Por:
|
Fecha:
12/01/1901
Boletín Militar
__..DE COLOMBIA~
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
REVISTA MILITAR COLOMBIANA
BOLETIN MILITAR
Orga'lo del JV{i'listerio de Guerra y del:Eiéreito
DIRE.CTOR AD HONOREM
Qenertll1e Inrenieros, llitmbro de nrias SOi1edal1a CtentJ..tl.•n
/
SEGUNDA EPOCA-Jt:ÑO V-TOMO I
Números 1 á 26, de 5 de Enero á 29 de Junio
BOGOTA
IMPRRH'l'A DE VAPOR-CALLE 10, NUMERO 168
l~OJ
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
l~diee del 5}foJl1o (.o
SERIE II
Números 1 á 26-Enero á Junio de 1901
OFICIAL
Brigada de la Plaí'a. Relación de las b tia compraPágiua
das por la C mandancia 11ilitar de la Plaza, por
mandato del Mini ·terio de Guerra....................... '161
Relación de las be tias entregada para sen·icio d
tropa , por la Comandancia Militar d la Plaza 162 y 194
omandancia Militar de la Plaza. Informe clel J fe d 1
Bala/Ión Arlz'l!tría Rodada. Combate de M sagrande. 68
DECRETO
Decreto número 1. 0 de rgor, sobre honores á la me-moria
de] . r. General D. Próspero Pinzón............. 2
Decreto número 2 ele rgor, por el cual • recompen-an
los servicio del General Próspero Pinzón en la
personas de su viuda é hijos............................... 6
Decreto número 1.0 de 1901 (del Jefe ivil y Militar de
Cundinamarca ), por el cual se honra la memoria del
Sr. General D. Próspero Pinzón.......................... 4
Decreto número ... de 1 goo, por el cual se crea un
Círculo militar................................................ 65
Decreto número ... de rgo 1, por el cual se hace un
nombramiento. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 66
Decreto número ... de rgor, por el cual se hace un
nombramiento ................. ,........................ 66
Decreto número ... de 1901, por el cual se hace un
nombramiento................................................ 67
Decreto número ... de rgor, por el cual se dispone la
incorporación del Batallón Rz'caurle al Ejército 1 a-cional..
......... ... ........... .. .... ... . .. . .. ........ .. ...... ... . 67
Decreto número ... de rgor, por el cual se dispone 1&
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
VI
1
BOLETL. :MII.IT AR DE COLO:\IBIA
formación del medio Batallón Rodrfgurz ... ............ .
Decreto número de 1901, por el cual se dictan varias
disposiciones (sobre orden público) ...................... .
Decreto número 61 de 1901, por el cual se 1·egulariza
la circulación de los billetes de $ 50, fabricados en
la Litografía del Sr. Otto Schroeder ................... .
Decreto número 49 de 1901, por el cual se confieren
varios ascensos .............................................. .
De~reto número_46 de 1901, por el cual se hacen va-rios
nombramientos ......................................... .
Decreto número .. ·. de 1901, por el cual se hace un
nombramiento ............................................... .
Decreto número ... de r 90 r, por el cual se hace un
nombramiento ................................................ .
Decreto número .. . ~e r go 1, por e 1 cual se hace un
nombramiento ............................................. .
Decreto número ... de 1901, sobre unos reconocimien-tos
( militares inválidos) ................................... .
Decreto número ... de 190 r, por el cual se reforma el
de 23 de Noviembre de rgoo (reorganización del
Batallón I.0 de Arll'!!ería ) .. ............................... .
Decreto número ro de 1901, por el e al se concede
una pen ión de los fondo dell\Iontcpfo Militar (al Sr.
José 11. Pardo R.) ......................................... .
Decreto número 105 de 1901, por el cual se fija la inteligencia
del artículo 2. 0 d la Ley 39 de 1896 ......
Decreto número 212 de 190 r, por el cual e introducen
re~o~mas <'n los procedimientos judiciales en materia
crrm1nal ....................................................... .
Decreto número 3 ( bt's), del Comandante en Jefe del
Ejército del Atlántico, que impone una contribución
forzo a á lo desafectos al Gobi rno ................... ..
Decreto número 141 de 1901, por 1 cual se aprueban
los marcados con los número 2 (bis) y 3 ( bú ), del
Comandante en Jefe del Ejército del Atlántico ....... .
Decreto número ... de rgo 1, aprobatorio de otro dic-tado
po1· el . r. Jefe Civil y Militar del Cauca ........ .
Decreto número 98 de rgor, por el cual e reorganiza
la Columna de Occidente ................................. .
Decreto número 101 de 1901, por el cual se org;¡niza
la 6." División del Ejército ................................ .
Decreto número 2 (bis), del Comandante en Jefe del
Ejército del Atlántico (reorganiza ión de dicho Ejér-cito)
................. .......................... ................. .
Decreto número 323 de rgor, por el cual se aumentan
unas asignaciones (Comandante en Jefe, Jefe del Estado
Mayor general y Comandante Militar de la
Plaza) ........................................................ .
Decreto número 324 de rgor, por 1 cual se honra la
memoria del r. General antiago Buriticá .......... ..
Pági?ta
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' IXDICE DEL Tü:\IO I-SERIE 11 v¡I
Página
Decreto número 326 de 1901, por el cual se suprimen
algunas asimilaciones militares........................... 386
Decreto número 327 de 1901, por el cual se hacen va-rios
nombramiento . . . . . . . . . .. . . . . . . . . .. . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . 387
Decreto número 328 de 1901, por el cual se hace una
incorporación (el Batallón Canal en la 8."" División). 387
Decreto número 329 de rgor, por el cual ~e incorpo-ran
dos Batallones en las fuerzas nacionales ( Tequm-dama
y I. 0 de La Mesa)............... . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . 388
Decreto número 352 de 190 r, por el cual e hace un
nombramiento (Ministro de Guerra)..................... 417
Decreto número 257 de 1901, por el cual se organi-za
una expedición ( sobre la región de San Juan de
Rio eco)........................ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 418
Decreto número 258 de rgor, por el cual se segrega
un Cuerpo del Ejército de Boyacá (Batallón Sucre) y
se incorpora á las fuerzas dependientes de la Co-mandancia
en Jefe del Ejército........................... 418
Decreto número 267 de 190 1, por el cual se incorpo-ra
un Batallón al Ejército Nacional ( Batallótt Car-doso
á la 5." División)....................................... 419
Decreto número 276 de rgor, por el cual se aprueban
varios Decretos dictado por el Jefe Ci \'Íl y Militar
de Bolívar..................................................... 419
• Decreto número 284 de 1901, por el cual se crea un
Círculo :Militar (el de Zipaquirá) y se hace un nom-bramiento......................................................
419
Decreto mímero 303 de 1901, por el cual se incorporan
unos Cuerpo al hjército Nacional (Batallones
Colombz'a y T/radorcs y los tres Escuadrones de Zipa-quirá)........
.. . .. .. . . . . . . . . .. . . . . .. . ... . . . .. . . . . ...... .. . ...... 420
Decreto númet·o 35 3 de 1901, por el cual se adscribe
al 1.\tlinist rio ele Guerra la Jefatura Civil y Militar
del Departamf'nto de Cundinamarca....... .. . . . . . . . . . . . 449
Decreto número 355 de 1901, por el cual se nombra
Jefe Civil y Militar de Antioquia..... . .. .. . .. .. . . ... . . .. 450
Decreto número 357 de rgor, por el cual ~e encarga
á un Jefe de la Dirección de la Policía Nacional y se
hace un nombramiento..................................... 450
Decreto número ... de 1 go 1, por 1 cual e hace un
nombramiento................................................ 45 I
Decreto número ... de 1901, por el cual e encarga á
un Jefe de la 'omandancia en Jefe del Ejército...... 45 I
Decreto número ... ele 1901, por el cual se reorganiza
un Bata1lón ( Guard1'a d~ Bogotá, antes Depósito)...... 45 1
Decreto númcrb 420 de 1901, por el cual se confiere
una autorización al Ministerio de Guerra (aumentar
los sueldos militare ). .. .. .. . .. . .. .. . . .. .. . .. . .. .. .. .. .. . .. . 537
Decreto número ... de rgor, por el cual se restablece
la 4·& División del Ejército................................. 538 .
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VIII
1
BOLETIX :MILITAR DE COLO~IBIA
Págma
Decreto número 502 de 1901, por el cual se aumentan
los sueldos y raciones del Ejército de la República... 569
Decreto número ... de rgor, por el cual se crea un des-tino
y se hace un nombramiento.......................... 6o1
Decreto número ... de rgor, por 1 cual se hacen una
asimilaciones y se asignan unos ueldos.. ... . .. . ... . .. .. 602
Decreto número ... de rgor, por el cual se incorpora
un Batallón en las fuerzas nacionales ( Batallón Pz·_
chincha en la 8.n. División)................................. 602
Decreto número ... de 1901, por el cual se hace una
promoción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6o2
Decreto número ... de 1 go r, por el cual se crea un
Cuerpo de Guardia Cívica y se nombra Jefe de él... 6o3
Decreto número ... de rgor, por el cual se hace un
nombramiento............................... .................. 6o3
Decreto número de rgor, por el cu~l se nombra Habi-litado
de un Cuerpo.......................................... 6o4
Decreto número ... de rgo r, por el cual se incorporan
varios Cuerpos á las fuerza nacionales (Batallón
Brú:eiio; Compañías sueltas de Guayabal, Agualar-ga
y Madrid; y el Piquete volante de Soacha ).. . .. . 604
Decreto número ... de rgor, por el cual se dispone la
organización del Ejército de Re erva, se llama al
servicio activo á un Jefe y se le destina... .. .. .. .. . .. .. 6o4
Decreto número ... de 1 or, por 1 cual s hace un
nombramiento ....................... :............. ........... 6os
Decreto númer 473 de I9(>I, por 1 ual e hace un
nombramiento................................................ 6os
Decreto mímero 474, por el cual ·p hace un nombra-miento.................................
..... .................... 6o6
Decreto núm ro 477 de rgor, por el cual se forma un
Batallón con 1 personal de dos E uadrone (Batallón
Juan José Neira con 1 s E cuaclrones anlos y
Neú·a). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6o6
Decreto número 485 de 1901, por 1 cual refunde un
Batallón en otro (el Cardoso n ~1 G/rardot ).. . .... . .. . 6o6
Decreto número 4 7 d r go 1, por el cual refunden
en uno do Batallones ( Tú·adores y Pú:lu'nc ha ), e
llama al servicio activo á do Jefes y se les destina. 607
Decreto número 497 de rgor, por el cual se hace un
nombramiento................................................ 607
Decreto número 497 ( b/s) de rgor, por el cual se hace
un nombramiento....................... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6o7
Decreto número 503 de rgor, por el cual se llama al
servicio activo á varios Jefes y se les destina.......... 6o8
Decreto número SS7 de Igüi, por el cual se restable-ce
la navegación en el Alto Magdalena................ 642
Decreto número 6oS de 1 go r, sobre honores á la me-moria
del Sr. General Manuel Casabianca............ 666
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1
I.t TDICE DEL TO.MO 1- SERIE II
Decreto número ro r de I go r, por el cual se honra la
memoria del Sr. General Manuel Casabianca ........ .
Decreto número 627 ( b/s) de 1901, por el cual se dicta
una disposición especial sobre prestación y pago
del servicio de transportes concernientes al Ejército.
Decreto número 632 ( b1s) de 1901, por el cual se organiza
accidentalmente una División (Dzvúión Nára)
Decreto número 646 de 1901, por el cual se hace una
promoción ..... ............................................... .
Decreto número 647 de rgor, por el cual se honra la
memoria del Sr. Genet~al Pantaleón González 0 ..... .
Duelo Nacional .................................................. .
Discur o del 'r. Ministro de Guerra, pronunciado en el
Cementerio el día de la Peregrinación á la tumba
del Genet~a] Pinzón .......................................... .
Homenaje oficial al General Pin:~.ón. Discurso pronunciado
en 1 Cementerio por el Ministro de Guerra,
Dr-. José omingo Ospina C ............................. ..
Honores Militar s (al General Nemesio Quiñones) ... .
Honores al Cn. ncral Casabianca (Discursos de los seño:~
c.s D. Lot·enzo Marror¡uín y General Juan F. Po-
·ada ) .................. ....... ........................... ...... .
Mement0 ........................................................ .
Muerte (La) de un héroe ................................... ..
Nuevo .. 1ini trode Gu 'ITa ................................. ..
Orden general del 16 de Enero de 1901 (sobre com-portami
nto d 1 Batallón Artillería Rodada) ........... .
Ord n r;encral dt 1 3 de ~!ayo de rgor (relath·a al Jefe
de la 3·& 'ivfcsa d l Estado Mayor general) ........... ..
Proposición del Consejo de E tado, sobre honores á la
memoria d e l r. en eral D. Próspero Pinzón .........
Proposición del Consejo iviunicipal de Bogotá, sobre
honore:-. :i la mt:moria del Sr. General D. Próspero
Pin/:ón ................................... . .... ................. .
Prvposición del Consejo de Estado, sobre honores á la
memoria del r. General Manuel Casabianca ........ .
Palo1le,<;ro.& u~ yi, odio de la inr,1Qrtal JOrnada. Fatigas
de la 4· Dlvlslon ............................................ .
Reorganización del Ejército. Militarización del territo-rio
........................... ................................... .
Resolución número 1. 0 del Ministerio de Guerra, relativa
al Decreto nt' mero 15 1 de IgüO, sobre aumento
de st. Idos militares ...................................... ..
Servici'.) h cai del Ejército. Consultas y resoluciones .. .
Sueldos militar s. Racione de tropa ..................... ..
Tráfico de mulas ............................................ ····
IX
Página
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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
X BOLETÍN MILITAR DE COLOMBIA
DCJOTRINAL
ARTE MILITAR
Pdgina
Abrigos de vivac................................................. 194
Artillería (La ) de campaña.................................. 292
Combate (El) defensivo .............................. 289 y 361
Desarrollo de los grandes ejércitos......................... 81 1
Escuela superior de guerra argentina..................... 228
Estudio de la batalla de Austerlitz.......................... 487
Espíritu de un artículo de la ordenanza...... .. .. . . . . . . . . 102
Ejército (El) Burgher ( Boer ): su mérito y sus defectos 522
Espíritu (El) militar de una Nación. ( Discurso del P.
D~dón):~ ................ ..: ........................ 732, 761 y 793
Fortif1cacwn de campana..................................... 39
Guerra de Secesión. El General Pope. 505, 543, 579 y 707
Infanterías (Las dos) que combaten en el Sur de Africa 679
[nforme sobre el Ejército alemán. 203, 239, 336, 370,
46 3' 55 2' 7 5 3 y. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 8 5
Instrucción sobre la formación de sirvientes apuntado-re~
en los Cuerpos de Artillería .................... 42 y 8o
Igualdad (La) en el servicio militar........................ 182
Juramento (El) á la bandera................................. 520
Manual para la preparación de la Compañía al· com-bate
.................................................. 17, 70 y 106
Marchas y campamentos ............ 45, 132, 207, 247 y 427
Mando (El) y la iniciativa................................... 1 14
Maniobra y servicio de las piezas de la Artillería Ro-
-dada............................................................ 188
Marchas y combates según los reglamentos argentinos
263, 3 IO, 332, 363 Y· .. · ...... ·· .. ···· .... · ..... ·· .... ······ 390
Necesidad de estudiar la Geografía y la Historia ele
América........................................................ 643
Napoleóo. La última jornada................................ 745
ociones de Geografía militar. Teoría del terreno.
