Saltar navegación e ir al contenido principal
Biblioteca digital de Bogotá
Logo BibloRed
Cargando contenido
¿Qué estás buscando?
  • Escribe palabras clave como el título de un contenido, un autor o un tema que te interese.

  • Búsqueda avanzada

Seleccionar

Contenidos y Experiencias Digitales

Filtrar

Formatos de Contenido
Tipo de colección
Género
Idioma
Derechos de uso

Selecciona contenidos según las condiciones legales para su uso y distribución.

Estás filtrando por

Cargando contenido

Se encontraron 17385 resultados en recursos

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 4

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 4

Por: | Fecha: 26/01/1901

~~~ BoooTA, EHER026DE1901 SERIE II-TOMO l-lf. 0 4. 0 BOLETIN ~IILITAR DE COLOMBIA btgaño del Ministerio de J Director ad honorem Guel'ra y del Ejército ~ F. J. VERGARA Y V. &n eolaboradores de este periódico loe + General de Ingenieros, Miembro de Jefes y Oficiales del Ejército f varias Sociedades Cientiftcaa DECRETO NUMERO ... DE r9oi (14 DE ENERO) por el cual se dictan varias disposiciones EJ Vtápresúienü de la Rep!íblica, encargado del Poder Ejecutivo. En uso de sus facultades constitucionales y legales, CONSIDI!:RANDO 1.0 Que los rebeldes no cuentan n el territorio de la Repd­blica con ningún Ejército regular, y que sólo ti nen guerrillas inca­paces de presentar batallas formales ; 2.0 Que esas guerrillas viven actualmente del merodeo, arrui­nando las riquezas particular y pública, y están incapacitadas para triunfar sobre el Gobierno y las instituciones ; 3.0 Que esas fuerzas irregulares se deniegan á s0meterse al Gobierno, no por el convencimiento que tengan de su propia fuer­za, sino en virtud de las noticias falsas con que las alientan los re­volucionarios urbanos ; y 4.° Finalmente, que conforme á las leyes, el Gobierno tiene facultad para vivir de los bienes de los enemigos situados en el territorio que ocupen sus fuerzas, DECRET.A Art. 1.0 Los Ejércitos deJ Gobierno que ocupen las Provin­cias sublevadas, vivirán en eJJas de Jos bieries de los desafectos al Gobierno. TOllO 1-7 • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Milita, Art. 2.0 Los Jefes de guerrillas que dentro de treinta días no depongan las armas, y continúen sosteniendo sus fuerzas · con em­préstitos y expropiaciones ó con cualquiera otra clase de expoliá­ciones, serán considerados como autores de robo cometido en cua­drilla de malhechores. §. El plazo concedido por este artículo se contará desde el día en que sea publicado por bando el presente Decreto en la capital del respectivo Departamento. Art. J.0 Los compradores y rematadores de bienes expropia­dos ó tomados por las fuerzas rebeldes, no adquieren dominio sGbre la cosa comprada, que sus legítimos dueños pueden perse­guir en poder de cualquiera que la tenga, sin perjuicio de la acción directa contra el comprador ó rematador, son cómplices del delito de robo, é incurren, además, en una multa igual al valor de la cosa comprada 6 rematada y en la pena de tres años de confina­miento en el lugar que designe el respectivo Jefe Civil y rvtilitar de Depl'.rtamento. Art. 4.0 Los que por medio de impresos, cartas, postas 6 de .cualquiera manera propalen noticias falsas que tiendan á hacer persistir á los rebeldes en su actitud hostil, 6 los auxilien con re­cursos de cualquiera especie, serán reducidos á prisión, que sufri­rán en las cárceles de Cartagena por el término que dure la rebe­lión. §. Los Jefes Civlles y Militares de los Departamentos harán efectivo lo dispuesto en este artículo por simples resoluciones ad­ministra ti vas. Comuníquese y publfquese. Dado en Bogotá, á 14 de Enero de 1901. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERo C.-El Subse­cretario de Relaciones Exteriores, encargado del Despacho, AN­TONIO JosÉ URIBK-El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, MIGUEL ABADlA MiNnEz-El Ministro de Guerra, josi DoMINGO ÜSPINA C.-El Ministro del Tesoro, E:f­RIQUK RxsTRRPo G ARCÍA. DECRETO NUMERO ÓL (RNKRO 18 DE 1901) por el cual ae regulariza la circulación de los billetes de cincuenta pesos ($ 9G) fabricados en la litografía de Otto Schroeder El Vicepresidmie de la Reptíblica, encargado del Poder Ejentti'IJfJ, En uso de sus facultades, y CONSIDERANDO . 1.• Qye en la Litografía7 dirigida por el Sr. Otto Scbroedcc, que estaba encargada de fabricar billetes para el Gobierno,~ • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mz'lt'ta., ·'99 perpetró en la noche del 17 de Septiembre último, por Reinaldo Goelkel, un hurto de esqueletos de billetes de cincuenta peSos ($ 50) que, al haber sido emitidos por el Gobierno, habrían repre­sentado legítimamente la suma de un millón ciento diez mil sete­- cientos cincuenta pesos ($ 1.1 10,7 50); 2.0 Que esos esqueletos fueron puestos en circulación por el ladrón, de quien han sido cómplices para ese efecto los revoluciO­- narios y sus parciales ; 3.0 Que el Gobierno tiene datos exactos de que los proventos de ese hurto se han destinado al fomento y auxilio de la presente rebelión, lo cual es, por otra parte, de pública notoriedad ; 4· 0 Que como consecuencia de esos hechos, y á pesar de las varias disposiciones que el Gobierno ha tomado para hacer cono­cer los billetes ilegítimos, éstos han venido á parar, en cantidades considerables, á manos de gentes, muchas de ellas inocentes y des­validas, y merced á la violencia que en gran número de casos les ha sido hecha. por los revolucionarios ; 5. 0 Que la desconfianza que este hurto produjo n cesaría­mente, con relación al tipo de billetes de cincucuta pesos ($ 50), ha hecho que la circulación de ese tipo se dificulte en gra:n mane­ra, con detrimento del Fisco y de los particulares. DECRETA Art. 1 .0 Decláranse de curso forzoso en todas las Oficinas pú­blicas y particulares, y en toda cJasc de transacciones, los billetes de cincuenta pesos ($ 50) editados en la Litografía del Sr. Otto Schroeder, cualesquiera que sean las circunstancias relativas á la numeración, sello y resello de que hayan podido tratar resoluciO­nes del Gobierno anteriores al presente Decreto. Art. 2.0 Para indemnizar al Tesoro público del perjuicio que le ocasiana el reconocimiento que por el presente Decreto se orde­na, el Gobierno procederá á imponer las contribuciones de guerra necesarias, al tenor de lo permitido en el artículo 121 de la Cons­titución, y de lo preceptuado en los 182 y 231 á 234 del Código Penal, sin perjuicio de la responsabilidad criminal en que han in­currido los autores, cómplices y auxiliadores del referido dehto. Dado en Bogotá, á 18 de Enero de 1 go 1. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QUINTERO C.-El Subse­cretario de Relaciones Exteriores, encargado del Despacho, AN­TONIO JosÉ URIBE.-EI Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, MIGUEL ABADiA MENDEz.-EJ Ministro de Guerra, JosE DoMINGO ÜsPINA C.-El Ministro del Tesoro, EN· JUQUE R.ltsTREPO GARCÍA. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. , B olet{n M t'lita;;. DECRETO NUMERO 49 DE I9DI (16 DE ENERO) por el cual se confieren varios ascensos El Vicepruidenle de la Rept:blica, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Artículo único. Asciéndese á Generales en jefe á los Sres, Generales Ramón González Valencia, Carlos Albán, Lucio Velas­co, Toribio Rivera, Manuel José Uribe, Enrique Arboleda, Ma- ' riano Ospina Chaparro, Mariano Tobar, Julián Arango, Nicolás Perdomo, Pedro Nel Ospina y Pompilio Gutiérrez. Dése cuenta de estos ascensos al Honorable Senado en sus pr6ximas sesiones, para los efectos constitucionales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 16 de Enero de tgor. JOSE MANUEL MARROQUIN. El Ministro de Guerra, Josi DoMINGO ÜSPINA C. DECRETO NUMERO 46 DE I9DI (16 DE ENERO) por el cual se hacen varios nombramientos El ftí'cepresidenle de la ReptíÓHca, encargado del Poder .Ejecutivo, DECRETA Art. 1.0 Por renuncia admitida al Sr. General Jorge Moya Vásquez del puesto de Comandante en J e fe d e l Ejército de Boya­cá, nómbrase en su reemplazo al r . G neral Julián Arango. Art. 2. 0 Hácense además los siguiente s nombramie ntos para el Cuartel general del mismo Ejército: J fe de Estado May ·x ge ... neral, Sr. General Manuel Jiménez López; Primeros Ayudantes generales, Sres. Coroneles Juan de Dios Sánchez y Carlos Julio Piñeros; Segundos Ayudantes generales, Tenientes Corone les Hi­pólito Herrera y Luis M. Ortega; Adjunto, Teniente Roberto Fe­rrer; Habilitado, Teniente Coronel Alejandrino Antolínez, asimi ­lado á su grado para los efectos fiscales. Art. J.0 Nómbranse los siguientes empleados administrativo del Ejército de Boyacá: Capellán, R. P. Enrique Albela, asimilado á primer Jefe de Cuerpo para los efectos fiscales ; Intendente .• Ge­neral Esteban Esca116n, asimilado á su g-rado para los efectos fis­cales; y Comisario Pagador, Coronel Enrique Ortiz, asimilado á General para los efectos fiscales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 16 de Enero de 1901. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, JosÉ DoMINGO ÜSPINA C. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar DECRETO NUMERO ... DE IlJOI ( 12 DE ENERO). por el cual se hace un nombramiento IO.( El Vi'cepresidmte de la República, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Artículo único. N6mbrase Comisario Pagador del Ejército en operaciones sobre el Norte del Departamento de Bayacá al T~­niente Coronel Juan de Dios Sánchez, asimilado á Coronel primer jefe de Cuerpo, para los efectos fiscales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 12 de Enero de Igüi. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, JosÉ DoMINGO ÜSPINA C. DECREJO NUMERO ... DE r9or ( 1 2 DE ENERO) por el cual se hace un nombramiento lli Vicepresidente de la Repllblz'ca, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Artículo único. N6mbrase Comisario Pagador de las fuerzas -en operaciones sobre las Provincias de Ubaté y Chiquinquirá al Sr. Cor nel Rafael Urdaneta, asimilado á su grado para efectos fis­cales. Comuníe¡uese y publíquese. Dado e n Bogotá, á 12 de Enero de IgüL JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, Jo É DoMINGO ÜSPINA C. DECRETO J\TUMERO ... DE r9oz ( 14 DE ENERO) por el cual se hace un nombramiento El Picepresidenle de la R epúblt'ca, encargado del Poder Ejecutivo, Dli:CRETA Artículo único. N6mbrase Comisario Pagador de las fuerzas á. órdenes del Coronel Justo Guerrero, jefe Militar de la Provincia de Guatavita, al Sr. Moisé ~ DQlgado, asimilado á Coronel para los efectos fiscales. Comuníquese. Dado en Bogotá, á 14 de Enero de 1 go 1. JOSE MANUEL MARROQUIM El Ministro de Guerra, JosÉ DOMINGO OsPINA C. 1 N O 0" r L ~ p lltt 1 1e(to., .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ' . I02 Bo/et{n Milttar- ~nrt€iual .ESPIR/7 V IJE UN ARTÍCULO , CONSIDERACIONES SOBRE EL ARTICULO 21 DE NUESTRAS •6R.DENKS GENERALES PAllA OFICIALES" "Todo Oficial que tuviere orden absoluta de conservar su puesto á toda costa, lo hará." Breve, frío é imperante, este hermoso artículo de nuestras .Ordenanzas compendia en su laconismo, verdaderamente esparta­' rio, todo el espíritu de nuestra profesión, que es la religión del honor y del deber, de la abnegación y del sacrificio en aras de la Patria. Sin perífrasis ni artificio de ningún género nos prescribe la obligación de morir cuando, á juicio del superior, sea preciso sal­var el honor de las armas ó impedir una derrota, y viene á ser como un resumen de toda disciplina, de toda obediencia y de to­das las virtudes militares, sin las que sería imposible llevar al com­bate ninguna fuerza armada que mereciese dignamente el nom­bre de Ejército. Todos los grandes hechos de la Historia militar; todas las. proezas individuales, y aun todos los preceptos de nuestras admi­rables Ordenanzas, han tenido que inspirarse en la severidad in­flexible de este artículo, para cuyo cumplimiento es preciso sentir la vocación del heroísmo y profesar en nuestra religión, cuyo sím­bolo es la bandera nacional, y cuyo lema es morir por ella cuando recibamos orden., de mantenerla enhiesta á todo trance y á toda costa. Leonidas en el desfiladero de las Termópilas; Guzmán El Bueno en los muros de Tarifa; Palafox en Zaragoza; Al varez de Castro en Gerona, y en nuestros días los defensores de la Torre de Colón y los de Baler, pertenecen á la pléyade laureada de hé­roes que nos alientan señalándonos el camino de la gloria que ellos conquistaron obedeciendo ciega y valerosamente el terminante precepto contenido en este sublime principio de nuestros cánones; artículo, además, eminentemente altruísta, puesto que exige, en. las ocasiones supremas y decisivas, el sacrificio de los menos para.. la salvación de los demás. "Teniente Coronel, dijo en cierta oca­sión Napoleón, resistid con el cuerpo de vuestro mando, allí donde la salvación del Ejército exige que todos perezcáis." · El deber del sacrificio no es peculiar de ningún Ejército, ni de ningún pueblo, ni menos de determinada época. Este deber es tan antiguo como el sentimiento de la Patria y la noción de defender­la; de aquí el que la Historia presente, desde la más remota an­tigüedad, innumerables ejemplos de indomable fiereza y de valor · temerario, que tiempos después dieron lugar á estas severísimas prescripciones, al propio tiempo que progresaba el Arü miltlar y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mü·ita'" I03 la organización de los ejércitos; y así, lo que antes se practicaba por la mera intuición del deber, por el innato sentimiento del ho­nor y de la valentía de los ánimos esforzados, ha venido á ser el fundamento de los códigos militares y lo que más carácter y preS­tigio imprime á la por todos títulos noble profesión de las armas en las naciones cultas del mundo que tienen ejércitos bien conS­tituidos. En Esparta, la ley mandaba á Jos ciudadanos que iban á la guerra vmcer ó morir, y las mismas madres exhortaban á sus hijos para que se hicieran matar antes que volver vencidos á sus hoga­res. No hay nada comparable á la sublimidad del sacrificio lleva­do á cabo por los 300 espartanos que, con su Rey Leonidas al frente de tan maravillosa raza de titanes, aceptan estoicamente su muerte en horrible y desigual combate contra los innúmeros ene­migos que iban en pos del fastuoso Jerjes, Rey de Persia. Ni en la Historia antigua ni en la Historia moderna podrá hallarse un hecho semejante al Paso de las Termópz'las, el acto más heroico, la hazaña más memorable y valerosa que ha podido llevar á cabo un caudillo con la fuerza de su mando. Y bien sabemos que en el si­tio que aquellos defensores convi1·tieron en altar de sacrificio, un epitafio dice con sencilla elocuencia: Pasajero, vé á dedr á Esparta (jUC sus hijos han muerto 'por obedecer sus santas leyes. ¡Dichosos los pueblos que llaman santas á sus leyes y tienen el fanatismo de mo­rir por ellas 1 Estos hechos nos demuestran que el espíritu del artículo 21 de nuestras Ordenes generaleJ para Ojidales lo practicaban aquellos re­motos pueblo y lo consignaban en sus leyes como necesario para la salud de la Patria. En la Edad Media se nos presenta un caso histórico, la defen­sa de Tarifa por D. Alonso Pércz de Guzmán, en el que encarna el artículo citado como ejemplo de la defensa de un puesto á toda costa; y en este esforzado caudillo es de admirar su fidelidad al Rey Sancho tv El Bravo, su valor, y la entereza de ánimo que ne­cc itó para salir victorioso de la durísima prueba á que lo sometió el sitiador, el Infante D. Juan, presentándole ante los muros de la plaza al hijo de aquél, maniatado y como precio de la rendición. A esta villanía de refinada crueldad, todos sabemos cómo contestó el defensor de Tarifa: prefiriendo que con su mismo puñal se con­sumase el sacrificio de aquella inocente criatura, antes que entre­gar la plaza de que el Rey le hiciera guardador, dando con esto á entender que sus entrañas de padre eran ~ tan firmes como el indo­mable valor de su ánimo y como la acrisolada lealtad de su pecho. ¡Bien merecido tiene el sobrenombre de El Bueno!; y el recuer­do de tan bravo caudillo e uno de los mejores timbres de la fie­reza incontrastable de nuestra raza. Más cercanos á nuestra época están los nombres de Palafox y Alvarez de Castro, citados anteriormente y que se inmortaliza­ron defendiendo á toda costa las memorables plazas de Zaragoza y Gerona, respectivamente, que nos recuerdan las horribles escenas de Sagunto, Numancia y Calahorra. Y ya en nuestros tiempos, y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milt"tt~r para que se vea cómo ni los años ni las costumbres han podido al­terar el verdadero espíritu del artículo que nos ocupa, .nos han presentado las guerras coloniales ejemplos de abnegación y forta­leza de ánimo en el episodio de la Torre óptica de Colón y en la defensa de Baler, que ha sorprendido, con admiración de propios y extraños, por las singulares circunstancias en que se ha realizado . ••• Todos estos acontecimientos, y los innumerables de la misma índole que e5maltan la historia de los pueblos, podemos repetir que tienen por fundamento el espíritu del artículo 21 de nuestras Ordenes generales para Ofidales, que no es otro que el espíritu del honor que debe sentir todo militar, máxime si ejerce algún mando, por muy subalterno que sea. En este artículo, tal vez más que en ningún otro, es donde es­triba la diferencia inmensa que existe entre las fuerzas que cons­tituyen un Ejército y las híbridas acumulaciones de las turbas ar­madas como de las enormes masas persas de Jerjes, los salvajes mexicanos de Motezuma, las bárbaras de Atila y todas las demás de que nos da cuenta la Historia, siendo comparables á cuerpo$ iin alma, sin nervios y sin otra trabazón en sus miembros que la fuerza bruta del despotismo y de la barbarie de sus soberanos y caudillos; fuerzas, en fin, completamente ajenas á toda moral mi­litar, á toda virtud, á todo honor, á toda abnegación y sacrificio para los momentos decisivos de los combates. Así es como se ex­plican las grandes victorias de los pocos, buenos y bien disciplina­dos, contra las muchedumbres reclutadas apresuradamente entre una población de esclavos ó de bárbaros sin ideales ni nociones de los altos principios d e l honor militar. Véase, por Jo expuesto, cuán grande es nuestro deber de con­tinuar la leye nda del honor inspirada en la severidad de las Orde­IUS generales para Oficzales, muy particularmente cuando llega la hora suprema del sacrificio, que en modo alguno se puede eludir, pues si bien según el d e recho natural es permitido defenderse del peligro inminente sin incurrir en pena, la profesión de las armas remonta sus votos y juramentos á otrá.s esferas más sublimes y ejemplares que las prosaicas exigencias de la propia naturaleza. En las modernas formas de combatir influyen, más que nunca~ las condicion es morales del combatiente, y cualquiera que sea la categoría del Jefe de la fuerza, atleta ó pigmeo, puede y d e be cumplir la orden terminante de sacrificarse y de imponer á los de­más esta obligación. Ba ta para todo esto la fortaleza de espíritu, que quien no la tuviere puede adquirirla mediante la educación y el conodmiento de sus deberes, y quien no la sintiere así, no puede pertenecer dignamente á esta profesión, que tantas veces exige el ~acrificio de nv.estras afecciones y de nuestras vidas. Pero de lo sublime á lo ridículo no media más que un paso ; paso muy posible de darlo, pues donde hay disc.iplina se manda y obedeGe fácHmente ; m~ lo, dif{cil es mandar con acierto, y puedo haber incurrido en error al presentarlas; el modo verdadero de verificar lo dicho es analizarlas conforme se indica en su lugar, y entre más defectos les halle el oficial estudioso, más segura prueba tendremos de su labor en el asunto. 57. Empero, al aplicar este procedimiento de instrucción, debe cuidarse de no forjars~ un cierto número de variantes sobre los tipos reglamentarios para repetirlas mucho en busca de una eje­cución correcta. No es de esto de lo que se trata; no es aprender un oficio reducirse al estudio de alguno casos particulares, porque e to equivale á rechazar la reflexión y la inspiración. 1 ampoco se trata de transformar los tipos reglamentarios repitiendo la tarea en vista de lo CJUe habrá de ejecutarse en las insJ:-ecciones, puesto que de antemano no pueden conocerse los problemas que propon­drá 1 Inspector, de donde el que sea preciso estar listo para re­solver todos los casos posibles al presentarse y no sólo algunos de ello 58. En fin, al tratarse de la caballería, es decir, de sus ata­que , es preciso atender á otra circunstancia capital : hablo del cómputo del tiempo. A mi juicio es mejor, n tal caso, que la compañía permanezca en el lugar que ocupa, quieta, una vez to­madas las disposiciones convenientes, á lo menos un cuarto de mi­nuto antes del choque previsto; porque calmar la tropa antes de ese crítico instante es cosa tan necesaria, que creo vale más obte­nerlo que hacer una descarga. Con el mismo fin opino por supri­mir en las voces de mando todas las palabras que no son esencia­les, sobre todo en las preven ti vas. Por ejemplo, para el tiro con­tentarse con mandar carguen, y para ordenar el fuego prescindir de indicar el blanco y la distancia, pues es evidente que basta di­rigir sobre los. pies de los caballos la línea de mira natural. Quien lo dude, que con reloj en mano observe cuánto tiempo se emplea en tales mandatos, y en las cargas de la caballería el éxito suele depender de ganar algunos segundos conforme queda dicho. Observación. Si la caballería se detiene á regular distancia, 2,000 pasos digamos, del flanco 6 frente de la compañía, no preo­cuparse por ello; destacar una patrulla de observación y continuar TOMO 1-8 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • Bolet{n Milz'tar cumpliendo las órdenes recibidas, de manera que contra ella no se tomará disposición especial sino cuando amenace cargarnos. Como regla general ; no preocuparse con una caballería sólo porque aparece en el horizonte, sin ademán de atacarnos, y no incurrir en el frecuente error de detenerse para resistirla porque la vemosJI. aun cuando no trate de atacarnos- ConHntl!. ------- ~~·-------- EL MANDO Y LA INICIATIVA • Teniendo por costumbre dar á la publicidad mis ideas é im­presiones sobre asuntos militares, y creyendo qüe con ellas, si no aprenden, recordarán mis subordinados cuanto es preciso no olvi­dar para mantener constantemente el entusiasmo por el arma, de ahí que de vez en cuando con vierta la orden del Cuerpo en confe­rencia y dedique á los Jefes y Oficiales el fruto de mis observacio­nes en aquellos asuntos que más contribuyen á sostener y levantar el espíritu militar, creando el verdadero compañerismo, difundien­do á la vez ideas y conceptos sobre los servicios que está llamada á prestar la Caballería y la forma y modo de ejercer el mando, para que, á la vez que enérgico y absoluto en los casos precisos, sea en todo tiempo agradable y eficaz, pues como decía hace años un ilustrado General del Arma, para ser enérgico no hace falta, en quien tiene en su mano la autoridad para imponer el cas­tigo, ser rudo y violento, porque nada sienta mejor ni n::tda hay que más e.naltezca la superioridad ?e la persona como el conoci ... miento qu e han de tene r sus subordmados el e que la le y y la razón han d e se r siempre los móvil e d e s u conducta. Y para e 5to hay que se r d esapasionados, no d e jarse ll evar d e las prime ras impre­sion e s ni juzgar de lige ro y pre cipi tadam e nte los h e chos, ino ma­durar las d e te rminaciones, procurando d e finir y separar la faltas voluntarias de las qu e se comete n incon s ci ente m e nte, así co mo á los que por instinto ó maldad e j e r cen e l daño, de los que lo hac en por ignorancia; que si á toda falta ha de s eguir sie mpre el castigo en la milicia, éste ha de ser proporcionado al daño que se trata d e corregir, siendo de efecto más útil, por ejemplo, en la marcha or­dinaria de los servicios, saber esperar el momento favorable para llamar la atención del subordinado, que hacerlo en todas oca" siones y por rutina, pues entonces, además de no convencer y co .. rregir, se le perturba en el ejercicio de sus funciones, aturdiéndole y fatigando su espíritu inútilmente. Tampoco los gritos y ademanes descompuestos son las formas más á propósito para conseguir estos fines, pues he aprendido en la práctica que los que más se hacen respetar y querer de sus subor­dinados son aquellos que, usando buenas formas, llevan al ánimo del soldado ú oficial el convencimiento y la razón del castigo ó re­prensión á que se haya hecho acreedor, sin que esto esté reñido con las dotes necesarias para el mando, que más que esos desplan ... • De unas Conferencias que su autoriedica á los Jefes y Oficiales del R zitniento Cazadores de Galicia, 25 de Caballería. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mtlitar I!;S tes, los da la seriedad en el servicio, la formalidad en todos los actos, el respeto á los superiores y la consideración y buen trato á los inferiores, pues el ejemplo en el que manda es la mejor ense­ñanza para el inferior, que, por punto general, copia é imita en todo á quien tiene que obedecer. Tampoco acusa mayor interés y celo por el servicio aquel que aguarda que esté el s~erior delante para reprender; lo cual e~ también contrario á la disciplina y revela que no ha cumplido an­tes con su deber, ni el que más se descompone é irrita, sino el que con calma y persuasión, demostrando su competencia en todos los asuntos militares y absoluto dominio sobre sí mismo y sobre sus subordinados, les hace más fácil y agradable su paso por el Ejér­cito, sacando todo el partido posible de las diversas aptitudes de cuantos tiene á sus órdenes; que el mando no sólo se ha de ejer­cer por la autoridad que da el empleo, sino también, y en parte muy principal, por su reconocida superioridad, excelente educa­ción y distinguido trato; cosas, repito, y dispensadme si en esto insisto mucho, que no están reñidas con la energía en el mando, la absoluta obediencia en cuantos tienen que obedecer, y una bue­na subordinación y disciplina ; bases, como todos sabéis, de un buen ejército, y cualidades que, en el poco tiempo que tengo la honra de mandaros, me complazco en reconocer en todos vos­otros, y que confiadamente espero seguiré reconociendo mientrai el destino nos tenga reunidos. Os dije á mi presentación que yo gustaba de conocer las ini­ciativas de todos, para lo cual dejaría á cada uno dentro de su es­fera moverse con holgura, para que llevase á la práctica sus en­señanzas; en lo que no creía obrar mal, pues en último término siempre estaba mi autoridad para contenerlas ó corregirlas al]{ donde esas iniciativas pudiesen ser perjudiciales para la marcha armónica del regimiento; é insisto hoy sobre este punto, porque nada, á mi juicio, dignifica tanto al hombre, y por consiguiente al empleo que ejerce, como la responsabilidad de sus actos, y nada le enseña mejor á pensar y resolver como esa iniciativa, que le hará incurrir en elogio ó en censura, según el criterio que des­arrolle, pero que siempre le enseñará á mandar y resolver por sí los problemas de la vida, sin esperar y consultar á cada momento la opinión del superior; que si este sistema es cómodo y descan­sado por la irresponsabilidad que en sí lleva y lo poco que tiene que discurrir el inferior, en cambio embota los sentidos, y cuando el caso llega, todo son dificultades y dudas, cuando precisamente en nosotros los que pertenecemos á esta Arma, toda acción, todo movimiento, pensar y obrar, deben ser cosas simultáneas. El acostumbrarse á que el jefe intervenga en todo y lo dispon­ga, repito que será muy cómodo para algunos ; pero creo yo que el oficial que tenga amor propio, el oficial que en algo se estime, se debe sentir mortificado, pues el no dejarle iniciativas dentro de su empleo, es reconocer su incapacidad 6 convertirle en un resorte mecánico, sin acción ni espíritu propio, sin más virtud ni más méri­to que el de una sumisión inerte. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. IIÓ B olet{n Milita,. Por eso hoy de nuevo os invito á que desarrolléis vuestras ideas; á que demostréis en toda ocasión y con cualquier pretexto vuestro deseo de mejorar la marcha del regimiento en instrucción, disciplina y conocimientos que redunden en beneficio del Arma, pues esa c;onfianza para llevar á la práctica esas iniciativas que en vosotros d.eposito, confío ha de ser muy eficaz para que con ma­yor interés me secundéis en el mando, qub si es difícil para uno, se convierte en fácil y hacedero desde el momento en que todos por igual contribuyamos á su mejor marcha y desarrollo, sin que por ello deje de ser yo siempre el único responsable de la marcha tO­tal del regimiento. Y nadie mejor juez que vosotros para apreciar hasta qué punto estimula los sentimientos del honor y empeña la voluntad esa confianza que se hace á vuestra discreción y celo, de la que, á de­cir verdad, espero gran éxito, sin que por ello se mermen en un ápice ni mi autoridad, ni mi gestión en el mando, ni mis faculta­des, sino que, por el contrario, creo se ensancha y agranda mi ac­ción, puesto que tengo que moverme en esfera más amplia, toda vez que, teniendo que recorrer las mismas líneas que vosotros, he de desarrollar mis iniciativas y enseñanzas allí donde han de te­ner límites la vuéstras. Y para cimentar este derecho á exigir responsabilidades, doy holgura á todas las clases en el ejercicio ó desempeño de sus obligaciones, dejándoles así la responsabilidad de sus actos, y con ella la satisfacción ó la vergüenza de su conducta. En la inte­ligencia que hasta los errores y las torpezas en la vida ordinaria, hijos la mayoría de las veces de la inexperiencia, no pudiendo ser disculpados con la presión del J fe, su corrección ocasiona prove­chosa enseñanza, sirviendo de experiencia á los interesados y de lección á los demás, sin para ello ofender su dignidad, rebajar su actitud ni mermar arbitrariamente sus prestigios. Es cierto, y así tiene que suceder para que el mando sea una verdad, que el jefe principal asume en sí toda la responsabilidad, y para ello debe conocerlo é inspeccionarlo todo, para sancionarlo ó corregirlo cuando no esté con arreglo á sus instrucciones, pues no ha de servirle de disculpa ante sus superiores el descuido ó la omisión del inferior; pero para esto no debe descender constante­mente hasta los últimos detalles, y hacer necesaria su presencia en todos los actos, pues esa constante inclusión en el servicio de todos, acabaría por rebajar el nivel de su autoridad y anular á todas las clases, que precisamente están para auxiliarle y hasta para relevarle en muchos casos de la gestión directa y personal. El ilustre General Letona, de feliz recordación para el Arma, recuerdo que decía: " El cabo, el sargento y el Oficial tienen en sus revistas funciones de actores, porque están obligados á enmen­dar materialmente las faltas en que incurran la inexperiencia Ó el abandono de sus subordinados; pero el Jefe superior, cuyo deber es esencialmente el de hacer que los demás cumplan el suyo, pier­de por lo común en la influencia de su prestigio á medida que acentúa su predilección por los detalles, y hace monótona y can­sada la presi6n de su autoridad." Y esto es tan certísimo, que yo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B olet{n Mt.lita1• IT7 recuerdo, como él, el desagrado que he sentido y la violencia que me he hecho siempre que he estado á las órdenes de algún Jefe caracterizado por su infatigable detallismo, y como yo no soy de los que olvidan, de ahí que me afane por llevar á la práctica lo que la experiencia me tiene enseñado y lo que aconsejan los bue­nos maestros. Por último, yo soy de los que profesan la creencia de que aun en el trato militar muy bien puede hermanarse el compañerismo con el respeto y la confianza familiar con los deberes del servicio, consiguiendo con ello mayores frutos que con el aislamiento abso­luto, que nos priva de conocer al inferior hasta en sus públicas ma­nifestaciones, porque creo que nadie pone más empeño en salir airoso de su cometido, puesto que tanto le obliga, que aquel que á la responsabilidad de su cargo une la confianza y el aprecio de su Jefe, lo que viene á ser un aguij6n más para que, velando por el prestigio y buen nombre del compañero, quede siempre el Jefe en el lugar que le corresponde, y porque después de todo, ese prestigio y ese buen nombre recaerá sobre toda la corporación, y siempre es grato oír elogios del regimiento en que servimos y del Arma á que pertenecemos, y porque, en último caso, en su mano está eJ desprenderse del que, careciendo de mérito y de educaci6n mili­tar, pt·etend::t abusar de esa confianza. * * • Y no quiero terminar esta mi primera conferencia sin dedicar cuatro palabras á un asunto de actualidad, porque tengo el deber de dirigiro y aconsejaros, y aspiro á que además de vuestro Jefe me tengáis por vuestro consu1t01-, correspondiendo así á la confian­za que n vosotros depo ito comunicándoos mis impresiones, y por­que para mí sería un golpe rudo el que mis subordinados hiciesen acto alguno sin previa consulta, por muy independiente que lo cre­yesen del servicio, pues cuando menos acusaría no haber entre nosotros solidaridad de ideas, 6 que yo no había sabido inspiraros ese re pet y ese cariño de que he hablado en esta conferencia. Es el caso que estamos atravesando una época en que, con raz6n 6 sin ella-sin ella de seguro,-el pueblo nos mira con prevenci6n, y por eso mismo es preciso que la uni6n sea mayor y que extre­memos la nota en el cumplimiento de nuestro deber, velando por el prestigio del uniforme, por el decoro de la clase y por la digni­dad de nuestras personas. Precisamente hoy que se ha puesto de moda el rebajar nues­tros servicios y mérito, que se quiere 6 pretende reducirnos hasta lo imposible, hace falta que, demostrando gran amor al oficio, como nos aco:1seja la Ordenanza, 1levemos á todos los ánimos el con­vencimiento de que s6lo las naciones que poseen un Ejército fuerte y bien disciplinado podrán hacerse respetar. Y como esa fuerza y esa disciplina residen en nosotros, los Jefes y Oficiales, todos están en el deber de poner siempre de relieve su entusiasmo por la carre­ra, sus cualidades nobles y caballerosas, su porte digno y decente, su excelente trato social y su comedimiento al hablar de nues­tros asurt+os, pues esas son las garantías que hemos de presentar á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. II8 Boletfn Milüa,- todos nuestros detractores para demostrarles que el Ejército ha de responder siempre á lo que la Patria tiene derecho á exigirle, ha­ciéndoles comprender también que aún hay hierro bastante en sus venas para soportar con vigor las desflichas, y que tiene en su or­ganismo ardimiento y virilidad suficientes para acometer todas las empresas. . Por esto os aconsejo que animéis al que entre vosotros sea mdolente, que convenzáis al incrédulo, que corrijáis al extraviado, si hubiere alguno, y que todos nos aunemos para hacer brillar el uniforme y para que todos vean que debajo de una guerrera late siempre el corazón de un soldado digno y caballeroso y con en­tusiasmo para defender el j~ramento prestado á los Estandartes y velar por el prestigio del Arma, y reverdecer, si el caso se pre­senta, los laureles de los gloriosos hechos de armas llevados á cabo en otros tiempos por nuestros dignos ascendientes y valerosos guerreros. RICARDO CARUNCHO, Coronel del 25 de Caballería. (De la Revista Tlmica dt /nja1tftrla y Cabal/tria de Madrid, España). ------- ~------- TACTICA DE COMBATE DE LA CABALLERIA Fuera del campo de batalla y delante de las columnas com­puestas de las otras armas, la caballería está. llamada á asegurar un servicio de exploración y un servicio de seguridad, en primera línea, y un servicio de protección inmediata á las columnas. En principio. se confía la exploración á las divisiones de ca­ballería in 1ependi e nte que pueden operar aisladamente ó ser agrupadas en cuerpo de caballería. La seguridad de primera línea es asegurada por las brigadas de caballería de los cuerpos de ejército que están-6 s e encuentran á disposición de Jos comandantes de cuerpos de ejército 6 reuni­das por grupos de tres ó cuatro-bajo las órdenes de un General de División que no depende entonces sino del General de ejército. , SERVICIO DE EXPLORACION La exploración tiene por objeto explorar el país, tomar el contacto con el enemigo y conservarlo constantemente, combatir y rechazar á la caballería adversaria, para aproximarse á las masas enemigas ; apreciar sus fuerzas y conocer sus emplazamientos y sus movimientos, á fin de proporcionar al Comandante en Jefe las informaciones generales de que tiene necesidad para dirigir las operaciones. Reconoceré informar, tal es, pues, la misión d e la e xplora­ción, que constituye un servicio muy distinto, independi e nte de las tropas en marcha, y que sólo directamente contribuye á su pro­tección. El Comandante de la caballería de exploración recibe del Comandante en Jefe instrucciones precisas sobre la misión que tie­ne que cumplir ; pero aunque ciñéndose á dichas instrucciones, conserva su libertad de acción y adopta los procedimientos que juzga mejores. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .Boletín !Yfilitar SERVICIO DE DESCUBIERTA El cuidado de buscar al enemigo es confiado á elementos que constituyen el servicio de descubierta. Consiste este servicio, no en batir el campo en toda la extensión del frente de marcha, sino en dar golpes de sonda sobre puntos y direcciones determinados. Las fuerzas que se emplean con tal objeto deben reducirse á lo estric­tamente necesario, á fin de que el jefe de la exploración, que con­serva bajo su mano la más fuerte masa de combate posible, pue­da conducirla rápidamente sobre el punto en que llegue á ser oportuna su intervención. Se asegura la descubierta : 1. 0 Por patrullas de oficial que, lanzadas en la dirección en que se presume se encuentra el enemigo, no comprenden, además del oficial, sino á algunos jinetes escogidos, á fin de que pasen más inadvertidos, según el principio de que no se necesita ser muchos para ver bien ; y 2. 0 Por destacamentos cuyo jefes son elegidos con el may01· cuidado, y cuyo número, composición y fuerza, dependen del obje­lz'vo, del terreno y de las circunstancias. o teniendo estas patrullas y estos destacamentos por objeto combatir, sino proporcionar informes, jamás deben sus jefes sacri­ficar el objeto de su misión al deseo de distinguirse. Los destaca­mento de cierta fuerza sólo pueden combatir, pero la movilidad es para ellos, como para las patrullas, la condición principal del éxito. Informado por la descubierta, el comandante de la explora­ción marcha resueltamente sobre la caballería enemiga, la com­bat , y si queda victorioso, se lanza rápidamente hacia el grueso del enemigo, á fin de no darle tiempo de tomar medidas que se opongan á su aproximación. De preferencia opera sobre los flan­cos y espaldas del enemigo, que sin duda se encontrarán menos guardados y en donde puede causar un daño serio al adversario, mostrándose de improviso y fatigándolo sin cesar. Si es batido, maniobra para atraer á la caballería enemiga en una dirección opuesta á la que quería tomar, y lanza en esta última dirección pequ ñas patrullas, que quizá llegarán hasta el grueso del enemigo, pudiendo reconocerlo. Se emplean todos los medios de comunicación para asegurar la transmi ión de informes entre el servicio de descubierta y el 'Comandante de exploración, y también entre éste y el Comandante en Jefe, como estafetas á caballo, en carruaje ó en velocípedo, telegrafía eléctrica ú óptica, puestos de correspondencia, palomas mensajeras, etc. SERVICIO DE SEGURIDAD Seguridad en primera línea-En el servicio de seguridad en pri­mera línea la caballería, que precede más ó menos una jornada de marcha á la tropa que cubre, es responsable de su seguridad y desempeña frente á ella el papel de una extrema vanguardia. Marcha concentrada en lo posible, en la dirección principal indicada por el comando: vigila, por medio de patrullas de oficial y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I20 Bofe titt M ·ilitar de destacamentos, todas las vías de acceso utilizables por el enemi­go; proporciona al jefe superior todos los informes necesarios para las marchas, acantonamientos y operaciones del día siguiente; hace reparar y mejorar, en caso necesario, los caminos que deben seguir las columnas; hace preparar víveres cuando los recursos del IJaÍs lo permiten, etc. Como la exploración, la seguridad en primera línea debe,. pues, reconocer é informar; por otra parte, ella tiene también la obligación de proteger contra toda sorpresa á la tropa que cubre y de mantenerse en unión y en constantes relaciones con ella. Para aumentar la fuerza de resistencia de la caballería de se­guridad y recogerla en caso de necesidad, se podrá proveerla de sostenes de infantería y de baterías de artillería ; los cuerpos fran­cos, ó acaso en el porvenir, tropas de velocipedistas organizadas como en Inglaterra, podrán ser ventajosamente empleados en este servicio. Necesario es, sin embargo, guardarse, bajo pretexto de sos­tener á la caballería, de entorpecer y, por consiguiente, entra­bar su acción. Los sostenes deberán ser colocados bajo las órde­nes del comandante de la caballería, quien les indicará los puntos que deben ocupar y sobre los cuales, en ca o de un fraca o, podrá replegarse. En la proximidad del enemigo, la seguridad en primera línea debe continuar, completar y confirmar los informes proporciona­dos por la exploración. Sus patrullas tratan de precisar la exten i6n del frente del adver ario, us formaciones de marcha y los acantonamien·os ocupados; reconocen el terreno para hacer cono­cer los ob táculos, las facilidades de acceso, los abrigos, te. Cuando, por la proximidad d 1 nemigo, la caballería de ~e­guridad se ve obligada á detenerse, se mantiene en observación,_ continúa reconociendo y ocupa los puntos principales del t rreno, hasta que sea relevada por la caballerla divisionaria. Entonces se dirige á tomar, despejando los caminos, la colocación que le ha sido asignada por el comando. Prolecdón immdz'ala de colum1las-La mi ión del escuadrón agre­gado á cada división de infantería no consiste en operar reconoci­mientos, y menos aún en detener por medio del combate al enemi­go; consiste en afianzar la seguridad inmediata de la Di visión en todas las circunstancias de la guerra. Esta misión sobrepuja á todas las otras : los demás servicios (exploración, seguridad en primera línea) no están asegurados, en el límite de lo posible, sino en cuanto lo permite el efectivo de la caba11ería. La tarea del escuadrón divisionario será cumplida desde el momento en que haya señalado el enemigo á bastante distancia y con el suficiente tiempo para permitir á la División que se prepare á la lucha; es, pues, á una di tancia de 2,000 á 3,000 metros del camino seguido, á la cual debe operar el escuadrón. En marcha, la Di visión puede estar en un ala, encuadrada ó. excepcionalmente aislada. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn Mz'litar I2I División de ala-Las cuatro cuartas del escuadrón divisionario se reparten como sigue : La primera cuarta forma la punta de van~uardia y marcha á 3 kilómetros más ó menos de la cabeza de la vanguardia de infan­tería. Destaca sobre cada flanco una patrulla de 4 á 6 hombres, que marcha á su altura y á 2 ó 3 kilómetros del camino seguido. La segunda cuarta se fracciona de manera de suministrar una clase y algunos jinetes á cada guardia de flanco de infantería y á la retaguardia. Suponiendo, por ejemplo, que cuatro guardias de flanco de infantería cubran el ala amenazada, se pondrá una cla­se y cuatro jinetes en cada guardia de flanco, y una clase é igual número de jinetes quedarán para la retaguardia. Los jinetes de las guardias de flanco marchan entre la van­guardia y el grueso de la columna. Se destacan de la columna hasta el punto mismo que ocupen las guardias de flanco de infantería, á las cuales han sido agregados, las preceden sobre las posiciones que deben ocupar, las que exploran desde lejos; se repliegan al mismo tiempo que ellas, y cuando se reúnen á la columna, marchan con los jinetes de retaguardia. Estos últimos marchan más ó menos á 1 kilómetro de los últimos elementos de infantería y forman la punta de la retaguardia. La tercera y la última cuarta, bajo las órdenes del capitán comandante, marchan entre la vanguardia de infantería y la pri­mera cuarta, á la cual en caso necesario sirven de sostén. El ser­vicio de la caballería divisionaria es penoso y produciría segura­mente un rápido desgaste de los caballos si éstos fueran empleados de una manera activa y continua. Existe, pues, un interés mayor en dejar de cansar lo más que se pueda dos de las cuartas del escuadrón, destinadas á relevar al siguiente día á la primera y á la segunda. En el mismo orden de ideas, la caballería divisionaria no está obligada á marchar al mismo paso que la infantería, sino que con­serva su propio a1re de marcha. A fin de que las distancias no se aumenten desmesuradamente, bastará que la caballería prolongue convenientemente los altos horarios. Dzvúz!m encuadrada-Las mismas disposiciones para la cuarta de vanguardia. No habiendo necesidad de vigilar los flancos, mar­chan las otras tres cuartas con el capitán comandante detrá · de la cuarta de cabeza. Las comunicaciones entre las columnas se aseguran por me­dio de oficiales de estado mayor, á Jos cuales se facilitan algunos jinetes de escolta. Dzvisz!m az'slada-Las medidas adoptadas para vigilar el flan­co exterior, en el caso de una división de ala, se aplican á cada uno de los flancos; pero el número de los jinetes agregados á cada guardia de flanco de infantería, se reduce al mínimum estricto, de manera de dejar, si fuere posible, dos cuartas con el capitán co­mandante. Cuando la vecindad del enemigo obliga á la seguridad en pri­mera línea á desguarnecer el frente, la caball ría divisionaria ocupa ese pue~lo y continúa su papel, que si t.:·mpt·e es el de re- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I22 Boletín ¡}ftlúar conocer al enemigo. Vigila los flancos y no cesa de cubrir las co­lumnas. Patrullas poco numerosas, pero inteligentemente conduci­das, se deslizan para determinar los puntos de apoyo del enemigo y sus disposiciones preparatorias de combate. Cuando la caballería divisionaria se ve obligada á su vez á replegarse, deja algunos jinetes á disposición de las unidades de infantería para que le sirvan de exploradores en la zona de ma­niobra, y va á tomar colocación en un ala ó en los intervalos de la línea de batalla. Caballería dlvúz'onaria en. los cuerpos de e:féráto y en los ejérczios­La división de infantería no tendrá que marchar aisladamente sino en casos excepcionales. Fuera de estos casos, forma parte de un cuerpo de ejército, y las dos ó tres divisiones de este cuerpo esta­rán ya unidas ó ya colocadas las unas detrás de las otras. El cuer­po de ejército mismo formará parte de un ejército y estará ó en­cuadrado ó colocado en un ala. En estas diversas circunstancias, el escuadrón divisionario se deja á disposición del comandante d,, la divi ión de infantería para explorar adelante ó sobre los flancos, salvo en caso que el cuerpo de ejército esté encuadrado ó en que sus divisiones marchen las unas tras las otras; la caballería divisionaria no tendrá en­tonces misión alguna qué cumplir en el interior de la columna, y junta marcha á la cabeza de la columna bajo las órdenes del ge­neral comandante del cuerpo de ejército. Los escuadrones reúnense á sus respectivas di visiones tan lue­go como lo permiten las circunstancias. 1 COMBATE DE LA CABALLERIA Combate co1tlra tropa de la múma arma-Precedida por explora­dores del terreno y cubierta por todos lado por patrullas de com­bate, la caballería combate tropas de la mi ma arma en escalones más 6 menos numeroso , según el objeto que se quiere alcanzar y las condiciones del terreno. En principio, se forma en tres líneas. La primera, que es la línea de ataque, está destinada á dar los primeros golpes. Su jefe goza de compl ta libertad de acción, procura estudiar el punto en que debe atacar, y maniobra para alcanzarlo. La segunda línea representa más particularmente la línea de maniobra. Su jefe, aunque posee la mayor iniciativa, procu­ra, sin embargo, secundar con todo su poder la acción de la primera línea, prolongándola con el número de escuadrones ne­cesarios, si nota que ha sido desbordada por el enemigo, 6, en el caso contrario, atacando de flanco la primera línea enemiga, 6 di­rigiéndose al encuentro de la segunda línea del adversario, etc. La tercera línea forma la reserva y queda en las manos del comandante de la ca baile ría. Las distancias entre las líneas varían notablemente según las circunstancias, el terreno y el número de escalones; pero cual­quiera que sea el número de éstos, es necesario mantener los que deban concurrir á la acción de la primera línea á una distancia tal, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn ivfzlz"ta.r I2.J que puedan hacerlo en tiempo oportuno, sin embargo, sin arries­garse á er arrastrado prematuramente á la acción de esta línea. Los que. por el contrario, forman la reserva, deben estar bastante alejados para no sufrir el contragolpe de un fracaso de los pri­meros escalones. Las baterías agregadas á la caballería deben, tan luégo como la situación comience á diseñarse, trasladarse á toda brigada al emplazamiento escogido y abrir inmediatamente el fuego, á fin de poder aprovechar, para disponerse, el corto espacio de tiempo que precede al encuentro de ambas caballerías. Los principios esenciales que deben guiar á un jefe de caba­llería en un combate contra tropas de la misma arma, pueden resumirse así : Atacar el primero, y si se ha dejado al enemigo la iniciativa, adelantarlo siempre en la carga. Tratar de atacar por sorpresa utilizando los abrigos y quie­bras del terreno. Esforzarse en tomar al enemigo por el flanco 6 aun por de­trás: una tropa relativamente débil puede con toda confianza eje­cutar e te género de ataque contra un enemigo muy superior en número. De. pl ·garse lo más tardíamente posible, á fin de conservar hasta lo último toda libertad de maniobra. Rodear los obstáculos, más bien que abordarlos de frente: la caballería es esencialmente un arma de movimiento. Proteger sus propios flancos y procurar una reserva, por dé­bil que sea, para el fin del ccmbate, sin perder de vista, sin em­bargo, este principio de Napoleón: El que conserva tropas frescas para emplearlas el día siguiente de la batalla, es siempre batido. Combate contra la artzllería-En un combate contra la artillería tratará la caballería de obrar por sorpresa; los ataques se logra­rán, sobre todo si on ejecutados sobre una artillería en movimien­to 6 sobre una artillería parte de cuyas piezas tan solo se encuen­tran en posición. Ellos serán dirigidos, en lo posible, de frente, de flanco y por detrás. El ataque de frente lo hará una línea de forrajcadores, para ofrecer menos blanco á los tiradores; los de flanco y por detrás, en orden compacto. Combate contra la i1ifanlería-El reglamento establece como un principio general que "visto el alcance de las armas actuales y más aún la rapidez de su carga," un jefe de caballería, á menos que haya llegado la hora del sacrificio, no tomará sobre sí la res­ponsabilidad de atacar á una infantería que no haya sido sorpren­dida 6 no se encuentre quebrantada por el fuego del enemigo. Pero este jefe encontrará á menudo la ocasión de caer de improviso sobre una infantería mal guardada 6 quebrantada por el fuego y que ha llegado á ese punto de fluctuación y de desorden en que basta la irrupción de una tropa de caballería para cambiar el desorden en derrota. El éxito depende entonces de la rapidez y oportunidad del ata­que. Este debe ser efectuado con el vigor más extremo, sin perder Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletin Mt'lt'ta~ un instante, y lo más á menudo en el orden mismo en que se está formado en el momento en que se pres~nta la ocasi6n de cargar~ siendo necesario siempre cargar á fondo. Papel de la caballería sobre el campo de batalla-Sobre el campo de batalla tendrá la caballería numerosas ocasiones de intervenir~ sobre todo si sus jefes no pierden de vista este principio reglamen­tario: "De todas las faltas que puede cometer un jefe de caballe­ría, una sola es infamante, la inacci6n." Puede ser llamada particularmente, aparte de su misión de policía y de vigilancia del campo de batalla, á trasladarse so­bre los flancos Ó sobre las espaldas del enemigo para producir, so­bre todo con la artillería, una acci6n más eficaz ; á preceder y á apoyar toda maniobra que tenga por objeto desbordar un ala ene­miga ; á oponerse á una maniobra análoga del adversario, 6 por lo menos á señalarla y á retardarla en los límites de sus medios. A combatir resueltamente toda ofensiva de la caballería ad­Yersaria. A atacar masas de artillería. A llenar provisionalmente Jos vacíos que lleguen á producirse en la línea de batalla. A formar en línea y atraer sobre sí los esfuerzos del enemi­go para librar tropas comprometidas, etc. etc. Después del combate, la caballería empieza la persecuci6n, se lanza de preferencia sobre los flancos del enemigo y sobre su línea de retirada, y ' mplea todos lo medios, hasta el completo agotamiento de sus caballos, para hacer cambiar la retirada de aquél en derrota. En caso de fracaso, la caballería interviene para dar á las otras tropas tiempo para escapar y tomar sus di posiciones para ]a retirada ; i es necesario, e sacrifica para det ner 6 á lo menos retardar la persecuci6n d e l enemigo. ( Del Bolctln Mllttar de 'hi le) PALONEGRO IV-OPERACIONES PRELIMINARES. RL PA O DE LA CORDILLERA En los último día de Abril lo. ejércitos contendores, estable­cidos en el valle del Pamplonita, se hallaban frente á frente en po­siciones elegidas con cuidado y distantes una de otra á lo sumo dos leguas. Los rebeldes, en número muy superior al de los legitimistas, tenían sus batallones dtsde los Altos de Bochalema á los de Con­cordia, pasando por Chinácota, 6 sea del valle del Zulia al del Tá­chira, al través de el del Pamplonita, en una extensi6n de cosa de cuatro leguas. Detrás quedaban Cúcuta y el Ferrocarril, por donde recibían del Extranjero, por puerto venezolano, los recursos que necesitaba su ejército. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn M'ililar I25 Los legitimistas, al mando de Pinzón, en número de 8,000, tenían su cuartel general en Pamplona, y frente á los rebeldes ocu­paban línea no menos extensa, de los Callejones á Mundonuevo por Chopo é Iscalá. Detrás tenían la vía de Bogotá por Boyacá, el flanco derecho tocaba la frontera para impedir al enemigo pene­trara por ese lado al interior, y el izquierdo cubría la ruta de Bucaramanga. Los rebeldes, para avanzar, ó arrollaban á los • nuéstros, cosa á que no se atrevieron, 6 tenían que ejecutar un mo­vimiento de flanco, buscando la provincia de Soto para apoderarse de la vía de Bogotá por Santander. Este último supuesto deman­daba para su ejecución un largo rodeo y que Pinzón lo ignorara, porque de lo contrario, los legitimistas podían llegar antes á Buca­ramanga á cerrar á tiempo el paso del interior á los invasores. La tercera solución del problema, la que hubiera dado el triun­fo á la revolución, la marcha sobre la Costa por Ocaña, que Pin­zón no podía impedir ni aun retardar, no fue pensada siquiera por el ejército de Vargas Santos, pues en caso contrario hoy la bande­ra rebelde seguramente flamearía en el Capitolio, en tanto que en Palone¡;ro cayó vencida para siempn~ en nuestra querida Co­lombia. Después de su derrota, Uribe Uribe escribió que si conforme él lo propuso, los rebeldes se hubieran movido por Cucutilla al Pescadero por el páramo de Alta, habrían triunfado; quizás recor­daba que, cuando después del triunfo casual de Peralonso marchó á Bucaramanga por ese sitio de Pescadero, allí tuvo en las manos las llaves de Bogotá, y las despreció por ir á aquella ciudad á pronun­ciar discursos. La fortuna nunca ofrece dos veces sus favores, y el mov•miento mencionado, nada menos que una marcha de flanco al alcance del enemigo, sobre no ser ino un absurdo táctico, habría sido aprovechado á tiempo por Pinzón, quien mantenía seguro es­pionaje en lo páramos. Más racional habría sido el movimiento rebelde sobre el Va­lle de Las Angustias, nvolvi ndo la derecha legitimista. Verdad que ese movimiento no podía hacerse por territorio colombiano, pero Uribe Uribe escribió sobre el particular : " el Gobierno del Táchira ofrecía ciertas facilidades para pasar por Venezuela á es­paldas del enemigo." ¿Por qué no se ejecutó la operación? Igno­rabimu. s. También censura Uribe Uribe á los suyos que perdieran 80 días (no fueron sino 40), puesto que el parque lo recibieron el 2 de Marzo, prueba evidente-Peralo1lso se libró el 17 de Diciembre­de que aquél no se importó entonces, sino de que ó estaba listo ó lo dio el venezolano Castro; y también les critica que en vez de reservarse Vargas Santos un cañón de dinamita traído del Extran­jero, lo hubiera enviado con la expedición que ocupó á Riohacha. Sea de ello lo que fuere, el jefe rebelde resolvió invadir á Soto, cruzando la magistral de cumbres por el páramo de Bague­che. El 23 de Abril la columna revolucionaria de la izquierda re­trocedía de Planadas á Cúcuta (? 1) en busca del camino de Sala­zar y Arboledas, seguida luégo por el centro y la derecha, no que­dando en el campo sino la retaguardia para engañar á los legiti­mistas. Los rebeldes sufrieron bastante demora en el paso del Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I2Ó B olet{n Mt"lita, Zulia, crecido, y las primeras tropas entraron el 26 á Arboledas, después de tirotearse con partidas de observación legitimistas en Salazar y La Cabuya. El mencionado pueblo, por ser conservador, fue saqueado bárbaramente, como en Febrero a:1terior lo había sido Gramalotes ó Galindo, El 27 la vanguardia rebelde se apoderó del boquerón del Es- • corial, mal defendido por una guerrilla que huyó cobarde cuando pudo y debió sostener el puesto. El paso de la cordillera quedó asegurado á Vargas Santos. Los revolucionarios continuaron el movimiento emprendido con suma lentitud é indecisión, de suerte que, resuelto por fin el avance sobre Santurbán, hasta el 30 no ocu­paron á La Trinidad, y aun cuando el 1 •0 de Mayo entró su vanguar­dia á Vetas, sólo el 3 avanzaron una partida á Santurbán, que ha­bía estado desguarnecido la víspera: allí se libró un combate en que la soberbia revolucionaria fue humillada, digno preludio de lo que había de suceder pocos días después en Palonegro. Después de ese rechazo y de fracasar sus demás tentativas de ocupar los páramos, los rebeldes retrocedieron á Rionegro: Uribe Uribe quería que se ocupara "la línea de Santa Rita-San Igna­cio- La Paja, para atrincherarse en ella, ó bien la del Alto Gui­llén- el Boquerón y la Cuchilla de Matanza, por cuanto los con ser .. vadores no eran aptos para la ofensiva." En esa misma línea libró combate Uribe Uribe á su vuelta de Ocaña, y fue derrotado por los legitimistas. En Rionegro resolvió entonces Vargas Santos avanzar al Sur por el camino de Palonegro, en la esperanza de ocupar la Mesa de los Santos y ponerse así á retaguardia de Pinzón. La operación pudo ejecutarse sin tropiezo tres días antes, y habría obligado á los legitimistas ó á librar batalla con la frontera á retaguardia, ó á reti­rarse á toda prisa por vía paralela á la del enemigo. Por segunda vez los rebeldes despreciaban la ocasión de llegar al corazón de la República, y, como se comprende, la mitad de la victoria quedó por esto, de antemano, en poder de Pinzón. Tan luego como el enemigo ocupó á Arboledas conforme que­da dicho, Pinzón comprendió claramente de qué se trataba, y en consecuencia, dispuso la marcha de sus hu~stes para cerrar el paso al enemigo. Con justa previsión principió por concentrar su Ejér­cito en Mutiscua, lo que quedó realizado el 29; y cierto ya del avance por Bagueche, ordenó la marcha á Bucaramanga de ma .. nera de cubrir los páramos y no llegar á esa población sino cuan­do ya todo el ejército rebelde hubiera pasado la cordillera y en­trado definitivamente á Soto. El 3 ocupó á Santurbán la s.• División, y uno de sus Batallo­nes, el Bolívar, llegó á las 7! a. m. al Alto de la Horca, que por el Oriente domina el pueblo de Vetas, á donde la antevíspera había entrado una fuerte columna rebelde que intentó subir al páramo, pero que fue totalmente rechazada por el Bolívar en tres horas de reñido combate. La moral del ejército perdida en Peralonso prin­cipiaba á recuperarse, pues quedaba deshecho el fantasma de la invencibilidad de los revolucionarios y de su armamento irre­sistible. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Milüar El 4 treparon también la serranía de Santurbán las Divi­hiones 4 .. y 1 I.", enviadas en apoyo de la s: ; la última ocupó la parte Sur (Los Lajones), donde se avistó con otra rebelde de pa­chada para sostener á los suyos, pero á la cual rechazó en varios tiroteos y escaramuzas, arrojándola sobre Vetas. El mismo 4la descubierta de una columna legitimista (6." Di­visión y Columna del Cauca) encontró y rechazó en Cuestabola, camino de Mutiscua á Tona, la de otra fuerza rebelde que por ahí intentaba salir á Pescadero. El 3 había llegado también la g." División al Grama!, al E. del camino de Vetas á Tona, y se tiroteó con otra rebelde, esta­blecida al O. de la misma vía, en Los Arcos, sin resultado sensible; pero el 5, entre 9 y 10 a. m., llegaron en su apoyo la 8." y la Arti­llería : ésta, con tres cañonazos hizo replegarse al enemigo por la vía de Suratá, cubierto por la espesa niebla que entonces cubrió el campo. Del 3 al 5 avanzaron de Mutiscua á Vetas por el camino del Viejo, áspero y fragoso, las Divisiones g.\ 12.", 3: y la Le!Jz!m Bolívat·, fuerte columna que ocupó la cordillera sobre el flanco de los rebeldes que estaban en la hoyada, los que en vista de tal ope­ración desistieron de su pretenso movimiento sobre Santurbán. El 5 á las 8 de la mañana la 8: División dejó el Gramal y avanzó á ocupar á Tona, pueblo que arrebató al enemigo con há­biles maniobras, ejecutadas con acierto á pesar de las dificultades que presentaron los riscos que rodean ese lugar. En fin, el mi mo 3, y como operación preliminar de las an­teriore , la 10." División, apoyada por parte de la 8.\ se movió de Mutiscua á Pescadero, para de ahí seguir por el camino de Juan Rodríg-uez á. Piedecue ta, y de e t lugar avanzar á Bucaramanga y revolver sobre Tona por la espalda, operación que contribuyó á la ocupación de este lugar, lo cual creían imposible los rebeldes: la Di vi ión pr stó adem<~s el servicio inmen o de reparar lo daños causados en la vía por el enemigo, estableció una línea telefónica y restableció la tclegt·áfica, que esa misma noche funcionaron con Bucaramanga. La gran tentativa de los rebeldes, de ocupar La Mesa de los Santos antes que Pinzón, quedaba burlada. En resumen, el ejército legitimista avanzó de Mutiscua por cuatro vías para cubrir los páramos, impedir su acceso al enemigo y estar en posibilidad de caer en masa sobre Bucaramanga para defenderla de Vargas antos. Esas vía5 fueron : la del Viejo, la de Santurbán, la de Cuestaboba y la de Pescadero. Las dos pri­meras confluyen en Vetas, la tercera se une á la segunda por me­dio de la del Volcán, y la última hace lo mismo por la de los Arcos. Merced á tal disposición quedó expedita la de Mutiscua á Tona­Bucaramanga, la de operaciones de Pinzón, y resultaron cubiertas todas las que el enemigo podía tomar entre Suratá, Vetas y Tona para ascender al páramo y abrirse paso á García Rovira conforme á su primer plan de campaña. Las siguientes operaciones forman ya los preludios de Palo­mgro.-( Contz"núa). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mtlt"tar 1 á Ocaña y la Costa 0 La Amarilla ........ - - ........... ---··------ ---- ------ -- --- ---- -- --· --- -- - --·· ·- -- -::_:::.:~~~~~~: \ Diagrama de la marcha ~mm~ \-­AyboltdasC:/ ... · ··-·:.: .. :./ ;~ § Q, B ~ del Valle del Pamplonita al del Lebrija Bogolá-Imprmllz de Vapor-Callt ro, ntJ-mero r68 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 4

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 172

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 172

Por: | Fecha: 06/10/1900

