Mide 440 vara8 de longitntl, iuclusos los camellones au. juntos, y la obra es (le sillares y mampostería, bastante só­litla para resistir el abandono en qne yace. Sobre el cuerpnio diligeute que haga valer su fecundidad. Pero s, qué mucho que así vayan las cosas en orden á lo material, cuaudo en lo intelectu3\- tiene que lamentar el patrio­ta la ausencia de una simple escuela primaria 1 Fincan :su em­peño los zipa.quireños en añadir lentamente piedra á piedra en la fábrica de una iglesia colosal, espouja que embebe inútil­mente dineros que, empleados en fundar escu~las y mejorar caminos, mautemlrían hoy próspera y floreciente la ciudad, en vez egundo, y ae le agreg11rá al sueldo dt! qué se trate. BOGOTA-IMPRENTA NACIONAL • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 162

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 154

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\Í~O IV Bogotá, Junio 2 de 1 900 NUM.l54 ----..·~-- ORGANO DEL Mh ISTEI lO DE GUEHRA Y DEL EJERCITO DIRECTOR Al>--HONOREM, FRANOISOO J. VERGARA y V. Genel'al, Miembro de 11'1. Sociedad Colombiana. de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República OFICI L (19 DE MA.YO) org:'ínico de un Consejo de Guerra ¡.ermanentc El P 'residentc de la República En u. o (lo la~ faeu1tad s ele qne e halla in estido, con­forme al artículo 121 do 1: Coustitucióu, y CON DERANDO Qne e ele imperio~a necesidad, para mantener la orero si el amor propio es útil á la di ciplina en ciertos ca­sos, Jo mi mo que al soldado para a.leutarlo en u~ trabajos y excitarlo al bien, á menudo es muy perjudicial á mucbos que, faltos de inteligencia, lo confunden cou el orgullo, la pre uucióu y la vanidad. Imposible negarlo: el amor propio unido á la inteligen­cia y al buen seutido puede hacer á uu hombre capaz y digno er, preci o es ern­¡) lear el ca ·tigo. tl'i tí._ ima u ce itlad que hace forzosa la in­dignidad del ollhulo, porqn eu materia de correccione , e la fu rza la única. lt',Y <}Ue obliga al hombre malo á ejecutar lo qu l 110. iente •n su cora~óu. li..l oldado castigado, . i no es malo iiidaitlo á que no todo lo ohlatlos poseen suficiente di cer­nimieuto para. comprender Jo' th·here del superior, se qu(•ja.n alguuas vece' contra esta clifer ucia. de ca tigo , y á menudo e les oye decir que se le tiene m a la Yoluutad; ¡u~ ro que cucben menos lo .. con ·~jos de ·u vanidad, y entonce de cub1·irán en toda su plenitud la ju ticia. de u' jefe con re pecto {1. ello . Lo oldados que pos )en cierta inteligencia, que compren­den la dsiciplina, que aben que us intereses son comunes á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 660 BOLE1'IN MILITAR todos, llenan 8U deber cou celo, sin que á ello los obligue el te­mor; ellos saben muy bien qne la. everidatl de lo jefes no hiere á los bueno sino á los malos, que el mayor número de los ~oldados castigado en los cuerpo se forma de hombres es­casos de raciocinio y corazóu, y sobre todo, de esos espíritus falsos cegados por la ntuidad. El buen soldado sabe que los regh mento militare y el Código Penal no fueron conc l>i hombre ya no o ·ará erguir la frente, ni jac­tarse al vol \·er á su domicilio y al seno de su familia, de que en un tir.mpo fne sohlado. El habrá comparPcido ante un eonsPjo de guerra, y sufrido una condeua <; _ruel. ;, ..... T"o e Yenlad que; necesita que un hom­bre piet·cla del tojt•eneione en lo condcto condenados, qua han de.·fihHlo ú .-u vista con nua a'lena ó un grillete al pie, cnnndo sólo · ~ IL~ ~xig;< lo qne e jn. to y bouorítico al indivi­duo, lo f)IH~ es útil al bien general, {¡, la grandeza y á la gloria do su patria ? La. impol'tanein 'le la tli ciplina y la ubordiuación es aún mayor e u estado de guerra, n campaiía, en el combate y en los peligros upremo . · Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 662 BOLETIN MILll'Aa En campaña, obrar sin esperar la Yoz de mando, 6 des­obedecer, es un crimen al que no hay bastante s veritlad para castigarlo; á medi(la que s~ antuza hacia el enemigo, el solde:\· do se debe más al interés gen ,re 1, y debe {t ns snperiore la obediencia m á ab. oluta.v la complct:.L ahntlgación. Ijos hombres que en esos momentos solemn ~ fa.ltau {L la en·s de oldado y de hombre tabl "'eerlo, si llega á qnebrantar e en un in~tante crítico; dt'b n nuirse pat·a forzc r al deber y al silencio ft. los rado por sus innobl · pasiout'~. Dun nt la p ,¡,a, ningún milité. r del.w ,' [H\rar e ni una 80ia pulg; tla fe..~, quien ni •ra. que sea, para oír y ejt en tar . u" órdenes con L>río y resolución, único r •cur­so de alvacióu en e a crisi . El militar que vueh·ecara y suelta u arma ,-oluntariameute, uo sólo s nn cobartl• de la. peor especie, sino uu inseusato, porq ne de ordinario es víctima de RU mala acción, pues aislado ó fugiti ,.o tiene meno, pl'obabilidades de salvar ·e, que apoyado eu la fuerza de su~ cam. rada y en la inteligencia de sn jefe~. El coharara conseguirlo, teudi ndo esta disposició11 á C\'ita.r que pudi':!ta disparar ·e el arma a11 te ' 37=37 77 69 863 á 900= 37 .......... 000. 931=3<1 71 56 966 á 1000 = 34 ......... 1000 á 1033=33 67 -i-5 1 , Yo y haz de trayectorias Distancia máxima á que debe tirarse ugím el bla1uo ¡ ·~ 85°t0 70 50 4-8 4 ~ ·10 S5 28 23 16 24 3! H 52 6.5 82 96 123 ~ a 3 <1 a ... ~ • A 11 100 :lOO 300 400 500 600 700 800 900 95 100 71 84- 47 61 23 41 ... 29 100 100 8·1- 90 69 78 52 65 88 .51 22 3í) 100 JOO 100 100 100 100 90 100 8:l 95 73 6 63 78 lOO 100 100 100 100 100 lOO 100 lOO 100 100 100 82 !}5 95 100 100 100 100 95 86 78 67 56 45 32 20 .. 1 ... O.m. o 36 0 .86 1.81 3.0 4.72 6.90 9.62 ~:0 1 100 200 200 800 300 400 400 1,000 1,100 1· 1,200 1,300 ... 1G 53 67 41 56 30 45 20 33 11 18 73 86 86 63 78 78 1)2 67 67 41 51 56 30 38 45 21 27 32 12 15 20 18.0 17 .05 :l2.15 27.87 34.75 1 500 500 600 700 700 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ROLETÍN MILITAR M9 'C'NA PAGINA :CE GEOGP.Ai'IA EL MUNICIPIQ DR LEBR IJ A * La. extraordinaria importancia qne n nne tra historia mi­litar ha adquirido de repente la parte oriental d l Munidpio de Leb,dja, comprendida entre tierras de H.iouegro al N., Bucara­manga al E., y Girón al S., de la cuales, en te is general, la separa el río de Oro (iremo de Occül ute á Oriente y de Norte á Sur, para la mejor intelig ncia del campo de batalla. El resto comP.reud 5 corr git lientos. Oorregi?niento del 1. ~aratvo-Linrija.), aguas abajo hasta doude la corta el ca mi no central de Puerto Santos, y luégo é te hasta el Oaiiaverale . Hay en el corregimiento una treintena artil'ino (4 kilómetros), por· el camino seccional del O 'o á Bucaramanga, de de Las Moradas hasta el puuto de Llanadas; por el N m·te, con el O o (5 kiló­metros), por la quebrada Lagnua, de de Las ~Ioradas haMta su boca. El suelo del partido plano, si u t m nteraR, t..lco y e. té­ni, no obstante lo cual ncierra 90 yivienrija, •l Oso y Cefcrino, y de la cual. hacia el E., e d prende ott·a que sigue á enlazarse con el camino de Bucaramanga. Aguada de Cefedno-Linda por el Occidente con el 0Ho '7 i kilómetro"), qu.eb't·ada ],;a. Laja agua arriba, d d u uoca en l Oro ha. ta ) coclo 11 tloude dej~ '\1 uir cción .r' • á S. }lBI'S lar al E., •n bu ·a el su origon, en 1: cordillera d Oanta; por el 'tn·, co11 Palonegro (5 kiló1netro ), queb·rafla Laja de por medio; por el Ot'ie~ttc, cou 13ucaramanga. (5 kilómetro ), río de Ot·o ahajo, ha, ta. .. ¡ pu u te H.oldán ; por el "'m·te, con Río ne­gro (5 kilómetro.·), río d • Oto de por medio. El parti<.lo ocupa 1a falda occidental y el extremo norte de la cordillera de Canta, con suelo e téril y de Yaria. forma, en que e encuentran 45 ca.­sas (uua de t •ja) y 250 habitantes. De S. {t ~. Jo cruza el cami­no de Lel>rija á Rionegro, por totlo el lomo de la serranía, del cual, l1acia el E., e de prende una \·ereda que guía á Bocara­rnanga. Ousamán -Linda por el Occidente con San Joaquín (5 ki­lómetro ), por la eordi llera de e~ te nombre ó el Cacique ; por el Sur, con Santa Bárbara y lo Alpes (5 kilómetro ), sir­viendo de divi 'Oria .el camino del Oacique á Cantabria hasta la Tigre, y loégo e ta quebrada hasta u término eu La Angu­la; por el Oriente, con Puyana (5 kilómetro ), de de la desem­bocadura de Ja ~au Nicolá hasta la qu,ebrada Tigre; por el Norte, con Capitane ( 5 kilómetro.), e~ta última corriente de por medio. El partido demora al O. de La Angula., en la fal­da E. del Cacique, cou suelo ~eco cubierto de pa tos y careta­le , qne encierran 53 ca a (3 kilómetro ), por La Tigre arriba, ha ta el camiuo de Ca.ntabria al Cacique. Ocupa una parte de la llanada ele Santo Domingo, s .mhra.da. ria al Ua.eif}u~, dotHle e une al ca­mino d~ Puerto anto~, y de ella e desprende hacia el N. otra que guía á Onsamán. Gan:tabria-Linja) y 150 habitantes · ; de E. á O. lo riega la quebrada de" n nomure, tributuria de l.Jt.Ja. Angula, y que á su turno recoge la Sangral, compue.·ta. de ést:ta y de La Lajita., nacida ambas eu el valle. D :1 S. á N. atra ' Í e­san el partido dos caminos que guían de Lel>rija á Puyana y Agnirre. Mirabel-Linda. por el Oeste con Cacique (2 kilómetr )S ), por la cuml>r j~• el rumbo N . S . . , y de aquí, linea recta, á lo orígt>nes de la. . Te gra; por el 7 0 tete, t~ou Santa Bárbara. (3 kilómetro ), por el camino central d do Puerto Santos, de la eordillera del Cacique á la quebt·ada Sa an Nicolás. El partido ocupa la parte . de la llanada d Santo Do>o· mingo, seca, sana, cubierta de pa tos y cafetales; en su ten-ri-ri· todo nacen las quebradas El Tigre, que rueda hacia. el N., y · h la San Isidro, que corre con rumbo opue to por el pie E. del ja), con 400 habitautes, y las principales porciont•s (' <.lenomiuau 01.> ervatorio, Buenos­aires, Cañadas y J.Jaguna de San Pablo. Eu e ta falda nacen los arroyos Sauta Uo a, los Suárt>z y las Areiniega. , que corren de O. á E., y se dirige11 el primero al partido de su nombre, y los otro al de lloyalarga. Uon el münllo rumbo lo cruza el camino real de Bncaramauga. San Gabriel- Linda por el Oe te cou Caciqu (4 kilóme· tros), por la quebradlt de Santa Rita, ha ta ·u confiueneia con la Boca del l\lonte; por el ~u~·, on Giró u (3 kilómetros), por esta. última q·u,ebrada; por el E. te, eon :-.auto Doruiugo (5 kiló­metros)~ por la cordillera de 'ant.a. Iné~, dP 'itantes. Santo Domingo-Linda por t•l Oeste con ~a.n Gabriel (5 kilómetro·), por la cordillera. de Santa Inés, hast:t la quebrada Booa del Monte; por el Sttr, con Girón y Angula (4 kilómetro ), por esta última queb·rada arri l>a, ha: ta la. boca de la. del .. Macho, por ésta á. su origen cu la. cordillera de Sau Nicolás ó Carraspo­so, y de aquí, lín a recta, á La. Angula, frente á la boca de La Puente; por el Este, con San Nicolás (3 kilómetro'), por la cor­dillera. de este nombre, basta la fueute de La. Negra; pür el Norte, con Mirabel (3 kilómetros), por la cuchilla. de San Nico­lás, línea recta á La. Negra, y ésta abajo hasta encoutrar la cordillera del Cacique, allí llamada S tnta Iué . Ouupa. el par­tido un valle amplio, (le fontlo plano, eutre lo· 1·elieves de San Nicol{u; al E. y el Cacique al O., de suelo seco, con semente~ raH, pastos y cafetales, 46 ca as (2 ele teja) y 400 habitantes, y lo cruza el camino de San Gabriel, qne viene á unirse con el central de Puerto San tos. Antigua-Linda por el Oeste con Santo Domingo (4 kilóme­tros), par La Angula arriba hasta la boca del arroyo Bl Barro; por el Sur, con Angula (42- kilómetro ), por e te arroyo arriba hasta su origen eu la cuchilla po. o y San Pablo: en u cnm bre nacen Jos dos arroyos llamndoH J¡a Puerta y El Cancho, que ruedan ha­cia el 0., e r "(w n al pi e d t• la falcia, y d e RJHI ~_. poso basta la::; fueute: clt4 1 arroyo facho, que dcsci< ns coliun y alturita ·, cul>it>tto de: dehesas para ganados. Lo riegan la .A.u­gula, qne nace ~n jnl'i dicción cte Girón, y corre 4le SE. á NO. y lué{.{o vuelve al N.; l;a Ptt~n te, q ne naee e u el mismo M nnicipio, rueda hacia. el O., y desemboca en aq nélla; la del Salado, con igual origen y término, pero rumbo S. á N., y remate en. el sitio rlel Salto. De N. á S. ernza el partido el camino de Lebrija á .1\{arta. y Zavatoea, pa ·a.ndo por la. casa de Angulo, y hacia el S. del valle se erwnen tran 15 casas (2 de teja), y 70 almas. La Puen.te-Lirula al Oe te con Angulo (6 kilómetro~), por el cauduo ca mi no ceutral hasta. Ja cumbre tle Canta; por· el Este, oon Girón (4 kilómetros), por la cumbre de esta última cordillera ha~ta encontrar el nacimiento de la cu. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 678 BOLETÍN MILITAR chilla de El Reposo; por el Norte, con el Caucho (3 kilómetrofi), por esa cuchilla al>ajo hasta el camino de Angulo. 'fambién ocupa este partido una parte de la falda Oe~te de la cor­dillera de Cauta, de peudi~ nte StHL\~ e y fértil, con plantíos tro~; 2. 0 l O gira el camiuo de lo puertos Sautos s \Vilclle ·, con pu •ut' • obre la Angula (La Victoria), el cual, d~. pué · (lo cruzar la cordilh:~ ra de~ San Nico­] ás y el llauo de auto Domingo tra · mont~ lgo el CC· rrito del Naranjo: g:ana la hoJa d la Cutagatá, por cuya mar­gen llega al río L •brija á lo, · 55 kilbmetr fle l ngiture de San NicolúH, E:>l llauo de mito Domingo, Ja ere t ría de Las Cruce~ ó Santa Iné · s cae á la bo a d 'a u 'al> h·l de donde pasa á Liucoln, cas~rio ya en tierra de Girón; 2. 0 El que con­duce á Sa11ta.liáruara y lo , Al pe y reeorr uua parte de la cor­< lillera (le Snn Nicolás por t .. rreuo e ·carpado; 3. 0 ~1 que parte del Cacique y gma á. Li uoa y .Au1 ora, cruzando la cordillera ele La Cruce ó Sauta Ana; 4. 0 El qn de Aguadulct~ gnia {t San Joaquín y r mata en el Uafia.vt•ntl .' siguiendo una cafia<.la hú­meda; 5. 0 El que. eparáudoHe dE:>I d Puerto Santos en La Cru­ces vuelve á reuuír.'ele eu t.~ l Naraujo, <.le :Jué, d atrave ar la Cutagatá; 6. 0 El de Cautabria, que parte del poulado para el .r .... , cruza la colina del Bo que, el arroyo Uafiabrava, el caserío de Oantabria, las queb·railus Las l;ajn y Santa Ro a, el llano de Pnyana, la queb-;·ada de Agnil'l y termina en la Aguada de Oeferino. donde se juuta al de Rionegro. Do este camino se desprenden varias ~eudn , á. aber: a) De Oantabria al Cacique cruzando la qlleb-;·adas S~n Ticolú' y Gaque, con un ramal de San Nicolá á Cnsamún; b) De Palerm á Cusamún y Capita­nes; e) La de Aguirre al O 'O y Capitaue cruzando La Angnla; d) Le qne (le Pnyana pnrte ~ll E. y e une al camino de Buca· ra.manga en PalonPgro al través de terre11o e.·carpado; e) La ele .Aguirre hacia el E., la cual cruza la cordillera do Canta y el camino de Rioul'gro, por tierra est ril, y también guía á Bnca­ra. maoga. De Leurija arrauea ademá. nna se1ula qn • CIUZ:.lo las quebradas Mirla, Pn ute y Augula, y empalma con el camiuo de Girón á Puerto )!arta. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETfN MILITAR 670 A lo antecliebo agregaremos las siguientes lineas, e~critas hace alguno año, por persona conocedora de la localidad : "Como posición militar tiene I.~Phrija una ium(\jorahle p~ra la defensiva, y es PI filo de la cordillera do Oanta, que se extiende dP d~ Puento Rolclán sobre el río cindario, el filo N. de la. Mesa de Los Sa11to~. la Mesa de ltitoqne al O. de Piedecuesta, y to(lo el llano del ~In­nicipio de LPbrija, comprendido entre ella (Canta) y la cordi­llera c.lel Caciqne. Como 1 untos débil tiene el pa o del Tabla­zo u el Sogamo o, al S., ~· el tle Cañaverales en el Lebrija, al N." En fin, d reciente documento oficial tomamos lo que sigue: "Al O. de Rncaramauga, en una hoya profunda, corre el río Girón 6 del Oro; de la. misma orilla i?.qniürcla del río se levanta una corclillera para nbir á la cual bay algo más de m (lia legua por e, minos ele rápida pentli(\ute. El camino que gnía tl~ Bncaram; uga ~ 1 pu ~bto tl~ L brija c..• l llamado del Tirabuzón •, '!!y por él. e ncnentra, al remate de la ene, ta, la lwci .AJHla <1 Palonegro, contigua á la en al hay otras tre ó cuatro pi, ntacioues de café con ~n' ca a , patios, cercas y co­rra leja:-;. l~ te ¡muto e , la llave de lapo. ición del enemigo. De Gir6n ú. Lebrija ~ Ya. por la ~nbicla. (ene 'b) del ctam u te des, le Bnca­ramang- a, y entre ella se levanta ntHt altura que ha sido teuaz­meute disputada poi' lo conterHlPrcs." Uon ~to ata.lh de Paloneg~·o y Lebrija. • Por rápido zigzag. • Es de c ir, al través d e Hoyalarga. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR PARA I.A ARTILLERfA DE CAMPANA ltlétotlo alcnuin ( Traducidas para el Boletín Militar) 1) Reglaje del tiro por el C omtmdante de batería Se rompe el fuego á la distancia calculada *, apuntando de preferencia sobre un punto del blanco que pueda distinguirse neta­mente y en caso de im "posibílidad sobre un blanco auxiliar. Como de ordinario no puede reconocerse con exactitud cuáles disparos alcanzan al blanco, ó valuar la magnitud de los desvíos y, por consiguiente, basar sobre e:;e dato las correcciones qúe hayan de efectuarse, para reglar el tiro se ocurre al procedimiento si­guiente: a) Investigación de ln distancia Si el primer disparo es corto, para el segundo se aumenta el alza en 200 metros (á las distancias medias, ó ea de I,ooo á 2,ooo metros), y así se continúa ha ta que de dos disparos consecutivos uno resulte corto y otro largo. Si el primer disparo resulta largo, inmediatamente se dismi­nuye el alza todo Jo que sea necesario para que el segundo caiga más acá del blanco: cuando se haya logrado abarcar el blanco entre dos disparos consecutivos, se estrechan los límites así obtenidos hasta reducir la distancia á 50 metros, tomando sucesivamente el término meaio entre las dos distancias geñaladas por el último dis­paro largo y el primero corto. Si ocasionalmente se puede apreciar la magnitud del desvío de un disparo (por ocupar una posición dominante) ú observarlo bajo (tiro contra alturas), la tenaza e reduce á menor amplitud. Si se observa con certeza que un proyectil hiere directamen­te el blanco, se continúa tirando á la distancia que produjo tal impacto. En ningún caso se tomará como base de corrección un pro­yectil cuya caída no se observó con certeza. En este caso se con­sidera el disparo como nulo, y el siguiente se ejecuta con la mis­ma alza. b) Direcci6u del tiro una vez encontrada la distancia El fuego se continúa eu seguida con la más pequeña de las dos distancias que constituyan la tenaza, cuidando sí de repar- • En tierra de montaña parécenos que el primer disparo debe siempre buscarse cortn, ya para tenet la certeza de la observación, ya para medir la di t;~ncias ínter· medias que son tan difíciles de apreciar en los valle:~ y flancos de los montes.-( L. D.). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETiN MILITAR 681 tirio. Las correcciones subsiguientes no se ordenarán sino tras un mínimum de ocho disparos, salvo que los tres primeros que sigan al reglaje resulten cortos, pues si esto sucede se procederá en el acto á hacer la corrección del caso. Si más de la mitad de los ocho disparos mencionados resul­tare corta, se aumenta la distancia en 25 metros; pero si sólo se obtiene menos de :f, se la disminuye en 25 metros. Si S(. observa un número muy pequeño de disparos cortos, de suerte que varíe entre el ! y la -2 de los hechos, el tiro está re­glado. Al continuarse el fuego el comandante de batería \·igilará que cada serie de di paros dé siempre la proporción exacta entre los cortos y los largos. c)-Ti•·o flOr grupos 6 serie.r Cerrada la tenaza se hace un cierto número de disparos (6 á 8), á la más pequeña de las distancias halladas: si el número de los que resulten cortos es superior á la mitad del total, se vuelve á principiar el tiro aumentando la di;;tancia en 25 metros; si los tres primeros re ultaren cortos, la corrección se hará sin esperar el fin de la serie. Si el número de disparos cortos es inferior al i del total, se vuelve á principiar la serie, disminuyendo el alza en 25 metros. Si la proporción de los cortos resulta comprendida entre el t y el 2- del total, el tiro está reglado. A distancias inferiores á 1,500 metros, el comandante de batería puede mirar el tiro como reglado, si la proporción de los cortos es inferior á t (de i á -k). Si el blanco fuere considerable (batalla ó columna), se pueden aumentar los 25 metros si los dos primeros disparos del grupo resultan cortos: en todo caso se hará el aumento cuancio la mitad de la serie sea corta. Cuando se pueda observar los disparos que hieran el blanco, ó valuar la magnitud de los desvíos (disparos cortos ó bajos), como cuando el blanco está en una altura bien iluminada, se pasa al tiro por series en el acto en que se averigua que el desvío obtenido es inferior á la dispersión media en alcance ( ó altura) de la pieza. El valor de esta dispersión media puede fijarse en 20 metros para las distancias medias y en 30 para las que no exceden de 3,ooo; la media en altura puede estimarse en To1 0-0 de la distancia: por ejem­plo, á 2,ooo metros será igual á 2 metros. Al contrario, si el desvío observado es superior á la disper­sión media, antes de pasar al tiro por grupos se estrechará la te­naza á sus límites ,~onvenientes. Cuando el comandante crea haber hallado la distancia exacta, indica á cada sección (tomando en cuenta la naturaleza del blanco), el punto al cual debe dirígir su fuego, y manda conserven TAL dis­tancia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. (¡82 BOLETÍN MILIT.A.R Reglado el tiro, su dirección continuará en manos del capi­tán, quien á partir de ese momento vigilará en especial que el con­junto de disparos de la batería dé siempre la proporción conve­niente entre los cortos y los largos. · %) CorrtaitmtJ de IDJ jtjtJ dt uuión a) Correccionu en dirección Los jefes de sección están exclusivamente encargados de rec­tificar la dirección del tiro, si ello fuere preciso, vigilando que sus mandatos se cumplan estrictamente. Esta es una de sus principa· les funciones, porque tal clase de correcciones tiene importancia especial en el tiro sobre blancos estrechos (artillería). La dirección se rectifica al primer disparo, si el desvío obser­vado es superior á la dispersión media; en caso contrario (igual 9 inferior), no se hará sino después de dos ó más disparos concor­dantes. Puede admitirse que la dispersión media lateral es igual á la en altura, ó sea Ti o 0 de la distancia. U na variacic)n de 1 \- de grado produce igual desplazamiento en el punto de impacto. Si los disparos se alejan del blanco á la derecha se aumenta el desvío; si á la izquierda, se disminuye: no deben hacerse conec­ciones inft:riores á 1 1T de grado. b) Corrrcciottll en nlcattce (oltura) En tesis genera!, los jefes de sección no pueden ordenar correcciones en alcance (ó altura): vigilarán sí que la distancia se­ñalada por el capitán se emplee exactamente en cada disparo y que las piezas se apunten sobre el punto designado. Sin embargo, si una ú ambas piezas de la sección tiran cons­tantemente corto ó largo, podrá introducir una corrección de ± 25, dando cuenta de ello al Jefe de la bcttería. ' ..•. '' VARIEDADES La batalla de Palonegro 71 Lebrija RELATC DE CONJUNTO ESCRITO PARA EL "liOLITIN MILITAR" El jueves 10 de Mayo el General Pinzón, encargado del man­do en Jefe del Ejército del Norte, por promoción del General Ca­sabianca al Ministerio de Guerra, durmió en B ucaramanga, donde estaba el grueso de aquél, quedando aún tropas escalonadas en el camino de Pamplona hasta el páramo, para guardar las vías que de Suratá y Matanza conducen á García Rovira. Además, fuerzas le- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR giti mistas guarnecían á Piedecuesta, Florida y Mesa de Jéridas, y más distantes otras de algún efectivo sostenían á Zapatoca, San Gil y Málaga. El Ejército no estaba concentrado, pues no se pre­veía próxima la gran batalla que debía poner fin á la contienda en Santander. El enemigo, después de pasar la cordillera por El Carbón, tenía sus huestes en Suratá, Matanza y Rionegro, convertido este último en e uartel general y base de operaciones para intentar la marcha que debía conducirlo á la línea del Chicamocha, flan­queando ó dejando atrás al Ejército nacional. Con el fin de asegurar su marcha y Jistraer ó desorientar al General Pinzón, tropas rebeldes se aproxima ron á B ucaramanga por la vía de Rionegro; pero á la vez otras asomaron en las cum­bres de Canta, lo cual bastaba, en verdad, para despertar sospechas sobre la real.intenc:ión del enemigo, por le que, con el objeto de guardar y observar tan importante vía, se dispuso que dos Cuer­pos marcharan á ocupar esa cordillera por el camino real. En efecto, el viernes I I las tropas señaladas desfilaron, y a las dos de la tarde dieron con el enemigo, dándose principio á un tiroteo que por lo pronto pareci6 sin importancia mayor, pero que arreció luégo, por lo cual el General en Jefe se trasladó con algu­nos refuerzos al campo, y merced al cañón, logró aca1lc1r los fuegos del contrario, que un tanto maltrecho y con pérdida de Jefes y ban­deras, se replegó á las casas de PaiiJntgro, cesando la lucha hacia la media noche, hora en que el General Pinzón se establecía en firme en la cumbre de Canta, consiguiendo su pretensión de cerrar á los rebeldes el camino del Sogamoso. Los revolucionarios, sorprendidos en su intentona y conven­cidos de que nada conseguirían si vacilaban en sus operaciones, aprovecharon la noche para mover fuerzas considerables por el camino de Puente Roldán, de suerte que al amanecer tenían en Palonegro numerosos Batallones enfrente de las pOC4S tropas que personalmente acaudillaba el General Pinzón, ordenando á la vez un ataque simulado sobre Bucaramanga para impedir que de allí se enviaran refuerzos al verdadero campo de bata1la. * * * Había principiado una batalla de encuentro y una batalla de­cisiva, teniendo por el momento los revolucionarios todas las ven­tajas de su parte: en armas, en número y en ~alidad física de soldados. Sólo ~n el terreno moral y legal era superior el Ge­neral Pinzón. El 12, con el primer rayo de luz, se rompieron formalmente los fuegos, que no debían suspenderse hasta las I 1 de la noche, que fue hermosísima, revistiendo la lucha e pecial intensidad hacia los lados de Lehrija, donde no sólo resistieron, in0 que avanzaron algún tanto los legitimistas. Los rebeldes, al mismo tiempo, ata- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 684 BOLETfK MILITAR caban con cierta resolución aparl"'nte á Bucaramanga por el Nor­te, y lograban inmovilizar allí media decena de millares de solda­dos. En la cordillera, derrochando municiones, lograron encasti­llarse fuertemente en las casas y cafetales de Palonegro, contra los cuales se estrelló luégo sin éxito el empuje del General Pinzón, quien dándose cuenta de lo que sucedía, pidió á Bucaramanga no ya simples refuerzos, sino el envío de todas las tropas acuarteladas en la ciudad. A.l terminar el I 2, nadie dudaba que se libraba un gran combate, pero ninguno creía que se trataba de una jornada decisiva. En vista de ]a marcha de los sucesos, se llamó á la capi­tal de Santander á las tropas que cubrían lo~t pár~mos, y á las guarniciones de Florida, Piedecuesta y Jéridas. El brioso empuje de los legitimistas había producido el feliz resultado de restablecer del todo la herida que la moral del ejército sufriera en Las Lajas (Peralonso), pues nuestros soldados quedaban convencido¡ de que el enemigo se componía de hombres como ellos. Reforzado el General Pinzón, el combate fue aún más recio, si cabe, el día 13: el enemigo, haciendo un supremo esfuerz.o, de tal manera y en tanto número cargó sobre nuestra derecha, que al caer el día rechazó la artillería, y por un momento copó al Gene­ral Pinzón sus comunicaciones con Bucaramanga y estuvo á punto de abrirse paso hacia el Sogamoso; pero la llegada de una Brigada enviada de la capital, permitió recobrar algo de lo perdido y contuvo el empuje del enemigo por aquella parte, lográndose mante­ner el campo. Los fuegos se suspendieron avanzada la noche, y las fogatas encendidas en el campo enemigo mostrar n que allí estaba el grueso de la invasión, más de 8,ooo hombres, siendo preciso, por Jo tanto, que el General Pinzón recibiera cuanto antes todos los refuerzos de que se pudiera disponer, para sostener con éxito la lucha, que sólo la noche había lograJo interrumpir. En tanto que en la serranía se lidiaba con tanta intensidad, al N. de Bu­caramanga el combate sólo prendía por intervalos, y al Ocaso se desarrollaba con lentitud sobre las colinas que señorean á Lebrija. También al amanecer se reanudaron los fuegos el 1..4-, día en que la fortuna se nos quiso mostrar esquiva y la victoria se cernió un momento sobre el campo revolucionario. En vano el General Pinzón, á1 la cabeza de tres batallones frescos da carga tan tremenda, que arrolla y recobra las posiciones la víspera perdidas, cerrando el paso á la derrota; en vano nuevas divisiones por la mañana y al medio día arriban á nuestras líneas, y el brío se sostiene en nues­tras filas con d anuncio de próximos y mayores refuerzos. En Bu­caramanga había permanecido arma al brazo, y detenido por los amagos del contrario, todo un ejército que pudo haber pesado de modo decisivo en la balanza, pero que no lo hizo porque no entró en lid sino á retazos, de suerte que al morir el día, aun cuando el enemigo resultó quebrantado y reducido al tt"rcio de sus primiti­vas posiciones, quedában]e las más fuertes, y el triunfo decisivo se escapaba esa noche de nuestras manos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 685 Con ansiedad inmensa se esperó la aurora del 15, y aun cuan­do un nuevo ejército había aumentado la primitiva y ya maltratada fuerza del General Pinzón, pues ya estaban en la línea de batalla González Valencia, y U pegui, y Córdoba, y González (Cayetano), y Olarte, y ~ijano, y Barrero, y otros bravos, también el enemigo recibe refuerzos importantes este día, y la lucha sigue tenaz, inde­cisa, sangritnta, y los postas vuelan llamando al campo á los bata­llones más próximos, de cuya llegada parece dependerá el éxito de la jornada. Al terminar el 14, pareció asegurado el triunfo, y así se festejó en los lugares Yecinos; pero al morir el 15, permanecían los ejércitos en sus campos respectivos, la noche no era bastante á suspender el recio batallar, y los legitimistas habían recibido el último batallón y la última caja de pertrechos existentes en Buca­ramanga. Por fortuna los rebeldes también carecían ya de muni­ciones, agotado el cuantioso parque introducido por Maracaibo ( r .2oo,ooo cartuchos), y aunque la victoria parecía no querer deci­dirse por ninguno de los contendores, en verdad cubría con sus alas las tiendas del General Pinzon, porque próximos estaban los refuerzos y municiones anhelados y reducido al enemigo á las casas y cafetales de Palonegro, sobre los cuales tenía que ser eficaz la granada del cailón ; lu~ rebeldes no tenían modo de reponer por lo pronto el consumido parque, y sus terribles macheteros, de quienes esperaban la victoria, yacían todos tendidos por la metralla, y na­die osaba reemplazarlos para intentar nuevas cargas contra los va­lientes sostenedores de la Legitimidad. El 16 amaneció encontrando casi sin fuerzas á los soldados, no obstante Jo cual nuestra izquierda destrozó y batió la derecha ene­miga, y la batalla continuó tenaz á pesar de recia lluvia: de frente una División fresca atacaba á Palonegro, que los cañones batían por los flancos, y el ejército recibía fondos suficientes para el pago de sus haberes atrasados, lo cual levantó, aun si cabe, su moral. El día corrió bajo la influencia de anhelante expectativa: quien primero recibiera nuevos refuerzos y municiones, sería el vencedor, y los jefes legitimistas hacían supremos esfuerzos por vencer en esta otra lucha de velocidad, de la cual dependía el éxitoen el cho­que material. Los fuegos se suspendieron á la oración ; los menos animosos de los enemigo& por grupos principiaron á replegarse á Rionegro, y por fin, á las 9, llegaron los pt imeros ansiados refuer­zos, idos de García Rovira, los que al entrar en línea recrudecieron por algunos momentos el fuego, ya medio extinguido, y aseguraron el éxito comprado á tan alto precio. El 17 se deslizó sin lucha, á modo de tregua: el resumen de los seis días de batalla podría escribirse así por parte de los legitimis­tas: veinte cargas desesperadas resistidas, cuatro derrotas contenidas por los esfuerzos inauditos de los Jefes, el ejército medio diezmado y casi disuelto por 8o hora-; de ayuno y recia labor, y sin embargo en pie. Con todo, el descanso no fue considerable, porque en la no- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 6 6 BOLETÍN MIL IT .A.'R. che tentó el en~migo una última carga, aun cuando sin éxito nin­guno. * * * El enemigo queda, pues, encastillado en Palonegro y su línea de batalla se extiende hacia el ocaso hasta Lebrija, enfrente y casi paraleh á la de los legitimistas tendida del Alto de Girón al pie de Lebrija, por San Pablo, distando las dos apenas medio kilómetro, por lo cual el espacio intermedio era campo de muerte para el que osaba atravesarlo, y los muertos allí quedaban insepultos y los heri­dos yacían abandonados á su dolor. En el campo legitimista, otro medio kilómetro á retaguardia, en una cuchilla, se construyó un reducto destinado á hacer frente á cualyuier revés, y el enemigo, dominado, no vencido, hallaba socorro especial en su misma posi­ción, porque el bosque de los cafetales le prestaba seguro abrigo contra el fuego de nuestros soldados, de suerte que aun cuando allí sólo conservaba s,ooo hombres, éstos podían resistir con ventaja el asalto de los 8,500 de que podía disponer el General Pinzón. En el combate el manlicher, principal fusil del enemigo, como era natural, resultó más resistente que el máuser, de suerte que los trescientos de aquéllos cogidos á los rebeldes sirvieron eficazmente á los legitimistas, fuerza que consistió principalmente en el cañón, cuyos proyectilt:s explosivos, de media arroba de peso, causaron tremendo estrago en las filas rebeldes. Debemos sí observar que d enemigo, obligado á guardar la lar­ga línea de Palonegro á Rionegro (20 kilómetro ), cortada por la hondonada del Oro, por más que su izquierda la defendieran riscos y peñascales y en las hondonadas de la derecha tuviera tendidas em­boscadas, estaba expuesto á ser trozado en dos si fuerzas suficientes atacaban á tiempo el Puente Roldán, lo que desgraciadamente no pudo hacerse. Según los informes de los Jefes, el enemigo presentó al fuego I 2,ooo hombres, á quienes resistieron y vencieron Io,ooo soldados de la Legitimidad, empeñados sucesivamer.te, quedando en el campo 1,200 muertos y 3,500 heridos de ambas partes, las que en junto contaron algo así como -4-,000 dispersos. Jamás en tierra colombiana se habían medido dos ejércitos de tan considerable efectivo, ni se había luchado con igual tenacidad. * • * Del 18 al 24, es decir, por una semana entera, por la fuerza misma de las cosas el drama militar de Palonegro presentó nueva faz: los con ten dores carecían de municiones suficientes para librar otra batalla formal; los muertos infestaban el campo; los soldados necesitaban reposo; era preciso atender á los heridos; las fortifica­ciones se aumentaban, y era peligroso á cada cual tentar un supre­mo empuje sin recibir refuerzo y reorganizar los diezmados batallones. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET1N MILITAR En esta semana de forzada tregua, durante el día tan solo se prendían ligeros, tiroteos que aquí y allá fulguraban como las úl­timas llamaradas de un incendio; pero en la noche el mismo esta­do moral de las tropas los hacía arreciar, y el enemigo tentaba una y otra carga, de seguro para q uit4lrnos el reposo necesario ó sondear la vigilancia en la extensa línea de combate que medía diez kiló­metros de longitud, para ~vitar lo cual los batallones que la soste­tenían se relevaban para comer y descansar. Y por sobre el cuadro espantable de aquella carnicería, á in­tervalos retumbaba el estampido del cañón que metódica, pausada­mente cumplía su obra de exterminio, convertía á Palonegro en un nido de la muerte, y al lado de las trincheras enemigas que destro­zaba levantaba otra no menos sólida pero formada con cadáveres. Por fin el Ejército legitimista, ya listo para representar el final del drama, fuerte ahora de 9,ooo soldados llenos de brío, con sus parques reforzados por convoyes que se sucedían unos á otros, en­viados por el Ministro de Guerra hasta del mismo Bogotá y de los que algunos recorrieron ochenta leguas, caminando todos, por su orden, dedía y de noche, al través de valles y montañas; así refor­zado, entró de nuevo en plena actividad: el 25 al amanecer las tres divisiones 'lue componían su ala izquierda, atacaron y barrieron las fuerzas rebeldes que ocupaban á Lebrija y Cantabria, hacién­dolas retroceder medta legua, ósea hasta la mesa de Puyana,abrien­do el camino sobre el flanco de Palonegro, y en la noche, de las ó á las 7, .el grueso atacó de frente y tomó el último reducto del enemigo, que de prisa hubo de retroceder, abandonando armas, equipo, municioues, víveres y heridos, para repasar sin tardanza el río de Oro é ir á encerrarse en las breñas de Rioncgro, á esperar el golpe de gracia, aislado del exterior y envuelto por todas partes por tropas anhelantes de devolver al país la paz y la tranquilidad. En efecto, en Rionegro, previamente atrincherado, el ene­migo, fuerte de 3,ooo hombres, no esperó el choque: al aparecer los primeros batallones legitimistas, huyó, presa del pánico, aban­donando en las calles y caminos las urnas por centenares, buscan­do el mayor número asilo en las selvas vírgenes de la comarca. La pujante rebelión caía convertida en cadáver. Fecunda en enseñanzas de todo género la gran jornada, será inolvidable en nuestra historia, y los qut: á ella asistieron han gana­do lauro inmarcesible, de suerte que quienquiera que á alguno de ellos veí1, tendrá que decir: ese es un vrliente. Ministerio de Guerra El anterior relato ha sido escrito por la Dirección de El Bo­letín Militar, en vista de los telegramas auténticos venidos del campo de batalla. El Subsecretario, CLfMACO LOSADA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILIT AB HISTORIA. .f.P"C'NrrAlv.tiENrrOS PARA LAS MEMORIAS SOBRE COLOMBIA Y LA NUEVA GRANADA (Coutinuaci6n) .Antes de hablar de la conspiración del 23 de .Julio arte de mi Mensaje al Congreso (le 1837, en que le manifesté cufll babia sido mi política en la anes anteriores !Jabí· n eug ll(}rado tántos enco­notJ y animo ~idade , cuando la. Uou \. ucióu Con~tituyent ha­bía decretado la ind peud ncia y trélZ{Hlole una. canera propia; cuando l Goui ruo tenía que orgauizar la adrnini ·tración, re­sistir á u u tit~mpo la, r a.cci IH~ · • ntr· el · i t m a e. taulecido y contra lali per ona encarga•ln
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 154

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 143

