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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 120

Por: | Fecha: 07/10/1899

ANOIII Bogotá, Octubre 7 de 1 899 NUM 120 --....... ·~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCIT6 --~·~-- DxucTo.R AD-HONORE.M, FRANCISCO J. VERGARA Y V. Coronel, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República OFICIAL (2 I DE SEPTIEMBRE) por el C\tal ae elimina una Comandancia militar El Prnidtnte dt '" Rtpúbliut DECRETA Artículo único. Elimínase la Comandancia militar del Litoral del Pacífico. §. La cañonera Boyacá dependerá en lo sucesivo de la Jefatura militar de Panamá. El Jefe de Estado Mayor de dicha Jefatura asumi­rá el mando de la nave en los viajes periódicos que ésta verifique para la vigilancia de: las costas colombianas del Pacífico. Comuníquese y publíquese. Dado en Anapoima, Departamento de Cundinamarca, á 21 de Septiembre de 1899. MANUEl. A. SANCLEMENTE Bogotá, 23 de Septiembre de 1899. El Ministro de Guerra, JOsÉ SANTOS Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 258 BOLETíN MILITAR ( 2 4 DE SEPTIEMBRE) 1obre honores á la memoria del General en Jefe en el Ejército, D. Julio Rengiío El Prnidentt de la Repúhlica CONSIDERANDO Qlle el telégrafo ha comunicado la infausta nueva de la muerte del General en Jefe D. Julio Rengifo, acaecida en el río Magdalena en la noche del 20 al 21 de los corrientes á bordo del vapor FranfiJ­tfJ Montoya; Que el General Rengifo figuró en puesto de honor entre los hom­bres públicos que llevaron á cabo el movimiento político de 188 5, prestando entonces el contingente de su prestigiosa espada en varios campos de batalla, en que la victoria coronó sus esfuerzos ; Que en 1895, hallándose ausente de la patria, vino presuroso á ponerse al frente del Ejército que se organizó en el Cauca para debe-lar la revolución de aquel año ; . Que se distinguió siempre como militar valiente y pundonoroso, logrando alcanzar, por sus méritos y servicios, el más alto grado en el Escalafón del Ejército ; Que el General Rengifo ejerció con lucimiento, inteligencia y celo, elevados carg0s públicos, entre ellos la Secretaría de la Legación de Colombia en W áshington, Legación que desempeñó por muchos años como Encargado de Negocios, y que la muerte le ha sorprendido cuando se dirigía al Ecuador en importante misión diplomática, como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Colombia, DECRETA Art. 1.o El Gobierno de la República lamenta profundamente el fallecimiento del General Julio Rengifo ; considera su inesperada muerte como una positiva de gracia para la Patria, de que era una de las más brillan tes esperanzas ; reconoce los eminentes servicios pres­tados P.or él á la Regeneración, y tributa homenaje de gratitud á su memona. Art. 2. 0 El pabellón nacional permanecerá izado por nueve días, á media asta, en los edificios públicos ; el Ejército 1levará luto por el mismo tiempo, en señal de duelo, y hará al finado los honores que le corresponden como General en Jefe. Las Bandas de música militares de la capital y de las demás guarniciones tocarán retretas fúnebres en los mismos días. Art. 3.• El Estado Mayor general transmitirá por telégrafo las órdenes del caso para que en todos los acantonamientos de la fuerza pública se dé estricto cumplimiento á este Decreto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 259 Art. 4.° Copia auténtica del mismo será enviada á la sefiora viuda y hermanos del benemérito General Rengifo. Comuníquese y publíquese. Dado en Anapoima, Departamento de Cundinamarca, á 24 de Septiembre de 1899. MANUEL A. SANCLEMENTE Bogotá, 2 5 de Septiembre de 1899. El Ministro de Relaciones Exteriores, CARLOS CUERVO MARQUEZ El Ministro de Guerra, JOsÉ SANTOS :RESOL'C"OION N'C"ME!?wO 40 :CE 1999 por la cual se adiciona la Resolución número :z.o de 7 de Julio último, y se reforma una parte de ella Ministerio dt Guerra-Sección 2.a-Bogotá, Stptiembre 27 de 1899 CONSIDERANDO Que el cumplimiento de la Resolución ·número 20 de 7 de Julio próximo pasado, pre5enta algunos inconvenientes para la regularidad de la Contabilidad, inconvenientes que hay necesidad de corregir, RESUELVE Art. 1.o Para el pago de las hospitalidades de los enfermos que pasan al hospital por enfermedades venéreas, hospitalidades que son de cargo de éstos, los Habilitados de los Cuerpos arreglarán, en los días 15 y último de cada mes, en los hospitales, las cuentas que les correspon­dan, relacionadas con dichas hospitalidades, fechas en que las cubrirán. § 1.o Cuando un individuo de tropa salga del Cuartel para pasar al Hospital, se hará notar ó se pondrá constancia en la respectiva pape­leta de baja de hospital, que tal individuo pasa á él por enfermedad venérea, si fuere el caso, y esto mismo se hará cuando salga de aquel establecimiento. § 2. 0 En los cuatro primeros días de cada mes deben quedar con­frontados los cuadros de los Habilitados con los del Hospital, á cuyo efecto las libranzas se girarán por el personal efectivo y no por el dis­ponible. Art. 2. El Gobierno seguirá pagando las medicinas de los indi· viduos de tropa que pasan al Hospital, aunque sea por enfermedades Yenéreas. Ec;ta Resolución regirá desde el día 1. 0 del entrante mes. Comuníquese á la Comandancia en Jefe para que la haga saber en la Orden general, y publíquese. 1 Ministro, JOsÉ SANTOS Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 260 D0LET1N N:ILIT.A.R Repú/Jiica de Colomhi~t-Admi11istracióll "general de Carrus nacionaln­Sección 1:-Número 3,833 A-Bagotá, 23 de Septiembre de 1899 Sr. Ministro de Guerra Para conocimiento de V. S. tengo el honor de tramcribirle el in­forme que con fecha 20 de los corrientes rindió el Mensajero Sr. Eduardo Lasprilla : "El 10 de Agosto último salí de esta ciudad con el correo de en­comiendas del Pacífico, y en el trayecto del camino de aquí á Buena­ventura y de aquel lugar á esta ciudad, me acompañaron los siguientes Ofici-ales, Comandantes de las escoltas, todos los cuales me complazco en reconocer que se manejaron bien. "De Bogotá á lbagué, Oapitán Adán Vergara, del Batallón Bár­! JJtla; de !bagué á Buga, Teniente Pancracio Bohórq uez, del Batallón Palacé; de Buga á Buenaventura y regreso de allí á Buga, Sargen­to 2.0 Juan García, del Batallón Urdaneta ; de Buga á !bagué, Te­niente Adán Vargas, del Batallón Palacé; y de !bagué á Bogotá, Subteniente Víctor 1\laa.uel Castro, del Batallón Palacé. "Dios guarde á usted. E. M. LasjriiiA" Dios guarde á V. S. JOSÉ ANTONIO RIV AS ---- ··~· --'-- En Pasto, á cuatro de Septiembre de mil ochocientos noventa y nueve, el Sr. Prefecto de la Provincia, asociado de su Secretario, se trasladó al Parque nacional estacionado en esta capital, con el objeto de practicar la visita reglamentaria correspondiente al mes de Agosto pasado. En consecuencia, se examinaron el inven.tario, el registro dia­rio, cuenta de especies, libros copiadores y auxiliares, y fueron en­contrados perfectamente arreglados, con ac;eo y á la orden del día. Hecho el recuento del armamento e.1 us diferentes sistemas, pertre­chos, depósitos, vestuarios y demás enseres, se encontraron de acuerdo con el inventario general de entrada. Se visaron los documentos per­tenecientes á la cuenta del mes ; y sin tener observación alguna que hacer, se terminó la diligencia. El Prefecto, BENJAMÍN GuERRERo-El Guardaparque, PRIMITIVO AsTORQUIZA-El Secretario de la Prefectura7 Manuel A. Br4fJI. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 261 Conferencias de3 los Oficiales de la Misión Francesa 1NSTTI1TCCIÓN PROVISIONAL PARA EL TIRO (Continuación) Estando en la poJiciÓ'I de pie Mirará el soldado la nuez y colocará la segunda coyuntura del índice adelante y junto al gatillo. Luégo actuará sobre el gatillo de la manera siguiente : 1.0 Hará un primer esfuerzo franco hasta que la segunda punta de la cabeza del gatillo venga á tocar la parte inferior del cajón del mecanismo; z.o Seguirá actuando muy despacio hasta que dispare el tiro. 43· Notas-Es esencial que el tirador se acostumbre á reconocer, por la resistencia que siente, el momento en que el disparador toca la parte inferior del cajón del mecanismo; luégo no tiene más que hacer que un ligero esfuerzo para que parta el tiro. El instructor mandará al soldado que se ejercite en actuar sobre el disparador. Dar fuego Jin flariar la puntería +4· !-Fuegos á discreción. El instructor hará apuntar y tirar al soldado en la posición del tirador de pie, empleando sucesivamente todas las líneas de mira del arma ; para esto mandará: Fuego á discreción sobre tal punto, á tantos metros, rompan el fuego. A la voz de fuego á discreción, tomará la posición del tirador de pie y cargará el arma. A la voz sobre tal ptmto mirará el objeto. A la voz á tantos metros, arreglará el alza para la distancia indica­da y mirará de nuevo el objeto, que no debe perder más de vista. A la voz rompan el fuego, apuntará y actuará sobre el gatillo, hasta que la segunda punta de su cabeza toque la parte inferior del cajón del mecanismo, y en el instante en que la línea de mira pase por el punto apuntado, hará partir el tiro; tomará inmediatamente la posi­ción normal del tirador, sacará la vaina, cargará de nueYo y continuará disparando sin esperar voz de mando. 45· Cuando el instructor quiera hacer cesar el fuego, mandará: Alto el fuego. A esta YO'l. tomará de nuevo la posición del tirador de pie ; si hay lugar, sacará la vaina, cerrará el mecani~mo, vol verá á la derecha el $e­guro, bajará el alza y quedará en pnsici6n. fÓ. Si el instructor no quiere hacer continuar el fuego, mandará dtscatlstll. Armm. 47. El mismo ejercicio en las posiciones de rodilla en tierra y en tierra. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 262 BOLETÍN MILITAR El Instructor mandará : Fuego á diJcreciÓ!J de rodi/ltlJ (ó en tierra). Sobre tal punto. A tantos metros. La voz .Alto el fuego, irá seguida, si es menester, de la voz De pie. Fuegos por descargas 48. El soldado, una vez enseñado á tirar á discreción, se pone frente de un blanco, y se ejercita haciendo fuego, á la voz de mando. El Instructor mandará : Fuego por descargas, ó Fuego por descarga, de rodtltas " en tierra. S bre tal punto. A tantos metros. Apunte11. Fuego. A las tres primeras voces ejecutará lo que está prescrito en el tiro á discreción. A la voz Apuntm, apuntará y actuará sobre el gatillo, hasta que la seg~nda parte de su caLeza toque á la parte inferior del cajón del me­camsmo. A la voz De fuego, hará partir e! tiro, cargará otra vez y tomará de nuevo la posición del tirador. El fuego continúa asf á las voces de Apunten, FuegfJ. 49· Estando el soldado en la posición de Aptmtm, si el Instructor no quiere hacer disparar mandará : Retiren armas. A esta voz tomará de nuevo la posición del tirador. so. Para hacer cesar el fuego, el Instructor hará seguir inmedia­tamente la voz de Fuego por la de Alto el fuego. Si él no quiere continuar el fuego, mandará en seguida : Dncamnt armas ó De pie. Fuego rápido-Tirl por tiro. 5 I. Este ejercicio no será enseñado al hombre smo después de la ejecucíón de los tiros de instrucción. El instructor prepara el soldado á la ejecución del fuego rápido tiro por tiro, haciéndole simular fuegos rápidos individuales por medio de falsos cartuchos; para suspenderlo mandará: Alto el flfego y en 5eguida 5i no quiere continuar el fuego: Desmmen armas ó de pie. 53· El soldado se ejercita en aumentar progresivament~ la veloci­dad de la carga de suerte que pueda disparar doce veces por minuto. En la instrucción el f'lcgo no se prolonga más de un minuto. Fuegr-s de repeticiÓ1J 54· Estos fuegos se ejecutan cargando previamente el almacén. No se debe hacer uso del almacén 5ino en esta clase de fuegos. El instructor mandará: Fu~g' de repetición, ó jutgo de repetición de rodi//as ó m tierra. Sobre tal punto, á tantos metros, rompan el fiugo. A la primera voz, tomará lapo ición del tirador y cargará el almacén. A la primera voz de romprm ti fut:go, apuntará, hará fuego y vol-verá á tomar la posición del tirador ; pondrá un cartucho en la recá­mara dtl fu il abriendo y cerrando el cerrojo, y continuará tirando sin cesar de apuntar según las reglas, hasta que el almacén esté agotado. Después de haber sacado la última vaina ccrraní el mec;.nisruo y pondrá e 1 rifle en el seguro. 5 S· El Instructor ejercita al soldado en cesar el fuego de repeti­ción y comenzarlo de nuevo, á la voz de mando, sobre el mismo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 263 blanco 6 sobre otro diferente. Para este efecto, cuando el soldado ejecuta el fuego de repetición, el Instructor mandará : Alto t! fuego. A esta voz, vol verá á tomar la posición del tirador y, si es menes­ter, saca la última vaina, cierra el mecanismo, pone el rifle en el seguro, baja el alza y queda en ?Osición. 56. Si el Instructor no quiere seguir el fuego, mandará : Dercan­un armas ó Dr pie. 57· El Instructor volverá á hacer principiar el fuego de repeti­ción con las voces prescritas en el número 54· 58. Habiendo agotado el soldado su almacén y sacado la última vaina, continúa tirando y cargando, tiro por tiro, hasta la voz de .Alto el fuego. InspecciÓ11 del arma 59· Para pasar la inspección del arma, el Instructor mandará : A impución de armas. Tomará la posición del tirador de pie, y cogerá el arma por la garganta con la mano derecha, después de haber abierto el mecanismo. El Instructor examinará su c e~ivamente el arma de cada soldado. de acuerdo con las reglas dadas á la tropa ~egún las armas que manejan. 'TirtJ reducido 6o. El tiro reducido es un medio de probar los resultados obte­nidos, de corregir los defectos de los tiradores, y de prepararlos al tiro verdadero : tiene, desde luego, una gran importancia. Sirve también para demostrar el papel que desempeña el alza. 61. El Instructor, después de haber demo trado que el fusil debe e5tar tanto más levantado sobre el plano horizontal, cuanto más lejano está el blanco al cual se tira, demuestra prácticamente : 1 Que si se apunta siempre al mismo punto, el extremo del cañón se eleva al mismo tiempo q nc se usa una alza más fuerte ; 2 Que si se inclina el arma á la derecha ó á la izquierda, los proyectiles se dirigen siempre 1el lado al cual se indina el arma, y más abajo. Capitán LEVEQUE (de infantería) ( Oontinuat·á) I~ J~ (+LA (Continúa) 29 . .Apur1tar utJa pieza con el alza. El Instructor enseña á los artilleros lo que es apuntar una pieza con el alza y para que puedan ejecutar este movimiento (apuntar) de la carga en cuatro tiem~os, los enseña suc~sivamente á practicar la operaciones sigui en tes: 1 .o Manejo del alza; 2 1! Tomar la línea de mira; 3.0 Apuntar en dirección ; 4.11 Apuntar en altura; y 5.0 Apuntar en dirección y en al­tura. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 264: 'BOLET.fN MILITAR 30. Mantjo del alza-El Instructor da la nomenclatura del alza y en~eña el uso de las varias graduaciones. Arreglado el graduador para un cierto alcance, enseña lo que corresponde al alcance de un cierto número de milímetros, enseña después que á cada porci6n del graduador corresponde un cierto desvío. Ejercita á los artilleros á leer este desvío y á dar á la tablita la posición correspondie nte. En fin, el Instructor enseña á los artilleros á leer y á indicar las graduaciones de la espoleta y el ángulo de tiro. Cuando los artilleros saben suficiente­mente el manejo del alza, el Instructor hace repetir las mismas opera­ciones con el alza colocada en su canal. Para esto hace colocar á cada ar­tillero como e5tá prescrito para abrir y cerrar la culata y enseña lo que sigue. Puesta el alza en su canal á la voz de: A tm1tos metros el artillero (1.0 sirviente de izquierda) saca el alza de su canal, la toma enlama­no izquierda, destornilla el tornillo de presi6n con la mano derecha, corre el graduador de manera que quede al frente de la distancia indi­cada y atornilla el tornillo de presión. Lee en seguida en la faz izquierda el desvío correspondiente á la posición del graduador, destornilla la tuerca de presión con la mano de­recha, corre la tablita de manera que la graduación de la mira quede al frente de la división que necesita y atornilla la tuerca. A la floZ: corran el ~cular tanto á lA derecha (izquierda), el artille­ro destornilla la tuerca y corre el ocubr la cantidad prescrita y vuelve á atornillar la tuerca. 3 I 'Tomar la línea de mira-El Instructor apunta la pieza sobre un punto claramente definido como la cruz de dos líneas, después manda á ]os artilleros que se acerquen sucesivamente á la culata, á mirar por el ocular del alza y á poner el ojo derecho de manera que vean exactamen­te el punto apuntado entre las dos puntas del guión. Enseña que para obtener este resultado se necesita: 1.° Cerrar el ojo ixquierdo; 2.o Acer­car el ojo rl.erecho lo más cerca que sea posible al ocular ; 3° Apuntar exactamente por el centro del ocular y la mitad del intervalo de las puntas del guión ; si algunos artilleros tienen alguna dificultad para ce­rrar el ojo izquierdo el Instructor los ejercita hasta que puedan hacer­lo, sin demasiado esfuerzo. Si no pueden hacerlo, los manda apuntar con el ojo izquierdo CC'rrían que­dado enfermos hacía un mes. En e te día e desertó un artillero y se enfermó un~ de vanguardia, que quedó en Anapoima; á las 7 de la noche llegó la tropa á Tocaima, haciendo una jornada de siete leguas. Día 26-De pués de haber mudado caballerías, salió la Di­visión á las 9 de la mañana ; camino llano y montuoso con som­bra agradable ; se pa a la quebrada Acuata, para subir al alto de Limba, bastante empinado y pedregoso. En Apauta murió un ar­tillero y su mujer, lo que se atribuye á haber bebido chicha ó aguardiente sobre plátano guineo ; después de pasar el Rioseco dos veces, por vado ba:>tante malo, entrámos á Guataquí á las 7 de la noche; el camino es de siete leguas, y dormímos antes de pasar el Magdalena. Día 27-Empczó á pa ar la tropa á las 9 de la mañana di­cho río, que se atraviesa en canoas, y á las ro siguió por un cami­no quebrado y montuoso ; pasó por vado el río Opia, y llegó ~1 pueblo de Piedras á las r 2, de donde, después de haber descansado, siguió la División á las 3 de la tarde por camino llano, cortado por muchos arroyo, hasta Cuatro-e quinas, donde hizo alto por una fuerte tempestad. De aquí se fugó un arrestado en la preven­ción. Hay seis leguas de camino. Día 28--Salió de Cuatro-es:}uina!:, y rfespués de haber pasa­do dos veces el Chipa/o, pequeño río, y dos quebradas, llegámos á !bagué á las 4- de la tarde. La jornada fue de cinco leguas. El camino por llanura arenosa. Día 19-Este día dividió el Comandante la tropa en dos trozos para pasar la montaña de Quindío con más comodidad, y después de una revista escrupulosa de armas y municiones, siguió la r.a División, compuesta de los cazadores de vanguardia, á las 3 de la tarde, y llegó por la noche á La Palmilla, por una ubida muy elevada; á su pie corre el río Combeyma, que se pasa por un puente de guaduas. Distancia, legua y media. Durmió en un tambo bastante capaz. Día 30-Salimos de La Palmilla, lloviendo y después de pa­sar muchas quebradas; llegamos al i\.1ora1, tambo pequeño, donde pernoctamos. La distancia, 2 legua y media por terreno que­brado. Del Moral salimos al amanecer del 1.0 de Octubre. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILI1'.AR 277 Día I . 0 de Octubre-Pasamos el río San Juan por vado, bas­tante grande, después de haber pasado la quebrada Machín; ran­ch6 la tropa en dos tambos pequeños á las 3 de la tarde, en el sitio llamado Toche. Dos legu,.s de distancia. Día 2- ~\tfarchamos del Toche á las 7 y no llegamos sino á La Ceja por haberse cansado las mulas á causa de los muchos Je­rrumbaderos que se hacen en tiempo de invierno, }' es preciso abrir el camino con hachas. 3 leguas. Día 3-Salimos de La Ceja á las 10 por aguardar las mulas que se habían quedado en Los Gallegos. Este día se pasó el pára­mo y á las 5 de la tarde llegamos al Chusca/ redondo. 2 leguas y media de distancia. Día 4-Partimos á las 5 y pasando el Quindío tres veces por vados malos donde se iba ahogando un soldado, ranchamos en El Roble á las 5 de la tarde. 4 leguas de di 'tancia. Día 5 -Salió de allí la División á las 8 y llegó á Buena vista á las 3 de la tarde por una trocha malisima. Distancia 2 leguas y media. Día 6-Siguió de Buenavista á las 7 y por malísimo cami­no llegó á las 2 de la tarJe á La Balsa, pueblo miserable. Allí pa­samos ese día. Hay dos leguas menos cuarto. Día 7-A las 2 nos alcanzó el Comandante, que se ade­lantó de la retaguardia haciendo jornadas forzadas, y seguimos á las 3, lleg-;mdo á Piedra de LVfolc:r á la 6. Legua y media. Día 8-Pa. amo::. el río de La 17 iLja y á las 6 y media de la tarde llegamos a Cartago. Es río de canoa y hay de distancia le­gua y media. CANCINO S .e I D CTBINAL EL E TUOJO DEL TERRENO Conferencias á los Oficiales de la guarnición ( . ontinuación) La obra que entre nosotros pueden ejecutar los oficiales, sin otro bagaje científico que algunos conocimiento tccnicos y una buena educación pn'ictica duranre la paz, será siernpre benefica, como que en todo caso llenará vacws imposibles de colmar de otro modo; ma para que ella sea un hecho es necesario el trabajo; preciso erá aprovechar con buena voluntad toda ocasión que se presente de estudiar el terreno, y el 1ini~tro de Guerra os ofrece Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 278 BOLETÍN MILil' Alt por mi conducto, que tan luego como lo permita la situación del Tesoro, cada quince días uno de vosotros hará una correría en co­misión especial del servicio, á fin de que tengáis ocasión de per­feccionaros en el estudio del terreno, para lo cual en las primeros via­jes llevaréis carta de la zona que debéis visitar y los instrumentos in­dispensables para el trabajo. Y por propia experiencia Y J. sabéis que, con un p~co de método, es posible llegar á estimar á la vista ángulos y pendientes con marc da aproximación; á lo que se agrega, como á su tiempo lo veréis, que es dable m_dir y trazar ángulos en el terreno, apreciando grados, rninutos y aun segundos, no sólo sin instrumentos de limb~, pero aun sin instrumentos de ninguna especie, tal como de ordinario será preciso obrar en campaña. La nece>idad de que los oficiales de filas estén en capacidad de estudiar pronto y bien el terreno, par11 que puedan servir de ojos movibles á los jefes, por decirlo así, resaltará si recorda­mos que en nuestras cartas geográficas entre U ti ca y la Palma p. e., sólo hay una legua, y el camino que las enlaza mide ocho; que ehiquinquirá, según los distintos observadores, puede encon­trarse donde la marca la carta ó donde ésta coloca á Sutamar­chán ; que Pacho, lugar de veraneo, seguramente se encuen­tra 3 leguas más al N., cte. etc. Errores tales, señalados para las goteras de Bogotá, indican de sobra la utilidad de labores, aun medianas, para completar las cartas; labores que en Europa serían innecesarias por el progre~o cumplido en su cartograña, estando por demás advertirlo que no se trata de rectificar cálcu­los de coordenadas geográficas, sino de recoger detalles sobre las formas del terreno. En esta labor no es necesario perder el tiempo en estudios de trigonometría, inútiles para el oficial de filas: basta y sobra aprender á utilizar algunas tablas y á emplear determinados pro­cedimientos, de gran sencillez por añadidura, para resolver trián­gulos con aproximación suficiente para for:nar croquis, medir distancias, etc. Un ejemplo aclarará mejor esta doctrina : será o ·. ? B caso común en campaña que al practicar reco­nocimientos para completar la carta, un oficial que recorra el camino de A á e, al llegar á B mida el ángulo que allí forma el empalme de un sendero que guía á e, y que por el momento pa­rece sin importancia mayor, por lo cual se limita á enviar al punto visible D una clase ó soldado inteligente que estime los pasos que dista D de B; pero que al llegar luégo á e resulte que de allí á D hay sendero que cruza el cerro M, convinien­do, por lo mismo, medir la distancia e Den mo­mento en que no hay tiempo para hacerlo mate-rialmente. En trigonometría, conocido el ángulo B y la~ longitudes BC y BD, se resuelve fácilmente el problema, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 279 pero el procedimiento es inaplicable por quien no posee cierta clase de conocimientos. ¿Significa esto que uno de vosotros no pueda hacer tal cálculo? De ninguna manera, puesto que también puede resolver­se por medios más elementales: sumar el cuadrado de las longitudes BD y BC, y restar del total el doble producto de aquellas longitu­des, multiplicado por el coseno del ángulo medido en B, si es ii.gudo (agregarlo si es obtuso), y del resultado extraer la raíz cuadra­da*, lo cual puede hacerse casi sin trabajo usando las tablas de co­senos, y de raíces y cuadrados ; si se trata de medir una distancia, como es fácil establecer una base, de suerte que uno de los ángu­los del triángulo sea recto, multiplicando entonces la tangente del otro ángulo por la longitud de la base, estará resuelto el pro­blema: por ejemplo, coo base de roo metros (ó pasos), el ángulo no recto resultó ser de 83°30: la tabla nos dice en el acto que la distancia pedida es de 7 59,60 metros ( ó pasos), etc. Lo único indispensable para los trabajos de que se ha hecho mención es, pues, aprender á manejar bien las tablas arregl para que forme 10 unidad~s, ó en otros términos, lo que queda cuando de 10 unidades se sustrae dicho logaritmo, para lo cual se resta la úl­tima cifra de la derecha, de la mantisa, de t o, y las· demás de 9, si esa primera es significativa, ó de la primera de esta clase si la mantisa termina en ceros. \Complemento 8.2919640 E' 1 l Logaritmo ... 1 .7o8o36o Jemp os~ ----- t 10.0000000 Logaritmo ...• 2.3271614 Complemento. 7·5728386 10.0000000 Aplicaciones de los logaritmos - Como el logaritmo del pro­ducto de dos números es igual á la suma de los logaritmos de los dos factores, el logaritmo del producto de un número cualquiera de factores es igual á la suma de los logaritmos de los diferentes factores; es decir, una simple suma reemplaza las más complicadas multiplicaciones. Para multiplicar entre í las cantidades A, B, C, D, E, etc., se tom :111 en la tabla los 1 garitmos de esas canti­dades, se suman en . eguida, y p r último, en la misma tabla se busca á qué número corresponde esa suma. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 284 BOLETlN MILITAR El logaritmo del cociente de una división es igual á la dife­rencia entre el logaritmo del dividendo y el logaritmo del divisor ; luego para hacer una división se toman en la tabla el logaritmo del dividendo y del divisor, se resta el segundo del primero y se busca luégo el número que corresponde á dicha diferencia ó resta. El logaritmo de una potencia cualquiera de un número, es igual al producto del logaritmo del número por el exponente de la potencia, y á la inver a, una raíz cualquiera se halla dividiendo el logaritmo del número en cuestión por el índice de dicha raíz. Para formar la potencia N de la cantidad A, se busca el logarit­mo de A, se multiplica por N, y se busca á qué número corres­ponde es~ producto, el cual es igual á An ; para extraer la raíz v", en vez de multiplicar el logaritmo de A, se divide por N y se pro­cede como en el caso anterior. En los complementos se puede restar de una suma dl! m lo­garitmos, la suma de n logaritmos, para lo cual se toman los com­plementos de los logaritmos sustractivos y se uman junto con los logaritmos de Jos números aditivos, y deJa característica del total se quitan tantas veces ro (ó decenas) como complementos se to­maron, sin alterar la mantisa, y está resuelta la operación. NoTA- Los matemáticos forman dos clases de tablas de loga­ritmos, una que llaman de logaritmos vulgares ( ó de Briggs), con base decimal que es la que condensada acompaña á este estudio, y otra de logaritmos neperianos ( ó naturales), cuya base es 2. 7182,8 I 8 ... que sólo se usa en altas matemáticas; por lo demás, de una á otra se pasa multiplicando todos los logaritmos por un determinado número ó módulo que es 2.3025851 cuando los vulgares se quie­ren tornar en neperianos. - - ....... ·~-- DEL GENER L P BLO IOHILLO (Continuación) Páez se retiró al Arauca, y continué mi marcha h asta San Fernando. Sabía que la isla de 1\1argarita estaba ocupada por el enemigo, la Provincias de Cumaná y Barcelona, con los 11an s de la Provincia de Caracas, estaban perdidos en gran parte. Ca.i toda la inmensa extensión situada entre el Apure y el Arauca e encontraba ocupada por el Cuerpo que ataco al G neral Latorre; el rebelde Piar había invadido la Provincia de Guayana. En posi­ción tan crítica e inesperada, envié socorros á esta última Pro­vincia, bajo las órdenes del General Latorre, que salió de Sa~ Fernando de Apure, y me disponía hacer varios centenares de le- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILI'l'.A.R 285 guas para atacar el mal en su raíz. La fortuna no favoreció la primera operación, y m interné hasta Cumaná y Carúpano, des­pué de haber atravesado el corazón de tre provincia : todos los puertos de mar r:londe reside la mayor parte de la población fue­ron quitado al enemigo, y poco tiempo después me encontré con fuerzas suficientes en el suelo de la pérfida Margarita . ..l\1i llegada no fue la de un hombre que quería vengarse de la sangre derramada de su compa:iero de armas, indignamente, por el más ingrato de los hombres. Dejando á la justicia la pleni­tud de sus derechos, no traté de abu~ar de mi fuerza, y me presenté al Gobernador y á los habitantes de Margarita, como un herma­no y amigo, como un Jefe español que no anhela sino la paz, y cuyos deseo tienden á alejar los males que se ciernen sobr._ las ca­beza ; la piezas siguiente darán fe. Al C?mandant e y al ejército que ocupan la isla de Margarita: Las tropas españolas bajo mi órdenes acaban de pisar por la segunda vez en el suelo de e ta isla, y e pero que pronto estará so­metida íntegramente á la d minación de su legítimo Rey. Sé cuánto estáis comprometidos, y estoy persuadido que la masa de los habitantes no ha qu rido atraerse:: sobre sí tántas y tan fune ~ ta d -..sgraci a s. V u es trus desastres son la obra de un hom­bre p e rver::;o, la 1ngre que ha corrido, la inquietudes y zoz bras que habei sufrido, hé aquí el más digno presente que ha podido dejaros su dete table corazón. Soy conocido de todo ~ vosotros, mi lenguaje y sentimientos no deben er sospecho .w~. Voy á emprender una campaña cuyo resultado no será duJoso, s,tb...:i · que los medio5 de que di~pongo s n más que suficiente para realizar mis proyectos. Sin embargo, amigo de la hum·1nidad y siempre deseoso de a· egurar vth!3tra felicidad, he querido haceros esta intim'\ción, a ... ompañada de una proclama al pueblo de Margarita, en la cual manifie to mi dec;eo con la franqueza de un soldado. La suerte os ha pue to en dispo ición de h cer la felicidad de vue tro país, tomando el único partido que os aconseja h razón y e deber. . Si hacci desarmar lo habitantes, si os sometéis con ellos á la oaediencia de nuestro bien amado Monarca D. Fernando vu, toda h tilidad cesará, el pasado será olvidado y podéis contar con la p·otección de S. M. Lo ~ Jefes ó lo súbdito fieles que o a uden en e te servicio importante serán igualmente señalados y recompensados en proporción á sus méritos. La persona encargada de presenta:os esta intimación os ins­truirá en detalle, de todo lo que deseareiS saber para arreglar vues­tra conducta. Sería injusto el acusarme de los desastres que os atraiga.n v 1e ·tra obstinación en la sublevación ; puedo aseguraros, y mts anenazas no son el efecto de una vana ostentación, que el castigo de es·a ciujaJ será un ejemplo tarible para lo3 reb . ..ldedes ; todos Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 286 BOLETÍN MILITAR. recibirán el pago de sus crímenes, y no quedará ningún faccioso para conservar el recuerdo de los castigos terribles y sangrientos que sufrirán ellos y sus familias. Cuartel general de los Barales, I 7 de Julio de I 817. MORILLO Habitantes de Margarita Durante mi permanencia en Ocaña os prometí, en el mes de Abril del año pasado, que vendría á estas costas á castigar los facciosos y restablecer rl orden. El hipócrita y despreciable Arizmnendi ha dicho que os engañaba, que la presunción y el orgullo dictaban mi lenguaje desde las orillas del Magdalena. Veis hoy que sí he cumplido mi promesa abandonando las bellas provincias del reino de la N ue­Granada sometidas al Rey y vueltas de nuevo á su antigua feli­cidad; juzgad ahora mi conducta y conoced vuestra situación. Habitantes de Margarita, conozco todas las circunstancias de vuestra revolución, conozco los infames que la han causado, y estos hombres al momento de mi llegada os abandonan á vuestra suerte: como cobardes que han sido siempre, huyen á la sola idea del peligro que los amenaza. Este Arizmendi, nacido para vuestra desgracia, no vendrá á vuestro socorro, lo mismo que todo~ los miserables, tan valientes cuando el peligro estaba lejos. Ahora todos emigran, todos os abandonan con diversos pretextos ; el pirata Brion corona sus servicios saqueando Ja isla y huyendo con sus navíos. En este estado de cosas vengo á ofreceros de nuevo la clemen­cia de nuestro bien amado Rey D. Fernando vn, cuyo corazón au­gusto y generoso no quiere sino la felicidad de sus súbditos. Apro­vechad esta clemencia, y contad con el perdón de vuestras fal­tas si os sometéis sin retardo. Sabéis por experiencia que cumplo mis promesas y gue mi palabra es inviolable. Vuestra suerte no puede ser dudosa, puesto que cuento con las tropas que acaban de llegar de la península, tengo bajo mis órdenes las divisiones de un ejército cuyo valor es bien conocido. Si no obstante este último paso, que doy por respeto á la humanidad y como consecuencia de )os principios que siempre han dirigido mis acciones, persistís en la sublevación como lo habéis manifestado con vuetra actitud desde el momento de mi desembar­co, nada podrá determe, haré á un lado toda consideración, toda es­peranza de perdonaros, marcharé con todas las fuerzas que mando, la desolación y el terror me precederán, y si los traidores de Barce­lona han terminado su miserable existencia, esta isla infiel no con­servará ni las cenizas ni la memoria de los traidores que desprecian­do la bon~ad del Rey, se atrajeron ~u suerte. Cuartel general de los Barales, 17 de Julio de 1817. El General en Jefe, PABLO MORILLO Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 287 Mi lenguaje fue desdeñado, me vi insultado en presencia de mis soldados, que se sorprendieron de mi generosidad. La isla fue rodeada enteramente, todas sus posiciones, fortificadas por el arte y la naturaleza, fueron tomadas sucesivamente, no obstante una resistencia inaudita en los fastos militares. La ocupación de su capital (la ciudad c..le la Asunción) iba á terminar esta campaña, cuando las noticias exager:ada:; del progreso del enemigo, y de conmociones en la Provincia de Caracas, me obligaron abandonar mi intento. Estas noticias aseguraban que el General La 'rorre había evacuado la Guayana, después de haber sufrido la más ho­rrible hambre y se había visto obligado á retirarse á la isla de Granada, dejando al enemigo la libre posesión del país ; me dirigí rápidamente con una parte de mis tropas á la capital d~ Venezuela. (Continuará) Revista de la prensa militar hispano ameritalta.-Por no haber recibi­do periódicos militares de Suramérica en lo s · ú ' timos correos . no hemos podido continuar las informaciones que antes dábamos sobre ella á nues­tros lectores. El BoletÍlJ Militar se remite puntualmente á todos sus colegas del N ucvo mundo. Comta11tino.-Este seudónimo que más de una vez ha figurado al pie de artículos publicados en el BfJ!etín y que siempre han sido justa­mente apreciados por los militares del país, cubre la firma del Sr. Ge­neral Ernesto Borrero, actualmente en la ciudad por haber sido promo­vido de la guarnición del Cauca al Estado Mayor general. El Bo!etí11 le presenta su saludo de bienvenida. Archivo Nr7cio71al.r-Importantísima es la colección de documen­tos que hemos recogido, en copia, en el Archivo nacional, referentes á la historia militar y á la geografía del país, por lo cual su publicación en este semanario, será sin duda del agrado de la oficialidad de nuestro ejército. De las dos pie?.as que hoy insertamos, la una prueba, contra la opinión general, que en 1 8zo ya pasaban mulas cargadas por el ca­mino del Quindío. }l,zpoleóll y Jtl primtr batal/a.-El gran Capidn, el maestro por excelencia en cosas de guerra, no presenció su primera victoria! En efec­to, iniciada la 1 uc ha en Montenorte ( 12 de Abril de 1 ¡'>6), una parte del ejército austriaco intentó romper la línea francesa :; in darse cuenta clara de lo que era el campo de batalla. En el acro el joven General maniobra para cogerla entre lo ~ fuegos de las divisiones La Harpe y Massena, por lo e ual, .á las 9 de la mañana, Bonaparte se encontró lejos de Montenotte, en las cabeceras de un val le salvaje, en la meseta de Casabianca, de donde, á pie, y al través de las brumas, observaba el campo de batalla. De repente creyó necesaria su pre encia en Monte· notte, y hacia ese lugar se dirigió solo, pero en la bajada del monte se xtravfa, un monje á quien encuentra al paso le indica el buen camino, y antes de llegar al campo se le presenta un ayudante que le comunica está ganan a da la batalla. Vencedor sin saberlo, pero á consec uencii\ de sus hábiles disposiciones! Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~ -= ~ ~ • ~ {,.) liW = = < ~ -.. -~ ~ -w. < = ~ ~ liW ~ "' o ¡.. ~ ... U) !al ....¡ < p., iJ z ;:;¡ U) p., o U) u o ¡:; ....¡ '!al !al ¡.. A < ... < !;; ¡:.. !al ¡::: < ....¡ !al ... ., !al z o g o ... 0 Riosucio o Quibdó o Barranqttilla 0 Cartt1gena 0 Carmen 0 Santa Marta S. Juan ae Cesmr ~ o Mdga1tgué 0 EI Banco o Majagual 0 Puerto Nacional 0 Zaragoza 0 Yarumal OQcllña OCúcuta 0 Pamploma 0 Bucaramanga 0 Pto. Berrío 0 $ocorro 0 Soatá OMedellín Chiqtúnquirá0 0 Honda o Manizale.s 0 Vélez 0 Sogamoso 0 Tunja 0 Cartago lbaguéO 0 Bogotá 0 Girardot OCabuyaf""o 0 oBuga 0 C haparral Buenavnrtura Ca/i0 OPalmira 0 La Plata 0 Popayán 0 Villavicencio Uribe o ~---------·------------- 0 Tumaco 0 Barbacoas O lpia/er Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 120