BocoTÁ, OCTuBRE 6 DE I 900 ----------------- --- - -- ---------- -~~~------ ---- ----------- ----------· Ore-ano del llliAisterio de Guerra y del Ejército ion colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejército Dlrecto,r ad honorem Francisco J . Vergara V. General de IngPnieros, Miembro de varias Su_ ciedades Cient.ifica2 N"UJ.VL. l. 7 9 l.ID1a@~~~:Q) ~a0 • • LID~ TI.®®® ( 2 7 DE SEP fiEMBRE) por el cual se honra la memoria del Sr. General D. José Santos El 17icepresidente de la República, encargado del Poder Ejecuti'V~ CONSIDERANDO Que el General en Jefe Sr. José Santos ha fallecido el día 26 del corriente; Que durante su carrera pública ocupó altos puestos en la je­rarquía militar, en la magistratura, en las Cámaras legislativas, en el ramo administrativo, y en todos ellos prestó muy i:nportantes servicios; Que siempre se distinguió por su patriotismo y amor á la causa conservadora, DECRETA Art. !.0 El Gobierno de la República lamenta el fallecimien­to del Sr. General D. José Santos, n=:conoce los importantes servi­cios prestados por él á la República, y tributa homenaje de grati­tud á su memoria. Art. 2. 0 El Pabellón nacional permanecerá izado por nueve días á media asta en los edificios públicos; el Ejército llevará luto por el mismo tiempo; el Batallón I . 11 de Artillería acantonado en esta plaza hará al finado los honores que le corresponden como General VIII-27 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAh ~ en Jefe, y las Bandas de Música tocarán retretas fúnebres en los mismos días; Art. 3·° Copia auténtica del presente Decreto será enviada á la familia del Sr. General Santos. Publíquese. Dado en Bogotá, á 27 de Septiembre de 1900. JOSE 1\1ANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, PRÓSPERO PINZÓN .....:::J~~C2]g~ OOTE:I:N A~ ~..:::}.) - ~A~llilm Jm~~m>Am Los principios del mando, un arte, no se enseñan en nues­tro ejército; se euseña1·áu tal vez, más tarde, en nuestra escue­la de guerra, pozo de lágrimas de todas nuestras deficiencias, esperanza de tod.os los espíritus bieu intencionados. Lus alféreces qne saleu de las filas, salvo los de talento excepcional, no pueden saber mandar, puesto que han sido for­m~ ulos eu uua atmósf~ra en que este arte se iguol'a. Los que saleu del colegio militar lo saben menos aún, si es posible, y to­dos creen que mandar es imponer su voluntad. 6 castigar, y obe­decer es acatarlos. Ignoran eu absoluto la parte esencial, mo­ral, de sus atri uucioues, lo que explica y uetermina las reglas de @.U función. No tieueu la menor idea de la naturaleza del mantlo, del caráctet y del papel del oficial, ó lo que saben es como un pre ·tmtimieuto intnitiv en los que tienen el espíritu abierto y ~~ corazón bien colocado. ¡Por qué este vacío eu la instrucción y educación del oil· cial! Porque para enseñar es n cesario saber, y la ciencia del mando es rarísima. .A.uemás, nociones u e esta clase, de na tu­raleza moral, no podrían ~er materia de exámenes, puesto que el valor útil de estas nociones consi~te eu la convicc161~ del que las posee y uo en su manera de exponerlas. Bien se sabe que todo lo que no da lugct.r á examen, á cla­sifiéación numérica, está excluído de nuestra escolástica mili­tar, que no compreuue siquiera la~:; reglas le del servicio militar, pues no tendrá tiempo Sión tieue t Supongo que \"' Ítme us­ted disptw to á ser bueu soldado~ . .. . AJg·una' palabra ' de alieuto, y ya e. i ·te álgo entre ~1 ca­pitán y el soldado; éste tiene la idea fürtitieaute y saludable de que 110 s le cousi(l •ra sólo como mat ría in e rte c.lcstitHHla á er sometida á una serie de operacioue m "Cáuicas; que, al con· trario, irá al recluta y lo formará: el cuartel continnacióu de la familia, el batallón et.i­cuela del soldado. E!:ita ntanera de proceder con Jos recluta seria g~neral si en vez de obedecer á ciertas tr:Hlieiones quo siempre fueron malas, y hoy sou algo peor, ·upiéramos comprender las ideas que deben presidir á la incorp raciou J etlucacióu, idea que no son nuevas y que inspiraron la mayor par~~ de nueBtros gene~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 412 BOLETIN MILITAR ~ rales, que consideran como timbre de honor el haber sido lla­mados p:-tdres del r-;oldado. Y cosa que parem•rá absolutamente lógica á los que cono­cen un poco el corazón humauo, estos padres del soldauo tsiem­pre fueron y son aúu los leotws del ejército. El ejército de línea, en el coucepto modt·rno, es nna escue­la- rle guerra, sin duda,-pero escuela. Eutre nosotros, con el servicio de seis me~e:s, pasan por sus filas la tercera parte de los ciudadauos; maíietna, cou el servicio de tres mese~, pasarán por ellas todus tus ciudadanos para aprender el más importante y difícil tle sus th•lwres. Ptws hien, todos debemos suponerles con buena voluntad, de niuguua u\anera dispue tos á r<•belarse cofltra us deberes militares, que uosotros, los oficiales, tenemos mis1ón de enseñar­les y bacerlt>s pr:-tcticar. Esos jóvenes de veinte años son alum­nos que vienen á pouerse l>a;jo las órcleues de uu instructor para aprender lo que todo ciudadano debe sal>er. ¡Por qué recibir­los en són de guerra, y como si las relaciones entre el oficial y la tropa fuera u forzosamente eueruigas '? Es un error gravísimo, ó más bien una falta imperdonable, que compromete todo el edificio del servicio, y el oficial que trate mal al soldado, come­te uuo de los más graves delitos militares. Estos alumnos son taml>ién soldatlos, sometidos á la disci­plina y la ley penal: es neeesal'io y lo saben. Pero la represión disciplmaria y penal, la amonestación ó el consejo de guerra no se emplea u sino eu casos excepciouales, pues la regla es el buen · servicto: por consiguiente, no es útil ui lógico aeog~r á los re. clutas como á futuros cn tpal>les, poner siu necesidad cara {ero· ce á un nemico que no pitle siuo qne se le permita obedecer; es, en fin, como jóveues argentinos, destinados á ser más tarde buenos soldados, que debemo considerarlos y tratarlos . • • • E sólo por perversión completa del seoti(lo exacto de las cosas, nacida de rancias tra.dicione y de prácticas crimiuales, que pueden acoger e mal á lo reclutas, tratarse ásperamente los soldados. En efecto, ¿no e muy natural, al contrario, que el oficial les demue tre iuterés y simpatía t Tomaudo á us fami­lias á todos los jóvenes-aunqne sea por tre mese , ó por dos meses, como en Suiza-el Estado asume uua grave responsabi­lidad; se sustituye á la familia, prot ctora y guía moral del jo­ven, y se sustituye únicamente á ella para. formar soldados: to­do lo que á ello uo contribuya está prohtbido, y como Jos malos tratawiento no producen sino malos soldados, el Estado que los tolera comete un deJito, que puede llegar á tener la grave­dad de los que son causa directa de desastres nacionales . • . .. Así pues, los oficiales deben asumir con afectuoso interés la dirección material y moral de los reclutas, y ésta no es posi- • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 413 ble si no saben adquirir su confianza y asión. Si el oficial se da cuenta Cth·o regln mento ~oh re , Pr\"'ic~io t~n rio el(; Guc~rra: " PH reee q lW el reg-la rnen to de he contf..'IIPT' m~s bien r<>~las gen<•ral<·~ qne presc:ripciotJ(:'~ formalt.>. qne poclría11 no cOti\·Prdr á la~ cin:nn.· tnn(:ih,' tan val'iHthv (le la. g·twn·a, y aun p}lra­lizar la ÍlliBiath•a eh~ lo,' oficiales talleE-~, y el mando .·uperior tomar{t la inic..:iativa rrninar aqn !los ele motlo adecuaclo cou In si­tuueión. O <'11 otro~ tér·minm~, la. pieth'H furHlHment.al sPrú P.n e~te asunto (h•jar> la iuiciati,·a á todos los grados de la jerarquía. militar. En ef, cto, la inieiati\'a de lo snhaltt>rnos tlebe f~le,·ar~ á la ca.te~ol'1a de prirwipio fundamental. El jefe que encarga nna. comisión á un subordinado no puede prever todos los detall~s Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 414 BOLETIN MILITAR '-y--" de la ejecución, que de seguro variarán de una situación á otra, y entonces lo natural es que se abstenga de proscribir di., posi­ciones que no pueden tomarse siLto en pre~encia de los aconte-cimientos. . En la guerra se necesita el concurso de todas las volunta­des en per~ecución de un fin comúu, siendo por lo mismo de la mayor importancia desarrollar la iniciativa en los iufe riores y aprobarla hasta cuando es ejercida de ruauera poco feliz: no dabe temerse, además, que vaya nunca muy lejos, pues será siempre cont"nida por el temor rle la re ponsabilidad. El oficial, cualquiera qne ~ea su grl:ldo, cuidará por regla general de no dirigirse directamente al :soldado, al cual hará lle­gar sus órdene~ y ob erva.ciones por conducto ll la obligación de tomar la iuiciativa en la8 medidas conduceutes á ahorrar fatigas á la fuerza. EmpPro, si la situación Jo exige y el enemigo está próxi­mo, prP-cil'o es sacrificar 8iu vacilación la comodidad {, , la nece­sirlad de mantener la tropa lista. para el combate. EntoncPfl, para dil"minuír la profundirlarl d~ lt\s columnas y acelerar la lle­gada df> las tropas al campo de batalla, se a .nmentará f>l frente á 6 ú 8 hümbres, y ann se formará columna. de mayor frente si el terreno lo permitie. e. Talf>s movimientos fatigan muclw al soldado, a 1 que fa Ita e11tonces el aire, y como impic.len los des­plazamiento~ laterales, todo mal paso se convierte en encon­trón. EMas tleS\"' entajas aumentan si la tropa marcha en parte fuera uel camino, por lo cual conviene evitar tales operaciones, pero recordando que si la situación las impone, se las aceptará sin vacilar. Oa.ballería-La caballería marcha. por 4 en las carreteras, por 2 en los caminos más estrechos, y en desfilada en los que así lo imponga el terreno. Arti/le,·ín. y parque-Las piezas atalajadas ó á lomo de mu­la mar(.¡l.n1n en una fila, bi e n qne á proximidad del enemigo con­ ·iene hacefla~ mover por rlos ele fr~nte. LaR ~ee<•iones de municiones qne no deuen entrar al campo de batalla marchau siempre en una fila. ' z. 8 - Manejo dt la tropa ~n marcha Toda grande unirlatl, ~s rlecir, que cnPnte algunos miles de hombres y número proporcionado (lt> bag-HjP~ , oenpa sobre nn camino nnwhos miles rle metr·os; y si la fnPrza (}~aquélla eH mny consill la infantería pn<>de IJeuarsP. tlicha eondición, pP-ro du ­rante t•l movimiPr~to tal lougit.lHl se amuE:'uta, .V t~n esto cou is­te el rrlnrgmniento ó prolongación <1 las cohtrnnaR. En eft>eto, Pll PI momento dP romperse la mareha catla uom ­hre t-~JH'J'a. instintiva111ent~, para poner e ~n mo,:iutieuto {1 que el qu P~tá delant~ le dt>j( e;.~er algúu ol•.i~>to J Ko indine á rPcogt'rlo, etc., para que SP JH·odnzca. uua l alargamiento sino limit.ar los inconvenientes que puede presentar en las tro­pas rminan las circunstancias y la clase de operaciones que se trae entre ma­nos ejecutar. La caballería, como aires de camino, tan sólo emplea el pa­so y el trote: el galope sirve únicamente para maniobrar y com­batir. El paso del caballo depeude de su talla, y por lo tanto no es posible uniformar el movimi nto en las c.live.rsas subH 9'5 n ; la den· "r· va, eu 8'2"; y qne todas tre8 franquean el kilúm..-tro, al tl'otf>, en 4'1V'; al galope, en 2'56"; y al galopP de carga, en !¿'16". Como la carga que el jinete equipHdo impone al ca hallo es causa d~ fatiga para el auirnal, hay interé~ en ar los dif~rent R aires en loN suelos favorahlt>s, pnt>s el trotf>, por regla general, se reserva para lo· terreuo · plauos. Por ic.lén tico motivo, si el enemigo está l~jano, las di~tancias eutre los pelo-. toues, y cou mayor razóu ent.re los esemulrones, se anruent»n aún para que ningún elemento de la. columna tenga que sufri~ . con el polvo levantado por el que l~ precede. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 418 BDLETIN MILITAR ~ Cuando se hacen alternar el paso y el trote, la velocidad de marcha, aunque varía con la naturaleza del terreno, se esti­ma que de ordinario alcanza á 8 kilómetros por hora, en las columnas de algún efectivo, si el suelo no es muy quehrauo. El trayecto de 8 kilómetros por hora presupone que la columna marci.Ja más bien con lentitud; pero lo que res pc~ cta {t la alter­uabilidad de los aires queda á la iuiciativa de los oficiales, {~ quienes sólo se impone la obligación de euidar que su tropa se encuentre siempre en estado de l!brar combate, de abordar vi­gorosamente al enemigo y de perseguirle en seguida, cualquiera que haya ~ido la duración ó velocidad ele] movimiento auterior. Por esto, cuando tal condición no puede llenarse, H adic. trada. y con regulares bPstia~ pnede reeorrer de cincuenta á se!'letlta kilómetro:; eu las veiutieuatro horas si ol ea mino es bneno y el uelo no mny que­brado . .b}n totlo caso, hneuo c.· tener preseute que las largas marchas no vneden so8teut\r~-;e sino clnrante nn eorto período de campaña, so pena unco de pareceres si una línea de comunicaciones debe existir ó nó. * X. Ejemplos de ejércitos que se han privado de sus comunicacio­nes durante un tiempo considerable-Pero en el caso de la marcha de Sir D. Stewart, de que se ha hablado antes, y de la marcha de Sir F. Roberts de Kabul á Kandahar, algunos meses más tarde, la duda no podía existir. Las columnas abandonaron del todo sus lí­neas de comunicación, y quedaron perfectamente aisladas. Durante cierto tiernpo desaparecieron en medio del país enemigo, y para el extranjeru su situación y sus progresos estuvieron perdidos ú ocul­tos hasta el momento en que aparecieron de nuevo cerca de su ob­jetivo. Tales hechos son muy raros en la guerra regular. El único ejemplo de una operación semejante, en e tos últimos años, ha sido la famosa marcha del General Sherman hacia el mar, al través de la Georgía. *Sin embargo, en tanto que un ejército está completa­mente equipado, listo para la empresa, y en capacidad de luchar con eficacia contra toda resistencia susceptible de oponérsele, la operación no es obligadamente peligrosa, ni aun difícil; y cuando la columna marcha sobre un punto determinado, en donde espera restablecer sus comunicaciones, la operación puede ser muy senci- • Luego no se ab·1ndon6 la líne a de com1tnicaciones-L. D. • Jamás se ha discutid •> el punto por los peritos en !a m :1teria ; la línea de co­municaciones no puede abandonan¡e so pena de ca tástrofe-L. D. • Error: Sherman no abandonó su línea de comunicaciones¡ cambió de base de operaciones y nada más.-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 425 lla. * Así considerada, la marcha de la columna de auxilios de Ka­bul á Kandahar difirió mucho á la marcha de la Ghuzní Field Force; pues el objetivo de Sir F. Roberts era una fortaleza .itiada y no simplemente el reunirse á un ejército amigo. La última guerra de Afghanistán suministra un ejemplo tal vez mucho más resaltante del abandono de las comunicaciones. Este fue cuando Sir F. Robcrts marchó por primera vez del valle Kurran sobre Kabul. Como no pudtese di5poner de tropas sufi­cientes para guardar sus comunicaciones, organizó su ejército en columna vola1ite, y avanzó así contra una gran ciudad de Oriente, considerada como un centro de oposición, defendida por tropas considerables, bien armadas, y rodeada de tri bus guerreras cuyo encarnizamiento hacía temer que tratasen de vengarse de los inva­sores de su país. En este caso se hacía necesario un golpe decisivo, y era esencial dar lo pronto. Las circunstancias obligaron á la co­lumna á privarse de sus cumunicaciones. La toma de Kabul fue una hazaña señalada, un hecho de armas memorable; pero la ope­ración era algo aventurada; y ella es más bien ejemplo de los re­sultados sorprendentes que se obtienen cuando se dan pruebas de vigor y de resolución, que no modelo que haya de tenerse en cuen­ta en lo futuro, salvo el caso de que no se pueda proceder de otro modo. XI. Peligros del abandono de la línea de camunicaciones- Un ejército sin comunicaciones, en un pa1s enemigo, se encuentra en una situación muy delicada en caso de conflicto, sobre todo cuan­do la población no espera sino una oportunidad para levantarse en masa y aplastar al invasor. La col umna de Hicks Bajá parece que efectivamente fue destruída en el campo de batalla de She­lc. án, * pero aislada como e5taba en el desierto, sin línea segura de retirada, es muy improbable que ese infortunado ejército hubiera podido volver al Nilo, aun en el supuesto de que el resultado del comb-ate fuera menos desastroso. La función, no la me.nos impor­tante, de una línea de comunicaciones, es servir de línea de reti­rada en caso de necesidad. Los puestos escalonados á lo largo de esta línea, fortificados como lo están habitualmente, ofrecen un refugio al ejército que se bate en retirada. Una columna .:¡ue no dispone de esa línea, puede verse obligada á abrirse paso, con 1 s armas en la mano, por en medio de fuerzas superiore , que aumen­tan sin cesar, hasta llegar á su punto de partida: no tiene á su in­mediata disposición un refugio momentáneo, donde pueda re · pirar y reponerse de la derrota, y corre el riesgo de ser completamente destruída. La desastro'ia retirada de Kabul en 1842 es de ello un ejemplo particular. • Es claro, porque no h11y abandono de la lí nea de comunicaciones-L. D. • Véanse Las E:rp1diciones ingl•sas en Africa, págs. 342 y 343. VIII-lS Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 426 BOLETIN MlltTAR ~ XII. lnconveniéntes que pueden resultar de la imposibilidad qu1 tiene la columna de comunicarse con los cu erpos que la ayudan-Otro punto conviene indicar al tratarse de la cuestión de que un ejérci­to abandone sus comunicacio11es: es lo difícil que se hace la coope­ración de dicho ejército con otras columnas de operaciones pvr­que sus movimientos no son conocidos, ni puede estar impues­to de los acontecimientos y cambios en la situació•n militar, pues ignora complP.tamente los progresos de la guerra. Todas las con­diciones estratégicas de la campaña pueden cambiar .sin que su jefe tenga conocimiento de ello, y sin que le sea fácil comunicarse con las otras columnas, con las cuales tendría que combinar sus movi­mientos en caso de modificación del plan de operaciones. Este incon-veniente se pone en evidencia notoria en los acontecimientos de la última parte de lo que puede llamarse el período de los combates de la expedtción del Nilo, á principios de 1885. Las columnas que vartieron de Kortí, respectivamente sobre Metemma y hacia Abu Hamed, eran columnas volantes. Las co­municaciones entre dlas y Kortí exigían algunos días. Cuando se supo la caída de Khartum, la situación militar cambió del todo, y el objetivo de la expedición, es decir, la salvación de esta fortaleza, cesó de existir. Resueltu el Gobierno inglés á acabar con el Ma­dhi en Khartum, Lord Wolseley decidió que era preciso una cam­paña en el otoño. El ignoraba que la columna de Metemma había sido obligada, durante este tiempo, á batirse en retirada con sus transportes desorganizados, y á abandonar en el Nilo los vapo­res que habían bajado de Khartum. Por eso dispuso que esta co­lumna marchase sobre Berber y que allí se reuniese á la columna del río. Cuando después supo este movimiento de retirada, igno­rando el grado de desorganización de los transportes, resolvió que la columna del desierto volvierél cerca de Kortí para que siguiera á la columna del río á lo largo del Nilo, y dio sus órdenes para esto. Sólo fue días después cuando supo que la columna del desierto estaba en incapacid..td total de moverse. Ignoraba también que la columna del río hab1a tropezaJo con dificultades imprevistas y que su convoy de vituallas era quizás insuficiente. Al recibir esta últi­ma noticia se decidió á llamar á las dos columnas á Kortí. Así pues, dos veces consecutivas, se dieron órdenes de detall fundadas en una apreciación errón ea de la si cuación. Esa apreciación resul­tó de que las dos columnas eran columnas volantes, que no tenían comunicaciones directas é inmediatas con el Comandante en Jefe. XUI. Conclusiones relativas al abandono de las comunicacio­nes- Es evidente que se encuentran objeciones para que un ejér­cito que marcha en columna volante, abandone sus comunicaciones. En ciertas circunstancia::. este procedimiento está perfectamente justitic~do. En las pequeñas guerras se pre entarán condiciones <¡ue imponen tal manera de proceder. Así se impide el agotamien- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 427 to de la columna, que con la vigilancia de la línea de comunica­ciones no se puede evitar. Pero no es una maniobra estratégica que deba em?renderse á la ligera, salvo, sin embargo, como un expediente momentáneo ó en una peqlleña operación de guerra; y es esencial que una columna que se priva así de sus comunica­ciones sobre el teatro de la guerra, posea una organización que le permita hacer frente á las necesidades especiales del caso lo que se funda en el perfecto conocimiento de las condiciones de la cam­paña- Continúa. ------··~------ TIPOS DE VOCES DE MANDO (COntinúa) 'Tiro regulado por medio de diJparos fusmJttJ Capitán, á la izquierda,"") Jefe de l a 3.• Sec- Jefe de la 2.• Sec- Jefe de la 1.• manda: 1 ción cióu Sección Tirofu.sante, á 2,200 me-tros, 1·ompan fuego. Repite las voces de Corran el ojilln 8 m.m. á 1 mando, menos la la izquierda, destupen (el de rompan fuego, cohete). . ejecuta la conec-Áumenten la duración (del 1 ci6n de durac:ión cohete) ;3 décimos. ohre la regleta 6 a pieza Fu.ego. y nH nda: Vitnrio el C.1pitán que el 1 G.• pieza. Devlapen di paro de lll 6.• pieza 1 á 9 segundos 8. estalló alto y no pudo 1 Carguen. observarse la ditecci6n, manda: Manda: 5.• pieztJ. 5. • pieztz. F•tego. ~ De.vt"pen á 9 se- Vléndo!.e que el proyectil 1 gtturlos 8. Car-c talló á bul'na alturu, guen. pero que la di recci6uitO pudo observarse, man- 1 Repite: Aumenten da: l la durac1ón 4 dé- .Aumtt~z!e'~ 4 décimos la du- l cimos, y ejecuta racto•t. 1 la corrección o- 4. • pieza. Fut'go. 1 bre J a re61eta . El ,li paro re ulta largo, manlhl: Id. !d. Manda: 4.• pieza. D1•stapen á 1 Ose­gtmdos 2. Car­g¡. en. Anuncia: 1weva escala. Id. Id. Id. íd. A 2,000 metros, de.ytapen. Repite: 2,000 m:mrl¡~: 3 'pieza. Repite: 2000 j Repite : 2,f 00 y JJe,t ape11 á 9 se-gzmdt• l. C:trguw. E 1 Capitán procede á regular el fuego, y asf qu~ obtiene la tenaza de 100 me­tros, t:ntre lo.; 2,000 y los 2, lOO metro~, h~;~cc la separactóu de la b:~telfa. 1 Id. íd. disminuye la 1¡ duración 3 déci­mos sobre la re- 1 gleta } manda: El Capitán m~nd.t : L Repite: 2,050 y A mi ordm. Corran A 2,500 (metros). 1.• y 2.• r m~tnda: el ojillo tantos m. Seccione,, tiro jusa11lt 1 6.• pieza. Destape11 m. á la izquierda. normtJl. 1 á 9 segundos 4. D est11pen á 9 st- ) Cargue/l. gumios l. Car- 8ue,_ Id. íd. Id. íd. (pero haciendo co­rrer el ojillo á la derecha). Id. íd. CMtinÚ4 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continuación) A partir del I.0 de Febrero, cuando la instrucción á pie de los reclutas está bastante avanzada, se empieza á hacerles tomar parte en los ejercicios de la misma naturaleza ejecutados por los soldados antiguos. No implica esto, sin embargo, su admisión en las filas de la batería; no tiene más objeto que el de instruír á to­dos los hombres á la vez. Es también á partir de la misma época cuando se ejercita á los reclutas á montar guardia ; se les enseñan los deberes del cen­tinela y se les inicia, en el mismo patio del cuartel, en todos los detalles del servicio de plaza. No están, sin embargo, obligados á saberlo sino de~pués de terminado su período de instrucción, que dura de dos meses y medio á tres meses, como lo hemos dicho, y cuanrio pasan á las filas de la batería. Se aprovecha la diversidad de enseñanzas que los nuevos soldados deben recibir simultáneamente, para variar los ejercicios cuanto sea posible y evitar la monotonía de ocupaciones que fa­tiguen su atención. Hacia el fin de e3te período se les enseña también f. cuidar los caballos y se les hace conocer las reglas del servicio de c~adra; se les ejercita á enganchar y á cargar los ca­rruajes con los diferentes utensilios de la artillería. En las baterías á caballo los ejercicios á pie y los trabajos de gimnasia con aparatos y sin ellos se ejecutan como en la artillería montada y según los mismos principios; pero el estudio del volteo es más completo y profundo. o se pasa á la instrucción del 3ervicio de piezas y de puntería sino al cabo de seis semanas, en lugar de cuatro, porque ocupados también los hombres en los ejercicios de equitación, les es preciso más tiempo para adquirir el suficiente conocimiento de los prime­ros elementos. Dos semanas después de su entrada en el servicio comienzan la equitación, cuyo curso se dirige absolutamente conforme á los mismos principios que en la caballería. Durante las seis primeras semanas se monta sin silla, luégo con silla y bridón, y el 1.o de Enero, s~gún sea posible, se pasa al trabajo con brida, y des­pués con armas. Con re pecto á la equitación, los reclutas de una batería á ~aballo constituyen una clase especial. No empiezan esta in&truc­ción sino después de haber sido adiestrados en los ejercicios á pie, "1 entonces la tienen seis veces por semana. Interésanse sobre todo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ en sacar die~tros jinetes, firmes en la silla y bien enterados del uso de las rie:1das. Cuando estáo suficientemente adelantados se pasa á la equitactón con armas y ejercicio del sable; se Jes enseña á saltar con ligereza á tierra y á volver á montar lo mismo por la derecha que por la izquierd.1, á entregar rápidamente sus riendas al inmediato, ó á tomarlas, etc. Es pr("ciso que á principios de Abril se ~ 1cuentren en e5tado de tomar parte en las maniobras del conjunto de la batería. Todo lo que concierne al servicio de cuadra, la asistencia de los caballos, la manera de ensillarlos, de enganchar y cargar los carruajes, etc., es objeto de ejercicios que empiezan en las baterías á caballo seguidamente después de la incorporación de los hombres. A partir del 1.0 de Enero, continuando los mismos ejercicios, se principian lo5 movimientos de avantrén, siguiendo la misma pro­porción que en la artillería mont~da. Después, hacia el fin del pe­ríodo de instrucción, s~ pasa á los ejercicios de fuerza, servicio de guardia, esgrima á pie y á caballo y carga de cajas. Respecto á es­grima, Sf': limita, por lo demás, á enseñar á los hombres á dar dies­tramente golpes con el sable sobre un objeto real. Primero lo ha­cen á pie, así que ha adquirido cierto hábito en el manejo de sus armas; después á caballo, como término de su curso de equitación. Al finalizar su período de instrucción se ejercita á los reclu­tas de las baterías á caballo á acompañar las piezas en?;anchadas, y se hace pasar á los hombres sucesivamente por to~os los pl1estos. Si ha faltado el tiempo para ejecutar este ejercicio en el fin del período de instrucción de los reclutas, por él se empieza el período siguiente. De conc:ierto con estas maniobras se hace m' rchar, tanto en las baterías montadas como en las de á caballo, la instrucción teóri­ca, cuidando de reglarla á los ejercicios prácticos correspondientes, que debe n ·iempre enseñarse un poco antes. En lo que se refiere á los conocimientos militares de orden general, no se difiere de los que se dan en la infantería y caballería, pero se les agrega como es pe cialidades relativas á la artillería, algunas nociones sobre la organi­zación de lo afustes y de las piezas, la nomet.clatura de todas sus partes, los proyectiles, y en general todo lo que tiene relación con el uso, entretenimiento y reparación del material. Más tarde se completan estas inciicacione con algunas generalidades sobre el servicio de artillería, los diferentes tipos de carruajes, etc., á lo cual se agrega también, en las baterías á caballo, cierto número de lecciones sobre la limp1eza y entretenimiento del sable y pistola. En todas estas instruccione. se evita cuidafirién(lose al jt>fe de éstas. Sabido es que en la mañana del 18 de Ago~to de 1878·el 2.0 ~jército H lPmñ u, fuerte ele sois cuerpos ( tle t>jérci to) y de dos (livisiotH's de caballería, t>staha reunido en vivac, con frente al Norte-, ocu¡nuu1o 12 kilómPtro tle CPrca ele RPzonville (dt>recha) á ct>rca d • Ht1tnp-'iiar~e, 'lespnés ll~l rne(lio s ele infantería, desde la compañía ha:-;ta 1: di\' isióu, e~tén ejf'reitadas en volnciouar t n ma a, no eomo antt-~~ con las minuchts 'le u u reglamento anticna.(lo, siuo mecliaute proceH del éxito en las batalla~ eh 1 pnrvenir t·eside en las ínti 111as eom hiuacrottf'S dt~l tiro <1<~ <·año· nes y fu.'ilt•s, para adquirir, en lo~ momento: que pl'eeetlt>lt á los gratHh•s at:HJnes, una surwriorida\tra­tégico, la. tllt•cdón d l• puntos de atHr¡ue e desprend(.), fe ha po(li•lo tija1' h.~ nn modo caH· c1 t·to la. exteu ión del frc11te ocnpado por t•l 11etuig-o. La eoudieióu Oi:'t:~ueial para qne un ataqne teugn éxito, es qne ea ceutro de e~fut-t'ZOB Bimultátwos y convergeutes. EL ataq uP de UlH:t ala realiza tal desideratum cuando el enemigo, por falta de precauciones, no ha preparado un 13sca- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 432 80LETIN MILITAR ~ Ión desbordante y de fuerza suficiente á retaguardia del ala amenazada . . Mas la eon ,·ergeucia de los esfuerzos del asaltan te puede eonsegmr ' e sobre uua zona central l del defen~or puede pone.r en juego en la misma zona, por causa. de las formas del terreuo. Eu tesis g·eueral, la locJJa principiará en todo el frente por comba,tes tle artillería que no dejarán en medio campo sino para débiles vanguardiad usiva reforzada con trabajos de campaña y su división de la derecha (la 28.11) debía, en parti­cular, resistir á toda costa para que las divisiones 29, 26 y 27 pudieran maniobrar tratando de envolver la línea enemiga. E m pero, así que las di visioues 26 y 27, es decir, el XIJI cuerpo, llegaron á la vista del enemigo, el emperador, trastrocando los papeles, les asiguó la misión de contener el ala derecha del XV cuerpo, y á las divisiones 28 y 29 envió la orden de atacar con todas SIJ.S fnerzas la aldea de Hochdorf, que bacía parte de las líneas del euemigo, entre su centro y su izquierda. La dicha localidad e8tá constrnída en la cumbre de una extensa colina cubierta de bosque al S. y al O., descubierta en el resto y con las peuclientes inferiores de estos últimos lad~>s muriendo en forma de salieute sobre la llauura. Una depresión en forma de foso rodea la base de tal coliua en una longitud de 3 á 4,000 metros y ofl'ecía á la infantería del XIV cuerpo una excelente plaza de armas para disponer el ataque. El XV cuerpo no podía ilmeute varias cañadas qne les permitieron caminar á cubierto hasta. el foso que por el E. y el NE. rodea la colina ue Hochdorf. Y fue de ese fo o que partieron suceRh·amente tre~ líneas de ataque, escalona,las á poca, c~utetmH d~ metro' unaH de otras, la primera compuesta de eujam hrp" de tir;ulor('s, la 8e· gunda de batallones de plegado t-u líut>a. y la tel'ct>ra clP co­lumnas de compañía. Una re. ervc en masa t~ompacta Ht>:¡uía la extrema derecha. "Contra semejan te pro.recti 1, el ad \'orsario nada poclía hacer." Un antiguo militar prn iauo flt> ·crihió e e ataqne eu lm~ tér­minos t:~iguientes: " ... pa o de carga, handt~ra cle~ple'-!ada Y t~mbor batiente, J.-gione~ qno pareeiall ~mlir del ceutro dt3 la tierra, emergían del fondo del valle para e.·calar la altura en masa profundas; salíau de toda pal'te8 . . Ante e~a marca, a cenueute, el enemigo rt>tiró aprt>snrndo sn batullont>~ basta la .cresta y preparó á retaguardia de ella po1:3iciones de re­pliegue." AgTeguemoR que dnraute e e g-rande at:.,qnc Pjt-cutado eou ver~, tle posieión e u posición, ~jecutall(lo á la carrera lm:~ altos iutermedio8, que erau de corta amplitud. Dira.se qne tal ma.niohra ~ra nua reeclicióu del at.aqne oe Saint-Privat por la gnanlia alemana; pero no:::;otros responde­remos : sí y nó. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 434 BOlETIN MILITAR ~ / Sí, si la artillería encarga•la fe11sa y limitaudo fiU acción á ro111 per las teja8 de la al< lea escogicla como objt>ti YO. :Nó, si la prt .. paraeión coufi.atla á la :urillería se ejecutó debidamente y Jos enjambres de tiradol'es que á haf>lla dis­taneia precedíHu el at:H}lH:~ propiamellte dicllo, ~npi ~rou llenar á balazo su misión de reconociLUit=mto y prote(~ción. Mas SPa de ello lo que fuere, los grande:>s resultado~ tácti­cos se oht.it.•rtt>u pouiet.do en oura simnltánea.m .ute gr~nde¡.¡ me­dios de dt--Htrucción, aplicatlo8 contra nu solo punto cuya pér­dida Pntrañt> para el eu migo la pérdida de toda Ja, po~ieión. La hábil reuHJÓn dt-' la~ tropas IIHnJ:tjc<.mtar un grande ataque, el tli~positivo <]U<~ con,·it~rw _darlt .. ', •1 artg, t·n ñu, de hacerlas obrar cou ,-¡g·or y n1 pitlPz, talt-s St'l'áll en lo sncesi vo las condiciones <'Sellcialt·s para gana•· batalla:-.. De lo antt·dicho ~~ p~n11ititlo t•onelttít· que Pn lo fntnro, si los preliminat·e~ de la batalla pr tli<·ho, qtwrlnrfí rt:'ño~ eho­ques aislado:-;, :sin otra relaciótJ eutre ·í que l~t l't>l:mltante de nna cotuúu teurlo en la imposibilidad de dis­lJOIIPl' de su recurRos eu apoyo de lo puutos especialmente alllella~atlos. Eu el primer ca o las unidades inferiores de infantería se verán como ahogada · en u u v:u·~to si~t -'ma y no podrán poner f'll ollra si11o sus cualidades morales y maniobrera , en tanto qub en el segundo los jefes de cuerpo y los capitanes erá.n Jos Yetuaderos direc:ores de la lucha. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOlETIN MILITAR ~ Los ataques en masa sobre los puntos decisivos y los ata­ques parciales sobre los demás lugares del campo de batalla, constituyen, pues, dos modos ue acción muy diversos y que no conviene confundir; bien que para el soltlado no hay sino una sola manera racional de combatir: luchar lo mejor que pueda contra el adver8ario que tiene al frente y más cercano. El ataque decisivo no tiene por o~jeto exclu ivo abrir bre­cha en la posición que se quiere conquistar; su misión es más devada y con 'iste en, apenas coronarla la brecha, ensancharla desplegando eu abanico las tropas del choque, conservadas basta entonced en formación concentrada, á fin de hacer irre­para~ le al enemigo el revés que sufriera en el punto de ataque. La~ unidades en masa que siguen á las líueas sucesivas de un ataque decisivo, e tán por lo tanto de~tinadas á rebasarlas apenas se conquista un punto de la posición enemiga y á ve­rificar, en formaCión ro . • • • El e~tnclio verdaderamente práctico de lo. mil detalles de la. educación del solda(lo no presentará, pues, atnwtivo p~ra eipr·to número de jóvenes ofieiale que gn~tan JH'efl•rentement • fle los trabajos intel~ctu á Labateca y Borotá la una, h tcia la Loma y Capacho otra, sobre el Capote y las Cañas la más fuerte, y rumbo Jc: Bramón la última. Bien combinado el mo­vimiento y mejor cubierto á los ojos del enemigo, produjo la ocu­pación de la erranía que separa el Táchira del 'rorbes, por lo cual el ejército venez !ano, que intentaba defender á San Cristóbal, ante la perspectivaJe ser envuelto y copado de su principal línea de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 437 operaciones, el camino de La Grita, retrocedió rápidamente á ocupar formidables posiciones en el Zumbador. Parecía que la conquista de aquellas agrias serranías iba á demandar grandes esfuerzos y sacrificios, cuando el movimiento de dos divisiones colombianas sobre La Florida y valle de San An­tonio hizo retroceder de nuevo á los venezolanos, que aún no ha­bían recibido los ansiados refuerzos, por lo cual pasaron á estable­cerse en las crestas del páramo del Portachuelo, donde verificaron su reunión con las tropas esperadas, por lo que entonces pudieron cubrir la línea del Palmar á los Alineaderos, por Latalita. A nadie se ocultó que estaba próxima una batalla decisiva y adt!más larga y sangrienta, dadas las posiciones de los venezohnos y la fuerza enfrentada de ambos contendores. Las tropas colom­bianas establecieron su cuartel general en La Grita, pero la falta de un ejército de reserva obligaba á cubrir con el de línea las co­municaciones en unas cuantas leguas de territorio hostil, por lo cual apenas 1 s,ooo hombres que daban disponibles para el supremo esfuerzo. El Generalísimo colombiano, en vista de los informes recogi­dos, dispuso que una columna se adelantara hacia el páramo del Batallón, por el valle de Aguascalientes, para buscar el extremo de la izquierda enemiga y, si era posible, la flanqueara por ese lado ó á lo menos le distrajera fuerzas y le llamara seriamente la atención por esa parte. El grueso del ejército se distribuyó en dos masas que se hicieron adelantar, la una á Sabanagrande y la otra hasta las lomas de Pozo-Azul. Las avanzadas venezolanas que cubrían todos esos valles, retrocedían poco á poco, y mantenían las fuerzas inva­soras de vanguardia empeiiadas en continuo tiroteo. Las alturas de La Quinta, fuertemente atrincheradas, eran la plaza de refugio de los colombianos para caso de un revés. El plan de los colombianos era correcto pero exigía grande precisión en lo movimientos : la columna de Sabanagrande de­bía avanzar hasta Llanolargo, atacar de frente el Portachuelo del Palmar y extender su derecha á enlazarse con la coiumoa de Pozo­Azul, la más fuerte, que debía ocupar á Porqueras, para atacar el Portachuelo de i\1armolejo, secundada por la columna de Aguas­calientes. Las dos columnas principales apenas distaban 9 kilóme­tros, y su objetivo real era coronar Jas alturas culminantes entre los dos Portachuelos y tentar una irrupción sobre lo que parecía centro enemigo, para arrojar éste sobre Bailadores. El ejército venezolano había ocupado sólida y hábilmente la línea de cumbres que trataba de defender, pero su frente de com­bate resultaba exagerado para los 13,000 hombres que lo guarne­cían, y seguramente no creyó posible la toma de las cimas culminantes por los colombianos, puesto que en ellas apenas colocó algunos destacamentos. Para ligar sus masas aprovechó la depre­~ ión transversal que corre de Pueblohondo á Cebada y mejoró Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 438 80LETIN MILITAR ~ el camino de Latalita. En la cima de Batallón construyó un re­ducto. El Cuartel general quedó establecido en Marmolejo. U na legua debían recorrer las dos principales columnas co­lombianas para abordar al enemigo, pero como la de Aguasca­lientes tenía que recorrer un trayecto tres veces mayor, se la puso en movimiento la víspera, con orden de acercarse al pie del pára­mo, pasar allí la noche y emprender operaciones formales el vier­nes á primera hora. El tiempo, que no presentara extrema reciura los días ante­riores, se dañó de repente el jueves, de manera que las tropas prin­cipiaron sus movimientos formales azotadas por un violento tem­poral. La columna de la izquierda atravesó con trabajo los panta­nos de V enegara, y á las 9 de la mañana dio sobre Llanolargo, donde la recibió con nutrido fuego una avanzada venezolana bien apostada: principiaba el combate. La columna, de acuerdo con las órdenes recibidas, comprometió de frente la división de vanguar­dia, mandó oblicuar á la izquierda la 2.a, prolongó el frente á la derecha con la 3·\ y envió la 4.•, apoyada por la caballería, á dominar el espolón de La Grita, á fin de dar la mano á la fuerza principal. Con la 4.• división marchó la batería de montaña, que no sin dificultad franqueó los 3 kilómetros que median hasta la Me­seta, donde se estableció para romper sus fuegos, á 2,400 metros, sobre el Palmar, y secundar así el avance de las tropas de infantería. Cerca de s,ooo hombres ocupaban en esa zona izquier del cam­po de batalla un frente de ca i una legua, de la cual apenas un ki­lómetro lo era de combate real. La columna principal, apenas principió á franquear la cañada de Pozo-Azul, dio con fuerzas venezolanas que defendían el cami­no, y aunque las arrolló con su masa, esto no pudo hacerlo tan pronto como se esperaba, de suerte que eran las 1 o a m. cuando su cabeza llegó á la explanada de Porqueras, á 2 kilómetros de la principal posición de los venezolanos. En la explanada se estable­cieron tres baterías lo mejor que se pudo, porque el terreno no era favorable, y 6 divisiones de infantería se desplegaron por los vallejuelos para emprender el ataque, el cual á me,lio día se daba la mano con el de Llanolargo, no obstante las dificultades del fragoso suelo que separaba los dos campos. En reserva que­daban 5 division'!s. Ya el caí1ón tronaba lúgubre en esas altas regiones, el com­bate se. desarrollaba c0n forzada lentitud, y sólo se esperaba la lle­gada de la columna de la derecha al punto de su cita para compro­meterlo á fondo; pero el tiempo corría sin que ella apareciera, y las tropas colombianas luchaban á un tiempo contra la naturaleza y contra un enemigo resuelto á defender su posición. Por fin á las 2 p. m. se oyó fuego hacia 1(]¡ cumbre de Batallón, pero á distancia que parecía enorme. ¿~é había sucedido á las do~ divisiones por 4lllí empeñadas? La marcha hasta el pie del páramo no tuvo mayor Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. bOLETIN MILITAR ~ tropiezo, pero el viernes al amanecer, cuando la columna se puso en movimiento para escalar las alturas, el Jefe se dio cuenta de que allí no existía camino, y que el sendero considerado como tál no daba paso á la artillería. Desprovista la columna. de herramientas, envió por ellas á La Grita, pero allí se le dijo que tampoco Jas había, y que las pocas del parque las conducía la columna principal. A fuerza de buscar, unas pocas se consiguieron en el poblado, y con ellas se principió la tarea de componer la senda á las 8 a. m. Con extrema lentitud se ascendió el páramo, izando la arti­llería con maromas en más de un punto, y á las I 2, cuando el Jefe esperaba haber vencido las mayores dificultades, se encontró con que había desembocado á un lugar de la cumbre separado por in­franqueable barranco del Alto que ocupaba el enemigo, en el camino de Latalita. Falto de cartas de la región, sin buenos guías y no queriendo descubrirse á dt.!:>tiempo al enemigo, no permitió el jefe que el cañón hablara hasta no hallar modo de acercarse á las posiciones venezolanas. Por fin á las 2 p. m., después de inauditos esfuerzos, encontró modo de abrir e paso, ordenó un movimiento envolvente á una Je las Jivi iones, y mandó romper el fuego de cañón, mas el terreno era desfavorable, el re:-ulrado no fue gran­de, y los venezolanos, advertidos del peligro, concentraron á tiempo lo destacamentos que ten tan en esa parte, y se aprestaron á defen­der con brw el Alt') del páramo. Confiado d Generalísimo, al oír aquel fuego, en que la ope­ración de la columna de la derecha no habta encontrado ob táculos i nvenci bi es, mandó avanzar la· re!)er\'a · y principiar el ataque deci­sivo, lo que al efecto se hizo, de manera que á la. 4 p. m. Ja batalla e raba empeñada de modo formidable. Por desgracia el conoci­miento del terreno era incompleto, y más de una vez los batallones comprometidos en una dirección tenían que retroceder á buscar un pa'o que el suelo le~ negaba en la primera, y la lucha se pro­longaba sin esperanza' de próximo éxito. A las 5 n. m. el fuego principió á di, minuír de intensidad en la izquierda: era 4ue las municiones escaseaban, porque los tiro­teos de los días anteriores habían disminuído el parque de la co­lumna y las bestias de transporte no eran suficientes. Además, una sola batería no había podido desbaratar las trincheras blinda­das con tierrct que defendían el Portachuelo ~el Palmar. Preciso fue dejar que la lucha ~e prolongara convertida en tiroteos intertanto llegaba la noche para, á su amparo, mover parte del parque de reserva que estaba en La Grita y reforzar la artillería de la izquierda. Enormes fueron los sufrimientos de] ejército esa noche, por la reciura del tiempo, la falta de toldas y de víveres, la escasez de los medios para evacuar los heridos y la vigilia causada por los conti­nuos alertas en las líneas avanzadas. Como compensación de tán­tas fatigas, la columna de la derecha apenas pudo ocupar el Alto Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 440 80LETIN MILITAR ~ del páramo, operación que por lo demás no dio el resultado que se esperab.1, porque los venezolanos tuvieron tiempo de constituír un segundo punto de apoyo á retaguardia, en la cima de Porqueras. Por causa de l soscenido temporal la lucha no pudo reanudarse en firme hasta hura avanzada del sábado, de suerte que este día apenas se consiguió tomar el Portachuelo del Palmar, replegándose los venezolanos á Pueblohondo, pues en el puerto de 1\1.armolejo resistieron con éxito debido á la falta de una artillería ligera de montaña que secund~ra los esfuerzos de la infantería entre aquellas breñas. Sin embargo, el jefe venezolano, comprendiendo que la situa­ción se le agravaba por momentos con lo sucedido á su izquier­da, resolvió aprovechar la noche del sábado para replegarse á !as cumbres del Guerrero y atrincherar las alturas de Pueblohondo y La Cebada, de manera que en ese espolón intermedio de la cordi­llera constituyó un campo fortificado que dominaba las cabeceras de lo3 valles de Escalante y Mucuchíes. El Generalísimo colombiano, al examinar el domingo la nueva posición del enemigo, comprendió que con el ejército, re­ducido por la anterior lucha á poco más de Io,ooo hombres váli­dos, no podía intentar operación seria, y tuvo que h<'lcer alto para esperar refuerzos que no sabía cuánto tardarían en llegar. Por sn parte lo venezolanos, bastante quebrantada su moral con las pér­didas de la jornada, tampoco podían con sus 7,ooo hombres tomar la ofensiva por lo pronto. Y fue durante esa forzosa susp e nsión de hostilidades cuando nuestro Ministro resolvió interponer su amistad, para lo cual de Cutagena, á donde arribaba en ese momento, telegrafió á Bogotá y á Caracas, y obtuvo la ape rtura de las negociaciones que dieron por resultado el tratado de La Grita. El Presidente de la República francesa, árbitro en el litigio de límites con Costarrica, dictó fallo en que reconoció la justicia que á Colombia asistía en su reclamación sobre límites en la Amé­rica Central, según se de duce de l siguiente cable que comentare­mos detenidamente en el próximo número : "París, 14--Bue,wve ntura, 14· de Septiembre-Bogotá, 3 de Octz, bre de 1900 " Presidente Colombia-Bogotá "Quedan á Colombia territorios hasta Punta Carreta, com­prendido todo v , !le Sixaola, sigue línea por Cordillera termiuando Punta Bu rica. Sociedad respetable ofrece Gobierno siete millones por explotación territorios demarcados-JULIO BETANCUR." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 172

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 170

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 170

Por: | Fecha: 22/09/1900

BocoTÁ, SEPTIEMBRE 2.2. DE 1900 ·--- ----------------- ------------ ~~- - -- ---- - ----- ------------------ Ore-ano del Miaieterio de Guerra y del Ejército Son colaboradores de este periódico loa Jefes y Oficiales del Ejércittl Director ad honorem Francisco J. Vera-ara T. General de Ingenieros, Miembro de 'ariaa Se_ ciedades Cientificaa N"U:LV.I:. 1.70 IID~©~m~© ~Ja 0 •• liDm n.~®® (28 DE AGOSTO) por el cual se organiza la Intendencia general del Ejército de la Reptiblica El Yicepresidente de la República, encargado del Poder EjecutÍfJI DECRETA Art. x.o La Intendencia general del Ejército se compondrá de tres Secciones, ~n esta forma: Oficina Central, con el siguiente personal: un Intendente ge­neral, con $ 400 mensuales; un Secretario general, con $ 150 mensuales; dos Escribientes, con $ 100 cada uno; un lnRpector de Obras militares, con $ I so, y un Conserje, con $ 40. Sección I .•, Proveeduría, compue ta de: un Proveedor Jefe, con t 300 mensuales; un Subjefe, con ISO; dos Ayudantes, con $ 100 cada uno, y un Ordenanza. Sección 2.\ Inspección de Brigadas, compuesta de: un Inspec­tor Jefe, con · 2SO mensuales; dos Ayudantes, con $roo cada uno, y un Ordenanza. Seccion 3.•, Contabilidad, con: un Contador-Tenedor de libros, con $250 mensuales; dos Escribientes, con $ 100 cada uno, y un Ordenanza. Art. 2. 0 Son atribuciones del Intendente: r.c:' La adquisición y reparto de caballerías, ganados, vehícu­los y demás elementos que se consideren necesarios para subsisten- VIII-ll Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 346 BOLETIN MILITAR ~ cia y movilización del Ejército; del reparto de provisiOnes, ves­tuario y equipo f!n los depósitos del Gobierno, previa orden escrita del Ministerio de Guerra; 2.o La adquisición de medicinas, instrumentos quirúrgicos, y todos los demas enseres necesarios á los Hospitales y Ambulancias, y el reparto de ellos á los Cuerpos y Establecimientos, previa or­den escrita del Ministerio de Guerra; 3.0 La adquisición y reparto de los locales para el alojamiento de las tropas en las poblaciones y campos, en el Departamento de Cundinamarca; 4. 0 La supervigilancia del régimen y administración de las oficinas dependientes de la Intendencia general; 5.0 La organización de las cuentas de la Intendencia, con arreglo á los Decretos vigentes sobre Contabilidad oficial; 6. 0 La incorporación en la suya de las cuentas de los Inten­dentes de Ejército, Comisarios ó Tesoreros de Guerra, Proveedor é Inspector de Brigadas. Visar las cuentas de las Maestranzas y de los contratos que celebren en su Oficina. Levantar en los Mu­nicipios la estadística de los suministros, empréstitos y expropia­ciones. Exigir las cuentas de los Intendentes de los Departamen ~ tos, y las de los Comisarios pagadores; 7. 0 La formación separada de las cuentas especiales por sumi­nistros, empréstitos y expropiaciones; 8.0 La revisión de los contratos celebrados en el Ramo de Guerra, desde el r8 de Octubre de 1899 hasta el 31 de Julio de 1900; 9.0 Hacer llevar un libro separado, en el cual se anote, en cuenta corriente, el movimiento de los semovientes de la Nación. En el Debt se pondrá la fecha y el origen de la adquisición y el avalúo respectivo, y en el Haber, la fecha de la salida, el nombre del individuo á quien se le entrega y la de ignación de la autoridad que la ordena, con la cita del respectivo oficio; ro. La expedición de recibos talonarios, debidamente nume­rados, de las cantidades y bienes que le sean con ~ ignados ; I 1. Convertir en recibos !>uyos los que hayan expedido las autoridades políticas y militares, por suministros, empréstitos y expropiaciones; I 2. Cambiar por los de la Intendencia general los recibos ex­pedidos por las Intendencias ó Comisarías del Ejercito, siempre que estén comprobados é incorporados en las respectivas cuentas. Estos recibos deben ser autenticados en primer término por la au­toridad municipal respectiva; la de éste, por el Jefe Civil y Mili­tar de la Provincia; la de éste; por el Jefe Civil y Militar del res­pectivo Departamento, y, por último, por el Ministerio de Go­bierno. I 3· Hacer avaluar por personas aptas y honradas, los bienes que tome de los particulares; extender las respectivas diligencias Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR 347 de avalúo, y rehacer los avalúos que en su concepto sean inconve­nientes ; 14. Presentar al Ministerio, mensualmente, un cuadro de los caudales y bienes destinados al servicio de la guerra ; I5. Inspeccionar la fabricación del equipo militar; I 6. Contratar, por cuenta del Gobierno, y mediante orden del Ministerio de Guerra, los útiles de escritorio, muebles y loca­les para los Cuerpos, Estados Mayores y Oficinas Militare~, y IJ. Ordenar y vigilar las obras y reparaciones que hayan de hacerse en los Cuarteles y demás edificios destinados al servicio militar, y suministrar los materiales necesarios. Art. 3. 0 Los pagos de los sueldos de estas Oficinas se harán por la Habilitación del Cuartel general del Ejército. Quedan derogadas las disposiciones contrarias sobr'! la mate­ria al presente Decrero. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 28 de Agosto de I900. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, encargado del Despacho de Guerra, GuiLLERMo QuiNTERo C. ( I 8 DE SEPTIEMBRE) por el cual se crea una Sección provi ional en el Ministerio de Guerra El Vicepresidente de la República CONSIDERANDO ~e son muchas las reclamaciones que cursan en el Ministe­rio de Guerra, referentes á individuos del Ejército en campaña; Que no existen disposiciones que reglamenten esta clase de solicitudes; Que por el excesivo recargo de trabajo en las Secciones ac­tuales del i\1inisterio no se puede atender debidamente á tales re­clamaciones, que demandan inmediato despacho, DECRETA Art. 1.0 Establécese la Sección 4·a aJministrativa del Minis­terio de Guerra, la cual será transitoria y se ocupará exclusiva­mente en el despacho de los asuntos siguientes: a) Premios en dinero por acciones distinguidas de valoró servicio~ señalados en la campaña ejecutados por i11dividuos de tropa. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 34:8 BOLETIN MILITAR ~ b) Gratificaciones á los individuos de tropa, heridos y enfirmos tn campaña. e) Reclamaciones por sueldos, auxilios de marcha, raciones y ajus­tamientos de los individuos del Ejército, aún no pagados. d) Pago de pasaportes á los Jefes, Oficiales y tropa. e) Reclamaciones sobre las recompensas de que habla el DecrtfD dt 1 2 de Marzo de I 900. f) Gratificaciones en dinero á las vivanderas dtl Ejército por servicios distinguidos prestados al mismo; y g) Licenciamiento de tropas. Art. 2. 0 En el caso del ordinal a) las gratificaciones serán de $ 100 á $ 300, y la prueba con que se apareje la solicitud respecti­va será una copia autenticada de la orden general ó una certifica­ción jurada de dos Jefes en que se determine la acción distinguida de valor ó el servicio señalado. En el caso del ordinal b) la gratificación será de $se. El interesado presentará un memorial y las siguientes prue­bas: 1.a U na certificación jurada de un médico conocido, en la cual declare que la herida proviene de arma, ó qué especie de en­fermedad padece ó ha padecido el solicitante; 2.a U na certificación jurada de dos Jefes en que conste que la herida fue recibida en combate ó por razón del servicio ó la enfermedad contraída en campañ2.; 3.a Una certificación jurada de dos Jefes en que conste á cuál Cuerpo del Ejército ha pertenecido el solicitante. En el caso del ordinal e) las reclamaciones que se hagan por los Generales, Jefes y Oficiales, deben apoyarse con los siguientes comprobantes: I . 0 El documento oficial que demuestre que el pe­ticionario pertenece al Ejército y el empleo militar que ha ejerci­y al cual corresponda el sueldo, ración ó auxilio de marcha que se reclama; 2.0 U na certificación jurada del Habilitado respectivo en que atestigüe que la suma que se reclama fue devengada y se debe. En defecto de esta última prueba, por imposibilidad de obte­nerla, podrán aducirsc las siguientes supletorias, en su orden : x.• Una certificación jurada de dos Jefes superiores en que conste que por motivo de un suceso independiente de la voluntad del pe­ticionario, quedó éste separado de su batallón é imposibilitado por lo mismo para obtener e] certificado del Pagador respectivo que compruebe su crédito; y que la suma que se reclama fue deven­gada y se debe; 2. 8 En defecto de e te documento, son admisibles las declaraciones juradas sobre los mismos puntos expresados en el ordinal anterior, rendidas por dos ()ficiales inferiores ante el Esta­do Mayor del Ejército, ante los] ueces ordinarios ó ante el Jefe de la Sección 4.• del Ministerio de Guerra. Tanto las certificaciones juradas de los Jefes y Pagadores co­mo las declaraciones de los Oficiales pueden ratificarse en ell\1J .. nisterio de Guerra. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BDLETIN MILITAR ~ 34:9 En el caso del ordinal d) los pasaportes serán pagados por el Habilitado. De cada pasaporte se expedirán dos ejemplares: uno que se entregará al interesado, y otro que quedará en poder del Habilitado como comprobante de sus cuentas. En el caso del ordinal e) tales reclamaciones serán aparejadas con las pruebas que prescribe el Decreto citado. En el caso clel ordinal f) las gratificaciones serán de $ 20 á $ I oo, según el caso. Estas peticiones necesitan, además del me­morial, un certificado de General en que conste una acción distin­guida de valor ó servicios á los heridos en el campo de batalla ó al Ejército en alguna situación difícil. En el caso del ordinal g) recibirán los individuos de tropa, además de los sueldos ó haberes á que tengan derecho, una grati­ficación equivalente á un mes de sueldo y un vestido completo. Art. 3· 0 Estd. Oficina tendrá un Jefe asimilado á General de Brigada; un Subjefe, asimilado á Coronel primer Jefe de Cuerpo; un Habilitado, asimilado á Coronel; dos Escribientes, asimilados á Sargentos Mayores, y un Portero-Escribiente, asimilado á Sub­teniente. Por Decreto separado se harán los respectivos nombramientos. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á r8 de Septiembre de 1900. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, encargado del Despacho de Guerra, GuiLLERMO QuiNTERo C. ~'?~~~~ \ .. .f) ~~CTEJ:N A~ ~~ 'i~ ~ @o J.tíOll t\ ~ & ~@~:iJi.'lWID. SJ'@ SEGÚN EL CORONEL CARDINAL DE WIDDERN La marcha. el combate nocturno no son acontecimientos raros en la guerra, dice el reglamento alemán, y lo serían aún meno raros en la; hi ·toria militar si se le~ iu ve~tigara eu el va - to dominio de la peqneííaa operaciones, ~n las que la empresa nocturua desempeña cousiderable papel. En las grande· cam­pañas la batalla du noche no ua ido sino un jncidente excep­cional, y quizás ~needa. lo mif;;mo en lo futuro. Sin em l>argo, no puede nno menos de pregnntarRe si por causa del perfecciona­miento de la armas, de los progreso cnmplidos en los ~jércitos, y de Ja importancia ereciente de la, artillería en el combate, el jefe que dirige uua acción no meditará si no es preferible nn ata- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 350 80LETIN MILITAR ~ que de noche á uno de día. En efecto, en Jas actuales condicio­nes este último será de un éxito dudoso y entrañará pérdidas crecidas, por lo cual el asaltante trg,tará de robar á la noche la victoria que el día parece rehusarle ó le ha rehusado ya. Bien meditado el asunto, es innegable que un jefe de tro­pas, -ver8ado e u la preparación y dirección del combate noctur­no, comprenderá m~jor cnando es realmente necesario, tomará resoluciones más juiciosas á este respecto y procederá con mano segura á su delicada ~jecución. En toda empresa las vacilacio­nes provienen del irnperff'cto conooimieuto de los detalles: se retroce(le ó ,..,acila ante tal ó cuál operación, porque parece temeraria, y ese temor proviene de la ignorancia de los proce­dimientos qne ~segur~n su éxito. Es por esta razón que más de un jefe deja pasar la ocasión de obtener triunfos brillantes, en coudiciones eu que otro más diestro habría aprovecl!ado el momento favorable, y reconociendo la necesidau imperiosa de obrar, tomado sin vacilaciones una resolución y procedido á la ejecución con la destreza de quien couo'Ce su oficio. Por lo demá , el combate de nocl!e es la ultima ratio, cuan­do ya no queda otro medio para salir ién lo será en varios otros casos, á saber: Lo Cuando uno de los dos adversarioA se encuentre á corta uistancia. (2 kilómetros máximo) del otro al cerrar la noche, eu situación de poder tentar la fortnna con un ataque á fondo: Noisseville-Sen·igny ( t870), Laon (1814), Bojelet~chi (1828). Este caso también puede presentarse en nna retirada, cuaudo el enemigo aprieta demasiado y el servicio afloja en su campo, después de algunos días de persecución. 2. 0 Durante la persecución de u11 vencido, con el objeto de apurarlo de nuevo, cuando espera tener unos momentos de re­poso: Waterloo (18t5), Etoges (1814), después de los combates de Chateau Robert-le-Diable (1871). 3. 0 En la ofer.siva contra un enemigo que ocupa un gran espacio, a nn cuando se e u bra con avanzadas, si éstas pueden ser arrolladas por un asalto nocturno, y el asaltante seguir en fir­me su ataque para batir las (liversas fracciones del ad,·ersario antes de que hayan po(lido dar e la mano: Freatalla está en manos del enemigo y cuya po esión nos facilita el acceso al objetivo prin­cipal, sobre todo si la ocupación de tal punto el:i indispenAable para de plegre los ojos y el blanco no se de._ taca netamente sobre el terreno. Es \"en tajo ·o colO<~ar la artillería á retaguardia del lomo de una ceja ó pliegue del suelo, ó tras la cresta militar de una altura, porque así se protege en parte el per onal y el material, y la. colocación en batería puede hacerse á cubierto. Al contra~ rio, cuando los cañones se perfil, n sobre el horizonte, se les ve desde muy lejos, y en este caso e preferible situarlos adelante de la cresta militar para confundirlos algo más cou el terreno. En tiempo brumoso sucede á veces que el blanco se distin­gue con el auxilio de un buen anteojo, en tanto que permanece in vi ible al ojo desnudo: en este caso se determina la posición del eje y de la cureña tle cada pieza, ó bien se emplea la pun­t. 3ría á retaguardia, sobre una mira ele corredera, procedimien- • Del libro La guerre raiso1.néP, por el General E. Scheneegan , antiguo Co­mandante de Cuerpo de Ejército y de la Escueb sullerior de guerra. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 314 BOLETIN MILITAR ~ to que no exige sino una sola operación. Este mismo sistema es preferible también cuando el blanco, ocu lto para el apuntad<;>r, es visible para uu observador situado á proximidad de la ¡ne­za, ejecutándose entonces las rectificaciones de acuerdo con las indicaciones que el último haga sobre la posición d~l p~ut.o de caída de cada pro.vectil con respecto al blanco. El tiro Indi­recto con piezas de montaña no es sino un expediente á que no debe recurrirse sino en casos extremos. Las posiciones dominantes son las más favorables para el tiro de la artillería, siempre que en el terreno á vanguardia el enemigo se encuentre al descubierto, en especial dentro de las distancias cortas. Es preciso poner al abrigo del fuego del contrario los avantrenes, puesto que dejados tras las piezas conductor~s Y ganado sufrirían muchísimo con los disparos del euemtgo, salvo que se juzgue que la batería no permanecerá largo tiempo en el mismo sitio. Los avantrenes, después de entregar á cada pieza su juego de armas, se abrigan á retaguardia 6 hacia el flanco de la bateda, bajo la dirección del sargento Lo, pero sin alejarse nunca á más de 200 metros de los cañones . .En todo caso, cuando la batel'Ía fuere atacada repentinamente, los avantrenes se moverán en el acto hacia donde estén las piezas. Sólo los primeros proyectiles son suministrados por los avantrenes, porque en seguida las municiones se toman del primer escalón del parque, cuyo ganado también se habrá abri­gado á retaguardia. La artillería ordinariamente evitará tirar {, más de 2,500 metros, porque á distancia mayor la observación de los puntos de caída es incierta y disminuye la eficacia del fuego. Con tiempo claro y blaueo f posible, decisivas. Las causas de esta necesidad resultan de las características particulares de las pequeñas guerras. Pero, como se ha demostrado ya, pueden presentarse casos-tales como el de so­correr á una guarnición sitiada, por ejemplo-en los cuales es más cuerdo evitar el combate, si es posible hacerlo sin mostrar marcada debilidad. Igualmente, cuando un pequeña columna debe cumplir una comisión importante cuya ejecución exija toda su fuerza puede no ser ventajoso disminuír su efectivo con combates, si estos últimos no son absolutamente necesarios. Cuando Sir H. Havelock partió de Cawnpore, en la campaña de la India, con intención de socorrer la residencia de Luc.k:now, experimentó tan fuertes pérdi­das en tres encuentros-encuentros inevitables, en los cuales el enemigo fue completamente batido-que tuvo que volver á Cawn­pore y esperar refuerzos, porque con tan mermada tropa no habría podido llevar á cabo la empresa que traía entre manos. * Cuando precisa proteger un convoy, es necesario darle como escolta el mínimum de fuerzas; y si este mínimum disminu- • El 20 de Julio de 1857 el Coronel Neill ~e había unido al General Have­lock en Cawnpore, y el 29 el G eneral e pu ·o en ckmino pnra socorrer la re5iden­eia de Lucknow. Las fuerzas lle que di ponía el General eran muy cortas, un poco meno de 1 ,500 hombres, de los cual e~ 1,200 eran europeos. El 29 de Julio el Ge­ner, d Havelock venció á los rebelde· t:n Unno y en Ba··hitatganj ¡ pe1·o estos do1 combate clismiuuyeron de tal 111odo su column:1, que tuvo que volv r li Cawnpore y pedir 1,000 hombres de refuerzo al Cotonel Neill, quien e contentó con responder insolentemente li · u J a fe. El General intentó entonces con su escasa fuerza un e­gundo movimiento sohre Lucknow el+ de Ago to; un nuevo combate á la mañana »igu;ent ~ en B 1 hiratganj, aunque feliz, lo obligó de nue\'O á retroceder sobl'e Cawn­pore ell3 de J gosto. El 16 el Gcn~ral infligió una nueva derrota á los rebeldes. E117 Rupo que estaba colocado bajo las órdenes del Gene1al ir James Outram, quien, de de Allahabad, le envió refuerzos á Cawnpore. El 17 de Septiembre Sir .1. Outram IIPgó á Cawnpore, en cloncle hi;r.o conocer generosamente, por la vía de orde­nanza, que habiendo hecho el General Havelock todo lo que estaba de su parte por ·t>couer á Lucknow, COil'>et·vatía el mando rle las tropas (ct>mprendicudn los refuer­zos), y que él, Sir J. Outram 1 eguiría al General Havelock como Jefe ~ivil de Oudh. Esta oferta genero a fue aceptada por el General Havelock, quien se puso entonces en marcha sobre Lucknow, á la cabeza de 3,179 hombre~>. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MIUTAR ~ 357 ye por causa de pérdidas sufridas en combates en el camino, la escolta ya no está en condiciones de llenar su cometido, y el con­voy puede encontrarse en peligro. Las fuertes pérdidas sufridas en Abu-Klea y al rededor de Gubat, por la columna que atravesó el desierto de B ayuda en 188 5, rechazando con gran mortandad los ataques del enemigo, redujeron de tal modo los efectivos, que hasta que tal columna no recibió refuerzos de Kortí, apenas podía guar­dar los grandes convoyes colocados bajo su protección. XIV. Soldados irregulares no deben por lo general ser encerra­dos completamente. Motivos-Para dar á la victoria un carácter de­cisivo y para anonadar por completo al enemigo en el campo de batalla, será habitualmente necesario, como ya se ha clemostrado, recurrir á combinaciones tácticas de amenaza ó que intercepten su retirada. Pero en la concepción de estas combinaciones hay que recordar un principio muy importante: el de tender ordinaria­mente al enemigo puente de plata por el cual pueda escaparse. En efecto, adversarios como aquellos que las tropas regulares en­cuentran frecuentemente en estas guerras, no dan cuartel ninguno porque no lo esperan, por lo cual, si se ven estrechados de cerca y encerrados, harán una resistencia desesperada. Sin duda que eso de­pende de la naturaleza del enemigo. Los guerreros que poseen cierto grado de civilización saben que las tropas veteranas no asesinan á sus prisioneros; mientras menos bravo y temerario sea el enemigo, más fácilmente estará dispuesto á rendirse á discreción. Pero, en la mayor parte de los casos, ]as tropas regulares tienen que habér­selas con adversarios que sí asesinan á sus prisioneros y se resig­nan á correr la misma suerte. Acosados, combaten con ferocidad y desesperación *. Es interesante hacer notar, á este propósito, que los Hunza­Nagars, en la campaña de 1891, quedaron muy impresionados con los procedimientos de guerra humanitarios de los oficiales in­gleses; procedimientos que pudieron apreciar durante la suspen­sión de tres semanas, que siguió, para los dos adversarios, á la toma del fuerte de Nilt. Cuando el flanco de su formidable línea de defensa fue al fin envuelto, la guarnición de una gran sanga, • situada al centro, quedó completamente cortada y en la impo­sibilidad de batirse en retirada; el solo sendero que le quedaba detrás era barrido por un fuego mortífero y estrechado por la co­lumna que había rodeado las obras de defensa. Dándose cuenta de la inutilidad de la lucha, se rindieron á un oficial que subió á la trinchera solo y sin vacilar. Más tarde se supo que se había hecho creer á los montañeses que debían matarlos á todos, y proseguir • Error fundamental; ptecis:unente dejar la retirada libre! ]as guetrillas ea prolongar su existencia indefinidamente.-L. D. • Sanga es un fottín de piedras secas que los pueblos del Trans-Indue, los .Af­ganes sobre todo, construyen par' defender un punto eualquiera. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 358 80LETIN MILITAR ~ la campaña según sus propias bárbaras costumbres: valía, pues, más combatir hasta la muerte. Pero durante el período de las hostilidades comenzaron á comprender que no les harían ningún mal si deponían las armas. Por esto los defensores de la sanga, to­dos tiradores hábiles, se entregaron sin resistencia cuando su fuer­te se hizo indefensable (sic). XV. Pueden presentarse circunstancias que hacen algunas ve­ces inevitable el encerrar al enemigo en una trampa-Fanáticos como los Madistas y salvajes intrépidos como los Zulúes, son muy pe­ligrosos cuando caen en una trampa. Ellos no piden cuartel y venden su vida lo más caro posible. Naturalmente se presenta­rán algunas veces en el combate circunstancias que obligarán á atacar á estos enemigos, hasta cuando estén del todo rodeados y acosados. En este caso no hay remedio: habrá, pues, que resol­verse á soportar las pérdidas que ocasionará el combate librado en · estas condiciones. Semejantes casos se presentan á menudo bajo la forma de pequeños incidentes del campo de batalla. Grupos de hombres desesperados pueden ocultarse en algún barranco ó cabaña y rehusar deponer las armas; hay sin embargo que concluír, no importa cómo. La historia del asalto de Sekunderbagh, en el momento del primer rescate de Lucknow por Sir C. Campbell, puede citarse como un ejemplo de la obligación de atacar á un enemigo deses­perado en una posición de donde no puede escaparse. El Sekun­derbagh era un recinto rodeado de altos muros y que contenía edificios, patios y jardines y barría de flanco la línea de marcha de los ingleses á lo largo de los barrios de la ciudad, hacia el pun­to por donde se esperaba la columna de Sir J. Outram. En este re­cinto se encontraba un número considerable de rebeldes, y la toma de él era de imperiosa necesidad. Las tropas, después de un bom­bardeo á corta distancia, forzaron una puerta. El enemigo retro­cedió, combatiendo de casa en casa con tenacidad, defendiéndose hasta la muerte, porque no tenía salida por la espalda. Los rebel­des, cogidos en la trampa, fueron destrozados: era inevitable; pero en esta lucha desesperada las tropas sufrieron muy grandes pérdi­das. Sin embargo, la aventura á la cual se lanzó tan atrevidamen­te Sir. C. Campbell, con la fuerza tan reducida que tenía á sus órdenes, le obligó á no dejar un solo hombre que no entrase en combate, porque hubiera sido aumentar el peligro de su situación*. • Fue el 16 de Toviembre de 1857 cuando tuvo lugar este ataque de Sekunder­bagh (jardín de Alejandro), por el cjérc1to de auxilio, que salió de CawnpiJre el 30 d.e O.ctubre! ~ 1jo las. órdayos sublevados (cipayo es el !olclado natural de la India Orieu· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BDLETIN MILITAR ~ 359 XVI. Ejemplos de peligro en estrechar al enemigo-Tales epi­sodios suelen presentarse en la guerra. El peligro de atacar á un enemigo resuelto que no quiere rendirse, en una posición de don­de no puede escaparse, es muy grave. Pero estrechar de propósito deliberado á tales adversarios y lanzarlos así á la desesperación, es un terrible error. Debe recordarse que hay una muy grande y muy importante diferencia entre el hecho de amenazar la retirada de un enemigo y el de cortarlo completamente; entre el hecho de colocar la artillería y la fusilería en una posición ventajosa, amenazando de flanco la línea de retirada del enemigo, y el hecho de estrecharlo de manera que su fuga sea imposible. Los ejemplos siguientes muestran cuán importante es no ol­vidar este principio: 1. 0 El General Lomakin en 1879 llegó delante de la forta­leza turcomana de Denghil Tepe con 3,700 hombres por todo, y resuelto á apoderarse de ella el mismo día por un golpe. de mano. Su caballería, que marchaba á la cabeza, cercó la fortaleza para evitar toda salida, y antes de que la infantería, que contaba 1,4-00 bayonetas, estuviese formada para el asalto, la plaza estaba ya completamente rodeada por un cordón de jinetes. La ciudad ence­rraba, además de los combatientes, gran cantidad de mujeres y de niños, acampados bajo sus tiendas de nómades y enteramente ex­puestos á los fuegos de los rusos. El General Lomakin hizo avan­zar su artillería, que comenzó un fuego muy vivo sobre la forta­leza y ocasionó allí terrible mortandad. Masas de personas que no comb1tían salieron por el lado opuesto á fin de ponerse fuera del alcance de los cañones, pero fueron rechazadas. Se ha sabido des­pués que los jefes turcomanos tenían el proyecto de rendirse; mas cuando estuvieron acosados, y cuando vieron á sus familias obligadas á volver al campo de batalla bajo una lluvia de proyectiles, tal que ~irve en lo regimiPuto que mantienen allí los inglese.).-" La escena que ~>iguió, escribe el fed- Mariscal Lord Robf'rts, exige la pluma de un Zolá para ser descrita. Los rebeldes no pensaron nunca (!Ue no!> detendrfamos li atacar una posi­ción tan formidable; por esto se habían zeunido en el Sekunderbagh, en n6mcro de más de 2,000, cou intención de caer sobre nue ·tro flanco derecho desde que no!i viésemos comprometidos en las calle~ y ca as del Hazratganj (una de las principa­les calles de Lucknow), y eran ellos los que h!i\:lían caído materialmente en la trampa, porque las únicas alidns eran la puctta y la brecha por la cual nuestras tropas en­tt ·aron en ma:a. N o había, pue , que pen ar en la fuga, y los rebPldes combatie­ron desesperrtdamente, no teniendo ninguna probabilid id de perdón y tesueltos á vender su vida t&n cata como fuera posible. Poco á poco fueron estrechados al Pa­bellón, y en el espacio comprendido entre este Pabellón y la pared del Norte todos murieron á disparos de fusil ó atrave ·ados por la bayoneta. En este punto cayeron formando un montón tan alto como mi cabeza, presentando un enorme hacinamiE.>nto de muertos y de moribundos unos sobre otros ...... Los desdichados heridos no podían, á pesar de sus violentos e fuerzos, apartarse de sus can.aradas muertos, y los que se encontraban sobre esta horrorosa pila de vivos y muertos mezclados, de · foga­ban su rabia vomitando las más bajas injurias contra todo oficial que ee acercaba," (Forty-one years in India, Capítulo sxm, página 182). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ comprendieron que se trataba de su exterminación, y resolvieron combatir hasta morir. Justamente en tan mal momento el Gene­neral Lomakin ordenó el asalto. Las fortificaciones eran formida­bles, y defendidas por desesperados, constituían un obstáculo muy serio para la pequeña columna rusa, que á pesar de su bravura, fue rechazada con grande!' pérdidas. Los turcomanos en masa los persiguieron fuera del recinto, y convirtieron bien pronto en in­menso desastre lo que ya era un serio descalabro para las tropas regulares. Evident~mente este desastre se debió por completo al hecho de que el ataque de Denghil Tepe y la trampa en que cayó el enemigo se resolvieron de propósito deliberado. * 2.0 El sitio y toma de Zaatcha, en Argelia, en 1849, es un ejemplo de las grandes pérdidas que son la consecuencia de un ata­que contra adversarios estrechados y obligados á combatir para salvar sus vidas. Los franceses perdieron 900 hombres, de los cuales cerca de 200 quedaron fuera de combate el día en que se tomó una plaz2 que, se dice, no tenía sino 700 defensores. * 3. 0 La guerra Maorí suministra otros dos ejemplos notables, bien que en menores proporciones. Los principales incidentes de esta campaña consistieron en ataques de trincheras de empalizadas llamadas pahs. El pah de Rangiriri estaba situado sobre una lengua de tierra rodeada de agua por ambos lados, y formado por una línea de trincheras y una de­fensa central de apariencia formidable. A fin de dar una derrota decisiva al enemigo, se envió una columna en canoas, que desem­barcando arriba de las fortificaciones pudiese tomar parte en un ataque general de frente. El resultado fue que se forzó la línea; pero una gran parte de los defensores quedó encerrada en la trin­chera principal, en donde hizo una resistencia desesperada. Do:; asaltos-uno por artilleros armados de sables y derevólvers--fraca­saron. La noche sobrevino. A la mañana siguiente los Maorís, en número de 183, se rindieron. Las pérdidas de los ingleses monta­ron á I 32 hombres; la mayor parte de ellas fueron causadas por el ataque á la trinchera principal. Hay que hacer notar, sin em­bargo, que Rangiriri fue un golpe muy duro para el enemigo, por­que la toma de Maorís y de sus armas era un hecho decisivo. El caso de Gate Pah fue análogo. Esta fortificación estaba igualmente construída sobre una lengua de tierra. La columna á la cual se confió interceptar la línea de retirada del adversario, envolvió el flanco enemigo sin ser notada, gracias á una hábil operación nocturna, y, antes del día, cerró la lengua de tierra por detrás del pah. En esta situación fracasó el asalto, y los que • ¿Por qué no decir que el desa tre provino de intentar nn ataq ne sin los me. dios ó precauciones necesarios ?-L. D. • Si 6\o 200 quedaron fuera de combate, ¿cómo !;C perdieron en el asalto los 9tto1 700 1 Los hiatoriadores franceses afirman cosa muy distinta-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '-y--" 361 acometían fueron arrojados del pah, cuando ya se habían apo­derado de una puerta. Antes del asalto, el enemigo intentó rom­per la línea última que formaba el cerco, y se vio obligado á volver á sus parapetos. Durante la noche, que fue sombría y llu­viosa, todos los Maorís lograron escaparse, y por la mañana el pah fue ocupado sin resistencia; pero las pérdidas habían sido muy fuertes para los asaltantes. En Rangiriri y en Gate Pah las tropas encargadas de inter­ceptar la línea del enemigo, la cortaron complecamente. Los Mao­rís cayeron en la trampa, y muy pronto lo comprendieron así; por esto hicieron una viva resistencia que causó serias pérdidas á los ingleses. Si las columnas enviadas para atacar la línea de reti­rada del enemigo se hubiesen colocado de manera de contener á los que se escapaban huyendo con un fuego mortífero, en vez de rodearlos por completo, las fortificaciones se habrían tomado pro­bablemente con muchas menos pérdidas, y el resultado también hubiera sido decisivo. * XVII. Ejemplos del hecho de no envolver completamente al ene­migo- En estos dos ejemplos de la guerra en Nueva Zelandia ve­mos el inconveniente de rodear un puesto fortificado, ocupado por un enemigo salvaje, antes de dar el asalto. No será inútil citar el ejemplo de un procedimiento diferente empleado en circunstancias análogas: el de preparar el ataque de tal manera que la línea de retirada del enemigo, aun cuando no esté en absoluto cortada, sea sin embargo batida tan eficazmente por los acometedores, que la completa dispersión de los defensores quede asegurada en el mo­mento en que traten de evacuar la plaza. Durante las operaciones en el Manipur en I 891, el enemi­go, compuesto de varios centenares de hombres, había ocupado una trinchera de tierra en un sitio llamado Bupam. Se decidió ata­carle con 350 soldados de línea, alguna infantería montada y dos cañones. Lá. trinchera era formidable, y su fuerza se aumentaba con una cañada profunda que, rodeándola por tres lldos, impedía que la vieran los asaltantes, si no era al llegar sobre ella. La infante­ría '5C dividió en dos destacamentos, uno de los cuales debía atacar viniendo del Norte y el otro haciéndolo del Sur. Las tropas monta­das fueron enviadas al Sudoeste; los cañones y un destacamento de infantena se colocaron en un montículo á r,ooo yardas al Este, y empeñaron la acción con un nutrido bombardeo y descargas por compañías que causaron gran efecto. Cuando la infantería marchó al ataque, la derecha del destacamento del Norte y la izquierda del destacamento del Sur se dirigieron progresivamente la una sobre la otra, de manera que ante5 del asalto la fortificación estaba rodea- • Luego lo malo no es cerrar el paso al enemigo, sino hacerlo &in a1te, y es bien sabido que los ingleses no pec,m por exceso de habilidad en el arte milit~:~r-L. D. Vlll-24 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 362 BOLETIN MILITAR '-y--"' da al Norte, al Oeste y al Sur. La guarnición del Manipur opuso á los asaltantes una resistencia encarnizada. Gran número de los que la componían se escaparon por la parte del Este, pero sufrie­ron mucho con el fuego de la artillería y de las tropas montadas. Por último, el ataque tomó tal forma, que el enemigo, bien que casi cercado, tuvo sin embargo una salida para la fuga, y se apro­vechó de ella; mas las acertadas disposiciones tomadas por ese lado causaron á los fugitivos pérdidas tan serias, que fueron muy pocos los que lograron salvarse. Fijad, pues, tanto como sea posible vuestro plan de operacio­nes de manera de batir completamente al enemigo y destruírlo cuando se vea obligado á combatir. Pero cuando las tropas regula­res toman la ofensiva sobre el terreno, y cuando, con intención de dar un golpe decisivo, ellas envuelven el flanco del enemigo para amena2.ar su línea de retirada, es bueno acordarse del principio, ya dicho, del puente de plata, el cual sólo es aplicable en estas peque­ñas guerras, y eso en algunas de ellas. La historia de Denghil Tepe muestra de un modo singular lo peligroso que es olvidarse de este gran principio *-(Continúa). ESTUDIO POR J. MECKEL, DEL ESTADO MAYOR ALEMÁN Traducido libremente para el Boletín .Militar (Continúa} e ) Conaideraciones sobre la ofenaiva Sólo en los ataques simulados, en las denwstraciones, es admisible atacar con igual fuerza todas las partes mente paralela del ataque directo de frente la enorme veutaja de la acción concéntrica y de la acción moral producida sobre el enemigo. Además, eu la generalidad de los casos conduce á dar á los frentes opuestos una situación relativa tál, que el ataque puede enfilar ciertas partes de la po~ición enemiga, de ordinario una de las alas de su frente primitivo (fig. 2.a). ~- .. . --!-· ............ ~ :::-·.. · .. F. 1\ lg. l. ~~···· ·· .... ·· .. ~ ~J .. ,..., .. •• •• •• • :::::::.:·::.·.~ • El asunto vada un tanto cuando se trab de pt!queños efectivos.-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 365 El ataque envolvente entraña un peligro, á saber: el des­arrollo excesivo del fr·ente á expensas de la profundidad, es decir, á expensaR de la intensidad y solidez del ataque, por lo cual es la forma indicada de la luclla para utili~ar Ja superio­ridad numérica, siempre que no provenga de la reRolución sis­temática de evitar el co:nbate con el frente enemigo. Emplea­do en este último supuesto d(>ja al asaltante en falso cuando, al llegar ~obre el flanco del enemigo, se encuentra en presen­cia de un nuevo frente de éste. Por lo dicho es preciso no olvi­dar nunca que cualquiera que sea la forma del ataque, envol­vente ó nó, en tratándose de una fracción cualquiera de tropa, considerada iudividualmente, el combate para ella siempre se reune~ á uu ataque de frente, por cuya razón para tal clase de lucha es para la que debe prepararse la infautería. + Dnarro/10 d. '··... e/~ Fig. 2.& ..... ~ ·.. '""" -----~~---··... ~ lJejensa Ala p¡17;c ----------- + () El ataq1te envolvente doble, es decir, iiirigido al tiempo con­tra el cf'ntro y las dos alas, no es po ible sino con una gran superioridad numérica. En la batalla de encuentro es el resul­tado de una marcha concéntrica, qne expone al peligro de dis­persar las fuerzas y hacerlas batir en detall; pero con él se beneficia la ventaja de la sorpresa y hace posible el verdadero ataqn~ de flanco que pneremunirlos de todo peligro. Si se quiere desarrollar u 11 ataque énvolvente, ]a infantería de la. vanguardia se encarga de ordinario tlel ataqne secunda­rio de freute, en tanto que el grueso, cuya marcha se oculta lo mejor que se pneda, e encarga del ataque priucípal sobre uno de los tlancos; la reserva, extr!tüla del grueso, toma posiciones cerca de la líuea de retirada, en un pu11to tal que á tlll tiempo pueda, ora apoyar rápi(lamente cualquiera parte Jr~JID©~ ID>~~ ~Jr@ffi@ POR SANTIAGO PÉREZ (Continuación) "Al haber sido re u la cordillera occidental de lo Andes, y su caulla.l de agna~ es con 'Ítl ra.ble; siendo navegable en peqn .. ña:; crnbarcacioue~ por una exten­sión de quiuce leguas, empleándose cuatro días ~n r moutarlo. Tienen su aguas fama. ele ser s~lubres, y las orillas del río pai­saje pintorescos. Del Calima ae pasa á la quebl·ada (lel uineo, de difícil navegación por lo mnchos troncos t.lerl'iba(los sobre la corriente, de manera que sólo cnando e á crecida. es fácil lanzar las canoas sin ri~sgo de qna se quiebren en lo estorbos ecto al Chocó; ambas provincias con una llistoria sin inte­rés, con una actualidau sin esplendor, y esperando las dos un porvenir muy pró pero, al que sin durecaria 8ituación. Los habi­tantes de Micay, qne no poseen má caminos que las vías flu­viales, moran la mayor parte en las playas del mar, consagra­dos á la p '"Sea; hallándose Rus barbacoas desparramadas á las orillas ele los ríos, de los que extraen el oro, que baja re,·uelto con las arenas, y del cual se sirven para comprar á sus veciuo8 de Iscuan(lé los frutos, como el plátano, que mHs apetecen, y que no les dan E>n suficiente abundancia las orillas qne culti­Yan. La selva llana y la serranía, en donde el temperamento va ieudo menos cálido y más sano á mPdicla que t;e asciende, están completamente desiertas, descubriéndose apenas los le· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 376 80LETIN MILITAR '"-y--" jos oscuros de una vegetación poderosa. En las quiebras de esa serranía, donde han de encontrarse los criaderos del oro, cuyas partículas arrastran hacia el mar las quebrada.Y y los ríos que ele ella se desprenden, habitan á las márgenes desconoci­das de éstos algunas familias de indios. El resto de la pobla­ción se compone de negros y de gente de color, casi en su to­talidad. Las manufacturas de éstos se reducen á algunos sombre­ros que t~jen, lo mismo qne sus chinchorros y atarrayas; fabri­can, ademáR, sus peq neñas embarcaciones, y comercian con Bnenaventura. Iscuau de la cordillera de los Andes que separa las vertieutes del r·ío Isca1andé ele las de Guapi, He dila­ta por una extensión de.265 leguas cuadraclas, una quiuta par­te de las cuales está cubierta por aguas e$taucadas, el cantón de Iscuandé que tiene uua ~ola parroquia, una aldea y once vecindarios con 5,441 habitantes. !Ja villa ele I~cuanrlé, cabe­cera del cantón, fue fonrlada en 1,600 por D. Fra11ci co Parada, conquistador de las tribus de los Iscuaudé~, Barbacoas y Te­lem bies, dorule está hoy tl puerto llamado Carrizo, del cual dis­ta ahora ~ei leguas por navegación, ó;cuatro
