Saltar navegación e ir al contenido principal
Biblioteca digital de Bogotá
Logo BibloRed
Cargando contenido
¿Qué estás buscando?
  • Escribe palabras clave como el título de un contenido, un autor o un tema que te interese.

  • Búsqueda avanzada

Seleccionar

Contenidos y Experiencias Digitales

Filtrar

Formatos de Contenido
Tipo de colección
Género
Idioma
Derechos de uso

Selecciona contenidos según las condiciones legales para su uso y distribución.

Estás filtrando por

Cargando contenido

Se encontraron 16902 resultados en recursos

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 130

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 130

Por: | Fecha: 16/12/1899

A~O lii Bogotá, Didembre 16 de 1899 NUM.130 --~·~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DJR.tCTOR AD•HONOR.tM, FRANCISCO J. VERGARA y V. Coronel, Miembro de la Sociedad Coloml)iana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos loa Jefes y Oficiales del Ejército de la República OFICIAL (z 3 DE NOVIEMBRE) por el caal ee traspasan los sueldos de los finados General de Brigada Valerio Andrade U. y Coronel Heliorloro Piescbacón, á sua viudas reapectivas El Presidente de la República CONSIDERANDO Que el General Valerio Andrade y el Coronel Heliodoro Piescha­c6n murieron en servicio del Gobierno dejando sus familias en comple· to desamparo; y Que es deber del Gobierno aliviar la situaci6n de las familias de los que mueren defendiéndolo en los campos de batalla, DECRETA Artículo único. Desde el 1.0 de Diciembre del afio en curso las viudas del General Valerio Andrade U. y Coronel HeJiodoro Piescha­c6n disfrutarán del sueldo íntegro que les hubiere correspondido en vida, mientras se solicita del Congreso la recompensa á que puedan tener derecho. §. Estos sueldos se satisfarán en la Pagaduría Central de la Repú­blica. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ti78 :BOLETÍN MILITAR Dado en Anapoima, Departamento de Cundinamarca, á. 13 de Noviembre de 1 899. MANUEL A. SANCLEMENTE El Ministro de Gobierno, RAFAEL M. PALACio-El Subsecretario de Relaciones Exteriores, encargado del Despacho, ANTONIO GóMEZ REsTREPo-El Ministro de Hacienda, CARLOS CALDERÓN-El Ministro de Guerra, Josá $ANTos-El Ministro del Tesoro, RAFAEL ÜRTiz-El Ministro de Instrucción Pública, MARCO F. SuÁREZ. Rtpública de Colombia-Ejército nacional- Comandancia general d1 la s.• Divi.rión-Númtr() 6o-Ouartd general en Guataquisit(), N()fliembre J 1 dt I 899. Al Sr. Ministro de Guerra-Bogotá. En este lugar he tenido el honor de recibir la atenta nota de S. S., número 124, por la cual se digna participarme que por Decreto de+ de este mismo mes ha dispuesto nombrar Jefe de Operaciones en el Departamento de Santander y en el río Magdalena al Sr. General D. Edmundo Cervantes; y por la cual me exige S. S. que me ponga, con la División Je mi mando, á órdenes del Jefe mencionado, con el fin de formar el Ejército que haya de llevar á cabo tales operaciones de caro­pafia. De la manera más formal y honrosa me es altamente satisfactorio manifestar á S. S. que con la División que el Sr. Jefe Civil y Militar del Cauca tuvo á bien confiar á mi mando, me pondré en este punto á. órdenes del Sr. General D. Edmundo Cervantes, prometiendo á S. S. que contribuiré de la manera más decid1da y á la altura de mis alcan­ces á obtener el pronto restablecimiento del orden público y á debelar el núcleo revolucionario dondequiera que él se halle, y al sostenimien­to del Gobierno é instituciones de que es órgano y representante S. S. en las actuales circunstancias. Dios guarde á usted, JESÚs ZULUAGA --~·~-- EJERCICIOS Y MANIOBRAS DE INFANTERfA (Continuación) REGLAMENTO de los ejercicios y maniobras de las tropa• de infantería TITULO II ESCUELA DEL SOLDADO Reglas generales y división de la escuela del soldadt1 t. Reglas generales-Esta escuela es una de las bases funda­mentales de la educación militar del soldado: abarca la instruc ... Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 579 ción individual y la de la escuadra y debe enseñársela con sumo cuidado. 2 El instructor explica cada movimiento con pocas palabras, claras y precisas, y ejecuta él mismo el movimiento á fin de agre­gar el ejemplo al precepto. Acostumbrará al soldado á tomar de él mismo la posición explicada, no tocándolo para corregirla, sino cuando lo necesita la falta de inteligencia (del soldado). Sostiene su atención por un tono vivo, no lo demora demasiado tiempo en los mismos movimientos, y sólo de un modo progresivo exige pre­cisión y uniformidad. Permanece en una actitud siempre regular. 3· Hay dos especies de voces de mando: la voz preventiva y la voz ejecutiva. La voz preventiva (que está escrita en bastardilla) debe darse distintamente, en un tono más elevado y alargando un poco la sí­laba última. La voz ejecutiva debe darse en un tono firme y breve. Po­drán suprimirse en las voces ejecutivas las sílabas que siguen des­pués del acento. El instructor dejará siempre un intervalo suficiente entre la voz preventiva y la ejecutiva. 4· División de la escuela del soldado-Esta escuela está dividida en dos partes, y cada parte en dos capítulos. El primer capítulo de la primera parte contiene la instrucción individual del soldado sin arma y con_arma; el segundo capítulo contiene la instrucción del soldado en la escuadra formada en hi­leras cerradas. El primer capítulo de la segunda parte contiene la instrucción de la escuadra para el combate; el segundo capítulo contiene los ejercicios prácticos en toda clase de terreno. PRIMERA PARTS CAPITULO 1 INSTRUCCIÓN INDIVIDUAL Reglas g1nera/es Art. x.o Posición del soldado sin armas. Vista á la derecha y á la i-z.quierda. Movimientos para el desarrollo del cuerpo sin armas. Art. z.o Flanco derecho é izquierdo, semiderecho y semi­izquierdo. Media vuelta derecha. Art. 3.0 Principios de los diferentes pasos. Art. 4· 0 Movimientos para el desarrollo del cuerpo con ar­mas. Manejo del arma. Esgrima con la bayoneta. Art. 5. 0 Instrucción del tirador. Instrucción del tirador para c:.l combate. Inspección del arma. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~so BOLETÍN :MILt~AR CAPITULO II INSTRUCCIÓN DE LA ESCUADltA Reglas generales Art. 1.0 Principios de la alineación. Art. 2.0 Marcha en batalla, de frente y á retaguardia. Mar­cha diagonal. Hacer alto. Giros y variaciones. Rodilla en tierra y á tierra. Deshacer y volver á rehacer la formación. Art. 3·0 Marcha por los flancos y por cuatros. Marcha por dos y por uno y volver á formar por dos y por cuatros. Hacer alto y ponerse en batalla. Columna derecha é izquierda. Marcha dia­gonal. Estando en batalla seguir por cuatros en la misma direc­ción. Estando por cuatros seguir en batalla en la misma dirección. Art. 4· 0 Manejo del arma. Art. 5. 0 Adiestrar la escuadra. SEGUNDA PARTE CAPITULO I INSTRUCCIÓN DE LA .ESCUADl\A PARA EL COMBATE Reglas generales Art. 1°. Formaciones de la escuadra. Aumentar y disminuír los intervalos. Art. 2.0 Marchas. Art. 3.° Fuegos. Art. 4·° Formar y reunión. CAPITULO II INSTRUCCIÓN EN TERRENO VARIADO Reglas generales Art. 1.0 Uso del terreno. Art. 2.0 Método de instrucción práctica. PRIMERA PARTE CAPITULO I INSTRUCCIÓN INDIVIDUAL Reglas generales 5· El primer capítulo de la primera parte se enseña al me­nor número de soldados que sea posible. Estos hombres deben ser colocados en una sola fila según sus estaturas, de modo que cada uno toque con el brazo derecho el codo izquierdo de su vecino de la derecha, cuando éste pone el puño izquierdo sobre el cinturón Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 581 encima de la cadera; la muñeca rígida, la palma de la mano y las uñas hacia atrás: de esta suerte quedan á 12 centímetros uno de otro~ Los hombres se numeran siempre de la derecha hacia la iz­quierda; después de dar media vuelta, cada hombre conserva el mismo número que antes, y la fila se encuentra entonces nume­rada momentáneamente de izquierda á derecha. Los artículos 2.o y 3.0 se ejecutan primeramente sin arma y después con arma. A las clases y los antiguos soldados encargados de la instruc­ción individual se les llama instructores. El trabajo in di vi dual se hace practicar á los soldados nuevos desde los primeros ejercicios. El instructor ejecuta primeramente y sin explicación los movimientos que deben imitarse; los hom­bres se ejercitan solos, sin voz de mando y sin observarse los unos á los otros. El instructor observa sucesivamente á cada soldado y recti­fica las faltas; vigila también la posición y la actitud del indi­viduo. La maniobra con voz de mando no empieza sino cuando los soldados nuevos ejecuten los movimientos sin vacilación. La ejecución de cada voz de mando contiene varios movi­mientos, á fin de hacer comprender mejor el mecanismo de ellos á los soldados. La última sílaba de la voz de mando indica la ejecución rápida y viva del primer movimiento; las voces dos, tres, las de los demás movimientos. Después los movimientos serán enseñados sin números. En todos .los movimientos con arma, ésta se llevará siem­pre en el seguro. Cuando el instructor quiera hacer empezar el ejercicio, man­dará: Escuadra, firmes. A la voz ejecutiva el soldado fija su atención y toma la posi­ción del soldado sin arma ó la <:le descansen armas. 6. Art. 1. 0 Posición del soldado sin arma-Los talones en una misma línea y unidos, siempre que lo permita la configuración del soldado; las puntas de los pies vueltas igualmente hacia afuera, formando con ellas un ángulo algo menor que el recto; las piernas tendidas sin hacer fuerza; el peso del cuerpo á plomo sobre las caderas, y el pecho un poco inclinado adelante; los hombros á una misma altura; los brazos colgados con naturalidad; las palmas de las manos vueltas ligeramente hacia adelante, los dedos extendidos y unidos, los dedos pequeños tocando atrás la franja del pantalón; la cabeza alta y recta sin esfuerzo; los ojos dirigidos hacia el frente. 7· Para hacer descansar, el instructor mandará: descanso. A esta voz, el soldado pe1 manecerá en su lugar, pero no es­tará obligado á conservar la posición ni á guardar inmovilidad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLETÍN MILITA..B 8. Movimientos de cabeza á derecha é izquierda-El instruc­tor mandará: Y.ista á la derecha (ó izquierda), Derecha (ó izquierda). A esta voz cada cual se volverá ligeramente hacia la derecha (ó izquierda), sin precipitar el movimiento, sin cambiar la posición de los hombros, de modo que vea la línea de los ojos y des­cubra un poco el pecho del ::,egundo hombre de la fila que está ó se supone que esté hacia la derecha (ó izquierda). A la voz Fir­mes, la cabeza y la vista recobrarán su primitiva posición. 9· Ejercicios sin arma para el desarrollo y agilidad dtl cuerp~ Véase el apéndice número 1.•. 10. Art. 2.° Flancos-El instrw:tor mandará: }lanco derecho (ó izquierdo). A la derecha (ó izquierda). A la voz ejecutiva se Jevantará ligeramente el pie derecho, se hará frente á la derecha girando una cuarta parte de círculo sobre el talón izquierdo, con la punta del pie ligeramente levanta­da; después se volverá á colocar el talón derecho al lado del iz­quierdo y en la misma línea de éste. Los flancos izquierdos se ejecutan sobre el mismo talón que los derechm•. 1 1. Semijiancos-El instructor mandará: Medio flanco á la derecha (ó izquierda), A la derecha (ó izquierda). A la voz ejecutiva el movimiento será ejecutado lo mismo que el precedente, pero el soldado no girará sino una octava parte del círculo. 12. Medias vueltas-El instructor mandará: Media 'Uuelta á la derecha. Primer movimiento -A la voz ejecutiva se hará frente á la semiderecha, girando sobre el talón izquierdo, y se colocará el pie derecho detrás, de modo que forme con el izquierdo un ángulo recto, y que el medio del pie derecho quede enfrente del talón iz­quierdo y á distancia de 10 centímetros. Segundo movimiento- A la voz dos se girará sobre ambos ta­lones, levantando la punta de los pies ligeramente, las piernas ten­didas, se hará frente atrás y después se colocorá el talón derecho al lado del izquierdo y en una misma línea. 13. Cuando el soldado esté con arma, estos movimientos (flan­cos, medios flancos, media vuelta) serán ejecutados en la posición de tercien ó en la de descansen; en este caso levantará ligeramente el soldado su rifle con la mano derecha, que apoyará en la cadera. 14. Art. 3. 0 Prin(ipios de los diferentes pasos-Paso redobla­do- La longitud del paso redoblado es de 72 centímetros, medidos de talón á talón, y el compás de marcha á razón de 120 pasos por minuto. 1 5· Colocado á diez ó doce pasos adelante de los soldados y frente á ellos, el instructor explicará el mecanismo del paso; lo ejecutará él mismo; después mandará: De frente, marclun. A la voz preventiva se cargará el cuerpo sobre h pierna de­recha y hacia adelante, sin doblar las rodillas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR A la voz marchen, se llevará el pie izquierdo 72 centímetros adelante del pie derecho, la punta del pie ligeramente vuelta hacia afuera, el talón derecho levantado, todo el peso del cuerpo descan­sando sobre el pie que esté sentado. Después moverá el soldado el pie derecho hacia adelante, la planta del pie cerca del suelo, se sentará el pie á la misma distancia y de la mism.:. manera que ha sido explicado para el pie izquierdo, y se continuará la marcha de este modo, cuidando de no cruzar las piernas ni cambiar la direc.: ción de los hombros, permitiendo el balanceo natural de los bra­zos y manteniendo siempre la cabeza recta hacia el frente. r6. Para suspender la marcha el instructor mandará: Escua­dra, alto. A la voz alto, el soldado sentará el pie que está levantado, á 72 centímetros adelante, y colocará el que está atrás al lado del otro. r 7. Con el fin de dar al mecanismo del paso toda la regula­ridad y toda la preciiión que conviene, cuidará el instructor de que: 1.0 , el peso del cuerpo se cargue sobre el pie que esté acle­ante; 2.0 , el talón del otro pie se levante á tiempo para facilitar ste movimiento; 3.o, la cabeza permanezca alta, el cuerpo sin i nclinarlo á la derecha ni á la izquierda. 18. El instructor indica sólo de tiempo en tiempo el compás por las voces uno, cuando se sienta el pie izquierdo, y dos, cuando es el derecho. 19. Paso atrás-Estando el soldado á pie firme, el instructor mandará: Paso atrás, marchm. A la voz marchen se llevará con viveza el pie izquierdo ha­cia atrás á 35 centímetros, medidos de talón á talón, y así sucesi­vramente hasta la voz Escuadra, alto. A la voz alto d soldado se detiene llevando el pie que esté delante al lado del otro. 20. El instructor cuidará de que el soldado se dirija recta­nnente hacia atrás, con las piernas tendidas, y de que el aplomo atsÍ como la posición del cuerpo sean siempre conservados. El com­I? ás de e te paso es el mismo que el del paso redoblado. (e 11/t i 11ttt1r á) CAMPAÑA EN EL RIO MAGD.ALE NA Primera parte-Documentos a DIARIO DE OPERACIONES Octubre 20-En Barranquilla. A las 3 a. m. fui llamado por ell Sr. Comandante General de la 3·a División del Ejército con el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT XB objeto de informarme, como amigo del Gobierno, que en las últi­mas horas del día anterior se había alzado en armas el radicalismo llevándose la draga Cristóbal Colón y hundiendo en el caño la draga Ayacucho con el propósito de impedir la salida del cañonero Hér­cules. En seguida me trasladé al lugar en donde s~ encontraba hun­dida la draga Ayacucho, obstáculo que en concepto de varios inge­nieros extranjeros no podía ser removido sino mediante una labor complicada que requería tiempo y materiales adecuados, y procedí á estudiar Jos medios que debí::t emplear para dejar expedita la vía obstruída, teniendo en cuenta la urgencia que había en abreviar el tiempo. El Sr. Comandante General ele la 3.• División del Ejérci­to, á solicitud mía, dispuso que el cañonero Hérculn se pusiera á á mis órdenes; y en efecto, empleando la fuerza mecánica de e : a nave y con espías debidamente colocados, que obraban movidos por el cabrestante, conseguí, después de dos horas de rudo trabajo, que la draga Ayacucho quedara en posición vertical en vez de la horizontal en que la habían hundido los facciosos. Al comenzar esa operación hice saber al Sr. Comandante General que en pocas ho­ras e~taría el caño en posibilidad de ser transitado por los buques. En la mañana de este día recibí el nombramiento de Coman­dante General de la flotilla de guerra, que acepté, y en seguida dispuse lo conveniente para salir en operaciones con el buque Co­~ mbia y el cañonero Hércules, situando en éste 1 t Comandancia General. A bordo del Colombia se embarcaron cincuenta indivi­duos de tropa al mando del Capitán Matéus, y en el Hircules ochenta comandados J>or el Capitán José T. Silva. A la!' 4 y 30 p. m., convenientemente preparado, ordené la marcha del Hércules, quedando el Colombia listo para salir al man­do del General Ignacio Folíaco. En las últimas horas de este día arrimó el Hércules á los puertos de Piñón y Cerro de San Antonio para tomar combustible é informarme de la marcha que llevaba el enemigo y las operaciones que éste había verificado. Día 21--A las 3 y 25 a. m. llegó el Hércules á Calamar. En este puerto tuve conocimiento de haber llegado aquí la draga Cristóbal Colón en la tarde del día de ayer y seguido viaje inmedia­tamente hacia arriba; y me persuadí de que los buques de la Com­pañía fluvial, á excepción de la lancha }lora, aquí amarrados, habían sido inutilizados por los revolucionarios que marcharon en la draga. Destrozado el telégrafo nacional, hice uso de la línea del ferrocarril para entenderme con el Jefe Civil y Militar del De­partamento, á quien di cuenta de todo lo ocurrido en Barranqui­lla, de lo que se sabía del Departamento del Magdalena y de las oportunas providencias que había tomado el Comandante gf!neral de la 3·· División del Ejército. A las 5 y 35 a. m. dispuse em­prender marcha, aunque á esa hora no había llegado todavía el Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 585 El Hércules arrimó á Heredia á las 7 a. m., y en este puerto he sabido, por persona amiga y d~ absoluta confianza, que los re­beldes han llegado á formar una flotilla c0mpuesta de la draga Cristóbal Colón y de los buques Barranquilla, Cimeros, Gieseken, Eltna, Magdalena, Elbers y Antioquia. En vista de esto y habien­do tenido conocimiento de que los pa >aj e ros que conducían esos buques aún permanecían á bordo, resolví contramarchar hasta en­contrar en Calamar el Colombia, acelerar su marcha y darle cuenta al Sr. Comandante general de la 3.a División del Ejército y al Jefe Civil y Militar del Departamento. A las 9 a. m. de este d1a hice reunir la oficialidad del Hércules en el salón, á efecto de leerle el plan de ataque y defensa que figura en la Orden general del día de ayer. También hice reunir la tripulación del buque, á quien se le leyó la misma Orden, y á cada uno particularmente se le ins­truyó detenidamente de los deberes que les corresponde llenar en caso de combate. A las 10 y 5 a. m. llegamos á Calamar. Aquí encontré el C()lombia. Penetrado de que este buque está todavía sin blindaje y en vista de la necesidad de batir á lo5 revolucionarios antes de que lleguen á Puerto nacional, necesidad que tiene el carácter de urgente, dada la circunstancia de saberse que en aquel puerto deben tomar fuerzas y elementos de guerra, compré al Sr. Antonio Llach una pieza de tela negra para simular blindaje en el C,lombia, orden que no fue cumplida. A las I 1 a. m. despaché el Flora, que tomé para buque aviso en la Compañía Fluvial, con pliegos para el Sr. Comandante de la 3·a División del Ej é rcito. A las 12 m. llegaron dos compañías del Batallón Teneri(e, al mo.ndo del Teni e nte Coronel Rubén Ba- . rón, que puso á mis órdenes el Jefe Civil y Militar del Departa­mento. Por falta de capacidad en el cañonero Hércules dispuse que esas fuerzas entraran á aumentar la guarnición del Colsmbia, por tener ese buque más capacidad. Indiqué al Sr. General Elías Ro­dríguez se trasladara al buque últimam e nte mencionado y exami­nara las piezas de artillería con que cuenta esa nave. El Sr. Ge­neral Rodríguez objetó al General .Folíaco la colocación del ca1íón Hotchkiss de proa. En esos momentos pasé á bordo del Co­lombia, y encontré que realmente el caííón montado sobre el trípo­de no podía en ningún caso resistir el primer tiro sin ser desmon­tado, y así lo manifesté. En consecuencia, para probar la razón que teníamos el General Rodríguez y yo de lo que sosteníamos, dispuse se hiciera un tiro. Los resultados no se hicieron esperar ; el cañón se vino abajo con el trípode, y golpeó al Timonel Pedro de la Rosa y al General Folíaco en una mano. Indiqué inmedia­tamente al General .Folíaco la necesidad de montar el cañón sobre la cureña, toda vez que no podía asegurarse convenientemente el mencionado trípode sobre la cubierta del buque, por ser ésta muy delgada. El General Folíaco insistió en dejar el cañón en el trípo­de, asegurándolo con unos tornillos en la cubierta. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 586 BOLETÍN MILITAR Copia de la Orden general que determina el plan de ataque y defensa puso en manos del Comandante del Colombia el Ayudante de la Comandancia general, Capitán Diógenes A. Reyes. El resto de este día se empleó en blindar el Colombia, para lo cual hubo necesidad de tomar algunas balas de tabaco en la bode­ga de la Compañía Fluvial, previas las formalidades legales. El anterior Capitán del Hércults, Sr. Salomé Martínez, ha­bía colocado el blindaje de defensa de los prácticos en la parte in­ferior de la casilla, de tal manera que las maniobras del buque, en caso de combate, debían verificarse colocándose los prácticos en ese lugar. Convencido del mal resultado que, llegado el caso, daría la mencionada innovación, ordené se procediera inmediatamente á colocar el blindaje en la parte superior de la casilla, prescindien­do en absoluto de la anterior disposición. En efecto, esa misma no­che quedó debidamente arreglado todo así. Pernoctámos en la bo­dega de la Compañía Fluvial, al lado del Carolina. Día 22-0rdené la marcha de la flotilla, y á las 5 y 25 a. m. zarparon el Hércules y el Colombia, siguiendo éste á retaguardia de aquél. A las 6 y 55 a. m. arrimámos frente á Buenavista, y á laa 1 1 y 5 a. m. á Heredia. En esos puertos se tomó combustible y á la vez adquirí informes del enemigo y restablecí á las autoridades legítimas. A las 4 y 5 p. m. llegué á Tenerife. En este puerto dis­puse lo conveniente para organizar el servicio de posta y di ins­trucciones al Jefe Civil y Militar para que procediera á tomar todas las medidas necesarias para garantizar la tranquilidad en la población. A las 8 y ro p. m. Hegó la flotilla á Zambrano. Por hallarse enfermo el telegrafista titular de esta población, y por ser de urgen­te necesidad la comunicación telegráfica, nombré telegrafista ac­cidental al Sr. Alberto Peña, quien en seguida asumió las funcio­ciones de tal. Autoricé al Sr. Luis M. Mulfort para que suministre al Jefe Civil y Militar del Distrito, los fondos necesarios para la reparación de la línea telegráfica, fondos que, en la nota respecti­va, le advertí le serían cubiertos por el Gobierno nacional; y para mayor eguridad, le manife~té que asumía personalmente la res­ponsabilidad. Por telégrafo ordené al Jefe Civil y Militar del Car­men procediera á hacer restablecer la línea telegráfica en su juris­dicción. De todo esto di cuenta á la Comandancia general de la 3: División del Ejército y al Sr. Jefe Civil y Militar del Depar­tamento. Atraca~o en este puerto, llegó el vapor Colombia á las 1 o p. m. y siguió marcha, contraviniendo el Comandante de ese buque la orden que le había dado de no tomar en ningún caso la van­guardia. Informado aquí de que los pasajeros que llevaban los bu­ques enemigos se habían quedado en este puerto, dispuse acelerar la marcha. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR li87 Día 23-A las 2 y 15 a. m. zarpó el Hérculu de Zambrano y llegámos á las 4 a. m. á Yatí. En este puerto encontré el Co­lombia. Emprendimos marcha en seguida. La flotilla llegó á Magangué á las 4 y 50 a. m. Hice colo­car en la ribera de este puerto y desplegados en línea de batalla 40 individuos de tropa al mando del Capitán Silva. Encontré á esta población sin autoridad legítima, no obstante haber sido aban­donada por los revolucionarios, que dejaron en Ji bertad al Prefecto de la Provincia, Sr. Antonio López. Encontré destrozada la línea telegráfica. Los Sres. Enrique C. Parias y Luis del Valle, ex-Contadores de los buques Elbers y Gieseken, que cayeron en poder de los ene­migos, me ofrecieron en esta población sus servicios, y les di de alta en calidad de Ayudantes de la Comandancia general, asimi­lados á Ca pi tan es para los efectos fiscales. Hice comprar las medicinas necesarias para la floti1la, y á las 6 y 35 a. m. ordené la marcha. Después de haber atracado la flo­tilla en el curso del día, para tomar combustible, en los puertos de Madrid, El Retiro y Guayabal, llegámos á las 9 y 20 p. m., arriba de Los Cerritos. Dispuse pernoctar aquí. Día 24-0rdené seguir marcha á las 3 a. m. y, arrimámos á Las Bonitas á las 6 y 20 a. m.~ para tomar combustible. A las 8 y 20 a. m. llegámos al Banco. Este puert.:> había sido abandonado por los revolucionarios; encontré destrozada la línea telegráfica y la población sin autoridad legítima. La necesidad de marchar á toda máquina no me permitió dictar providencias tendientes á res­tablecer el telegrafo y constituír aut<.tridad que diera garantías á los asociados. Se arrimó á la H umarcda á las 9 y 40 a. m. para tomar combustible, y á las 12 y 25 p. m. se arrimó á Puerto Cor­tissoz para embarcar á los señores Flórez y Santiago de la Rosa, amigos del Gobierno, que espontáneamente ofrecieron sus servi­cios como Prácticos. A la~ 5 y 30 p. m. hice devolver el cañonero Hércuüs debido á la señal de auxilio que daba el Colombia. Al llegar al lado de este buque, que estaba fondeado frente á Caimita!, me informó su Comandante que había sufrido un daño la máqui­na. Ordené la reparación del Golombia é hice amarr?r el Hirculu hasta que aquél estuviera en estado de poder continuar marcha. Atracado en este puerto y considerando que en caso de que el enemigo estuviera en Puerto Nacional no sería conveniente se apercibiera de la aproximación de los buques que componen la flotilla de mi mando, dispuse que desde esa hora (7 de la noche) se suspendieran los toques de ordenanza y las señales reglamentarias. Con no poca sorpresa noté que el vapor Colombia, atracado en la misma ladera y á una distancia de 200 metros del buque de la Comandancia general, y sin tener en cuenta las más triviales reglas de estrategia militar, dio los toques de ordenanza y las señales de costumbre. Acto continuo se ordenó la marcha y se atracó á los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 588 BOLETÍN MILITAR Obispos, para tomar informes del enemigo en una casita que está situada en esa ladera. En los precisos momentos de salir de este puerto (á las 11 y JO p. m.), se oyeror-1 simultáneamente los pita­zos de los buques enemigos, y en el acto quedaron las dos escua­dras frente á frente. Dispuse se levantara á 200 libras la presión, usando carbón mineral, y se empeñó la batalla. El parte detallado de esa acción de armas se encuentra en el libro respectivo. Día 25-A la I y JO a. m. terminó el combate. Los revolu­cionarios habían sido completament~ vencidos; el Elbers, Barran­quilla, Elena y Cisneros quedaron á la retaguardia del Hércules, sin máquina y sin gobierno; la draga Cristóbal Colón completa­mente hundida; el Gieseken, no aceptó combate y siguió aguas arriba, y el Antioquia, á toda velocidad bajó sin entrar en bata­lla. Preocupado con la suerte del Colombia, que desde el principio observé no seguía con la rapidez del Hércuüs, persuadiclo de que era imposible dar caza al Gieseken, y habiendo cesado ya los fuegos, dispu:;e, al llegar á Gamarra, en donde terminó la batalla, contra­marchar para enterarme de lo ocurrido al otro buque de la flotilla á mi mando. A las 2 y 20 a. m. llegué al lado del C?lombia, que estaba anclado frente á los Obispos, debido á la descomposición que sufrió su máquina, en los precisos momentos en que comenzó el combate, según me informó el Comandante de ese buque. Los vapores Elena y Cisneros, que habían sido arrastrados por la co­rriente, tropezaron con el Colombia y se hallaban arrimados á la ladera, á cuatrocientos m tros del buque últimamente menciona­do. Dispuse la composición de la máquina del Colombia y situé el Hércules en po~ición que pudiera dominar los vapores de la flotilla enemiga, aun cuando ya despedazados y sin fuerza motriz. A las 6 a. m. hice arrimar el Hércules cerca de los buques Elena y Cisne­ros, y despué de reconocer los muertos r heridos, tomar los pri­sioneros y recoger lo elementos de guerra que se determinan en otra p:lrte, salí m os á las 7 p. m. para veri úcar la mi m a operación en los vapores Barranquilfa y Elbers. A las 1 o y 20 a. m. arrimó el Hércu/,:s otra vez al Oo!?mbia. Pude persuadirme de que el Co­mandante no había dado cumplimiento á la orden de colocar el ca­ñón sobre la cureña, lo que dio lugar á que se desmontara al hacer el primer disparo. Dispuse lo conveniente para activar la compo­sición de la máquina del Colombia, y ordene al General Folíaco hicit!ra dar sepultura á los muertos en la ladera de Santander. Or­dene que el Elbers, que había quedado en posibilidad de navegar, bajara remolcando al Barranquilla, y nombré para Comandante de aquel buque al General Santiago M. Alvarez, rescatado en el combate; que el Colombia remolcara al Elena, y el Hércules tomó al Oisneros, y con este buque á remolque emprendimos marcha hacia abajo á las 12 y JO p. m. A las 2 y 5 p. m. se arrimó •á Puerto Cortissoz para tomar combustible. Dispuse pernoctar en este puerto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .BOLETÍN MILITAR 589 Día 26-A las 2 y 10 a. m., como no parecía el vapor Colom­bia, dispuse contramarchar dejando el Oisneros al cuidado de una escolta mandada por un oficial. A las 3 y 15 a. m., hora en que se divisó el Colombia, contramarché, el Hércul~s tomó nuevamente al Cimeros, y salímos de Puerto Cortissoz á las 4 y 30 a. m. A las 5 y 15 a. m. se alcanzó á ver al Flora, y como no correspondió á las señales de buque amigo, que por repetidas ve es le hice dar, dejé anclado en la mitad del río al Cimeros, custodiado por un oficial y un soldado, y seguí en persecución del Flora. Alcancé á este buque á las 5 y 45 a. m., me persuadí de que era amigo, re­cibí un pliego del Jefe Civil y Militar del Departamento de Bo­lívar, y dispuse que el Flora subiera á colocarse al lado del Cisne­ros. A las 7 y 20 a. m. llegué al Banco, en donde encontré al Colombia, que de mi orden se adelantó en los momentos en que llegó el Hércules al lado del Flora. A las 8 a. m. emprendimos marcha. A las 2 y 30 p. m. se divisó el Antioquia, que subía. Le hice dar las señales del caso, que no correspondió, sino viró proa y mar­chó aguas abajo, hasta reunirse en el Retiro con los vapores Bís­marck y Manuela Aycardi, que con el Antioquia se colocaron en acti­tud de combate. Volví á dar )a señal de alto, que fue correspondida, y dispuse ponerme á la voz con dichos buques, cuando me persua­dí de que eran amigos. El Coronel Aurelio de Castro, Comandan­te de la flotilla de retaguardia, había tomado el Antioquia, que se puso en fuga la noche del combate de Gamarra, lo hizo armar en guerra, y con esos tres buques se puso á mis órdenes. Ordené al Comandante del Aycardi subiera hasta encontrar al Oisneros, lo tomara á remolque y bajara con él. Inmediatamente ordené mar­char, siguiendo el Antioquia y el Bísmarck á retaguar.lia del Hér­cules. LJegámos á Zambrano á las 6 y 15 p. m. Después de in­formar por telégrafo al Comandante general de la 3·a División del Ejército y al Tefe Civil y Militar del Departamento del triunfo obtenido en Gamarra, emprendí marcha á las 6 y 30 p. m. A las 8 y 30 p. m. encontré por Santamartica al buque Miguel Samper, que siguió de mi orden á retaguardia. A Calamar llegámos á las 10 y 25 p. m., despué¡ fueron lle­gando sucesivamente los vapores Samper, Bísmarck y Antioquia. Dispuse que el Samper subiera hasta encontrar el O;lombia, á efec­to de que tomara las fuerzas que comanda el Coronel Rubén Va­ron, y bajara con ellas á la mayor brevedad, para que pudieran se­guir viaje esas tropa á Cartagena á ponerse á la disposición del Jefe Civil y l'vlilitar del De¡Jartamento, que por repetidas veces me las había pedido con el carácter de urgente. De acuerdo con el Jefe Civil y Militar del Departamento dejé en este puerto, debidamente custodiados, los prisioneros to­mados en el combate de Gamarra, para que sean conducidos á Car~ tagena. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 591 Día 2 7-A las 8 y I o a. m. ordené la marcha. A las 1 o y 30 a. m. encont .. é el J7igilante, descompuesto, abajo de Remolino. Dispuse lo conveniente para que bajara remolcado por alguno de los buques de retaguardia. A las 12 m. encontré el Zea frente á Barranquilla, y en este puerto fondeámos á las 12 y 45 p. m. El General, Comandante general de la flotilla de guerra, D. A. DE CASTRO ••• SECCION DOCTBIN AL (traducido clel Reglamento alemán aobre servicio en campaña) Toda tropa que se encuentra á proximidad del enemigo, debe ro­dearse del respectivo urvicio de uguridad. La fracción encargada de preservar de una sorpresa á la tropa que cubre, tiene al mismo tiempo la misión de darle tiempo de tomar las armas y prepararse para la lu­cha en caso necesario. De lo dicho resulta gue toda tropa debe organi­zar un servicio de reconocimientos á corta distancia, aun en el caso de que á vanguardia fuerzas de caballería desempeñen el de exploración á gran distancia. Para fijar el efectivo gue debe prestar este servicio, es preciso te­ner en cuenta que su misión es en extremo fatigosa, por lo cual con­Tiene reducirlo al mínimum estrictamente necesario. El fraccionamiento de la tropa encargada de la vigilancia en e uesti6n, es variable, pero se hará siempre sujetándose al siguiente principio: los grupos serán tanto menos fuertes cuanto más c:e alejen del grueso ó cuerpo principal. Todo cuerpo de tropas alcanza el fin indicado, escalonando unas tras otras las fracciones que deben cubrirlo, las que así resultan tanto más débiles cuanto más se aproximan al enemigo. Los cuerpos pequeño• se cubren simplemente por medio de piquetes y de centinelas. I .• Servido de seguridad m marcha-De ordinario las tropas en marcha ocupan una gran profundidad y se ven reducidas á moverse por los caminos, por lo cual necesitan un cierto tiempo para desplegarse, ó sea para formarse en orden de combate. Las diversas fracciones encarga­das del servicio de seguridad, tienen, de consiguiente, por misión, pro­curar esetiempo á la columna y aventar á la vez los obstáculos de poca importancia, á fin de que la marcha de la fuerza no sea interrumpida por ellos. De lo dicho resulta que aun cuando un buen desempeño del ser­vicio de reconocimientos es la base del de seguridad, dicho servicio no basta por sí solo, y es preciso complementarlo con otras medidas de precaución. El grueso de la tropa, 6 sea la columna, irá precedido por una van­guardia hacia adelante y cubierto por una retaguardia hacia la cola; los flancos se cubren por medio de ílancguardias ó flanqueadores. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE1'1N MILITAR a) f/ anguardia-La caballería destacada adelante del frente de un ejército no alcanza á cubrir de modo completo á las tropas que la siguen, las que por lo mismo tienen que guardarse por medio de vanguardias. Como un buen servicio de exploración es el mejor medio de cu­brirse, á desempeñarlo se enviará la mayor parte de la caballería de que se disponga. De este modo el grueso podrá avanzar con seguridad y movimiento más uniforme que si la vanguardia no se hubiera constituí­do sino en el momento en que se hizo necesaria. En todo caso, y como regla absoluta, la caballería que desempeñe el servicio de seguridad dejará á la infantería un número suficiente de jinetes que sirvan de ex­ploradores durante el combate. Las circunstancias pueden exigir igualmente, ó que la mayor parte de la caballería haya de ser enviada en otra dirección, ó mantenida á retaguardia de las otras tropas, lo que sucederá cuando el enemigo sea muy superior en esta arma y el contacto se halle establecido desde algunos días atrás. La caballería se moverá de tal suerte que llene las condiciones del servicio de exploración, no pierda su enlace con la infantería que la sigue y esté siempre en la mano del jefe en el momento de empeñarse el combate. Aun durante la acción el servicio de reconocimientos cons­tituye el principal oficio de la caballería, lo que no ohsta el que inter­venga en la lucha en el momento propicio. La distancia á que debe marchar la vanguardia es variable y de­pende de las intenciones que se tengan, de la fuerza de que se dispone, de la configuración general del terreno y del enemigo mismo. Preciso es en todo caso que esa distancia sea suficiente para que el grueso no sufra ni demoras ni vaivenes en su marcha y pueda intervenir á tiempo, cuando sea necesario, para sostener las tropas avanzadas. En las marchas que preceden á un ataque pueden di sminuírse las distancias, á fin de acelerar el despliegue á vanguardia. La fuerza y la composición de la vanguardia dependen del terreno y de la importancia del cuerpo principal: los cuerpos considerables la regulan sobre la importancia de la fracc.=ión que marcha en cabeza. En la infantería comprende una porción que varía del ! al t del efectivo total. En los casos en que no comprenda la mayor parte de la caballe­ría, se le agrega un destacamento de esta arma, de fuerza suficiente, para asegurar el buen servicio en la vanguardia. También se le agregan artillería y zapadores, de acuerdo con las necesidades de la operación, pero siempre por unidades tácticas. Sin embargo, si razones especiales no incitan á fraccionar la arti­llería, preferible es conservarla agrupada, pues su entrada en línea por partes en presencia de otra enemiga superior en número, la expone á pérdidas sensibles á menudo irreparables. También puede á veces ser conveniente añadir á la vanguardia un equipaje de puentes y una sección de ambulancia. De ordinario con las vanguardias marchan secciones de aereonautas. La vanguardia se subdivide en grtteJ IJ y cabeza, y según el caso, cahallería de va11guardia. El grueso (Haupttrupp) comprenderá lama­yor ?arte ele la infanrería, y en tesis general, la artillería de la Yanguar­dia; la cabeza (Vortrupp) se compone de infantería en la proporción d~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 593 k á i del todo, por tracciones constituíd:1s, con los zapadores y la caba­llería necesaria. Esta última arma se incluye en proporcione.s tales, que la in.fantería no tenga que enviar patrullas de reconocimiento fuera del camtno. La cabeza marchará á tal distaacia del grueso, que éste tenga tiem-po de desplegarse en caso de encuentro con el enemigo (de ordinario ~á 1 kilómetro). En las vanguardias pequeñas la cabeza precede al grueso á distancia conveniente, para que éste no pueda ser sorprendido por el fuego de la fusilería. Cuando la cabeza es fuerte puede, para aumentar la seguridad, destacar á 3 ó 400 metros adelante una compañía ó un pe­lotón. A una distancia poco más 6 menos igual de la cabeza y á vanguar­dia de ella, marcha la punta de infante ría, que á su turno irá precedida por la punta de caballería ó por la caballería de vanguardia precedida entonces por una punta de esa arma. La punta de infantería se compone cie ua oficial y una escuadra. con lo cual, á la vez que tiene mayor resistencia, puede cubrirse sobre un frente más extenso sin recurrir á la cabeza. Cuando la conformación del terreno á ello la obliga, marcha en orden disperso. De ordinario se le agregan algunos ciclistas para ligarla mejor á los otros escalones de la vanguardia, y en caso contrario deja dos hombres á retaguardia para ligarse con la cabeza. La punta de caballería se compone de 1 oficial y 6 jinetes; á reta­guardia y en el camino deja uno ó dos p4ra ligarse; aprovecha las altu­ras que se hallen á proximidad para observar, después avanza á paso rá­. pido hasta otro observatorio, moviéndose así por saltos sucesivos, á fin de ganar el tiempo perdido en los intermedios. En tesis general, lo!> ji­netes muchan con la carabina lista, salvo orden en contrario. La infantería que marche sola fracciona su vanguardia ce) mejor modo posible. Otro tanto hará una tropa de caballería aislada, de acuer­do con la misión que se le haya confiado. Todas las disposiciones que adopte una vanguardia tenderán á im­pedir que la marcha del cuerpo principal se demore 6 retrase sin nece­sidad. Ante todo importa poner las tropas al abrigo de u :1a orpre~a seria. Los pequeños destacamentos enemigos serán amenazados sin va cilar, y el jefe de la vanguardia, que sabe que es seguido de cerca por d cuerpo principal, debe a\·anzar resueltamente. En la marcha, las .fracciones pequeñas dependen siempre de las grandes, á las cuales in­cumbe asegurar el enlace respectivo.-(ContinuarÁ). --···--LEOOION C SJETIV A La Gaceta de Francfirt, periódico alemán que goza de gran .crédito en los círculos militares del Imperio, consultó á un jefe prusiano sobre el valer de los oficiales ingl~ses, á propó~ito de la guerra del Transvaal. Dicho militar atribuye precisamente á sus colegas de ultra-Mancha la derrota de los ingleses en la anterior guerra del Transvaal, en 188 r, dando las pruebas de su aserto. Después del relato histórico, el jefe alemán hace las consideracio- 2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLKTÍN VI:UITA.R nes generales que siguen y que nosotros traducimos del Gourrier dn Etats Unis, por ser de actualidad y estar refrendadas por los he­chos que se cumplen á nuestra vista: "Las mismas faltas (ignorancia del servicio de campaña, des­cuidos en los reconocimientos, etc.) produjeron el considerable nú­mero de bajas que han sufrido los ingleses en sus recientes guerras, á pesar de que no se trató de un enemigo armado y que por lo mis­mo se presentaba poco menos que sin defensa, como sucedió en la última campaña del Sudan. Un jefe inglés, á quien interrogué so­bre su juicio acerca de Ja próxima guerra del Transvaal, me dijo: 'Terminará favorablemente para nosotros, sin duda ninguna, por­que contamos con fuerzas muy superiores en número á las de los boers; pero nos costará enormes sacrificios de vidas, porque des­graciadamente es una gran verdad que nuestros jefes no saben• nada de guerra, y los oficiales no saben conducir sus tr0pas con­tra un enemigo bien armado.' Preguntéle si no creía que la supre-· sión de la venta de los grados de oficial, cuyo resultado principia á hacerse sentir en la cima de la jerarquía, hubiera sido benéfica para mejorar el valer de la oficialidad. 'N ó, respondió. La capa­cidad intelectual de nuestros oficiales sería superior, si en nuestro ~ ejército el favoritismo tuviera menos ingerencia, porque no es el mérito, sino los padrinos, los que deciden de ordinario el nombra­miento de un militar para u u grado elt!vado. Nuestros oticiales entran jóvenes al ejército, sin tener la menor idea de lo que es el servicio; y si en ese estado les toca de repente entrar en campa­ña, se portarán con bravura, es cierto, pero apenas podrán con­ducirse á sí propios, y no sabrán qué hacer con 5us soldado~.' "Una ojeada á las últimas maniobras inglesas me produjo idéntica impresión. Los oficiales todos presentan porte descuidado, las órdenes se dan como con pereza, y nadie se preocupa porque se ejecuten estrictamente, como pude verlo en m 1s de una oca ión. Los oficiales no atienden á la naturaleza del terreno sobre qJe maniobran, y toda maniobra inglesa con una infantería que di - para por descargas y de;deíía heroicamente abrignrse, tran porta el espíritu á la batalla de Waterloo, la única quizá que estudian los oficiales que tratan de formarse juicio propio sobre la 'l".;ctica. "Un escritor militar inglés señala, en un libro sobre d ejér­cito inglés, hasta qué punto los oficiales tienen horror al estudio de la historia militar, y como fuera de las guerras con los afridis y sudaneses, no han tenido ocasión de aprender el ofic:io, siquiera sea prácticamente; como enseñar al soldado el manejo del arma tampoco es ocasión para aprender la ciencia de la táctica; como además el oficial inglés se aplica concienzudam(;nte á dejar de mano todv lo que parezca militar, fuera de las horas de ejercicio, y como, por último, reduce sus estudios á algunas de Jas b...1.tallas ya antiguas, no hay por qué extrañar que en el campo de manio­bras desempeñe un papel dudoso cuando lo observa un ojo de ver- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN )lJLITA.B 59 S dadero soldado. En una palabra, esos señores juegan á los solda­dos; son gentlement cuyo porte, indiferentismo en las horas de ser­vicio y género de vida que llevan fuera de éste, indican de modo claro que no visten el uniforme sino porque así lo exige el grado de oficial, y porque tal es la costuwbre entre los jóvenes de buena familia. "Sin duda ninguna esos gentlement con uniform~ son valientes. Un oficial inglés me decía un día que estimaba incompatible con su dignidad poner rodilla en tierra ó echarse de pechos contra el suelo para resguardarse del fuego del enemigo; creía que tales procedimientos eran indicio de temor. Las numerosas bajas de oficiales durante las últimas guerras, las derrotas mismas de la guerra del Transvaal en 188 I, fueron el resultado de ese valor, que no puede elogiarse, porque es estéril, en especial cuando no está respaldado por conocimientos militares. "Los ingleses fundan sus esperanzas, en la próxima guerra con los boers, en su caballería, y en verdad que la que vi en In- ,glaterra es la única tropa de la isla que está á la altura de la ins­trucción militar moderna, y aun supera á algunas tropas europeas de la misma arma. La oficialidad de la caballería produce mejor impresión, pero en materia de instrucción no lleva ventaja á sus camaradas de la infantería y la caballería. "Naturalmente en el ejército inglés se encuentran Generales y Jefes que reconocen todos los defectos de la táctica inglesa; entre ellos Sir R. Buller, designado para mandar en jefe la cam­paña del 'rransvaal, no ignora que contra los boers se necesitan procedimientos menos elementales, y después de inspeccionar las tropas destinadas á la campaña, revista pasada no hace muchos días en el campo de Aldershot, dijo á los oficiales: 'no conservéis con mucho celo vuestras prácticas militares,' y aun reconvino á los de infantería por preocuparse demasiado por fi>rmar y conser­var líneas correctas, descuidando los objetivo de la lucha y la na­turaleza del terreno____ Por lo demás, e"toy convencido de que esas lecciones de última hora no harán impresión en el ánimo de los oficiales ingleses." Inútil es recordar á nuestros lectores cómo en estos días de revuelta se ha hecho caso omiso, por no pocos guerreroc;, de los más elementales principios de la ciencia, lo cual ha dado por resultado inútiles carnicerías en las que de poco ó nada han servido sagaces estratage:nas de .guerrillero, muy buenas i en vez de aiíadirJac; á antiguos procedimientos, absurdos á la fecha, se hubieran involu­crado con los preceptos que enseña la experiencia de las últimas. guerras en el Extranjero. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR :t..EO~IONES DE OEOORAFIA FISIOA CURSO DEL PROFESOR THOULET EN LA UNIVERSiDAD DE NANCY Traducción libre, hecha para el Boletín Militar 1-tQu.é cM la 8'eografia lilllica'l La geografía física es el e!!tudio razonado de los acontecimientOi que se cumplen sobre la superficie de la tierra, en torno nuéstro, en este instante de los tiempos que nos ha sido dado presenciar, y que modiiicaa ~in cesar el modelado externo del globo: ella investiga las causas de ~sos cambios y señala sus consecuencias; ella nos habla en el lenguaje de las medidas y los números. Llamando las matemáticas en su auxilio, y también la física, la qufrnica, ó mejor dicho, las ciencias todas, la geo­grafía física aplica el método experimental, al que nada resiste cuando es posible aplicarlo: deja el llano 6 la montaña, el río 6 el torrente, el lago 6 el océano, para meditar en el laboratorio, y, recíprocamente, sale del laboratorio á viajar por los desiertos, escalar los montes y navegar en los mares. Cuando la geografía física observa un rasgo cualquiera del relieve terrestre, analiza las causas que le dieron el sér, discute sus de­talles, y en seguida, ocurriendo á la síntesis, trata de reproducirlo ea proporción compatible con las débiles fuerzas del hombre, comparables, á pesar de todo, á las más imponentes manifestaciones de las fuerzas de )a Naturaleza. Sobre el globo la obra del ay~r, no es sino la del hoy, ua día más joven, llámese ese dfa siglo ebo ó corno se quiera; la geografía física al leer sobre las colinas, las playas y aun en el fondo de los abi»­mos salobres la historia del presente, lee á la par la historia del pasado y del futuro, y corno los hechos que se cumplen á nuestra vista dataa de siglos anteriores y continuarán mañana, y dentro de mil años, la geo­grafía física al través del tiempo, ve lo mismo adelante que hacia atrás, y cabos, y cuyo conocimiento es el fin mismo de nuestraa investigaciones, sin temor puede abandonarse á veces la línea recta. Y de todos los seres vivientes ninguno es tan importante como e Jtombre: no se trata aquí del interés que presenta su estudio, hecho de-n modo general para los hombres. Olvidemos adrede esa confraterni­dad en lo humano: mirémoslo en g('ología y en geografía, y considere­mos Jos fenómenos, cualesquiera que sean, en su valor real. La simple observación obliga á reconocer que el hombre posee sobre la naturaleza una influencia que lo convierte en verdadero agente geológico: despoja los montes ele su manto protector de arbolado y los ríos en sus aguajea repentinos talan las llanuras y arrastran hasta el mar los detritus arranca­dos al suelo; los lurtes y derrumbes colman los valles y hasta desvían el curso de los ríos, como sucede en el Tirol; en Suez reunió dos mare¡ y produjo cambios en el clima de las regiones vecinas; al presente pre­tende atraer la lluvia á su voluntad. En Holanda quita tierras al océano por medio de diques; en otros sitios, con el auxilio de obras de arte mo­• ifica el régimen de los ríos y por ende la configuración de las costas -.ecinas; aquí deseca lagos y pa.ntanos; allá-el Utath-transforma un •esierto en tierras de labor, y á veces hace lo contrario de esto último; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 598 BOLETÍN MILITAR ora destr1.1ye ciertos animales, no sólo en las islas sino hasta en los con- , tinentes, como el bisonte en el Far-West; ora lleva consigo plantas y animales, haciéndose responsable de las modificaciones que entrañan esos cambios: á la fecha los Estados Unidos son talados por el estornino y Australia por el conejo, importados á esos suelos hace treinta año'l y que al presente hacen retroceder ante ellos la misma civilización. Toda acción implica una reacción: si el hombre obra sobre la na­turaleza, la naturaleza obra sobre el hombre: esta influencia no sólo ea material, ejercitada sobre el cuerpo que conserva, debilita ó aniquila, si9o. que alcanza al esríritu, á la inteligencia, hasta en actos al parecer libres. En efecto, el azar pu::de desempefiar papel en los acontecimien­tos de la historia de un hombre. Cual, entre los humanos, cuando ya sus cabellos han cambiado de color y ha recorrido la mayor parte de su limitado viaje terrestre, en esas horas melancólicas, en las que, solo, en mediq de la calma, con la frente apoyada en la mano, piensa en lo pa­sado, no recuerda que en tal ó tal época, próxima ó lejana, una nada, una hoja que el viento lanzó á derecha ó izquierda, Jo indujo á obrar de cierto modo, y esa acción modificó por completo su existencia. Lo dicho se comprende: los años vuelan rápidos, andamos de prisa y nue¡¡­tra caída en la tumba es irremediable. Al contrario, 1 el szar no figura en la historia de las nacione!l ~ un pueblo, como un hombre, nace, crece, envejece y muere, pero para él el tiempo de la vida dura siglos y su vida corre parejas con su destino. Crímenes, faltas, torpezas, todo lo paga por su justo preciO y á su debi .. do tiempo, á una justicia que algunos llaman ciega y que es inexora­ble. Si á veces nos parece que esto no sucede, débcse á nuestra mjopía para abrazar en conjunto toda una serie de causas con sus consecuen­cias. Los fenómenos en la naturaleza son una canttdad complexa, y no los comprendemos sino cuando son el resultado de una, dos ó tres leyea bien conocidas; cuando provienen de mayor número de leyes, en Tez de llamarlos excepciones, anomalías, como lo hacen algunos, confese ... mos humildes que sobrepujan á nuestra ciencia, y busquemos paciente sus causas necesarias que siempre están en la r~gla y en la ley. Voce como anomalía, excepción, casualidad, significan en verdad un fenóme­no incompletamente obsen: ado ó no eutendido. Pongamos un ejemplo de n':lestra tesis: , España de seguro fue poblada de S. á N., por las co] u m nas de Hércules ; sus primiti\-os habitantes, los iberos, no sólo ocuparon la península, sino que desbordaron má allá de los Pirineos, hasta los Al­pes. Al contrario, los cc1tas, que trasrnontaron los Pirineos y vivieron en Galicia y Portugal, en su marcha de N. á S. se fundieron en las llanuras de Castilla con los primeros, dando origen á los celtíberos. Melkarth, el Hércules tirio, también llegó por el Mediod1a; Espa­fia lo halla en cierto modo más bi~n que él la encuentra, porque loa barcos partidos de Fenicia lo llevan directamente á Málaga, la antigua Malaca, tras costear toda la orilla Septentrional de Africa. Funda á Gá­de~ (Cádiz), é impotente para pen~trar en el interior de la comarca¡ de-. fend~do por montañas que lo rodean como murallas, vuelve sobre sus pasos~ repl,onta la costa1 y es por lll G~lia por donde sigue hacia d N. 1sw camino de pillaje y sa.ngre. Los fenicios, en resumen, iristabaron factorfa.i Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR i99 desde la boca del Tajo hasta la del Ebro, pero hablando propiamente, no colonizaron allí ninguna tierra, porque un pueblo comerciante, por prolífico que sea en su país natal, si éste es peq uefio y Ja geografía le impide extenderse, comercia pero no coloniza ni civiliza, y si lo hace es á pesar suyo. Fenicios y cartagineses en la Antigüedad, venecianos y tie­noveses en la Edad Media, ingleses en nuestros días, se han limttado á explotar el suelo con audacia y habilidad, incluso hasta hacer derramar sangre; tanto peor para los débiles: el negocio es negocio. Cuando los cartagine es se apoderaron de Espafia en su lucha con Roma-simple concurrencia comercial-no pudieron mantenerse en el terreno, aun cuando aplastan á Cartagena y 8agunto, que siguen, los acontecimientos se repiten en esa Africa europea, en esa tierra compacta, cuadrada, rodeada por un cinturón casi continuo de montafias y cortada al través, de E. á 0., pot otras barreras sucesivas, ríos y montes, Sierra N evada y Guadalquivir, Sierra Morena y Guadiana, Montes de Toledo y Tajo, Sierras de Gua­darrama, Duero y Ebro, Montes Ibérico. y de Galicia, y en fin, la línea Pirineos-cántabros. A 1 N. una gran muralla, con estrechas puertas; al N.O. la fortaleza y el refugio montañoso; al S. una puerta sobre Afri­ca. La historia de Espafia es una serie de oscilaciones de N. á S. y de S. á N. Los bárbaros, suevos, vándalos y alanos, penetran por lo Pirineos, y p._so á paso alcanzan la Andalucía; sfguenlos los visigodos, que cruzan también los Pirineos, y tras destrozar á vándalos y alanos, los obligan á emigrar á Africa por Gibraltar, en tanto que los suevos, refugiados en Galicia, se mantienen allí, y más tarde avanzan hacia el S. y conquistaa. la Lusitania, donde se establecen. Tres siglos después los musulmane ; invaden á España por el S. y la ocupan setecientos años, durante los cuales se libran centena­res de batal1as, brillan las artes y las ciencias, se construyen joyeles. de arquitectura como la Alharnbra, la Mezquita de Córdoba, el Alcá­zar de Sevilla; la sangre corre á torrentes; por todas partes bulle el incendio, el pillaje, la ruina; renace el espíritu de investigación cientí­fica y se funda el método experimental ; 1 ucen las ciencia~ todas; rei­nos se fundan y se abisman; se descubre á América y se dobla el cabo de Buena Esperanza; luchan entre sí las religiones, y luchan por medio de la persecución, el patíbulo, el destierro; la más refinada civilización reemplaza á la ba.rbarie, y la barbarie dev~"~ra la civilización. Y entre esaa peripecias singulares la osci ación es continua: va de S. á N., y cuandO' llega á los Pirineos, s ·:! revuelve sobre ella misma y cumple el invers() movimiento, hasta Gibraltar, sin una irregularidad, sin un vaivén, cual péndul<:> gigantes~o que en vez de sesundos bate siglos. ' Los ara bes llegan .. por Gibr•ltar,; en Jerez aplaitan á Rodr.igo, el il ·timo rey de los visisodos, y siete afiot despu~s loa visiaodos de Pclat• Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 600 BOLE'l'ÍN MILI'l'AR no poseen sino la forta1e7.a de Asturias: entonces se produce la reac­ción; los sarracenos pierden terreno sin cesar á pesar de todas las vici­situdes de la guerra, y pnr último, Fernando é Isabel los arrojan para siempre á Africa. España y Portugal desembocan entonces al mar por sus únicas 1lanuras, y sus noveles marinos avanzan á de cubrir y conquis­tar nuevos mundos. Quien haya viajado por España habrá visto esas cimas azu1osas -sierrar-que cierran el horizonte con sus dobles y triples filas pa­ralelas de dientes, que entre cada par de contrafuertes guardan una llana­da estrecha, alongada, de suelo parejo cubierto de encinas ó retamas. De trecho en trecho se alzan pitones rocallosos, levantados un centenar de metros sobre el valle, coronados siempre por las ruinas de un castillo: fueron esos muros construídos por los cabalJeros de las órdenes militares, y en Castilla son tan numerosos, que dieron nombre á la comarca: la tierra de los cmti/los. Cada uno de ellos marca una etapa de la lucha con los muslines: los caballeros guerreaban, ganaban algunas leguas de te­rreno, hasta la próxima roca, en ella construían un fuerte, y ya no vol­YÍan á retroceder; pasaban los meses, otras leguas se conquistaban hasta el próximo cerro, y un nuevo castillo aparecía: de nido de águila en nido de flguila f:.1e reconquistada España. Las ruinas revelan aún lo que fue¡on esas fortalezas: oscuros recovecos, torres con saeteras y una vasta 8ala abovedada, donde se esculpía el escudo del caballero, señor de la aldea, que se formaba al pie de la empinada roca. Y en esas ruinas no faltan huellas de la invasión napoleónica que marchó de N. á S. rápida­mente, y luégo, poco á poco, retrocedió vencida por la reacción que ahora principiaba en el medio día, al pie de la fortaleza del Sur, la Sie­rra Nevada •. La historia es el relato de la lucha entre el hombre y la naturale­za; la geografía física pretende explicarnos la batalla describiendo el campo. En los albores de la humanidad, la naturaleza aparece con la. llorrible hermosura de su majestuosa y omnipotente tiranía. América y Europa están cubiertas por glaciares inmensos; los animales son gigan­tescos: el mammuth, grande como dos ekfantes, con colmillos de cua­tro metros de longitud; toros salvajes, de fuerza colosal; el tigre europeo, al que comparado el de Bengal~ era lo que éste es al gato domé tico; • La aplic3ción de las enseñanzaa de la historia á la geogrAfÍa de nuestro suelo, no es menos admirable ejemplo de la verdad de esta• doctrinas. Los hombres que constitu. yeron el Estado muisca, venidos del Sur, clominan un momento toda su exten ... ión y crean •na civilización que desaparece ante la invasión caribe, bajada del Norte y que penetra por loa vallea de los grandes ríos navegables. L ;' a mismas ruta m .rendas por la natura­lt>% 3 traen á la altip anicie á los conquistadores, clesde el Norte, el Sur y el Oriente, y el -.alle de los Alcázares, la ú ltima tterra descubierta en América, es la ciudadela ó elre­tluctocentr: tl de los vaivenes de nuestra historia. A partir del apoyo que prestó á los muis­cas contra loa caribes, cuatado se dio el grito de independencia, dominada por !os patrio­tas, permitió luégo reconquistar á Ca1 acas ; perdtda á la ll<·gada de Morillo, puso, en cierto modo, fin á la guerra, reduciéndola á las llanuras; reconquistad;; en 1819, fue la fragua donde se forjaron las armas que libertaren de nuevo.á Caracas y Quito. En las lu­chas civiles su acción no ha sido menos acentuada: en 1 84-o, á pesar de que la revolución tlominó on momento el país, vencida en la Sabana lo fue en seguida en toda la República; en 18 54- se necesitó colosal esfuerzo para reconquistar las altiplanicies, base del Dictador; en 186o la pérdida de la capital, no rec'>brada en t86z, decidió el triunfo de la revolución; m fin, en loa tiempos posteriores, el hecho ae confirma: geológicamentP hablando, 1.1 al­. aiplaoicie ha d~mpeñado en Colombia el papel de lu Caatillaa en Eapaña. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MI LIT .A.R 601 un ciervo cuya cornamenta midió tres metros. Sólo el hombre aparece débil y desnudo, pero en el acto princ:ipia el combate, que no terminará jamás: ]os primerm hombres se fabrican armas de piedra y atacan á los animales feroces para alimentarse con su carne y cubrirse con su piel; se instalan en las cavernas, de donde arrojan á las fieras para guare­cerse de las inclemencias del cielo; para vencer el frío hallan el fuego, y se creen como dioses; inventan las redes para dominar los ríos, y la piragua para vencer el mar. Más tarde, después de siglos de labor y de miseria, descuajan los bnsques y roturan y cultivan la tierra y crían ani­males domesticados. Y á pesar de tantos esfuerzos, el hombre es siempre-· súbdi ,o de la naturaleza. El país que habita, su clima, su configura­ció•, la altura y orientación de las montafias, la dirección de los ríos~ la posición relativa de los mares, en una palabra, todo lo que lo rodea tiene i.dluencia sobre él, y lo modifican á su imagen en sus costumbres, ideas, leyes, artes, inteligencia, tem~eramento, en su cuerpo y en su alma, en multitud de hechos que ejecuta creyendo cumplir su propia voluntad •. Dejemos los tiempos prehistóricos y pasemos á la antigüedad. Los imperios caldeo y asirio, Nínive, Babilonia, Suza, Ecbatana, aún con­servan en sus ruinas un sello imborrable de grandeza y atrocidad tran­quilas: los al tos relieves de la époc" sólo representan carnicerfas, carros de guerra que ruedan sobre montones de cad( veres, filas interminables de cautivos, degollados ó encadenados á los pies de reyes de talla colo­tal. Los palacios pesados y macizos, á pesar de sus vastas proporciones;.. las columnas con capitel formado por cabezas de animales; los tores ala­.¡ os con cabeza humana coronada con una tiara rígida; los guerreros pin­tados en cuadriláteros de porcelana de colores chillones, con aire feroz,. cabello y barba arreglado en trenzas rígidas, con vestido á la vez am­plio y estrecho, sin un pliegue; las vasijas y cofres de caras netamente cortadas, con aristas agudas y contorno simbólico, todo esto sólo pudo idearse, cons:-ruírse, tallarse, esculpirse y pintarse en las llanuras casi sin límites de Asia, ardientes el verano, glaciales el invierno, ora sin agua, ora inundadas por "erdaderos diluvios, sin verdura, bajo un sol rojo y brutal, con horizontes monótonos, tan dilatados como los del mar, en donde la inmovilidad de la arena desolada reemplaza la movilidad de las ondas; en una palabra, en )a tierra de Semíramis, Sardana palo, Sargon y Jerjes. lHablaremos del genio helénico iluminado por un cielo límpido y templado; de Jonia, tan muelle y tan agradable para vivir como en tiempos de Mileto, Esfeso y Halicarnaso, sólo porqut! la atmósfera es la misma? ¿De Roma, bastardeada, y sin embargo grande aún? Todo lleva el sello del clima, y si cambiamos de latitud, hallaremos, por ejem · plo, los piratas escandinavos de ojos azul claro, cabello~ rubios; nautas. en drakkars ligeros, atrevidos é imponentes, como los fjords de su país,. poetas de la poesía de sus brumas, crueles y finos como las heleras de sus montafias. Al Norte, al Mediodía, al Oriente y al Ocaso, en lo pa­sado como en lo por venir y el presente, dondequiera el hombre y la • Hijos de tierra cálida, por cjemp!o, 'SOn los calen/ano:~ (tolimenses), co.fleño• (Bo­lívar y Magdalena), caucanos (Valle), y llan•ros: todos se di1tinguen á la simple vista.... En lo (;sico y en lo moral é iutelcctual, e o 1stituyen casi pueblos distint01 ANCO D LA RfPU!l 11 T A Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 602 BOL:ETÍN MILITAR tierra se presentan unidos por lazos tan estrechos, como los que enlazan al hijo y á la madre. Así pues, los aconteJ}: imientos cumplido:; por los hombres coloca­dos bajo la dependencia inmediata é imperiosa de la Naturaleza, siguen una marcha determinada: la misma cau a produce la misma consecuen­cia, que convertida en causa á su turno, da necesariamente origen á toda una serie de nuevas consecuencias que de un modo lógico se en­cadenan las unas á las otras. Por lo dicho, la historia ya no es una sim­ple enumeración de hechos, sino una ciencia, en la más alta acepción de la palabra : en vano se buscará diferencia de categoría entre un fenómeno social y un fenómeno natural: la dilatación de un cuerpo por el calor y el desarrollo de una raza; los prodigios de la erosión y la decadencia de un imperio. Forzosamente la barra metálica aumenta de longitud, sometida á la acción de un horno; el pueblo que perma­nece e-stacionario en medio de otros que progresan, forzosamente debe perecer; el mercader que, á calidad igual, vende más barato, acapara la clientela del lugar; un cuerpo pesado, abandonado á sí mismo, cae. Por esto, la geografía fuira es la inflntigarión y expofirió11 de las ltyts t¡llt rigtn la Juperjhit terreJtre; es la introducción indi"pensablc de la his­toria (y sobre todo de la historia militar), si posible fuere separar el -conjunto de las mutuas y estrechas relaciones que median entre la geo­grafía y la historia. Lo dicho no significa que los acontecimientos se repitan de modo it1énlit#, y que la historia no sea sino un perpetuo y monótono giro. Por más que tanto las obras humanas como las naturales sean regidas por leyés eternas é invariables, sin 1o cual no serían leyes, codo fenómeno, sea humano, sea natural, rara vez es una manifestación simple; al col\­trario, por lo común es la suma de un número mayor ó menor de leyes y puede compadrsele á una ecuación única entre múltiples variables, 1.:ada una de las cuales varía conforme á uria ley, conocida ó des:ono­cida, pero en la cual el azar no tiene cabida. Y, continuando la comparación, en esa ecuaci6rt las variables van acompafiadas por coeficientes que sin cambiar en la esencia modifican sú valor, que aumenta ó disminuye entre amplios límites positivos y "~ negativos. El papel del investigador consiste precisamente en tomar en cuenta esos coeficientes en su conjunto y en su individualidad, para des­preciar los que en cada caso particular se tornen iguales á cero, hallar los que á pesar de ofrecer un valor real, por d momento ejerzan influen­cia inversa sobre sus propias variabl('S que dejan entonces anular, del mismo modo que permanece en reposo el cuerpo solicitado por dos fuerzas iguales y opuestas; es dar, al contrario, su importancia entera á los elementos que, á causa de condiciones especiales, adquieren in­iluencia preponderante. Hé aquí la relación que hallamos entre la na ­turaleza y el hombre, entre la geografía física y la historia. La naturaleza no permanece pasiva; creeríase la inteligente y apa­sionada. Se asemeja á un sefior celoso de su autoridad; es clemente con quien la obedece y terrible con el que osa resistirla. En la soledad de las aguas é Islotes del Pacífico pululaban los grandes cetáceos y las avea ­ ·marin-as, los que tras acom'ódar su existencia al medio ambiente 'y por­táHe como aúbc!itos sumisos, vivían en paz y calma, sin einerse unoS i Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN .M:ILlTA.B 603 otros ni temer a1 hombre, que no conocían. Aparece el hombre, y todo cambia; él ataca la naturaleza, y la naturaleza se defiende; débil entre dos adversarios tan poderosos, el animal huye ó desaparece. ¿Quiere el hombre romper un istmo, atravesar un monte, establecer un puerto? la naturaleza, con bloques de granito ó granos de arena, destruye lo hecho por poco que se la descuide; edifica él una ciudad, al pie de un vol­cán, y ella la sepulta entre cenizas; se establece el hombre sobre el bor­de de los acantilados del mar, y ella los mina y derrumba, t>bligándolo á retroceder; el mar destroza las rocas más duras y las trar1sporta á lo lejos, para formar escoJlos contra Jos cuales se rompen los bajeles; ella lo mismo excava cavernas que destruye diques y tajamares. Sin tregua. ni reposo repara sus pérdidas, cura sus heridas, inventa nuevos método• de defensa para resistir los que de ataque inventa el hombre. Ora gra­ciosa y apacible, deja crecer los árboles á orillac; de las olas y permite al h;ombre q4e allí levante palacios ó fortalezas, pero de repente des­pierta su furor, se sacude y con tremendos cataclismos asola comarcal entera~; pero de ordinario llama en su auxilio el infinito poderío de lo infinitamente pequeño y lo infinitamente lento, y si el hombre suspende la lucha, en breve ella recobra todos sus derechos; en Asia la arena ha sepultado vas~ísimas ciudades, en América otras yacen cubiertas por la selva; hasta "las mismas ruinas perecen." En los orígenes de la humanidad, las condiciones de la lucha fue­ron de sencillez extremada. Entonces el hombre, como el animal hoy día, sufrió Íntegra la influencia de la naturaleza, la que no podía resis­tir por encontrarse mal armado para la lucha: sus fuerzas eran nulas, comparadas con las naturales. Durante: ese período, la lucha se reduce á una especie de equilibrio que se desplaza con lentirud bastante para dejar ver el encadenamiento de las diversas faces. Los antiguos pueblos, sin necesidades materiales, sin industria, sin máquinas, y en los que el poder se concentraba en unas pocas manos, se asemejaron á grupos de nifios cuyos móviles, señalados por las mismas condiciones ambientes, eran en extremo reducidos. El problema presenta su complicación mí­nima, y: para nosotros que lo juzgamos hoy el alejamiento de los hecho• los hace comprender mejor, cual si se tratara de aquellos objetos que no se perciben bien puestos junto á los ojos, y se distinguen co!ocados á cierta distancia, cuando muestr m sus contornos con toda nitidez. Por esto el estudio de la antigüedad es indispensable. La invenci6n del vidrio de \'Ídrieras, el descubrimiento de los pro-;. ce4imientos industriales para fabricarlo en grande escala y á bajo precio, es sin duda una de las primeras grandes victorias de la humanidad. Al presente el hombre puede vivir en el interior de casas y desafiar en ' ellas los rigores del frío: en su hogar, rodeado por su familia, en el seno del calor y la luz, del reposo y del bienestar, logra que su inteligencia se desarroJle, se perfeccione y lo guíe hacia nuevas victorias; así quedó en capacidad de abandonar la cuenca del Mediterráneo, de suaves in­viernos, para esparcirse por las comarcas septentrionales, sin necesidad de vivir en ellas en el fondo de oscuras cavernas, verdaderas guaridas 9blación es de I 1,155 habitantes. l DEPARTAMENTO MAcHADo-Este Departamento se halla dividido en 3 parroquias, que son: Villa Tobar, Mora y Zea. Tiene 69 sitios, r,828 casas y ranchos, 88 ventas, 191 ha­ciendas, 7 hatos, r,r65 conucos, 14 cortes de madera y 10~667 habitantes. f7ifla Tobar-Esta villa, anteriormente llamada Bailadores, capitítl del departamento, se halla á orillas del río Mucuchíes, y es una de ]as que mas han progresado en este Estado. Su temperatura es agradable, y los terrenos que la circundan son muy ft:races. Su población es de 5,193 habitantes. DEPARfAMENTO RrvAs DÁVILA-Este Departamento se halla dividido en 2 parroquias, que son: Bailadores y Guaraque. riene 35 sitio , 924 ca as y rancho., 32 ventas, 20 hacien­das, 3 hatos, 190 conuco , 7 corte de madera y 6,026 habitantes. Bailador s-Hállase esta villa á los 7°57'25' de 1at. N. y 4043'40' de long. O. del meridiano de Caracas, y á una altura de 1,748 metros sobre el nivel del mar. Su tem?eratura es deliciosa; · 1 termómetro C. marca por término medio r8°49. Sus cercanías están cubiertas de plantaciones y ofrecen bellí­simas perspectivas. Bailadores, sin e,nbargo, no ha progresado, y hoy apenas cuenta 3,654 habitantes. En ésta, como en casi todas las poblaciones del Estado, los emigrantes europeos hallarían cuanto es menester para prosperar y vivir holgadamente. DEPARTAI\IJEN'IO Puuno-Este Departamento se halla divi­- dido en 4 parroquias, que son: Mucuchíes, Valparaíso, Santo Do­mingo y San José de 'Torondoy. Tiene 31 sitios, 849 casas y ranchos, 33 ventas, 12 hacien­das, 10 hatos, 194 conucos, 6 cortes de madera y 4,359 habitantes. Mucuchíes-Esta villa, capital de] Departamento, se halla á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 007 los go2o' de lat. N. y 301 1 1 25' de long. O. del meridiano d(" Ca­racas, y á una altura de 2,360 metros sobre el nivel del mar. Es la población que se encuentra á mayor altura en todo el territorio de la República. S clima es bastante fresco, pues el termómetro C. marca por término medio 15°97. Está construída al pie de los páramos de Santo Domingo y .\1ucuchíes, y casi á orillas del Chama. Su población es de 2,164 habitantes. DEPARTAMENTO MIRANDA-Este Depart.1mento se halla dividido en 4 parroquias, que son: Timotes, Palmira, Chachopo y Pueblo Llano. Tiene 26 sitios, 919 casas y ranchos, 32 ventas, 10 hacien­das, 12 hatos, 241 conucos, 5 cortes de madera y 4,945 habitantec;. Ti motes-Hállase situada esta villa, capital del Departamento:a entre altas serranías á orillas del Motatan, y á algunos kilómetros del nacimiento de este río. Su temperatura es agradable, y su población de 2,097 habi­tantes. DEPARTAMENTO CAMPO ELfAs-Este Departamento se ha­Ha dividido en 4 parroquias, que son: Ejido, Acequias, Jají y La Mesa. Tiene 39 sitios, 2,123 casas y ranchos, 92 ventas, 289 ha­ciendas, 4 hatos, I,oo6 conucos, 9 cortes de madera y 10,793 habitantes. Ejido-Esta villa está situada á cerca de 6 kilómetros del Chama, á los go1o' de lat. N. y 400'5' de long. O. del meridiano de Caracas, en un terreno quebrado que se halla á 1,205 metros sobre d nivel del mar. Desde ella se ve la Sierra N evada, que lleva sus plateadas ci­mas por sobre las demás alturas. Su cli.na es templado y sano; el termómetro C. marca por .término medio I 1067. Tiene una po­blación de 5,593 habitantes. Di.PAR'TAMEN'l o CoLINA-Este Departamento se halla divi­dido en 4 parrcquias, que son: Lagunillas, La Victoria, San Juan y Pueblo N u evo. Tiene 45 sitios, 1,774 casas y ranchos, 43 ventas, 71 ha­ciendas, 2 hatos, 663 conucos, 9 cortes de madera y 9,672 habi­tantes. Lagzmillas-Esta vi1Ja, capital del Departamento, se halla al occidente de Ejido y á pocos kilómetros del río Chama. Esta villa ha progresado algo. Hoy tiene 3,07 I habitantes. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR V .ARIED.ADES POR SANTIAGO PÉREZ (Continuación) Pero ¿qué, sino ignorancia y estupidez pueden tener unos ~sclavos de ayer, por cuyo mejoramiento físico ó moral jamás hi­cieron nada sus dueños? ¿Qué, sino insolencia y mala voluntad pueden albergar unos corazones que la servidumbre, la avaricia y la crueldad envenenaron con el odio y la provocación? ¿Cómo, sino cruzados, han de querer tener unos brazos que crecieron en­tre hierrvs, y cuya larga tarea, para provecho ajeno, concluyó ..ayer, y empezó con la vida del esclavo? ¿Qué moral, qué pundo­llor, qué buenas costumbres hay derecho para exigir, ó motivo iq uiera para esperar, de parte de unos seres nacidos en la igno­rancia, nutridos con la miseria, criados en la abyección y aban­donados á sus instintos? Para ellos se hizo un castigo, una penitencia de todos los días, el trabajo, y aborrecieron esa noble ocupación; para ellos no había más alimento que plátano y pescado, que es el único que les ha venido á ser necesario; y hoy no tienen que trabajar para la satisfacciÓn de su sola necesidad, porque plátano y pescado les ·dan profusamente sus tierras y sus ríos; todo el oro que explota­han para sus duei1os no les valía sino la paruma ó el guayuco; y 'hoy compran guayuco ó paruma con un puliado de las arenas de <>ro que arrastra la corriente vecina. Si sus dueños los hubieran estido y alimentado mejor, ellos hoy trabajarían para satisfacer esas necesidades que ahora no los aquejan ni estimulan; si hubie­ran ilustrado su espíritu y educado su corazón, ellos serían hoy o<>tros; serían hombres y no casi fieras; verían en un blanco uQ .semejante suyo, no un enemi~o; serían una parte de la sociedad, ~no una amenaza contra ella. Pero al verse de repente libres; al pasar del estado de escla­vitud al de dueños de sí mismos, sin preparación, sin hábitos de libertad, sin co tumbres de virtud, sin de eos de comodidades que no conocen ni imaginan, han pasado de siervos de hombres á .. ·iavos de vicios; tienen las manos libres, pero el alma y el cora­zón esclavos; han confundido la independencia con la altanería; la libertad de escoger trabajo con la libertad para no trabajar; la · gualdad de derechos con la igualdad de miseria; la dignidad de .hombres libres con la insolencia de déspotas. ( Contin~ará) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 130

