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Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 181

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 181

Por: | Fecha: 08/12/1900

BoaoTÁ, DiciEMBRE 8 DE 1900 -------------- - ~-~ -------.- -------------------- Organo del Miui terio de Guerra y del Ejército Son colaboradores de este periódico los Jefe~; y Oficiales del Ejércitn .A.:iSí" C> X"V" Director ad honorem Franci•co J. Vera-ara V. General de Ingenieros, Miembro de varias So­ciedades Científicas J.IDlli1@m~~:m IDY [)o •• m>J]ll JJ.®®m> ( 20 DE NOVIEMBRE) por el cual se suspenden los Palomares Militares y se hace una cesión á los Lazaretos El f/icepresidentt dt la República encargado del Poder Ejecutivo C<..>NSIDERANDO Que los Palomares lvlilitares que en la actualidad sostiene el Gobierno causan gastos de mucha consideración y no prestan ser­vicio al Gobierno; Que un respetable grupo de cab:tlleros solicitó la cesión de la!, palomas mensajeras para destinar su valor á los Lazaretos de Agua de Dios y Colltratación, con lo cual se hace un positivo be­neficio, desde luego que transcurr"rá aún algún ti rnpo antes de que el Gobierno pueda atender directamente á la subsistencia de Jos elefancíacos) DECRETA Art. 1.° Cédense las palomas mensajera· que hoy sostiene el Gobierno en los Palomares Militares, á los Lazaretos de Agua de Dios y Cantratación. Art. 2. 0 Autorízase al Sr. Intendente general de la República para que haga formal entrega de ellas al R. P. Evasio Ravagliati. Comuníquese y publ:quese. Dado en Bogotá, á 21 de Noviembre de 1900. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C.-El Ministro de Relaciones Exteriores, CARLOS MARTÍNEz Srr.VA­VJll- 45 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 898 BOLETIN MILITAR ~ El Ministro de Hacienda, PEDRO ANTONIO MoLINA-El Minis­tro de Guerra, JosE DoMINGO ÜSPINA C.-El Ministro de Ins­trucción Públic·:1, N!IGUEL ABADÍA I\1ENDEz-El Ministro del Tesoro, ENRIQUE REsTREPO GARcfA. ESTUDIO FRANCÉS DE ACTUALIDAD El romanticismo ha querido pervertir la estrategia: desvián­dola de la vía científica y sólida pretende transformarla en una es­peci~ de arte caprichoso, paradoxal, brumoso, indeterminado, espe­cie de terreno abertal en donde cada cuál á su antojo puede apa­centar sus caprichos. Esopo en su tiempo mostró que la monomanía médica era la más frecuente, puesto que todo individuo daba consejos á los otroa en caso de enfermedad. En nuestros días prevalecen los estrategis­tas: todo el mundo se cree apto para tratar las más hondas cues­tiones militares. El talento y aun el gracejo no faltan, pero la com­petencia de los aficionados sí falla á cada paso. El instinto belicoso de lus Galos atrae á todo francés hacia las cosas de la guerra, pero á la vez le inspira repugnancia visible por el estudio de las cuestiones á ella referentes. El burgués mo­derno es estrategista de nacimiento, y ]a mejor prueba de ello la tenemos en la manera como se discuten las leyes militares en los Congresos: gusta del lado caballeresco de la carrera, pero abomina sus mil detalles; viste con placer el uniforme, mas detesta el ejer­cicio. Es, por otra parte, antimilitar y le repugna la disciplina; la fantasía lo domina. No s;ent~ en su alma las sencillas virtudes del soldado, y sin embargo cree tener las condiciones de un gran ca-pitán. . Discutir sobre la guerra 1o seduce y lo marea: pronto está ~ repartir críticas y elogios: censura lo que se hace y lo que no se hace, y vapula á las gentes del oficio. Especialmente vive ena­morado de las operaciones imaginarias, de la confecció:1 de planes de campaña, hasta el punto de que habría inventado la estrategia especulativa si ésta no hubiese existido desde antaño. El mismo día en que Monsieur Prudhomme se inscribió en la milicia le asaltaron pensamientos estratégicos, é imposible se­ría anotar todas las necedades guerreras que han salido de su3 labios. Esto se explica fácilmente, porque fácil es dejarse arras­trar ~acia las cosas de pura imaginación: los conjuntos seducen1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ las altas concepciones atraen; cómodamente se cabalga sobre las quimeras, y con gusto se pasan algunas horas en el país de los en­sueños. El campo allí no tien~ límites ni obstáculos: en ese suelo propicio se maniobra con holgura, sin preocuparse por las posibi­lidades prácticas, mirada<\ como cosas que no merecen la atención de un espíritu superior. En el dominio de la fantasía, toda concepción parece ejecu­table; á juzgar por las apariencias, dirigir es una obra cómoda: parece suficiente tener ideas, y las ideas estratégicas abundan sobre todo en los cerebros de las personas extrañas á la carrera militar. Ya Clausewitz lo había observado hace años: "Cuando se leen los relatos que de sus campañas escribieron los grandes gene­rales; cuando se les ve mover miles de miles de hombres con tanta destreza como si sólo se tratara de su propia persona; cuando se les oye exponer los motivos que los incitaron á obrar de éste y no de otro modo, raciocinando sobre causas nada complicadas, Jlegan­do á veces á atribuír sus actos á un simple movimiento de su ins­tinto de soldado, nada parece tan sencillo como dirigir un ejército desde el fondo de un gabinete." Y en efecto, muchas son las gentes que están persuadidas de que nada es tan sencillo como dirigir un ejército, no obstante que el reducido número de los generales notables debiera indicar que la tarea es más ardua de lo que se supone. Los escritores militares, colocándose en otro punto de vista, han coadyuvado á generalizar el error de que la estrategia c~tá al alcance de todas las mano~. Por ejemplo, Jomini e cribió en sus Grandes op~racionu: "La estrategia funciona sobre líneas geográficas invariables, cuya importancia relativa se calcula por la situación de las fuerzas con­tendoras; situación que no puede entrañar. nunca ~ino un pequeño número de soluciones, pu sto que la:> tropas e~tán separadas ó reu­nidas, sea obre el centro, sea sobre uno de los extremos. Nada, pues, tan natural como someter ele ent s tan sencillos á r gl s derivadas del principio fundamental de la guerra, por lo cual nun­ca ciencia militar alguna tuvo tan sólido asiento como la estrate­gia moderna." Pero esta tesis es perfectamente falsa. La estrategia no es ni sencilla, ni está fijada; la cantidad de malas combinaciones ejecu­tadas lo demuestra de sobra para lo pa:;ado, é indica que en lo por­venir la obra aún será más deli~ada, visto:> los enormes efectivos que habrá que mover. Esto es de toda evidencia, y, sin embargo, todo se aventuran en el terreno de la disertación e tratégica, que según parece, ofre­ce alicientes irre istibles. D~ ahÍ e·a ca!Hidad innumerable de elu­C braciones inútiles, introducidas por la literatura novelesca en la estrategia, en las que se reempla~.w, con alidJs más ó menos espi­rituales, el razonamiento, el cálculo, la ciencia y hasta la misma h ·storia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 700 80LETIN MILITAR ~ A partir de la guerra desgraciada de 1870, la monomanía de la estrategia ha adquirido proporciones colosales: nue3tros reveses se convirtteron en mina inagotable para esa clase de explotadores. Críticas, ataques, recriminaciones, calumnias, llovieron sobre los que habían cumplido modestamente con su deber. Los que poco hicieron, y sobre todo, los que nada habían hecho, exultaron. Cada uno de ellos habría salvado la patria si se hubiera aceptado su plan; cada uno poseía un secreto y lo ofrecía con la respectiva do­tación de consejos. La antigua historia del retórico de Efeso, que daba lecciones sobre el arte militar, enseñando lo que no sabía, es siempre real. El uno vaticinaba 'sí: una vez en país libre (aun sin enemi­go), los batallones de franco-tiradores, describiendo gigantesco circuito, se lanzarán en abanico sobre el flanco del enemigo, y en herradura sobre su retaguardia. Esa tropa no será, sin duda, sino un cordón; pero ese cordón será una inmensa línea envolvente, y la envoltura se convertirá poco á poco en m u ralla de hierro. Otro decía: pasó el tiempo de las sabias combinaciones: basta la energía. Uno de los ejércitos, disimulando su marcha con los bosques, cortará la línea de comunicaciones del enemigo por me­dio de un vasto movimiento envolvente, en ta to que el otro, franqueando de improviso el río, lo asaltará de frente. Sorprendido y cogido entre dos fuegos, su destrucción es segura. Muchos deben recordar esas elocuentes tiradas; recuerdos, reminiscencias, sueños, todo se encontraba en ellas, menos senti­do común, menos espíritu práctico. Los fabricantes de proyectos y planes creían realizables las concepciones de su cerebro desbo­cado, sin caer en la cuenta de que su dedo majestuosamente pa­reado sobre una carta geográfica no era ni un puente, ni un cor­dón, ni una muralla. Entre sus lucubraciones y una aplicación cualquiera, había un abismo, y ese abismo no acertaban á decir cómo se podía salvar. .. Otro tercero afirmaba: el enemigo nos sorprende, nos asalta, nos rechaza, sin ce¡ar nos inflige nuevas derrotas: no podemos soportarlo. Arrebatémosle sus procedimientos, y la victoria será nuéstra. Esas frases, vacías de sentido, llenas de bombo, recordaban la lección de esgrima de Monsieur Jourdan: todo consiste en dar estocadas y en no recibir ninguna. Con suma gravedad repetían el precepto de Moliere, pero sin indicar los medios de realizarlo. Desde hace medio siglo Clausewitz criticó esa estrategia ro­mántica con suma donosura. "Fácil es formar el proyecto de en­volver al enemigo por la derecha ó por la izquierda; lógico el pen­samiento de mantener concentrado el ejército para ser dondequiera superior á un enemigo que se ha extendido; natural la idea de suplir la inferioridad numérica con la rapidez de los movimientos; todo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 701 eso, decimos, se acepta tan pronto como se enuncia. El descubri­miento 110 puede, pues, admirarnos, y de ideas tan sencillas no ten­dremos que decir sino que son muy sencillas." Antes de nuestra fatal guerra otros dos autores, reviviendo la idea de Clausewitz, pusieron en_ escena, en la Gran Duquesa, ese dislate tan común de los confeccionadores de planes de campaña: cortar y envolver, como si se tratara del bizcocho del colegio. En­tonces se rió á boca llena; pero la lección fue perdida, puesto que nadie se corrigió, según se vio poco después. · La reorganización del ejército, la defensa del territorio, las futuras operaciones, los nuevos si-temas de guerra dieron pábulo inagotable á la monomanía estratégica, creciente sin cesar. La ideología militar es uft recurso maravilloso, una djstracción amena, un campo sin límites para entretenerse en lanzar masas de hom­bres unas sobre otras, y donde se espera mostrar talento elaborando planes de campaña. En esos combates imaginarios se halla la em-briaguez y el vértigo de la victoria ____ sin dificultades, así como los fumadores de opio se procuran en su embriaguez el vértigo de la voluptuosidad. En esta clase de disertaciones todo proviene de la e13pecula­ción, y nada de lo real: su autores, embarazados se verían al con­cretar el asunto, en tanto que generalizando se llegan á creer, en cierto modo, generales de veras. La parte artística de la estrategia es de un manejo cómo­do: cualquiera se mueve sin tropiezos en ese dominio nebuloso. Las concepciones, los planes, la críticas, con5>tituyen un álgo elás­tico y dúctil que se amasa sin esfuerzo: se pliega, se extiende, se redondea, se aplana y recibe dócilmente las más variadas formas. Como en aquélios nada se presenta determinado, todas las conje­turas son lícitas, todas ]a;, hipótesis permitidas: cualquiera puede elucubrar á su · ntojo; hasta lo extravagante puede afirmar e, sin que se pueda contradecir, porque, en rigor, el mi rno imposible e adm.si le quitaao el fren de la razóh. Las nocio1 e vagas, los principios universales, se apiican á todo, al decir de los decadentes. l\1ultitud de individuos desprovis­tos de nociones militares abordan sin pestañear las más intrincadas cuestiones de la guerra; emiten u opinión sobre los nuevos fusiles y pólvoras cuando los especialista aún suspenden su juicio. Otros escritores explican lo que será la guerra futura, de qué manera fun­cionarán los grande e· ércitos, cómo se librarán las batallas tcrres­tres y navales, y señalan lo que sucederá en 1895 ó 1900. Esos libros, escritos en estilo llano y con cierta gracia, tienen algo de sabor apocalíptico, por lo cual recuerdan más ó menos la predicción del Cura de Dormunt sobre la gran batalla de tres días en 1-t encrucijada de Bouleau. Su lectura divierte como la de una novela, pero nada :nás. ANco DE lA REPU! ICA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 702 BOLETIN MILITAR ~ Ese género de literatura se distingue por su carácter abstrac­to, citas generalizadas sin tino, y un abundante emp~eo de expre­siones técnicas, puntos estratégicos, transportes estratégicos, esta­ciones estratégicas, y hasta tranvías estratégicos, etc. etc. Fue también Clau ewitz quie~ hizo la crítica anticipada de esas necedades tan comunes en el día: "Las expresiones: posi­ción dominante, pcsición cubridora, llave de posición y otras seme­jantes, no son de ordinario sino pal.1bras sin sentido; y es á fin d~ salpimentar ]a muy aparente vulgaridad de sus combinaciones gue­rreras para lo que ciertús pseudo doctores en estrategia e m pican pre­ferentemente esas expresiones sonoras que constituyen el tema pre­dilecto que desarrol1an siempre con el mismo són ante sus adepto!S." En efecto, los vocablos sonoros dan apariencia de erudición, y en el fondo nada significan por tener valor esencialmente tcm­poral y relativo. En esos relatos oscuros que ninguna claridad alum­bra, todo pretende ser profundo, y en realidad no guarda sino el vacío. Esas concerciones militares se asemejan á piezas dramáti­cas escritas por quitnes ignoran lo que es el teatro, y por lo tanto no se pu<'den representar. En un teatro 0e ciudad como en un teatro de operaciones, se imponen nccesidad<'s del mismo orden: en absoluto es preciso qu,. la obra sea práctic·, y ante todo hay que conocer el oficio para crearla. Si esas ccn di ciones fundamentales no existen, el fiasco es seguro. La única d i ferencia e tá en que tn el primer cas<' el autor no hace mal sino á sí mismo, y en el segundo lo hace á la cosa pública, presentatldo el espejismo como una realidad, y al sembrar esperanzas quiméricas, exaspera luégo aun más ]a decepción. Semejante exposicione~ rematan en conclusiones pcligrosísi­mas: puesto que las soluciones estratégicas son tan sencillas que cualquiera puede hallarlas, ¿cómo es que escapan al cerebro de las gentes del oficio? Y ese razonamiento, que surge en lo ánimos de los burgueses en ti t> mpos de revuelta, resulta acrecentado con loe- es­critos ó dicho e~pc r· iosos de los estrategistas de novela. Ese es uno de los grave~ incc :t \"enientes de la propensión á transfcrm.ar en juego de ima~i,,ación ó terna de sobremesa las arduas y serias cuestiones de la gutrra. General LEWAL (ex-Ministro de la Guerra) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 703 LltCCIONl5 DADAS EN LA ESCUELA MILITAR DE VIENA POR EL TENII'!NTZ CO~ON!L DE INGENIEROS MAURICIO BRUNNER Traducidas libremente de la 5.• edición para el Boletín Milif«r PARTE TEORICA eapitule t.•-Mi•ión primordial de la fortificación en eampaaa (Conti11úa) C- Cubierta.& Las cubiertas ó abrigo~ pueden ser: a) Un simple foso 6 triucl.tera (zanja) (figura 7.a); b) O~jetos que se interponen en­tre úuo y el enemigo para iuter'ceptar las balas de éste (ftgn­ra 8.•); e) Ambas espeeies reuuidas, que es lo que constituye el atrincheramiento militar propiamente dicho (figura !J.a) ; ti) Construcciones huecas (abrigos), es decir, espacios cubier­tos al abrigo de los proyectiles (figura 10). Figura 7·" Pi¡ura 10 Figura 9· El suelo natural puede prPSPHtar CU UÍertaS qn Sa­ti. faga11 más ó menos In~ eolHlic~ion("'H df>seailas, ta­les e m no za uja s, st.•to~, fl r­hole8, pare(les, t>ra otros materiales que se hallen á la mano. Nomenclatura-Las líneas y los planos que limitan la ma­yor parte de las cubiertas han recibido nombre propio. En Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--r-' 705 masa cubridora 6 parapeto (figura lR), marcados con puntos y trazos en el perfil y el plano tenemos : x y 6 línea de tierra, es decir, el suelo uatural 6 terreno; a o, Ja cresta inte·rior ó ma­gistral, es la línea c'ltbridora, también llamada l·ínea de fuegos en los parapetos defensivos; abes el talud interior, siendo b el pie del mismo; a e es el declivio, en el que e marca la cresta inte­rior; a 1 e 1 es el espesor ó cuerpo del parapeto, sin contar los taludes; a a 1 es la altura del parapeto ó de la cresta interior, 6 el relieve del parapeto; e f, el talttd exterior, en el que fes el pie; a. a 1 , la altura, y a1 b, la u ase rlel talud interior, represen. tanuo e o 1 y e 1 f las mi~mas partes del exterior; e e 2 representa la inclinación del declivio. En el foso (sea interior 6 exterio ¡' ) se hallan: x n y r p, ó talud interior; x 1 r, 6 borde superi01 ; n p, 6 pie; r r 1 , 6 altura, y p r 1 , ó base; z p, 6 fondo; z b es el talud exterior (anterior) ele! foso; m 1 z, el pie; b 1 y, la cresta; y z 1 , la altura, y z z 1 , la base del mismo; r r 1 , la profundidad Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ del fo~o; y r, la anchura de la boca 6 superior; z p, la del fondo 6 inferior; h h 1 , la. altura de la. cubierta, que es la del parape­to, aumentada con la profundidad del foso interior; f r es la berma ó banda de tierra natural que separa el foso del pa­rapeto. En el foso exterior el tal1¿d exterior se llama también con· traescarpa, y el interior escarptt; en el foso interior las misma8 partes se denominan talud dt- la banqw:ta, (pared anterior), y talud de revés el exterior. Las tierras del foso interior pueden servir para aumentar el espesor ue la cnhi~rta, 6 bien para constitnír el parapeto ; el fo&o exterior, cnautlo es profundo y tiene taludes muy pen­dientes, constituye nn obstáculo, porque en otras condicione! apenas sirve para dar tierra~ para la trinchera. En fiu, en las tt·aviesas y para,los tamhién hay cresta (lfneft. de mayor altura), declivio y talud exteJ"·ior é interior-Oontinúa. D! LAS PIRZ.\S EN LA ARfiLLERfA RODADA Jt,~lil !t~nto provi'linual arregla lo por la Co,nandanch milit 1r de l11 Pl11t:tt s oficiales ordenan n ' ACCJÓ~ y repiten la indicación Jefe­rente al alza que. va á emplear e. A la voz en acción los sirvientes ejecutan la Cé:lrga á voluntad como se pre"cribe en su lugar. Los oficiales se aseguran de que el alza empleada e ]a man­dada, y verific<.~n rápidamente la puntería. El jefe indica, según la dirección del viento, si el fuego principia por la derecha ó por la izquierda, y se sitúa en el punto donde pueda observar mejor )os disparos. Si el viento sopla. por la derecha, el fuego principia por la izquierda, y recíprocamente. Tan luego como las piezas están apuntadas y eon el provee­dor puesto, el jefe manda: tal pieza, FUEGO. El primer sirviente de la izquierda de la pieza designa~a repite la voz fuego y principia á disparar hasta agotar el proveedor ó hasta que se mande ALTO :IL FUEGO, Las piezas se designan por su número de orden en la lí­nea, contándolas de derecha á izquierda. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 108 BOLETIN MILITAR ~ Fuego por descargas-Para ordenarlo, el jefe manda: fuego po, diScargas; á tantos metros, ROMPA N EL FUEGO. En seguida se pro­cede en todas las piezas como en el caso anterior, el jefe manda: piezas (ó tales piezas), FUEGo, voz que repiten simultáneamente los primeros sirvientes de la izquierda antes de descargar los respecti­vos proveedores, si no se ordena ALTO EL FU EGO antes de agotarlos. Fuego por descargas con serie progresiva -El jefe indica el blan­co que habrá de batirse; adopta una distancia inferior á la real, y manda: fuego por descargas en serie progresiva; tantos proveedores, á tantos metros, ROMPAN EL FUEGO. U na vez preparadas las piezas como en los c1sos anteriores, manda el mismo jefe: piezas, FUEGO. Los primeros sirvientes descargan los proveedores respectivos, pero á cada uno nuevo que se coloque en la pieza, los segundos sirvien­tes de la izquierda hacen describir al volante del tornillo de punte­tería un cuarto de vuelta de izquierda á derecha, sin que de nuevo se apunte la pieza por la ranura de mira. Cuando el jefe juzga que los disparos alcanzan bien el blan­co, y que por lo tanto está hallado el alza conveniente, mandará: FIJEN EL ALZA, á lo cual los sirvientes cesan de mover el tornillo de puntería, y el fuego sigue con la misma alza hasta que se ordene ALTO EL FUEGO. Al darse la voz de fijen el alza, los jefes de pieza colocan el alza en la graduación que coincida con la inclinación que en ese momento tiene la pieza sobre el plano horizontal, in­forman á los oficiales de cuál es el alza así obtenida, y éstos, des­pués de rectificar la puntería si fuere preciso, transmiten el dato al jefe de la maniobra. Fuego á discreción-El jefe indica el blanco y manda: Juego á Jiscreci6n, á tant?s m etros, ROMPAN EL FUEGo. Después cada ofi­cial, así q UP su pieza está lista, ordena : pieza, FU EGo, el cual con­tinúa hasta que se mande cesar el fuego. NoTA - Durante la ejecución de los diversos fuegos el jefe de la maniobra puede ordenar el empleo del mecanismo de dispersión lateral, lo cual hará indicando qué amplitud (corta, mediana, gran­de) dehe darse á la dispersión de los prorectiles. Si aún no fuere suficiente esa dispersión, como cuando varias ametralladoras deben batir una extensa línea de tiradores, se ocurrirá á la dispersión de los fuegos dando á la contera movimiento de vaivén con la palan­ca de puntería, como se indica en su lugar. En ningún caso se podrá modificar el alza empleada, sino por la orden Jel oficial de grado superior que mande la pieza ó piezas. Cesar el fuego Para suspender el fuego el jefe manda: ALTO EL FUEGo, y se procede conforme se dijo en el número 8. 0 Este mandato no es re­petido por los oficiales ó jefes de pieza. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ S,.lir de batería Para que las piezas vuelvan á formar en columna con la dere­cha en cabeza, el jefe manda : artilleros á la dtTecha, á cerrar dis­tancias sobre tal pieza, MARCHEN. A la primera voz los artilleros giran á la derecha; á la segunda, todos lo~ oficiales, excepto el del pelotón que debe formar la cabeza de la columna, mandarán: (~­iumna de frente, y á la voz ejecutiva MARCHEN, que repiten los oficiales, menos el primero, los pelotones se ponen en movimiento. Luégo cada oficial manda : pelotón, ALTO, cuando el de su mando se ha acercado al anterior. Formada la columna el jefe mandará: columna de pie-.as, d1 (rente, MARCHEN. Si la columna ha de formarse con la izquierda en cabeza, el jefe mandará : artilleros á la i-r.quierda, etc., y el movimiento se ejecuta de modo análogo pero inverso al anterior. Es claro que para formar la columna si las piezas no se están moviendo á brazo sino atalajadas, se harán enganchar previamente á los armones ó avantrenes. NoTA-Cuando varias piezas que están reunidas para la ma­niobra forman dos ó más baterías, los capitanes comandantes de ellas repiten las voces del jefe superior. Además, en los fuegos su­cesivos las piezas se disparan en cada batería por mandato del res­pectivo capitán. La ametralladora con su armón arrastrada por dos bestias ocupa 2mo frente por I o de fondo, que suben á I 2 si ~1 tiro se dobla, como sucede en los terrenos dificiles.-Continúa. D.l ESTRATEGIA Y DE TÁCTICA EN LAS PEQUENAS GUEJlllAS por el Mayor C. E. Callwell, del Ejército ingléa TJ.ADUCCIÓ.N DE JSIDOAO l.A VZRDX AMA Y A (Continuación) Los tres cuadros de Hicks Bajá en Sekán, en donde su ejér­cito fue atacado y destruído por los .1\lladistas, guardaban el enor­me tren que exigía la conducción de víveres para cincuenta días y el agua para algunos. 1'al convoy debió ser un terrible estor­bo durante el combate, y contribuyó probablemente á producir el desastre que sobrevino. Sin duda que un hecho semejante rara vez se presenta en la guerra, porque es un caso sumamente raro el de un ejército que abandone sus comunicaciones para lan­zarse á varias jornadas de marcha en el interior de un país sin agua y sin recursos, y ocupado por un adversario bastante temi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 710 80LETIN MILITAR ~ ble para hacer indispensable la formación en cuadro, y esto e~ justamente lo que sucedió. De ordinario en semejante caso el método e~ formar un z.eribá ó vivac atrincherado, en donde se deja el convoy protegido por una parte de la ~olumna, c:uyo resto se forma en cuadro para p1 ec:;entar combate al adversario. XXV. Si es posible, antes del combare, los bagajes st colocan m un -x.eribá-Antes de los combates de Tomay y de Abu-Kiea se formaron z.eribás, en el interior de las cuales se colocaron en se­guridad, durante la lucha, las provisiones ·y los no combatientes. Este procedimiento es generalmente fácil en un terreno descu­bierto, pero es imposible en las regiones cubiertas de malezas y de arbustos, como en los alrededores de Suakín, atendiendo á que no se sabe en qué punto esté el enemigo y á que el lugar y el momento inminente del combate no pueden fijarse ni aproxima­damente por las tropas regulares. La regla de que cuando está próximo un encuentro se ha de dividir un cuadro de marcha en uno de combate y en un depósito fortificado, no es, desde luego, siempre aplicable. XXVI. Formación del cuadro elástico en marcha- El proble­ma se simplifica muchísimo cuando la naturaleza y la táctica del adversario en estas guerras irregulares permiten adoptar para la marcha una formación en cuadro más elástico. Desde luego hay más espacio en el interior de un cuadro elástico que en uno rígi­do; en segundo lugar la misma existencia de los intervalos facilita los movimientos de toda la columna. XXVI L C:;/umnas dispuestas de manera de formar rápida­mente ti cuadro-En el Dahomey, como ya se ha dicho, la co­lumna expedicionaria del General Dodd3 marchaba generalmente al principio en grupos paralelos dispuestns de manera de poder formar rápidamente un cuadro de trc lados en el mome ¡Ho de contacto con el enemigo. Los reconocedores del ter reno no po­dían apartarse mucho de las columnas por causa de la densidad de la selva, y por esta razón la presencia del enemigo de ordinario no se notaba sino á última hora; sin embargo, las tropas francesas al­canzaron casi siempre á tomar á tiempo la formación de combate. Pero después de cerca de un mes de experimentos el General mo­dificó sus disposiciones, y en la marcha final de Akpa á Abomey adoptó la formación de marcha en cuadro, sobre todo para envol­ver las numerosas trincheras de los del Dahomey y para tener más alerta á toda su columna. Pero este cuadro tenía siempre grande elasticidad, y al disparar, la formación, como ya se ha dicho, fue á menudo ca¡i abandonada porque una ó varias caras atacaban al enemigo. El orden de marcha volvía á tomarse tan pronto como era posible. Algunas veces, cuando la selva era muy tupida, el cuadro avanzaba muy lentamente; pero después de todo, el siste­ma de marchar en cuadro se sostuvo hasta la llegada de la colum­na al frente de la capital del enemigo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 111 En lo que concierne á la formación rápida en cuadro de una columna en marcha, importa hacer notar que el deaastre de la co­lumna Baker Bajá en I 88 5, cerca de Tri nkitat, parece en parte imputable al hecho de que sus tropas no tuvieron tiempo para for­mar el cuadro en el momento del ataque de los Madistas. Pero esas tropas eran tan poco veteranas y tan poco diestras, que no se puede sacar grande enseñanza de este desastroso combate. XXVIII. La artilftría y la caballería en los cuadros tn mar­cha- La colocación de la caballería y de la artillería en los cuadros en marcha está sujeta á los mismos principios que han determi­nado la colocación de estas dos armas en los cuadros en acción. La artillería en movimiento está sin defensa. Por tanto, cuando se adopta el cuadro como orden de marcha, á fin <.le re­chazar los ataques súbitos del enemigo, es evidente que las piezas deben estar en el interior del cuadro. Por fuera correrían riesgo de ser atacadas antes de poderlas poner en acción. 'Tales condi­ciones, si el enemigo es audaz y está resuelto, presuponen una forma rígida del cuadro. La colocación de las piezas durante el combate, sea en los ángulos, sea sobre los frentes, ha de .fijarse de antemano, y lai piezas deben marchar en el interior del cuadro c~r­ca de los sitios en que han de colocarse. En una formación en cuadro más elástica, la artillería, por lo común, debe también co­locarse en el interior. Por otra parte, en marcha, la caballería estará necesaria­mente fuera del cuadro; ella es inapreciable para el servicio de re­conocimientos y puede de este modo prestar grandes servicios al cuadro. Su retirada al interior de éste en cas::> de ataque, rara vez será prudente, á menos que, como en Ulundi, el enemigo no sea muy numeroso y no envuelva la columna, ó que no di. ponga del tiempo necesario para que esta retirada se ·verifique de propósito deliberado y en buen orden. Desde luego que, en circunstancias ordinaria , la cabal eria es cornP.letamente iudependiente del cua­dro. Durante la marcha hacia los pozos <.le Abu- lea, lo mismo que al Teb y á Tamay, la caballería marchaba á alguna distan­cia de los cuadros; y lo mismo pasó en el Dahomcy. Hicks Bajá parece que adoptó idénticas disposiciones. Cuando el cuadro es atacado, la caballería puede obrar seg.:in las circunstancias, y has­ta puede hacerlo muy eficazmente contra un enemigo en derrota, como se demostró tan bien en el Teb. Cuando los centinelas de caballería marchan al frente de un cuadro en marcha, deben estar prevenidos, que si dan sobre un fuerte número de enemigos, se re­tiren hacia uno de los flancos, de manera de d scubrir el fuego de la infantería y de Ja artillería. En el Dahomey, en donde la naturaleza del terreno y lo reducido del destacamento de caballe­ría paralizaba toda acción de esta arma, las tropas montadas se mantenían por lo común, durante la marcha, sobre el flanco. Al­& unas veces, cuando el enemigo aparecía numeroso, la caballerít. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 712 80LETIN MILITAR ~ se retiraba detrás de la columna y formaba la cara trasera del cua­dro de combate. XXIX. f7ivac en cuadro-No hay mucho que decir sobre la formación del vivac en cuadro. Cuando hay que recurrir á él, casi siempre es mejor transformar el vivac en un puesto fortificado provisorio, ó zeribá, ó en laager, si á la columna siguen carruajes. Los franceses en Egipto vivaqueaban en cuadro. En las opera­ciones de guerrilla en Argelia, en la mayor parte de las campa­ñas de los rusos en el Asia Central, en el Sudán, en Achín y en la generalidad de las operaciones en bosques, el orden normal de vivac es el cuadro. La víspera del combate de Kashab, en Per­sia, * la columna de Sir J. Outram vivaqueaba en cuadro cuan­do fue repentinamente atacada por el enemigo. Hay que pre­ver la posibilidad de un ataque de todos lados. Esta cuestión se estudiará mejor en el capítulo siguiente, que trata de los zeribás y de los laagers. CoNCLUSI6N-Nos hemos extendido mucho sobre la forma­ción en cuadro, más bien con el fin de mostrar las diversas condi­ciones en que se ha empleado dicha formación en las guerras irre­gulares, que para sentar principios sobre la oportunidad de ella y sobre la mejor manera de organizarla. Ella no goza de gran presti­gio entre ciertas personalidades. Es cierto que en teoría se puede decir mucho en su contra; pero en tanto que tropas regulares se vean estorbadas con los bagajes indispensables, y tengan que com­batir con guerreros que por causa de su gran superioridad numé­rica y de su rapidez de movimiento ó de la naturaleza del teatro de operaciones ataquen por todos lados y cuando quieran, será di­fícil encontrar nada mejor que el cuadro *.-G"'ontin~a • En 1857 el Virrey de la India h bh enviado á Per~ia una columna com~ pne ta de tropas ingle ·asé incli~~ mandada· por Sir James Outram. E:.ta columna debía con¡,treñir ,.1 Shah de Per ·ia á que abandona e. us preten. iones ~obre Hérat y Kandahar, "los do· puntos del Afganistán oecident.d que dominaban las líneats eiarnprt! seguidas, desde Alejandro ha ta Ahrnael Shah, por lo invasores de la fn. dia, y que por e. ta causa debían ser ocupado~ por attligos de la India Británica 6 por ésta misma." La colum11a de Sir Jame · Outrnm de embarcó en Bu!~hir, sobre el Golfo Pérsico, obtuvo dos victorias, unn de ellas la de K'lshab, y forz6 al Shah de Persia á pedir la paz. The lndian Muting of 1857, by colonel Malleson, páginas 25 y 26. • El Mariscal '\Volseley se expre. a sobre este punto así: " Es absolutameu· te indispens!lble en el desierto que toda columna tenga caballería que asegme el servicio de lo reconocimientos; porque si no tenéis tiempo de prepararos á recibir la carga de los 'rahe~, ::;eréi~ destruí,los. Yo sé que la teoría me enr;;efta qne una línt-a puede con su ÍL1cgo rechaz •r al enemigo más audaz, y que los teóricos mili. t.1res rechaz:m todas las formaciones eu cuadro. ¡ Pero que Dios ayude á la línea estorbada con las provisiones y camellos que se'\ atacada por los árabes, como aque­llos que cargarou en el Tcb y en Ahu-Klea! Cuando os aproximéis al entmigo es mejor formar un zeribá y colocar en él la mayor parte de los llagajes que podáis; en stguida marcharéis al atal¡ue en nno, dos 6 tres grandes cuadros en escalones, liegún vuestros efectiY'os1 lanzando la ea ballet fa en todas direcciones •••• '' Soldin'' Pocklt Book, p¡gina 341. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y-" DEL ESTUDIO DE LA HlSTORIA PATRIA Páginas dedicadas al Sr. General M. D. M. 711 La virtud más recomendable en un ciudadano es el amor á la Patria. A favor de tan generoso y noble impulso se han llevado á cabo grandes hechos. Lo que más mueve d ánimo á las arduas empresz.s guerreras es el des de ver engrandecida y pujante la nación en donde uno ha nacid . Por eso nos complacernos tan á m en u do en evocar la memoria de los Próceres, porque ellos expu­sieron su vida á los azares de una lucha encarnizada, tenaz y lar­guísirna, sin otro móvil preponderante que el de la libertad y el progreso del suelo patrio. Cuando nuestros sentimientos republicanos se vean combati­dos por la duda; cuando demo más valor á la posesión de nues­tras comodidades quP. al de·eo del bien general, y cuando el can­sancio de los años nos induzca á ser i ndif~.::rentes en la suerte del país, tratemos de recordar un pasado que nos deslumbra con sus glorias y que, quitándonos repentinamente la venda que nos ofus­ca, nos d<:volverá el vigor del hombre que se siente dueño de sus acciones: que ama el bien y sueña con las glorias de la Patria. El Panteón de: nuestros hombres ilustres es el que guarda los restos mortales de tántos valic::ntes corno se contaron en las prime­ras filas del ejército republicano. ¿Qué mayor título para adqui­rir fama que el exponer la vida con osadía por fundar Ja patria ? Por esto se concibe: que el pre tigio militar que surgió de )a guerra de Independencia fuera tan ab · oluto. La sociedad tnton­ces, vacilatlte en su marcha, desorientada del rumbo qut debía to­mar., y dando pábulo á m zquina Je confianza~ q 1e hicieron sur­g; r con torpe liviandad Ja ambiciones per onal s de algunos polí­ticos, creyó cuerdo oponerse á lo que se llamó el militari. mo. Este no era, materi2.lrnent~.; h.lblando, sino el exceso de= fuerzas, que aleccionadas en el campo dr! la guerra, dueñas del indisputable prestigio de su valor y di::;ciplina, paseaban s•1s armas vencedoras de un t-xtremo á otro dt.l territorio libertado. U na rivalidad secreta enardecía los ánimos de los letrados 1 abogados de la Nueva Granada, quienes pretendía11 ver en cades heroico lidiador una amenaza contra el derecho. En su afán por ver mejorada la sociedad, todo lo concedían al buen juicio y pa­triotismo de que se creían ó sentían animado , sin calcular cuánta era la significación moral d-:! los militares para mandar, ni cuál el grado de sus incontables sacri licios *. De de entonces se sembró ---------------- • E'l po!iible qne irsfluyera en mucho á formar este juicio la consi1leraci6n de que fue un grupo 'le hombres de pluma el que preparó el Clmbio político del pds.. VIJI-46 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 714 80LETIN MILITAR '-y--" por los campos de nuestra política esa nociva semilla de }as des­confianzas, que al andar del tiempo produjo la formación de los partidos y el constante soc:avamiento de la e nece· 81ta <1 JOI),'tf at·, Unjo tOtbiS .StlS f'Ol'Jll¡l, ) Jl80Ctl'(~ ct.J fin en JlUC,­tra legis!adóu. ¡, St•rá llPces,tl'Ío recordar cuán \ ru·ouzosa­nwnt e ' ' tol(tcla fm~ la igualuacl a.nte la justicia bnjo ol • uti­~ ·w rég·inwu'Y Parlameuto~, trihnna.le~ de 8eg·unclo orclcn, ju­Jbcli(: ciones extraol'tlinaria& s ~in lazo que ~e anogahau el derecho lo lle\ar {t los justieinhlt>s ú. ~u barra. 11 tal de:-~¡u·ocio de proc climieutos que uu ahogatlo del rP.r pu,lo flecir que la justicia tle sn tiempo· era nn JHIIajc. No e.·i ·tía ninguna. unilhul en la legislación; casi tHntos eócligo COIUO prO\'ÍIIcia • Fue la. n~\'"O!ución la qu6 eu la Dt·claraeióu ele los a á asegtu·ar la. unitbul (le L.t legislauión. ¡En nue~tros día.:::~ totlct.\'Ía los triuuuale:::~ militares no sou, eu tiempo de paz, vestigiod de uua socieds pri vilegia.uas, el clero y la. uobleza, lmjo pretexto de que el u no reza. ha y la otra. com u a tía, relt usal>a tomar part& en Ja~ (jarg·as pública:-\; ésta:::~ recaían sobre el tercer estado, que f11era. de los impuest s reales llebía, por acre<·entamiento, pagat· una f:lerie ién fne predso qne La. Revolución .estal>lecie~· e et uivel de la ley común. Los célel>res decretos tlo Ja. uoehe tlel 4: de Agosto de 17~9 abolieron los impuestos más ubusivos, y mús tarde, en 1793, la. Couveudón arregló equita­tivameute, por •nedio tle un si~tema. de contribuciones direo­tas é iutlireetas, la parte •le calica ,le 1~4S, el su­ft ·agio uuivtwsal, forma \·i\·ieute y cto, el tiem w lle tres años ape­nas de sct·vwio. L · )~ miembro~ de la euseñs 1.~> y 4.u en letras y ciencia , de dootot· e11 llel'ecuo, de doctor en llledicina, de fa.rmaceuta de pr.ime.ra clase, de veteriwuio, ó el título de iuteru't de los llos­italc: i, noml>l'Ha. el diploma superior que se otor~a. á lo~ (liscípulos externos de la e~cuela rle l">nen­teR y Ualz~ul;.ts, la escuela superior de minas, la e~H·nela de ar­tillería marítima, sea el (liploma. snpel'ior concedido por el Instituto nacional agronómico, la e~cuela de los Raras jercen industl'ias de arte qne sean de~iguaclas por un jnra•lo .Jppartamental formatlo de ohreros y Jlatrones. El núrnP-ro de estos jóvenes no podrá pasar en uiu­gnn caso de nn mcclio por ciento del eontingeute que deua in· corporarse para tres años.-Oontinúa. DEL GENERAL PABLO MORILLO (Continúa) Por e te mismo t.icrnpo l\lariiio pretendió ha.tir en detal la~ g-na¡·nie1o!H'S de Oar·ítpa.no, de Ual'iaeo y gnitln sohr·e C.r1mallfí y bloCJnear esta. plaza por tierra y por mar. El 31 de Oc~tulH·e á uwclio día se prt.•t\eutó, á ]a cahe:;m 0() hom ln t~. , del a u te ra. á la cabt~zn. ele sus. tropas, .Sile (}Olido llacía. alg·unas i llClli':-IÍOiteS :'t Los Lhlnos con sn iufanteda y tllt retlucido número íl t~ jiuete~. Anu cucuHlo víveres no le f.tltaron HUHca, los etwneutros <]tle tn,·o con el enemigo 110 dieron resultc.ulo uingnuo satisfat~torio. La. q ui 11 ta di \'JSión, que permant>ció eutre N u t rias, Ohi~pos, etc., durante la forz. La cornuuieacioue · perma~aece n iut{~tTnm· pidas, y el temor de las euferaH~ sa¡ntrecl'r la inundación. Durante el reposo del l-jército collwllcé n11 géll<'l'O de tra­bajo menos peuoso que el que acababa <~í <~n Valeneia una com1sión encarga­da de remetliar totlos estos abusos, y confhwdome enteramente á su celo, juzgué que podía ponel'mo en eamiuo pa.ra. pasar re Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR '-y--' '119 ista á mi ~jé1·cito. Tenía qne recorrer una v·asta ext(msión del país, pero e~te viaje era indispeusa.ule pa.1·a ordenar bien la cawpafía que iha á abrirse. Me traslaclé pr¡.mero á Barquisimeto por el camino re üalahozo, en a bajo las ól'deues Llel Brigadier D. Francisco To­más Mora les. gst.cjefe, · iempre infatigable en sen?icio del Rey, había logr·aclo ya reunir mil cnatt·ocient.o· hcLbitantes de los llanos, totlo~ m ny bien mon taclo .. 1 n~tru ído ·, (lebió eostttl'le i ncn. ettlahlos t.t'.thnjo~. El s ~lllulo B,ltallúll (le Val< fle ~.,., ele reei<~nt~ f,n·mnción, bací· parte d su 1 ivisión Qt )clé al taulP 1 t <~o m p tiempo so completó en t.oclo, que«la.nclo perf~<:tamentt• el}tlil,ata­ban ya 8ecas; durante todo el inderno el enemigo oeupó ~1 San Fernando y á San Juan de Payara, y tle tiempo en tit>mpo (lP-s­tacaha parte de su eaballería llasta üarnag-uán y San .Taime> para obsen·ar nuestras fuerzas. Al principio no hubo siuo al­gunas escaramuzas de poca importancia, cuyo éxito quedó balanceado. A juzgar por la atHhwia que ostentaban Jos rebeJ ~llll toda apa­riencia, annqne Ye ~·tidos cou uuiform •s relega(los ya en InO'la­terra por viPjos. Los habitante. de las llanurm;, de ·Jum brados con tales preparativo~, se ereían .. n s<>gnritlad sol>re la dert-'clm del Apure, y no rlu(lahau de la , · ictoria si las tropas d"l Hey osa­ban preseutar e. Siu embargo, hada la mitad <1" Diciembre cuatro de nuestras clh·i ·iones se ponían en rnareha. para. La Portngnesa con el fin de re u u irse e u el paso del Chorrerón. Justamente en eso momeutos snfrí en üaraca~ una caítla de á caballo tan violt'IJta c¡ne nw imposibilitó para poder ha­cer Ul'iO, durante alg-ún ti ... mpo, ele la. piPrna. izqniPrda. l\le vi obligado {!, gtwnlar canw, y tu\'e <]IIP co11tiar al 1l;tri~cal de campo D. Miguel Latol'l'e t>l mando ele )a vaug-uardia y de la 6egunenc.->fieeucia r .s¡wcto de estoR impmta:iltes fun­ciouarios que, como he dicllo antes, lo son ~·ono en pueblos retiraga floja y deto;virtnada, si aca. o llt>ga.. ¡ Plugnieso á Dios que por tiu .·~ aboliera la perniciosísima prúctie de cobrar dinero por la a:lmiui ·tración de los ~acra.mentos, v •t'(la.· dero ,if ot i ·moque des nto iz· y vilipeudia. el minil;terio del Cura y lt> despoja dé su prestigio moral á los ojos de Jo feli· gr .·e , al pa~o que propaga. entre é-.tos la corrupción y el con­cubinato! • Pero uo l>asta.rá señalar Rneldo {t lo Cnras para fJU6 vivan mode tamente; 1· ju ·ticia. ~· la con veuieucia el •mandan que se pien.·e también en crear nn fl)mlo de pensiones de retiro para los iu\Tálidos del sac rdoci0 ~ctivo á quienes la vPjez y la pohn!za ,orpretHlan é inutilicen en meÚl'J'ocos ruraleR, sin reconl refuta á cada pa'!o: laa excepciouea no coustituytn rf'gla- L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 722 80LETIN MILITAR ~ envejecen, .V env~jecen roaearlos . F11e preciso llesmon­tar ·s<~ y dt=-ja.rse rocita que, totla azort.Mla., tratctb i\ escalar nn cerro qne se alzaba det·echo y descarna(lo sobre la quebrada. No había otro camino sino una senda. mn,y angosta q ne SPrpentealH\ en cortos zig-zag basta la eJe,·adacumhre piramidal. Uouforrne subíamos, el J)rohlema. se complicaba más y más. El suelo de la setHht "e componía de pizarra es uso y costumbre en la mayor parte de lo~ nnéstros, snbe á la cima misma. del picacho, aprovechantlo totl~ la al t11ra p:tra despnés proporciouat· el placer de u u a b:~ja1la correspondiente: a8í las Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 723 agraclable~ emocione~ del tránsito se prolongan ba~ta qne no hay clón(le encaramar~e, como si SL' hnbiesc querido ponPr á pruPha la SPren iclar­m ·uHlo paredón. Al fin •lcl r~coierta aq nella~ e. traiia.s cabl'iolas. - "¡,Y flllién te ha dicho, alcoruoqne, replicó mi cmnpa­ñero dese le lo alto. fllle este camino se ha. hecho para. caminar?" -"Sí, mi arno. el camino e~tí .fierecittJ, pero en h1-1.ja.rulo la otra. mu~sta eutr;:trc~mos en lo llano, qno aunque es un poco pan­tano" o no tieue peligro." -"¡Otra enesta y nn 11a.no ptlntanoso! exclamé desmon· tán(lorne. bn(l'n consnelo! & Y vos clecí:i, ala. ha.qniano, qtte este camino :fierecit() es mejor qnc el qne am;l.n (le arriba?" -'·Sí, señor: el (h~ arl'i balo ba ta.p ll) el monte, y hace tiem­po que no lo componen." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LElUI MILITAR '-y-" -"¡Y qué bac~n el Alealuía eYi­dentenwnte n1ás de malicioso qne de cándido; razón a(licional para clt->jarlo en pacífica po~esión (le su reser\·a. Todo· los ca­minos de la parte baja del Cantóu de Chiqninqnirá. se parecen al que .., '? Ni debe sorprencler la próxima extinción de los pueblos de Bnena\'ista, Muzo y Pu­rip1, cuan1lo á la falt.a de caminos trausitahles se une para des­truíl'los la ausencia ue to(la policía y el egoísmo y la avaricia de los vecinos que po(lrían atajar la ruina, pero que no la per· cibeu 6, ¡co~a extraña! estft.u interesados en ella, como las au­toridncles de M uzo. Bien entracla la tardt~ llegamos á Canipauna, pueblo asta.nte eoucurreucia y mod­miento, Cf-\lebrárHlose los cambios y contrato. pri11cipalmento con Yeeiuo.' de Ohiquinquirá. Canipnnua eneittTTa muchos ele­nHmtos de progreso, y adelantará sin (}ucla si la. suerte le d~­para Alca.lcles como d que hallamo:~ funcionan llo, jo\~en lleno ele patrioti . In'> y clPseo ·ísim ele la f~licicla1l cta ele dos y mn lia legua.:;, en el últ.imo término de unas rio d colina.s d •sct·ecien­tes qne cle,'tle Oa.nip.:tuiH h·ljan iul~ta Hl pie tle la maje .. tnosa serranía cl..-1 Tam brial. el h~hmmos los \·értices blattr¡ necino y erectos de Furat<)ua. Para llegar allú. Pra preciso dar nrt roch~o de casi cinco leg-uas yenclo por el eami11o mpresa lwmé riea, no siendo r.,c~il atr·avesn.r las selnts y desiertos qne ele él nos separa.han. A la mafia.na signiente partirnos,~,. como á las tres ele ht tarcle llegca.mos á la. casa del Sr. P .. ttlilla., donde hnhimo'i de clt•jar las cabalgtt.(lnra.s pa.n\ tra~poner un <'erro qne nol:i tli­vidía del objeto de nuestra excursión. No había camino alguno~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ y fue menester abrir á machete una. pica por entre el hosque: el calor <>ra a.hra~aclor y la. fcltiga no peq neña, pues las lacleras del cerro son en extremo esca r¡)a
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 181

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 182

Por: | Fecha: 15/12/1900

BocoTÁ, Dicr~WBilB 1 S oa 1900 ·---------------------------- - ~~~~- ---- - -- -- ------------------ ---- Organo del iliiaisterlo de Guerra y del Ejército Son colaborad orea de este periódico los Je!ea 1 Oficiales del I::jérci~'' .A..::ST<> X"V" Director ad honorem Francisco J. Vergara Y. General de lngrnieros, Miembro de Y&riu So­ciedades Cientfticaa :ISTU:t\1.1:. 102 J!Dllil&J~'1Jj~~ k11'. 0 ~41Sl JWTª Jl~®® (10 DE DICIEMBRE) que honra la mem ria del Ilustrísim0 y Re\.·erendísimo Sr. Dr. D. MANUEL JosÉ MosQUERA El Vutpresidentt de la República encargado del Poder Ejuuti'Us co , ·siDERANDO O .te la Iglesia colombiana ha dispuesto honrar hoy de un modo ~special la mern ri.t del ilus trísimo y Reverendísimo Sr. Dr. D. MA:-:UEL JosE .V1.osQUERA, Arzob ispo de Bogotá, por ser est· fecha aniver:, ario de · u f.diecimicnto; Q~ e e te i 1signe va r. ón p o r su profunda ciencia y sus exi­mias Vlrtudc5 preste) incalculables SCn'i c i· >s á )a formación de }a inteligencia y de L1s volunt(\des, ora. con su elocuente palabra en los colegios y en la cátedra, ora con sus admirables escrit s, y ya ta nbién con Si! abnega:ió :1 y mansedumbre á maravilla armoni­Zld.. ls con la cons t..1ncia y ener5ía que en día aciagos desplegó en defensa de los fu e rm de la Rdigión C a t c)lica, b.1se del orden social, DECRP.TA Art. r .o El G >l:>iern 1 de la República se ria dd ilu~tre m irtir y gran defen.or de la Fe, Ilustrí...imo y RevaenJÍ::;im ·J Sr. Dr. D. \1. ~NUlH .. ]osE MosQUERA, dignísimo Arzobisp~ de Bogotá. VUI-4-7 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. '130 80LETIN MILITAR ~ Art. 2.0 El Gobierno presenta al pueblo colombiano como­ejemplo y dechado de caridad y celo apostólico la vida del gran Arzobispo. Art. 3·° Copia auténtica de este Decreto le será presentada al Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. Arzobispo de Bogotá. Dado en Bogotá, á 1 o de Diciembre de 1900. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C. • • JID}j}@~~~l» ~~~o ~~1]; ID>~ 11~®® (ro DE DICIEMBRE) por el cual se tributan honores á la memoria del Sr. Dr. D. AQUILEO pARRA El Yicepresideñte de la Rtpública encargado del Poder Ejecutivo CONSIDERANDO Que ha fallecido en el Municipio de Pacho, el día 4 del co­rriente mes, el Sr. Dr. D. AQUILEo PARRA; Que el finado, por sus méritos distinguidos, de5empeñó por un período constitucional la Pre idencia deJa República, y ejerció­los empleos de s~cretario de Estado y Gobernador Secciona!, y mereció también por su moderación y prudencia la confianz-a de gran parte de sus conciudadanos, como Director político, DECRETA Artículo único. El Gobierno deplora el fallecimiento del meritorio ciudadano y distinguido hombre público Sr. Dr. D. AQUILEO PARRA, y dispone que se tributen los honores póstumos que son de costumbre en casos semejantec;. Este Decreto se enviará en cop:a auténtica á la familia del finado. Dado en Bogotá, á 10 de Diciembre de 1900. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Mini tro de Gobierno, GuiLLERMO ÜUINTERO C. "" Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ '131 SOBRE LA FORMAC I ÓN DE SIRVIENTES APUNTADORES EN L0J. CUERPOS DE ARTILLERÍA Arr~glada del francés para el BJleli11 Militar SEGUNDA P ARTE - J os,rucción e s p ecial La instrucciórl especial comprende: a) Los ejercicios de pun­tería; b) Los de alineamiento; e) Los de corrección de Ja puntería; d) Los de conjunto, y las prueb21s para la definitiva clasificación de los apuntadores. La instrucción especial se dará en cada batería ó grupo de piezas por lo3 oficiales, b.1jo la dirección dd superior res­pectivo. Los ejercicios se ejecutuán primero en el patio del cuartel, empleandJ tantas piezas cuantas sean necesarias: la maniobra en cadc1 caso corre á cargo de lo5 artillero;; designados p:tra desempe- ' ñar las funciones de primer sirviente de la izquierda y segundo de la derecha. Lo3 otros artilleros permanecen observando tras la pieza, hasta que les toca el turno de reemplazar á aquéllos. En fin, para facilitar la vigilancia se reducirán los intervalos entre las. piezas. Primera lección-Puntería con ~1 alza sola Puestas las piezas en batería y colocados los artilleros tras de ellas, el instructor designa cuáles de los soldados desempeñarán las funcione$ de primer sirviente de la izquierda y segundo de la derecha, )es hace ocupar sus puestos, y en seguida indica cuál es el punto sobre el cual se debe dirigir la línea de. mira, mandando: cvn (tal) alza y (tal) desvío, APU:-JTEN. El primer sirviente de la izquierda repite en voz alta los ele­mentos de )a puntería indicados por el instructor, y asesta la pie­za, ayudado por el segundo rie 1.~. derecha. Apuntada la pieza am­bo:; vuelven á su puesto en la fila, en seguida de lo cual los jefes. de pieza verifican la puntería y la rectifican en caso necesano. Antes de a"estar la piez.1, el primer sirviente de la izquierda se asegura de que la culata descansa sobre la cabeza del tornillo de puntería. El instructor indica entonces una nueva alza y otro des­vío, y así continúa la sesión, haciendo que los mismos individuos ejecuten varias veces seguidas diver · as punterías, hasta que todos los artilleros hayan desempeñado las funci,mes de primer sirviente de la izquierda t ras p.lsar por lJs de segundo Je L.t derecha. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 732 BOLETII MILITAR ~ En las primeras sesiones el instructor indicará las aJzas en milímetros, c;iendo más tarde cuando lo hará en distancias con laa voces á (tantos) metros, con (tal) desvío, APUNTEN. Los desvíot los indicará ora á la derecha, ora á la izquierda, conforme sucede en el tiro real. Segunda lección-Puntería con alza y nivel Cuando se haya de disparar á distancias superiores á aquellas que están indicadas en el alza, se hace uso del nivel de punte­ría para dar á la pieza la inclinación conveniente. El instructor dará el nivel al primer sirviente, quien lo coloca en el saco de es­topines, en seguida seña!a el blanco y manda : con (tal) desvío 1 (tantos) grados, APUNTEN. El primer sirviente de la izquierda repite en voz alta los da­tos enunci~dos, coloc'i la corredera del alza en la última división en ésta marcada, introduce la espiga en su canal y asesta la pieza, .auxiliado por el segundo sirvie-nte de la derecha. En seguida, to­rna d nivel de puntería, coloca la corredera en la tdi visión corres­pondiente, aprieta el tornillo de presión, pone el nivel sobre la culata, á plomo, con la flecha dirigida hacia el blanco, y hace que el segundo sirviente de la derecha mueva el tornillo de puntería hasta que las extremidades de la burbuja de aire queden á igual distancií:l de los dos trazos marcados en el cristal. Terminada la puntería los sirvientes se retiran á sus puestos y el jefe de pieza procede como en la lección anterior. Cuando obstáculo; naturales ó artificiales, situados entre la pieza y el blanco, impidan dirigir la línea de mira sobre aquél, mirando por el ojillo del alza, y sí sea posible que el artillero lo vea colocado de pie tras la cular.1, se hará uso del nivel de punte­ría para dar á la pieza la inclinación correspondiente, y la direc­ción se determina por medio del alza y de la plomada. En este caso, al mandato de con (tal) desvío y (tantos) grados, APUNTEN, el primer sirviente de la izquierda repite el desvío in­. dicado y coloca el alza en su canal con la corredera en la divi­sión correspondiente al ángulo de tiro indicado, ó en la última, si fuere superior á la escala de ella, arreglando en seguida la inclina­ción de la caña por medio del nivel de puntería. Hecho esto se coloca algunos pasos á retaguardia de la pieza, se empina, si fuere necesario, hasta ver el blanco, y se sitúa de .manera que el hilo de la plomada que tiene en la mano cubra el -. ojillo del alza y las puntas del guión, y hace mover la contera á derecha é izquie-rda, siguiendo el movimiento del ojillo, hasta que :el hilo de la plomada cubra á la vez el centro del ojillo, la mi­t3d del espacio entre las puntas del guión y el blanco. Como en­ ·.t.onces la pieza está apuntada en dirección, retorna á la culata, ve- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 733 ri fica la i ncli nací ón de la caña, y la rectifica, si fuere precisf', COIT' el nivel de puntería. Cuando á corta distancia adelante de la pieza existe algún· obstáculo ó relieve que impida el empleo del procedimie11to que acaba de indicarse, la dirección de la pieza se obtiene por medio de dos jalonadores. Para esto dos artilleros ( ó dos estacas) se trasladan á la cresta de la ceja, cima de la pared, etc., manteniéndose á cier­ta distancia uno de otro, el instructor los alínea entre el blanco y la pieza, y sobre ellos apunta el cañón el apuntador. Asegurada la dirección, el ángulo de tiro se obtiene por medio del nivel de puntería. Tercera lección-Alineacion de la pieza sobre una señal á vanguardia Siempre que no se pueda apuntar directamente las piezas so­bre el blanco con la sola alza, ó se tema qne aquél pueda desapa­recer durante la lucha, á lo menos para los apuntaJores, se debe jalonar la dirección primera dada á las piezas. Apuntadas las piezas conforme se ha dicho atrás, el instructor escoge á vanguardia y en dirección ce--cana á la 1 í nea de mira, un punto de referencia netamente indicado y bien visible, y manda: sobre (tal) objeto, JALONEN LA PIEZA. Los primeros sirvientes de la izquierda, sin modificar la dirección de la pieza, determinan el alza y el desvío que resultan necesarios para que la línea de mira pase por el punto de referencia. Para conseguir esto sacart n el alza de su canal, aflojan los tornillos de presión de la corredera y de la planchuela, vuelven á ponerla en el canal, y la bajan ó suben de manera que el borde su­perior de la planchuela coincida con el o~jeto señalado, en cuyo momento ajustan de nuevo la correriera. En seguida mueven la planchuela hasta que la ranura de mira quede sobre el blanco, he­cho lo cual aprittan el re pect·vo torr ill . Los jefc:s de pieza se asegurarán entonces Je que la pieza no se ha movido, y de que la nueva línea de mira pasa por el punto de referencia, ó sea el auxiliar de la puntería. El instructor, en cuanto sea posible, se conforma á la progre­sión siguiente para esta enseñanza: designar primero como punto auxiliar ó de referencia un objeto situado sobre la misma vertical que el blanc-o, clavando convenientc;mente una estaca si no lo hay; después otro colocado sobre la misma horizuntal, y en fin, uno si­tuado en una posición cualquiera con respecto al blanco. Para verificar las operaciones, el inHructor desplaza las piezas ligeramente, hace apuntar sobre el punto de referencia con el alza y el desvío auxiliares antes obtenidvs, y derll sobre A, con lo Ctl'tl b el" tanci.t eutre l¡ s dos c:o• reclrrc1.~ rcsult~rá at mentadOn dos estac¡¡s de gancho clavad.:s rlehnte de las rued;t$. L. D. • Para facilitar la puntería en e)o.te ca~o ~s preferible clavar adelante ó atrb pero en la prolongación del eje de la pieza, tres estacas ele m:aynt á meuor, la ú tima' unoa -5 metroil de la baca (contera), y subre ell11!:, más baja que la crior. Colocad<~ lét re~la de correderu, la correcci611 se h3ce á la voz de corran la •orredera (ta11to.~) miUmetrul 4 la derecha (izquierda). • En el A frica Austral tocla obra l etrte de :1fuer·t. e ~onstruye una trinchcrs i11gluas m A/rica, págiua 146, la dt:~cripci6n del b,.­ll• elt-walo", del Africa Austral. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ cuando esa protección se levanta de improviso sólo para proteger á los no combatientes, mientras que el resto de la columna se bate á campo raso. Pero antes de discutir la cuestión más en detall, conviene hacer notar que, por lo común, este modo de manejar las operaciones es, en suma, la adopción de la defensiva durante el combate, y cuando uno no se bate, la formación de laagers y de z.erihás produce en las tropas el mismo efecto que ]a defensiva, esto es, que aumenta la moral de Jos contrarios. III. Objeciones-El sistema, tan extensamente empleado en muchas de estas pequeñas guerras, de encerrar siempre la columna en una especie de fuerte, ¿tiene efecto moral pernicioso s~bre bue­nas tropas? Este punto es controvertible ; pero lo natural es que todos saquen ]a conclusión de que ciertamente el ejército es inca­paz de combatir con el enemigo á campo raso: por esto muchos jefes experimentados pr~tenden que este sistema ejerce influencia depresiva sobre sus soldados. Sir C. Napier, después de su brillan­te triunfo de Meanee, en el Sind, se vio obligado á construír un un campo fortificado, porque cuerpos considerables de Beluchis se­guían todavía la campaña. Pero él hizo acampar su columna fue­ra del campo atrincherado, temiendo que sus tropas, entusiétsmadas con la victoria, no se imaginasen, con motivo de la ocupación de las líneas fortificadas, que su causa peligraba. La confianza en ]as fortificaciones es una prueba de inferioridad con respecto al adver­sario. Los laagers y Jos zeribás no implican el espíritu de ofensiva. El soldado que todos los días se rodea de estacadas y de obstáculos á fin de alejar al enemigo, llega á creer que, falto de esta defensa, no se puede medir con su salvaje adversario. Si se ve con indife­rencia el factor moral, esta manera de hacer la guerra se reco­mienda en muchos casos. Pero el factor moral no carece de im­portancia. IV. Sitt•acioncs que hacen necesario rl emp/e6 de los laagerr y de los zeribás-Cuando el ~iército regular está paralizado por la e­ponsal i .idaJ de la cus~odia de u~1 gran convoy; cuc.ndo no es si no una e:.colta de sus propias provisiones, los laagers y los zcri­hás son casi obligatorio~, si el enemigo es numeroso y emprende­dor. En las malezas y bosques por donde el enemigo pu\!de avan­zar, arrastrándose sin ser visto, v caer repentinamente c;<'bre la columna, es muy ventajoso rode~r el campo de algunas 'obras de­fensivas. Para resistir á los ataques de hordas fanáticas, ó para atajar los asaltos de salvajes que atacan sin tener en cuenta las pérdidas causadas por ]as armas modernas de precisión, los obstá­culos son inapreciab)eg. Lo mismo aconcece en los países en don­de hay que temer las cargas repentinas de caballería irregular. Pero tal modo de manejar las operaciones no deja de ser, hasta cierto punto, una contravención al gran principio que gobierna todo el éarte de la guerra: el triunfo debe buscar~e en el ataque, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ en la conservación de la iniciativa de los movimientos en táctica como en estrategia, en la adquisición completa de los beneficios del efecto moral, en la torna de una actitud de iniciativa que no hay que abandonar nunca. V. Condicionu necesarias para su construcción- La formación de zeribás y de laagers exige ciertas condiciones. Los zeribás, en la acepción ordinaria de la palabra, son espacios cerrados por talas ó matorrales espinosos. Para formarlos es preciso encontrar en el sitio jarales, bosques ó malezas. Los laagers se construyen con carruajc:c;, y sólo en ciertas pequeñas guerras acompaña á las tro­p- as material rodante. Algunas veces estos sitios ó espacios defensivos transitorios se refuerzan con parapetos formados con los arneses y las cajas de provisiones, con trincheras cu bridoras, etc. Pero el fin de esta clase de fortificación rápidamente improvisada no es tanto (para emplear la frase0logía del ingeniero) abrigar la defensa cuanto oponer obstáculos al ataque. Se trOita de proteger las tropas regu­lare~ contra el choque personal del adversario más bien que contra su fuego. VI. Campañas en las cuales los z.eribás y los laagers han sido principalmtnte empleados- Sobre todo se hizo uso de los zeribás en Jas campañ<>s del Sudán, en donde la táctica del enemigo con­sistía de modo especial en asaltos repentinos de temerarios fa~láti­cos armados de lculZas. De ordinario se encuentran á mano mi­mosas y matorrales. Los bosques espesos de los alrededores de Suakín favorecían la aproximación inesperada de gruesas bandas de enemigos, y la construcción de parapetos era el medio sencillo r evidente de contrariar la táctica de los Madistas. En el Daho­mey, en los vivacs en cuadro, los franceses se guardaban por me­dio de trincheras improvisadas y empalizadas; era, en suma, á modo de zeribás. Estos recintos defensivos se construían espe­cialmente para protegerse durante la noche. Los laagers han stdo una característica especial de la guerra en el Africa Austral y en la América Septentrional. En país descuLierto y en las llanuras los zapadores de la civilización marchaban en grupos pequeños con sus familias y sus bienes colocados en grandes wagones, cons­truídos especialmente para estos países montuosos y faltos de ca­minos; detrás de estos carruajes encontraban una muralla eficaz en caso de ataque. ,i4 n estas condiciones las armas de fuego des­empeñaban un papel muy importante, y los asaltos del enemigo eran atajados y rotos. Las tropas regulares que hacían campaña en estos países adoptaron el mismo método, y les salió bien. Las fuerzas de los Estados U nido!', en sus operaciones contra los Pie­les Rojas, formaban á menudo laagers ó corrales, como se les lla­maba generalmente. Durante la represión de Ja revuelta de Rie1, en 188 5, las tropas del Gobierno construían laagers des pué a Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETII MILITAI ~ f4.1 -de cada marcha. En las guerras contra los Zulúes y Jos Matabe­lés, los laagc:rs se levantaban siempre en cada alto si había carruajes y si se temía un ataque. VII. Sus ventajas especiales. Economía de ~uardias de avan­zada- U na gran ventaja del laager ó del zeribá, es la economía te respaldo, transformarse en una co­lumna exclu Ívamente de combate, salir CUJ.ndo estUVO Jista y .combóttÍr en un terreno ventajoso. Fue sostenida por el fuego de la artillería, que permaneció en el zeribá, y que por consiguiente no dificultó sus 1 ovimien-os. Se puede igualmente citar el ejemplo que sigue, sacado de las campañas contra los indios Pieles Rojas, de un laager forma­do, p r causa de un ataque vigoroso y súbito del ~nemigo, sobre una posición defensiva desfavorable, y que siu embargo salvó á Jas tropas de la destrucción. En 1879 una columna pequeña de caballería., seguida por un tren de carruajes, marchaba hacia el White River Agency, en el Colorado. La caballc:ría, que precedía los carruajes., cayó · nopinadamente, cerca del Milk River, sobre el grueso del ene­migo, y fue obligada á b:.1tirse en retirada. Los carruajes forma­ron apresuradamente, cerca dd río, un laager, que se completó en una de sus caras con los caballos. herido5, los que ultimad~s form¿ron una especie de parapeto. La posición era muy desfc~vo- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 742 BoLETIII MILITAR ~ rabie para la defensa. Sin embargo, las tropas reststteron a1lí por una semana, hasta que fueron al fin auxiliadas; durante ese tiem­po habían recibido cortos refuerzos. Las pérdidas en hombres y en caballos fueron muy considerables; pero la columna se salvó. La experiencia muestra también que zeribás y laagers pue­den levantarse en posiciones del todo favorables, y que los ataques del enemigo, en lo general, se pueden p;ever. En Ginghilovo, en la guerra contra los Zulúes, en lmbembesi y en Shangani, en la guerra contra los Matabelés, la posición de los laagers se escogió á voluntad. En Tofrek, cerca de Suak.ín, en 188 5, el sitio del ze­rihá se escogió cuidadosamente. El enemigo vacila casi siempre en atacar vivacs defendidos de este modo. Por otra parte, empleando esta fortificación improvisada para defender á los no combatientes, las fracciones de una columna de tropas regulares que combaten pueden salir y entrar en pelea cuando lo juzguen conyeniente. Esto pasó en Ulundi, en Tamay y en Abu-Klea. Los franceses, en el Dahomey, dejaban á menu­do sus convoyes al abrigo de defensas improvisadas, y salían de sus zeribás para combatir á su tiempo y en un sitio escogido .. Cuando las cosas pasan de este modo, el iaager ó el zeribá Ji bran á la columna de sus bagajes estorbosos, y, por otro lado, le sir­ven de refugio si la suerte de las armas es desfavorable. X. Facilitan el rep~so de las tropas durante las largas operacio­m ·s-U n ejército q 1Je penetra en los territorio~ de razas díscolas y guerreras tiene á veces necesidad de reposo y de seguridad, sin em­bargo de que el hecho mismo de detenerse es en cierto modo una confesión de debilidad. El enemigo 1deduce que es falta de fuer­za, y cobra valor. En un alto, las tropas regulares están muy ex­puestas á los ataques de los adversarios, á quienes esa momentánea inacción infunde atrevimiento. Las tropas nada tienen que temer en el interior de los iaugt!rs y de los z~ribás. Cuando las tropas tie­nen realmente necesiJad de reposo, el tomar una actitud defensiva y también de defensa pasiva es legítima; algo más, á veces es hasta obligatoria. XL Cmclusiones gen~rales -Se podrían añadir otros podero­sos argumentos en f.1vor de e:,te método de ha ... 'er b guerra . .En much.ts campailc1s de estos últimos año·, la práctica ha sido inva­riablemente furmar el laagt r y el zeribá todas las veces que las tropas se deren tan por la noche ó por un lapso más largo. En el Dahomey, en el Zululanci, entre lo3 Matabdés, en la expedición contra Riel, y en d Asia Central en muchos casos, las tropas regu­lares han adoptado este sistema, conf,Jrmándolo á las circu nstan­cias diversas con grande éxltl). Algunas persona<> piensan que tiene un efecto depresivo, y t e men que influya sobre la moral de las tropas. Pero si no se abus t, si se recurre á él en casos de necesi­dad; si no se consiente que consumc1 las energías ó dificulte una Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoL~TIII MILITAR ~ acc10n ofensiva juiciosa, hay mucho que decir en favor de este sistema militar que protege las provisiones de un ejército y le permite algún descanso. XII. Los zerihás pueden servir de puestos defensivos en la lín~4 de comunicaciones, ó ie depósitos de víveres para un tjército en mar­cha- Con el tiempolos zerihás se transforman en pu tos defensi­vos. Cuando la columna avanza, los zerihás de la retaguardia for­man las etapas de la línea de comunicaciones. Algunas veces t~mbién el empleo de los zeribás es un medio de hacer a\·anzar las provisiones á la cabeza de un ejército en marcha. En 1885, cuando se resolvió partir de Suakí n hacia el Sudoeste, un convoy, fuerte­mente escoltado, se envió con orden para las tropas de construír un zeribá en el cual se debían dejar las cargas, bajo la protección de una parte de la escolta. Las tropas volvieron entonces á su base con los animales de transporte. El zeribá se establ ció, á pesar de que hubo que rechazar un furioso ataque cuando apenas estaba medio construí do. En seguida, durante varios días, se envia­ron allí convoyes hasta que hubo provisiones suficientes para per­mitir á la columna seguir adelante. En esta emergencia el zeribá sirvió primero de depósito de víveres y luégo de punto fortificado sobre la línea de comunicaciones, cuando el ejercito pasó adelan­te. Este ejemplo demuestra bien un aspecto Je lo que puede lla­marse guerra de /a a gen y de z.er·ibás- Continúa. SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continuación) En estns ejerc1c:os se fija la atención en la destre7.a de Jo conductores y la manera como dirigen sus piezas, pero no se des­cuiJa lo que concitrne al servido de los caíione., y se exige de los sirvientes una ejecuciJn en cierto modo maquinal, á fuerza de cos­tumbre, de sus diferentes funciones. Los sold2dos no deben omitir ninguno de los detalles que com­prende la carga, tales como cercicrarse de la buena posición de Ja es­poleta, tomar y colocar el e<>top1n, apuntar pronto y correctamente la pieza sobre el objeto indicado, disponiendo el alza según la dis­tancia. La puntería se verifica frecuentemente por los oficiales. ·Todas e tas maniobras se ejecutan de la misma manera en las baterías á caballo que en las montadas, salvo que en las primeras las evoluciones de abtheilung son m u y raras, y pueden, en el caso de que faltara el tiempo, demorarse para el período siguiente. Al mismo tiempo se continúa activamente la instrucción de los apuntadores, de suerte que al fin de este período se pueda apre- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIII MILITAI ~ ~iar con bastante exactitud la suficiencia y las cualidades particu­lares de cada uno. Así pues, en este momento es cuando se efectúa la repartición por pieza de todo el personal de la batería, esforzán­dose por destinar á las diversas bocas de fuego hombres que valgan, en cuanto sea posible, desde el punto de vista de la destreza, fuerza, inteligencia, instrucción, moral, etc. Esta repartición queda luégo tomo definitiva hasta el fin del año de instrucción. 6. 0 Paso de una zanja c~n una pieza enganchada--Se empieza por hacerlo ejecutar á los caballos de silla y de tiro, éstos sin en­ganchar, pero reunidos dos á dos ; después por parejas con el ata­laje. U na vez que los animales saltan resueltamente, se les hace abordar el obstáculo enganchados. No se abusa de este ejercicio que fatiga el material. Aun en campaña, y por una razón análoga, es decir, para economizar los hombres, los cabdllos y las piezas, se procura no saltar la:; zanjas sino en c;¡so de necesidad absoluta, pues casi siempre es posible atravesarlas con precaución eligiendo sitios cuya pendiente en las orillas es menos rápida y permite descen..Jer á la zanja y salir de ella. N o ob tan te, se considera corno necesa­rio ejercitar de cuándo en cuándo á los hombres y los caballos á sal­var los obstáculos de esta suerte, y por el mismo motivo se hace trepar frecuentemente á las baterías por taludes de pendientes pro­nunciadas, recorrer terrenos arenosos, campos labrados, etc. 7. 0 ApreciaL·ión de distancias por los ojicialts, sargentos y ober­gifreite- Se hJce también tomar parte en ella á los artilleros dota­dos de buena vista y á los apuntadores más inteligentes. Como pr~paración á estos ejercicios se comienza por medir, con pasos de hombres y de c1ballos, porciones determinadas de una luenga línea trazada sobre el terreno y marcada con pique tes de 1 o o en 1 oo metros. U na vez medida esta línea, pueden servirse de ella para comparar y señalar los pasos del hombre y de los caballos á las di-t! rentes velocidade . Despué· se reparte el personal de cada batería en dos grupos, de los que cada uno debe contener hombres monta­dos y á pie. Estos dos grupos se separan en el centro de la línea, ae alejan uno de otro siguiéndola, y examinándose mutuamente determinan ]a distancia que los separa. Estos ejercicios son ejecutados en todos los terrenos, quebra­dos y otros, las grandes vías, etc., de manera que se puedan ex­tt> nder tc1n tejos como sea posible. Se enseña también á determinar las distancias sirviéndose de la plancheta ó por medio de planos. Durante los ejercicios de la batería, ocurre á veces que se hace un descanso, el cual se aprovecht p .ua d.:terminar la distan­cia de tal ó cual punto y se hace ver á los artilleros bajo qué as­pecto se presentan, según la naturaleza del tiempo y la luz de que di~ponen Jos objetos que les son familiares y cuya distancia es exactamente conocida. La vista se acostumbra así á hacerse cargo de estas di versas infl u encías. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y-" '145 Todos estos ejercicios son objeto de la más constante aten­ción. Inútil es insistir sobre la extrema importancia que tienen en la guerra las cuestiones de apreciación de distancias y de reglas del tiro. 8. 0 Aplicación de los ejercicios al tn·reno.-Se aprovechan todas las ocasiones para enseñar á la tropa á disponer las piezas confor­me á la naturaleza y forma del terreno, esto es, á colocarlas de tal manera que, sin entorpecerse unas á otras, se hallen bien cubiertas y en estado de obrar eficazmente. La solución de un problema táctico sirve siempre d-:! ba~e á estos ejercicios, que se van ejecu­tando sucesivamente por pieza, sección, etc., hasta que los princi­pios y procedimientos de ejecución sean imperturbablemente co­nocidos de todos los oficiales jefes de pieza y de los sargentos. La misma práctica tiene lugar con las baterías ó abtheilungen enteros, en los cuales se observan siempre las misma reglas. Así pues, se les pone en los di versos casos que pueden presentarse en la guerra; se disponen las baterías como para so tener un ataque ó cubrir una retirada, atacar ó defender un desfiladero, ó un pue­blo, favorecer ó impedir el paso de un río, etc. En todas estas circunstancias se procura conseguir que los soldados dispongan sus piezas de una manera inteligente, se hagan cargo de la dist~ncia y apunten sobre los objetos que sea más importante batir, según las condiciones del problema propuesto. E 1 ejercicio se termina siem­pre con la crítica del comandante de la batería ó del comandante de abtheílung, si maniobran · juntas varias baterías. En este ú !timo caso no se descuida jamás el explicar á los artilleros de una batería el por qué la batería inmediata, que debe obrar de conciertG con la suya, se ha colocado en tal punto mejor que en otro, sobre qué punto dirige su fuego y por que, etc. Se ejercita tambi~n á las baterías {t alinearse con prontitud sobre una pieza ó una sección dada, establecida en posición. Esto no es, en efecto, sino un caso particular de la aplicación de Jos mo­vimientos éll terreno cuando éste es enteramente llano y descubier­to. Se envía por delar te una pieza ó sección que se pone en segui­da en batería y rompe el fuego sobre el objeto indicado; las demás deben venir entonces á colocarse á su altura y romper igualmente el fuego. Durante este movimiento se procura sobre todo que lo que se mande sea hcch á tiempo, que los toques de clarín sean regulares y se sucedan en el orden deseado; que el objetivo que debe batirse sea clararnent designado,- su distancia apreciada, el género de proyectil que se h 1 r a i n 1 i o en fin, el cañón cuidadosamente apuntado, conforme á la distancia y como si se tratara del tiro real. Para ejercitarse á contrabatir la artillería enemiga se ejecutan maniobras á doble acción: sección contra sección y batería contra batería, y se enseña á los soldados á apuntar las piezas lo mismo VIII--48 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. f46 BOLETIN MILITAR ~ en terreno descubierto que detrás de abrigos y á dirigirlas sobre las bocas de fuego enemigas, ya se hallen inmóvilP.s ó en movi­miento. En estos ejercicios se queman habitualmente algunos sa­quetes de pólvora para dar á los artilleros ocasión de dirigir su puntería sobre los fogonazos de la artillería adversaria. Como complemento de todos estos ejercicios, los comandan­tes de abtheilung emprenden con sus oficiales y sargentos excur­siones ó paseos de reconocimientos (Recognoscirungs-Rite). Duran­te estos paseos se da para resolver á cada uno un pequeño problema táctico, conforme á cuyos datos deben con prontitud elegir posi­ciones para la artillería, c.listribuírla correctamente en diferentes puntos del frente supuesto de las tropas, y determinar la distancia al objetivo contra el cual se trata de romper el fuego. Estos ejercicios sirven de preparación á las pequeñas manio­bras, que la artillería jamás deja de ejecutar de concierto con tro­pas de otras armas, todas cuantas veces se encuentren en la misma guarnición. Basta para esto un simple acuerdo entre los jefes de cuerpo. 9.0 Ejercicios de fuerza-Se unen estrechamente á los ejer­cicios de las baterías enganchadas, y los soldados deben haber re­cibido en tiempo oportuno la instrucción teórica y práctica nece­saria para poder durante el curso mismo de éstas reparar ó cambiar una rueda, reemplazar un afuste roto por el de repuesto, levantar una pieza caída, hacer descender ó subir una boca de fuego por un talud de fuerte pendiente, etc. Se les ejercita también en las mismas condiciones al reemplazo rápido de los caballos ó de los sirvientes muertos, etc. 10.0 Servicio de campaña-Bajo este título encontramos una serie de ejercicios que tienen principalmente por objeto la instruc­ción de los oficiales, sargentos y candidatos á este último grado. Se refieren á la organización é instalación de vivacs, reglas que deben seguirse para la disposición de los caballos, construcción de chozas y de abrigos contra el viento, etc.: el establecimiento de abrigos rápidos se ejecuta, según las indicaciones del reglamento, sobre el servicio del zapador de campaña (Leitfaden for den Unter­richt der lnfanterie in Feld-Pionier-Dienst); las precauciones que deben observarse en el servicio de puestos avanzados y de gran guardia; los cuidados que deben tomarse con los caballos durante los altos cortos ó largos; las reglas que deben seguirse para forra­jear ó en caso de alarma, ó bien cuando una batería debe dar media vuelta en un e&trecho desfiladero ó pasar un vado-para preservar las cargas de la humedad,- etc. En fin, este capítulo comprende además todo lo que concierne al municionamiento de las baterías sobre el campo de batalla, así como la manera de dis­poner las piezas y de ejecutar el tiro en ciertas circunstancias par­ticularmente difíciles.-ContinNa. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoLETIN MILITAR ~ EN EL SERVICIO MILITAR (Continúa) 74'1 Tales son, pues, hoy las cuatro categorías que constituyen excepción á la regla sentada por el artículo 2.0 : "La obliga­ción del servicio es igual para todos." A Cuáles son las circuns­tancias que han infiuído para que este artículo 23 se ha~ a in­troducido en la ley á pesar de la hostilidad de la Cámara! Esto e~ lo que vamos á examinar con ayuda de los debates parlamentarioR. Desde las primeras deliberaciones, y la discu­sión duró vario~ años, la Cámara había claramente sostenido su resolución de separar todo lo que podía aparecer como pri­vilegio. Al Senado, que se obstinaba en querer favarecer cier­tas carreras que juzgaba importantes para la prosperidad in­telectual y moral del país, la Cámara respondía con los mismos votos, con el mismo rechazo. El conflicto amenazaba prolon­garse, cuando el término inmediato uua una. el?cuente declaración que traducía ad­mirablemente el sentimiento general : '' Señol'es, decía él, de­cididos á votar el proyecto de ley obre el reclutamiento, tal como la Oomi ióu del Jército lo ha pre~cntado; pero uo vien­do en este proyecto sino una reforma incompleta n semejante cuestión la última palabra quede al su­fragio universal; no es po ible que el conflicto y la resistencia se prolonguen más largo tiempo. Por otra parte, si persistimos enérgicamente en . ostener la aplicación de este principio, sí la mayoría del partido repuulicano se ha pronunciado siempre ~n este sentido, no es cou al fin exclusivo de re. ponder al senti­miento ue igualdad que est[t en el corazón de la Nación; es, so­bre todo, porque queremos dar al Ejército francés toda la fuer­za material y moral que necesita para llenar su misión. "Sujetando á los jóvenes m á im;truídos al mismo .término de ~erncio que los otros, atlquirir{t fuerza la manera de organi­zar los cuadros audonado por los rebchles á pesar de las baterías y de las trincheras con que lo habían fortificado. 1\Iucllas armas y objetos de equipo que dejaron atrás fueron recogidas por nuestros soldados. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ '/53 Di orden de establecer mejor una de las baterías que el enemigo había preparado y de construír una trinchera sobre la ribera izquierda, para formar así una cabeza de puente que protegiese el paso del río, nuestras canoas y los equipajes que el ejército no podía llevar. Como ignorábamos dónde habían parado los rebeldes, las tropas. tomaron po iciones, y el mismo día una partida de ob­servación, como de dosci8ntos hombres, se presentó delante de nuestro campo. El Comandante D. Antonio Ramos la cargó á la cabeza de su escuadrón, y la puso al punto en derrota; murieron cuarenta de estos desdichados y ciuco cayeron prisio­neros. El Comandan~e Ramos recibió en este encuentro un lanzazo muy peligroso. El 11 la vanguardia marchó á la descubierta, y Páez aprovechó esta ocasión para caer sobre ella tle improviso, con 1,200 hombres de caballería. Las tropas reales hicieron alto al pnu to, y esperaron la carga en buen oruen ; pero su aire de confianza intimidó á los rebelues, quienes se contentaron con desplegar todo el aparato ére~ amcuazaha. la provincia de Bariua por el Alto Apnre. e hacía. urgente pru­veer á la ·eguridad de e te país, tan importante por .·u po ·i­cióu g-eográfica, .-u agricultura. y n IHlllteJ'o. a en itua­ción muy embarazosa para, conciliar tauta.s dificultades, y yo o quería sacrificar el preeio re, según las cir­cum~ tancias lo e1..igiesen. El General Latorre ol>tuvo el mando de estas fuerzas, y partió con orden de hacer construír E-mbar­caciones en esta pro,·irwia, cnya montafíat~~ y ríos ofrecen todas las facilidades de~eables para tal género de construcción. ContÍnÍt• (Continuación) Fue é~ta en su origen un alto estribo de la serranía u el NO., roto al travé por a.lgúu terremoto que dio pa o al 1\linero. Las agua" clel río, que allí e caudalo..,o y corre {t razón de una legua por llora., labraron la rotura basta bajarla al nivel del cauce, cortarulo la peña ,•erticalrnente. El cerro mayor (Fura) mide 625 metros ~obre el río, de lo cuale..:', 100 son una línea perpendicular, determiuáudose clesde este límite. á la cúspicle UJm ligera inclinación hacia atrás, sin má, vegetación que al­gunos arbustos. La. parte posterior del cerro. á trechos mon­tuosa, \.>aja en onclulacioue~ rápidas y cortas dt>jando al descu­bierto la altiva cresta del coloso, descarnada y eu forma de un inmenso bonete coronando una pirámide irregular. El cerro meuor (Tena) mide 380 metros del pie á la cima, cortado per­pendicularmente sobre el río, y formando sn espalda un plano inclinado ondulante, que comienza á un tercio de la altura de la cnml>re, dL~jánertura 2,500 metros de espacio arriba, y 500 metros en la base. El ce­rro cortado mide 3,531 metros ue altura, y las paredes del bo­querón descansan en muros perpendiculares de 1,050 metros de elevación, formado cada cual por una sola roca de gres. Narla puede ser comparable al supremo esfuerzo de la naturaleza para romper así aqnella enorme masa de rocas que parecen creadas para resistir las mátl violentas conmociones; el ánimo se sobrecoge al con iderar la. magnitud del poder puesto en ac­ción para vencer tamaño obstáculo, y se admira la oportuni­dad con que la mano del Creador abatió la estupenda barrera á fin de dar libre paso ft los dos ríos, que de otra manera ha­brían inund ~Hlo toda la comarca, detenidos en "'u curso por al­tas serranías capaces de resistir inmobles cualquiera presión ele las aguas. Como el día se nos acababa tratámos de regresar tempra­no á tomar unestras cabalgaduras y nlcanzar el pueblQ no muy entrada la noche; mas en la penosa. faena de escalar á pie el áspero y montuoso cerro que uo separaba de la l'~ ta.ncin del Sr. Padilla, gastamo el resto del día; y el dueño (le la. ca a, anciano respetable, amable y frauco, qne en aquella ~oledad vive patrüircalmente rodeado de sn!-l hijo, y nietos, no uos permitió seguir, dándonos "n mesa y hm~pedaje de una mane­ra tan cordial que r.()era posible r~hmmr el oportuno beueficio. Hablámosle del Otro .rTnndo. H He estado en él," nos dijo, y no pudimos menos de son reírnos por lo estl'am bótico del quid­pro- quo: ''es un vecindario n bienes indu:->triales, pero ricos en mina de sal, cobre, plomo y hierro, en madtwas lle toda especie y en terrenos fórtile f<.tvorecido:.i por temperaturas muy variadas desde 180 á 290 del centígratlo. La población de entrambos Distritos no pas de 2,100 habi ·tntel!J, que esparcido en un va to territorio apeuas m< rcan la huella. iua.cioues invente acerca de la opulencia quo Dios tiene reservada {l, estas comarcas siugu­lares, va to recipiente de riquezas infinitas que se acumulan en silencio, esperando á sus futuros señores. Tierra como esta no ha. sido creada sin graudes designios; y Jos desíguJos de la Pr-ovidencia no son instable corno los proyectos, ni efímeros como las generaciones del hombre. Poco más de dos leguas al N. cbas *. El bueno, el ilustrado, el benéfico fraile Bartolomé de Las Oasas redujo también á cenizas lo" monumentos y cró­nicas de Chiapa, con intención de perjudicar al Diablo, siendo así que Bólo á las ciencias y á la historia antigua de América pe1judicó. Todos erau igual s en este punto: todo nutridos con las ideas bárbaras y asoladoras de la Inquisición; y por cierto que si el Diablo los vio alguna vez en el afán de qu •mar los auales y documento americanos, Jejo" de enojar 'e hnbo de aplaudir á Jos ~jecutore"', pue to que trabajaban en beneficio de la ignorancia, verdadero y acaso úmco Diablo, cau a de los crímenes que deshonran y