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 170

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 179

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 179

Por: | Fecha: 24/11/1900

BocoTÁ, NoviEMBR~ 24 DE 1900 ·--~-- ~ ------------ - - - - ---------- - --- ~~------------ ------ - ----- - ---- Or¡:ano del lUiaisterio de Guerra y del Ejército Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del E jército Director ad honoreJD Francisco J. Vergara V. General de Ingenieros, Miembro de ;.arias So· ciedades Cientificaa :N"U:Lv.J:. 179 :ill)~.,g~ , g ~~ ~.o • • ID)~ Jl®®@ ( 1.0 DE OCTUBRE) por el cual se reorganiza la I.a División del Ejército El Piupresidente de la R epública encargad() del Poder Ejecutivo DECRETA Art. l.o La 1.~ Divi ión del Ejército se compondrá rle los siguient S Cuerpo.·, perteneciente' á la l. a Di vi ión del Ejérci­to del Norte: Bárbula,, Bo.lJaeá, Narifio y Santos, que en lo su­cesivo e d uoruinará Batall6n Caldas. Art. 2. 0 llác nse lo ' ignient nombramientos: Comandancia gmun·al-ComanlL nte gen ral, General Flo­ro Gómez; yudante Secretario, Capitán Raimunuo Velasco, y Ayudante, '.reuieute Coronel Manuel París R. La Comandancia teuclrá un Oorneta de órdenes, un Tam­bor y nn Ordenanza. E~tado JJ,!ayor-Jefe de E ·tado Mayor, General Luis Fer­• ando García; Pnmeros yudantes generales, General Carlos Franco Q., Coroueles Jo é F. Vargas, Julio E callón y Hermó­genes Afanador; Segnndos .Ayudantes generale , Teniente Co­ronel Guillermo Montoya, Sargentos Mayores Carlos Samuel O jeda y Alberto .A.guirre; Primeros Adjt1utos, Capitanes Eu­genio Mediua y Ramón Amaya; Segundos Adjuntos, Tenienttl Trino Ooutreras y Subteniente Joaquín Caro. Habrá, además, en el Estado M USe los sig·uieutes nombramientos para el BATALLÓN BÁRBULA: Primer Je~:), General gradm-ulo Fernando Borrero; Segun­do Jefe, Sarp:e11to 1\iayor Cándido Vauega ; Ayudante :Mayor, Capitán Oé ·ar Buitrago; SegntHlo A. ndaute, Teniente I-tamón Barrera; A bandera.·ta Oo'mpañía,- Uapitún, Juan Ooutrera ; Teniente, l{afael V. Ualdel'ÓII; Snhtcnieut ·, lticardo Lemoine y Salus­tiauo Gua ca. (Juinta Oompa11ía-Capitán, Gabriel Roclrígnez; Teniente, Octa\·io Snárez; Subtenient ·s, José del U. H.odl'Íguez y Julio Ca. taño. Art. 4. 0 Para el BA'l'ALLÓ.N BoYAC'Á. ~o hacen los siguien­te no m l>rarni •n to : Prim~r Jefe, General gradurulo Tomá Gómez; Segundo J ef~, Tenientt~ Cox· u el lignel ha reía A.; Aynd< u te 1\layor, Capitán '.robía · Palacio. . ; t gnnclo ..AyudantP, Teni u te 1\Ia­nuel Atjona; Abanderado, Sn >teniente Dorni ngo Parra; lla­bilitado, Sargento 1\Iayor A lPj:-tudóu Rincón; Ayudante Mayor, Capi­tán Eduardo Cortés L.; seguuuo Ayudante, Teniente Benedic­to Roja~; AbanLlerala; Subtt>Hieutes, Ooucepcióu Varón y Uarlos O laya. Quinta. Ovmpaf1Írt-Capitán, Isidoro Pardo G.; Teniente, Zoilo Cortés; Snl>tenien te , . . . . . . . . . . . . . . . . . . y Pedro Ca­macho. Art. G.o Hácense los siguientes nombramientos para el BATALLÓN CALDA.S: Primer Jefe, General gradna(lo 'Miguel W. Angnlo; Segun­do Jefe, Sargento Mayor Eurique Urdan ta; .Ayudante Mayor, Sargento !\'la.vor Sixto Uamero; Sflgnndo Ayudante, Teniente Antonio 1\ftui llo M .. ; Al>auderado, Su bte11ien tt~ 1~ ideligno Loza­no; Jiabili~ado, Tomá' Uárdt u as, a~i milat( nientes, T{:1lé:sforo Herná11ntes, Petll'o ~Iogollót1 y l;tlis A. 'rorr·es. Quinta, Oompaiiin-Oapitáu, Arüü,id{:•s Tones; Tmliente, Gabriel Heyes; Subtenientes, Ca.rlo Salcedo y Francisco Iler­nánd z. BATALLÓN ANZOÁ'l'EG{ r. Plana, Jlfaym·-Pl'iuwr J'.•fp, Uo­rorwl Antonio Hut>cla · ,·t·gmulo .Tt-f( ~ 'I'eni( ntP Coronel Ricatz; J. hn.Htle­rado, ~nhteuicnt' Valeutín Páez; llahilitado, Uavitún Hoh ~rto Vargas Tamayo. Primera Uompaiiía.-erlo Barriga y . . ...........•.. ; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoLETIN ,,,LITAR ~ 639 Adjuntos, Capitán Milcía(l~s García y Subteuieute Jenaro Ji· ménez. Inspecoion-Inspector, General ........ . ......... ; Ayn-daute. . . . . . . . ..... _ . ....... - .. Cuerpo Uivil-U misario Pag-aüo r, ,Julio Lnzardo, asimila­do á Uorouel; Habilitt-ulo, Lni~ V. Augel A., a ·irni ' atlo á '.re­nicrt te Uoroucl; Pro\·e •dor, Tomá~ l\Iorale~, aBi lllilatlo á Sar~ geuto :Mayor. Ambufanoia-:\léc.lico, Dr. Tomás E. Garzón, asimUado á primer Jefe tle Cnerpo. BA'l'ALLÓN RtCAUR'rK Plana ;lfaym·-Primer J , ft>, Ooron l Gnillermo Ber·r1al O.; :Sl'g'nt do Jpf,~, UoronPI :\Iarco Jnlio NiPto G.; A,yutht:ltc J\Ltyol', U·a CompañÍ' t-Unpit~1n, l'nutd A ·llirri U . ; Tl·Hi nte, .. A.dolfo Aguinc; 'nht c •nit•llt t> ~ :\l}tHUel Gr"~~t B. y .... -- . Cua,)·ftt Com¡I, David ·y ·illlww Jla.lJOI ' - Pl'inuw ,Jpfe, Tt>lliPH te Coronel i\fa. · imiliano :Ut•nral; ( gn11clo .Jeft•, Te11ieutH Uoro11Pl I ·ido ro Or,lófíe;¿; ; • y u da 11 te Mayor, [a.' i 1111! i~wo U a m a ello A.; Seu;uwlo A. ·ut t ientc~ L(•OJiiz; Ilahilitado, Efruím 1 uho \.. Rodrig-11 ·z .r l:!ilías Ca~ ti blanco. 'egunda ('ompañía-C:q it{,n, S: Lting·o ( ' ltan~s h.; Tt•Hi<->JI. te, Uleurente Uúrdena.·; ~ nbtellielltf's, l s aae ~ 'úneltez y Pedto l\1 clina. Teroerrt Compaiiía-Ca pi trtn, l\lmHH•l ,J. Bal ·flzar; '1 en iPn-tc, Lni' l\larnlaucla .; 'ubte11iente ·, Luis Nieto y Luis S(tn-chez. C~aiYfa Oompafíín-Uapit{lll, Jnan Ro.·a~; Tt 11ient , H.;.!fl'IWtHlo P~t)'()() . . rnhéu ÜRorio. BATALLÓN lfgt{R.ÁN. Plana illayor-PI'imc~r Jef••, CoronPl Eli~eo Huiz H..; Beguudo Jefe, Tcuier!te Uorouel José U. LeJ·- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 640 80LETIN MILITAR ~ tón; .Ayudante Mayor, Capitán Miguel Leonidas Gómez; Se­gundo Ayudante, Teniente Leoncio Pinto V.; Abanderado, Subteniente Demetrio Vargas; Habi1itado, Enrique Bulla, asi­milado á Capitán. Primera Cotnpañía-Capitán, Eleázar Gómez; Teniente, Marco Julio Perilla; Subtenientes, Nepomuceno l\foreuo y An­tonio Quintero. Segunda Oompañía-Capitán,.Abdón Ruiz; Teniente, Máxi­mo A. León; Subtenientes, 1\Ielecio Velásquez y Maximiliano Avila. Tercera Compañía-Capitán, Marco Julio Medina; Tenien­te, Nicodemus Mondragón; Subtenientes, Indalecio Ramírez y Néstor Peña. Cuarta Compa1íía- Capitán, Tobías Sabogal; Teniente, Leopoldo Martínez; Subtenientes, José Maria Pa'"ía y Pastor Joya. Quinta Cmnpatíía-Capitán, U rías de J. Salinas; Teniente, Diomedes Perilla; Subtenientes, Adriano González y Nicolás Velásquez. BATALLÓN ENCISO. Plana Mayor-Primer Jefe, Teniente Coronel Vicente Angulo V.; Segundo Jefe, Sargento 1\.fayor An­gel María La verde; Ayudante 1\fayor, Capitán Alcibíades Fer­nández; Segundo Ayudante, Teniente Da río Arévalo R.; Abanderado, Subteniente Pedro Roja ; Habilitado, ... --- ..... Pri1nera Compañía-Capitán, ülemente de la Peña; Te­niente, Teodicilio Valencia R.; Subtenientes, Adonay Ordóñez y Jorge E. Gómez. Segunda Con~pañía-Cap1tán, Camilo Neira; Teniente, Ja­cobo Castellanos; Subteniente , Jesús Ga.rcía y Emiliano Roa. Tercera Compañía-üapitán, Patrocinio Henao; Teniente, Gregorio Morale ; Subtenientes, Rafael Suár z y Lisandro Moreno. Cuarta Compañía-Capitán, Pedro García Flórez; Te­niente, Ana tasio Lizarazo; Subteniente , ~Iartiniauo ...1. urillo y Antonio ....... . Quinta Compaiiía-Capitán, Roberto Rendón; Teniente, Juan .A. Salcedo; Snbtenj.ent , ,lo é Angell~i era y Damián Ramos. Dado en Bogotá, á 7 de Noviembre de 1900. JOSE l\IANUEL ~ARROQUIN El Ministro de Guerra, JOSÉ DOMINGO ÜSPIN A C. --~·--- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ LID~CO~IfJI~ ·r» JW ti 0 ·• m>llil IL~l»(Q) (7 DE NOVIEMBRE) por el cual se reorganiza la 4· 8 Di visión del Ejército 641 El Vicepresidente de la República encargado del Poder Ejecutivo DECRETA .Art. l.• Reorganizase la 4. 8 División dPl Ejército, l1 cnal se compondrá de las Divisiones B-ugamuxi, Tunda.ma y (•1 Bata­llón Cedefío, que se di \'iclirá n en en a tro Batallones dellomina­dos Vargas, Tundama, Sugatnttxi y Oedeño. Art. 2. 0 Hácense los siguientes nombramientos: Comandancia gene1·al-Comantenieutcs, llcnigtlO Rinc 'n y Ilc raclio Porra,. Quinta Com¡wiiía-Capítáu, ~ i.·to Parra; Teniente, Ber· narpomnceu Ueli A\·e1iuo Barr ra. Art .. 5. 0 IIáCl'llSO lo iguient >s uornbramiento para, BA1.'A.LLó~ ~u Al\'IUXI: Plana. Mayor-Primer ,Jef< , Coronel Fntncis:co O ·orio; Segnndo .Jeft>, 8argPnto l\1, yo1· Marco . Rodríguez; Ayu­( lante ~Ia_ror, Uapitú.n Seb~1 ti(Ln Franco; Segundo ..Aylltlante, 'Ienientc l~~tfae l li'ou. eca; Aba11d rado, Subteniente ?tlelqui­sedt- e Poilitallo, l ;-tfacl Ca ·tru, a.·irnil, do á Ua­pitru. Primera Compañía-Capitán, 1\Iannel Ca.. tro; Teuieute, Jn ... toA. Puf'rto; Snhteuiente~, Daniel Guaríu y Nepomuceno Fon:o;eea . ..,egnnila Compaiiía -Capitán, ~To~é A. Ca~ti llo; Teniente, R tirnnndo Pa la,:io~; Subte11iente~, Abd )u Buitr ago y .Miguel Vargas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 643 Tm·cera Compaiiía-Oapitán, Luis F. Guevara; Tenient~, Luis Cecliel; Sul>tenient s, Antlré' Correal y Eliécer Pulido. Cuarta Compañía-Capitán, Jesús Rqjas; Tenie11te, Severo Coml>ariza; Subteniente , Abrahn.m H.eyt> y Luis F. Reyes N. Quinta Compañía-Capitán, Felipe N. Correa; Teoiente, Daniel 1\fuñoz; Subtenientes, Eucaruanión Alba y Francisco Ortiz. Art. 6. 0 Rácense los siguientes nombramientos para el BA'l'ALLÓN CEDEÑO: Plana Mayor-Primer Jefe, General graduado J.Juis F. Vás­qnez; segundo Jefe, Coronel Julio llernández S.; ..Ayndaute Mayor, Sargento l\Iayor Enrique Calderón; Segundo A~ ,, dan­te, Teniente Antonio Peralta; Abauderado, Subtenienk Luis Mode to Ortiz; Habilitado, Belisario Vejarmw, asim i h do á Capitán. Primera CompaJ1írl-Oapit{tn, 1\fannel A. Berna} ; Teniente, Wence lao Aragón; Subtenientes, Santos Valencia y Belisa­rio Luque. Segunda Compaiiía-Capitáu, Euclides Quintero; Tcnient~, Rafael Sáncbez; Snbte11ientes, Joaquín Otálora y Wenceslao Serrano. Terce ,ra Cmnpmí ía-Oapitán, S:Lhrador Plazas; Teniente, l\{arcelino Hoja ; Su btenien tt~s, J nan P. A u gel y Daniel Forero. Cuarta Compañía- Oapitáu, Bonifacio Duro; Teniente, Joaquín Bueno; Subtenientes, IJni · L. l~incón y Lanl'encio Delga( lo Quinta Compañía-Capitán, BPtljHmín Gómez; TPni nte, Samuel Figneroa; Subteniente , lOnrique Vergara y Carlos García. Comuníquese y publíque "· Dado en Bogotá, á 7 ele Nodemhr COCD (NOVIEMB E 12) por el cual se crea una Comandancia El Vicepresidente de la R epública encargado del Poder Ejecutivo DECRETA Art. 1. 0 Quedan uprirnirla~:: h Comandaucia y el ERtaflo Mayor df::'l primer Cuerpo de -miéreito, creados por el Decreto del 15 de Octnbre próximo pnRaastián Os­pina B., Luis ]'. Cifnentes, Ramón Gonzá tez; Habilitado del Cuartel general, Rufiuo Varga , a imilado á Coronel. .Art. 3.• Por resolución especial en cada cnso, ellVIinisterio determinará la fuerza~ y territorios que deben quedar bajo el mau, baj el mando directo d l Comandante en Jefe de lo Ejército'. El 1\Iinistro, JOSÉ DOMINGO ÜSPINA C. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '-y--" DE LAS PIEZAS EN LA ARTILLERÍA RODADA 645 Reglamento provisional arreglado por la Comandancia militar de la Plaza de Bogotá para el Cuerpo de su dependencia PAR TE PRIMERA-AMETRALLADORAS Titulo 1. 0 -Servicio de la boca de fuego en caanpaña ( Contin!ia) Carga de la pieza en cuatro tiempos El instructor repetirá la nomenclatura de las principales par­tes de la pieza, explicando su funcionamiento á los artilleros ; les mostrará las municiones empleadas en el tiro de la ametralladora y les enseñará á cargar los proveedores y á colocarlos debidamente en la tapa de caja. Les explicará igualmente que en la carga de esta pie­za, como en la de cualquiera otra, hay cuatro operaciones princi­pales que realizar, de las que cad:t una corresponde á un tiempo de la carga: 1.• Colocar la pieza de manera que se la pueda cargar con comodidad; 2.a Cargarla, es decir, colocar el proveedor de suer­te que lo cartuchos puedan dispararse fácilmente ; 3·8 Apuntar la pieza para herir el blanco apuntado ; y 4· 11 Disparar los proyec­tiles ó sea dar fuego. Los artilleros en su! puestos para ejecutar 1la carga en cuatro tiempos, el instructor manda: Carga en cuatro tiempos. 1.0 EN AC­CIÓN (un tiempo). A la voz en acción, que repetirá el primer sir­viente de la izquierda, lo5 primeros sirvientes se acercan á la culata, prontos á desempeñar la~ funciones que les corresponden en los otros tiempo ; los terceros pasan á retaguardia del avantrén, el de la izquierda retira tres proveedores del arcón, los entrega al ter­cero de la derecha, cierra dicho arcón y vuelve á su puesto. El tercero de la derecha coloca los proveedores en su saco y al paso de trote se dirige á la pieza y entrega uno á uno los pro­veedores al primer sirviente de su lado; el primer sirviente de la de­recha al acercarse el tercero gira á la izquierda, recibe el provee­dor, vuelve á dar frente á la pieza, se cerciora de que los cartuchos están bien ordenados ó rectifica la posición de éstos sacudiendo ligeramente el proveedor, sosteniendo el resorte inferior con la. mano izquierda. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 646 BOLETIN MILITAR ~ El segundo sirviente de la derecha, cuando venga á la pieza el tere~ro, se dirige al arcón á recibir del tercero de la izquierda los proveedores que éste le entregue, y desempeña las demás fun cio­nes prescritas al tercero de derecha. El segundo sirviente de la izquierda se acerca á la culata, toma una palanca de maniobra de su puesto de viaje, la coloca en la anilla de la contera y vuelve á su puesto. 2. 0 APUNTEN (un tiempo). A la voz apuntt!n el primer sir­viente de la izquierda gradúa el alza de acuerdo con las indicaciones del instructor, hace que el segundo sirviente de izquierda, moviendo la contera con la palanca, di rija la pieza hacia el blanco, toma con ambas manos el volante del tornillo de puntería y arregla la puntería en altura, luégo pasa las manos á las dos cabezas del res0rte de dis­persión y hace girar la de la izquierda con suavidad hasta fijar la pun­tería en dirección, y ter mi nada esta operación se endereza si para eje­cutar con más comodidad la puntería tuvo que agacharse ó poner rodilla en tierra. Para apuntar y arreglar el alza, tom .. rla con la mano derecha por su cabezote, haciéndola salir suavemente de su canal hasta que el número conveniente de la graduación quede en haz con b flecha indicadora grab~1Ja en el borde del canal del alza; colocar el pie Jerecho forma no o escuadra con el mástil de cureña, el talón á una cuarta de la co11tera; poner el pie izquierdo para­lelo á la pieza, la punta á la altura del tornillo de puntería; incli­narse tendiendo el jarrete izquierdo; agarrar con la m~no izquier­da la cabeza de ese lado del resorte: de dispersión y con la derecha el volante del tornillo Je puntería ; acercar el ojo derecho á la ra­nura de mira, cerrar el izquierdo y dirigir la visual por el centro de dicha ranura, de manera de ver bien el blanco y tarn bién la pu n­ta del guión de mira; tratar de por er esos tres puntos en l1nea recta, para lo cual se levanta ó se b1.ja la culata por medio del tor­nillo de puntería, COilCiuyendo en eguida el arreglo de la direc­ción con ayuoa del mecani:smo de movimiento lateral Je Jispersión. El artillero, según su e tatura, puede colocar el pie derecho más adelante ó atr<Ís de donde se indica, á fin Jeque quede colo­cado cómodamente para apuntar la piezc.1. El instructor hará notar á los artilleros que como la pieza no tiene retroceso, no es necesario volver á colocarla en batería ni rectificar la puntería tras cada disparo, como sucede con el cañón, por lo cual, dada la dirección aproximadamente con la palanca, los dos movimientos indicados bastan para acabar de apuntarla me­diante desplazamientos ejecutados dentro de pequeiios límites, so­bre tod@ en lo que se refiere al movimiento lateral. 3.° CARGUEN (un tiempo). A la voz carguen el primer sir­viente de la derecha endereza el proveedor que había tenido horizon­tal, poniendo la mano izquierda sobre el resorte inferior, apretado éste con los dedos índice y medio, la derecha un poco más arriba~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 647 se acerca á la caja de carga dándole frente, da la voz de alistarse y coloca el proveedor en dicha caja, haciéndolo entrar suavemente en la boca de aquélh y sentándolo luégo con un solo golpe, seco, de suerte que dentro de ella quede ajustado tan perpendicularmente como sea posible, y .e retira á su puesto á arreglar sin demora otro proveedor sin perder de vista al "egundo sirviente de la izquierda. A la voz de alistarse el primer sirviente de la izquierda toma la manivela con la tn.lno derecha, apoya la izquierda en el casca­bel, de pie ó sentado en la plancha del mástil de cureña, según le sea más cómodo y según e té colocada la manivela en la pieza, (atrás ó al costado), y en el acto en que el proveedor entra en la caja acciona sobre la manivela con suavidad hacia la izquierda y de arriba abajo ( ó hacia adelante) hasta sentir la re istencia que presenta el primer cartucho antes de entrar en su recámara, pues entonces la hará girar un poco en sentido contrario para volver en el acto al verdadero, re pi tiendo l;t operación hasta que el tacto le indique que el mecanismo principia á funcionar debidamente. El segundo sirviente de derecha pasará al arcón á cargar con las municiones de reserva los proveedores desocupados que devuel­ven los sirvientes segundo y tercero de la derecha. 4. 0 Pic~a-FUEG) (un ticmpo)-A la primera parte de la voz (pieza) el primer sirviente de la izquierda apoyará con fuerza la mano en la manivela, y á la segunda (fuego), que repite el primero de la derecha, imprime fuerte é igual movimiento de rotación á la manivela. ha ta disparar los cartucho~ contenidos en el proveedor. Al partir el primer di:- paro el primer . irviente de la derecha se traslada frente y cerca de la rueda de su lad para seguir la marcha descendente del botón del con trapes o del proveedor, ayuda á bajar este con la mano si se d...:ticne, pue entonces se suspendería el fuego, y cuando5e aproxime al fin de su carrera hará con la mano seña al segundo de la izquierda, el cual se acer .ará para retirar el descar­gado en el mon1ento en que el botón roca la caja, indicado por q uíen rcci be, y lo coloca otro del ter ero como que da dicho. El primero de la izquier la su pende el movimientQ de la manivela, y ase el volante del tornillo de puntería, para estar listo á modificar el alcance si la ob ervación del resultado del fuego de la descarga lo hace necesario. Cuando la distan ia del enemigo es inferior á I,ooo metros, y el blanco no e de frente muy reduc1do, como un camino de serra­nía, un puente pequeiio, etc., para aumentar la eficacia del arma se pone en acción el mecanismo de dispersión de las balas, que im­prime á la ametralladora un movimiento lateral. Para esto el instructor al mandar apunten agrega dispersión lateral. E! primer sirviente de la izquierda, después de apuntar, zafa el perno del plato de los muñones y hace girar rápidamente hacia atrás la cabeza izquierda del tornillo de dispersión ( ó engrana la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ media luna, ó sube el perno de vaivén según el si.,tema de la pieza). Si la voz no se dio y la operación debe hacerse roto el fue­go, ó bien para aumentar ó disminuír la amplitud de la dispersión, el instructor ( ó el jefe de pieza) lo indicará al segundo sirviente de la izquierda, quien graduará el tornillo conforme á la orden reci­bida. Si se quiere barrer una mayor zona longitudinal, el mismo sirviente, valiéndose del tornillo de puntería, hará subir y bajar la culata de acuerdo con las indicaciones del instructor. Si se quiere ampliar el movimiento lateral, se coloca la contera sobre un trozo cilíndrico de madera, y con la palanca de puntería se la mueve de un lado á otro: en este caso conviene clavar dos estacas que limi­ten el movimiento á lo que fuere conveniente para que sea posible ejecutarlo con rapidez y sin vacilaciones. Carga á discreci6n Para que los sirvientes ejecuten la carga de la pieza discrecio­nalmente el instructor mandará: Carga á discreción-EN ACCIÓN. A esta voz de mando, que será repetida por el primer sirviente de la izquierda, los terceros sirvientes se colocan tras el avantrén; el de la derecha, ayudado por su compañero, toma tres proveedores que pone en su saco y á la carrera pasa á colocarse frente al primero de Ja derecha en la prolongación de su hilera. El tercero de la iz­quierda hace otro tanto y se coloca de análoga manera á la altura del centro de la palanca de puntería. El tercero de la derecha entrega sucesivamente al primero los proveedores, y tan luego como queda vacío el saco corre al avan­trén á reponer los gastados. El tercero de la izquierda pasa al puesto en que estaba su compa ñero y desempeña sus funciones mientras entrega los proveedores que llevaba en el saco. Y así continúan alternándose para aprovi s ionar la pieza. Los otros artilleros ejecutan, sin interrupción, lo que está prescrito para los tiempos en acc ión, apunten, cargen. Cargada y apuntada Ja pieza, el instructor rectifica la puntería si es preciso y manda pieza, F.U EGO. A esta voz se procede como e dijo en la carga por tiempos. Di puados los cartuchos de un proveedor, la carga recomienza á la voz EN ACCIÓN dada por el primer sirvien­te de la izquierda, y asís~ continúa hasta que se mande ALTO EL FUEGO. . Como la carga á discreción es la única que se emplea en el campo de batalla, el instructor cuidará de que los artilleros se fa­miliaricen con ella hasta ejecutarla sin voces de mando. Durante los descansos los ejercitará en dar la puntería á la pieza. Cuando el fuego deba sostenerse mucho tiempo, sólo el ter­cer sirviente de la derecha ( ó el de la izquierda) traslada provee­dores cargados del avantrén á la pieza, devuelve los vacíos á su compañero, quien sin demora los recargará con las municiones de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoLETIN MILITAR ~ ~49 reserva, y así listos los coloca las en cajillas del arcón que trans­porta el avantrén, de donde los toma aquél. Cesar el fuego Para hacer cesar el fuego el instructor manda: ALTO EL FUE­Go. Si un proveedor está todavía en la pieza, se quita en el acto; el sirviente re,pectivo levanta la tapa de la caja de carga y retira los cartuchos aún no disparados, mientras el encargado hace funcio­nar lentamente la manivela en sentido contrario. En todo caso, una vez que en la pieza no queden cartuchos, se procede á ejecu­tar la operación inversa de la efectuada para equipar la pieza, los terceros sirvientes devuelven al avantrén los proveedores, vacíos ó llenos, y todos tornan á ocupar sus puestos. Cambio de puestos y reemplazo de sirvientes El instructor hará qüe todos los artilleros suces.ivamente des­empeñen las funciones asignadas á cada sirviente, para lo cual mandará: Á cambiar puestos. MARCHEN. A la voz preventiva los terceros sirvientes colocan sus sacos de carga sobre el arcón del avantrén; á la voz ejecutiva los primeros y segundos sirvientes gi­ran á la derecha, el tercero de la izquierda da media vuelta á la derecha, todos se mueven á ocupar los nuevos puestos que les corresponden y dan frente á la pieza. Los que quedaron de ter­cero5 (antes tercero y segundo de la izquierda) se equipan con los saco5 de carga. Si el instructor quiere que los artilleros cambien más de un puesto mandará: A cambiar TA TOS puestos . • \1AR­CHEN. Y el movimiento se sostiene hasta que el primero de la derecha haya llegado al nuevo puesto que va á desempeñar. Cuando por cualquier causa faltan uno 6 más 5irvientes se procederá como sigue: Al faltar un sirviente se suprime el puesto de tercer sirviente de la izquierda y siguen aprovisionándola el segundo y el tercero de la derecha, para lo cual los.proveedores que tomen en el armón los colocan, alternativamente, en el saco de carga abierto, contra la palanca de puntería. La falta siguiente suprime el segundo sir­viente de la izquierda, y se continúa el transporte de municiones como en el caso ant~rior. La tercera falta suprime el puesto de ter­cer sirviente de la derecha, y sólo el segundo de ~ste lado continúa aprovisionando la pieza. La cuarta falta suprime el segundo sirvien­te de la derecha : en tont:es el primero de la izquierda carga y el primero de la derecha transporta las municiones. En fin, cuando no queda sino un solo artillero el jefe de pieza desempeña las fun­ciones de primer sirviente de la derecha y el sirviente útil aprovi­siona la pieza. Ejecucándose la carga á discreción, para que ésta continúe con un mlmero menor de sirvientes, el instructor manda: taló VIII-42 • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 650 80LETIN MILITAR ~ tales sirvientes, SUPRÍMA NSE. Los sirvientes de~ignados cesan en el acto en sus funciones, depositan su equipo sobre el arcón del avantrén y se colocan cinco pasos á retaguardia de sus puestos an­teriores. El instructor asigna á los restantes las funciones que de­ben desempeñar, cada cual se equipa de acuerdo con ellas, y la carga continúa. Para que los sirvientes separados vuelvan á sus puestos, el instructor manda: ALTO EL FUEGO, y el servicio de la pieza se restablece á su estado normal. Parada Estando la pieza en batería y equipada, para que los artille­ros se coloquen en parada el instructor manda: EN PARADA. A esta voz los sirvientes d::~.n frente á la boca de fuego; los de la derecha giran á este costado y los de la izquierda al izquierdo, y guardan todos la posición de firmes. Para que los artilleros vuelvan á su posición de servicio el instructor mandará: Á sus PUESTos, y al oírla los sirvientes tor­narán á colocarse conforme se dijo en su lugar. Desequipar la pieza Para hacer desequipar la pieza el instructor manda: DESEQUI­PEN LA PIEZA. Al darse esta orden el primer sirviente de la izquier­da guarda el alza en su canal, hace funcionar el tornillo de puntería hasta poner horizontal el cañón, suprime el movimiento de disper­sión y coloca el tapaculata; el primero de la derecha coloca la aguja y el descascarador en su lugar y pone el tapaboca; los se­gundos sirvientes ponen en su puesto las palancas de puntería y de maniobra y en seguida colocan el contenido de lvs sacos de ser­vicio (juegos de arma ) ~obre el arcón del avantrén, y los terceros guardan esos enseres (proveedores y los ú ti le.) en su lugar. Des­pués todos vuelven á su respectivo puesto. Traer el avantrén Desequipada la pieza, para engancharla de nuevo al avantrén el instructor mandará: traigan el a·vantrén. MARCHEN. A la voz preven ti va el tercer sirviente de la derecha se traslada al extremo izquierdo de la lanza y lo ase por las anillas;· el tercero de la iz­quierda pasa tras el avantrén y agarra la rueda derecha. Los se­gundos sirviente~ cogen las anillas de la contera. Los primeros se colocan como para el movimiento á brazo á retaguardia. A la voz ejecutiva los terceros hacen avanzar el avantrén y lo colocan de manera que el gancho maestro quede cerca del argollón de conte­ra, para lo cual lo hacen avanzar oblicuando un poco á la derecha, de suerte que al dar media vuelta á la izquierda el extremo de la lanza roce la contera, y al concluír la media vuelta el gancho quede cerca del argollón. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 651 Los segundos sirvientes asen las manijas de contera, cada uno con la mano respectiva la levantan de su lado, y lo mismo que los primeros, hacen fuerza para que retroceda un poco la pieza en el sentido conveniente, y así que el argollón éntre en el gancho maestro el segundo de la izquierda coloca el perno pasador. En seguida todos vuelven á sus puestos. En ningún caso se hará retroceder el avantrén hasta la pieza. Si el instructor quiere que el avantrén ~e acerque por delan­te de la pieza mandará: traigan el avantrén á vanguardia. MAR­CHEN. Los sirvientes comienzan por colocarse como para el mo­vimiento anterior, sólo que de los primeros el derecho da frente al la.Jo de la culata y el de la izquierda al de la boca de la pieza. A la voz MARCHE N los segundos levantan la contera, y éstos y los primeros hacen dar media vuelta á la pieza, de manera que la con­tera salga por la izquierda. E 1 avantrén pasa por el flanco izquierdo de la pieza sin ale­jarse mucho de ella, y así que la rebase los terceros lo enderezan de modo que quede en la prolongación del mástil de cureña. En se­guida la pieza se engancha al avantrén como se dijo para el movi­miento anterior, y los sirvientes vuelven á sus puestos. Empleo de ltt prolonga Como la operación de enganchar la pieza al avantrén exige el momentáneo agrupamiento de hombres y animales, lo que consti­tuye un blanco que el enemigo no dejará de aprovechar, tornando peligrosa la operación bajo un fuego muy vivo de artillería y fu­silería, para evitarlo se ocurre al uso accidental de la prolonga hasta el momento en que el avantrén pueda enganchar e con . eguridac..l. La prolonga es una cuerda de cáñamo de om3o á om35 de grueso y 8 metros de largo, que por un extre.mo termina en una argolla para engancharla en el gancho maestro del arm6n ó avan­trén, por el otro en una muletilla ó barra metálica ue pólvora t2 ~ ..., "' ~ ~ o ..., l 1::! "'- ... ~ ..., ~ ':;:: b.o ::0 ~ ~ + .:::: res <:::: .... b.o ::l k: -~ ~ Tm·peiio.~ ter;·cst)·es-~-_ on c~jas con una carga nticrran n ( 1 suelo sólo lo preeiso JHl ra q nc el ad ver. ·ario no los vea, y el J){'r­cusor se arregla dB rnan •t·a que .. ·ea el miRmo a altautc el qne provoca la explosión tropPzatHlo con él p:ua qno le cause mper e el frasco infhma el clorato, que si tiene junto p61vor:t la hará t• talhr. Con este procedinlie11to pneden organizar­se torpedos qllf.: estallan al pr::.arlo::. lll\ homb1e, al choque de una picura, cte.-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 656 80LETIM MILITAR ~ Las minas de demolici6n son cargas de explosivos que se colocan para destruir casas, estribos de puente, etc. Las acuá­ticas tieueu por objeto impedir que el enemigo circule en un río 6 puerto. Las granadas de ?nano son esferas de hierro de uno~ 0.07 de diámetro que contienen una carga de ül gramos de pólvora. y se cierran con un tapón atravesado por una mecha cuya combustión dura unos 20 segundos. La explosión produce unos 17 cascos. Son muy útiles para defeuder edificios, etc. Las bombas rodantes tienen 17 centímetros de diámetro, cuya ll)echa se prende al echarlas á rodar. Loa troncos de asalto y las piedras que se echan á rodar por una falda no neceaitau descripción.-(Vontin.úa) rL)~~~~­~ B:tEDADES @@~~~ ID)~ @'@J]l~~&\ COMENTARIOS Y COMENTOS LA PACIFICACION DE lliADAGASCAR 111 Hoy es cosa factible poner en práctica los sistemas y méto­dos que la experiencia nos enseña son los más adecuados para concluír con las guerrillas de una rebelión; y decimos hoy, por cuanto el Gobierno actual no teme armar las poblaciones amigas, porque se apoya en la opinión, y esa armada es la base fundamen­tal del sistema empleado por Gallieni, con tánto éxito, primero en el Tonkín y luégo en Madagascar. V amos ahora á exponer ese sistema, y en seguida podremos discutir su aplicación prz ctica á Cundinamarca, aspirando á de­mostrar queJa pacificación del Departamento es obra de corto plazo, por cuanto el Gobierno di spone de sobra de los elementos y recursos necesarios para poner en planta el sistema en referencia. * . * * En Noviembre de 18gsla grande Isla de Madagascar fue de-clarada posesión francesa. La calma reinaba en el territorio recién conquistado por un reducido ejército, y la única preocupación de los jefes era el proveer de víveres á las tropas que guarnecían Ja Provincia de Emyrna, donde está la capital de la Isla, pues aun cuando sólo ascendían á 2,614 europeos y 1,81 r indígenas, el servi­cio de la intendencia no alcanzaba á conducir de la costa al inte­rior las 3 toneladas de víveres que la fuerza consumía en el día, por la falta de camino~ y de medios de transporte. En Febrero de r896 apareció en armas un grupo de 400 hombres provistos de buenos fusiles, y aun cuando en el primer momento se creyó fuera una partida de ladrones de ganado, el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 657 movimiento armado adquirió en breve intensidad inesperada, y á poco ya fuerzas rebeldes obraban á sólo ocho leguas de la capital. Sin demora pequeñas columnas entraron en campaña, y aun cuando todas vencían dondequiera al enemigo, la insurrección, lejos de perder terreno lo ganaba sin cesar; eran todos los hovas, la principal tribu de Madagascar (1-i millones de habitantes en un terreno igual á cuatro veces Santander), que se aprestaban á vencer por hambre y con el número á los conquistadores de la víspera, á ello excitados secretamente por las autoridades indígenas del país. En una palabra, los naturales, abatidos un momento con la toma de la capital por los franceser., volvían á la lucha movidos por el senti­miento nacional y por lo escaso de la guarnición que los sujetaba. Las columnas francesas en campaña no daban el resultado que se esperaba, porque "los insurrectos tenían la con~igna de huír siempre ante las tropas europeas, tras una ligera resistencia, de suerte que el paso de una de e~as columnas apenas ejercía alguna acción en los pueblos que atravesaba y en sus inmediatas cerca­nías." Si la acción militar no producía efecto apreciable debíase á que no era seguida de la acción política. La divergencia era grande entre el modo de mirar las cosas la autoridad militar y la civil. En Septiembre de I 896 en Emyrna disponían las autorida­des francesas de 14- batallones (46 compañías), y 3 baterías de ar- • tillería; y como habían visto que el sistema de columnas que reco­rrían grandes extensiones para volver al punto de partida no daba resultado, resolvieron cubrir la capital por medio de una densa red de puestos militares distribuídos en c1rculos ó divisiones mili­tares, para los que la guarnición de la ciudad desempeñaba el papel de reserva central común. Cuanto á los rebeldes, constituían vario! grupos principales, y aun cuando no se supo á qué número ascendían por todo, debía ser considerable, pues terminada la guerra re ultó que e les habían tomado Io,ooo fusiles, y muchos dañaron ú ocultaron sus armas para no entregadas. Las partidas de insurrectos se aguerrían poco á poco libran­do á las tropas francesas numero os combates, hostigándolos sin cesar, y los esfuerzos de éstas resultaban estériles porque el enenJi­go, extremadamente móvil, rehuía los golpes, evitaba los choques decisivos y volvía después del paso de la3 columnas á ocupar las posiciones de donde se le había arrojado la víspera y de donde amenazaba á los viajero , las escoltas pequeñas y los conyoyes. Los insurrectos trataban de vencer por hambre á los franceses: tenían como consigna impedir la producción del arroz, de suerte que aun cuando de ordinario la siembra de este grano principia allí enJulio, en Septiembre la mitad de los arrozales todavía estaba en barbecho, y á la par clirigían ataques incesantes contra el camino de la capital al mar en la zona más agria de los montes y la selva. El 6 de Agosto se expidió la ley que declaró colonia francesa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 658 80LETIN MILITAR '-y--" á Madagascar, y el jefe superior de la Isla tuvo al fin en sus manos todos los resortes de acció.r:t, desapareciendo la dualidad de atribucio­nes desde los puntos de vista civil y militar. La indispensable uni­dad fue obtenida dándose á todos los escalones de la jerarquía todos los poderes políticos, administrativos y militares. Los jefes ó em­pleados puestos á la cabeza de las subdivisiones administrativas ruvieron todos los medios de ejercer la autoridad junto con la res­ponsabilidad del caso, la que si se pudo hacer efectivé:!- se debió precisamente á la dicha concentración de poderes. La ac~ión superior llegaba sobre los subalternos en forma de instrucciones que no entrababan su iniciativa al obrar. El Jefe su­perior se encargó, pues, de la dirección de todo.; los asuntos, y el Jefe de Estado Mayor de las de Secretario general en territorio mi­litar, quedando encargado por lo tanto de regir las erogaciones que demandaba la guerra. La oficina del Jefe superior se compu.:io de 5 secciones, cada una á cargo de un jefe ú oficial: I .'? Pers:;nal militar, inclusive la administración, la justicia y los postas y telégrafos; 2. 0 Operacio­nes militares y transportes; 3.0 Asuntos civiles y políticos; 4.0 Ser­vicio geográfico y topográfico, encargado además de los reconoci­mientos, y 5.° Contabilidad. La primera medida del General Gallieni fue concentrar la casi totalidad de la fuerzas disponibles en Emyrna; por el mo­mento todo se sacrificaba á la pacificación de esa Provincia y á la conservación de la vía que la enlazaba al mar. La Provincia, con­siderada como un gobierno militar, fue dividida en cierto número de círculos militares, uno de los cua!es quedó formado por la capital y sus cercanías. A la cabeza de cada círculo se puso un coman­dante que en las manos tenía todos los poderes y que por el mo­mento debía dirigir todos sus esfuerzos á pacificar la región con­fiada á su cuidado; pero la pacificación en su más amplio sentido: no sólo disper ar y de truír las partidas rebeldes, sino restablecer la calma y volver la pro peridad al territorio hasta asegurar el régi­men tranquilo del gobiuno civil que habría de reemplazarlo en su día. Lo jefes de círculo tuvieron un despacho dividido en tres secciones: la de injormaciones, la de asuntos civiles y la de conta­bilidad. Al principio los círculos tuvieron pequeñísima extensión, pero á medida que adelantaba la pacificación au:nentó su área, y para vencer lo dificultades que ese crecimiento entrañaba, se sub­dividieron en sectores mandados por oficiales escogidos y tomados entre los que servían á órdenes del 1 espectivo comandante de cír­culo militar ante el cual eran responsables de sus actos. En cuanto fue posible esos sectores correspondían con las divisiones adminis­trativas de la Isla. En fin, los sectores abarcaban un número ma· yor ó menor de puestos militares cuyos jefes ejercían la autoridad en los pueblo., aldeas 6 ca~eríos confiados á su cuidado. Los pues- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 659 tos formaron al principio redes compactas cuyas mallas se abrieron poco á poco hasta desaparecer terminada la pacificación. Además, cuando fue preciso, dos ó más círculos se reunieron bajo las órdenes de un jefe superior, constituyendo territorios mili­tares, es decir, organismos de descentralización creados para satis­facer alguna necesidad netamente determinada y por lo mismo de transitoria existencia y magnitud variable. Al principio eran sim­ple medida militar; se creaban para hacer converger la acción de varios jefes de círculo hacia un objetivo definido: por ejemplo, la captura ó destrucción de cierta guerrilla, de preparar la penetra­ción de hs tropas de línea hacia un territorio insurreccio n :-!do, de mantener expedita la comunicación entre dos regiones geo ,.~r áfica . Las tropas estacionadas en Emyrna fueron reparti.l.1s entre los di versos círculos de acuerdo con las necesidades de éstos, y cada jefe tuvo el mando absoluto de ellas. Cualquiera que fuera el cuerpo ó unidad militar á que perten~cían dicha~ tropas no depen­dían de su superior jerárquico sino en los asuntos de disciplina general. En efecto, era esencial que los jefes de círculo, únicos responsables de la marcha de la pacificación, no dependieran, cuan­to al empleo de las tropas estacionadas en su territorio, sino del respectivo comandante de territorio ó gobierno militar . .f'v1ás de una ocasión sucedió por esto que compañías del mi mo cuerpo estuvieron di eminaclas en toda Emyrna, lo que complicó sus rela­ciones con su jefe natural, pero ese pequeño inconveniente fue cosa secundaria comparado con la inmensa ventaja de dar plena libertad de acción á los comandantes de círculo. Los jefec; de círculo tuvieron además la plena libertad de ele­gir, entre los oficiales sus subalternos, los comandantes de sectores y de puestos y la de hacer cambios de destino entre ellos pidiendo la venia del superior respectivo, y cuando esas mutaciones re . ulta­ban de difícil ejecución ó imposibles (por antigüedad, por ejem­plo), el General Gallieni la verificaba entre oficia!P de diversos círculos, á fin de satio;facer las necesidacle que se le ponían de presente. Esta era una de las causales priml! rcl de éxito en las operaciones. Habría sido absurdo, en efecto, dejar un oficial en un puesto para el cual no convenía ó no servía, pudiendo utilizarse sus servicios en otro. Para que esta clase de medidas fuesen facti bies legalmente hablando, el gobierno francés declaró que en Madagascar todos los oliciales y funcionarios quedaban como enviados á di posición dol General Gallieni, en comisión del servicio, y no designados de antemano para ejercer tal ó cuál empleo. El jefe francés cuidaba además de consultar -al Ministro de Guerra tales mutaciones, que siempre fueron aprobadas. Este sistema produjo exc-elentes resultados y demostró que el mando militar, gracias á su jerarquía tan sólidamente consti tuída, puede superponerse á la maquinaria administrativa, y está en ca- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 660 BOLETIM MILITAR ~ pacidad no sólo de pacificar comarcas insurreccionadas, sino de llevar á buen término su posterior reorganización. Es la jerar­quía militar y la disciplina que marcha con ella, lo que permite á un jefe de tropas, en territorio en armas, hallar inmediatamente colaboradores entendidos y abnegados, que se conocen unos á otros, saben lo que vale su jefe y comprenden cuáles son sus intenciones: basta por eso que el jefe reparte su tropa en el país que va ocu­parse, según las necesidades del moment o, y que designe los co­mandantes de sector, para que de la noche á la mañana el método y el orden sucedan á la anarquía. La organización de las milicias siguió de cerca á la pacifica­ción, hecha por círculo y bajo la vigilancia del j e fe, quien dispo­nía libremente de ellas, por cuanto estaban des tinadas á reempla­zar de modo progresivo las tropas regulares , según el desarrollo de la dicha pacificación. El General Gallieni se proponía, en c :tda círculo, ganar te­rreno palmo á palmo sobre la insurrección por medio de un movi­miento continuo y progresivo hasta rechazar los insurrectos á las comarcas donde no podían hallar apoyo ni recursos, persiguiéndo­los sin tregua, á pesar del invierno. Para la ejecución de este programa los jefes de círcfulo debían conformarse á los preceptos siguientes : Instalar en torno de la capital una primera línea de puestos militares, formando un círculo de protección de una veintena de kilómetros de radio. Ocupar m e tódica y progresivamente el país, avanzando por saltos, á fin de aumentar el radio del círculo de protección y de rechazar con s tantem ente á los r ebeldes hacia las fronteras de Emyrna. En lazar e con 3ta n te y e s trecham e nte con los puestos aleda­ños de lo círculos vecinos, y delimitar con sumo cuidado los lími­tes de éstos para que entre ellos no fueran á quedar zonas-tapones que sirvieran de refugio á los rebeldes. Armar las poblaciones amigas sitas á retaguardia de la línea de puestos avanzados. Vigilar con cuidado el interior de la red de puestos y pueblos armado para que entre ella no fuera á penetrar ninguna partida de re beldes. Al llegar la línea más avanzada de puestos á la frontera de la provincia, tener establecida una fuerte organización defensiva constituída: r .0 , por puesros militares ocupados por tropas regula­res; 2.0 , por puestos de milicias; 3. 0 , por poblaciones armadas. Tal es, en síntesis, el método llamado de la mancha de aceite, que en un.1 :; zJna prJgresará con más rapidez que en otras, según la topografía y sinuosidades del terreno. Vamos ahora á tratar de las instrucciones que el General Gallieni comunicó á los co­mandantes de círculo miiitar para ej~cutar el programa-Continúa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ®WIDl.SliD.A «»IrW'JIJ1 IDm J18\ID\IDu1l®®ll Cuadro sinoptiro de la rtpartidon gefgnfica de las 105 batallaa, combates y tiroteos principalea del primer añe-Amglado por la DirmioD para el "Boletin llilitar" ~R~R~~~~~~~~~~~xR~~LQl~R~~~~~~~~~Q~~~~~~~~~~~~~~~~2~~~~~~~~l~~~~~~~~~~~~~~~l~~Rl2~~~~~9~~~~~~~~l~~~~~~g oC o 1! ª Jr.!CHAS CAUCA ANTlOQ_UIA TOLJMA CUNDINANAJCA BOTAC.( SANTANDER •oLÍTAit MAGDALINA PANAMÁ ~ O( • ~ ~ ---------- -----.- ---------------------~ ~ ~ ~ Nh<:~-:! :.:::·:~ ~: ~::~:~:::::: ::: ::~.:~:>;::: L.:L~~::: ~:; ~:~ ~~;.~~~·.~i~ ;:~:) :::::::::~i~:;:·: ~~~::~~~~~~:.. :~· .. : :;.::;:·~.~ .. :: :::~ ::::.:: ;: :.:: .. :: :::· : :::::;:::::::::: ~ ~ ! p· ., )O 1 ¡¡1 ~l)~~~~i /:: l ::: ·:' :::: :\-:;[ ::[ ~;, i.ni+,; :. :' i;.;;;i~·:~ •: • •:: ;~:~ .. ~ .. ·:·;; :,: J ,: ~ ·:· :::::' :<-: • 'IOJO ~ \:::;::: (,\ :: ~ ·_:::)i:\ ~ :: (~;, ·:· ';.: ·~:!.] i Db·:J ~i5E>c ·:::::;:/··.L ~ttt~/.:.;::: :}:·::\:.:;>i +:/".::(/ 1Fl1;j¡i:\ ·:+:·:-..."::· ~./: <-:-:.\.:. ::::·~:/;·:.:e\ 1 ~ ~ ~n~nnn15151515'!!15'lf~15nn~~~mn-ll·connnt~nnn~nn'll'll?íHt'l5He-Hn'l5'!5nnT'!5m15"líll'TinTts1501'Hlnnnnm15n-HnnQ6"lf'!51W6Tl'151l15nJ; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~.llJl.~.Q.Stl1.l1..2H.2.'l..2.2..2.llQ.R.1li.S!.:l.lll1.ll.llS1.tlllll.l1.l1.UUll.S1.~.0..ll.ll..QHjtU2Jl.Q.Q.Jl.jtQ.S1.Q.2.ll.l1..UHl1..0...0..S1.l1.ll.JU~.2.li.S1.S1.!U..O..ll.S1.U.l1.S1..0..l1. l1.S1.l1.S1.9.S1.l1.Sl.S1.9. SI.S!SI.Q.S1.!l.l1.QQSI.SI.SI.JUI.S1.l1.5!.S1.Q.ll.llS1.ll.l1.5!.~ O( 1 1 ' p ~ _:C: ___ CAUCA-- ~-=~=- --=~:___ CUNDI:= _::_ACÁ. SANT==- -~0=:_ MAGD~=- _::_ ª eX • )O eX ~ 1 Fbm .• ~11 ?\~rTri.);· H:\'\.~).' tLL(:·+: :·\:{.::':.'> ~~·f;:"H{ ;~/}.:·.>:: \:>:>> :.·.:.·.(:·::.."::: :;.-.:e_::::;:~~ ~ - 12 ...••.•• ........... .. ............... Ambalema.... .. • • . . .. . . • .... • • .............. .............. . ... ... .............. ......... .... • • , ............ ,, ~ ~ 21-22 Boquerón de ........... .... • ............... ... ...... .... .... ..... •• ... .......... ............. ...... ................. . •••. , •... , . ... .. ........ , .... ~ ~ Amaime....... . ..................................................................................................................................... ~ ~ - 27 ............. ... • • . .............. Honda..... . . San Martín..... ............. ... . ... • . . . . . ... • . • • .............. .................... . .............. ~ ~ - 28 ... . .... .. .. . . .. . .. .. . .. . . .... . .. . . • .. .. . . .. .. .. . . .. ... •. • .. . .. . ..... .. . • • Sochanuevo.. . .. . . ... . .. .. . . . . . . . • • .. . . . • • .. • . . .. . . ... . .. • • . •. • ............. ~ :;l Marzo 10 .... ... ... .... ... • • • . .... ... ... ... La Florida...... ... ..... ... ... ... ........ ......... • • .. ... • . . . ...... ... .... .. .. .. .... .. . • • .. .... .. ... • • • ............. ~ ~ - 14 . • • ... • . ........ • . .............. Guariu6... • • ... ........... ..... ... ................. .. ................. ... •• ..... ..... ... •• ..... ........ . ............. ::; O( 1 1 ¡;;; : 1 ~ ~~5~b~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ ~~~b~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~~6~~~~~~~oobooooo~b~~~~~~~o~~oo~o~o~o~~~oooooooo~oooooo~Q Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~~~~~~~QQ~QQ~~~~~~QQQQQQQ2~2 ~~~~~~~~~~22Q~~2~~2Q~Q~~~Q~QQ2~2~~2~~~~2Q~Q~2~~Q2Q~Q~2Q~QQQQ~QQQQQ22~~Q~g ~ FECHAS CAUCA ANT!OQUIA TOLO!,, CUNDINAMAfiCAI "BOYACÁ SANTANDER BOLÍVAR MAGDALENA PANAMÁ ~ "' p C( ~ ---- -------------------------------------------------~ E Abr;l 8 ...... ,. • . . . . . . .. . La Caña... • • . . . . • . .. •. . . . . . . . . . • •..••..•.•••. ¡ Los Pue.< o A ., f-. u ~ .... o ~~ V 1 4 45 ¡¡ 35 7 55 6 65 8 90 11 15 13 35 17 851 2 8 90 10 70 15 15 13 30 17 85 22 30 26 75 35 70 3 13 35 16 05 22 75 20 05 26 75 33 45 40 15 53 55 4 17 85 21 40 30 35 ~6 75 35 70 44 60 53 55 71 40 5 2~ ao ¡ 26 75 37 oo 33 45 44 60 55 80 66 95 89 25 6 26 75 32 10 45 50 40 101 53 55 66 95 80 35 107 10 7 3t 25 :37 5o 53 10 46 85 <;2 50 7H 10 u:3 75 125 •. 8 3.3 70 4~ 85 GO 70 5:3 55 71 40 H9 25 107 10 142 c5 9 40 15 48 2u 68 .3o l 60 251 so 35 11oo 40 120 5o11 t:iO 7o l 10 41 60 1 53 55 75 8.) 66 95 89 25 111 60 133 90 t78 55 11 49 101 58 911 83 45 1 73 65 98 20122 75¡147 30 1U6 401 12 53 55 ().1: 2:3 91 O;) 80 3;) t()7 10 133 90 160 70 214 ~5~ 13 58 . . 69 60 98 ()r; 87 05 116 Of .14.1 0[) ,17 4 10 :¿;~~ 10 14 62 50 75 . . 106 2:3 9:~ 75 \ 1~.'5 . . I HW 2r~ lt;7 50 ~30 . ·1 15 66 95 so 35 u3 75 too 40 1:33 oo 167 4( 'j :ldo '5 ~n1 s51 16 71 40 85 70 ¡ 1~1 40 107 10 1 14.~ 8.1 178 5 f) ~14 ~ .;'~8 5 70¡ 17 75 85 . 91 o:1129 . •lt3 8< P151 7.3JR!) 70:.!~7 H5 1:103 55) 18 80 35 ~ 96 4013ü Ü0 1 120 50160 70,:.!00 8.}~ <11 (l fi :1:..!1 4.t~ ¡ 19 84 80 101 75 144 15¡' t ~7 2() 1 G9 GO ~1 ~ O.J 1 ~.14 45 030 ~5 ' 20 1 89 25 107 10' 151 7;; 1 0:~ no 17K [);) :.! :.!;3 :!O:! ;'i l·5 :3 fi7 IÓ 1 21 93 8o 112 r;o 15H 35 14o Go t 8 7 r;o ~:H :1r> ~ . · t 25 :n 5 . . ¡ ~2 98 .:Ju 117 85 166 H5 14 7 30 t9G 40 ~ 1.3 5o :!94 60 ~~u~ l 5 23 1102 60 123 20 174 501 154 .. 205 ;{;; :J:3H 6;) :)o , 41 o 70 24 107 10 128 55 1 ~~ 1 () 160 70 :314 23 ~()7 85 ;) 21 40 428 55 2b 111 GO 133 !JO ¡gg 70 167 40 2~3 20 ~79 . ;~:.,4 80 446 40 26 116 0.1 1:1n ~5197 3o 174 1()~32 to~no 15:H8 204G4 25 27 120 50 1-14 60 :¿04 !> > 180 80 241 05 3(J 1 30 3G 1 60 4~3 10 28 125 ... t5o . ~12 5o 1~1 oo 2vo .. '312 5o :n5 . 50o . . . . . . . . . . . . . ... . . ... . l . . . . . . 1 ... . . 1 . . . . .. . . . . . . . . . 1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 6 Suplemente¡ al Bo/etfn Militar número l79 o-l '-'l z '-'l o [-< ~ z o '-'l u z w [-< Sueldos de Jefes 1\l.l:es de ao d.:las o-l w z o ~ o u -------- --- ------ --~ ------ 1 4 10 5 2 8 30 10 3 12 50 15 4 16 65 20 5 20 80 25 6 25 .. 30 7 29 15 35 8 33 30 40 9 37 50 45 10 41 65 50 11 45 80 55 12 50 . . 60 13 5-i 15 65 14 58 30 70 15 16 17 .. 18 19 2() 21 2.3 23 62 50 75 66 65 o 10 ~o ~5 75 . . 90 79 15 9,) 83 30 100 87 50 105 91 65 110 !.)J 80 115 2-i lOO . . 120 2 :3 104: 15 125 26 108 30 lJO 27 112 50 135 2S llü 65 140 20 120 80 145 30 125 .. 150 . . 7 05 6 25 8 30 10 40 12 50 16 65 . . 14 15 12 50 16 65 20 80 25 . . 33 30 . . 21 25 18 75 25 . . 31 25 37 50 50 28 30 25 .. 33 301 41 65 50 . . 66 65 . . 35 40 31 25 41 65 52 05 62 50 83 30 . . 42 50 37 50 50 . . 62 50 7 5 .. 100 .. . . 49 55 43 75 58 30 72 90 87 50 116 65 • . 56 65 50 . . 66 65 83 30 100 . . 133 30 .. 63 75 5S 25 75 . . 93 7!5 112 50 150 . . . . 70 80 62 50 83 30 104 15 12J .. 166 65 .. 7790 6875 916ú,1145513750l8330 85 . . 75 .. ¡too . . 125 . . ¡150 .. 1200 . 92 05 81 25 lO~ 30 1 105 40 16.3 50 216 65 99 15 87 50 116 65 J 45 80 17:í 233 30 106 25 93 75 125 .. 15(; 2511 7 50 250 .. 113 30 LOO •. 133 30 166 05 200 . 266 65 1~0 40 106 25 141 65 177 ()5 , ¿ 12 50 283 30 . 127 50 1.12 50 150 . . lB7 50 2~.3 . . 300 . . .. 1:34: 5511 7515 30197 90:¿37 50316 65 .. , 141 6 ;3 , 1~.3 .. uw 6 5 2CH'3 30 ::!50 •• 333 30 148 n- 131 ,, .. . 1,..._ \)18 ";"; ' ')6 r;:03r:::o . . ( /:) 1 .... ~ 1 1 O • • ~ 1 O t "" -' V ;) •• . . 155 o 137 50 1 3 30 2~9 15 275 .. 366 65 .. 16~ 90143 75101 65239 55287 50383 30 .. 1110 . . 1 50 .. ¡:¿oo .. 250 . 13oo .. 40t> .. .. 177 or 156 ~5 ¿os 30 ~6o 4~ 1 312 50 416 65 . . 184: 15 162 50 ,:HG 65 ,270 80 :-{25 .. 433 30 .. 191 25 168 75 ~25 . 281 25 :337 60 450 .. . . 19 30 17 5 . . 233 30 :?U 1 65 3 0:: 0 .. 466 65 .. ~05 40 1 ~ 1 25 ~4l 65 :~o2 O.'J 13ü2 50 483 30 : r~ ~o~~: ~~ ,:~~ : r~ ~~¡ ~:~ :.: ~~~ :o Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Suplementr; a/ Bo/etí11 Militar número I 79 Sueldos de Jefes 1\l.l:es de a :J. d.i.as ~ ,...:¡ o o o ~ t&.l o t&.l Cl. Cl. Q ~ t&.l "" ;.. z ~ t&.l ~ < t&.l ¡.... t&.l < o ¡:,.¡ t:l llol ¡.... z z -. g ~ 111 ~ ,...:¡ :;:;¡ t&.l ::> ,...:¡ ~ w < z e/) ¡.... o w u "" u w o Q w z z u M < e( z "" llll ~ ~ Q ~ z w IXl o ~Q ll.l o < o z .. tal ;.. :S H ~ ~ o Cl) z "" < A ~ IXl o Ñ w ~~ o ¡.... u ..... o u -- -- -- -- -- -- ---- -- 1 4: . . 4 80 6 85 6 . . 8 05 10 05 12 05 16 10 2 ~ 05 9 65 13 70 12 05 16 1G 20 15 24 15 32 25 3 12 05 14 50 20 5ó 18 10 24 15 30 20 36 2~ 48 35 4 16 10 19 35 27 40 24 15 32 25 40 30 48 35 64 50 5 20 15 24 15 34 25 30 20 40 30 50 40 60 45 80 60 6 24 15 29 . . 41 10 36 25 48 35 60 45 72 55 96 75 7 28 20 33 85 47 95 42 30 56 45 70 55 84 6fi 112 90 8 32 25 38 70 54: 80 48 35 64 50 80 60 96 75 129 .. 9 3ü 25 43 50 61 65 54: 40 72 55 90 70 108 85 145 15 10 40 30 48 :35 68 50 60 45 80 60 100 80 120 95161 25 11 44 35 53 2tt 75 40 66 50 88 70 110 85133 05177 40 12 48 35 .18 ()[i 82 25 72 55 96 75 120 95145 151193 50 13 52 401 62 90¡ 89 10 78 60 104 801:31 . . 1157 2:- 1209 05 14 56 45 67 70 95 95 1 84 65 112 90 141 10 1(}9 35 225 80 15 60 45 1 72 55, 102 80 so 70 120 95 151 20 181 45 241 901 16 64 50 77 40109 65 96 751.A) .. 161 25193 50258 05 17 68 50 82 25 116 50 1 02 80 137 05 l 71 35 205 60 "¿7 4 151 18 72 55 87 05,123 35 108 85 145 15 181 45 217 70,290 301 19 76 6o! 9t 9oj13o 20114 90 t5~~ 2o 191 5o 229 o 306 45 20 so 60 96 75137 o .. lt2o 95 tül 2o 12o1 60I24t 90322 551 21 84 65 101 60 143 9.~ 127 . . 169 35 ~ll 65 254 .. 338 75 22 88 70 106 45 150 80 133 i5 177 40 ~21 7f> 266 10 354 80 23 92 7o¡u 1 25157 ü5 13H 10 1 5 45'231 85:378 20 370 951 24 96 75 L 1 ü JO 164: 50 145 15 ! 19~3 50 24:1 90 :¿90 30 387 051 25 1 oo so 12o 95 111 35 1.11 20 1 201 6o 252 1ao2 4U 403 201 26 104 80 ' 125 80 178 20[157 2· ~OH 65 ~62 05 :H4 50 419 35 27 1 10~ 851:~0 601185 051ü3 30217 70:¿72 15326 60435 45 28 112 90 1 135 45 HH 90 HiH 35 225 80 ~82 25 338 70 451 60 29 116 95 140 30 198 75 175 40j23:i 85 ~92 30350 80 467 70 30 120 95¡145 15 205 60¡181 4:5 241 90 302 401362 90 4 3 85 31 125 .. ,150 .. 212 50,187 501250 .. 312 50375 .. 500 .. . 7 1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 8 Suplemento al Bo/et fn Militar númerq 179 Sobresueldo de Generales y Jefes al 25% :Lv.l:es de ao di.a& ~ ..J o o ..J Col o Cl < o Col l1c l1c < c.: Col "' >- z Col "" c.: ¡.... Col ¡.... C&l < o o C&l Col .,., z z ....... o j! Col ~ ;::;¡ 1:! e ..J (,¡,J (,¡,J < z ¡.... ¡.... o ..J (,¡,J () t.:) o Col z z () (,¡,J "' < (,¡,J ~ z (,¡,J (,¡,J z (,¡,J C&l 1>1 c.: Cl o t.:) z o ....... ....... o C&l < c.: c.: o .. z !al >- ~ en (,¡,J o Ql (,¡,J "' < o < Ñ ~~ ~ .,., ¡.... () - t.:) () --- -- -- ------ ,....... A sobresucldu sobre. uel lo sobr~sucldo suhrcsn eld n s·¡ bre ueldo sobresueldo sobresueldo sobrcaueld~ - -- -- -- -- -- 1 1 .. 1 25 1 75 1 55 2 05 ~ 60 3 10 4 15 2 2 O.j 2 50 3 50 3 10 4 15 5 :¿o 6 25 8 30 3 3 10 3 75 5 30 4 65 6 ~5 7 80 9 35 12 50 4 4 15 5 7 0.=) 6 ~5 t; 30 10 40 12 50 16 65 5 5 20 6 25 8 85 7 80 ] o 40 1;{ .. 15 60 20 80 6 6 25 7 50 lO 60 9 35 1~ 50 15 60 18 75 ~5 .. 7 7 25 8 75 1~ 3:> lO 90 14 5.=) 1~ 2(1 21 ~5 29 10 8 8 30 l O . . H : 15 12 50 16 Ü;) 20 80 25 .. 33 30 9 9 35 11 25 15 flO 14 05 18 75 2:{ 40 ~8 10 ::i7 50 10 10 4.., 12 50 17 70 15 60 20 'O 26 .. 31. 25 41 65 11 11 •!ü 13 75 19 45 17 15 2~ 90 28 60 :14 25 45 80 12 12 GO 15 . . ~L ~5 18 75 1 25 .. 31 ~5 37 50 ñO . . 13 13 50 lH 25 ~3 20 :10 :n o5 33 85 40 60 54 15 14 14 55 17 50 24 7ü :n 85 :W 15 3(} 45 43 75 58 30 15 ]5 6(1 18 75 26 5ñ 2:3 40 31 25 3~) 05 46 85 62 5(1 16 16 ()5 !lO ~8 30 25 . 33 ;~o 41 (35 50 .. 66 65 17 17 70 21 25 so 10 26 55 1 35 40 44 25 53 10 70 80 18 18 75 22 f>O :u ~f) '>X lO ;-n no 4() 5 50 25 75 .. 19 19 75 2:3 75 33 (;tl ~n ()5 3!) 55 4!) 45 5U 35 79 15 20 ~o 8u 25 .. 35 40 31 25 4-l (i5 52 05 6~ 50 83 30 21 2L 85 26 ~5 . 7 15 32 ~o 4a 75 54 65 ü5 50 87 5f) 22 22 9(1 27 50 J8 95 34 a5 4.) 80 57 25 68 75 91 6.3 23 23 95 ~8 7;_, 40 íO 35 no 47 90 59 85 71 85 95 80 24 25 30 . . 42 5U 37 50 50 . . 62 50 75 .. 100 . . 25 26 -. 3L 25 44 2f> 89 05 5~ 05 65 lo 78 10 104 15 26 27 05 3~ 50 46 .. 40 60 54 15 67 7(1 8l 215 LOS 3(t 27 2~ 10 33 75 47 80 42 15 56 !.-5 70 30 t;4 35 112 50, 28 29 15 :35 49 55 43 75 5 30 72 90 87 50 116 65 29 30 20 36 25 51 35 45 30 60 40 75 50 90 60 120 80 30 31 25 37 50 53 10 46 85 6..... 50 78 10 93 75 125 .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. en <: Guplementq al Boletín Militar númer~ 179 Sobresueldo de Generales y Jefes al 25 % J.v.J:es de 31. d.i.a,s ..J IIJ z o ~ o u ... Q). -----1--- ___ , ___ , __ ---- --- ~ ¡:::::¡ sobresneldo !s obresoelt!o sobresueldo sobresueldo s Jbresueldo sobresueldo sobresoeld .• &vhresoeldo ----- -- ---- --- ---'-- 1 ~ 3 4 5 6 7 8 9 10 ll 12 13 1-! 15 16 17 18 19 20 21 1 . . 1 20 1 70 1 50 2 . . 2 50 3 . . 4 .. 2 . . 2 40 3 40 3 . . 4 . . 5 . . n . . 8 o5 3 . . 3 60 5 1 O 4 tJO 6 . . 7 55 9 05 12 05 4 . . 4 80 G 85 6 8 05 10 05 12 05 16 10 5 . . 6 . . 8 55 7 55 lO 05 12 60 15 1 O 20 15 6 . . 7 25 1 o 25 9 05 12 05 15 1 o 18 1 o 24 15 7 05 8 45 1 t !).) 1 o b5 14 1 o 17 60 ~ t }.j 28 20 8 05 9 65 ] 3 70 12 05 16 10 20 15 24 15 32 25 9 05 10 85 15 40 13 60 18 10 22 65 27 20 36 ~5 10 o5 1~ o.> 11 10 15 1o 20 15 2.5 ~o :~o 20 40 3o1 1105 13 30 IH R5 16 60 22 15 27 70 33 25 44 35l' 12 o5 14 r,o 20 55 JS 10 24 tñ 00 ~o 36 25 48 3.5 13 lO Hi 70 22 2 :31 19 G5 26 20 32 75 3H 30 52 40 14 10 16 no 2a 9:3 ~L 15 2s 2o 35 2.) 42 30 56 45 11.5 ]() 18 10 25 70 2..;¡ 65 30 20 37 80 45 35 (l() 45 16 10 19 35 ~7 40 24 151 32 2 .) 4 () 30 48 3;}1 ()J 501 17 10 20 55 2!) 10 ~ 25 70 1 34 25 42 80 51 40 f)~ 50 18 10 ~l 75 ~O HO 27 20 3G 25 4ii 3,) 54 40¡ 72 55 19 15 22 95 a~ 55 , ~8 70 3 ' .~o 4 7 t'5 57 4.1 70 GOl 20 15 ~,! 15 34 2f> :30 ~o 40 30 50 40 6o 4ál 80 60 2l 15 21 40 :3.3 UJ 3l 75 42 30 i)2 !>O 6:3 50 R4 6f> 22 2J 15 2<> GO 37 7:11 3;3 2~> 44 ~.- 1 55 4(t üU 50 l 8 70 23 23 15 27 o ¡ 39 4n 3t 75 46 35 57 !l5 69 55 92 70 ~4 24 15 29 . . 41 JO :~G :l5 48 3J 60 45 7'J 55! 9ti 75 1 25 25 2P 30 20 4~ 01 37 so ¡ 50 40 63 . . 75 üO too so l 26 26 20 31 45 44 55 39 30 5~ 40 65 50 78 60 104 80¡ <,¿7 27 2t 1 3:3 65 4G 2f> 40 80 1 54 40 68 81 65 108 85 28 28 20 33 85 47 95 4:3 30 56 45 70 Fi5 84: 6.) tl2 90, 29 29 20 35 05 49 65 43 851 58 45 7:3 05 87 70 116 90 30 30 20 36 25 §1 40 45 35 60 45 75 60 90 70 120 95 31 1 31 25 37 50 53 101 46 8~ ¡ 62 50 78 10 93 75;125 ... 9 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. IO Suplemento al BoletÍll L"Wilitar número 179 Sueldos de Oficiales con sobresueldo del 25 % l.'\l.l:es de 28 d.ias SUBTENIENTE TENIENTE CAPITÁN {/) H5 16 70 78 10 19 50 89 25 22 30 2() (H) 60 17 40 81 2) 20 ;~o 92 t$5 23 20 :?-7 7'], 30 18 0.3 84 35 21 05 96 40 24 10 2~ 75 . . 18 75 87 50 21 85 100 .. 25 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Suplemento al Boletín Militar número 179 ll Sueldos de Oficiales con sobresueldo del 25 % n«es de ao d.:las SUBTENIENTE TENIENTE CAPITÁN en < H Suel tlo Sobresueldo Suel d o Sobresueldo Sueldo Sobresueldo A 1 2 3 4 5 ü 7 8 9 10 11 12 13 14 1~ 16 17 18 19 20 21 ~2 23 24 25 26 27 28 29 30 2 50 5 .. 7 50 10 .. 12 50 15 .. 17 50 20 .• 22 50 25 .. 27 50 30 .. 3:¿ 50 35 ... 37 50 40 .. 4~ 50 45 .. 47 50 50 .. 52 50 55 .. 57 50 60 .. G2 50 (j:) .• 67 50 70 .. 72 50 75 .. .. 60 1 25 1 85 2 50 3 10 3 75 4 35 5 .. 5 60 6 25 6 85 7 50 8 10 8 75 9 35 10 .. 10 00 11 25 11 ~5 12 50 13 10 ]:3 75 14 35 15 .. 15 GO 1() J5 16 85 1 17 50 18 ]() 18 75 2 90 5 80 8 75 11 65 14 55 17 50 ~o 40 23 30 2() 25 29 15 32 05 S5 .. 87 90 40 80 4:) 75 46 () :) '.19 55 5~ 50 55 40 li ' 30 6l 25 64 15 67 05 70 7~ 90 7.5 so 7~ 75 Hl G5 84 55 87 50 70 1 45 2 15 2 90 3 60 4 35 5 10 5 80 6 55 7 25 8 .. 8 75 9 45 10 20 10 90 11 ()5 12 35 13 10 13 5 14. f)[) 15 30 JG .. 16 75 17 50 1 18 20 18 H5 19 65 1 2. () 40 2l JO ~~ ~~ 1 3 30 6 65 10 .. 13 30 16 65 20 .. 23 30 26 65 30 .. 3~) 30 36 65 1 !~ 30 1 46 65 50 .. 53 30 56 ü5 ()() .. G3 30 1 ()() 65 70 . . 1 73 30 7ü 65 80 R:) 30 86 65 90 .. 93 30 96 65 lOO .. 80 1 65 2 50 3 30 4 15 5 .. 5 80 G 65 7 50 8 30 9 15 10 .. lfl 80 11 65 1~ 50 13 ;j() 14 15 15 ... 15 ~o lü ();) 17 50 1 30 1H 15 20 .. 20 -o 2l ()j 22 50 2:) 30 24 15 25 .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 12 SuplemtntD al BtJ/etín Militar número I 79 Sueldos de Oficiales con sobresueldo del 25 % SUBTENIENTE TENIENTE CAPITÁN en 39 5 1) 9 85 45 15 1l 25 15 3G ~5 H 05 42 30 10 55 4-8 3.5 12 05 16 38 70 !} 65 !5 15 11 2i) 51 60 12 90 17 41 10 lO ~5 47 U3 11 H5 54 80 13 70 18 43 /){) 10 .) 50 80 1~ 70 58 05 14 50 19 4f> t).) . 1 t 45 53 üO 13 40 61 25 15 30 2() 4 3fi 1~ 05 5H 4.5 14 ]() 64 5 0 16 10 2l 50 HO 1~ 70 59 ~5 14 8 0 67 70 16 90 ~2 5 :~ ~o 13 :30 62 05 15 50 70 !}5 17 70 :¿3 55 60 13 no ü4 90 lO 20 74 15 18 50 ~4 5~ 05 14 50 67 70 16 90 77 40 19 35 25 00 45 L5 10 70 55 17 60 HO GO 20 15 ~6 62 HO 15 7ft 7:~ (}5 18 45 83 85 20 95 ~7 ()5 30 16 30 76 ~o J9 05 87 05 21 75 2~ 67 70 16 90 79 -- 19 75 90 30 22 55 ~9 70 15 17 50 81 8t') 20 45 93 50 23 35 30 72 55 18 10 1 84 65 21 15 96 75 24 15 31 75 . . 18 75 87 50 21 85 100 . . 25 .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. S~tplementD al Boletín Militar n!JmerD 179 t 3 Sueldos de in di vid u os de tropa con sobresueldo del 2 5 % 1\l.l:es de 28 d.1.a.s SOLDADO CABO 2 • 0 y CABO 1.o y SARGENTO 2.0 SARGENTO 1.0 TAMBOR CORNETA 1 1 05 o 25 1 10 o 25 1 20 o 30 1 25 2 2 10 o 60 2 25 o 55 2 40 o 60 2 50 3 3 20 O 80 3 40 O 85 S 60 O 90 3 80 4 4 25 1 05 4 55 1 1 o 4 80 1 20 5 05 5 5 35 1 30 5 65 1 40 6 . . 1 50 6 35 6 6 40 1 60 6 80 1 7 o 7 20 1 80 7 60 7 7 5t\ 1 851 7 95 1 .05' 8 40 2 10 8 90 8 8 55 2 10 9 lO 2 25 H 60 2 40 10 15 9 9 60 2 40 10 25 2 55 tO 80 2 70 11 40 10 10 70 2 65 111 35 2 ~() 12 05 3 .• 12 70 l111 75 2 9012 50 S 10i13 25 3 3013 95 12 12 85 3 20 13 65 3 40 14 45 ::S 6(1 15 25 13 13 90 3 45 14 75 3 65 15 65 3 90 ' 16 50 1415 ;{ 7515 85 3 95, 16 85 4 2017 80 15 16 05 4 .. 17 10 4 25'18 05 4 50 19 OJ 16 117 10 4 J5 18 15 4 50 19 25 4: 80 20 30 17 18 20 4 55 19 30 4 80 20 45 5 10 21 ()() 18 19 25 4 80 20 45 5 10¡:H 65 5 40 ~2 85 19 120 35 5 0.5 21 60 5 40 22 !JO 5 70 24 15 20 21 40 5 35 22 7.) 5 ()5 24 10 6 .. ~.) 40 21 '22 5o 5 Go 2a 85 5 95 25 3o 6 30126 70 22,23 55 5 85125 . . 6 25 ~6 50 6 (j() 27 95 123 24 60 6 15 26 15 6 50 27 70 6 90 29 20 24 ~5 70 6 40 27 30 6 80 128 90 7 20 00 50 25 26 75 6 65 128 4o l 7 10 30 10 7 5o 1 :.n 75 26 27 85 6 95 1 29 s5 7 :35 1 1:n 3o' 7 80 33 05 27 28 90 7 20 30 70 7 65 32 50 8 1 o 34 30 28 30 . . 7 50 31 85 7 95 ;{3 7 5 8 40 35 60 ~:: :::: :: o 30 1 30 o 30 o 60, 2 65 o 65 o 95¡ 4 .. 1 1 25 5 35 1 30 1 55¡ 6 65 1 65 1 90 8 -. 2 .. 2 21, 9 35 2 30 2 5010 70 2 65 2 8.~ 12 05 3 .. 3 15 13 35 3 30 3 45 14 70 3 65 3 80 16 05 4 .. 4 10 17 40 4 35 4 4518 75 4 65 4 75 ~o o5 5 •. 5 05 21 40 5 35 5 40 22 75 5 65 5 70 24 10 6 6 .. 25 40 6 35 6 3i) 26 7 5 G 65 6 65 ~8 10 7 .. 6 93 29 45 7 35 7 30 a(J so 7 7ol 7 60 32 10 8 .. 7 90133 45 8 35 8 25 34: 80 8 701 8 55¡36 15 9 . ·1 ~ ~: ~-~ ~~ ~ ~1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. t4- Suplemento al Boletín Militar número 179 Sueldos de individuos de tropa con sobresueldo del 25% ~es de 29 cl.i.as C A BO 2. 0 Y '¡ CABO 1.0 Y 1 • SOLDADO SARGENTO 2 . 0 SARGENTO 1.0 TAMBOR C O R N ETA --,.---¡--·--- ---- ----- (/) = --= --= = = ~ --= --= 'CJ = j = = = ~ ¡;J - j ~ ~ -= ~ --= j --= ~ o = ~ = = ~ e/.> Cl:l e/.> """ ~-~o 25-1 oa -o 25 -1 .uJ o 2 5 ~:-o· 3o -1 25 -o 3ol 2 2 05 o 50 2 ] 5 o 50 2 30 o 55 2 4.3 o 60 2 55 o 60 3 3 10 o 75 3 25 o 80 3 45 o 85 3 65 o 90 3 85 o 95 4 4 10 1 . . 4 35 1 05 4 65 1 1 15 4 uo 1 20 5 15 1 251 5 5 15 1 25 5 45 1 35 5 80 1 45 6 1 () 1 50 6 45 1 60 6 6 20 1 55 6 55 1 60 6 95 1 7 o 7 35 1 80 7 7 5 1 90 7 7 20 1 80 7 65 1 !Jij 8 10 2 . . 8 55 2 10 o 05 2 25 8 8 25 2 05 ~ 75 2 15 9 30 2 30 9 80 2 45 10 30 2 55 9 9 30 2 30 9 Sf> 2 4 5 10 45 2 60 11 . . 2 75 11 60 2 90 LO 10 30 2 55 10 95 ~ 70 11 60 :¿ 90 12 25 3 05 12 90 3 20 u¡n 35 12 80 1~ 05 3 . . 12 75 ' 3 1513 5o 3 35 14 30 3 55 Lt 12 40 3 10 13 15 3 25 13 95 3 45 14 70 3 65 15 50 3 851 1 13 !13 40 3 35 14 251 3 55 15 101 3 75 15 95 3 u5 16 80 4 ~o 14 14 45 3 60 15 :~5 3 80 16 ~ 5 4 05 17 15 4 25 18 10 4 50¡ 15 15 50 :3 85 1~ 45 4 10 l7 45 4 3 5 18 40 4 60 lH 35 4 80 1616 5541017 55 4 3518 60 4 ü519 60 4 9020 65 5 151 17 17 55 4- 35 18 65 4 65 19 75 4 90 '.W 85 5 20 21 95 5 451 18 18 6o 4 65 19 75 4 9li20 90 5 :¿o 22 o5 5 5023 25 5 so! 1919 654 0020 5 5 20~.3 10 5 50j23 30 5 8024 55 6 10¡ 20 , ~0 ü5 5 15 21 05 5 45 23 25 5 () 24 55 6 10 25 85 6 45 21 ~1 70 5 40 ~3 . 05 5 75 2 4 40 6 10 25 75 6 40 27 15 6 75 222~ 75 ¡5 65 2 4 15 6 .. ~- 60 6 4027 .. ü 7528 40 7 101 23 :!3 75 5 00 25 2 .) 6 30 26 75 6 65 ~ 20 7 05 :¿g 70 7 401 ~J. 2-1: 8l' 6 20 26 35 6 55 27 !)0 6 95 2!) 45 7 35 31 . . 7 751 25 :!5 85 6 45 21 45 6 85 29 o:; 7 25 30 65 7 65 32 30 s 05 26 :!6 56 10 28 55 7 10 30 25 7 55 :n 90 7 95 3:3 60 8 4ol ~7 ~7 90 6 95 29 65 7 40 :~1 40 7 85 33 10 8 25 34 90 8 70 2s ~s 95 7 ~o 30 75 7 o5 32 55 s 10 34 35 s 55 36 20 9 o51 ~~ ~~ :.-. : ~~ ~~ ~~ 7 ~~ ~~ :~ ~ ~~ ~~ 6.~ ~ :~ ~ ~: ~~ . ~ ~~ ~ . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ·1·. . . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Suplemento al Boletín Militar número 179 i 5 Sueldos de individuos de tropa con sobresueldo del 25% 1.'\I.J:e& de ao dia& SOLDADO CABO z.o y !cABO I.o y SARGENTO 2. 0 SARGENTO 1.0 1 TAMBOR CORNETA le/) .g .g .g -= = 1 ~ :::S ~ : H ~ ..., ==- ~ r-8 o, ~ ~ ...g ft> lo = ~ .:~ ~ = ~ ]] ~ = ~ 1_ -~ ----- ~- -~ ------ --- -~- --- 1 1 •. o 25 1 05 .. 25 1 10 • - 25 1 15 .. 25 1 25 .. ~(t 2 2 . . o 50 2 1 o . . 5 0 2 25 . . 55 2 35 . . 55 2 50 . . 60 3 3 .. o 75 3 15 75 3 35 .. 80 3 55 .. 85 3 75 .. 90 4 4 .. 1 . . 4 20 1 05 4 50 1 1 o 4 70 1 15 5 .. 1 25 5 5 . . 1 25 5 30 1 30 5 GO 1 40 5 90 1 45 6 25 1 55 6 6 . . 1 50 6 35 1 55 6 7 5 1 65 7 1 o 1 7 5 7 50 1 85 7 7 • . 1 7 5 7 40 1 85 7 85 1 95 8 30 2 05 8 7 5 2 ] 5 ~ 8 .. 2 . . 8 45 2 1 () 9 . . 2 25 9 45 2 3510 . 2 50 9 9 .. 2 25 9 55 2 35 10 10 2 50 10 ü5 2 65,11 25 2 80 10 10 .. 2 50 10 60 2 65 11 25 2 o 11 85 2 !)5,12 50 J 10, ] 1 11 - . 2 7 5 11 65 2 90 12 35 3 05 13 05 3 25 13 7 5 3 40¡ 12 12 .. 3 .. 12 70 3 15 13 50 3 35 14 20 3 5515 . . 3 75 13 1 3 .. 3 25 13 80 3 45 14 60 3 65 lo 40 3 85 16 25 4 05 1411! .. 3501485 3701575 3901660 4151750 435¡· 1515 .. 3751590 3951685 4201780 4451875 465 16 16 .. 4 .. 16 95 4 20 18 . - 4 50 18 95 4 70 20 . - 5 . . 1717 .. 4 25 18 .. 4 5019 10 4 7 G 20 15 5 . . ¡21 25 5 30 18 18 -. 4 50 19 10 4 75 ,20 25 5 05 21 35 5 30 22 50 5 60 19 19 4 75 20 15 5 .. ,21 :~5 5 30 22 50 5 60'23 75 5 90 20 20 .. 5 .. 21 20 5 30 ,22 50 5 GO 23 70 5 90!25 . . 6 2~ 21 21 . . 5 25 22 25 5 55 23 60 5 90 24 9U 6 20 26 25 6 55 2222 .. 5 50123 35 5 8024 75 6152610 6 o0 1 27 50 6 85 23 23 5 75 24 40 () 10 25 5 6 45 27 25 6 o 28 75 7 15 24 24 G ... ¡25 45 6 35 27 . . 6 7 5 28 45 7 10130 . . 7 50 25 25 6 25 26 50 6 60 28 1 o 7 129 65 7 4(1 31 25 7 o 26 26 .. 6 50 27 60 6 90 29 25 7 30 . o 85 7 70 32 50 8 10 27 27 .. 6 75 28 65 7 15 30 35 7 55 32 33 75 8 40 28 28 .. 7 . - 29 70 7 40 31 50 7 85 33 20 8 30 35 -. 8 75 29 29 .. 7 25 30 75 7 65 32 60 8 15 34 40 8 60 36 25 9 05 30 30 . . 7 50 31 85 7 95133 75 8 40 '35 60 8 90 37 50 9 35, •••••• o · 1·· ........ ··¡ ·· · 1·· ........ · 1·· ·· ·1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 16 Suplemento al Boletín Militar númer~ 179 Sueldos de individuos de tropa con sobresueldo del 25% J.v.l:es de al. cl.:las 1 1 CABO 2.0 Y CABO 1.0 Y ]SARGENTO 2.0 SARGENTO I. o SOLDADO TAMBOR --CORNETA' en = o C> ~ -= ...,.. ~ ~ -= ~ ---:; ~ ] = = - -= ~ -= ~ e:> o ~ ~ .; ~ '"O e;; o Jj ~ ~ ;1 e;:; ~ = ~ = d dJ ca ca ca CZl 30 45 7 GO 32 15 8 .. 33 85 8 451 29 28 05 7 . . 29 7 5 7 40 :~] 55 7 85 33 30 8 30 35 05 8 75 r029 .. 7 25 30 8(1 7 70 32 65 8 15 34 45 8 60 36 25 9 05 1 30 .. 7 50 31 85 7 95 33 75 8 40 35 60 8 90,37 501 9 35 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 179

