Por:
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Fecha:
09/11/1901
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... Bogotá, Noviembre 9 de 1901 ~ + . e- ~~--$-__. _._+
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~ ;ij b Organo del Ministerio de Gueu& y del Ejército
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Dtll.ECTOR AO RO!fOII.EM t : Oonml do 1 ogooioroo, Mlombw do TOÚU Soolododoo Cio•Ufio"
Francisco J. Vergara y Velasco
on colaboradores de este periódico los Jefes y Ofidalcs del Ejémto ! ~
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~ rflj'ctál ~
DECRETO NU!\IERO ... DE 1901
(2 5 D R OCTUBRE)
por el cual e borra á un militar del Escalafón
El 1"icrpres/dcnlt de la República, encargado del Poder Ejeculi'vo,
DECRRTA
Artfcul único. B 'rrase del Escalaf6n general del Ejército al
General en J efe Enrique Arboleda C.
Comuníquese y publíquese.
Dado en B.)gotá, i 25 de Octubre de 1901.
JOSE MANUEL MARROQUIN
Por el Ministro de Guerra, el Subsecretario, M. M. MALLARINO
DECRETO NUMERO 1229 DE 1901
(2 9 DE OC T1U B R ~)
que honra l :t memoria c!cl 'r. G_neral en Jefe del Ejército D. Manuel José Uribe
El Tícepresz"dmte de la Repúbllca, encargado del Poder EjecuHvo,
CONSIDERA!'IDO
Que hoy fa1leci6 en esta ciudad el Sr. Dr. Manuel José Uribe,.
General en Jefe del Ejército, á tiempo que ejercía las funciones de
jefe Civil y Mtlítar del D~partamento del Tolima; y
TOKO II-37
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Que este eminente hombre de Estado, aguerrido militar y
probo ciudadano, prestó á la Patria una larga serie de servicios,
cuyo recuento está en la mente de todos Jos colombianos y en los
anales políticos de la Nación : su voz elocuente vibró en el Parlamento
; brilló en numerosas batanas su espada de fuego; y sus.
dotes de gobernante hicieron conocer su singular talento, vasta
ilustración y honradez á toda prueba; y era el desarrollo de su
civismo, siempre creciente, una aspiración grandiosa á proteger el
patrio suelo con el escudo de todas las virtudes que pudo ejercitar
en los difíciles períodos de su vida política,
DECRETA
Art. 1.0 El Gobierno deplora profundamente la muerte del
General en Jefe del Ejército, Sr. Dr. Manuel José Uribe, Jefe Civil
y Militar del Departamento del Tolima.
Art. 2.0 El Ejército nacional y sus Bandas tributarán al finado
los honores correspondientes á su alta graduación.
Art. 3. 0 Las exequias se celebrarán con la lTiayor pompa á
costa del Tesoro nacional, y á ellas asistirán todos los altos funcionarios
y empleados públicos residentes en esta ciudad.
Art. 4. 0 El Ejército guardará luto por nueve días; las Bandas
nacionales darán nueve retretas fúnebres, y el pabellón permanecerá
izado á media asta durante el mismo tiempo.
Art. 5. 0 Un ejemplar auténtico de este Decreto será puesto
en manos de la ra. D.& Rosa Elena Afanador, por comisionados
especiales gue nombrará el Gobierno, encargados de hacerle pre~
ente el duelo del Gobierno y de la Patria .
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 29 de Octubre de IS)OI.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Gobierno, encargado del Despacho de Guerra,
GuiLLERMO Q INTERo C.
DECRETO NU!\1ERO 133 DE 1901
( 29 DE OCTUBRE)
El Gobernador, Jefe Gvz'ly Mihlar del Deparlammlo dt Cutzdz'namarca,
CONSIDERANDO
1.0 Que en la madrugada de hoy falleció en esta ciudad el Sr.
General D. Manuel José Uribe, actual Jefe Civil y !\1ilitar del Departamento
del Tolima;
2.0 Que el finado venía desde hace más de cuarenta años sirviendo
al partido conservador, ya como preclaro Jefe militar en
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~oretin ~Hitar be ~olombia
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los campos de batalla, ora en el Parlamento, y también como manatario
probo y justiciero;
3. 0 Que en la presente guerra el General Uribe prestó con
desinterés y eficacia su valioso contingente á la causa de sus convicciones,
tocándole como Jefe de Estado Mayor Generalísimo,
compartir con el Ejercito del Norte la gloria que cubrió las armas
de la República en la épica campaña de Santander; y
4. 0 Que es elemental deber honrar la memoria de aquellos
hombres que, como el General Manuel José Uribe, bajan á la tumba
rodeados de la admiración de los que fueron sus copartidarios
y del respeto de quienes se llamaron adversarios suyos,
DECRJtTA
Art. I.0 El Gobierno de Cundinamarca considetta como duelo
para el Departamento la desaparición del General en Jefe del
Ejército, General Manuel José Uribe ; señala el ejemplo de sus altos
hechos á la consideración de los cundinamarqueses, y se asocia
al duelo que el Departamento del Tolima experimenta por la
muerte de quien fue su hijo distinguido y rigió sus destinos con
mano firme y patriotismo acendrado.
Art. 2. 0 En señal de duelo el pabellón nacional permanecerá
izado á media asta durante nueve días, en el Palacio de la Gobernación.
Art. 3.° Copia auténtica de este Decreto será enviada á la
señora viuda é hijos del ilustre caudillo conservador.
Publíquese.
Dado en Bogotá, en el Palacio de la Gobernación, á veintinue-
ve de Octubre de mil novecientos uno.
GUILLhRMO MARTINEZ SILVA
El Secretario de Gobierno, MANUEL Jos¡.: BARÓN-El Secretario
de Hacienda, joRGE VÉLEz-EI Secretario de Instrucción Pública,
GERARDO ARRUBLA.
LA DIRECCION DE LA GUERRA
EXPOSICIÓN SUCINTA DE SUS PRINCIPIOS Y MEDIOS DE EJECUCIÓN, POll XL ,
GENERAL COLMAR BARON VON DER GOLTZ
(Traducción para el Boletln Militar)
Continúa
2. Dt"sposüi'vo de las fuerzas. Preparación del ataque-No se logrará
obtener la acción simultánea de las tropas y la dirección de
sus fuegos sobre un punto claramente determinado, sino cuando
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í811letin g)htitat be ~o(ombia
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los jefes las hayan tenido sujetas hasta el momento en que entran
en la zona eficaz de los fuegos enemigos, y las hayan llevado á un
punto favorable para la ejecución del ataque decisivo. Si ellas han
comprometido ya, de propia i:1iciativa, aquí y allá la lucha, será
muy difícil comunicarles la dirección que se quiera.
En las batallas actuales la intensidad de los fuegos desbarata
rápidamente los lazos tácticos habituales, y el mando efectivo pasa
á los jefes subalternos.
Ya no se verán los encuentros de masas bien mandadas, como
se verificaron en tiempo de Napoleón. Todo lo que quedará de la
unidad de dirección será lo que haya sido generalmente comprendido
en virtud de disposiciones preparatorias, ordenadas por el
Comandante en Jefe para el desarrollo de sus ideas. Esto es lo
que da á tales disposicione5 una importancia capital. El ataque
decisivo bien dispuesto asegura el éxito.
Es claro que el éxito se obtendrá con más facilidad si la intención
de batirse ha sido bien deliberada y la batalla premeditada.
Entonces se podrá disponer libremente de todas las fuerzas y
escoger aquellas que hayan de juntarse enfrente del punto capital
para dar el golpe decisivo.
La cosa será mucho más difícil en una batalla de encuentro
impremeditado, á la cual uno no se decide sino en el curso de combates
decisivos. Las tropas más ádecuadas para dar el golpe decisivo,
estarán ya quizá comprometidas á fondo. Habrá que d jarlas
en donde se encuentren, y uno se verá obligado á formar la masa
ncargada de decidir del éxito, con otras tropas que se reunirán
con sumo trabajo.
El mejor arte consiste entonces en impedir el gasto d fuerzas
sin plan definido, en seguir enfrentado al enemigo con las
tropas ya comprometidas, y en librar á las demás de la tentación
peligrosa de comprometerse por su propia iniciativa, para formar
luégo una masa. Napoleón fue maestro en esto, como 1 prueha la
dirección de sus batallas.
El proyecto de ataque, redactado en forma de orden, no podrá
indicar sino medianamente los movimientos preparatorios, el
objeHvo y los medios que á él conducen. Las medidas secundarias
que conciernen al curso de la acción, dependen mucho de las disposiciones
que tome el adversario, dispo iciones de que uno no podrá
darse cuenta sino en el momento en que aquél procede á implantarlas.
No es, pues, posible prepararse con anticipación á evitar
estas medidas de un modo claro y preciso. Estarán subordinadas
á las circunstancias, y según éstas, arregladas conforme á
los principios generales del empleo de las tropas.
3. Marchas de avance paralelas, concéntncas y excéntrzcas *-Está
en la naturaleza de las cosas que la marcha de a vanee de las di-
• No tenemos nada especial que decir aquí sobre las marchas de noche y
las marchas de flanco. No podríamos sino repetir lo que ya se ha dicho en el
capítulo de la ofensiva estratégica; sólo que los inconvenientes que señalamos
serán todavía más sensibles, en razón de la vecindad inmediata del enemigo.
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~o(etin ~Hitar be ~o(omóia
'- 581 _;
ferentes fracciones de un ejército contra la posición enemiga, sobre
líneas paralelas, no tendrá lugar sino cuando no se busque la bataHa.
El efecto de las armas de fuego modernas no permite arrollar
los cuerpos del enemigo, por la violencia del choque de masas que
avanzan de frente.
Habrá que llenar sin interrupción los vacíos que se produzcan
bajo los fuegos del adversario, por causa de muerte, heridas 6 rezagados.
Si se pretende llegar sobre el frente enemigo con un
número de hombres proporcionalmente tan considerable como
en el momento de la partida, hay que ocupar desde luego un
frente doble de aquel de que se disponga á tiempo del asalto porque
el número de combatier.tes disminuirá en la misma proporción.
Naturalmente, de esto resulta que las direcciones concéntricas
se imponen en el ataque.