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 132

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 132

Por: | Fecha: 30/12/1899

A~O lll Bogotá, .Diciembre 30 de 1899 NUM.132 --~·~~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO Duu:cToR AD-HONOREM, FRANCISCO J. VERGARA Y V. Coronel, Miembro de la Sociedad Colo m l)iana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República OFICIAL (r.o DE DICIEMBRE) por el cual ae asigna un sobresueldo El Preridente dt la Repúblüa En uso de la facultad que le confiere el artículo z.o de la Ley 39 de 1896, DECRETA: Artfculo único. Háccse extensivo al Jefe Civil y Militar y demás Jefes militares que hacen la guarnición de Girardot, lo dispuesto en el Decreto número 452 de 19 de Septiembre del año en curso, por el cual se aumenta en un veinticinco por ciento (2 5 por Ioo) el sueldo de la citada guarnición. §. El presente Decreto surtirá sus efectos desde esta fecha. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 1.0 de Diciembre de 1899. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, Ei Ministro de Guerra, ¡osÉ SANTOS Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 642 BOLETÍN MILITAR ORDEN DEL CUERPO PARA HOY 19 D.Ii DICIEMBRE DE 1899, EN BOGOTA Art. 7 5· Los Jefes, Oficiales y tropa del Cuerpo Politécnico lamentan profund=tmente la muerte del distinguido militar francés Sr. Capitán Paul Saint Víctor Sabarthez, miembro de la M1sión Militar é Instructor de este Cuerpo; consideran irreparable esta pérdida por haber sido el Sr. Sabarthez estricto cumplidor de su deber, modelo de caballeros y una de las inteligencias mejor cul­tivadas que han venido á nuestra Patria, á ponerse al servicio del adelanto del Ejército. La Compañía de Zapadores, debidamente uniformada, estará lista para e u todiar el cadáver tan luego como llegue á esta capital, y los Oficiales lo acompañarán por turno esta noche. El Batallón concurrirá mañana á las I 1 a. m. á tributarle los honores de ordenanza. El primer Jefe, ANTONIO LA VERDE R. - El segundo Jefe, DANIEL EsTEYEz. OA~~PAMEN~O :CE :aOOO~A O~ DEN GEN' ERAL PARA HOY SABADO 23 DE DICIEMBRE DE I 899 Servicio Art. 607. Por orden de la Comandancia en Jefe del Ejército se recuerda á todos los militares en servicio activo, los límites del campamento de Bogotá, que son : Por el Norte: partiendo del edificio del Panóptico, en línea recta hacia el Occidente, hasta cortar el camino de Engativá, aba­jo del Cementerio, en el punto en donde llega el camino que viene del camellón de San Victorino ; Por el Occidente: partiendo del punto anterior, y siguiendo el camino que se citó últimamente hasta el camellón de San Vic­torino, y de este punto, en línea recta, hasta el paso de Fucha en la vía para Tunjuelo; Por el Sur: partiendo del punto últimamente citado en línea recta hacia el Oriente, hasta la piedra de San Cristóbal ; y Por el Oriente: desde el último punto dicho, siguiendo hacia el Norte la carretera del Aguan ueva, hasta el chon o de Padilla, y de aquí, en línea recta, hasta volver al Panóptico. En consecuencia, se hace presente que para traspasar los límites anteriormente citados, es necesario p·asaporte expedido por la autoridad competente. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. JlOLETÍN MILITAR 643 EAT.'\LLON POLIIJ:'EONIOO Conferencias de los Oficiales de la Misión Francesa NOCIONES DE TOPOGRAFIA (Continuación) § 2-MEDICIÓN INDIRECTA DE DISTANCIAS Anteojos e.~tndimétricos y e.ste~dias Principio de la utadia-Sea (figura 43) h y H las longitudes .A B y .A' B' interceptadas por dos visuales sobre dos reglas verticales t..:olocadas á las distancias O L=d; O L' =d' del ojo O de un obsuvador. Ten­dremoi: de donde Si se quiere calcular á D, el valor de esta distancia se deduce de la medición de las tres longitudes d, H y h. Pero si dos de estas tres cantidades son constante , la tercera variará proporcionalmente á la distancias. Por consiguiente, para calcular á D se pueden construír tres clases de insLrumentos llamados estadías: Primera clase, D y h constantes y conocidos, JI variable. Segunda íd. d' y H íd. íd. h íd. Tercera íd. h y H íd. íd. d íd. En todos los casos el valor de la variable multiplicado por una cantidad constante dará el valor de D. Pueden realizarse estas tres clases de estadías con dos miras colo­cadas en .AB y A'B'. Pero si el conjunto de la mira AB y del punto O se reemplaza por un instrumento en el cual sea fácil medir d y h, tendremos lo que se llama un instrumento diastemométrico. Estos instrumentos, para dar mediciones exactas, tienen que estar formados de un anteojo llamado estndimétrico, con el cual se mira una regla llamada estadio. En estos anteojos la retícula está formada, ade­más de los hilos centrales, por otros dos hilos paralelos, horizontales 6 verticales, cuya distancia es fija ó variable. N o podemos describir ahora estos instrumentos cuyo manejo se enseñará prácticamente. Bastará decir que, ordinariamente, en los anteojos empleados en topografía, la distancia des constante y los hilos paralelos están fijos; la escadi'a es una mira parlante en donde se lee la distancia intercepta­da por los hilos. Con los instrumentos de estadi;.~ variable (primera cla-se), multiplicando la lectura hecha por una cantidad conocida ~ , que se llama tÍt1gulo micrométrico, se calcula la distancia. Si los hilos parale­los son variables, la estadía tiene dos planchas ó dos líneas de fe á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 644 BOLETÍN MILtT.AR distancia constante. Con los instrumentos de estadia fija (segunda clase), para calcular á d se mide la distancia de los hilos, y se multiplica esta distancia por una constante (dX b). Muchas veces los hilos variables se reemplazan por escalas micrométricas, trazadas por procedimientos fotográficos en un vidrio colocado en el plano de la retícula y en donde se leen directamente las distancias. La precisión de las estadías fijas cambia con las distancias medi­das, y es siempre inferior á la que se obtiene con e'itadias variables. Los instrumentos de la tercera clase tienea una exactitud menor. Así son algunos telémetros, que examinaremos en el estudio de los reco­nocimientos militares. Reducción al horizonte-Con los instrumento5 estadimétricos, se mide casi siempre la distancia según la pendiente; y para hacer el pla­no, se necesita hacer la reducción al horizonte. Si las estadías se colo­can perpendicularmente á la visual, lo que puede realizarse por medio de un colimador puesto en la estadía, y con el cual el ayudante mira el objetivo del anteojo, la reducción se hará como se ha indicado an­teriormente, multiplicando por cos ex. la lectura hecha en !a estadía ó empleando una escala de reducción al horizonte. Escala de proyección-Pero si se coloca verticalmente la estadía, se lee S'CJ"', en lugar de ST (figura 44). Tenemos sensiblemente: ST =S'CJ'' cos ex., y la proyección horizontal buscada será: .A B = S :r (OJ ex.-= S' 'l' (OJ 'cx.- Por consiguiente, se hará la corrección multiplicando la distancia leída en la estadía por el cuadrado del coseno del ángulo ex. del declive. Para hacer la multiplicación, se emplean las tablas de logaritmos 6 las reglas de calcular, ó una escala llamada escala de proyección, aná­loga á la escala de reducción al horizonte. Se construyen esas escalas del modo siguiente (figura 45): Sea .AB la escala gráfica del plano; se traza una circunferencia tangente á .A B en el punto medio D y se unen los puntos A y B con el punto e diametralmente opuesto al punto D. Sea DO E un ángulo igual al doble del ángulo a. del declive considerado. Trazando la paralela Ebda á la línea .AB, se obtiene en ab el va­lor de A B X co¡'cx.. En efecto tenemos: ab cd co+od R+R-cos 2 a. t+cos'a. , AB = en= OD = zR = ---z--= cos a. de donde a b=AB Cos2a. Haciendo la misma construcción con diferentes valores del ángulo ex., y uniendo el punto C con las divisiones de la escala gráfica, se obtie­ne la escala de proyección. Para obtener la distancia con que se debe construír el plano, en lugar de tomar la distancia leída sobre la estadía en la escala gráfica del plano, bastará medirla en la paralela á la escala gráfica corr.cspon­diente al ángulo del declive. (La paralela Ea corresponde al ángulo a). Anteojos analáticoJ-En los anteojos estadimétricos, el punto co­rrespondiente al punto O (ojo del observador en la figura de demostra­ción del principio de la estadía), es el foco prinéipal anterior del obje­tivo, y la distancia medida es la distancia de la estadía á este foco prin- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 'BOLET.fN MILITAR 645 cipal. Pero lo que se busca es la distancia de la estadía al eje del ms­trumento. Entonces hay que corregir las lecturas. Puede hacer e la corrección: I." Aumentando la distancia medida con ]a estadía en una canti­dad conocida y constante para el mismo instrumento (distancia del eje del instrumento al foco principal anterior de] objetivo). 2. 0 Empleando estadías corregidas. En efecto, reduciendo una de las divisiones en una cantidad que represente, en la estadía, la cantidad constante precedente, todas las lecturas resultarán aumentadas en esta cantidad, siempre que la divisiÓn reducida se halle entre las imágenes de los hilos. Ordinariamente se hace la reducción en una di visión corres­pondiente á la altura media de los instrumentos, sea poco más ó menos á la altura de 1m40. 3. 0 Empleando anteojos tma!áticos, que, por medio de ~n lente su­plementario, hacen coincidir el punto fijo O con el eje vertical del ins­trumento. Casi en todos los anteojos estadimétricos de los instrumentos de Topografía se ha adoptado este ¡::erfeccionamiento inventado por un oficial de ingeniería, italiano, el Sr. Porro. l11strumentos steJJaláticds-Llámanse stenaláticos ó autorreductores los instrumentos que permiten leer inmediatamente en una estadía co­locada perpendicularmente á la visual, la distapcia reducida al horizon­te, con la cual desde luego puede construírse el plano, sin hacer ope­raciOnes. C.APITULO IV llfedición de ángz,los Los ángulos necesarios para establecer la planimetría, son los for­mados por las proyecciones horizontales de las líneas del terreno; el ma­yor número de los instrumentos que vamos á estudiar, permite medir directamente al ángulo de las proyeccione:, horizontalc ; sin embargo, algunos 1rvcn para medir los ángulos en el plano que forman las direc­ciones en el e pacio. Los in trumentos de medir ángulos pueden dividir e en tres clases: I . 0 Instrumentos gJiiográjico.r para construír directamente en el dibujo los ángulos de la proyeccionc horizontales. 2.0 Instrumentos q•¡e dan los ángulo· de las proyecciones de cada dirección con el meridiano magnético. El fundamcn to de esta clase de inscrumcn t(IS es la propied1d de la agllja imanada. 3.0 ln'trumentos gJtiométricos q•tc miden directamente, por medio de visuales, el ángulo formado por dos direcciones ó por sus proyec­ciones. La medición de ángulos verticales se estudiará con los procedi­mientos de la ni velación. SECCIÓN . l. ]nstrttmnJirJJ gJIÍ?grájicos-Pitmchetas y alidadns Los instrumentos goniográficos son las planchetas y Jos aparatos que exige su empleo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EOLE'I'Í.N MILITAR CAMPAÑA EN EL RIO MAGDALENA Segunda parte -Relato oficial (Conclusión) 647 INFORME que pre,;enta el Sr. General Comandante General de la Flotilla de gue:-ra del río Magdalena á S. S. el Ministro de la Guerra. Sr. Ministro: Cumplo el deber de presentar á S. S. informe sobre la cam­paña realizada por la Flotilla de guerra del río .l\1agdalena, que puso bajo mis órdenes el Sr. General Comandante en Jefe del Ejército del Atlántico, el día 20 de Octubre último. Fl?tilla-Han compue to la Flot:IIa de guerra las siguien­tes naves convenientemente armadas y tripuladas: cañonero Hér­cult- s, vapores C'Jlombia, Bísrn"lrt.k, tVfanut la Aycardi, Miguel Sam­per, Zea, Enrique, M a r!Ínez Bossio, Flora, Arztioquia, Peñ.asblan­cas y Alicia. En el cañonero Hérculn está situada Ja Comandancia general de la Flotilla; en el vapor Antioquia la segunda Coman­dancia, ser vi da ésta por el Sr. Coronel D. A urelio de Castro. Los vapore Fhra y Peñasblancas están destinados especialmente al servicio de avisos. Campaña y combate de Gamarra - En las primera horas del día 20 del mes próxitno pasado, fui llamado por el Sr. Comandan­te general de la 3·a Divi s ión del Ejercito permanente, con el ca­rácter de urgencia. Este alto empleadcJ me informó que había estallado un movimiento revolucionari con graves caract -res; que los alzado. se habí an apo derado, en los p a tios d e la Compañía Colombiana tle '1 ransporte , de la draga C r i st óbal C olón, vehículo poderoso que indudablemente pre taría á la rebelión s e rvicios de grande itnporta ncia, y que con el obj e to de embotellar e l cañonero Hércules y los otro buqu e s de Jo Cllales pudiera s ervirse el (,..o­bierno, habían hundido en el c :J ño q11e pone en comunicación á Barranquillz con el río, la tambi é n pode rosa draga Ayacucho. Al mismo tiempo era de pn ... vc · rse guc }r) rebeldes se hub1eran apode­rado de Jos vapores mer antes que surcaban para ese día la parte baja del río. Et Sr. General Comandante general de la 3·a División que­ría utilizar mi servicios no sólo como partidario l..:::al y convenci­do del Gobiern l e gítimo, sino también mis conocimientos y práctica en ingeniería y navegación. Ant e todo era urgente é in­dispensable remover el poderoso ob tciculo, colocado en la 1nitad del caño; obstáculo que, er concepto de ingenieros extranjeros, no desaparecería ino mediante una labor que demandaba tiempo y elementos apropiados. Apartándome de ese concepto, pedí al Sr. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 648 BOLETÍN MILITAR Comandante General de la 3·a División que pusiera á mi~ órde­nes el cañonero Hércules, y dirigiéndome en él hacia la draga hundida, logré, después de dos horas de rudísimo trabajo y me­diante operaciones que encontraréis descritas en el diario respecti­vo, hacer desaparecer el obstáculo con que la rebelión había que­rido destruír la rapidez de nuestros movimientos de ataque ó de­fensa, ó reducirlos á su última expresión (*). Investido el Sr. General Comandante general de la 3·· Divi­sión del mando en Jefe del Ejército del Atlántico, tuvo á bien confiarme, en la mañana del 20 de Octubre, el mando de la Floti­lla de guerra del río Magdalena, y aceptado el honroso encargo, situé la Comandancia general en el cañonero Hércules. En segui­da ordené que se armara en guerra el vapor Colombia, y dejé ejecu­tando esta operación á mi sahda del puerto de Barranquilla, á las 4 y 30' p. m. del mencionado día 20. Era ante todo preciso ente­rarse de los movimientos de los rebeldes, así como de los elementos con que contaban, y á toda máquina seguí aguas arriba, llegando al puerto de H eredia á las 7 a. m. del día 21. Allí se me informó lo siguiente por persona amiga : los rebeldes contaban con los vapo­res: draga Cristóbal Colón, Elbers, Cisneros, Barranquilla, Elena y Gieseken Ringe. Añáda: e á ellos el Antioquia, apresado en el puerto de Marengo la noche de] 19. A todo golpe se dirigían los rebeldes aguas arriba, y en seguida de obtener aquellas noticias, retrocedí á Calamar con el objeto de ponerme en comunicación con el Sr. Jefe Civil y Militar del Departamento de Bolívar, así como para acti­var el blindaje del vapor Colombia, que encontré ya en ese puerto. Quería, además, dejar tiempo para que los rebeldes tomaran una resolución sobre los numerosos pasajeros que conducían los buques mercantes apresados, entre los cuales se encontraban señoras y ni­ños. Más tarde supe que esos pasajeros habían sido dejados en Zambrano En Calamar recibí te! grama del Sr. Jefe Civil y Militar del Departamento, acon ejando que para atacar la flotilla enemiga se aguardaran refuerzos de Barranquil1a. En Consejo de Oficiales ge­nerales, compuesto del suscrito y los Generales D. Elías Rodrí­guez y D. Ignacio Folíaco, se trató el punto, y el Consejo fue de opinión, previa exposición de razones, que debía continuarse inme­diatamente la marcha sin aguardar aquellos refuerzos. Comunicada esta resolución al Jefe Civil y Militar, éste se adhirió á ella (**). ( ) Sobre este detalle descansaba el plan de la revolución. L. D. •' Ojlcial-Urgente-Cartagena, 21 de Octubre de l899 General D. de Castro-Calamar. Como anuncian que venían vapores Lafaurie y Manuela .Aycardi espérelos para que suba con los cuatro buques juntos. General Vélez y Román aquí conmigo. Ciudad bien inspirada. Jefe Civil y Militar, GÓMEz PÉRF..Z (Véase la página siguiente) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 649 Comprendí claramente que la flotilla rebelde llevaba dos ob­jetivos: esperar en Puerto Nacional ó Bodega Ocaña fuerzas de Santander en número suficiente para marchar luégo sobre Barran­quilla ó subir á marchas forzadas hasta Puerto Wilches, donde blindarían sus naves poderosamente, haciendo uso de los rieles. Logrado cualquiera de los dos objetivo~, la rebelión hubiera toma­do grande incremento, y había que impedir á todo trance la propa­gación c-lel incendio. A marchas forzadas seguí, pues, sobre los rebeldes, y acaso me hubiera sido posible darles caza antes, si el vapor Colombia hubie­ra tenido mayor velocidad como lo verá S. S. más adelante. Al mismo tiempo que remontaba el río, ocupábame en el res­tablecimiento de las líneas telegráficas, destrozadas por los rebel­des; en volver á sus puestos las autoridades legítimas desconocidas, y en levantar el entusiasmo de nuestros amigos, quebrantado por las f?lsas noticias que propagaban á su paso los rebeldes. Llegué á Magangué el dí2. 23 á las 4 y 50 a. m. Lugar es éste donde la rebelión encontró terreno propicio para desarrollarse: allí hizo sus primeras víctimas; de allí sacó recursos nada despreciables. La au­toridad rebelde huyó á mi llegada. El día 23 me ocupé en verificar ciertos trabajos en el caño­nero Hércules, para poner en mejores condiciones de ataque la artillería. Al efecto hice desmontar la ametralladora Colt del lugar en donde la encontré ituada, para colocarla sobre la casilla de los prácticos, donde, por razón de la altura y mayor radio de acción, sus fuegos fueran mortíferos y decisivos sobre los buques enemigos, por blindados que e tuviesen. Creo que á esta medida corresponde, en mucha parte, el éxito obtenido en el combate <.le Gamarra. En la noche del 24 la lucha con la flotilla enemiga, si ésta e encontrabaen Puerto Nacional ó Bodega Ocaña, era inmhente. En e a expectativa retrocedí en bu ca del vapor Colombia, el cual necesitaba como elemento estra­tégico y no alcanzaba á divisar siquiera. Con pena me enteré de que tenía un daí1o su maquinaria, motivo por el cual lo encontré fondeado frente á C.1imital á las 5 y 30 p. m. ·rransmití las ór­denes é instrucciones necesarias para que el daño fuera reparado en seguida, y continué aguas arriba, pareciéndome divisar á ?OCO el buque Mosca, enemigo que después supe lo era el Gieseken Ringe. El terrible combate se empeñó á las 1! y 30 p. m. del día 24 y terminó á la I y 30 a. m. del día 25. Los buques enemigos eran siete: draga Cristóbal Colón, Elena, Cisneros, Antioquia, Barranqui- Urgente-Ojicial-Cartagena, 21 de Octubre de 1899 Generales Diego A. de Castro, Rodríguez y Folíaco-Calamar. Aplaudo vuestra resolución de partir inmediatamente en busca flotilla rebelde, toma­da en Consejo de Oficiales generales. Tengo plena confianza en el triunío. (Firmado), GóMn Piazz. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 650 BOLETÍN MILITAR lla, Elbcrs y Gieseken Ringe. Los nuéstros apenas dos: el cañonero Hércules y el vapor e,¡, nbia. El plan de ataque y defensa, el parte detallado, lo informes r..:11didos por los jefes de las naves nuéstra~ que entraron en batalla, el croquis de ésta y el cuadro de distan­cias, todos estos docume : Jt ')~ los encontrará S. S. adjuntos al pre­sente informe, debidJ.m ... nte autenticados y numerados. No me tocJ, c:ertamente, apreciar L.ts consecuencias del triun­fo obtenido por las armas nacionales en el combate de G-amarra; mas sin inc:urrir en inmodestia, puedo asegurar á S. S. qu~ al no hab~r sido de:>truídJ totalmente, c:.>:no lo fue, la flotilla rebeld:!, la guerra habría tomado proporciones gigantesca·, y la Co>t1 atlán­ticJ. cor. ido gran peligro. Al día siguiente de aquel de:;calabro de los reb:ld.:s, se presentaron á Aguachica, lugar qu~ dista de Puer­to Nacional y Bodega Ocazía cuatro leguas, los Jefes de ellos, Ge­nerales Durán, Lvpeira y G..1ray, con 6::>J hombres, s~=> de ellos bien armados, que venían á reforzar la flotilla por orden de uno de los Jefes de la rebelión, Dr. Julio A. Vengoechea. No habiendo enemigo que vencer en el río, y juzgando ne­cesaria la bajada de la flotilla, dispuse contramarchar á Barranqui­lla, encontrando en el tránsito el resto ~e aquella que no alcanzó á tomar parte en la batalla de Gamarra. Despachado de nuevo por el Sr. General Comandante en Jefe del Ejército del Atlántico, salí del puerto de Barranquilla el día 30 del m~:> pn)xuno pasado, para realizar los movimientos de que he dado cuenta á S. S. desde Puerto Berrío. Servicio qu~ presta la Flotilla - A mi retaguardia que­dan: el vapor .Antioquia, que monta el segundo Comandante de la Flotilla, Coronel D. Aurelio de Castro, y el vapor Manuela Ay­cardi, haciendo el servicio de cruceros entre Puerto Nacional y Boc.1s del Lebrij2.. El objeto de esta mediJa es el siguiente: el rebelde Hil..trio Meneses se encuentra en el río Lebrija con nu­merosas partiJa:; armadas y apoder<:~do de las lancha de vapor de la Emprc'i:l. d-.. Transporte· de S to, cometiendo los m1yores atro­pello$ y violencias. Es nece:>ario destruírlo si intenta salir, como lo hiz ya una vez, al río Magdalena. Juzgo conveniente que de Bucaramanga salgan fuerzas que batan e:>te impenitente rebelde. El vapor M7rtÍn¿z BJssio salió de BoJega Central el día 6 del presente á las 5 y 30 p. m., con destino á Barranquilla, condu­ciendo al Sr. Dr. D. José Manuel Goenaga G., Jefe Civil y Mili­tar del Departamento de Bolívar, y fuerzas organizad.1s en Antio­quia al mando del Coronel Laureano García. Los vapores Zea y Migud S.unpcr hacen el servicio d~ cruceros entre Sitionuevo y Girardá, puntos estratégicos, situado el uno en la ribera del De­partamento del i\1agdalena, \ el otro en la de Bolívar; servicio que se presta con el objeto de impedir que los rebeldes de uno y otro Departamento se presten mutuos auxilios ó se concentren en una sola región, como p:1.rcce ser su objeto vi ible. El vapor Alicia, que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLI!~1'ÍN ~IlLI'l'AR 651 su be á marchas forzadas, encontrará orden mí a en Puerto Berrío, de ponerse á órdenes del Sr. Gobernador de Antioqui;J . .El aviso Ptñasblancas está á órdenes del Jefe Civil y Militar de i\1agangué, Coronel Santiago Alvarez, quien siguió en él á Sucre y Majagual, á levantar fuerzas. El aviso Flora sirve de comunicaci¿n e!ltre Calamar y Ba­rranquilla, pues la línea telegráfica entre estos Jos lugares aún no se encuentra restablecitla. El vapor Bísmarck queda encargado del transporte de brigadas que se destinan á la movilización de.fuer­zas sobre la Provincia de Ocaña. Elementos dd enemigo-En el combate de Gamarra se hundi6, como Jo verá S. S. por el respectivo parte, la draga Cristébal Colón y fueron apresados los vapores Elena, Cisntros, Elbers y Barranquilla. El vapor Antioquia, que en momentos de la acción salió en fuga aguas a bajo, fue apresado por la retaguardia de nuestra flotilla, y por sus condicione~ de solidez y velocidad lo hemos utilizado en nuestro servicio. El vapor Gieuken Ringe, que salió aguas arriba también en fuga, fue abandonado por Jos rebeldes en Bodega Cen­tral, y sus tripulantes lo echaron aguas abajo, entregándolo tam­bien á la retaguardia de nuestra flotilla. La draga Cristóbal Colón pertenecía al Gobierno Nacional, y de su usufructo gozaba la Compañía Colombiana de Transportes, en virtud de contrato celebrado entre ésta y aquél para la limpia y ct~nalización del río Magdalena. El vapor Elena perten('ce á la Compañía Fluvial de Cartagena, empresa americana. Los vapores C:sntros, Barranquilla y Elbers son propiedad de la Compañía Colombiana de ·rransportes. El vapor Antioquia á los Sres. Ma­chado, Grau y Compañía, y el Girseknz Ringe á la Empresa Ale­mana de Navcg~ción Fluvial. También fue tomado por los rebel­des en J\lagangué, y luego abandonado, el vapor Magdalena, igual­mente de la Colombiana de Transportes. Con honrosas y contadas excepciones, ayuellos vehículos fue­ron entregados por sus tripulantes voluntaria y Pspontáneamente á los rebeldes, pasando aquéllo á de. empeñar, una vez armados en guerra, las mismas ó má altas funciones que desempeñaban antes en los buques mercantes. Me permito llamar muy especialmente la ~:tcnción de S. S. sobre tan grave cuestión, porque si dichos tripulantes, a í corno todos los revolucionarios empleados en las emprc.as de tranc:porte, no reciben un castigo ejemplar y severo, las guerras volverán á ser endémicas en Colombia, y habremos re­tr:> ccdido "á los luctuo.os tiempos de la anarquía organizada." Me permito igualmente recordar á S. S. que el Sr. General D. Rafael P cye Jict<) en la guerra de 1895 un Decreto sobre policía de nc:vegaciün y ferrocarriles, en su ct~rácter de Coman­dante en Jefe del Ejt:rcito dd Atbntico, río Magdalena y Santan­der, que fue debidamente ar,rob;Jdd por el Supremo Gobierno. En ese decreto se dispuso que los e m pleacios de naves .ó ferrocarriles que entregaran voluntariamente dtchos vehículos á los rebeldes, co o LA REPlJBlfCA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 652 BOLETÍN MILITAR serían ju'l.gados y castigados como traidores, y que al ser tomados aquéllos nuevamente por el Gobierno, se reputarían botín de guerra. U na comisión eacargada de investigar rápida y enérgicamen­te la responsabilidad en que hayan incurrido tales empleados, sería convenientísirna, pues de otra manera la lentitud de los proceso, ordinarios y las contemplaciones indebidas harían casi inmune­aquellos graves delito;; contra la seguridad del Estado y la paz pú­blica. Contrayéndome especialmente á la Com,pañía Colombiana de Transportes, diré á S. S. que tengo una alta idea del espíritu de imparcialidad y respeto á las autoridades legítimas de que está animado el Director de ella, D. Jacobo Cortíssoz; pero el jefe de los talleres de esa empresa el Sr. Alejandro M'Causland, si ha estado públicamente en inteligencias con el Sr. General Uribe Uribe, según consta de manifestaciones insertas en El Autonomis· ta, firmadas por dicho Sr. M'Causland y por todos sus subalter­nos. Bajo el pretexto de asociación industrial, formó un Club po­lítico al que concurrían todos sus obreros; de lo1' talleres alejaba sistemáticamente á los que eran partidarios del Gobierno, alegando incompetencia ú otro cualquier motivo. Todo eso puedo asegurar­lo á S. S., porque como ingeniero mecánico, desempeñé las mis­mas funciones del Sr. M'Causland en la Compañía Colombiana, bajo la administración del finado Sr. D. López Penha J r. En los talleres puestos al cuidado del Sr. M'Causland, y al calor de sus fraguas, se forjaron las herramientas que hundieron la draga Ayacucho, y aun hay quien asegure que el remedo de cañón de que se sirvieron los rebeldes en la Cristóbal Colón. {/olores-Los fondos de que ha dispuesto la .Fotilla de guerra han sido manejados con escrupulo:sidad y orden por los Contadores de los respectivos buques, con las mismas riguro;;as formalidades que en tiempo de paz, sin que haya intervenido para nada en tales opcracione e ta Comandancia g~ncral. Peticion de empleados y gu~rnición dd "Hércules"-Adjunta en copia encontrara S. S. una solicitud que me han dirigido los empleados y g;uarni i6n del cañonero Hcrcules, que he pa. ado al Sr. General Jefe de Estado Mayor general del Ejército, debida­mente apoyada, y que recomiendo al estudio de S. S. C'Jnclusión-Creo haber correspondido á la confianza que en mí depositó el Sr. General Comandante en Jefe del Ejército del Atlántico, como el más alto representante armado de un Gobierno ju to y honrado, al que reitero, por el honorable conducto de S. S., la protesta de mi inquebrantable adhesión. Dios guarde á S. S. El General Comandante general de la Flotilla, D. A. DE CASTRO A bordo del cañonero Hércules, La Dorada, 10 de Noviem­bre de 1899 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :bOLET:fN MILITAR 053 SECCION DOCTRINAL SEGÚN LOS RUSOS* Arreglado para el Boletín Militar ÜFENSIVA **-Los exploradores reconocen la posición del enemi­go, y del conjunto de informes que ellos suministran, y, si es posible, de lo que el jefe ha visto por sí mismo, deduce el plan á que habrá de sujetar el ataque. Bajo la protección de la vanguardia el asaltante toma la formación de reserva, y luégo, LUando se dan las órdenes definitivas, la formación de combate. La vanguardia p:1sa directamente del orden de marcha á la formación de combate. En tanto que el grueso se reúne, el jefe da las instrucciones del caso á sus subordinados inmediatos, quie­nes se habrán agrupado en torno suyo: él les indica el fin que persigue; designa cuáles unidades constituirán la línea de combate y cuáles las reservas; determina las misiones particulares que pueden incumbir á ciertas unidades de la línea de combate; les hace conocer el emplaza­miento previsto para las reservas, el punto ó puntos de reunión, el lu­gar donde se aparcarán las cajas de cartuchos, y el sitio que él ocupará para dirigir la brega; señala, además, cuál unidad marcará la dirección y qué medidas rleberán tomarse para garantizar la seguridad de los flan­cos. En una palabra, para los rusos el combate ofensivo presupone dos períodos perfectamente distintos: el preparatorio y el del asalto. Es de observar que si la tropa que ataca es de corto efectivo, lo mismo que la vanguardia de una mayor, adopta la formación de com­bate desde el principio, de suerte que sólo las grandes unidades pasan por la formación transitoria de rettJJi ÓJJ, á menos que no se trate de una batalla de encuentro, en la cual debe tomarse á cualquier precio la iniciativa de las operaciones. a) PreparaciÓJI del tlJa!to-Las compa!ÍÍas destinadas á formar la cadena avanzan en línea desplegada ó en columna de sección por el flanco. A z,ooo pasos del enemigo se forman en una sola fila, y á par­tir de tal momento ganan terreno á un paso lento y calmado, no dete­niéndose á hacer fuego sino cuando blancos favorables se les presentan en su camino. Al llegar á una distancia de 1 ,ooo á 1,400 pasos de la pos1ci6n del adversario, rompen el fuego si excepcionalmente no lo hu­bieren ya principiado. Esta primera enzarzada será á veces bastante • Hace algunos años el General Skugarevski, partidario del fuego, y los Generales Puzyrevski y Dragomirow, partidarios del choque, suscitaron en la prensa militar una viva polémica, la que obligó al Gobierno á nombrar una Comisión que elaborara un proyecto de reglamento, el cual, experimentado en 1896, revisado al año siguiente, y so­metido de nuevo á la práctica, será en breve reglamwto oficial para 13 instrucción de las tropas. Caracteriza á este reglamento la no admisión ele movimientos rctrógraclos para pasar de una formación á otra y que los desplazamientos y cambios de dirección se ejecutan por el flanco, ó sea se han llevado las cosas á su m1yor sencillez, sin cuidarse de los ceremoniosos movimientos que aún existen en otros ejércitos. •• La formación de combate comprende la línea de combate y la reserva. La pri­mera se subdivide en cadena y rcsPrvas de batallón; la segunda en resenas esper.iales y r~serva generul. Las distancias ó intervalos serán tales, que cada cual pueda socorrer al vecino, en un momento dado, sin perjud1car las evoluciones de los demá•. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 654: BOLETÍN MILITAR a~a!orada para que la cadena requiera un refuerzo en hombres y mu­niCIOnes. Entre tanto el Jefe habrá completado sus disposiciones definitivas para la lucha formal, y la dirección podrá ser fijada ya con acierto y definitivamente. En seguida los cambios de posición se harán por regla general en toda la línea y de un modo simultáneo: si el terreno fuere cubierto ó dobl ~, las secciones se plegarán para avanzar con mayor co­modidad, y cuidarán de ligarse entre sí por soldados dichos de tontxión; se evitará el empleo del paso gimnástico á fin de ahorrar á las tropas las fuerzas que exigirá el asalto, pero esto no impide que cuando así con­venga, unas compañías ganen á la carrera una nueva posición de avance, para salvar los sitios peligrosos, en tanto que otras, en la anterior, man­úenen el tiroteo: estos movimientos por escalones, que son la excep­ción de la regla, se ejecutan sólo por las compafiías que tienen al fren­te una posición ventajosa. Cuando la nectesidad se impone, en especial en tropas muy quebrantadas por el fuego enemigo, el movimiento de avance se ejecuta hombre por hombre; este sistema, que propuso hace años el General francés Lewal, quien lo llamó de insinuación, muy prác­tico en los ejercicios, puede serlo mucho menos en el campo de bata­lla, donde la energía de oficiales y clases tendrfa que vencer el instinto de la conservación que se desarrolla de un modo especial en el hombre aislado. Los altos de la cadena serán lo más corto y lo menos frecuentes posibles. El General Dragomirow ha prohibido terminantemente á sus tropas doblar la rodilla ó echarse á tierra durante esas detenciones, ob­servando que si herir á un hombre no es cosa fácil, en el polígono, des­de que se tira á más de 300 pasos, lo racional es apresurar la marcha en el combate hasta reducir la di s tancia que separa á los contendores. A fin de favorecer el movimiento de avance, á menudo se destaca sobre el flanco una fuerza que ocupe una posición ventajosa y tire sin cesar mientras la cadena avanza, y que suspende el fuego tan luego corno lo rompe esta última. A 500 pasos del enemigo, el fuego será ya tan intenso como sea posible; las reservas habrán avanzado en las forma ciones que las expon­gan lo menos que se pueda al tiro del enemigo: compañías en colum­nas de sección par el flanco, al tresbolillo 6 en escalones, 6 bien desple­gadas, con las filas abiertas y las secciones al trcsbolillo. Las tropas de reserva de una misma unidad se reúnen hasta doude sea factible, y la reserva general avanza tras la posición m1s débil de la cadena, 6 hacia el punto elegido para el ataque decisivo. La diHancia que separa las reservas de la cadena será siempre inferior ~ la que exista entre ésta y la línea enemiga, regla de sencilla aplicación, que facilita la utilización bien entendida del terreno, abre campo á los movimientos de la reserva y procura seguridad á los tiradores de la cadena. b) .Asalto-En el momento en que el fuego está á punto de terminar su obra las reservas se juntan á la cadena, sin mczclarst con ella si esto fuere posible: llegó el turno á la bayoneta; las filas se cierran, las secciones forman grupos compactos, los tambores y cornetas tocan á la carga, resuenan las músicas, el objetivo es conocido de todos, y en este ¡nomento la consigna de jefes, oficiales y soldados es avanzar de: frente, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLETÍN MILITAR 655 8in preocuparse por lo que pasa á sus lados. La marcha se ejecuta á un paso rápido, vivo, nervioso, tratando de alinearse la tropa sobre los que van más ade!ante y se hace fuego al marchar si el asalto no se da desde muy cerca. El General Dragornirow dice á sus soldados: "avanzad por enjambres durante la preparación por medio del fuego ; agrupaos para el ataque á la bayoneta: la bofetada se da con el puño cerrado y no cou los dedos abiertos." El ataque á la bayoneta no se produce forzozamente al mismo tiempo en todos los puntos de la línea ; cada compañía debe tratar de alcanzar al adversario lo más pronto posible ; al grito de hurrah ! lan­zado por un jefe repetido por los oficiales y sargentos ¡::rimeros y en seguida por los soldados se lanzan éstos sobre el enemigo á paso de carga repitiendo la voz con acentos prolongados. La persecución será enérgica en extremo, y esta faz del combate también resulta marcada de un modo especial: el fuego que se emplea en ella es el fuego rápido. Hasta el momento decisivo se conserva dis­ponible una porción de la reserva, á fin de hacer frente á los contra­ataques posibles del enemigo. Cuando el asalto fracasa, la retirada se ejecuta á paso calmado y en el mayor orden; tiradores aislados se detienen, dan media vuelta, disparan su fusil y en el acto tornan á reunirse con la cadena: las frac­ciones que encuentran posición conveniente hacen alto para contener un tanto al enemigo con sui fuegos y se protegen mutuamente en 8U retroceso. El progreso ha sido evidente en Rusia, porque antes de 1881 cualesquiera que fueran el terreno y las circunstancias, el combate debía desarrollarse del mismo modo, por lo cual el General Skugare­wiski hacía al reglamento entonces en vigor las siguientes objeciones: 1.0 , invariabilidad en las disposiciones; 2..0 , falta de reconocimiento previo; 3.o, cadena muy débil y por lo mismo preparación insuficiente con el fuego, refuerzo prematuro de ella y mezcla inevitable de la8 unidades; 4.0 , uso constante de los saltos sucesivo'> por pequeñas frac­ciones para el avance á partir de la distancia fija de I,ooo pasos. En la actualidad los exploradores reconocen la pocisión adversa, desde el principio se despliegan compañías enteras á fin de obtener la superiori­dad del fuego, se evitan los avances por pequeñas fracciones y se deja campo á la iniciativa inteligente de los oficiales. DEFENSIVA-La defensa de una posición entraña igualmente dos actos sucesivos: en primer término hay necesidad de quebrantar al ad­versario por medio del fuego, y en seguida es preciso responder á su asalto con un contra-ataque. Al principio, si el terreno lo permite y la defensa dispone de más de un batallón, adelante de la posición se ocupan ciertos puntos para obligar al enemigo á que se despliegue y re­vele sus intenciones. Las tropas á las cuales se confía esta misión, cui­darán de no dejar que el enemigo se les aproxime mucho, porque en­tonces podría penetrar tras ellas á la posictón propiamente dicha. Esas lí­neas avanzadas pueden á menudo concentrar el combate sobre puntodis­tinto del escogido de antemano por la defensa y casi siempre perturban­el fuego de las tropas que ocupan la línea de resistencia formal. Las fuer­zas q uc constituyen la línea avanzada con frecuencia quedan expuestas á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAll. un destrozo casi seguro, y la historia menciona muy contados casos en que el procedimiento haya dado buen resultado, lo cual no obsta á que los rusos lo conserven; y en verdad que cuando es posible emplearlo como se debe, contribuirá de modo eficaz á la victoria. Tan luego como se conoce la direcci6n del ataque, una cadena de tiradores, tan densa como lo permita el terreno, ocupa el linde de la posici6n organizada defensivamence, y las reservas se establecen más cerca que en la ofensiva. Sobre tropas enemigas en mnvimiento el fue­go se hace con intensidad, la cual disminuye si se trata de fracciones que han hecho alto, y sobre todo si están abrigadas: la intensidad llegará á su máximum cuando el adversario está pr6ximo, y si éste se lanza al asalto la cadena ejecuta el fuego de repetici6n (rápido) 6 tira por des­ct~ rgas; las reservas, acercadas Jo más posible durante la brega, y que habrán permanecido en orden cerrado: no emplean sino la última de esas dos clases de fuegos, lo que parece difícil en la práctica á causa del ruido que producirá el fuego rápido de los tiradores. Puede suceder que el fuego, á pesar de su intensidad, no detenga el asalto del enemi­go, siendo preciso entonces proceder al contra-ataque. En el momento en que las tropas del adversario van á penetrar en la posici6n, la cadena y parte de las reservas, íntimament' reunidas, se arrojan sobre aquéllas á la bayoneta; otras fracciones tratarán de caer sobre una de las alas de aquél. A decir verdad, el momento en que se lance el contra-ataque depende de la naturaleza de la línea de defensa: si es tál que sea fácil introducir el desorden en las filas enemigas en el momento en que penetran en ella, se deja llegar esta oportunidad, los defensores retroceden un poco, envían al adversario un par de descar­gas á boca de jarro, y en seguida lo atacan á la bayoneta. Si la posi­ci6n no favorece ese desorden, el contra-ataque se ejecuta antes de que el asaltante llegue á la línea de defensa. Si el contra-ataque resulta eficaz, cadena y reservas persiguen al enemigo á balazos y se preparan á rechazar un segundo a alto, aun cuando de ordinario el asaltante, muy quebrantado con el esfuerzo an­terior y fa] to de reserva, no pensará en renovar e 1 gol pe: el defensor debe aprovechar esas vacilaciones y pasar resueltamente á la ofensiva. En la instrucción es preciso llevar al ánimo del soldado esra idea: que el mejor medio de defenderse es atacar: las masas, lo mismo que el hombre solo, á la vez que resisten deben estar listas para coger al vuelo la ocasi6n que se les presente para asestar algunos buenos golpes. Por lo común el ataque de frente no será el principal: fracciones de la cadena 6 de la reserva, que rebasan la línea de combate, á veces dispuestas en escalones, intentan movimientos envolventes sobre una 6 sobre ambas alas. La defensa debe cuidar, por lo mismo, no de­jarse arrastrar á extender su frente con exceso y vigilar los movimientos de flanco que el enemigo pueda tentar á cubierto, para lo cual forma martillos 6 zigzags defensivos, y mejor aún, dirige fracciones de la re­serva sobre el flanco de las tropas que intentan el movimiento en­volvente. Cuando el asaltante obtiene la victoria, una reserva de escaso ~fectivo protege la retirada¡ la cadena 6 los tiradores utilizan para Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR hacer fuego las posiciones sucesivas que le ofrezca el terreno (•).: Si se trata de los tiradores, éstos se unen á la cadena tan luégo como han disparado. ÜP.!RACIONES DE NOCHE-Las operaciones nocturnas se confían á de,._ tacamentos de poca fuerza. En la ofensiva el orden de marcha se con­serva el mayor tiempo posible y no se dispara; llegado el momento del despliegue, éste se hace en grupos com!'actos; en gran número se emplearán las patrullas para vigilar los flancos y enlazar las tropas; por medio de linternas !>e marcan los puntos que indique el jefe, en espe­cial los setialados para plazas de reunión y donde se situará él para re­cibir partes y expedir órdenes. No se lanza el grito de bttrrab! sino al caer sobre el adversario y la tropa se prepara á rechazar todo retorno ofensivo del defensor. La defensa observa los mismos principios, y además en las noches de luna y á pequeñas distancias emplea los fuegos por descargas. EL FUEGO Y EL CHOQUE-Natural es ahora averiguar las ideas que tienen los rusos sobre la parte que en la lucha corresponde tanto al fuego como á la bayoneta. La bala-El fuego á cortas distancias es el elemento á que se atri­buye la acción más seria en la 1 ucha. Los jefes tratan de ob[ener una completa disciplina del fuego, de apreciar con exactitud las distancias é indicar los objetivos del tiro con toda claridad. Los jefes de batallón tienen la dirección del fuego; en las compañías el oficial que manda los tiradores de la cadena resuelve si se emplea el fuego á discreción 6 el de descargas y señala el objetivo de acuerdo con las órdenes recibi­das; los jefes de sección (sargentos) indican el alza, dan las voces de man­do del caso y reglan la velocidad del tiro: si observan cansancio en los soldados suspenden el fuego por unos instantes; los cabos cuidan de la buena colocación del alza, de la utilización racional de los abrigos y del terreno, y de que los soldados no disparen sin apuntar. Los oficiales aprecian las distancias principalmente con el binóculo-telémetro Sou­chicr, de que existe un ejemplar en cada compañía. Los fuegos que se usan en el combate son los individuales y los de descargas. Los individuales pueden ser lentos 6 rápid~s; los fuegos por descargas se ejecutan por sección y se usan á todas las distancias, pero no se emplean sino cuando la tropa puede oír distintamente las voces de mando respectivas. Además, las tropas en formación cerrada sólo tiran por descargas, en tanto que si las filas se han abierto, cabe también el tiro rápido. Evidentemente los rusos reaccionan contra las primeras impresiones que en ellos dejó la guerra de I 877 y 1878, y reconocen los peligros á que conduce el uso de las descargas por todo y para todo; de seguro recuerdan la máxima de Napoleón: "Fren­te al enemigo el único fuego práctico es el fuego á discreción," y aun entre ellos ya hay algunos militares que afirman no ser ciertos muchos de los fuegos por descargas mencionados en las relaciones de las guerras modernas. ~·) Eatos puntos, tanto en la ofensiva como en la defenaiva, deben ser previa­mente reconocidos por oficiales de Eatado Mayor para aprovecharlo• mejor-L. D. a Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILiTAR El fuego individual lento se emplea contra toda clase de objetivos hasta soo pasos de distancia, hasta I,ooo cuando se trata de grupos, y á mayor lejanía sólo sobre las formaciones vulnerables. Los mejores ti­radores se dedican exclusivamente á hacer fuego sobre los Estados Ma­yores, los jefes, abanderados, y todos los demás objetivos análogos, cual­quiera que sea la distancia y el efectivo de tales blancos. A un toque de silbato cesa el fuego, y Jos tiradores vuel venJa vista hacia su jefe. En tesis general, los fuegos rápidos preceden inmediatamente al asalto. La importancia relativa que se atribuye á los objetivos, hace que se escoja éste de preferencia á aquél, dejando en segundo término la pro­babilidad que haya de herirlos. Los que en un momento dado consti­tuyen un obstáculo para alcanzar el designio perseguido en ese mismo instante, ó bien amenazan convertirse en un peligro serio, son mirados como los que interesa herir de preferencia. N o se abandona un objeti­vo por otro sino después de haber concentrado el fuego sobre el pri­mero durante un cierto tiempo. En la ofensiva las baterías enemigas son por lo general los prime­ros objetivos favorables que se presentan al asaltante; en seguida el fuego se dirige sobre la cadena adversa que las fracciones designadas tratan de envolver; las tropas del enemigo que lleguen á dejarse ver en formaciones cerradas son blancos que nunca se debe descuidar acribi­llar á balazos; antes del ataque á la bayoneta el fuego se concentra sobre el punto que es preciso conquistar. Naturalmente la defensa se encuentra en mejores condiciones que el ataque si se trata de la elección de los objetivos para el tiro: de pre­ferencia elige las baterías del adversario y las tropas en formaciones compactas; sobre la cadena enemiga no dispara sino cuando sus movi ­mÍI'! ntos ó altos se ejecutan al través de terreno descubierto, pues fuera de esos dos casos sólo algunos buenos tiradores dirigen sin cesar sus proyectiles sobre dicha cadena. Cuando la artillería ele! agresor tiene bajo su fuego una porción de la línea de defensa, se encarga á una frac­ción de la cadena de responder á las baterías, y el resto dirige sus pro­yectiles precisamente sobre las tropas enemigas que estén delante del objetivo que haya elegido !.U artillería, y en verdad que de ordinario á esas tropas se habrá encargado el ata'!ue principal. A menos de 6oo pasos los objetivos se eligen únicamente en la cadena del adversario. El número de cartuchos que lleva consigo cada soldado es supe­rior á lo que se acostumbró durante la guerra ruso-turca: se quiere evitar la repetición de los numerosos accidentes que en las batallas de esa lucha fueron consecuencia de la falta repentina de municiones en el campo de batalla; pero en las maniobras los 'jefes cuidan de llamar la atención sobre los gra,.ísimos inconvenientes que entraña el exagera­do consumo de cartuchos, en especial en la ofensiva. Los carros de mu­niciones deben situarse por lo menos á la altura de las reservas de regi­miento: de día banderolas rojas y de noche linternas verdes, permiten distinguirlos fácilmente. Un oficial es encargado de satisfacer los pedi­dos de municiones que le hagan los cuerpos y de dirigir los carros á los emplazamientos convenientes. Los jefes de las diversas sectore~ de la cadena (compañías) desta­~ an dos 6 tres soldados hacia las reservas de batallón1 y en los batall<:>- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 659 nes se designan algunas fracciones que contribuyan al municionamiento de la tropa: los soldados de esas fracciones se desprenden de la mitad de las municiones que tienen en cartuchera, y un cabo retorna con ellas y los soldados destacados para llevarlos á la cadena. El cabo y los soldados no vuelven á reunirse á la unidad á que pertenecen. Las reservas de batallón se reamunicionan en los carros, y cuando éstos se han podido acercar suficientemente, los cartuchos para la cadena se toman en los mismos vehículos. b) La bayoneta-La parsimonia con la cual emplean los rusos sus reservas en el primer período de la ofensiva, muestra de un modo claro que esa infantería, aun cuando trata de obtener la superioridad en el fuego antes del asalw, no acuercia á dicho elemento la confianza ni el valer que le dispensan los demás ejércitos de Europa. No es raro en verdad que en los campos de maniobras las reservas de batallón no en­tren en línea sino á 500 y aun á 400 pasos del enemigo figurado, de suer­te que si suponemos que la división de infantería al pie de guerra empeñe el combate con el mínimum previsto de reservas (7 batallones), podría sucederque cosa de 6,ooo hombres, poco menos de la mitad de la divi­sión, avance hasta 400 pasos del enemigo y aun hasta la posición de éste sin haber hecho un solo disparo de fusil : de ordinario fSa cifra variará~ pues el su puesto queda hecho sobre el mínimum de reservas. Así pues, para los rusos el aftlqlle á la bayoMta es no uno de los medios de obtener la victoria, sino d elemtnto principal para conseguirla (•). Por esto, en virtud del precepto dragomiroviano que dice que "en la guerra no se hace bien sino lo que se tiene costumbre de hacer bien en tiempo de paz," la instrucción del asalto en los campos de maniobras adquiere una importancia de primer orden. Y la tarea es hermosa por cierto para los que mandan: inculcar en el ánimo de oficiales y soldados la convicción de que es preciso llevar el asa! to hasta su término, suceda lo que suceda y sin mirar atrás ; enseñar á fijar con claridad el objetivo, á coger al vuelo el momen co propicio para dar el asalto, á determinar ins­tintivamente las distancias á que debe tocarse á la carga, calar la bayo­neta y lanzarce á la carrera gritando hurrah .'; á dar todos el golpe, como si se trata de un solo hombre, con energía, avanzando cada cual en línea recta y sin vacilar. En el espíritu de todos se inculca la idea de que el combate ha de ir ha · ta la bayoneta, y por lo mismo que la san­gre habrá de correr á torrentes. La práctica más importante en esta parte de la instrucción es la de los ataques atravesantes, preconizados por el General Dragmoirow hace años y mirados con grande estima por la infantería rus 1. Los ataques atravesalJtes se ejecutan escuadra contra escuadra, sección contra sección, compañía contra compañía, etc., empleando para ello como formaciones la desplegada ó la columna. Una compa­ñía, por ejemp1o, en línea desplegada, se sitúa á 400 pasos de otra, avanza luégo rápidamente 1 oo pasos, hace fuego y continúa del mismo modo hasta llegar á 100 pasos, los tambores tocan á la carga, á 50 cala bayoneta, á 30 grita hurrah! y se lanza al través de la compañía • O como lo dijo Suvarow hace un siglo ''la bala ~s loca ; la bayoneta e1 aabia."--L. D, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR opuesta: en el momento del choque se tercian los fusiles La compafiía que espera á pie firme responde al fuego que se le hace y continúa dii­parando hasta que tiene á la otra á so pasos, en el cual momento calaba­yoneta á su turno y se lanza igualmente a ' través de las filas de ella gri­tando burrah.' Los jefes y oficiales se esfuerzan por obtener de sus soldados la mayor rapidez posible en el instante en que las tropas se entrecruzan. El alto no se verifica sino cuando se ha rebasado so pasos el sitio en el cual se suponía estaba el enemigo: en el momento del alto todos cierran distancias sobre los que, durante la carrera, avanzaron más terreno:" nadie se atreve á retroceder entonces un paso," decía Suvarow, mirado en Rusia como el grande institutor del ejército, y cuyo retrato cromolitográfico se ha distribuído á todas las compañías de infantería por orden del emperador. A primera vista parece que semejante procedimiento de instruc­ción debe presentar grandes peligros; no hay tal cosa, en realidad los accidentes son en extremo raros y á la objeción del peligro que entraña ha respondido el General Dragomirow: ''N o ocurren accidentes en la enseñanza del tiro, la esgrima, la gimnástica y la equitación?" Los oficiales rusos practican gustosos los ataques atravesantes, y afirman que es excelente sistema exigir lo más para obtener lo menos; que tienen la inmensa ventaja de familiarizar al soldado con la impre­sión que produce una masa de hombres que avanza á la carrera con bayoneta calada, y que tal procedimiento está en armonía con el tem­peramento del soldado ruso, al cual puede aplicarse lo que Art Roé dijo de los franceses: "en la hora suprema en vez de impulso más bien necesitan contención." Por cuenta propia habremos de hacer ahora algunas observaciones para insistir en doctrinas otras veces sustentadas en este semanario Des­de luego si se piensa que la famosa obra de J. Bloch, en que se afirma que el ofensor será d!!struído en diez minutos en el campo de batalla, se escribió en Rusia, y e'i un año anterior al mismísimo reglamento ana­lizado, no cabe duda que lo fue para la exportación como lo fueron tantas instrucciones del Gran Federico, quien gustaba de burlarse de los tontos que acudían á presenciar las maniobras sui generis de Postdam. Además, charcas de sangre que han empapado nuestro suelo y aún no se han oreado, confirman de sobra la razón de ser los ejercicios rusos como único medio de templar á los soldados contra las cargas á arma blanca, y demuP-stran cuán grande absurdo es el de enseñarles que los fusiles de repetición han anulado para siempre la bayoneta, lo cual ha producido y producirá siempre tremendas catástrofes. Por esta razón aplaudimos de todas veras que el Ministerio de Guerra haya comparado últimamente un gran número de fusiles Grass, únicos racionales para armar nuestras tropas: por multitud de razones incontrovertibles he­mos condenado s1cmpre aquí el fusil de repetición, de calibre reducido y bayoneta-cuchillo; un fusil que como el Grass puede recibir cargado­res de sistema conveniente, pól vera sin humo en su cartucho, tiene gran­de alcance y calza proyectil y bayoneta que en realidad sirven para con­tener una carga, es sin duda ninguna el fusil ideal para ejércitos com­puestos de milicianos y conscriptos. En número anterior reproducíamos juicio tremendo de un jefe aie­PlAA ~obre el ejército inglés, y el telégrafo lo ha confirmado plenamente Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET.fN MILITAR 661 transmitiéndonos la noticia de los desastres que el ejército de Albión sufre en la actualidad en el Africa austral, á pesar de la bala dundum. Las lecciones de la propia casa y ele la extraña son demasiado elocuen­tes para que las olvidemos: ¡:e nos impone cambio sustancial en ciertos procedimientos de instrucción de las tropas; es indispensable gastar en tiempo de paz algunos millones de cartuchos y algunos cientos de pesos para ahorrar luégo al Tesoro millones de pesos como único medio de que las guerras sean lo más breves y lo más lejanas posibles S ibis pacem para be/lum. 1 1 ~·· 1 1 I.lilOOIONES :CE OEOO?w.f..F.t.f.. FISIOA CURSO DEl. PROFESOR THOULET EN LA UNIVERSIDAD DE NANCY Traducci6n libre, hecha para el Bolelí11 Militar IJ-Na.chniento é infancia de la 1.ierra La ciencia ha llegado á conocer, en sus rasgos principales, la historia de la Tierra. Para llegar á semejante resultado estudió pacientemente las varias capas roqueñas <:)u e forman la corteza del globo; observó la superposición de ellas y comparó sus carac­teres, entre los cuales distinguió un cierto número que le permi­tieron establecer un orden de sucesión y una clasificación por grupos. Después de un examen atento de los fenómenos actuales, procediend por inducción, con justicia atribuye las huellas leídas en los terrenos antiguos á causas, si no idénticas, sí análogas á las que hQy producen los mismos resultados. Los restos fosilizados de seres vivos-plantas ó animales,-encontrados en las entrañas de las roca , prestaron grandísimos servicios suministrando bases seguras para :establecer el sincronismo de formaciones al parecer distintas, y vicever a. Muchas veces se han comparado los fó iles á las antiguas medallas y monedas, cuyo descubrimiento permite fijar la época en que el suelo en cuyo seno se hallaron fue depo­sitado ó removido. A ese estudio de los fósiles se dio el nombre especial de paleontología, que tiende á desaparecer: ~1 presente, á causa de novísimos descubrimientos, la importancia del•estudio de los restos del pasado crece de un modo extraordinario, y la paleon­tología se tornó madre de dos ciencias, ó mejor dicho, vuelve á las dos ciencias de que se la separó indebidamente, la zoología y la botánica, con los nombres de paleozoología y paleobotánica, es decir, zoología y botánica de los tiempos que fueron. En efecto, antes, en las auroras cle la (zoología, creíase haber conseguido un hermoso resultado, y lo era en verdad, cuando se lograba catalogar algunos re tos de formas de origen orgánico recogidos en las cantera y en las mir1as. Esta base creyóse firml­sima en la plenitud del entusiasmo suscitado por tales descubrimien- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 662 BOLETÍN MILlTA:a. tos y por la sagacidad con que el genio de Cuvier supiera sacar par­tido de ellos; ninguna duda se abrigaba sobre frase tan célebre como inexacta, nacida en ese tiempo y repetida por todos, á sab~r: "que bastaba hallar el menor fragmento del esqueleto de un animal para reconstituírlo íntegramente, cualquiera que fuera la complicación de su estructura." Con gusto se habría reducido la geología á meras aplicaciones paleontológicas: la presencia ó ausencia de una con­cha, de un animal, bastaba para definir un terreno, para clasifi­carlo y denominarlo. Nada más se exigía, y la facilidad, dicha científica, se exageraba con el hecho de que los restos más abundantes eran las conchas de moluscos, pues limitábanse los clasificadores á apreciar vagamente su aspecto, á contar las estrías ó rugosidades de su superficie, y sobre todo á darles un nombre latino, sin preocuparse,¡ni aun sospechar siquiera los serios problemas que suscita la presencia de esos restos en un terreno. La gloria ardientemente buscada, porque se adquiría con gran comodidad, de ser el padrino de un guijarro, de una plantct, del más pequeño animalillo, ha causado no pocas ridiculeces, injusta­mente cargadas á la verdadera ciencia. En una palabra, la paleon­tología y la geología eran paleozoología y paleo botánica para el uso de personas que poco ó nada entendían de zoología ni de botánica. Las afirmaciones audazmente tranquilas de los poleontolo­gista~, con frecuencia suma desmentidas por estudios ulteriores, cesaron sin embargo, poco á poco, de deslumbrar al mundv; nu­merosos y á veces groseros errores despertaron la desconfianza del público. Adem~s, el trabajo se complicaba y hacía menos fácil: en un lote de huesos mezclados, pertenecientes á diversos anima­It> s, aún mal conocidos ó desconocidos, resultaba tarea difícil hacer la escogencia del caso para repartir á cada entidad lo que le pertene cía, ó para con un esqueleto incompleto reconstituír entero al ani­mal. En efecto, para emprenderla se necesita nada menos que saber anatomía comparada, tal como sólo la sabe quien la ha estu­diado largos años sobre los seres actuales, y de ellos remonta sus investigaciones á los que ya no son: incumbe, como se compren­de, al verdadero zóologo ó al verdadero botánico, según se trate de animales ó de vegetales. Cuanto á los géologos, bien que nadie les • rehuse el derecho de auxiliarse con todas las ciencias para alcanzar el fin que persiguen-el conocimiento de la histo­ria de la tierra,-nadie puede permitirles acomoden para su ex­clusivo uso una zoología ó una botánica especiales, lo mismo que les está vedado inventar una matemática, química ó física distin­ta de las ciencias que debidamente llevan esos nombres. * • Lo que el autor señala en u pattia como hístorh ya vieja, e aquí aún p1·esente ¡ tanto así se ha de ·cuidado e ta clase de estudio . Veamos un ejemplo: re· cieutemente una revista que goza fama de .eria publicó un e .. tudio s•>bre las sali­nas, que llam6 científico su autor, y e redujo) á reproducir lo · di lates geol6gicos del austriaco Karsten, tiempo bá refutados en el mundo cientffico europeo: baste Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 663 Asistimos á una reconstitución completa del pasado, lo mis­mo en historia propiamente dicha que en historia natural; al pre­sente se trabaja en resucitar cada época hasta en sus ínfimos detalles, tanto más interesantes cuanto más característicos sean. Cuando la época de que se trata apenas dista algunos siglos, antro­pólogos, arqueólogos, numismáticos y paleógrafos adunan sus esfuerzos y mancomunan sus ir:Ivestigaciones para evocar íntegro el pas:1do: costumbres, trajes, artes, creencias, errores, vicios y vir­tudes. De esta suerte Egipto, Asiria, Grecia, Roma, la Edad Media, surgen ante nuestros asombrados ojos de la noche que los envolvía. U na figurilla de Tanagra) el escritorio usado de un es­cribano egipcio, un jirón de tela, cualquier objeto de uso diario retirado del fondo de una tumba, seducen mejor el pensamiento de quien lo observa, que la vista de una gran estatua ó de un vasto monumento. Y si se quiere reconstituír cosas viejas, no de u nos siglos atrás sino de siglos por siglos, aun cuando las dificultades aumentan en proporción, el problema resulta el mi:;mo. Quiérese, por ejemplo, trazar la carta geográfica del globo en la época silú­rica, devónica ó carbonífica, medir la profundidad de Jos mares desaparecidos y conocer la densidad y salobridad de sus aguas, la altura de montañas hoy rasadas hasta ser llanuras, la longitud, venaje y cuenca de ríos que dejaron de correr hace miles y miles de años, la antigua compo~ición de la atmósfera, la climatología, la distribución de la temperatura, el régimen de las lluvias, las circunstancias á las cuales se adaptaron las formas y hábitos de los animales, en una palabra, conocer el pasado mejor que lo que co­nocemos el presente, si es posible, tal como sucede con la luna, cuya geografía está concluída cuando aún no lo está la de la tierra. El trabajo ~e ha principiado y podemos tratar de resumirlo. Cuanto á las inmensas lagunas que presenta todavía, se colmarán poco á poco, así como todo se enlaza en el mundo, y todo es causa y con­secuencia á la vez. Si el sabio sintiera desaliento ante la inmensi­dad de la tarea, bástele recordar que todo está escrito en el libro de la naturaleza. (Continuará) R0:9ERT :.EE (Conclusión) Tras lo dicho sobre el célebre Capitán sudista, por el francés Grasset y el alemán Scheibert, parece natural insertar el juicio de decir que el autor es c ribe cn .táceo, y h ace qnince año el Congreso geológico adoptó la terminación iro para lo$ terrenos; que ignora las clasificacione hecha en Ingla­terra so ln·e los espécimen;. llevados por los ingeniero. que e ludiaron el trazado del ferrocarril del N ortt.: ; que no conoce uno olo ele lo · ¡¡utores que al pre e11te vnn á la ca hez:\ de la ci e ucia. pues no los <·ita , y ·obre todo, que repetía las antiguas teo. rías sobre el origen eclimentario de la snl y el carbón, á rafz de haber e dt!mostrado su origen eruptivo allende el Atlántico. ¡Y luégo uegamos yue en ciencias vivimos atrasados medio siglo ! Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR un Coronel inglés que asistió á la guerra de Secesión y en ella trató al General Lee, durante la campaña de Gettisburg. "Martes 30 de Junio-Esta mañana antes de salir de Cham­bersburg el General Longstreet me presentó al Comandante en Jefe. El General Lee es entre los hombres de su edad uno de los más hermosos que he visto en mi vida. Tiene 56 años, el cuerpo bien proporcionado, anchas las espaldas, alta la estatura y todo el aspecto de un soldado. Es el perfecto tipo de un gentil hombre, y no conozco otro que como él tenga tan pocos enemigos y sea tan universalmente estimado. En el Sur no hay sino una voz para decir que Lee es el hombre que más se acerca á la perfección. No tiene ninguno de esos defectos que se llaman beber, fumar, sorber rapé, echar votos, etc., y nadie ha podido nunca señalarle vicio alguno. De ordinario viste un gabán largo, gastado, de color gris, un sombrero de fieltro de copa alta y pantalones azules recogidos dentro. de botas á lo W éllington. N un ca le vi armas, y la sola distinción de su grado militar son las tres estrellas bordadas en el cuello del saco. Monta un soberbio caballo perfectamente domado. Su traje y apostura es siempre correcta : ni en las mar­chas más difíciles observé descuidos á este respecto. "En el ejército de línea era mirado como uno de los mejores oficiales, y al estallar la guerra civil ejercía el cargo de Teniente Coronel del 2.0 de Caballería. Era rico, pero después de la guerra todos sus bienes fueron presa del enemigo. Desde que ejerce el mando supremo del ejército de Virginia no ha dormido una sola vez bajo techado: rehusa todas las invitaciones que á este respecto se le hacen por temor de que la persona que ejerza semejante hos­pitalidad no sea castigada más tarde por haber dado abrigo al Jefe del ejército rebelde. Las relaciones íntimas que median entre Lee y el General Longstreet son en verdad conmovedoras ; siell'pre se les halla juntos, y los oficiales y soldados del segundo se quejan de tal amistad, á la cual culpan de que nunca les confíen una opera­ción lejana, como ha sucedido á la tropa de Ewell. "A Longstreet no puede proporcionarse mayor placer que el que siente oyendo elogiar á Lee : no creo que en el mundo exis­tan dos Generales como ellos, tan exentos de ambición y de egoís­mo. Ambos tan solo aspiran á que concluya la guerra para retirar­se á vivir en paz en un retiro oscuro. El General Lee es religioso sinceramente sin tener las vehemencias que en el particular mos­traba Jackson: el único defecto que puede reprochársele es, en mi sentir, ser en exceso amable. "Jueves 2 de Julio (batalla de Gettisburg) ...... Tan luego como se rompieron los fuegos, el General Lee vino á reunirse con el General Hill, que se ~ncontraba cerca del árbol en el cual es­tábamos mirando el combate, y allí estuvo casi todo el día, ya observando al enemigo con su anteojo, ya conversando con el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .BOLETÍN MILITAR General Hill ó el Coronel Long de su Estado Mayor, pero con más frecuencia permanecía sentado sobre un tronco. Observé que durante el tiempo que duró el fuego no expidió sino una sola orden y no recibió sino un solo parte: sin duda tenía por sistema reglar los asuntos de antemano y luégo dejar á los Comandantes de cuerpo de ejército libertad de acción para llevar á término la tarea que les había encomendado ..... . "f/iernes 3 de ]ulio (batalla de Gettisburg) Poco después me reunía con el General Lee, que acababa de llegar y se informaba de las causas del desastre que había sufrido el ejército. Si el compor­tamiento del General Longstreet en la batalla había sido admirable, el del General Lee tenía que parecer sublime: reunía las tropas des­bandadas, les dirigía palabras de aliento, se le veía recorrer solo la línea de batalla, dejando á sus Ayudantes el cuidado de hacer lo mismo en la retaguardia. Siempre calmado y de buen humor, no dejaba escapar la menor señal de ansiedad ó de temor, pero ni aún del desagrado que sentía. A cada soldado que encontraba lo ani­maba con frases tales como 'todo acabará bien; luégo hablaremos largo, pero por el momento lo que importa es que la gente se reúna; necesito hombres como vos, con los cuales se pueda contar en el peligro, etc.' Pedía á los heridos vendasen pronto su herida y volvieran á empuñar el fusil, por poco que estuvieran en capaci­dad de hacerlo. Todos se esforzaban por responder á su llama­miento, y á más de uno vi quitarse el sombrero y aplaudir al Ge­neral en jefe. "A mí me dijo: 'Coronel, hemos tenido un mal día, muy malo por cierto; pero no siempre potiemos esperar sea nue&tra la victoria,' y en seguida me recomendó me trasladara á lugar me­nos inseguro que el en que me encontraba. "El fracaso de la jornada no impidió al General Lee ocuparse de las prosaicas necesidades de la vida: por ejemplo, á un oficial que azotaba su caballo porque se encabritó al estallarle cerca una granda, le dijo en alta voz: 'No lo golpee, no lo castigue: tuve un caballo parecido á ese, y por experiencia sé que los golpes no sirven para nada en este caso.' Luégo, como percibiéramos un hombre que yacía en una zanja, bocabajo, y yo crryera que aún dab~ señales de vida y en efecto empezó á lanza r gemidos, el Ge­neral Lee, después de tratar en vano de comunicarle energía, ordenó á algunos artilleros que estaban cercanos lo trasladaran á las ambulancias. "Vi á poco llegar al General Wilcox, quien principió á dar al General en J ~fe, en alta vo~, noticias de su brigada. El Gene­ral Lee, tomándole la mano, le dijo en tono amistoso: ' No se afane, General, todo lo que hoy ha sucedido es culpa mía; soy yo quien ha perdido la batal1a, y es preciso que vosotros me ayudéis á salir del atolladero lo mejor que podáis.' Era así como el General Lee trataba de dar ánimo á sus tropas derrotadas, cargando sobre Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 666 BOLETÍN MILIT A.R sus propios hombros todo el peso del desastre. Imposible verle ú oírle sin sentir admiración por su persona, y creo que nunca hubo individuo que le faltara al respeto en lo más mínimo. La posición de los confederados era en verdad crítica . ... El General Lee y sus Ayudantes tenían sin duda alguna conciencia de esa situación, y sin embargo no se oía ese ruido ni se observaba esa confusión propia de ~n día de batalla perdida ___ • Cuando vieron al Gene-ral Lee (unos artilleros) dijeron: 'tenemos confianza en el viejo; el percance de hoy no lo afectará; el tío Robert nos llevará ven­cedores á Wáshington." Tenemos, pues, que en todos los ejércitos del mundo los mi­litares de mayor valía reconocen unánimemente que el General Lee figura entre los grandes capitanes de la historia: los ingleses lo anteponen á Wéllington, los alemanes á Molke y Federico, los franceses casi lo hombrean con Napoleón y César. Sólo Aníballe es superior en verdad. Cuanto á nosotros, podemos enorgullecernos de las semejanzas acentuadas que existen entre Sucre y el General sudista. Para terminar repetiremos lo que dijimos al principio: la personalidad militar de Lee es una de las que debe estudiar con mayor interés el soldado republicano, puesto que no siendo un genio, es ejemplo de cuánto pueden en la guerra la labor tenaz é inq11ebrantable, el estudio, el cálculo y el método, el sentimiento del deber y de la abnegaci6n, y la relig ión del sacrificio por la patria, puesto que cuando se olvidan estas condiciones por el mi­litar con mando frente al enemigo, en vez de la victuria ansiada sólo se suelen cosechar tremendas catástrofes. ----- HISTORIA. lv.tE:V.O~IAS DEL GENERAL PABLO MORILLO (Continuación) En esta operación experimentámos un accidente bastante grave. En el momento de la partida, cuando se trataba de des­truír un quintal y medio de pólvora dañada, tuvo lugar una explo­sión que nos mató dos hombres é hirió á seis. A esta pérdida se unía el inconveniente de prevenir de este modo á los rebeldes del momento de nuestra partida. Las columnas reunidas comenzaron su marcha hacia las doce de la noche, y la continuaron sin ningún inconveniente, pasando por arriba de la plaza, en la dirección del Sombrero, distante de Calabozo cerca de veinte leguas. El enemigo tuvo notrcia de nues­tra retirada en la mañana del 15 . .E..ntró inmediatamente á Cala­bozo, y no tardó en salir, dejando por toda guarnición 200 indios Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT .A.R 667 armados según el uso del país: su caballería siguió nuestras huellas co.n alguna .infantería en ancas, y el resto de la fuerza tomó el mtsrno cammo. En efecto, no acabamos de llegar á las orillas de la Oriosa, y comenzábamos á apaciguar una sed ardiente causada por la mar­cha forzada hecha durante toda la mañana, cuando la vanguardia enemiga se presentó delante de nuestro c:.tmpo. Nuestro descanso terminó. El ejército se formó en tres columnas, y algunos desta­camentos de caballería fueron colocados á retaguardi~ en observa­ción, pero luégo el enemigo los rechazó hasta las masas de la infantería, la que con varias descargas le impidió avanzar. Por la tarde el ejércico continuó su marcha en buen orden, en columnas cerradas, sin ser perseguido; los bagajes, enfermos y emigrados de Calabozo ocuparon puesto en la vanguardia bajo la escolta de la ca­ballería mandada por el brigadier D. Tomás Morales. Esta dispo­sición nos procuró la ventaja de tener nuestras columnas entera­mente libres en caso de necesidad. Cerca de Zamuro hicimos una corta parada, y sin detenernos más llegámos muy temprano, por la maílana, á Sombrero, á las orillas del Guárico. Había escogido este punto porque ofrecía una posición muy favorable á la infantería. Nuestra marcha había sido muy penosa; el ejército la soportó con admirable constancia: ha­bíamos atravesado en poco menos de veinticuatro horas un es pacio de veinte leguas, casi sin agua. Numerosos bagajes, los enfermos y los fieles habitantes de Calabozo que habían querido seguirnos, turbaban la marcha de las columnas; no obstante, no se les podía abandonar. Atravesamos los llanos abrasados por el sol; el soldado sucumbía bajo el peso de los víveres y municiones que estaba obligado á llevar; muchos hombres hubieran perecido, víctimas de la sed y fatiga, si los jefes y oficiales, animados de un celo dignos de elogio, no hubieran cedido sus caballos á estos des­graciados, que iban á quedarse en el camino, expuestos á todos los furores de un enemigo bárbaro. Sin embargo, á pesar de todos los cuidados y sacrificios imaginables, tuvimos la pena de ver morir al­gunos de cansancio é insolación; nosvimos obligados á abandonar á varios que e¡,taban en situación de no podt'r hacer el menor mo­vimiento. No se puede imaginar la rapidez de la marcha que hizo el enemigo, para alcanzarnos cerca de la Oriosa; le llevábamos más de ocho horas de marcha de ventaja, y tenía que recorrer tres leguas para llegar á nuestro punto de partida. Y sólo su caballería, mejor montada, había podido hacer semejante marcha, con algunos in­fantes llevados en ancas: este esfuerzo prodigioso fue enteramente inútil. Pero volvamos al Sombrero, donde el ejército debía tomar el descanso que le era necesario. Tan luego como las tropas se re­frigeraron en las orillas del Guárico, la vanguardia enemiga se presentó á apaciguar la sed que la devoraba. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR Nuestras guerrillas aprovecharon la ventaja de su posición oponiéndole una fuerte resistencia, pero fue necesario luégo re­plegarse sobre la parte de nuestras fuerzas destinadas para defen­der este punto, pues los enemigos llegaban. El regimiento de Navarra cubría los principalec; vados, y el paso estrecho que conducía al río; el batallón de Castilla flanquea­ba estos puntos, y la derecha permanecía formada en columna ce­rrada. La compañía de cazadores de la Unión y un destacamento de Navarra formaban la izquierda de nuestra posición; el batallón de la Unión ocupó una altura á la salida del Sombrero; los húsares permanecían en observación. Tomadas estas disposiciones, nuestro frente fu~ atacado por el enemigo. El regimiento de Navarra sostuvo el ataque vigorosa­mente con un fuego muy nutrido, rechazando las diferentes cargas del enemigo, que en ellas sufrió muchas pérdidas. Viendo sus esfuer­zos inútiles por este lado, se dirigieron los rebeldes sobre la derecha cargando las tropas que defendían un vado fácil, pero estas tropas fueron auxiliadas á tiempo, y rechazaron constantemente al agresor. Esta tentativa no tuvo éxito, lo mismo que el ataque que hi­cieron por tres veces contra el regimiento de Navarra, formado en batalla. El Brigadier D. Pascual Real, que mandaba en este punto, recibió orden de rodear al enemigo por la izquierda. Este movimiento decidió la victoria. Los rebeldes dejaron en el campo de batalla un gran número de muertos y algunos prisioneros. Tu­vimos la pena de perder un oficial muerto, y dos heridos, lo mismo que cuarenta soldados. En esta jornada el regimiento de Navarra mereció todvs los elogios, lo mismo que el regimiento de Cas­tilla. Dos compañías de este ejecutaron una carga audaz á la ba­y0neta, entre tanto que el grueso atacaba por su lado. En una palabra: si hubiéramos podido disponer de 300 ó 400 hombre~ de caballería, la derrota de los rebeldes hubiera sido completa. El ene­migo se retiró con su caballería á una sabana distante legua y me­dia del Sombrero, y durante el resto del d1a no nos molestó. Emplea­mos este tiempo en perseguir los derrotados en el monte. Nuestras tropas conservaron sus posiciones hasta cerca de la media noche ; ordené entonces la retirada sobre Barbacoas, después de haber reu­nido nuestros heridos, con excepción de dos, cuyo estado era des­esperado; los dejé en el Hospital con 20 heridos del enemigo. Antes de partir dirigí un despacho al Capitán general de Vene­zuela, participándole el brillante combate que ar.ababa de librar y la dirección que el ejército iba á tomar, rogándole al mismo tiem­po reclutara algunos soldados, y tomara las medidas necesarias para suministrarnos víveres. Como mi intenci6n era retirarme á los valles de Aragua para cubrir la capital y otras ciudades sin defen a, expedí por el mis­mo correo instrucciones relativas á este proyecto. Dos compañías del regimiento Je Navarra y una del Casti­lla, separadas para diversas expediciones, recibieron órdenes de oh- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. servar al enemigo por el . camino de Ortiz; les hice conocer igual­mente cuál camino debía seguir el ejército. En cuanto al Coronel Calzada, que suponía había llegado cerca de Guadarrama, ordenéle que marchará al Baúl, y obrara ~egún las circunstancias, siempre listo á replegarse sobre San Carlos. Continuamos nuestra marcha sobre Camagua y San Sebastián de los Reyes, hasta el camino que conduce de las sabanas á los va­lles. En Barbacoas supe la llegada de todas las fuerzas enemigas al Sombrero. El 19 tuve noticias en Guarinas que el rebelde In­fante se había presentado en los alrededores con gente de caballe­ría. Esta noticia me impidió dejar á mis tropas el tiempo necesa­rio para reparar sus fuerzas; esa tarde tomámos el camino de Camaragua, donde llegámos á media noche caminando por terre­nos cortados por colinas, barrancos y valles. Al día siguiente por la mañana salímos de Camaragua y llegámos á media noche á San Francisco, de donde fueron enviados varios oficiales en diversas direcciones para levantar el espíritu público y proveer á las nece­sidades del ejército. El 21 llegámos á San Sebastián de los Reyes, donde di á las tropas un día de descanso. En nuestra marcha s­nos reunió el brigadier de la Torre, que venía de Caracas con dose cientos hombres del batallón de las milicias de Pardos de esta ca­pital, cuatro compañías del regimiento de Burgos y veinte húsares que se le habían reunido después del combate de Calabozo. El bri­gadier D. Juan de Aldama nos alcanzó en el mismo lugar, condu­ciendo de San Carlos ciento cincuenta milicianos del regimiento de Valencia-( Continuará) _ _ ....._. __ VARIEDADES POR SANTIAGO PÉREZ (Continuación) El viajero debe, pues, hacerse cargo de las circunstancias que han acarreado tan lamentable perversión de ideas en e~a raza de hombres, hechura indisputable y única de los amos de esclavos, á quienes, por su puesto, como antes dijimos, sobreabunda la justi­cia para llamarla infame é insoportable canalla. Además de los negros, en N óvita no hay nada. Las casas no tie~aen interior; su ajuar es casi ninguno. La hamaca, midiendo la diagonal de };.¡ pieza, una silla sin espaldar y un banco con honores de mesa, eran la decoración de nuestra posada; y aun eso agrade­cimos á su dueño, porque es gracia tener eso siquiera, y más gra- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 670 130LET1N MlLITAR cia franquearlo, en un lugar como aquél, donde naJa se fabrica, y á donde nada puede llevarse, por los costos de conducción y la ninguna demanda. En N óvita no se altera ninguna tranquilidad, ni se ataja el paso de nadie, ni resultan en sus calles, es decir, en su calle, coli­siones de trajes ni de gentes, porque si se logra ver á alguno, ese va ca:;i desnudo. De cuándo en cuándo se distingue una camisa colorada que asoma por una puerta, y es un blanco que sale de su almacén; negros ó negras de todos tamaños pasan una que otra vez semejantes á las sombras por un retablo. Fabrican unos sombreros de las grandes hojas oblongas del árbol que llaman güina, doblándolas con arte y apuntándolas con púas ó estaquillas de macana ó chonta. Son estos sombreros impe­netrables al agua; algunos a1canzan á tener vara y cuarta de ex­tensión; no son muy ligeros y quedan indomables. Era de esperarse que, en el país del oro, hubiera muchos que lo supieran trabajar con pulcritud y finura; pero no se tuvo en Nóvita noticia de otra platería que la que se había puesto en re­ceso, por haber sido llamado su dueño á las augustas funciones de la Jefatura política. Por lo demás, las manufacturas de los negros y los indios en todo el cantón, están reducidas á algunas embarcaciones que construyen, y algunos sombreros que tejen de cañabrava y de palma. En cuanto á la agricultura, apenas existe en aquella tierra tan fértil. Las orillas de los ríos, en las cuales fabrican los habi­tar: ates las barbacoas en que viven, se encuentran tapizadas de lar­gos y tupidos cañaverales, donde se ven, además de las de castilla, las cañas que llaman criollas, coloradas, en extremo blandas y de abundante jugo, si bien pobres de parte sacarina, y no adecuadas, por lo mismo, para la fabricación del azúcar. Los negrillos dejan el pecho para empezar á mascar la caña, con lo que desde sus primeros años se llenan de lombrices, destru­yendo su salud. Causa grima al acercarse á un rancho, el encon­trar cuatro ó seis, por lo menos, de estos infelices niños, formando cada uno como un suplemento no más de su respectivo abdomen, hiperbólicamente desarrollado. En cada casa hay un trapiche de mano para moler la caña, cuyo caldo fermentado forma la única bebida de aquella gente. En partes destilan además aguardiente. Todo rancho está circundado de platanales, pues el plátano es el artÍculo de fondo de todas las comidas del Chocó, ya asado ó machacado, ya en P.! consabido sanc?cho. El cacao, el arroz, el ñame, la yuca y la palma de chon­taduro constituyen el resto de h riqueza agrícola. En cuanto al maíz, tienen una particular manera de cultivarlo, manera que es peculiar de esta Provincia y de la de Barbacoas. Consiste en re­garlo sobre Ja maleza, dejando en pie los más grandes troncos y arbustos, hasta que empiezan las matas á levantarse, practicando Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. nbLET1N MiLITAR 671 entonces el desmonte, primero de los arbustos, y después de los grandes árboles cuando está más adelantada la sementera. Dáse el maíz de color blanco, pequeño y vidrioso, muy semejante al que llaman maíz arroz. Por casualidad se encuentra una fruta, pues no no tienen costumbre de sembrar ninguna. El comercio principal de los habitantes de este cantón, que hacen exclu~ivamente con su oro, es con el valle del Cauca, de donde reciben comestibles; con el cantón de Quibdó y el puerto de Buenaventura, para los efectos extranjeros. Antes de darse libres los esclavos, la cantidad de oro explota­da en el Chocó era, un año con otro, de $ I .ooo,ooo, y la de pla­tina de $ 2o,ooo, habiendo quedado reducidos ambos productos como á su cuarta parte respectiva del año de I 8 52 para acá. Considerando como rico un país en donde la masa de la po­blación vegeta en la indigencia, aunque algunos de sus moradores hacen grandes acumulaciones de valores, el cantón San Juan ha­bría sido hasta I 8 5 I en extremo rico. Rico, porque los pocos due­ños de minas atesoraban anualmente una enorme suma de oro; no obstante que los esclavos nada ganaban, ni en adelanto moral, ni en comodidad física: rico, porque los huéspedes empresarios junta­ban pronto lo que codiciaban, para retirarse poderosos á otras tie­rras; á pesar lle que el país en nada mejoraba higiénica, industrial ni socialmente. Mas para los que no hacen consistir la riqueza, hablando colectivamente de todo un territorio, en lo mayor ó me­nor de la acumulación entre unos particulares, sino en la exacta y equitativa distribución abundante entre los productores, para esos el mismo cantón ha sido y es pobre. P0bre cuando la producción anual de sus minas era de $ 1 .o2o,ooo, y pobre cuando no es sino de $ 255,000 (1). No habiendo más diferencia entre las dos épo­cas sino e -ta: que antes de 18 52 Jos negros, ó sea la población, no poseía nada, porque el producto de su trabajo era para sus due­ños, es decir, porque no había di tribución; y que después de 18 52 esos mismos negros, ó sea esa misma poblaci6n, no posee nada, porque no trabaja, es decir, porque no hay producción. In­dividualmente hablando, esto es, con relación á los dueños de es­clavos, la diferencia entre las dos épocas vale las tres cuartas par­tes, ó más, del oro que se extraía. Los antiguos amos de esclavos declararán que, á su juicio, con el nue\•o orden de cosas el cantón no adelantará; y sin dispu- . (1) "Si al recorrer un país se nos presentan chozas miserables, en cuyo interior se enc1erra un tosco y reducirlo menaje: si en bs pucbl~ así como en el campo vemos á l_os hombres mal ~~stidos y mal alimentados; aun cuando sepamos que en cnd~ lugar e.ttsteu muc~uz_r jll1mhas o'?ulentas, aseguramo que este país n POBRE. Si cruzamos otro, en q_ue las v1v1endas son comodas y están amuebladas con asco; en que el alimento y el vest1do ~le los l_abracl~res y artesan~s anuncian una íácil subsistencia, ni siquiera pregun­tamos s1 taL pa1s es neo: tenemos a la vista la prueba ....•. " (Principios de la Ciencia de las Rit¡ué~as,por J. Dro'<·) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 'BOLBTiM KILITA.R tarles ni negarles la razón que los asista, por nuestra parte no les ayudaremos á lamentar la no continuación del antigu sistema, pues ya hemos visto el brillante pie de riqueza y de e· vilización en que dejaron los señores amos aquel país, después de haberlo ex­plotado con sus esclavos por el espacio de más de tres centurias. Los pocos negros l{Ue se dignan trabajar después de obtenida su libertad, lo hacen por contratas con los dueños, ya comprando con el producto de un día el de los otros, ya recibienbo un jornal determinado. La industria pecuaria es enteramente pequeña en el cantón, no alcanzando á un millar el número de cabezas que posee; y res­pecto de los demás animales útiles al hombre, según los datos ad­quiridos, los cerdos están en una exorbitante mayoría. En Nó­vita se encuentran algunas bestias, las que son casi tan viejas como los raídos aperos con que las engalanan cuando salen á conducir en triunfo, desde la Bodega hasta la ciudad, al viajero, á quien se ofrece así la oportunidad de desentumecer, con el continuo espoleo que las tales bestias exigen para moverse, las piernas que ha de­bido traer dobladas y adormecidas, si ha tenido la prudencia de adobarse entre el rancho de la canoa. No saldremos de Nóvita sin consagrar un recuerdo de justo agradecimiento á la hospitalaria y generosa familia del patriota Sr. Ramón Miller. · ( Continnará) ------~··~·------- Erratas notables-En el número anterior, págin·a 61o, en el' artículo 599 de la Orden general del ejército allí impreso, se dijo : "con las virtudes militares," debiendo ser ''con las vestiduras milita­r~;" faltó, además, en la décima lfnea el artículo d antes de trabajo, y en la décimaquinta se halla con en vez de en. Advertencia-Por motivos que á nadie se ocultan fue preciso $Uspender en este tomo la publicación de los suplemento.! hi.Jtóricos, aun cuando estaba listo el material, para dar cabida á piezas más urgentes en la actualidad; pero tal publicaci6n continuará pr6ximamente, por lo cual debe separarse del tomo, al encuadernarlo, el suplemento inserto en el número 1 14 y guardarlo con los publicados en el semestre anterior BOGOTA-IMPRENTA NACIONAL Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 132