452, 473, 513 539, 575, 6r8, 648, 674, 701, 737 y... 770
Operaciones militares de la época........................... 244
Preparación de la 'infantería alemana para el comba-te
......................................................... 137 y 163
Principios generales de c . trategia y de táctica en las
pequeñas guerras. 33, 83, 149, 176, 198, 232, 269,
305, 326, 356, 396, 420, 458, 477, 5 r8, 548, 586,
614, 656, 683, 705, 741, 777 y............................ 8o6
Procedimientos ( Los ) ele combate de la artillería 388 y 434
Porqué (El) de una catástrofe... . .. . . . . . .. .. .. .. .. . .. . .. . .. 57 I
Programa para la instrucción en nueve meses de los ·
contingentes de los Cuerpos de Artillería de monta-ña
y á caballo.............................. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 697
Progreso (El) oe la guerra................................... 766
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
fNDICE DEL TOMO I-SERIE Il XI
Página
Reglamento mexicano para el sernc10 de campaña
437, 460, 484, 715 y........................................ 749
Servicio de Estado Mayor ............................ 2 7 3 y 297
Sindéresis napoleónica......................................... 61 1
Servicio protector durante el reposo .......... 301, 321 y 353
Táctica de combate de la caballería....................... II8
INSTRUCCION
Combate (El) defensivo .............................. 289 y 361
Escuela superior de guerra argentina..................... 228
Espíritu de un artículo.................................. . .. .. . 102
Ejército (El) Burgher ( Boer ): su mérito y sus defec-tos.....................................
... . .. . . . . .. . . . . . . . . . . . ... 522
Espíritu (El) militar de una Nación. (Discurso del P.
Didón ) ............................................ 732, 761 y 793
Guerra de Secesión. El General Pope. sos, S43, 579 y 707
Infanterías ( Las dos) que combaten en el Sur de Afri-ca.....................
............ ........ ......... ............. 679
lgualdad (La) en el servicio militar........................ r 82
Informe sobre el Ejército alemán. 203, 239, 336, 370,
46 3' S S 2 7 S 3 y.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 8 5
Juramento (El) á la bandera............................... S20
Marchas y combates según los reglamentos argentinos
263, 3 ro, 332, 363....... . ... . . .. .. . . .. ... ... . . .... .. . .. .... 390
Mando (El ) y la iniciativa................................... II4
Napoleón. La última jornada................................ 745
Preparación de. la infantería alemana para el comba-te
...................................................... 137 y 163
Preparación de la compañía al combate, 17, 70 y ro6
Progre. o (El) de la guerra...... .. . . .. . .. . . . .. . .. . . .. . . . .. .. 766
Porqué (El) de una catástrofe.............................. 571
Reorganización del Ején;ito. Militarización del territm·io 13
Reglamento mexicano para el servicio de campaña
437, 460, 484,7 IS y ..................................... · ... 749
S~1·v~cio _de Estad~ ~ayor ....................... 273, 297 y 460
Smck:res 1s na¡.nleomca.............. .... . .. .. .. .. .. . .. .. . .. . . .. 61 I
Estrategia y t:ictica en las pequeñas guerras ( princi-pios
generalc.:> ), 33, 83, 149, 176, rg8, 232, 269,
305,326,356,395,420, 4S8,477,5I8, S48, s86, 614,
6s· , 683, 705, 741, 777 y........................ ... .. .. .. 8o6
Estu io d..; la batalla dt! Au terlitz...... .. . . .. .. . . .. . . . . . .. . 487
11archas y campamento 4S, 132, 207, 247 y............ 427
Operaciones militares dt! la época..................... ..... 244
Servicio protector durante el reposo 301, 321 y......... 353
Táctica de combate de la caballería.................... . .. 1 18
ARTILLERÍA
Tlro y fortificación de campaña.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . I 94
Artillería ( La) de campaña... . .. .. .. .. . . . . .. .. .. .. .. .. .. 292
á caballlo. Opinione chilenas.............. . .. . 8 I S
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
XII
1
BOLETL' :m LITAR DE COLO liBIA
Página
Fortificaci6n de campaña...................................... 39
Instrucci6n sobre la formaci6n de sirvientes apuntado-res
en los Cuerpos de Artillería .................... 42 y 8o
Informe del Jefe del Batallón Artillería Rodada. ( Véa-se
Oficz'a.l) . ................................................... .
Maniobras y sen·icio de las piezas de Artillería rodada. 188
Proccdim'entos (Los) de combate de la artillería. 388 y 434
Programa para la instrucción en nueve meses de los
contingt.ntes de los cuerpos de artillería de montaña
· ;l ca, >all u ................. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 697
GEOGR Flt\
Fronteru. (La) Costarricense .......................... 91 y 96
l\1archa (La) del Valle del Pamplonita al del Lebrija. 128
N u \·a Teografía de Colombia ( vistas, planos y cartas
geogd!1cas). I-501,533, 565,597,631,663,695,727
759, 791 y..................................................... 821
Necesi~J~d el e estudiar la Geografía y la Historia de
Arn'-r1ra......... .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . 643
Occid ·nt · (El) antioqueño. 621,658, 691, 718 y...... 755
Teorf< del t..: I-r no. (Nociones de Geografía m1litar)
452,473, 513, 539, 57 5, 618, 648,674, 701, 737, 770 )' 799
Viaje á. las r~gione::. equinocciale . 344, 408, 446, 468,
498, 529 y..................................................... 818
Viajes por Mé. ico _ Sudamérica. Nueva Granada. 56 I,
625, 723, 757 .. ·· ..... . ................... ................. . 787
:B:ISTr )R.,T [
Memoria . Jel Gc e ral Pablo 1 f rilo. 15 6 , :.no, 277,
375,401, -1f)2, 591 y..................................... 687
Palonegn} . ........................... 55, 64, 124, 128, 159 y 160
Zumalact~ reO' i. Gu rra civil de ravarra (1834-1835).
21-5, 2."0, 282, 315, 34 I, 380, 405, 443, 49"\ 525 Y... 556
V 1 RIE r.J ...... .<\..DES
Casos y e ).as de guerra. Una nube disipc.da............. 318
Dem grafía cundinamarquesa..................... ... . . . . . . . . 253
Errata.... . ............................................... . . . . .. . 630
Frontera (La) Costarricense .......................... 91 y 9n
Nueva G'Jgrafía de Colombia 1, 501, 533, 565, 597,
631,663,695, 727, 759 791 )'............................ 821
Occident (El) antioqueño .......... 621, 658, 691, 718 } 7 55
Palonegr o . 1v1archas y combates ......... 223, 224, 255 y 256
Peregrinación de Alpha ............. 219, 286, 347, 413 y 594
Rccreacione. científicas ............................... 190 y 382
Viajes :í l.ts regiones equinocciales. 344,408, 446, 468.
498, 529 Y···················································· 8I8
Viajes por México y Sudamérica. Nueva Granada. 561,
ñ25, 723, 757 y......... . .. .. .. .. .. .... .. ... .. .. .. .. .. .... 787
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BOLETIN ~IILITAR DE COLOMBIA
Or¡ano del Ministerio de ¡
Guerra y del Ejército
t3on colaboradores de eete periódico lo1 Y
lefea y OficiRlee del Ejército ?
Director ad honorem
F. J. VERGARA Y V.
General de Ingenieros, Miembt•o de
~arine Sociedades Cientiflcaa
1BG7-1.0 :CZ Z~E30-t 1901
PROSPERO PINZON
Gobernante z'mparci'al; adnzz'mslrador íntegro
y dz1igmte; magiStrado juslzdero ~· pttblú:z'sla di'sH11.
guido; du.dadano Vl.rluoso_y abmgado; soldado
valeroso; aslu.lo guerrz'llero ; Gmeral invzclo.
Jife de Estado ~fayor gmeral: Comandante
m .fife del Ejército · Mi?zistro de Guerra; fl¡'rtclo1
· general de operaciones militares.
1876 -1885 -1895 -1900
Susacón, Chita, La Donjuana, Pan de Azúcar,
La Ramada, Cruz Colorada, CAPITANEJO,
Palonegro, Cúcula, Capitanes.
EL DIRECTOR DEL Boletín M1'll'tar SE ASOCIA
RESPETUOS~IENTE AL HOMENAJE QUE LA REPÚBLiCA
TRIBUTA EN SU:\IUERTE AL MÁS IL STRE DE LOS SOLDADOS
CONSERVADORES DE CoLOl\lBIA EN EL S'IGLO XIX.
Tmto I-1
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2 B oletin JJft"lz'ta,~
DECR.E~1'0 .. VU1VERO I.0 D.E-. I90I
(EXERO 1 . 0
)
sobre honores á la memoria Jel Sr. General JJ. PRÓSPERO PL ·z6x
.El V/ccpreszdenle de la Rep/tblú:a, mcargado del Poder Ejecut/vo,
COXSIDERANDO
1.0 Que hoy ha fallecido en esta ciudad el Sr. General D.
PRÓSPERO PINZÓ·, Comandante en Jefe del Ejército de la República;
2. 0 Que el Sr. General PI:-;zox desempenó altos puestos públicos,
como el de Gobernador de lo · Departamentos de Boyacá y
Cundinamarca, Tesorero general de la República, miembro del
Consejo de Estado, Ministro de Guerra, jefe de Estado Mayor General
del Ejército. Comandante en jefe del mismo, y en todos
ellos prestó importantes servicios á la República ;
3. 0 Que el r. General P1xzó.· se distinguió desde su juventud
por su acendrado patriotL m o, por u amor al bien público, por su
ejemplar piedad religio a, por u acrisolada honradez, por su valor
y pericia militare · y por otra muchas virtudes públicas y privadas ;
4. 0 Que el General P1xzó,· ·e distinguió como militar de altas
y excepcionales dotes, las cuales puso al servicio de la causa del
orden en las guerra~ civiles de 1876 y 1877, 1885, 1895 y 1899 y
1900, y en especial en <. sta última alcanzó renombradas victorias
·obre lo enemigos del Gobierno, ntre ellas una que dari á Colombia
rrloria perpetua ;
5. 0 Que el Gen ral P1.·zó. contrajo la enfe1·medad que le produjo
la muerte, en lo~ momento de estarle prestando al Gobierno
y á la Patria muy cficace. s n·icio. en su carácter ele General en
Jef de los Ejército de la República ~ y
6. 0 Que el ·r. General Pczóx, i pe arde haber hech muchos
muy granclt s bienes á la :\Tación, obró siempre con desintcnEs
poca veces io·ualaclo, y mo' ido ólo por u amor á la Patria,
DE C R 1!: T.\
.\rt. 1 .0 El Gobierno ele Colombia deplora el fallecimiento
del Sr. General Dr. PRÓ PERO Prx~óx, recomienda la vida de este
ciudadano como modelo digno de imitarse, y considera su muerte
como desgracia nacional.
Art. 2. 0 Las Honra. fünebre que han de hacerse al cadáver
del General P1x¿Ó. · serán co~teadas por e1 Tesoro público y e e -
lebrarán con toda la solemnidad posible.
Art. 3. 0 El Ejército y todos los empleado· civiles residentes
en la capital concurrirán á dichas Honras.
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.Éoletíu JV/z'lz'tar
Art. 4.0 Todos los miembros del Ejército de la República Ilevarán
luto por el término de treinta días.
Art. 5. 0 Durante nueve días consecutivos las bandas del Ejército
residente en la capital tocarán retretas fúnebres en la Plaza
de Bolívar de esta ciudad.
Art. 6.0 Todos los Ejércitos de la República cumplirán las
respectivas prescripciones del Código Militar, tributando los honores
de ordenanza á la memoria del finado General PINZÓ~.
Art. 7. 0 Un ejemplar de este Decreto será puesto en manos
de la señora viuda y los hijos del Sr. General PINZÓN".
Dado en Bogotá, á 1. 0 de Enero de r go r.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C.-El Ministro
de Relaciones Exteriores, CARLOS MARTÚmz SILVA-El Ministro de
Instrucción Pública, encarg-ado del Despacho de Hacienda, MIGUEL
ABAnlA MÉNnEz-El Ministro de Guerra, JosÉ Do:\HNGO ÜsPINA
C.-El Ministro del Tesoro, ENRIQUE RESTREPo GARcÍA.
DECRETO NUMERO 2 DE I90I
(ENERO 2)
ppr el cual se recompen an lo ~en· icio del General PR6SPERO PINZÓN en las
personas de su viuda é hijos
El Vicepresidente de la Rep¡~bli'ca, ~ncargado del Poder .E)eculz'vo,
En uso de sus facultarle constitucionales, y
CONSIDERANDO
1.0 Que ha fallecido el Sr. General PRÓSPERO PINzóx en campaña
activa al servicio del Gobierno ;
2. 0 Que en la conciencia pública nacional está la convicción
de la deuda inmensa de gratitud que el Gobierno tiene contraída
á favor del General PINZÓN, y consiguientemente á favor de su
familia;
3. 0 Que ya que 1 Gobierno no pudo premiar como debiera y
quiso los servicios del General Pn;z6N, en vida de éste, debido á la
modestia y al desinterés que le caracterizaban y que le hacían rehuír
todo género de distinciones y recompensas, es muy natural y
justo que lo haga con su viuda é hijos huérfanos, á quienes no legó
sino su amor á la Patria y sus indiscutibles títulos :í la gratitud
nacional; y
4.0 Que es un deber de todo Gobierno retribuír los servicios
de los que, como el General PixzÓN, consagran su vida al engrandecimiento
de la Patria, con el patriotismo, desinterés, modestia,
abnegación y constancia con que lo hizo el héroe cuya perdida enlutece
hoy al país,
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4 Boletín JWt.l·z'tat
DECRETA
Artículo único. Del Tesoro nacional se entregará á la viuda
del General PRÓSPERO Pr. zÓN la suma de doscientos mil pesos
($ 200,000) para que sea repartida por iguales partes entre aquélla
y cada uno de sus hijos, todos menores de edad.
Esta suma se con iderará incluída en el Presupuesto de Gastos
de la vigencia en curso, con imputa:ión al Departamento de Guerra.
Publíquese y ejecútese.
Dado en Bogotá, á 2 de Enero de 190 I .
JOSE MANUEL MARROQUIN
El l\llinistro de Gobierno. GuiLLERMO QuiNTERO C.-El Ministro
de Relaciones Exteriores, CARLos MARTÍNEZ SILVA-El Ministro de
Instrucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, MIGUEL
ABADlA ivlÉNDEz-El Ministro de Guerra, JosÉ DmnNGO OsriNA C.
El Ministro del Te~oro, ENRIQUE REsTREPO GARCÍA.
JJ.ECR.ETO NUMERO I.0 DE I90I
(ENERO 1.0
)
por d cual se honra la memoria del Sr. General D. PR6SPERU PINZ6N
.E'l Jefe Ovil y Mt"Hiar de Cundinamarca
CONSIDERANDO
r. 0 Que ha fallecido hoy en esta ciudad el r. General D.
PRÓSPERO PINzóx, Comandante en Jefe de los Ejércitos de la República;
2. 0 Que el ~·r. General Pt. ·zó. fue distinguido servidor de la
República, en la cual desempeñó, siempre con honradez, tino y el
más alto patrioti mo los más delicados puestos públicos;
3. 0 Que J Sr. General PrxzÓN sirvió, á contentamiento del
pueblo de Cundinamarca, el cargo de Gobernador de este Departamento;
-4. 0 Que en lo~ ültimo tiempos prestó el Sr. General PINZÓN
servicios inapreciables á la Nación en su calidad de: Comandante
en Jefe de los Ejércitos de Colombia, y alcanzó grandes victorias
sobre los enemigos del orden público ;
5. 0 Que el Sr. General Pr. ·zóx se hizo notable entre sus conciudadanos
por su proverbial honradez, por su religiosidad sincera
y ejemplar, por su patriotismo nunca desmentido, por sus altas
dotes de militar, por su respeto aJ derecho y á la ley, y por otras
grandes Yirtudes públicas y privadas; todo lo cual hace que su
fallecimiento sea suce o g-eneralm nte sentido,
DE C RE 1 ,\
Art. 1.0 El Gobierno de Cundinamarca deplora Ja muerte del
Sr. General D. PRÓsPERO P1xzóx, la califica como una desgracia pública,
y presenta su Yida como ejemplo di~no de imitación,
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Boletín Militar 5
Art. 2. 0 Los empleados del Departamento y los miembros de
la Policía Nacional que e!tán bajo la dependencia de la Jefatura
Civil y Militar de Cundinamarca, concurrirán á las Honras fúnebres
que se harán al Sr. General PINZÓN.