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 112

Por: | Fecha: 12/08/1899

Af.:to 1n Bogotá, Agosto 1 2 de 1899 NUM. 112 __ ..,.... __ _ ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERilA Y DEL EJERCITO __ ..,.... __ _ DIRECTOR AD-HONORE M, FRANGISGO J. VERGARA y V. Coronel, Miembro de l a Sociedad Colombi a na de Ingenieros Q~~~~~~~~~~~ ~~~~~ ~ o~~~~~~~~~~~~~~o~o~~o~~~~~~~o ~~ ~ ~~ o ~~o~~~~~o Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República o~~~~~ ~ ~~~~ ~ ~~~b~~~~~~~~~~ 6~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~6 ~~~~~~~~~~~~ OFICIAL Repúhlica de C(¡lombia-Ejército P ermttnente-6.• DivisiÓ11-Bntnlló1z Córdobn ttúmero 19-Ro!td,1, Julio 20 de 1899. Sr. General Jefe de E stado Mayor general del Ejércit o -Bogot.l. En cumplimiento á lo dispuesto en la orden general del día I 3 de Abril del corriente ~ño, en su artícul I s6, tengo la honra de rendiros el informe de la comisión que me fue confiada, á la ciu­dad de Barranquilla, custodiando el e rreo de encomiendas que llevaba á sus órdenes el m u y digno y cumplido caballero señor Miguel J. Molina, Mensaj e ro de la línea d el Atlántico. De Honda á La. Dorada. Día 10- Con una comisión compues ta de 8 hombres, monté en el tren que partía á las 3 p. m. y que llegó á La María á las 4 y 45' p. m., embarcándose el correo y e colta en el vapor Fran­cisco 'J. Cisneros, de la Compañía Colombiana de Transportes, el cual se hallaba listo para zarpar. Distancia de Honda á La Dorada, 10 eguas (itinerario oficial). Este puerto, que ll e va lo . nombres de La \1aría y La Dorada, es el punto de cita para el arribo de los vap r ~ S dd bajo Magdalena y donde dejan y toman sug cargamentos. En este puerto hay gran­des bodegas, bien ventilada , telégrafo y teléfono, un caserío has- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 18 BOLETÍN MILITAR tante regular en donde el pasajero encuentra hotel, medicamentos y otras cosas que pueda necesitar, y está erigido en Corregimiento con su resp~ctiva autoridad. En este mismo punto se nota que las cordilleras se han separado y se ensancha el valle. lle J,a Dorada á Puerto Derrío A las 6 y 30' p. m. emprendí mos marcha, quedando en puer­to los vapores Francisco Montoya, Martín Wessell, Guiesseken, Martínez Bossio y Carolina, y á las 7 y 5' amarramos cerca á Puerto Liévano y allí pernoctamos. Día r r-A las 5 a. m. seguimos marcha, pasando á las 7 y 20' por la boca del río Negro que sirve de límite entre Cundi­namarca y Boyacá, y 5 minutos despué , por la banda opuesta, la aldea de Buenavista, que ostenta su caserío sombreado por árboles frutales, y hacia las márgenes del río La Miel, que desemboca po­cas cuadras abajo y que separa al Tolima de Antioquia, vense elevadas palmas de coco, plátano, yuca y labranzas de cacao. A las I 2 m., después de haber tomado leña en un leñateo, pasamos por N are, único puerto que tuvo Antioquia durante algunos años. U na larga calle en la orilla del río, casas pajizas y á lo mucho 250 habitantes forman e-ste pueblo, al que circuyen algunos pan­tanos que lo hacen insalubre; al terminar la calle se halla la boca del río de su nombre, navegable hasta el punto denominado Isli­tas, que queda á legua y media de distancia. De N are á la angostura de este nombre hay legua y media; siguiendo la navegación se deja luégo á la derecha la laguna co­nocida con el nombre de Trapos, los peñones de Macuango, la ciénaga de Guacimal y algunos leñateos. A la I y 55' p. m. nos cruzamos con el vapor Elena que subía, y á las 2 y 30' arrima­mos á Puerto Berrío, donde se dejaron correo y pasajeros. De este puerto parte el ferrocarril de Antioquia cuya construcción contrató el hábil progresista señor .Francisco J. Cisneros (q. e. p. d.) en 187 5 y que se extiende por diez leguas hasta el valle del Nuz, siendo su estación principal el caserío de Caracofí. Distancia de La Dorada treinta y tres leguas y cuarto. Do Puerto Derrio á. Puerto Wllche• A las 3 y 20' p. m. seguimos marcha, y á las 4 y 40' pasamos por la vuelta de Rionuevo, denominada así por haber cambiado el río de su curso ordinario y haciendo al mismo tiempo peligrosa la navegación, pues los vapores que bajan dan de señal un pitazo para que los que suban se preparen y eviten un choque, el cual acarrearía graves consecuencias ; y poco abajo de este punto des­embocan, por la banda izquierda, los caños Santa Cruz y Regla, sien­do este último navegable en la parte baja, y á orillas de éste se encuentra el pueblo de San Bartolomé. A las 5 y 30 p. m. dejamos Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 19 á la izquierda el caño y caserío de Barbacoas. Es de advertir que la Historia Patria hace mención de este pueblo por el combate librado por los patriotas que comandaba el General Mantilla con­tra las fuerzas del Virrey Sámano. A las 6 p. m. pasamos por las bocas y caserío del río Ca1·are, situado á la derecha, el cual forma la ciénaga Colorada ; el caserío se halla sobre un peñón ele­vado donde se cuentan veintitrés casas pajizas, puestas en línea y á orillas del mismo caño. Antes de pasar por el punto mencio­nado nos encontramos con el vapor Lafaurie, que subía con el correo nacional. A las 7 y 30 p. m. arrimamos al Ieñateo de Peñas Blancas y all1 pernoctamos. Día 12-A las 5 y 15' a. m. emprendimos marcha, y dos leguas abajo y por la derecha hallamos la desembocadura del caño del Opón. Dícese que en las riberas de éste y del Carare, se hallan todavía tribus salvajes ; después se halla el río Colorado que nace en la laguna del mismo nombre. A las 6 y 30' a. m. pasamos por Barrancahermeja, que queda á la derecha; á cinco leguas y cuarto se halla la desembocadura del río Sogamoso, y dos más abajo puerto Wilches, Departamento de Santander, á donde llegamos á las 2 y 1.0 p. m. á dejar correo. Distancia de Puerto Berrío, treinta y dos leguas y cuarto. Puerto \Vilches, á consecuencia de haber fracasado la empre­sa del ferrocarril que había de ponerlo en comunicación con el interior de Santander, decayó completamente, pues antes se levan­taba con orgullo y lleno de esperanzas. Hoy sólo se encuentran un caserío rodeado de pantanos y grandes plataneras entregadas á un abandono completo. Su clima es excesivamente malo. De Puerto Wilchc• á Bodega Central A las 8 y 45' p. m. seguimos marcha, y á distancia de tres y media leguas se ve á San Pablo, Departamento de Bolívar; cerca de este pueblo queda la boca del río Cimitarra, que goza de fama por el oro que se encuentra en las regiones que baña y por las tempesta­des que en ellas tienen lugar. A cuatro leguas abajo se halla el dique de Paturia (Santander), caserío de paja, y una pequeña capilla, fun­dado en 1867 con motivo del camino trazado para Bucaramanga por el señor Roberto Joy; de este punto á Bocas dtl RosarifJ hay 3 y media leguas, y llegamos á él á las r r y 30' a. m., en donde encontramos el vapor RupPrto Arenas de la Compañía de navega­ción en el río Lebrija. Hasta este punto vienen con frecuencia los vapores más grandes del Bajo Magdalena á dejar y tomar sus cargamentos. A la I y 15' p. m. seguimos marcha, y á dos y me­dia leguas se encuentra el caserío de Vijagual, de poca importancia; nótase, !'Í, mucha palma de coco y poco plantío; y á tres y media le­guas se halla Badillo (Departamento del Magdalena): de este puerto en adelante ya caminan los vapores de noche, y á distancia de una legua se desprende en dirección al Occidente un brazo denomi· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 20 BOLETÍN MILITAR nado Rioviejo, que vuelve á unír ele cerca de R tgido1· y forma la isla de Morales, poblada por más de 3,ooo habitantes. A seis leguas de Badillo y por la b.mda derecha se halla la desembocadura del río Lebrija, y en la opu<.:s ta Bod ega C e ntral, á donde arrimamos á las 2 y 30' (Departame nto de Bolívar). En este puerto hay un caserío bastante regular, b :-> deg:~s muy buenas, Oficina telegráfica y un almacén donde se encuentra de todo. Aquí encontramos las lanchas de vapor 2.a y 3. 11 de la Compaiíía Colombiana. De Puerto Wilches á Bodega Central veintitrés leguas. De Bode ga. Central á J.llagangué A las 3 y 30' p. m. seguimos marcha, y I s' después pasába­mos por El Contento, ca erío muy peque ií o. A las 4 y 20' p. m. l1egamos á puerto de Ocaña (G amarra), e dejó correo y se toma­ron pasajeros. Este puesto se halla en con tan te comunicación con Ocaña y norte de Santander, y se hace notable porque en él ter­minó la revolución de la Costa en I 88 5, con la toma de los va­pores enemigos, por las fuerzas del Gobierno á órdenes del Gene­ral Santodomingo Vila. A las 5 y 20' p. m . seguimos mar­cha dejando por la banda derecha, á pocos momentos, a Puerto Naciona/, 1 que cuenta con unos 2,ooo habitantes y pertenece al Magdalena; y á siete y media leguas se halla el puerto de La Gloria, á donde arrimamos á las 7 y 20 minutos p. m. á dejar y tomar correo ; antes de llegar á este puerto encontramos al va­por J. B . .Elbers que subía; á las 8 y ro' p. m. emprendimos marcha, y después de dos leguas empezamos á encontrar los ca­seríos de Regidor y San P edro, á la izquierda, San Andrés, San Bernardo y 'I'amalameque, á la derecha, los dos últimos á la desem­bocadura del río de su nombre. Tamalameque se hace notable porque en su territorio, en el punto llamado Humareda, se libró el 14 de Junio de r885 sangrienta batalla entre las fuerzas de los Generales Quintero Calderón y Sergio Camargo: el primero, Jefe conservador, mandaba las fuerzas del Gobierno que con staban de 8oo hombres y una batería de artillería, y el último, Jefe contrario, mandaba un ejercito de 2,ooo, que condujo en varios buques de El Banco á Tamalameque. En este combate tan desigual en su número, aunque no en valor, las fuerzas del Gobierno, después de cruenta lucha, fueron vencidas, y si bien e · cierto que el ] efe revo­lucionario ganó un triunfo material, el Jefe del Gobierno lo obtuvo moralmente, y como fruto de esta lucha rindieron su vida cinco Generales de lo más granado de la revolución, como también ofi­ciales notables de uno y otro bando; y para dar colorido á este cuadro desolador perdió la revolución de una manera inesperada al vapor María Emma, que fue reduciJo á cenizas. El hecho de ar­mas mencionado costó más de 6oo muertos. A inmediaciones de Tamalamequc se halla el caserío de Et Peñón, y al Oriente, sobre una colina que corta el río Cesar se Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 21 halla la población del Banco con unos 14,000 habitantes. Cerca á este pueblo expira la cordillera central, y la oriental viene á que­dar reducida á insignificante altura, siendo en el vértice del án­gulo por elh.s formado, en el páramo de Las Papas, donde nace el río Magdalena, que recogiendo en su curso las aguas que de ellas des­cienden, ya por el Oriente, ya por el Occidente, permite la na­vegación por vap0r en un trayecto de 320 legua~, contadas desde Neiva hasta el mar de las Antillas. Al puerto mencionado arrima­mos á las doce de la noche, encontrando allí los vapores Manutla .Aycardi y General Pácz. En este mismo pL•erto en la guerra ci­vil de I 86o sucumbió la flotilla del Gobierno, co.nandada por el General Emigdio .Briceño, en el comba te que libró contra las fuer­zas del General Juan José Nieto. Día I 3- t\. la I y 30' a. m. seguimos marcha, y mome:1tos después se ve que el río se divide en dos brazos, el de Loba y el de Mompós; éste disminuyó su caudal hace algún tiempo, por lo cual los vapores transitan por aquél. En l111 corto trayecto se advierten por la derecha los pequef;os c~seríos de Chifloa y .ild"arg arita, afa­mada ésta por sus narí!njas, y San Fernando por la occidental. Este brazo, que corre en dirección oriental y que forma la isla en que se halla Mompós, vuelve á su curso comLÍn en la boca lla­mada Tacaloa. Al tomar el brazo de Loba, frente al pueblo de Doña Juana, se hallan las pieclras de Juana Sánchez, y cuatro le­guas más allá los pueblos de Barranca y Loba, y trece leguas des­pués el de Pinillo , por la derecha, y un poco ·abajo en la opuesta, las bocas dc.l 1 ío Cauca en el punto denominado Guama/: por esta misma banda se advierten algun s caseríos, sombreados por un sin número de árboles de mangos y algunos plantíos, y á siete leguas abajo se halla Magangué, á donde llegamos á las 8 y.)' a. m. Se ntregó y e tomó correo. Magangué, pobh!ción de má de 4,000 habitantes, se hace notable por sus ferias, las que . on m u y concurridas y tien(:n lugar en los pri!T1cros días de Febrero y mediados de Junio y epticm­bre, y cuya vista desde el buque e encantadora, casas pajizas y otras de e tilo mori ·co con azoteas, frondosos árboles esparcidos sin concierto, labranzas Je múz y plátano~, y potn.: ros para gana­do vacuno. t.., l río invade en sus gr:md<:s crcci('n1es el poblado y dt al11 el aire htím,do c¡u .e respira en el. Di ,· tanci :-~ de Hnde a Centra l, S4 le • u a~. A h:s ro y 30' :1. rn. emprendimo m:1r h.t, dr·jando en 1a banda Ízqui · nl.:l, {¡ rccos ll1011H'IltOS, el ca, rÍO de Y"atÍ,) a distan­cia de siete y media leguas se h1llan bs bocas de Taca/o,,, en don­de se vuelven z unir los brazos que forman la isla de .l\Iompós; luégo se encuentran los puertos de Cascajo!, Tacamocho, Tetón y Zmnbrano, en la bélnda izquierda; a e<.:te 1tlti m o pue1 to arri mamo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 22 BOLETÍN MILIT A.R á las 2 y 15' p. m. á dejar y tomar correo, y salimos á las 3 p. m., dejando después á la derecha lo~ caseríos de Pinto, Santa Cruz y Plato, éste á orillas de la dese m boca dura del río de su nombre. A las 3 y 40' p. m. llegamos á Jesús del Río, que queda en la banda izquierda; aquí se deja el correo que sigue para el Car­men de Bolívar; salimos á las 4 y 30' p. m., y á dos leguas abajo se encuentra Tenerife, sobre un terreno alto y en la banda derecha. Este puerto es notable por el combate que libró el Coronel Her­mógenes Maza el 25 de Junio de 1820, contra las fuerzas penin­sulares comandadas por el Coronel Vicente Villa. Eran éstas po­seedoras de once buques armados con cañones de grueso calibre, y las contrarias de siete pequeñas embarcaciones, con cañones pe­dreros; mas los patriotas atacan á boga esforzada, recurriendo al abordaje; doscientos hombres de la infantería española fueron de­gollados. Después de Tenerife se encuentran, por la banda izquierda, los pueblos de San Agustín, Nervití, Yuca!, Barrancavieja, Ba­rrancanueva y Arroyohondo; y por la derecha Obispo, Heredia y Pedraza. A Heredia arrimamos á las 7 y 30' p. m., y á las 8 y 30', después de dejar carga, seguimos marcha. En este puerto tuvo su Cuartel general la fuerza revolucionaria del General Camargo, cuando combatían éstas desde la isla que se halla al frente de Ca­lamar con las fuerzas que tenía en esta población el Gobierno na­cional. A hls 9 y 30' p. m. llegamos á Calamar. En este puerto hay casas muy bue nas h ec h as de ca l y canto y alma cen es de mercancías; es punto de escala de lo buques de la Compañ í a fluvial de Carta­gena, que parten á Barranquilla y á esta ciudad. Allí se halla el canal del Dique que conduce á Cartagena y que es navegable en toda u exten ión, y se encuentra tambien un ferrocarril que pone en comunicación directa los dos puntos aquí mencionados y que recorre sesenta y cinco millas. Distancia de Magangué treinta y una y media leguas. Calamar tiene la gloria de que en su c:eno rindió al Dios de los Ejércitos la jornada de su vida el insigne, valeroso y nunca olvi­dado General Manuel Briceño, combatiendo por darle á nuestra amada patria instituciones dignas de un pueblo libre y cristiano. De Calamar á Barru.nquillo. Salímos á las 11 y 40' p. m., y á las 12 y 40' p. m. del día 14 llegámos al Cerro de San Antonio, á dejar y tomar correo, y allí fuimos sorprendidos agradablemente al encontrar á sus habi­tantes entregados á las delicias que les producía la fiesta del Pa­trono que celebraran el día anterior; en sus calles se hallaban las gentes, que vistiendo sus trajes de gala, bailaban una pieza muy original y que data de tiempos antiguos, llamada cumbia; y á las 1 y 1 5' a. m. seguímos marcha, encontrando pocos momentos des- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 23 pués los vapores Bismarck y Clara, que subían, aquél con pasaje­ros y carga de feria, y é te con correo nacional. Siguiendo la mar­cha, se ve que quedan á la derecha los pueblos de El Peñon, Sa­lamina, Guáimaro, Remolino y Sitionuevo, y por la i7quierda los caseríos de La Cruz, La Candelaria, Ponedera, Santo Tomás, Sabanagrande, Malambo y Soledad. A Sitionuevo llegámos á las 5 y 15' a. m. del día 14, en donde no se entregó correo porque el Administrador de dicho pueblo, que lo debía entregar y recibir, no pareció, á pesar de las repetidas veces que con las señales con­venidas lo llamó el Capitán del buque. Seguímos marcha á las 5 y 48' a. m., y frente á la ciudad de Barranquilla nos avistámos con el vapor Unión, que tomaba el brazo que conduce á la Cié­naga de Santa Marta y que, con el que va desefTlbocar á las Bocas de Ceniza, forma la isla de Los Gómez. A las 7 a. m. entrámos al caño, y media hora después amarraba el buque en el muelle de la Compílñía. Distancia total de Honda, 206 leguas. El valle del Magdalena mide 7 s,ooo millas cuadradas, con una población de 2.ooo,ooo de habitantes. La velocidad en la navegación por vapor es de cinco leguas por hora, bajando, y doble tiempo de éste en la subida. De esta ciudad á Barranquilla nótanse como puntos buenos para destacar fuerza militar : Puerto Berrío, Carare, Barranca­bermeja, Bocas del Rosario, Bodega Central, Puerto Ocaña, Ban­co y demás poblaciones que siguen á la costa. Flora y faunnfdel Mugdalena De Puerto Berrío para abajo nótase que abunda mucho la familia conoci<.la con el nombre de musáseas, y en las riberas de los Departamentos de BolívH y Magdalena, aquéllas son muv fecun­das en todos sus ramos. IUinera.les Arrastra el Magdalena oro nativo, sulfuros de plata, cobre, zinc, plomo y hierro y otros rná que sería largo enumerar. Barranquilla, á siete metros sobre el nivel del mar y 27° de temperatura media, es ciudad importante y respetable, ya por supo­sición geografía, como por su comercio; está llamada á ocupar pues­to especial en la 1 í nea de las ciudades civilizadas. Allí se encuentran: la Comandancia general y Estado Mayor de la 3·~ Divi ión del Ejército; las Oficinas superiores d~ navegación por vapor en el mar y río Magdalena. 1 iene aduana, que es una de las más im­portantes de la República; hay tranvías que cruzan la ciudad en todas direcciones ; fábricas de hielo, de licore , de pastas para sopa, de jabones y velas esteáricas. Hay también alumbrado eléc- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN liiLIT..l.R trico, teléfono, librerías, imprentas, colegios, escuelas, hospital, una gran plaza de mercado, tres templos católicos y uno protes­taRte, paseos y cementerios; un ferrocarril que la pone en comu­nicación directa con Puerto Colombia, pasando por Salgar }' ex­tendiéndose hasta el extremo del muelle, á donde arriKlan los vapo­res de alto bordo. Este ferrocarril recorre diez y siete millas tres cuartos, y el mutile mide de largo 4,C!>oo pies, y es en su orden el tercero del mundo en longitud. Barranquilla tiene 30,000 habi­tantes. De Barranqnllla á Honda Día 1 8-A las 8 y 30 minutos a. m. salimos en el vapor Ba­rranquilla, custodiando el correo de encomiendas que venía á ór­denes del culto caballero, distinguido y notable General Cruz Chaves, Mensajero de la línea del Atlántico, y después de dejar correo en los pueblos correspondientes, arrimamos á Calamar á las 11 y 5' p. m.; antes de amarrar en este puerto encontramos al va­por General Pácz, que bajaba con ganado, y durante la estadía en este puerto, llegaron los vapores Gicsuken y Ncchí. Día 19--Salimos á las 2 de la mañana, y después de dejar correo en los puertos intermedios llegamos á Magangué á las 9 p. m. En el trayecto de Barranquilla á este lugar nos acompañó el vapor C?/ombia que subía á Boca del Rosario. Día 20- A las 2 y 40' a. m. emprendimos marcha, encon­trando en las primeras horas del día los vapores Helena, Martíncz Bossio y Zea. A las 9 p. m. llegamos al Banco, de donde salimos á las 11 y 30' p. m., y se caminó hasta el amanecer. Día 21-Al l1egar á Tamalameque no se recibió ni se en­tregó orreo, porque el Administrador no pareció. A las 5 y 25' p. m. llegamos á Bodega Central á dejar correo y á pernoctar; aquí nos alcanzó el vapor Carolina que siguió su marcha. Dw 22 A las 2 a. m. continuamo mar ha y á las 2 v 25' p. m. nos cruza11o co11 el \'a por ]. B. Elbcrs, y á las 9 y jo p. m. amarramos en llodeg~ ~ de ogamoso, en donde pernoctan o Día 23-A las 6 a. m. eguimo marcha y por la noche am~­n ·amos en el caserío de Barbacoas, en donde pernoct"mos. Día 24 A las 6 y 30' a. m. ~e continuó viaje. F.n este día se hallo el río bastante seco, y á onsccuencia de sto el buque no a 1 anzo á P ucrto Bcrno, y se pernoctó a clisrancia de media 1 ·gua de este punto. Llegamo en ]a maííana á Puerto Bcrrí , en donde permane­cimos todo el día. A las 9 a. m. llegó el vapor Clara que bajaba con correo. Día 26- -A las 5 y 30 se sigui6 la marcha y á las 6 a. m. en­contramos al vapor Manuela .Aycardi, que bajaba. A las 6 y 30 p. m. amarramos en Puerto Niño, cle donde salimos á las 10 y 30 p. m.; el buque caminó tmb la no he, y á la 1 I a. m. del día 27 atracamos en La -"'lana, en donde termino el iaje. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MJLITAR 25 A las 3 p. m. emprendimos marcha en el ferrocarril para esta ciudad, á donde llegamos á las 4 y 45 p. m. y en conde entregué correo y escolta sin novedad. Honda, punto obligado de escala entre el Alto y Bajo Mag­dalena, ciudad comercial, situada en la confluencia de los ríos Gualí y Magdalena, de clima malo, de 29° de temperatura media, á 210 metros sobre el nivel del mar, está dividida en parte alta y baja; en é ta se encuentra el movimiento mercantil, en aquélla clima menos ardiente y t..bsoluta quietud. Hay dos templos y una c41pilla catól ·cos, escuelas y un Hospital bien servido por dili­gentes Hermanas y con una capilla muy modesta. Hay fábricas de jabón, de velas esteáricas, de aguas gaseosas, de chocolate, movida á vapor, y la de hielo, que la darán próxi­mamente al servicio. El pa ajero encuentra hoteles, casas de asis­tencia bien servidas, médicos, abogados, comisionistas, etc. etc., y toda clase de \'ehículos de locomoción terrestres y fluviales para pasajeros y carga; almacenes surtidcs de mercancías inglesas, fran­cesas y norteamericanas, y boticas. El ferrocarril que viene de La María ó La Dorada, siguien­do las riberas del Magdalena, termina en el puerto de Arrancaplu­mas, á donde arriman Jos apores del alto Magdalena. Encuéntrase en este trayecto, como digno de admirarse, el cómodo, elegante y bien construído puente de hierro que, sobre las aguas del Magda­lena, en momentos de arrojarse al bravo y temible salto, ha hecho construír el rico comerciante Sr. D. Bernardo Navarro, y dado al servicio público el oía r6 de 11: nero del año en curso. Os suplico, Sr. General, di imuléis los errores y omisiones de que adolezca este i1 orme, y sólo tengáis en mira el deseo de cum­plir con mi deber. Vuestro obsecuente y S. S., Capitán, PABLO G. RUBIO Rtpública rü C?lombia - Ején:ito Nacional -1: Division. - Batallón Rijl,·s númr:ro r 4 Sr. Gct H'I'ól l Com :u t dallt e g rn cn d dt• la 1· D ivi iú n-E. S. D. ·r ·ngo 1 ho nor de envi a ros el itin rario de mi viaj como jefl d ·la escolta que, ucl 24 al 3 0 de Junio, con<.lujo el correo de encomiendas de e ta ciudad á la de Pamplona. J)!fl 24- Sal í á la - 7 a. m. conduciendo una escolta com­pu sta de ocho inuividum de tropa; esta escolta cu. todiaba el correo que ya he mencionado. Al salir de e ta ciudad tomamos la cuesta de Morrorrico, que puede tener una extensión aproximada de 4 kil6metros hasta dar á la eminencia de e ta misma cuesta que 11eva el nombre de Gualilo, dcde allí di\'isan la poblaciun de Bu- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 26 BOLETfN MILITAR caramanga y parte de las de Girón y Florida, y el camino que con­duce á Lebrija. Eran las 9 a. m. cuando salimos del Gualilo y tomamos una serie de travesías llamadas El Rttiro y Las Ranas hasta dar á un punto llamado El Puert~, donde se encuen traposada, potrero y al­gunos recursos. Salimos de ahí y tomamos una cuesta que mide poco más ó menos unas doce cuadras; seguimos camino quebrado hasta dar al punto llamado Arbolsolo, casa regular de posada ; de allí tomamos una lf'a, pJra custodiar el correo de encomienda· dd Torocstt:, d Jía 29 l 1 mes próximo pasado, que parte de esta ciudad á la de Uhiquinquid, gusto · o os doy el informe que ordenasteis fuera suministrado á vuestro Des~~cho por los Oficiales del Ej~rcito que desempeñ• ,r c;u· éc:;ta nuestra dirección. En dicho punto hay un magnífic0 pn~nte de cal y canto, de buena y sólida cons rucción, sobre el río N e usa, y unos pocos arroyuelos de poca significación que nacen de un ramal Jc la cordillera oriental; en seguida, á un kilómetro de distancia y á la izquier la, se llega al punto llamado Trc.;c:s<¡tlinas, donde se ~cpara un camino c1ue conduce a Cogua, y a ~u. Ín!llcdiacio!lcs se encuentran Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 29 varias haciendas cuyos terrenos son fértiles y su aspecto es pintoresco, hasta llegar al punto llamado El• Callao, donde llegamos á las 5 p. m. del citado día y pernoctamos esa noche. A inmediaciones de éste se encuentra una quebrada llamada C::tsablanca y un caserío del mi:;mo nombre, que tiene una capilla do.1de se celebra la misa y otros oficios eclesiásticos ; éste está situado al pie de una serranía árida y seca, tiene pocos habitantes, pero son buenos y hospitalarios ; en cuanto á recursos, son muy escasos, porqlle sus habitantes se dedican únicamente á los negocios de acarreos de comercio, y su industria la consntuye la ganadería. . Día 30-A las 10 a. m. salimos de este punto, pasando la ya men­cionada quebrada, y c;e asciende hasta coronar la parte alta de la serra­nía ; siguiendo ésta se asciende hasta llegar á un punto llamado Tie­rranegra, dejando atrás un camino en zigzag. En este punto parte un camino hacia la derecha, para el i\Iunicipio de Nernocón y que pasa por la hacienda de Clzecua. Tierranegra ha sido punto de tnígicos re­cuerdos, por los crímenes que se cometieron allí ; es un punto militar momentáneo, por su posición topográfica, que es elevada y extensa ; tiene agua suficiente, el terreno es paramoso y estéril; á su inmedia­ción se halla el boquerón de Tausa, donde parapetada una pequeña escolta, puede rechazar 100 ó 200 hombres; además de ser ventajosa por su posición, se puede hacer uso de emboscadas, quedando siempre resguardado por un pequeño arrabal y una colina. Descendiendo luégo de este punto se halla una casa llamada la f/aquera, y á la izquierd:t un camino que conduce á la población de Tausa ; en este punto se en­cuentra una quebrada llamada Agulunl, que va á dar al valle d Ubaté; luégo se sigue por todo un camino quebrado y repechoso, dejando á la izquierda la citada quebrada, y se desciende hasta la población de Su­tatausa ; á derecha é izquierda de esta vía se hallan casuchas donde sus habitantes se consagran exclusivamente á preparar vaqueta para llevar á los mercados de U baté, donde las cambian por otros artículos. Sutatausa está situada sobre falda bastante estéril ; su caserío es pajizo ; tiene iglesia parroquial, r según informes sus productos agríco­las son muy pingües ; es un Municipio bastante extenso y está regido por un Alcalde; su temperatura baia hasta ocho grados del centígrado; su industria e la del ganado cabrío y lanar. A un kilómetro poco más 6 menos y en descenso e entra al valle de Ubaté, pasando por una quebrada casi seca y sin construcción alguna de puente sobre ella, pues le hace notable falta, porque en invierno las avenidas son fuertes é im­piden el paso; siguiendo 1 uégo un camino carretero más ó meno~ ondula· do y en dirección Tortt:, se llega á la población de Ubaré, ca pita 1 de la Provincia del mismo nombre; está situada hacia la izquierda, al pie de una pequeña colin,t; á su derecha y ;,l un kilómetro más ó menos, se contempla la llanura de agua formada por la laguna de Fúquene; al Occidente, inmensos potreros empradizados de pastos d~ muy buena calidad. Siguiendo el camino que lleva la vía del Norte, se encuentra el río Suárez en su origen, conocido aquí con el nombre de río de Ubaté; esta población podía ser un punto militar para el sostenimiento de fuer­zas, por su abundancia en víveres y ganados de todas clases, y disfrutarse aún de los mejores caballos de la gran Sabana, como también tener vías de comunicación para las poblaciones circunvecinas como cabecera de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 30 BOLETÍN MILITAR Provincia. Continuando la marcha del río Ubaté hacia el Norte, 6 sea el camino que conduce á Chiquinquirá, favorecida por una alameda de sauces, se llega al punto llamado Los Naranjor, situado al pie de una colina, donde pernoctamos esa noche. Día 1.0 de Abril-A las 6 a. m. seguimos nuestro rumbo al Norte por un camino pedregoso y ondulado de mala construcción, ascendiendo por una colina hasta llegar á la venta de Santa Ele11a, donde se encuen tra una pequeña qaebrada hacia el Norte ; después se sigue una plana­da con muy poco descenso, por donde está construído el camino, el cual es sumamente pedregoso, y á sus inmediaciones el paisaje es triste por sus terrenos tan estériles y ser punto poco habitable; en seguida se asciende á una pequeña loma, y coronada ésta, se divisa la gran laguna de Fúquene, y cerca de ésta, á la izquierda, un pueblo del mismo nombre; en seguida se llega al pueblo ya citado: á su entrada, antes de subir una cuchilla, se encuentra un pequeño arroyuelo sin puente. Su caserío es pajizo y casi destruido y muy escasos los víveres, con m u y pocos habi­tantes. El aspecto de la población es muy lúgubre y sus escasas calles son muy sucias y pedregosas; á la salida de ésrc, en dirección al Norte, hállase una subida bastante pendiente, por ]a cual pasa el camino, que es casi intransitable por su construcción, y peligroso por los muchos derrumbaderos qu·e tiene ; se gasta en ascender una hora para coronar dicha altura, se desciende por una de las faldas y por un camino en zig­zag pedregoso y sin recursos ningunos para los transeuntes, hasta lle­gar cerca de Susa, á la cual conduce un camino carretero y plano, habien­do á sus inmediaciones unas pequeñas estancias poco cultivadas por lo estéril del terreno; á la entrada se deja deslizar un manso riachuelo que tiene un pequeño puente de regular construcción ; dicho ¡?Ueblo tiene una buena iglesia r sus habitantes son de regulares condiciones; víveres se encuentran los suficientes para poder abastecer una fuerza considera­ble, y aunque sus eC:ificios no son muy capaces, hay mucho aseo tanto en las calles como en las casas de habitación. Siguiendo la vía que conduce á Chiquinquirá, que es un regular camino plano, ancho y carretero, se halla una quebrada casi seca, lla­mada Los Guacos y sin puente ; á la izquierda hay una pequeña coli­na, á la derecha inmensos potreros cubiertos de ganado de ceba, y mu­chas estancias y ventas, donde se ene u entran recursos suficientes. De este punto, á un kilómetro de distancia, cruza un camino ancho y recto hacia la izquierda, que conduce al pueblo de Simijaca, al cual la naturaleza se complace en embellecer sus alrededores con una her­mosísima alameda. En la cabecera del río Simijaca se encuentra la ha­cienda llamada ApountDs, rica por su fertilidad, abundancia de gana­dos, y en sus casas pueden acampar perfectamente quinientos hombres, sin riesgo de ser incomodados; no es punto militar por estar dominado por unas colinas del mismo nombre ; esta propiedad pertenece á una familia París, y uno de ellos agotó su capital en desaguar la laguna de Fúquene, canalizando gran parte hacia los lados de Moniquirá. El ca­mino que sigue nuestra vía es bueno hasta llegar á un punto llamado Santa Lucía; de ahí se :asciende una pcq ueña colina que coronando dicha altura, se encuentra la línea divisoria de los Departamentos de Cundinamarca y Boyacá, donde se divisa la histórica ciudad de Chi­~ uinq,uirá, que dista seis kilómetros¡ y en ese trayecto se hallan in- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfM MILI~Alt 81 memos potreros denominados El C arriza/, y varías haciendas del mis­mo nombre ; á un kilómetro antes de llegar á la ciudad, hay un punto llamado El Conejo, y hacia su izquierda parte un camino pau los M u­nicipios de Caldas y Buenavista ; á unos quinientos metros del punto citado, y hacia el Norte, se encuentra un río del mismo nombre, y sobre éste un puente llamado Padilla, de regular construcción y con cubierta de teja ; á derecha é izquierda de éste hay magníficos potreros de ceba. Chiquinquirá está situada á inmediaciones de una colina; es la capital de la Provincia de Occidente, del Departamento de Boyacá. Por sus productos agrícolas tiene vida propia, á más de lo que dejan los romeros de Jos distintos puntos de la. República; tiene unos 12,000 habitantes, y éstos en su mayor parte son de carácter acre, enemigos del actual régimen político y administrativo, como también tienen fama de ser buenos tiradores. Es notable la mencionada ciudad por su suntuoso templo, que puede ser el más rico de la República de Co­lombia ; sus calles son estrechas y un poco desaseadas, debido á los muchos romcro5 que visitan constantemente dicha ciudad ; está regida por las autoridades que constituyen un Circuito administrativo y ju­dicial. De la ciudad de Zipaquirá á la de Chiquinquirá hay diez y seis leguas, que se hacen en tres jornadas de tropa de infan teda, y á veces á una y media de caballería. Dejo así ligeramente narrado el informe exigido por vuestro Des­pacho, suplicándoos os dignéis excusarme por las omisiones que en él se noten. Dios os guarde. IIELISAR10 TORRES Teniente Rtpúb/ita dt Co/Qmhia- Ejército Nacional- J.& DifliJiín-BatallfJit .Ayacuclll número 3. 0 - 3· • Compañía Sr. General Jefe de Estado Mayor general En cumplimiento de lo dispuesto en la Orden geAeral del 3 de Abril del presente año, paso á rendiros el informe correspondiente de la comisión que me fue confiada el 18 del presente, para conducir el Correo de encomiendas del Atlántico. Salí con un Sargento 2.o, un Cabo 1 • 0 , un Cabo 2.0 y siete solda­dos á las 4 p. m., y antes de llegar al punto denominado El Ctrrito, ocurrió novedad en el tren, habiéndose demorado ahí mismo veinte minutos; llegamos á Facatativá á las 6 p. m., población hospitalaria y abastecida de recursos; por la hora de mi llegada á ¿sta no pude obte­ner datos del número de habitantes. Día 19-Salí de esta población á las 7 y 30' a. m., habiendo gas­tado tres horas hasta el caserío de Agualarga, terreno quebrado y en parte montañoso; salí de este punto á las 1 1 a. rn., de donde sigue un descenso pedregoso hasta el punto llamado Chimbe. Allí hay una ofici na telegráfica; en este punto parten dos caminos, que siguen el de la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 32 BOLETÍN M[LITAR derecha plano en parte y ondulado, el de la izquierda es montaf'íoso y quebrado. Ambos conducen á Villeta, hasta la cual población ¡e gastan cuatro horas; es población de muchos recursos y tiene 6,ooo habitantes; aquí se rindió la jornada de este día. Día zo-Salida á las 7 y3o' a. m.; en el punto denominado San Pedro y á la derecha parte un camino que va á Utica, hasta aquf ca­mino q .tebrado con una subida bastante pendiente: de esta parte al de­nominado Chirripay se encuentra una quebrada que se pasa cinco oca­siones. Aquí empieza la subida llamada Petaquero, en la cual se gastan dos horas hasta el Alto del Trigo, punto militar ventajoso; de allí sigue descenso hasta el pueblo de Guaduas. Esta población es abundante en víveres, y tiene aproximadamente 1 z,ooo habitantes, su aspecto es bello á la salida, y á corta distancia se encue:ura un río del cual ignoro el nombre; de Guaduas al Alto llamado del Sargento se gJstan dos horas y media, desde este Alto se divisa el río Magdalena ; de aquí sigue ba­jada larga y pedregosa hasta el punto llamado E1trella de Orie1JIC; de ahí para adelante el terreno tiene pequeñas ondulaciones y se halla la quebroda de Malpa111 y Riouco, costeando la margen derecha del río Magdalena, se llega al puente colgante que salva el río; es~e puent~ ea de sólida construcción y grandes dimensiones. Honda está edificada en la margen izquierda del río Magda!ena, y está dividida la ciudad por el río Gualí y Quebradaseca; sobre el río Gualí se hallan tres puentes, por uno de éstos pasa el ferrocarril. En esta ciudad hay notable escasez d-- vfveres y es de un clima malsano; tiene un put!nte sobre el río Magdalena. Por la premura del tiempo no obtuve datos sobre el número de habitantes. Es advcrtibl e que todo el camino hasta aquí recorrido, á pesar de ser de herradura y casi malísimo, es enteramente frecuentado por ser la vía de importación y exportación de mercancías. Dejo a'IÍ terminado este informe, C'1 el cual he procurado reunir los datos que me fue posible obtener, y sólo la bondad de mis jefes dis­culpará los errores. El Subteniente, DAVID RODRÍGUEZ Bogotá, Mayo 2 7 de 1899. ---- .... ___ _ 1-0RIENTACION' Orientarse es saber encontrar el car i no que nos conviene se­guir, ó sea, partiendo de un punto dado, volver á él después de reconocer un terreno que nos era desconocido. Es de vital importancia que tod s lh l,> ~pa orientarse, á fin de que sin temor de extraviarse pueJa ir á reconocer la posición Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETiN MILI'l'AR 33 ó movimientos del enemigo, sin peligro de ser hecho pns10nero, y preste útiles servicios en las sorpresas y emboscadas, porque enton­ces, suceda lo que suceda, podrá reunirse oportunamente á su com-pañía ó batallón. · Para aprender á orientarse es preciso que el individuo observe, con la mayor atención, todos los detalles importantes del terreno que domina con la vista, cuidando de grabar en la memoria los que tienen algo de característico; con frecuencia deberá mirar ha­cia atrás para darse cuenta del aspecto que á la vista presenta el p~nto de donde partió, porque de otra suerte podría no reconocerlo de lejos al regreso. Ejemplo-Acaba de saberse que el enemigo está á algunos kilómetros de distancia, y el Capitán envía una patrulla á que lo reconozca: como la patrulla puede dar contra fuerzas muy supe­riores, cada soldado debe estar en capacidad de volver aisladamente al punto donde quedó el Capitan. Con tal fin los hombres obser­varán con atención el camino que se sigue, porque será el más corto para el regreso si son atacados de frente; pero al mismo tiem­po grabarán en la memoria los demás caminos y senderos que cor­tan el camino seguido, para utilizarlos si el enemigo copare la retirada y fuere preciso dar un rodeo para volver al punto de partida. La patrulla tiene al frente dos cerritos: el uno de cima pun­tiaguda (cónica) y el otro de cumbre redondeada, y se dirige hacia el primt'ro, dejando el otro á la izquierda; luégo atraviesa un bosque en el cual hay una encrucijada y se sigue por el ramal de la derecha. A la salida del bosque se ve á la izquierda un árbol caído, y tam­bién á la izquierda del nuevo camino que se toma, un poste tele­gráfico; más adelante existe un grupo de árboles en flor, y, en fin, sobre la cúspide de una al tu rita una cerca, detrás de la cual pueden observarse los alrf:.dedores de la hacienda en donde se dijo estaba el enemigo. En este momento el adversario sale de una emboscada, sita á retaguardia de la patrulla, y la obliga á retirarse en el acto. Si cada soldado observó bien los puntos adoptados como señales, y volvió á mirar con frecuencia para observar los objetos del terreno para conservarlos en la memoria con los dos aspectos que han pre- · sentado, todos sabrán que deben encontrar á la derecha lo que antes tuvieron á la izquierda, y á la inversa. El grupo de árboles en .flor, el poste telegráfico, el árbol caído, el bosque y los cerritos puntia­gudo y redondeado, serán los jalones que vuelven á llevarlos á don­de quedó la compañía. También como señales puede utilizar el soldado: De día: I.0 El sol, que á las seis de la mañana se encuentra al Oriente, á las doce al Sur ó Mediodía, y á las seis de la tarde al Occidente; 2.0 La;; casas principales que de ordinario, en cada re­gión, se presentan orientadas del mismo modo; 3· 0 La brújula, en ~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETlN MILITAR la que la punta azul de la aguja indica á todas horas y en todo lu-gar la dirección Norte. . De noche: 1.0 La estrella polar, que no puede distinguirse sino cuando se le ha enseñado á conocerla en nuestro horizonte; 2.0 Las indicaciones que suministran los habitantes sobre los luga­res por donde sale y se oculta el sol. En fin, el soldado puede orientarse por medio de la Carta geográfica que en pequeño representa el terreno que va á recorrer y señala los caminos que lo cortan. CAPITAN C. Francéa • • Gue1.•ra de I••depeudenela (Conferencias á los Oficiales de la Guarnición de Bogotá) 1- 1 8 1 o, 1 8 1 1 Y 1 8 1 2: LA REBELIÓN DE LAS PROVINCIAl CAPITULO I -VENEZUELA Primera campaña de Oceidente 6 Campaña de Coro 2. o La invasión (Continúa) El ejército de Occidente, que frente á Coro sólo sufriera un re­chazo, vergonzoso por ser su fuerza casi el doble de la del enemigo y mejor la calidad de sus cuadros, por causa del inconsulto proceder apuntado, Toro lo convirtió en una verdadera derrota desde el punto de vista moral, tan grande así fue el quebranto que sufrió la moral de los batallones republicanos. Por añadidura al siguiente día, en que el Ejército se movió sobre Mitare, la marcha fue mal ordenada, y los corianos pudieron tentar un golpe sobre los equipajes, que mar­chaban no á la cabeza de la columna, sino á la cola, y en ellos causaron daño grave antes de que fueran socorridos, pues quedaron entre sus manos hasta los batíles del General Toro. Las fuerzas de Maracaibo y Casigua, mandadas por un hijo del Gobernador Miyarcs, que habían llegado el último de Noviembre á Mitare, al saber la aproximación de Toro y su rechazo, se corrieron un poco al Sur para cerrarle el camino más directo hacia el interior, 6 sea el del boquerón de aquel nombre, y sobre la derecha del río, en el flan­co de la serranía, ocuparon el punto de Sabaneta, caserío en una explanada entre dos fuertes repechos. Allí dispusieron los realistas con­venientemente un cañón de á 4, 5 pedreros, 6oo infantes, la mitad de tropa reglada, y 200 jinetes, con ánimo de contener al invasor si tomaba esa vía, mientras los corianos acudían á sorprenderlo por la espalda. Toro, con mejor conocimiento del terreno y para no dejar sobre su flanco un fuerte cuerpo de enemigos, resolvió adoptar como línea de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR retirada el camino de Pe e aya, y en tal dirección salió de Mi tare el 1. • de Diciembre temprano. Al mediar el día ]a cabeza de la columna pa­triota dio contra la posición realista, sin demorarse inició su ataque con energía, y al cabo de una hora de lucha fue desalojado Miyares, quien se retiró hacia la Sierra de San Luis, dejando en el campo su artillería, que Toro no pudo aprovechar por falta de transportes (no hay constancia de que la inutilizara), 6o prisioneros y unos cuantos muertos y heridos. El tiempo urgía al General en Jefe del Ejército de Occidente, quien sin preocuparse por hacer más eficaz su victoria persiguiendo algún trecho siquiera á los vencidos, continuó su desfile para salir esa misma noche á los llanos de Pecaya, como lo consiguió sin otra novedad. Aquí princi­pia la parte trágica de la campafía, pero antes de hablar de la marcha de Toro en el resto de Diciembre, conviene hacer algunas observaciones sobre los hechos anteriormente relatadoi. El Ejército de Occidente no podfa mirarse como compuesto de reclutas el día del ataque de Coro : si no todos los soldados habían es­tado al fuego, sí todos habían tenido el enemigo al frente, á lo e u al deben agregarse largas marchas ejecutadas en condiciones bastante difí­ciles. Y en realidad, el General Toro! reconoció, en documentos oficiales u.teriores al combate, que el Ejército estaba medianamente disciplina­do, provisto de parque y de tren de campo, pero no de víveres. A pesar de tener un verdadero Ejército á sus órdenes, se sintió intranquilo por la distancia á que estaba de su base de operaciones, ó mejor, de sus pla­zas de depósito ; y si después hablaron sus panegiristas de 1 50 leguas andadas por enormes y abrasados arenales, entre penalidades y priva­ciones, esto no es verdad. En los documentos militares americanos ha sido pecado duende exagerar ó disminuír las cifras rrferentes á dis­tancias y efectivos, según la conveniencia de los interesados. Tampoco puede alegarsc en favor de Toro la existencia de esas dificultade!! para que :constituyera una plaza de depósito en Agualarga, porque tal omi­sión no estaría justificada sino en el caso de que las marchas de la inva­sión se hubieran realizado con gran rapidez, ó sea á razón de seis á ocho leguas diarias. Y á lo dicho se agrega que después del rechazo de Coro, puesto que el Ejército no estaba ligado al territorio independiente por puestos intermedio que lo obligaran á seguir determinado camino en la retirada, pudo y debió, en vez de regresar por suelos áridos, sin recursos, replegarse sobre Cumarebo y Tocuyo, tierras más fértiles, menos ene­migas, cuya costa vigilaba la escuadra patriota y donde los milicianos realistas seguramente no le habrían picado la retaguardia, porque por esa vía no regresaban á sus viviendas. De la posibilidad de la operación responde Antoíiam~as, quien pocos meses después y con sólo una Compañía avanzó por ese lado hasta San Felipe, ó sea á menos de cuatro jornadas de Valencia. Lo ma: sano de estas tierras no era tam­poco obstáculo serio: de seguro no habrían sucumbido los 1,000 hom­bres que perecieron en la vía de Siquisique. En fin, pudo replegarse Toro por el camino de San Luis para cruzar una región fértil, rica en productos naturales, y, sobre todo, para tentar un golpe sobre los milla­res de familias allí asiladas-lo que él supo en Pedregal-y hacerse á rehenes de gran valor. El movimiento de retroceso se verificó casi con 1 a misma lentitud que el de la invasión, y el Ejército de Occidente continuó su ruta haata Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 36 BOLETÍN MILITAR Siquisique sin ser perseguido de un modo serio y sostenido por los rea­listas, que nunca se atrevieron á tomar la ofensiva en campo raso con­tra los republicanos; no puede culparse por esa inercia á Ceballos, quien con tal proceder de seguro habría perdido su ejército en una jornada y entregado en ella, al mismo tiempo, á Coro, al Ejército republicano, victorioso en una batalla campal. En efecto, el día 4, cuando Toro en­traba en las serranías de Agualarga, el Comandante Miralles, que con un cuerpo había salido rápidamente por la vía de San Luis á hostilizar á los patriotas, se atrevió i atacarlos en las peñas de Güedequis, y Toro, poniéndose á la cabeza de la retaguardia lo repelió tan pronto como bruscamente. Pero el jefe realista hizo algo más efectivo: dispuso que las milicias que volvían á sus casas tras las tropas de Toro, hostiliza­ran sin cesar la retaguardia , de suerte que soldado que se separaba cle las filas era hombre perdido, y ocurrió además á un medio terrible pero que las leyes de la guerra no le vedaban: hacer que otros se adelantaran por sendas y veredas á arrojar plantas y sustancias venenosas á las lagu­netas ó casimbas, única agua de que el ejército podía disponer en jorna­das enteras, y así perecieron los primeros días centenares de hombres, porque los republicanos carecían de servicio sanitario, y 1 uégo, cuando ya la tropa se dio cuenta del peligro y evitaba tomar el líquido nocivo, la sed y la insolación fueron eficaces auxiliares de los realistas. En los hechos de arruas no llegaron á 300 los muertos y heridos republicanos, á 200 ascendió el número de prisioneros y de 1 ,ooo excedió el de los que perecieron en las marchas de la campaña, por lo cual apenas 2, 500 infantes pisaron la fro?Jtera al terminar el año de 181 o. El grueso de las tropas se estableció en Carora y Ba,rquisimeto, que­dando en Siquisique el Comandante Gil con 400 hombres para cubrir el territorio libre contra las tentativas del enemigo; pero apenas acababan de tomarse estos acantonamientos, cuando la Junta de Caracas, sin medir el desastre de la campaña, dispuso el 3 de Enero que el General Toro regresara al interior á licenciar su ejército, no dejando sino 500 hombres y los mejores oficiales para cubrir los puestos más importantes; que Mar­tín vol viese á Mérida con un destacamento que las gentes de Bari­nas, Trujillo y aquella ciudad reforzaran con unos pocos hombres esa columna, y ofició á Pamplona y Santafé pidiendo hicieran causa co­mún con Venezuela para repeler cualquier ataque contra el territorio independiente. "Así acabó esta campafia origen de muchos male1 y no pocas cen­suras contra los jefes y el Gobierno, pues el suceso caus6 general des­agrado y aun temor," porque demostraba la falta de elementos serios para la lucha ya iniciada por el realismo; por fortuna la llegada de Miranda al país revivió un poco los ánimos y restableció la tranquilidad. Algún historiador intent6 la defensa del General republicano. invocando las siguientes palabras de Thiers, después de confesar los errores cometidos, "nunca debe exigirse de los hombres y de la opinión sino lo que pue­den hacer racionalmente en cada época," palabras que si se pueden aplicar al Gobierno, condenan más aún al jefe que, en Europa, había mi­litado en serias campañas y cuya conducta merece especial censura según sus mismos partes, pues si los defectos del ejército que en ellos mencio­na los vio antes de abrir campaña y los call6, daría motivo á que se dudara de su lealtad á la cau9a de la República, y si no los comprendi6 aino iniciada la lucha1 declaran su incompetencia, y no debi6 entonces Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET:fN MILITAR 37. hacerse cargo de un puesto que no podía desempeñar. A la Junta debe censurarse por su posterior falta de acción, pues su descuido dio al ene­migo ventajas que le permitieron luégo acabar con la República, á la vez que demostró falta de cordura en invertir sumas tan grandes en opera­ciones de tan escasa importancia. Por supuesto que lo sucedido siempre fue escuela de experiencia para los militares patriotas, y de esta campa­tia arranca la imposición de los batallones pequefíos como los únicos ra­cionalmente utilizables en nuestras cordilleras. A guisa de comentarios á esta campaña transcribiremos las siguien­tes opiniones de Napoleón : "Un plan de campaña debe haber previsto todo lo que el enemigo puede hacer, y contener en sí mismo los medios para evitar que lo haga.-Al principio de una campaña debe meditarse si avanzamos 6 nó ; pero una vez adoptada la ofensiva es preciso sostenerla hasta la úl­tima extremidad.-No admito que so pretexto de falta de víveres la marcha (deJunot en Portugal) se demore un solo día; esa razón no es buena sino para hombres que nada quieren hacer: zo,ooo soldados vi­ven en todas partes incluso en el desierto." Y cuanto á la longitud de la columna de marcha, que fue enorme, pero sobre lo cual nos faltan datos que constituyen punto capital para fundar otra clase importantísima de juicios, apenas pod\,;mos deducir de la marcha misma de las operaciones que no debió exceder de z 5 kilóme­tros ni bajar de 1 5 : por término medio debía invertir de cuatro á cinco horas en su despliegue ó desfile. (Continúa) -- LOS .A.SOlilNSOS Hé aquí uno de los asuntos más delicados de la milicia. Muy difícil, si no imposible, es dar una buena ley de ascensos, y éstos no satisfarán, en su mayor parte, ni la justicia, ni la equidad. El Código Militar colombiano establece algunas reglas bastante acertadas para concederlos, y sería muy conveniente ponerlas en prác­tica mientras el Congreso dicta una ley mejor. Todo ascenso debe conferirse de un empleo al inmediatamente 1Uperior, y para conferirlo es preciso, para los Jefes, haber servido tres años en el empleo inferior, y dos años para los oficiales. Nccesítanse además, según el Código colombiano, las condiciones de inteligencia, conocimientos suficientes en la milicia y car:í.ctcr de mando. Desgraciadamente no es posible tener la satisfacción de decir que siquiera en la mayoría de los casos se cumplen aguellas condiciones. Y de allí que nuestro Ejército, á pesar de ser uno de los mejores de la América del Sur, en todo sentido, deje mucho que desear en cuanto á oficiales. Lo propio sucede en las demás naciones hermanas á la nuéstra, especialmente en las que no tienen Escuela militar. Para mejorar el Ejército en este sentido sería menester que prece­diese al ascenso el examen. Así no se ocuparían puestos de mayor ó menor importancia, que todos ]a tienen relativa, por individuos que no Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 38 BOLETÍN MILITAR pueden cumplir los deberes de su cargo, ora por falta de talento, ora por carencia de conocimientos militares 6 bien por falta de espíritu de mando; y es cosa bien sabida que más difícil mandar que obedecer. En este sentido se obtendría, además, una ventaja que atañe direc­tamente al Tesoro público, porque nombrando para los Estados Mayo­res Jefes que reuniesen aquellas condiciones, se evitaría tener que nombrar no pocos ayudantes. Los Estados Mayores divisionarios, por ejemplo, quedarían muy bien servidos en tiempo de paz, sin recargo de trabajo, ¡>Or un General Comandante general, un General Jefe de Estado Mayor, un Coronel ó Teniente Coronel primer Ayudante gene­ral y un Sargento Mayor ó Capitán, segundo Ayudante general, con tal que se e<;cogiese para esos puestos, militares aptos para el desempeño de sus funciones y conocedores del servicio. Hoy están servidos los Estados Mayores por diez empleados, sin contar los escribientes y ordenanzas. Entre aquéllos figuran un Inspec­tor y un Auditor de guerra, que son innecesarios : las funciones de aquél puede desempeñarlas el Jefe de Estado Mayor, y las del Auditor, que generalmente son poco menos que inútiles, un Abogado quese nombrase ad !toe para cada juicio, con una remuneración que podría ser el sueldo del Auditor en un mes, y se pasarían aüos sin que hubiec;e que pagarlo. Volviendo al asunto principal, debe tenerse presente que en casi todas las naciones europeas, al ascenso precede el examen, ya que se confiera por elecci6n ó por antigüedad. El ascenso por antigüedad simplemente, sin examen, tiene el in­conveniente de llevar á puesto¡ importantes hombres nulos, que no tie­nen otra condición que su valor. Este inconveniente suelen tenalo muchos de los ascensos que se confieren en campaña, de los cuales ha­blaremos 1 uégo. El ascenso por elección tiene, además del inconveniente anterior, el de que puede conferirse á individuos aptos pero de pocos ser icios, con lo cual se hiere el amor propio de jefes y oficiales aptos también y de mayor antigüedad, á lo cual se prestan lai influencias de carácter polí­tico, tan frecuentes en las Repúblicas latino-americanas. Los ascensos hasta el grado de Mayor deberían conferirse por opo­sición, previo examen y pruebas satisfactorias, como en lnglaterra. De Teniente Coronel á General, a aso podría omitirse ese requisito te­niendo en cuenta que al Poder Ejecutivo le sería fácil obtener la prueba de aptitudes sin necesidad de recurrir al examen. Mas para ello seda menester un espíritu de equidad y de justicia poco común. En el Se­nado mismo sería difícil encontrarlo para que improbase los ascensos que hubiese conferido el Poder Ejecutivo sin llenar todoJ los requisitos legales, cualquiera que fuese la persona agraciada. Respecto á los ascensos en campaña, suelen tener~ como decíamos antes, el inconveniente de que se confieren por acciones distinguidas de valor, á individuos faltos de talento y de instrucción, incapaces en ab­soluto de desempeñar las funciones del empleo que se les confiere, con lo cual no solamente se le hace un mal al servicio militar, sino también al mismo agraciado, que por ineptitud no puede ser colocado en el puesto correspondiente á su empleo, y se le ve á las veces sir icndo en empleo inferior, con desdoro propio y con dificultades en el servicio. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT .AR Para esos casos deberían establecerse, como en Europa, condecora­ciones y recompensas pecuniarias; las cu des existen también en algu­nos países latino-americanos. Es indudable que el más delicado de todos lo~ ascensos es el de General, por las múltiples condiciones que se requieren para ser un buen General, cuyos deberes debe conocer en los principios de la cien­cia y del arte mili tares, tan descuidados entre nosotros. Sería tarea interminable entrar á tratar de los conocimientos y las condiciones intelectuales y morales que se requieren para ser un buen General. Corresponde al Poder Ejecutivo considerarlas y pesarlas todas antes de conferir ascensos que no solamente pueden herir susceptibili­dades, sino perjudicar el servicio militar y las operaciones de la guerra, amén de no ser honrosos para la Nación, que debe enorgullecerse de sus Generales. CoNsTANTINO --···-- HISTORIA MEMO:R.IAS DEL GENERAL PABLO MORILLO (Continuación) "Algunos miserables y vagamundos buscan reunirse á Aris­mendi para trastornar aún el reposo de que gozáis y enriquecerse con vuestros despojos ; sed fieles al·Rey. El Todopoderoso lo pro­tege; el Todopoderoso no sostiene los perjuros asesinos; una parte de mi Ejército marcha á vuestro socorro ; Ja escuadra na­vega hacia vuestros puertos ; nuevas tropas llegadas de España van á desembarcar en vuestras costas, y este pasible Virreinato no tendrá más deseos desde el Perú hasta Cumaná, que la extermina­ción de los rebeldei que trastornan la paz, y la felicidad de la nación que ha prodigado sus tesoros y la sangre de sus hijos de Europa con el objeto de salvar sus hijos bien amados de América. "Cuartel general de Mom pós, el r. 0 de Marzo de I 816. , "MORILLO " Aceleré mi marcha. Supe que la División mandada por el Mariscal de campo La .Torre, después de haber batido todos los restos de las partidas fugitivas en Casanare, vencidos los obs­táculos sinnúmero que le oponían ]a naturaleza y estación de las lluvias, ocupaba á Pore, capital de esta Provincia, y que era imposible vencer las nueve jornadas de marcha que separan esta ciudad del territorio de Venezuela, en tanto que la primavera no Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 40 BOLE'l'iN MILITAR hubiera puesto fin á las inundacione'i del Arauca. Lo anuncié á los habitantes de estas llanuras, declarándoles en los términos si­guientes, los principios t1ue había manifestado en todas las cir­cunstancias : "Habitantes de los Llanos "La mala estación que retenía mis tropas toca á su fin ; ellas se pondrán en marcha para realizar los vastos planes del Monarca más querido y más benéfico; atravesarán vuestro territorio y dejarán entre vosotros el número de soldados que juzgaren necesario para proteger los súbditos fieles, y dar la paz de que los han privado desde hace algunos años las maquinaciones de algunos mal inten­cionados. Los soldados españoles observarán, como lo han hecho siempre, la más severa disciplina; todo lo que se les suministre será pagado inmediatamente. "Los facciosos que existen aún, en pequeño número, sufrirán la suerte de los Olmedilla, Salia Palacio, Linares y de algunos no menos culpables. Me mostraré inexorable para los que perseveren en su delirio, aunque no les quede la más pequeña esperanza de ver renacer los disturbios pasados. Los que no se aprovechen como acaban de hacerlo los Capitanes Cayetano Azuero y José María Amaya, lo mismo que el Teniente Pedro Rey, de las amnistías del 24 de A bri 1 y 30 de ..M a yo, que renuevo aquí, perecerán to­dos en los suplicios. Propongo de nuevo estas~amnistías porque, después de la ruina total de la supuesta expedición del rebelde Bolívar, no quedan sino algunos cándidos que rehusan someterse al nuevo orden de cosas. "Vosotros, habitantes pacíficos, gozad del fruto de vuestras labores, restableced para siempre entre vosotros esta felicidad de que disfrutabais en medio de vuestras· esposas y vuestros hijos; no os dejéis más seducir. El poder del Rey es inmenso, escucharé vuestras quejas, remediare á vuestras ne esidades, pero guardaos de cometer el menor atentad e ntra los Ejércitos españoles : aquél que lo hiciere, será exterminado en el momento. "Cuartel general de Santafé, 22 de Octubre de I 816. MORILLO" Partí ee la Nueva Granada á mediados de Noviembre, des­pués de haber hecho á los habitantes del país la exposición si­guiente de su situación, del porvenir que les esperaba, y de los medios necesarios para• alcanzar el más alto grado de prosperidad: "Habitantes de la Nueva Granada Desde mi llegada á esta capital, no he cesado de ocuparme de vuestros intereses y bienestar. El tiempo que debía permanecer en este Virreinato estaba señalado. Era necesario para poder realizar Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 41 en una pequeña parte los deseos del Rey más amado, S. M. D. Fernando VII, que no ha cesado de dirigir sus miradas sobre sus desgraciados pueblos de América. Podéis estar bien seguros de que la noticia más benéfica para su noble corazón es saber que sus Generales se ocupan en vuestra prosperidad, que debe ser siempre el resultado de la industria y de la agricultura. Vuestros pérfidos y orgullosos seductores, que han pagado sus crímenes en los suplicios, fundaban la más grande parte de sus pla­nes en la mentira y deslealtad: os han repetido que las leyes de la monarquía eran tiránicas, que prohibían el comercio, la agricul­tura y la industria; debéis ya estar convencidos de lo contraria, los diarios del Gobierno os lo han demostrado. Se os decía también que no participabais de los empleos de la monarquía: esta aserción es, si cabe, más falsa aún que las anteriores, pues, sin habla­ros de tantos obispos, generales, consejeros de todas clases, cuando dejé á España, sobre cinco ministerios, dos de los más importan­tes estaban desempeñados por españoles de ultramar. Vuestra agricultura y vuestra industria reclaman caminos para el transporte y las comunicaciones ; esto debe ser 9bra vuéstra ; l<.!jos de oponerse, el Gobierno os ayudará, como Jo ha intentado. Vuestro descuido únicamente ha impedido conducir á su fin esos trabajos tan necesarios ; la prueba existe en los numerosos registros de los archivos, atestados de proyectos de esta especie, dt.::sde hace treinta y cinco años, todos frustrados por vuestras propias intrigas. Tales son los camino· del ~tindío, Quebrada Colorada y c,.rare, en que el Estade ha gastado más de 6o,ooo pesos. Los archivos atestiguan igualmente muchas medidas tomadas en beneficio de vuestra industria y de vuestra ag-ricultura, tales como se debían es­perar de las Audiencias y de los Visorreyes que las han dictado: son vuestras dtscordias las que han paralizado todos estos proyectos. Considerad como ejemplo la vacuna, y veréis cuántos esfuerzos ha hecho S. M. por propagar entre vosotros su saludable prácti­ca. He h('cho, como los jefes que me han precedido, todos mis es­fuerzos para propagarla, y veo con tristeza vuestra negligencia é incuria en un asunto tan impnrtar.te. Creedrne, pues, en fin, que sois los autores de vuestros males ; males que los m ale volos atribu­yen al Gobierno más paternal del mundo para sus colonias, y que las tiene bajo el régimen más semejante al de la madre patria. Muchos de vosotros habéis visitado las colonias extranjeras ; respondedme, ¿dónde habéis visto refinar el azúcar y manufacturar el algodón? ¿ ónde se permite dar á la venta íllguna produc­ción del país ? Todo debe ir á la Metrópoli; y en esta Metrópoli cuántos Generales, Magistrados y Ministros se cuentan nací- - dos en las colonias ? ¿ cuántas Universidades, Colegios, encie­rran las colonias? ¿ ~é llegaría á vuestras Provincias si fuera necesario transportar á España vuestro algodón, azúcar, cueros, y traer de la Península las telas y calzado? ¿Qué nombre daríais Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR entonces al Gobierno español ? ¿ En qué estado se encontraban las Provincias del Socorro y de Qyito? Y sin embargo, es á las Naciones extranjeras que se confían vuestros sediciosos represen­tantes, quienes propalan mil mentiras sobre su sistema para en­tregaros atados de pies y manos á una potencia invasora. Vosotros no sois colonos, no estáis bajo la administración or­dinaria de las colonias, sois iguales en todo á los españoles de Eu­ropa, y el Consejo Supremo de Indias es á este respecto un regu­lador inflexible. La sangre derramada por la espada de la justicia era impura, iba á corromper la vuestra, y sin embargo, los jefes de la subleva­ción pudieron evitar el suplicio confiando en la clemencia del Rey, que les anuncié de Margarita y Caracas y ofrecí en esta última capital. Hasta Cartagena ni una gota de sangre se derramó. Pro­clamas sobre proclamas; amnistías, exhortaciones, nada fue omi­tido desde el desembarco de la expedición en el suelo de América. Ant~s todos los medios de conciliación habían sido agotados por las autoridade s que mandaban en nombre del Rey en las Pro­vincias que os rodean. El conjunto de respuestas y proclamas pu­blicadas y esparcidas por todos vuestros gobiernos facciosos será un monumento de irreligión, insolencia y de ultrajes para el Rey y sus representantes. Las vías de la dulzura no han tenido éxito; la espada los ha vencido, sois testigos. Clé rigos i~norantes r perversos han manchado con la mentira y el sacrilegio la cátedra de la ver­dad, · u lenguaje prueba hasta la evidencia que el Todopoderoso quería castigar su pueblo. Continuar~ --~· -- VARIEDADES México-El Bolet í 11 Milztar número 14- (8 de Julio). Director, Ca­pitán de Ingenieros, Samuel Garcfa Cuéllar. EJtudio militar-Estadística del desarrollo comercial é industrial de los Estados Unidos en los últimos años. Decreto número 186 de 1 98 (30 de Octubre). Defensa de dicha disposición legal, que prohíbe asciendan á Oficiales los Sargentos, sin presentar antes el examen del caso en Aritmética, Contabilidad militar, nociones de Geometría, fortificación y tiro, Geografía del país, servicio de campaña y Código Militar. Dice el escritor: "El papel de los Oficiales es muy importante, y para desempe­ñarlo se necesitan hombres de educación, con cierto hábito al estudio, que en el ejército se cultivará esta cualidad, y de elevados Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 43 sentimientos para que sean capaces de gobernar con criterio, man­dando con inteligencia y energía; y para ser digno de esa posi­ción se necesita mucho más que antigüedad, aun cuando ésta sea sin defectos. N o basta, para ser Oficial, haber andado á pie, car­gando el fusil y la mochila, usado el huarache, pasar revistas, sa­biendo corregir la mala colocación de una correa y su poco lustre, hacer listas de revistas y desfilar por el flanco derecho ; el creer que éstos son los conocimientos, y que los años de servicios son un título suficiente para que un Sargento use los bordados, es como creer que un escribiente de bufete, con diez años de prácti­ca, puede seF abogado, y que un sacristán, á fuerza de ayudar las misas, conocer las fiestas religiosas y quitar el polvo á los santos, puede ser un sacerdote." " •... previo informe respecto á su moralidad y educación, por­que sabido es que con nuestra tendencia al servicio militar obli­gatorio, hay jóvenes de buena ilustración que se dan de alta y que en muy poco tiempo pueden satisfacer estas condiciones (el examen) ; pero que al llegar á los cuerpos se hunden en los vi­cios, por lo que es preciso atender á su moralidad ; si no más tarde los veríamos arrastrar la espada en lugares de mala fama." 8euión Oficial-El Despacho de Guerra dispone que á los Sargentos y Cabos que sufran suspensiones de su empleo, no se les descuente el sobresueldo que hubieran ganado con su buena conducta ante­rior. Fija la tarifa de honorarios de los abogados consultores en los juicios militares. Los jefes y oficiales á quienes se procese pasan á sueltos, y cobran su haber en la Oficina de Hacienda de la loca­lidad donde residan-Ascensos en caballería. 11iformaciÓ1t-Movimiento de personal y resultado de revistas y ejer­cicios en todas las armas. Suplemento-Estudio sobre el combate. Guatemala-Rtvúta Militar número 15 (1. 0 de Julio). Director, General Luis O valle ; Redactor, General Andrés Téllcz. El General D. Miguel García Granados-Boceto biográfico de este hombre público, que fue Presidente de la República. La Revolución del 71 -Algunas líneas sobre esa contienda civil, en que figuró en primer término Garcfa Granados. Urbanidad-Justa reprimenda á .los militares que no tienen civilidad y buenas maneras, y ayudan con su conducta á que el ejército no gane prestigio entre los ciudadanos. Fra11cia é Inglaterra en Africa-Convención del Nígcro y del Nilo. Efiméridn militares : universales, mes de Julio, Entre los hechos que recu d¡¡ r ta cr nQ!ogfa d<:scuel an : Batalla de Dorilea, en­tre 1 so,ooo cruzados y 1 2o,ooo turcos, que fueron derrotados el 1.0 de Julio de 1097; Batalla de Flerus (1690): el Mariscal de Luxemburgo con 39,500 franceses derrota los 37,800 holandeses, alemanes é ingleses que mandaba el Príncipe Waldek; Batalla de Ncwport (2 de Julio de 16oo); combate de Donauwocrth (1704-); Batalla de Sadowa ó de Koeniggraets ( 1 866) : los austriacos, en número de 21 5,ooo, con 770 cañones, al mando de Benedeck, son derrotados por 22o,ooo prusianos, con 780 piezas, regidos por el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 44 BOLETÍN MILITAR Rey Guillermo ; Batalla de Gettysburgo (4 de Julio de I 863), en la guerra de Secesión americana; Batalla de Wagran (6 de Julio de 1809): Napoleón, con 217,451 franceses, derrota en dos días de lucha al Archiduque Carlos, con zoo,ooo austriacos. nti Extranjero-Noticias sobre los ejércitos de diversas naciones. Alemania proyecta aumentar el pie de paz, dotar de teléfonos á la caballería y de nuevo fusil á la infantería ; modifica el reglamento de transportes y estudia un nuevo obú~ de campaña. Bélgica in­troduce el canto en las escuelas de tropa. l11glaterra experimenta la telegrafía sin hilos, piensa modificar el reglamento de tiro y ensa­yará en la India una ambulancia para los caballos heridos. Fran­cia quiere ampliar el campo de maniobras de Causse para que sirva á tropas de las tres armas reunidas, y reglamenta los reco­nocimientos que efectúa la caballería. Estados Unidos: Presupues­to militar, 8o.4oo,ooo ; el ejército de Filipinas tuvo de 4 de Fe­brero á 26 de Abril, 198 muertos y I, 1 1 1 heridos ; en W áshing­ton se fabrica un nuevo cañón de tiro rápido que disparará por minuto veinte proyectiles de nueve libras y media de peso, con vel0cidad inicial de 840 metros por segundo. Perú: el ejército usa nuevo uniforme, construído en los talleres del Estado. Chile: un Oficial in ventó un cargador llamado Loga, que aumenta nota­blemente la rapidez del tiro en el fusil Máusser. Rusia: ensaya con éxito las herraduras de aluminio para la caballería. El cafíjn Aramtrong, de I 52 milímetros en montaje de u/ipu-Can­jes militares-Notas-Cer t amen de tiro-Grabados : estatua de García Granados, General P. R. Barrios-Combates de San Lu­cas y Tacaná. Brasil-Revista Marítima Brazileira-(Número 10, afio xvtn (Abril). Director, Capitán P. A. Ribeiro Do Cowto. Eduard~ de Barros Gonda-Biografía de este Capitán de navío que se distinguió en la guerra con el Paraguay. Apuntamientos de balística (aplicados á la artillería): inflamación de la pólvora; estudio de dicha sustancia. Emayo de táctictl naval moderna: el combate (con figuras), conclusión, traducido del inglés . . La guerra dúr1 o-japones a desde el punto de vista internacional (con­clusión): Notable e s tudio de que trataremos detenidamente en este semana no. El e¡ orptdo-Su velocidad, radio de acción y potencia destructora (traducción). Marina nacional y marinas txtranjerns: de España dice volvió á enviar á los astilleros de Tolón el Pe/ay~ "que en la última gue­rra permaneció inactivo," porque carecía de proyectiles para sus grandes cañones, en lo que se asemejó al Cristóbal C1lón, "que no tenía cafiones para sus torres ! " Argentina-La 1/ustrnció?r Naval y Militar, número 14 (Abril 30). Revista quincenal que se publica en esmerada edición, hermosa­m~ nte ilu5trada. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. llOLET.fÑ Mlt.ITAR Ed~lmiro Corr~4: biografía de este Capitán de navío, Director de la Escuela na\·al. El Jtrf!icio umitrJril durante la Guerra hispano-americana. Bou¡uejo hiJtórico de las campañas navales de la República Argentina. Reseña hiJtórica del Battfi/Ón 2. 0 de illfantería de línea (continuación). Emilio Castr6. Necrología. La Mochila Orzaba/, tipo de morral ideado por el Capitán de arti­llería Orzabal, en el cual el peso transportado no gravita sobre las clavículas y permite transportar mayor cantidad de proyecti­les. Mide 0m34 X o I 2 X om3 5, con peso de14 libras, y bien pudiera adoptarse con ventajas entre nosotros, donde el modelo usado no pue-ie ser más primitivo é inadecuado para la guerra. Noticia¡ biográficas del General Bulnes y el Capitán Orzabal, y revista de la quincena. El Porvuzir Militar, números 3 I y 32 (Abril, año xt). Director, Alejandro Rárnilo-El espionaje militar (traducido del francés)­Instrucciones de combate en orden abierto (transcripciones)­Nuevo uniforme del ejército del Paraguay-El servicio militar obligatorio en el Perú-Maniobras de cuadros-Modificaciones al Reglamento sobre servicio interior-Estadística militar. -----4~.------ :m:. CHOCO A ME:OIA:COS :CEL SIGLO POH SANTIAGO PÉREZ Punto de partida-Ansermanucvo-Paso de la montaña-Juntas de Tamaná ( Contimí.a) De muy buena gana nos hubiéramos procurado extra-oficial­mente los cargueros necesarios, entre aquellos que de los vecinos pueblos ocurren á Cartago, para darnos sin dilación, no á la vela, sino á la montaña que por delante teníamos, y que mirábamos con recelo; si la doble circunstancia de buscurlos en crecido nú­mero y de bab~r caido en tiempo de fiestas, como se uelc decir, no nos hubieran forzado á tocar con la autoridad. De ésta habíamos tenido que prescindir, como tambiéu que renunciar á sus auxilios, cuando á nuestra llegada, casi al ponerse el sol, después de reco­rrer de un extremo á otro ]a villa, regados sobre nuestras cabalga­duras es.trop adas en el ~indío, desfilando en la dirección por donde nos endilgaban las buenas gentes, y soportando las miradas y los gestos de más de un rostro africano, en inútil averiguación del político principal, del político suplente y del Alcalde, ninguno de los cuales pareció, tuvimos que ponernos bajo la salvaguardia de un honrado vecino, que, sin ser jefe, fue más político, y algún lugar hubo de facilitar donde hospedarnos, sustrayéndonos bondades~ mente de la cómica exhibición en que nos encontrábamos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 46 BOLETÍN MILITAR Instalados una vez con la mayor incomodidad posible, aun­que con toda la recomendación del Gobierno, en eso que su dueño modestamente llamaba casitienda, cuando era en realidad un casi­corral, aprovechóse la dilación que á nuestro viaje imponía la ca­rencia de _recursos para empr~nderlo, en arreglar los instrumeRtos, adecuándolos para los próximos trabajos; lo que fue causa de sa­carlos á luz, ordenándolos en la pieza única que de todo nos servía, y que era inspeccionada francamente desde la calle pública, con lo que se dio lugar á que en el grupo inseparable de la puerta, se cru­zaran diálogos y monólogos como el siguiente, que nos dio á co­nocer el juicio que aquellas gentes se habían formado de nosotros y del objeto que por allí nos llev.aba. -" Esos anteojos largos," dijo uno, señalando los barómetros, "no pueden ser sino de mágicos." -"Cabal," respondió alguno, y añadió mostrando á uno de nosotros, el Jefe de la Comisión en persona: "ese inglés de las antiparras debe ser el brujo mayor." -" Han venido," agregó otro, "á dar en las fiestas funcio­nes de maroma y de mágica negra." A loq u e sólo repuso, con tono de admiración, una mulati ta vecina nuestra: -"¡Pero sí que han traído cosas los titiriteros !" Por donde se ve que en Cartago sólo éramos saltimbanquis, sin que nadie, ni nosotros mismos pudiéramos imaginar, que pron­to, en nuestra carrera corográfica, andando el tiempo, y andando nosotros también por el Chocó, habíamos de llegar á capuchinos, alta y barbuda categoría á que nos elevaron en Pasto y Túquerres, como lo vimos, y por poco lo tenemos que lamentar después. Nada diremos de las fiestas de Cartago, como que no forma parte de nuestro actual propósito el hablar de las costumbres de ese lugar, en que nos en<:ontrámos puramente de trán ito. Supi­mos que estuvieron reducidas á juegos de toros y de cachimona para la plebe, como alguien diría, y á un baile de escote para las altas clases, como tampoco faltaría quien dijera. Anuncióse también como cosa extraordinaria, es decir, fuera de uso, la ejecución de dos piezas de teatro. Pero nadie suponga, aunque todos lo deben suponer, que se escogieron petipiezas, sai­netes ó comedias al alcance de la multitud, para la que era el ob­sequio dramático, comoquiera que la función tuvo por proscenio un tablado hecho en una plazoleta, y por concurrentes á todos los que quisieron pasar media noche al raso, con la cabeza descubierta, y de pie en la calle pública. Dos de esos dramas de grande espec­táculo, en los que al fin se suicida hasta el apuntador, y en que se habla de lugares, de historias, de pasione , de costumbres, de ca­tástrofes, de cortes, de príncipes, de cardenales y de verdugos, cu­yos nombres no sabían pronunciar los actores ajicionad1s, ni habían oído jamás aquellas buenas gentes, fueron los que se eligieron con un lucidísimo acierto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETiN MILITAR 47 Después de un gran rato de espera, durante el cual se pidió clamorosamente la alzada del modesto lienzo que hacía de telón de boca, corrióse éste, y entonces fue el reír de los espectadores, que protestaron, y se resistieron á aceptar por Lord Chamheland, Duque de Norfold y Sir Grammer, á los tres buenos lugareños que, ves­tidos de farsantes como en los disfraces de las fiestas caseras, apa­recieron dandose tales tratamientos, y llamándo~e por tales nom­bres, alrevesadamente pronunciados. Pero la grita subió de punto cuando apareció Enrique vnr, con una corona que tenía que mantener sobre la cabeza con una mano, para que no se cayera á lo que ~e movía, y vestido en lo de­más á la derniere de estos tiempos, lo que quería decir no más, que aquel Rey antojadizo era muy previsivo en materia de modas : y cuando empezó á hablar, dirigiéndose más que á su interlocutor á las masas ahí congregadas, de Eduardo, de Maleo/m, de Guillermo ~1 Conquistador, de Guillermo el Rojo, de Edgardo, de David sucesor de éste y padre de Esteban, de la Emperatriz Matilde, de los Ri­cardos de Escocia, y de otros nombres y otras cosas de la Catalina Howard, demasiado conocidos, por supuesto, tanto en los teatros de París como en los andamios de Cartago. Empezaron algunos á desesperarse y á prorrumpir en excla­maciones que ahogaban la voz de los actores y hacían reír estrepi­tosamente al auditorio. En uno de los pasajes más patéticos co­rrieron un bastidor, ó el pañolón que de tal servía, y muchos gri­taron á un tiempo: que se quée la puerta/ Lloró un niño de pe­chos, y más de una voz se hizo oír con el mandato grosero de métanle la ubre á esa criatura/ Hacía rato que habían empezado las pe~lradas, y como estropease una al Dr. Galindo que á nuestro lado se hallaba, nos retiramos nosotros, muy pagados, ;>or cierto, de la incivilidad y atra o de aquel populacho soberano, que tanto decoro y compostura guardaba delante de todas las autoridades ci­viles y militares, que, habíamos olvidado advertirlo, estaban tam­bién allí. El jefe político orden "' al Alcalde, y el Alcalde ordenaría al Alguacil, como siempr · ucede en nuestros pueblos, la solicitud inmediata de los peones que necesitábamos. Y con tal actividad hubo de obrarse, que sólo cuatro días tardamos en ten~rlos á nues­tra disposición, ó más bien, en ponernos noSotros á la de ellos ; pues que no salimos sino hasta el día y la hora que ell~s tuvieron á bien ; y en el <.:orto camino de Cartago á Ansermanuevo no más, varios se desaparecieron, entre ello un tal Segura, que se dio por muerto al punto de partir, después de haber recibido la mitad del precio de su alquiler, por donde se ve que el tal Segura no era muy seguro; y otro que se mandó largar con la carga que había de lle­var, y que por el peso debió de figurarse que contenía algo de pro­vecho, cuando era sólo de impresos viejos que llevaba el botánico, para disecar las plantas. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 48 BOLETÍN MILITAR Demora Ansermanuevo al Noroeste de Cartago y distante de él como 1~ legua de camino lJano por el terreno del valle, encon­trándose el Cauca de por medio, el cual corre manso y turbio, sir­viendo más abajo de lindero entre la Provincia de su nombre y las de la antigua Antioquia. Para salvarlo nos echámos revueltos con el equipaje y las monturas, por entregas de á tres y á cuatro bultos, á causa de lo pequeño de la canoa. Hace más de trescientos años que halló el Capitán V elasco un puente de bejuco suspendido so­bre el Cauca, en el punto de Neguerí; el puente desapareció lué­go; y hoy, después de tanto tiempo, y cuando ya nos hallamos en los del progreso y la civilización, no á Jo que se ve, si no á lo que se dice, el Cauca majestuoso y pintoresco, que curre por más de doscientas leguas desde su origen en el páramo de las P tipas, y que baña cinco Provincias de las m á ' ricas de la Nueva Granada, no tiene, con excepeción del de Popayán, muy al principio de su cur­so, ni aun como aquél, otro puente de bejuco! Ansermanuevo viene á ser como el puerto de aquel Océano pendiente de selvas y de montes. Situada al pie de la gran cordi­llera tendida casi de Norte á Sur, á la altura de 972 metros sobre el nivel del mar, fue el último pueblo del Cauca por donde pasa­mos. Distínguese con el adjetivo nuevo de la Anse rma ó Santa Ana de los Gaballeros, que fundó Robledo hacia I 540, y que está como á 12 leguas al Norte. Es un montón de casas de ruín aspecto. El censo da al cantón 1,609 almas. Su temperatura media es de 22'6 centígrados, y se encuentra situada en un terreno llano, de mica­esquisto. Desde Anserma hasta el sitio llamado la Boca, que dista poco menos de una legua, aunque con sobra de incomodidad, iodavía es posible pasar á bestia ; dejándolo de ser allí de todo punto, por lo enmarañado del monte y lo de ig ual del terreno. Hicimos alto en ese lugar, sobre la fresca orilla de la quebrada Cabecera , que veía­mos cruzar en su torcida corriente veloz, murmuradora y crista­lina, como si fuera una sierpe de plata que alía del corazón de la selva. Sentámonos en torno de una piedra tamaña y desigual, mesa lujosa que nos brindaba el de ierto, y con una decision que i honra no, provecho sí no hizo, despachárno nuesto parco al­muerzo de viajeros. A falta de otras, habilitamos ]as copa de nuestros sombreros para libar del más que generoso, abundante vino que á nu~stro lado corría bajo l"s alas de mil lindas mariposas de variado color, que cerniéndose sobre el cauce de un arroyo, en prodigiosa multitud, á la manera de flores volantes, formaban sobre el cristal de las aguas como un velo de gasa tornasol. (Continuará) BOGOTA-IMPRENTA NACIONAL • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 112