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AN"OlV Bogotá, Marzo 17 de 1900 NUM. 143 --~·~-- ORGA O DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIR~CTOR AD-HONOR'I':M, FRANGJSGO J. VERGARA y V. General, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República O ICIAL D:mo~.~ero NU'M~?.O 661 :CE 1900 , ( 12 DE MARZO) por el cual se otorga una gracia El Presidente de la República CONSIDERA N 1.>0 Que es un deber de todo Gobierno civilizado reconocer los esfuerzos y estimular el patriotismo de sus servidores ; Que, por regla general, los ciudadanos que inmolan su vida en defensa de la causa de la Legitimidad, se ven obligados á aban­donar el hogar y mueren dejando á sus familias en orfandad com­pleta; y Que ya está sentado el precedente de que á la familia de todo militar que rinde la vida en servicio del Gobierno, éste le recono­ce, como alivio inmediato, el sueldo que correspondía al respectivo deudo, DECRETA Art. 1.0 Los deudos de militares ó de individuos que, hacien­do parte del Ejército ó de la Marina de la República, hayan muer­to ó mueran en la presente guerra por cau a del servicio, y carez­can de bienes de fortuna, disfrutarán, en calidad de recompensa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 322 BOLETÍN MILITAR provisional, del sueldo de que gozaba el finado, desde el día de su fallecimiento, sin perjuicio del derecho que les asista, conforme á la Ley 194 de 1 896. Art. 2.o Los deudos favorecidos por el presente Decreto son los comprendidos dentro de los grados de parentesco señalados en la citada ley para la asignación de recompensas. Art. 3· 0 En cada caso, previas las comprobaciones de muer­te, etc., que el Ministerio de Guerra crea conveniente exigir, éste dará las órdenes necesarias para que en la Pagaduría Central se cubran los sueldos respectivos en la forma usada para el pago de las radicaciones militares, las que continuarán pagándose á los agra­ciados mientras aparejan los precitados comprobantes. . Art. 4.o El derecho para cobrar los sueldos de que se trata cesará tan pronto como el Congre o re uelva si hay lugar ó nó al pago de pensión ó recompensa á los interesado~, ó estos hagan uso del derecho que les confiere la ley sobre la materia. Art. 5.0 Los deudos de los individuos de tropa muertos en servicio del Gobierno, en las mismas circunstancia:-; de que tratan los artículos precedente , tendran derecho á que se les abonen por el Ministerio de Guerra, por ur1 ola vez, las raciones que hu­bieran corresp ndido al finad en el término de ei meses. Las reclamaciones de esta especie serán <::levadas por conducto del Es­tado Mayor generalísimo, quien les dará curso inmediato, rindien­do los informe de su incumbencia. Art. 6.0 Los gastos que oca ione el presente Decreto se im­putarán al capítulo 41, artículo 249, del Pre u puesto vigente. Comuníquese y publíquese. Dado en Tena, Departamento de Cundinamarca, á 12 de Marzo de I 900. MANUEL A. SANCLEMENTE El Ministro de Gobierno, PAFAEL M. PALACio-El Mi­nistro de Relaciones Exteriores, CA.R LOS CuERvo MARQUEZ­El Ministro de Hacienda, CARLOS CALDERON- El Ministro de Guerra, JosE SANTOS - El Ministro del Tesoro, MARCE­LIANO VARGAs-El Ministro de Instrucción Pública, MARCO F. SuAJ.tEZ. Conferencias de los Oficiales de la Misión Francesa SERVICIO DEL CAÑÓN DE MONTAÑA (Continuación) DESCARGAR EL MATEil IAL 7· Antes de hacer descargar las mulas el instructor las hace colo­car en hilera, la mula de cureña á tres metros de la de ruedas, ambas Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETÍN MILITAR 323 dando frente hacia adelante, la mula de pieza á tres metros de la mula de ruedas con frente á retaguardia, y la mula de cajillas á ocho metros de la mula de pieza, dándole frente. Los primeros sirvientes á la altura de la mula de pieza, los segun­dos sirvientes á la de la mula de ruedas, los terceros sirvientes á la de la mula de cureña, todos dando frente á donde quede la cabeza de las mulas. El primer sirviente de derecha se coloca á la izquierda de la mula de pieza y el primer sirviente de izquierda á la derecha; los otros sirvientes se colocan del lado de sus puestos con respecto á las mulas de ruedas y de cureña. DESCARGAR LA MULA DE RUEDAS 8. Remmn1 de ltl maniobra-Deshebillar la limonera y las ruedas. Quitar la limonera y las ruedas. Colocarlas en tierra. Quitar la palanca y los frenos. Para hacer descargar la mula de ruedas el instructor manda: 1. 0 Prepílrtnse tÍ dncargar la mula de rued(u; 2. 0 DeJCarguen la mula dt ruedaJ. A la voz prep áreme ti dncarg,¡r la mula dt ruedru, los terceros sir­vientes 'e sitúan á paso de trote cerca de la m u la de ruedas, los segun­dos y terceros sirvientes deshebillan la limonera y después las ruedas, los terceros sirvientes colocados cerca de la cabeza de la mula. A la voz deJCargum la mula de rucdaJ, Jo terceros $Írvicntes quitan la· limonera, el escobillón y la palanca de repuesto, y los colocan en el suelo, la cabeza de la limonera tres metros hacia atrás, los brazos á la altura de la grupa de la mula. Los terceros sirvientes quitan las ruedas y las colocan en el suelo detrás de ellos, recostadas sobre el pequeño cabo del cubo. Las llevan después cerca de la mula de cureña y se colocan á la altura del eje. Los segundos sirvientes quitan los frenos, el segundo sirviente de derecha quita además la palanca, que coloca sobre la limonera. Ambos se acercan á la mula de curctía y se colocan frente á la grupa de esta mula. El conductor de la mula de ruedas sitúa su mula descarghda á un metro atrás de la mula de cajillas. DESCAR..GAR LA MULA DE CURERA 9· Rnumen de la matJiobra-Deshebillar la curefia. Bajar la cure­fia. Poner la contera en tierra. Sostener la cabeza de curefia. Volver á colocar las ruedas. Levantar las sobremuñoneras. Para hacer descargar la mula de cureña, el instructor manda: x.o Prepárenu á dncargar la mtJltl de cureña; 2.0 DeJCargrun la mula Je c11reña. A la voz prepáreme á deJCargar la mula de cureña, los terceros sir­vientes deshebillan la cureña y agarran, cada uno de su lado, los pesoncs del eje, dando frt!nte á la grupa de la mula; los segun.dos sirvientes aga­rran la contera. A la voz dncarguen la mula de confl'ra, y á la indicación alcen, he­cha por el segundo sirviente de derecha, todos levantan la cureña y la colocan entre las ruedas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 324 BOLETÍN MILITAR Los segundos sirvientes colocan la contera en el suelo (el segundo airviente de derecha coloca el pie so~re la contera para impedirle que resbale), el segundo sirviente de Izquierda se coloca junto á .a cabeza de la cureña y la sostiene con ambas manos. Los terceros sirvientes quitan los pernos y las arandelas. colocan las ruedas y vucl ven á colocar las arandelas y los pernos. El segundo sirviente de izquierda levanta las sobremuñoneras y vuelve á ocupar su puesto á la altura de la contera. El segundo sirviente de derecha agarra la palanca de culata, el lazo y el escob.ll6n y se sitúa detrás de la mula de pie:.a . Los terceros sirvientes ocupan sus puestos cerca de la cajilla de izquierda. El conductor de la mu.a de cu­reña lleva su mula á un metro atrás de la mula de ruedas. DEiCARGAR LA MULA DE PIEZA lO. Re1umen de la maniobra-Quitar el tapaboca y el ta_ aculata. Colocar la palanca y el escobillón. Levantar la pieza. Colocarla sobre la curelia. Volver á colocar las sobremuñoneras. Para hacer descargar la mula de pieza el instructor mmda: 1 .o • Prepárenu á deuargar la mula de pieza; z.o Deuarguen la mula de pieza. A la voz prepáreme á dncargar la mula de pifza, los prioeros sir­vientes quitan: el de derecha el tapaculata, el primero de izq ierda el tapaboca, que coloca en la cureña junto con el tapaculata que recibe del primer sirl'iente de derecha, y deshebillan la pieza. El primer sirviente de derecha coloca la palanca, que le pasa el segundo sirviente de dere­cha, debajo de la culata y Ja agarra con ambas manos. El p imer sir­viente de izquierda amarra la culata á la palanca con el lazo, y la agarra con ambas manos. Los primeros sirvientes dan frente á la grupa de la mula. El segundo sirviente introduce el escobillón en el ánima, el ataca­dor hacia afuera y lo agarra con ambas manos. A la voz deuarguen la mula de pieza, y á la indicación alcm, hecha por el segundo sirviente de derecha, todos levantan la pieza y la colo­can sobre la cureña, haciéndola pasar por encima de la rueda derecha. El segundo sirviente de derecha coloca las sobremuñontras, saca el escobillón del ánima y vuelve á ocupar su puesto. El primer sirviente de izquierda suelta el lazo, coloca 1 alza en au canal y vuelve á ocupar su puesto. El primer siniente de derecha va á colocar la palanca sobre las mufioneras, saca el tirafrictor y ocupa su puesto. El segundo sirviente de izquierda baja el tornillo de puntería y vuelve á su puesto. El conductor de la mula de pieza la sitúa un metro a:rás de la mula de curefia. DESCARGAR LA MUI:A DE CAJILLAS 1 1. Para hacer descargar la mula de cajillas el instructor manda: J .o Prepáreme á deuargar la mula de cajilla1; 2. 0 Deuarguen lJ mula dt cajillas. A la voz prepá,-enu á deuargar la mttla de ca} illa1, los primeros sirvientes se acercan con rapidez á la cajilla de su lado, lo: tercero$ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 325 sirvientes deshebillan cada uno del lado de su hilera la sobrecincha. Todos agarran las empuñaduras, los sirvientes de izquierda la más próxima á la cabeza de la mula. A la voz descarguen la mula de cajillas, y á la indicación alcen, he­cha por el tercer sirviente de derecha, todos quitan las cajillas descol­gando las cadenas y las colocan á la derecha y á. la izquierda de la mula. Los primeros sirvientes vuelven á la pieza. Los terceros sirvientes entran á sus puestos. CARGAR LAS MULAS 12. Antes de hacer cargar las mulas, el instructor dispone todo el personal corno está prescrito en el número 2. Para hacer cargar simultáneamente la pieza, la cureña, las ruedas y las cajillas, el instructor manda: cargue11 las mulas. A la vuz cargue• ltu mulru, los conductores de las mulas de e u re fía y de pieza colocan con rapidez sus mulas en el puesto indicado para la carga, pasando á la derecha de los elementos á pie firme; el conrluctor de la mula de ruedas sitúa la suya fre11te a frente de la de pieza y á un metro de distancia, lJsta para colocarla entre las ruedas cuando se alce la cureña; el conductor de la mula de las cajillas coloca la suya entre las cajillas. Los artilleros ejecutan sucesivamente y sin interrupción los mo,_­mientos rrescritos para cargar las mula5. Cuando ha conduído la carga, la mula de pieza da media vuelta y todas las bestias estrechan la distan­cia hasta reducirla á un metro. DESCARGAR LAS MULAS 1 3· Antes de hacer descargar las mulas el instructor iispone todo el personal como está prescrito en el número 7· Para hacer descargar simultáneamente las cajillas, las fuedas, la cureña y la pieza, el instructor manda: de.scarguen las mulas. A la voz descargum las mulns, los artilleros ejecutan sucesivamente y sin interrupción lo que está prescrito para descargar las mulas de ruedas, de cureña, de pieza y de cajillas. ENGANCHAR LAS MULAS DE Pll!:ZA Y DE CUREÑA 14-· Estando la pieza armada con su limonera, los sirvientes en sus puestos y las mulas en hilera detrás de las cajillas como queda dicho en el número z, para ejercitar los artilleros á enganchar las mula~ de pieza y de cureña, el instructor manda, después de haber hecho girar á la pieza: tngandeJI las mulas. A est 1 voz los conductores de las mulas de pieza y de cureña traen sus mulas hacia adelante, en la dirección de la limonera, la mula de cureña delante de la mula de pieza. Cuando están dispuestas, los se­gundo!- ó sirvientes hacen adelantar la pieza cou la ayuda de los primeros sirvientes, que se aplican á las ruedas como para el movimiento á brll­zo tÍ retngt.~t~rdia. Los segundos sirvientes colocan !os brazos de la limo­nera en los sostenes de la sobrecincha y cierran las hebillas de las correas de retranca pasándolas por los grampones de atrás. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 326 BOLETíN MILITAR El segundo sirviente de izquierda baja lo más que se pueda el tor­nillo de puntería. El conductor de la mula de pieza quita los contrafuertes de la pe­chera de los anillos del basto y los asegura á los grampones de los extre­mos de ]a asa de l a limonera. El conductor de la mula de cureña quita los contrafuertes de la pechera de los anillos del basto, desarrolla los cables y los engancha por la argolla á los ganchos de tiro de la limonera, empezando por el cable derecho; después hace templar un poco los cables. Los primeros y segundos sirvientes vuelven á ocupar sus puestos y dan frente al mismo lado que las mulas. Cuaudo se enganchan las mulas, el segundo sirvienre de izquierda engancha la cadenita á la cadena de la clavija para impedir la salida de ésta de su alojamiento durante la marcha. DESENGANCHAR LAS MULAS 1 S· Para hacer desenganchar las mulas de pie7.a y de curefia, el instructor mand:1: dtJtngtlluhen !aJ mulaJ. A esta voz el conductor de la mula de cureña hace retroceder su mula, desengancha los cables, los enrolla y los cuelga á los ganchos de atrás del basto, después hace adelantar su mula tres metros y vuelve á asegurar el contrafuerte de la pechera á los anillos del basto; el con­ductor de la mula de pieza de hebilla los contrafuertes de la pechera, los quita de los grampones y vuelve á asegurarlos á los anillos del basto. Los segundos sirvientes deshebillan las correas de retranca, las quitan ae los grampones de tiro y vuelven á cerrarlas, sostienen la li­monera y sacan los brazos de lo sostenes de la sobrecincha mientras que el conductor hace adelantar su mula. Después ponen la contera en el suelo. Los primeros y segundos sirvientes vuelven á ocupar ~us puestos frente á la pieza-(Co1Jtinúa) AO!.A~AOION Bogotá, Marzo 12 de 1900 Sr. Director del Boletín Militar-E. S. D. En el número 142 de su importante semanario, correspon­diente al 10 del presente, en la sección Oficial, Crmfirencias sobre el servicio del coñón d1. montaña, transporte del material á lomo de m u la, se enser. a que según lo previene el reglamento francés sobre la máteria, levantarán la pieza y la conducirán sobre la mula tres sirvientes, cosa impracticable entre nuestros soldados, por no tener las condiciones de estatura y de fuerza que se requieren en los ejércitos europeos para ser artilleros. En la práctica he tenido que hacer ejecutar la maniobra de cargar las mulas del modo siguiente: Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 327 C1rgar la mufa de pieza-Los dos primeros sirvientes y el segundo sirviente de la derecha ejecutarán los movimientos que previene el reglamento francés; el tercer sirviente de fa derecha tomará la palanca de caña, la pasará por deb1jo de la parte cónica de la pieza, lo más cerca p ible de las muñoneras, la asegurará con una cue.·JJ. como la palanca de culata, y á la voz de alcen ayudará á levantar la pieza y á cargarla sobre la mula como está prescrito en el reglamento. Cargar fa mufa de curtña-Los segundos y terceros sirvientes ejecutarán la maniobra como e tá prescrito, los primeros sirvientes se colocarán al lado d'! la cureña, en us respectivos puestos, para ayudarla á levantar por las gualderas á la voz de alcen y colocarla sobre la montura. El sistema para cargar las mulas de ruedas y de cajillas no ofrece dificultad algtlfla en la práctica. Me he tomado, Sr. Director, la libertad de hacer estós indi­cacione , para que us ted, i lo e tima convenientr., lo haga poner en práctica en las mAniobras que juzgo se ejecutarán en el Cuer­po de Artillería de esta ca pi tal. Quedo del Sr. Director afectísimo seguro servidor y amigo, JO!É M. FORERo Antiguo ComandantE: de batería • • SECCION DOCTBIN AL SEG6N ARD .\~T DU PIC *. LO .i\10RAL Y LO MATERIAL La acción de un ejército, de una tropa, sobre otra fuerza es á un tiempo moral y material. La primera es su potencia destr~c­tora; la segunda el temor que inspira. _• El C ~ tOn e l fnn cés~ autor de los e turltos. que hoy vertemos libremente 11 } espanl)l, rnun6 en 1 70 baJO lo · mur_o de .:\fetz, y apen¡¡ s lo dejó en borrador; pero c~Hno fuer o n pro lucto d e s ~ lll i! S d octrm;L , lu · añ o ~ h ·m pn arlo sobre ellos, in inuti­lizarlo en lo g e n e r.d. D e s .. g uro e_l va le ro o j e f e fr a n é.-, si en sn trab¡¡jo pensó an tes ~t las b 'l t.·d_l a c¡u l! en es .t t rá gt ca gn •rra "t:tn 16 B ,t z ·line. cl eb16 sufrir tortura~ h o r11hle:;; y VIVIr h~r;ts lllllY . o nbrías en prescnci·t de lo c>rrores de l manclo y dt> la falsa t eorí t qu y_nvaba e u 6 - te: la de las guerra corta , c o n la nece ühd ele gran­~ es b n_ta_ll_'l~ de '1St vas c omo con ecuPnci 1 d e l p e rfe c cionamiento de la ~ armas y la Il?fH>slbtltd t d de cl c r~otar á qt~i e n ocup t rt hta e n as po si ciones, sin contar la ignor:Jil­c~ a del cálc ulo c. pe-:_• •tl q ••e n ~e lo r e ff: rentc á la gu rra . Un j efe incap¡¡z y ~ubor­dtnaclo -. _tfli C nr! k. th 'l tl e r. z aga, e¡ , frente d e hombres expE· tto-. en u ofi .: io; fa ltos del esptl'ttu de t ll l ciatlv.t. r~· e nplazado por !-.iugular pu ilanimid:ül moral, de ec;a que no excluye el valor per on tl, y que contrastaba con lo procedere. de los jefes ad- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. s28 BOLETfu MILITAR Ahora bien: en el combate accionei morales, más aún que materiales, entran en juego y tri un fa la más fuerte: de ordi­nario el vencedor pierde por el fuego mayor número de hombres que el vencido, porque la acción moral no se presenta en razón directa de la potencia destructora real, sino más bien en razón de esa potencia presumida por el contrario, y que se manifiesta ora en forma de una fuerte reserva pronta á continuar la lucha, ora con un ataque resuelto por el frente, ó por tropas que se dejan ver sobre uno ó sobre ambos flancos. La acción material es tanto mayor cuanto más perfectas son las armas que se u an, más numeroso , robustos ó instruídos en su oficio los hombres que las manejan, ó porque pueden resistir más largo tiempo las fatigas del combate. A igual potencia destructora, y aun con una inferior, vence quien por su resolución y su ener­gía marcha hacia adelante, y por sus di posiciones y movimientos hace flotar sobre su adversario la amenaza de una nueva acción material, es decir adquiere, en un:1 palabr., el ascendiente de la ac­ción moral. Esta última no e , pue:: , sino el temor que inspira el más resuelto, con poco esfuerzo se cambia en terror para el ene­migo, y quien lo consigue ha hecho suya la victoria. Lo que constituyó la fuerza de los conquistadores antiguos fue el terror; fue no tanto u fuerza real cuanto su ferocidad: asesinaban todo lo que resi tía, a esinaban sin buscar siquiera la excusa de la resistencia. El terror por heraldo abatía los corazo­nes. La necesidad de vencer ó morir exalta .... la cobardía, y el pueblo invadido se rendía .••. por temor de ser vencido. Cuando la confianza que se finca en una incontestable supe­rioridadad material para mantener el enemigo á distancia, resulta fallida por la resolucióu con que éste se acerca al mejor armado, afrontando tales armas, la acción moral del enemigo se aumenta con toda la confianza perdida por las propias tropas, y esa acción domina el campo y los amilanados huyen. Así ceden las tropas atrincheradas ó que fían su defensa á las llamadas buenas posi­ciones militares *. El sentimiento del impulso moral es el sentimiento de la re­solución que anima á una tropa, sentido por el enemigo. En Aros­teten, según se afirma, una tr0pa en línea esperó, hasta llegar al ve1sarios. Amargos debieron er su últimos momeutos, irviendo i 6rdene de un superior :.in voluntad, incapaz de tomar re ueltamente un pntido y meno· de impo­ner el cumplimiento de 6rrlenes que daba in fe. Cuando en Mars-la-Túllr lo fran­ceses, más numerosos y en mejore condicione que lo pru iauo , en la jornada del 15 no pudieron obtener una vict01ia decisiva, probaron que er;, n inca pace de luchar con los invasores, y !emejante e"pectáeulo no era por ·ierto con oladora esperanza para quien morfa como bravo por su patria, después de ca i ptofetizar los de astres que ~ufriera el ejército francés. • Ya Federico el Grande había dicho que en caminar al enemigo; otro tanto sucede con la confianza que se tiene en las :urnas de fuego perfeccionadas cuya acción se limita al al­cance normal del arma, lo mismo que antes. De lo dicho resulta que las carga á la b:,¡yoneta (en las que nunca hay bayonetazo ), * ó en otros términos, la marcha hacia adelante bajo el fuego, tendrá día p?r día un tjectiJ m~yor, quedand la victoria por q 1ien en tales marchas logre reunir á un tiempo el mayor orden y la más enér­gica re· lución, por cierto difíciles de adunar, pero factible cosa con inteligencia y buena voluntad, pues al mantener con firmeza tropas de sostén in mediato, es posible defender ó ganar y conser­var el terreno que se disputa. Por lo dicho no se puede prescindir nunca de usar la acción destructora ante:; de emplear la moral; no se puede prescindir de tener tiradores por enjambres, ya que sin el! s ningún ataq11e lle­gará á su último período, porque iendo tiro de azar el rápid de los modernos fusile , e· preci~o multiplicar ese azar cuanto sea dable para intimi lar al adversario. Desde las trincheras de Friburgo hasta Areola y Solferino, las hi torias narran intinidad de maravillosa empre a , ó sea rela­to de la toma de fuerte po tctone, por imple ataque de frente, que engañan á todo·, general e:> y burgueses, y provocan la repeti- • La histotia milit!lr confirma e t¡L al parecet extraña a erción. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 330 BOLETÍN MIL IT .A.R ción de f. tale errores: en efecto, en ninguno de los tres casos ci­tados los atrincheramientos fueron tomados por simple ataque de frente *. Siempre la mala costumbre, ]a impaciencia del resultado sin atender á lo medios para conseguirlo. Por lo demás, claro está que juzgar cuá 1 e el momento propicio para el ataque, y saberlo prtparar anteladamente, son la indicativa del buen jefe de tropas. Verdad que sin cañón y sin maniobras se ha conquistado más de una posici6n, pero á trueque de qué sacrificio ! Cuántas veces, después de perder un mundo de tropas en ataques ciegos, ó mejor dicho, loco , se ordenó lo que debió hacerse desde un principio, quebrantar á cañonazos la resistencia del contrario. Difícil es, en verdad, imaginarse la justa diferencia que existe entre la prá ctica y la teoría en asuntos de guerra. Cuántas veces un General en rn ni obras emplea ' us tropas dando á su su bordi­nados órd~.;;nes como" Coronel, vaya allá abajo;" y al preguntar el Coronel: "H ace dme el favor, rni General, de precisarme qué di­rcrción llevo, de qué punto á qué punto debo ocupar al fuego, qué tropa quedarán á mi derecha y á mi izquierda, etc.," re ponde el eneral: " i a rche usted sobre el enemigo; e o basta, me parece; ¿qué sio-nifican . us vacilaciones?" Y como es natural, la razón e tá de parte del Coronel, á quien pueden ofrecerse múltiples m~­ncra. Je cumplir la orden. En este ca o potlemos agregar: "¿Si no sabéis elegir la buena dirección é indicarla con claridad á vuestro ·ubordinado, comprender y aclarar sus dudas, seréis realmente Ge­neral ?" Cuanto al combate mismo, al empleo de las acc:iones mate­rial y moral, bueno es recordar que desde hace tiempo el Príncipe Lign'! dio al traste con los órdenes de batalla, sobre todo con el famoso orden oblicuo, y que Napoleón puso punto final á la cues­tión por no tratarse en el particular sin de mera pedantería. Mas no se confundan tales órdenes con el establecí miento de la tropa en csc::tlone, porque moralmente hablando e ta dispusición se basa en la certidumbre del so tén, la defensa del flanco, la sucesión de los e fuerzas, la amenaza suspendida sobre el enemigo. Y no hemos hablado sino del infante, porque es para él, hoy como ayer, que el combate es más terrible: en la antigüedad, si era vencido, por u lentitud q uedG ba á merced del vencedor; en la ac­tu a lidad el jinete corre al través del peligro-el caballo incita á hu1r, - cn tanto que el infante sólo marcha: en el mismo lugar, y á \ eces largo tiempo, ha de permat1ecer inmóvil ante la muerte. Q¿_1ien conozca la moral del infante, la sometida á pruebas más ru­das en el comb.tte, ése conoce lo que es la moral de todo el ejército. • :\lucho: on lo ejemplo que pudieran citarse en corroboración de e ta afir­mación. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. UOLETÍN MILITAR 331 EJEMJ?LOS r:t'AOTIOOS POR H. HELVIG, DEL ESTA DO MAYOR ALEMÁN Versión libre para el Boietin ~filit,-.r PAK'.I'E PRilUEKA-EI, Hrio.'.I'ALLON TERCER EJEMPLO Un batallón contra batallón y medio (cuatro compañía contra sei• compaftiu) Comideraciones tácticas Ante fuerzas superiores es preciso, en todc} caso, tener reunida en reserva una porción disponible de tropas, pues sólo con esa reserva pue­den intentarsr. cortos conrraaraqucs que detengan la marcha ofensiva del enemigo, y, llegado el caso, cuhran nuestra retirada. En consecuen­cia, tan luego como esa reserva éntre en línea, es preciso constituír sin demora olra, por pequeña que sea. El batallón marcha de frente; primera compañía de vanguardia; .re­gunda compañía de sostén; tercera y cuarta C?mpaií ías de grueso, en co­lumnas de com~añía á intervalo de desp.iegue. PRIMER MOMENTo-E/ enemigo 4 • 4 • • • 4 • ._• • * 4 * • • • •.., * • • • • • • 4 • • avanza con dos comptliíí4s contra el ala derecha de la primera compañía. I)J posición: primera comptliíía, dos pelotones en tiradores; segun­da compt~ííía, prolonga la cadena de tiradores hacia la derecha con dos pelo ton es; tercera y cuarta compa· ñías, 300 pasos á retaguardia de la cadena. ®!81® ®®® 0~~ 181181® )811810 ~0® 4 .a J.a Primer momeJlto • • • • •* *• ""• • • .... • * • * • * • * • • • • * * • SEGUNDO MOMENTO- El enemigo 1. n. 2. n parece pretende atacar nuestras dos ~ ...... l8H8!® 181®181 ®181® 18l®® ®®181 ®®® ... //}.·.:.>.13· a Segundo momell!o alas envolviéndolas; sobre el frmte ntttstros tiradores contienen á los suyos. Uisposiclón: la cadena de tira· dores es reforzada por los sostenes; tercera y cuart11 compaíiías, se sitúan I 50 pasos atrás del ala derecha: ante todo importa rechazar el ata­que contra el ala que vencida ponga en peligro nuestra línea de retirada TERCER MOMENTo-El etumigo muestra tL1l medio batallón tras cada una de las alas de su línea de tiradores, las cttales fuerzas avanzan co11tra nuestras propias alc:s. Oisposición: trimera comptlñía, permanece en posición y trata de contener con fuego rápido al enemigo que está frente á ella; tercera compaíiía, se despliega íntegra para reforzar la stgttnda,· c11arta c~mpañía, por pelotones se establece como sostén 1 o o pasos atráb del ala derecha. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 332 BOLETÍN MILITAR Señal: marchen! marchen! Las compañíai ugrmda, terctra y cuarta se lanzarán al ataque al oírla; el comandante indicará un pliegue del te­rreno, aun cuando sea insignificante, como límite de hasta dónde se impulsar:.l el ataque. 2.at t tJ.a .... .. .. "" ...... . . . :• . ..,. : ... :• .. 1 1 ' ' : 1 fl81181® :®1810 :®181® ~ • * • • : !4. a f ...... . : : , 1 • a : : f r 1 ' 1 1 1 : : ! e u arto momento CuAJtTO MOMENTo-E/ ala izquierda enemiga Je r;e obli­gada á detuurJe; laJ compa­ñíaJ que el advenari1 tenía reu!lidm traJ ella principian á de1plegane. Señale J: marchen! marchen! primera compañía, futgl rá­pido! • • • • • • • • • • • • • • • : 2.1\ QurNTO MOMENTO- El ene­migo rtpliega JU altJ izquitrda así trtacada, pero en cambio aprieta vivamente nuntra iz­quierda. • • • • • • • a• • • •• l. DI posición: pri1fura com­pañía, martillo defensivo (ala izquierda); terce~a y crurrta compañíai, en ret1rada, pelo­tón por pelotón, á reunirse zoo pasos atrás de la pri­mera. Stñaln: cumdo esas com­pafiías han ocupado su nue­va posición: ugunda compa­ñía, el/ retirada, lentamente! • • • • '· ',"" * * •• 1 1 1 1 1 \ \ \ *' .. \\',',,, •• •• •• .. Quinto m~mento ~ . • • ~. ·~ ... '\. . . · ... -~ Sexto momento Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE'l'ÍN MILITAR 333 SExTo MOMENTO- El numigo c~ntinúa aflanzando JU derecha, frurü it unaJ cuatro compañíaJ, y obliga á 1JtleJfra primera compañía á retirarse. Dispo~ldóo: tercera _Y cuarta compaiííaJ, cada una dos pelotones en tiradores para relevar la primera que se bate en retirada; primera flmpañía, se retira d pidarnen te después de relevada; ugrmda compañía, se liga por su izquierda con la nueva cadena de tiradores. Señal: fuego rápido! S:áPTIMO MOMENTo-La marcha oftnriva del enemigo eJ contenidtt mo­mentáneamente por el fuego de loJ cuatro pelotonu. Disposición: primera compañía, reunión y á situarse como reserva 300 pasos atrás de la tercera y cuarta compaiííaJ . ÜCTAVO MOMENTo-E/ ene­migo no ha dejado frente tÍ la ugunda compañía Jho 1111 cor­'' número de tiradorn y ruin~ todaJ JttJ fuerzaJ contra nun­trl ntteflo frente. Dlsposldén: ugunda com­pañía, reúne dos pelotones que se sitúan tras el ala iz­quierda de ella misma; pri· mera compañía, avanza á re­forzar el ala izquierda. • • ••• •••••••• ••••• •• •• .. ~ ..• ~~ .:· "). • • •• .. ~ •• ..&.~ ~ • ~ b<.. NovENO MOMENTo-E/ enemigo attiva Jtt fuego, aproxima á JUJ tira­doru laJ tropa! que mantinu en formación unida y prepara un ataqtu general. Disposición;: sostenes sobre la cadena de tiradores; primera com­pañía, al ala izquierda, á paso gimnástico, para flanquear al enemigo con fuegos de descargas y tiradores. Señal: marchen! marchen! al oírla las subdivisiones de las compañía! .segunda y primera pronunciarán su ataque contra los ílancos del enemigo . .Lh_ ...... $v- ••••• ~: 2.a •• e¡¡. -$-•• ,.., . • • '!!> .,.. b<." •• .181~.· .~.·. I.a ~ Nofleno momenta Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 334: BOLETÍN MILITAR DÉciMO MOMENTo-Sobrevitne el ataque general del enemigo. Señal: fuego rtípido! UNDÉCIMO MOMENTo-E/ elJenJigo Je detie11e en Jtt fllurcha o.fensifJa. Señal: marchen! marchen! -f-..........•• • • ~d •• ~ c-i -f-.........• '* t U1tdéc imo mome11to ••• •• ••• • f/J~~ Duodécimo momento • • DuonÉcrMo MOME "To-Los ti­rridorcs emunig?s retroceden un po­co, pero JJucstro propi1 ataque es recibido con tu: f11ego fliolento, y 110 podemos gtmar más tfrreno ha­e Ítl addti7Jfe. Seíirdes: altrJ, para todos, en retirada! Las compañías primera )' ugrmda cubren la retirada con fuertes enjambres de tiradores; la tercera y cuarta se: reúnen du­nmtc la marcha en retirada. La ametralladora Gatling, en uso en Colombia, consta de diez cañones de fusil, de 12 milímetros de calibre y 50 centíme­tros de longitud, colocados al rededor de un eje central y movibles con él, atornillados por su extremo posterior en un disco metálico soldado al eje, y pas(:)dos por la boca en otro disco, también f. jo al mismo eje. Este es bastante más brgo que los cañones en unas, saliendo apenas algo por delante de su b 1Jcas en otras, y prolon­gándose por detrá en todas para atravesar la culata fija, donde se encierra el mecanismo que hace fun("ionar el arma. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITA:U 335 Esta va sostenida por un marco con nuñones, en el que el eje gira libremente, apoyado por su extremo anterior en una mu­ñonera · ó abertura colocada en la parte anterior del marco, y por su otro extremo en una placa que hay en la caja de la culata; el movimiento se produce por un manubrio colocado ya detras, ya al costado derecho de la pieza, y que, ó por medio de un piíión, en­grana en una rueda dentada en que termina el eje, ó mueve direc­tamente éste. Los cañones son de ánimas recamaradas, y omo están inva­riablemente unidos á lo disco , gir n con ello , e tando dispuesta· las piezas de la culata de modo que todos los cañones se car ~ uen y disparen mientras dan una vuelta completa. El mecanismo con el cual e obtiene suce::,ivamente, y de un modo continuo la car;a y el disparo de todos lo cañone , e tá contenido en un tubo de br nce, fijo concentricamente al cilindro que forma la culata. e comp ne de un cilindro hueco de metal, cuya superficie exterior 1leva diez canales emicirculares, corres­pondiendo cada una de ellas al án1ma de uno de los c~uíones, en cuya prolongación e tán, para recibir y guiar lo cartucho que vayan cayendo del depósito ó proveedor ha ta llevarlo~ á sus re - pectivas recámara·. T'ambié.l sirven e tas canale~ de guía para sacar luégo las vaina . Detrás de este cilindro hay otro, también unido al eje, en cuya superficie van sujetos los obturadores con el mecani mo de percusión. Cada obturador l'eva, además del cilinJro de obturación, un extractor de uña, unido á é!, que obligado por la forma del rebajo que hay en la recamara del cai1ón, agarra el reborde del cartucho para poder arrastrar hacia atrás la vaina después del dispJro. En d interior de los émbolos de obturación va el percutor, que es una aguja movida por un muelle en espiral, la que termina por un tope que puede correr á lo largo del émbolo para comprimir el muelle, por lo cual puede retirarse la aguja y quedar montada para hacer el disparo. El mecanismo que sirve para abrir y cerrar la culata, reti­rando los obturadores para que puedan entrar los cartuchos y mon­tar al mismo tiempo las agujas, consiste en un anillo que va detrás del cilindro cerrador y está cortado interiormente de modo que presente dos filete helizoidales, inclinados entre Sl y enlazados por una pequeña superficie plana. Los cilindros obturadores tienen un movimiento longitudinal, apoyando constantemente su extremo sobre los filetes del anillo, yendo hacia adelante ó hacia atrás, según la inclinación de los filetes : para esto cada cilindro lleva un diente ó resalto esférico que sirve para guiarlo. La amplitud del movimiento de los obturadores es suficiente para que, cuando retroceden, puedan colocar e delante de ellos los cartuchos y avanzan luégo lo bastante para hacerlos entrar en la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 336 BOLETÍN MILITAR recámara, cerrándola por completo, y quedando apoyados en su extremo posterior para aguantar la reacción producida por cada d1sparo. La aguja se monta por medio del resalte ó botón, que es cogido por el principio de la curva helizoidal y empujado hacia atrás, á medida que ésta va girando; el re orte encerrado en el cilin­dro se distiende, y cuaHdo lo está por completo, el tope encuentra bruscamente la rotura de la curva que lo deja e. capar, y p0r con­siguiente la aguja, impulsada por el resorte, que se recoge, va á inflamar el cartucho. El cilindro guía de los cartuchos, está cubierto por encima del marco por una tapadera metálica, semicilíndrica, que en su parte superior lleva una abertura de la forma y magnitud necesa­ria para que pueda pasat un solo cartucho á las canales, según se van presentando éstas debajo. Sobre dicha abertura es donde se colora el depósito de cartuchos que surte al arma, cayendo uno tras otro en las canales, á medida que van haciéndose los disparos. La parte inferior del cilindro guía de cartuchos, está descubierta para que las vainas puedan caer al suelo, á medida que las van sa­cando les cxtractore~. Los cartuchos (42 gramos) son de cobre, de igni~ión central, muy semejantes á los de rémington, y los proyectiles oblongos, de plomo, y de 25 gramos de p :so; la carga de pólvora es de 5 gra­mos y la velocidad ini ial pasa de 420 metros en el primer se-gundo. . . . . Las cajas ó depósitos de cartuchos que se colocan sobre las ametralladoras son de hoja de lata, largas y e trechas, de sección trapezoidal, y están abiertas solo por abajo; también hay otras que son ciltndricas y de palastro: las primer<-~s llevan 40 cartuchos, y las últimas, que sólo se emplean en cierta· ametralladora de las de pequeño calibre, tienen diez y eis divisione , agrupadas alrede­dor de su eje, y en cada una de ellas van 20 artucho , ó sea 320 por caja. El depósito deja caer lo· cartuchos uno á uno sobre las cana­les del cilindro, y suce.;;ivamente de sus di. tintas seccione , si es ci­líndrico. Cuando se \'acia•uno, :se le su:tituye con otro por un mo­vimiento sencillísimo, y que requiere un intervalo de tiempo casi inapreciable. Un agujero ó ranura practicado en la caja permite observar con el dedo ó con la vista cuándo pasa d último cartucho, y en­tonces es cuando se ]a reemplaza por otra llena, pudiendo conti­nuar el fuego durante esta operación, pues e obtiene aquel indi­cio permanentemente ó cuando resten aun cinco ó seis cartuchos sin disparar. Esta ametralladora se coloca sobr~ u na cureña semejante á la de los cañones ordinarios de campaña, y puecL montarse también sobre uno de plaza ó marino, ó sobre un trípode, según el servicio Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN .MILITAR 337 á que se la destine; con el primer sistema fácilmente la arrastran dos bestias. El tornillo de puntería es semejante al que se emplea en las piezas de campaña. También se aplica á esta arma un aparato que sirve para dar un movimiento automático de dispersión á los disparos sucesi·vos. Para esto, en la de cañones descubiertos, hay unido al eje de la ma­nivela un cilindro que lleva en su superficie dos ranuras helizoi­dales abiertas en sentido contrario, y en las cuales entra la punta de una aguja ó tope que va unido á un brazo que parte del tor­nillo de puntería, y cu:1ndo gira la manivela, la aguja, moviéndose en las ranuras helizoidales, da un movimiento de vaivén á los ca­ñones, cuya amplitud suele ser de tres grados. En las qus tienen los cañones cubiertos, el vaivén resulta de la mi5ma fuerza que hay que aplicar á la manivela para hacerla girar, y como es defec­tuoso el procedimiento y mal empleado perjudica la buena marcha del fuego, preferible es no usarlo en las situaciones difíciles. Cuando no se quieren dispersar los disparos, se suelta la aguja para que no engrane en el cilindro, ó se aprieta el resorte que, dis­tendido, deja oscilar la pieza. La manera cie funcionar e ta ametralladora es co'llo sigue: colocado el depósito ó almacén de cartuchos, y arreglado el torni­llo de puntería y el disp.:rsador ó regadera, si se ha de emplear, el sirviente co&e con su mano derecha el manubrio, y lo hace dar vueltas, con lo cual el eje, movido por su engranaje, ó directa­mente, hará girar el cilindro guía de cartuchos y el cerrador con sus obturadores. Las diez canales se irán así presentando sucesi­vamente debajo del alrnar.