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 182

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 1 y 2

Por: | Fecha: 12/01/1901

Boletín Militar __..DE COLOMBIA~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA MILITAR COLOMBIANA BOLETIN MILITAR Orga'lo del JV{i'listerio de Guerra y del:Eiéreito DIRE.CTOR AD HONOREM Qenertll1e Inrenieros, llitmbro de nrias SOi1edal1a CtentJ..tl.•n / SEGUNDA EPOCA-Jt:ÑO V-TOMO I Números 1 á 26, de 5 de Enero á 29 de Junio BOGOTA IMPRRH'l'A DE VAPOR-CALLE 10, NUMERO 168 l~OJ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. l~diee del 5}foJl1o (.o SERIE II Números 1 á 26-Enero á Junio de 1901 OFICIAL Brigada de la Plaí'a. Relación de las b tia compra­Págiua das por la C mandancia 11ilitar de la Plaza, por mandato del Mini ·terio de Guerra....................... '161 Relación de las be tias entregada para sen·icio d tropa , por la Comandancia Militar d la Plaza 162 y 194 omandancia Militar de la Plaza. Informe clel J fe d 1 Bala/Ión Arlz'l!tría Rodada. Combate de M sagrande. 68 DECRETO Decreto número 1. 0 de rgor, sobre honores á la me-moria de] . r. General D. Próspero Pinzón............. 2 Decreto número 2 ele rgor, por el cual • recompen-an los servicio del General Próspero Pinzón en la personas de su viuda é hijos............................... 6 Decreto número 1.0 de 1901 (del Jefe ivil y Militar de Cundinamarca ), por el cual se honra la memoria del Sr. General D. Próspero Pinzón.......................... 4 Decreto número ... de 1 goo, por el cual se crea un Círculo militar................................................ 65 Decreto número ... de rgo 1, por el cual se hace un nombramiento. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 66 Decreto número ... de rgor, por el cual se hace un nombramiento ................. ,........................ 66 Decreto número ... de 1901, por el cual se hace un nombramiento................................................ 67 Decreto número ... de rgor, por el cual se dispone la incorporación del Batallón Rz'caurle al Ejército 1 a-cional.. ......... ... ........... .. .... ... . .. . .. ........ .. ...... ... . 67 Decreto número ... de rgor, por el cual se dispone 1& Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. VI 1 BOLETL. :MII.IT AR DE COLO:\IBIA formación del medio Batallón Rodrfgurz ... ............ . Decreto número de 1901, por el cual se dictan varias disposiciones (sobre orden público) ...................... . Decreto número 61 de 1901, por el cual se 1·egulariza la circulación de los billetes de $ 50, fabricados en la Litografía del Sr. Otto Schroeder ................... . Decreto número 49 de 1901, por el cual se confieren varios ascensos .............................................. . De~reto número_46 de 1901, por el cual se hacen va-rios nombramientos ......................................... . Decreto número .. ·. de 1901, por el cual se hace un nombramiento ............................................... . Decreto número ... de r 90 r, por el cual se hace un nombramiento ................................................ . Decreto número .. . ~e r go 1, por e 1 cual se hace un nombramiento ............................................. . Decreto número ... de 1901, sobre unos reconocimien-tos ( militares inválidos) ................................... . Decreto número ... de 190 r, por el cual se reforma el de 23 de Noviembre de rgoo (reorganización del Batallón I.0 de Arll'!!ería ) .. ............................... . Decreto número ro de 1901, por el e al se concede una pen ión de los fondo dell\Iontcpfo Militar (al Sr. José 11. Pardo R.) ......................................... . Decreto número 105 de 1901, por el cual se fija la in­teligencia del artículo 2. 0 d la Ley 39 de 1896 ...... Decreto número 212 de 190 r, por el cual e introducen re~o~mas <'n los procedimientos judiciales en materia crrm1nal ....................................................... . Decreto número 3 ( bt's), del Comandante en Jefe del Ejército del Atlántico, que impone una contribución forzo a á lo desafectos al Gobi rno ................... .. Decreto número 141 de 1901, por 1 cual se aprueban los marcados con los número 2 (bis) y 3 ( bú ), del Comandante en Jefe del Ejército del Atlántico ....... . Decreto número ... de rgo 1, aprobatorio de otro dic-tado po1· el . r. Jefe Civil y Militar del Cauca ........ . Decreto número 98 de rgor, por el cual e reorganiza la Columna de Occidente ................................. . Decreto número 101 de 1901, por el cual se org;¡niza la 6." División del Ejército ................................ . Decreto número 2 (bis), del Comandante en Jefe del Ejército del Atlántico (reorganiza ión de dicho Ejér-cito) ................. .......................... ................. . Decreto número 323 de rgor, por el cual se aumentan unas asignaciones (Comandante en Jefe, Jefe del Es­tado Mayor general y Comandante Militar de la Plaza) ........................................................ . Decreto número 324 de rgor, por 1 cual se honra la memoria del r. General antiago Buriticá .......... .. Pági?ta 68 97 98 100 100 101 101 101 129 130 1 3 l 193 225 226 227 257 258 259 261 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ' IXDICE DEL Tü:\IO I-SERIE 11 v¡I Página Decreto número 326 de 1901, por el cual se suprimen algunas asimilaciones militares........................... 386 Decreto número 327 de 1901, por el cual se hacen va-rios nombramiento . . . . . . . . . .. . . . . . . . . .. . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . 387 Decreto número 328 de 1901, por el cual se hace una incorporación (el Batallón Canal en la 8."" División). 387 Decreto número 329 de rgor, por el cual ~e incorpo-ran dos Batallones en las fuerzas nacionales ( Tequm-dama y I. 0 de La Mesa)............... . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . 388 Decreto número 352 de 190 r, por el cual e hace un nombramiento (Ministro de Guerra)..................... 417 Decreto número 257 de 1901, por el cual se organi-za una expedición ( sobre la región de San Juan de Rio eco)........................ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 418 Decreto número 258 de rgor, por el cual se segrega un Cuerpo del Ejército de Boyacá (Batallón Sucre) y se incorpora á las fuerzas dependientes de la Co-mandancia en Jefe del Ejército........................... 418 Decreto número 267 de 190 1, por el cual se incorpo-ra un Batallón al Ejército Nacional ( Batallótt Car-doso á la 5." División)....................................... 419 Decreto número 276 de rgor, por el cual se aprueban varios Decretos dictado por el Jefe Ci \'Íl y Militar de Bolívar..................................................... 419 • Decreto número 284 de 1901, por el cual se crea un Círculo :Militar (el de Zipaquirá) y se hace un nom-bramiento...................................................... 419 Decreto mímero 303 de 1901, por el cual se incorpo­ran unos Cuerpo al hjército Nacional (Batallones Colombz'a y T/radorcs y los tres Escuadrones de Zipa-quirá)........ .. . .. .. . . . . . . . . .. . . . . .. . ... . . . .. . . . . ...... .. . ...... 420 Decreto númet·o 35 3 de 1901, por el cual se adscribe al 1.\tlinist rio ele Guerra la Jefatura Civil y Militar del Departamf'nto de Cundinamarca....... .. . . . . . . . . . . . 449 Decreto número 355 de 1901, por el cual se nombra Jefe Civil y Militar de Antioquia..... . .. .. . .. .. . . ... . . .. 450 Decreto número 357 de rgor, por el cual ~e encarga á un Jefe de la Dirección de la Policía Nacional y se hace un nombramiento..................................... 450 Decreto número ... de 1 go 1, por 1 cual e hace un nombramiento................................................ 45 I Decreto número ... de 1901, por el cual e encarga á un Jefe de la 'omandancia en Jefe del Ejército...... 45 I Decreto número ... ele 1901, por el cual se reorganiza un Bata1lón ( Guard1'a d~ Bogotá, antes Depósito)...... 45 1 Decreto númcrb 420 de 1901, por el cual se confiere una autorización al Ministerio de Guerra (aumentar los sueldos militare ). .. .. .. . .. . .. .. . . .. .. . .. . .. .. .. .. .. . .. . 537 Decreto número ... de rgor, por el cual se restablece la 4·& División del Ejército................................. 538 . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. VIII 1 BOLETIX :MILITAR DE COLO~IBIA Págma Decreto número 502 de 1901, por el cual se aumentan los sueldos y raciones del Ejército de la República... 569 Decreto número ... de rgor, por el cual se crea un des-tino y se hace un nombramiento.......................... 6o1 Decreto número ... de rgor, por 1 cual se hacen una asimilaciones y se asignan unos ueldos.. ... . .. . ... . .. .. 602 Decreto número ... de rgor, por el cual se incorpora un Batallón en las fuerzas nacionales ( Batallón Pz·_ chincha en la 8.n. División)................................. 602 Decreto número ... de 1901, por el cual se hace una promoción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6o2 Decreto número ... de 1 go r, por el cual se crea un Cuerpo de Guardia Cívica y se nombra Jefe de él... 6o3 Decreto número ... de rgor, por el cual se hace un nombramiento............................... .................. 6o3 Decreto número de rgor, por el cu~l se nombra Habi-litado de un Cuerpo.......................................... 6o4 Decreto número ... de rgo r, por el cual se incorporan varios Cuerpos á las fuerza nacionales (Batallón Brú:eiio; Compañías sueltas de Guayabal, Agualar-ga y Madrid; y el Piquete volante de Soacha ).. . .. . 604 Decreto número ... de rgor, por el cual se dispone la organización del Ejército de Re erva, se llama al servicio activo á un Jefe y se le destina... .. .. .. .. . .. .. 6o4 Decreto número ... de 1 or, por 1 cual s hace un nombramiento ....................... :............. ........... 6os Decreto númer 473 de I9(>I, por 1 ual e hace un nombramiento................................................ 6os Decreto mímero 474, por el cual ·p hace un nombra-miento................................. ..... .................... 6o6 Decreto núm ro 477 de rgor, por el cual se forma un Batallón con 1 personal de dos E uadrone (Bata­llón Juan José Neira con 1 s E cuaclrones anlos y Neú·a). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6o6 Decreto número 485 de 1901, por 1 cual refunde un Batallón en otro (el Cardoso n ~1 G/rardot ).. . .... . .. . 6o6 Decreto número 4 7 d r go 1, por el cual refunden en uno do Batallones ( Tú·adores y Pú:lu'nc ha ), e llama al servicio activo á do Jefes y se les destina. 607 Decreto número 497 de rgor, por el cual se hace un nombramiento................................................ 607 Decreto número 497 ( b/s) de rgor, por el cual se hace un nombramiento....................... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6o7 Decreto número 503 de rgor, por el cual se llama al servicio activo á varios Jefes y se les destina.......... 6o8 Decreto número SS7 de Igüi, por el cual se restable-ce la navegación en el Alto Magdalena................ 642 Decreto número 6oS de 1 go r, sobre honores á la me-moria del Sr. General Manuel Casabianca............ 666 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 I.t TDICE DEL TO.MO 1- SERIE II Decreto número ro r de I go r, por el cual se honra la memoria del Sr. General Manuel Casabianca ........ . Decreto número 627 ( b/s) de 1901, por el cual se dic­ta una disposición especial sobre prestación y pago del servicio de transportes concernientes al Ejército. Decreto número 632 ( b1s) de 1901, por el cual se or­ganiza accidentalmente una División (Dzvúión Nára) Decreto número 646 de 1901, por el cual se hace una promoción ..... ............................................... . Decreto número 647 de rgor, por el cual se honra la memoria del Sr. Genet~al Pantaleón González 0 ..... . Duelo Nacional .................................................. . Discur o del 'r. Ministro de Guerra, pronunciado en el Cementerio el día de la Peregrinación á la tumba del Genet~a] Pinzón .......................................... . Homenaje oficial al General Pin:~.ón. Discurso pronun­ciado en 1 Cementerio por el Ministro de Guerra, Dr-. José omingo Ospina C ............................. .. Honores Militar s (al General Nemesio Quiñones) ... . Honores al Cn. ncral Casabianca (Discursos de los se­ño:~ c.s D. Lot·enzo Marror¡uín y General Juan F. Po- ·ada ) .................. ....... ........................... ...... . Mement0 ........................................................ . Muerte (La) de un héroe ................................... .. Nuevo .. 1ini trode Gu 'ITa ................................. .. Orden general del 16 de Enero de 1901 (sobre com-portami nto d 1 Batallón Artillería Rodada) ........... . Ord n r;encral dt 1 3 de ~!ayo de rgor (relath·a al Jefe de la 3·& 'ivfcsa d l Estado Mayor general) ........... .. Proposición del Consejo de E tado, sobre honores á la memoria d e l r. en eral D. Próspero Pinzón ......... Proposición del Consejo iviunicipal de Bogotá, sobre honore:-. :i la mt:moria del Sr. General D. Próspero Pin/:ón ................................... . .... ................. . Prvposición del Consejo de Estado, sobre honores á la memoria del r. General Manuel Casabianca ........ . Palo1le,<;ro.& u~ yi, odio de la inr,1Qrtal JOrnada. Fatigas de la 4· Dlvlslon ............................................ . Reorganización del Ejército. Militarización del territo-rio ........................... ................................... . Resolución número 1. 0 del Ministerio de Guerra, rela­tiva al Decreto nt' mero 15 1 de IgüO, sobre aumento de st. Idos militares ...................................... .. Servici'.) h cai del Ejército. Consultas y resoluciones .. . Sueldos militar s. Racione de tropa ..................... .. Tráfico de mulas ............................................ ···· IX Página 667 729 730 731 731 66g 6 539 670 634 9 417 70 538 5 6 667 635 13 194 6o8 610 353 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. X BOLETÍN MILITAR DE COLOMBIA DCJOTRINAL ARTE MILITAR Pdgina Abrigos de vivac................................................. 194 Artillería (La ) de campaña.................................. 292 Combate (El) defensivo .............................. 289 y 361 Desarrollo de los grandes ejércitos......................... 81 1 Escuela superior de guerra argentina..................... 228 Estudio de la batalla de Austerlitz.......................... 487 Espíritu de un artículo de la ordenanza...... .. .. . . . . . . . . 102 Ejército (El) Burgher ( Boer ): su mérito y sus defectos 522 Espíritu (El) militar de una Nación. ( Discurso del P. D~dón):~ ................ ..: ........................ 732, 761 y 793 Fortif1cacwn de campana..................................... 39 Guerra de Secesión. El General Pope. 505, 543, 579 y 707 Infanterías (Las dos) que combaten en el Sur de Africa 679 [nforme sobre el Ejército alemán. 203, 239, 336, 370, 46 3' 55 2' 7 5 3 y. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 8 5 Instrucción sobre la formación de sirvientes apuntado-re~ en los Cuerpos de Artillería .................... 42 y 8o Igualdad (La) en el servicio militar........................ 182 Juramento (El) á la bandera................................. 520 Manual para la preparación de la Compañía al· com-bate .................................................. 17, 70 y 106 Marchas y campamentos ............ 45, 132, 207, 247 y 427 Mando (El) y la iniciativa................................... 1 14 Maniobra y servicio de las piezas de la Artillería Ro- -dada............................................................ 188 Marchas y combates según los reglamentos argentinos 263, 3 IO, 332, 363 Y· .. · ...... ·· .. ···· .... · ..... ·· .... ······ 390 Necesidad de estudiar la Geografía y la Historia ele América........................................................ 643 Napoleóo. La última jornada................................ 745 ociones de Geografía militar. Teoría del terreno. 452, 473, 513 539, 575, 6r8, 648, 674, 701, 737 y... 770 Operaciones militares de la época........................... 244 Preparación de la 'infantería alemana para el comba-te ......................................................... 137 y 163 Principios generales de c . trategia y de táctica en las pequeñas guerras. 33, 83, 149, 176, 198, 232, 269, 305, 326, 356, 396, 420, 458, 477, 5 r8, 548, 586, 614, 656, 683, 705, 741, 777 y............................ 8o6 Procedimientos ( Los ) ele combate de la artillería 388 y 434 Porqué (El) de una catástrofe... . .. . . . . . .. .. .. .. .. . .. . .. . .. 57 I Programa para la instrucción en nueve meses de los · contingentes de los Cuerpos de Artillería de monta-ña y á caballo.............................. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 697 Progreso (El) oe la guerra................................... 766 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. fNDICE DEL TOMO I-SERIE Il XI Página Reglamento mexicano para el sernc10 de campaña 437, 460, 484, 715 y........................................ 749 Servicio de Estado Mayor ............................ 2 7 3 y 297 Sindéresis napoleónica......................................... 61 1 Servicio protector durante el reposo .......... 301, 321 y 353 Táctica de combate de la caballería....................... II8 INSTRUCCION Combate (El) defensivo .............................. 289 y 361 Escuela superior de guerra argentina..................... 228 Espíritu de un artículo.................................. . .. .. . 102 Ejército (El) Burgher ( Boer ): su mérito y sus defec-tos..................................... ... . .. . . . . .. . . . . . . . . . . . ... 522 Espíritu (El) militar de una Nación. (Discurso del P. Didón ) ............................................ 732, 761 y 793 Guerra de Secesión. El General Pope. sos, S43, 579 y 707 Infanterías ( Las dos) que combaten en el Sur de Afri-ca..................... ............ ........ ......... ............. 679 lgualdad (La) en el servicio militar........................ r 82 Informe sobre el Ejército alemán. 203, 239, 336, 370, 46 3' S S 2 7 S 3 y.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 8 5 Juramento (El) á la bandera............................... S20 Marchas y combates según los reglamentos argentinos 263, 3 ro, 332, 363....... . ... . . .. .. . . .. ... ... . . .... .. . .. .... 390 Mando (El ) y la iniciativa................................... II4 Napoleón. La última jornada................................ 745 Preparación de. la infantería alemana para el comba-te ...................................................... 137 y 163 Preparación de la compañía al combate, 17, 70 y ro6 Progre. o (El) de la guerra...... .. . . .. . .. . . . .. . .. . . .. . . . .. .. 766 Porqué (El) de una catástrofe.............................. 571 Reorganización del Ején;ito. Militarización del territm·io 13 Reglamento mexicano para el servicio de campaña 437, 460, 484,7 IS y ..................................... · ... 749 S~1·v~cio _de Estad~ ~ayor ....................... 273, 297 y 460 Smck:res 1s na¡.nleomca.............. .... . .. .. .. .. .. . .. .. . .. . . .. 61 I Estrategia y t:ictica en las pequeñas guerras ( princi-pios generalc.:> ), 33, 83, 149, 176, rg8, 232, 269, 305,326,356,395,420, 4S8,477,5I8, S48, s86, 614, 6s· , 683, 705, 741, 777 y........................ ... .. .. .. 8o6 Estu io d..; la batalla dt! Au terlitz...... .. . . .. .. . . .. . . . . . .. . 487 11archas y campamento 4S, 132, 207, 247 y............ 427 Operaciones militares dt! la época..................... ..... 244 Servicio protector durante el reposo 301, 321 y......... 353 Táctica de combate de la caballería.................... . .. 1 18 ARTILLERÍA Tlro y fortificación de campaña.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . I 94 Artillería ( La) de campaña... . .. .. .. .. . . . . .. .. .. .. .. .. .. 292 á caballlo. Opinione chilenas.............. . .. . 8 I S Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. XII 1 BOLETL' :m LITAR DE COLO liBIA Página Fortificaci6n de campaña...................................... 39 Instrucci6n sobre la formaci6n de sirvientes apuntado-res en los Cuerpos de Artillería .................... 42 y 8o Informe del Jefe del Batallón Artillería Rodada. ( Véa-se Oficz'a.l) . ................................................... . Maniobras y sen·icio de las piezas de Artillería rodada. 188 Proccdim'entos (Los) de combate de la artillería. 388 y 434 Programa para la instrucción en nueve meses de los contingt.ntes de los cuerpos de artillería de montaña · ;l ca, >all u ................. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 697 GEOGR Flt\ Fronteru. (La) Costarricense .......................... 91 y 96 l\1archa (La) del Valle del Pamplonita al del Lebrija. 128 N u \·a Teografía de Colombia ( vistas, planos y cartas geogd!1cas). I-501,533, 565,597,631,663,695,727 759, 791 y..................................................... 821 Necesi~J~d el e estudiar la Geografía y la Historia de Arn'-r1ra......... .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . 643 Occid ·nt · (El) antioqueño. 621,658, 691, 718 y...... 755 Teorf< del t..: I-r no. (Nociones de Geografía m1litar) 452,473, 513, 539, 57 5, 618, 648,674, 701, 737, 770 )' 799 Viaje á. las r~gione::. equinocciale . 344, 408, 446, 468, 498, 529 y..................................................... 818 Viajes por Mé. ico _ Sudamérica. Nueva Granada. 56 I, 625, 723, 757 .. ·· ..... . ................... ................. . 787 :B:ISTr )R.,T [ Memoria . Jel Gc e ral Pablo 1 f rilo. 15 6 , :.no, 277, 375,401, -1f)2, 591 y..................................... 687 Palonegn} . ........................... 55, 64, 124, 128, 159 y 160 Zumalact~ reO' i. Gu rra civil de ravarra (1834-1835). 21-5, 2."0, 282, 315, 34 I, 380, 405, 443, 49"\ 525 Y... 556 V 1 RIE r.J ...... .<\..DES Casos y e ).as de guerra. Una nube disipc.da............. 318 Dem grafía cundinamarquesa..................... ... . . . . . . . . 253 Errata.... . ............................................... . . . . .. . 630 Frontera (La) Costarricense .......................... 91 y 9n Nueva G'Jgrafía de Colombia 1, 501, 533, 565, 597, 631,663,695, 727, 759 791 )'............................ 821 Occident (El) antioqueño .......... 621, 658, 691, 718 } 7 55 Palonegr o . 1v1archas y combates ......... 223, 224, 255 y 256 Peregrinación de Alpha ............. 219, 286, 347, 413 y 594 Rccreacione. científicas ............................... 190 y 382 Viajes :í l.ts regiones equinocciales. 344,408, 446, 468. 498, 529 Y···················································· 8I8 Viajes por México y Sudamérica. Nueva Granada. 561, ñ25, 723, 757 y......... . .. .. .. .. .. .... .. ... .. .. .. .. .. .... 787 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN ~IILITAR DE COLOMBIA Or¡ano del Ministerio de ¡ Guerra y del Ejército t3on colaboradores de eete periódico lo1 Y lefea y OficiRlee del Ejército ? Director ad honorem F. J. VERGARA Y V. General de Ingenieros, Miembt•o de ~arine Sociedades Cientiflcaa 1BG7-1.0 :CZ Z~E30-t 1901 PROSPERO PINZON Gobernante z'mparci'al; adnzz'mslrador íntegro y dz1igmte; magiStrado juslzdero ~· pttblú:z'sla di's­H11. guido; du.dadano Vl.rluoso_y abmgado; soldado valeroso; aslu.lo guerrz'llero ; Gmeral invzclo. Jife de Estado ~fayor gmeral: Comandante m .fife del Ejército · Mi?zistro de Guerra; fl¡'rtc­lo1 · general de operaciones militares. 1876 -1885 -1895 -1900 Susacón, Chita, La Donjuana, Pan de Azú­car, La Ramada, Cruz Colorada, CAPITANEJO, Palonegro, Cúcula, Capitanes. EL DIRECTOR DEL Boletín M1'll'tar SE ASOCIA RESPETUOS~IENTE AL HOMENAJE QUE LA REPÚBLiCA TRIBUTA EN SU:\IUERTE AL MÁS IL STRE DE LOS SOLDA­DOS CONSERVADORES DE CoLOl\lBIA EN EL S'IGLO XIX. Tmto I-1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2 B oletin JJft"lz'ta,~ DECR.E~1'0 .. VU1VERO I.0 D.E-. I90I (EXERO 1 . 0 ) sobre honores á la memoria Jel Sr. General JJ. PRÓSPERO PL ·z6x .El V/ccpreszdenle de la Rep/tblú:a, mcargado del Poder Ejecut/vo, COXSIDERANDO 1.0 Que hoy ha fallecido en esta ciudad el Sr. General D. PRÓSPERO PINZÓ·, Comandante en Jefe del Ejército de la República; 2. 0 Que el Sr. General PI:-;zox desempenó altos puestos públi­cos, como el de Gobernador de lo · Departamentos de Boyacá y Cundinamarca, Tesorero general de la República, miembro del Consejo de Estado, Ministro de Guerra, jefe de Estado Mayor Ge­neral del Ejército. Comandante en jefe del mismo, y en todos ellos prestó importantes servicios á la República ; 3. 0 Que el r. General P1xzó.· se distinguió desde su juventud por su acendrado patriotL m o, por u amor al bien público, por su ejemplar piedad religio a, por u acrisolada honradez, por su valor y pericia militare · y por otra muchas virtudes públicas y privadas ; 4. 0 Que el General P1xzó,· ·e distinguió como militar de altas y excepcionales dotes, las cuales puso al servicio de la causa del orden en las guerra~ civiles de 1876 y 1877, 1885, 1895 y 1899 y 1900, y en especial en <. sta última alcanzó renombradas victorias ·obre lo enemigos del Gobierno, ntre ellas una que dari á Colom­bia rrloria perpetua ; 5. 0 Que el Gen ral P1.·zó. contrajo la enfe1·medad que le pro­dujo la muerte, en lo~ momento de estarle prestando al Gobierno y á la Patria muy cficace. s n·icio. en su carácter ele General en Jef de los Ejército de la República ~ y 6. 0 Que el ·r. General Pczóx, i pe arde haber hech mu­chos muy granclt s bienes á la :\Tación, obró siempre con desin­tcnEs poca veces io·ualaclo, y mo' ido ólo por u amor á la Patria, DE C R 1!: T.\ .\rt. 1 .0 El Gobierno ele Colombia deplora el fallecimiento del Sr. General Dr. PRÓ PERO Prx~óx, recomienda la vida de este ciudadano como modelo digno de imitarse, y considera su muerte como desgracia nacional. Art. 2. 0 Las Honra. fünebre que han de hacerse al cadáver del General P1x¿Ó. · serán co~teadas por e1 Tesoro público y e e - lebrarán con toda la solemnidad posible. Art. 3. 0 El Ejército y todos los empleado· civiles residentes en la capital concurrirán á dichas Honras. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .Éoletíu JV/z'lz'tar Art. 4.0 Todos los miembros del Ejército de la República Ile­varán luto por el término de treinta días. Art. 5. 0 Durante nueve días consecutivos las bandas del Ejér­cito residente en la capital tocarán retretas fúnebres en la Plaza de Bolívar de esta ciudad. Art. 6.0 Todos los Ejércitos de la República cumplirán las respectivas prescripciones del Código Militar, tributando los hono­res de ordenanza á la memoria del finado General PINZÓ~. Art. 7. 0 Un ejemplar de este Decreto será puesto en manos de la señora viuda y los hijos del Sr. General PINZÓN". Dado en Bogotá, á 1. 0 de Enero de r go r. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C.-El Ministro de Relaciones Exteriores, CARLOS MARTÚmz SILVA-El Ministro de Instrucción Pública, encarg-ado del Despacho de Hacienda, MI­GUEL ABAnlA MÉNnEz-El Ministro de Guerra, JosÉ Do:\HNGO ÜsPI­NA C.-El Ministro del Tesoro, ENRIQUE RESTREPo GARcÍA. DECRETO NUMERO 2 DE I90I (ENERO 2) ppr el cual se recompen an lo ~en· icio del General PR6SPERO PINZÓN en las personas de su viuda é hijos El Vicepresidente de la Rep¡~bli'ca, ~ncargado del Poder .E)eculz'vo, En uso de sus facultarle constitucionales, y CONSIDERANDO 1.0 Que ha fallecido el Sr. General PRÓSPERO PINzóx en cam­paña activa al servicio del Gobierno ; 2. 0 Que en la conciencia pública nacional está la convicción de la deuda inmensa de gratitud que el Gobierno tiene contraída á favor del General PINZÓN, y consiguientemente á favor de su familia; 3. 0 Que ya que 1 Gobierno no pudo premiar como debiera y quiso los servicios del General Pn;z6N, en vida de éste, debido á la modestia y al desinterés que le caracterizaban y que le hacían re­huír todo género de distinciones y recompensas, es muy natural y justo que lo haga con su viuda é hijos huérfanos, á quienes no legó sino su amor á la Patria y sus indiscutibles títulos :í la gratitud nacional; y 4.0 Que es un deber de todo Gobierno retribuír los servicios de los que, como el General PixzÓN, consagran su vida al engrande­cimiento de la Patria, con el patriotismo, desinterés, modestia, abnegación y constancia con que lo hizo el héroe cuya perdida en­lutece hoy al país, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 4 Boletín JWt.l·z'tat DECRETA Artículo único. Del Tesoro nacional se entregará á la viuda del General PRÓSPERO Pr. zÓN la suma de doscientos mil pesos ($ 200,000) para que sea repartida por iguales partes entre aqué­lla y cada uno de sus hijos, todos menores de edad. Esta suma se con iderará incluída en el Presupuesto de Gastos de la vigencia en curso, con imputa:ión al Departamento de Guerra. Publíquese y ejecútese. Dado en Bogotá, á 2 de Enero de 190 I . JOSE MANUEL MARROQUIN El l\llinistro de Gobierno. GuiLLERMO QuiNTERO C.-El Ministro de Relaciones Exteriores, CARLos MARTÍNEZ SILVA-El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, MIGUEL ABADlA ivlÉNDEz-El Ministro de Guerra, JosÉ DmnNGO OsriNA C. El Ministro del Te~oro, ENRIQUE REsTREPO GARCÍA. JJ.ECR.ETO NUMERO I.0 DE I90I (ENERO 1.0 ) por d cual se honra la memoria del Sr. General D. PR6SPERU PINZ6N .E'l Jefe Ovil y Mt"Hiar de Cundinamarca CONSIDERANDO r. 0 Que ha fallecido hoy en esta ciudad el r. General D. PRÓSPERO PINzóx, Comandante en Jefe de los Ejércitos de la Repú­blica; 2. 0 Que el ~·r. General Pt. ·zó. fue distinguido servidor de la República, en la cual desempeñó, siempre con honradez, tino y el más alto patrioti mo los más delicados puestos públicos; 3. 0 Que J Sr. General PrxzÓN sirvió, á contentamiento del pueblo de Cundinamarca, el cargo de Gobernador de este Depar­tamento; -4. 0 Que en lo~ ültimo tiempos prestó el Sr. General PINZÓN servicios inapreciables á la Nación en su calidad de: Comandante en Jefe de los Ejércitos de Colombia, y alcanzó grandes victorias sobre los enemigos del orden público ; 5. 0 Que el Sr. General Pr. ·zóx se hizo notable entre sus con­ciudadanos por su proverbial honradez, por su religiosidad sincera y ejemplar, por su patriotismo nunca desmentido, por sus altas dotes de militar, por su respeto aJ derecho y á la ley, y por otras grandes Yirtudes públicas y privadas; todo lo cual hace que su fallecimiento sea suce o g-eneralm nte sentido, DE C RE 1 ,\ Art. 1.0 El Gobierno de Cundinamarca deplora Ja muerte del Sr. General D. PRÓsPERO P1xzóx, la califica como una desgracia pú­blica, y presenta su Yida como ejemplo di~no de imitación, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar 5 Art. 2. 0 Los empleados del Departamento y los miembros de la Policía Nacional que e!tán bajo la dependencia de la Jefatura Civil y Militar de Cundinamarca, concurrirán á las Honras fúnebres que se harán al Sr. General PINZÓN. Art. 3. 0 Los miembros de la Policía Nacional lle-varán luto por el término de treinta días, en señal de duelo por el fallecimiento del Sr. General PINZÓN. Art. 4.0 Un ejemplar de este Decreto será presentado á la señora viuda y á los hijos del Sr. General PI:-iZÓN, Dado en Bogotá, á r. 0 de Enero de 1901 . ARISTIDES FERNÁNDEZ El Secretario de Gobierno, joaquí'fl .NI. Urz'be B.-El Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda, encargado del Despacho, Davz'd Pontón C.-El Secretario de Instrucción Pública, José Joaquín París. PR OPOSICION El Co11sejo de Estado CONSIDERAXDO Que ha fallecido en esta ciudad el benemérito ciudadano Ge­neral D. PRÓSPERO PINZÓN; Que el General PINZÓN prestó á la Patria inestimables servicios durante su corta pero fecunda vida pública, sosteniéndola con sus heroicos esfuerzos y honrándola con sus virtudes ; Que el Sr. General PINZÓN, abnegado hasta el fin en servicio de su Patria y de la santa causa de sus conYicciones, ha muerto en cumplimiento de su deber como patriota y como funcionario pti­blico; y Que tan ilustre patricio hizo parte de esta Corporación en los años de 1892 á 1894, prestando en e1la el valioso contingente de sus luces y de su noble carácter, RESUELVE Consignar en el acta de este día la expresión de su duelo por la irreparable desgracia que ha sufrido la República con la pérdi­da de este eximio ciudadano, preclaro patriota y magnánimo cam­peón de la civilización cristiana ; y asistir en Corporación á los fu­nerales que tendrán lugar en la Iglesia Metropolitana. Copia de esta proposición será enviada á la señora viuda del ilustre finado. Publíquese. Bogotá, Enero 3 de Igot El Pr~sidente, JosÉ MARÍA GoNzÁLKZ V..-.r.RNCIA-El Secretario tlerardo Puledo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 6 Bo/etiu JV/ilitar PROPOSICIO.lV sohrc honores á la. memoria del Gent~ral PRÓSP:E.RO Pno:ó. El Consejo Jvlumcipal dt Bogotd, dolorosamente impre ionado con la inesperada muerte del benemt­rito General PRÓ PF.RO Pn;7.6~, acaecida ayer en esta capital, RESUELVE 1.0 Laméntase profundamente el fallecimiento del invicto Ge­neral PrNzÓN, como un desgraciado suceso que llena de duelo la República; 2.0 Recomiéndase su memoria y sus importantes y oportunos servicios á la gratitud del pueblo de Bogotá; 3. 0 El Consejo Municipal concurrirá en C01·poraci6n á las exe­quia.:~, que tendrán lugar el \'iernes 4- del presente en la Iglesia Me­tropolitana ; 4.° Comisiónase al Concejcro r. General Rafael Ortiz para que lleve la palabra, en nombre de esta Corporación, en el acto de la inhumación del cadáver; 5. 0 Por Acuerdo separado se dispondrá lo conveniente para la colocación de los restos del preclaro General PrNzÓ. • en t ugar especial del Cementerio público; y 6.° Copia de esta resolución será llevada por una Comisión del seno del Concejo á la señora viuda del ilustre difunto. Bogotá, Enero :,¡ de r go r . El Presidente, c ,,RLO. UGRÓs -El ecretario A11/Mtio JU. Lo7J­dQflo. Homenaje oficial al General Pinzón DISCURSO I'RONúNCIADO EN EL CEJ!ENTERJO POR EL ;\IJ, 'ISTRO DF. GUERRA DR. D. JOSE DO!IIINGO OSPINA C Señores: Con la inteligencia conturbada por ehrudo o·olpe , • .. h que aqu1 nos tiene congregados, á pesar de la comi-sión con que me ha honrado el Gobierno. y del amplio campo á que dan espacio los relevantes méritos del Sr. General PRÓSPERO PrNZÓ)J', las palabras d-:! encon1io. lo mismo que las de lamento, se deniegan á salir de mis labios. La manifestación espontánea de un vehemente dolor no son las lágrimas, nó los gemidos : es el silencio. Obligado á romperlo, no voy á narrar Jos a~tos pechos del Gen~ral PINZ9N, porque el país sabe qu~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo!etí?Z, M-ilitar 7 apenas pisaba los umbrales de la juventud, cuando por vez primera ciñó la espada en defensa de la causa del orden. y que con ella desenvainada y cubierta de lau­reles, ha descendido al sepulcro. ¿A qué recontar esos triunfos que todos hemos presenciado y que si hicieron de PINZÓN el primer adalid de la República. también son esplendorosa muestra del vigor de un alma tem­plada al calor de la Religión y del deber? Tampoco vengo á ensalzar las virtudes del Ma­gistrado. Ninguno de los presentes ignora que lo n1ismo en la oscura Prefectura ele Provincia, que en los más elevados puestos de la jerarquía civil. fue el General Pe~ZÓN n1oclelo de civismo, de abnegación y de honra­dez. Su benevolencia, su parsimonia y su anhelo por el adelanto nacional, lo señalaron como hon1bre capaz ele dar á este suelo querido los días de paz y de progre­so con que soñó la generación que en los principios del pasado siglo enarboló el pendón ele !a libertad. A.yer no tnás lo vin1os aclatnado por el entusiasmo d un pueblo agradecido; ayer no n1ás lo vimos recibir con la humildad del guerrero de Cristo las palmas de laurel que Dios en su sabios designios ha trocado hoy en coronas funerales. Los hechos del General PI ·zóN están escritos en nuestra tnemoria, y la historia los ha recogido para ofrecerlos como ejemplo y estínntlo á las nuevas generaciones. Pretensión ridícula sería querer. con mis descosidas frases, ensalzar lo que por sí mismo está enaltecido. Vengo sólo á depositar en la tumba al malogrado prócer y á dar valor á mi alma atribulada con el re­cuerdo de PINZÓN. Los dogmas de la Iglesia eran el alimento de su inteligencia, y la moral católica la ;;;evera pauta de sus acciones. Pertenecía á la escuela conservadora en razón de sus creencias religiosas, y no por simples lucubra­ciones políticas : por eso, sin elegir nunca el puesto, com­batía en el que se le señalaba; y luchaba en él con tesón y sin descanso, con la fe del creyente, pero sin las ambi­ciones, sin las pasiones del hombre público. Deseaba el éldelanto y la felicidad de su Patria y el bienestar He Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 8 Boletín JV/ilita1~ sus conciudadanos, y para él sólo buscaba la paz en la oscuridad de su tranquilo hogar, y la dicha en el amor de su esposa y las caricias de sus hijos. El odio fue desconocido para el corazón de PINZÓN. N o tuvo siqui~ra el placer de perdonar, porque antes de sentir la herida había olvidado el notnbre del agre­sor. Si no hubiera admirado su carácter, en más de una ocasión me habría burlado de la especiosidad de los pretextos con que atenuaba los ataques y ultrajes de los que le querían tnal. En él todo era buena voluntad, y en su corazón no había quedado nada ele lo que la so­berbia ele los hombres quiere di!::>frazar con el pomposo nombre de dignidad. En su carrera política con1batió con denuedo al adversario, pero tendió siempre la ma · no, generosa, para levantar al vencido. PINZÓN era humilde por temperatnento y por vir­tud : ni la desgracia lo an1ilanaba. ni lo ensoberbecía la fortuna. Jamás hablaba de sucesos que le dieran gloria ó estimación; y si en alguna ocasión se veía obligado á relatarlos, lo hacía de n1an e ra que el n1érito de la acción recayera sobre sus con1pañeros ó subalternos. ToJo he­cho digno de alabanza era obra del favor divino ó ele extraña y oportuna coopera :ión ; en ello no había cabi do parte á su valor, ni á su talento, ni siquiera á su l re­visión. Dios, que sabe que no todos los que defienden la justicia son justos, pide, y á las veces toma para salvar las grandes causas, víctin1as expiatorias- que lieven so­bre sus hotnbros los pecados de la tnultitud. La víctima ha de ser pura; y ¿quién se atrevería á negar que EL no hubiese elegido al inmaculado General PINzÓn con1o ho. locausto ofrecido en aras de la paz y la concordia que diariamente le pedimos? La miseria hutnana no puede adivinar si lo que el mundo apellida desgracia, es en la mano de Dios pretnio ó castigo. Lá n1uerte del General PINZÓN, que es una desgracia nacional, ¿es obra de )a justicia ó de la mise­ricordia divina? El tiempo se encargará de decírnoslo_; pero entretanto acaten1os reverentes los inescrutables fallos de Aquel que tiene en sus manos la balanza en que son pesados los pueblos y las nacionea, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo/et{n Militar 9 ~difnrial LA MUERTE DE UN HEROE Por natural conforn1ación del aln1a de las nlultitu­des, éstas siempre habrán de sentÍr:ie arrastradas á glo­rificar t0do aquello que las deslun1bra y conrnueve, ó á escarnecer lo qLle les repugna y hace sufrir. Y esa alma, esencialmente simplista en su sindéresis, ora deslun1brada, ora entenebrecida, según que la luz ó la sombra, á su rnanera. destaquen las fi~uras que ha­brán de ser n1iradas por el :a con1o ídolos ó c.omo de· monios, descuida siempre los detalles de la escultura si no resaltan con fuerza, aun cuando sean n1uy dignos de tomarse en cuenta para forn1ar juicio cabal sobre el verdadero puesto que al sujeto debernos asignar: Na­poleón y sus victorias. el dictador Francia y su gobier­no son1 brío, el th\lg Faríngea y su~ crírnenes siniestros, Francisco ele Asís y sus seráficas virtudes. s0n tnodelos que llamarán siernpre la atención del vulgo cuando los halle al paso; en tanto que figuras con1o un Luis de Va­lois el Santo. un Fultrn el padre del vapor, un Turcna el militar metódico, un Warren Hastings el político mal­vado, jan1ás desencadenaron en vida el an1or ó el odio de los pueblos, no perteneciendo sus hechos sino á la pluma del historiador ó á las meditaciones del filósofo. Por ese motivo, cuando se trata del hombre lla­mado PRósPERO PINZÓN, la muititud no Jo concibe sino envuelto por los rayos de fuego y el estruenoo de tremendo batallar, largo, sangritnto y tenaz con1o en PALONEGRO, terriblemente sublime cotno en el asalto de Cúcuta, ó dando golpes de n1uerte como en Capitanes ; ó bién probo y modesto en absoluto en época de co­rrupción, desatentada soberbia y mercantilismo sin fre­no, ó, por otra faz, creyente convencido y observante en un siglo de duda é in1piedad. Y esas cualidades y virtudes de pri1ner orden ~on las que se ensalzan en el periódico, en la ca11e, en la choza del labriego, en tanto que para no$otros muy Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ro Boletí11, Milita1· poco significan, pues pa1ic1ecen ante las que llamaremos heroicas, resultc.lntes del culto del deber sin glt)ria, del sacrificio fructuoso ¡Jero en apariencia oscuro y aun es­téril. Grande vimos á PI "\Z '>_ T en la majestuosa basílica, al doblar humilde la rodilla ante EL para ofrendarle los tributos de una entrada triunfal ; pero grande con gran­deza hun1ana, por decirlo así : dorninónos el cuerpo n1as no el aln1a. En e1 seno de la amistad ganado nos había el corazc)n ; pero sin ofuscarnos la mente con el esplendor de sus victorias, ora pacíficas, ora cruentas, porque entre las flores de las coron:ls así conquistadas no titilab:1n los lurninares del martirio, con1plemento indispensable de las vidas que tienen derecho~ se:· mi­radas con1o ejemplo digno de irr,itación entre los hom­bres y con1o tin1bre de orgullo para el pueblo que las contó en su Seno. Empero, lo que: no virnos en la vida del hombre lo hallamos en su n1uerte. porq1te fue al caer, al pos· trarse en tierra, cuando se hizo in1posible no apreciar su talla de gigante, sus ahora ~í orla, las sienes con la coro­na del n1artirio. Y esa pre"~a á C} u e no prestara atención la n1ultitud. por'lue PL ·z6~ la guardó celoso con1o si qui· siera arrastrarla consigo á la eternidad, es la que á nos­otro~ nos ob1iga á llamarle Grande y á mirar su pérdida con1o daño irren1ecliablc parcl la actual generación. La muerte del hér(le es en verdad la lección que lega á los hijos de Colon1bia; lt·cción esct·ita de manera que nadie pueda ni ignorarla ni dejarla de aprender, y que al común de los hon1bres aun cuando nos abruma con peso casi insostenible, que hace flaquear y palide­cer al pensar en el rnon1ento en que puede tocarnos re­petir a, al1nisrno tiempo sirve ele acicate para respon­der alerta cstd, á la voz de alerta coP que el Capitán se ha despedido de nosotros para descansar al pie de una cruz. En efecto, arrostrar la n1uerte, luchar con brío cuando la luz alumbra el espe1táculo y n1iilc.tres de sol­dados son testigos de nuestros actos de arrojo ó del frío cumplimiento del deber. es sin duda glorioso pero ~iene algo de humano, algo de obrq. de carne en que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milt.tar II caben la soberbia 6 el amor propio, y por lo mismo constituye acto registrado una y otra vez en las pági­nas de la Historia ; pero ofrendar la vida en el silencio y las tinieblas, ó cuando sólo Di<,s es testigo del acto heroi-:o realizado, tiene algo de sublime,. de extrahunla­no, que no todos los mortales alcanzan. á ejecutar. PINZON, al regreso de la campaña del Norte, cu­bierto ele gloria y ele laureles, convertido en el hombre de una gran causa, el ídolo de un partido y una espe­ranza para la Patria, con el S' )lio presidencial en pers­pectiva. va á Guaduas á c0ntraer la fiebre que incen­diará su sangre y devorará su existencia. í Por qué ese viaje, para él lleno de presentimient<'s y en apariencia inútil? Ahí está precisamente el acto heroico, el sacri­ficio que á nuestros ojos lo C<>nvierte en n1ártir cuando antes no era sino héroe. Con sabia previsión ordena concentrar las fuerzas del Tolin1a en Giran.lot. y por esa r.auc;a en doble jor nada se desbarata el últin1o esfuerzo serio que pueden intentar los rebeldes del interior de la República; con no n1enor cordura asegurado había la defensa de cuan­tioso parque en su transporte de Honda á la capital. recorriendo Ja vía para establecer debidamente los batallones. i A qué volver á esa ruta ahora invadida por la fiebre, cuando á pritnera vista nada exigía allí su pre­sencia. abandonando las dulzuras de un hogar feliz? Ahí está el voluntario sacrificio. A su venilla á Bo­gotá, encontró, como secreto de Estado, que en el parque no existía ni tt1Z solo fuszlnz' un solo cartucho para Gras, que las guerril1as no podían ser perseguidas por esa falta, que en caso de nuevos con1bates se corría el peli­gro de perderlos por carencia de n1uniciones, y al mis· mo tiempo ]a falta ele vehículos prometía alarg~r la operación decisiva, y la fiebre, surgiendo de improviso, amenazaba disolver las únicas tropas de que se podía disponer para defensa del convoy. Así planteado el problema, la solución era clara: la operación, antes secunclari;1, se tran-.;form~ en decis;i · va~ y de nuevo. com en PALONF.GRO .. va el Jefe á llevar aliento á los soldados con su ejemplo y á repetir COJ?. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I2 Boletín Militar V?Z mucho más elocuente aunque no hablada: " De aquí nt un paso atrás; artuí muero; los que quieran aconl­pañarme quédense." i Quién negará que la muerte ele PrNz c)N fue el acto más sublin1e de su vida 1 i Quién neaará que fue un mártir del deber? o Al sentirse herido por la muerte que ahora se ser .. vía traidora de arma desleal para cun1plir anhelos no cor,seguidos en cien combates; al sentirse PlNz6N heri­do, resuelve no perrnanecer en los campamentos para no arnilanar á los soldados con su enfermedad, y hace á bestia un viaje que comprende hecho así ha de serie fatal. Viene además á procurar á los suyos el anla:-go placer de que le vean morir entre sus brazos ..... . La n1uerte del Capitán se equipara por esto á la del centinela que cae sin testigos en lucha va1entísima contra una partida enen11ga, salvando quizá el campa· mento, para que al siguiente día tal vez se le crea vícti­ma de la bala de algún merod eador ; es la muerte del viajero que da la vida por salvar la de algt'1n infeliz cui­tado, corriendo el riesgo c.l e que su muerte se achaque á la mano de un salteador <)á un accidente imprevisto. Es. pues. la n1uerte de PrN zÓ N uno de esos sacrificios de que sólo Dios es testigo, p e ro que en pren1io á sus vir­tudes no quedó ignorado y le ciñó las sienes con la au­réola del martirio. Es la gran lección que lega al Ejér­cito de Colombia y el lazo con que liga á todos los de­ferasores del derecho, para que no dejen perecer la obra principiada en PALONEGRO, imponiéndoles la obligación de combatir y triunfar de todos los rebeldes, desafiando por igual las balas y los climas y sacrificando sin vaci­lar, no la vida, sino lo que es más, hasta las esperan- . zas de descanso ó de risueño porvenir .... . ---o.•·~-- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar IJ REORGANIZACIOlV DEL E:JERCITO A:!ILITARIZACION DEL TERRITORIO La similitud de situaciones ó de condiciones entraña la simili­tud de problemas por resolver ó de consecuencias á que hacer frente. En la América latina los diversos Estados tienen más de un punto de semejanza, en especial en lo que hace á orden públi­co y á luchas de partidos, por lo cual las soluciones que de tales problemas se presenten en ellos, bien merecen ser tomadas en cuenta, sobre todo en el terreno militar, en el que no caben ban­derías ni otros principios que los del buen sentido. Por estos motivos reproducimos en seguida un escrito reciente de un militar uruguayo, porque el problema que plantea y la solu­ción que aconseja nos parecen tanto más adecuados para Colombia, cuanto aquella República necesita con menor urgencia el reme­dio del mal de que se trata. No negaremos que el problema no pueda tener otra solución más eficaz; pero como no la conocemos, hemos abundado siempre en las ideas del escritor en referencia. Además, el reciente desas­tre de Peralonso y la larga lucha de guerrillas que ha arruinado el país demuestran de sobra que el ejército de línea sólo es firmí­simo sostén del orden cuando las milicias, los voluntarios ó como quiera llamarse á los miembros armados de un partido, le acompa­ñan y ayudan en su delicada tat·ea. Y no se alegue que hay peligro en mantener armadas esas milicias, porque ni los propios se declararán nunca en rebelión, ni las revoluciones estallan como el rayo: los que primero se alzan en armas necesitan algunos días para organizarse y poder presentar combate, lo cual da positiva superioridad á los milicianos apoyados aquí y allá por cuerpos de línea que vie"len á ser como los huesos de recio organismo. Y en caso de no poderse salvar el orden pú­blico ni aun con tales medidas preventivas, la formación de mili­cias, es decir, la di visión y organización militar del país, se impone, porque los cuerpos de línea nada logran contra las pequeñas gue­rril1as que sólo pueden ser refrenadas y vencidas por contrague­rrillas, ó sea por los habitantes á quienes interese la pronta pacifi­cación de cada parte del territorio nacional. ••• H Los persistentes rumores que circulan y anuncian una próxi­ma invasión ó alzamiento en armas contra el Gobierno constituído, traen nuevamente á discusión el problema de la organización mi­litar del territorio. u Probablemente no habrá nada, los rumores no tendrán aca­so fundamento, y todo ello no pasará de una tormenta en un vaso de agua; pero no es lo que ahora pueda suceder por falta de ele­mentos revolucionarios, lo que nos debe preocupar, sino lo que acontecerá el día en que estos elementos se acumulen y sean capa- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín lkfilitar c~s -para promover la guerra, 6 cuando un enemigo exterior se dtsponga á combatirnos. Ese día, hablando militarmente, será des­graciado para d honor d e l Ejército d e la República que, consu­miendo fabulosas sumas en su presupuesto de guerra, no tendrá soldados que oponer al irwasor. Bastará una centena de revolucio­narios para producir los mayore s estragos, recorriendo á mansalva la campaña. "El Ejército p e t-manente cubre apenas las necesidades del servicio ue guarnición, y no se puede contar con él exc1usivamente para un caso de revuelta, pOI-que además de dejar desatendido el servicio que presta, se cometería un desacierto llevándolo á com­batir á determinado punto, cuando no existiera la seguridad de que allí estaba el Yerdadcro foco revolucionario, y de que allí única­mente había enemigos del orden. "Cuando las r Yoluciones no son el producto de cerebros des­equilibrados, se organizan de modo que es difícil reunir todos sus hilos, y cuando atacan lo hacen por sorpresa, combatiendo los puntos más vulnerables. Es de suma importancia para los suble­vados comenzar sus operaciones con un triunfo, aunque sea muy pequeño, porque de otra suerte no avanzarán un paso. Esto es lo que hay que tener en cuenta en todo tiempo. " Se ha pensado tan poco en las causas que permiten el des­arrollo de las revoluciones 6 alzamientos en armas contra los Po­deres públicos, que generalm e nte se cree que es imposible evitar­los, pot~quc ellos son la conse cuencia de la idiosincrasia de los pueblos. Esto no es cierto. Tan inquietos son los unos como los otro . Dondequiera que haya hombre , existirán revolucionarios. Las ocasiones que les ofrezcan posibilidade~ de manifestarse, de­terminarán siempre u acción. Hay error en . u pone r qu e ~ i 1 "> paíse latino- americano pi rden con tanta fi- e cue ncia su c quilil>rio, e mpeñándo~e en aven­turas revolucionaria , es por e fe cto del carácter nacional. Lo que verdaderamente hac que . tos países sean inquietos, es la falta de orcranizaci6n militar y de la fuerza pública que está destinada á mantener el orde n. América c o mo Euro pa y como cualquiera otra partL: del mundo, t e ndrá hombr si mprc dispuestos á derrocar un gobierno, pero stos hombre s jamás se a ventura rían en una jorna­da semejante si no tuvie ran facilidad e s precisas. Los gobiernos que se ven combatidos y los que cae n, no siempre son los malos, :,ino los que e descuidan en atender á su propia seguridad. El que se la sepa procurar, será invulne rable. " e dirá que esto es propio d e lo gobiernos absolutos, de lo~ gobiernos que no descansando en la opinión pl1blica, se \·en obliga­dos á recurrir al proc~dimiento de la fuerza. No aceptamos la teo­ría. El malo como el buen golJierno necesita defenderse. Lo que el malo hace por egoísmo, el bueno lo practica por deber. Los nuéstros, lo mismo los buenos que los malos, vivieron siempre en abandono respecto á su seguridad. que la fiaron, no al cumpli­miento dt::l deber de la fuerza pública encargada de sostenerlos, sino al agradecimiento de los hombres que elevaron, sin mérito Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletí1t llfz'lz'tar las más de las veces, y que faltos de la virtud ciudadana ó militar que forman los buenos servidores del Estado, abandonaron la de­fensa cuando fue más necesaria. Toda la fuerza defensiYa se con­gregaba alrededor del gobernante, y mientras él se creyó seguro, poco importaba el desamparo de la Nación. Siempre fue cosa fácil convulsionar la campiña. Y no porque no hubiera medios de evitarlo, sino porque jamás se pensó en utilizar los medios que es­taban á la mano, bien por el temor que tuvieron los malos gobier­nos de que los elementos d e seguridad se les volvieran adversos, 6 por la confianza, que abrig-aron los otros, ele que nadie había de atreverse á combatirlos. Todos pecaron, los unos por suspicacia, los otros por optimismo. Su falta dañó al país, que nunca gozó de calma. "Sobre este pasado imprevisor debemos reaccionar. El día que todos se convenzan de que el Gobierno dispone de una fuerza organi,mda de tal mJJo qu ~ sea capaz d e.: sufvcar en el primer momento cuak¡uicra intentona revolucionaria, acabarán las locu­ras de esos ánimos inquietos que insensiblementE:, y sin concien­cia acaso de su obra, nos van llevando á nuestra anulación políti­ca; cesarán esos alarmas que nos desacreditan, aun careciendo de base, y el país podrá entrar en una verdadera éra de paz, que permitirá el desarrollo de su fuerzas vivas, que no son pocas. "Recientemente-sosteniendo nosotros una polémica que no concluyó porque se r.os d jó libre el campo-un periodista na­cional nos habló con mucha énfasis de los países europeos en donde-nos dijo-nada turbaba la paz interior, merced á la eclu­cación ó al progTeso que sus ejércitos habían realizado en los últi­mos tiempos. El hecho es cierto; Alemania y Francia, citadas por el periodista aludido com(J m o d e los qu e d bemos imitar, hace mu­chos años que no sufr "n las cons "' Cuencias de disensiones internas ; pero no . á la "' clucación sino á la org-anización ele sus ejércitos á lo que deben el bien ele que di frutan. E paña misma, ese país tan duramente castigado por sus gu e rras civiles en la península, y de quien no nos cansamos d e cl ec i1- que heredamos el carácter y algo m'ís, e , al pres e nte, como Ale mania y como Francia, un modelo de sensatez, desde que su organización militar ha hecho imposible aquellas guerra . No es que allí arli tas ó republicanos estén con­vencidos de que el sistema impe rante sea 1 mejor 6 de que la na­ción necesita repo5o para restaña¡- las h rielas del pasado. Hoy, lo mismo que hace 25 años, se agitan los partidos y están ganosos de conquistar el Poder; pero la organización del ejército permanente y su reserva les detiene en sus deseos y enfría sus ímpetus. La di­visión militar del territorio fue el gran paso que dio la monarquía de Alfonso xu para restablecer la defensa de la corona. Aparte del Ejército permanente exi te un creciclísimo número de cuadros de Jefes y Oficiales, como base de los Batall nes de reserva y que, distribuídos en las diferentes cabezas de los Departamentos ó capitales de Prm·incia y pueblos de importancia, son los que en determinado momento y en pocas horas pueden movilizar quinien­tos 6 seiscien os mil hombre , que perteneciendo á las reservas Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. t6 Bolet{n Mt·lt·ta-r (especie de guardia nacional) y no estando sobre las armas, tienen el deber de acudir á ellas al primer llamamiento del Gobierno. Sus oficiales están, puede decirse, en contacto con esas fuerzas, y están á la vez continuamente relacionados con los funcionarios civiles y judiciales. En los casos de urgencia los Batallones y Regimientos de reserva se pueden movilizar incontinentemente, y así está defen­dido el territorio hasta en sus más pequeños rincones. En esto es­triba el secreto de la quietud interior de los países europeos. Una cosa parecida ó de resultados idénticos hemos proyectado nosotrc;>s en números anteriores al hablar de la organización del Ejército y de su ley constitutiva. El número de Jefes y Oficiales que tenemos en la República permite organizar la división militar del territorio, sus zonas y circunscripciones, de modo que la acción militar se haga sentir en el momento en que sea necesario. Los cua­dros de los batallones departamentales, á los que deberían adscri­birse, según nuestro proyecto, los individuos pertenecientes á la Guardia Nacional, y cuyos Jefes y Oficiales podrían prestar el do­ble servicio militar y de policía, serían los encargados de la cam­piña. Instruyendo á los inscriptos en la época oportuna, forma­rían soldados, y pudiendo congregarlos en las extraordinarias á la orden del Gobierno cuandv las circunstancias lo exigiesen, impedi­rían todo movimiento subversivo sin grande esfuerzo; y cuando esto fuera imposible en determinado momento-caso extremo y poco esperado-porque el número se les impusiera por sorpt·esa ó de cualquiera otro modo, los que se viesen atacados ó imposibili .. tados de defenderse, siempre prestarían un servicio inapreciable: ellos serían los que daban la voz <.le alarma, y en un momento es­taría movilizada militarmente toda la República para sofocar la rebelión, que nunca pasaría de un nsayo. "A nosotros nos parece que esta es la única solución práctica que puede aceptars ~ como bue na y eficaz ; porque por más que hemos pensado, no h e mos visto que nadie t e nga objeciones serias que oponerte, pues ni siquiera lo sería la que se hiciera con res­pecto al gasto que d ·manda la organización militar del territorio, desde que el personal que hubiera de emplearse existe mantenido por el Estado, y desde que este mi!-.mo personal podría utilizarse en otro servic!o que no se sostiene sin graneles erogaciones. Sobre todo, son tan claras é importantes las ventajas que se ofrecen en la realiza­ción de esta idea, que no trepidamos en someterla al Ministro de la Guerra, en la seguridad de que aquilatándola en su mejor criterio, h 1. de sacar todo el provecho que ella entraña para la tranquilidad de la Nación, pues esta idea desarrollada sin titubeos ni suspica­cias, es el medio que tenemos para quitar al Ejército ese carácter de partido que al presente tiene, y que levantando resistencias, le hace perder, en el concepto de muchos, la consideración y el apre­cio á que le dan derecho sus sacrificios dEl pasado y la modera­ción que viene observando en las luchas de la política." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mil-z.tar I'f MANUÁL PARA LA PREPARACION DE LA COMPAÑIA AL COMBATE, POR EL GENERÁL DRACOMIROFP Jefe del ejército MISO , INTRODUCCION Los reglamentos militares y las instrucciones, que también ti · ­nen fuerza de ley, sólo determinan la marcha que ha de seguirse para formar el soldado con relación á cada ramo aislado de la ins­trucción; pero la fusión general de esos diversos elementos en un todo único, y la combinación íntima, necesaria, para poder aplicar­los sobre el campo de batalla, no son ni podrían ser tema d t.: nin­guna reglamentación. Un trabajo de esa clase sale forzosamente del marco de un reglamento, puesto que depende de la aplicación combinada de muchos reglamentos, teniendo además en cuenta el tiempo, los lu­gares y los medios de que se puede disponer. Invitamos á los jefes d e tropas á no considerar como obliga­toria la letra de este Manual. Es preciso e n primer término esforzar­se en aplicar su espíritu, de dicando á la práctica d e los consejos que conti e n e, todo lo que se pu e da d e bue na voluntad y de inteligencia pe rsonal. El asunto val e la pena, puesto que la sue rte d e millares de pe rsonas, la victoria ó la derrota, la gloria ó el d e shonor, de­pe nd e n d e qu e la e ducació n d e las tropas se haga con mayor ó menor acierto. El presente Manual d e fin e e l obj eto qu e se trata de alcanzar, y contiene cierto núm e ro de indicacion e " s o bre la mane ra de con­se guirlo; pero ninguna d e e llas pre se n t a carácte r completamente obligatorio. Todo de p e nde de los e leme ntos d e que se pueda dis­poner; y e l rigor con que se hayan de practicar los pre ceptos con­tenidos en este Manual, resultará de los medios de c¡ue se disponga. Se ejecuta lo que se puede, y si hay partes que lo médios y las circunstancias no permitan llevar á la práctica, se dejarán á un lado, pero después de haberse convencido plenamente el oficial de que s e r e troce de d e lante d e una imposibilidad no aparente sino re al. Se comprende que c uando se trata d e fundir las diferentes ramas de la instrucción e n un todo que se aproxime lo más posz.1le á la práclz'ca de la guerra y del combate, hay conveniencia en poner á un lado muchas cosas que han podido servir para perfeccionar cada una de las ramas particulares de la instrucción, consagrando, por el contrario, especial atención á otros puntos. El éxito de la instrucción depende del carácter que se le haya impreso á la educación del soldado, es decir, del grado en que él adquirió la conciencia de sus deberes. TO?tto 1-2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I8 B olet{n Militar Si ha sido educado de manera que cumpla todas las obliga­ciones que le impone el servicio, sin separarse una sola línea, lo mismo cuando no se le ve que cuando se le vigila, la instrucción dará buenos resultados rápidamente. En consecuencia, será esa educación la que para nosotros ocupa el primer lugar. 1 ED CACION I. El jife de compaií.Ía es responsable de la buena educad(m. dada á sus hombres y al mismo tiempo d todos los cuadros de la compaliía-Sobre ~ta base él tiene el deber de asegurarse de cómo cada uno de ellos conoce sus obligaciones, y de tomar las medidas del caso para que desaparezcan todas las insuficiencias que en ella pueda des­cubrir. Una perniciosa costumbre, perpetuada desde la época en que los oficiales eran para los soldados su/ores, coloca á los comandan­tes de compañía, frente á los oficiales infPriores, sobre un pie de familiaridad mal comprendida, y les hace considerar como molesto el completar y comprobar la instrucción de esas g-entes, jóvenes en su mayor parte. Es tiempo de abandonar eso rrores. El compa­ñerismo serio, verdaderamente digno de gentes que se estiman, no excluye las obligaciones del servicio, sino que, por el contrario, las presupone. El que tiene la autoridad y el deber de enseñarme la profesión de que depende mi porvenir, y retrocede ante esa misión por un falso sentimiento de delicadeza, no es un verdadero com­pañero. El compañerismo está tan lejos de ser incompatible con las exigencias del servicio, que emana directamente de ellas; pero la familiaridad es inadmisible en el servicio, porque es contraria á los interese del mismo. 2. Cuando se trata del hombre es pr ciso recordar ante tod ,que durante el combate no es sólo en virtud de la educación qu se le ha dado como sus piernas le llevan con mayor 6 menor intre­pidez y sus brazos trabajan de una manera más ó menos sensata. Todo depende, en primer lugar, de la manera como late el corazón y razona la cabeza. Por esto, cuando se trata de formar un soldado, es preciso tener en cuenta ante todo: la cabeza y el corazón. El tiempo en que se pensaba que dirigiendo las piernas y los brazos se dirige también el corazón y la cabeza, ha pasado para siempre. Toda una serie de gueiTas ha probado la falsedad de tal creencia. Sin duda aun hoy exúten gentes que la conservan, pero esto mismo ucede con todas las ideas antiguas cuando son rec n1p lazadas por otra5 más modernas. Y hasta esas gentes apo::,Latan poco á poco, obligadas por el progreso de las armas á aceptar ideas que há poco calificaban de herejías. Es incontestable que por las piernas y los brazos se puede llegar á hacer entrar álgo en el corazón y en la cabeza; pero en primer lugar ese álgo no es suficiente para el hombre llamado á dar la vida por su patria, y en segundo se obtienen algunas veces, valiéndose de ese medio, los resultados más inesperados, más di­rectamente opuestos á los que se desean. El jefe de una compañía Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletfn Mzlitar -comete un grave error si se figura que enseñando á su gente el tiro, el manejo de la bayoneta, las evoluciones y el empleo del te­rreno, ha hecho todo lo necesario, y que lo demá vendrá por añadidura. Se puede ser de primera fuerza en esgrima, en tiro,. etc., y al mismo tiempo no tener la menor idea del deber militar. Buscad ante todo arraigar en el soldado el sentimiento del deber militar, desarrollad en su cerebro las ideas de honor y honradez,. afirmad y elevad su corazón; el resto vendrá por sí solo. "Así, según vuestra opinión no hay necesidad de en eñar la marcha, el tiro, el uso de la bayoneta; bastará inculcar el senti­miento del deber," objetarán probablemente ciertas gentes. No del todo; pero si confirmáis al hombre en el sentimiento del deber y desarrolláis en él la _ honradez y el honor, os será diez veces más fácil enseñarle todo lo que acabáis de enumerar, que si (-'S tu viera privado, en todo 6 en parte, de esas cualidades moral e · . 3. Nuestra misión se: torna, pues, muy complicada, y el éxito no es posible sino á condición: r .0 De repartir el trabajo de la ma­nera más conforme al fin propuesto; 2. 0 De hacer elección de un método que dé resultados tan sólidos y tan rápidos como . ca po­sible. El primer punto exige: I.0 Que un plan racionalmente elabo­rado presida á toda la instrucción, á menos de correr el riesgo de omitir alguna cosa, ó de c"Onsagrar á las diferentes ramas de la instrucción un tiempo no relacionado con la importancia relativa de cada una; 2.0 Que el jefe de la compañía se forme idea exac­ta de cuál es la parte que le incumbe necesariamente en la ins­trucción, y cuál la que corresponde á Jos oficiale , á los sargentos á los instructores. 4· Se sabe que la preparación de las tropas compr nde dos ramas bien distintas: la educación y la instrucción. La primera comprende los reglamentos sobre el servicio interior y el de plaza; la segunda abarca los reglamentos de ejercicios y de maniobras, la instrucción del tiro, la esgrima de bayoneta, las maniobras con fin táctico, cte. El jife de compa1'1Ía debe encargarse personalmente de confirmar á los reclutas en lo que constz"tuye la przinera de estas ramas, aunque no en su totalidad, pues esta rama presenta dos fases dife­rentes, á saber : las obligaciones propiamente dichas y el ceremo­nial usado para ejecutarlas. Se comprende, en efecto, que el jife de la compailía 110 esld obligado personalmente szrzo á znculcar las obligacz"ones propz"amente dzdlas. La enseñanza del ceremonial puede confiarse á cualquier instructor un poco inteligente, y el jefe de la compañía se limita en esta parte de la instrucción á comprobar el trabajo de sus ayudantes. 5. En cuanto al método, se puede formular en dos palabras : preferir el ejemplo puesto ante los ojos á la explzcaci!m 7Jerbal, en todos los casos en que sea poúble, y aun cuando no haya ningún medio de evitar algunas explicaciones verbales preliminares, convendrá aprovechar la primera ocasión que se presente para confirmar y aclarar la cosa por un ejemplo. Más vale mostrar una vez que ex­plicar veinte veces. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 20 B oletfn Militar 6. A propósito de la enseñanza oral observemos que no se ha de olvidar nunca que se dirige á gentes sencillas, y que es necesa­rio: 1.0 No presentarles nunca más de una ó dos ideas á la vez, y exigir inmediatamente que repitan lo que se acaba de decirles, no enseñándoles jamás en conferencias; 2.0 Evitar las palabras que sólo se emplean en los libros; 3.0 No enseñar nada que no sea absolu­tamente indispensable ; 4· 0 Aprovechar todas las ocasiones de aplicar la demostración objetiva, reduciendo las palabras á las es­trictamente necesarias; 5. 0 Establecer la primacía de las obliga­ciones sobre el ceremonial por la insistencia que se emplee en la enseñanza de las primeras. 7. Para llevar á buen fin la misión propuesta, es preciso unir á la perseverancia la energía en la senda indicada. Hay gentes que confunden la energía con los arrebatos y aun con la irritabili­dad personal: es un gran error. Las exigencias del servicio no llevan consigo ardores de esa naturaleza. Por el contrario, el que se pone fuera de sí no hace sino satisfacer una tendencia natural á la cólera; pero las obligaciones d e l servicio no tienen nada que ver con ella. Ese procedimiento sólo puede inspirar á los subordina­dos el cuidado de complacer los nervios de su jefe, y por tanto no es en esa escuela donde lograrán aprender la buena ejecución del ser­vicio. Yo no quiero hablar de algunos que llegan hasta á vías de hecho, pues esas lecciones están absolutamente prohibidas por la ley, y por tanto disminuyen el respeto que se le debe. Con la com­posición actual de los contingentes se llegaría por este sistema más bien á vol verlos locos que á instruírlos, y como consecuencia á hace rlos menos propios y algunas veces completamente impropios al s e r icio. Dad vuestras órde n e s y ha c~ d vuestra s ob servac iones l>reve ­mente , con pre cisión, y ~ n un t o no qu .. impo ng a la ob edie n ci a, d e manera que todos pue dan compre nde r lo que que t·éis y darse c uen­ta de que lo queréis por s er n e c e ario y conv e ni e nte , y con se gu­ridad no te ndré is que gritar ni maltratar á vu e stros h o mbre s. E verdad que en nuestra profesión (princ ipalmente en los ejercicios) uno se incomoda á veces sin adve rtirlo. Pero no s e ha de olvidar nunca que dejándose arrastrar por el te mperamento p e rsonal, no se satisfacen las exigencias del servicio, y que se debe procurar reprimir esos arrebatos en vez de desarrollar la propensión á la cólera. 8. El recluta llega al cuerpo dispuesto á obedecer todas las órdenes que se le den, porque antes de su entrada en el servicio, desd e su niñez, ha contraído la co tumbre de obedecer al jefe de la familia, y al hacerse hombre, á los r e prese ntantes de la autori­dad, que es t án en contacto inmediato con los campesinos. No fal­ta, pues, sino especializar esa facultad, dándole una dirección con­forme á. las exigencias y el carácter del servicio militar. 9· Ahora bien: el carácter propio al cumplimiento del ser­vicio militar consiste en la puntualzdad y la pro11.titud para ejecutar las órdenes, basadas en una abnegadón sz'n límzles y sostenidas por un funcionamietllo más activo de la inteligencia. Todas estas condicio- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2I nes son indispensables para la guerra, puesto que el éxito depen­de del concurso unánime de las masas para la ejecución del pensa­miento y la voluntad de uno solo. O mejor dicho : sin puntualidad ni prontitud de ejecución, no puede existir acción común; sin ab­negación no puede haber buena voluntad para sufrir y morir; sin actividad de la inteligencia, no habrá aptitud ni para entender la voluntad del jefe ni para encontrar los medios de realizarla en las mejores condiciones de éxito. No debemos olvidar que nuestra mi­sión es matar, haciéndonos matar, y este es un punto sobre el cual se ha de pensar constantemente. Hacer la guerra matando, sin hacerse matar, es una quimera ; hacer la guerra, dejándose ma­tar, "in que uno lo haga á su vez, es una tontería. Es preciso sa­ber matar, estando uno mismo pronto á perecer. El hombre de­cidido á morir es terrible : nada le detendrá en el camino de su objeto, á menos que una bala lo derribe; pero si se puede herir un hombre, no es tan fácil matar una compañía. Hace falta, por consiguiente, modelar el soldado de tal modo, que no tema hacer­se matar y que sepa al mismo tiempo vender cara su vida. Para ello es preciso abnegación y también inteligencia, y para ayudar á esta última, es necesario dar al soldado, lo mismo que al oficial, ilustración muy profunda y muy razonada de todo lo que constituye u especialidad. El espíritu de sacrificio se fortifica en el guerrero, principalment _ por la educación, en tanto que el des­arroll de su inteligencia, en el sentido de la guerra, se adquiere por la instrucción. Y la educación y la instrucción, conducidas ra­cionalmente, se prestan mutuo apoyo. Cuando la educación ha he­cho del hombre un ejecutante concienzudo y fiel, es más fácil en­señarle á cumplir todo lo que se quiera, inclusive el tiro, los ejer­cicios, etc. ; é igualmente, á fuerza de repetir los actos á que obligan esos diferentes ramos de la instrucción, el hombre está mejor dispu . to para ejecutarlos. La z'nslrucción conlrz'buirá lanlo más á confirmar los resultados de la educacz'ón, cuanto las exigmcias dt aquH!a esl~n más en armonía con el fin propuesto, es decir, cuando cada una d e esa exigencias deje entrever mejor el objeto que se propo­ne. Ejemplo: 1.0 Yo en eño al soldado á apuntar una, dos, veinte veces seguidas, y el más ignorante comprenderá mi intención; 2.0 Y · hago repetir á los soldados veinte veces un movimiento de manejo de arma, y el más inteligente no comprenderá mi objeto. Podrá suceder que yo le ha:ga repetir ese movimiento por vía de mortiricación, pero en ese caso debo proceder de modo que el sol­dado comprenda que lo hago para castigarlo. 