Art. 3. 0 Los miembros de la Policía Nacional lle-varán luto
por el término de treinta días, en señal de duelo por el fallecimiento
del Sr. General PINZÓN.
Art. 4.0 Un ejemplar de este Decreto será presentado á la
señora viuda y á los hijos del Sr. General PI:-iZÓN,
Dado en Bogotá, á r. 0 de Enero de 1901 .
ARISTIDES FERNÁNDEZ
El Secretario de Gobierno, joaquí'fl .NI. Urz'be B.-El Oficial
Mayor de la Secretaría de Hacienda, encargado del Despacho,
Davz'd Pontón C.-El Secretario de Instrucción Pública, José Joaquín
París.
PR OPOSICION
El Co11sejo de Estado
CONSIDERAXDO
Que ha fallecido en esta ciudad el benemérito ciudadano General
D. PRÓSPERO PINZÓN;
Que el General PINZÓN prestó á la Patria inestimables servicios
durante su corta pero fecunda vida pública, sosteniéndola con sus
heroicos esfuerzos y honrándola con sus virtudes ;
Que el Sr. General PINZÓN, abnegado hasta el fin en servicio
de su Patria y de la santa causa de sus conYicciones, ha muerto en
cumplimiento de su deber como patriota y como funcionario ptiblico;
y
Que tan ilustre patricio hizo parte de esta Corporación en los
años de 1892 á 1894, prestando en e1la el valioso contingente de
sus luces y de su noble carácter,
RESUELVE
Consignar en el acta de este día la expresión de su duelo por
la irreparable desgracia que ha sufrido la República con la pérdida
de este eximio ciudadano, preclaro patriota y magnánimo campeón
de la civilización cristiana ; y asistir en Corporación á los funerales
que tendrán lugar en la Iglesia Metropolitana.
Copia de esta proposición será enviada á la señora viuda del
ilustre finado.
Publíquese.
Bogotá, Enero 3 de Igot
El Pr~sidente, JosÉ MARÍA GoNzÁLKZ V..-.r.RNCIA-El Secretario
tlerardo Puledo.
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6 Bo/etiu JV/ilitar
PROPOSICIO.lV
sohrc honores á la. memoria del Gent~ral PRÓSP:E.RO Pno:ó.
El Consejo Jvlumcipal dt Bogotd,
dolorosamente impre ionado con la inesperada muerte del benemtrito
General PRÓ PF.RO Pn;7.6~, acaecida ayer en esta capital,
RESUELVE
1.0 Laméntase profundamente el fallecimiento del invicto General
PrNzÓN, como un desgraciado suceso que llena de duelo la
República;
2.0 Recomiéndase su memoria y sus importantes y oportunos
servicios á la gratitud del pueblo de Bogotá;
3. 0 El Consejo Municipal concurrirá en C01·poraci6n á las exequia.:~,
que tendrán lugar el \'iernes 4- del presente en la Iglesia Metropolitana
;
4.° Comisiónase al Concejcro r. General Rafael Ortiz para
que lleve la palabra, en nombre de esta Corporación, en el acto de
la inhumación del cadáver;
5. 0 Por Acuerdo separado se dispondrá lo conveniente para
la colocación de los restos del preclaro General PrNzÓ. • en t ugar
especial del Cementerio público; y
6.° Copia de esta resolución será llevada por una Comisión del
seno del Concejo á la señora viuda del ilustre difunto.
Bogotá, Enero :,¡ de r go r .
El Presidente, c ,,RLO. UGRÓs -El ecretario A11/Mtio JU. Lo7JdQflo.
Homenaje oficial al General Pinzón
DISCURSO I'RONúNCIADO EN EL CEJ!ENTERJO
POR EL ;\IJ, 'ISTRO DF. GUERRA DR. D. JOSE DO!IIINGO OSPINA C
Señores:
Con la inteligencia conturbada por ehrudo o·olpe , • .. h que aqu1 nos tiene congregados, á pesar de la comi-sión
con que me ha honrado el Gobierno. y del amplio
campo á que dan espacio los relevantes méritos del Sr.
General PRÓSPERO PrNZÓ)J', las palabras d-:! encon1io. lo
mismo que las de lamento, se deniegan á salir de mis
labios. La manifestación espontánea de un vehemente
dolor no son las lágrimas, nó los gemidos : es el
silencio.
Obligado á romperlo, no voy á narrar Jos a~tos
pechos del Gen~ral PINZ9N, porque el país sabe qu~
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Bo!etí?Z, M-ilitar 7
apenas pisaba los umbrales de la juventud, cuando por
vez primera ciñó la espada en defensa de la causa del
orden. y que con ella desenvainada y cubierta de laureles,
ha descendido al sepulcro. ¿A qué recontar esos
triunfos que todos hemos presenciado y que si hicieron
de PINZÓN el primer adalid de la República. también
son esplendorosa muestra del vigor de un alma templada
al calor de la Religión y del deber?
Tampoco vengo á ensalzar las virtudes del Magistrado.
Ninguno de los presentes ignora que lo n1ismo
en la oscura Prefectura ele Provincia, que en los más
elevados puestos de la jerarquía civil. fue el General
Pe~ZÓN n1oclelo de civismo, de abnegación y de honradez.
Su benevolencia, su parsimonia y su anhelo por
el adelanto nacional, lo señalaron como hon1bre capaz
ele dar á este suelo querido los días de paz y de progreso
con que soñó la generación que en los principios del
pasado siglo enarboló el pendón ele !a libertad.
A.yer no tnás lo vin1os aclatnado por el entusiasmo
d un pueblo agradecido; ayer no n1ás lo vimos recibir
con la humildad del guerrero de Cristo las palmas de
laurel que Dios en su sabios designios ha trocado hoy
en coronas funerales. Los hechos del General PI ·zóN
están escritos en nuestra tnemoria, y la historia los ha
recogido para ofrecerlos como ejemplo y estínntlo á las
nuevas generaciones. Pretensión ridícula sería querer.
con mis descosidas frases, ensalzar lo que por sí mismo
está enaltecido.
Vengo sólo á depositar en la tumba al malogrado
prócer y á dar valor á mi alma atribulada con el recuerdo
de PINZÓN.
Los dogmas de la Iglesia eran el alimento de su
inteligencia, y la moral católica la ;;;evera pauta de sus
acciones. Pertenecía á la escuela conservadora en razón
de sus creencias religiosas, y no por simples lucubraciones
políticas : por eso, sin elegir nunca el puesto, combatía
en el que se le señalaba; y luchaba en él con tesón
y sin descanso, con la fe del creyente, pero sin las ambiciones,
sin las pasiones del hombre público. Deseaba el
éldelanto y la felicidad de su Patria y el bienestar He
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8 Boletín JV/ilita1~
sus conciudadanos, y para él sólo buscaba la paz en la
oscuridad de su tranquilo hogar, y la dicha en el amor
de su esposa y las caricias de sus hijos.
El odio fue desconocido para el corazón de PINZÓN.
N o tuvo siqui~ra el placer de perdonar, porque antes
de sentir la herida había olvidado el notnbre del agresor.
Si no hubiera admirado su carácter, en más de una
ocasión me habría burlado de la especiosidad de los
pretextos con que atenuaba los ataques y ultrajes de los
que le querían tnal. En él todo era buena voluntad, y
en su corazón no había quedado nada ele lo que la soberbia
ele los hombres quiere di!::>frazar con el pomposo
nombre de dignidad. En su carrera política con1batió
con denuedo al adversario, pero tendió siempre la ma ·
no, generosa, para levantar al vencido.
PINZÓN era humilde por temperatnento y por virtud
: ni la desgracia lo an1ilanaba. ni lo ensoberbecía la
fortuna. Jamás hablaba de sucesos que le dieran gloria
ó estimación; y si en alguna ocasión se veía obligado á
relatarlos, lo hacía de n1an e ra que el n1érito de la acción
recayera sobre sus con1pañeros ó subalternos. ToJo hecho
digno de alabanza era obra del favor divino ó ele
extraña y oportuna coopera :ión ; en ello no había cabi
do parte á su valor, ni á su talento, ni siquiera á su l revisión.
Dios, que sabe que no todos los que defienden la
justicia son justos, pide, y á las veces toma para salvar
las grandes causas, víctin1as expiatorias- que lieven sobre
sus hotnbros los pecados de la tnultitud. La víctima
ha de ser pura; y ¿quién se atrevería á negar que EL no
hubiese elegido al inmaculado General PINzÓn con1o ho.
locausto ofrecido en aras de la paz y la concordia que
diariamente le pedimos?
La miseria hutnana no puede adivinar si lo que el
mundo apellida desgracia, es en la mano de Dios pretnio
ó castigo. Lá n1uerte del General PINZÓN, que es una
desgracia nacional, ¿es obra de )a justicia ó de la misericordia
divina? El tiempo se encargará de decírnoslo_;
pero entretanto acaten1os reverentes los inescrutables
fallos de Aquel que tiene en sus manos la balanza en
que son pesados los pueblos y las nacionea,
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Bo/et{n Militar 9
~difnrial
LA MUERTE DE UN HEROE
Por natural conforn1ación del aln1a de las nlultitudes,
éstas siempre habrán de sentÍr:ie arrastradas á glorificar
t0do aquello que las deslun1bra y conrnueve, ó á
escarnecer lo qLle les repugna y hace sufrir. Y esa
alma, esencialmente simplista en su sindéresis, ora
deslun1brada, ora entenebrecida, según que la luz ó
la sombra, á su rnanera. destaquen las fi~uras que habrán
de ser n1iradas por el :a con1o ídolos ó c.omo de·
monios, descuida siempre los detalles de la escultura
si no resaltan con fuerza, aun cuando sean n1uy dignos
de tomarse en cuenta para forn1ar juicio cabal sobre el
verdadero puesto que al sujeto debernos asignar: Napoleón
y sus victorias. el dictador Francia y su gobierno
son1 brío, el th\lg Faríngea y su~ crírnenes siniestros,
Francisco ele Asís y sus seráficas virtudes. s0n tnodelos
que llamarán siernpre la atención del vulgo cuando los
halle al paso; en tanto que figuras con1o un Luis de Valois
el Santo. un Fultrn el padre del vapor, un Turcna
el militar metódico, un Warren Hastings el político malvado,
jan1ás desencadenaron en vida el an1or ó el odio
de los pueblos, no perteneciendo sus hechos sino á la
pluma del historiador ó á las meditaciones del filósofo.
Por ese motivo, cuando se trata del hombre llamado
PRósPERO PINZÓN, la muititud no Jo concibe
sino envuelto por los rayos de fuego y el estruenoo de
tremendo batallar, largo, sangritnto y tenaz con1o en
PALONEGRO, terriblemente sublime cotno en el asalto de
Cúcuta, ó dando golpes de n1uerte como en Capitanes ;
ó bién probo y modesto en absoluto en época de corrupción,
desatentada soberbia y mercantilismo sin freno,
ó, por otra faz, creyente convencido y observante
en un siglo de duda é in1piedad.
Y esas cualidades y virtudes de pri1ner orden ~on
las que se ensalzan en el periódico, en la ca11e, en la
choza del labriego, en tanto que para no$otros muy
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ro Boletí11, Milita1·
poco significan, pues pa1ic1ecen ante las que llamaremos
heroicas, resultc.lntes del culto del deber sin glt)ria, del
sacrificio fructuoso ¡Jero en apariencia oscuro y aun estéril.
Grande vimos á PI "\Z '>_ T en la majestuosa basílica,
al doblar humilde la rodilla ante EL para ofrendarle los
tributos de una entrada triunfal ; pero grande con grandeza
hun1ana, por decirlo así : dorninónos el cuerpo
n1as no el aln1a. En e1 seno de la amistad ganado nos
había el corazc)n ; pero sin ofuscarnos la mente con el
esplendor de sus victorias, ora pacíficas, ora cruentas,
porque entre las flores de las coron:ls así conquistadas
no titilab:1n los lurninares del martirio, con1plemento
indispensable de las vidas que tienen derecho~ se:· miradas
con1o ejemplo digno de irr,itación entre los hombres
y con1o tin1bre de orgullo para el pueblo que las
contó en su Seno.
Empero, lo que: no virnos en la vida del hombre
lo hallamos en su n1uerte. porq1te fue al caer, al pos·
trarse en tierra, cuando se hizo in1posible no apreciar su
talla de gigante, sus ahora ~í orla, las sienes con la corona
del n1artirio. Y esa pre"~a á C} u e no prestara atención
la n1ultitud. por'lue PL ·z6~ la guardó celoso con1o si qui·
siera arrastrarla consigo á la eternidad, es la que á nosotro~
nos ob1iga á llamarle Grande y á mirar su pérdida
con1o daño irren1ecliablc parcl la actual generación.
La muerte del hér(le es en verdad la lección que
lega á los hijos de Colon1bia; lt·cción esct·ita de manera
que nadie pueda ni ignorarla ni dejarla de aprender, y
que al común de los hon1bres aun cuando nos abruma
con peso casi insostenible, que hace flaquear y palidecer
al pensar en el rnon1ento en que puede tocarnos repetir
a, al1nisrno tiempo sirve ele acicate para responder
alerta cstd, á la voz de alerta coP que el Capitán se
ha despedido de nosotros para descansar al pie de una
cruz.
En efecto, arrostrar la n1uerte, luchar con brío
cuando la luz alumbra el espe1táculo y n1iilc.tres de soldados
son testigos de nuestros actos de arrojo ó del frío
cumplimiento del deber. es sin duda glorioso pero
~iene algo de humano, algo de obrq. de carne en que
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Boletín Milt.tar II
caben la soberbia 6 el amor propio, y por lo mismo
constituye acto registrado una y otra vez en las páginas
de la Historia ; pero ofrendar la vida en el silencio
y las tinieblas, ó cuando sólo Di<,s es testigo del acto
heroi-:o realizado, tiene algo de sublime,. de extrahunlano,
que no todos los mortales alcanzan. á ejecutar.
PINZON, al regreso de la campaña del Norte, cubierto
ele gloria y ele laureles, convertido en el hombre
de una gran causa, el ídolo de un partido y una esperanza
para la Patria, con el S' )lio presidencial en perspectiva.
va á Guaduas á c0ntraer la fiebre que incendiará
su sangre y devorará su existencia. í Por qué ese
viaje, para él lleno de presentimient<'s y en apariencia
inútil? Ahí está precisamente el acto heroico, el sacrificio
que á nuestros ojos lo C<>nvierte en n1ártir cuando
antes no era sino héroe.
Con sabia previsión ordena concentrar las fuerzas
del Tolin1a en Giran.lot. y por esa r.auc;a en doble jor
nada se desbarata el últin1o esfuerzo serio que pueden
intentar los rebeldes del interior de la República; con
no n1enor cordura asegurado había la defensa de cuantioso
parque en su transporte de Honda á la capital.
recorriendo Ja vía para establecer debidamente los
batallones. i A qué volver á esa ruta ahora invadida por
la fiebre, cuando á pritnera vista nada exigía allí su presencia.
abandonando las dulzuras de un hogar feliz?
Ahí está el voluntario sacrificio. A su venilla á Bogotá,
encontró, como secreto de Estado, que en el parque
no existía ni tt1Z solo fuszlnz' un solo cartucho para Gras,
que las guerril1as no podían ser perseguidas por esa
falta, que en caso de nuevos con1bates se corría el peligro
de perderlos por carencia de n1uniciones, y al mis·
mo tiempo ]a falta ele vehículos prometía alarg~r la
operación decisiva, y la fiebre, surgiendo de improviso,
amenazaba disolver las únicas tropas de que se podía
disponer para defensa del convoy.