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 109

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 109

Por: | Fecha: 22/07/1899

A O III Bogotá, Julio 22 de 1899 NUM. 109 - - -·--- R o Y DEL EJERCITO ---·--- 0JRECTOR AD-KONOIU:M FRANGISGO J. VERGARA y V. Coronel, Miemb1·o d~ 1- Soctedad Colombia na de Ingenieros ~ o.~- ~ ~~~ 1 ~9~ ~~Q QQ~ ~ ~~~ Q ~~R~~~~~~~~~~RRO • Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Ofici61es del EJército de la República o~~~~~o~~~~b66 ~6 6 6~ ~ ~~6~ ~~6~66~66~~~6~6~666~~6~~~~ ~~~ o I L A.-OOU'OION DEL I ESID '1 TE E L REPÚBLI Cor.oM BI • ·o : Ani' ersario hoy del glorio o dta en que fue proclama a por nue. tro Pr cere en 18 ro la independencia de la Nueva Granada, deber nue tro es hacer un recuerdo de aquella hi tórica fecha y de lo ilustres varone que, animado del má puro patrioti m , concibi<.·ron c1 noble de ignio de que lo neo­gra'nadino · rea UJnieran u derechos. larga y angrienta gue­rra dio origen él grito de li bcrtad lanzado por ello , ha ta que la 'ictoria lcanzada por el gran .Bob var en el Puente de Boyac obre c:l ejercito p ñol, puso 1 ello á nuestra transformación pohtic. y al e·tablecimienro de la Republica. Perfecto derecho tuvieron nue tro m yores para emancipar-e de 1 1letn'ipoli y dar e un gobierno propio ; pero no por e to debemo., como ha dicho un ilu trtt! olom biano, maldecir de nuestros padre~ y ennegrecer un pasado que es t mbién nue tro. i pr po ito al hacer mérito dt! la l'lagna ',uerra, es uni amen-te el de.; conmemorar lo acrifi<.:io de todo genero, incluso el de u propia cxi tencia, que hicieron nue tro Proceres por salir de la ondició1 de colono p ra pa r ' la de Republican , com los omo h )', debid á u genero o y magnánimo e fuerzos. Ben-digamo y honr ·tno l memoria de lo que. reg~ron con u sangre el udo de la P tria, no en pro echo propw, sano de la genera- BAN O e L a BIBLIOTECA LUIS ANG[;L ,..,'U" .... , .. ".:'R CA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 4:02 BOLE'l'fN MtLIT.A.lt done venidt>ras, é imitemos los ejemplos que no dieron de abne­gación, de virtude cívicas y de amor á la República y á la liber­tad en la justicia. CIJmpatriotas : Sati facción profunda experimento, como tam­bién la experi m en tar é i vo otro , por la paz de que la Nad ón disfruta. A conservarla debemos concurrir todos, Gobierno, Pue­blo y Ejército, si queremos gozar de los beneficios que sólo al amparo de ella pueden obtener e. Evitemos funestas disensiones, y, ur idos fraternalmente procuremos el biene tar común y la prosperidad de nue tra Patria, llamada á altos destinos, que alcan­zará, Dio mediante, i hay patriotismo entre nosotros. A la paz se debe que celebremo hoy el gran día de la Patria con una ex­posición de los productos naturales, indu triale , artí ticos y lite­rario , que prueban bien que á pesar de los repetidos disturbios que han ocurrido entre no otro , el país se ha ~i vilizado y pro pe­ra do no poco. Sucederá esto en mayor escala, cuando olvidándose de la política, que ha venido á er la principal ocupad ' n de los colombiano , se consagren éstos al trabajo que dignifica al hom­bre, le da lo nece ario para la vida y enriquece la naciones. No creo equivocarrne al afirmar que ningún Presidente se ha encargado del Gobierno en circunstancias más anormale y di­fícile que y . Conocida por todo , juzgo innec<»sario, y acaso m rti ficante, su recuento· pero á pe ar de ella , rne hice cargo del Poder Ejecutivo, porque en situaci nes como las que atravesamos, es cuando la obligaci ... n de pre tarle ... la Patria los servicio exigi­d s por ella, e mayor. Animado del de eo de re tablecer la nor­malidad, he empleado para llegar á ese re ultado todo los medios que la prudencia me ha ugerido, y tengo la conciencia de que en los meses de mi Amini traci6n que han transcurrido, ningún de­recho ha ido conculcado, ni á nadie )e le ha irrogado la menor ofen a. Dividida desgraciadamente la Nación en diversas fraccio­nes antagonistas, la he llamado á la unión y á la concordia, dado participación en el Gobierno á todos los que he juzgado ' propó­sito para colaborar en él, sin parar mientes en su opinivnes polí­tica , n.anejado con pureza lo caudales público y procurado en todo el bi e nestar común. La penuria del Tesoro, que ha venido sintiéndo e desde tiempo muy atrá por cau a naturales que á na­die se le ocultan, ha sido la principal dificultad con que he trope­zado, y todos saben que para allanarla he hecho en lo - ga to or­dinario toda 1 conomía po ible . Hoy mi mo, cumpliendo con lo antes ofrcc:ido, y crey ndo dar con ello mayor olen.nidad al 20 de ] ulio, he expedido un Decreto por el cual e dan de baja en el Ejercito mil hombre más; per no ba tará e to para equilibr r el Pre upue to, porque iendo e n mucho uperi re lo- ga to ' lo ingrc o, , y habiéndome encarg d del ejercicio del Poder cuando las arca e t ban c.xhau ta y e debtan mucho millone de peso , sólo por obra de milagro hubiera podido ponerse al corrient en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILI'l'.AR tan poco tiempo el pago de lo ervicio públicos. Abrigo, sin em­bargo, la e peranza de que no muy tarde lo estará, porque á eso tienden todo mi e fuerzo v lo del l\Jlini terio. Co 'CJUO.\DAl os: Jamá la Prensa ha tenido mayor iibertad ele accion que en la actualidad, y sensible es que no se haga u o de ella por muchos e critorc para llenar u ho11rosa y elevada mi­sion. Periódico hay de tinado · unicamente á hacerle oposicion i temática al Gobierno y á cen urar cuanto procede de éste, por lcghimo y bueno que ca, pero cuyos autore se ab tienen de decir de que modo mejor gobernanan ellos si estuvieran en el Poder, 1 ara que us ideas can acogida y e pongan en práctica, en ca o de cr aceptables. Atribuyen al Gobierno la mala situación del e oro, hablan de despill:·u ros, de contratos ruinosos y de impro- 1 iedacl en todo, con el fin de de pre tigiarlo y de atraer obre el animadver ión, ha iendole a ·í " la generalü.lad de los colombiano la grav1 ima ofensa de carecer de criterio para juzgar si lo disi­dente tienen ó nó ra;¿on en lo que dicen. Convencido de mi recto proceder, y.:> lo someto á la opinion publica, seguro como estoy c.k que ella no me er " adver a, razón por la cual he reducido el Ejército, pue· no put:do creer que haya quien pretenda turbar el rc.len publico, cuando todos di frutan de seguridad y el Gobierno arreO'la su conducta a la m e tricta ju ticia. A di posición de los q re ~10 quic::ran reconocerlo, pongo todo mi actos y los de mis olaborad re , para que formulen cargos concrdos y demuestren con raz.onc y con pruebas, que t!llos son ilegítimos por cualquier mo­ivo. Curnplamo todo on nue tro deber, sosteniendo la legitimi­dad y la institucionc , y la paz de Dios será con nosotros. Ana poi m a, 20 de Julio de 1 899. A~ UEL A. ANCLEMENTE - - ·--- ALOO'C'O:tON DEL J.f:I I TRO DE GUERRA SOLDADO En vosotro aludo al Ejército de la República encargado de velar por el mantenimiento del orden legal establecido y por la in­teO'ridad del territorio nacional. 0 SvLDA nos : En e ta plaza se oyeron 1 voces varoniles de nuc tro antep ado , cu ndo en tal día como hoy, fuerte por la unión a umicron re ucltamente la plenitud de u derecho·, y á la f< z del mundo e proclarn •. ron ciu~ad~n.o de una. Repúbli~a ase~­tada obre lo inconmovibles pnnc1p1os de Dros, Patrta y Lt~ bcrtad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 404 BOLETÍN MILITAR Del seno del pueblo congregado aquí el 20 de Julio de x81o, salieron lo primero defensor<: <.le e ·a glorio a bandera que se alza entre vuestro able y b y neta como emblema de la República y como repre en tan te de ~u ley , de us tradiciones y de su gran­deza y poden o. De aquf alió el primer toque de clarín que llamó la Nación á las arma . n aquella c.tsa se reunió la 'lunicipalidad de cuyo cerebr salió la lndep ~ ndencia de la America, por lo cual e hizo digna de la dmiración de 1~ humanidad. lá allá e ve el iri de donde sali la voz tronauor· y elocuente de Camilo orres, cuyas idea erpentearon p r el mundo con el e tre?ito del rayo que surca el espaci . En e e otro itio e taba Ro illo, el acerdote mártir del Derecho, el hombre de ingenio pron t , b ervador y cultivado, cuando dijo, dirigiendo e 1 pueblo: "Ciudadanos: vamo , v mos ahora mi mo a lo cuartele e pañole á tomar la armas que nece i tamo para fundar la República . ' n donde se alzan la s e lumna del Capitolio, estaba 1 tri­buna que ocupó Calda , el oldado abio, cuya cabeza rod' tam­bien en el patíbulo, cuando e n palabra inmortale ,ná pene­trantes que el sonido de las trompeta , de pertó á los que dormían n c~l mundo de Colón, para hacerlos morir por la hUJnanidad y sacrificar e por el porvenir. a roca y los valle , los bo que y la aguas de Colom­bia, devolvieron el grito que lllegar á e ta pla2a, ac mpañ. do de Santander, de V élez, de Maz >de Parí, de U rdaneta, de nzoáte­gui, de S ublet y de todos aque1lo veteranos cuyos encuentro on el enemigo e ntaban por el nútnero de u herida , lanz ' el Libertador despué de pa ear u bandera ictori a por el campo de Boyacá, de ¡viva la America libre! Soldtldos: táis ocupando el pedazo de tierra que n olom-bia de piert impre ione rn profunda y evoca recuerdo más gloriosos. Porque, ad tná de todo, aquí tuvo prin ipio la gigan­tesca hi toria de aquella hue t que con homerica h zaña u­pieron ncadenar el carro de 1 victoria p ra arr trarlo al trav s de un ontinente, tr< yéndol cargado on los trofeo de una gran m narquía .Y dejando detr .. S de r e ta grandes labra : Boyacá, arabobo, J unín, yacucho! Las legione de lECl IVAS RES heridos ---------- -----~ ---- Venezuela ........... 470 z 66f,OOO 1 zo,ooo Colombia .. . ...... 190 I 22f,)OO 74,000 Ecuador .... . • .. .... 24 I 5f,)OO T 2,000 Perú .............. 12. J 30,000 s,ooo 1 ---- ----- ---- 696 5 97 3,000 2.11 ,ooo - Di triltueión eo a•áO~a ti lo eonaba1es VENF..ZUELA •n el Occidente (M racaibo, Coro, Mérida, Barquisimcto).. 95 En 1 "lltro (Valencia y Caraca ) . . . . . . . . . . . • . . . . ... . . tI S En d riente (Barcelona, Cumaná y Margarita). . . . . . . • • • o En Lo Llanos (Barina , Caraca y Apure) .......... -.- • . . . J 3 S Sobre 1 Orinoc o (Gua}·ana y Delta)... . ..... --. · · --- ·- · 45 OL 181. En la ~osta . .. tlántica y Bajo ¡ytagdalcna ....•.••.•..... - 58 En n uoqu1a auca y Popayan .. .... .. ... .. . .. .. - .•.... - 24- En P · tía! Pa to y Barbacoa . . . . . . . . . . • . . . . . . • . . • . . . . . . 64 Jn el 1 olima, el Reino y Cucuta .. .... . . ... ...... --- . . 29 n el Llano .•..•......... ----.------ . .... --- ------- · 15 --~· ...... -- ERJA ( M: s ti 2 000 comb tiente 1 oro-'1 oro y C<;ballo:. ll Bajo Palac~ Bamya y Tacón. V, ·lcncia-M ir tnda } Brilapaja. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 410 BOLET.fN IDLITAR 1812 San Jo é-Ustáriz y Montcverde. Valcncia-Ustáriz y Monteverde. La Victoria-Miranda y Montevercle. Verdeloma-Calderón y Aymerich. Pantancro-Ayala y Monteverde. Moc.ha-Calderón y Montes. Tbarra-Montúfar y Sámano. 1813 Maturfn-Piar y La Hoz. Maturín~Piar y La Hoz. Maturín-Piar y Monteverde. Tinaquillo-Bolívar é Izquierdo. • Cumaná-Mariño y Antofianzas. • Las Trincheras-D,Elhuyar y Monte~erd~r. • Mosquitero-Campo Elías y Boves., • Nutrias-Liendo y Yáñez. Barquisimeto-Bolfvar y Ceballos. • Vigirima-Bolívar y Salomón. • Araurc-Bolh·ar y Ceballos. San Marcos-Aldo y Boves. 1814 • Calibío-Nariño y Sámano. La P~terta-Campo Elías y Bovea. • La Victoria-Ribas y Boves. • Charallavc-Ribas y Rosete. San Mateo-Bolívar y Boves. San Carlos-Arrami.>arri y Calzada. Ocumare-Ribas y Rosete. • 8a11 Matto-Bolívar y Boves. Bocachüa-Nariño y Boves. Magdaleno- Mantilla y Boves. • f/ alnuia-U rdaneta y Ceballos . .Arao-Marif\o y Ceballos. Tasines-Narifio y Aymcrich. Pasto-Narifio y Noriega. Cardhoó1 ¡,o-Bolí ar y Cagigal. La Puerta-Bolívar y Boves. Valencia-Escalona y Bovcs. Aragtta-Bolfvar y Morales. Maturfn-Bermlídez y Morales. Urica-Hernández y Morales. El Salado-Piar y Boves. Magüe)•es-Bermúdez y Boves. Uricn-Ribas y Bovcs. Mcttm·ín-Ribas y Morale Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLEXÍN MILITAR 1815 1 Palo-Cabal y Vidaurrázaga. Chirc-Ricaurte y Calzada. Chitag'-Urdancta y Calzada. CartngaM-Paiacios y Morillo. 1 16 • Mata la Micl-Pácz y L6pcz. Cachirí- Ro\'ira y Calzada. ~1 rrigrc-Ccdcño y Ccrruti. aicara- cd fio y Oerruti. ~~ ntccal- V á que y Torrellas. C uclúlln dtl Ttlmóo-M cjía y ámano ag araparo- lariño y añas. • El Yagual-P-' cz y Lópcz. Los Oallejonc de :lérida-U rdaneta y Calzada. 817 Ango tura--Piar y izgcrald. umaná- T a riño y Pardo. 1 ucuritas-Pácz · Latorrc El O a ron í-Piar r Fizgcrald. SAN FÉLIX- Piar: y Latorre. Cariaco-Mariño y Morillo. La H()gaza-Zaraza y Latorrc. 1 1 Calabozo-Bolí ar y Morillo. El Sombrcro-Dolí\'ar )' Morillo. LA Prurlt1-Bo1ívar y Morillo. Ortiz--- Bolf \'ar y La torre. Rincón de los Toro -Bolívar y L6pez. Cogt·deJ-P 'ez ; La torre. o Pato -Ccdcilo y Morales. Cariaco-Marit1o y Noguera. 1819 Cafiafí tola-Pácz y M ra1c . Cantatara-Maril o y rana. Pantano de Varga - Bolívar y Barrciro. Bo Ac,\-Bolh•:tr r Barrciro. gua anta- r,dancta • C~rc . Conoma-Bcrmudcz P.crcua. as ru c - oublctte y Latorrc. 1 20 Pit y6-Valdé y Lópcz. Chiriguaná-Carnlona y Sánchcz. 411 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 412 BOLETíN MlLI'.rAR Pueblovicjo-Carrefio y Díaz. Guachf-U rdancta y Gonzálcz. 1821 Genoi- laldés y García. u a tire-Bermúdez y Monagas. La Cocuisas-Bennúdez y Morales. El Calvario -Bcrmúdez y Pcreira. e R BOBO 2"'-Bolhar y Latorre. • Yaguachí- Sucrc y González. Puerto Cabcllo- Manrique y Garc{a. Guachí-Sucre y 'merich. • Coro- Briceño y Carrera. • San Francisco-Gil y Carrera. • Cartagcna-Montilla y Torres. umaná-Bermúdcz é Inzuzarri . 1822 Vela de Coro- ómcz y Latorre. Bomóoná-Bolívar y García. Rioónmbn-Sucre ' Lópcz. Puerto Cabello- Pácz y García. El Pedregal- oublott y Sicilia. PICHINCHA-Sucre y Aymerich. Vigía aja-Pácz y Calzada. Dabajuro-Soublctt y Morales. Naguanagua-Pácz y Moralc . Salina Rica-Clemente y Morales. arabulJa-Sardá y Morales. Taindala-Sucre y B. Bovc . Taindala-Sucre y E. Bovcs. acuanquer -Sucre y B. Bo cs. Pasto-Sucrc y B . Bovc . 1 23 El Tahuando-BoJívar ' gualongo. Pa to- alom y Agua]nngo. atambuco-Salom y gualongo. ahu avo-Cabadai-Mirc y gualongo . Maracai o-Padilla y Laborde. Puerto abcllo-Páez y Calzad . 2 Junín-Bolívar · Cantcrac. Bcllavi ta-Urdan ta y Rodil. orpahuaico-Sucrc y Valdé . ~G YA UCHO- ucre y La erna. El allao- alom y odil. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. OLET1N tiLITA. ~13 De e tos ciento vcintitré hecho de armas en cincuenta la ,icto­ria cobijó á los pa~riota ; en lo otro se ten ca' y tre , ó quedó indecisa en sus con ccucnc¡as, 6 e tuvo de parte de los rcah ca . En estos ciento cintitré con bate e de tacan, or su importan­cia veinticinco en que lidiaron s,ooo ó más soldados, ucs sólo en San Féli.· bajó el número á 4 ooo. yacucho,-1 5 ooo. La Puerta (1.0 ) y Urica, I2.,ooo. La Puerca ( 2.. a), lo do ara bobo y ragua, 1 1 ,ooo. Los do de an Mate0, 9 ooo. Mocha y Bocachica, ,ooo. Cartagena y La Victoria, 7, .. oo y 7,000. rao, Coro, Quito, Pi\,;hincha y Riobamba, 6,ooo. Tinaqutllo, Mo quitcro, El Juncal, Boyacá, Bomboná, ngostura y Mucuritas, 5 ooo. En re umen, por cada una de las cinco batalla decisivas, se libra­ron cuatro batallas de primer orden, veinte batalla~ de egundo orden y ciento quince combates, ó en otro términos, cada batalla tuvo por cortejo unos cinco combates, y co tó cerca de dos mil vidas. - - · ...... ·--- San Félix - Ganada por PIAR el 1 1 de bril de J 17. Esta batalla ( i OOO h b ) dio á los p triota sólida base de o eracioncs á cuyo ' ow r amparo pudieron con tituír un Gobierno estable, con-deft'oaiv seguir rcc ursos y organizar ejército capaz de 1 uchar con é ·ito con h infa tería e pañola. Lo guerrilleros, sin esperanza dcspu¿s de la rcconqui ta espar1ob, dejaron ese día de !>Cr aventureros para convenirse en sold dos de una gran nacionalidad. Boyacá- Ganada p,or Bot..ívAR el 7 de gosto de 1819. E ta batalla entregó á lo independientes el corazón de ucva ra- ' (5,000 hombr ) n da con lo grande recursos acopiado por lo realis-ofcn ifa , ta en Bogotá, y una tierr poblada donde podían or-gnnizar ~ e numero os batallonc , á la vez que rodujo el equilibrio numérico que antes no e.·i d entre los con­tcndore . Cara bobo 2. o- anad por Bodv R el z+ de Junio de 1 z 1. ta oatalla ac b6 con el ejército peninsular de tierra firme, (11,030 hombr~s) libertó á\ cnczucla y permiri · cae r con éxito 1 base oren i dt: operaciones de los reali ras, 6 se 1 líne de puer­to fortiftcado que ellos ocupaban en l co ta del Mar de 1 Antill . Pfebtnclia- c la · de lo · gu e rrillero , canco patriota como realistas, que en m ~l.s de una o~.1S1ón tuvieron importancia con i dcrablc . En todo ca o puede decir e, en te i general, que en cada cam­paña hubo ocho combate con 1 1, oo conccndorc que tuvieron 2,6oo muerto y herido, coin contar l.a baj. c ·tusa as por 1 dima la mise­ria y la cnfcrmcda fe::;, y esto en ólo cinco me e que por término medio duró cada una. á angricnto, r.;o to o y di pucado no pudo · er el triunfo, dada 1 ::; condicionl: del terreno u e e a población. En ín­tesi , puede compar.nsc la guerra de Independencia á una colo al bata lla en que medio millón de hombres se hubicr n destrozado duran~ in- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 416 BOLETÍN MILITAR co horas, dejando en el campo la mitad de su efecti\·o. La gran batalla de Leipzig ó de las nacionc~, la m-'· grande del rnund'>, en que lidiaron so6,ooo enemigo ' duró tre of s, y 6lo costó 12 0,000 hombres, e decir, fue catorce vecn menos sangrienta que nuestra magna guerra . --- ... ~-- Envíos de 181 r 1812 y 18 1 3, á la mérica del Sur .... nvíos de 1815 á 'osta Firme (7,700), Perú (t,¡oo), las Antil1as (6oo) y Panamá . .... ... .......... . ........ . Envíos de 1 8 16 á Panamá y Lima . ................. . En\'Íos de 1817 á ora Firme (3,000) y al Perú (t,ooo) Envíos de 1818 al Perú ........................ . . En estos años á las Antillas y Iéxico .............•.. 8,625 10,481 1,222 3,000 2,000 Total ....•.... 4-2,167 Ejét•eito 1•: ñol á tn•lneil•ios d 1820 '·' Trop ~~~cdicio \ cterano del p·•is n:ma~ Milicias 'fot·l ---.--- LUGARES 1 Caba- Cab.l· nhn- Caba Hombreg llos H ombres llo· Hombres Uo Hombres llo ------ 1 ------- ·! V enezucla. -. s,8I 1 f26 6 o8o 6oool 1 2 5 .•. 12,0 IÓ 6+26 En el Nuevo ltcino.. 1, 8 t 8 24 3 . . 2, 8 19 . . 4-,8 o . . En Panamá-. so8 . . . 249 .. I, 189 - - 1,9+6 .. ~: ~t:~~:. "\_i :7·¿. t4S : 0~; 33s ~ .'.0.+ ~-~+ 6: ;9~ l~~ l:otal. . .... 1 1,909 j 57+ 10~05+ 6338 : 237 IO+ 26 230 7019 zas perdtdas en la campana de Boyaca .... ---- 3 122 6oo · Total en 1819 ......•...... 29,3 27,619 - Ejérciro patriota en 18 r 9 (Y cnezuela y N u e va Granada)...... . . . . . . . . • . . . • . • . . . . . . . .. . . . . . . t6,soo 8,ooo Fuerzas espati olas en la n tillas en 1 20 (Puer-to Rico, Santo Domingo y uba) . . . . . . . • . . . . . . 19,1 3+ 1,2 73 Fuerzas españolas en léxico ( Peninsulares 8448).- ...•.. - -. . ...... - ..... - ..... - . . . • . . .. .. + 1,036 Total de tropas reali tasen Améri a en 1 20 (an-tes de Uarabobo 2. 0 ) .. . ................... - •• - 95,578 8,fi9 ( rchi vos espafiolc y nacionales). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 109