10. No hay que creer que el empleo de castigos -severos pue­de crontribuír á acelerar y perfeccionar la educatión del soldado, pues nada es más falso. El mejor procedimiento de educación con­siste en mostrarse siempn~ igual, inflf>xible é invariable en las exi­gencias manifestadas al '>olclado desde el principio. Que él sepa que lo que se le ha dicho una vez, debe ser ejecutado siempre como se le enseña esa v<->z, bajo pena de incurrir infáliblemente en un castigo; que se convenza, por su experiencia personal, de que ciPrtos <'lc~os 'ltTastrí'ln siempre (';iertos castigos, y que por el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 22 lloletín Jfú'itar mismo hecho no será reprendido un día y cumplimentado al si­guiente. En una palabra, que vea hacer y haga lo mismo hoy,_ mañana y durante todo su tiempo de servicio ; y entonces se for­mará por sí mismo á la ejecución de sus deberes, lo que se hará entonces para él una rutina, es decir, una segunda naturaleza. SERVICIO INTERIOR 1 1. El servicio interior abraza toda la existencia del soldado y determina sus deberes al mismo tiempo que sus derechos. El soldado debe conocer únos y ótros de manera completa, para con­vencerse de que la ley, al mismo tiempo que le impone obligacio­nes, le garantiza contra injustos atentados. Pero sin olvidar ha­blarle al soldado de su~ derechos, es preciso insistir, durante la instrucción, en sus obligaciones. Las bases del servicio interior están contenidas en los cuatro preceptos siguientes: 1.0 Ejecúta todo lo que tu superior te manda; 2.0 No te ausentes nunca sin permiso; 3.0 i te sucede alguna cosa, cuéntala siempre á tu jefe inmediato; 4.0 Ten cuidado de tus armas, de tu cuerpo y de tus vestidos (el comandante de compañía no tiene tiempo para ocupar­se de este último punto, que corresponde á los sargentos, pero pasa revistas, para obligar á todos á conformarse con lo mandado). Un soldado al cual se ha inculcado bien el hábito de cumplir con las cuatro prescripciones precedentes, es un hombre con el cual se puede contar: es preciso no exponerse, por atender á detalles, á perderlos de vista en ningún ca o. Además, como cada hombre tiene un cuerpo al mismo tiempo que un alma, todos los asuntos humanos comprenden un lado moral que corresponde al alma, y un lado material que concierne al cuerpo. El lado material en el ervicio se traduce por las muestras exteriores de respeto debi­das á los diferentes grados. Haciendo los honores á un superior, el oldado expresa su subordinación, al mismo tiempo que cumple un deber de cortesía, exigido por la educación aun fuera de la so­ciedad militar. Pero hay reciprocidad en esas muestras exterio­res, y los oficiales que no responden á los honores que se les hacen, cumplen mal con su deber, pues no sólo dejan ver que son pero educados que sus soldados, sino que dan á éstos un ejemplo sensi­ble de infracción á las prescripciones reglamentarias. Cuando uno no se distingue por el exacto cumplimiento de sus obligaciones, falta la autoridad para inculcar á los otros cualidad tan apreciable. r 2. Tratándose de afirmar á los soldados en la ejecución de sus deberes, es indispensable que constantemente se procure des­arrollar en ellos el sentimiento instintivo de su importancia relati­va. En la práctica pueden presentarse muchas exigencias á la vez, y como es imposible hacer dos cosas al mismo ti mpo, el mejor soldado, si no ha aprendido á hacc>r distinciones, puede jecutar la menos importante, descuidando la más esencial. Ejemplo: un u­perior pasa delante de un soldado, y en el mismo momento un mal­hechor se arroja sobre aquél. El soldado deberá dar frente, rectifi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mz"litar car su posición y hacer el saludo militar, ó arrojarse sobre el mal­hechor para libertar á su jefe ? *. Se llega á inculcar al soldado el sentimiento instintivo de la importancia relativa de sus obligaciones, primero, graduando los castigos que se le imponen~· por(]ue si se castiga por infracciones lige­ra tan severamente como por faltas graves, se le deja la impre-ión de que únas y ótras tienen zgual importa1uia. En segundo lu­gar, conviene dar desarrollo á su discernimiento por medio de ejemplos juiciosamente elegidos, pues si bien un hombre de cortos alcances no comprende ó comprende al revés cuando se le dan ex­plicaciones abstractas, todos pueden entender y retener una pa­rábola. Otro ejemplo: un oficial enferma en la calle y se cae. Pasa un soldado, se detiene y hac el saludo militar. Llega otro soldado que sin hacer ningún honor al oficial, se acerca, lo le­vanta y lo conduce á su casa. ¿Cuál de los dos e el verdadero soldado? Otro ejemplo: ucede una catástrofe, y se neeesitan so­corros sin perder un minuto. e toca generala: un soldado corre con 1 mismo uniforme que llevaba un momento antes, no demo­rándose má. tiempo que el necesario para recoger su fusil y ·us cartucho , y n un abrir y cerrar el ojos está en el lugar donde era nece aria u presencia. Otro se retarda para ponerse en traza conv niente, y por lo tanto no 11 -ga á tiempo. ¿Cuál d e tos dos soldados ha cumplido m e jor'? Ci rtam nte tenía razón Pedro el Gran e cuando decía en una de sus órdenes inmortale -, que "en el r glamento e ·tán esc1·itos lo u . os y costumbres, pero no se hace mención del tiempo ni del azar' ; por lo que conviene aplicar los primero · con mucho di.c rnimiento. í, el olclado (y con mayor razón el oficial) d ebe ten r . n cuenta no sólo el r glamento ~ino taml it!n el tiemp y las ir unstancias. ¡, Quién puede dar al hombr' a n. eñanza moral á no ser 1 Comandante de la compañía y únicamente él'? 'i ha hecho bien u rvicio hasta --1 mom nto de llegar á j fe de compañía, debe conocer el r glament y p ce r también el art"' de tonal izar sus prc cripcione , ele modo que el oldado sabi~ndo qué es lo impor­tante, no <.1 je de jecutar con puntualidad toda· sus obligaciones, por in ignificante que parezcan. En una palabra, sólo él puede co­noc r "los tiempos y las circun tancias, '' n tanto que á Jos oficia­le ubalternos, aun abicnclo el reglament , les faltará por lo pron­to la e.·pcrienciá. y apenas abrán cómo hay que hablar á gentes de cortos alcances. sf, antes de encargarle. esa clase de instruc­ción, s pr ciso que sean "alumnos del Jif~ de compa11ía." Tampoco puede pensarse en confiar esa misión á los sar­gento , porque con la duración actual del servicio, es ya un buen resultado conseguir que lleguen á ser buenos ejecutantes y que vigilen la manera como desempeñan los hombres las obliga­ciones que les señala el servicio, y no puede pretenderse que sean • Cunndo el atentado cometido en an Petcrsburgo contra Loris-Meli­coff, fue el mismo General el que detuvo al individuo que acababa de hacer fuego sobre aquél, en tanto que el plantón que había en la puerta, excelent«! hombre_ antiguo soldado, permanecía haciendo el saludo n ililar. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mt:tz:tar capaces de enseñarlo. Sin duda puede haber excepciones, pero nosotros no hablamos de las excepciones. El jefe de compañía que desee cumplir con su deber, inculca­rá por sí mismo á los hombres las partes esenciales del servicio in­terior, teniendo para hacerlo así, además de las razones anterio­res, o t ra de importancia capital. Teniendo que pasar sucesivamente por sus manos todos los contingentes, llegará á conocer perfecta­mente la parte moral y la material de sus hombres y á hacerse conoce r por ellos, condición de grande importancia para transformar Ja compañía, de un montón de hombres en un organismo compacto cuya cabeza sea él mismo. 13. Repartiendo así el trabajo, los oficiales subalternos, los sargentos y los instructores quedarán encargados: de ilustrar á ios suldados antiguos en el conocimiento de sus deberes ; de ha­ct~ rles ejecutar, así como á los reclutas, los ejercicios preparatorios de maniobra, el manejo de la. bayoneta, el tiro; de enseñar á los reclutas las muestras exteriores de respeto debidas á los superio­res, y en general todo lo relativo al ceremonial. En cuanto al jefe de compañía, se reservará la inspección general de toda la ins­trucción, y el cuidado de coronarla fundiendo en un solo cuerpo todo lv que debe entrar en e . a combinación. SERVICIO DE GUARDIA 14. El servicio de guardia es el primer paso en la vía que permite ll e gar á la preparación del soldado para el servicio del camr.:> d .__ batalla, y como tal tiene una significación enorme. Una Yez e locado de facctón, el simple soldado se encuentra encargado d e la ·alvarruardia d t_ objeto é intereses de la mayor importancia, qut;;dando, por con iguiente, investido del derecho terrible de vida 6 mue rte o~ r e sus semejantes, y abandonado á su solo dtscernimiet~­lo para ju~ar de las circunstancias en que ha de aplicar e e de­recho, sin que nadie pueda guiarle ni indicarle qué decisión ha de tomar. Si no mata cuando es preciso, lo juzgan; é igual resultado obtiene si mata cuando no es necesario hacerlo. El soldado de fac­ción está oblig-ado á ob rvar su con igna hasta la muerte ; no pue­de obedecer las órdenes de aquellos á los cuales, en tiempo ordina­rio, debe sumisión absoluta ; está obligado á luchar contra la fatiga, sin que ninguna vigilancia, 6 muy pequeña le estimule; no pue­de abandonar su pue sto, aun cuando esté amenazado de pérdida segura, en tanto que no le releve el que lo ha colocado ; en fin, es preciso que resista á toda clase de tentaciones. En una palabra, el servicio de guardia es el primer servicio real del soldado en tiem­po de paz; todo lo demás no es otra cosa que una preparación pára este servicio. El servicio d~ guardia exige, como condición expresa, que el soldado tenga sentido y carácter ; pero á su vez, el servicio de guardia contribuye á desarrollar esas cualidades, y ciertamente hay que convenir en que se ha de tener la cabeza muy sólida y el corazón muy firme para salir airoso de situaciones en que deben Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M-ilita-r tomarse decisiones tan opuestas como matar ó no matar, obedecer 6 no obedecer. No hay necesidad de más desarrollos para comprender que, á excepción del jefe de compañía, es decir, del hombre responsable y madurado por la experiencia del servicio, nadie de la compañía podrá ser encargado de echar las bases de instrucción tan espinosa y tan erizada d e diñcultades para un recluta. I 5. ¿Pero qué m e dios se emplearan para enseñarla, para que el soldado se la a si mile pronto y sólidamente? Es inevitable empe­zar por el libro que contiene el reglamento; ¿pero cómo? ¿Acaso se debe abrir el r e g-lamento del servicio de plaza y empezar desde la primera página? D e sgraciadamente hay muchos que obran de ese modo, empc ·,·ando por las obligaciones d e l comandante de la plaza, ó á lo m e nos por el capítulo que trata de "Los diferentes puestos, puestos de oficiales, de sargento , etc."¡ Cuánto bagaje úut­lz'l para utz recluta y aun para uu anllguo soldado! ~y alguna cosa puede i'nleresarles en esa parle d el servü:zo de las plazas, la aprenderán mucho mejor por la prdcüca, á m edz'da que adelante la Ú'tSiruccz'ón ; pet·o lodo eso n o / /e n e r daálm alguna con los debereJ más z'mporlanteJ del soldado, en especz'al con l os que le son mds úzdúpensables, los d eberes del centinela. El jef d compañía no debe olvidar ni un momento que en la instruceión del soldado, principalmente en la primera instruc­ción, t odo lo que es tiuítil es uocz'vo, porque sólo puede servir para perturbar '1 e spíritu del soldado en lo que le es verdadera­m e nte n t cesario, siendo esto la causa d e que al empezar la ins­trucc irSn d las obligaciones orrespondientes al servicio de guar­dia, s e pre ocupe más el jefe d e lo que debe callar que de lo que debe d e ·ir. I Ó . Así, antes d e empe zar esa instrucción, d e be darse cuenta: 1.0 , d e lvs p á rrafos que d efin e n las obligaciones propiamente di­chas y de lo que arreglan e l ceremonial, es decir, los formalis­mos; 2. 0 , d e los párrafos que han de formar parte del cuadro de ins trucción particular á cada individuo, según el rango que ocupe en la <· )rnpai1ía. e subentiende que los oficiales y el sargento prime ro J e b c n conocer todos los párrafos; pero hay ya una prime­ra eliminac ió n que hace r para los sargentos, después una segunda para los cabos y soldados distinguidos, no conservando para el . imple soldado más que los párrafos que le sean en absoluto ne­cesarios y qu deben ser perfectamente sabidos por todos los que le son superiores en jerarquía. Después de todo Jo anterior, será preciso limitarse estricta­mente, para la instrucción de los reclutas durante los primeros tiempos, á los párrafos qu e definen los deberes del centinela. Pero en cambio habrá que empleat· toda clase de esfuerzos para incul­cárselos á fondo á todos sz'n excepdlm. Sobre este punto no debe admitirse que haya quien lo eluda por maligno ni por torpe; porque si en un momento difícil da la casualidad de que á un torpe. es decir, á un hombre cuya instrucción no se ha tomado el trabajo de terminar, se le presenta una situación delicada é im­portante, pueden resultar enormes desgracias, tanto más de lamen- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 26 Bolet{n M·ilitar tar, cuanto no es imp::>sible adiestrar convenientemente á lodos los reclutas, cuando se sabe proceder en la aplicación de los mé­todos. 17. Para alcanzar ese resultado es preciso siempre recurrir al ejemplo y no limitarse nunca á explicaciones verbales. Aplicado al servicio de guardia, el ejemplo se convierte, hablando con pro­piedad, en una pru.eba. Veamos cómo se puede proceder, y para ello supongamos que un recluta cualquiera sepa explicar verbalmente todo lo que debe hacer cuando está de facción : no dejar á nadie que le quite el fusil; no obedecer á nadie en absoluto más que al que lo ha colocado de centinela y al jefe del puesto; no aceptar regalos de nadie; no aceptar consignas de nadie, etc. ¿Podemos tener la conciencia tranquila respecto de él'? ¿Tenemos la prueba de que conoce á fondo su obligación? Hemos comprobado que sabe ex­plicarla, pero no estaremos seguros respecto de él mientras que no lo hayamos visto en la práctica. Pongámoslo á prueba, es de­cir, en una situación embara:r.osa que pueda inducirle al olvido de alguna de las obligaciones que enumera vet·balmente, y veamos lo que hace. Ejemplos: e toman algunos reclutas de los que conozcan las obligaciones del servicio de guardia, y se les coloca de facción á cierta distancia unos de otros, suponiendo que el ángulo del edificio frente al cual se encuentren, representa la puerta del cuartel, la de un almacén de pólvora, etc. O aproximáis á uno y os hace lo honores: "¡Eh, amigo! ;, cómo tienes tú el fusil? Más á la derecha! Ahora, más á la izquierda! Pero no es así! V é, así e pone ! '' Y al mismo tiempo cogéis su fusil como si fuerais á enseñarle la verdadera posición. i él cae en el lazo : "Cómo! Qué vergüenza 1 Un centinela que se deja arrebatar u fusil ~" El soldado quedará muy confuso, y es seguro que no le volv rá á pasar un caso análo­go. Si al contrario, el oldado no se deja eno-añar: "Muy bien, bravo! Ten, tóma para que bebas á mi salud!" i rehusa la propina, perfectamente: es un hombre que sabe su deber. Pero si la acepta : " Cómo? tú aceptas regalos estando de facción ! Qué vergüenza ! " Supongamos ahora que ~ e trata de un centinela colocado de­lante de un polvorín. Os acercáis llevando n la boca un cigarro encendido. i el hombre no os manda detener, ya comete una fal­ta; pero si os da la voz de alto, continuad andando como si n 6 o hubierais oído, para obligarle á dar la voz con más imperio. bien, decidle : "Cómo! á mí, al jefe de tu compañfa le prohibes pasar!-" No se pasa!"-'' Vamos, hombre! Que no se pasa~ Y si yo no te hago caso ?"-En este momento, generalmente, el centine­la se queda confuso, y cuesta bastante trabajo convencerlo de que debe dar un tiro ó un bayonetazo á cualquiera que intente contra­venir la consigna. " Vamos, hiéreme si yo violo tu consi~na ; no olvides nunca que cuando estás de facción, eres un sér sobrenatu­ral, que dominas á todo 1 mundo.· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletfn Jlfz"lz'ta r Si queréis aseguraros de que vuestros hombres se acuerdan de que no han de obedecer más que al cabo del puesto, ordenad en voz alta, al fin de esta instrucción, relevar los centinelas, pero habiendo dispuesto de antemano que la operación la realice un cabo distinto. Se pueden inventar pruebas análogas correspondientes á cada una de las obligaciones que 4:omprende el servicio de guardia, y cada jefe de compañía tiene la libertad de combinarlas á su gusto. Ese modo de obrar, yo hablo por experiencia, permite incul­car al soldado la conciencia de sus deberes. Para gentes de corto, alcances, recitar las teorías es emprender un camino malo, estéril y lento; pero los ejemplos, los casos particulares, entran de prisa en su espíritu y se graban fuertemente. Todo el ceremonial del servicio de guardia debe ser practica­do bajo la dirección ·de los instructores y demostrado excluszz•amen­le por ejemplos; teniendo en cuenta que ni durante el período de instrucción, ni durante las inspecciones hechas para comprobar los resultados de esta enseñanza, deben exigirse respuestas verbales sobre su objeto, porque el ceremonial es asunto solamente de for­ma y de ejecución, y no hay necesidari de saber recitarlo. Se evita así una pérdida de ti mpo, en beneficio de otro objeto realmente necesario. 1 ' 1 INSTRU CION INDIVIDUAL Y PASO A LA INSTRUCCION RN F RACCIO .. 'ES 1 CO . 'STYTUIJ)AS 18. La in trucción para el empleo del fu il debe empezar por los ejercicios preparatorios de tiro y el trabajo de la bayoneta, y no por el manejo del arma. Aunque esa progresión en la in truc­ción sea reglamentaria después de veinticinco año , hay aun hoy más de un capitán de compañía que coloca en primer término el manejo del arma. 19. Gz'nmasz"a. A fin de desarrollar la fuerza de resistencia muscular y la destreza en un sentido verdaderamente práctico para la guerra, es preciso que la enseñanza de la gimnasia en la infantería, comprenda en primer lugar los ejercicios siguientes: saltos en anchura y en profundidad; salto de barreras; marcha sobre las vigas; ascenso y descenso rápidos por escalas altas y rígidas. La mejor instalación de gimnasia para ejecutar esos ejer­cicios es un atrincheramiento de tierra, de gran perfil, con talas y pozos de lobo delante del frente, una empalizada sobre el camino cubierto y otra en el fondo del foso. Una compañía cuyos hombres están individualmente en estado de escalar una obra de esa clase,. está preparada á salvar todos los obstáculos que pueda pre­sentar sobre el terreno el punto más fuerte. Sólo falta fundir los elementos de esa compañía, enseñándole la manera de atacar esa misma obra en masa y bien unida. Se ve que no hay mejor procedimiento para encontrar todos los medios posibles para izar­se hasta el parapeto, ayudarse á pasar unos á otros, etc. Además, con solo abrir los ojos los soldados se familiariza11 con todos los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. lJoletíu 1Vfilitar detalles de la fortificación de campaña y aun de la semiperma­nente. Las obras que realmente tendrán que asaltar, serán casi siempre mucho más débiles que su ciudadela de ~imnasia. Las tropas que están situadas en cuarteles, en ciudades don­de hay murallas antiguas ó en las inmediaciones de obras de· for­tificación, pueden completar los ejercicios precedentes fingien.:lo el ataque de los cuarteles, muros y obras. Como complemento indispensable del curso de gimnasia con­viene ejercitar marchas frecuentes, con equipo completo. Una in­fantería marcha bien cuando está en estado de soportar jornadas de 30 kilómetros durante muchos días seguidos, dejando muy pocos rezagados. Pero para conseguir ese resultado es preciso observar la prugresión más rigurosa en el aumento de la carga y de la du­ración de la marcha. Conviene preparar el soldado desde la pri­mavera, de modo que esté en disposición de ejecutar todos los ejer­cicios del período estival con carga completa. 20. Esgrhna. Para que los hombres se acostumbren á usar la bayoneta con destreza sobre el campo de batalla, es nece ario practicar lo siguiente: En los ejercicios de esgrima contra un objetivo inanimado, conceder atención especial á la fuerza y certeza de los golpes, es decir, fijarse menos en la perfección de los movimientos de pier­nas y de las paradas que en los golpes vigorosos y bien dirigidos al punto marcado sobre los maniquís confeccionados con paja, lana, etc. Los soldados deben herir con la bayoneta, sin dejar de correr ni retrasar la velocidad en el momento del choque. Es la única manera de desarrollar en ellos la costumbre de retirar pron­tamente la bayoneta después del golp . Como ejercicio de certeza es útil enseñarles á ensartar al vuelo maniqu{es que se balancean al extremo de una cuerda. En la esgrima entre dos, se debe tratar de conseguir como objeto principal el ardor y la am'mación de la lucha hasta el limz"le ex­tremo, prescindiendo para ello de ejecutar literalmente la regla de parar prúnero y lurir después, porque esta regla es buena para gen­tes de temperamento tranquilo y que poseen e n el arte de la es­grima mayor habilidad de la que podría obtenerse en la instruc­ción del soldado. Este no logrará dar golpes en el campo de bata­lla más que en el caso de haber aprendido que no debe pensar en la propia defensa. Para que el golpe sea bueno, se debe mante­ner el arma con las dos manos, no abandonándola completamente con la mano izquierda, cuando se la empuja con la derecha. Al mismo tiempo hay que explicar á Jos soldados que los pro­cedimientos empleados en un asalto entre dos, sólo son admisibles en el campo de batalla para la lucha individual, pero no para el choque de las masas, pues en ese caso sólo se debe pensar en dar bayonetazos al frente, teniendo el arma bien cogida con ambas ma­nos y poniendo en el golpe toda su alma. Por eso es bueno hacer ver este ejercicio á los soldados, colocándolos por pequeños grupos frente á maniquíes. En las instrucciones de esta clase es preciso no pedirles más Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn Jllililar que una cosa : lanzarse con decisión desde la distancia señalada para correr al asalto, y herir en seguida con la bayoneta recta ensartán­dola hasta el mango. No hay para esta enseñanza reglas metódicas y positivas que prescribir, pues introducir en este caso reglas de ese género, sería probar que no se comprende la esencia de la cosa. Sólo advertiremos que en este ejercicio debe darse atención muy particular á que la bayoneta sea retirada rápülamente después de haber henao. 21. Nota general para todos los e.ferddos. Las voces de mando deben ser dadas con energía y de una manera clara, es decir, bien articuladas, porque como indican el objeto propuesto, deben ser bien oídas para que puedan ser bien comprendidas. La ejecu­ción corresponde al tono en que se manda. i la voz es débil, la ejecución se hará con negligencia. 22. L~mgilud del paso. Durante los primeros ejercicios de mar­cha no convien~:: preocuparse de la alineación, p!..les ante todo se tratará de obtene·r un pas0 resuelto, y cuando se haya conseguido ese resultado, la alineación vendrá por sí sola. Si, por el contrario, se busca primero la alineacUn, se acorta el paso, sin notarlo, por la sencilla ra.tón de que es más fácil alinearse marchando al paso corto. En otro tiempo, cuando las marchas en línea constituían la preocupación dominante, se redujo en Rusia la longitud del paso á tres cuartos de la usual, lo que dio lugar á ]a siguiente nota de ouvaroff: "Se ha acortado el paso en un cuarto de su longitud, y la consecuencia ha sido que cuando se busca al enemigo, sólo se andan treinta verstas en vez de cuarenta." 2 3. Observaúones sobre las diferentes clases de 1/ro y su empleo­De de la adopción de los fusiles de tiro rápi o, se ha hecho indis­pensable que tod~ estén bien convencidos de la verdad del axio­ma: " Pocos tiro·, pero que sean certeros." Partiendo de esto, se debe en los ejercicios practicados en tiempo de paz, restringir en lo posible las prácticas viciosas capaces de desarrollar en el solda­do la costumbre de apuntar con descuido y tirar con precipitación, así como la creencia de que puede disponer de su fuego no sólo en el orden abierto sino también á veces en el cerrado. En conse­cuencia, conviene: 1. 0 Evitar el tiro con cartuchos sin bala, que contribuye á enseñar al soldado á agitarse mucho, apuntar mal y tirar precipitadamente *. 2. 0 Hacer que los jefes dirijan el fue­go en el orden cerrado, y también siempre que sea posible en el orden abierto. Esta última proposición es indiscutible para el orden ce­rrado, pues en él debe poder el jefe, sin excepción alguna, dispo­ner de la elección del blanco, así como del momento oportuno para tirar. La marcha de la instrucción debe contribuír á inculcarle al soldado la convicción de que sólo los cobardes se apresuran á tirar, • Este tiro sólo puede emplearse con ventaja: 1.0 Para acostumbrar los re. clutas á las detonaciones; 2. 0 Para los ataques entrecruzados; 3. 0 Para las ma.. niobras de doble acción, con objeto de indicar la pesición ocupada por el de. fensor. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. JO Boletfn Mzl·üar y que todo soldado que se respe41 á sí mismo, tiene que esperar siempre la voz de mando, pues el individuo que en orden cerrado dispara sin esperarla, es reo del crimen de desobediencia á su jefe, estando en formación. En orden disperso, los jefes * no determinan siempre el mo­mento en que se ha de tirar; pero deben guz'ar á los tiradores para la elección del objell'vo y ordenarles suspender el fuego todas las veces que las ventajas probables no correspolldan al consumo de cartuchos necesarzo. 24. Para la dirección del fuego propondremos las indicaciones siguientes: Economizar los cartuchos-En orden cerrado, tirar siempre por descargas, preferidas también en el orden disperso. A distancias su­periores á 800 pasos (rusos de o m 7 1) las descargas valen más que el fuego individual, porque la dirección queda á los jefes, el humo no molesta para tirar, y se puede observar el punto de caída de las balas. Es preciso tirar tranquilamente, apuntando á un blanco de­terminado, y ejecutarlo siempre con el mayor cuidado posible. La rapidez del tiro, obtenida á expensas del cuidado que debe consa­grarse á la puntería y á disparar sin sacudidas, aumenta el gasto de las municiones, disminuyendo las probabilidades de hacer blanco. Los jefes de escuadra, en lugar de velar sobre los soldados, para obtener que coloquen bien el alza, tiren con orden y tengan en cuenta todas estas advertencias, se entregan algunas veces á una agitación irrazonable, hacen mucho ruido pero no ven nada. Es preciso enseñarles á desempeñar su cometido desde sa puesto, tran­quilamente, con buen sentido y sin lanzar gritos * *. Son los primeros tiros los que producen impresión más pro­funda sobre el adversario. Así, es necesario que sean muy certe­ros, porque si no hacen blanco lo enardecen, pues cree que nues­tro fuego tiene poco valor. 25. Damos á continuación algunos datos aproximados respec­to á las 6iimensiones de los blancos sobre los cuales debe abrirse el fuego individual según la distancia. A 8oo pasos y distancias mayores, sobre masas. De Soo á 300 pasos, sobre grupos de cuatro hombres, á lo menos. De 100 á 300 pasos, sobre grupos de hombres semicubiertos ó sobre hombres aislados al descubierto. • Hay que entender por jefes, sobre la cadena de tiradores, no sólo los ofi­ciales que mandan la tropa, sino también los sargentos y cabos que mandan pelotones ó escuadrones. u El of1cial casi nunca puede conservar la vigilancia inmeiiata del em­pleo juicioso de los fuegos de la guerrilla. No debe preocuparse sino de una cosa: de preparar, desde tiempo de paz, subordinados que se encarguen de la ejecución de ese deber importante, y á los cuales indicará, sobre el campo de ba· talla, los blancos á que con preferencia debe diri~irse el fuego. Se da esta ense. ñanza, ordenándoles algunas veces, durante las sesiones de tiro, dirijan el fue­go no sobre todos los blancos (suponiendo que haya varios), sino sobre algunos de ellos en particular. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. A partir de 300 pasos, sobre hombres aislados, aun acostados. El jefe posee, sobre el campo de batalla, un medio muy sen­cillo para impedir á los hombres tirar antes de que él lo crea con­veniente, y es quedarse de pie á van~uardia del frente, hasta el momento en que se decida á romper el fuego, no retirándose hasta que va á dar la voz de mando. En las descargas á 300 pasos y distancias menores, debe apun­tarse siempre á los pies y ejercitar los soldados á que lo practiquen así, dedicando á esto especial cuidado *. Aun á todas las distancias es preferible apuntar al pie del blanco, porque valen más los tiros de rebote que los demasiado largos. Debe evitarse siempre, sobre el campo de batalla: I . 0 Tirar por descargas con muchas alzas, porque la dispersión de las balas es suficiente sin eso; 2.0 El tiro de cartuchos contados y el rápido, pore'lue una y otro degeneran fácilmente en tiroteos muy difíciles de detener. * -t- - NoTAs-Por lo que ya se dijo, se ve que no vale la pena tirar sobre hombres aislados á distancias mayores de 300 pasos. Se ve también que los casos en que r.onviene emplear el fuego de descargas á grandes distancias, se presentan pocas veces, y que en general debe esperarse para hacerlo á que se encuentren frac­ciones enemigas formada en orden cerrado, dentro de la distancia señalada. Pero como una vez llegado á esa distancia, el jefe, que conoce bien su deber, no se deja fusilar, y después de dos ó tres descargas, marcha al asalto, lanzándose á la bayoneta, los mo­mentos de que dispone el defensor para sus descargas son muy cortos y su fuego se limitará al ~asto de algunos cartuchos por fusil. Resutta de aquí que durante el primero, es decir, durante el más largo período del combate, se presentarán pocas veces blan­cos que permitan á la vez tiros certeros y rápidos, y que en el se- • Aunque el alza está dispuesta sobre el fusil de modo que permita al­canzar un hombre á 400 pasos, apuntándole á la cintura, se ha observado sobre el campo de batalla qut! en el tiro á cortas distancias, la mayor parte de las balas pasan por encima de la cabeza. Cualquiera que sea la razón de ese hecho, bien provenga de que los hombres, al apuntar, traen su arma de arriba abajo y, faltos de sangre fria, no esperan siempre que la línea de mira llegue á la horizontali­dad, bien que obedezca á otras causas, no deja de ser cierto que los que tienen experiencia adquirida en los campos de batalla, acon ejan, en el tiro á cortas distancias, renunciar al deseo de una precisión que resulta engañosa, y apuntar constantemente á lo pies, á fin de dar á los brazos del soldado una costumbre constante. Por lo demás, las balas que hieren el suelo delante del frente enemi. go, á. causa de un gran descenso del fusil, pueden tocar de rebote, en tanto que las que pasan sobre el adversario no alcanzan á nadie, ó, si por azar hieren en alguna parte, no es donde había necesidad. Procedimiento para enseñar á apuntar á los pies : colocar á 200 6 300 pa­sos las dos mitades de la compañía frente á frente, y hacer apuntar, ó bien colo­car los soldados á la misma distancia de una censtrucción cualquiera, y hacerles apuntar al pie. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B olet{n M·ilüar gundo período, por el contrario, habrá blancos numerosos, pero la duración de esta faz del combate será solo de algunos instantes. En consecuencia, es claro que un tiro eficaz, es decir, certero, no podría ser rápido. Ese tiro tampoco podría ser ráptdo por la razón sjguiente: sólo reteniendo el tiro entre ciertos límites de velocidad, se puede conseguir que los hombres tengan un poco de aplomo y se les impide acalorarse hasta el punto de tirar al azar. Hé ahí la razón por la cual se vuelve siempre al aforismo " pocos tiros, pero certeros," y que enseña el error que se comete al calificar el fusil actual de arma de tiro rápido cuando sólo es un arma de carga rápt'da. Los jefes nunca deben olvidar que apresurándose á tocar so­bre blancos que no presenten grandes probabilidades de éxito, arriesgan el quedarse sin municiones durante los momentos def combate en que la suerte les presente ocasiones de disparar sobre ellos á boca de jarro. La experiencia de la guerra de 1877 ha inspirado á muchos militares la convicción de que el fuego por descargas, en plata­bandas, puede ofrecer serias ventajas, aun á las mayores distan­cias. Los turcos tiraban sin apuntar; no tenían limitación de car­tuchos, puesto que nunca atacaban, y combatían en posiciones pre­paradas de antemano, á donde las municiones se 11evaban con abun­dancia. Si se tiene en cuenta, además, la falta de instrucción preli­minar de la mayoría, se llegará á comprender que su fuego era sencillamente un tiroteo desordenado, que sería extraño convertir en tema de instrucción, puesto que se producirá por sí solo en todo ejército compuesto de reclutas. Pero un ejército disciplinado é instruído no debe recurrir á esos procedimientos, porque los soldados que lo forman estarán imbuídos tle la convicción de que la eficacia del tiro depende de la certeza y no de la velocidad, y que un cartucho tirado muy lejos, al azar, es perdido para los momentos del combate en que se puede contar con disparos á boca de jarro. Pueden presentarse casos raros en extremo, en que el enemigo descubra reservas en masa compacta, á distancias largas, pero comprendidas en la esfe­ra ele acción de los fuegos de infantería. ¿Por qué no enviarles al­gunas descargas, si no tenemos otro blanco por el momento? Pero eso no es una razón para incluír en la instrucción esa clase de fue­gos; el jefe mandará, tirarán los soldados y las balas caerán al azar. Conviene, además, observar que los blancos de esa clase pertenecen mejor á la artillería que á la infantería; y que si las reservas del adversario aparecen á una distancia de I ,500 á 2,000 pasos, es porque su primera línea está ya frente á nosotros, to­cándonos casi, por lo que nuestra infantería de la línea de com­bate tendrá bastante qué hacer con afrontarla para que pueda ocu­parse de las reservas. Así, si se nos pregunta si el tiro en platabandas á gran distan­cia es racional, sólo podremos contestar una cosa: que ese tiro es racional si la provisión de cartuchos es inagotable y si el ejér­cito que la emplea es bastante ignorante para que no se pueda Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. obtener de él .otra clase de fuegos, per-o que no hay fundamento: alguno .para ver en ese género de tiro un nuevo elemento de la t'ctica de los fuegos.-( Conhnúa). -------~------- PJUNCIPIOS GENERALES DE ESTRATEGIA Y DE TÁCTICA EN LAS PEQUEN4S GUEIUUis­por el Mayor C. E. Callwell, del Ejército inglés TJLADUCCI6N DE ISIDORO LAVE:RDE AMA Y A-Cfmli,Úa CAPITULO XI TÁCTICA DE ATAQUE l. La lácHca ofensz"va ts generalmente imperalt"va-En la mayorfa de las pequeñas guerras las tropas regulares han adoptado gene­ralmente, y como era natural, la ofensiva sobrt! el campo de bata­lla. El enemigo rehusa atacar : se confía en las ventajas de Ja posición y en las defensas. naturales ó impro:visadas. Los mi~mos Sikhs, la raza más aguernda con que ha temdo que combatir el ejército inglés en Oriente, adoptaban de preferencia la defensiva, bien que comprometidos en una campaña esencialmente ofensiva. Pero aun cuando el enemigo no mostrase esta repugnancia na­tural á tomar el papel de asaltante, el principio fundamental de estas pequeña gu rras es atacar siempre, si es posible, al ad­versario. Guerrero" deridido y fa.náti s, que combaten en masa y adoptan la táctica de · hoqu , obligan algunas veces al ejército re­gular á ponerse á. la defensiva, á marchar y á combatir en cuadro, y á renunciar á las ventaja morales que procura el ataque; pero estas condiciones son excepcionales. En los capítulos precedentes se ha hablado de la grande im­portancia que hay en hacer sentir al enemigo su inferioridad, de la ventaja de una actitud de iniciativa sobre el terreno, del valor del efecto moral. Un plan de campaña audaz y resuelto es la me­jor garantía de éxito final, y aun sobre el terreno este gran prin­cipio se sostiene íntegramente, y la historia de las guerras pequ~ ñas lo confirma casi de modo evidente. Las victorias decisivas ga­nadas por débiles cuerpos de tropas regulares sobre grandes ma­sas de bárbaros, como en Pla ley, en Isly y en ~lean ce, se deben generalmente á la toma de la ofensiva atrevidamente. Este hecho da al estudio de la táctica contra semejantes adversarios un inte­rés especial. II. Es Üllporllznle lograr un é.xzlo decisiv• m el combate-Ya .se ha puesto de manifiesto que el éxito decisivo en el combate es. m-. cuestión importantísima del manejo de es.tas pequeñas guerras,._ Toda vez que es difícil suscitar el combate, y que el campo de ba­talla es el desiderátum supremo, lácil es comprender que wur TOllO I-J Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. simple victoria no es suficiente, y que se hace preciso derrotar en absoluto al enemigo ; de donde nace la necesidad de ataques en­volventes y de operaciones dirigidas contra la línea de retirada del enemigo, conforme se ha tratado en el capítulo In •. III. Preparadón por la artillería-Pero antes de hablar de esta tan importante cuestión como es la dirección que debe darse al ataque, y de los motivos que haya para escoger esa dirección, con­viene fijarse en los medios de preparación por la artillería, que des­empeña papel muy importante en la táctica moderna. Esta prepa­ración es interesante para el desarrollo de un combate, cualquiera que sea la dirección del ataque. La experiencia de recientes grandes campañas en Europa, prueba que la preparación por la artillería es un principio esen­cial del ataque en la guerra regular, un principio absoluto admiti­do sin discusión por los tácticos, un principio igualmente verdade­ro hasta cierto punto en las pequeñas guerras El primer deber de la artillería en el combate es reducir al silencio la artillería adver­sa, y el segundo es derribar á cañonazos la defensa del contrario en el punto escogido para el ataque. En las pequeñas guerras ge­neralmente no hay necesidad de considerar sino la segunda faz de la acción de la artillería. En efecto, i el enemigo posee cañones, rara vez se sirve de ellos con ventaja. Así pues, en general en estas pe­queñas guerras la acción de la artillería se limita á abrir una bre­cha en la línea de batalla del enemigo para dar paso á la infan­tería. En ciertos casos, es e 1 prólogo indispensable del asalto. IV. Cuándo y m dónde esta preparación no es vmlajosa-Pero este prólogo no siempre es necesario, ni aun prudente. En todas las guerras la artillería ejerce un grande efecto moral. Los Asiá­ticos se pagan mucho de tener cañones. Guerreros irregula1·es que pueden disponer de algunas piezas de campaña para su línea de batalla, conceden grande importancia á esa artillería. En­tre tales adversarios esta es una característica de que pueden apro­vecharse las tropas regulares, como se verá más adelante. Mas la cosa es que adversario que dispone éle cañones teme mucho el fue­go de la artillería. Hasta cuando no tiene cañones y no conoce la artillería, el adversario se aterra cuando las granadas lo alcanzan. Por esta razón un bombardeo preliminar tiPne por efecto, en am­bos casos, arrojar al enemigo de su posición y hacerlo huír antes del desarrollo del ataque ; este es un resultado que no es codicia­ble. Durante los ataques de los Franceses sobre Bacninh y sobre Hu:· .~·-Hoa, en el Tonkín, en 1884, el fuego de la artillería causó la rdirada de los Chinos, quienes no sufrieron sino pérdidas lige­ras, cuando hubiera sido muy conveniente haberks infligido una sangrienta derrota. Algunas veces, por motivo especial, puede ser ventajoso arrollar de este modo al adversario; pero, por regla ·general, al principio de una campaña es ciertamente una gran .contrariedad que los guerreros irregulares abandonen sin lucha la posición en donde se disponían á aceptar el combate. • Esto confirma lo dicho entonces como objeción al autor-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n A-'f·ilt'tar 35 V. Objeciones-A veces la preparación por la artillería indica .al enemigo e) punto de ataque, lo que no siempre es de de5ear ; -esta preparación es naturalmente incompatible con toda idea de sorpresa. La salida de Kandahar contra la. aldea de Deh-Koja, en 1880, es de ello un ejemplo : una media hora de bombardeo no ..sirvió sino para alarmar á los Afganes, quienes acudieron en masa de todos lados ha~ia el punto amenazado. Y esta primera objeción no es tan importante como la segunda ; es á saber: que tal prepa­ración produce la huída del adversario sin que haya habido com­bate. "El efecto de la artillería, dice Lord Wolseley, es absurda:.. mente insignificante contra un enemigo que no combate en masas -ó siquiera en cuerpos organizados." * Esta observación se aplica -naturalmente á los efectos materiales de la artiJlería, y no al efecto moral. Las probabilidades de infligir una derrota decisiva á un adversario tímido, pueden quedar destruidas por el envío prema­turo de algunos proyectiles poco ó nada mortíferos. VI. Esta preparacibn. se impone cuando el enemigo está fuertenunle atrincherado-Pero á veces la preparación por la artillería es indis­pensable. Si el enemigo está fuertemente atrincherado y decidido ..á la lucha, un bombardeo preliminar puede ser útil. Cuando la su­blevación de la India, la artillería prestó grandes servicios abrien­- do paso á la infantería. Una maniobra muy ventajosa fue la de enviar algunas piezas sobre los dos flancos, de modo de enfilar la posición enemiga. Pero en esta campaña los rebeldes estaban bien .armados y con frecuencia combatían con encarnizamiento. Si el enemigo está atrincherado y si la resistencia que haya de oponer parece que ha de ser considerable, urt bombardeo preliminar se impone. Se podrían multiplicar los ejemplos de la necesidad de la intervención de la artillería en semejantes casos á fin de abrir ca­mino á la infantería. Los puntos que deben servir de guía para la decisión respecto de la preparación por la artillería, son : la natu­: raleza de la posición enemiga, el valor del enemigo y la cues­tión de saber si la toma misma de la posición ocupada por el ene­migo tiene por el momento más importancia que la de una simple lección dada al adversario. VII. Ejemplos de la neceszdad de la preparacz(m en la arlz1lería.­La falta de un bombardeo preliminar ha ocasionado algunas veces resultados muy de lamentarse. El combate de Chillianwallah es bien conocido t. En el combate de Wad Ras, cerca de Tetuán, • Correcto aforismo aplicado á la mal organizada y peor servida artillería i nglesa de montaña; pero enorme desatino táctico en otro caso-L. D. t Chillianwallah es una aldea del Ungah, sobre la ribera izquierda del Sind .de Thelum. El 13 de Enero de 1849 Lord Gough atacó imprudentemente, cerca -de esta aldea, al ejército sikb mandado por el célebre Shere Sing, de quien el autor ha hablado antes. Este ejército ocupaba una posición naturalmente fuerte, ~eforzada con trincheras provistas de numerosa artillería, y por delante de la .cual se encontraba un bosque impenetrable. El ejército inglés, inclusa la brigada -de caballería Popa y las dos divisiones de Sir Walter Silbah y de Sir Lolin Camphell, avanzó valientemente, bien que algunos jefes se diesen cuenta de la imprudencia de lanzar algunas débiles brigadas contra fuertes baterías y tropas frescas del enemigo, apostadas en medio de una floresta virgen. No hubo preparación por la artillería, y esta horrible carnicería (tenib!e Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mt'!t'tar 'en I35g, los Españoles atacaron la aldea de Amsal sin prepara­~~ ión previá por la artillería ; varias veces fueron rechazados, y no la tomaron definitivamente sino después de sufrir muy grandes (pérdidas. La falta de preparación por la artillería parece h ber sido la causa principal de las grandes pérdidas que los Holan­deses experimentaron en sus ataques contra las trincheras de ~"Achin en 1873-74; la artillería habría sido muy eficaz contra es­- tas aldeas, y la prueba es que el Kratón de Kota Raja, la princi­pal fortaleza enemiga, fue abandonada después de un bombardeo. Las guerras irregulares son quizá tan abundantes en esta cla­se de ejemplos, como las grandes campañas de la historia. Parece inútil decir que vale mucho más arrojar al enemigo de su posición con el solo fuego de artillería, que sufrir un revés por falta de bombardeo preliminar. La preparación por la artillería es en oca­siones un acto esencial, y sólo cuando no es así surge la cuestión de saber si esta preparación es ventajosa ó nó. * VIII. Imporianda de la loma de la arh1lería mem(ga-Mientras que tratamos del capítulo de la artillería, se puede hablar del prin­cipio importante que se desprende de la táctica ofensiva : cuando adversarios como aquellos contra los cuales tienen que Juchar las tropas regulares en estas pequeñas guerras, llevan artillería al cam­po, es muy ventajoso ponerle la mano á esa artillería. Ya se ha hablado de la importancia considerable que estos guerreros irre­gulares conceden á los cañones. Los Asiáticos se inclinan á medir la fuerza de un ejército por el número de sus cañones. Es cierto que el material de artillería de estos adversarios rara vez es for­midable; generalmente es anticuado, las municiones son malas, y las usadas casi nunca dañan. No es, pues, tanto el concurso que esa artillería presta al enemigo en el combate, lo que hace desear que sea tomada pronto, cuanto el efecto moral que produce el qui­társela. Estos guerreros irregulares olvidan una derrota, pero no la pérdida de su artillería. Un ejército de bárbaros que párte á la guerra con un gran tren de artillería, símbolo del poder militar en el pafs que atraviesa, y que vuelve sin sus cañones, trae, evidente­mente, las señales de la detrota. La artillería es un dije (playiit"ng) para potentados medio ci-vilizados; los jefes tienen gran confianza en ella, y los simples guerreros la consideran como una poderosa máquina de destrucción. Cuando ven tomados sus cañones, pierden toda esperanza de vencer; entonces llega el momento del sálvese t¡uietr. pueda. slaughtu), que habría evitado un jefe de sangre fría y más prudente que el bravo · Lord Longh, comenzó por la derrota de la brigada Pope, y costó á los ingleses 89 oficiales y 2,357 hombres muertos y heridos; además seis piezas y cinco ban. fieras quedaron en las manos de Shere Sing y de los Sikhs. Por su lado, Shere Sing perdió 4¡000 hombres y 45 piezas enclavadas. t (British batlu la11d «ud sea, by :James lgmnt, pág. 62) *' El cañón es hoy elemento indispensable de combate-L. D. t Entoneea no existfe.n eaiionérrde acero y retrocmrp -L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M -ilitar 37 Por lo demás, la artillería ·de . estos ejércitos no es difícil de capturar. La. batería forma rara vez una unidad móvil. A los ca­ñones se les sube, no importa cómo, sobre la posición; una vez en batería, no hay medio ninguno para quitarlos de ese lugar en el momento que se quiera, cuando el asaltante dirige contra ellos un ataque resuelto. En todos los combates de la última guerra de Afganistán, ~n . los cuales el enemigo poseía cañones, combates que fueron triunfos para los Ingleses-Charasia, el Peiwar Kotal y Khandahar, por ejemplo,-casi todos los cañones cayeron en poder de los Ingleses. En la sublevación de la India los cañones de los rebeldes eran por lo general defendidos bien y vigorosamente; pero rara vez logró el enemigo retirarse con ellos, y varios pasaron á engrosar el botín después de los triunfos de las arm~s inglesas á campo raso, y sin embargo dicha artillería era formidable, y los rebeldes tenían, con justa razón, mucha confianza en ella. Algunas de sus baterías de campaña maniobraban admirablemente. Las grq.ndes pérdidas en material de artillería que sufrieron los rebeldes provinieron sin duda en parte de que estas piezas permanecían bravamente en ac­ción hasta el último momento. Esas pérdidas hicieron perder toda confianza al enemigo, quien, al fin, combatía sin esperanza de venc r. En la guerra de China de 1 86o, la toma que los aliados hi- .. cieron de muchas piezas en los dos combates librados durante la marcha de Tientsín sobre Pekín-Shanhia wan y Palikao-produ­jo grandísimo efecto moral en los contingentes chinos. Buen ejemplo del efecto moral que produce la toma de la ar­tillería, es el incidente siguiente. En 1854los Khokandiers se reu­nieron en gran número y bloquearon el fuerte Perowski, puesto .avanzado de los Rusos sobre el Sir Daría. El comandante resol­vió dar un golpe vigoroso, y á este efecto envió las tropas de que podía disponer á atacar inopinadamente al enemigo. Esta peque· ña columna se encontró bien pronto en una situación crítica, amenazada por todos ladps. Pero en la ejecucióQ de su movimien- • to nvolvente, el enemigo había dejado su artillería sin protección; lo que visto por el comandante ruso, le incitó á dirigir sobre las pie­zas un impetuoso ataque. y se apoderó de ellas. E;l efecto fue inme­diato. Los Khakodiers se asustaron y huyeron en desorden, dejando numerosos trofeos en las manos de la pequeña columna rusA-; su derrota fue completa. IX. Co11.jia~a que tienen los gufrreros irregulares en sus cañotus­Es interesante hacer notar que la artillería. ~s á menudo no sólo causa de estorbo para guerreros irregulares, sino hasta un peligro .evidente. La causa de Schamyl declinó desde el día en que élatJr mentó su artille
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 1 y 2

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 3

Por: | Fecha: 19/01/1901

BOt~TIN MIIJTAR DE COL OM BI A 1 Organo ~el M injsterio de Guerra y del Ejérc · to • ·on roh\borndorl'" ele este periódico lo>< .Jpfes y OftciniP<; d 1 Ej'rcito Director ad honoram F. J. VERGARA Y V. Ocnernl de Ingenieros, Miembro 11 • vt~rir.ll ocied:~dc Ci ntíf\cus /J.E('R E1'0 l\'{MERO ... D.E I9CO ( DICIE:\IHRE 3 1 ) por el ual e crea un Circulo Militar Al 1'/tefJI.tSldm/e de la Repúbb'ca, encargado dl'l Podt'r lt.¿_jcotf¡'¿,ro, O 1•: 'RE r Art. 1. 0 r ·a e el ·írcul Militar de an Juan ele Río ~ e o {!n el Departam nto d undinamarca, compue to de lo munici­pio de an Juan, Vianí, Bituima, Quipile, Chaguaní y Guayabal. Art. 2. 0 ómbra e J f ~ :Militar de dicho Círculo al ,-. or - nel emetri M ra . . Quedan bajo us órdene todas la fuerza· acantonada · en aquella región y las d m á que cr ·a conveniente organizar dentro de su jurisdic ión el xpre ado J 'fe Militar, para lo cual e 1 fa­culta ampliam(')nte. omuníque e y publíque e. ad l''n J ogotá á 3 1 de iciembre de rgoo. JO É MANUEL 1vfARRC <;Jl ÍN El Mini . tro d uerra, Jo É DoMINr>o ,PINA C. TOllO 1- S Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 66 Boletín JJ!ilitar ·,· Dl!."'CR.El'O iVUMERO ... JJE I900 ( 12 DK DICID!lllr. · A C. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ·68 Boletfn M·ilitar /)¡,_· 'REJO iVÚ!VI.ERO ... 1J.E' I90I (7 DE ENERO) ror c:l cual ·e ui POJ!C la fonpaciém del medio 1Jatalló1l Rodríguez El ¡r,ápt·esiden!e de la República, encargado del Poder E}ecutivo, DE RETA Art. 1 •0 Organíza e un medio Batallón con el nomure de Ro­dríguez, compue to de dos compañías, 1 cual quedará ajo las in­mediatas órdenc de la Comandancia n Jef del Ejército, mientras , e organiza la 6.~ Di vi _ ión. Art. 2.0 Lláma e al servicio activo á lo ·iguicnte Jefe y ficial s y de tí na, eles al Cuerpo expr ado, así: Plana Mayor-Prim r Jefe, Coronel Custodio Rodrfguez; e­gundo Jef , arg nto Mayor Hipólito algado. Primera Compmiía-Capitán, otero Ama ya· Teniente, Dani 1 Tribiño; 'ubt ni nt , Ju to Gutiérr ·z · ubt niente, Domingo buzmán. · Seaumla CompaíZia - apitán, Ju ·to Elig-iQ; Teniente, Hipólito Gutiérrez; ubtenic nt ', milio xonzál z; . ubt ni nte, Roso Cár­denas. omuní u s ' . ado n Bog tá, á 7 d 190f . J M 1 UEL MARR QUÍr ' El Mini~tro d ' u erra, Jo i o nNGO PI, .\ CO 1/.-1 .DANCIA ftfiJJTAR DR BOCOTA R epúblz'ca de C'olombz'a-Ejé?·áto permanente- Jefatu·ra Mz'Niar de la Plaza-Batallón Artzllería Rodada-Bogotá, Enero IÓ de I90I. Sr. ' encral omandante Militar de la Plaza-Present . Tengo el honor de poner en vuestro conocimiento que en la madrugada del día 6 del mes en curso siguió de ésta en dirección á Oriente, por la vía de U m - 1 Capitán David Velilla con una Sect ·én de Artillería del uerpo d mi mando, según órdenes que de 'o recibí en la no h anterior. El día 7 á la 3 de la tarde me puse n marcha de orden vuéstra, en la mi ma dirección, para ponerme á la cabeza de la Sección de Artillería comandada por el Capitán Velilla é incorpo­rarme con ella á las fuerzas que comandadas por el Sr. General Ospina Chaparro, debían abrir operaciones sobre la Provincia de Oriente de Cundinamarca. A la 9 p. m. llegué al sitio denominado Los HornzJos, donde estaba acampado el citado General con su Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo/etfn ll4z/itar Ayudantes y e l Batallón ·Bárbula de la 1.3 Di,·isión del Ejérdto permanente. El día 8 organicé la S cción a í: 1 .• pieza al mando del Ca­pitán David Velilla y servida por onc individuo de tropa; 2.a pieza al mando d 1 Teniente Víctor O-pina y ervida ig-ual­mente p0r once indi' iduo · de · tr pa, y el parque á cargo del Te-niente Emilio Roda · V. y ·atorce individuo de tropa. la 8 a. m. · nos pu..,imo en marcha para Cáqueza, la 1 ." piP.za p r la vía de Une e n 1 General ¡ ina Chaparrv, y la 2."' pi za 1 parque por la da de hi¡x1qu bajo mis inmediatas órd . ne , acampando todo t'n Cirtueza i la 2 p. m. El 9 continuámos la mar ha sobr Qu tam e, y acampámos en sitio d C:' norninado !.a Flor/da, á ¡..>oca di ·tan ia dL' dicha población. El 10 acampámo~ ··n /Ja Téga . El 1 r á la 6 a. m. ·alím )S d t'.'tc: !:>itio no · pu ·imo en mar­cha ·o bre A1esrzgrande, lugar l.mcl e e tal an f rLifi ada la fuerzas d la r YOl u ión. . la 12 m. llegá m o .· á Monft>rrcdondo, donde se hallaba nu ·tro Cuart 1 (Y n ral dond re ·ibí in tru cion del Gen ral ·pina Chaparro. d mandar al apitán \ dilla con la 2: pieza ( añón \" ithwurth,dc tr s libra corto) á o · upar 1 ala izquier­da d nue tra lín a d tirad r' , qu obraba bajo la - órdenes del ~ neral Habacuc Beltrán y d ' eguir el infra crito on 1 General pina Chaparr , ll ev and la I: ieza (cañón Bang , d och nta milímP.tro ·) á ocupar el e · nlr d nu tra, lín a para d minar las a as de Mesaurande y e 'rca. d t pi dra a ya- nte · , dvnde para­petado r · i · tía 1 Batai/Jn Pt:rd n.o de la · fu erza· r volucio­naria:, comandado pe r el -- 01-on{'l Abd Uril e, mu rt , n '1 com­hat •. 1 u ta la~ ¡.>ieza _ n bat ría en la mi ma línea upada J or lo tirad r s, s · om<·nzaron 1 ) di paro: clt: cal1ón Ba.no· por o r' la a a d 1 Cdmbulo, mpl ando alza de 1 oo m - tr s, y en e 1 r • la 11/esagraude r~mph·· andv alza d 700 m tr > • • y 1 >. d can n ithworth p r r • la m ta ocupada por e l ala d e recha d " la r ' \' }u ión, t>mpl anclo alza le 1,200 me­tr , ' lo. últimos S( br la .... ra~a · d · AI(.wgramlr , ·m ¡ 1 ·a nclo alza d 1,400 m tro~. e l cañón Banu·c se e n~umicron 16 g-ranada~. • dl'l \Yith\Yorth n la p ca · horas u duró t·• l fu eo-o d e artiiiL ·ría. D l J e f cto pr elucido por 1 ¡ ruycctik. lanzados por nue tra bat :! ría ·ol r ~la trin ·h ra en ·migas, v!-. informarán 1 s J fe u¡ t: rior · u dirig1 ¡-vn ·ta ac -ión dv arma ~ . Me ¡.>t! rmito manif t.::tro qu tanto Jo · Ji ·ial1· - apitán Veli­lla y Teniente O pina · Roda~, e m lo 3 indi..-iduu~ rl· tropa que comp nían el total d la ce ·ión d Artill{ da, li ·ron mu<' ·tra de. abnegación y di ·c iplina durante 1 ~ día d p rman ·ncia fuera de ta capital. Dejo así rendido e te informe, ha iéndoos pre ·e nte que todos lo individuo - que componían la sección que salió á campaña, ape­na cuentan do me e de e tar recibiendo in trucción d artillería. Vu .·tro ~ervidor. El mandante, Jos{ :VhRÍ.\ PoRF.RO S. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ¡o Boletin Mz*l-ita1' ORDEN GENERAL PARA HOY IÓ DE ENERO J)E I(jOI A.;~.· 3 ~~.5~ .. :E1. ·;~. ~·~i·t~j~f·~. ·ci~· . E. ~·ci~ ·M~~~~· g:~~~~~¡¡~¡·~~· ·; ·ncargado de la Comandancia en J~fe del Ejército, se complac en hacc·r cvn tar en la pre ent Orden general que el comporta­mi ntu del Cuerpo d Artillería Rodada ha sido altamente satis­factorio en todo lo qu e r laciona con u disciplina, moralidad y competencia en u arma, habiéndo. e hecho notar particularment en el ht:cho de armas o urrido el Ir del corriente contra los revo­lucionarios de Orient , donde puso de manifiesto, así como otro · Cuerp " del Ejército, u intr pidez, energía pecialmente su comp tcncia. Como un acto de ju ticia, l infrascrito, en nombre del o­bierno, felicita al mencionado Cuerpo y al r. General Francisc J. Vergara y V., quien lo ha formado y lo ha 11 vado á uno de lo primeros puesto d 1 Ejér ito de la R pública. El G neral Jefe, MARIA · Tt)HAI< , MANUAL PA.R.1 LA PREPARAC!ON D E LA CO liPA 11 AL COJJ-fBATE, POR E L GEN ERAL DRA(/0 lllROFF [ t •.,,tiinti·• 1 J f d 1 jér il l'llSO 1 l STR C 10 DI~ L.\ 2 . La pr 1 aración raz nada d la compañía al combat con tituy . la ba . la ducaci n militar d la infant rfa. ~· ¡ la. compañías son bu na , el batallón 1 rá también; y por otra par­t , . n un de. ta am nto compu t d m u ho · a talione cada un por u · olidaridad ( on lo d má , no tendrá que hac r co a alcruna cuya ej cución a el un 1 1da á u compañ ro . 27. El cua ro el in trucción d la compañía e tá d terminado por la divi ión d 1 ombate en do período : el de los fu go 6 d pr paración y el d la bayon ta ó de d ci ión, que hace ver cuál d JOS dos ad ver ·arios es di{rno d merec r la victoria. Partí nd de esta ba e e puede repartir la in trucción de la compañía en tres parte~ : 1 ... Instrucción de la compañía obr aplica ión al ombat . en terreno variado, de la marchas y formacione , pero in hac r uso de las armas ; 2 ... Ejercicios obre el mismo tema, pero añadiendo el tir con cartuchos de guerra ; 3 ... Pr paración de la compañía al período del combate lla­maJo d e {a hO)'Onela. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. lJoletln M -ilitar JI 2 . ];, ·Ios es/os ejercicio deben r.onduúrs:: de manera que se Cle de la instrucción, y termi­naba y acon ejaba terminar a . í cada se~ión. La sesión duraba en general una hora, hora y m e dia á lo más, y la conversaúón se pro­longaba algunas vece más de dos horas. Ciertamente sería necesa­rio ser uvaroff para hacer e e cuchar por soldados en movimiento -dos horas seguidas; pero cinco ó diez minutos de conversación, so­bre todo con hombres que no se mantien('n firmes, sino dueño rlt> ~ us Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 72 J]o/et/)/l .JfilltaJ. actitud e , no xcederán nunca los límites de la atención. Y, por otra parte, diez minutos bastan para comunicar al oldado muchas nociO­nes útiles y accesibles á su espíritu, sobre todo ·i la mar ha de l~ instrucción está arreglada de modo que lo pr par á ent ·nder los consejos que se le dan para hac r la guerra. Una dobl ventaja resultará d esas conversaciones: el soldado empezará á pertene­cer á su oficio, no sólo por los brazos y las piernas, ino también por la cabeza y el corazón; y por su parte, el oficial aprenderá la manera de hablar breve, enérgica, clara, que no e pierde en los d tall ; e a que tiene nece idad de emplear para dar u órde­ne ·obr 1 campo de batalla y durante las maniobras. eñores oficiales: no rehuséis entrar en explicaciones con el soldado obre vuestra común misión en los combate . Las grande acciones y el arte de salir airoso de las situacione má difícil s, sólo son posible para aquel que conoce al soldado y á quien éste por u parte co­noce y comprende. 1 l STRUCCIO, DR MA, ' !OBRAS Y EJER '1 lOS 30. La ba ·e de esta instruc .ión .on ·i t n <'onfirmar á todos lo · hombr s y cuadros d la ompañía n la cjt•cución pronta y pr cisa le 1 movimientos y ( roluciones pr crito por e l regla­m nto. El .paso rápido d 1 orden rrado al ord n d fila abi rt=1 ,. é in er am nt , á pi firme y t-~n marcha, mer ce partí ular aten­ción. · preciso sab r con igual rapid "'Z tanto abrir la · fila· bajo 1 fu go, com tr charla ( n pr . vi ión del ata u final. 3 1. Al dt·sarrollo de la atención de los hombres cousl/lu)'e una de las toiUlzrúme fundamentales pm·a d Í'.1:do de .es/a rama de la ÚLSirucaón. El oldado á qui n han n · ñado 1 moYimi nto · y la v lu io­nes en ma a j ruta todo c. J p r rutina, como un cu " r¡;o in alma, y pr ci o im dir qut• . e duerma n las filas. n e ·t jeto l omandante d . la mpañfa al mi ·mo ti mpo qu ha ej' 'Utar la ri d movimi nt ~ pr ·crit por 1 r glam "' nto, s , forzará n variar 1 orden d suce · ión d so movimi nt todo 1 qu e pueda. sí, or j .mplo, al empezar la ·ión e n su compañía no debe emp zar ·i mpr por e l man jo rlel arma, con­tinuar por marcha á vano-uardia y r ta uardia, t ., ino al con­trario, cualqui ra que sea el ord n en que se encuentre la compa­ñía, in exc ptuar el de marcha, tomar el ord n disp r o, te. etc. Siguiendo e a marcha, e preservará la compañía de la rutma,. bajo cuya influencia bastaría mandar el orden di perso ó cualquie­ra otra formación, antes de haber ejecutado cierto movimientos preliminares, para que se produjeran confusiones. 32. in embargo, aun siguiendo ese modo de obrar, no se llegará á conseguir que los hombres adquieran el grado de aten­ción necesario para los· ejercicio de aplicación, es d cir, para las: maniobra destinadas á adaptar lo tipos reglam ntario á una hi­pótesis táctica determinada, obre un terreno cualquiera. Es indiS­pensable, teniendo en cuenta e e objeto, desarrollar la atención de los hombre en grado tal, qu aun en una formación e n masa,. cada uno de ellos esté siempr pronto á una ejr uricín indiYiclual. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. JJoietfn .11 d;"tar 73 Para lograrlo., s pu de r currir á' pr cedimiento · como el siguiente •: 1. 0 La compañía e tá formada én columna d compañía ó ea Hnea, para ejecutar 1 manej del arma. Después de la vo:r. firmes mandad, por ejemplo: "números pare · de la 3·& se ción armas al hombro der cho"; ó bi e n: "2. 3 fila d e la 4.& scuadra d la 4 ... s ección, presenten armas," etc. 2. 0 Estando la compañía n mar ha n línea ó en columna~ mandad : "Núm ro· pare , media vu Ita, marchen. ' Los núm ro.· pare .jecutan el movimi · nto y marchan e n · ntido inv .r o. "Compañía, media vu Jta, march n. Lo número pares é impa­r <:>. mar harán al en uentro unos de ott·os, y la compañía pu de . er ord nadad nuevo, bi n d t niéndola n 1 momento en u - lo: número par é impares . e ncu e ntran á la misma altura, bi n mal"dando " media vu Ita . (>brc la mar .ha ) á tiempo á la. nlas par · 6 á las impar ·. Otro t'.Jcrádo. "1 al ·ua ra de tal ión, m dia YU Ita, marc h n ' ; 6 i n : "tal . e ·ión, m dia vuelta, march n"; yd "spué re tabl e 1· 1 ord ~ n por mandato anál g- s á los pr e d e nt s ó también mandando : "tal ·c uadra de tal e ·ción ( 6 tal s cción , á. . u puc tu, pa o gimná tico, march n · Otro ejt'n:icz'o. ' Tale filas n cada ección, alto. ' Y para re·- tablee r f ord n. "Tale filas n cada ción, á su pu sto, pa gi mnásti u, mqr hen. · Cuando la fila d ti nen, rd nar á la e mpañía ~ trechar e . o r 1 e ntr , ó con ·ervar lo int r alo , á o\ untad. Fn una e lumna n marcha dire ta por 1 flanco, e pu de adcmá d · lo · jc rci i s pr e . 1 ntes, d doblar la columna man­dand : ' tal ' · hilera ·, media vu Ita, mar h n.' El ord n n. ta­blee p r un p- ced1micnto análo ro á lo pr ccd nt s . .Eit lodos los ejerúúos d~.· sünado d verificar y desarrollar La a.tm­non d lO.\ hombres, C0/1.1)/t'll atenerse rigurosameute á las VOCeS regfa77lt'll­farias sút ZÍLvmtar voces fa! as para en.uailar _Y sorprmder. i l hom­bre durante toda la se ·ión recuerda ·u número en la s cción y no ol ida si e · par ó impar, ~i r 'Cuerda igualm nte l de la e cuadra y ccción de que forma parte, n d be cxi dr ele má pu s ir má. l jos no contribuiría á o t ner y ele arrollar la at nción, sino á. fatigar! y por tanto á debilitar aquélla. NoTA-Los procedimiento anteriorment e, puesto no on único e n su género. La cuestión no stá en lo procedimiento , ·ino n l fin deseado, e d cir, n el de arrollo de la aten ión pues poco importan lo medios si e ll ega al re ultado. No deb n bu carse demasiadas astusias, pues cuanto más encillo ea el , iS­tema mpleado, más valdrá. A í, por ejemplo, los jcrcicios jecu­tados á la voz de mando d 1 j fe d e la compañía, sin que la r pi­tan los jefes de cción ó pelotón, y la instrucción muda, es decir~ arreglando lo movimientos por la · eñas ó cambios de lugar del jefe de la compañía, son medio á propósito para concurrir al fin propuesto. e puede también comprobar la atención de los hom­br ·, ent ndiénd s~ de anteman on lo oficial de p lotón y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 74 liolclín !1/düar sección, d modo que r pitan equivocadamente la voces de mand del comandante d la compañía y velando que los soldados· ejecu­ten siempr lo mandado por el jefe má inmediato, s a el que fu - re. Este p•·ocedimi nto s doblemente venta jo o: desde lu o-o, hace ver claramente ~ lo · hombres que no deben permitir e razonar en la filas, y ns ña á lo · onciale · ubalternos á corre ir tranquila­ment un movimi nto defectuoso. Engañarse no es una d sgra­cia; lo que e n tituiría una desgracia, es que lo oldado ima­g ·ina-.. n c¡u pueden e rregir a quien lo manda y u é te pierd . la ·aueza á la m nor falta qu ·e le escapa. l.:lra-reu/ammtarias. Porque pre­cisament sa volucion no tien n otro obj to ino desarrollar la habilidad de adaptar lo tipos r o-]amentario~ de la f rmacio­ne al terr no y :í la cir un tancia . Es preci o ntend rs bien s bre el punto ya qu no pid á lo ofi ial ej reí io d m - moria. Lo que St" bu ca s en e ñarle · á al ir d 1 lance con calma, cuando se les pr · nte de impr vi o, y no inculcarl la mala co - tumbre d no po r hace r nada in previo nsayo. 36. Ej utando e\ lu ion xtra-rcglam ntaria , onvien ob ·ervar lu que igu : r .0 Exio-ir u e a evolucione cumplan e n igual pre i i 'n ue la maniobra ordinaria , con igual regula­ridad en ll >S man ~latos, la misma calma y prontitud n la j cución, el mi ·m · silencio é igual inmovilidad al fin d la f rma ión; 2.0 o tratar al princi io, qu la ej cución ea inmediata, para dejar á 1 cuadrus, n lds dif rente grado. de la j rarquía, la facultad de reftc. ionar un in tante de pué de la voz de mando del coman­dant d la compañía; 3. 0 o p r er d vi ta que las evolu ione · d t o-éne ro tienen por bj "t n eñar á conformar~ rápida-un toda las eventualidad lel ombat , y por tanto, á 1 - v·ir para SU j CUClOn ·itua ion que hao·an V ¡· clarame:tte éÍ t do en qué ca o pu d n r útil Así, no despl gar á la izquierda una columna por la izqui rda (' á la derecha una columna por la der cha) en un sitio igualmen­te favorable al de. pliegu obre lo do flanco y donde, por lo mi mo, no hay ning-una razón para no f rmar e e n el orden natural; p ru en cam io, aprov char 1 momento e n que, durant la esión, pasa la ompañía al lad el ' un obstáculo infranqueabl cualqui era: fv . o profundo, muro, to t . para .j cutar J movi-miento n cu ·tión: · úTA .. 'e n:rá en lo qdc · i11u que no hay ninguna voluci6nque no e pue­• la cj cutar con l.t. ,-oc . de: maneJo reglam ntari<1 ·. Por tanto, la parte funda­mental d 1 r..:g l:lm ·nto, e, ckcir, el 1 ngu1.je de la-. órdene. , queda inmutable. En 1 enuu ·iaJo de lo proulcm:1· por rcsoh·, r, el lector cncontra ciertos ca o · !:_O que ·e sup;>nc:: la .lpar:c;óa i ·· e:;p~rJcla del enemigo a di tancia muy peque­nas, y se pr-:guutar.j, si e · adouisible que, por negligencia, la pre. encill del enemi­go no pue.la su -p<:char • má~ que á 100 pa . o. de la compañía. E;n realidad semejante · ca. o . e han pre en tado, r por tanto no hay motivo para dejarlos á un lado durante la in trucci6n; in duda vale má tratar de que no se repitan, peto si por d 3gr:~.c : a ·ulJre\·it·n..: un c.1 1 ar,·cido, e prcci o e tar pro11to :i alir del hn cc rápidamente r con honor. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ¡6 Boletín Mzlitar 4. 0 i ~e trata d e un ataque á la derecha, á la izquierda ó á retaguardia, de~pués de una advertencia, como por ejemplo: u ataque sobre tal objeto," mandar: "Tal fracción en guerrilla á la derecha (ó á la izquierda 6 á retaguardia), pa o gimnástic . marchen. " Y si el obj to del ataque stá pr 'ximo, marchar sobre él, aun sin e nviar gu rrilla, dando la · von: l mando nece aria~ para e l ataque á la bayoneta. 37. Es preciso inculcar bien á los homLre , á fuerza de r pt.·­tír lo y d explicárs lo, que en tanto que la infant ·ría hac frent · á la aballería, n tiene nada qué temer dt: ., ta tlltima. :. í, ·ólo una osa hay qu _ ns ñar á los ,·oldado , y qu todo, aqu Jlcv, que ~L! encuentren má próximo á una tropa de caball ría que ha roto la formación 6 desbordado sus flan os, d ben ,·ol · llame nt para darle iempre e l fr nt . 38. Por cau a de su mi ma natural za, la aballería, aun si ndo muy num ero a, no puede obrar sobr la infant ría o n un número de jinete superior al qu corre ¡ onde á la · dim nsionc~ del frent de la infantería ... sí, i , t fr nte largo, toda tropa de caballería qu no vuclv brida · tá !:. gura de romp rlo: i ·1 fr nt s c!:.tr cho, la caballería pa ará g uram ntc á lo largo d · lo flanco ·. Lue o, para redbú· 1111 alar¡ue de caballería es neresar/o pre-ferir las formaúont!S c¡tu permitan al lita) or número dl' hombre lirar sobre aquélla y que no e~"tjJon .:m Úlllltdt"alamcnil' d sus golpes /uo d mí­mero mím7uo de soldados. 39· o · deb eje utar •1 at qu in qu , 1 •0 , j tos i ibl !) • 2. 0 , st. ob r\'t:n ~crupulo am nt las di ·tancia pr crita por 1 r lam ento para armar la bay n ta lanzar gritando, Jw,Ta/1 ; 3. 0 haya indicado á t o 1 mundo ·uál " ob..felz'vo del ata u". \demá no ·e d u d "t n r nun a á la tropa ha ta que ha a r .. ba ado la lín a n la ·ual , · u pon · al · nemi­go, á cual ui ·r di lancia que ~ pr · ·nte : 1 ataqu b hac r · con pa ·o n ni o o, \·i ,. y rápido alint- ándo t dos sobr · Jos m á adelantad ·, no admitiendo reza ·ado ·, á la di tancia d 1 hurrah lan~arse á la carr ra con la mayor v locidad po ·i 1 ·, uando 1 ataqu haya t rminado ,· igir, ·in érdida mom ·nt r tao) ·;~·a 1 r en y la formación. KJF.MPT . O 40. La manera recom ndada para 1, r ~tos ' j .mpl . la ·io-uiente : recorr r al 'nunciado, r ~ol \' r "1 problema por ~í mis­mo, y sólo enton leer la olución que aquí e pr pone · aqu Jla de las dos más · ncilla y de má pronta ·j cución rá también la mejor. acons ja ombinar las volucion ·, de m do quL' la fracción u la compañía más pró ima al e n miao nu tenga qu jecutar desplazami nt JS lat ral , porqu d b ·tar si · mpr " <'n estado de obrar. Las otras fracciones de la compañía deben er colocada tam­bién en estado d obrar lo má rápida m nt p ·ibl . Es pr ci. o en cada solución omputar on cuidado el tiemlJO qu · ( 1 ~ n ·m i ro Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Jl1ilitar 77. tarda en lfegar ha ta nosotros. La infantería r corre próxima­mente 1 1 o pasos por minuto, marchando al paso, y 17 5 corriendo á una velocidad moderada, pues la carrera rápida empl ada en 1 momento del asalto durante lo 30 á 50 últimqs pasos, no es aire de maniobra. La caballería recorr próximamente por minu­to: rso paso al pa o, 300 pasos al trote, 400 pasos al galope ordinario,_ 6oo á 8oo pa os al galope de carga, durante el primer minuto d est aire. Cuando la di tancia no exceda de goo pasos, la caball ría e lanza al galop obr la infant ría ; pero i la di tancia mayor adelantará al trot ha ta lo goo pasos. NoTA. - La · adverl •ncia y mando· d 1 apiti..ln d' la 'ompa­ñía van n letracur iva. 1) Al frcnt , infant ría enemiga á 1 ,500, soo, 300, 100 pa o ·. 2) Ad lante y hacia la derecha, infant ría en miga, á r ,500, -oo, 300 y roo pa o . 3) obr 1 flan o d recho, infantería nemiga, á r 500, 500, 300 y roo pa os. 4 A retaguardia y hacia la dcr ha, infant ría nemiga, á 1 ,500, 500, 3 o y roo pa ·o' , ¡·ca del árbol. 5) r taguardia, infant ría enemiga, á r,soo, soo, 3 o y roo pa o. 6) A retaguardia y hacia la izquierda, infant ría enemiga, á 1 ,500, 500, 300, roo pa o , n la cabaña. 7) Sobr el flanc izqui rdo, infantería n miga, á r,soo, soo, 300 y roo pa os. 8) A vano-uardia y hacia la izqui rda, infant ría en mio·a, á 1 ,500, 500, 300 y roo pasos. Los mismos problemas contra caball .ría. Los mismos problema contra la artill ría. A- Columnas de camz?w 41. NoTA-La compañía e ·upon la derecha en cabeza. Problema 1. 0 n columna por 1 flanco Advertencia del comandante de la compañía : A vanguardz·a y haáa la derecha, 1·nfm-J/n·ía á ISOO paJos á la difenúva (ó atacando). V o es de mando: I) Obhcuo á la derecha; 2) ecdones, á la tzquzerda en línea; 3) eco/m de cabeza, en tiradores; 4) Línea dts-'7 plegada). La compañía s despliega en el orden normal, puesto que dispone del tiempo nece ario. Después se puede continuar el pro­blema, es decir, atacar 6 defenderse, 6 bien advertir z'njanlería • NOTA DEL TRADU TOR-Conservamos las voces de mando y formaci.:>ne del original. Nuestros lectores harán las aplicaciones á nuestra táctica 'lUe po­drán constituír nuevos trabajo . • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • rechazada. En todos lo casos se vuelve á tomar la posición inicial, que aquí era la columna por el flanco. l'roblema 2. 0 Advertencia : A 7Jaugttardia hacia la derecha, úifmlie?'Ía d JOO pasoJ . Voces de mando: I) Oblicuo á la derecha; 2) Secáones, d la izquierda en lí1zea, paso günndstú:o; J) A la derecha mlí·nea desplegada~ paso gz'?nnástü:o ~· 4) Carguen armas, apu.ntm, alnzúón,fuego; 5) Guía al cm/ro, adelante, marchm. Tamb01·es, la carga. Húrra! En este caso se ve que el tiempo falta, no sólc para evitar una confusión, sino también para desplegar tiradores. En mi juicio vale más no hacer la descarga, i la compañía no e tá bien sosegada. Problema 4· 0 Advertencia: á varwuard1'a, hada la derecha, t'?ifantería á IOV ¡;asos. Voces de mando: I) Oblicuo á la derecha; 2) Cruzar la bo_1 '0- nefa, hurrah! En este ca o no pued ha e r e el 'Scarga antf's d lanzar a 1 a alto, ni hay posibilidad d modificar la formación ; pero las últi­ma filas alcanzan, marchando, á la primera . E resolviendo problema análogos como verá cada uno .n qué ca os po ibl y permitido u ar las forma iones reglam n­tarias, y al mismo tiempo se conv nc rá d . qu hay situacion e n la cuale 1 tratar d . r alizarla conduc-iría á una pérdida segura por falta del ti mpo n e ari . nt t do e pr i o pon r e en tado d obrar, in dar gran importancia á la formación. D pués del ataqu on ienc xigir ,·uelvan <Í. formar en ord n compact y mom nto. Problema 5. 0 mpr . que 1 hombr s alini n, in pérdida d <..1 ,·ertencia: r1 r etaguardia, caballeda, ntw¡ue á I,SOO pa ·o.\ . Voces de mando: .E) M edia v uelfa á la der a ha; 2) eccúmes 01 !íuea paso .rt'nmásfú:o; J) Fuego de compa11ía · 4 Seccz'ón de cabe:;a, dt' rodt'llas, seccz'01tes de cola en escalones; 5) Apunten. Advertencia : caballería á 200 pasos. Voces de mando: 6) 11tte,O'o; 7) Cruzar la ba)toneta. A las• do primeras voces la compañía da media vu lta y forma la seccione ; á la t re ra la . ección de cabeza pone ro­dilla en tierra, la que le sigu cierra sobre ella, y las otra dos desbordan á Jerecha é izquierda á lo prim ro · , formando escalón detrás de las primeras. Cuando se haga la adv rten ·ia w~alleria rechazada, se hará sobre ella una ó dos descargas. Las ccion s vuelven á colocarse n sus puestos y s r·'hace la formación por el flanco. Se puede también re olver stc probl ma de las maneras i­guientes: 1.• Formar la olumna. de p lotón y e 1 C" ;r la ~t.n·un- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Jl,/etfn .'11/l/lr7! 79 da detrás ciones, á ausa d ' la razón ya mencionada, de que presenta un fr nte menor al choque inmediato. Cuestiones propuestas: ¿Cuáles serían lo cambios producidos en la formación y modo de acción, si la caballería ataca en igual dirección á 500 pasos, á 300 pa os ó á distancias menorc '! i Qué suced ría si uno de los flancos, el dere ho ó el izquierdo, es­tuviera cubierto por un pozo profundo, un arr yo, etc.? Problema 6. 0 .-\d en >tH ia : Sobre d .flanro denrh(l, f,c ( a/ allcril · y el ftant o el r' ho muy diff il. Lo ~zdar habían on truíclo u · ·s-angar en la R"a:ganta mi rr.a y sobre la altura · . la d r cha, de manera de t mar 1 flanco la · tropa qu . int nta n forzar 1 a o. 'Esta · última · trinch ra · tahan e r a del d sfi]ad ro y formaban la ihquie rda de la po ición nemiga. Cuando 1 en ~ ral hamb T­lain, á la cabeza d 1 gru .:o d u columna, d jó 1 f nd del Yall , á alg-una di tancia del punto n que este trecha mu ·ho, para marchar ontra la 'xtr ma iz uierda de la Hn a d e la defcn a enemiga, dando una 'uelta por las alturas, los sangar, que no ta an dispu to para e t ataqu , fuer n tomad fácilm nt . Lo montañeses se imaginaron con candidez que la tropas guirian 'él valle para forzar el pa o del desfiladero mi mo, bi n que era evidente que nada podía impedir un movimiento envol ente como eH quf' el General· Chamb rlain jecut6 on éxito completo. .. La batalla de uruy Kund> e rca de Multan, ·n 1 47, ·-s 'tá.mb ...... n un buen ejemplo. Lo, ikhs habían escogido una fuert ~~osici6n y la habían atrincherado. El G n ral Markham tue enY.Ja-tl~ con tropas ingle as é indias para caer sobre el fla:nco izquierdo .,~del ·enemigo, en tanto que algunos ~kh y otl"os ind.ígenas qu ·ayudaban, pf'rmanedan al frente .de la posiciól), p>rest.a:lild0 d e. te - modo su· concurso para completar la victoria. n La . batalla de ·u- .uy Kand, ha escrito el Mayor ' Herbert Ed,wardes, que marchaba Cara llamar la atención d 1 · n migo, y 1 Coronel orp · re ibió la ord n d hacer d · mo tra ion d · ata JUe contra el ne mig apostado obre la CtÍ!:.J->Íd ·. El re to de la e lumna verificó el movimi nto nvolvcnt . . La operación salió á la marav1lla . El n mig·u e agarró desesperada m nte á la defen a d _u po ición, bi n que de d u altura debió ver la mat·cha de la columna que iba á ata arlo por reta t ' ta columna 11 6 por detrá y á la d re ha de la po ·ición n mig·a, la · e lina y la altura fu ron ata ada i­mulüneamentt-- . L... ra e r :i tieron con valor y ·ufri ' ron gran­d . pér idas, l>i n qu · una parte capó ant d l J->rÍn ipio d , ¡ ata ¡ue. La vict ria fu e mpleta. on un olo um al< ' qu< ·d' des ­truído, en esta part d l t atro de la gu rra 1 p 1 ·r d ·1 ~ n · mi o- •. J VIII. Cooperaczlm de la fuerza encargada dt cMJient>r al en emigo. - ~ n , ta jornada. la débil fuerza que e dejó fr ntt-: á la po­sición en miga e taLa tini am nt ncargada de ont n ·r al ad­ver. ario y no hiz ataCJu · alguno directo. in mbargo, por r gla g n ·ral, en - ~tas p ra ion la tr pa. col cada~ fr ·ntc al en<'migo toman una partP má activa en el combat ' , y l ataqu r vi te la forma d un a alto combinado contra .1 frPnt · v el flan­co · hasta obr la · n .: taguardia . i se pued, loo-rar ~e 1 ata­que de frente di traig·a al n migo y lo ost no·a n su po ición .. n tanto que se lleva á cabo oportunamente el ata ue de flan ' O en 1 ~omento en que 1 en mig comience á batir~ n r tirada, de modo que los que huy n pu dan s r alcanzado. por la~ tro ¡ as qu amenazan su línea de retirada, lo resultado~ :,urán g :¡ ralmente muy satisfactorios. El método seguido por el G n ral Négrier en el 1 onkín para atacar las trinchera chinas, que de ordinario es- Véanse lao; Expedit't.Otll'.r :-,tKkrns m Afncu, páginas 413 y -..iguic:nte . . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletin ¡}[ilt'tar 87 taban a i~ladas sobre las montañas 6 sobre lvs picachos, era muy eficaz. En tanto que el gru so de la infant ·ría, s stenido por léi. . artillería, marchaba derecho sobre el objetivo, nubes de tiradores se avanzaban rápidamente para envolver los flancos y camb\ai­fuegos cruzados sobre el enemigo en retirada. Rara vez los Chinos dejaban aproximar á los Franceses, y, sin la forma envolvente dada á los ataques, se habría·n casi invariablemente scapado. En los combate di continuos de Birmania, en donde los dacozls y otras banda de enemigos ocupaban aldeas 6 trincheras, la caballería env lv~a habitua~mente los dos flancos ant _ del ataqu de la ih­fant ría, d m do de ca r obre los que huían. Estas pequeña: opcraciunes en el Tonkín y e n Birmania ·on un Pjemplo muy bueno d e l principio d e lo ataqu •s e mbinados sobr ; 1 fr nte y soiJre 1 b flancos. XL". Ataque principal sobre el tlanco- ~ ¡ la po ición del enemi­go t· . muy fuert , y si por esta cau a un ~taque de fr nte debe proual ll·m nt e nducir á un coml>at muy r ñido, e preferible dar · 1 a alto principal obr el Hanc . Un ataque s cundario direc­to sot rt' el ir 'nt erá muy ri ·az uando 1 a alto al flanco haya com nzad á producir su f ~ ctt). En . ·te caso particular la condi­cion .· ltti r e n nt ·ram nt d la~ des rita · arriba en el 1. onldn y e n Ru-mania e n onde el . nt-•rnw, ~taba puco dtspu sto á resis­tir "' n~ru·¡ ament . S e pu d · Citar ·1 h •c ho sigui ntc, como un j e mpl de ca ·os en qu · por ia r · ¡ tenc ta de la po i ión del ad­. r ·ari,J, e l ata4ue ¡;rinctpal se ha 11 vadu á cabo sobre l flanco, e n tant' que la alw d tr nte nu era . ino una op ra i 'n sub­¡ ltana v ecundat-ia. Pá7,' r K olai-La toma d 1 P .. iwar Kotal por Sir F. Robert , n t · 7 , s un jemplo magnín · . Los Afganes eran dueño de una garg-anta ttua a ubr una cú ptde elevada, cuya ·e¡- anía eran m·u, rdaol . Un ataqu ~ d trente bre !:.U posición, habría e td c' lltvmt nt ·a iunadu -rantles pénii a . · ¡r F. RoberL' re o- 1 g-ruvsu d su colu mna la 11:qui rda el en migo, por :-.ur¡ >r a, de~pué · d una marcha nucturna. Una parte de · u jt:rcit0 del ía atacar de frente, cuando 1 movimiento principal e ntra la ízqui rda e n e miga hub1era logTadu. La columna ncar­gada del rnuv1m1 .mu nhJI ent alcan¿Ó a 11 ·ar, al despuntar del día, ¡_¡ ta ·. · trema tzyut rda <..le la~ tnncnt·ra tle l · Afganes, y tri unto <. mpletament . Etla arrojó ubr ~u ntro' el ala izquierda del t'nt•m¡gu, y cumo la marcha adelante, á lu largo de la altura, e hauía h ec llv ca 1 tmpustble, se acometlo un segundo movimiento envul vente, dtrigtdu sobre la línea de r tirada a~~ ~tt:)?d~-~ á fa défensa en un punto o t::n otro, . }!>u e efe fÍt ~tua¿:s,c ~~on ~ap1~ez: . . ... . ~•a..• ~ !J , í ~ _ ,,. 1~ .. , "" .b De e to resulta que con un ataque ae rente, 1 evado a ca o aun por un d~Í( cuerpó :ae tropas, s.e ~eae, éuando l enemígo ' varian'do de sitio, ha hecho q'ue sus fuerzas camblé n d e ' lugar p'ara r forzar el blanco amenazado, obtener un r ' suitaao ónsiderable,. ~¡ no d eci ·ivo, si fas tropas son dirigidas ,cor1 habilidad. En Charasia, en 18¡'g, IÓs Afganes háb(an o·cupado una fu rte po~ición e n la montañas, á ambos lados d e un d e ·nlade ro, por el cual pa aba e l camino de Cabul, y principal'me nte cupaban la . izquie rda d e este camino. Sir F. Roberts dispuso sus fu e rzas pa'ra e l ataque, d e mane ra de lanzar la mayor parte d e su tropa , bajo el mando d 1 Ge neral Báker, contra la dere cha d 10 Afganes,. mi ntras qu un débil Úe rpo, bajo las Ól-d !'n S d f' l Mayor White,. debía distra r al ene migo ad lant d e l dL~ lllnd t .r u . e, mo el Ge­n ral f3ak r avanzaba ha i ndo r e tro ' <· d r a :-. u 1 a ~~~ á lo Afga­ne , e l l~ n c migo e apresuró á re tirar d su p us iC" iÓn t rlJ ¡•as e rca d~l d e ·filad c r á fin d e r forzar la d rec ha ame nazada. E l Mayor White , vi e ndo que e l n c: migo qu e e staba á s u fr nt n o ra muy t mibl , atacó con r e solu c ión, y l gró tal éx ito, qu con su déoil tropa d e u t·g anizó compl e tam nte la izqu¡ rda e n mig a y . apo­d r ó d 1 d filad e ro, c r a d 1 cual la artill . ría e ri miga e ncon- . traba e n posición; e tomaron todas las pi e za , gra ia · á la marc ha r á pida ll' un d é bil c u erpo dt · tropa, c uyo pap 1 al p 1·in c ipi o ra ~impl m nt(: 1 p o n t nc 1· a l e n migo por se lad o * . 