Así planteado el problema, la solución era clara:
la operación, antes secunclari;1, se tran-.;form~ en decis;i ·
va~ y de nuevo. com en PALONF.GRO .. va el Jefe á llevar
aliento á los soldados con su ejemplo y á repetir COJ?.
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I2 Boletín Militar
V?Z mucho más elocuente aunque no hablada: " De aquí
nt un paso atrás; artuí muero; los que quieran aconlpañarme
quédense."
i Quién negará que la muerte ele PrNz c)N fue el
acto más sublin1e de su vida 1 i Quién neaará que fue
un mártir del deber? o
Al sentirse herido por la muerte que ahora se ser ..
vía traidora de arma desleal para cun1plir anhelos no
cor,seguidos en cien combates; al sentirse PlNz6N herido,
resuelve no perrnanecer en los campamentos para
no arnilanar á los soldados con su enfermedad, y hace
á bestia un viaje que comprende hecho así ha de serie
fatal. Viene además á procurar á los suyos el anla:-go
placer de que le vean morir entre sus brazos ..... .
La n1uerte del Capitán se equipara por esto á la
del centinela que cae sin testigos en lucha va1entísima
contra una partida enen11ga, salvando quizá el campa·
mento, para que al siguiente día tal vez se le crea víctima
de la bala de algún merod eador ; es la muerte del
viajero que da la vida por salvar la de algt'1n infeliz cuitado,
corriendo el riesgo c.l e que su muerte se achaque á
la mano de un salteador <)á un accidente imprevisto.
Es. pues. la n1uerte de PrN zÓ N uno de esos sacrificios de
que sólo Dios es testigo, p e ro que en pren1io á sus virtudes
no quedó ignorado y le ciñó las sienes con la auréola
del martirio. Es la gran lección que lega al Ejército
de Colombia y el lazo con que liga á todos los deferasores
del derecho, para que no dejen perecer la obra
principiada en PALONEGRO, imponiéndoles la obligación
de combatir y triunfar de todos los rebeldes, desafiando
por igual las balas y los climas y sacrificando sin vacilar,
no la vida, sino lo que es más, hasta las esperan-
. zas de descanso ó de risueño porvenir .... .
---o.•·~--
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Boletín Militar IJ
REORGANIZACIOlV DEL E:JERCITO
A:!ILITARIZACION DEL TERRITORIO
La similitud de situaciones ó de condiciones entraña la similitud
de problemas por resolver ó de consecuencias á que hacer
frente. En la América latina los diversos Estados tienen más de
un punto de semejanza, en especial en lo que hace á orden público
y á luchas de partidos, por lo cual las soluciones que de tales
problemas se presenten en ellos, bien merecen ser tomadas en
cuenta, sobre todo en el terreno militar, en el que no caben banderías
ni otros principios que los del buen sentido.
Por estos motivos reproducimos en seguida un escrito reciente
de un militar uruguayo, porque el problema que plantea y la solución
que aconseja nos parecen tanto más adecuados para Colombia,
cuanto aquella República necesita con menor urgencia el remedio
del mal de que se trata.
No negaremos que el problema no pueda tener otra solución
más eficaz; pero como no la conocemos, hemos abundado siempre
en las ideas del escritor en referencia. Además, el reciente desastre
de Peralonso y la larga lucha de guerrillas que ha arruinado
el país demuestran de sobra que el ejército de línea sólo es firmísimo
sostén del orden cuando las milicias, los voluntarios ó como
quiera llamarse á los miembros armados de un partido, le acompañan
y ayudan en su delicada tat·ea.
Y no se alegue que hay peligro en mantener armadas esas
milicias, porque ni los propios se declararán nunca en rebelión, ni
las revoluciones estallan como el rayo: los que primero se alzan en
armas necesitan algunos días para organizarse y poder presentar
combate, lo cual da positiva superioridad á los milicianos apoyados
aquí y allá por cuerpos de línea que vie"len á ser como los huesos
de recio organismo. Y en caso de no poderse salvar el orden público
ni aun con tales medidas preventivas, la formación de milicias,
es decir, la di visión y organización militar del país, se impone,
porque los cuerpos de línea nada logran contra las pequeñas guerril1as
que sólo pueden ser refrenadas y vencidas por contraguerrillas,
ó sea por los habitantes á quienes interese la pronta pacificación
de cada parte del territorio nacional.
•••
H Los persistentes rumores que circulan y anuncian una próxima
invasión ó alzamiento en armas contra el Gobierno constituído,
traen nuevamente á discusión el problema de la organización militar
del territorio.
u Probablemente no habrá nada, los rumores no tendrán acaso
fundamento, y todo ello no pasará de una tormenta en un vaso
de agua; pero no es lo que ahora pueda suceder por falta de elementos
revolucionarios, lo que nos debe preocupar, sino lo que
acontecerá el día en que estos elementos se acumulen y sean capa-
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Boletín lkfilitar
c~s -para promover la guerra, 6 cuando un enemigo exterior se
dtsponga á combatirnos. Ese día, hablando militarmente, será desgraciado
para d honor d e l Ejército d e la República que, consumiendo
fabulosas sumas en su presupuesto de guerra, no tendrá
soldados que oponer al irwasor. Bastará una centena de revolucionarios
para producir los mayore s estragos, recorriendo á mansalva
la campaña.
"El Ejército p e t-manente cubre apenas las necesidades del
servicio ue guarnición, y no se puede contar con él exc1usivamente
para un caso de revuelta, pOI-que además de dejar desatendido el
servicio que presta, se cometería un desacierto llevándolo á combatir
á determinado punto, cuando no existiera la seguridad de que
allí estaba el Yerdadcro foco revolucionario, y de que allí únicamente
había enemigos del orden.
"Cuando las r Yoluciones no son el producto de cerebros desequilibrados,
se organizan de modo que es difícil reunir todos
sus hilos, y cuando atacan lo hacen por sorpresa, combatiendo los
puntos más vulnerables. Es de suma importancia para los sublevados
comenzar sus operaciones con un triunfo, aunque sea muy
pequeño, porque de otra suerte no avanzarán un paso. Esto es lo
que hay que tener en cuenta en todo tiempo.
" Se ha pensado tan poco en las causas que permiten el desarrollo
de las revoluciones 6 alzamientos en armas contra los Poderes
públicos, que generalm e nte se cree que es imposible evitarlos,
pot~quc ellos son la conse cuencia de la idiosincrasia de los
pueblos. Esto no es cierto. Tan inquietos son los unos como los
otro . Dondequiera que haya hombre , existirán revolucionarios.
Las ocasiones que les ofrezcan posibilidade~ de manifestarse, determinarán
siempre u acción.
Hay error en . u pone r qu e ~ i 1 "> paíse latino- americano
pi rden con tanta fi- e cue ncia su c quilil>rio, e mpeñándo~e en aventuras
revolucionaria , es por e fe cto del carácter nacional. Lo que
verdaderamente hac que . tos países sean inquietos, es la falta
de orcranizaci6n militar y de la fuerza pública que está destinada á
mantener el orde n. América c o mo Euro pa y como cualquiera otra
partL: del mundo, t e ndrá hombr si mprc dispuestos á derrocar un
gobierno, pero stos hombre s jamás se a ventura rían en una jornada
semejante si no tuvie ran facilidad e s precisas. Los gobiernos que
se ven combatidos y los que cae n, no siempre son los malos, :,ino
los que e descuidan en atender á su propia seguridad. El que se
la sepa procurar, será invulne rable.
" e dirá que esto es propio d e lo gobiernos absolutos, de lo~
gobiernos que no descansando en la opinión pl1blica, se \·en obligados
á recurrir al proc~dimiento de la fuerza. No aceptamos la teoría.
El malo como el buen golJierno necesita defenderse. Lo que
el malo hace por egoísmo, el bueno lo practica por deber. Los
nuéstros, lo mismo los buenos que los malos, vivieron siempre en
abandono respecto á su seguridad. que la fiaron, no al cumplimiento
dt::l deber de la fuerza pública encargada de sostenerlos,
sino al agradecimiento de los hombres que elevaron, sin mérito
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B oletí1t llfz'lz'tar
las más de las veces, y que faltos de la virtud ciudadana ó militar
que forman los buenos servidores del Estado, abandonaron la defensa
cuando fue más necesaria. Toda la fuerza defensiYa se congregaba
alrededor del gobernante, y mientras él se creyó seguro,
poco importaba el desamparo de la Nación. Siempre fue cosa
fácil convulsionar la campiña. Y no porque no hubiera medios de
evitarlo, sino porque jamás se pensó en utilizar los medios que estaban
á la mano, bien por el temor que tuvieron los malos gobiernos
de que los elementos d e seguridad se les volvieran adversos, 6
por la confianza, que abrig-aron los otros, ele que nadie había de
atreverse á combatirlos. Todos pecaron, los unos por suspicacia, los
otros por optimismo. Su falta dañó al país, que nunca gozó de
calma.
"Sobre este pasado imprevisor debemos reaccionar. El día
que todos se convenzan de que el Gobierno dispone de una fuerza
organi,mda de tal mJJo qu ~ sea capaz d e.: sufvcar en el primer
momento cuak¡uicra intentona revolucionaria, acabarán las locuras
de esos ánimos inquietos que insensiblementE:, y sin conciencia
acaso de su obra, nos van llevando á nuestra anulación política;
cesarán esos alarmas que nos desacreditan, aun careciendo de
base, y el país podrá entrar en una verdadera éra de paz, que
permitirá el desarrollo de su fuerzas vivas, que no son pocas.
"Recientemente-sosteniendo nosotros una polémica que no
concluyó porque se r.os d jó libre el campo-un periodista nacional
nos habló con mucha énfasis de los países europeos en
donde-nos dijo-nada turbaba la paz interior, merced á la eclucación
ó al progTeso que sus ejércitos habían realizado en los últimos
tiempos. El hecho es cierto; Alemania y Francia, citadas por
el periodista aludido com(J m o d e los qu e d bemos imitar, hace muchos
años que no sufr "n las cons "' Cuencias de disensiones internas ;
pero no . á la "' clucación sino á la org-anización ele sus ejércitos
á lo que deben el bien ele que di frutan. E paña misma, ese país tan
duramente castigado por sus gu e rras civiles en la península, y de
quien no nos cansamos d e cl ec i1- que heredamos el carácter y algo
m'ís, e , al pres e nte, como Ale mania y como Francia, un modelo
de sensatez, desde que su organización militar ha hecho imposible
aquellas guerra . No es que allí arli tas ó republicanos estén convencidos
de que el sistema impe rante sea 1 mejor 6 de que la nación
necesita repo5o para restaña¡- las h rielas del pasado. Hoy, lo
mismo que hace 25 años, se agitan los partidos y están ganosos de
conquistar el Poder; pero la organización del ejército permanente
y su reserva les detiene en sus deseos y enfría sus ímpetus. La división
militar del territorio fue el gran paso que dio la monarquía
de Alfonso xu para restablecer la defensa de la corona. Aparte
del Ejército permanente exi te un creciclísimo número de cuadros
de Jefes y Oficiales, como base de los Batall nes de reserva y
que, distribuídos en las diferentes cabezas de los Departamentos
ó capitales de Prm·incia y pueblos de importancia, son los que en
determinado momento y en pocas horas pueden movilizar quinientos
6 seiscien os mil hombre , que perteneciendo á las reservas
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t6 Bolet{n Mt·lt·ta-r
(especie de guardia nacional) y no estando sobre las armas, tienen
el deber de acudir á ellas al primer llamamiento del Gobierno. Sus
oficiales están, puede decirse, en contacto con esas fuerzas, y están
á la vez continuamente relacionados con los funcionarios civiles y
judiciales. En los casos de urgencia los Batallones y Regimientos
de reserva se pueden movilizar incontinentemente, y así está defendido
el territorio hasta en sus más pequeños rincones. En esto estriba
el secreto de la quietud interior de los países europeos.
Una cosa parecida ó de resultados idénticos hemos proyectado
nosotrc;>s en números anteriores al hablar de la organización del
Ejército y de su ley constitutiva. El número de Jefes y Oficiales
que tenemos en la República permite organizar la división militar
del territorio, sus zonas y circunscripciones, de modo que la acción
militar se haga sentir en el momento en que sea necesario. Los cuadros
de los batallones departamentales, á los que deberían adscribirse,
según nuestro proyecto, los individuos pertenecientes á la
Guardia Nacional, y cuyos Jefes y Oficiales podrían prestar el doble
servicio militar y de policía, serían los encargados de la campiña.
Instruyendo á los inscriptos en la época oportuna, formarían
soldados, y pudiendo congregarlos en las extraordinarias á la
orden del Gobierno cuandv las circunstancias lo exigiesen, impedirían
todo movimiento subversivo sin grande esfuerzo; y cuando
esto fuera imposible en determinado momento-caso extremo y
poco esperado-porque el número se les impusiera por sorpt·esa ó
de cualquiera otro modo, los que se viesen atacados ó imposibili ..
tados de defenderse, siempre prestarían un servicio inapreciable:
ellos serían los que daban la voz <.le alarma, y en un momento estaría
movilizada militarmente toda la República para sofocar la
rebelión, que nunca pasaría de un nsayo.
"A nosotros nos parece que esta es la única solución práctica
que puede aceptars ~ como bue na y eficaz ; porque por más que
hemos pensado, no h e mos visto que nadie t e nga objeciones serias
que oponerte, pues ni siquiera lo sería la que se hiciera con respecto
al gasto que d ·manda la organización militar del territorio,
desde que el personal que hubiera de emplearse existe mantenido por
el Estado, y desde que este mi!-.mo personal podría utilizarse en otro
servic!o que no se sostiene sin graneles erogaciones. Sobre todo, son
tan claras é importantes las ventajas que se ofrecen en la realización
de esta idea, que no trepidamos en someterla al Ministro de la
Guerra, en la seguridad de que aquilatándola en su mejor criterio,
h 1. de sacar todo el provecho que ella entraña para la tranquilidad
de la Nación, pues esta idea desarrollada sin titubeos ni suspicacias,
es el medio que tenemos para quitar al Ejército ese carácter
de partido que al presente tiene, y que levantando resistencias, le
hace perder, en el concepto de muchos, la consideración y el aprecio
á que le dan derecho sus sacrificios dEl pasado y la moderación
que viene observando en las luchas de la política."
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Bolet{n Mil-z.tar I'f
MANUÁL PARA LA PREPARACION DE LA COMPAÑIA
AL COMBATE, POR EL GENERÁL DRACOMIROFP
Jefe del ejército MISO
,
INTRODUCCION
Los reglamentos militares y las instrucciones, que también ti · nen
fuerza de ley, sólo determinan la marcha que ha de seguirse
para formar el soldado con relación á cada ramo aislado de la instrucción;
pero la fusión general de esos diversos elementos en un
todo único, y la combinación íntima, necesaria, para poder aplicarlos
sobre el campo de batalla, no son ni podrían ser tema d t.: ninguna
reglamentación.
Un trabajo de esa clase sale forzosamente del marco de un
reglamento, puesto que depende de la aplicación combinada de
muchos reglamentos, teniendo además en cuenta el tiempo, los lugares
y los medios de que se puede disponer.
Invitamos á los jefes d e tropas á no considerar como obligatoria
la letra de este Manual. Es preciso e n primer término esforzarse
en aplicar su espíritu, de dicando á la práctica d e los consejos que
conti e n e, todo lo que se pu e da d e bue na voluntad y de inteligencia
pe rsonal. El asunto val e la pena, puesto que la sue rte d e millares
de pe rsonas, la victoria ó la derrota, la gloria ó el d e shonor, depe
nd e n d e qu e la e ducació n d e las tropas se haga con mayor ó
menor acierto.
El presente Manual d e fin e e l obj eto qu e se trata de alcanzar,
y contiene cierto núm e ro de indicacion e " s o bre la mane ra de conse
guirlo; pero ninguna d e e llas pre se n t a carácte r completamente
obligatorio. Todo de p e nde de los e leme ntos d e que se pueda disponer;
y e l rigor con que se hayan de practicar los pre ceptos contenidos
en este Manual, resultará de los medios de c¡ue se disponga.