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 104

Por: | Fecha: 17/06/1899

»3o In Bogotá, Junio 17 de 1899 NUM. lo+ --....... ·~-- ORGA o DBL MI TI TEl IO DE __ .....,..,._. __ FRANGISGO J. VERGARA Y V. Coronel, Miembro de 1 oci dad <.;olombian d~ Ingenieros l~l~~0~2~~~ ~~~~~ ~ ~~ R ~ ~~~ ~ 2 ~ .O QQ Q. 9~ Q . ~~ .o 9' Q~ l~i8 Son colaboradores natos de e ·te periódico todos los J'efea y Oficiales del EJército de laR pública RtpúiJJüa dt C,/t;mbt'a--Mini<~llrio de Gutrra--Sutió~t J.•--Nt~mtr• 18 --B~gotá, a ¡ft J U/11(} at 1899 Scrior General Comandante en Jefe del Ejército-Presente Para el mejor cumplimiento del Decreto que ordena eliminar t,ooo hombres del Ejército permanente, tengo el honor de suplicaroa o~ sirváis pedir con urgen ia á los omandantes generales Divisionario•, listas de los individuo t 1c tropa que convenga dar de b.tja, en e te or­den : primero, l,os inútile , de pué los de edad avanzada, y en ter er lugar los que hayan cumplido el tiempo de servicio, á fin de que esa Comandancia en Jefe pueda 1 uégo, por la serie indicada de causales, or­denar las baja hasta compl tar el cupo de la eliminación, con ervando las unidade de Batallones y Compañías existentes hoy, laa cu;lle~ e completarán cuando fuere nece ario. Soy vuestro a ter to ser idor, JOilC! l OL t.; I. ·--- NO'I'.~~ DE OO~!YO'C'I'A EN :m:t. J ~CITO Rtpríblir• de Col•mbi11.-E)érdto ptrtniiHtllft.-z.• DiviJión.-EJtado Múy#r.-Númtro 40t.-Co111andanda gt11.:rlli.-Barrant¡11ill(1, 23 de Mayo dt 1899· Se6or Coronel D. Manuel Joté fct•neta.-Bogot~. Tengo el honor de transcribir á usted el artíéulo 18 5 de In orden Jenfral del 19 de los corrientes. con motivo de su sepanci6n del pue•­to de primer Jefe del Batallón to.0 dt Ttntrift, y que dice: Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 322 BOLETÍN MILITAR "Art. J 8 S· Se e:1cuentra en esta ciudad el sct\or Coronel D. Ma­nuel José Urcaneta de pa o para Sogamoso, á donde ha sido destinado por el Supremo Gobierno como primer Jefe del Batallón Granadero1. El señor oronel Urdan eta, quien con ti no, inteligencia y consa­gración desempefió por algún tiempo las funciones de primer Jefe del Batallón 'ltrift, deja un vacío en la Z. 11 Divi i6n, en donde por u cul­tura y estricto cumolimicnto d<.:l deber, ~upo captarse el aprecio y consideración de lo Jefes, y el caritío y estimación de 5US ubalterno~. "La Comandancia general y el Estado Mayor de la División la­mentan la 5eparación de tan disti.1guidu Jefe, y al darle el aludo de de• pedida hacen \oto por u felicidad. "Bien haya le) Jefe <.]UC, como el Coronel U rdaneta, deja tan bien en cado u nombre y el del Batall6n q uc se le confiara, llevando la sa­LÍ facción de) deber cumplido. '"Transcríbase al sefior Coronel Urdaneta en nota de 1cnción. ' El General-Jet , RAFAEL M . GAIT ,, 1 cum lir con el graco deber de hacer á usted la anterior trans­cripción, s1rva e ac.cptar las personales muestras de mi aprecio y con sideraci6n. Soy de usted atento y seguro 5ervidor, JUPABt; M. GAITAN ReJÍiblita de Colombia-Ejtrdto Ptrmallt11U- z.• Diflisión-Nitmer# 4z 3-Carfr1gt11a, I 3 de Mn71 de 1899-EI primer Ay~t~dante ge11t­rtzl, Jefi MilitAr tlt /11 Pl11%t1 Al eeñor Coronel D. Manuel J. Urdanela Tengo el honor de acompañarle copia de los artfculoa conducen­tt" l de la orden general de la Jefatura, de fecha de ayer, dictados con motivo de su separación del mando del Batallón 'Ttnerift número 10. A la vez que doy á u ted mi sincera despedida, le deseo un viaje feliz y que no olvide que en e ta ciudad deja migoa que saben esti­marlo. Dios guarde á u ted. ANTONIO ARA UJO L. OR.D!tN CENERAt, DE LA JltFAT\TltA MILITAR para hoy viernea • :l de M:tyo de J 899, en C. rtaecoa -............................. .... . . . . .... .. . ... . ...... - ... . Art. o 5· Debiendo seguir mstiana para Sog.&m'>so á pon ene al frente del Bata116n Gr,madtrol el distinguido Coronel D . Manuel Jo é Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'rÍN MILITAR 323 Urdaneta, quien hasta la fecha ha tenido bajo su digno mando, como primer Jefe, al Batallón r~nrrift número ro, que hace la guarnición de esta· plaza, el General primer y udante general Jefe Militar de Carta­gen a, cumple gustoso el estricto deber de justiciciplina, honorabilidad y correcta conducta en el pues­to que ha desempciiado á sati.,facción de us superiores y subalterno . La Comandancia general de la z.a División y et u nombre la Jefatura Militar de Cartag~n., siente sinceramente la ausencia del señor Coronel U rd neta, y confía que en el Cuerpo que estará dentro de poco bajo u· órdene, conqui tará el mi:;mo aprecio y las mi mas simpatías que aquí ha sabido captarse, por su muy digna y meritoria conducta. Are. ro6. Los artículos conducente de la presente orden !ler.An uan crito al señor Coronel D. Manuel José Urdaneta. El General Jefe Militar, ANTONIO ARAUJO Lw ~~---.·--·~----- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REPUBLIO.._t\.. DE COLOMBIA E.JERt:ITO. PERi!IA.NEXTE C1J&RT.-l DI:V.ISIO.N BAT;~LLON "URDANET.A N'UMERO Registro de ejercicios de tiro practicados y de las municiones consumidas FECHA !N QUE 1 ~~ 1 o 1 CARTUCHOS - 81-8 - "' _E e..., :; :! CONSUMIDOS BLANCO fMPACTOS EN LOS _ ~ ... ~ .~ ~ g 2 -~~ ~ <1S ~ :"2 COMPA~!AS SE PRACTICARON .~ '..e ~ "iJ -e g "' -- ~ , 1'\U~l.EROS OEL BLANCO o ~ 0.. i3 1" 0 !1 E e u ..e o • e: - u e L e:: 0 ._. '- "C 0 V "C .._ "'d ~ e ~ ~ ~ (1S (""' ·- .._. J:) u 0 _. 0 e Cid ,-: o _ ., ·- 1 u C: O D:a Mes Año ~ . i. g. ~ :i o.. ~ z g ~ U ,i5 ° 5 4 3 2 o -u . ; t.• Compafiia.¡u ~bril 1889 -=-l __ 8_7-¡-3- . z63-7-. z¡o e-¡--z--:--;,-:--.. ---;1~ < h. 1 1 1 1 IJ ;::, ., ~.• , !den.... 8 Mayo .. 1 ~ 81 3 zso 6 zs6 ~ g 1 1. 1 15 1 25 35 1 ·. 1 i7 1 30.8 - " u 3·& ..... Iden ..... 20 Abril 1 _. Iden .... 5 Mayo .. Totales .. .. • • • • 1 •• - ~ 6 3 3 1 s 6 + r9o ~ e o r o ~ ~ o t= 6g 3 207 5 212 < M ,.J ----------- u 1 302. 3 1 go6 zz 928 ':_ lllOI!6 t¡l' ··1.++1. 23.6 I 1 71 I 4 3 I · · 53 ! 19.6 -6 ~--;.;- 124 ,-.-. 269 ¡-;;¡11 Cali, !Hayo 15 de 189Q. , ~ El primer Jefe, MARCos E. SOTO T i:t ..... td o tt ~ ~ }!: ~ f4 ..... ....; ~ Só Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. OLB 1 KILI AJt 326 SECCION TB NAL Y EL CÁL UL DE (1) Cuand J se considera que de Mar ella á París, y de esta capital á Londrc , á San P ·ter burgo por Berlín, y aun á Viena y aun hasta Cons­ntinopla e· decir, por los más frccuencados caminos de Euro?a-y también en lo E tados Uni los entre el Mi isipí y el mar, Jo mismo que en la' llanuras de China y el Indostán, donde viven las mayor<:a glomeracionc humanas ; cuando se considera, dccimo , que en esas Tegiones el •iajero jamá .e encuentra á más de soo metro obre el ni­• el del mar, poco má de la altitud de Villaviccncio entre nosotros, se e mprende qi.le la altimetría no ha sid problem de aqueJlo· que inte­resan directamente a }a m!Sa civilizadas, reduciéndose U estudio, de 1rdinario, á los gabinetes de lo sabios. ~1as si e considera q e en las Repúblicas andinas, y de consi­guiente en Colombia, se encuentran poblaciones importante· á má• de ,ooo metros de altitud, y que la misma capital tiene por cota 2,615 me­tros, se comprenderá á primera vista que entre nosotros dicho proble­ma revi te importancia considerable, aumentada, si cabe por el hecho le que en lo paí.c: de montaiias no se conciben buena~ cartaa del t rritorio ·in urvas de nivel, ó á lo meno abundancia de cotas, en tanto que éstas, hasta cierto pu to, suplen las deficiencias de las qlcra­r ente geográficas, ya que merced á ellas es posible formarse idea cabal del modelado del terreno y no e cae en lm errores que provoca la mal:l pintura de las erranías geomé ricas en las cartAs de pcq cfi:,¡ esca la. Por c~ta ra2ón hemos procurado siempre rec ger las cotas del ma­yor número 1 osible de lugares del paf-, y hemos dado tánta importHn­cia á 1 s nivelaciones demandada por el trazado de línea pari\ f,·rroca­rriles r carretera t y no. ha pre cupado tánto la neralización del uso de loa bar metro& aneroides, por la modicidad del precio del instrumento )' la omodidad de su uso y manejo, semejante al de un reloj pues aun cu ndo el dich in ·trumcntn así cm¡ lcado no sumini~trará dato. Jc gran pr ci~ión, con todo, la' indicaciones apro:intada que procura llenará inmc:n o " cío. Por fortuna, el dpi o \'uelo qu lo estudi s geográficos hR DB ---·---·-------- m. m. [zz.63-o.oo (H+h)] soo á z,ooo (H-h) [z4.oo-o.oo9 (H + h)] I,ooo á z,soo (1-I-h) [z .29-0.01 (H + h)] 1,)00 á 3,000 (H-h) (z7.72-o.oi2 (H + h)) z,ooo á 3.soo (H-h) [z9·96-o.014 (II + h)] z,soo á .... soo (H-h) [3o. ¡-o.o15 (li+h)] 3,000 á 4,soo (H-h) [33·oo-o.or7 (H+h)] J,! 00 :i ·,ooo (H-h) (35·:-"7-o.oz (H+h)] - • Ejemplo : can rlo est. iont' cuy:1s pre iones y tcmperatu.r:t on 1 y 39 m~- limctro '! 16o y 10 o, re,pectiv. mente. 1.. ,aum:t de l:t do prc: aone' (1.12.?) .e multt­plic rá por el cCicÚciente o.o 1.¡. lo cual d:t 15.6 , ,uc e re In ~el otro c odiCiente.~9 96, • el re ult. d ( r.¡..z ) e multitlic. por la clii ·rcnCI:\ c.lc l:t P.r! aone (41), obtemcnclo · S99 .'o 6 por diferen ·1,, de ;~ltitutl entre la do•. L. corre t, z si fue+ Joo, 3 ,¡ + r 5°, + i + 20°, S i+ 2 so, 6 si+ 30° 7 si +35°, 8 si+4o0 , 9 si+t5°, 10 si+sou, 11 si+;so, 1z si+6o", 13 si+ 6 5°, cte., como se indica en p rte en la siguiente tabla refcren te al termómetro •. Termómetro de la altimetria r;: 1 o .. >.. .:. ~ 1 •. ~ 8 ..,"'C Límilc que no .~ ~ L1m1te que no .~ {! :.1 a o .. -... -!loO ~ ~~ rcbau el grarlo .5! o o + ·~ ü rebasa el grado 'ü - 'l: -u V - -:::1 ~ ... -"l:J ~ .... <'1 - --:::~¡ ~&. :::1 .... n+y en- <&. ~ :E .g Cll+Y t\- .... o ¿;-= ---- ---- + o + 2.10 900-1,¡ ~o .... 6 + 90 + 220 8oo-t,6so +·7 + JoO + 2 ,, 700-1,300 4· + 1 1 o + 2 o 6oo - 1, too 4·9 + 12 0 + 2 o 250-1 000 + J" O ... + 26° 2.00- 900 + Llo + 270 o- 700 11 + IS O + 2. o 10 o- ~00 + IÓO + 290 5 o- 300 + t ¡O + o o 1 o- 200 11 + 1 o -o o o- lOO + 1 90 o o- 2.0 + z.oO - Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EO .ETl:N Jd.ILIT.A..R Cuanto á h e-xactitud de los cálculo con los instrumentos comu­nes, 6 sean. l~s que se hallan en el mercado, Laussc:dat hizo un e~pc:ri­rnento dect tvo. tomando 8 de ellos}' comparándolos con un barómetro de mercurio en la subida de un monte célebre, el Pu·· du Dome, cuya altitud e conocía e ·actamente por ní elación. Ri re ultado fue, para · un a cen o de l ,ooo metros, que el barómetro de mercurio dio un error de om so?i (de+ 1 á+9), lo buenos aneroides de l. ;o% (de-l 1 á + 26), y los malos de 3·So% (de- á+ 52) ; y como en aquella lati-tudes )a pre i6n o ila dentro de Hmitc enormes (23 milímetros en Parít, 2. en Bogotá) en el año, tendremos di minuída entre no otros una de 1 ·causa más serias d error en e a cla e de obscrv. cioncs. ,n d trópico la marcha del barómetro es regular : sube y baja dos veces en la \'eÍnticuatro horas, ' e~as oscilacione' en el día, de la matian~ á la tarde (mínimo), ó de ésta á la noche, no pasan de 2.0 metro en las regiones bajas, de 30 en la medi y de 4-0 en las altas, presentoíndosc en go to r en Febrero la mínirn:t y máximas absolutas -del afio, que no llegan á 5 milímetros, por l cual las Ob:icrvaciones en un tiempo corto, si e hacen la correcciones de temperatura, prcsentar:n notable e ·.actitud. En Europa la· horas mejores para esru iar la o ci­laciones, eon de las 6 á las 8 de la maííana, á las 2. de la tarde, y de la 9 á la Jo de la noche ; y aquí, de las 9 á las 10 de la mañana, de la 3 á la f de la tarde y de las ro á las l 1 de la noche. Entre no otro la alrura buométriea de maiiana y tarde de ordinario es igual y presen­ta su mínimum unas tres horas después de ocurrido el de la zon~ tem· plada oriental que di, ta 7. En todo caso, l:i media aritmética de la suma de las observaciones del dfa, erá buena para establecer lo cálculos ordi­narios, pero no indispensable cuando la ob$ervr lo que hace á la temperatura los aneroide e gradúan d • ordin·uio en l¡j fábrica para una temperatura metlh de 2.0° y una alti tud de 1 7 5 mct ro) por grado : en lo ~ 1 pe es último f ctor deter­minado con cui lado e , eglin lo ob crvadt>r s, de •.7 ~ á 1 3 en vera­no, y de 2 z+ ;{ 21 J. .. en in \'icrno, ' lo que e lo m1 mo, de ende d una curva imple "; pero en el tr6¡ ico tal co no ucede : los gndo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ) 330 BOLE1.'ÍN MILITAR de temperatura se mezclan y confunden y 1legan á constitufr de 1.300 á 2. 500, algo así como una zona de calor instable que demanda cál­culos adecuado . Con el coeficiente de 17 5 metros, las alturas resultan aquf todas equivocadas, sin excepci6n, y por eso, ateniéndonos á los he­chos prácticos, hemocos nstrufdo la tabla arriba in erta (1) que hasta cierto punto con vierte el term6metro en barómetro, pue basta para calcular la altura,multiplicar la temperatul'a media que se observe por el coeficiente que le corresponde y que indica al mismo tiempo lo Hmites del error, que son sensibles desde un punto de vista absoluto, pero no si se trata de otro relativo. El lugar A, por ejemplo, de 20°5, resulta así con 1.465. 7 S metros de altitud, con error 43 metros, supongamos ; pero si loe; lugares By e de la misma :z:ona se hallan con 21° y con !9°, ten­drán 63 metros menos y 97 más que A con bastante aproximaci6n. En los Andes la temperatura sigue una curva doble, una e piral de condicio­nes por determinar, pero que i alguna vez esto se hace, prc ·entará la ley del caso para cada región, puesto que las grandes alturas aunque es­tén distantes, pre cntan temperatura má igual, que el fondo de lo va­lles : bastaría entonces, como en los Alpes ·e determm6 el coeficiente de corrección mensual, hallarlo para cada una de las rcgionc gc=ográ­ficas del potís. 'omo la temperatura de n u c. tras costas es de 2 ¡o por las brisa , pero en l o. lugares re ·guardad<.'S de ella sube á 30°, y lo mi . mo ucede en el fondo de los al les bajos, y ella es ademá la del ecuador térmico quepa a por el litoral colombiano, tal cifra debe tomarse como punto de partida de Jos cálculos para establecer con toda precisión la correc­ción de lempcratura. De e ta uertc, para Bogotá el coeficiente ería 2(3o+ 14. )) . . . t + - --, b1en que el uso haya s1do rcfenrlo todo á Cartagena 1.000 • y con ideru á éstiJ con 28°. En todo ca o, la falta de uniformidad en los procedimientos, y sobre odo el uso de antiguas fórmulas simplificada~, que entrañaban ::.iempre errores grandes, c . plican de obra la diferencias de alrura halladas por los obscrvadorc (Villcta 810 á 10 5). Al contra­rio, la nueva rcducci6n de las alturas barométricas, conocidas ó deduci­da , por las fórmulas qne hemos in errado, trabajo que en el gabinete puede hacer e fácilmente, permitirá corregir las C'ifras apuntadas, refi­riéndolas to das á lugares cuya altura e conoce en metro con toda preci ión. En fin, para un simple trabajo de apro · imación, en e pccial para rápidos reconocimiento militare , basta leer la altura directamente en la escala de m eros de los aneroide·, la cmJ.l, si es fija no permite co­rrección ninguna, por. lo cual son preferibles para el ejército los ins­trumentos que la tienen tn()vible, porque entonces es f¡kil arreglar el instrumento, de ~ucrte que dé la indica(.iones necesarias con muy poco error.-F J. . V. ( 1) Teniendo en cuenta e tos l··mcnto , :ti c:llculnr l.ts aibuientcs tabla barome­tricaa, •le acuerdo con los mejore lrab .,jos sobre el particul.•r, hemo· c·maiderado In pre­sión como •hvi• ida aquí •n trat:1' ele magnitud muy apreciable y •/entro de llns y por nue tra cuent:1 intro lucido con ección e pcci,,¡ que !.1 pr. ctica •lir:Í i mcr~cc ó no conser· a rae. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :.. ~§ ~ ,.. .P = o :o. ~ :.> g , ... ~ ~ -....... ~ Pifrrrnria en metros por milímetro medio .tn funciones de. la presion H ( est&rion inferior) y /z ( tslacion snpenor) h {DE CEN'l'ÍME'rRO EN CENTÜU~'fRO) --~~~ 650 ~~~ fiiO 1 ~~~~~~ 710 1 7!!0 1 730 1 740 ~~~ 760 "60 11.43 11.35 11.26 ' 11.18 11.10 ll;O~ 10.94 110.87 10.79 , 10.72 10.65 110.58 110.44 :r;o 11.51 11.~2 1 11.3~ 11.~6 n.!~ 11.09 11.02 10.94 t0.87 I to.79 ¡ 10.12 l40 11.59 1l.o0 11.42 11.33 ll . .:.o 11.17 ll.09 11.01 10.94 10.87 1 730 11.67 11.58 11.49 11.41 11.33 111.25 11.17 11.09 11.01 1 -- 720 11.75 ! 11.66 11.58 11.49 11.41 11.33 11.24 11.17 -- :10 11.84: 11.75 ll.~G 111.57 ,11.:: 11.40 11.32 ~-- ;00 11.92 11.83 11.t4 11.6G ll..>t 111.49 690 12.01 11.92 11.83 , 11.74 )1.66 -- 680 12.10 12.01 11.91 111.82'-- 670 12.19 12.10 11 01 -- 6GO 12.28 1218 -- 650 12 38 ·-- ~ t:d o t"' ~ ~ -z ~ F M 8 ~ &Id ~ ..... Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 33J BOLft'l'ÍN ll:lLITA.B Tabla del v lo; al timé ~rioo de las presion9s en el barómetro e 1 ·¡:¡ ~ = e ] :;; e:; -.:; a ~ es ,_ :.§ e e ., - ·a ~ <:;> .., ·e ~ 5 en .ª ~ ~ = f; ~ " ~ ~ .§ ....., 1 - ~ ~ -==- .,_, ~ .... ~ ~ ~ ,_ ·¡:¡ ... Si : ~ -..; e; ;:.- ""'"" ~ ;.- ·:; ... .... '"' a .... ~ --.> " ' -t:: ~ ~ ::a o 720 11.35 lH 1 17 16 15 1~ 13 --,=-- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. liOL'BTÍJI lUI;ll".!~ 333 ~ ::11 ~ ·a ~ ·¡; i ..., '- j ..., .... ~ .. "" a a ...:> ,_ ._ ·s ~ ·a ..E ... - ~ a o .... ... ~ ~ U') = .... - .... ~ "" .3 ... .... -= - -- """" j C> ... 1 ... ~ .§ ._ ..., .... ... ;;- ,_ ~ ~ e ...:> : :;;¡ C> ~ . ~ 1\..- ~ ~ ~ ~ -- --- ------------ -- ------- 640 9 2 1 62f 9 8 7 G ;- 4 3 ~ 1 610 D 8 7 u lJ 4 J :¿ 1 5 'i u 5 4 3 2 2 1 ] Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 334 BOLJD'l'lN MILITA K 1 o ·¡:¡ ~ = ~ ·¡¡¡ ... j ""Z ~ e; ~ e> .... .... ... ~ ::! -= ~ ; ·s a s S S - ~ - ~ - ~ 2 ~ ~ ~ o -;:; - ¡ "" -0 - ~ ...... - ..... .. ...... ~ ~ o 1:! .... 'E! cu E ... ~ e; ~ o ~ - ~ ... c.> -..; :::;¡ ~ r;..- :.- .:.:. ---------------------- 520 9 ~ 2 l 500 9 8 7 6 5 4 3 2 1 4UO ,) r 1 (3 5 4 3 2 ] ~80 9 8 7 6 5 4 3 2 1 j70 9 8 7 6 5 ~ 3 2 1 7 6 5 4 .3 11 11 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET fN MILITAR 335 I. TO IA (Contioul\ción) <(La angre que corre por vuc tras vena ¿ no viene de E pa-ña? ¿ Vuestro· n >mbre mi mos no demue tran tal origen ? ¿ u má puede desear un francc íno dt:rramar la sangre e~panola, sea en America ó en uropa ? 1 obedece á las in;truccioncs de u mae tro , al odio que aliment n aq.uello ue fueron humilla­do por la ptimcra vez en Bailen. ¿ utcn e 1 que hace armar al hermano contra el hermano? ¿ E el General que viene á reu­nir los <:spañole de Ame rica á lo e pañoJes de 'u ropa ó el fran­ces a quien u crí mene han dejad..:> in patria, y que os invita contra vosotro ? ¿ Que entimientos de interes puede alimentar por e te pa• un extranjero que mendiga un sueld y combate para vivir ? Ninguno, creo yo, y el re ultado de e tas promesas, com.> las de todo lo otros, será un resultado como el de Carta­gena : robar, huír, y luego burlarse de vuestra in igne credulidad. "Los García, los Toledo> lo Granados, los Pombo, prescin­diendo de su talento, deben colocarse en la misma fila. Huyeron de Cartagena, á in;;tigación de lo france e y de los venezolanos, que les habían excitado á def'!nder e ta plaza . Apena salieron del Puerto cuando vieron que se tomaba una dirección di tinta de la que se les había prometido : en vez de ser conducido á Jamaica, los abandonaron cerca de A trato, de V eragua ó de Caiman ; y el que no murió de hambre, cayó en poder de mi tropas, cuya ola vista los hacía temblar á todo ellos, que pocos dfas antes nos in-ultaban, y ha ta aparentaban despreciar el indulto general que se les habla prometido. «Vivid bien convencido, americanos, de que un frances de la escuela de la Revolución, es hijo de la mentira; y ya en vues­tro segundo boletín se puede reconoeer esto. ''En el Perú las arma e pañola han sometido l Potos1 y Cochabamba, dcsp~e de exterminar el ejercito de Buenos Aire ; en México, nada tienen que temer ; y ya More lo y Rayon han expiado sus crímene en el cadalso, lo mi mo que Arcvalo, que o causaba espanto, ha pagado los suyo en Girón, el 18 de Marza. Vario Gen~rale in ·urgentes, tales como Allendo, y 1- gunos otros, se han aprovechado de la amnistta para obtener su perdón .
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Por: | Fecha: 05/08/1899

Boletín Militar DE COLOMBIA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Revista Militar Colombiana BOLETIN MILITAR Organo del Ministerio de Guerra y del Ejército DIRECTOR FRANCISCO JAVIER VERGARA Y VELASCO Coronel, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros TERCER AÑO- TOMO VI Números 111 á 132, de 5 de Agosto á 30 de Diciembre BoGOTÁ-CoLOMBIA BJPRENT.A. ACIONAL-CALLE 9.•, N.o 175 B 1899 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. INDICE DEL TO~IO VI Números 111 á 132-Agosto á Diciembre de 1899 OFICIAL Archi\TO Nacional. Documentos inédito5::. Campaña del bajo Cauca y el l\Tagdaleua en 1820. Expedición al Páginas Ca. u ca en 1 19-1 JO. 272, 332, 395. 457, 558.... . . . 626 Campamento de Bogotá o ..................... o..... 640 Octmpaña. de Occid \nte, 1899, General Floro Gómez. 523 560 Campaña. del 1\Iao-daleua. 1899. eneral Diego A. de Ca 'tro. 5 -~o ••••• o ••• o. • • • • • • • • • • • • • • • • •••• 611 y 647 CP.u ten ario d Córdoba .. .. . . . . . . . . . . . .. o o •••••• 193 y 360 Cuerpo Politécnico. Uonferencia d lo Oficiale de la 1 i ·ión l•rance e. 136, 166, 194, 231, 261, 291. 323, 361, a79, 385, 4..,3, ,155, 48"", 514, 551, 578 .... 6.:.~2 y 642 Decreto ti Decr to número 333 de 1 99, por el cual e declara turba-do el orden público n antand ~r y Cnndinamarca. 1 Decr •to u úm~ro 35!J d 1 99, ¡wr el cual se hace una pro-moción y nn uoml>ramieuto .............. o...... 49 De reto uúrn ro .... d 1 99, por 1 cual e concede una. peu. ·ión del I lit pío l\lilitar (L oua.rc.la I iucón de lariño) ... o . . . . . . . . . . . . • • . . o.... . . . . . . . . • . . • 81 De •r t número 364 i1ira Jefe de operaciones. 422 Decreto número ...... de 1890, sobre Oontabilida78 E co 1 tas de correos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 360 El Ejército y el correo . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 260 Fortificación de campaña. Instrucción práctica. 139, 205, 233, 266, 361, 391 ....••.•............• ~.. • • • . • • • • 423 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. INDICE DEL TOMO VI Honores fúnebres. . . . . . . .......................... . llospitalidades de oficiales. Oousulta y resolución ......• Itinerarios. • De Santa Rosa á Pamplona ......................... . De Honda á Barranquilla ...........•..........• ' ... . De Bucaramanga á Pamplona...... . . . . ............ . De Zipaquirá á Chiqninquirá .......................... .. De Bogotá á Ilonda..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ...... . De Bogotú á .... Te1n1. ......••..... . ........• ---· ..... . De !bagué á Bogotá. . . . . . . . . . . . . ................. . De Tan a á Zipaqnirá ............................ . De Zipaquirá á Nemocón ........ -- ................. .. De Bogot{t á Fu ·aga ·ugá... . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . De Bogotá á Zipaquir{t ............................ . De Soga m oso á, anta Rosa ......................... . De Bogotá á Ambalema ............................. . De Bogotá á Villavicencio . . . . . . .................... . Instrucción para. las maniobras de caballería. 428, 460, 48 ' 520- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ..........•...••. In trncción pro' i ·ion al para el tiro. 136, 1H6, 194, 261 .•. Instrucción sobre tram~porto de tL'Opa en ferrocarril ... Jo ·é .Mar fa Uónloba. Hoja de ervicios.... . . . . . . . . . , ~Montepío ~Iilital'. 3-5 ....... . .... - .................. . Navegaci 1n c.lell\Iagdalena . ........................ . Nota de conducta. 57, 103, 130, 481, 578 ............. . :rocione.· ele Topografía. 141, 176, 201, 231, 269, 3 5, 551, 612 . . ... . . .. ............................. y Nuevo .l\liuistro de Guerra .......................... . Orden g 'tH'ral para la 1 0llli1tHlancia l1Iilitar de Panamá el 1. 0 (le O ·tubre anl t. Y íctor Sabartht•z... . . . . . . . . ........... 609 y U • ·olucio11 s. H ·ohwión . ·ol.>r • nleancc>. de Hahilibulos del Ejército ..• Hc.·olnción uúmero 5,. ohre :u.·¡wu. ióu d 1 pago de grati-fieación ú los inan Juan; y debíamos emprender desde Ansermanuevo un camino de veintiuna leguas, á espaldas de algunos de nuestros conciuda­danos, que se fletan como bestias para hacer su oficio en la trave­sía de aquellas escabrosas y solitarias veredas. (Continúa) ( 1) El Dr. Santiago Pérez funcionó como cronista de la Comisión Corográfica dea­puéa de haDer desempeñado este puesto el Dr. Ancízar, autor de la célebre Peregrinación de Alpha. El Dr. Pérez no alcanzó á publicar eino una parte de su peregri11aci6n, con el título de Apuntes de viaj•, como artículos de periódico, pues fue interrumpirla la obra por la guerra de 1 8 54· --~·....,__ __ BOGOTA-IMPRENTA NACIONAL Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
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Por: | Fecha: 16/12/1899