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 128

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 128

Por: | Fecha: 02/12/1899

ARo In Bogotá, Diciembre 2 de 1 899 NUM.128 --~·~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIRI:.CTOR AD-HONORLM, FRANCJSGO J. VERGARA y V. Coronel, Miembro de la Sociedad Coloml)iana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República OFICIAL (22 DE NOVIEMBRE) que houra la memoria ele! General de Brigada Valerio Andrade U. El Prnide11/e de lll Rt'púUica CONSIDERANDO Que el 11 de los corrientes fa1leci6 en Barranquilla el Sr. Gene­ral Valerio Andrade U., primer Ayudante general de la Comandancia en Jefe del Ejército de Antioquia; Que el General Andrade se distinguió siempre como militar dis­ciplinado, leal y valeroso; y Que deja en desemparo á una numerosa familia, de la cual era el único apoyo, DECRETA Art. 1.0 El Gobierno lamenta el fallecimiento del General Vale­río Andradc U., y reconoce los servicios que le prestó siempre con de­cisión y patriotismo. Art. 2.0 El Ejército tributará á la memoria del General Andrade los honores que le corrcsr>onden. Art. 3. 0 El Ministerio de Guerra solicitará del próximo Congreso e vot~ en favor de la familia del finado General la recompensa á <¡uc; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 514 BOLETÍN 1\IILITAR tiene derecho, y dispondrá le sea pagado, mientras tanto, el sueldo que correspondería en vida al General Andrade. Art. 4.° Copia auténtica de este Decreto será enviada á los deu-dos del expresado General. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 22 de Noviembre de 1899. Por delegación del Excmo Sr. Presidente, el Ministro de Guerra, JOSÉ SANTOS ---·· .... -- :o:m 1S99 (2 3 DE NOVIEMBRE) que concede una pensión provisional á la viuda del Coronel Heliodoro Pieschaeón El PresiaeMe de la Repúblifa CONSIDERANDO Que el Coronel Heliodoro Pieschacón murió en servicio d<-1 Go­bierno, dejando á su familia en completo desamparo, y que es deber del Gobierno aliviar la situación de las familias de los que mueren de­fendiéndolo en los campos de batalla, DECRETAt Artículo único. Mientras el Congreso resuelva lo conveniente, la viuda del Coronel Hcliodoro Pieschac6n disfrutará del sueldo que hu­biere correspondido en vida al citado Coronel. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 2 3 de Noviembre de 1899. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, el Ministro de Guerra, JOSÉ SANTOS Conferencias de los Oficiales de la Misión Francesa SERVICIO DEL CAÑÓN DE MONTA:f:tA Eacucla de bateriarein mulaa) (Continuación) Ejercicios de tonjrmto- 1.0 Los ejercicios de conjunto se ejecutan en los patios de los cuarteles, en los campos de maniobra y en terreno variado. Se hacen con todo el personal de la batería. Tales ejercicios preparan á éste para la inmediata ejecución del tiro. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 515 En los ejercicios interiores de tiro, los oficiales y sargentos, cada uno en lo que les toca, se habrán familiarizado con los procedimientos del tiro y la instrucción de detalle; los apuntadores estarán ya ejercita­dos en apuntar una pieza (en la instrucción de sirvientes), los artilleros habrán aprendido á manejarla. Lo que fal t1 es reunir estos varios ele­mentos, darles sus respectivos puestos en la batería de seis piezas y en­señarles por medio de qué mecanismo se ejecutan los fuegos de artillería de montaña en las \'arias circunstancias de la guerra. Estos ejercicios tienen grande imp.:>rtancia, ponen la batería en la mano del capitán, acostumbran el personal á la disciplina del fuego, y establecen entre los varios grados de la jerarquía la unión necesaria para la buena ejecución del tiro. Serán dirigidos por el capitán, quien se conforma para mandarlos con los principios del tiro y las prescripciones que siguen. 2. 0 -Los ejercicios de conjunto no consisten, en primer lugar, sino en una maniobra de artillería ejecutada en los cuarteles con seis piezas y las rc!pectivas c:tja, en la cual se adiestra ó ejercita el personal á prac­ticar toda3 las operaciones de la ejecución del tiro. El capitán indica el blanco, manda el fuego, simula un reglaje y ordena sucesivamente las varias especies de tiro que la batería puede ejecutar: tiro sobre blanco fijo con puntería directa ó indirecta, tiro sobre blanco móvil, cambio de blancos, fuego rápido, tiro con botes de metralla, etc. Principia por los casos sencillos hasta llegar poco á poco á los que presentan más dificultades en la ejecución. Prestará atenciiín á todos los detalles; se asegura de que cada uno cumple con regularidad y in perder tiempo las funciones de su cargo ; suspende la maniobra inopinadamente para vt.:rificar la exactitud de la puntería y del arreglo de las espoletas; aprovecha los errore cometidos para llamar la atención sobre las faltas que se repiten frecuentemente; exige la precisión, la calma, el orden, etc., el silencio y la actividad correcta. Al principio el capitán manda con lentitud, para que pueda asegu­rarse de que sus ' órdenes se ejecutan correctamente; 1tumenta después poco á poco la rapidez de la maniobra, exigiendo siempre la misma re­gularidad. Al fin de la in trucci6R se esfuerza (y esto es obligatorio) por obtener la mayor rapidez de tiro que sea posible. 3. 0 -Cuando la instrucción está suficientemente adelantada, el ca­pitán hace cargar el material sobre las bestias y lo lleva en primer 1 u­gar al campo de maniobra, y después á terreno quebrado. Repite los mismos ejercicios, escogiendo objetivos parecidos á los que se prcsen ta­rán en campaña, y pone su batería en condiciones tan variadac; como sea posible, para preparar el personal á todas las dificultades que pueden presentarse en los tiro3 de guerra. Algunos ejercicios de conjunto se ejecutan poniendo la batería bajo el mando de cada uno de los subalternos y las secciones al mando de sargentos. Ejercicios de fuego-PrlnclpioH generales 1. Capitán-Durante la ejecución del fuego, el capitán se coloca en uno de los flancos de la batería, del lado más favorable para la aq .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 516 BOLETÍN MILITAR servación de los disparos, un poco atrás de la línea de piezas, tant~ como sea posible y de modo que vea fácilmente todo su personal. Para que n lo moleste el polvo y el humo de los proyectiles enemigos, debe colo­carse, á ser posible, en el flanco derecho de la batería, cuando el viento sopla por la derecha, ó en el flanco izquierdo, en el caso contrario. Teniendo que vigilar su batería y el terreno que tiene al frente, no se dejará distraer por las operaciones del reglaje. Hace colocar cerca de él el anteojo de batería que utiliza cuando hay lugar, sobre todo para los grandes c.lcances, para observar los disparos y darse cuenta en caso de necesidad de los movimientos del blanco. ' De ordinario manda, él mismo, el fuego para todos los tiros de reglaje, pero puede, durante estos tiros, hacer mandar el fuego por los jefes de sección. Indica á los jefes de sección el blanco y el punto de éste sobre el cual deben apuntarse las piezas durante el reglaje. Indica al mismo tiempo, á cada uno de aquéllos, la parte del blanco designada para cada sección en el momento de la repartición del fuego. Hace disparar la pieza que esté lista, y continúa el fuego, siguiendo tanto como sea posi ­ble, el orden natural de las piezas. Cuando las cifras indicadas por los jefes de sección para la distan­cia ó la graduación de las espoletas son diferentes, el Capitán escoge una que impone á toda la batería, mandando: tspo!tta, tanto. . A fin de que sus voces puedan ser siempre oídas, exige en la batería el orden y el silencio m ás perfecto y más grande que sea posible. Exige que los jefes de sección y los jefes de pieza repitan sus voces de mando 6 dea con exactitud los datos que deben indicar y en el momento pre­ciso, sin hablar más recio que lo g u e sea necesario y siempre en la forma reglamentaria. 2.. Jefes de sección-Los jefes de sección están encargados, cada uno en la suya, de vigilar los detalles de la maniobra y de hacer cum­plir las órdenes del capitán. Designan á los jefes de pieza y á los apuntadores, según las órde­nes que han recibido, el punto del blanco sobre el cual deben ser apun­tadas las piezas, y en el caso del tiro indirecto hacen tomar ]as disposi­ciones especiales á esta clase de fuegos. Los jefes de sección verifican la primera puntería de sus piezas para asegurarse tanto de que no hay equivocación en el blanco como de que las alzas ó 2ngulos empleados son los prescritos por el capitán. En el caso de que todas las secciones tengan la misma parte del blanco como punto de reglaje, los jefes de sección de los flancos se ase­guran de que la pieza de la sección del centro, puesta á su lado, tiene la dirección que han indicado á su sección. Dan órdenes para que las piezas tomen un punto auxiliar (núme­ro •• ) para la puntería, si hay necesidad. Cuando se puede romper el fuego, lie vuelven hacia el capitán y levantan el brazo. Ocupan, sin dejar de vigilar su sección, y de modo que siempre sean vistos por el capitán, el puesto más favorable para la observación de los disparos; si no tienen ningún medio de observarlos, dan cuenta al capitán. De ordinario se les encarga de reglar el tiro en dirección, y también de arreglar la graduación de las espoletas, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 517 Cada uno de los jefes de sección repite en voz alta las órdenes del capitán que se refieren sea á toda la batería, sea á su sección, y dan , después, si hay lugar, las voces particulares que corresponden á ésta. Cuando deben repetir una voz ó indicar al capitán los elementos del tiro, se vuelven hacia él y hablan suficientemente alto para que él los pueda oír. Cuando deben sustituír á una voz del capitán otra que sólo se refiere á su sección, apenas levantan la voz lo necesario para ser oídos en sus dos piezas. Cuando una voz de mando debe repetirse por todos los jefes de sección, la repetición se hace primero por el jefe de la sección más cer­cana al capitán y después por los otros en orden de su lejanía. Las "oces que indican los elementos del tiro se hacen con la fór­mula: tal distancia, agregando, si es preciso, cspolctrl, ta!Jio. Si de la voz dada por el Capitán resulta una modificación de los anteriores elemcn­ros del tiro, se repite esta voz como está dicho atrás, y los nuevos ele­mentos se anuncian tan aprisa corno sea posible, primero por el jefe de la sección más lejana r después sucesivamente por los otros. De ordinario los jcf~.:s de sección no anuncian la graduación de la espoleta; pero cuando el capitán hace ejecutar un tiro de espoletas de tiempo bajo su mando directo, el jefe de sección que dispara el primer tiro cargado con espoleta arreglada á la. última modificaci)n prescrita, previene al capitán diciendo en voz alta las indicaciones siguientes: Espoleta, taTJfo. Los jefes de sección indican sin demora al capitán, en la forma más concisa, todo incidente que ocurra y no pueda remediarse sin des­arreglar el tiro. También indican todo tiro que, durante el reglaje, sea disparado con mala puntería. Cuando el mismo capitán arregla la es­poleta, indican tambié:1 aquellos de !os tiros dic;parados en que la espo­leta se puede juzgar quedó mal graduada. Los jefes de sección tendrán en las manos una regleta, instrumento que les Fermitc dar sin demora los elementos del tiro. 3· JffeJ de pieza-Los jefes de pieza vigilan á su apuntador y cui­dan de que emplee exactamente el alza y el desvío p1:escritos; verifican las cargas y los proyectiles traídos por los provcedore , vigilan la gra­duación de la espoleta, y se aseguran de que la pieza está bien apuntada sobre el punto indicado del blanco . .Antes de aviMr que su pieza está lista para disparar, los jefes de pie­za debe11 ruegltrrlnf de que la cttlata está bielJ cerrAda, y verificar la posi­ción de lt1 pafa11ca de maniohra. Son los responsables directos de lor acculm­tes que puedan ocurrir por 110 haberse cerrado la culata. Cuando los proveedores no pued~n graduar la espoleta, los jefes de piez1. la gradúan con una llave que sacan de un saco de carga y mantienen en la mano. Cuando la pieza está lista para disparar, cada jefe levanta el braz<, derecho observando lo que sigue: Antes del primer tiro todos los jefes de pieza levantan el brazo en el momento en que su pieza está lista; para los tiros siguientes cada jefe de pieza no levanta el brazo sino cuando la pieza prece~ente, en el orden del tiro, acaba de disparar (ó no está lista á disparar en u turno). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 518 BOLETÍN MILITAR Cuando el capitán ó el jefe de sección ordena una correccwn á una pieza lista para disparar, el jefe de esta pieza baja inmediatamente el dedo ó brazo y no vuelve á levantarlo sino después de hecha la co­rrección, es decir, cuando la pieza de nuevo está lista para disparar. Cuando el brazo de un jefe de pieza está levantado, indica al ca­pitán: 1.0 , que es la pieza de turno para di:>parar; 2.o, que nada impide el disparo de esta pieza. En el fuego por descargas los jefes de pieza de una sección ó de la batería, según el caso, levantan todos el brazo derecho. 4• RoMPER EL FUEGO. Estando las ?iezas en batería, para hacer romper el fuego,. el Capitán manda: 1. A tantos metros; 2. Con granadas (ó shrapneles); . 3· Rompan el fuego; 4· Carguen sin interrupción, y cuando hay que corregir la influen­cia del viento: corran el ocular á la derecha (ó izquierda), tmJf(J. Los jefes de sección repiten las voces .á tantos metros, con grana­das (ó shrapne/es), y si llegare el caso, corren el ocular á la derecha (ó izquierda) tanto. A la voz rompan el fuego, los jefes de pieza mandan: en acción. Los jefes de sección marchan á paso de trote hasta cerca y á la al­tura del capitán, para recibir la indicación del blanco; el jefe de la pri­mera sección se coloca á la derecha, los jefes de las otras secciones á la izquierda. Cuando conocen el objetivo del tiro, los jefes de sección regresan á paso de trote al centro de su sección, á la altura de las conteras; cada uno reúne cerca de sí, en una misma línea, frente al blanco, los jefes de pieza y los apuntadores (estos últimos al ce Hro), les muestra el blan­co y el punto sobre el cual las piezas deben ser apuntadas. Después ocupa su puesto de batería. A la voz en acc i ón dada por cada j efe de pieza, la carga á discre­cióu se ejecuta en cada pieza como es tá prescrito (número .. ) Si el apuntador no es ti en la pieza en el momento en que el pro­veedor llega, el primer sirviente de derecha desempe11a provi sionalmen­te sus funciones y carga la pieza. Los proveedores de cada sección proveen sus sacos en la cajas de su sección. Si toda la batería debiese ejecutar un tiro indirecto, los jefes de sección mandan : Apu11ten con el nivel. Tantos grados (número .. ), é indican el procedimiento para dar la dirección á las piezas. Si una ó varias piezas no ven el blanco, se apuntan con el nivel tomando para la prim era puntería el ángulo de tiro de una pieza apun­tada con el alza. En e s t e caso los j ef l.!s d e secc ió n corren en la regleta la planchuela de lo á ngulo. de tiro, de modo que d e n el ángulo señala­do á la'i piezas, frente á la distancia indicada. A cada voz del capitán, leen la cifra sobre la regleta ayudándose con la corredera, y dan á las piezas apuntadas con el nivel el ángulo correspondiente á la distancia indicada por dicha voz. En el caso de que todas las piezas vean el blanco, el capitán puede también, antes de romper el fuego, ordenar se apunte con el nivel. En- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 519 tonces hace seguir las voces para romper el fuego, con la indicación ;lel caso : Apuntar con el nivel, corrección de situación más ( ó menos) .anta. Los jefes de sección determinan el ángulo, por medio de la regleta, orrigiendo, si e; preciso, el ángulo de situación. Obran despuéc; como está prescrito en su lugar para cada distancia :ndicada por Ja voz del capit~n. Se toma un punto auxiliar para fijar la dirección de cada pieza cuando puede hacerse, sin suspeP.der el fuego. 5· Fuego por piez11. Fuego por descarga. En la batería cada sección y cada pieza se designa por su nú­mero: la serie de los números \"a de derecha á izquierda. El tiro principia por la primera pieza lista, y se ejecuta de ordina­rio de la derecha á la izquierda. Si no hay tropiezo, se vuelve á traer cada pieza, después de su dis-paro, exactamente al mismo terreno. Para hacer disparar e] capitán manda : 'Tal pieza. F11ego. A la voz fuego, el jefe de la pieza indicada baja ligeramente el brazo. A esta seña el primer sirviente de derecha da fuego ; la carga á discreción vuelve á empezar como está prescrito (número .. ), haciendo el jefe de sección la indicación cargt:m á su debido tiempo. Para hacer ejecutar el fuego por descarga , por secciones ó boletas de tiempo. Este modo de cargar se llama carga por sección. Para hacer cargar sin atraso las s:is piezas después de que hayan disparado, el capitán manda: cargum sin interrupción. De~pués de esta voz se vuelven á cargar las piezas disparadas, antes de apuntarlas. Para '\-Olver á la carga por sección, el capitán manda: cargum por uuión. Después de esta voz las piezas no se cargan sino después de la voz de los jefes de sección (número o).-(Cfmtinuará). _..,._. __ INSTR'üC:JION PARA LAS MANIOBRAS DE CABALLERIA El Combate (Continúa) Generalidades-En la carga en batalla, la primera línea avanza en muralla, es decir, sin intervalo entre los pelotones; los escuadrones con­ser\' an el reglamentario. La primera línea será sostenida por la segunda y la tercera: de ordinario la segunda se formará en línea de columnas, e~ decir, con escuadrones en columna de pelotones situados sobre una misma línea y á intervalo de despliegue; la tercera se establece en masa dt columnas, que es la misma formación anterior, reduciendo los intervalos á 12 metros. El objecivo final de todos los ejercicios de la caba11ería está en en­señarla á reunirse en una posición de espera, 1 uégo llevarla rápidamente al punto elegido, desplegarla allí y atacar al enemigo. Hasta el escuadrón para cargar empleará á menudo la formación en escalones: la distancia entre éstos varía con el terreno, pero en ningú:1 caso será mayor de 1 oo metros ni inferior al flente de los escalones. La carga en escalones pro­duce la sucesión en los esfuerzos, permite resistir los ataque de flanco y procura los medios de atacar al adversario por la espalda, dirigiendo un pelotón sobre el flanco 6 retaguardia de aquél. Cuando se acahe de pa­sar un desfiladero y no haya tiempo de formarse en línea para atacar, se impone el combate en escalones, lo mismo que para la tropa que ocupe los flancos de una fuerza mayor en batalla para formar allí martillo ofensivo ó defensivo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 521 Normalmente la disttmcia de carga será de I,zoo metros, de los cuales 6oo se recorren al trote, 500 al galope y 100 metros á 11ire de carga. El instante mis propicio para la carga es aquél en que la caballería enemiga pasa de una formación á otra ó cuando ya está atacarla de frente. Nunca se intentará carga alguna sin proteger los Bancos, ó sea sin pre­parar una fracción que, llegado el caso, pueda formar flanco defen­sivo. Después de todo choque se ejecutará la rcttlltÓn de la aopa : al toque respectivo los jinetes se reúnen detrás de su Jefe y tornan á for­marse en dos filas, sin preocuparse ninguno por el lugar que le tocó en la formación. Para desbordar una ala se da la carga en orden oblicuo. Contra la infanterfa conviene la carga en escalones. La carga en forrajeros,.siempre apoyada por una reserva, no convie­ne sino para atacar tiradores ó baterías. FtJces del rDmbate-La característica de ]a caballería será la ifen.si­va, siempre la OFENSIVA, es decir, nunca se dejará atacar en ningún en­cuentro de armas. El combate de caballería presenta tres faces : 1.• La coltctntración: reunirse en lugar conveniente, ocultándose á la vista del enemigo y reconocer el terreno en que se va á obrar. z.• La preparaciÓtJ: avanzar con rapidez, tomando la formación que más convenga para de~fibu según el terreno : línea de columnas, co­lumna doble, columna propiamcn te dicha, á fin de llegar en buen orden al sitio designado ó elegido, y al llegar á éste, formarse en tres líneas. 3.• El ataque:: arrojarse sobre el adversario desde que se le tiene á distancia de carga. Cuando la tropa puede ocupar un frente mayor que el del enemi­go, la parte que desborde á éste lo atacará de flanco. La caballería puede ocultar una fracción tras algún obstáculo 6 accidente del terreno, simular una retirada para atraer el enemigo á ese sitio y cargarlo de flanco con la embo cada. En todo caso en el combate de caballerías el éxito no se alcanzará sino mediante la cohesión en las filas, la conservación de las distancias entre los escalones, Ja rapidez del galope y el silencio de Jos soldados ; el choque se logrará con potencia irr~sistible merced á la bravura de ]os jinetee;, el ejemplo de los oficiales, el impulso de la fila exterior y el brío moral que producen los sostenes. El Jefe de una caballería, cualquiera que sea su grado, se situará en un punto desde donde pueda reconocer el terreno y elegir el momen­to propicio para el ataque; tomará di - posiciOnes rápidas, &encillas, y lan­zará su tropa á toda velocidad sobre el adversario, puesto que el éxito depende no de la superioridad numérica sino de la rapidez del choque. La cahallerítl sostén de artillería-En este caso la caballería se si­túa .' retaguardia y hacia afuera del ala en peligro, y constantemente en vi a exploradores y patrullas que vigilen el terreno. La fuerza que esté de sostén e divide en tres partes : un cuarto se coloca á un cen­tenar de metros de las piezas, y sobre su costado para contener los fo­rrajeadores enemigos; la mitad se prepara á comb~ttir las tropas que el enemigo envíe contra el so tén; otro e u arto forma la reserva. Cuando Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 522 BOLE1.'ÍN MILITA. U la batería haya de avanzar, el sostén la precederá siempre para explorar el terreno ; en caso de retirada va tras ella • .Ataqtlt de la artillería-La caballería enviada á atacar una artille­ría se divide en dos porciones : la una ataca el sostén de la batería ; la otra en forrajeros se lanza sobre las piezas. La caballería debe tratar de sorprender la artillería en fla g rante delito de maniobra, y si esta arma se hubiere aventurado, la parte encargada del ataque se di spersa en forraje­ros, á 1 ,ooo metros de las piezas, y las carga de flanco y por reta­guardia. Caballería contra infalttería-El ataque de una infante ría intacta puede ser glorioso, pero en ningún caso dará resultados eficaces: con lanza y s tble no se puede luchar contra las balas. La caballería que ataca una infantería tratará de coge rla de flanco para cargarla á lo largo; en medio del humo y las detonaciones de los fusiles, esto no es imposible, y el ataque tendrá tanto mayor esperanzas de logro, cuanto las reuniones de infantes, por estar sobre la misma línea, se fusilarán unas á otras. De los diversos problemas que se presentan á la inteligencia y valor de los jefes de caballerías, ninguno será de solución tan delicada como el ataque de la infantería, el que siempre se ha mirado como la pie:ira de toque de las cualidades de una caballería. En el combate en cues tión los jinetes tratar ~ín de sorprender la infantería á favor de algún p liegue de terreno, de atacarla cu11ndo esté maniobranJ , ó cuando e s té can:>ada ó enervada por una luc ha prolon­gada. La caballería que encuentre inopinadamente una columna de in­fant e ría en marcha ó que no ha tornado posiciones defensivas, no espe­rará concluír su despliegue para atacar: á fin de no dar tiempo á la in­fantería de rehacerse de la sorpres a, lanza sin demora al ataque las fracciones ya des plegadas, y las otras se forman en escalones y cargan sucesivamente. Debe observarse que sostenes y reservas de una línea de infantería sorprendida no se atreverán á hacer fuego por temor de fu silar á s us propios tiradores. Contra una i ínea des pl egada se carga el ala derecha, porque el tiro ohli c no hac i;¡ es te lado e s difícil; con el ataque directo se combi­nará otro d e r e vt:s : las columnas se cargan d e flanco y obli c uamente, en c uanto se t p o ibl e, para partirlas en trozos. E " ta c ion a r tropas d e caballería á co rra di stan c ia de líneas de in ­Cant e r ía enemiga; enviar patrullas de ofic iales que se aventur e n en lo e je r c í io s, por entre los tiradores, para estudiar l os flancos ó retaguar ­di a d e l adv e r ario, son procedimientos errón eos que nu nc a c umbatirán snfi c i 'I H emente los jefes . · CI)7Jc/11 sio11es- La caball ería bien empl e ada y dirigida, aún pued e r e c oger laureles en el campo de batalla; pero s u misión principal se en c uentra hoy fuera del terreno del combate, en el desempeño del ser­vi c in de exploración-(CoJttimtaró) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILEI.'AR 523 1099 República de CfJ!ombia-I: División d :1 l Ejército -C?mandant:ia ge­neral- Núml!ro r8s-Bogotá, Noviembre 22 de 1899 Sr. Ministro de Guerra-E. S. D. 'Tengo el honor de presentar á S. S. el corresp~ndiente infor­me, de las operaciones verificadas por la fuerza de mi mando en la campaña de Occidente, sobre las fuerzas revolucionarias al mando del malogrado General Zenón Figueredo. No había cumplido con este deber antes, debido á las natu­rales ocupaciones del servicio y por una ligera indisposición del Ayud<~ntc Secretario, quien e taba en posesión de los documentos relacionados con este asunto. El Sr. General Antonio B. Rebollo, Inspector de la Divi­sión, á quien tuve á bien nombrar-en virtud del pliego de ins­trucciones y autorización de ese Despacho-Jefe del Estado Mayor de la expresada fuerza, no rinde el presente informe, como es de ordenanza, por la circun. tancia especial de haber tenido necesidad de separarno·, con motivo de la novedad fí ica de que he adolecido de de el segundo día de IHie ' tra marcha, habiendo asumido en tal virtud el . u crito todo el centro de la dirección, para que el Ge­neral Rebollo pudiera obrar á la cabeza de las tropas en las distin­tas di re ci nes que fuest! necesario. E 1 Coronel Adolfo Duque ocupó el puesto de In. pector en lugar del General Rebollo, con­forme tuve el honor de comunicar dicho nombramiento á S. S. oportunamente. Con tal mot ivo el Coronel Duque entró á tomar una parte activa é importante en la expresada campaña de Occi­dente, como se verá en el curso de este informe. De acuerdo con las instrucciones recibidas de e e Ministerio, el objetivo principal de la campaña se reducía á marchar inmediata­mente y abrir operaciones en la plaza de Facatativá, con el cuerpo Politécnico y roo hombres del Batallón 81Jlívar, sobre la fuerza re- • volucionaria al mando del General Figueredo, que se encontraba en las cercaní<~s de la mencionada plaza. El General Antonio B. Rebollo, . i tu a do con anterioridad á la cabeza del Politécnico, en Fa­catativá, debía acompJÍÍ armc: en I citada expedición, una vez reu­nido en e ~ e lugar, con el Coronel, Primer Ayudante general, Luis F. (Jarcia, el Capitan, Ayudante Secretario., .f\,1anuel París R., y 100 hombre del B?ltvnr, con lo cuaJe debía marchar el suscrito de esta capital en direccion al Occidente. En tal virtud, el día 27 de Octubre próximo pasado me puse en marcha, en la forma expresada, para .Facatativá, con el objeto Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 524: BOLETÍN MILITAR de abrir operaciones en la noche del mismo día, lo cual no se pudo verificar sino hasta las ro a. m. del día siguiente, con motivo de haber carecido de caballerías para movilizar los jefes y oficiales, el parque y la batería de artillería del Politécnico. Al llegar á Agua­larga, en la tarde de ese día, con toda la fuerza de mi mando, supe que la fuerza de los rebeldes e taba situada en el Alto del Raiz.al y el dd Trigo, con avanzadas sobre Villeta, en la vía que conduce á Guaduas; y que en las primeras horas del día se habían pronun­ciado en V illeta los vecinos enemigos del Gobierno, engrosando de esta manera las filas de Figueredo, tomando las armas á los pocos amigos de la Legitimidad que existían en ese lugar, poniendo en libertad los pre os por delitos comunes, detenidos en la cárcel, destruyendo la máquina telegráfica y rompiendo el alambre e inco­municando de este modo al Gobierno. En seguida dispuse que un piquete del Escuadrón Republica­no, que desde Facatativá e había puesto á mis órdenes, marchara inmediatamente para Sasaima, y que reunido allí con la fuerza organizada por el Coronel Antonio García, siguieran para Vi11eta á entrar á dicha plaza, á las 4 a. m. del día siguiente, 29 de Octu­bre, en combinación con el Politécnico y los 100 hombres del Bo­lívar, que á las órdenes del General Rebollo y mías debían atacar á la citada plaza, á la misma hora, por la vía de Chi m be y la Va­riante; movimiento que fue ejecutado conforme se dispuso, retar­dándose el suscrito en su entrada á Villeta, debido al accidente físico que sufrió en las primeras horas de ese día, y del cual ya se ha hecho mención. U na vez reunida toda la fuerza en Vi lleta, se publicó la orden general, se dispusieron las avanzadas, se tomaron posiciones, se or­ganizó el servicio de plaza y se abrieron operaciones para atacar al enemigo, que permanecía en los puntos indicados. Para tal efecto se dicti1ron la providencia iguientes: se mandó avanzar ha ta San :v1 teo piquete volante del Escuadrón R epublicano, y al Co­ronel Antonio García se ordenó que e situara, con su Batallón de Sa .tima, en la hacienda de Cune, en comunicación con el Pi­quete Volante, fuerza que debía obrar en combinación con el Batallón Jtuebradanegra, que al mand del Coronel Anastasia Martínez debía situar e en el Alto del f/elero, movimiento que debía verificar el expre a do Coronel con su fuerza, desde la po i­ción de Santa Rosa, en donde se encontraba, según orden que le fue comunicada por posta oportunamente. Todas estas fuerzas enumeradas debían obrar en dirección par.dela por el flanco derecho, por las posiciones :::tltas, dominando el camino real de Guaduas para proteger la marcha ó el ataque por el centro, ó sea b mencionada vía, por donde se dispuso en­trara el Coronel Luis F. García á la cabeza de las Compañías de ZapJ.dore. e In f.111tería, cerranJo la marcha el GenerJl Rebollo con los 1 oo hombres del Bolivar, al mando del argento I\1ttyor Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 525 Cipriano Soto y del Capitán Jesús Duarte, y la Batería de Arti­llería, completo del Politécnico, permaneciendo el suscrito en la plaza de Villeta con el reHo del Escuadrón Republicano. En este estaclo permaneció toda la fuerza hasta el día siguiente, en el cual avanzaron el Teniente Coronel Antonio Laverde, primer Jefe del Batallón Politécnico, y el Sargento Mayor Daniel .Estévez, se­gundo Jefe, con las Compañías de Zapadores é Infantería hasta el Alto del Raizal, e.n donde acamparon, ocupando el Coronel Luis F. Garcí a con los 1 oo hombres del Bolívar el Alto del Trigo. Estas posiciones fueron tomadas al enemigo sin un tiro, el cual las abandonó, en di_§tintas direcciones, para reunirse al día siguiente en la plaza de Utica. En dicho día, ó sea el último del mes de Octubre, se dispuso que el General Rebollo, con la fuerza del Politecnico situada en El Raizal, ocupara la plaza de Gua­duas, con el objeto de restablecer las autoridades legítimas y la co­municación telegráfica, como en efecto se verificó, quedando des­pejada la vía de Honda y en comunicación con esta capital. El mismo día se dispuso que el Coronel Adolfo Duque ocupara la plaza de Utica con una fuerza compuesta del Piquete Volante, el Batallón Sasaima, el ~uebradanegra y los I oo del Bolívar, opera­ción cumplida por el Coronel Duque con los soldados del Batallón Sasaima y los 100 del Batallón Bolívar al d1a siguiente, por no ha­ber alcanzado á ocuparla el31 como se había ordenado. Esta plaza también fue evacuada por el enemigo sin oponer resistencia de ninguna especie. El objeto principal de mi comisión, según instrucciones ter- , minantes y precisas de Su Señoríal era combatir á Figueredo, perseguirlo e interceptar sus fuerza¡ para evitar que se uniera al Ejército revolucionario del Norre, ó que amenazara ]a retaguar­dia de las tropas del Gobierno en la misma dirección; por tanto, el Coronel Duque, á quien comuniqué las mismas instrucciones, se ciñó á ellas, y debido á las operaciones que verificó dicho día 1. o del presente, la fuerza de Figueredo, que había avanzado hasta La Peña, contramarchó por Nocaima el mismo día sobre la plaza de Villeta, la que pretendió tomar por asalto en Ja madrugada del 2, pues dicha plaza apenas estaba guarnecida por el Escuadrón Ma­drid, al mando del Coronel J.] oaquín Escallón, quien había llegado el día antes procedente de Serrez,uela; por el re to del Escuadrón Republicano, comandado por el 'Teniente Coronel Gabriel Rojas, Segundo Jefe, en defecto del primero, Coronel Julio Hernández, quien desde el día 30 de Octubre se había separado del mando sin mi consentimiento, en compañía del segundo Ayudante general, Teniente Coronel Alejo Rubio*; y por la batería de Artillería comandada por el Sargento .I.V1ayor l'v1oisés Ortega L. • El Teniente Coronel Alejo Rubio fue nombrado Ayudante en Facatativá1 con a¡nobación de ese Ministerio, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 926 BOLETÍN MILlTA.R Dicho asalto fue frustrado por la alerta en que estaba la fuerza de mi mando, y por haber adelantado la tarde víspera del 2 el resto del Escuadrón Republicano hasta el paso de El Tovia, en . la vía de Nocaima, y cogido prisionero al General Juan C. He­rrán, que se dirigía con una descubierta de exp loración sobre Vi­lleta. Esa wisma noche se replegó el mencionado Escuadrón sobre el campamento de Villeta, después de dejar e tablecido sobre el camino de Nocaima un piquete de exploración, organizado un buen espionaje y la avanzada correspondiente. A las 7 a. m. del día 2 se rompieron los fuegos con las avanzadas del enemigo; en tal estado dispuse que el Escuadrón Madrid, cotnandado por el Coronel Escallón, y el resto del Republicano, al mando del Co­mandante Rojas, reforzaran la línea de batalla, dP.splegándose con­venientemente en los afueras de la población, hacia el lado oriental de ella, lugar por donde pretendía atacar Figueredo con sus fuer­zas. Inmediatamente monté á caballo con mis Ayudantes, y puse en movimiento la batería de Artillería, para colocarla en una posi­ción en donde pudiera maniobrar, mientras Uegaba en apoyo el General Rebollo con el resto del Politécnico, que estaba en Gua­duas, y que según mis órdenes y cálculos, en esos momentos debía estar llegando á Villeta, como en efecto sucedió. Pero ya el ene­migo hab1a tomado la vía de Sasaima con dirección á Chimbe; entonces dispuse que el Escuadrón Republicano lo persiguiera ac­tivamente por la vía de Sasaima, cortara á los rezagados é hiciera prisioneros los de la retaguardia del enemigo. Al mi mo tiempo ordené que el Escuadrón Madrid se m -Jviera con rapidez, á Chim­be, por la Variante, á disputarle á toda cota el camino á l:¡ van­guardia de Figueredo, apoyado este movimiento por el Cuartel general y el Batallón Politécnico. Todo salió de acuerdo con las operaciones prescritas, resultando el encuentro en Chimbe en la tarde de e e día 2, del cual tienen ya con cimiento S. S. y el pú­blico, según el parte correspondiente que r e ndí.-( Cmcluirá). FLORO GOA1EZ ---·~-- SECCION DOCTRINAL LA FRONTERA DEL SUR * Extracto de conferencias á los oficiales de la guarnición (Continuación) La tierra clásica por excelencia en las lides de guerrilleros du­rante las guerras de Independencia y las civiles de la primera mi- • En el número anterior ele este semanario, en el cua d r:l el e coordenadas, se inserta­ron por equivocación algunas que no son de las aceptada3 por el autor, sino de las su­puestas para la discusión del asunto. Los diagramas permiten corre~irlas, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 527 tad de este siglo, fue estudiada científicamente por Caldas y Hum­boldt antes de nuestra emancipación; por Bouger, Mosquera y Codazzi, antes de 1 86o; por Reiss y Stübel hace treinta aÍlos, siendo de capital importancia el trabajo de estos últimos viajeros, por el cuidado con que determinaron las coordenadas Je multitud de puntos interesantes, por lo cual los hemos elegido como base de la cartografia de la comarca, previa madura confrontación de unos datos con otros. De lo dicho se deduce que de esta comarca tenemos á la fecha un conocimiento suficiente para guiar con se­guridad al soldado en sus operaciones de guerra: allende la fron­tera debe seguirse á W olff, quien no há mucho publicó una carta y geografía del Ecuador, dignas de todo elogio. Los trabajos de André no merecen mención, pues se limitó á copiar la carta publicada; sin caer ni aun en la cuenta de los errores de rumbo antes apuntados. Como fácilmente se comprende, los problemas cartográficos de la frontera del Sur, de escalón en escalón, alcanzan á confun­dirse con los del centro del país en la región montañosa que demora al oriente de Popayán, ó sea el macizo de Colombia por ex­celencia*. Por tal motivo, preciso será que demos una ligera ojPada al punto, para determinar una base de partida que nos guíe en el trabajo que hemo5 emprendido y nos explique el porqué de muchos errores de nuestras cartas. Cuatro puntos cuyas coordenadas conocemos con exactitud vie­nen oportunamente á rodear el mencionado macizo, fijando su po­sición con respecto á Bogotá, los cuales son La Plata y San Agus­tín en el Tolima, y Popayán r Almaguer en el Cauca: Popayán y La Plata sólo difieren 4' en latitud; Almaguer y San Agustín ape­nasi'; Popayán y Almaguer tienen alejados sus meridianos 15, ¡y 1 1' separan los de La Plata y San Agust1n. Traduciendo estos elementos en metros, tendremos que se trata de una figura cua­drangular, casi un paralelogramo, cuyos lados miden 55,000 me­tros de Popayán á La Plata, 6o,ooo de Almaguer á San Agustín; 6o,ooo de La Plata á San Agustín, y 64,000 de Almaguer á Po­payán: dentro de este espacio quedan el Puracé, el Sotará y las fuentes del Magdalena, el Cauca, el Yupurá y el Patía. Consideremos ahora la carta impresa: en tanto que las dis­tancias N. S. se conservan casi las mismas (62,000 metros de Al­maguer á Popayán; 66,ooo de San Agustín á La Plata), las de E. á O. se transforman por arte de encantamiento, pues de Popa­yán á La Plata resultan 1 2o,ooo, y 1 oo,ooo de Almaguer á San Agustín. En las tablas de Codazzi aparecen adoptadas para San • Este nombre, que nos permitimos introducir hace algún tiempo en la geogralía de 1 país como una necesidad, á la fecha figura ya en todas las geograilas y cartas de méritQ <¡ue se publican en el Extranjero.-V. V. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 528 BOLETÍN lULITAR Agustín lag coordenadas de Caldas, y sin embargo en el dibujo resultan dttplicadoJ los Ir'' que separan en latitud dicho lugar de La Plata, y decuplicado el r' que del mismo modo se halla entre San Agustín y Almaguer. Por culpa de tales errores, multitud de otros lugares resultan señalados de un modo en las tablas y de otro en el dibujo; y á la topografia general de la comarca se hizo sufrir una especie de torsión cuyas consecuencias se extienden hasta Bogotá por una parte, é I pi a les por otra. Los cálculos de Caldas revisados por Reiss y Stübel, apenas dan 4' de latitud entre San Agustín y Timaná, y la carta pone 14'; entre Neiva y Timaná hay 43' de diferencia en las longitudes, y la carta sólo coloca 32, de donde un absurdo trazo de todo el Alto Magdalena, cuyo rumbo general, de SO. á NE., se trocó S. N. Por lo que hace al valle del Patía, que se extiende de N E. á SO. en el terreno, la carta lo marca de N. á S., lo que, como se comprende, trastueca las relaciones militares entre esa comarca y la de Pasto. La carta supone á Pasto al N E. de Túquerres, y á Túquerres casi al N. de Ipiales, cuando en el te­rreno Pasto se halla al E. N E. de Túquerre · , é lpiales demora al SE. de la última. En fin, la carta sitúa á Pasto, 'Túquerres é Ipia­les de un modo irregular, pues á lo dicho anteriormente agrega considerable disminución en la distancia de lpiales á 'T'úquerres, y aumento en la de Túquerres á Pasto. '1 an capitales son los errores apuntados, que las cartas de los antiguos Estados del Cauca y el Tolima no confrontan en esta región, y que en la general de l país los flamantes cartógrafos se vieron obligados á modificar, á inventar una topografía sui g~neris, á fin de llenar la región que ocupan el macizo de Colombia y las tierras aledañas: fueron incapaces de reducir á un centro común los diversos itinerarios de Codazzi en el Sur del Tolima, Caquetá y Popayán. Así orientada la cuestión, podemos entrar á discutir los ele­mentos cartográficos de la frontera propiamente dicha, que, como bien lo sabéis, e t " señoreada por las poblaciones d e I piales en pri­mera línea y ~fúquerres en segundo lugar; poblaciones que, con Pasto, constituyen los tres punto estratégicos de primer orden al sur de la formidable barrera del] uanambú, límite geográfico de la zona fronteriza desde el punto dt vista milttar. Los viajeros Reiss y Stübel, después de observaciones cuidado­samente ejecutadas, hallaron las posicione astronómicas de Pasto (lat. N., 1° 12' 59'\ long. O. de Bogotá, 3° I 3' 30") y de Túque­rres (lat. N., ¡o 5' 20 6 , long. O. de Bogotá, 3° 31' 5"), las cuales constituyen la línea fundamental de la cartografía de la frontera Sur. Desgraciadamente ellos no determinaron la posici6n de lpiales. ¿Cuál es ésta? Caldas calculó que su latituc:l era oo 48', la cual es correcta sin duda alguna, y la preferimos á la de Bouger y de Mas­quera, que la estimaron en o 0 45' y o 0 46' 30": esta última figura ~n las tablas de Codazzi) pero en la carta se ad0ptó la de o 0 SJ', de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE'l'ÍN MILITAR 529 londe que se aproximará indebidamente su posición casi 2 leguas á Túquerres, cuya latitud se estimó en 2' 40" ósea demasiado baja . ..... onsecuencia de semejante proceder fue reduc:ir á sólo 5 leguas las ~ que cuenta el camino directo entre las dos poblaciones, según la nedida de la línea telegráfica. ¿Y por qué aceptamos la latitud de ...,al das ? Porque la posición de la ciudad con respecto á los veci- 10S nevados de Chiles y Cumbal es igual en los trabajos de los dis­: intos observadores, y la latitud de Chiles es 49' 12'. La longitud pudiera ser dudosa ~i no tuviéramos igualmente ¡¡na refrendación de los c:dculos anteriores: Reiss y $tübel deter­ilÍnaron la longitud del Santuario de La Laja, la que resultó ser j 0 2I 1, es decir, 101 15" oriental de Túquerres, por lo que distando d Santuario una legua y media de la ciudad, ó sea poco más de +'2011 , resulta comprobado el dato de Codazzi, que la sitúa en las !ablas á 5'4-o", al E. de aquella otra población. A estas coordenadas podemos agregar las de los Nevados de hiles (lat. 0.49'12" y long. 3°44'45'') y Cumbal (lat. 0.54'4'' y :ong. 3°41'30"), determinadas con idéntico esmero por los mis­; nos viajeros ya citados, las que nos permiten situar el eje de la cresta ó serranía que guarda la mesa de Túquerres al 0., sobre todo si se tiene en cuenta que los mismos autores nos dan la lon­gitud de la laguna Verde (3°39'3o"), que es la misma del Azufra! ó volcán de Túquerres, cuya latitud, egún Codaz¿i, supera sólo en 2' la de la ciudad. De paso podemos ob ·ervar que las coordenadas de Chiles y Cumbal se refieren á los nevados y no á los pueblos del mismo nombre, caso que no lo supieramos, mediante un peque­ño cálculo que haremos com ejemplo para ca 05 análogos: las longitude de Chiles é I pi:.dcs difieren en unos 42,000 metros, ó ,ea 8 ~leguas; ahora bien, de Ipiale;; á Carlosama hay 3 legu;.¡s y 3 de este lugar á Chile., la dift;rencia nos indica, puc , que se trata del ne ado que di ta 2 del pueblo que le da su nombre. Los mismos Rciss y Srübel nos dan las coordenadas del pára­mo de Chaves (al SO. de Pa to), de Jenoy, L #Florida, Paso de Guasca (Paría), Consacá, A les, Carrizo (NO. de la Cocha), Santa Lucía ( . de íd.), Sebondoy, Putumayo y Santiago; la latitud de Chapacual, y las longitudes del ~I ambo, del Tablón, .1\Ioechiza, Peilol, Loma Guapalo, Llano del Santísimo y el Hondón, elemen­tos que, unidos á los anteriore, no permiten establecer la armazón geográfica de la comarca, del J uanambú al Carchi y del Putumayo al San Pablo y el San Juan (.\lira). A ese esqueleto deben agregarse las cooroenadas de Calda , Humboldt, Bouger, l\.1osquera y Co­dazzi, referentes á otros 30 puntos de la mi ma región, y tendre­mos constituida una numerosa red de triángulos que nos permiti­rá corregir y revisar lo3 detalles de los levantamientos topográficos, de los itinerarios, exploracione , trazo de caminos, memorias geo­gráficas, viajes, etc.-( Continúa) 2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR Cartografia de la frontera del Sur Un o y elnomb1·e entero ma1·ca la posición exacta del lugar de ac1le1·do con las coorde11adfu; un • y la inicial, la que realmente ocupa sobre la carta impresa. Nótese que los errores divergen en llar. á partir del Macizo de Columbia OCali 0 8 ant ander •s .n o Huila .s 0 8ilvia • 0 Popayátt P •p0 Puracé 0 La Plata o •p Pa1to OTúr¡uerres •T OPatía • P .A /maguer .A. o 0 Bolívar •B .La C 0 La Cruz ce :.E ~ ""'e:> e;..;> Origen de los -~ enatro rios c.> ""'&:::1 0 San .Agu1tín +origeue del naza +o del s Esc:ala aproximada 1: z.ooo,ooo F. J. V. V. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :; a ! o ~ Ql ~ • e,¡ ~ ~ "' . :~ Ql • l!li-) ! ~ ~ ¡., d o ~ P. e= ~ Q "= e ... e,¡ f ... ~ ~ o Mayasquer o P icdrancha • Gnalcalá o Mallama • .hufral 0 ............ ,_. .... \ o:¡ UQUERRES OOspina \ ~ 0 Sapuyes ~~ o !les Id .. ~ o F11nes o Guavo 1 c:ambú EspinoO ~~ ! Ecnasan :; o = Chapal ~ e 10 ~ ~ -"=' .. o o_. 0 Miraflores 1 Marpi • • Cerronegro o Tambo • Chile11 • Dict.amo Cumbal +Tolas o Panamal ~j ~~ :: ~ ~ o o c. Muellamues Guacbucal ~ 1 o Chiles o Crtmbal 0 o Panán Camus ~/ ,,,~~ o.~"' '" o ~'\. / Pastas oc arlosama OCarchi ~ ~ '" = o María o Gualmatán o o Tulpas \ \ e rmt adero o San Juan o OPupiales OJPJALES +Rumie haca o La Laja o PotoJÍ Puerres o Males b:t o t-4 M ~ ~ ~ ~ 8 ~ ~ Or ~ ....... Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 532 BOLETíN MILITAR HISTORIA LOS OOMS.e..TES :CE S~.NTI.f..OO JUZGADOS POR UN OFICIAL SUECO El capitán Wester, agregado militar á la Legación de Suecia y Noruega en Wáshington, que siguió las operaciones acompañan­do al cuartel general del ejercito norteamericano, relata en la si­guiente forma los combates librados en torno de ;.¡,q u ella plaza. I El Caney El 30 de Junio por la tarde el ejército norteamericano (1) se concentró al Este de Santiago para prepararse al ataque. La brigada Doffield se dirigió por la costa hacia Aguadores. El núcleo principal de las fuerzas formabá dos agrupaciones: en el Pozo se situaron las divisiones Kent y Wester con tres ba­terías, mientras la di visión Dawton, con una batería, marchaba hacia el Norte ?ara ocupar posición al Este de El Caney. La brigada Bates constituyó la reserva, situánJose al Este de El Pozo. Frente á ellos el General Vara de Rey ocupaba El Caney con 500 hombres de ir1fantería; en Aguadores había I,ooo; en el centro el General Linares emplazó su avanzadas formadas por 1,200 hombres que se situaron en las alturas de San Juan, mientras que los fuertes de la entrada del puerto y los atrincheramientos que defendían á Santiago quedaba11 guarnecido con 5,500 hombres. El I.0 de Julio, al romper el día, la división Lawton comiea­za su movimiento de avance hacia El Caney; la confianza reina en el campo norteamericano, donde el único temor consiste en que (1) El cuerpo expedicionario bajo el mando rlel General Shaftcr estaba compuesto de la siguiente manera : Primera División (Kent), 5,173 hombres, divididos en 3 brigadas {Hawkins, Pearson y Wikolf). Segunda División (Lawton), 5,879 hombres, repartidos en otras tres (Miles, Ludlou y Chaffée). División de caballería (li pie) Wheeter, 2,737 hombres en dos brigadas (Summer y Yonng). Brigada indepenrliente (Bates), con 1 ,o8 5 hombres. Brigada Duffiel, con 2,543 hombres. Un batallón de artillería con cuatro baterías de á cuatro piezas, y dos compañías de sitio con su tren. Un regimiento de caballería, dos compañías de ingenieros y u11a sección aerostática, ~total 181216 hombres, 16 piezas de campaña y 8 de sitio. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 533 el enemigo se escape sin combatir; pero en El Caney, como se verá, están m u y lejos de pensar así. Las casas del pueblo han sido aspilleradas, se han abierto trin­cheras en un terreno pedregoso, y el fuego de unas y otras es ra­<> ante sobre un espacio de 6oo á r,2oo metros; en la punta Nor­deste de la posición, el fuerte de El Viso, guarnecido por una com­pañía, ocupJ una colina de de la cual se dominan todos los aproches. Los norteamericanos se proponían envolver la posición es­pañola, para lo cual la brigada Chaffee se dirigió desde el Noroeste hacia El Viso; la de Ludlou, desde el Sudeste hacia la desembo­cadura del camino que une El Caney con Santiago, mientras que una batería se colocó en posición al Este del pueblo, y la brigada Miles ocupa al Sur á Ducorean formando el ala izquierda. Hacia las seis de la mañana comenzó el fuego de las trinche­ras españolas; de improviso se descubre sobre ella una línea de sombreros de paja: inmediatamente óyese el ruido de una descarga, seguido de la desaparición de lo sombreros; esta operación e re­pite cada minuto, observándose en ella una gran regularidad y la acción de una voluntad íi.rmt, lo que no deja Je proJucir una pro­funda impresión en la línea Je exploradores norteamericanos; las balas cruzan el aire, rasando el suele.., biriewlo y matando. Poco tiempo de pués, toda la brigada Chaffée se encontró desplegada, pcr0 sin poder avanzar un paso, y la de Ludlou ~e vio tam bien detenida. Ivlientras el fuego de la infantería aumenta progresiva mente, la batería norteamericana comienza á disparar. Como los e paño­les no cuentan en El Caney con un o lo cañón, el fuego puede hacerse con la misma tranquilidad que en un campo Je maniobras: las piezas pueden hacer daño sin peligro alguno de recib:rlo. A los pocos momentos las granada: estallan por encima de las trinchera:, alc.1nzaban la<> ca as del pueblo y perf<>raban lo~ muros de El Vi o, proyectand lo shrapnels su lluvia de plomo sobre la posición; á pesar de todo, en el fuego español se ob erva igual continuidad, igual violencia. Delante Je El Vi o se descubría un oficial paseándose tran­quil mente á lo largo de las trincheras; fácil e comprenJer que el bjeto de e e pdigroso viaje en m<:dio de los pro_yectile de que el aire está cruz.a lo, no ts otro ~.ino animar con el ejemplo á lo· bravo defen ore·; ~e le vio Je cuánuo en cu:indo agitar con la man l'U !'ornbrero y . t: <:: cuchab1n aclamaciones: ¡Ah, stl ¡Viva E. paiía! ¡Viv,l el p11ehlo que 'llt:llt:t con t~des hf) lhr..-·! La masas de infanterJJ norte:li1J"ricana se cch tb.tn v apr..:t t­ban e mtra d suelo hasta el punto <.lt.: p.uecer clavad,l~ .í el, no pu­diend pensar en moverse á cau a de la prccision de las d cargas que la pequeña fueu,a esp1.iíola le enviab,\ á c.tda instante. Se hizo preciso pedir socorro:,, y hacia la una avanzó Miles desde Ducorean, entrando en línea á la derecha de Lidlou, y h:t- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 534 BOLETÍN MILITAR cia las tres la cabeza de la brigada de reserva se desplegaba á la derecha de Chaífée; pero en lo alto de las trincheras el chisporro­teo de los Máuser se escuchaba siempre. Por fin á las tres y treinta y seis minutos, la brigada Cha­ífée se lanza al ataque contra El Viso; pero queda al principio detenida al pie de la colina, y no invade el fuerte sino después de un segundo y violento empuje. Los españoles ceden lentamente el terreno, demostrando con su tenacidad en defenderse lo que muchos militares de autoridad no han querido nunca admitir: que una buena infantería puede sostenerse largo tiempo bajo el fuego rápido de las armas de repetición. ¡El último soldado norteamericano que cayó fue heri­do á 23 pasos de las trincheras! Aunque la clave de la posición estaba conquistada, la lucha continuaba. Yo ~eguí, con el corazón oprimido por la emoción, todas las peripecias de esta furiosa defensa y de este brusco ataque. Desde El Viso, una vez ocupado, las tropas norteamericanas comienzan á tirar sobre el pueblo, que es también en este momen­to el objetivo de la brigada Ludlou; pero la ocupación no se efec­tuó hasta las cuatro y media, hora en que los últimos españoles abandonaron las casas para recomenzar el fuego desde una colina situada 6oo metros al Oeste. ¡Admirable obstinación de resistencia, á la que todos contri­buyen hasta el último instante! Detrás de la línea de batalla norteamericana se arrastraban los cobardes chacales de esta guerra: los cubanos. Desde los bosques de palmeras situados al Este de El Viso habían tomado alguna parte en la acción. Allí fui y presencié una escena repugnante: dos hermosos muchachos catalanes estaban tendidos y medio desnudos entre las altas yerbas; sus negros cabellos manchados de sangre, sus ojos abiertos y vidriosos, y debajo de estos pálidos y desfigurados ros­tros sus gargantas estaban abiertas por esas heridas delgadas y pro­fundas que el m2.chete produce. Mi misión inactiva y neutr2.l no me permitía sino huír de allí para sustraerme á este horrible espectáculo, y así lo hice, diri­giéndome hacia las tropas n0rteamericanas, que en aquel momen­to daban el asalto á El Viso, y á sus Jefes me acerqué, rogándoles el envío de centinelas que cuidaran de los heridos españoles que quedaban detrás de las trincheras conquistadas. Generosos como siempre para los desgraciados, los norteame­ricanos escucharon mi súplica. ¡Curiosa circunstancia!, mientras me ocupaba e.n salvar á los heridos españoles, una bala de sus compatriotas en retirada me alcanzó; pero felizmente sólo llegó á atravesar mi capote. El ruido del comb:rte no cesó sino cuando el sol estaba á pun­to de ponerse. Durante cerca de diez horas 500 bravos soldados Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 'BOLETfN MILITAR 535 reststteron unidos y como encadenados, sin ceder un palmo de te­rreno, á otros 6,soo provistos de una batería, y les impidieron tomar parte en el principal combate contra las alturas del Monte San Juan. ¡Después de esto ni una palabra más se escuchó en el campo norteamericano sobre la cuestión de la inferioridad de la raza es­pañola! Y esta lucha de El Caney, ¿ no aparecerá siempre ante todo el mundo como uno de los ejemplos más hermosos de valor humano y de abnegación militar? Quien haya tomado parte en ella, ¿no es bien digno de una honorífica recompensa? ¡Contemplad ese pueblo! Las casas están arruinadas por las granadas, las calles cubiertas de muertos y hPridos. El General Vara de Rey está allí, muerto; sus Ayudantes al lado suyo, muertos; en derredor, multitud de oficiales y soldados. Todos han llenado su deber, desde el primero hasta el último. ¡Dichoso el país que es tan querido de sus hijos! ¡Dichosos los héroes que han sucumbido en un combate tan glorioso! ¡ Con su sangrP- han escrito en la historia el nombre de El Caney, como uno de los má brillantes episo1ios guerreros, y con letras de oro debe inscribirse también en las banderas de las tropas que allí combatieron! II 8an ~uan Mientras este drama se desarrollaba en El Caney, la batalla estaba empeñada con igual encarniza miento en las alturas del Mon­te San Juan, donde 1 ,2oo es pañoles se encontraban atrincherados. A las 6 y 35 minutos una batería americana se colocaba en posición al Oeste de El Pozo, mientras otras dos quedaban tran­quilamente en reserva; el fuego de artillería comienza á dirigirse contra el hiockaus del M nte San Juan. Veinte minutos después las piezas españolas situadas al Este de Santiago contestaban con un fuego tan nutrido, que las masas de tropas que se encontraban cerca Je El Pozo se vieron obligadas á abandonar su emplazamientos. Las Divisiones de Kent y Wheeter se forman en marcha con orden de atacar las alturas de San Juan, una por el Sur y otra por el Norte del camino de Santiago; no tienen más remedio que de . ­filar por un e ~ trecho sendero entre la maleza, marchando uno á uno, pues no hay lugar para más. Hacia las diez, las cabezas de las columnas llegaban al ~ río · San Juan, donde se encontraron expuesta á un fuego terrible• que• 5e Jes dirige desde la colina y las alturas, sin posibilidad de desplegar á los lados del camino por la altura impenetrable de la vegetación Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 536 BOLETÍN MILITAR Preciso le es marchar en fila sobre el llano, á derecha é iz­quierda, á la vi ta de las trincheras. Wheeter se dirige por el Norte del camino hacia una colina ocupada por un pequeño destacamento español, y Kent hacia el blockaus de San Juan. Todos los Regimientos se confunden y no fo rman sino una turba enorme que, á pesar de su superioridad num é rica, avanza sólo por cortos impulsos y muy lenta mente hacia los objetivos del ataque. A la una, Wheeter se posesiona de la colina y continúa su movimiento de avance contra las alturas de San Juan, por el Norte del camino; pero entonces se le presenta delante el mismo obstáculo que apareció en El Caney: largas filas de sombreros se asoman, y desaparecen alternativamente á lo largo de las trincheras. Los norteamericanos, que se baten cuatro contra uno, no pueden avanzar, aunque los cañones españoles no disparaban en este momento, y á pesar del apoyo de las baterías norteamericanas de reserva que habían entrado en línea y roto el fuego desde El Pozo, arrojando una verdadera lluvia de plomo sobre los defensores. A la r y 20 tres ametralladoras se unen á la acción, concentran­do su fuego continuo contra el blockaus, y la situación de su guar­nición es ya insostenible. La guarnición de las trincheras está casi destruí da, bañada en sangre, y herido el General Linare , Comandante en Jefe. ¡ Es ya demasiado! El fuego español se debilita. Kent avanza, y tras unosl·cuan­tos esfuerzos, necesarios todavía, los soldados se lanzan gritan do á las cimas de las alturas, recibiendo el fuego á quemarropa en los últimos momentos ; Wheeter sigue el movimiento de Kent y se emplaza á su derecha. Fue preci o batallar con 8,oo o hnm bres y tres baterías desde las 6 y 30 de la mañana ha ta la I y 45 de la tarde, es decir, du­rante siete horas para de -. .-d ojar 1, 2 00 e pañoles de sus po iciones. Y la operación no e s t ~i concluíd , pues sólo e había conse­guido ocupar los puntos avan7,ado . La línea capital d e la defensa, formada por atrincheramientos sobre la s colina del E . te de San­tiago, estaba intacta, y los e · paiioles romp1an desde toda ella un fuego nutrido y furioso, y éste continuaba, y conti11uaba sin inte­rrupción. Los norteamericanos, fatigados ya por el ataque de San Juan, se detienen todos y apenas pueden sostenerse en pie. Se hizo avanzar la artillería de El Pozo hasta la colina de San Juan ; pero el efecto de su fuego no pudo cambiar la situación, y al fin la lle­gada de la noche interrumpe la luchA. · Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍN MILITAR 537 III J.a batalla de Santiago Durante la noche que siguió á los combates dc:scritos, mu­chos ofic~ales y soldados de las tropas norteamericanas estacionadas en las alturas de San Juan solicitan ser retirados de ella, por efecto del agotamiento de sus fuerzas, con su midas en batir á un adversa­rio tan inferior en número; pero lejos de accederse á esta petición, varia unidades de las fuerzas que habían tomado parte en el com­bate de El Cant>y recibieron orden de trasladarse durante la noche desde El Pozo hasta San Juan para reforzar la línea principal. Apenas el sol apareció se reanudó la batalla. Kent y Wheeter continuaban con sus fuerzas desordenadas y sus hombres anona­dados y abatidos en las crestas de las alturas tomadas la víspera ; la fatiga misma les había impedido atrincherarse seriamente du­rante la noche. La cabeza de la columna Ludlou atraviesa á las ocho el río San Juan ; á ésta siguen las brigadas de Lawton y toda la división prolongaba la línea de Wheeter por el Norte, cortando así el camino de Santiago á El Caney. Bates, que les ha precedido, se despliega á Ja izquierda de Kent, mientras la artillería trataba de elegir posición al Norte del hloc-kaus de San ] uan. · Castigada ésta por vivas descargas de Máuser, que la a1can­zan, tiene que retirarse á la once sobre El Pozo, y allí quedan las baterías inactivas . .El desplazamiento de tropas se termina durante Ja tarde con la llegada de los do · regimientos de la brigada Duffield, que pro­vienen de Aguadore y se unen á los de San Juan. Frente á Aguadores qu eda un solo regimiento en observa­ción, pues el ataque á e te punto ha re ultado un fracaso completo con sólo la pérdiJa de once hombres. Por lo Jem~is, no hay cambio alguno en el orden de batalla de la infantería; Bates y Kent y Wheeter cruzan durante todo el día fuego de descargas con el adver ario. Cuanto á Lawton, sola­mente su ala izquierda toma parte en la lucha; el núc leo de la fuer­za estaba dema iado alej..tdo para intervenir en el combate. El fuego ejerce una acción tan violenta l>Obre los a altantes, que no puetlcn a\ anl'.ar un paso, . Jc~pu<.:~ de un d1a de ontinua lucha., se le · pre~ enta la per~ pectiva Je una segunda noche de su­frimiento · . Ambos adver ario se encuentran en sus pOSICIOne sin tien­das- abrigos y durmiendo en la trincheras, anegadas por una lluvia torrencial. En el cuartel general empieza á discutirse seriamente la retirada; Shafter se manifiesta desesperado ante la situación ; pero, sin embargo~ resiste y no la decide. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. S38 DOLETfN MILITAR El 3 de Julio por la mañana rompe el fuego de nuevo, pero viendo la imposibilidad del ataque con las fuerzas de que dispone, y temiendo que sus tropas no puedan siquiera sostenerse en sus posiciones bajo el fuego incesante del enemigo, se decidió á enta­blar negociaciones, y hacia la una de la tarde ordenó izar la ban­dera blanca. Los españoles habían, pues, conseguido, á pesar de su enorme inferioridad numérica, sostenerse en toda la línea capital de de­f~ nsa y anular por completo la fuerza ofensiva del cuerpo ame­ncano. Resumamos concretando la impresión sobre los combates que !ie sostuvieron al rededor de Santiago. Con 8,ooo combatientes, que no fueron reforzados sino el día 3 por la tarde con las fuerzas del General X ... (Escario), que trajo 2,íOC> hombres, el General Linares se vio obligado á defen­der los antiguos fuertes de la entrada del Puerto contra la escu colgados del techo. ¿Qué hacen esos pobres ahí? pregunté á la dueña de la barba­coa á que me había refugiado, la cual contestó, según lo tienen de costumbre en aquel pa1s, como sin dirigirse á nadie: "Probes" dice el blanco: "antes asina con el jumo madurean de mejor." Esta jerigonza decía muy bien con el aspecto de la pntr·ona, alta y robusta negra sobre cuyas espaldas, sosteniéndose del cuello de la madre con uno de sus propios brazos, se había instalado un negrito, como un apéndice al espinazo de la negra, la cual para nada manifestaba apercibirse, por incomodidad ó estorbo, de aque­lla jiba viviente. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 542 BOLETÍN MILITAR Un retal de bayeta amarilla sujeto á la cintura, la cubría hasta cerca de la corva, si bien abriéndose más ó menos inoportunamente á lo que caminaba; el cual constituía todo su vestido junto con un pañuelo rabigalh, atado por dos de sus puntas sobre la nuca, y por las otras dos en los lomos, for .. mando por delante del pecho un velo undoso y desleal, que hacía traición cuando no al color, al volumen. El cuerpo de la susodicha, aunque enhiesto, carecía de gracia, y su cabeüa, cubierta de grifos, ostentaba hacia adelante dos proyectos de trenzas, que más parecían dos pequeños cuernos vueltos el uno hacia el otro. Sus pies delgados y largos se despa­rramaban hacia adelante, y, aunque descalzos, parecían descansar sobre una suela por el diverso color de sus plantas. Agréguense á este bosquejo dos grandes y negros ojos, unos pómulos exaltados, una nariz reaccionaria y dos labios espesos sobre dos filas de dien­tes blancos y macizos, y se tendrán los principales caracteres fí­sicos de aquella entidad etíope. Desde la Aldea de Juntas sigue el camino á la orilla izquier­da del Tamaná por los estribos del Torrá, cerro elevado I 365 * metros sobre el nivel del mar, al S-E de N óvita, desde donde se distingue. Desde el Guayabal para adelante no ofrece ya peligro la navegación del Tamaná, por el cual, en pequeñas embarcacio­nes, se va hasta La Bodega. N óvita, fundada primeramente en d punto de San Felipe, á donde ahora intenta trasladarse, sobre el Tamaná, no era sino un real de minas en 1654, cuando los Je uítas quiteños, renunciando á las de los Neivas, Jimarzaes y Paeces, emprendieron las misiones á los Noánamos que habitaban en la hoya del río San Juan. En ella residía en I 607 una 'renencia dependiente de Popayán; hasta que en I 709 fue variada al lugar donde se ve hoy, á causa del oro que se extraía de la quebrada N óvita. Las tres Tenencias de Quibdó, Baudó y N óvita se unieron en una sola provin­cia llamada del Chocó, en I 739, y la capital fue N óvita, lo que debió á la circunstancia de que, llegando los vivanderos hasta ella, provenientes del Cauca, se hacía necesario, para asegurar el cobro de los derechos de alcabala, fijar ahí la re idencia de las au­toridades que lo recaudaban. En r851 se trasladó á Quibdó la capital de la Provincia del Chocó. Hoy no es N óvita sino cabecera del cantón San Juan, á que da el censo 21,032 habitantes. Encuéntrase situada en un llano circundado de colinas, á sólo I 7 5 metros sobre el nivel dd mar, en un terreno aluvial platinífero, á la orilla izquierda del Tamaná, 24 leguas distante del Pacífico, y 3 leguas al S-E de la desembocadu-ra del Tamaná en el San Juan. · Esta antigua ciudad no es hoy, sin que haya por donde infe­rir que en algún tiempo ha sido otra cosa, sino una corta reunión w Debe ser errata de imprenta: la altura del cerro lo m envs es 3651 metros. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 543 de miserables ranchos que forman una sola calle tortuosa, siguiendo el curso de la quebrada del mismo nombre. La extrema humedad ha hecho edificar las ha hitaciones sobre barbacoas. La selva está invadiendo la ciudad por los techos de las casas. La totalidad de los habitantes es de negros; distinguién­dose entre ellos y entre los mulatos, los que se llaman blancos, que en N óvita son en cortísimo número, por su color amari­rillo, y por un siniestro abotagamiento los que no perecen víctimas de la consunción; resaltando, por el contraste, la sobra de salu~l que barniza y redondea las formas hercúleas de lo:; negros, robu:,­tecidos y desarrollados perfectamente, como en su nativo elemen­to, en medio del ambiente de aquellos lugares, cálido y húmedo como el vapor del agua hirviendo. Tiene N óvi ta m u y poco menos de 5° de latitud N. y 2~"' de longitud O. del meridiano de Bogotá; su temperatura media es de 26 centígrados, y en ella marcaba el Higrómetro de Saussure de 90 á 100° del máximum de su escala. En N óvita no hay escuela, no hay iglesia, no hay estableci­mientos públicos ni privados, ni talleres, ni conventos, ni oficinas, y casi ni gente. Y aunque muchas fortuna , obre todo las de va­rios de los poderosos del Sur de la República, han sido formadas ah1, los que han ido á explotar sus ricas minas no han dejado se­ñal de su residencia ni huella de su tránsito. Recoger bastante oro, bastante platina, y recogerlos aprisa, vivir entre tanto sobre una barbacoa, y entre el fango y la maleza, como los cerdos y con ellos; alimentarse con plátano ~ue brindan los campos, y con pes­cado que ofrecen los nos, regalándose en los días grandes con un palmo de tasajo, conducido desde el Cauca; andar casi desnudos, el pie en el suelo, una cami_,a de !i tado y unos altos y e trechos pantalones de dril; zabullirse, buzos codiciosos, en aquel mar de ca­lor, de humedad, de miasmas y de plaga, con riesgo de la vida y pérdida de la salud, por amontonar á todo trance y á toda carrera, con el trabajo del esclavo, fuertes riquezas que ir luégo á disfru­tar á otra parte, eso, y nada más que eso, es lo que han h e cho los explotadores d .. mina en aquel país, que luégo han abandonado, sin dejar en él un monumento de piedad, ni una muestra de ci­vilización, ni un recuerdo de gratitud, ni un rastro siquiera de buen gusto, de decencia, de racionalidad. Apenas es creíble, aunque está evidenciado por los hechos, que no se destinara ni un grano del inagotable oro de aquellos paí­ses para el sostén de misioneros que llevaran á los salvajes inde­pendientes, y mantuvieran entre los negros esclavizados la luz del cristianismo; ni para. hospitales donde pudieran refugiarse los ne­gros inutilizados por el largo servicio ó por los cruentos castigos de los dueños; ni para escuelas donde los niños esclavos se hicie­ran siquiera medio racionales; ni para lugares donde pudieran re­sidir autoridades que velaran por la seguridad de los Tesoros ex- • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILI1.'A.R traídos diariamente; ni para prisiones donde regenerar á los crimi­nales; ni para mejoras que hicieran menos insalubres ayu<:"llos climas enervadores; ni para vías por donde penetraran el comercio, la industria y la civilización; para nada, absolutamente para nada. El esclavo no tenía que saber que había otro Dios que su amo: el esclavo no tenía que aprender otra cosa que lavar el oro para su amo: el esclavo no debía enfermarse, sino trabajar constan­temente para su amo: y antes era una iniquidad abominable que el esclavo se pudiera morir, tal vez hasta fréiudulentamente, porque con ello privaba á su amo del trabajo de sus brazos. Con tal de extraer, y extraer aprisa, oro, muchísimo oro, ó aun cuando fuera platina no más, pero eso sí, bastante, para que los amos pudieran salir pronto, y salir saciados, de aquellos lugares enfermizos, en que peligraban sus importantes días, nada quería decir lo demás, ni la miseria, ni la dt"gradación, ni la estupidez, ni la desdicha de los esc1avos, perpetuada de generacióu en generación. Es necesario estar en estos antecedentes para no sorprenderse de lo que salta á los ojos cuando se visitan aquellos lugare~; por­que es necesario conocer y valuar las causas, para poder hacer con justicia y con acierto la apreciación de los efectos. Pues digámoslo claramente. N o es la falta de societ.lad; no es la escasez de recur­sos de toda clase; no es lo rigoroso y lo ingrato del clima, ni aquel cielo siempre cubierto y tempestuoso, ni aquel laberinto de selvas, de ciénagas y de ríos, ni aquellos montes poblados de víboras, ni aquella atmósfera pesada, cálida y recargada de vapores, de mias­mas y de insectos; nada de eso es lo que más y principalmente acongoja el ánimo del que llega al Chocó, no en busca de oro, sino á estudiar, además de la naturaleza allí tan esplendida y tan rica, el estado del hombre en aquellas tierras, que con las riquezas que han producido tendrían para ser el país más próspero y po­blado del mundo. L~ que rn.is contrista desde que se ve al primer habitante, desde que se palpa la primera calamidad, de~de que se entra en la primera población, es la salvaje estupidez de la raza negra, su insolencia bozal, su espanro;;a desidia, su escandaloso cinismo. Razón tienen, pues, y de sobra! los antiguos dueños de es­clavos para amostazat se, para enfurecerse, para desesperarse, cuan­do, después de su ejemplo y .á pesar de su'> esfuerzos, ven y tienen que sufrir, en aquella provincia, á los negros recién libertados, es decir, recién sustraídos de su paternal protección, tan estólidos, tan mañosos, tan insolentes y tan bárblros!-(C?JZtinuará) ERRATA-En el número anterior, por olvido, se puso el grado de Capitán al Mayor Accbedo, autor del artículo Waterloo, porque ::on tal grado firmó el trabaio, escrito antes de su ascenso. BOGOTA-IMPRENTA NACIONAL Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 128