Se ejecuta lo que se puede, y si hay partes que lo médios y las
circunstancias no permitan llevar á la práctica, se dejarán á un
lado, pero después de haberse convencido plenamente el oficial de
que s e r e troce de d e lante d e una imposibilidad no aparente sino
re al.
Se comprende que c uando se trata d e fundir las diferentes
ramas de la instrucción e n un todo que se aproxime lo más posz.1le á
la práclz'ca de la guerra y del combate, hay conveniencia en poner á
un lado muchas cosas que han podido servir para perfeccionar
cada una de las ramas particulares de la instrucción, consagrando,
por el contrario, especial atención á otros puntos.
El éxito de la instrucción depende del carácter que se le haya
impreso á la educación del soldado, es decir, del grado en que él
adquirió la conciencia de sus deberes.
TO?tto 1-2
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I8 B olet{n Militar
Si ha sido educado de manera que cumpla todas las obligaciones
que le impone el servicio, sin separarse una sola línea, lo
mismo cuando no se le ve que cuando se le vigila, la instrucción
dará buenos resultados rápidamente. En consecuencia, será esa
educación la que para nosotros ocupa el primer lugar.
1
ED CACION
I. El jife de compaií.Ía es responsable de la buena educad(m. dada á
sus hombres y al mismo tiempo d todos los cuadros de la compaliía-Sobre
~ta base él tiene el deber de asegurarse de cómo cada uno de
ellos conoce sus obligaciones, y de tomar las medidas del caso para
que desaparezcan todas las insuficiencias que en ella pueda descubrir.
Una perniciosa costumbre, perpetuada desde la época en que
los oficiales eran para los soldados su/ores, coloca á los comandantes
de compañía, frente á los oficiales infPriores, sobre un pie de
familiaridad mal comprendida, y les hace considerar como molesto
el completar y comprobar la instrucción de esas g-entes, jóvenes en
su mayor parte. Es tiempo de abandonar eso rrores. El compañerismo
serio, verdaderamente digno de gentes que se estiman, no
excluye las obligaciones del servicio, sino que, por el contrario, las
presupone. El que tiene la autoridad y el deber de enseñarme la
profesión de que depende mi porvenir, y retrocede ante esa misión
por un falso sentimiento de delicadeza, no es un verdadero compañero.
El compañerismo está tan lejos de ser incompatible con
las exigencias del servicio, que emana directamente de ellas; pero
la familiaridad es inadmisible en el servicio, porque es contraria
á los interese del mismo.
2. Cuando se trata del hombre es pr ciso recordar ante tod
,que durante el combate no es sólo en virtud de la educación qu
se le ha dado como sus piernas le llevan con mayor 6 menor intrepidez
y sus brazos trabajan de una manera más ó menos sensata.
Todo depende, en primer lugar, de la manera como late el
corazón y razona la cabeza. Por esto, cuando se trata de formar
un soldado, es preciso tener en cuenta ante todo: la cabeza y el
corazón. El tiempo en que se pensaba que dirigiendo las piernas
y los brazos se dirige también el corazón y la cabeza, ha pasado
para siempre. Toda una serie de gueiTas ha probado la falsedad
de tal creencia. Sin duda aun hoy exúten gentes que la conservan,
pero esto mismo ucede con todas las ideas antiguas cuando son
rec n1p lazadas por otra5 más modernas. Y hasta esas gentes
apo::,Latan poco á poco, obligadas por el progreso de las armas á
aceptar ideas que há poco calificaban de herejías.
Es incontestable que por las piernas y los brazos se puede
llegar á hacer entrar álgo en el corazón y en la cabeza; pero en
primer lugar ese álgo no es suficiente para el hombre llamado á
dar la vida por su patria, y en segundo se obtienen algunas veces,
valiéndose de ese medio, los resultados más inesperados, más directamente
opuestos á los que se desean. El jefe de una compañía
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B oletfn Mzlitar
-comete un grave error si se figura que enseñando á su gente el
tiro, el manejo de la bayoneta, las evoluciones y el empleo del terreno,
ha hecho todo lo necesario, y que lo demá vendrá por
añadidura. Se puede ser de primera fuerza en esgrima, en tiro,.
etc., y al mismo tiempo no tener la menor idea del deber militar.
Buscad ante todo arraigar en el soldado el sentimiento del deber
militar, desarrollad en su cerebro las ideas de honor y honradez,.
afirmad y elevad su corazón; el resto vendrá por sí solo.
"Así, según vuestra opinión no hay necesidad de en eñar la
marcha, el tiro, el uso de la bayoneta; bastará inculcar el sentimiento
del deber," objetarán probablemente ciertas gentes. No
del todo; pero si confirmáis al hombre en el sentimiento del deber
y desarrolláis en él la _ honradez y el honor, os será diez veces más
fácil enseñarle todo lo que acabáis de enumerar, que si (-'S tu viera
privado, en todo 6 en parte, de esas cualidades moral e · .
3. Nuestra misión se: torna, pues, muy complicada, y el éxito
no es posible sino á condición: r .0 De repartir el trabajo de la manera
más conforme al fin propuesto; 2. 0 De hacer elección de un
método que dé resultados tan sólidos y tan rápidos como . ca posible.
El primer punto exige: I.0 Que un plan racionalmente elaborado
presida á toda la instrucción, á menos de correr el riesgo de
omitir alguna cosa, ó de c"Onsagrar á las diferentes ramas de la
instrucción un tiempo no relacionado con la importancia relativa
de cada una; 2.0 Que el jefe de la compañía se forme idea exacta
de cuál es la parte que le incumbe necesariamente en la instrucción,
y cuál la que corresponde á Jos oficiale , á los sargentos
á los instructores.
4· Se sabe que la preparación de las tropas compr nde dos
ramas bien distintas: la educación y la instrucción. La primera
comprende los reglamentos sobre el servicio interior y el de plaza;
la segunda abarca los reglamentos de ejercicios y de maniobras,
la instrucción del tiro, la esgrima de bayoneta, las maniobras con
fin táctico, cte. El jife de compa1'1Ía debe encargarse personalmente de
confirmar á los reclutas en lo que constz"tuye la przinera de estas ramas,
aunque no en su totalidad, pues esta rama presenta dos fases diferentes,
á saber : las obligaciones propiamente dichas y el ceremonial
usado para ejecutarlas. Se comprende, en efecto, que el jife de
la compailía 110 esld obligado personalmente szrzo á znculcar las obligacz"ones
propz"amente dzdlas. La enseñanza del ceremonial puede confiarse á
cualquier instructor un poco inteligente, y el jefe de la compañía
se limita en esta parte de la instrucción á comprobar el trabajo
de sus ayudantes.
5. En cuanto al método, se puede formular en dos palabras :
preferir el ejemplo puesto ante los ojos á la explzcaci!m 7Jerbal, en todos
los casos en que sea poúble, y aun cuando no haya ningún medio de
evitar algunas explicaciones verbales preliminares, convendrá
aprovechar la primera ocasión que se presente para confirmar y
aclarar la cosa por un ejemplo. Más vale mostrar una vez que explicar
veinte veces.
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20 B oletfn Militar
6. A propósito de la enseñanza oral observemos que no se ha
de olvidar nunca que se dirige á gentes sencillas, y que es necesario:
1.0 No presentarles nunca más de una ó dos ideas á la vez, y
exigir inmediatamente que repitan lo que se acaba de decirles, no
enseñándoles jamás en conferencias; 2.0 Evitar las palabras que sólo
se emplean en los libros; 3.0 No enseñar nada que no sea absolutamente
indispensable ; 4· 0 Aprovechar todas las ocasiones de
aplicar la demostración objetiva, reduciendo las palabras á las estrictamente
necesarias; 5. 0 Establecer la primacía de las obligaciones
sobre el ceremonial por la insistencia que se emplee en la
enseñanza de las primeras.
7. Para llevar á buen fin la misión propuesta, es preciso unir
á la perseverancia la energía en la senda indicada. Hay gentes
que confunden la energía con los arrebatos y aun con la irritabilidad
personal: es un gran error. Las exigencias del servicio no
llevan consigo ardores de esa naturaleza. Por el contrario, el que
se pone fuera de sí no hace sino satisfacer una tendencia natural á
la cólera; pero las obligaciones d e l servicio no tienen nada que
ver con ella. Ese procedimiento sólo puede inspirar á los subordinados
el cuidado de complacer los nervios de su jefe, y por tanto no es
en esa escuela donde lograrán aprender la buena ejecución del servicio.
Yo no quiero hablar de algunos que llegan hasta á vías de
hecho, pues esas lecciones están absolutamente prohibidas por la
ley, y por tanto disminuyen el respeto que se le debe. Con la composición
actual de los contingentes se llegaría por este sistema más
bien á vol verlos locos que á instruírlos, y como consecuencia á
hace rlos menos propios y algunas veces completamente impropios
al s e r icio.
Dad vuestras órde n e s y ha c~ d vuestra s ob servac iones l>reve mente
, con pre cisión, y ~ n un t o no qu .. impo ng a la ob edie n ci a, d e
manera que todos pue dan compre nde r lo que que t·éis y darse c uenta
de que lo queréis por s er n e c e ario y conv e ni e nte , y con se guridad
no te ndré is que gritar ni maltratar á vu e stros h o mbre s. E
verdad que en nuestra profesión (princ ipalmente en los ejercicios)
uno se incomoda á veces sin adve rtirlo. Pero no s e ha de olvidar
nunca que dejándose arrastrar por el te mperamento p e rsonal, no
se satisfacen las exigencias del servicio, y que se debe procurar
reprimir esos arrebatos en vez de desarrollar la propensión á la
cólera.
8. El recluta llega al cuerpo dispuesto á obedecer todas las
órdenes que se le den, porque antes de su entrada en el servicio,
desd e su niñez, ha contraído la co tumbre de obedecer al jefe de
la familia, y al hacerse hombre, á los r e prese ntantes de la autoridad,
que es t án en contacto inmediato con los campesinos. No falta,
pues, sino especializar esa facultad, dándole una dirección conforme
á. las exigencias y el carácter del servicio militar.
9· Ahora bien: el carácter propio al cumplimiento del servicio
militar consiste en la puntualzdad y la pro11.titud para ejecutar
las órdenes, basadas en una abnegadón sz'n límzles y sostenidas por
un funcionamietllo más activo de la inteligencia. Todas estas condicio-
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2I
nes son indispensables para la guerra, puesto que el éxito depende
del concurso unánime de las masas para la ejecución del pensamiento
y la voluntad de uno solo. O mejor dicho : sin puntualidad
ni prontitud de ejecución, no puede existir acción común; sin abnegación
no puede haber buena voluntad para sufrir y morir; sin
actividad de la inteligencia, no habrá aptitud ni para entender la
voluntad del jefe ni para encontrar los medios de realizarla en las
mejores condiciones de éxito. No debemos olvidar que nuestra misión
es matar, haciéndonos matar, y este es un punto sobre el cual
se ha de pensar constantemente. Hacer la guerra matando, sin
hacerse matar, es una quimera ; hacer la guerra, dejándose matar,
"in que uno lo haga á su vez, es una tontería. Es preciso saber
matar, estando uno mismo pronto á perecer. El hombre decidido
á morir es terrible : nada le detendrá en el camino de su
objeto, á menos que una bala lo derribe; pero si se puede herir
un hombre, no es tan fácil matar una compañía. Hace falta, por
consiguiente, modelar el soldado de tal modo, que no tema hacerse
matar y que sepa al mismo tiempo vender cara su vida.
Para ello es preciso abnegación y también inteligencia, y para
ayudar á esta última, es necesario dar al soldado, lo mismo que al
oficial, ilustración muy profunda y muy razonada de todo lo que
constituye u especialidad. El espíritu de sacrificio se fortifica en
el guerrero, principalment _ por la educación, en tanto que el desarroll
de su inteligencia, en el sentido de la guerra, se adquiere
por la instrucción. Y la educación y la instrucción, conducidas racionalmente,
se prestan mutuo apoyo. Cuando la educación ha hecho
del hombre un ejecutante concienzudo y fiel, es más fácil enseñarle
á cumplir todo lo que se quiera, inclusive el tiro, los ejercicios,
etc. ; é igualmente, á fuerza de repetir los actos á que
obligan esos diferentes ramos de la instrucción, el hombre está
mejor dispu . to para ejecutarlos. La z'nslrucción conlrz'buirá lanlo
más á confirmar los resultados de la educacz'ón, cuanto las exigmcias dt
aquH!a esl~n más en armonía con el fin propuesto, es decir, cuando cada
una d e esa exigencias deje entrever mejor el objeto que se propone.
Ejemplo: 1.0 Yo en eño al soldado á apuntar una, dos, veinte
veces seguidas, y el más ignorante comprenderá mi intención;
2.0 Y · hago repetir á los soldados veinte veces un movimiento de
manejo de arma, y el más inteligente no comprenderá mi objeto.
Podrá suceder que yo le ha:ga repetir ese movimiento por vía de
mortiricación, pero en ese caso debo proceder de modo que el soldado
comprenda que lo hago para castigarlo.
10. No hay que creer que el empleo de castigos -severos puede
crontribuír á acelerar y perfeccionar la educatión del soldado,
pues nada es más falso. El mejor procedimiento de educación consiste
en mostrarse siempn~ igual, inflf>xible é invariable en las exigencias
manifestadas al '>olclado desde el principio. Que él sepa
que lo que se le ha dicho una vez, debe ser ejecutado siempre
como se le enseña esa v<->z, bajo pena de incurrir infáliblemente
en un castigo; que se convenza, por su experiencia personal, de
que ciPrtos <'lc~os 'ltTastrí'ln siempre (';iertos castigos, y que por el
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22 lloletín Jfú'itar
mismo hecho no será reprendido un día y cumplimentado al siguiente.
En una palabra, que vea hacer y haga lo mismo hoy,_
mañana y durante todo su tiempo de servicio ; y entonces se formará
por sí mismo á la ejecución de sus deberes, lo que se hará
entonces para él una rutina, es decir, una segunda naturaleza.
SERVICIO INTERIOR
1 1. El servicio interior abraza toda la existencia del soldado
y determina sus deberes al mismo tiempo que sus derechos. El
soldado debe conocer únos y ótros de manera completa, para convencerse
de que la ley, al mismo tiempo que le impone obligaciones,
le garantiza contra injustos atentados. Pero sin olvidar hablarle
al soldado de su~ derechos, es preciso insistir, durante la
instrucción, en sus obligaciones. Las bases del servicio interior
están contenidas en los cuatro preceptos siguientes: 1.0 Ejecúta
todo lo que tu superior te manda; 2.0 No te ausentes nunca sin
permiso; 3.0 i te sucede alguna cosa, cuéntala siempre á tu jefe
inmediato; 4.0 Ten cuidado de tus armas, de tu cuerpo y de tus
vestidos (el comandante de compañía no tiene tiempo para ocuparse
de este último punto, que corresponde á los sargentos, pero pasa
revistas, para obligar á todos á conformarse con lo mandado). Un
soldado al cual se ha inculcado bien el hábito de cumplir con las
cuatro prescripciones precedentes, es un hombre con el cual se
puede contar: es preciso no exponerse, por atender á detalles, á
perderlos de vista en ningún ca o. Además, como cada hombre
tiene un cuerpo al mismo tiempo que un alma, todos los asuntos
humanos comprenden un lado moral que corresponde al alma, y
un lado material que concierne al cuerpo. El lado material en el
ervicio se traduce por las muestras exteriores de respeto debidas
á los diferentes grados. Haciendo los honores á un superior,
el oldado expresa su subordinación, al mismo tiempo que cumple
un deber de cortesía, exigido por la educación aun fuera de la sociedad
militar. Pero hay reciprocidad en esas muestras exteriores,
y los oficiales que no responden á los honores que se les hacen,
cumplen mal con su deber, pues no sólo dejan ver que son pero
educados que sus soldados, sino que dan á éstos un ejemplo sensible
de infracción á las prescripciones reglamentarias. Cuando uno
no se distingue por el exacto cumplimiento de sus obligaciones,
falta la autoridad para inculcar á los otros cualidad tan apreciable.
r 2. Tratándose de afirmar á los soldados en la ejecución de
sus deberes, es indispensable que constantemente se procure desarrollar
en ellos el sentimiento instintivo de su importancia relativa.