Es difícil dar indicaciones precisas sobre la manera como estas
direcciones se fijarán al principio; las tropas están ligadas á las
rutas y caminos que existen; más tarde lo están á las defensas que
encuentren en el terreno y que les ofrezcan alguna protección contra
los proyectiles enemigos. Para escogerlas bien, habrá que
tener un golpe de vista muy perspicaz y poseer una verdadera
experiencia práctica. Para señalarlas á grandes masas, es
esencial saber leer bien los mapas. • Preciso es también pensar
en la movilidad del ol.ydz'vo. Aun en el caso que el enemigo espere
nuestro ataque, su formación tendrá alguna profundidad, y se
cometerá fácilmente el err r d tomar por: línea principal suya
la que en realidad no rá ino su línea de vanguardia. Habrá que
cuidar mucho de que las columnas de ataque no se acerquen demasiado
unas á otras durante la marcha de a vanee.
Ya hemos visto que toda divi ión, todo fraccionamiento de
fuerzas, constituye una ca u a de d bilitamiento; no se concebirá,
pues, para el ataque táctico, la posibilidad de recurrir á direcciones
excéntricas. Podrán quizás emplearse, pero sólo en el caso en que
se pretenda retener fracciones del ejército enemigo sobre puntos
muy distantes del campo de batalla. En este caso, la comunidad de
acción se hace sentir de una manera indirecta, y debilitamos al enemigo
impidiéndole que reciba en el punto capital los refuerzos que
espera. Pero será preciso, claro es, que logremos, con fuerzas relativamente
débiles que avancen excéntrica mente, impedir que
fuerzas más considerables del adversario, tomen parte en la acción
principal.
4.° Formas espedales de la ofens?·va ltfctzca-En el campo debatalla
los sucesos tienen un curso más rápido y son múltiples, y las
impresiones que ellos producen en la moral de las tropas son más
vivas; la acción en la cual los efectos sigan inmediatamente á las
causas, se desarrolla con mayor rapidez; por esto, el número de
• Es precisamente esta rnma de la- ciencias militares la que muchos oficiales
de cierta edad descuidan con frecuencia.
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58oletin mmtar be ~oLombtu
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las combinaciones posibles para la ofensiva táctica es más considerable
que para la ofensiva estratégica. Sin embargo, si se hace
abstracción de algunos ligeros descuidos, todas concurrirán á las
formas esenciales ya estudiadas.
El ataque de frenlt y el cruzamz{mlo láctico-Todo lo que hemos
dicho de la marcha de a vanee táctico sobre líneas paralelas, se
aplicará también al ataque de frente. Este ataque no dará al acometedor
ninguna ventaja natural sobre el defensor. Al contrario,
es desventajoso, porque le falta la forma concéntrica, que es la que
comunica toda la fuerza al ataque.
"Lograr la superioridad de los fuegos, en pequeña y en grande
&scala, tal es el principio táctico primordial del presente y dtl porvenir"
*. Si el defensor ha reforzado bien su frente, y el acometedor
no puede oponerle sino una fuerza igual, no se ve cómo ha de
lograrse esta superioridad, si las tropas y el armamento se igualan.
No habría sino un solo medio para obtenerla, y sería el contar con
mayor número de combatientes, de manera que el acometedor
pudiese reemplazar siempre los vacíos que se produjesen en la
línea del fuego, en tanto que el defensor no podría hacerlo. Pero
como éste cuenta con la ventaja de estar mejor resguardado,
sufrirá menos pérdidas. Sería, pues, preciso que el acometedor
dispusiera de una superiorid~d numérica abrumadora .. para que al
fin de cuenta triunfase.
Por tanto, si se quiere contar con la victoria en un ataque de
frente, habrá que di poner de tropas activas y bien instruída , de
jefes que posean fuerza de voluntad enérgica, experiencia éjnteligencia
superiores ; pero estos son factores de los cuale un estudio
de guerra puramente teórico no tiene por qué tratar á fondo.
• Pero para esto no debemos, ni aun desde el punto de vista de
la mera teoría, rechazar el ataque de frente como que constituye
un procedimiento falso en sí mismo. Hay casos en que su ejecución
se impone forzosamente. Entonces no habrá sino que confiar en la
disciplina y número de las tropas y en sacar con habilidad partido
de una y de otro. Si se logra dirigir con éxito un ataque de frente,
se habrá resuelto un problema de arte militar mejor y más difícil
de lo que es un ataque envolvente en que se obtenga el triunfo, y
ello vale la pena de profundizarse.
En el ataque de frenle, una circunstancia natural concurre en
ayuda del acometedor. Todo hombre, aun de mediana inteligencia,
al frente de una empresa difícil, ganará por esto mismo en
fuerza moral y realizará cosas de que nadie le creía capaz. Se
despertarán en él facultades que, para producirse, necesitan de un
estímulo muy fuerte. Lo mismo pasa con la tropa. La persuasión
de que tienen que llevar á cabo empresas muy difíciles, dará desde
luego á los jefes un impulso que se mostrará en la tensión enérgi-
Liebert. Dit Vtrwcndung des Reurvm Í1l der Scldacht. 1 Suppl. del Afili·
tair JVochemblatt, 1895.
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~oietin ~hlitQt be ~oiombiQ
'- 583 _¡
ca de todas sus fuerzas y que se comunicará á la tropa. El convencimiento
de la seguridad, con frecuencia será peligroso para el
defensor, porque lo vuelve descuidado. El contragolpe moral, que
le alcanzará cuando comprenda que esta seguridad era engañosa,
ejercerá sobre él un efecto particularmente nefasto.
También en lo por venir habrá que recurrir á los ataques de
frente, y aan entonces ellos darán buenos resultados.
Queda por saber si podrán prolongarse lo suficiente para terminar
en el rompimiento táctico propiamente dicho. Está fuera de
duda que el nuevo armamento de la infantería y de la artillería,
lo mismo que los desarrollos dados á la instrucción respectQ del
combate, en relación al empleo racional de todas las ventajas del
terreno, han aumentado de modo singular la fuerza defensiva de
las tropas, aun cuando sean de calidad inferior. El arma de fuego
.actual de la infantería produce efectos tan temibles como sencillo
es su manejo. El defensor que, provisto de esta arma, se sitúe
fuertemente sobre una posición, y á quien no falte del todo el
valor, difícilmente será desalojado de ella.
Aun si es rechazado, sabrá establecerse de nuevo dondeq iera
que una ondulación del terreno, un foso, el remate de un bosque,
le procuren ocasión. Las zonas eficaces de los fuegos son mucho
más extensas que en el pasado; los combates no progresarán
sin ::> con lentitud. El adversario, aun derrotado, no desaparecerá
de la arena, sino que se apegará al vencedor.
El sabe bien que retroceder sin detenerse, bajo el fuego del
enemigo, es mucho más peligroso que continuar la resistencia. En
la actualidad, la línea de batalla no es una barra que se pueda
romper, como en tiempos de la táctica lineal, sino un lazo muy
fuerte y al propio tiempo elástico, que viene á apoyarse en nuestros
flancos cuando se ejerce una presión sobre su centro.
Todos estos hechos aumentan la dificultad de atravesar realmente
la línea de batalla. La acción de los fuegos llena de modo
indirecto vacíos muy considerables. Un espacio de varios kilóme.
tros, que en otros tiempos hubiera constituido una puerta suficiente
para dejar pasar todo un ejército, puede ser hoy dominado por los
lados. Cuando los ejércitos encerrados en Metz y en París, y más
recientemente en Plewna, trataron de abrirse paso, resultaron, naturalmente,
batallas que tenían por fin abrirse una brecha; pero
en todas estas batallas los esfuerzos del acometedor condujeron á
un desastre.
El cruzamiento táctico no podrá ya verificarse sino en la batalla
de encuentro impremeditado, cuando uno de los dos ejércitos
avanzando estrechamente concentrado sobre vías paralelas muy
próximas unas de otras, tropiece con las cabezas de la columna
del adversario, repartidas sobre una zona muy extensa, antes de
que hayan acabado de desplegarse. Pero aun semejante sorpresa
no producirá ya tanto efecto como en el pasado. En la actualidad
ya no se tratará de desbaratar al adversario, ni de decidir del éxito
.del combate en el intervalo de algunos minutos, como en Rosbach.
Ya no se verá sino un lento rechazo, durante el cual, por otra par-
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~oietin gnmtar be ~oiombia
'- 584 _;
te, las columnas más inmediatas tendrán tiempo para llegar y venir
en ayuda de las que estén estrechadas de cerca por el enemigo.
La fuerza de resistencia inherente á las grandes unidades
actuales, permite á una sola División comprometer la lucha antes
de tiempo, sin vacilación, contra un cuerpo de ejército doblemente
fuerte, con tal que esté segura de sctr sostenida, hacia medio
día, por una segunda División. Aun si fuere poco á poco rechazada,
esto invertirá tanto tiempo, que forzosamente en el interYalo le
llegarán los socorros *.
Si en una batalla de encuentro impremeditado se logra recha ....
zar una parte del ejército enemigo, tras de un obstáculo, como un
río, y se consigue detenerlo allí, en tanto que uno se lanza sobre la
otra parte, el cruzamiento táctico ¡:-odrá quizá todavía lograrse.
ConHmía
-------~~ -------
LAS GRANDES BATALLAS DE NAPOLEON
POR DICK DE LONG LA Y
(Traducción para el Bolethz Militar)
(Las Pirámides-2I de Julzo de I798)
(Continúa)
uestro pelotón de guías recibe orden de alir de es te cuadro
y de ir á reconocer rápidamente el campo atrincherado de los
enemigos. Avanzamos hasta ponernos al alcance de este campo,
en donde hormiguea numerosa multitud, y reconbcemos que no
está. sino trazado apenas. Comenzado tres días después de la batalla
de Chébreiss, sus defensas pueden ser de algún efecto contra
una carga de caballería, pero no contra un ataque de infantería.