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 113

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 113

Por: | Fecha: 19/08/1899

A~O ÜI · Bogotá, Agosto 19 de 1 899 NUM. 11.3 ------4-·~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO . ------4-·~-- DIRECTOR AD-HONORZM, FRANGISGO J. VERGARA y V. Coronel, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros QQ~~2~R~Q~2~22~~~~~~9R~2~~~~~2~~2~~2~~~~2~2~~2~2~R222~22~~~~~~~~D Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes 7 Oficiales del Ejército de la República 03~~~b~~~~~~~~3~~~b~~~~~~~~~~~~~~3~~~~~~~~33~3~~~~~~~~~~~~~~ OFICIAL DEOnEe:t"O N'C'ME~.O 359 DE 1999 (1 I DE AGOSTO) por el cual se hace una promoción y un nombramiento El Presidente de la República DECRETA Art. I.0 Promuévese al Sr. Jorge Holguín del puesto de Mi­nistro de Guerra al de Ministro del Tesoro. Art. 2.• N ómbrase en propiedad Ministre de Guerra al Sr. José Santos. Comuníquese y publíquese. Dado en Anapoima, Departamento de Cundinamarca, á 1 1 de Agosto de 1 899. MANUEL A. SANCLEMENTE El Ministro de Gobierno, RAFAEL M~ PALACIO • • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 50 BOLE1'fN MILI'l'A.R Repú/;/ita de Ool~mbia-MiniJterio de Guerra-Sución 1.&-B•zotá, 14 de Ago1to de 1 899 A todos loa funcionarios públicos de la N ación y de los Departamento• Tengo el honor de participar á ustedes que habiendo sido nombrado por el Excmo. Sr. Presidente de la República, Minis­tro de Guerra, en propiedad, tofllé posesión de dicho empleo el sábado último ante aquel alto Magistrado, y he entrado hoy en el ejercicio de mis funciones. Soy de ustedes atento servidor, JOSE SANTOS ___ ....., .. _ . .,___ __ _ República de Colomhia-Ejército Nacional-1.• DiviJión-Batalló11 .AyacuclLo númtrfJ 1.0 -5.a Comp~ñía-Bogota, 16 de May1 de I 899 Ciudadano general Jefe de Estado Mayor general. En cumplimiento á lo dispuesto en el artículo 1 56 de la Orden general del día 6 de los corrientes, tengo el honor de rendir el infor­me correspondiente á la Comisión que, para conducir el correo de encomiendas, se me confió de esta ciudad á la de Neiva, el día z8 del mes de Abril próximo pasado. Día 28-A las 9 a. m. salímos en el tren de Occidente y lle­gámos á las 10 menos 15' a. m. Mosquera es una pequefla población que se encuentra, poco más ó menos, á la altura de Bogotá, con unos z,ooo habitantes aproximadamente: salímos de este lugar á las JI y 30 a. m.; 2 leguas más adelante se encuentra el caserío denominado Barroblanco; en este trayecto se hallan tres pequeñas pendientes; por lo demás, hasta el citado punto el camino en lo general es plano y hay regular vegetación. En este trayecto se deja á la derecha la laguna de Balsillas y á la izquierda la cordillera. Desde aquí empieza una pen­diente que va á terminar á la Boca del Monte; aquí empieza el descenso bastante fuerte por un camino estrecho y tortuoso y de un lado y de otro maleza agreste. Se emplea en este descenso 40', al terminar los cuales se encuentra la casa del Curubital, que ofrece suficientes re­cursos al viajero. Continúa el descenso menos fuerte, siempre por ca­mino pedregoso: á la hora de camino se encuentran la unión de las quebradaJ de Tenasucá y El Mochilero, que no están provistas de puente; un poco más adelante está la casa llamada El Tambo, donde hay un hotel en que no escasean los recursos; en este punto se siente más alta la temperatura, y de aquí para abajo empieza á producir el suelo fruto! de tierra caliente como plátano, cafia de azúcar, etc. etc. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • BOLETfN MILITAR Continúa el descenso aumentando y con él la temperatura; á una hora de camino se encuentra la población de Tena, con 1 go de temperatura y como unos 2,000 habitantes y bien provista de agua. Continuando la bajada y á los 1 o' de esta población, se halla la quebrada de La Gua­yacana, donde termina el descenso. Dos horas más adelante se encuen­tra la ciudad de La Mesa, célebre por su comercio de frutos del país, tiene unos 8,ooo habitantes y una temperatura media de 20°. En este 1 ugar pernoc támos. Día 29-Salímos de La Mesa á las 6 a. m.: á la media hora se encuentra la quebrada del Tigre; hasta aquí el camino es de bajada y es demasiado pedregoso; de este punto á La Chica el terreno es que­brado y hay ondulaciones en el terreno de poca importancia; el piso en este trayecto es arcilloso. Quince minutos después atravesando un camino plano y sólido se encuentra la población de Anapoima, don­de reside el Excmo. Sr. Presidente de la República y está el batallón 1.0 de Artillería. Anapoima tiene unos 3, 500 habitantes y una temperatura media de 2 3°; no está muy provista de recursos y escasea el agua, habiendo dificultad para conseguirla, pue5 la que se consume tienen que traerla del río Bogotá, que queda á una legua de distancia. Continúa el camino plano y á los 1 5' está la casa de Sócota, lugar don­de termina el plano y principia el descenso; continuando el descenso se llega á los 10' á la quebrada del mismo nombre. En este punto empieza una cuesta bastante fuerte y trabajosa; á la media hora se corona el cerro y comienza el descenso del mismo hasta dar á las Juntas de A pulo, donde se juntan los ríos Apulo y Bogotá y es el punto de partida del Ferrocarril que sigue á Girardot; el terreno es deleznable, son escasos los recursos y el clima ardiente. En este lugar se pasó la noche. Día 30-Salímos á las 2 p. m. en el tren que conduce á Girardot, á cuyo punto llegámos á las 4 p. m. Girardot tiene 6,ooo habitantes, 28° de temperatura, es un puerto principal sobre el Magdalena para el comercio interior del Departamento; tiene sobre el río un magnífico puente de elegante construcción, colgante, de hierro. Después de una ligera detenci6n en ésta, se continuó la marcha; después de una hora de camino se encuentra la casa denominada La H~rqutta, en cuyo punto se desprenden los caminos para !bagué y el Espinal. En este lugar pernoctámos. Día 1.• de MayD-Salímos de ésta á las 3 a. m. y Ilegámos á las 6 a. m. al Espinal. Esta es una población como de f,ooo almas y z8o de temperatura. Desde el puente de Girardot el piso es plano y sólido, encontrándose en el anterior trayecto dos zanjones que reciben las aguas de las llanuras, y provistos de puentes. En estos lugares se cultiva principalmente tabaco, arroz, cacao, cocos, cte. etc., que se producen en abundancia. Salímos del Espinal á las 8 a. m.; de este. punto en adelante las aguas que buscan la nivelación se aglomeran en algunas partes y forman lodazales á causa de ser extensas y perfectamente planas las llanuras; el terreno es delezn~ble. Continuámos el camino llegando al Guamo á las cuatro horas. El Guamo es una población que en otro tiempo tuvo grande importancia y fue capital del Departamento; en la actualidad es cabecera de provincia, construída sobre e! río Luisa que la baña, sobre el cual hay un puente colgante de hierro; tiene un 01 6,ooo habitantes y una temperatura media de 30°. Antes de llegar al 1.4NCo DE REP{)IJU Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 52 BOLETÍN MILI'r AR Guamo se cruzan las quebradas de El Leña! y Guaduas que corren por un lecho profundo y e&tán provistas de puentes. Salímos del Guamo á las 2 p. m. atravesando el mismo terreno plano; á 3 horas de ésta se en­cuentra el río Sald .. iia. El vehículo en que hay que pa ar el río es una pequeña canoa, únicamente; por esta razón es difícil y muy peligrosa la travesía del citado río. Al pasar el río se encuentran unas casas, las cuales ofrecen recursos y en donde pasámos la noche. Día 2-Salímos de este punto á las 6 a. m., continuando la lla­nura, llegando á la villa de Purificación á las 8 y 30' a. m., la cual está edificada sobre el Magdalena, con unos 3,000 habitantes y bajo una temperatura de 30°. Es comercial y punto de escala de los vapo­res que &urcan el Alto Magdalena. Hay en ella tres mercados abun­dantes en la semana. El río Magdalena se pasa por una canoa impulsa­da por una polea, que hace el acto bastante rápido. Sigue la planicie. Continuámos el camino á las 1 o a. m ; y á las dos horas se encuentra la pequeña población de Prado, que tiene unos I,soo habitantes; an­tes de llegar á la citada población se encuentra el río del mismo nom­bre, que se pasa por un sólido y bien construído puente de hierro. El terreno en estos puntos, aunque es un poco deleznable y húmedo, ofrece gran fertilidad, que favorece el cultivo de los diferentes frutos del terreno cálido. Salímos de Prado á la 1 p. m., llegando á Pocharco á las 6 p. m. Esta es una c..asa que ofrece recursos y posada ; en el an­terior trayecto se deja la quebrada de raví, abundante en agua, y otras ¿e menor importancia, las cuales están desprovistas de puentes. En la citada casa pernoctámos. Día 3-Salímos de Pocllarco á las 5 a. m., continuando el cami­no, que en lo general sigue siendo plano ; en este trayecto, y hasta lle­gar á la quebrada denominada de Los Angeles, el terreno es completa­mente estéril y arenoso. La quebrada de Los .Angdes es bastante ancha y abundante en agua, y hay necesidad de pasarla á pie ó á caballo, pues no hay puente. Pasada la quebrada continúa el camino plano. Cuatro horas más adelante se encuentra el punto de Barandillas, donde se estrecha el camino y el lecho del río Magdalena forma entre los dos cerros un boquerón ; en este lugar el terreno es fértil y se en­cuentran recursos; de este punto en adelante, aunque el terreno es plano, tiene algunas ondulaciones, siendo un tanto quebrado el camino, cuyo piso es sobre roca calcárea y dura, hasta dar á un zanjón cuyo nombre lo ignoro, el cual está provisto de puente. Tres horas más ade­lante se encuentra el caserío de Cabrera, que está bañado por el río del mismo nombre, que es caudaloso, y sobre el cual hay un puente sólido. Hasta aguí el terreno es fértil, pero de aquí en adelante no hay absolutamente vegetación, y el terreno es quebrado y arenoso. Una hora más adelante, después de haber pasado algunas subidas y ba­jadas de poca significación, se encuentra el sitio de 'Totumo, donde hay una casa de posada, en que pasámos la noche. Día 4-Salímos del 'Totumo á las 4 a. m., continuando el camino quebrado, estéril y arenoso. Cuatro hora más adelante se encuentra la población de Villa vieja, que tiene unos 2,400 habitan tes y una tem­peratura media de 29°. En el anterior trayecto se encuentra la quebra­da de Las Lajar y algunos zanjones que reciben las aguas de las partes más altas. En el lugar citado empieza la tierra á ofrecer más fertilidad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 53 Continuámos la marcha sobre camino plano hasta el río Villavieja, el cual se halla desprovisto de puente. Aquí empieza una pendiente que no es muy fuerte y que se sube en treinta minutos, continuando de aquí camino plano. U na hora más adelante se encuentra la qt~ebrada de Bateas, que corre por un lecho profundo, á donde hay que bajar para pasarla, estando desprovista de puente. Subiendo una pequeña pendiente continúa el camino plano. U na hora más adelante, donde hay una casa, termina la fertilidad del terreno, el cual empieza á ser c~mpletamente estéril, quebrado y arenoso hasta el punto de Fortalecí­/ las. De aquí en adelante . torna á ser fértil el terreno. Por este pun­to pasa el río del mismo nombre, abundante en agua y .!esprovisto de puente ; en esta parte se encuentra una casa que ofrece recursos. Con­tinúa el camino por terreno plano, y tres horas más adelante se en­cuentra la ciudad de Neiva, que tuvo anteriormente alguna importan­cia y fue capital del Departamento. Neiva tiene unos 9,000 habitantes, es comercial y tiene una temperatura media de 30°. Está construída aobre los ríos Magdalena, Rioloro y Las Ceibas. Hace la guarnición de esta plaza Ja Compañía suelta del mismo nombre. NoTA.-Es de advertir que corno el camino está cruzado por in­numerables quehradas y zanjones, los que casi todos están desprovistos de puentes, la tropa tiene que pasarlos á pie las más de las veces, te­niendo necesidad de desnudarse por la abundancia de agua, lo cual, como se ve, teniendo en cuenta lo caluroso de esas llanuras y lo agi­tada y sofocada que necesariarnen te viene la tropa, puede tener graves resultados en la salud de estos individuos, mucho más en aquellos que no están acostumbrados á tales fatigas. Dejo así concluído el presente informe, dando cumplimiento al artículo 156 de la Orden general á que me he referido, habiéndome esforzado en lo que está á mi pequeño alcance para que quede lo me­jor po iblc. Soy del Sr. General Jefe de Estado Mayor de la División atento servidor y subalterno, PEDRO BERMUDEZ Repúblrca de Colombia-Ejército P~rma11tllte-I.o. DiviJión-z.a Bri­gada- Batall6n P11laré 11/Ímero 5· 0-lbagtté, 18 de Mayo dt 1899 Ciuclólclano General Jefe de Estado Mayor General del Ejército Tengo el honor de remiciros el dato que, en cumplimiento :í l01 Orden gen<.ral del 3 de Ahril próximo pasado, toca dar á los Oficiales que hacemos alguna comisión. No encontraréis en él una pieza literaria, sino el relato sencillo y según el alcance de las facultades del que por primera vez hace esta clat>e de trabajo:;. El dfa I.0 de Mayo, ;Í la 1 p. m., salí de Jbagué, ciudad capital del Departamento, a ·ien to del (Jobierno, y que está á J ,fOO metros de altura sobre el nivel del mar. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR El perímetro de la ciudad es irregular, prolongándose de Oriente á Occidente. Un camellón que en toda su longitud mide 4 kilómetros, toma la dirección de la ciudad á El Papayo, en donde termina. En este trayecto se encuentra á diez cuadras -el término de la población- un camino al Nordeste que lleva la dirección de Honda. El Papayo, lugar apropiado para el combate y que ha sido nom­brado en nuestras guerras civiles, tiene á su derecha un camino que si­gue para Miraílores, San Luis, etc. De este punto, que puede decirse es el más culminante de toda la aparente planicie que se extiend_ has­ta La H.,rqueta, hay un gran descenso, casi de mil metros, pue¡ se 1lega hasta el de cuatrocientos veinte metros, y el termómetro sube de z8 á 32 grados del centígrado. La primera jornada terminó en el Hotel mi casa, habiendo cami­nado unos veinte kilómetros en las cinco horas, por un terreno llano, arcilloso y aun pedregoso en partes. Las aguas son escasas como esca­sos los moradores de esta vía. El día z, á las 5 y 30 a. m., emprendí la marcha: á un kilómetro encontré la gran pendiente que arranca desde las orillas del río Gua­landay, sobre el cual se encuentra un puente de hierro, un tanto des­cuidado, inexpugnable por cierto por las dos lomas que lo encajonan y la situación topográfica del terreno. Luégo la marcha se hace en plano, y de trecho en trecho se encuentran una ú otra casa pajiza á un lado ú otro del camino, con pequeñas sementeras de tabaco y maíz, el cual es visitado por la langosta; así hasta llegar al punto llamado Potreri- 1/fJ, de donde principia un camino quebrado y se encuentran dos que­bradas que Jlevan sus aguas al Coello. A cuatro cuadras más ó menos se encuentra el histórico puente de Chicoral, de una construcción sóli­da por los dos estribos que lo sustentan y por la forma de él, cuya fuer­za va al centro : éste es de fierro Un poco antes de este puente se cn1.. cuentra un camino que va en dirección á Piedras, Ambalema, etc., y después de él, hacia la derecha, parten los caminos que llevan al viajero al Oentro y Sur del Tolima, hasta llegar á la capital del Cauca por el páramo de Guanacas. A cinco kilómetros de éstos está un caserío que lleva por nombre Las !Jtlicias, y que está á s6o metros sobre el nivel del mar. De aquí para adelante todo es plano hasta La llorqueta, que como dije antes, está á 420 metros de altura. Con el correo y tropa, dando tiempo á las comidas puramente ne- . cesarías, se caminan siete ú ocho leguas diarias. Aquí pernocté. Este punto es el vértice de un ángulo agudo, formado por el camino nacio­nal que sigue al Espinal y el que parte para Ibagué; la proyección del vértice lleva su línea hasta la orilla del Magdalena hasta e] punto llamado Flandes. Día 3-A la misma hora del anterior emprendí la marcha, y á corta distancia se abandona el camino principal para desviar á la izq uier­da y seguir la trocha que conduce al puente. Cinco kilómetros hay de La Horqttetrz al citado punto. "La geografía, dice el sabio Caldas, ensciía á conocer los ríos navegables y los que se puedan navegar, etc. cte ..... " Las ciencias, las artes, enseñan al hombre á unir á las naciones y á los pueblos y los conducen al progreso. Lo finito con lo infinito, el átomo con la mate­Tia, lo pequeño y lo grande han estado en constante revolución, repe- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR tiendo lo uno á lo otro como se repelen los elementos, por ejemplo, el agua y el fuego, y sin embargo de esa revolución resulta lo pequeño grande, y lo grande sublime, como sublime y grande es el puente de Girardot sobre el Magdalena. De él no hablaré aquí porque el poeta templará su lira para cantarlo como cantó el poeta colombiano el Salto de Tequendama, y que en un solo verso lo delineó cuando dijo: ''Es horrorosamente bello." Desde este templete de fierro vense en la superficie de las aguas, como aves acuáticas, los vapores El Zulia, El Nieto, El Ambaltm11, El !bagué, El General Tobar, El Honda, el Vuuztlela, El Girardot y El Ricaurt~, sin que por eso dejen de cruzarse también las viejas ca­noas y las mil balsas que traen de uno á otro pueblo el comercio in­dígena. ¡ Quién lo creyera ! que en donde antes de la conquista ha­bitaban centenares de tribus, y después de ellas las mixtas y que no há mucho tiempo, y hoy mismo, en las orillas ó riberas del río Magdale­na cocinaban y cocinan tn un hoyo el famoso vi11do ca/entono; la olla de Papín se ha levantado en el Magdalena, el vapor ha puesto en movi­miento aquel lugar ! El pito de la civilización, como dijo el Dr. Car­los Holguín en la inauguración del Ferrocarril de la Sabana, ha sonado y suena en aquel puerto, que hoy es visitado por el que va, por el que vieno de Europa, y por todo extranjero que visita la capital. Girardot, desconocido antes, es hoy una buena plaza de comercio; está á 480 metros de altura sobre el nivel del mar y su temperatura varía según la estación, y de 32° ha subido á 36° en días calurosos. Tiene dos plazas y una que se ha trazado ; se está levantando un templo; tiene una estación del Ferrocarril, el cual presta su servicio diario con bas­tante regularidad, pasando por inmediaciones de Tocaima, donde tiene estación y dos paraderos más fuera de la estación de Juntas, siguiendo hasta Anserma. De Girardot parten varios caminos para Ambalema, Peñalisa, etc. A las 8 a. m. tomé el tren en dirección á Jtmtas. La riqu.cza de los pueblos de Girardot, Tocaima y parte de Anapoima, constste en los magníficos potreros de ceba que tienen, y en donde paran el gana­do vacuno que traen del llano de San 1t1artín y del Cauca, y que lué­go se lleva para el consumo de Bogotá. Tocaima tiene 14,000 habitantes ; su temperatura normal es de 30° ; tiene dos e cuelas en edificio propios, una de varones y otra de niñas. La proximidad de las aguas . del Bogotá hace agradable su esta­da á los que salen á veranear. Un puente colgante sobre dicho río, co­munica al pueblo de Viotá y otros. A las 11 a. m. llegéÍ.mos éÍ J tllllm. S~ame permitido, de paso, hacer notar a<]UÍ, que muchos de estos caseríos han sido formados por los Batallones del Ejército, cuando principiaron los trabajos del Ferrocarril, y J11ntas fue así fundado. A la 1 p. m salímos de este caserío, que tan solo tiene una caJle perfcctament€ arreglada y otra que conduce á la finca del señor Coro­nel Ulpiano Quintero~ una estación no muy cómoda para el servicio del Ferrocarril y el de tel~grafo. Un puente sostenido por dos cables y alg deteriorado, forma sn salida para tomar un repecho baslantc pe­sado, por las mucha re\ ucltas que en mal estado tiene este camino, que merece reparación. U na planada corta , e camina para encontrar el alto y bajada del Sócota; éste no es del todo bueno, y así continúa en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 56 DOLETlN MILITAR ambas hasta tomar un descenso á una quebrada de escasa agua, y otra pendiente para tomar luégo el camino que entra á Anapoima. Esta población, : como :muchas de las que están á las inmediacio­nes de Bogotá, ha sido lugar de recreo y de piscina para muchos enfer­mos por su buen clima y por su temperamento ; su altura está á 8oo metros sobre el nivel del mar. Hoy se ene uentra allí el primer Ma­gistrado de la República y una fuerza que le hace la guardia de honor. Esta poblaciÓn encierra en sí el Ím!Jerio de su riqueza, por sus aguas, su clima, cte., pero jamás s<: ha pensado en mejorar el camino que con­duce al río. A su salida se está construyendo un camellón en el mismo camino nacional que va en una superficie plana hasta La Chica: estos trabajos los hace una parte del batallón I 0 de Artillería De aquí para adelante sigue el camino un tanto quebrado, con su­bidas y bajadas hasta principiar la entrada de La Mesa de Juan Díaz (su fundador), la siluación topográfica parece le dio el nombre, pues está en realidad sobre una mesa. Aquí llegue á las 7 p. m. Este lugar es bastante comercial ; en cereales y dulces produce bastante; además, allí van los comerciantes de casi todos los Departamentos, formando así una buena plaza de comercio. La sal de Zipaquirá se toma en esta población para llevarla al Tolima y Cauca. Aquí ha estado transitoria­mente y en otro tiempo la Gobernación del extinguido Estado Sobera­no de Cundinamarca. Este lugar es defensivo para un ataque, pero no por mucho tiempo, pues es fácil para un sitio. Día 4.-A las 6 a. m. salimos de esta ciudad lle vando un came­llón que tiene á uno y otro lado una hilera de casas que siguen hasta terminar la población, que es á dist.mcia más ó menos de un kilóme­tro. De aquí principia un descenso en camino quebrado hasta llegar á Tena, que más merece llamarse caserío que pueblo. Su s aguas son abundantes, y por la pequeña plaza pasa una quebrad¡¡; tiene una lu­josa casa al costado o~.cidental, la que se ilumina con luz incandescen­te. Este ;ugar es notable y tradicional por una imagen de San Antonio que se venera en una de sus chozas del camino y quizá en la capilla. De aquí tomamos lo que se llama el monte de La Mesa, camino quebrado, pedregoso y encajonado por los cerros que á uno y otro lado se encuentran, en los cuales hay puntos para detener un ejército con poca gente, encontrándose cr> mo lugar de posada lac; casas de 'Tambo y Curubital. Este camino tortuoso va subiendo más y más hasta llegar al punto llamado Barrohla!ICO, de donde se divi san las hermosas sabanas de Bogotá y se ven blanquear los templos de Guadalupe y Mon serrate. Poca distancia se anda para abandonar el antiguo camino de Balsillas que salía directamente ;unes u s du por to~ pr·• ian o~ e n la breve camp..1ña ele Di­namarca. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. lJOLETfN MILITAR posesión de los distintos accidentes del campo de batalla. En éste, c~si no se maniobra; no se hace más que atacar ó defender posi­ciones. El batallón A ó la brigada B se apoderó, se dice, de la altura H ó del pueblo Z. Es decir, que el terreno no es sólo un medio, sino el fin de la lucha, según esto. Después de la citada campaña, no ha cesado un momento de hablarse de las ventajas de la defensiva táctica, como si esas ven­tajas no hubieran existido desde la adopción de las armas de fuego. Lo que se evidenció en la guerra de Bohemia, y más tarde en la franco-prusiana, fue simplemente que el fuego de la infantería, que hasta entonces había sido impotente muchas veces para dete­ner á una tropa que se lanzase resueltamente al asalto, puede aho­ra fácilmente lograr ese resultado, sobre todo cuando no se elige bien el momento de realizar aquél. La victoria de Trautenau costó á los austriacos 3,500 bajas, no habiendo sufrido los venci­dos más que 1,300. Los Cuerpos de la Guardia prusiana, en el ataque á Saint-Privat, en la batalla de Gravelotte, perdieron en diez minutos 6,ooo hombres y fueron rechazados. Para librar á las tropas de los terribles efectos del moderno arma­mento, no se ha encontrado otro medio mejor que levantar delante de ellas montones de tierra que disminuyan su vulnerabilidad, pu­diendo ca 1: i decirse que la táctica campal ha desaparecido para con­vertirse en verdadera poliorcética ó táctica de sitios. ¿ I-J a progresado la táctica ? ¿Ha retrocedido? Nosotros creemos que ha retrocedido ; que en Leuthen y en Austerlitz hay más arte que en Plewna y en Schipka, que en Slivnitza y en Grivobo. Pero la manera de combatir, no impuesta sino adoptada ante los progresos del fusil, la harán imposible l0s perfeccionamientos del cañón. La fortificación de campaña, que no cuenta ordinariamente con otros materiales que madera y tierra, ni dispone más que de un tiempo limitado, será im;>otente para construír obras capaces de re istir las granadas de melinita. Con un enemigo que tenga á su disposición alguna artillería, ya no serán, en 1<.'> sucesivo, posibles defensas tan tenaces como ]as de Penté- Pigadia, Kritiri y Vele. tinon, en la reciente guerra tur­co - griega. El que las intente, se xpondrá á correr igual suerte que los heroicos defensores de W oertz, el año 70, que al fin tu­vieron que abandonar el pueblo, no empujados por las bayonetas de los prusianos, sino obligados por el fuego de sus baterías; re­sultado que ahora podrá alcanzar -e en bastante menos tiempo y con mucho menos pie7,as que allí cm l aron los prusianos. A una tropa que se atrinch -re, no l ~ dará ya el enemigo la satisfacción de lanzar contra eJla sus e lumna · para que sirvan de blanco al fuego de sus fu ile ~ , pudiendo de truí rla á cañonazos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETiN MILITAR 59 Un buen ejemplo del resultado á que suelen conducir esos ataques de frente contra posiciones atrincheradas, tan frecuentes en las guerras modernas, y en Jos que se hace más uso del valor que del arte, es el combate de Grivobo, en la campaña de 1897, entre turcos y griegos. El 14 de Mayo, á las cuatro y media de la mañana, la brigada griega Bai:ractaris emprende el ataque de las posiciones turcas de Brendista y Grivobo, logrando, después de nueve horas de encarnizado combate, rechazar al enemigo sobre las pendientes rlel col que existe al Norte del último de los citados pueblos. Dueños los griegos de Grivobo, el combate continuó hasta las ocho de la noche, sin haber conseguido los turcos recu­perar el terreno perdido ni los griegos avanzar un paso más. Pues bien: lo que tanto empeño habían puesto éstos en conquistar, y á costa de tánta sangre (7 oficiales muertos, 26 ofi.ciales1heridos y 525 bajas de tropa) habían logrado,: Jo abandonaron aque1la misma no­che, retirándose á Isnaret, por creer Ba"iractaris que sus soldados no se hallaban en disposición de resistir, al día siguiente, Ia prob~­ble ofensiva de los turcos. Ante esto se ocurre preguntar: ¿ Quié­nes fueron los vencidos en Grivobo? La nueva artillería de campaña hará, á nuestro juicio, que los combates futuros sean Ia expresión más bella del arte táctico. El fuego no se empleará en ellos más que como medio de preparar ó impedir el choque, acto supremo del combate. Toda tropa que no 5epa maniobrar será vencida. La infantería, empeñada en la lucha, no se limitará ya á per­manecer detrás de una trinchera ó á marchar hacia ella, siempre en igual disposición y sin cesar de consumir cartuchos. Los batallones, así de uno como de otro combatiente, avan­zarán, retrocederán ó se moverán hacia los flancos, utiliz~ndo constantemente el terreno y adoptando en cada caso la formación más conveniente, ya para disminuír los efectos del fuego del adver­sario, ó ya para aumentar la eficacia del suyo, procurando siempre venir al choque contra cualquier otra fuerza contraria, en las con­diciones más favorables. Contra el fuego de la infantería sería locura dejar de utilizar las zanjas, muros y demás abrigos que en t:l campo de batalla e encuentren, pero habrá que inculcar previamente al soldado la idea de que el abandonarlo , cuando á ello nos veamos obligado por el fuego de la artillería, contra el cual resultan aquéllos ineficaces, uo implica derrota ni vencimiento; que se hace, porque ninguna tropa debe exponerse á recibir un daño mayor del que puede causar. La manera mejor de emplear la caballería y la artillería, nos parece que erá repartida por todo el frente, en pequeiías masas. De e te modo, en cualquier punto de la lu1ea de batalla en que se pre ente ocasión propiLia de intervenir Ja caballería, esta arma podra aprovecharla; así, le será más fácil desenfilarse de ]a Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 60 BOLETÍN MILITAR vista y del fuego, acechando siempre el momento de lanzarse á la carga, y al efectuar ésta podrá con menos dificultad salvar los obs­táculos que se opongan á su paso. Sabiendo elegir bien el instante de acometer, ese momento "en que se hace irresistible la carga de un puñado de lanceros,, como dice el ilustre Villamartí n, no ha­cen falta brigadas ni regimientos para alcanzar el resultado apete­cido ; bastan uno ó dos escuadrones. Las ocasiones más favorables para cargar á la infantería, se­rán aquellas en que ésta cambie de posición, obligada por el fue­go, ó al lanzarse al ataque, sobre todo si lo hace desordenada­mente. Cuando una fuerza de infantería amiga sea acometida por otra fuerza de caballería enemiga, ésta será también otra ocasión en que los jinetes no deben vacilar en acudir en auxilio de sus compañeros. La distribución de la artillería, por baterías ó grupos de dos baterías, además de simplificar la elección de emplazamientos, contribuirá á su propia defensa contra la artillería enemiga. Los duelos de esta arm'l no serán ya posibles ; cuando una batería ve que empiezan á caer sobre ella granadas, el mejor partido que po­drá tomar será mudar rápidamente de posición, si pretende con­testar al fuego, antes de que descubra el emplazamiento de la arti­llería enemiga que le hostiliza, lo cual, c::omo sabemos, dificulta el empleo de la pólvora sin humo, y que determine la distancia á que aquélb. se encuentra, puede ser destruída, dada la potencia y rapi­dez del tiro de las nuevas piezas. Por eso, entendemos que la mo­vilidad es condición impuesta por las otras dos antes menciona­das y que debe resolverse al propio tiempo que ellas. La artillería contra la artillería deberá obrar por sorpresa; contra la infantería y la caballería se la empleará, como actual­mente, siempre que éstas presenten blanco considerable, y para rechazar sus ataques ó quebrantar una obstinada resistencia. Sus frecuentes cambios de posición y de objetivo harán su manejo y dirección en el combate mucho más difícil de lo que hasta ahora ha s;do. rl'eniendo esta arma que hallarse muchas veces expuesta al fuego de la infantería, que seguramente le causará grandes bajas en su personal, necesario es pensar en dotarla de reservas de sir­vier1tes, cuestión tan importante, en nuestra opinión, como la del municionamiento, pues de nada servirá tener municiones si se ca­rece de hombres que carguen y disparen las piezas. Con mayor razón que nunca, la superioridad numérica será un factor del éxito en el terreno táctico, aumentando todavía más, por consiguiente, la imp rtancia del servicio de exploración, á fin de conocer exactamente, cuanJ~·> se establezca el contacto ('011 el enemigo, las fuerza que se tienen en frente, y decidir si se debe empeñar combate ó tratar de n::h uí rlo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 6i El mando superior, una vez efectuado el despliegue, cuya di­rección marcará, no podrá hacer más que llevar las reservas allí donde crea que su presencia puede ser decisiva. Las tropas de pri­mera línea quedarán bajo la dirección é inspiración de sus propios jefes, los cuales tendrán que determinar el objetivo más conve­niente de su fuego ó del choque, prestándose unas á otras mutuo auxilio, y procurando que no resulten inútiles las ventajas tácticas por cualquiera de ellas obtenidas. La causa de la gran duración hoy de las batallas es cierta­mente la dificultad de expugnar algunas posiciones, y por eso pen­samos que la nueva artillería hará también que los combates sean más breves, y seguramente terminarán con un desastre para el vencido, si éste no consigue prolongar la lucha hasta que venga la n0che, y á favor de la oscuridad alejarse del vencedor. Por último, los futuros combates exigirán en las tropas, ade­más de una firme di ciplina á causa de los mayores efectos del fusil y del cañón, una racional y sólida preparación, y en los Oficiales, al ensancharse tan notablemente su iniciativa, se hará preciso que ..• sean tácticos. Si la acertada y oportuna acción de una compañía, de un escuadrón ó de una batería, puede iniciar la victoria, su tor­pe empleo quizá sea el origen de la derrota, comprometiendo así la suerte de la Patria y haciendo estéril el sacrificio de Ja vida de mu­chos hombres. G. GIL JUSTE Capitán de Infantería ---------~·~--------- HIS~OP.IA :M:ILI~A~ :CE COLOMEIA Guerra. de Independenela. (Conferencias á los Oficiales de la Guarnición de Bogotá) J- 1 8 1 o, 1 81 I Y 18 1 2.: LA REBELI6N DE LAS PROVINCIAS CAPITULO 1 - VENEZUELA PrimenL campaña de Occidente 6 Campaña de Coro 3.0 Lucha de un año en la frontera (Continúa) La retirada del Ejército patriota, aún fuerte, á pesar de las pérdidas que sufrió en la campaña, n9 tranquilizó á los realista~ de Coro, quienes ignorando lo resuelto e'n Caracas, pensaron tendrían pronto encima un segundo ataque, pues era de creerse que el jefe del Ejército de Occidente trataría de rehacerse cucSnto ante para volver á la carga. A pesar de tan justos temores, en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MlLITA..lt Coro fue preciso despedir la mitad de las milicias llamadas á las armas por imposibilidad de sostenerlas, habiendo escaseado los recursos, aun antes de consumarse la primera invasión, en térmi­nos de pasarse la tropa muchos días sin ración, y Compañías había que no salían formadas del cuartel por desnudez. La situación de los realistas fue difícil hasta Febrero de I811, pues corrían las voces de que el General Toro invadiría de nuevo, ya por la parte de Carora, ya por el lado de San Felipe de Tocuyo; pero por fortuna para ellos en esos días llegaron al puerto dos na­ves con algún dinero, armas y minuciones, noticia que, abultada al penetrar al interior del país, hizo suspender á los patriotas su nuevo proyecto de invasión, y no se volvió á hablar más del asunto con evidente perjuicio para la causa de la Independencia. Para el mes de Mayo el General Toro estuvo ya en Caracas y poco menos que disuelto el Ejército de Occidente, pues apenas quedaban en Carora y Siquisique unos quinientos hombres de guarnidón. Al saberse esto en Coro el Brigadier Ceballos se apresuró á hacer otro tanto, de suerte que en la ciudad no quedó sino una corta guarnición compuesta de la Compañía del batallón Reina y unos cuántos milicianos que se destinaron á cubrir algunos puntos de la línea principal. Entre tanto qué había hecho el General Toro después de pre­sentar tan lastimoso certamen? Y decimos el General Toro y no la Junta, porque siendo él militar afamado, esa Corporación natural­mente obraba en las cuestiones de guerra de acuerdo con sus opi­niones, ya que en Venezuela no se encontraba por entonces guerrero de más fama, y Toro como soldado no lo había hecho mal. Los que han acusado á la Junta, por confundir á los dos hermanos Toro, es­cribieron sin estudiar el asunto y no merecen el nombre de historia­dores militares. La Junta de Caracas, asintiendo á la autorizada opi­nión de los oficiales que acababan de hacer la campaña de Coro y mientras se acopiaban lo"s recursos que en ella se agotaron, dispuso que el ejército permaneciera á la defensiva, y ofició á las Juntas de Trujillo y Mérida pidiéndole reforzasen sus columnas de observa­ción sobre Maracaibo, y hasta se dirigió al lejano Gobierno de Cun­dinamarca suplicándole moviera algunas tropas hacia Pamplona, á fin de llamar por ese lado la atención de los realistas é impedirles cayeran con todas sus fuerzas reunidas sobre el centro de Vene­zuela. Aquí debemos consignar que aun cuando esas medidas no podían pasar del papel, la Junta no podía hacer otra cosa por el malísimo sistema que empleó para manejar las finanzas del nuevo Estado, que produjeron la bancarrota, lo cual constituye, junto con su errada política, su v~rdadera re pon c; abilidad ante la historia. La Junta no entendía quedarse i la defensiva a perpetuidad; pero falta de recursos, y con el fin de asegurar las operaciones fu­turas, en Junio envió á Carora al Comandante Aldao, ingeniero distinguido, uno de los autores de la Revolución del 19 de Abril de I8ro, como Inspector, para que organizara convenientemente Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DbLETfN MiLITAR la línea fronteriza. Dicho Jefe, después de examinar el terreno, cometió el error de adoptar una línea defensiva de enorme longi­tud, como que medía treinta leguas, con Siquisique como centro, la cual ocupó con varios puestos militares, es decir, empleó á su turno el sistema de cordón. Hecho esto ordenó que las fuerzas así apostadas invadieran el territorio enemigo por sus respectivos frentes, pensando que los realistas se confundirían con tan extra­ña invasión, y no sabrían repelerla. En efecto, un mismo día (me­diados de Junio) las tropas republicanas embistieron los puestos realistas de Churuguara, Tupeme la Dante y Bomba, que cubrían los caminos de Pedregal, Agualarga y Valle de Los Remedios, y los rechazaron, y sin dar un paso adelante, ni averiguar lo que su­cedía en el campo enemigo, se volvieron el mismo día á sus res-pectivos a can tonamien tos. • Nunca los historiadores hacen mención del espíritu realista que dominaba e&tas regiones, y que fue la causa del mal resultado de las empresas de los republicanos, vendidos á cada paso que da­ban. En efecto, la llegada de Aldao y las diversas medidas que adoptara, fueron puntual y oportunamente comunicadas á Coro por la multitud de espías que rodeaban al Jefe republicano, y el Gobernador Ceballos dispuso en el acto que el Comandante Iz­quierdo se pusiera en marcha con una Columna de 300 hombres, con orden de contener y escarmentar á los invasores. La opera­ción la realizó Izquierdo con tánta rapidez, que al otro día del ataque de los tres puntos mencionados llegó al primero de ellos, y sin perder tiempo avanzó sobre el puesto republicano de la qutbrada de Los Algodones (50 hombres), que permanecía des­cuidado, y lo arrolló sin dificultad ninguna : Ja noticia de esta de­rrota hizo que se replegara la guarnición de Siquisique; el Jefe realista siguió su marcha por el valle de Baragua, y uno tras otro venció los puestos de la Capilla, las Mategeas y Sique, fuertes por todo de 120 hombre', cuyas armas y municiones quedaron en poder de Izquierdo, junto con algunos prisioneros. Ello es que en dos días quedó desbaratada la línea establecida la semana ante­rior por Aldao. Izquierdo permaneció tres días en el valle de Baragua, de donde ofició al Cabildo de Carora, con inclusión de varios papeles públicos que manifestaban el buen estado de los negocios para los realistas, excitándolo á una reconciliación : el Jefe republicano contestó negativamente en térmiRos corteses. Después de lo relatado, Izquierdo regresó á Coro tras reco­ger el ganado y los bienes de todos los habitantes que no se presenta­ron á la entrada de las tropas del rey, y llevó presos á los indi­viduos que se habían manifes..tado adictos á la revolución ; el im .. porte de la extraña expropiación se destinó á pagar la tropa . • • • Por este tiempo (fin de Junio) se presentó en Coro un co-l misionado de Valencia, á dar parte de la contrarrevolución alli Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR organizada en favor del Rey, solicitando se auxiliara con tropas y armas á Jos pronunctados. Ceballos trató de reunir aceleradamen­te una columna que, á órdenes de Antoñazas, se puso en marcha por la costtJ arriba, ó sea en dirección á Valencia por San Felipe, al mismo tiempo que el Gobernador en persona, con 6oo infantes, 200 jinetes y alguna artillería avanzaba por San Luis, con rumbo á Carora, para llamar por ese lado la atención de los republicanos. En San Luis estaba ya Ceballos cuando recibió aviso de ha­ber anclado en el puerto de los Taques los buque de guerra Cor­nelia y Príncipe que volvían de Puerto Rico, habie:1do antes toca­do en las costas de Cumaná y hecho en ellas infructuosas tentati­vas para ganarse á los habitantes. El jefe de las fuerzas navales, Rodríguez de Arias, al imponerse de lo que sucedía en Valencia, convbo en auxiliar á Ceballos, y, en efecto, le franqueó algún di­nero y desembarcó á sus órdenes la infantería de Marina (120 hombres), al mando del Capitán Monteverd~. Con este refuerzo no dudaba Ceballos del mejor éxito de su interrumpida expedición; pero apenas volvió á San Luis recibió orden de Miyares, á quien había comunicado su intención, para que lo aguardase en Coro, á donde se dirigía por mar con 4 buques de guerra y 300 infantes, á fin de tomar el mando de la expedición y dirigir ·personalmente la campaña; los celos por una mezquina gloriola, censurables don­dequiera que br0ten, salvaron esta vez á los republicanos. El plan de Miyares consistía en tomar en Coro los dos buques de guerra y 200 hombres, unirlos á los que traía de 1\1aracai bo y con todas esas fuerzas seguir por mar sobre Puerto Cabello, mientras el resto de la tropa amenazaba á dicha plaza por tierra; pero todo se frustró porque el mal tiempo no permitió la llegada á la Vela de esa expe­dición sino un mes después de que la contrarrevolución de Valen­cia había sido vencida en recio combate. Cuanto á la columna de Antoñazas, aun cuando avanzó hasta el cantón de San Felipe, así aislada nada pudo hacer, y hubo de retrogradar cuanJo contra ella se aprestaban tropas de Barquisimeto, sin otro fruto que recoger calenturas, de que m u rieron la mayor parte de los soldados. En el intermedio de estos acontecimientos llegaron también á Coro, como auxilio enviado por Cortabarría para sostener la expedición en apoyo de Valencia, el Brigadier Juan Manuel Ca­jigal, los Coroneles Fierro y Vásquez, y cuantos jefes y oficiales estaban refugiados en P ucrtorricv, los cuales traían, además dos- . ] ' c1entos pesos en dinero y a gunas armas y municiones. Esta fue tambien la época en que de lo interior se pasó á Coro el Padre Andrés Torellas, Cura de Siquisique, quien hizo los mayores esfuerzos para que siguiese la expedición a lo interior a egurando su f~liz resultado por el buen estado en que dejab;n la opinión púbhca en favor del Rey, a causa de lo acaecido en Valencia. Mas nada hicieron los jefe e pañole , tan morosos en sus operaciones militares como los independientes, y para el mes de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR 65 Septiembre estaba deshecho tanto aparato y estrépito guerrero, porque después de una gran Junta convocada en casa del Capitán general, y á que asistió un número nunca visto de jefes, se acordó queda en todas las cosas como estaban, que se licenciasen las mili­cias, se esperara mejor oportunidad para obrar y que los buquesde guerra salteran á hacer el crucero sobre los puertos de barlovento. A principios de Noviembre la fragata Cornelia se fue para la Haba­na por hallarse en mal estado, y la corbeta Príncipe, cogida por un mar de leva al salir del puerto, y mal dirigida, acabó por darse al travéz en las playas de la Vela. Para bloquear las costas no que­daron entonces sino buques menores que de poco podían servir. * * * A fines de este mismo mes de Noviembre el Comandante Gil, Jefe de la guarnición de Carora y de los puestos vecinos, recibiló orden para concentrar sus tropas y tentar algunas excursiones en la tierra enemiga. Por desgracia ahora, como en Junio, Ceballos tuvo aviso oportuno del proyecto, y envió de nuevo al Comandante Iz­quierdo con los 120 hombres de Monteverde, otros tantos del La Reina y veteranos de Maracaibo regidos por Antoñazas y algunas milicias de Pedregal y San Luis ( I .;o), con la orden de buscar y ba­tir al enemigo. El Comandante Gil, que ya se aproximaba á la raya, al saber el avance de los realistas retrocedió á Siquisique, á donde lo siguió Izquierdo por el valle de Baragua; entonces Gil trató de coger de flanco al invasor, y al efecto logró sorprenderlo en un de filadero, cuando aquél se aproximaba á la población, arro­llándolo casi dos leguas hasta el llano de Baragua (caserío), donde los veteranos realistas se puáieron formar en batalla. Gil, sin pensar en la diferencia de calidad de las tropas, cargó de frente á las contrarias con us 400 hombres, y aun cuando estos pelearon con valor, fueron derrotados á la hora de combate, dejando en el campo algunos muertos, heridos y prisioneros y bastantes armas, municiones y ba­gajes. Los vencidos ocuparon la misma tarde á Siquisique, donde se detuvo la fuerza veterana por tener orden de no seguir adelante, pero las milicias montadas, creyendo, como lo de~ían los habitantes, que la columna de Gil se había disuelto, avanzaron inconsultamen­te hasta Carora á donde llegaron dos días después, cuando ya Gil había logrado reunir la mayor parte de su gente (300 hombres) y ]as atacó sin vacilar derrotándolas completamente, causándoles bas­tantes bajas y tomándoles algunos prisioneros que, en justa repre­salia, fueron tratados como ellos habían tratado á los prisioneros de Baragua. Gil no podía pensar en atacar nuevamente á los vetera nos que estaban en Siquisique, y los realistas desanimados con el descalabro de Ca rora, emprendieron tranq uilarnente su retiradados días después, llevándose cuantos ganados pudirron haber á las ma­nos en el valle de Baragua. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Cuadro sinóptico de la cam pafia t FECHA SITIO JEFES PATRIOTAS ct • (/) -u~c:- o ~ ~ ., e ~~ ~ PATRIO- REALIS- S 5 8 , ¡5 o o ~ o JEFES REALISTAS 1 ,~ <11 ct <~> ~ !:: ~ T AS T AS "< 11t 'Ql ,.! U ,.::::: ~ ~:~~ c.. u~._. ......... Jll-----1------1-----1-----1------1-.------ 1810 14 d~ Noviembre. _11 1 S íd ..••.. I 7 íd .••... 29 íd ...... . 1 Diciembre ... . I8II .htlbarnaches ..•.. El Pedregal.. ..... El Puerco .•••.•. Coro ........... . Sabanera ....••.. Güedequis ....••. Coronel Ustáriz .. Id. San tineli .. . Id. íd ..... . General Toro .... . Id. íd ..... . Id. íd ..... . Cmdte. Izquierdo. Id. Miralles .•• Id. .íd. Brigadier Ceballos Coronel Miyares .. Cmdte. Miralles .. 900 1,6oo 1,6oo 3,soo 1,400 1,400 700 ,a. p. 700 a. p. 700 a. p. 2,ooo la. Soo a. soo a. p. p. p. r. d. d. 20 so ? 30 r.l 200 d. d. so ? t. c. t. b. c. t. ? 1 c. 1 4 íd ...•••. Junio •••••..•••. ¡ Churuguara....... l l I oo ? 40 ? a. p. d. to ? c. ? t. c. ? c. Tupeme .• _... • • ? • ? 100 ? 40 ? a. p. d. 20 Bomba.. . . . . . . . . ? ? 8o ? 20 ? a. p. d. S Julio ... ~ ........ ¡ Algodones....... ? Cmdte. Izquierdo. so 300 a. r. t. r. Zf La Capilla....... ? Id. íd. 40 ? 300 a. r. t. r. 10 ? c. ? t. ? c. ? c. LasMategeas... ? Id. íd. so? 300 a. r.(r· 10 Sique... .. • • . . . . ? Id. íd. 30 ? 1 30 a. r. 1 r. r. + I ? I ? I ? 6 1 , , ~ i ~ ~ 2- 2 1 11 No•iembre ...... ¡ Baragua ......... Comandante Gil... Id. íd.. .¡.oo zso ¡a. p.,t. r. 30 ~ . ______ Carora........ • . Id. íd. ? ___ 300 I so a. p. t. p. 30 NOTA-Pudieran reducirse estos encuentros á una sola batalla de seis hora a en que hubieran lidiado 7 ,soo hombres, con pérdida de 500 muertos y heridos. En la columna Agresor las letras a p y a r signif1can que los patriotas ó los realistas fueron quienes atacaron; en Ruultado, r significa rechazo del asaltante; d, que el agresor fue desalojado; t r y 1 p triunfo realista ó patriota. En Clas1 tk encuentro t es tiroteo, e combate y b batalla. ~ ~ o ~ ~ 1-3 ~ ~ ~ 8 ~ 8 ¡¡... S:d Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET:fN MILITAR La campaña de Coro estaba terminada, (Diciembre de I 811 ), aun cuando se creyó que por lo pronto se renovarían nuevamente las hostilidades, y justamente alarmada la Junta de Ca­racas con estas noticias, resolvió aumentar las fuerzas que guarne­cían la frontera de Coro, y al efecto dispuso trasladar el Cuartel general republicano á Barquisimeto y confiar el mando de lo que podemos llamar nuevo Ejército de Occidente al Coronel Diego ] alón, quien alcanzó á disponer de unos 3,ooo hombres en los momentos en que ~1 tristemente célebre terremoto de Caracas produjo la .ruina de la República y dio en Occidente el triun­fo á los realistas, pero estos acontecimientos pertenecen ya á otra campaña, la de Valencia, y debemos poner punto final á la de Coro, que moral y militarmente hablando fue un desastre irreparable para los republicanos. NoTA. Aun cuando el combate naval de Chichiriviche se efec­tuó en la costa de lo que hemos llamado península de Coro, y no en el delta del Orinoco, como b han dicho algunos historiadores, no relacionándose con la campaña de Occidente sino por mera incidental geográfica, parece más lógico tratarlo al hablar de las operaciones militares de que fue teatro el centro del país, por ra­zones que se verán en su lugar. Primera campaña de Guayitna {1 Si bien el territorio de Guayana tiene importancia capital en ]a historia militar de la guerra de Independencia, como de 1810 á 1812 ninguno de los contendores se dio cuenta exacta de su valor, aplazaremos para mejor oportunidad el estudio geográhco de dicha provincia, limitándonos por ahora á los puntos cuya enunciación exija la claridad del relato de esta campaña, que por haber sido mi­rada como poco importante los historiadores han solido narrarla en pocas líneas, siempre oscuras, confusas y en abierta contradicción con la geografía de la comarca ( 1 ). La Guayan a venezolana,ó sea las tierra!:i que envuelve el Orinocc y riegan los afluentes que á él tributan por la banda izquierda, bien que ocupando extensión que se mide por decenas de millares de leguas cuadradas, en la época de la Independencia apenas presenta una superficie cultivada de 700 leguas cuadradas con 3o,ooo habitantes que formaban una veintena de pueblos y di ponían de 34-o,ooo cabezas de ganado mayor, siendo de advertir que 2o,ooo de los primeros y 30o,ooo de las segundas pertenecían á las Misiones, entre las cuales eran las de los Capuchinos del Caroní las más ricas y florecientes. (x). Los autores ya citados, páginas siguientes. Esta campaña es una de las mía confusamente relatadas por ios historiadores, por lo que hace á su primer período, quizáa debido á que no le dieron mayor importancia ; es también en dicho relato en uno de loa en que máa pecan contra la geogr.afía del teatro de operaciones, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 68 BOLETIN :MILIT A.R La provincia de Gua~rana tenía por capital la ciudad de Gua­yana ó Angostura (hoy Ciudad Bolívar), que defendida por dos fuertes y junto con Vieja Guayana, también lugar fortificado, constituía la llave del Orinoco en su parte baja. .En el momento en que principió la guerra gobernaba la provincia D. Matías Fe­rrara, quien tenía á sus órdenes 300 veteranos de inlantería y ar­tillería, 970 milicianos y algunos marinos que tripulaban media docena de embarcaciones pequeñas, destinadas á hacer la policía del río contra el comercio de contrabando. La tropa, en parte, guarnecía los presidios (fortalezas) de la provincia y en parte daba escoltas para proteger á los Misioneros, quienes ejercían sobre los indios absoluta autoridad moral y material, y por el buen trato que les dispensaban tenían ganada la voluntad de esos millares de aborígenes que habían logrado convertir al Cristianismo. En la margen derecha del Orinoco, además de las dos po­blaciones ya nombradas, se encuentran dignas de mención Piacoa ya en el delta y Caicara frente á las bocas del Apure. En la banda izquierda merecen nombrarse Barrancas, al N. de Piacoa; Sole­dad, en frente de Angostura, donde el río que arriba y abajo tiene tres y medio kilómetros de anchura, se reduce á 708 metros casi el máximum alcance de los cañones de á 24 al principiar el siglo; y Santa Cruz y Boca del Pao, cercanos, puertos de San Diego, y de la Villa del Pao, en la región llamada Vuelta del Torno. OCAR.AC.AS ---Costa_ 0 CUMANÁ 0 BARCELONA Matttrín m 0 Aragua S -4) u ; 0 El Pao P':l o~ l ~ ~ § i o Uracoa0 Barrrmcas 8a11 Diego /' 0 0 Soledal1\ 0 1 0 , Sta. Oruz0 0 llora Pao 1 o Scm Felix ~ osan Fernando Rio Oriooco o Angostura os - __________ __. Moitaco i! ~ GUA YANA ~ ~ c::l c;p Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 69 En ambas márgenes se encuentran caminos que se desarro­llan paralelamente al río y son cortados por los que arrancan de las orillas, solo que de estos últimos Jos que se dirigen hacia el Sur tienen corta longitud y no guían sino á caseríos de indios ó pueblos sin importancia, en tanto que los que parten con rumbo al N. conducen á las costas de Barcelona y Cumaná ó sea á una de las regiones más ricas é importantes del país, la región oriental, en la cual no se hallan menos de I 2 poblaciones dignas de men­ción. En el extremo E. de dicha región oriental y de Guayana se dilata el extremo delta del Orinoco. * * * El movimiento revolucionario cumplido en Abril de I 81 o en Caracas tuvo eco en Guayana, donde el I I de Mayo se instaló la Junta del caso, pero compuesta, por desgracia, en su mayor par­te de peninsulares, residentes en Angostura, los que influenciados por los misioneros capuchinos, resueltos á seguir la suerte de España, prepararon una contrarrevolución que se llevó á cabo en Junio con grande habilidad: la Junta se disolvió, los miembros de ella verdaderamente republicanos y todas las personas "adictas á las novedades de Caracas" fueron reducidos á prisión y enviados á las cárceles de Puerto Rico y Cuba, para su castigo, quedando las cosas restituídas al estado en que se hallaban á principios del a1ío, ó sea encargado del mando F errara corno agente de la Junta espa­ñola de regencia. A pesar de lo sucedido aún quedaron en Gua­yana partidarios de la libertad que, ayudados por los republicanos de las provincias limitrofe r: , trataron de apoderarse del gobierno en Angostura, pero siempre fallaron esas tentativas que sus autores pagaron con la deportación: al cabo se convencieron los indepen­dientes que nada podta esperarse en Guayana, provocado por un movimiento revolucionario interno, y entonces resolvieron ocurrir á las armas para sujetar es ta otra provincia donde imperaban los reali s tas. Por desgracia las medidas que acordó con tal fin la Junta de Caracas carecieron de la energía y actividad que deman­daban las circunstancias. Ninguno de los dos futuros contendores se daba cuenta exacta tle que Guayana era el campo donde debía decidir e la contienda por la independencia de la América del Sur, y los republicanos ignoraban por completo la clase Je elementos que necesitaban para dominar á su contrarios, cuya principal fuerza estaba en el río Qrinoco- vía navegable- y en los misio­neros capuchinos que hicieron cuanto les fue dable para conservar á los indios reducidos bajo la obediencia al rey, predicándoles á diario que sostener la Repú o ica era un en m en y una herejía imperdonable. La marcha mi s ma tle I~) S acontecimiento. contlujo á los rea- 1i tas de Guayana á mirar como tierra enemiga la huada en la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 70 BOLETÍN MILITAR margen izquierda del gran río, y tras ocupar las poblaciones de esa orilla, principiaron á organizar expediciones que penetraban en territorio de las Provincias fieles y causaban daños á los ha­bitantes, quienes ocurrieron al Gobierno demandando protección. La guerra principió en verdad el 2 de Abril de I 8 I I, en que los realistas de Caicara pasaron el río y saquearon y quemaron la flo­reciente poblCJción de Cabruta, arrasándola por completo. (Oo11timurá) HISTORIA MEMOP.IAS DEL GENERAL PABLO MORILLO (Continuación) Aprovechad, pues, de una experiencia que os ha costado caro; hoy día ninguno de vosotros debe suspirar por el orden de cosas que ha cesado de existir. Que las gentes de bien tengan energía bastante para oponerse á las miras de los perturbad0res. Acordaos que los rebeldes armados tienen necesidad para ponerst" en seguridad de estar en un estado continuo de hostilidades, reunir tropas y elemen­tos militares cuya conservación y movimientos debe recaer sobre ]a masa general de los habitantes. Por una consecuencia inevita­ble, el trigo, el maíz, los rebaños, los caballos, l'on tomados en todas partes donde. se encu~n tran; las camas y todos los muebles del menaje son arrebatados de las casas, de sus dueños han hecho enfermeros, sirvientes, etc.; todas estas consecuencias de una su­blevación son inevitables. Lo mismo que pagar contribuciones para mantener las tropas. Debéis saber que un estado que mantie­ne en tiempo de paz tres mil hombres, soporta fácilmente el gasto, porque sus rentas bastan, pero no es lo mi mo cuando le es nece­sario de diez mil hombres más para restablecer el orden. Entonces todos los gastos, in excepción, deben recaer sobre ~1. Es una ca­lamidad pública, pero esta calamidad e inevitable cuando las gentes de bien no tienen bastante energía para contener los fac­ciosos. Pronto vuestros sufrimientos cesarán, las tropas marcharán á su destino, y las antiguas leyes recuperarán el puesto que te­nían. Fue necesario un trastorno tan escandaloso para derribar en un momento lo que ha hecho durante trescientos años la felicidad de vuestros padres. Aprovechad, os lo repito, lo que ha pasado á vuestros ojos. Separad los obstáculos que se oponen á vuestra felicidad. Contened lo . sediciosos que se encuentran entre vosotros. Que los que no Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 71 aman al Rey no olviden que su poder se esparce por todas partes. El pueblo español es de todos los pueblos el más fiel á su Rey. En cualquier lugar del mundo que uno de sus descendientes se mancha con el crímen de traición, se presentara inmediatamente, como un padre que uniendo la terneza á la tenacidad quiere poner orden á las pasiones delirantes de sus hijos. Tratad de reparar los perjuicios que habéis sufrido; el Gobier­no no omite nada para que lleguéis á este fin. Más de treinta puentes sólidos han sido construí dos en menos de cuatro meses, los caminos de Girón, del Socorro y de V élez al Magdalena igualmente que el de Honda, más concurrido que en otros tiempos, se han mejorado. Tres nuevos caminos que conducirán á Sogamoso y de esta capital á los Llanos están adelantados y permitirán pronto la introducción de ga­nados . . Los de Fusagasugá, de San Antonio y la Mesa facilitan nuevas salidas y acortan la distancia de Neiva, Popayán y Quito. Más grandes ventajas serán obtenidas con la conclusión del camino de Guanacas y de Ti maná á Pasto; el comercio por el mar del Sur se restablecerá con el nuevo camino de Cali, y las especulaciones se dirigirán por el Qyindío para Santa Fe, Antioquia ó el Chocó. En fin, ya el camino de Mariquita á Medellín está entrega­do al público, este camino, tan deseado, tan á m en u do ordenado, se une al que conduce por U rrao al A trato, dará vida á estas Pro­vincias, y el complemento de todas estas operaciones será evitar los peligros del Magdalena en la dirección de Guaduas á Guaru­mo. La J:'rovincia de Muso por sí misma podrá exportar sus ricos productos sin ir á buscar otro territorio. Por lo que se ha hecho en cuatro meses, podéis prever á qué bienes debéis aspirar cultivando la agricultura é industria. Entre­tanto que esta<> mejoras tienen lugar en el interior del Reino, S. E. el Virrey abre los puertos y permite el comercio con el ex­tranjero En su residencia de Cartagena no descuida nada para restablecer vuestra agricultura y vuestro comercio. Sus luces, via­jes y educación en una isla entregada esencialmente al comercio y la agricultura son p ara e te pars una de lai circunstancias más fe­lices. Vuestra posición favorable os da seis vías fáciles para vues­tras especulacione . El Meta, el Magdalena, el Zulia, el Arechica­ya, el Atrato y el Guayaquil, son los canales formados por el To­dopoderoso para vuestra prosperidad; uní o , pue , para alcanzar las mira del mejor de los Reyes, y así no atraeréis más sobre vuestras cabezas nuevas desgracias con ideas estravagantes. Habitantes deJa Nueva Granada: No os expongáis á ver to­das estas esperanzas frustradas. N o olvidéis los tristes recuerdos de un país que no conocía sino por tradición la guerra y sus de­sastres. Recordad también que la sublevación ha sido apaciguada por un ejército de hermano enviados por el Rey, que les prescri­bió minorar tanto omo les fuera po s ible la · consecuencias inevi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 72 BOLETíN MILITAR tables de los combates; todas estas circunstancias favorables son raras, pues una vez la guerra declarada, incendiar las ciudades, degollar sus habitantes, asolar el país, no respetar ni sexo ni edad, hacer del pacífico y humano agricultor un guerrero terrible, ministro de las venganzas de un Monarca irritado, tál es el estado ordinario de las cosas. Cuartel general de Santafé de Bogotá, 15 de Noviembre de 1816. MORILLO No traz.aré de nuevo aquí nuestras privaciones y sufrimien­tos. Obligados á recorrer distancias de cien leguas por montañas inaccesibles y en desiertos abrazados por el sol, sin agua ni víve­res, donde nuestras marchas continuas eran lo menos de las fati­gas, las tropas vencieron todos los obstáculos. Renovaron con su constancia y valor los tiempos de F ernández, U crós, Garcigonzá­lez de Silva, y demás héroes que contribuyeron á someter este te­rritorio á la Corona de Castilla. Hacia n-ediados de Enero de 1817 llegué á Venezuela, donde tuve conocimiento exacto de la situación de la Provincia. No era ya la Venezuela que dejé con las fuerzas necesarias paaa mantener la integridad de su territorio. Un Cuerpo de 3,ooo hombres de caballería mandado por Páez, uno de los Generales disidentes, atacó al General Latorre, dos días antes, en Mucuritas, en el paso del Apure. Catorce ataques consecutivos contra nuestros ya cansados batallones, me enseñaron á conocer que tenía que enfrentarme con soldados y no con unos cobardes aventureros, como me lo habían dicho. Pero los soldados que tenía á mis órdenes se acordaban de que eran españoles, y los enemigos fueron rechazados constantemente. (Continuará) Deseosos de reunir el mayor número po ible de documentos que se refieran á las operaciones militares cumplidas en el país, á fin de facilitar su estudio á nuestra oficialidad, nos apresuramos á insertar en seguida las dos cartas auténticas que verán en seguida nuestro lectores y se refieren á una campaña de indudable impor­tancia por su enlace político con la guerra de 1876, Sr. Coronel Manuel Montúfar.-Prcscnte. Bogotá, Marzo 2.6 de 1876 M u y señor mío y estimado: Hoy que las agitaciones políticas, producidas por la ültima lucha electoral, parece van pasando, y en <]IIC la rnón · el sano juicio deben recuperar su imperio, á fin de poder deducir de los pasados acontcci- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE~'ÍN MILITAR 73 mientos las enseñanzas que ellos nos hayan legado, ya sobre los hombres que han figurado en dichos sucesos, ya sobre sus actos, ya sobre las con­secuencias que lógicamente deban de prenderse de ellos; me atrevo á ocurrir á usted en su carácter de caballero y de pundonoroso militar, á fin de que me haga usted el obsequio de escribirme una página que co­locaré en mi libro de memorias, en la cual relate usted slfs impresiones r sobre todo, su concepto sobre la campaña del Magdalena que co­menzó, puede decirse así, desde el día en que d finado General Joa­quín Riascos desembarcó en Dibulla, hasta los días 7 y 8 de Agosto en que se libró la batalla de San Juan de Cesar y en la cual este malogra­do General murió al lado de usted. Agradeceré á usted mucho, que emita sus opiniones con toda fran­queza, aunque al efectuarlo usted así, aparezca yo censurado, pues si así fuere. creeré que la buena fe y rectitud de intenciones presidirán siempre los juicios de usted. Antes de terminar debo encarecer á usted no se excuse en decir, si sabe que en las veces en que el finado General Riascos mandó á To­marrazón sus comisionados, yo empleara contra éstos, procedimientos contrarios á los preceptos del Derecho de Gentes, y si vio usted algún documento oficial ó carta particular firmado por mí en que hiciera al e~presado General promesas de paz tendientes á embrollar las negocia. ctones. M e congratulo en suscribirme de usted atento seguro servidor, FELIPE FARÍAS Bogotá, Abril 8 de 1876 Sr. General Felipe Farías. Presente. Muy estimado seíior. Con la franqueza que el asunto requiere y sin prevención de nin­guna especie, doy gustoso, con testación á la atenta car_ta que e sirvió usted dirigirme con fecha 26 de Marzo pró.·imo pasado. Procuraré, pues, traer á la memoria mis recuerdos para satisfacer en lo posible sus deseo . Por no cr del caso en esta contestación, pasaré en silencio la pri­mera época de la campaíi:I ültima del Magdalena, que comenzó el 4 de Mayo anterior, con el movimiento revolucionario encabezado en la Ciénaga por el General .Franciscn Lavarcés; y sólo me contraeré á los puntos {L que usted se refiere en su carta citada, haciendo un ligero re­lato de los hechos cumplidos durante el tiempo que usted se sirve in­dicarme. El General Joaquín Riascos, encargado legalmente de ]a Presiden­cia del Magdalena, estando en el deber de restabl~ccr el orden consti­tucional que había sido turbado en el Norte del Estado, y despué~ de haber dado libertad á los prisioneros que tenía en su poder, se puso en marcna desde Santa Marta, el 6 de Julio último, con u Cuartel gene­ral y parte de las miliciao: de la Ciénaga y aira; y al día siguiente se efectuó el desembarco <.:11 d puerto d<.: Dibulla, adonde también llegó, al propiu tiempo, una Comp.liiía de S.unarius, yuc había a anzado con anticipación por el camino de tierra. E tas fuerzas: unidas á los olun- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 74 BOLETÍN MILITAR tarios de Dibulla, ascendieron á unos 400 hombres, con los que el Ge­neral Ria<;cos abrió operaciones sobre el pueblo de Camarones, donde. se sabía que estaban los enemigos del Gobierno legítimo. El día 10 de dicho mes. al llegar la descubierta y la avanzada de nuestras fuerzas all punto de N vío-quebrado, cerca del mencionado pueblo, se encontra­ron con toqas las que usted comandaba, y allí se libró un combate de poca duración; que dio por resultado el triunfo de nuestras armas y la casi completa dis?ersión de su ejército, el cual no pudo m:ted contener por más esfuerzos que hiciera para conseguirlo; viéndose, por tanto, precisado á retirarse al pueblo de Tomarrazón (Teinta) con los restos que le quedaban. Si el General Riascos no ordenó la persecusión inmediata á la de­rrota, que hubiera sido ent·Jnces el medio más eficaz y decisivo para la terminación de la guerra, fue porque obraban en su ánimo, entre otros poderosos motivos que se lo impidieran, el de evitar á todo trance el derramamiento de sangre, y porque se prometía, asimismo, resultados favorables de la comisión confiada al Sr. Dr. Luis A. Robles, quien lo acompañaba desde Santa Marta, donde fue puesto en libertad, y se prestaba gustoso á interponer sus buenos oficios cerca de usted, con el fin de conseguir el restablecimiento dd orden en el Estado. Resuelta la marcha hacia la capital del Departamento, llegámos á Riohacha el día 1 1, y allí se elevaron nuestras fuerzas i 500 hombres, poco más ó menos, con los individuos que espontáneameute se presen­taron. En dicha ciudad, el General Riascos envió varias veces al pue­blo de Tomarrazón otros comisionados cerca de usted, siendo éstos, si mal no recuerdo, el Sr. Presbítero Dr. Rafael Celedón y los Sres. An­tonio Amaya Daza y Luis Pacheco; comisionados que tenían por obje­to recabar la consecución de un convenio honroso, que trajera consigo el afianzamiento de la paz. Ahora, con respecto al tratamiento que us­ted diera á los expresados comisionados, le diré : que no me consta que usted empleara contra ellos procedimientos opuestos á los precep­tos del Derecho de Gentes ; así como tompoco vi documento alguno, oficial ó particular, firmado por usted, en que hiciera promesas de paz que tendieran á embrollar las negociaciones, ignorando yo cuáles serían los términos de éstas; pero sí juzgo que tales negociaciones fueron inú­tiles, toda vez que se rompieron de nuevo las hostilidades. Suspensas ó terminadas ya las negociaciones, el General Riascos supo por una carta de persona respetable dirigida al General Santo Domingo Vila y que le fue á él transcrita, entre otras cosas, que del Banco habían sido enviados en auxilio de usted 120 hombres de la Guardia colombiana, y además, varias cajas de rifles Rémingtons y de cápsulas; entonces se dispuso inmediatamente la marcha para librar el combate antes que dichos recursos le llegaran á usted; y el 2+ por la noche del citado mes de Julio, nuestro ejército se puso en movimiento, acampando el día 27 muy cerca dt~ las posiciones qne usted ocupaba en Stm Pablo, punto inmediato á Tomarrazón: en dicho punto, al practi ­carsc el reconocimiento del terreno, tuYo 1 ugar un tiroteo que no oca­sionó algunas pérdidas, sin que nuestras fuerzas pudieran causar da fío alguno á las de u ted que se hallaban perfectamente atrincheradas. (En este mismo día, si no me equivoco, le llegaron á usted los primeros 1 Jo rilles rémingtons, con su correspondiente dotación, que le fueron remi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT A.R 7lS tidos del Banco; los demás elementos los recibió más tarde, pero siem­pre oportunamente). Convencido, pues, el General Riascos de que en aquellas posicio­nes inexpugnables no podía librar acción sin comprometer su éxito, determinó ejecutar alguna evoluciones estratégicas, á fin de sacar las fuerzas de usted de sus atrincheramientos, para combatir en campo raso con probabilidades de triunfo. Al efecto, nuestro Ejército se mo­vió en dirección á los pueblos de Cotopriz y Soldado, hasta llegar á Hato-mavo; en aquel lugar, sabedor el General Riascos de que usted se hallaba en el punto de Pozo-hotJdo, le dirigió con uua persona neu­tral su última nota, única que yo vi, en la que le manifestaba sus vehe­mentes deseos de evitar el derramamiento de sangre entre hermanos, y lo invitaba á una conferencia que él se prometía fuera el augurio de una nueva éra de paz para el Estado. Si usted estimó prudente dar á la referida nota su coP.testación, ésta no llegó ó no tuvo tiempo de llegar á manos del General Riascos. Estando en el pueblo de Fonseca fuimos informados de la de­fección ocurrida en el punto de Los Corazonts, entre los individuos de la Guardia Colombiana, en su marcha de Valledupar á San Juan de Cesar : pero no llegámos entonces á saber que dicha fuerza, después de sublevada y de haberse regresado, se sometió de nuevo al gobierno del señor Dávila García, y siguió á desempeñar la triste comisión que se le confiara. La noticia, tal como la recibímos, no podía ser más plaustble para nosotros, pues nos veíamos por lo pronto desembarazados del más fuerte de nuestros enemigos; así fue que el día 6 de Agosto salímos del citado pueblo con ánimo de batir á las fuerzas de usted que se hallaban situadas en Bttmavista, lo cual no fue posible verificar por el mal tiempo que ese día nos hizo, y por haber llegado, muy avanzada ya la tarde, á la altura del lugar expresado; por consiguiente, seguímos un poco más la marcha y pernoctámos en El Paraíso. Al día siguiente, teniéndose noticia cierta de que usted con todas las fuerzas á sus órdenes, había levantado el campamento desde por la noche y dirigídosc al pueblo de San Juan de Cesar, los Genc-rales Rias­cos y Herrera acordaron tomar la vía de Villanueva, incorporar á n uei­tro pa o los partidario· de la legitimidad que mandaba el Sr. Juan J. Morales, y sin pérdida de tiempo seguir hasta la ciudad del Valledupar, en la que era de e perarse e nos reunien también la gente del Patilla) que se le había sublevado al finado Sr. Maya. Esta operación militar, que sin duda era la mejor, tenía ademas el doble objeto, de ponernos en comunicación con la Ciénaga, y obligar á usted á que nos atacara en la referida ciudad del Valledupar, donde contábamos tener todas las ventajas de nuestra parte. Pero las cosas estaban dispuestas de otro modo. Una falsa noticia, recibida á muy mal tiempo en el camino, hizo creer al General Riasco que usted abandonaba el pueblo de San Juan y se ponía en completa derrota al saber nuestra aproximación, lo que dio por resultado el cambio repentino del plan acordado, y que enea· minara sus fuen~as al mencionado pueblo con intención de ocuparlo. Marchando en la dirección últimamente indicada, :omo á las sie­te de la noche dd citado día 7 de Agosto, se rompieron los fuegos á lé! entrada de la población, y pronto el combate se hizo general y san- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 76 BOLETÍN MILITAR griento, sostenido con ardor por una y otra parte. (En el curso de la noche llegó al campamento de usted la fuerza colombiana que nosotros suponíamos muy lejos del teatro de los acontecimientos). Al amanecer del día 8, el combate se encarnizó con mayor fuerza ; los fuegos, más nutridos y mejor dirigidos, hicieron estragos considerables en nuestras filas ; y á las ocho de la mañana, después de la muerte del valeroso General Riascos, todo quedó terminado con la victoria completa que usted alcanzó en aquella jornada, sobre nuestras fuerzas, bastante debi­litadas ya, y además en desconcierto y desalentadas por la irreparable pérdida de su distinguido Jefe. Fuera de la muerte del General Rias­cos, tuvimos que lamentar otras muchas desgracias de Jefes, Oficiales é individuos de tropa, que perecieron en el referido combate en cum­plimiento de su deber. Las pérdidas que usted sufrió en su Ejército, si fueron menores, no por eso dejaron de ser considerables. Es llegado el momento de manifestar, que el trato que usted usó con los prisioneros de guerra, entre los que yo me encontraba, fue siem­pre decente y caballeroso; no autorizando vejamen de ninguna especie. En cuanto á los habitantes de San Juan de Uesar, sin distinción de co­lor político, ellos se mostraron hacia nosotros con sentimientos magná­nimos y humanitarios, de los que, en cuanto á mí, les estaré siempre reconocido. Acaso he sido demasiado prolijo, tratándose de los estrechos lími­tes de una carta; pero usted se servirá dispensarme, en atención á que sólo he procurado corresponder á los deseos de usted; y por esta razón me permito, al terminar, emitir mi desautorizado juicio acerca de los sucesos cumplidos en la última campaña del Magdalena, y de las con­secuencias que naturalmente se de~prenden de ellos· El General Joaquín Riascos no asaltó el poder como arasionada­mente se ha dicho; la causa de su advenimiento al Gobierno del Esta­do, fue la abdicación del Sr. Ignacio Díaz Granados, que luchaba en vano contra la opinión; y usted recordará que el primer paso del Ge­neral Ria cos, al encargarse del Ejecutivo, fue dirigirse á varias perso­nas de influencia en los Departamentos, solicitando su apoyo para la buena marcha de la administración. De manera, que él no creó en el Estado una situación anormal; se puso al frente de la que encontró creada; y su carácter nobilísimo y abnegado, lo indujo á corresponder á la confianza que los pueblos habían depositado en él, llevando su heroísmo y su consagración al servicio público, hasta el punto de ofrendar su vida en defensa de la soberanía del Estado, de la causa de la justicia, del derecho y cie la legitimidad que él representaba. Yo, que tuve el honor de acompañarlo en aquella desgraciada campaña, fui testigo de muchos de ·us actos; y puedo asegurar á us­ted que él hubiera devuelto la tranquilidad á aquella importante sec­ción de la República, si el Gobier.1o general, obstinado en falsear :Í todo trance el sufragio de los pueblos, haciendo uso de las armas y el Tesoro de la Nación, no hubiera escogido corno teatro de sus designios á aquel infortunado suelo. De su .... rte que si usted no cuenta con el apoyo que le prestara dicho Gobierno, hoy no tendríamos que lamen­tar d menoscabo de la soberanía de aguc..:l Estado, el que además se vio regado con la sangre de multitud de víctimas, cutre las que figura el nunca bien sentido General Riasco ·. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. noLET:ÍN MILITAR 7'1 ¿ Qué surgirá de todo esto ? Que la situación política de aquella ección será cada vez más precana : que los círculos harán más en­carnizadas sus luchas; y cuando esto suceda, los que hoy han celebra­do como un suceso próspero la muerte del General Riascos, habrán de echarlo de menos, al pasar revista en las filas de los leales sostenedores de las instituciones republicanas, conculcadas por los mismos encarga­dos de custodiarlas. DisiRlule usted mi franqueza en el modo de hacer las apreciacio­nes anteriores, y créame su sincero y atento seguro seruidor, MANUEL MONTUFAR ---·· ... --- VARIEDADES POR SANTIAGO PÉREZ Punto de parti da-Ansermanuevo-Paso de la montaña-Juntas de Tamaná (Continúa) En aquel punto debíamos subir sobre nuestros respectivos cargueros, que allí nos aguardaban, el largo bordón en la mano, unos cortos calzones Je la cintura al muslo por único vestido, y sin más apero quP. la silla de guadua sobre los lomos desnudos. La escena apenas podía ser menos interesante ; sin embargo, por el lado filosófico tenía más grande significación. Allí estaba la digni­dad humana parodiando el servilismo bestial. Ibamos nosotros, para estudiar y conocer el país, por la sen­da por donde, para devastado, venían ántes de la conquista, los indí­genas del Chocó ; y no sólo llevábamos la senda misma, sino que la hallábamos en el mismo estado, como si apenas estuviera salien­do 1de ella el salvaje del siglo XIV para que entrara el hombre civilizado del XIX. En trescientos años que llevam s de vida, y yo no sé cuántos de •civilización, nada hemos hecho para salvar esa muralla de montes que separa el Edén dd Cauca del Dorado del an Juan. La silla era una simple armazón, á propósito para hechársela á uno á cuestas de cualquier modo ; y estaba compuesta de dos tablillas como de una vara de largo r algo menos de ancho, for­madas de fajas de guadua unidas estrechamente, que al juntarse ha­cían un ángulo agudo, uno de cuyos lados medía todo el dorso del sustentante, mientras que el vértice era de la íntima vecindad de su coxis. Tres anchas cintas de un fortísimo bejuco, una de las cuales señía las sienes, y las otras dos, cruzándose, entramb.:>s hombros1 sujetaban la silla completamente. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 78 BOLETlN MILITA.R Sobre la tablilla restante, que salía del cuerpo del carguero como una espina, y que estaba sujeta á la otra por dos cuerdas la­terales, nos acomodamos, sentados como Dios fue servido permi­tirnos, dejando caer, á no poder más, los pies sobre un estribo pendiente de la misma silla. Y nos echámos á andar, mirando más ó menos hacia arriba, según que nuestro porta persona tenía que inclinarse más ó menos hacia abajo. De este modo tuvimos que consignarnos en cuerpo y alma á la buena fe, y sobre todo, á las buenas piernas de unos hom­bres á quienes ni de visttt conocíamos, y en unos sitios que por primera ocasión íbamos viendo al revés, como que al fin cada uno de nosotros no era sino la espalda mirona y pensativa de un animal, semejante nuéstro, que había asumido sobre la suya nuestra res­pectiva personalidad. Era de esperarse que desde el momento en que el hombre en­traba á refundirse con las bestias, haciendo su oficio, depusiera ipso facto toda pretensión á aristocr;).ticas categorías. Pero ¿quién ha dicho que no existen éstas hasta entre los irracionales? Existen; y las mismas, por tanto, se observan entre los cargueros, los cuá­les, en cuanto bestias, se dividen en dos clase : los de silla y los de carga, ni más ni menos que los caballos. Los cargueros de silla lle­van gente, los de carga llevan /íchigo. U na especie de cesto de figura cónica, formado con una red de bejuco, cubierta por am hos lados con las anchas y dobles hojas de bihao, y dentro del cual va todo al abrigo de la intemperie, es lo que esdrújulamente se llama líchigo. Después de hacer tomar la iniciativa á ]os lichígueros, por un refinamiento de prudencial etiqueta, desfilámos de dos en dos, esto es, de uno en uno con otro encima, formando una procesión sui géneris de escenas más cómicas que místicas, y sin más en cada paso que un santo mártir y un nazareno. U na vez in!:. talada la persona en la ango ta silla, y dada la voz de marcha, hay que entregarse al más completo quietismo, porque en aquellas veredas desiguales y breñosas, en donde cada paso que se da es una dificultad vencida, el más pequeño movi­miento de la individualidad superputsta produce una especie de terremoto, que, alterando al viandante todos sus cálculos de equi­librio, no le deja dominar la situación, teniendo lógicamente que dar en tierra con entrambas humanidades. Antes de corridas dos leguas, caminando de Anserma nuevo al O. casi en línea recta, primero por la llanura despejada de los ángulos del Valle del Cauca, al pie de los cortos e&tribos que la gran cadena occidental desprende hacia el E, y después pasando y repasando una quebrada que parece enredada en los pies del viajero, como que llega á perderse la espe ranza de verla por últi­ma vez, la selva se va haciendo más tupida, y empieza á treparse la montaña. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 79 Pertenece ésta á Jos terrenos de transición ; y tiene su eje principal en la dirección N-N- E. A su costado oriental se dilatan, por el lado N., las tres riquísimas Provincias de la antigua Antio­quia, cuyos abundantes criaderos de oro están en la misma cordi­llera, y por el del S., el fértil y hermoso Valle del Ca u ca, de terreno sedimentoso. Mientras que á su costado occidental se estienden las dos hoyas, del San Juan, que va al Pacífico, y del A trato, que va al Atlántico, separados sus dos valles de altura desigual, aunque inferior Jade ambos á la del Cauca, por el corto istmo de San Pa­blo, de una legua y mil metros de anchura. Por este mismo costa­do bajan perpendiculares al eje principal de la cordillera cinco lar­gos estribos que separan los lechos de cuatro pequeños ríos tribu­tarios del San Juan. El punto más elevado de esta dilatada cordillera se hal1a en los farallones del Citará, á los 3,300 metros sobre el nivel del mar; y aquel por donde íbamos nosatros á atravesarla apenas alcanza, en Palo Gordo, que es el de mayor elevación, á 2,465 metros. (e ontinuar á) ----4·-- - GEOORAFIA DE I.A AMERIOA I.A!J:'INA HONDURAS• DISTRITOS (DEP .A.RTAM,EN1'0S) Y MUNIOIPI03 Tegucigalpa TEGUCIGALPA, Comayaguela, Santa Lucía, Valle de los An­geles, San J uancito, San Antonio Cantarranas, Talanga, Cedros, Guaimaca, Sabanagrande, La Venta, Ojojona, Reitoca, Curarén, Támara, La Bodega, Marale, Lepaterique, Maraita, Tatumbla, Armenia, San Buenaventur:1, SanJuan de Flores 25. O lancho J uticalpa, Catacamas, Campamento, Concordia, Salamá, San Francisco de la Paz, Manto, Gualaco, San Esteban, rocón IO. El Paraí o Yuscarán, Güinope, Daulí, J acaleapa, El Paraíso, Texiguat, . San Lucas, Soledad, Liure, 9· Cholutcca Choluteca, San Marcos, El Corpus, Pespire, Orocuina, Con­< cepción de l\.1aría, 6. ( 1) "En todos los Municipios, menos los que van en bastardilla, existe oficina tele­{ gráfica; en los otros sólo hay administración de correos. Con un • se marc~n los puntos ( donde hay Aduana. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80 BOLETÍN ~HLITAR El Valle Nacaome, Amapala, Goascorán, Coray, Langue-, La Brea, San Lorenzo, Aceituno, Aramecina, Caridad, Alianza, 1 r. Coma yagua CoMA y AGUA, el Rosario, Siguatepeq u e, San José, Protec­ción, Villa de San Antonio, Esquías, Minasdeoro, Lamaní, Ell Espino, La Libertad, Meám bar, Cuevas, 14. La Paz La Paz, Santa María, ..Marcala, San Antonio del Norte, Opa­toro, Aguanqueterique, 6. Intibucá. La Esperanza, Guancapla, Ca masca, Jesús de Otero, Masa­guara, Magdalena, Colomoncagua, 7. Gracia Gracias, Evandique, Candelaria, Mapulaca, La Virtud, Va­lladolid, Guavita, Gualcince, Belén, 9· Copó. u Santa Rosa, Corquín, Santa Rita, El Paraíso, Ocotepeque, San José, San Marco , ·rrinidad, San Nicolás, Cucuyagua, Sen-· sen ti, La Florida, San Agustín, Santafé, r 5· Santo. Bárbara Santa Bárbara, Colina·, San Luis, Trinidad, Naranjito, Minas de Santa Cruz, Quimistán, N acuclizo, Atiura, San Nicolás, Ilaura, San l\1.arcos, Scguaca. r 3· Corté& San Pedro Sula, Choluma, San Manuel, Río Blanquito ó Baracoa, ·ralpetate, * PuERTO CoRtEs, La Laguna, Potrerillos,, Santa Cruz de Y ogoa, O moa, V illan u e va, La Pimienta, El Paraí­so. 15. Y oro Y oro, Jocón, Arenal, Olanchito, Sulaco, Yuruca, Yorito, Tela, Colorado, El Negrito, Progreso, Morazán 12. Coloro *·Trujillo, *La Ceiba, Ilanga, Sonaguera, El Porvenir, Ba-­rra de Aguan, Barra de Limón, Iriona, Balfate, El Salado, Juan López r 1. Isla. de la llu.hía. * Roatán, Utila, Guanaja 3.-166. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 113