En la práctica pueden presentarse muchas exigencias á la vez,
y como es imposible hacer dos cosas al mismo ti mpo, el mejor
soldado, si no ha aprendido á hacc>r distinciones, puede jecutar la
menos importante, descuidando la más esencial. Ejemplo: un uperior
pasa delante de un soldado, y en el mismo momento un malhechor
se arroja sobre aquél. El soldado deberá dar frente, rectifi-
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Bolet{n Mz"litar
car su posición y hacer el saludo militar, ó arrojarse sobre el malhechor
para libertar á su jefe ? *.
Se llega á inculcar al soldado el sentimiento instintivo de la
importancia relativa de sus obligaciones, primero, graduando los
castigos que se le imponen~· por(]ue si se castiga por infracciones ligera
tan severamente como por faltas graves, se le deja la impre-ión
de que únas y ótras tienen zgual importa1uia. En segundo lugar,
conviene dar desarrollo á su discernimiento por medio de
ejemplos juiciosamente elegidos, pues si bien un hombre de cortos
alcances no comprende ó comprende al revés cuando se le dan explicaciones
abstractas, todos pueden entender y retener una parábola.
Otro ejemplo: un oficial enferma en la calle y se cae.
Pasa un soldado, se detiene y hac el saludo militar. Llega otro
soldado que sin hacer ningún honor al oficial, se acerca, lo levanta
y lo conduce á su casa. ¿Cuál de los dos e el verdadero
soldado? Otro ejemplo: ucede una catástrofe, y se neeesitan socorros
sin perder un minuto. e toca generala: un soldado corre
con 1 mismo uniforme que llevaba un momento antes, no demorándose
má. tiempo que el necesario para recoger su fusil y
·us cartucho , y n un abrir y cerrar el ojos está en el lugar donde
era nece aria u presencia. Otro se retarda para ponerse en traza
conv niente, y por lo tanto no 11 -ga á tiempo. ¿Cuál d e tos dos
soldados ha cumplido m e jor'? Ci rtam nte tenía razón Pedro el
Gran e cuando decía en una de sus órdenes inmortale -, que "en
el r glamento e ·tán esc1·itos lo u . os y costumbres, pero no se hace
mención del tiempo ni del azar' ; por lo que conviene aplicar los
primero · con mucho di.c rnimiento. í, el olclado (y con mayor
razón el oficial) d ebe ten r . n cuenta no sólo el r glamento ~ino
taml it!n el tiemp y las ir unstancias.
¡, Quién puede dar al hombr' a n. eñanza moral á no ser
1 Comandante de la compañía y únicamente él'? 'i ha hecho bien
u rvicio hasta --1 mom nto de llegar á j fe de compañía, debe
conocer el r glament y p ce r también el art"' de tonal izar sus
prc cripcione , ele modo que el oldado sabi~ndo qué es lo importante,
no <.1 je de jecutar con puntualidad toda· sus obligaciones,
por in ignificante que parezcan. En una palabra, sólo él puede conoc
r "los tiempos y las circun tancias, '' n tanto que á Jos oficiale
ubalternos, aun abicnclo el reglament , les faltará por lo pronto
la e.·pcrienciá. y apenas abrán cómo hay que hablar á gentes de
cortos alcances. sf, antes de encargarle. esa clase de instrucción,
s pr ciso que sean "alumnos del Jif~ de compa11ía."
Tampoco puede pensarse en confiar esa misión á los sargento
, porque con la duración actual del servicio, es ya un buen
resultado conseguir que lleguen á ser buenos ejecutantes y que
vigilen la manera como desempeñan los hombres las obligaciones
que les señala el servicio, y no puede pretenderse que sean
• Cunndo el atentado cometido en an Petcrsburgo contra Loris-Melicoff,
fue el mismo General el que detuvo al individuo que acababa de hacer
fuego sobre aquél, en tanto que el plantón que había en la puerta, excelent«!
hombre_ antiguo soldado, permanecía haciendo el saludo n ililar.
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Boletín Mt:tz:tar
capaces de enseñarlo. Sin duda puede haber excepciones, pero
nosotros no hablamos de las excepciones.
El jefe de compañía que desee cumplir con su deber, inculcará
por sí mismo á los hombres las partes esenciales del servicio interior,
teniendo para hacerlo así, además de las razones anteriores,
o t ra de importancia capital. Teniendo que pasar sucesivamente
por sus manos todos los contingentes, llegará á conocer perfectamente
la parte moral y la material de sus hombres y á hacerse
conoce r por ellos, condición de grande importancia para transformar
Ja compañía, de un montón de hombres en un organismo compacto
cuya cabeza sea él mismo.
13. Repartiendo así el trabajo, los oficiales subalternos, los
sargentos y los instructores quedarán encargados: de ilustrar á
ios suldados antiguos en el conocimiento de sus deberes ; de hact~
rles ejecutar, así como á los reclutas, los ejercicios preparatorios
de maniobra, el manejo de la. bayoneta, el tiro; de enseñar á los
reclutas las muestras exteriores de respeto debidas á los superiores,
y en general todo lo relativo al ceremonial. En cuanto al jefe
de compañía, se reservará la inspección general de toda la instrucción,
y el cuidado de coronarla fundiendo en un solo cuerpo
todo lv que debe entrar en e . a combinación.
SERVICIO DE GUARDIA
14. El servicio de guardia es el primer paso en la vía que
permite ll e gar á la preparación del soldado para el servicio del
camr.:> d .__ batalla, y como tal tiene una significación enorme. Una
Yez e locado de facctón, el simple soldado se encuentra encargado
d e la ·alvarruardia d t_ objeto é intereses de la mayor importancia,
qut;;dando, por con iguiente, investido del derecho terrible de vida
6 mue rte o~ r e sus semejantes, y abandonado á su solo dtscernimiet~lo
para ju~ar de las circunstancias en que ha de aplicar e e derecho,
sin que nadie pueda guiarle ni indicarle qué decisión ha de
tomar. Si no mata cuando es preciso, lo juzgan; é igual resultado
obtiene si mata cuando no es necesario hacerlo. El soldado de facción
está oblig-ado á ob rvar su con igna hasta la muerte ; no puede
obedecer las órdenes de aquellos á los cuales, en tiempo ordinario,
debe sumisión absoluta ; está obligado á luchar contra la fatiga,
sin que ninguna vigilancia, 6 muy pequeña le estimule; no puede
abandonar su pue sto, aun cuando esté amenazado de pérdida
segura, en tanto que no le releve el que lo ha colocado ; en fin, es
preciso que resista á toda clase de tentaciones. En una palabra, el
servicio de guardia es el primer servicio real del soldado en tiempo
de paz; todo lo demás no es otra cosa que una preparación
pára este servicio.
El servicio d~ guardia exige, como condición expresa, que el
soldado tenga sentido y carácter ; pero á su vez, el servicio de
guardia contribuye á desarrollar esas cualidades, y ciertamente
hay que convenir en que se ha de tener la cabeza muy sólida y el
corazón muy firme para salir airoso de situaciones en que deben
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Boletín M-ilita-r
tomarse decisiones tan opuestas como matar ó no matar, obedecer
6 no obedecer.
No hay necesidad de más desarrollos para comprender que, á
excepción del jefe de compañía, es decir, del hombre responsable
y madurado por la experiencia del servicio, nadie de la compañía
podrá ser encargado de echar las bases de instrucción tan espinosa
y tan erizada d e diñcultades para un recluta.
I 5. ¿Pero qué m e dios se emplearan para enseñarla, para que
el soldado se la a si mile pronto y sólidamente? Es inevitable empezar
por el libro que contiene el reglamento; ¿pero cómo? ¿Acaso se
debe abrir el r e g-lamento del servicio de plaza y empezar desde
la primera página? D e sgraciadamente hay muchos que obran de
ese modo, empc ·,·ando por las obligaciones d e l comandante de la
plaza, ó á lo m e nos por el capítulo que trata de "Los diferentes
puestos, puestos de oficiales, de sargento , etc."¡ Cuánto bagaje úutlz'l
para utz recluta y aun para uu anllguo soldado! ~y alguna cosa puede
i'nleresarles en esa parle d el servü:zo de las plazas, la aprenderán mucho
mejor por la prdcüca, á m edz'da que adelante la Ú'tSiruccz'ón ; pet·o lodo
eso n o / /e n e r daálm alguna con los debereJ más z'mporlanteJ del soldado, en
especz'al con l os que le son mds úzdúpensables, los d eberes del centinela.
El jef d compañía no debe olvidar ni un momento que en
la instruceión del soldado, principalmente en la primera instrucción,
t odo lo que es tiuítil es uocz'vo, porque sólo puede servir para
perturbar '1 e spíritu del soldado en lo que le es verdaderam
e nte n t cesario, siendo esto la causa d e que al empezar la instrucc
irSn d las obligaciones orrespondientes al servicio de guardia,
s e pre ocupe más el jefe d e lo que debe callar que de lo que
debe d e ·ir.
I Ó . Así, antes d e empe zar esa instrucción, d e be darse cuenta:
1.0
, d e lvs p á rrafos que d efin e n las obligaciones propiamente dichas
y de lo que arreglan e l ceremonial, es decir, los formalismos;
2. 0
, d e los párrafos que han de formar parte del cuadro de
ins trucción particular á cada individuo, según el rango que ocupe
en la <· )rnpai1ía. e subentiende que los oficiales y el sargento
prime ro J e b c n conocer todos los párrafos; pero hay ya una primera
eliminac ió n que hace r para los sargentos, después una segunda
para los cabos y soldados distinguidos, no conservando para el
. imple soldado más que los párrafos que le sean en absoluto necesarios
y qu deben ser perfectamente sabidos por todos los que
le son superiores en jerarquía.
Después de todo Jo anterior, será preciso limitarse estrictamente,
para la instrucción de los reclutas durante los primeros
tiempos, á los párrafos qu e definen los deberes del centinela. Pero
en cambio habrá que empleat· toda clase de esfuerzos para inculcárselos
á fondo á todos sz'n excepdlm. Sobre este punto no debe
admitirse que haya quien lo eluda por maligno ni por torpe;
porque si en un momento difícil da la casualidad de que á
un torpe. es decir, á un hombre cuya instrucción no se ha tomado
el trabajo de terminar, se le presenta una situación delicada é importante,
pueden resultar enormes desgracias, tanto más de lamen-
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26 Bolet{n M·ilitar
tar, cuanto no es imp::>sible adiestrar convenientemente á lodos
los reclutas, cuando se sabe proceder en la aplicación de los métodos.
17. Para alcanzar ese resultado es preciso siempre recurrir
al ejemplo y no limitarse nunca á explicaciones verbales. Aplicado
al servicio de guardia, el ejemplo se convierte, hablando con propiedad,
en una pru.eba.
Veamos cómo se puede proceder, y para ello supongamos
que un recluta cualquiera sepa explicar verbalmente todo lo que
debe hacer cuando está de facción : no dejar á nadie que le quite
el fusil; no obedecer á nadie en absoluto más que al que lo ha
colocado de centinela y al jefe del puesto; no aceptar regalos de
nadie; no aceptar consignas de nadie, etc. ¿Podemos tener la
conciencia tranquila respecto de él'? ¿Tenemos la prueba de que
conoce á fondo su obligación? Hemos comprobado que sabe explicarla,
pero no estaremos seguros respecto de él mientras que
no lo hayamos visto en la práctica. Pongámoslo á prueba, es decir,
en una situación embara:r.osa que pueda inducirle al olvido
de alguna de las obligaciones que enumera vet·balmente, y veamos
lo que hace.
Ejemplos: e toman algunos reclutas de los que conozcan las
obligaciones del servicio de guardia, y se les coloca de facción á
cierta distancia unos de otros, suponiendo que el ángulo del edificio
frente al cual se encuentren, representa la puerta del cuartel, la
de un almacén de pólvora, etc. O aproximáis á uno y os hace lo
honores: "¡Eh, amigo! ;, cómo tienes tú el fusil? Más á la derecha!
Ahora, más á la izquierda! Pero no es así! V é, así e pone ! ''
Y al mismo tiempo cogéis su fusil como si fuerais á enseñarle la
verdadera posición. i él cae en el lazo : "Cómo! Qué vergüenza 1
Un centinela que se deja arrebatar u fusil ~" El soldado quedará
muy confuso, y es seguro que no le volv rá á pasar un caso análogo.
Si al contrario, el oldado no se deja eno-añar: "Muy bien,
bravo! Ten, tóma para que bebas á mi salud!" i rehusa la
propina, perfectamente: es un hombre que sabe su deber. Pero
si la acepta : " Cómo? tú aceptas regalos estando de facción ! Qué
vergüenza ! "
Supongamos ahora que ~ e trata de un centinela colocado delante
de un polvorín. Os acercáis llevando n la boca un cigarro
encendido. i el hombre no os manda detener, ya comete una falta;
pero si os da la voz de alto, continuad andando como si n
6
o
hubierais oído, para obligarle á dar la voz con más imperio.
bien, decidle : "Cómo! á mí, al jefe de tu compañfa le prohibes
pasar!-" No se pasa!"-'' Vamos, hombre! Que no se pasa~ Y si
yo no te hago caso ?"-En este momento, generalmente, el centinela
se queda confuso, y cuesta bastante trabajo convencerlo de que
debe dar un tiro ó un bayonetazo á cualquiera que intente contravenir
la consigna. " Vamos, hiéreme si yo violo tu consi~na ; no
olvides nunca que cuando estás de facción, eres un sér sobrenatural,
que dominas á todo 1 mundo.·
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B oletfn Jlfz"lz'ta r
Si queréis aseguraros de que vuestros hombres se acuerdan
de que no han de obedecer más que al cabo del puesto, ordenad
en voz alta, al fin de esta instrucción, relevar los centinelas, pero
habiendo dispuesto de antemano que la operación la realice un
cabo distinto.
Se pueden inventar pruebas análogas correspondientes á cada
una de las obligaciones que 4:omprende el servicio de guardia, y
cada jefe de compañía tiene la libertad de combinarlas á su gusto.
Ese modo de obrar, yo hablo por experiencia, permite inculcar
al soldado la conciencia de sus deberes. Para gentes de corto,
alcances, recitar las teorías es emprender un camino malo, estéril
y lento; pero los ejemplos, los casos particulares, entran de prisa
en su espíritu y se graban fuertemente.
Todo el ceremonial del servicio de guardia debe ser practicado
bajo la dirección ·de los instructores y demostrado excluszz•amenle
por ejemplos; teniendo en cuenta que ni durante el período de
instrucción, ni durante las inspecciones hechas para comprobar los
resultados de esta enseñanza, deben exigirse respuestas verbales
sobre su objeto, porque el ceremonial es asunto solamente de forma
y de ejecución, y no hay necesidari de saber recitarlo. Se evita
así una pérdida de ti mpo, en beneficio de otro objeto realmente
necesario.
1 ' 1 INSTRU CION INDIVIDUAL Y PASO A LA INSTRUCCION RN F RACCIO .. 'ES
1
CO . 'STYTUIJ)AS
18. La in trucción para el empleo del fu il debe empezar por
los ejercicios preparatorios de tiro y el trabajo de la bayoneta, y
no por el manejo del arma. Aunque esa progresión en la in trucción
sea reglamentaria después de veinticinco año , hay aun hoy
más de un capitán de compañía que coloca en primer término el
manejo del arma.