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 15

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 15

Por: | Fecha: 13/04/1901

(~'-'~~~ Boaor A, ABRIL 13 DE 1901 .SRRIE II- ToMo I-N. o 16 BOLETIN ~11LITAR DE COLOMBIA Organo del Ministerio de 1 Director ad honor e m Guerra y del Ejército F. J. VERGARA Y V. 'on coll\borudot· a de este periódico los f General de Ingenieros, Miembro dG Jefes y Oficiales del Ejército 9 varias Socledades Cientificaa DECRETO l'lUMERO 353 DE I9o.1 (28 DE MARZO) por el cual e ad cribe al Ministerio de Guerra la Jefatura Civil y Militar de Departamento de undinamarca El Vt"cepresúfenlt (Ü la Retntbhra encarrrado del Pode1· E'jeculivo, En uso de las facultades qu le confiere el artículo 12 r de la Constitución, DECRETA Art. 1. 0 i\d críbese al Ministerio de Guerra la jefatura CiYil y Militar del Departamento de Cundinamarca. Mientras dure la actual turbación del orden público, la Administración de dicho Departamento quedará. á cargo del expresado Ministerio, por me­dio de un empleado que se denominará Secretario general de Cun­dt1wmarca, el cual atenderá, bajo la dirección del Gobierno, á los distintos ramos de la Administración departamental y autorizará las providencias del Ministerio, relativas al Departamento. Art. 2.0 El Secretario general de Cundinamarca tendrá la asignación mensual de quinientos pesos ($ 500), que se pagarán de los fondos nacionales, con imputación al § 1. 0 del artículo 1 1 del • Presupuesto. Art. 3. 0 La Policía Nacional continuará bajo ]a dirección in­mediata del Ministro de Guerra. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 28 de Marzo de Igc>I. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C.-El Subse­cretario de Relaciones Exteriores, encargado del Despacho, AN­Toxo 1-29 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Milita, TONIO JosÉ URrnx-El Ministro de Instrucci~n ~ública, enca;~ado del Despacho de Hacienda, MIGUEL ABADIA MENDEZ-El Mm1stro de Guerra, RAMÓN GoNzÁLEZ VALENCIA-El Ministro del Tesoro, )¡NRIQUE RESTREPO GARCÍA. DECRETO NUMERO 355 DE I90I ( 28 DE MARZO) por el cual se nombra Jefe Civil y Militar de Antioquia El Vicepresz'dmlt de la Repúblú:a, mcargado del Poder Ejecu.tzvo~ DECRETA Artículo único. Nómbrase Jefe Civil y Militar del Departa­Mento de Antioquia al Sr. General D. Marceliano Vélez. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 28 de Marzo de 1 go 1 . ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C. DECRETO NOAl.ERO 357 JJ.E 190J ( 29 DE HARZO) per el cual se encarga á un Jefe de la Dirección de la Policía Nacional y se hace un nombramiento 6/ Yzcepruidenle de la República, encar~ado dd Poder _¿j'ecult'v,, DECJLKTA Art. I. 0 Encárgase de la Dirección general de la Policía Na­cional al Sr. General Lisandro Leiva M., Comandante general de la 7.• División del Ejército. Art. 2. 0 Nómbrase Subdir ctor del Cuerpo de Policía NaciO­nal al Sr. Rafael M. Osorio, á quien se le confiere el grado de Coronel. Comuníquese y publfquese. Dado en Bogotá, á 29 de Marzo de 1 go r. JOSE MANUEL MARROQUIM El Ministro de Guerra, RAMÓN GoNzÁI.KZ VALENCIA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milt'tar DECRETO NUMERO ... DE I90I (30 DE lfARZO) por el cual se hace un nombramiento 45I El Vtáprest.delllt de la Repúbhca, encargado del Poder l!.)úultvo, DECRETA Artículo único. Nómbrase Secretario general de la Jefatura Civil y Militar del Departamento de Cundinamarca, adscrita al Mi­nisterio de Guerra, al Sr. Rufino Gutiérrez. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 30 de Marzo de 190 I. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de GuP-rra, RAMÓN GoNZÁLEZ VALENCIA DECRETO NUMERO ... D.E' I90I (l. 0 DE ABRIL) por el cual se encarga á un Jefe de la Comandancia en J efe uel Ejército El Vzápreside11le de la Repúblz'ca, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Artículo único. Mientras se provee el puesto de Comandante en Jefe del Ejército, encárgase de él al Sr. General en jefe Ma­riano Tobar, en su carácter de Jefe de Estado Mayor general del Ejército. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 1. 0 de Abril de Igül. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, RAMÓN GoNzÁLEz VALENCIA DECRETO NUMERO ... DE I90I ( 7 DE ABRIL) por el cual se reorganiza un Batallón El Vt"cepreúdente de la Repúblzca, encargado del Poder Eje&uHvo, DECRETA Art. 1.° Cámbiase el nombre del Batallón que hasta hoy se ha llamado Cuerpo de Depósito por el de Guardz·a de Bogotá, el cual, como antes, dependerá del Cuartel general del Ejército y bajo el mando directo de la Comandancia Militar de esta Plaza ; ANC O ll<. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 452 Bolet{n Mtl-ita.,. Art. 2. 0 El Batallón Guardt"a de Bogotá se compondrá de la Plana Mayor, cuatro Compañías formadas de tropa de línea, de acuerdo con el personal que designa el Código Militar, y dos Sec­ciones: una de Depósz'to y otra de Inválzdos. La de Depós1io la formarán los individuos enfermos que dejen los Batallones del Ejército que marchan á campaña y los que vengan de fuera por igual motivo, y no puedan prestar un servicio activo y constante. La de Invál/dos la compondrán los individuos que por causa de campaña 6 función de armas se encuentran inválidos ó mutilados. Los Oficiales que por alguna de las causales antet~iores deban ingresar á una de las Secciones d e este B:ttallón, serán de ignadoi por el Ministerio de Guerra, y los individuos de tropa lo serán por la Comandancia Militar de la Plaza, previa anuencia del Cuartel general. Art. 3 .0 Los individuos de tropa que sean clases y que per­tenezcan á. la Secdón de Depósllo, prestarán su servicio como sol­dados, in p e rjuici0 de devengar el sueldo correspondie nte á su empleo. Art. 4 .0 El personal de Jefes y Oficiales del Batallón Guardúz dt Bogotá s rá el siguiente : PLANA MAYOR-Primer Jefe, General Maximiliano Gutiérrez Rubio; Segundo Jefe, Teniente Coronel Lconidas S. Buendía ; Ayudante Mayor, argento Mayor Leonidas Prieto; egundo Ayudante, Teniente Simón Argüelles; Abanderado, ...... ·• · ........ Pn'mera Compailía- Capitán, antiago Cancino; Teniente, .................................... ; ubtcnicntcs, Jesús Parada y Lau­rencio Delo-ado. Segunda Compaliía - Capitán, Jorge Heredia; Teniente, Abraham Páez ; ubtenientes, Plácido Casas y egundo Ortiz. Tercera Compatiía-Capitán, Eliécer Bonilla; Teniente, P dro Delgado; Subtenientes, Aparicio Lezama y Francisco Melo. Cuarta Compaflía- Capitán, José Ignacio Salazar; Teniente, Luis Echeverri ; Subtenientes, Luis Riveros y Gregorio Nivia. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 7 de Abril de 1901. JOSE MANUEL MARROQUIN El Mi nist r o de G uerra, RAMóN GoNzÁLxz VALENCIA. N OCIONES D E GEOGRAFIA MIL ITAR TEORIA D El TERRENC La Geolog ía 6 ciencia de la tierra, trata en g en e ral d e lm cambios sucesivos que se ' han verificado en los tres reinos d e la nat uraleza, investigando las causas de estos cambios y sus influen- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Militar 453 cias sobre las modificaciones que han sufrido tanto la superfide del globo, como su estructura zizterz'or. Entre las diversas cuestiones que abraza este asunto, la primordial para el geólogo es averiguar cuá!ts !ion. las materias que componen la túrra y cómo után dúpueslas. El vasto desarrollo, el cultivo universal de esta moderna cien­cia, cuyos elementos, vulgarizados hasta en cartillas, forman hoy -repetimos-parte de la segunda enseñanza universitaria, le han hecho absorber lo que al principio de este siglo se llamaba geo(Tra-fía j'ís1ca, es decir, aquella parte que más directamente analiza las formas del suelo : las llanuras, los valles, las montañas. Si las for­mas, ó estructura, ó configuración exterior dependen en gran par­te de su naturaleza ó cahdad y de las causas que las han produddo, bien se ve que ambos estudios no pueden andar por más tiempo di­vorciados. Tanto valdría querer tratar de las alteraciones y enfer­medades de la piel, ó parte exterior del cuerpo humano, desenten­diéndo e de las causas interiores que perturban el organismo. No es éste lugar de exponer, ni aun someramente, los princi­pios de una ciencia que cada día ensancha sus conquistas, que cada año se enriquece con centenares de volúmenes : tan solo se intenta hacer ver muy por encima y con arreglo á las hipótesis general­mente acept::tdas, la conexión evidente que la antigua geografía .físzca ó la moderna geología tiene con el arte de la guen·a. abemos que la lz'erra es un cuerpo redondo, aislado en el es­pacio y dotado de dos movimiento : uno de trasladón al rededor del sol, y otro de rotación sobre sí mismo: está demostrado por los conocimientos astronómicos y físicvs; por los eclipses de luna, los viaj s de circumnavt:gación, los progresos geológicos. Es teoría fundamental y universalmente aceptada que la tt'erra, para llegar al <;tado en que hoy la vemos, ha pa ado, en el trans c ur o d e los iglos, por una serie de notables modificaciones. Inmenso globo gaseoso y ftuído en su origen, fue progresivamente reduciendo su volumen, aumentando su velocidad, y adquiriendo consistencia más pastosa por los efectos combinados de la gravedad y del mfrianuento producido por su contacto con el espacio. La consecuencia inmediata del en(n'amzenlo es la condensación, la con­centración, y la formación de una primera película, costra ó cor­teza, sólida, muy análoga á la que en las fundiciones se observa cuando se deja enfriar lentamente una antigua Lala de cañón. De modo que la imaginación, esforzándose, comprende el planeta prúnitzvo con los tres principales elementos que hoy conser­va, aunque en muy distintas proporciones: una atmósfera, abrasa­dora, más densa, más espesa, que debía ejercer mayor presión; una costra ó corteza muy delgada, y dentro un núcleo ardiente, en fusión ígnea, impidiendo y retardando por una parte la acción del enfriamiento exterior ; rompiendo y destrozando por otra la débil corteza que trabajosamente se iba endureciendo ó solidificando. Es difícil darse cuenta del poder trastornador y creador á la vez, de la duración incalculable, de los variables resultados de estos primeros fenómenos. Sólo recordando lo que tarda en enfriarse la bala de cañón que se ha puesto, por ejemplo, ó la la va de algunos Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~54 Boletín Mt.lZ:tar volcanes, que en el largo espacio de un siglo no pierde del todo el calor, es como se puede formar idea aproximada de los millares, de los millones quizá de años que nuestro planeta habrá necesita­do para "apagarse," por decirlo así, para solidificar esa corteza, y prepararla de modo que los primeros seres orgánicos, y más tar­de el hombre, la pudiesen habitar. La existencia del -núcleo interior y candente, del calor cmtral originario, está probada (para los que sostienen esta teoría) por los experimentos en las minas, cuya temperatura aumenta con la pro­fundidad ; por las aguas termales, y por los volcanes en actividad. Para formar alguna idea comparativa del gran volumen de ese núcleo que tenemos bajo los pies, basta considerar que, siendo el radio medio de la tierra unos 6,300 kilómetros, escasamente dan algunos geólogos á la corteza sólida que pisamos, de 40 á 50. Se ve, pues, que hay para ellos todavía una exageración cuando se la compara á. la cáscara de un huevo. Mucho mayor se comete al comparar las desigualdades de la superfide terrestt·e con las de una naranja. La mayor altura de montaña medida en la India no llega á 9,000 metros : escasamente tendrá otro tanto la profundidad "media" del mar ; luego de los 50 kilómetros de espesor que se atribuyen á la corteza ttrreslre, entre I 8 ó 20 no más están com­prendidas sus " máximas desigualdades." Respecto á la atmósfera, es decir, á la capa de aire que envuelve á la tierra, también tiene espesor muy limitado : algunos le dan 50 kilómetros; otros 100, y también hay quien la compara á la ligerísima capa que deja el aliento sobre una bola de billar. Todo esto (cuyo grado de certeza no es fácil fijar) concurre á demostrar que donde ha residido y reside la verdadera y potente "actividad terrestre," es en el centro del planeta. Si hoy que la costra sólida parece ofrecerle más resistencia, la vem0s manifes­tarse por continuos terremotos, numerosos volcanes, levantamien­tos y hundimientos de grandes y pequeños territorios, calcúlese en los tiempos primitivos lo poderoso y trastornador de su acción. A ella se deben indudablemente esas arrugas, grietas, desgarrones y protuberancias que llaman valles y mon.taiias. De este contraste, de esta pugna entre lo fluido y lo sólz'do, proviene la creación ó for­mación sucesiva de nuestro globo con su variada y escabrosa su­perficie. La primitiva bola gaseosa, convertida luégo en una inmensa vejiga ó ampolla, aifícilmente podría contener las oleadas del mar de fuego que hervía y se revolvía en su seno. Unas veces debió re­ventar, entreabrirse, desgarrarse, dando paso á las materias íg­neas, que rebosaban y se amontonaban en la superficie, quedando también inyectadas en la grieta; otras debió contraerse, dilatarse, arrugarse, hacer nesgas, según la pintoresca frase de Elie de Beau­mont; otras, en fin, cuando ya la costra, más espesa, pudo contra­balancear el ímpetu interior, fue levantada y abovedada ó bom­beada de una pieza en grandes espacios y regiones, al paso que en otras se hundía y cuarteaba. De manera que por una parte se distinguen formadonts por coagulación, por precipitación acuosa de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milz'tar 455 arriba á abajo, por eyaculación ó inyección de dentro á fuera; y por otra parte, movimientos alternativos de báscula, de compresión lateral, de torsión, de levantamiento, de hundimiento, de trastorno. Los autores se esfuerzan en presentar imágenes y comparaciones que hagan más comprensible aquel caos, aquella labor de crea­ción y dislocación alternativa y simultánea : ninguna más expresi­va que la de Omalius d'Halloy, considerando los trozos de corfeztr sólida como un inmenso mosaico, y mejor, como las piedras ó do­velas de una inmensa bóveda que se destraba. Mientras que la acción ígnea obraba con una eficacia de que hoy no podemos formar idea sino por sus vestigios, la atmósfera de aquellos tiempos primitivos, densa y abrasada, se precipitaba en inmenso diluvio, arrastrando á las hondonadas, como sedz1nento ó pozo, los materiales que arrancaba á las alturas; penetrando tam­bién al través de las grietas y hendiduras de la corteza hasta el Tztí­cleo interior, que, convirtiendo estas aguas en vapor, acrecentó su fuerza y su variedad de acción con este agente poderoso, hoy tan conocido y utilizado por el hombre. La lucha, pues, ó la combina­ción, si se quiere, del agua y el fuego, es la que por una serie de si­glos que la imaginación no puede abarcar, fue modelando y va­riando el t·eheve de la superfiáe terrestre, como si la preparase para habitación del hombre, cuya aparición es, relativamente, muy re­ciente. La naturaleza no hace alto ni descanso en su marcha, crea­dora y destructora á la vez; pero el hombre, como más limitado, se los supone, para darse cuenta más ordenada de sus actos prin­cipales. De ahí viene dividir los geólogos en cuatro períod&s, épo­cas ó eras u convencionale ," el largo proceso de la formación de la tierra. En el período pnillan·o comprenden aquellos tiempos oscuros y remotos, en que la masa fluida de la tierra principia á sentir los efectos del enfriamiento y de la contracción. En el sectmdario, la costra sólz'da se interpone ya con alguna firmeza, y aunque sufrien­do roturas y dislocaciones, separa la acción, hasta entonces re­vuelta y confundida, de la atmósfera exterior y del núcleo interior. Más propensa aquélla al enfriamiento, se precipita en lluvias tem­pestuosas, de que dan imperfecta idea las actuales de los trópicos; y en el período terdario la tierra sufre el esfuerzo de los dos ele­mentos hostiles, viniendo el agua á nivelar y uniformar lo que el fuego interior continuaba levantando y dislocando. Grandes acumu­laciones en las partes hondas constituyen los mares, á cuyo fondo van arrastrados nuevos sedzmentos, que constituyen á su vez nuevas capas ó estratos; y la atmósfera, enfriándose y despejándose gra­dualmente, da más paso á la luz, adquiere condiciones de vitali­dad ; los seres orgánicos pueblan la tierra y las aguas; y el perío­do cuafernarz'o, ~con nuevos fenómenos inexplicables todavía, con­cluye de preparar la venida del hombre sobre la tierra. Con él empieza (ó se ha convenido que empiece) el tiempo histórico, lo que se llama actualidad en geología. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 456 Boletfn ./J;[ilztar Los progresos de la ciencia hacen que cada día estos grandes períodos reciban nuevas divisiones y subdivisiones, llegando hasta treinta y tantos en algunos tratados. No entraremos, aunque ya sea vulgar, en su escabrosa y técnica nomenclatura, á la cual se ligan ideas de otro orden concernientes á los restos petrificados ó f!Jsz"les de los seres orgánicos; pero es indispensable, para entenderse, men­cionar algunas diferencias notables que separan el lenguaje técni­co del ordinario. Suelo ó corteza terrestre, quiere decir la pequeña porción del es­pesor del planeta accesible á la observación é investigación directa del hombre. Por lo dicho, no ha sido siempre lo que es hoy; y los varios elementos que la componen toman el nombre colectivo de sustancias rm1zerales, las cuales difieren entre sí : r .0 , por su naturaleza • 6 calidad; 2.0 , por su origen ó causa, enteramente diversa; 3. 0 , por las épocas diferentes en que fueron producidas. Forman, pues, estas sustancz'as tres grupos principales é independientes, que en geología se designan de una manera fija con los nombres distintos de rocas, formaciones y terrenos. Por roca, según Coquand, debe entenderse todo mineral ó toda mezcla de minerales que se encuentra en grandes masas en la cor­teza terrestre, y en una extensión bastante considerable para que se la pueda mirar como una de las partes component s de esta corteza, y no como un cuerpo que está en ella simplemente encla­vado de diversas maneras. Así, las arcillas encierran frecuente­mente cristales de yeso : la arcilla sólo es una 'roca, y el yeso un mz'neral accidental; al contrario, los yesos suel n e tar algunas ve­ces mezclados con arcilla : en este último caso, la arcilla no hace el papel de roca. Las 1·ocas son calizas, graníticas, pizarrosas, etc., y e ta eno­minación la aplica indiferentemente el geólogo á toda masa mz'nc­ral, sea blanda ó pétrea; así es que en ella se compr-ende, por sin­guiar que parezca, la arcilla, la arena y hasta la turba. Lasformacúmes son grupos de rocas, sea cual fuere su "natu­raleza y su edad," que han sido formadas por" causas " análogas ó distintas. Así se dice: formaciones ígneas, formaciones acuosas, ma­rinas 6 de agua dulce. Los ten·enos reúnen las rocas de toda " naturaleza " y de todo " origen " que han sido producidas en el mismo periodo de tiempo primario, secundario, etc. Los terrenos, pues, son para el geólogo, según la expresiva frase de Constant-Prevost, lo que para el historiador son los pe­ríodos, siglos, años, meses, etc. Lasformacz'ones representan, al contrario, las categorías, cla­ses ó estados coexistentes, como, v. g., el clero, el ejército, la ma­~ istratura. Las rocas podrían asimilarse, hasta cierto punto, á los hom­bres notables, sea cual fuere su rango y la época en que hayan existido.• En una palabra : las rocas de todos tiempos difieren entre sí, menos por su naturaleza profunda, que por circunstancias de ori- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mzlitar 457 gen y edad. Las formadones son el resultado de causas "contem­poráneas" y sincrónicas. Los terrenos constituyen forzosamente•una serie u cronológica y sucesiva." Para distinguir, estudiar y clasificar estas diferentes r(Jcas y terrenos, el geólogo no tiene que acudir á profundas sondas y exca­vaciones; la naturaleza se las presenta espontáneamente. El que en una corta jornada, fuera de carretera, vaya fijando la atención en la tierra que pisa, comprende al punto la relación íntima que existe entre la forma, el aspecto y la naluraltza ó calidad de las sus­tancias que se suceden. Aquí el granito, por ejemplo, muestra, unas veces sus picos, otras sus protuberancias redondeadas que, á pesar de su dureza, producen por desagregación tierra vegetal que se va juntando en las quebradas; más allá, la marga, empapada por un ligera lluvia, presenta incómodos barrizales, ó las pizarras su molesto corte ; unas veces las dos vertientes de un valle muestran hiladas horizontales y correctas como la de un edificio; otras las diferentes capas están retorcidas y revueltas, atestiguando ]a vio­lenta presión que debieron sufrir. Por todas partes está manifiesta la acción, exclusiva ó combinada, de los dos agentes creadores, el fuego y el agua. Lo geólogos, que han disputado mucho sobre cuál de los dos elementos fue más preponderante en esa acción, hoy ya sólo difieren en el modo de apreciarla: mientras uno , que se lla­man partidarios de las causas actuales, creen que éstas han bastado en el transcurso d(.' los tiempos para dar forma y relieve á la /zcrra, otros sostienen que en lo pasado esas cau as, i bien iguales, de­bieron obrar con rapidez y energía mucho mayores. Pero en lo que todos coinciden, es n que no debe con5iderarse el gloto /erres­/ re como obra humana que sale terminada de manos del artista, y puede ser definitivamente examinada y juzgada : lejos de eso, se acepta la opinión de Lecocq, de Del sse, de Vezian, de que 11e­gará un momento en que el planeta habrá. ab orbido en su u masa •· la totalidad del agua y hasta del aire atmosférico que tiene actual­mente en su "superficie "; y entonces presentará la constitución de su satélite la luna, que ya, según parece, ha llegado á este perío­do, á consecuencia de su más rápido enfriamiento. Sea como quiera, las "causas ' de los terremotos, de las fuen­tes termales, de las erupciones volcánicas y del levanlamzázlo de las montañas no han cesado de manifestarse, con intensidad varia, du­rante todas las épücas geológicas; ninguna de ellas está extin2"ui­da; todas son inherentes á la "materia '' ; todas resultan de la t'n­candesanda original y todavía persistente del globo. De tal mane­ra están unidos entre sí estos diversos fenómenos, que son todos,. puede decirse, inseparables. Y sin embargo, por la razón antes apuntada, en cuanto se entra en la "exposición de doctrina," menos aún, en la simple" no­menclatura," forzosamente hay que dividirla para hacerla más cla­ra ; así, el estudio de la superficie /erres/re se divide ordinaria­mente en dos partes : orografía (oros, en griego, montaña : grapho1, describo), la que trata del relz'tve, es decir, de las elevaciones y de­presiones; é hz'drografía, la que trata de las aguas-Continúa. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mtltlar PRINCIPIOS GENERALES DE ESTRATEGIA Y DE TACTICA EN LAS PEQUENAS GUERRA~ por el Mayor C. E. Callwell, del Ejército inglés TRADUCCI6N DE ISIDORO LA VERDE AMA Y A-Ctmtinúa CAPITULO XVI CUERPO MONTADOS EN CAMELLOS l. El Camel Corps es una espeáe de 1·njantería montada.-Las tro­pas montadas en camellos difieren sin embargo de la infantería montada en una particularidad muy importante, en que disponen de poca movilidad durante el combate, lo que les impide cambiar de lugar fácilmente sobre el campo de batalla ; y aparte de su len­titud, en comparación con las demás tropas, para moverse de un punto á otro sobre el terreno, la dificultad para montar y desmon­tarse les estorba para pode r combatir con eficacia, á menos que tengan tiempo de prepararse á ello. II. Dz'cho cuerpo ha szao creado p:.zra poder recorr er grandes dú­lanáas- EI objeto de un Camel Corps es más bien el de poner las tropas en estado de recorrer grandes distancias en el teatro de la guerra, que el de transportarlas de un punto á otro cuando se está en contacto inmediato con e l enemigo. Los Franceses han emplea­do en el enegal el Camel Corps. Abd el I<.ader hizo muy feliz uso de los camellos en su guerra de guerrilla contra los conquistado­res de Argelia. Los Turcomanos y los Kirghiz llevaron á cabo, con camellos, incursiones muy eficaces en el campo de los Rusos y entre las tribus amigas de Ru ia. Pero, por lo general, los Ca ·mel Corps, ya sea del lado del ejército regular, ó del lado del enemi­go, han sido formados con el propósito de obtener una movilidad estratégica y no táctica, lo que e comprobó bien en la marcha de la columna de ir H. tewart de Korti á Metemmeh, en el curso de la cual el principio era formar un zerz'btf, en el que se encerra­ban los camellos de silla y los bagajes, y se salía del zeribá para combatir á pie. III. .Siiuacz(m di.fldl de un Camel Corps durante el combate-En los capítulos anteriores se ha hablado con frecuencia de la rapidez de los movimientos de guerreros irregulares. Los came1los no pueden seguirlos en la persecución ni tampo­co escaparles en la retirada. Al disparar, los camellos estorban un tanto. Mantenerlos en seguridad es un motivo de inquietud cons­tante, á no ser que por causa de las circunstancias estén defendi­dos por la posición que ocupen las otras tropas comprometidas. Ciertamente que los camellos estarán á menudo en completa se­guridad sobre el campo de batalla, cuando el Camel Cot·ps no sea sino una simple fracción de una columna mixta. Durante la cam­paña de Sir H. Rose en la India Central, en 1858, se organizó un débil Camel Corps que prestó importantes servicios en unión de la~ demás tropas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mt"it'tar 459 Este cuerpo obró de una manera muy eficaz en Kalpi en un momento crítico. Los rebeldes habían disimulado con destreza su~ fuerzas y fingieron no amenazar sino la izquierda de los Ingleses. De repente emprendieron un vigoroso ataque contra la derecha de Sir H. Rose. La infantería fue rechazada por las fuerzas rebel­des, muy superiores en número, y hasta los cañones corrieron peli­gro. El Camel Corps, que se encontraba en otro punto del campo de batalla, se trasladó rápidamente hacia la derecha inglesa. Lo~ hombres echaron pie á tierra, cargaron y lograron cambiar del todo la situación. Los rebeldes fueron derrotados con grandes pér­didas*. IV. Su Ú11potenúa cuando l os hombres están. montados. Cómo han de proceder en caso de ataque repenlino-La instrucciones de Lord Wolseley al Camel Corps, en la campaña del Nilo, insistían mucho sobre el punto de que esas tropas eran impotentes cuando las ata­caban durante la marcha. Se decidió que los hombres no debían ser conducidos montados á terreno alguno en donde fuese proba­ble un ataque. En la marcha al través del desierto, toda la colum­na consistía en Camel Corps, menos el pequeño destacamento de caballería, que prestó tan grandes servicios como vanguardia de la marcha. Estas condiciones eran esencialmente distintas de las de la campaña en la India Central, en donde el Camel Corps podía con­tar con el vigoroso apoyo de todas las otras armas. En la guerra del Sudán, en ningún caso se vieron expuestos los Camel Corps á. ataque cuando ihan á caballo. Y un ataque repentino no se pue­de resistir sino haciendo desmontar á los hombres y formando un cuadro en contorno de los camello , si es posible. Pero el prin­cipio esencial de la táctica de los Camel Corps consiste en que no deben encontrarse en semejante situación, pues de lo contrario se exponen á grandes riesgos de desastre. Muy pequeños destaca­mentos no pueden formar un cuadro de algún valor defensivo en torno de sus camellos. En semejante caso, los animales deben for­mar el parapeto, y los hombres en el interior, procedimiento que • Ya el autor ha mencionado varias veces esta batalla de Kalpi, que se Yerific6 el 22 de Mayo de 1858. "Sir Hugh empleó los cinco días que siguieron al de su llegada á Gulanli (cerca de Kalpi) en establecer sus baterías, en reunir­se con Maxwell y en disparar constant~mente contra los rebeldes. El 21 sus ba­terías rompieron los fuegos y el 22 decidió su ataque. La batalla que se siguió fue una de las más furiosas y de las más ardientemente disputadas. En cierto momento, los rebeldes, que se encontraban más fuertes en un punto decisivo, ob­tuvieron una verdadera ventaja. La débil línea roja comenzó á agitarse. Los re­beldes, impulsados por •ma confianza que hasta eutonces jamás habían mostrado, avanzaron con grandes gritos, y los Ingleses se replegaron sobre los cañones de campaña y la batería de morteros. Entonces el Brigadier general C. S. Stuart, echando pie á tierra, se colocó cerca de las piezas y ordenó a los artilleros que las defendiesen hasta morir. Justamente en el momento en que los InglPses estaban casi ultimado~, llegaron los 150 hombres del Camd Corps, y cambiaron la faz de los acontecimientos. Los rebeldes no estaban sino á veinte yardas de la batería y de los toldos llenos de hombres insolados. Un cuarto de hora más tarde, y hu­biera sido una carnicería. Pero la oportuna llegada del Camd Corps salvó la si­tuación, cambió la derrota en victoria y permitió á Sir Hugh Rose terminar gloriosl.mente la primera parte de su brillante campaña en la Ind•a Central." (T/u lt•dicm Mutiny of r857, óy col~/ Ma!lufm, pág. 391). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. '*160 Boletín J11-il-itar emplearon una vez los Turcomanos con éxito, poco después de la partida del General Lomakin para Denghil Tepe, en 1879. Este es un ejemplo notable de operacione, del Camel Corps. Gran número de camellos s ' habían reunido, en vista de una expedición inminente, al rededor de Burnak, cerca de Krasno­rodsk sobre el mar Caspio. E taban diseminados en los llanos y bastante mal guardados por los Kirgkis y algunos soldados de ca­ballería irregular. En Burnak había un dsstacamento de infan­tería. Una mañana una tropa de Tekkt.:s apareció repentinamente, se apoderó de gran número de camellos, y los condujo llevándolos por delante. La guarnición de Burnak salió con presteza pat·a re­cuperar los camellos; pero el enemigo había tomado la delantera, y la infantería rusa, al perseguir penosamente á los merodeadores, sufría muchísimo de sed. El oficial comandante tomó con rapidez su partido, reunió algunos camellos que pastaban en la vecindad é hizo montar á sus hombres. Entonces se volvió á la per<:. cución con mayor empeño, y se llevó á calJo con vigor. Por la tarde, las tropas dieron alcance á los merodeadore . que ocupaban una colina y h~bían formado un laager con los ca­me11os de que se habían apoderado. Acostados de modo de f01·mar un óvalo, estos animal s con tituían un verdadero parapeto tras el cual el enemigo estaba relati,·amentc defendido. Los Rusos, fatigados, tuvieron que atacar esta fortaleza impro isada, y el asalto fracasó completamente. Durante la noche 11 garon refuer­zos de Krasnovodsk, p ro al salir el sol, se persuadieron de qu los Turcomanos se habían retirado á favor de la oscuridad y ha­bían desaparecido llevándose la mayor parte de su botín. Esta pequeña jornada es inter ante desde 1 punto de vista d la cuestión de los Canul Corps. Bajo la impulsión del momento una partida se organizó en C.z11ul Corps, con el propósito de verificar una marcha rápida. La otra parte construyó un zen'bá de came­llos y sostuvo un a alto tras de semejante trinchera. Los camellos no son utilizables sino en ciertos teatro d gue­rra, y, por tanto, la necesidad de los Camel Corps no se ofrece de ordinario. Existe un débil Camel Corps, como elemento del ejército egipcio, y ha desempeñado un papel activo en la mayor parte de los combates librados estos últimos años por las tropas dd Jedive contra los fieles del Mahdi.-Co?Ztz'núa. ------- ~~ ---- REGLAMI-..'NTO MEXICANO PARA EL SER VICIO DE CAMPANA Continúa CAPÍTULO U-INFORMES, PARTES, CROQUIS 11. Informts-P'!ra poder dar una orden precisa y que respon­da bien á las circunstancias, se requier antes conocer bien éstas. Las primeras indicaciones con que se cuenta son : los infor­mes enviados por las autoridades superiores y por las de los cuer- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín /lfzlitar pos de tropas próximos. Más tarde vienen los recogidos por el servicio de exploración y los partes remitidos por los Jefes de los batallones ó fracciones de las unidades en acciófl. Las intenciones de los habitantes, así como los periódicos, cartas, rollos de cinta de las estaciones telegráficas y otros docu­mentos análogos, pueden proporcionar indicaciones de gran valor. La reunión de todos estos medios para adquirir noticias incumbe principalmente á la caballería colocada en primera línea. Lo manifestado por los prisioneros y enfermos dejados á re­taguardia r.onstituye á su vez una nueva base de información. Por lo que respecta á los prisioneros_, es necesario tener cui­dado, si no pueden ser conducidos inmediatamente á un Estado Mayor, de interrogarles por separado y sin dilación. Estos interro­g- atorios, si se hacen con tacto y habilidad, podrán precisar los hechos ciertos; pues la verdad se desprenderá de la mayor 6 me­nor concordancia entre las diversas contestaciones á una misma pregunta. En estos interrogatorios las principales preguntas que debe­rán hacerse serán las siguientes: Cuerpos á que pertenecen los prisioneros; número del Cuerpo de Ejército, División, Brigada, Batallón, Regimiento ó servicio de que formaban parte; nombre de los principales Jefes; últimos lu­gares donde vivaquearon, acamparon 6 acantonaron; marchas que han ejecutado, situación material de las tropas; su estado moral, etc. Si las circunstancias no permiten proceder inmediatamente á. un interrogatorio detallado, será necesario, por lo menos, precisar los número de los Regimientos á que pertenecen los prü,ioneros, pues estas noticias permitirán deducir la organización de las tropas enemigas. De todos modos, por estos procedimientos no se puede llegar á obtener datos concretos. Es indispensable, para poder apreciar la situación, tener indicaciones directas, que sólo se podrá'n conse­guir buscando el contacto con el enemigo, y observándolo. Ade­más de esto, es preciso agrupar, formando un conjunto único, los indicios procedentes del mayor número posible de orígenes. Por esta razón, las patrullas, los destacamentos, los puestos avanzados, los Comandantes de tropas y los Estados Mayores, tienen obliga­ción de dar Á SUS JEFES INMEDIATOS, PARTE DE TODAS LAS NOVEDADES, TAN .PRONTO Y TAN CQMPLETAMENTE CO.MO SEA POSIBLE. Cuanto más esté el subordinado al corriente de las intenciones inmediatas de su Jefe, más fácil le será distinguir Jo que es esen­cial de lo que no tiene importancia. Un Jefe ha de tener siempre grande interés en conocer rápi­damente ]as líneas de marcha del adversario; las localidades á que ha llegado, principalmente con su infantería ; los puntos de apoyo de sus alas en la formación de combate 6 en estación ; á veces será ya un gran dato saber que á tal hora no se había en­contrado al enemi~o sobre un camino determinado. A menudo, también la confirmación de noticias que ya se sabían, será, par.a Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BDlet{n Mi/z'tar un Jefe, de grande interés; así como la certidumbre de que en tal momento la situación no había cambiado. El que envíe un informe debe distinguir expresamente lo que él mismo ha visto, de lo que otro ha oído ó encontrado, lo que sólo es una simple suposición, de lo que es un hecho real. Es de verdadera importancia dar de una manera precisa las indicaciones de nombre, tiempo y Jugar. La expresión de columna profunda, por ejemplo, tendrá otro valor si se le agrega : contando próximamente 4 á 6 batallones y algunas baterías. Conviene igualmente decir dónde y cuándo se han visto las tropas, y particularmente si están en movimiento, cuál era la di­rección de su camino, en 1.ué punto se encontraba su cabeza, cola, grueso, etc., en el momento de la observación. El combate es el medio que facilita los informes más seguros para apreciar la situación. En consecuencia, el General en Jefe debe estar exactamente al corriente de los acontecimientos de las tropas empeñadas en una acción. Una vez terminado el combate, el jefe de la fracción empe­ñada puede dar á conocer, con toda precisión, los Cuerpos, Regi­. mientas, etc. que ha visto; el estado que guarda el enemigo y la dirección que tomó en su retirada. En casos urgente , no solamente cleben enviarse las noticias á los Jefes inmediatos, sino también á los de superiot· categoría. Debe siempre darse aviso directo á toda tropa amenazada por el enemigo, independientemente de cualquiera otra comunicación que haya lugar á expedir. Si una misma noticia se comunica á la vez á di~tintos desti­natarios, e preciso mencionarlos en cada una de las comunicacio­nes. Si e ha prescindido de una autoridad intermedia, se le debe dar parte, tan pronto como sea posible, d las noticias comunica­das y de las resoluciones tomadas. Las tropas próximas están obligadas á ponerse constante y recíprocamente al corriente, de las noticias importantes que ad­quieran, relativas al adversario, así como de las modificaciones que puedan ocurrir en su propia ituación. 12. En campaña no hay ventaja alguna en di tinguir en su forma un parte de un informe. El parte, que se redacta en gene­ral al abrigo de una casa y con mayor cuidado, es generalmente el complemento de los informes, demasiado cortos, que se han en­viado desde el terreno, y tiene así el valor de un documento más completo. El redactor de un parte debe designarse siempre por las ex­presiones yo, mí, y no emplear la tercera persona d suscrilo, tic. Puede haber interés en conocer la manera de juzgar y la impre­sión personal de aquel á quien s • confía una misión en muchos casos. Puede ser éste el objeto del parte. En campaña, generalmente, cuando hay que apreciar el te­rreno ó ciertas condiciones locales, se hace esto en vista de un ob­jeto perfectamente determinado y muy próximo; este objeto, que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. · Bolet{n kft'ltta,- debe indicarse en la orden que se da al que desempeña dicha co­misión, debe resaltar igualmente en el parte en el sentido de que debe indicarse ante todo, y desde el principio, todo lo que, relativo á él, merezca llamar la atención. Los informes muy cortos, que es indispensable enviar después de cá.da combate, no evitan que se dé un parte más detallado, tan pronto como sea posible, después de la acción; deben presentarse en él los hechos, en el orden en que han tenido lugar; para los combates importantes, se exponen separadamente los hechos acae­cidos en cada uno de los puntos del teatro de la lucha. Las órde­nes é informes recibidos durante la acción, y que han influído en su desarrollo, deben reproducirse literalmente en el texto del par­~' ó anexarse á él. 13. Croquú-Un croquis, aunque ejecutado rápidamente y en · condiciones muy incómodas, es de suma importancia para comple­tar un informe. O una carta, ya sea que tengan que hacerse resaltar en ella los informes recogidos, ó que se quiera indicar el conjunto de los trabajos importantes que hay que ejecutar en el terreno. Pero fuera de estos trabajos, que corresponden siempre á las armas especiales, se puede muchas veces, por medio de un cro­quis, aun reducido á su forma más sencilla, reemplazar un texto detallado 6 completarlo. Debiendo ejecutarse estos croquis muy rápidament , en con­diciones muy incómodas y aun á caballo muchas v ce., es absolu­tamente necesario no hacer figurar en ello sino las indicaciones topográficas indispensables para el objeto propuesto. No es necesario sujetarse á una escala rigurosa. Las distan­cias y dimensiones que se deban representar, como por ejemplo Ja ar.chura de un río en un punto determinado, se indicarán en cifras. No se trata en estos casos de producir un trabajo artístico, sino de representar lo más simplemente posible lo que ofrezca in­terés para el caso en cuestión.-Conlintía. JhFORME SOfiRE El EJERCITO ALEMAN Continúa Como lo veremos más adelante, este principio de elecci0n no existe solamente en los distritos de la landwehr; se aplica también con rigor muy particular en los cuerpos del ejército activo. Eví­tase así que en la corporación de oficiales puedan introducirse in­dividuos indignos de ceñir espada. Una vez nombrado oficialmente por el Emperador, el nuevo oficial de la reserva recibe un oficio en que se le indica si está deS­tinado á tal regimiento, ó simplemente á tal distrito de landwehr. Después de haber manifestado por qué trámites debe pasar el Toluntario de un año para llegar á oficial de reserva, creo útil poner Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín 111'-ilitar de relieve las ventajas que al ejército apareja esta institución del voluntariado. Aun sin hablar de los buenos efectos que produce el paso por las filas de todos estos jóvenes instruídos y bien educados, se ha encontrado en el voluntariado de un año la solución sencilla y ra­cional de uno de los más difíciles problemas de la movilización : el reclutamiento de los oficiales. Es preciso no perder de vis a que casi todos los ejércitos europeos, y el ejército ruso en parti­cular, carecen de oficiales aun en tiempo de paz. ¿Dónde tomar de pronto-podrá preguntarse-esta necesaria masa de oficiales, pri­mero para la movilización del ejército activo, después para formar cuerpos de reserva, de landwehr, etc.? El papel de oficial en la guerra moderna ha venido á ser tan difícil, que para desempeñarlo convenientemente es mdispensable haber recibido durante la paz una educación especial. Así pues, esta cuestión, de importancia capital, ha embargado desde hace mucho tiempo la atención del Gobierno prusiano, y éste la ha re-uelto, puede decirse, de la manera más brillante. Así, en 1874, de 4,495 voluntarios de un año, incorporados en el ejército prusiano, 1,579 han sido licenciados como oficiales de reserva, 833 como sargentos y 1,836 como simples soldados; 209 han sido despedidos ó han muerto antes del fin de su año, y 38 han permanecido en el servicio por ascenso ó como reenganchados. Y no solamente encuentra el ejército por este medio una re­serva de oficiales que pueden ser empleados para la formación de nuevos cuerpos, sino que cada regimiento viene á poseer un nu­meroso depósito de oficiales, que le pertenece en propiedad, y cuyo personal le es perfectamente conocido. Se hace, por otra parte, una consideración muy importante : los cuerpos, al instruír sus vo­luntarios de un año, trabajan en cierto modo para ellos mismos y son los más interesados en hacer esfuerzos para dar la mejo! edu­cación militar posible á jóvenes que les será preciso utilizar en el momento crítico de la movilización y durante la guerra *. Supongamos, por ejemplo, que en un regimiento hayan entra­do durante el curso de un año, como ocurre con frecuencia, cin­cuenta voluntarios de un año. Al fin del curso anual, veinticinco próximamente habrán recibido el certificado de candidatos para el grado de oficial de la reserva. Supongamos toda vía que sobre es­tos veinticinco, los diez mejores solamente hayan merecido ser de­signados oficiales de reserva de su propio regimiento : resulta de • Es verdaderamente admirable lo sencillo del sistema establecido en el ~jército alemán para hacerse á un3. numerosa oficialidad de reserva dt: bueuu condiciones, con jóvenes instruidos y de buena educación, y sin que cuesten un solo céntimo al Estado, evitando así la contingencia de tener que impro'fisar ofi­ciales en caso de guerra, sin instrucción militar de ningún género o sólo con la práctica que hayan adquirido como individuos de tropa, y sin detenerse en SU$ aptitudes y ::.ntecedentes, y que más tarde son la rémora, la perturbación y abo· go de las escalas y la carga del presupuesto. La base de toda la bondad de aquel istema es el servicio militar obllgatorio, y es el único medio, 6 por lo menos el más expedito y eficaz, para adquirir oficiales de escala de resena, iÍn que seaa rravosos al presupuesto durante la pu-(N. dd T.). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín JV/z.'lz'tar ello que este regimiento enviará cada año á su particular reserva diez oficiales elegidos entre cincuenta voluntarios, y una quincena de buenos oficiales á la reserva general del ejército. Al cabo de diez años, por consiguiente, el regimiento contará en su reserva particular-teniendo en cuenta la~ bajas inevitables-unos ochenta oficiales, esto es, que con toda amplitud podrá llenar las vacantes que ocurran, tanto en sus batallones activos como en los depósitos y lmzdwehr *. Pero si llegare á suceder que un cuerpo no tuviere ntimero suficiente de ellos en su reserva especial, podría fácilmen­te suplirlos, sacándolos de la reserva general del ejército, la cual está siempre abundantemente provista. La guardia tiene su reserva particular, donde no se encuen­tran sino los oficiales expresamente designados para formar parte de ella. Todos los demás oficiales de reserva que salen de los cuerpos de la guardia, son clasificados en la reserva general del ejército. Voy á tratar ahora de dar á conocer de qué manera se procede en los cuerpos activos para instruir á los voluntarios de un año. Como se proponen formar, si es posible, buenos oficiales de re­serva, es natural se dirija su instrucción de manera distinta á la de los demás reclutas. La diferencia es más sensible en lo que concierne á la ense­ñanza teórica. En cuanto á las maniobras, se sigue con los vo­luntarios de un año la misma progresión que con el resto de Jos nuevos soldados : solamente se procura darles un conocimiento más profundo de los principios. Al llegar al regimiento, los voluntarios son sometidos á una visita médica, y desde el siguiente día comienza su instruc­ción. Al principio se les exige absolutamente lo mismo que á los demás reclutas ó soldados del contingente. e les obliga á lim­piar personalmente sus armas y equipo, asistir sus caballos y con­ducirlos á la fragua. Sólo después de haber comprobado que es: tán perfectamente al corriente de todas estas faenas, es cuando los capitanes comandantes les permiten delegarlos á otro solda­do, mediante cierta retribución. Sin embargo, el voluntario que aprovecha esta autorización, no deja por eso de ser responsa­ble del aseo y del buen estado de todo lo que le pertenece, y solamente á él se castiga en caso de negligencia respecto á este asunto. Pero si los voluntarios de un año no son dispen~ados de ninguna de las obligaciones que el servicio interior impone al indi­viduo de tropa, sí se les dispensa en todos casos de 1 :>s diferentes trabajos de aseo que necesita la limpieza del cuartel ó de sus alre­dedores. Conviene observar aquí que en Alemania la ley no reconoce derechos especiales á ninguna clase de la sociedad, y que en con­secuencia, todo individuo que posea un título de nobleza y que ~e tto Es decir, en los batallones del regimiento de landwehr que lleva el mis­mo nombre. TOl'tiO 1-30 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M·ilZ:tar haya incorporado por la vía de reclutamiento ordinario, se verá tratado siempre como el último campesino. Bajo las banderas no existen otros privilegios que los adquiridos por la instrucción. Debo decir, por otra parte, que ?lO se me Iza podúlo citar un solo caso de que haya sido llamado al serm"rzo 11z'ngún joven que carezca de educaczl»t. Todos, en efecto, ó bien son voluntarios de un año, 6 bien satisfa­cen de cualquiera otra m::tnera las obligaciones militar s que la ley les impone. Tan pronto como llegan al C•.l rpo, todos los voluntarios de un año son confiados á un oficial inteligente, ex~erimentado y cuidado­samente elegido, de modo que pueda no sólo darles la instrucción militar, sino también inspirarles el respeto y consideración que co­rresponde á cuantos ciñen espada. Los voluntarios de un regimiento forman así un pelotón espe­cial, que durante cierto tiempo, como lo veremos más adelante, es instruído teórica y prácticamente aparte de los demás reclutas. No hay excepción para esta regla sino en caballería, en donde, pars los ejercicios prácticos, se reúne á los voluntarios con los simplea reclutas y se les distribuye entre las diversas tandas, según su fuera za en equitación; pero para todo lo que concierne á la enseñanz­teórica, se les separa del resto de la tropa, y siguen un curso es­pecial bajo la dirección de un oficial inteligente y experimentado, tal como en las demás armas. A propósito de esto debo añadir que no se confía á un mismo oficial la instrucción de más de 20 hombres, y que, por consi­guiente, en ciertos regimientos estacionados en las grandes ciuda­des, donde los voluntarios son siempre numerosos, no e raro ver dos y aun tres tenientes encargados simultáneamente de su ins­trucción. La tarea de estos oficiales no es fácil. Les es preciso, en el corto espacio de un año, no solamente hacer de los jóYenes que se les confía soldados muy diestros, sino también darles una educación militar suficientemente elevada para hacerles aptos para el des­empeño, en tiempo de guerra, de la difícil misión que incumbe al oficial. Es evidente que dada la suparioridad intelectual de estos jó­v~ n~s, necesitan menos tiempo que los otros recluta~ para ponerse al corriente de las reglas del servicio y acomodarse á las necesi- ' dades de la vida militar; pero en cambio, la educación de los vo­luntarios debe ser llevada mucho más lejos, puesto que no sólo se quiere de ellos hacer sol dos sino también jefes. Un fin tan eleva­do no puede obtenerse ~;ino á fuerza de celo por parte de los ofi­ciales instructores, con el activo concurso de todos aquellos que por sus funciones est~1n más ó menos directamente en relación con los voluntarios. Cada uno debe siempre recordar que en caso de guerra el regimiento no tendrá para completar sus oficiales sino aquellos que él haya formado así por sí mismo; de suerte que si no están á la altura de su misión, la falta será del cuerpo que no ha sabido prepararlos en tiempo de paz. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mzlitar La responsabilidad principal de todo esto recae naturalmente sobre el oficial instructor, por lo cual, aun cuando sea veterano y ex­perimentado y los di Tersos ramos de la instrucción dehen serie fami­liares, no por eso deja de ser útil se prepare previamente de una manera del todo especial, á fin de estar dispuesto á comenzar la educación de sus discípulos el mismo día de su llegada. Estos oficia­les instructores no son, por lo demás, designados para el año entero, sino solamente para la duración de lo que se llama el período de instrucción de los reclutas, duración que varía de tres á seis meses, según las armas. Se les agrega, además, para secundarles, un nú­mero suficiente de sargentos elegidos entre los mejores del regi­miento. Vamos á examinar en un instante, más en detall las diferen­tes especialidades que comprende la instrucción, y á indicar la re­partición del empleo del tiempo que una larga experiencia ha hecho generalmente adoptar en los regimientos de infantería ; bien entendido que aquí, como en todo lo demás, los oficiales instruc­tores tienen completa libertad para elegir y emplear los procedi­mientos y métodos que les parezcan preferibles en cada circuns­tancia. La sola condición que se les impone es la de que la instruc­ción de los voluntarios alcance, para ciertas épocas, fijadas de antemano, un grado determinado. En cuanto á la manera como han de llegar á este resultado, queda á su cargo. Así, por ejemplo, se exigirá que al cabo de tres meses estos jóvenes hayan terminado ehteramcnte el curso de la instrucción individual de los reclutas, y que posean los principios de una manera mucho más completa que los demás soldados al cabo del mismo tiempo. Pero no está permitido ir más lejos, y se me ha citado el ejemplo de un coronel sr:vcramc11/e censurado por sus su.periort:s, por haber establecido 1: 1i1zjmes/o en su reghmenlo mz programa de ziHirucáón para los voluntarios de tm alio. Se le reprochaba deslruír así toda in/dativa é úzdepcmlettdcz á sus oficialts ·instructores, cosa que en opinión de todos no puede conducir sino á resultados medianos y á veces también absolutamente malos. La época en que comienza el curso anual de instrucción de­pende de aquella en que llegan los jóvenes al cuerpo, y por tanto, en los regimientos de infantería hay en realidad dos cur­sos cada año, que empieza el uno el 1.0 de Octubre y el otro el 1.0 de Abril •. Los voluntarios siguen de estos cursos aquel cuya inau­guración corresponde á la fecha de su ingreso, y se encuentran así formadas dos clases que jamás se mezclan y que son instruidas aparte. No se reúnen sino para las maniobras de conjunto de la compañía cuando ambas han terminado el período de los ejercicios individuales, lo que no puede ocurrir sino del 1.0 de Enero al 1.0 de Abril, ó bien entre el 1.0 de Julio y el 1.0 de Octubre. Continúa. • Puesto que, como lo hemos visto, en esta arma solamente los voluntarios de un año se reunen en cualquiera de estas dos épocas. Cada uno de c1tos d~ c'tnsos no dura menos de un año. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milzta1"' VIAYE A LAS REGIOJilES EQUINOCCIALES, DE HUMBOLDT Fragmentos ttaducidos para el Boletl11 Militar Continúa Confieso que estas razones son más especiosas que verdade­ras. El hombre, para sacar provecho de las ventajas del estado social, debe sacrificar sin duda una parte de sus derechos natura­les y de su antigua independencia. Pero si el sacrificio que se le impone no está compensado con las ventajas de la civilización, el sal.vaje, en su cuerda sencillez, conserva el deseo de volver hacia los bosques que lo han \'Ísto nacer. Esto último consi~te en que el indio de los bosques es tratado como sier o en la mayor parte de las misiones, y en que no disfruta allí del fruto de su trabajo: por esto quedan desiertos los establecimientos cristianos del Orinoco. Un Gobierno fundado sobre las ruinas de la libertad de los indíge­nas, apaga las facultades intelectuales ólas paraliza en su desarrollo. Cuando se dice que el salvaje, como el niño, no puede ser gobernado sino por la fuerza, se establecen falsas analogías. Los indios del Orinoco tienen algo de infantil en la expresión de su alegría, en la rápida sucesión de sus emociones ; pero no son niños grandes, lo son menos que los pobres labradores del oriente de Eu­ropa, á quienes la barbarie de nuestras instituciones feudales ha mantenido en el mayor embrutecimiento. Considerar el empleo de la fuerza como el único medio para civilizar al salvaje, es por otra parte un principio tan poco verdadero en la educación de los pue­blos como en la educación de la juventud. Cualquiera que sea el estado de debilidad ó de degradación de nuestra especie, ninguna faculcad se extingue por completo. El entendimiento humano ofrece sólo grados diversos de fuerza y de desarrollo. El salvaje, como el niño, compara el estado presente con el pasado, dirige sus acciones no según un instinto ciego, sino de acuerdo con motivos de interés. Por dondequiera la razón pue­de ser ayudada por la razón, y sus progresos se retardarán más mientras los hombres que se creen llamados á educar la juven­tud 6 á gobernar á los pueblos, enorgullecidos por el sentimiento de su superioridad, despreciando á aquellos que tienen á sus órde­nes, pretendan sustituír el temor y la fuerza á la influencia moral, que es la que puede desarrollar las facultades nacientes, calmar las pasiones irritadas y afirmar el orden social. Abn1 Io-No pudimos hacernos á la vela sino á las diez de la mañana. Trabajo nos costó habituarnos á la nueva piragua, que considerábamos como una nueva prisión. Para ganar en anchura, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milita·r se formó con ramas de árbol, en la trasera del bote, una especie de enrejado, que por ambos lados sobresalía de los costados. Por desdicha, el toldo de hojas que cubría este agregado tenía tan poca altura, que era menester, 6 permanecer extendido, sin ver nada, 6 sentarse encorvado. La necesidad de transportar las pira­guas al través de los raudales, y también de uno á otro río, el temor de dar mucho asidero al viento al levantar el toldo, hacen necesa­ria esta construcción para las pequeñas embarcaciones que remon­tan hacia el Río Negro. El techo se arregla como para cuatro personas, e. tendidas sobre el puente 6 enrejado de ramas ; pero las piernas son mucho más largas que las ramas, y cuando llueve, uno se moja medio cuerpo. De resto, uno se acuesta sobre cueros de buey 6 pieles de tigre, y las ramas de árbol que sostienen esas pieles, se hacen sentir dolorosamente al través de una cubierta tan delgada. La parte delantera del bote estaba llena de indios re­mer s, provistos de pagayas de tres pies de largo en forma de cucharas. Están del todo dt.:snudos, s ntados dos á dos, y bogan en cadencia, con igualdad extraordinaria. Sus cantos son tris­tes y monótonos. Las cajas que contenían nuestt·os pájaros y mo­nos, y cuyo número aumenta! a á medida que aYanzábamos, esta­ban amarradas, unas al toldo, ott·as á la pr·oa del bote. E ta era nuestra casa de fieras ambulante. A pesar de las pérdida frecuentes, ocasionadas por accidente y, sobre todo, por lo funestos efectos de la insolación, contábamos catorce de e tos animalitos á nuestro regreso del Casiquiari. Naturali tas que pretendan llevar colec­ciones de animale vivos á Europa, podrían, en las dos capitales situadas á orillas del Orinoco y del Amazonas, n Angostura ó en el Gran Pará, hacer con truír piracruas exprofeso, cuya primera tercera parte contenga dos filas de cajas, defendidas de los ar­dores del sol. Por las noches, cuando establecíamos nuestro vivac, lcZ casa y nuestros in trumentos ocupaban el centro, en eguida ve­nían nuestras hamacas, después las de Jos indios, y por fuera, las candeladas indispensables contra los ataques del jaguar. Al sa1ir el sol, los monos de nuestras cajas respondían á los gritos de los monos de la selva. Estas comunicaciones entt·e animales de la mis­ma especie, que se encariñan sin verse, gozando unos de la liber­tad que otros echan menos, tienen algo de triste y de conmovedor. En una piragua tan cargada y que no tenía tres pies de an­cho, no quedaba otro lugar para las plantas secas, los baúles, un sextante, la brújula de inclinación y los instrumentos meteorológi­cos, ~ino la parte inferior del em·ejado de ramas sobre el cual per­manecíamos acostados por fuerza la mayor parte del día. Para sacar el menor objeto de un baúl, ó para hacer uso de un ins­trumento, era preciso anclar en la ribet·a y desembarcar. A estas incomodidades se unían el tormento de los mosr¡wlos que se acu­mulan en techo tan bajo, y el calor que irradian las hojas de pal­ma, cuya superficie superior está conti;mamente expuesta á los ardores del sol. Intentábamos á cada instante, y siempre sin éxito, mejorar nuestra situación. En tanto que uno de nosotros se envol­vía en un manto para precaverse de los insectos, el otro insistía Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 470 Boletf1t M·ilitar para que se encendiese leña verde bajo el toldo, á fin de arrojar á los mosquitos por medio del humo. El ardor de los ojos y el au­mento de calor, ya tan sofocante, hacían ambos medios impracti­cables. Con alguna jovialidad de carácter, con actos de mutua benevolencia, con vivo interés por la majestuosa naturaleza de estos grandes valles y sus ríos, los viajeros soportan fácilmente males que se hacen habituales. No he entrado en estos detalles minuciosos sino para pintar la manera de navegar sobre el Ori­noco, y para probar que, á pesar de nuestra buena voluntad, no pudimos, ni M. Bonpland ni yo, durante esta parte del viaje, mul­tiplicar nuestras observaciones como lo exigía el interés de los ob-jetos que nos rodeaban. . Los indios nos mostraron el lugar en donde, sobre la ribera de­recha del río, estaba situada en ott~o tiempo la misión de Pararu­ma, fundada por los Jesuíta hacia el año de r 733· La mnrtn lidad causada por la vintda entre los indios Sá.livas, fue la causa prin­cipal de la destrucción de la misión. Los pocos habitantes que so­brevivieron á esta cruel pidemia, fueron agregados á la aldea de Carichana, que íbamos bien pronto á visitar. Es en Pararuma, se­gún el testimonio del Padre Román, n donde se ha visto caer g:ranizo durante una gran tPmpestad, hacia mediados del último Siglo. Este es casi el único ejemplo que yo conozco en una llanura que está poco más ó menos al niv 1 clel mar; porqu generalmente no se ve caer granizo bajo 1 JS trópicos sino á trescientas toesas de elevación. Si se forma :í igual altura ncima de las llanuras y de los valles, es prcci. v ere r que se derrite al recorrer en su caída las capas má. · bajas ele la atmó fe1·a, cuya temperatura media (entre o t. y 300) es de 27°.5 y 24° del termómctr centígrado. onficso que es bien difícil pouer .· licar n 1 estado actual de la meteorología p r qué cae granizo en l; iladelfia, en Roma y en Montpellier durante los mes s de má. calor, cuando la temperatura media alcanza 25° á 26°, en tanto que no se verifica el mismo fe­nómeno en Cumaná, n la oajira, y en general en las llanuras ecuatoriales. En los E tados Unidos y en la Europa meridional (hacia los 40° y 43° de latitud), los calores de las llanuras son, en estío, poco más 6 menos los mismos que bajo los trópicos. La dis­minución del calórico, según mis investigaciones, varía igualmente muy poco. Si, pues, la falta de granizo en la zona tórrida, al ni­vel del mar, proYicne de que se deshace al atravesar las bajas ca­pas del aire, hay que suponer que estos pedriscos, en el momento de su formación, son más gruesos en la zona templada que en la zona tórrida. Conocemos todavía tan poco las condiciones bajo las cuales el agua se congela en una nube tempestuosa, en nuestros climas, que no podemos juzgar si estas mismas condiciones se ve­rifican bajo el ecuador, encima de los llanos. Yo dudo que el gra­nizo se forme siempre en una región del aire cuya temperatura media sea cero, y que no se encuentre entre nosotros en estío sino á 1,500 6 1 ,6oo toesas de altura. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M-ilz'tar Las nubes en las cuales se oye entrechocar los pedriscos antes de su caída, y que se mueven horizontalmente, me han parecido siempre mucho menos elevadas, y, á estas alturas menores, se puede concebir que enfriamientos e.'traordinarios son causados por la dilatación del aire, que asciende aumenlado de capacidad por el calórico, por corrientes de aire frío que vienen de una lati­tud más elevada, y, sobre todo (según el pa1~ecer de lVI. Gay Lus­sac), por la irradiación de la superficie superior ele las nubes. Tendré ocasión de volver á tratar este asunto, al hablar de las formas diferentes bajo las cuales el g1~anizo aparece en la cima de los Andes, á 2,000 y 2,6oo toesas de altura, y al examinar la cues­tión de saber si se puede considerar la capa de nubes que envuel­ve las montañas como una continuación horizontal de la capa que vemos en los 1lanos encima de nosotros. El Orinoco, lleno de islas, comienza á. dividirse en varios bra­zos, de los cuales el más occidental permanece seco durante los meses de Enero y de Febrero. El ancho total del río pasa de 2,500 á 3,000 toesas. Frente por fren .. e de la isla de Javanavo ·irnos al levante la boca del ca11o Aujacoa. Entre este caño y el río Paruasi 6 Paruati .. * el país se hace cada vez más cerrado en bosque. En medio de un bosque de palmeras, no lejos del Orinoco (enfrente del Halo de San Antonio), se levanta una ¡·oca aislada y de un as­pecto infinitamente pintoresco. Es una columna de granito, una masa prismática cuyos flan­cos desnudos y escarpados alcanzan á cerca de doscientos pies de altura. u cima, que se levanta sobre los más elevados árboles del bosque, termina en un banco de roca unido en la superficie y ho­rizontal. Otros árboh::s coronan esta cima, que los misioneros lla­man el Pico 6 Jl;fogole de oc¡a•za. Este monumento de la naturale­za, sencillo en su grandeza, recuerda los monumentos ciclópeos. Sus contornos, fuertemente pronunciados, el grupo de árboles y de arbustos que lo coronan, se destacan sobre el azul del cielo. Es como si un bosque se levantase encima de otro bosque. 11ás lejos, cerca de la embocadura del Paruasi, el Orinoco se estrecha. Al Oriente alcanzámos á v r una montaña de cima rasa que se a anza en forma de promontorio. Tiene más de trescien­tos pies de alto, y servía de fortaleza á los Jesuítas. Allí habían construido ellos un fortín defendido por tres baterías de cañones y constantémente ocupado por un destacamento militar. Hemos vis­to estos cañones desmontados y medio sepultados en la arena, en Carichana y en Atures. El fortín de los J esuítas ( ó fortaleza de San Francisco Jaz•ier) fue destruído después de la disolución de la Compa­ñía; pero el sitio aún conserva el nombre de El Casft"llo. Sobre una carta manuscrita, trazada en estos últimos tiempos en Caracas por un miembro del clero secular, lo encuentro marcado con la rara denominación de Trz"nchera del despolúmo mo11acal. En todas las re- • El Padre Jesuíta Morillo había formado sobre las orillas de Paruasi una misión de este nombre, reuniendo indios Mapoyes ó Mapoy; pero fue bien pronto abandonada. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 472 Boletín Militar voluciones la nomenclatura geográfica se resiente del espíritu de innovación que se apodera de la multitud. La guarnición que los Jesuítas mantenían sobre esta roca no estaba simplemente destinada á proteger las misiones contra las in­cursiones de los Caribe , sino que se empleaba también en una gue­rra ofen iva 6, como se dice por aquí, en la conquista de las alrnas. Los soldados, excitados por el cebo de recompensas pecuniarias, hacían incursiones ó entradas á mano armada en las tierras de los indios independientes. 1\IIataban todo lo que se a treYiese á hacer resistencia; quemaban las cabañas ó destruían las plantacione , y se llevaban en calidad de presos á los viejos, las mujeres y los ni­ños. Estos prisioneros se repartían en las misiones del Meta, del Río Negro y del alto Orinoco. Se escogieron los lugares más lejanos, á fin de que no pudiesen intentar el volver á su país natal. Este medio violento de conquistar almas, aun cuando prohibido por las leyes españolas, era tolerado por los gobernadores ciYiles y elogiado como útil á la religión y pat·a el engrandecimiento de las misiones, por los superiores de la Compañía. "La voz del Evan­gelio no es escuchada-decía cándidamente un Jesuíta en las Car­las edificantes de la Compailía de Jesús, 1757, tomo xv1, página 92-sino allí en donde los indios han oído el ruido de las armas, el eco de la pólvora. La dulzura es un medio bien lento. Castigando á los natu­rales se facilitara su conversión." Estos principios, que degradan la humanidad, sin duda que no eran los de todos los miembros ele una sociedad que, en el Nuevo Mundo y por dondequiera q e la educación ha permanecido exclu ivamente entre las manos de los monjes, ha prestado servi­cios á las letras y á la civilización. Pet·o las entradas tÍ las conqmslas espinlualc-., con ayuda de las bayonetas, eran un Yicio inherente á un régimen que tendía al rápido ensanche de las misiones. Es con­solador ver que no siguieron el mismo sistema los religiosos de San Francisco, de Santo Domingo y de an Agustín, que gobier­nan hoy una vasta parte de la América l\1eridional, y quienes, por medio de la dulzura 6 la senctllez de sus costumbres, ejercen una influencia poderosa sobre la suerte de tantos millares de indígenas. Las incursiones á mano armada están casi del todo abolidas; y allí en donde se acometen, son improbadas por Jos Superiores de las órdenes. No decidiremos por el momento si esta mejora del régimen monacal se debe á falta de actividad ó á una tibieza in­dolente, ó si hay que atribuirla como á uno le gustara ó á que fuese debida al aumento de luces; á sentimientos mejores y más confor­mes con el verdadero espíritu del cristianismo. Conlz'mía Bogotá-Imprenta de Vapor. Calle IO, mímero I68 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 15

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 13

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 13

Por: | Fecha: 30/03/1901