A~O lii Bogotá, Didembre 16 de 1899 NUM.130 --~·~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DJR.tCTOR AD•HONOR.tM, FRANCISCO J. VERGARA y V. Coronel, Miembro de la Sociedad Coloml)iana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos loa Jefes y Oficiales del Ejército de la República OFICIAL (z 3 DE NOVIEMBRE) por el caal ee traspasan los sueldos de los finados General de Brigada Valerio Andrade U. y Coronel Heliorloro Piescbacón, á sua viudas reapectivas El Presidente de la República CONSIDERANDO Que el General Valerio Andrade y el Coronel Heliodoro Piescha­c6n murieron en servicio del Gobierno dejando sus familias en comple· to desamparo; y Que es deber del Gobierno aliviar la situaci6n de las familias de los que mueren defendiéndolo en los campos de batalla, DECRETA Artículo único. Desde el 1.0 de Diciembre del afio en curso las viudas del General Valerio Andrade U. y Coronel HeJiodoro Piescha­c6n disfrutarán del sueldo íntegro que les hubiere correspondido en vida, mientras se solicita del Congreso la recompensa á que puedan tener derecho. §. Estos sueldos se satisfarán en la Pagaduría Central de la Repú­blica. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ti78 :BOLETÍN MILITAR Dado en Anapoima, Departamento de Cundinamarca, á. 13 de Noviembre de 1 899. MANUEL A. SANCLEMENTE El Ministro de Gobierno, RAFAEL M. PALACio-El Subsecretario de Relaciones Exteriores, encargado del Despacho, ANTONIO GóMEZ REsTREPo-El Ministro de Hacienda, CARLOS CALDERÓN-El Ministro de Guerra, Josá $ANTos-El Ministro del Tesoro, RAFAEL ÜRTiz-El Ministro de Instrucción Pública, MARCO F. SuÁREZ. Rtpública de Colombia-Ejército nacional- Comandancia general d1 la s.• Divi.rión-Númtr() 6o-Ouartd general en Guataquisit(), N()fliembre J 1 dt I 899. Al Sr. Ministro de Guerra-Bogotá. En este lugar he tenido el honor de recibir la atenta nota de S. S., número 124, por la cual se digna participarme que por Decreto de+ de este mismo mes ha dispuesto nombrar Jefe de Operaciones en el Departamento de Santander y en el río Magdalena al Sr. General D. Edmundo Cervantes; y por la cual me exige S. S. que me ponga, con la División Je mi mando, á órdenes del Jefe mencionado, con el fin de formar el Ejército que haya de llevar á cabo tales operaciones de caro­pafia. De la manera más formal y honrosa me es altamente satisfactorio manifestar á S. S. que con la División que el Sr. Jefe Civil y Militar del Cauca tuvo á bien confiar á mi mando, me pondré en este punto á. órdenes del Sr. General D. Edmundo Cervantes, prometiendo á S. S. que contribuiré de la manera más decid1da y á la altura de mis alcan­ces á obtener el pronto restablecimiento del orden público y á debelar el núcleo revolucionario dondequiera que él se halle, y al sostenimien­to del Gobierno é instituciones de que es órgano y representante S. S. en las actuales circunstancias. Dios guarde á usted, JESÚs ZULUAGA --~·~-- EJERCICIOS Y MANIOBRAS DE INFANTERfA (Continuación) REGLAMENTO de los ejercicios y maniobras de las tropa• de infantería TITULO II ESCUELA DEL SOLDADO Reglas generales y división de la escuela del soldadt1 t. Reglas generales-Esta escuela es una de las bases funda­mentales de la educación militar del soldado: abarca la instruc ... Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 579 ción individual y la de la escuadra y debe enseñársela con sumo cuidado. 2 El instructor explica cada movimiento con pocas palabras, claras y precisas, y ejecuta él mismo el movimiento á fin de agre­gar el ejemplo al precepto. Acostumbrará al soldado á tomar de él mismo la posición explicada, no tocándolo para corregirla, sino cuando lo necesita la falta de inteligencia (del soldado). Sostiene su atención por un tono vivo, no lo demora demasiado tiempo en los mismos movimientos, y sólo de un modo progresivo exige pre­cisión y uniformidad. Permanece en una actitud siempre regular. 3· Hay dos especies de voces de mando: la voz preventiva y la voz ejecutiva. La voz preventiva (que está escrita en bastardilla) debe darse distintamente, en un tono más elevado y alargando un poco la sí­laba última. La voz ejecutiva debe darse en un tono firme y breve. Po­drán suprimirse en las voces ejecutivas las sílabas que siguen des­pués del acento. El instructor dejará siempre un intervalo suficiente entre la voz preventiva y la ejecutiva. 4· División de la escuela del soldado-Esta escuela está dividida en dos partes, y cada parte en dos capítulos. El primer capítulo de la primera parte contiene la instrucción individual del soldado sin arma y con_arma; el segundo capítulo contiene la instrucción del soldado en la escuadra formada en hi­leras cerradas. El primer capítulo de la segunda parte contiene la instrucción de la escuadra para el combate; el segundo capítulo contiene los ejercicios prácticos en toda clase de terreno. PRIMERA PARTS CAPITULO 1 INSTRUCCIÓN INDIVIDUAL Reglas g1nera/es Art. x.o Posición del soldado sin armas. Vista á la derecha y á la i-z.quierda. Movimientos para el desarrollo del cuerpo sin armas. Art. z.o Flanco derecho é izquierdo, semiderecho y semi­izquierdo. Media vuelta derecha. Art. 3.0 Principios de los diferentes pasos. Art. 4· 0 Movimientos para el desarrollo del cuerpo con ar­mas. Manejo del arma. Esgrima con la bayoneta. Art. 5. 0 Instrucción del tirador. Instrucción del tirador para c:.l combate. Inspección del arma. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~so BOLETÍN :MILt~AR CAPITULO II INSTRUCCIÓN DE LA ESCUADltA Reglas generales Art. 1.0 Principios de la alineación. Art. 2.0 Marcha en batalla, de frente y á retaguardia. Mar­cha diagonal. Hacer alto. Giros y variaciones. Rodilla en tierra y á tierra. Deshacer y volver á rehacer la formación. Art. 3·0 Marcha por los flancos y por cuatros. Marcha por dos y por uno y volver á formar por dos y por cuatros. Hacer alto y ponerse en batalla. Columna derecha é izquierda. Marcha dia­gonal. Estando en batalla seguir por cuatros en la misma direc­ción. Estando por cuatros seguir en batalla en la misma dirección. Art. 4· 0 Manejo del arma. Art. 5. 0 Adiestrar la escuadra. SEGUNDA PARTE CAPITULO I INSTRUCCIÓN DE LA .ESCUADl\A PARA EL COMBATE Reglas generales Art. 1°. Formaciones de la escuadra. Aumentar y disminuír los intervalos. Art. 2.0 Marchas. Art. 3.° Fuegos. Art. 4·° Formar y reunión. CAPITULO II INSTRUCCIÓN EN TERRENO VARIADO Reglas generales Art. 1.0 Uso del terreno. Art. 2.0 Método de instrucción práctica. PRIMERA PARTE CAPITULO I INSTRUCCIÓN INDIVIDUAL Reglas generales 5· El primer capítulo de la primera parte se enseña al me­nor número de soldados que sea posible. Estos hombres deben ser colocados en una sola fila según sus estaturas, de modo que cada uno toque con el brazo derecho el codo izquierdo de su vecino de la derecha, cuando éste pone el puño izquierdo sobre el cinturón Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 581 encima de la cadera; la muñeca rígida, la palma de la mano y las uñas hacia atrás: de esta suerte quedan á 12 centímetros uno de otro~ Los hombres se numeran siempre de la derecha hacia la iz­quierda; después de dar media vuelta, cada hombre conserva el mismo número que antes, y la fila se encuentra entonces nume­rada momentáneamente de izquierda á derecha. Los artículos 2.o y 3.0 se ejecutan primeramente sin arma y después con arma. A las clases y los antiguos soldados encargados de la instruc­ción individual se les llama instructores. El trabajo in di vi dual se hace practicar á los soldados nuevos desde los primeros ejercicios. El instructor ejecuta primeramente y sin explicación los movimientos que deben imitarse; los hom­bres se ejercitan solos, sin voz de mando y sin observarse los unos á los otros. El instructor observa sucesivamente á cada soldado y recti­fica las faltas; vigila también la posición y la actitud del indi­viduo. La maniobra con voz de mando no empieza sino cuando los soldados nuevos ejecuten los movimientos sin vacilación. La ejecución de cada voz de mando contiene varios movi­mientos, á fin de hacer comprender mejor el mecanismo de ellos á los soldados. La última sílaba de la voz de mando indica la ejecución rápida y viva del primer movimiento; las voces dos, tres, las de los demás movimientos. Después los movimientos serán enseñados sin números. En todos .los movimientos con arma, ésta se llevará siem­pre en el seguro. Cuando el instructor quiera hacer empezar el ejercicio, man­dará: Escuadra, firmes. A la voz ejecutiva el soldado fija su atención y toma la posi­ción del soldado sin arma ó la <:le descansen armas. 6. Art. 1. 0 Posición del soldado sin arma-Los talones en una misma línea y unidos, siempre que lo permita la configuración del soldado; las puntas de los pies vueltas igualmente hacia afuera, formando con ellas un ángulo algo menor que el recto; las piernas tendidas sin hacer fuerza; el peso del cuerpo á plomo sobre las caderas, y el pecho un poco inclinado adelante; los hombros á una misma altura; los brazos colgados con naturalidad; las palmas de las manos vueltas ligeramente hacia adelante, los dedos extendidos y unidos, los dedos pequeños tocando atrás la franja del pantalón; la cabeza alta y recta sin esfuerzo; los ojos dirigidos hacia el frente. 7· Para hacer descansar, el instructor mandará: descanso. A esta voz, el soldado pe1 manecerá en su lugar, pero no es­tará obligado á conservar la posición ni á guardar inmovilidad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLETÍN MILITA..B 8. Movimientos de cabeza á derecha é izquierda-El instruc­tor mandará: Y.ista á la derecha (ó izquierda), Derecha (ó izquierda). A esta voz cada cual se volverá ligeramente hacia la derecha (ó izquierda), sin precipitar el movimiento, sin cambiar la posición de los hombros, de modo que vea la línea de los ojos y des­cubra un poco el pecho del ::,egundo hombre de la fila que está ó se supone que esté hacia la derecha (ó izquierda). A la voz Fir­mes, la cabeza y la vista recobrarán su primitiva posición. 9· Ejercicios sin arma para el desarrollo y agilidad dtl cuerp~ Véase el apéndice número 1.•. 10. Art. 2.° Flancos-El instrw:tor mandará: }lanco derecho (ó izquierdo). A la derecha (ó izquierda). A la voz ejecutiva se Jevantará ligeramente el pie derecho, se hará frente á la derecha girando una cuarta parte de círculo sobre el talón izquierdo, con la punta del pie ligeramente levanta­da; después se volverá á colocar el talón derecho al lado del iz­quierdo y en la misma línea de éste. Los flancos izquierdos se ejecutan sobre el mismo talón que los derechm•. 1 1. Semijiancos-El instructor mandará: Medio flanco á la derecha (ó izquierda), A la derecha (ó izquierda). A la voz ejecutiva el movimiento será ejecutado lo mismo que el precedente, pero el soldado no girará sino una octava parte del círculo. 12. Medias vueltas-El instructor mandará: Media 'Uuelta á la derecha. Primer movimiento -A la voz ejecutiva se hará frente á la semiderecha, girando sobre el talón izquierdo, y se colocará el pie derecho detrás, de modo que forme con el izquierdo un ángulo recto, y que el medio del pie derecho quede enfrente del talón iz­quierdo y á distancia de 10 centímetros. Segundo movimiento- A la voz dos se girará sobre ambos ta­lones, levantando la punta de los pies ligeramente, las piernas ten­didas, se hará frente atrás y después se colocorá el talón derecho al lado del izquierdo y en una misma línea. 13. Cuando el soldado esté con arma, estos movimientos (flan­cos, medios flancos, media vuelta) serán ejecutados en la posición de tercien ó en la de descansen; en este caso levantará ligeramente el soldado su rifle con la mano derecha, que apoyará en la cadera. 14. Art. 3. 0 Prin(ipios de los diferentes pasos-Paso redobla­do- La longitud del paso redoblado es de 72 centímetros, medidos de talón á talón, y el compás de marcha á razón de 120 pasos por minuto. 1 5· Colocado á diez ó doce pasos adelante de los soldados y frente á ellos, el instructor explicará el mecanismo del paso; lo ejecutará él mismo; después mandará: De frente, marclun. A la voz preventiva se cargará el cuerpo sobre h pierna de­recha y hacia adelante, sin doblar las rodillas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR A la voz marchen, se llevará el pie izquierdo 72 centímetros adelante del pie derecho, la punta del pie ligeramente vuelta hacia afuera, el talón derecho levantado, todo el peso del cuerpo descan­sando sobre el pie que esté sentado. Después moverá el soldado el pie derecho hacia adelante, la planta del pie cerca del suelo, se sentará el pie á la misma distancia y de la mism.:. manera que ha sido explicado para el pie izquierdo, y se continuará la marcha de este modo, cuidando de no cruzar las piernas ni cambiar la direc.: ción de los hombros, permitiendo el balanceo natural de los bra­zos y manteniendo siempre la cabeza recta hacia el frente. r6. Para suspender la marcha el instructor mandará: Escua­dra, alto. A la voz alto, el soldado sentará el pie que está levantado, á 72 centímetros adelante, y colocará el que está atrás al lado del otro. r 7. Con el fin de dar al mecanismo del paso toda la regula­ridad y toda la preciiión que conviene, cuidará el instructor de que: 1.0 , el peso del cuerpo se cargue sobre el pie que esté acle­ante; 2.0 , el talón del otro pie se levante á tiempo para facilitar ste movimiento; 3.o, la cabeza permanezca alta, el cuerpo sin i nclinarlo á la derecha ni á la izquierda. 18. El instructor indica sólo de tiempo en tiempo el compás por las voces uno, cuando se sienta el pie izquierdo, y dos, cuando es el derecho. 19. Paso atrás-Estando el soldado á pie firme, el instructor mandará: Paso atrás, marchm. A la voz marchen se llevará con viveza el pie izquierdo ha­cia atrás á 35 centímetros, medidos de talón á talón, y así sucesi­vramente hasta la voz Escuadra, alto. A la voz alto d soldado se detiene llevando el pie que esté delante al lado del otro. 20. El instructor cuidará de que el soldado se dirija recta­nnente hacia atrás, con las piernas tendidas, y de que el aplomo atsÍ como la posición del cuerpo sean siempre conservados. El com­I? ás de e te paso es el mismo que el del paso redoblado. (e 11/t i 11ttt1r á) CAMPAÑA EN EL RIO MAGD.ALE NA Primera parte-Documentos a DIARIO DE OPERACIONES Octubre 20-En Barranquilla. A las 3 a. m. fui llamado por ell Sr. Comandante General de la 3·a División del Ejército con el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT XB objeto de informarme, como amigo del Gobierno, que en las últi­mas horas del día anterior se había alzado en armas el radicalismo llevándose la draga Cristóbal Colón y hundiendo en el caño la draga Ayacucho con el propósito de impedir la salida del cañonero Hér­cules. En seguida me trasladé al lugar en donde s~ encontraba hun­dida la draga Ayacucho, obstáculo que en concepto de varios inge­nieros extranjeros no podía ser removido sino mediante una labor complicada que requería tiempo y materiales adecuados, y procedí á estudiar Jos medios que debí::t emplear para dejar expedita la vía obstruída, teniendo en cuenta la urgencia que había en abreviar el tiempo. El Sr. Comandante General ele la 3.• División del Ejérci­to, á solicitud mía, dispuso que el cañonero Hérculn se pusiera á á mis órdenes; y en efecto, empleando la fuerza mecánica de e : a nave y con espías debidamente colocados, que obraban movidos por el cabrestante, conseguí, después de dos horas de rudo trabajo, que la draga Ayacucho quedara en posición vertical en vez de la horizontal en que la habían hundido los facciosos. Al comenzar esa operación hice saber al Sr. Comandante General que en pocas ho­ras e~taría el caño en posibilidad de ser transitado por los buques. En la mañana de este día recibí el nombramiento de Coman­dante General de la flotilla de guerra, que acepté, y en seguida dispuse lo conveniente para salir en operaciones con el buque Co­~ mbia y el cañonero Hércules, situando en éste 1 t Comandancia General. A bordo del Colombia se embarcaron cincuenta indivi­duos de tropa al mando del Capitán Matéus, y en el Hircules ochenta comandados J>or el Capitán José T. Silva. A la!' 4 y 30 p. m., convenientemente preparado, ordené la marcha del Hércules, quedando el Colombia listo para salir al man­do del General Ignacio Folíaco. En las últimas horas de este día arrimó el Hércules á los puertos de Piñón y Cerro de San Antonio para tomar combustible é informarme de la marcha que llevaba el enemigo y las operaciones que éste había verificado. Día 21--A las 3 y 25 a. m. llegó el Hércules á Calamar. En este puerto tuve conocimiento de haber llegado aquí la draga Cristóbal Colón en la tarde del día de ayer y seguido viaje inmedia­tamente hacia arriba; y me persuadí de que los buques de la Com­pañía fluvial, á excepción de la lancha }lora, aquí amarrados, habían sido inutilizados por los revolucionarios que marcharon en la draga. Destrozado el telégrafo nacional, hice uso de la línea del ferrocarril para entenderme con el Jefe Civil y Militar del De­partamento, á quien di cuenta de todo lo ocurrido en Barranqui­lla, de lo que se sabía del Departamento del Magdalena y de las oportunas providencias que había tomado el Comandante gf!neral de la 3·· División del Ejército. A las 5 y 35 a. m. dispuse em­prender marcha, aunque á esa hora no había llegado todavía el Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 585 El Hércules arrimó á Heredia á las 7 a. m., y en este puerto he sabido, por persona amiga y d~ absoluta confianza, que los re­beldes han llegado á formar una flotilla c0mpuesta de la draga Cristóbal Colón y de los buques Barranquilla, Cimeros, Gieseken, Eltna, Magdalena, Elbers y Antioquia. En vista de esto y habien­do tenido conocimiento de que los pa >aj e ros que conducían esos buques aún permanecían á bordo, resolví contramarchar hasta en­contrar en Calamar el Colombia, acelerar su marcha y darle cuenta al Sr. Comandante general de la 3.a División del Ejército y al Jefe Civil y Militar del Departamento. A las 9 a. m. de este d1a hice reunir la oficialidad del Hércules en el salón, á efecto de leerle el plan de ataque y defensa que figura en la Orden general del día de ayer. También hice reunir la tripulación del buque, á quien se le leyó la misma Orden, y á cada uno particularmente se le ins­truyó detenidamente de los deberes que les corresponde llenar en caso de combate. A las 10 y 5 a. m. llegamos á Calamar. Aquí encontré el C()lombia. Penetrado de que este buque está todavía sin blindaje y en vista de la necesidad de batir á lo5 revolucionarios antes de que lleguen á Puerto nacional, necesidad que tiene el carácter de urgente, dada la circunstancia de saberse que en aquel puerto deben tomar fuerzas y elementos de guerra, compré al Sr. Antonio Llach una pieza de tela negra para simular blindaje en el C,lombia, orden que no fue cumplida. A las I 1 a. m. despaché el Flora, que tomé para buque aviso en la Compañía Fluvial, con pliegos para el Sr. Comandante de la 3·a División del Ej é rcito. A las 12 m. llegaron dos compañías del Batallón Teneri(e, al mo.ndo del Teni e nte Coronel Rubén Ba- . rón, que puso á mis órdenes el Jefe Civil y Militar del Departa­mento. Por falta de capacidad en el cañonero Hércules dispuse que esas fuerzas entraran á aumentar la guarnición del Colsmbia, por tener ese buque más capacidad. Indiqué al Sr. General Elías Ro­dríguez se trasladara al buque últimam e nte mencionado y exami­nara las piezas de artillería con que cuenta esa nave. El Sr. Ge­neral Rodríguez objetó al General .Folíaco la colocación del ca1íón Hotchkiss de proa. En esos momentos pasé á bordo del Co­lombia, y encontré que realmente el caííón montado sobre el trípo­de no podía en ningún caso resistir el primer tiro sin ser desmon­tado, y así lo manifesté. En consecuencia, para probar la razón que teníamos el General Rodríguez y yo de lo que sosteníamos, dispuse se hiciera un tiro. Los resultados no se hicieron esperar ; el cañón se vino abajo con el trípode, y golpeó al Timonel Pedro de la Rosa y al General Folíaco en una mano. Indiqué inmedia­tamente al General .Folíaco la necesidad de montar el cañón sobre la cureña, toda vez que no podía asegurarse convenientemente el mencionado trípode sobre la cubierta del buque, por ser ésta muy delgada. El General Folíaco insistió en dejar el cañón en el trípo­de, asegurándolo con unos tornillos en la cubierta. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 586 BOLETÍN MILITAR Copia de la Orden general que determina el plan de ataque y defensa puso en manos del Comandante del Colombia el Ayudante de la Comandancia general, Capitán Diógenes A. Reyes. El resto de este día se empleó en blindar el Colombia, para lo cual hubo necesidad de tomar algunas balas de tabaco en la bode­ga de la Compañía Fluvial, previas las formalidades legales. El anterior Capitán del Hércults, Sr. Salomé Martínez, ha­bía colocado el blindaje de defensa de los prácticos en la parte in­ferior de la casilla, de tal manera que las maniobras del buque, en caso de combate, debían verificarse colocándose los prácticos en ese lugar. Convencido del mal resultado que, llegado el caso, daría la mencionada innovación, ordené se procediera inmediatamente á colocar el blindaje en la parte superior de la casilla, prescindien­do en absoluto de la anterior disposición. En efecto, esa misma no­che quedó debidamente arreglado todo así. Pernoctámos en la bo­dega de la Compañía Fluvial, al lado del Carolina. Día 22-0rdené la marcha de la flotilla, y á las 5 y 25 a. m. zarparon el Hércules y el Colombia, siguiendo éste á retaguardia de aquél. A las 6 y 55 a. m. arrimámos frente á Buenavista, y á laa 1 1 y 5 a. m. á Heredia. En esos puertos se tomó combustible y á la vez adquirí informes del enemigo y restablecí á las autoridades legítimas. A las 4 y 5 p. m. llegué á Tenerife. En este puerto dis­puse lo conveniente para organizar el servicio de posta y di ins­trucciones al Jefe Civil y Militar para que procediera á tomar todas las medidas necesarias para garantizar la tranquilidad en la población. A las 8 y ro p. m. Hegó la flotilla á Zambrano. Por hallarse enfermo el telegrafista titular de esta población, y por ser de urgen­te necesidad la comunicación telegráfica, nombré telegrafista ac­cidental al Sr. Alberto Peña, quien en seguida asumió las funcio­ciones de tal. Autoricé al Sr. Luis M. Mulfort para que suministre al Jefe Civil y Militar del Distrito, los fondos necesarios para la reparación de la línea telegráfica, fondos que, en la nota respecti­va, le advertí le serían cubiertos por el Gobierno nacional; y para mayor eguridad, le manife~té que asumía personalmente la res­ponsabilidad. Por telégrafo ordené al Jefe Civil y Militar del Car­men procediera á hacer restablecer la línea telegráfica en su juris­dicción. De todo esto di cuenta á la Comandancia general de la 3: División del Ejército y al Sr. Jefe Civil y Militar del Depar­tamento. Atraca~o en este puerto, llegó el vapor Colombia á las 1 o p. m. y siguió marcha, contraviniendo el Comandante de ese buque la orden que le había dado de no tomar en ningún caso la van­guardia. Informado aquí de que los pasajeros que llevaban los bu­ques enemigos se habían quedado en este puerto, dispuse acelerar la marcha. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR li87 Día 23-A las 2 y 15 a. m. zarpó el Hérculu de Zambrano y llegámos á las 4 a. m. á Yatí. En este puerto encontré el Co­lombia. Emprendimos marcha en seguida. La flotilla llegó á Magangué á las 4 y 50 a. m. Hice colo­car en la ribera de este puerto y desplegados en línea de batalla 40 individuos de tropa al mando del Capitán Silva. Encontré á esta población sin autoridad legítima, no obstante haber sido aban­donada por los revolucionarios, que dejaron en Ji bertad al Prefecto de la Provincia, Sr. Antonio López. Encontré destrozada la línea telegráfica. Los Sres. Enrique C. Parias y Luis del Valle, ex-Contadores de los buques Elbers y Gieseken, que cayeron en poder de los ene­migos, me ofrecieron en esta población sus servicios, y les di de alta en calidad de Ayudantes de la Comandancia general, asimi­lados á Ca pi tan es para los efectos fiscales. Hice comprar las medicinas necesarias para la floti1la, y á las 6 y 35 a. m. ordené la marcha. Después de haber atracado la flo­tilla en el curso del día, para tomar combustible, en los puertos de Madrid, El Retiro y Guayabal, llegámos á las 9 y 20 p. m., arriba de Los Cerritos. Dispuse pernoctar aquí. Día 24-0rdené seguir marcha á las 3 a. m. y, arrimámos á Las Bonitas á las 6 y 20 a. m.~ para tomar combustible. A las 8 y 20 a. m. llegámos al Banco. Este puert.:> había sido abandonado por los revolucionarios; encontré destrozada la línea telegráfica y la población sin autoridad legítima. La necesidad de marchar á toda máquina no me permitió dictar providencias tendientes á res­tablecer el telegrafo y constituír aut<.tridad que diera garantías á los asociados. Se arrimó á la H umarcda á las 9 y 40 a. m. para tomar combustible, y á las 12 y 25 p. m. se arrimó á Puerto Cor­tissoz para embarcar á los señores Flórez y Santiago de la Rosa, amigos del Gobierno, que espontáneamente ofrecieron sus servi­cios como Prácticos. A la~ 5 y 30 p. m. hice devolver el cañonero Hércuüs debido á la señal de auxilio que daba el Colombia. Al llegar al lado de este buque, que estaba fondeado frente á Caimita!, me informó su Comandante que había sufrido un daño la máqui­na. Ordené la reparación del Golombia é hice amarr?r el Hirculu hasta que aquél estuviera en estado de poder continuar marcha. Atracado en este puerto y considerando que en caso de que el enemigo estuviera en Puerto Nacional no sería conveniente se apercibiera de la aproximación de los buques que componen la flotilla de mi mando, dispuse que desde esa hora (7 de la noche) se suspendieran los toques de ordenanza y las señales reglamentarias. Con no poca sorpresa noté que el vapor Colombia, atracado en la misma ladera y á una distancia de 200 metros del buque de la Comandancia general, y sin tener en cuenta las más triviales reglas de estrategia militar, dio los toques de ordenanza y las señales de costumbre. Acto continuo se ordenó la marcha y se atracó á los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 588 BOLETÍN MILITAR Obispos, para tomar informes del enemigo en una casita que está situada en esa ladera. En los precisos momentos de salir de este puerto (á las 11 y JO p. m.), se oyeror-1 simultáneamente los pita­zos de los buques enemigos, y en el acto quedaron las dos escua­dras frente á frente. Dispuse se levantara á 200 libras la presión, usando carbón mineral, y se empeñó la batalla. El parte detallado de esa acción de armas se encuentra en el libro respectivo. Día 25-A la I y JO a. m. terminó el combate. Los revolu­cionarios habían sido completament~ vencidos; el Elbers, Barran­quilla, Elena y Cisneros quedaron á la retaguardia del Hércules, sin máquina y sin gobierno; la draga Cristóbal Colón completa­mente hundida; el Gieseken, no aceptó combate y siguió aguas arriba, y el Antioquia, á toda velocidad bajó sin entrar en bata­lla. Preocupado con la suerte del Colombia, que desde el principio observé no seguía con la rapidez del Hércuüs, persuadiclo de que era imposible dar caza al Gieseken, y habiendo cesado ya los fuegos, dispu:;e, al llegar á Gamarra, en donde terminó la batalla, contra­marchar para enterarme de lo ocurrido al otro buque de la flotilla á mi mando. A las 2 y 20 a. m. llegué al lado del C?lombia, que estaba anclado frente á los Obispos, debido á la descomposición que sufrió su máquina, en los precisos momentos en que comenzó el combate, según me informó el Comandante de ese buque. Los vapores Elena y Cisneros, que habían sido arrastrados por la co­rriente, tropezaron con el Colombia y se hallaban arrimados á la ladera, á cuatrocientos m tros del buque últimamente menciona­do. Dispuse la composición de la máquina del Colombia y situé el Hércules en po~ición que pudiera dominar los vapores de la flotilla enemiga, aun cuando ya despedazados y sin fuerza motriz. A las 6 a. m. hice arrimar el Hércules cerca de los buques Elena y Cisne­ros, y despué de reconocer los muertos r heridos, tomar los pri­sioneros y recoger lo elementos de guerra que se determinan en otra p:lrte, salí m os á las 7 p. m. para veri úcar la mi m a operación en los vapores Barranquilfa y Elbers. A las 1 o y 20 a. m. arrimó el Hércu/,:s otra vez al Oo!?mbia. Pude persuadirme de que el Co­mandante no había dado cumplimiento á la orden de colocar el ca­ñón sobre la cureña, lo que dio lugar á que se desmontara al hacer el primer disparo. Dispuse lo conveniente para activar la compo­sición de la máquina del Colombia, y ordene al General Folíaco hicit!ra dar sepultura á los muertos en la ladera de Santander. Or­dene que el Elbers, que había quedado en posibilidad de navegar, bajara remolcando al Barranquilla, y nombré para Comandante de aquel buque al General Santiago M. Alvarez, rescatado en el combate; que el Colombia remolcara al Elena, y el Hércules tomó al Oisneros, y con este buque á remolque emprendimos marcha hacia abajo á las 12 y JO p. m. A las 2 y 5 p. m. se arrimó •á Puerto Cortissoz para tomar combustible. Dispuse pernoctar en este puerto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .BOLETÍN MILITAR 589 Día 26-A las 2 y 10 a. m., como no parecía el vapor Colom­bia, dispuse contramarchar dejando el Oisneros al cuidado de una escolta mandada por un oficial. A las 3 y 15 a. m., hora en que se divisó el Colombia, contramarché, el Hércul~s tomó nuevamente al Cimeros, y salímos de Puerto Cortissoz á las 4 y 30 a. m. A las 5 y 15 a. m. se alcanzó á ver al Flora, y como no correspondió á las señales de buque amigo, que por repetidas ve es le hice dar, dejé anclado en la mitad del río al Cimeros, custodiado por un oficial y un soldado, y seguí en persecución del Flora. Alcancé á este buque á las 5 y 45 a. m., me persuadí de que era amigo, re­cibí un pliego del Jefe Civil y Militar del Departamento de Bo­lívar, y dispuse que el Flora subiera á colocarse al lado del Cisne­ros. A las 7 y 20 a. m. llegué al Banco, en donde encontré al Colombia, que de mi orden se adelantó en los momentos en que llegó el Hércules al lado del Flora. A las 8 a. m. emprendimos marcha. A las 2 y 30 p. m. se divisó el Antioquia, que subía. Le hice dar las señales del caso, que no correspondió, sino viró proa y mar­chó aguas abajo, hasta reunirse en el Retiro con los vapores Bís­marck y Manuela Aycardi, que con el Antioquia se colocaron en acti­tud de combate. Volví á dar )a señal de alto, que fue correspondida, y dispuse ponerme á la voz con dichos buques, cuando me persua­dí de que eran amigos. El Coronel Aurelio de Castro, Comandan­te de la flotilla de retaguardia, había tomado el Antioquia, que se puso en fuga la noche del combate de Gamarra, lo hizo armar en guerra, y con esos tres buques se puso á mis órdenes. Ordené al Comandante del Aycardi subiera hasta encontrar al Oisneros, lo tomara á remolque y bajara con él. Inmediatamente ordené mar­char, siguiendo el Antioquia y el Bísmarck á retaguar.lia del Hér­cules. LJegámos á Zambrano á las 6 y 15 p. m. Después de in­formar por telégrafo al Comandante general de la 3·a División del Ejército y al Tefe Civil y Militar del Departamento del triunfo obtenido en Gamarra, emprendí marcha á las 6 y 30 p. m. A las 8 y 30 p. m. encontré por Santamartica al buque Miguel Samper, que siguió de mi orden á retaguardia. A Calamar llegámos á las 10 y 25 p. m., despué¡ fueron lle­gando sucesivamente los vapores Samper, Bísmarck y Antioquia. Dispuse que el Samper subiera hasta encontrar el O;lombia, á efec­to de que tomara las fuerzas que comanda el Coronel Rubén Va­ron, y bajara con ellas á la mayor brevedad, para que pudieran se­guir viaje esas tropa á Cartagena á ponerse á la disposición del Jefe Civil y l'vlilitar del De¡Jartamento, que por repetidas veces me las había pedido con el carácter de urgente. De acuerdo con el Jefe Civil y Militar del Departamento dejé en este puerto, debidamente custodiados, los prisioneros to­mados en el combate de Gamarra, para que sean conducidos á Car~ tagena. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 591 Día 2 7-A las 8 y I o a. m. ordené la marcha. A las 1 o y 30 a. m. encont .. é el J7igilante, descompuesto, abajo de Remolino. Dispuse lo conveniente para que bajara remolcado por alguno de los buques de retaguardia. A las 12 m. encontré el Zea frente á Barranquilla, y en este puerto fondeámos á las 12 y 45 p. m. El General, Comandante general de la flotilla de guerra, D. A. DE CASTRO ••• SECCION DOCTBIN AL (traducido clel Reglamento alemán aobre servicio en campaña) Toda tropa que se encuentra á proximidad del enemigo, debe ro­dearse del respectivo urvicio de uguridad. La fracción encargada de preservar de una sorpresa á la tropa que cubre, tiene al mismo tiempo la misión de darle tiempo de tomar las armas y prepararse para la lu­cha en caso necesario. De lo dicho resulta gue toda tropa debe organi­zar un servicio de reconocimientos á corta distancia, aun en el caso de que á vanguardia fuerzas de caballería desempeñen el de exploración á gran distancia. Para fijar el efectivo gue debe prestar este servicio, es preciso te­ner en cuenta que su misión es en extremo fatigosa, por lo cual con­Tiene reducirlo al mínimum estrictamente necesario. El fraccionamiento de la tropa encargada de la vigilancia en e uesti6n, es variable, pero se hará siempre sujetándose al siguiente principio: los grupos serán tanto menos fuertes cuanto más c:e alejen del grueso ó cuerpo principal. Todo cuerpo de tropas alcanza el fin indicado, escalonando unas tras otras las fracciones que deben cubrirlo, las que así resultan tanto más débiles cuanto más se aproximan al enemigo. Los cuerpos pequeño• se cubren simplemente por medio de piquetes y de centinelas. I .• Servido de seguridad m marcha-De ordinario las tropas en marcha ocupan una gran profundidad y se ven reducidas á moverse por los caminos, por lo cual necesitan un cierto tiempo para desplegarse, ó sea para formarse en orden de combate. Las diversas fracciones encarga­das del servicio de seguridad, tienen, de consiguiente, por misión, pro­curar esetiempo á la columna y aventar á la vez los obstáculos de poca importancia, á fin de que la marcha de la fuerza no sea interrumpida por ellos. De lo dicho resulta que aun cuando un buen desempeño del ser­vicio de reconocimientos es la base del de seguridad, dicho servicio no basta por sí solo, y es preciso complementarlo con otras medidas de precaución. El grueso de la tropa, 6 sea la columna, irá precedido por una van­guardia hacia adelante y cubierto por una retaguardia hacia la cola; los flancos se cubren por medio de ílancguardias ó flanqueadores. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE1'1N MILITAR a) f/ anguardia-La caballería destacada adelante del frente de un ejército no alcanza á cubrir de modo completo á las tropas que la siguen, las que por lo mismo tienen que guardarse por medio de vanguardias. Como un buen servicio de exploración es el mejor medio de cu­brirse, á desempeñarlo se enviará la mayor parte de la caballería de que se disponga. De este modo el grueso podrá avanzar con seguridad y movimiento más uniforme que si la vanguardia no se hubiera constituí­do sino en el momento en que se hizo necesaria. En todo caso, y como regla absoluta, la caballería que desempeñe el servicio de seguridad dejará á la infantería un número suficiente de jinetes que sirvan de ex­ploradores durante el combate. Las circunstancias pueden exigir igualmente, ó que la mayor parte de la caballería haya de ser enviada en otra dirección, ó mantenida á retaguardia de las otras tropas, lo que sucederá cuando el enemigo sea muy superior en esta arma y el contacto se halle establecido desde algunos días atrás. La caballería se moverá de tal suerte que llene las condiciones del servicio de exploración, no pierda su enlace con la infantería que la sigue y esté siempre en la mano del jefe en el momento de empeñarse el combate. Aun durante la acción el servicio de reconocimientos cons­tituye el principal oficio de la caballería, lo que no ohsta el que inter­venga en la lucha en el momento propicio. La distancia á que debe marchar la vanguardia es variable y de­pende de las intenciones que se tengan, de la fuerza de que se dispone, de la configuración general del terreno y del enemigo mismo. Preciso es en todo caso que esa distancia sea suficiente para que el grueso no sufra ni demoras ni vaivenes en su marcha y pueda intervenir á tiempo, cuando sea necesario, para sostener las tropas avanzadas. En las marchas que preceden á un ataque pueden di sminuírse las distancias, á fin de acelerar el despliegue á vanguardia. La fuerza y la composición de la vanguardia dependen del terreno y de la importancia del cuerpo principal: los cuerpos considerables la regulan sobre la importancia de la fracc.=ión que marcha en cabeza. En la infantería comprende una porción que varía del ! al t del efectivo total. En los casos en que no comprenda la mayor parte de la caballe­ría, se le agrega un destacamento de esta arma, de fuerza suficiente, para asegurar el buen servicio en la vanguardia. También se le agregan artillería y zapadores, de acuerdo con las necesidades de la operación, pero siempre por unidades tácticas. Sin embargo, si razones especiales no incitan á fraccionar la arti­llería, preferible es conservarla agrupada, pues su entrada en línea por partes en presencia de otra enemiga superior en número, la expone á pérdidas sensibles á menudo irreparables. También puede á veces ser conveniente añadir á la vanguardia un equipaje de puentes y una sección de ambulancia. De ordinario con las vanguardias marchan secciones de aereonautas. La vanguardia se subdivide en grtteJ IJ y cabeza, y según el caso, cahallería de va11guardia. El grueso (Haupttrupp) comprenderá lama­yor ?arte ele la infanrería, y en tesis general, la artillería de la Yanguar­dia; la cabeza (Vortrupp) se compone de infantería en la proporción d~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 593 k á i del todo, por tracciones constituíd:1s, con los zapadores y la caba­llería necesaria. Esta última arma se incluye en proporcione.s tales, que la in.fantería no tenga que enviar patrullas de reconocimiento fuera del camtno. La cabeza marchará á tal distaacia del grueso, que éste tenga tiem-po de desplegarse en caso de encuentro con el enemigo (de ordinario ~á 1 kilómetro). En las vanguardias pequeñas la cabeza precede al grueso á distancia conveniente, para que éste no pueda ser sorprendido por el fuego de la fusilería. Cuando la cabeza es fuerte puede, para aumentar la seguridad, destacar á 3 ó 400 metros adelante una compañía ó un pe­lotón. A una distancia poco más 6 menos igual de la cabeza y á vanguar­dia de ella, marcha la punta de infante ría, que á su turno irá precedida por la punta de caballería ó por la caballería de vanguardia precedida entonces por una punta de esa arma. La punta de infantería se compone cie ua oficial y una escuadra. con lo cual, á la vez que tiene mayor resistencia, puede cubrirse sobre un frente más extenso sin recurrir á la cabeza. Cuando la conformación del terreno á ello la obliga, marcha en orden disperso. De ordinario se le agregan algunos ciclistas para ligarla mejor á los otros escalones de la vanguardia, y en caso contrario deja dos hombres á retaguardia para ligarse con la cabeza. La punta de caballería se compone de 1 oficial y 6 jinetes; á reta­guardia y en el camino deja uno ó dos p4ra ligarse; aprovecha las altu­ras que se hallen á proximidad para observar, después avanza á paso rá­. pido hasta otro observatorio, moviéndose así por saltos sucesivos, á fin de ganar el tiempo perdido en los intermedios. En tesis general, lo!> ji­netes muchan con la carabina lista, salvo orden en contrario. La infantería que marche sola fracciona su vanguardia ce) mejor modo posible. Otro tanto hará una tropa de caballería aislada, de acuer­do con la misión que se le haya confiado. Todas las disposiciones que adopte una vanguardia tenderán á im­pedir que la marcha del cuerpo principal se demore 6 retrase sin nece­sidad. Ante todo importa poner las tropas al abrigo de u :1a orpre~a seria. Los pequeños destacamentos enemigos serán amenazados sin va cilar, y el jefe de la vanguardia, que sabe que es seguido de cerca por d cuerpo principal, debe a\·anzar resueltamente. En la marcha, las .fracciones pequeñas dependen siempre de las grandes, á las cuales in­cumbe asegurar el enlace respectivo.-(ContinuarÁ). --···--LEOOION C SJETIV A La Gaceta de Francfirt, periódico alemán que goza de gran .crédito en los círculos militares del Imperio, consultó á un jefe prusiano sobre el valer de los oficiales ingl~ses, á propó~ito de la guerra del Transvaal. Dicho militar atribuye precisamente á sus colegas de ultra-Mancha la derrota de los ingleses en la anterior guerra del Transvaal, en 188 r, dando las pruebas de su aserto. Después del relato histórico, el jefe alemán hace las consideracio- 2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLKTÍN VI:UITA.R nes generales que siguen y que nosotros traducimos del Gourrier dn Etats Unis, por ser de actualidad y estar refrendadas por los he­chos que se cumplen á nuestra vista: "Las mismas faltas (ignorancia del servicio de campaña, des­cuidos en los reconocimientos, etc.) produjeron el considerable nú­mero de bajas que han sufrido los ingleses en sus recientes guerras, á pesar de que no se trató de un enemigo armado y que por lo mis­mo se presentaba poco menos que sin defensa, como sucedió en la última campaña del Sudan. Un jefe inglés, á quien interrogué so­bre su juicio acerca de Ja próxima guerra del Transvaal, me dijo: 'Terminará favorablemente para nosotros, sin duda ninguna, por­que contamos con fuerzas muy superiores en número á las de los boers; pero nos costará enormes sacrificios de vidas, porque des­graciadamente es una gran verdad que nuestros jefes no saben• nada de guerra, y los oficiales no saben conducir sus tr0pas con­tra un enemigo bien armado.' Preguntéle si no creía que la supre-· sión de la venta de los grados de oficial, cuyo resultado principia á hacerse sentir en la cima de la jerarquía, hubiera sido benéfica para mejorar el valer de la oficialidad. 'N ó, respondió. La capa­cidad intelectual de nuestros oficiales sería superior, si en nuestro ~ ejército el favoritismo tuviera menos ingerencia, porque no es el mérito, sino los padrinos, los que deciden de ordinario el nombra­miento de un militar para u u grado elt!vado. Nuestros oticiales entran jóvenes al ejército, sin tener la menor idea de lo que es el servicio; y si en ese estado les toca de repente entrar en campa­ña, se portarán con bravura, es cierto, pero apenas podrán con­ducirse á sí propios, y no sabrán qué hacer con 5us soldado~.' "Una ojeada á las últimas maniobras inglesas me produjo idéntica impresión. Los oficiales todos presentan porte descuidado, las órdenes se dan como con pereza, y nadie se preocupa porque se ejecuten estrictamente, como pude verlo en m 1s de una oca ión. Los oficiales no atienden á la naturaleza del terreno sobre qJe maniobran, y toda maniobra inglesa con una infantería que di - para por descargas y de;deíía heroicamente abrignrse, tran porta el espíritu á la batalla de Waterloo, la única quizá que estudian los oficiales que tratan de formarse juicio propio sobre la 'l".;ctica. "Un escritor militar inglés señala, en un libro sobre d ejér­cito inglés, hasta qué punto los oficiales tienen horror al estudio de la historia militar, y como fuera de las guerras con los afridis y sudaneses, no han tenido ocasión de aprender el ofic:io, siquiera sea prácticamente; como enseñar al soldado el manejo del arma tampoco es ocasión para aprender la ciencia de la táctica; como además el oficial inglés se aplica concienzudam(;nte á dejar de mano todv lo que parezca militar, fuera de las horas de ejercicio, y como, por último, reduce sus estudios á algunas de Jas b...1.tallas ya antiguas, no hay por qué extrañar que en el campo de manio­bras desempeñe un papel dudoso cuando lo observa un ojo de ver- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN )lJLITA.B 59 S dadero soldado. En una palabra, esos señores juegan á los solda­dos; son gentlement cuyo porte, indiferentismo en las horas de ser­vicio y género de vida que llevan fuera de éste, indican de modo claro que no visten el uniforme sino porque así lo exige el grado de oficial, y porque tal es la costuwbre entre los jóvenes de buena familia. "Sin duda ninguna esos gentlement con uniform~ son valientes. Un oficial inglés me decía un día que estimaba incompatible con su dignidad poner rodilla en tierra ó echarse de pechos contra el suelo para resguardarse del fuego del enemigo; creía que tales procedimientos eran indicio de temor. Las numerosas bajas de oficiales durante las últimas guerras, las derrotas mismas de la guerra del Transvaal en 188 I, fueron el resultado de ese valor, que no puede elogiarse, porque es estéril, en especial cuando no está respaldado por conocimientos militares. "Los ingleses fundan sus esperanzas, en la próxima guerra con los boers, en su caballería, y en verdad que la que vi en In- ,glaterra es la única tropa de la isla que está á la altura de la ins­trucción militar moderna, y aun supera á algunas tropas europeas de la misma arma. La oficialidad de la caballería produce mejor impresión, pero en materia de instrucción no lleva ventaja á sus camaradas de la infantería y la caballería. "Naturalmente en el ejército inglés se encuentran Generales y Jefes que reconocen todos los defectos de la táctica inglesa; entre ellos Sir R. Buller, designado para mandar en jefe la cam­paña del 'rransvaal, no ignora que contra los boers se necesitan procedimientos menos elementales, y después de inspeccionar las tropas destinadas á la campaña, revista pasada no hace muchos días en el campo de Aldershot, dijo á los oficiales: 'no conservéis con mucho celo vuestras prácticas militares,' y aun reconvino á los de infantería por preocuparse demasiado por fi>rmar y conser­var líneas correctas, descuidando los objetivo de la lucha y la na­turaleza del terreno____ Por lo demás, e"toy convencido de que esas lecciones de última hora no harán impresión en el ánimo de los oficiales ingleses." Inútil es recordar á nuestros lectores cómo en estos días de revuelta se ha hecho caso omiso, por no pocos guerreroc;, de los más elementales principios de la ciencia, lo cual ha dado por resultado inútiles carnicerías en las que de poco ó nada han servido sagaces estratage:nas de .guerrillero, muy buenas i en vez de aiíadirJac; á antiguos procedimientos, absurdos á la fecha, se hubieran involu­crado con los preceptos que enseña la experiencia de las últimas. guerras en el Extranjero. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR :t..EO~IONES DE OEOORAFIA FISIOA CURSO DEL PROFESOR THOULET EN LA UNIVERSiDAD DE NANCY Traducción libre, hecha para el Boletín Militar 1-tQu.é cM la 8'eografia lilllica'l La geografía física es el e!!tudio razonado de los acontecimientOi que se cumplen sobre la superficie de la tierra, en torno nuéstro, en este instante de los tiempos que nos ha sido dado presenciar, y que modiiicaa ~in cesar el modelado externo del globo: ella investiga las causas de ~sos cambios y señala sus consecuencias; ella nos habla en el lenguaje de las medidas y los números. Llamando las matemáticas en su auxilio, y también la física, la qufrnica, ó mejor dicho, las ciencias todas, la geo­grafía física aplica el método experimental, al que nada resiste cuando es posible aplicarlo: deja el llano 6 la montaña, el río 6 el torrente, el lago 6 el océano, para meditar en el laboratorio, y, recíprocamente, sale del laboratorio á viajar por los desiertos, escalar los montes y navegar en los mares. Cuando la geografía física observa un rasgo cualquiera del relieve terrestre, analiza las causas que le dieron el sér, discute sus de­talles, y en seguida, ocurriendo á la síntesis, trata de reproducirlo ea proporción compatible con las débiles fuerzas del hombre, comparables, á pesar de todo, á las más imponentes manifestaciones de las fuerzas de )a Naturaleza. Sobre el globo la obra del ay~r, no es sino la del hoy, ua día más joven, llámese ese dfa siglo ebo ó corno se quiera; la geografía física al leer sobre las colinas, las playas y aun en el fondo de los abi»­mos salobres la historia del presente, lee á la par la historia del pasado y del futuro, y corno los hechos que se cumplen á nuestra vista dataa de siglos anteriores y continuarán mañana, y dentro de mil años, la geo­grafía física al través del tiempo, ve lo mismo adelante que hacia atrás, y cabos, y cuyo conocimiento es el fin mismo de nuestraa investigaciones, sin temor puede abandonarse á veces la línea recta. Y de todos los seres vivientes ninguno es tan importante como e Jtombre: no se trata aquí del interés que presenta su estudio, hecho de-n modo general para los hombres. Olvidemos adrede esa confraterni­dad en lo humano: mirémoslo en g('ología y en geografía, y considere­mos Jos fenómenos, cualesquiera que sean, en su valor real. La simple observación obliga á reconocer que el hombre posee sobre la naturaleza una influencia que lo convierte en verdadero agente geológico: despoja los montes ele su manto protector de arbolado y los ríos en sus aguajea repentinos talan las llanuras y arrastran hasta el mar los detritus arranca­dos al suelo; los lurtes y derrumbes colman los valles y hasta desvían el curso de los ríos, como sucede en el Tirol; en Suez reunió dos mare¡ y produjo cambios en el clima de las regiones vecinas; al presente pre­tende atraer la lluvia á su voluntad. En Holanda quita tierras al océano por medio de diques; en otros sitios, con el auxilio de obras de arte mo­• ifica el régimen de los ríos y por ende la configuración de las costas -.ecinas; aquí deseca lagos y pa.ntanos; allá-el Utath-transforma un •esierto en tierras de labor, y á veces hace lo contrario de esto último; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 598 BOLETÍN MILITAR ora destr1.1ye ciertos animales, no sólo en las islas sino hasta en los con- , tinentes, como el bisonte en el Far-West; ora lleva consigo plantas y animales, haciéndose responsable de las modificaciones que entrañan esos cambios: á la fecha los Estados Unidos son talados por el estornino y Australia por el conejo, importados á esos suelos hace treinta año'l y que al presente hacen retroceder ante ellos la misma civilización. Toda acción implica una reacción: si el hombre obra sobre la na­turaleza, la naturaleza obra sobre el hombre: esta influencia no sólo ea material, ejercitada sobre el cuerpo que conserva, debilita ó aniquila, si9o. que alcanza al esríritu, á la inteligencia, hasta en actos al parecer libres. En efecto, el azar pu::de desempefiar papel en los acontecimien­tos de la historia de un hombre. Cual, entre los humanos, cuando ya sus cabellos han cambiado de color y ha recorrido la mayor parte de su limitado viaje terrestre, en esas horas melancólicas, en las que, solo, en mediq de la calma, con la frente apoyada en la mano, piensa en lo pa­sado, no recuerda que en tal ó tal época, próxima ó lejana, una nada, una hoja que el viento lanzó á derecha ó izquierda, Jo indujo á obrar de cierto modo, y esa acción modificó por completo su existencia. Lo dicho se comprende: los años vuelan rápidos, andamos de prisa y nue¡¡­tra caída en la tumba es irremediable. Al contrario, 1 el szar no figura en la historia de las nacione!l ~ un pueblo, como un hombre, nace, crece, envejece y muere, pero para él el tiempo de la vida dura siglos y su vida corre parejas con su destino. Crímenes, faltas, torpezas, todo lo paga por su justo preciO y á su debi .. do tiempo, á una justicia que algunos llaman ciega y que es inexora­ble. Si á veces nos parece que esto no sucede, débcse á nuestra mjopía para abrazar en conjunto toda una serie de causas con sus consecuen­cias. Los fenómenos en la naturaleza son una canttdad complexa, y no los comprendemos sino cuando son el resultado de una, dos ó tres leyea bien conocidas; cuando provienen de mayor número de leyes, en Tez de llamarlos excepciones, anomalías, como lo hacen algunos, confese ... mos humildes que sobrepujan á nuestra ciencia, y busquemos paciente sus causas necesarias que siempre están en la r~gla y en la ley. Voce como anomalía, excepción, casualidad, significan en verdad un fenóme­no incompletamente obsen: ado ó no eutendido. Pongamos un ejemplo de n':lestra tesis: , España de seguro fue poblada de S. á N., por las co] u m nas de Hércules ; sus primiti\-os habitantes, los iberos, no sólo ocuparon la península, sino que desbordaron má allá de los Pirineos, hasta los Al­pes. Al contrario, los cc1tas, que trasrnontaron los Pirineos y vivieron en Galicia y Portugal, en su marcha de N. á S. se fundieron en las llanuras de Castilla con los primeros, dando origen á los celtíberos. Melkarth, el Hércules tirio, también llegó por el Mediod1a; Espa­fia lo halla en cierto modo más bi~n que él la encuentra, porque loa barcos partidos de Fenicia lo llevan directamente á Málaga, la antigua Malaca, tras costear toda la orilla Septentrional de Africa. Funda á Gá­de~ (Cádiz), é impotente para pen~trar en el interior de la comarca¡ de-. fend~do por montañas que lo rodean como murallas, vuelve sobre sus pasos~ repl,onta la costa1 y es por lll G~lia por donde sigue hacia d N. 1sw camino de pillaje y sa.ngre. Los fenicios, en resumen, iristabaron factorfa.i Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR i99 desde la boca del Tajo hasta la del Ebro, pero hablando propiamente, no colonizaron allí ninguna tierra, porque un pueblo comerciante, por prolífico que sea en su país natal, si éste es peq uefio y Ja geografía le impide extenderse, comercia pero no coloniza ni civiliza, y si lo hace es á pesar suyo. Fenicios y cartagineses en la Antigüedad, venecianos y tie­noveses en la Edad Media, ingleses en nuestros días, se han limttado á explotar el suelo con audacia y habilidad, incluso hasta hacer derramar sangre; tanto peor para los débiles: el negocio es negocio. Cuando los cartagine es se apoderaron de Espafia en su lucha con Roma-simple concurrencia comercial-no pudieron mantenerse en el terreno, aun cuando aplastan á Cartagena y 8agunto, que siguen, los acontecimientos se repiten en esa Africa europea, en esa tierra compacta, cuadrada, rodeada por un cinturón casi continuo de montafias y cortada al través, de E. á 0., pot otras barreras sucesivas, ríos y montes, Sierra N evada y Guadalquivir, Sierra Morena y Guadiana, Montes de Toledo y Tajo, Sierras de Gua­darrama, Duero y Ebro, Montes Ibérico. y de Galicia, y en fin, la línea Pirineos-cántabros. A 1 N. una gran muralla, con estrechas puertas; al N.O. la fortaleza y el refugio montañoso; al S. una puerta sobre Afri­ca. La historia de Espafia es una serie de oscilaciones de N. á S. y de S. á N. Los bárbaros, suevos, vándalos y alanos, penetran por lo Pirineos, y p._so á paso alcanzan la Andalucía; sfguenlos los visigodos, que cruzan también los Pirineos, y tras destrozar á vándalos y alanos, los obligan á emigrar á Africa por Gibraltar, en tanto que los suevos, refugiados en Galicia, se mantienen allí, y más tarde avanzan hacia el S. y conquistaa. la Lusitania, donde se establecen. Tres siglos después los musulmane ; invaden á España por el S. y la ocupan setecientos años, durante los cuales se libran centena­res de batal1as, brillan las artes y las ciencias, se construyen joyeles. de arquitectura como la Alharnbra, la Mezquita de Córdoba, el Alcá­zar de Sevilla; la sangre corre á torrentes; por todas partes bulle el incendio, el pillaje, la ruina; renace el espíritu de investigación cientí­fica y se funda el método experimental ; 1 ucen las ciencia~ todas; rei­nos se fundan y se abisman; se descubre á América y se dobla el cabo de Buena Esperanza; luchan entre sí las religiones, y luchan por medio de la persecución, el patíbulo, el destierro; la más refinada civilización reemplaza á la ba.rbarie, y la barbarie dev~"~ra la civilización. Y entre esaa peripecias singulares la osci ación es continua: va de S. á N., y cuandO' llega á los Pirineos, s ·:! revuelve sobre ella misma y cumple el invers() movimiento, hasta Gibraltar, sin una irregularidad, sin un vaivén, cual péndul<:> gigantes~o que en vez de sesundos bate siglos. ' Los ara bes llegan .. por Gibr•ltar,; en Jerez aplaitan á Rodr.igo, el il ·timo rey de los visisodos, y siete afiot despu~s loa visiaodos de Pclat• Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 600 BOLE'l'ÍN MILI'l'AR no poseen sino la forta1e7.a de Asturias: entonces se produce la reac­ción; los sarracenos pierden terreno sin cesar á pesar de todas las vici­situdes de la guerra, y pnr último, Fernando é Isabel los arrojan para siempre á Africa. España y Portugal desembocan entonces al mar por sus únicas 1lanuras, y sus noveles marinos avanzan á de cubrir y conquis­tar nuevos mundos. Quien haya viajado por España habrá visto esas cimas azu1osas -sierrar-que cierran el horizonte con sus dobles y triples filas pa­ralelas de dientes, que entre cada par de contrafuertes guardan una llana­da estrecha, alongada, de suelo parejo cubierto de encinas ó retamas. De trecho en trecho se alzan pitones rocallosos, levantados un centenar de metros sobre el valle, coronados siempre por las ruinas de un castillo: fueron esos muros construídos por los cabalJeros de las órdenes militares, y en Castilla son tan numerosos, que dieron nombre á la comarca: la tierra de los cmti/los. Cada uno de ellos marca una etapa de la lucha con los muslines: los caballeros guerreaban, ganaban algunas leguas de te­rreno, hasta la próxima roca, en ella construían un fuerte, y ya no vol­YÍan á retroceder; pasaban los meses, otras leguas se conquistaban hasta el próximo cerro, y un nuevo castillo aparecía: de nido de águila en nido de flguila f:.1e reconquistada España. Las ruinas revelan aún lo que fue¡on esas fortalezas: oscuros recovecos, torres con saeteras y una vasta 8ala abovedada, donde se esculpía el escudo del caballero, señor de la aldea, que se formaba al pie de la empinada roca. Y en esas ruinas no faltan huellas de la invasión napoleónica que marchó de N. á S. rápida­mente, y luégo, poco á poco, retrocedió vencida por la reacción que ahora principiaba en el medio día, al pie de la fortaleza del Sur, la Sie­rra Nevada •. La historia es el relato de la lucha entre el hombre y la naturale­za; la geografía física pretende explicarnos la batalla describiendo el campo. En los albores de la humanidad, la naturaleza aparece con la. llorrible hermosura de su majestuosa y omnipotente tiranía. América y Europa están cubiertas por glaciares inmensos; los animales son gigan­tescos: el mammuth, grande como dos ekfantes, con colmillos de cua­tro metros de longitud; toros salvajes, de fuerza colosal; el tigre europeo, al que comparado el de Bengal~ era lo que éste es al gato domé tico; • La aplic3ción de las enseñanzaa de la historia á la geogrAfÍa de nuestro suelo, no es menos admirable ejemplo de la verdad de esta• doctrinas. Los hombres que constitu. yeron el Estado muisca, venidos del Sur, clominan un momento toda su exten ... ión y crean •na civilización que desaparece ante la invasión caribe, bajada del Norte y que penetra por loa vallea de los grandes ríos navegables. L ;' a mismas ruta m .rendas por la natura­lt>% 3 traen á la altip anicie á los conquistadores, clesde el Norte, el Sur y el Oriente, y el -.alle de los Alcázares, la ú ltima tterra descubierta en América, es la ciudadela ó elre­tluctocentr: tl de los vaivenes de nuestra historia. A partir del apoyo que prestó á los muis­cas contra loa caribes, cuatado se dio el grito de independencia, dominada por !os patrio­tas, permitió luégo reconquistar á Ca1 acas ; perdtda á la ll<·gada de Morillo, puso, en cierto modo, fin á la guerra, reduciéndola á las llanuras; reconquistad;; en 1819, fue la fragua donde se forjaron las armas que libertaren de nuevo.á Caracas y Quito. En las lu­chas civiles su acción no ha sido menos acentuada: en 1 84-o, á pesar de que la revolución tlominó on momento el país, vencida en la Sabana lo fue en seguida en toda la República; en 18 54- se necesitó colosal esfuerzo para reconquistar las altiplanicies, base del Dictador; en 186o la pérdida de la capital, no rec'>brada en t86z, decidió el triunfo de la revolución; m fin, en loa tiempos posteriores, el hecho ae confirma: geológicamentP hablando, 1.1 al­. aiplaoicie ha d~mpeñado en Colombia el papel de lu Caatillaa en Eapaña. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MI LIT .A.R 601 un ciervo cuya cornamenta midió tres metros. Sólo el hombre aparece débil y desnudo, pero en el acto princ:ipia el combate, que no terminará jamás: ]os primerm hombres se fabrican armas de piedra y atacan á los animales feroces para alimentarse con su carne y cubrirse con su piel; se instalan en las cavernas, de donde arrojan á las fieras para guare­cerse de las inclemencias del cielo; para vencer el frío hallan el fuego, y se creen como dioses; inventan las redes para dominar los ríos, y la piragua para vencer el mar. Más tarde, después de siglos de labor y de miseria, descuajan los bnsques y roturan y cultivan la tierra y crían ani­males domesticados. Y á pesar de tantos esfuerzos, el hombre es siempre-· súbdi ,o de la naturaleza. El país que habita, su clima, su configura­ció•, la altura y orientación de las montafias, la dirección de los ríos~ la posición relativa de los mares, en una palabra, todo lo que lo rodea tiene i.dluencia sobre él, y lo modifican á su imagen en sus costumbres, ideas, leyes, artes, inteligencia, tem~eramento, en su cuerpo y en su alma, en multitud de hechos que ejecuta creyendo cumplir su propia voluntad •. Dejemos los tiempos prehistóricos y pasemos á la antigüedad. Los imperios caldeo y asirio, Nínive, Babilonia, Suza, Ecbatana, aún con­servan en sus ruinas un sello imborrable de grandeza y atrocidad tran­quilas: los al tos relieves de la époc" sólo representan carnicerfas, carros de guerra que ruedan sobre montones de cad( veres, filas interminables de cautivos, degollados ó encadenados á los pies de reyes de talla colo­tal. Los palacios pesados y macizos, á pesar de sus vastas proporciones;.. las columnas con capitel formado por cabezas de animales; los tores ala­.¡ os con cabeza humana coronada con una tiara rígida; los guerreros pin­tados en cuadriláteros de porcelana de colores chillones, con aire feroz,. cabello y barba arreglado en trenzas rígidas, con vestido á la vez am­plio y estrecho, sin un pliegue; las vasijas y cofres de caras netamente cortadas, con aristas agudas y contorno simbólico, todo esto sólo pudo idearse, cons:-ruírse, tallarse, esculpirse y pintarse en las llanuras casi sin límites de Asia, ardientes el verano, glaciales el invierno, ora sin agua, ora inundadas por "erdaderos diluvios, sin verdura, bajo un sol rojo y brutal, con horizontes monótonos, tan dilatados como los del mar, en donde la inmovilidad de la arena desolada reemplaza la movilidad de las ondas; en una palabra, en )a tierra de Semíramis, Sardana palo, Sargon y Jerjes. lHablaremos del genio helénico iluminado por un cielo límpido y templado; de Jonia, tan muelle y tan agradable para vivir como en tiempos de Mileto, Esfeso y Halicarnaso, sólo porqut! la atmósfera es la misma? ¿De Roma, bastardeada, y sin embargo grande aún? Todo lleva el sello del clima, y si cambiamos de latitud, hallaremos, por ejem · plo, los piratas escandinavos de ojos azul claro, cabello~ rubios; nautas. en drakkars ligeros, atrevidos é imponentes, como los fjords de su país,. poetas de la poesía de sus brumas, crueles y finos como las heleras de sus montafias. Al Norte, al Mediodía, al Oriente y al Ocaso, en lo pa­sado como en lo por venir y el presente, dondequiera el hombre y la • Hijos de tierra cálida, por cjemp!o, 'SOn los calen/ano:~ (tolimenses), co.fleño• (Bo­lívar y Magdalena), caucanos (Valle), y llan•ros: todos se di1tinguen á la simple vista.... En lo (;sico y en lo moral é iutelcctual, e o 1stituyen casi pueblos distint01 ANCO D LA RfPU!l 11 T A Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 602 BOL:ETÍN MILITAR tierra se presentan unidos por lazos tan estrechos, como los que enlazan al hijo y á la madre. Así pues, los aconteJ}: imientos cumplido:; por los hombres coloca­dos bajo la dependencia inmediata é imperiosa de la Naturaleza, siguen una marcha determinada: la misma cau a produce la misma consecuen­cia, que convertida en causa á su turno, da necesariamente origen á toda una serie de nuevas consecuencias que de un modo lógico se en­cadenan las unas á las otras. Por lo dicho, la historia ya no es una sim­ple enumeración de hechos, sino una ciencia, en la más alta acepción de la palabra : en vano se buscará diferencia de categoría entre un fenómeno social y un fenómeno natural: la dilatación de un cuerpo por el calor y el desarrollo de una raza; los prodigios de la erosión y la decadencia de un imperio. Forzosamente la barra metálica aumenta de longitud, sometida á la acción de un horno; el pueblo que perma­nece e-stacionario en medio de otros que progresan, forzosamente debe perecer; el mercader que, á calidad igual, vende más barato, acapara la clientela del lugar; un cuerpo pesado, abandonado á sí mismo, cae. Por esto, la geografía fuira es la inflntigarión y expofirió11 de las ltyts t¡llt rigtn la Juperjhit terreJtre; es la introducción indi"pensablc de la his­toria (y sobre todo de la historia militar), si posible fuere separar el -conjunto de las mutuas y estrechas relaciones que median entre la geo­grafía y la historia. Lo dicho no significa que los acontecimientos se repitan de modo it1énlit#, y que la historia no sea sino un perpetuo y monótono giro. Por más que tanto las obras humanas como las naturales sean regidas por leyés eternas é invariables, sin 1o cual no serían leyes, codo fenómeno, sea humano, sea natural, rara vez es una manifestación simple; al col\­trario, por lo común es la suma de un número mayor ó menor de leyes y puede compadrsele á una ecuación única entre múltiples variables, 1.:ada una de las cuales varía conforme á uria ley, conocida ó des:ono­cida, pero en la cual el azar no tiene cabida. Y, continuando la comparación, en esa ecuaci6rt las variables van acompafiadas por coeficientes que sin cambiar en la esencia modifican sú valor, que aumenta ó disminuye entre amplios límites positivos y "~ negativos. El papel del investigador consiste precisamente en tomar en cuenta esos coeficientes en su conjunto y en su individualidad, para des­preciar los que en cada caso particular se tornen iguales á cero, hallar los que á pesar de ofrecer un valor real, por d momento ejerzan influen­cia inversa sobre sus propias variabl('S que dejan entonces anular, del mismo modo que permanece en reposo el cuerpo solicitado por dos fuerzas iguales y opuestas; es dar, al contrario, su importancia entera á los elementos que, á causa de condiciones especiales, adquieren in­iluencia preponderante. Hé aquí la relación que hallamos entre la na ­turaleza y el hombre, entre la geografía física y la historia. La naturaleza no permanece pasiva; creeríase la inteligente y apa­sionada. Se asemeja á un sefior celoso de su autoridad; es clemente con quien la obedece y terrible con el que osa resistirla. En la soledad de las aguas é Islotes del Pacífico pululaban los grandes cetáceos y las avea ­ ·marin-as, los que tras acom'ódar su existencia al medio ambiente 'y por­táHe como aúbc!itos sumisos, vivían en paz y calma, sin einerse unoS i Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN .M:ILlTA.B 603 otros ni temer a1 hombre, que no conocían. Aparece el hombre, y todo cambia; él ataca la naturaleza, y la naturaleza se defiende; débil entre dos adversarios tan poderosos, el animal huye ó desaparece. ¿Quiere el hombre romper un istmo, atravesar un monte, establecer un puerto? la naturaleza, con bloques de granito ó granos de arena, destruye lo hecho por poco que se la descuide; edifica él una ciudad, al pie de un vol­cán, y ella la sepulta entre cenizas; se establece el hombre sobre el bor­de de los acantilados del mar, y ella los mina y derrumba, t>bligándolo á retroceder; el mar destroza las rocas más duras y las trar1sporta á lo lejos, para formar escoJlos contra Jos cuales se rompen los bajeles; ella lo mismo excava cavernas que destruye diques y tajamares. Sin tregua. ni reposo repara sus pérdidas, cura sus heridas, inventa nuevos método• de defensa para resistir los que de ataque inventa el hombre. Ora gra­ciosa y apacible, deja crecer los árboles á orillac; de las olas y permite al h;ombre q4e allí levante palacios ó fortalezas, pero de repente des­pierta su furor, se sacude y con tremendos cataclismos asola comarcal entera~; pero de ordinario llama en su auxilio el infinito poderío de lo infinitamente pequeño y lo infinitamente lento, y si el hombre suspende la lucha, en breve ella recobra todos sus derechos; en Asia la arena ha sepultado vas~ísimas ciudades, en América otras yacen cubiertas por la selva; hasta "las mismas ruinas perecen." En los orígenes de la humanidad, las condiciones de la lucha fue­ron de sencillez extremada. Entonces el hombre, como el animal hoy día, sufrió Íntegra la influencia de la naturaleza, la que no podía resis­tir por encontrarse mal armado para la lucha: sus fuerzas eran nulas, comparadas con las naturales. Durante: ese período, la lucha se reduce á una especie de equilibrio que se desplaza con lentirud bastante para dejar ver el encadenamiento de las diversas faces. Los antiguos pueblos, sin necesidades materiales, sin industria, sin máquinas, y en los que el poder se concentraba en unas pocas manos, se asemejaron á grupos de nifios cuyos móviles, señalados por las mismas condiciones ambientes, eran en extremo reducidos. El problema presenta su complicación mí­nima, y: para nosotros que lo juzgamos hoy el alejamiento de los hecho• los hace comprender mejor, cual si se tratara de aquellos objetos que no se perciben bien puestos junto á los ojos, y se distinguen co!ocados á cierta distancia, cuando muestr m sus contornos con toda nitidez. Por esto el estudio de la antigüedad es indispensable. La invenci6n del vidrio de \'Ídrieras, el descubrimiento de los pro-;. ce4imientos industriales para fabricarlo en grande escala y á bajo precio, es sin duda una de las primeras grandes victorias de la humanidad. Al presente el hombre puede vivir en el interior de casas y desafiar en ' ellas los rigores del frío: en su hogar, rodeado por su familia, en el seno del calor y la luz, del reposo y del bienestar, logra que su inteligencia se desarroJle, se perfeccione y lo guíe hacia nuevas victorias; así quedó en capacidad de abandonar la cuenca del Mediterráneo, de suaves in­viernos, para esparcirse por las comarcas septentrionales, sin necesidad de vivir en ellas en el fondo de oscuras cavernas, verdaderas guaridas 9blación es de I 1,155 habitantes. l DEPARTAMENTO MAcHADo-Este Departamento se halla dividido en 3 parroquias, que son: Villa Tobar, Mora y Zea. Tiene 69 sitios, r,828 casas y ranchos, 88 ventas, 191 ha­ciendas, 7 hatos, r,r65 conucos, 14 cortes de madera y 10~667 habitantes. f7ifla Tobar-Esta villa, anteriormente llamada Bailadores, capitítl del departamento, se halla á orillas del río Mucuchíes, y es una de ]as que mas han progresado en este Estado. Su temperatura es agradable, y los terrenos que la circundan son muy ft:races. Su población es de 5,193 habitantes. DEPARfAMENTO RrvAs DÁVILA-Este Departamento se halla dividido en 2 parroquias, que son: Bailadores y Guaraque. riene 35 sitio , 924 ca as y rancho., 32 ventas, 20 hacien­das, 3 hatos, 190 conuco , 7 corte de madera y 6,026 habitantes. Bailador s-Hállase esta villa á los 7°57'25' de 1at. N. y 4043'40' de long. O. del meridiano de Caracas, y á una altura de 1,748 metros sobre el nivel del mar. Su tem?eratura es deliciosa; · 1 termómetro C. marca por término medio r8°49. Sus cercanías están cubiertas de plantaciones y ofrecen bellí­simas perspectivas. Bailadores, sin e,nbargo, no ha progresado, y hoy apenas cuenta 3,654 habitantes. En ésta, como en casi todas las poblaciones del Estado, los emigrantes europeos hallarían cuanto es menester para prosperar y vivir holgadamente. DEPARTAI\IJEN'IO Puuno-Este Departamento se halla divi­- dido en 4 parroquias, que son: Mucuchíes, Valparaíso, Santo Do­mingo y San José de 'Torondoy. Tiene 31 sitios, 849 casas y ranchos, 33 ventas, 12 hacien­das, 10 hatos, 194 conucos, 6 cortes de madera y 4,359 habitantes. Mucuchíes-Esta villa, capital de] Departamento, se halla á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 007 los go2o' de lat. N. y 301 1 1 25' de long. O. del meridiano d(" Ca­racas, y á una altura de 2,360 metros sobre el nivel del mar. Es la población que se encuentra á mayor altura en todo el territorio de la República. S clima es bastante fresco, pues el termómetro C. marca por término medio 15°97. Está construída al pie de los páramos de Santo Domingo y .\1ucuchíes, y casi á orillas del Chama. Su población es de 2,164 habitantes. DEPARTAMENTO MIRANDA-Este Depart.1mento se halla dividido en 4 parroquias, que son: Timotes, Palmira, Chachopo y Pueblo Llano. Tiene 26 sitios, 919 casas y ranchos, 32 ventas, 10 hacien­das, 12 hatos, 241 conucos, 5 cortes de madera y 4,945 habitantec;. Ti motes-Hállase situada esta villa, capital del Departamento:a entre altas serranías á orillas del Motatan, y á algunos kilómetros del nacimiento de este río. Su temperatura es agradable, y su población de 2,097 habi­tantes. DEPARTAMENTO CAMPO ELfAs-Este Departamento se ha­Ha dividido en 4 parroquias, que son: Ejido, Acequias, Jají y La Mesa. Tiene 39 sitios, 2,123 casas y ranchos, 92 ventas, 289 ha­ciendas, 4 hatos, I,oo6 conucos, 9 cortes de madera y 10,793 habitantes. Ejido-Esta villa está situada á cerca de 6 kilómetros del Chama, á los go1o' de lat. N. y 400'5' de long. O. del meridiano de Caracas, en un terreno quebrado que se halla á 1,205 metros sobre d nivel del mar. Desde ella se ve la Sierra N evada, que lleva sus plateadas ci­mas por sobre las demás alturas. Su cli.na es templado y sano; el termómetro C. marca por .término medio I 1067. Tiene una po­blación de 5,593 habitantes. Di.PAR'TAMEN'l o CoLINA-Este Departamento se halla divi­dido en 4 parrcquias, que son: Lagunillas, La Victoria, San Juan y Pueblo N u evo. Tiene 45 sitios, 1,774 casas y ranchos, 43 ventas, 71 ha­ciendas, 2 hatos, 663 conucos, 9 cortes de madera y 9,672 habi­tantes. Lagzmillas-Esta vi1Ja, capital del Departamento, se halla al occidente de Ejido y á pocos kilómetros del río Chama. Esta villa ha progresado algo. Hoy tiene 3,07 I habitantes. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR V .ARIED.ADES POR SANTIAGO PÉREZ (Continuación) Pero ¿qué, sino ignorancia y estupidez pueden tener unos ~sclavos de ayer, por cuyo mejoramiento físico ó moral jamás hi­cieron nada sus dueños? ¿Qué, sino insolencia y mala voluntad pueden albergar unos corazones que la servidumbre, la avaricia y la crueldad envenenaron con el odio y la provocación? ¿Cómo, sino cruzados, han de querer tener unos brazos que crecieron en­tre hierrvs, y cuya larga tarea, para provecho ajeno, concluyó ..ayer, y empezó con la vida del esclavo? ¿Qué moral, qué pundo­llor, qué buenas costumbres hay derecho para exigir, ó motivo iq uiera para esperar, de parte de unos seres nacidos en la igno­rancia, nutridos con la miseria, criados en la abyección y aban­donados á sus instintos? Para ellos se hizo un castigo, una penitencia de todos los días, el trabajo, y aborrecieron esa noble ocupación; para ellos no había más alimento que plátano y pescado, que es el único que les ha venido á ser necesario; y hoy no tienen que trabajar para la satisfacciÓn de su sola necesidad, porque plátano y pescado les ·dan profusamente sus tierras y sus ríos; todo el oro que explota­han para sus duei1os no les valía sino la paruma ó el guayuco; y 'hoy compran guayuco ó paruma con un puliado de las arenas de <>ro que arrastra la corriente vecina. Si sus dueños los hubieran estido y alimentado mejor, ellos hoy trabajarían para satisfacer esas necesidades que ahora no los aquejan ni estimulan; si hubie­ran ilustrado su espíritu y educado su corazón, ellos serían hoy o<>tros; serían hombres y no casi fieras; verían en un blanco uQ .semejante suyo, no un enemi~o; serían una parte de la sociedad, ~no una amenaza contra ella. Pero al verse de repente libres; al pasar del estado de escla­vitud al de dueños de sí mismos, sin preparación, sin hábitos de libertad, sin co tumbres de virtud, sin de eos de comodidades que no conocen ni imaginan, han pasado de siervos de hombres á .. ·iavos de vicios; tienen las manos libres, pero el alma y el cora­zón esclavos; han confundido la independencia con la altanería; la libertad de escoger trabajo con la libertad para no trabajar; la · gualdad de derechos con la igualdad de miseria; la dignidad de .hombres libres con la insolencia de déspotas. ( Contin~ará) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 130