én ú depósito colocado en la plataforma ó tapa, é irán recibiendo los cartuchos, que caen por su propio peso, sin que puedan salirse de la ranura respectiva, por la envuelta semicilíndrica que lo cubre; al mismo tiempo el movimiento del cilindro cerrador produce el de los obtura ores, aproximándolos primero á las recámara· de los cañones, á donde hacen entrar los cartuchos, y empujándolos luego hasta que ocupen completamente la recámara, cuya abertura e u bren, sirviendo de pieza de cierre. Al verificarse e~ta primera parte del movimiento, es detenido por su tope ó botón el muelle de cada aguja (en tanto que el ob­turador ha avanzad ), resultando así preparado cada cañón; el ex­tractor corre'pondiente entra en su caja, y en virtud del plano in­clinado de ella viene á coóer fu~rtcmente con su ul.a el rebvrde del cartuch . Er1 el mo:n--nto en q e el ejl.! del cañón así dispues­to llega á OLupar la posición inferior, deja de ser contenida el tope de la aguja, y ésta se ese tp t con fuerza, produciéndose un disparo.) Continuando el giro de lo clñ' >nes, se inicia el movimiento de retirada del obturador, arra trado por su tope, y como el extrac­tor va unido á él, sacará la vaina del cartucho disparado, soltándola en cu1nto se halle fuera dd ánima, :í causa de su elasticidad, que 2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 338 BOLETÍN MILITAR lo hace levantarse un poco, con lo cual la vaina es lanzada al suelo. Como se ve, en cada vuelta corresponde á cada cañón y su mecanismo, la serie de operaciones que siguen: recibir un cartucho del depósito, llevarlo á la recámara, cerrar ésta, montar la aguja, dar fuego, sacar la vaina y preparar el hueco ó canal para recibtr otro cartucho; se deduce, por lo tanto, que en cada vuelta com­pleta del aparato se harán diez disparo , los que se reproducirán de un modo continuo, mientras se dé vueltas al manubrio y haya cartuchos en el depósito. Entre más rápic!o sea el movimiento de rotación, mayor ~erá d número de disparos que e haga en un tiempo determinado, pu­diendo, para hacer un fuego muy sostenido, colocar un depósito auxiliar sobre el ordmario de la ametralladora, reemplazándole en cuanto éste se vacía, de manera que el depósito inferior esté siem­pre lleno. Para servir esta pieza se necesitan tres hombres, de los cuales uno da vuelta al manubrio, otro col ca los depósitos de cartuchos, y el tercero cuida de apuntar en la dirección conveniente. Ade­más se necesitan tres hotll bres que preparen las cajas de cartuchos para entregarlas al que las coloca sobre la ametralladora. De este modo se pueden hacer de 100 á 16o disparos por minuto. El mecanismo es sencillo, dados los muchos movimientos que han de ejecutarse, y sólido; pero exige una gran perfección al construírlo y mucho cuidado en su conservación y manejo; tiene el inconveniente de que si se acuña un cartucho al entrar ó una vaina al salir, ó se calza un cañón, basta esto para estropear el me­canismo del cañon en que esto sucede, y sólo con dificultad puede seguirse disparando con los otros. Cuando.por cualquier circunstancia convenga sacar los car­tuchos después de estar en los cañones ó canales, se quita el pe­pósito superior y se da vueltas al manubrie en sentido contrario al de hacer fuego. Otro de los inconvenientes de esta arma es que se caldea de­masiado cuando se hace un fuego un poco sostenido, y que expone un gran número de cartuchos á ser destruídos con facilidad por el tiro del cañón enemigo. Esta ametralladora produce un fuego continuo mientras tiene cartuchos; no se parece, como otras, á los cañones de campaña, y alcanza eficazmente á I,ooo metros: con la cureña pesa 530 kilo­gramos incluso el armón. Las modificaciones introducidas en el mecanismo primitivo han sido reemplazar el engranaje del eje por una rueda que va fija en él, pero que toma su movimiento de un tornillo sin fin que mueve el manubrio. Los tambores de carga, que daban lugar á detenciones frecuentes en el tiro, también se cambiaron por cajas Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 339 de 40 cartuchos, que se colocan verticalmente, con una corredera, encima del eje de la ametralladora, y además en la corta de diez cañones se ha puesto la manivela sobre el mismo árbol que los ca­ñones, en ve? de estarlo en el costado. El mecanismo de disper ión es distinto en algunas ametralladoras de diez cañones, y en muchas una cubierta de bronce protege lr's cañones y el mecanismo, dán­doles el aspecto de un cañón de campaña. La de cinco cañones cortos, que no existe aquí, se monta en un trípode para la defensa de fortificaciones, y pesa menos de so kilogramos; puede también colocarse sobre una cureña ligera para 1levarla con la caballería y aun transportarla á lomo. El armón de la de diez caíiones, ligera, contiene 2,ooo cartuchos en so cajas, y con ella se pueden hacer de ordinario I oo disparos por minuto; con la de cinco se pueden obtener 8o tiros por minuto. Otra modificación que- se encuentra en las ametralladoras aquí en uso, es que en ellas se pueJen separar ó colocar los obtura­dores en el arma sin necesidad de separar la plancha del cascabel, la que se h:tce perforada con tal objeto, cerrando su abertura con una llave ó pestillo que sirve p~ra el fin mencionado. El ángulo de tiro es ilimitado, pue si el montaje lo permite, puede dispararse la ametralladora colocada verticalmente, con la boca hacia arriba ó hacia abajo; pero en este caso lus proveedores dt!ben llevar resorte que empuje lo; cartuchos, que entonces no pueden avanzar movidos por su peso. La fuerza de penetración de los proyectiles es considerable, y lanzándolos sobre un mismo punto del blanco, en pocos minutos pueden destruírse ó perforarse obstáculos considerables. Conviene, al emplear estas ametralladoras, disparar con cierta mesura, tanto para evitar daños al mecanismo como para no con­sumir municiones con exceso. La rapidez máxima no debe em­plearse sino en los casos extraordinarios y por bre\'es momentos. SOBRE EL EJÉRCI'rO ALE~IÁN (Continuación) La memorable jornada de Saint-Privat, particularmente, y las pérdidas enormes sufridas por la infantería prusiana al atravesar bajo un fuego mortífero esa descubierta y vasta llanura, parece haber contribuído en gran manera para dar á las ideas sobre la ins­trucción de las tropas, la dirección que tiene hoy día. En todas partes, en efecto, se estudian activa mente las más apropia'-las formaciones para conducir un ataque en terreno descu­bierto, sufriendo el menor número posible de pérdidas. Cada cual busca á su modo la solución del problema y la variedad de las solu- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 340 BOLETÍN MILITAR dones propuestas, con las discusiones á que dan lugar, excitan por todas partes el más vivo interés. He visto también á algunos coroneles, dejando á U'l lado en­teramente los ejercicios en terreno llano, es forzarse por lograr re­gularidad en las formaciones y la mayor precisión posible en las maniobras operando sobre un terreno tnuy quf>brado. E problema no es tan fácil de resolver-, . 'J bre todo cuando se quiere al propio tiempo no ejecutar sino formaciones tácticamente apr piadas á la naturaleza del terreno. S e puede afirmar que es mucho más di­ficil conseguir aquello que alcanzar esta p erfeccion verdcderamente ideal, de que la mayor parte de lo s regimientos dan el e pectáculo cuando maniobran sobre un terreno igual y descubiert . No hay exageración en las palabras perfección ideal. Yo he visto r- egimien­tos, con motivo de su prese ntación, p.l ar por toda la seri de ejerci­cios con una regularidad tan absoluta, una corrección 3e tal ma­nera ptdantesca, que á menos de haber sido te. tigo, es imposible formarse idea. Pero lo que hay de más notable en est es que los regimientos h~ bi tuado. á ejercí tarse en terrenos quebrados, se muestran en general super íore á los otros, y que la precisión de sus movimientos excede á todo lo que ~e pueda imaginar. • Lo que no prueba, por otra parte, sino una cosa, y es ue la ma­niobra en los lugares de ejercicios viene á ser fácil parad que está acostumbrado á conservar el orden y la regularidad en un terreno quebrado. Después de esta exposición en globo de los ejercic os del pe­ríodo de primavera, nos queda todavía por anotar su fisonomía general y sus rasgos característicos : en primer lugar, omo aca­bamos de decir, la precisión y un rigor meticuloso en la ejecución de los movimientos. Hay, además, en todas circunstancias, una calma y un silen­cio tan completos, que causan en el espectador la mejor impresión. Se exige que los soldados ~e alíneen por sí mismos á la v z de alto, y lo hacen generalmente con una rapidez y una exactiud que no dejan nada que desear. Después de mandar firmes, la i 1 movilidad es absoluta. En lo que respecta á los oficiales de todas h.s gradua­ciones, jamás se verá la menor turbación, ni montar en cólera, ni proferir gritos, cosas todas ellas que les están por lo cemás for­malmente prohibidas, hasta el punto de que se ha visto á oficiales relevados de su cargo por habérselas permitido. Salvo las voces de mando, dadas siempre en un tono extremadamente breve y enérgico, no se oye el más ligero rumor durante la maniobra. Si se comete alguna falta, el instructor detiene el movimiento, se aproxima al oficial que se ha equivocado, y le explica tranquila­mente lo que debe hacer. Muchos prefieren esperar al fin del ejercicio, y sola"'lcnte en­tonces, en el círculo que forman los oficiales á su alr!dedor, es cuando hacen notar los errores de cada uno. A un en presencia del Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 341 soberano, las cosas pasan exactamente lo mismo que de ordinario. Los ayudantes de campo y oficiales de órdenes no se ponen en movimiento sino que en•circunstancias muy excepc:ionales, y pue­de decirse que casi nunca se les ve por parte alguna. Es de principio en 1o5 ejercicios, no repetir jamás ninguna orden. El que la haya dad ~l, espera pacientemente su ejecución, y ai algún sub'lrdi nado vacila ó se equivoca, se contenta con hacerle la observación cuando tiene lugar la crítica con que termina siempre la instrucción. Pero se recomienda especialmente que du­rante el ejercicio haya posibilidad y al mismo tiempo la obligación, de reflexionar y decidirse por sí mismo para asegurar la ejecución del movimiento que se manda. Promover y desm·rollar la iniciativa individual tn todos l?s gra­dos de la jerarquía, desde el último subteniente hasta el general, tal u el fin al cual se tiende constantemente y sin descanso en el ejército alemán. Y hé aquí cómo un jefe de este ejército me explicaba las ideas inveteradas que sobre este punto había entre todos sus co­legas: "Por más que nosotros tengamos- me decía-el perfecto de­recho de hacer observaciones en todo caso á nuestros inferiores, nos abstenemos de ello por principio, aun cuando les oigamos exponer, en sus críticas., opiniones no conformes con las nuéstras. No todos, en efecto, tienen el mismo modo de ver las cosas, y estimamos que antes de juzgar un sistema es preciso esperar y ver á qué resulta­dos conduce. Cuando llega el día de nuestra inspección, podemos en­tonces formular nuestras exigencias y dar á conocer á la vez nues­tra opinión. Lo que se persigue, ante todo, es desarrollar entre nuestros oficiales la iniciativa y el gusto por el oficio, y pensa­mos que el mejor medio de conseguirlo es dejarles siempre plena y entera libertad en la elección de la senda que deben seguir para alcanzar el fin que les hayamos fijado. Por otra parte, oyendo sus crític:1s, recogemos á la vez estimables elemento~ de aprecia­ción sobre su valimiento personal." 'rales son las ideas y los principios en vigor en el ejército prusiano, pri nci pi os que, por otra parte, no se con ten tan con for­mular teoricamente, sino que se conforman á ellos cuidadosamente en la práctica. Y compLce verdaderamente ver la sangre fría y facilidad perfecta con las que en semejantes circunstancia lvs ofi­ciales más jóvenes desarrollan su ideas frentt.: á sus superiores, sin que ]a presencia de é<>tos, aun cuando sean de la más alta gradua­ción, parezca en n1odo alguno turbarles ó cohibirles en la expre­sión de su manera de pensar. Véase aquí, por lo demás, un hecho del que yo he sido testi­go y que puede dar una idea del modo como habitualmente sue­len ocurrir las cosas. Un comandante instruye su batallón en el campo de manio­bl as, cuando \e aparecer un general que se dirige hacia el pu ntu Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 342 BOLETÍN MILITAR donde se encuentra. Al instante detiene su tropa y manda firmu, y saliendo al encuentro de su superior le dice: Mr g eneral, el hata­lifm N., dtl regimientD N., hace. sus ejercicios de hatallón.-Continúe usted.-El comandante vuelve hacia su tropa y continúa en efec­to con la mayor calma y sin preocuparse ya más del general, quien por su parte va y viene como simple espectador de la maniobra. ·rerminada ésta, el comandante, siguiendo el uso establecido, hace á sus oficiales formar en círculo, y empieza la crítica, discutiendo ampliamente sobre lo que se ha hecho, censurando á unos, elo­giando á otros, etc. El general se aproxima al grupo para escu­char sus observaciones. El comandante, sin manifestar ninguna turbación por su presencia, concluye lo que tenía que decir, y des­pués, dirigiéndose á él, dice: El ejerciciD ha terrninado, mi gen, ral; ¿me permite usted retirarme con el batallón? Signo de asentimien­to, saludo del comandante y marcha de la tropa, que se retira tran­quilamente á su cuartel, mientras que el general se aleja sin decir una palabra, y se dirige á otro punto del campo, donde la misma escena se re pi te. No omitamos hacer constar que semejante sistema, además de la poderosa manera con que contribuye á desenvolver la inicia­tiva individual, tiene aún la gran ventaja de obligar á todos los oficiale , cualquiera que sea su grado, á conocer su oficio en los más pequeños detalles, á elaborar maduramente su plan de ins­trucci0n y á pesar cuidadosamente cada palabra de su crítica. Otro rasgo saliente de los ejercicios es la vivacidad not b)e con que se ej ecutan todos los movimientos, vivacidad que da al conjunto un car á cter de animación extraordinaria. En mar ha, todas las formaciones ó c~mbios de una á otra se hacen al paso ligero en medio de una confusión que no es más que apar~nte y que se disipa tan pronto como el movimiento ha terminado, to­m:¡ ndo inmediatamente entonces cada uno el paso ordinario, ó mar­cando fuertemente ]a cadencia. Pero no bien restablecido el orden sobreviene un nuevo mando del instructor, que parece tener el pro­pósito de que se sucedan sin tregua los unos á los otros, no dejando entre ellos más que el intervalo estrictamente necesario para su ejecución. La cosa es en verdad un tanto fatigosa para los hom­bres, pero la maniobra gana con ello en interés, la atención está siempre despierta, y todo el mundo, oficiales y tropa, concluyen por adquirir una destreza y una agilidad de espíritu y de cu rpo verdaderamente maravillosas. Bien entendido, como ya lo he os dichú, que estos ejercicios doctrinales se sujetan religiosamente á todas las prescripciones del reglamento de maniobras, siendo úni­c:: tmente para este objeto que los alemanes estiman verdadera su utilidad práctica. Para ellos no es más que un medio proclama­do altamente indispensable de subordinación y disciplina. Y es solamente á este título que aún se conservan hoy multitud de disposiciones, tales como las formaciones en tres filas, el cu3ldro, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍ.N MILITAR 343 el relevo de una línea de tiradores, sus movimientos avanzando ó en retirada por escalones, etc., que unánimemente se han consi­derado como inútiles ó inaplicables en la guerra. De todos estos movimientos se exige en el campo de ejerci­cios la ejecución más minuciosamente correcta, en virtud del prin­cipio de que es preciso en tiempo de paz pedir lo más para obtener lo menos en tiempo de guerra. Y el resultado más directo y más es ti mab1e de e ·tos ejercicios doctrinales es disciplinar la tropa y ponerla admirablemente á merced del jefe. Véase aquí, por lo demás, el resumen de las opiniones que en este asunto se profesan por la mayor parte de los oficiales pru­sianos: "Todas las formaciones reglamentarias son por nuestra parte objeto de un estudio profundo, y las concedemos una impor­tancia extrema. Nuestros soldados no sirven má!t que tres años; ninguno de ellos ha estado en campaña., y por consecuencia les es imposible juzgar por sí mismos la mayor ó menor utilidad que puede presentar tal ó cuál formación que se les mande. No vemos inconveniente alguno en dejarles creer que todos estos movim ien­tos deben ejecutarse así bajo el fuego J ··l enemigo. Con ello no estarán sino más atento; á la voz d~ su jefe y más dispuestos á obedecerle. Si, por el contrario, interpretamos el reglamento á nuestro antojo, no tardarían nuestros soldados en figurarse que para la guerra no hay ya reglas, y que todo se modific3 según las circunstancia : esto daría lugar á la disper i6n. A í como se cono­ce al soldado disciplinado en su manera de entender el deber y el honor militares, se puede también apreciar hasta qué punto una tropa está verdaderamente disciplinada y obediente á su jefe, en el modo como sabe y practica su reglamento de maniobras. El regla­mento es la piedra de toque para probar la disciplina, y muchos de sus artículos no tienen importancia sino desde este punto de vista. Así es también como lo consideran todos los buenos ofi­ciales, y en estas condiciones no no preocupamos porque pueda encontrarse eu él tal ó cuál imperfección. Estamos seguros de que, dado el caso, se hará siempre su aplicación de una manera in­teligente." Por lo que toca á las medidas á que se recurre en tiempo de paz para asegurar sobre el campo Je batalla lo que se ha lla­mado la disci'plina del fiugo (J ur disciplin), esto es, para permitir al comandante de una tropa conservar siempre la dirección del fuego de su gente, nadie ha podicio darme una respuesta cate­górica. La opinión general es que un jefe sólo podrá, hasta cier­to punto, mantener su tropa tan obediente en lo que á esto se refiere, como la tenga en todo lo demás. Ninguna regla especial se ha dictado á este respecto, y nadie piensa en formularla. La disciplina del fuego no es con iderada por tot' os más que como un caso particular de la disciplina gen eral, y como ésta, debe estar ase­gurada por idénticos medios, es decir, por el completo sistema Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 344 BOLE1.'ÍN :MILITAR de educación ll)ilitar del tiempo de paz, cuyo objeto constante debe ser: mant~ner al soldado, en todas partes y en todas las circuns­tancias del servicio, dócil á la voz de su jefe directo, atento á sus órdenes y con confianza en él. Así pues, á adyuirir e te ascendiente moral sobre sus hom­bres, es á lo que han de tender todos los esfu e rzos de un oficial; entonces soh1mente podrá comcguir, hasta cierto punto, dirigir el fuego de su t1opa. Hemos subrayado estas últimas palabras intencionalmente, porque todos los oficiales prusianos están de acuerdo en reconocer que hay instantes sllpremos en la lucha, en los que la excitaci4n es tan grande, la emoción tan poderosa, que no está en l2s facultades de todo el mundo el conservar la san­gre fría necesaria para obedecer lo que se mande, sin perturba­ción en el ánimo. Es más: en las maniobras de tiempo de paz no es raro ver, durante un fuego violento, equivocarse un l'olda­do y tomar un ruido cualquiera por la voz de su jefe. Con cuán­ta más frecuencia el mismo hecho no se reproducirá en medio de las escenas tumultuosas de una batalla. Aun cuando en los ejerci­cios de escuela del tiempo de paz se cuida riguro amente de la eje­cución metódica del fuego por descargas, nadie se hace la ilusión sobre la posibilidad de aplicarlo realmente en la guerra. En toda la última campaña no se cita más que un ejemplo: un capitán pretende haber conseguido se hiciera una descarga por su compa­ñía contra la caballería francesa en la batalla de Sedán; todavía esta descarga única, por confesión misma de su autor, estuvo muy lejos de ser pura y degeneró inmediatamente en fuego rápido. Para terminar nuestras reflexiones sobre este asunto, creemos deber decir aquí algunas palabras sobre el nuevo reglamento de maniobras con que se ha dotado á la infantería alemana en I 876, y el que tanto por su aspecto exterior como por su contenido sim­boliza admirablemente las ideas puestas á la orden del día en este momento en el ejérdto prusiano. Se compone de dos partes muy distintas: una puramente re­glamentaria, obligatoria para todos, y que indica los movimientos que deben ejecutarse, puesto de cada uno y voces de mando que corresponden; y la otra parte, llamada táctica, no da si no consejos é indicaciones sobre el empleo que debe hacerse de las formacio­nes reglamentarias. La primera parte comprende la escuela del soldado y todo lo concerniente á las de compañía, batallón y brigada para los movi­mientos y formaciones en orden cerrado; en una palabra: todo lo que constituye la Schul-Exercieren. Esta no es, en definitiva, más que un tratado metódico de disciplina y de enseñanza preparato­ria, pero de la cual, por esta misma razón, se ejecutan todas sus prescripciones con el mayor rigor. En cambio, es preciso reconocer que todo ello se encuentra tan reducido y condensado como es posible, puesto que este volu- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .BOLETíN MILITAR 345 men de pequeña forma é impreso en grandes caracteres, contiene en 226 páginas t do lo relativo á Jos ejl'rcicio individuales, de compañia, de batallón y de brigada, y además las reglas concer­nientes á órdenes de parada, modo de recibir y de pedir la bande­ra, toques y toda la parte dctica. Una co.a que debe señalarse, es la · usencia de figuras para la xplir:.!ción de los mo imientos. No hay más que dos en total: una pé.ira la formación del cuadro, y Otra para la columna de regimi · to Ul ]as pzradas que, vista SU complicaci(;n, habría sido bastante difícil explicar con el texto solo. Todas las demá formacione son de tal St1erte sencillas y de tal manera bien conocidas por tod s, que se ha juzgado el texto perfectamente suficiente para hac<.r cornprencer ó recordar los de­ralle!, que puditran haber escapado de la memoria de alguno. Además, y por princij>io, se ha evitPdo hacer uso de dibujos en la parte tá tic a dd libro. Se q uicre, c>n efecto, evitar así todo menoscabo á la iniciativa individual y á la independencia que se entiende ha de dejar e á cada uno cuando e trata de aplicar sobre el terreno las formaciones rcglamcntari€.s. 'T'éme~e que con una figura dada como ejemplo se inspire á los espíritus la falsa idea de que al modelo es preci o, por obligación, conformarse. No menos notable es todavía la opinión, muy extendida, de que en la parte táctica las láminas serían más perjudiciaLs que convenientes, porque dicen que .e Jlcg. ría :í aplicarlas pura y sim­plemente en muchos ca os en los que valiera má imaginar cual­quiera otra cosa. Esto ~ería la muerte del trabajo intelectual y de la ren r~ xión con que cada uno debe formarse p:~ra sí mismo una opinión sobre los casos que pueden presentarse en la guerra. Así pues, como se ve, el desarrollo de la iniciativa in di vi­dual que los prusianos consideran como una de la más grandes fuerzas de su ejército, se encuentra francamente consagrada por su reglamento. Podría pensarse quizás que de esta iniciativa desarrollada así, y de la ausencia de figuras en la parte r eglamenta,.ia, resultara cierto defecto de uniformidad en la ejecución de los movimientos entre los diversos regimientos del ejército. En realidad no hay nada de esto. Por d contrario, puede decirse que las formaciones regla­mentarias están, en cierto modo, de tal manera enct::rnadas entre todos los oficiale~, que no se nota en este asunto, de un cuerpo á otro, la menor diferencia. Precisamente esto es lo que ha permi­tido prescindir de figuras que indiquen disposiciones bien conoéi­das de todos, y á las cuales se halla habituado el ejército desde hace muchos años. Debe ad· ertirse que el reglamento no contiene artÍculo al­guno especial para los ejercicios de regimiento, que considera, sin duda, corno mero intermediario entre los de batallón y los de brigada. En cuanto á las evoluciones de una división entera, ya hemos dicho que los prusianos jamas las hacen, no admitiendo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 34:6 BOLETlN MILITAR que una división pueda en caso alguno desplegarse sin dejar un~ de sus brigadas en reserva. V ale más entonces, dicen, hacer ma­niobrar estas dos brigadas aisladamente, que dejar una con los brazos cruzados contemplar á la otra. En tin, no creo poder terminar mejor lo que acabo de decir sobre el reglamento, que con la cita de esta reflexión hecha un día ante mí por un olicial del ejército: "Para mandar bien una campañía, basta un militar instruído y que conozca bien su regla­mento; pero el mando de un batallón exige ya una seria prepara­ción táctica"-( Continúa). CAMPARAS NAPOLEÓNICAS (Selección arreglada para el Boletín Militar) 1-lto.lia: opero.ciooe contra Ocaulicu {Continuación) El 15, aún más que el 14 por la noche, sonreía á Napoleón la pers­pectivJ. de obligar á los piamonteses á pedir la paz; á nada podía con­ducirle la p -.. rsccución de los austriacos, cuyo contacto había perdido, por 1 cual estaban en capacidad de rehuír la lucha, y en este caso moverse sobre ellos era dar golpe en vago. Además, entre tanto Colli podía replegarse Sl>hre Turín, cubrir la capital y poner á salvo sus tro­pas, con lo cual ya no era posible imponerle la paz, dejar fuera de combate uno de los dos adversarios y adquirir la ansiada superioridad numéricl. Ahora bien, el plan de campaña descansaba sobre esta pre­misa: después de separar las fuerzas aliad :u, obligar inmediatamente á los piamonte~cs á pedir la paz, á fin de as:gurar e una buena base para las opcrctciones futuras y no tener en ellas al frente sino un solo adver­s: uio. La historia militar rcgistrd numerosos ejemplos de generales que se dejaron arrastrar por el éxito táctico á explotar directamente las ven­tajas aJquiridas sin atender al plan general de las operaciones •; Napo­león, llegado á este momento decisivo, no pierde la cabeza, y obede­cicnd0 á los dictados de la lógica, avanza sobre los piamonteses. Debe observarse sí que Narolc6n principió el segundo período de las operaciones por enviar la división Laharpe vía de Sassello, y aun la hizo sostener por Massena, operación no muy inteligible, pero es de observar que son grandes las lagunas existentes en la correspondencia de la campaña; además es prúbable que muchas cuestiones se trataron de vi va voz, porque Napoleón se imponía fatigas durísimas á trueque de intervenir dondequiera que su persona era necesaria. ''Mi vida aquí es inconcebible, escribió al Dir~ctorio, llego á la dormida fatigado, y sin embargo me es preciso pas1r la noche en vigilia para administrar é ir á todas partes para re'tablecer el orden." • Conforme lo prueba de modo amargo nuestra historia militar. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 347 El 16 de Abril Augcreau fue dirigido sobre la postciOn atrinchera­da de Ceva, y al caer el día había Árrojado de ella á los piamonteses, que se replegaron vía de Mondovi. El 17 llama á Laharpe á Dego, y Massena y Serurrier se mueven sobre Ceva, .i donde el último llega por la poche. Napoleón traslada su cuartel gener 1 á Saliceto. El 19 se ata­ca á Colli; Serurrier se carga á la izquierda para en vol ver al enemigo y coparle el camino de Mondovi; Augereau avanza á envolver la derecha por Castellino, y Massena ataca directamente, ó sea por el frente. Colli intenta replegarse sobre Mondovi, y aún obtiene ventajas parciales sobre Serurrier. Napoleón se ha trasladado á Ceva entre tanto; hacia media noche avanza hasta Lesegno, y allí, á la una, da la orden de ejecutar un ataque general contra Colli, complementando 1 uégo sus instrucciones cuando ya conoce la v~rdadera posición del en..:migo. Según esas nuevas órde­nes, Massena debe marchar 5obre Lesegno con parte de las tropas de Augereau; el resto de éstas tomará posición, parte en Castellino para amenazar el flanco izquierdo de los pi:tmonteses, parte en Mombarcaro para observar el valle del Bormida, por donde pueden llegar los austria­cos. Para mayor seg~ridad, Laharpe es llamado igualmente á Mombar­caro con orden de guardar la posición atrincherada de Ceva, no dejando en el Cairo sino una brigada. El 21 á las 2 de la madrugada Massena cruza el Tanaro y marcha sobre Lesegno; en la mañana Serurrier recibe la orden de pasar el Cur­saglia por el puente de Torre y caer sobre el flanc<;> derecho del enemi­go, que ocupaba posiciones tras el dicho Cursaglia, y en seguida avanzar hacia Mondovi. Empero, el enemigo no espera el ataque y se retira por Mondovi. Serurrier no logra alcanzar sino una retaguardia en posición sobre la línea Mondovi Niella-Castellino, y en cierto modo permanece inmóvil La composición del ejército republicano exigía sin duda un tiempo de alw absolutamente indisrensable para reformar los lazos tác­ticos, y Napoleón no estaba seguro de que Colli no pretendía tomar la ofensiva. Como el enemigo nada intenta, el 23 dispone que Scrurrier continúe marcha por la vía de Fossano y 1\-[assena por la de Chcrasco, ambos con orden de adelantarse hasta más allá de Pesio; Augereau pasa á Dogliani, y Laharpc seguirá el 24 hasta Niclla. En Lesegno Napoleón dicta una orden para reprimir el merodeo entre las tropas. Él, como todos los grandes capitane~, explotó siempre hasta el extremo los rcc ursos del territorio en beneficio de sus tropas, pero siempre prohibió el pillaje por considerarlo como seguro destruc­tor de la disciplina. Además, el saqueo repugnaba á su naturaleza, tan benévola é indulgente en el fondo, que no supo odiar ni aun á sus enemigos. El 23, en tanto que sus columnas pasaban el Pesio, recibió una nota de Colli pidiéndole un armisticio, á la que con testó estaba pronto·á conce­der lo pedido si se le entregaban las pi azas fuertes de Alejandría, Coni y Tortona, y si en seguida se iniciaban negociaciones para acordar un tratado de paz, lo cual fue aceptado por los piarnonr~scs, por lo qtrc el 2 8 cesaron las operaciones militares contra ésto5. Y hemos llegado al término del primer período, victorioso, de la primera campaña napoleónica, cuyo examen habrá de: suministrarnos una primera luz sobre el genio militar de Bonaparte. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 348 BOLETIN MILITAR El examen de estas operaciones mili tares da en primer término pre­ciosa característ1ca sobre el genio militar de Napoleón. Desde luego lo que más llama la atención es el desenfado con que el joven General acep­ta la carga y desempeña su papel: nada de é'Citos á medias ó reveses que le sirvan de ?enosa escuela para aprender su oficio; principia por un golpe de maestro, 1o mismo que Alejandro, Aníbal y Carlos xu. Fuera de duda está que ciertas cualidades físicas é in . electuales deben hallar­se reunidas en un hombre para que sean posibles tales resultados, pero también es cierto que en achaques de guerra hay cosas que pueden y deben aprenderse para conseguir el éxito. En vano se posee el espíritu más elástico y brillante: esto no suple el trabajo previo, porque el arte de la guerra tiene su lado profesional Rl mismo Napoleón lo dijo : "Aquiles fue hijo de una diosa y un mortal, y por eso es la imagen del genio de la guerra." Todos saben cuánto se había preparado bien el joven Capitán para entrar á. la carrera militar, cuánto el teatro de gue­rra italiano había sido objeto de sus maduras reflexiones. Ahora bien, como á esto debe agregarse que la fortuna fue pród1ga con él en dones naturales, el éxito no sólo era merecido sino forzoso. En nuestros días Gam betta es ejemplo de que Ir: m tÍJ grtmdt rnergía adu11ada al espíritu mrjor dotado no puede co11q11iJtar f,z victori11 cuando falta el collccimiento del oficio. Si ahora examinamos en detal los actos de Napoleón, podremos apreciar j un tamen te su resolución y la habilidad de ejecución, dada la peligrosa situación estratégica en que encontró e1 ejército francés, des­granado en una estrecha faja de tierra entre los montes y el mar; la única vía que lo enlazaba con Marsella quedaba por un lado expuesta á las intentonas de un enemigo superior en número que podía desem­bocar por el Col de Tende para cortarla, y por otra á los insultos de la flota inglesa, dueña del mar, sin contar con que á retaguardia del ejér­cito carecía de protección, pues como línea de comunicaciones prolon­gaba el flanco izquierdo, es decir, creaba una de las situaciones más desfavorables conforme el mismo Napoleón lo hizo sentir á los prusia­nos en 1 So6. ¿Qué partido saca de tan peligrosa situación? Tres sema­nas después el ejército francés, aseguradas sus comunicaciones, está ya concentrado debidamente, uno de los adversarios derrotado y arrojado lejos, y el otro vencido y con su capital amenazada. En los albores mismos de la campaña se destaca la característica del genio napoleónico: la noción clara del empleo de la masa. Jornini, e u ya grandiosa teoría surgió de los actos del más grande de los prácti­cos, dijo "que el principio fundamental de la guerra consiste: 1 •0 , en llevar sucesivamente por medio de combinaciones estratégicas el grueso de las fuerzas á los puntos decisivos del teatro de guerra, en cuanto sea posible sobre las comunicaciones dd enemigo sin comprometer las pro­pias; z.o, en maniobrar de suerte que se empeñe el dicho grueso de las fuerzas sólo contra fracciones del ejército enemigo." Esta verdad Napoleón la conoció a priori, pues en I 794 se expresó a í: "Los sistemas de guerra deben ser como los si ti os: se reúnen las fuerzas contra un solo punto, y abierta la brecha queda roto el equilibrio, todas las dem-ls defensas resultan inútiles, y la plaza cae. Luego en vez de diseminar los ataques se debe concentrarlos." En 1799, cuando vio á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 349 Moreau por primera vez, la conversación rodó sobre las cosas de guerra. n Siempre el mayor número vence al pequeño," dijo Moreau. "Te­néis razón, replicó con viveza Napoleón, siempre el mayor número vence al menor," y luégo añadió á guisa de comentari o : "Cuando con fuerzas inferiores me he encontrado en preseñcia de un gran ejército, agrupo con rapidez el mío, caigo como el rayo sobre una de las alas, y la arrollo. Aprovecho el desorden que esta maniobra causa siempre en las líneas contrarias para atacar otra porción de ellas, siempre con fuer­zas superiores. Así pues, derrotaba en detal al enemigo, y esa victoria, como lo veis, era el triunfo del mayor número sobre el m á s pequeño." En la aplicación de este principio reside todo el secreto del arre napoleónico; pero para aplicarlo es preciso adem·ís, y siempre, de una ojeada, saber encontrar el punto donde debe empeñarse la masa y tener cabeza suficiente para despreciar los accesorios por importantes que parezcan á primera vista, para no lanzar aquélla sino sobre el punto de­cisivo. Es principalmente esa clarovidencia, esa lógica en el raciocinio estratégico, comprobada en Napoleón, lo que causa nuestra admiración y hace fecundo el estudio de sus campañas. Al fin de esta campaña que analizamos, cuando victorioso cruzó á 1 tali para entrar á Ausrria, dijo á propósito de su método de guerra: "Existen en Europa muchos buenos generales, pero se fijan en muchas cosas á un tiempo, en tanto que yo no veo sino una: las masas enemigas, y trato de destruí das, seguro de que los accesorios caerán 1 uégo por sí mismos." Por esto al principio de la campaña lo vemos tranquilamente abandonar el camino de Génova á Beaulieu, limitarse á observar á Colli y arrojarse con fuerzas
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 143

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 144 y 145

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AN01V Bogotá, Marzo 3 1 de 1900 SU M. 1« y 145 ---··~--- ORGANO DEL MINI 'fERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DJUCTOil AD-HONOAEM, FRANOISOO J. VERSARA y V. General, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefe• 7 Oft.ciales del Ejército de la República OFif~IAI. (26 DI! FEBR.2RO) por el cual se abren varios créditos •uplementales al Presupuesto de Gastos tlel .Wiftia­terio de Guerra correapoodiente al bienio de 1899 y 19oe El PrnitltnU "' la Repú/J/ittt En uso de la atribución que le confiere el arde ulo 121 de la C•as­tituci6n, y CONSIDERANDO Que por razón de la guerra y de la organización consiguiente e~ un numeroso Ejército como el que hoy mantiene la República, el a - mento de los gastos ha sido proporcional, y son insuficientes las partidas sefialadas á varios Capítulos del Presupuesto de 1899 y 1900, y Que el Consejo de Ministros ha determinado la apertura de loe créditos suplementales de que se tratará en seguida, OECR~TA Artículo único. Abreose al Presupuesto de Gastos del Minietcrie· de Guerra, correspondiente al bienio de J 899 y 1900, los siguiente~ ~réditos suplcmentales: Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN Hl.LITAB VIGENCIA DB 1 899 Y 1900 rJ~jJartament6 de Guerra-Capítulo 40-Ministtrio de Guerra- Material Art. 293. Para gastos de escritorio y aseo del Minis-terio. . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . • . . . . . • • - .... $ C apítul(/ 41 -Ejército de la República-Penonal Art. 294. Para el gasto que ocasione el personal del Ejército . . . . . . . . . . . .. ....................... . Art. 29 5. Para personal de E s tados Mayores, Audi­torías, Parques y demás empleados administrativos del Ejército ........ . ...•...•.... . ...............• Capítulo 42 - Ejército de l a República- Material Art. 296. Para arrendamicn to y reraración de e uar-f. OOO 7.000,000 1.200,000 teles y parques.... . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Ioo,ooo Art. 297. Para compra de armamento y municiones. to.ooo,ooo Art. 298. Para gastos de vestuario, equipo y menaje, escritorio, alumbrado y lavado, empaques, transportes, co-misiones, mobiliario, pastajes y otros gas tos cau~ados por la fuerza pública. . . . . . . . . . . . . • . . • . • • . • . . . . . . . . . . 1 o .ooo,ooo Capítulo 43-Marina de Guerr.:z-Personal y material Art. 299. Sueldos de los empleados de las cañ0neras La P1pa, Boyacá, General Nariño, Cruuro Córdoba y de las demás embarcaciones que se juzguen necesarias para las costas de la República... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5oo,ooo A~t. ,3?0- Para provisiones de personal, combustibles y demas uttles...... . . . . . . . . • . . . . • . . . . . . • . . • . . . . . Joo,ooo Capítulo 44-Hospitales militarts-J1tateria/ Art. 302. Para los gastos de ropa, muebles, enseres, medicamentos, escritorio, a] umbrado, etc .............. . 170,000 Capítulo 45-Gnstos varios Art. 305. Para gasto~ imprevistos de este Ministerio. 6o,ooo Suma.... . . . ...••..•.... $ 29·334,000 \ Por el Ministerio de Guerra se dará cuenta de este Decreto al Congreso en sus próximas sesiones, de acuerdo con el artículo 6.e de la Ley 19 de 1894. Dado en Tena, Departamento de Cundinamarca, á 26 de Febrero ele 1900. MANUEL A. SANCLEMENTE El Ministro de Gobierno, RAFAEL M. PALACio-El Ministro de Hacienda, CARLos CALDERÓN-El Ministro de Guerra, Jos:R SANTos­El Ministro del Tesoro, MARGELIANO VARGAs-El Ministro de Instruc­ci6n Pública, MARCO F. Sv.Á1taz. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN JdiLITAk 355 SE~;ciON DOCrrBINAL TABLAS UE TIRO Con el nombre de tablas d~ tire se designan unas tabl..ts uu­méricas, de doble entrada, que dan los elementos dd tiro para cada boca de fuego y para cada género de tiro de la pieza en referencia. A la cabeza de las tablac: figuran las indicaciones concernientes al pesfl de la carga ó cantidad de pólvora necesaria para el disparo, el peso del proyectil, la velocidad inicial, e~ decir, la con que el pro­yectil sale del caiión, y el ángulo de altura, porque el conocimiento de esos elementos es indispensable para reglar el tiro. Cuanto al cuadro, contiene una serie de columnas que de or­dinario se disponen en el orden siguiente: I . 0 Aleonas ó distancias, de I oo en 1 oo metros; 2.0 Alzas, expre aJa en milímetros; 3. 0 Desvíos, expresados en la misma unidad y que juntos con lo anteriores permiten obtener en cada caso la línea de mira corres­pondiente á un alcance dado; 4·u .Angula de t;ro, para obtener los mismos alcances ó distancias cuando en vez de alza e apunta con el nivel de puntería; 5.0 Angulo de caída, correspondiente á los di­versos ángulos de tiro, para así determinar la forma de las dos ra­mas de la trayectoria; Ó. 0 Yelocidades restantes, que indican la fuer­za de traslación que el proyectil ha perdido en cada aistancia por la resistencia del aire; 7. 0 Duración del trayato, en segundos; 8.0 Desvzos de los proyectilu, ósea el número de metros que ellos se alejan á la derecha de la prolongación del eje de la pieza en cada al­cance; 9.• Flechas máximas de la trayectoria, ósea la altura máxima á que el proyectil pasa sobre el plano del cañón en cada caso y co­rresponde al punto de unión de las Jos ramas de la trayectoria; ro. 0 , 11.0 y 12.o Duvíos probables en alcance, dirección y altura para las correcciones de la puntería, y 1 3· '? y 1 4· 0 Zonas peligrosas, para la caballena y la infantería, ósea el número de metros en que antes del blanco el proyectil pasa á tal altura del suelo que alcanza á herir un jinete ó un hombre de pie que esté colocado en el plano vertical del tiro. Estos di ver os datos permiten efectuar el tiro del cañón en toda circunstancia con perfecto conocimiento de causa. Otras tablas dan los mismos elementos no ya para el tiro diruto ó con carga normal, sino con cargas variables con el alcance por ar­gumento. Al reprvducir en seguida las tablas de tiro de los cañones que constituyen nuestra artillería de montaña, naturalmente principia­remos por las del Bange, por constituír éste el material regular, ya que )os otros sistemas en uso apenas pueden mirarse como auxiliares~ ó 5ea como material irregular. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. CAÑON BANGE-TABLA PRIMERA Tiro directo: carga 400 gramos de pólvora: C 1 -peso del proyectil 5.605; vel cirtatl inicial, ~51 (Comisión de Bourges, Diciembre de 1879) Aogulo de altnra, 40' o ~ ANGULOS ~ ~... P&l B.ABLBI ZONA P& • 2 "" DI:SVJOI - 1 ~ - ~ : LIGROII.A ~ _e ª á .::: ""' E Metros M etros 'O i ~ ~~ !! ] "' .o 1 .~ ~ ~ ! o ~ ~ ~ .g ~ -: :g = ~ ~ ·~ ~ 4 ~ z 1 ;. .!:: ~ •ü ~ ~ &, '~ ~ ~ ~ ~ ~ .:. :! !!!! co ~ ... u ..=!~ .... Q .,~ c.a.... co ....... tD QJ • .. ..-: ~ ~ "' "' ..,..e; l ::sen ..,,... ~,.e; s:: s:: s:: e i5 1 ü o .