~~~ BOGOTA, MARZO 30 DE 1901 SERIE Il-'TOMO l-N. 0 13 BOLETIN ~liLITAR DE COLOMBIA 1 Director ad honorem Guerra y del Ejército F. J. VERGARA Y V. Son colaboradores de esto periódico los ~ General de Ingenieros, Miembro de Organo del Ministerio de Jefes y O.ficinles del Ejército + varias SociedQdes Cientiflcaa D.ErR.E .. 1'0 NUMERO 323 IJ.E.., I9o.1 ( 1 5 DE MARZO) por el cual se aumentan unas asignacione. El V/cepresiCienle de la Rtpt~blú:a, encargado del Poder Ejecult'vD, En uso de ·u facultades constitucionales DECRETA Artículo único. Auméntase en un 25 por 100 el sueldo de los señores Gcnerale Comandante en Jefe del Ejército de la Repú­blica, Jefe de Estado Mayor General del mismo y Comandante Mi­litar de la Plaza de Bogotá, á contat~ del 1.0 de Abril próximo ve-nidero. · Comuníquese y ¡Jublíquese. Dado en Bogotá, á r 5 de Marzo de rgo 1. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLElUIO QuiNTERO C.-El Subse­cretario de Relaciones Exteriores, encargado del Despacho, AN­TONIO Josi URIBE-El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, MIGUEL ABADfA MÉNDEz-El. Ministro de Guerra, josi DoMINGO ÜsPINA C.-El Ministro del Tesoro, EN-JUQUE REsTREPO GARclA. · TOMO 1-25 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .]86 Bolet{n MilitaY DECRETO NUMERO 3~4 DE I90I (16 DE MARZO) po.r el cual se honra la memoria del Sr. General Santiago Buriticá El Vi'cepresúlmü de la Repúblú:a, encargado del Poder Ejecutivo, CONSIDERA~DO Que desde el año de 1876 el Sr. General Santiago Buriticá venía luchando por la causa de sus convicciones, dando alto ejem­plo de patriotismo y desinterés; que en la presente guerra fue de los primeros en tomar las armas, poniendo, como siempre, sus inte­reses al servicio del Gobierno, y peleando con valor y entusiasmo ~ órdenes del distinguido General Pompilio Gutiérrez; que por su bizarro comportamiento en varios hechos de armas fue ascendido ~ General de División, y que el día 1 I de los corrientes murió en Ambalema, en donde se hallaba en servicio del Gobierno, DECRETA Artículo único. La muerte del General Santiago Buriticá es motivo de justo duelo para el Ejército, y el Gobierno al lamentarla presenta al Ejército de la República la vida y hechos de este constante sen·idor de la ausa, ~omo un ejemplo y un estímulo. §. Un ejemplar auténtico del presente Decreto se le enviará á la familia del General Ruriticá por conducto del Sr. General Pom­pili~ Gutiérrez. Comunfque e y ¡.>ublíquese. Dado en Bog tá, á 16 de Marz de 1901. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro ele Guf>rra, J OSK DoMINGO ÜsPINA C. JJE'CR.l!:l'O NUMERO 326 DE I90I (16 DE MARZO) por el cual . e suprimeQ algunas asimilaciones militares .1:,7 VJúpres~·dente de la República, encargado del Poder Ejecull"vo, DECRETA Art. 1. 0 A contar del 1.0 de Abril próximo venidero, declá­ranse sin valor alguno las asimilaciones concedidas por decretos anteriores á. los Jefes y Oficiales del Ejército en servicio activo. En consecuencia, los militares que hayan sido asimiladus á grado mayor para efectos fiscales, sólo ganarán los sueldos y so­bresueldo~ correspondientes al destino militar que desempeñen, 6 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. á su grado efectivo en los casos en que, conforme á la Ley 39 de 18g6, no quede determinada la asignación por el destino militar. Esta disposición no comprende á los empleados del servicio administrativo que hayan sido asimilados para los efectos fiscales. Art. 2.0 Las disposiciones del artículo anterior en nada afec­tan los aumentos de sueldos señalados por el Poder Ejecutivo en decretos anteriores y en virtud de la facultad conferida por el ar­tículo 2.0 de la misma Ley 39 de 18g6. Comuníquese y puhliquese. Dado en Bogotá, á I 6 de Marzo de 1 go 1 . JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, Josi DoMINGO ÜsPINA C. DECRETO l'lU.llfERO 327 DE I90I (l8 DE MARZO) por el cual se hacen varios nombramientos El 1·záprtsz"denle de la R epúblz'ca, encargado del Poder Ejecuiz"vo, DECRETA Artículo único. 6mbrase Gobernador Militar de la Plaza de Honda al r. General José de los Santos Cuervo; Secretario de la misma Oficina al Sr. Dr. Elías Fajardo, asimilado á Coronel para los efectos fiscales j y Ayudantes á los señores Coronel Juan Caballero J. y argento Mayor Pascual Moya U. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 18 de Marzo de Igüi. JOSE MANUEL MARROQUIN El ~finistro de Guerra, JosÉ DoMINGO ÜSPINA C. DE'CRETO NUMERO 328 DE I90I ( 18 DE MARZO) por el cual se hace una incorporación El Vrúpresz"denle de la Repiíblica, encargado del Poder .FJecult"vo, DECRETA Artículo único. Incorpórase el Batallón Canal en la g_a Divi­sión del Ejército. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá_,. á 18 de Marzo de 1901. JOSE ~t)EL Mi\.RROQUIN El Mif'i~tro de Quet.-ra )9sÉ DoKJNPQ ÜSPlNA C.. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M·Z:l·ita1' DECR.E~TO NUJVI.E~RO 3 2 9 DE I 9oi ( 18 DE MARZO) por el cual se incorporan dos Batallones en las fuerzas nacionales El Vzcepreszaenfe de la Rfpúblzca, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Artículo único. Con antigüedad del 1.0 de los corrientes, in­corpóranse en las fuerzas nacionales los Batallone~ Tequendama y I.0 de Línea, que en lo sucesivo se llamará La Mesa, los cuales de­penderán directamente de la Comandancia en Jefe del Ejército. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 1 8 de Marzo de I 901 . JOSE MANUEL MARROQUIN El Mini tro de Guerra, JosÉ DoMINGO ÜsPINA C. TOS PROCED/Jí/E.VTOS DE CO!IIBATE DE LA ARI"íLLERIA Arreglado dt>l francés para el Ro!ctfn JlfiMar La 7: línea del artículo 135 del Reglamento francés vigente en Francia sobre servicio de las tropas en campaña, previene como modo de acción de la artillería en el combate, que todas las pieza presentes concentren u fuego sobre el punto escogido, á fin de anonadar las tropas enemigas que lo ocupen. En apariencia nada más sencillo, y entonces la infantería apenas tendría que hacer otra cosa que salir de sus abrigos y avanzar majestuosamente, como las divisiones de Massena y de Augereau en Castiglione, el arma al brazo ó al hombro, á reemplazar al enemigo en las posi­ciones que defendía. Tal procedimiento convenía en verdad en la época citada, porque la artillería encargada de la preparación podía, sin gran ries~o, acercarse hasta 200 metros del contrario, por ser esa dis­tancia la que correspondía al alcance eficaz del fusil de piedra. Esta preparación podía llevarse á cabo durante la concentra­ción misma de las columnas de ataque, gracias á la eficacia del tiro de la artillería á partir de los 6oo metros, puesto que el bote de me­tralla contenía de 6o á 1 12 balas y la velocidad del fuego no era inferior á la que hoy se obtiene con los cañones Bange de 80 mm. Tal preparación, á que sucedía incontinenti la marcha ofensi­va de las columnas de ~~aque, era justa porque tendía á desorga- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milita-r ni zar las fuerzas enemigas, ob.feHvo del asalto. ¿Pero hoy día seme­jante procedimiento puede producir los mismos resultados con las actuales formaciones de combate? ¿Qué tropas organizadas tomará por blanco la artillería? ¿Líneas de tiradores abrigados? El cañón es casi impotente contra las trincheras, y además no debe perder-e de vista que lo que se quiere destruír en el combate, y destruír pronto antes del ataque decisivo, es el zndzviduo y no los obstáculos que existan en el terreno. La ázstruccú}n práctú:a provúon·a sobre el servicio de la artille­ría en campaña, dice : "Debe abrir el camino á las tropas de ata­que, derribando los obstáculos materiales que van á hallar en su camino, destruyéndolos 6 haciéndolos insostenibles, y desorgani­zando con sus granadas á los defensores." Este programa convie­ne más á la artillería de sitio que á la de campaña. La tarea que ahí se impone á la artillería es, pues, la si­guiente: !.0 .Dúparar contra el personal al descubzerto. -A causa de la eficacia de los proyectiles actuale , las tropas aprovecharán los abrigos que ofrezca el terreno, ó construirán atrincheramientos rá­pidos para sustraerse á su efectos. 2.0 Destruír los atrziu:Jzeramzentos del enenugo.-Los experimen­tos de polígono muestran que tal destrucción demanda de ordina..: rio un número de proyectiles fuera de proporción con los aprovi­sionamientos de la artillería en campaña. Además, el tiempo que la obra demanda concuerda poco con la rapidez de ejecución exi­gida por todo ataque decisivo, no menos que con la sorpresa que para e1lo se trata de producir en el adve rsario. 3. 0 Destruír los ediji.dos y mw os-Tales objetivos son eviden­temente muy vulnerables, perQ sus defensores se guardarán bien de ocuparlos de modo serio durante la preparación prescrita á la artillería, sí á ello nada lns obliga. Además, hoy día, en vista de ese peligr , los pueblo e defienden desde su linde exterior. 4.0 D estruír las defensas accesorias.- Esta operación exigiría un reglaje muy preciso y el empleo de granadas de fuerte calibre, y, lo que es más, observadores situados en las cercanías de los objetzvos si se quiere obtener resultados ciertos. Tampoco concuerda con la preparación del ataque decisivo en las condiciones ordina­rias de la batalla. 5. 0 'll"ro co11tra el personal abrzgado.- La experiencia enseña que el personal abrigado es poco menos que invulnerable para la moderna artillería de campaña, á causa de la tensión de la trayec­toria, de la insuficiencia de los proyectiles usados (desde el punto de vista de la eficacia), y en fin, de la gran precisión que demanda ese tiro si se desea obtener resultados apreciables. Por esto los ejércitos europeos llevan hoy al campo de batalla piezas hasta de 15 centímetros y emplean proyectiles de 16 á 20 kilogramos de peso, cargados con violentos explosivos. 6.0 Tiro contra la artzllería enemzga.- Al comenzar el comba­te, el mayor obstáculo con que puede trope7-ar el rápido progreso de las tropas del ataque es la artillería de la defensa, y aun cuan- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. do si es inferior en número puede ser rápidamente destruída, en ese caso se guardará de exponerse á tal destrucción antes de obrar contra el arma que importa detener, es decir, la infantería del asaltante. Resumen. Los resultado5 materiales de la preparación espe­cial con la artillería en el caso de un ataque decisivo, son nulos 6 poco importantes si dicha arma obra aisladamente. Tal práctica, justificada en otra época, es hoy verdadero anacronismo que debe suprimirse: conservarlo es perder de vista el principio tan sencillo en su esencia y tan fecundo en sus aplicaciones, de que en el com­bate lo que es preciso aniquilar es el hombre, así como en la gue­rra en general se trata únicamente de destruír las masas organi­zadas del adversario. Los hechos cumplidos durante las guerras contemporáneas, ó sea á partir de la franco-alemana, confirman de sobra lo antedicho, porque el defensor si ha mantenido la infantería contraria á más de 1 ,ooo metros de sus líneas, como no tiene que temer una irrupción repentina de ella, puede abrigarse tranquilamente durante la pre­paración con la artillería, para no descubrirse sino cuando se dise­ñe el ataque real. Es decir, hoy día la preparación del asalto se confunde con su. eje­cución. La artillería, lo mismo que la infantería, debe tan solo preocuparse de poner fuera de combate el personal del enemigo; el cañón malgastará sus municiones en querer destruír una pared detrás de la cual de seguro no habrá nadie : en efecto, cualquiera que sea el grado de ruina á que se reduzca esa pared, siempre ser­virá, en un momento dado, para abrigar infantes rodilla en tierra 6 acostados. Por idénticos motivos es inútil cañonear el linde de un bosque ó de un poblado donde no aparece el enemigo. Ahora bien: para que la artillería pueda obrar contra el per­sonal del adversario, es preciso obligarlo á que se descubra, y esto no puede conseguirse sino haciéndolo atacar con la infantería. Des­de el comienzo de la lucha, se buscará, pues, el enlace íntimo y constante de las dos armas; enlace que vendrá de modo natural si no se pierde de vista que la artillería no es sino el auxiliar de la · infantería, única que constituye ejército por sí sola, porque sólo ella está en capacidad de arrojar al enemigo de la posición que ocupe. Esto sentado, posible e estudiar el empleo racional de la artiJlería en el ataque decisivo-Conc/mrá. ---~tr lo r!gular e pin­tan la piel del color de que están teñidos sus vestidos. ¡ Sin embargo, el pigmento negro y cáustico del caruto {Genipa americana) resiste largo tiempo al agua, como lo ~xperimentámo5 con gran pesar, pues por complacer á los indios, nos hicimos manchas 1 rayas de caruto en la cara, 1 cuan­do volvimos á Angostura, en medio de la ciTilización europea, esas manchas aparecían aún. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletin JI;Jz"litar que los hombres y las mujeres se avergonzarían más quizá de pre­sentarse sin guayuco * que sin pintura. Estos guayucos del Orinoco, en parte 5on ele corteza de árbol, en parte de tela de algodón. Los hombres los usan más largos que las mujeres, entre las cuales (según lo afirman los misioneros) el sentimiento de pudor es, en general, menos vivo. Una observa­ción semejante había sido· ya he ha por Cristóbal Colón. ¿No será preciso atribuír esta indiferencia, esta falta de pudor de mujeres de naciones cuyas costumbre n,) son muy depravadas, al estado de embrutecimiento y de escla' itud á que el sexo ha sido redu­cido en la América Meridional, por la injusticia y el abuso del po­der de los hombres? Cuando se habla en Europa de un indfgena de la Gua yana, se imaginan un hombre que tiene la cabeza y la cintura adornadas con bellas plumas de Aras, de Toncans, de Tangaras y de Coli­brís. Nuestros pintores y nuestro escultores han considerado des­de hace mucho tiempo estos ornamentos como marcas caracterís­ticas de los americanos. Nos sorprendió no encontrá.r, ni en las misiones de Chaymas ni en los campamentos de Uruana y de Pararuna, y podría casi de­cir que en ninguna de las riberas del Orinoco y d 1 Casiquiari, est0s bellos penachos, estos delantales de plumas que los viajeros lle­van de ordinario de Guayana y de Deme ary. La mayor parte de los pueblos de la Guayana, aquello mismos cuyas facultades intelectual s están bastante d sarrolladas, que cultivan plantas alimenticias y que saben tejer algodón, andan tan desnudos, tan desprovistos de adornos, cerno los indígenas de Nueva Holanda. ** El excesivo calor del aire, los sudor s abundantes del cuerpo á todas horas del día y una gran parte de la noche, hacen inso­portable el uso de ve tido . Los objetos de adorno, particularmen­te los penacho , se reservan pat·a las danzas y las fiestas solemnes. Los penachos de los uaypuñarcs son los más célebres por la elección de bellas plumas de manakius y de papagayos. Los indios no se contentan siempre con un color extendido por igual; imitan á veces, de la manera más extra agante,en la pintura de su piel, la forma de los vestidos europeos. Vimos en Pararuma que se hacían pintar una chaqueta azul con botones negros. Los misioneros mismos nos informaron de que lo~ Guaynanes del río Caura tienen la costumbre de pintarse de rojo con el onolo, y de hacerse, á lo largo del cuerpo, anchas líneas estriadas transversa­les, sobre las cuales aplican pajitas de mica plateada. Viendo de lejos estos hombres desnudos, se creería que llevaban vestidos ga­loneados. Si los pueblos pintados hubieran sido examinados con la misma atención que los pueblos vesll"dos, se habría reconocido que la • Palabra de la lengua caribe. El per:úma de los indios del Orinoco es más bien una bandita que un delantal. *• Por ejemplo, los Macos y los Piraoas. Hay que exceptuar á los Caribes, para quienes el perizomn es una tela de algodón de tal modo lar~a, que les pue- 411e cubrir la espalda. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn Mz'lz'tar imaginación más fecunda y el capricho más versátil han estable­cido los usos de la pintura como también los del vestido. La pintura y el tatuaje no están restringidos en ambos mun­do5, ni á una sola raza ni á una sola zona. Este género de ador­no es más común entre las razas malayas y americanas; pero desde el tiempo de los romanos, existía también entre la raza. blanca en el norte de Europa. Así como los vestidos y los trajes son más pintorescos en el Archipiélago de Grecia y en el Asia Occidental, la pintura y el tatuaje ofrecen el tipo de la per­fección entre los insulares del mar del Sur (en el Archipiélago de las i la Mendoza). Algunos pueblos vestidos se pintan todavía las manos, las uñas y la cara. Se diría que la pintura está entonces limitada á las únicas partes que quedan visibles; y en tanto que el aceite, que recuerda el estado salvaje del hombre, desaparece poco á poco en Europa, en algunas ciudades de la provincia del Perú las damas creen mbellecer su piel, de suyo muy fina y muy blan­ca, cubriéndola de materias de color vegetal, de almidón, de blanco de huevos y de harina. Cuando uno ha permanecido largo tiempo entre hombres pintados de onoto y de chica, causan singu­lar sorpresa esos restos de una antigua barbarie, conservados á pesar de todos los u os de la civilización. El campamento de Pararuma nos ofreció ocasión para e.·ami­nar por primera vez, vivos, varios animales que hasta entonces no conocíamos sino en los gabinetes de Europa. E tos animalitos son una de las ramas de comercio de los misioneros. Ellos cambian tabaco, re ina A1aní, el pigmento del Chica, las diver as clases de moscos, los Gallitos (cogs de rot:he), los Ttlis, lo Capuchzizos, y otros muy buscados en las costa , por telas, clavos, hachas, anzuelos y alfileres. Los productos del Orinoco han sido comprados á vil pre­cio á lo indios que vivían bajo la dependencia de los monjes; y son toda vía stos mismos indios quienes compran :í. los monjes, pero á precio~ muy altos, con el dinero ~anado en la 1 ecoleccz'ón de huevos, los instrumentos de la pesca y de hortaliza. Nosotros hici­mos la adquisición de varios animales que nos han acompañado en el curso de nuestra navegación por los ríos y de los cuales he­mos podido estudiar las costumbres. He publicado estas observa­ciones en otra obra; pero obligado á tratar dos veces los mismos asunto , me limitaré aquí á las indicaciones más sucintas, añadien­do las notas que he encontrado después esparcidas en mis diarios de viaje. Los gallz"tos ó gallos de roche, q e se venden en Pararuma en lindas cajitas de hojas de palmera, son muchfsimo más raros en las orillas del Orinoco y en todo el Norte y el Oeste de la Amé­rica. equinoccial, que en la Guayana francesa. Hasta ahora sólo se les ha encontrado cerca de la misión de la Encaramada y en los Raudale~ ó cataratas de Maypures. Señalo expresamente las ca­taratas, porque es en los huecos de estas rocas graníticas que atra­viesa el Orinoco y que forman tan numerosas cascadas, en donde estos pájaros forman su morada habitual. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 4I2 Algunas veces los hemo~ visto aparecer por la mañana en medio de la e~puma del río, llamando á la hembra, y combatir á manera de gallos doblando la doble c1·esta móvil que adorna la punta de su cabeza. Como los indios rara vez se apoderan de los gallitos adultos, y como no se aprecian en Europa sino los machos, los que desde el tercer año presentan un soberbio color de auro­ra, los compradores deben andar con cuidado para no confundí r las hembras jóvenes con los machos. Aquéllas y éstos son de un moreno aceitunado; pero el pollo 6 pollo macho se distingue desde u más temprana edad, por el tamaño y patas amarillas. La hembra guarda toda su vida un color oscuro, y apenas tiñe de ama­rillo las puntas debajo de sus alas *. Para que en nuestras colec­ciones conservase el gallo macho y adulto el bello tinte ele su plu­maje, hubo que preservarlo de la luz. Este tinte palidece con mucha más facilidad que en otros géneros de la familia d lo ~orriones. Los machos jóvenes tienen, como la generalidad de loso pája­ros, el plumaje ó la librea de la madre. Me ha sorprendido que un observador t:m competente como M. Le Vaillant, en su obra Pá-jaros del Paraíso, ponga en duda si efectivamente la hembra per­manece siempre con un tinte oscuro y aceitunado. Los indios de Jos Raudales me han asegurado todos que nunca han visto una hembra de color de aurora. Entre los monos que los indios tenían costumbre de llevar á la feria de Pararuma, encontrámo varias especies del ai ( Sz'mz·a capuúna), que p rtenece a.l pequeño grupo de los monos llorones llamados 11-fatchz' en las colonias españolas; Man7nondts ( t'rm'a Btl­.., ebuth) 6 Ateles de vientre rojo, 1itis y Vz'udzlas. E tas dos últimas esp cíes atrajeron partí ularmenlc mi atenci6n, y las comprámos para enviarlas á Europa ••. No hay que confundir el Omistzli ( Sz1m'a jacchus), de Buffón, que es el Tití de M. de Azzara, con el Tití (Simia O'Edipus) da Cartagena de Indias y del Darién, que es el Pinche de Buffón, ni con el Tití (Sz1m'a sciurea) del Orinoco, que es el Saimiri de los natura­listas franceses. En las diferentes colonias españolas se da el nom­br~ de Tití á monos que pertenecen á tres subgéneros distintos y que se diferencian en el número de los dientes molares t. En este número no está incluído el más bello de los tres Titís, el del Orinoco, del género que M. Illinger ha formado bajo la denomi­naci6n de Omistiti ó Hapale. Es casi inútil recordar, después de lo que acabo de exponer, cuán de desear sería que en las obras de ciencias se proscriban esos nombres vulgares que, desfigurados por nuestra ortografía y variando en cada proYincia, aumentan la deplorable confusión de la nomenclatura zoológica.- Conlz'núa • Sobre todo la parte que los ornitologistas llaman la jarra. •• Se compra en Pararuma un bello Saimiri ó 7iti"dd Ori11oco por ocho ó aueve pesos. Los misioneros pagan uno y medio al indio que toma y domestica al mono. t El Tití del Orinoco (de la familia de los Simiol) tiene seis dientes mo­lares; los del Darién y Paraguay (de la familia de los Hapales) tienen cinco dientes molares de cada lado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletl.n Mt"lt.tar PEJU!GRINACION DE ALPHA PO~ MANUEL ANCIZA~ Actualmente arde uno de estos Yolcanes inofensivos en el sitio' llamado Real de Ture, y exhala torbellinos de humo en tiempo de lluvias. La combustión tiene lugar en lo inferior de un cerro abundante en pizarra pulver:zada y marmajas, y formado por ca­pas de calcáreo, consumido ya en mucha parte. De los pequeños cráteres se levanta un vapor fuertemente azufrado, y el termóme­tro introducido á media vara de profundidad, marcó una tempera­tura superior al término máximo de la e cala. Fuera del radio de la ignición, el terreno mantiene su fre cor y aspecto natural s, y la vegetación se mantiene inalterada. Para ser Bolívar un pueblo que no cuenta diez años de funda­do, es ba tante grande y no carece de buenas casas, entre ellas la de la escuela con veinte niños, muy ordenada y bien surtida de útiles para la enseñanza. La iglesia es grande, limpia y un mode. lo de sencillez y buen gusto en sus adorno . Lcvantóla el actual cura Dr. CASTAÑEDA, costeándola toda de su peculio. Bien merece este digno acerdote el dictado de benefactor del pueblo, por su ejemplar d e c;prendimiento de las riquezas, po1· la dispensaci6n ge­nerosa ele los sacramentos y por u infatigable empeño en difundir sanas ideas de cultura y civilidad entre sus feligr _,ses, apoyándolas en un fondo de creencias cristianas, purificadas del bastardo fana­ti mo con que otros suelen afearlas. La ilustración, la bondad y la tolerancia evangélica de las flaquezas ajenas, sin d < ar por ·so de correo·irlas, concurren á formar el carácter del Presbítero Casta­ñeda sacerdote por vocación, exc .lente párroco, por lo mi moque es buen ciudadano. Al Sr. José Landázuri, honrado vecino de Las Cuevas y hom­bre de una laboriosidad nada común, fuimos deudores de muchos datos interesante respecto del Carare, sus bo qucs y montañas. En parte de nuestra excursión nos acompañó, allanándonos las di­ficultades y auxiliándonos con sus conocimientos prácticos, no me­no variados que sólidos. Hablábanos siempre del paí con el fervor de un ingenuo patriota, mostrando decidido interés por el bien público, suficientemente comprobado con hechos en las di"er­sas y muy penosas exploraciones que ha verificado al travé de selvas y riscos casi impenetrables, deseoso de encontrar la m jor. línea de comunicación de Vélez con el Magdalena. Vecinos como el Sr. Landá.zuri, merecen el amor y respeto del pu blo en cuyo beneficio trabajan desinteresadamente; tan desinteresadamente,. que ni aun con la gratitud de los contemporáneos pueden contar .. Eso tienen de más meritorios que otr05 los servicio del ciudadano en lái modesta vida civil ; no los presta con ruido ni los proclama.;. los ejecuta sin ser percibidos ni glorificado por aquellos ~ quicnm. favorece, y sin alcanzar otro premio que la. ati facci6n de haber hecho el bien. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar Las demás péi.rroquias del cantón de Vélez no contienen par­ticularidades notables. Habitadas por gentes laboriosas, hospitala­rias y de índole inmejorable, forman la base de una. población tanto más feliz cuanto se compone de pequeños propietarios exen­tos del influjo frecuentemente opresor de los grandes capitalistas. Esta circunstancia feliz, común á la provincia, y la ocupación de todos en la noble tarea de la agricultura, escuela práctica de vir­tud~ s civiles, los predisponen á ser con el tiempo iguales ante la sociedad, como ya lo son ante la fortuna: es decir, republicanos tan distantes de la altanería del poderoso para con el destituído, como de la propensión al desorden y libertinaje que engendra la ociosa miseria. Bajo este respecto puede decirse que en Vélez ha echado sus cimientos la verdadera democracia, mediante la igual repartición del suelo que los hace á todos propietarios, á todos de­fensores de la propiedad de cuyos beneficios participan, y por consiguiente de las autoridades y leyes que les afianzan el pacífico goce de sus haberes. Tiene el cantón 63,300 habitantes: presenta un aumento de 8,622 sobre el censo levantado en 1846; y hoy exceden los na­cidos á los muertos, durante un año, en 1,200 individuos, de los cuale la mitad no reconocen padre. La instrucción pi1b1ica se halla en estado lamentable, puesto que sólo 400 niños concurren á las escuelas, en lo cual influye ciertamente lo desparramado de la población sobre un territorio dos veces más exten o que el del cantón Chiquinquirá. Durante el año administrativo de 1849, fueron juzgados y sentenciado por los jueces letrados go indivi­duos, de ellos 5 homicidas y 24 ladrones; número que comparado con la población total del cantón, hace el mejor elogio de aquellos pueblos. No HAY UN SOLO ESCLAVO EN VELEZ; frase consoladora que bien quisiera poder escribir cuando habl - de las provincias res­tantes. La riqueza mineral del territorio es incomparable en todo li­naje de metales y fósiles de aplicación industrial. Los fenómenos geológicos abundan: ofrecen al viajero estudioso un campo de observación siempre variado, icmpre nuevo. Uno de los más raros es el llamado Hoyo del Aire, cuatro leguas al NNE. de la capital, y IÍ al SE. de La Paz. Consiste en el hundimiento cornpleto de un pedazo del suelo en la falda de la serranía, habiendo quedado un gran pozo de figura elíptica que mide 300 metros de circunf e­rencia, 118 de profundidad hacia la parte superior del plano incli­nado de la falda, y 7 5 hacia la inferior; el diámetro mayor 1 I 2 metros, y el menor 87. Las paredes del hoyo, verticales y forma­das de estratas de calcáreo como el cerro en que está, se hallan cubiertas de vegetales y habitadas sus grietas por gran número de guacamayas, cuyos brillantes colores lucen en lo profundo al cortar en su vuelo espiral los oblicuos rayos del sol. Raro fenóme­no, por cierto, el de este hundimiento parcial y perfecto por todos lados; pero no único, pues además de otros análogos que observá­mos en Las Cuevas, hay en las cercanías de La Paz varios de estos hoyos producidos por la descomposición del calcáreo, con la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín .1Wzlz"tar diferencia de que no descubren paredes verticales como el del Aire, ó las descubren por un lado, quedando á la parte opuesta una rambla que se confunde con el resto del terreno en lo bajo de la ladera, y con la ventaja, para lo pintoresco, de hallarse cultiva­do y á veces habitado el fondo. X Rara persona de las que bajan al Carare se liberta de fie­bres intermitentes. No bastan precauciones; necesítase una consti­tución privilegiada para salir sano de entre aquellos bosques y loJazales eternos, que hierven en putrefaccion vegetal bajo una tem­peratura de 27° á 32° del centígrado, en medio de una atmósfera cargada de olores penetrantes y casi nunca renovada en sus capas inferiores por corrientes de aire libre. Pagámos nosotros el ' ributo de salud al Carare; pero, gracias á la bondad del Sr. José Goo­ding, que puso á nuestra disposición ~u casa en V élez, y á las deli­cadas atenciones de los Sres. Díaz y ilva, los sufrimientos se hi­cieron llevadcr s, y a1 cabo de veinte días puJimos emprender marcha para Moniquirá, cabecera de cantón, situada cinco leguas S E. de V élez. El camino e bueno en toda estación y atraviesa una comarca sembrada de casas y labranzas de caña y de toda especie de fru­tos menore , lo cual, visto desde las alturas repentinas del terreno, presenta pai ajes alegres y variado que espanden el ánimo y lo en anchan por la contemplación de un pu blo exento de miseria, feliz en su abundante medianía. Poco antes de llegar al río Suárez ( aravita), desde la cumbre de la serranía que lo encajona de esta banda, se descubre el pueblo de Site, fundado en mitad de la falda oriental de este pequeño ramal de la cordillera, y que ostenta su blanca iglesia y su caserío de teja en medio de la perpetua ver­dura de los campos. Caminaba yo di traído y despacio contem­plando aquel inmenso jardín, ceñido en lo bajo por la plateada cinta del ara vita, que después de multiplicados giros se esconde entre los cerros del N., cuando me alcanzó un indio viejo y forni­do, cargadas las espaldas con una voluminosa maleta de comesti­bles. aludóme con la cortesía genial de nuestros -campesinos, quitándose el grueso sombrero raspón y descubriendo su cabeza prominente hacia los lados, poblada de cabello reluciente y negro, á pesar de los años que peinaba su dueño. -Ya que sumercé mira tanto á Site, dijo, á que no adivina qué cosa tiene de más, ó qué cosa tiene de menos. Detuve el paso al oírle, y detúvose él también fijándome la vista, apoyadas las callosas manos en el bordón, dilatada la boca con una sonrisa de triunfo, á tiempo que los ojillos joviales, viva­rachos y saltadores, daban á su ancho y cobrizo rostro una rara expresión de bondadosa malicia. Hé aquí un hombre que, sin sa­berlo, está haciendo la segunda edición del cuento de Edipo y la Esfinge, pensé, riéndome contagiado por la fisonomía burlona de mi conciudadano chibcha. -En verdad, le respondí, que no acierto con lo que tenga Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ..f-IÓ Boletín Mtlttar de más Site, si no es algtin escribano, ni con lo que tenga de me­nos, si no es un buen Cura. -Sumercé apuntó, pero no atinó. Tiene de más el ser pe­rroquia, y tiene de menos el no tener jueces. -¡Cómo! ¿ Site no tiene Alcalde ni Juez? -No, mi amo. El año pasado se juntaron los dotores en Vélez [la Cámara de provincia] y nos quitaron los Jueces, deján­donos el Cura y los ofiáos auxiHares [servicio subsidiario], y agora tenemos que ir hasta V élez por cualquier pleitecito de dinero del mercado, gastando más en el viaje que lo que vale el pleito. -¿Y por qué razón hicieron eso con una parroquia tan bo­nita y poblada. -Ahí ha de ver sumercé. Cosas de los dotores, que como no viven donde uno vive, gobiernan con perjuicios. -Tiene razón, amigo. No vzven donde uno vz'?Jt: con esto ha dicho má · que otros con largos di cursos, y no son ustedes solos los pe:judicados por igual motivo; pero ya enmendarán 1 daño cuando vuelvan á juntat~se. Prorrumpió el buen viejo en una interjección de incredulidad, y egui m os departiendo como antiguos conocidos, hasta separar­nos cerca del puente. En este campesino vi personificado el pe­queño agricultor granadino de las tierras altas. u traje consiste en calzón d:.. mél.nta gruesa, cami a de lienzo fu rtc y tupido, rua­nilla parda de lana, ombrer raspón, imperm able y d amplias dimensione., y alpargata doble, sujeta al pie por un simple cordón de fique. Sobrio cual ningún otro, pues e sustenta de Yeg tales y de chicha, gastando en ello medio real diario cuand má ; obe­diente, laborioso y honrado, stá seguro de satisfacer sus pocas nece: idade con los productos ci<;rtos de la indu tria doméstica, y ni codicia lo ajeno, porque no lo ha m n ter, ni envidia lo goces del rico, porque estando exento d l hambre y la d nud z, no mira con enojo la abundancia de bienes en otras mano ; comerciante por in tinto, viaja de mercado en mercado una parte del año, ne­vando á las paldas los frutos que cambia en sus multiplicadas contratacione , hasta que la estación de las siembras lo llama de nuevo á la es/anda, propiedad suya, donde le esperan la mujer y las bijas constantemente ocupadas n hilar y tejer. Allí e recoge en un pequeño rancho de paja, adornado con imágenes y estam­pas, formando altar en la parte más vi ibJe d una de las paredes, y con los muy contados rústicos muebles indispensables para las horas de descanso. 4bra su campo y cuida las nuevas sementeras sin apartarse de ellas sino el día de mercado semanal en el vecino pueblo, al cual .concurre con toda la familia, dejando la casa ce­rrada con un cuero en vez de puerta y un nudo en v z de l1ave, bien cierto de que no habrá qui-en viole estas frágiles guarda de su pol ·e hQJ.gar, vigilado por algún pen~o tan bullicioso com-o in­ofensivi>. Ahorra p.a.cieotemen.te un real sobre otrQ para. adquir.ir un buey de carga, 6 para invertir eJ dinero s.in empacho en cum­plir p110mesas religiosas, ó en hacerle una fies.te.c;iUa al Santo f.qva­rito, que regularmente es la Virgen bajo alguna de las innumera­bles ad\-.ocacione.s que en estas :eomarcas le d~n-Cantinti(l.. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 13