4 • E s i/ifíúl co fl se J ar l a u m!m I Úc l ú:a en tre UJl ataqu ,· dr ( u n k . v uno d e Jl~ mco .- P r o para 11 var á cabo · m jan t e · ata u · 'um­binado , s necesita ha r con uídado cálculo d ~ ti mJ.>O y t tu ­diar s e riam nt las pr habilidad s g e neral s d J com at . qu . de b Ifbrars . En Kirb ' kan . · había calculad c rupulo am nt _ la hora á la cual la artill e ría el e la fu r za ncárgada d conte ner al e n mlgo de tre nt , d bía r >mp r el fu ego. i para log rar ' xito ~ ~ s n cial la conexión, s también d e t do punto indisp n ·abl e qu . las d o · parte s se paradas proce dan d e conc i rto e n ·1 mom ntu ?Pet cidq. f~ede .s .rle s 1mp ible comuni arse ntr sí, y puede s r d e tal . naturaleza l terreno, que las dos fraccion s no s pan ~on e~actit';l~ lo _que mutuamente hacen. En ~h.ará.s~a, bien que estuviesen á algyna distancia una de otra, ambas partes podían, 'liastá cierto punto, vigilar . redpr'ocame.ñte sus movimientos. Por reglz. general es bueno dejar alguna iniciativa a fos comandantes ~epa.rados .q':l~ de. este iño~o se ponen ep ~apa~ictad de _ hacer ·rente á lo' tmprevtsto. Más ade lant ., cuando e habl p e una ma­: Jer~ ,general d :! cblumñás <'panid-as u'~ proc ' den C< 111 i ',r'to ~ra lográr un objetivo co~ún sobre el campo de báfafla, ~ · c ita- • Véan e las Expedicionu ~-11glu,, s at A.ri,,, pág . I 2 y sigui l. nte . . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletin Milt/ar ran otro eJemplo ~ d'e'iiio~i:ráran • cuan cH~ioil es· á mehud pai:a un jefe dirigir cu rpó · ~p'<\raélo éorript·óh1eticlo en una misma - a'écion, y _qu~ ~xt'hrño ér'rores pu d n com terse. Para· Ja parte én~cargada del araqué de freri ' y para aqu Jla á qui n toca en­volver e) flanco 6 rnaniúbrar cótltra la r •tao-uardia ' todo d p nde 'de ló compl~to' d la ifu'¡)tH i6n n 1 mómento de la salida. uéédé éon fr'ecul=!ncia qu ; por alguna negligen ia 6 por cí rtas difkultáde s 1mpre'vi~a ·, una ú otra parte no pued n ejecu­far p o r co mple to la ord n C¡ú e 1 . na t a o. o . cál ul : para la ma rcha · una colúrrina ¡u d bt! t• úrr r Uh terr ' nO que .on fre ' ·u e nc ia no f' conoc bi e n, á ,; . · e pu<"d n sE'r in e xa t os, ha ta · uhndb n o lo d truye una ac ión impr ' ista d _ part · dl'l f" n "mi­g o . Ad má ·, la a Ción di idtda d • dos columna · distinta í{U e mar­é han á al g una di tanci'a uha· d l)tt•a, e · _ Í(· mpr susc ptibl · d P . n­caJlar · pu r cau a d e alguna mala int llge ncia. El ataque ~ o br Alí Mus jirl, n r 78, e. un bu n j t . mplo d una columna ent ·ar ada d ~ un mo ,·imi· nto "n olvc nt · y u . fra asó ·n la misión qu t e le á:>i g· nó , p o r au a d e difi c ultad impr vi ta prov ni nt<':-. cJ ·1 t - rr no . El s rio d c:astr qU L' ·ufrieron lo Franc se n Han¡.; Bo ' n r 8 5, pu d t: citars ' ' m ~ jemJ:>lo d un rror om rid por una tn pa ncaro-ada d un movimie nto .n\' h nte ; ll > t uvo muy · rías con c u nc ia . ~ A lí Muyid- AI í Musjid, n e l Khai ar Pa s, rriu y bi en sitúa d o , muy grand ·, y 1 · fo-an e: habían he,- h rio · [>r · para ti vo d d ~ f n a ara . o t n r la p si j ón. El plan dt · p - raci n · e ra n" iar una oh:nnna obr la montaña ha ia la 1e r ha d l d e fi lad r , para alir á al una di tan ia p r d •t1·á , d "' mu d u d e o rtar la r e tirada d e l e n migo · n caminar otr a e lum­na e n un a di rC' c ión á f nd di tinta d la prim ra, á fin d · tomar la p o ·ic ió n por la •. pal a y . o bre e l flan co iz ui rdo, y p r último, e nviar el resto d e la · tropa á tr par d de !:>filade ro á ata ·ar de fr nte. L a 1 rim e ra columna, baj la órde n s del n raJ Tytler, partió á Ja · ·ci d e la tard e ; la s e gunda, á órd ne d 1 e ne ral Mac¡Jh e r on, á las 2 horas 30' d e la mañana, y la columna prin­c ipal á la ·¡ te d e la mañana; e ta última taba bajo 1 mando d e ' ir . Browne , que mandaba n j f . ir. · . Browne ll eo· ó de­lant d e la posi c ión, la bombarde ó, y por la tard e mprometió su infante ría e n e l ataqu . e ro pronto se hizo e vidente que la co­I'omna e ncargada de lo movimie ntos envolv nte no habían al­canzado su objeHv o, y que el proyecto de atacar simultán amente ambos lado , e ncallaba. De este modo el combate quedó inte rrum­pido. La columna del General Mapherson había ufrido r t:ardo pot fas dificuhades ca'Si insuperables del camino y por consi­guiente no pudo pre tar· ru á-yuda. La columna del General Tytler pudo sin e mbargo alcanzar al desfiladero on poco má arriba, y ya por la tarde logró cortar una fracción considerable de tropas ene­migas que se batían en retirada. Por la noche de ocuparon el fu rte, y á la mañana siguiente se tomó sin más combate. Desastre de los Franceses en Ba1rg Bo-Bang Bo está á algunas millas d la fronte ra d hipa. El G~neral Nég-rier había h cho Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .. Boktín JW ilitár retroceder á los Chinos y tomado á Langson ; él los había pers - guido sobre su propio territorio, arrojándolos del Tonkín por me­dio de una serie de brillantes operaciones tácticas . . Más leins, el camino seguía el fondo de una profunda depr:e­sión en las montañas. Algunas millas más allá de la frontera, lqs Franceses encontraron al enemigo en posición sobre alturas desde donde barrían el valle y no dejaban sino un estrecho paso ; por la tarde tomaron con un comportamiento brillante estas alturas. Des­de este punto elevado se veían otras líneas de defensa, como d~s milla adelante : consistían en una fuerte trinchera perpendicular al fondo del valle, en algunas fortificaciones sobre picachos, y en un pequeño parapeto sobre una altura que dominaba los otros punto~. Las tropa vivaquearon durante la noche, y una parte de la columna fue á ocupar dos trincheras abandonadas. El neral Négrier resolvió emprender á la mañana iguiente un movimiento envolv nte combinado con un ataque d frente, y dio orden á su ala d r cha para que esforzase de de temprano por ocupar la al­tura obre la derecha, tomando a ( de reverso la línea de defe nsa china, que par cía fuert y bien def ndida. El ataque de frente de-bía comenzar cuando s tomase sta altura. · Desgraciadamente d d temprano r inaba una niebla esp _ sa. El ala derecha no pudo a anzar sino muy lentam nte, son­deando 1 terreno durante tre hora poco má<; ó meno . Entonce com nzó la niebla á disipars , y las tropa en argadas del ataque de la altura apresurar n u mar ha. P ro bru camente se vieron detenidas por un profundo barran o, qu era impo ibl atra v ar. Los Chinos, dándo cuenta d 1 movimiento dirigido contra su iz­quierda, · nviaron u · hom r á la d fensa de la altura, que ha ta ntonces no e habían cuidado d guardar. Cuando la niebla e disipó por completo 1 G neral é ri r vi u · d . tacam nto qu tr pa an la altura. o o nd li par , r ~ ó que los hinos no o upaban la altura, y qu las tr pa que alcanzaba á ver ·ran france e que ·e ha ían ac rcad , gracias á la bruma, in ha r ido de cubieno . Bajo la falsa impr ión de la situa ión táctica del mome nt) lanzó J r · to su columna contra la trinch ra. del vall ; é ta ran f rmidabl . , y ·1 ataque frcrotá, lu::. do país e confiaron al Presidente las funcio­nes d árbitro en el litigio que xistfa ntre llo sobr delimita­ción de ·u respecti ,-o territorio . " Con tal moti ,-o se con tituyó en el l\1inisterio de Relaciones Ext riores una comi ·ión para que e tudiara la cuestión sometida al arbitraj - d 1 Presidente e la República, la cual e compuso de Mr. Rou tan (eml ajad r), Pre idente, Delavand y ouques-Du­parc (. ~c r ·lario d e embajada) y Gabriel Marcel (bibliotecario en la Bil>liot ·ca nacional) y De la Chap 11 (Secr tario de mbajada.), SecrcLario de la omi.:>ión. En vi ta del informe d ' sa omi ión di tó . u fallo 1 Pr idente de la República. " El prin ipio conform al cual debía fijars l límit entre las do R epúbli ca · par cía ci rto en d r echo. uando lo virr inatos español " s criu-i ron n r ptiblica · indepe ndient ~s d spué de las u-uerra~ k lo prime ro · añ d 1 ·iglo xrx, a rdó ue cada una de e lla on rvaría l te rritorio u con tituía 1 d e la colo­nia el la cual pro Y nía · pero n la práctica la · dificultade · no p')­dían · · · ar por u lo límit · d lo virreinat · e pañol nunca fu ·ron fijado le un modo pre i · y d ti ni ti, . . '' 'omu con · ·cu n ia l 1 principi del ull' possúlt!lis de jure, el límite que 1 odfa prel ' nder ostarrica no podía s 'r tro sino el que hJs Reye de 1 spaña hubi eran á ignado á la antigua Provincia de Costarrica, dep ndi nte de la Capitanía general de uatemala; y por e l otr lado, la República de Colombia no podía a pirar á otras frontera que á la d 1 antiguo virreinaro de Santafé, des­pué. u , -a · ranada. '' S e trataba pUt-~-, d e al> r cuál s e ran Jo límit s de Guate­mala y Nue,·a Granada, en el mom~-· ntu d e la mancipación de las colonias .spañola ·, y el punto no podía resol verse sino m e diante investigacion · - históricas n las uales la comí ión fue guiada, en to uc· oncierne á ostarrica, por los important<.: trabajos de D. Manuel Peralta, Enviado xtraordinario y Ministro plenipoten­ciario de sa R pública en París, y por lo que hace á Colombia por di ver ·a rn 'moría , n e pecial las de D. Francisco Sil vela, abogado de la Legación de dicha República en España, y de M. R. Poincaré, abogado en la Corte de apelacione~ de Parí . " El. fallo del litigio iba á reso1ver un asunto valiosísimo, pues­to que los territorios disputados comprendían: en el mar de las An­tilla la magnífica bahía del Almirante donada por el Rey de E - Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. <}2 paña á los descendientes de Cri~tóbal Colón, y en el Océano Pací­fico la rada de David y el Golfo Dulce, bahías que, lo mismo que la del Almirante, gur&tlent ba.br.á.n· de ser estaciones marítima importantísimas, sobre todo cuando e haya concluído el canal de Panamá. Porta~ -ra1.ón, el- ten·itorio qu comprende es~s bahías y las islas que lo a vecin·an, fue 1¿¡- por ión m á: disputada por lo inte­resados. H Co ·tarrica a:firmába qúe SÚ r16l1tera con Colorn bia en 1821' -idéntica á la del utiposszaetz's d e r8ro era una lín a que, fa-rti ' ndo del E elido de Veraguas (i ·la), ~e cxt ndia hacia el ur en bu a de la boca del río Chiriqu"í, n la co ta d 1 Atlántico, qu _ n: mon­taba hasta u m·igen n 1 C e rro Santiago, d dond ' ,-ohia al Oeste por la cumbre de la Cordillera divi ·oria d ag-ua entr lb . dos océano , hasta en ontrar la rama ori ntal y mayor del rfo Chi­riquí Viejo, por el cual bajaba ha ta su boca en el Padfi o e rca de la boca del río Piedra, al Est el la. fJ nín ula y Punta de Bu­rica. Por - u parte Colombia tenía u J la línea fronte riza el bía fijarse así: á partir d la d e mbocadura del río Golfito, en 1 Pa­cífico, seguir al Norte por un m ridian qu atraviesa 1 río oto, tributario de aquel mar, y cortando lo ríos Lari y Un n, tributa­rios d 1 ixola, que d ' sagua n el Atlántico, bu car dicho río (el Sixola) n un }JUnto situado hacia los 9° 33' d latitud ·orte. D 1 punto d int r ección de di ho m ridian on el ix 1 (punto cuyas coonl nada on próximarn nt 9° 33' d latitud Nvrt y 85° 31' 30 ' de longitud O. d l m ridiano de Parí ), una lín a r ·cta á la bo a del río Sarapiqui .n 1 'an Juan ó D ao-uad .ro ( 10° 43' N. y 85° 16 longitud .). Conocí a las preten i nc d ' las do parte hé a uí l lexto d 1 la u lo art itral d< • 1". L uh t, d e n e d la R púl li a : ' La frontera ntre las Rcpúuli a - <.1 rri-ca quedará fonnada por e l contrafucrt d la Cordill ra qu ' párte del Cabo Mona, e n 1 céano Atlántic , y ierra por l orte el valle d 1 río Tarir ó do . Í. ' ola; en seguida por la cumbr qu divide agua ntre 1 Atlánttco y 1 Pacífico hasta lo 9° de lati­tud (Norte) próximam nte; n fin, eguirá lué ·o por la lín ea divi-oria de aguas entt· J Chiriquí Viejo (río) 1 s aftu nt s del Golfo Dulce, hasta terminar n la Punta Burica obre el e ano Pacífico. 'Las islas, grupos de islas, i!:.lote - y ban co. , ituado­Océano Atlántico, á proximidad d . la co ta y al E!>tc y al ure t d.._ la Punta Mona, tale ti _. rra , cualquiera qu " , a _u núm ro y su extensión, harán parte d 1 territori de olombia. La que · existan al Oe · t y al Noroest d la Punta m ncionada perten e - rán á la República de Cosfarri a. 'Las islas d~st~ntes <¡!el litoral y comprendida - entre la ·o ta de Mosquitos y el Istmo de Panamá, que se llaman M:angle Chico, _ Uangle Grande, ayo· de ·Aibug,uerq:1,1e, . árr Añdrés, ..... anta Ca­talina, Pr Yidt·ncia ~- E . rud d Véragua lo mi·5mo flU 1as t,tras Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo/ctitt · Jvlifitar 93, . islas, ~slott;s y banco · d ¡pendientes de ,la ant~g-u~ _ prpvincia de Carté\gena, bajo la d nommación de Cantón de San And(és, es efl tendido que ·SU .territorio, tn x,ceptuar ninguno, pertenece á Colombia. '.Del lado del Océano Pacífico, Colombia poseerá tam_bién, á partir d e las isl;t,s .de Buric<\, é inclu~ive ~sta toda las islas . itua­das al E t e de la Punta d e aquel nombre, en tanto qlle las ubica­da al Oe te d la mi m a p rt necerán á Costarrica.' "Fácil e comprend r que el territorio que no se otorga á Colombia .qui vale, ó ¡ ~oco m e n , en importancia, al que ti ne qu r ~ nun c 1a r os arnca. i Colombia no e queda on toda la parte del Mar d las • ntilla que reclamaba, á lo m~no cons rva n sa o ta la ma•rnífi a había del Almirante co.1 . us i la , y todas las rada ct 1 Golf de Chiriquí en el Pacífico. Co tarrica re­c ib al ur tod ~~ olfo ulcP de que Colombia r clamaba la parte ri ntal. Gustavo R~gelsperger. ' La anr riQre · lín ea~ la hemos traducido del númen de No­iembrc: últim le la autorizada Rezrz'sla de Geograt"ia, que !l e a 24 , ñ : de e. i t<.:ncia ' a aba de ganar medalla de oro en la reci nte expo ición de París. ·¡ no~ atuviéram · á h letra de 1 escrit p r 1 cronista fran­cé , t ndríam ue l fallo del Pr . idente Loubet era una especie de partici6n quitatJYa del territorio di ·putada; pero la vi ta del adjunto ·r qui indicará d -· ·o ra al lector que t no es a í. En efecto, 1 Lau 1 no ra ni p día r cue ti6n:de uidad :tenía que res lv ·r una cut tión conf rrn á d r ho y nada más. A e to se limit' : lo el r eh d · 1 m ia ran incontrovertible y fueron r e no j<] · la · pr ·t ·n i1Jn de Co tarrica exótica é infundadas, a í lo el laró imp\ícitam ·nt · la entencia de ue tratamos. En f t l 1 lad ch·l Pa ífico reclamábamos como límite la ordilJe¡·a de Las ruc " ' el río Golfito, que nace en ella para es mbocar n 1 olfo J ulc y no marca como frontera toda la cordillera mencionada que corre de N. á . y termina en la un­ta Burica : en a ariencia perdemos cinco leguas cuadradas d te­rr n ; pet-o ~ " · be h · rvar ue había mucha personas compe­tente que entendían qu nu tros derechos no pa aban de la citada Punta Burica. En todo ca.~o la ... xio-ua pérdida queda compen ada de bra on lo pr ti. o clt: la frontera, perf ctamente natural y zJtsiblt' y 1u por lo mi mo n ' d manda comí ión que la demarque n 1 terreno, ó s .a ahorra n poc s ga to á nue tro xhau to T oro. E~Loét ·ce ión miele 22 1
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 3

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 5

Por: | Fecha: 02/02/1901

~~~ ~ EOGO'fA, FEBRERO 2 DE 1901 SERIE TI-TOMO l-N. 0 6.• BOL~TIN ~11llTAR DE COLO~iBlA Organo del Ministerio de j Guerra y del Ejército &n colaboradorPs de stc periódico los ? Jefes y Oficinles del Ejército ? Director ad honorem F. J. VERGARA Y V. Gencrnl de Ingenieros, Miembro de v11rin~ ociedadea Cit>ntífi<·a DECR/iJI!l'O ]1./t-MERO ... DE I9oo (29 DE OCTUBRE) • "' • sobre uno · reconocimiento El Vú:epreslfimlt' de la Rep/tbb'ca, encargado del Poder .Ejeculi'vo. CONSIDER.\. 'DO Que no hay disposiciones que reglamenten las r compcn as y gratificaciones á los Jefes y Oficiales heridos y enfermos en cam­aña, mientra dur turbado el orden público, DECRETA Art. I.0 Los jefes y Oficiales del Ejército heridos n campo e batalla 6 enfermos por motivos del servicio en campaña, ten­rán derecho á gozar de su sueldos mientras dure la herida 6 la enfermedad. Art. 2. 0 Los jefes, Oficiales é individuos de tropa que por mo- 1vo de heridas recibidas en combate 6 por causa del servicio mili­tar hayan quedado inválidos, seguirán gozando de sus sueldos 6 -raciones mientras se reúne el próximo Congre o. Art. 3. 0 Los Jefes, Oficiales é individuos de tropa herido , ~enfermos é inválidos de que se habla en los artículos anteriores, comprobarán su invalidez, herida 6 enfermedad, con certificaciones de médicos competentes y de los jefes respectivos, 6 con declara­ÓGnes i'-~t"adas de nudo hecho, tomadas ante Ju z competente. El TOMO 1-9 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Militar Ministerio de Guerra podrá exigir esta comprobación cada vez que lo juzgue conveniente. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 29 de Octubre de IgüO. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GUILLERMO QuiNTERO C.-El Ministro de Relaciones Exteriores, CARLOS MARTÍNEZ SILVA-El Ministro de Hacienda, PEDRO ANTONIO MoLINA-El Ministro de Guerra, Josx DoMINGo ÜSPINA C.-El Ministro del Tesoro, ENRIQUE RxsTREPO GARCIA-El Ministro de Instrucción Pública, MIGUEL ABADIA MENDEZ. , DECRETO NUMERO ... D.E I90I (19 DE ENERO) por el cual se reforma el de 23 de Noviembre de 1900 El Vü:eprest'tienle de la Repúblz'ca, encargado del Poder EjecuHvo, DECRETA Art. 1.0 Apruébanse las siguientes promociones y ascensos. hechos por órdenes generales d e l Ejército del Norte en el Batallón I.0 de ArH!lería: El ascenso á Subteniente conferido al argento primero Luis Ortega, con destino á la 1.~ Batería; La promoción del Teni nt Donato Cubillo , <.le ubt ni (! ntc de la 1.~ Batería al de Teniente de la 5."; La promoción d 1 Capitán antia ··o Profice, de Teni ntc de la 2: Batería al de Comandante de la 3."; La promoción del Teni ntc GuilJe¡-mo ila, de u tenientl! de la 2." Batería al de Teniente d la 3.a; El a e nso de argento Mayor onferido al apitán Julüin Cárdenas, Comandante de la 2: Batería ; El ascenso á ubt niente conferido al argento primer ní-bal Chaparro, destinándolo á la 2.11 Batería; y El aseen o á ubteniente conferido al argento primero . i ­rnón López, con destino á la 3." Batería. Art. 2.0 La antigüedad de los ascensos y promociones hechos por las órdenes generales del Ejército del Nort , en cuanto se re­fieran al Batallón I. 0 de Artz'/lería, e contará desde las fechas de ellos. Art. 3. 0 Hácense las siguientes promociones, y confiérense los ascensos que á continuación se expresan: La del Sargento Mayor Siervo Reyes, dtl pue to de Coman­dante de la 5.• Batería al de Comandante de la I.~; y la del Ca­pitán Lázaro Reyes, del puesto de Teniente de la 4·& Batería al de Comandante de la s:, en virtud de la vacante que deja el Ma­yor Reyes. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Militar IJI Art. 4.0 Asciéndese á Subteniente al Sargento primero Juan Baquero, y destínasele á la 3 ... Batería; á Teniente, al Subteniente José María Córdoba, y destínasele á la 4 ... Batería; y á Subte­niente al Sargento primero Antonio Luque, á quien se le destina á la misma Batería. En consecuencia, el Escalafón del Batallón I.0 de ArHllería será el siguiente : Plana Mayor-General primer Jefe, Juan Francisco Urdaneta; Coronel segundo Jefe, Guillermo Herrera; Teniente Coronel Ayu­dante Mayor, Isidoro Vargas; Capitán segundo Ayudante, Pedro Soriano; Subteniente abanderado, José María Wiesner. Prz'mera Batería-Sargento Mayor, Siervo Reyes; Teniente, Roberto Moreno; Subteniente, Manuel Díaz; Subteniente, Luis Ortega. Segunda Batería-Sargento Mayor, Julián V. Cárdenas: Te­niente, Anastasia Rodríguez; Subteniente Felipe Rincón; Subte­niente, Aníbal Chaparro. Tercera Balería-Capitán, Santiago Profice; Teniente, Gui­Hermo Mila; Subteniente, Simón López; Subteniente, Juan Ba­quero. Cuarta Batería-Capitán, Urbano Barrera; Teniente, José María Córdoba; Subteniente, Juan Hernández; Subteniente, An­tonio Luque. ()zúnta Batería-Capitán, Lázaro Reye ; T niente, Donato Cubillo ; ubtenicnte, Juan B. Camargo; ubteniente, Joaquín Alf1.ro. omuníquese y publíqucse. Dado en Bogotá, á 1 de Enero d 1901. ] E M UEL MARROQUI , El l\Iini ·tro ele u rra, Jo 1~ Dmn. 'GO PI 'A C. DECRETO ivÚMERO Io4 DE I90I (25 DE E~ERO) que concede una pensión de los fondos del Montepío Militar El Vi.c cpresülcntt• dt! la R,,p/tbllca, encargado del Poder Ejccutz'vo, CO. 'STDERA.:DO Que el r. Jo é María Pardo R., padre legítimo del Capitán José María Pardo Q., ha ocurrido al Poder Ejecutivo por conduc­to de la Junta del Montepío Militar, en solicitud del socorro á que les da derecho la Ley 153 de 1896, artículo 7. 0 , á las viudas, hijos y padres de los militares que fallecieren en servicio activo y que hubieren contribuído por lo menos dos años para el Montepío : Que el Capitán José 1\Iaría Pardo Q. falleció en los Llanv!:> cuando desempeñaba las funciones de comandante de una de ]a compañías del Batallón 2. 0 de Granaderos; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. IJ2 B oletf1z Mzlz'tar Qut: al c. ·pre aJo militar se le de contaron por más de dos años las cuotas corre pendientes para el Montepío, egún Jo certi­fica el Sr. Te orero de la institución ; Que el mencionado Sr. José María Pardo R. ha acompañado á su petición lo comprobantes exigidos por el artículo 22 de la precitada Ley I 53 de r8g6 ; y Que ·la Junta Directiva del Montepío Militar apoya la solicitud del referido r. Pardo R., DECRETA Artículo único. Concédese al Sr. José María Pardo R, padre del Capitán José María Pardo Q., una pensión de cuarenta pesos (. 40) mensuales, pagaderos de los fondos del Montepío Militar, de conformidad con lo determinado en el artículo 7. 0 de la Ley 153 de 5 de Diciembre de r8g6. Comuníquese y publfquese. Dado en Bogotá, á 2 5 de Enero de I 90 I. JOSE MANUEL MARROQUIN El Mini tro de Guerra, JosÉ DoMINGO OsPJN <\ C. ,J/.ARCI/AS :V CAJlfPAJfENTOS c.,ntinúa 3· Retaguardia Relaguanha de una columna en marcha es YOZ que expresa idea opuesta á vanguardz'a; pero análogamente significa el destaca­mento ó trozo, casi independiente, que marcha detrás del grueso. Es evidente que en marcha ofensiva ó de avance, por país que no sea hostil, la retaguardia será muy pequeña: basta poca fuer­za de caballería ó guardia civil, para mantener el orden en la cola de los bagajes y recoger rezagados. Fijaremos, por lo tanto, la atención en el caso en que la retaguardia despliegue su acción na­tural con mayor eficacia, esto es, cuando, vuelto el frente á donde se tenía la espalda, por causa de un combate desgraciado ó de una combinación, hay que detener al enemigo que persigue, 6 como técnicamente se dice, cubrir la relz'rada. Las operaciones en la gue­rra son siempre azarosas, y como queda dicho, en pocas horas la vanguardz'a y retaguardia pueden cambiar de objeto, de oficio y de nombre. Siendo, pues, el papel principal de una retaguardia cubrz'?· la relirada, vale más, en vez de minuciosos y repetidos pormenores de marcha, entrar en reflexiones generales sobre esta maniobra fatigo~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletin Milita1' sa, ingrata, peligrosa, difícil, sembrada de escollos y de contradic­ciones, pero que en cambio es mirada-y con razón-por el buen militar como la piedra de toque de todas las virtudes de una tropa que se precie de ser tan diestra en táctica como vigorosa de espí­ritu y de cuerpo. Efectivamente, en las retiradas, sobre la cuestión lécm'ca des­cuella otra más elevada, la cue tión moral. Sin el sentimiento del honor, in la más severa disúpl/na, sin el amor á la bandera, in la confia¡¡;;a en los jefe ~ , inútil e ca i fiar á la lácl/ca sola el réstable­cimiento de una empre a desgraciada: la rell'rada podrá conver­tirse f'n catástrofe. Per con jefes hc.íbile , con tropas cons¡"slenles y no de morali­z; adas, que conscn n en tranc . tan funesto su varonil entereza, mucho puede el arte, y recurs'>S tienen la maniobras para contra­balancear á un enemigo victorioso, á qui "n quizá su mismo engrei­miento hará menos cauto. Un e critor f¡·a ncé dice con su elegancia habitual : "D todas las op-:. raciones militares, la retirada son aquella en que el arte y la ciencia se desarrollan con mi e plendor bajo ~¡ imperio de la n e ·sidad. En otra clas de e.·peJiciones, las combinaciones p líticas, la sed de botín, el entusia ·m o del é. ·ito, pueden r mpla­zar mumcntáneamente al cálculo y al art ; pero en 1.ma retirada na la pu d, suplir á esta~ du. (rrantles condiciones de la existencia eh lo~ •jércitos. ·· Tola rcHra'la supo le de gracia en 1 combat ' por inferiori­da ·l num ~rica, cksaciertos lÍ otras ca u ·a. , y d" consiguiente "eva­cuación ' f >rzosa y alg-ún tanto de ordenada del rampo dt• bala{la. Al dispon r la retirada, 1 General ó jefe que la orden in­dica la clin.cción 1 camino principal y •1 punto de reunión, algo 1 ·jan , de las difer nt . trop ó cuerpo maltratados. Los trenes, 1 ba ·aj,!, lo· herido., la artillería gruesa, todo lo qu<' cmbaraza y que tan ~xpr. ivamentc llamaron lo romano imptdlinmta, toma, con el orden y la rapidez po ·iblc , el camino central ó principal para ~anar delantera y poner pronto un grande espacio entr el en ~mig-o victorioso. Tropa qu hayan con crvado alguna solidez eccione · de ingenieros, •scoltan e ta columna ó mejor, cst con­VJ_.' embarazo. o; reparan ó rompen puentes; cortan ó habilitan caminos, bus an, ocupan, atrincheran pos/dones de re piro y des-an '> ,y puntos en .~·~n ~ral favorables para nhaccrse. Jefe , ofi­ciales, 'vl dados de eso· de val Jl' incontrastable, cuyo espíritu nun­ca se amilana, deti ··nen fugitivos, retinen dispersos, constituyen ntÍ< 1 o:- de -esistencia, ¡·eaniman, alientan y consigu n restablecer el r>rJ n y la formación desbaratada. De un cao aparente nace un cuerpo 6 montón que toma el nombre expresivo entonces, de rc/rzguard,á. El General echa la vista sobre un Jife ya probado com -.uperior á lo ucc o .. e mo soldado de punta, como hábil ma :1iv1Jr ro; y micntra ~1 Í el t:nemigo viene presuntuoso; ó de cederle, para que se cebe, alguna parte del bagaje; ó de tirar, fingiendo pánico, mochila y fusiles; pero dejados bajo la guarda , conci o , in detalle inútiles ni forma­li smo. Indican :irnplemei.t el fin hu cado, con alguno· principio, positivos, d 'ducidos ele experiencia de las últimás guerras. D jan á la init ·iativa de lo · jefe · de toda graduación, aun de la méis in­ferior, la ·lección del procedimiento que d('b . n emplC'ar para lle­gar al re ultado que se el ·s a. E ·tán t•scritt) ünicamentc en vista de la preparación para la guerra; admit n que en¿_ ta sólo pu ·el n lorrrar é,·ito lo · mf di sencillos, : qu la in trucción de una tropa puede s "r con~iderada como r a ional i e rnprcnck todo lo que ·. ·i~·e la ~-u rra y nada más. Seda in1ítil bu car ·n <'lios un ord ·n normal de marcha, una forma ció n n n·mal el e com.>atc. n.:en en Alemania que tale . fór­mulas n son s·no trabas ptF·stas al comando, y se con id ~raría corno imrrud ncia suprema el atentar á la. iniciatÍ\'a d é ·t '. Como con ccu •nr,ia , tunpoco se admi e que el ce mando upcri01· pueda rcstring·it· la lt u,.; subordinados. La pn:c,;c:ripción -iguit·ntt•, que ~ ncabeza el Reglam nto d in­fantería de 1888, es cara terí tica : " ...... Al mismo tiempo que con erva la antiguas tradicione de disciplina y orden en la in trucción, exprc a un conc pto má amplio de las neccsi ade el ·1 combat . Mucha formacion s se han podido simplificar; e ·ta ventaja no deLe comprometerse. Es pr hibid ), puc. , haccrk ningún agr gad , sea escrito ó verbal, so prete.·to de obtPn r mayor uniformidad xt rna, ó por cualquier otro motivo. Al contrario, la libertad dejada intencionalmente en la marcha y aplicación de la in trucción, no rlebe jamás ser res­tringida." Lo ~s también el encabezamiento del Reglam nto de servicio en campaña: " ...... Esta ordenanza d ja intencionalmente, para la ejecución práctica del servicio en campaña, cierta libertad de ac­ción que desarrollará la iniciativa en los jefe de todo grado. E ta es absolutamente necesaria, y no debe ser limitada en ningún caso con prescripciones complementaria más preci a ." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Jlfilitar Esta amplitud de concepto de las prescripciones reglamenta­rias les permite amoldarse á situaciones bastante diferentes unas de otras, de tal suerte que el Reglamento de r888 pudo continuar en vigencia después de la adopción del fusil de pequeño calibre y de la pólvora sin humo.. TENDENCIAS GENERALES HACIA LA OFENSIVA-NO está de más recor­dar que el espírifu de la ofensiva inspira hoy, más aún que en 1870, á los jefes del ejército alemán; lo prueban los reglamentos de ma­niobras, los artículos de la prensa militar, los partes é informes so­bre la grandes maniobras. En Alemania puede haber divergencias de opinión sobre la forma que deba darse á la ofensiva; pero ésta goza más que nunca del favor general, ya se trate de la ofensiva estratégica, ó de la táctica, consecuencia ésta de aqué1la. Se tiene la convicción de que, como dice Von der Goltz, "la defensiva estratégica ó táctica no conduce, aun en los casos más favorables, sino á una completa in­decisión." Ejemplo: los boers. En cuanto á la forma de esta ofensiva, resulta de la aplicación de la conocida máxima tomada de Napoleón por el General Mol­tke : Separarse para marchar, reunz'rse para camball'r. Veremos cuáles son las consecuencias de este principio desde el punto de vista de la multiplicación de las columnas y de la concentración de su ac­ción cGntra un oldctzvo~único, de antemano determinado. Estas ideas privan tanto en Alemania, que puede sentarse como regla general que toda fracción aislada, por pequeña que sea, se forma por lo menos en dos columnas, una principal y otra que sirve de guarda­flancos. Los temas graduados del Mayor Griepenkerl contienen muchos ejemplos de esta tendencia, que no es nueva, ya que de ella nos ofrece numerosos ejemplos la guerra de 1870. Existiendo este píritu ofcn ivo en el jército alemán, no es sorprendente que su Reglamento de infantería afirme ·nérgicamen­te las ventajas de la ofensiva táctica: "En todo los t:jercicio , as{ como en la marcha g·eneral ue la instrucción, e conservará y des­arrollará la afición natural de la infantería á la ofen iva." Como los factores principales de la of nsiva son la rapidez del movimiento y la sorpresa, es necesario que lv!> varios dementes de la formación de combate estén colocados e n las condiciones que más convengan á su realización. Tenemos en esto la explicación de la an­tipatía de los alemanes contra las largas columnas, de reunión y -despliegue tan lentos, y por con iguiente impropia para realizar ~orpresas, y la de sus pr ferencias p r las columnas cortas y nu­merosas y por la marcha con anchos frentes, en formación de reunión, hasta lejos d J enemigo. "Inmediatamente después de la batalla propiamente dicha. -dice un escritor militar, lo que constituye la más alta expresión de la preparación para el combate, es la marcha hacia el enemigo, en formación de reunión. Las tropas están en la mano de sus jefes; es fácil hacerse comprender de los subordinados ; la dirección de la marcha puede ser fácilmente modificada. En lo sucesivo, con los enormes ejércitos modernos, estos movimientos en masa serán más y más indispensables." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo!etfn ./l..J,·fitu r I39 VANGUARlJIAs--La cuestión de las vanguardias ha sido ardoro­samente discutida en Alemania en estos últimos tiempos. Es sabido que en r870 el espii-itu ofensivo de los comandantes de Yanguardia obligó á menudv al comando á combatir, aun contra sus voluntad. Los resultado fueron ventajosos, pero merced á circunstancias que ¡.>odrían no reprvducirse en adelante. Es sin duda á esta ültima previsión á lo que debe atribuirse el concepto actual del papel de las vanguardias. El Reglamento de infantería previene que el comba­te de éstas sea conducido con mucha prudencia, á fin de dejar al comando libertad en sus resoluciones ulteriores. Según dicho Reglamento, en el combate de encuentro inopi­nado, la vanguardia tiene por misión asegurar á las tropas que la siguen el tiempo necesario para desplegarse. Se permite mucha inicia ti va al jefe de aquélla, con la limitación de operar de manera de no comprometer el despliegue del grueso. Así pues, el problema es complejo ; la Yanguardia debe des­plegarse ante que lo haga el enemigo, pero sin comprometerse á tal punto que obligue al grueso á apoyarla. Contra un adven;ario ya establecido, la vanguardia está obli­gada á obrar con la mayor prudencia; aumenta la extensión de su frente con el despliegue sucesivo de su unidades, y espera que el jefe haya dado á e noc r su intenciones para atacar. Para formu­larlas con tiempo, e indispensable que esté en el terreno; marcha­rá, pue , con su vanguardia. La doctrina que inspiran estas prescripciones, difiere algo de las tradiciones del 70. No e trata ya, para los comandantes de vanguardia, de una ofensiva á todo trance, sino de una ofensiva ra­cional, que tome en cuenta las circunstancias y, sobre todo, lavo­luntad del jefe. En consecuencia, se nota la tendencia á reducir la importancia de las vanguardias. Se admite que contra un adver­sario ya en posición, bastan pequeñas vanguardias, sin artillería, retrocediendo ésta hacia la cabeza del grueso. Son aconsejada5 hasta lejos del enemigo, en país abierto, marchando con frente5 crecidos ó en formación de reunión. Agregaremos que el Reglamento alemán de servicio en cam­paña dice solamente : "La fuerza y composición de la vanguardia se determinarán en razón de la naturaleza del terreno y del efec­tivo de la columna entera, ó bien, tratándose de grandes unidades, del elemento que encabeza la columna. La vanguardia compren­derá generalmente de un tercio á un sexto de la infantería, más 6 menos, de un destacamento suficiente de caballería, y se le adscri-birá artillería é ingenieros, según las necesidades ...... " La formación de vanguardias débilt=>s, de simple seguridad, encuentra adversarios en Alemania. Hácese notar que si la liber­tad de maniobrar, la iniciativa dejada á las vanguardias alemanas en 1870, su fuerte constitución, sobre todo en artillería, presenta­ron á menudo inconvenientes, no es menos cierto que frecuente­mente estas mismas vanguardias, lanzadas contra un enemigo en posición, producían en él una sorpresa tal, que lo paralizaba duran­te el resto dd combate. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Militar SuPERIORIDAD DEL FUEGo-Los alemanes dividen el combate ofensivo en combate de preparacz/m, ejecutado en todo el frente, y ataque decis1vo, que se hace por lo general contra uno de los flan­cos del enemigo, con tropas frescas. Este ataque decisivo, este aconteám/e¡zfo, ¡;ara hablar como Napoleón, no puede producit·se sino cuando :e hn obligado al ad­versario á dejar ver sus fuerza , cuando e 1 ha gastado moral y físicamente, cuando, en fin, ha empeñado ya us reservas. Es este el objeto dd combate de preparaci )n, ¡u e e prolonga horas y horas en todo el frente, con alternativas de of"'nsiva y ddcnsiva. Terminada esta preparación, llega el momento d e l choque violento, del martillazo asestado por tropas frescas, bru ca­mente y con vigor, con rabia como diría Dragomirmv. Es el ataque decisi,·o. Para que tenga buenos resultados es indispen able que el que ataca haya adquirido la super/on"dad dt! .fuego, tanto en ;lrtille­ría como en infant da. La superioridad de fuego de la artilleda se sabe l o que es se a \'C ·i;:·ua fácilment . P ro, ¿ cuánd ad·luien" una tropa de in­fantería superioridad de fu ego sobre otra ? • c.:g-ún el Coronel ale­mán Keim, cuando haya infligido al enemigo pC:rdidas tan g-n1nde , que su valor moral rc!:.ulte aniquilado. Un autor francés nos da una definición más larg-a pero meno_ vag-a que la anterior: "Una tropa ha ad ¡uirido la superiurida del fue:-.·._; cuando el haz de bala que lnnza t: bastante den. > para obligar al ad ·ersa­rio á ocultar e, á cntt.rra¡·se, y á no haCL'r de sus armas sino un uso inseguro é intermitc nk. '' El R n·lam nto alem<Ín de infankría se xpresa así sob1·e la imp rtancia del fueg-o: ''El combate d" infantería se d ·cicle gt net·alm nt .... por '1 fue­go, que alcanza su mayor intensidad l. n el orden di. pers . El fuego n formación e rrada . sólo una ·.·ccpción. "Una tropa de alg-una impl)rtancia n orlen c~n·aclo, en la zona del fuego f1caz del .ncmig-o, puede c.·pcrimentar en un mo­ment pérdidas enorme . Es nece.ari >, p >r con:ig·uicnte, r ·ducir al mínimum poo;,ibl el intenalo cntn· su · parición y su ataque; el combs el que má~ e emplea "'n el combate. En ('Sta formaci,)n se le inicia, ' f mcnurl 1 • 1 termina. '' La (ormaá(m t'Jl mjambres de 1/radorrs ·s, por cDnsio-uientt , la formación principal del ·coml are de infantería. "hl fuego en orden di. per. o es el principal me li\.) de acción de la infantería en el combate. "La infantería con su fuego pucd:~ rccha7.ar al acher ario, preparar su ataqu propi y ha t· pruducir un de t:!nlace inmPdia­to. En la mayor ¡Hrte ele lv=- caso·, la concentración del fu<'g-o vio­lento, á corta distancia y contra objdtúus importantes, pn)c1ucirá un resultado tal, que en el a alto final sólo se abordará una po~ición débilm ente disputada ó tal v""'z abandonada ya por el enemigo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín ll1ilz'tar "En el combate de infantería contra infantería, el éxito de­pende, independientemente de los íactores morales, de la destreza del tirador, de la disciplina del fuego y de la dirección de éste por los oficiales. COMBATE OFENSIVO. REC01 OCDIIEKTO PRELIMINAR-ASÍ se expresa el Reglamento alemán: "Todo combate empieza por un desplie­gue de tiradores. "Importa, ante todo, establecer el contacto con el enemigo, pero conservando libertad de acción. En consecuencia, el primer despliegue de tiradores debe ser medzdo y ejecutado sin precipi­tación. "Para evitar toda sorpresa es prudente desplegar, en la di­rección peligrosa, una línea d6l:>il de tiradores." Evidentemente, esta línea débil de tiradores es análoga á los e~'t-ploradores franceses ó rusos, aunque los alemanes digan que no quieren emplear exploradores. E cuestión de palabras. En realidad, no hacen objeción alguna al empleo de exploradores en la marcha de aproximación al enemigo, pero no son partida­rios de dedicar á este ofici0 hombres elegidos y con prepa­ración e pecial. Creen que este procedimiento conduce á sacar de las unidades la mejor tropa. Siendo los exploradores lo mejor de las compañías, lo que queda de é.:;ta · es, según Jos alemanes, una in­fantería de egunda clase, que exige mucho~ cuidados. "No necesitamos e pecialista , repite un escritor alemán, y debemos evitar el tener una infantería de segunda clase. Cada pelotón debe conservar us bu nos soldado., llamado á tomar la dirección del fuego cuand· las balas hayan. cgado á su jefes." Así pues, el primer acto del combate de infantería consiste en de ·plegar una débil línea de tiradores, cortina que, además, está más ó menos cubierta por la caballería divisionaria, y á cuyo am­paro el jefe reconoce personalmente la posición enemiga, ayudado por oficiales que observarán aisladamente, con buenos anteojos, detrás de e-sa cortina ó sobre los flancos de la vanguardia. La falta del humo y el hábito adquirido en los buenos ejército de utilizar el terreno, hacen este reconocimiento prelimi­nar tan delicado y difícil como indispensable. Su ejecución demo­rará forzosamente el principio del combate verdadero, y los ale­manes tratan de remediar este inconveniente de todas maneras, como por ejemplo con el empleo del telégrafo, que pone en comu­nicación, durante el combate, cada división con el jefe del cuerpo del ejército, 6 por medio de la creación de destacamentos de esta­fetas, de los cuales cada uno, una vez instruído, estará adscripto á un cuerpo de ejército. Su misión especial será la de la comunica­ción de partes y órdenes durante la acción, CoMBATE DE LA VANGUARDIA-Una vez efectuado el reconoci­miento preliminar, ¿cómo se verifica el combate de vanguardia? A este respecto, se expresa así el Reglamento alemán de in­fantería: Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M-ilita,. "El combate de encuentro, tan frecuente en las operaciones, se desarrolla parHendo de la columna de marcha, contra un adversa­rio que también concentra sus unidades. "En estos combates, las vanguardias deben asegurar á las columnas el tiempo y el e pacio necesarios para su despliegue. " Los jefes de unidades subordinadas obran con toda la posi­ble iniciativa, sin que su acción se oponga al progreso del des­pliegue general. Se trata, por una parte, de tomar al enemigo la delantera, de desplegarse antes de que él Jo haga; y por otra, de no prejuzgar las intenciones del comando en jefe, ni de hacer peso sobre sus designios ulteriores. "Se notará cuánto importa que el comandante en jefe esté en la vanguardia desde el principio del combate de encuentro, desde la cual podrá dar á la vez órdenes para el combate y el despliegue. "El ataque no debe ser demorado por el despliegue. "Un despliegue preparatorio como base, es pérdida de tiempo. "Si el adversario ha terminado su reunión para el combate, 6 si está ya en parte en posición, el despliegue de la vanguardia exige más precauciones. Se da mayor extensión al frente de com­bate con la entrada en línea de las unidades sucesivas, y se espera que el comandante en jefe haya dado á conocer sus intenciones, y para que pueda formularlas con oportunidad, tiene que estar pre­sente en la vanguardia. "El ataque de tln frente completamente ocupado 6 ya prepa­rado, debe, desde su principio, ejecutan,e egún el plan del co­mandante en jefe. " Cualquiera que sea el plan dt 1 ataque. no puede tener éxito si no se con igue la superioridad d l fucg-o, n prim r término la del fuego de artillería, que abre el anli.tu que d ·be recorr r el ataque dt. infantería. i e. · isten al fr nt punto · de apoyo conve­nientes, el ataque debe apoderar e de ello ; bajo su protección se harán luégo los grandes despli_gues, ..... '' Es en este mom nto cuando empieza la lucha de artilleríq., que no entra en el cuadro de e te estudio especialmente consagrado á la infantería. CoulD.\TE DE P...mPARACION. ExTENSIÓ DEL FR.El TE. EscALO .. A:\IIE ... - To-El Reglamento alemán estaLlece la necesidad de dividir las tropas de ataque en tres escalones: pr paración, j cución, reserva. Tropa aúlada.-La necesidad de librar comLat con sus pro­pios recursos, excluye la posibilidad, para una tropa aislada, de desplegar desde el principio todas sus fu rzas en una sola línea. Por lo general, será necesario proceder á una preparación, para conocer las circunstancias qu habn~.n de influír en la eje­cución. Esta sola consideración exige ya un funcionamiento en pro­fundidad con dos escalones por lo menos. El primero y más débil ejecutará la preparación. Cuando éste haya dc;spcjado bastante la situación para que se pueda pensar en la ejecución, e notará que es necesario reservar parte de las fuerzas para hacer Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n JVIZ:It.tar frente á los accidentes imprevistos y producir el desenlace final. El resultado de estas reflexiones conduce naturalmente al fl·accio­namiento en tres escalones, que puede ser llevado más lejos, si hubiere necesidad, por ejemplo, de proteger los flancos. La fuerz~ de los escalones no es uniforme. Como principio general, la tropa de preparación será lo más reducida y la tropa de reserva lo más fuerte que sea posible. En general, consagrar á la preparación menos del cuarto del efectivo, y á la reserva más del cuarto, será procedimiento ordina­rio. En ningún caso, para establecer esta proporción, se dividirán unidades tácticas. E.;te fraccionamiento no se podrá mantener durante el com­bate, pues la tropa de ejecución se untrá pronto con la de prepa­ración, y la reserva misma entrará en lfnea. De ordinario, estas entradas sucesivas en línea entrañarán la extensión del frente de combat . Esta sola razón bastaría para indicar que el frente de preparación debe ser relativamf>nte estrecho. Tropa encuadrada-Hasta aquí se ha tratado de una tropa ais­lada; si fuere encuadrada, la extensión del frente, dice el Regla­mento alemán, generalmente será determinada por el comandante en jt:fe. Esta tropa no e ti expue ta á ataque de flanco, y tam­poco pue:dc ejecuLarlo.::, alvo si e. tá en un ala. Estas indicacio­nes d-..!terminan un íraccionamiento especial: mucha gente en pri­mera línea, sin 1·eserva ó con muy poca, rr scripción muy distinta de la d 1 R eglamento francés, puesto que los aleman s admiten que ias tropa::; encargadas de la preparación pueden no tener re­scn ·a ni segunda línea. Cor.ocAcró.x nF. LAS RESI<:RVA.. Dr TA. ·crA E· 'TIU. Los I~SCALO. 'ES­" Nuestra infantería, asegura el Reglamento alemán, está en e tado de recha:t:ar con su fuego todo atar¡ue de frente. El asaltante su­frirá pérdidas tan enormes y se le quebrantará de tal modo que, una ve~ rechazado, le será difícil renovar el ataque;" afirmación ésta 1UI! hacen ca!:>i axiomática los últimos ataques de posiciones por lo5 ingl ~ses en la guerra contra los boers. "Una infantería que sabe resistir el asalto con un fuego eje­cutado con sangre fría, es invencible en su frente, con tal que sepa utilizar el terreno 6 sacar recursos de u misma situación : no necesita ser sostemda. Sólo t1enc un punto vulnerable: sus flancos si no están cubiertos por otras tropas ó por el propio terreno. HEs, pues, de la mayor importancia proteger los flanco!). El medio más eficaz de hacerlo consiste en el fraccionamiento ra­cional en profundidad." La colocación dada á las reservas tendrá, por tanto, capital importancia. Colocadas atrás del centro del frente, quedarían expuestas,. desde El período de preparación, á recibir fuegos de los dirigidos á la primera línea. Para sustraerlas á éstos, habría que establecerlas tan atrás, que su empleo oportuno quedaría comprometido por la distancia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletf1t Milita,. En consecuencia, y sal \ ' 0 circunstancias e pedales, la coloca­dón más racional de las reservas será detrás de las alas de la primera linea. Se las dispondrá tras una ú otra, según la situación y el te­rreno, eligiendo el ala con que parece más probable se ejecutará el ataque decisivo. Dz'stancia entre los escalones-Estas son determinadas sobre todo en razón de la clase del combate proyectado. Hasta la acción decisiva, las fracciones en orden cerrado de­ben er abrigadas del fuego. Si se trata de obtener una decisión, toda las distancias se acortan. Todos los jefes, hasta los de las más pequeñas unidades, rivalizan para a\anzar, á fin de cooperar á la victoria. Como la du­ración de la crisis es generalmente breve, sólo se dispone de cortos instantes para emplear útilmente las tropas disponibles. Las distancias dependen del terreno. Si éste es descubierto, aquéllas son grandes y las formaciones e, tensas ; líneas densas de tiradores y tropas en orden desplegado atrás. Cuando avanzando, no es posible desfilar ó abrigar las últimas, conviene evitar que un haz de balas ó un shrapnel pueda aL:anzar dos escalones á la vez. En este caso la distancia será mayor de 200 metros, y no se acorta ino cuando llega el momento decisivo. En terreno cubierto, se acortan las distancias ; frentes estre­chos, distancias reducidas, formaciones más cerradas, fuertes re-ervas en las alas ..... . Todas e tas indicaciones del Reglamento alemán, especial­mente las que se refieren á la marcha de las reservas, denotan el espíritu ofensivo que lo inspira. Es necesario, además, tener pre­ente que, aunque guardándose de entrar n prescripciones inúti­les y peligrosas, se revela en él la constante tendencia á reducz'r el tscalomwuállo en pro.fzmdz(lad. E como una vuelta á lo principios de la táctica lineal, en la que el pap 1 principal pertenecía al fuego; mientras que el orden profundo caracterizó la. guerra de los tiempo antiO"UO , cuando todo se decidía con 1 choque. FRI<: 'TE DE CO.l\lBATE. D1 TA .. 'CIAS EN E L COl'I[BATE DE PREPARACIÓN. - e ha dicho anteriormente cuál Jebe ser -1 efectivo relativo y a pro ·imado de la tropa encargada del combate de preparación: menos de un cuarto del efectivo total ; y de la tropa de reserva más de un cuarto; que, además, una tropa encuadrada tiene una primera línea muy fuerte sin reserva, ó una débil, según caso; prin­cipios que e tán en correlación con el a ·ioma del Reglamento ale­mán : una z1ifantería que fz'ra bien, rechaza ~i'empre un ataque de frmle, si sabe utilizar el terreno, y que conducen á e te otro, también regla­mentario: "al principio de un combate en que el jefe quiere dis­poner ulteriormente de la mayor part de u fuerza, el frente debe ser relativamente estrecho." "La primera línea de tiradores podrá tener densidades va­riables. Se limitará la extensión del frente para poder sostener en él un fuego eficaz y conservar durante el combate, y á pesar de las pérdidas, una línea densa de tiradores. Para U1la compatiía de 250 hombres el frmle 1lO pasará de IOO metros." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mz'lüar I45 Para un batallón no excederá de 400 metros. Para una briga­- da de seis batallones, será de 1,000 á 1,200 metros, que corres­ponde á cinco hombres por metro, proporción que pt~ede ser con­: siderada como un máximum en el combá.te de preparación, cuyo .objeto es mantener ó contener el enemigo, al cual la primera línea no debe acercarse sino lo indispensable á este fin. Que­rer adelantarse más, sería aumentar las pérdidas sin provecho. Quedarse muy atrás, sería impedir que el fuego fuese suficiente­mente eficaz para el combate de preparación, que durará horas, -con alternativas de a vanee y retirada. ¿Cuál es esta distancia, es decir, la poszct'ón przncipal de fuego? Depende de la eficacia del arma. Es actualmente de 450 á 700 m etros, 6, si se quiere un solo guarismo, de 500 metros. A ella hará la preparación la infantería, con la sangre fría que exi­ge el buen empleo del arma. En suma, los alemanes disminuyen el efectivo de las tropas de preparación para poder aumentar el de las tropas de ejef'ución del ataque decisivo : " Pretender, dicen, desplegar fuerzas iguales en todas partes para producir con ellas un esfuerzo igual, es la ca­racterística de una dirección poco hábil. Sólo el que s pa econo­mizar sus fuerzas y sostenerse en los puntos en que hasta un fra­caso no podría tener consecuencias decisivas; solo ése quedará ha­bilitado para obrar enérgicamente en otro punto, en el cual conseguirá superioridad definitiva." Movli\IIE. 'TO DE LA LÍNEA DE co.IBATE-Examinemos lo que pa­sará en la línea de combate, y primero los movimientos de las lí­neas de tiradores. Estos no e ejecutan ino cuando ya se está en contacto con el enemigo : deben ser, pues, de la mayor sencillez. Fuera del alcance del fuego, el principal cuidado es conservar -orden y cohesión. E11 la zona de fuego se trata de acercarse al enemigo por d canu'no 'lás corto. En los movimientos hacia adelante ó hacia atrás, es sobre todo importante con ervar la dirección indicada. Los pequeños cam­bios de dirección pueden ser ejecutados marchando mientras el fuego del enemigo no es molesto. Los movz'rmentos de flanco de algu­na únporfanda y loJ cambzos de frente son úujeculables bajo el juego. Si es necesario formar una línea de tiradores en un nuevo frente, se despliegan en orden abierto las fracciones intactas y se repliegan as partes inútiles de la primitiva línea. Los movimientos de líneas de tiradores se hacen normalmen­te al paso. Si se trata de alcanzar un punto determinado antes que lo ocupe el adversario, ó de atravesar espacios batidos por el fue­. go, se emplea el paso gimnástico. Si hay que recorrer largas distancias, puede ser útil mandar .alto después de cierto tiempo de carrera, acostándose entonces tos tiradores, que, en la zona del fuego eficaz, gastan algunos ti­! t"os para preparar la marcha ulterior. Durante esta marcha TOMO 1-10 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mt"litar (por secciones), una parte de la línea puede hacer fuego mientras la otra parte sigue. La extensión de estas secciones varía en razón de la naturaleza del suelo, de la violencia del fuego, de la composición de la tropa. Esta clase de marcha es de difí­cil ejecución y aminora la progresión del a vanee : hay dificultad real y siempre creciente en volver á poner en movimiento una lí­nea acostada, tal vez abrigada, y todo aconseja no emplear la marcha por saltos sino con precaución. Todos deben estar con­vencidos de que sólo una marcha continua, un arranque hacia adelante, combinado con una buena preparación por el fuego, es lo que asegura el éxito; de que, al contrario, todo estaciona­miento bajo aquél causa pérdidas enormes; y áe que, en fin, la retirada de una tropa en estas condiciones equivale á su aniquila­miento. El Reglamento alemán agrega que el fuego durante la mar­cha, que no permite apuntar convenientemente, es poco eficaz. Se hará uso de él sólo en casos excepcionales, como, por ejemplo, en la marcha en retirada de una línea de tiradores, para entorpecer la libre ejecución del fuego del adversario. Cumo se ve por lo que antecede, el Reglamento alemán reco­mienda la marcha continua hacia adelante. Es evidente que esta recomendación no es del todo apli­cable á las tropas de preparación, cuyo combate es el que exami­namos en este capítulo. Además, las ideas alemanas actuales di­fieren de las que inspiraron la redacción del Reglamento de 1888 . Uno de los escritores militares más apreciados, el Coronel Keim, no cree en la posibilidad de la marcha sin interrupción, ni siquiera hasta la posición principal de fuego, á 500 metros del ene­migo, y la califica de táctica de cartuchos de fogu eo. No se trata, agrega él, de portarse bien, de ser derrotado con honra, sino de derrotar al enemigo. Pues bien, una tropa expuesta á una lluvia espe a de proyectiles sufrirá pérdidas t~n considerables para lle­gar á la posición principal de combate, que no podrá adquirir en ella la superioridad del fuego, que depende, ante todo, del número de fusiles en línea, é inversamente de las pérdidas sufridas. El Coronel Keim piensa que el fuego en marcha, que admite apenas el Reglamento alemán, se impone durante la última parte del combate: H Los soldados harán fuego sin orden durante el asalto." ¿ Por qué no reglamentar este tiro, ya que no es posz"ble z1npedzi·lo? REFORZAMIENTO DE LOS TIRADORES-FORMACIONES DE SUS L{NEAS­El -Reglamento alemán prescribe no desplegar toda la compa­ñía en tiradores sino por excepción ; prescripción ésta contraria, no precisamente á la reglamentaria francesa, pero sí á los hábitos franceses. Otra prescripción notable es la de emplear la formación en línea desplegada, en dos filas, para las fracciones que siguen la línea de tiradores. El Coronel Keim y otro técnico conocido, el General Scherff, creen que la única formación admisible es la for­mación en una fila, de suerte que el ucalonamz'enlo en profundzdad st tompondría en realidad de una serie de líneas de lz"radores; tendencia Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Militar ésta que se manifiesta también en el Reglamento argentino. Pero el General Bronsart de Schellendorff sostiene, al contrario, la ne­cesidad de conservar la formación cerrada el mayor tiempo posi­ble : " Se tendrían varias líneas delgadas unas tras otras.... ¿ Qué resultados producirían semejantes formaciones, que conducen á un desmenuzamiento completo de la infantería antes de que esté en línea? " · Como se ve, algo encontradas están las opiniones. Pero pre­domina la preferencia por la formación en línea desplegada, en una ó dos filas, de )as tropas que siguen á la línea de combate. Las formaciones en columna sólo se emplean por excepción En Francia, y basada en cálculos numéricos y experimentos de impactos, existe la tendencia á plegar atrás de Jas alas las re­servas y hacerlas marchar en columna de compañía, por el flanco no doblado de las secciones. Una sección por el flanco doblado es menos vulnerable que en línea, es más manuable, más fácil de conducir y desplegar. Estas indicaciones se tendrán probablemente á la vista cuando Jlegue el momento de hacer una nueva edición de la táctica argentina vi­gente. Los fuegos-Dice el Reglamento alemán: "El fuego en or­den disperso es el principal modo de acción de la infantería ...... y es necesario que los tiradores tengan la sangre fría, la destreza y la disciplina del fuego ...... No es indispensable que todas las partes de una línea hagan la misma clase de fuego ...... Los momentos propicios á la ejecución del fuego rápido, son : 11 a) En la ofensiva, la última preparación antes del asalto. "b) En la defensiva, el asalto del enemigo, para rechazarlo. "e) Un ataque de caballería, un ataque súbito del enemigo, un combate en bosques, aldeas, etc. "d) Persecución del enemigo en retirada por medio del fuego. "Por regla general, el fuego rápido se ejecuta hasta 350 me­tror.. Excepcionalmente se emplea hasta 1 ,ooo metros para batir objetivos particularmente favorables ...... En todos los casos, el efec-to del fuego no puede ser decisivo si el enemigo no está bastante cerca para ser alcanzado con seguridad...... Una tropa sólida debe poder aguantar el fuego sin contestarlo, si el suyo no pue-de dar resultado ...... El tiro indirecto no se emplea sino en los casos en que se conozca la distancia ... Economizar las municiones, sobre todo en las grandes y medias distancias, es de imprescindible nece-sidad ...... '' Como se ve, el Reglamento alemán no habla de los fuegos de repetición, ni de los de descarga, ni de Jos fuegos á grande distan­cia. La mayor parte de los escritores alemanes consideran estos últi­mos de completa in4tilidad. Inútiles, dice Bronsart von Schellen­dorff, porque no producen resultados apreciables; peligrosos, por­que su visible inutilidad aumenta la confianza del adversario en si propio. Este General quisiera que la infantería marchase, sin dt-tc·- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. nerse ni hacer fuego, hasta 6oo metros del enemigo, sin ser siquiera protegida en su marcha por fuegos á grande distancia de otra in­fantería. Se puede admitir la exactitud de estas consideraciones. Pero, ¿qué son grandes distancias? Las de 1 ,goo no son las de 1 ,850, las de 1 ,870, ni siquiera las de 1 ,8go. Si la trayectoria no se levanta más de 1m.70 á los 1,200 metros, ¿se llamará aun gran distancia la de 1 ,200 metros ? " Si porque á 1 ,ooo metros-dice el General-salen algunos tiros de la posición enemiga, todos se acuestan, sucederá que las tropas echadas experimentarán mayores pérdidas, sólo por el shrapnel, que las que sufrirán marchando por éste y por el fuego de infantería reunidos: adelante, pues, hacia el enemigo, sin detener­se hasta 6oo metros .... " Como lo hemos visto ya, otros niegan la posibilidad de llegar de un solo tirón hasta 6oo metros. En cuanto al fuego de descarga, tan recomendado por el Re­glamento francés, hé aquí la opinión del Teniente Coronel Holback, Director de la Escuela de Tiro de Infantería: "Nuestro fuego de tiradores ha destruído la fama del fuego de de carga.... ólo con él y la elasticidad de las lfneas de fuego, venceremos todos los obstáculos del campo de batalla." Los alemanes no usan los fuegos de repetición, porque consi­deran su fusil como arma de carga rápida y no de tiro rápido. Las prescripciones del Reglamento alemán difieren poco de las del francé . El infante aislado debe estar persuadido de que aun en terre­no absolutamente descubierto, es superior al jinete aislado, á con­dición de e tar li topara tirar. No debe temer ni aun 1 combate con vario jinetes. Asirni mo, una tropa de infantería debe estar conv ncida de que no tiene por qué temer á una caballería, aun muy superior en efectivo, si conserva sangre fría y actitud resuelta. Para la defensa es bue na toda formación que permita oponer á la caballería fuegos colectivos, bien dirigidos y ejecutados con calma. Lo que más teme la caballería es un gran número de ar­mas de fuego en línea, y los único cambios de formación 6 de frente que deba ejecutar la infantería, son los que á este fin tien­dan. Una infantería que no se cree capaz de detener en línea des­plegada á la caballería que la ataca, cuando aquélla tiene us flan­cos cubiertos por los escalones posteriores, tampoco encontrará su salvación en la formación del cuadro. Es perfectamente posible á la infantería marchar en terreno descubierto, sin ocuparse de la caballería, salvo cuando ésta se ha­lla sos tenida por una artillería superior ó por infantería, ó cuan­do puede atacar á la vez en varias líneas y por diferentes lados. No es sino en circunstancias excepcionales cuando podrá ser oportuna la formación del cuadro. La precisión y la oportunidad de estas prescripciones son ta­les que es imposible agregarles algo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Milz'tar I49 UTILIZACIÓN DE LA OSCURIDAD-Los combates nocturnos son siempre peligrosos para el que Jos inicia; pero otra cosa es ulz1izar la oscurúiad para acercarse al enemigo, y el Reglamento alemán examina la cuestión : "La dificultad de recorrer espacios batidos por el fuego aconsejará á veces utilizar la oscuridad para aproximarse. En este caso, por lo general, se acercará de día, hasta el alcance del fuego, y se hará adelantar las tropas de primera línea en la noche, á fin de romper el fuego al aclarar." El mismo procedimiento se impone para el ataque de posi­ciones fortificadas. En cuanto al ataque nocturno: En los movimientos para el ataque, siendo imposibles los cambios de dirección, se tendrá pre­viamente un objetivo bien determinado. La extensión que hayan de recorrer las tropas debe ser corta. En las formaciones más sencillas, columnas de compañía ó dobles, con pocos tiradores al frente se intentará al ataque. Podrá también hacerse por las cabe­zas de columna un fuego corto, rápido y enérgico. Todo mayor fraccionamiento producirá desorden.- Concltu"rá. --------~ -------- PRINCIPIOS GE1VERALE' DE ESTRATEGIA Y DE TÁCTICA EN LAS PEQUEÑAS GUERRAS por el Mayor C. E. Callwell, del Ejército inglés TRADUCCIÓ DE ISIDORO L VERDE A tAYA-ConfimJt~ XXI. La caballería en los ataques de jlanco.-Por ventajosos que sean los ataqu s de flanco combinados con asalto sobre la po­sición enemiga, puesto que aumentan la probabilidad de obtener un triunfo decisivo, hay siempre la posibilidad de que la combina­ción fracase, á menos que todo salga á la medida del deseo. Si el terreno se pr ta, la acción de la caballería es m u y eficaz en los ataques de flanco, por la rapidez con que puede obrar contra el enemigo en derrota. El combate de Badli Ke Serai * entre los • Meerut está á algunas millas al NNE. de Delhi. El combate de Badil Ke Serai se libró el 8deJuniode 1857; hacia launa,elGeneral Barnard dio la orden de marcha. Los expl01adores comunicaron que los rebeldes habían ocupado una fuerte posición en Badli Ke 'erai, á seis milbs al Norte de Delhi, en donde grupos de ca .. as viejas y jardines rodeados de paredes constituí;1n una posición que permitía prolongar la defensa. El día comenzaba cuando Barnard llegl, al frente de esta posición. Ilasta donde él podía juzgar, los salientes esta­ban fuertemente armados de caf10nes. A fin de cerciorarse de su fuerza hizo avan­zar cuatro grandes piezas, una tropa de artillería á caballo, una media batería de artillería montada, y les dio orden de romper el fuego. Algunos disparos bas­taron á demostrar que la artillería enemiga era de un calibre más poderoso que el de las piezas inglesas. Los artilleros ingleses comenzaban á ceder, y parecía dudoso que pudiesen sostener la lucha. No quedaba sino un solo remedio á la situacif>n, que siempre ha salido bien aplicándolo contra los Asiáticos. Barnard lo puso por obra; lanzó contra las piezas de los rebeldes el 75. 0 indígena, desple­gad<' ,- ~stenid9 por el 2. 0 europeo; al mismo tiempo, la segunda brigada, con- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ISO Boletfn Militar rebeldes y la columna en marcha de Meerut sobre Delhi después de estallar la insurrección, es un magnífico ejemplo de la acción de las tropas montadas ; la caballería y la artillería á caballo fue­ron enviadas á obrar contra el flanco y la retaguardia del ene­migo, mientras que la infantería atacaba de frente; el resultado fue una completa derrota de los rebeldes. Esta insurrección pro­porciona muchos otros ejemplos de la misma naturaleza. En .t ques. Las tropas de ataque deben sondear el terreno; enton­ces el enemigo cobra aliento, y atribuye á timidez la falta de pro­secución de pués de un primer triunfo. Además, lo bosques y los zarzales impid n al adversario darse cuenta del giro del combate. Las fracciones enemigas que no están en contacto con las tropas en el punto en dond~ éstas atacan, ignoran los triunfos de sus ad­\' ersarios. La toma de algún punto particular de la posición ene­miga no tiene el mismo ef cto moral obre los defensores. XXIV. Nt!ces¡'dad de la úzú:/ativa de parle de los subordznados du­rante el ular¡ue-Acontece casi iempre que una vez que se lanzan las tr )pa al ataque, y que Jo han ejecutado á fondo, tienen los su­bordinados qur• Jecidir si la victoria ha de completarse con una segunda carga; porque á vece es una cuestión del momento, y esperando órdenes, e puede dejar escapar una buena ocasión. Es en semejantr·s circun tancia críticas cuando se exhibe el genio del comandante. Pero en e tas pequeñas guerras está tan claramente establecido el principio de que una vez que el enemigo ha sido doblecrado hay que sujetarlo á ese estado, que la responsabilidad que :Sume el jefe subordinado de proseguir su camino, no es tan grande como en una lucha contra tropas regulares. El notable in­cidente que sigue, referente á la batalla de Kandahar, merece enumerarse como ejemplo de la importancia de la iniciativa indi­vidual que no permite al enemigo recobrarse después de un pri­mer revés. • Véanse las Exp~dicio1zes hzgluas e1t Africa. p o-t o ~- ~ o ~- !') rama del teatro de operaciones en la cordillera v de la lucha por las vías de García Rovira Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I6o Diagramas de la marcha y combates por el dominio de las montañas < z o ~o ~ < p.. entre Pamplona y Bucaramanga -~ 1 .Bogotá-Imprtnla de Vapor- Calle IO, número z68 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 5

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 6

Por: | Fecha: 09/02/1901

~ BOGOTA, FEBRERO 9 DE 1901 SERIE U-TOMO T-N. 0 8. 0 BOLETIN ~11LITAR DE COLOMBIA Director ad honorem Organo del Ministerio de ¡ Guerra y del Ejército F. J. VERGARA Y V. Sou colaborndorl's de e te per1ódico los 9 J •fes y Ol!ciales d 1 .b;¡'·rcito ~ Gcnerul de Ingeniero ~;, Micmhro de varins ociedades Cientitl. liS BR./GAJJA DE L Ll PLAZA ' REL,\CII..\Z ,\ POR ?IL\:\!DAT DEL :.n.·r.;;TERIO DE G ERlC Octubr,· 9· Al . ' r. Pablo Terán... 5 I<.l. 1<- .\1 Sr. L'li., l'ortoc1.rrcro It; Id. 20. Id. Id. l.t.......... C> Tel. 2:. ,\1 .'r. \g¡nci 14 Tel. 26. 1 !'-'r. r\qudino \fontc..., -6 Tel. 30 .. 1. ·r. p11linar Jiménrz 12 lt.l . 30 .. \1 Sr .. ·alomón Serna... 2 J. ·oviem!Jrc 2 .. 1 Sr. 1anuel ~J. l .-1rdo . .. ............... 13 Itl. 2. 1 'r. Poliuoro Santo-;... 2 Tri. 2. 1 . r . AC]uilino , lnnte · 81 Id. 7. Id. Id, 1 .. ... 77 Tel. 19 . ., \1 Sr. Enrique .\rbo-leua .. .. .... . . ... ... 4 Id. 23. Al .'r. Rieardo !artí-nr> z . ...................... . Id. 23. Al . r. Lui. F. nrcía.. .> ¡ti. 24. l Sr. Manuel J f. Par-do.......... . ............... z¡ Id. 25. Id. íd... ... ... ............ 27 Id. 2 . Al Sr. quilino 1ontes 53 Id. 29. Id. íd............ .. . .. .. .. 1 7 iciembrc 3· 1 . r. Manuel M. Pardo.................. 14 ld- 8 .. \1 . r. Gcrardo Torres.... 20 Pa an ............... 479 ienen ............... 479 I>brc. 8. Al. ·r. Aquilino ~lonte 82 I J. ÍJ. Al . 'r :Mariano 0-.pina 'h.............. ...... ..... 2 Id. íd. l 'r. P<:clro ~1. l'cyc . 1 Id íd. 1 Sr. Te~ús Cuéllar: ... I d. 12 .• 1 r. \polinar Jimém•z Id. íd. Al Sr. Eduardo Uri cñu ] ,J. 15 Al 'r. Ignacio 0:-una .. . ld.2o.Al:r.Ja ,icr Hcrrán ... 1 ld. 28. l Sr. Pedro P. Díaz... 6 Id. 30. Al . 'r. Pedro ntonio . ánchez.......... ........ ... 10 T . íd. l 'r. quilino :\lont ·s 102 Id. íd. Al Sr. 'er:trdo Turre. .. 20 Enero 2. Al Sr. Luí :\f. Arango... 1 Id. 3· Al :r. Lu• élez...... ... 2 ld. íd. l :r l'cdro A11toni > San hez .. .... .. .... .. .. .. .. t() Id . íd. Al . 'r. General 1laria no pina 'h .... ............ .. H.l. ro. Al. 'r. l>. !'edro }'. Díaz 2 Id. íd . Al. ·r. Aquilino :Montes 30 Id 23. Al Sr P dro P. Díaz... 1 Id. íd. Al • r. l't dr Rincón..... 7 Id. 26. Al . r. Pedro P. Díaz.... 3 Id. íd. Al Sr. Aquilino :\-[ante . 77 Id. 31. Id. I d. Id ..... 134 Pa an ............... 975 TOMO I- 1 [ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. . . :Vienen ............ ··· 975 Enero 31. A\ ::ir. J .. an A. Garda 2 ]d. ícl. Al S-.. Auolfu Rodnguez 2 ]d al. Al ::ir. Jua" A Garc1a... 1 ] d. íd. Al ::ir Daniel Uma1•a ... ·Febrero 3· Al ::ir. Aquilino Mon-tes . .. 41 Suma total. ........... ~o2~ , Boletbt Milita,. Vienen ................. ~1~2 Recibidas de la Brigada nacio./ nal, en vana partirlas 70 Recibidas Je la Gob...-rnación· del Depanam~:nto. ... do Tomacl:>s al enemigo ... 9 Devueltas por ario.; oficial<:~... 6 Total de entradas ......... 1257 ULACION DE LAS BESTIAS E. T~EG.\DAS P.\RA SERVICIO DE TROPAS POR LA ' COMANDANCIA 1\IILIT AR DE LA PLAZA DE BOGOTA Oetubre 9· Al llatall'n s,bast •. rfrz Os¡ma... ....... ...... 20 Id. 16. A lasa' anzada de Mon-s rr::Uur:ln Dorda.... 6 Id. id. Al Ur. Sul .. m n Lligut.:- r ,l.................. ....... 1 Id. itl. Al E,c ·adrnn Uo'a .. . .. 32 J•.29.Alü"ner •lf>sp·n:\ 'h .. 2 lJ. íd . Al Sr F1hb 'tu Ballcs-t,• ro• . .......... . Diciembre 1. 0 Al G-:!11eral 0-p·n.l 'h......................... 42 Id. 2. A 1 Sr . .'anti:•go F<.:no... t Jd id. Al H. 1 . 1 ·. G \\·inier ..... ll 3· Al Subt nicntc Cipria-no 11 ·rn •nd z........ ... 3 IJ. íd. Par 1 ' l ·n·icw del n rall'n;.., ero 1 inz n 15 Id, íd. Al ·.,mand· ·lt · J .. :in- ·h ·z .................... .. Iu. 4· Al G .: n ·ral Floro Gt'l-ln z...... ...... . .. ......... 55 1<1. 6 .• 1 1 s u dn'tn B sa...... 10 Id. 8. Gw.:ral .'u 1r z C:1s· till ....................... .. IJ. 12. Al . ubt.:nit.:nt.: Lozt.:nzo J>1:1z .... .. ... .. . .. .. • • 6 Id. id. Al Esouu/r,</1 B.1s.r .. . .. 30 Jd. 15. Al G~neral piu:t Ch.. 7 Id. ÍJ. Al ~ubteni. · nle Cipria· no H t· rnánJ• z ....... ,... .2 IJ. 18. Al :-;ubt· nientc Alb\:rto Ch;¡ves......... .......... . I 1<1. íd. Al Coronel F. NaYarro 2 Id. 20. Al In pector G-.;neral de Hrigatlas.... .... .. ... 14 Id. Z2. Al Cuerpo de Dcpñsito 6 Jd. 28 Al Gen -ral Ospina Ch. 5 ld. 31. Al Cllnnnd,, nlt! Adol-fo Rodri~uez.... ........ t Id. íd. Al Escuadn)n l3osa.... ... 10 rasan .................. 596 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn JJ.Iili<ar Vienen ............... 5~ Enero 3· Al General L. Vélez R. · 2 Enero 7. Al Bntal/ÓJt fJI.ícido JIIIu-ralt• s. .. ... ................ 16 Id. 7. Al G:·nl.!ral J. A rango .. . IJ. q. Al E<;cua<l ron llosa...... 2 IJ 21. Allltt:11lón t 0 d<! Ar-tillcrí: t...... .... .......... 55 1·1. j,J. A 1 E cu:tdrón Ur.laneta wo 1<1. 22. Al In-pector general Je B iga<l.•s ................. 5 Id. ícJ. Al G ·n_ral L. '1. ArJngo 1 Id íd. Al G ·n •al 0->pina Ch. 1 I l. 24 r\1 ¡:ataf/,ín 'ald{rs... ... 46 ld. d. Al C1.pit •n G1.bricl J..:, j H 17 IJ. 31. Al G~ner.\l Mari ... uo 'foh:tr .................... . Febrero 1. 0 Envi da co1t p r ¡ue á. ·umapn .............. 15 IJ. 4· IJ. IJ. á Oc.:identc... 20 rasan .................. 8¡8 Vienen ............... S¡S NoTA-El Eswadrém h'osa diu de Sot prim_r brig1..Ja 35 b~s­tia;; para moví izar un Bata­llón. Suma total..:.......... 8¡8 Resumen Entradas..................... J 257 Salitlas........................ 8¡3 Resto ......................... . 3i'l "Perdidas en servicin y muertas ... . En Lt Brigada rlc la Pl :1 z;1.. ....... . En la Brig 1da de la A t" ll~rí.t ... . Brig:td:l. en m1.l e<;t·1d .... .. ..... . AdcuJa Ll. 1Jrig:1 'a n:1cicmal Exü.t:::ncia............ 356 PREPARACION DE I.A INI:4N7ERIA AI.EJIIAVA PARA El. CO.VBATE, POR El. COlJIANDA.VTE T'ALA? Tradu-::ción I'br_ d.:!l fr.tnc~s, p r el é.::>ma11tl:tntc M lign..! (.1rgcnt inu} (Cmc u 1ún) AT.\QUE m:crszvo-EI • ·gl r 1 nto alemán 1 declara de una manera casi al>~oluta: "E · (.n un ala, nYohién ola, en la que con­\' Í ne l.Ju ca r la su lución '...... l r la práctica de las gran u ma­niol. Jra alemanas no ·n lm c¡ue la cosas n pa arán ~iempre as(, ya que n ellas se ·je utan aun p e lig-ros os ata ues de frLnte. ~1ien•ras no se tenga la superiJridad dt.>l fuc·go, dice el Regla­mento, ó por Jo m n:)s mi entra · no parezca alterada la solidez dd enemig-o, la jecució n dd ataque no c·s posible sin g-randes pérdi­da . Habrá, pu s, que dejar obrar 1 fuego antes d e proceder al choque final. G mo es m J,z línea de tt'J·adores donde se jw::.g ,z nu:J l':>:aclammle la s:tuadrm, en dla se dará de ordinan·o la se12al rld asalto. Las fracciones en orden cerrado la seguirán in vacilar para soste­nerla y protegerla contra una vuelta of n iva del enemigo. P r lo g neral, ser:i el comandante de las tropas de ataC]ue quien dará la s ñal de asalto. Si la línea de tiradores ha lleg-ado á corta distancia y si, constantemente 1·ef >rtada, ha preparado el asalto dando al fuego su mayor potencia, los f:scalones s1gutentes serán movidos hacia ella para dar solución al combate. Desde.: el mo­mento en que este movimiento de los escalones no puede escapar á la vista del enemigo, los tiradores de todas las fracciones antes en orden. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín JJ1ilt:ta1' cerrado, combatirán ... A partir de este instante, es indiferente que las fracciones en orden cerrado estén acoladas ó escalonadas, ten­gan ésta ú otra formación, conserven ó nó reserva general; todo esto es cuestión de circunstancias... Sólo existe en este z'nslanle un deber: avanzar, avanzar ... Tambores y cornetas tocan asalto, ponen en movimiento hasta el último soldado, y la tropa asaltante se arroja sobre el enemigo gritando ¡hurra 1 " Toda otra reglamenlaáón de la marcha del ataque es prohz"búia.'' Esta última prescripción del R eglamento es característica· Demuestra que intencionalmente se asbtiene de indicar forma­ciones normales para el ataque resolvente, y considera que éste debe amoldarse á las circunstancias: obedecerlas y no pretender dirigirla . Esta opinión sobre el ataque no e tá adoptada unánime­mente. Alguno técnicos, entre ellos e l General Von cherff, son partidario d una formación normal, de un esquema de ataque, y hac n al Reglamento el cargo de dar indicaciones insuficiente para los oficiales de línea y d forll'on· para los de lamvehr. Pero Bronsart de chellendorff defiende 1 R o-lamento y de­muestra que la lasticidad de u pr cripcione e amolda m jor á la varieda infinita de las circun tancia d 1 combat : " Hay tan­ta batallas di tinta como terr no y robl mas de combate .... Y la olu ión de conjunto d e pende, n ·urna, d' las olu ion par­cial e d e un núm e ro con id rabl d operador · que en ada pun­t0 obré.l n gún e ir un tan ia articular ~ ... ' Es man ra d r, conform al R o-lam nt , paree también má confor m á la corri nte g n ral d id as que i mpre r .inó n 1 jácito al emán, la u , d arrollan o má y más ·1 . píritu dt iniciativa, contribuyó p clero amente á us triunfo . 'Para una acción el ci i va es n · e ario pon r n lín a, de una vez, el mayor número posible de fusile á fin d dar al fu go la mayor inten idad po ibl y n ervársela. Todo combat deci i o, ofensivo ó defensivo, compr nde un mom nto en qu 1 de ple­gar el mayor núm ro d tiradore en un pacio dado, se impone imperiosamente. La di tancia ha ta donde puede llevarse el combate decisivo por 1 fuego, ólo pued , alvo configuración ex epcionalmente favorable del terr no, er fijada en 300 me­tro . i>ero te pacio d ma iado grande ara er ah·ado la­yoneta calada, á la carr ra. Tendrán qu • hac r un corto alt para tirar. Durant sta parada, la · fracciones aún con en·ada atrá.s, se acercarán y darán e l mpuj nece ario al a alto final. "A con ecuencia del empl o d la nuevas pólvoras, lo sea­Ion es de retaguardia, no estando ya cubierto por e l humo, no po­drán detenerse n ningún caso, alvo cuando el terreno le ofrezca abrigo seguro. Deberán, pues, ser llevados hasta el enemigo de un solo tirón." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Jlf1litar IÓ5 Como se ve, la di~tancia del fuego decisivo es aquí de 300 metros, y no de 500, según lo hemos visto ya. Es que el General Schellendorff escribió esto en 1896, y los partidario de la posición · á 500 metros escribían en 189r. Además, los 500 metros e re­fieren á la posición central de fuego, y los 300 á lo .últimos fue­go de ataque decisivo. Vvlvam fÍ. la ejecución del ataque decisivo y consultemos el Re yJamento y el general d eh JlendOJ-ff, nueYam nte de acuerdo: 'Inmediatamente que _e hayan computado con xactitud las fuerzas nece arias ara la ·j cución del ataque, · la de plegará en la formaci 'n más fa vorabl á la concentración de u esfuerzo . No hay peor falta que la de emp ñar con fu rzas insufici ntes, con la intención d r forLarlas p~)CO á poco: e. abandonar 7)0lunla­námmte la íJeJZI1zja del ma)'c>r número. Todo combate n que e de-ea t·esultado deci i v , e ·io-e flUe e cubra con densa línea de ti-ra or todo el pacio di -punible para e l de pliegue. ' Lo mi mo dicen or nel Keim y el General Rohne; la ventaja pertenece f r¿o ament á la cadena mis den a, en igual­dad de otras condici nes. La táctica d - lo ;;rupdos no tiene apli­cación prácti a en J combat : 1 eneral Rohn. lo demuestra materP:iticament , ba ·ándo e en lo · re ulr.ado del tiro de polígono. Para el ataqu , 1 Rf'~rlamcnto al mán r e mienda la lín a de mpañía el pi o·ad s. El oronel KPim 1 ide parL:t la · tr pas flU ·igucn, ha ta para la. má distant ·,la lín a d . pi gacla n una sola fila: ni columnas, ni formaci n _ pr•)fun a . • H emos ita l a la pr ·fcrencia · franc sa por la forma ión p r 1 flanco, p r _ e ión, que cr emos muy justificadas. PER ·¡¡:e ·eró.·-.. 'u ba t hab r onqui tad una 1 o ición ene­mirra; . nec:esari aseg·urar su on.cr ación durad ra," dice el eglam 'nto · lemán : para ello e mene ·ter perseguir al nemigo en retirada y preca\' · r d su. vu Ita ofen. ivas. i d ntro d la ¡ o ici 'n enemiga se ncu 'ntran ald as_. o qu · , < te., l ataque JelY cr llcvadu hasta la lind ~:; opue~ta. La pers _ ución no conti­núa, pot· lo g neral por la prolongación de la marcha de ataque, sino p r '1 solo fuco· ), mientra la tropa de a alto vuelven á or­denar u unidad .... DEFE~SlV.\-Eu:cciÓX DI·: LA PO 'ICIÓ:'-1-La furma de combate que más d pende d el t ~ n-eno la defensiva, dice e l R glamento de infantería al .mana. Ne <"·ita ella aldeas, bo qucs alturas, des­filad ros, etc. Toda d fen a e ba a en la utiliza t6n perfecta del arma de fu go, y á e ta on ideración oh d -e la 1 cción d la po ición y su preparación. El Gen"ral Von cler G ltzexpre a el mismo concepto: " .. . ... El punto capital es la el cción del di positivo para obt ner fuego po­derv os; erá la acción de éstos y no la dificultades del terreno lo que constituirá 1 principal obstáculo que tendrá que v-encer el adversario." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo/etfn Milz.tar· En suma, en la defensiva la cuesti6n esencial es saber apro­vechl. r el a'rma. Ü CU P.\CI ·SN Y ORGANIZACIÓN DE LA POSICI6N-" Cuando se conoce la dirección del ataque del enemigo, dice el R eglamento, se proce­de al despliegue de líneas de tiradores, tan densas como lo f. xijan la con enación de la po ición, el objeto del combate y el terreno; se preparan trincheras y otros abrig-o ; se mide n la di tancias ha ta lus puntos importantes, para batirlos con seguridad ; se dis­tribuye n los cartuchos de lus arros, y lus soldados lus ll e ,·an basta la lín ea y los dispon e n al alcance de la mano. Las tropas de sos­té: l serán acercadas y á v ces colocadas inm diatamente detrás de la lín a de tiradores. Todas las distancias se acortan ...... " El R eglame nto recomienda el uso de los abrig-os artificiales, pero de é,to no .e d ebe auu5\ar. E tabl ciclos Cun oportunidad en el punto conv niente, son para la tropa y sus j ef s ayuda pre­ciosa, y á vcc s indispen able, con tal que se suborum n i los pro­yecto d e l comando y no ll egue n i d e terminarlos. Esto último es lo que sucede cuand se empieza el tra ajo antes de que _e co­nozca la intención d e l jef : una organización defensiva }Jrematura pone trabas á la lib rtad d e m vimientos. El R t->glamento no m nci na las antelíneas~ No están en favor en Al manía, e n razón d e la dificultad ¿e retirarlas d 1 combate, y d e l mal e fecto producirlo por su retroceso sob1·e la posición prin­cipaL RRP.\RTrcrÓ~ DF. LAS FUF:RZAs-Una d fensiva que ti ne por ú:-ti­co objet~ r ·i tir á la· t ntati va del nemigo, puede concretarse á d fender e l terr no· ro i ' busca un r ultadod cisivo, debe siempre s re mbinada a u.;l!a con la dden ¡,·a. hsta con id ·ra ión obliga á ser muy }->arco en la r partici6n de la tropa de 1 • ector s ele def n a y i con n ·ar la r · erva g en<'ral en 1 r unto n uc 1 ~b rá tomar la of n i ,.a : por lu gene­ral n un ala, d de la cual impt·dirá :u mo,·imicntos en oh·e ntes, que con ·tituy n para una pu~ición 1 principal peligro. E ... ta tran cripcioncs abre"iada · dt·mu stran ¡u en Alema­nia f'xi te la per · u a ión d _ que la <..1 ·fcn a el Le ::. rae ti \'a y que es ~n l a mov l.lla.l )' /,z luena j os,ó'(m ae las rcse1 vas d óude dele lurcarse la prmül.d.ul del¡. ·.Jo en la dtj~ns,va; persua ión que es al>solutamente ~en 1·al, sin duda, pue to que in -; J ira e l R glamentu francé , e l ar­gentinu, y e pecialm nte e l al mán. L boers, que rechazan á los ingk pero no lo . per igu n, aprenderán demasiado tarde que no se vence al ad v . r ario con ólo re hazarlo. Los dos flancos, dice V on der G,>itz, n como 1 talón de Aquiles d e l ddensor. La ituaciÓT' indi cará cuá l de 1 do s el más amenazado, tal Yez 1 único en pe ligr , y á é te se desti­narán las r . erva di p niules. Pur otra part , · ~ impe'- lir:i que ea transformada la def n ·iva n inacción ...... La id ea de d ·kn iva es comu un plomo que aplasta n los j ' Í s v luntad y pensamien-to ...... Se quiso, ca i si mpre, proteger el ala amenazada, prolon-gando el frente; pero parece más seg-uro cubrirla con tropas movibles no ligadas al suelo. Movilidad y actividad son para la tiefensa elementos de fuerza. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B.o/etin Müitar Co:'llTRAATAQUE-Hemos visto que el Reglamento alemán coloca. ·como regla general, la reserva en una de las alas, }Jara prevenir . los movimie ntos envolventes, principal peligru para toda po ición. ' Esta colocación indica y limita la dirección en que se hará el con- , traataque. . Se admite en Alemania que teóricamente el frente ofensivo· estará claramente separado del defen ivo, y que Ja<; tropas de con-: traata . .:¡:..~c se án distintas d e: las d e dden ·a. El CJrunel C.J.rdinal ; V un \.Viddern nu quiere ataques ejecutadvs pur lus <.left.::n ·u res. mismvs, ata ¡ues que interrumpirían el fuego de la defensa ·n el. mvmento preci o t>n que e más elicaz. Además, no r al izan a~í ]a stin t!I.Jil~td.zl, el ifedo de. sorpresa) que t.inlo colllrt'br~yen al ~xt"lo de loz· conlraalzques. V un der Gl)ltz es d 1 mismo parecer. ¿ En e¡ u¿ m..Jrnent <.1 b hacerse el contraataque? Cuando e l asaltante ha 11 ga<.lu al alcance mis eficaz del fue­go de la dden~a, de 500 á 300 m trus ; esperar más, sería expo­ner ·e rnuchu. Ivllrou nro: INSTRuc....rÓ.'l-Hcm s expuesto cuiles son las ideas· alemana· r ·la ti vas al combate ofen~ivo ó defen~ i vo ele la infante..: ría. V t.: remo · a hura cuál 'S son los métud s de instrucción emple a..; du · p · ra p,m~;;r en planta estas id ea . El m' o<.lu ~=> t.:ncral es caractt:rizadu así en el Reglamento de infant ría: "Lo · jerciCJO tienen por objeto la instrucción y la p:--epara­ción de of1 ial · · y o!Jadv para la guerra. Tu 1 deben st r rga.:­ni~. ad >S para la u c. rra. E:1 llu:, una di ciplina sever:l y un rigu­ru. o urden ha ta en lv · ma.y r - fuer¿u:, sun ab ·ulutam ·nte indispe n aul e . 1 culear á. la tr..Jpa h :1bitu\, de: ma 1 . ra de fv r rnarle comJ una nueva naturale .. m, tal es el fin ¡.;nncipal d~ l..J ejer 'i 10 ." "E:1 la n·u e rra s 'lo tien n é · ito los med1u ncillos. BJ.sta, pues, apn:! nd ~.: r y emplear alo·u:1a fvrm::tcion 5 sencillas; pt: rv cle·­ben er enseñada. y bida á f ndu. L 1 · p. escripciJnes <.1 ~.: 1 R gla­rn nto ·on ley. S te tu y · · píritu ·un ub!Jo·atoriv~ tanto t·n la •rue­rra cum J ·n la p..tz. Jn pruhibidvs tudu · lu proceJ:m1entus arti~ ficial "S. ' " La \'erdadera scucla de maniobras no pasa de la compañía. En 1 batall0n ·t.: ·n eñ:tn la furm · cion e s en urden cerradv. En el regimiento y la urigada, la de reunión." " LéL ba ~ d e la e ·cuela de e mbate es el batallón." . " Hac r concurrir á un fln cvmún los e fuer¿os de las compa­nm en tudas la situacione del combate: hé aquí la táctica toda de la infant ría." "El regimi~nto a eg ura la unidad en la instrucción y el ma~­do: los ejercicios de r o·imiento y de brigada son la transición ql;Je conduce á la dirección ·uperior de las tropa ." . INsTRUCCIÓN INDIVIDUAL-El Reglamento alemán atribuye m:u­cha importancia á la instrucción individual, pero va inmediatame~ te á lo esencial : · · .· ... Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. IÓ8 Boletfn JV!zlz"lar "De de los primeros días de su incorporación ...... el recluta toma l fu il para familiarizar e con u empl o...... uando ha hecho progre ·os en la marcha, la carga, el movimi ·ntv d apun­tar...... e le enseña lo que del> hacer como tirad...>r...... ·e le conduce al terreno y se 1 hacen compr nd r las nocione~ lemen­tales del combate, haciendo maniobrar ·n ·u pn· encía ~-rupos de oldado v te ranos ... Oponie,1d0 á los recluta ad er ·ari<.; · á orta di tancia, les en eñará la conducta que d b n ob.ervar en el ataque y la defensa, y cómo se utiliza el terreno. Este cuidado pue to en la instrucción del tirador, la ue em­pieza desde su incorporaáón, no ex luye ·u edu ación n e l rd n ce­rrado, con 1derada como m~dio de di ciplina y gimnástica moral. Lo d talle de la instrucción individual e d jan al cuidadode lo Comandante de compañía, qu gozan· á est r _ pecto d la má amplia iniciativa. P ro e ta iniciatiYa vigilada por lo je fes in me iato , :'obligado á intervenir cuando notan error· ó atrasos n la marcha de la instrucción," y por in peccion s periódica de jefe · sup riore . En la in trucción e aplica e l método de la lecáones de cosas, la nseñanza F or la vi ta, el ejemplo, haci nd qw · obr ·n con tant - mente obr 1 buen s ntido y la int lige n ·ia <.1 ·1 ·olla lo. I TRuccró. DE TIRO-~ n Al manía <' ·on~,¡ era la in truc ión del tiro com la part má irnpurtante d · la d 1 infant ·. E conti­nua é ininte rrumpida ha la la lib ración del oldado. ·e da una im- 1 ortan ia especial á la apreciac ión d di ·tancia , y á ~t r specto ·e .·pre a e mo igue 1 cglamcnto d tiro : ' E indi pen ablc habilidad de 1 arte d f1ciak y oldado , la exacta apr ·ciación dt· la li tancia ; · lla d p •n e < 1 é. ito del tiro en ·1 mbat . Lo · oldados b -n ab ~r a¡;nc/arlm ha ta 6oo m. ·l! lt-!> ·jcrcita á esltinarlas d · 6o á r ooo m. L ol1cia l , cla e y oldaJo · má di· · tro~ deb ·n al.J r apreciarla c. acta-m nt hasta I,ooo m ..... . ~. Lín conv ncid . 'n 1 manía d qu t:l tiro á pl'qul'ña · 1 - tancia * e e l más in tructi v . l ~n 3 arlucho quL· e tiran <.1, I 50 á 60 m., 53 son ga tado á meno de 500 rn., y 43 á meno~ de 300m. El R eglamento pr hibe ll evar tro¡ a al lir ·uand la Clr­~: un.lanc·ias tmo férica on l' favorabl · . Van por pt:·4ucño des­tacament s, para e itar fa Lidio a inacciones y pérdida e tiem­po. Lo soldado tiran uno á uno, n r>r sencia d e l Capitin ó d un oficial de compañía. To a in cripción in xacta en la libreta indi­vidual d tiro, puede ser ca ligada ha ta con tr año de pri ión~ De pui.! del tiro d e cuela, se hace t:l de combate, individual y colectivo: "objeto final de toda la instrucción, de la cual es la parte má importante." • Distancia · á 6oo m. 6co , rooo , 1000" 1500" ~500 20 atrá de 1a línea de tiradores. Es ésta la que forma reserva. La m· csidad -d cubrir uno de lo flanco , puede xigir la colocación de otras fraccitJn(· ~ atrás de cada ala de la cadena. La distancias de estas fr cciones á la cadena, y la el cción de las formaciones, dep ndcn del combate, dd terreno y de la efica 'ia del fucgv del enemio-o. La línea, ~eg:.ín el R glamento alemán, s m en,> vuln rabie que la columna; per ésta ~e abriga con mayor facilidad. En la práctica de la maniobras, la f ·acciones en ordf'n ce­rrad.. J siguen la cad na :í. 200 metros. A 8oo metros t.lel n mig-o, toda la compañía debe de:pleg-arse. El fu ecr ca ·i xclusiva­mcnte empleado s el tÍ dúrrr.ri)n, dicho de tirarbre~, alt rnán­d.:> e para hacerlo los do homiJr · de cada hil ·ra ha ta 6oo me­tros. M:.l.s Cf'r 'a del nemigo, t-'1 fu go e reneral y continuo. 1 mple de dv alza r¡ue diílt·ran roo mE'tros ~ g n ral á ui tan ia · m a y ore de 8oo metro . El Coron 1 Kci r.-. a con .. ja no abrir el fu gv ante ele I ,ooo mctrv y aun el oo m trvs, á tln de no C]Uebrantar 1 imvul 1J de la marcha. Lo ~oldado ~ • ej r i­tan n aum ntar p r ·í mi mos la int 'n ·idad dvl fu<>go, ruando el advl'r ario ab:1nd ma sus abrig-vs. e p nc 'Spccial cmpl'ñ en colo arios en circun Lanrias en que n p ~ían contar ('( n la di­r cción de us olkiales, p:tra que aprcnJan ::i cumplir u · deberes sin ellos. D1 e PLL ·A Dí~r. FUE:Jo-El R eglamento alemán da de lla una excelente definición: "E la jccución concienzuda dt~ las órdenes recibida durante el combat<·, así como la e cru¡ ulo a ob~ nancia de lu~ principios relativos al empl o del arma y á la conducta qu Jebe ol> ·e..-\·arse en 1 fu go.' E.' ige, además: calma bajo ·1 fu go del nemigo, aun cuanJu no se permita conte tarlu; poner toda atención en cada di paro, utilizar el terreno para la eficacia del fuego, prestar -att>nl~ión con tante al jefe y al em·mio-o, ce ar el fut·go cuando desaparece el blanco ó lo manda 1 ilbato del jefe ó cuando la ·.orden de hacerlo es dada de C'lalquier otra manera ...... Para des- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn ll.filitar I7I pertar 6 conservar su inicia ti va á los soldados, se les debe acos-tumorar á combatir aun cuando falten oficiales y clase ...... "*. C MB.\TK DF'L B.\TALLÓN-La formación 1Ímca de )a compañía, ~táculüs, como bo qu , , la cumpañía marcha por el flanco en grupos de 4 á 6 hileras. E.1 l terreno de ejercicios todo e to se hace al paso a om­pasadv de 1 14 p ·)r minuto, nuestr pas redoulado. El dc~pli gue para el com are se cjecut::t al ]Ja 0 de camino. En la zvna del fuegv enemigv, se marcha al paso acompasado. Las furrnacion · se toman d<: á p1e firm ó marchando. En este úl imo caso, la fracción de cal>eza iguc al pasv r · dvblado y las d ·mIL:s en el cam¡v, de suelo genera 1m · ntc dublado. CuandJ se hace al tu en la zona d . lo fuego , todo el batallón se ech al suck> á la VJ /. el..: mJ.n lJ, cvn c-.>rr Cl:ÍÓn; e da mucha imp-..>rtancia en Alemania á csr mv\'Ímiento. • En Chile,, nya n gla•llt!lll;lcil•n proce de de la ~1 ·mnna, llega ha la re-presenta r 1.\. pé rdiua · cxpc1in•t·J:t.11la · 1 or una compaub 1 1 or 1..11 Latal!0n l:O un <\\an~ e h..1cia '1 en ·rni!,!u. El j.:fe ti~: la u· idad th:-,:g••a ue ant·•nano lo mut·rtu5 y heri o·. l>.: ·<1~ iu, pn nH: ros p ISth, lo ( ' lidale ... s.: r ·ti r:m ; m á · allá caen S•l c­SÍ\ am .: nte y qucda11 tirad. n el Ul·lo sargentos y cabo·; po o :1 po~.· o el c.uupo atd.· de la t •opa c¡ueda st:: 1nl>ra.lo dl! c. dávcre · ; t·n 1 ·s .um1•a Ll,, s ·c­cion, · y tScuad•a·, ~a llohay ... •no sclu;:.du rae-s, pLro d mando no queda acéfa­lo: hay si ... •npr.· un su('clior: el m anLgrH, y l'sk cur,t:.lucc u. e nHl•ada al a alto. :í. vec.:-. t1.n bi e n com lt1 h,cí 1 u ca bu ó rgent 1 porqu..: c::d.t olJado h..t pr-:v, to el C:l-"0 de t..: ner que hacerlo. Tcrmin oa la marcha, l vs 111 uto se lcYantan, e :lCUOt·n el poh·o y '\' Uel\'l'll á •U putsto. T.1mb1éa .: h:t r ~g lam "nt,tlo en Fr.mcia la simdaciém de la. 1 értliJas en los imul.1cro~ de C· llllb::tt , co~n el d .bit: o~ j :!t • de r pr ·s ntar el fullt:ionamiento Ubonlinadn.:. L~ -upu .: to~ heri lo e qu : dan. á un, indicacic',n con\'(~nida, cuerpo en tierra; lJ. · !i a· s · a lar 11, lo c.1bo y.., lJ.;d.,, mandan :í. los sobre' ivi, ntts, etc. A u va, el ·ervicin de s:lllid t.! hact llevar lo h ·ridos E ·ta clase de ej.:•cicios dcb IÍ' e r piactic; .da entre nosotros con frecuen­cia. llabit.la ha ta cieno punto á lo 0.1cial~ y s .. ldAdo.; á la fi,u,.o, •Ía real del camp11 d.! b:tt dla, le inl·u c:1 Ll idea de que u11 1 unidad no qu\: 1>~ nunca sin j .. fe, y que l.t pádida dd titular no es moti\'o para que dt.je de tomar tn d Ct •mbate la enérgica pa1 tic1pación que con él tenía antes. · u estro esccpt icismo ac• gen tal vez con una sonrisa,-ó una risot:1d<1, esta comedia; lo q1.e · LrÍL una prueba de que ignuramo la.inmensa.superioridad educati,·a de las cosa vi ta y h c.: chas_sobre las cosas oída 1 y del ejemplo sobre el prec.:pto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I72 Boletiu iliilüar . .. Al principio del combate y durante él, el jefe del batallón da ó1·dene á cada uno de su ·capitanes, pero le deja la el ción de los medios de ejecución. No e d spli o-an la · compañías sino poco á poco, o-ún las n e sidade . La compañías de r s rva df-'1 batallón marchan, por lo g ne­ral, á 400 m etr .:> d e la cadena, casi ie:n¡Jr' en Hn a d 'splev-ada. Lo batallan s d egunda lín a forman, s gún las circuns-tancias, n columna doble, en lín .a de e lumna ·de compz..ñía ó en línea de pi gada, á 400 metros atrá de la primera línea, e d cir, como á 8oo d la cadena. Toda · ·ta fraccion s _e acu · tan al hac ·r alto, i están á meno de I ,ooo m etro d •l ncm igo . . Cuando un _batallón d los de r serva debe j ·cutar inmedia­tam nte algún ataqu 1 r parado por otras tro1 as, ·e ·~fuer/.a por sacar e l m jor partido po ibl · de su formación errada. En la rand s maniobra ~ han vi to batallan 11 gar á la cad na en línea d ' columna · de compañía. E tas forma cione ele á ~E>i d fondo par en h y alJsoluta­m ent inat.;C[J alJie fr nt á un fu:il que atravi .sa idos humbr ·s á 1,8oo m tro ·. El frente d . mlJat del batallón n) pa ·a gen ralm nt de 400 m tro . C::oMB.\TE JJKI. REGD11R ,'TO-El .f eg-lam •nt , una \' Z más, e~ta­bl e la n 'L' idad ele r · p tar la ininativa el· 1 ~ ubalt•·' J nos ...... 1 Cor nt 1 da á cada barallón ~u m1 ión ...... le~ dc.ja la el ' Ct'JÓn de lo · medí el cj cución ; no int •rvien" ~in u por ·:-;.e pc1 ' n n la dir' · ión de la compañía . J oronel a: gura mej r 1 dirc < ión le 1 primera lfn · n la d ·f ·n i \a, a~ig-nándolc· scct r Ji m nado. , y en la f ·n iva in Icándol · ol')dt7'os. J-<:1 Re g-1-- nwnto a~rvga: ·• 1 po~JI>Ic d · t ·rmina¡· fr nt ' n )nnal al r g-imi · n . La . ten ión del fn·nte el ·pt·ndc u ·le t;~ ·ll"-r• o y del t rr no, así e me d la ~itua­ción r _,lati\'a J • lo · r ' g-ÍmiL· ntus \'C cinu~. Par un n!g·iJnicnto ais­lad> de trc· 1Jatal1on , ..., ·1 fr ·ntc no ¡ ll~ad, gene ralm · ntt' , d · do · batallones J ~plecrado~, e~t ·:, cll' oo m lro . Co::-.tB.\1E DE L.\ Bl Incu ntro, l n d cual ·1 Rt gimit. nto de · L >¡a t' d pli rra éL~ gurándu e por sí mi mo · calunamicnt en pr fundid~d y formando el de cola á r t truarcli de un ala. En u prim r de plic·g-u ' la bng-ada l ... ei · bata llunt.. ocupa de 1 ooo á 1,2uo metro · de fr me. ON~ID HRAcro.-Es Fl. 'ALE -.'e ha r ·surniJu el cvnjuntJ d 1 re - crip ion y de tradici n ,s qu - rin bastante co as anticuada é inúti­les, racional 1 rvicio d do años, admi ibles aún con el d un , p r que el se harán los países en que e impon 1 servi­cio reducido á p co me · ,- e, t ' SIO~E -Un mismo principio domina toda la in trucción d la infant ría al mana; se 1 . ncuentra _n t da part , explí­itamente manif . taclo ó implícitamente contenido en la má insig­nificant ele la pr cripcionc que nci rra; es 1 que tiene por fin sencial preparar la f1·opay sus cuadros para la guerra. En los demá jército nadi de conoce esta verdad teórica, pero sólo en 1 alemán se la hace verdad práctica. Los cuadro y la tropa deb n, por consiguiente, conocer á fon­do Jo qu e s guramente tendrán que ejecutar en campaña. Además esto es lo único que deben aprender. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolclfn .Jtf-ilitar De Jo que precede, se llega á la conclusión cie que un ejercicio que no tiene por causa este fin, s un ejernc.·o i'nú//1 y hasta centra­producente, puc ·s en él se gastan tiempo y fuerzas que podrían ser utili:cada de manera más pro\'echo!:.a. · La necesidad de la ¡11" paración incesante para la gu rra, implica ejercicios r petiuos fu ra de lus cuarteks y }Jla'za d ejer­cicio , los que deben s r practicados durant todo el p ríudv de in trucci 'n, pue!:>tO que respo?Zdcn á una neresúi11d pt-rma,;wfe: rmulana puede estrilar la uuerra. L..>s r · el uta ,, inmL'diatam<. nte que salJen marchar al compás ) manejar u fu il, son conducidos á t erreno va­riado, cLmrle se les enseña c6mo (klxn manejar~e n el comLatc, cuand-:> furman parte ele la cadena. E ta n ñanza se l1a ce por los ojos; s una lecci() n de cosa , comu e die '.1 pt-clag, 1gía . La in . trucción d 1 reclu ta inco ·pJrado en Nuvi('mLrc, t' con­du ci a c1n la actividad nc~ce aria pa ·a que ea apto :í entrar en ca m pana :í lus tre · mese , á tincs de F L'UI- ·ro. La de los a;.f/Kllcs so!.lu. dos, qu on los incorporadus en 1 añv ant r·c.r, es al rnism0 tiemp p ·rfecciun::tda, solm.~ tJdJ n ·1 tir . Lo l:jercicios n t rreno rariado 110 son de fácil ejecuc ión C'n muchas guarnicion s de All~mania, pvr falta de t rr<.·no. Se Yence esta dific tltarl c11cluci ·n le, las tro¡ns á tl rrcnos de mani,,Lr( s y campame11 os de in trucción, de lus ualt.:s hc mc.~ haLJadl yá, y c_>n 1-v cu 1 perrn necen algurr sema¡n ·.A kmá ·,se apr >,. cha el i11Yierno, dur::tnte el cu·d lvs , mp:>s de propit dad particuJa¡-, no tenienclJ ntonc · culti,·u ·, ~u . dueño~ ¡>1 rmi Ln ue se L· gan n ellos maniolJra . U.1 rt>glan1l'nto espcct· l tija de an cm< nv pe-. queñ1.s i 1dt m;-tizaciont s p <•r alguno~ in,ignif.< antt ~. d ··; riorc.s, que no p Pd n a . í rv!r de pr ·te. ·tu :í r; xpl >taciv11 CS del 1~ co . . i lJ~ <.•j rciciü· n terrL'n YanauJ no sun ~ic mprc posible,, se le su<..tltu¡" en parte T or <. j · rcicius 1' cuadru~, cvnf n.·ncia,·, tra J~j .; ( i ,,.¡ 'rn , viajt·s di.· L, tudiu y cur.ft: l nc j¡¡c; pdctiu· ~ n el tl rn no, inclic;¡y·n a!Jk p~ra c 0 nscn .. u· b e~¡, id~d de t~¡;fritu de ofinalc . v cla s. I~n los ~jerc:ci s r11 trrrcno , - ~riado y la · m niubras cl(' ua­dros- no r ·gla!11cnt·ttb.s é tas, per-.~ frccul·ntcment · prc. c tic:ad a. ­se d die~ p rticubr atcnL·ión al recvnocimic nto dtl tcrn no. Este es clcm::t iado descuidad á mt nudu, pu<:"s eh 1 t rrtno l fu go, st-·gún las circunstancia., cuando los uficiah ~, ha bit ndo d('~ a par ciclo, no pueden ya dirigirlos, el be E-> 1· imitada. Es evident , ·demás, que· la conduce i 'n dl'l fu egv es una d e las partes más interesante de h. misió.1 d l' l o!irial en e l combate. Hay, igua lm ntc, provecho en estudiar las prescripciones d el Reglam t-'ntu a le mán, relativas á la colocación d e las reservas: lí­n ea de ·pi gada para aminorar 1 efecto d 1 fuego n · migo, co ­] umnas para a r r,wechar Jos abrig-o~. di s tancias corta para que intervengan á ti r: mpo, colocación cl1 trá de la s alas:, p qu ño, ya sea más bien p r la concentración ele lo- fu "g s sobre un s ,]o punto. Uno de lo puntus qu J más deLen llamar· la atención en este estucr l, es el n ~peto, e la palabra que onvi ·ne, para la iniciati­,. a el loe; ·ub rdin1.dJc:;, in ti~pt.::nc;aule ésta, bre todo, para Jos comandantes de compuñía, á condición de que n salga <..lLI mar­co tr·tzaclv por la vulunta<..l dd j<>ft• y ·1 Reglamento. ~t> ha dicho qu la iniciativa upone la ilustré.lción de los cua­droc; inferi it' cJ uli.cia)e , y f]Ue aquél!R dt ue StT limit da dl,nde no exi!)ta é · ta. S ría ( to c·xactu i L n un jér ito hubiera ( Laclr s supt·rior :, d ~ otro ni" ·1 int ·kctual que el <..le los inferior :; pero no <' . a-..í, put· · aquéllos p:\JC<'dl'n dv é~tus, y e~ en un cucH.lr J di.! com-'n in~uticic·nc1a cl J ndt• <:: d<'sarrullará la. inicinti,·a, madre dd arrvjd y cl r 1 é . ·ito; iniciati,·a que SL:plid, n cL.anto t.~ )J(J i le, i o~ra~ cualidad ·s. El R1·g-'amc·nto "'lcmán prohiiJC', con energía y 1 r isión, toda rerri< me n· ·.c.ón 1 ad. ita, tuda ad, pci6n du t'~qu ma nto p 1 débil efL·cti,·o ele paz, in con el e nj'unt() d las fuerzas movilizadas, y todos los refinami ntos. desapar 'C't'n d ·sde el primer día de la movilización." 'l't·rminar m os r pi ti nuo con la intn ... ducción del Regla m nto: "El ejercicio tlene (JO!" obj to la instrucciÓn y preparación de los soldad.Js y oficiales p3.ra la guerra. T odos los ejercicios, pues, d ebEn ser org-anizados en vista de la guerra ...... tn ella sólo-pueden ten er b.:ilo Los medz'os senc,/los ...... enuiiados e friclameJ,/e y á tondo ...... " Agregaremos que sólo así una infantería cumplirá sus obli­gaciones con el ejército y el país. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletf1t Militar PRINCIPIOS GENERALE: DE ESTRATEGIA Y DE TÁCTICA EN LAS PEQUENAS GUERRAS por el Mayor C. E. Callwell, del Ejército inglés TRADUCCI6N DE ISIDORO LAVERDE AMAYA-Co11timJa XXX. Desventajas-El peligro de este fraccionamiento táctico es sobre todo el de ofrecer al enemigo ocasión de batir en detall las diferente columnas. Pero también hay el riesgo de errar en los cálculos de tiempo, y el éxito puede comprometerse por causa de órdenes mal interpretadas ó de confusión, que puede producirse en las div r as fracciones de la columna, en los esfuerzos que hagan para prestarse mutuamente su concurso. XXXI. El memz'«o puede batz"r las jracdones en detall-Los sal­vajes, y la tropas cuya organiza ión moral e inferior, no co­nocen generalmente el principio de maniobrar sobre la líneas interior , ni el de aprov charse de las ventajas que cfrece el ad­vcr ario qu di ide us fuerzas. Sin embargo, sobre el terreno, cuando lo d efe nsores ocupan una po ición central que los asal­fant s acometen por div rso lado , algunas vec paree rá evi­d nte ha ta á j f qu no son un rayo para la gu rra, que llos pu d n caer br las diver a columna a omet dora y aplas­tarlas n d tall, puesto que ven lo que pa a, lo mi mo qu sus guerrero~, y por esto están m á e n aptitud de a rovechar la oca­sión que se 1 ofr e de obrar tácticamente olJr líneas interiore , que de ar cuenta de qu ta maniobra una aplicación d la combinación e traté ica ontra columna. d pr ndidas que con­verg n d dif r nt · punto di tante d 1 t atro d la rruerra. o b tante, n op raci n e contra m jantes n mi o , aqu llo asos n que n la j cu ión el 1 ataqu , el fraccionamiento <.le la e lumna ha producid un mal é.-ito ó un d a tr , no han sido imputables halJitualm nte á la d tr za técnica d 1 adv r-ario, ·ino m á · bi n á los errores Ó malas di:posicion d lo acometedore . El combat . d 1 Little Bio· Horn, ra m ncio­nado á propó iLo d 1 fra cionami nto tratégico de la fu rza, , muestra io·ualm nte 1 peligro d 1 frac i nami nto táctico. La olumna que sufrió el desastre contaba doc · ¡;clot n es d ca­allería y un convoy de animale de acarreo. En el mom e nto del contacto con lo Indio , e dividió en cuatro fraccione : una de cinco grupos bajo el mando d 1 oroncl u t r, omandant d la columna ; dos de á tr oeloton ·, d la. uale una bajo el mando d 1 Mayor Reno; la cuarta f1·acción, d un pelotón, for­mó la o·uardia del convoy. La columna bajaba igui ndo el valle formado por un cur o de agua. Cuando se upo que el campamen­to del enemigo no distaba ino dos millas, la fuerza del Mayor Reno fue ~nviada adelante para marchar con rapidez sobre el nemigo · se había convenido en que ef Coronel Cúster lo sostendría. La~ otras do fracciones se habían separado de esta fracción principal Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín llfilz"tar .. :· _IJ7 de la columna. El l\IIayor Reno se e ncontró con un número consi­d erable de Indios. Como no fue so tenido, tuvo, tras un comba­te r eñido y mortífero, que refugiarse en un monte vecino que se pre taba para una bu na defen a. Felizmente allí se le reunieron las do fraccion que taban separada . , y pudo resistir á los ata­ques enérgico que los Indios, despué de un tiempo de tregua, eje­cutaron durante varia hora . L columna del Coronel Custer pa­rece que se dirigió hacia la der cha del valle, porque oyó disparos de e te lado · ella vol vía al fin obre el río, á alguna distancia abajo del punto donde la fuerza del Mayor Reno había tomado posici 'n . Esto, á lo me nos, fue lo que resultó de sus huellas, porque la columna fu destruícla: lo cadávere de hombres y de caballos .apena podían comprobar 1 el a tr . Parece, sin embargo, que las cinco partidas s ncontraron con una fuerza abrumadora de Indio , que acudí ron en seguida á atacar el grupo del mayor Reno. Por fortuna, e te oficial había escogido una buena po ición y algo se atrincheró cuando aún era tiempo. XX.Il. Dificultad que para mamoorar eficazmente lz'enen colum­na separadas-Cuando aria · columna eparadas deben partici­par n un ataque combinado, ha· iempre que temer mucho el peligro de un error de tiempo ó d di tancia. Tal fue, como ya se ·ha m ncionado, 1 caso el 1 ataque ele flanco sobre. 1í Musjid. De de qu las fraccion s paradas ponen en movimiento, es siempr difícil al comandante up rior ele la columna maniobrar con llas. La gran dificultad con i te n señalar á cada fracción una tarea que esté en aptitud de de empeñar, dándose cuenta de la naturaleza del terreno, de la r si ·tencia proba 1 et . Si po­sible, es pr ciso de de 1 princi¡ io comunicar á cada columna un movimiento propio. Después, mi e ntra meno intervención haya de parte del comandante, much mejor. ierto ue pueden resultar circunstancias imprevistas que ha en imperio un cambio de plan en el último momento. Pero, aparte esta ventualidad, no hay que ol idar nun a que el e ret d l é.·ito reposa en la confianza en lo subordinado , hasta cuando ello se equivocan, puesto .que las órdenes enviada á di tancia pueden er dadas bajo el imperio de una concepción fal a de la situación exacta del momento, y .lila y siempre gran riesgo en producir desorden. . La de graciada salida de Kandahar contra la aldea de Deh Koja, durante 1 bloqueo de 1 8o, e jemplo muy del caso. La alida se v rificó al comenzar 1 día, y antes se preparó por un bombardeo umario por la artillería desde las murallas de I . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo_letín M~"litar · r8s .. zada, que hace que se rodee de un respeto excesivo á los servido­res del Estado, pr fectos, ubprdectos, obispos, profe ores, etc., á los· abon-ado , á los m é i -os, ·n tanto que no hay consideración para el industrial, para tl n gocianL, ino ha ta el día en que e l éxito haya coronado d cfinitÍ\'<.lmcnte su sfuerzos. Colbert hada decir á Luis xrv, n una d su or enanzas, que "el comercio ma­rítimo no perjudicaba á la nvbl za." S ería tiempo de que las fa­milias comprendí n que la int l igencia y la voluntad pueden ejercerse en otra parte que no s e a en la admini tra ión, y que nuestro camp d acción económica s, n ci ¡·to modo, ilimitado después del engrandecimiento de nuestro imperio colonial. Se ha dicho alO'unas veces que los capital s franceses no estimulaban sino tímidamente á lo jóvenes di. puestos á tentar fortuna en los nego­cios, fu era en las colonias ó en la metrópoli; eso puede ser verdad. Pero, ¿no es de suponer que e ta timidez daría lugar á la con- - fianza el día en que no se atendiera á los primeros que ll egaran, sino á los más capace á lo de mejore condiciones, á los más ené rgico de nu tro jóven , quienes, para aurirse campo en la industria, huuie n d r currir al crédito d e su compatriota ? .. A aqu llos ue po eí lo d la b e lla 1 tra , encariñado del art , admirador 'S apa ionado de la civilización ateni ns , nos re­prochasen el que fom ntábamo una o i dad d ma iado utilitaria, d d nde de terrarían la poc"'Ía y la imaginación, nos erá per­mitid re ponde rl · que la artes y las letra h::tn obr todo flore­cido entr la nacione ri ca y pró peras. in r montar o ha ta la hi toria d t nas y d Roma, bien e pu de recordar que Flo­rencia, en 1 iglo xnr, dio la señal d 1 r nacimi nto n el momen­to mi mo :. n que us banqu ro in talaban sus rédito en toda Europa y n la co ta d ~ 1 ia, n 1 mom nto en que lo produc­to de u manuf ctura de lana y de da invadían todo los mer­cado . u xpan ión artí tica coincidió con lo progreso de su industria y d ·u com rcio. Lo Bramante, lo Leonardo de Vinci, los Mi uel Angel y los afael no habrían alcanzado á la plenitud de su g nio i no hubies n vivido n una é¡ oca de prosperidad conómica, n un m dio apaz de compr nd r, de ju7gar y de re­compensar liberalmente us obra .. Holanda acababa de afianzarse como potencia marítima y colonial, cuando s abrió con Rembrandt e l más brillant período de la e cuela holandesa. Aquellos eran los ti m pos n que la compañía el _ lo paísc remoto y la de las grandes Indias le habían conqui tado el cetro d l imperio de los mare . ¿En nu stro. día arí n el be su . upr · macía artí tica, científica é intel ctual á , u proclio-· o a ac ividad en los dominios del trabajo del h mbr ·? L acumula ~ ió d e capitales y d e riquezas que levanta el m vimie nt vertí Tin ~ de 1 s neo-oc ios, fa v ore­ce, sin duda, la manife tacion e s d e buen o·ust y la cvncepcio­nes: del p n ami .n t . Pv.·quv p.u?iO e el ~ la f rtuna d esarrollar la necesidad de lo b 11 , dr.l luj ; y ólo la ciencia y el arte pueden colmar esta nece~iuad. lndu trialc , negociantes, obreros, escrito­res, pensadores, artista , todos concurren á aseo-urar á París su intensidad de vida ; la supresión ele uno de estos órganos compro­meter. íá.. to.do el mecanismo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I86 Boletín Mt"lt"tar En definitiva, la más alta expresión de la civilización consiste en el armonioso equilibrio de todas las funciones necesarias á la exi tencia material é intelectual de un pueblo. * * * La abrogación del artículo 23 tendría seguramente por resul-tado disminuír el núm ero de Jos candidatos á las profe iones li­berales y devolver al comercio, á la industria y á la agricultura á algunos de e tos jóve ne . Lo médicos, los abogados, los farma­céuticos, no s e quejarían ; e n cuanto al país, ganaría la mejor uti­lización de sus fuerzas. Otra ventaja de esta me dida sería la de hacer más fácil y fe­cunda la formación d e los cuadros de sargentos y cabos. El legisla­dor ha con iderado siempre el r ecl utami nto de sargentos ó cabos como la primera condición de un buen ejército, y se esfuerza cons­tantemente por mejorar la ituación d e e llos, con el propósito de con­sen ·arlos el mayor tiempo po i 1 bajo las banderas. ¿Pero no ve­mos que los elemento m ás intelig nt s de la nación, aquellos mis­mos que serían los más apto para o tener grados, d e jan las filas al cabo de un año d e servicio, sin que la e mulación se haya apode­rado de ellos? Mucho se ha a gurado que las cualidades que constituyen 1 mérito d e l lit rato, del a io, del artista, no son las que hacen al buen oficial. Esto apenas era exacto cuando el ejér­cito, reclutado n parte por medio d l os r ee mplazo ·, ra di tinto de la nación. P ro d e pué de la fu ión opérada por el principio de la obligación militar, emejante apreciación cae por ( misma, "Rep etid por d ndequiera, e cribe ' 1 cor ne l' qu firma nota­bl artícul n A/ Tú:mj>o, qu on la mi ma cualidad la que h:tcen bu no al obr r , bueno al soldado, bueno al ontramae tre, bu no al· aro· nt , bueno al ino-eni r y bueno al oficial. Estas id ea cu rda y razonable han qu dado en la penumbra, n tanto que 1 ejército ha formado un mundo aparte. Ab urdo é injurioso sería d sconocerla hoy, y, n f to, 1 hombre cambi.1.rá de ve tido, pero no cambia , u naturaleza. i su valor, u conocimien­tos ientíficos, u voluntad, su poder d trabajo, le crean una supe­rioridad marcada sobre u conciudadano , ¿por qué qu réis vos­otros, o pretexto de igualdad fí ica, que él no adquiera e n el regi­miento la mi ma autoridad sobr us amarada ? ¿Por qué no s­taría bien el mando en u manos? Por lo d e más, ¿los o-rados de nuestro ejército d e r eserva no se confieren en parte á esos jóvenes que no han pa ado sino un año bajo las banderas? Se les juzga dignos de servir con el título de oficiales, ¿y no serían capaces de ser excelentes cabos ó sargentos?" Si se con idera que tres años de interrupción corren el riesgo de cortar ciertos estudios y de acabar con algunas carreras, ¿hay un medio de conservar ese estado d e espíritu sin menoscabar el principio de la igualdad? Volvamos á la duración del servicio mi­litar de dos años. En este studio, que simplemente tiene por ob­jeto justificar la aplicación de una misma regla para todos los franceses, no nos toca examinar tan grave cuestión. Pero hay au­toridades militares que piensan que la sustitución no es imposible, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mz'lita?' á lo menos para una buena parte d e nuestros efectivos. Parece tam .. bién, por otra parte, que i la Administración de la guerra reduce á lo estrictamente necc ario á e os inútile de nuestros regimien­tos, ordenanzas, mpl ados, obreros, enfer meros, almacenistas, emboscados de toda cla es que hacen que ciertos días batallones ó escuadrones, parezcan esquel etos, resultaría una instrucción total más rápida y un aumento sensible de nuestras umdades de combate. En cuanto á las armas técnicas, la artillería por ejemplo, que exige más largo aprendizaje, nada impediría llamar con an­ticipación á los que deben formarlas, con obligación de tres años de servicio, en vez de cuatro como hoy, ó llenarlas con los enganches, estipulando en u provecho v ntajas pecuniarias especiales. En resumen, el a1·tículo 23 ha creado, en nuestro juicio un privil egio exc sivo bajo un r égi me n d mocrático. Viola, en efecto, el principio de igualdad en provecho de aquellos que, como decía el General Campenon, "e tán ya privileo-iados, sea desde el punto de vista de la fortuna, de la in trucción ó de la educación," ó en pro­vecho d a uello qu "por esto mi mo se preparan una carrera feliz y, en cons cu n ia, tienen n la soci dad una urna mayor de intere es que d fend r." uprimir e l artículo no solamente sería cumplir una obra d justicia, ino que ría también dar fuerza al e jército, con enciéndolo de la bon ad de la nación que e nrique­ce su cuadros de oficiales subalt rno ; ería igualmente de­fender lo ínter del com rcio y de la indu tria, rvir á la cien­cia, de pojándola ele pará ito que no acuden á lla ino por ca-par de perman r tre año bajo las band ra , y para terminar con una cita del n..!ral amp nón : " i lo hijos d 1 campe ino, del obrer , de la buro·uc fa, irvicran durante tr año codo con codo; i oporta en la mi ·ma fatio-a , i e unies n en común á llenar un día u de r de d fcn ore d 1 paí , ¿.no v is la magni­tud d lo re ultados que e obt ndrían? ~ to son : la hom ge­neidad y el pod r d nu tro ejército llevado á su máximum en tiempo de guerra _ para los d paz, 1 ac rcamiento de las clases y la verdadera paz social. ' Tale son las con ideraciones que han d terminado al que fir­ma e t artículo, para pr s ntar 1 2 r de Juni o d r8gg, á la Cá­mara de Diputado , un proyecto de ley t ndiente á la abrogación del artículo 23. i h mo de juzo-ar por la discu ión que acaba de tener lugar con motivo del pre upue to el 1 Mini tcri de Guerra, hay que ere r que en la Cámara ncuentra una gran mayoría para votar la su pen ión de todo privileo-io. En 1 notable discurso que pronunció en la s ión del 13 d F br ro último, M. Aimond, Diputado del ena y Oi e, ha podido d cir, con aplauso casi úna­nime de sus colegas: "¿,No pensáis qu tiempo de fijar sin tar­dar en nuestra ley militar e l principio de la igualdad real y efec­tiva de todos los ciudadanos e n las obligaciones del s rvicio mili­tar?" Después d e é l, M. Hérissie declaró que la erdadera revisión de la ley de r88g consi tía e n "la supresión de todas las di pensas, cualesquiera que fueran." Los señores Fernando David, M. La­sies, M. Pourquery de Boisseuin, poco más ó menos formulan las mismas declaraciones, de tal suerte que se puede decir que los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. r88 Boletín Milz'tar . inconvenientes de la ley, en rigor, hán acabado por llamar la aten- · ción del Parlamento, pr scindiendo de todo espíri+u de partido . . Durante cierto tiempo e estableció como specie de com·en­ción tácita, no tocar las institucio:1es militares. Ciertamente, ellas son de aquellas que no se pueden estar removiendo constantemente sin peligro: la def nsa nacional stá. int n · ada en su estabilidad. Pero cuando la e ·pe riencia ha demo trado Jos vicios de un siste­ma, y que estos vicios son de tal suerte que afectan en sus obras al organismo social,¿ no se impon e e l deber de buscar el remedio? Sin duda, el paí debe estar Ji to á afrontar las supremas eventua­lidades; sin duda que él no retroc d e ante ningún sacrificio para poner su ejército y u marina en estado de re istir á todas las ame­nazas, porque al lado d las atalla que e libran de tiempo en tiempo en el teatro d e la o-uerra, hay la batallas que se compro­meten incesantemente, cada día, en el terreno económico, y para ganarlas también hay que armar á Francia, y pre parar á nue tro hijos, enseñándoles que 1 en anche del comercio y de la industria e inseparable de la riqu za y del pod r nacional s. Cuando seme­jante resultado, á lo m no en parte, se obtenga sin comprometer nuestra eguridad ca i e puede decir que antes bien asegurándo­la ; cuando las medidas propuestas tiendan á la vez á proclamar una medida igual para todos lo ciudadano , á dar entrada en el ejército á los lcm ntos más inteligentes de la nación y á devolver su favor á carrera que on la verdad ra fuente de un gran pue­bl?,. ¿ qué mienbro del arlamento, qué francé no querrá sino u - cnb1r nu e tra prop ición, ó á lo meno examinarla con imparciali­dad, con el sincero deseo de ll egar á algún r sultado? P. ASTIER --- ~)¡;(!(C>- ---- 1llA., '-IOBRAS Y SER VICIO DR LAS PIEZAS EN LA AR7ILLERIA RODADA R eglamento pro\ i ional arreglado por la omandancia militar de la Plaz de Bogotá para el cuerpo de su dependencia PARTE PRIY!ER - METR LLA ORA Th ' LO 1~- SEl' \ ' lClO l)E L BQC , DF. Fl'F.C E CAMPA~ A l 'ontinún) .S'e1"?/ÍCÍo de la pieza en compa11a Ianiobras de fuerza Las maniobra de fu e rza e ejecutarán siempre con una sola pieza, y jamás como ejercicio de conjunto. Los artilleros concurri­rán á ellas sin armas ni quipo; si e tuvie en armados, el instruc­tor ord nará que e forme con ellas un pabellón á 3 metros de la contera. Los s is sirYicnte reglamentarios bastan para la ejecu­ción de las maniobras de fu · rza. El in tructor r com ndará á los artilleros que cuando hayan de ejecutar un fuerzo muscular agachándose, ó para levantar un peso, mantengan juntos los talones en cuanto sea posible, porque esto, sobre hacer más enérgico el esfuerzo, previene a<;cidentes desa~ral , per lanza si mpr un bu n volumen d agua. Por encima, nada eñala la prc ·e ncia d la fuente; 1 paí · es ári­do y pedrego o. ~-¡ agua brota rlc la roca como i la Yara de Moisés la hubie e tocado en medio del desierto. Por debajo el con­traste e notable. De la taza natural á donde cae el arrua nac un grande arroyo, ue baña la bella aldea d alle -la- ouce. e ven verdes pradera , campo bi n regado , y luég-o, qu un molinero trabajador se ha aprovechado de la corriente para hacer mo er su molino. E ta fuente, poco conocida por fuera ha ta esto últimos años, e célebre en el Departamento del veyron. Después de aborear el plac r que ca u a ste pai ·aje encan­tador, el pen ami nto e transporta á la fuente cél bre que los poeta han cantado, de la que lo naturali ta han ponderado las mara illas, y se encuentran alguna n nue tro paí . La de Nim s, que ale de una gruta poco profunda, r¡u lo alo di' :­nizaron, á la que lo Romano ncerraron en un rec ptáculo mag­nífico, adornado de estatua , ya hoy, por de dicha, degradadas. La de Vaucluse, n la extremidau de un' alle sin al ida ( u nom­bre quiere decir Yalle e rrado). La fu nte del Loirett, que no es sino una d ri ación ubterránea d 1 Loira. La d la Trouve, cerca de Angulema, cuyo volumen e tan fuerte que al juntarse con el Charante, basta para hacer á este río navegable por na­víos de fuerte tonelaje. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Éoletín Jlf·ilz"tar Propio es del espíritu humano pasar de un asunto á otro. El encanto del campo, el de rememorar los sitios análogos que uno ha visto ó de que ha oído hablar, no tardan n e de r sitio á un senti­miento de curiosidad. Uno se pregunta de dónde puede venir esta agua que aparece a í tan de repente, por qué brota n ciertas lo­calidades privilegiada , mientras que otras carecen de ella comple­tamente, y si no será posible acudir en socorro de los sitios deshe­redado . Uno qui iera inquirir i bu cando compañías empresarias para remediar esa sequedad~ se obtendría algún é, ' ito. Y todavía más, quisiera úno saber qué se hacen los arroyos y ríos que deben su existencia á manantiale y á fuentes. Estas cuestiones pertenecen á la alta física, es decir, á la cien­cia que estudia lo fenómenos de la naturaleza. Daremos á ellas respuestas dif~rentes; y para que se comprendan bien e tas res­puestas hay necesidad de que se preste atención sostenida. Todas las agua que circulan en la superficie de la tierra pro­vienen de las lluvias; y las lluvias misma se deben á que el calor del sol absorbe sin cesar la humedad del suelo y la mucho más abundante que le ofrece la vasta exten ión de los mares. Esa hu­medad se transforma en vapores que se eleYan hasta las altas re­gione de la atmó fera, para formar allí la nubes. De este modo se establece una circulación incesante de vapore que se amonto­nan en la uperficte de la tierra y de los mares, para subir ha ta las nube . En seguida uelven á caer bajo la forma de llu ia ó de nieve, para sujetarse de nuevo á la acción solar. Hé aquí un h cho importante, que e capa á la atención del vulgo y que ha id desconocido por toda la antigüedad. Es pre .. ciso una ob er ación atenta para dar e bien cuenta del poder de e ta fuerza ilencio a que tomando gota por gota de pequeñas can­tidades de agua obre una superficie inmensa, las tran porta á una grande altura y basta para producir toda la masa de aguas que riegan la superficie ntera de nu e tro planeta. -in otro tiempos imaginában e que e l interior de la tierra contenía vasto depósitos, y que de estos subterráneos provenían todas las fuentes que alimen­taban lo río . e creía que 1 agua del cielo no contribuía para esto ino con una débil parte. Por abundantes que fuesen las llu­vias, se consideraba que eran absolutamente insuficiente . • Esto era un error. La lluvias bastan para todo, y no tienen otra cau a que la evaporación que e verifica en la superficie de la tierra. No hay verdad mejor e tablecida que é ta. Pero evapora­ción y lluvias,., se reparten ele una manera muy desigual, según los lugare . El sol en los mar quita mucha más agua de la que las lluvias dan; lo contrario tiene lugar en los continentes. Los ríos que los mares reciben colman la diferencia, y de este modo se establece el equilibrio para el conjunto de los mares, entre lo que pierden y lo que reciben. Como todo los mares comunican unos con otros, re ulta de esto que su nivel no varía. La cantidad de agua que cada mar recibe por causa de las lluvias, puede, pues, ser diferente, sin que de ello resulte in­conveniente alguno; no pasa lo mismo con respecto á los conti· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milítar nentes. Tenemos la fortuna de habitar una parte d e l globo terre.s­tre en donde el ardo r d el s 1 · s de una fuerza m e dia. La evapo­ración que se produce no ni muy o-rande ni muy pequeña. Las lluvias también on de una int n idad m d :a, y on bastante igual­dad r e partidas · ntre la di ver as estacion s; un poco más fr cuen­tes n im·ie rno, un poco má abund ntes n tío . Así, el su lo permanece ca i siempr conv ni e ntement humedecido; las épo­cas de sequía ó d e inundación son rara . Lejos tá de aconte­cer lo mismo n todas par e . Se encue ntran, sobre todo en el centro de los conttnentes, vasto espaci · e n que la lluvia no cae casi nunca; y hay otros en que la lluvia torr ncial s son tan abundante , qu e el agua, en cierta tacione , e rre por donde­quiera: nada capa á la humedad. Lo sabio han bu cado la ex­plicación de esta al t racione : toda ía no han ncontrado razón completamente atisfactoria. T odo lo que e abe =e que la ma­yor parte de los paíse ituados en la zona tórrida, entr los trópi­cos, e tán expue tos á lluvia verdad ram nte diluvianas durante ciertos me es d 1 año. Lo ríos se hinchan entonce de una mane­ra prodigiosa, de bordan y ubren grand s ,· tensiones del país. Es á la lluvias qüe obrevienen a í n la bi inia, y al limo que arrastran, á lo que 1 Egipto debe las inundacione periódicas del Nilo y la fertilidad que llo le produce. El gran rfo de la Amazona y u podero os afluentes tam­bién de bordan, ubr n con varios m 'tr d agua llanura inm n­sas y lo bo ue que la tapan, oblirrando á la reo·ada población de indio alvajes á r fug·ars n las ramas ó en la punta de los árbole á dond e 1 ao·ua no alcanza. Entre 1 paí es completamente ó a. i del tod privados de agua, se r uedcn citar la · co ta · del Perú, e 1 o-ran d ierto del ahara, lo · d esie rtos d rabia ele 'l artaria u la India, aqu llo que s paran la P r ia dE;l Turquc tán, y otro de iert n 1 centro de Au tralia. ada má pant o que _ ta · tri t s comar a , en dond ca · i no puede vivir ninguna 1 oblación y ue lo viajeros an apr ura amente, in deten r e . En icrto punto ·, raro n v rdad, se ncue ntran in mbargo pozos [UC vi ven de fuent subterráneas. La ,· i t ncia de to pozo , n comarcas en donde ·e pasan de cinco á di ez año in v r caer una lluvia, lo que •parece contradecir lo que he a co·urado obr 1 origen aé­reo de la fu e ntes, lo llevaría á uno á volv r á la hipót _¡ de los lagos ubterrán o . Pero de ningún modo es esto ,. rdad, y la ci n­cía con igue ··xplica1· e ta anomalía ele una manera muy natural. i el calor transforma la humedad que e.·i · t~ n la · :perficie de la tierra en un vapor ue e di uelv en 1 air , el frío uora de una manera enterament di tinta, y obliga al aire á de pojar e del vapor que contien , bajo forma d gotita , cuando hay e. ceso de este vapor. El aire contiene iempre o-ran cantidad d Yapor, pre­sente aunqu invi ible. Caliente, s su e ptible de a sorb r má ; enfriado, lo devuelve, com es fácil rlo por la mañana, bajo la forma de rocío en la plantas, n la y rba d las prad ras ; y por la tarde ó por la noche, n muchos lugares en donde lo que se lla­ma el sereno, es muy sensible-Contz'n1ía. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 6

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 7

Por: | Fecha: 16/02/1901

~~ BOGOTA, FEBRERO 16 DJs 1901 SERIE II-TOMO I-N. 0 7. 8 BOLETIN ~iiLITAR DE COLOMBIA Organo del Ministerio de ¡ Guerra y del Ejército Son colaboradores de este periódico los ~ Jefes y Oficlnles del Ejército + Director ad honorem F. J. VERGARA Y V. General de Ingenieros, Miembro de varias Sociedades Cientiftcaa DECRETO NUMERO ros DE I9o.1 (25 DE ENERO) por el cual se fija la inteligencia del artículo 2. 0 de la Ley 39 de 1896 El Vú:epresz'dente de la República, mcargado del Poder .Ejecutivo, En uso de las facultades que le confiere el artículo r 2 r de la Constitución, DECRETA Artículo único. Para los efectos del artículo 2.0 de la Ley 39 de r8g6, se entiende que prestan el servicio de guarnición no sólo las tropas acantonadas en determinado lugares, sino también las que por necesidades del servicio tuvieren que salir á campaña en la comarca 6 región á que pertenece la ciudad que designe el Go­bierno como asiento principal de la guarnición. Dado en Bogotá, á 25 de Enero de I90I. JOSE MANUEL MARROQUIN El .Ministro de Gobierno, GurLLER!riO QuiNTERO C.-El Subse­cretario de Relaciones Exteriores, encargado del despacho, ANTo­NIO Josi URIBE-El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, MIGUEL ABADIA MÉND&z-El Ministro de Guerra, Josi DoMINGo OsPINA C.-El Ministro del Tesoro, ENRIQU& RESTREPO GARCÍA. TOllO l-13 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolel{n Milita, RESOLUCION NUMERO z. 0 Minisürio de Guerra-Sección J.•-Bogolá, Febrero 9 de II)OI CONSIDERANDO Que el Decreto número 151 de 1g00 ha sido interpretado de diversas maneras, lo que ha ocasionado muchas dudas y dificulta­des en la Contabilidad, como lo manifiestan las numerosas consul­tas elevadas á este Despacho, principalmente por los Pagadores del Ejército, SE RESUELVE Tanto el aumento del 25 por 100 de que habla aquel Decreto, como cualesquiera otros señalados por el Poder Ejecutivo, de acuerdo con la autorización conferida por el artículo 2.0 de la Ley 39 de 18g6, deben liquidarse tomando por base los sueldos fijados por dicha Ley; así, en el caso de haberse de computar á un mismo tiempo varios de tales aumentos, se liquidará por separado cada tanto por ciento sobre la base ya indicada. Por ejemplo, un Capi­tán de la guarnición de Honda tendrá hoy un aumento de $ 20 conforme al Decreto citado, y$ 20 conforme al Decreto número 153 de 1897. Comuníquese esta Resolución á la Comandancia en jefe del Ejército, y publíquese. El Ministro, J osE DoMINGO ÜSPINA C. BRIGADA. DE LA PLAZA En la relación publicada en el número anterior, se dijo que el Dr. Agustín Uribe había recibido cuatro bestias, cuando en verdad esa cifra debió reducirse á dos, por haber quedado las otras dos en la brigada de la Plaza. ABRIGOS DE VIVAC (REGLAllENT.ARIOS EN FRANCIA) Sucede con frecuencia que por una ú otra razón táctica 6 es­tratégica, las tropas se detienen á pasar la noche en lugares donde no hay habitaciones para acantonarse, ó carecen de toldos de ~mpaña Ó de barracas: en este caso, organizan la dormida en vivac, ya bajo el toldo-abrigo, ya bajo abrigos artificiales im-proYísados. · Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Milita1' Cuando la tropa dispone de toldo-abrigo, se instala en cam­pamento como si llevara toldos de campaña, es decir, siguiendo las prescripciones de los reglamentos sobre la materia. Un bata­llón, por ejemplo, forma en el centro una columna de filas de pa­bellones, y á los lados se establecen, por sendos grupos de dos compañías, los soldados, con las cocinas sobre los flancos, y las le­trinas por lo menos á 6o metros, donde lo aconseje la configura­ción del terreno. Si faltare hasta el toldo-abrigo, se vivaquea al aire libre, en el orden y sobre el terreno donde al haberlos se huhieran levan­tado los toldos, protegiéndose los soldados contra la intemperie con abrigos improvisados. a) Ramaje-Si en la comarca hay bosque ó matorrales, habrá en pie, por decirlo así, el material necesario para construir abrigos consistentes en dos estacas sobre las cuales se atraviesa una Yara que soporta una especie de tinglado ó mediagua formada de ramazón menuda (figura 1.•). Si las ramas escasean y hubiere paja ú otra materia análoga, se reemplaza con ésta una parte de aqué- 11as en Jos tinglados. Figura 1.• Perspectiva de un abrigo de ramaje b) Zarzos-Cuando lo que falta es la ramazón, y más .bien se busca defensa contra el frío y el viento que contra la lluvia, los abrigos ligeros de ramas se reemplazan con zarzos (figura 2. •). Figura 2.• Perspectiva de un abrigo de zarzos Con frecuencia en ciertos períodos de una campaña, en.espe­cial en los investimientos de fortificaciones, sucede que un puesto 6 retén ocupa un sitio á donde no llegan las miradas del enemigo, y los rigores de la estación exigen dar algún abrigo á los hombres que Jo forman. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mz"l·itar . En tales casos puede instalarse un abrigo ligero, eficaz y fácil de construír. Para esto se principia por trazar en un terreno de piso igual, una circunferencia de 5 metros de radio, y en su centro se abre un pozo de om.30 de profundidad por om.6o de diámetro. De ese foso se hacen partir en seguida cinco ó seis zanjitas de una cuarta de anchura, de manera que encuentren el nivel del suelo á 2 metros del centro de la circunferencia, cubriéndolas con piedra 6 césped, si es posible, á fin de convertirlas en tubos de tiraje para el aire que habrá de alimentar el hogar central. Figura 3.• Per · pectiva de un abrigo ligero para un pue to de 40 á 6o hombre En efecto, ese hogar ocupará la parte central del vivac, for­mando un círculo de unos 2 metros "de diámetro, de manera que cubra el foso y las zanjitas de tiraje. Sobre la circunferencia del puesto de vivac se levanta un pe­queño reborde de cesped6n (la hierba hacia afuera) de om.30 de anchura por om.2o de elevación ; sobre ese reborde apoyan los sol­dados la cabeza, de suerte que los pies les queden vueltos hacia el fuego. El escurrimiento de las aguas de lluvia hacia el exterior se asegura por medio de zanjas abiertas con tal fin. En tiempos muy frios 6 lluviosos puede disponerse en torno del vivac, á 4 metros del centro, una línea circular de piquetes de unos om.go de a1tura, ahorquillados hacia arriba, espaciados de ·metro en metro y unidos en la cabeza por medio de una cuerda de ramaje 6 cuan pasada por las horquetas. Sobre la cuerda se apo­ya una serie de zarzos de 3 metros de longitud, cuya otra extremi­dad se coloca en tierra á 2m.50 más allá de los piquetes, pasando por sobre el reborde de cesped6n ya mencionado (figuras 3.a y 4:). De los tales zarzos no se quitan las hojas sino por dentro, y por fue­ra se arreglan de manera que el agua ruede con facilidad; si es posible, ya colocados se acaban de tapar los vacíos con paja, ramas, etc. En la pared de zarzos conviene dejar un boquete ó-puerta del Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo/et{n Milz'tar lado hacia el cual el viento empuje el humo de la hoguera central. Si faltare ramaje y los soldados tienen toldo-abrigo; pueden colo­car éstos en vez de zarzos, fijándolos en tierra por medio de estacas 6 piedras. t- · - - - . . - . - .. -- --'~; . -- ·----·--- · -·-- -· - -·-------~ o o----·--··-·--··~----·­~---- ··--· · · · -- -·-···-""'-··-·---·-·· ·-- -- -~---- _ _, ••o• Figura 4- • Corte vertical de la figura anterior por A B Si el suelo estuviere húmedo, pueden hacerse zarzos para que sirvan de lecho á la tropa; si el vivac fuere circular, tales zarzos - ""-'. --~ Figura S·,. Perspectiva de un puesto cubierto de zarzos en torno de un fuego de vivac serán más angostos en la parte destinada á los pies que en la que se deje para el tronco, á la cual se da una anchura de una vara (figura 5. • y 6:). :r', , •U ~-- 1~9Q ... .. *-~ero .. ·--~)90. · --~ Figura 6.• Corte ertical de la figura anterior Si el vivac debe servir varios días en tiempo de lluvia, es •n­dispensable el empleo de zarzos para lechos, porque sin ese re-: quisito pronto el puesto no sería sino un fangal. Las figuras 7 .•-y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mt"tt'tar i ... indican con toda claridad cómo se construyen los zarzos para camas 6 lechos de vivac. ~ 1 Figura 7. • Armaz6n de un zarzo Figura 1P Zarzo ------- ~ ------ PRINCIPIOS GENERALES DE ESTRATEGIA Y DE TÁCTICA EN LAS PEQUENAS GUERlfAS por el Ma.yor C. E. Callwell, del Ejército inglés TRADUCCI6N DE ISIDORO LAVERD.K AMA YA-Contintía XXXVI. Son necesarias algunas reservas-Esto no obstante, no debe prescindirse en absoluto de las reservas, sobre todo en com­bates contra fanáticos que pueden intentar una carga á fondo re­pentina bajo la forma de un contraataque. En suma, esta cuestión de las reservas, surge de la táctica de infantería que se tratará con este título en un capítulo siguiente. Pero lo relacionado con la falta de reservas en casos de contraataque conviene igualmente á todas las armas. Ejemplos de contraataques enemigos-En Denghil Tepe, en 1879, el General Lomakin se vio obligado, á causa de la debilidad de los efectivos de su columna, á dar el asalto sin reservas á retaguar­dia. Cuando Jos asaltantes, no habiendo podido penetrar en las trincheras, se batieron en retirada bajo el fuego más vivo de los Tekkes, no había reservas que Jos recibiesen. Felizmente los ca­ñones favorecieron á la infantería rusa reunida por los defensores, quienes escalaron las murallas y cargaron en masa con vigor. La infantería en retirada ocultó por algún tiempo á la artillería, pero · despejó en oportunidad el frente para permitir que las piezas arro­jasen algunas granadas sobre los grupos turcomanos, que tuvieron que penetrar desordenadamente en su fortaleza. En la batalla de Tetúan, en 1859, en la cual el Ejército espa­ñol se decidió por un ataque directo contra los Moros atrinchera­dos en una fuerte posición, el enemigo verificó una salida de flanco, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. y cargó de repente, justamente en el momento en que. iba á darse el asalto. Este imprevisto contraataque favoreció desde luego á los asaltantes y les permitió penetrar á viva fuerza en la posición, tras los talones de los Moros, que huían, y que no tenían ninguna pro­babilidad de triunfo, en terreno descubierto, contra los fusiles de los Españoles; y el incidente corrobora la tendencia de estos adver­sarios en llevar á cabo semejantes contraataques inopinados, que exigen que las tropas regulares presenten un frente sólido. La carga de los Ghazis en la batalla de Bareilly, en 1858, es otro ejemplo bueno de contraataque enemigo. El ataque contra los rebeldes estaba dispuesto. Sobre la izquierda de los Ingleses, la artillería, que debía tomar al enemigo de flanco, había estado en .acción durante algún tiempo. De repente, una masa de fanáticos armados de sable atacó la extrema derecha de los Ingleses. La infantería tuvo tiempo de cerrar filas, y rechazó al enemigo. Ape­nas libres de los Ghazis, una gruesa columna de caballería rebelde .envolvió el flanco derecho y sembró el desorden en las retaguardias. Todavía se pueden citar como ejemplos menos importantes una carga súbita de enemigos armad=>s de lanzas, que se arrojaron desde las alturas de la derecha de la posición de los Madistas, en Kirbecán, sobre la infantería que iba á asaltarlos, y una acometi­- da de Jos fanáticos en el combate de Kotkai, en la expedición de la Black Mountain, en 1888. En este último hecho de armas'" el enemigo huía y las tropas asaltantes avanzaban con rapidez para completar la victoria, cuando, de repente, de un barranco disimulado que cortaba diagonalmente el campo de batalla, se lanzó un grupo de fanáticos armados de sables, que hicieron un esfuerzo desesperado para romper la línea. Todos murieron, pero ocasionaron algunas pérdidas, y hubieran podido ser causa de muy serios desórdenes sin la consistencia de las tropas •. XXXVII. Necesúlad de la cooperación entre la z'nfanterla J' la ca­ballería para rechazar los contraataques-Adversarios de esta clase rara vez se muestran muy dispuestos á abandonar sus posiciones para ejecutar un contraataque,aun cuando los ejemplos precedentes muestran que hay con frecuencia probabilidad de que un ataque re­pentino se lleve á cabo por una fracción de las fuerzas enemigas. El caso de Denghil Tepe, aun cuando fue más bien un contraataque, verificado después del mal éxito de un asalto, pone de relieve la im­portancia de la artillería como elemento protector. Es otro argu­mento en favor de la acción ofensiva de esta arma, acción que ya se ha demostrado que es necesaria, si se quiere obtener una victo­ria decisiva sin recurrir á un movimiento envolvente. Buenas tropas poco tienen que temer de una acometida súbita, si el terreno es des­cubierto; pero en un terreno quebrado y anguloso, en donde no hay campo de tiro, tales adversarios pueden ocasionar muy serios des­órdenes si atacan con energía y repentinamente ; pueden hasta romper la línea si no hay reservas. El General Skobelef, en sus instrucciones á las tropas en la campaña contra los Turcomanos • Kotkai se encuentra en el Gomal Pass. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 200 Boletín Milzta1 en 1880, concedía muy grande importancia al hecho de que la artillería pudiese sostener á la infantería en el ataque, y á que la infantería estuviese siempre lista. "El gran principio de la táctica en Asia es el de emplear las formaciones cerradas. La artillería debe exponerse con grande abnegación para sostener de cerca á sus camaradas." Tales eran sus máximas. Y bien que semejante táctica sea inaplicable en muchas situaciones que presentan las pequeñas guerras, las reglas de manejo sentadas por un jefe tan ilustre merecen considerarse maduramente. XXXVIII. Tendencia del enemigo á amenazar los flancos y las re­Jaguardz'as de unacolumna de alaque.-El hecho de que los guP.rreros irregulares no están muy dispuestos á resistir un ataque directo, los conduce á hostilizar los flancos y las retaguardias de las tropas regulares. Además, se dan instintivamente cuenta de que los flan­cos y las retaguardias de las tropas dirigidas contra ellos, son los puntos más favorables para un contraataque, y por esto, frecuen­temente dan mucho que hacer. En la guerra en los bosques, cuando el enemigo no se mantiene simplemente á la defensiva tras empalizadas ú otra clase de trincheras, ame nazan constan­temente las retaguardias y los flancos. Esta razón fue la causa de que en el Dahomey se adoptara la formación en cuadro, como se hizo notar en el capítulo VIII; y lo mismo aconteció en Amoaful y en Ordahsu en el Ashanti, y también en el Achín. Pero este sistema envolvente de parte de los adversarios indisciplinados no es especial de la guerra en los bosques : también se encuentra en las montañas de las fronteras de la India, en Argelia y en el Asia Central. Los Moros lo em­plearon igualmente en 1859, y el Mariscal Mac Donald, en la ba­talia de Tetuán, avanzó en una formación en cuadro en ángulo, privándose de sus flancos, formación de combate bastante seme­jantP á la ya citada del Mariscal Bugeaud en Isly. Tal formación se parece á la del cuadro; y cuando el enemigo, con fuerzas superiores, trata de verificar ataques enérgicos contra los flan­cos y las retaguardias, es indispensable adoptar una formación que permita á la columna hacer frente á todos lados y cubrir sus bagajes. Pero aquí hablamos de amenazas más bien que de ata­ques regulares contra flancos y retaguardias de una columna ofensiva. XXXIX. Importa proseguir camino y no dar demasiada alennon á las demostraciones contra los flancos y las retaguardzas.-Por lo gene­ral, cuando los flancos y las retaguardias de las tropas de ataque están simplemente amenazadas, parece bueno el principio de no dar mucha importancia á esas amenazas. Cuando en el Tonkín los Franceses atacaba~ fuerzas muy numerosas, adoptaban común­mente una formación en escalones para impedir que la táctica en­volvente fuese un peligro serio. De ordinario, si el ataque es enér­gico y el asalto á fondo, las nubes de enemigos que acosan los flancos se disipan y dejan de ser un peligro. Tal fue el caso de Ordahsu, citado atrás; las tropas inglesas avanzaron atrevida­mente, no preocupándose de la tendencia de los Ashantis á hosti- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar 20I lizar los flancos y las retaguardias ; y no hubo ninguna contrarie­dad. Este método de combate de parte del enemigo poca relación tiene con el sistema de ataque envolvente que los Zulúes emplea­ron c0n tanto éxito en Isandwhana y con sus maniobras de Ghin­hilowo y de Ulundi; porque en el Zululand las tropas regulares se mantenían á la defensiva sobre el campo de batalla, en cuadro 6 en laager, y el enemigo era el asaltante. El hecho mismo de no prestar atención á las tentativas del enemigo contra los flancos y las retaguardias, manifiesta á este enemigo que el ejército regular le teme poco, y, como tan frecuentemente se ha hecho notar, el efecto moral es poderosísimo en estas campañas. La victoria decisiva del General Romanowski sobre el ejérci­to Uzbej en Yedshar, entre Tashkend y Samarcanda, en 1866, es digna de ser mencionada á este respecto. Mosuffer Khan, el emir de Bvkhara, tenía poco más ó menos 40,000 hombres; la columna rusa contaba:como 3,000. A pesar de la desproporción de los efec­tivos, el General Romanowski atacó. El enemigo envolvió á la co­lumna ru a y dirigió ataques desesperados contra el convoy, que estaba defendido por algunas compañfas. Pero los rusos continua­ron con resolución y firmeza su camino, y la escolta del convoy rechazó Jos ataques lo mejor que pudo, tornando á emprender su marcha cuando tenía un poco de tregua. El enemigo no pudo atajar la marcha determinada hacia adelante ni el fuego de las piezas del G .... neraJ Romanow ki ; y al cabo, huyó presa de pánico. En la batalla de Wad Ras, en 1859, los Moros amenazaron seriamente los flancos de los Españoles en el momento en que se desarrollaba el ataque. Bien que fue necesario desprender algunas tropas para mantenerlos á raya, el ejército acometedor continuó su movimiento sin inquietarse por las maniobras del enemigo ; y cuan­do la aldea de Amsal, en el centro de la posición enemiga, fue tomada, los Moros desaparecieron en todas direcciones. El ejército del Sultán era, numéricamente, superior en mucho á las fuerzas españolas, lo que le permitió envolver á los asaltantes, resistiendo al propio tiempo al ataque principal. • XL. Combates en el bosque-El combate en los bosques ofrece todos los caracteres del combate bajo bosque en las guerras regu­lares: la misma incertidumbre, la misma dificultad de sostener la unión entre los diferentes cuerpos de tropa y las varias fracciones de un mismo cuerpo, igual necesidad para los soldados y clases, y para los oficiales jóvenes de no confiar sino en e U os mismos •. Esto, naturalmente, depende mucho del espesor del bosque, que es una expresión muy elástica. En la Chechnaya, valle del Daghestán en donde encontraron una resistencia tan seria durante varias cam­pañas, los Rusos peleaban en Jos bosques. En el Achín los Holan­deses combatían en medio de una espesa vegetación tropical, en ciertos parajes casi impenetrables para el europeo. En suma, el combate en bosques es Jote de la infantería, y como se puede es- • Véase en las Exj>edicionu Í1ll{lesas m Afrua (p:igs. 81, 82, 83, 84 y 85) las instrucciones tácticas del Mayor General Sir G. Wolseley, para la ¡r1erra dd Ashanti de 1873-74. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 202 Boletín Mt·lt·tar 1udiar mejor es en la táctica de ésta. A la caballería poco lugar le toca en estas operaciones. Las piezas y las máquinas de guerra -son algunas veces muy útiles. Por supuesto que es necesario que se mantengan, ya sea en la línea del fuego 6 ya muy cerca de esta línea, y corren el riesgo de ser acometidas, á menos que estén en contacto íntimo con la infantería. Como á veces se cae inopi­nadamente sobre trincheras empalizadas, el fuego á boca de jarro de algunas piezas de campaña es muy eficaz ; por esto es esen­cial que estas piezas estén muy inmediatas para romper el fuego súbitamente. XLI. Hora deL ataque. Al11ques al amanecer-Un punto más, respecto de la táctica de ataque, merece llamar la atención: es la -cuestión de la hora en que deba verificarse el ataque. En un ca­pítulo próximo estudiaremos los ataques de noche, al mismo tiem­po que las demás operaciones nocturnas y las objeciones que sus­citan. Estos ataques rara vez son juiciosos; pero la experiencia demuestra cuánta es su eficacia cuancio son posibles los ataques al .amanecer. Es costumbre muy común de los ejércitos indisciplina­dos é irregulares, retirar una gran parte de sus fuerzas durante la noche, y volverlas á su puesto por la mañana. El ejército francés, en su marcha sobre Argel en 1830, sacó gran provecho de esta costumbre en Sidi Khalif, en donde las fuerzas del Rey fueron completamente atropelladas. Se había observado que el enemigo tenía la costumbre de retirarse, durante la noche, de la posición que cuidadosamente tenía dispuesta, de manera que el General Bourmont la atacó por la mañana temprano y la tomó con bastan­te facilidad. El mismo hecho se observó en Deh Koja, ya mencio­nado en este ,capítulo; y si no hubiera habido bombardeo prelimi­nar por la artillería de Kandahar, probablemente la aldea hu­biera sido tomada sin seria resistencia. También es singular el hecho de que estos enemigos, dispues­tos como están á atacar desde la aurora, no parecen prever el peligro á esta hora. Lo cierto es que si una columna puede por una marcha nocturna llegar delante de la posición ocupada por una fuerza irregular, y hasta por un ejército un tanto formado al sistema europeo, pero que carezca de la representación de un ejército regular, dicha columna podrá de ordinario verificar un ataque muy eficaz, si no se ha notado su aproximación. Y por causa de la insuficiencia 6 de la carencia total de avanzadas del enemigo, Ja marcha de los acometedores rara vez es descubierta, -~i es conducida con destreza y perseverancia. Ejemplos-Buen ejemplo de ataque al despuntar del día acae­ció en Argelia en 1845. Abd-el-Kader, con aquella prontitud que era la característica de su método de hacer la guerra, apareció en la Métija, cerca de Argel, en donde todo el distrito estaba en armas. Se supo en la capital que el Emir se encontraba en las montañas en un sitio llamado Cherek el Tobul. El General Gentil, que mandaba en Argel, hizo una marcha de noche hacia el campo enemigo ; el movimiento se mantuvo en secreto y la marcha fue inopinada y rápida. La columna llegó al Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mt'tt'lar 20.J campo antes de la aurora y lo sorprendió al comenzar del día. Los rebeldes fueron derrotados, y el Emir mismo apenas tuvo tiempo de escapar. El castillo de Ludlow, en los afueras de Delhi, fue tomado du­rante el sitio de 1857, gracias á un ata1_ue ejecutado al amanecer, porque las tropas se acercaron merced á la oscuridad. El ataque sobre el flanco de los Afganes, en el Peiwar Kotal, citado antes, se llevó á cabo al amanecer. El caso bien conocido de Tel el Kebir es un ejemplo muy no­table de un ataque de esta clase. El movimiento de un grande ejército en formación de combate durante la noche, directamente y hasta situarse á buen alcance de una formidable línea de trin· cheras ocupada por un ejército no menos numeroso, es un hecho notable de guerra. Llegó justamente en el momento que se desea­ba ante las trincheras, y el resultado fue una victoria completa. Se sorprendió á los Egipcios, que habían descuidado su servicio de avanzadas, pues las que tenían estaban muy inmediatas para dar á tiempo la señal del asalto proyectado. * XLII. Es preciso atacar por la mañana lemprano, de modo de podet· verificar una persecuáón ~caz-Si se pueden disponer ataques al des­puntar del día, tienen muchas probabilidades de dar un triunfo decisivo. Este parece también el momento más favorable para dar el asalto á una fuerte posición. Si es posible, siempre es ven­tajoso atacar por la mañana temprano, á fin de tener tiempo no sólo de arrojar al enemigo de su posición, sino también de verifi­car una persecución eficaz. Este un principio que se aplica igual­mente á las guerras regulares. Pero no hay que olvidar nunca que en las pequeñas guerras, para obtener triunfos decisivos, no sólo se necesita batir al enemigo, sino completar inmediatamen­te el éxito. No debe permitirse que el enemigo, á medio batir, se escape y disperse sus fuerzas. Una vez que se le ha agarrado, no hay que soltarlo. El enemigo desconoce una persecución encarni­zada, no la comprende; pero le desmoraliza completamente. Una victoria táctica decisiva, ganada por la tarde, puede tener efecto menos durable que un triunfo menos señalado sobre el terreno, pero obtenido antes de medio día, si este triunfo es el preludio de una persecución tenaz y de una marcha general ofens~va de lastro­pas victoriosas. ----..... ~.- --- INFORME SOBRE EL EJERCITO ALEMAN Continúa J.0 -Período del tiro En el mes de Julio, así que la instrucción de las baterías se ha confirmado bien por todos los puntos de vista, es cuando se • Véanse las Exp~diciollu illglesas tn Ajrica (páginas 319 y siguientes), y señaladamente las reflexiones del General Hamley sobre esta marcha en batalla de noche. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oiet{n M·ilitat pasa, tanto en la artillería de campaña como en la de plaza, á los ejercicios de tiro con las diversas bocas de fuego; ejercicios que duran hasta mediados de Agosto y á los cuales suceden las ma­niobras de otoño, ó grandes maniobra , ejecutadas de concierto con las demás armas. Por consecuencia del desarrollo de la agricultura en Prusia, los campos de tiro para la artillería son difíciles de encontrar, y su número es, por consiguiente, muy limitado. La mayor parte de las veces uno solo sirve para varivs regimientos que van allí sucesiva­mente á hacer sus escuelas. La duración de éstas es entonces de veinte días para un regimiento de artillería de campaña, y de treinta para un regimiento de sitio. Sólo á las baterías que se en­cuentran estacionadas en las inmediacio nes del campo de tiro no se les limita el tiempo, y pueden elegir los momentos que les pa­rezca mejor. En el punto de ista del tiro, como en todo lo demás, el capitán tiene la plena y entera responsabilidad de la instruc­ción de su batería, y cada año se ponen á su disposición para este objeto: 244 granadas ordinarias, 100 balas granadas, 12 botes de metralla y el número correspondiente de saquetes de pólvora y de estopines. En suma, son 356 tiros de cañón por batería ; y como en tiempo de paz las baterías no tienen sino 4 piezas, resulta que cada una de éstas tira durante sus escuelas: 61 granadas ordinarias 25 balas granadas 3 botes de metralla Esto es..... . .. . 89 tiros Hé aquí cómo está organizada la enseñanza del tiro : Se empieza por lo que se llama tiro preparatorio 6 de ins­trucción- lhzlern"ch~s Schzessm,-que tiene por objeto demostrar á vista de todos, los efectos de las piezas, el uso de las tablas de tiro y cómo las diversas circunstancias influyen sobre la precisión de éste. A fin de comprobar mejor los resultados, se sirven de blancos llamados de prueba-Anschus Scheibe- • de forma cuadra­da y de 5 metros de lado. Luégo se pasa á ejercicios que tienen por objeto principal enseñar á los sargentos, y sobre todo á los ofi­ciales, á seguir el tiro de su pieza y á rectificar la puntería después de cada tiro. Para conseguirlo, se da á cada teniente el mando de una pieza aislada, con la cual tira al principio á las pequeñas distancias, hasta 1 ,ooo metros; después á las medias, de 1,000 á 2,000, y por último á las grandes, más alJá de 2,000 metros, hasta el alcance máximo de la pieza. El tiro se hace siem­pre á distancia no conocida. Cuando los oficiales nuevos han aprendido á determinar el tiro, sigue el mismo ejercicio para los primeros tenientes que di- • Literalmente : blancos que sinen para determinar el tiro. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milz'tar 205 rigen el tiro de una sección, y por último para el mismo capitán que determina el tiro de su batería entera, á diferentes distancias y con diversos proyectiles. Los resultados que da cada pieza sirven de guía para regu­lar el tiro de las otras. A una de las últimas sesiones de escuela de fuego asiste uno de los inspectores del arma, para comprobar el estado de ins­trucción del regimiento. Esta sesión constituye el tiro de inspección. Hé aquí los blancos de que la artillería hace uso en sus es­cuelas de fuego: I .0 Los blancos tiradores Schülzen-Scheiben, que se colocan en una fila á 2 metros uno de otro. Cada uno de ellos tiene om.so de ancho y Im.8o de alto. 2. 0 Blancos infantería-Infanlerz"e- Schez"ben-Altura, I m.8o; ancho, 12 m. 3. 0 Blancos-artillería-Artz'llerze-Schez'ben,-que son formados por dos partes separadas. Delante se coloca un tablero cuadrado de 1m.8o de lado, y detrás de él, á 7m.so, otro semejante. Además de los blancos se emplean también como objelt'vo para ser batido, atrincheramientos, barricadas y otros obstáculos diversos. Así, por ejemplo, un día que fui al polígono, vi una ba­tería de sitio tirar á 1,500 metros contra un espaldón que repre­sentaba una obra de fortificación. Se pueden encontrar indicaciones más detalladas sobre el tiro de la artillería en el Reglamento intitulado Lez'lende Grundsiilze für die Abhallung der Schz'ess- Vebungen. Las inspecdones En la artillería, como en las otras armas, la mayor parte d~ las inspecciones se verifican durante el verano ; y por consiguiente, aquí es la ocasión de hablar de ellas. El coronel es responsable del valimiento adquirido por su regimiento como máquina de guerra, por decirlo así. Por tanto, está obligado á seguir día por día la instrucción de su tropa. El es también quien pasa todas las inspecciones relativas á los de­talles de las diferentes ramas de la instrucción, mientras el jefe de brigada no ve las baterías sino cuando están ya enteramente dispuestas é instruídas. Todo lo que hemos dicho de las inspecciones al hablar de la infantería, se aplica á la artillería y á las otras armas. Hé aquí ahora cuál es la serie de las inspecciones pasadas á la artillería en el curso del año : Hacia mediados de Enero-1.0 Inspección de equitación en silla y bridón, por el jefe del regimiento. A principios de Marzo- 2.0 Inspección de los voluntarios de un año, por el coronel, antes de su admisión en las filas de la ba­tería. 3.0 Inspección de los reclutas á pie, y servicio de las piezas, por el coronel. Afines de Marzo-4. 0 Inspección de equitación, con silla y bri­da, por el coronel. 5. 0 Inspección de los trompetas, equitación y toques á todas las velocidades, por el coronel. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 206 B~let{n Militar A fints de Abrz'/--6.0 Inspección de conducción de carruajes, por el coronel. 7. 0 Examen de los alumnos de la escuela regimenta}, sobre las diversas ramas de la enseñanza, por el coronel. A principzos de Mayo-8. 0 Inspección de las baterías á pie y funciones de los soldados como artilleros, por el coronel. 9· 0 Ins­pección de gimnasia, por el coronel. 10. Examen de la instruc­ción teórica de los sargentos y de los soldados, por el coronel. 1 1. Inspección de todo el material ti e las baterías, esto es, vestua­rio, repuesto y material rodado, por el coronel. A fims de Mayo ó principios de Jum'o-12. Inspección de los ejercicios de toda la fuerza de las baterías por el coronel, y algu­nas baterías por el jefe de la brigada. 1 3· Revista general de toda la guarnición de Berlín, por el Emperador. 14. Maniobras de toda la artillería reunida de guarnición en Berlín, ante el Em­perador. A fines de Junz'o- 15. Inspección de las evoluciones de abilw·­lung, por el coronel. 16. Inspección del servicio de campaña, por el coronel. Hacia medt'ados de Agosto-Inspecciones pasadas por un inspec­tor ó por el inspector general del cuerpo de artillería. 1 7. El tiro. 18. Maniobras de todas las fuerzas reunidas. Y 19. Servicio inte­rior del regimiento. Además, durante el verano el comandante general del cuerpo de ejército pasa una 6 dos veces, según lo juzga necesario. la re­vista de todo el regimiento. El comandante general del cuerpo de la Guardia no pasa estas revistas, porque el Emperador ve los dos regimientos al mismo tiempo, y entonces el comandante en jefe, lo mismo que todos los demás oficiales generales del cuerpo de ejér­cito, tiene todas las facilidades para asegurarse del estado de las tropas que están bajo sus órdenes. En fin, cada do años, como en las otras armas, se hace la inspección de detall-Muslerung,-relativa solamente al material, es decir, vestuario, equipo, aprovz'sz'onamimlos y material rodado, pa­sada por el jefe de la brigada, asistido por funcionarios de la intendencia. Ordinariamente esta inspección se limita á la parte del material necesario en caso de movilización. Las inspecciones de las maniobras de toda la artillería reuni­da, se hacen, como en Rusia, con solución de problemas tácticos; pero conviene notar la diferencia de que entre nosotros estas ma­niobras tienen lugar en el campo, en terreno quebrado, á dis­tancias desconocidas, mientras que la artillería de la guarnición de Berlín tiene por exclusivo teatro de sus maniobras de conjunto el terreno casi llano y descubierto de Krenzberg, donde no puede tirar sino con pólvora sola. 4.0 -Período de las grandn maniobras Así que han terminado sus escuelas de fuego, hacia mediados de Agosto, las baterías de artillería van á reunirse á las tropas de las demás armas para concurrir á los ejercicios de servicio de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Militar campaña de éstas y después á la ejecución de las maniobras de­otoño. Aquello es para todo el mundo la verdadera piedra de toque que permite apreciar los resultados obtenidos durante el curso del año; así pues, son objeto de una particular atención. No se des­cuida por esto la instrucción individual, y se continúa llevándola adelante con los otros ejercicios, por lo menos tanto como lo. permitan el tiempo y las circunstancias.-ConHnúa __ .....,..,.,_ ___ _ MARCHAS Y CAMPAMENTOS 5· Marchas ofensivas, retrógradas, en retirada Las marchas de manz'obra admiten varias clasificaciones. Con respecto al objeto, pueden ser ofensivas, retrógradas y en reHrada. Las marchas ofensivas son para atacar al enemigo en poszciún, ó para buscarle y combatir, ó para perseguirle ya batido. El ata­que en el primer caso puede ser á vi va fu e rza, 6 por estratagema y sorpresa. La marcha que prepara ó prece de á un ataque á vzva fuerza, unas veces inicia un movimiento, otras completa una venta­ja anteriormente alcanzada ; otras, por el contrario, previene un revés amenazante. En los tres casos se avanza "en orden compac­to," la vanguardia con poca delantera, y el cot·dfm explorador muy recogido, para no dar alarma anticipada al enemigo. A esta mar­cha, rápida y cerrada, sucede inmediatamente el ataque con un fuego vivo de artillería, descubierta de repente. Más cerrada es todavía la marcha, más vigorosa la acción de la artillería, en los otros dos casos mencionados, en que se busca un efecto pronto y decisivo. Pero si la posición del enemigo, por lo cubierta ó por lo des­conocida, e xige tanteos y d emostraciones, la marcha entonces se con­vierte en un verdadero reconocz1m'ento: su disposición toma amplitud, el orden se ensancha y desenvuelve para cubrir mayor espacio y extender "el radio de observación., Todas las precauciones de seguridad son, por consiguiente, indispensables. Las marchas de maniobra retrógradas (que no deben confun­dirse con las marchas en retirada) tienen por objeto desviarse mo­mentáneamente del enemigo, para atraerle á algún lazo, 6 por lo menos á una poJz'ción, á un campo de batalla más desventajoso para él, más seguro y conocido para nosotros. Estas marchas son real­mente de manzobra, lentas, tortuosas, escalonadas, variables en su diSposrcz'ón y orden, como que se trata de dar largas, de desorientar 6 de impacientar al enemigo y hacerle cometer algún error para aprovecharlo en el acto. Una marcha retrógrada, prolongada con habilid~d, revela y enaltece las dotes tácticas de una buena oficia­lidad y la consistencia de una tropa veterana. La marcha en retirada es para evacuar definitivamente un campo de batalla, una poszczün, no sólo á consecuencia de un revés sufrido por la columna, sino para acomodar sus movimientos á los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 208 Boletfn Milita-, de las otras de un ejército, que lo hayan sufrido en otro punto del teatro de la guerra ó de operacz'ones. Explicadas extensamente, al ha­blar antes de la retaguardüz, la disposición general de una marcha ~n reHrada y la particular del destacamento que la culre, sólo repe­tiremos que en ninguna ocasión brilla más la inteligencia, la ener­gía, el temple militar del oficial, que olvida su propio peligro, para no atender más que á la conservación del orden y de la disciplina, única tabla de honrosa salvación en el naufragio de su fortuna. Napoleón 1, poco aficionado á las retz'radas, dice sobre ellas lo siguiente: u Al abrir una campaña es menester pensar bien si se debe avanzar ó nó; pero una vez tomada la ofensiva, es preciso soste­nerla hasta el último extremo. Por grande que sea la habilidad de las maniobras, siempre debilitará la moral del ejército, puesto que, perdiendo las probabilidades de éxito, se entregan en manos del enemigo. Las retiradas, además, cuestan mucho más hombres y material que las acciones más sangrientas, con la diferencia que en una batalla el enemigo pierde próximamente tanto como vos, mientras que en una retirada vos perdéis sin que él pierda." " Cuando dos ejércitos están en batalla, y el uno debe operar su retirada sobre un solo punto, mientras que el otro puede reti­rarse sobre todos los puntos de la circunferencia, toda la ventaja es de este último. Entonces es cuando un General dehe mostrarse audaz, descargar grandes golpes y maniobrar sobre los flancos de su adversario : la victoria está entre sus manos." 