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 132

Por: | Fecha: 30/12/1899

A~O lll Bogotá, .Diciembre 30 de 1899 NUM.132 --~·~~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO Duu:cToR AD-HONOREM, FRANCISCO J. VERGARA Y V. Coronel, Miembro de la Sociedad Colo m l)iana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República OFICIAL (r.o DE DICIEMBRE) por el cual ae asigna un sobresueldo El Preridente dt la Repúblüa En uso de la facultad que le confiere el artículo z.o de la Ley 39 de 1896, DECRETA: Artfculo único. Háccse extensivo al Jefe Civil y Militar y demás Jefes militares que hacen la guarnición de Girardot, lo dispuesto en el Decreto número 452 de 19 de Septiembre del año en curso, por el cual se aumenta en un veinticinco por ciento (2 5 por Ioo) el sueldo de la citada guarnición. §. El presente Decreto surtirá sus efectos desde esta fecha. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 1.0 de Diciembre de 1899. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, Ei Ministro de Guerra, ¡osÉ SANTOS Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 642 BOLETÍN MILITAR ORDEN DEL CUERPO PARA HOY 19 D.Ii DICIEMBRE DE 1899, EN BOGOTA Art. 7 5· Los Jefes, Oficiales y tropa del Cuerpo Politécnico lamentan profund=tmente la muerte del distinguido militar francés Sr. Capitán Paul Saint Víctor Sabarthez, miembro de la M1sión Militar é Instructor de este Cuerpo; consideran irreparable esta pérdida por haber sido el Sr. Sabarthez estricto cumplidor de su deber, modelo de caballeros y una de las inteligencias mejor cul­tivadas que han venido á nuestra Patria, á ponerse al servicio del adelanto del Ejército. La Compañía de Zapadores, debidamente uniformada, estará lista para e u todiar el cadáver tan luego como llegue á esta capital, y los Oficiales lo acompañarán por turno esta noche. El Batallón concurrirá mañana á las I 1 a. m. á tributarle los honores de ordenanza. El primer Jefe, ANTONIO LA VERDE R. - El segundo Jefe, DANIEL EsTEYEz. OA~~PAMEN~O :CE :aOOO~A O~ DEN GEN' ERAL PARA HOY SABADO 23 DE DICIEMBRE DE I 899 Servicio Art. 607. Por orden de la Comandancia en Jefe del Ejército se recuerda á todos los militares en servicio activo, los límites del campamento de Bogotá, que son : Por el Norte: partiendo del edificio del Panóptico, en línea recta hacia el Occidente, hasta cortar el camino de Engativá, aba­jo del Cementerio, en el punto en donde llega el camino que viene del camellón de San Victorino ; Por el Occidente: partiendo del punto anterior, y siguiendo el camino que se citó últimamente hasta el camellón de San Vic­torino, y de este punto, en línea recta, hasta el paso de Fucha en la vía para Tunjuelo; Por el Sur: partiendo del punto últimamente citado en línea recta hacia el Oriente, hasta la piedra de San Cristóbal ; y Por el Oriente: desde el último punto dicho, siguiendo hacia el Norte la carretera del Aguan ueva, hasta el chon o de Padilla, y de aquí, en línea recta, hasta volver al Panóptico. En consecuencia, se hace presente que para traspasar los límites anteriormente citados, es necesario p·asaporte expedido por la autoridad competente. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. JlOLETÍN MILITAR 643 EAT.'\LLON POLIIJ:'EONIOO Conferencias de los Oficiales de la Misión Francesa NOCIONES DE TOPOGRAFIA (Continuación) § 2-MEDICIÓN INDIRECTA DE DISTANCIAS Anteojos e.~tndimétricos y e.ste~dias Principio de la utadia-Sea (figura 43) h y H las longitudes .A B y .A' B' interceptadas por dos visuales sobre dos reglas verticales t..:olocadas á las distancias O L=d; O L' =d' del ojo O de un obsuvador. Ten­dremoi: de donde Si se quiere calcular á D, el valor de esta distancia se deduce de la medición de las tres longitudes d, H y h. Pero si dos de estas tres cantidades son constante , la tercera variará proporcionalmente á la distancias. Por consiguiente, para calcular á D se pueden construír tres clases de insLrumentos llamados estadías: Primera clase, D y h constantes y conocidos, JI variable. Segunda íd. d' y H íd. íd. h íd. Tercera íd. h y H íd. íd. d íd. En todos los casos el valor de la variable multiplicado por una cantidad constante dará el valor de D. Pueden realizarse estas tres clases de estadías con dos miras colo­cadas en .AB y A'B'. Pero si el conjunto de la mira AB y del punto O se reemplaza por un instrumento en el cual sea fácil medir d y h, tendremos lo que se llama un instrumento diastemométrico. Estos instrumentos, para dar mediciones exactas, tienen que estar formados de un anteojo llamado estndimétrico, con el cual se mira una regla llamada estadio. En estos anteojos la retícula está formada, ade­más de los hilos centrales, por otros dos hilos paralelos, horizontales 6 verticales, cuya distancia es fija ó variable. N o podemos describir ahora estos instrumentos cuyo manejo se enseñará prácticamente. Bastará decir que, ordinariamente, en los anteojos empleados en topografía, la distancia des constante y los hilos paralelos están fijos; la escadi'a es una mira parlante en donde se lee la distancia intercepta­da por los hilos. Con los instrumentos de estadi;.~ variable (primera cla-se), multiplicando la lectura hecha por una cantidad conocida ~ , que se llama tÍt1gulo micrométrico, se calcula la distancia. Si los hilos parale­los son variables, la estadía tiene dos planchas ó dos líneas de fe á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 644 BOLETÍN MILtT.AR distancia constante. Con los instrumentos de estadia fija (segunda clase), para calcular á d se mide la distancia de los hilos, y se multiplica esta distancia por una constante (dX b). Muchas veces los hilos variables se reemplazan por escalas micrométricas, trazadas por procedimientos fotográficos en un vidrio colocado en el plano de la retícula y en donde se leen directamente las distancias. La precisión de las estadías fijas cambia con las distancias medi­das, y es siempre inferior á la que se obtiene con e'itadias variables. Los instrumentos de la tercera clase tienea una exactitud menor. Así son algunos telémetros, que examinaremos en el estudio de los reco­nocimientos militares. Reducción al horizonte-Con los instrumento5 estadimétricos, se mide casi siempre la distancia según la pendiente; y para hacer el pla­no, se necesita hacer la reducción al horizonte. Si las estadías se colo­can perpendicularmente á la visual, lo que puede realizarse por medio de un colimador puesto en la estadía, y con el cual el ayudante mira el objetivo del anteojo, la reducción se hará como se ha indicado an­teriormente, multiplicando por cos ex. la lectura hecha en !a estadía ó empleando una escala de reducción al horizonte. Escala de proyección-Pero si se coloca verticalmente la estadía, se lee S'CJ"', en lugar de ST (figura 44). Tenemos sensiblemente: ST =S'CJ'' cos ex., y la proyección horizontal buscada será: .A B = S :r (OJ ex.-= S' 'l' (OJ 'cx.- Por consiguiente, se hará la corrección multiplicando la distancia leída en la estadía por el cuadrado del coseno del ángulo ex. del declive. Para hacer la multiplicación, se emplean las tablas de logaritmos 6 las reglas de calcular, ó una escala llamada escala de proyección, aná­loga á la escala de reducción al horizonte. Se construyen esas escalas del modo siguiente (figura 45): Sea .AB la escala gráfica del plano; se traza una circunferencia tangente á .A B en el punto medio D y se unen los puntos A y B con el punto e diametralmente opuesto al punto D. Sea DO E un ángulo igual al doble del ángulo a. del declive considerado. Trazando la paralela Ebda á la línea .AB, se obtiene en ab el va­lor de A B X co¡'cx.. En efecto tenemos: ab cd co+od R+R-cos 2 a. t+cos'a. , AB = en= OD = zR = ---z--= cos a. de donde a b=AB Cos2a. Haciendo la misma construcción con diferentes valores del ángulo ex., y uniendo el punto C con las divisiones de la escala gráfica, se obtie­ne la escala de proyección. Para obtener la distancia con que se debe construír el plano, en lugar de tomar la distancia leída sobre la estadía en la escala gráfica del plano, bastará medirla en la paralela á la escala gráfica corr.cspon­diente al ángulo del declive. (La paralela Ea corresponde al ángulo a). Anteojos analáticoJ-En los anteojos estadimétricos, el punto co­rrespondiente al punto O (ojo del observador en la figura de demostra­ción del principio de la estadía), es el foco prinéipal anterior del obje­tivo, y la distancia medida es la distancia de la estadía á este foco prin- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 'BOLET.fN MILITAR 645 cipal. Pero lo que se busca es la distancia de la estadía al eje del ms­trumento. Entonces hay que corregir las lecturas. Puede hacer e la corrección: I." Aumentando la distancia medida con ]a estadía en una canti­dad conocida y constante para el mismo instrumento (distancia del eje del instrumento al foco principal anterior de] objetivo). 2. 0 Empleando estadías corregidas. En efecto, reduciendo una de las divisiones en una cantidad que represente, en la estadía, la cantidad constante precedente, todas las lecturas resultarán aumentadas en esta cantidad, siempre que la divisiÓn reducida se halle entre las imágenes de los hilos. Ordinariamente se hace la reducción en una di visión corres­pondiente á la altura media de los instrumentos, sea poco más ó menos á la altura de 1m40. 3. 0 Empleando anteojos tma!áticos, que, por medio de ~n lente su­plementario, hacen coincidir el punto fijo O con el eje vertical del ins­trumento. Casi en todos los anteojos estadimétricos de los instrumentos de Topografía se ha adoptado este ¡::erfeccionamiento inventado por un oficial de ingeniería, italiano, el Sr. Porro. l11strumentos steJJaláticds-Llámanse stenaláticos ó autorreductores los instrumentos que permiten leer inmediatamente en una estadía co­locada perpendicularmente á la visual, la distapcia reducida al horizon­te, con la cual desde luego puede construírse el plano, sin hacer ope­raciOnes. C.APITULO IV llfedición de ángz,los Los ángulos necesarios para establecer la planimetría, son los for­mados por las proyecciones horizontales de las líneas del terreno; el ma­yor número de los instrumentos que vamos á estudiar, permite medir directamente al ángulo de las proyeccione:, horizontalc ; sin embargo, algunos 1rvcn para medir los ángulos en el plano que forman las direc­ciones en el e pacio. Los in trumentos de medir ángulos pueden dividir e en tres clases: I . 0 Instrumentos gJiiográjico.r para construír directamente en el dibujo los ángulos de la proyeccionc horizontales. 2.0 Instrumentos q•¡e dan los ángulo· de las proyecciones de cada dirección con el meridiano magnético. El fundamcn to de esta clase de inscrumcn t(IS es la propied1d de la agllja imanada. 3.0 ln'trumentos gJtiométricos q•tc miden directamente, por medio de visuales, el ángulo formado por dos direcciones ó por sus proyec­ciones. La medición de ángulos verticales se estudiará con los procedi­mientos de la ni velación. SECCIÓN . l. ]nstrttmnJirJJ gJIÍ?grájicos-Pitmchetas y alidadns Los instrumentos goniográficos son las planchetas y Jos aparatos que exige su empleo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EOLE'I'Í.N MILITAR CAMPAÑA EN EL RIO MAGDALENA Segunda parte -Relato oficial (Conclusión) 647 INFORME que pre,;enta el Sr. General Comandante General de la Flotilla de gue:-ra del río Magdalena á S. S. el Ministro de la Guerra. Sr. Ministro: Cumplo el deber de presentar á S. S. informe sobre la cam­paña realizada por la Flotilla de guerra del río .l\1agdalena, que puso bajo mis órdenes el Sr. General Comandante en Jefe del Ejército del Atlántico, el día 20 de Octubre último. Fl?tilla-Han compue to la Flot:IIa de guerra las siguien­tes naves convenientemente armadas y tripuladas: cañonero Hér­cult- s, vapores C'Jlombia, Bísrn"lrt.k, tVfanut la Aycardi, Miguel Sam­per, Zea, Enrique, M a r!Ínez Bossio, Flora, Arztioquia, Peñ.asblan­cas y Alicia. En el cañonero Hérculn está situada Ja Comandancia general de la Flotilla; en el vapor Antioquia la segunda Coman­dancia, ser vi da ésta por el Sr. Coronel D. A urelio de Castro. Los vapore Fhra y Peñasblancas están destinados especialmente al servicio de avisos. Campaña y combate de Gamarra - En las primera horas del día 20 del mes próxitno pasado, fui llamado por el Sr. Comandan­te general de la 3·a Divi s ión del Ejercito permanente, con el ca­rácter de urgencia. Este alto empleadcJ me informó que había estallado un movimiento revolucionari con graves caract -res; que los alzado. se habí an apo derado, en los p a tios d e la Compañía Colombiana tle '1 ransporte , de la draga C r i st óbal C olón, vehículo poderoso que indudablemente pre taría á la rebelión s e rvicios de grande itnporta ncia, y que con el obj e to de embotellar e l cañonero Hércules y los otro buqu e s de Jo Cllales pudiera s ervirse el (,..o­bierno, habían hundido en el c :J ño q11e pone en comunicación á Barranquillz con el río, la tambi é n pode rosa draga Ayacucho. Al mismo tiempo era de pn ... vc · rse guc }r) rebeldes se hub1eran apode­rado de Jos vapores mer antes que surcaban para ese día la parte baja del río. Et Sr. General Comandante general de la 3·a División que­ría utilizar mi servicios no sólo como partidario l..:::al y convenci­do del Gobiern l e gítimo, sino también mis conocimientos y práctica en ingeniería y navegación. Ant e todo era urgente é in­dispensable remover el poderoso ob tciculo, colocado en la 1nitad del caño; obstáculo que, er concepto de ingenieros extranjeros, no desaparecería ino mediante una labor que demandaba tiempo y elementos apropiados. Apartándome de ese concepto, pedí al Sr. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 648 BOLETÍN MILITAR Comandante General de la 3·a División que pusiera á mi~ órde­nes el cañonero Hércules, y dirigiéndome en él hacia la draga hundida, logré, después de dos horas de rudísimo trabajo y me­diante operaciones que encontraréis descritas en el diario respecti­vo, hacer desaparecer el obstáculo con que la rebelión había que­rido destruír la rapidez de nuestros movimientos de ataque ó de­fensa, ó reducirlos á su última expresión (*). Investido el Sr. General Comandante general de la 3·· Divi­sión del mando en Jefe del Ejército del Atlántico, tuvo á bien confiarme, en la mañana del 20 de Octubre, el mando de la Floti­lla de guerra del río Magdalena, y aceptado el honroso encargo, situé la Comandancia general en el cañonero Hércules. En segui­da ordené que se armara en guerra el vapor Colombia, y dejé ejecu­tando esta operación á mi sahda del puerto de Barranquilla, á las 4 y 30' p. m. del mencionado día 20. Era ante todo preciso ente­rarse de los movimientos de los rebeldes, así como de los elementos con que contaban, y á toda máquina seguí aguas arriba, llegando al puerto de H eredia á las 7 a. m. del día 21. Allí se me informó lo siguiente por persona amiga : los rebeldes contaban con los vapo­res: draga Cristóbal Colón, Elbers, Cisneros, Barranquilla, Elena y Gieseken Ringe. Añáda: e á ellos el Antioquia, apresado en el puerto de Marengo la noche de] 19. A todo golpe se dirigían los rebeldes aguas arriba, y en seguida de obtener aquellas noticias, retrocedí á Calamar con el objeto de ponerme en comunicación con el Sr. Jefe Civil y Militar del Departamento de Bolívar, así como para acti­var el blindaje del vapor Colombia, que encontré ya en ese puerto. Quería, además, dejar tiempo para que los rebeldes tomaran una resolución sobre los numerosos pasajeros que conducían los buques mercantes apresados, entre los cuales se encontraban señoras y ni­ños. Más tarde supe que esos pasajeros habían sido dejados en Zambrano En Calamar recibí te! grama del Sr. Jefe Civil y Militar del Departamento, acon ejando que para atacar la flotilla enemiga se aguardaran refuerzos de Barranquil1a. En Consejo de Oficiales ge­nerales, compuesto del suscrito y los Generales D. Elías Rodrí­guez y D. Ignacio Folíaco, se trató el punto, y el Consejo fue de opinión, previa exposición de razones, que debía continuarse inme­diatamente la marcha sin aguardar aquellos refuerzos. Comunicada esta resolución al Jefe Civil y Militar, éste se adhirió á ella (**). ( ) Sobre este detalle descansaba el plan de la revolución. L. D. •' Ojlcial-Urgente-Cartagena, 21 de Octubre de l899 General D. de Castro-Calamar. Como anuncian que venían vapores Lafaurie y Manuela .Aycardi espérelos para que suba con los cuatro buques juntos. General Vélez y Román aquí conmigo. Ciudad bien inspirada. Jefe Civil y Militar, GÓMEz PÉRF..Z (Véase la página siguiente) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 649 Comprendí claramente que la flotilla rebelde llevaba dos ob­jetivos: esperar en Puerto Nacional ó Bodega Ocaña fuerzas de Santander en número suficiente para marchar luégo sobre Barran­quilla ó subir á marchas forzadas hasta Puerto Wilches, donde blindarían sus naves poderosamente, haciendo uso de los rieles. Logrado cualquiera de los dos objetivo~, la rebelión hubiera toma­do grande incremento, y había que impedir á todo trance la propa­gación c-lel incendio. A marchas forzadas seguí, pues, sobre los rebeldes, y acaso me hubiera sido posible darles caza antes, si el vapor Colombia hubie­ra tenido mayor velocidad como lo verá S. S. más adelante. Al mismo tiempo que remontaba el río, ocupábame en el res­tablecimiento de las líneas telegráficas, destrozadas por los rebel­des; en volver á sus puestos las autoridades legítimas desconocidas, y en levantar el entusiasmo de nuestros amigos, quebrantado por las f?lsas noticias que propagaban á su paso los rebeldes. Llegué á Magangué el dí2. 23 á las 4 y 50 a. m. Lugar es éste donde la rebelión encontró terreno propicio para desarrollarse: allí hizo sus primeras víctimas; de allí sacó recursos nada despreciables. La au­toridad rebelde huyó á mi llegada. El día 23 me ocupé en verificar ciertos trabajos en el caño­nero Hércules, para poner en mejores condiciones de ataque la artillería. Al efecto hice desmontar la ametralladora Colt del lugar en donde la encontré ituada, para colocarla sobre la casilla de los prácticos, donde, por razón de la altura y mayor radio de acción, sus fuegos fueran mortíferos y decisivos sobre los buques enemigos, por blindados que e tuviesen. Creo que á esta medida corresponde, en mucha parte, el éxito obtenido en el combate <.le Gamarra. En la noche del 24 la lucha con la flotilla enemiga, si ésta e encontrabaen Puerto Nacional ó Bodega Ocaña, era inmhente. En e a expectativa retrocedí en bu ca del vapor Colombia, el cual necesitaba como elemento estra­tégico y no alcanzaba á divisar siquiera. Con pena me enteré de que tenía un daí1o su maquinaria, motivo por el cual lo encontré fondeado frente á C.1imital á las 5 y 30 p. m. ·rransmití las ór­denes é instrucciones necesarias para que el daño fuera reparado en seguida, y continué aguas arriba, pareciéndome divisar á ?OCO el buque Mosca, enemigo que después supe lo era el Gieseken Ringe. El terrible combate se empeñó á las 1! y 30 p. m. del día 24 y terminó á la I y 30 a. m. del día 25. Los buques enemigos eran siete: draga Cristóbal Colón, Elena, Cisneros, Antioquia, Barranqui- Urgente-Ojicial-Cartagena, 21 de Octubre de 1899 Generales Diego A. de Castro, Rodríguez y Folíaco-Calamar. Aplaudo vuestra resolución de partir inmediatamente en busca flotilla rebelde, toma­da en Consejo de Oficiales generales. Tengo plena confianza en el triunío. (Firmado), GóMn Piazz. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 650 BOLETÍN MILITAR lla, Elbcrs y Gieseken Ringe. Los nuéstros apenas dos: el cañonero Hércules y el vapor e,¡, nbia. El plan de ataque y defensa, el parte detallado, lo informes r..:11didos por los jefes de las naves nuéstra~ que entraron en batalla, el croquis de ésta y el cuadro de distan­cias, todos estos docume : Jt ')~ los encontrará S. S. adjuntos al pre­sente informe, debidJ.m ... nte autenticados y numerados. No me tocJ, c:ertamente, apreciar L.ts consecuencias del triun­fo obtenido por las armas nacionales en el combate de G-amarra; mas sin inc:urrir en inmodestia, puedo asegurar á S. S. qu~ al no hab~r sido de:>truídJ totalmente, c:.>:no lo fue, la flotilla rebeld:!, la guerra habría tomado proporciones gigantesca·, y la Co>t1 atlán­ticJ. cor. ido gran peligro. Al día siguiente de aquel de:;calabro de los reb:ld.:s, se presentaron á Aguachica, lugar qu~ dista de Puer­to Nacional y Bodega Ocazía cuatro leguas, los Jefes de ellos, Ge­nerales Durán, Lvpeira y G..1ray, con 6::>J hombres, s~=> de ellos bien armados, que venían á reforzar la flotilla por orden de uno de los Jefes de la rebelión, Dr. Julio A. Vengoechea. No habiendo enemigo que vencer en el río, y juzgando ne­cesaria la bajada de la flotilla, dispuse contramarchar á Barranqui­lla, encontrando en el tránsito el resto ~e aquella que no alcanzó á tomar parte en la batalla de Gamarra. Despachado de nuevo por el Sr. General Comandante en Jefe del Ejército del Atlántico, salí del puerto de Barranquilla el día 30 del m~:> pn)xuno pasado, para realizar los movimientos de que he dado cuenta á S. S. desde Puerto Berrío. Servicio qu~ presta la Flotilla - A mi retaguardia que­dan: el vapor .Antioquia, que monta el segundo Comandante de la Flotilla, Coronel D. Aurelio de Castro, y el vapor Manuela Ay­cardi, haciendo el servicio de cruceros entre Puerto Nacional y Boc.1s del Lebrij2.. El objeto de esta mediJa es el siguiente: el rebelde Hil..trio Meneses se encuentra en el río Lebrija con nu­merosas partiJa:; armadas y apoder<:~do de las lancha de vapor de la Emprc'i:l. d-.. Transporte· de S to, cometiendo los m1yores atro­pello$ y violencias. Es nece:>ario destruírlo si intenta salir, como lo hiz ya una vez, al río Magdalena. Juzgo conveniente que de Bucaramanga salgan fuerzas que batan e:>te impenitente rebelde. El vapor M7rtÍn¿z BJssio salió de BoJega Central el día 6 del presente á las 5 y 30 p. m., con destino á Barranquilla, condu­ciendo al Sr. Dr. D. José Manuel Goenaga G., Jefe Civil y Mili­tar del Departamento de Bolívar, y fuerzas organizad.1s en Antio­quia al mando del Coronel Laureano García. Los vapores Zea y Migud S.unpcr hacen el servicio d~ cruceros entre Sitionuevo y Girardá, puntos estratégicos, situado el uno en la ribera del De­partamento del i\1agdalena, \ el otro en la de Bolívar; servicio que se presta con el objeto de impedir que los rebeldes de uno y otro Departamento se presten mutuos auxilios ó se concentren en una sola región, como p:1.rcce ser su objeto vi ible. El vapor Alicia, que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLI!~1'ÍN ~IlLI'l'AR 651 su be á marchas forzadas, encontrará orden mí a en Puerto Berrío, de ponerse á órdenes del Sr. Gobernador de Antioqui;J . .El aviso Ptñasblancas está á órdenes del Jefe Civil y Militar de i\1agangué, Coronel Santiago Alvarez, quien siguió en él á Sucre y Majagual, á levantar fuerzas. El aviso Flora sirve de comunicaci¿n e!ltre Calamar y Ba­rranquilla, pues la línea telegráfica entre estos Jos lugares aún no se encuentra restablecitla. El vapor Bísmarck queda encargado del transporte de brigadas que se destinan á la movilización de.fuer­zas sobre la Provincia de Ocaña. Elementos dd enemigo-En el combate de Gamarra se hundi6, como Jo verá S. S. por el respectivo parte, la draga Cristébal Colón y fueron apresados los vapores Elena, Cisntros, Elbers y Barranquilla. El vapor Antioquia, que en momentos de la acción salió en fuga aguas a bajo, fue apresado por la retaguardia de nuestra flotilla, y por sus condicione~ de solidez y velocidad lo hemos utilizado en nuestro servicio. El vapor Gieuken Ringe, que salió aguas arriba también en fuga, fue abandonado por Jos rebeldes en Bodega Cen­tral, y sus tripulantes lo echaron aguas abajo, entregándolo tam­bien á la retaguardia de nuestra flotilla. La draga Cristóbal Colón pertenecía al Gobierno Nacional, y de su usufructo gozaba la Compañía Colombiana de Transportes, en virtud de contrato celebrado entre ésta y aquél para la limpia y ct~nalización del río Magdalena. El vapor Elena perten('ce á la Compañía Fluvial de Cartagena, empresa americana. Los vapores C:sntros, Barranquilla y Elbers son propiedad de la Compañía Colombiana de ·rransportes. El vapor Antioquia á los Sres. Ma­chado, Grau y Compañía, y el Girseknz Ringe á la Empresa Ale­mana de Navcg~ción Fluvial. También fue tomado por los rebel­des en J\lagangué, y luego abandonado, el vapor Magdalena, igual­mente de la Colombiana de Transportes. Con honrosas y contadas excepciones, ayuellos vehículos fue­ron entregados por sus tripulantes voluntaria y Pspontáneamente á los rebeldes, pasando aquéllo á de. empeñar, una vez armados en guerra, las mismas ó má altas funciones que desempeñaban antes en los buques mercantes. Me permito llamar muy especialmente la ~:tcnción de S. S. sobre tan grave cuestión, porque si dichos tripulantes, a í corno todos los revolucionarios empleados en las emprc.as de tranc:porte, no reciben un castigo ejemplar y severo, las guerras volverán á ser endémicas en Colombia, y habremos re­tr:> ccdido "á los luctuo.os tiempos de la anarquía organizada." Me permito igualmente recordar á S. S. que el Sr. General D. Rafael P cye Jict<) en la guerra de 1895 un Decreto sobre policía de nc:vegaciün y ferrocarriles, en su ct~rácter de Coman­dante en Jefe del Ejt:rcito dd Atbntico, río Magdalena y Santan­der, que fue debidamente ar,rob;Jdd por el Supremo Gobierno. En ese decreto se dispuso que los e m pleacios de naves .ó ferrocarriles que entregaran voluntariamente dtchos vehículos á los rebeldes, co o LA REPlJBlfCA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 652 BOLETÍN MILITAR serían ju'l.gados y castigados como traidores, y que al ser tomados aquéllos nuevamente por el Gobierno, se reputarían botín de guerra. U na comisión eacargada de investigar rápida y enérgicamen­te la responsabilidad en que hayan incurrido tales empleados, sería convenientísirna, pues de otra manera la lentitud de los proceso, ordinarios y las contemplaciones indebidas harían casi inmune­aquellos graves delito;; contra la seguridad del Estado y la paz pú­blica. Contrayéndome especialmente á la Com,pañía Colombiana de Transportes, diré á S. S. que tengo una alta idea del espíritu de imparcialidad y respeto á las autoridades legítimas de que está animado el Director de ella, D. Jacobo Cortíssoz; pero el jefe de los talleres de esa empresa el Sr. Alejandro M'Causland, si ha estado públicamente en inteligencias con el Sr. General Uribe Uribe, según consta de manifestaciones insertas en El Autonomis· ta, firmadas por dicho Sr. M'Causland y por todos sus subalter­nos. Bajo el pretexto de asociación industrial, formó un Club po­lítico al que concurrían todos sus obreros; de lo1' talleres alejaba sistemáticamente á los que eran partidarios del Gobierno, alegando incompetencia ú otro cualquier motivo. Todo eso puedo asegurar­lo á S. S., porque como ingeniero mecánico, desempeñé las mis­mas funciones del Sr. M'Causland en la Compañía Colombiana, bajo la administración del finado Sr. D. López Penha J r. En los talleres puestos al cuidado del Sr. M'Causland, y al calor de sus fraguas, se forjaron las herramientas que hundieron la draga Ayacucho, y aun hay quien asegure que el remedo de cañón de que se sirvieron los rebeldes en la Cristóbal Colón. {/olores-Los fondos de que ha dispuesto la .Fotilla de guerra han sido manejados con escrupulo:sidad y orden por los Contadores de los respectivos buques, con las mismas riguro;;as formalidades que en tiempo de paz, sin que haya intervenido para nada en tales opcracione e ta Comandancia g~ncral. Peticion de empleados y gu~rnición dd "Hércules"-Adjunta en copia encontrara S. S. una solicitud que me han dirigido los empleados y g;uarni i6n del cañonero Hcrcules, que he pa. ado al Sr. General Jefe de Estado Mayor general del Ejército, debida­mente apoyada, y que recomiendo al estudio de S. S. C'Jnclusión-Creo haber correspondido á la confianza que en mí depositó el Sr. General Comandante en Jefe del Ejército del Atlántico, como el más alto representante armado de un Gobierno ju to y honrado, al que reitero, por el honorable conducto de S. S., la protesta de mi inquebrantable adhesión. Dios guarde á S. S. El General Comandante general de la Flotilla, D. A. DE CASTRO A bordo del cañonero Hércules, La Dorada, 10 de Noviem­bre de 1899 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :bOLET:fN MILITAR 053 SECCION DOCTRINAL SEGÚN LOS RUSOS* Arreglado para el Boletín Militar ÜFENSIVA **-Los exploradores reconocen la posición del enemi­go, y del conjunto de informes que ellos suministran, y, si es posible, de lo que el jefe ha visto por sí mismo, deduce el plan á que habrá de sujetar el ataque. Bajo la protección de la vanguardia el asaltante toma la formación de reserva, y luégo, LUando se dan las órdenes definitivas, la formación de combate. La vanguardia p:1sa directamente del orden de marcha á la formación de combate. En tanto que el grueso se reúne, el jefe da las instrucciones del caso á sus subordinados inmediatos, quie­nes se habrán agrupado en torno suyo: él les indica el fin que persigue; designa cuáles unidades constituirán la línea de combate y cuáles las reservas; determina las misiones particulares que pueden incumbir á ciertas unidades de la línea de combate; les hace conocer el emplaza­miento previsto para las reservas, el punto ó puntos de reunión, el lu­gar donde se aparcarán las cajas de cartuchos, y el sitio que él ocupará para dirigir la brega; señala, además, cuál unidad marcará la dirección y qué medidas rleberán tomarse para garantizar la seguridad de los flan­cos. En una palabra, para los rusos el combate ofensivo presupone dos períodos perfectamente distintos: el preparatorio y el del asalto. Es de observar que si la tropa que ataca es de corto efectivo, lo mismo que la vanguardia de una mayor, adopta la formación de com­bate desde el principio, de suerte que sólo las grandes unidades pasan por la formación transitoria de rettJJi ÓJJ, á menos que no se trate de una batalla de encuentro, en la cual debe tomarse á cualquier precio la iniciativa de las operaciones. a) PreparaciÓJI del tlJa!to-Las compa!ÍÍas destinadas á formar la cadena avanzan en línea desplegada ó en columna de sección por el flanco. A z,ooo pasos del enemigo se forman en una sola fila, y á par­tir de tal momento ganan terreno á un paso lento y calmado, no dete­niéndose á hacer fuego sino cuando blancos favorables se les presentan en su camino. Al llegar á una distancia de 1 ,ooo á 1,400 pasos de la pos1ci6n del adversario, rompen el fuego si excepcionalmente no lo hu­bieren ya principiado. Esta primera enzarzada será á veces bastante • Hace algunos años el General Skugarevski, partidario del fuego, y los Generales Puzyrevski y Dragomirow, partidarios del choque, suscitaron en la prensa militar una viva polémica, la que obligó al Gobierno á nombrar una Comisión que elaborara un proyecto de reglamento, el cual, experimentado en 1896, revisado al año siguiente, y so­metido de nuevo á la práctica, será en breve reglamwto oficial para 13 instrucción de las tropas. Caracteriza á este reglamento la no admisión ele movimientos rctrógraclos para pasar de una formación á otra y que los desplazamientos y cambios de dirección se ejecutan por el flanco, ó sea se han llevado las cosas á su m1yor sencillez, sin cuidarse de los ceremoniosos movimientos que aún existen en otros ejércitos. •• La formación de combate comprende la línea de combate y la reserva. La pri­mera se subdivide en cadena y rcsPrvas de batallón; la segunda en resenas esper.iales y r~serva generul. Las distancias ó intervalos serán tales, que cada cual pueda socorrer al vecino, en un momento dado, sin perjud1car las evoluciones de los demá•. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 654: BOLETÍN MILITAR a~a!orada para que la cadena requiera un refuerzo en hombres y mu­niCIOnes. Entre tanto el Jefe habrá completado sus disposiciones definitivas para la lucha formal, y la dirección podrá ser fijada ya con acierto y definitivamente. En seguida los cambios de posición se harán por regla general en toda la línea y de un modo simultáneo: si el terreno fuere cubierto ó dobl ~, las secciones se plegarán para avanzar con mayor co­modidad, y cuidarán de ligarse entre sí por soldados dichos de tontxión; se evitará el empleo del paso gimnástico á fin de ahorrar á las tropas las fuerzas que exigirá el asalto, pero esto no impide que cuando así con­venga, unas compañías ganen á la carrera una nueva posición de avance, para salvar los sitios peligrosos, en tanto que otras, en la anterior, man­úenen el tiroteo: estos movimientos por escalones, que son la excep­ción de la regla, se ejecutan sólo por las compafiías que tienen al fren­te una posición ventajosa. Cuando la nectesidad se impone, en especial en tropas muy quebrantadas por el fuego enemigo, el movimiento de avance se ejecuta hombre por hombre; este sistema, que propuso hace años el General francés Lewal, quien lo llamó de insinuación, muy prác­tico en los ejercicios, puede serlo mucho menos en el campo de bata­lla, donde la energía de oficiales y clases tendrfa que vencer el instinto de la conservación que se desarrolla de un modo especial en el hombre aislado. Los altos de la cadena serán lo más corto y lo menos frecuentes posibles. El General Dragomirow ha prohibido terminantemente á sus tropas doblar la rodilla ó echarse á tierra durante esas detenciones, ob­servando que si herir á un hombre no es cosa fácil, en el polígono, des­de que se tira á más de 300 pasos, lo racional es apresurar la marcha en el combate hasta reducir la di s tancia que separa á los contendores. A fin de favorecer el movimiento de avance, á menudo se destaca sobre el flanco una fuerza que ocupe una posición ventajosa y tire sin cesar mientras la cadena avanza, y que suspende el fuego tan luego corno lo rompe esta última. A 500 pasos del enemigo, el fuego será ya tan intenso como sea posible; las reservas habrán avanzado en las forma ciones que las expon­gan lo menos que se pueda al tiro del enemigo: compañías en colum­nas de sección par el flanco, al tresbolillo 6 en escalones, 6 bien desple­gadas, con las filas abiertas y las secciones al trcsbolillo. Las tropas de reserva de una misma unidad se reúnen hasta doude sea factible, y la reserva general avanza tras la posición m1s débil de la cadena, 6 hacia el punto elegido para el ataque decisivo. La diHancia que separa las reservas de la cadena será siempre inferior ~ la que exista entre ésta y la línea enemiga, regla de sencilla aplicación, que facilita la utilización bien entendida del terreno, abre campo á los movimientos de la reserva y procura seguridad á los tiradores de la cadena. b) .Asalto-En el momento en que el fuego está á punto de terminar su obra las reservas se juntan á la cadena, sin mczclarst con ella si esto fuere posible: llegó el turno á la bayoneta; las filas se cierran, las secciones forman grupos compactos, los tambores y cornetas tocan á la carga, resuenan las músicas, el objetivo es conocido de todos, y en este ¡nomento la consigna de jefes, oficiales y soldados es avanzar de: frente, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLETÍN MILITAR 655 8in preocuparse por lo que pasa á sus lados. La marcha se ejecuta á un paso rápido, vivo, nervioso, tratando de alinearse la tropa sobre los que van más ade!ante y se hace fuego al marchar si el asalto no se da desde muy cerca. El General Dragornirow dice á sus soldados: "avanzad por enjambres durante la preparación por medio del fuego ; agrupaos para el ataque á la bayoneta: la bofetada se da con el puño cerrado y no cou los dedos abiertos." El ataque á la bayoneta no se produce forzozamente al mismo tiempo en todos los puntos de la línea ; cada compañía debe tratar de alcanzar al adversario lo más pronto posible ; al grito de hurrah ! lan­zado por un jefe repetido por los oficiales y sargentos ¡::rimeros y en seguida por los soldados se lanzan éstos sobre el enemigo á paso de carga repitiendo la voz con acentos prolongados. La persecución será enérgica en extremo, y esta faz del combate también resulta marcada de un modo especial: el fuego que se emplea en ella es el fuego rápido. Hasta el momento decisivo se conserva dis­ponible una porción de la reserva, á fin de hacer frente á los contra­ataques posibles del enemigo. Cuando el asalto fracasa, la retirada se ejecuta á paso calmado y en el mayor orden; tiradores aislados se detienen, dan media vuelta, disparan su fusil y en el acto tornan á reunirse con la cadena: las frac­ciones que encuentran posición conveniente hacen alto para contener un tanto al enemigo con sui fuegos y se protegen mutuamente en 8U retroceso. El progreso ha sido evidente en Rusia, porque antes de 1881 cualesquiera que fueran el terreno y las circunstancias, el combate debía desarrollarse del mismo modo, por lo cual el General Skugare­wiski hacía al reglamento entonces en vigor las siguientes objeciones: 1.0 , invariabilidad en las disposiciones; 2..0 , falta de reconocimiento previo; 3.o, cadena muy débil y por lo mismo preparación insuficiente con el fuego, refuerzo prematuro de ella y mezcla inevitable de la8 unidades; 4.0 , uso constante de los saltos sucesivo'> por pequeñas frac­ciones para el avance á partir de la distancia fija de I,ooo pasos. En la actualidad los exploradores reconocen la pocisión adversa, desde el principio se despliegan compañías enteras á fin de obtener la superiori­dad del fuego, se evitan los avances por pequeñas fracciones y se deja campo á la iniciativa inteligente de los oficiales. DEFENSIVA-La defensa de una posición entraña igualmente dos actos sucesivos: en primer término hay necesidad de quebrantar al ad­versario por medio del fuego, y en seguida es preciso responder á su asalto con un contra-ataque. Al principio, si el terreno lo permite y la defensa dispone de más de un batallón, adelante de la posición se ocupan ciertos puntos para obligar al enemigo á que se despliegue y re­vele sus intenciones. Las tropas á las cuales se confía esta misión, cui­darán de no dejar que el enemigo se les aproxime mucho, porque en­tonces podría penetrar tras ellas á la posictón propiamente dicha. Esas lí­neas avanzadas pueden á menudo concentrar el combate sobre puntodis­tinto del escogido de antemano por la defensa y casi siempre perturban­el fuego de las tropas que ocupan la línea de resistencia formal. Las fuer­zas q uc constituyen la línea avanzada con frecuencia quedan expuestas á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAll. un destrozo casi seguro, y la historia menciona muy contados casos en que el procedimiento haya dado buen resultado, lo cual no obsta á que los rusos lo conserven; y en verdad que cuando es posible emplearlo como se debe, contribuirá de modo eficaz á la victoria. Tan luego como se conoce la direcci6n del ataque, una cadena de tiradores, tan densa como lo permita el terreno, ocupa el linde de la posici6n organizada defensivamence, y las reservas se establecen más cerca que en la ofensiva. Sobre tropas enemigas en mnvimiento el fue­go se hace con intensidad, la cual disminuye si se trata de fracciones que han hecho alto, y sobre todo si están abrigadas: la intensidad llegará á su máximum cuando el adversario está pr6ximo, y si éste se lanza al asalto la cadena ejecuta el fuego de repetici6n (rápido) 6 tira por des­ct~ rgas; las reservas, acercadas Jo más posible durante la brega, y que habrán permanecido en orden cerrado: no emplean sino la última de esas dos clases de fuegos, lo que parece difícil en la práctica á causa del ruido que producirá el fuego rápido de los tiradores. Puede suceder que el fuego, á pesar de su intensidad, no detenga el asalto del enemi­go, siendo preciso entonces proceder al contra-ataque. En el momento en que las tropas del adversario van á penetrar en la posici6n, la cadena y parte de las reservas, íntimament' reunidas, se arrojan sobre aquéllas á la bayoneta; otras fracciones tratarán de caer sobre una de las alas de aquél. A decir verdad, el momento en que se lance el contra-ataque depende de la naturaleza de la línea de defensa: si es tál que sea fácil introducir el desorden en las filas enemigas en el momento en que penetran en ella, se deja llegar esta oportunidad, los defensores retroceden un poco, envían al adversario un par de descar­gas á boca de jarro, y en seguida lo atacan á la bayoneta. Si la posi­ci6n no favorece ese desorden, el contra-ataque se ejecuta antes de que el asaltante llegue á la línea de defensa. Si el contra-ataque resulta eficaz, cadena y reservas persiguen al enemigo á balazos y se preparan á rechazar un segundo a alto, aun cuando de ordinario el asaltante, muy quebrantado con el esfuerzo an­terior y fa] to de reserva, no pensará en renovar e 1 gol pe: el defensor debe aprovechar esas vacilaciones y pasar resueltamente á la ofensiva. En la instrucción es preciso llevar al ánimo del soldado esra idea: que el mejor medio de defenderse es atacar: las masas, lo mismo que el hombre solo, á la vez que resisten deben estar listas para coger al vuelo la ocasi6n que se les presente para asestar algunos buenos golpes. Por lo común el ataque de frente no será el principal: fracciones de la cadena 6 de la reserva, que rebasan la línea de combate, á veces dispuestas en escalones, intentan movimientos envolventes sobre una 6 sobre ambas alas. La defensa debe cuidar, por lo mismo, no de­jarse arrastrar á extender su frente con exceso y vigilar los movimientos de flanco que el enemigo pueda tentar á cubierto, para lo cual forma martillos 6 zigzags defensivos, y mejor aún, dirige fracciones de la re­serva sobre el flanco de las tropas que intentan el movimiento en­volvente. Cuando el asaltante obtiene la victoria, una reserva de escaso ~fectivo protege la retirada¡ la cadena 6 los tiradores utilizan para Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR hacer fuego las posiciones sucesivas que le ofrezca el terreno (•).: Si se trata de los tiradores, éstos se unen á la cadena tan luégo como han disparado. ÜP.!RACIONES DE NOCHE-Las operaciones nocturnas se confían á de,._ tacamentos de poca fuerza. En la ofensiva el orden de marcha se con­serva el mayor tiempo posible y no se dispara; llegado el momento del despliegue, éste se hace en grupos com!'actos; en gran número se emplearán las patrullas para vigilar los flancos y enlazar las tropas; por medio de linternas !>e marcan los puntos que indique el jefe, en espe­cial los setialados para plazas de reunión y donde se situará él para re­cibir partes y expedir órdenes. No se lanza el grito de bttrrab! sino al caer sobre el adversario y la tropa se prepara á rechazar todo retorno ofensivo del defensor. La defensa observa los mismos principios, y además en las noches de luna y á pequeñas distancias emplea los fuegos por descargas. EL FUEGO Y EL CHOQUE-Natural es ahora averiguar las ideas que tienen los rusos sobre la parte que en la lucha corresponde tanto al fuego como á la bayoneta. La bala-El fuego á cortas distancias es el elemento á que se atri­buye la acción más seria en la 1 ucha. Los jefes tratan de ob[ener una completa disciplina del fuego, de apreciar con exactitud las distancias é indicar los objetivos del tiro con toda claridad. Los jefes de batallón tienen la dirección del fuego; en las compañías el oficial que manda los tiradores de la cadena resuelve si se emplea el fuego á discreción 6 el de descargas y señala el objetivo de acuerdo con las órdenes recibi­das; los jefes de sección (sargentos) indican el alza, dan las voces de man­do del caso y reglan la velocidad del tiro: si observan cansancio en los soldados suspenden el fuego por unos instantes; los cabos cuidan de la buena colocación del alza, de la utilización racional de los abrigos y del terreno, y de que los soldados no disparen sin apuntar. Los oficiales aprecian las distancias principalmente con el binóculo-telémetro Sou­chicr, de que existe un ejemplar en cada compañía. Los fuegos que se usan en el combate son los individuales y los de descargas. Los individuales pueden ser lentos 6 rápid~s; los fuegos por descargas se ejecutan por sección y se usan á todas las distancias, pero no se emplean sino cuando la tropa puede oír distintamente las voces de mando respectivas. Además, las tropas en formación cerrada sólo tiran por descargas, en tanto que si las filas se han abierto, cabe también el tiro rápido. Evidentemente los rusos reaccionan contra las primeras impresiones que en ellos dejó la guerra de I 877 y 1878, y reconocen los peligros á que conduce el uso de las descargas por todo y para todo; de seguro recuerdan la máxima de Napoleón: "Fren­te al enemigo el único fuego práctico es el fuego á discreción," y aun entre ellos ya hay algunos militares que afirman no ser ciertos muchos de los fuegos por descargas mencionados en las relaciones de las guerras modernas. ~·) Eatos puntos, tanto en la ofensiva como en la defenaiva, deben ser previa­mente reconocidos por oficiales de Eatado Mayor para aprovecharlo• mejor-L. D. a Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILiTAR El fuego individual lento se emplea contra toda clase de objetivos hasta soo pasos de distancia, hasta I,ooo cuando se trata de grupos, y á mayor lejanía sólo sobre las formaciones vulnerables. Los mejores ti­radores se dedican exclusivamente á hacer fuego sobre los Estados Ma­yores, los jefes, abanderados, y todos los demás objetivos análogos, cual­quiera que sea la distancia y el efectivo de tales blancos. A un toque de silbato cesa el fuego, y Jos tiradores vuel venJa vista hacia su jefe. En tesis general, los fuegos rápidos preceden inmediatamente al asalto. La importancia relativa que se atribuye á los objetivos, hace que se escoja éste de preferencia á aquél, dejando en segundo término la pro­babilidad que haya de herirlos. Los que en un momento dado consti­tuyen un obstáculo para alcanzar el designio perseguido en ese mismo instante, ó bien amenazan convertirse en un peligro serio, son mirados como los que interesa herir de preferencia. N o se abandona un objeti­vo por otro sino después de haber concentrado el fuego sobre el pri­mero durante un cierto tiempo. En la ofensiva las baterías enemigas son por lo general los prime­ros objetivos favorables que se presentan al asaltante; en seguida el fuego se dirige sobre la cadena adversa que las fracciones designadas tratan de envolver; las tropas del enemigo que lleguen á dejarse ver en formaciones cerradas son blancos que nunca se debe descuidar acribi­llar á balazos; antes del ataque á la bayoneta el fuego se concentra sobre el punto que es preciso conquistar. Naturalmente la defensa se encuentra en mejores condiciones que el ataque si se trata de la elección de los objetivos para el tiro: de pre­ferencia elige las baterías del adversario y las tropas en formaciones compactas; sobre la cadena enemiga no dispara sino cuando sus movi ­mÍI'! ntos ó altos se ejecutan al través de terreno descubierto, pues fuera de esos dos casos sólo algunos buenos tiradores dirigen sin cesar sus proyectiles sobre dicha cadena. Cuando la artillería ele! agresor tiene bajo su fuego una porción de la línea de defensa, se encarga á una frac­ción de la cadena de responder á las baterías, y el resto dirige sus pro­yectiles precisamente sobre las tropas enemigas que estén delante del objetivo que haya elegido !.U artillería, y en verdad que de ordinario á esas tropas se habrá encargado el ata'!ue principal. A menos de 6oo pasos los objetivos se eligen únicamente en la cadena del adversario. El número de cartuchos que lleva consigo cada soldado es supe­rior á lo que se acostumbró durante la guerra ruso-turca: se quiere evitar la repetición de los numerosos accidentes que en las batallas de esa lucha fueron consecuencia de la falta repentina de municiones en el campo de batalla; pero en las maniobras los 'jefes cuidan de llamar la atención sobre los gra,.ísimos inconvenientes que entraña el exagera­do consumo de cartuchos, en especial en la ofensiva. Los carros de mu­niciones deben situarse por lo menos á la altura de las reservas de regi­miento: de día banderolas rojas y de noche linternas verdes, permiten distinguirlos fácilmente. Un oficial es encargado de satisfacer los pedi­dos de municiones que le hagan los cuerpos y de dirigir los carros á los emplazamientos convenientes. Los jefes de las diversas sectore~ de la cadena (compañías) desta­~ an dos 6 tres soldados hacia las reservas de batallón1 y en los batall<:>- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 659 nes se designan algunas fracciones que contribuyan al municionamiento de la tropa: los soldados de esas fracciones se desprenden de la mitad de las municiones que tienen en cartuchera, y un cabo retorna con ellas y los soldados destacados para llevarlos á la cadena. El cabo y los soldados no vuelven á reunirse á la unidad á que pertenecen. Las reservas de batallón se reamunicionan en los carros, y cuando éstos se han podido acercar suficientemente, los cartuchos para la cadena se toman en los mismos vehículos. b) La bayoneta-La parsimonia con la cual emplean los rusos sus reservas en el primer período de la ofensiva, muestra de un modo claro que esa infantería, aun cuando trata de obtener la superioridad en el fuego antes del asalw, no acuercia á dicho elemento la confianza ni el valer que le dispensan los demás ejércitos de Europa. No es raro en verdad que en los campos de maniobras las reservas de batallón no en­tren en línea sino á 500 y aun á 400 pasos del enemigo figurado, de suer­te que si suponemos que la división de infantería al pie de guerra empeñe el combate con el mínimum previsto de reservas (7 batallones), podría sucederque cosa de 6,ooo hombres, poco menos de la mitad de la divi­sión, avance hasta 400 pasos del enemigo y aun hasta la posición de éste sin haber hecho un solo disparo de fusil : de ordinario fSa cifra variará~ pues el su puesto queda hecho sobre el mínimum de reservas. Así pues, para los rusos el aftlqlle á la bayoMta es no uno de los medios de obtener la victoria, sino d elemtnto principal para conseguirla (•). Por esto, en virtud del precepto dragomiroviano que dice que "en la guerra no se hace bien sino lo que se tiene costumbre de hacer bien en tiempo de paz," la instrucción del asalto en los campos de maniobras adquiere una importancia de primer orden. Y la tarea es hermosa por cierto para los que mandan: inculcar en el ánimo de oficiales y soldados la convicción de que es preciso llevar el asa! to hasta su término, suceda lo que suceda y sin mirar atrás ; enseñar á fijar con claridad el objetivo, á coger al vuelo el momen co propicio para dar el asalto, á determinar ins­tintivamente las distancias á que debe tocarse á la carga, calar la bayo­neta y lanzarce á la carrera gritando hurrah .'; á dar todos el golpe, como si se trata de un solo hombre, con energía, avanzando cada cual en línea recta y sin vacilar. En el espíritu de todos se inculca la idea de que el combate ha de ir ha · ta la bayoneta, y por lo mismo que la san­gre habrá de correr á torrentes. La práctica más importante en esta parte de la instrucción es la de los ataques atravesantes, preconizados por el General Dragmoirow hace años y mirados con grande estima por la infantería rus 1. Los ataques atravesalJtes se ejecutan escuadra contra escuadra, sección contra sección, compañía contra compañía, etc., empleando para ello como formaciones la desplegada ó la columna. Una compa­ñía, por ejemp1o, en línea desplegada, se sitúa á 400 pasos de otra, avanza luégo rápidamente 1 oo pasos, hace fuego y continúa del mismo modo hasta llegar á 100 pasos, los tambores tocan á la carga, á 50 cala bayoneta, á 30 grita hurrah! y se lanza al través de la compañía • O como lo dijo Suvarow hace un siglo ''la bala ~s loca ; la bayoneta e1 aabia."--L. D, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR opuesta: en el momento del choque se tercian los fusiles La compafiía que espera á pie firme responde al fuego que se le hace y continúa dii­parando hasta que tiene á la otra á so pasos, en el cual momento calaba­yoneta á su turno y se lanza igualmente a ' través de las filas de ella gri­tando burrah.' Los jefes y oficiales se esfuerzan por obtener de sus soldados la mayor rapidez posible en el instante en que las tropas se entrecruzan. El alto no se verifica sino cuando se ha rebasado so pasos el sitio en el cual se suponía estaba el enemigo: en el momento del alto todos cierran distancias sobre los que, durante la carrera, avanzaron más terreno:" nadie se atreve á retroceder entonces un paso," decía Suvarow, mirado en Rusia como el grande institutor del ejército, y cuyo retrato cromolitográfico se ha distribuído á todas las compañías de infantería por orden del emperador. A primera vista parece que semejante procedimiento de instruc­ción debe presentar grandes peligros; no hay tal cosa, en realidad los accidentes son en extremo raros y á la objeción del peligro que entraña ha respondido el General Dragomirow: ''N o ocurren accidentes en la enseñanza del tiro, la esgrima, la gimnástica y la equitación?" Los oficiales rusos practican gustosos los ataques atravesantes, y afirman que es excelente sistema exigir lo más para obtener lo menos; que tienen la inmensa ventaja de familiarizar al soldado con la impre­sión que produce una masa de hombres que avanza á la carrera con bayoneta calada, y que tal procedimiento está en armonía con el tem­peramento del soldado ruso, al cual puede aplicarse lo que Art Roé dijo de los franceses: "en la hora suprema en vez de impulso más bien necesitan contención." Por cuenta propia habremos de hacer ahora algunas observaciones para insistir en doctrinas otras veces sustentadas en este semanario Des­de luego si se piensa que la famosa obra de J. Bloch, en que se afirma que el ofensor será d!!struído en diez minutos en el campo de batalla, se escribió en Rusia, y e'i un año anterior al mismísimo reglamento ana­lizado, no cabe duda que lo fue para la exportación como lo fueron tantas instrucciones del Gran Federico, quien gustaba de burlarse de los tontos que acudían á presenciar las maniobras sui generis de Postdam. Además, charcas de sangre que han empapado nuestro suelo y aún no se han oreado, confirman de sobra la razón de ser los ejercicios rusos como único medio de templar á los soldados contra las cargas á arma blanca, y demuP-stran cuán grande absurdo es el de enseñarles que los fusiles de repetición han anulado para siempre la bayoneta, lo cual ha producido y producirá siempre tremendas catástrofes. Por esta razón aplaudimos de todas veras que el Ministerio de Guerra haya comparado últimamente un gran número de fusiles Grass, únicos racionales para armar nuestras tropas: por multitud de razones incontrovertibles he­mos condenado s1cmpre aquí el fusil de repetición, de calibre reducido y bayoneta-cuchillo; un fusil que como el Grass puede recibir cargado­res de sistema conveniente, pól vera sin humo en su cartucho, tiene gran­de alcance y calza proyectil y bayoneta que en realidad sirven para con­tener una carga, es sin duda ninguna el fusil ideal para ejércitos com­puestos de milicianos y conscriptos. En número anterior reproducíamos juicio tremendo de un jefe aie­PlAA ~obre el ejército inglés, y el telégrafo lo ha confirmado plenamente Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET.fN MILITAR 661 transmitiéndonos la noticia de los desastres que el ejército de Albión sufre en la actualidad en el Africa austral, á pesar de la bala dundum. Las lecciones de la propia casa y ele la extraña son demasiado elocuen­tes para que las olvidemos: ¡:e nos impone cambio sustancial en ciertos procedimientos de instrucción de las tropas; es indispensable gastar en tiempo de paz algunos millones de cartuchos y algunos cientos de pesos para ahorrar luégo al Tesoro millones de pesos como único medio de que las guerras sean lo más breves y lo más lejanas posibles S ibis pacem para be/lum. 1 1 ~·· 1 1 I.lilOOIONES :CE OEOO?w.f..F.t.f.. FISIOA CURSO DEl. PROFESOR THOULET EN LA UNIVERSIDAD DE NANCY Traducci6n libre, hecha para el Bolelí11 Militar IJ-Na.chniento é infancia de la 1.ierra La ciencia ha llegado á conocer, en sus rasgos principales, la historia de la Tierra. Para llegar á semejante resultado estudió pacientemente las varias capas roqueñas <:)u e forman la corteza del globo; observó la superposición de ellas y comparó sus carac­teres, entre los cuales distinguió un cierto número que le permi­tieron establecer un orden de sucesión y una clasificación por grupos. Después de un examen atento de los fenómenos actuales, procediend por inducción, con justicia atribuye las huellas leídas en los terrenos antiguos á causas, si no idénticas, sí análogas á las que hQy producen los mismos resultados. Los restos fosilizados de seres vivos-plantas ó animales,-encontrados en las entrañas de las roca , prestaron grandísimos servicios suministrando bases seguras para :establecer el sincronismo de formaciones al parecer distintas, y vicever a. Muchas veces se han comparado los fó iles á las antiguas medallas y monedas, cuyo descubrimiento permite fijar la época en que el suelo en cuyo seno se hallaron fue depo­sitado ó removido. A ese estudio de los fósiles se dio el nombre especial de paleontología, que tiende á desaparecer: ~1 presente, á causa de novísimos descubrimientos, la importancia del•estudio de los restos del pasado crece de un modo extraordinario, y la paleon­tología se tornó madre de dos ciencias, ó mejor dicho, vuelve á las dos ciencias de que se la separó indebidamente, la zoología y la botánica, con los nombres de paleozoología y paleobotánica, es decir, zoología y botánica de los tiempos que fueron. En efecto, antes, en las auroras cle la (zoología, creíase haber conseguido un hermoso resultado, y lo era en verdad, cuando se lograba catalogar algunos re tos de formas de origen orgánico recogidos en las cantera y en las mir1as. Esta base creyóse firml­sima en la plenitud del entusiasmo suscitado por tales descubrimien- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 662 BOLETÍN MILlTA:a. tos y por la sagacidad con que el genio de Cuvier supiera sacar par­tido de ellos; ninguna duda se abrigaba sobre frase tan célebre como inexacta, nacida en ese tiempo y repetida por todos, á sab~r: "que bastaba hallar el menor fragmento del esqueleto de un animal para reconstituírlo íntegramente, cualquiera que fuera la complicación de su estructura." Con gusto se habría reducido la geología á meras aplicaciones paleontológicas: la presencia ó ausencia de una con­cha, de un animal, bastaba para definir un terreno, para clasifi­carlo y denominarlo. Nada más se exigía, y la facilidad, dicha científica, se exageraba con el hecho de que los restos más abundantes eran las conchas de moluscos, pues limitábanse los clasificadores á apreciar vagamente su aspecto, á contar las estrías ó rugosidades de su superficie, y sobre todo á darles un nombre latino, sin preocuparse,¡ni aun sospechar siquiera los serios problemas que suscita la presencia de esos restos en un terreno. La gloria ardientemente buscada, porque se adquiría con gran comodidad, de ser el padrino de un guijarro, de una plantct, del más pequeño animalillo, ha causado no pocas ridiculeces, injusta­mente cargadas á la verdadera ciencia. En una palabra, la paleon­tología y la geología eran paleozoología y paleo botánica para el uso de personas que poco ó nada entendían de zoología ni de botánica. Las afirmaciones audazmente tranquilas de los poleontolo­gista~, con frecuencia suma desmentidas por estudios ulteriores, cesaron sin embargo, poco á poco, de deslumbrar al mundv; nu­merosos y á veces groseros errores despertaron la desconfianza del público. Adem~s, el trabajo se complicaba y hacía menos fácil: en un lote de huesos mezclados, pertenecientes á diversos anima­It> s, aún mal conocidos ó desconocidos, resultaba tarea difícil hacer la escogencia del caso para repartir á cada entidad lo que le pertene cía, ó para con un esqueleto incompleto reconstituír entero al ani­mal. En efecto, para emprenderla se necesita nada menos que saber anatomía comparada, tal como sólo la sabe quien la ha estu­diado largos años sobre los seres actuales, y de ellos remonta sus investigaciones á los que ya no son: incumbe, como se compren­de, al verdadero zóologo ó al verdadero botánico, según se trate de animales ó de vegetales. Cuanto á los géologos, bien que nadie les • rehuse el derecho de auxiliarse con todas las ciencias para alcanzar el fin que persiguen-el conocimiento de la histo­ria de la tierra,-nadie puede permitirles acomoden para su ex­clusivo uso una zoología ó una botánica especiales, lo mismo que les está vedado inventar una matemática, química ó física distin­ta de las ciencias que debidamente llevan esos nombres. * • Lo que el autor señala en u pattia como hístorh ya vieja, e aquí aún p1·esente ¡ tanto así se ha de ·cuidado e ta clase de estudio . Veamos un ejemplo: re· cieutemente una revista que goza fama de .eria publicó un e .. tudio s•>bre las sali­nas, que llam6 científico su autor, y e redujo) á reproducir lo · di lates geol6gicos del austriaco Karsten, tiempo bá refutados en el mundo cientffico europeo: baste Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 663 Asistimos á una reconstitución completa del pasado, lo mis­mo en historia propiamente dicha que en historia natural; al pre­sente se trabaja en resucitar cada época hasta en sus ínfimos detalles, tanto más interesantes cuanto más característicos sean. Cuando la época de que se trata apenas dista algunos siglos, antro­pólogos, arqueólogos, numismáticos y paleógrafos adunan sus esfuerzos y mancomunan sus ir:Ivestigaciones para evocar íntegro el pas:1do: costumbres, trajes, artes, creencias, errores, vicios y vir­tudes. De esta suerte Egipto, Asiria, Grecia, Roma, la Edad Media, surgen ante nuestros asombrados ojos de la noche que los envolvía. U na figurilla de Tanagra) el escritorio usado de un es­cribano egipcio, un jirón de tela, cualquier objeto de uso diario retirado del fondo de una tumba, seducen mejor el pensamiento de quien lo observa, que la vista de una gran estatua ó de un vasto monumento. Y si se quiere reconstituír cosas viejas, no de u nos siglos atrás sino de siglos por siglos, aun cuando las dificultades aumentan en proporción, el problema resulta el mi:;mo. Quiérese, por ejemplo, trazar la carta geográfica del globo en la época silú­rica, devónica ó carbonífica, medir la profundidad de Jos mares desaparecidos y conocer la densidad y salobridad de sus aguas, la altura de montañas hoy rasadas hasta ser llanuras, la longitud, venaje y cuenca de ríos que dejaron de correr hace miles y miles de años, la antigua compo~ición de la atmósfera, la climatología, la distribución de la temperatura, el régimen de las lluvias, las circunstancias á las cuales se adaptaron las formas y hábitos de los animales, en una palabra, conocer el pasado mejor que lo que co­nocemos el presente, si es posible, tal como sucede con la luna, cuya geografía está concluída cuando aún no lo está la de la tierra. El trabajo ~e ha principiado y podemos tratar de resumirlo. Cuanto á las inmensas lagunas que presenta todavía, se colmarán poco á poco, así como todo se enlaza en el mundo, y todo es causa y con­secuencia á la vez. Si el sabio sintiera desaliento ante la inmensi­dad de la tarea, bástele recordar que todo está escrito en el libro de la naturaleza. (Continuará) R0:9ERT :.EE (Conclusión) Tras lo dicho sobre el célebre Capitán sudista, por el francés Grasset y el alemán Scheibert, parece natural insertar el juicio de decir que el autor es c ribe cn .táceo, y h ace qnince año el Congreso geológico adoptó la terminación iro para lo$ terrenos; que ignora las clasificacione hecha en Ingla­terra so ln·e los espécimen;. llevados por los ingeniero. que e ludiaron el trazado del ferrocarril del N ortt.: ; que no conoce uno olo ele lo · ¡¡utores que al pre e11te vnn á la ca hez:\ de la ci e ucia. pues no los <·ita , y ·obre todo, que repetía las antiguas teo. rías sobre el origen eclimentario de la snl y el carbón, á rafz de haber e dt!mostrado su origen eruptivo allende el Atlántico. ¡Y luégo uegamos yue en ciencias vivimos atrasados medio siglo ! Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR un Coronel inglés que asistió á la guerra de Secesión y en ella trató al General Lee, durante la campaña de Gettisburg. "Martes 30 de Junio-Esta mañana antes de salir de Cham­bersburg el General Longstreet me presentó al Comandante en Jefe. El General Lee es entre los hombres de su edad uno de los más hermosos que he visto en mi vida. Tiene 56 años, el cuerpo bien proporcionado, anchas las espaldas, alta la estatura y todo el aspecto de un soldado. Es el perfecto tipo de un gentil hombre, y no conozco otro que como él tenga tan pocos enemigos y sea tan universalmente estimado. En el Sur no hay sino una voz para decir que Lee es el hombre que más se acerca á la perfección. No tiene ninguno de esos defectos que se llaman beber, fumar, sorber rapé, echar votos, etc., y nadie ha podido nunca señalarle vicio alguno. De ordinario viste un gabán largo, gastado, de color gris, un sombrero de fieltro de copa alta y pantalones azules recogidos dentro. de botas á lo W éllington. N un ca le vi armas, y la sola distinción de su grado militar son las tres estrellas bordadas en el cuello del saco. Monta un soberbio caballo perfectamente domado. Su traje y apostura es siempre correcta : ni en las mar­chas más difíciles observé descuidos á este respecto. "En el ejército de línea era mirado como uno de los mejores oficiales, y al estallar la guerra civil ejercía el cargo de Teniente Coronel del 2.0 de Caballería. Era rico, pero después de la guerra todos sus bienes fueron presa del enemigo. Desde que ejerce el mando supremo del ejército de Virginia no ha dormido una sola vez bajo techado: rehusa todas las invitaciones que á este respecto se le hacen por temor de que la persona que ejerza semejante hos­pitalidad no sea castigada más tarde por haber dado abrigo al Jefe del ejército rebelde. Las relaciones íntimas que median entre Lee y el General Longstreet son en verdad conmovedoras ; siell'pre se les halla juntos, y los oficiales y soldados del segundo se quejan de tal amistad, á la cual culpan de que nunca les confíen una opera­ción lejana, como ha sucedido á la tropa de Ewell. "A Longstreet no puede proporcionarse mayor placer que el que siente oyendo elogiar á Lee : no creo que en el mundo exis­tan dos Generales como ellos, tan exentos de ambición y de egoís­mo. Ambos tan solo aspiran á que concluya la guerra para retirar­se á vivir en paz en un retiro oscuro. El General Lee es religioso sinceramente sin tener las vehemencias que en el particular mos­traba Jackson: el único defecto que puede reprochársele es, en mi sentir, ser en exceso amable. "Jueves 2 de Julio (batalla de Gettisburg) ...... Tan luego como se rompieron los fuegos, el General Lee vino á reunirse con el General Hill, que se ~ncontraba cerca del árbol en el cual es­tábamos mirando el combate, y allí estuvo casi todo el día, ya observando al enemigo con su anteojo, ya conversando con el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .BOLETÍN MILITAR General Hill ó el Coronel Long de su Estado Mayor, pero con más frecuencia permanecía sentado sobre un tronco. Observé que durante el tiempo que duró el fuego no expidió sino una sola orden y no recibió sino un solo parte: sin duda tenía por sistema reglar los asuntos de antemano y luégo dejar á los Comandantes de cuerpo de ejército libertad de acción para llevar á término la tarea que les había encomendado ..... . "f/iernes 3 de ]ulio (batalla de Gettisburg) Poco después me reunía con el General Lee, que acababa de llegar y se informaba de las causas del desastre que había sufrido el ejército. Si el compor­tamiento del General Longstreet en la batalla había sido admirable, el del General Lee tenía que parecer sublime: reunía las tropas des­bandadas, les dirigía palabras de aliento, se le veía recorrer solo la línea de batalla, dejando á sus Ayudantes el cuidado de hacer lo mismo en la retaguardia. Siempre calmado y de buen humor, no dejaba escapar la menor señal de ansiedad ó de temor, pero ni aún del desagrado que sentía. A cada soldado que encontraba lo ani­maba con frases tales como 'todo acabará bien; luégo hablaremos largo, pero por el momento lo que importa es que la gente se reúna; necesito hombres como vos, con los cuales se pueda contar en el peligro, etc.' Pedía á los heridos vendasen pronto su herida y volvieran á empuñar el fusil, por poco que estuvieran en capaci­dad de hacerlo. Todos se esforzaban por responder á su llama­miento, y á más de uno vi quitarse el sombrero y aplaudir al Ge­neral en jefe. "A mí me dijo: 'Coronel, hemos tenido un mal día, muy malo por cierto; pero no siempre potiemos esperar sea nue&tra la victoria,' y en seguida me recomendó me trasladara á lugar me­nos inseguro que el en que me encontraba. "El fracaso de la jornada no impidió al General Lee ocuparse de las prosaicas necesidades de la vida: por ejemplo, á un oficial que azotaba su caballo porque se encabritó al estallarle cerca una granda, le dijo en alta voz: 'No lo golpee, no lo castigue: tuve un caballo parecido á ese, y por experiencia sé que los golpes no sirven para nada en este caso.' Luégo, como percibiéramos un hombre que yacía en una zanja, bocabajo, y yo crryera que aún dab~ señales de vida y en efecto empezó á lanza r gemidos, el Ge­neral Lee, después de tratar en vano de comunicarle energía, ordenó á algunos artilleros que estaban cercanos lo trasladaran á las ambulancias. "Vi á poco llegar al General Wilcox, quien principió á dar al General en J ~fe, en alta vo~, noticias de su brigada. El Gene­ral Lee, tomándole la mano, le dijo en tono amistoso: ' No se afane, General, todo lo que hoy ha sucedido es culpa mía; soy yo quien ha perdido la batal1a, y es preciso que vosotros me ayudéis á salir del atolladero lo mejor que podáis.' Era así como el General Lee trataba de dar ánimo á sus tropas derrotadas, cargando sobre Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 666 BOLETÍN MILIT A.R sus propios hombros todo el peso del desastre. Imposible verle ú oírle sin sentir admiración por su persona, y creo que nunca hubo individuo que le faltara al respeto en lo más mínimo. La posición de los confederados era en verdad crítica . ... El General Lee y sus Ayudantes tenían sin duda alguna conciencia de esa situación, y sin embargo no se oía ese ruido ni se observaba esa confusión propia de ~n día de batalla perdida ___ • Cuando vieron al Gene-ral Lee (unos artilleros) dijeron: 'tenemos confianza en el viejo; el percance de hoy no lo afectará; el tío Robert nos llevará ven­cedores á Wáshington." Tenemos, pues, que en todos los ejércitos del mundo los mi­litares de mayor valía reconocen unánimemente que el General Lee figura entre los grandes capitanes de la historia: los ingleses lo anteponen á Wéllington, los alemanes á Molke y Federico, los franceses casi lo hombrean con Napoleón y César. Sólo Aníballe es superior en verdad. Cuanto á nosotros, podemos enorgullecernos de las semejanzas acentuadas que existen entre Sucre y el General sudista. Para terminar repetiremos lo que dijimos al principio: la personalidad militar de Lee es una de las que debe estudiar con mayor interés el soldado republicano, puesto que no siendo un genio, es ejemplo de cuánto pueden en la guerra la labor tenaz é inq11ebrantable, el estudio, el cálculo y el método, el sentimiento del deber y de la abnegaci6n, y la relig ión del sacrificio por la patria, puesto que cuando se olvidan estas condiciones por el mi­litar con mando frente al enemigo, en vez de la victuria ansiada sólo se suelen cosechar tremendas catástrofes. ----- HISTORIA. lv.tE:V.O~IAS DEL GENERAL PABLO MORILLO (Continuación) En esta operación experimentámos un accidente bastante grave. En el momento de la partida, cuando se trataba de des­truír un quintal y medio de pólvora dañada, tuvo lugar una explo­sión que nos mató dos hombres é hirió á seis. A esta pérdida se unía el inconveniente de prevenir de este modo á los rebeldes del momento de nuestra partida. Las columnas reunidas comenzaron su marcha hacia las doce de la noche, y la continuaron sin ningún inconveniente, pasando por arriba de la plaza, en la dirección del Sombrero, distante de Calabozo cerca de veinte leguas. El enemigo tuvo notrcia de nues­tra retirada en la mañana del 15 . .E..ntró inmediatamente á Cala­bozo, y no tardó en salir, dejando por toda guarnición 200 indios Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT .A.R 667 armados según el uso del país: su caballería siguió nuestras huellas co.n alguna .infantería en ancas, y el resto de la fuerza tomó el mtsrno cammo. En efecto, no acabamos de llegar á las orillas de la Oriosa, y comenzábamos á apaciguar una sed ardiente causada por la mar­cha forzada hecha durante toda la mañana, cuando la vanguardia enemiga se presentó delante de nuestro c:.tmpo. Nuestro descanso terminó. El ejército se formó en tres columnas, y algunos desta­camentos de caballería fueron colocados á retaguardi~ en observa­ción, pero luégo el enemigo los rechazó hasta las masas de la infantería, la que con varias descargas le impidió avanzar. Por la tarde el ejércico continuó su marcha en buen orden, en columnas cerradas, sin ser perseguido; los bagajes, enfermos y emigrados de Calabozo ocuparon puesto en la vanguardia bajo la escolta de la ca­ballería mandada por el brigadier D. Tomás Morales. Esta dispo­sición nos procuró la ventaja de tener nuestras columnas entera­mente libres en caso de necesidad. Cerca de Zamuro hicimos una corta parada, y sin detenernos más llegámos muy temprano, por la maílana, á Sombrero, á las orillas del Guárico. Había escogido este punto porque ofrecía una posición muy favorable á la infantería. Nuestra marcha había sido muy penosa; el ejército la soportó con admirable constancia: ha­bíamos atravesado en poco menos de veinticuatro horas un es pacio de veinte leguas, casi sin agua. Numerosos bagajes, los enfermos y los fieles habitantes de Calabozo que habían querido seguirnos, turbaban la marcha de las columnas; no obstante, no se les podía abandonar. Atravesamos los llanos abrasados por el sol; el soldado sucumbía bajo el peso de los víveres y municiones que estaba obligado á llevar; muchos hombres hubieran perecido, víctimas de la sed y fatiga, si los jefes y oficiales, animados de un celo dignos de elogio, no hubieran cedido sus caballos á estos des­graciados, que iban á quedarse en el camino, expuestos á todos los furores de un enemigo bárbaro. Sin embargo, á pesar de todos los cuidados y sacrificios imaginables, tuvimos la pena de ver morir al­gunos de cansancio é insolación; nosvimos obligados á abandonar á varios que e¡,taban en situación de no podt'r hacer el menor mo­vimiento. No se puede imaginar la rapidez de la marcha que hizo el enemigo, para alcanzarnos cerca de la Oriosa; le llevábamos más de ocho horas de marcha de ventaja, y tenía que recorrer tres leguas para llegar á nuestro punto de partida. Y sólo su caballería, mejor montada, había podido hacer semejante marcha, con algunos in­fantes llevados en ancas: este esfuerzo prodigioso fue enteramente inútil. Pero volvamos al Sombrero, donde el ejército debía tomar el descanso que le era necesario. Tan luego como las tropas se re­frigeraron en las orillas del Guárico, la vanguardia enemiga se presentó á apaciguar la sed que la devoraba. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR Nuestras guerrillas aprovecharon la ventaja de su posición oponiéndole una fuerte resistencia, pero fue necesario luégo re­plegarse sobre la parte de nuestras fuerzas destinadas para defen­der este punto, pues los enemigos llegaban. El regimiento de Navarra cubría los principalec; vados, y el paso estrecho que conducía al río; el batallón de Castilla flanquea­ba estos puntos, y la derecha permanecía formada en columna ce­rrada. La compañía de cazadores de la Unión y un destacamento de Navarra formaban la izquierda de nuestra posición; el batallón de la Unión ocupó una altura á la salida del Sombrero; los húsares permanecían en observación. Tomadas estas disposiciones, nuestro frente fu~ atacado por el enemigo. El regimiento de Navarra sostuvo el ataque vigorosa­mente con un fuego muy nutrido, rechazando las diferentes cargas del enemigo, que en ellas sufrió muchas pérdidas. Viendo sus esfuer­zos inútiles por este lado, se dirigieron los rebeldes sobre la derecha cargando las tropas que defendían un vado fácil, pero estas tropas fueron auxiliadas á tiempo, y rechazaron constantemente al agresor. Esta tentativa no tuvo éxito, lo mismo que el ataque que hi­cieron por tres veces contra el regimiento de Navarra, formado en batalla. El Brigadier D. Pascual Real, que mandaba en este punto, recibió orden de rodear al enemigo por la izquierda. Este movimiento decidió la victoria. Los rebeldes dejaron en el campo de batalla un gran número de muertos y algunos prisioneros. Tu­vimos la pena de perder un oficial muerto, y dos heridos, lo mismo que cuarenta soldados. En esta jornada el regimiento de Navarra mereció todvs los elogios, lo mismo que el regimiento de Cas­tilla. Dos compañías de este ejecutaron una carga audaz á la ba­y0neta, entre tanto que el grueso atacaba por su lado. En una palabra: si hubiéramos podido disponer de 300 ó 400 hombre~ de caballería, la derrota de los rebeldes hubiera sido completa. El ene­migo se retiró con su caballería á una sabana distante legua y me­dia del Sombrero, y durante el resto del d1a no nos molestó. Emplea­mos este tiempo en perseguir los derrotados en el monte. Nuestras tropas conservaron sus posiciones hasta cerca de la media noche ; ordené entonces la retirada sobre Barbacoas, después de haber reu­nido nuestros heridos, con excepción de dos, cuyo estado era des­esperado; los dejé en el Hospital con 20 heridos del enemigo. Antes de partir dirigí un despacho al Capitán general de Vene­zuela, participándole el brillante combate que ar.ababa de librar y la dirección que el ejército iba á tomar, rogándole al mismo tiem­po reclutara algunos soldados, y tomara las medidas necesarias para suministrarnos víveres. Como mi intenci6n era retirarme á los valles de Aragua para cubrir la capital y otras ciudades sin defen a, expedí por el mis­mo correo instrucciones relativas á este proyecto. Dos compañías del regimiento Je Navarra y una del Casti­lla, separadas para diversas expediciones, recibieron órdenes de oh- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. servar al enemigo por el . camino de Ortiz; les hice conocer igual­mente cuál camino debía seguir el ejército. En cuanto al Coronel Calzada, que suponía había llegado cerca de Guadarrama, ordenéle que marchará al Baúl, y obrara ~egún las circunstancias, siempre listo á replegarse sobre San Carlos. Continuamos nuestra marcha sobre Camagua y San Sebastián de los Reyes, hasta el camino que conduce de las sabanas á los va­lles. En Barbacoas supe la llegada de todas las fuerzas enemigas al Sombrero. El 19 tuve noticias en Guarinas que el rebelde In­fante se había presentado en los alrededores con gente de caballe­ría. Esta noticia me impidió dejar á mis tropas el tiempo necesa­rio para reparar sus fuerzas; esa tarde tomámos el camino de Camaragua, donde llegámos á media noche caminando por terre­nos cortados por colinas, barrancos y valles. Al día siguiente por la mañana salímos de Camaragua y llegámos á media noche á San Francisco, de donde fueron enviados varios oficiales en diversas direcciones para levantar el espíritu público y proveer á las nece­sidades del ejército. El 21 llegámos á San Sebastián de los Reyes, donde di á las tropas un día de descanso. En nuestra marcha s­nos reunió el brigadier de la Torre, que venía de Caracas con dose cientos hombres del batallón de las milicias de Pardos de esta ca­pital, cuatro compañías del regimiento de Burgos y veinte húsares que se le habían reunido después del combate de Calabozo. El bri­gadier D. Juan de Aldama nos alcanzó en el mismo lugar, condu­ciendo de San Carlos ciento cincuenta milicianos del regimiento de Valencia-( Continuará) _ _ ....._. __ VARIEDADES POR SANTIAGO PÉREZ (Continuación) El viajero debe, pues, hacerse cargo de las circunstancias que han acarreado tan lamentable perversión de ideas en e~a raza de hombres, hechura indisputable y única de los amos de esclavos, á quienes, por su puesto, como antes dijimos, sobreabunda la justi­cia para llamarla infame é insoportable canalla. Además de los negros, en N óvita no hay nada. Las casas no tie~aen interior; su ajuar es casi ninguno. La hamaca, midiendo la diagonal de };.¡ pieza, una silla sin espaldar y un banco con honores de mesa, eran la decoración de nuestra posada; y aun eso agrade­cimos á su dueño, porque es gracia tener eso siquiera, y más gra- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 670 130LET1N MlLITAR cia franquearlo, en un lugar como aquél, donde naJa se fabrica, y á donde nada puede llevarse, por los costos de conducción y la ninguna demanda. En N óvita no se altera ninguna tranquilidad, ni se ataja el paso de nadie, ni resultan en sus calles, es decir, en su calle, coli­siones de trajes ni de gentes, porque si se logra ver á alguno, ese va ca:;i desnudo. De cuándo en cuándo se distingue una camisa colorada que asoma por una puerta, y es un blanco que sale de su almacén; negros ó negras de todos tamaños pasan una que otra vez semejantes á las sombras por un retablo. Fabrican unos sombreros de las grandes hojas oblongas del árbol que llaman güina, doblándolas con arte y apuntándolas con púas ó estaquillas de macana ó chonta. Son estos sombreros impe­netrables al agua; algunos a1canzan á tener vara y cuarta de ex­tensión; no son muy ligeros y quedan indomables. Era de esperarse que, en el país del oro, hubiera muchos que lo supieran trabajar con pulcritud y finura; pero no se tuvo en Nóvita noticia de otra platería que la que se había puesto en re­ceso, por haber sido llamado su dueño á las augustas funciones de la Jefatura política. Por lo demás, las manufacturas de los negros y los indios en todo el cantón, están reducidas á algunas embarcaciones que construyen, y algunos sombreros que tejen de cañabrava y de palma. En cuanto á la agricultura, apenas existe en aquella tierra tan fértil. Las orillas de los ríos, en las cuales fabrican los habi­tar: ates las barbacoas en que viven, se encuentran tapizadas de lar­gos y tupidos cañaverales, donde se ven, además de las de castilla, las cañas que llaman criollas, coloradas, en extremo blandas y de abundante jugo, si bien pobres de parte sacarina, y no adecuadas, por lo mismo, para la fabricación del azúcar. Los negrillos dejan el pecho para empezar á mascar la caña, con lo que desde sus primeros años se llenan de lombrices, destru­yendo su salud. Causa grima al acercarse á un rancho, el encon­trar cuatro ó seis, por lo menos, de estos infelices niños, formando cada uno como un suplemento no más de su respectivo abdomen, hiperbólicamente desarrollado. En cada casa hay un trapiche de mano para moler la caña, cuyo caldo fermentado forma la única bebida de aquella gente. En partes destilan además aguardiente. Todo rancho está circundado de platanales, pues el plátano es el artÍculo de fondo de todas las comidas del Chocó, ya asado ó machacado, ya en P.! consabido sanc?cho. El cacao, el arroz, el ñame, la yuca y la palma de chon­taduro constituyen el resto de h riqueza agrícola. En cuanto al maíz, tienen una particular manera de cultivarlo, manera que es peculiar de esta Provincia y de la de Barbacoas. Consiste en re­garlo sobre Ja maleza, dejando en pie los más grandes troncos y arbustos, hasta que empiezan las matas á levantarse, practicando Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. nbLET1N MiLITAR 671 entonces el desmonte, primero de los arbustos, y después de los grandes árboles cuando está más adelantada la sementera. Dáse el maíz de color blanco, pequeño y vidrioso, muy semejante al que llaman maíz arroz. Por casualidad se encuentra una fruta, pues no no tienen costumbre de sembrar ninguna. El comercio principal de los habitantes de este cantón, que hacen exclu~ivamente con su oro, es con el valle del Cauca, de donde reciben comestibles; con el cantón de Quibdó y el puerto de Buenaventura, para los efectos extranjeros. Antes de darse libres los esclavos, la cantidad de oro explota­da en el Chocó era, un año con otro, de $ I .ooo,ooo, y la de pla­tina de $ 2o,ooo, habiendo quedado reducidos ambos productos como á su cuarta parte respectiva del año de I 8 52 para acá. Considerando como rico un país en donde la masa de la po­blación vegeta en la indigencia, aunque algunos de sus moradores hacen grandes acumulaciones de valores, el cantón San Juan ha­bría sido hasta I 8 5 I en extremo rico. Rico, porque los pocos due­ños de minas atesoraban anualmente una enorme suma de oro; no obstante que los esclavos nada ganaban, ni en adelanto moral, ni en comodidad física: rico, porque los huéspedes empresarios junta­ban pronto lo que codiciaban, para retirarse poderosos á otras tie­rras; á pesar lle que el país en nada mejoraba higiénica, industrial ni socialmente. Mas para los que no hacen consistir la riqueza, hablando colectivamente de todo un territorio, en lo mayor ó me­nor de la acumulación entre unos particulares, sino en la exacta y equitativa distribución abundante entre los productores, para esos el mismo cantón ha sido y es pobre. P0bre cuando la producción anual de sus minas era de $ 1 .o2o,ooo, y pobre cuando no es sino de $ 255,000 (1). No habiendo más diferencia entre las dos épo­cas sino e -ta: que antes de 18 52 Jos negros, ó sea la población, no poseía nada, porque el producto de su trabajo era para sus due­ños, es decir, porque no había di tribución; y que después de 18 52 esos mismos negros, ó sea esa misma poblaci6n, no posee nada, porque no trabaja, es decir, porque no hay producción. In­dividualmente hablando, esto es, con relación á los dueños de es­clavos, la diferencia entre las dos épocas vale las tres cuartas par­tes, ó más, del oro que se extraía. Los antiguos amos de esclavos declararán que, á su juicio, con el nue\•o orden de cosas el cantón no adelantará; y sin dispu- . (1) "Si al recorrer un país se nos presentan chozas miserables, en cuyo interior se enc1erra un tosco y reducirlo menaje: si en bs pucbl~ así como en el campo vemos á l_os hombres mal ~~stidos y mal alimentados; aun cuando sepamos que en cnd~ lugar e.ttsteu muc~uz_r jll1mhas o'?ulentas, aseguramo que este país n POBRE. Si cruzamos otro, en q_ue las v1v1endas son comodas y están amuebladas con asco; en que el alimento y el vest1do ~le los l_abracl~res y artesan~s anuncian una íácil subsistencia, ni siquiera pregun­tamos s1 taL pa1s es neo: tenemos a la vista la prueba ....•. " (Principios de la Ciencia de las Rit¡ué~as,por J. Dro'<·) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 'BOLBTiM KILITA.R tarles ni negarles la razón que los asista, por nuestra parte no les ayudaremos á lamentar la no continuación del antigu sistema, pues ya hemos visto el brillante pie de riqueza y de e· vilización en que dejaron los señores amos aquel país, después de haberlo ex­plotado con sus esclavos por el espacio de más de tres centurias. Los pocos negros l{Ue se dignan trabajar después de obtenida su libertad, lo hacen por contratas con los dueños, ya comprando con el producto de un día el de los otros, ya recibienbo un jornal determinado. La industria pecuaria es enteramente pequeña en el cantón, no alcanzando á un millar el número de cabezas que posee; y res­pecto de los demás animales útiles al hombre, según los datos ad­quiridos, los cerdos están en una exorbitante mayoría. En Nó­vita se encuentran algunas bestias, las que son casi tan viejas como los raídos aperos con que las engalanan cuando salen á conducir en triunfo, desde la Bodega hasta la ciudad, al viajero, á quien se ofrece así la oportunidad de desentumecer, con el continuo espoleo que las tales bestias exigen para moverse, las piernas que ha de­bido traer dobladas y adormecidas, si ha tenido la prudencia de adobarse entre el rancho de la canoa. No saldremos de Nóvita sin consagrar un recuerdo de justo agradecimiento á la hospitalaria y generosa familia del patriota Sr. Ramón Miller. · ( Continnará) ------~··~·------- Erratas notables-En el número anterior, págin·a 61o, en el' artículo 599 de la Orden general del ejército allí impreso, se dijo : "con las virtudes militares," debiendo ser ''con las vestiduras milita­r~;" faltó, además, en la décima lfnea el artículo d antes de trabajo, y en la décimaquinta se halla con en vez de en. Advertencia-Por motivos que á nadie se ocultan fue preciso $Uspender en este tomo la publicación de los suplemento.! hi.Jtóricos, aun cuando estaba listo el material, para dar cabida á piezas más urgentes en la actualidad; pero tal publicaci6n continuará pr6ximamente, por lo cual debe separarse del tomo, al encuadernarlo, el suplemento inserto en el número 1 14 y guardarlo con los publicados en el semestre anterior BOGOTA-IMPRENTA NACIONAL Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 132