Nos persuadimos también de que sus cañones no tienen cureñas de
campaña: son piezas pesadas de hierro montadas sobre soportes
de madera, cañones sacados de los buques y servidos por los tripulantes
de la flotilla. Bonaparte, á quien participamos el resultado
de nuestro reconocimiento, comprende al punto que los soldados
enemigos no se atreverán á apartarse de esta artillería inmóviL
Por tanto, ordena á Desaix prolongue su derecha, para ponerse
fuera del alcance de esta artillería y atacar en seguida á los mamelucos,
en tanto que Vial, por su lado, atacará el campo atrincherado
de Embabeh; esta maniobra debe colocar al enemigo entre
dos fuegos.
• Las maniobras imperiales de ctubre de 1894 en Prusia oriental, nos
procuran un ejemplo que se acerca muchísimo á lo que será la realidad. Durante
dos días consecutivos, las dos Divisiones del primer cuerpo de ejército se encontraban
á una jornada de marcha una de otra, y sin embargo una de ellas logró
sostener la lucha, iniciada por la mañana, contra todo el Cuerpo 17, que avanzaba
sobre ella en masas cerradas, hasta la llegada de la otra División. Esta impidió
el primer día una derrota, y obtuvo un triunfo el segundo día.
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~oletin ~ilitar be ~olombia
'- 585 .J
Murad-bey, que ve que nuestras columnas se ponen en movimiento,
no tarda en adivinar nuestro propósito: aun cuando él no
tiene ninguna experiencia de las maniobras de batalla, la naturaleza
lo ha dotado de un golpe de vista penetrante, de una resolución
extrema y de un valor á toda prueba. Los tres encuentros
que hemos tenido con los mamelucos, le sirven ya qe experiencia.
El comprende, con una prontitud que haría honor á un General
europeo de los más ejercitados, que está perdido desde el momento
en que deje ejecutar su movimiento al ejército francés, y que
con su numerosa caballería debe atacar la infantería de éste mientras
está en marcha.
De repente vemos que los caballos_, á cuyas colas se han sujetado
las astas doradas de los estandartes enemigos, se agrupan en
e centro de la línea de los mamelucos. Esta es la señal de un ataque
general. Al punto Murad-bey se lanza como un rayo con las
dos terceras partes de sus jinetes (de 6 á 7,000), dejando el resto
para sostener el campo atrincherado é infundir valor á la infantería,
y acude á la cabeza de esta tropa á atacar las divisiones Klébcr
y Reynier, que son las avanzadas á nuestra derecha.
Esta carga se verifica con tal rapidez, que por un momento
se teme que el General Desaix no tenga tiempo de tomar posición;
su artillería lucha con el difícil paso por entre bosque de
palmas. Sin embargo, los primeros mamelucos que llegan sobre
él son poco numerosos; se acaba con ellos á disparos; algunos,
en la fuerza de su empuje, caen en medio de los oldado de infantería,
que los acribillan á bayonetazos. La masa de caballería
enemiga no llega sino algunos instant s después ; este r tardo
basta. 1 uestros cuadros están formado . El enemigo se lanza como
un huracán ; la tierra tiembla á lo lejos bajo el furioso galope de
7,000 caballos. Nuestros soldados, inmónles, con la bayoneta calada,
la vista fija, ven borrarse la distancia que los separa de esta
tropa bárbara, que avanza en orden y con grandes gritos.
A quince pasos de distancia, los cuadros estallan; el fuego de
fusilería resuena, rápido, cerrado, chispeante, como un trueno que
retumba. Caballos y jinetes se encuentran detenidos por una muralla
de llamas. Las dos primeras filas de mamelucos caen como
si el suelo se hubiese hundido bajo sus pasos.
El resto de la columna, arrastrado por la carrera, se desliza
á galope por todo el frente del cuadro de Desaix, pajo un fuego
á quemarropa, y se arroja sohre la División Reynier, que á su vez
presenta á estos atrevidos jinetes las puntas de las bayonetas de
su primera fila. en tanto que las otras dos se entusiasman, y que
los ángulos, abriéndose, dejan escapar una granizada de metralla.
Numerosos cadáveres quedan esparcidos en la tierra. Caballos y
caballeros vuelven caras y van á reorganizarse fuera del alcance
del fusil ; porque por muy impetuoso que haya sido el ataque de
los mamelucos, ha sido detenido en firme por esta terrible descarga.
Desaix y Reynier lanzan una mirada sobre sus cuadros: ni
un hombre se ha movido, cada cual está en su fila; se vuelven á
cargar las armas. Es tiempo, el enemigo torna á la carga; hay un
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~oletin W'lilitat be s.
e contempla un c. pectáculo maravilloso: seis mil jinetes,
los primeros del mundo, m0ntados en caballos que apenas dejan
la huella de su planta sobre la arena, remolinean con horrible
clamor en torno de los cuadros inmóviles y encendidos, lo envuelven,
cargan, tratan de r-omperlos, se disper an, vuelven á formarse
y tornan á dispersarse.
Nuestra compañía de guías tiembla de impaciencia al presenciar
los heroi os ejemplos de la infantería, y pide á grande~ voces
que se la deje ir á. medir e cuerpo á cu rpo con los temibles mamelucos.
1- una s ña del General en Jefe, uno de los ángulos de
nuestro cuadro se a re, y conducidos por Bessieres y Junot, caemos
al galope, con el able levantado sobre lo caball ros de Murad-
bey. Los mameluco nos esperan á pie firme; cada combatiente
escoge su adYcrsario; el ata ue 'de hombre á hombre:
se diría que es una verdadera lucha á campo cerrado.
E te nuevo combate dura una hora. in em argo, nu stros
cuadros avanzan iempr , y lo mameluco , diezmado por nuestro
fuego y dcstrufclos n O'ran número, comienzan á cejar. Entonces
toca el turno del ataqu á nue tro ali:enL oldados de infantería.
e arrojan enodadam nte sobr lo mameluco , y lo lanzan de
sus caballo á bayon tazo .
El ca o Juan Cambfort, de la 32, arranca una andera de
mano de Wl mameluc ; un soldado de la. 79, llamad Lcbrice,
toma también un trof o.
Bonaparte ordena ntonces la última maniobra, y todo termina;
los cua ros e abr n, se desenvuelven y se reúnen como los
pedazos de una cadena. Murad, que tiene el golpe de vista de
un capitán, ve que la batalla está perdida. Reúne los jinetes que
le quedan, y á fin de abrirse paso n dirección de Embabeh, cae
de esperadamente obre la columna del General Rampon; los
mamelucos fraca an también al luchar contra este nuevo obstáculo,
vuelven bridas y se lanzan coa la cabeza caída y al galope de
sus caballo por la abertura que la División Desaix deja entre ella
y el Nilo; pero un batallón de carabineros, por frente del cual
tienen que pasar á cinco pasos de distancia, hace en ellos una espantosa
matanza. Murad-bey, no llevando en su huída sino dos
mil quinientos mamelucos escapados á la matanza, se interna en
la aldea de Gizeh y desaparece en dirección del alto Egipto.
La má horrible confusión reina en este momento en el campo
de Embabeh. Bon, Menou y Rampan marchan sobre las trincheras
á pa'-)o de carga y la bayoneta calada. Los genízaros y los
fellás encargados de la custodia del campo, quedan aterrados y
huyen en desorden, abandonando los cuarenta cañones, que no han
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58oletin ~ilitar be O:olombia
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disparado doscientos tiros. Esta infantería se prec1p1ta sobre las
embarcaciones para volver á pasar el Nilo. Muchos lo pasan á
nado: los egipcios sobresalen en esto. La mayor parte de los mamelucos,
que no han podido seguir á Murad-bey en su huída, tratan
entonces de irse á Gizeh á su vez; pero detenidos por todos
lados, vacilan, se arremolinan entre ellos. Estrechados por nuestros
cuadros, nos apoderamos de sus propias baterías y del Nilo,
y ~e ven impelidos hacia el río.
Nuestra infantería estrecha vivamente el campo, y mata á
los mamelucos que intentan resistir. La mayor parte de estos jinetes
tratan de tentar la misma vía desesperada de salvación que han
buscado los fellás (campesinos) atravesando á nado el Nilo, y,
acosados por las bayonetas, se arrojan al río; pero estos desdichados
se ahogan, por el peso de sus armaduras.
Trincheras, campo, 1 ,ooo prisioneros, goo camellos cargados
de víveres, 40 cañones, varios miles de caballos árabes, todo ha
caído en nuestro poder. De 12,000 mamelucos no escapan sino
2,500 con Murad-bey; 7,500 perecen en esta batalla tan funesta
para esta noble milicia de esclavos, lo mejor de la caball ría de
Oriente, que no se rehizo nunca. Tres mil genízaros y fellás encontraron
también la muerte en las aguas del Nilo.
Esos numerosos cadáveres, arrastrados por la corriente, llevan
en pocos días hasta Damiette, á Rosette y á lo largo de la
ribera, la noticia de nuestra victoria. Nuestras pérdidas, menos
que mínimas, apenas se elevan á 30 muertos y á 250 heridos.
lbrahím, que había permanecido del otro lado del río, se retira
apresuradamente hacia Belbeys, para internarse en iría.
Una tropa de Beduinos llegados del fondo del desierto, para concurrir
al pillaje si los franceses eran vencidos, ha visto también la
batalla sin tomar parte en ella. Colocados en fila entre los mam _
lucos y las Pirámides, ello huyen llenos de espanto al de ierto y
van á anunciar á lo lejos que el Egipto ha cambiado de amo.
En el momento de la batalla los mamelucos tenían sobre el
Nilo 6o bajeles cargados con todas sus riquezas. El fatal resultado
del combate y los cañones franceses ya asestados sobre el río,
más allá de la desembocaduras de )a isla de Rodah, les quitan
la esperanza de salvarlo , y lo incendian. El Nilo queda al punto
cubierto de fuego. Este incendio e con iderable y de un efecto
mágico; á través de los torbellinos de llama y de humo, se descubren
los minaretes y los edificios del Cairo, enrojecido por la
luz que ilumina á lo lejos el horizonte y alcanza hasta las pesadas
Pirámides.
Nuestros soldados han encontrado en el campo atrincherado
abundantes provisiones de boca, bagajes y obre todo mucho botín.