6. Marchas de frente y de Banco Otra clasificación admiten las marchas, si e consideran con relación al orden de batalla; pueden ser entonces de frente y de flanco. La marcha de frente es la que se ejecuta en dirección próxima­mente perpendicular á la línea de batalla que se abandona, y por consiguiente á la posz'ción del enemigo, que se supone paralela. En el fondo es un caso de la marcha ofmszva, antes mencionado. Como es imposible ejecutarla en el orden mismo de batalla ó desplegan­do, la línea se fracciona en columnas paralelas, que avanzan por las avenidas que ofrezca la posición enemiga, siguiendo los caminos abiertos, ó abriendo los que se necesiten, ó marchando al través de los campos y de las tierras labradas. Marcha de flanco se llama la que emprende una tropa "rom­piendo en columna" sobre la derecha ó la izquierda, y corriéndose por la prolongación de la línea de batalla ó posúión que deja, en di­rección paralela por lo tanto á la que ocupa el enemigo. En la antigua fórmula, que hoy no es ya tan respetada, de que todo 11rdm de batalla se componga de dos líneas de combate, y otra tercera de reserva con parques, trenes y bagajes, naturalmente al marchar de J!anco, quedan de hecho constituídas tres columnas paralelas en­tre sí. El jlanco más próximo al enemigo se denomina exterior,. y, por oposición, interior el que está más lejano. En esta marcha de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn Jl,f-z'b"la'l' flanco, más bien que vanguardia y retaguardia, se llama cabeza y cola á las tropas extremas que, al volver al orden de batalla, se convierten en alas. Sabido es que, hablando con técnica propiedad, alas son los último hombres ó las tropas extremas, por ambos lados, de una formación ó líiiea de batalla, mientras que flanco es el terreno adyacente al que pisan la alas. Desde lueg-o se ve que el ataque menos peligroso en una mar­cha de flanco es el que se dirija sobre el exterior, por la facilidad de formarse instant<1n,: amente· n batalla con una simple variación; pero en cambio, pur los antiguos medio tácticos, el ataque por la cabeza 6 por la cola, por ésta singularmente, introducía una pertur­bación, muy prÓxima al desorden para desplegar y combaúr. Hoy, gracias á la simplificación y flexibilidad de nuestra táctica regla­mentaria, la maniobra, si bi n más lenta forzo amente que una varz"acz/m, por causa del camino que las unidades 6 bata11ones tie­nen que recorrer, nunca puede producir embrollo, ni gran pérdi­da de tiempo. Alguna vez, ante un nemigo poco maniobrero y emprende­dor, aunque tenga superioridad numérica, la marcha dl flanco podrá ser mpl ada para correrse ó e.·tendersc, y procurarse así supe­rioridad ''relativa " sobr el punto que se tiene por deúsá•o en la líma 6 posiáún nemiga, al cual técni amente llaman los tácticos punto llm./t, 6 más orto, lla·u. Como lu /go se 'erá con más detención, al tratar de los órdenes de atalla paralelo y oll/cu(J, esta marcha de flanco que hoy satíricam nt se dice m jJroasz!m, constituía el fondo de la cé­lebr maniobra d e F derico 11, admirada on increíble candor por los táctico J ·1 siglo pa_ado. Sólo ante la calma imperturbabl ',ante la pesad z ó la torpeza del enemigo quP le dejal.Ja dtsfilar, podía repetir ·e impunem nte esa marr!Ja pro.feúonal del gran mvnarca y g neral prusiano. Y tan así e , tan convencido estaba él mismo de los pelig-ros cvident "S de esa cándida maniobra, que al querer copiarla ··uuhise con sus franceses n Rosuach, ayó Federico como el rayo sobrt: la caü:::.a de la proccúóu, de baratándola, e mo si efectivamEnte lo fuerél, y logrando á poca costa una de las vic­torias de más lauro n Jo anales militares de Prusia. Si hoy ··s irnpo ible la r petición exacta, quizá la permita aproximada en algún caso un fuerte de5tacamento ó columna de flanco que proteja; ó bien lo cuLierto del terreno, la mayor distan­cia que impon n las armas, y, obre todo, la ag/lidad y la dúciplz'na de unas tropas que sepan marchar entre la niebla, la tempestad 6 las sombras de la noche. De otro modo, la marcha procesional po­dría ser tan ridícula como el mismo apodo que la designa, admiti­do ya en el tecnicismo táctico de los reglamentos actuales. En el remoto caso de emprender una marclza de flanco de este género, se necesitan razonablemente dos vanguardias, una á la ca­beza, otra, que podría llamarse lateral, al flanco exterior ó más próximo al enemigo; y como éste puede cargar también sobre la cola, conviene, además, una 1·etaguardia. La caballería y artillería marchan, si pueden, en estas tres fracciones 6 trozos: si no es po- TOMO 1-14 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2IO Boletitt M·Z:lt"tar sible, en el centro 6 en el flanco inltrzor, donde también se agrupan trenes y bagajef.. Aunr¡ue basta lo dicho para llamar Ja atención del Oficial sobre lo defectuoso y anticuado de ciertas marchas de flanco, reforza­remos, como siempre, el raciocinio con las palabras textuales del primer Emperador francés : " Nada es más temerario, ni más contrario á los principios de la guerra, que hacer una marcha de flanco delante de un ejército en posición, sobre todo cuando este ejército ocupe alturas al pie de las cuales se tenga que desfilar." "Es menester evitar las marchas de flanco, y cuando haya que hacerlas, deben ser lo más cortas y rápidas posible."-Conlinúa. MEi'I~IORIAS DEL GENERAL PABLO il:fORILLO Continúa Los últimos encuentros quitaron al enemigo todo deseo de medir sus armas con las nuéstras, por lo que nos dejó dominar tran­quilamente el país y sacar partido de los recursos que ofrecía. To­dos los días veíamos aumentar nuestras filas con merma de las tro­pas que habían militado bajo la bandera de la rebelión; nunca fue mejor empleado un tiempo de inacción. Gran número de familias vinieron á confiarse á nuestra protección; muchos habitantes, re­fugiados en las guaridas más ocultas de las montañas, volvieron á sus hogares, y varios miles de cabezas de ganado fueron conducidos á la ribe ra izquierda del Apure. Se remontó la caballería y se completaron sus cuadros. La estación de las lluvias comenzaba á reinar; los torren­tes crecían y las enfermedades debían aparecer con la inunda­ción. Las lluvias son muy abundantes en este país, y el Bajo Apure iba á quedar bien pronto impracticable. Bolívar habíase en­caminado á la Provincia de Barinas con fuerzas considerables; partidas enemigas, bastante numerosas, habían pasado por Ori­chuna é interceptaban las comunicaciones de San Fernando con la plaza de Calabozo, en donde teníamos nuestros almacenes. Todo esto me hizo abandonar un país peligroso y colocar el Ejército en lugares más sanos y más convenientes á la estación y á las cir­cunstancia . El Batallón ligero de Barinas se puso en marcha para Nutrias el día 25 con una compañía de dragones Leales que pertenecía á la quinta División. El Batallón del Infante D. Francisco de Paula y dos compa­ñías tomadas á los Batallones Burgos y Hostalrich, se trasladaron á San Fernando, en donde debían ·servir de guarnición. Estas fuer­zas alcanzaban por todo á 6oo hombres, y no se necesitaban menos par a poder defender un punto de semejante importancia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo/et{n Mz·lt·ta1' 2II La división de vanguardia recibió orden de reunir los rebaños necesarios para la provisi6n de esta guarnición, y el comandante en jefe obtuvo la misión especial de trasladarse en seguida á Gua­darrama, después de abrir de nuevo las comunicaciones con Cala­bozo, y ele recorrer las jurisdicciones de Guayabal y de Camaguán, á donde partidas enemigas habían penetrado. Con el resto de las tropas me alejé de Achaguas el 30 de Abril; el 1.0 de Mayo acampábamos temprano á orillas del Apure, y el siguiente día á las dos de la tarde todas las fuerzas habían pasado el río. El ejército siguió su marcha hasta Puntabrava, en donde se dividió en dos cuerpos. El 7 de Mayo el Estado Mayor con la se­gunda División y un Escuadrón de tropas del país. tomó la vía de Guada1-rama, en tanto que el primer Batallón de Navarra y las otras tropas de la quinta División se trasladaban á Santa Rosa por Pueblo Nuevo, Nutrias y Santa Lucía. El Coronel D. Juan Ciri,. Segundo Jefe de Estado Mayor general, recibió el encargo de la conducción de e · tas tropas. Después de entregarlas al Comandan­te general de su División, se trasladó á Calabozo por Guanare y San Carlos. , Yo llegué el 12 á Calabozo, después de dar orden de construír en Guadarrama un pequeño fuerte que, custodiado por una com­pañía del Batallón del Infante D. Francisco de Paula, dehía prote­ger la navegación de La Portuguesa. La segunda División que, se había detenido seis días en Baúl, volvió al Cuartel general el 28. Los ingleses que llegaron á Margarita permanecieron en esta isla sin formar ninguna expedición. Los Escuadrones que ocupaban los valles de Aragua para observar estos nuevos enemigos, se trasladaron á Camatagua, también para estar en comunicación con el alto llano, y el primer Batallón de Valencey formó la guar­nición de la capital de estas provincias, en reemplazo del segundo Batallón de Navarra, que se envió á los valles del Tuy, para re­forzar la columna del Comandante Arana. La Provincia de Barcelona parecía que por razón de su posi­ción geográfica y sus relaciones con Guayana y Margarita, debía ofrecer á los rebeldes las ventajas más grandes para el próximo invierno. Por esto, reconociendo que no bastaban las medidas que yo había tomado relativamente á esta comarca, me creí en el deber de dictar otras más activas. El segundo Batallón de Valen­cey y dos Escuadrones del Regimiento de la Reina, que apenas co­menzaba á formarse, recibieron orden de marchar sobre Chagua­ramas, pasar en seguicla á San Diego de Cabruta, y de ir más lejos, si era necesario, para batir á los facciosos que sin cesar arruinaban esta sabana. Esta columna, mandada por el Corone Pereira, no bajaba de novecientos infantes y doscientos de caba­llería. La de Arana y el segundo Batallón de Navarra bastaban para cubrir los llanos de Barcelona y para resistir los golpes que los facciosos pudieran intentar sobre esta Provincia. Durante mi estada en Calabozo me entregué por completo á los negocios de que me había alejado la campaña. Recibí noticias de todos los puntos importantes; Jas que me llegaron del Istmo de Panamá y de la Jlanura de Barcelona fueron muy satisfactorias. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2I2 Boletín Milita" Dos combates, cuyas consecuencia. debían ser d 1 mayor in­terés, habían tenido lugar en estas dos extremidades de la Améri­ca meridional. La expedición que hemos dejado en los Cayos de San Lui . al mando del ave nturero 1\IIac Gregor, bien que ya mucho menos numero a, había recorrido en són hostil las costas de Portobelo, y desembarcando al fin sin oposición, había ocupado esta plaza el 1.0 de Abril. El Comandante general del Istmo trabajó con la mayor acti­vidad para ponerse en situación de recha%ar al enemigo de u te­rritorio, y el 30 de Abril por la mañana cayó sobre él ele impro­viso con todas sus fuerzas. El combate no duró largo tiempo inde­ciso; esos mtserable a ventureros, obligados á encerrarse en el castillo, en pocas horas se vieron reductdos al .·tremo ele que, para salvar su existencia, tuvieron que implorar gracia del vence­dor, de . pué dL sufrir una pérdida considerable. Sesenta oficiales de toda graduación, hasta Coronel, se rin­dieron á discr ' ci6n con más de 400 hombres, y d jaron en nuestro poder todo el mat rial que habían desembarcado. E de notarse que en este número, al que hay que agr gar go muertos y 6o he­ridos, no se contaron seis spañoles am ·-rica no . Los buque de transporte de ~ sta expedición aprovecharon un viento favorable para salvar á Mac Gregor y á algunos áe u compañeros. Este feliz acontecimiento restabl .ció la tranquilidad en esta parte tan lejana y tan importante del territorio conflad<;> á mis tropa . A principios de Junio los Gen ral s reb Id s l\1ariño, Ced ño, Monaga y Pojas se r uní r n con 1,300 hombres n . an Diego de Cabruta; contaban n us fuerzas 400 jinet s llegados de Gua­yana, de Maturín y de las orillas del Orinoco. El Comandante Arana, con su olumna, fuert de oo hom­bres de infantería y de 100 de caha11 ría a tante mal montados, efectuaba enton s un movimiento sobre San Martín de Ipir . Supo, por las declaraciones de algunos pr sos, que lo · rebeld · tenían intención dt: atacarlo, sin duda para p n .rse en comunica­ción con sus partidarios de Margarita, ap dt rarse de la Provincia de Barceloná y p<:>netrar en seguida á los \alles d 1 Tuy. Arana no podía vencer sino por sorpresa á un n · migo tan su­perior en número, y como an Diego e tá situado en medio de ·una llanura inmensa, tal proyecto parecía impracticable. Sin em­bargo, tuvo noticia de que los rebeldes tenían en Pao un depósito de 6oo caballos bajo la guardia de 200 hombre . Al punto formó el proyecto de apoderarse de ellos para montar un gran número de buenos jinetes que tenía bajo sus órdenes, y marchar apresurad::t­mente contra los facciosos, que estaban lejos de esperarle. Animado por tan lisonjera esperanza, llegó prontamente á Pao; pero á su llegada supo que los rebeldes, informados de su venida, habían abandonado ese puesto llevándose todos los caballos. Viendo que sus esfuerzos eran vanos, el Comandante Arana retro­gradó hasta el Chaparro, y se encontró el 1 2 de Junio con un Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín ~fzlz'tar 2IJ Escuadrón enemigo r¡ue pretend1ó oponerse á su marcha; casi al propio tiempo descubrió tres más, colocados en el declive de una colina, á tiro de cañón, junto con una fuerte columna de infantería. Calculando prudentemente los medios de que di. ponía, vio, sin dificultad, que el terreno no le era fayorable,y resolvió atraer al enemigo á otro punto más ventajoso para sus tropas. H.Jstigauo continuamente en su retirada, la efectuó sin em­bargo en buen orden hasta las orillas del Gucrc, distante mis de una legua. Allí tomó posiciones, y resolvió esperar á los rebeldes; estaci nó en el lech seco del río á su infantería, enteramente cor:npuesta de recluta , su bagaje , y su caballería consumida de fat1ga. Pocos in ·ta ntc d2~pués apareció la infantería enemiga y se trab' el combate má tenaz y más sangriento. Nueve cargas con­secutiva nos dieron, y varias veces los rebelucs se aproximaron á nu e tras fila hasta el alcance de la bayoneta, pero siempre tuvie­ron qu~ ceder antt.. la firmeza prodigiosa de las tropas r ·alcs que los pt..!rsi¡;uicron varias Yeccs hasta la entrada del llano, ·in d jar e ll evar nunca demasiado lejos de modo de cxp ncrse á perder su ventajosa posición. El combate duró siete horas, con un encarnizamiento sin ejem­plo: los do partí os se mantuvieron alternativamente á la of"n iva y á la defensiva. Al fin lo· reb Jdes, debilitados por sus pérdidas, y viendo bien que n podían for;.ar s m jante po ición, se batieron en retii-ada, prot gidos por . u caballería. Arana reunió sus heri­dos y siguió t::l cur o del rÍo. En tres días logró llegar al acanto­namientu de Onoto, in hab r ~:el in uictaclo en su marcha. Nuestra pé.-dida fu · onsiderable: ciento sesenta y dos hom­br s queJaron en el camp de batalla; tuvimos no\'enta y un he­ridos, dos Ca pitan s Comandante y tres Oficial ·s más; pero este combate sangriento libró á la Provincia de Barc lona de los males que la amenazaban con la inYa ión de los rebeldes. La pérdida de e tos últimos no pudo ser bien a valuada; e supo tan sólo que cua­tro Coronele. y muchos otros Oficiales s\; contaron entre los muer­tos, para expiar sus crímenes y la angre qu-v habían derramado. Pero si se tiene en cuenta que nuestras tropa , protegidas por los ár­boles, dispararon cincuenta mil cartuchos contra un n migo que las atacaba á descubierto, se reconocerá que su pérdida debió ser inmensa. Tales triunfos fueron el coronamiento de la campaña de r819 y debieron persuadir á los rebeldes de la superioridad de las tro­pas reales sobre sus hordas indi ciplinadas. Si el enemigo no hu­biese evitado casi con tantemente el combate, nuestras armas habrían obtenido ventajas toda vía más decisivas, pero ciertamente que la pérdida de una batalla campal no le habría hecho más daño al partido de los rebeldes que la conducta que ellos ob­servaron. A la derecha del Apure, Páez había obtenido antes algunas ventá.jas, debidas menos á sus talentos y á su valor que á la inex­periencia de los jefes reales con quienes combatió. Los descon­tentos, los pusilánimes, y aquellos que no saben apreciar el mérito Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M-ilz"tar de operaciones sabias y el poder de la disciplina, anunciaban de­sastres inevitables á las tropas que se atreviesen á hollar ese suelo, y pronosticaban muy en alto que la campaña tendría un funesto resultado. En efecto, la naturaleza misma presentaba obstáculos casi insuperables: arroyos y ríos profundos que no daban ningún vado; la imposibilidad de hacernos seguir de barcos por la falta de medios que emplear para ello; la inmensa extensión de los llanos que tenía­mos que recorrer; la numerosa caballería que los rebeldes podían levantar y sostener en las sabanas, y por último, sobre todo, el es­píritu público, generalmente faYorable á la causa de la revolución,­todo parecía conjurarse en favor de los rebeldes y en contra nuéstra. A pesar de todo, el ejército del Rey, aunque reducido en su fuerza numérica, obtuvo las ventajas más positivas sobre Jos rebel­des ; arrojó los restos de éstos hasta los desiertos del Meta, y des­vaneció el prestigio de que trataban de rodearse. En esta campaña el enemigo sufrió pérdidas sensibles y se debilitó con una deserción continua. Más de doscientos hombres, agradecidos á la manera como habíamos tratado á sus familias, abandonaron los estandartes de la revolución para ir á alistarse bajo la bandera real, y se pusieron á disposición del Coronel Pe­reira. En diversos encuentros combatieron valerosamente contra aquellos que, de~pues de arrancarlos á sus hogares, Jos habían arrastrado á tántas desventuras. Se remontó del todo la caballería del ejército, y numerosos rebaños caballares pasaron á la ribera izquierda del Apure para distribuírlos en el invierno en dehesas excelentes, lo que para la apertura de la siguiente .;ampaña nos ponía en situación de poder aumentar nuestra caballería, tan necesaria para pacificar á Vene­zuela. Algunos millares de bestias, reunidas en estas llanuras por la rapacidad de los rebeldes, repasaron el Apure, y sus dueños, para quienes constituían casi toda su fortuna, los condujeron, bajo la protección de nuestras tropas, á comarcas más tranquilas. La navegación del Apure, que procuraba muchas ventajas á los rebeldes, se les impidió en una extensión de más de ochenta leguas, por medio del fuerte levantado en San Fernando. Fortifi­cado este punto como estaba, era un punto militar de los más se­guros, y muy importante para permanecer dueños, con poco gas~o, de todo el pafs. Por otro lado, oponía obstáculo á las acometidas que el enemigo pudiese intentar, durante la estación de las lluvias, contra la parte inferior de la Provincia de Barinas. Después de referir los principales acontecimientos de la cam­paña, no es fuera de lugar el dar una idea de los sufrimientos que las tropas tuvieron que soportar. En todo tiempo los ejércitos han sufrido fatigas y privaciones de toda clase; pero esos trabajos, comparados con los de nuestros soldados, parecerían bien soportables. Algunas veces ellos atrave­saron desiertos inmensos en donde sólo lograron encontrar un pozo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín ilft'litar 2IJ de agua fangosa para saciar la sed que los consumía y calmar el calor de que se ahogaban; otras veces, al contrario, tras una marcha de siete leguas, caminada más de la mitad por entre pan­tanos que los cubrían hasta la cintura, se veían obligados á pasar un río ancho de sesenta varas, con el agua hasta las narices y á menudo sin encontrar fondo, y aun en medio de estas crueles peri­pecias sucedía frecuentemente que no habían comido nada y que no sabían cómo satisfacer sus necesidades.-Conlznúa -- -o·:200~--- 1 ZUMALACARR.EGUI * GUERRA CIVIL DE NAVARRA, I834-1835 Traducido para el Bolelhs Militar I Se sabe cómo principió en España la guerra civil de 1833: el matrimonio de Fernando vn con Cristina de Borbón tenía dividida la Península en dos partidos, constitucionales y apostólicos, que después tomaron el nombre de cri'sHnos y carHslas. La muerte de Fernando, acaecida el 29 de Septiembre de 1833, dio la señal de las hostilidades : mientras que apresuradamente se coronaba en Madrid á la joven Isabel n, D. Carlos, hermano del difunto Rey, retirado en Portugal aliado de su cuñado D. Miguel, lanzó su pro­clamación de aspirante al trono de España; y ese manifiesto espar­cido con profusión por las provincias, á manera de reguero de pólvora, produjo una explosión general. Ocho días después el es­tandarte de la insurrección flameaba sobre todas las montañas del Ebro. Veinte mil voluntarios de Vizcaya y de Alaba, comandados por los Brigadieres Zabala y Uranga, acudieron á Bilbao y á Vic­toria, á ponerse á órdenes de Valdespina y Verástegui. El General Santos Ladrón, á quien su grado y las consideraciones de que go­zaba en todas las provincias, designaban como jefe de la insurrec- * La personalidad de Tomás Zumalacárregui es una de aquellas que no deben ser ignoradas p•1r ningún soldado por ser la de uno de los Generales más expertos, quizás la del primer jefe de guerrilleros que ha visto la humanidad. Al estudiarla, bien podemos dejar de lado su espíritu sanguinario, hijo del tiempo y la comarca en que vivía, el que si puede mancillar la memoria del hombre, en nada toca la del capitán de férrea disciplina, de disciplina tan dura que á mu. cbos parece censurable. Activo, audaz, emprendedor, apenas tuvo mando entre los rebeldes carlis. tas imprimi6 á las operaciones de montaña un vigor desconocido basta entonces, logrando suplir una enorme inferioridad numérica y la falta de recursos á fuerza de rapidez, habilidad y valor. Fue Zumalacárregui un capitán notable, de ojeada militar rápida y segura, de cerebro riquísimo en ardides y que indudablemente nació para mandar. Por reducicción, iba á producir una llama que mese d ~pué había de abra ar todo España. Por lo pronto, Zumalacárr gui partió con los principa­les de ra\'élrra, encargado de pedir au.·ilios á los insurrectos de Ala va y de Vizcaya, y ele combinar con ellos 1 plan de campaña ; pero el Marqué · de Valdespina y Verást gui no podían hacer nada por Iturralde: se disponían, 1 uno á abandonar á Bilbao y el otro á Victoria, amenazada de lo cristino ; negaron, pues, lo auxilios, pero ofrecieron tomar á Zumalacárregui por segundo. Ahora bien : no convenía al antiguo Coronel er el egundo de nadie, ni de Valdespina ni de Verástegui, que no eran militares, ni de Itu­rralde, que tenía un grado inferior al suyo. Inmediatamente después c:le su vuelta al campo de Arronitz, dijo á los oficiale y á ia junta: "Yo quiero mandar aquí." Los ofi­ciales y la junta, fatigados ya por la inacción é inexperiencia de Iturralde, inmediatamente, por unanimidad de votos, elig iero~ á Zumalacárregui. Iturralde se lisonj eaba diciendo que había s1do el primero en levantar el estandarte de la in urrección con Santos Ladrón, y que muerto aquel jefe, el mando recaía sobre él por derecho, hasta que el Rey Carlos v lo resolviera de otra manera. Parece que en su calidad de primer jefe, dio orden á dos compa­ñías de arrestar á Zumalacárregui; mas el CJmandantc Sarraz~, el segundo de Iturralde, hizo tocar llamada en el acto, reumó Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2I8 Boletfn Milt.tar los voluntarios en un campo, cerca de la ciudad, á orillas del Eja, y y a sobre las armas, les dijo en alta voz: "Voluntarios, en nom­bre de nuestro Rey, el Coronel D. Tomás Zumalacárregui :será reconocido por Comandante General interino de Navarra." Y antes de guardar su espada, el ComanJante Sarraza ordenó á las dos compañías el arresto de lturralde. Las dos compañías obedecieron; todo había concluido. Esta fue una de esas revueltas de cuartel tan familiares á los soldados españoles. El primer procedimiento autoritario de Zumalacárre­gui fue el de escoger para su segundo á Iturralde, y por otra parte declaró ó manifestó que estaba listo para dimitir en manos del Coronel Eraso tan pronto como se presentara. En seguida el nuevo Comandante avanzó hacia sus tropas, mandó terciar y pasó la re­vista. Después de la revista, Zumalacárregui levantó su espada, los batallones formáronse en círculo al rededor de él, y en aquel mo­mento reinó el silencio en el valle. "Voluntarios! dijo el General con voz fuerte y llena de auto­ridad: hasta ahora se os ha pagado dos reales; á partir de mañana no tendréis sino un real; está vacío nuestro tesoro, mas yo me haré cargo de vuestro sueldo, y de éste soy responsable. Muchos de entre vosotros no tienen fusil, y la mayor parte de los que lo tienen ~arecen de bayoneta para combatir al arma blanca. Tampoco tenéis ni pólvora ni balas para combatir de lejos; no estáis arma­dos, casi estáis desnudos, y hé aquí que el invierno llega l Las mon­tañas en las cuales tendremos necesidad de albergarnos para es­capar al enemigo, pronto estarán cubiertas por la nieve, y será necesario sufrir el frío y el hambre, porque vuestra5 ciudades pere­cerán bajo las llamas, y vuestros hijos serán pasados por las armas, á menos que permanezcáis unidos para resistir y tomar venganza en seguida. Guerra es ésta sin remisión á la que necesariamente os convido. ¿Estáis listos?'' Una inmensa aclamación contestó á estas palabras extrañas, y Zumalacárregui prosiguió con voz atronadora:"¡ Muy bien!; si por defender vuestros hogares, proteger vuestras familias, sostener vuestra santa causa, no dais paso atrás, ni delante de las privacio­nes, ni de las fatigas, ni del peligro, os proporcionaré lo que os falta, municiones, equipajes y víveres. Yo os enseñaré cómo se desliza uno en medio de los batallones para dispersarlos ; os diré en qué lugar es necesario ocultarse para sorprenderlos; á dónde es necesario correr para asaltar los convoyes. La guerra que os pro­pongo no es una guerra abierta; seríais vencidos en ella: es una gue­rra de ardides, guerra de emboscadas y de marchas forzadas. No tenéis ni pólvora, ni fusiles, ni cañones como vuestros enemigos, ni tampoco medios de procurároslos: no tenéis sino una manera de adquirirlos: tomarlos al enemigo. Os exijo una obediencia absoluta, una confianza sin límites ; no os prometo otra cosa sino veladas continuas, días sin descanso, fatigas sin número; mas yo os conduciré, Dios mediante, á la gloria y al triunfo. ¿Aceptáis?" Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar 2I9 ' Los voluntarios navarros lanzaron al viento sus boinas, y gritos de entusiasmo llenaron el valle y la montaña. Esos campesinos antes atemorizados pidieron lanzarse sobre los cristinos : apenas eran quinientos. Por tan rudo programa ya se puede figurar lo que será la lucha.-Conlz1túa PEREGRINACION DE ALPHA POR MANUEL ANCIZAR En punto de instrucción pública, nada tiene de lisonjero el esta­do en que se encuentra el Cantón. De los 26,6oo habitantes, sólo 177 niños y 56 niñas reciben instrucción primaria, y 62 jóvenes con­curren al Colegio de Chiquinquirá á viciarse el entendimiento con el estudio del latín, metafísica y algo de leyes. Por tanto, la instruc­ción buena ó mala es á la basa general de la ignorancia como If es á 100. De los 395 educandos de ambos sexos, 188 pertenecen á la villa de Chiquinquirá y 40 al Distrito de Caldas, el mejor librado en materia de escuela. ¿ Qué resta para los demás Distritos? !toco, Maripí, Paime y Canipauna no tienen una sola escuela primaria. Las de Buenavista y Coper, Muzo y Saboyá dan pesadumbre por la carencia de útiles, lo desaliñado del local y la falta absoluta de un método racional de enseñanza, en lo cual influye decisivamente la carencia de útiles, contra la cual sólo un gemo pedagógico po­dría luchar con buen éxito. Qut!janse los vecinos notables de que hay repugnancia por parte de los padres de familia á mandar á sus hijos á la escuela, y achacan á esto el culpable abandono en que yace la instrucción elemental. Tienen mil veces razón los padres de familia : la ex­periencia les ha hecho ver que sus hijos envejecen en las llamadas escuelas, sin acabar de aprender, y no quieren verlos perdiendo tiempo en esta vagancz'a honrada, cuando pueden y deben ayudar­les en las faenas del campo. Tienen mil veces razón, porque en se­mejantes escuelas jamás se aprenderá nada con solidez y prontitud; y los notables y las autoridades de cada uno de esos pueblos nun­ca hallarán disculpa á los ojos del patriota, ni dejarán de ser mo­ralmente responsables de todas las consecuencias que nacen de la ignorancia VIII Cinco leguas casi al N. de Saboyá demora el Valle de Jesús, Dis­trito parroquial del Cantón de V élez, á donde emprendimos visita, terminada la del de Chiquinquirá. Trepa el camino hasta la cum- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 220 JJoletí1t ivlzlz"tat bre de la alta serranía llamada P~rta de Saboyá, desde la cual se domina completamente la hoya d Jos ríos Guayabal, Delvalle Y Guache, que reunidos bajo el nombre de Popoa, cerca del Puen­te Nacional, aumentan el caudal del Suárez, antes Simijaca 6 Balsa, y se descubre una ucesión de cerros y colinas que se in­clin~ n hacia el lejano l\t1agdalena, perdiéndose entre la niebla del horizonte. Por una bajada rápida en e.'tremo, y ~obrado res­balosa cuando llueve, se lle;.;a al pequeño vecindario del Chusca], donde SP. encuentran posada · alvjami e nto regulares, y abundan­cia de ciertos animalillos "de cuyo nombre no quiero acordarme," los cuale hacen al viajero forzosa ~ ineYitable compañía durante una jornada ó más si ·e d scuida. En las veces que por diversos caminos bajámos desde la planicie chibcha á la comarcas de cli­ma templado ó d.lido y volvimos á lla, había notado que el cam­bio sen ible de temperatura y del carácter de la vegetación, coin­cidía con la desaparición de las flores de achicoria n la bajada, y su reaparición en la subida. Desde lueg-o, upu -e que aquella plan­ta tenía n los Andes un límite inferior, ·1 cual pJclría. tomarse como demarcación cosible de las region~ · suban·lina y superan­dina. Tres obser ·acionc hechas, la una c~rca ch.. Calt.la ·, la otra, pasado el alto DJs.crJ.minos, entre Canipauna y Chiquinqui:á, y la tercera poco antlS de llegar al Chusca!, toda. ellas en el lugar en que la~ ft res de achicoria ce. aban de matizar las pradera ·, dieron por re. ultad 19° el 1 Cl ntígt·ad como temperatura media, y de 2,520 á 2,470 m~tro d altura sobre d nivel del mar. E te n·sul­tad es d1gno d anotar!:.e y con vit.la á repetir las observacion s hasta llegar á una inducción categórica, pu ·s de e a manera qued ría estabkcida una ·ñal bien visibll.! de los límite · de las dos grande, reo-iones n e¡ u nueslro territorio se divide, y por consigui nte, los de la zonas agrícola , en que 1 cultivo d cier­tos fruto se halla pr •(kterminado por la nalurakza, y que hoy, por un mal entt.ndid de eo de lucro, confund n en algunas partes sin concebir que la Providencia ha querido fijar en este suelo, por la reunión de climas variado· en cortos pacios, el fecundo prin­cipio d la divi ión del trabajo agrícola; principio altamente 1 ro­gre i. ta, que la raz;6n hum:tna n ·to último tiempo aplicara a] trabajo fabril con benehcio palpable ele todos y en todo. Desdl.! que se pisan los lindero del Valle d Jc ús, se r. ta lo numero o de u población y la índ le indu triosa dt.:: los morador s. Por dondequiera e ven ca itas rodeadas de sementera y caña­verales, gente labrando los campo ó cosechando frutos: de tre­cho en trech resuena el chirrío de los pesado trapiche , y se alza en blanco penachos el humo de las ca ·as en que e con­fecciona la miel de caña. Allí todos son propietanos, ninguno indi­gente; y esta igualdad de medios de hacer fortuna excita la acti­vidad industrial de caJa uno, é imprime en su alma cierto senti­miento de independencia, que cuando ea vivificado por la luz de la in trucción, formará la base de sólidas virtudes civiles. El centro del Distrito es un pueblo del mismo nombre, fundado sobre una ladera ondulante, que termin_a en la margen izquierda del claro y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín iYfilz"tar 22I pintoresco río Del valle. Las ca11es principales están empedradas; las casas cómodas y espaciosa , m~>chas de ellas de teja y algunas de dos pisos; el aspecto de los habitantes, robusto y de gentes bien halladas con su suerte, atentos y obsequiosos con lo foraste­ros, respetuosos á la· autondades y vecino notables. Hospe dónos en su casa el Sr. Juan Nepomuceno Téllez Me!o, jefe de una fami­lia tan numero a como una tribu, hombre llano, franco y que rebo­saba. en idea patrióticas nada comunes. Dato , noticias, explora­ciones, todo lo facilitaba con el empeñ y buena voluntad que un egoísta habría puesto en co as de su privado interé . El influjo de que goza, justamente merecido, lo emplea en bien del pueblo y guiado por las más :-anas intenciones. El Cura del Valle, Dr. Ma­riño, es digno también de mención especial, como caballero y como sacerdote ilustrado, protector de la escuela de niños que cuenta 35 alumnos, y promovedor y director de la hermosa fábrica de la iglesia, cuya conclusión ac lera el activo Párroco sin e ca ear los e fuerzo per onal s y con el menor gravamen posible de sus feli­greses. El Valle de Jesús 'deja recuerdos gratos al viajero, tanto por la índol honrada y carácter obs quio o de su moradores, como pül- el a pecto de sus campos cultivados y de sus caminos cuidados con e mero, ignos de la pro peridad creciente de aquel Distrito. D.:> camino llevan del Valle al Puente Nacional: el que pár­te hacia el NE. atravesando el río Guache, y el que tomando la dirección ::,E. pasa por el río Guayabal, y torci e ndo al E. enfila el Pumte de Pt'tdras, formado por la naturale.ta obre el raudal pre­cipitado d e l uárez. Elegímos el segundo, porque conduce direc­tamente á la brecha de la serranía p r londe en otro tiempo rom­pieron la _ agua del gran ]ao-o de Fúquenc para caer sobre las tierra baj::.t.s de Vélez; h choque des ábamos comprobar como complemento y confirmación de las obscrvacione anteriore acer­ca de la formación edim ntosa ele la gran llanura rJUe principia al pie del Volad r de Fúqucne, y corriendo de S. á . con un d ecl ive sensible, t rmina en los cerros de la Peña de aboyá. En efecto, andadas dos leguas y media escasas, se entra en las ruinas de la erranía por un camino estrecho y pcdrego ·o que costea los restos del cerro de la derecha, dejando á la izquierda una hondonada irre­gular, excavada por el choque de grdndes masas de agua, como lo manifiestan lo atormentado del suelo, los grandes su leos de los flan­cos de los cerros adyacentes, casi despojados de tic!rra por esta parte, y la enormes rocas de calcáreo siliceoso, descarnadas pero no movidas de su antiguo asiento. Más adelante las señales de des­trucción se aumentan: la cima de la serranía se presenta cerce­nada y en partes cortada por cauces profundo , á los cuales co­rresponden socavones en lo bajo, señal de que allí cayeron los primeros torrentes de las aguas libres de barrera ; después, y en la dirección del curso actual del Suárez, yacen desparramados peñascos ponderosos, lanzados á lo lejos por la potente irrupción del lago cuando se hubo desgarrado hasta su base el alto cerro. La inundación debió ser espantosa, puesto que teniendo el lago pri- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 222 Boletfn M·ih"tar mitivo 40,000 metros de longitud y 1 5,CXX> de latitud media, la se­rranía perdió de repente 1,1 oo metros de altura desde la cima has­ta el fondo de la brecha, violentamente abierta por el empuje de las aguas del vasto recipiente*. Así, no hay cerro en derredor que no haya sido cercenado en la mitad, por lo menos, de su volumen originario, y sus despojos han ido á formar por largo trecho valles y laderas de terreno revuelto y configuración particular. El Puen­te de Piedras, es una aglomeración confusa de rocas gigantescas, rodadas unas sobre otras por espacio de 200 metros en el sentido del desagüe del lago, amontonadas, enclavadas y perforadas, de ma­nera que constituyen una bóveda, por debajo de la cual corre bra­mando el Suárez, reapareciendo después á 30 metros de profun­didad. En tiempo de fuertes lluvias, el río se halla estrecho en el socavón y desborda por encima de los peñascos, formando saltos ruidosos, que sin embargo no desquician aquella fábrica estupen­da. Vista desde el extremo N., donde forma un plano por el cual pasa el camino, presenta un paisaje de admirable grandeza: una rica vegetación cubre ambas orillas, inclinándose los árboles sobre los peñascos rojos y parduscos, los cuales suben encaramados unos sobre otros hasta perderse entre el distante cortinaje de verdura y flores silvestres, rasgado á trechos por torrentes de agua espumO­sa que desde luego desaparecen cayendo á la caverna; óyese de­bajo el sordo tronar del río quebrantado por las rocas, y encima todo es quietud, amenidad y frescor ; un simple lecho de piedras separa lo bello de lo terrible, tanto más terrible cuanto se siente y no se ve; las flores encima, el abismo debajo! Allí se medita in­voluntariamente, y el hombre experimentado recuerda los contras­tes de la vida, y cabila en Dios. Como una legua más adelante del Puende de Piedras se llega á lo alto de un recuesto, desde el cual se descubren las vegas an­gostas por donde corre el Suárez, que los indígenas llamaban Sa­ravita, avistándose también el Puente Nacional, linda y aseada villa recostada en la falda de la serranfa fronteriza. Tomó su nom­bre de un antiguo puente echado por los españoles sobre el Suá­rez, en tiempos en que una obra de estas era cosa rara y formaba época en l0s mezquinos anales del Virreinato. Sementeras de caña, maíz, plátano, trigo, cebada, añil, café y gran variedad de granos y legumbres demuestran la fertilidad del terreno, la suavidad del clima y los hábitos laboriosos de los moradores en el Distrito, que hoy cuenta 1 3,CXX> vecinos, la mayor parte propietarios de peque­ños predios, todos bien acomodados, activos é industriosos, de cos­tumbres sencillas, y fáciles de entusiasmar en nombre de la Liber­tad y de la República. Allí reside el Dr. J. A. Chaves, Obispo de Caledonia, patriota venerable, que señala con un beneficio cada día de su vida, sacerdote ilustrado, tolerante, lleno de mansedum­bre y modestia, de cuyos labios salen solamente palabras de bon­dad y de paz.-Continúa • Dicho queda que la ciencia moderna infirma esta clase de suposicio nes-N. dd D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mtiitar 223 PALONEGRO Diagramas de la marcha y combates por el dominio de las montañas entre Pamplona y Bucaramang& 11 < z o P:o ~ < p.. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. o ~ §2 <:.1 "" c.s ;; ~ Q) ~ ~ · ~ • "" ::S ~ -1'- ~ ·~ 1 ~ :;:.: cqm C) Olll t; m~ ~ C) o~ R. ~ ~ ¡:¡ r35 ::;: o ~ mm~ o ~ Bogo/á-Imprenta de Vapor-Calle IO, nú~mro z68 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 7

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 9

Por: | Fecha: 02/03/1901

BOGOTA, MARZO 2 DR 1901 .SRRIK II-TOYO 1-N.(,J 9.• BOLETIN ~1ILITAR DE COLOMBIA Organo del Ministerio de Guerra y del Ejército 8on colaboradores de este periódico loa Jefes y Oficin.les del Ejército Director ad honorem F. J. VERGARA Y V. General de Ingenieroa, Miembro de varias Sociedades Cientificas DECRETO NUMERO ... DE r9or ( I 5 DE ENERO) aprobatorio de otro dictado por el señor Jefe Civil y Militar del Departamente del Cauca El Vic epresüimle de la R(p/Jblú:a, encargado del Poder EjecuHvo, DECRETA Artículo único. Apruébase el Decreto dictado J:JOr el jefe Civil y Militar del Departamento del Cauca con fecha 8 de Diciembre de Igc>O, por el cual se destina la suma de novecientos pesos($ goo) en plata para gastos de viaje á Panamá de dicho funcionario, de su Secretario de Hacienda y de tres Ayudantes de Campo. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 15 de Enero de I9(>L JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C.-El Subse­cretario de Relaciones Exteriores, encargado del Despacho, AN-: Tomo JosÉ URIBE-El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, MmuxL ABADÍA MÉND:u-El Ministro de Guerra, JosÉ DoMINGO ÜSPINA C.-El Ministro del Tesoro, ENRI­QUE REsTREPO GARCÍA. TOllO 1-17 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DECRETO NUMERO 98 DE I90I (ENERO 23) por el cual se reorganiza la Columna de Occidente El Vteepresidenle de la República, encargado del Poder E.Jecult"TJ-, DECRETA Art. 1.0 Reorganizase la Columna de Occidente, la cual de­penderá provisionalmente de la Comandancia en Jefe del Ejército, mientras se incorpora en una División, y se compondrá de los Ba­tallones Salavardeta, que tendrá 250 plazas; Lz'berlador y Moreno, que se refunden en uno y se llamará Libertador, con 250 plazas; y de un Escuadrón Volante con 25 plazas, el cual Escuadrón depen­derá directamente del Comandante General de la Columna de Oc­cidente. Art. 2.0 El personal de la Columna de Occidente queda arre­glado al siguiente escalafón : CoMANDANCIA GENERAL-General Jefe, Floro Moreno; Jefe de Estado Mayor, Coronel Roberto Galindo; Primer Ayudante Gene­ral, Secretario de la Comandancia, Coronel Julio Vélez; Segundo Ayudante General, Sargento Mayor José A. Mora; Primer Ad­junto, Capitán Luis M. Gutiérrez; egundo Adjunto, Teniente Ig­nacio Moreno ; Habilitado, Miguel Hincapié, asimilado á Tenien­te Coronel para los efectos fiscales. BATALLÓ. ALAVARRJETA-P!a11a Mayor-Primer ]efe, Coronel Julio Sanmiguel, á quien s llama al servicio activo; Segundo jefe, Sargento Mayor Wenceslao Medina; Ayudante Mayor, Capitán Miguel Mora; Segundo Ayudante, Teniente Erasmo Maecha; Abanderado, Subteniente Leopoldo Sánchez; Habilitado, Gonza­lo Delg-ado, asimilado á Capitán para los efectos fiscales. Prúnera compaliía-Capitán, Antonio Rubio; Teniente, Fran­cisco Zamudio ; Subtenientes, Marcelino Castro y Daniel Castillo. Segunda compat7ía-Capitán, Jerónimo Ospina; Teniente, Teo­doro López (á quien se llama al servicio); Subtenientes, Anacleto Herrera y Patrocinio Rozo. Tercera (ompaijía-Capitán, Manuel Rincón; Teniente, Ma-nuel Rodríguez; Subtenientes, Leonardo Albarracín y ..... . Cuartel compallía- Capitán, Guillermo Rubio; Teniente, Hi­pólito Muñoz, á quien se llama al servicio activo; Subtenientes, Benicio Chacón y ..... . BATALLÓN LIBERTADOR-Plana Mayor-Primer jefe, Coronel Julio C. García Herreros; Segundo Jefe, Sargento Mayor Abel Guerrero; Ayudante Mayor, Capitán Sebastián Groso; Abande­rado, Subteniente Eladio Ricaurte; Habilitado, Fidel Algecira, asi­milado á Capitán para los efectos fiscales. Przmera compañía- Capitán, Enrique Latorre; Teniente, Se­& ismundp Espinosa; Subtenientes, Rafael Matiz y Gil Rubio. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Militar 259 Segunda compañía-Capitán, Carlos Cuéllar, á quien se llama al servicio activo; Teniente, José Martínez; Subtenientes, Sagra- .rio Espinosa y ..... . Tercera compañía-Capitán. Ramón Martínez, á quien se lla­ma al servicio activo; Teniente, Patricio Guevara; Subtenientes, José María Rozo y ..... . Cuarta compañía-Capitán, Abraham Lombana, á quien se llama al servicio activo; Teniente, José Piedras; Subtenientes, An­tonio Castañeda y Telésforo Sánchez. EscuADRÓN VoLANTE-Jefe, Sargento Mayor Carlos Rubio; Capitán, Félix V. Castillo, á qui n se llama al servicio activo; Te­niente, Julio Navarro. Art. 3. 0 La Columna de Occidente tendrá además el siguien­te Cuerpo Civil : un Capellán, un Médico, un Proveedor, un Co­misario Pagador y un Habilitado del Cuartel General. Art. 4. 0 Hácense los siguientes nombramientos: Médico, Dr. Julio Uricoechea, asimilado á General para los efectos fiscales; Comisario Pagador, Laureano Copete, asimilado á primer Jefe de Cuerpo para los efectos fiscales; Proveedor, Pe­dro A. Murillo, asimilado á Teniente Coronel para los efectos fis­cales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 23 de Enero de 1901. JOSE MANUEL MARROQUIN El Mini tro de Guerra, Jo É DoMINGO ÜSPINA C. DECR.ETO NUlvlERO IOI DE' I90I (23 DE ENERO) por el cual se organiza la 6.& División del Ejército El Vzápresz'dmle de la Repúblú:a, encargado del Poder Ejecult'vo, DECRETA Art. I.0 La 2.& División del Ejército del Tolima será en ade­lante la 6.& División del Ejército de la República y tendrá los mis­mos Cuerpos que la formaban, á saber: Los Batallones Montero, Gallo, Arboleda y Libertador, y e] .&- cuadrón Rondón. · Art. 2.0 El escalafón de esta División es el siguiente: CoMANDANCIA GENERAL-Comandante ~eneral, General Luis Vélez R.; Primeros ·Ayudantes generales, Generales Rafael Mon­toya y Pedro León Moreno, y Coronel Enrique Jiménez; Segundo Ayudante general, Sargento Mayor Arturo Borrero; Adjuntos· Capitanes Facundo Conde y José María Bernal ; Cometa de 6rde~ nes, Subteniente Jesús Perea. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 260 EsTADO MAYOR-Jefe de Estado Mayor, General Daniel Es­tévez; Primer Ayudante, Coronel Adolfo Moreno; Segundo Ayu­dante, Teniente Coronel Hugo Achiardi; Adjuntos, Capitán Ma-nuel M. Gómez y ........................... ; Teniente, Germán Nieto; Habilitado del Cuartel general, Sargento Mayor Rafael Hoyos, asímilado á su grado para los efectos fiscales. BATALLÓN MoNTERo-Primer Jefe, Teniente Coronel Lubín Mo­reno; Segundo Jefe, Sargento Mayor Gerardo López; Ayudante Mayor, Capitán Adolfo Bohórquez; Segundo Ayudante, Teniente Rafael Ricaurte ; Subteniente abanderado, Ismael Romero ; Ha­bilitado, Luis Carlos Peña, asimilado á Capitán para los efectos fiscales. Primera compañía-Capitán, Alfredo Gallo; Teniente, Marce-lia. no Be jarano ; Subtenientes, Pedro V ásquez y ............... Me-dina, á quien se le asciende de sargento 1.0 á Subteniente. Segunda compaiiía-Capitán, Nepomuceno Buitrago; Tenien­te, José María Hernández; Subtenientes, Santiago Bejarano y Pedro V. Chacón. Tercera compatiía-Capitán, Laureano Armero; Teniente, Abraham Romero; Subtenientes, Marcos Ola ya é Hipólito Alemán. Cuarta compaiiía - Capitán, Joaquín Villegas; Teniente, Ma­nuel Castillo; Subtenientes, Arturo Galindo y Nicanor Fajardo. BATALLÓN GALLo-Plana Mayor-Primer jefe, Coronel Lucio Copete, á quien se promueve del mismo puesto en el Batallón Lz·­krlador. El Segundo J efe, los Oficial e s y el Habilitado se rán los mis­mos que actualmente tiene este Cuerpo, en virtud de la reorgani­zación que recibió del Jefe de Estado Mayor general del Ejército del Tolima. BATALLÓN ARBoLEDA-Primer jefe, Coronel Carlos Díaz; Se­gundo Jefe, Sargento Mayor Ramón Rodero M.; Ayudante Mayor, Capitán Ezequiel Rodríguez; Segundo Ayudante, Teniente Enri­que Miranda; Abanderado, Subteniente Tobías Jiménez ; Habili­tado, Miguel Rondón, asimilado á Capitán para los efectos fiscales. Pri'mera compallía-Capitán, Angel M. Moreno; Teniente, Ma­n: v.el H. Rodríguez; Subtenientes, Juan R. Calvo y Olegario Men­doza, á quien se asciende á este grado. Segunda compañía-Comandante, Capitán Isaac Vargas, á quien se asciende á Sargento Mayor; Teniente, Enrique Pizano; Subtenientes, Carlos Grimán y Juan de J. Castro, á quien se as­ciende á este grado. Tercera compañía-Capitán, Antonio María Alva.rado; Teni€n­te, Daniel Bedoya ; Subtenientes, Arturo Sáenz y Roque Ramírez. Cuarta comptuiía-Capitán, Rubén Montealegre; Teniente, José H. López ; Subtenientes, Agustín Cuan y Eccehomo Hoyos. BAT~ÓN LIBERTADOR-Primer Jefe, Coronel Félix Navarro, á quien se promueve del mismo puesto en el Batallón Cazadores, de la 1 .• División del Ejército del Tolima. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Militar 2ÓI El segundo Jefe, los Oficiales y el Habilitado serán los mis­mos que actualmente tiene este Cuerpo, en virtud de la reorgani­zación que recibió del General Jefe de Estado Mayor general del Ejército del Tolima. EscuADRÓN RoNDÓN-El personal de Jefes, Oficiales y demás empleados de este Escuadrón, será el mismo que actualmertte tiene, en virtud de la reorganización que recibió del Jefe de Esta­do Mayor general del Ejército del Tolima. Art. 3. 0 Hácense los siguientes nombramientos para emplea­dos administrativos de la 6.6 División del Ejército: Comisario Pagador, Sr. Benjamín Suárez, asimilado á Coro­nel para los efectos fiscales; Médico, Dr. Asunción Nuncira, asimi­lado á General para los efectos fiscales; Practicante, Sr. l. Alvarez, asimilado á Teniente para los efe ctos fiscales; y Proveedor, Coro­nel Manuel J. Vega, asimilado á su grado para los efectos fiscales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 2 3 de Enero de r go 1. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, JosÉ Do:MINGO OsPINA C . DECRETO NUMERO 2 (BIS) Marcelz'an o Vélez, Comandante en Jlfe de las fuerzas fluviales, marítimáS y t errestres de los Departamentos de B olív ar y Mag dalena, m uso de leu facultades de que se halla investido, DECRETA Art. 1.0 La fuerza pública á cuyo cargo queda la defensa del Gobierno y la conservación del orden en el Departamento del Mag­dalena, consistirá de una División, denominada Dzvisi(m P1'nzón nú­mero I.0 , y formada por los siguientes Batallones: Junín, que ha pertenecido á la 1 ... División del Ejército del Atlántico, y en ade­lante, hasta nueva orden, quedará haciendo parte de la que por el presente Decreto se organiza ; Padz1la, que se formará con los conscriptos y voluntarios de la Provincia del mismo nombre y de que será base el que actualmen­se denomina Batallón Padz'lla, en que se incorporarán los individuos de la tropa del Escuadrón Rz'ohacha, á cuya disolución se procede­rá en seguida ; Magdalena, que será el que existe con este nombre y en que se incorporará la tropa del Escuadrón Marroquín, á cuya disolución debe procederse en cumplimiento del presente Decreto1 y la de la fuerza acantonada en la actualidad en el Banco y que en primera ocasión se traerá á esta capital ; y Farías, que será formada con contingente de los varios Distritos de la Provincia de Padilla, y á cuya organización procederá el Jefe Civil y Militar del Departamento ( 6 el Comandante General de la Dz'vz'sión Pznzlm, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mt"!,z:tar cuando aquél deje de ejercer estas funciones), tan pronto como el personal de tropa del Batallón Padilla haya llegado á trescientas (300) plazas. De ese mismo número de plazas debe constar cada uno de los otros Batallones. Art. 2.0 Será Comandante General de laDz'vz'sión Pinzón, hasta nueva orden, el Sr. Jefe Civil y Militar del DepartamentD. Art. 3. 0 Nómbrase Jefe de Estado Mayor de la Dz'visz'ón Pz'n­. ún al Sr. General Simón Chacón; primer Ayudante General, al Coronel Antonio Franco Barros; Comisario Pagador, al Coronel Pedro Angulo ; Ayudantes, á los Capitanes Arcadio Jiménez y Fe­derico Polo Llanos, y á los Tenientes Máximo Pereira Castro y Raúl Sánchez. Art. 4. 0 El Sr. Jefe Civil y Militar del Departamento proce­derá inmediatamente á disolver los otros cuerpos que con varias denominaciones existen en el Departamento, expidiendo los pasa­portes correspondientes cuando fuere el caso, y haciendo presente á los licenciados y pasaportados el agradecimiento que les debe la Nación por los servicios prestados, y la confianza que abriga de que al presentarse nueva emergencia acudirán solícitos á defender las instituciones patrias y sus propias convicciones. No quedará en el Departamento fuerza alguna con empleados ú oficiales supernu­merarios, ni depósitos, cuadros ú organizaciones análogas, y en la formación de las Planas Mayores y compañías de los Batallones, se observará estrictamente, respecto á oficiales y clases, lo que sobre el particular dispone el Código Militar. Asimismo cesarán desde la publicación de este Decreto, todas las asimilaciones antes decreta­das ú ordenadas respecto á empleados nacionales ó depatamenta­les, no subsistiendo sino las correspondientes á los empleados civi­les y administrativos del Ejército. Art. 5. 0 El Comandante general de la JJivz'sz'ón Pznzón queda autorizado para dictar todas las disposiciones conducentes al cum­plimiento del presente Decreto y para hacer los nombramientos de oficiale que fueren necesarios. Para los de Jefes y otros empleados civiles que puedan ser necesarios, propondrá á esta Superioridad, por conducto del Esta­do Mayor general, los que juzgue convenientes. Comuníquese, y dése cuenta al Ministerio de Guerra. Dado en Santamarta, á 1 3 de Enero de 1 go 1 . El Comandante en Jefe, MARCELIANO VELEZ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletí'll, Militar 2Ó.J ·MARCHAS Y COMBATES SEGUN LOS REGLA1lfENTOS ARGENTINOS POR EL TENIEN1E CORONEL AUGUSTO A. HALIG?a Táctica aplicada-Marchas y combates Infroduccz'ón-Los Reglamentos tácticos nos enseñan los ejer­cicios y las evoluciones, la manera de ejercitar las tropas y mover las unidades que forman. Contienen, así como el Reglamento de ser­vicio en campaña, indicaciones generales sobre el arte de hacerlai maniobrar; indicaciones que ya forman parte de un orden de cono­cimientos más elevados : el arte de la guerra, entre cuyas divisio­nes principales figuran las marchas y el combate. En realidad, todas las demás convergen hacia éstas, tienen por fin hacer marchar las tropas hacia un ob.Jetzvo que casi siempre es el ejército enemigo, hasta alcanzarlo y combatirlo. Se marcha y se combate observando ciertos principios gene­rales en que se fundan los Reglamentos, los que dan los medios de ejecución. Si los Reglamentos violan estos principios generales; si por ejemplo, se inspiran en un espíritu de prudencia excesiva, en una tendencia á la defensiva, cuando aquéllos imponen la ofensi­va como condición indispensable de la victoria, son Reglamento~ málos. No es, felizmente, el caso de los nuéstros; su letra y su es­píritu son de enérgica ofensiva, y para aconsejarla siempre, en el presente libro, nos ha bastado interpretarlos fielmente. Interpretarlos, reunir en un cuerpo de doctrina lo que en cada uno de aquéllos está diseminado y aislado, condensar en princi­pios y reglas generales aplicables á grandes unidades los peculia­res á cada arma,-tal es el fin que nos hemos propuesto en este trabajo, que no se ha intentado aún entre nosotros, y que tratare­mos de perfeccionar en una segunda edición. Empezados hace dos años, cuando la posibilidad de próximo¡ combates les daba carácter de aplicación inmediata ; terminados hace pocos días estos apuntes, se publican en los momentos mis­mos en que se anuncian reformas progresivas y se inauguran nue­vas escuelas. Estas coincidencias son para ellos de feliz augurio. Su redacción se inspira en el estudio de las principales gue­rras, sin excluír las sudamericanas : Independencia, Brasil, Para­guay, chileno-peruana, revolución chilena de 1891, etc., y las de Cuba, Manila, del Transvaal, tan fecundas en lecciones todas, pues las mal conducidas nos enseñan lo que no debe hacerse. Han estado constantemente en nuestras manos los libros de los grandes Capitanes y de los grandes teóricos del arte, así como loi simples manuales basados en los ejemplos ó las lecciones de aqué­llos; el Mariscal de Sajonia y Federico, el Archiduque Carlos y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mlltta1' Napoleón, Clausewitz y Jomini, de Brack, Bugeaud, Moltke, Ho­henloe, Blume, von der Goltz, Dragomirow, Léwal, Pierron, Pédo­ya, Philebert, Paz, Mitre, Barros Arana y muchos otros, y so­bre todo innumerables folletos y artículos de revista, que dan la última noticia, relatan el último combate, discuten la reciente inno­vación, señalan el último adelanto, la nueva idea, y marcan rumbo al progreso de mañana, literatura rápida y ligera que es á la so­lemne y pesada de los viejos clásicos en seis tomos, lo que el orden disperso á la falange macedonia. El autor se pone bajo la protec­ción de tales maestros. Que nuestros camaradas acojan con benevolencia estos apun­tes y los lean con indulgencia, como que son modesta contribución al esfuerzo que todos realizamos por el arte de la guerra y el pro­greso de nuestro ejército. Táctica aplicada-l. 0 Marchas-Consideraciones e-en erales En campaña el combate es la excepción, la marcha la regla, y de su ejecución depende el triunfo ó la derrota. No se puede, en efecto, intentar operación importante alguna con tropas que llegan desordenadas y cansadas al campo de batalla, pues su mal estado moral, que es consecuencia del físico, á menudo hace fracasar los planes mejor concebidos del comandante en jefe. La buer1a ejecución de una marcha depende de las medidas tomadas por el jefe que la manda y de los oficiales que la hacen ejecutar. Si es mal preparada, ocasiona al soldado fatiga inútiles y desmejora á sus ojos al jefe que la ordenó. Si es mal ejecutada, prueba esto que los soldados no están acostumbrados á la discipli­na y han estado mal preparados á las fatiga , y en definitiva, recae en el jefe la responsabilidad. Como los efectivos crecen progresivamente, y los ejércitos, sobre todo en América, se componen de guardias nacionales ó de soldados de contingente, entre cuya instrucción y la movilización pueden transcurrir varios años, y las tropas se acercan al enemi­go, á menudo en ferrocarril, sin que marchas anteriores las hayan prepitrado á las fatigas de la guerra,-en este caso es más nec{.;sario que nunca exigir de las tropas una severa disciplina de marcha, á ·fin de que lleguen al campo de batalla en estado de combatir con la menor merma posible. Esta merma siempre existirá, pero será tanto menor cuanto mejor se conduzca á los soldados. Cuando antes de entrar en campaña, las tropas estén reunidas en el punto de concentración, todo jefe de unidad deberá hacerles ejecutar cada día una marcha, aumentándola progresivamente, pero teniendo cuidado de no llegar basta un cansancio excesivo, lo que daría un resultado absolutamente opuesto al que se busca. Los Estados Mayores deben reglar no solamente la marcha, sino todo lo relativo al alojamiento, campamento 6 vivac de las tropas y su alimentación. Cuando el soldado, sin .pasos inútiles y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mt'litar sin espera, encuentra al llegar, ó poco después de instalarse, lo necesario para reparar sus fuerzas, olvida pronto los males de la guerra, y recupera la alegría, el empuje, que perdería con fatigas excesivas, inútilmente impuestas. Los oficiales deben dar ejemplo de buen humor, de resisten­cia á la fatiga, y multiplicarse para procurar bienestar á sus solda­dos. A ellos incumbe el:deber de enaltecer su moral, y no deben ignorar que una tropa da la medida de su valor por su aspecto­después de una marcha penosa . ••• La marcha de las columnas se basa en los siguientes prin­cipios: 1.0 Dividir las tropas para marchar, alimentarse (sobre todo­si se hacen requisiciones) y acantonarse ó vivaquear, pero conser­vando siempre la posibilidad de concentrarlas rápidamente para combatir. 2.0 Toda columna debe ser cubierta, á largas distancias, por la caballería; ésta tiene por misión explorar, recoger datos y per­mitir á la columna tomar sus disposiciones de combate. 3. 0 Toda columna debe ser constituida de modo que se baste · á sí misma, que pueda sostener un combate, y que la colocación de sus diversos elementos sea determinada por la urgencia de su lle­gada al campo de batalla. ~Para los gruesos efectivos de Europa conviene la di visión ; para los más reducidos de América, la bri­gada mixta argentina. 4. 0 Haciéndose más considerables bs efectivos, los medios de guerra son más complicados, y el servicio de los Estados Mayores se aumenta sin cesar. Es indispensable, pues, simplificarlo y divi­dirlo, si se quiere que se haga bien ; para esto, dar órdene conci­sas, pero claras, á los jefes de las subdivisiones, de los cuerpos y servicio · éstos, á su vez, con suficiente iniciativa dentro de su es­fera, determinan la ejecución de los detalles . • • • Los mov1m1entos de las columnas se ordenan por medio de tres documentos que se estudian más adelante : 1. 0 Orden de operaciones ; 2. 0 Orden de movimiento ; 3. 0 Dispositivo de marcha. 2.0 Orden de operaciones La orden de operaciones tiene por objeto dar á los coman­dantes de las varias columnas del ejército el conocimiento general de la situación estratégica y del fin que se desea obtener. Indica la situación general del enemigo, lo que se sabe de po­sitivo sobre las posiciones que ocupa, y las direcciones que siguen sus columnas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 266 B olet{n M-ilitar Sin datos habría peligro en poner una columna en movimien­to. Su comandante podrá, sin duda, lanzar á lo lejos caballería y reconocimientos, interrogar á los habitantes, etc. ; pero como no dispone de los medios del comandante en jefe, no podrá analizar ni cotejar las noticias y separar lo cierto de lo dudoso con suficien­te exactitud. Es indispensable hacer conocer el fin que se busca, á fin de que el comandante de la columna sepa cómo debe obrar en caso de encontrar al enemigo, y pueda hacer uso de su iniciativa, si las órdenes no le llegan con tiempo, con tal que sus resoluciones estén en concordancia con las intenciones del comandante en jefe. Por eso el fin que éste se propone debe ser definido en pocas palabras y sin detalles. La orden no ocupará sino r4 si marcha en tres columnas; en el primer caso, necesitará ocho horas para desplegarse á la altura de su vang-uardia ; en el segundo, le bas­tarán tres horas. Este ejemplo es de fácil aplicación á unidades más fuertes ó á unidades menores. La brigada mixta de nuestro Reglamento de servicio en campaña, debería ser la unidad de marcha de tropas formando una división. Marchando aislada no habría inconveniente en subdividirla en dos pequeñas columnas. Por consiguiente, cuando el número de caminos ó la clase de terreno lo permite, se debe, sobre todo á proximidad del ene­migo, subdividir la unidad principal; pero tal subdivisión es limita­da por la necesidad de estar siempre en estado de combatir. Como ya se ha dicho, un cuerpo de ejército dividido en tres columnas estará más pronto en estado de emprender marcha, que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mtiitar en una sola columna; pero esta ventaja desparecerá si el terreno entre los tres caminos ó dos de ellos es cortado y no permite á las columnas prestarse mutuo apoyo. Desaparecerá igualmente si el intervalo entre ellas excede sensiblemente de la mitad de la profundidad de las columnas, pues e.n este caso, puede suceder que el despliegue exija más tiempo que SI las tropas llegasen por un camino único. En resumen : hay siempre ventaja en multiplicar las colum­nas, pero el intervalo que debe separar dos de ellas depende del poder de acción de cada una ; en otros términos : el intervalo pue­de ser tanto más grande cuanto más fuerte sea la unidad, debiendo poder siempre las unidades prestarse auxilio. 2. 0 Las zonas de marcha, los caminos, elzHnerarzo y la destz"nación. Destinar una zona de marcha á una columna, es poner á su dispo­sición todos los caminos, acantonamientos y recursos de la zona. El zti'nerarz·o lo fija el Comandante en Jefe, para saber siem­pre dónde se encontrará á cada momento el jefe de cada columna y evitar que las tropas se aglomeren ó estén detenidas para dejar pasar á otras que se crucen en su camino. Para fijarlo, es necesa­rio tener presente, cuando se puede elegir entre varios caminos, que para unidades considerables, el camino más corto no es siem­pre el de la línea recta, y sí, de ordinario, el mejor y más ancho, aunque sea más largo. La desHnacz!m, cuando se trata de una sola columna, se da se­ñalando un punto de llegada. Cuando son varias, se designa un camino, un curso de agua, una alineación de las cabezas de colum­na ; cada comandante de columna tendrá así mayor facilidad para trazar su línea de avanzadas, y sabrá qué concurso podrá esperar de las columnas vecinas, en caso de ataque. 3. 0 El frente de marcha- Debe ser calculado según se quiera concentrar el ejército más ó menos rápidamente, y de manera que las diversas columnas puedan prestarse apoyo, y que ninguna de ellas esté tan aislada que pueda ser derrotada separadamente. Depende también esto del efectivo y del terreno, pero ningún obs­táculo difícil de vencer debe interponerse entre las columnas. 4.0 La direcdón que siguen las C#lumnas vect1zas, el concurso que jueden prestar, las comumcadones por establecer con ellas y los puntos don­de acantonarán ó vzvaquearán-Es absolutamente necesario que un jefe sepa si manda una columna única ó si forma parte de una se­rie de columnas, y si la suya está en el centro ó en un ala, puesto que las medidas de seguridad varían en cada caso. Si su columna está en el centro, le bastarán algunas patrullas; si, al contrario, es única ú ocupa un ala, deberá cubrirse con flanqueadores y tomar eficaces medidas de seguridad. El Jefe de cada columna debe conocer la composición de las demás, situada~ á derecha é izquierda, para saber qué ayuda po­drán dar á la suya, la hora de su partida, el camino que siguen, el sitio y la hora del alto mayor. Deberá ponerse en comunicación con ellas lo más á menudo posible, darles datos y recibirlos de ellas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mt"lt.ta?- Los datos deben ser concisos y precisos, como los siguientes: Columna P., 10.10 a. m., perderá una hora á consecuencia de la ruptura del puente L. Columa P., 12.15 p. m., la vanguardia llega á M. Columna P., 12.50 p. m. Los flanqueadores señalan la llegada de alguna caballería enemiga á B., calculándole 6 escuadrones que marchan en dirección á G. Columna P., 3.20 p. m. Llega á su destino á R., coloca sus avanzadas en A., B., C., D., y su izquierda llega á D. 5.0 Hora de la salzda de la vanguardiay los conv~es-Fijando la hora de la salida de las vanguardias de las diversas columnas, se tiene la seguridad de que marcharán á la misma altura y se pres­tarán apoyo en caso necesario; pero es inútil señalar la hora de partida de las columnas, puesto que es consecuencia de la primera y es dada por el dispositivo de marcha, del cual se hablará ade­lante. La hora de salida de los convoyes se fija teniendo en cuenta la situación del enemigo y la eventualidad de un combate ; se de­terminará al mismo tiempo su itinerario y el punto de su llegada. 6. 0 El alto mayor-Lejos del enemigo, no hay ventaja en de­terminar los puntos en que las diversas columnas descansarán; el comandante de cada una lo elegirá. Pero si un ataque es posible, es preferible indicar los puntos en que las vanguardias hagan su alto mayor, de manera que constituyan una red de avanzadas y una línea de defensa. Durante el alto mayor se hace cerrar la columna para que pueda desplegarse con más rapidez. Se indica un punto de con­centración para la vanguardia, y uno ó dos para el cuerpo princi­pal. El convoy queda en su formación normal, pero estrecha sus distancias. 7· 0 Las posú:ümes que ocuparán los flanqueadores-Las columnas centrales se guardan con patrullas ; éstas no bastan á las exterio­res. El comandante en jefe puede dejar á cada comandante de columna el cuidado de indicar á sus flanqueadores cómo deben marchar y qué posiciones deben ocupar ; pero si algún punto le parece de más importancia, y es así necesario á sus planes, indica con qué fuerzas y durante cuánto tiempo debe ser ocupado. 8. 0 Las modificadotzes que convzene ztztrodudr en cada columna á la dúposzción normal de marcha-Se marcha con ésta, es decir, con la que prevé el Reglamento de servicio en campaña ; pero pueden presentarse circunstancias que hagan necesaria su modificación, la inminencia de un combate, por ejemplo. Se indican en términos precisos, como este: Todas las baterías de la primera brigada marcharán hoy con la vanguardia ; ó bien : Se estrecharán las distancias á la mitad, etc. 9· 0 El camz'no que seguirá el comandante en jife y á dónde se le di-rig- irán datos y partes. IO. Las medzdas espeáales que se tomarán para pasar tal obstáculo. I I. La colocadón de los acantonamzenlos y vivaques. I2. La línea de las avanzadas que se establecerán á la llegada. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mz·~z·tar IJ. Las horas y puntos fijados para el aprovúz'onamzento. Las últimas órdenes indicadas no podrán á veces figurar en la orden del movimiento, y se darán durante la marcha. I 4· En fin: los hospitales de evacuaczón, los telégrafos, el santo, etc. Si las columnas que siguen un mismo camino no están bajo las órdenes del mismo jefe, es indispensable indicar el punto ini­cial y la hora en que cada columna deberá llegar á él, así como el alto mayor, su duración y dónde se hará; pero esta complica­ción no sería necesaria con los efectivof. reducidos que por mucho tiempo se manejarán en nuestro país. El orden de movimiento no debe contener indicaciones sobre disposiciones para el caso de retirada, pero el General debe prever esta eventualidad y tomar las medidas necesarias. El cuadro de movimiento se comunica : á los comandantes de la caballería, de la vanguardia, de las divisiones y brigadas, de la artillería, de los ingenieros, al jefe de la comisaría ó intendencia, de las ambulancias, del servicio telegráfico, de la brigada, del convoy de cada cuerpo, etc., y éstos lo transmiten, en la parte que les es indispensable conocer para su cumplimiento, á sus subordi­nados. La necesidad de dar órden es de movzmzento aumenta, como se comprende, con los efectivos, puesto que cuanto más numerosas son las unidades, más complicados resultan sus movimientos. En las pequeñas reuniones de tropas, en las que, T. gr., no pa­san de 5,000 hombres, deben simplificarse las órdenes y cuadros de movimiento, dando, cuando se puede, órdenes verbales y directas, á fin de evitar los intermediarios que no son indispensables, de manera de no perder una parte de la fuerza en la transmisión del movimiento.- Continúa. ---- -.t:ile!t+- ---~ I"JrlNC/PIOS GENERALES .DE ESTRATEGIA Y .DE TACTICA EN LAS PEQUE/trAS GUERRAS por d Mayor C. E. Callwell, del Ejército inglés TRADUCCI6N DE ISIDORO LA VERDE AMA YA-ContinÚ« CAPITULO XII TACTICA DE DEFENSA VI. Difensa activa-No sin satisfacción se pasa del estudio de la defensa pasiva, completamente opuesta á los principios funda­mentales según los cuales deben manejarse las pequeñas guerras, al estudio de la defensa activa. Atacar no siempre es posible, ni siempre de desearse ; de suerte que en las pequeñas guerras se observa que las tropas regulares proceden á la defensiva hasta cuando la desproporción de las fuerzas no es tan manifiesta que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2JO B~letín Milt'tar haga necesaria esa actitud. Suele entonces presentarse una coyun­tura eficaz para no desaprovechar el momento en que el enemigo está en desorden, por causa de su ataque, y poder aplastarlo por medio de un contraataque. Sin embargo, en semejante caso, como en Ahmed Khel, en Afganistán, en Ulundi y en Ginhilowo, en el Zululand, y en Abu Klea, cuando el enemigo ataca repentinamen­te y en gran número y con mucho ensañamiento, la fuerza del ata­que se estrella en el asalto. Los que quedan vivos se dispersan, cuando su acometida ha fracasado, y no dan tiempo ú ocasión á las tropas regulares para hacer un contraataque, á menos que una fuerza de caballería esté inmediatamente disponible y que el terre­no sea favorable á la acción de esta arma. Pero, por regla general, el enemigo no ataca con tanto vigor ni repentinamente, y por esto hay siempre ocasiones para ejecutar contraataques eficaces. VII. Notas sobre el orden de batalla difensz'vo-En la defensiva es esencial el gran desarrollo de fuegos, y no hay necesidad de fuertes reservas, á menos que se tema una acometida á fondo. A causa de la tendencia que tienen los adversarios á envolver los flan­cos, debe buscarse e l apoyo de éstos, si es vosible, en un terreno muy ventajoso para la defensa, en donde en tal caso han de ser protegidos por la caballería ó la arti11ería. En Maiwand estaban completamente descubiertos los flancos, pero la caballería logró contener al enemigo á una distancia res­petable de uno de los flancos que staba muy en peligro. Algunas veces será ventajoso guardar, di imuladas ó detrás de la línea del fuego, reservas especiales disponibles para el con­traataque. No se puede dar respecto de esto una regla definida. Rara vez es posible decidir con anticipación y con exactitud dónde y cómo se efectuará un contraataque. Pero las fuerzas deben e tar dispuestas de tal manera que siempre que sea necesario en el curso de la acción pasar de la defensiva á la ofensiva, haya tro¡Jas disponibles para ejecutar el contraataque vigorosa y eficazmente. El combate de Kaz"lua es tm ejemplo de defensa acHva-El combate de Kailua, adelante de Langson, en que el General Négrier de­safió á los Chinos después del revés de Bang Bo, descrito antes, es un ejemplo excelente de una defensa activa hábilmente pre­parada. Los Chinos fueron atraídos á la llanura por grupos pequeños que se retiraron. El General Négrier había dado orden de dismi­nuír el fuego á fin de atraer al enemigo á corta distancia. El redu­cido campo atrincherado á la izquierda, lo mismo que los dos re­ductos y la aldea de Kailua, constituían buenos puntos defensivos, de manera que la posición era fuerte, á pesar de que estaba dominada. Los Chinos dirigieron su ataque principal contra la izquierda, y, envalentonados por la suspensión del fuego de los Franceses, se avanzaron muy cerca de las líneas. Restablecido repentinamente el fuego, sufrieron fuertes pérdidas y se retiraron á alguna distan­cia. Sin embargo, volvieron valerosamente sobre la izquierda, á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B olettn Mt"lü ar 2JI pesar de sus sensibles pérdidas, y los Franceses reservaban siem­pre su fuego hasta el momento en que su tiro era más eficaz. El General Négrier ordenó entonces á una parte de la reserva que envolviese la derecha de Kailua, y que cayese por detrás sobre el flanco del enemigo. Esta maniobra decidió del resultado de la jor­nada. La izquierda china fue envuelta, y todas las fuerzas enemi­gas huyeron en completa derrota. Por desdicha, justamente en el momento del éxito, el General Négrier cayó gravemente herido, y la victoria no fue coronada por la persecución como hubiera de­bido serlo. VIII. Ventajas de la formaczón m línea sobre la formación en cua­dro, hasta cuando el enemigo practz'ca la táctzca del choque-Se han mos­trado ya y tratado por completo en el capítulo 8.0 , las ventajas de la formación en cuadro, que permiten hacer frente á los ataques envolventes del enemigo y presentar un frente sólido á un adver­sario cuya dirección en los asaltos repentinos nunca puede pre­verse con certidumbre. Pero cuando la dirección del ataque del enemigo puede preverse de algún modo, y si el terreno es bien descubierto, de tal suerte que es imposible al adversario envolver los flancos disimulándose , ni dar una acometida repentina sobre las retaguardias, la necesidad de la formación en cuadro no es tan evidente hasta en combate contra salvajes que cargan temeraria­mente y á fondo. Un orden de batalla que sigue una línea irregu­lar cuyo flancos son resistentes, con la caball ría lista á manio­brar sobre los flancos, y con la artillería repartida de tal suerte que pueda batir todo punto por donde el enemigo intente lanzarse al asalto, este orden de batalla es excelente. Si hay vasto campo para el tiro, no hay t e mor ninguno d e que la lín e a sea rota, con · tal que se obse rve buena disciplina en e l fuego. En esta forma­ción, se puede colocar mayor número de fusiles en línea y ocupar una posición más extensa que si se recurriese al cuadro. Nada de fuertes reservas, que disminuyen seriamente el número de fusiles al frente, sino reservas pequeñas locales, especialmente en los flancos. Ejemplos-En Ahmed Khel se encontró al enemigo en fuerte número en un terreno levantado, á la izquierda y al través del ca­mino que seguía la columna de Sir D. Stewart en su marcha sobre Ghuzni. Todas las tropas disponibles tomaron la formación de ata­que, y la artillería abrió el fuego. Una masa de Ghazis cargó en­tonces repentinamente sobre las tropas, y otra masa de caballería enemiga, que se había divisado sobre la derecha de la posición afgán, atacó la izquierda de los Ingleses, que estaban en ese mo­mento formados en una larga línea á intervalos, con la artillería á. la derecha. En tanto que la caballería afgán caía sobre la izquier­da de la línea, fanáticos armados de sable atacaban el frente y el centro, pero la infantería sostuvo el choque. A la derecha, la artillería mantenía á distancia al enemigo; pero se juzgó ne­cesario retirarla un poco y defender ese flanco derecho para formar martiiio defensivo; algunos escuadrones faeron también enviados de este lado con el fin de prolongar la 1í nea. Sin Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2J2 Boletín Mt'lt'ta~ .embargo, en la izquierda el ataque de caballería había sembrado el desorden, la caballería inglesa se había replegado. La ca­ballería de los Afganes no fue detenida sino l'Or la infante­ría formada en cuadros unidos. En fin de cuentas, gracias al gran desarrollo de fuegos que esta larga línea suministraba, el enemigo fue rechazado con gran mortandad. La situación fue crítica du­rante algunos momentos á causa del ataque terrible y repentino del enemigo, ataque sin precedente en las grandes operaciones anteriores en Afganistán. De este modo, una línea defensiva de batalla, tomada más ó menos casualmente, pareció magnífica en esa emergencia, porque permitió gran desarrollo de fuegos. En el combate de Tokar, en r8gr, las tropas egipcias, ataca­das repentinamente por los Madistas en gran número, á última hora tomaron sus disposiciones para ocupar una posición semicir­cular apoyada en una antigua aldea en ruinas; formados media­namente en línea, rechazaron á los Arabes, quienes, sin embargo, envolvieron los flancos y causaron al~una mortandad en el convoy e retaguardia. IX. Dificultades que presenlatt los flancos-El hecho es que los .'flancos son la gran dificultad. El enemigo evita instintivamente el fuego del frente de la línea. La artillería sobre los flancos es una disposición excelente, como lo ha demostrado Ahmed Kehl; pero colocada de este modo, el fuego de ella puede ser hasta cierto punto inútil al principio. Colocar las piezas desde el principio en frente de cada uno de los flancos, y retirarlas en seguida para cu­brir los flancos, son muy buenas disposiciones. Cierto que con tro­pas con las cuales no se puede contar por completo, como los contingentes de indígenas, por ejemplo, la vista del movimiento retrógrado puede producir un mal efecto. La retirada de la arti-lería, hasta á corta distancia, ciertamente despierta el valor del enemigo. Como se ha dicho atrás, en tMaiwand la retirada de las piezas, retirada ocasionada por la falta de municiones, produjo un resultado desastroso. En la discusión de la táctica defensiva en las pequeñas guerras, la teoría debe sobre todo inspirarse en las enseñanzas sacadas de las campañas actuales, porque el espí­ritu del ataque anima á las tropas regulares y á sus jefes en estas pequeñas guerras. Las acciones defensivas son la excepción y no la regla. En lo que se puede invocar muy á menudo la historia es en el estudio de la táctica ofensiva. X. El enemigo puede rehusar ti ataque-El hecho de ocupar una posición y de esperar en ella el ataque, deja al enemigo la elección -de combatir ó nó. Se puede aguardar el ataque de adversarios que se precipitan llenos de confianza, pero no siempre se ha de contar con esto. Si el enemigo rehusa la acción, se corre el riesgo de no infligirle una derrota. Como se comprende, esta eventualidad -es una solución muy peligrosa en la mayoría de los casos. Por esto, en las pequeñas guerras cuando se ocupa una posición con la esperanza de que uno será atacado en ella, generalmente es ¡u'eciso tomar medidas para abandonarla y pasar á la ofensiva, si os adversarios evitan el combate. Los Madistas rara vez, al prin- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletin Mt"lüar 273 cipio de una campaña, trataron de evitar el combate. Pero el hecho de armas de Agordat, en 1893, muestra que algunas veces no se les puede inducir á que d e n el asalto á una posición prepa­rada para este efecto. Las tropas italianas, con la pretensión de impedir la marcha de avance de una gruesa columna enemiga, habían ocupado y for­tificado una posición. El ejército Madista se acercó, pero pasó por otro lado. El General italiano, resuelto á obligarle al combate, aban­donó su posición para marchar al encuentro del ejército enemigo, el que, en estas nuevas condiciones, aceptó inmediatamente la ba­talla. Los Madistas atacaron con energía, y la rapidez de la aco­metida fue de tal suerte, que los italianos tuvieron que retroceder un poco abandonando su artillería. En aquel momento, las armas de precisión comenzaron á producir su efecto; las tropas avanza­ron de nuevo, volvieron á tomar sus cañones, y dispersaron com­pletamente al enemigo. Acontece algunas veces que un cuerpo de tropas regulares que retrocede ante guerreros irregulares, puede, al ocupar una fuerte posición, cambiar los papeles. Pero como algunos puntos especiales relativos á las retiradas merecen llamar la atención, y no se podrían tudiar mejor que en capítulo separado, la táctica defensi\'a en estas condiciones especiales la estudiaremos muy ven­tajosamente en un capítulo aparte. Toda la cue tión de la defensi­va en las pequeñas guerras está íntimamente ligada á la cuestión de los cuadros y ele las obras de defensa. Un enemigo valiente y emprendedor, reunido n ma as, acaba con el sistema de los laa­gers, de lo zen'bás y de los cuadro . Pero, por regla general, los adversarios de las tropa regulares en la pequeñas guerras no combaten de esta manera. Hay que atacarlos, á menos que existan fuertes razones para no proceder así. La iniciati\·a enérgi­ca es el secreto del éxito. Una actitud defensiva es generalmente un mal principio, y no debe ser regla que se adopte por un jefe que sab cómo deben ser tratados estos guerreros irregulares. Cotllz1nía ~ ---- SER VICIO DE ESTADO lffAYOR POR TASSO FRAGOSO Capitán del Estado Mayor del Ejército Brasilero TraducciÓ1t libre por el Coro1lel Bernab! Herrera y Obu Los progresos realizados en el tecnicismo de la guerra, y el acrecimiento incesante de los efectivos de los ejércitos modernos~ han contribuido poderosamente para hacer sobremanera delicada y llena de responsabilidades la posición de un General en Jefe. La más ligera reflexión demuestra que existe una diferencia profunda entre el comando de un ejército del siglo xv1 ó xvu, ver­dadera masa humana sin flexibilidad, especie de bloc, como dice Rousset, y Jos grandes ejércitos del siglo x1x, en que partes apa- TOKO 1 18 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 274 Boletin Militar rentemente sin conexión, se articulan para producir un mecanismo" dócil al manejo del jefe supremo. Se comprende entonces la im­posibilidad de que un solo cerebro humano, sobre quien ya pesa la inmensa tarea de la meditaciÓn de los grandes problemas tácti­cos y estratégicos, y la preparación general del plan de operacio­nes, pueda atender y dedicarse á la reglamentación y ejecución de las medidas secundarias, imprescindibles para la realización prác­tica de la concepción general. Entre el Comandante y las fuerzas de un ejército se intercala, pues, espontáneamente un órgano intermediario, que se destina, según lo dice Clausewitz, á traqsformar en órdenes las ideas del General en Jefe, no comunicándolas simplemente á las tropas, sino elaborando todas las cuestiones de detalle y ahorrando al jefe ese trabajo estéril. Tal es la misión del E tado Mayar de un ejército de opera­ciones. Bronzart von chellendorff, á quien se debe el mejor trabajo de síntesis sobre el Estado Mayor, caracterizó explícitamente sus funcione en la guerra, del modo siguiente: El Estado Mayor debe: 1. 