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 109

Por: | Fecha: 22/07/1899

A O III Bogotá, Julio 22 de 1899 NUM. 109 - - -·--- R o Y DEL EJERCITO ---·--- 0JRECTOR AD-KONOIU:M FRANGISGO J. VERGARA y V. Coronel, Miemb1·o d~ 1- Soctedad Colombia na de Ingenieros ~ o.~- ~ ~~~ 1 ~9~ ~~Q QQ~ ~ ~~~ Q ~~R~~~~~~~~~~RRO • Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Ofici61es del EJército de la República o~~~~~o~~~~b66 ~6 6 6~ ~ ~~6~ ~~6~66~66~~~6~6~666~~6~~~~ ~~~ o I L A.-OOU'OION DEL I ESID '1 TE E L REPÚBLI Cor.oM BI • ·o : Ani' ersario hoy del glorio o dta en que fue proclama a por nue. tro Pr cere en 18 ro la independencia de la Nueva Granada, deber nue tro es hacer un recuerdo de aquella hi tórica fecha y de lo ilustres varone que, animado del má puro patrioti m , concibi<.·ron c1 noble de ignio de que lo neo­gra'nadino · rea UJnieran u derechos. larga y angrienta gue­rra dio origen él grito de li bcrtad lanzado por ello , ha ta que la 'ictoria lcanzada por el gran .Bob var en el Puente de Boyac obre c:l ejercito p ñol, puso 1 ello á nuestra transformación pohtic. y al e·tablecimienro de la Republica. Perfecto derecho tuvieron nue tro m yores para emancipar-e de 1 1letn'ipoli y dar e un gobierno propio ; pero no por e to debemo., como ha dicho un ilu trtt! olom biano, maldecir de nuestros padre~ y ennegrecer un pasado que es t mbién nue tro. i pr po ito al hacer mérito dt! la l'lagna ',uerra, es uni amen-te el de.; conmemorar lo acrifi<.:io de todo genero, incluso el de u propia cxi tencia, que hicieron nue tro Proceres por salir de la ondició1 de colono p ra pa r ' la de Republican , com los omo h )', debid á u genero o y magnánimo e fuerzos. Ben-digamo y honr ·tno l memoria de lo que. reg~ron con u sangre el udo de la P tria, no en pro echo propw, sano de la genera- BAN O e L a BIBLIOTECA LUIS ANG[;L ,..,'U" .... , .. ".:'R CA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 4:02 BOLE'l'fN MtLIT.A.lt done venidt>ras, é imitemos los ejemplos que no dieron de abne­gación, de virtude cívicas y de amor á la República y á la liber­tad en la justicia. CIJmpatriotas : Sati facción profunda experimento, como tam­bién la experi m en tar é i vo otro , por la paz de que la Nad ón disfruta. A conservarla debemos concurrir todos, Gobierno, Pue­blo y Ejército, si queremos gozar de los beneficios que sólo al amparo de ella pueden obtener e. Evitemos funestas disensiones, y, ur idos fraternalmente procuremos el biene tar común y la prosperidad de nue tra Patria, llamada á altos destinos, que alcan­zará, Dio mediante, i hay patriotismo entre nosotros. A la paz se debe que celebremo hoy el gran día de la Patria con una ex­posición de los productos naturales, indu triale , artí ticos y lite­rario , que prueban bien que á pesar de los repetidos disturbios que han ocurrido entre no otro , el país se ha ~i vilizado y pro pe­ra do no poco. Sucederá esto en mayor escala, cuando olvidándose de la política, que ha venido á er la principal ocupad ' n de los colombiano , se consagren éstos al trabajo que dignifica al hom­bre, le da lo nece ario para la vida y enriquece la naciones. No creo equivocarrne al afirmar que ningún Presidente se ha encargado del Gobierno en circunstancias más anormale y di­fícile que y . Conocida por todo , juzgo innec<»sario, y acaso m rti ficante, su recuento· pero á pe ar de ella , rne hice cargo del Poder Ejecutivo, porque en situaci nes como las que atravesamos, es cuando la obligaci ... n de pre tarle ... la Patria los servicio exigi­d s por ella, e mayor. Animado del de eo de re tablecer la nor­malidad, he empleado para llegar á ese re ultado todo los medios que la prudencia me ha ugerido, y tengo la conciencia de que en los meses de mi Amini traci6n que han transcurrido, ningún de­recho ha ido conculcado, ni á nadie )e le ha irrogado la menor ofen a. Dividida desgraciadamente la Nación en diversas fraccio­nes antagonistas, la he llamado á la unión y á la concordia, dado participación en el Gobierno á todos los que he juzgado ' propó­sito para colaborar en él, sin parar mientes en su opinivnes polí­tica , n.anejado con pureza lo caudales público y procurado en todo el bi e nestar común. La penuria del Tesoro, que ha venido sintiéndo e desde tiempo muy atrá por cau a naturales que á na­die se le ocultan, ha sido la principal dificultad con que he trope­zado, y todos saben que para allanarla he hecho en lo - ga to or­dinario toda 1 conomía po ible . Hoy mi mo, cumpliendo con lo antes ofrcc:ido, y crey ndo dar con ello mayor olen.nidad al 20 de ] ulio, he expedido un Decreto por el cual e dan de baja en el Ejercito mil hombre más; per no ba tará e to para equilibr r el Pre upue to, porque iendo e n mucho uperi re lo- ga to ' lo ingrc o, , y habiéndome encarg d del ejercicio del Poder cuando las arca e t ban c.xhau ta y e debtan mucho millone de peso , sólo por obra de milagro hubiera podido ponerse al corrient en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILI'l'.AR tan poco tiempo el pago de lo ervicio públicos. Abrigo, sin em­bargo, la e peranza de que no muy tarde lo estará, porque á eso tienden todo mi e fuerzo v lo del l\Jlini terio. Co 'CJUO.\DAl os: Jamá la Prensa ha tenido mayor iibertad ele accion que en la actualidad, y sensible es que no se haga u o de ella por muchos e critorc para llenar u ho11rosa y elevada mi­sion. Periódico hay de tinado · unicamente á hacerle oposicion i temática al Gobierno y á cen urar cuanto procede de éste, por lcghimo y bueno que ca, pero cuyos autore se ab tienen de decir de que modo mejor gobernanan ellos si estuvieran en el Poder, 1 ara que us ideas can acogida y e pongan en práctica, en ca o de cr aceptables. Atribuyen al Gobierno la mala situación del e oro, hablan de despill:·u ros, de contratos ruinosos y de impro- 1 iedacl en todo, con el fin de de pre tigiarlo y de atraer obre el animadver ión, ha iendole a ·í " la generalü.lad de los colombiano la grav1 ima ofensa de carecer de criterio para juzgar si lo disi­dente tienen ó nó ra;¿on en lo que dicen. Convencido de mi recto proceder, y.:> lo someto á la opinion publica, seguro como estoy c.k que ella no me er " adver a, razón por la cual he reducido el Ejército, pue· no put:do creer que haya quien pretenda turbar el rc.len publico, cuando todos di frutan de seguridad y el Gobierno arreO'la su conducta a la m e tricta ju ticia. A di posición de los q re ~10 quic::ran reconocerlo, pongo todo mi actos y los de mis olaborad re , para que formulen cargos concrdos y demuestren con raz.onc y con pruebas, que t!llos son ilegítimos por cualquier mo­ivo. Curnplamo todo on nue tro deber, sosteniendo la legitimi­dad y la institucionc , y la paz de Dios será con nosotros. Ana poi m a, 20 de Julio de 1 899. A~ UEL A. ANCLEMENTE - - ·--- ALOO'C'O:tON DEL J.f:I I TRO DE GUERRA SOLDADO En vosotro aludo al Ejército de la República encargado de velar por el mantenimiento del orden legal establecido y por la in­teO'ridad del territorio nacional. 0 SvLDA nos : En e ta plaza se oyeron 1 voces varoniles de nuc tro antep ado , cu ndo en tal día como hoy, fuerte por la unión a umicron re ucltamente la plenitud de u derecho·, y á la f< z del mundo e proclarn •. ron ciu~ad~n.o de una. Repúbli~a ase~­tada obre lo inconmovibles pnnc1p1os de Dros, Patrta y Lt~ bcrtad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 404 BOLETÍN MILITAR Del seno del pueblo congregado aquí el 20 de Julio de x81o, salieron lo primero defensor<: <.le e ·a glorio a bandera que se alza entre vuestro able y b y neta como emblema de la República y como repre en tan te de ~u ley , de us tradiciones y de su gran­deza y poden o. De aquf alió el primer toque de clarín que llamó la Nación á las arma . n aquella c.tsa se reunió la 'lunicipalidad de cuyo cerebr salió la lndep ~ ndencia de la America, por lo cual e hizo digna de la dmiración de 1~ humanidad. lá allá e ve el iri de donde sali la voz tronauor· y elocuente de Camilo orres, cuyas idea erpentearon p r el mundo con el e tre?ito del rayo que surca el espaci . En e e otro itio e taba Ro illo, el acerdote mártir del Derecho, el hombre de ingenio pron t , b ervador y cultivado, cuando dijo, dirigiendo e 1 pueblo: "Ciudadanos: vamo , v mos ahora mi mo a lo cuartele e pañole á tomar la armas que nece i tamo para fundar la República . ' n donde se alzan la s e lumna del Capitolio, estaba 1 tri­buna que ocupó Calda , el oldado abio, cuya cabeza rod' tam­bien en el patíbulo, cuando e n palabra inmortale ,ná pene­trantes que el sonido de las trompeta , de pertó á los que dormían n c~l mundo de Colón, para hacerlos morir por la hUJnanidad y sacrificar e por el porvenir. a roca y los valle , los bo que y la aguas de Colom­bia, devolvieron el grito que lllegar á e ta pla2a, ac mpañ. do de Santander, de V élez, de Maz >de Parí, de U rdaneta, de nzoáte­gui, de S ublet y de todos aque1lo veteranos cuyos encuentro on el enemigo e ntaban por el nútnero de u herida , lanz ' el Libertador despué de pa ear u bandera ictori a por el campo de Boyacá, de ¡viva la America libre! Soldtldos: táis ocupando el pedazo de tierra que n olom-bia de piert impre ione rn profunda y evoca recuerdo más gloriosos. Porque, ad tná de todo, aquí tuvo prin ipio la gigan­tesca hi toria de aquella hue t que con homerica h zaña u­pieron ncadenar el carro de 1 victoria p ra arr trarlo al trav s de un ontinente, tr< yéndol cargado on los trofeo de una gran m narquía .Y dejando detr .. S de r e ta grandes labra : Boyacá, arabobo, J unín, yacucho! Las legione de lECl IVAS RES heridos ---------- -----~ ---- Venezuela ........... 470 z 66f,OOO 1 zo,ooo Colombia .. . ...... 190 I 22f,)OO 74,000 Ecuador .... . • .. .... 24 I 5f,)OO T 2,000 Perú .............. 12. J 30,000 s,ooo 1 ---- ----- ---- 696 5 97 3,000 2.11 ,ooo - Di triltueión eo a•áO~a ti lo eonaba1es VENF..ZUELA •n el Occidente (M racaibo, Coro, Mérida, Barquisimcto).. 95 En 1 "lltro (Valencia y Caraca ) . . . . . . . . . . . • . . . . ... . . tI S En d riente (Barcelona, Cumaná y Margarita). . . . . . . • • • o En Lo Llanos (Barina , Caraca y Apure) .......... -.- • . . . J 3 S Sobre 1 Orinoc o (Gua}·ana y Delta)... . ..... --. · · --- ·- · 45 OL 181. En la ~osta . .. tlántica y Bajo ¡ytagdalcna ....•.••.•..... - 58 En n uoqu1a auca y Popayan .. .... .. ... .. . .. .. - .•.... - 24- En P · tía! Pa to y Barbacoa . . . . . . . . . . • . . . . . . • . . • . . . . . . 64 Jn el 1 olima, el Reino y Cucuta .. .... . . ... ...... --- . . 29 n el Llano .•..•......... ----.------ . .... --- ------- · 15 --~· ...... -- ERJA ( M: s ti 2 000 comb tiente 1 oro-'1 oro y C<;ballo:. ll Bajo Palac~ Bamya y Tacón. V, ·lcncia-M ir tnda } Brilapaja. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 410 BOLET.fN IDLITAR 1812 San Jo é-Ustáriz y Montcverde. Valcncia-Ustáriz y Monteverde. La Victoria-Miranda y Montevercle. Verdeloma-Calderón y Aymerich. Pantancro-Ayala y Monteverde. Moc.ha-Calderón y Montes. Tbarra-Montúfar y Sámano. 1813 Maturfn-Piar y La Hoz. Maturín~Piar y La Hoz. Maturín-Piar y Monteverde. Tinaquillo-Bolívar é Izquierdo. • Cumaná-Mariño y Antofianzas. • Las Trincheras-D,Elhuyar y Monte~erd~r. • Mosquitero-Campo Elías y Boves., • Nutrias-Liendo y Yáñez. Barquisimeto-Bolfvar y Ceballos. • Vigirima-Bolívar y Salomón. • Araurc-Bolh·ar y Ceballos. San Marcos-Aldo y Boves. 1814 • Calibío-Nariño y Sámano. La P~terta-Campo Elías y Bovea. • La Victoria-Ribas y Boves. • Charallavc-Ribas y Rosete. San Mateo-Bolívar y Boves. San Carlos-Arrami.>arri y Calzada. Ocumare-Ribas y Rosete. • 8a11 Matto-Bolívar y Boves. Bocachüa-Nariño y Boves. Magdaleno- Mantilla y Boves. • f/ alnuia-U rdaneta y Ceballos . .Arao-Marif\o y Ceballos. Tasines-Narifio y Aymcrich. Pasto-Narifio y Noriega. Cardhoó1 ¡,o-Bolí ar y Cagigal. La Puerta-Bolívar y Boves. Valencia-Escalona y Bovcs. Aragtta-Bolfvar y Morales. Maturfn-Bermlídez y Morales. Urica-Hernández y Morales. El Salado-Piar y Boves. Magüe)•es-Bermúdez y Boves. Uricn-Ribas y Bovcs. Mcttm·ín-Ribas y Morale Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLEXÍN MILITAR 1815 1 Palo-Cabal y Vidaurrázaga. Chirc-Ricaurte y Calzada. Chitag'-Urdancta y Calzada. CartngaM-Paiacios y Morillo. 1 16 • Mata la Micl-Pácz y L6pcz. Cachirí- Ro\'ira y Calzada. ~1 rrigrc-Ccdcño y Ccrruti. aicara- cd fio y Oerruti. ~~ ntccal- V á que y Torrellas. C uclúlln dtl Ttlmóo-M cjía y ámano ag araparo- lariño y añas. • El Yagual-P-' cz y Lópcz. Los Oallejonc de :lérida-U rdaneta y Calzada. 817 Ango tura--Piar y izgcrald. umaná- T a riño y Pardo. 1 ucuritas-Pácz · Latorrc El O a ron í-Piar r Fizgcrald. SAN FÉLIX- Piar: y Latorre. Cariaco-Mariño y Morillo. La H()gaza-Zaraza y Latorrc. 1 1 Calabozo-Bolí ar y Morillo. El Sombrcro-Dolí\'ar )' Morillo. LA Prurlt1-Bo1ívar y Morillo. Ortiz--- Bolf \'ar y La torre. Rincón de los Toro -Bolívar y L6pez. Cogt·deJ-P 'ez ; La torre. o Pato -Ccdcilo y Morales. Cariaco-Marit1o y Noguera. 1819 Cafiafí tola-Pácz y M ra1c . Cantatara-Maril o y rana. Pantano de Varga - Bolívar y Barrciro. Bo Ac,\-Bolh•:tr r Barrciro. gua anta- r,dancta • C~rc . Conoma-Bcrmudcz P.crcua. as ru c - oublctte y Latorrc. 1 20 Pit y6-Valdé y Lópcz. Chiriguaná-Carnlona y Sánchcz. 411 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 412 BOLETíN MlLI'.rAR Pueblovicjo-Carrefio y Díaz. Guachf-U rdancta y Gonzálcz. 1821 Genoi- laldés y García. u a tire-Bermúdez y Monagas. La Cocuisas-Bennúdez y Morales. El Calvario -Bcrmúdez y Pcreira. e R BOBO 2"'-Bolhar y Latorre. • Yaguachí- Sucrc y González. Puerto Cabcllo- Manrique y Garc{a. Guachí-Sucre y 'merich. • Coro- Briceño y Carrera. • San Francisco-Gil y Carrera. • Cartagcna-Montilla y Torres. umaná-Bermúdcz é Inzuzarri . 1822 Vela de Coro- ómcz y Latorre. Bomóoná-Bolívar y García. Rioónmbn-Sucre ' Lópcz. Puerto Cabello- Pácz y García. El Pedregal- oublott y Sicilia. PICHINCHA-Sucre y Aymerich. Vigía aja-Pácz y Calzada. Dabajuro-Soublctt y Morales. Naguanagua-Pácz y Moralc . Salina Rica-Clemente y Morales. arabulJa-Sardá y Morales. Taindala-Sucre y B. Bovc . Taindala-Sucre y E. Bovcs. acuanquer -Sucre y B. Bo cs. Pasto-Sucrc y B . Bovc . 1 23 El Tahuando-BoJívar ' gualongo. Pa to- alom y Agua]nngo. atambuco-Salom y gualongo. ahu avo-Cabadai-Mirc y gualongo . Maracai o-Padilla y Laborde. Puerto abcllo-Páez y Calzad . 2 Junín-Bolívar · Cantcrac. Bcllavi ta-Urdan ta y Rodil. orpahuaico-Sucrc y Valdé . ~G YA UCHO- ucre y La erna. El allao- alom y odil. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. OLET1N tiLITA. ~13 De e tos ciento vcintitré hecho de armas en cincuenta la ,icto­ria cobijó á los pa~riota ; en lo otro se ten ca' y tre , ó quedó indecisa en sus con ccucnc¡as, 6 e tuvo de parte de los rcah ca . En estos ciento cintitré con bate e de tacan, or su importan­cia veinticinco en que lidiaron s,ooo ó más soldados, ucs sólo en San Féli.· bajó el número á 4 ooo. yacucho,-1 5 ooo. La Puerta (1.0 ) y Urica, I2.,ooo. La Puerca ( 2.. a), lo do ara bobo y ragua, 1 1 ,ooo. Los do de an Mate0, 9 ooo. Mocha y Bocachica, ,ooo. Cartagena y La Victoria, 7, .. oo y 7,000. rao, Coro, Quito, Pi\,;hincha y Riobamba, 6,ooo. Tinaqutllo, Mo quitcro, El Juncal, Boyacá, Bomboná, ngostura y Mucuritas, 5 ooo. En re umen, por cada una de las cinco batalla decisivas, se libra­ron cuatro batallas de primer orden, veinte batalla~ de egundo orden y ciento quince combates, ó en otro términos, cada batalla tuvo por cortejo unos cinco combates, y co tó cerca de dos mil vidas. - - · ...... ·--- San Félix - Ganada por PIAR el 1 1 de bril de J 17. Esta batalla ( i OOO h b ) dio á los p triota sólida base de o eracioncs á cuyo ' ow r amparo pudieron con tituír un Gobierno estable, con-deft'oaiv seguir rcc ursos y organizar ejército capaz de 1 uchar con é ·ito con h infa tería e pañola. Lo guerrilleros, sin esperanza dcspu¿s de la rcconqui ta espar1ob, dejaron ese día de !>Cr aventureros para convenirse en sold dos de una gran nacionalidad. Boyacá- Ganada p,or Bot..ívAR el 7 de gosto de 1819. E ta batalla entregó á lo independientes el corazón de ucva ra- ' (5,000 hombr ) n da con lo grande recursos acopiado por lo realis-ofcn ifa , ta en Bogotá, y una tierr poblada donde podían or-gnnizar ~ e numero os batallonc , á la vez que rodujo el equilibrio numérico que antes no e.·i d entre los con­tcndore . Cara bobo 2. o- anad por Bodv R el z+ de Junio de 1 z 1. ta oatalla ac b6 con el ejército peninsular de tierra firme, (11,030 hombr~s) libertó á\ cnczucla y permiri · cae r con éxito 1 base oren i dt: operaciones de los reali ras, 6 se 1 líne de puer­to fortiftcado que ellos ocupaban en l co ta del Mar de 1 Antill . Pfebtnclia- c la · de lo · gu e rrillero , canco patriota como realistas, que en m ~l.s de una o~.1S1ón tuvieron importancia con i dcrablc . En todo ca o puede decir e, en te i general, que en cada cam­paña hubo ocho combate con 1 1, oo conccndorc que tuvieron 2,6oo muerto y herido, coin contar l.a baj. c ·tusa as por 1 dima la mise­ria y la cnfcrmcda fe::;, y esto en ólo cinco me e que por término medio duró cada una. á angricnto, r.;o to o y di pucado no pudo · er el triunfo, dada 1 ::; condicionl: del terreno u e e a población. En ín­tesi , puede compar.nsc la guerra de Independencia á una colo al bata lla en que medio millón de hombres se hubicr n destrozado duran~ in- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 416 BOLETÍN MILITAR co horas, dejando en el campo la mitad de su efecti\·o. La gran batalla de Leipzig ó de las nacionc~, la m-'· grande del rnund'>, en que lidiaron so6,ooo enemigo ' duró tre of s, y 6lo costó 12 0,000 hombres, e decir, fue catorce vecn menos sangrienta que nuestra magna guerra . --- ... ~-- Envíos de 181 r 1812 y 18 1 3, á la mérica del Sur .... nvíos de 1815 á 'osta Firme (7,700), Perú (t,¡oo), las Antil1as (6oo) y Panamá . .... ... .......... . ........ . Envíos de 1 8 16 á Panamá y Lima . ................. . En\'Íos de 1817 á ora Firme (3,000) y al Perú (t,ooo) Envíos de 1818 al Perú ........................ . . En estos años á las Antillas y Iéxico .............•.. 8,625 10,481 1,222 3,000 2,000 Total ....•.... 4-2,167 Ejét•eito 1•: ñol á tn•lneil•ios d 1820 '·' Trop ~~~cdicio \ cterano del p·•is n:ma~ Milicias 'fot·l ---.--- LUGARES 1 Caba- Cab.l· nhn- Caba Hombreg llos H ombres llo· Hombres Uo Hombres llo ------ 1 ------- ·! V enezucla. -. s,8I 1 f26 6 o8o 6oool 1 2 5 .•. 12,0 IÓ 6+26 En el Nuevo ltcino.. 1, 8 t 8 24 3 . . 2, 8 19 . . 4-,8 o . . En Panamá-. so8 . . . 249 .. I, 189 - - 1,9+6 .. ~: ~t:~~:. "\_i :7·¿. t4S : 0~; 33s ~ .'.0.+ ~-~+ 6: ;9~ l~~ l:otal. . .... 1 1,909 j 57+ 10~05+ 6338 : 237 IO+ 26 230 7019 zas perdtdas en la campana de Boyaca .... ---- 3 122 6oo · Total en 1819 ......•...... 29,3 27,619 - Ejérciro patriota en 18 r 9 (Y cnezuela y N u e va Granada)...... . . . . . . . . • . . . • . • . . . . . . . .. . . . . . . t6,soo 8,ooo Fuerzas espati olas en la n tillas en 1 20 (Puer-to Rico, Santo Domingo y uba) . . . . . . . • . . . . . . 19,1 3+ 1,2 73 Fuerzas españolas en léxico ( Peninsulares 8448).- ...•.. - -. . ...... - ..... - ..... - . . . • . . .. .. + 1,036 Total de tropas reali tasen Améri a en 1 20 (an-tes de Uarabobo 2. 0 ) .. . ................... - •• - 95,578 8,fi9 ( rchi vos espafiolc y nacionales). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 109