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo II N. 19

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo II N. 19

Por: | Fecha: 09/11/1901

~~-~-~~~~ ... Bogotá, Noviembre 9 de 1901 ~ + . e- ~~--$-__. _._+ ~: t n oletin tb ilitatt d ¿, 1 b' = ~ ~ ~ e ~oon¡ ¡a ~ ;ij b Organo del Ministerio de Gueu& y del Ejército ~~-~-~~ ¡' Dtll.ECTOR AO RO!fOII.EM t : Oonml do 1 ogooioroo, Mlombw do TOÚU Soolododoo Cio•Ufio" Francisco J. Vergara y Velasco on colaboradores de este periódico los Jefes y Ofidalcs del Ejémto ! ~ +-+ ~ rflj'ctál ~ DECRETO NU!\IERO ... DE 1901 (2 5 D R OCTUBRE) por el cual e borra á un militar del Escalafón El 1"icrpres/dcnlt de la República, encargado del Poder Ejeculi'vo, DECRRTA Artfcul único. B 'rrase del Escalaf6n general del Ejército al General en J efe Enrique Arboleda C. Comuníquese y publíquese. Dado en B.)gotá, i 25 de Octubre de 1901. JOSE MANUEL MARROQUIN Por el Ministro de Guerra, el Subsecretario, M. M. MALLARINO DECRETO NUMERO 1229 DE 1901 (2 9 DE OC T1U B R ~) que honra l :t memoria c!cl 'r. G_neral en Jefe del Ejército D. Manuel José Uribe El Tícepresz"dmte de la Repúbllca, encargado del Poder EjecuHvo, CONSIDERA!'IDO Que hoy fa1leci6 en esta ciudad el Sr. Dr. Manuel José Uribe,. General en Jefe del Ejército, á tiempo que ejercía las funciones de jefe Civil y Mtlítar del D~partamento del Tolima; y TOKO II-37 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletm ~Hitar be ~olombia \..._ 578 _) Que este eminente hombre de Estado, aguerrido militar y probo ciudadano, prestó á la Patria una larga serie de servicios, cuyo recuento está en la mente de todos Jos colombianos y en los anales políticos de la Nación : su voz elocuente vibró en el Parla­mento ; brilló en numerosas batanas su espada de fuego; y sus. dotes de gobernante hicieron conocer su singular talento, vasta ilustración y honradez á toda prueba; y era el desarrollo de su civismo, siempre creciente, una aspiración grandiosa á proteger el patrio suelo con el escudo de todas las virtudes que pudo ejercitar en los difíciles períodos de su vida política, DECRETA Art. 1.0 El Gobierno deplora profundamente la muerte del General en Jefe del Ejército, Sr. Dr. Manuel José Uribe, Jefe Ci­vil y Militar del Departamento del Tolima. Art. 2.0 El Ejército nacional y sus Bandas tributarán al fina­do los honores correspondientes á su alta graduación. Art. 3. 0 Las exequias se celebrarán con la lTiayor pompa á costa del Tesoro nacional, y á ellas asistirán todos los altos fun­cionarios y empleados públicos residentes en esta ciudad. Art. 4. 0 El Ejército guardará luto por nueve días; las Ban­das nacionales darán nueve retretas fúnebres, y el pabellón perma­necerá izado á media asta durante el mismo tiempo. Art. 5. 0 Un ejemplar auténtico de este Decreto será puesto en manos de la ra. D.& Rosa Elena Afanador, por comisionados especiales gue nombrará el Gobierno, encargados de hacerle pre­~ ente el duelo del Gobierno y de la Patria . Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 29 de Octubre de IS)OI. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, encargado del Despacho de Guerra, GuiLLERMO Q INTERo C. DECRETO NU!\1ERO 133 DE 1901 ( 29 DE OCTUBRE) El Gobernador, Jefe Gvz'ly Mihlar del Deparlammlo dt Cutzdz'namarca, CONSIDERANDO 1.0 Que en la madrugada de hoy falleció en esta ciudad el Sr. General D. Manuel José Uribe, actual Jefe Civil y !\1ilitar del De­partamento del Tolima; 2.0 Que el finado venía desde hace más de cuarenta años sir­viendo al partido conservador, ya como preclaro Jefe militar en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oretin ~Hitar be ~olombia '- 579 -' los campos de batalla, ora en el Parlamento, y también como man­atario probo y justiciero; 3. 0 Que en la presente guerra el General Uribe prestó con desinterés y eficacia su valioso contingente á la causa de sus con­vicciones, tocándole como Jefe de Estado Mayor Generalísimo, compartir con el Ejercito del Norte la gloria que cubrió las armas de la República en la épica campaña de Santander; y 4. 0 Que es elemental deber honrar la memoria de aquellos hombres que, como el General Manuel José Uribe, bajan á la tum­ba rodeados de la admiración de los que fueron sus copartidarios y del respeto de quienes se llamaron adversarios suyos, DECRJtTA Art. I.0 El Gobierno de Cundinamarca considetta como duelo para el Departamento la desaparición del General en Jefe del Ejército, General Manuel José Uribe ; señala el ejemplo de sus al­tos hechos á la consideración de los cundinamarqueses, y se asocia al duelo que el Departamento del Tolima experimenta por la muerte de quien fue su hijo distinguido y rigió sus destinos con mano firme y patriotismo acendrado. Art. 2. 0 En señal de duelo el pabellón nacional permanecerá izado á media asta durante nueve días, en el Palacio de la Gober­nación. Art. 3.° Copia auténtica de este Decreto será enviada á la señora viuda é hijos del ilustre caudillo conservador. Publíquese. Dado en Bogotá, en el Palacio de la Gobernación, á veinti­nue- ve de Octubre de mil novecientos uno. GUILLhRMO MARTINEZ SILVA El Secretario de Gobierno, MANUEL Jos¡.: BARÓN-El Secreta­rio de Hacienda, joRGE VÉLEz-EI Secretario de Instrucción Pú­blica, GERARDO ARRUBLA. LA DIRECCION DE LA GUERRA EXPOSICIÓN SUCINTA DE SUS PRINCIPIOS Y MEDIOS DE EJECUCIÓN, POll XL , GENERAL COLMAR BARON VON DER GOLTZ (Traducción para el Boletln Militar) Continúa 2. Dt"sposüi'vo de las fuerzas. Preparación del ataque-No se lo­grará obtener la acción simultánea de las tropas y la dirección de sus fuegos sobre un punto claramente determinado, sino cuando Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. í811letin g)htitat be ~o(ombia '- 580 _) los jefes las hayan tenido sujetas hasta el momento en que entran en la zona eficaz de los fuegos enemigos, y las hayan llevado á un punto favorable para la ejecución del ataque decisivo. Si ellas han comprometido ya, de propia i:1iciativa, aquí y allá la lucha, será muy difícil comunicarles la dirección que se quiera. En las batallas actuales la intensidad de los fuegos desbarata rápidamente los lazos tácticos habituales, y el mando efectivo pasa á los jefes subalternos. Ya no se verán los encuentros de masas bien mandadas, como se verificaron en tiempo de Napoleón. Todo lo que quedará de la unidad de dirección será lo que haya sido generalmente compren­dido en virtud de disposiciones preparatorias, ordenadas por el Comandante en Jefe para el desarrollo de sus ideas. Esto es lo que da á tales disposicione5 una importancia capital. El ataque decisivo bien dispuesto asegura el éxito. Es claro que el éxito se obtendrá con más facilidad si la in­tención de batirse ha sido bien deliberada y la batalla premedita­da. Entonces se podrá disponer libremente de todas las fuerzas y escoger aquellas que hayan de juntarse enfrente del punto capital para dar el golpe decisivo. La cosa será mucho más difícil en una batalla de encuentro impremeditado, á la cual uno no se decide sino en el curso de com­bates decisivos. Las tropas más ádecuadas para dar el golpe deci­sivo, estarán ya quizá comprometidas á fondo. Habrá que d jarlas en donde se encuentren, y uno se verá obligado á formar la masa ncargada de decidir del éxito, con otras tropas que se reunirán con sumo trabajo. El mejor arte consiste entonces en impedir el gasto d fuer­zas sin plan definido, en seguir enfrentado al enemigo con las tropas ya comprometidas, y en librar á las demás de la tentación peligrosa de comprometerse por su propia iniciativa, para formar luégo una masa. Napoleón fue maestro en esto, como 1 prueha la dirección de sus batallas. El proyecto de ataque, redactado en forma de orden, no po­drá indicar sino medianamente los movimientos preparatorios, el objeHvo y los medios que á él conducen. Las medidas secundarias que conciernen al curso de la acción, dependen mucho de las dis­posiciones que tome el adversario, dispo iciones de que uno no po­drá darse cuenta sino en el momento en que aquél procede á im­plantarlas. No es, pues, posible prepararse con anticipación á evi­tar estas medidas de un modo claro y preciso. Estarán subordi­nadas á las circunstancias, y según éstas, arregladas conforme á los principios generales del empleo de las tropas. 3. Marchas de avance paralelas, concéntncas y excéntrzcas *-Está en la naturaleza de las cosas que la marcha de a vanee de las di- • No tenemos nada especial que decir aquí sobre las marchas de noche y las marchas de flanco. No podríamos sino repetir lo que ya se ha dicho en el capítulo de la ofensiva estratégica; sólo que los inconvenientes que señalamos serán todavía más sensibles, en razón de la vecindad inmediata del enemigo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~o(etin ~Hitar be ~o(omóia '- 581 _; ferentes fracciones de un ejército contra la posición enemiga, sobre líneas paralelas, no tendrá lugar sino cuando no se busque la bata­Ha. El efecto de las armas de fuego modernas no permite arrollar los cuerpos del enemigo, por la violencia del choque de masas que avanzan de frente. Habrá que llenar sin interrupción los vacíos que se produzcan bajo los fuegos del adversario, por causa de muerte, heridas 6 re­zagados. Si se pretende llegar sobre el frente enemigo con un número de hombres proporcionalmente tan considerable como en el momento de la partida, hay que ocupar desde luego un frente doble de aquel de que se disponga á tiempo del asalto por­que el número de combatier.tes disminuirá en la misma propor­ción. Naturalmente, de esto resulta que las direcciones concéntricas se imponen en el ataque. Es difícil dar indicaciones precisas sobre la manera como es­tas direcciones se fijarán al principio; las tropas están ligadas á las rutas y caminos que existen; más tarde lo están á las defensas que encuentren en el terreno y que les ofrezcan alguna protección con­tra los proyectiles enemigos. Para escogerlas bien, habrá que tener un golpe de vista muy perspicaz y poseer una verdade­ra experiencia práctica. Para señalarlas á grandes masas, es esencial saber leer bien los mapas. • Preciso es también pen­sar en la movilidad del ol.ydz'vo. Aun en el caso que el enemigo es­pere nuestro ataque, su formación tendrá alguna profundidad, y se cometerá fácilmente el err r d tomar por: línea principal suya la que en realidad no rá ino su línea de vanguardia. Habrá que cuidar mucho de que las columnas de ataque no se acerquen de­masiado unas á otras durante la marcha de a vanee. Ya hemos visto que toda divi ión, todo fraccionamiento de fuerzas, constituye una ca u a de d bilitamiento; no se concebirá, pues, para el ataque táctico, la posibilidad de recurrir á direcciones excéntricas. Podrán quizás emplearse, pero sólo en el caso en que se pretenda retener fracciones del ejército enemigo sobre puntos muy distantes del campo de batalla. En este caso, la comunidad de acción se hace sentir de una manera indirecta, y debilitamos al ene­migo impidiéndole que reciba en el punto capital los refuerzos que espera. Pero será preciso, claro es, que logremos, con fuerzas re­lativamente débiles que avancen excéntrica mente, impedir que fuerzas más considerables del adversario, tomen parte en la acción principal. 4.° Formas espedales de la ofens?·va ltfctzca-En el campo deba­talla los sucesos tienen un curso más rápido y son múltiples, y las impresiones que ellos producen en la moral de las tropas son más vivas; la acción en la cual los efectos sigan inmediatamente á las causas, se desarrolla con mayor rapidez; por esto, el número de • Es precisamente esta rnma de la- ciencias militares la que muchos ofi­ciales de cierta edad descuidan con frecuencia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 58oletin mmtar be ~oLombtu '- 582 _) las combinaciones posibles para la ofensiva táctica es más con­siderable que para la ofensiva estratégica. Sin embargo, si se hace abstracción de algunos ligeros descuidos, todas concurrirán á las formas esenciales ya estudiadas. El ataque de frenlt y el cruzamz{mlo láctico-Todo lo que hemos dicho de la marcha de a vanee táctico sobre líneas paralelas, se aplicará también al ataque de frente. Este ataque no dará al aco­metedor ninguna ventaja natural sobre el defensor. Al contrario, es desventajoso, porque le falta la forma concéntrica, que es la que comunica toda la fuerza al ataque. "Lograr la superioridad de los fuegos, en pequeña y en grande &scala, tal es el principio táctico primordial del presente y dtl por­venir" *. Si el defensor ha reforzado bien su frente, y el acomete­dor no puede oponerle sino una fuerza igual, no se ve cómo ha de lograrse esta superioridad, si las tropas y el armamento se igualan. No habría sino un solo medio para obtenerla, y sería el contar con mayor número de combatientes, de manera que el acometedor pudiese reemplazar siempre los vacíos que se produjesen en la línea del fuego, en tanto que el defensor no podría hacerlo. Pero como éste cuenta con la ventaja de estar mejor resguardado, sufrirá menos pérdidas. Sería, pues, preciso que el acometedor dispusiera de una superiorid~d numérica abrumadora .. para que al fin de cuenta triunfase. Por tanto, si se quiere contar con la victoria en un ataque de frente, habrá que di poner de tropas activas y bien instruída , de jefes que posean fuerza de voluntad enérgica, experiencia éjnteli­gencia superiores ; pero estos son factores de los cuale un estudio de guerra puramente teórico no tiene por qué tratar á fondo. • Pero para esto no debemos, ni aun desde el punto de vista de la mera teoría, rechazar el ataque de frente como que constituye un procedimiento falso en sí mismo. Hay casos en que su ejecución se impone forzosamente. Entonces no habrá sino que confiar en la disciplina y número de las tropas y en sacar con habilidad partido de una y de otro. Si se logra dirigir con éxito un ataque de frente, se habrá resuelto un problema de arte militar mejor y más difícil de lo que es un ataque envolvente en que se obtenga el triunfo, y ello vale la pena de profundizarse. En el ataque de frenle, una circunstancia natural concurre en ayuda del acometedor. Todo hombre, aun de mediana inteligen­cia, al frente de una empresa difícil, ganará por esto mismo en fuerza moral y realizará cosas de que nadie le creía capaz. Se despertarán en él facultades que, para producirse, necesitan de un estímulo muy fuerte. Lo mismo pasa con la tropa. La persuasión de que tienen que llevar á cabo empresas muy difíciles, dará desde luego á los jefes un impulso que se mostrará en la tensión enérgi- Liebert. Dit Vtrwcndung des Reurvm Í1l der Scldacht. 1 Suppl. del Afili· tair JVochemblatt, 1895. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oietin ~hlitQt be ~oiombiQ '- 583 _¡ ca de todas sus fuerzas y que se comunicará á la tropa. El con­vencimiento de la seguridad, con frecuencia será peligroso para el defensor, porque lo vuelve descuidado. El contragolpe moral, que le alcanzará cuando comprenda que esta seguridad era engañosa, ejercerá sobre él un efecto particularmente nefasto. También en lo por venir habrá que recurrir á los ataques de frente, y aan entonces ellos darán buenos resultados. Queda por saber si podrán prolongarse lo suficiente para ter­minar en el rompimiento táctico propiamente dicho. Está fuera de duda que el nuevo armamento de la infantería y de la artillería, lo mismo que los desarrollos dados á la instrucción respectQ del combate, en relación al empleo racional de todas las ventajas del terreno, han aumentado de modo singular la fuerza defensiva de las tropas, aun cuando sean de calidad inferior. El arma de fuego .actual de la infantería produce efectos tan temibles como sen­cillo es su manejo. El defensor que, provisto de esta arma, se si­túe fuertemente sobre una posición, y á quien no falte del todo el valor, difícilmente será desalojado de ella. Aun si es rechazado, sabrá establecerse de nuevo dondeq ie­ra que una ondulación del terreno, un foso, el remate de un bos­que, le procuren ocasión. Las zonas eficaces de los fuegos son mu­cho más extensas que en el pasado; los combates no progresarán sin ::> con lentitud. El adversario, aun derrotado, no desaparecerá de la arena, sino que se apegará al vencedor. El sabe bien que retroceder sin detenerse, bajo el fuego del enemigo, es mucho más peligroso que continuar la resistencia. En la actualidad, la línea de batalla no es una barra que se pueda romper, como en tiempos de la táctica lineal, sino un lazo muy fuerte y al propio tiempo elástico, que viene á apoyarse en nues­tros flancos cuando se ejerce una presión sobre su centro. Todos estos hechos aumentan la dificultad de atravesar real­mente la línea de batalla. La acción de los fuegos llena de modo indirecto vacíos muy considerables. Un espacio de varios kilóme. tros, que en otros tiempos hubiera constituido una puerta suficiente para dejar pasar todo un ejército, puede ser hoy dominado por los lados. Cuando los ejércitos encerrados en Metz y en París, y más recientemente en Plewna, trataron de abrirse paso, resultaron, na­turalmente, batallas que tenían por fin abrirse una brecha; pero en todas estas batallas los esfuerzos del acometedor condujeron á un desastre. El cruzamiento táctico no podrá ya verificarse sino en la ba­talla de encuentro impremeditado, cuando uno de los dos ejércitos avanzando estrechamente concentrado sobre vías paralelas muy próximas unas de otras, tropiece con las cabezas de la columna del adversario, repartidas sobre una zona muy extensa, antes de que hayan acabado de desplegarse. Pero aun semejante sorpresa no producirá ya tanto efecto como en el pasado. En la actualidad ya no se tratará de desbaratar al adversario, ni de decidir del éxito .del combate en el intervalo de algunos minutos, como en Rosbach. Ya no se verá sino un lento rechazo, durante el cual, por otra par- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oietin gnmtar be ~oiombia '- 584 _; te, las columnas más inmediatas tendrán tiempo para llegar y venir en ayuda de las que estén estrechadas de cerca por el enemigo. La fuerza de resistencia inherente á las grandes unidades actuales, permite á una sola División comprometer la lucha antes de tiempo, sin vacilación, contra un cuerpo de ejército doblemente fuerte, con tal que esté segura de sctr sostenida, hacia medio día, por una segunda División. Aun si fuere poco á poco rechaza­da, esto invertirá tanto tiempo, que forzosamente en el interYalo le llegarán los socorros *. Si en una batalla de encuentro impremeditado se logra recha .... zar una parte del ejército enemigo, tras de un obstáculo, como un río, y se consigue detenerlo allí, en tanto que uno se lanza sobre la otra parte, el cruzamiento táctico ¡:-odrá quizá todavía lograrse. ConHmía -------~~ ------- LAS GRANDES BATALLAS DE NAPOLEON POR DICK DE LONG LA Y (Traducción para el Bolethz Militar) (Las Pirámides-2I de Julzo de I798) (Continúa) uestro pelotón de guías recibe orden de alir de es te cuadro y de ir á reconocer rápidamente el campo atrincherado de los enemigos. Avanzamos hasta ponernos al alcance de este campo, en donde hormiguea numerosa multitud, y reconbcemos que no está. sino trazado apenas. Comenzado tres días después de la bata­lla de Chébreiss, sus defensas pueden ser de algún efecto contra una carga de caballería, pero no contra un ataque de infantería. Nos persuadimos también de que sus cañones no tienen cureñas de campaña: son piezas pesadas de hierro montadas sobre soportes de madera, cañones sacados de los buques y servidos por los tri­pulantes de la flotilla. Bonaparte, á quien participamos el resultado de nuestro reconocimiento, comprende al punto que los soldados enemigos no se atreverán á apartarse de esta artillería inmóviL Por tanto, ordena á Desaix prolongue su derecha, para ponerse fuera del alcance de esta artillería y atacar en seguida á los ma­melucos, en tanto que Vial, por su lado, atacará el campo atrin­cherado de Embabeh; esta maniobra debe colocar al enemigo en­tre dos fuegos. • Las maniobras imperiales de ctubre de 1894 en Prusia oriental, nos procuran un ejemplo que se acerca muchísimo á lo que será la realidad. Durante dos días consecutivos, las dos Divisiones del primer cuerpo de ejército se encon­traban á una jornada de marcha una de otra, y sin embargo una de ellas logró sostener la lucha, iniciada por la mañana, contra todo el Cuerpo 17, que avanza­ba sobre ella en masas cerradas, hasta la llegada de la otra División. Esta im­pidió el primer día una derrota, y obtuvo un triunfo el segundo día. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin ~ilitar be ~olombia '- 585 .J Murad-bey, que ve que nuestras columnas se ponen en mo­vimiento, no tarda en adivinar nuestro propósito: aun cuando él no tiene ninguna experiencia de las maniobras de batalla, la natura­leza lo ha dotado de un golpe de vista penetrante, de una resolu­ción extrema y de un valor á toda prueba. Los tres encuentros que hemos tenido con los mamelucos, le sirven ya qe experiencia. El comprende, con una prontitud que haría honor á un General europeo de los más ejercitados, que está perdido desde el momen­to en que deje ejecutar su movimiento al ejército francés, y que con su numerosa caballería debe atacar la infantería de éste mien­tras está en marcha. De repente vemos que los caballos_, á cuyas colas se han suje­tado las astas doradas de los estandartes enemigos, se agrupan en e centro de la línea de los mamelucos. Esta es la señal de un ata­que general. Al punto Murad-bey se lanza como un rayo con las dos terceras partes de sus jinetes (de 6 á 7,000), dejando el resto para sostener el campo atrincherado é infundir valor á la infante­ría, y acude á la cabeza de esta tropa á atacar las divisiones Klébcr y Reynier, que son las avanzadas á nuestra derecha. Esta carga se verifica con tal rapidez, que por un momento se teme que el General Desaix no tenga tiempo de tomar posi­ción; su artillería lucha con el difícil paso por entre bosque de palmas. Sin embargo, los primeros mamelucos que llegan sobre él son poco numerosos; se acaba con ellos á disparos; algunos, en la fuerza de su empuje, caen en medio de los oldado de in­fantería, que los acribillan á bayonetazos. La masa de caballería enemiga no llega sino algunos instant s después ; este r tardo basta. 1 uestros cuadros están formado . El enemigo se lanza como un huracán ; la tierra tiembla á lo lejos bajo el furioso galope de 7,000 caballos. Nuestros soldados, inmónles, con la bayoneta ca­lada, la vista fija, ven borrarse la distancia que los separa de esta tropa bárbara, que avanza en orden y con grandes gritos. A quince pasos de distancia, los cuadros estallan; el fuego de fusilería resuena, rápido, cerrado, chispeante, como un trueno que retumba. Caballos y jinetes se encuentran detenidos por una mu­ralla de llamas. Las dos primeras filas de mamelucos caen como si el suelo se hubiese hundido bajo sus pasos. El resto de la columna, arrastrado por la carrera, se desliza á galope por todo el frente del cuadro de Desaix, pajo un fuego á quemarropa, y se arroja sohre la División Reynier, que á su vez presenta á estos atrevidos jinetes las puntas de las bayonetas de su primera fila. en tanto que las otras dos se entusiasman, y que los ángulos, abriéndose, dejan escapar una granizada de metralla. Numerosos cadáveres quedan esparcidos en la tierra. Caballos y caballeros vuelven caras y van á reorganizarse fuera del alcance del fusil ; porque por muy impetuoso que haya sido el ataque de los mamelucos, ha sido detenido en firme por esta terrible descarga. Desaix y Reynier lanzan una mirada sobre sus cuadros: ni un hombre se ha movido, cada cual está en su fila; se vuelven á cargar las armas. Es tiempo, el enemigo torna á la carga; hay un Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin W'lilitat be s. e contempla un c. pectáculo maravilloso: seis mil jinetes, los primeros del mundo, m0ntados en caballos que apenas dejan la huella de su planta sobre la arena, remolinean con horrible clamor en torno de los cuadros inmóviles y encendidos, lo envuel­ven, cargan, tratan de r-omperlos, se disper an, vuelven á formar­se y tornan á dispersarse. Nuestra compañía de guías tiembla de impaciencia al presen­ciar los heroi os ejemplos de la infantería, y pide á grande~ voces que se la deje ir á. medir e cuerpo á cu rpo con los temibles ma­melucos. 1- una s ña del General en Jefe, uno de los ángulos de nuestro cuadro se a re, y conducidos por Bessieres y Junot, cae­mos al galope, con el able levantado sobre lo caball ros de Mu­rad- bey. Los mameluco nos esperan á pie firme; cada comba­tiente escoge su adYcrsario; el ata ue 'de hombre á hombre: se diría que es una verdadera lucha á campo cerrado. E te nuevo combate dura una hora. in em argo, nu stros cuadros avanzan iempr , y lo mameluco , diezmado por nuestro fuego y dcstrufclos n O'ran número, comienzan á cejar. Entonces toca el turno del ataqu á nue tro ali:enL oldados de infantería. e arrojan enodadam nte sobr lo mameluco , y lo lanzan de sus caballo á bayon tazo . El ca o Juan Cambfort, de la 32, arranca una andera de mano de Wl mameluc ; un soldado de la. 79, llamad Lcbrice, toma también un trof o. Bonaparte ordena ntonces la última maniobra, y todo termi­na; los cua ros e abr n, se desenvuelven y se reúnen como los pedazos de una cadena. Murad, que tiene el golpe de vista de un capitán, ve que la batalla está perdida. Reúne los jinetes que le quedan, y á fin de abrirse paso n dirección de Embabeh, cae de esperadamente obre la columna del General Rampon; los mamelucos fraca an también al luchar contra este nuevo obstácu­lo, vuelven bridas y se lanzan coa la cabeza caída y al galope de sus caballo por la abertura que la División Desaix deja entre ella y el Nilo; pero un batallón de carabineros, por frente del cual tienen que pasar á cinco pasos de distancia, hace en ellos una es­pantosa matanza. Murad-bey, no llevando en su huída sino dos mil quinientos mamelucos escapados á la matanza, se interna en la aldea de Gizeh y desaparece en dirección del alto Egipto. La má horrible confusión reina en este momento en el cam­po de Embabeh. Bon, Menou y Rampan marchan sobre las trin­cheras á pa'-)o de carga y la bayoneta calada. Los genízaros y los fellás encargados de la custodia del campo, quedan aterrados y huyen en desorden, abandonando los cuarenta cañones, que no han Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 58oletin ~ilitar be O:olombia \._ 588 _) disparado doscientos tiros. Esta infantería se prec1p1ta sobre las embarcaciones para volver á pasar el Nilo. Muchos lo pasan á nado: los egipcios sobresalen en esto. La mayor parte de los ma­melucos, que no han podido seguir á Murad-bey en su huída, tra­tan entonces de irse á Gizeh á su vez; pero detenidos por todos lados, vacilan, se arremolinan entre ellos. Estrechados por nues­tros cuadros, nos apoderamos de sus propias baterías y del Nilo, y ~e ven impelidos hacia el río. Nuestra infantería estrecha vivamente el campo, y mata á los mamelucos que intentan resistir. La mayor parte de estos jine­tes tratan de tentar la misma vía desesperada de salvación que han buscado los fellás (campesinos) atravesando á nado el Nilo, y, acosados por las bayonetas, se arrojan al río; pero estos desdi­chados se ahogan, por el peso de sus armaduras. Trincheras, campo, 1 ,ooo prisioneros, goo camellos cargados de víveres, 40 cañones, varios miles de caballos árabes, todo ha caído en nuestro poder. De 12,000 mamelucos no escapan sino 2,500 con Murad-bey; 7,500 perecen en esta batalla tan funesta para esta noble milicia de esclavos, lo mejor de la caball ría de Oriente, que no se rehizo nunca. Tres mil genízaros y fellás en­contraron también la muerte en las aguas del Nilo. Esos numerosos cadáveres, arrastrados por la corriente, lle­van en pocos días hasta Damiette, á Rosette y á lo largo de la ribera, la noticia de nuestra victoria. Nuestras pérdidas, menos que mínimas, apenas se elevan á 30 muertos y á 250 heridos. lbrahím, que había permanecido del otro lado del río, se re­tira apresuradamente hacia Belbeys, para internarse en iría. Una tropa de Beduinos llegados del fondo del desierto, para con­currir al pillaje si los franceses eran vencidos, ha visto también la batalla sin tomar parte en ella. Colocados en fila entre los mam _ lucos y las Pirámides, ello huyen llenos de espanto al de ierto y van á anunciar á lo lejos que el Egipto ha cambiado de amo. En el momento de la batalla los mamelucos tenían sobre el Nilo 6o bajeles cargados con todas sus riquezas. El fatal resultado del combate y los cañones franceses ya asestados sobre el río, más allá de la desembocaduras de )a isla de Rodah, les quitan la esperanza de salvarlo , y lo incendian. El Nilo queda al punto cubierto de fuego. Este incendio e con iderable y de un efecto mágico; á través de los torbellinos de llama y de humo, se des­cubren los minaretes y los edificios del Cairo, enrojecido por la luz que ilumina á lo lejos el horizonte y alcanza hasta las pesadas Pirámides. Nuestros soldados han encontrado en el campo atrincherado abundantes provisiones de boca, bagajes y obre todo mucho bo­tín. Hay cachemiras, telas de seda, ricas armaduras, caball0s, ar­mas preciosas guarnecidas de oro y de plata, adornadas con be­llas cinceladuras, bolsas llenas de oro, porque los mamelucos lle­vaban magníficas vestiduras, sus arma de lujo y su dinero. Por esto los soldados, después de despojar los cadáveres de los mame­lucos que han quedado en la llanura, e ocupan activamente en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin illHitar be ~olomóia '- 5~9 _; sacar del río á los ahogados. Se ponen en venta los despojos con­quistados en el combate; el campo de batalla se ha. convertido en un mercado. En medio de los cadáveres, se venden caballos, armas, vestidos, sillas, gualdrapas, camellos. Reina una alegría estruendosa; unos comen y beben, otros se adornan con turbantes y capotes; ya nadie piensa en los sufrimientos que ha ~aportado. Bonaparte duerme esa misma noche en Gizeh, en la casa de recreo de Murad-bey, y sus soldados en el campo de batalla que ocupaban los mamelucos. A la mañana siguiente Bonaparte recibe una diputación de jefes de tribus del Cairo, acompañados de algunos negociantes franceses que le anuncian la sumisión de la ciudad é imploran su clemencia. El mismo día decide tomar posesión del Cairo, y en­vía con este fin al e.·perto General Dupuy, al Ayudante General Beauvais y al Coronel Darmagnac, de la 32, y á los granaderos de esta media brigada. La ocupación se hace sin resistencia, y el 25 de Julio Bona­parte efectúa á u vez su entrada en la capital del Egipto, en me­dio de la multitud del pueblo que ha acudido á mirar con curiosi­dad al vencedor de los mamelucos. -- --.~t---- LA l)IRECCION DEL FUEGO EN EL C lVIBATE II C/rcunslandas que juslificall la dedsú)n de romper el fuego-a) Slluaú{m ldcl!"ca-b) D/slanda-c) D1·mensz'ones del objetivo a) Puesto que el combate en general puede tener carácter ofensz'vo ó d~(ensi7)o, el cometido que una tropa cualquiera está lla­mada á desemp ñar en él, podrá ser uno de estos dos: 1.0 Atacar una posición; 2. 0 Defenderla. En la primera hipótesis, puede ocurrir que la fracción ó uni­dad que se considera, forme parte de la que ha de efectuar el ata­que de frente ó prepara/orzo, ó de la que ha de llevar á cabo el acto deúsz'vo, distinción que, por lo que se refiere al asunto que nos ocupa, hace también el Reglamento táctico en la instrucción de sec­ción y compañía*, determinando á la vez de un modo general cómo se ha de conducir el fuego en cada uno de estos casos cuan­do dice: "La infantería que ataca (ataque á fondo) debe preocu­parse más de avanzar con rapidez y decisión, sin grandes pérdi­das, que de hacer un fuego que no producirá verdadero efecto sino en los últimos períodos del combate, y las fuerzas que prole­gen el ataque procurarán atraer con sus fuegos los del contrario." • Prevenciones generales relativas á los fuegos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. eotetin !nilitar be ~oiombia \._ 590 _) Teniendo esto en cuenta, puede sentarse el principio de que las fuerzas de preparación son las únicas que deben hacer fuego, si bien con ciertas limitaciones impuestas por el consumo de muni­ciones, conocimiento de las distancias y vulnerabilidad del enemi­go, puesto que el mismo Reglamento, refiriéndose á ellas, previene que H á las distancias extremas ( 1,600 á 2,000 metros) y en la ofen­siva, no debe hacerse fuego ni aun por descargas sino en casos excepcionales, porque se presta á consumir municiones antes de tiempo, tiene poca precisión á causa de la dificultad de apreciar bien dichas distancias, á la vez que muy escasa eficacia por lo re­ducido de los espacios peligrosos, y tiende, por último, á rebajar la fuerza moral del soldado, que se acostumbra á malgastar sus cartuchos. Así, se empleará únicamente en ese caso contra masas considerables, en orden cerrado y siempre que las distancias pue­dan apreciarse con exactitud." Por lo que se refiere á las fuerzas encargadas de ejecutar el ataque, se comprende desde luego los inconvenientes de hacer fue­go á largas distancias, porque los efectos que puede producir so­bre el enemigo serán muy pequeños ó nulos, y en cambio obliga­rán á hacer frecuentes paradas que, además de amortiguar su fuerza de impulsión, ofrecerán al defensor excelentes ocasiones para efectuarlo, conocidas como son para él exactamente las dis­tancias. Decía Federico el Grande que "en el ataque no se trata de matar más 6 menos gente al enemigo, sino de alcanzarle cuanto antes ' ; pero este precepto no puede observarse hoy de un modo absoluto, porque para ello sería pr ciso conseguir que la tropa re­corriera de un solo empuje una distancia de más de 2,000 metros, . alcance eficaz de los actuales fusiles. Es, pues, necesario detenerse para tomar aliento y reorganizar las fuerzas· pero estas paradas deben hacerse en el menor número posible y en posiciones que ofrezcan algún abrigo, posiciones que deberán ganarse con ra­pidez para hacer desde ellas algunas descargas que, además del efecto moral y material que sobre el enemigo pueden producir, servirán, según la afortunada expresión de Ardan du Pie, " de vál­vula de seguridad á la emoción." La defensiva significa, en la mayor parte de los casos, una si­tuación tomada voluntariamente, en la que se trata de utilizar, des­de el primer momento de la acción, toda la potencia destructora del actual armamento. Debe, por lo tanto, suponerse que la posi­ción ocupada ha sido reconocida de antemano, medidas las distan­cias á Jos sitios por donde el enemigo puede presentarse, determi­nados los puestos de referencia para la ejecución del fuego, y dis­puesto todo lo necesario para el reaprovisionamiento de municiones. En estas condiciones, es indudable la ventaja que resulta de romper el fuego aun á las distancias extremas, así como de conti­nuarlo hasta el final del combate, utilizando para ello toda clase de obstáculos y aprovechando especialmente los momentos en que el enemigo pasa de una á otra posición. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. >Botetin g}'li[itar be ~o(ombia '- 591 __.) De todo lo dicho se deduce que tanto en la defensa como en el ataque de frente, debe romperse el fuego tan pronto como haya probabilidades de que resulte eficaz, . condición que á su vez de­pende de la distancia á que se encuentre el enemigo, de su efecti­vo y formación, y aun de la configuración del terreno. b) Por lo que se refiere á la distancia, es indudable que en ningún caso deberá exceder de 2,000 metro , que corresponde á la mayor graduación del alza de nuestro fusil; pero, como hemos dicho, esto no es bastante; es preciso aún averiguar si la fracción 6 unidad que se toma como objetivo, es 6 no vulnerable; es decir, si hay probabilidad de causarle un número de bajas proporciona­do al consumo de municiones que esto exija. e) El problema de la vulnerabilidad de las formaciones ante el fuego de la fusilería en el combate, es, como Yerno , de capital importancia, y á la vez 1 más arduo y complicado de los que pue­den presentarse, por entrar en él factores de orden moral y mate­rial de difícil evaluación. En efecto, conocidos los desvíos medios propios de un arma cualquiera, se puede calcular el tanto por ciento de balas que á determinada di5tancia caerían en un blanco de dimensiones dadas, 6 sea la vulnerabilidad teórica de tal objelevo. Ahora bien : en el fuego ejecutado por uno ó varios tiraJores, sería ya preciso tener en cuenta no sólo las diferencias entre las armas, sino también las inherentes al distinto grado de instrucción y destreza de aquéllos, para lo cual habría que comparar los des­víos medios del tirador con los del arma. Pero nuestro objeto no es est todaYía, pues en los efectos del fuego ejecutado en el com­bate, además de la causas de error ya citadas y que en último caso pueden evaluarse con suficiente exactitud, intcnienen otras mucho más complejas y trascendentales, entre las cuale descuella el estado moral del individuo que, turbado, sol reexcitado por la idea del peligro, no desea sino tirar y tirar, muchas veces sin ver, creyendo destruír así al enemigo é impedir que la bala que puede herir su pecho, salga del fusil que ha de lanzarla. Vemos, por lo tanto, que para poder apreciar, iquiera sea de un modo aproximado, los efectos del fuego en campaña, hay que basar e en el cálculo, ó, mejor aún, en los experimentos de po­lígono, * y aplicar á los resultados así obtenidos y que r-epresenta- • La determinación de la vulnerabilidad de las formaciones en el tiro de po­lígono puede hacerse, bien experimentalmente, bien por medio del cálculo y to­mando como base los desvíos del arma, duplicándolos, triplicandolos, &e, por efecto de los errores propios del tirador. Creemos que el mejor procedimiento consistiría en calcular bien los desvíos de un cierto número de tiradores, clasificados de antemano como de primera, se­gunda y tercera, y compararlos con los del arma á dos ó tres distancias. Deter­minado así el coeficiente de error, propio de cada grupo, como seria sensible­mente constante, podrá calcularse también el tanto por ciento de impactos que sobre un blanco determinado haría una ~ección, compañía ó batallón, compuesto de un número dado de tiradores de cada clase, á. las distintas di tancias. Si se quisiera ver cómo influye en los efectos del tiro la posiciC.n del tirador, el cansancio, el estado atmosférico, &c., podrían aislarse estas causas de error, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 58oletin ~ilitat be ~olomóia '- 592 _; rán en todo caso un máximo, un coeficiente de corrección cuyo valor numérico es imposible determinar con exactitud. Y para comprender que no hay ni puede haber una relación fija entre el tanto por ciento obtenido en el campo de tiro y el que debe pro-. ducirse en la guerra, basta considerar que en el primero cualquier causa que tiertda á producir un aumento 6 disminución en dicho tanto por ciento, subsiste durante todo el experimento, afectando por igual los resultados, cuyo valor relativo permanece constan­te, mientras el efecto en campaña puede oscilar entre límites muy a:nplios. Si las circunstancias son muy favorables, podrá en algún caso llegarse al tanto por ciento teórico; mientras que si son ad­versas, los resultados serán nulos. Los diversos autores que han tratado de esta materia, fun­dándose unos en 1a estadística, otros en consideraciones de otra índole, han llegado, como era fácil prever, á conclusiones en ex­tremo diferentes; así, nos limitaremos á decir que el valor que por lo general se atribuye á dicho coeficiente es el de o. I. Si convenimos, pues, en calificar de eficaz al fuego que en cam­paña produzca el 1 por 100, y de muy eficaz al que dé un 3, será vulnerable, desde una distancia determinada, toda formación á que en el polígono corresponda un 10 por 100, y muy vulnerable aque- 11a que reciba el 30. Según esto, las distancias á que se deberá abrir el fuego con­tra diversos objcli1J os , serán las siguientes: t FO R~{.\ C I O. ' E . Compañía en columna abierta .............. . Compañía en columna ....................... .. Compañía de flanco (fuego perpendicular al frente) ............................................ . Compañía en línea ............................. . Sección en línea ................................ . Escuadra en línea .......................... .. Guerri1la con intervalos de dos metros ... .. Distancias para el fuego ~---.. Eficaz Aiuy ejicar. r,650 1,250 r,6oo 1,150 1,520 1,370 1,280 1,000 6oo 1,200 950 900 26o fundándose en el principio de que el desvfo probable total es igttt~l á la rafz cuadra. da de la suma de los cuadratios de los desvlos pateiales observados. S1 suponemos, por ejemplo, que el desvío propio del arma á una distancia dada es d, y D el producido por el tirador, tendremos: D=Vd:l+x\ de donde x=V D 2 -cl" x representa, por lo tanto, la medida del error originado exclusivamente por la falta de destreza del tirador. t Estos datos están tomados de la Táctica de las tres armas, del Sr. Tenien­te Coronel Villalba. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. }Sotetin mmtar be ~oi.otnbid \...._ 593 _J El Reglamento francés fija para la escuadra y sección en lí­nea, así como para la columna de compañía, las distancias de 800, 1,000 y 1,500 metros, respectivamente. Como se ve, son algo me­nores que las de la tabla anterior, lo cual se e. plica por la supe- . rioridad del Mauser sobre el Lebel, tanto en precisión como en tensión. Aun cuando en este modesto trabajo no nos proponemos tra­tar extensamente del problema de la Yulnerabilidad, creemos per­tinente comparar las diferentes formaciones entre sí con relación á los efectos que sobre ellas produce el fuego de fusilería. La más vulnerable de las formaciones de la compañía es la columna abierta, á la que corresponde á 2,000 metros (en el tiro de polígono) el 4 por roo; á 1,500 el 13, y á 1,000 el 45. Después de la columna abierta y desde los 2,000 metros hasta los !,400, sigue en vulnerabilidad la columna de compañía, que re­cibe el 8 y r6 por roo, respectivamente; á los r ,ooo le correspon­de el 40. La formación de flanco de la misma unidad es menos vulne­rable que la anterior hasta 1,400 metros; los tantos por roo que recibe á 2,000, 1,400 y 1,000 metros, son el 2, r6 y 42. Desde los goo metros aumenta rápidamente esta vulnerabilidad, que á los 750 es de 75 por 100. La compañía en línea es mucho menos vulnerable que las an­teriores formaciones: á 1 ,8oo metros le corresponde el 3 por roo; á r,ooo el 25, y á 6oo el 59· La vulnerabilidad de la sección también en línea es casi igual que la de la compañía: á I,ooo metros recibe el 23, y el 57 á los 6oo. Finalmente, la escuadra recibirá c-1 2, 1 I y 32 por 100 á los 1,500, r,ooo y 6oo metros. Condensando, para terminar, cuanto sobre este punto hemos expuesto, diremos que las tropas encargadas de defender una po­sición, pueden romper el fuego contra las que atacan desde los 2,000 metros, siempre que éstas se presenten en formaciones vul­nerables. Si el aP.rovisionamiento de municiones fuese fácil, podría, además, dársele la intensidad máxima, si así se juzgare conve­niente. En la ofensiva sólo deberán ejecutarlo á largas distancias las fuerzas de preparación. Las que han de realizar el ataque á fondo, deben empezar el fuego á la menor distancia posible. FERNANDo GrRÓN Capitán de Infantería TOMO II-38 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. $oietin IDliiitar be ~oroml>ia '-- 594 __) REGLAMENTO MEXICANO PARA EL SERVICIO DE CAMPAÑA (Concluye) CAPITULO V DEBERES DE LOS OFICIALES Y SOLDADOS 130. En el campo de batalla, es una garantía esencial del éxito y una necesidad de primer orden, la unión más estrecha entre los diversos órganos del mando. Los jefes de las grandes unidades, así como los de las más pequeñas fracciones, deben provocar órdenes si no las reciben; mantenerse al corriente de cuanto acontece en torno de ellos, y obrar siempre no sólo de acuerdo con su misión especial, sino en bien del interés general. Las relaciones de los diversos Jefes entre sí, deben estar ca­racterizadas por la unión más perfecta y por una abnegación á toda prueba. Se debe marchar si mpre hacia el ruido del cañón 6 de la fusilería, cuando no se haya recibido formal orden de obrar de otra :nanera, ó cuando no esté uno mismo combatiendo con el enemigo. En caso de encuentro imprevi to con el enemigo, todo jefe de destacamento debe emplear su iniciativa completa, para con­seguir, á pesar de todo, el objeto que se le ha asignado; en gene­ral, debe atacar, para continuar lo más pronto po ible la operación que se le ha prescrito, ó por lo menos para tratar de comprender claramente la situación, hacer pri ioneros y estar en aptitud de dar datos útiles. Entre las diversas armas debe reinar una solidaridad com­pleta. Todas las cualidades de las tropas, la disciplina, la instruc­ción, la habilidad en el tiro, la resistencia para las marchas, las aptitudes maniobreras y, más que todo, las cualidades morales, son los más indispensables elt:mentos para asegurar el éxito. En último resultado, el valor de las tropas es lo que decide los combates; sea cual fuere su número, cualesquiera que sean las combinaciones de los jefes y su habilidad, es siempre necesa­rio resistir hasta el extremo en ciertos puntos, y hacerse matar en su puesto, antes que abandonar la bandera, ó si es necesario, mar­char contra el enemigo y arrojarlo de sus posiciones á toda costa. La moral de los ejército no aguerridos en campañas recien­tes, puede quebrantarse en los primeros combates; importa, pues, durante las épocas de paz, educar m la dignz'dad )' el vzgor el espín/u J' el corazón del sold(1do, y persuadz'rlo de que la salvadón de la patrz"a dependerá de stt apll'iud para soportar las fatigas y las pn'vacz'ones de la gueo·a, así cotllo de su valor, de su lm.aadad y su mlusiasmo en ti 1ombale. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oietin mmtar be [.o(ombia '- 595 .J Antes del combate, será necesario recordarle todo lo que se debe esperar de la victoria; durante la lucha, siempre que fuere conveniente, no se dejará de señalarle de antemano las dificulta­des que tiene que vencer (porque un peligro previsto impresiona menos que una sorpresa); se le enseñará también que una vez en marcha para el asalto, la mejor manera de disminuír el peligro, consiste en abordar al enemigo lo más pronto posible. Los Jefes, Oficiales y clases tienen el deber de emplear toda su energía en conservar el orden y mantener en su puesto, por cuantos medios estén á su alcance, á todos los militares que estén bajo sus órdenes, y en caso necesario, obligarlos á obedecer por . cualquier medio. Deben, por fin, penetrarse bien de que su más hermosa misión consiste en dar el ejemplo á sus tropas. En ·ninguna parle es el sol­dado más abnegado y obedú:1tte, que en el combate; constantemente lime los ojos fijos m sus Jefes; el valor y la sang1·e fría de éstos pasan á st~ sér, y lo hacen capaz de /odas las energías y de todos los sacrificz'os. CAPITULO VI PRESCRIPCIONES DIVERSAS 13 I. Servz'do de sanidad-Todos los médicos del ejército serán responsables del servicio de sanidad, cada uno en la parle que le corresponde; utilizarán los medios de transporte y de socorro para los heridos, conforme á las prescripciones del eglamento r s­pectivo. Tan luego como comience el combate, si no hubieren r cibi­do orden alguna del que manda, determinarán por su propia ini­ciativa los lugares en que deban establecerse puestos de socorro y ambulancias. Con el concurso de los enfermeros y camilleros, asegurarán el levantamiento y cuidado de los heridos. Después del combate, darán cuenta á sus jefes inmediatos del desempeño de su servicio. (Entradas y salidas, heridos que quedan, fallecimientos ...... ). 132. Provülendas que pueden tomarse después del combate-Obte­nida la victoria, y luégo que se hayan tomado las dispo iciones con­venientes para la persecución, se ordenará lo necesario para con­tinuar el servicio de seguridad, y se asignarán á los di versos Cuer­pos las posiciones que deban ocupar; el Jefe de Estado Mayor dará las órdenes necesarias para las distribuciones que deban hacerse, para buscar los heridos de los dos ejércitos y asegurarles las atenciones que necesiten, hacer enterrar á los muertos, previa su identificación, y sanear el campo de batalla. Se pondrán á disposición de los jefes de servicio, faginas da­das por los cuerpos, ó formadas por requisiciór1 con paisanos y medios de transporte suplementarios, obtenidos de igual manera. En todo el campo de batalla se organizará un servicio de po­licía, al cual concurrirá la gendarmería, y durará hasta que se • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 58oietht 9JHntat be ~olombia L 596-' terminen en dicho campo todas las operaciones que hay que eje­cutar. El comandante de artillería hará recoger el material, armas, municiones y efectos de equipo que hayan quedado en el campo de batalla. Se reunirán los prisioneros hechos por los diversos cuerpos, y se les enviará al lugar que designe el General en Jefe. 133. Partes. Mmúones en la orden-Los jefes de compañía, es­cuadrón ó batería, y todos los jefes y generales, concurnrán, en lo que á cada uno corresponde, al parte escrito de la jornada. Los oficiales harán mención en sus partes de los individuos de tropa . que se hayan distinguido; aquellos que hayan faltado á su deber serán, por el contrario, objeto de partes esp -ciales. Cuando un militar parezca haber merecido una mención par­ticular por su notable conducta, por haber tomado una bandera, un cañón, haber salvado á su General ó á su jefe, ó en general, por un acto heroico, será objeto de un parle especial, según el cual el General en Jefe decidirá si se debe citar en la Orden ge­neral del Ejército. El parte respectivo deberá redactarse y firmarse por el jefe ú oficial ante cuya presencia haya tenido lugar el hecho, aun cuan­do el que deba darlo sea un jefe ú oficial sin mando de tropas; el parte se comprobará cuidadosamente por el G neral de Brigada y el de División, consignando en él su opinión fundada, de manera que quede bien compro ado que la cita en la Orden general y las recompensas que de ella resulten, han sido realmente merecidas. El parte de la jornada, que es nece ario redactar y enviar desde luego, muchas vece no contendrá elogios individuales, sino sólo los generales y el relato de las operaciones. 1ITULO XV PRELIMINARES PARA EL ATAQUE Y DEFENSA DE PLAZAS 1 34· El cerco de las pequeñas plazas ó de fuert s aislados, se opera generalmente por movimientos simultáneos. Las tropas del cerco, desembocando por diferentes caminos, envuelven simultáneamente todas las posiciones de la defensa. Por el contrario, en las grandes plazas de fuertes destacados, cuya guarnición es numerosa, se puede estar ol.>ligado á operar el cerco por esfuerzos sucesivos. Las diversas fracciones de los cuerpos destinados al cerco, se extienden progresivamente al rededor de la plaza, bajo la protec­ción de las tropas ya en posición. Desde que el asaltante ha logrado apoderarse del terreno sobre el cual debe desarrollarse la línea del cerco, se fortifica y toma todas las disposiciones necesarias para rechazar las salidas. La zona ocupada por los cuerpos del cerco, se divide en sectores. En cada sector hay tropas de primera línea y reservas; estas tropas alternarán entre sí para el servicio; pero hay mayor ven­taja en hacer ocupar cada sector por las mismas tropas durante el cerco. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. moletitt ID1ilitar be ~otombia \._ 597 _1 Independientemente de las reservas designadas á los sectores, se forma una ó varias re~ervas generales, apostadas á proximidad de los sectores más amenazados. En cada sector, el grueso de las tropas de primera línea se establece fuera del alcance eficaz de la artillería de las obras avan­zadas, un poco á retaguardia de las posiciones sobre las cuales las tropas del cerco deberán combatir para rechazar las salidas. Dichas tropas mantienen un servicio de puestos avanzados or ... ganizados como se ha dicho en el presente Reglamento. Las posiciones sobre las cuales las tropas del cerco deben combatir para oponerse á las salidas, se refuerzan progresivamen­te por medio de la fortificación de campaña. Los refuerzos se colocan á retaguardia y á proximidad de las posiciones de resistencia principal, tomando todas las medidas que les permitan marchar rápidamente. 1 35-Dúposz'dorus prelt7m'nares para la dtfmsa-E1 Comandante de una plaza debe considerar la que mancfa como expuesta á un ataque imprevisto; en consecuencia, formará su plan d~ servicio y de defensa, siguiendo la hipótesis de ataque que fuere más proba­ble. Determina para los principales casos, los puestos y las reser­vas, el reconocimiento de las tropas y la acción y concurso de todos los cuerpos y de todos los servicios. Se dedica desde luego á conocer la situación interior de la plaza, de las fortificaciones y de los edificios ó establecimientos militares. - Fija igualmente su atención en el terreno exterior á las obras avanzadas.. en los radios de ataque y asedio ; reconoce y hace abastecer la4 plaza con las municiones y provisiones de:toda es­pecie. Al acercarse el sitiador á menos de dos jornadas de la plaza, el comandante de ella, sin e perar la declaración del estado de sitio, de la Secretaría de Guerra 6 del General en Jefe del Cuerpo de Ejército, dará con toda energía las disposiciones siguientes : Orden de salida de la plaza á los extranjeros y habitantes inútiles, é igualmente á las personas vigiladas por la policía civil 6 militar. Orden para que entren á la plaza los materiales y medios de trabajo, así como toda clase de ganado, víveres y"'demás artículos de subsistencia que se encuentren en los contornos, á más de 5 6 6 kilómetros de radio. Orden para que se proceda á la reparación y armamento de las obras y establecimiento ... de almacenes para la(provisiones de boca y guerra. Orden para que se destruya todo lo que esté fuera de la plaza y que pueda servir al adversario. En el Reglamento para el ataque "y defensa de las plazas, constan las demás reglas relativas á estas operaciones. Y lo comunico á usted para su conocimiento y demás fines. Libertad y Constitución. . México, Octubre 1 5 de 1898. BERJUOZÁJ3AL Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 58otetitt !JHritat be ~ototnbia '- 598 _; INFORME SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continúa) 2. 0 El escalafón (Rangliste) Cada cuatro meses aparece el Estado de los oficiales del ejér­cito prusiano, por orden de antigüedad, con indicación del destino ocupado por cada uno de ellos. Este libro, que se vende muy ba­rato, permite á todos, desde el teniente ha5,ta el feld-mariscal, mantenerse al corriente de todas las mutaciones que sobrevienen en el personal, y conocer á cada instante el lugar que les corres­ponde por antigüedad, relativamente á sus colegas. También cons­tituye en cierto modo el '!Jade mécum de todos los oficiales que lo hojean frecuentemente para saber lo que ha sido de tal ó cual de sus amigos ó antiguos compañeros, ó resolver alguna cuestión con­cerniente á las vacantes que puedan presentarse en los diversos empleos, &c. Es menester saber que en Prusia el ascenso corre en toda el arma á partir del empleo de Capitán, y que sobre este asunto no hay distinción alguna entre la Guardia y 1 resto del ejército. Ade­más, el ascenso y también el nombramiento para los diversos em­pleos vacantes, tienen siempre lugar rigurosamente según el orden de antigüedad. En principio, jamás se falta á esta regla, y i ocu­rre que un oficial moderno sea ascendido antes que uno anti­guo, es para est último la prueba de que se le juzga indigno 6 incapaz de llenar las funciones del grado su erior. Todo aque­llos que sufren esta afrenta, dejan inmediatamente el servicio. i alguno de ellos vacilare en ha cerio, sus ·col erras serían los przineros en obligarle, haczbzdole comprender que su honor estaba gravemente com­promdido con sunejanle mrdz'da, para que pudz'ese continuar sz'rvzimdo. Como he dicho, no se hace distinción alguna entre la Guardia y la línea, y la prueba se tiene en el paso frecuente de oficiales de una á otra. Así, por ejemplo, que una plaza de comandante de batallón venga á resultar vacante en el segundo batallón de cierto regi­miento de la Guardia, y el Capitán más antiguo que deba nom­brarse se encuentra en el 94 de línea, supongamos, éste será pro­movido á comandante y destinado al batallón de la Guardia cuya vacante hay que proveer. Inversamente y por la misma razón, su­cede que los oficiales de la Guardia vuelven á la línea. Se comprende que con principios tan bien definidos para las promociones y nombramientos de los diversos empleos, el Ran­glisle debe interesar vivamente á los oficiales, y es consultado fre­cuentemente por la mayor parte. Y me ha ocurrido varias v~ces encontrar individuos tan perfectamente al corriente del personal, no sólo de su arma, sino de las otras, como si conociesen los nom­bres de todos los jefes de batallón ó escuadrón del ejército. No poco contribuye el Rangli"sle á conservar entre los oficiales los sentimientos de compañerismo, de solidaridad, de intereses, &c., Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~o!etin IDlilitar be ~o!ombia '- 599-' que hace de ellos una gran familia cuyos miembros todos se cono­cen ; él permite á cada uno seguir la marcha regular de los as­censos de otros, y por lo mismo, obliga á la autoridad superior á la mayor circunspección cuando se trata de hacer un cambio en el personal. Porque así se ha establecido una especie de censura ejercida por todos, y que no permite ninguna medida arbitraria 6 atentatoria á los derechos de cualquiera, sea quien fuere, si ella no está fundada en motivos serios. Este es un principio al cual se concede en el ejército alemán una enorme importancia, porque se piensa con razón que en la profesión de las armas, más aún que en cualquiera otra, no debe haber más reglas en todas circunstan­cias que la equidad más escrupulosa, fundada en la estricta ob­servación de los derechos de antigüedad y del mérito personal de cada uno. J. 0 De las relaciones entre los ofidales La manera precisa con que están determinadas, tanto en el i.ervicio como fuera de él, contribuye también en mucho á sostener los sentimientos de compañerismo entre todas las armas, y la su­bordinación jerárquica en todas circunstancias. A í, por ejemplo, es incontestable que la obligación que tienen los oficiales de salu­darse recíprocamente en todas partes donde se encuentren, es muy propia para estrechar los vínculos que les unen y para desarrollar el aprecio y consideración mutua que se deben entre sí. No lo es menos el uso impuesto al más moderno, de presentarse á su supe­rior cuando le encuentra en una sociedad par .. icular 6 en cualquie­ra otra reunión no oficial. Al hablar un oficial de otro, le designa siempre por su grado, y jamás un inferior se permitirá llamar á su jefe por su nombre, ' cualquier parte que fuere con él, ó si se pronuncia el nombre de un colega, se le hace por lo menos preceder siempre del Herr sa­cramental. Es muy raro oír á dos oficiales tutearse, aunque sean de un mismo regimiento, á menos que sean parientes 6 amigos ínti­mos. En cuanto á ver superiores tuteando á sus subordinados, eso sería una cosa zi¡audita. Y debe advertirse que todos estos usos han pasado de tal modo á las costumbres, que se les observa siempre y por todas partes, aun en un día de regocijo y en las conversacio­nes más familiares. En todos los casos e t general es general y el teniente es teniente. Con lo que precede he tratado de dar una idea del género de vida que llevan los Oficiales del Ejército alemán. Todo este con­junto de cosas contribuye á desarrollar entre ellos la rectitud de espíritu y temple de carácter que poseen generalmente en tan alto grado, cualidades hoy más que nunca necesarias al oficial, al cual se le pide dar en todo y por todo, en el campo de maniobras como en el campo de bata11a, el ejemplo del cumplimiento del de­ber, y que debe al mismo tiempo tener la suficiente energía y fuer­za de voluntad para pensar y obrar con sangre fría en las circuns­~ ancias más difíciles y más críticas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin mmtar be ~oiombia '- 6oo _; Trabajos de los oficz"ales en túmpo de paz Ya que hemos visto cómo está todo calculado para conservar y desarrollar entre los ofieiales el espíritu de cuerpo, e 1 compañe­rismo, el sentimiento del deber, en una palabra, todas las cualida­des morales, veamos por qué medios se llega á hacerles adquirir también las cualidades intelectuales, que no les son menos indispen­sables, es decir, un conocimiento profundo del arte militar en gene­ral y de su arma en particular. En eso, como en todo, encontra­mos una organización metódica, consagrada por la experiencia en muchos años y basada sobre este principio fecundo : es predso en­se71ar m tz'empo de paz solam ente aquello que pueda ser realmente útz'l en tiempo de guerra. Esta misma idea es, si se recuerda, la que hemos visto presi­dir en todos los detalles de la instrucción, tanto de los individuos como de los cuerpos, y vamos toda vía á verla manifestarse de ma­nera más clara que nunca en los trabajos y ejercicios de los ofi­ciales. "No basta, para saber su oficio, dicen los prusianos, haber seguido, siquiera ea con éxito, toda la serie de los cursos en una academia de cadetes, ó haber hcch~, aunque de una manera bri­llante, el e.'amen de oficial,. En estas condiciones, un joven no posee otra cosa que una base paríl apoyar sus estudios ulterio­res, un instrumento que le permitirá completar por sí mismo una educación que debe en realidad prolongarse mientra dure teda su carrera militar. Por otra parte, es preci o que un oficial traba­je sin cesar, no ólo para .·tender y perfeccionar los conocimien­tos que ha adquirido antes de entrar en el sen·icio, sino tam­bién para no perderlo . Porque se admite in duda que si ellos le son necesario , no e únicamente lzasta el día de u nombramien­to, sino más bien despuh, una vez que esté en el servicio. Y sin m­bargo, todos sabe n cu:in fácilmente un joven olvida, al cabo de algunos años, la mayor parte de lo que ha aprendido, si, una vez en el regimiento, descuida el conservar y acrecentar su caudal Científico por una práctica costante. Imposibl e , además, abando­narlo al celo personal de cada uno ; de ahí la necesidad de tomar las consiguientes medidas." En este concepto, los Jefes del ejército se preocupan particu­larmente en hacer trabajar á los oficiales, y hoy cada regimiento viene á ser para éstos una especie de escuela permanente en don­de estudian y discuten sin cesar todas las cuestiones militares que les es preciso convcer. Primero constituye para el que se encuen­tre encargado de les reclutas de su compañía, ó de los voluntarios del regimiento, ó de la instrucción teórica de la gimnasia, &c., la obligación de prepararse por un estudio serio para desempeñar la mi ión que se le confía. Pero fuera de esto, todos los oficiales es­tán obligados á resolver cada año todas las cuestiones posibles, tanto sobre el terreno como sobre el mapa, y á tratar por escrito un asunto dado. Y digo todos los oficiales, porque si bien estas memo­rias no se exigen sino á los tenientes, no por eso dejan de ser plan- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin Wlilitar be ~o(omóia \._ 601 _) teadas y discutidas por sus superiores, con lo cual se ven forzados á hacer estudio profundo. Para que su misión no se limite á dirigir más 6 menos vagamente el trabajo de sus subordinados, están ade­más obligados, y esto es lo importante, á hacer por escrito una crí­tica detallada y á apreciar el modo como cada uno ha resuelto el problema planteado. Resulta a í para ellos la necesidad de estudiar los asuntos más completamente aún que us subordinados; y mien­tras que un teniente no tiene que hacer, por ejemplo, sino redac­tar una memoria y resolver dos 6 tres cuestiones, un jefe casi tiene que volver á hacer el trabajo de todos los tenientes de su batallón. Examinaremos, por lo demás, cómo están organizados estos trabajos en las diferentes armas.-ConHmía ~ J?!utcwá~ MEMORIAS D .JL GENI~RAL PABLO l\10RILLO (Continúa) "Art 3. 0 Los militares 6 individuos que dependan de un ejér­cito que sean tomado h"rido. ó enfc rm s, ya n los hospitales, ya en cualquier otro lugar, no se rán pri ion\..ros de guerra, y podrán vol er bajo sus band ras cuando estén re tablecidos. La humani­dad se interesa vivamente por estos d sdichaclo que se acrifican por su patria y su g·obierno; y ella c. ·ige que se 1 , s trate con más consideración y cuidados que los r ri ioncros de guerra, y á lo me­nos s tendrán con ellos los mi mo,:, cuidados y e 1 s darán los auxilios que á los heri<.los y enfermos del · jército que los manten­ga en su podc:r. "Art. 4.0 Los pri ioneros de gue rr"'' serán canjeados clase por clase, grado por grado; y por un oficial superior se entregará el número de subalternos que es de uso entre las naciones civili­zadas. "Art. 5.0 En el canje quedarán comprendidos los espías, conspiradores y disidentes, atL ndicndo á que es en una guen·a ci­vil en la que el Derecho de G~ ntc · dcb. tener la mayor latitud, y que la humanidad r clama de rnan ra imperio~a el cumplimiento de estos preceptos. Por tanto, lo espía , conspiradores y disiden­tes' no serán condenados ni á la pena ca pi tal ni á ninguna otra pena aflictiva; sólo se les guardará de manera decorosa, e perando el momente de su canje como prisionf'ros, porque los errores y las faltas políticas no deben nunca ser con~iderados como crímenes. "Art. 6. 0 En atención á que e ta guerra proviene de diferen­cia de opiniones, y que los individuos que han combatido con en­carnizamiento por las dos causas, están unidos entre sí por los lazos ~ co t}t .,,-'\ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oretin ID!Hitac be ~oromóia '- 6o2 _) de ra:mma más estrechos, y de que hay que evitar por todos los medios posibles la e fusión de sangre, serán igualmente respetados y canjeados los militares 6 empleados que, después de haber ser­vido á uno de los dos Gobiernos, sean tomados bajo las banderas del otro. "Art. 7. 0 El canje será obligatorio y deberá efectuarse en el término más breve que sea posible. Por tanto, los prisioneros, c~alquiera que sea su grado y rango, permanecerán en el territo­riO ?e Colombia, y bajo ningún pretexto se podrá alejarlos de. esta regt6n para hacerlos sufrir males más crueles que la m1sma muerte. . u Art. 8. 0 Los jefes de ejército exigirán que se trate á los pre­sos conforme á los deseos de sus Gobiernos, y se indemnizarán, como garantía de una y otra parte, los gastos que ellos ocasionen. Los mismos jefes tendrán derecho á nombrar comisionados para q.ue visiten los depósitos respectivos de presos, examinen su siL~a~ ct6n y la hagan menos penosa. "Art. g. 0 Los prisioneros que ahora ~stén en poder de uno y otro partido, gozarán de las Yentajas del presen:,.e convenio. u Art. 10. Los habitantes de los lugares alternativamente ocu­pados por los ejércitos de ambos Gobiernos, serán altamen:l res­petados y gozarán de la libertad y ele la seguridad más absolutas, cualesquiera que sean 6 hayan podido ser sus opiniones, empleos, servicios y conducta relativamente á las ¡:,artes beligerantes. "Art. I I. Los restos de los que ha;·an encontrado una muer­te gloriosa sobre el campo de batalla, ó en algún encuentro entre las tropas de los dos Gobiernos, recibirán Jos honores de la sepul­tura, 6 serán quemados cuando u número 6 la falta de tiempo no permita hacer otra cosa mejor. u A los vencedores tocará llenar este deber sagrado, de que no podrán excusarse sino en circunstancias graves y extraordinarias, y entonc-es les tocará. C'ntenderse con las autoridades locales para que los desempeñen . Los cadá \eres que reclamen uno ú otro de los dos Gobiernos, 6 particulares, no podrá rehusarse su entrega, y se otorgará lo que sea necesario para su transporte.' "Art. I 2. Los generales de ejército, los jefes de división y todas las autoridades tendrán que obsenar este Tratado con exac­titud y fidelidad; toda infracción acarreará para ellos las p nas más severas, y los dos Gobiernos se hacen, respectivamente, res­ponsables de su exacta y religiosa observación, bajo la garantía de su buena fe y del honor nacional. "Trujillo, 26 de Noviembre de 1820. A'lTONIO JosÉ DE SucRE-PEDRO BRICEt~O M:F. mEz-JosÉ GABRIEL Piaxz.•' . Nuestros comisionados respondieron á esta nota, sin pérdida de tiempo· después de acusar recibo continuaban en estos términos; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~o(etin IDlintar be <§:o(ombia \_ 003 _) "El Gobierno español ha visto siempre con horror la guerra de exterminio que devastaba á estos paí es; de acuerdo con VV. SS., desea aprovechar este momento de calma para dar al mundo una prueba de su filantropía. En conformidad con estos prin­cipios, los comisionados del Gobierno español no pueden dejar de considerar como obra de amor á la humanidad, que cubrirá siempre de gloria á sus honorables autores, los doce artículos de la nota que han recibido; nota tan conforme con los sentimientos genero­sos del Gobierno que representan y con las ideas nobks y liberales de !os que bs han suscrito. "Sin embargo, aun cuando están de acuerdo en la absoluta convicción de que los errores políticos no son crímenes, y desean dar á un tratado tan favorable para la humanidad toda la latitud posible, ellos creen deber notificar á VV. SS. que no pueden con­venir en el cambio ele e pías y conspiradores propuesto por el ar­tículo 5. 0 de la nota; pero están conformes en que la pena capital no les sea aplicada. En el artículo 6. 0 tampoco se podrá admi­tir lo que concierne á los empleados puramente militares, por­que está en oposición directa on la orden del ejército; pero es admisible en lo que respecta. á lo. empleados civile . "Todos los demá artículos merecen la aprobación de los suscritos; nada puede ser más agradable para ellos qu la conclu­sión de un Tratado reclamado por la humanidad de manera tan imperiosa, y que debe augurarles con las bendiciones del pu ·blo el ¡·econocimiento de su Gobierno. "Dios os guarde muchos años. "Trujillo, 26 ele Noviembre de 1820. RMro}l CoRREA-jUAN RonRIG 'Ez DE ToRo--FRANCisco GoNzA­LEZ DE LINARES." Tras una corta discusión, en la cual se estuvieron los mis­mos principios de una y otra parte, se concluyó y firmó el Tratado. Salvo la mención de España, como parte contrante, y lo nombres de los comisionados españoles, los considerandos eran exactamente los mismos que los de la nota precitada. Los únicos can1bios introducidos en la redacción de esta nota, son la diYisión del artículo 2 en dos artículos; la sustitución del artículo siguiente (6. 0 del Tratado) al artículo 5. 0 u Quedarán comprendidos igualmente en el canje los milita­res ó campesinos que ya individualmente ó por partidas, hagan el servicio de reconocimiento ó de observación, y que recojan no­ticias para un general, sobre el ejército enemigo." El artículo 7. 0 del Tratado, menos favorable que el artículo 6.0 de la nota, pa;-a los desertores tomados bajo nuevas banderas, los exceptuaba sólo de la pena de muerte. Se declaró aplicable á los conspiradores y disidentes que no habían sido comprendidos en el artículo 6. 0 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. moretin ~i!itar be ~oiomb ia \._ 604 _J Por último, el artículo siguiente (artículo 14) daba término al Tratado: "El presente Tratado será ratificado y canjeado en el término de sesenta horas, y comenzará á tener su cumplimiento desde el instante de la ratificación y canje. En fe de lo cual, nosotros comi­sionados de España y de Colombta, hemos colocado nuestras firmas. " En la ciudad de Trujillo, á las diez de la noche del 26 de Noviembre de 1820. RAMÓN CoRREA- A. To,.rro JosÉ SucRE-JuAN RoDR{GuEz ToRo, PEDRo BRicEÑo MÉ 'DEZ-FRA 'Cisco GoNzÁLEZ DE LINARES-JosÉ GA­BRIEL PÉREZ.'' El armisticio fue firmado, aprobado y ratificado en toJas sus partes el 26 en Trujillo, por Bolívar, y en Carache por S. E. el Conde de Cartagena. El segundo 1 ratado lo fue el 27 por el Pre­sidente de Colombia, siempre en la misma ciudad, y por S. E. el Conde de Cartagena, en anta Ana, á donde él había trasladado su cuartel general. Nuestros comisionados volvieron al punto á Caracas, y guia­dos por sus sentimientos de honor y de delicadeza, fomentaron al punto la reunión de la junta de la cual emanaban sus poderes, para darle cuenta de todos sus trabajos. Celosos por poner de manifies­to con toda evidencia la int f;ridad de ·u conducta, insistieron vi­vamente en que se forma e del mayor número de personajes pú­blicos. e accedió á sus deseos, y la junta oyó la lectura de todos los documentos aquí publicados, en virtud de lo cual se redactó el acta siguiente : "En la ciudad de Caracas, el 16 de Diciembre de 1820, es­tuvieron presentes en casa de . . J J fe superior político, S. S. D. Miguel de Laton·e, l\1ariscal de Campo y General en Jefe del ejército expedicionario de Costafirme ; D. Ramón Correa, Briga­dier, Jefe político supet ior de Venezuela; D. Francisco del Pino, Brigadier, Capitán General ad ínter/m; D. José Alustiza, Intenden­te del Ejército y uperinkndente general, Subdelegado del tesoro militar; D. Manuel González de Linares, segundo Alcalde consti­tucional; D. Francisco de Azpurna, primer Alcalde constitucional provisorio; D. Felipe Fermín Paúl, D. Nicolás de Castro y D. Bar­tolomé Mascareñas, Diputados á Cortes; D. José Manuel Lizarra­ga y el Conde de la Granja, miembros de la Diputación provin­cial; D. Francisco Rodríguez y D. Ramón Monzón, Síndicos pro­curadores generales; D. Juan Rodríguez de Toro y D. Francisco González de Linares, primer Alcalde constitucional de esta ciudad, uno y otro comisionados cerca del General Bolívar para los dos Tratados de armisticio y de regularización de guerra. "En esta junta, cuya convocatoria tenía por fin tomar noticia de todos los hechos que han precedido y acompañado á la con- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oietin militar b\: ~otombia L 605 _; clusión de los dos Tratados, se han leído todos los documentos re­lativos á esta negociación, y los comisionados han dado de viva voz todas las explicaciones que les parecían útiles. En seguida se ha dado lectura á una nota oficial de S. E. el Cor1de de Cartage­na á S. S. el Jefe político : S. E. expone en ella la necesidad de enviar á España comisionados encargados de dar al Gobierno to­das las noticias indispensables en esta circunstancia, y para activar sus preparativos con toda la prontitud posible, en razón de la próxima partida de los comisionados que había nombrado por su parte el General Bolívar. "La junta, luégo de proclamar digna de reconocimiento pú­blico la conducta de los comisionados que habían m~nifestado tan­to celo, actividad y consagración á la causa de la Nación, ha re­conocido la urgencia de enviar comisionados especiales cerca del Gobierno Supremo, en el momento en que los disidentes tomaban una medida semejante. Por tanto, fueron nombrados D. Francisco González de Linares, como perfectamente instruído en las nego­ciaciones en que ha tomado parte, y D. Pedro José Mijares, no menos Yersado en el conocimiento de los asuntos del Estado. Con­siderando, por último, que importaba que en un asunto de esta na­tural za, todo fuese bien conocido del público, se convino en que D. José Domingo Díaz, Secretario de la Junta, pondría en orden y publicaría todos los documentos relativos á las negociaciones. En fe de lo cual han firmado. MIG EL DE LA ToRRE-RA:\IÓ. · CoRRE \-I• RA .. 'icrsco DEr. PINO. Josi DE ALusnzA-MIGUEL Go. ·zALEZ DE Lt 'ARES-FRANCisco DR AzPui NA, &c. &c.-José Domüzgo Díaz, Secretario." Hé aquí la · relación exacta de todas las diligencias que se han verificado desde el momento en que S. E. el Conde de Cartagena recibió la orden real del r r de Abril de 1820. Esta ordenanza, que debería servir de modelo á todos los Gobiernos sabios, bien­hechores y liberales, fue la regla invariable de todos los actos de S. E., y dio nueva fuerza á los votos que él había hecho siempre. Ojalá nos fuera dable comparar imparcialmente la felicidad de los pasados tiempos y las desdichas que acaban de pesar sobre nuestras cabezas, oír la voz de la Patria, y resignarnos á los sa­crificios que exige el interés general-Contzinía. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin ID1iritat be ~olomóia '- 6o6-' VIAJE A LA REPUBLICA DE COLOMBIA EN 1823 POR 1\1. 1\10LLIEN (Tra•lucido para el Bo!etht JIIilitar) (Continúa) Así nos pasó á cada uno de nosotros ; nos apresurámos á trans­mitirnos mutuamente las observaciones y á comentarlas : se ha­bían visto con asombro varias institucione que parecían ofrecer contradicciones chocantes con los principios sobre los cuales se había levantado el edificio social de los Estados Unidos. El látigo con que se castiga á los negros esclavos, zumbaba aún en nuestros oídos; * las preocupaciones bajo las cuales gimen los hombres de color exaltaban nuestro corazón; las costumbres habían parecido relajadas : era preciso que lo e tuviesen en grado notable para provocar la censura de los marinos, naturalmente poco severos. Especialmente la policía poco nos había entusia. mado, porque aun cuando deja en gran libe rtad á los extranjeros, 1 ofrece poca seguridad contra la mala fe d e los mercaderes y la infidelidad de los sirvientes. Sobre todo s e qu e jaban d el abandono de los ameri­canos en tomar medidas de salubridad contra ]a fiebre amarilla, lo que expone todas las ciudades de la costa á el e va taciones anua­les. En cambio, no se podían r e hu at· elogios á la actividad de su comercio, al bu n orden de su marina, á la prontitud con que se apoderan de todas las invenciones nuevas, y particularmente de las máquinas de vapor, que se han convertido para ellos, como para todas las naciones que las usan, en medio poderoso é incal­culable de riqueza y de poder. Entre algunas personas, y sobre todo entre los militares.. se creyó reconocer una inclinación á la aristocracia; algunas instituciones nuevas, como el establecimiento • En 1820 se contaban en los Estados Unidos 1.538,128 esclavos. No es, pue!, sin poderosos moti\· ' S como el Gobierno de esta. República se ha unido á los in­gleses para oponerse á la trata de loe; negros. Por esto, lejos de permitir el au­mento de su población por nuev ·s milicia , se esfuerza, por todos los medios po­sibles, en disminuirla, ya sea re ..! xportándola á otra parte, ó por medio de leyes t~rribles contra los nc~ro : Quizás nunca e ha_publicad,o contra esta r~za des­dtchada un decreto mas vwlento que el que se promulgo en 1823 en la Carolina del Sur. Este decreto declara que los capitane mercantes que tengan á bonlo en sus navíos hombres de color, libres ó esclavos, deben hacerlos encerrar, durante su permanencia en el puerto, en la cárcel pública, y además, pagar los gastos de detención. Por falta de cumplimiento á esta ley, los capitanes serán condenados á una multa de mil dólares y á dos mese.s de prisión; en cuanto á los negros, libres ó esclavos, serán vendidos, de conformidad con el acta del 20 de Diciem­bre de 1820. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oietin ~HHtar be
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo II N. 19