0 Redactar, según las exigencias de las circunstancia del momento, todas las órdenes relativas al acantonamiento, campa­mento, marcha y combate de las tropas; 2.° Comunicar en tiempo oportuno, por escrito 6 verbalmente, Jas órdene necesarias, con todo los detalles indispensables; 3 ° Practicar toda la dilig ncia n cesarias para obtener documentos concernient s al valor militar del teatro de operacio­nes, coordinarlos y velar por la preparación de un número suficien­te de mapas ó cartas geográficas; 4.0 Procurar informaciones sobre lo que pasa C'n 1 ejército enemigo, apreciarlas y transmitidas al jefe supremo d 1 jército ; 5. 0 Dictar las resoluciones necesarias para que las tropas se conserven en estado de combatir, conocer con exactitud y perso­nalmente el estado real de ellas en todos sus detalles ; 6.0 Organizar diarios de marchas, redactar partes de comba­tes, coleccionar materiales para la futura historia de la campaña; 7. 0 Desempeñar misiones especiales, principalmente las que se relacionen con los reconocimientos. Las razones justificativas de la creación de un Estado Mayor agregado al comando en jefe, militan, aún más, en favor de la creación de otros Estados Mayores, agregados á los comandos de las grandes fracciones en que el mismo ejército se subdivide. Por esta razón la guerra no nos revela la existencia de un solo Estado Mayor, sino de múltiples Estados Mayores, cuya importan­cia dependerá de la fuerza numérica y quizá del papel reservado á Ja grande unidad á que cada uno de ellos estuviet e agregado. ¿,Qué funciones, pues, desempeñarán en la paz esos Estados Mayores? Digámoslo en dos palabras: Hace ya mucho tiempo que se ha establecido como doctrina victoriosa el mantenimiento de los ejércitos permanentes durante Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletítt ~ftit'tar 275 la paz, por la misma razón por que se baten durante la guerra. En estas condiciones, las grandes unidades existen ya provistas de Estados Mayores y bajo el comando de los respectivos jefes, antes que se practique u concentración para llevarlas al frente de las del enemigo. El papel de lo Estados Mayores queda, pues, determinado por aquel aforismo que asigna como objetivo de los ejércitos en tiempo de paz, su preparación para la guerra: "El servicio de Estado Mayor en tiempo de paz, dice Schellendorff, debe prepa­rar á los oficiales en él empleados, para las funciones que tendrán que desempeñar en campaña.'' Solamente en los períodos de paz el Estado Mayor de todo el ejército, generalmente denominado Grande Estado Mayor, en con­traposición á los Estados Mayores de las fracciones de tropas, abraza en su esfera de acción el estudio de nuevas y variadas cuestiones, merced á las cuales se dilatan las fronteras de su acti­vidad. Su objetivo general queda, pues, inalterable : auxiliar al comando en jefe, colaborar con él en la preparación meditada y paciente de todos los elemento necesarios para obtener la victo­ria. Por esta razón el Grande Estado Mayor ó cualquiera de los Estados Mayores de un ejército, aunque estén lejos de ejercer co­mando sobre las tropas, es incuestionablemente el primero y el más importante de los órganos auxiliares de ese comando. Las simples indicaciones que acabamos de hacer á grandes rasgos, de las funcione de los Estados Mayores, dejan entrever la cualidades indispensables qut; d ben poseer los oficiales em­pleados en ese s rvicio. De pocas necesita relativamente un oficial ele cualqui --ra de las armas combatitJntes para desemp ñar con bri­llo la mi ión que le sea confiada. Cuanto al oficial de E tado Mayor es diferente : delJe poseer no sólv la cultura intel ctual y la biza­rría que cualqmera de las arma reclama, sino un vasto saber con relación á la táctica y á la estrategia, y además un profundo cono­cimiento del ejé1~cito nacional. u inteligencia debe ultrapasar el ámbito estrecho de una única arma, y abrazar en verdadera sín­tesi todos los miembro de ese organismo complejo: el ejército moderno. Ningún creto debe existir para él, como ningún secre­to existe para el maquinista encargado de la vigilancia de su má­quina. Es necesario que su spírilu e haya madurado en el estudio de la campañas de los grandes capitanes, y asimilado á la doctri­na más adecuada con la dirección victoriosa de los grandes ejérci­tos de la actualidad. Sólo así le será posible realizar ese tipo, des­crito por el General Janson, de auxiliar, siempre pronto á suminis­trar informaciones exactas y precisas; sólo así logrará, finalmente, colaborar con su general en forma tan íntima y fecunda, que sea imposible distinguir en los pensamientos de éste, la parte que evi­dentemente le cabe, de la que se debe al Jefe de su Estado Mayor. Cuando se estudia la historia militar de la humanidad, se com­prueba que fue necesario una evolución lenta, y por eso mismo de larga duración, antes que el papel del General en Jefe y de su¡ auxiliares inmediatos quedase nítidamente establecido. Se puede Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Botettn Mtltta~ afirmar, sin recelo de ser contradir.ho, que sólo después de la céle­bre victoria de las tropas alemanas en la guerra de 1870, se pro­pagó por todas partes esa manera nueva de concebir, en la paz y en la guerra, el comando de las grandes masas combatientes. En vano procuraríamos encontrar en los diferentes ejércitos, hasta el comienzo del siglo x1x, una organización igual á la que hoy ca­racteriza los Estados Mayores de los ejércitos contemporáneos. Es indudable que los Generales de todos los tiempos tuvieron necesi­dad de agrupar á su rededor un número de oficiales por cuyo in­termedio imprimían movimiento á las huestes guerreras. El papel que estos oficiales desempañaban era muy secundario; sin embar­go, no era raro verlos figurar en los mismos cuadros que los Gene­rales, formando lo que muchas veces se llamó Estado Mayor gene­ral. u Federico u-dice Bronzart von Schellendorff-disponía de pocos oficiales en el Estado Mayor del Cuartel general, porque él mismo ejercía, no sólo las funciones de Jefe de Estado Mayor, sino las de Oficial de Estado Mayor de puesto inferior. Todos los planes de las operaciones, todas las órdenes ó indicaciones á los jefes que le estaban subordinados, las escribía ó dictaba el propio Rey. En cuanto á las órclenos de combate, las daba de viva voz. Si por acaso necesitaba de auxiliares, tenía á su disposición á sus ayudantes de campo, algunos ingenieros y cazadores á caballo. El Estado Mayor general del Cuartel general existía apenas en el nombre." "En 1806-escribía Comini-Napoleón aseguró el éxito de la campaña haciendo concurrir, con admirable precisión, al punto de­cisivo de la zona de operaciones, columnas que habían salido de los más r motos lugares. La elección de este medio decisivo cons­tituyó una hábil combinación stratégica: la operación logística, relativa al cálculo de los movimientos, emanó directamente del ga­binete de Napoleón." Se ha pretendido por largo tiempo atribuír á Berthier la glo­ria de haber sido el autor de esas instrucciones, concebidas con tanta precisión y transmitidas con tanta lucidez. Más de cien veces tuve oportunidad de comprobar el ningún fundamento de este con­cepto. Napoleón mismo era el verdadero Jefe de su Estado Mayor. Provisto de un compás, abierto de modo que representaba siete ú ocho leguas en línea recta, lo que supone siempre nueve ó diez por las sinuosidades del terreno, apoyado sobre la carta en que estaban indicadas con alfileres, de colores diferentes, las posiciones de sus cuerpos de ejército y las en que suponía al enemigo, ordenaba sus movimientos con una seguridad de que difícilmente se puede formar idea. Paseando con ligereza el compás sobre la carta, calculaba en un cerrar de ojos el número de marchas que había de ejecutar cada uno de sus cuerpos de ejército para llegar en el día deseado al punto designadn donde pululan prodigiosamente; llevan en la extremidad de la cabeza una especie de arpón que les sirve de defensa. Este arpón penetra fácil­mente en la carne, pero no sale sino con mucho trabajo, ocasionando dolore¡ muy vivos y fuertes convulsiones. •• Pescado muy pequeño, de color rosado, que abunda en los ríos; los dien­tes son tan numerosos y tan agudos, y se arrojan en tan gran cantidad sobre la. parte herida que es imposible librarse de ellos, sobre todo si se tiene la des:ra· cia de penetrar al río echando sangre. Con frecuencia se ha visto á algunos sol­dados salir del agua con un miembro enteramente descamado por la voracidad de e¡tos pescados. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mitt'tar Me aproveché de la estación lluviosa para trasladarme á la. capital de Venezuela, en donde me proponía tratar con las autori­dades de la Provincia acerca de los medios de procurar para mis tropas todos los recursos y provisiones que les eran necesarios. Investido con poderes ilimitados que el Rey se había dignado concederme, de acuerdo con el parecer del Consejo supremo de Guerra, consagré mi atención á fomentar en esta ciudad estableci­mientos destinados á la distracción ó de utilidad püblica. Cuando terminó el invierno pasé á Valencia y visité algunos departamen­tos del Oeste, y al comenzar Febrero me encontraba en Pao. Mi primer deber en esta época era consagrar toda mi aten­ción al ejército ; había que aumentar el número de la fuerza y disciplinarla de modo de hacerla temible al enemigo. Iba á abrir­se la campaña de 1820, y era indispensable presentarse con esta ventaja para decidirla de modo pronto y conv niente. Ocupaciones tan importantes se interrumpieron por circunstancias muy graves. Hacia fines de Febrero un mensaje de Su Majestad que me dirigían de la capital, fue interceptado en Mocuruparo, cerca de Tocuyito. Este acontecimiento, completamente inesperado en una vía pública tan concurrida, y algunas sospechas que ya había con­cebido vagamente, me movieron á hacer averiguaciones muy seve­ras para descubrir la verdad. La declaración de un n gro llamado Juan Pablo Gogorza me puso en el hilo. Varios individuos fueron reducidos á prisión, á otros se les tomó indagatoria ; todas estas medidas me descubrieron la existencia de un partido de facciosos oculto en las cercanías de la ciudad y compuesto d más de cien hombres, á la cabeza de Jos cuales estaba uno llamado Rosales, na­tural de la aldea de 'I inaco. Me persuadí de que e ta n .. unión es­taba sostenida por arios personajes de la ciudad, entre los cuaJe el más importante era el Alcalde de primera elección; de que este partido aumentaba, y trataba diariamente de ganar nuevos prosé­litos; de que se comunicaba con los disidente cl 1 Apure y con otro5 puntos ocupados por Jos rebeldes; de que su propósito principal era apoderarse de la ciudad, y de que todos sus crímenes, todos sus robos de armas y de caballos, tenían evidentemente un fin polí­tico. Habiendo sido denunciado este abominable complot por nu­merosos testigos oculares, se redujo á prisión á varios indivi­duos, la causa se siguió por el Auditor general del Ejército, D. Ig­nacio Javier Uzelay, después Regente de la Audiencia territorial, y se envió luégo á un Consejo de Guerra. Como es imposible citar aquí todas las piezas relativas á este proceso, me contentaré con dar un extracto fiel y somero. El negro Gogorza rindió su declaración como lo dije más arriba, de la cual resultó que había efectiva mente formado parte del bando mandado por Rosales; que estuvo presente cuando los despachos se interceptaron; que el a viso de que venían de la ciu­dad de Valencia fue dado la misma noche dPl 28 de Febrero por una persona que no conoce, por medio de una carta de que fue portador el esclavo de un sujeto de apellido Mesa. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n .Ll:filitar En consecuencia de esta declaración, Francisco Antonio, es­clavo de D. Salvador Mesa, fue detenido, y á su turno declaró que había efectivamente lleYado el aviso de que se trataba; que D. Vi­cente Guevara, ~Alcalde de primera elección, le había entregado la carta; que ya, por orden del mismo Guevara, había llevado en dos ocasiones despachos para Rosales ; que igualmente se le ha­bían confiado cien pesos que remitía la Sra. Zabaleta para soste­ner el partido, y que entonces oyó decir que se le mandaría toda­vía más dinero; que él había visto á doña Josefa Zabaleta y á otras personas que se reunían en casa de doña Francisca SandO­val, para hablar de noticias favorables á los disidentes, y que por orden de las hijas de la señora Sandoval, él había hablado con Guevara antes de llevar la carta á Rosales. Como ~stas dec1araciones no pareciesen suficientes al Auditor general de Guerra para iniciar un proceso, se convino en que al­gunos destacamentos se apostarían durante la noche para detener á los espías que pasaran por los caminos de los alrededores de Valencia, y sobre todo en la dirección de Miranda y de Paya, ocupado entonces por 1 partido de Rosales. Con efecto, tomaron á varios en distintas ocasiones. Jo é Antonio Nadal, sorprendido á las nueve de la noche, de­claró que había permanecido un mes en el bando de Rosales, y que durante este tiempo recibió tres veces el encargo, por orden del jef , de lle' ar á D. Vicente Gue ·ara cartas ú otros papeles, de los que tenía respuesta es< rita, á 'eces acompañada d . noticias verbalc , tales como aviso de quL' estu,•iesen á la mira, porque las tropas de la guarnición salían á todo instante de la ciudad. Manuel Zurbarán d tenido á las once de la noche, declaró que hacía pocos días que había estado con los enemigos, que ha­bía visto que recibían comunicaciones de Valencia, y que les oy6 decir que entre e11as las había de Guevara para Rosales. Por esto indicios, y con la e rtidumbre de que el despacho interc ptado había sido enviado á Bolívar, y que la banda de fac­ciosos espiaba sin tregua 1 momento en que la ciudad se encon­trase sin guarnición para penetrar en ella á viva fuerza, el 3 de Mayo el Auditor dio orden de poner preso á Guevara y de incO­municarlo, lo que se ejecutó. Casi al mismo tiempo fue detenido José Herrrera, quien decla­ró haber llevado dos veces cartas de Guevara á Rosales, y que le habían encomendado verbalmente la mayor vigilancia. Además, decía que en diferentes épocas había llevado al mismo Rosales dos cartas que le había confiado una señora que vivía en la plaza de la ciudad, en la casa de D. 1.\!anuel Zabaleta. Esta señora le dio ambas veces su gratificación. Vicente Noguera fue también detenido en la misma época,. y declaró que pasando un día delante de la casa de Guevara, este Alcalde le había llamado con el pretexto de comprarle un pañue­lo, y después de larga conversación, le había propuesto le lleva­se una carta á Rosales, quien se encontraba en Paya, y que ha­biéndose excusado por enfermedad, lo amenazó con que lo haría Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B olet{n M·ilt"tar llevar á la cárcel, y que al fin él había llevado la carta de que se trataba, hasta la mitad del camino, en donde un esclavo de Gue­Tara, enviado por el bando rebelde, había venido á buscarla. En consecuencia de los cargos que aparecían contra Guevara, de su conducta pasada y de sus opiniones, comunicadas á su her­mano antes de la expedición, en una carta que se interceptó en­tonces y que se conserva *, después de oír á los testigos, se procedió á su interrogatorio. El pidió que sus acusadores le fuesen confrontados, lo que se verificó; sostuvieron su dicho en presencia de él ; pero Guevara se contentó con negarlo todo, sin dar ninguna .razón que pudiese contribuír en lo más mínimo á su justificación. Después de estas operaciones previas se formó un Consejo de guerra para examinar la causa y juzgar á los acusados ; se oyeron los testigos, la confrontación se verificó de nuevo. Guevara no pudo disculparse en ningún punto, y, convencido del crimen de alta traición, fue condenado á la pena de muerte por el Consejo de guerra, en presencia del Auditor general del Ejército. Sin embargo, cuando él esperaba ya en la capilla la ejecución de la sentencia, juzgué á propósito hacer uso de todas las prerro­gativas que Su Majestad se había dignado concederme, y dar así nuevas pruebas de mi deseo de asegurar la tranquilidad de la provincia. Envié, pues, al Auditor general del Ejército con el Fis­cal de la causa á ofrecer indulto á Guevara si terminaba por quitar el velo á todo el plan de la conjuración ya descubierto, se­ñalando los nombres de los conjurados, á los que se les otorgaría gracia. Después de larga meditación, en presencia de un sacerdo­te que le daba auxilios espirituales-el Dr. D. José Antonio Mona­gas,- se conte ntó con responder que marchaba á la muerte. El 10 del mismo mes el Consejo pronunció la sentencia de los otros acusados. El resumen de estas sentencias dará á conocer sus crímenes, lo que confesaron y las declaraciones de los testigos. José Torres Nirgüeño, Juan Ambrosio Velásquez y Reyes Rojas fueron condenados á horca, en virtud del artículo 67, título X, de las Ordenanzas del Ejército, com0 convencidos del crimen de espionaje. Seis testigos declararon ante el Consejo haber visto varias veces á Nirgüeño en el bando de Rosales, al que iba á jun­társele con los despachos de Valencia; ocho testigos atestiguaron el mismo hecho relativamente á Velásquez, á quien designaban en el bando enemigo con el nombre del cartero; el tercero quedó igualmente convicto, y á todos tres se les fw~iló, porque no había en Valencia verdugo. ------- Entre otras cosas decía:"' La muerte de Peñalver me ha afligido mucho, ~ero toda vía más la de Tinaco, por causa de sus cualidades morales y por lo util que nos hubiera sido en las actuales circunstancias. En fin, bendito sea Dios! no podemos descansar sino hasta que no quede un solo godo. Te aseguro que á la muerte de cada uno de los nuéstros mi corazón se siente presa de nueva cólera contra esos malvados. Aquí se dice que han pasado JJOr las armas á cinco de nues. tros hermanos que tuvieron la desgracia de caer en sus manos; dime si el hecho es cierto, y si esos desdichados son del número de aquellos que se encontraban en los pontones." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mz'lz'tar Francisco Herrera, Francisco Antonio Párraga de Mesa y José Nadal, igualmente convencidos del crimen de espionaje que confesaron, fueron condenados á la misma pena. Herrera fue pa­sado por las armas ; los otros dos, por tenerse en cuenta la buena fe de sus declaraciones sobre todo lo que habían hecho, visto ú oído, obtuvieron que yo les conmutase la última pena por ocho años de presidio. Prudencia Prado, Francisco Pacheco y Gregario Mota, con­vencidos por su propia declaración de haber tomado parte en el bando de Rosales, fueron condenados á la pena capital ; pero á tiempo de aprobar la sentencia, conmuté esta pena á los dos últi­mos en ocho años de presidio, por motivos semejantes á los que se han expuesto arriba. Juan José Rodríguez fue condenado á seis años de presidio: no hubo pruebas suficientes para convencerle del crimen de espio­naje de que se le acusaba por dos testigos. A Vicente Torres se le condenó á la pena de ocho años de presidio, convencido, según su propia declaración, de haber servido en el bando de Rosales ; pero en la aprobación de la sentencia, considerando siempre las circunstancias atenuantes, yo le concedí la conmutación por seis años de trabajos públicos. Vicente Noguera, Basilio Jiménez, Manuel Zurbarán y Juan Pablo Gogorza fueron condenados á ser pasados por las armas como convictos, según su propia declaración, de no haber dado aviso de la existencia de la banda en que habían servido á la fuerza; pero por la aprobación de la sentencia, la pena se redujo á seis años de servicio militar para el último, y á los otros tres á seis meses de servicio en los hospitales. Doña Josefa Zabala, convencida: 1.0 De haber tenido en casa de la señora ando~·al reuniones para hablar contra la causa de la nación española, reuniones que han ocasionado graves perjuicios; 2. 0 De haber enviado cien pesos á Rosales; 3. 0 De haber confiado en dos ocasiones cartas para Rosales; 4· 0 En fin, de estar sindicada por todos los testigos como la. pro-tectora declarada y reconocida del partido,-fue condenada á ser deportada fuera del territorio español; pero por la aprobación de la sentencia se le permitió ir á reunirse con su marido en Jamaica. D. Salvador Mesa y su esposa se vieron condenados á la de­portación fuera del territorio de Venezuela y de Nueva Granada, por haber dado en toda circunstancia y de todos modos pruebas reiteradas de sus opiniones revolucionarias como agentes de los más declarados del partido; y el primero, por último, por haber prestado servicios militares á los disidentes. Doña Francisca Sandoval y sus hijas fueron condenadas á la misma pena que su yerno y hermano político Mesa, como conven­cidas del hecho de haber convertido su casa en centro de reunio­nes sediciosas, y de haber enviado á Guevara al criado Párraga. Y estar reconocidas por el partido como protectoras, según varias deposiciones de testigos oculares. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mzlüar Juan Antonio Cirilo L6pez fu e condenado á ser pasado por las armas como desertor, convencido de haber tomado servicio en el bando y de haber mandadv una parte de él. D. Felipe Malpica y D. Rafael E pinosa, á seis años de presi­dio, en ejecución de la orden publicada anteriormente en estas provincias contra los que ocultasen desertores, delito de que fueron convencidos ; las declaraciones de varios testigos estuvieron acor­des en declararlos protectores reconocidos del partido, y en la sentencia se tuvo en cuenta su conducta pasada. D. Carlos Sandoval fue condenado á la pena de deportación por haber lanzado expresiones sediciosas en presencia de testigos que lo acusaron. A muchos otros se les siguió juicio, pero sin pruebas suficien­tes: apenas se les obligó á estar bajo la vigilancia de las auto­ridades.- Co?!iz'núa ----~ ..... ZUMALAC.ÁRREGUI GUERaA CIVIL DE NAVARRA, 1834-1835 Traducido para el BoletEn 1lfilitar Continúa Con 3,000 soldados, Zumalacárregui podía enloquecer al ene­migo á u placer; con 30,000 hombre habría quedado á merced de su adversario. Las poblaciones se habrían arruinado muy aprisa al alimentar un ejército de 30,000 hombres, y quizá para desemba­razarse de ello los habrían traicionado; un jército de ese efecti o no podía rehusar librar batalla: se habría vi to obligado á atacar al enemigo en su terreno para no pe ar por largo tiempo sobre una población hambrl!ada é inferior en armamento y disciplina á un ejército regular: la derrota habría antecedido al combate. Esto fue precisamente lo que sucedió á lo· voluntario de las provincias vascongada , que aglomerados en número de 20,000 en Oñate, se dispersaron al aproximar e el pequeño ejército de Saarsfield, y cayeron, partida por partida, en poder de los escuadrones que los perseguían. Con 3,000 hombres, al contrario, repartidos por com­pañías ó por batallones en los valles, Zumalacárregui venía á ser como impalpable, crecía á los ojos de sus adversarios y los obliga­ba á perseguirlo, o pena de exacerbar la opinión pública contra ellos. De esta suerte se conciliaba á los habitantes de las comar­cas que arruinaban sus adversarios, y siempre que necesitaba un combate para restablecer la moral de la insurrección, podía atraer á los enemigos á la posición que había elegido en una co­marca donde las posicione militares abundan en los caminos, en forma de desfiladeros inevitables y conocidos como lugares á pro­pósito para emboscadas: Salinas, Borunda y Lecumberi en la vía de Pamplona á Victoria; Carrascal, en el camino de la Ribera; Peña Cerrada en jurisdicción de Logroño; Pancorbo en la ruta de Victoria á Burgos; Dos Hermanas, en la de San Sebastián, etc. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M ·ilz.tar Zumalacárregui, que conocía bien el terreno .. obligó, pues, á los constitucionales á obedecer, sin que lo sospechasen, el plan de campaña que se había trazado. Este plan consistía en destruír en detalle el ejército enemigo, haciéndole creer que era el vencedor. Supo vencer á los cristinos, dejándoles siempre los honores del camp·o de batalla. Muchas veces se afirmó en Madrid que ha­bía terminado la insurrección ; pero al siguiente día se sabía con admiración que un regimiento extraviado había sido sorprendido en una emboscada por un enemigo invisible; que había desapare­cido un con voy sin saberse cómo ; que una guarnición se había su­blevado por no haber recibido recur os. Un día se publicó en Victoria la importante noticia de la destrucción completa de los insurrectos, cuyos restos miserables después de la derrota vaga­ban dispersos en la montañas. Zumalacárregui supo estas noti­cias por sus espías; toda la población era cómplice de este espio­naje. Al siguiente día atacó á Victoria, aterrada y confundida, y faltó voco para que se apoderara de la plaza, que debió su salva­ción á un chicuelo corneta: los voluntarios, al oír un toque enemi­go, temieron s r envueltos y dej:tron el campo; pero el efecto se había obtenido. Preci o fue volver á perseguir e e enemigo que se creía dcstruído. Entonces Zumalacárregui, engañando á los cristi­nos, los hizo seguir la huella de uno de sus destacamentos, mien­tras condujo el resto de su tropa t.. un punto 1 jano, para de allí re vol ver y lograr un golpe de mano, ó bien sorprender las reta­guat- dias del n migo, mediante una contramar ha rápida. Los cri tinos dormían sobre 1 cam¡ o de batalla, y de ·u vivacs daban el part el la victoria· p ro Zumalacárr gui al huír se llevaba al­gunos fusiles y paquetes de cartucho de que carPCÍa la víspera. Al día siguiente se hacía batir más lejos, p ro siempre á expensa de los enemigos. Por otra parte, el jefe carli ·ta no habría podido obtener una victoria deci iva á causa d 1 estaclo de penuria n que se encontra­ba, y puso ~n juego todo su genio militar en elegir el sitio de los combates, de tal manera que siempre pudiera retirar sus tropas sin tropiezo, una vez alcanzado el fin que se proponía en la lucha; tomaba sus disposiciones con tal acierto que todo le servía, hasta lo imprevisto; de todo se aprovechaba, hasta de la derrota. Cuando tomó el mando de las partidas fugitivas de Logroño, tenía que organizarlo todo, que crearlo todo, hombres y recursos. Aceptó la carga; pero quiso saber primero si podía contar con sus tropas. De ahí el rudo y terrible lenguaje del discurso atrás inserto. El dinero, ese nervio de la guerra, faltaba en absoluto; por consiguiente, el nuevo jefe no podía introducir nada del Ex­tranjero, ni municiones, ni víveres, ni equipo, de todo lo cual esta­ban desprovistos los soldados, y la provincia era muy pobre para suministrarlos. Necesario era tomarlo todo al enemigo, como se ha dicho. Para esto, el atrevido guerrillero no podía contar con sus reclutas, sin Elisciplina para resistir, sin armas para atacar, sién­dole preciso habituarlos poco á poco al fuego, sin amilanarlos. Por esto en primer término llamó á los viejo contrabandistas y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mil·Z:tar aduaneros que la guerra había dejado sin oficio, y los distribuyó por partidas de 12 á 15 hombres en las cercanías de los puntos ocupados por los cristinos, con orden de apresar á los soldados ais­lados, molestar los flancos de las columnas enemigas, ocultándose en las rocas inaccesibles, y sobre todo de impedir á los trafican­tes llevaran á las aisladas guarniciones cualquiera especie de provisiones. Estos sabuesos estaban tan bien amaestrados, que muy pronto los cristinos se vieron obligados á emplear columnas de 500 á 1,000 hombres, para proteger el reaviittallamzenlo de una guarni­ción de 200 á 300 hombres; ó bien á abandonar el pueblo donde estaban. En el primer caso, los convoyes eran irremisiblemente atacados en los desfiladeros de los caminos y senderos ; en el se­gundo, Zumalacárregui ocupaba los lugares evacuados, los cuales le debían su libertad, lo que aumentaba su prestigio y ensanchaba proporcionalmente sus medios de acción. En la guerra de montaña, raro es que se combata en forma­ción regular, por lo cual es muy ventajoso dividir las fuerzas, con el fin de dejar á los cuerpos destacados más libertad de acción. Zumalacárregui comprendió esto mucho mejor que ningún otro guerrillero antes que él. Adoptó como unidad el batallón en vez del regimiento; acostumbró hasta á las compañías á moverse se­paradas de su cuerpo, dando á los capitanes una responsabilidad relativamente mayor, de tal suerte que aquéllas no se desmoraliza­sen nunca en una retirada, cuando por cualquier causa resultaban separadas de su batallón. Hoy se puede afirmar que con esa orga­nización especial en una guerra de fuerza regulares contra gue­rrillas, no se repetirán lo desastres del ejército francés en España en tiempo del primer imperio *. Zumalacárregui había adoptado como er¡uipo de sus batallo­nes en vez de la cartuchera una caja de cartuchos fijada por de­lante para evitar la molestia que causa la cartuchera al tirador, ya en la marcha, ya al sacar los cartuchos; quitó el brillo al cañón del fusil, cuyos reflejos frecuentemente denuncian al soldado en una marcha nocturna 6 en una emboscada. Sin duda por este mo­tivo en lugar del shakó, conservó á sus voluntarios el sombrero nacional ó boztla. Los voluntarios carlistas así equipados, con fre­cuencia hicieron marchas de hasta doce leguas en lo más crudo del invierno, sin otro calzado que las alpargatas. Conocida la escena, los actores y el plan del drama militar, no nos queda sino ver á Zumalacárregui en acción. II Los insurrectos de las provincias vascongadas, arrojados de Victoria y de Bilbao por Saarsfield, dispersados en Oñate casi sin • El olvido de este principio fundamental de la pequeña guerra, y el del precepto no menos elemental de no dejar nunca un destacamento en posicióa que no esté fortificada, es la c:.usa que motiva la extrema duración de las gue­rras de guerrillas, haciendo aparecer como impotentes á los Cuerpos de tropas encargados de debe lar á las partidas de insurrectos-N. del D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mt'litar combatir, vinieron á buscar amparo cerca de Zumalacárregui en los desfiladeros de Borunda. La derrota de aquellos 20,000 volun­tarios llenó de estupor á las provincias sublevadas; pero tal resul­tado no hizo sino confirmar al nuevo jefe en la resolución que se había impuesto de no obrar sino con pequeños cuerpos sueltos con­tra las masas regulares de los cristinos. Rehusó en consecuencia la cooperación de los fugitivos de Oñate, les aconsejó volvieran á sus respectivos distritos y se mantuvieran allí en armas, y con sus tres batallones, apenas formados, y sus dos compañías del Guías, esperó á Saarsfield en el camino de Pamplona. El antiguo General Saarsfield era el más hábil militar de toda la Península. El plan de campaña que había trazado contra los carlistas inquietaba un tanto á Zumalacárregui; felizmente para el jefe carlista, sólo el jefe cristino supo comprenderlo. Este plan consistía en dejar á la insurrección des envolverse, y esperar que los sublevados, tornándose más osados por la misma inacción de sus adversarios, se reunieran en un centro de operaciones donde se les pudiera destruír de un solo golpe. Este plan había dado ya resul­tados contra los insurrectos de Castilla la Vieja, y acababa de darlo contra los de las provincias vascongadas. Quizá hubiera tenido éxito hasta contra Zumalacárregui, si la impaciencia del Gobierno de Madrid y las murmuraciones d e los pe riódicos no hubieran obligado á aarsfield á presentar su renuncia. En vez de disputar el paso de la quebrada Etcharri Aranaz á Saarsfield, quien avanzaba hacia Pamplona, donde debía entregar el mando del ejército á su sucesor e l G e ne ral Valdés, Zumalacá­rregui se retiró sin combatir. Los cri tinos lanzáronse e n su perse­cución. Era lo que él deseaba. Le importaba que no le d e jaran tranquilo para agotar al enemigo con inútiles movimientos; pe ro la nieve caía, el tiempo era horrible, estaban en pleno Diciembre, y por esto, á pesar del esfuerzo que el jefe carlista puso en hacerse perseguir, los cristinos perdieron sus huellas. Saarsfield entró á Pamplona · pero apenas instalado allí, tuvo que salir: Zumalacárregui había sido visto entre puente La Reina y EsteBa, en Dicastillo, en el valle de la Solana, en la falda sur de Montejurra. Entonces el General constitucional comprendió con quién tenía que medirse. Zumalacárregui le fatigó tres días ha­ciéndose perseguir con marchas y contramarchas forzadas, y es­capando á los golpes del enemigo de manera prodigiosa; pero manteniéndose siempre en sus cercanías, reapareciendo en los lu­gares donde Saarsfield lo había buscado el día anterior, y hasta fingiendo el papel de perseguidor, cuando lo que deseaba era evi­tar un combate. Esa carrera de tres días, en lo más crudo del invierno, en la cual los dos Generales lucharon en habilidad, agotó la columna perseguidora, pues se calculó que Saarsfield había caminado dos veces más leguas que su adversario. El viejo General, bien edifi­cado con respecto á Zumalacárregui, volvió á Pamplona para no salir más de allí, dejando el mando de su División al General Lo .. renzo.- Con!t"núa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletin M-ilitar PEREGRINACION DE ALPIIA POR MANUEL ANCIZAR Continúa Honréme con su trato, y comprendí cuánta razón tienen aque­llos vecinos para respetarle y amarle, y cuánto acertarían en seguir siempre sus consejos, dictados por el verdadero patrio­tismo y el ingenuo deseo del bien público. La iglesia del Puen­te, ensanchada y mejorada por el Sr. Chaves, sería digna de la villa, si no abundasen las imágenes de bulto deformes y mal ataviadas. Santo hay allí que ostenta un sombrero blanco á la Bo­lívar, encasquetado hasta la nuca, lo cual forma con las vestidu­ras talares y el semblante distraído de la imagen, un todo real­mente ridículo. Lo peor es que no le faltan compañeros del mismo pelaje ; por manera que no un templo cristiano sino adoratorio del paganismo parece aquello, sin mérito en las obras de escultu­ra, sin belleza ni decoro en el conjunto. El abuso de las imágenes no es solamente atentado contra el buen gusto, sino una degrada­ción del culto. Religión eminentemente e piritual y severa, el cris­tiani mo no admite en sus manifestaciones e .. · ternas adornos que no sean obras maestras, como tributo de la inteligencia y de la civilización cristiana; en defecto d ellas, valiera más poner sobre los altares una simple cruz, símbolo de la regeneración del linaje humano y objeto material que jamás e.·traviará. las ideas del pue­blo, como sucede con las imágenes que adora y contempla, cual si fueran otros tantos dioses; habiendo lleg-ado á. tal e.·tremo la abe­rración religiosa entre las gente de nue tro pueblo iliterato, que cuand les faltan imágenes se apresuran á. inventarlas, deificando piedras y cortezas con el nombre de santos aparecidos: para estos hombres cándidos y mal doctrinados no hay creencias fuera de la superstición; no hay culto si no lleva la formas del politeísmo. Todos estos errores caerán luégo que la ilustración penetre hasta el fondo de la sociedad, pero caerán sin tener qué sustituírles, si nuestro clero no se apresura á variar de sistema en la instrucción religiosa dada por medio del culto y del público, y comprendiendo el espíritu de estos tiempos, no sólo prescinde de las prácticas su­persticiosas, sino las ataca vigorosamente para inculcar y difundir el conocimiento de las doctrinas sociales del Evangelio. De lo con­trario, vendrá una época de irreligión terrible y azarosa cuanto inminente ya; y de los males que traiga, nadie, excepto el clero, será responsable, porque él habrá sido causante de ellos á sabien­das, ó causante, por ignorancia voluntaria, de los hechos actuales y de sus próximas circunstancias. No exagero ni declamo : expre­so aquí reflexiones que la observación inmediata del estado moral del pueblo jornalero sugeriría á cualquiera que visitara los lugares que llevo recorridos ; y no se necesita mucha perspicacia para no- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. - tar que el peor enemigo que hoy tienen ]as creencias religiosas es el culto tal como se practica en los pueblos, abusivo, desnaturali­zado, sin objeto ni resultados sociales, salvo el error y las preocu­paciones que engendra en los ánimos sencillos *. Del Puente Nacional á Vélez hay cuatro leguas escasas, ora se tome el camino que pasa por Gua vatá, ora el que demora al E. de dicho pueblo. Entre ambos atraviesan la serranía llamada Alto de Tuyamuca, muro contra el cual se estrellaron las aguas del roto lago de Fúquene, obligándolas á tomar la direcciÓn N. NE. que conserva el torrentoso Saravita con varias inflexiones accidentales hasta perder su nombre al unirse en las Juntas con el Sogamoso. Vélez, capital de la provincia, fue fundada definitivamante á fines de 1539 por el Capitán Martín Galiano, en tierras del Cacique Chipatá, y á la banda meridional de un alto cerro, con el doble obje­to de sujetar los indios comarcanos y de establee r una escala de comunicación hacia el Magdalena por la vía del Carare, pues la del Opón, transitada desde la invasión del Conquistador Quesada, era sumamente quebrada, difícil y áspera, en términos que hoy no se ccncibe cómo pasaron por tales riscos y desiertos cubiertos de es­peso bosque, los descubridores del país de los Chibchas. Tiene Vé­lez 1 r ,500 Yecinos aposentados en casas de construcción pesada y antigua, en las cuale pocas mejoras ha introducido el transcurso del tiempo. Las calles son irregulares á cau a de las quiebras del terreno, y están empedradas de grandes guijarros negros y lustro­sos, en los que abundan las impresiones fósiles, especialmente de ammonitas de monstruoso grandor, muy comunes en los alrededo­res de la ciudad, particularmente en la serranía d Tuyamuca, cu­bierta por lechos d piedras rodadas fuertemente impregnadas de óxiclo de hierro. Hay dos plazas, y en cada cual una pila de pie­dra común mal labrada. En materia de ornato público, Vélez no ha dado un paso, aunque sí ·n materia de aseo de las calles y de lo exterior de las casas. El Hospital, el Colegio y la Escuela normal, únicos establecimientos públicos, yacen tristemente abandonados, y en breve e l local de los dos primeros será un montón de ruinas. La iglesia...... ¿,para qué r eproducir cuadros cuyo trazado causa pena? Así pues, V élez, capital de una provincia riquísima el' :ni­nas, en agricultura, en maderas, bálsamos y resinas de toda espe­cie, poblada de gentes industriosas, honradas y pacíficas, tiene el aspecto de una ciudad decadente y aletargada, extraña é indife­rente al progreso general de la República. La causa principal de esta parálisis es la falta de un buen camino que ponga en comuni­cación el centro de la provincia con el Magdalena. Reducida á producir lo que ella misma consume, proporciona medios de exis­tencia á los innumerables propietarios del suelo y á los que se ocu­pan en el comercio interior ; mas no puede suministrar á la capital el calor y el movimiento de una industria próspera, creciente y activa, cual lo sería el comercio exterior, alimentado por el laboreo • Hoy por fortuna todos saben cuán injustas son estas líneas, tiro embo­zado al clero del país que, salvo rarísimas excepciones, sabe cumplir con su deber.-N. del D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. z88 de las minas y el cultivo de frutos exportables valiosos, como los produciría V élez si contara con salidas. No lo ignoran sus vecinos ; pero tal vez no se hallan suficientemente persuadidos de que sin ese camino mercantil, jamás saldrán del abatimiento económico en que se encuentran, siendo, por tanto, obra en la que todos debe­rían tomar parte, por el bien de sus hijos y por honor de su pro­vincia. No obstante la riqueza natural del suelo, y por una consecuen­cia del aislamiento en que la capital se encuentra, "la clase pobre, dice un documento oficial, es mucho más numerosa que la acomo­dada: por cada uno de los individuos de ésta, puede haber do5- cientos de aquélla." Así se echa de ver en el dasaseo personal y vestidos miserabilísimos de gran número de proletarios ; así lo de­muestra también el incalificable número de 147 nacimientos ilegíti­mos en 316, total de ellos en el transcurso del último año; la miseria y la corrupción van siempre á un nivel. Entre las personas afortu­nadas y las que la suma miseria degrada, hay, permítaseme la fra­se, una clase media compuesta de mujeres laboriosas ocupadas en el comercio y fabricación de artículos de inmediato consumo, las cuales son un ejemplo palmario de que en esta tierra el trabajo y la economía traen consigo infaliblemente el bienestar. Distínguense por el vestido limpio, compuesto de camisa profusamente bordada de colores, enaguas de bayeta fina, alpargata nueva y sombrero de jipijapa con ancha cinta negra, el cual ujeta lá mantilla de paño que llevan flotante para lucir la camisa y el rosario de oro. Mandan sobre los proletarios no con imperio, sino tratándolos con dulzura como á iguales, y frecuentemente e las ve dar de comer de balde á los muy infelices: en el corazón de estas e ¿·celentes hijas del pueblo, ni tiene cabida el orgullo ni la dureza, que en otros menguados produce la posesión de la riqueza. Tal es el fondo del carácter en los habitantes de la Cordillera granadina ; bondado­sos, desprendidos, hospitalarios, dispuestos al bien por instinto ; tan­to más vituperable es el abandono en que suelen dejar á este pue­blo sus conductores civiles y sus institutores religiosos. Nada se hace para mejorar su situación material ; nada para contener las licencias de las costumbres. Conll'núa .Bogolá-Imprmla de Vapor-Ca/k zo, nútndo z68 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 9

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 11

Por: | Fecha: 16/03/1901

BOGOT A, MARZO 16 DK 1901 BOLETIN ~1ILITAR DE COLOMBIA Organo del Ministerio de Guerra y del Ejército &n colaboradores de este periódico los J'efes y Oficiales del Ejército 1 Director ad honor&m F. J. VERGARA Y V. + Genernl de Ingenieros, Miembro d• + val'ins Sociedades Cientifioaa SERVICIO PROTECTOR DURANTE EL REPOSO Ó SER VICIO DE A VA1VZADAS, SEGUN LE W.AL [Continúa) CAPfTUI.O 2. 0 -ELlr.HENTOS DEL SISTEMA La fracción que representa al bata116n 6 á otra unidad infe­rior, cuando ésta obra aisladamente sobre la posición de combate, se subdivide en grupos más y más per¡ueños, á medida que se aproximan al enemigo, abarcados todos con el nombre de GRMf GUARDIA, que calcada sobre el orden normal de combate, compren­de de la circunferencia al centro cuatro escalones: cenlindas (tira­dores), piquetes (refuerzos), puestos principales (sostenes), y so¿ftnts (reserva de batallón), es decir, que se dispone en profundidad en una serie de escalones de combate tanto más resistentes cuanto más se acercan á la fuerza que cubren. La línea ocupada por los puesloz principales es la característica de las avanzadas, y será la que se esta­blece por lo mismo ~n los puntos de mayor resistencia. Las grandu guardias serán más ó menos fuertes, pero existirán siempre, y como quedarán al frente y más cerca de la unidad que las ha destacado que de ninguna otra, tal batallón naturalmente irá á reforzar aque­lla que le pertenece. Así, para evitar todo desorden es menester es­tablecer una gran guardia por batallón; bien entendido que cuando haya varias líneas de éstos, sólo los que quedan en el perímetro del espacio ocupado suministrarán las avanzadas, pues si bien el lado que está frente al enemigo es el más expuesto, tampoco pued~A descuidarse loi demás. WKO 1-21 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. )22 Boletfn M,ilitar § !-Grandes guardia De lo que precede se desprenC.en los detalles sobre el servi­cio y disposición de las avanzadas. El servicio de prot ccwn no se determina por la extensión de terreno que hay que vigilat·, porque ni una gran guardia tiene una elasticidad indefinida, ni su fuerza excede de cierto límite ; las condiciones del servicio son absolutas, y así como hay unidades para el combate, también las hay para las avanzadas, empleándolas en todo terreno y plegando á él la dis­posición normal. Conocido el perímetro que hay que guardar, fá­cilmente se deduce el número de grandes guardias que deben em­plearse. La manera de vigilar no depende de la fuerza estacionada, como que las necesidades son las mi mas, sea numerosa ó débil la tropa de que se trata, sólo que 1 número y efectivo de las grandes guardias si dep nde tanto del perímetro que hay que guardar como de la fuerza de que se dispone. El efectivo total del servicio de e­guridad es una con ecuencia de lo que puede hacer una gt·an guar­dia, y no del capricho de cada cual, sugerido sobre todo por el modo adoptado para el estacionamientc. ... En las cuestiones de tác­tica todo se liga, y esas relaciones on la que importa conocer; así, dada un afracción orgánica, se sabrá qué extensión de terreno puede proteger convenientemente. El objeto del ervicio de protección s emplear el menor nú­mero de hombres posible, pero sin que falte ninguna de las condi­ciones de seguridad. De ordinario 1 perímetro ocupado por las avanzada e· muy extenso y con necesidades casi iguale en todo él; por lo cual su conjunto no puede confi~r e á una 5ola unidad porque quedaría muy regada y su jefe no podría atender á tantos puntos á la vez. Por esto el perímetro se divide en un cierto número de sec­tores solidarios entre sí, pero con autonomía propia, concurrí ndo al mismo fin y obrando cada uno sobre un terreno particular, es dectr, que el conjunto del servicio se compone de fracciones yuxta­puestas, que aunque distintas obran de la misma manera. De esta suerte una gran guardia es el conjunto de todos los órganos de la red avanzada en un sector determinado, el que cuando está completo comprende los cuatro elementos ya mencionados: centinelas, pi­quetes, puestos principales y sostén. La unidad del servicio de avanzadas (gran ~uardia) debe estudiarse aisladamente primero, á fin de constituir el tipo, para en seguida establecer sus relaciones con el cuerpo que cubre, su efectivo y la distancia á que estará de él. Ni el terreno ni la distancia influyen en la disposición de una gran guardia, pues en todo caso han de aplicarse los principios fundamentales, empleando siempre las unidades de avanzadas con su misma organización y uniforme funcionamiento, con lo que fácil resulta averiguar cuántas unidades de éstas hay que emplear para cubrir una extensión determinada; el terreno cuando más se tomará en cuenta para si.tuar las fuerzas, pero siempre de acuerdo con los mismos principios. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{;z Militar El papel de una gran guardia siempr~ es el mismo, aumente ó disminuya su e1ectivo: si es débil, vigilará la zona determinada; si es fuerte su acción, será más eficaz pero dentro del mismo espa­cio. La fuerza de una gran guardia no depende de la del cuerpo que cubre sino de la extensión que debe vigilar ; así, un batallón encuadrado se cubre con una sola á su frente, en tanto que si está aislado deberá di minuír el efectivo de aquélla para aumentar su númerv y cubrirse por todas partes. No es lo mismo cubrir con una fuerL~ gran guardia una larga extensión, que emplear en la mi ma varias de e lla con efectivo más débil, porque hay un grave inconve niente en la lejanía de las últimas fracciones al puesto prin­cipal, tanto por el consio·uiente retardo en los avisos que sean de interés, como por el envío de socorros, dificultad para la vigilancia, y por último, porque es carga demasiado pesada para un oficial. De lo dicho resulta que el frente ordinario que corre ponde vig lar á una gran guardia será igual al de combate del batallón (de 500 hombres) á quien representa, ó SPa de 200 metros, número que no conviene aumentar sin necesidad (como que con él una ronda tendrá ya que recorrer á lo menos r,soo metros, que exigen durante la noche cer­ca de tres cuartos de hora), á fin de que los jefes puedan visitar va­rias veces su tropa. Además, para que la resistencia de las grandes guardias sea posible, s e necesitan pequeños frentes, con lo que se disminuye la fatiga á los hombres bajo todos aspectos, y es tam­bién posible una mayor 'igilancia. El frente asignado á una gran guardia es un término medio que de acuerdo con la táctica de com­bate puede aumentarse á 300 metro ·, y disminu(rs hasta 100 me­tros, pudiendo a _ í plegar:e á toda las sicuacion s imaginabl s. En fin, la mej r organización de las grandes guardias sed. la de una por batallón dt.: primera línea, ocupando el frente de combate de éste y con la reserva del ca o. El frente que ha de vigilarse e~; la base principal de la com­posición de una gran guanlia, pero unida al principio de obrar por unidades con ·tituídas, eje de la táctica de combate y base del orden y de la disciplina, por lo que en ningún caso se procederá de otra manera, ya que la situación más peligt·osa es la de las avanzadas, en las que es preciso eYitar todo desorden y dar grande acción al mando. En este servici todo grupo se compondrá de la tropa y jefes que lo constituyen orgánicamente, siendo preferible emplear un exceso de tropa á romper una escuadra. El efectivo de un puesto depende del número de centinelas que tiene que mantener, el que se deduce del espacio que va á guardar. El servicio de las avanzadas, entre dormida y dormida, no dura más de doce horas, por lo cual basta emplear tres hombres por centinela, poniendo cuatro siempre que se pueda, á fin de diS­minuír la fatiga, pero conformándose con tres cuando no sea posi­ble emplear más. Así, de acuerdo con el principio anterior, en caso de tres hombres por centinela, se necesitan: para uno simple, tres hombres y un jefe; para dos, seis hombres y un jefe; para tres, nueve hombres y un jefe; para un centinela doble, seis hombres y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M·ilz'tar un jefe; para dos, doce hombres y el jefe; para tres, diez y ocho hombres y el jefe. De estos datos sacamos que una escuadra compuesta de ocho hombres y un cabo puede mantener un centi­mela doble ó dos simples, y aun un centinela doble y uno simple~ ó tres simples en caso muy apurado. Por lo general, antes hay exce­so, pero esto sucede siempre, y más vale proceder así que romper una fracción orgánica. La sección con diez y seis hombres y tres clases puede man­tener cinco centinelas Simples, 6 bien hasta tres dobles, pero por lo común dos dobles y uno simple. Las cifras ani.:eriores disminuyen considerablemente al em­plear cuatro hombres por centinela, de tal modo que si fueren diez sencillos, ya ~e requieren cuarenta hombres, y el duplo si son dobles ; en tanto qu-... sostenidas con tres hombres no más, hay una diferencia de diez soldados en el primer caso y de veinte en el se­g- undo, lo que es muy de tomarse en cuenta. Como dijimos arriba, en la constitución de los puestos no sólo debe considerarse el efectivo; necesario es no romper los grupos, bien que éstos son fáciles de plegar á toda circunstancia; tenemos: grupos de cuatro, escuadra de ocho hombres y un cabo, sección de diez y seis hombres y tres clases, y pelotón de treinta y dos hom­bres, siete clase y un oficial. En las avanzadas todo puesto necesita de un jefe (cabo), por­que los soldados no tienL:n sobre sus compañeros suficiente autori­dad ; pero como al aum ntar el número de puestos se aumenta también el de cla es rn{Jlcada , pronto quedaría para éstas el ser­vicio muy recar~~ado, por lo cual es preferible empl ar puestos fuert , qu absorben menos soldados y clases. Una sección con tres clases pu d conslituír uno ó dos puestos, y no es posible dividirla en mayor número. Ademá , como es fácil en cada puesto variar la clase de centinela , se llear menos profundidad y de desfilar en menos tiempo por un punto dado. Fue así como n el día de Gravelotte una división alemana de I 5 batallones, 4 escuadrones y 24 cañones. forman­do un total de 13,000 hombr s y 6oo caballos, muy parecida, como efectivo, á nuestra división reglamentaria, habiendo cstre .. chado sus distancia! previamente, pudo atravesar el río 1\1osela, por un puente de barcas. en dos horas y media. Este ejemplo nos obliga á hablar de la marcha de tropas sobre puentes suspendidos ó de otra clase, de poca solidez, la que exige precauciones particulares, justificadas no solamente por la teoría, sino aun por accidentes terrible causados por oscilaciones del ta­blero que éste no pudo resistir. Esta precauciones son: 1.0 Marchar la infantería en do 6 cuatro hileras, sin toques y sin llevar el paso, abriendo las filas. 2. 0 Dejar distancias más considerables entre las secciones y compañías. 3. 0 Detener la marcha ó suspenderla, si las oscilaciones son de mucha amplitud. 4.0 Hacer pasar la caballería llevando los caballos de ca­bestro. 5. 0 La artillería pasa carro por can·o, á 10 metros de distan­cia unos de otros. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .Bolet{n Mt'litar 33.1 Estas precauciones deben ser tanto mayores cuanto más largos, angostos ó débiles sean los puentes. Cruzar un puente, observándolas, exige cuatro veces má' tiempo del que se emplearía en un camino ordinario. III-VANGUARDIA Una columna cerrada no está en situación de combatir. Si es atacada por la cabeza 6 la cola, éstas, rechazadas sobre el centro, causarán desorden y desorganización en todas las unida­des. Si es atacada por sus flancos, las tropas quedarían deshechas antes de haberse podido formar. De estas consideraciones resulta la necesidad de proteger toda columna con vanguardt"a, retaguar­dz" a y flanqueadores. 10. Las di tintas armas en la vanguardia La vanguardia tiene por mi ión deténer al enemigo hasta que la columna haya tomado su formación de combate, 6 de atacarlo para obligarlo á desplegar sus fuerzas, y aun de adelantarse rápi­damente para ir á ocupar un puente, un desfiladero, etc., cuya po­sición importa á la marcha de la columna. Para llenar estas múltiples misiones, la vanguardia, como lo dice el Reglamento táctico de infantería, debe ser compuesta de tropas de todas armas: caballería, para explorar, vigilar é infor­mar; artillería, para proteger el despliegue de la infantería; in­fantería, para sostener el combate hasta que llegue la columna. La artillería, aunque tome lo más posible la deh.ntera, no debe dejar de ser protegida por Ja infantería. La vanguardia compren­de igualmente un destacamento de ambulancias y otro de in­¡ renieros. Para fijar las ideas, supondremos que nuestra vanguardia es la de una fuerza relativamente importante, una división argentina de 3 brigadas, 12 batallones, 16 escuadrones, 72 piezas, medio batallón de ingenieros y los servicios accesorios, tren, brigada, ammales en pie, secciones de municiones, ambulancias, intenden­cia, etc., lo que supone un efectivo no menor de r 5,000 hombres. La vanguardia se fracciona en punta, cabeza y cuerpo prin­cipaL La punta destaca exploradores. Los deberes de los explora­dores son tan importantes, tan múltiples y exigen tanta rapidez en los movimientos, que los infantes no están en condiciones de lle­narlos bien. Es necesario, pues, emplear jinetes al mando de un oficial de confianza, cuyo número sea tanto mayor cuanto más quebrado el terreno. Con la punta de vanguardia, marcha : 1.0 , un oficial de artillería, cuya misión consiste en estudiar las posiciones que deben ocupar las baterías, si llegara el caso de hacerlo, la practicabilidad del camino para llegar á ellas, y el terreno que batirían; 2.0 , un oficial de ingenieros, para hacer arreglar los ma­los pasos y estudiar las condiciones en que podrían ponerse en es­tado de defensa algunas posiciones. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 334 Bolcti11 J11zlitar El comandante de la vanguardia marcha con la cabeza de vanguardia: á esta altura del escalonamiento de las fuerzas se ve mejor la situación del momento, y desde ella la hace rápidamen­te conocer al comandante de la columna. Este marcha con el cuerpo principal de la vanguardia: más hacia la cabeza estaría demasiado expuesto; más hacia atrás, esto es, con la columna misma, estará lejos de los puntos donde em­pezará la acción, no se dará bien cuenta por sí mismo del estado de las cosas, y no podrá imprimir al combate, desde su principio, el carácter que responde á lo que se propone. Es, pues, un princi­pio in variable que en campaña el comandante en jefe de una co­lumna marcha con su vanguardia. La vanguardia puede tener un papel decididamente ofensivo, y en este caso su efectivo debe ser fuerte; ó un papel de defensiva ó de prudencia, y en este caso su efectivo debe ser reducido, para que sea menos expuesta á dejarse arrastrar al combate. Como término medio, el efectivo total de la vanguardia será de un cuarto del d e la columna; pero la proporción de la infantería, dentro de dicho cuarto, será menor y variará del quinto al sexto del total de la infantería. Estas proporciones responden á los fines siguientes: extenso servicio de seguridad con caballería, y empe­zar el combate con artillería numerosa; por consiguiente, menos infantería, casi toda la caballería y la mitad de la artillería. Si la columna tiene infantería montada, es evidente que su puesto está en la vanguardia, salvo la que e reserve para el s rvicio de flan­queadores. La vanguardia no tiene por misión atacar siempre al enemigo; puede tenerla casi siempre, pero no puede admitirse que sea un principio g neral, puesto qu~ conduciría á menudo á vanguardias débiles á empeñarse á fondo con un enemigo muy fuerte, que las rechazaría y derrotaría: deberá, sí, atacar siempre á un ejér­cito ó su vanguardia 6 retaguardia si están n mala situación 6 desmoralizadas. Los comandantes de vanguardia deben tener muy presente que no son dueños de empeñar 6 nó el combate; no mandan fuerza autónoma, sine. una fracción de columna, y no les es lícito compro­meterla con imprudencia ó ardor irreflexivo: sería una grave falta. En esto hay que tener en cuenta la tendencia de todo jefe de hacer papel aparte, de lucirse antes que lo haya podido hacer otro. En el ejército alemán, casi todas las vanguardias en 1870 empeñaron combate á pesar de la voluntad del comandante en jefe, supri­miéndole, por consiguiente, su libertad de acción. Los resultados, cuando haya igualdad de fuerzas, serán siempre desastrosos para las tropas cuya vanguardia es conducida con esta imprudencia. En efecto, para no salir del ejemplo de los Alemanes en 1870, el cuerpo principal de la columna, sorprendido por la iniciativa ines­perada de la vanguardia, tenía que acudir en su ayuda sin poder tomarse el tiempo de desplegarse, quedándose en su orden de marcha, en orden cerrado, y sufría pérdidas considerables para conseguir un resultado que hubiera obtenido con menor sacrificio Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín JJ1ilztar 335 si la vanguardia no hubiese sustituído su petulancia al orden lógi­co de las operaciones. Si en 1870 los ataques de sus vanguardias no fueron fatales á los Alemanes, debióse á que las tropas adversas no eran veteranas y carecían de solidez. Es el caso de recordar que el audar.:es fortuna juval no es de aplicación aquí, sino que toca al jefe, al conjunto, y que muchas audacias divergentes serían tan fatales al buen éxito como un exceso de prudencia. Que cada uno con su audacia, su iniciativa, coadyuve á aumentar la energía total del ejército, pero que nadie salga de la esfera que le corresponde. D/slancz'as- Como la vanguardia no es independiente del cuerpo principal, y saca su fuerza del apoyo que de éste recibiría en caso de encuentro con el enemigo, no debe exponérsela á lu­char durante mucho tiempo sin poder recibir ese apoyo; es decir, que la distancia debe ser calculada de manera que pueda llegar á tiempo el cuerpo principal, sin que una excesiva aproximación le haga perder la libertad de sus moYimientos. La di tancia, pues, entre la vanguardia y el cuerpo principal será la suficiente para que el segundo no sea detenido ;:n su marcha por la cola de la vanguardia, y no tan grande que no pueda llegar con tiempo en ayuda de aquélla en formación de combate. Como se comprende', no hay reglas ni distancias ab olutas; éstas dependen dd terreno, del fcctivo, de la proximidad del enemigo, de la inminencia de un combate, de la misión especial confiada á la anguardia, de cien circunstancias particulares, y el Reglamento de servicio en campaña argentino no establece sobre el asunto sino principios generale . Nuestra táctica de infantería, á su vez, al hablar de la mar­cha, de los movimientos y del combate ofensivo de una división de las tres arma , en la segunda parte de la e cuela del regimien­to, supone un caso general, un caso tipo, un término medio de con­diciones y circunstancias, del cual se partirá para armonizar los casos generales con reglas que igualmente lo son. El servicio en campaña argentino escalona así la vanguardia de una división en la dirección del enemigo: r.0 , como explorado­res, algunos jinetes de las patrullas de caballería; 2. 0 , atrás de éstos las patrullas mismas; 3. 0 , atrás de las patrullas, á 2 ó 3 kiló­metros, el escuadrón del cual salieron; 4. 0 , el resto de la caballe­ría á 2 ó 3 kilómetros atrás; 5. 0 , la punta de vanguardia; infante­ría con algunos jinetes, seguida de la cabeza de vanguardia, y del cuerpo principal de vanguardia, el que precede la columna en unos 8 kilómetros. Como se ve, entre la masa de las tropas y el enemigo, suponiéndolo en contacto con las patrullas de caballería, hay una distancia de una docena de kilómetros. Entre la cabeza de vanguardia y la mitad de la columna principal, se cuentan unos 10 kilómetros, de manera que casi toda la columna podría tomar su forma'ción de combate, á la altura de dicha cabeza, en dos horas y media. Debemos observar aquí que una división aislada de unos 15,000 hombres no formaría, sino raras veces, una sola columna, pero sí tres de brigada por lo menos, y que su despliegue podría así hacerse en menos de dos horas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Militar Como se comprende sin que sea necesario demostración, las distancias aumentan 6 disminuyen con el efectivo; cambian también con la naturaleza del terreno. El límite más corto que pueda ad­mitirse, por ejemp10, entre el cuerpo principal de la vanguardia y su cabeza, es el necesario para que sorprendida ésta, el enemigo no pueda, desde el punto que ocupa, fusilar con eficacia el cuerpo principal; con nuestro fusil esta distancia no debería ser menor de 1,500 metros, aunque la columna fuese sólo de una brigada con un batallón en vanguardia. Es necesario tener presente que el escalonamiento de una co­lumna- exploradores, punta, cabeza, cuerpo principal de la van­guardia, el grueso, la retaguardia,-no sería completo ni eficaz si todos estos escalones no estuviesen ligados entre sí, si no hubiese entre ellos trabazón, sin la cual no hay solidez. Se establecen, pues. por medio de infantes montados ó de jinetes, ó de velocipe­distas, si lo permitiesen nuestros caminos, eslabones secundarios entre los gruesos eslabones de la cadena de vigilancia que liga la cabeza con la cola, y más especialmente entre el último elemento de la vang-uardia y el primero de la división, separados, como se ha visto, por algunos kilómetros. Es evidente que la necesidad de estos eslabones de comuni­cación es mayor de noche que de día, en países quebrados que en pampa , y que desaparece casi por completo en una vasta lla­nura, cuando la vista abarca toda una profunda columna y hace imposibl e las sorpresa ·. Estas con ideraciones generales bien comprendidas permiten hacer toda<:> las aplicaciones que convengan á los casos particula­res que ~ e pr senten.-Contz'núa ----+lile!«- - - INFORAfE SOBRE El fi.')ERCJTO ALEMAN Continúa LICR, 'CIAMIENTO DE JJO, HOMBR.ES Á QUIENES CORRESPOND~ .P.ASAR Á LA RESERVA Después de haber expuesto, como acabamos de hacerlo, cómo se conduce la instrucción en cada arma en particular, sólo nos quedará hablar de las grandes maniobras que estas armas ejecu­tan en común, y en las que también los oficiales superiores, cual­quiera que sea el arma á que pertenezcan, se ejercitan en mandar pequeños destacamentos formados por tropas de toda especie. Ya se ha dicho por qué debemos dejar de lado estos ejer­cicios, que son como el coronamiento del año de instrucción. Hemos terminado, pues, con esto, hablando en propiedad. Sin ~m­bargo, lo mismo que se ha considerado lógico examinar antes la manera como se instruyen los hombres, el modo de hacer su re­cluta é incorporación, no será fuera de propósito indicar aquí cómo se hace la operación inversa, es decir, el envío á sus hogares de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn JJilitar 337 los soldadu que acaban de cumplir sus tres años de servicio y deben pa5ar i la reserva. No se pierde un instante para desembarazar al ejército y al presupuesto de estos hombres, considerados ahora como bocas inútile . Toda las m e didas deben estar tomadas de antemano para disponer dejen su cuerpo sobre el terreno mismo de las grandes maniobra , y no tener que llevarles al lugar de la guarni­ción, á menos que ésta no se encuentre sino á un día de marcha. Alfeldwebd de cada compañía corresponde hacer preparar con tiempo y lugar todo lo que es necesario. La primera operación es un reconocimiento médico, con obje­to de comprobar que ninguno de los hombres licenciados está aco­metido de enfc¡-medad contagiosa : se pasa inmediatamente des­pués de las grandes maniobras y en el mismo sitio donde han teni­do lugar, ó bien el día de regreso á su guarnición. Al mismo tiem­po, una comisión, formada por el capzldn de armas*, de un sargento y de dos ó tres soldados, se encarga de recibir los efectos que deben entregar los r s rvistas. Por otra parte, no se trata aquí, el mayor númeru de veces, sino de lo que han llevado consigo para las grandes maniobras, porque todo lo demás ha d bido ser reservado n el almacén antes de la partida para el punto de concentración. Los soldados empiezan por entregar us armas al sargento encargado del tiro; luégo reciben los efectos que se les entregan para el Yiajc por 1 almacén de la compañía ; después de lo cual, en presencia d los ·arg nto~ designados, devuelven su equipo, mochila, casco y uniform •. Todo debe encontrarse con propiedad y en buen estado. La marmita de cada hombre es devuelta á la cocina. Se da á lo re ervistas, al licenciarlos, uno de los pares de botas que han usado antes de las grandes maniobras y que se le¡ ha separado mientras han durado éstas. Acrrégase á esto una ca­misa, un cuello, un calzoncillo y un pantalón de paño 6 de lienzo, un gorro y una guerrera ó levita. Estas levitas se toman entre la5 más viejas del almacén, las llamadas de sexto vestuario (y á ve­ces séptimo ú octavo), que se reparan medianamente, lo suficiente para que les duren hasta el regreso á sus casas ; y aun se eligen cuidadosamente para abandonarlas así, aquellas prendas que son incapaces de se1· puestas en estado de servicio de cualquier modo que sea. El mismo principio es rigurosamente observado, bien en­tendido en lo que concierne á los demás objetos. En ningún caso se da el capote á los soldados. La mayor parte, por lo demás, no toman los efectos que se les entregan así, y prefieren adquirir á sus expensas un traje civil,. que se les permite vestir en la última revista que precede á la partida y también para presentarse á su llegada al jefe del bata- • Sargento especial que hace en cada compañía, escuadrón ó batería, de. las funciones de guardalmacén. En caballería y artillería lleTa el nombre de cunurj~. Más tarde volveremos sobre este a¡unto. TOKO 1-22 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Militar llón de /andwehr. En principio, lodos los e(eclos de vestuan·o son pro­piedad de la compailía, que se esfuerza naturalmente por conservar­los y hacerlos servir hasta el último jirón. Este sistema ha conducid~ • los más brz1lantes resultados; los aprovisz.onamz"entos de efectos en el 1_j¿rczlo alemán está1t organzzados de una manera notable y se mcuentran 1n condzcz(mes extremadamente saHsfactorias. Es imposible también re­sistirse á ver en ello uno de los más importantes elementos de fuerza de tsle ejérczlo. Una vez terminadas todas estas operaciones, el feldwebel en­trega á los soldados su pasaporte, haciendo firmar á cada uno de ellos una declaración en la que se hace constar que ha recibido exactamente todo cuanto le ha correspondido y no tiene nada que reclamar de la compañía. Los hombres licenciados que efectúan su marcha reunidos por grupos, reciben por jornada 63 pfennig para el simple soldado y el gifrezle; 79 p:1.ra el sargento, y I marco 9 pfennig * para el feldwebel. Los que marchan aisladamente no son pagados sino cuando las distancias excedan de 3 millas (zzk,S), á contar del punto de partida, ó bien á partir del sitio donde se separan del grupo. Esta tarifa es muy económica para el presupuesto del Es­tado, porque es muy raro, dado el sistema de reclutamiento terri­torial, que haya un hombre que tenga que recorrer más de una milla en estas condiciones. El capitán, después de haber reunido todos los reservistas, les recuerda que están obligados á presentarse en un plazo de catorce días al comandante del batallón de landwehr, y que durante su marcha, como en el lugar de su residencia, deben siempre evitar cuidadosament comet r ningún acto que pueda comprometer la dignidad de su uniforme. Luego, y cuando se les ha preguntado una vez más si til.!nen que hacer valer alguna reclamación, da or­den de que se les entreguen sus pasaportes, que ha examinado y anotado por sí mi mo de antemano, llevando estas anotaciones la indicación de los hombres que son susceptibles de ser más tarde sargentos de landwehr, como en general todas las noticias que puedan ser útiles n caso de que sea preciso llamarlos de nuevo á servicio activo, y la lista de todos los castigos que se les impuso por faltas en que incurrieron Los hombres que residen próximos á su guarnición, son en­viados á sus casas aisladamente desde el primer día. Con los de­más se forman pequeños grupos de soldados que siguen una misma dirección, puestos al mando de sargentos ó también de oficiales si son muy numeroso ; se les conduce á la estación de partida~ acompañados de sus jefes hasta el punto principal de llegada. En este caso no reciben los pasaportes sino sucesivamente, á me­dida que dejan la vía, y durante todo su viaje se les somete á una disciplin~ de las más severas. Al menor desmán, el jefe del grupo de licen~tados hace telegra~ar á la guarnición más próxima, y en la estaciÓn encuentra un ptquete que se apodera del delincuente á • El marco= JIO pfenni~= r,25 pe9et&li.. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletln Militar 339 su llegada, y lo pone bajo llave hasta cuando se considere nece­sario. Sucede también que en las grandes ciudades, cuando el nú­mero de reservistas es considerable, se les expide en trenes espe­ciales. Lo que acaba de decirse se aplica naturalmente á las tropas de toda especie, sin distinción de armas. III EL TREN • Cada uno de los cuerpos de ejército pru ianos comprende un batallón de tren, que se compone, en tiempo de paz, de dos compa­ñías, un depósito y una sección de obreros. Cuenta además con una sección de panaderos. El personal de este batallón Jo constituye una plana mayor formada de dos oficiales, un médico, un veterinario, un pagador y un secretario. El efectivo de una compañía es de 4 oficiales, 23 sargentos, 15 gifrúte, 25 soldados que sirven tres años, 44 soldados que no sirven sino eis mese , 12 carruajes y 63 caballos. Lo que da para el batallón un total de 12 oficiales, 46 sargentos, 30 gefrei­le, I 38 soldados, 24 carru?ljes y 126 caballos. La sección de obreros comprende ro soldados, y la sección de panaderos 9 hombres. El batallón de tren se recluta de ordinario entre los hombres menos aptos para el servicio de las otras armas. Una parte de los reclutas son llamados el 1.0 de Noviembre y en las mismas condiciones que el resto del contingente, es decir, por tres años. Los otros, á los cuales no se les exige sino seis meses de servicio, se incorporan dos veces cada año, en el I.0 de Noviembre y 1.0 de Mayo. Los reclutas de esta especie, en número de 88 por batallón, constituyen la porción vanable, y sobre todo están destinados á for­mar un grueso efectivo de reservistas suficientemente instruidos y bastante numerosos para que puedan satisfacer á las exigencias del tiempo de guerra. De esta composición particular del batallón de tren, resulta que para la instrucción los nuevos soldados se dividen en dos clases distintas. A los unos, que sirven tres años, se les da una instrucción tan completa como á los de un regimiento de caballería; á los otros, que se renuevan cada seis meses, se contentan con enseñar­les á montar á caballo. Además, con los ejercicios de equitación propiamente dicha, se enseña á los soldados del tren á conducir diestramente un ca­rruaje, no sólo por las grandes vías, sino también por lugares difíciles; y para lovrarlo, cada compañía ejecuta durante el vera­no, con sus 12 carruajes atalajados, cierto número de ejercicios 6 evoluciones más 6 menos complicadas, que consisten en pasar del • O sea brigadas de transportes de los cuerpos de ejército-H. jd T. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn i14iá:tar orden en línea al de columna por uno, dos ó cuatro, é inversamen­te, etc. Estas evoluciones se hacen al paso y al trote. Todos los carruajes necesarios para conducir, en tiempo de guerra, el tren de un cuerpo de ejército, son preparados de ante­mano durante la paz, y forman lo que se llama el depósito del tren- Trm:n Depot. La dirección de este material considerable, encerrado en vastos cobertizos y almacenes especiales, está con­fiada á dos oficiales del batallón, bajo la alta vigilancia del co­mandante. Es imposible desconocer las ventajas de semejante organiza­ción, gracias á la cual se encuentran poseyendo permanentemente, desde el tiempo de paz y hasta el último clavo, absolutamente todo lo que es necesario para la g-uerra. Basta con procurarse en el momento de la movilización los hombres y los caballos, y en al­gunos días la inmensa columna de los convoyes de un cuerpo de ejército puede salir provista por completo de las puertas del depó­sito. Todos los efectos de vestuario y de equipo, arneses, material sanitario y todo los accesorios necesarios á las secciones de pana­deros, hasta los números de hoja de lata que sirven para marcar el pan producido por los hornos de campaña, está en su puesto; no se olvida detalle alguno; y cada utensilio, clasificado metódicamen­te, aparece allí dispuesto, rotulado y contado. He tenido ocasión de visitar personalmente el depósito del tercer cuerpo de ejército, y lo he encontrado en un orden notable. Para habituar á los hombres á cargar con prontitud sobre cada vehículo lo que debe llevar, se les ejercita de vez en cuando 111l0Vt1/zando tal ó cuál carruaje. Para facilitar esta operación, cada objeto ó grupo de objeto- semejantes, reunidos en paquetes, lleva una etiqueta que indica el carruaje y el lugar exacto donde debe ser encerrado. Inversamente, sobre cada carruaje va expresado un plan detallado de su cargamento y una lista de todos los obje­tos que debe contener, con la indicación precisa y por números de] estante, armario y sala del ar enal donde se encuentra cada uno de ellos. En una palabra, ninguna precaución ha sido descuidé1da para reducir al estricto mínimo el tiempo necesario para cargar un carruaje cualquiera de suerte que en algunas horas quede listo á ser enganchado. Se subentiende que los diversos aproviszonamimtos almace­nados de esta suerte son constantemente renovados por el empleo que se hace de ellos en tiempo de paz para subvenir á las necesi­dades cotidianas de las tropas y Jos hospitales. Pero entiéndase bien que esto se hace siempre con el reemplazo inmediato, y pue­de decirse literalmente que jamás se toma con una mano un efecto sin que se sustituya con la otra. El mismo sistema es por lo demás estrictamente observado para el renuevo de los repuestos de to­das clases que se conservan para el entretenimiento del ejército alemán.- Continúa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B o!etin Afilt.'ta1' 7.