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 128

Por: | Fecha: 02/12/1899

ARo In Bogotá, Diciembre 2 de 1 899 NUM.128 --~·~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIRI:.CTOR AD-HONORLM, FRANCJSGO J. VERGARA y V. Coronel, Miembro de la Sociedad Coloml)iana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República OFICIAL (22 DE NOVIEMBRE) que houra la memoria ele! General de Brigada Valerio Andrade U. El Prnide11/e de lll Rt'púUica CONSIDERANDO Que el 11 de los corrientes fa1leci6 en Barranquilla el Sr. Gene­ral Valerio Andrade U., primer Ayudante general de la Comandancia en Jefe del Ejército de Antioquia; Que el General Andrade se distinguió siempre como militar dis­ciplinado, leal y valeroso; y Que deja en desemparo á una numerosa familia, de la cual era el único apoyo, DECRETA Art. 1.0 El Gobierno lamenta el fallecimiento del General Vale­río Andradc U., y reconoce los servicios que le prestó siempre con de­cisión y patriotismo. Art. 2.0 El Ejército tributará á la memoria del General Andrade los honores que le corrcsr>onden. Art. 3. 0 El Ministerio de Guerra solicitará del próximo Congreso e vot~ en favor de la familia del finado General la recompensa á <¡uc; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 514 BOLETÍN 1\IILITAR tiene derecho, y dispondrá le sea pagado, mientras tanto, el sueldo que correspondería en vida al General Andrade. Art. 4.° Copia auténtica de este Decreto será enviada á los deu-dos del expresado General. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 22 de Noviembre de 1899. Por delegación del Excmo Sr. Presidente, el Ministro de Guerra, JOSÉ SANTOS ---·· .... -- :o:m 1S99 (2 3 DE NOVIEMBRE) que concede una pensión provisional á la viuda del Coronel Heliodoro Pieschaeón El PresiaeMe de la Repúblifa CONSIDERANDO Que el Coronel Heliodoro Pieschacón murió en servicio d<-1 Go­bierno, dejando á su familia en completo desamparo, y que es deber del Gobierno aliviar la situación de las familias de los que mueren de­fendiéndolo en los campos de batalla, DECRETAt Artículo único. Mientras el Congreso resuelva lo conveniente, la viuda del Coronel Hcliodoro Pieschac6n disfrutará del sueldo que hu­biere correspondido en vida al citado Coronel. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 2 3 de Noviembre de 1899. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, el Ministro de Guerra, JOSÉ SANTOS Conferencias de los Oficiales de la Misión Francesa SERVICIO DEL CAÑÓN DE MONTA:f:tA Eacucla de bateriarein mulaa) (Continuación) Ejercicios de tonjrmto- 1.0 Los ejercicios de conjunto se ejecutan en los patios de los cuarteles, en los campos de maniobra y en terreno variado. Se hacen con todo el personal de la batería. Tales ejercicios preparan á éste para la inmediata ejecución del tiro. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 515 En los ejercicios interiores de tiro, los oficiales y sargentos, cada uno en lo que les toca, se habrán familiarizado con los procedimientos del tiro y la instrucción de detalle; los apuntadores estarán ya ejercita­dos en apuntar una pieza (en la instrucción de sirvientes), los artilleros habrán aprendido á manejarla. Lo que fal t1 es reunir estos varios ele­mentos, darles sus respectivos puestos en la batería de seis piezas y en­señarles por medio de qué mecanismo se ejecutan los fuegos de artillería de montaña en las \'arias circunstancias de la guerra. Estos ejercicios tienen grande imp.:>rtancia, ponen la batería en la mano del capitán, acostumbran el personal á la disciplina del fuego, y establecen entre los varios grados de la jerarquía la unión necesaria para la buena ejecución del tiro. Serán dirigidos por el capitán, quien se conforma para mandarlos con los principios del tiro y las prescripciones que siguen. 2. 0 -Los ejercicios de conjunto no consisten, en primer lugar, sino en una maniobra de artillería ejecutada en los cuarteles con seis piezas y las rc!pectivas c:tja, en la cual se adiestra ó ejercita el personal á prac­ticar toda3 las operaciones de la ejecución del tiro. El capitán indica el blanco, manda el fuego, simula un reglaje y ordena sucesivamente las varias especies de tiro que la batería puede ejecutar: tiro sobre blanco fijo con puntería directa ó indirecta, tiro sobre blanco móvil, cambio de blancos, fuego rápido, tiro con botes de metralla, etc. Principia por los casos sencillos hasta llegar poco á poco á los que presentan más dificultades en la ejecución. Prestará atenciiín á todos los detalles; se asegura de que cada uno cumple con regularidad y in perder tiempo las funciones de su cargo ; suspende la maniobra inopinadamente para vt.:rificar la exactitud de la puntería y del arreglo de las espoletas; aprovecha los errore cometidos para llamar la atención sobre las faltas que se repiten frecuentemente; exige la precisión, la calma, el orden, etc., el silencio y la actividad correcta. Al principio el capitán manda con lentitud, para que pueda asegu­rarse de que sus ' órdenes se ejecutan correctamente; 1tumenta después poco á poco la rapidez de la maniobra, exigiendo siempre la misma re­gularidad. Al fin de la in trucci6R se esfuerza (y esto es obligatorio) por obtener la mayor rapidez de tiro que sea posible. 3. 0 -Cuando la instrucción está suficientemente adelantada, el ca­pitán hace cargar el material sobre las bestias y lo lleva en primer 1 u­gar al campo de maniobra, y después á terreno quebrado. Repite los mismos ejercicios, escogiendo objetivos parecidos á los que se prcsen ta­rán en campaña, y pone su batería en condiciones tan variadac; como sea posible, para preparar el personal á todas las dificultades que pueden presentarse en los tiro3 de guerra. Algunos ejercicios de conjunto se ejecutan poniendo la batería bajo el mando de cada uno de los subalternos y las secciones al mando de sargentos. Ejercicios de fuego-PrlnclpioH generales 1. Capitán-Durante la ejecución del fuego, el capitán se coloca en uno de los flancos de la batería, del lado más favorable para la aq .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 516 BOLETÍN MILITAR servación de los disparos, un poco atrás de la línea de piezas, tant~ como sea posible y de modo que vea fácilmente todo su personal. Para que n lo moleste el polvo y el humo de los proyectiles enemigos, debe colo­carse, á ser posible, en el flanco derecho de la batería, cuando el viento sopla por la derecha, ó en el flanco izquierdo, en el caso contrario. Teniendo que vigilar su batería y el terreno que tiene al frente, no se dejará distraer por las operaciones del reglaje. Hace colocar cerca de él el anteojo de batería que utiliza cuando hay lugar, sobre todo para los grandes c.lcances, para observar los disparos y darse cuenta en caso de necesidad de los movimientos del blanco. ' De ordinario manda, él mismo, el fuego para todos los tiros de reglaje, pero puede, durante estos tiros, hacer mandar el fuego por los jefes de sección. Indica á los jefes de sección el blanco y el punto de éste sobre el cual deben apuntarse las piezas durante el reglaje. Indica al mismo tiempo, á cada uno de aquéllos, la parte del blanco designada para cada sección en el momento de la repartición del fuego. Hace disparar la pieza que esté lista, y continúa el fuego, siguiendo tanto como sea posi ­ble, el orden natural de las piezas. Cuando las cifras indicadas por los jefes de sección para la distan­cia ó la graduación de las espoletas son diferentes, el Capitán escoge una que impone á toda la batería, mandando: tspo!tta, tanto. . A fin de que sus voces puedan ser siempre oídas, exige en la batería el orden y el silencio m ás perfecto y más grande que sea posible. Exige que los jefes de sección y los jefes de pieza repitan sus voces de mando 6 dea con exactitud los datos que deben indicar y en el momento pre­ciso, sin hablar más recio que lo g u e sea necesario y siempre en la forma reglamentaria. 2.. Jefes de sección-Los jefes de sección están encargados, cada uno en la suya, de vigilar los detalles de la maniobra y de hacer cum­plir las órdenes del capitán. Designan á los jefes de pieza y á los apuntadores, según las órde­nes que han recibido, el punto del blanco sobre el cual deben ser apun­tadas las piezas, y en el caso del tiro indirecto hacen tomar ]as disposi­ciones especiales á esta clase de fuegos. Los jefes de sección verifican la primera puntería de sus piezas para asegurarse tanto de que no hay equivocación en el blanco como de que las alzas ó 2ngulos empleados son los prescritos por el capitán. En el caso de que todas las secciones tengan la misma parte del blanco como punto de reglaje, los jefes de sección de los flancos se ase­guran de que la pieza de la sección del centro, puesta á su lado, tiene la dirección que han indicado á su sección. Dan órdenes para que las piezas tomen un punto auxiliar (núme­ro •• ) para la puntería, si hay necesidad. Cuando se puede romper el fuego, lie vuelven hacia el capitán y levantan el brazo. Ocupan, sin dejar de vigilar su sección, y de modo que siempre sean vistos por el capitán, el puesto más favorable para la observación de los disparos; si no tienen ningún medio de observarlos, dan cuenta al capitán. De ordinario se les encarga de reglar el tiro en dirección, y también de arreglar la graduación de las espoletas, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 517 Cada uno de los jefes de sección repite en voz alta las órdenes del capitán que se refieren sea á toda la batería, sea á su sección, y dan , después, si hay lugar, las voces particulares que corresponden á ésta. Cuando deben repetir una voz ó indicar al capitán los elementos del tiro, se vuelven hacia él y hablan suficientemente alto para que él los pueda oír. Cuando deben sustituír á una voz del capitán otra que sólo se refiere á su sección, apenas levantan la voz lo necesario para ser oídos en sus dos piezas. Cuando una voz de mando debe repetirse por todos los jefes de sección, la repetición se hace primero por el jefe de la sección más cer­cana al capitán y después por los otros en orden de su lejanía. Las "oces que indican los elementos del tiro se hacen con la fór­mula: tal distancia, agregando, si es preciso, cspolctrl, ta!Jio. Si de la voz dada por el Capitán resulta una modificación de los anteriores elemcn­ros del tiro, se repite esta voz como está dicho atrás, y los nuevos ele­mentos se anuncian tan aprisa corno sea posible, primero por el jefe de la sección más lejana r después sucesivamente por los otros. De ordinario los jcf~.:s de sección no anuncian la graduación de la espoleta; pero cuando el capitán hace ejecutar un tiro de espoletas de tiempo bajo su mando directo, el jefe de sección que dispara el primer tiro cargado con espoleta arreglada á la. última modificaci)n prescrita, previene al capitán diciendo en voz alta las indicaciones siguientes: Espoleta, taTJfo. Los jefes de sección indican sin demora al capitán, en la forma más concisa, todo incidente que ocurra y no pueda remediarse sin des­arreglar el tiro. También indican todo tiro que, durante el reglaje, sea disparado con mala puntería. Cuando el mismo capitán arregla la es­poleta, indican tambié:1 aquellos de !os tiros dic;parados en que la espo­leta se puede juzgar quedó mal graduada. Los jefes de sección tendrán en las manos una regleta, instrumento que les Fermitc dar sin demora los elementos del tiro. 3· JffeJ de pieza-Los jefes de pieza vigilan á su apuntador y cui­dan de que emplee exactamente el alza y el desvío p1:escritos; verifican las cargas y los proyectiles traídos por los provcedore , vigilan la gra­duación de la espoleta, y se aseguran de que la pieza está bien apuntada sobre el punto indicado del blanco . .Antes de aviMr que su pieza está lista para disparar, los jefes de pie­za debe11 ruegltrrlnf de que la cttlata está bielJ cerrAda, y verificar la posi­ción de lt1 pafa11ca de maniohra. Son los responsables directos de lor acculm­tes que puedan ocurrir por 110 haberse cerrado la culata. Cuando los proveedores no pued~n graduar la espoleta, los jefes de piez1. la gradúan con una llave que sacan de un saco de carga y mantienen en la mano. Cuando la pieza está lista para disparar, cada jefe levanta el braz<, derecho observando lo que sigue: Antes del primer tiro todos los jefes de pieza levantan el brazo en el momento en que su pieza está lista; para los tiros siguientes cada jefe de pieza no levanta el brazo sino cuando la pieza prece~ente, en el orden del tiro, acaba de disparar (ó no está lista á disparar en u turno). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 518 BOLETÍN MILITAR Cuando el capitán ó el jefe de sección ordena una correccwn á una pieza lista para disparar, el jefe de esta pieza baja inmediatamente el dedo ó brazo y no vuelve á levantarlo sino después de hecha la co­rrección, es decir, cuando la pieza de nuevo está lista para disparar. Cuando el brazo de un jefe de pieza está levantado, indica al ca­pitán: 1.0 , que es la pieza de turno para di:>parar; 2.o, que nada impide el disparo de esta pieza. En el fuego por descargas los jefes de pieza de una sección ó de la batería, según el caso, levantan todos el brazo derecho. 4• RoMPER EL FUEGO. Estando las ?iezas en batería, para hacer romper el fuego,. el Capitán manda: 1. A tantos metros; 2. Con granadas (ó shrapneles); . 3· Rompan el fuego; 4· Carguen sin interrupción, y cuando hay que corregir la influen­cia del viento: corran el ocular á la derecha (ó izquierda), tmJf(J. Los jefes de sección repiten las voces .á tantos metros, con grana­das (ó shrapne/es), y si llegare el caso, corren el ocular á la derecha (ó izquierda) tanto. A la voz rompan el fuego, los jefes de pieza mandan: en acción. Los jefes de sección marchan á paso de trote hasta cerca y á la al­tura del capitán, para recibir la indicación del blanco; el jefe de la pri­mera sección se coloca á la derecha, los jefes de las otras secciones á la izquierda. Cuando conocen el objetivo del tiro, los jefes de sección regresan á paso de trote al centro de su sección, á la altura de las conteras; cada uno reúne cerca de sí, en una misma línea, frente al blanco, los jefes de pieza y los apuntadores (estos últimos al ce Hro), les muestra el blan­co y el punto sobre el cual las piezas deben ser apuntadas. Después ocupa su puesto de batería. A la voz en acc i ón dada por cada j efe de pieza, la carga á discre­cióu se ejecuta en cada pieza como es tá prescrito (número .. ) Si el apuntador no es ti en la pieza en el momento en que el pro­veedor llega, el primer sirviente de derecha desempe11a provi sionalmen­te sus funciones y carga la pieza. Los proveedores de cada sección proveen sus sacos en la cajas de su sección. Si toda la batería debiese ejecutar un tiro indirecto, los jefes de sección mandan : Apu11ten con el nivel. Tantos grados (número .. ), é indican el procedimiento para dar la dirección á las piezas. Si una ó varias piezas no ven el blanco, se apuntan con el nivel tomando para la prim era puntería el ángulo de tiro de una pieza apun­tada con el alza. En e s t e caso los j ef l.!s d e secc ió n corren en la regleta la planchuela de lo á ngulo. de tiro, de modo que d e n el ángulo señala­do á la'i piezas, frente á la distancia indicada. A cada voz del capitán, leen la cifra sobre la regleta ayudándose con la corredera, y dan á las piezas apuntadas con el nivel el ángulo correspondiente á la distancia indicada por dicha voz. En el caso de que todas las piezas vean el blanco, el capitán puede también, antes de romper el fuego, ordenar se apunte con el nivel. En- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 519 tonces hace seguir las voces para romper el fuego, con la indicación ;lel caso : Apuntar con el nivel, corrección de situación más ( ó menos) .anta. Los jefes de sección determinan el ángulo, por medio de la regleta, orrigiendo, si e; preciso, el ángulo de situación. Obran despuéc; como está prescrito en su lugar para cada distancia :ndicada por Ja voz del capit~n. Se toma un punto auxiliar para fijar la dirección de cada pieza cuando puede hacerse, sin suspeP.der el fuego. 5· Fuego por piez11. Fuego por descarga. En la batería cada sección y cada pieza se designa por su nú­mero: la serie de los números \"a de derecha á izquierda. El tiro principia por la primera pieza lista, y se ejecuta de ordina­rio de la derecha á la izquierda. Si no hay tropiezo, se vuelve á traer cada pieza, después de su dis-paro, exactamente al mismo terreno. Para hacer disparar e] capitán manda : 'Tal pieza. F11ego. A la voz fuego, el jefe de la pieza indicada baja ligeramente el brazo. A esta seña el primer sirviente de derecha da fuego ; la carga á discreción vuelve á empezar como está prescrito (número .. ), haciendo el jefe de sección la indicación cargt:m á su debido tiempo. Para hacer ejecutar el fuego por descarga , por secciones ó boletas de tiempo. Este modo de cargar se llama carga por sección. Para hacer cargar sin atraso las s:is piezas después de que hayan disparado, el capitán manda: cargum sin interrupción. De~pués de esta voz se vuelven á cargar las piezas disparadas, antes de apuntarlas. Para '\-Olver á la carga por sección, el capitán manda: cargum por uuión. Después de esta voz las piezas no se cargan sino después de la voz de los jefes de sección (número o).-(Cfmtinuará). _..,._. __ INSTR'üC:JION PARA LAS MANIOBRAS DE CABALLERIA El Combate (Continúa) Generalidades-En la carga en batalla, la primera línea avanza en muralla, es decir, sin intervalo entre los pelotones; los escuadrones con­ser\' an el reglamentario. La primera línea será sostenida por la segunda y la tercera: de ordinario la segunda se formará en línea de columnas, e~ decir, con escuadrones en columna de pelotones situados sobre una misma línea y á intervalo de despliegue; la tercera se establece en masa dt columnas, que es la misma formación anterior, reduciendo los intervalos á 12 metros. El objecivo final de todos los ejercicios de la caba11ería está en en­señarla á reunirse en una posición de espera, 1 uégo llevarla rápidamente al punto elegido, desplegarla allí y atacar al enemigo. Hasta el escuadrón para cargar empleará á menudo la formación en escalones: la distancia entre éstos varía con el terreno, pero en ningú:1 caso será mayor de 1 oo metros ni inferior al flente de los escalones. La carga en escalones pro­duce la sucesión en los esfuerzos, permite resistir los ataque de flanco y procura los medios de atacar al adversario por la espalda, dirigiendo un pelotón sobre el flanco 6 retaguardia de aquél. Cuando se acahe de pa­sar un desfiladero y no haya tiempo de formarse en línea para atacar, se impone el combate en escalones, lo mismo que para la tropa que ocupe los flancos de una fuerza mayor en batalla para formar allí martillo ofensivo ó defensivo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 521 Normalmente la disttmcia de carga será de I,zoo metros, de los cuales 6oo se recorren al trote, 500 al galope y 100 metros á 11ire de carga. El instante mis propicio para la carga es aquél en que la caballería enemiga pasa de una formación á otra ó cuando ya está atacarla de frente. Nunca se intentará carga alguna sin proteger los Bancos, ó sea sin pre­parar una fracción que, llegado el caso, pueda formar flanco defen­sivo. Después de todo choque se ejecutará la rcttlltÓn de la aopa : al toque respectivo los jinetes se reúnen detrás de su Jefe y tornan á for­marse en dos filas, sin preocuparse ninguno por el lugar que le tocó en la formación. Para desbordar una ala se da la carga en orden oblicuo. Contra la infanterfa conviene la carga en escalones. La carga en forrajeros,.siempre apoyada por una reserva, no convie­ne sino para atacar tiradores ó baterías. FtJces del rDmbate-La característica de ]a caballería será la ifen.si­va, siempre la OFENSIVA, es decir, nunca se dejará atacar en ningún en­cuentro de armas. El combate de caballería presenta tres faces : 1.• La coltctntración: reunirse en lugar conveniente, ocultándose á la vista del enemigo y reconocer el terreno en que se va á obrar. z.• La preparaciÓtJ: avanzar con rapidez, tomando la formación que más convenga para de~fibu según el terreno : línea de columnas, co­lumna doble, columna propiamcn te dicha, á fin de llegar en buen orden al sitio designado ó elegido, y al llegar á éste, formarse en tres líneas. 3.• El ataque:: arrojarse sobre el adversario desde que se le tiene á distancia de carga. Cuando la tropa puede ocupar un frente mayor que el del enemi­go, la parte que desborde á éste lo atacará de flanco. La caballería puede ocultar una fracción tras algún obstáculo 6 accidente del terreno, simular una retirada para atraer el enemigo á ese sitio y cargarlo de flanco con la embo cada. En todo caso en el combate de caballerías el éxito no se alcanzará sino mediante la cohesión en las filas, la conservación de las distancias entre los escalones, Ja rapidez del galope y el silencio de Jos soldados ; el choque se logrará con potencia irr~sistible merced á la bravura de ]os jinetee;, el ejemplo de los oficiales, el impulso de la fila exterior y el brío moral que producen los sostenes. El Jefe de una caballería, cualquiera que sea su grado, se situará en un punto desde donde pueda reconocer el terreno y elegir el momen­to propicio para el ataque; tomará di - posiciOnes rápidas, &encillas, y lan­zará su tropa á toda velocidad sobre el adversario, puesto que el éxito depende no de la superioridad numérica sino de la rapidez del choque. La cahallerítl sostén de artillería-En este caso la caballería se si­túa .' retaguardia y hacia afuera del ala en peligro, y constantemente en vi a exploradores y patrullas que vigilen el terreno. La fuerza que esté de sostén e divide en tres partes : un cuarto se coloca á un cen­tenar de metros de las piezas, y sobre su costado para contener los fo­rrajeadores enemigos; la mitad se prepara á comb~ttir las tropas que el enemigo envíe contra el so tén; otro e u arto forma la reserva. Cuando Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 522 BOLE1.'ÍN MILITA. U la batería haya de avanzar, el sostén la precederá siempre para explorar el terreno ; en caso de retirada va tras ella • .Ataqtlt de la artillería-La caballería enviada á atacar una artille­ría se divide en dos porciones : la una ataca el sostén de la batería ; la otra en forrajeros se lanza sobre las piezas. La caballería debe tratar de sorprender la artillería en fla g rante delito de maniobra, y si esta arma se hubiere aventurado, la parte encargada del ataque se di spersa en forraje­ros, á 1 ,ooo metros de las piezas, y las carga de flanco y por reta­guardia. Caballería contra infalttería-El ataque de una infante ría intacta puede ser glorioso, pero en ningún caso dará resultados eficaces: con lanza y s tble no se puede luchar contra las balas. La caballería que ataca una infantería tratará de coge rla de flanco para cargarla á lo largo; en medio del humo y las detonaciones de los fusiles, esto no es imposible, y el ataque tendrá tanto mayor esperanzas de logro, cuanto las reuniones de infantes, por estar sobre la misma línea, se fusilarán unas á otras. De los diversos problemas que se presentan á la inteligencia y valor de los jefes de caballerías, ninguno será de solución tan delicada como el ataque de la infantería, el que siempre se ha mirado como la pie:ira de toque de las cualidades de una caballería. En el combate en cues tión los jinetes tratar ~ín de sorprender la infantería á favor de algún p liegue de terreno, de atacarla cu11ndo esté maniobranJ , ó cuando e s té can:>ada ó enervada por una luc ha prolon­gada. La caballería que encuentre inopinadamente una columna de in­fant e ría en marcha ó que no ha tornado posiciones defensivas, no espe­rará concluír su despliegue para atacar: á fin de no dar tiempo á la in­fantería de rehacerse de la sorpres a, lanza sin demora al ataque las fracciones ya des plegadas, y las otras se forman en escalones y cargan sucesivamente. Debe observarse que sostenes y reservas de una línea de infantería sorprendida no se atreverán á hacer fuego por temor de fu silar á s us propios tiradores. Contra una i ínea des pl egada se carga el ala derecha, porque el tiro ohli c no hac i;¡ es te lado e s difícil; con el ataque directo se combi­nará otro d e r e vt:s : las columnas se cargan d e flanco y obli c uamente, en c uanto se t p o ibl e, para partirlas en trozos. E " ta c ion a r tropas d e caballería á co rra di stan c ia de líneas de in ­Cant e r ía enemiga; enviar patrullas de ofic iales que se aventur e n en lo e je r c í io s, por entre los tiradores, para estudiar l os flancos ó retaguar ­di a d e l adv e r ario, son procedimientos errón eos que nu nc a c umbatirán snfi c i 'I H emente los jefes . · CI)7Jc/11 sio11es- La caball ería bien empl e ada y dirigida, aún pued e r e c oger laureles en el campo de batalla; pero s u misión principal se en c uentra hoy fuera del terreno del combate, en el desempeño del ser­vi c in de exploración-(CoJttimtaró) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILEI.'AR 523 1099 República de CfJ!ombia-I: División d :1 l Ejército -C?mandant:ia ge­neral- Núml!ro r8s-Bogotá, Noviembre 22 de 1899 Sr. Ministro de Guerra-E. S. D. 'Tengo el honor de presentar á S. S. el corresp~ndiente infor­me, de las operaciones verificadas por la fuerza de mi mando en la campaña de Occidente, sobre las fuerzas revolucionarias al mando del malogrado General Zenón Figueredo. No había cumplido con este deber antes, debido á las natu­rales ocupaciones del servicio y por una ligera indisposición del Ayud<~ntc Secretario, quien e taba en posesión de los documentos relacionados con este asunto. El Sr. General Antonio B. Rebollo, Inspector de la Divi­sión, á quien tuve á bien nombrar-en virtud del pliego de ins­trucciones y autorización de ese Despacho-Jefe del Estado Mayor de la expresada fuerza, no rinde el presente informe, como es de ordenanza, por la circun. tancia especial de haber tenido necesidad de separarno·, con motivo de la novedad fí ica de que he adolecido de de el segundo día de IHie ' tra marcha, habiendo asumido en tal virtud el . u crito todo el centro de la dirección, para que el Ge­neral Rebollo pudiera obrar á la cabeza de las tropas en las distin­tas di re ci nes que fuest! necesario. E 1 Coronel Adolfo Duque ocupó el puesto de In. pector en lugar del General Rebollo, con­forme tuve el honor de comunicar dicho nombramiento á S. S. oportunamente. Con tal mot ivo el Coronel Duque entró á tomar una parte activa é importante en la expresada campaña de Occi­dente, como se verá en el curso de este informe. De acuerdo con las instrucciones recibidas de e e Ministerio, el objetivo principal de la campaña se reducía á marchar inmediata­mente y abrir operaciones en la plaza de Facatativá, con el cuerpo Politécnico y roo hombres del Batallón 81Jlívar, sobre la fuerza re- • volucionaria al mando del General Figueredo, que se encontraba en las cercaní<~s de la mencionada plaza. El General Antonio B. Rebollo, . i tu a do con anterioridad á la cabeza del Politécnico, en Fa­catativá, debía acompJÍÍ armc: en I citada expedición, una vez reu­nido en e ~ e lugar, con el Coronel, Primer Ayudante general, Luis F. (Jarcia, el Capitan, Ayudante Secretario., .f\,1anuel París R., y 100 hombre del B?ltvnr, con lo cuaJe debía marchar el suscrito de esta capital en direccion al Occidente. En tal virtud, el día 27 de Octubre próximo pasado me puse en marcha, en la forma expresada, para .Facatativá, con el objeto Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 524: BOLETÍN MILITAR de abrir operaciones en la noche del mismo día, lo cual no se pudo verificar sino hasta las ro a. m. del día siguiente, con motivo de haber carecido de caballerías para movilizar los jefes y oficiales, el parque y la batería de artillería del Politécnico. Al llegar á Agua­larga, en la tarde de ese día, con toda la fuerza de mi mando, supe que la fuerza de los rebeldes e taba situada en el Alto del Raiz.al y el dd Trigo, con avanzadas sobre Villeta, en la vía que conduce á Guaduas; y que en las primeras horas del día se habían pronun­ciado en V illeta los vecinos enemigos del Gobierno, engrosando de esta manera las filas de Figueredo, tomando las armas á los pocos amigos de la Legitimidad que existían en ese lugar, poniendo en libertad los pre os por delitos comunes, detenidos en la cárcel, destruyendo la máquina telegráfica y rompiendo el alambre e inco­municando de este modo al Gobierno. En seguida dispuse que un piquete del Escuadrón Republica­no, que desde Facatativá e había puesto á mis órdenes, marchara inmediatamente para Sasaima, y que reunido allí con la fuerza organizada por el Coronel Antonio García, siguieran para Vi11eta á entrar á dicha plaza, á las 4 a. m. del día siguiente, 29 de Octu­bre, en combinación con el Politécnico y los 100 hombres del Bo­lívar, que á las órdenes del General Rebollo y mías debían atacar á la citada plaza, á la misma hora, por la vía de Chi m be y la Va­riante; movimiento que fue ejecutado conforme se dispuso, retar­dándose el suscrito en su entrada á Villeta, debido al accidente físico que sufrió en las primeras horas de ese día, y del cual ya se ha hecho mención. U na vez reunida toda la fuerza en Vi lleta, se publicó la orden general, se dispusieron las avanzadas, se tomaron posiciones, se or­ganizó el servicio de plaza y se abrieron operaciones para atacar al enemigo, que permanecía en los puntos indicados. Para tal efecto se dicti1ron la providencia iguientes: se mandó avanzar ha ta San :v1 teo piquete volante del Escuadrón R epublicano, y al Co­ronel Antonio García se ordenó que e situara, con su Batallón de Sa .tima, en la hacienda de Cune, en comunicación con el Pi­quete Volante, fuerza que debía obrar en combinación con el Batallón Jtuebradanegra, que al mand del Coronel Anastasia Martínez debía situar e en el Alto del f/elero, movimiento que debía verificar el expre a do Coronel con su fuerza, desde la po i­ción de Santa Rosa, en donde se encontraba, según orden que le fue comunicada por posta oportunamente. Todas estas fuerzas enumeradas debían obrar en dirección par.dela por el flanco derecho, por las posiciones :::tltas, dominando el camino real de Guaduas para proteger la marcha ó el ataque por el centro, ó sea b mencionada vía, por donde se dispuso en­trara el Coronel Luis F. García á la cabeza de las Compañías de ZapJ.dore. e In f.111tería, cerranJo la marcha el GenerJl Rebollo con los 1 oo hombres del Bolivar, al mando del argento I\1ttyor Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 525 Cipriano Soto y del Capitán Jesús Duarte, y la Batería de Arti­llería, completo del Politécnico, permaneciendo el suscrito en la plaza de Villeta con el reHo del Escuadrón Republicano. En este estaclo permaneció toda la fuerza hasta el día siguiente, en el cual avanzaron el Teniente Coronel Antonio Laverde, primer Jefe del Batallón Politécnico, y el Sargento Mayor Daniel .Estévez, se­gundo Jefe, con las Compañías de Zapadores é Infantería hasta el Alto del Raizal, e.n donde acamparon, ocupando el Coronel Luis F. Garcí a con los 1 oo hombres del Bolívar el Alto del Trigo. Estas posiciones fueron tomadas al enemigo sin un tiro, el cual las abandonó, en di_§tintas direcciones, para reunirse al día siguiente en la plaza de Utica. En dicho día, ó sea el último del mes de Octubre, se dispuso que el General Rebollo, con la fuerza del Politecnico situada en El Raizal, ocupara la plaza de Gua­duas, con el objeto de restablecer las autoridades legítimas y la co­municación telegráfica, como en efecto se verificó, quedando des­pejada la vía de Honda y en comunicación con esta capital. El mismo día se dispuso que el Coronel Adolfo Duque ocupara la plaza de Utica con una fuerza compuesta del Piquete Volante, el Batallón Sasaima, el ~uebradanegra y los I oo del Bolívar, opera­ción cumplida por el Coronel Duque con los soldados del Batallón Sasaima y los 100 del Batallón Bolívar al d1a siguiente, por no ha­ber alcanzado á ocuparla el31 como se había ordenado. Esta plaza también fue evacuada por el enemigo sin oponer resistencia de ninguna especie. El objeto principal de mi comisión, según instrucciones ter- , minantes y precisas de Su Señoríal era combatir á Figueredo, perseguirlo e interceptar sus fuerza¡ para evitar que se uniera al Ejército revolucionario del Norre, ó que amenazara ]a retaguar­dia de las tropas del Gobierno en la misma dirección; por tanto, el Coronel Duque, á quien comuniqué las mismas instrucciones, se ciñó á ellas, y debido á las operaciones que verificó dicho día 1. o del presente, la fuerza de Figueredo, que había avanzado hasta La Peña, contramarchó por Nocaima el mismo día sobre la plaza de Villeta, la que pretendió tomar por asalto en Ja madrugada del 2, pues dicha plaza apenas estaba guarnecida por el Escuadrón Ma­drid, al mando del Coronel J.] oaquín Escallón, quien había llegado el día antes procedente de Serrez,uela; por el re to del Escuadrón Republicano, comandado por el 'Teniente Coronel Gabriel Rojas, Segundo Jefe, en defecto del primero, Coronel Julio Hernández, quien desde el día 30 de Octubre se había separado del mando sin mi consentimiento, en compañía del segundo Ayudante general, Teniente Coronel Alejo Rubio*; y por la batería de Artillería comandada por el Sargento .I.V1ayor l'v1oisés Ortega L. • El Teniente Coronel Alejo Rubio fue nombrado Ayudante en Facatativá1 con a¡nobación de ese Ministerio, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 926 BOLETÍN MILlTA.R Dicho asalto fue frustrado por la alerta en que estaba la fuerza de mi mando, y por haber adelantado la tarde víspera del 2 el resto del Escuadrón Republicano hasta el paso de El Tovia, en . la vía de Nocaima, y cogido prisionero al General Juan C. He­rrán, que se dirigía con una descubierta de exp loración sobre Vi­lleta. Esa wisma noche se replegó el mencionado Escuadrón sobre el campamento de Villeta, después de dejar e tablecido sobre el camino de Nocaima un piquete de exploración, organizado un buen espionaje y la avanzada correspondiente. A las 7 a. m. del día 2 se rompieron los fuegos con las avanzadas del enemigo; en tal estado dispuse que el Escuadrón Madrid, cotnandado por el Coronel Escallón, y el resto del Republicano, al mando del Co­mandante Rojas, reforzaran la línea de batalla, dP.splegándose con­venientemente en los afueras de la población, hacia el lado oriental de ella, lugar por donde pretendía atacar Figueredo con sus fuer­zas. Inmediatamente monté á caballo con mis Ayudantes, y puse en movimiento la batería de Artillería, para colocarla en una posi­ción en donde pudiera maniobrar, mientras Uegaba en apoyo el General Rebollo con el resto del Politécnico, que estaba en Gua­duas, y que según mis órdenes y cálculos, en esos momentos debía estar llegando á Villeta, como en efecto sucedió. Pero ya el ene­migo hab1a tomado la vía de Sasaima con dirección á Chimbe; entonces dispuse que el Escuadrón Republicano lo persiguiera ac­tivamente por la vía de Sasaima, cortara á los rezagados é hiciera prisioneros los de la retaguardia del enemigo. Al mi mo tiempo ordené que el Escuadrón Madrid se m -Jviera con rapidez, á Chim­be, por la Variante, á disputarle á toda cota el camino á l:¡ van­guardia de Figueredo, apoyado este movimiento por el Cuartel general y el Batallón Politécnico. Todo salió de acuerdo con las operaciones prescritas, resultando el encuentro en Chimbe en la tarde de e e día 2, del cual tienen ya con cimiento S. S. y el pú­blico, según el parte correspondiente que r e ndí.-( Cmcluirá). FLORO GOA1EZ ---·~-- SECCION DOCTRINAL LA FRONTERA DEL SUR * Extracto de conferencias á los oficiales de la guarnición (Continuación) La tierra clásica por excelencia en las lides de guerrilleros du­rante las guerras de Independencia y las civiles de la primera mi- • En el número anterior ele este semanario, en el cua d r:l el e coordenadas, se inserta­ron por equivocación algunas que no son de las aceptada3 por el autor, sino de las su­puestas para la discusión del asunto. Los diagramas permiten corre~irlas, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 527 tad de este siglo, fue estudiada científicamente por Caldas y Hum­boldt antes de nuestra emancipación; por Bouger, Mosquera y Codazzi, antes de 1 86o; por Reiss y Stübel hace treinta aÍlos, siendo de capital importancia el trabajo de estos últimos viajeros, por el cuidado con que determinaron las coordenadas Je multitud de puntos interesantes, por lo cual los hemos elegido como base de la cartografia de la comarca, previa madura confrontación de unos datos con otros. De lo dicho se deduce que de esta comarca tenemos á la fecha un conocimiento suficiente para guiar con se­guridad al soldado en sus operaciones de guerra: allende la fron­tera debe seguirse á W olff, quien no há mucho publicó una carta y geografía del Ecuador, dignas de todo elogio. Los trabajos de André no merecen mención, pues se limitó á copiar la carta publicada; sin caer ni aun en la cuenta de los errores de rumbo antes apuntados. Como fácilmente se comprende, los problemas cartográficos de la frontera del Sur, de escalón en escalón, alcanzan á confun­dirse con los del centro del país en la región montañosa que demora al oriente de Popayán, ó sea el macizo de Colombia por ex­celencia*. Por tal motivo, preciso será que demos una ligera ojPada al punto, para determinar una base de partida que nos guíe en el trabajo que hemo5 emprendido y nos explique el porqué de muchos errores de nuestras cartas. Cuatro puntos cuyas coordenadas conocemos con exactitud vie­nen oportunamente á rodear el mencionado macizo, fijando su po­sición con respecto á Bogotá, los cuales son La Plata y San Agus­tín en el Tolima, y Popayán r Almaguer en el Cauca: Popayán y La Plata sólo difieren 4' en latitud; Almaguer y San Agustín ape­nasi'; Popayán y Almaguer tienen alejados sus meridianos 15, ¡y 1 1' separan los de La Plata y San Agust1n. Traduciendo estos elementos en metros, tendremos que se trata de una figura cua­drangular, casi un paralelogramo, cuyos lados miden 55,000 me­tros de Popayán á La Plata, 6o,ooo de Almaguer á San Agustín; 6o,ooo de La Plata á San Agustín, y 64,000 de Almaguer á Po­payán: dentro de este espacio quedan el Puracé, el Sotará y las fuentes del Magdalena, el Cauca, el Yupurá y el Patía. Consideremos ahora la carta impresa: en tanto que las dis­tancias N. S. se conservan casi las mismas (62,000 metros de Al­maguer á Popayán; 66,ooo de San Agustín á La Plata), las de E. á O. se transforman por arte de encantamiento, pues de Popa­yán á La Plata resultan 1 2o,ooo, y 1 oo,ooo de Almaguer á San Agustín. En las tablas de Codazzi aparecen adoptadas para San • Este nombre, que nos permitimos introducir hace algún tiempo en la geogralía de 1 país como una necesidad, á la fecha figura ya en todas las geograilas y cartas de méritQ <¡ue se publican en el Extranjero.-V. V. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 528 BOLETÍN lULITAR Agustín lag coordenadas de Caldas, y sin embargo en el dibujo resultan dttplicadoJ los Ir'' que separan en latitud dicho lugar de La Plata, y decuplicado el r' que del mismo modo se halla entre San Agustín y Almaguer. Por culpa de tales errores, multitud de otros lugares resultan señalados de un modo en las tablas y de otro en el dibujo; y á la topografia general de la comarca se hizo sufrir una especie de torsión cuyas consecuencias se extienden hasta Bogotá por una parte, é I pi a les por otra. Los cálculos de Caldas revisados por Reiss y Stübel, apenas dan 4' de latitud entre San Agustín y Timaná, y la carta pone 14'; entre Neiva y Timaná hay 43' de diferencia en las longitudes, y la carta sólo coloca 32, de donde un absurdo trazo de todo el Alto Magdalena, cuyo rumbo general, de SO. á NE., se trocó S. N. Por lo que hace al valle del Patía, que se extiende de N E. á SO. en el terreno, la carta lo marca de N. á S., lo que, como se comprende, trastueca las relaciones militares entre esa comarca y la de Pasto. La carta supone á Pasto al N E. de Túquerres, y á Túquerres casi al N. de Ipiales, cuando en el te­rreno Pasto se halla al E. N E. de Túquerre · , é lpiales demora al SE. de la última. En fin, la carta sitúa á Pasto, 'Túquerres é Ipia­les de un modo irregular, pues á lo dicho anteriormente agrega considerable disminución en la distancia de lpiales á 'T'úquerres, y aumento en la de Túquerres á Pasto. '1 an capitales son los errores apuntados, que las cartas de los antiguos Estados del Cauca y el Tolima no confrontan en esta región, y que en la general de l país los flamantes cartógrafos se vieron obligados á modificar, á inventar una topografía sui g~neris, á fin de llenar la región que ocupan el macizo de Colombia y las tierras aledañas: fueron incapaces de reducir á un centro común los diversos itinerarios de Codazzi en el Sur del Tolima, Caquetá y Popayán. Así orientada la cuestión, podemos entrar á discutir los ele­mentos cartográficos de la frontera propiamente dicha, que, como bien lo sabéis, e t " señoreada por las poblaciones d e I piales en pri­mera línea y ~fúquerres en segundo lugar; poblaciones que, con Pasto, constituyen los tres punto estratégicos de primer orden al sur de la formidable barrera del] uanambú, límite geográfico de la zona fronteriza desde el punto dt vista milttar. Los viajeros Reiss y Stübel, después de observaciones cuidado­samente ejecutadas, hallaron las posicione astronómicas de Pasto (lat. N., 1° 12' 59'\ long. O. de Bogotá, 3° I 3' 30") y de Túque­rres (lat. N., ¡o 5' 20 6 , long. O. de Bogotá, 3° 31' 5"), las cuales constituyen la línea fundamental de la cartografía de la frontera Sur. Desgraciadamente ellos no determinaron la posici6n de lpiales. ¿Cuál es ésta? Caldas calculó que su latituc:l era oo 48', la cual es correcta sin duda alguna, y la preferimos á la de Bouger y de Mas­quera, que la estimaron en o 0 45' y o 0 46' 30": esta última figura ~n las tablas de Codazzi) pero en la carta se ad0ptó la de o 0 SJ', de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE'l'ÍN MILITAR 529 londe que se aproximará indebidamente su posición casi 2 leguas á Túquerres, cuya latitud se estimó en 2' 40" ósea demasiado baja . ..... onsecuencia de semejante proceder fue reduc:ir á sólo 5 leguas las ~ que cuenta el camino directo entre las dos poblaciones, según la nedida de la línea telegráfica. ¿Y por qué aceptamos la latitud de ...,al das ? Porque la posición de la ciudad con respecto á los veci- 10S nevados de Chiles y Cumbal es igual en los trabajos de los dis­: intos observadores, y la latitud de Chiles es 49' 12'. La longitud pudiera ser dudosa ~i no tuviéramos igualmente ¡¡na refrendación de los c:dculos anteriores: Reiss y $tübel deter­ilÍnaron la longitud del Santuario de La Laja, la que resultó ser j 0 2I 1, es decir, 101 15" oriental de Túquerres, por lo que distando d Santuario una legua y media de la ciudad, ó sea poco más de +'2011 , resulta comprobado el dato de Codazzi, que la sitúa en las !ablas á 5'4-o", al E. de aquella otra población. A estas coordenadas podemos agregar las de los Nevados de hiles (lat. 0.49'12" y long. 3°44'45'') y Cumbal (lat. 0.54'4'' y :ong. 3°41'30"), determinadas con idéntico esmero por los mis­; nos viajeros ya citados, las que nos permiten situar el eje de la cresta ó serranía que guarda la mesa de Túquerres al 0., sobre todo si se tiene en cuenta que los mismos autores nos dan la lon­gitud de la laguna Verde (3°39'3o"), que es la misma del Azufra! ó volcán de Túquerres, cuya latitud, egún Codaz¿i, supera sólo en 2' la de la ciudad. De paso podemos ob ·ervar que las coordenadas de Chiles y Cumbal se refieren á los nevados y no á los pueblos del mismo nombre, caso que no lo supieramos, mediante un peque­ño cálculo que haremos com ejemplo para ca 05 análogos: las longitude de Chiles é I pi:.dcs difieren en unos 42,000 metros, ó ,ea 8 ~leguas; ahora bien, de Ipiale;; á Carlosama hay 3 legu;.¡s y 3 de este lugar á Chile., la dift;rencia nos indica, puc , que se trata del ne ado que di ta 2 del pueblo que le da su nombre. Los mismos Rciss y Srübel nos dan las coordenadas del pára­mo de Chaves (al SO. de Pa to), de Jenoy, L #Florida, Paso de Guasca (Paría), Consacá, A les, Carrizo (NO. de la Cocha), Santa Lucía ( . de íd.), Sebondoy, Putumayo y Santiago; la latitud de Chapacual, y las longitudes del ~I ambo, del Tablón, .1\Ioechiza, Peilol, Loma Guapalo, Llano del Santísimo y el Hondón, elemen­tos que, unidos á los anteriore, no permiten establecer la armazón geográfica de la comarca, del J uanambú al Carchi y del Putumayo al San Pablo y el San Juan (.\lira). A ese esqueleto deben agregarse las cooroenadas de Calda , Humboldt, Bouger, l\.1osquera y Co­dazzi, referentes á otros 30 puntos de la mi ma región, y tendre­mos constituida una numerosa red de triángulos que nos permiti­rá corregir y revisar lo3 detalles de los levantamientos topográficos, de los itinerarios, exploracione , trazo de caminos, memorias geo­gráficas, viajes, etc.-( Continúa) 2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR Cartografia de la frontera del Sur Un o y elnomb1·e entero ma1·ca la posición exacta del lugar de ac1le1·do con las coorde11adfu; un • y la inicial, la que realmente ocupa sobre la carta impresa. Nótese que los errores divergen en llar. á partir del Macizo de Columbia OCali 0 8 ant ander •s .n o Huila .s 0 8ilvia • 0 Popayátt P •p0 Puracé 0 La Plata o •p Pa1to OTúr¡uerres •T OPatía • P .A /maguer .A. o 0 Bolívar •B .La C 0 La Cruz ce :.E ~ ""'e:> e;..;> Origen de los -~ enatro rios c.> ""'&:::1 0 San .Agu1tín +origeue del naza +o del s Esc:ala aproximada 1: z.ooo,ooo F. J. V. V. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :; a ! o ~ Ql ~ • e,¡ ~ ~ "' . :~ Ql • l!li-) ! ~ ~ ¡., d o ~ P. e= ~ Q "= e ... e,¡ f ... ~ ~ o Mayasquer o P icdrancha • Gnalcalá o Mallama • .hufral 0 ............ ,_. .... \ o:¡ UQUERRES OOspina \ ~ 0 Sapuyes ~~ o !les Id .. ~ o F11nes o Guavo 1 c:ambú EspinoO ~~ ! Ecnasan :; o = Chapal ~ e 10 ~ ~ -"=' .. o o_. 0 Miraflores 1 Marpi • • Cerronegro o Tambo • Chile11 • Dict.amo Cumbal +Tolas o Panamal ~j ~~ :: ~ ~ o o c. Muellamues Guacbucal ~ 1 o Chiles o Crtmbal 0 o Panán Camus ~/ ,,,~~ o.~"' '" o ~'\. / Pastas oc arlosama OCarchi ~ ~ '" = o María o Gualmatán o o Tulpas \ \ e rmt adero o San Juan o OPupiales OJPJALES +Rumie haca o La Laja o PotoJÍ Puerres o Males b:t o t-4 M ~ ~ ~ ~ 8 ~ ~ Or ~ ....... Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 532 BOLETíN MILITAR HISTORIA LOS OOMS.e..TES :CE S~.NTI.f..OO JUZGADOS POR UN OFICIAL SUECO El capitán Wester, agregado militar á la Legación de Suecia y Noruega en Wáshington, que siguió las operaciones acompañan­do al cuartel general del ejercito norteamericano, relata en la si­guiente forma los combates librados en torno de ;.¡,q u ella plaza. I El Caney El 30 de Junio por la tarde el ejército norteamericano (1) se concentró al Este de Santiago para prepararse al ataque. La brigada Doffield se dirigió por la costa hacia Aguadores. El núcleo principal de las fuerzas formabá dos agrupaciones: en el Pozo se situaron las divisiones Kent y Wester con tres ba­terías, mientras la di visión Dawton, con una batería, marchaba hacia el Norte ?ara ocupar posición al Este de El Caney. La brigada Bates constituyó la reserva, situánJose al Este de El Pozo. Frente á ellos el General Vara de Rey ocupaba El Caney con 500 hombres de ir1fantería; en Aguadores había I,ooo; en el centro el General Linares emplazó su avanzadas formadas por 1,200 hombres que se situaron en las alturas de San Juan, mientras que los fuertes de la entrada del puerto y los atrincheramientos que defendían á Santiago quedaba11 guarnecido con 5,500 hombres. El I.0 de Julio, al romper el día, la división Lawton comiea­za su movimiento de avance hacia El Caney; la confianza reina en el campo norteamericano, donde el único temor consiste en que (1) El cuerpo expedicionario bajo el mando rlel General Shaftcr estaba compuesto de la siguiente manera : Primera División (Kent), 5,173 hombres, divididos en 3 brigadas {Hawkins, Pearson y Wikolf). Segunda División (Lawton), 5,879 hombres, repartidos en otras tres (Miles, Ludlou y Chaffée). División de caballería (li pie) Wheeter, 2,737 hombres en dos brigadas (Summer y Yonng). Brigada indepenrliente (Bates), con 1 ,o8 5 hombres. Brigada Duffiel, con 2,543 hombres. Un batallón de artillería con cuatro baterías de á cuatro piezas, y dos compañías de sitio con su tren. Un regimiento de caballería, dos compañías de ingenieros y u11a sección aerostática, ~total 181216 hombres, 16 piezas de campaña y 8 de sitio. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 533 el enemigo se escape sin combatir; pero en El Caney, como se verá, están m u y lejos de pensar así. Las casas del pueblo han sido aspilleradas, se han abierto trin­cheras en un terreno pedregoso, y el fuego de unas y otras es ra­<> ante sobre un espacio de 6oo á r,2oo metros; en la punta Nor­deste de la posición, el fuerte de El Viso, guarnecido por una com­pañía, ocupJ una colina de de la cual se dominan todos los aproches. Los norteamericanos se proponían envolver la posición es­pañola, para lo cual la brigada Chaffee se dirigió desde el Noroeste hacia El Viso; la de Ludlou, desde el Sudeste hacia la desembo­cadura del camino que une El Caney con Santiago, mientras que una batería se colocó en posición al Este del pueblo, y la brigada Miles ocupa al Sur á Ducorean formando el ala izquierda. Hacia las seis de la mañana comenzó el fuego de las trinche­ras españolas; de improviso se descubre sobre ella una línea de sombreros de paja: inmediatamente óyese el ruido de una descarga, seguido de la desaparición de lo sombreros; esta operación e re­pite cada minuto, observándose en ella una gran regularidad y la acción de una voluntad íi.rmt, lo que no deja Je proJucir una pro­funda impresión en la línea Je exploradores norteamericanos; las balas cruzan el aire, rasando el suele.., biriewlo y matando. Poco tiempo de pués, toda la brigada Chaffée se encontró desplegada, pcr0 sin poder avanzar un paso, y la de Ludlou ~e vio tam bien detenida. Ivlientras el fuego de la infantería aumenta progresiva mente, la batería norteamericana comienza á disparar. Como los e paño­les no cuentan en El Caney con un o lo cañón, el fuego puede hacerse con la misma tranquilidad que en un campo Je maniobras: las piezas pueden hacer daño sin peligro alguno de recib:rlo. A los pocos momentos las granada: estallan por encima de las trinchera:, alc.1nzaban la<> ca as del pueblo y perf<>raban lo~ muros de El Vi o, proyectand lo shrapnels su lluvia de plomo sobre la posición; á pesar de todo, en el fuego español se ob erva igual continuidad, igual violencia. Delante Je El Vi o se descubría un oficial paseándose tran­quil mente á lo largo de las trincheras; fácil e comprenJer que el bjeto de e e pdigroso viaje en m<:dio de los pro_yectile de que el aire está cruz.a lo, no ts otro ~.ino animar con el ejemplo á lo· bravo defen ore·; ~e le vio Je cuánuo en cu:indo agitar con la man l'U !'ornbrero y . t: <:: cuchab1n aclamaciones: ¡Ah, stl ¡Viva E. paiía! ¡Viv,l el p11ehlo que 'llt:llt:t con t~des hf) lhr..-·! La masas de infanterJJ norte:li1J"ricana se cch tb.tn v apr..:t t­ban e mtra d suelo hasta el punto <.lt.: p.uecer clavad,l~ .í el, no pu­diend pensar en moverse á cau a de la prccision de las d cargas que la pequeña fueu,a esp1.iíola le enviab,\ á c.tda instante. Se hizo preciso pedir socorro:,, y hacia la una avanzó Miles desde Ducorean, entrando en línea á la derecha de Lidlou, y h:t- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 534 BOLETÍN MILITAR cia las tres la cabeza de la brigada de reserva se desplegaba á la derecha de Chaífée; pero en lo alto de las trincheras el chisporro­teo de los Máuser se escuchaba siempre. Por fin á las tres y treinta y seis minutos, la brigada Cha­ífée se lanza al ataque contra El Viso; pero queda al principio detenida al pie de la colina, y no invade el fuerte sino después de un segundo y violento empuje. Los españoles ceden lentamente el terreno, demostrando con su tenacidad en defenderse lo que muchos militares de autoridad no han querido nunca admitir: que una buena infantería puede sostenerse largo tiempo bajo el fuego rápido de las armas de repetición. ¡El último soldado norteamericano que cayó fue heri­do á 23 pasos de las trincheras! Aunque la clave de la posición estaba conquistada, la lucha continuaba. Yo ~eguí, con el corazón oprimido por la emoción, todas las peripecias de esta furiosa defensa y de este brusco ataque. Desde El Viso, una vez ocupado, las tropas norteamericanas comienzan á tirar sobre el pueblo, que es también en este momen­to el objetivo de la brigada Ludlou; pero la ocupación no se efec­tuó hasta las cuatro y media, hora en que los últimos españoles abandonaron las casas para recomenzar el fuego desde una colina situada 6oo metros al Oeste. ¡Admirable obstinación de resistencia, á la que todos contri­buyen hasta el último instante! Detrás de la línea de batalla norteamericana se arrastraban los cobardes chacales de esta guerra: los cubanos. Desde los bosques de palmeras situados al Este de El Viso habían tomado alguna parte en la acción. Allí fui y presencié una escena repugnante: dos hermosos muchachos catalanes estaban tendidos y medio desnudos entre las altas yerbas; sus negros cabellos manchados de sangre, sus ojos abiertos y vidriosos, y debajo de estos pálidos y desfigurados ros­tros sus gargantas estaban abiertas por esas heridas delgadas y pro­fundas que el m2.chete produce. Mi misión inactiva y neutr2.l no me permitía sino huír de allí para sustraerme á este horrible espectáculo, y así lo hice, diri­giéndome hacia las tropas n0rteamericanas, que en aquel momen­to daban el asalto á El Viso, y á sus Jefes me acerqué, rogándoles el envío de centinelas que cuidaran de los heridos españoles que quedaban detrás de las trincheras conquistadas. Generosos como siempre para los desgraciados, los norteame­ricanos escucharon mi súplica. ¡Curiosa circunstancia!, mientras me ocupaba e.n salvar á los heridos españoles, una bala de sus compatriotas en retirada me alcanzó; pero felizmente sólo llegó á atravesar mi capote. El ruido del comb:rte no cesó sino cuando el sol estaba á pun­to de ponerse. Durante cerca de diez horas 500 bravos soldados Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 'BOLETfN MILITAR 535 reststteron unidos y como encadenados, sin ceder un palmo de te­rreno, á otros 6,soo provistos de una batería, y les impidieron tomar parte en el principal combate contra las alturas del Monte San Juan. ¡Después de esto ni una palabra más se escuchó en el campo norteamericano sobre la cuestión de la inferioridad de la raza es­pañola! Y esta lucha de El Caney, ¿ no aparecerá siempre ante todo el mundo como uno de los ejemplos más hermosos de valor humano y de abnegación militar? Quien haya tomado parte en ella, ¿no es bien digno de una honorífica recompensa? ¡Contemplad ese pueblo! Las casas están arruinadas por las granadas, las calles cubiertas de muertos y hPridos. El General Vara de Rey está allí, muerto; sus Ayudantes al lado suyo, muertos; en derredor, multitud de oficiales y soldados. Todos han llenado su deber, desde el primero hasta el último. ¡Dichoso el país que es tan querido de sus hijos! ¡Dichosos los héroes que han sucumbido en un combate tan glorioso! ¡ Con su sangrP- han escrito en la historia el nombre de El Caney, como uno de los má brillantes episo1ios guerreros, y con letras de oro debe inscribirse también en las banderas de las tropas que allí combatieron! II 8an ~uan Mientras este drama se desarrollaba en El Caney, la batalla estaba empeñada con igual encarniza miento en las alturas del Mon­te San Juan, donde 1 ,2oo es pañoles se encontraban atrincherados. A las 6 y 35 minutos una batería americana se colocaba en posición al Oeste de El Pozo, mientras otras dos quedaban tran­quilamente en reserva; el fuego de artillería comienza á dirigirse contra el hiockaus del M nte San Juan. Veinte minutos después las piezas españolas situadas al Este de Santiago contestaban con un fuego tan nutrido, que las masas de tropas que se encontraban cerca Je El Pozo se vieron obligadas á abandonar su emplazamientos. Las Divisiones de Kent y Wheeter se forman en marcha con orden de atacar las alturas de San Juan, una por el Sur y otra por el Norte del camino de Santiago; no tienen más remedio que de . ­filar por un e ~ trecho sendero entre la maleza, marchando uno á uno, pues no hay lugar para más. Hacia las diez, las cabezas de las columnas llegaban al ~ río · San Juan, donde se encontraron expuesta á un fuego terrible• que• 5e Jes dirige desde la colina y las alturas, sin posibilidad de desplegar á los lados del camino por la altura impenetrable de la vegetación Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 536 BOLETÍN MILITAR Preciso le es marchar en fila sobre el llano, á derecha é iz­quierda, á la vi ta de las trincheras. Wheeter se dirige por el Norte del camino hacia una colina ocupada por un pequeño destacamento español, y Kent hacia el blockaus de San Juan. Todos los Regimientos se confunden y no fo rman sino una turba enorme que, á pesar de su superioridad num é rica, avanza sólo por cortos impulsos y muy lenta mente hacia los objetivos del ataque. A la una, Wheeter se posesiona de la colina y continúa su movimiento de avance contra las alturas de San Juan, por el Norte del camino; pero entonces se le presenta delante el mismo obstáculo que apareció en El Caney: largas filas de sombreros se asoman, y desaparecen alternativamente á lo largo de las trincheras. Los norteamericanos, que se baten cuatro contra uno, no pueden avanzar, aunque los cañones españoles no disparaban en este momento, y á pesar del apoyo de las baterías norteamericanas de reserva que habían entrado en línea y roto el fuego desde El Pozo, arrojando una verdadera lluvia de plomo sobre los defensores. A la r y 20 tres ametralladoras se unen á la acción, concentran­do su fuego continuo contra el blockaus, y la situación de su guar­nición es ya insostenible. La guarnición de las trincheras está casi destruí da, bañada en sangre, y herido el General Linare , Comandante en Jefe. ¡ Es ya demasiado! El fuego español se debilita. Kent avanza, y tras unosl·cuan­tos esfuerzos, necesarios todavía, los soldados se lanzan gritan do á las cimas de las alturas, recibiendo el fuego á quemarropa en los últimos momentos ; Wheeter sigue el movimiento de Kent y se emplaza á su derecha. Fue preci o batallar con 8,oo o hnm bres y tres baterías desde las 6 y 30 de la mañana ha ta la I y 45 de la tarde, es decir, du­rante siete horas para de -. .-d ojar 1, 2 00 e pañoles de sus po iciones. Y la operación no e s t ~i concluíd , pues sólo e había conse­guido ocupar los puntos avan7,ado . La línea capital d e la defensa, formada por atrincheramientos sobre la s colina del E . te de San­tiago, estaba intacta, y los e · paiioles romp1an desde toda ella un fuego nutrido y furioso, y éste continuaba, y conti11uaba sin inte­rrupción. Los norteamericanos, fatigados ya por el ataque de San Juan, se detienen todos y apenas pueden sostenerse en pie. Se hizo avanzar la artillería de El Pozo hasta la colina de San Juan ; pero el efecto de su fuego no pudo cambiar la situación, y al fin la lle­gada de la noche interrumpe la luchA. · Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍN MILITAR 537 III J.a batalla de Santiago Durante la noche que siguió á los combates dc:scritos, mu­chos ofic~ales y soldados de las tropas norteamericanas estacionadas en las alturas de San Juan solicitan ser retirados de ella, por efecto del agotamiento de sus fuerzas, con su midas en batir á un adversa­rio tan inferior en número; pero lejos de accederse á esta petición, varia unidades de las fuerzas que habían tomado parte en el com­bate de El Cant>y recibieron orden de trasladarse durante la noche desde El Pozo hasta San Juan para reforzar la línea principal. Apenas el sol apareció se reanudó la batalla. Kent y Wheeter continuaban con sus fuerzas desordenadas y sus hombres anona­dados y abatidos en las crestas de las alturas tomadas la víspera ; la fatiga misma les había impedido atrincherarse seriamente du­rante la noche. La cabeza de la columna Ludlou atraviesa á las ocho el río San Juan ; á ésta siguen las brigadas de Lawton y toda la división prolongaba la línea de Wheeter por el Norte, cortando así el camino de Santiago á El Caney. Bates, que les ha precedido, se despliega á Ja izquierda de Kent, mientras la artillería trataba de elegir posición al Norte del hloc-kaus de San ] uan. · Castigada ésta por vivas descargas de Máuser, que la a1can­zan, tiene que retirarse á la once sobre El Pozo, y allí quedan las baterías inactivas . .El desplazamiento de tropas se termina durante Ja tarde con la llegada de los do · regimientos de la brigada Duffield, que pro­vienen de Aguadore y se unen á los de San Juan. Frente á Aguadores qu eda un solo regimiento en observa­ción, pues el ataque á e te punto ha re ultado un fracaso completo con sólo la pérdiJa de once hombres. Por lo Jem~is, no hay cambio alguno en el orden de batalla de la infantería; Bates y Kent y Wheeter cruzan durante todo el día fuego de descargas con el adver ario. Cuanto á Lawton, sola­mente su ala izquierda toma parte en la lucha; el núc leo de la fuer­za estaba dema iado alej..tdo para intervenir en el combate. El fuego ejerce una acción tan violenta l>Obre los a altantes, que no puetlcn a\ anl'.ar un paso, . Jc~pu<.:~ de un d1a de ontinua lucha., se le · pre~ enta la per~ pectiva Je una segunda noche de su­frimiento · . Ambos adver ario se encuentran en sus pOSICIOne sin tien­das- abrigos y durmiendo en la trincheras, anegadas por una lluvia torrencial. En el cuartel general empieza á discutirse seriamente la retirada; Shafter se manifiesta desesperado ante la situación ; pero, sin embargo~ resiste y no la decide. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. S38 DOLETfN MILITAR El 3 de Julio por la mañana rompe el fuego de nuevo, pero viendo la imposibilidad del ataque con las fuerzas de que dispone, y temiendo que sus tropas no puedan siquiera sostenerse en sus posiciones bajo el fuego incesante del enemigo, se decidió á enta­blar negociaciones, y hacia la una de la tarde ordenó izar la ban­dera blanca. Los españoles habían, pues, conseguido, á pesar de su enorme inferioridad numérica, sostenerse en toda la línea capital de de­f~ nsa y anular por completo la fuerza ofensiva del cuerpo ame­ncano. Resumamos concretando la impresión sobre los combates que !ie sostuvieron al rededor de Santiago. Con 8,ooo combatientes, que no fueron reforzados sino el día 3 por la tarde con las fuerzas del General X ... (Escario), que trajo 2,íOC> hombres, el General Linares se vio obligado á defen­der los antiguos fuertes de la entrada del Puerto contra la escu colgados del techo. ¿Qué hacen esos pobres ahí? pregunté á la dueña de la barba­coa á que me había refugiado, la cual contestó, según lo tienen de costumbre en aquel pa1s, como sin dirigirse á nadie: "Probes" dice el blanco: "antes asina con el jumo madurean de mejor." Esta jerigonza decía muy bien con el aspecto de la pntr·ona, alta y robusta negra sobre cuyas espaldas, sosteniéndose del cuello de la madre con uno de sus propios brazos, se había instalado un negrito, como un apéndice al espinazo de la negra, la cual para nada manifestaba apercibirse, por incomodidad ó estorbo, de aque­lla jiba viviente. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 542 BOLETÍN MILITAR Un retal de bayeta amarilla sujeto á la cintura, la cubría hasta cerca de la corva, si bien abriéndose más ó menos inoportunamente á lo que caminaba; el cual constituía todo su vestido junto con un pañuelo rabigalh, atado por dos de sus puntas sobre la nuca, y por las otras dos en los lomos, for .. mando por delante del pecho un velo undoso y desleal, que hacía traición cuando no al color, al volumen. El cuerpo de la susodicha, aunque enhiesto, carecía de gracia, y su cabeüa, cubierta de grifos, ostentaba hacia adelante dos proyectos de trenzas, que más parecían dos pequeños cuernos vueltos el uno hacia el otro. Sus pies delgados y largos se despa­rramaban hacia adelante, y, aunque descalzos, parecían descansar sobre una suela por el diverso color de sus plantas. Agréguense á este bosquejo dos grandes y negros ojos, unos pómulos exaltados, una nariz reaccionaria y dos labios espesos sobre dos filas de dien­tes blancos y macizos, y se tendrán los principales caracteres fí­sicos de aquella entidad etíope. Desde la Aldea de Juntas sigue el camino á la orilla izquier­da del Tamaná por los estribos del Torrá, cerro elevado I 365 * metros sobre el nivel del mar, al S-E de N óvita, desde donde se distingue. Desde el Guayabal para adelante no ofrece ya peligro la navegación del Tamaná, por el cual, en pequeñas embarcacio­nes, se va hasta La Bodega. N óvita, fundada primeramente en d punto de San Felipe, á donde ahora intenta trasladarse, sobre el Tamaná, no era sino un real de minas en 1654, cuando los Je uítas quiteños, renunciando á las de los Neivas, Jimarzaes y Paeces, emprendieron las misiones á los Noánamos que habitaban en la hoya del río San Juan. En ella residía en I 607 una 'renencia dependiente de Popayán; hasta que en I 709 fue variada al lugar donde se ve hoy, á causa del oro que se extraía de la quebrada N óvita. Las tres Tenencias de Quibdó, Baudó y N óvita se unieron en una sola provin­cia llamada del Chocó, en I 739, y la capital fue N óvita, lo que debió á la circunstancia de que, llegando los vivanderos hasta ella, provenientes del Cauca, se hacía necesario, para asegurar el cobro de los derechos de alcabala, fijar ahí la re idencia de las au­toridades que lo recaudaban. En r851 se trasladó á Quibdó la capital de la Provincia del Chocó. Hoy no es N óvita sino cabecera del cantón San Juan, á que da el censo 21,032 habitantes. Encuéntrase situada en un llano circundado de colinas, á sólo I 7 5 metros sobre el nivel dd mar, en un terreno aluvial platinífero, á la orilla izquierda del Tamaná, 24 leguas distante del Pacífico, y 3 leguas al S-E de la desembocadu-ra del Tamaná en el San Juan. · Esta antigua ciudad no es hoy, sin que haya por donde infe­rir que en algún tiempo ha sido otra cosa, sino una corta reunión w Debe ser errata de imprenta: la altura del cerro lo m envs es 3651 metros. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 543 de miserables ranchos que forman una sola calle tortuosa, siguiendo el curso de la quebrada del mismo nombre. La extrema humedad ha hecho edificar las ha hitaciones sobre barbacoas. La selva está invadiendo la ciudad por los techos de las casas. La totalidad de los habitantes es de negros; distinguién­dose entre ellos y entre los mulatos, los que se llaman blancos, que en N óvita son en cortísimo número, por su color amari­rillo, y por un siniestro abotagamiento los que no perecen víctimas de la consunción; resaltando, por el contraste, la sobra de salu~l que barniza y redondea las formas hercúleas de lo:; negros, robu:,­tecidos y desarrollados perfectamente, como en su nativo elemen­to, en medio del ambiente de aquellos lugares, cálido y húmedo como el vapor del agua hirviendo. Tiene N óvi ta m u y poco menos de 5° de latitud N. y 2~"' de longitud O. del meridiano de Bogotá; su temperatura media es de 26 centígrados, y en ella marcaba el Higrómetro de Saussure de 90 á 100° del máximum de su escala. En N óvita no hay escuela, no hay iglesia, no hay estableci­mientos públicos ni privados, ni talleres, ni conventos, ni oficinas, y casi ni gente. Y aunque muchas fortuna , obre todo las de va­rios de los poderosos del Sur de la República, han sido formadas ah1, los que han ido á explotar sus ricas minas no han dejado se­ñal de su residencia ni huella de su tránsito. Recoger bastante oro, bastante platina, y recogerlos aprisa, vivir entre tanto sobre una barbacoa, y entre el fango y la maleza, como los cerdos y con ellos; alimentarse con plátano ~ue brindan los campos, y con pes­cado que ofrecen los nos, regalándose en los días grandes con un palmo de tasajo, conducido desde el Cauca; andar casi desnudos, el pie en el suelo, una cami_,a de !i tado y unos altos y e trechos pantalones de dril; zabullirse, buzos codiciosos, en aquel mar de ca­lor, de humedad, de miasmas y de plaga, con riesgo de la vida y pérdida de la salud, por amontonar á todo trance y á toda carrera, con el trabajo del esclavo, fuertes riquezas que ir luégo á disfru­tar á otra parte, eso, y nada más que eso, es lo que han h e cho los explotadores d .. mina en aquel país, que luégo han abandonado, sin dejar en él un monumento de piedad, ni una muestra de ci­vilización, ni un recuerdo de gratitud, ni un rastro siquiera de buen gusto, de decencia, de racionalidad. Apenas es creíble, aunque está evidenciado por los hechos, que no se destinara ni un grano del inagotable oro de aquellos paí­ses para el sostén de misioneros que llevaran á los salvajes inde­pendientes, y mantuvieran entre los negros esclavizados la luz del cristianismo; ni para. hospitales donde pudieran refugiarse los ne­gros inutilizados por el largo servicio ó por los cruentos castigos de los dueños; ni para escuelas donde los niños esclavos se hicie­ran siquiera medio racionales; ni para lugares donde pudieran re­sidir autoridades que velaran por la seguridad de los Tesoros ex- • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILI1.'A.R traídos diariamente; ni para prisiones donde regenerar á los crimi­nales; ni para mejoras que hicieran menos insalubres ayu<:"llos climas enervadores; ni para vías por donde penetraran el comercio, la industria y la civilización; para nada, absolutamente para nada. El esclavo no tenía que saber que había otro Dios que su amo: el esclavo no tenía que aprender otra cosa que lavar el oro para su amo: el esclavo no debía enfermarse, sino trabajar constan­temente para su amo: y antes era una iniquidad abominable que el esclavo se pudiera morir, tal vez hasta fréiudulentamente, porque con ello privaba á su amo del trabajo de sus brazos. Con tal de extraer, y extraer aprisa, oro, muchísimo oro, ó aun cuando fuera platina no más, pero eso sí, bastante, para que los amos pudieran salir pronto, y salir saciados, de aquellos lugares enfermizos, en que peligraban sus importantes días, nada quería decir lo demás, ni la miseria, ni la dt"gradación, ni la estupidez, ni la desdicha de los esc1avos, perpetuada de generacióu en generación. Es necesario estar en estos antecedentes para no sorprenderse de lo que salta á los ojos cuando se visitan aquellos lugare~; por­que es necesario conocer y valuar las causas, para poder hacer con justicia y con acierto la apreciación de los efectos. Pues digámoslo claramente. N o es la falta de societ.lad; no es la escasez de recur­sos de toda clase; no es lo rigoroso y lo ingrato del clima, ni aquel cielo siempre cubierto y tempestuoso, ni aquel laberinto de selvas, de ciénagas y de ríos, ni aquellos montes poblados de víboras, ni aquella atmósfera pesada, cálida y recargada de vapores, de mias­mas y de insectos; nada de eso es lo que más y principalmente acongoja el ánimo del que llega al Chocó, no en busca de oro, sino á estudiar, además de la naturaleza allí tan esplendida y tan rica, el estado del hombre en aquellas tierras, que con las riquezas que han producido tendrían para ser el país más próspero y po­blado del mundo. L~ que rn.is contrista desde que se ve al primer habitante, desde que se palpa la primera calamidad, de~de que se entra en la primera población, es la salvaje estupidez de la raza negra, su insolencia bozal, su espanro;;a desidia, su escandaloso cinismo. Razón tienen, pues, y de sobra! los antiguos dueños de es­clavos para amostazat se, para enfurecerse, para desesperarse, cuan­do, después de su ejemplo y .á pesar de su'> esfuerzos, ven y tienen que sufrir, en aquella provincia, á los negros recién libertados, es decir, recién sustraídos de su paternal protección, tan estólidos, tan mañosos, tan insolentes y tan bárblros!-(C?JZtinuará) ERRATA-En el número anterior, por olvido, se puso el grado de Capitán al Mayor Accbedo, autor del artículo Waterloo, porque ::on tal grado firmó el trabaio, escrito antes de su ascenso. BOGOTA-IMPRENTA NACIONAL Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 128