Hay cachemiras, telas de seda, ricas armaduras, caball0s, armas
preciosas guarnecidas de oro y de plata, adornadas con bellas
cinceladuras, bolsas llenas de oro, porque los mamelucos llevaban
magníficas vestiduras, sus arma de lujo y su dinero. Por
esto los soldados, después de despojar los cadáveres de los mamelucos
que han quedado en la llanura, e ocupan activamente en
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~oletin illHitar be ~olomóia
'- 5~9 _;
sacar del río á los ahogados. Se ponen en venta los despojos conquistados
en el combate; el campo de batalla se ha. convertido en
un mercado. En medio de los cadáveres, se venden caballos,
armas, vestidos, sillas, gualdrapas, camellos. Reina una alegría
estruendosa; unos comen y beben, otros se adornan con turbantes
y capotes; ya nadie piensa en los sufrimientos que ha ~aportado.
Bonaparte duerme esa misma noche en Gizeh, en la casa de
recreo de Murad-bey, y sus soldados en el campo de batalla que
ocupaban los mamelucos.
A la mañana siguiente Bonaparte recibe una diputación de
jefes de tribus del Cairo, acompañados de algunos negociantes
franceses que le anuncian la sumisión de la ciudad é imploran su
clemencia. El mismo día decide tomar posesión del Cairo, y envía
con este fin al e.·perto General Dupuy, al Ayudante General
Beauvais y al Coronel Darmagnac, de la 32, y á los granaderos
de esta media brigada.
La ocupación se hace sin resistencia, y el 25 de Julio Bonaparte
efectúa á u vez su entrada en la capital del Egipto, en medio
de la multitud del pueblo que ha acudido á mirar con curiosidad
al vencedor de los mamelucos.
-- --.~t----
LA l)IRECCION DEL FUEGO
EN EL C lVIBATE
II
C/rcunslandas que juslificall la dedsú)n de romper el fuego-a) Slluaú{m
ldcl!"ca-b) D/slanda-c) D1·mensz'ones del objetivo
a) Puesto que el combate en general puede tener carácter
ofensz'vo ó d~(ensi7)o, el cometido que una tropa cualquiera está llamada
á desemp ñar en él, podrá ser uno de estos dos: 1.0 Atacar
una posición; 2. 0 Defenderla.
En la primera hipótesis, puede ocurrir que la fracción ó unidad
que se considera, forme parte de la que ha de efectuar el ataque
de frente ó prepara/orzo, ó de la que ha de llevar á cabo el acto
deúsz'vo, distinción que, por lo que se refiere al asunto que nos
ocupa, hace también el Reglamento táctico en la instrucción de sección
y compañía*, determinando á la vez de un modo general
cómo se ha de conducir el fuego en cada uno de estos casos cuando
dice: "La infantería que ataca (ataque á fondo) debe preocuparse
más de avanzar con rapidez y decisión, sin grandes pérdidas,
que de hacer un fuego que no producirá verdadero efecto
sino en los últimos períodos del combate, y las fuerzas que prolegen
el ataque procurarán atraer con sus fuegos los del contrario."
• Prevenciones generales relativas á los fuegos.
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eotetin !nilitar be ~oiombia
\._ 590 _)
Teniendo esto en cuenta, puede sentarse el principio de que
las fuerzas de preparación son las únicas que deben hacer fuego,
si bien con ciertas limitaciones impuestas por el consumo de municiones,
conocimiento de las distancias y vulnerabilidad del enemigo,
puesto que el mismo Reglamento, refiriéndose á ellas, previene
que H á las distancias extremas ( 1,600 á 2,000 metros) y en la ofensiva,
no debe hacerse fuego ni aun por descargas sino en casos
excepcionales, porque se presta á consumir municiones antes de
tiempo, tiene poca precisión á causa de la dificultad de apreciar
bien dichas distancias, á la vez que muy escasa eficacia por lo reducido
de los espacios peligrosos, y tiende, por último, á rebajar
la fuerza moral del soldado, que se acostumbra á malgastar sus
cartuchos. Así, se empleará únicamente en ese caso contra masas
considerables, en orden cerrado y siempre que las distancias puedan
apreciarse con exactitud."
Por lo que se refiere á las fuerzas encargadas de ejecutar el
ataque, se comprende desde luego los inconvenientes de hacer fuego
á largas distancias, porque los efectos que puede producir sobre
el enemigo serán muy pequeños ó nulos, y en cambio obligarán
á hacer frecuentes paradas que, además de amortiguar su
fuerza de impulsión, ofrecerán al defensor excelentes ocasiones
para efectuarlo, conocidas como son para él exactamente las distancias.
Decía Federico el Grande que "en el ataque no se trata de
matar más 6 menos gente al enemigo, sino de alcanzarle cuanto
antes ' ; pero este precepto no puede observarse hoy de un modo
absoluto, porque para ello sería pr ciso conseguir que la tropa recorriera
de un solo empuje una distancia de más de 2,000 metros,
. alcance eficaz de los actuales fusiles. Es, pues, necesario detenerse
para tomar aliento y reorganizar las fuerzas· pero estas paradas
deben hacerse en el menor número posible y en posiciones que
ofrezcan algún abrigo, posiciones que deberán ganarse con rapidez
para hacer desde ellas algunas descargas que, además del
efecto moral y material que sobre el enemigo pueden producir,
servirán, según la afortunada expresión de Ardan du Pie, " de válvula
de seguridad á la emoción."
La defensiva significa, en la mayor parte de los casos, una situación
tomada voluntariamente, en la que se trata de utilizar, desde
el primer momento de la acción, toda la potencia destructora
del actual armamento. Debe, por lo tanto, suponerse que la posición
ocupada ha sido reconocida de antemano, medidas las distancias
á Jos sitios por donde el enemigo puede presentarse, determinados
los puestos de referencia para la ejecución del fuego, y dispuesto
todo lo necesario para el reaprovisionamiento de municiones.
En estas condiciones, es indudable la ventaja que resulta de
romper el fuego aun á las distancias extremas, así como de continuarlo
hasta el final del combate, utilizando para ello toda clase
de obstáculos y aprovechando especialmente los momentos en que
el enemigo pasa de una á otra posición.
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>Botetin g}'li[itar be ~o(ombia
'- 591 __.)
De todo lo dicho se deduce que tanto en la defensa como en
el ataque de frente, debe romperse el fuego tan pronto como haya
probabilidades de que resulte eficaz, . condición que á su vez depende
de la distancia á que se encuentre el enemigo, de su efectivo
y formación, y aun de la configuración del terreno.
b) Por lo que se refiere á la distancia, es indudable que en
ningún caso deberá exceder de 2,000 metro , que corresponde á la
mayor graduación del alza de nuestro fusil; pero, como hemos
dicho, esto no es bastante; es preciso aún averiguar si la fracción
6 unidad que se toma como objetivo, es 6 no vulnerable; es decir,
si hay probabilidad de causarle un número de bajas proporcionado
al consumo de municiones que esto exija.
e) El problema de la vulnerabilidad de las formaciones ante
el fuego de la fusilería en el combate, es, como Yerno , de capital
importancia, y á la vez 1 más arduo y complicado de los que pueden
presentarse, por entrar en él factores de orden moral y material
de difícil evaluación.
En efecto, conocidos los desvíos medios propios de un arma
cualquiera, se puede calcular el tanto por ciento de balas que á
determinada di5tancia caerían en un blanco de dimensiones dadas,
6 sea la vulnerabilidad teórica de tal objelevo.
Ahora bien : en el fuego ejecutado por uno ó varios tiraJores,
sería ya preciso tener en cuenta no sólo las diferencias entre las
armas, sino también las inherentes al distinto grado de instrucción
y destreza de aquéllos, para lo cual habría que comparar los desvíos
medios del tirador con los del arma. Pero nuestro objeto no
es est todaYía, pues en los efectos del fuego ejecutado en el combate,
además de la causas de error ya citadas y que en último
caso pueden evaluarse con suficiente exactitud, intcnienen otras
mucho más complejas y trascendentales, entre las cuale descuella
el estado moral del individuo que, turbado, sol reexcitado por la
idea del peligro, no desea sino tirar y tirar, muchas veces sin
ver, creyendo destruír así al enemigo é impedir que la bala que
puede herir su pecho, salga del fusil que ha de lanzarla.
Vemos, por lo tanto, que para poder apreciar, iquiera sea
de un modo aproximado, los efectos del fuego en campaña, hay
que basar e en el cálculo, ó, mejor aún, en los experimentos de polígono,
* y aplicar á los resultados así obtenidos y que r-epresenta-
• La determinación de la vulnerabilidad de las formaciones en el tiro de polígono
puede hacerse, bien experimentalmente, bien por medio del cálculo y tomando
como base los desvíos del arma, duplicándolos, triplicandolos, &e, por
efecto de los errores propios del tirador.
Creemos que el mejor procedimiento consistiría en calcular bien los desvíos
de un cierto número de tiradores, clasificados de antemano como de primera, segunda
y tercera, y compararlos con los del arma á dos ó tres distancias. Determinado
así el coeficiente de error, propio de cada grupo, como seria sensiblemente
constante, podrá calcularse también el tanto por ciento de impactos que
sobre un blanco determinado haría una ~ección, compañía ó batallón, compuesto
de un número dado de tiradores de cada clase, á. las distintas di tancias.
Si se quisiera ver cómo influye en los efectos del tiro la posiciC.n del tirador,
el cansancio, el estado atmosférico, &c., podrían aislarse estas causas de error,
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58oletin ~ilitat be ~olomóia
'- 592 _;
rán en todo caso un máximo, un coeficiente de corrección cuyo
valor numérico es imposible determinar con exactitud. Y para
comprender que no hay ni puede haber una relación fija entre el
tanto por ciento obtenido en el campo de tiro y el que debe pro-.
ducirse en la guerra, basta considerar que en el primero cualquier
causa que tiertda á producir un aumento 6 disminución en dicho
tanto por ciento, subsiste durante todo el experimento, afectando
por igual los resultados, cuyo valor relativo permanece constante,
mientras el efecto en campaña puede oscilar entre límites muy
a:nplios. Si las circunstancias son muy favorables, podrá en algún
caso llegarse al tanto por ciento teórico; mientras que si son adversas,
los resultados serán nulos.
Los diversos autores que han tratado de esta materia, fundándose
unos en 1a estadística, otros en consideraciones de otra
índole, han llegado, como era fácil prever, á conclusiones en extremo
diferentes; así, nos limitaremos á decir que el valor que
por lo general se atribuye á dicho coeficiente es el de o. I.