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 25

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 25

Por: | Fecha: 22/06/1901

BOGO'f A, Ju IO 22 DE 1901 SERIE II- TOMO I-N. o 25 BOLETIN MILITAR DE COLOMBIA Organo del Ministerio de Guerra y del Ejército Son colaboradores de este periódico los Jefe y Oficiales del Ej'rcito 1 Duect.or ad honorern F. J. VERGARA Y V. Y General de Ingenieros, Miembro de + varias Sociedades Cientiftcas EL ESPJRITU Afl/.JTAR EN C.\t/1 NACION , , DI Ct:RSO PRO. 'U.' l.\DO POR EL P.\DRE DIDO ... E •. LA DISTRIBUCION DE PRE-MIO DE LA E C 'EL.\ DF: ALBERTO EL GRA. 'DE Y L PLACE, EL I 9 DE JULIO DE 1898, 1•:. PARÍ ( Tradu ido para ·1 Bo/etln Jfthtar) ontúuía) La fu rza militar, im¡ one tam ién á una nación como in trum nto ncce . ·pan ión y de u pod río. Lo individuos cr"cen; el la mi ma manera la na iones e dcsarr Han. Tolo lo que vi · quiere cr e r y d arrollar ; y los pue lo repiten la palabras de 'olón á I ab 1, dicho , ncillo y profundo : "El mundo conocido d ma iado pequeño." Una fuerza innata de progre o lo impul a á alir de la e trecha cuna n que se han formado 1 nta y laborío am nt . ¿Y por qué pretender salir de e t m do de nuestra fronteras? ¿No lo han indicado'? ¿ ~ aca o 1 re ultado de una doctrina que se prof sa en el Col gio de 1~ rancia 6 en la orbona? No, la cosas bella no hay necesidad de enseñarla . La cosas poderosa , aquellas que levantan el mundo, que lo tran forman, son toda ge­niales. No e sabe de dónde vi nen, si de la profundidades de los cielo ó de los misterios del pueblo, pero siempre encuentran or­ganizaciones sólidas, cerebros sanos, y energías todavía más vigo­rosas para realizar todo lo que hay de inmenso en su sugestión y su genial impulsión. (Aplausos). Hé aquí por qué las nacione cuando llegan á cierto grado de madurez, traspasan su frontera De este modo el niño bien en- TO){O 1-49 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Milz'ta,- vuelto en sus mantas, aun cuando la madre no le suelte las atadu­ras, las romperá para hacerse libre y atra ve ar el e pacio. Ellas entrevén más allá de los mar s continentes nuevo mal poblados, ó expuestos á 1~ esterilidad y al pillaje, ocupado por razas inferiores que yacen sumida en la ignorancia, la brutalidad, ]a servidumbre, é impotentes para libertarse por sí mismas de la degradación y la miseria. La ley de vida que rige la humanidad impulsa con vuelo irresistible á las nacíone adultas y engrande­cidas. No se puede resistir. No cabe decir : no otro , franceses, so­mos más cuerdos ; eso lo dejamos á la comercial Inglaterra, á la ambiciosa Alemania, á la háhil Rusia. 1 Cómo! ¿Sois vosotros, franceses, qui nes empleáis se len­guaje in olente para nuestro país? ¿ Pr tendéi aca o borraro del número de lo grande pueblo ? ¡Ah! E ta e manera epicúrea de tener paz y de no ser héroe; pero no es la manera de hacer a van­zar la humanidad. Y no me imagino que Francia e cuche nunca semejantes profetas de una virtud tan adherida á la tierra. ¿ Aca­so no tenemos un genio de nobleza innata, en vez de uno de ab­y,. ección? ¿No n s inflama y nos exalta el g nio de la g n rosi · dad? ¿Cuando descubrimos un obstáculo no pretend mos correr tras él y de truírlo? (Bravos y aplausos). j f . Y por esto s por lo que Francia h rida, de pué de lo desastres que conocéis y que en breve e e ntarán por medio si­glo si no sobreviene nada ; por e to, digo, Francia, on ólo su hijo -y podríais contarlos, son veinte ó treinta,-casi sin nin­gún sostén oficial y de gobi rno, ha p e did h:tcer tanta cosa . brid un mapa de Africa; ved á so htSro mod 5tos, sil nciosos intrépidos, dotados de no sé qué genio divino, que recorren los e pa­cios y anudan tratados, y podréis per uadiro de que hoy el imperio colonial francés va á igualar al imperio colonial de la oro-ullosa lbión. e pondrán de acuerdo, pero yo creo que dividiend por igual, no tendremo qu envidiar nada á o hombres á quienes algunas veces podemos imitar, pero ante los cuales jamá d he­mos inclinar la cab za ni humillar la bandera del paí . (Aplausos rtpdzdos). E os hombre , hijo de Francia, ¿cuál e son? eñores, los hay de tre c1as : primero es el misionero y el ·plorador-son do hermano tan va]ero os uno como otro, que nunca obtien n m jo­res re ultados que cuando se r úncn: ved al Teniente Ilourst, acompañado del bra v0 Padre Hacquart, con quien ha realizado tan grandes co a . En seguida el m · rcader y el re idente · por úl­timo el soldado. El apóstol y el explorador abren la da, penetran con riesgo de su vida, casi siempre con audacia heroica, en países d scono­cidos : uno para llevar allí su Dios y su fe, otro para echar los primeros nudo de unas relaciones con hermanos lejanos; siguen el m .r ader, el colono residente y el ingeniero, para esta lecer el cambio de productos, para pedir derecho de residencia á fin d ·ultiYar el uelo cruzarlo de caminos, de canales, facilitar lo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolel{n Jlfilz"tar tran porte ; todos empuñan en u mano la bandera nacional, m­blema de la patria que lo cubre con su fuerza. Pero i la bandera no es respetada, i la violencia de lo pueblos á los cuale la pa­tria envía á sus hijos, amenaza u intere es, su pacífica acción y hasta su vida, el soldado aparece armado y fuerte, prot giendo con su brazo y su bravura la obra civilizadora emprendida por el apóstol, 1 ·plorador, el comerciante, el ingeniero y e l colono ; será conquistador i es pre i o, ó im¡l protector si te papel basta para hacer la paz: su fuerza está al servicio de la humani­dad, y él la mpleará para de armar el mal y mant n r la justici<:t y como alvaguardia de vidas humana . eñores: no temamo so tener la fuerza armada, cuando esta fuerza armada e tá al s rvicio del derecho, de la civiliza ión, de la perfección y del progreso. e ha dicho, á propósito de nuestras conqui tasen paí e inexplorados: "¿,Con qué derech vais á pene­trar entre lo pueblos n gro ? ¿Por qué no los dejáis que se devo­ren entre sí, y que e entreguen á las dulzuras de la antropofagia? ¿Por qué no e nsentís en qu acrifi uen á sus fetiches hasta vi­das humanas?" ¿,Por qué? P rque no hay derecho contra la ver­dad, contra la justicia y contra el progr so. La verdad debe im­perar, la justicia reinar, el progreso d be tran formar á toda cria­tura. Qui n tien un rayo de luz debe e parcirlo; quien tiene un átomo de virtud, de e comunicarl ; quien tiene la sed del progre· o, debe saciarla. ¿. Vosotros disponéis que permanezcamos ocio­os? o, no no ujetamo á esa ley, vamos á alumbrar, á tran - formar, á moralizar. Y ¿qué ha'Céis con la solidaridad? ¿Acaso es ella una pala­bra vana? uando en un país ·e forjan leyes para oblicrar á los ignorante á qu se instruyan, cuando se expiden justas 1 y para que lo malvado se moralicen, para levantar á las da e inferí - res, ¿protestáis contra estas 1 y ? J. o, señores, vo otros no pro­testái , porque tendríais contra otro la ley de solidaridad. Esta misma ley de solidaridad traspasa los límites de una nación, abar­ca á 1 pueblos mismo y debe imponers íntegra á la humani­dad. ( Vzvos aplausos). Y efectivamente, eñore , la historia humana, con id rada n su conjunto, no es sino el cumplimiento de esta ley ine. orable de evolución y de expansión de las nacione fuertes y civilizadas en los continente baldíos, ó de pueblo inferiore ·. Y ningún iglo más que el nuéstro ha a i tido, en efecto, á triunfo igual de e ta ley. Una de las razones más sólida , señore , y de las más pode­rosas, que establ ce para una nación la necesidad ab oluta del es­píritu militar y de la fuerza á la vez material y moral que él des­arrolla, es el fin esencial y supremo á que toda sociedad humar a debe a pirar. He nombrado el reino de la justicia y de la paz. i para ob­tener este reino y para someter todas las voluntades libres, ba - tara dictar leyes sabias, los buenos legisladores se encargarían por sí mismos de la tarea, y el orden equilibraría todo en una ar ... monía perfecta. Pero en este mundo expu sto al mal, á la revuelta Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar y á la violencia, á la · ambicione insaciables, al egoísmo má des­ordenado, ¿cómo triunfar del mal, destruír la revuelta, contener la violencia, refrenar los apetitos y paralizar los movimientos del egoísmo? Todos abemo , eñores, que no se uprime el mal, que está arraigado á la humanidad hasta en sus última~ fibras; pero á lo menos te!1emo el poder de vencerlo, y el deber imperioso de lo jefe de Estado y de lo podere públicos es contenerlo, prevenir­lo y castigarlo. Hay dos fu ·rzas que oponer al mal : una moral y espiritual u procede por per ua ión y¡. or amor, que e abr camino hasta en la conciencia y en la voluntad para atacar el mal en su misma raíz. Tal fuerza está n mano de todo aquello que in truyen y que razonan, qu acon jan 1 bien y dan el ejemplo provechoso, de todo aquello que aman á Dio y á su hermano , admirabl legión de apóstole que 1 Dio alvador d los hombres ha multi­plicado y di minado á travé de la humanidad para juntarla á EL en el bien, en la virtud y n el honor de una ,-ida sin mancha. Pero, señore , cuando la p r ua ión no val , cuando 1 amor ha sido im­potente, ;. s preci o d jar libt·e curso al malo, y a istir ina tivos y resicrnado á la perp tración de e as obras de viol ncia, de odio, de a tucia, d de tru ción y el homicidio? ¿E pr ci o tolerar sin fin reinado del mal triunfante? ro, ci rtamente: s m ne ter armar e de fuerza co r itiva, blandir la e pada,at rrorizar, proc - der con ngor, h rir; hay qu imponer la justicia. El mpleo de la fuerza, n sta oyuntura, no e ólo lícit y 1 gítimo: oblio-ato­rio; y la fu rza mpl ada de ' te m do no ya un p d r brutal: e convierte en ·nergía bi nh · hora y anta. ··on tal u lla per-man zca en 1 brazo::- de la ju licia y ¡ue no e. cluya la mis ri­cordia en u venganza ni en · u a ticr puede alvar la nación, dar á todo e l ntimiento 1 una - 'o· uridad n e aria, in pirar con­fianza á lo débile · y prom ~ t r á todo lo qu bueno y honrado la libertad plena de acción, de hablar, de a ciar , d trabajar in d sean o en el progr o u ni ver al, que jamá, d b tene r tr crua. ¡ í 1 la tol rancia, de qu0 yo oy partidario in miedo y in vergü nza-porque oy partidario de la anta liucrtad,-la t - lerancia- mc creo obligado n lo íntimo de mi convicción á reco­noc rlo-ti ne us límit s y la libertad deja d er r espetable cuando en vez de unir los ánimos .:paree la d unión n la tripu­lación del na vfo, y practica un agujero en el ca co para r novar un d esa tr reciente, y qu t do lo sumerjan la ola , que narla devu lv n. (Aplausos). Confie o que la elevación de mi alma no me permite · r con indiferencia que se hiera á seres humanos que d berían ser con­ducidos por medio de la dulzura y de la persuasión; p ro reconozco también que si viese á un acrílego levantar la mano obre mima­dre- digo mi madre sin metáfora,-tocar su Llanca cabellera, ultrajar su belleza, ~u santidad y su grandeza, permitidme que os diga que si yo fuese dueño de la fuerza y ella estuviera á mi al­cance, esta fuerza aparecería terrible y vengadora para castigar á aquel qu no había retrocedido ante un sacrilegio y un crimen Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mz"litar que on ergonzosos para toda alma honrada y para todo buen ciudadano. (Vivos aplausos). El arte upremo del Gobierno es la facultad de apr _ciar la hora . acta en que la tol rancia e haría cómplice cobarde el 1 mal. E t e tacto upone el entido incorruptible de la justicia, el amor d ' intere ado y apa ionaclo d 1 orden público, y el Yalor moral imp rturbable, que nunca s u tt~a . al dolor d la ejecu­ci ne n ct arias. · D sdichado de aquellos qu ocultan u debi­lidad riminal tra una aparato a legalidad ! ¡Ay de aquello que d eja n e nm ohecer la espada le la ju ticia, y de aquello cuya l on lad t ca lo lfmitc de la cond e ndencia ~ El paí ·, P.ntr gado á toda la · an ·i dade , lo r e hazará d honrado , por no haber u rido-aun cuand hubi , <: . ..,ido á pr c io d< ·an'>T -el ·fender y al var la patria. El ntimentali mo pued conv nir á lo 1 octa~, á los d/ltllan- 17' de tocl matiz, p ro deb-- ser ele ·terrado, como una fa! ificación de la b ndacl del orazón d e lo j f" . hago alu i nc · mi pa­labra van má alto. ¡ Infelice d aqu llo · qu d jan agitar ·e, en­tri ·tC'ccrs acr nizar á u paí ! ¿ o hay a aso hombre fu rtes y cuenl qu , tt nienclo á un mi mo tiempo t•l ·C' ntimi nt d la 1 galidacl y de la ju Licia tenn·an taml ién J. de la , co·uridacl del paí · ·? Porqu , eñorc., la nacion<'s, la patria, no viv .n s la.. n te mundo : ti en· n u<.; vecino , su · aliado , . u imlif r nle · su~ in te­r e di\' ~~~o á m nudo . on contrarios ; pu den urgir los con­flicto y agrandar e; . i lcts irnpatía y la ,. ntajas omune pue­d en ac re aria , la antipatía , lt r cu r lo d hccatc mi e , la rrota. no oh·i lada ·m rtili ·ant<'s, pued ·n taml ién di\'idit·, y hasta n tiemp de paz o cial ha. ta d 'spué d fit-mar lo · tratado que han dad, término á la lucha, so t 'ncr una e pecie t1 paz armada y 1 ' opo ición orda, iempr lat ntc en el fond , bi n ¡ut~ calla­da y ap •na~ r conocida. La" guerras pued n e tallar éÍ ualr¡ui ·ra hora, y no hay ne­c idad dt; hab r vivido me lio ·jo·Ju para t tar conv ncid de ello. L fuert pueden pro,·ocar cun de. tr za á lo débiles, y és­to , á m nudo d e masiado ajeno á _u debilidad a eptar impruden­tem - nt la lucha. Aquí s, · ñ re , en dond vu ]ve á aparee r el papel nece-ario de la fuerza mat rial, de lo jército y d 1 , píritu militar. En cf cto, ¿. cómo una nación in jército podero o, podrá, si e atacada, r chazar al agr or, provocar á u turno, r chazar la in­juria, amenazar y contener al adver ario? ¿Cómo in jército po­drá o tener su derecho é impon r 1 respeto á los v cinos que ha­yan tenido la audacia criminal de atentar contra ella ?-Conr!II)'t. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ¡66 Boletfn Mzl-itar EL PROCR/~ O DH LA GUERRA ( C HA R LA) á L. R. . 'uando vemo ~ lo · prodigio os adelanto hechos n la arma motlernas; cuando miramo funcionar un cañón de tiro rápido que arr ja ton e ladas d hierro y de balines· cuando ob e n ·amo la ra¡ idez c on que le fu ·iles di paran infinito núm ro de fina bali­ta humanitaria ; cuando contemplamo lo torre ntes l e proyec­tilc qu · arrojan in de can5o las te mibl e . ametralladora · automá­tica ·,-el ánimos obl-eco~e y nos '" mos bligado · á c . clamar in m( diatam cnte : ¡ ué mortífC'ra d e b t: e 1- la guerra en to tiem­pos~ Y p e nsando n el campo de batalla, no imaginamo qu , bajo ~ ·" hura cán el proy ctil · que nos arrojará el n e migo, .cd. muy difícil que alo·ui c n pu e da capar con vida . .'in eml1arg , amitr mío, hay una di ·tancia norm entre lo que a í e pi c n a y lo qu e 'n r-'alidad uc de. Aunqu~ le par -'Zca á u t e d un contra ·ntido, pr ten do ahora probade qu el combate d ·1 día, aun con ~ ta armas tan perfec­cionadas, no es ni má ni m no · mortífer que los combate · de antaño. Me ref1 'l-o á la ,· uerra dl sdc el momento que ntró l n u o la \·iul 'nta u tancia ". · plo iva bautizada con el a ·entuado noml re de f'/JhJOJ a. En verdad, e hace u e~ ta arriba pcr. ar qu · , ¡ combate no a má. mortífer hoy qu ay r · y i uno, oñancl con la batalla, v la línea de tirador rizadas d e fu ilcs de rcp tición, se ima­g ·ina l · e . ·cel nt cañones modernos locado n bi e n -']egida · po icion , y la r pidísima a m tralladora hacienjo u int 'rmina­bl _ fuego 1 ar e que ' ra 1 ilbido d lo millar de 1 roy ·ti­h . que cruzarán 1 air n todas dir e ion . , una verdad ra tiempo,-ten­dremo : qu. en la · siete h ra de batalla habrán arrojado un nemio-o contra el otr la no déspreciables urna de municione io·uient ' : 3,50 infant "o .. o o o o o. o• o. o o. o .... . 4 ametralladora 50 •• o .. o .. o ..... o .. r 2 pic:za dt at·till ría ........... . Total. o •••••••••• 22.050,000 480,000 59,280 22.589,280 proyectile . Suma que doblada, pue. to que el enemig que e defiende habrá procurado hacer otro tanto, alcanzará á 45. r¡8,560, que, omo ·e ve, e bien dig-na de ser tomada en cuenta. Perf ctament o principios del iglo pasado, como todos lo abcmo , n ucedía lo mi mo; la armas le fuco-o, como lo he-mo · dicho n otra ca ión, eran muy tardía , y un ejército de la mi ma. comp . ición dr.l qu vamo estudiando, con armamento de aquella época, y en 1 mi ·mo tiem¡ de combate, no habría podi­do di parar may r número d proyectiles que lo qu anotamo en s guida: 3,500 infante· .. o o .... o o ......... o. o•. o .. 3-780,000 • Tin un a m tralladorao ............. . 12 cañon 15,120 Total............ 3-795,120 uponiendl) qu caJ fusil antio-uo y cada cañón hubiera podido hacer á razón de treo tir por minuto, es decir, ciento ochenta por hora, mil doscientos se enta <;lurante toda la batalla. Aceptados e tos principio , una simple resta hará ver la enor­me dife rencia ntr la cantidf;ld de municiones que hoy pueden arr jar la arma moderna con respecto á las antiguas, diferen­cia, como se verá, abrumadora, y que, á ojo de buen varón, obliga á exclamar: ¡ Qué mortífera debe ser .la guerra en estos tiempos! Pero, ¿ e e to realidad ? De ninguna man ra. E te ligero cálculo que me he permitido hacerle, no va más allá de ser lo que podría pensar un profano en la carrera de las armas é ignorante hasta lo sumo de todo lo que son las cosas de la guerra. No quiero decirle con esto que los cálculos que le presento e tén mal hechos con referencia á la rapidez de las armas moder- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ¡68 Boletín Mt"!Üar nas-que lo digan los ntendidos ;-no, mi amigo; no. Lo que hay de verdad es que tal rapidez no pa a de s r un lujo y una ven­taja que no pueden ser aprovechado ino momentán amente · pero jamás, créamelo u ted, durante todo 1 ti mpo de una bata­lla, por muy corta que sea su duración, p rque a í como he pre­sentado á usted estas cosas, no habría fu il, cañón ni ametrallado­ra que aguantara, ni parque que prove, ra, ni soldad qu saca­ran fuerzas suficientes para d1sparar tan norme cantidad d pro­yectiles. La guerra es muy distinta, amigo mío. Fíjese usted solamente en que, gún 1 jcmplo d · arrollado, cada infante, como le decía, debería disparar goo tiro · por hora 6,300 durante toda la batalla· lo que e un contrasentido, porque para hacerlo necesitaría llevar á cuesta una cartuch e ra mon truo tan grande, por supue to, como la cncdcra. le los que hac n e m­píricamente tal s cálculo · n vi ta de la ra1 id z que e n los p o Jí o- o­nos de arrollan la armas del día. U teJ sabe muy bien e ta co. a . ; pt'ro, no lo dud e u t ·d, no faltan e píritu i•,.norantcs que ci-cen que los fu.-...il c s, la ametralla­doras y los cañones moderno , on algo así como r •rad ra de proycctile qu , pue ta · n función, no d ·jarían en toda su : ona peliurosa oldado en pie ni títere con abeza, como ' dice \'ulgar­mente. F lizmente para 1 s qu e l at n, la e . a n u e ·d ·n d tal manera. ¡ Hay una difer ncia tan o-rand ·ntr ' la teo ría ' la prácti ca . Lo que han hecho una campaña \' nladl"' r a , una marc ha n tierra enemiga; 1 que han a i tido siqui e ra á una a ción ·f ctiva de guerra,- a en muy bien que en la infankría c ada oldado no puede llevar n u cartuch ra má de 2 0 0 tiro. , qu · es limitado el número de municiones que puc el n o n.-...umir los ca ñon · y las ametralladoras, y que todo o mill ne d e artuch que­mado en los combates id ale., en las batallas l1a las, quedan reducidos á guarismos infinitam nte infe riore s y qu hac n abrigar la grata id a de poder escapar con vida á 1 . que JI o-u n á batir e en las problemáticas guerras del porvenir. Sin embargo, me dirá usted-ya lo estoy oy ·ndo -la e ·ce­lente condiciones balística de la arma actuale induc n . ·-ura­mente á creer que los combates de hoy an má mortíf r que los de ayer. Y usted creerá irremediablemente taren la v rdad. Siento, pues, decir que mi manera de pen ar á este re pecto es distinta. No le negaré á usted las mejores condiciones balí ticas de las armas modernas: la mejor precisión, el mayor alcance y penetra­ción, la mayor tensión 6 1·asanáa de su trayectoria, la mayor zona peligrosa; no, usted tiene razón: ellas en realidad son condicio­nes infinitamente superiores, pero ¿. e ha fijado u ted en que e ta Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mzt·itar mi ma. ventaja , p ¡· lo muy ·obre aliente , han llegado á trans­formarse en circunstancias de favorable para el efecto mortífero en el combate '? ¿No ha ob ervado u ted que la mejor preci ión y mayor alcance han alejado considera lemente á lo combatientes? ¿No ha podido palpar u ted que la mi ma rasanáa ó ten ión de la trayectoria y la e.'c iva penetración, han dado en e to último ti m¡ s un valor inmen o á. la fortificación y al aprovechamiento del terreno·? ¡No ha leído u ted que la reducción d 1 calibre-á título d hac er á la 1 alas humanitaria - ha lleo·ado á un extr mo tal que ca ·i la ha h e ho inofen iva ·? ¿No ha visto usted cuánto se han alejado del combate Jo afilados ·abl de la caball ría, á cau a del largo alcance y rapidez de tiro d los fu . il ? ue bien : ya me irá ncontrand u!:>ted razón. Pero ¿habré de e ntesta¡· todas ta pr ~unta··? Yo 1 ien o qu no. · ... \ un mi­litar académi o como e u!:>t ecl, ba ta ólo nun iarlc lo problema , y · ·uficiente. E claro, dirá usted, á la par que 1 progreso d1, la guu ra ha p erf cionado la arma de fu go; á la Hz qu ha hecho descu­bt ·ir la r 'lvora sin hum y de combu tión lenta· á m- dida que se han i l o redud nd fon·anclo lo finí i m os pro y ctil , t:tc., tam­bién, para contrarrl''>tar tanto adelanto·, ha habido la nccc~ idad d inventar alg , de~ m dificar la f01·macione de combate; de ir bu cancl mejor ap yo y prot cción en Jo parapet , zanja y trinch ·ra ; de adelgazar y aclarar la.· lín ·a de ataqu n tira­d r ·s, é im cntar otra manera de <' m batir, ya a . n la of n. iYa ó "n la dd ·n. iva qu cotT ponda á lo último ad •Janto~ d ~ la guerra y que di ·minuya, hasta donde sea I siiJl el ele baja dv lo omlJati ·nt . P Jr ( to el cía á usterl ¡ue la guerra ·n tos qu " ofr ce el t rr no, e un gust aquello ele irse pront á la mano. y un lujo lo d' pcl ar á p h descul ierto. En Modc..ler Riv "r ob~ervará u ted l l r er ·o el la medalla. Con lo arma modernas, rapidí imas, 1 valor clC' la posiciones es inmenso. P r la famo a pólv ra in humo, por el largo alcance y xce iva 1 enetración de lo fusile . , ·1 recelo o n ·mtgo no se av nturará á ir. á la:s mano . 'Tenderá sus d e Jo-a a· lín as d guerrilla , que durant<' un día nter no g-ananín un palmo de u - lo, y v rá u t el cómo la pr Lec ion e · más in ig-nificantes qu ofre­ce allí el t rreno, on ávi ]am nl · apr vechada . 1 'o ve rá u ted ninguna cat~ga á la bayon ta; ninnt . qu cau an admiración y ntu ia mo; que, omo acabo de decirl ', e fueron muy 1 jo 1 • tiempos en ue un Bayardo podía olo cl f nder un pu nte. Mas, á pesar de la enorme difer ncia de combat , ¿,e má mortífero l combate de 11odder Rivcr que el ele ~Maip ·? U. ted conoc perfectamente la hist ria militar, amigo mío, y me hallará. inmediatamente razón : Por la manera moderna de combal/r, d pesar de los jJeifeccz'ona­tm" entos de las armas, el rombale dr hoy no e· mds mortífero que d de ayer. . Es cia r , el prol.{re o dr: !tz guara no u ha de roncrelar !Ínú:ammü tf malar. E. GATICA Lra J e la Stmanrz .tlfi/¡tar d e Santiago de 'hile). - __ ,....._~ N OCIO.VES DE GEOGRA FIA Af!LITA R TEORIA DEL TERRENO Con instrum e ntos d e e ste gén e ro, que cabos y sarge ntos apre ndan á mane jar e n una so la l ecc ión, se pue d e e n campaña l e- 7Janlar WJ. plano, 6 po r lo m e nos un cr oquis , e s d ecir, un plano im ­perfe cto 6 simple bos que jo d e un t e rre no. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mz.litar 77I Aun in in trumentos de e te género, tan u uale y baratos, pueden m edi r e y apreaársf' dislanúas en la guerra, con suficiente aproximación, á pa o , á ojo, con el oído. Hoy el largo alcance de las arma r ortátiles, l uso del alza, y la pr ci ión que e busca en 1 tiro, obligan á todo á fijar u atención e n e to de apreciar d1slancias, y lo manuale han divulgado ya varios m edio e.·pedi­to . ólo, pue , to aremos d · pa ada e t · 1 unto, á pe ar de su importancia, poni ndo un par d ejemplo . e llama, n úpbca, ángulo z•úual al ue teniendo ·u vértice en el jo, ubti nd ó a raza un obj "'to ualqui ra. omo la vi ta, ó la 1 otcncia de percepción n lo: jos, limitada, si el· objet ubtiende un áno-ulo muy pec¡ueño, v. gr., de un minuto, la imagen en la r tina e· inscn ible por lo p queña. Si e n un fondo negro se deja un írculo blanco, crá invisibl , en g neral, i el diámetro ubtiend un ángul d meno de un minuto; pero se id. perci­biendo á medida qu ~, acortand la tii tancia, 1 círculo ubtienda un áno-ulo de dos, tre · ... minuto . Porque si reducimo la di tan­cía al tercio, tri¡ licará pró. ·imamente 1 ángulo; si la di tancia s d ~cu r la, también lo : rá 1 áno-ulo : lu o-o s 'idcnte que este dJigu.lo visual nos hace z•cJ.Iuar in tinti va m nte la macrnitud de lo objeto , ó bien la di ·tancia qu · de ello nos · para, i anticipada­ment , en ada ca , t n mo~ una id 'a formada ya ea de la di - tancia, ya de la mara n lo círculos, e · la ?Jttn'd/ana. e ve, pues, el principio en que e funda la orpr ndente xactitud con que la gente d l cam­po sabe la hora que e , sólo con mirar la dirección y longitud d u propia sombra. e noche, el procedimiento es aún más conocido y expedito para la misma gente campe ina: se limita á distinguir la estrella polctr por 1 m dio igwicnte. La Osa ma_yor ó l carro, con telación mpu sta de siete e tt·ellas, e conocida de todos. i se imagina una lín a recta que una las e trellas A y B, y se prolonga, pasará muy próxima á la esh'ella polar, al rededor de la cual parece que o·iran de oriente á occidente todas las que e tán inmediatas. La j>olar es la principal d las estrella que forman la Osa vzc1zo1·, onstelación semejante á la otra pero más pró. ·ima al Polo 1\lor/f. l<,.ntre la dos se halla la Cola del Dragón. La p olar pa a pró.·imamente por el 11/('nd/a.no del sitio n que . e halla 1 ob ervador, cuando · tá en el mismo ~vertical que la strella C d la Osa ma_yor, la má próxima al cuadrilát ro; por consü;ui nt , <"rá fácil determinar apro.· imadamente durante la noch la mend/ana lares/re; pues ba tará colocar á cierta distancia del ojo una plomada con cuyo hilo e cubrirá la polar, y cuando ubra á ]a vez la estrella C, S tendrá }a direcciÓn de la merzdúzna con sólo unir el punto de observación y 1 pie de la plomada. omo aplicación curio a, y alguna· veces útil en campaña, uede citar e la construcción del reloj de sol, cuya sencillez e de­muestJ ·a á continuación. No con iderando má · que u movimiento aparente, el sol des­cribe cada día, ele una manera uniforme, la circunferencia de un drrulo md:xúno de la es¡ era rdesfe perpendicular al tje del mundo. De con Í0 uiente , si en un punto cualquiera de la tierra se tira una pa­ralela á est eje, el plano que pa e por esta línea y el centro del sol recorre 360 grados en 24 horas, ó ea r 5 en cada hora. En tiempo que e llama verdadero es medio día, cuando este plano coincide con el mena/ano : es la una, las dos, cuando se aparta de este último e pacios angulares de 15 .... 30 .... grados. Instalando, pues, de un modo invariable, obre una superficie expuesta al sol~ un punzón, una aguja ó ·ef//lo delgado que sea paralelo al eje dd Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Milz"tar 1/lU.Ildo, y trazando á un lado y otro del mena/ano la lín a de en­cuentro con dicha superficie de los pla11os horar/os del sol, corres­pondientes á las di ersas hora d 1 día, claro es que por la coinci­dencia ó la comparación de la sombra del e tilo con tas rayas ó encuentros, se podrá saber la hora que e , en el momento de la observación. El aparato así construído e llama técnicamente cua­dran/ e solar. Su trazado é in talación requieren, como se ve, conocer la me­ridz" ana del lugar y la altura del polo. Esta última es lo mi mo que la latzJu.d geográfica, la cual e obtiene con suficiente aproximación en cualquier mapa bien h cho. Siendo, como queda dicho, un cuadran/e solar la traza de la líneas de encuentro, ó de intersección, de una super/iáe dada con lo diferentes planos lwrart'os d 1 sol que pasan por el es/do, 1 cual es paralelo al eje del mundo, es evidente que un reloj f. uede tra­zarse por medio de la ob en·ación directa en los mom nto · opor­tuno de la sombra arrojada ó proyectada por el stilo. Ba tapara ello con ultar el reloj de bolsill ; pero la con trucción g ométrica que sigue no es mucho más difícil, e pecialm nt para el cuadran­le horz'zonlal, el má propio y cómodo para un pue toó campamento. obre una superficie plana cualquiera (tabla, lo a, pizarra), representada en MN y JYJ' N, M" J\l' ', e sujeta ó clava fuerte­mente una pequeña placa de forma triano·ular com se ve en ABC', y vi ta por arriba A' B ' en ella el ángulo ABC s preci ament igual á la laldud d 1 punto n que e hace la con trucción. tanda la sup rficie e.·actament horizontal y oncnlada de m d qu B A ea paral la al tje dt! mundo, si por un punto cualquiera A de dicha recta A B s imagina un plano A D perp ndicular 6 ta línea, las traza sobr te último de lo · di\ r os planos horar/os d 1 vl harán ntr í ano-ulo planos, r¡ue servirán de medida á lo án­gulo d/edros d e lo planos lzorar/os corre pondientes. i se abate, pue , 1 plano A D obre la uperficie horizontal del cuadrant , al reded r de su traza D, D ' D", 1 punto A, A' vini nd á .A" y A'", bastará tirar por A"' y á uno y otro lado de la recta A' A 11 ' lí­nea. ue formen con ella ángulo re pectivamente de 15 .....• 30 ...... grado para tener trazas ó in ter ecciones abatida de pla-nos horarios correspondientes á la horas redondas del día ; y i los áno-ulos se dividen por la mitad, e decir, á 7,30 ...... se tendrán las medias lzoras. Como las intersecciones 6 encuentros de la trazas abatida con la línea D, D' D" no cambian de lugar al levantar ha ta u primitiva posición el plano DA, basta unir dichos puntos de en­cuentro con el punto D' para tener sobre la superficie del cuadranü las t1·aza buscadas de los planos horados. Por falta de espacio sufi­ciente en el cuadrante, las líneas corre pondientes á las horas VII y VIII no se pueden obtener directamente, pero se con igue con facilidad. No hay más que tirar por un punto a cualquiera de la línea de las IX una paralela á la que indica las III.; se toma de - pués ab = ab' y ac = ac', así b' y e' son puntos de las dos líneas que quedaban por construír. La línea de las VI e perpendicular á la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoletíN JVI/Ntar 777 de la VII, e l cuadran/e e ·, como ·e ve, sz?nétr/co con relación á entrambas línea . La piedra, pizarra ó lo que fuere, cuya dimensión no pasa de om,25 á om,40, coloca y a egura sobre un pequeño zócalo de m e no de I m y s orienta por medio de la direcc ión de la m erz"dzána. El cuadrante solar da la hora verdadera, que no debe confull­dirse con la hora medz"a que señalan los relojes. La diferencia en­tre lo instante corr pondie!1tes á e tas hora es variable, y en cierta ép cas pu de 1 a ar de un cuarto de hora-Conclzrye. ----~)i)C!;(·t- --- PRiNCIPIOS GENERALES DE ESTRATEGIA Y DE TACTICA E1V LAS PEQUENAS GUERRAS por el 1ayor . E. 'allwell, del Ejército inglé TRADUCCI6 DE ISIDORO LA VERDE AMA YA-l011fzmfa C PIT L X .. 'I O P 1<: H .\ I O . E S D E • O C H E l. Razonts qut ( .;n>tm IZO)' m facJor dt los alaquts dt 1zocht-El pod r y la ¡ r ci ión, iempre en aum nt , de la artillería y de las arma portátile ·, han hecho qu n e to último años recaiga la atención obr los ataque y o¡ cracion de noche n general, pu á cau a el lo 1 roO"r ~- · d la i ncia, n Jo que conci rne al armam nto, C\ id ntemcnte · v 'ntajo o atacar á favor d la os­curidad á advcr ari s que po een arma mod rnas de pr ... i ión, si 1 ataqu pu de v rificar e in de orden y sin rie ero d ' pánico. E ·ta re tricción muy important . II. JJt• su oporlumdad t.'ll /~'(neral tn las pequei'las guerras-" Ata­que de no he ontra buena tropa , rara vez aJen bien,' escribía 1 Duque de \Véllino·ton, que apreciaba la dificultad d ej cutar­lo por cau ·a del des rd n que puede p n r en peligro á las co­lumna de a alto y ele la impo il>ilidad de vigilar las op raciones má allá de ci rto punto. Contra mala tropa , ta obj ción, he­cha á los ataque d noche, no tiene, ajo cierto re pecto , rran va.lor, porque e ta tropa · tán má expuesta á atemorizar e en pre encía de un ataqu , y aun <Í de moralizar e hasta delante de uné). columna en de ord ·n. P ro por otra parte, hay menos motivo para mpr ncle1 emejant . operaciones uando se tien que lu­char con una multitud desordef}ada, l orque el objeto de un ataque de noche e , ordinariamente, arrojar al enemigo de su po ición, sin sufrir las pérdidas que son inevitables cuando se marcha de día contra tropa fuertes y bien armadas. Pero mala tropas no saben hacer buen uso 'e u armas, y su fuego es menos temible. Los guerreros irregulares, por lo común, no tienen armas de pre­cisión, y si las tienen, no aben emplearlas. in embargo, el peli­gro de la confu ión es io-ualm nte ()"'rande en el ataque de noche TOMO I-50 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín ~11ziztar contra salvaje ó contra tropa escogida . De ·de luego, n las pe­queñas guerras rara vez se ejecutan ataques d noche con inten­ción deliberada, y la razón de ello e ba tante clara. III. En. resumen, l1s t'nconvem'enles prevalecen sobre las vmlajas­Algunas veces los Uzbeghs, los Afgan , los Cafre ó los Pieles ·Rojas, pueden ocupar una po ición de tal modo fuerte ó un puesto tan bien acomodado para una tenaz defen a, qu un asalto de día contra ellos tiene pocas probabilidade de lograrse, ó expone á las tropas regulares á pérdidas á que no d ben avénturar e. P ro tales casos son raros. De noche, el zulú con u azagaya ó 1 pathan con su puñal pueden muy bien nfrentar e al oldado instruído ar­mado de su bayoneta. iempre deben vitar e los ncuentros cuer­po á cuerpo, salvo cuando e pueden ejecutar con la rapidez de que sólo es capaz una tropa organizada y muy suj ta á la disci­plina. Tropas que se comprometen n combat de noche contra guerreros irregulare , abandonan voluntariam nte u up"'rioridad de armamento, y, lo que es peor, u cohesión, que es el áncora de salud de una tropa disciplinada. Rara 'ez e v ntajoso n las pe­queñas guerras mprender operaci n d noche que puedan aca­rrear un combate. En la guerra r guiar hay una buena razón para atacar de noche. En la mayor parte d la pequeña guerras no la hay. in embarg0, esta regla no e univ r al. Alguna veces, por ejemplo cuando las tropas r guiar sobran contra adversarios como los Boer ó como aquello qu se pueden encontrar en una rebelión en paí civilizado, el enemigo, hasta en una pequ ña o-uerra, puede estar ufici nt - m ntc bien armado, lo qu hará n e ario acometerle d noche. Pequeña guerra es una exprc iún clá ti a qu , onvien á gran número de situacion s di ver as. P ro cuando 1 hecho es así, cuan­do el enemigo e tá bien armado, 1 m jor argumento que puede ale arse para justificar la empre as de noch en la guerra irre­gular, generalmente no se pr s ntará. En f cto, ya e ha mos­trado en esta obra que lo guerr ro irr guiares se descuidan de noche en colocar avanzadas ; por e to un ataqu e de noche con­tra tales ad er arios pued ser una orprcsa completa. Pero los guerrillero en las guerras civil s compr nd n muy ien la ne­cesidad de guardarse iempre. nC'ra lmente cu sta tanto tra­bajo orprcnderlos en un ataque nocturno corno á tropas regulare . IV. Pehuros de la confusión ) 1 dd pdm'co-En un ataque de no­che, el peligro de la confu ión muy crrande; y en semejante momento la confu ión puede engendrar un grave de astre. Las columnas acom tedoras pueden fusilarse mutuamente. Una parte de la fu rza destinada para la empre a puede e. ·tra viarse y no 1legar al sitio de la lucha. Una fracción puede desembocar de pronto sobre la po ición enemiga y tener que soportar sola todo el esfuerzo de la lucha. Es difícil para el jefe de una columna de ataque vigilar la operación durante el día ; por la noche le es im­posible. Hay también peligro de un pánico repentino. Napier describe de una manera impresionable el efecto que causó sobre algunos de los que sitiaban á Badajoz, el grito repen- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletíu Jlzhtar 779 tino de: "Una mina !", cuando no había tal depósito. Al oldado le gusta saber bi n en dónde está, á dónde va, dónde se ncuen­tra su oficial, y en dónd e tá el enemigo. El asalto de Kar por lo Rusos en 1877, y la batalla de Tel el Kebir, que no implican, sin mbargo, un ataque de noche, han demo trado que lo prepa­rativos de un a alto pueden ejecutar e por la noche, y que el ata­que puede hacerse algunas vece de noche sin desorden ni de - cuido. Pero stos hecho ai lado no prueban que semejantes ope­raciones se hagan sin peligt·o, ni que se puedan emprender en to­da circunstancia . La dificultad de conducir las tropas por la noch , n a o de alarma, e pu n vid ncia una ó dos noches de pué d 1 d s m-barco del ejército francé. n idi F rruch, n Argelia. Hacia la do de la mañana, un caballo que e escapó enfrente de la línea, asustó i un centinela que disparó y oca ionó alarma. Los batallo­nes inmediatos tomaron las armas y di pararon en la oscuridad. El fuego se e - tendió bien pt·onto por toda la líne_a, y duró má de un cuarto de hora. Cuatro hombres fueron muertos y diez h ricios en e te inmotivado pánico. Es difícil encontrar ejemplos de d ord n en ataques de noche t:j cutados por tropas regulares en pequ ña guerra , porque esta operacione se empr nden rara vez. E tá admitido que son inop rtuno , m no cuando e ejecutan n pequeña escala y con de tacamento de tal modo reducido , que no puede haber des­orden en las fila . El brillante ataque nocturno dirigido por el General Reynier contra lo Egipcio , en I 799, con una columna con iderabl , " una de las má. b llas operaciones de guerra que puedan realizar e, ' como lo caracterizó apoleón, es uno de los muy raro ejemplos de un feliz ataque nocturno contra un enemi­o- o cuya organización y di ciplina son muy inferior . Los partida­rios de los ataques de noche, como el General ru o Dra omirof, hacen Yaler el efecto aplastador del fuego de tropas moderna obre una columna de ataque, condición que no existe en la o-ene­ralidad de las pequeñas guerras. En Nui Bop, en el 1 onkín, el General Negrier intentó un ata-ue de noche sobr la posición china con uno de sus batallone ; pero é te encontró dificultades en un terreno quebrado, y el asalto no se efectuó. Una compañía, sin embargo, se acercó á la líneas enemiga y se encontró separada de las otras; fue atacada vigo­rosamente por lo Chinos, al despuntar el día, y e vio, durante algún tiempo, e n ituación muy crítica. Pero r sistió al enemigo, superior en número, hasta que le llegaron refuerzos. V: Las objeá01us son menos serz'as cuandq se Ira/a de ataques que se tjeculan sobre una pequel7a escala-Las objeciones que se hacen á los ataques de noche ejecutados en pequeña escala, son mu­cho menos serias que cuando se trata de una grande operación de guerra, como el ataque del General Reynier, de que ya se ha hablado, ó como el asalto dado por Lord Cornwallis á las líneas de Tippoo delante de Seringapatam en 1792. En efecto, mientras menos grande e la columna, mucho menores son las probabilida- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 780 des de rror y d e de orden. '' No ·ólo el p ligro, ino la dificultad de ejecución, dice Clausewitz, reduc n la cifra· de lo efectivos que se emplean en las empresa de noche." Quizá e ta ea una afir­mación muy absoluta, pero e exacta, i e admite como regla ge­neral. Si e po i le, lo a ·altante deben acom ter en una ola co­lumna compacta y no en varias, porqu de tacamento separado corren gran rie O"O de fu ilars y de <.lar a. í l a ·i o al n migo, uponiendo que no se hagan más daño. VI. Los prtparafá1os deben lzaaru con sumo cwdado-Cuando e ha resuelto atacar por la noche, d ben hacer e pr para ti vos cru­pulo o . E· d importan ia xtr ma da.r la órden d deta.ll y determinar bien 1 ur o de la a ic>n . gún toda · la eventuali­dad . Un rror puede oca ionar un d • a tr~ muy grave. Un.q, impl falta pu de comprom ter .1 éxito. El a alto 1 noche con­tra la pu rta d IZabul n huzní, . tuv á punto de malograr , por ¡ue e orden' la retirada n el fal o upu to d que lo. zapa­dore d 1 ucrpo d .ing- ni r . no habían lo()"rado hac r altar la puerta ;¡: .• E encial pu . in sta pr rr ro irr guiar no prevén o- n ralmente lo y no tienen i t ·m a de a\ am~ada para pr ca ver e ; p qll fiar e d e to. Lo a tut ~ Arab ·, n Ar Jia, t nían 1· co - tumbJ* de d jar por la no h ~ nc ndida la. hoo·uera raban cuan o pr veían un ataque d 1 Franc ~e. ; n preparaban una •mb . cada ·caían sohr In a . altantP é to vol dan d ori ·n tado. ~\. u 71/7•ac. VI l. Prt·cc múonts que han de fmerse d fin dt llttptdir r¡ru los c/j al­lcmles u ümm uno. d otros ¡)or tntm(~os-Hay qu t mar precau- El autor hac alu-,ión al hecho de arma r¡ut' . igu : En 1 39, un ejérc1to inglé· penetró en Afgani-,tán á fin d derrocar á Do. t lohammed, Emir de Ka bul, y reemplazarlo con un príncipe afgán, amigo de Inglaterra. Dcspué de la ocupacitÍn de Kandahar, el ejército ·e dirigió obre Kabul, y d 21 de Julio de 1839 t:staba delante d' Ghuzní. El 'eneral Comandante en J efe, SirJohn Keane, no había conducido artillería de . itio; por e lo deciuió hacer saltar una puerta de la ciudad, llamada puerta de Kabul, y dar el asalto por la mañana del 23 de Julio al aclarar. El Coronel Dcnnie, del 13.0 de Infantería ligera, mandaba la primera columna d a. alto y e taba apoyado por refuerzo. á órdenes del briga­dier General . 'ale . El 'apitán Thom on, de lo Bcngal Engincers, avudado por tre oficiale del "uerpo d ingeniero , mandaba el de tacamento en'caraado de hacer Yolar la pu rta de Kabul. b A ~a tre- de la maüana todo cst~ba }i to para el a. alt . El General ir J. Keane l11zo romper el fuego á la artdlena de campaña, de modo de di traer la atención de los Afganes. Lo ingeniero hicieron saltar la puerta, y el Coro­nel Dennie peqet~ó en Gbuzní. El brigadier General 'ale e abalanzó para apo­yarlo¡ en u cammo tropezó con un oficial de ingeniero á quien había echado por tierra la exp_lo iót~ y que e taba aturdido. E ·t.e oficial l,e dijo que la puerta de Kabul no habta ced1do y que el Coronel Dennte no pudta entrar. El Gene­ral Sale hizo tocar retirada. La columna se detuYoYÍctima de la má grande an. siedad, cuando oyó el toque de carga dado por la corneta del Coronel Dennie. La columna de ale recobró su empuje y penetró en la ciudad en seguimiento del Coronel ennie. (Historia dt la guerra ot A.fganistdn, por J. \V. Kaye, pá­ginas 462 y siguiente ). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín .lJ.fzlitar iones para que la tropa pu dan r conocerse. En un ataque de uerrilleros e pañole contra france e , el jefe les hizo que llevaran la camisa blan a por fuera de lo demá ve tido . Cuando e pro­ced · e ntra Zulú , el casco blanco una marca di tintiva xc - 1 nt · no . uc de lo mi mo con lo A iáticos, que llevan turbante blanco . E to on quizá el talle insignificante , pero los ataqu s de noche on op racion p ligr a qu .·igen, para que algan bien, una pr paración minucio a. La claridad de la luna natural­m nt no cunvi n . Debe imp dirs , obr todo, el rillo de la lJayon "ta ó de cualqui ra otro metal que dé el a vi o al nemi<•o. El plan g n ral de ataque y tu os ·u el tall s, d eben e municar-e á lo uficiale ele ·gundo orden; esta pre aución es mucho má necesaria e n la op r·tcione el noch e que n lo ataqu · al aman' er. VIII. L·l ha;J'Onda t1 d arma rlt. los alaquts df' noclu-P0r úl timo no abría insistir dema ·iado ~n e l. h cho de que la l>ay n ta s el arma qu onvi n' ¡.;rnpl ar n lo-. ataqu u' noch . E ba - tant' difícil as •n·urar el tiro durante el día. I orla n che, ha ta la tropa m á aguerridas el" ..;,paran lucam nt . Los a el v rsario de fuerza rl'•rular · n) put~den r i tir una carga á la bayoneta el tropa di-,ciplinad bien cumpc t la . Es pr iso recordar iem¡ r que p )r la noch t•l f'fectr' m ral de la iniciati,·a aumenta el moJo con id ra 1 '. Si bu nas tropa e ·tán cxpu· sta al pánico ·n la o - curidacl, in di 1cultacl se e nvendd ·n c¡tt lo gucrr r · irren·u-lare tán tola ía m;ts . pu ·sto. á at rrvrit.ar c. n puñad d <..,oh.1. u · bi n in tt·uí 1 s, IJi n man la lus ~ bi ·n atento at - rrará por la no.chP, aun in di,parar un tir á un jército d asiático · ó l ~ a1 vaje . \rl "'rnS ataqu ·s pr e dente . .L ~. J.farclzas dt nocht · mommlo tll r¡w sou espeáalmen/e vmJ,,jo as. En suma, los ata:-¡u s de noche pueden consid rar e rat·a YCL opor­tuno. en las. pequeña,:; guerra . 1 o u e el(! lo mismo con la · mar­cha <.1 ' noch , aun cuando el ncmigo _té cerca. Marcha de n eh fectuadas on 1 propó it de atacar al amanecer, han sido, en campaña-; reciente-, eguidas varias veces de triunfos brillan­t - . 'a hemo dich que 1 mom nto el l nactmiento el 1 día 1 m~b adecuado para dar c. 1 asalto, lo que implica ncc aria mente un movimic:>nto anti ·ipado á favor de la noch . . ,. I. .El enemt'[[O no se ru/da d~ la 7't'lft'lancicl por la noclz t -E raro que 1 n migo sté bien ·obre avi o por la noch . Lo común que n > a ech á las tropa n marcha. · pucd .r. itar e mo ~j ·mplo el ataque d los P r a~ contra la olumna de· .'i1- J. u­tran, Ja no b . que precedió al omba d v · ushab ~, )' el d S­dichacl pis dio fl la t ntativa d ocorr din~rido obr • . rrah por una columna qu( . alió df• l inar or .. P ro la .·periencta de varias ampaña ti ndc á d m). tr r qu , ah·o n la gu rra d o·uerrilla n paí iYilizadl', ad ver arios irrco-ularc vacilan nata­car á la tropa n•gular s que marchan por la noch . No parecen partidario~ d . a la e l op raci ne., aun cuan el la~ fuerzas enemih·a~ e tén muy pró.·ima . La marcha de 'ir H. tewart, d Abuklea hacia Til e de llo un jemplo r.otabl . Lo· Madi ta n ignr>raban qu e ta marcha debía verificarse, fue e de día ó d no h . La co­lumna, al atravesar un bosque por la noche, e el orden' cuan­do taba e r a de Metemma, en donde 1 nid n gran número. Y como la marcha ra muy lenta, cierto ue lo rabe no la io-noraban ¡ pero no intentaron dete­nerla ino al amanecer. En ese mom nto lo Madi ta partieron del • Va en nota anterior dimo alguno detalles sobre esta expedición de los Ingle-es en Per-ia y obre el combate de Ku hab. En la nocht:: del 7 al ~ de Febrero, la retaguardia de la columa ingle-a fue atacada por tiradore y ji. nete per -a ; un corneta enemigo, conocedor de los toque ingl~ses, enganó por un in tante al 78. 0 Highlander con órdene repetidas p raque cesase el fuego. La caballería per a fue rechazada. Pero el enemigo no cesó de e cara­muzar ha ta la salida del sol; ntonc s comenzó la b talla de Kushab. (British Batt!es 011 laud ami urz, página 219 y 220 ). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn .}fzlitar río para o¡ tmer e á la marcha de los Inglese ·. Un ataque á la e lum:1a, en 1 in':>ta.nt en que e encontraba en desorden en el bo ·1u , habrí - ten id funesta con ecuencia . E raro que fant~> que atacaban on tanta ener ía en el día, no hubie­sen h e tiho nino·una tentat1 va para inquietar á las t1 opas por la no­che. ,~tnn lo ha! rí -:> n lo·rrad combatirlas cuerpo á cuerpo. Pero corno lo hemo n p e ticl , aclreLario de sta clase parecen evitar y aun t<>rn r ataéar de n och t. Otro j0mp) , en una campaña contra un enemigo muy dife­rente de lo sal Yajl s soldados del Madí, nos lo ofrece la retirada jecutacla tran ¡uilamc ntc p r ir G. Colley, de pué de su derrota en Inrr go. la caída del día el enemigo envolvía completamente la columna ing-lesa. Pero durante la noche, ir G. Colley logró retiraL e ·in · r inrtuietado, librando no sólo u infantería sino tam­bién u artillC'ría, el~ la pelig-rosa posición en que e encontraba. A la mañana ~icrui~.:nte los B ers no encontraron sino los muertos y los heridos, y no quedaron poco desconcertados al ver que sus adver. ariv habían desfilado. /'II. Pd/gro d e eon.fus//m en marcha-Cuando se ~ stá cerca de un jército qu no apr · cia la nece iclad de un istema conveniente el a ,·anzacla , y que no e da cu nta de qu marcha de noche, hábilmente je cutada por tropas regulares, pueden modificar del todo la · ituación estra t ~6-it a . · táctica, los movimientos de noche, decim ·, prvclucinin r e :.ulta o decisivos. P ro no hay que olvi­dar nunca que t's t o - movimientos son muy penoso para lts tro­pa y los coll\·o;cs, y qu , aun con lo · preparativos mejor dispues­to - pu d e r • ultar gran el ·orden i el terreno no favorable. La costuml>r , b tan te g neralizacla n riente, de marchar de noche n un paí muy :llido, tien , casi tanto partidario como adversa-t L't 1nism.t olhcr acwn acaba <.le hacc:rse recientemente á propósito de la batalla uc ()m,Jurman (2 de Septie mbre <.le 1898), en la cual el ·irdar Kit­chcncr apla tó al ejército del Kalifa. "Sin embargo, escribe 1. l. . 'teevcn , corre. ponsal del Daily l'.fail, la ba­talla tic m lurman fue ca ... i un triunfo milagro o. Desde luego tenemos guc dar­le la gracias al Kalifa, cuyo mando fue una obra mac tra de imbecilidad. ·¡ nos hubiera al riuridad d<· su arrnam ·nto. En Lina palalJra, n la guerra irr ·g uiar no se deben crnpr nuer á la li~:-· ra op eraciones de noch , bi •n que las circun ·ta n ·ias la · ju - tifican alguna v e,, y qu se pu den itar ej mplos el e casos n }os cual han ido coronada por urillant triunfos-Cour/uJ'C. • El autor comet un error d fecha: la gu rra d 1 Bhutan ulm nzn en 'oviembre de 1864 y la salida d · D ·wangiri se ejecute) el 5 de Febrero de 1 '85. El puesto U..:! Ih:wangiri !)e encuentra sobre las fronter.\ cld Bhutan y dd A qm, al n rtc d~ Gowhnlty. Lo mandaba el Con nd Campbdl, c¡u·c·n tc:1Ía l>ajo ·us órde e sc1s compan1as del fJ. 0 Assam .l.tght /n.fi!lltry y uta Hint<.:na dv mc., ti­zo, ue atendían á dos obust:s de montaiia de 12 libra. Ya. d1su~ ·1 30 tlt: ble­ro de 1 65 los Bhutanais habían tratado de tomar el pue lo, y no habicnuo po­dido :ograrlo, bloquearon á J) wangiri, corta·ron el acueducto de ca1 ns qu • con­ducía el agua, levantaron trinchera empalizada á. ~:to;cie11ta yan.la ele! campo inglé:, y por último se apodernron del I'aso del 1 >arung~h, l¡¡s n g0, pc-ro que luégo decidió enviar á un '<.pítán con 36 cpoys del J2.0 Bwgal l11jcutl'y y 25,00;> cartucho . El apitán partió; 1 ero Yientlo en seguida la mala itu.:ción de lo n~gocio , y temiendo que las municiones ca) c. en ( n n1ano cld tH.:mi go, volvío prudentemente obre u pasos. juzgando de. c"perada u po icié•n, el Co­ronel Campbell resoh·ió abandonar el puesto y batir,;~: en rctir.,da , por un ele fi­lader que no fuera el Paso del Darungah. El mo' irnicnto comenzo el 6 de Fe­brero á la una del día. Do ciento epoys del 43.0 debían formar la 'anguardia y la retaguardia, cincuenta debían conducir y _coltar á Io ~ enf<:rn o.;; y herido~. Lar tirada comenzó en silencio, bajo la protección de pequeú put stos, C]Ue en­tretuüeron los fuegos del vivac, de modo de engañar al enemigo. Cuando se prod~:jo el pánico, se dejó atrás a los herido , y los cl< s obu c:s, que lt e1 oy d 1 43. 0 rehusaron llevar, fueron, por orden del Capitán de artillería, arrojados á un barranco. Después de mucha dificultade , el Coronel ampbdl y u tropa pudieron llegar al cuartel general. Los Bbutanai , dema iado ocupados en el pi­llaje del puesto, no los per iguieron. (B1itish Ball/a on /aud and ua, página 269 y siguientes). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletí n M ·ilz.tar IJvFOR.liE SO.IIRE El E_!ERCITO ALE1l1AN (Continúa) V 1.0 . DTF.EKI<: , 'TF. GRADO Y E IPLEO. Ull."LTJ<:R, ·o~ Los sarcrenfos nto no que no d la guerra ~arg nt , y ue ,.a m " ax d - · ·1 ti ·mp dL' ~ervicio ·ea 1110 tr año bajo la· un máximum que '\On por lo común Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 786 Boletín Militar d~á er nombrado ·a~gento i no ha servid por lo meno anos n un cuerpo act1 vo, y i durante e te tiempo no ha ad m n­do el conocimiento práctico del rvicio que le es inrli ·pen abl , y tam ién una in trucción teórica 'Ouficient para pon r tado de in truír y mandar. lamente en caso muy raro y en favor de individuos que dan prueba de una intclirrencia y facultades e. ·cepcionale , e epa­ran de lar rrla de tr años d ervicio xi(rida para_ er promo\'iclo sargento. Ya e ,. ·', r r consiguicnt , qu · no se puede 11 o·ar á sargen­to ante. de haber cumplido el tiempo d s n'ICJ obligatorio, y que, n consecuencia, ólo pu d n pretencl rlo aquello que con-ientan en reeno·anchar.e. Pero _ pr ci ·o aber r¡ue n toda las arma , y obr tod en la: arma· - p .ciale., la in uficiencia del número de r enganchados es ol j Lo d la qu jas univer al . El h cho e· muy natural, porque la posición d I arg nto no ofre­ce bastante ventaja . 1 odo individuo intelirr nte y de conduc­ta regular pu ·de fácil m nt encontrar n la vida civil un empleo mej01- r munerado. Y . in mbarrro, á aqu llo 1u desean r en­gancharse se le impon n condicione ba tan te riguro. a . Para er admitido á capliu!ar- · el término n u o- s pr ci o prime­ro, durante tr años, habers hecho notar por u lo y un­tualidad n 1 . ervicio, y ad má s n ario bten r 1 e nst.::nti­mi nto de ·u j f dir ·cto. Est '. un punt que al . ·io·ir así ·1 a ntimi nto r ~cípr encuentra un m dio cg-ur d irn¡ dir qu den n ni i todo aquello ¡uc no ha ' int ·n.! n con en·ar 'n él. .\ í pUt _s, para má ecruridad, Jo comandant · de ompañía ó c-uadrón nunca admit n má · qu un ailo, á fin d dejar al oldado toda facilidad d al andonar el jér ito, y d guardar al mi mo ti mpo la facultad de ue mbarazar e d él si e juzo-a conv niente. Lo cap/tu!anlts de má mérito y má apto para llenar la funcion de sargentos on pr movido á ste oTado al paso y á medida de la · Yacant que ocurran. Los argento a í nom­brados rleben, pu , contratar todo lo año· un reenganche para el año igui e nt ; y este i t ma ti ne la 0 T n v ntaja de que le obliga á tar ·ie mpre atentos á u debere , pue to uc en el ca o contrario su jef pu d n no renovar su compromi o y e les fuerza de e te modo á dejar el s rvicio. E t e preci. ament lo que ello temen, porque pierden entonces todo derech á la ven­tajas que e les conceden d pués de un período de doce año . Al cabo de este tiempo, en efecto, un sarl tínico cam ino que m r ece e l no mur, el e tal desde que salí el, J jma .. ·u pe había coto, 1 pra y 1 ·fantía i ; naranjas y mang-o . 1 Jrmí ·n la fonda. Bello bosque de g-uaclua , ohr el d clive á 1 iz ui ·r la del cami­no .. eguí i o y hospedado · la mula., apuradas. caminaron toda la no he ha. te Bo~·ot,L La iuclad e \' •ía d sde muy 1 jo al pie de lo ·rro , al tra \ ¿..., cJ,_ la llanura ca i pró.·i­ma, pero tal parecía como si no e¡ udi ·se lll ~rar nunca á lla: lan numero. as eran la r vueltas p r a u a d • lo.· río . Llc>gué á r t<.í 1 2 de Julio, ha! i nclo _alido d ,.., uito •1 30 de .1 bril. El amino buen , ancho, aYim ~ntado •n 1 centro, como n lq·an ia. l\Ic 1 monté n e l IIot ·1 Inglés, en donde en­contré una r eun ión de caballero d e dif rent paí El Dr. mürda, un naturali la austriaco, ele cuya. ci ntífi a y agradable compañía di fruté por 1 rim ra Y z n Quito, n la ca a de Mr. ope, me había eo·uido á Popayán y de d e allí para acá se cxpu o al clima mal ·ano d e l proverbialm nte rico all del auca y 11 gó á Bogotá tan ólo un dfa de. pué ¡u yo, qu viajé por 1 comparatiYament frío aludablc d eiva. Me habl' en término lo m á ntu. ia la , d u re n ida y mara vill a ferti-lidad, y como botáni , fue profu o n us alabanzas, com tro viajeros lo han ido al ponderar la extraordinaria belleza d 1 bos­que de palmas de cera, que e \'e d d 1 pa o del Quindío. El comenzó por perseguir infu orios en Bogotá, y me dijo que había encontrado una especie que ha ta ahora olam nte era conocida en Sibcria. Santafé de Bogotá, ó Cundinamarca como la llamaron los in­dios, contiene cerca de 6o,ooo habitante . La vacuna es obligato­ria, pero cuando es po ible e su traen á ella, porque uponen e un medio disimulado de levantar el censo para lo impuestos. Ha- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. /]c:-'etíJt .1/t!z"tar bía aquí antes pocos extranjero que no fueran judío , y el redu­cido número de emigrante de la vieja E paña es notable. Siem­pre reina aquí una falta de cordialidad (ó quizá pueda emplearse una expre ión más fuerte) hacia lo e pañoles; pero una razón más podero a e la de que España no está agobiada con exceso de población capaz de obligarla á estimular la emigración, y, por otra parte~ su mal entendido orgullo le ha impedido reconocer el Go­bierno de la ueva Granada; y in embaro-o, cierto número de emigrantes erían bien recibido aquí. Los ciudadanos de Bogotá viven bajo una inmen a aglomera­ción de rojo caballete de tejados intermina 1 ·, sostenidos por blanca pat· de , on ventana de diferent' colores cerradas por barrote y con el a pecto general de una tri t ciudad spañcla, bien r gada por arroyo qu de ci nden de los cerros. La Calle Real e , in mbargo, una excepción: tiene a pecto comercial y animado. o e muy ancha, pero e prolonga á lo largo de la ciu­dad, qu contien no meno d veintidó igle ia , muchas de ellas de pequ ña dimensione · numeroso convento., ca as comerciales, y alguna · muy buena tienda . Hay varias plaza , la atedral está en la principal ue stá rodeada por una arcada ó portale . e dice ue una 1 la torr . ... halla n e tado pelio-ro o á cau a de un t mblor. Lo mi mo t mblor se han er.tido á un tiempo en Bogotá y Popa ~in. Do ó tre l1cr ra ·acudida ocurren cada año. y una fuert' cada cinco. I~n 1826 y en el año -igui nt hubo vio- 1 nto t m 1 r n B .·otá. Un alemán nf rmo de la fiebre ter­c iana altó d 1 su'>to fu ra d"' la cama: al voh·cr . --ncontró con que apena e había lil rad d 1 tlllbtrrras dt rzdusu, ,- g-ran número de moneda d oro habrían caíd obre 5u cabeza, y lo hu ieran matado, pu fu ron sacudidas d 1 santuari en donde taba ocul­to el te. oro el ual pocas ca a dejan d t ner en to paí e , y acerca de 1 cual no tenía noticia alcruna. n ·ran mercad , bi n aba teci o de fruta y de productos indio , tiene lugar enfrente de la Cate lral. Una hermosa vi ta ge­neral de la iudad y de la va ta y verde llanura que d sde ella se extiend , logra el el un pa eo de terraplén n lo alto de la co­lina. El límite lo marca la larga línC'a blanca del lago, en el cual, de pué de pa. ar por Zi paquirá, vierte us agua el Funza, forma_ do por lo arr yo · reunido de la montaña que quedan cien mi­llas al norte. En la llanura se le r únen los pequeños ríos que de cienden de lo cerr de detrás de Bogotá, y entonces e rre hacia el 'ur e te de la ciudad, cae en un precipicio de cerca de 6oo pies, en el T e quendama, y igue su curso al Magdalena. La tre 11anura de Boo-otá, Fu agasugá y Melgar forman la tr tierra fría, templada y caliente." Del egundo valle nombrado, en donde hay varia ca as de campo, otro ;arroyo baja por la de Melgar al gran río. 1\lr. Mark, á quien soy deudor de muchas no­ticias que ólo pueden obtener e residiendo en el país, me dijo que el viaje á caballo á e as baja regione era muy bello, y que él una vez bajó el 1\1agdalena hasta Honda, por medio de una alsa que encontró en Guayacana. El alto de Tequendama está Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín JJ1?litar marcado erróneamente en lo mapas como formado por el río Fu­sagasugá. El lago parece descansar sobre los límites exteriores de la llanura, y encima de ésta se ve el pico nevado del Tolima ele­vándose de la cordillera sobre la orilla occidental del Magdalena y divide el valle de sus vertientes de el del ·cauca. Se calcula que el área de la Sabana de Bogotá, treinta y cinco millas por veintio­cho, es como la de la isla de Barbados; la altura promedia es de 8,495 pies; la ciudad está un poco más alta, y unos cientos de pies más baja que Quito. La temperatura de Bogotá se fija entre los 57° y 63° á la sombra para una gran parte del año. En los meses de invierno se puede ver como á las ocho de la mañana una capa de hielo delgado, pero á aquella hora, cuando el ol e tá encima, el calor es ca i igual al del medio día. La lluvia comienza en Sep­tiembre y dura dos meses. e dice que la sangre de los indios tiene dos grados de calor menos que la de los europeos. El Dr. Cheyne, el má experimen­tado de los cuatro médicos ingleses de aquí, afirma que el aire de Bogotá es muy favorable para la curación de la heridas. El cami­no de Londres, como se llama, deja la ciudad al noroeste, por Honda, sobre el Magdalena. Pasa por la residencia del Honorable Ministro Británico, Encargado de Negocio , Mr. Griffits, á quien soy deudor de muy amistosa y cordial hospitalidad; y la presen­cia de otro caballeros de Legaciones, como el Ministro de Fran­cia, imparte un tono más elevado á la sociedad, d 1 que se En­cuentra generalmente en la osta. -~1 teatro tiene u atractivos ; comida , bailes, etc., son má frecuent . Me pre entaron á un círculo amafeur de conciertos, en el cual varia linda s ñoritas de la ciudad cantaban en público, y un caballero de Bogotá ejecuta­ba el Carnaval de Venecia, de Pao-anini, con admirable tilo. El estado general de la sociedad e muy cmejante al de todas las grandes ciudades de Suramérica. e dice que rara vez contradi­cen á los muchachos, y que los efectos de la impertinencia y del mal carácter son llamados s ncillamente "gracias," ó tal vez "exuberancia de ingenio." Durante mi permanencia aquí se desarrolló una tragedia: el cadávc;;r de un caballero del lugar, que acostumbraba sentar e jun­to á mí en la table d'hóte, fue una mañana traído al hotel. Dicho ca­ballero y la hija de un amigo habían desgraciadamente estrechado mucho sus relaciones, y hubo ruptura, á un mismo tiempo, de con­fianza y de promesa. e supo que el injuriado padre intentaba cau­sar daño, y mucha gent se pa eó en la calle principal para presen­ciar 1 encuentro entre los dos. El resultado fue la inmediata muerte del Sr. J., de un tiro de pistola seguido de una puñalada que le dio el padre, quien á su vez, conducido por sus amigos, se trasladó á la casa de policía, s entregó, lo juzgaron y salio 1ibre.-Co1Zft'mía. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Nueva Geografía de Colombia Humboldt-Orografía colombiana Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 25