19. Gz'nmasz"a. A fin de desarrollar la fuerza de resistencia
muscular y la destreza en un sentido verdaderamente práctico
para la guerra, es preciso que la enseñanza de la gimnasia en la
infantería, comprenda en primer lugar los ejercicios siguientes:
saltos en anchura y en profundidad; salto de barreras; marcha
sobre las vigas; ascenso y descenso rápidos por escalas altas y
rígidas. La mejor instalación de gimnasia para ejecutar esos ejercicios
es un atrincheramiento de tierra, de gran perfil, con talas y
pozos de lobo delante del frente, una empalizada sobre el camino
cubierto y otra en el fondo del foso. Una compañía cuyos hombres
están individualmente en estado de escalar una obra de esa clase,.
está preparada á salvar todos los obstáculos que pueda presentar
sobre el terreno el punto más fuerte. Sólo falta fundir
los elementos de esa compañía, enseñándole la manera de atacar
esa misma obra en masa y bien unida. Se ve que no hay mejor
procedimiento para encontrar todos los medios posibles para izarse
hasta el parapeto, ayudarse á pasar unos á otros, etc. Además,
con solo abrir los ojos los soldados se familiariza11 con todos los
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lJoletíu 1Vfilitar
detalles de la fortificación de campaña y aun de la semipermanente.
Las obras que realmente tendrán que asaltar, serán casi
siempre mucho más débiles que su ciudadela de ~imnasia.
Las tropas que están situadas en cuarteles, en ciudades donde
hay murallas antiguas ó en las inmediaciones de obras de· fortificación,
pueden completar los ejercicios precedentes fingien.:lo el
ataque de los cuarteles, muros y obras.
Como complemento indispensable del curso de gimnasia conviene
ejercitar marchas frecuentes, con equipo completo. Una infantería
marcha bien cuando está en estado de soportar jornadas
de 30 kilómetros durante muchos días seguidos, dejando muy pocos
rezagados. Pero para conseguir ese resultado es preciso observar
la prugresión más rigurosa en el aumento de la carga y de la duración
de la marcha. Conviene preparar el soldado desde la primavera,
de modo que esté en disposición de ejecutar todos los ejercicios
del período estival con carga completa.
20. Esgrhna. Para que los hombres se acostumbren á usar
la bayoneta con destreza sobre el campo de batalla, es nece ario
practicar lo siguiente:
En los ejercicios de esgrima contra un objetivo inanimado,
conceder atención especial á la fuerza y certeza de los golpes, es
decir, fijarse menos en la perfección de los movimientos de piernas
y de las paradas que en los golpes vigorosos y bien dirigidos
al punto marcado sobre los maniquís confeccionados con paja,
lana, etc. Los soldados deben herir con la bayoneta, sin dejar de
correr ni retrasar la velocidad en el momento del choque. Es la
única manera de desarrollar en ellos la costumbre de retirar prontamente
la bayoneta después del golp .
Como ejercicio de certeza es útil enseñarles á ensartar al
vuelo maniqu{es que se balancean al extremo de una cuerda.
En la esgrima entre dos, se debe tratar de conseguir como
objeto principal el ardor y la am'mación de la lucha hasta el limz"le extremo,
prescindiendo para ello de ejecutar literalmente la regla de
parar prúnero y lurir después, porque esta regla es buena para gentes
de temperamento tranquilo y que poseen e n el arte de la esgrima
mayor habilidad de la que podría obtenerse en la instrucción
del soldado. Este no logrará dar golpes en el campo de batalla
más que en el caso de haber aprendido que no debe pensar en
la propia defensa. Para que el golpe sea bueno, se debe mantener
el arma con las dos manos, no abandonándola completamente
con la mano izquierda, cuando se la empuja con la derecha.
Al mismo tiempo hay que explicar á Jos soldados que los procedimientos
empleados en un asalto entre dos, sólo son admisibles
en el campo de batalla para la lucha individual, pero no para el
choque de las masas, pues en ese caso sólo se debe pensar en dar
bayonetazos al frente, teniendo el arma bien cogida con ambas manos
y poniendo en el golpe toda su alma. Por eso es bueno hacer
ver este ejercicio á los soldados, colocándolos por pequeños grupos
frente á maniquíes.
En las instrucciones de esta clase es preciso no pedirles más
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Bolettn Jllililar
que una cosa : lanzarse con decisión desde la distancia señalada para
correr al asalto, y herir en seguida con la bayoneta recta ensartándola
hasta el mango. No hay para esta enseñanza reglas metódicas
y positivas que prescribir, pues introducir en este caso reglas de ese
género, sería probar que no se comprende la esencia de la cosa.
Sólo advertiremos que en este ejercicio debe darse atención muy
particular á que la bayoneta sea retirada rápülamente después de haber
henao.
21. Nota general para todos los e.ferddos. Las voces de mando
deben ser dadas con energía y de una manera clara, es decir,
bien articuladas, porque como indican el objeto propuesto, deben
ser bien oídas para que puedan ser bien comprendidas. La ejecución
corresponde al tono en que se manda. i la voz es débil, la
ejecución se hará con negligencia.
22. L~mgilud del paso. Durante los primeros ejercicios de marcha
no convien~:: preocuparse de la alineación, p!..les ante todo se
tratará de obtene·r un pas0 resuelto, y cuando se haya conseguido
ese resultado, la alineación vendrá por sí sola. Si, por el contrario,
se busca primero la alineacUn, se acorta el paso, sin notarlo, por
la sencilla ra.tón de que es más fácil alinearse marchando al paso
corto.
En otro tiempo, cuando las marchas en línea constituían la
preocupación dominante, se redujo en Rusia la longitud del paso
á tres cuartos de la usual, lo que dio lugar á ]a siguiente nota de
ouvaroff: "Se ha acortado el paso en un cuarto de su longitud,
y la consecuencia ha sido que cuando se busca al enemigo, sólo
se andan treinta verstas en vez de cuarenta."
2 3. Observaúones sobre las diferentes clases de 1/ro y su empleoDe
de la adopción de los fusiles de tiro rápi o, se ha hecho indispensable
que tod~ estén bien convencidos de la verdad del axioma:
" Pocos tiro·, pero que sean certeros." Partiendo de esto, se
debe en los ejercicios practicados en tiempo de paz, restringir en lo
posible las prácticas viciosas capaces de desarrollar en el soldado
la costumbre de apuntar con descuido y tirar con precipitación,
así como la creencia de que puede disponer de su fuego no sólo en
el orden abierto sino también á veces en el cerrado. En consecuencia,
conviene: 1. 0 Evitar el tiro con cartuchos sin bala, que
contribuye á enseñar al soldado á agitarse mucho, apuntar mal y
tirar precipitadamente *. 2. 0 Hacer que los jefes dirijan el fuego
en el orden cerrado, y también siempre que sea posible en el
orden abierto.
Esta última proposición es indiscutible para el orden cerrado,
pues en él debe poder el jefe, sin excepción alguna, disponer
de la elección del blanco, así como del momento oportuno para
tirar. La marcha de la instrucción debe contribuír á inculcarle al
soldado la convicción de que sólo los cobardes se apresuran á tirar,
• Este tiro sólo puede emplearse con ventaja: 1.0 Para acostumbrar los re.
clutas á las detonaciones; 2. 0 Para los ataques entrecruzados; 3. 0 Para las ma..
niobras de doble acción, con objeto de indicar la pesición ocupada por el de.
fensor.
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JO Boletfn Mzl·üar
y que todo soldado que se respe41 á sí mismo, tiene que esperar
siempre la voz de mando, pues el individuo que en orden cerrado
dispara sin esperarla, es reo del crimen de desobediencia á su jefe,
estando en formación.
En orden disperso, los jefes * no determinan siempre el momento
en que se ha de tirar; pero deben guz'ar á los tiradores para
la elección del objell'vo y ordenarles suspender el fuego todas las veces que
las ventajas probables no correspolldan al consumo de cartuchos necesarzo.
24. Para la dirección del fuego propondremos las indicaciones
siguientes:
Economizar los cartuchos-En orden cerrado, tirar siempre por
descargas, preferidas también en el orden disperso. A distancias superiores
á 800 pasos (rusos de o m 7 1) las descargas valen más que el
fuego individual, porque la dirección queda á los jefes, el humo no
molesta para tirar, y se puede observar el punto de caída de las
balas. Es preciso tirar tranquilamente, apuntando á un blanco determinado,
y ejecutarlo siempre con el mayor cuidado posible. La
rapidez del tiro, obtenida á expensas del cuidado que debe consagrarse
á la puntería y á disparar sin sacudidas, aumenta el gasto
de las municiones, disminuyendo las probabilidades de hacer blanco.
Los jefes de escuadra, en lugar de velar sobre los soldados,
para obtener que coloquen bien el alza, tiren con orden y tengan
en cuenta todas estas advertencias, se entregan algunas veces á una
agitación irrazonable, hacen mucho ruido pero no ven nada. Es
preciso enseñarles á desempeñar su cometido desde sa puesto, tranquilamente,
con buen sentido y sin lanzar gritos * *.
Son los primeros tiros los que producen impresión más profunda
sobre el adversario. Así, es necesario que sean muy certeros,
porque si no hacen blanco lo enardecen, pues cree que nuestro
fuego tiene poco valor.
25. Damos á continuación algunos datos aproximados respecto
á las 6iimensiones de los blancos sobre los cuales debe abrirse
el fuego individual según la distancia.
A 8oo pasos y distancias mayores, sobre masas.
De Soo á 300 pasos, sobre grupos de cuatro hombres, á lo
menos.
De 100 á 300 pasos, sobre grupos de hombres semicubiertos
ó sobre hombres aislados al descubierto.
• Hay que entender por jefes, sobre la cadena de tiradores, no sólo los oficiales
que mandan la tropa, sino también los sargentos y cabos que mandan
pelotones ó escuadrones.
u El of1cial casi nunca puede conservar la vigilancia inmeiiata del empleo
juicioso de los fuegos de la guerrilla. No debe preocuparse sino de una
cosa: de preparar, desde tiempo de paz, subordinados que se encarguen de la
ejecución de ese deber importante, y á los cuales indicará, sobre el campo de ba·
talla, los blancos á que con preferencia debe diri~irse el fuego. Se da esta ense.
ñanza, ordenándoles algunas veces, durante las sesiones de tiro, dirijan el fuego
no sobre todos los blancos (suponiendo que haya varios), sino sobre algunos de
ellos en particular.
•
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A partir de 300 pasos, sobre hombres aislados, aun acostados.
El jefe posee, sobre el campo de batalla, un medio muy sencillo
para impedir á los hombres tirar antes de que él lo crea conveniente,
y es quedarse de pie á van~uardia del frente, hasta el
momento en que se decida á romper el fuego, no retirándose hasta
que va á dar la voz de mando.
En las descargas á 300 pasos y distancias menores, debe apuntarse
siempre á los pies y ejercitar los soldados á que lo practiquen
así, dedicando á esto especial cuidado *.
Aun á todas las distancias es preferible apuntar al pie del
blanco, porque valen más los tiros de rebote que los demasiado
largos.
Debe evitarse siempre, sobre el campo de batalla: I . 0 Tirar por
descargas con muchas alzas, porque la dispersión de las balas es
suficiente sin eso; 2.0 El tiro de cartuchos contados y el rápido,
pore'lue una y otro degeneran fácilmente en tiroteos muy difíciles
de detener.
* -t- -
NoTAs-Por lo que ya se dijo, se ve que no vale la pena tirar
sobre hombres aislados á distancias mayores de 300 pasos.
Se ve también que los casos en que r.onviene emplear el fuego
de descargas á grandes distancias, se presentan pocas veces, y que
en general debe esperarse para hacerlo á que se encuentren fracciones
enemigas formada en orden cerrado, dentro de la distancia
señalada. Pero como una vez llegado á esa distancia, el jefe, que
conoce bien su deber, no se deja fusilar, y después de dos ó tres
descargas, marcha al asalto, lanzándose á la bayoneta, los momentos
de que dispone el defensor para sus descargas son muy
cortos y su fuego se limitará al ~asto de algunos cartuchos por
fusil.
Resutta de aquí que durante el primero, es decir, durante el
más largo período del combate, se presentarán pocas veces blancos
que permitan á la vez tiros certeros y rápidos, y que en el se-
• Aunque el alza está dispuesta sobre el fusil de modo que permita alcanzar
un hombre á 400 pasos, apuntándole á la cintura, se ha observado sobre
el campo de batalla qut! en el tiro á cortas distancias, la mayor parte de las balas
pasan por encima de la cabeza. Cualquiera que sea la razón de ese hecho, bien
provenga de que los hombres, al apuntar, traen su arma de arriba abajo y, faltos
de sangre fria, no esperan siempre que la línea de mira llegue á la horizontalidad,
bien que obedezca á otras causas, no deja de ser cierto que los que tienen
experiencia adquirida en los campos de batalla, acon ejan, en el tiro á cortas
distancias, renunciar al deseo de una precisión que resulta engañosa, y apuntar
constantemente á lo pies, á fin de dar á los brazos del soldado una costumbre
constante. Por lo demás, las balas que hieren el suelo delante del frente enemi.
go, á. causa de un gran descenso del fusil, pueden tocar de rebote, en tanto que
las que pasan sobre el adversario no alcanzan á nadie, ó, si por azar hieren en
alguna parte, no es donde había necesidad.
Procedimiento para enseñar á apuntar á los pies : colocar á 200 6 300 pasos
las dos mitades de la compañía frente á frente, y hacer apuntar, ó bien colocar
los soldados á la misma distancia de una censtrucción cualquiera, y hacerles
apuntar al pie.
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B olet{n M·ilüar
gundo período, por el contrario, habrá blancos numerosos, pero la
duración de esta faz del combate será solo de algunos instantes.
En consecuencia, es claro que un tiro eficaz, es decir, certero, no
podría ser rápido. Ese tiro tampoco podría ser ráptdo por la razón
sjguiente: sólo reteniendo el tiro entre ciertos límites de velocidad,
se puede conseguir que los hombres tengan un poco de aplomo y
se les impide acalorarse hasta el punto de tirar al azar. Hé ahí la
razón por la cual se vuelve siempre al aforismo " pocos tiros, pero
certeros," y que enseña el error que se comete al calificar el fusil
actual de arma de tiro rápido cuando sólo es un arma de carga
rápt'da.
Los jefes nunca deben olvidar que apresurándose á tocar sobre
blancos que no presenten grandes probabilidades de éxito,
arriesgan el quedarse sin municiones durante los momentos def
combate en que la suerte les presente ocasiones de disparar sobre
ellos á boca de jarro.
La experiencia de la guerra de 1877 ha inspirado á muchos
militares la convicción de que el fuego por descargas, en platabandas,
puede ofrecer serias ventajas, aun á las mayores distancias.
Los turcos tiraban sin apuntar; no tenían limitación de cartuchos,
puesto que nunca atacaban, y combatían en posiciones preparadas
de antemano, á donde las municiones se 11evaban con abundancia.
Si se tiene en cuenta, además, la falta de instrucción preliminar
de la mayoría, se llegará á comprender que su fuego era
sencillamente un tiroteo desordenado, que sería extraño convertir
en tema de instrucción, puesto que se producirá por sí solo en todo
ejército compuesto de reclutas.
Pero un ejército disciplinado é instruído no debe recurrir á
esos procedimientos, porque los soldados que lo forman estarán
imbuídos tle la convicción de que la eficacia del tiro depende de la
certeza y no de la velocidad, y que un cartucho tirado muy lejos,
al azar, es perdido para los momentos del combate en que se
puede contar con disparos á boca de jarro. Pueden presentarse
casos raros en extremo, en que el enemigo descubra reservas en
masa compacta, á distancias largas, pero comprendidas en la esfera
ele acción de los fuegos de infantería. ¿Por qué no enviarles algunas
descargas, si no tenemos otro blanco por el momento? Pero
eso no es una razón para incluír en la instrucción esa clase de fuegos;
el jefe mandará, tirarán los soldados y las balas caerán al
azar. Conviene, además, observar que los blancos de esa clase
pertenecen mejor á la artillería que á la infantería; y que si las
reservas del adversario aparecen á una distancia de I ,500 á 2,000
pasos, es porque su primera línea está ya frente á nosotros, tocándonos
casi, por lo que nuestra infantería de la línea de combate
tendrá bastante qué hacer con afrontarla para que pueda ocuparse
de las reservas.