Si convenimos, pues, en calificar de eficaz al fuego que en campaña
produzca el 1 por 100, y de muy eficaz al que dé un 3, será
vulnerable, desde una distancia determinada, toda formación á que
en el polígono corresponda un 10 por 100, y muy vulnerable aque-
11a que reciba el 30.
Según esto, las distancias á que se deberá abrir el fuego contra
diversos objcli1J os , serán las siguientes: t
FO R~{.\ C I O. ' E .
Compañía en columna abierta .............. .
Compañía en columna ....................... ..
Compañía de flanco (fuego perpendicular
al frente) ............................................ .
Compañía en línea ............................. .
Sección en línea ................................ .
Escuadra en línea .......................... ..
Guerri1la con intervalos de dos metros ... ..
Distancias para el fuego
~---..
Eficaz Aiuy ejicar.
r,650 1,250
r,6oo 1,150
1,520
1,370
1,280
1,000
6oo
1,200
950
900
26o
fundándose en el principio de que el desvfo probable total es igttt~l á la rafz cuadra.
da de la suma de los cuadratios de los desvlos pateiales observados.
S1 suponemos, por ejemplo, que el desvío propio del arma á una distancia
dada es d, y D el producido por el tirador, tendremos:
D=Vd:l+x\ de donde
x=V D 2 -cl"
x representa, por lo tanto, la medida del error originado exclusivamente por
la falta de destreza del tirador.
t Estos datos están tomados de la Táctica de las tres armas, del Sr. Teniente
Coronel Villalba.
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}Sotetin mmtar be ~oi.otnbid
\...._ 593 _J
El Reglamento francés fija para la escuadra y sección en línea,
así como para la columna de compañía, las distancias de 800,
1,000 y 1,500 metros, respectivamente. Como se ve, son algo menores
que las de la tabla anterior, lo cual se e. plica por la supe- .
rioridad del Mauser sobre el Lebel, tanto en precisión como en
tensión.
Aun cuando en este modesto trabajo no nos proponemos tratar
extensamente del problema de la Yulnerabilidad, creemos pertinente
comparar las diferentes formaciones entre sí con relación
á los efectos que sobre ellas produce el fuego de fusilería.
La más vulnerable de las formaciones de la compañía es la
columna abierta, á la que corresponde á 2,000 metros (en el tiro
de polígono) el 4 por roo; á 1,500 el 13, y á 1,000 el 45.
Después de la columna abierta y desde los 2,000 metros hasta
los !,400, sigue en vulnerabilidad la columna de compañía, que recibe
el 8 y r6 por roo, respectivamente; á los r ,ooo le corresponde
el 40.
La formación de flanco de la misma unidad es menos vulnerable
que la anterior hasta 1,400 metros; los tantos por roo que
recibe á 2,000, 1,400 y 1,000 metros, son el 2, r6 y 42. Desde los
goo metros aumenta rápidamente esta vulnerabilidad, que á los
750 es de 75 por 100.
La compañía en línea es mucho menos vulnerable que las anteriores
formaciones: á 1 ,8oo metros le corresponde el 3 por roo;
á r,ooo el 25, y á 6oo el 59·
La vulnerabilidad de la sección también en línea es casi igual
que la de la compañía: á I,ooo metros recibe el 23, y el 57 á
los 6oo.
Finalmente, la escuadra recibirá c-1 2, 1 I y 32 por 100 á los
1,500, r,ooo y 6oo metros.
Condensando, para terminar, cuanto sobre este punto hemos
expuesto, diremos que las tropas encargadas de defender una posición,
pueden romper el fuego contra las que atacan desde los
2,000 metros, siempre que éstas se presenten en formaciones vulnerables.
Si el aP.rovisionamiento de municiones fuese fácil, podría,
además, dársele la intensidad máxima, si así se juzgare conveniente.
En la ofensiva sólo deberán ejecutarlo á largas distancias las
fuerzas de preparación.
Las que han de realizar el ataque á fondo, deben empezar el
fuego á la menor distancia posible.
FERNANDo GrRÓN
Capitán de Infantería
TOMO II-38
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$oietin IDliiitar be ~oroml>ia
'-- 594 __)
REGLAMENTO MEXICANO
PARA EL SERVICIO DE CAMPAÑA
(Concluye)
CAPITULO V
DEBERES DE LOS OFICIALES Y SOLDADOS
130. En el campo de batalla, es una garantía esencial del
éxito y una necesidad de primer orden, la unión más estrecha
entre los diversos órganos del mando.
Los jefes de las grandes unidades, así como los de las más
pequeñas fracciones, deben provocar órdenes si no las reciben;
mantenerse al corriente de cuanto acontece en torno de ellos, y
obrar siempre no sólo de acuerdo con su misión especial, sino en
bien del interés general.
Las relaciones de los diversos Jefes entre sí, deben estar caracterizadas
por la unión más perfecta y por una abnegación á
toda prueba.
Se debe marchar si mpre hacia el ruido del cañón 6 de la
fusilería, cuando no se haya recibido formal orden de obrar de
otra :nanera, ó cuando no esté uno mismo combatiendo con el
enemigo.
En caso de encuentro imprevi to con el enemigo, todo jefe
de destacamento debe emplear su iniciativa completa, para conseguir,
á pesar de todo, el objeto que se le ha asignado; en general,
debe atacar, para continuar lo más pronto po ible la operación
que se le ha prescrito, ó por lo menos para tratar de comprender
claramente la situación, hacer pri ioneros y estar en aptitud de
dar datos útiles.
Entre las diversas armas debe reinar una solidaridad completa.
Todas las cualidades de las tropas, la disciplina, la instrucción,
la habilidad en el tiro, la resistencia para las marchas, las
aptitudes maniobreras y, más que todo, las cualidades morales, son
los más indispensables elt:mentos para asegurar el éxito.
En último resultado, el valor de las tropas es lo que decide
los combates; sea cual fuere su número, cualesquiera que sean
las combinaciones de los jefes y su habilidad, es siempre necesario
resistir hasta el extremo en ciertos puntos, y hacerse matar en
su puesto, antes que abandonar la bandera, ó si es necesario, marchar
contra el enemigo y arrojarlo de sus posiciones á toda costa.
La moral de los ejército no aguerridos en campañas recientes,
puede quebrantarse en los primeros combates; importa, pues,
durante las épocas de paz, educar m la dignz'dad )' el vzgor el espín/u J'
el corazón del sold(1do, y persuadz'rlo de que la salvadón de la patrz"a
dependerá de stt apll'iud para soportar las fatigas y las pn'vacz'ones de
la gueo·a, así cotllo de su valor, de su lm.aadad y su mlusiasmo en ti
1ombale.
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~oietin mmtar be [.o(ombia
'- 595 .J
Antes del combate, será necesario recordarle todo lo que se
debe esperar de la victoria; durante la lucha, siempre que fuere
conveniente, no se dejará de señalarle de antemano las dificultades
que tiene que vencer (porque un peligro previsto impresiona
menos que una sorpresa); se le enseñará también que una vez en
marcha para el asalto, la mejor manera de disminuír el peligro,
consiste en abordar al enemigo lo más pronto posible.
Los Jefes, Oficiales y clases tienen el deber de emplear toda
su energía en conservar el orden y mantener en su puesto, por
cuantos medios estén á su alcance, á todos los militares que estén
bajo sus órdenes, y en caso necesario, obligarlos á obedecer por
. cualquier medio.
Deben, por fin, penetrarse bien de que su más hermosa misión
consiste en dar el ejemplo á sus tropas. En ·ninguna parle es el soldado
más abnegado y obedú:1tte, que en el combate; constantemente lime los
ojos fijos m sus Jefes; el valor y la sang1·e fría de éstos pasan á st~ sér,
y lo hacen capaz de /odas las energías y de todos los sacrificz'os.
CAPITULO VI
PRESCRIPCIONES DIVERSAS
13 I. Servz'do de sanidad-Todos los médicos del ejército serán
responsables del servicio de sanidad, cada uno en la parle que le
corresponde; utilizarán los medios de transporte y de socorro para
los heridos, conforme á las prescripciones del eglamento r spectivo.
Tan luego como comience el combate, si no hubieren r cibido
orden alguna del que manda, determinarán por su propia iniciativa
los lugares en que deban establecerse puestos de socorro
y ambulancias.
Con el concurso de los enfermeros y camilleros, asegurarán
el levantamiento y cuidado de los heridos.
Después del combate, darán cuenta á sus jefes inmediatos
del desempeño de su servicio. (Entradas y salidas, heridos que
quedan, fallecimientos ...... ).
132. Provülendas que pueden tomarse después del combate-Obtenida
la victoria, y luégo que se hayan tomado las dispo iciones convenientes
para la persecución, se ordenará lo necesario para continuar
el servicio de seguridad, y se asignarán á los di versos Cuerpos
las posiciones que deban ocupar; el Jefe de Estado Mayor
dará las órdenes necesarias para las distribuciones que deban
hacerse, para buscar los heridos de los dos ejércitos y asegurarles
las atenciones que necesiten, hacer enterrar á los muertos, previa
su identificación, y sanear el campo de batalla.
Se pondrán á disposición de los jefes de servicio, faginas dadas
por los cuerpos, ó formadas por requisiciór1 con paisanos y
medios de transporte suplementarios, obtenidos de igual manera.
En todo el campo de batalla se organizará un servicio de policía,
al cual concurrirá la gendarmería, y durará hasta que se
•
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58oietht 9JHntat be ~olombia
L 596-'
terminen en dicho campo todas las operaciones que hay que ejecutar.
El comandante de artillería hará recoger el material, armas,
municiones y efectos de equipo que hayan quedado en el campo
de batalla.
Se reunirán los prisioneros hechos por los diversos cuerpos, y
se les enviará al lugar que designe el General en Jefe.
133. Partes. Mmúones en la orden-Los jefes de compañía, escuadrón
ó batería, y todos los jefes y generales, concurnrán, en lo
que á cada uno corresponde, al parte escrito de la jornada. Los
oficiales harán mención en sus partes de los individuos de tropa .
que se hayan distinguido; aquellos que hayan faltado á su deber
serán, por el contrario, objeto de partes esp -ciales.