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 24

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 24

Por: | Fecha: 15/06/1901

~~~~~ BOGOTA, JUNIO 15 DE 1901 SERIE II-TOMO I -Jr. o 24 B lLETIN ~fiLITAR DE COLO~IBIA Organo del Ministerio d.e Guerra y del Ejército Son cola orl\dOrAs de este periódico loa Jefes 7 Oticiales del Ejército Dtrec~or ad honorem F. J. VERGARA Y V. General de Ingenieros. Miembro 4e •a.rlG& ~ocled14dea Ci~nUtlcaa 1 DECRETO NUMERO 627 (BIS) DE z9or {1.0 mt Jt.:NIO) por el cua l se d icta 11na di::;po~ición e p.!cial s " bre prestación y pago del servicl~ de transp Jrt c s concernientes al Ejército El r~:cepresidente de /.1 R epúbl.ca, ~ncargado del Poder .Ejtcul v1, CONSID ERANDO Que el estaclo actual d e p rturbación del orden p \b. ko da <:abida á las dis posi c ion e s d e l artículo 1538 del Código Fi )cal en • sus numet·ales 2.0 , 8.0 y g.0 ; Q t e imp rta sobremane ra facilitar el transporte del ec¡uipo, armame nto y dernis elementos conc rnicntes al Ej~rcitv, y en con­secuencia procurar también la mayor expedición en el pago de tales servicios, DECRE:.TA A tículo único. Mientras subsi ta el estado de guerra y no se dicte di po· ici6n contraria en la prestación y pé',go del servido de transportes arriba indicado, será suficiente formalidad la cuente& presentada por el interesado, visada por el empleado competen•e que co:1trat6 el flete ó transporte, acompañada del respectivo re­cibo. En Bogotá será pagado el servicio inme•liatamente por la Habilitación del Cuartel General del Ejército, previa visación de la cuenta en la Sección 2: del Ministerio de G..terra y ordenaci6n del Ministerio del Ramo ; fuera de la capital, en la oficina paga­dora que designe el mismo Ministerio 6 la autoridad competente.,. mediante formalidades análogas. TOJIO 1-47 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1.30 Bolet{n llftlt"tar Las dudas que puedan presentarse en eJ cumplimiento de este ,Pecr:eto, serán consultadas con el Ministerio de Guerra. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 1.0 de Junio de 1901. ' , JOSE MANUEL MARROQtJlN El ~1ini~tro de Guerra, RA~IÓN GoNZÁLEZ V ALKNCIA. , DECRETO l'Y.UMERO 632 (BIS) DE I90I (5 DE JUNIO} por el cual se organiza accidentalmente una División El vícepresidente de la RepúU/ca, encargado del Poder .E'jecuNvo, Yistas las disposiciones de la Comandancia en Jefe del Ejército, DECRETA Art. 1.0 Organízase accidentalmente una División, que 11eva­rá el nomure de f\le.·ra, compuesta de los Batallones Caldas y P;a. niio, de la 1.~ División; Guardz"a de Bogotá, de la 4:; y PlJádo Mo­ra/ u, de la 5 .a Art. 2.0 El personal del Cuartel general de esta Divisién lo formnr·án los siguientes Jefes y Oficiales : Curr.andante gene1·al, General Flderico Tobar, á quien se le reconoct: el grado de General de Divistón y se le llama al servicio activo; J ·fe d Estado ~1ayor, General Miguel W. Angula, á qui~n ae pr"mucv accidentalmente del puesto de prim r ]<:fe del .Data.: Uón Caldas ; Primero · Ayudantes generales, Coroneles Arquimcd s Fer­nánd( z, I• la\'io Venega~, Cecilia Zarnudio, A,·elino Riv res, José • Ignaciu O oriJ y Daniel Umaña, á qui ncs se les llama al ~cn·icio activo; Ség-undo Ayudante general, arg nto Mayor An~elmo Díaz, i quien !:.e promu ·ve de las fuerzas organi.2adas en La Me. a; gund > Adjunto, Teniente Abraham Aparicio, á quien se le llama al ... ·n·icio activo. HaLilitado, Sr-. Valentín Olaya, asimilado á Sargento _Mayor para los ('fcctos fiscales. El l\1édico de esta Divi ión será el Dr. Miguel del Valle, nom­brado por Decreto anterior Médico de la región del río Bogotá, clesde La t\.1t!~a hasta Anapoima. Practicante. Martín del Valle, asimilado á Sargento Mayor para lc.s fectos fiscales. Art. 3.0 Lhímase al servicio activo al Coronel Inocencia Cifuen­tes, y n0rnbra~ele temporalmente primer J fe del Batallón Caldas. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 5 de Junio de 1901. , , ]OSE MANUEL MARROQUIN ~l Ministro de Guerra, RAKÓN GoNzÁLxz VALENciA. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Jl,f·ilitar DECRE70 Nl/MERO 646 DE I90I (5 DE JUNIO) por el cual se hace una promoción El V. 'cepresúlenle de la Repttblz'ca, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Artículo único. Promuéves~ al General Francisco Sarmiento del puesto de primer Ayudante general del Cuartel general del Ejército, al de Jefe de Estado Mayor de la s.• División. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 5 de Junio de 1901. JOSÉ MANUEL MARROQUÍN El Ministro de Guerra, RAliÓ:-l Go~zÁLEZ VALENCIA. DECRETO NÚMERO 647 DE I90I (5 DE JUNIO) sobre honores á la memoria del Sr. General Pantaleón Gonzálcz O. El Vicepresidente de la Repi'tblt'ca, encargado del Poder Ejecul.vtt, CO~SIDERANDO Que ha muerto en l\1anizales el distinguido General Pantaled González 0 ., Comandante general de la División Marulanda; Que durante su larga carrera pública prestó notables y desin­teresad s s e rvicios al país ; Que este gaiJardo hijo de Antioquia, por sus grandes virtudes cívicas, d e ja alt os ejemplos qué imitar como patriota, como solda­do y como industrial ; y Que es d e ber de Jos Gobiernos honrar la memoria de los hombres que han consagrado su vida al servicio de la Patria, DECRETA Art. 1.0 El Gobierno de Ja República lamenta el fallecimien­to del General de División Sr. Pantaleón Gonzálcz 0., y recomien­da su vida á la gratitud nacional como modelo digno de ser imi­tado. Art. 2. 0 Todos los miembros del Ejército Nacional llevarán luto por cinco días. Art. 3. 0 Durante tres días consecutivos las Bandas marciales residentes en la capital tocarán retretas fúnebres en el atrio del Capitolio Nacional. Art. 4. 0 Por la Comandancia en Jefe del Ejército se decreta­rán las prescripciones que en estos casos fija el Código Militar, para tributarle los demás honores de ordenaiUa. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 132 B olett11 il'lititar Art. 5. 0 Un ejemplar auténtico del presente Decreto será puesto en manos de los deudos del finado. Publíquese. Dado en Bogotá, á 5 de Junio de 1901. JOSÉ MANUEL MARROQUÍN El Ministro de Guerra, RAMÓN GoNzÁLEZ VALENCIA. EL ESPIRITU M/.1./TAR EN U.NA NACION DISCURSO PRONUNCIADO POR EL P ADRR DIDÓN F.N LA DISTRIBUCIÓN DE PRE­IIICS DE LAS ESCUELAS DE AU!ERTO EL GRANDE Y LAPLACE, RL 19 DE JULIO DE 1898, EN PARfs (Traducido para el Bo!dln M/;'tar •) Señoras y caballeros: ¿Entre la pro. peridad de una nación, de toda nación, y el es­pfritu militar, existe un lazo indi oluble, una relac.6n esencial? En términos más precisos: una nación, cualquiera que sea la faz de su (!XÍStencia á que haya llegado, á tra\'éS del tiempO y del - pacio, ¿ puede prescindir de tal espíritu, sin m noscaLo de ~u vitalidad y de ~u cquiliLrio orgánico, pc.ra E!! umplimiento de su papel en la obra <.le la ci\'ilización uni\· rsa1 y de ~u propio destino y para la misma segundad de su xistcncia '? · Si la cuestión que he crddo deber atordar en un dfa como hoy, ante tal auditorio y en presencia del Gen ral Jamont, os pa­rece in~ólita y rara, no excu~aré mi procedimit mo, ¡;ero trataré de Justificarlo eu pocas palabras. Y clt.sde luego, señore , tal cuestión está ligada estrecha­mente al complicado problema de la educación nacional presente. En efecto, resuelta negativamente, el maestro no ti ne que culti­,- ar el espíritu militar de la juventt.Jd confiada á su cuidado; y aband nado este espíritu á sí mi~mo, degener<'lrá, se agotará como un terreno sin abono. Al contrario, resuelta afirmativamente, el deber de todo maestro patriota, de todos aquellos que forman los futuros ciudadanos, es fomentar este espíritu, dirigirlo, darle el más vigoroso y varonil impulso. La hora de considerar semejante problema no fue nunca más oportuna. Ciertos espíritus han pretendido establecer, de ma- • Esta es la mejor re-spuesta que puede darse á lo~ que influidos por la lectura. de autores franceses de cierta escuela, han atacado más ó menos vela­damente al ejército, oh·idan\lo la historia de gloria y sacrifici<1S que con su san­lre ha escrito en los últimos tiempos para beneficio del país. N. del D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1.14 Cuanto al espíritu militar, señores, puede y debe ser estudia­do en sí mismo ó en su manifestación esencial, que ··s el ejét~cito, 6 también en su resultado, que es la fuerza material humana .n su más alta expresión. Implica y supone un conjunto de cualidades intelectuales, morales y fbicas. Esencialmente arreglado para la acción, y para la acción en su forma más vehemente, si se quiere violenta, y eso hasta la mu rte, há menester una inteligencia clara, práctica, que \'aya de­recho al objeto ; oblig-ado á veces á reducir por la fuerza coac­tiva, y-preciso será decir la palabra-brutal, las YOluntades re­beldes y los obstáculo contra los cuales toda acción ,.il ne á cho­car, el espíntu militar s todo espíritu de fuerza y de vigor ; esta ~s su cualidad propia, él sabe r(;sistil~ y atacar; calcular con pru­dencia y procPder con audacia. Para un hombre dotad de tal espídtu, la energía de] alma y 4e 1a voluntad se trasfunden hasta en el cuerpo, el que se torna capa!. de prodigiosa n·sistencia, en lucha con el tralJajo y la fati­ga: á tnenudo adquiere el valor físico del animal de combate, ro conserva siempre el Yalor impasible del alma. El d e saber mand r, llevar y manejar res, unirlos La jo ~u impubión ¡ pero al arte de mando debe juntar la obediencia. El ·s la <: ncar­aación de la di. ciplina; él la impone y sab so ortat la. Du · virtu­des soberanas lü animan, lo encadenan, lo ·nnublt: e<: n : la justicia y el sacrificio hasta la muerte. ¡La justicia. él no vive -Ínu pa1·a es­ta J e r, dt•fencler y propagar su r inad ; el acrifi io hasta la lhu rte: está pronto á dar su sangre al primer llélrnami nto ue la 11aci6n. A decir verdad, él realiza la última palabra u ' la más san­ta e las fi1 sofía , la tínica que mer ce cultivarse: apr nder to-s los días á morir. ( T'Íi..1os aplausos). E píritu militar, ejército y fuerza están en correlacióP n cesa­na. O se desarrollan ó declinan juntos. Todo puel>lo que qui 1~c ser fuerte debe pr ocupar e ele su jército, y el que quit're un jérc1to deroso, compacto, invencilJ) , debe velar por la cultUI·a del espí­ritu militar. De ahí resulta, señores, que preguntar si una nación puede, importa n qué momento de su historia, librarse de spíritu mi­litar, equivale á averiguar si ella puede vivir ~in ejército, y por con~igui ·nte, á preguntar si puede prescindir de la fu rza. Colocada la pregunta así, y reducida á una fórmula más alta, me parece, señores, que ella se simplifica y aclara, y que trae solu­ciones á. la vez má.s vastas. más radicales y más indiscutibles. Y desde luego, señores, no es posible poner e~to en duda, que la fuerza, y la fuerza armada, la fuerza coercitiva, e un elemento esencial á toda nación, constitutivo de toda patria. Ni se concibe siquiera un pais sin este elemento. Más bien podría prescindir de literatura y de arte, ha!:.ta de ciencia y de filosofía, pero no de fuerza. Toda nación está constituída por cierto número ele elementos pimordiales, esenciales. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B ole tbt Afilitar origen, hasta que sus aguas hayan adquirido, detrás ele esta mura­lla móvil, suficiente .fuerza para vencerlo ó compensarlo. Un ion·enle al e~ nHuír en u rio suele e trcchar, m:b bien que en-:>anchar, el !t•clw d..:: é.:>t<.; ; p r.J en cambio icmpre k au­menta la pendiente y la velocidad. 1 ..,í se dice in ver .a mt.:nte, que la pend ente di minuye agua arriba <.lt~ la confluencia. u~~ \><.los mo­cl s, los matl'nalc que el tcrralfe aca1·n a, no sólo Jc,··tn t'l leclzo del ri '• sin.J T;J.:! p...te l..! . l cn.tu ·p ~..:~..:r s~t curso y e:.ta' lecct· el 11! 11-;.t'eg á la vnlla op:.h.:sta, cqui ·alienJu el torrente en e!>te cas :i u.1 d 'que oblicuo. La emlocadura ó descmlocadura de un río en el mar df'p nde de la forma y el tcrn.!l10 de la cc,fi,z y de la fuerzé:t rl les lllll eas. Así, u:1a veces se f nnan rías, otra brazos, que se 1 aman ddtas (pur la semejanza con la fvrma de e.· ~1. letra gTi ·ga), <) aljar¡'ucs, p ¡- n.:cuerdo ~iraLe. Y, pur hatJ r de t uo, algunus ríos, t 11 ngor, no tienen embocad:tra, put:sto que se pierden, antes el lit o·ar al mar, en ntstos panl!ldos absvrbL:nte , qu· ~ por su al>undant c\'c po­ració: l pueden tr r~c1biL:n<.l > nu '\·a~ aguas ·in de lJorclarsc. En el o .... ~ano, la alfas mareas dc·ti ~ncn la CCHTi<:nle . 1 \. ntrar; la repelen, la obligan á. kvar~e y forman larras d¡¡ agua, pt r di - tinciót1 de las barras a'e arena, ó el ·pó~itos \'ariablc · del tundo, que rat-a •e z salen á la sup ¡·.icic. En d l\1 e clitetTáneo, d nu : no hay m· reas ni lucha, se forman /./ s y t 'rreros, peligr ~ también mien ras se stán formanclu y antes ele salir á. fiut· de ag-u<~. Al es/u. zr."o se le pudría llamar ddf,z n .,gativo. E~ un lago de agua dulce 6 salada, que forman las t.'IJtbc caduras d algun ríos cuand se 'nsanchan d ·" r· ~pente antes de llegar al m4 r. La m­Locadura del \mazona (Or llana ti n ~ 40 kilómetros de largo, y puede ser mirada como t'sluar/o. En la · taciún ele las lluvias el río se p• ·cipita en el .Atlántico · n tal fu rza, que sobre na dif­tancia de 2 o leguas, egún die n, en línea r ·cta, ~u· agua · no se mezclan con las del Océano. Poc g- 'ÓI gvs han tratado con la sagacidad que t 1 ya itado Elie de Beaumont, e t > que él llama aparato //lora/, ·s dt· ir, los fenómenvs y acc,dtnlcs Je · ta línea, tan e, ·tem.a cumo int ·re~an­te y variada, "n que se pont'n en contacto las t."erras y lv.., mares. Pur lo dem:l.s, ~ ría d ·sviarnu de nuestro propó~ito, n·clucido m .ramenle á. indicar algunas idea. genet·ales y mod tTa., t car, ni siquiera de pasada, lo que concitrne á la geografíafí~"ra dtl mar. E te ramo de la ci ·ncia, que en ~stus últimos ti_ m pus ha rcciLido grandr.::: impulso dt ~1aury y otros vano , trata nada mcnus que de la circulación de la atmósfera y d 1 O éano; de la temperatu­ra y de la profun idacl de la aguas; de las ~ales del mar; de sus clim~s; de sus habitantes; de todos los fenómenos vtsil>lcs en su supe:rficie ú ocultos en us abismos. Sólo transcribiremos, para concluír, los siguientes párrafos de Boué : "El estudio del mar es tan importante para la geodesia y ge•,Iogía, como el conocimiento exacto de los continentes, si no más; hasta ahora apenas está bosquejado, y quedará reservado á la ingeniosa perseverancia de nuestt·os descendientes." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B ole tfn Milita, bu jo g~omllri'co de una pot ci6n extensa de terreno, sin pormeno­res ni p~queños detalles, mientras que plano indica lo contrario. Un arquitecto en un plaNo de un edificio, un ingeniero en el dP. una plaza fuerte, aprecian hasta los milímetros: el mapa de E paña (en tanto que no se e ncluya el que está en obra) da erron..:s de alguno kilómetros. Cuando el map,r, como suced en algunos países y sucederá en el nué tro, e~ 1 conjunto de la top ·grafla minuciosa de todas las pro\'Íncias ó r gionc s; cuando está dibuja­do en papel de gran magnitud, que pvr comodidad ~e corta n much s trozos ú hojas de n·gular tamaño, entonces St; dice mapa topo.rrrd.fic·o, e n lo cual se da :í entender que es más perft:cto, má~ detalla:lo. (V. Dice. mil., art. To¡;ografia). El estudio y la ejecución pnktica de la topografía ti ne hoy gran desarnJ!lo y recibe continuas mejoras y adelantos. Los anti­guos m.:rudos, algo laboriosos; y en la guerra impracticables, se abr vian cada día y e perft:cciunan. 1 ·Iuy recientemente la apli­caciún ing ni osa de la fv/or con,igui«~nte,de acon.:.ejar al oficial de fila C}Ue t n ma­teria d e lopogn~(ttl, si quiere instru rse cvn fruto, no se nn de · n V luminoso trata S, ni en }o ' enojoSOS pruc dimientos de ah !a treinta añ s. 1 agri:n ·n or ó al ingcnÍL:nJ civil 1 s int( re a f}Ue una h en::dau tcn;a un metro mis ó nwno .n capacidad ) n de­clive; per al milita1· en e mpaña, 1 J que le impot·ta es n ialm n­te es abat·car ele u a oj ada, n la d,·m·'ll ·onu minuci ~as ino la form ·l y t\..licve gctt ·ral, la natural ·;.a y e.lrurfura del /ernno. La lopogra.fí mr/,Jar ó de 1·ccol.'u/m.in/o ti n ~ ¡u"..! r forzosa-mcnL rá >i,Ja, ·.·p ·Jita, irregular, incontplt. ta: no admite el· ()rcli­na ·io pro: ·dimientu geométricos y tanlu , ni volumin o in tru­m t d preci5ión, cumu no !:i a alguno que pueda llevar e n 1 boLill . L renular ·s no di~pon ·r lt: ninguno, y suplirlo e n el t)Jl 1 p:1so, ·on la Luena voluntad. L · procc:v.u:lallu~nto de zm plano se re uc • á mc.dir ángulo ' y m dir, ó rná. uien aprca'ar y 7)a/uar distancias. ll1t:d·r una Hnea ó di ~ tancia, propiamcnt ", es aplicar sobre ella la uni.lad material dt• 11/l'tHda, como la Yara ó el m =-tro ; calcu­lar, apreciar, Yaluar, 5 det rminarla con más ó meno apr·oxima­ci0n p r cualquJer otro procedimiento que no e.·ija sobre ella a uella aplicación mat rial y repetida. Apreciar, pues, ¿¿1m:da1 z:•taccesiblts, <:sto es, que no se puede ó se quiere medir, e mo son casi todas en campaña, constituye un ramo preferente de la edu­cación militar. Si bien se mir~, muchos problemas de lácf.ca y de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Milt.lar Kuerra estriban, como repetidamente hemos dicho, en el cálculo de tiempo y de distancia. . Hoy, como no sólo en la guerra, sino en todos los actos de la vida, se Lusca simplificación y brevedad, el oficial deseo o de cumplir pued e hacerse topógrafo con poco esfuerzo y corto gasto. Un p e queño manual, de los muchos que se publican con el nombre ya vulgar de laquzmdría, pronto le instruye ; y en cualquier tienda de instrumentos matemáticos encontrará por poco ¡..>recio ingenio­sos aparatos ópticos, ó de otro género, que llevan adjunta la ex­plicación del uso para valuar dútancias z"tzaccesz"tles. Unos hilos de araña, unas ligerísimas rayas hechas en Jos cristales 6 lentes de esos anteojos comunes, llamados de larga vista, bastan para darles el carácter de instrumentos ~spcciales para valuar distancias sin medirlas, y constituír Jo que en la cicnc1a se conoce con el nombre italiano de esladia (rtadia), ó con el más re­tumbante y griego de ülémelro (itles, lejos; mdron, medida). La combinacion de prismas y cristales produce también igual efecto, como en los conocidos anteojos de Lugeol, Rochon, Porro y otros varios. Sin necC' idad de anteojo hay para valuar dislandas gran va­riedad de instrumentos y aparatos sencillísimos, á cuyo solo aspec­to es innecesaria la explicación. Tales son los de Steinheil, Groe­taers, ]aspar, Rott rmund, etc. Má perfectos 6 complicados: N...>lan, Podio, G oulicr, Gautier, Klockner, Mariage, Labuez, Gau­mct, Caillol, Bau e r·nfeind, Az mar, Kok ·andisk, Bous on, Pasch­witz, S tubendorf, Gastaldi, Plebani. Esta larga lista prueba el in­teré creciente que toma ste ramo de estadías y telémetros. El má_ sencill o d e t d o , con el nombre algo prcsuntuo o de Nautó me tro h.1 o r ·1, s ll e va, no en el b lsillo, sino "'ntre Jos boto­nes d e la l e vita como un lente. Brújulas topográficas hay no mucho mayor ~ s qu e un r loj ; y á. vece s tamuien hacen . ervicio a otras, d 1 tamaño d e media peseta, que se llevan colgadas como dije en la cad na. Una plancheta, que es lo más Yoluminoso, se ha llegado á ple­gar y r e du ir tan inge niosamente, que cab con holgura en la ma­leta. La escua d ra llamada de rejlexz(m (muy u ada por Jos agrimen­sores), cuando tiene dos espejos no llega al volumen de una peque­ña caja d e rapé; aunque t nga .seis, es una cajita rectang-ular, que no pasa d e un decímetro de largo y dos centímetros de ancho y alto- Conllizúa. ------o~.- ---- PRINCIPIOS GENERALES DE ESTRATEGIA Y DE TACTICA EN LAS PEQUERAS GUERRAS por el Mayor C. E. Callwcll, del Ejército inglés TJlADUCCJ6N DE ISIDORO ·LA VERDE AMA V A-CtmlimJa XV-De qué manera u pueden evitar las ~mboscadas del ~n~migo. E s i'mposz"ble librarse de ~/las en ciertos lea/ros de guerra.-El medio de ev:tar las emboscadas del enemigo es uno de los objetos del ser­Yicio de seg-uridad considerado en el anterior capítulo. En terreno Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 742 bien descubierto, los centinelas á cabal1o ó Jas patrullas pueden hacerse marchar adelante y deben descubrir las emboscadas • pero en terreno montañoso, la co~a es frecuentemente im[Josible. Esto fue lo que aconteció durante las expediciones en la Cafrería. en el Achín, en el Ashantí, en el Dahomey y en Birmania. Por más precauciones que se tomaron, no se pudieron evitar las des­cargas á quemarropa hechas de entre el bosque; este es el pro­ceuimiento que el enemigo en estos teatros de guerra considera con justa razón como el mejor medio de causar pérd1das á las tropas regulares. En presencia de semejante táctica de parte del enemigo, toda la columna debe estar constantemente alerta. dispue ta á tomar la ofensiva en cualquiera dirección en el mo­mento propicio. XVI-Instrucciones dadas por Sir F. Roberts para luchar en Bir­trzall/ a contra las emboscadas.-En las instrucciones dadas por ir F .. Robens á las columnas que pacificaban la Birmania, se encuentra el pasaje siguiente: "Para luchar contra las emboscadas que to­man h::tbitualmente la forma de fuego por compañías seguida de la huída del adversario, emboscadas que es imposible descubrir y evitar en la mal za muy densa por medio de explm·adores de flanco, Su Excelencia el Comandante en ]t:~fe recvmienda el si­guiente medio: "Suponiendo, por ejemplo, que el ent·migo haya hecho fuego sobre la derecha, una fracción de la columna debe estar pronta á lanzarse sobre la vía á una distancia de 100 yar­das ó á una aproximada, ó bien hasta 1 claro más inmediato del bosque. La fracción vuelve entonc(S á la derecha y describe una curva de manera de cortar la retirada del enemigo. A retaguardia de la columna una fracción debe también p netrar por la derecha al bos ue y proceder del mismo modo. Cada fracción debe per­manecer. compacta, y se prohibe 1 fu .go individual, á m ·nos que los 1 unto de mira stén bien despejados.'' Era segur.:>, es preciso recordarlo, que los Birmanos tomarían la huída. Pero razas más guerreras, quizá no podrían man "jarse de este modo, si no ~e co­noce el núm ·ro del enemigo embv cado, porque é te podría caer en mayor número sobre una de las fracciones de prendidas ó obre el cunvov. XVii-Ejemplos de emboscadas enemigas en pequc;1as guerras.­Antcs de dar término á este capítulo sobre las sorpresas y las em­boscadas, asunto que no se ha considerado en las obras de tác­tica con la importancia que merece, se pueden citar algunos ejemplos de emboscadas afortunadas, puestas por el enemigo en guerras pequeñas. Se podría dar ejemplos numerosos. porque en estas pequeñas guerras el enemigo sobresale en esta táctica. Recientemente se han presentado algunos casos notables •n el Africa Occidental, durante las pequeñas expediciones e ·1 lancha contra pequeños potentados. Y en la expedición contra los Yonnis • U11 tr:l.tado intere .ant! y muy completo, intitularlo La guerra d~ sor­Jrtsas y de em~oscadas, se p.1blü:ó en 1884 por el Ca?itán Quinteau, del Estado )layor General francés. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{1l llft.litar 743 cerca de Sierra Leona, en 1891, el enemigo mostró mucha habili­dad en la construcción de empalizadas disimuladas y en la creación de obstáculos destinados á mantener la tropa algún tiempo bajo sus fuegos. El caso que sigue es un ejempb interesante de la astucia que desplegan algunas veces estos guerreros irregulares para atraer las trepas á una trampa. Al principio de la ocupación francesa de Argelia, un escua­drón de ob ervación alcan~ó á ver en una vasta llanura á algunos árabe que an·eaban rebaños por delante. Los jinete , cn:·yendo que esta era una presa fácil, cargaron al enemigo ; pero cayeron en una emboscada preparada con haiJilidad. Fueron recibidos con el fuego muy nutrido de una banda de beduinos ocultos en los ma­torralc -, y se habrían ncontrado - n muy apurada situación sin la oportuna 11 gada de ott·o escuadrón que pudo librarlos. * Un hecho análogo se verificó en la campaña de Tunisia, en 1885. Un destacamento de caballería france a cayó sobre un re­baño d. camellos guardado por algunos árab s, quienes al punto montaron á caballo y arrojaron á los camellos á una especie de desfiladct·o. Los jinetes los persiguieron, y cayeron en una mbos­cada, y sufrieron fuertes pérdidas. Algunas emboscadas muy fructuosas tendieron los antirre­publicanos de la Vendh, y los guerrilleros e pañolcs en la guerra de la Península. En pequeñas guerras más recientes, los Moros, los Khiviens y otros adversarios dieron pru bas de grande ha­bilidad en este género de hostilidades, aun n ten·eno que no e prestata á tales operaciones. Ciertamente hay que temer á Jos gu('rreros irr guiares, á causa de -sta aptitud para ocultarse y por su tend ncia á pon rs n ac · ho de adv r arios que no descon­fían. Los anales militares ll> prueban. Ha. ta cuando ellos no tie­nen int nción de librar combate, como n Birmania, logran oca­sionar pérdidas y embrar el desorden. El t.'·jemplo más de bulto de una mboscada reciente nos lo p1~oporciona el desastroso en­cuentro de Sh kan, er1 el cual fu d struído todo un ejército. Probablemente nunca se tendrán detalles completos y autén­ticos sobre la destrucción del ejército de Hi +s Bajá; pero los di\'ersos infot·mes recogido han permitido formar una idea gene­ral de se acontecimiento. Habiendo sabido por Jos espías la di­rección que debía tomar la columna egipcia, el Mahdí condujo el grueso de su ejército á un valle que debía atra ,·esar esta columna, y ocultó á su hombres en bosques situados á ambos lados del ca­mino y en una d . presión con bosque que cortaba la línea de mar­cha de los Eg-ipcios. Destinó otras fracciones para atacar las re­taguardia . Todos los Madi~ tas permanecí ron tranquilos hasta que los cuadros de Hicks Bajá hubieron llegado á la depresión del Losque. Entonces se precipitaron por todos lados. Las tropas, • A pesar ue lo rudimentario del proceuimiento, nuestra historia militar moclerna r gistra no pocos ca os de sorprt:sas u e esta especie, en los cuales nunca cae una. tropa sino por de::.cuidos en el servicio de seguridacl y de explor4cir'•n. N. del D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 744 Bolelfts Mt'litar ya un tanto desmoralizadas, fueron acometidas de pánico en pre­sencia de este ataque aterrador. Todo quedó terminado en algu­nos minutos. El hecho más resaltante de este combate es la mane­ra como una gran reunión de guerreros indisciplinados pudo apos­tarse y sostenerse en silencio y oculta hasta el momento de la acción •. Se pueden citar, para terminar, los ejemplos siguientes de emboscadas dispuestas en circunstancias muy diversas y en tea­tros de guerra totalmente diferentes. En 1840 el General ruso Gvlosojef, que marchaba á la ca­beza de una columna como de 5,500 hombres contra las guerri­llas de Chechuag-a t, cayó en una trampa diestramente dispuesta, y sufrió grandes pérdidas, bien que por último obtuvo la victoria. El en migo tendió de una manera muy hábil un::t emboscada á lo largo de las orillas del pequeño río Valevik y én los bosques circunvecinos. Las tropas rusas marchaban confiadamente y sin precauciones. El enemigo rompió sobre ellas un fuego nutrido. Por fin, tras una lucha cuerpo á. cuerpo, las tropas rusas que­daron victoriosas, pero no sin dejar gran número de heridos y de muertos entre las manos de un adversario cuyos efectivos ran in­significantes. En 1883 los Franceses estaban bloqueados en el Hano1, su establecimiento n el Tonkín. Se resolvió practicar un reconoci­miento, y una columna que contaba 4CO hombres y ti-es piezas, sa­lió e m este propó ito. A cierta distancia 1 camino atra vcsal.;a un río por un puente, y adelante del puente se encontraban algunos pueblos y sitios cerrados. La vanguardia habfa ya atra v ~adu el pu ·nte, y las piezas se encontraban sobre éJ, cuando se rompit!ron los fuegos por todos lad<. s, más allá d "1 río. La sorpre~a fu e m­pleta; la vanguardia se batió ~n retirada ·n de,ordcn; p ro las pieza , que no podían dar media vuelta en el punto en donde se encontraban, tuvieron que pasar •1 pu Jnte y volv r sobre la rivera opuesta. Una pi Z:l cayó entre el barro, y en los esfu rzos enér­gic por salvarla, esfuerzos que por otra parte fu ron fructuosos, el Capitán de buque, Rivi re, Gob .rnador francés, y muchos otros, perecieron. La guerra del Tonkín, de 1884 á 85, comenzó con este desastre. • Este combate de Shekan s conocido también con el nombre de desa..;tte de K:ts:?hill; se ft·ctuc) el 5 de Noviembre de 1883. A causa de este desastre el Mayor Gcn,..ral Gordon vol vi<) a Khartum (18 de Febrero de 1884) f ar.\ tomar el ';obit.>rno general del ~udán y luchar contra l<:t influencia creciente dd Mahtlí. ( U..rtor~a d, la rampana del Sudáu, por el e, roncl H. E. Colvíllc, vol. 1, páginas 12 y siguiente ). Hicks Btji, qu hacía anteriormente parte del Ejército indio, no tenia sino 11,000 desdichados soldados egipcios qut! marchaban contra su voluntad; 6,000 camellos y cabtllos !'.egui.ln la columna. El Mahdí, qHe disponia de 4o,ocogue­rreros, se apoderó de 36 piezas krupps, , nordenfelts y cañones de monteo ña; to· dac; las municiones y animales del convoy cayeron igualmente en sus manos. (T.i.e Egiptiat~ Síam os tado fuera de u fera. dt.! influ n ia hL·tórica para juzgar l s actos d ap >1 ón ele t~ el d ble punt de vi ta dt:: sus capaci ad s ci­\' Ílc y militan P01· st s moti · L 1· t. b .... ry cr l,; que un S\Jlo individuo no pu de intenta¡· escribí· tal hombr ·. Rccuérdes , < n ef ·ct , qt e M tternich~. ju z nada imparcial en el asun o, dijo <.U~ Napoleón había nacid admini ·trad >t·, leo·i lad )t· y con ui tad( r. Lord Ro­se lJC•r y ag-n:cra : " y hum l re de E a do." Para an· lizar y ccl ~br ar lns extraordinarias cualidades, en el campo militar, d l conqui tad ¡· e 1 79') á 1 S 12, d 1 def nsor del suelo francé n 1813 y 18 I 4, se necesita un maestro con urna o en el arte ele la o·u 1·ra ; p 't"O no menos interesante s el ·studio de Napoleón como l mbre: carát.tc¡· 5.Ímpl , según unos; com­plexo, s gún otros; es d ecir, según que quienes lo estudian son sus amigu ó sus enemigos. Dice el estadi ta ing-lés que lo· últimos años de Napoleón per­manecen oscu1·o para el público en general. De Marzo de 1818, época de la partida de Gourg-aud, á l'v1ayo de 1821, no :e sabe del Emperador sino lo que ·qu isieron e cribir los ~ istoriadores de ese tiempo. Esa laguna en la vida de Napoleón es la que intenta colmar el jefe del liberalismo inglés. La literatura sobre Santa Elena es con~idero.ble, sin dl!da al­guna; pero son tales las contradicciones que encierra, que es difí­cil, si no imposible, descub1·ír en ella la verdad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet11z Jfilitar 24. Secáones de todas armas operando msladamentt-La protec­ción dt:; una :,x ·ió ó destacamento aislado, exigini 1 e ncurso simultáneo de todo· 1 s ót·ganos dd scn·icio de seguridad. 1~ 1 tle. El raccio 1ami(·nto de la caballería en dos grupos d<>stinndos rcsp ·cti vn.rn ntc :1 cadt1 una el. estas el _ mi ·iones, se cletermina1 á por t!1 j · · • de l; _ . . ci 'n ó d ·1 clestacarn .nto. 2 ;. C,o/iw¿,z z de CtÓ zl!eJ ía opc1 a11dcJ a/ /adamen/e-Una columna de catn llerí¿ ·n ma.r-~hn, \,! cubt- · con Jos mL·mos ( lernt·nto de prot .cci•)n q ' las d m~t~. La fuerza de la vanguardia y de la rc­t · ·uanl ia s sub rdirn. únicarnt:ntc á la situación trl.ctica y á la m .. - tural<:za del tcrr 'no . 1 , CAPITULO !V-SERVJCI !>~ SEGUl'ID.\D EN ESTACIO. ·-PUESTOS AVANZADOS 2-. l?eglas 'rentr !es-Los puestos avanzados están enc;u·ga­dos de as<·gurar la pi-otee ·ión inmediata de las tropas n estación 6 en n•p >so. En principio se e nnp nen d infantería y CG..ballería. L1. i 1fant<'I·ía ocupa los puntos del terreno donde imp rte re­si ·tir en crl ·o 1 ataque. L:t. ca ball da obc;erva, á cierta distancia, adebnt de los pun­tos ocupado por la infantería, principalmente ~n el día. A ·t·gura también la unión de los div rsos elemento' de los puestos avanza­d s y la tr·an ·mi i )n rápida d .. lo informes obtí nidos. S )lo se emp a ar-tillería en Jo~ puestos avanzados cuando se trata de con rvar al~uno puntc,s importante , sobre todo cuan­ca n e ario con cn·ar la pos sión de un desfilad ro. L·ts tropa d ... la tres armas que componen los puestos avan­r;. ado._, St, subordinan á un ~olo mando. iervlo ~ste en·ic.:io muy penoso, en razón de su permanencia durante la noche, no s deb rá empl ar más que el efectivo stric­tamcnt · n cesario en cac..la caso particular. L!l.s dispo. iciones de conjunto varían con la fu rza y estable­cimiento de las t1·opa , los proyecto. dd Gen(•ral en Jefe, el aleja­miento del enemigo y )a naturaleza del terreno. E'1 muchos caso , ba ·tai·á, para la Sl~guridad de las tropas, ocupar ' ,·ig-ilar, por Jcstacamentos ó puestos aislados, los cami­nos que conducen adonde está el enemigo. En C1tros casos las tropas de los puestos avanzados formarán un cordón de vigilancia más cerrado, comprendiendo diferentes elementos escalonados en el sentido de la profundidad en vista del combate. En cualquiera circunstancia, el juicio y la reflexión del que manda, será el mejor guía para elegir los medios más apropiados á satisfacer la misión de los puestos avanzados. Hasta donde sea posible, el emplazamiento de Jos puestos avanzados se escogerá de manera que las tropas estable~idas en e o Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 24

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 23

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 23

Por: | Fecha: 08/06/1901

j30GOT A J :JNIO 8 ¡._; BOL [ fl~ ~111JTAR DE COLOMBIA Organo del Minist~rio de ~~ Guerra y del Ejército • 011 colaboradorc de e11te pcr16dic:o lo. ~ Jef s y OfiC'ittles del Ejército ~ Duector ad honorem F. J. VERGARA Y V. C'neral de Ingeni ro , Miembro de varias Sociedades Cienttflcaa f>ROGRA.f/.1 PARA LA hV.'>'IRUCC/0 r E.\r NUEVE JJ.fr,'SES Pf<: LoS CF LOS CUERPOS DJ<: RTIJ.LERlA DE .ro. TAÑA Y Á l.Pr 2.0 "A B LT.O (. 'ist ma chileno) trucción : 3.er (8 . - mana). 4. 0 PRRÍono-E cu ·la tiro ............ (3 emanas). Lo trabajos para .. ¡ 1/cencia!Júrn/n durarían I · mana. La {;randts mam·obras tendrían lucrar n l 4. 0 período; n tal e so podría anticipar ·e en una ó du~ semana la instrucción del 3 er y 4· o período. El reparto d las di ver a in truccione., su duración y hora5\ d trabajo, están indicado para ca a p ·•ríodo en los registros re - pectivos ; é tos no deben, sin mbaq;o, con iderarse como absolu- TOMO 1-45 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. f]o/etín ./Vf-ilt.ta~ tos; en co ns ecue ncia, pue d e n e r · u .eptilles d e li g ras modifi­caciones, según sus n e ce sidad s. Este programa e stá basado e n 1 d esarro llo d e la di v e rsas instruccion e s que se hace n indi p e nsable s para o bte n e r d e la arti­llería campal e n e l campo d ata 11a e l máx imum d e s u valor lácll'cr FRI M.:grR.~ FERÍO DO , I N TR 'CCION JNDJV IDUAL (Del I. 0 de Abn"l a / 5 de Agosto) ,] - --.., ~ <:> FECll . EN l1E ~ ~·~ ~ '~~ ~ JtSPE '1 ¡.: JH·: 1 STR CC16N I ~ _t 1 !:; .., .., dcbcdarsc dt•ócduru..!! ~~ 1 ..... : ::::: comi~ur.o l tt!rmi11o ~ ---------1-- A~OTACIO ' 1~~ «) lNSTRlil" JÚ. l'R .~ 'TIC\ . S 1\fu ·cular .... 1 1. 'imna 1:1\ ( En aparatos .. 6 1. 0 Abril ¡ 10 1 'in arma ·. J . 1 6 1 1 UJuo 5 g "'"\ 8 Sob lu1q(l J. ·r 1 criodo y el 9 :\bril 1 período con arma . . 5 . go tu 16 Sin ganaoo. J. o Julio 5 Ago tu: 5 Los principios. L 0 Juli o 5 go lo ~ s ¡Lo principio . 13 Juuio ls Agosto· 9 1 3 J ulio 5 Ago. to 4 La in. truccióo. 1 1 . E-.c uf'l.l primaria...... . .. 5 S Abril 5 .\gostui i 7 Dada por norma listas. 2.0 I. r> i ci plina ... .... .. ... .. 3 1. 0 bril 5 Agoslo¡ I 8¡La entera inst rucc i/ln. X I I. · ,:dign ~1i~i.t ar . ...... 1 1 8 Jub o 1 5 Agosto,, 4 1 ·ó 0 Jordlean apnazrate. útil de l a XII I. on~l'rv acton d :! 1 m. · tc ri a l y atalaje...... . .. . ... 2 6 ~byo 8 J ulio 1 9 L a e ntera instr ucció n. I V. l!:.i 'lle ~f ~i~~ r ... ~ .. ~~- 2 11. 0 Ab r i l l5 Ago. t I18I L a ent e ra inst rucc ión . • Solame n te á )K . e l· de montttñl\. 1 Pum la. pi ez :~ 'l divi Hi b l s dobe incluir e 1 ~ Instrucción do armar y d~armar el n t. e r il\ 1. t Sapon •mo11 que se ree mplace Ir carabintt eu l o;~ c uerpo• d o montañ por la pi• tola T «~ I! C dote tumbikn á lu butcrh t i ea bullo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolclf11 .ll1lita r 1 RV. 'U\>ff~"'J I>l! LA. HORA OJI. T/{A•BAJ DIARIO DURA~TE EL 1.er I'ZRl 00 Mes ue Abnl Mayo Junio Julio Jo~lru~ ·•ón prádir,a. lln. fruu~ón lt·j l > u pt·og-rama s má. nduádo qu<· e l pr ra­ma de caball ría, y ¡nr cun · i~)·ui< nt la artill ría de cría t n r u rccrlrmenlo ¡;roj)/'o 1 ara irn¡H'clit· ·l abu u dt• e~ta in ·trucción e ha c. T hay qu ul\'idar· c¡uc tod aquello que s aprend y qu no ti ·ne a1 lí a ·i6n pr~ktica, l' ti d e má~ y p< rjudica por otra ¡nrt el el ·sarrollo r¡w~ clc·IH·ría dars (' i las tra~ in truc ionc propia-. del ·trma. v) Ser; ,¡c/o rft la jll~ = tl-. hay 1u clar mayot· importancia, .s nc san JI ' g-at· á ns o uit· que e l ·oldarlo apt·enda tan in tintiram nt<. ~us manejos, quC' el spué de 10 añ J . dt..: au · ·n cia c..lel en·icio, aún n( haya olvidado d 1 tod esta in tru ción. Por tal m tiY , o n\·i ne qu la hora · d qu di 1 'J IW pat·a <. la instrucción sean aumentadas tant uanto lo permita e) progre el )a otras instruccion S compJ m ntaría . Est · sen i io de ¡·á repetirlo durant tod 1 ti mpo que 1 lda-o p rmanec en la-- fila., cada vez u haya ocasión. r) Escuda de apuntadores-E ta in. lrucción e mpezará á má · tardar después d e I 3 semanas, y no d e b rá pn•.entarse m rn•z's­la al tt5rmino del primer p riod , sino e n 1 ter cr período, ó ea cuando t nga lugar la cla, ificación de los apuntadores e scogi ­dos. Siendo esta la in trucción más importante d la artillería, con­viene que su in~tructor e a 1 mismo oficial que en la escuela d e tiro mande la bat ría, esto ·, el Comandante de ella, con el obje- • Los regimiento d montaña ólo deben dar e. ta in lrucción á las el - ·es y cornetas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oiet{n Militar to de adiestrar al mismo tiempo á sus propios oficiale , para que la instrucción sea fructífera y para que el personal de la Batería e familiarice e n u Capitán hasta el punto d llevar á comprender .~ us propzás z?zienáones, aun con la más pequ ña in inuación. No de­b e m.> olvidar r¡u e n hay in trucción alguna qu n ce ·ite tanto la humdgL'nt·idau de la rna ·a com é ta. vn) E,oula de ronduciores-E ta n debe dars ant s que ter­m nc· la instru c ión le equitación ; p ero 1 atalajar una pareja, .. m .mtar á caballo, de cendcr, cundu ·i r una pareja á mano ó e tan do á caballo, t~nlranchar y de nganchar la pareja , d berá n - ñat· ·e á los recluta. cont mpor:in •am nte con l 2.0 período de la titslrurci/m d caballo. Se hac nec '~a rio vigilar mue ho 1 desarrollo gradual dt· ·. ta in trucción, pu es d e to d p nd rá el éxito de la ~ c ue la dt•l 2. 0 y 3.er prrí clo · dt: instrucción. . VIII) 'l-lantjo de la púiola )! de la armas blancas- un cuando no ti n ·n toda vía de dotación lo. cu rpo de artillería la pi tola, con­vi .nc t 'nPr pre::; nte é ta para cuand e llene · te 'ado. En cuan­tO al man jo del abl -, d ·be r ducirse á lo movitni ot m:L sim-pl é indisp .n abl . Esta instrucción conti11úa n 1 2. 0 1 eriod con la esgrin.a á ¡>íe y á aballo. rx) E11fardamú:nio- Ha~ta hoy no_ e 1 ha lado á t ta in truc­ción la importancia qut• mere , d e l id > quizá · ú. la falta de r gla­m ·nta ión d 1 núm ·r de pr nda que d~; bt•n t ~n .. r y á la manera de 11 .. \'arel qui¡..>o, ve tuari , útil··~, t•tc.. n i mpo d guerra . . ~i n l'mhar<-ro, d ·1 é. ·ito ele ' ta in truc,·i~_)n dcp nde n gran parte la rapi 1 z d e movilización y la c·un~t·n ación d 1 p r · na) y gana­do · por lo tanto d •b' formar par e d una in. trucción p ial la qut 'n c•J 3.er ¡wríod•> (kb r:l. n·p ·tire á la li•··t ra.-C'onhmía ~ -- .VncJONF."> DE GEOGRA.F'/A Af!LITAR TEORIA DEL 'IENRENO L· s cuen cas ó regiuneJ húlro rrdjicas tle 1 s grandrs ríos on muy .·ten<>a , por ·star formadas d la r unión el una infinidad de par­ticular · d" ot1· s rí.os ó arroyos. A! , una Y es lo · IJord '· ó ar/sta,\ d ·tas cumca. . ~tán trazado or rordt!laas qu . ña lan rrráfi a­m nt la dll•úon'as d. agua · p ro, orno ya : ha clich , de nin­gún molo d b e ncluír que 1 /errmo ha de tar i mpre y for­zo amente elevado ,n 1 punto de s paración e ·ta otPncas: lejo de t: o, su le suceder que no hay la m e no r min ncia, y í}UC los te­rreno tributario ue do ríos no re. ultan ..., parados ino por una u ña di tancia. L0s g·pc)~Tafo ·,á ejemplo rl e Ritt C'r . su ·1 >n dividir 1 rurso de lo l{randr·., ríos t·n tres parte · ó trozu · : ~ up rior m dio é inferior. El .wpt r/ur ·orrc, ' m:i bi n t.! pr cipita, ntr alta monta­ña con pendí nte varia y si mpr fu rte, ~rran ruido y puma por Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 702 Boletfn ll-f1lz'tar el aire ab ·orbido ; nunca e na vegabl , ni aun flotable, y con . titu­ye or linariamente la parte má corta y torrencial. El t•ozo med/(), l má · largo y variado, arranca del t .rr no montuoso . ondulado al 1 i _ de la r -ran cordill ra. La p di nlc di - minuye ha ta hac r e mucha vec · insc:nsiblf' ; serp ntea en reco­dos y meandros · tien lago y ano- tura ; y ·i bi n e to lagn. no son de los llamado alpú,os, ni los escalo11es del lecho mcr ·' e n el nombre de calara/as, hay nfp/dos, saltos y cascadas. En el tr zo z"ttfi rt'or 1u e de arrolla en neral por llanuras bajas y ex ten a . , tuda da disminuye má la pendiente y la vdondad; aumenta la andlUra ; _ má fácil la na v o·ación ; el cauce se árte en ramales ó brazos, y ·e f01·man lo estuarios, los del/as ó aifar¡ues. La embocadura ó •ntrada en el mar, varía . gún éste ten 0 ·a ó n liLa­nas. E ta dtvi ión onv ncional n trozo· ólo es aplica le al cur-o de lo de prim r urden : muchos de s gundo no tienen sino do~, y no muy di tinto · ni caracterizado . Nada hay fijo sobre la dt'recú(m de los ríos. Aunque . ean erran­des, rara " z u curso es recto; i mpre ofrece recodos y sinuo ida­de., según ·1 volum n, ·l régim n, la fu rza de la corrient , gún los ajlttenles, e6·ún lo· obsldculos 1u.:.. el t ~n-cno pr s nta y la clase de rocas ue a nc Jntrando. Mucha veces sobr l límite de dos terrenos de difer nlt.:: na-ló ica ·s dond 1 agua va xca van do u lecho, por-que ya allí ncuentra he ha una e p cíe de falla ó hendtdura, que luégo no hac más c¡ue n anchal'. E ·to, junto á la po ición Je las c:olinas, d •termina fr' ucnt m nte 1 num r ~o n :codos de las co-rrzimles. ltc ¡u alguno ríos s ene r an al alir de entr · la montaña , porque habi nclo al 1 i de lla · encuentro de do c.1pa.r dif ~rent _, pr fi ¡-en se uirlo á r ,mp rlas tran ver al m nte para abrir pa o. A ' tu llamaba J f ·im atracción de los río por la montaña . La rap/dez ó z docidad de una cornenle d pende d u volumen ó antidad 1 agua y de la inclinación d l lecho, lecir, qu la determinan e m factor s la ¡;reszon y la pend/tmle. En la altas montañas, la p ndi nte ,. ncc á 1.:> ¡ re ·ión ; en granel llanura , al revé-. La rapidez . modifica por trozos de lecho ca i horizon­tales, por aglom ra ión ó estancami nto t'n lagos y labias, e ac - lera por cn•ctdas y ajluenles. Una corri'elde el om, r6 por ·egundo, arrastra la arena fina ; de 0,2 1, la grue. a ; d 0,2 la <.rra va ó cascajo m nud ; el . 0,85, pi ~­dras r dondeadas ha ta de 0 01,03 ; d 0,96 á I 111 puede an-a tt-ar piedras angul sas del tamaño de un huevo. No t do. 1 hilos d la corriente tienen igual velocidad : e n fondo 11 \'an menos qu e n el m dio, y . n é te menos qu en la superficie. En lín ea horizontal tampoco idia, no hay más que multiplicarla por la fra cción 0.81. El lecho, caure, db ,eo, madre de un río, s la caja ó espacio que mate rialment ocupan su aguas en la parte má · baja d el valle ú hondonada. En <... 1 día e- usual y técnica -la voz al mana f}¡a/weg (u eg, camino, thal, v" 11 ), para ignificar lo que otro dicen hi/, del a rrua, e ·to s, la lín a más e ntral, má profunda, <.le mayor corrí nte. Na a má v riable que 1 lecho de los ríos en su forma, en su fondo, en su anchura, en su pendiente. Lerho nonnal es el deter­minado por el 11olumen de equzübrz"o, por el rég11nen habitual del río. El volumen d ep nde de la fu ent ; de la longitud del curso y de la clas de e~ t , rápido ó le nto, recto ó sinuoso; d 1 número y tama­ñ de lo ajlumtes de las montaña d la cuenca; de la naturaleza del su Jo; del estado ele la atmó f ra, de su temperatura; de los bosqu ·s, de la vegetación, de la cuenca y orillas. Este ·¿oo/umen, va­riable por creúdas, a v ni das, de b rdami ntos ó inundaciones, se llama de er¡uzl/bno cuancl no tá alterado por tale cau a , y se compon de la agua con tantes qu alimentan la corrú:ule. La fuer za k é ta s · l pr~ducto de la ma a por v locidad. E ta ültima vada, como e ha visto, con la pendí nte; la fuerza obra sobre e l fonu y los bordes imultán amente. La 1·esúlencia ·1 f ndo de p< nd d la dureza ó tenacidad de lo mate rial es, y de la p nclient may r 6 m nor; la de los borde , de la misma tenacidad y de la dirección también. Hay, pues, equzlz"brzo cuando la fuerza igual á la reúslenda. En la ac p ión rigorosa, adoptada por varios ingenieros, la voz r ég/men dd río, n hidrodinámica, designa meram nt el stado en el cual hay equiübrzo entre ]a acción ero iva de una corriente y la r sistencia del 1 ·cho que ]a r cibe. En acepción más general, e ta frase se aplica á la man ra de ser, y según la expresión ita­liana, á la índole, al aráctcr, al natural, hueno ó malo, de un agua .corrúmle. Así e dice : tal río tiene un rég/men regular; tal otro un régz"nun /O?'renlo o ó torr ncial. e concibe que en materia de rie­go , por ejemplo, 1 régimen regular es más útil que el torrencial. Sin embargo, cuando este último ofrece un volu.men notable en la estación d lo ri go , la irregularidad del réo-z?um no es suficiente motivo para r enunciar á su empleo. La peudú:ttle del lecho, necesaria para que el agua corra, está formada por varios planos 6 escalones cuya inclinación va decre­ciendo, y puede en conjunto representarse por una curva cuya ma­yor curvatura está hacia 1 origen. Para formars idea de lo apar­tados que pueden e tar los límites extremos de perldzenle, basta con­sid .rar que hay torrentes de un pie de desnivel por cada quince ó Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ¡o.¡ Bo/etin JVfilitar veinte de cur o, y en el río d la · • rriazuna , ~e.~ún die n, por cada 1 ,ooo pies no llega á do líneas 1 de ni ve l. E ·ta pendiente es inapreciable, ca i nula. Es difícil determinar con exactitud la profundidad de los río ~ porque arrastrando continuame nte partes terro ·as ue hacen va­riar su lecho, esta profundidad cambia á cada in tant . La anchura es también un caráct r muy suj tu á grande va­riaciones · porque independientement de la · cree/da., xtraordina­rias y periódicas,. una multitud de obstáculos que s opon n á su marcha, d e be hace r variar á cada paso stos caract r . ~i los borde¡¡; no presentan resi tencia, n ancha ; y lo qu gana 'n extensión lo sue] perder en z¡e/ocz'dad y prifund/dad. i, por e l con­trario, las márgenes son de roca dura, compr ndc ue el lulw ha de angostarse, aumentando n p1·ifund1dad, y la corrí nte ha d ganar en veloczdad Io que en el caso anterior p rdía al xt nden; en más vasto e pacio. Esto contribuy á dificultar el aforo, ó " la determinación de la cantidad d agua qu 11 va un río n un ti .m­podado." Credda es el aumento de olumen de la~ agua., de las pluviale que corren uperficialm nte on rapid 7. y in fil­tración. J derretimiento d la niev · por un vi ' nto cali nte ·qui­vale á una lluvia Ít mpr ~ la · dan clara , ino de las tierras qu l ao-ua ro ha ·a dv. 1 ·ído y arra - trado. Alcrunas ces, en comarca d mucho arh lad • lo a ua­ceros de otoño producen creadas, p t~qu 1 agua n '\bala s br la~ hojas seca que tapizan el suelo. De todos modos, sin un rigor g ométri ·o ·n at nción á la variedad de pendientes, de vegetación y d calidad, cuanto m á extenso sea e l e pacio en qu ac la llu\'ia, ma or ·erán ·1 au­mento y duración de la creúdas. u máximo. f'n un punto lado de la corriente, ·e verificará en e l mom nto t n qu 11 gu n á él la aguas rodadas procedentes de los má 1 jan , antes <.l . que aca­ben de escurrir las de los más inmcdiat , . Y p ¡- on ·igui · nte para la máxima crecida, la duración é int >n ·idad d la lluYia d be r prop rcional á la extensión del paí ó u ·nca que da alim nto al ' río. La creCida no cesa en el instante mi mo qu la lluvia d ja de caer; porque el terreno, á no er de r ca muy dura, ' "mpapa como una esponja, y el agua sig-ue e curri n lo durant un ti mpo proporcional á la exten ión d el terr 'no mpapaclo. i 1 volumen ordinario ó de equz'lz'brio no es muy exacto de calcular, bif:·n e com­prende que el exlraord1nano de las cnúdas, n 'i ta d 1 s varios elementos que las causan, ha de ser aún má difí ·il d . apreciar con ap1·oximación. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bol~tin }v/tlilt~r En g n .ral, toda (:ornenlt busca de suyo la línea recta, el puntO má bajo, la máxima pendiente y el m nor ou táculo ó re­sistencia; sta t ndt.:ncia natural s m difica, in embargo, por con­dicion ) circun tancias muy variabl .. La fi onomía, l carácter, l réo-imen de un rí cambian, n ól n 1 s dif r nt . s /rozos de . u curso arriba m ncionados, sino con la calidad 6 naturaleza di­er a d ·1 lt!cho qur-.: lo ncajona . . A ·í, n Jo ~ ríos llamado. de casca-jo, ~ e ck·tin~u · un l eh mz)lor y otro menor, mi ntra que en lo de areua,fa!Z G.E.VJ-.:NA/J~·s /) J~· E.">.TRATEC/,'Í Y DE TACTlt 'A E.V f.A.<; PHQU.EfVA.'i GUERRA.!> por el i\ll •o r C . K ·.d lwdl, del Ejércit inglés TRAlH'CCl(l"c I>J.: ISIJ> R O L ,\VERilE A,L\YA-Co1lit1t1Ía 'APIT L(, XX SORPRI•: · .\ . REC GIDA. Y l<::\fBOSCADA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletfn Mzlita~ rino·hee~ ( 1 ), n huída. Bien pronto se encontró en el terr<:>n d cubierto qu' D~nni había cogiJo d e pr · pó ·ito. La caballe­ría, 1 u cada p r el nemigo n la m ntañ , podía ahora manio­brar fácilm nte, y acometí' e n ímp tu ' furia. La mortr.~.ndad fu , ten-ibl y la derrota compl ta (2). · ~_III. Notas sobrt: fez pr paraú(m d t: las 1'111bosozdas- r r· gla gen ral, in embaro- , uan o la cabal) ría y la infantería proc - den le conci rto n e ta cla d ~ operacion ' S, la aballería la que, ~ra ias á su movllida . atrae al en migo, n tanto qu e la in­fant ría, más en aptitud d ocultar e. ca · oiJr • · l enemio·o n el mome nto re ·1u rid ,J. Para a es.Jrar el triunf e e encial qu las tropas tén bi n al rta ... qu e n rvt:n ·u '>ano-re fría. 'omo n las sorpre a d no ·h , hay que tomar pr cauci nes para evitar lo dis¡ aro pr maturos, y hay que df jar qut "l en migo se aproxi­me bief"l ante. de acom ~ ter! . Si t' pu de hac· ¡- u o d la bayo­neta, mucho mejor. El Gr~ n ral Bugeaud preparó ·n Tak empt una mbo ada que ahó muy bi n n I 41. De ·ocup' la plaza luégo de haber d truído todas las f rtifl acinn . ; pero d jó en lla alguna tro­pas que ocultaron. 1 ·d qu 1 Ara be notaron que los ~ ran­ccse aband na an la plaza, entraron á lla por· t>l laclo )puesto. Io-noraban la pre n ia d la · tropa · ue se habían ocultad y •1u 1 ca u aron gTand pér ida . . El · eneral Pr-im, n 1 < 59, d _ pués d u victoria :obre los Mor s, n Ca till jo , re haz' al < nemit ía tomar 1 t.:nemig al marchar n u p .rsecución. Lo · :\101·o ay r n n la tram¡ a y ufri ·t·on fu rt r érdida cau..,ada pur ·1 fu o-o in <"· erado d ' los E pañ 1 s . . ~IV. C/rcunr/ancias qru !Jan de tener e presenlt:s-La destr za y el conocimiento rt 1 terr no . n indi p n able para diri<,.ir una e m o ·cada. A lo qu' le be at nd r e de m o lo ~ pccial s á c¡ue el enemigo no de cu ra las tr 1 a culta. . ino n el momento en que é ta puedan atacado En l b· qu , .ntr • zarzal e , en un t rr no cortado, 1 a uttt ·~ fácil, sobre tod - i el ad v r ario no di pone ino de un camin uand s . proc de contra una co-lumna en marcha, erá conv nient n romper los fuegos sino cuando una parte de la columna haya 1 asado por la emboscada, de m do d dividirla. Ttambién con\"Í ne á v e s retardar 1 ataque ha ta 1 mom nt en que 1 uede verificat- e contra las re­taguardias r atrevimiento y ti más (r¡ Feringhee (P ranco) PS el nombr gen ral Jado á lo europeos en Afga­nistán y en cierta. regiones de la Indibie1·no n o tilic' tad ·con tanta pre mura m Conrluy~ EL GENERAL POP4 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ¡o8 tan do con cerca de 6o,ooo hombres. Como se ni la ·inteligencia (sic) de Pope, ni las hábil s /ioletf;¡ .ll1lz'tar Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletf-n . ~1tiit'ar por ·te jefe. Alentados cada uno por diversos sentimi ntos, pre­tenden obt ner un s ñalado triunfo; incierta la suerte en algunos momento., al fin s inclina por los conf derados, los que logran una victoria obre u ncarnizados n migos. La afortunada co­rrería d Jackson, brillante y admirable en el a vanc , 1 fue igual­mente n su retirada · el ánimo de los confederados y la confianza de su Generales e ntuplicaba su . fuerz s, ntretanto que los re­veses de lo federados ha fan en ti iado u t: n ro-ía y c. curecido las disposiciones d u caudillo .. -At.,.obiado por el dolor del infortunio, Pope adivinaba un fin d graciado y un fracaso completo de todos sus planes ; mas, ju ·to · r conoc r que el au ante de cuanto sucedía n era 1 va­lí nt é intelio· nte Pv¡ e Cic), ni much m no ninguno de sus Ge­n rale . No, la cau a de r ve~e tan continuado era la falta de no­ticia del adv rsat·io, f'l mpleo poco adecuado de: la caballería y la mucha impedimenta qu quitaba movilidad á la columnas. Pop no podía arr glar ni organizar, in duda, e mo pen aba, el ·jército e nfiado á u tal nt · lo ataqu · inc ante d un enemi­~ o a ·tuto y ,·ali nte e 1 impedían. Dt .. cidido, pue , el General I up á . al ir d una v z d la itua ión p co agradabl en que s \::ncontraba, di IJU o qu R n , ac mpañad ele la di vi ·ión Kearny, nar · ha . éi Gr wi ·h; Mac Dowel con~ ig 1 y R ynola e dirigie­. n rápidam :, nt' á Gain villc; Portcr p rmanec .ría ·n \Varrent n asta la 11 gacla Bank , y el mism Por e con la división Hooc- 'ncaminaría á Mana sa ·. ir u lada · la ór n · o¡ ortuna • a!-. divcr a. columna 1 ara l s punto t1alaclo. á cada una. La c1ivi.·ión epantti ta Ewl'l, que· > upalYt la tación el ri t )\V !loo k r, al divisa¡· la pn~. n ia d la vang·uardia enemi­g · , -;e apre. tó á la efensa, 11 ·. and ,' el ·ten ·r, ·on pérdidas nu­m' r· a .· , el arrullador a van e de la Di"i ión I-Io el· r; p ·r com- 1 n•n i< ndo la inutilifb.d d" u · fuct·zo y t miend ,. r.-e cerca-lo, r J _ ·ó pruclent Fwel r tirar. t' ha ia l'viana~~a , de truy en do ante · el put•nt y la da fét-rc.a.. t> ene ntrand~> Jackson ba ante eg-uridacl en ~lana .. a . , vrd nó , u ·vacua ión in ndiand uanto u ie · sl'n·i¡- e],. utili lad á Jo fed ·rado . ~ ~í (1U la di vi iones le é to · ocupac\>n ~in difi ultad la p ~¡ ione · ~l ñala a p r Pop 1 plan :1· n ral <..1 ·• la campaña que comenzal a á de. an·o1Jar. -¿.Qué r< 1.one"' podero a ran la qu obliga an á Jack on \. retirar· e ante 1 avance el I 1 · , el pué · d hab r oht nido no­abl · triunfo y 1u brantad tanto la moral d u nemig s? · P r qué no hacía fr "nte, máxime cuando la fortuna había guiado oda ·us empre a contra los oldados d Pope? La prudencia ra la que acon jaba i Jack on á no a Yenturarse n una serie de ba-alla en la que, aun suponi nd alíese vencedor, era lo má fá-c il perdiese al final todo el é ·ito 1 grado hasta entonces. El motivo que impul aba á Jackson para obrar de semejante manera ra muy sencillo: pr 'ximo á desembarcar en Alejandría el ejército Mac Clellan, quedaba cogido entre dos núcleos poderosos, y lo probable era que fuese aplastado por la inmensa uperioridad de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 7IO Bolett·n .:Yfi,itar us adversarios; operar por líneas interiores no era posible, ni mu­cho m_nos aguardar en tan crítica situación el ataque d Pope. -En e te e tado, los sucesos se precipitar.sn, y l 29 d Agos­to se libró una formidable batalla. Pope intentaba acorralar á su adversario antes d e que recibiese soc rro , obligándole á r etroce­der hacia las m ntañas. Jackson, á su v z, tenía sumo empeño en reunirse á la tropas d e l General Longstreet y en cons r ar una posición que flanqu ea e el camino por donde debían d .mbocar las fuerza del Potomac, para lo cual di tribuyó sus tre divi iones en esta forma : el ala d e r cha, considerada como 1 ej de la po­sición y confiada á la división Taliaferr , situóse detrás d 1 do, en la dirección l\1anassas-Ga ; el centro, formado por la División Ewel, á las 6rden s d e L:twton, y el ala izquierda, con ·tituídé.l. por la Divi ión Hill, extendíase hasta lo alrededores de Cent r\'ille. Inició e el combate atacando Mac Dowell, o tenido p y· Por­ter, la derecha de 1 s conf derado ; p ro bien fu s d bido á las difi c ultad e d e l ten·eno, á las mortíferas de cargas del nemigo ó á la in ptitud d e Porter, 1 cierto es que de pués d infructuo. os y sangriento ataque , 1 s f dcrad iet·on r chazado on m s p~rdida ·, malogrando con su desacertada maniobra éxito de la operación. Entretanto Schenck y Mclroy añon auan en la i/.qui rda del camin la. fuerza d tarkc · la ivi ión hurz, · n la d ·r "cha, atacaba denodadam nt á la de Lawton. ro hauién lo <..:aún in­corp~ rado Lono-.:tn.: t, y compr ndicndo Ja 1 son qu • su izqui ·rua no s halla amenazada, acumula fu<..:rzas n la dcrl'cha, po­ni ndo n erra ve apri to á la de 'jo- :1, u y . píritu ¡- •'tnimó por la 1lcgad de K arny, que oJo ·a á sud r ~·ha, y de Hooc­ker, qu • e tabl ce u línea frente á la Di vi ión Hill; 'eh n ·k, ue e lan:có en corro de churz, hubiéra vi to gra.' m ·n e um-prom tido :i no er por el eficaz au.·ilio de R ... no, qu · a par · ·iendo en l ·ampo de batalla ti ne y vigor-iza el de aíJo ánimo de aquél! Cada cual n su re pectiva p icion "· cañon<..:Ó al otro sin compromet r ·e á iniciar la ofensi \a hasta tanto se incorpora n Jos solicitado refuerzos. A las di z d • la mañana, L e )) o·aba con con id ra l les socorros al terreno de la lucha · á medio día todo 1 j~rcit confcdc1·ado se encontraba r unido n el campo de batalla, á la vez que Pope pres nlábase á examinar 1 de ·arro­llo d 1 combate. Ignorando el G n ra1 n J efe unioni ta la incor­poraci6; 1 de Longstrcet, y figurándos no t ner ante sf má e ne­migo que á Jackson, ordenó á Mac Dow 11 y á Porter avanza en para rebasar 1 ala derecha de lo conf derados y a •r, por ·en­siguiente, sobre u flanco y retaguardia, mientras Hoock r ataca­ba de frente. A pesar de las prudentes advertencias de este brillant Ge­neral, que acons jaba á Pope desistiese de su idea, no tuvo otro re­medio sino obedecer: la brigada Grover lanzóse al ataqu lo­g- rando interponerse entre las brigadas confederadas Thomas y Greeg, y aun cuando apoyado por la División Hoocker, e o tuvo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. H oletfn il1t"lz'tar 7II uignamente contra las tropas de Hill, tuvo al fin que retrvceder, pues la presencia de Early le arrojó de aquella po ición con tant~ éxito lograda; otro tanto le sucedía á Kearny. Con arreglo á sus cálculos, creyendo Pope que Porter hubie e desbordado el flanco nemigo á las cinco y m edia de la tarde, dio la señal de un ataque de frente, sin conocimiento(?!), sin duda, de los parciales quebranto experimentado por su tropas. Kearny, en la derecha, ejecutando un cambio de frente, y bajo un vivísimo fuego, logró algunas ventajas sobr . la izquie rda contraria, siendo so tenid en ese ataque por la División Reno; in dejar r en·as, los fed erados comprometieron u brillant operación, pue ante una vig01·o a reacción de lvs conft.:derados vier n obligados á e der las po iciones ocupadas con tanto 'alor como intrepidez . A la· seis y media Mac Dowell intenta con la Di vi ión d e King 1 ataque dt-~ las posici n contraria d e Gra veton ; mas á pesar de las furio a · acometida de la iYi ión federada, prolon­gada ha ta bien entrada la noche, Kino· no pudo inclinar la vic­toria para los suyo . E te último y e téril sfuerzo de lo f -' d · ra­dos dio má · brío y ntu ia. mo á 1 · confederado., u, o empuj aca de a egurar un ñalado triunfo para u arma ; la ina - ción de P rt . r frente á la der cha de Long treet fu un grave con­trati mp pat·a lo feder do , 11 gando Por á arrojar bre a ucl G n ral la culpa del de ~ astr , acu ·a ·ión que . Port r r chazó di­ci ndo no había re ibido ór en d moYer · ; la desgracia sufrida por P rter-al que 1 • privó del mando cuando Ma Cl •)Jan fu de ·tituí o-pr dujo gran <.lesali nto ntt· la fila de los fed rado y un entu ·i·t ·mo loco ntre Jo contrarios; gTacia á e te pod l.! rv o e tímulo, lo ·oldados d Ja ·k ·on rechazaron on ·ner ía admiraulc fu rza muy uperi r · n número á la U) as. Tan Pñalada 'ictoria no ll •o-c5 . in ·mbargo á modificar 1 e.­píritu el' Jackson; b ·rvadur pru ·nte · C'nt ndi<..lo .i ·n 'ral, no e intió halagado p 1· 1< '> guc '· d e l triunf , sino que ~iguió r •c o­nocí ·nd) 1 crític d e ~u po ·ición. T rrninad l combat , apre­- uró Jack · n á dictar ónlen para 1· ·ti1·ar de aqu lla. po icione ,. qu tan fatídica habían ~¡ lo para 1 s f d rado ; el movimi nlo retrócrrado se llevó á cal o en rr: dio cid maJ.or orden y in que 1 en migo e atreví s á pet·turbarl un momento; 1 infortunad P pe, mal acon jado in duda, atriuuyó e ta retirada á una derr - to \' rg nzo a, y así apresuró á comunicar á u Gobierno la vic­toria obtenida, d cía, sobre las fu rza · de Jackson. El temor comenzó á cundir entre 1 federados y 1 desalient á propagarse rápidam nle entre u filas; los soldado ·e ncon­traban extenuados por tanta fatiga y abatido moralmente por de-astre tan continuo; los enerales s_ re i tían en principio á obede­cer las órdenes manadas de Pope y desconfiaban de las disposicio­nes de éste ; el General en Jefe veía por todas partes los estragos que tanto infortunio habían causado en sus soldados, y no acertaba el medio para luchar airo amente contra tanta fatalidad. En el campo confederado, por el contrario, todo era entusiasmo y ale­gría ; el soldado se sentía orgullo o de sus superiores y depositaba Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. JI2 Boletí1t !VJ-i/üar en é to toda su confianza; lo · Generales, iry.terpretando admira­blemente 1 pensamiento del General en jefe, coronaban con seña­ladas victoria la . op 'racion es á -llos confiadas; el Gen ral n J fe ene ntraba, á su v z, facilidades por doquier. -La falta de víveres, ~u in. eguridad y la certeza d e que se había reunido tod el ejércit contrario, ran cau as que parece inducían á Pop á buscar en C nterville una magnífica posición defen iva, en e pera de los auxilios solicitados. Creyendo, pues,que el enemigo se r pl gaba hacia Thoronghfarc-Gap, pr t ndió Pope detener e ta retirad(\, atacando su izquierda, error ¡u le llevó á la batalla del 30 d Agosto. Las fuerzas f ·d radas se e nc ntraron en el flanco d recho : Kearny y Ho ck r n la ex. r ma der cha ; Íort ·r y J.(ino·, que aunqu l día n.nl rior habían ufrid pérdida en rm -;, on 1 prim e r qu e se n c uentran frente a l arr lla or a van e <.le lo · o nfed •rado . ~1i e ntra . Jack on con t..:­arroo- ante o ldado mpuja hacia Graveton la· atónita fu erzo contrarias, la xtrema er cha d Long tr et, como no ncuent enemigo, diríge e al camino principal, á hn d cortar las comun _ cacion es d e l e jércit fed rad .. Los f ede rados n I u e <.l e n r e i Lir la furio a acom tida de 1 · contrario , y tra brillantes y d - l-'erado e fu rzo ·,van cedien el campo; d e pué d di ezmar con u fuego á las brigadas Mi_ roy, Reynolds y Mac Lean, lo confederados e apoderan, con ur vistosa carga, de la altura d e Bald-Hill, que n vano intenta r ecu-· perar la brigada I ol te . Cuando lo separatista , dueños d e esta po ·ición, pr ·iguen . u plan y creen cortarles fácilmente la comunicaciones á los contra­rios que han emprendido la retirada, por temor á perder esta ,1. nea, una brigada lo detiene. La brigada Buchanan, sola, dtsl­fiando á todo el ejército confederado, se vu lve y hace frente; e - obstáculo detiene á los victoriosos separatistas y da 1 ugar á q , Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Botettn .3!u.uar rea~cionando los federados, acudan á detener el movimiento ofen­sivo de Longstre t; con esta brigada, como núcleo, se forma en la casa H _ nry una fuerte muralla de intrépidos soldados; el arrojo de la brio-acla Ruchanan conti ·ne á los confederados hasta muy entrada lq.. noch(·, y da lugar á que Pope organice la retirada tranquilamente, á favor d la oscuridad. De nada irvió a uel ,·alor de los federado , rayano en locura, cuando no s halla a alim ntado por un corazón firme y una vo­luntad indomabl . ; d nada irvi ron los ruegos ni las amenazas, cuando la ponzoña d 1 d salí nto había roído los má puros senti­mientos del honor; nada hay que ontenga á una tropa cuando ha comenzado á recorr r con pa · in i rto el camino de la amargu­ra, la enda d la derrota. Sólo el genio de un Napoleón ha podido salvar esos momento angu tiosos, n e~os crítico instantes, e as situacione fatale en qu ·l al.>atimiento 6 la desconfianza se apoderan como la hie 1t a, fu rtement , del co1·azón del soldado em­botando sus sen ti mi 'nto · y paralizando sus energía ; tan sólo feli­ces in piracionc son los únicos re ·ort s adecucdos para cosec.;har nuc os laurele uando la desgracia s ha infiltrado en el ánimo del combatiente, porque s ~abido que á la multitud . hay que conmon. rla., ó e · n la lira d · '1 irt< o, ó con las arengas d D mós­ten s. El fu "go mortífero de lo~ conft deraJos bligó á las tropas de Pope á abanJonat· sus posicion ~ ~ y :í r tirar r r cipitadam nte, en m< dio d 1 mayor d 'sordcn, a la~ alturas occid ·ntal s de Cen­t rvill ; ha ·ta Sl • punto la · p •r. igu n los s ... pa rati las, y qutzá hu­biera!' l ontinuaJo atacáncl la !::o furio. a ment i no hubi e . id por la h e roi a actitüd d la brigada Bu hanan. A la tt·opas de Pope no 1 aba u trc olu c ic)n qw· r ·troc 1 r y 1 ¡- urar á todo ntablar nu !vos e 1 ·nl>ates -n uno día. , pu '. 1 • tado moral f ·d c radn dio maro·t·n á grandio os ac­to::. d arrojo ; aun en m diu d e l au;uimi r· nto qu produjo á lo · urio~ista - aquella marcha su ánirn n decRyó por com¡1 to, u su• i ron opon r suulimcs d c f n a · al imp tu o ataque de lo con­trarios; 1 infortunio n que s · vt' Ían n\·u lto e tradujo en de es­p ración, y ésta en abnegación t j m¡ lar. ada jornada fue un tinbre de gloria para Pope r ' U ~ soldado ' que d spués de una mar ha verdaderamente nota le , ll o-aron el 2 de ptiembre á las obra defensi\·as de Alejandría y del Potomac. Los confederado , guiado · por el General Lee, p r iguier n ·ir: tregua ni descanso al ele trozad jércit d Pope, y es eguro q e lo hubieran aniquilado p r ompleto á no r por el ejemplo TPKO 1-46 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. /Jolettn .J/úztar verdaderamente edificante f1U e dieron aquéllos olclad · unionistas, cuyo heroí mo causó orpresa aun ntre sus pr pios en migos. Los triunfos de Lee habían ca u ado gran sensación n W á hington ; pero se traduj r n en verdadero terror cuando se upo que 1 no­table General confederado pro eguía u marcha vi to.riosa. Los ecos de la desgracia r epercutieron tri.temente en la capital de la Unión, produciendo un t mor justificado. La preví ión de Mac Cle­llan, fortificando el otoño anterior las líneas de def n a de Wáshing­ton, evitó e l golpe ele mano que á no e tar construfdas, · gura­mente hubiera dado con éxito e l General Lee. Fácil ,ra para este Gen ral poner sitio á la rapital de la Unión, y muy probable ser dueño de lla de pués de angriento a altos; ma s ""'g uir ' ta id a tenía e l gra Y - in con venicnte d que adormecía l píritu de su entu ia tas · 1 lado~, en tanto que 1 nemicro ¡.>udi e verificar reacci nes of n ivas y ha ta qu el iobierno de la Unión tra la­da e u capitalidad á otro punto, vacuand á \V á hington d . pués de haber d truí lo cuanto pudi ·s · ser útil á us tropa . P ' n ó, J or lo tant , con .·e 1 nte ritcri per <'guir al n migo hasta la al­turas de Adingl n y d · a.n-ollar con gran actividad 1 plan qu había propu · to, sto · : ai ·lar la a¡ ital de Jos Estado d ·1 N r­t . a ·j ·cución del lan de campaña d L e e n el nombre de / ,a im•asi/m de AlaiJ'lcmd, ·n uyas p ra ion d acr ,ditarse como xperlo G n ·ral y hábil 1 olítico. -At moriza la la pinión púl>Jica, om nzó una vio) nta am­paña contra la condu ta de Pnp · omo C · n ·ral c:n Jefe, acu án­d( 1 el in pto y. olicitando n ur.~ent ia su relev ; la proximidad d lo nfedt·t-ado á '"á hing-t >11 a abó pot- herir ·1 ntimi nt popular LW pidió la destitución J 1 • ·neral Popé y . u r em1 lazo p;:>r ! 1 e 'k !Jan, fa YOrito de 1 _ ma. as 1 pula re . 1 rrollad 1 G bi rno ¡ or c..,ta. impo. i ión in det ner e á xaminar 1 'l ca u. a le tanto r vé · · uf ricio 1 or 1 . federados, d tituyó bru c.1 mL·nt ~ é 1 infortunad ' P pe · n \ iánd le á de . mp ñar una e >misión e r a d<· 1 s indi . d • ... linne ta que aca aban de in . urr ccionar. e. -Durant. la campaña 'Ontra •1 fr ne¡·al Pope, Lee se había a od rado d , oo pri. i nero , zo,oco armas, 30 pi 7.as de arti- 11 ría, gran núm ro de tienda d · rampaña y pertrechos d gue­rra. Los f dprado · tu \·i 'ron unas 30,000 bajas: entre los muertos figuraro n 1 . ""' neral s ~ l even. _' I earny, y mucho J fes de -alta graduación y ¡· conocido tal . nto ; 1 s _ eparatista experimen­taron :\ . u vez r s.ooo baja . ANTONIO Capitán Je lnf:.lntería (~ La Rn~isttt T.imrt:a dr ln.faHtrrla y (iJ.balln·la de Ma<.lJi i,. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. J}oülih .~ fr!?tar REG'LA.1tfENTO :VEX!C.ANO PARA EL SERV.lC/0 DE ( AMPAÑ.A TÍTULO IV Conlinút~. SF.R VICIO UE SEGURIDAD CAI'ÍTtJLO J-CO, SII>ERACIONES GENF:RALE ·18. El obj "to gen ral del rvicio de seguridad r .0 Informar al General en Jefe de la pre encía y movimien­to del ene m io·o en una z na determinada; 2. 0 P1·ot ..,. r á las tropas contra las sorpr a , y dat· al Gene­ral en Jefe el tiempo nece ario para tomar u disposiciones. La cab 11 -ríél "n razón de u movilidad, stá m á e pecial­ment encarc.;ada d uministrar los datos nec ari s para la e­g- uridad; ad má , contribuye á la protección de la tropas, opo­niéndo á las incur ionc de la caballeda enemiga. En ( 1 Ejér it , la mayor parte de la caballería de Jos cu r­po d jér ito e tablecen un servicio de seo-uridad el prim ra lí­nea, á retaguardia del cual se mueven y estacionan Jos 6-randes lem nt d 1 Ejército. L:t s "guridad á g-ran di tancia r po a -n -te rvicio d pri­mera línea . .... 1 r to le la aballería de los cuerpo de ejército con tituye la caballería di vi. ionaria. E ·ta caballerfa di vi i naria e ncurre á la protección inmediata de las tr0pas. La pr t cción inmedmta de la tropas, n marcha ó en esta­ción, e a~ gura por m dio de de tacamento ele todas armas; to ~ de tacamcnt s se el ignan : En marcha, con 1 nombre de VANGUARDIA G ARD.\Ff..o\~COS T Rl.:T ,\G UMrl'. D l>e er ufi i nt para permitirle podr.rarse de la po i io­nes vcntajo a·, qu · en ca.~o de ncu nt1·o e n ·1 n migo e v a obliga a a ocupar, para. poder ·mp ñar ·e vigor . ament , á fin de l>b li gat· á su ntrario á mo tra¡· sus fuerzas, 6 á lo m nos cont - nerlo ·1 ti mpo n '\l' ·ari para qu . !l gntc> o t me u cli positivo e e rnbat , al abrigo <1 1 fu g Jet cnemio· ha ta donde sea. p(- ibl . La vanguar ia dcb ~, ad m:i., r ·pa1·ar y allanar l camino tu e sig-ue el r; to d la cvlumna . En general, una vanguardia e f rmar:i con fracciones con:- títuída. ele toda arma · á aber: La may r part de la caba.ll ría divi ·ionaria. El tcrci al ·to el la infantería total que lleve la columna Artillería, en proporción Yariable y en muy determinada· cir-cunstancias, pue con\ i ne siempre que marche unida, para no exponerse ,1, perder una parte de lla. Un de t::tcamento de ingenieros, cuya composición depende 1 de la importancia de lo trabajos que se preve~n. · Todos e tos elementos estarán á las órdenes de un mi mo jefe, · que será el comandante de la vanguardia, con excepción de la caballería, cuando por convenir así al objeto de las operaciones, se le dé una misión independiente, caso en que transmitirá sus informes directamente al jefe d la columna. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. /Joietín .Jiziitar La vanguardia se fraccionará n escalones uce~i vo~. E~tos escalones tomarán las denominacíon~~ tie punta, cabe­za y grue o de la vanguardia. La punta e formará por el el ·~tacamento d la aba11 ~·ría ti«­vang- uardia. L aln·za comprende una fracción con tituída d infant ría v 1 d ·. tacamento de in ,. ·nit.;J·os. El gru ~ · mprencl la mayor part · de la infantería y Ja ar-till ¡·ía d .. 1· 'anguardia, ·uando la llev . La di. tancia entn' ·to~ calone ~t· ~ubordinará á la natura­l -~za tkl t ·rr no qu · s ~ r e< una. á la com¡ o ición y fu rza de 1 'angu¿u·dia. La dí tan ia que ~~para la van<.ruardia del o-rue u tic la ·o­lumna, e det rminará tcni ndo n U(' nta el efectivo del gru so, u pt·ofundidati y el tiempo n . ·- a1·io para ~ eh: 1· de pl o·ar, sin s r molestado por el fuego d l enemirro. 22. Gu.ardajlanro. -Lo· g-uardaflanc·as que· int nt ·n cn\olv r á la- C<1lumna y pon rla .. n tic ordC'n. 'e compone n dt" f1·ac ·ione" con~tituídé. c.:uya ful'rza ·s tará <'n rela ·ión r n la lmpH·tancia dt' la Tue. d la columna. i . · tratél el~ una columna con, i h rabl , put. de s . r v ·ntajv u, pare < \ ita1· á los o ua r laflanc<. un <·J·vi io muy proluno·a l , re· k' arlo~ or d stacamento dado~ '11 tiempo útil. por ut1·o. lemento~ d la ·olum~&a. En g nc·ral un guanlaft·tnc J ompr ·ndt·: h infant rfa, ncar­g- ada e resi tiren 1 lugar ·s ogid , alguno . oldado montad s, u y papel e t. ñalar al :!nemi de las loma ." Lo indi 'una ó Urabaes no eran antropófago ·, y seg-ún la cksct-ipción d Ci za d L ón, eran a cado en us hábito , y us muJ res la más hermo as y amable de tou) 1 > que él vio en las India , y qu la gente del Caciqul! Nulivara, qu ~ ,·ivía al orien­te de la cordillera, dueño de la part alta d Rio u ·io, _ í era antrop/faga, lo que corrobora las noticias dt: Balboa. La minas á que é!:-.te s reflet-e son 1 s aluvi nes del io<:u io y su · aflu nt s. Mu rto jeda y Nicuesa, el Rey nombró á P ·uraria Gob ·r-nad r, qui ·n vino con Ü\'Íedo, y Enci o voh ió con él, destitu) ndo á 'ñez de B.:1lboa de su mand , lo que btuvo por 1 que s · pue­de llamar una rt:,·olución. Pedraria · envió á Balboa <.i una ·xp ·di­ci 'n por el .. trato arriba, en la cual iban PLmrru ' Belal ázar; ·1 n: u!tado fu mal , y nada con io·ui ron ; á la vu Ita, n I 516, los e pañ le . d~dicaron su atención :i pa ar al Pacífico, y ·úñ ·z de Balb.>a fundó 1 pueblo d .. cla n la costa ele San Bias, donde hi­cier n lo. pt·eparativos para r corr r el l\1ar d 1 ur, y en 15 I 7 fue d apitarlo t' j fe por orden d l Gobernador. Pan má fue d scubierto por Tell d GuL.mán, y .n 1520 fue fundad el pueblo por Pedrarias. Habiendo matadu n este tiem­po lo · indio. á Bect:rra en el Cenú, no quedó nino-ún e añol n la parte E. del Darién. En I 4 de Enero d 1533 Pedro de Heredia fundó la ciudad ele Cartagena, 1 jefe más Jistinguido quizá de todo · lo conquistado res. Cieza de L ón vino con él, y en 1535 Alonso de H redia, h r­mano d D. Pedro, fundó por segunda vez la ciudad de Urabá lla­mándola San Sebastián de Buenavista la cual qu daba má ad n­tro que la de San e bastián de Urabá, _ fue edificada en una colinas sin monte, 6 lo que e llama loma ·, á unas cinco leguas al . orte de Turbo. Alon o López de Ojeda fue el segundo jefe de e-sta población Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn /'vlilt"tar Al n.o de Heredia emprendió en seguida una expedición para bus ar l t ro d Dabaibe · piensan algunos que entró al valle de Minú, lo ue pudo er probable, subí ndo por 1 Atrato y 1 uégo el Rio ucio hasta Pa \'arandó, y siguLndo por el cañón del :.1ci tomaría á. Amparradó por el río principal, pu por ste lado n e notan c-ordill ra alta , y, como ya s ha dicho, el Rio ucio rY l)fr e á la vi ta indicio al uno, de dond viene rompí ndo la e rdill ra alta. Por el Amparradó arriba se cruza á Murrí subien­d 1 río T e.. nn-anaturadó, in que se encuentre cordillera, pues el t rr{' no di,·i-;ori cntr· Amparradó y lVluní apenas e leva á I 135 m etro ; JWr ·· ~t itin rario no concuerda con lo de u lo anegadi­z , e nmarañad y IIenc de ob tá.culo ; sin embargo, todo puede ser •.·ag- ra i(n, y e m n P c.radó n la banda tzquierda del Riosu-cio . han nc ntrado un puñal y una herradura grande que pa­r e 1 rtt n · ieran él lo. e pañol , e probable que por e ta vía ubie ron, pu<"' n ofr e f rmidabl s obstáculos, y d jarían las em­arcac- i n ·-· en Mutatá, andando n seguida por la orilla izquierda el 1 rí . ~~i I-ler dra n ubió el Riosucio, río conocido, y de embar-c' n la orilla del Atrato para atravesar sta rdillera, muy s ·gur qu r>ncontraría terr no como el d, crito; pero n te caso 11 Jleta ·1 puc:Uo el' La Plata, á la extr midad d 1 P rú. El mismo hi toriar1 r di "que d ~jandu á San .' La ·tián de Buena vista, que es el pu rto de ral á para ir á la ciudad ele An­tioqUia, el camino io-ue la co ta or cin lt-gua~ hasta la urilla del Riov rde (é. te no e el afluente d 1 río inú, ~ino 1 río León ó Guacubá, ó hubiera dicho qu guía la orilla d •1 río Sinú) ; de aquí la distancia á la ciudad de ntioquia es el ' 4, h ntaña~ llama as biue, e llano, prr cubi rto con mont grand' _ · atra Vl'. acle, ¡HJr muchos ríos. De 1 ué ~ d ll o-ar á Rio rde (ó León) ·l cl l ríu 'uaca ( ~rama) ahoo-ó anta ruz con el ca al! . Lo-:, ~pañolc s io·uicrun <'1 río Uramita arriba, y alic ron in duda á Buriti :1, por 1 ~st . Exi - ten aún canalone de t amino n la ,>,- Jill('ra que ida n Cali, pues dieron á Badillo el día ue 11 g<' un banquc te en que se comieron una marrana qu poco ant había ido vendida con un marrano en 1,600 pe o . En Cali el r ·st de la g-ente · unió á Jorge Robledo, el que empr n ió una nueva c.·p . die ón auca abajo, siendo de gran •alor la xperi ·ncia d~ la o-ent · d e Badillo. Cieza de León se incorporó á la xpedición d Robl d , y em­prendieron marcha para fundar á Anserma, artago, . la­rallan 1 ara p ·kar, YÍ r·un g-ent de Roukdo · n u! vi eron eguir con é t s hasta 1 ·apitán. E t • upo aprdn char la a i 'n, y no t ni ndo para qué al an;ar á Badil lo, ut < _ taiJa t n 1 payán, lo :oldad ~ • le uni -ron. Rubl ·do bajeS po1· .-\.ntí quía y 11< gó al lugar 1 • Fr·untin , don­d , cr yéndo~e fu ·ra ck la juri-...dicción de Bt:lalcázar, 1 or e tar obre l o: aflu ·nt ·s J ·1 .Atrato, re olvió fundar un pu bl é it· á E ·paña á e n ••ruir ·1 títul de ' >b rnador·. El pueblo de Antia-lUÍa fue fundado < n 154L < n un llan unc1s do kilóm ·tro al ur de Frontin y R ·ru . <' 11 r lie­r ;n) fw-ron 3 l>nj:tr al '"t<.• del gdlf y tu,·i<.-run c¡u' atra' ·.ar al occídt·nt · JllÍ;\n, donde ·ncontraron á ¿ 1 n o d' Ht·rl·dra, quit·n lo . tral' eh- u ur·p~d rl , · 11< 'ando 1 . Pc­dr , é tl' lo n.:duj á pri ión ) 1 •n\ i ' á órden · · d ·a br·era ut· \Tnía é.Í ·a¡ t r·tr ''- Ro- IJl ed , . <' uní Ton :i él · marcharon ~uLr · llcn. día, <.Í quien 1 >U ie­,~ >n prL o y 11 ,,·arun :t 'arta~:;u, 1 ~ a de allí r ·mit irlo á Panamá. ~abru·a, tt. nit·ndu in duda temor ·. dt·l éxito, r y ndo quizá que ' t ' t 'ITÍturiu le p •rt ·nccía :i Heredia, rl' · 1hi' fundar otra ciudad á orillas del río 'auca, donJe no podía hab ·r di puta olx juris-di cci 'n, y <· cugit') ara · tu un lugar donde R bledo trabajaba mina , llamado ·l.lntafé, y se e tal l eci' allí la actual ciudad de Anti quía. Par ·ce qtH' '¡ ·za de León vino con el apitán J\1iguel 11ui1 . .Jz cuando ~~.· fundó á Arma n 1542, porque aquél recibió allí ~u <'f"lcumi ·nda d< indio· nas y n ·iguió más á Robledo. EnLu· ntro qu · la gL n ·ralidad de las per ona no ~a b n que el p!·imer ¡,u< !.JI<; fundado l n Antioquia fue en Frontino y de dond Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. viene Santafé l JJ o/rl fll _ L' t" ·llar - haci< nd u ' POR .JfHX/CO Y. UDAM.ERICA NUEVA GRANADA POR G. T. VIGNZ Tra 1 ucción d 1 ing lé, para el flvldln Aftlztat (( ontim/a) Vulví muy fatigado á Puracé. Por .er día de fie ta t dos e ta­ban fu~ra de ca ·a, y ntre otra· di trae ion . figuraba la inhuma­na de correr á tod o-alop tra - de un gall su pendido en el aire pul- una cuerda d .... ma iad alta t.aru alcan.t.arla de de la ~illa sin un o-ran e fuen;o, y el plumaje d .. :Ja ¡ our" a\· ra g¡·adual y cruel­mente arranca lo ha ·ta ¡u , por último, mL·diant un de ·perado tin)n, un jinete 1 ' 7Taba abatirla. A la mañana sint, 1 1 an Francisco, que vi rt" n 1 Cauca do l gua~ m.i abajo. La t mperatura del agua ra d · "' 0 • Es notabl porqu c~tá impr gnada de ácido ulfúrico · lo d 1 paí la b b n como m c dic-tmcnto laxante. Llevé un p )CO en una lJ tella. Una cuar •nta 1 6Ua al norte de este Yol­cán de Punteé .,. t,\ otro llamado Huila, t )dada má a1t ; y otro, Zotará, á larga di ·tam ia al E .... tl' d _,1 camin u¡- 4u Yi nc de Patía. El primt.:r g-rit( por h In pu •dan < ontribuír á hac r de una ciu ad un pnraL >. Dt·~de que •stalló la guerra de lndepend ncia e han ucedido a ¡u( vario tra t rnus locales ó rev lucione : uno comenzó ·n el puente de Pala é, por una batalla ganada por los ¡Y tri1 ta ; otr n Calibío, - rca d 1 au a ; t rcero n la plaza de p,)payán, ·n 1820, cuando Bolívar y lo~ patriota comandados 1 or 1 ien ral ando, fueron d rrotado · por lo e ·pañoles á ór­Jen ' ele · ·tlzada, qui ne á su ve.t. fu ron destruídos en Pitayó, en d ·amino de La Plata, por una fuerza que vino de Bogotá ; y en 1821 B lí\'ar y ucre derrotaron á lo~ •. pañ 1 en Pasto, y en­tone(; S hubo paz ha ta 1828. En - e año Obando comenzó una re­volución en P•)payán contra B lívar, quien dijo aquél deseaba co­ronarse Emp rador, y batió á Mosqu ra, su General. En 1830 hubo una revolución en Bogotá n favor d Bolh·ar, que e taba en angus­tia , J Mo qu ra huyó : hizo la paz. En I 840 otro trastorno, y Obando, qu staba n Popayán, fu e in culpado del asesinato del G neral . ucre, y l e ord nó fue. á B g tá á exculparse; y cn­t nc · · hub ut1·a r volu ción d bando, que fue debe lada por Mos­qu ra, quien lug-r6 opon r un pronunáamz'enlo al otro. Cuando la re­vol u< it> n d 1 57, só1 hubo un trast rno en Popayán, que fue pronto Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Milita' sofocado, pero hubo bu ::.na cantidad J combate en Pa ·to, y gún las últimas noticias ( 18 de Marzo de 1862). parect que P pa án ha sido ocupado por lo fed(. ro 1 , S pa1·tido de la Iglesia. en u lucha contra lo liberales . La úni a xcu a que hago para dar e - tos d talles tan poco int e r~sant s para la g n,_ ralidad de los lecto­res, s la de que s bueno que cnozcan el e~tado d · · a d e mo­cracias que ll van el nombre d r púlJii · a . Jum·o 30-Salí tard 1 día l vl Yiaje d P payán para La Pla . ta y Bogotá; e pa a 1 pu ·nt · ~vbre , 1 Cauca. ubre la colina, que empieza pronto, detú ·pm á cum : r y durmir, para d nde ll e­vaba una carta el re omendación, y muchv ~.;o é d e l air · fre co tras d 1 calor de P paJ án. La sul i aquí paree asunto d n 'C sidac.l; p ro no había ninguno n ti m­po de Jo - spañole . -4 nc ntré á una familia dl' P payán qu · me había prec ido. ranc.le hogu ·ra para dar alor a l dos y coci­nar ; afé y c hocolat ele man t:n mano. í décir qu se había tratado de v e nd er e l vall e por di ez mil p sos, pero in r ultado, por ue l ganado en una hacienda del '. tremo -. ur había sido muy molestado por j guares, 1 urnas et . La comarca muy cu­bierta de frailejón, p r la cumbre stá má baj· d 1 límite d la nieve. La mañana sigui nte muy fría y nublada. Hice una a censi6n más distante, como de tre milla , rara cont •mpla1- todo el trayecto de la da desde la alta up rfi ie del páramo. rboles muy cubier­tos de musgo y carbonizados ¡ r hogueras usada contra la niev . Pequeño lago de media milla de largo obr la cima. Oí decir que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. un grand y xtraordinari animal, d 1 género del caballo, se oía á menudo causando ruido al capar e d sde ste sitio en donde termina 1 páramo al int rior d 1 b sque; probablemente era un tapir. Ulloa dice que este e l pa o, de todo· los de Sudamérica, más famo o · temido, y añade qu 1 arr y s tributarios del Cau­ca y el Magdalena fluyen de cada lad del lago. El d scenso comienza á ser practicable n un sitio solamente; erc1. d algunas o cura. roca ele pizarra. La formación ordinaria, qu par da ser porfírica, igue por entre un profundo barranco encerrad ntre alto pr cipicio . Pront aparece el bosque solo, abundant en h( lechos. Llano má bajos, e n plantas tropicales y parásita en todo su plendor ; guaJuales . n apundancia. Bajada hacia L?S orrales ancho y abierto portal, sobre un claro del bos uc, n d nd había un arroyo matizado como si atravesase por entre un pantan cubi rto de brez . El ·itio lleno de viajeros con sus mula , .te. Hualmacos ó eh r ta , _l faisán ilvestre del o-ran Chac , nca ¡·amad por r queña banda la obre los árboles: maté un para la e mida. Dibujé el ·itio. r\ Ja mañdna iguient S ?"UÍ bajand á C nd r m:i alto · 'ran lo. ·tatu lo ~ , lo vá ·tago pr funda m nte cubier­t e )n punta!-- e!-.pin ~ a · . Dormí en La Ceja, otro tam abierto ó ¡ rtal. ~ >librí. Un caballt r el La Plata me elijo que una onza de quinina ,-alía .. n l!1 Di. trit 25 fuerte", y qu a mi ma cantidad Yalía en R gotá tr p o y medi . ··¡ m¡ n" sigu 1 camino en­madera l : 1 rujo ue lo no podría r ten r otr 1 a\'imento. Roca ">qui to a; un g-ran núm ro ele záng·anos: n - pud"' v r qué anda­ban bu Ce mlo. n ra y alegr s el num _ro os arrieros, e n la ·uale . timulan á . us mula ~ palma·, árbole de hel cho . 1 !anta on mu an has h ja-; <'n fut·ma de e ra¿Ón y que luce h lla \ari .d d d nt rno<; que e han mucho d menos ha ta ¡ an Jrama · e Europa. Abundancia de inse tos: g-randt's oru,~·a n• gra~ y blanca., y maripo a 1 rillant ' 1 pie d~>l pa · ·~taba la cr ci la corrí ·nte d l rí Ulluco·, con· un puenl'" de palan <: Ít ntíticamentc n trufd ), _ hambti. eis millas adelant · 1 aja<.la á In á, p uh ña pero muy linda ald ·a. Por donde ui ra vi ibl ~ la<; ll r s amarillentas y llan uizcas d e l aga­\' . El mismo rí'->. e ·. tiende tant hacia 1 o:::cicl nt ·, om hacia 1 rient , ' una. tn:!s k gua eh di ·tancia má abajo se junta con una gran que/Jrada llllmacla. P ion eg-ro, qu viene d l ·ut~. P ña cos de roca bas~11tica, ¡ue llaman .El T~olcdn. Flor crrand , blanca, con tallo largo llamada azucena. ua ·abas silv stre ·. Día de fiesta, por el ual e J agan al ura si l pe o . i no hay paga, no hay fi sta; así me dij ron. Fuerro. artificial s y diversiones de aldea. Larga p ro fácil su ida.. B tones amarillo de cassia, y una planta roja ·e m jant al mtrto. Pájaro negro y encarnado, como uno de Norte-américa. f Iiguera y papayos con fruta que parece melón. Sigue la bajada á la ciudad ele La Plata, en el rico valle del mismo nombre, 1 or entr el cual el río Páez, atravesado por un puente de palanca omo de treinta yardas de ancho, corre con una velocidad formi­dable n din~c ión ·ur ; el valle e extiende de norte á sur. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolrtfn .lvltlt"tar ( (onümía J Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Geograifa de ' Colo.mbi1 WUESTf'A~ DE L()S GRABAT'OS El río San Juan (del Choc6}-Cauca Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~ u ·¡ "fi/ima,/'Mf\~UIZ .l,\\\0 ~ ~ • /\nUI a.. ·11 ~ -·. ~ • ' .\\' W EIPka.c~~ r..~~~ f~ 'O-~ .$'~17 .Pvrace. \ , Cordmel'"a Occide.,{¡l J &~J Qutc"'n ~\ fc.t'o.; ,W~'t}•'i,t~ ,f'soÑ\, • B•r"J!~f\-r•• ,b• Choe0 ••• ~~--~ ... ~· C•mP.I.J, ~ ,,, 1 \ ~..-difle,-.a Cc11/Fa.l 4 .. del ~uir1dio ~ • 11J Ft~.'i o ~~ Sola.l'c. ,O' 11\ 1>' U1.1"M~t, ~ 1,¡:, Sn Felll<. ~o. t· ~-ti 1- , Pu&-a.ee '1 o 1 ~ : 1 'iA . C!\vrc :~, ~ • ..,¡4, ¡; •f' ' ·, r, jJ o# :) \ ·~ • ~ s11 F.·'""nrlsc:o ~' ElB11.!1h t \ ~ 1 1 \ ·~ \(~ •\ 'T~,.\'A-'1fl"" •··~ 'o<' 0 r;,{) • 41ooo I.J _,. ~ ~'!/~ J~ • .... 1 ') ~ ¡ \'•.m-:¡-~/ ,1' '··~.r:. ~ /.~=J NcvJ,.JJt .. ,,, sar,G ~ ·.i~ ~~ A(tJ.Illlt/1~ , -- ' fe.- file$ de la.s 1000 , 1 111 . lq ~ ~s#'~pQ..S Gull.tta.ca~ \. ~ , •:1,~.~~·1' ·~,~1 }()1' ~e: .... OJ de Su111 ~"'\ s¡1111 ·U •rlll.les. ~ ~I'T'~bn,\'\~ / 1\ ' .... :S L C.!á.\~i-i·,¡i :, ~\e ':!." _sl~•ca.bel e • o 1 J Cov-~ erA' ', ra.sG'' 1 .._\ ,¿~... 1 l·'~~'l!l'- ........... , ' erluJei).ao _ ~Q·, $~r \\.. R ,... ', ~?q 1b~31-e .,. '1 1'"1'11111~:!u,¡ ~w· .... ,.Ya.•unta.l . Escc.IA..Itor~zontl .• ~~~· ~ .. ~ • PoPAjA",.-............... ~uc. \" ........... o M~o.;llm , · •q1•1 rt'·-... c~u;¡;'> \o 2.ooo J.''JJooooo R 4-,' "' / 1 • ·, - .... - a.llCa \ , . '' ~ f'IPrne'(h·,.... . o\IQoo d '' ~ 1 !! 1"', , .._ --.-- ______ .:::..._,... ... ___ _. .... _.__ , lt¡ 111 ,. ~vS ....._~,,.,c.. S t •• ~ 1 verilea. ·5 <1:1 , -- .... ·---. ' '"'·lt. .. " &.:uco. l'nooA"Q o- " ,_/ ,;--¡.;::-'".!-¡- -- -----~------------ -----------"'::-.... __ rw.".¡, •··;vt.l ''·· ..•. 1. IZo:~I\S ,íf' ·" .. ..... n. ···~i:ia ena... ---------------- -------··- ~- f/85 ~OIRMS !;\ti\ Q..~ ~ ~~ q,_~l· ~o o .Neiva. l~(l e: 111 ~~-ttl ~ , ...... ,. ..! ci ,'1) e "~ lf{~.r:J. .., ORl)Jll[nf. J e}.~ ' jO C:, ro EIIJc;~I)Q .:; S·JW.aYit.~ ~ ~ . __ fl~eo ~~l!~a\1eio Relieve de Colombia. Peró.l de las tres ~rand es cordiller u Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 23

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Selecciona las Colecciones en las que vas a añadir el contenido

Para consultar los contenidos añadidos busca la opción Tus colecciones en el menú principal o en Mi perfil.

Mis colecciones

Cargando colecciones

¿Deseas limpiar los términos de la búsqueda avanzada?

Vas a limpiar los términos que has aplicado hasta el momento para poder rehacer tu búsqueda.

Selecciona las Colecciones en las que vas a añadir el contenido

Para consultar los contenidos añadidos busca la opción Tus colecciones en el menú principal o en Mi perfil.

Mis colecciones

Cargando colecciones