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 125

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 125

Por: | Fecha: 11/11/1899

~NOIII Bogotá, Noviembre 1 1 de 1899 NUM. 125 ---·--- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DtRLCTOR AD-HONOREM, FRANCISGO J. VERGARA y V. Coronel, M1embro de la Sociedad Colorol1iana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República O F I C I L :e~ 1699 ( 20 DE OCTUBRE) pJr el cual :~e determinan las funcione5 de los Jefes Civiles y Militan:l El Prnidentt dt la Rtpftbf,ca Vistos los artículos 61 y 121 de la Constitución, DECRETA Art. 1. 0 Los Gobernadores, en su carácter de Jefes Civiles y Mili­ares, quedan investidos de las siguiente facultades: I .... Las que por las leyes y ordenanza vigentes corresponden á los Gobernadores; z.• Organizar ]as fuerzas militares que se:,.n necesarias para el res­• tablecimiento del orden y ponerlas á disposición del Gobierno; 3.• Nombrar, con aprobación del Gobierno, los Jefes de las fuer­ ·zas que se organicen; 4 ... Dirigir las operaciones militares que el Gobierno ordene y confíe á su dirección; 5 ... Prestar los auxilios que los ejércitos de operaciones ordenadas por el Gobierno les pidan mientras estén en el territorio de su mando; 6.& Decretar las expropiaciones y empréstitos forzosos ó volunta­xios que las circunstancias demanden; 7 ... Destinar á los gastos que exija el restablecimiento del ordea el producto de las rentas y contribuciones del Departamento; 8. • Las demás que delegue el Gobierno. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~18 :BOLETÍN MlLIT.AR Art. 2.. 0 Los Jefes Civiles y Militares que funcionen en territo­rios á donde no pueden lh.gar fácilmente ]as órdenes é instrucciones del Gobierno, quedan facultados para obrar discrecionalmente, según lo demanden las circunstancias. Comuníquese y publíquese. Dado en Anapoima, Departamento de Cundinarnarca, á 20 de Oc-tubre de I 899. MANUEL A. SANCLEMEl TE. El Ministro de Gcbierno, RAFAEL M. PALACio.-El Mini tro de Relaciones Exteriores, CARLOS CuERVO MAR~UEZ.-E ~ Ministro de Ha­cienda, ÜARLOS CALDERON.-El Ministro de Guerra, Jo É SANTos.­EI Ministro de Instrucción Pública, MARCO F. SuÁREZ.- El Ministro del Tesoro, JoRGE HoLGUÍN. (24 DE OCTUBRE) po1 el cual se anexa el ca-.erío de La PradPra al Distrito de Zipaquirá El Presidente de la Rt.':Pública. CONSIDERANDO Que la Empresa de La Ferrería de La Pradera ha sido y es c o mide­rada por el Gobierno como de utilidad pública; Que á pesar de haber sido ocupada por fuer7. é instrumentos quirúrgicos de que deba estar provista -cada ambulancia. Art. 4. 0 La ambulancia estará á órdenes del respectivo Médico Jefe, tanto el personal como el material y bestias para el transport~:. Art. 5° Se proveerá al Médico Jefe y al Cirujano Mayor de una bestia de silla y otra de carga para cada uno; y de una bestia de silla para cada uno de los médicos de Batallón y practicantes. Además se dará á cada ambulancia las bestias de carga para el transporte de lOi botiquines. Art. 6. 0 De los materiales y bestias pertenecientes á las ambulan­cias no podrán disponer ni el Jefe de la División ni ninguna autoridad militar, para otro servicio diferente del á que están destinados. Art. 7.0 Si el Jefe del Ejército 6 Divi ión ordenase la separación de parte de las fuerzas, pedirá al Médico Jefe la parte de la ambulancia que le corresponda, tanto en el personal como en el material. Art. 8 ° El personal de la ambulancia procederá en sus funciones .de acuerdo con las disposiciones militares y el Jefe de la División. Comuníquese y publíqucse. Dado en Anapoima, Departamento de Lundinamarca, á z6 de ctubre de 1899. MANUEL A. SANCLEMENTE. El Ministro de Guerra, JosÉ SANTOS :OE 1a99 (3 1 DE OCTUBRE) p.or el cual se crea y organiza una Maestranza para la confecci6n de vestuarios para el Ejército El Presidente de la República CONSIDERANDO . Que en las actuales circunstancias no son suficientes los talle­es que tiene establecidos la Sociedad de San VicentUS jefes de hile­ra, á 1 ~ metro de ellos y bi n alineados. A.sRIR Y CeRRAR FILAS. Abran las filas. MARCHEN: la se­gunda fila retrocede hasta que se encuentre á 6 metros de distan­cia de la primera y el guía avanza 6 metros. Cierren las filas. MARCHEN. Se ejecuta el movimiento inverso. Retroceso: Pelotón á retaguardia. Marchen . .El guía y los jinetes retroceden paso á paso hasta oír la voz peloton: ALTO. MARlH '\ EN tsATALLA. El guía dirige la marcha colocado delante del centro; con un ge to i~\dica el punto de dirección que debe observarse y manda: de frente, MARCHEN. El sargento sigue tras el guía sin pt'rJe r Ja distancia. Si se encuentra un obstáculo que impida á algunos jinetes marchar en línea recta, sin esperar voz ni orden alguna se colucan como fila exterior tras de los que han podido avanzar, para volver luégo á su puesto. Si el terreno está lleno de obstáculos la marcha se ejecuta á volantad, y vencidos aquéllos se ordenan de nuevo las filas á la voz de Reunión. El mo­vimiento se ejecuta al galope si el pelotón estuviere desordenado. Media vuelta individual á la izquierda (ó á ]a derecha), MARCHEN. A esta voz los jinetes se detienen y ejecutan el movimiento orde­nado. El guía hace lo mismo y atraviesa ráptdamente el pelotón de modo que se encuentre siempre á su frente. Si el guía mandare reu­nión después de dar media vuelta, atraviesa el pelotón, el cual queda formado en batalla delante del guía que se situará tras el centro. CoNVERSION SOBRE EJE FIJO-Pelotón á la derecha. Pelotón media vuelta á la derecha. Pelotón á la semiderecha, MARCH.EN.-­El guía y los jinetes mueven sus caballos hacia adelante, y prin- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETÍN MILI'l'AR cipian á conversar. El guía indicz con un gesto el punto hacia el cual debe marchar el pelotón después de la conversión. El Cabo que sirve de eje gira en su sitio, cuidando de no retroceder; el otro Cabo describe un arco de círculo. Los jinetes de segunda fila, si la hubiere, desde d principio de la conversión ganan terreno hacia el ala d e mm·clw, de mcHlo que cada uno rebase en dos jine­tes á su jefe de hilera, hacia afuera, para entrar paulatinamente despues á su puesto al terminar el movimiento. Para la media vuelta el guía nbra como si se hubiera mandado dos veces á la dere­cha sucesivamente. Cuand0 el ala de marcha e. tá próxima á llegar á la nueva línea, el jefe manda iAlto 1 Los jinetes se detienen y los de segunda fila se colocan detrás de sus jefes de hilera. Co VERSI O SOBRb. EJE MOVIL-Girar á fa derecha (izquier­da); D e jrcntt·. AL. RCHEN - El guía indica, además, los movimien­tos con el ge · to. El eje describe un arco de círculo de 15 metros de radio ; d Sargento sigue al guía ; si h1y fila exterior, esta apura el pa ~ o y regula su movimiento s >bre el jinete del centro. A la oz D r frente, que debe dar e cuando el guía llega á la nue­va dircc ión de ma r cha, el eje y tod o s Jos jinetes avanzan al paso que llevaban antes de la conversión. MARCHA OB, ICUA - ObFa' o a la dn·t-• cha (izquierda), MAR­CHE1' - El guía y el Cabo de la a la de marchJ. dan media vuelta á la derecha (izquierd a), y i guen de re ho, de frente, sobre la n ue­va dirección ; los demás jinetes oblicuan poco á poco, apenas tie­nen el es paci necesario, colocando cada u no de ellos la rodilla derecha atrás de ht rodilla izquierda de su vecino de la derecha. CoLUM NA POR CUA'I RO o POR nos- En la columna por cua­tro, por dos ó por uno, Ja distancia entre las filas se reduce á la mitad para disminuír la profundidad de la columna. a) RoMPER POR CUATROS O POR DOSES - Estas rupturas no se ejecutan sino por la d erecha del p elotón. Cuando e rompe é · te para plegarlo en columna, el guía se coloca 1 "'.50 adelante del centro de la ó la primeras hilera , y dirige la columna. Estando el pe­lotón á ptc firme, á la o·z de Por cuatros, M RCHEN, la segunda fila cierra á media distancia sobre la primera ; las cuatro hileras de la derecha avanzan de frente, y oblicuamente la siguen las otras fracciones de cuatros hasta entrar en la columna. Para ejecutar el movimiento por doses, avanzan las dos hileras de la derecha y siguen las otras; si ya se está en columna de cuatros, el primer grupo de estos rompe por doses y los derrás hacen lo mismo ape­nas tienen espacio para ejecutar el movimiento. Para volver á la columna de cuatros, marchando en desfilada ó por doses, se manda: marchen por cuatros, MARCHEN. Las dos pri­meras hileras se ponen al paso; las dos que le siguen se colocan al lado de las anteriores oblicuando á la izquierda hasta que se el:l­cuentren á la altura de las primeras, y dan frente á donde lo tiene Ja columna. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'.riN MlLl'l'AR e) MARCHA EN' COLUMNA-Formado el pelotón en columna, el jefe manda: de frente, MARCHE~, y llegado el caso, columna, ALTO. Para viaje se u~a la columna por doses, y en los caminos m..tlos se impone la fila india. En los cambios de dirección el arco de círculo que debe recorrer el guía medirá 5 metros de radio, y lo sigue la primera fila de las cuatro (6 dos) hileras de la derecha, qu.... forma la cabeza. La marcha oblicua individual se ejecuta del mismo modo que en batalla. Para doblar el fondo el movimiento se ejecuta al trote si la columna v::t al p.1so, ó al galope si está al trote. d) DESPLIELJUEs-Marchando la columna al trote ó al galo­pe, á la voz de en bataflr¡, M \RCH EN, el guía y las cuatro (dos) primeras hileras se ponen al paso después de haber avanzado 6 metros; las otras fracciones de cuatros oblicuan á la izquierda, avanzan en esa dirección, ganan su puesto por el camino má! corto y dan fr'!nte al frente seiíalado para la línea de batalla. El guía se coloca en el centro, y la segunda fila se establece á I! me­tros de la primera. Marchando la columna al trote ó al galope, á la voz de á la izquierda en batalia, MARCHEN, el guía y las primera<; cuatro (do) hileras giran á la izquierda y se ponen al paso tras avanzar 6 me­tros eP esa dirección; las demás fracciones continúan marchando en la direción que llevaban, y cada una gira sucesivamente á la izquierda y va á situarse á la izquierda de la fracción que la pre­cede. Si se quiere detener la tropa antes de que la formación haya concluí do, se indica al gub el punto donde el pelotón debe dete­nerse: al llegar á él el guía y las hile1 as ya en línea se detienen y las otras van á colocarse á la di tancia normal. CARGA- Las condiciones de la carga on la rapidez de la marcha, la cohesión de las filas y la impetuosidad y el vigor del choque. El galope de carga se adopta alll-::gar á 300 pasos del ene­migo, y se prolonga hasta 700 ú 8oo más allá de él. A la voz de · reunión los jinetes ponen al hombro el sable ó la lanza, moderan la velocidad, y el pelotón recobra su formación detrás del jefe, quien continúa avanzando hasta el punto conveniente. La reunión -se ordena á vanguardia cuando la carga fue feliz, y á retaguardia en el caso contrario. Toda carg~ se ejecuta en batalla, á ser posible por escalones, y será precedida por patrullas encargadas de avisar la presen~ia del enemigo y de reconocer sus posiciones y movimien­tos. Para reconocer el terreno uno ó do5 jinetes preceden al pelo­tón á un centenar de metros. CARGA E N FORRAJEROS -Esta carga, única rac:ional con ji­netes poco veterano:, comprende dos movi1nientos: 1 . 0 , la disper­sión de los jinetes; 2.0 la carga. A la voz de En forrajeros, lo· jinetes parten á galope, desenvainan el sable ó enristran la lanza y se dispersan en abanico hacia el frente hasta ocupar una exten­sión de unos 200 metros: los jinetes de l. e fila toman intervalos poco más ó menos iguales; los de 2.• se colocan á la altura y un Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .BOLE'l'ÍN MlLlTAB poco á la izquierda de su jefe de hilera. Los jinetes tratan de ro­dear al enemigo, y cuando en el ejercicio han recorrido unos 150 metro:; al paso de aire de carga, el jefe manda tocar reunión. A este toque los forrajeros se ponen al paso y el pelotón recobra su for-ación normal á espaldas del jefe. ExPLORADOREs.-Los jinetes que hacen el servicio de segu­ridad á veces tienen que emplear la carabina: detrás de un obstácu­lo infranqueable pueden desmontarse para disparar. Las señales que se transmiten á los exploradores son ALTO, REUNIÓN, ROMPAN EL FUEGO, ALTO EL FUEGo, las que siempre se darán con pito y nuu­- ca con el clarín. CoMBATE A PIE- A la voz de combate á pie los jinetes se de­- tienen y ejecutan el m.ovimiento prescrito para echar pie á tierra, pero los números 2 no se desmontan. En cada f.la los números I, 3, 4, después de des montarse pasan las riendas por sobre la ca­beza de las bestias; los números I y 3 las entregan al número 2, quien las toma á unos 0.30 de su extremo; el número 4 enganch" hs de su montura á la anilla de rit-ndas del caballo número 3· Los números 1, 3, 4, se forman sobre dos filas á vanguardia del pelotón, en el orden en que estaban montados, y después de pasar las cartucheras al co~tado rompen el fuego. En la defensiva puede ordenarse que un solo jinete tenga las riendas de los caba­llos de una fila: el hombre de ignado se desmonta y coloca en d brazo plegado las riendas de los caballos agrupados en torno suyo. Formado el pelotón á pie, el jefe designa las hileras que deben constituir el sostén y á la cla e que ocupe el centro de la cadena de tiradores se indica la línea que dt!bcn ocupar aquéllos ó la direc­ción en que deben avanzar. Después se manditarios que contieM toda carne y al desarrollarse e transforman en gusanos (lom­brices) intestinales. La carne de caballo muerto en buen e tado de sa­lud es buena (2); si está muy flaco ó ha pasado varios días casi sin comer es poco nutritiva, la carne de caballo se distingue de la de res por su color má. oscuro y c;us fibras más apretadas, y aun cuando menos sápida es igualmente propia para la alimentación. Para hacer una buena sopa se necesita U71 kilogramo (dos libras) de carne por 4 litros (4 botellas grandes) de agua, 16 gramos (media onza) de sal y 6o gramos (2 onzas) de verduras. La carne s€ pone en el agua fría que se calienta lentamente á fuego moderado : el agua de la olla debe reducirse á una tercera parte durante la cocción, ósea á fuerza de hervir. Si ya hecho el caldo se le agrega agua para aumentar su canti- ( 1 J La buena carne es roja y firme sin ser dura, y no dt>be eles pedir ningún olor JU presentar en su superficie mucuosidades ó vetas marm6reas. (2) Bueno es combatir la preocupación que reina en nuestro pueblo sobre el uso­tle la carne ele caballo, mula y asno, alimento completo, lo cual permitiría en más de una. ocasión, en campaña, aprovechar riqueza que se suele desperdiciar lastimosamente en. ocasiones decisivas como cuando se abandonan en los paramos caballos que perdie­ron el casco por falta de herraduras, que se matan en una caída, ó los heridos en comba­te. Recuérdensc los episodios de la Conquista aobre el particular. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE1'ÍN .MILITAR 435 iad, pierde sus mejores cualidades como alimento. Hasta cuando se carece de pan es preferible hacer la sopa ó el caldo, que comer muchos días seguidos carne asada ó frita, cuyo uso exclusivo engendra la disen­tería. El talento del cc.cinero está en hacer hervir largo tiern po el agua ~ fuego lento, á fin de que el jugo de la carne sature el agua y se pro­duzca un caldo realmente nutritivo. Para convertir un kilogramo de carne en caldo, debe hervir el agua tres horas por lo menos : en menos tiempo sólo se obtiene un jugo graso que no equivale al consomé. Junto con las cualidades nutritivas deben venir las del buen sabor para que sea agradable, y además la sopa debe variarse con la adición de legumbres, en especial de las refrescantes de que por desgracia no se hace tanto uso como se debiera. Una ó dos veces por semana con­nene cambiar la sopa por rata, ó sea carne asada con papas, cebollas, zanahorias, etc. Las carnes saladas (cecina) son poco nutritivas; á ser posible, pre­ferible sería el uso de conservas y extractos. El arroz, alimento de primer orden, bien cocido con un poco de carne, previene y aun á menudo contiene la diarrea. Las papas, sin ser muy nutritivas, se digieren bien, y como se las halla donde quiera en las tierras frías, son un gran recurso para las tro­pas en campaña : prohibir el uso de las que no están suficientemente maduras, y de las ma1uhadas y 1/dtidas. Las julianas ó conservas de legumbres, desconocidas ag uí, pueden ser de gran auxilio, como que ciertas legumbres (zanahoria, remolacha, etc.) cortadas en tajadas, se reducen á volumen tan pequeño y tan fácil de transportar, que 2 5 gramos sumergidos en agua algunas horas, repro­ducen diez veces el volumen de las frescas : una carga de este artículo alcanzaría para formar 12, soo raciones. El maíz: inútil c5 hablar de este precioso grano, recurso sin igual para la!> tropas, como sustancia con que se prepara la mazamorra y la arepa, que tostr1do es alimento de marcha, es la base de la chicha, etc. En las tierras calientes, la yuca, batata, arracacha, fiame, plátano, etc., procuran á la tropa alimentos tan sanos como nutritivos y desco­nocidos para el soldado en Europa. En especial debe citarse el plátano, tesoro irreemplazable de los países tropicales, como que una hectárea produce al año 6o,oo~ kilogramos y diez cargas bastan para alimentar un batallón en un día. La panela, artículo abundante por fortuna en estos países, es otro bién que no se aprecia como se debiera : 2 onzas de ella bastan para dar fuerzas á un hcmbre de suerte que resista la jornada del día, por lo cual un pedazo, comido dura~te el gran alto de medio día, quita ]a fatiga de la marcha de la mafiana y da vigor para hacer con brío la marcha de la tarde y esperar el caldo ó la SOfa que se prepare en el sitio de la dormida. En consecuencia, es en extremo convenieate que Jos Jefes y Oficiales traten de que la tropa haga uso diario de la panela como alimento reparador. En ciertas regiones paramunas se acostumbra moler juntos maíz y café tostados con panda, preparando así una harina nutritiva y tónica por excelencia, y muy adecuada para obtener con rapidez un líquido no del todo desagradable y que prestará eficaz servicio en circunstancias apuradas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~36 BOLETÍN )flLITAR La harina de trigo no tiene entre nosotros la importancia que .t'n el Extranjero, por cuanto aquí la tropa no prepara el pan : debe ser de color blanco amarillento, sin puntos de otro matiz, seca y suave al tacto, adherente á los dedos, que forme pelota al comprimirla en la mano ; sin granulaciones ni 5eñales de fermento, ni mal olor de nin­guna especie. El pan para que sea bueno, debe tener color moreno, indicativo de que está bien cocido ; presentar ojo¡, ó sea intersticios en la miga; no estar aplastado como arepa; ser elástico, lo cu.tl es signo de que la masa fermentó convenientemente; la miga debe volver á es­ponjarse después de comprimida y no contener grumos y pelotas ; en fin, debe ser seco y tener un ligero sabor á avellana. En veintic u a ero horas un horno no puede dar más de 16 hornadas de pan, y no pueden ·.cocinarse á la vez sino 12 panes de om.2 3 de diámetro por metro cua­drado de horno. En Europa la ración de pan pesa 7 so gramos (libra y media), de suerte que 6 arrobas de harina, adicionados con 4 veces su peso en agua, apenas dan 1 6o raciones. El pan debe 1uddr veinte horas, y no conviene distribuírlo ó cargarlo sino veinticuatro horas de.>pués de 3U salida del horno : el ordinario se conserva de cinco á seis días en tierra cálida, y 10 en el páramo; el abizcochado resiste veinte días. Las legumbres feculentas constituyen alimentos ricos en ázoe y .carbono. Las lentej ts , guisantes, habas, garbanzos, contienen hasta 4 por 1 o o de ázoe y 4 3 por I oo de carbono, en tanto que 1 a papa no en­cierra sino 0.33 por 100 del primero y 11 por 100 del segundo. El queso también e ·, al imento nutritivo; pero nada reemplaza la carne, porque su analog(a con la de nuestros tejidos la constituye el alimento por excelencia en campana en las tierras frías. La sal es indispensable al organismo, pero no debe ingerirse más de una onza al día para no irritar el tubo digestivo; la pimienta y el ajf fa­cilitan la digestión de los vegetales, pero su abuso torna perezosos loa intestinos y deb:n combatirlo los superiores. Los ajos y la cebolla usados con moderación, son buenos condimentos. Las frutas maduras y comidas sin e ageración aprovechan al orga-ísmo : en tie,rra cálida los jefes deben vtgi1ar su uso, porque las hay nocivas para los naturales de tierrct fría, y porque aun de las sanas el abuso provoca diarrea , disenterías y fiebres que diezman los efectivo¡ disponibles. En tesis general, no debe permitirse su comida sino en la mafiaoa. En conclusión : en tierra caliente, allí donde hay sol, por decirlo así, la base de la c.omida de la tropa debe ser veget¡¡J, ó sea á la inver a ile la conveniente donde hay frío; la ración que el soldado necesita e .campaña para resistir las fatigas sin emfermar, ha de ser de 3 libras dia-ias, por lo men os, pero recordando que se debe comer para vivir, y no ~ivir para comer, y que el soldado necesita ración doble ó triple cuan­a o en el día se le hace recorrer el doble 6 el triple de lo que es u a -- ornada ordinaria. NoTA-Una res da el 4S por 100 de su peso bruto en carne uti­f izable, y si ese 45 por 100 es inferior á 2 so kilogramos para e l tor , 160 para la vaca y 2 5 para el cordero, bien puede temerse que la car e sea de calidad mediocre : de ordinario un toro gordo da raciones para un. batallón en un día, un cordero sólo alcanza para media compafi·a ;y un cerdo cebado para 1 01') hombres. {Continn11ri) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BULETfN MILITAR 431 LOS PUERTOS Ó BOQUERONES (1) 1-Definiciotle6 Al analizar geográficamente la superficie del planeta fácil fue demostrar que las formas generales del relieve tienen sus cau­sas que dan luz para guiarse en d aparente dédalo de sus comple­jas nervaduras. Ahora bien: como los pasos ó pue~tos son simples quiebras de las crestas montañosas, es decir, hacen parte inte­grante de ellas, también en su forma y distribución en cada co­marca deben obedecer á ciertos principios ó leyes cuyo conoci­miento es urgente necesidad para el militar. En efecto, el puerto tiene su razón de ser en cuanto hecho geológico, á veces acentua­do aun más por la interve:1ción de los agentes meteóricos, y su lugar determinado como consecuencia de las leyes que han engen­drado las montañas. Mas ante todo conviene en el asunto separar el lado técnico del práctico, es decir, tener P' esente que no todo paso ó depresión cuya posición deducimos de los princ: pi os teóri­cos tendrá igual valor comercialmente hablando, ó sea para las re­laciones ordinarias de los habitantes que moran en los valles sepa­rados por una cresta montañosa. También debemos observar previamente que por su configu­ración la mesa no presenta pasos ó puertos, y que si está cruzada. ó rodeada por montañas como la Sabana, los pa os de éstas caen bajo el dominio de las leyes comunes; el paso ó pu("rto no existe sino en la cadena ó cresta y en el macizo. Verdad que la situación ó distribución de lo pasos varía con la estructura particular de cada sistema, pero esto no es inconw·niente por cuanto los pri - cipios puedelf generalizarse y se aplican por igual á las escalaS! geográfica y topográfica. Sabido es que el puerto ó paso deriva su importancia de que:)­por decirlo así, derrib
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 125

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 126

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 126

Por: | Fecha: 18/11/1899

A~OIII Bogotá, Noviembre 1 8 de 1 899 NUM.126 ---·--- ORGANO DEL :MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIRJ:CTOR AD-HONOR.EM, FRANCISCO J. VERSARA y V. Coronel, Miembro de la Sociedad Coloml-,iana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del EJército de la 'República OFICIAL ( 29 DE OCTUBRE) sobre Contabilidad militar El Prnidenre de la República En uso de las facultades extraordinarias de que está investido por la Constitución nacional, DECRETA Art. 1.0 Los sueldo y asignaciones de los militares en serviCIO activo, quedan exentos de los de¡cuentos del Montepío Militar y de todo embargo administrativo, hasta nueva resolución del Gobierno. En consecuencia, los PagaJores se abstendrán de retener parte al­guna de los sueldos y asignaciones militares por los motivos mencio­nados. Art. 2.,. Los Comisarios Pag'ldores, los Intendentes del Ejércite, los Contad?res de Marina, y, en general, todos los Pagad >res de gastos militares en campafi:t, formularán su<; cuencas, mientras no se declare re tablecido el orden público, y con el fin de facilitar su rendición, por el sistema de Cargo y Data. Se comprobarán los ingresos con las notas originales de remesa, 6 con las libranzas, según el caso, que expiden los emplead;')s de hacien­da, Recaud;~dores, ó que tengan carácter de tales ; y los egresos, con el recibo del imeresadot previa ordenación del Ministerio de Guerra. 1 \ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 6 del empleado militar que estuviere suficientemente autorizado para ello por el Gobierno. Art. 3. 0 Los recibos de egresos se extenderán por triplicado, de­bidamente autoriz:¡dos por el ordenador, á fin de que la cuenta del res­ponsable lleve su comprobante natural, y pueda pedirse con las otras dos la legalización de los gastos anticipados. Art. 4. 0 Los Pagadores de que trata el artículo z.o remitirán por correo ó cuando las circunstancias lo permitan, á la Pagaduría Central de la República, una relación detallada de los gastos que hayan hecho, con excepción de los pagos á los Habilitados, gue figurarán en la cuen­ta de remesas, como lo dispone el artículo 7.o del Decreto número 365 de 10 de Agosto del presente año. Art. 5. 0 Los Habilitados del Ejército describirán también sus csuen­tas, duran te el estado de guerra, por el sistema de partida sencilla, y se ajustarán en lo demás al Decreto citado en el artículo anterior. Art. 6.o Los Ordenadores de gastos militares en campaña, lleva­rán una relación pormenorizada de los gue decreten, la que presentarán al Ministerio de Guerra para los efectos ulteriores. Art. 7.0 La Corte de Cuentas no exigirá otros documentos que los aquí señalados, en cuanto vinieren arreglados al presente Decreto, para el examen definitivo de las cuentas de los responsables militares. Art. 8. 0 Las dudas ó vacíos gue se notaren en la aplicación del presente Decreto, se consultarán con el Ministerio de Guerra, ó se lle­narán por éste por medio de resoluciones. Dado en Ana2oima, Departamento de Cundinamarca, á 29 de Octubre de I 899. MANUEL A. SANCLEMENTE El Ministro de Gobierno, RAFAEL M. PALACIO-El Subsecretario de Relaciones Exteriores, encargarlo del Despacho, ANTONIO GÓMEZ REsTREPo-El Ministro de Hacienda, CARLOS CALDERÓN-El Ministro de Guerra, JosÉ 6ANTos-El Ministro del Tesoro, RAFAEL ÜRTiz-El Ministro de Instrucción Pública, MARCO F. SuÁREZ. ---·-- :tNsrrPw uo==:toN SOBRE TRANSPORTE DE TROPAS EN FERROCARRIL (1) 1.o Siempre que una tropa deba viajar en ferrocarril su jefe reci­birá del respectivo superior la orden de movimic1Jto por tren y Ll itinera­rio del tren. La primera indicará: 1 .0 , la estación de partida y la de llegada; 2.0 ' as estaciones donde el tren se demore; 3.0 el día y la hora de partida; 4.o el día y la hora de llegada y el acantonamiento hacia el cual debe dirigirse la tropa al desembarcar. El itinerario indicará: J.O el efectivo del tren en material; 2.0 la hora de partida, la de llegada y • De orden del Ministerio de Guerra se ha arreglAdo la presente instrucciÓn su­maria, que regirá con el carácter ele provÍiÍonal hasta tanto no se disponga lo contrario. ! / Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR la en que pasa por las estaciones intermedias donde el tren haya de de­morarse lo minutos por lo menos. 2.° Cuando el transporte no exija más de 8 carros el jefe militar superior del lugar de la estación puede ordenar se haga uso de un tren ordinario. En todo caso el jefe de la tropa que deba embarcarse apenas reciba la flrden de m?vimiento pflr trelt, que se comunicará también al jefe de la línea férrea, envía á la estación de partida un aviJo de tranr­porte que indique el personal de la tropa, el equipaje, caballerías y par­que que conduce el cuerpo, las estaciones de partida y de llegada, y la hora de partida El jefe de estación devolverá inmediatamente el aviso con la indicación del tren que hará el transporte. 3. 0 El Intendente militar ó quien haga sus veces, habrá ~ido avi­sado del movimiento por el jefe militar superior, y de acuerdo con ese aviso enviará al jefe de la tropa , que se mueve la hoja de viaje y un Bono de firrocarri! para el personal que haya de transportarse. 4o­sitan sus instrumentos. El embarque principia en el acto. Si la tropa ha de 1apr en wa­gon, dos clases suben al carro teniendo en la mano el aco y el fusil; los soldados no montan•sino después de que sucesi'>amente les han pasado las mochilas para que ellos las coloquen, bien debajo de los bancos, bien en los asientos destinados ~{ tal fin. Una vez en el wagon los soldados se sientan con el fusil entre las piernas, la culata sobre el piso del carro. El jefe de cada wagon, que sube e::l último, dice en alta \-OZ el número qel carro para que los soldados lo retengan en la memoria, recomienda á 1a tropa compostura y ]a prohibe hablar en voz alta. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 4:5! Los oficiales dirigen y vigilan el embargue. Las puertas de los carros no pueden ser cerradas smo por los em­pleados del tren. Si se trata de góndolas, se abrirá la banda del lado del embarque, los morral es se colocan por hileras hacia el centro del carro por la,; do5 clases que s 1bieron primero y los soldados se acomodan á mujeriegas, dando frente hacia donde se dirige el tren, con el fusil entre las piernas, la culata sobr(! el piso; el jefe del carro además de lo dicho anterior­roen te recome.1dará á la tropa afloje las 1 igad u ras de las alpargatas. Si la tropa llevare cajas de cartuchos metálicos con viene repartirlos en las góndolas para que sirvan de asiento á l os soldados. En todo caso, e n las góndolas no se embarcará sino un núm ero tal de hombres que queden 20 centímetro entre éstos y las bandas del carro. En seguida se embarcan las cantineras, que ocuparán uno ó m :ís carros addante de los que llevan el material del cuerpo y su custodia, es decir, la guardia ó piquete de policía, que irá en wagon tras ;~quéllas, junto con la banda de :ornetas . Por último, se embarcan los jefes y oficiales, cuyo carro id colo­cado hacia el medio d .... l tren, tocando la retaguardia ú los carros de bestias y equipajes. Cuando se trata de tropas de caballería, los jefes cnidadn de que á las bestias no se dé pienso desde dos horas antes de embarcarse, y se les dé de beber antes de partir para la estación. Al llegar el escuadrón á la estación, se forma en batal a en una fila, se manda echar pie á tie­rra, se dividén hombres y caballos por fracciones, e¡ u e se ponen {¡ ór e­nes de un Sargento, se de-...ensilla y se colocan las monturas á retaguar­dia de l os caballos, que permanc~edn embridados. A la eíla] dt.:l caso principia el embarque de bestias simultáneamente : dos soldados se si­túan 'le cada bdo de1 puente \'Olante, para a ·udar á reducir á lo~ cab:~­llos rebelde-;. El primer jinete de la derecha de cada fracción a\'an~a sin vol ver [1 \'er su montura, que llevad cogid.-t de las riendas ccrc .del freno, entra al wagon, cuando el caballo lo ha seguido gira á la dcrec 1:1 , e lo . n u ba aj e ac e do ccn as iNli c;a c'o es u 1 1 g e em­ple. tdo (p rpendicular ó paralelamente <Í la \'Ía), y sale del carro. Des­pué cacl:t jin~te coloca u e ballo contra el que ya lo e tá, y una vez que se completa una üla ó grup , se tiempla una cucrJa que c:er v irá á todos de pretal. En el espacio que quedn libre entre cada dos grupos de caballos, s uben los guardianes de cah1l1eriza, quienes lo hará n sin ar­mas ni eq•tipo, las que confi~rJn al c~b o de . u escm:dra, para atender á las bc~tias. Las sillas se ~mharcan en le • c.,rros en qnc monten los lwm­bres, quienes las llenn á eilos en eguida, después de Jo cual suben ~ su turao conforme se indicó para la infanterfa. El material y equ;po del cuerpo se habrá embarcado oportuna­mente, pue;to que .~ 1.t estación lo conduce la guardia de policía. Los caballos de lt> ofici.tles se embarcan , in deeensillar. 1 ~· C ·msigJta d!lralltf el fJttt}t-E"> prohibido á todo old.tdo pasar de ur1 carro á otro, cantar 6 gritar, r fu111ar en Jos carros de bestias 6 equipo. En las esLaciones t4onde el trc11 hubiere de detenerse más de diez minutos, tan l u g0 e m) se detenga, el jefe mandad. que el Corneta toque alto: bajan los oriciales y un ciérto número de soldados de la ~ttardia de policía ; se establecen éstos como centinelas, y se per- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 'BOLETÍN MILITAR mite en seguida bajen al espacio así limitado los hombres, sin armas. Donde la detención sea menor de diez minutos, el jefe de la guardia de policía, por petición de los jefes de wagon, podrá permitir se desmon­ten los hombres ¡ue tengan necesidades corporales urgentes que satis­facer. En todo caso, tres minut.:>s antes de seguir la march 1 vuelven á subir los hombres. En cada parada los oficiales darán un vistazo á los carros. Cuando por escasez de material la tropa viajare en parte con gran incomodidad, si fuere preciso hacer en el camino un alto de alguna duración, el jefe lo aprovechará para que perm.Jten las tropas que van peor con las que hayan ido con menos incomodidad. Rn los altos no se obliga á ningún soldado á que se desmonte, pues esto es facultativo para cada cual. Todo tren militar irá Frecedido por una locomotora con una gón­dola á una distancia no menor de 3 kilómetros: en la máquina irá un oficial de confianza. Prohíbese terminantemente el uso del pito en estos trenes, quedando facultado el jefe de la fuerza embarcada para reducir á prisión á los empleados del tren que la violaren, entregándolos á la autoridad política del lugar para los efectos del caso. Es obligatorio para el jefe de un tren hacerlo detener tan pronto como así lo pida el jefe de la fuerza, por creerlo necesario ó conveniente á la operación militar que se ejecuta. I S· Llegada á la CJt~tciÓII término del viaje-En la estación que precede á la terminal, los empleados del tren harán la advertencia del caso á la tropa, para que ésta se prepare á desembarcar sin demora. A la llegada al término del viaje, el jefe de la fuerza hace que en el acto dos oficiales reconozcan el terreno, manda al jefe del piquete de poli­cía coloque los centinelas necesarios para guardar el orden, y designa la porción de esa tropa que custodi&rá el material y lo conducirá al cuartel ó al sitio donde debe cargarse á lomo de bestia. El oficial encar­gado del viaje estudia rápidamente las disposiciones tomadas por el jefe de estación para el desembarco de bestias y material, y da parte al jefe, quien nombrará un piquete que ayude en la faena al personal de la lí­nea, si fuere necesario. Al toque de,atenció11 y marchtl con seña de la fuerza, los hombre! salen de los carros sin precipitación, con su fusil, teniendo en la mano la vaina de la bayoneta : las mochilas les son pasadas por las dos clases ya mencionadas. Los soldados cuidar'l n de no apoyar sus armas contra los carros, y los músicos pasan á recoger sus instrumentos. U na vez que los soldados se h::tn puesto el morral á la espalda, se forman por frac­ciones frente á los carros, como se explicó para el embarque. El jefe mueve por el flanco la tropa, y la retira sin demora de la estación, para disponer vuelva á arreglarse por compañías así que salga de ella, y la dirige al pu:1to señalado por la orden de marcha. Antes de que partan las tropas los empleados recorrerán los carros, en compañía de 1 brigada y de las clases de plana mayor, á quien : s entregarán los obje­tos que la tropa haya podido dejar ol \'Ídados. De ordinario el desembarco de un batal Ión dura media hora, y el doble el de un escuadrón. En la caballería á la llegada procede así: ba­jan de Jos carros los soldados con su silla y la colocan delante del lugar donde formará la tropa; después desembarcan sucesivamente lai bestias, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 455 que se conducen al mismo pun•o, donde se ensilla y monta para salir la tropa de la estación y obrar corno se dijo de la infantería. El oficial encargado del viaje vigila el desembarco de las bestias de oficiales y del material de la columna. ---- .. ..-. ---- Conferencias de los Oficiales de la Misi6n Francesa SERVICIO DEL CAÑÓN DE MONTAÑA (Continúa) Escuela. de bateria Escuela ae batería sin las mulas-La escuela de batería sin las mu­las tiene por objeto aco~tumbrar el personal de cada batería á la disci­plina del fuego y á la práctica de todas las operaciones que comporta la ejecución del tiro. Es enseñada por el Capitán desde cuando la instrucción esrecial de puntería esté suficientemente adelantada. El Capitán tendrá presente que los ejercicios de conjunto consti­tuyen el objeto principal, casi el único de la escuela de batería. Evita dar las voces Para cambiar de puestos, Carga en cuatro tiempN, Carga á a:·scruión, destinadas únicamente á servir de medios de instrucción elemental. Indica á los Jefes de sección las condiciones en las cuales se debe hacer el cambio del personal entre los varios puestos durante las maniobras. Aunque el presente reglamento no hable de una escuela de sec­ción sin las mulas, el Capit·1n emplea una parte de las maniobras de la escuela de barerÍ.l en hacer rnamobrar las piezas bajo el mando de los Jefes de sección. Estos enseilan, á su turno, á su sección, toda., las dispo­siciones de detalle relativas á la ejecución de los fuegos. Algunas veces el Capitán vuelve á hacer ejecutar el servicio de la boca de fuego, y aun la instrucciÓn individual, c;i lo juzga conveniente, dando á cada jefe de pieza el mando de su pieza. Formación de la baterfa·--La batería o;e compone de 6 piezas y 12 cajas agrupadas en secciones de 2 piezas y 4 cajas. La batería la manda el Capitán, cada sección un Teniente, cada pieza un Sargento. Hahní., además, un Sargento polvorista, encargado de dirigir la distribuci6n de las municiones, auxiliado por 3 Cabos. El Capitán y los Jefes de secciones no desenvainan el sable sino para las maniobras de parada. No lo conservarán nunca en la mano du­ran te el tiro. Cuando los pelotones de sirvie!ltes esttÍ11 formados en batalla, cada jefe de pieza c;e coloca á la derecha del pelotón de su pieza, en la primera fila; cada Teniente á dos pasos delante del centro de su sección, y el Capitán en el certtro de su batería, en el alineamiento de los Tenientes. El Sargento polvorista se coloca á 4 pasos detrás de la izquierda del pelotón de la 3· a pieza, y cada Cabo :1 la izquierda del pelotón de las piezas de número par, en la primera fila. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET!N MILITAR Cuando los pelotonn están en columna, cada jefe de pieza marcha á la altura, y á un paso de la cabeza de su pelotón ; cada Teniente á un paso y á la altura de su jefe de pieza que está á la cabeza de su sección ; el Capitán á 4 metros del flanco de la columna y á la altura del centro de su batería, del lado de la 1 .• fila. El Sargento polvorista marcha á la altura de la cabeza del pelotón de la terc e ra pi e za, al lado de la 2. • fila; y cada Cabo adelante de la primera hilera de su pieza. Cuando los sirvimtn ntán en JttJ puestos, cada jefe de pieza se colo­ca frente á su pieza, á la altura de la contera, á un paso atrás del segun­do sirviente de izquierda de la pieza; cada Teniente se coloca al fren­te delante del centro de su secci ó n, á la altura de la mitad de la dis­tancia de las piezas á las cajas ; el Capitán, igualmente al frente y de­lante del centro ó á 1 o metros afuera de uno de los flancos de la bate­ría, á igual distancia de la línea de las piezas y de la línea de los Jefes de secciones. El Sargento polvorista se coloca al frente y delante del centro de la batería, en el alineamiento de los terceros sirvientes de derecha; cc.da Cabo se coloc ;., al frente y delante del centro de su sec­ción, sobre el mismo alineamiento que el Sargento polvorista. En la instrucción, el Uapitán se traslada á donde quiera que sea necesaria su presencia. El material se coloca como está prescrito (número 5), con un in­tervalo de 7 metros entre las piezas. Entrar m batería-Para hacer entrar en batería por un movimien­to de conjunte, el Capitán hace marchar su tropa con un movimiento por el flanco derecho (ó izquierdo), teniendo cada pelotón su izquierda en cabeza, lleva la columna hacia la boca de los cañones, y manda: .A 1111 piezas. A la voz A JtJJ piezas, cada jefe de pieza lleva su pelotón h;~cia la boca de la suya, y manda : j/ ariación á sus puntos. A esta voz los airvientes entran á sus puestos, como está prescrito (número 27), y se equipan á la voz de sus jefes de pieza. En cada sección, cuando los s irvientes están equipados, los terceros sirvientes de ambas piezas marchan á lac; cajas de la pieza de la dere­cha, y se colocan dando frente hacia adelante ; los de la primera pie­za á la derecha ; los de la segunda á la izquierda ; los terceros sirvien­tes de izquierda, á la altura de los extremos anteriores de las cajas; y los terceros ~ irvientes de derecha, i la altura de los extremos posterio­res de las mismas. Los jefes de sección, los jefes de pieza, el Sargento polvorista y los Cabos jefes de cajas, ocupan sus puestos de batería (número 72 ). El Capitán hace poner armas ~ la espalda antes de entrar en bate­ría ; si no lo mandare, loa artilleroi lo harán como si se hubiere man­dado, y 11egan á sus puestos. Para hacer entrar rápidamente en batería rür movimientos indi­viduales, estando la tropa formada en batalla, en marcha ó á pie firme, ó rotas las filas, el Capitán manda : 1.° Firmes; 2.0 .A JtLJ puntos. A la voz A JUJ ptustos, cada uno se dirige á su puesto á paso de trote. Los sirvientes se equipan á la voz de los jefes de pieza. El Capitán puede hacer equipar los sirvientes antes de hacerlo~ entrát en batería ~ á su orden los apuntadores van á traer los juegos de armas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILil.'.AR Qtlitnr las limoneras-Estando equipados los sinientes, para hacer quitar las limoneras el Capit;¡n manda : Quitt11 las lmwneras. Este movimier.to se ejecuta como está prescrito en la escuela del pelotón de la pieza (número.. ). Po11er las lrmoneras (número r6)-Para hacer poner las limoneras el Capitán manda : Po11gan /ds limourtu. Este movimiento se ejecuta como está prescrito en la escuela de ]a pieza (número 1 8). Ealtr de batería (número •. )-Antes de hacc.r salir de batería, el Capitán manda poner las limonera~, y es de su deber (número .••. ) hacer desequipar Jos sirvientes. Para hacer salir de batería por un movimiento de conjunto, manda: 1. 0 Por la derecha (ó izquierda) salgan de batería; 2.0 Marchm. A la primera voz, los jefe:> de sección ~e colocan á 6 pasos atrás de la línea de la boca de las riezas ó en la prolongación del centro de su sección, frente hacia donde tiene su salida la columna; los jefes de pieza se colocan en el alineamiento de los jefes de sección, frente al mismo lado, sobre la prolongación de su pieza ; los Cabos se colocan á la de­lecha (izquierda) de los jefes de pieza que están á la cabeza de cada sección; y el Sarganto polvorista á la altura y á 4 pasos á la derecha (izquierda) del jefe de sección del centro. A la voz lv!arclun, cada pelotón ejecuta el movimiento prescrito (número 1 3), gira á la izquierda (derecha), dejando el jefe de pieza al lado de la primera fila ; desru~s marcha á colocarse en la prolongación del pelotón que precede. Cada jefe de sección ·se coloca al lado del jefe de pieza de la cabeza de su sección, y dirige este pelotón. El pelotón de la pieza de derecha (izc¡uierda) marcha á paso redo­blado. Los otros pelotones marchan á paso de trote ; pero cuando en­tren en col u m na, es decir, al llegar á la di, tancia de un paso del pelotón que le precede, cada uno de ellos sigue á paso redoblado. Estando formada la columna, el Capitán la dirige y la forma en batalla por un movimiento de flanco, según lo pre crito en las manio­bras de infantería. Para hacer salir de batería por movimientos individuales, el Capi­dn se coloca á 4 paws delante del lugar en donde quiere formar la tropa, á la altura del centro, dándole frente y levantando el br;~zo, manda : A formar. A esta voz los jefes de ~ección, los jefes de pieza, los Cabos, el Sargento polvorista y lo artilleros, forman cada uno en su frente res­pec ti vo.-(C o11tinuaní) --•-+-•-- DOCtJ~t"E! 1'0e l~ÉlD11.'0e Camprzíia de t819-182o elt el Gnucrl (Continuación) Día 1.0 at Noviembre l1ns/d 4 ifu!ttsi'l•e.-He posado en Cali tra­tando de dar cumplimiento á mi comisión. Nada se sabe del enemi¡o. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR Día S· Este día permanecí en el mismo lugar. Por la noche se dio un vítor en h casa de mi alojamiento por el pueblo en obsequio de los Libertadores, particularizando á los Excmos. Sres. Presidente y Vicepresidente, al que concurrieron más de 7,ooo almas de ambos sexos y todas edades que no cabían en toda la calle. Esta es la menor de­mostración del entusiasmo de los habitantes de este lugar. Después un gran baile y refresco. 6 incluJive hasta el 9· Estos días me he mantenido en Cali y no ha ocurrido sino que el día se organizó una compañía de 8o hombres ar­mados de fusil y marchó para Popayán. Día 1 o. Salí de Cali á las 7 de la mañana. A las 9 pasé el río Meléndez, C!Ue siempre tiene vado; á las r 1 el Jamundí, que no tenía vado, pero tiene puente para pasar de á pie; á la media hora de haber pasado 1legamos al pueblo del mismo nombre, en donde comimos; á la 1 salimos de este lugar y llegamos al Cauca por el paso Jlamado La Bolsa á las 3 ~' en donde pernoctamos. Día 1 1. Salimos del paso del Cauca, á las 5, nos embarcamos en el mismo río, porque el camino de tierra estaba malísimo. A las 1 I sal­tamos á tierra y á la media hora de mal camino pasamos el Estero de Taula, por balsa, que tendrá una cuadra. A las 7 de la noche lJegamos á Quilichao, en donde nos quedamos. Este camino es llano pero malísimo. Días J 2 y 1 3· Permanecí en Quilichao buscando bestias para con­tinuar la marcha. Nada se sabe del enemigo. Día 14. Salimos de Quilichao á las 8 de la mañana y despllés de haber caminado una hora pasamos el río Alegrías, después de otra el río M andibá, y á hora y media de éste, pasamos el río M un domo, que es bastante grande y al llover impide el paso. A una hora y cuarto pasamos el río de Ovejas por puente, que es muy correntoso; á tres cuartos de hora pasamos el Cabuya], que no impide el paso aun cuando Jlueva; ~media hora de éste se pasa el río Pescador; éste es bastante correntoso y en invierno no da paso porque no tiene puente. A las 5 llegamos á una venta llamada M cleno, en donde: pernoctamos. Día 1 S· Salimos de Meleno á las 7 ~ de la mañana y á media hora se pasa la qlitbrada de Tunfa y á tres horas de ésta el río Piendamó; éste es bastante caudaloso, pero se pasa por puente. A media hora se pasa el río Miraflores, y á una hora el Cofre, bastante grande, pero tiene pucn te; á media hora de éste el do Blanco, que no es grande; y á otra hora de este 1 ugar se 11ega al río Ca u ca, que 11e pasa por un famoso puente de cal y canto, y á una de éste entramos á Popayán, en donde encontramos al Sr. Gobernador, que desde el 7 había llegado; indagan­do con dicho señor acerca del enemigo, me dijo que nada sabía, ni aun de la posición que ocupan, pero que ya había mandado espías y el 12 había mandado una Compañía del Batallón Cazadores y un piquete de caba­llería sobre el camino de Paría con el objeto de ver sí se descubría algo. Día 16. Esta noche llegó un Oficial de los que habían salido el 12 sobre el camino de Patfa y dice que fueron 6 leguas distante de aquí y que absolutamente nada descubrieron. Día 17. Nada se sabe del enemigo; este día se estableció la maes­tranza y se principió á coser la ropa para la. tropa, pero de l.1 tierra. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILI1.'AR Ui9 Día t8. Llegó la partida que estaba sobre el camino de Patía y po!' un indio que el Comandante cogió, de esta Compaiiía, se calculan 1, 500 hombres enemigos de Patía hasta Pasto. Se dio una comisión para formar un E:>cuadrón de cabalJería en la jurisdicción de Buga. En este día llegó un oficio del Comandante en que da parte que en los puntos de Iscuandé y Barro, en la costa, hay una partida de 2 5 hom­bres mandados por D. Manuel Silvestre Val verde. Se ha dado orcien para que salga igual número á batirlos. El expresado Valverde es astu­to, malo, malísimo. Día 20. En Popayán sin novedad alguna notable. Día 2 1. Nada ha habido notable en este día. Día 22. Este día salieron dos partidas: una por la vía de Timbío hasta Antón Moreno, dos leguas distante de aquí, y la otra por la vía de Chime hasta Río Hondo, dos y media leguas distante de aquí. Nada de particular han descubierto. Estos dos caminos se dirigen á Patía, pero por el de Antón por Timbío se va á Pasto sin tocar con Patía. Día 23. Hasta este día no se tuvo noticia del Capitán Gutiérre¡ que de Cartago salió en persecución de Mcndigurcn el 23 de Diciembre, éste comunica que á su llegada á Quinchfa (que es un pueblo en la jurisdicción de Anselma) se dispersó la partida enemiga; los españoles juntos se metieron á los montes y dos Oficiales americ::tnos con 20 sol­dados armados se presentaron á Gutiérrez, el re~to se había dispersado, pero ya se estaban presentando. Día 24. Este día ha venido un parte del puerto de Anchicayá, dado por el ciudadano J. Antonio 1\fuñoz, en que comunica que una fragata de la Escuadra de Buenos Aires y Estados Unidos de Chile ha ocupado el 30 del próximo pasado el puesto del Banco, habiendo cogido dos buques, unos emigrados de Popayán y dos españoles comerciantes que se hacían <{ la vda para Panam·í . El Tenient~ Valverde y el Capitán de bandidos de Patía, Vicente Parra, que ocupaban esl~ ·punto, han escapado tirándose al monte, hubo algunos heridos y prisioneros de parte enemiga. I•"n este mi mo día salieron tre compañías del Batallón Cazadores de Nueva Granada por el camino de Timbío y 30 hombres de caballería por la vía de Patía. Hasta ahora no se sabe nada de sus operaciones. Día 25. Este día se recibió un parte del Capidn Fernando Var· gas, que fue de Comandante de la partida que salió para Patfa, en qu~ dice que ha ocupado la cuchilla y que sabe por varias noticias que el enemigo se ha retirado al Cabuya!, distante 6 leguas de la cuchilla, pero que ignora cu,tl sea la fuerza que tenga. Día 26. Este día se recibieron unos pliegos que dirige el inglés Comandante de la fragata que tomó el punto del Banco al General en Jefe, los que siguieron p r la posta, con ]a última prontitud. En este mismo día entró s ensillan, embridan, montan y se di­rigen al sitio cle ignado para la reunión. Si sólo deben ensillarse los caballos, pero sin sacarlos de la caballeriza, e toca botasillas; al o~rse esta seí1al los hc .. mbres ensillan ;' esperan el toque de á ca­ballo para embridar y s:...lir de la caballeriza. Cada oficial inspec­ciona su pdotón, hace pasar li ta por el sargento y da parte al co­mandante del cscuadrun, quien reúne la tropa y manda contar cuatros. Si se trata de un regimiento, en seguida los Nlayores dan parte, á su turno, al comandante, el que des pues de rec1 bir los par­tes de sus subordinados, reune la fuerza y pasa á dar parte al pri­mer jefe y á recibir sus órdenes. Cuando la tropa deba reunirse á pie, e hará tocar llamada uatro veces consecutivas: al uír e ta seiíal los hombr~.s forman y luego se practica la revista y se dan los partes conforme se dijo atrás. ALr EAMIJ:: , " 1 os - El 1 layor se sitúa fuera del ala que va á servir de ba e p 1ra el movimiento, en la prolongación de la línea que haya e·cogido; coloca sobre esa línea al jefe de pelotón más próximo y manda: Por la d eredzá (izquierda) ALir-:.!ARSE. A esta voz los jefes de los otros tres pelotones se ali11ean sobre el que ya está situado, el sargento del centro y los cabos de las alas de los pelotones se colocan 1 i metros atrás de su jefe respectivo, y cada pel0tón se alínea como está prescrito. 'ran luego como los jefes de pelotón estén ordenados, el comandante del escuadrón manda: firmes. A aRIR Y CERRAR F 1 LAs-Se ejecuta conforme se explicó en la escuela de pelotón. RETROCEDER-Para mover el escuadrón á retaguardia, sólo algunos pasos, el jefe manda: Escuadrón, á retaguard10, MARC.HEN; escuadrón, ALTO. MARCHA DIRECTA EN BATALLA-La marcha directa del es­cuadrón en batalla se ejecuta conforme se indicó en la escuela del pelotón. El comandante, colocado delante del centro del escua- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETÍN MILI'l' A.R drón, á medio frente de distancia, sirve de guía. Al jefe del se­gundo pelotón regla su marcha de modo que el centro de la tropa se encuentre siempre á la distancia prescrita y en la dirección mar­cada con respecto al comandante del escuadrón. Los otros jefes de pelotón se ahnean sobre el del 2. 0 y conserva.n Jos intervalos que deben separarlos de él. La fila exterior vigila que el sargento del centro marche exactamente detrás del jefe de cada pelotón. El comandante pone el escuadrón en n·ovimiento á la voz de Escua­drón, de frente, MARCHEN, y lo detiene con la de Escuadrón, ALTO. Cada vez que el e cuadrón se detenga después de haber marchado en batalla, los jefes de pelotón rectificarán su alineamiento sobre eldel2. 0 Los cambios de aire ó paso se ejecutan conforme se prescri­bió para el pelotón. Pata ganar terreno hacia uno de los flancos, el jefe mandará: Pelotones, á la dtrecha (izquierda), de frente, MAR­CHEN. La tropa vuelve á su frente primitivo á la voz de PelfJto­nes, á la izquierda (o derecha), MARCHEN, y luégo se ordenará: De frente, MARCHEN, Ó ALTO. Estando el escuadrón en batalla, en marcha ó á pie firme, para hacerlo marchar á retaguardia el jefe manda: Pelotones, media vuelta, á la derecha (ó izquíerda), MARCHEN. Este movimiento se ejecuta á la vez en cada pelotón, como en su lugar se indicó. Ter­minadas las conversiones, los pelotones avanzan de frente á la voz De frente dada por el jefe. Si en vez de avanzar, el jefe quiere detener su tropa, mandaní: ALTO, en el momento en que los pe­lotones van á terminar la conversión. En tanto que los pelotones dan la media vuelta, el comand::1.nte avanza á situarse sobre el nue­vo frente, pasando para ello por entre los dos pelotones del centro. CoNVERSIONEs-La conversión del escuadrón en batalla so­bre eje fijo se ejecuta á pie firme o marchando, á las voces de: Escuadrón, á la derecha (izquierda), semiderecha ( emizquierda), MA.f< CHEN, DE FRENTE, ó AL' o, del mismo modo ordenado en la escuela del pelotón. El jefe, que es el guía del escuadrón, se con­forma con lo prevenido en su lugar á los jf"fes de pelotón. Estos regularán su marcha de acuerdo con el movimiento que debe eje­cutar el escuadrón, y los pelotones siguen á sus jefes. La conversión sobre eje 111ovible se emplea para cambiar de dirección cua:1do. e está en columna de pdotone , y se ejecuta á las voces de mando y conforme á lo principios fijados para los pelotones, con la ola diferencia de que el comandante regula su moviTI'iento de suerte que el jefe del segundo pelotón dd lado del f je conserve el aire á que se marchaba. El radio del arco de cír­culo que describe el Mayor es de 32 metros por lo común. l'viAI\CHA OBLICUA INDIVIDUAL Ó POR PELOTONES- La mar­cha oblicua individual se ejecuta del mi;)mo modo que se prescribió para el pelotón. El1\1ayor, los jtfes de pelotón y los soldados dan Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETm MILITA..It un cuarto deo vuelta á la derecha ( ó izquierda), y avanzan de frente. El movimiento se emplea cuando sólo se trata de ganar algún te-rreno á vanguardia y sobre el costado. · Cuando la marcha oblicua en cuestión debe prolongarse al­gún tanto, ó cuando se quiere oblicuar ganando m ás terreno hacia un costado, el Mayor mandará: p eloton es, semiderecha (ó semiiz­quierda), de frente, MARCHEN. Cada pelotón ejecuta una conver­sión sobre eje fijo, y en seguida avanza conformándose á lo orde­nado para la marcha de frente. Los jefes de los tres últ;mos pelo­tones pondrán la cabeza de sus caballos uno ó dos pasos afuera y á la dtura de la paleta del caballo de 2.• fila del ala del pelotón que les precede, mar han do en la dirección que sigue el jefe del pelotón que forma la cabeza. Para volver el escuadrón á la ante­rior formación en b ataHa, el i\tlayor mandará: p loto11n, semiizquier­da (ó semid,· ruha), de frent, , MARCHEN, 6 ALTO. Esté el escuadrón á pie firme ó en marcha, se puede ejecutar el movimiento á todos tres aires, á saber: al paso, al trote y al galope. CoLUM rA DE PELOTO l ES: formaciones, marchas y despliegues. FoRMACIONEs-Estando el escuadrón en batalla, para formarlo en columna hacia uno de l0s flancos, el j e fe mandará: A la derecha (ó izqui~-rda), en colu nna de pelotó n, MARCHEN. Cada pelotón eje­cuta una conver ión sobre eje fijo, del lado indicado, y terminada, sigue marchando de frente. Si el Capitán quiere detener el escua­drón una vez formada la columna, en el momento en que los pelotones van á terminar la conversión mandará: ALTO. Estando el escuadrón en batalla, para formarlo en columna de pelotone á vanguardia del frente primitivo el jefe manda: en columna, Mr RCH EN. El p e lotón de la derecha (primer pelotón) avanza directamente á vanguardia; el segundo ejecuta un semi á la der~:. cha, gira en seguida á la i¿q uierda conversando sobre eje móvil y sigue al primero; el tercero y el cuarto giran á la dere­cha, avanzan de frente y luégo tornan á girar á la izquierda, su­cesivamente para colocarse detrás de los dos primeros. Para eje­cutar el mi rno movimiento rompiendo la batalla por la izquierda, se manda: Por la zzquicrda, en columna, MARCH~N. Si el jefe quie­re á la vez que estos movimiento se ejecuten á aire s más vivos, hará seguir la voz preparatoria de la indicación del caso: en colum­na, al trote (ó galopt ), MARCHE r . El movimiento se ejecuta del mismo modo esté á pie firme ó en marcha la tropa desplegada en batalla. MARCHAs-El Jefe no tiene puesto fijo: cuando quiere diri­gir personalmente la columna, se coloca á un frente de pelotón adelante del centro clel pelotón de cabeza y sirve de guía, pero en todo caso indica el punto de dirección al Jefe del pelotón que mar­cha en cabeza y sirv ~ de guía, siempre que el Mayor no de empeñe ese papel. El segundo Jefe del e cuadrón marcha sobre uno de los flancos y vigila para que el movimiento se ejecute con regularidad Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 4.64: :BOLETÍN MILlT.A.lt Durante el tiempo de la marcha, los j e fes de pelotón se mantienen sobre el mismo eje, y es esencial que •e pongan en mo imiento á la vez y marchen á un aire igu a l, á fin de que conserven la distan­cia: si pierden ésta, la recobrarán poco á poco. La columna se pone en movimiento á la voz de: columna, de frente, MARCHEN, y se detiene á la de columna, ALTO. Cuando la columna encuentra un desfiladero que no permita el paso con el frente de pelotón, sin que tarnp.)co obligue á formar columna de viaje, por ser de corta longitud, cada pelotón marcha sucesiva­mente á voluntad, lo cu:.tl se ejecuta á la voz á volu"ltad, dada por el jefe del pelotón al salir del des filad e ro. Cada pelotón recobra su formación normal á la voz de r eunión conforme está prescrito. Los cambios de dirección de la columna de pelotones se eje­cutan por medio de co lVersiones suce ~ i vas sobre eje móvil, á las voces de cabeza de c1Jlum'1a á la d erecha ( ó izquierda), á la semide­recha (ó izquierda), dadas por el Jefe. El pelotón de cabeza con­versa y sigue de frente, y los otros ejecutan sucesivamente la mis­ma op:ración al llegar al terreno en que la efectuó el primero. En el acto en que se ejecuta el cambio de dirección, el Mayor indica al Jefe del primer pelotón el nuevo punto hacia el cual debe dirigirse la columna. También puede cambiar de dirección la columna de pelotones con la simple indicación que para ello haga el ] efe, se­ñalando el nuevo objetivo de la marcha, conforme se explicó para el pelotón: si el Mayor está á la ctt bez.a de la columna, le basta colocar su cabalgadura en la nueva dirección en que debe moverse la tropa. La marcha oblicua individual se manda y ejecuta como en la escuela de pelotón: en ella los jefes de pe! tón cuidarán de man­tenerse á la misma altura, sobre un ·1 lín e a perpendicular al frente. También puede hacer5e ganar terrt: no á la columna hacia uno de los flancos empleando la marcha oblicu 1 por tropas: el jefe manda: pelotones, semiderecha (ó izquierd ), de fr nte, M -\.RCHE'l. Cada pe­lotón ejecuta una conversión sobre eje fijo, y avanza en seguida. Los jefes de los otros tres pelotones proceden como está ordenado. Para volver el escuadrón á la e lumna primitiva, el jefe manda: pe fotones, semi izquierda (derecha). D~ frente, M -\RCH E ¡ J' Ó bien, ALTO. \1archando el escuadrón en columna de pe lotones, para ha­cerlo ganar terreno perpendicularme nte á un de los flancos, el Jefe manda: pelotones, á la dert?cha ( ó izquierda), de frente, MAR­CHE !'l. A la vez todos los pelotones pro'"'edcn como está ordenado. Para marchar á retaguardia se manda: p ebtones, m edia vuelta á la derecha (ó izquierda), de frente, MARCHEN. DESPLIEGUEs-La columna de oelotones se despliega sobre u na línea paralela, perpendicular ú oblicua á su frente. Para man­dar tl despliegue el Jefe SP coloca sobre la línea directriz que debe seguir el centro del escuadrón des pué ' de e ... tabl cicla la nueva forma­ción; cuando se trata del despliegue á van gu trdi'l, esa línea puede no ser paralela á la dirección seguida por la columna. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .BOLE'l'ÍN MILl'r AR 465 Estando la columna á pie firme ó en marcha, al p.1S'J, para longitudes, de tal modo que el hecho sucederá aun cuando la diver­gencia se cumpla á poca di~tancia del origen de los dos ríos; 2.0 No -es necesario que corran en el mismo sentido, puesto que la depre­sión existirá aun en el caso de que los dos nos corran con rumbos opuestos, sólo que entonces por lo comúr. la línea que une los codos es oblicua con respecto al eje de la línea de cumbres: en este caso y en el anterior un arroyo marca con frecuencia la línea que guía al puerto; 3.0 la ley se cumple igualmente en el caso de que sólo uno de los ríos sea el que cambia de rumbo, siendo de adver­tir que el puerto quedará entonces en la perpendicular levantada sobre el codo del río que cambió de rumbo hacia á aquel que con­serva el suyo. En fin, la ley se cumple sin atender á la distancia que . separa los thalwegs con tal que se trate de la vaguada de dos hoyas hidrográficas contiguas, aun cuando tengan independencia desde el" punto de vista orográfico ó el paralelismo torne á restablecerse de nuevo á mayor distancia de las cabeceras: el famoso boquerón del Carbón al pie de los encumbrados páramos de Cachirí y Santur­bán, etc. La ley es independiente de la forma de agrupación de las monta­ñas, de su magnitud y de su t:onstitucion geológica. Segunda ley-La Línea que une los puntos más próximos de dos ríos que riegan valles contiguos, corran en el mismo sentido ó con rum­bo contrario, corta la cresta intermedia en un puerto-Para que se cumpla es preciso que la aproximación de los ríos sea muy acen·­tuada, y entonces las ramas de sus codos prolongadas forman cada una de las generatrices de la hiperboloide (x) cuya garganta será el puerto, que e encontrará donde se crucen dichas prolongaciOnes, pudiendo su tipo variar dentro de toda la serie mencionada. Los ejem­plos de e ta ley son mucho menos numerosos que para el caso an­terior, y su explicación sencilla por demás. Claro es entonces, por otra parte, que si un río corre por el pie de una línea de alturas que no le dan tributo sensible, r al opuesto lado sólo nacen ria­chuelos pe~pendiculares al eje orográfico, se trata de una cresta de altura sostenida en la cual no habrá puerto digno del nombre de tál. 4.0 El puerto y la geología-Cuanto á la forma del puerto, es decir, la topografía del terreno en la depresión y sus alrededores, depende, en primer término, de la estructura geológica de la cres­tería, presentándose á este respecto la misma variedad que en los terrenos ó suelos existentes de ordinario en los continentes, á saber : en los arcillosos y pizarrosos raro es que no sean cols ó pa­sos entre moles redondeadas ; en los calcáreos suelen ser una es­pecie de zanjas entre murallones casi perpendiculares, es decir, se aproximan al tipo garganta; en los areniscos abunda la estrechura sinuosa con el pie calzado por enormes derrumbes antiquísimos ;. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 472 ROLETíN ~IILIT AR en los cristalin?s se abren, ora entre verdaderas puntas de sierra,. ora en cuchilla de lomo sostenido, siendo en ellos donde con más frecuencia se halla el tipo del boquerón, y aun las brecha totales que aprovechan los ríos para salir de las regiones intercordillera­nas. Como se cumprende, es en los puntos de contacto de dos for­maciones geológicas distintas donde pueden hallarse los ejempla­res más perfectos y grandiosos del puerto seco ó de montañas _ 5· Puertos y caminos-Siempre será conveniente en el trazo de las vías de comunicación buscar el paso por los puertos de las cumbres; pero es preciso huír de las vaguadas ó líneas de máxi­ma pendiente, en cada vertiente de la sierra, al buscar el punto de partida ó cumbre del puerto. Los caminos en los puertos exi­gen conservación muy esmerada, como que son fatigosos en la su bid a y expuestos en la bajada, pues de ordinario se encuentran en el antepuerto las mayores y más fuertes pendientes de la vía. Como el puerto es siempre un punto elevado, en especial si se tra­ta de las mayores cordilleras, está expuesto á grandes fríos, grani­zadas y constantes garúas en invierno ; los vientos son de ordina­rio de grande intensidad, pues vienen enfilados por la cañada, has­ta hacer imposible el paso en ciertos tiempos, etc. Par esto, cuan­do en una cordillera hay varios puertos accesibles, al proyectar ope­raciones debe pesarse con cuidado si será más conveniente alargar la marcha para pasar por un puerto más bajo ó cómodo que otro, ó si, por el contrario, la disminución de la línea recorrida resulta­ría más adecuada al fin que se persigue. En tesis general, deben preferirse los puertos abrigados, por la menor fuerza que su tra­vesía hace gastar á un ejército. Militarmente considerado, el puerto no es sino un desfiladero, y su ataque ó defensa se sujeta á los principios que rigen el ata­que ó la defen a de las ere ta . Cuanto á las observaciones que anteceden, palmaria es su importancia para encontrar en las mon­taña pasos practicable á v c,e desconocidos aun á los mismos ha­bitante , de lo cual podríamo citar más de un clá ico ejemplo. En re. u m en : la cab za de los valles no se aplica á la en i­lladura de las cre · tas, ino á la ma as montañosas que guardan esa depresión. Dicha cabeza ó antepuerto rara vez es angular, pues de ordinario e mue:tra crateriforme ó dispuesta en anfi­teatro cuadrangular con ángulos cortados. En todo caso, las ma­sas ó altas crestas que alineadas marcan el lomo de la sierra, e tán divididas unas de otra por puertos comprendidos entre los estri­bos que apoyan dos de esas masas contigua , cuya existencia no es revelada ni por el examen de las líneas hidrográficas, ni por el ge­nero de agrupación de las moles de la cordilJera. 6. Además, no basta mostrar la correlación estrecha de los puer­tos y de la:s leyes que rigen la agrupación y e~tructura de las mon­tañas en las cuales e tán abiertos; preciso es también indicar cómo. .aquellos contribuyen á traz2.r la marcha natural que debe seguirse Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET1~ MILITAR 47S en el estudio de los relieves y qué ventajas deriva el espíritu de compaginar su posición con los principales caracteres orográficos y geológicos de la región. Por esto en tratándose de macizos cris­talinos aunque los veamos aislados aparentemente, no podemos de­ducir que entre ellos no hay enlace alguno. En efecto, el eje de cada cordillera estará siempre formado en primer término por una especie dada de rocas, que ya emergen como islotes, ya desaparecen cubiertas por otros terrenos no alcanzados á romper ó que se for­maron después en las depresiones. El enlace siempre existe aun cuando sea subterráneo; en especial si el eje es cristalino, puede comparársele á una línea de arrecifes que afloran de trecho en tre­cho: entre dos macizos consecutivos el eje presenta una serie in­determinada de otros ocultos, análogos á las romp1entes que estárt siempre sumergidas, lo que explica porque aun dislocados en todo¡ sentidos los terrenos intermediarios están cruzados por una haz de brechas y de puertos. Lo esencial es, pues, conocer los rasgos que caracterizan la fisonomía de la comarca, por lo cual el estudio de una cordillera debe abarcar; 1.0 Los macizos cristalinos, centros de erupción, con orien­tación y altitud de sus cimas, depresiones que los aislan de las rna­sas vecinas, torrentes que de ellos descienden y caracteres de lo· valles que dominan. 2.° Cadenas y macizos secundarios que se alzan á uno ó ambos lado~ del eje principal, con los mismos datos. 3.0 Puertos existente. al pie de los macizos cristalinos, en los puntos de arranque de las masas ~ecundarias y en el desarroJlo de estas; dividiéndolos en haces ó grupos relacionados con los gran­des valles gue ponen en comunicación. 4.0 El estudio del glacis que e apoya por uno ó ambos lado sobre la cordillera cual si fueran las gravas de un acantilado y que desciende hacia la va g uada de un río en valle longitudinal. Este glacis puede dividir se en una serie de conos de deyección de base amplificada, puesto que en coniunto no e sino el amontonamientG de despojos de todo tamaño (limo ó cantos errático~ ), que tuvie ron por vehículo principal antiguos glaciares ó aguas diluviale . __ __,..·~-- (Concluye) Napoleón concurrió al Haya Santa á infundir confianza " ::,US soldados con su rostro sereno. Allí permaneció bajo una lluviJ. -Je balas, contemplando tranquilo los resplandores con que llenabaa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETÍN MILITAR el aire las granadas. A su lado mataron al jefe de la artillería de la guardia . .Por lo que le informó un oficial del Mariscal Grouchy, que había logrado llegar hasta él, comprendió Napoleón que su ala derecha no entraría en batalla, porque el Mariscal no habí-t ni comprendido sus órdenes, ni se había dado cuenta de la topo­grafía del terreno. Pensar en retirar su ejercito era una temeri­dad, porque se p día ver envuelto, dando, ademá , á sus e(lemigos el derecho de creerse victoriosos, y á sembrar en sus soldados la desconfianza. Así pues, resolvió contrarrestar, hacerle frente á la situación, y modificó su pla11: ::. u nuevo proyecto consistía en acoger á los prusianos de una manera tan vigoro a, que permane­cieran anonadados por el golpe durante una ó dos horas; encami­narse en seguida por el camino de Bruselas á la meseta, con el cuerpo de Erlon, la guardia con sus caballerías, y las demás tro­pas que pudiera tomar, para terminar la jornada con un acto de desesperación; pero para poder obrar así necesitaba hacerse dueño del Haya Santa para contenerlos mientras se contemporizaba,-y acumular tropas allí para llegar en pocos momentos á donde estaba W éllington. Ordenó á Ney tomar esta posición á todo precio, y que una vez establecido en ella, esperase la señal para emprender una acción definitiva contra los ingleses. El Príncipe Jerónimo tomó en este momento la capilla de Hougoumont y parte de los edificios adyacentes, después de haber batallado inútilmente por espacio de cinco horas para ser evacuada momentos después, reco­brada de nuevo y abandonada en seguida, sin obtener con esto más ventaja que pegarle fuego, á costa del aniquilamiento de aquellas bizarras divisiones. El .Emperador envió orden de propagar el in­cendio con obús y redoblar el cañoneo. Ney reunió las divi iones de Erlon, colocándolas de manera que pudieran avanzar á la meseta prontamente; se puso al frente de la división Donzelot, y principió la carga contra el Haya San­ta. Con violencia y coraje formidables lo atacaron todo; echaron abajo la puerta, y á sangre y fuego de trozaron el batallón alemán que la defendía; pues de quinientos hombres que eran, sólo cua­renta lograron salir prófugos. Dos b:1talloncs b:1jaron del camino de Ohain, en protección de este pequeño re to del desdichado ba­tallón: N e y lanzó sobre ellos á lo coraceros; á su vista, los dos batallones formaron do;> cuadros que no pudieron resistir la furiosa impetuosidad del ataque; los coraceros rompieron el primer cua­dro, le cogieron la bandera y lo acuchillaron; el otro contrarrestó dos cargas, y ya iba á ceder, cuando los guardias de Somerset le libraron de correr la misma suerte del primero. Dueño Ney del Haya Santa, procedió á rehacer las columnas de ataque, un tanto desorganizadas por las acometidas que acabamos de referir, y las de Haie y Papelotte, posiciones que fueron con~uistadas después de heroicos esfuerzos. A las 3 y 30' el cuerpo prusiano de Bülow atacó con fuego nutrido al del Conde Loubau, quien no contestó Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR hasta que no se encontraron muy cerca unos de otro:,. Loubau empezó con descargas consecutivas y rápidas, ordenando á la vez á su primera fila que cargase á la bayoneta, logrando rechazar á Bülow. Triunfo momentáneo que no sirvió sino para ganar un poco de tiempo, porque ya empezaban nuevos cuerpos del ejército prusiano á llegar al lugar de la lucha. Napoleón vio que los pru­sianos avanzaban mucho, y que el Conde, á pesar de hacer cuanto estaba á su alcance por sostenerse en el sitio, empezaba á perder te­rreno aunque disputándolo palmo á palmo, porque la superioridad numérica de su adversario le agobiaba, por lo cu<3l envió en su auxilio á la división Duchesne, de la guardia, con veinte cañones tomados de la gran batería: merced á tan oportuno refuerzo pudo detenerlos, y aun cuando momentos después fue rechazado de nue­vo, continuó la lucha en esta forma hasta las cinco. Napoleón permaneció en el centro con los quince batallones restantes de la guardia y toda la reserva de caballería de línea. Pensaba caer sobre los ingleses como un rayo, en cuanto viese re­chazado el ataque de los prusianos. Eran cerca de las cinco, y Grouchy, á quien esperaba ansioso, no tardaría en presentarse á sembrar con su llegada el e3panto en las masas prusianas atacán­dolas por retaguardia, contribuyendo al fin á un triunfo brillante y decisivo. Ney pidió refuerzos de infantería, pero Napoleón se limitó á enviarle los coraceros de Milhaud para que con ellos llenara el es­pacio vacío que habí:a entre el Haya Santa y Hougoumont, reco­mendándole que esperase. sus órdenes, para que fuera simultáneo el ataque que debía decidir de la batalla. Los coraceros, al ponerse en movimiento para situarse en el lugar ya citado, pa aron por delaute de la caballería ligera de la guardia que mandaba Lafevre­De noete , á quien el jefe de los coraceros, e ·trechándole la mano, le dijo: "voy á cargar, apóyamc::." Lafevre-Desnoetes creyó que su amigo obedecía al Emperador; siguió su movimiento y se co­locó á u retaguardia. En e te m0mento Napoleón se encaminó á la derecha, con el fin de dirigir personalmente el ataque contra los prusianos. El Duque de W éllington observaba con álgida serenidad los flujos y reflujos de la liza, y en vista de los movimientos de los franceses, concentró todas sus tropas sobre su centro y su izquier­da, dando á la vez orden de que ocuparan la derecha los veinte ba­tallones que había colocado detrás de los puntos de ataque. A ca­ballo, en medio de sus tropas, las aprestaba para un rudo golpe, haciendo caso omiso de la mayor parte de la artillería que quedó sola en el borde de la meseta á causa del movimiento retrógrado de la infantería. Ney, dueño del Haya Santa, en presencia de un enemigo que retrocedía abandonando sus cañones, y con cerca de seis mil ca­ballos, no pudo esperar más, su impaciencia le devoraba, y resolvió a tacar con sus jinetes. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 476 BOLETÍN MJLTTAR Teniendo cerca de sí á la caballería de la guardiJ, en la falda de una colina, se creyó capaz de pisotear á los ingleses con sus tropas. Fue entonces cuando principió aquella sublime carga, once veces repetí da. Los jinetes subieron á gran trote la meseta, divididos en tres columnas, con el sable levantado blandiéndolo en el aire, y produ­ciendo un ruido espantoso, con el que se mezclaban gritos de hombres, chasquidos, choques de cascos y de aceros, roncos bufi­dos, y el resollar violento de 6,ooo caballos. Aquellos admirables~ asombrosos titanes, semejaban un huracán que hace temblar la tierra. A pesar de que todo el Estado Mayor aplaudió el brioso empuje de la caballería, Napoleón lo miró con profundo disgusto, diciendo: "Se ha anticipado una hon:l,'' y se resignó á tener que proteger una carga que daba al traste con ~u plan. Los jinetes siguieron trepando. Aquellos hombres, no lo eran ya, parecían centauros, transformados por el vértigo en atletas de la guerra. "Viva el Emperador" gritaban, y entraron en combate. El choque fue espantoso: masas de cab,dlos en vertiginosa carre­ra, se estrellaron contra filas de bayonetas. La parte de la caballe­ría que atacó la extrema izquierda de los ingleses, descubrió de­masiado tarde, para poder evitarlo, el camino hondo de Ohain, en el que qut>daron sepultados unos pocos centenares "te jinetes y de caballos. No obstante, los demá pasaron por sobre ellos. A este detalle de aquella gran batalla atribuyen algunos, erróneamente, el resultado finetl de la jornada. Los ingleses no quisieron ceder, y los franceses anhelaban vencer: de ahí la horrible carnicería que surgió, dando por resultado formar montones de hombr~s y de caballos; montones de carne con acero, en donde al caer las cabalgaduras se hacían acervos de se re y de co~as; Pn donde se proyecta han, de entre esa masa horripilante, brazos rígidos que aún empuñaban el sable; en donde el jinete en tierra mordía furioso el jarrete del corcel tendido que le destrozaba la cara con el casco, haciendo va­nos e fuerzos por levantarse; y en donde la metralla e tallaba, sal­picando á aquellos heroicos lidiadores moribundos con pedazos de carne, fierro y lodo. Esta soberbia caballería casi destrozó las tro­pas de Wéllington: despejó la meseta y atacó la reserva , las que formaron cuadros por regimientos situando en sus respectivos cen­tros la artillería. El flanco del cuadro que recibía un ataque, lo resi tía con ]as bayonetas, y luégo practicaba movimiento de con­versión por mitades, para dar paso á la artillería que vomitaba un huracán de metralla que diezmaba á los franceses, y se cerraba lué­go con orden y precisión adm1rables. El grueso de la caballería de la guardia debía seguir á los co­raceros según la orden de N ey, quien vi no á su encuentro, les habló en terminas vehementes y llenos de convicción, manifestán­doles que eran los llam::tdos á sacar de allí á los pertinaces ingleses. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1.3(JL ~'TfN M JLI1.'AR 4.71 Invitóles en su arenga á arrojarse contra el enemigo, y que­riendo dar el ejemplo, lanzóse como un león sobre los cuadros. Esos hombres tántas veces triunfantes, in que nada hubiera ido irrefragable para ellos, partieron á escape en pos de Ney. El Em­perador, previendo con su inimitable y sutil penetración que aque­llo no tendría más resultado que privarlo, de pojarlo de su caba­llería, arma final de sus batallas,-envió al gran Mariscal Bertrand á detenerlos, pero por más que éste corrió no pudo alcanzarlos,­y diez mil caballo:: se precipitaron de nuevo sobre el ejército bri­tánico. Esta terrible carga arrolló varios de sus cuadros, y la ca­ballería tomó 6o piezas de artillería y tres banderas. Pudo haber decidido la batalla esa formidable e m besticia, pero Napoleón come­tió el error de no apoyarla con la infantería, y no pudo, en conse­cuencia, conservarse en el terreno tan heroicamente conquistado, ni desarraigar á aquel ejército fuertemente plantado allí. Si á la ~uardia joven se le hubiera hecho concurrir á continuar el ataque con nuevas y vigorosas arr~metidas, en verdad que la victoria la hubieran alcanzado las armas francesas, pero estos cuerpos se en­contraban abajo, á la derecha de Plachenois. Los regimientos de Lord Elxbridge atacaron como leones á las caballerías de Ney, pero se vieron precisados á retirarse, casi deshechos, para rehacerse. El Mariscal Ney pidió al Emperador refuerzos de infantería, pero este, dudando rnucho del buen resultado de aquella irreflexiva carga, los negó porque temía que fueran tan 1-.>camente empleados como las caballería . Pero si apoleón hubiera podido ver lo que pasaba en la meseta, de ~eguro ordena cargar sobre ella á todas la tropas de que disponía. Vi .ndo Ney que no 11egaba el refuerzo de infantería que le idió al Emper<1dor para proteger sus cargas ofreciéndole vencer eon él si se lo enviaba, y mal podía llegar, puesto que la contes­tación que recibió de apoleón fue ésta: "¿Infantería? ... ¿quiere que yo la fabrique ? , " quiso suplir esta falta redoblando su valor, y resolvió emprender la novena carga, diciendo: "Si no basta un Ney, alla van seis." Se le vi partir, llegar, chocar con el cuadro más avanzado, segar cabezas y desaparecer entre el humo. Pero todo fue en vano, aun cuando hizo más de lo imaginable, era im­posible aniquilar tropas tres veces mayores que las suyas. Enton­- ces ideó un nuevo método de ataque: cargar con unos mientras descansaban los otros; e:Ie esta manera obtendría una carga conti­nua. Principió con los coraceros. Po~o tardó en empezarse á ver los benéfico resultados de esta idea, cuando llegaron los pru ianos desembocando por todas part~s; dos cuerpos por Saint-Lambcrt y uno por Ohain. 7 s,ooo prusianos vinieron á reforzar á los 7 s,ooo ingleses de W éllington. Eran las seis y media de la tarde. El Conde de Loubau, en medio de sus soldados, hacía cuanto estaba á su alcance para retardar lo más posible la retirada que se vio obli­gado á ejecutar por la enorme diferencia numérica de sus tropas Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR con las del enemigo: ya lanzaba las caballerías de Domon y de Suberboie sobre los escuadrones del Príncipe Guillermo; ya su in­fantería cargaba á la bayoneta á la infantería de Losthin que ata­caba su izquierda; ya á la d~ Hiller que invadía su derecha. Cien­to cincuenta mil hombres atacaron con furor á los restos del ejér­cito frances. La vieja guardia era la única fuerza con que contaba Napoleón, quien, lejos de renunciar á la victoria, se puso á la ca­beza de aquellos pocos hombres, y se lanzó sobre el centro de los ingleses ; una descarga de artillería rompió por cien partes aquel puñado de héroes, y la línea de sus gorras de pelo continuó ade­lantando. Las caballerías prusianas también los atacan ; ellos re­sisten, pero, no habiendo tenido tiempo de formar cuadros, son :iisueltos, y retrocedieron por primera y última vez, para reorga­nizarse y formar los cuadros más abajo, en donde fueron cargados ain cesar. Ney, con c:l rostro cubierto de sangre, y salpicado de lodo; su­doroso, agitado; con el antes correcto uniforme desgarrado á balazos; pendiendo de uno de sus hombros un pedazo de charretera cortada de un sablazo; con su espada rota; sin tricornio, y con la mirada centellante y terrible, procuraba, andando aquí y allá, reunir tro­pas para atacar la caballería prusiana. De repente, comprendiendo que todo era ya inútil, se le ve, á la cabeza de 200 jinetes, partir como ariete formidable en busca de la muerte, gritándole á sus compañeros: "¡ Veníd á ver cómo muere un Mariscal del Im­perio ! " Inconcebible parece que ante esos 200 bravos, los prusianos retrocedieran ; pero luégo, avergonzados, vuelven á la carga, tra­bándose una lucha formidable ; y á Ney, allí donde había más enemigo , se le veía aparecer y desaparecer con su espada vibran­te como una lengua de serpiente: buscaba la muerte, pero quería matar sin tregua; y la muerte huía de el, y parecía que las balas se apartaban á su paso. Los ingleses, habiendo rechazado los ataques, y sintiéndose reforzados en estos momentos por todo el ejército prusiano, cerca de las ocho* comenzaron una acción general ; dejaron sus atrin­cheramientos, y pa aran de la defensiva á la ofensiva. Tomaron el Haya Santa y á Pappelot, tras una carnicería horripilante, des­pués de la cual se declaró la derrota en los franceses, que fueron lué­go acosados, perseguidos por todas partes á pesar de la oscuridad de la noche. Los resto~ del primer cuerpo, desordenados, se dis­persaron ; y el segundo, que se retiraba en algún orden por la izquierda del camino real, fue á su vez dispersado por la caballe­ría pru .,ia na; el sexto y la nueva guardia lo fueron en Plache­nois. Las caballerías yacían tranquilas al lado de sus irreconci­liabl es enemigos, en la meseta del monte de San Juan. En Bélgica, por los meses de Junio y Julio, anochece á las 9 p. m. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MlLIT.AR Algunos cuadros de la guardia, inmóviles en medio de las borrascas de aquella espantable derrota, como las rocas en el agua que rebota sobre ellas, se mantuvieron firmes hasta el anochecer. Llegada la noche, y con ella también la muerte, esperaron esta doble sombra, é inmóviles, dejáronse envolver por ella. Abando­nados allí, vencidos, terribles, aquellos cuadros sombríos agoniza­ban de un modo formidable: Ulm, Wagram, Jena, Friedland, morían con ellos. A la hora del crepúsculo, á eso de las nueve, quedaba toda­vía uno al pie de la meseta del monte de San Juan. En aquel vaiJe funesto, junto á aquella cuesta que subieron los c01aceros, inun­dada ahora por las masas inglesas, bajo los fuegos convergentes de la artillería enemiga victoriosa, blanco de una formidable trom­ba de proyectiles, luchaba aún aquel cuadro que mandaba un oscuro oficial llamado Cambronne. A cada descarga disminuía el cuadro, sin dejar de resl-'onder. Replicaba á la metralla con sus fuegos de fusilería, estrechando continuamente sus caras. Los fugitivos, deteniéndose por momentos á cobrar respiración, escu­chaban de lejos, en las tinieblas, aquellos truenos so m bríos que iban decreciendo sin cesar. Cuando aquella legión no era más que un pui1ado de hombres; cuando su bandera no fue sino un arambel; cuando sus fusiles, careciendo de balas, no eran sino me­ros garrotes; cuando el montón de cadáveres fue mayor que el grupo de vivos, hubo entre los vencedores una especie de terror · sagrado en presencia de aquellos moribundos sublimes, y la arti­llería inglesa, recobrando alientos, guardó silencio. Aquello fue una especie de tregua. Aquellos combatientes tenían en derredor suyo como un hormiguero de espectros, de sombras, hombres á caballo, los negros lineamientos de los cañone , la blancura del cielo vista al través de las ruedas de las cureña~; la colosal cabeza de muerto que los heroes perciben entre el humo, en el fondo de la batalla, avanzaba hacia dios y los miraba. Entonces pudieron oír en la sombra, que cargaban las piezas; las mechas encendidas, semejantes á ojos de tigre vi tos en la noche, describieron un círculo alrededor de sus cabezas; todos los botafuegos de las baterías in­glesas se aproximaron á los caí1ones, y entonces compadecido, te­niendo el instante supremo 3uspe-ndido sobre las cabezas de aque­llos hombres, un General inglés, Colville, según unos, Maitland según otros, les grito: Rend10s, bravos franceses! Cambronne respondió: Mierda/ Otros afirman que agregó: "La guardia muere pero no se rinde." ¿ ron unció ciertamente esta frase su bli­me, aunque un poco teatral, ó, como lo dice V 1ctor Hugo, e contentó con una palabra de seis letras, humillante y terrible para el enemigo vencedor, una palabra de soldado, verdaderamente he­roica en su desdeñosa grosería? N o lo sabemos, pero lo cierto es que aquella grandiosa contestación que fulmina y execra, fue res­pondida con una descarga de artillería, y á cañonazos se demolió glorioso el cuadro de la guardia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80 .BOLE'l'ÍN l11Ll'l'J1R Cambronne no murió. La caballería prusiana, viéndose victoriosa á tan poca costa, arremetió á los fugitivos persiguiendolos, hostigándolos hasta larga distancia. Así cayó Napoleón. El Mariscal Grouchy, terco y obcecado como nadie, había continuado su inconcebible marcha á Wavre. Eran las doce y media cuando llegó á Nil Saín-Vicente, desde donde podía diri­girse á cruzar el Dile por el puente de Moustier, que por una imprevisión, dichosa para los franceses, no había guardado el ene­migo. Si el Mariscal, entrando en razón, hubiera atravesado este puente, habría llegado á Maransart, situado en frente de Plache­nois, en el mismo borde del barranco en donde se batía Loubau .::on Bulon. Si hubiera efectuado este movimiento tan sencillo como indicado, habría podido atacar á los prusianos por retaguar­dia, haciéndolos precipitar en el barranco, donde los hubiera des­truído, toda vez que para salir de allí tendrían precisamente que 1epasar los bosques, en donde tánto trabajo les cost6 penetrar. Pero Grouchy quería llegar á Wavre á despecho de todo, consi­guiéndolo á la~ 4 de la tarde. Allí encontró el cuerpo de Thiel­man, fuerte de 25,000 hombres, en posesión de la ribera izquierda fiel Dile; lo atacó y forzó el paso: acontecimiento de ninguna importa.ncia, que costó mucha sangre inútilmente vertida, en los momentos en que en Waterloo se decidía la suerte de la campa­ña. El infortunado Mariscal, lejos de comprender que con su obs­tinación ponía fin al vuelo de las águilas francesas, quizás cansa­das de cernirse victoriosas sobre tántos campos de batalla, creyó cumplir con !o ordenado. ¿Hubo traición de parte de Grouchy? ~Fue difidente al Emperador ? No Jo creemos; tan sólo le faltó astucia de soldado, perspicacia militar para haber comprendido que el grueso del ejél ·ito prusiano marchaba á proteger á We­llington, mientras él pertinazmente se empeñaba en perseguirlo, en vez de interrumpirle la marcha atacándolo de flanco. Militar subordinado, temió comprometer el plan general, tomando una resolución atrevida, y prefirió ceñirse á lo que él reía le habían ordenado la víspera. ARTURO ACEBEDO V. Capitán efectivo uel Ejército IMPRENTA NACIONAL Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 126