Cuando un militar parezca haber merecido una mención particular
por su notable conducta, por haber tomado una bandera,
un cañón, haber salvado á su General ó á su jefe, ó en general,
por un acto heroico, será objeto de un parle especial, según el
cual el General en Jefe decidirá si se debe citar en la Orden general
del Ejército.
El parte respectivo deberá redactarse y firmarse por el jefe
ú oficial ante cuya presencia haya tenido lugar el hecho, aun cuando
el que deba darlo sea un jefe ú oficial sin mando de tropas; el
parte se comprobará cuidadosamente por el G neral de Brigada y
el de División, consignando en él su opinión fundada, de manera
que quede bien compro ado que la cita en la Orden general y las
recompensas que de ella resulten, han sido realmente merecidas.
El parte de la jornada, que es nece ario redactar y enviar
desde luego, muchas vece no contendrá elogios individuales, sino
sólo los generales y el relato de las operaciones.
1ITULO XV
PRELIMINARES PARA EL ATAQUE Y DEFENSA DE PLAZAS
1 34· El cerco de las pequeñas plazas ó de fuert s aislados, se
opera generalmente por movimientos simultáneos.
Las tropas del cerco, desembocando por diferentes caminos,
envuelven simultáneamente todas las posiciones de la defensa.
Por el contrario, en las grandes plazas de fuertes destacados,
cuya guarnición es numerosa, se puede estar ol.>ligado á operar el
cerco por esfuerzos sucesivos.
Las diversas fracciones de los cuerpos destinados al cerco, se
extienden progresivamente al rededor de la plaza, bajo la protección
de las tropas ya en posición.
Desde que el asaltante ha logrado apoderarse del terreno
sobre el cual debe desarrollarse la línea del cerco, se fortifica y
toma todas las disposiciones necesarias para rechazar las salidas.
La zona ocupada por los cuerpos del cerco, se divide en sectores.
En cada sector hay tropas de primera línea y reservas; estas
tropas alternarán entre sí para el servicio; pero hay mayor ventaja
en hacer ocupar cada sector por las mismas tropas durante el
cerco.
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moletitt ID1ilitar be ~otombia
\._ 597 _1
Independientemente de las reservas designadas á los sectores,
se forma una ó varias re~ervas generales, apostadas á proximidad de
los sectores más amenazados.
En cada sector, el grueso de las tropas de primera línea se
establece fuera del alcance eficaz de la artillería de las obras avanzadas,
un poco á retaguardia de las posiciones sobre las cuales las
tropas del cerco deberán combatir para rechazar las salidas.
Dichas tropas mantienen un servicio de puestos avanzados or ...
ganizados como se ha dicho en el presente Reglamento.
Las posiciones sobre las cuales las tropas del cerco deben
combatir para oponerse á las salidas, se refuerzan progresivamente
por medio de la fortificación de campaña.
Los refuerzos se colocan á retaguardia y á proximidad de las
posiciones de resistencia principal, tomando todas las medidas que
les permitan marchar rápidamente.
1 35-Dúposz'dorus prelt7m'nares para la dtfmsa-E1 Comandante
de una plaza debe considerar la que mancfa como expuesta á un
ataque imprevisto; en consecuencia, formará su plan d~ servicio y
de defensa, siguiendo la hipótesis de ataque que fuere más probable.
Determina para los principales casos, los puestos y las reservas,
el reconocimiento de las tropas y la acción y concurso de
todos los cuerpos y de todos los servicios.
Se dedica desde luego á conocer la situación interior de la
plaza, de las fortificaciones y de los edificios ó establecimientos
militares. -
Fija igualmente su atención en el terreno exterior á las obras
avanzadas.. en los radios de ataque y asedio ; reconoce y hace
abastecer la4 plaza con las municiones y provisiones de:toda especie.
Al acercarse el sitiador á menos de dos jornadas de la plaza,
el comandante de ella, sin e perar la declaración del estado de
sitio, de la Secretaría de Guerra 6 del General en Jefe del Cuerpo
de Ejército, dará con toda energía las disposiciones siguientes :
Orden de salida de la plaza á los extranjeros y habitantes
inútiles, é igualmente á las personas vigiladas por la policía civil 6
militar.
Orden para que entren á la plaza los materiales y medios de
trabajo, así como toda clase de ganado, víveres y"'demás artículos
de subsistencia que se encuentren en los contornos, á más de 5 6
6 kilómetros de radio.
Orden para que se proceda á la reparación y armamento de
las obras y establecimiento ... de almacenes para la(provisiones de
boca y guerra.
Orden para que se destruya todo lo que esté fuera de la plaza
y que pueda servir al adversario.
En el Reglamento para el ataque "y defensa de las plazas,
constan las demás reglas relativas á estas operaciones.
Y lo comunico á usted para su conocimiento y demás fines.
Libertad y Constitución. .
México, Octubre 1 5 de 1898. BERJUOZÁJ3AL
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58otetitt !JHritat be ~ototnbia
'- 598 _;
INFORME SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN
(Continúa)
2. 0 El escalafón (Rangliste)
Cada cuatro meses aparece el Estado de los oficiales del ejército
prusiano, por orden de antigüedad, con indicación del destino
ocupado por cada uno de ellos. Este libro, que se vende muy barato,
permite á todos, desde el teniente ha5,ta el feld-mariscal,
mantenerse al corriente de todas las mutaciones que sobrevienen
en el personal, y conocer á cada instante el lugar que les corresponde
por antigüedad, relativamente á sus colegas. También constituye
en cierto modo el '!Jade mécum de todos los oficiales que lo
hojean frecuentemente para saber lo que ha sido de tal ó cual de
sus amigos ó antiguos compañeros, ó resolver alguna cuestión concerniente
á las vacantes que puedan presentarse en los diversos
empleos, &c.
Es menester saber que en Prusia el ascenso corre en toda el
arma á partir del empleo de Capitán, y que sobre este asunto no
hay distinción alguna entre la Guardia y 1 resto del ejército. Además,
el ascenso y también el nombramiento para los diversos empleos
vacantes, tienen siempre lugar rigurosamente según el orden
de antigüedad. En principio, jamás se falta á esta regla, y i ocurre
que un oficial moderno sea ascendido antes que uno antiguo,
es para est último la prueba de que se le juzga indigno
6 incapaz de llenar las funciones del grado su erior. Todo aquellos
que sufren esta afrenta, dejan inmediatamente el servicio. i
alguno de ellos vacilare en ha cerio, sus ·col erras serían los przineros
en obligarle, haczbzdole comprender que su honor estaba gravemente compromdido
con sunejanle mrdz'da, para que pudz'ese continuar sz'rvzimdo.
Como he dicho, no se hace distinción alguna entre la Guardia
y la línea, y la prueba se tiene en el paso frecuente de oficiales
de una á otra.
Así, por ejemplo, que una plaza de comandante de batallón
venga á resultar vacante en el segundo batallón de cierto regimiento
de la Guardia, y el Capitán más antiguo que deba nombrarse
se encuentra en el 94 de línea, supongamos, éste será promovido
á comandante y destinado al batallón de la Guardia cuya
vacante hay que proveer. Inversamente y por la misma razón, sucede
que los oficiales de la Guardia vuelven á la línea.
Se comprende que con principios tan bien definidos para las
promociones y nombramientos de los diversos empleos, el Ranglisle
debe interesar vivamente á los oficiales, y es consultado frecuentemente
por la mayor parte. Y me ha ocurrido varias v~ces
encontrar individuos tan perfectamente al corriente del personal,
no sólo de su arma, sino de las otras, como si conociesen los nombres
de todos los jefes de batallón ó escuadrón del ejército.
No poco contribuye el Rangli"sle á conservar entre los oficiales
los sentimientos de compañerismo, de solidaridad, de intereses, &c.,
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~o!etin IDlilitar be ~o!ombia
'- 599-'
que hace de ellos una gran familia cuyos miembros todos se conocen
; él permite á cada uno seguir la marcha regular de los ascensos
de otros, y por lo mismo, obliga á la autoridad superior á
la mayor circunspección cuando se trata de hacer un cambio en
el personal. Porque así se ha establecido una especie de censura
ejercida por todos, y que no permite ninguna medida arbitraria 6
atentatoria á los derechos de cualquiera, sea quien fuere, si ella no
está fundada en motivos serios. Este es un principio al cual se
concede en el ejército alemán una enorme importancia, porque se
piensa con razón que en la profesión de las armas, más aún que en
cualquiera otra, no debe haber más reglas en todas circunstancias
que la equidad más escrupulosa, fundada en la estricta observación
de los derechos de antigüedad y del mérito personal de
cada uno.
J. 0 De las relaciones entre los ofidales
La manera precisa con que están determinadas, tanto en el
i.ervicio como fuera de él, contribuye también en mucho á sostener
los sentimientos de compañerismo entre todas las armas, y la subordinación
jerárquica en todas circunstancias. A í, por ejemplo,
es incontestable que la obligación que tienen los oficiales de saludarse
recíprocamente en todas partes donde se encuentren, es muy
propia para estrechar los vínculos que les unen y para desarrollar
el aprecio y consideración mutua que se deben entre sí. No lo es
menos el uso impuesto al más moderno, de presentarse á su superior
cuando le encuentra en una sociedad par .. icular 6 en cualquiera
otra reunión no oficial.
Al hablar un oficial de otro, le designa siempre por su grado,
y jamás un inferior se permitirá llamar á su jefe por su nombre, '
cualquier parte que fuere con él, ó si se pronuncia el nombre de
un colega, se le hace por lo menos preceder siempre del Herr sacramental.
Es muy raro oír á dos oficiales tutearse, aunque sean de
un mismo regimiento, á menos que sean parientes 6 amigos íntimos.
En cuanto á ver superiores tuteando á sus subordinados, eso
sería una cosa zi¡audita. Y debe advertirse que todos estos usos han
pasado de tal modo á las costumbres, que se les observa siempre
y por todas partes, aun en un día de regocijo y en las conversaciones
más familiares. En todos los casos e t general es general y el
teniente es teniente.