Así, si se nos pregunta si el tiro en platabandas á gran distancia
es racional, sólo podremos contestar una cosa: que ese tiro es
racional si la provisión de cartuchos es inagotable y si el ejército
que la emplea es bastante ignorante para que no se pueda
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obtener de él .otra clase de fuegos, per-o que no hay fundamento:
alguno .para ver en ese género de tiro un nuevo elemento de la
t'ctica de los fuegos.-( Conhnúa).
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PJUNCIPIOS GENERALES DE ESTRATEGIA
Y DE TÁCTICA EN LAS PEQUEN4S GUEIUUispor
el Mayor C. E. Callwell, del Ejército inglés
TJLADUCCI6N DE ISIDORO LAVE:RDE AMA Y A-Cfmli,Úa
CAPITULO XI
TÁCTICA DE ATAQUE
l. La lácHca ofensz"va ts generalmente imperalt"va-En la mayorfa
de las pequeñas guerras las tropas regulares han adoptado generalmente,
y como era natural, la ofensiva sobrt! el campo de batalla.
El enemigo rehusa atacar : se confía en las ventajas de Ja
posición y en las defensas. naturales ó impro:visadas. Los mi~mos
Sikhs, la raza más aguernda con que ha temdo que combatir el
ejército inglés en Oriente, adoptaban de preferencia la defensiva,
bien que comprometidos en una campaña esencialmente ofensiva.
Pero aun cuando el enemigo no mostrase esta repugnancia natural
á tomar el papel de asaltante, el principio fundamental de
estas pequeña gu rras es atacar siempre, si es posible, al adversario.
Guerrero" deridido y fa.náti s, que combaten en masa y
adoptan la táctica de · hoqu , obligan algunas veces al ejército regular
á ponerse á. la defensiva, á marchar y á combatir en cuadro,
y á renunciar á las ventaja morales que procura el ataque; pero
estas condiciones son excepcionales.
En los capítulos precedentes se ha hablado de la grande importancia
que hay en hacer sentir al enemigo su inferioridad, de
la ventaja de una actitud de iniciativa sobre el terreno, del valor
del efecto moral. Un plan de campaña audaz y resuelto es la mejor
garantía de éxito final, y aun sobre el terreno este gran principio
se sostiene íntegramente, y la historia de las guerras pequ~
ñas lo confirma casi de modo evidente. Las victorias decisivas ganadas
por débiles cuerpos de tropas regulares sobre grandes masas
de bárbaros, como en Pla ley, en Isly y en ~lean ce, se deben
generalmente á la toma de la ofensiva atrevidamente. Este hecho
da al estudio de la táctica contra semejantes adversarios un interés
especial.
II. Es Üllporllznle lograr un é.xzlo decisiv• m el combate-Ya .se
ha puesto de manifiesto que el éxito decisivo en el combate es. m-.
cuestión importantísima del manejo de es.tas pequeñas guerras,._
Toda vez que es difícil suscitar el combate, y que el campo de batalla
es el desiderátum supremo, lácil es comprender que wur
TOllO I-J
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simple victoria no es suficiente, y que se hace preciso derrotar en
absoluto al enemigo ; de donde nace la necesidad de ataques envolventes
y de operaciones dirigidas contra la línea de retirada
del enemigo, conforme se ha tratado en el capítulo In •.
III. Preparadón por la artillería-Pero antes de hablar de esta
tan importante cuestión como es la dirección que debe darse al
ataque, y de los motivos que haya para escoger esa dirección, conviene
fijarse en los medios de preparación por la artillería, que desempeña
papel muy importante en la táctica moderna. Esta preparación
es interesante para el desarrollo de un combate, cualquiera
que sea la dirección del ataque.
La experiencia de recientes grandes campañas en Europa,
prueba que la preparación por la artillería es un principio esencial
del ataque en la guerra regular, un principio absoluto admitido
sin discusión por los tácticos, un principio igualmente verdadero
hasta cierto punto en las pequeñas guerras El primer deber de
la artillería en el combate es reducir al silencio la artillería adversa,
y el segundo es derribar á cañonazos la defensa del contrario
en el punto escogido para el ataque. En las pequeñas guerras generalmente
no hay necesidad de considerar sino la segunda faz de
la acción de la artillería. En efecto, i el enemigo posee cañones, rara
vez se sirve de ellos con ventaja. Así pues, en general en estas pequeñas
guerras la acción de la artillería se limita á abrir una brecha
en la línea de batalla del enemigo para dar paso á la infantería.
En ciertos casos, es e 1 prólogo indispensable del asalto.
IV. Cuándo y m dónde esta preparación no es vmlajosa-Pero
este prólogo no siempre es necesario, ni aun prudente. En todas
las guerras la artillería ejerce un grande efecto moral. Los Asiáticos
se pagan mucho de tener cañones. Guerreros irregula1·es
que pueden disponer de algunas piezas de campaña para su línea
de batalla, conceden grande importancia á esa artillería. Entre
tales adversarios esta es una característica de que pueden aprovecharse
las tropas regulares, como se verá más adelante. Mas la
cosa es que adversario que dispone éle cañones teme mucho el fuego
de la artillería. Hasta cuando no tiene cañones y no conoce la
artillería, el adversario se aterra cuando las granadas lo alcanzan.
Por esta razón un bombardeo preliminar tiPne por efecto, en ambos
casos, arrojar al enemigo de su posición y hacerlo huír antes
del desarrollo del ataque ; este es un resultado que no es codiciable.
Durante los ataques de los Franceses sobre Bacninh y sobre
Hu:· .~·-Hoa, en el Tonkín, en 1884, el fuego de la artillería causó
la rdirada de los Chinos, quienes no sufrieron sino pérdidas ligeras,
cuando hubiera sido muy conveniente haberks infligido una
sangrienta derrota. Algunas veces, por motivo especial, puede ser
ventajoso arrollar de este modo al adversario; pero, por regla
·general, al principio de una campaña es ciertamente una gran
.contrariedad que los guerreros irregulares abandonen sin lucha la
posición en donde se disponían á aceptar el combate.
• Esto confirma lo dicho entonces como objeción al autor-L. D.
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Bolet{n A-'f·ilt'tar 35
V. Objeciones-A veces la preparación por la artillería indica
.al enemigo e) punto de ataque, lo que no siempre es de de5ear ;
-esta preparación es naturalmente incompatible con toda idea de
sorpresa. La salida de Kandahar contra la. aldea de Deh-Koja,
en 1880, es de ello un ejemplo : una media hora de bombardeo no
..sirvió sino para alarmar á los Afganes, quienes acudieron en masa
de todos lados ha~ia el punto amenazado. Y esta primera objeción
no es tan importante como la segunda ; es á saber: que tal preparación
produce la huída del adversario sin que haya habido combate.
"El efecto de la artillería, dice Lord Wolseley, es absurda:..
mente insignificante contra un enemigo que no combate en masas
-ó siquiera en cuerpos organizados." * Esta observación se aplica
-naturalmente á los efectos materiales de la artiJlería, y no al efecto
moral. Las probabilidades de infligir una derrota decisiva á un
adversario tímido, pueden quedar destruidas por el envío prematuro
de algunos proyectiles poco ó nada mortíferos.
VI. Esta preparacibn. se impone cuando el enemigo está fuertenunle
atrincherado-Pero á veces la preparación por la artillería es indispensable.
Si el enemigo está fuertemente atrincherado y decidido
..á la lucha, un bombardeo preliminar puede ser útil. Cuando la sublevación
de la India, la artillería prestó grandes servicios abrien-
do paso á la infantería. Una maniobra muy ventajosa fue la de
enviar algunas piezas sobre los dos flancos, de modo de enfilar la
posición enemiga. Pero en esta campaña los rebeldes estaban bien
.armados y con frecuencia combatían con encarnizamiento. Si el
enemigo está atrincherado y si la resistencia que haya de oponer
parece que ha de ser considerable, urt bombardeo preliminar se
impone. Se podrían multiplicar los ejemplos de la necesidad de la
intervención de la artillería en semejantes casos á fin de abrir camino
á la infantería. Los puntos que deben servir de guía para la
decisión respecto de la preparación por la artillería, son : la natu:
raleza de la posición enemiga, el valor del enemigo y la cuestión
de saber si la toma misma de la posición ocupada por el enemigo
tiene por el momento más importancia que la de una simple
lección dada al adversario.
VII. Ejemplos de la neceszdad de la preparacz(m en la arlz1lería.La
falta de un bombardeo preliminar ha ocasionado algunas veces
resultados muy de lamentarse. El combate de Chillianwallah es
bien conocido t. En el combate de Wad Ras, cerca de Tetuán,
• Correcto aforismo aplicado á la mal organizada y peor servida artillería
i nglesa de montaña; pero enorme desatino táctico en otro caso-L. D.
t Chillianwallah es una aldea del Ungah, sobre la ribera izquierda del Sind
.de Thelum. El 13 de Enero de 1849 Lord Gough atacó imprudentemente, cerca
-de esta aldea, al ejército sikb mandado por el célebre Shere Sing, de quien el
autor ha hablado antes. Este ejército ocupaba una posición naturalmente fuerte,
~eforzada con trincheras provistas de numerosa artillería, y por delante de la
.cual se encontraba un bosque impenetrable. El ejército inglés, inclusa la brigada
-de caballería Popa y las dos divisiones de Sir Walter Silbah y de Sir Lolin
Camphell, avanzó valientemente, bien que algunos jefes se diesen cuenta de la
imprudencia de lanzar algunas débiles brigadas contra fuertes baterías y tropas
frescas del enemigo, apostadas en medio de una floresta virgen.
No hubo preparación por la artillería, y esta horrible carnicería (tenib!e
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Bolet{n Mt'!t'tar
'en I35g, los Españoles atacaron la aldea de Amsal sin prepara~~
ión previá por la artillería ; varias veces fueron rechazados, y no
la tomaron definitivamente sino después de sufrir muy grandes
(pérdidas. La falta de preparación por la artillería parece h ber
sido la causa principal de las grandes pérdidas que los Holandeses
experimentaron en sus ataques contra las trincheras de
~"Achin en 1873-74; la artillería habría sido muy eficaz contra es-
tas aldeas, y la prueba es que el Kratón de Kota Raja, la principal
fortaleza enemiga, fue abandonada después de un bombardeo.
Las guerras irregulares son quizá tan abundantes en esta clase
de ejemplos, como las grandes campañas de la historia. Parece
inútil decir que vale mucho más arrojar al enemigo de su posición
con el solo fuego de artillería, que sufrir un revés por falta de
bombardeo preliminar. La preparación por la artillería es en ocasiones
un acto esencial, y sólo cuando no es así surge la cuestión
de saber si esta preparación es ventajosa ó nó. *
VIII. Imporianda de la loma de la arh1lería mem(ga-Mientras
que tratamos del capítulo de la artillería, se puede hablar del principio
importante que se desprende de la táctica ofensiva : cuando
adversarios como aquellos contra los cuales tienen que Juchar las
tropas regulares en estas pequeñas guerras, llevan artillería al campo,
es muy ventajoso ponerle la mano á esa artillería. Ya se ha
hablado de la importancia considerable que estos guerreros irregulares
conceden á los cañones. Los Asiáticos se inclinan á medir
la fuerza de un ejército por el número de sus cañones. Es cierto
que el material de artillería de estos adversarios rara vez es formidable;
generalmente es anticuado, las municiones son malas, y
las usadas casi nunca dañan. No es, pues, tanto el concurso que
esa artillería presta al enemigo en el combate, lo que hace desear
que sea tomada pronto, cuanto el efecto moral que produce el quitársela.
Estos guerreros irregulares olvidan una derrota, pero no la
pérdida de su artillería. Un ejército de bárbaros que párte á la
guerra con un gran tren de artillería, símbolo del poder militar en
el pafs que atraviesa, y que vuelve sin sus cañones, trae, evidentemente,
las señales de la detrota. La artillería es un dije (playiit"ng)
para potentados medio ci-vilizados; los jefes tienen gran confianza
en ella, y los simples guerreros la consideran como una poderosa
máquina de destrucción. Cuando ven tomados sus cañones, pierden
toda esperanza de vencer; entonces llega el momento del sálvese
t¡uietr. pueda.
slaughtu), que habría evitado un jefe de sangre fría y más prudente que el bravo
· Lord Longh, comenzó por la derrota de la brigada Pope, y costó á los ingleses
89 oficiales y 2,357 hombres muertos y heridos; además seis piezas y cinco ban.
fieras quedaron en las manos de Shere Sing y de los Sikhs.
Por su lado, Shere Sing perdió 4¡000 hombres y 45 piezas enclavadas. t
(British batlu la11d «ud sea, by :James lgmnt, pág. 62)
*' El cañón es hoy elemento indispensable de combate-L. D.
t Entoneea no existfe.n eaiionérrde acero y retrocmrp -L. D.
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Boletín M -ilitar 37
Por lo demás, la artillería ·de . estos ejércitos no es difícil de
capturar. La. batería forma rara vez una unidad móvil. A los cañones
se les sube, no importa cómo, sobre la posición; una vez en
batería, no hay medio ninguno para quitarlos de ese lugar en el
momento que se quiera, cuando el asaltante dirige contra ellos un
ataque resuelto.
En todos los combates de la última guerra de Afganistán, ~n .
los cuales el enemigo poseía cañones, combates que fueron triunfos
para los Ingleses-Charasia, el Peiwar Kotal y Khandahar, por
ejemplo,-casi todos los cañones cayeron en poder de los Ingleses.
En la sublevación de la India los cañones de los rebeldes eran por
lo general defendidos bien y vigorosamente; pero rara vez logró el
enemigo retirarse con ellos, y varios pasaron á engrosar el botín
después de los triunfos de las arm~s inglesas á campo raso, y sin
embargo dicha artillería era formidable, y los rebeldes tenían, con
justa razón, mucha confianza en ella. Algunas de sus baterías de
campaña maniobraban admirablemente. Las grq.ndes pérdidas en
material de artillería que sufrieron los rebeldes provinieron sin
duda en parte de que estas piezas permanecían bravamente en acción
hasta el último momento. Esas pérdidas hicieron perder toda
confianza al enemigo, quien, al fin, combatía sin esperanza de
venc r.
En la guerra de China de 1 86o, la toma que los aliados hi- ..
cieron de muchas piezas en los dos combates librados durante la
marcha de Tientsín sobre Pekín-Shanhia wan y Palikao-produjo
grandísimo efecto moral en los contingentes chinos.
Buen ejemplo del efecto moral que produce la toma de la artillería,
es el incidente siguiente. En 1854los Khokandiers se reunieron
en gran número y bloquearon el fuerte Perowski, puesto
.avanzado de los Rusos sobre el Sir Daría. El comandante resolvió
dar un golpe vigoroso, y á este efecto envió las tropas de que
podía disponer á atacar inopinadamente al enemigo. Esta peque·
ña columna se encontró bien pronto en una situación crítica,
amenazada por todos ladps. Pero en la ejecucióQ de su movimien-
• to nvolvente, el enemigo había dejado su artillería sin protección;
lo que visto por el comandante ruso, le incitó á dirigir sobre las piezas
un impetuoso ataque. y se apoderó de ellas. E;l efecto fue inmediato.
Los Khakodiers se asustaron y huyeron en desorden, dejando
numerosos trofeos en las manos de la pequeña columna rusA-; su
derrota fue completa.
IX. Co11.jia~a que tienen los gufrreros irregulares en sus cañotusEs
interesante hacer notar que la artillería. ~s á menudo no sólo
causa de estorbo para guerreros irregulares, sino hasta un peligro
.evidente. La causa de Schamyl declinó desde el día en que élatJr
mentó su artille
Fuente:
Biblioteca Virtual Banco de la República
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Publicaciones periódicas