ü 1 4 1 8.9 o 2 0.2 6oo 13. 6 o .5 1 3.') 2.20 2 ,~0 2 o 0.8 6 8 9 0.2 0 .3 200 tsol 600 18.0 0.5 2.0 2.50 :l40 2.4 1 1 8 :8 9 0.3 o 4 1 700 22.0 1.0 2 30 3.25 235 2.85 J .4 1 J 8.9 o 3 0.5 800 26.0 J .O 3.0 1 3.55 2351 3 . 3 1.7 H 9.0 O 4- 0.6 69 51 1 900 30.5 }.(1 3 30 4.30 ;l30 3.15 2.1 18 9.0 o 5 o 7 ' 1,00l• 35.0 1.0 4.0 1 5.0 2301 4 2 2 ~ 2~ 9.0 0 .6 0.8 . 1,1011 39.0 }..'j 4.30 5 .35 225 4.6:> 3.0 27 9.0 0.7 0 .9 1,200 43 5 1.5 5 .0 6 . 15 225 lU 3 5 3:l 9.1 0 .8 J. O BO ~3 1 1,300 4~ . 5 1 5 5.30 6.:,o 220 5 M 4 1 3H 9. 1 O 9 1.1 ' 1,400 53.0 1.') 6 .5 7.30220 6 .0 47 44 92 1.0 1.2 1,600 58.0 2.0 6.35 8 . lCJ215 6 .5 53 51 92 1.1 13 Cl,&OO 630 20 7 . 10 8.50215 7.0 60 59 9.3 13 1.4 1,100 68.o 2.0 7.4:) 9 . a5 210 7.6 6.8 68 9.4 1 5 1.5 1,800 73 . 5 2.0 8.20 10.20 21<1 8 .0 7 .7 77 9 5 1 7 l. 7 1,900 79.0 2.5 9.0 Il-5 210 8.5 8 7 87 9.6 1.9 1.9 2,ooo 84 o 2. 6 9.3.5 11.50 ~o 9 .o 9.8 9~ 9 .8 2 1 2.1 21 u 2,1001 HO.O 2.h 10.15 12.40 205 9.61 10. 9¡'110 10 O 2 .4 2 3 2.200 96.0 3.0 10.60 13.30 20.:> 10.1 12 1 122 10.2 2.7 2.5 :l,soo 102.0 so 11.30 a .·w 2ou 10.1 13.4 135 10 .5 3.0 2.1 15 11 2.400 108.0 3.5 12.15 15~ 10 200 11.2 14.8, 1 ·1 9 10.8 3.4 2 .9 2500 114.5 3.5 12.55 16 ~ 200 11.8 16.4.1164 11.1 3.8 3.2 1 , 1 2 600 121.5 3.5 18.40 17.0 195 12 4 18 2 11 180 11.5 4.2 8.5 ~ ~·700 128. 5 4.0 14.25 18.0 195 13.0 20. 1 198 120 4.7 38 12 9 2:800¡ 136 6 4 .0 15.10 19.0 195 13 .6 22 1 218 ¡2.5 52 4-.2 2 900 143.0 4.5 15.55 20 . ~ 190 14 2 24 2 239 13.0 58 47 3'ooo 1 151.0 4.5 16.45 21.10 I9o 14.9 26.5¡ 261 18.6 6.5 5 .2 ' , 1 · 1a 100 159.0 so t7.40 22 20190 I5.6 29.01 286 14 2 7.2 58 a'2ool67.5 5.01830 23.30190 163 31.81 310149 s .o 6.5 3'3oo11n.o 55 19 . 30 24.45 19u 11 o 34.8 337 15 7 8 9 12 9 J 7 l s'4oo! l86.5 6.o 20.30 26.0 185 118 38.oj 366 16 6 9.9 8.1 j •1 ¡:a:soo 197.0 6. 6 21.30 21.20 185 18.6 42.ol 398 11 6 1 10 9 9 1 9 tJ ! 3.600~ 208. 0 7.0 22.35 28.45 185 19.4 46.0 433 18.7 12 1 10 3 j ~ 700 220 . .5 7 5 23.45 30.15 !85 20.3 51.0 472 19 9 13 5 11 6 5 3 a;8oo 234.0 8.5 25.5 3t.50 185 21.2 57.o 1 515 21.8 J5.o 13. 2 ... 3 1 a,go 249.5 9 o 26.30 33.35 180 22.2 65.o '63 22 9 16 8 15.2 a ~ -t,OOO 266.5 10.5 28.5 35.35 180 23.3 74.0 620 24.8 19.0 17.7 .•...... -t,too ....... 12. 0 2~.55 a7.551SO 24.6 86.o 658 27.4 21.1 21.0 ~::: ·.:::. -t,IOO .•••• 14 5 32 20 40.50 180 26.2 104.0 774 30 4 25 4. 26.3 . • • • • . •.~oo ..•.. 20.0 36 2 0 45.20 180 28. 6 140 o 916 36.2 32.1 a6.o ... . . . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE'I'ÍN MILITAR 357 " . 1 } TA.EL.A.. SEG-LT~D.A.. ro COR carga mediana: cuga, ok300 de pólvora C¡ -Peso d~l proyectil, sk6os Velocidad inicial, 216 (Comiaión de Bourgea, Diciembre de 1879) hgulo de elevacion o altura, 35' ..¡ u z ;5 1 ANGULOS 1 ~ la < lo4 ~ "" "" 1 DRsvios PROBABLES ZONA PE ~ LlOROSA o-1 < ,o < - o e ~ ~ t;~ E .. ~ i 1 < N ~ < o "" ~ ~ Q ~ ~ ~ ~ ¡;: ~ ; :¡ -9 ~ Q.,. '<•:::!:~ z ~ e ~ -~ -g ., e < !:; ~ ~ g~~~~~=~ ~ ,_¡~ , "'~ :;;~ ~~ ~ ~ ~ ~ ~ e .,.. Q Q .., z ~ Metroa z ,o ü u lo4 "' E z ~ z ~ Metros ., lo4 ~ z < ... ~ 0.0 0.0 5.5 o 5 11.0 0.5 16.5 1.0 22.0 1. 0 ---,- ------ 0.00 0.35 215 0.1·5 0.1 1 10.5 0.1 0.1 .......... . lOO 200 310 400 e~ OO 0.40 1.10 21 o¡ o.9 0.3 2 10.5 0.2 1.15 1.50 210 1.4 0 .5 3 10.5 0.3 0.2 200 200 0.3 135 90 1 55 2 . 25 205 1.9 o. 7 5 10. 5 o . 1< 0 . 4 ... . ...... .. 2.3t't 3 .5 205 2.4 1.2 7 10.5 o 5 0.5 79 58 600 700 800 900 1,000 1,100 1,200 1,300 1,~00 1,500 28.0 33.5 39.5 4.5.5 52.0 1 58.0 64 .• 5 71.0 78.0 85.0 1.0 1.5 ].5 20 2.0 2.5 1 2. 5 2.5 8.0 3.0 3.10 3 .• so 4.30 6.15 5.55 3 . 50 20.') 2.9 1.7 4.30 200 1 3.-1· 2.2 5.15 2001 3.9 2.8 6.0 ] !15 4 .4 3.4 6 .• so 195 4 9 4 1 1 6.·10 7.40 7.'20 8 30 8.05 9.25 8 . 50 10.20 9.35 11.20 l !M 5 .·:J. .... H ] ~)Q : 6 o 5. 8 190 6 () 6.8 1851 7.2 7.9 185: 7 .s ~u 1,600 92.0 1 3 5 10.25 12.20 1,700 99.5¡ 3.5 11.15 13 20 1,600 107.5 4.0 12.0.5 14.25 1,900 115 5 4 o 13.0 15.35 2,ú00 124.0 4.5 13.55 16.45 1851 .4 lOA· 1so 1 9.0 11.8 1801 9.6 13.3 175, 10.3 14- .9 175 11.0 16.7 1 2,1 01) 133.0 2,200 142.5 2,300 152.5 2,4oo 162 5 2,500 173.5 2,600 185.5 2.700 1985 2,800 213.0 2,900 228 5 3 , 000 246 o 3,100 3,200 3,300 4 5 14 .• 55 1 17.55 5.0 , 15 .55 19.10 5 . 5 1 16.5{) 20 30 5 5 18.0 21.55 6.0 19.10 1 23.25 6 5 20.20 1 25.0 7.5 , 21.40 , 26.40 8.0 23 .5 28.30 9.0 1 2-t-.;~.'i 30.25 10.0 26 . 10 32.35 11 5 28.5 1 35.0 13 5 30.30 1 38.0 17.5 33.55 42.15 1 1 175 11.7 18.7 170 12.4 20 9 170 13.1 23 •. '3 170 13.8 26 o 165 H.7 29 . 1 1 165; 15.5 32.6 16.5 , 16.4 36 .7 1 165 17.3 41.4 1651 1 .3 47.0 160 19.4 53.8 1601 20.6 62.7 160 ' 22.1 7 .... 8 160 24-.1 95.0 l JO 10.6 14 10 . 7 19 10.~ 2+ 10.9 30 ll.l 361 11.3 43· 11..5 51 l 1 71 61 12.0 72 l ~.3 , 83 12.7 95 1 13.1 109, 13.6 1 124 1 .. 1 1401 H.6 157 15.2 176 15.9 197 , 16.7 220 17.5 2 ·1-6 , 18.5 274 19.6 305 20.8 339 22.2 378 1 23.8 422 25 7 475 , 28.0 543 30.9 645 : 35.7 g: ~ , 0. ~ 0 . 9 1.1 0. 7 ...... . .... . 0 .8 · ····· .. .. .. 1.0 40 30 1.1 ........... . 1.3 .......... . 1.2 1.5 28 20 1,1: 1.7 . .. . .. . ... .. 1.6 1.9 ...... .... .. ~ : ~ g .. úf"i"4 ~~i l ;:~ "'i'6 1"'i'21 3.0 3 6 ...... ...... , 3.4 1 4.0 ..... . ... .. ::: ::; .. :.~ .... -~1 4 . 8 5.8 ........... ,, 5.... 6.5 . ......... .. 6 l 7.4 .......... .. ;_:¡ :.: .... 9 .... 6 8 .8 10.9 .......... .. 9.9 12. 5 .......... . 11.2 145 .......... .. 12 8 16.9 7 ¡ 5 14.8 19.9 .......... . 17.4 24.3 ........... . 21.6 31.8 4 311· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 358 BOLETÍN lrHLlTAR T.A.::SL.A... TE.R..OEJR..A-Carga de tiro reducid(\: o ka. :r.oo gn. de pólvora Ca - Peso del pro yectil, 5 i.1 . 'os ­Velocidad inicial, 172 (Comiaión de Bourgea, Diciembre dt 1879) Angulo de aUura 30' - .;. o lo Esv tu ut i-o 1111 Col o < Z O MA PZ - o Á~OULOS :: Col :z: z - •O >- o PROBABLES LtORO~A < g < :..:1 o . ~ ...l - ~ ~ Metro• ...l g 6 < o i-o Col < M e tro• < z!:i ...l Q ::;¡ ----- - -- V '..::1 ... " z 1 •O 6 ~ ... ~ Col < ;;< j.¡J • O 11 - ~ Q 1 Q - ...l '< o ü < < 1 ~ < Col z o ·<"' ;a .. z o a:: . - .. O "'' < ::> :111 o o 1 U) o Q e i-o - d U) o < ~ o l.:l i-o "' '"' z .. o a:: o z o ::1 o!:; :z: ... ...l a:: ...l .,¡ <~ > ¡:: < en z z z z .. Q ...l 1112 .. Col foil ~ :; < Q .:::1 Q > Q Q "" "' llll j.¡J .... --- --- -- --- --- -- -- - -- -- - -- -- -- 100 4.0 0.5 0.25 l. O 170 0.6 0.1 1 12 ,9 0.1 0 . 2 lOO 100 200 12 .5 0. 5 J .25 1.55 167 1.2 0.3 3 13 0.2 o ... 9 5 90 300 21.0 1 o 2.25 2.5 5 165 1.8 07 !j 13.1 0.3 0.6 90 90 400 29.5 1.0 3. 25 4.0 165 2.4 1.2 8 13 . 2 0.4 08 80 70 600 38.6 1.5 4.25 5.0 165 3.0 1.8 l:l 13 .41 0.6 1.1 65 .50 600 47 . 5 2.0 6.25 6.5 160 3. 7 2.5 17 13. 6 1 0.8 1.4 45 32 700 57 . 0 2.0 6.30 7.15 160 4.3 3.3 23 13.91 l. O 1.7 40 36 800 66.5 2.5 7.35 8.25 155 5.0 4 .2 30 14.2 1.2 2. 1 301 20 900 76.5 3 8.40 9.40 155 5.7 5.3 38 1461 1.5 2.5 25 JO 1,000 86.5 8.5 9.50 11.0 155 6.3 6.6 48 15. 1 1.8 2.9 20 16 1,100 97 .0 4.0 11.0 12 20 150 7.0 8 .1 59 15.6 2.1 3.4 19 ¡ 15 1,200 108.0 4.0, 12.15 13.45 150 7. 7 9.8 71 16 2 25 4.0 18 14 1,300 120.0 4 . 5 13.30 1 15.20 150 8.5 11.6 85 ¡ 16. 8 2.9 4.7 17 u 1,400 132.5 1 5 1 1+.50 17 .0 14.5 9.3 13.5 101 17.5 3.4 5.5 16 12 1,500 146 o 5 .. 5, 16 15 1 18.45 145 10.1 15.6 120 18.3 4.0 8.4 15 11 160.0 1 1 1,600 6.0 17.45 20 35 145 10.9 18 .0 Hl 19.3 4.7¡ 7. 4 Hl ]~ 1,700 176.0 6 .5 19 .21J I 2:l.35 140 11.8 20 .9 164 20.4¡ 6.5 8.6 12 1,800 192 5 7.5 21.5 24 .45 140 12.7 24. 5 191 21.7 6.4 10.1 11 1,900 211.5 8.5 22.55 27.10 140 13.7 29 .0 222 1 23.3 7.4 12.0 10 2,000 283.0 9.5 , 25 .0 29 .45 135 14.8 34.6 2561 25.2 8 .7 14.3 9 2,100 ..... 11.01 'J.7.25 32.45 18.') 16 .0 41.9 300 27.6 10.3 17.5 8 ··~ 2,200 ...... 14 o 30.35 36.30 135 17.6162.9 356 30.8 12 5 22.5 7 2,300 ...... 21.0 35.30 42.10 130 19.8 78.0 452 36.7 16.5 32.5 6 2,400 ...... ... , ...... ... . .. . .. ... . .. 1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ' 'BOLBTfif KlLITAK T ..A.. EL .A. OU .A .R. T .A.. COMPAftAClÓN DE LOS ELEMt:NTOS PRINCIPALES D~ L-.s ANTBiliOlll!la { 400 gramo& Velocidad inicial, ~17. Aogulo de elevación, 4-0' Cargas 300 gramos. Velocidad inicial, 216. Angulo de elevación, 35' 200 hramo • Velocidacl inicial, 172. Angulo de elevación, ~o· ,;, o ~ t.: (,) ~ DESVÍOS .., cz: .., =: 11 ÁNGULOS (,) ;... (,) PROBABL~S :z; . -o w < • < ~ a: . ,J , e: (,) o w Metros ~ ,J -~ 1 < e ... Q ~ o ~ zt: ,J ~ " e cz~ w < :z; ~ o ~ Q ,J >< ~al '() (,) < :..::l Q 1 .. -< (,) ü ~ Cal - .. ~ 1 < < w z o ~ ::a ., :z; (,) " -o-c ~E ~ ::::» Q (,) o o Q e~ - d < e w :z: .... 1 ..8 " (,) cz: .. .., ~~ ;:: < (,) z ~ ~ -4) :!: .... ,J Q ,J Wl ~~ ~ ~ (,) o< ~~ ~~ ~ ~ ~ N lll ,J ~ ~(/) ,J Q ,J r.;¡ Cal Cal w w ,J :z; z :r; (,) ~ Q Q Q > Q Q c.. Cal rol w --- --- ----- --- --- -- --- -- -- -- -- -- 1 0.0 M 100 0 .0 0.0 1 0.25 255 0.4 0.1 1 8.9 0.1 0.1 m ...... 00 0.0 00 0.35 215 0.45 0.1 1 10.5 o 1 0.2 m ...... 4.0 0.5 0.25 1.0 170 0.6 0.1 1 12.9 0.1 02 M so o 13 5 0.5 1.35 2.20 240 2.0 0.8 6 89 02 0.3 m ······ 22 o 1.0 2.30 3.5 205 2.4 1.2 7 10.5 0.5 0.6 m ······ 38.5 1.5 4.25 5.0 165 8.0 1.8 12 13.4 0 .6 1 1 M ~·:~~~~ 35.0 1.01 4.0 5.0 230 42 2.5 22 9.0 0.6 0.8 Jll 52.0 2.0 5.55 6 50 195 4.9 -l-.1 30 11.1 1.1 1.3 .,. 86 .• 5 2.() 9 . .50 11.0 155 6.3 6.6 48 15.1 1.8 2.~ M 2,000 84.0 2.5 9.35 11.50 2051 9.0 9.8 98 9.8 2.1 2.1 m ...... 124.0 4.5 13.55 16.45 175 ] 1.0 ~6.7 140 14.6 38 4.5 m ...... 233.U 9.5 25.0 29.45 135 14.8 34.6 256 25.2 8.7 Ht.3 M 3,000 151.0 45 16.45121.10 190 149 26.5 261 13.6 6.5 5.2 m ..... 246.0 10.0 ~~~~-~ ~::~.~ 160 19.4 53.8 422 25.7 12.8 16.9 m ...... ... , .. ... . ...... ... ... . .. . .. . .. M 4,000 266.5 10 5 28.5 35.3.5 ~.~o~~~:~ .. 74.0 620 24.8 19.0 17.7 m 1 , ..... ...... . .. ...... . ...... ... ... . .. . .. . .. m ...... ... .. ... ...... ······ ... . ..... ... ... ... ... . .. • M, carga múima ó normal; m, carga median a; m, carga mfnima a6n efleas NoTA--Esta tabla permite elegir r'pidamente, en cada caso, la oarga eoa­• enieote, y por ende los elementos del fuego cuando se trate del tiro en eondieiea• .determinadas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. TABLA.. QUIN"T.A.. TABLA DE LA C.UA CAIL, ó SEA LA CASA CONSTRUCTORA Pese del proyectil, 6 kilogramos; catga de pólvora, 400; velocidad iuicial, 2.).5 cott pólvora negra, 265 con pólvora sin humo r 1 1 .. ~ ~ 1 = u z -e u ...:¡ ~ 500 1,ooo ! t,socJ 2,0001 2,soo 3,000 3,5oo 4,000 f,soo .. ~ o Cll ~ e ::; ¡... 1.<1 ~ e ! o 14 -e p H Cl ...:¡ :r. ~ ~ 1 3· 5 1.30 35·0 4 ss.o 6.30 8f·5 9·3° 1 If·S J 3·0 151 .o 16.45 197·0 21.30 z66.5 28 --.. fO e :z: .. ... lklg c.. rol V A RIACIÓlf DE ;:·~ - ¡... 100 MTe. :t.lf ~ ~ ll;=:: c.: ALCANCE <11 ¡. e;: -~ ~ ...:¡ wl p.¡ ~ Q"' "' ..; Q)l: OB•ERVACIÓN 7-.g .. )!:g l i .o e o u tá 3» ... u o 1 tJIII ~ce -¡; ~bl) < Prn "' Ql! <11 N "'~ ..: ... 14 prn w :z; .. ..,Q _. J-Q _..:- -<~ > ------ 0.5 2.0 f.O 0.30 1 o.o ~ ~-¡; ~ ¿, ·- :Q (.) > (,) ce ~.e cr. \0 u¡ l. O .:f-.20 4·50 o 30 5·0 :0 ~ b 'll-~ 6.50 e~~~\:!$ 2.0 s.o 0.30 3·5 Q) ~- ~ cu ~'":?=3~E 5·5° 0 ·45 c:o~"',... 2.5 9·0 2.5 'O ...... - ~ '(j e::~~ g 3·5 1 1.8o 6.so 0.45 2.0 ~:_o.,u~~ 8.o :.aC/)~~~8 4·5 I.f.·9° l. O 1.5 ~ 8 ca :O •1"'4 ·¡: - ....... "' e: G) !t.o ¡l. S ;>-.(1)~+-J-~ 6.s t8.6o,II.O 41 s > "' 41 ~ -<11 ~ g .,~ >-.3 ~ 10.5 23.10 16.o 1.30, 1.0 ~-;; ~ ].ql zo.sl 30-30,25.0 2.0 1.0 _ 41 S "'¡:_ ~ OONVERSION de minutos 6 segundos sexagesimales en decimales y viceveTsa ( 60 : 1000) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BóLK'l'fr. MlLtTAR 361 T ABL.A SEl~TA Comparación del tiro con cañ6n de 80 m. de camp11ña que usa el m;smo pruyectil, tJUe el de montaña tiundo en éste con carga llormal ( 400 gs.), y en el otro con normal (lk.SOO) y reducida (400 gs.) f-4 < o 1 • ÁNGULOS ~ ~ ~ oesvtos PROBABLES! Metros .. e z ~ ~ g o ------ ~ ~ ¡:; -<: "' e U) Q e := ~ cj < ~ ----z-- := :E Q Q .., ~ -~ ~ 'G < Cll ~ 1 ... < ... 7. o -< - ;::¡¡ "' z u e:.: lli!IS 1 en · Qo -o-o cno o~ IU :::> ~~ U) .e ~ ~ ü~ tj~~~~~ ~e:!:; ~::E ~ 1 ;';; f-4 1 ~ 3::E ~~ ~::E ~~ < Q < ~ ~ ~ ¡:.¡ .... .... :::> ¡:.¡ ~ 7. z z < < Q Q Q;;. Q ~'"' t:J ¡:.¡ ... --¡--- -- -----,-- 600 4·0 l. O 2.55 :1 . 1 o 21 o 2 2 1.1 1 6 1 o 91 o. 1 o 6 1 1 ;3.;) O 5 1.30 2 20 NO 2 O 0 .0 6 8 9 0.2 0.3 ¡ -:.s ';; sj ;20 1 M5 7os 1-:; ;;-21 15 ;o ;1 ; 1 1,000 1);) 21.5 1 6.5 6.3.í 200 4 7 3.51 27 11.4 0.3 1.3 ~ ~... 4 1 ~o .:_so 4_;o ::_s 32 ~o ~> ~8 16 0.5 ;10 1 1.50 360 2.4 o 7 1 7 8.0 0.2 0.3 1,500 135 4 o 9.35 10 40 190 7 4 8 o 1 6·1- 12. 3 0.6 2 3 ~ ¿ ~3o 1 ~~o .:_15 6~0 ~a ¿• ~2 ~l ~3 295 1.0 2.5 3.10 325 39 l.P J 17 82 0.4 05 81-.5 2.5 9.30 11.50 205 9.0 9 8 9~ 9 8 2.1 1 2.1 2,0tJ O 191-5 6 O 14AO 15.35 180 10 3 15 .0 122, 13 7 1.0 3 8 1 , ¡.; u¡ 3~1s ;so 7oo s~ ;1 -:;4 1 ;5 ¡ ;;-7! ;;:; 1 2,5001267.0 8.5 18.25 21.30 174 13.4 25 4 210 15 .8 1.6 6.4- 114.5 3.5 13 165 20011.80 164 16411.1 38 3.2 63 8,000 866 5 151.0 1;; 25 12.5 45 3 .5 4.30 24. 35 16.45 5 55 280 7.2 7.6 6.501 29.20 170 17.7 43.4 2:.201 ~90 ~~ 2~5 9.0 266 9 o 12 ~919~0 344118 .8 ~1¡1~6 961 9.7 0.9 J. l. 2 4 10.5 6 5 5.2 1.3 1.5 • En carl:1 grupo de 3 cifras la marcada con un'-" corresponde sl cañ6n tle moBtaña, la inferior lll de campaña con•carga notmal, y la superi"' á e te mi. mo con la .:ar¡-a mínima. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 62 DOLBT'Ú4 KILI,.A..lt CUADRO COMPARATIVO de los datos de tiro del alza y ele las tablas • ALOA NCE !- -- ALZ ~ ! ANGULO DE TIRO pieza Metro11 Alza Tablaa \ Alza de la Tablas 1 ~-- --5oo¡--w --13.5 ~ --- - 1040· --1.30 1,000 1 37 1 35 1 4015' 4. 1,500 62 58 70 5' 6.30 2,000 90 84.51 10°15' 9.30 2,500 121.32 1145 , 13°4-7' 13.0 3,000 160. 3 151.2 17°50' li.45 • Los mi mos elatos figuran en las tabln para proyectil cle 5•600 y 6". Las cli· ferenci:u: entre los datos del alza de la pieza y de las tablaa de tito, deben re oluue experimental mt!nte. __ __ . ...__ _ _ PililZAS :EOTOEXIGS . El cafi6n Hotchkiss, de montaña, es una pieza de tiro rápido, c¡ue ranza granada perforante y bote de metralla. En el concurso abi~rto por el Almirantazgo inglés con el fin de prnveer á la marina de una. pieza ligera, fue aceptado por las siguientes razones: ser de retrocarga y muy preciso hasta los 3,500 metros; comunicar al proyectil velocidad inicial considerable; usar proyectiles de hierro ó acero, unidos á la car­ga por medio de un cartucho; disparar, apuntando, por lo menos cinco tiros por minuto; mínimo de retroceso volviendo las piezas á so sitio después de disparadas; admitir manteleta, ó pieza de quita r pon para resistir el fuego de fusilería, y escaso peso. Desgraciadamente el pro­yectil pesa muy poco, pero podría emplearse mayor, disparándolo con . p61 vora sin humo. Como puede construirse la pieza de mayor calibre, $in que el pe5o llegue á 1 ooks, máximum de la carga normal de una mula en nuestras montañas, usando el gatillo para disparar y lanzando granadas hasta de sks., con estu condiciones sería una pieza de arti· llería de montafia casi ideal. El catión es de acero Withworth, flufdo, comprimido y templado en aceite. Consta el cuerpo principal de un tubo y un manguito, con su culata y muñones; únese el manguito al tubo por contracción, y ambos estin sujetos con un anillo roscado para evitar todo movimiento: ~n este anillo va colocada la mira. El mecanismo para abrir y cerrar la culata consiste en una cuña, movida horizont.almente por medio de una palanca, á la vez sencilla y fuerte y que funciona con gran comodidad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. OAftON BOTOHKISS DE KONT~ A Tabla de Clro C~alibre, 42 mm.; longitud de la línea de mira, 456 mm .; peso del proyectil. ftk. 880; carga, 17 5; pólvora, MC3o; velocidad inicial, -t-10 mb.¡ carga de pól­vora sin humo, 100; velocidctd inicial con (!sta, 500 ; presión máxima en la n­cámara, 2 toneladas. bgulo de alton, ~O' c.Ofh 1 el> "' .. 1 ..; ·~ .. ..., =ói § ·a ·;; .... o ., ... _..., J).l1'108 u ;i IUCI) -o! "' ., ., ...,, =·· ...... ,.,. .. .., -ce; .., .o¡ do .. -o'<:! O .,.., 1~ o o .. o :S~ :gti oso ~H.~~ ..,.- :; -::s A .. ¡:U oo"' =- '3 ~Q) ~~ .. ::sa 2~ tw to~oS 1>1) ~lO .. :;- ... O'-- !!6 t:: ¡:d d Q) ... ~ ::s ... ~a ~M:::I < < < < ""11 > · ~- ~ u-& --- -- --- ---- ---- -- --- ----- ·-- 100 o. o 0.0 0.10 0. 0 388 0.3 0 .0 o. o 2110 os 02 o 22 ..... 869 06 00 00 800 1.8 0.14 0.84 ...... 862 0.9 o. o o. o 4tJO 34 O.'l6 0.46 ... ... 83'7 1.2 0.1 0.1 600 6.2 o 39 0.59 1.13 324 1.6 02 0.2 600 7.1 o 64 1.14 ...... 813 1.8 3 0.2 700 9 l 1.9 1.29 ....... 804 2.1 0.4 O. S 800 1 .2 1.26 1.46 ...... 2t5 14 0.5 O. S ~00 13 4 1.41 2 1 ....... 287 2.7 0.7 0.4 1,oot 16.8 1.69 2 . 19 8.0 280 3.0 0.9 0.4 1,100 18 3 2 .19 2.38 ...... 2'13 8 .4 }.1 0.6 1,200 20.\f 2 87 2 67 ...... 266 3.8 1.8 0.6 1,800 28.5 2. 6'7 3.17 ...... 260 4.2 1.& 0.6 1,40() 2t\.2 3.18 3.88 ...... 264 4.6 20 ().6 ' 1,600 29.0 3 39 a 61* 6.26 248 5.0 ~.4 07 1,600 82 o 4 1 4.21 ...... 243 ISA 2.8 0. 8 1,700 86.0 4.24 4.44 ...... 238 58 83 0.9 1,800 88.1 4.47 67 ....... 238 6.3 3.9 1.0 1,900 41.3 6.11 5 S1 ..... 228 6.7 46 1.1 2000 44'7 6.37 6.67 8.38 228 7.2 6.2 12 1 2,100 48 3 63 6 23 ...... 218 7 6 6.9 1.3 2,200 62 o 6 31 6.5\ ...... 218 8 1 6.7 1.4 2,300 l>b 9 7.0 7.20 ....... 208 8.6 7.6 1.6 2,400 69.\J 7.29 7.49 12 3ó 203 9.1 8.6 1.6 ~500 640 8.0 8.20 ...... 199 9.6 9.7 1.8 2,600 68 3 8.32 8.ó2 ...... 196 10.1 10.9 2.0 2,700 72.8 9. 6 9.26 ..... 191 10.6 12.2 2.1 2,800 7'1.6 9.41 !0.1 ...... 187 11.1 13.6 2.3 2,900 82 6 111. 16 10.36 ...... 183 11.'7 16.1 2.4 3,00U 87.6 10.6;-i 11.13 17.40 179 12.3 16.8 2.6 8,100 92.8 11.82 11.62 ······ 176 12.9 18.8 2.8 8,200 98.6 12.13 12.83 ...... 171 18 6 20.9 3.0 3,800 104 6 12 66 13.16 ······ 167 14.8 28 2 3.~ 8,400 110 9 13. 42 14.2 ······ )6:{ 16.0 26.6 8.6 8,600 117.7 14.80 14. 60 24.20 169 16.'7 !8.3 3.8 ll,600 124.8 16 19 15 39 ····· 166 16.4 81.6 4.1 8,700 1!32.2 16.11 ló.81 ...... 163 17.1 849 4.6 3,800 140.41 17. & 17.26 ...... 160 17.9 39.0 4..9 ~.900 148.8 18.4 1~.24 , ..... 146 18.7 43 6 6.4 4-,000 167.3 19.4 19.24 32.40 148 19.6 ~8.6 0.8 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 364: BOLB'l'ÍN KILITAR P I E Z A Calibre •••••.••••• Longitud total. •.... Longitud del ánima ... Número de rayas .•• Angulo de inclinación de ]as rayas ..•••• Longitud de la líne.1 de mira ......... . Pe o total. ...•....•• f2"' .. 1•17CS, 2 5 calibres. 10 PROYECTIL Peso del cartucho.... 1 so gramos Peso de la carga para la granada . . . . . • • 17 5 íd. Peso íd. bote de me-tralla.. . . • • • • . . .. . . 1 so íd. Peso de la granada co-mún...... . . . • . • ok88o Peso de bote de me - tralla . .......... 1k28o ~ granada .. Pec;o total b o te de metralla .. Peso total del cartu-cho .... . .••.•.. Carga para la granada común ........ . Balas del bote de mc-trall a .........•• 1k210 okso 30 Longitud de la cureña. I m40 Peso de la cureña.... +tk Peso de las dos ruedas. Altura del eje de mu­ñones sobre el suelo. Diámetro de las rue-das • . •••••.....• Longitud del eje .••• VARIOS Campo de tiro (verti- 1) { elevación ... ca d . , epres10n ... Peso del cañón con cureña • • ..... .. Peso del avantrén ..• Peso de las 4 cajillas .. Peso de las íd. carga-das (112 tiros) ..•. Peso del avantrén car-gado ... . ........ . Peso del cañón, avan­trén, etc. • . • . .. Peso del arnés y basto del cañón ...•.. . • Peso que transporta la mula de pieza .••• Peso del arnés de la mula de cureñas .• Peso que transporta la mula de cureñas .. Peso del arnés de la mula de c~jillas .... Peso que transporta la m u 1 a de cajillas, inclusos 56 ti ros ... 56 k 1 S S • IOOk. t6k I54k 375k 130k ~6k J26k Los cañones Witbworth son piezas de acero rayadas de modo espe­cial (hacia Ja derecha), de carga por la boca ó por la culata; las rayas, en número de 6, tienen fondo formado por un arco de círculo tangente á los costados, tc.mbién inclinados. Aquí e:x:isten cationes de este sistema, de dos especies diferentes,. aun cuando del mismo calibre, á saber: los de dos y media libras el pro­yectil (tres libras corto), utilizables como piezas de montaña, y los de tres libras y carga por la culata, que! p r u peso no pued~n servir sino como artillería de campaña. Los proyectiles son de dos especie ~ : u11o prismáticos, en su parte posterior terminados por un e u lote ó cara plana, y en la anterior por Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLETÍN KILITA.R 36~ una ojiva; otros, tronco-cónicoJ, terminados atrás por una ojiva trun.­cada, y adelante por una ojiva semejante á la de los anteriores. En am­bos la sección entre el culote y la ojiva delantera, siguiendo un plano perpendicular al eje, es un polígono regular de seis lados con ángulos redondeados; la su pcrficie lateral del proyectil resulta, pues, formada por seis caras que corresponden á los flancos 6 lados de las seis rayas. La base fllndamental del sistema consiste en que el metal es acero comprimido por fuertes presiones en estado flufdo, el ánima de figura exagonal y la recámara cerrada por un largo tornillo, que se enrosca por medio de una anilla que hace las veces de cascabel: esto en las pie­zas que se cargan por la boca. En las de retrocarga el cierre es una cufia de tamaño considerable, que por medio de una cremallera corre de iz­quierda á derecha y viceversa, trasversalmente al ánima, para descubrir la recámara y permitir la carga, y 1 uégo cerrarla convenientemen­te. Las piezas de carga por la boca, por su ligereza, largo alcance y emplear granadas explosivas, son muy apreciables como artillería lige­ra de montafia, á falta de piezas Hotchkiss. ELE:MENTOS NUMÉRICO. P 1 lE Z A Calibre (diámetro entre dos paredes opuestas) Diámetro entre dos rayas opuestas .•••.•.••. 'Número de rayas 6 planos ..•••....••.••• Paso deJas rayas (constante) ....••...••.•• Longitud del ánima .......•.•.•••..•.••.• Peso de la pieza ...•..•.•...•...•.••.•.• e U R E ~ A P d ) ñ ( . d ) { madera ...... . eso e a cure a sm rue as hierro ........ . Peso de las ruedas •.•••• . ..••.••••••••..• Peso de la limonera ..•..........••••...• Peso de la caja de municiones (con ellas) •... Peso ciel avantrétt (con ruedas y cajas) .•.•. Número de cargas que caben en la caja ..... . PROYECTILES Calibre ............••.••.•..•..•.•..... Longitud de la granada (prismática) .••...•.• Peso de la granada, inclusa la espoleta Du-mar<:' St ...........•........•.•...•... Peso de la carga interior de la granada •..•• B d IJ { Peso total .•...••.•.... ote e metra a Número de bala• .•....• e A 1t. e A 2l libru 3 libras (~ libras eorto) +3 •• 59 ...8-13 6 6Js·~~~ 1m070 IJJk i-7k 133k 1-f.+k -f.Sk 90k 12k -f.O k 220 20 1-0 (36 granadas, y + botes de metralla) 1k190 fOgr IkSS• sogr 1kzoo '%7 (9 capas) Clase de pólvora .••• , • • • . . . • • • . . . • • • . • Ordinaria R. L. & de taft6n Bouc hct, d•rll Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLB'l'Ü~ 111LIT.A.1l Peao de la carga... . . . . . . . . . . . . . •.... Alcance máximo •••.•. . .... - •. . ....... Velocidad inicial . . . . . .... . ... . •.... Angulo de tiro del alcance máximo ...... . 1 sogr •h400m 316m25 3 5°46' OAÑON WITHWORTH 250gr 5,4oom 384m6o 37°5 1' T.-bla de tiro del de do• y media libraM (3 libra• corto ) Veloeidad inicial. 300 metros ~------~----·----------~-----~--~--~------------~ 1 1 ~ t 1 IUE VIOS ó ERRORES < i:í E 1 PROBABLE EN (metros l ~ Q ~ ~ : 1 ~ Q ..J o lA = = Q Q , ..., )1 ~ ~ 7 ~ ~ ~ ~ :¡ ;;! ¡ ~ 1 ~~ ~ ~8 ~ ~ e:~ ~-g ~~ 1 ~ '? < 7. z O'l ~= .:: .. - - ~ .... :: :.., ::S UJ !:: ~ ~ =:: .... :::l 1:> .... >"' <~ 1 .... < lol ;:) U :;::! N;::;l "' ~ t!l t!l r.:;a ¡o:(/) z;:a ~ <:! .. ~· ~ ~ 1 ~ ~ ~ ~ ~ 1 ~ ;; ~ -----------1------- 200 5, 7 2,9 0,21 0,36 O,t>4 0,6, 171,0 19,0 0,25 0,2 400 16,4 3,0 0,58 -- 1,40 ] ,3 89,0 19,b 0,55 0,4 6oo 26,2 3,2 1)37 . . 2,20 2,0 54,0 20,9 o,oo ¡ o,7 800 37,6 3,4 2,19 -- 3,00 2,7 37,5 21,8 1,301 1,1 1,000 49,5 3,7 3,03 3,46 4,00 3,5 27,5 22,9 1,70 1,5 1,200 62,3 4,2 3,50 -. 5,20 4,:.3 21,4 23,8 2,10 , 2,0 1,400 75,8 4,81 4,40 .. . 7,00 5,1 17,5124,8 2,60 2,6 1,600 90,6 5,4 5,34 . - 9,40 6,0 14~5 25,8 3,10 3,2 1,80Q 105,2 6,0 6,31 . . 12,00 6,9 12,4¡ 26,8 3,60 3,9 2,000 123,8 7,0 7,.'35 2,200 142,6 8,5 8,43 2,400 162,3 11,0 9,54 2,600 183,0 ] 4,0 11,08 2,800 205,6 17 ,o 12,28 9,54 15,00 7 9 1 10,41 1 27, 1 . . 19,00 8,9 9,0 28,8 . . 24,00 10,0 7,8129,8 . . 30,00 11 ,t) 6,9 30,8 . . 32,00 12,0 6,0 31,8 4,201 4,8 4,90 5,8 5,601 6,9 7,40 8,1 8,50 9,6 1 3,000 230,4 21,0 13,55 19, lo 43,00 13,5 5,3 32,8 9,80 11,2 3,200 270,6 26,0 15,32 . . üO,OO 14,9 4, 7 34,0 11,40 13,0 3,400 294,4 31,0 17,34 . . 75,00 16,51 4,1 , 35,5 13.:>0 15,4 3,600 337 ,8¡ 36,0 19,58 . . 93,00 18 3 3,9 38,0 . - . - . 17,5 3,800 386,51 43,0 22,34: . . ] 20,00 20,01 3,8 42,5 .... 20,0 4,000 447,2157,0 25,41 135,33 130,00 1 22,2 1 3,7 47,0 ..... 23,0 4,200 531,8¡ 29,461 . - . -.... . . . . . .... 4,400 570,0 35,46 . . . .... - .. - .. - . -. NoTA-Los datos correspondientes á distancias intermedias entre dos alcances consecutivos se obtienen por interpolación empleando una simple proporción ó mejor las fórmulas que se hallarán más adelante. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOJ.BTÍN KILlTAB. 367 -rAOTIOA DE l'"OEOOS EL TIRO nE METRALLA En el tiro de metralla el bote que guarda las balas es roto por el choque de los gases que produce la deflagración de la pólvora, y los dichos proyectiles, golpeados entre sí y contra las paredes del ánima del cañón, salen de é te con velocidades variable y di ver­sos ángulos de proyección. Por regla general las velocidades ini­ciales son menores que las de la granada comun y shrapnel, por­que una gran parte de lo gases de la pólvora e escapa por lo intersticios que se producen en el ánima, por lo cual no puede· estimarse en más de 400 metros por segundo. Las trayectorias de las balas, consideradas separadamente, forman, pues, un cono de dis- · persión: unas tocan inmediatamente el suelo y otras dan más allá del punto de caída de las más. En todo caso, ese punto queda rela­tivamente cercano, porque lo ángulos de proyección son pequeño y porque la resistencia del aire ejerce grande influencia sobre la balas pequeñas, que en el presente caso tocan el suelo, siguiend ángulos de escasa magnitud, rebotan del mismo modo y dan así una serie de saltos ra ante ha ta agotar su fuerza viva. El nÚTl'ero de balas del bote de metralla (93 para el Bange, 97 para el Withworth, 20 para el Hotcskiss) y su fuerza de percusión son los dos factores de los cuales depende la eficacia de este tiro, en el que naturalmente tiene superioridad la pieza de mayor carga calibre. La naturaleza del suelo tan . bién ejerce una grande in­fluencia en el particular: firme, igual ó ligeramente inclinado, favorece el rebote, en tanto que blando, ascendente ó desigual, le es desfavorable. La disper ión de la~ balas puede estimarse en el décimo de la distancia y posee su máximum de eficacia entre los I 50 y los 300 metros. A partir de los I oo metros la dispersión de las balas es bastante granrle para batir todas las piezas de una baterÍa estable­cida en batal1a á distancias cerradas ; á más de 300 se aumenta de tal modo, que ya no es posible obtener acción re:¡Jmente eficaz sobre un espacio reducido, á que se agrega que la fuerza de percu­sión que aún resta á las balas es muy pequeña. En fin, más allá de los 400 de ordinario no es suficiente para poner fuera de com­bate hombres y animales. Además, por ser rasante la trayectoria de las balas, el tiro de metralla no puede emplearse sino cuando se trata de batir un blan­co al descubierto, pero demanda menos precauciones á causa de la gran dispersión de los proyectiles. El servicio de la boca de fuego se abrevia: no hay que escobillonarla, la punterÍa no exige la mis­ma precisión y no hay espoleta que reglar, por Jo cual se distingue por la rapidez que alcanza, y conviene, sobre todo, en la defensiva contra un ataque brusco y cercano. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 368 BOLETÍN MILIT A.R. El shrapnel, merced á su espoleta de tiempo, estalla á dis­tancias de 150 á 200 metros, y por lo mismo, en ciertos casos, puede reemplazar ventajosamente el tiro de metralla; pero bueno es recordar que el error que se comete en la puntería al apuntar por el guión y la escotadura de mira antes cid blanco, en vez de hacerlo sobre el pie de éste, puede producir fácilmente un falso punto de caída, lo que haría nulo el efecto del disparo. Otro incon­veniente del shrapnel, es que á distancias inferiores á 200 metros casi no produce efecto: en este caso no obrará sino como bala rasa. Mas si se pudiera reglar el cohete de modo que el shrapnei estallara en el acto en que sale tiel ánima, desaparecerían los dos inconve­nientes apuntados, y el bote de metralla podría suprimirse en las municiones de la artillería de campaña. Bien que el tiro de metralla sea el natural contra las sorpre­sas ó ataques cercanos y pueda hacerse con gran rapidez, para que produzca efecto es preciso hacerlo con gran calme~, pieza por pie­za, á la voz de los jefes de sección y de preferencia á la de los jefes de pieza. Para andar más aprisa basta apuntar la pieza dirigiendo la. visual por la generatriz superior de la recámara. Teóricamente, para obtener el máximum de efecto debería darse á la pieza el ángulo necesario para que la trayectoria del centro del haz de ba­las pase por el blanco; pero la experiencia demuestra que sin in­conveniente mayor, basta dirigir el eje de la pieza sobre el blanco, y aun colocarla horizontalmente en la dirección del blanco, lo cual depende de que si en este caso disminuye el número de im­p~ etos dirutos, el de impactos por rebote aumenta de tal modo, que hay compensación, y por lo tanto es posible un tiro rápido y dicaz, cosa indispensable cuando se trata de rechazar un ataque inopina­do. Conviene, pues, tener presente corno regia general para el tire de metralla con las piezas de que dispone la artillería de montaña, que sus efectos son púco menos que nulos á más de 6oo metros; que á la voz tiro de m etralla, todas las piezas, incluso las que estén cargadas con granada, se dirigen sobre el blanco señalado y se colo­can poco más ó menos horizontalmente, y que para los disparos siguientes no se vuelven á poner los cañones en batería y sólo se revisa la puntería á la ligera, en dirección, para restablecerla é can biarla, si hay tiempo, y si no la maniobra se reduce á introdu­cir el bote y la carga y disparar ; para recorrer 300 metros, por ejemplo, un batallón que ataca emplea por Jo menos cinco minuto¡ en tierra quebrada (una falda), y en ese intervalo un cañón puede lanzarle una docena de botes, ó sea un millar de balas, que de ordi­nario bastarán para destrozar!.:> y contenerlo en su marcha ofensiva. Cuando fuere posible apuntar la pieza, en este tiro se em­pleará el alza así: para 200 metros, 5 milímetros; para 300 me­tros, 10 milímetros; para 400 metros, 20 milímetros; para 500 metros, 30 miJímetros, y para 6oo metro,, 50 milímctrot. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'fÍN MILITAR 369 NO~MA Y DIREOOION DEL TIRO DE LA ARTILLERIA EN CAMPAÑA seg(í.t el Aide 111emoire des offici(;rS d'artillerie • Preliminares- Para reglar el tiro se emplean todas las piezas de la batería. Antes de l:omenzar el fuego se indica á lo~ jefes de seccion, tan claramente como sea posible>, e] blanco que se trata de batir, el género de tiro que habrá de emplearse, la distancia y las correcciones que demanJen las circun tancias del momento. El fuego se principia emp~eanc4o alcance inferior á la distan­cia calculada, y tanto más cuanto menos probabilidades de exacti­tud presen~e dicho cálculo; por regla general esa disminución será de 2 0 0 metro . El fuego se manda por el jefe, situado sobre el llaneo de la batería, del Lt do del viento, á di ~ tancia que no haga imposible á la tropa o í r su voz; el jefe ob rva la caí-.la de lo proyectiles sea á la simple vi s ta, se: a con bi núculo á ser posi blc; si dispone de an. teojo de batería no lo empleará sino en casos extremos y nunca en los primeros disparos. Tiro d e ensayo-Los di s paros se escalonan mandando que en las pieza · se dé suce ivamente un nÚm.:!ro dado de vueltas de ma­nivela, en progre::,ión aritmética, hasta que se observe un error de sentido contrario al del primero. De ordinario hacer aumentar el nú­mero de dtchas vu e lt..~s, u na por una, cuando la distancia se calculó inferior á 2,0::>0 metrus; de dos en dos vueltas, si se estimó entre 2,ooo y 4,000 metros, y de cuatro vueltas, si lo fue superior ~ 4,000. A partir del momento en que el blanco re ulte enmarcado entre dos disparos, corto uno y largo el otro, estrechar el haz hasta ! de vuelta, disminuyendo progresivamente la amplitud de los mo­vimientos de la manivela; cada una de las nuevas modificaciones será la mitad de la anterior. Transformar en milímetros las vuel­tas de manivela que dieron disparo corto en el haz; modificar en consecuencia el alza y tomar la que así se obtiene como alza de ensayo. Cuando contra las previsiones, ó á causa de las circunstan­cias locales que obligaron á reglar el tiro por medio de disparos largos, el primero que se haga resulta largo, se acciona la m a ni ve­la en el sentido más próximo, de acuerdo con lo antedicho . Tiro de conjunto-Basar las modificaciones que se introduz­can en el alza de en ayo, primero sobre la observación de una serie de 6 disparos y en seguida sobre series de I 2 proyectiles. Para or-fll Publicada en 188 3 y aún vigente. Las notas han sido arregladas por la Dirección, y en próximo número ae msertará lo conducente del curso de la ~cuela de Versalles, pu­b · icado el año pasado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 370 BOLETÍN MILITAR denar esas modificaciones tener pre ente que una va.riac10n de r milímetro en el alza hace variar 2 sobre 6 el número de disparos largos. Si se hace fuego sobre una l1r1ea delgada y descubierta se tratará de obtener por mitad que lo tiros sean largos y cortos; si fuese profunda ó cubierta, obtener ; de di paros cortos. Funciones de l?s jifes de sección-Indicar claramente á los jefes de pieza y á los sirvientes apuntadores el punto sobre el cual deben apuntar y reglar el tiro; rc.;petir en alta voz las indicaciones del capitán; a:segurarse de que l.ls pieza descansan sobre la cabeza del tornillo de puntería, arrcglaJo a la distancia pre·crita; situar las piezas, en cuanto sea posible, sobre un suelo firme y horizontal, vigilando que de pues de cada disparo sean de nuevo puestas en batena en el mismo ::;itio. Verificar el alza; indicar la corrección necesaria cuando las ruedas no que den al mi m o ni vd *; hacer jalonar (reperer) las pie­zas después de la primera puntería; cuando Ja seccion está lista, acercarse al capitan y mirarlo levantando la mano; ob ervar la di­rección de los disparos de la sección y ordenar las correcciones ne­cesarias al de v í o. Tan luego como el capitán dé la orJen de repartir el fuego, indicar la parte de objetivo que deben batir las pie&as de su sec­ción; ob ervar lo:s punto:, de caíJa y prescribir, si fuese preciso, las modificaciones que necesita el alza, previo permiso del capitán, por causa del viento *, altura, alcance, etc. Blancos poco visibles-Si el btanco no fuere bien vi ible para todos los apuntadores, tan solo se indica la dirección del tiro, seña­lando para ello un punto que se vea pcrfectamen te, y las piezas se apuntan con el nivel. Jalonar la puntena con el al&a y reglar ésta en seguida, conforme queda dicho. En el caso en que no se en­cuentre un satisfacrono 0bjeti vo auxiliar de puntena, se regula el alcance con el nivel como si fuera con el alza, recordando que un milímetro de alz<:~ corresponde á cinco minuto. de angulo, termino medio, para todas las piezas de montaiia. Cambio dt objettvo-El capitán prescribe el número de vuel­tas de m a ni vela y la m o di ticación necesaria del alza para dirigir el tiro sobre el nul'!vo objetivo. Las piezas ya apuntadas sobre el blanco anterior se dirigen sobre el nuevo sin cambiar el alza, y terminada que sea la punte- • Para esto basta aplicar la siguiente regla práctica: mover el ojo de la planchuela de desv10s hacia el lado de la rueda mas alta, un número de mihmetros igual al producto de multiplicar la sexta parte del alza, valorada en cent1metros, por su inclinación (lateral) medida en grados. • La influencia de un viento que sople perpendicularmente á la línea de tiro seco· rrige para cada cinco metros de velocidad, corriendo eJ. ojo de la planchuela de mira hacia el lado de donde supla el viento, tantvs milímetros ó fracciones de mihmetros como kilÓ· metros y fracciones njunto de la manivela para todas las piezas. Verificación dt los disparos -Para verificar un disparo se le re­pite; si el segundo da un resultado del mismo signo que el prime­ro (-=corto; +=largo), se tiene éste como bien observado. Si el segundo disp.1ro e de igno contrario al primero, se tira otras dos veces con la mi · ma alza. Cuando sobre las cuatro observacio­nes así hecha hay tres en un sentido y una en el contrario, se tiene p r exacta la respalddda por las tre ; si hay do en un senti­do y dos en otro, se adopta como alza de en::,ayo el alza media que Jos produjo. Tiro fusante- El alza se regula como para el tiro percutan te, y desde que se enmarca el blmco entre do · disparos que sólo difie­ran media vuelta de manivela, el capitán ordena á una de las alas continúe el tiro percutante, en tanto que la otras piezas se prepa­ran para arreglar la espoleta de lo shrapndes. ~l capitan prosigue la determin tción del haz de { de vuelta de la m a ni vela con las piezas cargada , fija el alza y manda arre ­glar la espoletas de tiempo: sobre una línea delgada se adopta el alza del disparo corto del haz; sobre otra profunda la del disparo largo. El cohete de la espoleta se arregla conforme al alza, siendo de advertir que en el shrapnel Bange de 80111111 conviene disminuír el cálculo de la duración del trayecto en cuatr.o décimos de segun­do. Para los disparos siguientes las piezas no vuelven á cargarse sino cuando el capitán prescribe la nut.va graduación para el cohe­te. Hace variar ésta, si fuere preciso, de dos en dos décimos de segundo, hasta que se obtenga una serie de cuatro disparos que contengan á la vez tiros fusantes y percutantes. En seguida se re­gla el tiro de modo que se obtengan del tercio al cuarto de disparos percutan tes, recordando que una variación de un décimo de segun­do hace variar el número de proyectiles que estallan por percusión en cada cuatro disparos. Tirar en seguida una serie de ocho gra­nadas con el cohete así corregido, y cuando la serie sólo presenta dos ó tres percutantes, el cohete e tá convenientemente arreglado. La sección que hacía fuego percutante pasa entonces á hacerlo fusante. Sobre una línea delgada en un tiro fusante bien reglado, el nú­mero de proyPctiles que estallen por percusión más acá del blanco debe ser superior al de los que lo hagan más allá: si no se observa esta proporción, se ejecuta una salva percutante para corregir el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN .MILITAR 373 alza y paralelamente el cohete, recordando que cada un milímetro más ó menos de alza corresponde, término medio, á un décimo de segundo en la duración del trayecto del proyectil. Para escalonar las alza en el tiro fu san te, ya determinadas aquéllas por el percutan te, los jefes de sección ordenan que en cada pieza se arregle el cohete de modo que corre ponda con su alza; el ca pi tá n observa, como queda dicho, la re.lación entre el número de disparos percutan tes y fusantes, y ordena las modificaciones de conjunto que pueda nece itar el arreglo de las espoletas. Para reglar el riro fusante directo se principia con una sola alza corta y el cohete arreglado para ella; conservar el cohete y modificar el alza para producir el estallido á la altura del blanco, partiendo del hecho de que á distancias de r ,ooo, 2,ooo, 3,ooo me­tros un octavo de vuelta de manivela modifica la altura en cosa de r, 2, 3 metros. Tan luego como un cohete ha dado origen <Í un disparo per­cutante (corto ó largo), se modifica su graduación, y con la mani­vela se corrige paralelamente el alza. Las primera variacione del cohete y la maní vela serán Cohete: o•6 1 8 2 2 4 M a ni vela: r vuelta 2 \'ueltas 4 vueltas según que el tiro e haga á di tancias inferiore á 2,:::>:::>:::> metros, La m;mivela empleada como instrumento de reglaje del tiro cxiae rle los oficialca el perfecto conocimiento de la corresp ndcncia que existe entn: loa movimientos ele ella el alza. el ángulo de tiro y la duración del trayecto) á fin de que puedan ciar las órdcnc; del caso sin esfuerzo ele intcli.;cncia ó memoria, sino maquinalmente, por decirlo así. MOVI t t F:!I:TOS DE AT,Z C:'>: IÁ.'OUf,() DJ DURACIÓN DJFERP.:NCJAS DE ALCANC1 1'.: METROS DEL 1-------~~------- TillO TRAYECTO Ha.tn 2,500 De 2,500 ií término medio 4,1100 metro!