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 131

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 131

Por: | Fecha: 23/12/1899

AROIII Bogotá, Diciembre 2 3 de 1899 NUM.l31 --~·~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIRXCTOR AD-HONOUM, FRANCISCO J. VERGARA y V. Coronel, Miembro de la Sociedad Colom't)iana de.Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos loa Jefe• y Oficiales del Ejército de la República OFICIAL PAU:L St. VlCTOR SABARTHEZ Capitan de Ingenieros del Ejérc1to francés, Oficial de la Legión de ;Honor, condecorado en uamp3.ña en. Africa, miembro de la. M1sión Mllitar pedida por el Gobierno de la República + KN LA UNION, JO K~UE, •;L 17 DR DICIKMBRK DI 1899 La Dirección del Bolttín Militar, en nombre riel Ejér­cito, y en el suyo propio, lamenta profunda y sinceramente la trágica y prem~tura muerte del brillante Oficial de la gran República latina, que tan hondos recuerdos deja en nuestras filas, por su instrucción, cultura y caballerosidad. Descanse en paz en este suelo que miró con especial afecto, y donde su memoria será cariñosamente conservada largos años. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 610 BOLETÍN MILITAR NO~AS :OE OON:O'C"O~A ORDEN GE ERAL DE LA FECHA República dt Colombia-Ejército Nacional-Estad:; Mayor general Art. 599· La Comandancia en Jefe del Ejército comunica á este De pacho que el 17 del corriente, á las r r a. m., murió en el caserío de la Unión el Sr. Comandante Pablo Saharth~z, IT'iembro activo oe la Comisión Militar Francesa en Colombia. Honrar la memoria del veterano que engalan:.ldo con las vir­tudes militares de su país natal, llevó en el pecho medallas de honor concedidas por Francia á sus leales servidores para recompensar };¡virtud civil y el valor militar, es un deber del Ejército Colom­niano, y especialmente del Cuerpo Politécnico, que bien inspirado por los nobles estímulos de sus Jefes y trabajo infatigable del Co­mandante Sabarthez, recibió en la escuela del soldado notable ins­trucción militar. El Ejército, en significación de su honda pena y ante la tumba del expresado Comandante Sabarthez, !ie asocia á la Colonia Francesa residente en esta capital para deplorar, con la ceremoniosa reverencia reglamentari puestos que fueron señalados por la mencionada Co­mandancia; quien os mencionará las apreciaciones que sobre tal estime á bien haceros. Los materiales invertidos en esta ejecución se descomponen así: cuarenta y cinco proyectiles disparados por el cañón Maxim, de proa; quince por el Hotchkiss, de popa; una faja y media, ó sean Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 613 doscientos cincuenta y tres tiros de ametralladora Col!, en el piso superior; seis mil trescientas veintitrés cápsulas de Máuser, y mil de rifle Rémington. En el armamento de artillería ha ocurrido una pequeña rup­tura en una pieza de la colisa de popa; y en el armamento de in­fantería, la de tres Máuser, causada por proyectiles enemigos. Es satisfactorio exponeros que en el personal no ha ocurrido novedad por muerte ó heridas de ninguna especie; y en el mate­rial del buque sólo se observan algunos agujeros causados por balas de rifle. Respecto al servicio de ambulancias, sólo puedo adicionaras que no obstante haberlo solicitado con anterioridad, fue notoria la ausencia; sin embargo, de paso en Magangué se tomaron al­gunas medicinas que humanitariamente han servido para los he­ridos tomados al enemigo. Por la copia del Diario de navegación observaréis las ocu­rrencias y demás pormenores correspondientes al mecanismo ad­ministrativo y gobierno interior de esta nave. Dios guarde á usted. El General, primer Comandante, ELÍAs RODRÍGUEZ 0 PLAN DE COMBATE Comandancia general de la Flotilla de guerra Servicio y plan de ataque y defeaua, que se deter01ina en el orden 8it:uieu te: Se dividirá la fuerza en dos ala , izquierda y derecha, para lo cual se partirá tornando como frente 1 asta de bandera de proa. Izquierda-Se compondrá de 4-0 soldados con sus respectivas clases; 20 ocuparán el piso alto, con el Capitán Silva de jefe, y 20 el piso bajo, al mando de un Subteniente. Derecha- Se compondrá de 4-0 soldados con sus respectivas clases: 20 ocuparán el pi o alto, y 20 el bajo; t('ndrán como jefes al Teniente Castro, para el piso alto, y un Subteniente para el bajo. Artillería-Jefe, Capitán Ramos, que ocupará el puesto en la proa, piso alto, y manejará el cañón Maxim. El . Teniente Quintero ocu?ará el puesto como jefe de la ametralladora. El Contador Antonio J. Barros ocupará el puesto al frente del cañón de popa Hotchkiss. PREVENCIONES 1 .• Aparte del orden y vigilancia con que la fuerza en gene­ral debe prestar el servicio, la guardia del buque, que se denomi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 614 BOLETtN MILITAR nará dt prevención, proveerá los centinelas que fueren necesarios, y será de su cargo hacer cumplir las órdenes superiores; 2.• El resto de las fuerzas .. que se denominará franca, dará el servicio nocturno de tres cuartos de ronda, compuestos de un oficial y cuatro individuos de tropa, debiendo comenzar este ser­vicio á las 6 p. m., y terminar á las 6 a. m.; 3· • Las órdenes correspondientes en combate serán dadas por el Corneta de órdenes del General Comandante general de la Flo­tilla, y repetidas por los demás; 4.• Al divisar un buque se tocará atención, é inmediatamente cada uno ocupará el puesto que se le señala; 5.• .Atraques-No se ligará ningún buque de la Flotilla, en caso de arrimadas, con amarres de cadena ó alambre, sino con cabo de manila, teniendo el cuidado de poner un machete ó hacha en cada lado del vapor, tanto en proa como en popa; 6.• Al atracar un vapor para tomar combustible ó por cual­quiera otra causa, se tocará atención, y, dreferencia la operación de arriba hacia abajo. Cada uno de los operadores coloca á su turno su quíntuplo metro y cuenta mentalmente sus operaciones sucesivas, y sólo éstas, lo que permite ha­cer una comprobación al fin de las mediciones. La diferencia entre el extremo de la última regla y el punto de llegada, se mide con un metro. Con estas reglas puede medirse una distancia de 1 oo metros en terreno horizontal, con una aproximación de o,oz, ó sea de 5 -0 1 00• Oadena de agrimtnJor-Ya hemos estudiado la cadena de agrimen­sor, que puede dar una aproximación de om 1 o en una medición de 1 oo metros en terreno horizontal, 6 sea Tio· cr· C intaJ J, acto-Las cintas de acero tienen ordinariamente una longitud de 10 metros; su comprobación y su uso se hacen del mismo modo que los de la cadena de agrimensor. Su precisión es un poquito mayor, porque se fabrica la cinta de acero de una sola pieza; pero es menos fácil de manejar, y su fragilidad es un defecto grave. OintaJ de género, cuerdaJ, ttc.-En fin, pueden emplearse cintas de género ó cuerdas muy man~jables, pero que por su elasticidad variable con las condiciones atmosféricas, dan medidas muy indecisas y no pue­den servir sino para medir distancias muy cortas. Medicionu aproximativaJ-En el estudio de los reconocimientol militares, principal objeto que nos proponemos en estas lecciones de to­pografía, examinaremos varios procedimientos rápidos y aproximativos de medir distancias. Pero para ejercitar los oficiales que tendrán que prac­ticar los reconocimientos, es ventajoso acostumbrarlos desde ahora á la medición de distancias con pasos. Con este fin, en los cuadernos de las operaciones ejecutadas en el terreno, cada uno de los operadores apun­tará siempre en una columna especial, frente al resultado de la medi­ción directa y exacta hecha con instrumentos, el número de pasos do­bles contenidos en esta distancia. Para emplear este método se cuentan maquinalmente los pasos dobles en el pie derecho, procurando caminar siempre á compás uniforme y natural. Se cuentan las centenas, por Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR medio de piedrecitas ó cualesquiera objetos que se pasan de un bolsillo á otro. La longitud del paso varía en cantidades diferentes cuando se ca­mina en una subida, en una bajada, en terreno Rojo, resbaloso, pedre­goso, cuando cambia la dirección del viento, etc. etc. Cada uno tiene que estudiar por sf mismo esas variaciones, examinando los resuludos apuntados en los cuadernns. En general, en los reconocimientos milita­res, bastará adoptar como longitud del paso el término medio de todos estos resultados; pero si se quiere hacer más escrupulosamente la me­dición, pueden valuarse las correcciones que hay que hacer en cada uno de los casos particulares. Con el doble paso puede alcanzar la precisión hasta -l 0 y aun Th ­de la distancia. Reducción al horizonte-Cuando se ha medido según la pendiente una distancia A B (figura 41) entre dos puntos, para hacer la construcción en el plano, se necesita hacer la rtducción al horizonte, es decir, calcu­lar el valor de la proyección AC sobre el plano horizontal. Llamando a al ángulo de la línea A B con el horizonte, tenemos: AC =A Bcos.a, y para hacer la reducción es preciso medir el ángu­lo a con instrumentos que estudiaremos más tarde. Desde luego, conociendo el ángulo ex., puede calcularse la distan­cia horizontal AO con tablas de logaritmos 6 con las reglas de calcular que acompañan á algunos instrumentos. Pero es siempre más cómodo construfr directamente la línea AC. Esta construcción se puede hacer trazando directamente el ángulo a. con un transportador. Será más exacto emplear una escala de reduaió11 al horizonte, que s : traza corno sigue: Sea AB (figura 42) la escala grá­fica del plano; tracemos un arco de círculo tangente á .ABen el punto medio D. Sea DE la línea que forme con A D un ángulo igual á a. , ab od Trazando Ea paralela a A B, tendremos: A B = 0 D =coa.a. de donde ab =Á Bcor.a Por consiguiente ab será la reducción al horizonte de la distancia A B medida según la pendiente ex., y uniendo el punto O con las divi­rionec; de la escala gráfica A B, se obtendrán en ab di visiones que da­rán la reducción al horizonte de cualquier distancia medida según ]a pendiente a.. Todas las paralelas tales como ab que se pueden trazar por vados valores del ángulo ex., darán la escala de reducción al horizonte. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 625 En cada caso particular puede construírse en el papel una escala de reducción correspondiente á la escala gráfica del plano. En las cajas de Jos instrumentos hay ordinariamente escalas de re­ducción trazadas sobre planchas metálicas para las escalas gráficas más usadas. Con esas escalas de reducción para obtener la reducción al hori­zonte de una distancia, en 1 ugar de tomar esta distancia en ]a escala grá­fica del plano, se toma en la paralela á la escala correspondiente al án­gulo del declive. LímittJ de J,u diJttJIUÍtu qlit puede11 medirse con los instrttmtnlos­Para las op~raciones topográficas exactas se necesita que el error come­tido en la medición de las distanci:~s, sea en la escala del plano, menor que 1 1 0 de milímetro. Por consiguiente, á cada uno de los instrumentos corresponde un límite gráfico-/- de distancias que se pueden medir en el terreno. Sentado este principio y teniendo en cuenta las aproximaciones que dan los diferentes instrumentos, pueden calcularse estos límites: Así, en la escala de 1 /o 0 , con las reglas de Clerc, no se pueden medir distancias mayores que I,ooo metros, correspondientes á 1 moo del plano; con los quíntuplos soo metros correspondientes á omso del plano; con la cadena 100 metros correspondientes á omiO. Capitán SABARTHEZ (de Ingenieros) (e 01lfÍ7Jttará) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~26 BOLETÍN MILITA..lt ARCHIVO N-~CIONAL DOCU~IENTOS INÉDITOS Campaña de 1819-1820 eJJ el Cauca (Continuación) 1. 0 dt Entro de 1 82o-Este día salió una compañía compuesta de 8o hombres y un piquete de caballería hacia el pueblo de Timbfo. Día 2-Este día se ha recibido parte del Teniente Hermenegildo Correa, Comandante de la compañía que salió hacia Timbfo, de que á inmediaciones de dicho pueblo se le presentaron 8 hombres á caballo y armados, y que luégo que ·se le presentaron mandó I 2 soldados con un Sargento á que los persiguieran, y con uno de los tiros que hicieron los enemigos, consiguieron matar un soldado de los 12 que los perseguían, y que luégo que vieron esto, salieron corriendo con la última velocidad á reunirse con otros que se hallaban en Las Piedras, dos horas distante de este pueblo. No pudiendo por este motivo aprehender á ninguno de éstos. También amaqeció este día un pasquín contra el Gobierno y algunos particulares. Día 3-Nada notable. Día 4-Este día han venido las partidas que se hallaban por fuera; éstas han traído algunos presos, entre ellos á D. Manuel del Campo Larraondo, un canónigo y un religioso. Al citado Larraondo se le tomó declaración acerca de indagar si éste decía algo de las posiciones y fuerzas del enemigo, y dijo lo siguiente: Que sabía por un negro que había llegado á la casa dan de él esta­ba oculto, y que venía de Pasto, y que le preguntó en qué estado se hallaba Calzada, y dijo que de Quito le había venido un gran refuerzo al mando de un General, el que se incorporó con dicho Calzada; que igualmente le habfan mandado pertrecho y dinero. Que el número de tropa que tenía el enemigo era como de 4 á s,ooo hombres, y que in­tentaban marchar para esta ciudad; que salían de Pas t9 el 28 del pasa­do. Esta la transmite el Sr. 'omandante á S. E. con esta misma fecha. Día s-Salió una partida compuesta de 30- hombres y un oficial hacia Los Robles. Nada han de scubierto de particular. Día 6-Nada notable. . Día 7-Salieron dos partidas: la una por la vía de Timbío hasta Los Robles, y la otra por la de Chune ha s ta Riohondo; nada ha habido de par tic u lar en su ida y vuelta. Día 8-Esce día por la noche ha salido una partida á ocupar oculta las entradas á esta ciudad, por donde se •recela entran postas de los enemigos. Dicha partida se ha retirado antes del amanecer, para que no se recele por alguno con qué objeto se dirige á esos puntos. Día 9-Nada de particular. Día 1 o-Salió una partida en e lase de guerrilla; su número, el de 30 hombres, hacia los pueblos Tambo, Timbío y P1agua; el Timbío es el más distante de estos pueblos, y esta guerrilla va con el objeto de descubrir las posiciones del enemigo y su número. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 6!7 Día 11 -Este día se ha liabido, por un desertor de los godos, que ya ha marchado la expedición de éstos, de Pasto para ésta, y el grueso de e-sta expedición se ha1la en Mercaderes y sus avanzadas en los Dos­ríos. Mercaderes dista 8 días y los Dosríos 6. También ~e sabe que las partidas de éstos han venido hasta más acá de Riohondo, por cuyo mo­tivo se destinó la guerrilla que en el día anterior se anuncia. Día 12-Nada notable. Día 13-Nada notable. Día 14-Se ha recibido parte del Comandante de )a guerrilla, que salió hacia la cuchilla, en que comunica que habiendo llegado á la hacienda rle Riohondo, había tenido noticia que una partida enemiga, compuesta de 16 hombres de caballería, había estado dos días antes en dicha hacienda. Que estando acampado en el pueblo de Piagua, vio que hacia él se dirigían 12 hombres de caballería, que inmediatamente marchó á su encuentro, y que fugaron; que continuando su persecución ae aproximó al pueblo del Tambo, de donde descubrió que en la cuchilla de dicho pueblo se hallaban los enemigos en número de 40 hombres de infantería y caballería, y dispuesto á atacarlos marchó hacia ellos, los que en el momento se pusieron en fuga; y que continuando su perse­cución, logró aprehender má5 allá de die ha cuchilla á ~n soldado infan­te de los enemigos, el que examinado, le dijo que adelante de la expre­sada cuchilla se hallaba un destacamento de los enemigos compuesto de 16 hombres, un cabo, un sargento y un oficial. Que igualmente tuvo noticia que en el pueblo de Timbfo se hallaba una partida de enemi­gos, su número el de 13 hombres de caballería, por lo que contramar­chó y se dirigió á dicho pueblo, y á poca distancia de Timbfo se en· contr6 con la dicha partida, la cual persiguió y sólo pudo quitarles un caballo por la furia con que fugaron, que habiendo llegado al deno­minado pueblo no entró por evitar una sorpresa, por lo que se diri­gió á la hacienda del Troje, que se halla muy inmediata al pueblo, en donde se informó por·un negro que en el Alto de las Piedras, adelante del mencionado pueblo dos leguas, se hal Jan los enemigos, que ignora su número pero que sabe son bastantes, y que también no sabe quién los manda, por cuyo motivo determinó dicho Sr. Comandante que la gue­rrilla contramarchara de la hacienda en donde estaba situada á la de Lo1 R1bln, en donde pernoctó aquella noche. A las 10 de la noche de este día llegó un sargento de la guerrilla que arriba se expresa, y dio raz6n de que á las 4 de la tarde habían sorprendido la guerrilla, que él no más había podido escapar y que ig· noraba la suerte que habían corrido su Comandante y demás compa­fieros. Día 1 s-Este día dispuso el Sr. Comandante general que se ali5· taran para marchar 300 hombres hacia Timbío, y se verificó dicha or­den á las 11 de la mañana de este día, marchando á la cabeza de dicha Divisi6n el Sr. Comandante general. A dicha hora se pas6 por las ar· mas un soldado de los enemigos que aprehendió el Capitán Santos Páez. Y continuando la marcha hacia dicho pueblo, después de haber pasado el río y quebrado :le .Á1ztÓ11 More11o, que son bastante corrento­sos, pasámos el río de Los Robles, que también es bastante correntoso y ~n invierno no da vado ; á una legua de distancia llegámos á la. hacien~ .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 628 BOLETlN MILITAR da de Lfls Robles, en donde fue la sorpresa de la guerrilla ; en esta ha­cienda no encontrámos novedad ninguna y pernoctámos en ella, tomán­dose las medidas de seguridad para evitar cualquier sorpresa. En el tér­mino que hemos andado, no se ha encontrado á quién preguntarle la más pequeña cosa. Día I 6-Continuámos la marcha á las 6 de la mañana bacía el Occidente, siendo de advertir que la jornada de Popayán hacia Los Ro­bits ha sido hacia el Oriente; y después de haber caminado dos horas y media á paso de tropa, llegámos á la hacienda de Troje, desde donde descubrímos una partida enemiga en el Alto de las Cruces, compuesta de veinte hombres á caballo, sin poder distinguir si son tropa de línea ó partidas de patianos. En dicha hacienda permanecímos hasta las dos y media, en donde se racionó la tropa, no haciendo el menor movimiento sobre ellos, porque el punto en donde estaban situados es bastante ven­tajoso, y se sospecha que tienen emboscada una parrida bastante consi­derable. A las 3 de la tarde salímos de la dicha hacienda tomando el camino hacia el Norte, por detrás de Lt hacienda de Los Robles; á las 5 llegámos á Quilcacé, en donde pernoctámos y supímos que inmediato á la casa habían tomado los enemigos 8 ó 9 soldados de nuestra guerrilla que hasta allí les habían ido haciendo resistencia. Día I ]-Permanecimos en Quilcacé hasta las 9 del día, y después de habe acionado la tropa regresamos á Popayán, á cuya plaza llegá­mos á las 2 de la tarde, en donde nos en con tramos sin ninguna de las familias patriotas (las que son muy pocas), porque habían emigrado con motivo de haberse levantado la chispa de que nos habían derrotado completamente, todo sin un motivo, y esto sólo dimana de lo malo, ma­lísimo de los habitantes de e te suelo. Día 18-Nada notable. Día 19-Salieron dos partidas; la una por la vía de Timbío hasta Antón Moreno, y la otra por la de Chunc hasta Riohondo; ambas se han replegado sin haber descubierto nada de particular. Popayán, Enero 20 de 1820. LEON GALINDO Visto Bueno-A. OBANDO. SECCION BOCTBIN AL (Continúa) "Como General en Jefe nunca perdló el tiempo ocupándose en detalles que salían de sus atribuciones naturales, consagrando, en cambio, todas las fuerzas de su espíritu á desempeñar las fun­ciones de su cargo. A tal punto practicaba esta consigna, que en los campos de batalla no aceptaba otro sitio para su persona, que aquel que le parecía más conveniente para cumplir con sus debe- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETÍN MILITAR 629 res, no dejándose apartar de allí ni por el fuego ni por los peligros á fin de poder juzgar por sí propio la marcha del combate. ' .. _,Así, por ejemplo, en las jornadas del 4 al 7 de Mayo no per­mttiO .mover m unos pocos pasos su cuartel general, en la colina de Fatrwerd, á pesar de que se encontraba en la dirección del tiro de una batería enemiga, y de que su tolda había sido rota por veinte cascos de granada. Solamente cua.1do dicha batería hubo reglado su fuego, convino con nosotros en trasladarse á una quiebra del suelo situada á pocos pasos de distancia. Permaneciendo siempre igual de ánimo y de carácter, en la victoria como en la derrota, á todas horas se veía la expresión de una benévola altivez en su rostro, que no mostró enojo sino una sola vez, cuando por culpa de la mala dirección que se diera á un convoy de víveres, sus fieles soldados tuvieron que luchar con el hambre y el desaliento. Su bondad exenta de sentimentalismo y sus sentimilntos humanitarios de buena ley, marchaban de concierto con rigorismo draconiano contra todo olvido de sus deberes cometi­do con conocimiento de causa: la vista de un herido le inspiraba profunda compasión, y sin embargo nunca vaciló en ejecutar un ·plan serenamente adoptarlo, con la mayor energía y firmeza, sin preocuparse por la sangre que pudiera costar. Y de qué manera preparaba sus planes! no con la repentina resolución de un jefe de caballería, sino mediante penoso trabajo de labor, cálculos y combinaciones incesantes. Se daba cuenta exacta de la responsabilidad que gravitaba sobre sus hombros, com­prendía que en ;us manos tenía la vida de los mejores ciudadanos y la suerte de su patria, y quería hacerse digno de la confianza sin límites que todos habían depositado en él. Esa responsabilidad ante Dios y la confianza que mereciera al pueblo, le incitaban á trabajar con toda su alma para establecer sus planes tan perfecta­mente como fuera posible, pesando de antemano todas las probabi­lidades y esforzándose por evitar esos pequeños errores que suelen perturbar las previsiones de un jefe ordinario y ponen en tela de juicio el resultado de las operaciones. Después de una batalla me decía: 'Me esfuerzo por que mis planes sean tan buenos como lo permiten las fuerzas humanas, pero el día del combate pongo la suerte de mi ejército en manos de Dios, y llega el turno de que los generales desempeñen las tareas de su oficio.' Aun cuando cria•lo entre el lujo y la riqueza, en una de las principales familias del Sur, Lee dio á su ejército el ejemplo de la más grande sencillez, porque se contentaba con el mínimo de ba­gajes, ó sea apenas tenía en cuenta las necesidades imprescindibles de la vida. A pesar de la importancia de los asuntos que le era preciso despachar, el equipo de su cuartel general apenas compren­día seis ú ocho tiendas de campaña pequeñas, en las cuales debían alojarse él, el estado mayor y las oficinas del despacho. En presen­cia de tales procederes paréceme que nadie censurará que yo sienta Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR algo como orgullo al pensar que de todos los oficiales extranjeroa que siguieron los ejércitos en la guerra de Secesión, fui el único admitido en el Estado Mayor de Lee, después de un largo período de prueba con el General Stuart. Salvo el caso de enfermedad, por ninguna causa ó motivo dor­mía el General fuera de su tienda, en medio del ejército, ya en marcha, ya en las largas noches de invierno. Vivía tan modesta y sencillamente como el común de los soldados, y enviaba á las ambulancias todos los regalos que le hacían los abnegados hijos del Sur. Cuando sucumbió el Sur, Lee aceptó el modesto empleo de Director de la Academia de Lexington, diciendo que después de haber conducido tantas veces á la muerte los jóvenes del país, mi­raba como un deber, como una expiación, consagrar su vida á la educación de la juventud. En poco tiempo el plantel que él diri­gía se levantó de las ruinas y se tornó uno de los colegios más afamados de la comarca, al cual se agolpaban los jóvenes deseosos de tener la honra de educarse bajo la dirección del antiguo Jefe del ejército de su país. En el otoño de I 870 el viejo General fue herido por la pará­lisis en el momento en que recitaba sus oraciones después de co­mer, y falleció pocos días después, el 12 de Octubre, pronuncian­do las órdenes de ataque en una batalla ideal. Así terminó este hombre superior, de inteligencia clara, de alma sencilla, de inque­brantable fideJidad al deber y de sólida confianza en Dios, y uno de los primeros Generales de su siglo."-(Concluirá). :t. :.a AOrr'C'A:t.ES FOI'.MACION:ElB DE LAS TRES ARMAS * 111 -Artillería Altmania-La artillería alemana de campafia admite e uatro clases de formaciones: de reunión, de marcha, preparatoria de combate y de combate. La de reunión n1 parque, tratándose de una batería, es una línea de batalla con intervalos cerradns (geschtouene-batttrie): las piezas se colocan á 4- metros de intervalo entre los ejes (no de rueda á rueda); las cuatro cajas que constituyen el primer escalón, á 4- metros de inter­valo, y 1 2 á retaguardia del ala derecha. Si el segundo escalón está con la batería, se sitúa detrás ó hacia un costado, según lo que permita el terreno. Varias baterías dejan entre sí 12 metros de intervalo ( brtitt k1111tnt), y el jefe desigua el lugar donde deben situarse los segundos escalones de municiones. • Véanse loa números 102 y 106. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • BOLETÍN MILITAR 631 Las formaciones de marcha, tanto para una como para varias ba­terías. son: la col u m na por uno ó or dos carruajes de frente: en la primera los carruajes de cada batería marchan á 3 metros de distancia, los siguen 4 cajas, y de batería á batería se deja un espacio de 16 me­tros; en la segunda, que no se emplea sino en las carreteras muy an­chas, las seccirJnes (dos piezas) van cerradas (4 metros de eje á eje), y se siguen á distancias de 5 metros; las cajas ó furgones también mar­chan por dos á retaguardia: 2 5 metros es la distancia entre cada dos baterías. En las jornadas ordinarias los segundos escalones siguen á su batería; pero en las que anteceden al combate, se reúnen por grupos á 6rdenes de un oficial, y se mantienen á retaguardia de las grandes uni­dades (artillería de división ó de cuerpo de ejército); solamente la arti­llería de una vanguardia lleva en este caso sus escalones de municiones tras ella. La~ formaciones de maniobra son: la en batalla con intervalos abiertos (geijf11ete batterie); la en batalla con intervalos cerrados; la columna por sección (batterie mit ziig~11), y la columna por piezas (bat­Jerie zu ei11em): el intervalo ordinario en las formaciones abiertas es de 15 metros, pero puede descender hasta 8, ó bien subir hasta 32: en las cerradas se reduce á 4· En las dos formaciones en batalla los jefes de sección se situúan 1.50 al frente del centro de su sección~ y el capitán á Zf, de su batería. Cuando se abren los intervalos, el primer escalón, en columna por furgórt, se mantiene á 100 metros á retaguardia de una de las alas de la batería; y si se está en formación cerrada, ora 1:1 metros á retaguardia de las pi '!zas, ora sobre uno ú otro flanco de la batería. La formación en batalla con intervalos abiertos se emplea en el campo de batalla para los movimientos de avance ó retroceso en la zona de los fuegos del enemigo. La formación en batería con intervalos ce­rrados no se usa sino para la reumó11 y los movimientos que ésta presu­pone: sirve también para las revistas. La col u m na por sección se forma siempre con intervalos cerrado , la secciones á 18 metros de distancia, las cajas en col u m na por una á 1 oo metros al e o tado de las pieza y paralelamente á éstas: en general sirve para los movimie tos de llaneo fuera de la zona peligro a, en el combate, é indicada está la modifica­ción que sufre como formación ever:tual de marcha. La columna por pieza (formación habitual de marcha) sirve también para los movimien­to ele flanco, á vanguardia ó retaguardia bajo el fuegó enemigo. El paso de la línea desplegada á la columna por pieza también puede verificarse co}ot,;ando en cabeza las de la sección del centro: el capitán se sitúa á 24 metros del costado y á la altura del e entro de la columna. Para los grupos de baterías los órdenes desplegados son: la forma­ción en batalla con intervalo:. abiertos ó la con intervalos cerrados (breite ko/omu) y 1~ línea de columnas por piezas (abtbeilung in batte­riell zu einClt). Sólo la primera y la última se em~lean en el campo de bataJla para los movimientos bajo el fuego; la segunda es formación de retmiÓJJ y revista. En la primera las baterías se establecen á 24 metros de intervalo, pero esta cifra puede aumentarse ó disminuírse; además, se admite que en cada batería los intervalos pueden cerrarse transitoria­mente en caso de neces1dad. En la segunda, el inten'alo de las baterías se reduce á 12 metros. En la línea de columnas las baterías tienen 1 oo metros por intervalo normal, ó bien el que se haya previsto para el des- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 632 BOLETÍN MIL 1 'l' A.R pliegue. Las formaciones plegadas del grupo son lacolumnacerrada (lieft kolonne), la col u m na por sección ( abthilung mit zügen), y la columna por pieza (íd. zu einen): sólo la última figura en el campo de batalla. En la columna cerrada las baterías, con intervalos cerrados, se colocan á 1 z metros de distancia, las cuatro cajas tras las piezas ó á 4- metros del costado: sirve para las reuniones y los movimientos congéneres, y para las revistas. En la columna por sección, que tiene el mismo empleo que la análoga de la batería, las baterías se siguen á 2 5 metros de distancia, ;>ero ésta varía de acuerdo con el intervalo que pueda demandar el des­pliegue. En la columna por pieza, las baterías se siguen en el campo de batalla á 16 metros, que se reducen á 3 si las cajas están separadas de las piezas. El jefe del grupo se coloca á 4-8 metros á vanguardia del centro ó hacia el costado sobre el cual tiene intención de desplegarlo; los capitanes se sitúan á 24 metros, ó á 8 adelante del centro de su ba­tería en las formaciones en batalla, sean cerradas ó abiertas; en la línea de columnas y en la columna cerrada, quedarán del lado del jefe del grupo, á 8 metros de la caoeza de su batería en la línea de columnas y en la columna cerrada, y á 24 del centro de la misma en la columna por secciones ó por piezas. Cuanto á laformación de combate, consta cie dos líneas: la primera comprende las seis piezas separadas por intervalos de 20 pasos ( 16 me· tros) y la segunda hs cajas segunda y quinta puestas en hilera tras de las correspondientes piezas; lo:> trenes de cola vueltos hacia las piezasy á JO plsos (8 metro3) del ~rgollón de contera; los avantrenes y tiros se si­túan abrigados y reunidos con las otras cajas del primer escalón, ora formados en línea desplegada tras la batería, nra en col u m na atrás ó hacia el flanco, á una di::.taHcia máxima de 200 m~tros. Por excepción, cuando la batería no debe permanecer 1nucho tiempo en posición, el primer escalón conserva sus 4 cajas, los avantrenes permanecen 8 pa­sos (6.40) á retaguardia de lo'> cañones, los tiros dan la espalda al enemigo y los conductores se de s montan. El segundo escalón (5 cajas y un carro por pieza) se establece 6oo metros á lo más del primero, al cual envía en el acto do:> caja . El comandante de la batería abandona la línea mientras reconoce d terreno para elegir el sitio que ella debe ocupar, tras lo cual vuelve á rcunírsele á fin de dirigir personalmante el establecimiento en batería, lo que no se hará sin haber cargado antes las piezas. Cuando se trata de un grupo de baterías. el comandante de él re­conoce el terreno, lh,ma en seguida á los capitanes, les da sus instruc­ciones y los deja en libertad para que ellos escojan el emplazamiento para sus piezas, durante la cual operación no perderá de ... ista al enemi­go. Si se trata de varias baterías que deben reunirse en un mismo lugar del campo de batalla, se las hace ocupar una posición provi iona], tan próxima como se pueda de la que lo será definitiva J:ara la 1 ucha, á fin de asegurar el orden y la simultaneidad de la entrada en batería y romper sin demora los fuegos con probabilidades de éxito. El sistema para en­trar de ordinario en batería es el de por el flanco, que permite escapar mejor á las miradas del enemigo; jamás se entra en batería por un mo­vimiento de conjunto. En caso necesario se entra en baterfa por pieza bajo la direcc:ión de los jefes de éstas, quienes previamente y á pie habrán estudiado el punto que la suya deberá ocupar. En los grupos de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .BOLETíN MILITAR 633 baterías, éstas, al establecerse, se sitúan en línea ó escalonadas, á distan­cia convencional, pero siempre superior á 24 metros. El jefe del grupo es responsable de la llegada del segundo escalón á la línea de batalla, por lo cual tócale prescribirlc las direcciones que debe seguir y el sitio que ha de ocupar en las marchas; en todo caso, para prevenir cualquier tropiezo, el jefe ó jefes de dichos escalones tiene obligación de acercar­los á las piezas en batería, aun cuando para ello no haya recibido órde­nes: escogen un sitio adecuado y dan parte de su llegada al jefe apenas arriban á él, á la vez que envían dos cajas á cada batería; la formación de estos escalones depende de! partido que pueda sacarse de los abrigos. Atutria-Hungría-La batería comprende 8 piezas y 8 cajas, sub­dividiéndose las últimas, por mitad, en dos escalones, de los que el pri­mero hace parte de la batería de combate (gifechts-batterie). Para las ba­terías que avanzan á descubierto el reglamento (de 1889 reformado en 1894) recomienda las formacinnes en batalla con intervalos abiertos (f'euerlinie), ó en su defecto la columna por medias baterías ó por sec­ciones á intervalos abiertos. Las cajas se establecen en batalla á una distancia máxima de 7 S metros á retaguardia de las piezas. También permite el reglamento el despliegue directo de la batería á partir de la columna para pieza, es decir, de la formación de marcha. Por lo que hace á loe; grupos de baterías, ellos emplean la u/umna cerrada con cada batería en columna de medias baterías sobre tres lí­neas (4 piezas, 4 piezas, 4 cajas); la lí11ea de columnas con las baterías en col u m na por sección ó por medias baterías; la formación en masa con las baterías en co 1umna de medias baterías (las montadas), ó ror secciones (las á caballo). En resumen, en Austria-Hungría las forma­ciones de la artilleria son: En batalla: 1.0 , con intervalos cerrados (Normal-stellung) con in­ten ·alos de 4 m so de eje á eje entre las piezas, y de 7m so entre piezas y cajas; 2.0 , con intervalos abiertos (ftuerli?úe) con intervalos de IS me­tros entre las primeras, y de 7 S entre las segundas al máximum. En columna: 1.0 , por pieza (maruh-colomu) con distancias de 2mSO; 2. 0 , por pieza y caja (stifeJI marsch), Ó sea dos columnas, }a una de piezas y la otra de cajas, separadas por un intervalo máximo de 7 S metros; 3.0 , por sección con intervalos abiertos (zugs -colonne), con distancias ó intervalos de 1 S metros; 4.o, por sección con interva­los cerrados, ó sea distancias de S metros entre las piezas, y d. 7m so entre piezas y cajas, y 4 m so por intervalo entre éstas; s.o, por sección para la marcha de flanco (seitm marsch mit ziigen): dos columnas, la una de piezas, )a otra de cajas, con 7S metros de intervalo máximo y 1S de distancia ó intervalo entre los carruajes; 6.0 , la misma forma­ción con intervalos cerrados (4m50 y 7mSo en vez de IS y 7S; 7·SO por distancias); 7· 0 , de media batería ( halb-batterie-colonne) con intervalos abiertos ( 1 S metros) y 1 S metros por distancias; 8. 0 , la misma con in­tervalos cerrados (4.so) y distancias reducidas á 7mso; 9.o, las mismas fnrmaciones en la marcha de flanco: a) con intervalos abiertos, dos co­lumnas á 7 S metros al máximo una de otfa; b) con intervalos cerrados, en la cual las dos columnas sólo distan 29. so. Para el grupo de baterías se usan las siguientes formaciones: 1.•, lí­nea de columnas (colomJtlJ linie), en la cual cada batería en columna de media batería marcha separada de la vecina por un intervalo de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 1 1 z. so, ó bien se forma en col u m na por secciones, y el intervalo sube á 127.50; z.•, column'l cerrada (coliJfllle), con las baterías en columna de medias baterías, con intervalos de 22. so entre las di versas unidades; 3·, masa, en la que las baterías se presentan en columnas de medias baterías, á 7m5o una de otra, si se trata de la montada, ó en columnas de sección, con la misma lejanía, si de la de á caballo. Francia-a) Artilfería de campaña. Las formaciones de esta clase de artillería se dividen en formaciones de reunión y formaciones de marcha, y formaciones del campo de batalla, que se subdividen en preparatorias y de combate. Lasformaciones de reunión se ejecutan con material ó sin él. En el primer caso se dice que la reunión es 111 parqttf ó simplemente parque. El parque de una batería al pie de guerra, comprende 4 líneas: en I.•, las 6 piezas, en 2 • .., la; 3 cajas de la batería de tiro, en 3.11 , las otras 6 cajas, y en +·\ los furgones. Los carruajes se sitúan á 3 metros de inter­valo de rueda á rueda y á 12 de distancia, del cabo del timón del uno á la caja del que le antecede. La formación normal puede modificarse en la agrupación de los carruajes, en los intervalos y en las distancias, se­gún la composición eventual de la batería, y la forma y extensión del terreno de que se di pone. Las secciones de municiones y las de parque se forman sobre 4 líneas en condiciones análogas. Las baterfas de un mismo grupo y las municiones reunidas en un mismo lugar se sitúan independientemente unas de otras, de acuerdo con lo que permita el espacio disponible. Las reuniones sin material preceden á la entrada en parque para atalajar; cada jefe de pieza reúne sus hombres y caballerías; cada jefe de sección sus piezas ya listas y las conduce al sitio señalado como plaza de alarma por el jefe de la unidad á que pertenece, la cual se en­cuentra entonces establecida sobre tres ó cuatro líneas de hombres ó atahjes y lista para ser llevada al parque. La misma reunión puede eje­cutarse al salir del parque, antes de la dislocación ó ruptura de filas. Las formaciones de marcha por lo común se organizan en columna por carruaje de frente, no poniéndose dos sino por excepción; de ordi­nario los trenes regimcntarios se reúnen á los de las otras armas, lejos de la unidad á que pertenecen. En una batería, la batería de tiro y el escalón forman dos fracciones separadas que marchan á 1 S metros de distancia y en cada una de las cuales los hombres desmontados pueden subir sobre los cofres ó cajas, ó marchar á la cabeza de la columna ó después de los carruajes si se teme una sorpresa ó el camino es malo. Un grupo de baterías forma una columna compuesta de dos fracciones: 1 •. las baterías de tiro á 15 metros de distancia unas de otras; 2.• los escalones de combate, 30 metros á retaguardia, siguiéndose en el mismo orden y á las mismas distancias que las baterías. LaformaciÓ1l preparatoria de combate es tomada por las baterías ó los grupos cuando se aproximan á la posición en donde deben combatir, y está basada en la separación de la batería ó baterías de tiro del escalón ó escalones de parque. A la .:oz de separen el escalÓ11 (ó escalones), el ~ue sea comandante de ellos regula sus movimiento de suerte que la batería se adelante 500 metros al máximum, ó él mismo los retroceda si se está en retirada. Una vez ganada la di tancia, la conserva y con­forma sus movimientos con los de las pieza, 110 perdiélldolas mmca de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR. 634l vista, para lo cual, en la marcha de avance, si teme las oculte algún resalto del terreno ó vuelta del camino, entrega el mando al segundo con instrucciones claras y precisas, y al gal0pe avanza hasta donde do­mine el terreno y allí espera á w tropa, repitiendo la operación cada vez que sea preciso. Si el camino es quebrado ó el terreno muy cubier­to, acorta la distancia para evitar una cortada. Además, el Jefe de las piezas le en vía informes oportunos sobre el punto al cual se dirige, desde todos los sitios peligrosos, como las encrucijadas de los caminoa, y en caso de un brusco desplazamiento, deja un plantón encargado dC" darle las noticias del caso. En marcha en retirada ó de flanco el jefe del escalón, si no ha recibido el aviso oportunamente, tratará de darse cuenta de la dirección en la cual se mueven las piezas, para hacer lo mismo con su tropa, y si para no perder de vista aquéllas sucediere que deba dejarla, indica al segundo la dirección y el paso á que ha de suje­tarse, le prtscribe u detenga m un punto netamente determinado, y pro­cede como en el caso anterior, transportando así su tropa por saltoJ suu­livos, de suerte qut: se mantenga la coordinación entre sus movimientos y los de las unidades de tiro. De ordinario los escalones marchan en columna por uno ó por dos carruajes, y los de un mismo grupo pueden formitrse en masa como se indica para las baterías. Cuando se detienen despejan el camino para dejar libre el paso á las tropas que siguen á retaguardia. A la formación preparatoria de combate se encadenan las diversas formacionn y órdenes enseñadas en el campo de maniobra, que se utilizan para los desplazamientos ó altos en el campo de batalla, las cuales se di­viden en formaciones dnplegadar y formaciones cerradas ó plegadas. 4) Formaciones desplegada!! de la batería. Son: en batalla con inter­ca! os abiertos ( 1 3 ó más metros de rueda á rueda) ó rerrados (1. ó más metros de rueda á rueda). En cabeza ó primera línea van las piezas, las 3 cajas un metro á retaguardia; el capitán, guía de su batería, 1 o adelan­te del jefe de la sección del centro; los jefes de sección (guías de eHas) á 50 metros unos de otros, si los intervalos son de 13 metros, á la altura de sus jefes de pieza (y entre ellos) y de los atalajes de los cafio­nes, ó bien 1m5 :delante de éstos cuando los intervalos están cerrados. b) Formaciones plegadas. Son: colttmnaJ por seccio11es á :ibtervaloJ ahiertos ó urradoJ ó columna por piezas. En la 1 .• las secciones se si­guen á 6 metros de distancia; lo mismo que dos cajas, pues la otra mar­cha 1 metro á retaguardia de éstas; los jefes de sección se sitúan como en la formación en batalla. En la columna por piezas todos los carrua­jes ~e siguea á 1 metro de distancia, los cañones en cabeza, los jefes de sección á la dzquierda del jefe de su pri111era pieza, el capitán 10 ade­lante de la columna. a) Ordene1 desplegadas del grupo. Son: en batalla, en línea de colum­na por sección ó pieza y en masa. En batalla los capitanes de batería quedan sobre una misma línea 30 metros atrás del jefe del grupo, el de la del centro en hilera con este último; las baterías 10 á retaguardia de sus capitanes, mediando entre ellos intervalo doble que entre las piezas, pero sin exceder de 15 metros: los capitanes distan, pues, 1 oo metros uno de otro con intervalos abiertos y 3 5 cuando éstos se cierran. En fin, las baterías en batalla pueden escalonarse conforme lo demande el terreno. La línea de colunmas se forma con las baterías dispuestas en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 636 BOLETÍN MILITAR columna con intervalos abiertos ó cerrados, ya por seccton, ya por pie­za, conservando las baterhs entre sí ei intervalo necesario para desple­gar á intervalos abiertos si los lle"an cerrados. Las posiciones respecti­vas del jefe del grupo y de los ca pi tan es son por lo tanto las mismas que en la línea de batalla con intervalos abiertos, y cada batería resulta 10 metros detrás de su capitán, en una dirección perpendicular al fren­te. La masa presenta las mismas disposiciones que la línea de columnas por secciones, con la sola diferencia de que entre los capitanes median 43 metros si los intervalos están abiertos (26 metros entre las baterías), y 19 si se han cerrado (baterías á 1 3). b) Las formaciones plegadas del grupo son: la columna cerrada, la columna por sección y la columna por pieza; en las dos primeras las baterías y secciones pueden estar con intervalos abiertos ó cerrados. La columna cerrada presenta las baterías en batalla, á 14 metros una tras otra, el centro de la primera á 10 metros del capitán, que lo estará 15 á retaguardia del jefe del grupo: los otros capitanes marcan el frente de su batería, 10 metros afuera del flanco dond:! los dejó el pliegue para formar la columna. En ]alcolumna por sección, el jefe del grupo y el ca­pitán de la primera batería se sitúan como en el caso anterior, y las ba­terías en columna por sección se siguen á 14 metros, quedando los otros capitanes á la altura de las secciones de cabeza. La columna por pieza es idéntica, salvo que los carruajes se siguen en hilera. La formación de combate es el orden en batería. La batería de tiro presenta sus secciones sobre el mismo alineamiento, con los inter­valos de la formación en batalla, que pueden aumentarse 6 disminuírse sin ser inferiores á 10 metros. A retaguardia pueden abrigarse los avan­trenes y atalajes de las cajas. El escalón hace alto en col u m na ó forma el parque á intervalos que permitan acolar las cajas de repuesto á las vacías. Si se trata del grupo, se procede de modo análogo, pero en este caso las baterías pueden escalonarsc, de suerte que se aproveche el te­rreno lo mejor posible, para combatir ya con frente á vanguardia, ya con frente á retaguardia y previo el reconocimiento del caso. La forma­ción preparatoria de combate no es intermedio imprescindible entre la de marcha y la de combate; si es preciso pasar bruscamente de una á otra de las dos últimas, basta que el capitán envíe al ayudante orden de separar el escalón, y si la batería de tiro e formó antes de que el dicho escalón esté á la distancia conveniente, el jefe de éste procederá á situarlo lo mejor posible, ejecutando al paso todo movimiento de re­troceso que para ello sea necesario. 6. Artillería de montaña. Las formaciones de la batería de montaña son análogas á las de la batería de campaña, con las diferencias que imponen las condiciones del material de esta clase de artillería. En las formaciones de reunión (parque), la batería prcsen ta sus piezas á 4 me­tros de intervalo y 10 adelante de las cajas, para que se puedan cargar las mulas si el material ha de tranJportttne; pero en el acto que se haya realizado esta operación, las mulas cargadas cierran á 1 metro de dis­tancia. La formación de marcha es la columna por pieza: si el material va á lomo, las mulas de la batería de tiro se siguen á 1 metro de distancia en el orden siguiente: cureña, ruedas, cañón, cajas; si el material va rodado: mulas de cureña y de cañón atalajadas en hilera á la limonera, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 637 mula de cajas, mula de ruedas sin carga. Las ottas bestias, también á 1 metro de distancia una de otra, siguen la batería de tiro á 1 5 metros de distancia. En la formación preparatoria de combate el escalón se separa y con­duce de modo análogo al dicho para la batería de campaña. La batería de tiro se forma en batalla, en columna por s~cción, en columna por pieza, con las bestias sucediéndose como se indica arriba, 6 bien en orden inverso Hegado el caso. Los intervalos normales son de 7 metros si están abiertos, ó de 2 si cerrados, ó bien á fJoluntad sin ex­ceder de 12. En la formación de combate las piezas se establecen en batería, 1 S metros adelante de las mulas de cajas, detrás de las cuales se colocan en hilera, á 1 metro de distancia, las de ruedas, cureña y ca­ñón, pudiendo las dos últimas permanecer enganchadas con la limonera y las de C 3 jas cargadas ó nó: en este último caso las cajas se ponen en tierra, 1 metro más adelante. Los sirvientes no conservan el morrÁI ai entrar en batería sino que lo ponen en el suelo, detrás de ellos, antes de descargar las mulas, y á medida que hacen esta operación enganchan los morrales por uno y otro lado á los bastos de las mulas. Los reglamentos de las di versas clases de artillería recomiendan se tenga en cuenta que la elección de las formaciones y de los movimien­tos para pasar de una á otra no se pueden usar in di feren temen te sobre el terreno, porque no todos presentan las mi mas ventajas, como rapidez y elasticidad, su ejecución demanda porciones difaentes de tiempo y espacio, y no todo:; permiten igualmente al capitán el rápido dominio y orientación de su batería para cumplir las órdenes superiores. Las formaciones en batalla con intervalos abiertos, por ejemplo, son rígidas, si éstos e cierran ponen la tropa en manos del jefe, pero aumentan la vulnerabilidad del conjunto, cte. etc. Rusia-La batería m ontada, al mando de un oficial superior, com­prende ocho piezas repartidas en dos medias baterías, á órdenes de sendos Capitanes. Tenientes ó Subtenientes rigen las secciones; pero de ordi­nario, por no tener la batería sino 4 ofi ciales, cada Capitán manda á la vez media batería y una de las secciones. La batería cuenta 16 ó 1 2 cajas, según sea de piezas de batalla ó ligeras, de las que 4 forman el primer escalón y las demás el segundo, el todo á cargo de un oficial que marcha con el primero, y confía el segundo á un Sargento. Tres clases de intervalos se admiten en las forma~iones, contados siempre de eje á eje: el completo ó de 20 metros, el reducido 6 de 9 y el cerrado ó de 4 m so. El parque se forma empleando el segundo, las 8 pieza e; en primera línea, las cajas en segunda, á 4 m so, para no ocupar frente mayor que el de las piezas; ó bien constituyen dos líneas (segunda y tercera). Los demás carruajes forman la tercera ó la cuarta línea, según el caso. En !afirmación de marcha, los dos escalones de cajas siguen tras la columna de piezas, si es á vanguardia, porque en la retirada van unoi 50 pasos adelante En la formación preparatoria de combate, el segundo escalón se sitúa de 8oo á 1,000 metros de la batería. Las maniobras del campo de batalla son complicadas, porque la artillería rusa admite muchas formaciones para la batería de tiro. En la m batalla propiamente dicha, las 8 piezas están sobre una misma línea con uno de los intervalos mencionados¡ d • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 688 BOLETÍN MILITAR jefe zo metros adelante del centr0; los Capitanes á 7 del centro de su tnedia batería; los otros oficiales á 3 del de su sección; las cajas en tercera fila; las 4 piezas del centro á la distancia'q ue permita el terreno, observándose como regla general la de que el dicho:escalón (cajas) evo­luciona cual si fuese una media batería, y se mantiene lo más cerca posible de las piezas, pero sin estorbar los movimientos de éstas. Las cohtmnas que se emplean son las siguientes: p(Jr pieza, á z me­tros de dislancia; prJr,doJ prJr el ce11tro, á la misma distancia (piezas cuarta y quinta, tercera y sexta, segunda y séptima, primera y octava); por ucción á distancia cerrada (4.50) ó á diJtancia entera. Las columnas por dos y por cuatro carruajes de frente admiten todos los tres intervalos mencionados. Las cuatro cajas siguen á las piezas en la misma forma­ción que ellas; en caso de marcha de flanco, '>C establecen paralelamen· te á las mismas, la ?rimera caja á la altura del primer cañón. Los oficia­les se sitúan sea adelante del frente de su tropa, sea á la altura delmedio de su flanco, del lado donde los dejó el pliegue en columna y álas mis­mas distancias que en la formación en batalla. Los despliegues de la columna (per pieza, sección ó media batería) se ejecutan, ora en la direc­ción del movimiento, ora perpendicularmente á ella; á la derecha (ó á la izquierda) en batalla, ó sobre la derecha (izquierda) en batalla. Tra­tándose de la columna por el centro se ejecutan de ordinario en abanico. En la formaciÓJI de combate las piezas se sitúan en batería al inter­valo máximo, si es posible, por lo cual el frente de ella mide entonces 140 metros. Los avantrenes quedan 17 metros á retaguardia de sus res­pectivos piezas; el primer escalón cargado hacia uno de los flancos, de suerte que á la par quede abrigado, en fácil comunicación con las piezas y en posibilidad de dar la media vuelta en caso de retirada. El segundo escalón, á menos de absoluta necesidad en contrario, se mantiene fuera de la acción del fuego enemigo, pero en comunicación con su batería. La batería tÍ caballo no tiene sino 6 piezas y 3 secciones; compren­de 12 cajas que forman por mitad dos escalones, marchando con d 1.o una cureña de repuesto y un carruaje para heridos, y los furgones con el z.o. Las formaciones y maniobras son las mismas que en la batería montada, con la excepción de que no usa las que tienen por base media batería, pero admite la columna por f, por el centro, colocándose en­toncc. s las piezas 1 1 y 6• en z.• fila tras, la z." y+·· de la primera fila. HISTORIA l!E~O~IAS DEL GENERAL PABLO MORILLO (Continuación) La compañía de Navarra sostuvo vigorosamente nuestra ca­ballería. Sola ya, combatió con valor, y pereció Íntegramente, de­fendiéndose con gloria hasta el último momento. Durante el combate la infantería enemiga, colocada á alguna distancia, contribuía con su fuego á la derrota de nuestros húsares. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'rfN MILITAR 639 Envié dos compañías del Regimiento de Navarra para que prote­giera su retirada, tornando nuestro flanco derecho, apoyándose.en el bosque. Me trasladé á este punto con mi escolta, para recibir los soldados que se desbandaban ; el enemigo, en el ardor de su perse­cución, nos tuvo un momento rodeados. Fue neces drio abrirnos paso por fuerza, y tuve el dolor de v':!r caer á mi lado al Coronel N a vas, Comandante de los dragones de la Unión, y á un oficial de húsares. Las compañías que se encontraban apoyadas en el bosque, poco tupido, fueron en seguida cargadas por fuerzas m u y superio. res: desgraciadamente á su Jefe le faltó el valor suficiente y no supo replegarse á tiempo á un puesto vecino, ni ejecutar los movi­mientos que eran del caso, y de este modo las compañías perdieron la mitad de sus soldados. El resto encontró un abrigo en la plaza. El enemigo se portó en este encuentro como lo había hecho con los cazadores de que he hablado anteriormente. No obstante, mi infantería se formó en tres columnas en las diversas salidas de la ciudad; dos piezas de campaña habían sido colocadas allí, y algunas guerrillas protegían nuestro frente y flancos apoyándose en varias casas. En vista de esto, el enemigo se con­tentó con permanecer algún tieiT'po delante de la dudad en orden de batalla, simulando querer atacar, pero no se decidió: probable­mente se intimidó ante la resolución y firmeza de nuestras tropas. Dos días se pasaron sin ningún acontecimiento Qotable. El 13 el enemigo se presentó delante de la plaza con todas sus fuer­zas; nuestras tropas conservaron sus posiciones. El jefe rebelde Bolívar tuvo la audacia de hacerme una inti­mación en la que decía, entre otras amenazas, que perdonaría al mismo Fer11ando VII si se encontraba en la plaz:t. Esta comunica­ción fue traída por el rebelde Sil ve tre Palacios, que había servido en nuestros batallones de guardias, y me fue entregada por uno de nuestros húsares recientemente hecho prisionero. Hacia medio día el enemigo volvió á sus posiciones de la víspera; el 14 remontó las orillas del río, dejando algunos centinelas avanzados. En la tarde me dirigí á la cabeza de mi Estado Mayor y de los húsares, á reconocer el terreno hasta la laguna del Vicario, del lado de la sabana, donde los enemigos conservaban dos ó tres escuadrones emboscados. Hecho el reconocimiento, volví á la pla­za: los soldados conducían consigo varias bestias, caballos y m u las pertenecientes al enemigo. El mismo día hice enterrar las tres pie­zas de artillería, é inutiliz~r varios fusiles tomados al enemigo en La Hogaza. Todos los objetos que no podían llevar consigo, y que apro­vecharía e:l enemigo, fueron igualmente destruídos, el ejército salió de la plaza en tres columnas paralelas que se unieron en el cami­no. Allí tomamos todas nuestras disposiciones, y después de colo­car convenientemente los enfermos, los heridos, los bagajes y los habitantes que se alejaban con nosotros de Calabozo, el ejército se puso ~n marcha en buen orden y en silencio.-( Continuará). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR EOG-OTA 8o,ooo almas 70,000 CURVA INDICATIVA 6o,ooo del desarrollo de la población de la capital so,ooo 40,000 30,000 2.0,000 10,000 • r6oo . 1700 POBLAClON BA:H.P.IO:s rbana Ruxoal Hombres Mujaes Hombrts Muj eres ----------------- ---·1----l·---·¡----u San Pedro . •••.•••••••.••.• . .••.••.••• . San Pablo .................................... . Las Nieves .............................. . an Victorino (O) .... , , ................. . Santa Bárb:1ra. • • • • ••.•• , ••..•.••••..• .. . Las Cruces (S) ............ . .. ............... . Las Aguas (E) ................................ . Egipto (E) . ............................. , ... Chapinero (con rural) (N) .............. . Fora teros . .................................... .. Transeúntes (caminos) ................ . 4·59° 2.162 3.855 4·293 4·415 2.6o8 2.488 1.8 so 1.6p 346 253 Hombres •••••••• p.o86 3·843 4·0 75 7·o58 6.224 5·312 4 -065 4 327 3 -149 3·760 71 107 Mujeres ......... 45.885 77·971 1.169 1.310 714 598 627 829 1.064 t. 147 --- 3·574 ¡.8841 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 131