Con lo que precede he tratado de dar una idea del género de
vida que llevan los Oficiales del Ejército alemán. Todo este conjunto
de cosas contribuye á desarrollar entre ellos la rectitud de
espíritu y temple de carácter que poseen generalmente en tan
alto grado, cualidades hoy más que nunca necesarias al oficial, al
cual se le pide dar en todo y por todo, en el campo de maniobras
como en el campo de bata11a, el ejemplo del cumplimiento del deber,
y que debe al mismo tiempo tener la suficiente energía y fuerza
de voluntad para pensar y obrar con sangre fría en las circuns~
ancias más difíciles y más críticas.
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~oletin mmtar be ~oiombia
'- 6oo _;
Trabajos de los oficz"ales en túmpo de paz
Ya que hemos visto cómo está todo calculado para conservar
y desarrollar entre los ofieiales el espíritu de cuerpo, e 1 compañerismo,
el sentimiento del deber, en una palabra, todas las cualidades
morales, veamos por qué medios se llega á hacerles adquirir
también las cualidades intelectuales, que no les son menos indispensables,
es decir, un conocimiento profundo del arte militar en general
y de su arma en particular. En eso, como en todo, encontramos
una organización metódica, consagrada por la experiencia en
muchos años y basada sobre este principio fecundo : es predso ense71ar
m tz'empo de paz solam ente aquello que pueda ser realmente útz'l en
tiempo de guerra.
Esta misma idea es, si se recuerda, la que hemos visto presidir
en todos los detalles de la instrucción, tanto de los individuos
como de los cuerpos, y vamos toda vía á verla manifestarse de manera
más clara que nunca en los trabajos y ejercicios de los oficiales.
"No basta, para saber su oficio, dicen los prusianos, haber
seguido, siquiera ea con éxito, toda la serie de los cursos en una
academia de cadetes, ó haber hcch~, aunque de una manera brillante,
el e.'amen de oficial,. En estas condiciones, un joven no
posee otra cosa que una base paríl apoyar sus estudios ulteriores,
un instrumento que le permitirá completar por sí mismo una
educación que debe en realidad prolongarse mientra dure teda
su carrera militar. Por otra parte, es preci o que un oficial trabaje
sin cesar, no ólo para .·tender y perfeccionar los conocimientos
que ha adquirido antes de entrar en el sen·icio, sino también
para no perderlo . Porque se admite in duda que si ellos
le son necesario , no e únicamente lzasta el día de u nombramiento,
sino más bien despuh, una vez que esté en el servicio. Y sin mbargo,
todos sabe n cu:in fácilmente un joven olvida, al cabo de
algunos años, la mayor parte de lo que ha aprendido, si, una vez
en el regimiento, descuida el conservar y acrecentar su caudal
Científico por una práctica costante. Imposibl e , además, abandonarlo
al celo personal de cada uno ; de ahí la necesidad de tomar
las consiguientes medidas."
En este concepto, los Jefes del ejército se preocupan particularmente
en hacer trabajar á los oficiales, y hoy cada regimiento
viene á ser para éstos una especie de escuela permanente en donde
estudian y discuten sin cesar todas las cuestiones militares que
les es preciso convcer. Primero constituye para el que se encuentre
encargado de les reclutas de su compañía, ó de los voluntarios
del regimiento, ó de la instrucción teórica de la gimnasia, &c., la
obligación de prepararse por un estudio serio para desempeñar la
mi ión que se le confía. Pero fuera de esto, todos los oficiales están
obligados á resolver cada año todas las cuestiones posibles, tanto
sobre el terreno como sobre el mapa, y á tratar por escrito un
asunto dado. Y digo todos los oficiales, porque si bien estas memorias
no se exigen sino á los tenientes, no por eso dejan de ser plan-
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~oletin Wlilitar be ~o(omóia
\._ 601 _)
teadas y discutidas por sus superiores, con lo cual se ven forzados
á hacer estudio profundo. Para que su misión no se limite á dirigir
más 6 menos vagamente el trabajo de sus subordinados, están además
obligados, y esto es lo importante, á hacer por escrito una crítica
detallada y á apreciar el modo como cada uno ha resuelto el
problema planteado. Resulta a í para ellos la necesidad de estudiar
los asuntos más completamente aún que us subordinados; y mientras
que un teniente no tiene que hacer, por ejemplo, sino redactar
una memoria y resolver dos 6 tres cuestiones, un jefe casi tiene
que volver á hacer el trabajo de todos los tenientes de su batallón.
Examinaremos, por lo demás, cómo están organizados estos
trabajos en las diferentes armas.-ConHmía
~ J?!utcwá~
MEMORIAS D .JL GENI~RAL PABLO l\10RILLO
(Continúa)
"Art 3. 0 Los militares 6 individuos que dependan de un ejército
que sean tomado h"rido. ó enfc rm s, ya n los hospitales, ya
en cualquier otro lugar, no se rán pri ion\..ros de guerra, y podrán
vol er bajo sus band ras cuando estén re tablecidos. La humanidad
se interesa vivamente por estos d sdichaclo que se acrifican
por su patria y su g·obierno; y ella c. ·ige que se 1 , s trate con más
consideración y cuidados que los r ri ioncros de guerra, y á lo menos
s tendrán con ellos los mi mo,:, cuidados y e 1 s darán los
auxilios que á los heri<.los y enfermos del · jército que los mantenga
en su podc:r.
"Art. 4.0 Los pri ioneros de gue rr"'' serán canjeados clase
por clase, grado por grado; y por un oficial superior se entregará
el número de subalternos que es de uso entre las naciones civilizadas.
"Art. 5.0 En el canje quedarán comprendidos los espías,
conspiradores y disidentes, atL ndicndo á que es en una guen·a civil
en la que el Derecho de G~ ntc · dcb. tener la mayor latitud, y
que la humanidad r clama de rnan ra imperio~a el cumplimiento
de estos preceptos. Por tanto, lo espía , conspiradores y disidentes'
no serán condenados ni á la pena ca pi tal ni á ninguna otra pena
aflictiva; sólo se les guardará de manera decorosa, e perando el
momente de su canje como prisionf'ros, porque los errores y las
faltas políticas no deben nunca ser con~iderados como crímenes.
"Art. 6. 0 En atención á que e ta guerra proviene de diferencia
de opiniones, y que los individuos que han combatido con encarnizamiento
por las dos causas, están unidos entre sí por los lazos
~ co t}t
.,,-'\
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~oretin ID!Hitac be ~oromóia
'- 6o2 _)
de ra:mma más estrechos, y de que hay que evitar por todos los
medios posibles la e fusión de sangre, serán igualmente respetados
y canjeados los militares 6 empleados que, después de haber servido
á uno de los dos Gobiernos, sean tomados bajo las banderas
del otro.
"Art. 7. 0 El canje será obligatorio y deberá efectuarse en el
término más breve que sea posible. Por tanto, los prisioneros,
c~alquiera que sea su grado y rango, permanecerán en el territoriO
?e Colombia, y bajo ningún pretexto se podrá alejarlos de. esta
regt6n para hacerlos sufrir males más crueles que la m1sma
muerte. .
u Art. 8. 0 Los jefes de ejército exigirán que se trate á los presos
conforme á los deseos de sus Gobiernos, y se indemnizarán,
como garantía de una y otra parte, los gastos que ellos ocasionen.
Los mismos jefes tendrán derecho á nombrar comisionados para
q.ue visiten los depósitos respectivos de presos, examinen su siL~a~
ct6n y la hagan menos penosa.
"Art. g. 0 Los prisioneros que ahora ~stén en poder de uno y
otro partido, gozarán de las Yentajas del presen:,.e convenio.
u Art. 10. Los habitantes de los lugares alternativamente ocupados
por los ejércitos de ambos Gobiernos, serán altamen:l respetados
y gozarán de la libertad y ele la seguridad más absolutas,
cualesquiera que sean 6 hayan podido ser sus opiniones, empleos,
servicios y conducta relativamente á las ¡:,artes beligerantes.
"Art. I I. Los restos de los que ha;·an encontrado una muerte
gloriosa sobre el campo de batalla, ó en algún encuentro entre
las tropas de los dos Gobiernos, recibirán Jos honores de la sepultura,
6 serán quemados cuando u número 6 la falta de tiempo no
permita hacer otra cosa mejor.
u A los vencedores tocará llenar este deber sagrado, de que no
podrán excusarse sino en circunstancias graves y extraordinarias,
y entonc-es les tocará. C'ntenderse con las autoridades locales para
que los desempeñen . Los cadá \eres que reclamen uno ú otro de
los dos Gobiernos, 6 particulares, no podrá rehusarse su entrega, y
se otorgará lo que sea necesario para su transporte.'
"Art. I 2. Los generales de ejército, los jefes de división y
todas las autoridades tendrán que obsenar este Tratado con exactitud
y fidelidad; toda infracción acarreará para ellos las p nas
más severas, y los dos Gobiernos se hacen, respectivamente, responsables
de su exacta y religiosa observación, bajo la garantía de
su buena fe y del honor nacional.
"Trujillo, 26 de Noviembre de 1820.
A'lTONIO JosÉ DE SucRE-PEDRO BRICEt~O M:F. mEz-JosÉ GABRIEL
Piaxz.•'
. Nuestros comisionados respondieron á esta nota, sin pérdida de
tiempo· después de acusar recibo continuaban en estos términos;
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~o(etin IDlintar be <§:o(ombia
\_ 003 _)
"El Gobierno español ha visto siempre con horror la guerra
de exterminio que devastaba á estos paí es; de acuerdo con
VV. SS., desea aprovechar este momento de calma para dar al
mundo una prueba de su filantropía. En conformidad con estos principios,
los comisionados del Gobierno español no pueden dejar de
considerar como obra de amor á la humanidad, que cubrirá siempre
de gloria á sus honorables autores, los doce artículos de la nota
que han recibido; nota tan conforme con los sentimientos generosos
del Gobierno que representan y con las ideas nobks y liberales
de !os que bs han suscrito.
"Sin embargo, aun cuando están de acuerdo en la absoluta
convicción de que los errores políticos no son crímenes, y desean
dar á un tratado tan favorable para la humanidad toda la latitud
posible, ellos creen deber notificar á VV. SS. que no pueden convenir
en el cambio ele e pías y conspiradores propuesto por el artículo
5. 0 de la nota; pero están conformes en que la pena capital
no les sea aplicada. En el artículo 6. 0 tampoco se podrá admitir
lo que concierne á los empleados puramente militares, porque
está en oposición directa on la orden del ejército; pero es
admisible en lo que respecta. á lo. empleados civile .