\ LA L\1'\lVELA .\lll.Í .\11 ~T lto~ r-----------1-------- ---·--1------ ---- -1'------ o S 1 vuelta ............ . 7·5 o. so 1.3 320 260 t ... ........ 3·S 0.25 0.4 200 ISO * ............ 2 . 0.12 02 lOO 8o * ········· .. o.6 0.1 so 40 2 ........... . J S 1.45 2.2 3 23 z . .¡.o 3· 4 ······· .. J2. 3·45 4· 5 40 4·35 4·7.::> 6 48 5·3° S·5° 7 ............ ~6 6.10 6.3 8 6s 7·2S 7· Este Cll:'lrlro indica la cor¡cspondenci'l en el cañón de mootañr~ aunque con e"ca~a aprox.im1ción, brer, que lnst~: 1·n la práctica. Debe observarse: ;ulemás, que el empleo de la manivcl.t p<~ra vari:tr metódicamente la inclinación de las picz.1s 1 aun cuanrlo rápido y cómodo, alarga las órdenes, necesita transformaciones de vueltas en mil! metros, gradoa 1 etc Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 374 BOLETIN MILITAR de 2,ooo á 4-,000 ó á más de 4,ooo. Cuando se observa un disparo de signo contrario al de los anteriores, se aplica el procedtmiento de los términos medios sucesivos hasta obtener un haz de 083 de amplitud. Verificar en seguida los límites del haz y adoptar para toda la batería el cohete y el alza del disparo corto. Tiro sobre blanco móvil-Si el blanco está animado de escasa velocidad se observa ésta y su dirección para determinar la canti­dad en que es preciso modificar el alza y el desvío, á fin de tomar en cuenta el tiempo necesario para cargar, disparar y que el pro­yectil llegue al blanco. Cada apuntador, después de dar el alza y el desvío convenientemente calcubdo *, hace desplazar progresi­vamente la pieza~ de manera que la línea de mira se dirija sobre el punto al cual se ha de apuntar. A la voz tal pieza, el apuntador se levanta y ocupa su puesto, lo mismo que el segundo sirviente de la derecha; el primero de este lado coloca el estopín, y al man­dato fuego, dispara. En las otras piezas se corrige en el acto el des­vío, si es preciso, de acuerdo con la observación que se haga del primer disparo, corriendo la plancheta sin sacar el alza de su canal, y en seguida, cuando el apuntador se levante, se corrige el alza por medio de la manivela. De esta suerte se siguen haciendo las correcciones conforme atrás se dice para blanco fijo. Ejecutado el primer reglaje, si el blanco se aproxima á la ba­tería, se dispara lentamente con la alza que dio el mejor disparo corto hasta que resulte uno largo, en el cual momento ~e hace fuego rápido hasta que no se obtengan sino disparos largos, pues entonces se disminuye el alza (á la manivela), en I 50 á 250 me­tros, se;ún la velocidad del blanco. Si el blanco se aleja de la batería se dispara lentamente con el alza que dio el mejor tiro largo y se manda fuego rápido en el momento en que se presenta el primer tiro corto, pues entonces se aumenta el alza en 150 á 250 metros, como en el caso anterior. Cuanto á los errores en dirección, cuando el proyectil cae sobre un punto que aún no ha alcanzado el blanco, basta aumentar el intervalo entre las dos voces de mando: tal pieza y fuego. Es lógico, por otra parte, que el haz sea tanto más abierto {largo} cuanto más dista el objetivo, y el empleo de la manivela conduce á la adopctón de haces expresados en vueltas y fracciones de vuelta, de suerte que la extensión abarcada disminuye á medida que la distancia es mayor, pero esto no presenta inconvenientes graves para distancias infe­riores á 2 1ooo metros. En el tiro el haz largo mide una vuelt11, el normal de tiro fusante media v elta y el de percutante un cuarto. Por esto la adopción del alza de cremallera, en la que las modificac10ne3 se ejecu­tan con rapidez y precisión, sin tener que sacarla del canal, ha permitido acelerar la ve­locidad del fuego y adoptar haces idénticos, expresados en metros, para todas las distancias. Para casos de urgencia tos jefes de sección tendrán siempre á la mano una regleta de co­rrespondencias entre los milímetros del alza y los grados del nivel de puntería A nuestra• piezas de montaña no ha sido difícil arreglarles alza cie cremallera siendo de advertir que la necesitan con más urgencia que si fueran de batalla. • Convendría construir tablas que permitieran dar estas órdenes con rapidez y exac­titud en los casos más comunes (infantt> al paso, al trote, de.), porque do otro modo este importandsimo tiro dará escasos resultados entre nosotros. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 375 También puede arreglarse el tiro sobre un blanco m6vil, re-gulando la puntería sobr .... un punt escogido en el c1mino que parece seguir el blanco, y mandar fuego ra pido cuando el blanco llega á dicho punto *. TirCJ sobri? una caballería que se aproxima á los cañones. I . 9 Dis­posicione. preparatoria de combate: ·oflamar las piezas; escalonar la alza : por ejemplo, para r ,ooo metros en la sección de la izq uiercla, 1, ro o en la del centro y r ,200 en la de la derecha; dar los de,;víos de dichas alzas; colocar el tornillo de puntería como para el tiro á esas distancias en terreno horiz.ontal; cargar los cañones; los pri­meros sirvientes de derecha se proveen de esto pi ne ; 2.° Coloca­ción en batería: la pieza no se enrayan ni se vuelven á poner en batería; el capitán pre cribe el número de vuelta de manivela que necesita la di t~ ncia, pero de manera que las alzas queden cortas; el fuego se ejecuta por de cargas; lo irvientes apuntadores siguen el blanco ~on la línea de mira y se levantan á la voz de piezas; 3· 0 Reglaje y dirección del fuego; como regla general la piezas se apuntan con el alza de partida y no se ha e transformación al­guna de vueltas de manivela en milímetros de alza: a) Si una des­carga enmarca el blanco de manera sati factoria, la siguic11te se hace con un-a vuelta de m.111Ívcla menos; b) Si queda corta, no se hace rnoditicaci6n ó á lo umo media vuelta, i fue muy corta. • Ob enmcioncs sobre /r¡ l'elncidad del tiro -Dur:a11te el período d e rc:;l<,je, ;~ntl·. di' hn ·cr 1111 rli p .aro, e, prec i o ,, ~ t anl.11 !i qne . e h ¡t y.t oh.et v,ulo el :tutcrior,· ;¡hor:carga c~uida . T;,n ltaeg-o COIIlO ,e ha rtgl"cl. el tiro contra tropa en posición, e· de principio ejecnt;ar el fiuf!o rápido á mzón de T \ . ·To rlisparos po1· pitz.a, á fin de lanzar :subte el enemigo una vcnbdeta 11 tt \'ia lt 1 rnyecti es; el c fl'cto mor;.! e· tanto mayor cua11to menor es el tiempo en que .e causa una gran mortand.td. De ahí proviene la impor­tancia de los caiiones de tiro tápido. L ·1 rapiclt•z del tiro dcpe 1dc esenci .dmente de l,as siguientes operacione : n- tt­Licc ·er la pit:za eu b .t ... ría, HJ nntarla, 11 rreglar )¡,s espoletas de tiempo, carg1r y di ·. patar el proyectil. El rettoc ·. o, a11n cu.llldo lo iit11iten los freno , delllora el tiro pOl­que h1.ce nf·cesario vol\'l'r á coluc:tr la pi za en b · terf:a y desarregla la puntería. } .. 1 1stema ó 11111do de apuntar l ~t s pit·za a1¡uí ex.i . tente. e· largo y poco preci:-.o i uo ·e ejeL·ut l~OII ~r.an le ¡, t , tH:ión; :e impone un mccani. mo que permita el ele ·plaz:1- mit·nto l u tc l' al <.le la curcñ '· El ,¡ tema ue a e.:opolet, de tiempo ubre lento, incó­modo y oc:a, Íil ll<•.do á crrurc:, 110 dej 1 l111ell ·1 lle la durc.ci6n t:IIIJ•It:11tla, Para a<'eler;ar el tim u11 lll p ·1:-ib ie cunve 11tlrit adcuHÍ. el uso de la c'p.ttla 6 cartucho metálico en el cnñ6n y el di p;.uo pur percu~ión pam evitu el estopín, yuc dej.L aúu mucho qw~ desear cuanto á perfecciOJnmicrito. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 376 BOLETlN MILITAR Tiro de grupo de baterías-Llevarlas imultáneamente á la línea de fuego, y si esto no es po ible, hacer entrar primero la que deba quedar bajo el viento: en e te caso cada batería regla su tiro, tomando como punto de partida los resultados obtenidos por las baterías ya instaladas. Cuando todas entren al tiempo en línea, cada una regla su tiro como le sea más cómodo. Tan luego como cada batería esté reglacb, hará conocer al jefe de todas el alza empleada, para que e ·te pueda ordenar las correcciones y recti ficacione que es ti me convenientes, valiendose para ello de fuegos por descarga si fuere preciso, pero por baterías y sucesivamente á partir de la que esté bajo d viento. Cuando el humo, un vient fuerte, etc., no permita á las baterías hacer simultáneamente el reglaje de su ti ro, el jefe su pe­rior de ellas determinará el alza por descargas por batería ó media batería, como lo hace el capitán con la suya ai lada. Indicadtt el alza, cada capitán acaba luégo de rectificarla como queda dicho. La& baterías reunida que empleen pól\'ora negra deben ponerse en guardia contra el humo, para emplertr el nivel cuando no sea po ible apuntar directamente la pi eza y darle la r:Jirección empleando cualquier procedimiento para jalonarla. Notas complementarias. 'J'iro c?Jltra trinch eras. Tiro parabólico. El alcance y el ángulo de caítla on la ba-:e para reglar este tiro. Tomar como ángulo de caída L1 inclinación de la línea que úna la cima de la cresta ó parapet en el punto más bajo en que ~e la pueda alcanzar á batir ; e m picar la carga de pólvora correspon­diente. Amplitud de /()s desvíos.-Cuando éste se conoce se princtpla con el ángulo de tiro de la tablas ; se disparan cuatro proyectiles por vía de en ayo, haciendo de puc de cada uno una corrección igual al desvío observado dividid por el número del proyectil, no tomando en cuenta las cifi·as inferiore á una y media veces el pro­bable de la pieza ; en este ca o el desvío que no se corrige se añade al del disparo anterior. Dirección de los desvíos. Ensayo-Cuando se conoce la direc­ción del desvío para reglar el tiro, ·e hace un primer di ·paro em­pleando los elementos de las tablas: si es corto ó largo, se aumenta ó disminuye suce~ivamente el ángulo de tiro una cantidatl igual á ocho veces el desvío probable de la pieza, hastc1 ob ervar un di paro de signo contrario. Obtenido é:.te, se cierra el hr.z hasta dos des­víos probable , empleando por ángulo de tiro el que ea término medio entre los dos ángulos que dieron el último corto y el pri­mero largo, ó viceversa. Cuando el reglaje se hi7. ·obre un objeti­vo auxiliar, se transporta sobre el real después del primer tiro de conjunto. Efectos de loJ proyectiles de artillería.-- El calón de 8omm de montaña da con la granada común 32 cascos, 4 de más de 300 gra­mos de pe~o y 7 de menos de 25; el shrapnel rs.;, de los que 33 varían de JO á 300 gramos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 377 La granada de e~pole'ta percutante, al tocar c ... ] suelo bajo ángu­lo pequerw, exc~va un. urco, se levanta de nuevo y estalla en esta segunda trayectoria: como la altura á que lo hace es casi nula, la posición y forma del haz depende de tres elementos: retardo de la espoleta, ángulo del rebote y amplitud del cono que abarca los c:a. cos. El retardo e de ordinario de 2 metros á los I,ooo metros, di ·minuye con la di tancia, y á 3,ooo la granada estalla al tocar el suelo formando fogata; el rebote en terreno firme y horizontal va­ría de uno y meJio á do veces el ángulo de caída; la amplitud del cono de casco depende de la velocidad restante, de la ve.locidad de rotación y de la velocidad que imprime á las caras la carga in­terior: con proyel:tilcs bien con:.truíJos puede mirarse corno de­pendiente solo de la di tancia. El proyectil de 8.J 111 m sobre objetivo de 2 metro de altura, 40 de frente y 40 de profundidad en que se pongan 4 filas de blanco, , á 2,ooo metros, si es ligeramente corto el tiro, da ha ta 50 imp:tcro., ó en otros término , si estalla á 100 metros del blanco ya no cau a daño sensible, pre:entando el máxi­mum de.: efecto si lo hace á 1 o metros de distancia. En el tiro fwante la di:.pcr. iún de lo cascos obedece á las misma cau_a señalada para el pcrcutante, pero en el centro del cono habrá un vacío o c upad ~pena~ por lo, ca. co del culote si la carga interior ocupa es, acio sobre el eje del proyectil, lo que no sucede si é . ta e coloca en la parte del s 2.z669 y 184 88. Con la pólvora Or p tra e l proy ectil de So milímetros k= 370.6 y su largo 2. s689. para di e ha pó l vora el logari t mo a =0·3 718 ; logari t­mo b=o.26619; el valor de m e::s :.438 y el error relativo mí.ximo de temerse en el alcance / 0 • La intercalación se efectúa conforme á la regla de N ewton: los medios acitméticos usuales y diferencias primeras y segundas, son: om o' 1:::. b. 2 soo 44 I,ooo 99 x,soo 164 2,000 237 z,soo 319 44' (+9·5) SS ( 6o) 6s (69) 73 l 1 lO 8 La fórmula cf>=cf>+-11 - b. + ~ {- n- -) 2 b. 2 upo niendo á nL 500. ;oo 50" Para buscar entre 1,soo y z,oo ome tros losalcanc csde 100 en 100 me ­tros, por ej emplo, á 11 se dará sucesivamente el valor de roo, zoo, 300 y +OO. ángulo vertical del alcance; n=-}, }; : y ! respectivamente; b. =69 b. z=8. Para la primera intercalación para obtener el ángulo sería: 1600= 164-+; (69) + ~(!) 2 8 = I6++ 13.8 +o.I6= 178 La m.1 nivela-Empíricamente cada vu elta de manivela equivale :í. 7 milímetros de alza para todas las distancia ; pero si se trata de un gran número de vueltas deben tomarse 32 milímetros cíe alza por cua­trn vueltas. En tesis general puede usarse el siguiente cuadro para las variaciones de alcance. á 1 ,ooo metros I vuelta 250 " ~ " 125 t " 6o á z,ooo 180 90 45 á 3,000 140 JO 35 á 4,000 100 so 2j POR H. H ELVIG, DEL ESTA DO MAYOR ALEMÁN Versión libre para el Boletín Militür PARTE PRI:llEltA-EL BA.TALLON CUARTO EJEMPLO Un bat ollón contra batallón y medio (cuatro compañías contra st:is compaiHas) Cot..Jideraciotus tácticas Si el enemigo, superior en número, se divid~ en porciones iguales y no concentra .\ grueso de su fuerza contra un punto detcrminado de la posición, es preciso tratar de reunir momentáneamente fuerzas superiores Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 379 contra una de 1as alas del adversario, y tomar allí la ofensiva: semejante contraataque puede ser decisivo si al mismo tiempo se amenaza la línea de retirada que debe seguir el enemigo para reunirse con otras tropas. El batallón ha tomado posiciones. La cuarta compañía, adelantada como vanguar:iia, se cubre con algunas patrullas; la tercera se sitúa 300 pasos atrás como línea avanzada; las compañías primera y segunda otros 300 pasos atrás de la anterior, en columnas de compañía á intervalo de despliegue, funcionan como grueso 6 línea principal. PRIMER MOMENTo-Las patrullas señalan la aparición del enemigo. l)lsposlclóo : la cuarta compañía despliega su pelotón de tiradores; fuego lento y cuidadosa puntería. SEGUNDO MOMENTo-E/ ttumigo.• • • • • * • * •..., • • • • • • • •"" •"" •""..., muestra fuerzas superiores y 4vanza 4· a t contra nuestro fruiU. ¡ Dlsp6slclón : cuarta compañía, ¡e despliega íntegra en tiradores; terara compañ í r, en línea funciona como sostén 1 so pasos á retaguar­dia de la cadena; primera y segun­da compañías se aproximan hasta quedar á 300 pasos del sostén. • :•so ~ :, pasos 3·· 8 egundo m~mtnto 300 : pasos o o o o 1 t TERCER MOMENTo-E/ adverJario despliega en tiradores dos compa­ñías, qut avanzan apoyadas por cuatro co/umlJas de compañía, y obliga á ajar á nuestros tintdores. Ulsposlclón : tercera compañía, se sitúa á la derecha de la cuarta, en posición de refugio para sostenerla por el flanco . • .... . . . .... .... . .... .... . . .... .... .... . .... .... . . . .... . • • • • • • • • 4·a •• ... • • •• '··.... • • :¡p. ·, •• ~'i> ···..•. . :. ')' · .......... ~· ~0 :8$.~~ ~~ ~ ~~~ ~~ 2.a La. T erar momento Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 380 BOLETÍN MILITAR Señal: después de verificada la operación anterior: cuarta ~ompa­ñía, lentamente en retirada, hasta colocarse á la altura del ala izquierda de la tercera. • ••• • • ,+.._ •• . . .'- .. .. ~ / .. . . ')' / .. CuARTo MOMENTo-E/ enemigD despliega otra com­pañía e11frente de la terce­ra, y trata de ~ogerla de flan~ o. • • • • • • • • • 1 • • • • • • • • • • /-- ----------+ 4·" // Disposición: tercera ~ompañía, martillo defen­sivo en el ala derecha; primera y segunda ~ompa­ñías avanzan á apoyar el ala izquierda. • e uarto momento QuiNTO MOMENTo-E/ enemigo se presenta ~on tres ~cmpaíiím despftg,¡das en tiradores apoyados por tres en orden cerrado. Ulsposlclón : tercera compañía lentamente en re· tirada, hasta alinearse con Quint, momento la cuarta; primera y se-gullda compañías, desp,iegan sus pelotones de tiradores de modo que for­men martillo ofensivo á la izqui -:rda de la cuarta, con los pelotones en filas cerradas 1 so pasos atrás. SExTo MOMENTo-E/ enemig(/ refuerza sus tiradores y aprieta nuestra tercera "mpaílía. Señal: fuego rápido 1 IHsposldón: la tercera compañía contiene al enemigo que tiene al frente cuanto sea posible; primera y segunda compañías avanzan, el ala izquierda adelantada á la c;eñal de avancen!,· la cuarta compañía se enla­za con los pelotones de tiradores de las compañías primera y ugundtJ, de­jando atrasada su ala derecha. SÉPTIMO MOMENTO - E 1 mo1.timiento orde110do amenaza el flanco derecho dd enemigo y contin1e su marcha ofensiva. Señal: avancen! (La mar­cha ofensiva se ejecuta con­forme á la disposición indi­cada). • . .. x ••• -ttt **-11 • • ... ?( ~~~ :. -$--m..•. ..:x -$-"'~ ••. · . ~ ......... . • • • • • • • • • 4·& J.a Séptimo mdmentQ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. not.E~ÍN MILITAR 381 ÜCTAVO MOMENTo-E/ ene· migo haa af/anzar u1111 CIJflt­pañ !a en filas cerradas sobre la línea de combate, del lad~ de su ala amenazada, y ejem­ta juego de descargas. Seña/u: para todos, alto! fuego rápido! •• -$e •• -~~ .. ... ~. •* .· ~··. •• ~ .. ~-'- .. ~ ;ttT •• •• ~ ·:. ./;~ .. •• •• •• •• • . . . .... • • • • • O ctaf/o momento 4· a 3. a NovENO MOMENTo-E/ ene­migo se tJe obligado á haar replegar un poco su ala de­recha . . · ~. . . • •• -$;: • • Ut. po~lción ; la tercera -x=$--ttr • • compañía queda en la posi- ,/, • • • • • • • '6 _.. ~ • • • • • • • c1 n que ocupa . . · 3.• Señal: afiancen! Nof/eno moment1 DÉCIMO MOMENTo-E/ enunigo, amenazado en stt línea de retirada, trata de resistir con su derecha, para entre tonto acercarle su alo izquierda af/anzada con exceso. Señales: para todos, alto! fitego rápido! avancen! A esta última se­tia} ]a primera, segunia Y cuarta compañías se lanz.m al atae¡ue de la de­recha enemiga; la tercera sostiene el ataque con fuego rápido. U N DÉCIMO MOMENTo-E/ ala derecha tnemiga retrocede lentamente. Señalts: para todos, avance rápido! .?í . .· ••••• '!~.:. ..x .L: ~· ./'~·· .. . .. · • ..d:t. •• ""tfT..d:t. •• ~ .-.;¡:r • .?í • • • • • • • • • • • • • • 3·· Undécimo momento Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 382 BOLETíN MILITAR. DuoDÉCIMO MOMENTO - Nuntro ataque es recibido por 1111 fuego violento; el enemigo entre tanto ha reunido JUJ fuerzaJ Jobre JU ala derecha y u retira !eJJtamente. Seña fn: para todos, alto! Uisposlclón : primera J ugw1d11 compaiiíaJ siguen al adversario con fuertes en­jambres de tiradores; tercera y cuarta u r eÍinm. El bata­llón vuelve á s u primitt\ra posición y no deja avanuda sino la primera compañía. •• •• •• :' ··. . " .. ~~ ~ l888B~ ~~ ~~ ~~ 4 .a l. a •• • • a ~ • • .'~-t¡r •• -(., Duodéc imo momento --··· -- SOBRE EL U !FORME MILITAR El traje mdit4r ha si.lo en casi todos los ejércitos, obj:to de estudios y de cambios que demuestran su indudable Importancia. Apartándose por lo general de antigl.Jos caminos, ya desusados, no se trata de conseguir en él un aspecto agradable ó humildemente sujeto á las volu ble:s é irrazonadas exigencias de la moda ; pues si bien es cierto que no debe separarse por completo de la manera de vestir de los contemporáneos, no debe tampoco ser copia exacta de cuanto se idea por quien tiene su principal ocupación y oficio en inventar nuevo, y sobre todo variados modos de vestir. Otras son ciertamente las condiciones con que debe cumplir; y ejemplo de ello tenemos en las ropas usada-; por los que á ocupaciones es­peciales se dedican. No viste el cazador de la misma suerte que el albañil, ni el maquinista como el que á las labores del campo ptde el pan de cada día. ¿Por qué, pues, siendo la guerra el principal empleo y mas excelso del soldado, ha de vestírsele á semejanza de los que viven al seguro abrigo de intemperies y fatigas en las calles r casas de poblado? La estancia del militar bajo techado es acci­dental, pues no ha de cumplir su cometido encerrado en los cuar­teles. Si ha de arrostrar toda intemperie y de soportar cualquier fatiga por desempeñarlo, parece lógico no aumentar su ya penoso oficio con molestias artificiales; sí, por el contrario, acuoir en lo hacedero á su reparo para evitarles las posibles, y amenguar las irremediables. Debe ser el uniforme, puesto que en el campo ha de usarse, traje de campo y no de ciudad, y si bien no ha de tenerse compla- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 383 cencia en darle aspecto sobremanera agreste, tampoco d~be sacri­ficarse á la buena vista condición ninguna esencial, que no es ne­cesario para llenar el primer objeto vestir al soldado de tan extraña suerte que llame la atención de su inu s itada apariencia. Las actuales costumbres, prácticas ante todo, han allanado grandemente el camino para esta reforma, y ciertamente el ejérci­to no se adelantaría á sus coetáneos hacient'o más convenientes y apropiados sus vestidos; la moda, con tnás entendimiento del que podía suponerse en tan caprichosa señora, ha adoptado trajes en general cómodos y holgados y no exige á sus adoradores que su­fran, por acatar sus imaginaciones, los tormentos que los corbati­nes, calzones ajustado , mangas estrechas y cinturas microscópicas les ocasionaban no hace aún medio iglo. Y no se diga que la rigidez y tiesura son necesarias para inculcar al camp .... sino y al ciudadano costumbres militares; esto sería bueno en el tiempo en que la uniformidad y acompasamiento en el manejo de las arma , el canto d el fusil y su brillo deslumbra­dor, unos bucles bien empolvados, el paso á la Federico, y otras mil cosas de igual jaez, se tenían por el colmo de la perfección en el arte militar. El tiempo que se perdía en obtener tal resultado, se aprove­chará dedicándolo á ejercitar en la paz lo que en la guerra se practica. Hoy que á todo militar se le exige, dentro de sus obligacio­nes, una gran iniciativa y que el último soldado ha de saber gober­narse y combatir aisladamente, parece contradictorio hacer de él una máquina y pedirle luégo que marche sin dificultad, entregado á sí propio. Hoy que por la índole misma de las modernas guerras son más necesarias que nunca costumbres de obediencia y disciplina, si no ha de convertirse en lamentable barullo lo que debe ser, según las recientes di posiciones tácticas, ordenado desorden (en realidad lo primero y en apariencia lo segunrio), es preciso que de­jando aparte lo accesorio, se dedique especial atención á lo esen­cial, que es procurar rapidez en las marchas, seguridad en el tiro y agilidad en los movimientos. Dos de estas condiciones exige que se eduque al soldado con el objeto de obtenerlas, y por lo tanto que se le ponga en condi­ciones físicas tales que no encuentre en su propio individuo, es decir, en su vestuario y equipo, los principales obstáculos á su logro. Sobradas causas externas, ya vengan del enemigo, ya del terreno, ya de las intemperies, encontrará con qué luchar sin que se aumenten otras más, que haya de vencer, so pretexto de endu­recerlo contra las fatigas de la guerra, ó que su aspecto sea más militar. Puesto que el ejército ha de servir para el combate, debe ser la aspiración de los militares, tratar de colocarlo en las mejores Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 384 BOLETÍN MILITAR condiciones para guerrear, prescindiendo de que á los paisanos les agraden más ó menos la tropas cuonJo las ve.tn en la· paradas ó desfiles, que no irán seguramente á aplaudirlas en las penosas marcha , los inclem~!ltcs alojamientos ó los sangrientos campos de batalla. Si por dicha el Erari anduviese tan sobrad de recursos que pudiera, sin quebranto, dedicar uno cuanto~ cientos de millone á lo superfluo, despue d ... haber ga · tad e11 lo nece:,ario que fd!ta otroi mucho·, en buena hora que se.: i .. learan lujo,í_imos unií rmes para usarlos en las poblar:iones, sin p erjui ·i ele almacenarlos y vestir otros más cómr Jos cuando de f.tenas militare· e tratara; per de graciadamen te no acontece t ti cosa , y, aun á trueque de descontentar los ojos de los pagan>, h1brá qt~e ver ele emplear con la p si ble utdidad dd E jérc1 to y del Estado los exiguos recursos de que se di p ne. Esto por lo que hace á lo extrañ á la pr~fe·ión militar, pues los que cursan las ·o a~ de 1· :Tuerra, pvco ó n..1d ,1 han de fijarse en si es m ' ó meno- vi.,to,o d un i~>rrne , ante bien, dán­dole la import,lllcia que verlladeramente tiene, ¡Mr.1dn la conside­ración c:n cualidade más ho:tdas é interc antes. En dos cJtegorías pueden encarars' ésta:s: mi lit, res é higié­nicas. Por cualidades mili tares ueben entenderse las q te cxclusi va­mente se refieren á la e.)peci,ll ocupación del o dad. > y us medios de llevarla á término, y p r hi 0 iéni ·a la que e diri6 ·n á con er­varle en estad de saluJ ó precaver la.; causas que puedan alterarla ó destruírla. Líganse aquellas y é;:,ta.- 111timam-...nte, y no es fácil á veces cumplir con l.ts una_ si11 pcrju,li(: 1r ,t la otra., pero siempre que.da el recurso de optar por la :sol11 ión de que menos daño pue­da originarse, que en vano sería disponer los wldado con prefe­rente atención para el mo nento de la lucha i, por haber desaten­dido las precauci nes higiénicas, las enfermedades ó las fatigas los postrasen, impidiéndole llegar á este último y apretado trance de la guerra. Y de nada serviría tampoco mante11erlo., sanos y robus­tos á costa de disposiciones que llegarían á empecer sus aptitudes militares. Por tanto, cualidades militares y cualidades higiénicas espe­ciales debe tener el uniforme, combinadas en justa medida, para que mutuamente no se perjudiquen, antes todas ellas concurran al mismo deseado fin. Los primeros, por las razones dichas, han cambiado notable­mente, pues ya no es posible pedir al vestido que se defienda fuerza á fuerza de los golpes de las armas enemigas. En lo.) combates á alguna distancia, porque á tanto no llegan ni aun verdaderas armas defensivas como la ro raza, y en los combates al arma blanca, por­que no se podría lograr eficaz prutccci ó n sino á trueque de au­mentar sobren1anera d peso que ha de llevar el soldado. Lai pocas Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR veces que se llega á las manos no ,notivarían la adopción de trajes muy defensivos, convenientes para este caso, pero paco á propósito para marchar con velocidad y moverse ágilmente. Pero si no puede buscarse la protección del indivicluo en estos medios directos, debe buscarse en medios indirectos que serán tan eficaces por lo menos. Si no :;e puede contrarrestar la fuerza LOR..EJS CONDICIONES 11 En terreno descu~icrto .... . ---- --.-- -- ---- En terreno roque no ....... . Al horde del mar ...... .. . Sobre el agua.. . ....•••• Sobre obras de tierra ..... . Sobre obras de piedra . ... . e \ Al amanecer . .... .. . . ~tAl alir el sol ..... . . . ~ A medio día ... ... . ~ A la puest::l del s 1 . .. . \Al amanecer.... . . .. ~ J Al salir el sol ....... . ~ J A medio día.. . . ... . :.á 1 A la puesta del sol ... . ~ 1 Lloviendo .....•.. . .. l Lloviendo y con niebla. --5 { Con luna . . .•.• .. .... ~ Estrellado . ......... . En terreno descubierto .... . En terreno roqueño ...... . Al borde del mar.. . . . • •. Sobre el agua . ......... . Sobre fortificación de tierra. Sobre fortificación de piedra + 2 1 J 2 1 1 2 1 8 8 1 8 2 2 8 8 I l 1 t l 2 2 4- 3 7 3 2 2 5 ~ 1 6 1 6 3 8 ! j 3 + 1 2 1 3 4 5 3 2 4 + 3 2 5 4 4 3 3 + + 3 4 6 3 3 4 5 4 S 3 S 5 4 3 5 4 4 4 3 3 4 4 3 5 3 7 8 4 4 ! 1 3 + 5 4 + 3 7 7 7 S 6 7 7 6 7 S 8 8 5 8 6 6 8 8 1 6 8 7 8 8 7 8 8 6 8 6 -------------- S u mas ..... . ..... 68 90 1 9+ 98 165 l 16é .. .. 11 Pardo ó gris plomizo resultan ser en efecto los colo:-es que menos se ven en el campo, y aunyue éste no sea de las calidades antes dichas, también son éstos los colores más favorecidos en los demás ten enos 'y ocasiones que se consignan en el adjunto Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ROLETiN MlLl'l'.AR 387 cuadro formado por el renombrado cazador Julio Gerard y el ar­mero l\tl. Devisme. El número 1 indica los colores que más se ven y el número 8 los que no se ven ab ·olutamente nada. Inducidos por la experiencia y por análogos ensayos, la mayor parte de los estados mili tares han modificado el color de sus ejér­citos. Austria, prescindiendo de antiguas tradicione:.i, ha desterra­do sus levitas blanc<1 , Alemania emplea los colores azul y gris, Rusia el verde oscuro, Italia el gris y el azul, únicamente Ingla­terra conserva la casaca graca, y Francia y E!paña los pant Iones encarnados. El negro azulado, y mejor aún, el gris plomizo, ó el pardo, son los colores cuya dopción presenta más ventajas, no sólo por las razones que se originan de los cuadros anteriores, sino también porque son colores sufrido , que no se deterioran fácilmente ni descubren las injurias del uso, lo cual los hace al mismo tiempo ser baratos por su mayor duración en buen estado. Contra las herida que infieren las armas blancas, debe tener el soldado su mejor defen a en el buen manejo del fusil armado de bayoneta. Las charret<:ras llevadas con el objeto de amortiguar la violencia de los sablazos en el hombro, son excesivamente moles­tas, y no tan eficaces que no las sustituyan, sin gran desventaja, las hombreras de paño almohadilladas. Estas tienen sobre aquélJac; ]a ventaja de evitar la incomodidad que el peso del fusil causaría en la posición de armas sobre el hombro, ya apoyándose sobre la charretera, que como cuerpo duro transmite su presión á la claví­cula, ó ya sobre este mismo hueso, si no se interpone más que una tela delgada. El casco de cuero, el morrión ó el chacó se han usado con el objeto anteriormente expue to, desempeñando su ofi cío protector respecto á la cabeza; pero el haber sido desechados, adoptando ke­pis, cuyas únicas propiedades militares son la ligereza y la estabi­lidad, es razón bastante para no volver sobre ello. Y aun á riesgo de repetir lo dicho, debe insistir e en que la infantería lucha tan pocas veces cuerpo á cuerpo con la caballería, que no habría pari­dad entre las ventajas que proporcionase un cubre- cabeza resisten­te al sable en absoluto, y los inconvenientes debidos á su pPso y á lo molesto de 5U uso. En las refriegas entre caballería tampoco son tántas las ven t ajas del casco de hierro ó acero, que se deban pasar por alto los graves inconvenientes que re ultan para el jinete de la elevación del centro de gravedad y del golpeteo sobre el cráneo en los aires violentos. Las correas que soportan y sujetan el equipo se han preconi- 7ado como protectoras, llegando, en algunas ocasiones y con tal pretexto, á dárseles exageradas dimensiones y á disponerlas de ma­neras viciosas, como cuando se cruzaban sobre el pecho, sobre­cargándolas con chapas de metal, cuyo único efecto era aumentar Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 388 BOL.K'l'IN MIL1'1'Ah el peso sin lograr detener las balas (faltando al encargo que tenían de salvar á su dueño). Otros medios se han propuesto, tales como petos, almohadi­llas, mochilas para balas, medias corazas, etc., que acaso fueran útiles para desempeñar servicios especiales, trabajos de zapa, defen­sas de posiciones, etc., pero que en tesis general no pueden acep­tarse, siendo, como es, muy dudosa su eficacia, aun en estos casos particulares. Resulta, por lo dicho, que el medio de que se dispone para cumplir esta primera condición sin perjudicar a las demás, estriba en adoptar uno de los colores mencionados, el negro azulado, el pardo ó el gris plomizo.-(Continúa). N AZARIO CALONJE INFORl\~E OBRE EL EJÉHCITO ALEMÁ!i (Continuación) Las Í'tspucionu Como la mayor parte de las inspecciones y las más importan­tes se aplican precisamente á los ejercicios del período de prima­vera, parece sea esta la ocasión de decir algunas palabras. Primero vamos á dar la lista de ellas, luégo examinaremos la manera coma se pasan, y, en fin, procuraremos poner de manifiesto su carácter general y dar á conocer las particularidades más importantes. Desde el día de la incorporación de los reclutas hasta aquel en que son licenciados los hombres clasificados para la reserva al fin de su tercer año, se puede enumr-rar como sigue la serie de inspecciones que tiene que sufrir un soldado prusiano. En Enero, es decir, antes de la inspección de los reclutas, de que ya hemos hablado más arriba: 1.0 Inspección de la instruc­ción individual, teórica y gimnástica (y 1por consecuencia es­grima, que siempre van unidas) de los soldados antiguos, pasada por compañías por el jefe del regimiento. En Febrero: 2.0 Inspección de los reclutas. Ya hemos dicho en qué consiste y cómo se pasa. En la línea * no tiene lugar ge­neralmente hasta principios de Marzo; 3.0 Inspección del perso­nal sanitario por el jefe del regimiento. En Marzo: 4.0 Examen de los sargentos y de los reengan­chados que siguen el curso de la escuela regimenta], por el jefe del • Las fechas indic1das se refieren á la Guardia, en la cual se hace la instrucción, como ya hemos dicho, de una manera más regular. Por esta causa se encontrarán men­~ ionaifas así, cuando se ofrezca, las épocas correspon d ientes para la línea. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 389 regimiento. 5.0 Inspecciones de compañía * por el mismo. En la línea tienen lugar en Mayo. En Abril: 6.• Inspecciones de batallón, pasadas por los jefes de brigada ó de división. En la línea tienen lugar en Junio. En Mayo: ].0 Inspecciones de regimirnto, pasadas en la Guar­dia por el Emperador, y en la línea, en la cual se efectúan duran­te el verano, portlos comandantes generales de cuerpo de ejército. 8. 0 Inspecciones de gimnástica y de instrucción teórica, pasadas á cada compañía por el jefe del regimiento. 9. 0 En la Guardia, re­vista general, por el Emperador, de todos los regimientos de guar­nición en Berlín. Esta revista en parada nu se pasa en la línea. A fin de Junio: 1 o.0 Inspección del tiro, pasada en la Guar­dia por los jeft:s de brigada, y en la línea por los de regimiento. A principios de Julio: 1 I. 0 Inspección del servicio de campa­ña, pasado por compañías por el jefe del regimiento. En Agosto: 12.0 Inspección de gimnasia por el jefe del regi­miento. En Septiembre, antes de empezar las grandes maniobras y ge­neralmente en el punto de la concentración de fuerzas: 13. 0 Re­vista general de todas las tropas que deben tomar parte en ellas, pero sólo en el caso de que el Emperador asista en persona. En el caso contrario esta revista no se pasa por los comandantes genera­les de cuerpos de ejército sino cuando ello lo juzgan conveniente. A fin de Octubre: 14.0 Inspección de las fracciones regimen­tales de ingenieros, por el jefe del regimiento. A esta inspección se puede, además, agregar una revista de detall *, pasada cada tres ó cuatro años al principio del verano, por los jefes de brigada, y una inspección de las armas, que no tiene lugar sino cada diez ó doce años, en épocas indeterminadas. Se pasa por un oficial general que designa á este efecto el Ministro de la Guerra. Lo que sobre todo Í.Jnpresiona en la manera como se organi­zan estas di versas inspecciones es, por una parte, el minucioso cui­dado con que se sostiene, en todas circunstancias, el principio de la independencia personal á que cada uno tiene derecho en los límites de su esfera de acción; y por otra, las precauciones constantes que se observan para no quitar á la instrucción de los hombres sino el menor tiempo posible, concediendo plenamente á cada oficial los medios para que pueda darse cuenta exacta, desde todos los puntos de vista, del estado en que se encuentren las tropas sobre las que ejerza mando. • Es preciso entender por tál la inspección con que se termina la eacuela de compa­ñía; más adelante se verá la misma inspección para el batallón, regimiento, etc. • Que no ea en verdad sino una revista de material como lo veremos más adelante. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 390 BOLETÍN MILITAR A primera vista parecerán e~tas dos condiciones contradicto­rias é inconciliables; pero la práctica ha demostrado que no lo son, y q u P. de hecho es muy posible conciliarlas, ob ervando riguro a­mente las reglas iguientes, a la cuale s e conforrr1an siempre en el jército alemán : 1: No pasar jamás dos vece .~ :í la misma tropa el :·ni~mo gé­nero de inspección. Dos oficiales subordinados el uno al otro, pa­san á la tropa que mandan do::. inspec iones diferente, pero nunca la misma. 2. 8 En lugar de consagrar á la inspección una e ión espc-­cia1, convenirse, tan o como sea posible, para aprovechar el mo­mento en que la tropa recibe preci amente el genero de instrucción que se quiere examinar. Contentar e asimi ·mo en rigor, en pre­sentar á la in. pección ó á b re vi · ra, una parte solamente de las tropas, aquellas cuyo trabajo de instrucción pueda re:;entirse menos. Conformándose estrictamente á e::.t s principios fundamenta­les es como la autoridad uperior ha llegado á e tar siempre de un modo perfecto al corriente del estado de la tropa , sin pasar más que un número de inspecciones tan reducido como es posible, á fin de no entorpecer nunca la march~ de la in trucción. t\lgunos ejemplos harán comprender bien c<)mo se con igue sati facer las condiciones indicadas más arriba. En la lista que hemo;, dado de la diversas inspeccione se puede notar que las de gimnasia é instn.:cción individual y teórica se repiten en realidad varias veces al año. Es una prueba de la i m­port. mcia que e concede en el ejercito alemán á todo lo que puede contribuír al de arrollo Í1sico e inttlectual del S< ldado. Pero en cambio ha de bid o ver e también que estas mú !ti p!es inspecciones se pasan por 1 jefe del regi mient , c · to es, por el hombre que está en las mejore· condtciones de ob en ar lo que se hace sin in­terrumpir la marcha de la instrucción. Este c., por lo demás, un principio al que los coronele se conforman e· crupulo amente, y tienen siempre el cuidado de ele­gir, para ver tal ó cuál parte de la in trucción de una compañí2, el momento mismo en que la ecíbe. A 1, por ejemplo, el coronel sabe que mañana hay gimnasia en la tercera compañía e instruc­ción teórica en la séptima, ha. ce saber p r medio de la orden, con ervando en lo po ible las horas fijadas por los comandarne5 de compañía, que mañana habrá para la tercera compañía inspección sobre gimna ia, y para la séptima examen de enseñanza teórica. Toda la diferencia entre semejante inspección y la instruc­ción de cada día, con iste implemente en que en t:des circunstan­cias el capitán presenta el completo de su fuerza, incluí dos los or­denanza , con el traje ordenado para la inspección, y entrega al coronel un estado que contiene todas las noticia que e le piden. Jamás estas inspecciones e pasarán por otro que no sea el jefe del regimiento. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILI'l'AR 391 Si dos oficiales di fe rentes tienen que pasar á una tropa el mi mo género de inspección, hé aquí cómo obran siempre de ma­nera que la tropa no sea inspeccionada dos veces sobre el mismo asunto. En la época de la in pecciones de batallón, en d mes de Junio, el comandante general de la di vi ión dará á los de brigada orden para inspeccionar los segundos batallones de su regimientos, re ervándose ver los primeros y terceros ó inver amente, y jamás un comandante general de división inspeccionará un batallón que lo haya sido ya por el de brigada. El mi mo principio se igue aun cuando se trate de la ins­pecci<') n de unidade5 tá ticas má considerables. Así, en 1a Guardia, cuyos regimientos y brigadas se presentan al Emperador mi mo, 61o el r :1 sará la inspección de brigada ó regimiento; pero como todos asi&ten á las que él pasa, es siempre perfectamente posible á cada Jefe de cuerpo aprovechar la ocasión para ver su tropa. Podrá uno quizás inclinarse á creer que un comandante ge­neral de división que no haya in-peccionado sino el segundo ba­tallón de un regimiento, no cst. rá enterado del mérito del pri­mero y tercero. Nada de e · to: los conoce tan bien como al otro, porque ha a istido á la in pección que hizo á estos batallones el jefe de la brigada, en las que escuchó las obse-rvaciones críticas finales, y quizá también haya sorprentfido así algún detalle que se le hubiera escapado con ocasión de su inspección particular. Y aun en las má elevada graduaciones de la jerarquía mili­tar e e fuerzan para no del\componer jamás la marcha regular de la instrucción, aprovechando para las inspecciones los días en que el regimiento se encuentre reunido en su campo de in trucción. Por lo que toca al Emperador, se comprende que no pueda stempre someterse á esta regla, pero en todo caso cuida de fijar el día de sus inspe ciones en lvs límites habituales de los períodos de in - truccion corre pondiente . V éa e cómo se dispone en la Guardia : el Jefe de E tado 1vlayor, despu és de poner ~ e de acuerdo con los jefes de regimiento, brigada, t:tc., formaliza una lLta de todas las inspecciones que debe p:1 sar el Empera dor, a igna ndo á cada cuer­po un día elegido de manera que di s traiga lo menos posib1e su ins­trucción. Este programa se somete en se g uid:-t á la aprobación de S. M., después de lo cual se litografi::t y ¿ : ~tribuye con profusión de modo que todos aquellos á qüienes la cosa intere s e pu e dan asistir á las inspecciones. Otro tanto se hace para to d a la inspecciores que se pa an en las di visiones, brig!!da - y regí mientos, púr sus jefes re. pectivos, etc. Se da cuenta al .E tad ·> iVl ayor del cuerpo de ejército, quien formaliza á su vez la lista general y la comunica al Emperador y á toda la guarnición de Berlín y us inmediaciones: resultado, que todo oficial que lo desee puede a istir á estas inspecciones, siendo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 392 B:)LETÍN MILITAR muchos los que aprovechan las facilidades que se conceden. EI mismo Emperador va con frecuencia á las inspecciones que pasan Jos jefes de regimiento, y en general también los oficiales genera­les van á las que pasan sus subordinados. En todas estas circunstancias se renuevan las escenas que ya hemos descrito. Los altos personajes no asisten más que como es­pectadores, muy atentos sin embargo, á la inspección, que cuidan de no turbar en nada, manteniéndose generalmente á distancia; pero yendo siempre á escuchar la crítica final. Así se encuentra mantenido el principio de independencia individual, á la vez que se desarrolla entre los oficiales la facultad de explicar abiertamente sus ideas, con lo cual todos ganan, pues además de sus observacio­nes personales, puede también aprovecharse de las de otros. Para todas estas inspecciones las tropas se disponen en orden desplegado, hasta el regimie11to inclusive. Las brigadas se forman casi siempre en columnas, como en el orden de reserva. En todo caso, el oficial encargado de la inlipección es el único que pasa por el frente de las tropas; ni sus superiores, aun cuando a i tan á la revista, ni sus subordinados, por más que le esperen sobre el terre­no, no inspeccionan las tropas antes ni después que él. Aun en aquellas revistas que pasa el Emperador, nadie recorre el frente de ]as tropas antes que S. M. Esta es una regla excelente, porque permite no llevar las tropas al terreno sino lo más tarde posible, Igual práctica se exige en ]o que concierne á los honores que se rinden. No se presentan las armas sino al oficial que hace la inspección ; para los demás, cualesquiera que sean, se concretan á mandar firmes. El estado oficial de la fuerza no se da sino á esta sola persona. Sin embargo, como puede ocurrir que el Emperador ó algunos oficiales generales asistan también á la reviHa, los ayu­dantes de regimiento y batallón se proveen siempre de algunos ejemplares que ponen á su disposición. Si durante la inspección aparece sobre el terreno algún oficia 1 de graduación más elevada que el que la pasa, este último manda firmes, y dejando la tropa en el orden de formación en que se en­cuentra, sale al encuentro de su superior, al cual le da parte de que "á tal cuerpo está pasando tal género de inspección;" ~eguida­mente, después de haber obtenido su autorización, continúa sus operaciones sin preocuparse más de la presencia de su jefe. Terminada la inspección, el oficial que la ha pasado reúne sus oficiales, hace su crítica, que vienen á escuchar .sus superiores, á los que, cuando ha concluí do, pide únicamente permiso para re­tirar su tropa. Tal es el aspecto general que presenta una inspección; aspec­to que no modifica en nada la presencia de cualquiera, sea quien fuere. Todo pasa dentro de cada jerarquía, con calma, sangre fría y sin agitación ni emoción aparente. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BULgl'f N ~llLI'rA R 39 El oficial que debe pasar una inspección no comunica el pro­grama á la tropas hasta la víspera; precaución muy útil y que excluye toda posibilid;~d de preparación especial. Una vez que se ordene una inspección, no se da contraorden sino en circunstancias sumamente excepcional-:s. El mismo Em perador se conforma rigurosamente á esta regla hasta el punt de que si por una razón mayor le es imposible pasar la inspección, delega para reemplazarle al comandante general del cuerpo de ejército, quien le da parte después del estado de las tropas. El so­berano no repite jamás una inspección así pasada, porque la per­turbación que resultaría en el programa general perjudicaría la marcha regular de la instrucción. Para las inspecciones de compa­ñía los oldados se presentan siempre con los efecto de número que desea examinar el jefe del regimiento: ordinariamente los efec­tos número I, porque el coronel ha tenido frecuentemente ocasiúr durante el invierno de ver lo otros *,pero las in pecciones de lo oficiales generales tienen lugar por lo regular con los efectos nú­mero 2 ó número 3, según el e tado del tiempo, á lo cual se pres­ta siempre la mayor atención. La autoridad superior da siempre el ejemplo de economía en este asunto, interesándose por econo­mizar en todas circunstancias el vestuario de las tropa, por lo qu no es raro ver algunos generales que la mañana misma de un día de inspección, hagan telegrafiar á un regimiento la orden de com­parecer con sus prendas usadas, por t~mor á que el mal tiempo es­tropeara las nuevas. Compréndese que con tales precaucione el vestuario del ejército se mantenga siempre extremadamente bri­llante, sf!gtín lo explicaremos más adelante. Con el objeto de con­servar la bayoneta nunca se pone ésta en el fusil en los ejercicios, inspecciones ó paradas, ni aun para montar las guardias. Tiene esto además la ventaja de hac~r comprender á los soldados que no de­ben jamás hacer fuego con el sable-bayoneta, el cual hace desviar la bala, da más peso al arma y se deteriora bajo la acción cie los gases de la pólvora. No se pone, pues, la bayoneta más que para determinadas facciones de noche, ó bien para desfiles, formar el cuadro y dar una carga, y en las revistas ó maniobras solamente en las ejecutadac; en presencia del Emperador. En todos los ejercicios inspecciones ordinarias, basta con simularlo á la respectiva voz de mando. Todas las inspecciones, y fuera de esto, la mayor parte de los ejercicios tmpiez.an siempre con un desfile. Se obra así porque se juzga que los soldados han de desfilar mejor y más correcta­mente cuando no se les ha fatigado todavía. Un buen desfile se considera para el soldado como la más difícil de todas las manio­bras, y por consiguiente como un criterio infalible para juzgar de la firmeza de una tropa. • Ya hemos dicho que el soldado prusiano t" ene comúnmente hasta seis jue¡na ele dectes de veatuario, los cuales tiene numeradoa e 1 ielie.-(N. ele! T.) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 394 BOLI<.;Tll'i ~IlLl'l.All Nunca se determina con jalone la línea del desfile; esta pre­caución parece superflua, y se requiere la atención de lo oficiales colocado en las alas para regular la marcha sin ayuda alguna exterior. Aun en las grandes paradas en pr '= e ncia del Soberano, se ob­serva el mi · mo principio, concretándose á de tacar en la vanguar­dia dos oficiale· a las órdenes, que se colocan á derech:1 e izquier­da del Emperador, sobre la línea que Jebe eguir el flanco de la columna. Una. observé..ción general que debe hacerse sobre estas ins­pecciones, es que si bien en ellas e ejecuta siempre cierto nú­mero de movimientos reglamentarios para apreciar la destreza y agilidad de la tropa, no se detienen mucho tiempo en esto, pasán­dose bien pronto á la solución de cualquier problema táctico plan­teado sobre el mi mo terreno. Al proceder de este modo, el inspector puede juzgar á la vez oel grado de la instrucción militar de los soldados y de la inteli­gencia de su jefe, pudiendo asegurarse de qué manera éste y sus oficiales sabrían tomar, en ca o de necesidad, una re olución y eje­cutarla. A í, por ejemplo, en una in pección de batallón despues del desfile, algunos cambios de formación y marchas en línea, el 'efe de la brigada plantea al del batallón el problema siguiente: "Su batallón de usted marcha en columna de viaje aislada­mente y sin contacto con otras tropas. Al llegar á cierto punto, usted sabe que una posición que se encuentra sobre su camino está ocupada por el enemigo, y usted se decide á atacarle para po­der continuar su marcha." El jefe del batallón dispone al momento su tropa en d orden de marcha. Destaca una vanguardia, retaguardia y exploradore á los flancos. Luégo se lanza al galope hacia u vanguardia para ob­servar á distancia al enemigo representad por los músicos del regimiento que el ayudante de la brigada ha colocado al efecto. T'oma entonce su disposiciones para hacer un ataque de frente, y tambien, ~i el terreno se presta, un ataque de flanco. Todas las órdenes y explicaciones se dan en pre encia del in pect r, quien se ab tiene por principio de intervenir en nada, re ervando todas sus observacione para el fin de la in pccción. Al tet minar el capítulo cle las inspecciones no será quizá fue­ra de lugar decir aquí algunas pal a bra obre las revistas dt parada. N o se con ideran como inspecciones, puesto que no permiten en modo alguno juzgar del e tado de la instrucción de las tropas, y más bien pre entan el carácter de solemnidades militares, y como tienen además el inconveniente de su traer mucho tiempo á la instrucción de las tropas, el jefe las evita con el rrayor cuida­do. En la Guardia, como ya lo hemos dicho más arriba, no hay cada año más que una gran revista de parada, al fin de lo ejercí· cios de primavera. U na se pasa, además, al comienzo de las gran- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN 1\'UJ ... ITAR 395 des maniobras, en el mismo punto de reumon de las tropas que deben tomar parte en ellas, pero solamente cuando el Emperador asiste en persona, porque de otra manera la mayor parte de los co­mandantes generales de cuerpo de ejército no la pasan. En virtud del mismo principio, es decir, el de no interrum­pir la in trucción de las tropas, no se hace a istir á la gran parada de Berlín sino á los cuerpos que tienen su guarnición en ]a capital. Los regimientos estaciouado en las inmediaciones, aun cuando pertenezcan también á la Guardia y formen parte de las brigadas y divisiones que han de concurrir á la parada, no dejan jamás su guarnición. No se quiere di traerlos de sus ocupaciones durante un tiempo que sería necesariamente mucho más largo que para lo regimientos establecidos en Berlín. No hay más excep­ción que para los dos regimientos de Spandau, y esto únicamente porque dichos regimientos se encuentran precisamente en Ber­lín en esta época del año, porque van á pasar allí algunas sema­nas para ejecutar una parte de los ejercicios de prima vera, de con­ciert con los regimientos de sus brigadas respectivas. La víspera de ]a parada, un oficial de Estado Mayor se encar­ga de preparar el terreno, marcando con un pique te el ala derecha de cada regimiento y batallón. Hecho e to, las cosas se suceden al día siguiente con una calma y sencillez notables. Habiéndose fija­do la parada á las once de la mañana, se ve á las diez solamente llegar al terreno los jalonero , á razón de uno por batallón, batería ó regimiento de caballería. E tos jaloneros son los mismo hom­bres que la víspera han preparado el terreno en compañía del capi­tán de Estado Mayor. Pocn después llega este oficial, y á una señal suya, cada hombre va á colocarse cerca de su piquete, ali­neándo' 5e por RUS inmediato . El oficial rectifica el alineamiento, y en menos de media hora todo e tá dispue to. A las die?_ y media apareció sobre el c.1mpo el primer regimiento, y á las diez y tres cuartos se formó el último eH línea. A las once menos veinte mi­nutos llegaron los generale con mando en las tropas, y un poco más tarde lo- que iban á asistir á la parada: por último, á las once en punto apareció el .Emperador en compañh del Rey de Suecia. N a die antes que el soberano había pasado por el frente de las tropas. Él mismo lo recorrió al paso, según el. uso universalmente observado en Alemania, con el fin de juzgar mejor de la regulari­dad de las formaciones. Y i bien Jos regimientos no llegaron al terreno sino con una media hora de anticipación al comienzo de la parada, puede decirse que la precisión de su alineamiento era verdaderamente notable. Por lo demás, se cuida riguro amente de que las tropas no lleguen demasiado pronto al terreno, para luégo mortif.carlas allí inútilmente durante muchas hora . No faltan ejemplos de duras reprensiones dirigidas á jefes que no se sujetaron á esta regla. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 396 BOL'li~TÍN MJLIT.A.R. Se exige también que los jefes de batallón sepan alinear con prontitud su tropa sobre las demás, tanto más cuanto el apoyo de su ala derecha les ha sido claramente indicado. Si algún regi­miento ó batallón no está bien alineado, nadie sino su jefe es res­ponsable, y así se consigue que cada cuerpo se coloque por sí mismo de una manera perfectamente regular. Nada causó mejor impresión que la calma y el orden, que no cesaron de reinar, tanto en el momento de la reunión de las tropas. como durante todo el tiempo de la parada. Todos los oficiales de Estado Mayor del cuerpo de ejército permanecieron como meros espectadores en la comitiva de su jefe, quien no tuvo desde el principio hasta el fin una sola orden que dar. Antes de la parada un plano litografiado que indicaba el pues­to de lac; tropas y de los oficiales, se había distribuído á todos los jefes de cuerpo. Cada uno de ellos, ajustándose á él, sabía, pues, exactamente, lo que tenía que hacer. Siempre existe, como se ve, el mismo principio tan c-aracterí tico de independencia completa, y en compensación, de responsabilidad entera, dejadas á cada uno en los límites de su esfera de accion. Nos resta decir alguna palabras ::le la revista de detall (muste­rung), que no e verific.t sino cada tres ó cuatro años, al pnncipio del verano. Es, ante todo, una revi ta del material, y no cuestión de exámenes ó ejercicios. Antes de la revista aparece casi siempre una orden qu~ indica ~u marcha detal :ada. El general inspector* va acompanado de un funcionario de la intendencia y de un maes­tro armero para el examen de las cuestiones que se refieren á su especialidad. Estas revistas generalmente son muy largas, y los regimientos se preparan para ellas con un año ó más de anticipa­ción. El inspector e tá obligado, en eft-cto, á examinar todo lo que constituye el material del cuerpo, tanto al pie de paz como al de guerra; y se pasa la revista, no superficialmente, sino pieza por pieza hasta el último botón. E ta inspección no se refiere, sin embargo, sino á los ob­jetos que constan en los estados reglalllentarios. 1 odo lo que el cuerpo haya podido economizar, por un medio cualquiera, queda como propiedad suya particular y no se somete á examen alguno. Así, por ejemplo, según los reglamentos, cada regimiento debe puseer lo que se llama lagarniture (equipo) de guerra*, esto es, los ef~ctos de vestuario y equipo para un efectivo de siete batallones y medio; el todo dispuesto en absoluto á prestar servicio, y además de esto, una sola garniture de paz. 'l'odo ello se examina; pero en cuanto á los efectos números 3, ~h 5 y algunas veces 6, nadie tiene que verlos, en atención á que el cuerpo no ec;tá de ningún modo obligado á poseerlos, }' si existen, es gracias á los procedimientos de ad- • Que es, como hemos dicho, el jefe ele la brigada. • Lo a prusianos designan con el n:>mbre de gar11Uure un juego completo de efectoa. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 397 m1mstracJOn del regimiento. Estos constituyen ]a propiedad parti­cular de cada compañía. Por lo demás, volveremos á dar detalles sobre este asunto. La inspección de las armas sólo se verifica cada diez ó doce años. Se refiere á las armas y sus accesorios, y se pasa por un ofi­cial superior designado especialmente á este efecto por el Ministro de la Guerra, que manifiesta cada añ.o los cuerpos cuyas armas de­ben sufrir la revísta.-(Continúa). HISTORI.f.__ PARA LA S MEMORIAS SOBRE COLOMBIA Y LA NUEVA <..RANADA (Coutinuación ) El cruel desengaño que Barreiro recibió en Casanare, la disminu ­ción de sus fllerzas, causada por el género de guerra adoptado allí, la moral que había creado mi división, el estado en que se hallaba, las noticias favorables que recibí del iuterior de la Nueva Granada, y Jo¡ informes verbales que dio el General Lara decidieron á Bolívar, que estaba en Manteca! á orillas del Apure, á emprender una catnpaña so­bre el Virreinato, reuniendo sus tropas á las mías, á desrec ho de loa obstáculos que presentaban las inundadas llanuras del Arauca, y la des­nudez del ejército. Esta reuni6n, precursora de tantos días de gloria, se verific6 en Pore, capital de Casanare, el día 28 de Junio de 1819, ha­biendo yo presentado 1,200 hombres armados de fusil y 6oo llaneros montados. Aquí debo mencionar que, estando en Casan are antes de la in va­sión de Barreiro, recibí órdenes para nombrar Diputados al Congreso de Guayan a, que debía instalarse el 1 5 de F~brero de 1 819, ylse nombra­ron en efecto por Casanare á los señores Zea, Salazar, Vergara, U ribe y M uñoz, instruyéndoles que! salvasen siempre los derechos de la N ue­va Granada para cuando fuese libertada. Cuando recibí otras órdenes para reconocer la autorid td del Congreso, y la de Bolívar como Presi­dente de Venezuela, lo ejecuté al frente de las tropas declarando que este reconocimiento lo prestaba entre tanto que no eHuviesen libres las Provincias granadinas, á las cuales tocaba deliberar sobre su futura suerte. Conservo el documento respectivo, escrito de letra del General Antonio Morales, que servía en mi Estado Mayor. Apenas supe la resolución de Bolívar de mc..rchar á unirse conmigo en Casanare para obrar sobre Santafé, envié con el Capitán Ramón Zapata (hoy Coronel) á los pueblos oprimidos por los españoles la si­g'Jiente proclama, que, como es bien notorio, fue conocida de ellos y produjo un entusiasmo general en la capital y en las provincias, no obstante las medidas de precaución de las autoridades españolas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 398 BOLETÍN MILI'rA& FRANCISCO DE PAULA SANTANDER del orden d~: los Libnladnres, GP11eral de Brigada de los Ejércitos de 1-'enezuela y Co­mandante en Jtfe de la P(lnguardia dtl Ejérrito Libertador de la Nuev1t Grauadrs ¡Granadinos! El momento de vuestra libertad ha llegado. La in­trépida vanguardia de un poderoso ejército marcha bajo mis órdenes á despedazar vuestras cadenas y á vengar lo3 ultrajes recibidos del bár­baro español. Alentáos, y reunid y reunid por un instante vuestros es­fuerzos á los nuestros : en un instante de vigor y de actividad vais á recobrar el dón más precioso del cielo, que !>Óio la seducción, ia intriga y la perfidia pudieron arrebataros. Las arma de la independencia triunfan por todas partes. En México, en Chile, en el Perú, en Lima misma acaba de obtener "icto­rias decisivas de la libertad de América; Venezuela, la heroica Vene­zuela va á fijar su de tino, de pués de haher pulveri7.ado el mayor ejér­cito espat1ol que ha salido de la Península. Sólo vosotros, granadinos, aún gcrn1s e11 la servidumbre. Mas no durará muchos días tan triste condición. El ilu tre Bolívar aparecerá triunfante en vuestro territorio seguido de gran número de bravo , que han jurado no envainar su espada mientra existan tiranos. Entre tanto, los tiranCJs de Chile y Bue­nos Aires libertan las Provincias de la desventurada Quito. Compatriotas : Vuestro honor, vuestra felicidad reclaman impe­riosamente vuestra más eficaz cooperación. El ejército que mando se compone de vuestros hermano--, de vuestros parientes y de vuestros amigos. Yo mismo oy uno de vosotros. No tenemos codos otra ambi­ción que re tituiro!> al goce de vuestra libertad. Ausente de vosotros, oyendo siempre el ruido triste de vuestras cadenas, no he tenido otro consuelo que ver cubiertos los campos de Venezuela con los cadáveres de los bárbaros que os subyugaron. ¡ A las arma·, compatriotas ! Venganza contra el fiero espafiol que ha derramado la sangre de nue tros m 8s ilustres ciudadano, y ha asola­do nuestro país. Reuníos á las tropas de m1 mando, contribufd vosotros mismos á libertaros : reuníos pronto, y marchad sobre el miserable resto de bandidos que profanan nuestro territorio. Venid seguros de que el suceso coronara vuestros esfuerzos. C:.~artel general de vanguardia en Manare, á 2+ de Mayo de I 8 19-9'! FRA 'CJ-CO DE PAULA SANTANDER Precediéndonoc: esta proclama, y nuevamente nombrado Coman­dante de la vanguardia del ejército, salió todo él de Pore por el camino de Paya, y habiéndose atrasado la retaguardia, que mandaba el intrépi­do General Anzoátcgui, tocó á la vanguardia forzar este paso ocupado por el enemigo, que fue después denominado Los 'Termópilas de Paya. En la traducción que recientemente se ha publicado en esta ciudad del artículo Colombia de la Enciclopedia britá11ica, se ha hecho ya mención de un hecho importante, que hubo interés de parte de Bolívar en no mencionar y del cual existen todavía testigos oculares. Ocupado Paya Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍK lt.lLfTA k 399 por mi división, la de retaguardia 'vivaqueó en el llano de Miguel con el cuartel general, por no haber podido las tropas venezolanas marchar hasta dicho Paya. Con el Capitán Freytcs, edecán de Bolívar, recibí una carta llamándome al expresado vivac para conferenciar sobre la posibilidad de continuar la campaña haci n contra los enemigos dominadores de la Nuc"a Granada, que retro­ceder á lo Llano , y que la di visión sola debía seguir adelante Y o pasé el día siguiente al llano de Miguel, y allí nos reunimos á conferenciar el General Bolívar, los Generales Soublcrte y Anzoátegui, los Coroneles Lau y Salón y yo. Bolívar nos manifestó la desnudez de las tropas, y el mal estado en que se hallaban con sólo un día de marcha por la cor­dillera ; las penalidades que se les esperaban al pasar lo más elevado de ella, donde una nevaci'l p0día concluír con el ejército, la falta de caba­llos y el disgusto de los llaneros de marchar por un país montañoso; no hizo ver que si en tal conflicto el enemigo se colocaba al pie de la cor­dillera, y retiraba los recur' os que podrían servirnos, nuestra destrucción seda completa, y que en tal situación era mejor retroceder para inten- . tar por GuJ.dualito una incursión por el valle de Cúcuta. Yo me opuse á este plan con cuantas razones me sugirieron el conocimiento del te­rritorio y mis deseos de libertar á mi patria, y por fortuna me apoyó muy bien el CoroPel Lara: al fin propuse que para salvar las tropa venezolanas, que eran las que habían estado haciendo frente á ]as de Morillo en el Apure, yo atravesaría la cordillera con mi división, reco­nocería el terreno, obser..-ada si el país tenía recursos, me informaría de la opinión de los pueblos, y resisriría al enemigo si estaba apoderado de los puntos por donde debíamos entrar en la Provincia de Tunja; que si éramos destruídos, las tropas de Venezuela quedaban intactas para seguir obrando, como antes lo habían hecho, sin contar con las que yo tenía en Casanare; pero si, al contrario, la campaña presentaba una per - pectiva lisonjer.· , todos reunidos la seguiríamos hasta lograr el objeto. El General Anzoátegui, que tenía la creencia de que era capaz de ha­cer lo que cualquier otro hiciera, ofreció también ejecutar lo mismo que yo proponía, y de este modo logramos hacer cambiar de plan á Bolívar. Nuestros primeros encuentros parciales con el ejército enemigo en la Provincia de Tunja, no fueron fdices : una compañía de mi di­visión fue batida en Gámeza, y una partida de caballería de la de An­zoátegui dispersada en Cornles. Pero en el puente de Gámeza comen­zó á sentir Barreiro que estaba lidiando con hombres muy decididos á vencer á todo trance. Mi di visión sufrió mucho en esta jornada ; y() perdí entre otros, los Oficiales Arredondo Lobo Guerrero y Gómez. Por no ser difuso en estos apuntamientos, no inserto el Boletín de Gá­meza y el de Vargas, donde se hizo la justicia debida á la vanguardia y al Jefe que la mandó en estas batallas. Sin embargo, la gloria de Vargas pertenece al Coronel Rendón y al Teniente Coronel Carvajal, ambos de los llanos de Venezuela. A ningún otro se concedió, sino á ellos, en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 400 BULE'l'IN MlLl'l'A.R a-queL glorioso día, el renombre de valientes. De las compañías británicas se hizo honrosa mención en el Boletín del ejército. La batalla de Boyacá nos puso en posesión de la capital del Yi­reinato. Nuestra pérdida ea este día no alcanzó á 20 hombres en todo 1 ejército, y la mayor parte los perdió mi división, porque, como lo expresa el
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 144 y 145

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 147

Por: | Fecha: 14/04/1900

AROlV Bogotá, Abril 14 de 1900 NUM. 147 --~·~-- OllGANO DEL 1\HNJSTERlO DE GUERRA Y DEL EJERCITO UIRECTOR AD-HONOREM, FRANCISCO J. VERGARA y V. Genr:n·al, Miembro del~ Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los J'efes y Oficiales del EJército de la República O 'I ;rAL D:ElO? .. ETO N'O'~!:zl? .. O .. D:sl 1900 (28 DE MARZO) por el cual se fija el per:on·d y asignacione y demá gil tos de la Flotilla Jcl Alto · !\lagd:dena El Presidente de la República DECRETA Art. 1." La Comandantia de la Flotilla del Alto Magdalena tendrá el siguiente personal, con las asignaciones que á continua­ción se expresan: Un (:reneral Jefe, con quinientos pesos mensuales. Un primer Ayudante general, con trescientos pesos men­suales. Un segundo Ayudante general, con doscientos cuarenta peso:. Cuatro Capitanes Ayudantes, con ("ien pesos cada uno. Dos Tenientes adjuntos, con ochenta y siete ptsos cincut!n­ta centavos cada uno. Ocho Sargentos primeros cornetas y tambores y cuatro Sar­gentos primeros ordenanzas, con treinta y siete pesos cincuenta centavos cada uno. Art. 2. 0 El personal de cada uno de los buques de la Flotilla será el siguiente: Un primer Comandante, con trescientos pesos mensuales. Un segundo Comandante, con ciento sesenta peso.;. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 434 BOLETÍN MlLIT A.R Un Capitán náutico, con trescientos pesos. Un Oficial Ejecutivo (Contador), con doscientos cincuenta pesos. Un primer ingeniero, con doscientos cuarenta pesos. Un segundo ingeniero, con ciento veinte pesos. Dos aceitero, con cincuenta peso cada uno. Un primer práctico, con doscientos cincuenta pesos. Un segundo práctico, con ciento ochenta pesos. Un timonel, con noventa pesos. Un primer carpintero, ... ·on noventa pesos. Un segundo carpintero, con cuarenta y cinco pesos. Un celador, con cuarenta pesos. Cuatro candeleros, á treinta y cinco pesos cada uno. Un primer contramaestre, con ochenta pesos. Un segundo contramaestre, con cincuenta peso~. Doce marinero , á treinta pesos cada uno. Un despensero, con e enta pesos. Un panadero, con treinta y cinco pesos. Un primer cocinero, con uarenta y cinco pesos. Un segundo cocinero, con treinta pesos, y Seis sirvientes, á diez pe os cada uno. Art. 3.0 La guarnición de cada buque la compondrán: Un Capitán, dos ·renientes, do ubtenientes, dos Sargentos primeros, dos Sargentos segundo , dos Cabo primero., dos Cabos segundos y veinte oldados con la mi mas asignaciones de que goza la gnarnición de Girardot. Art. 4.° Cada buque podrá di ~ poner mensualmente hasta de mil ochociento pe os para combustible, hasta de do::; mil para ali­mentación del personal permanente, y hasta de ochocientos iesen­ta y ocho pe os para gastos imprevi tos en reposición de materia­les y alimentación de Oficiales de trán ito. Comuníquese y publíquese. Dado en Tena, Cundinamarca, á 28 de Marzo de 1900. MA ·uEL A. SANCLENIENTE El Ministro de Guerra, JOSE SANTOS ORDEN GENERAL DEL EJERCITO PARA HOY MIERCOLES 4 DE ABRIL DE 1900 Servicio: Art. 13 I 4· El Ministerio de Guerra, en oficio número 97 5 de 3 del presente, dice á la Comandancia en Jefe lo siguiente: "Por informes recibidos en este Despacho, sábese que hay ó parece haber una contradicción entre disposiciones de servicio Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 43 prescritas por la Orden general de 19 de Noviembre de 1887, y la doctrina contenida en el Manual Militar, aprobado por decreto efectivo, lo que ha ocasionado algunas dificultades e·n la práctica." Estudiando el asunto, fácilmente se comprende que lo que hay en el Manual Militar es, por una parte, un aditamento á la citada orden, el que no puede cumplirse sino cuando el Estado Ma­yor distribuya "Señal de campo," y por otra, una oscuridad de re­dacción que es la que importa aclarar. Sobre el Manual y la orden citada está la doctrina del Código Militar, por cuanto es la Ley y ésta previene que la Ronda mayor dé al Comandante de guardia ó puesto, por conducto del Sargen­to ó quien haga sus vece , el "Santo y la Contraseña," y como es natural que la verdadera llave de un campamento no llegue á conocimiento de los individuos de tropa, y el Código nada dice de la "Seña," e evidente que é ta puede y debe reservarse, y moral­mentt hablando venir á ser el "Santo" en la verdadera acepción que á esta palabra se da en lo5 ejércitos extranjeros, lo cual justi­fica la doctrina de la citada orden general, la cual fue además aprobada por es t e l\1ini sterio. En tal virtud, en el recibo de la Rondas en las guardias y puestos militares, es entendido que aquellas rinden al Sargento el "Santo" y la" Contraseña," y directa y personalmente al Oficial de guardia la "Seña" del día. No hay inconveniente en que el Comandante de la guardia dé la "Señal de campo" á la Ronda que llegó al pue to, pero debe advertirse que como seguridad esta precaución nada significa, ya que la "SeJízl de campo" es de mu­chos conocida, y la ~uardia ó destacamento no puede ponerse á órdene-. de Jefe alguno que de antemano no tenga á ello derecho, y éste por tanto tiene<) que ser personalmente conocido por el Ofi­cial del puesto, si se repartió parada, ó conocido de nombre á lo meno , toda vez que é. te debe figurar en la re~pcctiva Orden gene­ral sobre servicio. Y como no es prudente confiar al criterio de los individuos de tropa cierta clase de apreciaciones, y no conviene poner sobre aviso á quien intentara con fines indebido~ pasar por Ronda mayor, á lo menos en tiempo de guerra, mientras dure turbado el orden público, dispone este Despacho que el resguardo que recibe á la Ron­da no terciará armas sino hasta tanto que el Oficial, satisfecho con el parte del Sargento, comunique á éste la orden de que la Ronda puede avanzar; conviene tener presente que en horas avanzadas de la noche, cuando la tropa es aquejada por el sueño, hay verda­dero peligro en que el resguardo tercie armas en presencia de un enemigo atrevirlo y audaz. Estas aclaraciones se publicarán en la Orden generalísima para su cumplimiento por parte de los militares que entran de facción. Dios os guarde. JOSE SANTOS Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 436 BOLETlN MILITAR :o:mor>";alrz'O NUMERO 121 D li 1 QOO (10 DE MARZO) por el cual e honra la memoria del Capitán del vapor Guaeral Tobar, Sr. D. Orencio Hcnnes~>y El Jefe Civil y Militar del Tolima CONSIDERANDO: Que el día 14 de Febrero último murió á bordo del vapor Ge11eral Tobar el Capitán Orencio Hennessy como Capitán de dicho vapor, en tl combate que se libró para rescatar el vapor 17e­nez. uela, el cual había caído en poder de los revolucionarios por medio de la traición y el asesinato; Que en el expresado combate el Capitán Orencio Hennessy dio muestra de valor y lealtad que deben cr imitados; Que el Capitán HPnnes y, á pesar de que sus opiniones polí­ticas eran contrarias á las in tituciones que informan el Gobierno, prefirió cumplir el juram~nto prestado ante· que traicionar á costa de su propia honra; Que el hecho de morir á bordo cumpliendo su deber, fue la más elocuente protesta contra la traición y el asesinato cometido por sus copartidarios en los Jefes y Oficiale::; del vapor 17enez.uela, DECRETA Art. 1.0 El Gobierno del Tolima honra la memoria del dis­tinguido Capitán del vapor General Tobar, Sr. D. Orencio Hen­nes y, y deplora su fallecimiento como un acontecimiento funesto para el Tolima. Art. 2. 0 La señora viuda del citado Capitán tendrá derecho á percibir en la Te~orería del Departamento el sueldo que durante el estado de si ti o hubiera correspondido á aquél. Art. 3.o Copia de este Decreto ¡e pa¡ará á la familia del finado. Comuníquese y publíquese. Dado en !bagué, á ro de Marzo de 1900. FEDERICO TOBAR El Secretario de Gobierno, José M Tobar. • • HONO:Ei..ES MILI~AP.ES República de Colombia- Telégrafos Nacionales-Soatá, 30 de Mar­zo de 1900 Sres. Ministro de Gnerra, y Jefe Civil y Militar de Boyacá y Medellín. Tengo el honor de transcribir á continuación, para la censura del Sr. Ministro de Guerr.1, y para que el Sr. Jefe Civil y Militar Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 4.e Ap ioguia se sirva, á mi nombre, transmitirlo á las faroili.as del Cor.onel jesús M. Arango, Sargento Mayor Federico Laverde y Capitán Gregorio Betancur, ·el siguiente Decreto que- dicté ayer: ''DECRETO UMERO 94 por el o 1 ae mandan ejecutar lo honores y medida de ju ticia á que ti6nen dere­cho loa miembros del BalaU6n Salami1uJ, individu 1 y colectivamente, por su con­ducta en el combate de Oapitaujo " ·El General, Comandante tn Jefe del Ejército de Antio­quia, haciendo uso de las facJJltades que le ha conferiao el Supre­mo Gobierno, y CO SIDBR.ANDO "I.oQue en la acción de armas que tuvo Jugar en Capitaneja, el día 17. de los corrientes, rindieron la vida luchando con valor heroico, digno de la cau que defendemo y del bierno 41ue la repres nta, lo res. enient Coronel le ú M. Arar go, 2.• J fe; Capitá Federico Laverde, yudante Mayor, y el Teniente Gre­gario Betancur, todo del Bata/Ión Salamina; "2.. 0 Que e deber de ju ticia honrar la memoria de los ab­negad que así sellan con u sangr on jda y aun con el infortu io que legan á sus hogares, ante felice , la urna de sus convicciones políticas, DBCR..ITA " rt. 1.0 Hónrase la memoria de los Sres. Teniente Coro­nel J ús M. Aran o, Capitán Federico Laverde y Teniente Gregorio Betancur, y se la recomienda á la gratitud del jér­cito, como ejemplares digno de ser imitados; y dedárase acción distinguida de valor la ejecutada por el Batallón Sa/amin11, que, . compuesto de 140 plaza , y habiendo mJJerto su Jefe á la primera hora de combate, resistió por cuatro horas más á un enemigo en ndmero casi diez veces uperior, hasta retirarse á mejores posicio­nes, mientras IJegaban pertrechos, puesto que habían quemado el último cartucho. " rt. 2.° Conftérese á Jos Sres. Teniente Coronel Aran~o, Capitán Laverde y 1 eniente Betancur, héroes de Capiunejo, los ascensos de Coronel al primero, Sargento Mayor al segundo y Capitán al tercero. " rt. 3 ° Confiérese asimismo ascenso al empleo inmediata­mente uperior al que hoy desempeñan, á todos y á cada uno de lo Oficiale Jel mi mo Batallón que asistieron al combate de Ca pi t· nejo. " rt. ·4. 0 Declarase que la familias de los Sres. Teniente Coronel rango, Capitán Laverde y eniente Betancur tienen derecho al sueldo de que é tos debí n gozar, de acuerdo con lo decretado aquí y a puesto en práctica por el upremo Gobierno. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 438 BOLETÍN MILIT .A.R '' Art. 5.° Concédese á los Oficiales é individuos de tropa del Batallón Salamina, y que toma(on parte en el combate de Ca­pi tanejo, ci('n pesos á cada uno de los primeros, y diez sos á cada uno de los segundo ~ , como ob · eq uio que con grande sa-i fac­ción les haré, en nombre del Supremo Gobierno, para que puedan reponer los avío> y enseres de uso personal perdido en el combate. "Art. 6.o El Ejército de Antioquia llevará luto p r tres días, y por nueve el Batallón Salamina. "Sendas copias de este Decreto serán enviadas á los Sr · .M t­nistro de Guerra y Jefe Civil y Militar de Antioquia para la cen­sura de;] primero y conocimiento del segundo, y á las familias de los militares cuyas memorias h nra. "Dado en Soatá, á 29 de Mar z.o de I 900. "El General, R. LE MES "El Coronel, Ayudante general, cESAR CAMPO" De S. S. respetuoso servidor, . LE" MES ."\?wOHIVO N.A.OION-"\ L .DOOUMEN'l'OS lNÉDl'l'OS Campaña de 1819-1820 en el Cauca (Continuación) En el tercero acompaña el oficio que con fecha 17 de A ril del corriente remite el Sr. Leandro Salas al Comandante de la fragata LoJ AnJn y de la costa, ciudadano Juan Illingrot, y la proclama d! éste 6 manifiesto, á consecuencia de los sucesos que han ocurrido en Is:uandé, y decreto inserto en ella que comprende tres artículos sobre que las provincias de Iscuandé y Micav, con la jurisdicción de Tumac y Pro­vincia de Esmeraldas, quedan bJjo la protección del Gobierno d_ Chile, por cuyas armas se hallan libres . Que todas las autoridades civiles y militar~s recibirán sus nstruc­ciones de ]a Comandancia. Que estos dos artículos tengan fuerza hasta tanto se restab'ezca el Gobierno patriótico en Popay~in, ó vaya la fuerza suficiente para la de­fensa de dic..has provincias ó que determine el a unto el Superior Go­bierno de ]a República de Colombia, con ac uerJo del de hile Que se 1~ presten todos lo au;ilios por las autoridades d ambas 6rdenes al Sr. Coronel José 1\tlaría Cancino, Gobernador Jcl Chocó, que pasa tr0pas al cuartel de instrucción. Que siendo aquellos puebl0s parte integrante de la prov ncia cie mi mando, y él como Comandante de artillería del Dcpartaocnto, y ambo. por las ventaja que resultan á la causa de la libertad. Por haberse entablado ya por aquella vía la comunicac ón con Chile y Buenos Aires, demanda todo allí ]a permanencia de .. n hom- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN .MILITAR 439 bre capaz de gobernar esos pueblos, y que me digne nombrar uno que aea de toda mi confianza, que ocupe tan importante destino: En el cuarto dice que á mas de los inf0rmes que tendré de la con­ducta de Ledesma, que ha sido prisionero y de cuyos hechos se <.