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 103

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 103

Por: | Fecha: 10/06/1899

ANO lii Bogotá, Junio 10 ~e 1899 )~ ' ~ ---· ..... -- NUM. 103 ORGANO DEL MINI TERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO ---· ..... -- DIRECTOR AD·HONORSM, FRANGISGO J. VERGARA y V. Coronel. Miembro de la So01edad Colombi na de Ingenieros QQ.It.UU.U UU.k. .21l~:>~U 2.R!~UU25tll .UUSUti ll 2 UU UU .. UU.2UO Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República OJJ~~~~~~~~~~~G ~~b~~~~~~~~ l 6ll~ S~~~~~'''~~~~~~,,~~~~l~ ~~l~Q SE CIO.r D CTBIJ"..AL ( EGÚ :r OH. BRIDE) El terreno, considerado en su conjunto, ofrece á los movi­miento de las tropas ora facilidade , ora desventajas innegables ; procura abrigo o protección contra las pérdida que causa el fue­go, y apoyos mas ó menos solidos para ejecutar las maniobra ne­l. C aria ; pero tambien presenta clificultadc a la marcha, obstácu­los á la vista y b mi tes al empleo del fuego. E , pue , en cierto modo, un agente de ejccucion, qu·.: sumini tra unas vece medio de actividad ó p~rseveracion, y útras aumenta los tropiezos inhe­rentes al uso de las masas humana : atributrle valor propio, pres­tarle virtude eficaces y oncreta , supouer que ejerce acción di­recta sobre el resultado de una operacion militar, es un error tan grande como peligro o . .En efecto, si el terreno interviene en el desarrollo de 1 s diferente fases de la operacion, en nada entra para su conccpci<)n, que solo d pende de la situacion del enemigo. La teoría de la humas posiciotus vivió ya por fortuna, y no hay que perder el tiempo en combatirla. Posicion inviolable no cxi>te njnguna : cuando no se la pue­de abordar de frente, e la flanquea o e de borda, y para iwpedir que el a alt ntc con iga lo que bu ca con su m.1niobra, el defen or S ve obligado á maniobi .. lf á U turno : si 110 hace frente al pe­ligro, si con propia actividad no conjura el peligro, será obligado Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 30G BOLE'fÍN lLIT.A.R al cabo á retirar e ó á entJ·egar las arma .. Cuanto á la posición inviolable, qued en u pue to, y en ella lo unico que podráechar e de meno on la tropa que la habtan ocupado un poco antes. Al presente todos .1b~n que la con ervación má o meno prolonga­da de un palmo de terreno, cualquiera que ea la ituación relativa ó ab oluta de la tropa, nunca e 1 bjetiv que se bu ca en la guerra : podrá ser uno de los elemento del buen exito, pero sólo cuando la actividad y la maniobras han jug, do u partida indis­pensable y normal. Reducida á e:>OS límites preciso y á e e pape'l secundario, la uti­lización del terreno revi te, no ob tante, grande intere , por cuanto el suelo e parte integrante del combate, lo mi ·moque el armamen­to ó la capacidad maniobrera de la tr pa. Su conocimiento es, por supue·t , tant má n ce ario,cuant iendo el objetivo natural de la guerra l de trucción del advers rio, e le combate dondequiera que se le encuentra, es decir, en todos los terreno , por lo que sacar ventajo o partido de aquel obre el cual se le halla, es el pro­blem que tenem - que re olver, y u solución no e tan sencilla como e uponc de ordinario . Repartir convenientemente la fuer­za , emplear l.as tropas amoldanJolas al modelado del suelo sin per­der de i ta l objetivo princip 1; en una palabr , establecer una relación estre de filar do hombre de frente, de manera que un Batall6n numero o, con oficialiJaJ montada entre su fila , ocupa gr nde extcn ion, n la que apena pueden ejer er u 'igi­lancia los jefe ; y e to f: vorece prect amente l desercion, la in­di iplina y el de·cuido de lo ubalterno . Un ataque repentino en el centro de un Bat llón que march· a í, al atr. ve ar un bo que ó un desfiladero, podría ct muy peligro o, e tando lo jefe en lo ·xtrcmos d ndc dlben m rchar; y ·ste ataque no es imposible en nucstr modo de ha cr la guerra. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 309 ce La contabilidad, el buen gobiern y la economía pueden er mucho mejores en un Cuerpo que tenga meno fuer¿a que otro; porque, fuera de otra razone la alta ) baja que tánto impide 1 buen arreglo , debe e tar necc ariamente en proporci6n de la fuer­z. de cada Cuerpo . Por otr parte, un Batallón numc"ro o en tiempo de paz tiene que di\'idir e para hacer la guarnicion de' di­ferente Prm inc-ia ; y, di eminado de e te modo, jamás podrá cxi tir su contabilidad, buen arreglo e in trucción . ce Diez ó doce Batallone pre cntan mayor facilidad que dos " tre para aumentar el Ejercito. E. to es c\'idente, y la experien­cia lo ha demostrado en esta epoca, en que ha ido preci crear improvi amente jefe y oficiale para de tinado á los Cuerpos veterano , in otro conocimiento de la profe ion que u exaltado patriotismo; procedimiento queataca nece , riamente la di ciplina y destruye el e tímulo del antiguo vetc.rano. Pero ninguna razón má perentoria que la demo tracion de lo que h ucedido en •.ta epoca, en que tan intitilc e.fu r7..o e han prodigado para conser var los Batalloae en u c-omplc o pie de fuerz~ ¡ cu:ttrocien­t a plaza poco m..... ó meno , e lo que de ordinario han tenido; y no e ere que la di minucion de u fuerz siempre erí pro­porcional á 1· que la ley les de io-nare porque on lo inconvenien­te que llevo demo trado, lo que impiden la conservación de to C uerpos con la fuerza mayor que le señala la ley . A í es no son aceptable sino en el caso de e i tir vacante del puesto que se va á ocup r en otro cuerpo, mas no para reemplat.ar á un Oficial ta vez mejor. C N TANTINO ~L ~IO lv.tAG:O I.EN. H E MEDI LO arn nquill es una bonita ciudad, e becera del cantón de su nombre, itu da á la mar,.en i'lquierd del .~.1an-da1en ó má bien de un de u br zo, ccm una poblaci<)n de ei mil habitante y cuyo porvenir e Ji onjcro, i hem . de ju'Zgar por u progre os n lo ultimo diez año . En <:11 e ad\'ierre algún movimiento Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍ~ MILITAR 315 mercantil, vense á menudo entrar y alir bongo y botes cargados de sal, de víveres y de mercancía , y un buen mercado abundante en frutas, maiZ, arroz y e, celente carne de vaca y de cerdo. Al llegar á Barranquilla por uno de lo tres caños ó brazos que conducen del 1\lagdalena á La Cienaga, sobre la cual está planteada la ciudad, aparece e ta en lapo icion más pintoresca con ca as de do pisos y de marrtpostena de arquitectura regular, coro­nadas á lo lcjo us azotea por palmera que le dan un aspecto oriental, y á mayor di·tancia por un horiz.onte ca i llano pero má elevado que las playa , y que constituye las fertiles dehesas de Jalapa y camino de Tubará. Barranquilla fue fundada en 1629 . El vapor generalm ·nte parte de un lugar del no Magdalena, en que este se divide en dos brazos eparado por la celebre i la de Lo Góme7,, la última y una de la mayore del río, y tambien una de la más fertile . De e te punto, que está frente á Barranquilla, hasta Sitionuevo (1), pueblo situado á la orilla derecha del Magda­lena, de alegre apariencia, embreado <.le algunas palmeras y ceibas, hay algo rr~á de cuatro leguas, que e andan en menos de tres ho­ras . No le faltan 2 ooo habitantes á e ta parroquia y us contor­nos . Legua y media má arriba y <.le) mi mo lado, aparece El Re­molino, cabecera del canton de su nombre, con un número de habitante ca·i igual al anterior, y dependiente ambos de la Pro­' incia de Santa Marta, como te da e ta ribera derecha dell\1agda­lena ha ta el Banco, mas arriba de 2\lompós. Tre hermosa ceibas que refre can con. u sombra la orillas del río, frente al pueblo, las calles ancha } algunas ca as blanquea da , le dan un a!)pecto festi­vo, mas ni en uno ni en otro puebl la choza grande de paja, con­decorada con el nombre de iglesia hace honor á u vecino, que es de e perar hagan alguno sacri licios por con trutr mej res y más decente locale· para el culto. Entre ambos pueblos pa a un caño que se dirige hacia La Cienaga de anta 1arta, } sobre el cual existe un buen puente. Las orill. <.lel r:Ío v su numerosas islas ofrecen mil atractivos á los afic-ionados a una ·vegetación tropical. Aquí la di er as for­mas y matice de verdura ap \recen real~ado por l<1 masas de plan­ta \'Oluble que ya caen en f~.: tone , 'a e elevan como columnas y pórticos. Varias a\'es acuáticas recorren e ta orilla pe cando, y di ver idad de gallin cea convidan por la mañana al cazador, anun­ciando u prc cncia con canto tri te y armonio os. Poca e. rozas ó se•11entera de rnatz y plátanos ~e dejan ver en estos paraJes, y raras habitacione que e conoren a lo lejos por las palmeras y los árbole de totum, (trtCt'lltitl mjdt·s), perpt:tu~> comp~_ilero del hombre en c·ta regionc ~como qtfe 1· propor ·tonan va IJ3S de to­do ramaíios y uchar.1s para su limitada nc esidades dome tica . ( 1) El punto rlc 1::.rtid, riel apor . • ha mud.tclu .1 ítionuevo, hnst:1 rlonclc tienl•n que venir los pa ajero ·n otr:as cmb.trcacton •s.-1 . dd . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 316 BOLETÍN MILITAR na barbacoa para ecar el pescado al ol, una pequeña piragua amarrada delante de la choza constituyen con la sem ·ntera toda la riq uez.a de lo vecino de e to pueblo , que lo on m;Í del pri-mitivo e tado natural; que 1 viajero que recorre la clvas y las orilla de los río innumerable que de aguan en el 1agdalena no bu que ruina que le recuerden pueblos o ha bit cione destruí da, pero que al hallar un arbol de totuma~ un limon ro ó cualquiera otra planta de la que llamamo domé tica , e detenga y diga : al pie de esto tronco ,·egetaron t m bién alguna generaciones de individuo de nue tra e pecie. 1 os legua má arriba, sobre la mi ma margen derecha, se deja ver el itio del uaímaro, arriba del caño del Renegado, que onduct: á La Ci ' naga de anta í\!J.arta. De cuando en cuándo uele observar e, t:ntre lo gramalotalcs de la orilla del río y de la i las que él forma, algun anado vacuno muy lucit1o y de hermosa y pintada libre •. El uaímaro es un . itio de pobre apariencia, con poca asa o re el rí , cuya orilla hermo can cuatro grande y coposa ceib< . U na parte del lugar CU} o ecindario pa a de mi 1 alma , se intt:rna por L margene de un caiio. Sus h, bitantes son ganadero } manejan lo corrale de lo hato inmediatos. Casi tod J., ierra de e ta orilla derecha del ~'L1gdalcna, con poca excepcione , p rtencc1a á la ex ten a hacienda de Pe tagua, que comprendía 1 espacio de la i la de e te non bre, r{A.leada por el Magdalena al Poniente, por La Cicnaga de .mtamarta al riente, y por do ailo al orte y ur con e sen ta , cu. tr legua cua­drada , mayor ex en ion que mucho de lo E tado obcrano de Al manía. E ta propiedad, perteneciente á la [; milia de Pala en artagena, y l. de la isla de Lo .~c>mez, que e abrazad1 por la do boca prin ipale del río, on quizá la má opulenta del bajo 'lagcialcna. 1: te tiene cerca de un. milla en u mayor anchura, cuando no e rá cortado por isla . u agua , filtrada por el nú-mero infinito de cicnaga que corren por mba ribera , on meno turbias que n mucha porcione uperiore de u curso . . J tcrm " metro centtar do mar ab en el me d' eptiembre 35° en la pi •7a baja dd vtlpor, y obr· cub:<:na á la ~ ombra 33· El n ' corre . }J .- . ( . d ·-de el ( ua11nar . E de notar e que olcdad~ l\1 lambo, anto 1'omá , ab. na­larga y otro Jugare pcr enecientc á la Provincia de Cartagena 1 ituado :l poc. di tancia del 1 gdal·na, obre u ribt:ra izquier­da, no se ven le de el vapor, porque el hoque e pe o interpw.: to lo i1 pid, icndo l. ribcr t n baj •. J, i la de alamín. que apar e má .urib,, e m ... ~ frondo a el ·1 no. omil"nz.a en forma l arco, iend derecho, por donde n( vega d vapor, ·ln1á strcch . f .. t · · uno d lo ma a ·r ados ', mbio d. nombre h > ho por la c;mara de Provin ia de anta. larta. 1 itio que e tá d · b paree de arrib y 1 i la se 1Jam b de Puut g nla. bajo de e t punta e ve, entre Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. OLETf MILITA. 3 7 l o :verbales de la ribera, 1 chimenea que perdio el vapor tuva Granada en una t mpe t :uJ. . alami':la e tá ' ~a ... orilla derecha del 1lagda1cna, legua y me-dla ma abaJO dd Penon, y e un pueblecito de tre docena de ca­sas en sitio llan . Aquí n rigen lo~ rcO'lamentos ab urdas de policía de oledad y Barr. nquilla, que pr~hibcn las plantaciones d árbolt> en 1 calle·, pr.i,and a 1 a los h bttantc de una ·ombra que, adema~ de gr ta, ena muy aludable en tan ardientes clima . erá materi de a ombro par nur· tro descendien e , el saber que sus abuelo no pod1an alir en el día, in er calcinado por un ()1 tropical, y que l autoriJ,tde lej ~ de promover el plantío de ar­boledas, la haC1 n cortar por medida de higiene! a ituaci n del Pcnon, lugar que tiene tnil quinientos ha-bitante , es m u/ venta jo a ' u a· rdenada vi ta por entre la grande ceiba , le dan un a pe to agradable . Ante de ll gar al Cerro de n ntonio, uno de lo lugare5 más importante de la orilla derecha del 1. gdalena, e d e u bren ya la colina ele •ada en donde n otro tiempo omenzaba el Delta Jcl íVlagdalcna ( ic) pue ro ue al pie de ella sed prende por la izquienla el bra7,o que llamaban dique, y que hoy con tituye el canal que tanto trabajo J a co tado abrir de nuevo, y que tanto honor hace al ánimo per e\erante del distinguido norteamericano lVlr . Totten y á los artageneros que lo han ostenido sin des­ma\' ar . · Sien pre que e ha recorrido un paí llano, aunque sea muy hermoso ó cubierto de la el vas vírgene ma vi · to a , e knte un regocijo grande al de cubrir todo lo que parece colina o mon­taña, como i el hombre hijo de la tierra sintiera un placer en e tar mirando constantemente á su m dre . E t gcner de im­p~ e.sione e experimenta más de una vez en el di curso de e te taje. 1 Cerro e la cabecera del cantón de 'Tenerife, tiene ma de tre mil habitante , y l igle i es un poco más decente que las que hasta aquí hcm hallaJ ), lo que da mejor ide de 1 cris­tiandad y ivili/.aciun de aqudlo vecino . .f rc.:nte al Cerro de an Antonio y por tanto en la orill izquierda e ta d uan, ca cno de poca considera.c~ion.. . A po di tan ia ubicndo y obre l. on!k t/.qutcrda, se prc cnta en al obre el no el pueblo nuev de C. !amar, rccicn salido de las selv on la fi onomía risueiia que da 1 ju\ cntud . Conócc e que un 'mano intelurcntc ha pre idid ' u fundaciun, porque e han dejado lo m.1 h~rm o árbolc par~ ~~bra. Aq";lí comienza c.:l e nal del dique de Ca~tagena, u~u pnnctpiO anunc1a ya las obras de l. civili7.acion. Cerrando lo· ~o par no ver la· 1 choza pajiza y in comodidad que e t~mo a ~ tumbrados con­decorar on el nombre de cas , y no \'lendo ·tno c.:l buque de \'a­por á la entrada del dit)uc, e crcena que e ta uno en comarc s más adelantada en cultur y ci viliz cion. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 318 BOLETÍN MILITAR Casi una legua má arriba y sobre la mi ma orilla, la mitad de la población en terreno alt )' peñasco o, compuesto de roca areni ca, y la mitad en lo baj<, e de cubre Barranca, pueblo que ha adquirido alguna importancia como ·l punto en donde e deja el río para tomar el camino de Cartagena. Barranca fue fundado desde el año de I í63, tiene cerca de mil quinientos habitantes, hay casa de teja y no faltan rccur ·o . .L\1edia legua má arriba e tá el Yucal, pueblo de poca importancia, y obre la orilla derecha del río, frente á Barranca, se ve el pueblo de Pedraza, situado sobre una barranca alta del río. n~sde el Yucal el río tuerce al Oriente, dejando su cur·o general de ur á T orte, y ca mi na prl.! u ro o por entre la islas Coto­re, cubiertas de bo que e pe o en donde ampc,lfl lo mono y varias especies de cuadrúpedos y a\'e . La sel\'a de e ta orilla. y aun alguna leguas al interior de ambos lado , han sido ya de po­jada de la madera de tinte amari1l , con que por tantos años se ha hecho el comercio de exportación dd 1lao-d lena, la cual co­mienza ya á e ca ear. ta madera tiene much aprecio en Euro­pa y e cree que el árb 1 es una ce alpima pertenecientc á la familia de la Legumino a, como el diviclivi. A do legua e ~ r . el ca erío de Heredia, en la orilla derecha del río, ca i a la entrada del caño que conduce " la exten a cie­nagas de Zapallan, en cu ra inmcdia<.::ione se cortan y a ierran mucha madera de con trucción, particularmente cedro que e conducen á Barranquill y boca del • '1agdalena. Una tabla de cedro de cinc vara de largo, media de an h y una pulgada de grue o, e vende en los lug re en que e corta por dos re le . 1 río corre E. ha ta Kervit1 pueblo corto, ituado á la orilla izquierda cerca de uncl cicnaga abuntlante en pe cado boca-chico. Del mi rno lado de ervití, á co de legua y media, e tá un pobre ca-;eno llamado San Agusnn de Pla •a blanca, dcrr: del cual se extiende un cortina de colina llamadas de San Juan Ncp muccno, que eparan la hoya del " 1lagdalcna de la del río Tolú o Pichehn y su af1 uenrc , que riegan rico terreno y pra­dera c.ultivada , la uales ·ontribuyen á la ciudad de Cartagena con parte de u produccione . Y a e de cubre la Villa de 1 eneri fe, u na de la pobladone ma antigua funde d1 á la orilla derecha del ~lagdalena . F un­dóla Fr nci o Enrique en 1 5+6, pe l real Cl.:dula no se expidió ha ta 1 549· E ta pequeña vtlla e élebre por lo combate de los patriota con lo e p. iiole durante la guerra de la Independen­cia, en que fue i nccndiada · de truído lo mejore edilicio , de lo cualc tod.n· ía e \'Cn alguna ruina . E tá cdilicar.i consiJcrable, se v el de Pint , on mcn de quiniento habitantes, pero en el cual si h de ju·zgar e por }, apariencia, no faltan tiendas de licores . En este pueblo, como en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 310 BOLETÍN MILITAR todos los demás salen la gentes á la orilla de] río á ver pasar el vapor, como es natural. Lamentan lo pa ajero granadino·, al ver muchos grupo de muchachos de nudo, que parece tierra de sal­vaje , como el ob ervar que la m uje1 e dejan caer 1 manga de Jos camisones por delante, de aliño que no exi tía cuando olo se usaban las enaguas de cintura y camisa calentana , que parecen má propias de e tos clima . .El _1agda1ena corre aqut al E. y asó­ma e ri ueño por obre una barranca col radas el pueblo de Santa Ana, que tiene cerca de mil habit·mte . Situado á la orilla derecha del rfo y una legua má arriba del mismo lado,en ituación análoga, e halla el pueblo de an ernan­do, muy semejante en todo, aunque con menor número de habi­tante , pues ólo cuentan 4 00. sucede lo mi mo con el pueblo de Talaigua, que en terre­no llano y bajo e ve frente de anta Ana . La igle ia es una choza pajiza inferior á muchas ca a en porte y aseo exterior. "'"'uizá est depende de haber ido tra ladad últim, mente de lo interior donde e hallaba ante . El an Roque de Talaigua e el que invo­can los bogas en u cuita , y es extrano que un Cllrato pingüe, se­gún e a egura, no tenga una iglesia má decente en donde deposi­tar su milagro o patrón . ..1!.1 no vuelve al ur, y com u corriente e lenta, tiene un curso tortuoso p r entre playa· cubierta de gram1nea, mimbre y sauces llorones, o de una e p e cie análoga, muy flexible y a propó­sito para cesta y faginas que de tant:l. importancia on en las obras que habrán de con trufrsc muy pronto para mejorar el regimen y curso del no . Cerca de media legua m3. arrri ba se di \•isa an Zenon, en terreno baj y sombreado de palmera de coco, con igle ia nueva . El río no es muy hondo aquí y es preciso marchar on precaución de temor de eneal!. r. e mienza á ·entirs e el cal r intcn o y la falta de brisa que en la parte baja del río uclen refre·car el air.e. Mom po e la ciudad m á importan te de la N u e va Granada sobre el .Nl gdalena . u c a sa son grande , comod- y espacio as con ancho e rretiore con ultando lo ardiente del clima. bunda en vtvere bar·no· , fruta s deliciosa y tod cla e de recursos . E el depó ito principal de charnpanc y otras embarcacione menores para navegar en el río, como que hay un a tiller y arpinter in­teligente pe ra con truírlo ~ baj de frondo a ceiba , que e tán de la parte de arriba de la ciud.td. A esta la defiende de la inund. ciones del rí un muro de mampo tería y m::' que toe.! la voluntad del l\1:tgdalcna, que como avergonzado de m o trar su agua turbias por delante de l ci ud d se va en 1 mayor parte p r d c tr " de una i la itu da frente á la población, con gran de e n s uelo de los h. bitantc , pues c. da \ ez que e t sucede :; e le • leja el pucrtc y ven for-¿aJo á ubir m-rri ba del lugar á e m prar la pr >Vi ion · > que traen en pjraguas de di v •r:,o lugar e situados á orillas del río.-( Continuará). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 103

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 115

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 115

Por: | Fecha: 02/09/1899

ARO III Bogotá, Septiembre 2 de I 899 NUM. 1~5 BOLf€ TAR --~·· ..,_ __ ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO --~·~-- DIRECTOR AD-HONOREM, FRANGISGO J. VERGARA y V. Coronel, Mi~mbro de la Sociedad Colombia na de Ingenieros Q~~~~~ ~ ~~~~~~~ ~ ~~~~~ ~ 9~~~~~Q~~~~~~~Q~2~Q~~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~~o Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República o~~ ~~ ~ ~ ~~~~~~ ~ ~~~ ~b~~~~~6~~~ ~ ~~~~~~~~~~~~~~~~ ~ ~~~~ ~~~~~~~1~~~ OFICIAL (10 DE AGOSTO) aobre Contabilidad de la Pagaduría Cept ral y Habilitaciones del Ejército de la Repú­blicn, adicional y reformatorio de los números 831 de 1885, 77 de 1888, 153 y 464 de 1897 El Prnidente de la República En ejercicio de las facultades legales de que está investido, y CO •sTDERANDO r .0 Qye la práctica ha venido á demostrar ]a necesidad im­prescindible que hay de que en la Pagaduría Central, á la vez que se lleve la cuenta general de los gastos rrencionados referentes al Departamento de Guerra, se simplifiquen las operaciones de Con­tabilidad, de suerte que el servicio de la Oficina pueda llevarse al corriente y con estricta regularidad, dado el reducido personal de que ella consta; 2.o ~e la incorporación de las cuentas de los Habilitados del Ejército en las de la Pagaduría Central, en ]a forma que ha venido practicándose, tiene gravísirros inconvenientes, entre otros el de que no hay posibilidad material para que el examen de las cuentas de los Habilitados del Ejército pueda verificarse en tiempo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. llOLETfN MIL IT A.lt y correctamente por el Contador de la Pagaduría, único empleado destinado al efecto, tanto por ser crecido el número de ellas, como porque el Contador tiene el deber de llevar al corriente los libros principales de la Pagaduría; y el de que no hay justicia en exigir responsabilidad al Pagador por los errores ó faltas que puedan co­meter los Habilitados en la forma y comprobación de sus cuentas, ni de que por tales causas hayan de dedicar los empleados de la Pagaduría el tiempo que necesitan para el despacho de funciones importantes y casi siempre premiosas á contestar las glosas que se hagan por la Corte del Ramo; 3.0 ~e para que la Pagaduría Central llene cumplidamente el objeto para el cual fue creada, es preciso que por los libros de su cuenta se conozcan con toda precisión los gastos del Depar­tamento admin~strativo anotado arriba, ya sea que se verifiquen en la Pagaduría, ó ya que se hagan en cualquier otra Oficina res­ponsable del Erario, establecida dentro ó fuera del país; y 4.0 ~e para evitar dudas y equivocaciones en la manera de llevar las cuentas en la Pagaduría Central, en la~ Habilitaciones y en las demás Oficinas de ,que acaba de hablarse, por lo referente al Departamento de Guerra, se hace necesario establecerlo de modo claro y preciso, DECRETA~ Art. 1.0 La Pagaduría Central se reputará en lo sucPsivo como exclusiva Oficina pagadora de los gastos relativos al Depar­tamento de Guerra, con el solo objeto de que sea la única que describa en los libros principales de su cuenta las operaciones que afecten el Debe ó el Haber de los Capítulos que correspondan al expresado Departamento. De consiguiente, el Ministerio ordena­dor no podrá girar sino contra el Pagador Central las órdenes de pago definitivo; y en favor de este empleado las de legalización, bien sean solicitadas éstas por d1cho Pagador ó por cualquiera otro de los responsables del Erario; pero el Pagador es responsa­ble únicamente por los pagos definitivos que sé hagan en su Ofi­cina ó por los anticipados cuya legalización directamente solicite. Art. 2.0 Las cuentas de la Pagaduría Central continuarán llevándose como hasta el presente, de acuerdo con las prescrip­ciones legales y reglamentarias; pero en dicha Oficina no se exa­minarán en ninguna instancia ni se incorporarán las cuentas de los Habilitados y pagadores del Ejército. En los artículos de reconocimiento contra el Tesoro, no hay necesidad de pormenvrizar los nombres de los acreedores y moti­vos de los giros de cada una de las órdenes de pago á que se re­fieran las cartas de aviso: bastará que en la razón de cada artí­culo del Diario, se cite el número y fecha de las cartas de aviso, 1 c¡ue al acreditar los Capítulos? se expresen los números de las Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET.fN KILITA.R 'rdenes y el valor del Capítulo; á menos que el comprobante de ~ste se01 una carta de aviso que contenga el giro de una sola orden, ?ues entonces sí se procederá conforme al modelo inserto en el Decr{to número 77 de I 888, sobre Contabilidad de la Hacienda Jacional. Art. 3.0 De igual modo, los comprobantes de los artículos del Diario de la.. Pagaduría serán los reglamentarios que se han acostumbrado, con excepción de los relativos á los pagos que efec­: úen cualesquiera otros responsables del Erario, ó los de las lega­: izaciones que se obtengan á solicitud de éstos. Los comprobantes de tales artículos serán: en el primer caso, una relación detallada de dichos gastos, en la forma que abajo se dirá (artículo 7.0 ), que remitirán al fin de cada mes á la Pagaduría Central los responsa­bles que hayan hecho los pagos ; y en el segundo, las órdenes de .egalización que se expidan de acuerdo con el artículo 1.0 de este Decreto, las cuales llevarán constancia de los responsables que las hayan solicitado, y serán enviada! de la Oficina ord~nadora á la Pagaduría tan luego como se expidan, junto con las cartas de aviso¿ documentos justificativos. a Oficina ordenadora dará aviso inmediato á los responsa­bles solicitantes de las legalizaciones, para los efectos de que trata el artículo 6. 0 de este Decreto. Art. 4.0 La Pagaduría continuará observando el procedi­miento hasta hoy seguido en lo referente al ramo de pensiones, que está á su cargo. Las legalizaciones por pago anticipado de pensiones radicadas ó que se radiquen en cualquiera otra oficina, se solicitarán por los empleados que hagan Jos pagos, los cuales re., mitirán á la Pagaduría una relación igual á la de que trata el ar­tículo anterior. Art. 5·" Las visitas mensuales á las Cajas de los Habilitados de los Cuerpos del Ejército acantonados en Bogotá, que conforme al artículo 42 del Decreto 153 de 1897, debía practicar el Direc­tor de la Contabilidad nacional, continuará haciéndolas el Paga­dor Central, quien presenciará, además, las Revistas de Comisa­rio de dichos Cuerpos, y visitará, cuando sus operaciones se lo permitan, las Habilitaciones de fuera de la capital dentro del terri­torio de Cundinamarca. Art. 6.o Los Habilitados del Ejército y todos los demás res­ponsables que por cualquier causa paguen sumas que afecten los Capítulos del Presupuesto en los Departamentos de Guerra ó Pensiones, no describirán artículos que debiten los expresados Capítulos: abrirán una cuenta que se llamará Pagaduría Central, para debitarla con crédito á Caja al efectuar cada pago, y acredi­tarla con cargo á Remesas, cuando reciban del ordenador respec­tico el aviso de que trata el inciso último del artículo 3.o; pero son responsables únicos á quienes la Corte podrá hacer las glosas del caso por ilegalidad de los pagos, por errores aritméticos y de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 100 BOLETÍN MILITAR liquidación, y por la naturaleza, insuficiencia, etc. de los com­probantes de los antedichos artículos. Art. 7. 0 Los responsables del Erario á quienes se refiere el artículo anterior, están en la obligación de remitir en los primeros quince días de cada me á la Pagaduría Central, una relación clara y detallada de los pagos que han hecho en el mes próxima­mente anterior, comprensiva de los artículos y Capítulos del Pre­supuesto que se afecten conforme á la liquidación, en lo relativo al Departamento de Guerra y Ramo de Pensione , para que en la Pagaduría puedan de cribir e los artículos de débito á los Capítu­los del PresupuestJ, con crédito á Habilitados del li)ircito, si ésto'> verificaron los pagos, ó á Rernesas, si los pagos fueron hechos por otros responsables. Dichas relaciones serán iguales en valor á las que sirvieron para olicitar las lega izaciones, lo cual deberán cer­tificar y autorizar con su firma lo empleados que hayan de prac­ticar las visitas á los pagadores, requisito sin el cual no serán aceptadas por la Pagaduría como comprobantes de los respectivos artículos. Art. 8. 0 Los Habilitados del Ejército como encargados que están de administrar é invertir bajo su propia responsabilidad fon­dos nacionales, son re ponsables del Erario al tenor del artículo 1239 del Código Fiscal, y quedan, por lo mismo, sometidos á los preceptos del expresado Código. Llevarán sus cuentas por partida doble, conforme á las pre cripciones vigentes, y las rendirán direc­tamente á la Corte de Cuentas en los mismos términos seí1alados á los demás responsables. Art. 9. 0 Los Habilitados del Ejército abrirán en sus libros principales, como imprescindibles, las cuentas generales de Caja, RemtSas, y Pagaduría Central, pudiendo también abrir, cuando llegare el caso y previa consulta con el Director de la Contabili­dad general, aquellas de que tuvieren necesidad conforme á la nomenclatura de que trata el artículo 268 del Decreto número 77 de 1888. El mecanismo de estas cuentas es el indicado en el artículo 6~, con adición de que la cuenta de Caja se debita con crédito á Remesas con las sumas que los Habilitados reciban de la Pagadu­ría ó de cualquiera otro responsable. Art. 10. Los Intendentes del Ejército, los Comisarios Paga­dores, los Contadores de .l'vlarina, y en general todos los emplea­dos ó particulares que por cualquier motivo recauden, administren ó inviertan fondos públicos de la Nación, aplicables al servicio directo ó indirecto del Ejército, son responsables del Erario, y deben proceder, en toJo lo que sea aplicable, de modo igual ó análogo at que aquí se previene para los Habilitados del Ejército. Tanto aquéllos como éstos remitirán á la Pagaduría Central, en los primeros diez días de cada mes, un cua<:Iro sinóptico compren­~ iv<;> del número de Jefes, Oficiales, clases y tropa de cada Cuerpo, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 101 Compañía, Escuadrón etc., á fin de que por dicha Oficina se lleve la estadística completa del Ejército. Art. 1 r. Todas las cuentas de los Habilitados del Ejército que no hubieren sido incorporadas en las de la Pagaduría Centr.al 1 á 1~ fecha de la publicación del presente Decreto, lo serán en la misma Oficina, previo su examen y fenecimiento. Art. 12. Las dudas que ocurran respecto á la aplicación de las disposiciones vigentes sobre Contabilidad, se reconsultarán con el Ministerio del Tesoro, por ser el órgano á quien corresponde conforme á la ley, la reglamentación de la Contabilidad nacional. Art. 13. En los anteriore términos quedan reformados los Decretos .ejecutivos número 831 de 1885, 77 de 1888, 153 y 146 de 1897; y derogadas todas las dispo iciones contrarias á las del presente, el cual regirá para los Habilitados del Ejército, desde el 1 .o de Septiembre entrante. Dado en Anapoima, Departamento de Cundinamarca, á 10 de Agosto de 1 899· MANUEL A. SANCLEMENTE El Minist_ro de Hacienda, encargado del Despacho del Tesoro, Ct\RLOS CALDERON --··- !tli:SOLU'CION aobre alcances de Habilitados del Ejército Ministerio de Guerra -Sección 3.a.- Bogota, Agosto 9 de I 899 En vista de la consulta hecha por el Sr. General Coman­d- nte General de la 2. a Di vL it}n, sobre cu,1l es el procedimiento que debe adoptar!Se contra lo· Habilitad s que son suspendidos en s empleo, en cumplimient del artículo 15 del Decreto núme­ro 153 de 1897, y teniendo en con ideración: 1.0 Que en los Capítulos 3.0 y 4. 0 del citado Decreto, se determina la forma en que deben llevarse las cuentas por los Ha­. itados del Ejército, las formalidades que deben llenarse al girar la<= libranza, y los libros, documentos y comprobantes de que nt cesi tan estar pro vi tos ; 2. 0 Que en cacla cuerpo de la fuerza pública debe existir un "Con!Sejo Administrativo," compuesto de acuerdo con lo que di pone el artículo 14 del mi mo Decreto; 3.0 Que una e las funciones de este Consejo es examinar las cuenta' de la Habilitación semanalmente, y presuponer los ga.stos de la semana siguiente, de acuerJo con la situación del Cuerpo, y,en con ecuencia, velar por el buen manejo de los fondos de que di pone el Habilitado, puesto que d<..:bc tener conocimiento pleno y perfecto del estado de las cuentas ; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 102 DOLET1N MILITAR 4.0 Que es deber del 2.0 Jefe, como Fiscal del Cuerpo, pre­senciar personalmente, ó por medio de un Ayudante, el pago de las raciones de la tropa; 5. 0 Que la responsabilidad en que incurren los Habilitados, como empleados que manejan fondos de ]a Hacienda nacional, es do­ble; civil por el alcance en sí, y criminal por haber dispuesto de dichos fondos para objetos distintos de aquellos á que debieran destinarse; 6. 0 Que los funcionarios que favorezcan, disimulen ó encu­bran los fraudes de las rentas de cuya custodia se hallan encarga­dos, serán considerados como reos principales, según lo preceptúa el artículo 474 del Códig(J Penal; 7.• ~e la fianza que otorgan los Habilitados es para ase­gurar su responsabilidad civil, y deben, en consecuencia, hacerse inmediatamente efectivos los alcances, ejecutando á los fiadores, ó procediendo contra la hipoteca ó prenda que hubieren cons­tituído; 8.0 Oue la responsabilidad criminal debe sujetarse á las dis­posicioneslegales sobre la materia, dando cuenta al Fiscal del Circuito para que la haga efectiva, levantando de oficio el corres-pondiente sumario; y . 9· 0 Que es notorio el descuido que existe en los Consejos administrativos de la mayor parte de los Cuerpos, siendo esta la única causa de los frecuentes alcances en las Habilitaciones, SE R!SUELVE: t.• El Consejo Administrativo de cada Cuerpo, dará oportuno aviso, por conducto regular, de cualquier alcance ó irregularidad que se note en las Habilitaciones, procediendo como lo dispone el artículo I 5 del Decreto número I 53 de 1877; 2. 0 Los individuos que componen el Consejo Administrativo de los Cuerpos del Ejército Nacional, son responsables solidarios con el Habilitado, civil y criminalmente, si no cumplen estricta­mente con el deber qne les impone el artículo antes citado; y 3·0 Por el respectivo conducto se dará cuenta inmediata al Fiscal del Circuito, para que éste proce~a contra el empleado ó empleados que hayan incurrido en la responsabilidad criminal an­tes apuntada. Comuníquese á quien corresponda y publíquese. El Ministro, JoRGE HOLGU IN --..... ·~-- Ministerio de Guerra-Sección 3··-Bogotá, Agosto 23 dt 1899 Este Ministerio, teniendo en consideración : 1.0 Que el pago de gratificaciones que se hace en cumplí- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MJLITA.R 103 miento del artículo I 8 de la Ley 39 de 1896, por tiempo de ser­vicio en el Ejército, no es urgente; 2. 0 Que se hace imposible, por la actual difícil situación del Tesoro, hacer esta clase de erogaciones por ahora, aunque se re­conozca la justicia con que se conceden, SE RESUELVE: Suspéndase temporalmente el pago 9e gratificaciones, sin per­juicio de que se les dé curso á los memoriales que se presenten solicitándolas, para hacer el respectivo giro inrr.ediatamente que mejore la situación fiscal. Comuníquese y publíquese. El Ministro, JOSE SANTOS ---·--- NOrr AS DE OOND"C'O'r A EN EL EJÉRCITO Rtpública dt Colombia -Ejército nacional-Mayoría-Batallón 10.0 de Junín-Número I9I-Barranr¡uilla, Julio I I de 1899 Señor Coronel Alcides Arzayús. Con positiva satisfacción tengo el honor de remitir á usted copia autorizada del artículo 146 de la Orden del Cuerpo, de esta fecha, dictada con motivo de la separación de usted del puesto de primer Jefe de este Batallón, que con tánto acierto y maestría ha comandado usted. Dígnese usted aceptar, como prueba de la alta estima y apre­cio que le profesan todos los que tuvieron la fortuna de militar bajo sus órdenes. Dios guarde á usted. El Mayor, segundo Jefe, PAULO EMILIO ESCOBAR " Orden: del Cue1·po para hoy ll[de Julio de 1899, en Banan­quilla- Servicio "Art. I 46. Al encargarse el infrascrito del honroso puesto de segundo Jefe del Batallón Junín, presenta su saludo respetuoso á sus dignos antecesores, Oficiales y tropa del veterano Batallón. "Como un deber de justicia y gratitud, el infrascrito, en nombre de los miembros que componen el Cuerpo, reconoce que la disciplina, adelanto y organización del Batallón, se debe á su muy distinguido primer Jefe, Coronel Alcides Arzayús, y al se­gundo Jefe, Sargento Mayor Pedro J\1. Pon ce. "Si Bolívar, al saber la desaparición del Jefe de su Guardia de honor, dijo : 'Es difícil reemplazar á un Jefe como Anzoá- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 104 BOLETÍN MILITAR tegui,' el infrascrito, haciéndose intérprete fiel de los sentimien­tos Íntimos de todos los miembros del Batallón, no puede menos de exclamar como el Libertador: 'Es difícil reemplazar á un Jefe como el Coronel Arzayús.' Igual cosa puede decirse del Ma-yor Ponce. . "Que ambos distinguidos Jefes encuentren en sus nuevos destinos el cariño, aprecio y adhesión que hoy les profesa el Bata­llón que dejan ; que el ilustrado Coronel Arzayús, al regresar al hermoso Cauca, su patria, encuentre su hogar sin novedad, y el Batallón que va á comandar, digno de sus méritos y virtudes ; y que tanto él como el Mayor Ponce cuenten siempre con la since­ridad y cariño de sus subordinados y amigos. "Con nota de atención les será enviada al Sr. Coronel Ar­zayús y al Mayor Ponce, copia de la presente orden. El 2.~ Jefe, PAULO EYILIO ESCOBAR." R~pública de Colombia-Ejército Permanente-3.a División-Nú­mero 573-Estado Mayor-Barranquilla, Julio 17 d~ I 899 Sr. Coronel D. Alcides Ar~ayús. Tengo el honor de transcribir á usted el artículo 225 de la Orden general de la División, que, con motivo de su separación, se ha dictado hoy : "Art. 225. Mañana sigue para Buga, á ocupar el puesto de primer Jefe del Batallón Cazadores, el Sr. Coronel D. Alcides Arzayús, quien por algún tiempo desempeñó el mismo puesto en el Batallón Junín, que hace la guarnición de esta plaza. "El Comandante General y el Jefe de Estado I\1ayor de la 3: División, interpretan sus propios sentimientos y lo de todo el personal de ésta, al manifes tar la pena que les causa la separación de un Jefe de las condicio w·-. que adornan al Coronel Arzayús. Su amor por la carrera de !.1 arma., la .comprensión de la digni­dad de las funciones de que e tá inve tido, el interés por el ade­lanto y moralidad de sus subaltern s, una inquebrantable lealtad y otras excelentes cualidades personaJe~, adornan al Coronel Ar­zayús. Lo hacen constar a í quiene han podid apreciarlo en el curso de relaciones oF.ciales, y q uiene consideran en todo su va­lor la eficacia del e tímulo en la carrera militar. Los Jefes de la 3.• División se despiden con afecto del Sr. Coronel Arzayús y le desean un viaje próspero y fehz. "El General Jefe, RAFAEL M. GAITAN' Al hacer á usted la anterior transcripción, sírvase usted acep­tar las consideraciones de aprecio y estimación con que tengo el honor de suscribirme su atent~ seguro servidor, RAFAEL M. GAITAN Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR lOlS SECCION DOC 'TBIN AL Múltiples y poderosas razones militan en favor de un estudio serio y detallado de la famosa campaña de Marengo, no en toda su duración, que abraza períodos para nosotros de importancia secundaria hoy día, sino en lo que hace al principal de sus episodios, ó sea el paJQ de loJ AlpeJ. En efecto, se trata de un ejército no muy numeroso, de su mar­cha y sostenimiento al través de un suelo quebrado y escaso de recursos, de la travesía de una elevada cordillera por un camino de herradura, y, en fin, de la formación de columnas de considerable profundidad en ca­minos de poca anchura y en lucha con una naturaleza salvaje, es decir, de una operación iniciada y llevada á término con muy escasos recursos. Aun cuando no parezca muy lógico, á primera vista, principiare­mos el presente estudio por donde es costumbre terminar los de su es­pecie, por la enumeración de las fuerzas de Bonaparte, basados para ello precisamente en la clase de enseñanzas que pretendemos deducir de la travesía del gran San Bernardo. El ejército de reserva francés e com?onía el 1.0 de Mayo de 1 8oo como sigue, según la situación presentada á los Cónsules por el Minis­tro de Guerra: I~tfantería 1.• División (Loison): 13 ligero (regimiento de 3 batallones) ..•.• 58 de batalla (íd.) . . . . . . . . . . . . . . . .•.. 6o íd. (íd.) .••.......•.....•.... 2.• División (Chambarlhac): 24 ligero (regimiento de 3 batallones) ... . 43 de batalla (fd.) ....... _ ........... . 96 íd. (íd.) .......... ········ Pasan .••.•..••• . •••.....•.• 26II 2530 2101 7242 2834 24 6 2568 7888 15130 (x) Aprovechando la reciente publicación del libro ele E. Gachot, La dtuzUme cam­pa{! ne d' ]lnlie, escrito conforme lo demanda la crítica histórica vamos á estudiar detcnicla­mente el más notable de los pasos de una cordillera, por un ejército que registran los anales militares del globo; á que se agrega que ese paso, por haber sido realizado por un ejército de 3 s,ooo hombres, que no es imp:>siblc organizar en Colombia, nos ofrece enseñanzas útiles que en vano ouscaríamos en las operaciones de los ejércitos de cientos ele miles ele soldados que hoy movilizan las naciones europe.1s. Cuanto al libro de G.tchot, no encierra una línea 1 que no esté apopda en documentos fehacientes, de ordinario inéditos; y el autor para llevar rlebidamente á cabo su empre a, "levantar un otro monumento á la gloria del sol­dado francés,'' recorrió á pie el camino seguido por Bonaparte y cruzó el gran San Ber­nardo en los mismos días y horas del año en que lo hicieron las tropas que vencieron en Marengo, siendo de advertir que el camino se halla á la fecha en el mismo estado que en Mayo de x8oo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 106 BOLETÍN MILITAR Vienen ..••..••..•••...••.•• 3· • División (Boudet): 9 ligero (regimiento de 3 batalton('s) .••. 30 de bat11la (íd.) ......•............ 59 íd. (íd) .................. .. +·'División (Watrin): 6 ligero (regimiento de 3 batallones) ...• 22 de batalla ....•••••...•.•.....•... 40 (íd.) .•.•....••...•••••......• 15130 2 542. 2370 2379 7291 2G93 1835 188o s8o8 ------ En formaci6n 5. • Di visión (reorganizándose) ..••••.•••••.•• 6.• División: 19 1 igero ...•••.••••••.•••.••••.•••• ¡o de batalla ..•.•••••.••••.•......•. 72. íd. . ..•••...•..•.............. 7.• División: 17 ligero~ ••••••.••.•...•...•.......• Batallones de Oriente ....•.•• . .•...•.. Legión itálica: 6 batallones de infantería ...•.••.•..••• 2 escuadrones de cazadores .•...•••.•... 1 compañía de artillería .•............. Caballería 1.• División (Harville): 1 1 de húsares •••..... . .............. 22 íd. . . • . • • • . . . . . . . . . . . . . . .• 2. 0 de cazadores ...••........... . · ..•• 7·0 íd. . .•...•••••.•..•....• • 5 íd. . ...•........ .. ...... 2 1 íd. . . . . . . . . . . . ••.....••. 2.o c!e lanceros'" •.......•••.....•...•. 3. o íd. .. .........•............ 20.. íd. . ..................... . B.o de dragones •...••..•.•.........•. 162.0 2325 1900 500 2885 518 596 637 410 61o sz8 2 77 ISO 280 s6z +194 5845 3385 9· o íd. . ... - . . •............•• 6s6 522 4 (6 piezas de]artillería ligera). i.• División: 1.0 de húsares . • • . . • • . . • • . . . . . • • . . . . 300 I.0 de lanceros .•••......•........... 200 5· 0 íd. . . . . . . . • • . .. • • • • . • . . . . 105 Pasan.. • • . . • • . • . . . • • ••..••• 282~9 J7020 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILIT .A.B Vienen • • • • •••.••.•••••.•••• 5. o de dragones .••••.••••.•.•••..•••• 7 ese uadrones de Oriente .•••.•••..••••• (6 piezas de artillería ligera.) Jtrtilltría (Marmont) Artilleros á pie .••••..•••••...••••• Id. montados .••••.•••••.•..•.•• Obreros •••••••••.•••..•••....•••.••. Depósito. • • . • . • •••••..•..••••••.••• Parque • • • • • •••••.••••••••.••....• • Tren. • • • • • • . • • • . • •••.•••••.••••.•• 107 6o5 5224- -i-52+9 750 1107 '+62 7686 ~ Infantería .•••••••••••••••• Recapitulación Caballería .••••••.•••••••• Artillería .••••••••..•••••• ------- NoTA.-No se menciona en esta situación la guardia consular ni se indica el número de cañones. A mediados del mes, ya constituido definitivamente el ejército que debía franquear Jos Alpes, Berthier en vi6 á Bonaparte una situación que se resume así: Priflter Cuerpo--Yanguardia ( Lannt•} Di visión W atrin ....••.••.•.....•••.•••••• 28 Media brigada . • • •••.•.••••••.•.•••.•. ¡er Batallón helvético .•...•••.•.•....•••.•• Batallón Itálico .•••.•....••...•••..••.•••• Brigada Ri vaud ( 1 2 de húsares y 21 de cazadores) Segundo Cuerpo-Gruuo (Duhum•) Di visión Boude t ......••••..•.••••••.•••.• Di vitión Loison .•..•...•.•.••....•...••.. Terctr Cuerpo- Gruuo { Yíctor) División Monnier •••••.•••....•••••••••••• División Chambarlhac .•..•.••••••••.••.•••• Cuarto Cuupo-Caballería ( Murat) s8o8 1500 6oo 539 1124 9571 7291 7242 14533 58+5 7878 13723 I-i- regimientos .••••.••.... •••·•·• · · • • •. • · • • · • · • 7953 Artilltría ( MarmQnt) 70 cationes y 6 morteros. • • . • . • • • • • • • • • • • • • • • • • . • . 112 8 Pasan ..•.••••.••••••••••••••.••• Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 108 BOLET:fN MILITAR Vienen ... . ..•.•..•..•••..••••.• Servicios 4uxiliares Tren .....•..........••.........•....••.• Arrieros ...............................•. Pontoneros . . . . ....•...•.........•.....• Obreros de artillería .....................• Obreros auxiliares ............ . .....•...... Ambulancias ............................. . Guardia consular .••. 65o 6oo 410 19.3 soo 1)0 2503 6oo 50011 El I I de Junio, es decir, en vísperas de 1 a batalla de Marengo la situación del ejército de Bonaparte presenta el siguiente efectivo: Va11guardia ( Lannes) Brigada Mainoni : 28debatal1a .....•.•••.•....•............. 1577 Division Watrin : 6. 0 1 i ge ro .......••....•.•...•.••••.... - .••. 22 de batalla . . • • . . . . . . • . . . • . . . . • . . • . . ..• 40 íd ....•......•............••........ Cuerpo (2 Divisiones) de Desai• División Boudct : 9. 0 ligero....... . ................. . . . . . •.• 1833 3o.o de batalla 4.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1200 59 íd ..........••.•.................. 1823 División M o nnier : 19ligero . ............• . .... . ............ 70 de batalla . ......•..•. . .... . •• . ........ 72 íd . . . . . . . . . • . . . . . . . . . .•.......... Cuerpo (2 Diuisiones) de Yíctor División Chambarlhac : 24 ligero. . . . • • . . • . • . . . . . . . . . . • ... • . . . 2 17 I 43 de batalla ............ ·--·.... . ....... 2326 96 fd . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . 2067 Di"isión Gardanne : 44 de batalla .......................•.....• IOI íd .•.. .............................. Pasan . . . . . . • • . . • • . . • • • . •.•••..•• 974 2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILIT .A.R. Vienen .••..•••..•••..•.....•.....•• Cr.w·po (2 Divisiones) de Duhesme División Lapoype : 1.0 ligero ............................ , ...... 852 29 de batalla............. ... • • • . . . • • • . . . . . . 1032 91 íd .............•.••••......••.....•• 930 División Chabran : Tropas de Oriente 1 ~ media Brigada ...•...... íd. 2.• íd ..•...•...•.. íd. 3·· íd .•........... 1 2 de ba .all a .. • . • ••••••.•.••••••..•....•.. 1.er Batallón del 7. 0 de ~azadores ......•...•.. Reserva (General Loison) : 1 3 1 igero .. . ...••...••.......•...... 58 de batalla .•• . .•....••..........•....... 6o íd . •....... . ..•.................... Reserva (General Lorges) : 1 2 ligero ............••..•................ I.0 debatalla .........•.•.••....•.......•.•. 67 íd ......•....• . ••.....• . ..... . •••.• 811 1o66 987 5°9 109 900 18oo 18oo 109 Di visión Thureau, unos. . . . . . . . • . . . . . . . . . . • • . . . . . • . . • • 3 200 Legión itálica (General Lechi). . • . . . . . . . • . . . . . . . . . . . • • . • 1704 Tropas al mando de Bethencourt, unos . • • • • • • • • . • • . . • • . soo 46732 No se incluyen las Compañías helvéticas ni el Batallón de la 44 (Sandeur), que permaneció en Suiza. Caballería (Mural)- Brigadas General Murat : 12 de húsares .•.. •.....•...........••.•..... 2 1 d e caz&dores. • . ..•••....••.. ~ ......... . General Champeaux : 3.er Regimiento de caballería ...... . ........ . 5. 0 de dragones ••.•.•••..........•. • ..•.... 9. 0 de íd . ........ . . . ...••.•........••• 2. 0 de cazadores. • . . . • . . . • · · · · · · · • · • · · · · • • · 1 5 de fd . . . . . . . • • . . ...••••....•••..•.. General Kcllerman : 1.0 de húsares .....•....... ·. · · · · . · · • • • • • • · 18 (8) de dragones .....•....•..••.•......... Pasan ••..•.•••.•••••...•.••..•.•• 340 360 262 2 J 4 ISO 445 249 2020 120 443 563 :ao~o Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 110 BOLETÍN MILITAR Vienen .•.•••.•...••..••.•..•.•••.•• 2. 0 de caballería. . . • . • • • • .••.•..••••••.••. 10 de íd.. • . • • • • • • • • • • • • • • • • • ••••••••• General Duvigneau : 6.0 de dragones.... . . • . • . . ••••••••••.•••.• 11 de cazadores .•••.•••..•••••••••••••.•••• General Dumoulin : 1.o de caballería ..•.•••.••.•.••••.•.••••••• 5 ... de íd ..•••••.••••••.•.••••...••••..• Sin Jefe : 1. 0 de dragones ...•.••• •·•••••• ····••• ' •••• . 1 1 de húsares .••••...•••.•••••••••••••••••• 563 158 191 393 391 111 117 370 481 Total de la infantería.... • ••.••• Total de la caballería .•.••••••••• Total general ••••••••.••• Sin contar la guardia del Cónsul, la artillería y el tren. r,.opall an•mciada• que no llegaron Del Rhin: Infanterfa. • • • . • • • • • . • • • • • • • • • • . • • • • • • • • • • • ~400 Caballería .•••••••••••••••••• , • • • • • • • • • • • • • 88o De Francia: Caballería .•••.•••.••••••••••••••• 670 2010 IOIS 78+ 148 851 4-915 3950 El Ejército completo habría ascendido á 5 5,981 hombres. La di­ferencia, ~s decir, 3 34-, proviene de que los documentos de la época contaron dos veces el 15 de cazadores . • • • En esa época los Estados Mayores cuidaban poco de averiguar ó consignar las cifras que se rl!ferían á la longitud de las columnas. Para subsanar, en parte, esa grave omisión, copiamos en seguida el cálculo usual en Europa para una división (de 11 á 13,ooo hombres) en marcha por una carretera en terreno llano y en terreno quebrado, sin contar el servi­cio de exploración á distancia: Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILIT .A. B. 111 I.O- EN LLANO 1/ anguardia (profundidad) .•• 3958 metros. Despliegue . .... tho4' Distancia .... ........... 3000 íd. Id. en todo th5 I' Gruno de la columna, con tren de combate ... , •.•.•• 7547 íd. Id. íd .... zhoo' Distancia .•.....••..••.•. 250 Retaguardia .....•..••.••• 623 íd. Id. íd .••• ohto' --- 15378 íd. Id. 4ho5' A dos kilómetros sigue el tren de bagajes y el convoy á media jor­nada de distancia. Si la división hace parte de una columna-sus longi­tudes se reducen un poco así: vanguardia y distancia 5,ooo; grueso y tren de combate, 7,400 ; retaguardia y distancia, 1,8oo; tren regimen­tario, 1,900; es decir, por todo, 16,100 metros. Un cuerpo de ejército (2 divisiones) ocupa 36,ooo metros, y tarda 9 horas en desfilar. 2.0 - EN MONTAFtA (sEGÚN VERDY DU VERNOlS) Vanguardia y distancias.......... 5240 pasos (4200 metros). Grueso y ambulancia..... • • • • • . • 1 1000 pasos (88oo metros). Retaguardia y convoy •••. , • • • • • • 4950 pasos (3960 metros). (1 6960) O sea una longitud de 17 kilómetros suponiendo que la infantería marclta con frente de 4 homfiru, la caóalllría por trer y la artillería por pieza. Luego si el frente se reduce á doc; hombres en la infantería y uno en la caballería, y en vez de carros los equipajes y municiones van á lomo de mula, tendremos que una tropa de 6 á 7,000 hombres ocupará por lo menos tanta profundidad como la de doble personal organizada con doble frente, ó en otras palabras, que las Di visiones y cuerpos de ejército organizados por Napoleón para la campaña de 1 8oo representan el máxi­mum de fuerza que ellas deben tener en un terreno realmente monta­ñosc, ya que 1 s,ooo hombres es el máximum del efectivo que puede darse á una columna comprometida en un camino de herradura, cuando las condiciones son en absoluto favorables, pues en caso contrario sería imprudente que esa fuerza pasara de Iz,ooo. De lo die o se deduce que la fuerza de una División, en comarcas como las andinas, ni debe ex­ceder de 7, 500 hombres ni bajar de s,ooo, so pena de carecer ó de movilidad ó de la fuerza que necesita para desempeñar las funciones de unidad superior táctico-estratégica que le corresponde en la guerra de montañas. * * * Cuanto el terreno, como Gachot lo estudia á medida que historia los acontecimientos, por el momento bastará el examen del adjunto croquis-diagrama y la traducción de las siguientes líneas de otro narra­dor de la campaña de 18oo, puesto que no estudiamos la campaña pro­piamente dicha, sino el paso de una gran cadena de montafias. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 112 lonte Blanco + l_l BOLETíN MILITAR 0 0rsitre l n +e trrJin' o J .601 ·ª,oSan Pear6 8~11 BerJJard~ 1..;44' ,, 1 ,--1-- ~~rL l'. Rem;¡o ~ Bosn °-- 0 EtrubleJ +so 6 2 Baltea !osta -s •as 1 1 Ruitor Paraiso / 2111 ~/1 - ~// Bonaparte pretendía entrar á Lombardía cruzando á Suiza y los Alpes, barrera formidable que entonces sólo transmontaban senderos ac­cesibles á los peatones. Franquearla en esa época con un ejército y su ma­terial de guerra era una empresa de gigantes, que dejaba atrás las cum­plidas por Aníbal y Francisco 1: las · dificultades materiales eran las mismas; pero el peligro militar era mucho mayor. Primero debía ven­cerse á la naturaleza y luégo batir un ejército dos veces y media más fuerte, ensoberbecido con dos años de victorias, bien mandado y ser­vido por un hábil espionaje. Para superar la primera de las dificultades, cruzar los Alpes, Bonaparte halló en !;U genio los recursos necesarios para dominar á la naturaleza; para vencer la segunda, el Capitán se fio á la habilidad con que trazó el plan de la campaña. Franquear el Gran San Bernardo con el grueso del ejército, 3 s,ooo hombres, y utili7.ar el Simplón, hacer hábiles demostraciones por el pe­queño San Bernardo y el Mont-Ccnis, desembocar á la llanura por Lvrea, pasar el Tesina, llegar á Milán á unirse con Moncey, que del Rhin llegaba por el San Gotardo, y en seguí :la presentarse á Melás por su retaguardia, con tropas ya aguerriJag, tal fue el plan del primer Cónsul. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT:A.B 11!3 El camino del Gran San Bernardo era practicable á lo~ carruajes hasta San Pedro; pero á partir de dicho punto se transformaba en un sendero rocalloso, de una vara á un metro de anchura, cubierto de nie­ve, flanqueado al O. por los abismos en cuyo fondo rueda el Drance; y al E., por altísimas escarpas, de donde caen aludes de continuo. Por tér­mino medio 8 horas invertía un hombre en subir de San Pedro al Hos­picio que los Monjes ocupaban en la cumbre del boquerón, y 2 en ba­jar de éste á Saint Remy, donde principiaba de nuevo un camino ra­cional gue conducía á la población de Aosta. Mas si la bajada de la cordillera demandaba menos tiempo, en cambio presentaba dificultades mayores que la subida: la hoz de un afluente del Doria Baltea reem­plaza aquí la garganta del Drance, las escarpas y los lurtes dominan el flanco oriental con más insistencia y la pendiente es mucho mayor. En fin, el boquerón propiamente dicho debía cruzarse antes de que saliese el sol, en silencio y á la luz de faroles, para evitar que el ejército fuera se­pultado por las avalanchas. (Continuará) _.... ...... ~·--- Y LOS NUEVOS MÉTODOS GEOGRÁFICOS !-Elementos de las formas geográficas (Continuación) Conforme queda dicho, son tres los elementos de que dependen las formas exteriores del terreno: la naturaleza de lo~ materiales ; su disposición arquitectónica, y la escultura surimposada á dicha arquitec­tura por los agentes exteriores. El primero de esos tres puntos es del dominio de la Geología ; la escultura del suelo es n á lo que sucedía en el Orinoco, resol­viendo, tarde por desgracia, y conforme á plan tan viciado como el anterior, intentar un esfuerzo decisivo contra los realistas de Gua­yana. ~edaba abierto el tercero y último período de la campaña, á la vez que el más breve y terrible por lo inmenso del desastre para la cau a de la Libertad. (Cmtinúa) - - ···-- VARIEDADES HISPANQ-AMERICAN A México-El Boletín Militar números 15 y 16 (15 y 23 de Julio). Director, Capitán Samuel Garda Cuéllar. E1tuiio milit4r (continuación)- Cree el autor que las naciones pobres y débiles no pueden pensar en aventuras guerreras. "For- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN :M.ILITAB 125 memos un reducido y verdadero ejército, útil á la conservación de la paz interior, dejando para más tarde la resolución de arduos pro­blemas á los cuales no estamos en condición de atender." Según el artículo, México ocupa situación envidiable, porque no colinda sino con la pequeña Guatemala, de que nada tiene que temer, y con los Estados Unidos, que probablemente se subdividirán en varias repúblicas. Ojit ia/- Convocatoria para el próximo 16 de Septiembre para verificar la imposición de condecoraciones por combates de l867 para acá y relación de ellas. Reglamento de uniformn (conclusión): fija el equipo de los jefes y oficiales en campaña, la dimensión y colores de las cajas en que se lleven y manda comprar al soldado, de su prec;t, cuellos y puños postizos blancos. Proyecto de ayuda de memoria (Cartilla) para sargentos de artillería. Notas locales y movimiento de personal. Suplementos (últimos pliegos)-Reglamen­to sobre organización y servicio del ejército. Guatemala- Revista Militar número 16 (1 5 de Julio). Director, General Luis Ovalle ; Redactor, General Andrés Téllez. Artículo sobre "la necesidad del perfecto conocimiento del terreno y modo de que lo adquieran los oficiales," en el cual nos parece el autor exagera el supuesto c;obre que funda su argumentación, pues hoy día la superficie del planeta está suficientemente conoci­da para admitir que un ejército de 1oo,ooo hombres pueda obrar en un suelo que ignore por completo. Recomienda se amplíe d co­nocimiento que el ejército de la República tiene del suelo de ella, por medio de comisiones que lo recorran y estudien. Muy bien ; pero es de advertir que la necesidad de reconocer el terreno en campaña no la evitan ni las cartas geográficas más perfectas. La diplomacia de B ismarck. Buscó el éxito de todos modos. Certamm de tiro- Tropas de infantería y artillería, armadas las pri­meras con Wínchester y Rémington: se menciona el número indi­vidual de impactos, pero no el porcentaje de éstos ni la distancia del blanco. La artillería de montaña y la montada rlispararon á distancias de 2,200 á 2,4-+0 metros, pero no se dice el resultado, ni el número de tiros. Ejá11érides militares (continuación). Mes de Julio. Entre las mencionadas descuellan: batalla de Oudcnardc (J 1 de 17o8), c..:n qut.: l\1alborough y Eugenio de Saboya con 85,000 aliados derrotan á otros tantos franceses regidos por Bor­goi1ay Vendonmc; lasNava de Tolosa (16dc 1216),enque Alfonso v11r de Castilla, al frente de Ioo,ooo espafíales, destroza los 4-oo,ooo musulmanes de Mahomcd-Jacub ; batalla de Baylcn ( 19 de 1 8o8): el famcés Dupont, con 2o,ooo hombres, se rinde al español Castatíos que mandaba 2 7,ooo ; batalla de Angora (20 de 14-02) entre Tímur y Bayaceto; primer ataque de Plewna (20 de 1 877). El cañó1t Armftrong de 152 en montaje de eclipse (reproducci6n). Notas locales. Má:ocimm del Ge11ernl Drogo11irotu. Brasil-Revista Marítima Brazileira-Números 11 y 12, año xvru (Mayo y Junio). Director, Vicealmirante Arturo Jaceguay. El arsenal Je marina de /,¡ capital. Estudio completo del asunto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 126 BOLETÍN MlLIT A.R. Los veterttnos de la campaña del Paraguay-Organización de una aso­ciación, "con el levantado fin de perpetuar en el corazón de los brasileros el culto de sus héroes en aquella campaña, y amparar á los sobrevivientes pobres." Apuntamientos de balística. Dncripciótr y derrotero de la costa Sur dd Brasil. Los i11fortunios de Cet·vera-(Traducido del inglés), que relatan las terribles peripec:;ias del infortunado Almirante, á quien se mandó cruzar el Atlántico con una escuadra inútil, la cual orden "equi­valía á un mandato de que echara á pique sus naves." Fue una víc­tima del deber, vilipendiada por el orgullo nacional, herido por la propia desidia acumulada en 1 uengos años. La guerra Sino-japonesa (continúa). Desde el punto de vista del derecho de gen tes. Noticias de lm marinas narirmal y extranjeras-Los mejores buques americanos serán artillaclos con cañones de 3 50 milímetros de ca­libre, y los ingleses con piezas de sólo 30 5. Crónica-Recientes estudios en el Observatorio de San Peter burgo han permitido al Profesor Glasenapp estimar en 298,500 metros por segundo la velocidad con que nos llega la luz del sol ; afirman los periódicos extranjeros, hablando de la telegrafía sin hilos, que en la transmisión de los despachos debe tenerse en cuenta la cur­vatura de la tierra : si esto es cierto, para enlazar á Europa con los Ec;tados U nidos, sería preciso construír estacionfJ-t(lrrn, de altura superior al monumento Eiffe1. Bt!lrroso y la batalla naval de Riachuelo-Estudio de la jornada en que fue destruí da la e&cuadra paraguayas el 1 1 de Junio de 1868, en el e u al campea juiciosa crítica histórica y se rectifican varios erro­res de relatos anteriores. Contribución á un mno de histeria ~aval-El arte de navegar del iglo xv al siglo XJX. La guerra Sino-japonesa. Resoluciín de los prqbfemas dt AstronomÍtl lttÍtllica, con la proyección esteorográfica del Profesor Malfino (traducción). Noticias y crónica-Los navíos pintados de verde-esmcra!da son in­visibles de noche, aun con la luz de lo más poderosos reflectores ; el Gobierno inglés ofrece un premio al que presente el mejor estu­dio sobre cuál es hoy día el mejor tipo de buque de guerra. Ejércitos y marinaJ de las gra11des piJtencias-Ru~ia moviJi:¿ará, en caso de guerra, 3·503,000 hombres, ósea 27 hombres por cada mil de la población; Alemania, 3.ooo,ooo, ó 57 por mil; Francia, 2.soo,ooo, rs ciecir, 65 por mil; Austria-Hungría, 1.827,ooo, ó 41 por mil ; Italia, 1.268,ooo, ó f' por mil ; Inglaterra, 526,ooo, ó 14 por mil. En tiempo de paz la proporción varía, en esas na­ciones, de 3 á 16 por mil. Inglaterra posee 290 barcos de guerra (54 acorazados); Francia, lf4- (35 acorazados); Rusia, 86 (23 acorazados); Estados Unidos, 67 (13 acorazados); Alemania, 73 (19acorazado); éltalia, 65 (r5 acorazados) .. Franciaesla na­ción que posee más cruceros acorazados. Argentina-Encicloptdia Militttr (año xn, entrega de Abril). Di­rector, David Marambio. Hermosa publicación justamente apre­ciada en aquella República. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILI'l'AR 121 M ayp o; Autobi#grafia dd Co rone! M ellan; el empleo de la ;rctilleríll nt el cr,mbate (reproducción); la guerra greco-turca (traducción); el Coronel Rodolfo Bunge; Comodoro Augusto LaJJeru. Táctica de crJba//ería (traducción). Oficial: transportes militares; intendencia de guerra; defensa de las costas. Notas locaus. El puertrJ militar ; necrologías. Al trat~és de/ Ctllljt. El Pur•llenir Militar. números 51 n á 5 I 5 ( I.0 de M ayo á 8 de Junio). Director, Alejandro Ramilo. Los comb t1tes de 8 a11ti ago de Ouba, juzgrJdl)s p1r tllt Ojicial sJteco: en el Ca"'teY 6, 500 americanos pueden destrozar impunamente á ca­ñonazos á 500 españoles por cuanto éstos no contaban con una sola pieza de artillería; en San Juan 8,ooo americanos de todas armas emplean 7 horas para rechazar á 1,200 peninsulares; en Santiago no triunfan sino que proponen parlamento y son 1 8,ooo contra 1 o,ooo. El honor quedó sal vado. Las milicias ( vo­luntarios) americanos resultaron "incapaces de sostenerse en combate contra los españoles." Escuela de claus; La ley militar,· el espionaje militar (traducción); Mensaje presidencial; texto de la nueva ley militar; el Estado Mayor brasilero; Guardia Nacional: Decretos sobre ensefianza de ésta ; combate en orden abierto,· crónica militar de Chile ; 2 5 de Mayo de 181 o,· Batalla de T11yttti (recuerdos). Guardia Nacional: cuadros; necesidad de un ejército permanente; diversos estudios sobre aquélla; Oficial: pri iones militares. 8trf.Jicio de avanzad,u (reproducción). Teoría del tiro (que reproduciremos próximamen­te). CrÓ1ticas y bibliografía. Chile - La Ilrutractón Militar números 11 y 12 (Junio). Re­dactores: Francisco A. Soler y Enrique Blanchard. 21 de Mayo; La guerra hispa1Jo-america11a; Literatura, Crónica local, Adjunto militares; Nuestro sub-oficiales (cla es, ó bien cabos y sargentos, que diríamos nosotros); Literat11rrz ,· El sol en Punta Arenas; El Batallón Buí11; Crónica; Teatro nacional. NOS I~TE:?..l!lSA Los Oficiales franceses Maurain y Lacombe que vinieron á Quito (en el Perú, según algún periódido de geografía!) con el objeto de reali­zar nuevamente la men ura de un arco del meridiano entre dos parale­los, se hallan al prc en te en tierra colomhiana-Ipiale · -previo permi­so por ellos solicitado y concedido por nuestro Ministro de Relaciones Exteriores. Seda de desearse que el Gobierno obtuviera de los dicho Oficiales copia de los trabajos geográficos que naturalmente habrán de ejecutar en nuestro suelo. Francia votó $ 4,ooo (oro), para esta expedición. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. lB BOLETÍN KILIT ~a G:&:OGRAJ'IA :03 OOI.OMSIA Terrl1orlo 1 Cundinamarca 15 / ' " ~ Panama COLOMBIA 6 6 .8 Bolivar Antioquia Superficie comparada de la República 5 . 8 4-.8 y de los Departamentos Magdalena 1 Tolima 5.4- 100 UNIDADES J.Q ~., ~"" ~ ~ Ca11ca 48 3 unidades ---- F. J. V. V. BOGOTA-IMPRENTA NACIONAL Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 115

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Selecciona las Colecciones en las que vas a añadir el contenido

Para consultar los contenidos añadidos busca la opción Tus colecciones en el menú principal o en Mi perfil.

Mis colecciones

Cargando colecciones

¿Deseas limpiar los términos de la búsqueda avanzada?

Vas a limpiar los términos que has aplicado hasta el momento para poder rehacer tu búsqueda.

Selecciona las Colecciones en las que vas a añadir el contenido

Para consultar los contenidos añadidos busca la opción Tus colecciones en el menú principal o en Mi perfil.

Mis colecciones

Cargando colecciones