[TMALACÁRREGUI GUER-RA CIVIL DE NAVARRA, 1833-1835 Traducido para el Boütftz Militar C~ntimla Quesada acababa de pacificar á Castilla La Vieja, donde mandaba como Capitán general. Además había entablado ya co­rrespondencia con las provincias insurreccionadas, donde sus ante­cedentes realistas le habían proporcionado relaciones numerosas. En efecto, Quesada había comandado en 182 r, como General apostólico, esos mismos insurrectos que iba á combatir ahora como General constitucionaL Los jefes principales de la insurrección -Zumalacárregui, Eraso, Iturralde, araza, Gómez, Goñi-habían militado bajo sus órdenes, y Quesada había hecho esperar al Go­bierno de Madrid que sus antiguos tenientes oirían su voz y aten­derían su influencia. Esto fue lo que decidió su nombramiento al puesto de General en Jefe del Ejército del Norte, en reemplazo de Valdés. Veamos cuál era la posición de los carlistas en el momen­to en que Quesada abría su campaña al principiar el año de 1834: á las tres divisiones de Linares, de Oraa, y de Lorenzo, fuertes de 10,000 hombres, Zumalacárregui sólo podía oponer los cinco ba­tallones de Navarra, los Guías y 300 jinete ; por todo 4,000 hom­bres. En Guipúzcoa se relacionaba con Guidebalde, quien tenía tres batallones para oponer á los peseteros y c!Japelgorrz's de Jáuregui (El Pastor), tan famoso por sud =-predaciones y de masías; en Ala va y en Vizcaya lo hacía con Uranga, Villarreal y Zabala, quienes con­taban con 10 batallones contra las fuerzas superiores de E partero, de Iriarte y de Osma. Los cristinos tenían además guarniciones en las plazas fuertes y sendos cuerpos de observación sobre el Ebro y sobre Aragón. Que ada tomó la ofensiva y se dirigió sobre Lumbier con todas sus fuerzas. Esto sucedía en los primeros días de Marzo. Zumalacárregui empeñó á su adversario en la persecución de la división Eraso, quien se dirigió hacia Bastán, en ta.1lo que él mismo se hacía perseguir hacia Estela por la división Lorenzo. Quesada supo algunos días después la derrota de Lorenzo, á quien Zumala­cárregui persig-uió de cerca hasta las puertas de Estela; apenas el General cristino volvía sobre sus pasos á recoger á Lorenzo, cuan­do recibió aviso de la nueva irrupción de su adversario sobre VictO­ria. Zumalacárregui había caminado diez y ocho leguas en una nO­che : mientras se le buscaba en Ala va, estaba ya en la extremidad opuesta, sobre la frontera de Aragón. Necesario fue perseguirlo, y entonces resultó en Borunda. Que­sada, Linares y Oraa se reunieron para encerrarlo; pero el mo­vimiento, como siempre, les resultó mera pérdida de tiempo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mil-r:tar Los Generales cristinos, no pudiendo nada contra Zumalacá­rregui, se reunieron para atacar á Eraso. El jefe carlista, para librar á Eraso, en atrevida diversión ..pasó el Ebro y sorprendió á Calahorra; estaba conseguido su in­tento. Habiendo repasado el Ebro antes de que sus adversarios hubiesen podido cortarle la retirada, se internó en las montañas de Alda, en la Berrueza. Las tres divisiones que lo perseguían le ro­ ·dearon allí, pero se les zafó de entre las manos durante la noche, por el puerto de Contrasta, no obstante que estaba guardado por la di visión de Oraa. Después de haber fatigado al enemigo, obligándolo á ejecu­tar movimientos inútiles, Zumalacárregui fue á restablecer sus tropas en Bastán, mientras qu~ Quesada descansaba en Victoria. Luégo, cuando éste quiso volver á Pamplona, el 21 de Abril, ya Zumalacárregui estaba allí para cerrarle el paso, á pesar de no disponer sino de fuerzas inferiores. Quesada salió temprano de Salvatierra á la cabeza de sus mejores tropas y seguido por un considerable convoy, para avanzar por el camino real de Pamplo­na, en tanto que Zumalacárregui, que se movía de Etcharri-Ara­maz, llegaba á la aldeílla de Iturmendi : fue allí donde chocaron los dos adversarios. Como Zumalacárregui tomó resueltamente la ofensiva, Que­sada se figuró que su adversario lo atacaba con todas sus fuerzas, cuando en realidad el jefe carlista no disponía sino de cinco bata­llones, de los cuales dos eran de Ala va y estaban fatigados con una marcha forzada. Desconcertado Que ada con ese ataque im­previsto, no supo qué hacer. En lugar de avanzar para ampararse tras los puestos fortificados que protegían el camino, y por no ce­jar de nuevo hacia Sal vaticrra, se dirigió por el camino, que de Al­sassua conduce á e g-ura, al través de bosques y desfiladeros. Los Navarros pronto alcanzaron á sus adversarios menos ágiles. A la salida del bosque de Alsassua dieron con la retaguardia, que resis­tió con bravura, mandada por O'Donnel, hijo único del Conde de Abisbal, quien fue hecho prisionero. La heroica resistencia de esta retaguardia salvó la columna de Quesada de una completa des­trucción. A las nueve de la noche los cristinos, batidos y perse­guidos, llegaron á Segura, donde Quesada aún no se creyó segu­ro, por lo cual los condujo, por cierto en desorden, hasta Villa­franca, en Guipúzcoa. Después del combate de Alsassua, Zumala­cárregui no cesó de tomar la ofensiva contra su adversario des­concertado, y á su turno pudo perseguir á Quesada. En Maesti por poco lo toma prisionero en un ataque nocturno. Algunos días después, en los primeros de Mayo, Quesada, per­dida toda esperanza de vencer á Zumalacárregui, quiso á lo menos dar un golpe que repercutiese en 1\lladrid. Tomó el camino de Bastán, á la cabeza de 3,000 hombres, con la intención de sor­prender y apresar la Junta de Navarra, que tenía su asiento en Elisondo; pero cuando se dispuso á volver á Pamplona, después de haber fallado el golpe, Zumalacárregui lo esperó en Be late para cerrarle el paso. Quesada, no atreviéndose á afrontar el encuentro Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n ¡J1"z"lt"tar 343 con los carlistas, dio un gran rodeo para volver á. Pamplona por el -camino de Guipúzcoa. Desde Tolosa se hizo acompañar por la co­lumna Jáuregui; pero durante este largo trayecto, Zumalacárre­gui tuvo tiempo de apostarse cerca de Lecúnlevi, en el puerto de AspinJZ, y ahí, como en Alsassua, como en Belate, se interponía entre Pamplona y Quesada. Este se vio obligado á retroceder ha­cia Victoria. Sin embargo, como le era necesario pasar y entrar á Pam­plona, so pena de servir de objeto de mofa á sus enemigos de Ma­drid y de Navarra, Quesada hizo llegar al Brigadier Linares la orden de que saliese de Pamplona á encontrarlo con su división. Zumalacárrcgui, que, como de costumbre, supo lo mandado por Quesada, de Etcharri Aranoz, donde estaba situado, se dirigió á Irurzum en las cercanías de Pamplona. Linares, en el acto de salir de la ciudad, al despuntar el día, encontró la vanguardia carlista cerca de la venta de Gulina, entre Erice é Irurzum. El combate fue rudo y sangriento, y estuvo indeciso durante seis horas; mil hombres quedaron en el campo de batalla. Los carlistas, faltos de municiones, se batían ya al arma blanca, cuando Zumalacárregui ordenó la retirada. Linares regresó á Pamplona, á donde Quesa­da pudo llegar al cabo porque los carlistas no tenían municione~ para disputarse el paso. La carrera de Quesada había terminado. De todas las ame­nazas que había hecho, no pudo cumplir sino una: la rigurosa aplicación de la ley marcial contra los insurrectos prisioneros. To­dos fueron fusilados. Zumalacárregui se vio obligado á usar de represalias, y sí procedió en esto con más miramientos, se debió á que temía que el jefe cristino, falto de prisioneros, se vengara en las familias de insurgentes que tenía en su poder, como lo hizo al­guna ocasión. La historia no erá nunca suficientemente dura para censurar esas horribles ejecuciones que ensangrentaban y deshonraban la victoria en esa guerra de Navarra, en ]a que el soldado que ha­bía perdonado al enemigo en medio del combate, fusilaba fría­mente el prisionero después de la derrota. Estas atrocidades fueron Jlevadas tan lejos por los dos partidos, que causaron más víctima~ que las batallas. ¡ Cuántas escenas conmovedoras ó sublimes no hubo en ese drama lúgubre de venganzas políticas l Jamás, en ningún tiempo, tanta ferocidad se rescató con tanto heroísmo. No fue sino un año más tarde cuando la Convención Eliot hizo reconocer los derechos de la civilización en esta guerra de salvajes, y esa tardía convención no siempre se observó cumplidamente. Conlzitú«. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 344 B oletfn /J.[ilz'tar YIA7E A LAS REGIONES EQUINOc.,CIALES, DE HUMBOLDT Fragmentos ttaducidos para el Boletitz Mt"btar ...... El piloto indio que nos condujo de San Fernando de Apu­re hasta la playa de Pararuma, no conocía el paso al través de los rápülos (raudales) del Orinoco, y no quería encargarse de condu­cir más lejos nuestra embarcación. Era preciso conformarse con su voluntad. Felizmente para nosotros, el misionero de Carichana consintió en cedernos una bella canoa por un precio muy módico : el Padre Bernardo Zea, misionero de Atures y de Maipures, cerca de las grandes cataratas, nos ofreció también, aunque enfermo, acompañarnos hasta las fronteras del Br::tsil. El número de indíge­nas que ayudan á transportar las canoas al través de los raudal e s es tan pequeño, que sin la presencia del monje habríamos corrido el riesgo de quedar detenidos semanas enteras en eso lugare s húme­dos y malsanos. A orillas del Orinoco se consid e ra como un país delicioso las florestas del Rionegro. En ellas se goza, en efecto, de un aire más fresco y más saludable. El río está casi libre de co­codrilos; puede uno bañarse en él sin t~mor, y tanto d e día comrta t Dos leguas más adelante se encuentra el pueblo de Flores, centro del distrito, á la altura de 1,039 metros sobre el nivel del mar, rodeado de bosques ricos en diversas maderas de construc- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mt'litar eión y en quinas rojas y naranjada, de que los vecinos de Las Cuevas exportan muchas cargas anualmente, y abundantes en he­lechos arborescentes de 8 á 9 varas de elevación, coronados por un copioso penacho de hojas grandes y lozanas, á guisa de pal­meras. Entre los infinitos tesoros vegetales contenidos en estos bosques, que tanto admiraron y entretuvieron á nuestro botánico Céspedes, se distinguen el Acuápar y el Manzanillo, árboles de traidora frondosidad, pues al que se ponga bajo su sombra le hin­chan monstruosamente todo el cuerpo; el Albataque, muy eficaz para toda hinchazón; el bejuco de cruz, cuyas hojas machacadas restañan la sangre de las heridas; y finalmente, el Arisá, hermoso irbol recto, cargado de manojos de flores encarnadas, y de tanta virtud para contener la hemorragia por las narices, que aplicado sobre la frente un pedazo de árbol despojado de la corteza, termi­na en el acto la salida de la sangre, por copiosa que fuere; pre­cioso específico desconocido de la generalidad y perdido con otros muchos no menos preciosos que permanecen intactos en aquellas selvas perfumadas y solitarias. El clima de Flores, fresco y agra­dable (20° del centígrado) es muy sano y el mejor remedio para el cotó, pues con sólo permanecer poco tiempo en el lugar, des­aparece completamente. El distrito cuenta r,ooo vecinos; pero ya se concibe que van en aumento, excepto en la parte montuosa y ardiente desde el paso del Orta hacia el Magdalena. Así, Flores y Las Cuevas, con 700 vecinos, dan un movimiento de población de 57 nacimientos, 26 decesos y 14 matrimonios, en el espacio de doce meses, siendo comunes los ejemplares de longevidad notable. Goza este di trito el beneficio de poseer un Cura, modelo del sacerdote cristiano, desintere ado, humano, lleno de bondad, que se desvela por mejorar la suerte de sus feligreses, así en lo moral como en lo material, severo consigo mismo, tolerante para con los demás, enteramente consagrado al desempeño de su alto ministe­rio; joven sin ambición mundana, que ha sabido restaurar y ador­nar la humilde iglesia del pueblo, convirtiendo un rancho de paja en templo, cuyo interior resplandece de blancura, y cuyos adornos sencillos inspiran más respeto y son más apropiados al culto ver­dadero que las ostentosas ridiculeces de muchas iglesias de las ciudades. Llámase este ilustrado y modesto sacerdote WENCESLAO D{Az; y al escribir su nombre de una manera particular, en mi ~atitud como granadino y como cristiano, quisiera distinguirlo del común de los párrocos, que tantos motivos dan de pena y desabri­miento al granadino y al cristiano, por su incapacidad como hom­bres de civilización, y por su indignidad como ministros de caridad y de buenas costumbres. Ellos desconocen por ignorancia, ó aba­ten á sabiendas la noble misión de que están encargados, especial­mente en este país nuevo que ensaya la libertad y donde la demo­cracia podría convertirse en objeto de amor para el pueblo, arropándola con una religión que tiene por bases la caridad y la ie'ualdad, y que en cierta manera santifica la República. Es Flores el límite de lo habitado hacia esta parte del cantón V~lez: pasado el pueblo, empieza la soledad; pasado el Orta, los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mzlita·r 35I bosques altivos, en donde, según la expresión del profeta, "los 1 animales montaraces reposan con seguridad, porque no hay quien os espante." El camino cesa de ser una vía transitable, y comien­zan en continua sucesión las subidas y bajadas por cerros abrup­tos, gredosos y constantemente empapados en lo alto por las llu­vias, y en lo bajo por manantiales que aflojan el terreno, for­mando pantanos pegajosos en que las bestias se hunden y fati­gan, y pierden hasta el instinto de elegir lo menos peligroso. Ninguno de nosotros se escapó de caer rodando con la cabalga­dura por las resbalosas cuestas, 6 en hoyos en que era menester auxilio de tercero para salir de entre el espeso lodo : hasta los. peones, con ir á pie, pagaron allí su tributo de porrazos. "Consis­te, nos decía el práctico, que también se cayó varias Yeces, consiste en que sus m e rcedes no son baquz"anos de los hoyos." Esta frase lo dice todo: en aquel camino es necesario aprender cuáles son los hoyos menos peligrosos, pues la elección nunca tiene por objeto lo bueno y lo malo, sino lo peor y lo pésimo: elección entre hoyos y hoyos, cuya profundidad no es posible adivinar al través del ama­rillo fango de que están llenos. Cuatro leguas se andan de esta mane ra, y en seguida comienzan lo pasos del río Guayabito, que en su tortuoso curso corta cuarenta y nueve veces la línea de trán­sito ha ta ll e gar al case río llamado La Cimitarra: desde aquí hasta el puerto d e l Carare e s llano el terreno, y el camino parece bueno al que ha pasado lo d e atrás. Por tanto, es un delirio creer que esta pueda ser la vía mercantil en que Vélez funda sus esperanr.as; es ocioso pen ar en mejorarla sin variar de ruta. La t·ara perseve­rancia, la actividau y el empeño del Sr. M. M. Zaldúa, ncargadG de la composición de este camino, nada podrán jamá contra obs­táculos invencibles para quien no tiene á la mano muchos miles de pesos, porque sin una gran suma de industria y de recursos, los cerros gredosos y los minadores manantiales se burlarán de cuan­tos esfuerzos se hagan para dominarlos permanentemente. Las selvas del Carare no ceden en riquezas de todo género á las de la hoya del Minero, y las sobrepujan en majestad. Desde que se entra en el laberinto de colinas que ciñen los tort osos pliegues del río Guayabito, se viaja por en medio del alto bosque que á derecha é izquierda limita la fangosa línea del camino,. siempre bajo la sombra, siempre húmedo y denso el ambiente, en términos que disparado un tiro de escopeta, permanece quieto el humo de la pólvora largo rato, sin ascender ni disiparse. El cau­cho, el almendrón y el ceibo, colosos de vegetación, yerguen sus copas por encima de los demás árboles, cobijándolos con sus gi­gantescas ramas, mientras el tronco redondo y recto, cuya cir­cunferencia ocupa un grande espacio, sostiene y alimenta pro­fusión de árboles menores, enredaderas semejantes á gruesos ca­bles, y tribus enteras de parásitas sembradas en todas las axilas. de las ramas. Cuando uno de estos colosos cae desarraigado por el huracán ó minado por la vejez, abre en el bosque una ancha calle, tronchando y sepultanto bajo sus ruinas cuanto alcanza, y •ntonces el oscuro tronco forma una eminencia prolongada que se NCO Of t EPU!l(~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 352 Bol~tín .llfti'itar cubre de arbustos é interrumpe la llanura con la apariencia de una larga colina; tal es la grandeza de estas ruinas vegetales, impo­nentes aunque postradas. Enumerar las miríadas de animales que pueblan la selva, se­ría imposible. Encima es un intermmable ruido de a ves, que ora sacuden las ramas al volar pesadamente, como las pavas y pau­jíes, ora alegran el oído y la vista, como los jilgueros, las diminu­tas quinchas (colibrí) ó el sol y luna, pájaro de silencioso vuelo, bri­llante cual mariposa, llevando en las alas la figura del sol y de la luna creciente, de donde le vi~ne su nombre. Al rededor remueven el ramaje multitud de cuadrúpedos, y los inquietos zambos corren saltando de árbol en árbol á atisbar con curiosidad al transeúnte, las hembras con los hijuelo cargados á la espalda, y todos juntos en familia chillando y arrojando ramas secas ; mientras más á In lejos los araguatos, sentados grave mente en torno del más viejo, entonan una especie de letanía en que el jefe gruñe primero y los demás le contestan en coro. Bajo los pies y por entre la yerba y hojarascas se deslizan culebras de mil matice , haciéndose notar la cazadora por su cor­pulencia y timidez, y la lomo-de-machete, de índole fiera, cuerpo vigoroso, coronada de cresta y armada de una sierra que eriza sobre el lomo al avistar al hombre, lo que afortunadamente sucede raras veces: en ocasiones saltan de repente lagartos enormes, pa­recidos á las iguanas, y huyen revolviendo la basura del suelo; en otras nada se ve, pero se oye un sordo roznar en la espesura, y el ruido de un andar lento al través de la maleza; de continuo y por todas partes la animación de la naturaleza en el esplendor de su abandono, y á raros intervalos, á orilla del camino y escondida, se encuentra la choza miserable de algún vecino de Guayabito, pálido y enfermizo, ó cubierto el cutis con 1 s feas manchas del carate: el hombre está demás en medio de aquellas selvas, y su­cumbe sin energía, como abrumado por el mundo físico. Regresamos á V élez pasando por Bolívar, centro de la nueva parroquia de este nombre, la cual cuenta 3,6oo habitantes, consa­grados activamente á la agricultura, que es allí floreciente. Queda el pueblo tres leguas al SO. de Vélez, situado en la falda orien­tal de una elevada serranía, que es continuación de la de Cuevas, y en consecuencia presenta las mismas quiebras de formación, con la desventaja de escasear las aguas vivas, pues todos los ma­nantiales se pierden y desaparecen por las cavernas que perforan las serranías y sus estribos. Abunda el terreno en minas de cobre, hierro, plomo, cuarzo, azufre y carbón, y cerca del pueblo, en una quiebra de la serranía, se hallan copiosas muestras de mina. de amatista. Son frecuentes las igniciones de piritas de hierro, que calcinando las rocas producen derrumbes considerables en las tie­rras faltas de apoyo- Continúa. BtJgoiá--Imprenla de Vapor-Ca/k ro, número r68 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 11

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 12

Por: | Fecha: 23/03/1901

r~~~ iOGOTA, MARZO 23 DE 1901 SERIE II- 'I'OMO I-H. o 12 BOLETIN ~ilLITAR DE COLOMBIA Organo del Ministerio de Guerra y del Ejército Ilion eolaboradores de este periódico lo. Jefes y Oficiales del Ejército Director ad honorea F. J. VERGARA Y V. General de Ingenieros, .Miembro a. varias Sociedades Cientifioaa BESTIAS MULARES República de Colombz'a-Mz'núlerzo de Guerra- Bocrolá, I8 de Marso de I90I El Gobierno ha dispuesto que de hoy en adelante queda pro­hibida la xportación de mulas de Cundinamarca y Boyacá á otros Departam ·nto 6 al Exterior. En consecuencia, toda partida de mulas que salga de esos Departamentos SIN SALVOCONDUCTO ESPJ:­CIAL expedido por el Ministerio de Guerra, será expropz'ada por los Agentes del Gobi rno para servicio del Ejército. El Ministro, JOSE DOMINGO OSPINA C. SER VICIO PROTECTOR DURANTE EL REPOSO Ó SERVICIO DE AVAJVZ.ADA.5, SEGUN L.EWA.L [Üontinúa] A- Centinelas Cenlz'nela se llama al que vela guardando un puesto donde hay peligro; facczonarzo ó zmaginarz·a, cuando no hay riesgo directo. En la cabállería se denomina vedeta. Según su número y situación., 105 primeros son sencillos 6 dobles, normales 6 perdidos, y cada cual tiene sus ventajas é inconvenientes. roxo I-~3 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .35-f- El centinela simple, aislado en la línea de vigilancia, se encuen­tra en mala situación ; solo, lejos de los suyos, sobre todo du­rante la noche, está expuesto á desfallecer y á dar á los hechos una importancia que no tienen, y aun á ver lo que no existe. Ade­más, no puede dejar su puesto sin que se rompa la continuidad de la línea, y sin embargo, con frecuencia habrá necef.idad de que se desplace, tanto para observar mejor como para dar un aviso importante ó detener á quien quiera atravesar la línea. Estos. motivos imponen el empleo de centinelas dobles, con los cuales, aun cuando se espacien más, queda mejor vigilada la línea, puesto que uno de los hombres puede ir y venir y recorrer el terreno sin que el puesto quede abandonado, disminuyéndose también el riesgo de las deserciones. No obstante, cuando no queda otro recurso se em­f> learán los centinelas sencillos (pero si la tropa no es huena su empleo ofrece grandes riesgos, como una deserción, una venta,. etc.). La reunión de dos hombres, de los que uno observa en el puesto mientras otro lo hace moviéndose, es lo que constituye un centinela doble. Estos centinelas son ventajosos sobre todo durante la noche: se sostiene la vigilancia y se mantiene unida la línea,. pues en tanto que el uno permanece en el puesto, el otro se des­plaza hacia el puesto vecino, llegando hasta la mitad de la distan­cia; allí se pone en comunicación con uno de los hombres del centinela inmediato que habrá venido á encontrarlo. Luégo ambos vuelven á su puesto, y los que ng se han movido lo hacen en se­guida hacia el lado opuesto; ejecutan lo mismo que los anteriores, y así sucesivamente. De este modo los hombres en casi continu0 movimiento ni se duermen como cuando permanecen inmóviles, ni se aletargan en los grandes fríos ó calores. En cuanto al despla­zamiento de los hombres, no ha de ser mucho, á lo sumo se ex­tenderá á la mitad de la distancia que separa dos puestos, pues si se tratase de ir al frente, se convertirían en centinelas simples con todas sus desventajas, y cuando esto sea necesario se les cons­tituirá con tres homhres en vez de dos, medida útil en muchos casos;. mas el mejor sistema es el de proceder por camaradas de combate ó centinelas dobles. Cuando lo exigen las circunstancias se emplean centinelas múltiples ó pu.eslos á la cosaca compuestos de seis hombres y un cabo, los que sitúan en facción una pareja de soldados unos diez metros adelante, mientas los demás se sientan oculto¡ tras al­guna quiebra ú objeto del terreno, y destacan patrullas incesante­mente, rele ándose el todo de tres en tres horas. Empleando los puestos á la cosaca, se suprime uno de los escalones de las avan- 7..adas, como que el centinela apenas queda á algunos pasos del puesto y las sorpresas los alcanzan á ambos á la vez, dejando, cuando son arrollados, al descubierto á los puestos principales; en tanto que con •.ma línea de centinelas dobles y mucho más á retaguardia los pequeños puestos, el principal siempre es advertido á tiempop Además, si conservando la línea de puestos á la cosaca se esta­blece á retaguardia otra de piquetes, las tropas empleadas en el servicio serían muchísimas, y muchas también las expuestas en primera línea. En resumen, los puestos á la cosaca no se emplea- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletfn Mt'ltta1' 355 rán haciendo parte de la línea de centinelas sino para guardar 6 vigilar puntos importantísimos y que por algún motivo no puedan ser ocupados por el piquete, pero aumentando la lejanía de los centinelas del puesto. También habrá que emplear este sistema, uniendo centinelas· y piquetes, cuando se trate de tropas colecticias y forzadas. Lo que se llama cmtz'nela p~rdzao, ó sea un hombre que se hace adelantar á gran distancia de todo auxilio, se proscribirá en abso­luto, pues que él de seguro pensará más en su seguridad que en vigilar, no puede comunicar ninguna noticia y es muy fácil que no regrese á sus filas. En caso de que fuera del cordón de vigilancia quede algún punto cuya observación se juzgue necesaria, en vez de situar en él un puesto destacado, se hará que lo visiten continuamente pa­trullas, con lo que se evita todo riesgo. Datos precisos hay para fijar cuál ha de ser el intervalo entre los centinelas ; varía con la intensidad que quiera darse á la línea de vigilancia resultante de la distancia ó proximidad del contrario: 1.0 Advertir; 2.0 Mutua seguridad; 3.° CoercitiYo; 4. 0 Defensa 1.0 Los centinelas deben verse para que aunque sea por señas les sea fácil comunicarse; si esto no sucede, temen los hombres por su flanco descubierto, disminuye su vigilancia, y no hay seguridad en la línea de centinelas, como que se podría franquear ésta sin que hubiera quien lo impidiera, ya fuera un desertor, ya un espía. • 2.0 En la oscuridad deben poder comunicarse á la voz sin elevar mucho ésta. 3. 0 Los centinelas han de formar una línea cuyo fuego pre­sente alguna resistencia. Estas cuatro condicione~ no siempre se pueden satisfacer á la vez, y el mayor 6 menor número que pueda compaginarse, es lo que da á la línea su máximum 6 mínimum de valor. El principio de que los centinelas han de verse si hay luz 6 escucharse si ella falta, es absoluto, sean dobles 6 sencillos. El al­cance de la voz, algo mayor de noche que de día, no excederá de 200 metros si se quiere transmitir una serie de sílabas y no gritos, y siendo el frente de una gran guardia de 200 metros, pueden bastar dos centinelas simples 6 uno doble, sobre todo de noche~ porque de día, por ser considerable el alcance de la vista, en rigor puede bastar uno solo. Obrando así, apenas se satisface á una condición, y el valor de la línea se aumenta doblando en ambos casos los centinelas, porque así podrán aproximarse unos á otros, hablar en voz baja, examinar lo que pasa entre sus intervalos, etc .. Es preferible doblar los centinelas á hacerlo con su número; cua­tro simples vigilarán el frente de una gran guardia, pero lo harán mejor dos dobles, por las razones ya dichas. Sin embargo, con intervalos de 80 á 40 metros, según el caso~ aun cuando en rigor queda bien vigilada la línea, en terreno muy fragoso y cubierto, 6 en noches muy oscuras, será fácil que hom- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 35Ó B~Jlet{n M-ilitar bres aislados salven la línea sin que sean vistos y detenidos ; por tanto, para obtener toda seguridad es menester disminuír los inter­valos, á fin de que los hombres de dos parejas próximas puedan reunirse fácilmente en mitad de la distancia, por lo cual establecer­los á 65 metros, es intervalo suficiente para las situaciones normales, excepto cuando el enemigo ya está muy próximo, porque entonces no debe n distar más de 25 metros y ser simples, formándose en tal caso una línea de tiradores muy espaciados. Ade más, las mismas precauciones no son necesarias si e mpre en todo e l períme tro: en algunos puntos puede aligerarse el servi­cio sin perjudicar á la seguridad; p e ro el frente de una gran guar­dia sí será el mismo, cualquiera que s e a la inte nsidad de la red. En resumen, el cordón no1mal de la líne a de centinelas de una gran guardia constará de dos centinelas dobles y uno simple, 6 de cinco á s e is sencillos, pudiendo disminuirse ó aumentarse con las necesidades y formas del terreno, con lo que se tendrá tipo mím"mo y máxz'tJZo. El normal se empleará ordinariamente reemplazán- · dolo por el máximo ap ntado, donde hubiere más peligro, y por el mínimo ó sencillo donde éste fuere menor. En casos excep­cionales puede aumentarse la densidad de la r e d conforme lo exi­jan las circunstancias, sin que por eso se alteren las bases del siste­ma. La dispo ición fijada no puede ser más sencilla ni mas lógica, y bastará al dar la orden para establecer el cordón, indicar cuál ha de ser su densidad, con lo que nada se deja al capricho ó inexpe­riencia, y se le pliega á toda situación.-Conli11úa. --..... ~i!ll+---- PRINCIPIOS GENERALES D E ESTRATEGIA Y D E T AC TICA EN LAS PEQUEÑ AS GUJlRRA~ por el Mayor C . E. C allwell, del E V rci to ing l és TRADUC CIÓN J> E I S l DO R O T.AVERDR A MA Y A-l 01l l,.mJa CAPÍTULO XIV TÁCTICA DE INFANTER.fA XII. Las condz"dones que en la guerra regular hacen d .fuego á dúcreción casz· obligalorr·o, no e~1:1slen en las pequdias guerras-Hay que recordar que en la g-uerra regular el número de las pérdidas cau­~ adas por el fuego del enemigo es mayor que en las expediciones pequeñas. La infantería que marcha al ataque sobre un terreno un tanto descubierto, sufre pérdidas muy sensibles, cualquiera que sea. su formación. La tensión es tan grande, que se hace bien pronto materialmente imposible sostener la disciplina del fuego. u De to­dos los incidentes de un combate moderno, esct ibe el Coronel Maurice, el más difícil de comprender es la necesidad intensa del simple hecho de disparar, que se apodera del hombre casi como una catalepsia." Hay que permitirles á los soldados que disparen á discreción, á fin de ocuparlos. Es preciso tenerlos en movimiento. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Milz.tar 357 Debe tratarse de sostener la confianza á cualquier costa. Al co­menzar el combate, los fuegos á la voz son excelentes; cuando la crisis se acerca, se hacen casi imposibles. Esto es consecuencia del armamento moderno en el campo de batalla moderno. Pero en las pequeñas guerras las circunstancias no son análogas. I 4S pérdidas causadas por el fuego de guerreros irregulares son muy ligeras, hasta á corta distancia. No hay razón para no sostener una buena disciplina de fuego. La proporción de las pér­didas es tan débil que es casi insignificante, menos en los comba­tes en bosques, cuando se cae en emboscadas. Rara vez hay nece­sidad del tiro á discreción, salvo en el caso de encontrarse á que­marropa en el ataque, y cuando el enemigo es rechazado 6 se encuentra de huída. XIII. Vmtajas de reurvar el fuego para muy cortas dútancias-Y a sea en el ataque 6 en la defensa, es muy ventajoso guardar el fuego hasta encontrar e á una distancia que asegure su eficacia, lo cual es muy difícil de verificar en la guerra regular, á causa de las pér­didas que se sufr n hasta de lejos, y del efecto que estas pérdi­das producen en los soldados. Dada la profundidad de las forma­ciones enemigas, el tiro á grand , s distancias es algunas veces excusable, puesto que ocasiona alguno daños. Sin embargo, en las pequeñas guerra cuando se procede ofensivamente, no hay qué olvidar nunca que, en circun tancias ordinarias, lo importante es acercarse al enemigo. Tratar de desalojar al adversario por un fuego á grande distancia, es una falta. No es así como se obtienen victorias decisivas. Combatir de este modo á guerreros irregula­res, es jugar á la guerra, y no hac r la guerra. Es menester que las tropa alcancen á su contrarios y le den una lección de que se acuerden. Este es un principio fundamental de táctica cuando se procede contra tale adversarios. Cuando se e~tá á la defensiva, también es mucho mejor guar­dar los proyectiles. Cuando los Arabe~, armados de lanzas, dieron su carga sobre el cuadro, durante su última marcha entre Abu Klea y el Nilo, los Ingleses dieron principio al fuego á discreción, pero al punto fue suspendido con un toque de corneta, para romperlo con re ultados terribles cuando el enemigo no estuvo sino á 300 yarda . Los salvajes rechazados por un fuego á grande distancia, no se consideran como en derrota, y realmente no lo están, porque no pueden sufrir pérdidas fuertes que los obliguen á una huída total. Las órdenes dadas por el General Négrier para que la infantería reservase su fuego, en Kailua, produjeron excelentes resultados. Rara vez hay lugar de emplear el fuego á discreción, y no se debe recurrir á él sino excepcionalmente. XIV. Notas sobre el gasto de munú:úmes-La experiencia prueba que en la guerra irregular el consumo de las municiones no es. considerable. Las luchas son cortas felizmente; porque es más di­fícil en esta guerra reemplazar los cartuchos consumidos, por las dificultades de transporte que de ordinario se presentan en estas operaciones. Según las estadísticas, en cada acción son suficien­tes algunos cartuchos para cada hombre. En los combates de- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Milt.tar Ulundi, Ginghilowo y Ahme:d Khel, en todos los cuales el enemigo dio pruebas de resolución y de audacia en el ataque, el gasto no pasó de ro cartuchos por hombre. En Charasia, el 72.0 , que peleó con bravura durante horas, consumió 30 cartuchos por hombre. El gasto fue el mismo en la desastrada salida de Kandahar sobre Deh Koja. Los experimentos con el fusil de repetición en el Daho­mey y en el Chitral no dan lugar á temer que sea menester calcu­lar gran gasto de municiones con la nueva arma en la guerra irregular. Sin embargo, sería error suponer que nunca se presentará en las pequeñas guerras, en el campo de batalla, la dificultad del reemplazo de las municiones. La infantería rusa, durante el desastroso ataque del General Lomakín sobre Denghil Tepe, que­mó 240,000 cartuchos, ó algo más de roo por cada hombre efec­tivamente en combate. En los encuentros en los bosques del As­hantí, el consumo de las municiones fue completamente anormal. En el Teb, las tropas que más entraron en acción dispararon poco más ó menos 50 cartuchos por cada hombre, y la misma proporción representa las que gastó el cuadro roto en Tamai. En Kirbekan, dos compañías enviadas al principio para tomar la alta cresta, y que no pudieron lograrlo, quemaron todas sus municiones, menos de cuatro cartuchos por hombre. En el ataque ya mencionado de Nam, cerca de Bacminh, las secciones muy calurosamente com­prometidas, gastaron la enorme cantidad de 240 cartuchos por hom­bre. En el notable encuentro de Achupa, en el Dahomey, combate ya mencionado en esta obra, se quemaron 25,000 cartuchos, por cerca de 300 hombres, en dos horas y media, ósea como á 80 cartuchos por hombre; en este combate se hizo uso del fusil de repetición. En resumen, no parece que haya mucho lugar á temer que la provisión de cartuchos que lleve consigo el soldado sea de ordinario insuficiente, sobre todo con los fusiles de pequeño calibre hoy en boga. XV. La bayo11ela es inaprecz'able, bz'tn q~ leórz'camente la superz'o­ridad de los soldados regulares se manifieste mejor en el liro que en el combate cuerpo á cuerpo-En las pequeñas guerras de la época del antiguo mosq~ete, no era raro encontrar al enemigo en posesión de armas de fuego de mayor alcance que las de las tropas regu­lares. Así sucedió en la primera guerra de Afghanistán y en la campafta de los Españoles de 1859 contra los Moros. Pero hoy, se puede admitir sin inconveniente que el enemigo, en razón de su armamento, de su falta de instrucción, etc., es casi invariablemente muy inferior al soldado de infantería instruido en lo que concierne á la eficacia del tiro. Puede haber excepciones en caso de rebe­lión; y en las condiciones particulares de la guerra contra los Boers, el enemigo tuvo ciertamente la ventaja. Pero, por regla general, la superioridad de la infantería regular es indiscutible. Se insiste sobre este punto porque parecería natural á primera vis­ta que todo empleo de la bayoneta sería una falta, cuando la ex­periencia muestra que de . ninguna manera es así. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mt'litar 359 XVI. Grandt ifuto dt las cargas á la bayoneta-Las tropas es­pañolas en Marruecos, las tropas francesas en Argelia, en Tú­nez, en el Tonkín y en el Dahomey, las tropas rusas en el Cáu­caso y en el Asia Central, y las tropas inglesas en todas partes del mundo, han probado el valor de la bayoneta contra guerreros irregulares. Los más bravos de entre ellos dan me­. dia vuelta y huyen ante una carga á la bayoneta. Los enemigos contra quienes el soldado regular tiene que combatir en esta& .campañas, manejan de ordinario lanzas y sables, cuya práctica les es familiar desde la infancia. Estas armas suelen ser excelentes. En combate cuerpo á cuerpo, la infantería regular parece per­der todas las ventajas de la superioridad de su arma, y sin em­bargo, el hecho es que la carga á la bayoneta casi siempre sale .bien. Por lo común, el enemigo ni aun la espera. Quizás algunos fanáticos velfden cara SM vida; algunos grupos dispersos pueden .combatir hasta la muerte; pero tales esfuerzos aislados son inútiles- XVI. En la difenstva, el ifecto dt la bayoneta es menos seguro­No acontece lo mismo cuando el enemigo es el acometedor. Los Ghazis, en Bareilly se precipitaron con firmeza sobre las bayone­tas. Algunos Madistas, de los más temerarios, cargaron á fondo, mostrando que en la confusión podían ser peligrosos. En el ardor del ataque, fanáticos y sah·ajes se lanzan temerariamente sobre las líneas de acero, si el tiro los deja acercarse. Pueden entonces causar grandes pérdidas con sus sables y sus lanzas. Una descar­ga por compañías hace casi imposible semejante eventualidad, á menos que los adversarios puedan acercarse impunemente, ocul­tándose antes de dar el asalto. Tropas regulares á la defensiva, rara vez se sirven de la bayoneta. XVII. La t'tifantería en los combates dt bosques-Los combates -en bosques, tál como se han verificado en Nueva Zelandia, en Birmania, en Achín, y sobre todo en el Ashantí, presentan parti­cularidades de interés táctico en lo que concierne á la infantería. En estos terrenos el enemigo posee una enorme ventaja á causa de su movilidad y astucia ; además, las armas de precisión no tienen el mismo efecto aquí que en lugares descubiertos. Muy di­fícil es dirigir convenientemente el ataque. Las compañías se frac­cionan en grupos, que pierden la dirección primitiva, y están ex­. puestas á dispararse unas contra otras. Tales combates son peno­sos para las tropas y mortifican al comandante. Una vez que se comprometen, no se pueden separar los destacamentos, y no pue- . den los jefes vigilar sus progresos. Los grupos caen sin cesar en -emboscadas, y entonces reciben á quemarropa una descarga que no puede menos de causarles algunas pérdidas. El enemigo se re­pliega en seguida, al punto, y antes de que los soldados puedan cargar á la bayoneta. La guerra de los Ashantís presentó todos estos caracteres de modo excepcional. El teatro de las operaciones más allá del Prah, -estaba en su mayor extensión cubierto por bosques de árboles gi­gantescos cuyos pies se hallaban envueltos por espesas malezas de .difícil acceso. ~n medio del calor del combate se abrieron trocha¡ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. JÓO Bolet{n Mzlttar por entre el bosque por medio de las bayonetas-sables. La topo­grafía del país era de tal suerte, que en todos los encuentros se pu­sieron. de manifiesto las dificultades y la incertidumbre que estorba­ban la acción de las tropas disciplinadas al combatir bajo bosques y selvas. La formación táctica normal de los Ashantís era un ord~n disperso de tiradores á grandes distancias, que les permitía fácil­mente desfilar y cambiar de posición con rapidez al través de l.a selva, en apariencia impenetrable. "Un punto resalta, escribía Str G. Wolseley en ~u despacho, después de la primer jorna?a ~e Essaman, que pone muy claramente en evidencia la expenenc1a de ese día :tal es que para combatir en el bosque africano, hay que contar con una proporción de oficiales excepcionalmente con­siderable. A causa de lo cubierto del terreno, cada oficial no pue­de ejercer su vigilancia sino sobre los hombres que tiene cerca, Y para esto se necesita cuando menos un oficial para cada treinta hombres.'' A fin de disminuir lo más posible la unidad táctica, se dio la orden de fraccionar cada compañía en secciones, y cada una de éstas debía, durante el curso de la guerra, estar indep_en­diente bajo las relaciones del comandante y de la administraciÓn. En el combate, tres secciones se desplegaban y una quedaba ~n apoyo, 40 ú 80 yardas atrás. Esta organización por secciones sahó perfectamente, y de esta manera los hombres pudieron ser vigila­dos en circunstancias excepcionalmente difíciles. Los diversos gru­pos gozaron de grande independencia y estuvieron bien. En Amoaful, los diferentes cuerpos perdieron el contacto entre sí. La completa ignorancia de la posición de los destacamentos vecinos hizo toda cooperación muy difícil. Una vez en Ordah u una com­pañía entera, engañada por el ruido de la fusilería que parecía muy cercano, bien que no tenía enemigo delante de ella, rompió repentinamente el fuego en todas direcciones. Los oficiales tuvie­ron que marchar con la brújula en mano, y el éxito que coronó ~u~ esfuerzos para conservar sus hombres á la vista, probó lo bueno de la organización especial inventada para hacer frente á la situación. En la guerra de Ashantí, como también en los combates de bosques en el Water Kloof, en 185 r-52, en la guerra Maorí, y en la mayor parte de las expediciones en bosques e pesos, la pénii­da en oficiales es proporcionalmente considerable. Los tiradores hábiles del enemigo pueden disparar á boca de jarro. Las luchas en semejantes terrenos se parecen á los combates en bosques en Europa. Hay la misma incertidumbre, el mismo riesgo de confu­sión, la misma necesidad de disciplina severa, las mismas dificul­tades para los oficiales y los hombres. El principio moderno de formar la infantería de una manera permanente en tres pequeños grupos, es probable salga muy bien en estas pequeñas guerras, pero aún no se ha ensayado en esas condiciones.- Conlt1zúa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mt"lt'tar EL COMBATE DEFENSIVO SEGUN C. FISH Continúa La figura 2... muestra el refuerzo de la posición ó sea de la línea de combate cuando el enemigo inicia su ataque preliminar de frente, caso en que nada más hay qué observar. En la 4.• se ven las disposiciones que conviene adoptar cuando la defensa quiere dominar al asaltante mientras ejecuta su ataque. Tan luego como se nota que el enemigo reúne el grueso de sus fuerzas sobre su ala izquierda, por ejemplo, para intentar ei ordinario movimiento envolvente, y que ]a otra ala (derecha) no puede contar con oportuno refuerzo, el defensor resuelve atacar dicha porción de la línea enemiga. Para la defensa, el combate en el ala izquierda será de sim­ple contención, pero ejecutado por fuerzas adecuadas, se entiende,. hasta que el enemigo sea dominado en su ala derecha y por lo tanto se vea obligado á retirarse. Con tal objeto, el defensor envía un batallón á sostener el ala derecha, pero de suerte que forme unidad con el que de antema­no ocupaba ese punto; otra unidad (2 batallones) y la caballería se destinan á envolver la derecha del enemigo. La artillería apoya esa operación con sus fuegos. 1 ){ Ataque preliminar --- ~ ~ , •• : •• /o~'-. ( o o 1\ : 1 o t \ DO , ~\ ~ ' .. lE:! '',,\ o o o o b o y Figura 2.• ··. -- .. · a o ..... O o e Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ..JÓZ Boletín Mt"lztar Otro cuerpo se sitúa á retaguardia del punto de apoyo a para -servir de reserva al propio ataque envolvente y para cooperar á. .él con los que ocupan el frente (figura 3:). ~:.Para plantear estas medidas el defensor tiene de su parte todas las ventajas deseables. Allí donde se mantiene á la defensiva, ; ... - ·-·· ------~.~~~ _¡ ·,-- -- . -- -----·-z/ ~¡~ - ----------11:~ . ~~ ¡ \ \ , 1 : Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ./Jolet{n Militar la posición es fuerte por los puntos de apoyo y los obstáculos del terreno, en tanto que donde resuelve tomar la ofensiva, va á obli- 2"ar al agresor á resistir en un terreno desfavorable. Si el defensor prefiere esperar el choque del adversario en la posición elegida, para responderle luégo con un contraataque, la fi¡:ura 4 ... muestra las disposiciones convenientes en tal supuesto. DO ·. ·. · .. •••• O e o ,. j ...... . .......... . ··· ·> Figura 4 ... X • • • • • • • o b o • o o~ o • 1' • (, ./ <> o • ...... a o • ................... .... / .= · .. Concluirti · ... 1 -~. · ...... -------~·------- MARCHAS Y COMBA TES SEGUN LOS REGLAMENTOS ARGENTINOS POlt :EL TENIEN1'E CORONEL AUGUSTO A. MALIGNE- Coniz"núa u-Papel de la caballería El papel principal pertenece en la vanguardia á la caballería, porque lo que hace tan difícil el comando de un ejército en cam­paña es la ignorancia ó la inseguridad en que están siempre loi ~enerales, de las marchas y las posiciones del enemigo, y sólo la caballería puede hacerla desaparecer, dando al comandante en jefe los datos que n cesita. Para ello, la caballería de explora­ción, que no pertenece á las vanguardias, pero que se liga con Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ellas, se lanza lo más lejos posible en la dirección del enemigo ; s alejamiento no tiene más límite que la distancia donde empe­zaría para ella la probabilidad de ser cortada; explora el terreno, los caminos, su viabilidad, los puentes, los vados, las estancias, etc.; interroga á los habitantes sobre los recursos en víveres, aguas, pastos, forrajes y otros medios de subsistencia; busca al enemigo pero no lo combate, salvo casos especiales de que se hablará más adelante; conserva con él el contacto á fin de poderle a visar al ejér­cito su presencia, situación é intenciones, de ordinario por medio de los comandantes de vanguardia ; se apodera de los depósi­tos del enemigo, de las estaciones, y los destruye á veces ; ocupa los telégrafos, toma la correspondencia ; señala á los ingenieros los malos caminos, los pasos que no permitirían la marcha de 1 artillería ó de los convoyes. Es, en fin, la providencia que protege al ejército contra las sorpresas. También combate cuando la utilidad de hacerlo es evidente, como para apoderarse de una aldea, pueblo, e tancia, donde hay recursos ó por donde deberá pasar más tarde la columna, á cuyo efecto utiliza el combate á pie. Combate también para sorprender y destruír un destacamento, apoderarse de un convoy, hacer prisiO­neros, detener á un enemigo que pretenda sorprender al ejérci­to, etc. Todo esto es tan vasto y complicado, exige tanta energía é in­teligencia, tantos conocimientos, que con razón se pudo decir que el buen oficial de caballería de exploración es el oficial completo. La caballería de seguridad (que no debe confundirse con la de exploración) se adelanta lo más posible, sin perder contacto con la vanguardia que preced , lanzando á más de las patrullas de que se ha hablado, pequeños destacamentos hasta 12 6 I 5 kilómetro si el enemigo está lejos, á menor distancia en caso contrario, y sobre todo cuando se prevé combate. Por buena y bien mandada que sea la caballería de seguri­ridad, no resolverá por sí sola las cuestiones, no decidirá del éxito de una operación de guerra ; pero hará mucho, influirá considera­blemente sobre el resultado final. Si encuentra la caballería de se­g- uridad del enemigo, la obligará tal vez á replegarse, le impedirá explorar, y por consiguiente ver lo que pasa. Puede ser utili­zada para tantas misiones, que su papel es, á la letra, universal, ya sea lejos de la columna que protege, ya sea cerca, cuando es inminente la bataJla. Entonces, escolta las baterías que son lanzadas hacia adelan­te, y hasta puede transportar en grupa á los infantes que formen el piquete de sostén de las piezas, pues estos infantes no podrán siem­pre ser llevados en los armones ó carros, ni seguir á pie ; vigila los flancos, cuida el convoy, da las estafetas; llena, en fin, diversas misiones. Es tan útil la caballería, que como á todos los instrumentO$ preciosos, debe rodeársela de cuidados, sobre todo al caballo. Can­sado éste, se le podrá obligar á andar un día, pero caerá, y no hay energ-ía de jefe ó de jinete que haga andar un caballo iiin pierna5. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Como la caballería explora con dificultad y ve mal en la os­ouridad, debe adoptarse, como regla general, el dejarla descan­sar de noche, acercándola á la columna para evitarle sorpresas, y reemplazándola entonces, en todo 6 en parte, con la infantería, má.s apta para el servicio nocturno. 12-Papel de la artillería. Como la artillería es el arma que á mayor distancia puede ofender al enemig-o, y hajo su protección maniobran las demás y se despliegan, es evidente que es ella la que debe empezar el com­bate, y que, por lo tanto, debe, en las marchas, ocupar la cabeza de la columna. Pero corno una columna, ya sea de una división, ya sea sólo de algunos batallones, escuadrones y baterías, ocupa mu­cho fondo y se subdivide en varios escalones, precaución sin la cual no podría marchar ó sería una masa casi inerte, pesada, in­aefensa, y como el combate, si bien empieza de diez veces ocho, por la cabeza, podría empezar también en otra dirección, es indis­pensable disponer toda la artillería formando un solo grupo, una sola masa. Es lo que dice nuestra táctica de infantería. Supone que mar­cha hacia el enemi¡ro una división, la que pone en vanguardia to­dos sus ingenieros, tres de sus eseuadrones, la sexta parte de su infantería y ]a mitad de su artillería. Como se ve, la proporción de artillería es considerable. Por regla general, la artillería de la vanguardia marcha con el cuerpo principal de ésta, detrás del primer batallón de infante­ría; pero hay también casos que aconsejarán al jefe más audacia y en que será feliz inspiración poner una batería 6 dos á la cabeza de la vanguardia. El límite marcado á esta audacia es el de lapo­sibilidad de ser sorprendida y cortada la cabeza de vanguardia con su artillería. De modo más detallado veremos luégo que no sería pru­dente llevar tan hacía adelante las piezas en ciertos terrenos esca­brosos, en desfiladeros cuya salida ignoramos, en los bosques, y en cualquier terreno durante la noche, puesto que en todos estos casos las sorpresas son muy fácile5. No lo sería tampoco lanzar­las tan adelante que estuviesen expuestas á corta distancia al fuego de la infantería enemiga, sin ser sostenidas por el de la infantería amiga, pues es sabido que á cortas distancias, á me­nos de 1 ,ooo metros, el fuego de la infantería es superior al de ,a artillería; en la guerra del Transvaal, los Ingleses tuvieron que abandonar á la orilla de un río piezas cuyos sirvientes y ganados fueron destruídos antes de haber podido ofender al adversario. 13-Papel de los ingenieros El papel de los ingenieros está indicado por el carácter de su empleo: es preparar la marcha de las columnas. Por esto nues­tros reglamentos ponen á la vanguardia las compañías de inge­nieros. La preparación de la marcha de las columnas es comple- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. J66 Bolet{n Mt:lita,- ja : los ingenieros pueden tener que establecer ó componer un puente, ó fortificar uno ya existente ; componer caminos ordina­rios ó de hierro, suavizar pendientes para las piezas y carros; abrir caminos en un bosque ; mejorar un paso difícil, cortar alam­brados ; establecer plataformas ó posiciones para las piezas en una altura, al lado ó atrás de una estancia. 14-Papel de la infantería El papel que desempeña esta arma en la vanguardia no pue­de ser especializado como el de las demás. A ella son aplicables las reglas generales establecidas ya ó que lo serán más adelante. IV. CONYOYE5 Cada columna de tropa es seguida de carros, arria de mulas con bastos 6 cangallas, ú otros medios de transporte que varían con el país y los recursos, que llevan lo necesario para reemplazar los víveres, municiones, etc., que cargan los soldados una vez que las hayan consumido. El convoy se fracciona en cuatro elementos (véase el capítulo XIII del servicio en campaña), que son : Tren de combate; Equipajes de los cuerpos; Ambulancia; Convoy administrativo. 15-Tren de combate Está formado con el material y aprovút'onamzmlos necesarios en el campo de batalla, y se subdivide en dos escalones. El primer escalón marcha con el cuerpo de tropas, y comprende : los caba­llos de mano, los carros, mulas, etc., portadores de útiles y muni­ciones, y una parte de las ambulancias. El segundo escalón com­prende, para un cuerpo de ejército organizado como en Europa, y también para una fuerza menos considerable, como las que or­ganizarían probablemente las principales potencias sudamericanas: el parque de ingenieros, las secciones de municiones de infante­ría y artillería, y tal vez un equipaje de puentes. Este segundo es­calón marcha entre la parte principal de la columna y la retaguar­dia, y no puede ser confundido, por consig-uiente, con los equipa­jes de los cuerpos. Inmediatamente que las tropas tomen su formación de com­bate, el przffur escalón se aproxima cuanto más pueda al terreno del combate, abrigándose contra los proyectiles. El segundo esca/fm se queda más atrás, pero listo para dirigirse sobre los puntos del te­rreno donde su presencia pueda ser necesaria, y á este efecto su comandante hace reconocer los caminos que le permitan llegar á ellos con más rapidez. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mt·z,·tar 16-Equipaje de los cuerpos Llevan todo lo que necesiten diariamente las tropas, marchan después de la retaguardia, dispuestos sus elementos en un orden determinado por el jefe de la columna, y deben, por regla gene­ral, alcanzar las tropas todos los días por la tarde. Cuando el jefe de la columna presuma que no habrá en el día ningún combate, ordena al comandante de los equipajes se acer­que lo más que sea posible, suprimiendo, si es necesario, las diS­tancia! entre los elementos del convoy. Los jefes de los cuerpos de tropas, á su vez, cuando conocen ya los acantonamientos que han de ocupar, mandan una orden escrita á su oficial de aprovisiona­miento, á fin de que pueda reunírseles por el camino más corto. Si al contrario, el combate es probable, los equipajes de lo1 cuerpos mar­chan más despacio, y hasta se detienen media jornada de marcha atrás, haciendo dar media vuelta á los carros (si su número es considerable), para tenerlos listos á marchar en retirada., si llega orden de efectuarla. Se conserva en el convoy una severa disciplina, exigiendo que cada uno permanezca en su puesto en caso de ataque, que los ca­rros y mulas no lleven sino el peso reglamentario, y que no se to­le re que haya en él individuos de los cuerpos combatientes. 17-Ambulancias La marcha d e las ambulancias y su servicio están claramente determinados en reglamentos especiales, y no hay utilidad en CO­me ntarlos aquí. 18-Convoy administrativo Está á cargo de la intendencia. Como destinado á llevar Io necesario para proveer á necesidades no inmediatas, marcha á distancias relativamente considerables de la columna, verbigracia~ á una· marcha, á unos 20 kilómetros de la retaguardia de aquéllap V-REGLAS GENERALES DE LA.S MARCHAS 19-Velocidad Cerno el reglamento vigente fija en 7 5 centímetros la longitud áel paso redoblado y en 120 por minuto su velocidad, una peque­ña columna de infantería recorrerá en una hora, dejando 10 minu­tos para el alto horario, 4,500 metros. Esta velocidad podrá conser­varse siempre que la columna sea corta y no se componga de sol­dados completamente reclutas, 6 que el camino no sea malo 6 el terreno quebrado. Si la columna fuere profunda, no se podría exigir la misma rapidez, y será buena la marcha si se recorren en so minutos .f,,OOO y aun 3,800 metros. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Militar En ningún caso se intentará que el soldado haga esfuerzos ex­traordinarios, pues así se le debilita y aniquila pronto. Debe evitarse todo Jo que se parezca al surmenag~. Lo que constituye una marcha forzada no es el apresuramz.'eni'# en el az're de la marcha, sz'no la prolongadón del ~ifuerzo ; una marcha rápida, con mochila, de solo una legua, cansa tanto á un soldado como una marcha ordinaria de dos ó tres leguas. 20-Extensión de las marchas En campaña hay que subordinar la extensión de las marchas á las necesidades estratégicas ó tácticas ; pero en las marchas de instrucción, de las cuales hablaremos, pues tal vez habrá tiempo de realizar algunas entre una movilización nuéstra y la entrada en campaña, deben observarse ciertas reglas que tienen por objeto acostumbrar al soldado á ejecutarlas cada día m:ís largas, sin ma­yor fatiga de la que le causaba al principio una marcha de pocos kilómetros. Hay que seguir, pues, una escala conveniente para no ani­uilar las fuerzas del soldado en vez de desarrollarlas. Antes de indicar reglas, debe recordarse que la extensión de .una marcha de ejercicio se divide en varias partes: 1.0 El camino que recorrerá cada cuerpo para l1e2·ar al pun­o de concentración de la columna; 2. 0 El camino hasta la llegada; 3. 0 El camino que recorrerá cada cuerpo, después de la dislo­. ca.ción de la columna, para llegar á sus vivaques ó acantona­mientos; 4. 0 El camino recorrido á más d e l anterior, si se ejecutan ma­niobras y simulacros durante la marcha. La experiencia de las últimas guerras europeas enseña que las trepas recorren, sin exceso de fatiga, 25 kilómetros por día, si la columna no pasa de una división. Las tropas á que se refieren las líneas anteriores son veteranas. 21 -Preparación de la marcha Con tropas poco acostumbradas á las marchas, ó aun con cuerpos casi exclusivamente compuestos de reclutas, como los nuéstros en los primeros días de una movilización, se conseguirá pronto, sobre todo con columnas poco profundas, hacerlas andar 25 kilómetros por día, durante varios días seguidos, si se empieza con prudencia, si las primeras marchas son cortas, si los jefes sa­ben excitar el buen humor, sostener el espíritu, conservar la salud de la tropa. Después de tres ó cuatro días, habráse perdido tres 6 cuatro por ciento de rezagados, pero los que queden marcharán bien. Las marchas intermitentes se parecen mucho á los ejercicios ":Semanales ó mensuales: en el intervalo el recluta olvida lo apren­dido. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo/ettn ll1'zlitar JÓ<) Cuanto á las primeras, es sabido que para que el soldado, su cuerpo, sus piernas, se acostumbren á ellas, deben hacerse sin interrupc ión. Una marcha por semana sería inútil, mientras que con una diaria, d ese an ando cada tres ó cuatro días, se llegará á. resultad os 50 rpre nde n tes . 22. - Porte d e la mochila La prim e ra pre paración es la del porte de la mochila, la que desgraciadam e n te no puc d e vitarse. Durante los prime ros días de perman e ncia d e Jos reclutas en un campam e nto d e pre paración, no contendrá sino parte de la carga d e l soldado, pudit ndo quedar e n la cuadra los cartuchos, la manta, el c a pote y l a pala . Po co á poco se irá c o mpletando la carga. Al mismo tiempo los ej e r cicio , dUJ-ante 1 · cuale s los soldados recorrerán algunos ki­lómetros cada día, y a e a para ir al campo de maniobras, ya sea maniobrando , le s pr · pararán á las primeras marchas. Las tre- primeras e harán con mochila poco cargada, y se­rán d e unos 15 kilóm e tros :i lo más; las tres sigui e ntes, con más carga, d e unos 20 kilóm e tros; las demás, con carga completa, al­canzará n á 25 kilóm e tros, pudiendo llegar las de los últimos días, consideradas como marc has apresuradas, á 35, 40, 50 y 6o kilóme­tros, y aun más , para la ej ecución d e las cuale s harán uso los co­mandante s d e columna d e todas las combinacione s que les sugieran las ob e rva c io n d e las marchas anteriores. Tendrán para ello compl ta ini c ia ti \·a; s l s indican, sin embargo, algunas re~las gen e rale s e n el artícu l sigui nte. 23.-. 1archas apresuradl'lc; 1.0 ubdividir la e lumna, i el t e rreno lo permite; 2. 0 Marc har lo m nos p . ible de noche : el paso es insegur en la o scurid::td. y la vigilan ia difícil; 3. 0 D e jar en e l vivac á los oldado á quienes sea imposible ejecutar una marcha fo r zada; 4.° Conservar, má que nunca, la regularidad de la marcha ; 5. 0 No hacer r e unir la tropa sino en el momento mismo de emprender la marcha, y di locar la columna mandando cada. cuerpo á su vivac en el acto de llegar; 6. 0 Tener preparadas las raciones de víveres á la llegada. Conlintía. --- ~ --- TOllO I-24 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mz"lt"tar .J:ftFOlfME SO.RRE EL EJERCITO ALEMAN Contin'lla IV LOS VOLUNTARIOS . Todo súbdito alemán que haya cumplido diez y siet.e años y sea declarado apto para el servicio militar, puede pedir su in­greso en el ejército como enganchado voluntario, y elegir el arma y regimiento en que desee servir. En cambio, los jefes de los cuerpos que son responsables de la instrucción y educación de sus Toluntarios, no están obligados en modo alguno á aceptar todos los que se les prese nten, y pueden, por el contrario, rechazarlos, si por cualquie r motivo cre yeren necesario obrar así. Los enganchados voluntarios se dividen e n dos categorías : 1.0 Los voluntarios de tres años, ó de cuatro en caballería : 2.0 Los voluntarios de un año. Voluntarzos de tres años Para entrar n e l se rvicio como voluntario de tres años, el aspirante d e be justificar e l consentimiento d e sus padres ó tutores y entre gar, ade más, un certificado e n que pruebe está libre de todo otro compromiso. El número de voluntarios admitido en el curso d e un añ o no de b f' e.·cede r d e cuare nta por batallón ó diez por compañfa, d e dond se sigue que en cada una de éstas no po­drá haber más d e tre inta á la vez. P ero e sta r e stricción sólo afecta á la infante ría; e n las armas especiales, comprendidos e n ella los batallones de cazadores y tiradores, los jefes de cuerpo están autorizados para r ecibir tantos voluntarios como sea de su agrado, con tal que no e.·cedan del efectivo reglamentario del pie de paz. En la caballería, los voluntarios de esta categoría deben com­prometerse, no po r tres ·ino por cuatro años. En compensación del año que consienten en pasar de más en el ejército activo, están dispensados de dos años de servicio en la landwehr. Esta ventaja es de tal modo apreciada, que los voluntarios de cuatro años resul­tan en una proporción muy considerable en la caballería, y algunos regimientos aparecen en ocasiones casi exclusivamente compuestos de ellos. Los enganches sólo se hacen mientras dura el período de instrucción individual, es decir, del 1.0 de Octubre al 1.0 de Mayo. En realidad, casi todos los voluntarios se reúnen en la primera fecha, porque no gusta generalmente en los cuerpos verles llegar después de empezados los cursos regulares de instrucción; de suerte que se impone á aquellos que desean filiarse, la obligación de ha­cerlo el 1.0 de Octubre. Esta regla se observa con rigor particular en la caballería, donde los capitanes no consienten jamás en reci- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mtlitar 3JI bir hombres que se presenten después de reanudadas las instruc­ciones anuales. Los voluntarios de tres años son vestidos y equipados á ex­pensas del Estado, como los demás reclutas, y la instrucción que reciben es absolutamente igual á la del resto de lo¡ individuos de tropa. Voluntarios de un año Tod0 joven de diez y siete á veinte años, apto para el serTi­cio militar, libre de toda especie de compromiso, de conduela irre­prochable y que justifique un grado de instrucción determinado, puede entrar en el ejército como voluntario de un año, y tiene de­recho á elegir arma y regimiento. La institución de los voluntarios de un año tüne por objeto, s•­hre lodo, preparar en el e.Jérdto ofiáales y sarEenlos de ruerva, suscepli- 0/es de ser ufz'lzzados en Hempo de guerra. El voluntariado tiene, además, la ventaja de atraer bajo la banderas á todos los jóvenes que hayan recibido cierta instrucción~ facilitándoles el cumplimient0 de sus obligaciones militares. Es preciso, para ser admitido al voluntariado de un año, pre­sentar un certificado en que conste que se han seguido con éxito los cursos en ciertos establecimientos de instrucción determinados, ó, en su defecto, sufrir ante una comisión nombrada ad hoc, un exa­men especial, cuyo programa responde al curso completo de estu- ­dios de los gimnasios, con algunas modificaciones en favor de aquellos que poseen ciertos conocimientos particulares. La instrucción e tá de tal modo desarrollada en Alemania, . que el Gobierno no ha creído necesario estimularla como se hace en Rusia, con excepciones del servicio militar, y por consiguiente, el privilegio de no servir sino un año en lugar de tres, según la ley común, no se otorga fácilmente. Las comisiones de examen y los regimientos mismos muestran una severidad excesiva con los jóvenes que quieren á tan poca costa satisfacer la ley del ser­vicio obligatorio. Como es sabido que están destinados á conver-­tirse en oficiales de reserva, no se descuida nada para que el nivel de su instrucción, tanto general como especial, sea lo más elevad<> posible. Por lo demás, los regimientos trabajan, en definitiva, para ellos mismos, puesto que los oficiales que preparan de este modo,. vol verán á ellos en caso de movilización. Así pues, los jefes de cuerpo son extremadamente rigurosos en el capítulo de la morali­dad y honradez de los voluntarios, y rechazan sin remedio á todo¡. aquellos que no llenen las condiciones exigidas. Una vez admitido el voluntario, está obligado á servir nn año en un cuerpo del ejército ó en un establecimiento militar, según que posea una instrucción general ó especial, susceptible de ser utiliza­da en el ejército. En este concepto los voluntarios pueden servir, ya como combatientes, ya como médicos, veterinarios 6 farma- - ce utas. La incorporación de los voluntarios se verifica en la infantería dos veces al año, el 1.0 de ·Octubre y el 1.0 de Abril; en ]as otras Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 372 Bolet{n JWilziar armas una v z solamente, el I . 0 de Octubre. Se procede así para que la llegada de estos jóvenes á los cuerpos no interrum¡:,a la mar­cha regular de la instrucción. Cada compañía no puede recil>ir anualmente más de cuatro vo­luntarios, salvo la excepción relativa á los ¡~egimientos de guarni­ción en las ciudades de universidad, y para los cuales, á fin de fa­cilitar á los estudiantes el cumplimiento de sus deberes militares, el número de los Yoluntarios de un año es ilimitado. Sin mbargo, los Comandantes generales de cuerpo de ejército, en cuanto lo juzgan necesario, procuran repartirlos por igual, hasta cierto punto, entre los diferentes cuerpos de tropa; y poco á poco se han establecido, según las circunstancias locales, cierta· reglas consagradas por el uso. Cada batería tiene derecho á recibir tres voluntarios, y aun -más en las ciudades universitarias. En la cabal} ría el número de voluntarios por escuadrón no está d terminado ; el capitán es el único que decide su admisión. Esta medída ha .... ido, sin duda, tomada por no obrecargar dema­: siado á los escuadrones imponiéndoles la obligación de instru{r á jóvenes de quienes sería muy difícil hacer en un año buenos jine­~ tes. Es de notar, pues, que en general los regimientos de caballe-ría reciben con poco gusto los voluntarios de un año, y en cambio tienen una visible predilección por los de cuatro años, que sirvien­do un año más que los otros individuo· de tropa, y haciéndolo tam­bién por su voluntad, son susceptibles de adquirir una educación ecuestre y militar más completa, y en algunos casos constituyen, en cierto modo, la base del regimiento. Por lo demás, mientras que lo voluntarios de tres ó cuatro años forman parte del efectivo reglamentario, los de un año son siempre, y en todo casos, contados fuera de él. Se visten, alojan y alimentan á sus expensas, y, por consiguiente, cuando se efec­túa su incorporación, deben justificar, además de las condiciones que se acaban de enunciar, que poseen los suficientes recursos para atisfacer durante un año todas las exigencias del servicio. El armamento y equipo se los facilita el regimiento; pero deben pagar cierta suma por el uso que hacen de él durante un año ; además, todo desperfecto de sus armas se repara á sus ex­pensas, y deben, al fin del servicio, entregarlas al cuerpo en per­fecto estado. Los comanda tes generales de cuerpos de ejército tienen el derecho, en algunas circunstancias particulares, de ordenar que tal ó cual voluntario de un año se sostenga por entero á expensas del regimiento. Pero semejante cosa no sucede sino en casos su­mamente raros y cuando se prueba que un joven de mucho mérito se encuentra realmente sin recursos personales. De ordinario los voluntarios mandan hacer su uniforme en el taller del regimiento, y por mediación de la comisión de vestuario del cuerpo. Los efectos les resultan así bastante más baratos y se .co_rtan rigurosamente con arreglo á ordenanza. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milüa1 .. 373 No obstante, pueden vestirse donde mejor les parezca, pero con sus riesgos y peligros, puesto que por poco que se separe su traje de las prescripciOnes reglamentarias, es rechazado por el re­gimiento. En la caballería y tren de transportes se da á cada voluntario un caballo perteneciente al Estado, por el cual paga : en caballe­ría, 300 marcos; en el tren, r 50; más 6 marcos por año por el herraje y medicamentos; y en fin, cada mes, por su alimentación, la su:na fijada para los demás caballos de tropa. Los voluntarios pueden, además, tener caballos que les perte­nezcan en propiedad, pero entonces corre ponde á ellos atender á. sus expensas á todas las necesidades de estos animales. El cuadro siguiente da á conocer las tarifas establecidas en los diferentes cuerpos del ejército por el precio de los efectos de ves­tuario y equipo que se entregan á los voluntarios de un año: Precio del uniforma completo. Suma que ee paga por 1 mark=lOO pfe- el uso del equipo nnig=l ptn. 25 ca. durnnte un aiio. Jlark. Pfennig. Jlark. Pfcnni,. Infantería .................. 58 62 3 23 Cazado re ·················· 58 6s 3 24 Coraceros .................. 77 6s 19 73 Dragones .................. 64 34 19 21 Húsares .................... 63 93 20 8r Hulanos .................... 6 64 21 I7 Artillería de campaña ... 64 27 I 56 Artillería d plaza ..... .. 5 3 3 3 Ingeniero ·, zapadores minadores ........................ 64 66 3 22 Regimiento de ferroca-rriles ..................... .. .... · · · 64 66 3 22 Tren (tran. portes) ....... 64 31 57 Los voluntarios no viven en el cuartel: deben alojarse en la localidad ; pero no por eso dejan de estar obligados á presentar­se en el cuartel cuando su presencia es requerida por el servicio. Se les obliga también á presentarse cada día á eso de las doce, • la orden, á fin de tomar noticias del servicio ordenS\do para el día siguiente. El curso de instrucción de los voluntarios de un año comienza en la infantería dos veces al año, el 1 .0 de Octubre y el 1.0 de Abril; en todas las demás armas, comprendidos los cazadores y tiradores, una vez solamente, el 1.0 de Octubre. Seis meses después de su entrada en el servicio, los volunta­rios son inspeccionados por el jefe del regimiento, no sólo con reS­pecto á los ejercicios, sino también en la enseñanza teórica, sal­vo lo que tiene relación con la instrucción general. Según la forma. en que hayan hecho el examen, los voluntarios son, ó promovidos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 374 Bolet{n M-ilita1' á Kifreife, y á partir de este día continúan para servir en calidad de sargentos, ó bien, en caso de mal éxito, quedan de simples sol­dados. Al finalizar el año de servicio, el primer jefe del regimiento · ~ntrega á cada voluntario un certificado que indica la extensión de ·us conocimientos militares, y, sobre todo, qué c1ase de funciones será capaz de llenar en la reserva, es decir, si podrá ser en ella cla­< iÍficado como oficz'al ó solamente como sargento. Aquellos á quienes no se otorga este certificado, son conside­rados como simples reservistas sin graduación. Los que han obtenido el certificado de oficial de la reserva, dejan el regimiento con el grado de sargentos, pero su certificado no les da el derecho de Sér nombrados inmediatamente oficiales de reserva ; para obtener este grado les es preciso, en el año que sigue á su liberación, cumplir un período de servicio de ocho se­. manas. Comúnmente es en la primavera cuando satisfacen esta con­dición, y por lo regular, en el mismo cuerpo donde han servido ya; pero si las circunstancias les obligaren á entrar en otro, es me­aester por lo menos que sea de la misma arma. Durante la primera mitad del tiempo que pasan así de nuevo bajo las banderas, llenan las funciones de sargento; después, si el primer jefe del regimiento los considera dignos, son nombrados JJice ftldwebd ó vz'ct wachlmez'sler, y hacen, á partir de este día, el ervicio de oficial. Cuando han terminado sus ocho semanas, se les licencia con un certificado en el que consta si son ó no dignos de ser promovidos á oficiales de la reserva. Hay dos modelos diferentes para este certificado. El volun- ·tario antiguo puede ser propuesto, ó bien para oficial de reserva del regimiento de que sale, ó bien para oficial de reserva, sin otra indicación. En los dos casos, por lo demás, el certificado va firma­do por todos los oficiales de la compañía en que ha servido, como también por el primer jefe del batallón y por el del regimiento. Provistos de este documento, los candidatos á oficiales van á presentarse al comandante del distrito del batallón de latzdwehr, quien somete á la votación de los oficiales de este distrito la elec­ción de su nuevo compañero. Existe para ello en cada distrito de batall6n una comisión permanente de elección-Wahl-Commission,­Jormada del capitán más antiguo y de dos tenientes, la que pone á votación la nominación del candidato y recoge verbalmente ó por escrito los votos de todos sus futuros colegas. La decisión de la mayoría no tiene apelación. Si existe una minoría contraria al futuro oficial, el informe que emite, con las causas de su negativa, debe unirse al proceso verbal. Si durante la elección surgieren ru- -mores desfavorables al candidato, el jefe del batallón la suspende basta averiguarlos, y solamente después de un voto favorable del cuerpo de oficiales, es cuando el candidato se prop:me definitiva­mente al Gobierno para el grado de oficial de la reserva-Con/inút~,. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletí1z Mt"!t'tar 37S MEl~IDRIAS DEL GENERAL PABLO MORILLO c~nlinw• Tal fue mi conducta en mediO de estas graves circunstancias y cuando la situación del país me imponía el deber de desplegar toda la severidad de las leyes. La noticia de los sucesos políticos que s e cumplieron en Marzo en la España europea, llegó entonces á estas provincias; viendo la voluntad de la Nación y del Rey ex­presada en los periódicos de la Península, algunos habitantes de Caracas me manifestaron el deseo de apresurar el día señalado para prestar el juramento á la Constitución política de la monar­quía. En consecuencia, partí para esta ciudad, á donde llegué en menos de veinticuatro horas, y la ceremonia se verificó. Algunos días después, los acontecimientos de la guerra me obligaron á dejar precipitadamente esta ciudad. Los tiempos ha­bían cambiado; un nuevo orden de cosas acababa de establecer­se; nue vas instituciones hacían renacer nuevas esperanzas. No va­cilé un instante en añadir otras pruebas á las que ya había dado en estos paíse s durante cinco años, de mi sincero deseo de resta ... blecer la paz y la concordia. Todos los individuos desterrados por haber seguido la cau a de Rosales, volvieron á sus casas, mer1os doña Josefa Zabaleta, que prefirió permanecer con su marido en Curazao • ; los qu e estaban presos por los des6rdenes de Grana­da, se di e ron libre • •. Cre í que debía señalar la época de nuestro cambio de forma d e Gobierno con actos de generosidad y de b e nevole ncia. Tal ha sido mi conducta; pluguiese á Dios que mis esfuerzos para r e stable cer el reino de la concordia hubiesen sido coronados con el éxito que por tantos títulos merecía! He pre sentado el cuadro de mis acciones desde mi lle&"ada á. Venezuela. Mi desinterés es tan conocido y tan evidente como mi vida pública, y no creo que haya necesidad de tantas pruebas para confundir la impostura con que se ha pretendido hacerme sospe­choso. Por este lado mi reputación es inconmovible entre mis com­patriotas y amigos ; mis enemigos mismos nunca se atrevieron á. atacarme con semejante inculpación. Nací pobre; la fortuna me deparó la carrera de las armas y me levantó hasta el graco de General, pero no por esto he vivido con riquezas. Vi siempre lag-lo_ ría como compañera de la pobreza; esta situación está de acuerdo con mis deseos. El lujo y la opulencia me parecen incompatibles con el carácter de un guerrero. • V éanse los anexos. •• V éanse los anexos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 376 Boletín M-ilitar Nunca contemplé sin horror las depredaciones con que algu­nos jefes se mancharon, y que quitan al general 1 respeto y la su­bordinación de sus inferiores. Yo ambicionaba gloria, nombre y hoja de servicios; para conseguir este noble propósito quería per­manecer soldado y mandar á soldados, y esto no podía hacerse sino dándoles ejemplo de sobriedad y de virtudes militar s; como General, nunca me encontré más rico que el último soldado del ejército. Fuerte con esta educación militar que me daba yo mi mo, y movido por las rectas máximas que me inspiraba mi noble ambi­ción, llegué á Venezuela para apaciguar una horrible discordia. Llegué con la firme resolución de no dejarme seducir en esta vez menos que nunca por las riquezas, porque yo no ignoraba que mi­llones de hombres iban á tijar sus ojQs en mí, á espiar mis accio­nes más inocentes; que iba á exponerme á los dardos de la malig­nidad, de la ignorancia y de la envidia. Fácil me era prever esto, y estas provincias podrán decir si no me han oído á menudo repetir lo mismo. Si la sed de oro se hubiese hecho sentir en mi corazón, si yo hubiese pretendido colmarla en la España americana, no lo habría podido, porque semejante ambición hubiera contrariado mis más caras esperanzas y el resultado de mi gloriosa misión. ¿Qué con­ciliación, qué concordia puede pregonar aquel que destruye para aprovechar la fortuna de los particulares y funda su poder en la ruina de los demás? Tales son los principios y las reflexiones que no he perdido nunca de vista. No presentaré en apoyo de esta aserción h chos que no ha­yan sido conocidos del ejército y de todas las ciudades de Vene­zuela. No pretendo que se me crea sólo por mi palabra. l..a Nueva Granada y Venezuela perdieron en poco tiempo la opulencia que les habían dado tres siglos de paz y d justicia. Ma­riño y sus dignos compañeros fueron causa de f'Stos desastres y atrajeron sobre su patria calamidades que no podrán borrarse de la memoria de sus compatriotas. Los que en el día me atribuyen con tanta impudencia los males que han desolado estas ciudades, son ellos mismos los autores, jefes de la rebelión, son ellos los que han derramado la sangre de sus hermanos, y quienes, avergonza­dos de esa sangre que corre en sus venas, detestan, de modo inex­plicable, el nombre español. Son ellos los que han perseguido con sus insultos á nuestro Rey bien amado, y quienes, á pesar ele su preten­dido liberalismo, han ultrajado escandalosamente la asamblea de las Cortes de España. La Nueva Granada y Venezuela no ofrecían ya ese estado floreciente que en otro tiempo causó admiración general; ya no presentaban sino la imagen de la más profunda miseria; agricul­tura, comercio, riquezas, todo había desaparecido ! Mis soldados Yinieron á participar de estos males; esos soldados que, siempre á yanguardia en la guerra de la Península, dejaron á sus compañe­ros gozar de la abundancia en el seno de sus familias. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar 377 Colocado á la cabeza de semejante ejército, yo quería darles ejem];Jlo de constancia y de privaciones; mis oficiales y mis solda­dos se redujeron al número más estrictamente necesario. Participé con ellos de su suerte ; apenas con interYalos muy grandes tomá­mos una cuarta parte óla mitad de nuestro sueldo, y el número de las raciones concedidas por las ordenanzas á las diversas clases del ejército, sufrió fuerte rebaja. Nunca tomé sino cinco raciones de las veintidós que me esta­ban asignadas y calculada cada una en el precio muy módico de un r eal, suma apenas suficiente para subvenir á las necesidades má indi pensables de la vida. Se puede calcular lo que he tomado de mi ·ue ldo de de mi llegada á Venezuela hasta el 31 de Julio de 1820; aún se me deben 47,434 pesos fuertes, in incluír en esta cuenta el valor de las racione . (A fines de Diciembre del mismo año una nueva cu€nta hizo subir esta suma á 58,526 pesos fuertes) •. El ejército y esos valientes oficiales han soportado los sufri­mientos más crueles, sin infringir nunca las más severas leyes de la disciplina; en todas ocasiones se han mostrado dignos hijos de la heroica Nación española. Familiarizados con las pri ,·aciones, condenados varias veces á no tener más alimento que un poco de carne sin sal, privados de abrigo bajo la influencia de estos climas malsanos, casi siempre les faltaba calzado en las marchas forzadas que se veían obligados á hacer al través de un suelo cubierto de pantano . He dado, el primero, ejemplo de todos los acrificios, y el ejército me ha seguido fielmente. El ejército de Venezuela y Nue­va Granada pu de decir si yo no he sido siempre compañero del oldado, amigo de;;! oficial, protector de los hombres que eran dig­nos de consideración, y enemigo de aquellos que no cumplían sus deberes. He compartido con el ejército sus fatigas y sus penas; en campaña me han visto el primero en las filas, acostarme sobre el suelo en medio de mis batallones, sin disfrutar de más comodida­des que las que le tocasen al último soldado; alimentarme con los mismos alimentos, y darle ejemplos á los cuales él no podía resis­tirse. Esto es lo que yo he hecho á orillas del Arauca, en los de­siertos de Casanare, en las llanuras del Apure, en las montañas de Nueva Granada, en Caracas, en las llanuras de Barcelona, de Cumaná y en los campos de La Puerta. Sin duda que era de mi deber sujetarme á tales sacrificios; la más vil ingratitud habría podido sólo hacerme insen~ible á los beneficios que me había dispensado la heroica Nación á la cual • Lorenzo Martínez, Comisario de guerra, Tesorero del Ejército de expe­dici6n de la Costafirme, certifica que, según las cuentas del Ejército, se queda á deber á S. E. el General en Jefe D. Pablo Morillo, la suma de 47,434 pesos fuertes, sin contar el alcance de las raciones de campaña á que tiehe derecho. A petición de S. E. le doy este certificado, que deberá firmar el Cajero de este Ejército y ser visado por el primer empleado
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 12

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