¡ueja este pueblo y el valle entero, los cuales lo han hecho digno de obtener entre loa traidores el empleo de Alférez, hace presente: que en la Re­pública pasada, al ocupar Sámano esta provincia, se vio en la precisa necesidad le enterrar unos cañone · de artillería de gruv:;o calibre á presencia de e te mi mo Lede ma (alias Pr1tibrr1J), que era entonce ~argento primero de artillería de la Re¡.níbltca, y que cuando Sámano llegaba á Quilichao, estt: criminal le había dado el denuncio, y este fue el motivo para que se perdie en; que por <.: tos y los demás crímenes se empeña en favor de la justicia para que no se use de benignidad con él. En el quinto dice: que teniendo 1a brig01da de artillería suma es­casez de oficiales, y que los pocos que hay están destinado á la campa­fia de Barbacoas, y no teniendo uno que se encargue del puc to de la Buenaventura, puesto que el Tenien.e Gobernador de Raposo que ha cuidado de él todo este tiempo, tiene otras arendencias en su destino y las constante:. rec1amacion~.:s de sn relevo, se ve en 1::~. preci­sión de hacerlo pre::.entc, para pinosa, d~ Cartago, fecha r6 del corriente, en que comunica haber entregado la Visita de Rentas al Comisionado propicta- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~40 BOLE1.'ÍN MILITAR rio Manuel José Castrillón, con todos los conocimientos que ha adq I­rido en virtud de mi orden, y papeles cr~ados en la materia; y que ha comenzado á obrar en la Comisión, y que le avise si sigue en la Secre­taría. Se recibió oficio del Comisionado José Castrillón: en que comu­nica haber llegado á Cartago á consecuencia de mi orden comunicada por la Secretaría, y que ha comenzado á obrar, segtín el mérito que prestan los dccumentos entregados por el Comisionado interino, y que necesita le libre yo el título correspondiente. Que me digne corrobo­rar el título hecho por mi antecesor en el ciudad ano Cayetano Espino­sa. Con fecha 19 del presente remite el Juez mayor de Buga, Agustín Bernardo Santocoloma, en una carga de costales, 32 varas jerga abrigo y una pieza que dice contiene, según su ancaje, 45 varas, y 500 pesos de Ramírez, que todo conduce el ciudadano Joaquín Pei1a y Plaza; que ha­biéndolo verificado se le entregó al Proveedor Pedro Ospina, que hace de Comisario de guerra, interinamente, y se le mandó dar recibo. A las cua­tro de la tarde de este día llegó á ésta el Ten icnte Coronel M urguei­tio á convalecer u salud, quedando en su lugar ocupando el puesto el Capitán Custodio Gutiérrez. Día 21-Se recibió, con oficio de 20 del corriente, el expediente original sobre la averiguaci6n de los deudores á la renta de diezm0s, con la razón certificada del N otario de ella, dirigido por el Juez mayor de Cali, en virtud de mi orden de 1 5 del presente. Con fecha 19 del presente me comunica el Comandante del campo de El Palo, Capitán Custodio GutJérrez, por conducto del Jefe de Estado Mayor, haber llegado el día antes allí, y héchose cargo de él y su fuerza, quedando impuesto de todo; remi e un estado de fu~rza, arma~, mnn1ciones, ca­ballería y monturas que ha recibido del Comanclante Murgueitio; que no ha ocurrido novedad y que piensa seguir al día siguiente á Matarre­donda á traer un ganado que hay y que se dice pertenece al español enemigo Perdereles, con 6o hombres. Que le diga de d6nde echa mano para las carnes, por no haberlas en aquel campo, en caso de haber el dicho ganado. Pide le r~mita cuatro ó cinco cuadernillos de papel. Que á más de las dos compañías de caballería se han agregado 1 5 hom­bres más, sin armas y á pie, y que le avise lo que deba hacer con éstos y los má~ que se le presenten. Que siguieron á las doce del día los dos pliegos que le remitieron para La Plata, y que le mande sal por no ha­berla por allí. En este día ha eguido el Capitán Martínez á hacerse cargo del cuarto Escuadrón de caballería que está destacado en El Palo y bajo las órdenes del Comandante Gutiérrez. Día 22-Se contestó al Visitador general de Rentas, Manuel José Castrillón, el oficio de 16 del corriente, en que se le dice queda impuesto el Gobierno de su llegada á Cartago á consecuencia de la orden que se le comunicó, y de haber recibido del ciudadano Cayetano Espinosa, Comisionado interino, todos los documentos y demás perte­neciente á la Visita; en cuyo concepto está y debe seguir obrando, sir­viéndole de título dicho oficio, ínterin las circunstancias permiten ha­cerlo en forma. Se le encarga la más pronta ejecución de los asuntos de rentas en Cartago, y se venga cuanto antes á Cali, de donde podrá dar impulso á las de lo · demft s 1 ugarcs, que están en el rnayor trast r­no. Que por no estar impuesto de si la Visita general debe tener un Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍN MILITAR 441 Secretario para actuar, ó lo deba hacer con los Escribanos públicos de cada lugar, como cosas de oficio, no ratifica el nombramiento que hizo el Sr. Gobernador Obando en el ciudadano Cayetano Espinosa, pero que, sin embargo, puede seguir éste en clase de primer Oficial de la Tesorería general de esa Provincia. Que, considerando colectado el re­partimiento que se hizo á los vecinos de Cartago, remita ese dipero y el demás que haya en la Tesorería, pidiendo á ese Juez mayor el auxi­lio que necesite para la custodia de esa remisión. Se contestó al ciuda­dano Cayetano Rspinosa su oficio de I 6 del corriente, aprobando la entrega de documentos y órdenes concernientes á la Comisión ó Visita general de Rentas, que obtuvo interinamente, al Comisionado propie­tario Manuel José Castrillón, quien se impondrá del destino á que se ocupa. Se ofició al ciudadano Luis Espinosa que supuesto haberse res­catado la imprenta y ser él el impresor que la m:.~ncja, se ponga en este lugar, en el más breve término, a hacerse cargo de ella, y que para su transporte lo auxiliará aquel Juez mayor, á quien se le oficia en la mis­ma fecha. Se le ofició en este día al Juez mayor de Cartago que fran­quee todos los auxilios que necesite el ciudadano Luis .Espinosa para su transporte á ésta. Se le ofició al J ucz mayor de Cal i, previniéndole haga que en el término de la di tancia se.; presente en este Cuartel el Presbítero Juan José García, á quien se le ha nombrado Capellán del tercer Escuadrón de caballería de línea .. Se le acusó recibo al Juez mayor de Buga, del oficio de 20 del corriente con que remite al mu­lato Leandro y condujo Fernando Cárdenas, diciéndole haberlo des­tinado al servicio de la armas; y que representando otro Leandro y ha­biéndose presentado otros esclavos á tomar el mismo servicio n virtud de los bandos publicados, han sido devueltos á sus amo~; que no se cree, pero que en caso de ejecutarse, sería este procedimiento del todo criminal, así por la desorganización de las órdenes superiores, como por privar á la República de esos brazos en el tiempo que más los necesita, y por el perjuicio que á ellos se les sigue en la manumisión que les está declarada y consiguen por ese medio, y sobre el particular se to­marán las medidas que dicte la prudencia. (Continúa) JOsÉ CONCHA 1 •••• ~. SECCION DOCTBIN AL NOJ?.MA Y :CIREOOION DEL TIRO DE LA ARTILLERIA EN CAMPA A según las Le~ons d'a,·tillerie de E. Girardin. (Continuación) Tiro [usan te normal sobre blanco fijo Sábese que en el tiro fusante la trayectoria media que procu­r.:~. el máximum efecto es la que pasa por el blanco, y que el punto medio de explosi<ín debe quedar á la altura tipo que convenga al proyectil y al género de tiro de que se trate. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 442 DOLE1.'ÍN MILITAR i) Tiro en fortificaciones-En ~ te caso la trayectoria me ia que pasa por el blanco se obtiene tr,ls un reglaje previo y comple­to, realizado por medio del tiro percutante. Despué de hallar la tenaza estrec:ha (4 desvíos probable ), se coloca el tiro en el cen­tro y se modifica el alz1 conforme á los resultados del tiro de con­junto, de suerte que se obteno-an tanto disparos cortos como lar­gos; así encontrada la alza del blanco, se monta el cohete de suerte que corresponda con la di tancia y se procede á reglar la altura de la explosión del proyectil. Si el blanco está al descubierto se hace pasar la trayectoria media por el pie de aquél; si se muestra abrigado se la hace pasar por la cresta de la masa protectora; des pué , en ciertos caso , se aumenta el ángulo de tiro, de 5 hasta ro minutos, antes de mon­tar el cohete. Este realzamiento de la trayectoria es necesario sobre todo en el tiro p1rabólico con ángulos inferiores á 20° y con shrapnrles de haz ligeramente hueca, para. evitar que la masa protectora detenga los proyectiles de la nda inferior. j) Tiro de camprdía- En el tiro de campaña con shrapnel no pue~e buscarse el alza del blanco ante de montar el cohete, porque es esenci~l obtener en el menor término posible la mayor eficacia del fuego. Por tal razón hay que limitar e á buscar apri a una te­naza amplia, siempre la de 100 metro , salvo á las distancias me­dianas y pequeñas, cuando es fácil la observación, pues entonce!' la tenaza se pone de 200. Como alza de ensayo se toma la del medio de dicha tenaza, que corresponde á 8 desvíos probables prácticos en las distancias ordinarias de combate, y se divide la hatería, es decir, dos secciones (centro y una ala) montan el cohete y reglan sin demora la altura de la explosión. Entre tanto el capitán, con la sección del ala que continúa disparando con espoleta percutante (sección !(UÍa), verifica el alza de ensayo, adopta en seguida la alza probable del blanco (como en el percutante sobre blanco fijo), es decir, la de la tenaza mínima (so metros), y aun la mejora mediante un tiro de conjunto si lo cree conveniente, como cuando se dispara contra artillería enemiga. Así que se encuentre el alza probable del blanco, las seccio­ne fusantes, que in cesar se reglan sobre la percutante, es decir, á cada disparo emplean el alza del momento que da aquella sección, la utilizan sin demora y en concordancia con ella gradúan el cohete para aprovechar el beneficio del reglaje. A su turno la sec­ción ercutante pa ·a á er fusante cuando lo cree oportuno el ca­pitán. Entonces este último manda repartir el juego, fija el alza y envía una ráfaga de proyectiles en fuego rápido (tantos tiros por pieza). En el caso en que la maniobra y la observación dt:! los di p~1- ros ean fáciles, puede suceder que convenga dividir la batería de de el principio del tiro; al contrari , en e pecial cuando la ob­servación es difícil, puede el capitán no practicar tal separacíón y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 443 encargarse él mismo de la graduación del cohet'!. Con frecuencia importa, antes d e ejecutar el fue o-o rápido enviar al enemigo una l d . . b ' sa va e repartiCIÓn, que p e rmite ver i el cohete está bien regla-do y si el fu ego está bien repartido sobre el objetivo. Sábese que á las distancias medias de combate una gra- AB=trayectoria media nada de metralla aislada (de 9omm), bate eficazmente una profundidad de 200 metros por unos 30 de anchura (hg. adjunta), en tanto que en una serie de disparos esa pro­fundidad u be a 300 metros. En consecuencia la tenaza de roo metros (y aun la de 300 metros *), en medio de la cual se establece el blanco para principiar el tiro fu . an- -~ te, ya produce efecto ensible, bien que el máximum de éste corresponda al caso en que la ---- trayectoria media pase por el ----- blanco, lo que ju tifica la pos- xoo -¡oo-terior busca del alza probable d el blanco y, eventualmente, su me­jora empl("ando tiros de conjunto á fin de obtener la alza real del blanco. límite ]argo B' o M límite corto B 1 1 ¡ tenaza de 100 l metros ¡ 4mm dcalza 1 : Es fácil darse cuenta de las variaciones de la eficacia del tiro según la posición del blanco en la tenaza amplia de roo me­tros ó en la menor de 50 metros entre By B'. Sábese que 100 metros corresponden á uno; 4mm de alza, 50 metros á 2, y 25 á I; por consiguiente el alza de ensayo (centro de la tenaza de I oo metros), expresada en función del alza real del blanco h, varía de h+2mm á h-2mm p ,t · ando por h: conforme á lo resultado de los experimento la eficacia corre pondiente va­ría de 28 á 36 filas atravesadas pa ando por el máximum que e 46. Igualm'!nte el alza probable del blanco (centro de la tenaza de 50 metros), varÍa de lz + Im m á lz - l mm pasando por lz, según }a posición del blanco entre By B', y la eficacia cambia de 42 á 43 • En el hrapnel de mont nñ ~ b cifra es menor. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 444 BOLETIN MILITAR pasando por el mismo max1mum de 46 filas atravesadas á 2,200 metros (22 á 4-,ooo). tenaza de 50 metros B' límite largo 1 1 1 1 1 1 ! 1 ;o M 1 1 1 1 1 1 1 B límite corto zii'Dm de alza l) Reglaje del cohete. Para reglar el cohete ó mecha de la es­poleta de tiempo, es preciso atender á la altura y al intervalo de la explosión, y á los medios para levantar ó bajar el punto medio de la explosión, ó sea para colocar ésta á la altura tipo del proyectil •. Los puntos de expl sión de los proyectile en el aire están sometido á las misma leyes de dispersión que sus puntos de caída en el suelo. La di per ión proviene de los desvíos accidentales que pueden producirse en la inflamación y combustic>n del cohete, y en segundo lugar de los que resultan de la divergencia misma de las trayt.ctoria ; en Ja práctica esta ultima causa es nula compara­da con la otra. El cohete, variable en su acción con el alcance, figura en las tablas de tiro y en las alzas de los cañones, pero su regulación en cada sesión de fuego se itupone por las razones siguientes: 1.\ las condiciones de combustión Je los cohetes, en un día dado, no son identicas á la condiciones medias de 1 s experimentos en vir­tud de lo cuales se construyeron las tablas de tiro; 2.8 , la veloci­dad de e mbustión del cohete puede variar por culpa de la fabri­cación; 3:, una gran densidad del aire, la sequedad de éste, el viento soplando de frente pueden activar la ignición del cohete. En el reglaje del cohete es ventajoso, si no indispensable, em­plear cohetes de la misma duración en tiempo. Toca ahora indicar los principios conforme á los cuales se ve­rifica el reglaje del cohete. La experiencia enseña que en la granada francesa fusante la diíerencia probable en tiempo (duración de la ignición) es de~~ de segundo. Sea E el punto medio de explosión ó la altura tipo de 1 0 4 ,, n' sobre la trayectoria media _ll,f EC; sabido es que en el tiro directo el trayecto Ec corre ponde á cosa de -/'0 de segundo. To­mando el ~~ de dicha longitud y llevándola cuatro veces sobre y cuatro debajo del punto E, obre la trayectoria, se obtienen aproxi- • Lám•\se altur~ lipo 1111 valor a ugula1· que con e~; po ude á una altnra ('. presada e~ 1~1etro y varfa eun la distan c i il. Bl asunto scr · d e los prnp tt ilc ·-( L. D. ) . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 445 madamente las ocho zonas de dispersión de los golpes fusantes, cada una de las cuales equivale á /o de segundo. Zona de tiros muy altos • . • . . • • • . . • • • . • . . . . . .••... 1. 5 • • . • . • . . . • . . • . . . • . • • • . • • . . • • . . . 7 Zona de tiros alto···· · ··16 • • • • • • • • • • . . • • • • • . • • • • • . . • • • • • . • • • • . 2 5 •••.• . •••..••• 2 5 Zona ele tiros bajos········ 16 b ..• .•• . . . . ........... 7 Llámanse bajos los proyectiles que estallan á menor altura que el punto E en la zona Ec y tienen por lo mismo :J.ltura menor que la tipo. Percutantes , los que lo hacen en la zona cd suroniendo pro­longada la trayectoria bajo el suelo. Altos, los que lo hacen sobre el punto E, en la zona Ep, me­nor que el valor de do3 alturas tipo. En fin, muy altos son los que estallan á más de dos alturas tipo, ó sea sobre p. Esto sentado, si los dos primeros disparos tirados con cohete reglado resultan percutantes, hay motivo para creer que el punto medio de explosión, en un tiro prolongado, quedaría bajo Ja super­ficie del suelo, en la zona e d y aun más bajo, lo que justifica la re­gla de "disminuír la duración del cohete en 1' 0 '' para remontar la explosión y acercarla al punto E. La inversa se impone si los dos primeros disparos resultaron muy altos. En tesis general, "una variación de r'o de segundo corres­ponde, término medio, en 4 disparos al cambio de sentido en el desvío del tiro por relación á la altura tipo," y "cuando una serie de +disparos da tantas explosiones altas como bajas, puede mirarse el cohete como reglado." La justificación de estas sencillas reglas resulta del examen de la escala de dispersión de los tiros fusantes. Según el Manual de tiro de campaña, de acuerdo con los ex­\> erimentos de polígono, el reglaje del cohete puede lograrse tan solo con dos series de dos disparos. En seguida la duración se au­menta (ó disminuye): / o tras 2 tiros altos (ó percutantes); lo des­pués de uno muy altor uno alto (ó uno percutante y uno bajo); 1 2 0 - tras dos altos (ó bajos); lo al estallar uno alto (bajo) y otro á la altura deseada. Después de modificar así la duración del cohete si la serie disparada en seguida provoca una nueva c0rrección en sentido contrario, igual ó superior á su valor absoluto, se adopta definitivamente un valor intermedio entre las dos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 446 BOLETÍN MILIT A.R . Con la altura ~ipo ( 1 , / 0- 0 ) adoptada para el shrapnel en el tiro dtrecto, un ... fuego bten grad~d~ no debe dar sino disparos fu­san~ es, y estos cortos por anadtdura, porque si la explosión se venfica s0bre el bla~co no pr~duciría resultado alguno . .En efecto, entonces el proyecttl marchana sobre una trayectoria media pero larg~ de ~ás en ~o á roo metros (4mm de alza ó 15' de ángulo), á las dtstanctas medtas de combate, y se sabe que siendo h el alza del b.lanc?, la alza ~ +.4 mm n? cor~esponde en un fuego prolongado s1no a una eficacta tgual a 4, s1endo 46 la del máximo. Si no pro­duce efecto la granada de balas en el caso anterior mucho menos lo producirá un disparo fusante largo. , -- i5 minuto · (nreo) + 100 ms. Si el blanco se pre enta al descubierto, la altura de la explo­sión se cuenta á partir de su pie; si e ~ tá abrigado por una trin­chera, á partir de la cresta de esta última. OBRE EL EJÉRCITO ALE IÁN (Continuación) El tiro Vamos ahora á pa ar á uno de lo puntos más importantes de la instrucción del soldado de infante ría: el tiro al blanco. En reíilidad, los ejercicios de tiro duran todo el año en el ejército alemán. No obstante, como durante el verano es, sobre todo, cuando reciben su impul o más activo, parece que su estudio corresponde más naturalmente al período mencionado. Estos ejer­cicios son objeto de la más constante atención y se conducen en todas partes con una actividad y metodo extraordinarios. De nin­gún modo exagero al decir que en realidad preceden á todos los demás y que éstos se arreglan según aquéllos para no entorpecer nunca su marcha regular. También se procura no interrumpirlos jamás durante mucho tiempo, para evitar que el soldado no olvide de una á otra lección la instrucción que ha recibido y las obser­vaciones que se le han hecho, hasta el punto de que aun en pleno invierno con-10° de frío, las tropas van al t:iro al blanco. Como la enseñanza del tiro está dirigida en todo el Ejército de una manera perfectamente uniforme, nos bastará examinar el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 447 modo como las cosas pasan en un cuerpo de la Guardia, con h observación, sin embargo, de que éste, como en general todas }a¡ tropas estacionadas en las grandes ciudades, se encuentra desde este punto de vista en las peores condiciones. Porque sin hablar de los inconvenientes que impone un servicio de guarnición más recar­gado, ca~i siempre el campo de tiro e. tá situado en tal caso muy lejos del cuartel, de donde resultan pérdidas de tiempo y una gran fatiga para los hombres, circunstancias desfavorables para la eje­cución del ti ro. A pesar de esto, los regimientos de Berlín están de tal ma­nera acostumbrados á e tas largas marchas, que la obligación de andar cada día cuatro y aun siete verstas * para ir al tiro al blanco, parece una pura bagatela. Hay además muchos coroneles y capitanes que consideran este alejamiento del campo de tiro como una cosa muy conve­niente. Prett-nden que el tiro se efectúa así en las condiciones más próximas á la realidad del tiempo de guerra, puesto que el soldado no empieza á tirar, sino despues de h':iber llevado la mochila du­rante una hora ú hora y media, y añaden que este paseo mili­tar cuotidiano de dos ó tres horas constituye un excelente ejerci­cio de marcha. En general, respecto á este punto, como en todos los demás, aparece en el ejército alemán ese e fuerzo constante de no hacer ni enseñar nada que no pueda ser de una utilidad directa en la guerra. Todos los oficiales no piensan más que en preparar sus hom­bres para desempeñar el papel que pueda incumbirles en el cam­po de batalla, y despliegan, p:tra alcanzar este fin, todas sus fuer-zas é inteligencia. · Nada lo prueba mejor que el cuidado que se pone en la ins­trucción del tiro, y los mismos procedimientos á que se recurre para darla á la tropa. Alguna vez he tenido ocasión de visitar los campos de tiro durante el ejercicio, y siempre me ha impresionado vivamente el celo y la atención extremos de que eran objeto cada tirador y cada disparo. Nunca tira más que uno cada vez, y el capitán en persona está siempre allí para guiarles y darles sus consejo~, tratando, por todos los medios posible.s, de desarrollar entre sus subordinados no sólo la ciencia, sino también el gusto del tiro. En caso de ausencia otro oficial de la compañía ocupa su puesto. 'Todos los campos de tiro de la guarnición de Berlín están muy lejos de la ciudad, salvo el del 2. 0 regimiento de granaderos de la guardia, Emperador Francisco, que se encuentra en la barria­da inmediata al .cuartel. Los demás regimientos no tienen menos de una hora ú h0ra y media de marcha que hacer para encontrar- • La ver ta e igual á 1,067 metros, 6 sea poco más de un kilómetro. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 448 BOLETÍN i\IILITAR se en el terreno, particularmente el regimiento de fusileros de la guardia, el peor dotado á este re pecto, pues u campo de tiro, situado cerca de la Tegel, está lo menos á una milla alemana (7,500 metro ) de su cuartel. Estos campos de tiro presentan todos la misma disposición general. Se;;ún los reglamentos, un regimiento de tre5 batallones debe disponer de nueve líneas de tiro, de las cuales dos son de 6oo me­tros, tres de 400 y cuatro de 300. Se comprende que las circuns­tancias locales no permiten siempre la realiz<3ción de este deside­ratum, y que bajo este concepto Jos campo de tiro difieren poco u no· ~e otro . En todas las partes donde es posible darles mayor longitud, se hace desde luego; pero no se admite tengan menos de 6oo metros. Como consecuencia del desarrollo de la agricultura en Ale­mania, con frecuencia e muy dif1cil encontrar terreno convenien­te , sobre todo en la cerctalles de ejecución de los div, en el poseedor del arma y entre todos los asistentes al acto. Si un fu il parece realmente malo, se recurre al caballete. El oficial hace algunos disparos, y después de haber determinado la naturaleza de lo~ defectos, indica al soldado sobre qué detalle debe ante todo poner su atención cuando se sirva de esta arma, ó bien, si es necesario, le da orden de en viaria al armero. De cual­quier modo que sea, no p9r eso deja el oficial de resolver definitiva­mente la cuestión, y los soldados ven en él siempre y en todos los casos una autoridad ante la cual les es preciso inclinarse. Lo que contribuye ad~más al mismo resultado es el celo ex­tremo con el que los oficiales se ocupan en la instrucción del tiro. Los hombres se di ponen por grupos de á cinco y se colocan en hilera uno detrás del ~Jtro; el primero carga, apunta y tira. Du­rante este tiempo el oficial se mantiene cerca de él, siguiendo todos sus movimientos, rectificando su posición y dándole con­sejos apropiados á su carácter particular, que siempre conoce perfectamente. Hecho el disparo, el tirador permanece en su pues­to hasta yue el marcador le haya indicado el punto herido por su bala. Dando entonces un paso al costad da cuenta en alta voz al instructor: "El soldado N. ha tirado á tal punto y ha dado en tal otro." Después aquél se dirige á su pu esto á la cola del grupo, y así sucesivamente hasta que cada uno haya tirado el número de balas fijado para aquel . día. No lejos de allí un sargento, sentado cer­ca de una mesilla, guarecido, si se nece~ ita, bajo un inmenso para- · guas de tela, inscribe cada bala tirada en el libro de tiro de la compañía. Además, la misma anotación se hace en la libreta de tiro que tiene en su poder cada soldado, con cuya inspección puede éste saber en todo instante cómo tira, sobre qué punto le es preciso particularmente poner su atención y qué condiciones le quedan aún por atisfacer para pasar á la clase superior ó para terminar lo ejercicios de la que forma parte. Se exige que todo soldado conozca siempre perlcctamente en qué situación se en­cuentra respecto al tiro, y ocurre con frecuencia que un superior, al encontrar un soldado en la calle, le dirige de pronto una pre­gunta sobre este asunto. Entonce. está obligado á dar las indica­ciones más detalladas sobre todo l que heme dicho anteriormente. Se concede gran i11"portancia á que el tirador sepa perfecta­mente reconocer sobre qué punto del blanco estaba dirigida su arma en el momento mismo de efectuar el disparo. Y preciso es confesar que nada es más propio para apreciar y comprobar el tiro, tanto para el mi m o tirador como para el instructor-( Continúa) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETÍN MILI1.'AR 453 SOBRE EL UNIFORME MILITAR l Continuación) Cuarta cualidad-Preservar de los agentes morbosos externos. f?¿uinta cualidad-No entorpecer las funciones fisiológicas. Para cumplir con las condiciones impuestas por estas cuali­dades, es necesario examinar, siguiera sea sucintamente, cuáles son las causas de enfermedades que la higiene puede combatir por me­dio del vestido, y cuáles son los órganos más expuestos á ellas. La temperatura, la luz y la humedad influyen poderosamente sobre la superficie del cuerpo humano, y sobre los órganos en ella colocados. La temperatura influye por su elevación ó por su depresión, siendo tan pernicioso al cuerpo humano el excesivo frío, y mucho más i por transición repentina se pasa de una alta temperatura á una baja, pudiendo llegar no ólo á alterar la econom1a de los teji­dos externo·, in o á dPsorganizarlos totalmente y á causar lesiones graves en órgano internos importantísimos. A precaver el efecto de los cambios repentinos de temperatu­ra, ó á contrarrestar el que pudiera producir la influencia constan­te de temperatura anormal, se dirige la higiene al dictar las leyes á que e 1 vestido debe someter·e. El cuerpo del hombre, cuya temperatura de unos 3í0 es casi uniforme en todos los puntos del globo, tiende á equilibrar su ca­lórico, producido en su mayor parte por las reaccione químicas á que dan lugar las funciones respiratorias con el del medio en que se le coloque, por radia ·ión dd calor propio si la temperatura e& más baja, ó por ab orción del extraño, si es más alta; para evitar ambo extremo irve d ve tido, y erá mejor cuanto mayor su eficacia para conseguirlo. Pero es necesario tener en cuenta que la piel que cu hrc la periferia del cuerpo hu mano tiene eiialadas en la ~conomía funciones depuratoria g u e no Jeben ser contrariadas. E 1 vestido debe con ti tuír, por tanto, una e pecie de pantalla que conserve Jentro de límites conveniente la temperatura de la capa atmosférica inmediata al cuerpo y en circunstancias higro­métricas favorable., facilitando la normal exhalación y absorción que al travé Jel dcrmi y la epidermis se efectúan. Para Í11ve. tigar cuáles de las materia tl'xtiles que se ~uelen emplear en el traje d~ 1 horn br~, son las más provechosas, se han hecho diversos experimentos, partiendo siempre de que las más fa­vorables serían d~.:sJc el punto de vista calordico la meno con­ductoras, y desJe el higromc..trico las que mejor abs rban la hume­dad del ambiente. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 454 BOLETÍN MILIT.At.R De las del doctor Coulier (médico militar francés) resulta que por su poder radiante las t~las siguientes están colocadas de más á menos en el orden en que se citan: 1. a Tela de algodón para forros. 2.a Tela de cáñamo para forros. 3·" Tela de algodón para camisas. 4.• Paño azul oscuro. 5· • Paño encarnado para pantalón. 6.a Paño azul claro para capote. El poder absorbente con relación á los rayos del sol, da el que á continuación se expresa, también de más á menos. 1. a Paño azul claro para capote. 2. a Paño encarnado para pantalón. 3·a Paño azul oscuro. 4·a Tela de cáñamo ':rudo. 5· a 're la de algodón para forros. 6. a Tela de algodón para camisas. Hammond en 1863, en Filadelfia, obtuvo respecto al poder radiante la colocación siguiente: 1 .• Algodón para camisas. 2.a Tela de cáñamo. 3.• Franela blanca. 4.• Paño azul oscuro. 5.• Paño azul claro. El c.:>lor influye también en el poder absorbente, como lo de­muestran los experimentos de Franklin, Davy, y más reciente­mente los de Stark en Edimburgo, condensados en el cuadro que sigue: Poder absorbente de los color es con relación á los rayos del sol I.0 Negro; 2. 0 Azul oscuro; 3.0 Azul claro pardo; 4. 0 Ver­de; 5. 0 Púrpura; 6~ Encarnado grana; ¡.0 Amarillo; 8. 0 Blanco El médico militar Hermant dice que para hacer subir un termómetro envuelto en telas de lana de 10° á 70° han sido nece­sarios, cuando estaban teñidas de negro, 4'; grana, 5'30; verde, 5'; blanco, 8' Sobreponiendo unas telas á otras, se ha visto que es mayor el poder absorbente de lana sobre algodón, que el de algodón sobre lana. De e;;tos datos se deduce la consecuencia de que los tejidos de lana son muy buenos para proteger el frío, porque impide que se pierda en la atm ós fera el calor del cu erpo, favoreciendo la absorción del solar, y qu e, por el contrario, los tejidos de al~odón son eficaces contra el calor, pues permiten más radiación á la par Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍN MILITAR 455 que moderan la infl u encía de los rayos del sol, y en cuanto á los colores, que los oscuros son ventajosos en las lanas y los claros en el algodón. Patente se n uestra aquí la conveniencia de dos trajes para el soldado, uno para tierra cálida y otro para clima frío. En un país, en que la temperatura varíe desde + 1 o 0 hasta 35° no e-. razona­ble exigir de un traje que proteja con igual fortuna contra las dos. La razón económica, que á primera vista parece oponerse á que se haga un vestido de lana para el frío, y uno de algodón para el calor, no lo es en realidad; pues siendo mucho más barato el se­gundo que el primero se ganaría la diferencia de precio entre uno y otro, por el mayor tiempo que durarían; y si hoy, por ejemplo, en cuatro años se consumen dos capotes de paño, enronces se gas­tarían, en el mismo plazo, un capote y la prenda de algodón con que se le su tituya en verano ó tierra cálida. Pero si esto no puede hacerse, no cabe duda en la elección, y es preferible adoptar, para tod tiempo, el traje de lana. Los efectos del frío son mucho más perjudiciales que los del calor para la economía, en cuanto á la defensa que el tr .. tje pueda proporcio­nar. El frío mata directamente sólo por ser frío, y el calor, si bien s cierto que tam hién mata, no produce e te efecto, aun cuando indefen a y sin cubierta alguna s11fra la piel los ardores del sol; el calor produce la rarefacción del aire y la muerte, ó por asfixia por falta de oxígeno para el desempeño d~ la fun ione. re piratorias, ó por congestión cerebral i la cabeza sufre sus rayos, ó por viciar la atmósfera, ó por otras causas en que el vestido es de ninguna importancia, si se exceptúa lo que á la cabeza se refiere, en que vuelve á recobrarla, porque tratándose de esta parte del hombre, puede y debe prestar efica7. ayuda á su reparo. De las condiciones higrométricas resta tratar, y en este pun­to, como se ve en el adjunto cuadro, también está la ventaja de parte de los tejidos de lana: CANTIDADES DE AGUA QUE ABSORBEN DIFERENTES CLASES DE TELAS Dt•signación de las telas Jlumed~td Hum4'
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 147

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 161

Por: | Fecha: 21/07/1900

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 66 Intendente general del Ejército de la República, con las atribu­ciones y deberes que detalla el mismo Decreto. Art. 2. 0 ómbra e Intendente leneral del Ejército de ]a Re­pública al Sr. General Rufino GutJé~rez, quien disfrutar á de la asignación mensual de quinientos peso , abonables por la Habili­tación del Cuartel gen~ral del Ejército ac~ntonado en esta ciudad. Comuníquese. \ Dado en Bogotá, á 1.1 de Julio de 1900. Por dele gación el Excmo. Sr. residente, El Ministro de Guerr MA UEL CASABIANCA - - LIDlliJ ll®®® (12 DE JULIO) ' . por el cual se confiere un ascenso El Presidente de la República CO SIDERANDO -Que el Genera l graduado Sr. Juan Aguilar ha prestado en todo ti e n po inte res ado y valiosos servicios á la República, ya exponiendo su vida en los campos de bata11a, ya-sacrificando sus intereses para o tener la buena causa; Que el General AguiJar, durante la actual revuelta, ha luchado con valor y den e o ejemplares en la penosa campaña del Tolima, DECRETA Artículo único. Asciéndese á General efectivo de Brigada al General gradu o Juan AguiJar. §. Dése cuenta al honorable Senado en su reunión venidera {;omuníques.e y publique e. Dado en Bogotá, á 12 de Julio de 1900. Por dele ación del Excmo. Sr. Presidente, El Mini tro de Guerra, MANUEL CASA BlANCA. -- ·~·-- @ a o •• liD~ JI.~®@ (1 3 DE JULIO) por el cual se honra la memoria de un valeroso Jefe del Ejlírcito El Presidente de la Repúhlica CONSIDERANDO Que el día 5 de los corrientes falleció en Bucaramanga eD General Víctor Alvarez, constante y heroico defensor de la buena causa; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 80LETIN MILITA~ '-y--' 67 Que en todo tiempo, sin omtttr sacrificios ni esfuerzos, 1el General Alvarez estuvo listo para ofrendar su vida en los campos de batalla, en defensa de sus convicciones, y el valer con que sabía luchar era proverbial entre !'Ll compañeros de armas; Que en la actual rebelió,J peleó como bravo en Bucaraman­ga y Palonegro, distinguiéndose e ambas acciones por su ejemplar valor y disciplina, DECRETA Artículo único. El Gobierno lamenta profundamente el fa­Ilecimieuto del General Víctor Alvarez, deja constancia de que la bandera de la legitimidad p·erde un irreemplazable servidor, y re­( C mienda al Ejército su patriotismo y denuedo, como dignos de imit· ción. §. Sendas copias del presente Decreto, con notas de ate•1 ión, ~se án. en viadas á la vi u da del finado, y al General,' Jefe Civil y .lMilitar de Santander. Comuníquese y publíqucse. Dado en Bogotá, á I 3 de Julio de I 900. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, El Ministro de Guerra, M. t'\UEL CASABIANCA ------ I!D~~~W]~:Q) JThiu 0 - - m> m 1l!ID®® (1 3 DE JULIO) por el cuar·a el rancho; y el excusador, Fray Juan Antonio Buenaventura, OJbs.eq uió mucho al Sr. GcnC'ral, Cuartel Maestre y sus Ayudantes. Yiemes 27 de Noviembre Salió la tropa de Cajicá á las nueve y veintitrés minutos de lm r.nanana, y llegó á las doce y cincuenta minutos del día á c:;sta v ' ill·a de Zipaquirá, sin novedad: no ha habido detención en el ca­mlirno. Día claro y sol muy fuerte. A las dos y media de la tarde h ttró una caja de guerra, una e pa( a, quince fusiles con bayo­ne .., y 'icdra , dos bJyo1 etas má , d s a '1etes, portabayonetas y e rtucheras con cartuchos, algllna con veinte, y una dos lan­za . S hi ier n diez prisioncr s, e1 tre t:l os uno que volunt ría­mente se ha presentado con su fu il l n n.itura . or nuc ua parte no ha habid > rná novedad que un anc r herido mort lt ente en en la cara, y otro de Chocontá en una ingle. Por extraordinario que acabé! dl! llegar de Chiquinquirá se sabe que las tropas armadas de ~!'unja han >cupado el puente e la Balsa, me.dia h::gua de aquella villa. Volemos á e carmentar á nuestros enemigoc;; llené monos de valor y de en tu ia m o para \ ol­ver á nuestros hogares llenos de honor y gloria militar; el campo se no presenta para volvernos h éroes. * * Boletín d11 noticias del día-Número •.1-3- 1111laj.:, ü de Dici•mbre de 1812 Felizmente ha salido falsa la noticia de haberse hecho pri)io­nero el Sr. General D. Jo é de Leyva. Ayer se ha recibido un oficio en que ~omunica ¡u llegada á Enemocón, el que entre otras co a-; dice lo siguiente: "Oficio del General Leiva, :~.1 Excmo. Sr. Pr e~idcnte Excmo. Señor: Anoche á las 9 llegué á e-;te pueblo de Enemocón, sin que antes pudiese lograr un momento ni proporción para participar á V. E. lo ocurrido desde el 2 en la noche. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 72 lETI ILI con nue~ ro que no e p c1 pense V. E. 1 'n4m ero 2 1•- Sa tajé, Diciemb 23 de 1812 e ad~ J 1 la l arg a enterm n o e t o 1 erft" w te · · 1• ciclo, han podido en- _ntimicntos de mi honor, y de mi amor á la patria. a punto de ser invadida y asaltada, me determiné á salir á c. nsa, . acri ftcanlívar): combate feliz de l\I. Cortés Campomanes con A. H.chu-tillo. 1812-0l•cja.~ (Bolívar): comb,ttc feliz de .M. Cortés C!i.mpomaucs con A. Re-bustillo. 1812-Guáimaro (Magdalen.:t): combntc feliz de P. Labatncl con P. Domínguez. 1812-Cispaltí (l3olfvar): combate feliz de ~ligue] ~arahaiío con T. Pa<"heco. 1812-Cerru de Scm Antonio (.fagdalena): comh,1te feliz de P. I..abatud con P. Do-mínguez. 1812-La Cié1wga (M gdalctl:t): com~ate feliz de P. L. batud con V. T.lleclo. 181 '2-Stm Jurzu ( ~hg (Cauca): combate feliz de G. Vir 'o con tropa ele )!. AymcnclL 181 ·~-Ctbollas (Cauca}: coll!b;,te feliz de G. \'ng-o uon ttop.t. \•e . l. . yn erich. 1814-T,\CJ. J::S (Cauca): b, tdla g,n:Jtla por A . .~...-aniiu á :\1. .\y .. crich p,.l-00 contra 2,000) ]<)14-Pilsto (<·j:clo) (Cnucn): Con!bate feliz de A. Nuiiio ·on P. Noriega. 1~1!-Cebul/as Cauc.tl: combate infeliz (tn.icióll le D. n.o db'' z) co 1 P. No1iega. 181/)-Barrrmquilla (l3olÍ\'nr) : combate infeliz de P. Rihón con V. ,C 1pm.¡ni. 1815-Mompós (ll >IÍ\'11): comb •• te infeliz de F. e ll'aU'Ill 1 COil l. L dl'll~ 181.3-0v~jas !1 'Jlowl omo (Cnuca): combate infeliz de P .. Ion·ah·c con A. Vitlan-rrázaga. 1815-EL P .\.LO (C,lllca): batall'l g.mada por J. M. Cau,tl á '1 lUI'lát.tbJ. (¡,300 > contta 1,~00). 1815 -Chimcí (Bolí\•ar : comb1te de•.gr, cio~do ele P. Rihón c•on .T lbv(1r. 1815-Santa Ana de Barú (Bolívar): combate de graciado de L. At~ry con .T. Ca-macho. 1815-Nechi ( \ntioqui tl: cot~bate cles;;raciaclo de P. Yillüpol t n V. S'inc1 ~ Lim:t. 1816-CIIIIH:: B yt<'): batalla ganada por J. Ricaurte; ·.e 7. d (J,L.JOcon-tra 2,300). • 1815-Balágula (S wt wal..tcio, con S. e 117., da. 1815-PUE::'oiTE DE CnJT\G,\ (Santancl·•·): b,tall,L >..:tdid ,o It. U! ¡,c;t, cc..~tra S. Calzada (1 ,000 contra 2,000). 1815-Boquilla (Bolívar): combate cle:grachclo de R. Ton, <'On F .. f. \lora es. 1815-La Popa (Bolíval'): combate feliz de~. Soublctte c•on J .. l. Viilavicencio. 1815-Tierm!Jomúa (U >:Í\':u): combatc llesgr.t<.; ,d., de lt. Toro e Hl F. J .• I H·,Jes. 1815-Ca.stillo det /lngc-l (BoÍ\' r): comh:1te feliz ele J. Zota con F. J .•• Jo ra les. 18t5-TO\I \ DE CART\GEN'\. (Bo11var): batall L po;!rdid.L por López y Palacios contra :\forillo (2.000 contra 5,000). 1816-.Alto de Cw:hirí (Santander): combate fdiz de C. G. Rorira e;ou S. Calz.~da. 1816-C.\CIIIRÍ (S:u:t ·nd~r): batalla perdida por C. G. Itovira contra S. Calzada (1,000 contra 2.100), 1816-C,ícuta (SantC~nde:): conbate deligraciatlo tlc J.,;\[. ~fontilh con F. J)¡,Jwtdo; 18lü-Ceja .4lta (A:1 tioquia): combate de graciado de M .. \. Lin res cou lt'. War­h! ta. 1816-Angostraa de Cm·are (Antioquia); combate Jesgr.tciado eJe l". Aguilar con D. Santacruz. 1816-Puso de Rionegro (Quetame, CnndinnmHca): comhate de!'graci:Hlo de:\!. R. Serviez con A. Gómez. 1816-Upía (Cundinl~t·utrca): combate desgraciado de~\[. R. Serviez con M. Lalc.rrc. 1816-San. Pablo (Cauc:a-Choc6): combate desgraciado de :\1. Buch con J. Bayer. J8W-Guacltiría (Boyacá): combate desgraciado de J. N. Moreno con ~I. Villavi-cencio. 