"Todos los demá artículos merecen la aprobación de los
suscritos; nada puede ser más agradable para ellos qu la conclusión
de un Tratado reclamado por la humanidad de manera tan
imperiosa, y que debe augurarles con las bendiciones del pu ·blo
el ¡·econocimiento de su Gobierno.
"Dios os guarde muchos años.
"Trujillo, 26 ele Noviembre de 1820.
RMro}l CoRREA-jUAN RonRIG 'Ez DE ToRo--FRANCisco GoNzALEZ
DE LINARES."
Tras una corta discusión, en la cual se estuvieron los mismos
principios de una y otra parte, se concluyó y firmó el Tratado.
Salvo la mención de España, como parte contrante, y lo
nombres de los comisionados españoles, los considerandos eran
exactamente los mismos que los de la nota precitada. Los únicos
can1bios introducidos en la redacción de esta nota, son la diYisión
del artículo 2 en dos artículos; la sustitución del artículo siguiente
(6. 0 del Tratado) al artículo 5. 0
u Quedarán comprendidos igualmente en el canje los militares
ó campesinos que ya individualmente ó por partidas, hagan
el servicio de reconocimiento ó de observación, y que recojan noticias
para un general, sobre el ejército enemigo."
El artículo 7. 0 del Tratado, menos favorable que el artículo 6.0
de la nota, pa;-a los desertores tomados bajo nuevas banderas, los
exceptuaba sólo de la pena de muerte. Se declaró aplicable á los
conspiradores y disidentes que no habían sido comprendidos en el
artículo 6. 0
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moretin ~i!itar be ~oiomb ia
\._ 604 _J
Por último, el artículo siguiente (artículo 14) daba término al
Tratado:
"El presente Tratado será ratificado y canjeado en el término
de sesenta horas, y comenzará á tener su cumplimiento desde el
instante de la ratificación y canje. En fe de lo cual, nosotros comisionados
de España y de Colombta, hemos colocado nuestras firmas.
" En la ciudad de Trujillo, á las diez de la noche del 26 de
Noviembre de 1820.
RAMÓN CoRREA- A. To,.rro JosÉ SucRE-JuAN RoDR{GuEz ToRo,
PEDRo BRicEÑo MÉ 'DEZ-FRA 'Cisco GoNzÁLEZ DE LINARES-JosÉ GABRIEL
PÉREZ.''
El armisticio fue firmado, aprobado y ratificado en toJas sus
partes el 26 en Trujillo, por Bolívar, y en Carache por S. E. el
Conde de Cartagena. El segundo 1 ratado lo fue el 27 por el Presidente
de Colombia, siempre en la misma ciudad, y por S. E. el
Conde de Cartagena, en anta Ana, á donde él había trasladado
su cuartel general.
Nuestros comisionados volvieron al punto á Caracas, y guiados
por sus sentimientos de honor y de delicadeza, fomentaron al
punto la reunión de la junta de la cual emanaban sus poderes, para
darle cuenta de todos sus trabajos. Celosos por poner de manifiesto
con toda evidencia la int f;ridad de ·u conducta, insistieron vivamente
en que se forma e del mayor número de personajes públicos.
e accedió á sus deseos, y la junta oyó la lectura de todos
los documentos aquí publicados, en virtud de lo cual se redactó el
acta siguiente :
"En la ciudad de Caracas, el 16 de Diciembre de 1820, estuvieron
presentes en casa de . . J J fe superior político, S. S.
D. Miguel de Laton·e, l\1ariscal de Campo y General en Jefe del
ejército expedicionario de Costafirme ; D. Ramón Correa, Brigadier,
Jefe político supet ior de Venezuela; D. Francisco del Pino,
Brigadier, Capitán General ad ínter/m; D. José Alustiza, Intendente
del Ejército y uperinkndente general, Subdelegado del tesoro
militar; D. Manuel González de Linares, segundo Alcalde constitucional;
D. Francisco de Azpurna, primer Alcalde constitucional
provisorio; D. Felipe Fermín Paúl, D. Nicolás de Castro y D. Bartolomé
Mascareñas, Diputados á Cortes; D. José Manuel Lizarraga
y el Conde de la Granja, miembros de la Diputación provincial;
D. Francisco Rodríguez y D. Ramón Monzón, Síndicos procuradores
generales; D. Juan Rodríguez de Toro y D. Francisco
González de Linares, primer Alcalde constitucional de esta ciudad,
uno y otro comisionados cerca del General Bolívar para los dos
Tratados de armisticio y de regularización de guerra.
"En esta junta, cuya convocatoria tenía por fin tomar noticia
de todos los hechos que han precedido y acompañado á la con-
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~oietin militar b\: ~otombia
L 605 _;
clusión de los dos Tratados, se han leído todos los documentos relativos
á esta negociación, y los comisionados han dado de viva
voz todas las explicaciones que les parecían útiles. En seguida se
ha dado lectura á una nota oficial de S. E. el Cor1de de Cartagena
á S. S. el Jefe político : S. E. expone en ella la necesidad de
enviar á España comisionados encargados de dar al Gobierno todas
las noticias indispensables en esta circunstancia, y para activar
sus preparativos con toda la prontitud posible, en razón de la
próxima partida de los comisionados que había nombrado por su
parte el General Bolívar.
"La junta, luégo de proclamar digna de reconocimiento público
la conducta de los comisionados que habían m~nifestado tanto
celo, actividad y consagración á la causa de la Nación, ha reconocido
la urgencia de enviar comisionados especiales cerca del
Gobierno Supremo, en el momento en que los disidentes tomaban
una medida semejante. Por tanto, fueron nombrados D. Francisco
González de Linares, como perfectamente instruído en las negociaciones
en que ha tomado parte, y D. Pedro José Mijares, no
menos Yersado en el conocimiento de los asuntos del Estado. Considerando,
por último, que importaba que en un asunto de esta natural
za, todo fuese bien conocido del público, se convino en que
D. José Domingo Díaz, Secretario de la Junta, pondría en orden
y publicaría todos los documentos relativos á las negociaciones.
En fe de lo cual han firmado.
MIG EL DE LA ToRRE-RA:\IÓ. · CoRRE \-I• RA .. 'icrsco DEr. PINO.
Josi DE ALusnzA-MIGUEL Go. ·zALEZ DE Lt 'ARES-FRANCisco DR
AzPui NA, &c. &c.-José Domüzgo Díaz, Secretario."
Hé aquí la · relación exacta de todas las diligencias que se han
verificado desde el momento en que S. E. el Conde de Cartagena
recibió la orden real del r r de Abril de 1820. Esta ordenanza,
que debería servir de modelo á todos los Gobiernos sabios, bienhechores
y liberales, fue la regla invariable de todos los actos de
S. E., y dio nueva fuerza á los votos que él había hecho siempre.
Ojalá nos fuera dable comparar imparcialmente la felicidad de
los pasados tiempos y las desdichas que acaban de pesar sobre
nuestras cabezas, oír la voz de la Patria, y resignarnos á los sacrificios
que exige el interés general-Contzinía.
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~oletin ID1iritat be ~olomóia
'- 6o6-'
VIAJE A LA REPUBLICA DE COLOMBIA EN 1823
POR 1\1. 1\10LLIEN
(Tra•lucido para el Bo!etht JIIilitar)
(Continúa)
Así nos pasó á cada uno de nosotros ; nos apresurámos á transmitirnos
mutuamente las observaciones y á comentarlas : se habían
visto con asombro varias institucione que parecían ofrecer
contradicciones chocantes con los principios sobre los cuales se
había levantado el edificio social de los Estados Unidos. El látigo
con que se castiga á los negros esclavos, zumbaba aún en nuestros
oídos; * las preocupaciones bajo las cuales gimen los hombres de
color exaltaban nuestro corazón; las costumbres habían parecido
relajadas : era preciso que lo e tuviesen en grado notable para
provocar la censura de los marinos, naturalmente poco severos.
Especialmente la policía poco nos había entusia. mado, porque
aun cuando deja en gran libe rtad á los extranjeros, 1 ofrece poca
seguridad contra la mala fe d e los mercaderes y la infidelidad de
los sirvientes. Sobre todo s e qu e jaban d el abandono de los americanos
en tomar medidas de salubridad contra ]a fiebre amarilla,
lo que expone todas las ciudades de la costa á el e va taciones anuales.
En cambio, no se podían r e hu at· elogios á la actividad de su
comercio, al bu n orden de su marina, á la prontitud con que se
apoderan de todas las invenciones nuevas, y particularmente de
las máquinas de vapor, que se han convertido para ellos, como
para todas las naciones que las usan, en medio poderoso é incalculable
de riqueza y de poder. Entre algunas personas, y sobre
todo entre los militares.. se creyó reconocer una inclinación á la
aristocracia; algunas instituciones nuevas, como el establecimiento
• En 1820 se contaban en los Estados Unidos 1.538,128 esclavos. No es, pue!,
sin poderosos moti\· ' S como el Gobierno de esta. República se ha unido á los ingleses
para oponerse á la trata de loe; negros. Por esto, lejos de permitir el aumento
de su población por nuev ·s milicia , se esfuerza, por todos los medios posibles,
en disminuirla, ya sea re ..! xportándola á otra parte, ó por medio de leyes
t~rribles contra los nc~ro : Quizás nunca e ha_publicad,o contra esta r~za desdtchada
un decreto mas vwlento que el que se promulgo en 1823 en la Carolina
del Sur.
Este decreto declara que los capitane mercantes que tengan á bonlo en
sus navíos hombres de color, libres ó esclavos, deben hacerlos encerrar, durante
su permanencia en el puerto, en la cárcel pública, y además, pagar los gastos de
detención. Por falta de cumplimiento á esta ley, los capitanes serán condenados
á una multa de mil dólares y á dos mese.s de prisión; en cuanto á los negros,
libres ó esclavos, serán vendidos, de conformidad con el acta del 20 de Diciembre
de 1820.
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Fuente:
Biblioteca Virtual Banco de la República
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