1816-Retnyes (Boyacá): combate desgraciado ele .l. T. Pércz con N. mpueda. l!H6-CucHILt. l>F:r. 'l'A tno (Cauca): batalln. perdid:t por L. Mejía contra J. á-mano (800 contra 2,000). 1816 -La Plata ( Tolima): combate pertlido por L. l\fejfa contra C. Tolrá. 1817-Citire y Pore (Boyacá): combate feliz de J. Galea con .\1. Jim6nez. 1817-Ciwcoutú (Cunclinarn,\rca): combate desgraciado de Los Almeidas con C. Tollá. SEGUI'\DA FARTE-REACCIÓN Y VICTORIA 1819-Paya ( Boyacá): combate feliz entre F. de P. Santander y J. Tolri. 1819-Corralcs (Boyacá): combate desgraci':ldo entre J. Driceño y J. M. Darreiro. 1819-Puente de Gámeza (Boyacá): combate indeciso entre F. de P. Santander y J. M. Barreiro. 1819-PANT.\. o DE VARGAS (Boyacá): batalla indecisa entre Bolívar (2,200) y J. M. Barreiro (2,400). 1819-Molinos de Bow~a (Boyacá): comblte feliz entre Bolívar y J. M. Barreiro. 1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y--" 75 1819-Toma de Tunja (Boyacá): combate fet:z en r Bolívar y N., fontañés. 1819-Boyacá (Boyacá): batalla gan:ala por Bt:lí\'t•l' (2,800) á J. l\L lLneiro (2 ,600) . 1819-Guasca (C tndinamarca): combate feliz ent1e N. O.:pina y A. Pla. 1819-Gurmábano ( Canpa); combate f·liz P.ntrc .J. l\I. A!Yatf.'Z y P Domíngnez. 1819-Sall Jucmito (C.tUca): combate feliz entre ,T. Riconrte (2,000) y l\I. Hodrí-guez (35o). 181 9-R!ohac/w ( ~! · g elitr~ J. ?\I. Gómez y F. \-~ar1cta. 1820-C/wrroshlancos (Antioqnia): combatefeli:;o: c1 t1 .T •• 1. Córtl ha y F. \Var!eta. 1820-0cr¡ña (Santander): combate feliz entre F. C rmona y 1 " . .Táeome. 1820-Riohacha (:\Iagclalena): combate feliz ent1e f. ~·Iontitla y J. Solís. 18~0-Lu Pl·tla (Cauca); combatl' f~.;liz entre Jo t: .1: [ r¡ ·y .J. Domfuguc;r,. 1820-Laguna Salada (Magdalena): comb te ft.:IÍZ t.l tre ¿ I. fontill.1, y J. ~;ánchez Litm (·WO contra 2,000). 1820-Pn'\YÓ (Cauca): batalla g. nada por :.\J. V. l·lés (2,100) á ...... López (1,500). 1820-.Uajagual (Bolívar): combate feliz entre . Curl~.;l 1 y e. G Lll·rrero. 18~0-El Banco (~1agtlalena): combate de; p · p' r 1 (llt e• 1 . ~Iondozn y V. Villa. 1820-CIIIRJGU \ ·Á (\f:Jg Ntw•o (-:\Iagdalcrw): comhate f li:-: c.nt1't:. :JL l\lollti:ln y E. Dí•1z. 1820-1'urbaco (Bolívar): comhr.te de gr. ciado entre l . Aynla t1,000) y :\f. Val-buena (150). 1820-Río de la Fundación ( l\lc~gtlalcn. J: combate feliz entre J. .1. f. Carreíío y V. Sánchez L. 1 820-Riofrío ("l\[~¡oy (Cnuca): batalla perdida por M. ·v. ldés ( 1 ,000) contra B. Gar-cía (1,000). 1821-Boca riel Si111í (Bolí,rar): comhatc ti·l iz de ,T. L.1ra contra .T. Cándamo. 1S21-Popayrín (Canea): combate feliz de P. L. 'l'orn .. cuntr:l B. García. 1821-Cartagcua (Bolívar}: combate fcli:;o: de .T. p,Hiilla contra ntonio Quintana. 1821-/Jocacltica (Bolfv¡¡r): capitula con .M .• lontilla J. M. del Olmo. 1821 Quilcaré (Cauca): combate desgraciado de L. Infante con J. M:. Obando. 1821-PopayrÍl¿ (Cauca): combate feliz de P • . Murgueitio con ~1. M. C6rdoba. 182l-Jluleuci6n (Bolívar): comlH1tc inclec:i. o rle M. Montilla con G. Torres. 1821- S'rw Jurm ( Cauca): combate feliz de .T. Sardá con ~1. Caiialete. 1822-Bo:-.woNÁ (Cauca): batalla indecisa libmda por Bolívar ( 2 ,700) á D. Gar-cía (2,300). 1822-Pasto (Canea): ocnpaci6n de ln. ciudad por Bolívar (2,300 contra 1 ,300). ] !:i22-Pa. o del Uuáilara (Cauc·t): combate desgraciatlo de A. Obando contra J. B. Dove~. 1822-Taindala (Canea): batalla indeci.a eut re A. J. de Sucre (1,200) y J. B. l3oves (2,000). 1822-TAI..:DA LA (Canea): batalla itHlccisa entre A. J. de Sucre {2,000) y J. B. Bove (2,500). 1822-YACUA. QUER (Cauca): béltalla ganada por A. J. de Sucre (2,000) á J. B. Boves (2,500). 1822-PAsTo (Cauca): batalla ganada por A. J. de Sucre (2,000) á J. B. Bo~ ves (2,100). 1823-Santa Marta (Magdalena): combate desgraciado de Riux y Carmona contra F. Labarcés. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 76 BOLETIN MILITAR ~ 1823-La Ciénaga (Magd11lena): combate feliz de J. A. Reimbolt contra J. Busta-mante. 1823-Santa 11-farta (Ma~dalena): combate feliz de M. Montilla contra F. Labarc~s. 1823-La Cienaga C:.\.lagdalen ét): combate feliz de Carrnona (•ontra J. Bu,tamante. 18:¿;) Valled11par (:Magdalena): combate fdiz de C. 1.\.fend<~za contra P. F1, llo. 1823-V./adorcito (Magdalena) _: con1bate feliz de .M. Montilla contra N. I,ópez. 1823-Catambuco (Cauca): combg,te de graciado de J. J, Fl6rez contra A. Agua-longo. · 1823-PASTO (C<•lll'a) :, bata la indecisa d.e n. S '\lom contra A. Agualongo (1,000 contra 1,500). 1823-CATAMBUCO (Cauca): batalla indecisa de B. Salom cvntra A. Agualongo ( 1,000 coutra 1500). 1823-Berruecos (Cauca): combate desgraciado de J. M. Córdoba contra A. Agua-longo. 1823-TAUSAYA (Cauca): batnlla indecisa de J. Mire. contra A. Agualongo. 1823-Aranda (Cauca): coml.JiitE: feliz de Arévalo contra A Agualougo. 1824-Tambo pintado ( Cauca): combate feliz de C:tlcletón contra A. Agualongo. 1821.·-Bm·úacoas (Cauca): ('Omhate feliz de T. C. ~Iost¡uera contra A. Agualongo. 1824--N~c!tao (Cauc.a): comb nte feliz de J . M. Ub:mclo contra A. Agualongo el 24 de JnniL, y que pnede decir..:e fue el últitJIO de b. guerra de Pasto y la final derrota de la can3a reali-t.l en Colombia. III t•RESITPUES'.I'O GENERAL DJ! LOS GASTOS DEL DEPARTAMENTO DE LA GUERRA Suddos de lo empleados de la Secretaría y ga, to de oficina •.............. Sueldos de lo entplendos de los Estados Mayores de los Depaltamentos y gasto3 de oficina ...••........................... •. Sueldos de los <'mpleaclos de lo~ E. tados Mayores de artillería y gal'tos de l'>ficina Sueldos de los Generales, Jefes y Oficiales sin s:olo('aci6n... .... . ................•... Paga, Mayorín y \'e:tu. rio de las Cornpa­iiías de artillería .• _ . _ .•.•.......•..... ra·an ................. . 11,066 13,380 151,240 183,092 16,320 22,272 24-1-,000 210,8 ·10 290,240 327,188 712,866 :i37,372 13,380 ~51,760 22,272 178,680 327,936 7!H,028 • !'ara la mejor inteligencia de este cuadro debemos anotar: Los Estados Ma­yores departamentales numcntaron en el trienio de 10 que eran á u.; lo~ Estados Mayo­res ele artillería, de 4 á 8; las compañías sueltas ele esta arma, de zo á 26; los batallonea de infantería veterana, de 30 á 35; los de milicias (cuadros), ele IJ á 97; los escuadrone• (veteranos), de 24 á 2¡; los cuadros de caballería de milicias, de 20 á 82; los hospitale,, de 20 (calcul:ldos para s,ooo cnfamos) á 24j los caballos comprado~;, de s,6oo á 8,ooo; y la pólvora consumida representaba 3!- millones de cartuchos El ejército ele línea no fue menor de zs,ooo, y las milicias pasaban de to,ooo. Es decir, para sostenimiento del ejército patriota se gastaron no menos de $ 1 zo.ooo,ooo durante la magna guerra, y como el realista no debió costnr mucho menos, tendremoe una suma de 200 millones, ó lo que es lo mismo, cosa de 120 millones al año, término medio, computarla enlamo­neda actual. Y como al terminar la guerra la deuda pública ascendía á 103 millones, xesulta, agregando rentas, bienes expropiados, etc., que la Independencia noa costó Aobre 305 millones, que representa un desen•bolso de S 3o,ooo }>lata Cliarios, que por cierto nada tiene de excesivo. Poco más ó menos cantidad igual cuesta la presente guerra civil.. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR '-"y--" Vienen ................. . P. ga, M·tyoría y vestuario dP lo hatalloncs de iufantería de línea .............. . ......... . p, . .,.,., .r.yoría y ve:-;tnario de lo· escn;.dro­ncs de c:tb~lletía ...••.•. . .••..•...•.. St el dos y g11sto · de las oficinas de adminis­tr, tcÍÓI• militar. . • • .. • .. .... . .. .. .. ........ Sueldo., , g tstos de las oficin·t: ue Cnent.t y r. zón de artill erí· ....................... .. Paga erttc ·ho,, equipo y mmamcuto ........... . Suh;i:;tcnci lS (r.710 49,8H l3!J,.JS' 17,024 200,000 183,156 1 '1·SS,l S7 2J,Oul 3'7 1:,000 .39,030 5:1 48! !) 1.500,000 878,112 10,080 18 720 38::>,296 1J3.972 73,171 52,1.53 19,824 13!) 5 '8 17,021! 195,5·W 1·8'' .187 2;5,060 100,000 79, ~.)0 'i-U>82 1.900,000 9.ooo,a3 1 10.33!1,786 Tot:tl del tricr io en· ~3.879.·HO (Continuación) Recordará el lector que al definir la ofensiva y la defen­s iva, se proenra establecer alguna (listinción entre las los vvoce defensiva y deferu.;a. Jomini en este último párrafo la pone de relieve. La defensiva en graude, en conjunto, 6 lo qque e lo 1nismo, la defensa est,raté[Jica, no es tan favorable en hlas montañas como la defensa, tcktica, es decir, local, parcia l, s uce iva, de las fuertes por;iciones qun en ellas abundan. Un general, muy conocido por lo profundo y sentencioso dde s lenguaje, dijo, no hace muchos ailos, que se podía per­dder una campaña ganando todas las acciones. Continua y t triste aplicación suele tener este dicho á la guerra de 'montaña, t:tant p or parte del defensor como del a-gresor. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 78 80LETIN MILITAR "--y---" Cerraremos estas largas tn n cripciones, que ou e\yiden· temente uece:saria~ p .. ua imprimir autoridad. en materia tan ardua y .complt•ja, co11 los ,' iguieutes púrn fos eu qtw elun:smo J01uiui resnme hh' pri c1~.mles coudiciones y embarazos de la guerra de moutafi< : "Podría, d ~cir también qne en esta guerra, m~'i~ qn en cualquiera otra, se deh' tratar de hacerla. á la comu li~aciones del enemigo; en fin, que en e:to~ paises escabl'o ·o:-., bueuas ba~t'.' t mporah.·s, ó li11(~, s tle n:a, establN·Hla ,' ('Jl el m•n­tro ele las gTl pafs." '' .J.::rO t:•' posible, ._·iu emlmrgo, terminar este artícnlo sin hacer obser -~n que los pt.lí.·es rle montafias on p~rtieulanlH'll· te fa.Yorab s {t la laciorw suble\'ada. dPfit>JHl~ll tcuaz­mentc sns hobares con el eutnsia.·mo qne prPsta 111a causa justa: entonc~es cada. pa.'o que da <'l invasor 1<~ etw:-.ta los ma­yorl'S sacrifkios. :Mas para CJne el triunfo coroHe l3. Y efectivamente, bien podemos los españoles, sin s·:llir de casa, estudiar y aprender la guerra de montañas. Descendiendo por nuestros anales desde Cova- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y---" 79 doncrn, en toda~ épocas f.;OlHnn ensc~fianzas y s 11to y bie 1 pre~·<·ntada," eou o Jomiui la qniere. El lector comprende· rá le solna las IHZOileS que en c~tas lÍI e~~-· Ycdnn ha t<.~ ht me wr a~nsió!t. Todo lo e~·pnesto eoncurre á demost.r nr que la ear:ln ~ia, qua nl principio C'ida, d{ ra~gos y n ·ci<.kllt<' ·, uo itl illliem;;, sino se m ·j< ntc~. El dt.,~ <.'O (le e:elar ·Ct'l y eo 1fil'mar e:ta. i(le< , mneYe hoy ú inclun· algaliaS eonsideraciolll'H ger.IÓ[Jic;as Cll el estudio de los Bceonocimifmtos, qne po:idn parecer t'.·tt·~ fia~, qne :on imludablt>meute li~Pras; p •ro (e uiugú11 m >do iuopor­tuna. ·, dada la íll~a La he· cho fuerte! Y siu embarg-o, por ntHL de p:: s ap< rentl•s eon­tradiecioues que cl'Íz!ln y dificultan <.•l e~tnIJden <.·1 u.<., de ella eo11tinno, iudispc11sahle cu la uucrrct do 1/lOillaiia. E11 llaHm·a::-;, ·i.·iul<'mt•ntc, no es tan fúci1 cortar y er vol­ver á u11 t>j(!rcito d(3 100,000 homl>r<·H, que 110 lo qniera permi· tir. Todo se reduce {t cambim· de frente. Pero en rnontnfias, estos cambios on por todo extremo difíciles y ocasiouainaeiones de ]a guena un país de nwntaiía puede prcseutar.·e h, jo aspPctos mny di t•r ·os: r·,ou~ t1tnj't ndo el teatro completo te e:ta. g-n ·rra, 6 fonnaudo una zonn ó parte de él;:, en ambos e: .. ·os toda la snperticie pu•n qt e perjui<:io a.l Pjéreito que hn. logrado ;-·nperarlo. En <'fc>eto, llenldc- la guel'ra á la ll; nnra, puede con:iderm:.;e la e:tn•clla cvrdillera que SH acaba de pa. er lo que pasa al otro l:.ulo; la: cal.wzas de columna, le par<•c ·rán ejéicito.·; .. ·e verá ohliganc1le eucontrar la defensa es la limitación d la· COIIIUilicaeion s tlel vencellor á HU espal­da. Si la cordill rae· mny estrecha, lo mejor eu muehos easos será no dejar en las cnru bres más que dest~ camentos ó )HH~._·tos avnnzado:o;, y reunir las .fuerzas principales en algún punto ventajoso, para caer sobre el flanco del euenugo que sale de las montañas; y si se logra batirlo, puede llacér"·ele desa ·trosa la retirada por un solo camino, uaturalmento obstruído con parques é impedimenta. sen·ar desde las cumbres, proteger un flan­co propio 6 amenaz"ar el del enemigo, la c~mpaüa naturalmente desarrollará su priucipal ac0ión en terrenos adecuados para grandes masas. I~ste caso no puede considerarse incluído en la guerra de montafic(, propiamente dicha .. Fuera de aquellas en que, por servir de líneas . estratégicas de defensa, sea necesario Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MIL TAR ~ l atacar y forzar las zonas montano~ns pnr t•l Pjército entero clo op<'raeiones, rar·o e~ qne lo~ país..-s eh~ m••lltañ .t se tomen cmno ttatro de uua. gnetTa. cu gT;wclt-; ~· anu así, lu~ combate~ cleci­SÍ\' os sit-mpre tienen lll:!;il' en lo~ \';!Jllc.s lmjos, t;ttltiva; soln·e todo, st f,u·,¡w sal Ít'J•te~ á lila twt·a dt~ h. tina l'tc ó fttj· cl.Ja, .sol> re et frente c·:-;tra tég-ic~o ele 1111 ftmfro de openwion11s, tli \'Í· dit·udo e~teúltilllo eu dos pHtte .-.t.)s•·<~lot·••:o~tlistiutu~, ya. la cosa crece en importanc:ia: .Y ps c·\·ici•·Jtt\• C}tW la adquit-n· total, cuan­do ya 110 se trata d~ :-;i111pl•·=-- zontt.~ :-;t·t~nudarias ó ac·t·esorial'l, sinn que < .. 1 teaf)'O PlltPro dt~ la g-u.-n':L Hl'" n•rdadt·ro t)((Í.~ dt: montwfia, ea cuyo caso tud J ;ulcJIIÍcrc lllttj'ul' gnt\'Cd la." c·itas arftc•riorc>!':, cpt~ !':P ]liW­de asegurHI' (}lte Hila ntluurad linllt' .r lt• .. •·ott·a pnt•d•· tu:',s t·~pe­cialnH'IItt> t-'11 la g'llet ra tle llllllltafia C]llt' todos los fll'l'l~t·ptos tft•( lllllltdo. luduclahlt•lltPIIfl' t'll c·sta gllt·tT.I c·l j •··~u clt~ la oj~IUiit'l' y de 1:-t rtrj't:,wortt adqnic•l't• ft•11si•u• tal, rg-Í.t t·Xe•·lwiollal; y :-;ns trop. ts tamhtén verse\'t.'l'c.lllcia .V tt~ nac~id a•l. a•lq lltrr•las put· :t•lc•mta•los t~jt•n·tdo~. Tudo comand;tlltt-> tlt-> c:nllltlltta ú ~~~~··rpo •JIH' upt·re 1'11 111o11tafia, d~->he nhl'al' por :-.11 t~llt->llta IIIIH~It:ts \'c~w·:-:, pnrqnt• c•l j t> t't• su¡wriot• del ...jérdto 110 poclra iudtt'allt· ~~ ... la 1a1111 tlt• los Jlln\' ÍIIIit•lltos qnu dcha t•jeciltat•: ha~ta tptt• St~ lt• uuttc:h.~ opnrttlltafiH•Jitt• la~ o¡w­racioue~ pro.n·t~htdas por dJt·ho t~Ül'cito, cl··j;'tllclole ec-t:-;i :-;iempre Cll ('Oillplt->tH lih~t·tad ele~ ;u:t•Ítllt. Es por·),, t.aut", ;lltttl)llt .. no :-;t•a 11111.\' alta. stt <~atc-.o~oda. nn pl'qut'fit' O~•wral tn ,Jd·~·, y clt•ht .. renuit·, t•u clt·h1d•• pt·opon~inu, totltt~ las eomlieiout•s que •·xig-t• 1111 IIHtllclo iudt•¡u~lldic•llft•. D••ht.1 ser poi' tempenlllteuto PIIIJH:t•ud,•dor. \'t>rdadt.•ro lwmhre tle ac­ción, cun ' t'='IHHtt(tuea. iu,~limwióu it. la of··n:-.Í\'H, ,\· s1 hieu tt.>tléiZ y ~uér~deo paa·a da1· dma. il sus plaut·~. juutar a la \'CZ t>lastici­dat l ,\· e ltsert-ein 11 para \'aria rlus a 111etl J(la ti•: 1 as ci J'<:llllStaucias. No 1~ ba:-;ta. 't•l' c .. XIH'I tu «'11 los Ht't'Ídt•fltt•s qne canw~eri~an la gnerr.t dt• motataita; dt·lu· eoiiiJII't~. lld .,. ta111hién lo:-~ pn~ cepto:-. ge­lJ .. ralt's ele la :.!U•·tT.t c•u ~'J'rtutl, • , p.tr.a. Ht'tttulli.r.at· ,\' t•uc~uaclntr sn~ JH'qnt•iias opt->t·adnllt~:-o <~"" t•l t'oll.inuto, .\' apn·,~ iar la oportuui­datl de) JllOIIWIIfO Pll IJIW :o-ll llltt't' \'t'llt:IOil St•a JU:'ts t-'fie , t~. };a exet~:-.i nt J•l'lldt·llt:ta q "' ~ ray . ~ t'll t.i uatdt·~. o d fHH:o tt~són al JlOIIt-'11' por ohra los pro_Yt .. ,·.los, t"illl'lt•ll ('IJt'l'\"tLI' .V t'tll hotar las JUÚ:-4 perspÍt~I\;\S f,¡cJllt; dl'S: 1'11 la~ lltolltaii IS ~~.LhaiJIIHIItt~, lllU· viuaitmtn:-. Cjlll~ t->11 h!ol'Ía parPt!t'll iiiiJII';wttamlllt·s, Noll lm; qn~ •·l éxito Cl•l'olta pot· lv .sol'prewhHJte 1h1 lo.::~ rc.sutt.L.los. La. iudcci- YUI~i ' Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIII MILITAR ~ sión, la tardanza en adoptar cambios que Jas circnn8tancias impouen, haee muchas \'eces peruer tanto tiempo, (]11,~ ~~~·~le acabarse la luz del día ant •s de tertlliuar uua <.>Jwraeióu que hubiera debido durar pocll s horas. Por Jo iclo t•s que la iufautt>rí 1, ~n mon­tafía. t•omo eu todas partes, conRtitu~· e t>l arma pdn,·ip.tl, y 111 •­jol' aú 11 si es tú co:llJHWst a de mon t<~ü..-~ws t•jt•rei tadus; pPro e ." ah. nrdo. eomo atrás qtH .. d:.t. tlicbo, s11pri 11 tit· uua opot t1111a tlot:t· cióu de cahalleda.. Desde luego el st·a·, ·icio a\· auzado, esto t.•s, la e.x:plm·lwión, el rccouocinlit~ nto, hts noticias, sólo t lla Jo put .. d o­lleuar; y tendrá ntilitlatl iudiscntible pat'a lo~ combates f'll nt- 11<.·~ t-tnchos ó cuatHlo con \'t.•uga. tulo al suelo pt•dr{·g-o~<> y ú. la ll•.uti tutl i utli~}H'IIS<:tble p•-trnt·i;t. t>ll t'l llano, se sicuten ~uturp •eidoR y ~u las pl'Ílltl'l' mHrdtns sin sns autig·na.s fuerzas. A e . ..,to~ t>jereieios dP. p.tz de.ln~ tbh. elt•R <~Oill· pleto dt>RaiTollo bajo el a~pecto int<.·l •ctual, tanto para que los jefe8 se hahiTÍl~'ll al lll:lll clo ,Y direct:i ·)11, como fHtra qttt> lus su­balternos adqnil'r:tn la práctica rH•et>saria en t.•:ta da .· ~_ .. dt> gu •­rra, ahuud:tnrP, tut'ts qut~ niug-uua. otra, .. 11 O(~asiolle .... y lcliH~·s )lara ol11·ar t:•H• indt·pl•ndeueia. U11os y otros adqnirit·:'tu la fUea­da. rúpida, la eotTeda.~ ; cualidad importa11tí~ima, ¡,orque IH:i columnas 110 lleg·arán eu el lltollH'Ilto oportuno :'L Jos puntos de­sigundos de 1't>IIIIÍÓu 6 eonct'llttación, :-;t 110 pt· t•t!eth~ 1111 eúlculo exacti~.iull.l. rro lta,r qne liarse re ello~ ~~..~ pm•dt· hasat· plan ~'<'g'IIIO. lJct. Yista engalla; pan·ce que ·u ajar á un vallt·, y Juégo se tardan dos y tres lwras. Poeos st•r·,·icws se pu •1len t•sperar jt->rcitacipitar­Be en la llanura, como fnt·ios•, ton·l'tJtt·, ,\' t~ll t~l munwnto oportu­no retirarse con prn1lencia y h:t hi l itl~tl ti a hrigo eientemente Italia, ath•IJJÚ)oo, tl• l'lls antiguos bersnglio·i, ha crea slweialt•s con l'l uont Ul'e l ¡weho, ~ÍIIO ~nhn~ los Jwlllht'OS y t'Rpalcla J~(} ntPjor es afloptar el traje de <~.ul · p:tÍ~. gu totluetr ettanto ~e pueda lamo­chila: ha~ta c¡ue <'ll <·!la qut>pa una 1111Hla de n•put-1-\to y la ra­ción. Como :l lo~ otieiales 110 ,'l' ha tledarcano JHtnt t·l eqnip:tjf .. , lo (}tH' uo .~f' JHH•da llt~ntr ú lonw lo lh·,·adtn los asisteute8. EH calzado (':S lo pl'iuci pa 1: se tu•et>sitan flo." p;ll'l'S l SPrvi<:io c.lt~ infonwu·innvs .Y uutit~J<~s, lo quo (.•xig-e atleran1~ del onliult>et•rá. st•g·(lll los pl'iueiplth •·· · gi :•Jlll'tJtario:s .Y N:ttwiolltwn t•l itwoJI\' ·nie11te (•MÍ\•a ·. J~OS cafiottHzos ~· pl't,trdos dt-h(;m prefl•I'Ít'Sl..,, !l;wÍl'lldo u¡.¡o, t'll los JHHito:s {t, que el eaiión no te(Jg-a, ae•:t•:..;o, de harn•uo.· ahit·tt•>s c~11 las ¡·oca~. E~ta8 ~t·i'lales 110 JliWdPII :st-rvir Hillo pma. tlat· t~l alar11m para ad n•r·tit· u un, uo,·c•L• ti, t>l a \'11sahlH el tt~légTaf,). I~as red(.!S tt•lt·grúfit~H~ dt>ht'n t-.·tahlt·cer.·e de lllO(lo qnH n~ mallHK eouqn·eutlau r·a IIHIIZl\S lllUiltaclos, COII part.PS CSl~l'ltO' ,V dt'• talhulos. Bs ath•utús forzoso stú. eu gspafht Jll'l'fPt'c~·os .natla. por el de ing-enit'ros. Uou estas st•i1al~:-:, qnH lllll•ll la· avanzado.'/ y ¡n.1estws eou hts n:~ervw;, .Y ~ingularru•·•atl~ las co­lwuna:> l [}I'Ue:.¡o, st• p11••t\•~ c·n toda:; circnnstaueias, y lHtsta en PI mismo Ht.~to tkl combate. oltteut•L' toda la unidad y ~wg·nrJdHcl ;qu·tt~cihlt"s. AunquP. el geut~ral couHwtl.aua•, pot· PI t•~pionaj•· .Y l'Xpln· aeió11, esté euteraclo Stttd.J;Jdo .-1 tll•hl • ele t~ollth; toclu :'t•rú ÍJaútil si rno dispoue tle eamiuos adt't'twclni'O, nH·jnntllclo lns t•xistt•ut•·s ú "aln·iendo tle llttt•\·o" los qttl.' JHtl't•zt·aH t>\'Íth .. ntt•nwratt• Ju•c·H· -sario~. Be to pttg-ua c•oJl la l't·g la, por ;.~!~ntlnM Hcltuittcla, tlt• 1)11•' en g-uet'l'a. lle uwutaiia lo JH'ÍIH'iptil PS i111petlir il t~~da eust.1 d accelw, ~, pm· con:-;iguit-nte const•rvar el meuot· IIÍlllt~"ro el•· t·o­JnntJieadntw:.:;, :sin teuer ("11 mu.•11ta CJill' los 111alos (:aruiuos un i)ogTall e11 mtwhos caHo:.:; •leteuPr al Pttt~rtti~n, pPro c•n todos t'lll­~ bm·azau la dt:f'en:w, que ha ele recunir á la •-J"euliÍl'tt, ~-,¡ ha tlu ·outeu("r t't'.:ultaeish· o:4. En t-'1 día, por las grande~ roturndonc->M ~; los )H'o~J'l'l"O~ clo la agricultura, nut IWrtliPIIIIO la~ mout<\ii.as :-.u aut.i~ua ,\' tc•mi ble aspPn~z:\. En las regiouP:; ua{ts altas JW :-ttl'h.• ha.ht•t' hnsqu•·~, sino grandes p:tstizale~, eou ¡wntlit•llt .. ~ 11~) Jllll,Y agrhls y pr.u;· ticablt•s por lo tauto sm enminos abie•rtos. J)C' totlos IUO u t•l nomentu qn .. le eon\•t•uga tomar lanft•usint. H.,ltn~ todu •lt•lwdl a.n..-ar lo:; caminos latt·r~aJ ..... , poa· los que t~l t'flt•tlll~u podrh• 'ntt•utar 1111 ata•¡ne tle th11u:o o Pll\'oh·c•t•f•·, tunt .IJtdn rautllié.a l'PeaucioJJt•H péll'a iuqwdir tjlle se deslíe~ pur eur.ru luti puL•.-,Lo:i .de obtiel'\'acióu avauzatla.. 5. Dr.fem:a A JW~;:tr rvar es siempre más fácil que­conquistar: de douue se d~tlnce qu .. , á igualtlacl ae medios, la. defPnsa es más fácil que el ataque. Y coutl'ihu,,·e á la facilulad. de t~ons<•rvRr, que tortla, to«lo­Jo q11e ol·dde 6 descuide vit-He en prov<•cho del defensor. La . fol'lll:t. dt.~ft"nsh·a es, pues, en la gnena la m:-'iR fuerte, la ofen· si va la. más débil." Si t>ll los tiem¡H s dt-1 ilnoo:tre eRcritor prn· siano t-~to era ven1atl, caleúle:o;e d valor que t.'ll el día teuclrá esta afirma<•ión, algn ah~olnta, con las nuents armas y los une· vos procedinaiPntos que lmn erettdo. Aplicada á la guen·a de tlW'Jttmia es dt-- to(lo 1m u to 1 unsa graves itwou,·enieutes Dc..-'stle hwg·o tertPr c¡ne Yigilar aceeso , que cacla día \'all siendo tHás fn-!ellcute~" por los progresos de la ci- ·•Jización. A en da bocpwte que SP tapa, ~::o:e aure otro llUevo:­• t•:-\ta. mÍI'\llla ahnnllaueia, qne )H.:>tmitt-- al agTPSOr multipliea:E f\ns au1ag-m~, e ~tití la atlopcióu clP idc.~a~, platlt•s ~· procPt1imiento t~nóiH~os, q tu~ <•o u el llCPII <\ 1 tlt~. ·n~t ro. o xistema de conl6u, c•s lll'a forutnr· n erras l'f~ uf1ales. siu <·uya iutc.•n'Pllción· Jt}tcla (HIP4lt· .· t·r· decisiro; JIIWH annqtH~ d· · sltllllhn~ la th·fcn~a 1t·IIHZ y glol'imm dH al:.tnno ele <'Ho~ Jll'(}IH·ftos 1me:·dnx, c·omo g·e· twnduu 11fP tont·luy .. 1'"~' H• · r tom:u.lo, 110 t•jt ... rce tlt·dsinl iuflnen­ciH ~ohre la OJh1'twiún 4.'11 <~oujuuto. El <·oJ·clóu muy exteuso aunwnta las nh-'~ para r• .. pararlo y anb~ una nfensivrt enér­gica con imposilHlitlad ahsolnta dt~ rPnoir l'ill...: fu,~rza~. 1\Lts por hnír clt•l ec11·d 1 ,, 110 Jlc•lu~ t: . t tH '"t~ t'll c.. .. l ~xtn"\mo opuesto (h~ nna nx ·~ ·· r.t In e"': •11tl' ei .111 d~ f t ·rz t-.:, lc•j lllllo la Jínet:t Pxtn•ma. g'lllt'IIP :i Lt por JH•f]IH'iio • JHI I·, tos, q•w 110 pue­dan •letetll'r al t•nprnig- 1 .r se•,¡ u an c•'l,ulu. con tal preeipitacH>o, que no ll<'gll.,n á ti.-m~>o hts f(• . ...:pn·Hs. Ya qtwcló ant~t'tnr n ·u t.~~ al ··~•·tr lo qn 110 son en la'1 altas montafi \ s la.· p?sieione . ..; t••nitl t.; p ,,. 1:1t ttc t t •tt!Jll~s, de-itÍilln n, Lt · preft~rihle-; pt' sobre él, ya forzosa nw11 t · tn 11 (]111' hra 11 tn lo por su~ att-tq nes i 11 fl'uctuo­sos, qtu• h·t~f <1 p ul rá 11 to.u 11· Lt . uf ·nsi \'a, Ür de J) 'H \SI~ t~ );fl(ll't'lldt• lJIII', ¡'¡, p h 11' tl! l.t. dlfi· cnlta•l•le prot i .. i·we . .;, d~·l dd'l·t~tu tl .. ahr· j .. ·,,., l'll!., c•11 él:.;t~ ap ·~· taso el g-r·n··.-4, tln In"' tro¡ns. Pl'l'n <~ouw sit•.!tprt• "••Y, ya. qne nn mny nPt' ~a, {¡. lo ''' ''no"' t'lt el tH~t'Íoll ·tl'l) dt•l f;·ente e.~t;·crté.¡ico f1el m wi:~.) 111 ·tt, tií 1 ., q •··· se (}nit·t·t~ tl ~· f,•rtd ·'1', o ro· \. tri•H p t· so~, rP:m!t: l rt ~~~la P''"i¡;ÍÓ t ~~., i sit~ntpn~ podl':l l'it!r rt•h:tsa.Ja ó envu ~~ lta.. No lt ·ty, pll •' =". \' ~11taja al~·11 1 1 ; l (~11 ap • ·t ll' c•l ~'1'1\t'~fl ele la· fn ·rz ..; (•it un 1 ' de Htunt:tii ''· P11r p ,u~a t~rwr~L\. HL' 1111 )IIIPclP 1 \'1\'il' tll ahri~·:ai'.•H'; lllll<~h:l~ \'t'Ct'S 11d (l'll• flrún ag'll'l ni lt•ii ,t; p ,,. f ,, ,¡,, lo c·11al •·· I;ÍII t•XpiH'sL:ts ú inllll·~ll· cía~ c~lrm ttéric•t-.; qu.~ Las d ~htlil;tr.'l 1 ,\' dit·zut .tr:'ttl autP.s 1}11•' •l enemig-o e llll¡)l'•ncl.t stt af.I(J'I •. ••• • Jl¡¡:n ~ 1tt~ cl1t1 intpclrt.auci • l y a la p . H ·.-illl&t d • lo· 1111d., · d l tll•llltat-11" aqtW· llm~ qn llt) lts UOllOI~ H l ni eot!II)H',•¡¡ L~n la elas ~ dt~ g'llt~l'l'iL qne en \lla · "~' h <:t'. ú Jlll' "" tit·•t~·rt s .ll •t··~ t·l ,, 'HII ft) :o-Í lid id •.t~ ad· qni1 i •l.t.· PiJ su !.! 1 • ut·L _, de c.·Llldid." .A~ í o tlrco t•l <.hmcral Ktah 11-( Con! i 1tÚa ). Jo..:l~ L\.fJ~IliL\_r'rill Geuel'.il de lugeuie.o:; TRAD~CIOO D2L FRA:'oiCÉS POR EI. CAPITÁN JOSÉ E. RODRÍGUEZ IJaR J)f'ÍiltPI'H~ ll111Ptr:tllhtlot•:ts inglC"1-;ns fuprou (•l Norcl( uft~ el Ganlnct' y t"\1 O 1tliug tle dm• ,·>,·anos <.·;tflotte;-:, d<.~ pt>l"CJ n·la.­tiv~ nlH nt." eo~t,idcrahl,•, y cuya alta 110 c..>stalm gratlu •. ul.t. p.lra 1ná~ al b'\ de l,~uo met1 ·o~ . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 87 '' DP~pné. de nna larga y ftwrte opo~ición (1e part e el& lH'rsmla~ pn=-n"llitlns o intPtt>satlm~-f·scl'ihía en lHS() el Gen f'ral WolsPlt·,r ,-tt'lll lrPmos a 1 ti 11 a nH•tralladorns (]lle ~el'!1 n n ti liza­( las •·n t~antpHií;l P ''l' nnPstra infrín. Emplt•adas inte i~t-11· tPIIII'IIÍI', !:1 · Hllwtralladnnts •h·l eahhre del fnsil el e la infan­t .. , f' <~cHI p6h·ora ~in humo y enya alza esté gnuluatnlllacloraR e:-:tán organiz 1 otkhll, 1~ homhrPs, 2 anwtr:=tlla­< lorn~ .\' ~ t·:lJTo~. El :tpro,·i=--iunarui •uto total para cada ame­traii: Hiora <':-{ dt• :r;,.·oo t·artudw.·. luccrlitlum/Jr(~ 1 ('sp,;do ú. su mr;jm· empleo-El empll~o t<íeti­co tll~ J;¡:-; atlll·tt·alladoras no t•stú dt·<:i lidu ddillitt,·:lliH'tlte aún. \l:.!l!llos l:ts lltiran t•omo 1111 uos n·.·ultados •n gttt.•tra · in·t·g:nhtr' ,· .\' .· dif'it·ilt•: "'' q11t> tt·11clrú q11e adlliH' frct·neut ~tllt>ltf <'.'·t< 'lrlll •, 1111 podn't .·t.•r t'111plt·r~da ·s i!lo ú ·o11tliei611 tl qne.l'a. liYi:tna. · tt·at•s p tl't;tl•lt• .• \.dt·tn(ts, la:t ta t>s(o.' últilllosafw~ 110 ~e podía lt• 11i11·:nua nt:lllt'I'H <'untar <~oll lnH ;~met. ralladoras t->11 t·ltuu­llt• ld•• eiÍtlco, t:omo en Ulundi, D .galt, .;\hu J{len y Tof'rt>k, en JIIP clt•j ·1ron de fnudon:11·. ,\' ~i('lllpn~ eoll Jns uHís ro si 110 <.'S ·iuo 1111 ¡wligro, Pll 1111 ffiiiiiH~Jtto ele ci'ÍsJl'{ snprcma. su preseucia ~ 11 1 a <·o 11111111 a p 11 (~ d ,. t ·a u.· a r n 11 'm d t IT i h 1 t •• Por otra partt', bts llh'llh'\1 tt· lant.l y f>n la C~ltmpafia. (lt-1 Chitral. Es ~,·idente que­las »t'HH\8 de llll motl~lo fiwilltH'Ilt~ trau~portaiJle y con las cna­Jes ~f" ptwue coutar ~iempn·, 8ou ittapreciablPs Pn las gnenas irregnlare8; se emplearún pl'obablPmente mucho tuá~ en 1<> futuro. l~l agr·upamiento de á ilo.y es la mejo·r combinación táctica­No existe motivo JHtrtimllar· para orgn11izar batt .. rírt~ J·íau lHtt->tlrt proporción. Si ~e ngr .... g·an {¡, la calmllt·l'Ía, será nece~al'io, por lo rpgnhl", conmeut~ muy {'{kact->R . . Es inh•rpRaute hacer notar qne (>ll f\1 comhat~ clel Sll~111g·alli J{.hTN·, ~u ~1 ~latal>ale­hwd, de~pués C]tW la tentath·a clt~ tomar al rPy ft·acasó, las trl>Jnu.;, annqtw oenpaseu una mala. posicióu, uo pudieron du­rante algtín tiPmpo tnmar otra nH-:j ~ >r, ptws durante el cam­bio eh~ posición 1<~~ amPtrallaclonts 110 hnbiP-ran potlido ~er uti­JizadaR. J~J c•f•~..to c.lt~ seuH~Jnnh>s armas coutra los asaltos tle Znlns, (](> Chazio.;; ú otros fanáticos e terrible si Rn fuego está hic•n dirig-ido. Eu la t xeitación ría ptu•cle uo st>r t->tit·az, mientra. f(tW el til'o tle la ame­tralladora, si su mc.'canisruo uo se tra.lJa, producirú, terril>les estragos c•u la masa cu .. miga. I~l pt->1 ft•t·<~iou;mti< .. n to ele sn con. trncC'ión PR n" unto de los innmtof't'li. PPt'O eomo ~ · compm tn·d o c.l~ e~¡wrar que Ne pn •da eueoutrar· t1pos clt• }trnetrallacloras con que ~e pn .. da. contar eu t()(lo ea~o; t·xi~te fnndatla razón l{ara creer <}lle esta. cla~e do arma tit->tH~ hl'illaut<• J>Ol"\·Puir. No'I'A-hl prt>sPntP artic·nlo fne e~r.rito un aiio antes ele la gtwrra :wtual de·l 'rrattNntal, cloncle,, Pg"Ílll notieia · n•cihida dt·l t<·atro clt~ la g-ta~na. fnneiot.1an con é . ·ito <~UH'trallacloras perfe,~c:ionada.·. Uua Ye~ que krmin~ la lneha y. ns rP ·tllta­dos ~e C:OIIOZC'(lll COII dt'faJlp,, \'o)n•rt•fJIOS {l llah)al' ,Je esta arma, CJUC 1-'t,.l'Ú nn f.wtor podct·o:·IÍ~imo c·n la~ g-tWITas (le Amé­ri<: a y .oh 't" todo <'ti la Ht•púlli<·:t .t l'geutiua, cuyo territorio es tan seuwjante al del Tnuts\·aal. (De El Purvnlir .Militar de Buenosaircc:, Argentina). Un ht•f'n rPglameuto d<~ RPrdcio iutt~rllo abraza to•la la <'XÍS· tencia ue} KO}clado J twn estatlo las armas. (Ni el capitán ui los otkiales tw ~e ocupan din·chtlll~nt6 de este último, qne es ... incnmht•ucüt. de las clase·, para paJSar re\·istas y asegurarse que se cumple). Un soldado á quien se lla iucnlcado bien la costumbre rle estos cuatro preceptos, el5 un lwm bre con q ni en se puede contar. Pero por lo mismo que cada hombre tit~ne, como 8e <1ice, alma á la Yez qne cuerpo, toclo asuuto lnnuano tie11t~ uu ludo material y un lado moral. El hldo mate1·ial, eu el Ke\·i<:iG interno, se manifiesta por las fh~mostracior1~s e:>xtPruas de respeto, del.>itlas á los distintos gTados; baciéut'o ien <'riados como ellos, y, ademru~, d~m á ,·us 8olda.dos el <>jemplo uo poca auto­ridad para recomerular ~st·t. catída.tl {t los dem(IS. ~1 pl'imer preeepto: llacer lo qne ordeua el fo\nperior, f:'S ah· solnto, p r·o so compreiHle que es ha 'ta. dorule lo ahsunlo Plll· pit~za, porque el dereeho y el del> ~r dt~l iuforior t~ reennir • á ' lt libro cl'iterio cuauclo lo qne .· e le orjemplo, t;i el Coronel dt~ Grnnjecueión dt->1 ~wrdcio militar. Oeupáudo e en acostnmhra.r al ~olthHlo eu la ejeeución ele Rns deben·~, es indispen .... '<Ü.>le dilrle l'l :-it:>tttimiPnto in~trncti­Yo de su i'mportanc·ia 'relnti r a. En la pr:letiea, dos exigeucias del f.íervieio pH<-'dt>n prt>stársele al mi~1110 tiempo, y si uo se le ha enseñado {t cumplir primero la 111á.· itnportaute, puede de­jarl. l para. cumplir algo qne lo es nwtws. Uu superior pasa; al mismo ti ~mpo otro 'npcrior es atacado por un malhechor-~r en nyntla. del attlcado 7 Es esta nna demostnlCión absu.·rda., per 11ecesaria, pues es muy COtaiÚn ver nu sol.hulo con pesada e •rg-a, y las do~ manos ocu­}) an Aosteuerla, ponerla en el suelo, (le ~pué~, para. salutlar á un ofiei .. tl. El ddwr del aoldatlo erIIOS importante. Se pnecle i11culcar al soldado el s<>ntimiE.>nto ~tar J't ~ pt'ntiuo, eae eu la mtllo . Pasa 1111 ~ol­cltttlu () lll' toma la po~ici6u 111 i !11 a 1' y s~tltula. LIPg:a ot.ro conit•n­{] o, f]m·, sin 1'\alllcljemplo lotlada: "e to •a fJellcrala ,· ya t:>l ellelllig"o, t•} }Hlii~ro, (•J liiCPIHlio, lo f)lle ea, •·Htá <'IH'Ílllciil P t• d l O c•l u l';lltde : Pll la Ol'llt>lliliiZH. c .·tún ('SCritos los u. ·os y <~ost n 111 hr·· · ~, pPt' O no lo. · H(;dllt>utes y casut~liclaclps, Y ('OtnO c.•l PstHdo (h gtH'ITH, t .. ll vi~hl.· atTollat en ~1 1'\0ichulo )l erite­río ~nficiente pam. qne tome Ptl <:acla ca~o la. r ~olnción qne im­porta . l hneu ~cn·ieio, 1'\e:,!ún PI tiempo y las cirenustaucias. Los ofje1: h~~ snbaltet·uo~, <•n geuer·al jóvene!';, conocen bien los re~lamHn to~, Em lPtr<~; no tienen ex¡wriencia suficiente }) '"'~ hahercompreiHlitlosn t>~píritn; no sahen tampoco c6mo se h:thla {a ~ohlaclo~, (le intPli:.!t>lleia. mny limitada; los AHI'g"t'lltos, sohr~ totlo con n 11 mal si~tl'BUt ele reclntarnieuto, no se eltnTan ca8i tlllltc.a. á la altnra. neee.s;u·ia para l'nselhu· bien al soJ,lado; es ya mucl10 poder estat' satisftcho del modo como vigilan la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ • 91 ejecución del servicio; es ptws al capitán á quien incmuhe l a hermosa tarea ele en~l~ila.des á totlos ht parte considerable dH la instrnecit)n militar q ne no se lee en la or eon ~­titnye los accirlentes y ca.s ztalidttde.r; de la vida, militar ll<-- qno hablaba. Pe II·o <~1 Gr.wde, trausft)rnut.ntlo Slt compaiiía. un tnontóll rle hombres, eu .un org< uismo compacto, cuya cabeza sea é 1 m hm10. E. eRta. p ·trte nohilí ·irn:t ue la misión del oficial, ]n, pnr­te moral la carrera de la~ at•m ts 1it~'" no un ofido, :-;ino una proft·si6n, nna profesión liheral, y I %OS (}U<'" exige tlfo s y c .. tbos en•wñ;W el mec;tllil'Jmo tlel Réruington 6 éis rnandatlo dnr;llltl1 tlns Lt~ras \'llPstra SP(!<·ión ó cotnpaiiía en la instrtu:ell)ll dt•l h:tt.()n·euir lililí tal' de nuenosairl.':-, A rg<>ntin~t). --···-- EN EL COMBATE (Conclusión) Un Jefe de batallón debe, en el momento de ]a movilización, temer mtJy presc11te en su espíritu todas estas situaciones tan cs­peciia 1 mente importantes desde el punto de vista del combate •Tlo­< lermo y preparar sus comprñías para una gran cohc5ÍÓn y una gram flexibilidad de movimientos. Con este objeto, aprovet ht~r~ toda~ S la ocasiones que se presenten para ejercitarlas en la pnh ti ca del ce m bate; y así hallará en breve el medio de entenderse con los capiltanes bastante hábiles ó bastante inteligentes para com¡ rtn­den, e bit!n. En efecto, tan en el interés de éstos está, como en el del itfe del lba tttllón, que las compañías al pie de guerra se hallen habitua- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 92 80LETIN MILITAR das, antes de entrar en fuego por primera vez, á moverse sobre el' terreno en grandes líneas de tiradores, y sobre todo á conducirse correctamente en orden cerrado. Deberán también ser ejercitadas. en hacer aplicación de todos los expedientes propios para facilitar la cohP.sión de las subdivisiones durante el combate, y la transmi­sión de las órdenes bajo el fuego. Es indudable que no habrá un solo comandante de compa­ñía que, sin una profunda preparación preliminar en tiempo de paz, se encuentre en aptitud de ver claro y darse rápida t:uenta de todo en medio de los múltiples cometidos que pueden serie confia­dos. Por lo demás, siempre que.dará el recurso de elegir entre Jas compañías cuando se trate de ciertas misiones difíciles y deli­cadas *. Importa pues, en consecuencia, saber lo que puede hacer el jefe de bata11ón en tiempo de paz, para preparar convenientemen­te, como prescribe el reglamento, sus compañías para estas diver­sas situaciones; es decir: ¿Cuáles son as formaciones sencillas, impuestas po~ la gue­rra, que la tropa debe haber aprendido, en tiempo de paz, á fin de ejecutarlas c<..n orden y seguridad en todas las situaciones? VON ARNIM • Un3 de las misiones más difícile. para nn cnmancbnte de comp a iiía en la guerra, e~ la de reconocer lns fuerza del enemigo. La mi!.:ón ele n·ct nocet á un ad­versario más fucrte y bien !iitunflo, terminll á 300 tnettO de J, po~ición t'llCiltÍga por 1egla general, y en conseCUl'ncia, todo cuanto de>.de est:l di!-tancia no hu podido ser ob::.ervado, queda oculto para el que pr:tcticn el reconocimieuto. Se nece:.it't un ojo ejercitado, snnf!re frfa y cierta de~trc•7.:t, p:lra deducir, por medin ele c·iertos iu!licios, npreci!lciolles exactas acerca de hL fuerz ;~s 11el <'"CR!-.:tS prupon·i ont's c·ontra lo pt•lutollC- IJIIC avanz n á l>ll r> ll <'llt"n tro. ""'á 1111 iPdicio ci rto que ~ns aecioues sea11 mal in­ ·tt>rpretatla:o; y 1-\eYeramt•utl~ crítit·as. Los ho111ures 110 podemos peusar de uu mi'smo UHJclo, ui t>stá eu lllH:'Strn Hrhitrio snjPtar si~lll!'l'e las pasic.mt->~ illnohles. Yo, pot· los dif~reutt~s puestos que he oenpado eu ~7 aftos, por mis opiuioue~ y mis actos, ue .Oebido mulriplimu· mis t'lh:luJg-os t>ll uuos tit>rupos tan fecnnlloli en 1 a ·tidos :-,· tli8t.'llsiuues. Un~o qnt> ¡nwtlo \'auagloriarme de lwL, r sido \'íctuua de la libertad de impn·uta desdt• 1~26 hHsta boy. Gallanlo y uctMa ciel'to puu to apn•ciahle era el a taq ne cuaudo mi asieuto e8taha colocado pot· la ley en lng:.tt• mús elllineute pant gohet'IIHl' la Uepúbliea; pero después 1le que me he desHtHlado de todo }HHh•r, y ,·i\·o co111o un particular, es iu­uoule y \'i llano e8tar atacándome con recuerdos g-ado al tiempo del terror·, UOIHle u o sálo c.~rau dt• lito los heehos, :-;i u o hastn. las palaura~, di fm·en te c1H lo C}tte afirma. Tiwito stwedía bajo la til'élllÚl c.le Aug-utito. Ningnua. persona clo me1liano hu~u "!entitlo puede aprohat· que se esti111ttle ú, escribir diatribas y sarcasmos por mt>diu do t·e­eompen~ as cou los empleos públicos, 111 que ~e erijan en acción de patriotismo y (lo cHllaesi6u a 1 g-ollieruo el i n:sul tu y la calum­nia co11tra lo~ autignos 1'\et'\•i,lon ... ~ el~ la patria, a<~og-ierulo con agasHjo el jpfe del gobierno en SL1 casa <Í tal~~ escriton~s. Hi e ta fut'ra. la oeasióu de t~lenu· mis qiH·jas ai murulo ltbentl eout.ra Helllt>jantes ¡u·ocedimieur.o~, me solJrarían moti\·os para fuudal'las. l't•t'o 1 o tt'·tto t.->11 c•s t os apnutamieutos, tSÍIIo do cl,·~­IU~ ntir e011 tlocnmeutos antéutieos vados hechos rda(l .r ju~ttci;t. Al tc·r·ruru..t.&' &lit t. ..... hH'i tu La u r·á pi1lamPn te.~ t ra.baja•lo como éstt .. , quit-ru ~atisfwt·t· á. las Jll.•t':40tJ:t:o;. IJIIt:> anunh,a~ \'t•ct.•s me bau acoust>jado l'e li il'.tnu.-~ d J Joi w ·g 1H r ' s plí )}Wo:i como uu Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIII MILITAR ~ medio de acallar á mi8 enemigos, y vtVIl' en paz. Yo no cl('ho aeoger este cot1St>jo despué::; de hab~rme LlllZatlo en la reYolu­ción, y tomado uua parte a<:tint eu t'lla, sin atl'IHl<'t' á Jog ries· gos y ¡H·Iig-ro~ que pndhtu sobren•JIÍI'IIIC:'. El (: goí.· uu, c¡ue PAO quiere decll' para. tní rt•l it'llos ptu·uo re~-.oln· nne al ora, que he reeorrido laR clos ter· c~ras partes l e<.~mino. LHfayettt=> C'OII 80 aü(•S murió sin al>auuouar los 11egocios públic()s, ~, la hh;toria elugia. eomo (lt--he e$ht co••sag-ntcióu á su pai~. Cés,,r se empeíió eu <}lle Uict'róll se aparta~e R jlll-ltO, ui útil, 11i lwut·oso qn e yo me con\·it•rta t'll c•xtnwjt>ro g·nardaul'e la cusa pú blica. H I..~a libPrt.;ltl es t•l pan que los ptH-3· blos d•·h<·n ga11ar con el ~udor r.'' "Utertades. Dogot<í, 2~ de Oetnhre tle l8:r; - :!7. li..l Geueral, Fl"tANULS v t) D~J P. s_\.NTANDER Nnl'A-Pol' mi propio d<.•eoro, y por •·1 de mi paí. ·, me he nhsteuido ir lo f}llO 110 ua sueeará, cou documento.::~ int!fragables, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoLETIN MILITAR ~ 95 qnP- lns tnlfls cartas no son m~s que fll vilJauo d~sabogo ele Ja, endclia. ó dA la veugauza. )'¡;;e comprohal'á ~otamente eu b~ueti­cio ele la verclad de la hil'\tol'ia ele la Nneva Granada; pues por lo dem;'t ·, los aliÓIIÍillos clt· ~ntldos de JH'ttt>has 110 son documen­tos :'t C}lll! io (~Jt el gahinete, h•g-iRiador, (-'t'ttH>ral Santuucl~r del t•j( ! It!ito (le ,.,..<"ne­zn ~1;~ ou l~lli par;t ,.c>rlÍr ;1 O •~alt;u·e, expidio d Jd'e tlel E;:)tad.J l\1 .t,Ynt· gc•t.el'rladorrs, GeuPral de brig ada de l o:; tjércilos de lrt Ueptíblic t, Jt/r: del E Bat·t~Ploua, se pl'l'I'\CIIfÓ {1 S. E. el Üol'Oll(~l Fnt 1 H'i:-.c·o de Pa u la ~:111 r andt•t', q ne n·u ía tlelt->jército de Apure, y 1f'ttt~ tlt•stl.-! lué~o irwt~rp n rad" ~ tlt· ~tiuado al l~slaclo .l\Iayor g'B· lH~ I ral P.lt la elast .. ctH A,\' lldau t · Ü• ' lll'ral; cou Cl'\le carúcttw ~irvió eu ]; t t~ ; ttnp;tiia dt• {';-..t.; r Pto\·tllt:L•, habit-'ll(lo tle::-;rulpefiado la~ fnuu: ¡,,,,<.•s tlt.~ J,•ft .. dt• l•~ ... t .. dn M.•yot· de la Din~ióu Piar, y la do Jt- f,• tl,•J tle ht lir~t•a dt· l ¡,,.j t, Uarotrí. El~~ de Septiemhl'e del ñ1o p .1sa•!o fLH .. pro rr•o,· ido a t;ubjt•f tlt·l }1jstaclo 1\Ltyot· gt·ueral dt~ ¡, L l >i\'L·ioll Urde~ut•t • •, po1· :->t'l' ahsoltttle en t• ll la, hasta tH•ra 1 por t•rd't-l'lllt:tla•l tuía tlt·:·itlt• t. •l :w dt· F t~ · l'l'H'J' •• IPtsta el lil de l\larz", y por· tni au,·l'tH :ia th·~de el ~U del wi i .... JI! tll IIH·.· d l\lar/',o lt.1. ta qttt.• ,·oh·i ú e:-.ta Proviucia <:oll t•f Jt .. ft.• S~tpn · uro t ' ll ,}Ilirio últiiiiO . ~~· Ita (!JI(:Olltntdo ('Jl el fllett~ ]JJl·i mu euaudo lo/'\ l':-.¡aaÜIIIt·~ t •\ ' di-(Cout,nÚ(t) • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. l"árnmes ~\O Me5a~O): f .. ~ ( ~ B o l ~:-. ~~o~--cque¡c ~ ( .~ -- ----.;._~ S~ ... p~· ~ V ~ o J ~~~-\ ~ o z 1 ·- Leguas t - Diag~ma de la Ho¡a del Sumapaz \... ~o Doa :'$'0~ ~~~~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 161

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