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 113

Por: | Fecha: 19/08/1899

A~O ÜI · Bogotá, Agosto 19 de 1 899 NUM. 11.3 ------4-·~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO . ------4-·~-- DIRECTOR AD-HONORZM, FRANGISGO J. VERGARA y V. Coronel, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros QQ~~2~R~Q~2~22~~~~~~9R~2~~~~~2~~2~~2~~~~2~2~~2~2~R222~22~~~~~~~~D Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes 7 Oficiales del Ejército de la República 03~~~b~~~~~~~~3~~~b~~~~~~~~~~~~~~3~~~~~~~~33~3~~~~~~~~~~~~~~ OFICIAL DEOnEe:t"O N'C'ME~.O 359 DE 1999 (1 I DE AGOSTO) por el cual se hace una promoción y un nombramiento El Presidente de la República DECRETA Art. I.0 Promuévese al Sr. Jorge Holguín del puesto de Mi­nistro de Guerra al de Ministro del Tesoro. Art. 2.• N ómbrase en propiedad Ministre de Guerra al Sr. José Santos. Comuníquese y publíquese. Dado en Anapoima, Departamento de Cundinamarca, á 1 1 de Agosto de 1 899. MANUEL A. SANCLEMENTE El Ministro de Gobierno, RAFAEL M~ PALACIO • • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 50 BOLE1'fN MILI'l'A.R Repú/;/ita de Ool~mbia-MiniJterio de Guerra-Sución 1.&-B•zotá, 14 de Ago1to de 1 899 A todos loa funcionarios públicos de la N ación y de los Departamento• Tengo el honor de participar á ustedes que habiendo sido nombrado por el Excmo. Sr. Presidente de la República, Minis­tro de Guerra, en propiedad, tofllé posesión de dicho empleo el sábado último ante aquel alto Magistrado, y he entrado hoy en el ejercicio de mis funciones. Soy de ustedes atento servidor, JOSE SANTOS ___ ....., .. _ . .,___ __ _ República de Colomhia-Ejército Nacional-1.• DiviJión-Batalló11 .AyacuclLo númtrfJ 1.0 -5.a Comp~ñía-Bogota, 16 de May1 de I 899 Ciudadano general Jefe de Estado Mayor general. En cumplimiento á lo dispuesto en el artículo 1 56 de la Orden general del día 6 de los corrientes, tengo el honor de rendir el infor­me correspondiente á la Comisión que, para conducir el correo de encomiendas, se me confió de esta ciudad á la de Neiva, el día z8 del mes de Abril próximo pasado. Día 28-A las 9 a. m. salímos en el tren de Occidente y lle­gámos á las 10 menos 15' a. m. Mosquera es una pequefla población que se encuentra, poco más ó menos, á la altura de Bogotá, con unos z,ooo habitantes aproximadamente: salímos de este lugar á las JI y 30 a. m.; 2 leguas más adelante se encuentra el caserío denominado Barroblanco; en este trayecto se hallan tres pequeñas pendientes; por lo demás, hasta el citado punto el camino en lo general es plano y hay regular vegetación. En este trayecto se deja á la derecha la laguna de Balsillas y á la izquierda la cordillera. Desde aquí empieza una pen­diente que va á terminar á la Boca del Monte; aquí empieza el descenso bastante fuerte por un camino estrecho y tortuoso y de un lado y de otro maleza agreste. Se emplea en este descenso 40', al terminar los cuales se encuentra la casa del Curubital, que ofrece suficientes re­cursos al viajero. Continúa el descenso menos fuerte, siempre por ca­mino pedregoso: á la hora de camino se encuentran la unión de las quebradaJ de Tenasucá y El Mochilero, que no están provistas de puente; un poco más adelante está la casa llamada El Tambo, donde hay un hotel en que no escasean los recursos; en este punto se siente más alta la temperatura, y de aquí para abajo empieza á producir el suelo fruto! de tierra caliente como plátano, cafia de azúcar, etc. etc. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • BOLETfN MILITAR Continúa el descenso aumentando y con él la temperatura; á una hora de camino se encuentra la población de Tena, con 1 go de temperatura y como unos 2,000 habitantes y bien provista de agua. Continuando la bajada y á los 1 o' de esta población, se halla la quebrada de La Gua­yacana, donde termina el descenso. Dos horas más adelante se encuen­tra la ciudad de La Mesa, célebre por su comercio de frutos del país, tiene unos 8,ooo habitantes y una temperatura media de 20°. En este 1 ugar pernoc támos. Día 29-Salímos de La Mesa á las 6 a. m.: á la media hora se encuentra la quebrada del Tigre; hasta aquí el camino es de bajada y es demasiado pedregoso; de este punto á La Chica el terreno es que­brado y hay ondulaciones en el terreno de poca importancia; el piso en este trayecto es arcilloso. Quince minutos después atravesando un camino plano y sólido se encuentra la población de Anapoima, don­de reside el Excmo. Sr. Presidente de la República y está el batallón 1.0 de Artillería. Anapoima tiene unos 3, 500 habitantes y una temperatura media de 2 3°; no está muy provista de recursos y escasea el agua, habiendo dificultad para conseguirla, pue5 la que se consume tienen que traerla del río Bogotá, que queda á una legua de distancia. Continúa el camino plano y á los 1 5' está la casa de Sócota, lugar don­de termina el plano y principia el descenso; continuando el descenso se llega á los 10' á la quebrada del mismo nombre. En este punto empieza una cuesta bastante fuerte y trabajosa; á la media hora se corona el cerro y comienza el descenso del mismo hasta dar á las Juntas de A pulo, donde se juntan los ríos Apulo y Bogotá y es el punto de partida del Ferrocarril que sigue á Girardot; el terreno es deleznable, son escasos los recursos y el clima ardiente. En este lugar se pasó la noche. Día 30-Salímos á las 2 p. m. en el tren que conduce á Girardot, á cuyo punto llegámos á las 4 p. m. Girardot tiene 6,ooo habitantes, 28° de temperatura, es un puerto principal sobre el Magdalena para el comercio interior del Departamento; tiene sobre el río un magnífico puente de elegante construcción, colgante, de hierro. Después de una ligera detenci6n en ésta, se continuó la marcha; después de una hora de camino se encuentra la casa denominada La H~rqutta, en cuyo punto se desprenden los caminos para !bagué y el Espinal. En este lugar pernoctámos. Día 1.• de MayD-Salímos de ésta á las 3 a. m. y Ilegámos á las 6 a. m. al Espinal. Esta es una población como de f,ooo almas y z8o de temperatura. Desde el puente de Girardot el piso es plano y sólido, encontrándose en el anterior trayecto dos zanjones que reciben las aguas de las llanuras, y provistos de puentes. En estos lugares se cultiva principalmente tabaco, arroz, cacao, cocos, cte. etc., que se producen en abundancia. Salímos del Espinal á las 8 a. m.; de este. punto en adelante las aguas que buscan la nivelación se aglomeran en algunas partes y forman lodazales á causa de ser extensas y perfectamente planas las llanuras; el terreno es delezn~ble. Continuámos el camino llegando al Guamo á las cuatro horas. El Guamo es una población que en otro tiempo tuvo grande importancia y fue capital del Departamento; en la actualidad es cabecera de provincia, construída sobre e! río Luisa que la baña, sobre el cual hay un puente colgante de hierro; tiene un 01 6,ooo habitantes y una temperatura media de 30°. Antes de llegar al 1.4NCo DE REP{)IJU Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 52 BOLETÍN MILI'r AR Guamo se cruzan las quebradas de El Leña! y Guaduas que corren por un lecho profundo y e&tán provistas de puentes. Salímos del Guamo á las 2 p. m. atravesando el mismo terreno plano; á 3 horas de ésta se en­cuentra el río Sald .. iia. El vehículo en que hay que pa ar el río es una pequeña canoa, únicamente; por esta razón es difícil y muy peligrosa la travesía del citado río. Al pasar el río se encuentran unas casas, las cuales ofrecen recursos y en donde pasámos la noche. Día 2-Salímos de este punto á las 6 a. m., continuando la lla­nura, llegando á la villa de Purificación á las 8 y 30' a. m., la cual está edificada sobre el Magdalena, con unos 3,000 habitantes y bajo una temperatura de 30°. Es comercial y punto de escala de los vapo­res que &urcan el Alto Magdalena. Hay en ella tres mercados abun­dantes en la semana. El río Magdalena se pasa por una canoa impulsa­da por una polea, que hace el acto bastante rápido. Sigue la planicie. Continuámos el camino á las 1 o a. m ; y á las dos horas se encuentra la pequeña población de Prado, que tiene unos I,soo habitantes; an­tes de llegar á la citada población se encuentra el río del mismo nom­bre, que se pasa por un sólido y bien construído puente de hierro. El terreno en estos puntos, aunque es un poco deleznable y húmedo, ofrece gran fertilidad, que favorece el cultivo de los diferentes frutos del terreno cálido. Salímos de Prado á la 1 p. m., llegando á Pocharco á las 6 p. m. Esta es una c..asa que ofrece recursos y posada ; en el an­terior trayecto se deja la quebrada de raví, abundante en agua, y otras ¿e menor importancia, las cuales están desprovistas de puentes. En la citada casa pernoctámos. Día 3-Salímos de Pocllarco á las 5 a. m., continuando el cami­no, que en lo general sigue siendo plano ; en este trayecto, y hasta lle­gar á la quebrada denominada de Los Angeles, el terreno es completa­mente estéril y arenoso. La quebrada de Los .Angdes es bastante ancha y abundante en agua, y hay necesidad de pasarla á pie ó á caballo, pues no hay puente. Pasada la quebrada continúa el camino plano. Cuatro horas más adelante se encuentra el punto de Barandillas, donde se estrecha el camino y el lecho del río Magdalena forma entre los dos cerros un boquerón ; en este lugar el terreno es fértil y se en­cuentran recursos; de este punto en adelante, aunque el terreno es plano, tiene algunas ondulaciones, siendo un tanto quebrado el camino, cuyo piso es sobre roca calcárea y dura, hasta dar á un zanjón cuyo nombre lo ignoro, el cual está provisto de puente. Tres horas más ade­lante se encuentra el caserío de Cabrera, que está bañado por el río del mismo nombre, que es caudaloso, y sobre el cual hay un puente sólido. Hasta aguí el terreno es fértil, pero de aquí en adelante no hay absolutamente vegetación, y el terreno es quebrado y arenoso. Una hora más adelante, después de haber pasado algunas subidas y ba­jadas de poca significación, se encuentra el sitio de 'Totumo, donde hay una casa de posada, en que pasámos la noche. Día 4-Salímos del 'Totumo á las 4 a. m., continuando el camino quebrado, estéril y arenoso. Cuatro hora más adelante se encuentra la población de Villa vieja, que tiene unos 2,400 habitan tes y una tem­peratura media de 29°. En el anterior trayecto se encuentra la quebra­da de Las Lajar y algunos zanjones que reciben las aguas de las partes más altas. En el lugar citado empieza la tierra á ofrecer más fertilidad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 53 Continuámos la marcha sobre camino plano hasta el río Villavieja, el cual se halla desprovisto de puente. Aquí empieza una pendiente que no es muy fuerte y que se sube en treinta minutos, continuando de aquí camino plano. U na hora más adelante se encuentra la qt~ebrada de Bateas, que corre por un lecho profundo, á donde hay que bajar para pasarla, estando desprovista de puente. Subiendo una pequeña pendiente continúa el camino plano. U na hora más adelante, donde hay una casa, termina la fertilidad del terreno, el cual empieza á ser c~mpletamente estéril, quebrado y arenoso hasta el punto de Fortalecí­/ las. De aquí en adelante . torna á ser fértil el terreno. Por este pun­to pasa el río del mismo nombre, abundante en agua y .!esprovisto de puente ; en esta parte se encuentra una casa que ofrece recursos. Con­tinúa el camino por terreno plano, y tres horas más adelante se en­cuentra la ciudad de Neiva, que tuvo anteriormente alguna importan­cia y fue capital del Departamento. Neiva tiene unos 9,000 habitantes, es comercial y tiene una temperatura media de 30°. Está construída aobre los ríos Magdalena, Rioloro y Las Ceibas. Hace la guarnición de esta plaza Ja Compañía suelta del mismo nombre. NoTA.-Es de advertir que corno el camino está cruzado por in­numerables quehradas y zanjones, los que casi todos están desprovistos de puentes, la tropa tiene que pasarlos á pie las más de las veces, te­niendo necesidad de desnudarse por la abundancia de agua, lo cual, como se ve, teniendo en cuenta lo caluroso de esas llanuras y lo agi­tada y sofocada que necesariarnen te viene la tropa, puede tener graves resultados en la salud de estos individuos, mucho más en aquellos que no están acostumbrados á tales fatigas. Dejo así concluído el presente informe, dando cumplimiento al artículo 156 de la Orden general á que me he referido, habiéndome esforzado en lo que está á mi pequeño alcance para que quede lo me­jor po iblc. Soy del Sr. General Jefe de Estado Mayor de la División atento servidor y subalterno, PEDRO BERMUDEZ Repúblrca de Colombia-Ejército P~rma11tllte-I.o. DiviJión-z.a Bri­gada- Batall6n P11laré 11/Ímero 5· 0-lbagtté, 18 de Mayo dt 1899 Ciuclólclano General Jefe de Estado Mayor General del Ejército Tengo el honor de remiciros el dato que, en cumplimiento :í l01 Orden gen<.ral del 3 de Ahril próximo pasado, toca dar á los Oficiales que hacemos alguna comisión. No encontraréis en él una pieza literaria, sino el relato sencillo y según el alcance de las facultades del que por primera vez hace esta clat>e de trabajo:;. El dfa I.0 de Mayo, ;Í la 1 p. m., salí de Jbagué, ciudad capital del Departamento, a ·ien to del (Jobierno, y que está á J ,fOO metros de altura sobre el nivel del mar. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR El perímetro de la ciudad es irregular, prolongándose de Oriente á Occidente. Un camellón que en toda su longitud mide 4 kilómetros, toma la dirección de la ciudad á El Papayo, en donde termina. En este trayecto se encuentra á diez cuadras -el término de la población- un camino al Nordeste que lleva la dirección de Honda. El Papayo, lugar apropiado para el combate y que ha sido nom­brado en nuestras guerras civiles, tiene á su derecha un camino que si­gue para Miraílores, San Luis, etc. De este punto, que puede decirse es el más culminante de toda la aparente planicie que se extiend_ has­ta La H.,rqueta, hay un gran descenso, casi de mil metros, pue¡ se 1lega hasta el de cuatrocientos veinte metros, y el termómetro sube de z8 á 32 grados del centígrado. La primera jornada terminó en el Hotel mi casa, habiendo cami­nado unos veinte kilómetros en las cinco horas, por un terreno llano, arcilloso y aun pedregoso en partes. Las aguas son escasas como esca­sos los moradores de esta vía. El día z, á las 5 y 30 a. m., emprendí la marcha: á un kilómetro encontré la gran pendiente que arranca desde las orillas del río Gua­landay, sobre el cual se encuentra un puente de hierro, un tanto des­cuidado, inexpugnable por cierto por las dos lomas que lo encajonan y la situación topográfica del terreno. Luégo la marcha se hace en plano, y de trecho en trecho se encuentran una ú otra casa pajiza á un lado ú otro del camino, con pequeñas sementeras de tabaco y maíz, el cual es visitado por la langosta; así hasta llegar al punto llamado Potreri- 1/fJ, de donde principia un camino quebrado y se encuentran dos que­bradas que Jlevan sus aguas al Coello. A cuatro cuadras más ó menos se encuentra el histórico puente de Chicoral, de una construcción sóli­da por los dos estribos que lo sustentan y por la forma de él, cuya fuer­za va al centro : éste es de fierro Un poco antes de este puente se cn1.. cuentra un camino que va en dirección á Piedras, Ambalema, etc., y después de él, hacia la derecha, parten los caminos que llevan al viajero al Oentro y Sur del Tolima, hasta llegar á la capital del Cauca por el páramo de Guanacas. A cinco kilómetros de éstos está un caserío que lleva por nombre Las !Jtlicias, y que está á s6o metros sobre el nivel del mar. De aquí para adelante todo es plano hasta La llorqueta, que como dije antes, está á 420 metros de altura. Con el correo y tropa, dando tiempo á las comidas puramente ne- . cesarías, se caminan siete ú ocho leguas diarias. Aquí pernocté. Este punto es el vértice de un ángulo agudo, formado por el camino nacio­nal que sigue al Espinal y el que parte para Ibagué; la proyección del vértice lleva su línea hasta la orilla del Magdalena hasta e] punto llamado Flandes. Día 3-A la misma hora del anterior emprendí la marcha, y á corta distancia se abandona el camino principal para desviar á la izq uier­da y seguir la trocha que conduce al puente. Cinco kilómetros hay de La Horqttetrz al citado punto. "La geografía, dice el sabio Caldas, ensciía á conocer los ríos navegables y los que se puedan navegar, etc. cte ..... " Las ciencias, las artes, enseñan al hombre á unir á las naciones y á los pueblos y los conducen al progreso. Lo finito con lo infinito, el átomo con la mate­Tia, lo pequeño y lo grande han estado en constante revolución, repe- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR tiendo lo uno á lo otro como se repelen los elementos, por ejemplo, el agua y el fuego, y sin embargo de esa revolución resulta lo pequeño grande, y lo grande sublime, como sublime y grande es el puente de Girardot sobre el Magdalena. De él no hablaré aquí porque el poeta templará su lira para cantarlo como cantó el poeta colombiano el Salto de Tequendama, y que en un solo verso lo delineó cuando dijo: ''Es horrorosamente bello." Desde este templete de fierro vense en la superficie de las aguas, como aves acuáticas, los vapores El Zulia, El Nieto, El Ambaltm11, El !bagué, El General Tobar, El Honda, el Vuuztlela, El Girardot y El Ricaurt~, sin que por eso dejen de cruzarse también las viejas ca­noas y las mil balsas que traen de uno á otro pueblo el comercio in­dígena. ¡ Quién lo creyera ! que en donde antes de la conquista ha­bitaban centenares de tribus, y después de ellas las mixtas y que no há mucho tiempo, y hoy mismo, en las orillas ó riberas del río Magdale­na cocinaban y cocinan tn un hoyo el famoso vi11do ca/entono; la olla de Papín se ha levantado en el Magdalena, el vapor ha puesto en movi­miento aquel lugar ! El pito de la civilización, como dijo el Dr. Car­los Holguín en la inauguración del Ferrocarril de la Sabana, ha sonado y suena en aquel puerto, que hoy es visitado por el que va, por el que vieno de Europa, y por todo extranjero que visita la capital. Girardot, desconocido antes, es hoy una buena plaza de comercio; está á 480 metros de altura sobre el nivel del mar y su temperatura varía según la estación, y de 32° ha subido á 36° en días calurosos. Tiene dos plazas y una que se ha trazado ; se está levantando un templo; tiene una estación del Ferrocarril, el cual presta su servicio diario con bas­tante regularidad, pasando por inmediaciones de Tocaima, donde tiene estación y dos paraderos más fuera de la estación de Juntas, siguiendo hasta Anserma. De Girardot parten varios caminos para Ambalema, Peñalisa, etc. A las 8 a. m. tomé el tren en dirección á Jtmtas. La riqu.cza de los pueblos de Girardot, Tocaima y parte de Anapoima, constste en los magníficos potreros de ceba que tienen, y en donde paran el gana­do vacuno que traen del llano de San 1t1artín y del Cauca, y que lué­go se lleva para el consumo de Bogotá. Tocaima tiene 14,000 habitantes ; su temperatura normal es de 30° ; tiene dos e cuelas en edificio propios, una de varones y otra de niñas. La proximidad de las aguas . del Bogotá hace agradable su esta­da á los que salen á veranear. Un puente colgante sobre dicho río, co­munica al pueblo de Viotá y otros. A las 11 a. m. llegéÍ.mos éÍ J tllllm. S~ame permitido, de paso, hacer notar a<]UÍ, que muchos de estos caseríos han sido formados por los Batallones del Ejército, cuando principiaron los trabajos del Ferrocarril, y J11ntas fue así fundado. A la 1 p. m salímos de este caserío, que tan solo tiene una caJle perfcctament€ arreglada y otra que conduce á la finca del señor Coro­nel Ulpiano Quintero~ una estación no muy cómoda para el servicio del Ferrocarril y el de tel~grafo. Un puente sostenido por dos cables y alg deteriorado, forma sn salida para tomar un repecho baslantc pe­sado, por las mucha re\ ucltas que en mal estado tiene este camino, que merece reparación. U na planada corta , e camina para encontrar el alto y bajada del Sócota; éste no es del todo bueno, y así continúa en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 56 DOLETlN MILITAR ambas hasta tomar un descenso á una quebrada de escasa agua, y otra pendiente para tomar luégo el camino que entra á Anapoima. Esta población, : como :muchas de las que están á las inmediacio­nes de Bogotá, ha sido lugar de recreo y de piscina para muchos enfer­mos por su buen clima y por su temperamento ; su altura está á 8oo metros sobre el nivel del mar. Hoy se ene uentra allí el primer Ma­gistrado de la República y una fuerza que le hace la guardia de honor. Esta poblaciÓn encierra en sí el Ím!Jerio de su riqueza, por sus aguas, su clima, cte., pero jamás s<: ha pensado en mejorar el camino que con­duce al río. A su salida se está construyendo un camellón en el mismo camino nacional que va en una superficie plana hasta La Chica: estos trabajos los hace una parte del batallón I 0 de Artillería De aquí para adelante sigue el camino un tanto quebrado, con su­bidas y bajadas hasta principiar la entrada de La Mesa de Juan Díaz (su fundador), la siluación topográfica parece le dio el nombre, pues está en realidad sobre una mesa. Aquí llegue á las 7 p. m. Este lugar es bastante comercial ; en cereales y dulces produce bastante; además, allí van los comerciantes de casi todos los Departamentos, formando así una buena plaza de comercio. La sal de Zipaquirá se toma en esta población para llevarla al Tolima y Cauca. Aquí ha estado transitoria­mente y en otro tiempo la Gobernación del extinguido Estado Sobera­no de Cundinamarca. Este lugar es defensivo para un ataque, pero no por mucho tiempo, pues es fácil para un sitio. Día 4.-A las 6 a. m. salimos de esta ciudad lle vando un came­llón que tiene á uno y otro lado una hilera de casas que siguen hasta terminar la población, que es á dist.mcia más ó menos de un kilóme­tro. De aquí principia un descenso en camino quebrado hasta llegar á Tena, que más merece llamarse caserío que pueblo. Su s aguas son abundantes, y por la pequeña plaza pasa una quebrad¡¡; tiene una lu­josa casa al costado o~.cidental, la que se ilumina con luz incandescen­te. Este ;ugar es notable y tradicional por una imagen de San Antonio que se venera en una de sus chozas del camino y quizá en la capilla. De aquí tomamos lo que se llama el monte de La Mesa, camino quebrado, pedregoso y encajonado por los cerros que á uno y otro lado se encuentran, en los cuales hay puntos para detener un ejército con poca gente, encontrándose cr> mo lugar de posada lac; casas de 'Tambo y Curubital. Este camino tortuoso va subiendo más y más hasta llegar al punto llamado Barrohla!ICO, de donde se divi san las hermosas sabanas de Bogotá y se ven blanquear los templos de Guadalupe y Mon serrate. Poca distancia se anda para abandonar el antiguo camino de Balsillas que salía directamente ;unes u s du por to~ pr·• ian o~ e n la breve camp..1ña ele Di­namarca. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. lJOLETfN MILITAR posesión de los distintos accidentes del campo de batalla. En éste, c~si no se maniobra; no se hace más que atacar ó defender posi­ciones. El batallón A ó la brigada B se apoderó, se dice, de la altura H ó del pueblo Z. Es decir, que el terreno no es sólo un medio, sino el fin de la lucha, según esto. Después de la citada campaña, no ha cesado un momento de hablarse de las ventajas de la defensiva táctica, como si esas ven­tajas no hubieran existido desde la adopción de las armas de fuego. Lo que se evidenció en la guerra de Bohemia, y más tarde en la franco-prusiana, fue simplemente que el fuego de la infantería, que hasta entonces había sido impotente muchas veces para dete­ner á una tropa que se lanzase resueltamente al asalto, puede aho­ra fácilmente lograr ese resultado, sobre todo cuando no se elige bien el momento de realizar aquél. La victoria de Trautenau costó á los austriacos 3,500 bajas, no habiendo sufrido los venci­dos más que 1,300. Los Cuerpos de la Guardia prusiana, en el ataque á Saint-Privat, en la batalla de Gravelotte, perdieron en diez minutos 6,ooo hombres y fueron rechazados. Para librar á las tropas de los terribles efectos del moderno arma­mento, no se ha encontrado otro medio mejor que levantar delante de ellas montones de tierra que disminuyan su vulnerabilidad, pu­diendo ca 1: i decirse que la táctica campal ha desaparecido para con­vertirse en verdadera poliorcética ó táctica de sitios. ¿ I-J a progresado la táctica ? ¿Ha retrocedido? Nosotros creemos que ha retrocedido ; que en Leuthen y en Austerlitz hay más arte que en Plewna y en Schipka, que en Slivnitza y en Grivobo. Pero la manera de combatir, no impuesta sino adoptada ante los progresos del fusil, la harán imposible l0s perfeccionamientos del cañón. La fortificación de campaña, que no cuenta ordinariamente con otros materiales que madera y tierra, ni dispone más que de un tiempo limitado, será im;>otente para construír obras capaces de re istir las granadas de melinita. Con un enemigo que tenga á su disposición alguna artillería, ya no serán, en 1<.'> sucesivo, posibles defensas tan tenaces como ]as de Penté- Pigadia, Kritiri y Vele. tinon, en la reciente guerra tur­co - griega. El que las intente, se xpondrá á correr igual suerte que los heroicos defensores de W oertz, el año 70, que al fin tu­vieron que abandonar el pueblo, no empujados por las bayonetas de los prusianos, sino obligados por el fuego de sus baterías; re­sultado que ahora podrá alcanzar -e en bastante menos tiempo y con mucho menos pie7,as que allí cm l aron los prusianos. A una tropa que se atrinch -re, no l ~ dará ya el enemigo la satisfacción de lanzar contra eJla sus e lumna · para que sirvan de blanco al fuego de sus fu ile ~ , pudiendo de truí rla á cañonazos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETiN MILITAR 59 Un buen ejemplo del resultado á que suelen conducir esos ataques de frente contra posiciones atrincheradas, tan frecuentes en las guerras modernas, y en Jos que se hace más uso del valor que del arte, es el combate de Grivobo, en la campaña de 1897, entre turcos y griegos. El 14 de Mayo, á las cuatro y media de la mañana, la brigada griega Bai:ractaris emprende el ataque de las posiciones turcas de Brendista y Grivobo, logrando, después de nueve horas de encarnizado combate, rechazar al enemigo sobre las pendientes rlel col que existe al Norte del último de los citados pueblos. Dueños los griegos de Grivobo, el combate continuó hasta las ocho de la noche, sin haber conseguido los turcos recu­perar el terreno perdido ni los griegos avanzar un paso más. Pues bien: lo que tanto empeño habían puesto éstos en conquistar, y á costa de tánta sangre (7 oficiales muertos, 26 ofi.ciales1heridos y 525 bajas de tropa) habían logrado,: Jo abandonaron aque1la misma no­che, retirándose á Isnaret, por creer Ba"iractaris que sus soldados no se hallaban en disposición de resistir, al día siguiente, Ia prob~­ble ofensiva de los turcos. Ante esto se ocurre preguntar: ¿ Quié­nes fueron los vencidos en Grivobo? La nueva artillería de campaña hará, á nuestro juicio, que los combates futuros sean Ia expresión más bella del arte táctico. El fuego no se empleará en ellos más que como medio de preparar ó impedir el choque, acto supremo del combate. Toda tropa que no 5epa maniobrar será vencida. La infantería, empeñada en la lucha, no se limitará ya á per­manecer detrás de una trinchera ó á marchar hacia ella, siempre en igual disposición y sin cesar de consumir cartuchos. Los batallones, así de uno como de otro combatiente, avan­zarán, retrocederán ó se moverán hacia los flancos, utiliz~ndo constantemente el terreno y adoptando en cada caso la formación más conveniente, ya para disminuír los efectos del fuego del adver­sario, ó ya para aumentar la eficacia del suyo, procurando siempre venir al choque contra cualquier otra fuerza contraria, en las con­diciones más favorables. Contra el fuego de la infantería sería locura dejar de utilizar las zanjas, muros y demás abrigos que en t:l campo de batalla e encuentren, pero habrá que inculcar previamente al soldado la idea de que el abandonarlo , cuando á ello nos veamos obligado por el fuego de la artillería, contra el cual resultan aquéllos ineficaces, uo implica derrota ni vencimiento; que se hace, porque ninguna tropa debe exponerse á recibir un daño mayor del que puede causar. La manera mejor de emplear la caballería y la artillería, nos parece que erá repartida por todo el frente, en pequeiías masas. De e te modo, en cualquier punto de la lu1ea de batalla en que se pre ente ocasión propiLia de intervenir Ja caballería, esta arma podra aprovecharla; así, le será más fácil desenfilarse de ]a Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 60 BOLETÍN MILITAR vista y del fuego, acechando siempre el momento de lanzarse á la carga, y al efectuar ésta podrá con menos dificultad salvar los obs­táculos que se opongan á su paso. Sabiendo elegir bien el instante de acometer, ese momento "en que se hace irresistible la carga de un puñado de lanceros,, como dice el ilustre Villamartí n, no ha­cen falta brigadas ni regimientos para alcanzar el resultado apete­cido ; bastan uno ó dos escuadrones. Las ocasiones más favorables para cargar á la infantería, se­rán aquellas en que ésta cambie de posición, obligada por el fue­go, ó al lanzarse al ataque, sobre todo si lo hace desordenada­mente. Cuando una fuerza de infantería amiga sea acometida por otra fuerza de caballería enemiga, ésta será también otra ocasión en que los jinetes no deben vacilar en acudir en auxilio de sus compañeros. La distribución de la artillería, por baterías ó grupos de dos baterías, además de simplificar la elección de emplazamientos, contribuirá á su propia defensa contra la artillería enemiga. Los duelos de esta arm'l no serán ya posibles ; cuando una batería ve que empiezan á caer sobre ella granadas, el mejor partido que po­drá tomar será mudar rápidamente de posición, si pretende con­testar al fuego, antes de que descubra el emplazamiento de la arti­llería enemiga que le hostiliza, lo cual, c::omo sabemos, dificulta el empleo de la pólvora sin humo, y que determine la distancia á que aquélb. se encuentra, puede ser destruída, dada la potencia y rapi­dez del tiro de las nuevas piezas. Por eso, entendemos que la mo­vilidad es condición impuesta por las otras dos antes menciona­das y que debe resolverse al propio tiempo que ellas. La artillería contra la artillería deberá obrar por sorpresa; contra la infantería y la caballería se la empleará, como actual­mente, siempre que éstas presenten blanco considerable, y para rechazar sus ataques ó quebrantar una obstinada resistencia. Sus frecuentes cambios de posición y de objetivo harán su manejo y dirección en el combate mucho más difícil de lo que hasta ahora ha s;do. rl'eniendo esta arma que hallarse muchas veces expuesta al fuego de la infantería, que seguramente le causará grandes bajas en su personal, necesario es pensar en dotarla de reservas de sir­vier1tes, cuestión tan importante, en nuestra opinión, como la del municionamiento, pues de nada servirá tener municiones si se ca­rece de hombres que carguen y disparen las piezas. Con mayor razón que nunca, la superioridad numérica será un factor del éxito en el terreno táctico, aumentando todavía más, por consiguiente, la imp rtancia del servicio de exploración, á fin de conocer exactamente, cuanJ~·> se establezca el contacto ('011 el enemigo, las fuerza que se tienen en frente, y decidir si se debe empeñar combate ó tratar de n::h uí rlo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 6i El mando superior, una vez efectuado el despliegue, cuya di­rección marcará, no podrá hacer más que llevar las reservas allí donde crea que su presencia puede ser decisiva. Las tropas de pri­mera línea quedarán bajo la dirección é inspiración de sus propios jefes, los cuales tendrán que determinar el objetivo más conve­niente de su fuego ó del choque, prestándose unas á otras mutuo auxilio, y procurando que no resulten inútiles las ventajas tácticas por cualquiera de ellas obtenidas. La causa de la gran duración hoy de las batallas es cierta­mente la dificultad de expugnar algunas posiciones, y por eso pen­samos que la nueva artillería hará también que los combates sean más breves, y seguramente terminarán con un desastre para el vencido, si éste no consigue prolongar la lucha hasta que venga la n0che, y á favor de la oscuridad alejarse del vencedor. Por último, los futuros combates exigirán en las tropas, ade­más de una firme di ciplina á causa de los mayores efectos del fusil y del cañón, una racional y sólida preparación, y en los Oficiales, al ensancharse tan notablemente su iniciativa, se hará preciso que ..• sean tácticos. Si la acertada y oportuna acción de una compañía, de un escuadrón ó de una batería, puede iniciar la victoria, su tor­pe empleo quizá sea el origen de la derrota, comprometiendo así la suerte de la Patria y haciendo estéril el sacrificio de Ja vida de mu­chos hombres. G. GIL JUSTE Capitán de Infantería ---------~·~--------- HIS~OP.IA :M:ILI~A~ :CE COLOMEIA Guerra. de Independenela. (Conferencias á los Oficiales de la Guarnición de Bogotá) J- 1 8 1 o, 1 81 I Y 18 1 2.: LA REBELI6N DE LAS PROVINCIAS CAPITULO 1 - VENEZUELA PrimenL campaña de Occidente 6 Campaña de Coro 3.0 Lucha de un año en la frontera (Continúa) La retirada del Ejército patriota, aún fuerte, á pesar de las pérdidas que sufrió en la campaña, n9 tranquilizó á los realista~ de Coro, quienes ignorando lo resuelto e'n Caracas, pensaron tendrían pronto encima un segundo ataque, pues era de creerse que el jefe del Ejército de Occidente trataría de rehacerse cucSnto ante para volver á la carga. A pesar de tan justos temores, en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MlLITA..lt Coro fue preciso despedir la mitad de las milicias llamadas á las armas por imposibilidad de sostenerlas, habiendo escaseado los recursos, aun antes de consumarse la primera invasión, en térmi­nos de pasarse la tropa muchos días sin ración, y Compañías había que no salían formadas del cuartel por desnudez. La situación de los realistas fue difícil hasta Febrero de I811, pues corrían las voces de que el General Toro invadiría de nuevo, ya por la parte de Carora, ya por el lado de San Felipe de Tocuyo; pero por fortuna para ellos en esos días llegaron al puerto dos na­ves con algún dinero, armas y minuciones, noticia que, abultada al penetrar al interior del país, hizo suspender á los patriotas su nuevo proyecto de invasión, y no se volvió á hablar más del asunto con evidente perjuicio para la causa de la Independencia. Para el mes de Mayo el General Toro estuvo ya en Caracas y poco menos que disuelto el Ejército de Occidente, pues apenas quedaban en Carora y Siquisique unos quinientos hombres de guarnidón. Al saberse esto en Coro el Brigadier Ceballos se apresuró á hacer otro tanto, de suerte que en la ciudad no quedó sino una corta guarnición compuesta de la Compañía del batallón Reina y unos cuántos milicianos que se destinaron á cubrir algunos puntos de la línea principal. Entre tanto qué había hecho el General Toro después de pre­sentar tan lastimoso certamen? Y decimos el General Toro y no la Junta, porque siendo él militar afamado, esa Corporación natural­mente obraba en las cuestiones de guerra de acuerdo con sus opi­niones, ya que en Venezuela no se encontraba por entonces guerrero de más fama, y Toro como soldado no lo había hecho mal. Los que han acusado á la Junta, por confundir á los dos hermanos Toro, es­cribieron sin estudiar el asunto y no merecen el nombre de historia­dores militares. La Junta de Caracas, asintiendo á la autorizada opi­nión de los oficiales que acababan de hacer la campaña de Coro y mientras se acopiaban lo"s recursos que en ella se agotaron, dispuso que el ejército permaneciera á la defensiva, y ofició á las Juntas de Trujillo y Mérida pidiéndole reforzasen sus columnas de observa­ción sobre Maracaibo, y hasta se dirigió al lejano Gobierno de Cun­dinamarca suplicándole moviera algunas tropas hacia Pamplona, á fin de llamar por ese lado la atención de los realistas é impedirles cayeran con todas sus fuerzas reunidas sobre el centro de Vene­zuela. Aquí debemos consignar que aun cuando esas medidas no podían pasar del papel, la Junta no podía hacer otra cosa por el malísimo sistema que empleó para manejar las finanzas del nuevo Estado, que produjeron la bancarrota, lo cual constituye, junto con su errada política, su v~rdadera re pon c; abilidad ante la historia. La Junta no entendía quedarse i la defensiva a perpetuidad; pero falta de recursos, y con el fin de asegurar las operaciones fu­turas, en Junio envió á Carora al Comandante Aldao, ingeniero distinguido, uno de los autores de la Revolución del 19 de Abril de I8ro, como Inspector, para que organizara convenientemente Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DbLETfN MiLITAR la línea fronteriza. Dicho Jefe, después de examinar el terreno, cometió el error de adoptar una línea defensiva de enorme longi­tud, como que medía treinta leguas, con Siquisique como centro, la cual ocupó con varios puestos militares, es decir, empleó á su turno el sistema de cordón. Hecho esto ordenó que las fuerzas así apostadas invadieran el territorio enemigo por sus respectivos frentes, pensando que los realistas se confundirían con tan extra­ña invasión, y no sabrían repelerla. En efecto, un mismo día (me­diados de Junio) las tropas republicanas embistieron los puestos realistas de Churuguara, Tupeme la Dante y Bomba, que cubrían los caminos de Pedregal, Agualarga y Valle de Los Remedios, y los rechazaron, y sin dar un paso adelante, ni averiguar lo que su­cedía en el campo enemigo, se volvieron el mismo día á sus res-pectivos a can tonamien tos. • Nunca los historiadores hacen mención del espíritu realista que dominaba e&tas regiones, y que fue la causa del mal resultado de las empresas de los republicanos, vendidos á cada paso que da­ban. En efecto, la llegada de Aldao y las diversas medidas que adoptara, fueron puntual y oportunamente comunicadas á Coro por la multitud de espías que rodeaban al Jefe republicano, y el Gobernador Ceballos dispuso en el acto que el Comandante Iz­quierdo se pusiera en marcha con una Columna de 300 hombres, con orden de contener y escarmentar á los invasores. La opera­ción la realizó Izquierdo con tánta rapidez, que al otro día del ataque de los tres puntos mencionados llegó al primero de ellos, y sin perder tiempo avanzó sobre el puesto republicano de la qutbrada de Los Algodones (50 hombres), que permanecía des­cuidado, y lo arrolló sin dificultad ninguna : Ja noticia de esta de­rrota hizo que se replegara la guarnición de Siquisique; el Jefe realista siguió su marcha por el valle de Baragua, y uno tras otro venció los puestos de la Capilla, las Mategeas y Sique, fuertes por todo de 120 hombre', cuyas armas y municiones quedaron en poder de Izquierdo, junto con algunos prisioneros. Ello es que en dos días quedó desbaratada la línea establecida la semana ante­rior por Aldao. Izquierdo permaneció tres días en el valle de Baragua, de donde ofició al Cabildo de Carora, con inclusión de varios papeles públicos que manifestaban el buen estado de los negocios para los realistas, excitándolo á una reconciliación : el Jefe republicano contestó negativamente en térmiRos corteses. Después de lo relatado, Izquierdo regresó á Coro tras reco­ger el ganado y los bienes de todos los habitantes que no se presenta­ron á la entrada de las tropas del rey, y llevó presos á los indi­viduos que se habían manifes..tado adictos á la revolución ; el im .. porte de la extraña expropiación se destinó á pagar la tropa . • • • Por este tiempo (fin de Junio) se presentó en Coro un co-l misionado de Valencia, á dar parte de la contrarrevolución alli Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR organizada en favor del Rey, solicitando se auxiliara con tropas y armas á Jos pronunctados. Ceballos trató de reunir aceleradamen­te una columna que, á órdenes de Antoñazas, se puso en marcha por la costtJ arriba, ó sea en dirección á Valencia por San Felipe, al mismo tiempo que el Gobernador en persona, con 6oo infantes, 200 jinetes y alguna artillería avanzaba por San Luis, con rumbo á Carora, para llamar por ese lado la atención de los republicanos. En San Luis estaba ya Ceballos cuando recibió aviso de ha­ber anclado en el puerto de los Taques los buque de guerra Cor­nelia y Príncipe que volvían de Puerto Rico, habie:1do antes toca­do en las costas de Cumaná y hecho en ellas infructuosas tentati­vas para ganarse á los habitantes. El jefe de las fuerzas navales, Rodríguez de Arias, al imponerse de lo que sucedía en Valencia, convbo en auxiliar á Ceballos, y, en efecto, le franqueó algún di­nero y desembarcó á sus órdenes la infantería de Marina (120 hombres), al mando del Capitán Monteverd~. Con este refuerzo no dudaba Ceballos del mejor éxito de su interrumpida expedición; pero apenas volvió á San Luis recibió orden de Miyares, á quien había comunicado su intención, para que lo aguardase en Coro, á donde se dirigía por mar con 4 buques de guerra y 300 infantes, á fin de tomar el mando de la expedición y dirigir ·personalmente la campaña; los celos por una mezquina gloriola, censurables don­dequiera que br0ten, salvaron esta vez á los republicanos. El plan de Miyares consistía en tomar en Coro los dos buques de guerra y 200 hombres, unirlos á los que traía de 1\1aracai bo y con todas esas fuerzas seguir por mar sobre Puerto Cabello, mientras el resto de la tropa amenazaba á dicha plaza por tierra; pero todo se frustró porque el mal tiempo no permitió la llegada á la Vela de esa expe­dición sino un mes después de que la contrarrevolución de Valen­cia había sido vencida en recio combate. Cuanto á la columna de Antoñazas, aun cuando avanzó hasta el cantón de San Felipe, así aislada nada pudo hacer, y hubo de retrogradar cuanJo contra ella se aprestaban tropas de Barquisimeto, sin otro fruto que recoger calenturas, de que m u rieron la mayor parte de los soldados. En el intermedio de estos acontecimientos llegaron también á Coro, como auxilio enviado por Cortabarría para sostener la expedición en apoyo de Valencia, el Brigadier Juan Manuel Ca­jigal, los Coroneles Fierro y Vásquez, y cuantos jefes y oficiales estaban refugiados en P ucrtorricv, los cuales traían, además dos- . ] ' c1entos pesos en dinero y a gunas armas y municiones. Esta fue tambien la época en que de lo interior se pasó á Coro el Padre Andrés Torellas, Cura de Siquisique, quien hizo los mayores esfuerzos para que siguiese la expedición a lo interior a egurando su f~liz resultado por el buen estado en que dejab;n la opinión púbhca en favor del Rey, a causa de lo acaecido en Valencia. Mas nada hicieron los jefe e pañole , tan morosos en sus operaciones militares como los independientes, y para el mes de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR 65 Septiembre estaba deshecho tanto aparato y estrépito guerrero, porque después de una gran Junta convocada en casa del Capitán general, y á que asistió un número nunca visto de jefes, se acordó queda en todas las cosas como estaban, que se licenciasen las mili­cias, se esperara mejor oportunidad para obrar y que los buquesde guerra salteran á hacer el crucero sobre los puertos de barlovento. A principios de Noviembre la fragata Cornelia se fue para la Haba­na por hallarse en mal estado, y la corbeta Príncipe, cogida por un mar de leva al salir del puerto, y mal dirigida, acabó por darse al travéz en las playas de la Vela. Para bloquear las costas no que­daron entonces sino buques menores que de poco podían servir. * * * A fines de este mismo mes de Noviembre el Comandante Gil, Jefe de la guarnición de Carora y de los puestos vecinos, recibiló orden para concentrar sus tropas y tentar algunas excursiones en la tierra enemiga. Por desgracia ahora, como en Junio, Ceballos tuvo aviso oportuno del proyecto, y envió de nuevo al Comandante Iz­quierdo con los 120 hombres de Monteverde, otros tantos del La Reina y veteranos de Maracaibo regidos por Antoñazas y algunas milicias de Pedregal y San Luis ( I .;o), con la orden de buscar y ba­tir al enemigo. El Comandante Gil, que ya se aproximaba á la raya, al saber el avance de los realistas retrocedió á Siquisique, á donde lo siguió Izquierdo por el valle de Baragua; entonces Gil trató de coger de flanco al invasor, y al efecto logró sorprenderlo en un de filadero, cuando aquél se aproximaba á la población, arro­llándolo casi dos leguas hasta el llano de Baragua (caserío), donde los veteranos realistas se puáieron formar en batalla. Gil, sin pensar en la diferencia de calidad de las tropas, cargó de frente á las contrarias con us 400 hombres, y aun cuando estos pelearon con valor, fueron derrotados á la hora de combate, dejando en el campo algunos muertos, heridos y prisioneros y bastantes armas, municiones y ba­gajes. Los vencidos ocuparon la misma tarde á Siquisique, donde se detuvo la fuerza veterana por tener orden de no seguir adelante, pero las milicias montadas, creyendo, como lo de~ían los habitantes, que la columna de Gil se había disuelto, avanzaron inconsultamen­te hasta Carora á donde llegaron dos días después, cuando ya Gil había logrado reunir la mayor parte de su gente (300 hombres) y ]as atacó sin vacilar derrotándolas completamente, causándoles bas­tantes bajas y tomándoles algunos prisioneros que, en justa repre­salia, fueron tratados como ellos habían tratado á los prisioneros de Baragua. Gil no podía pensar en atacar nuevamente á los vetera nos que estaban en Siquisique, y los realistas desanimados con el descalabro de Ca rora, emprendieron tranq uilarnente su retiradados días después, llevándose cuantos ganados pudirron haber á las ma­nos en el valle de Baragua. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Cuadro sinóptico de la cam pafia t FECHA SITIO JEFES PATRIOTAS ct • (/) -u~c:- o ~ ~ ., e ~~ ~ PATRIO- REALIS- S 5 8 , ¡5 o o ~ o JEFES REALISTAS 1 ,~ <11 ct <~> ~ !:: ~ T AS T AS "< 11t 'Ql ,.! U ,.::::: ~ ~:~~ c.. u~._. ......... Jll-----1------1-----1-----1------1-.------ 1810 14 d~ Noviembre. _11 1 S íd ..••.. I 7 íd .••... 29 íd ...... . 1 Diciembre ... . I8II .htlbarnaches ..•.. El Pedregal.. ..... El Puerco .•••.•. Coro ........... . Sabanera ....••.. Güedequis ....••. Coronel Ustáriz .. Id. San tineli .. . Id. íd ..... . General Toro .... . Id. íd ..... . Id. íd ..... . Cmdte. Izquierdo. Id. Miralles .•• Id. .íd. Brigadier Ceballos Coronel Miyares .. Cmdte. Miralles .. 900 1,6oo 1,6oo 3,soo 1,400 1,400 700 ,a. p. 700 a. p. 700 a. p. 2,ooo la. Soo a. soo a. p. p. p. r. d. d. 20 so ? 30 r.l 200 d. d. so ? t. c. t. b. c. t. ? 1 c. 1 4 íd ...•••. Junio •••••..•••. ¡ Churuguara....... l l I oo ? 40 ? a. p. d. to ? c. ? t. c. ? c. Tupeme .• _... • • ? • ? 100 ? 40 ? a. p. d. 20 Bomba.. . . . . . . . . ? ? 8o ? 20 ? a. p. d. S Julio ... ~ ........ ¡ Algodones....... ? Cmdte. Izquierdo. so 300 a. r. t. r. Zf La Capilla....... ? Id. íd. 40 ? 300 a. r. t. r. 10 ? c. ? t. ? c. ? c. LasMategeas... ? Id. íd. so? 300 a. r.(r· 10 Sique... .. • • . . . . ? Id. íd. 30 ? 1 30 a. r. 1 r. r. + I ? I ? I ? 6 1 , , ~ i ~ ~ 2- 2 1 11 No•iembre ...... ¡ Baragua ......... Comandante Gil... Id. íd.. .¡.oo zso ¡a. p.,t. r. 30 ~ . ______ Carora........ • . Id. íd. ? ___ 300 I so a. p. t. p. 30 NOTA-Pudieran reducirse estos encuentros á una sola batalla de seis hora a en que hubieran lidiado 7 ,soo hombres, con pérdida de 500 muertos y heridos. En la columna Agresor las letras a p y a r signif1can que los patriotas ó los realistas fueron quienes atacaron; en Ruultado, r significa rechazo del asaltante; d, que el agresor fue desalojado; t r y 1 p triunfo realista ó patriota. En Clas1 tk encuentro t es tiroteo, e combate y b batalla. ~ ~ o ~ ~ 1-3 ~ ~ ~ 8 ~ 8 ¡¡... S:d Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET:fN MILITAR La campaña de Coro estaba terminada, (Diciembre de I 811 ), aun cuando se creyó que por lo pronto se renovarían nuevamente las hostilidades, y justamente alarmada la Junta de Ca­racas con estas noticias, resolvió aumentar las fuerzas que guarne­cían la frontera de Coro, y al efecto dispuso trasladar el Cuartel general republicano á Barquisimeto y confiar el mando de lo que podemos llamar nuevo Ejército de Occidente al Coronel Diego ] alón, quien alcanzó á disponer de unos 3,ooo hombres en los momentos en que ~1 tristemente célebre terremoto de Caracas produjo la .ruina de la República y dio en Occidente el triun­fo á los realistas, pero estos acontecimientos pertenecen ya á otra campaña, la de Valencia, y debemos poner punto final á la de Coro, que moral y militarmente hablando fue un desastre irreparable para los republicanos. NoTA. Aun cuando el combate naval de Chichiriviche se efec­tuó en la costa de lo que hemos llamado península de Coro, y no en el delta del Orinoco, como b han dicho algunos historiadores, no relacionándose con la campaña de Occidente sino por mera incidental geográfica, parece más lógico tratarlo al hablar de las operaciones militares de que fue teatro el centro del país, por ra­zones que se verán en su lugar. Primera campaña de Guayitna {1 Si bien el territorio de Guayana tiene importancia capital en ]a historia militar de la guerra de Independencia, como de 1810 á 1812 ninguno de los contendores se dio cuenta exacta de su valor, aplazaremos para mejor oportunidad el estudio geográhco de dicha provincia, limitándonos por ahora á los puntos cuya enunciación exija la claridad del relato de esta campaña, que por haber sido mi­rada como poco importante los historiadores han solido narrarla en pocas líneas, siempre oscuras, confusas y en abierta contradicción con la geografía de la comarca ( 1 ). La Guayan a venezolana,ó sea las tierra!:i que envuelve el Orinocc y riegan los afluentes que á él tributan por la banda izquierda, bien que ocupando extensión que se mide por decenas de millares de leguas cuadradas, en la época de la Independencia apenas presenta una superficie cultivada de 700 leguas cuadradas con 3o,ooo habitantes que formaban una veintena de pueblos y di ponían de 34-o,ooo cabezas de ganado mayor, siendo de advertir que 2o,ooo de los primeros y 30o,ooo de las segundas pertenecían á las Misiones, entre las cuales eran las de los Capuchinos del Caroní las más ricas y florecientes. (x). Los autores ya citados, páginas siguientes. Esta campaña es una de las mía confusamente relatadas por ios historiadores, por lo que hace á su primer período, quizáa debido á que no le dieron mayor importancia ; es también en dicho relato en uno de loa en que máa pecan contra la geogr.afía del teatro de operaciones, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 68 BOLETIN :MILIT A.R La provincia de Gua~rana tenía por capital la ciudad de Gua­yana ó Angostura (hoy Ciudad Bolívar), que defendida por dos fuertes y junto con Vieja Guayana, también lugar fortificado, constituía la llave del Orinoco en su parte baja. .En el momento en que principió la guerra gobernaba la provincia D. Matías Fe­rrara, quien tenía á sus órdenes 300 veteranos de inlantería y ar­tillería, 970 milicianos y algunos marinos que tripulaban media docena de embarcaciones pequeñas, destinadas á hacer la policía del río contra el comercio de contrabando. La tropa, en parte, guarnecía los presidios (fortalezas) de la provincia y en parte daba escoltas para proteger á los Misioneros, quienes ejercían sobre los indios absoluta autoridad moral y material, y por el buen trato que les dispensaban tenían ganada la voluntad de esos millares de aborígenes que habían logrado convertir al Cristianismo. En la margen derecha del Orinoco, además de las dos po­blaciones ya nombradas, se encuentran dignas de mención Piacoa ya en el delta y Caicara frente á las bocas del Apure. En la banda izquierda merecen nombrarse Barrancas, al N. de Piacoa; Sole­dad, en frente de Angostura, donde el río que arriba y abajo tiene tres y medio kilómetros de anchura, se reduce á 708 metros casi el máximum alcance de los cañones de á 24 al principiar el siglo; y Santa Cruz y Boca del Pao, cercanos, puertos de San Diego, y de la Villa del Pao, en la región llamada Vuelta del Torno. OCAR.AC.AS ---Costa_ 0 CUMANÁ 0 BARCELONA Matttrín m 0 Aragua S -4) u ; 0 El Pao P':l o~ l ~ ~ § i o Uracoa0 Barrrmcas 8a11 Diego /' 0 0 Soledal1\ 0 1 0 , Sta. Oruz0 0 llora Pao 1 o Scm Felix ~ osan Fernando Rio Oriooco o Angostura os - __________ __. Moitaco i! ~ GUA YANA ~ ~ c::l c;p Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 69 En ambas márgenes se encuentran caminos que se desarro­llan paralelamente al río y son cortados por los que arrancan de las orillas, solo que de estos últimos Jos que se dirigen hacia el Sur tienen corta longitud y no guían sino á caseríos de indios ó pueblos sin importancia, en tanto que los que parten con rumbo al N. conducen á las costas de Barcelona y Cumaná ó sea á una de las regiones más ricas é importantes del país, la región oriental, en la cual no se hallan menos de I 2 poblaciones dignas de men­ción. En el extremo E. de dicha región oriental y de Guayana se dilata el extremo delta del Orinoco. * * * El movimiento revolucionario cumplido en Abril de I 81 o en Caracas tuvo eco en Guayana, donde el I I de Mayo se instaló la Junta del caso, pero compuesta, por desgracia, en su mayor par­te de peninsulares, residentes en Angostura, los que influenciados por los misioneros capuchinos, resueltos á seguir la suerte de España, prepararon una contrarrevolución que se llevó á cabo en Junio con grande habilidad: la Junta se disolvió, los miembros de ella verdaderamente republicanos y todas las personas "adictas á las novedades de Caracas" fueron reducidos á prisión y enviados á las cárceles de Puerto Rico y Cuba, para su castigo, quedando las cosas restituídas al estado en que se hallaban á principios del a1ío, ó sea encargado del mando F errara corno agente de la Junta espa­ñola de regencia. A pesar de lo sucedido aún quedaron en Gua­yana partidarios de la libertad que, ayudados por los republicanos de las provincias limitrofe r: , trataron de apoderarse del gobierno en Angostura, pero siempre fallaron esas tentativas que sus autores pagaron con la deportación: al cabo se convencieron los indepen­dientes que nada podta esperarse en Guayana, provocado por un movimiento revolucionario interno, y entonces resolvieron ocurrir á las armas para sujetar es ta otra provincia donde imperaban los reali s tas. Por desgracia las medidas que acordó con tal fin la Junta de Caracas carecieron de la energía y actividad que deman­daban las circunstancias. Ninguno de los dos futuros contendores se daba cuenta exacta tle que Guayana era el campo donde debía decidir e la contienda por la independencia de la América del Sur, y los republicanos ignoraban por completo la clase Je elementos que necesitaban para dominar á su contrarios, cuya principal fuerza estaba en el río Qrinoco- vía navegable- y en los misio­neros capuchinos que hicieron cuanto les fue dable para conservar á los indios reducidos bajo la obediencia al rey, predicándoles á diario que sostener la Repú o ica era un en m en y una herejía imperdonable. La marcha mi s ma tle I~) S acontecimiento. contlujo á los rea- 1i tas de Guayana á mirar como tierra enemiga la huada en la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 70 BOLETÍN MILITAR margen izquierda del gran río, y tras ocupar las poblaciones de esa orilla, principiaron á organizar expediciones que penetraban en territorio de las Provincias fieles y causaban daños á los ha­bitantes, quienes ocurrieron al Gobierno demandando protección. La guerra principió en verdad el 2 de Abril de I 8 I I, en que los realistas de Caicara pasaron el río y saquearon y quemaron la flo­reciente poblCJción de Cabruta, arrasándola por completo. (Oo11timurá) HISTORIA MEMOP.IAS DEL GENERAL PABLO MORILLO (Continuación) Aprovechad, pues, de una experiencia que os ha costado caro; hoy día ninguno de vosotros debe suspirar por el orden de cosas que ha cesado de existir. Que las gentes de bien tengan energía bastante para oponerse á las miras de los perturbad0res. Acordaos que los rebeldes armados tienen necesidad para ponerst" en seguridad de estar en un estado continuo de hostilidades, reunir tropas y elemen­tos militares cuya conservación y movimientos debe recaer sobre ]a masa general de los habitantes. Por una consecuencia inevita­ble, el trigo, el maíz, los rebaños, los caballos, l'on tomados en todas partes donde. se encu~n tran; las camas y todos los muebles del menaje son arrebatados de las casas, de sus dueños han hecho enfermeros, sirvientes, etc.; todas estas consecuencias de una su­blevación son inevitables. Lo mismo que pagar contribuciones para mantener las tropas. Debéis saber que un estado que mantie­ne en tiempo de paz tres mil hombres, soporta fácilmente el gasto, porque sus rentas bastan, pero no es lo mi mo cuando le es nece­sario de diez mil hombres más para restablecer el orden. Entonces todos los gastos, in excepción, deben recaer sobre ~1. Es una ca­lamidad pública, pero esta calamidad e inevitable cuando las gentes de bien no tienen bastante energía para contener los fac­ciosos. Pronto vuestros sufrimientos cesarán, las tropas marcharán á su destino, y las antiguas leyes recuperarán el puesto que te­nían. Fue necesario un trastorno tan escandaloso para derribar en un momento lo que ha hecho durante trescientos años la felicidad de vuestros padres. Aprovechad, os lo repito, lo que ha pasado á vuestros ojos. Separad los obstáculos que se oponen á vuestra felicidad. Contened lo . sediciosos que se encuentran entre vosotros. Que los que no Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 71 aman al Rey no olviden que su poder se esparce por todas partes. El pueblo español es de todos los pueblos el más fiel á su Rey. En cualquier lugar del mundo que uno de sus descendientes se mancha con el crímen de traición, se presentara inmediatamente, como un padre que uniendo la terneza á la tenacidad quiere poner orden á las pasiones delirantes de sus hijos. Tratad de reparar los perjuicios que habéis sufrido; el Gobier­no no omite nada para que lleguéis á este fin. Más de treinta puentes sólidos han sido construí dos en menos de cuatro meses, los caminos de Girón, del Socorro y de V élez al Magdalena igualmente que el de Honda, más concurrido que en otros tiempos, se han mejorado. Tres nuevos caminos que conducirán á Sogamoso y de esta capital á los Llanos están adelantados y permitirán pronto la introducción de ga­nados . . Los de Fusagasugá, de San Antonio y la Mesa facilitan nuevas salidas y acortan la distancia de Neiva, Popayán y Quito. Más grandes ventajas serán obtenidas con la conclusión del camino de Guanacas y de Ti maná á Pasto; el comercio por el mar del Sur se restablecerá con el nuevo camino de Cali, y las especulaciones se dirigirán por el Qyindío para Santa Fe, Antioquia ó el Chocó. En fin, ya el camino de Mariquita á Medellín está entrega­do al público, este camino, tan deseado, tan á m en u do ordenado, se une al que conduce por U rrao al A trato, dará vida á estas Pro­vincias, y el complemento de todas estas operaciones será evitar los peligros del Magdalena en la dirección de Guaduas á Guaru­mo. La J:'rovincia de Muso por sí misma podrá exportar sus ricos productos sin ir á buscar otro territorio. Por lo que se ha hecho en cuatro meses, podéis prever á qué bienes debéis aspirar cultivando la agricultura é industria. Entre­tanto que esta<> mejoras tienen lugar en el interior del Reino, S. E. el Virrey abre los puertos y permite el comercio con el ex­tranjero En su residencia de Cartagena no descuida nada para restablecer vuestra agricultura y vuestro comercio. Sus luces, via­jes y educación en una isla entregada esencialmente al comercio y la agricultura son p ara e te pars una de lai circunstancias más fe­lices. Vuestra posición favorable os da seis vías fáciles para vues­tras especulacione . El Meta, el Magdalena, el Zulia, el Arechica­ya, el Atrato y el Guayaquil, son los canales formados por el To­dopoderoso para vuestra prosperidad; uní o , pue , para alcanzar las mira del mejor de los Reyes, y así no atraeréis más sobre vuestras cabezas nuevas desgracias con ideas estravagantes. Habitantes deJa Nueva Granada: No os expongáis á ver to­das estas esperanzas frustradas. N o olvidéis los tristes recuerdos de un país que no conocía sino por tradición la guerra y sus de­sastres. Recordad también que la sublevación ha sido apaciguada por un ejército de hermano enviados por el Rey, que les prescri­bió minorar tanto omo les fuera po s ible la · consecuencias inevi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 72 BOLETíN MILITAR tables de los combates; todas estas circunstancias favorables son raras, pues una vez la guerra declarada, incendiar las ciudades, degollar sus habitantes, asolar el país, no respetar ni sexo ni edad, hacer del pacífico y humano agricultor un guerrero terrible, ministro de las venganzas de un Monarca irritado, tál es el estado ordinario de las cosas. Cuartel general de Santafé de Bogotá, 15 de Noviembre de 1816. MORILLO No traz.aré de nuevo aquí nuestras privaciones y sufrimien­tos. Obligados á recorrer distancias de cien leguas por montañas inaccesibles y en desiertos abrazados por el sol, sin agua ni víve­res, donde nuestras marchas continuas eran lo menos de las fati­gas, las tropas vencieron todos los obstáculos. Renovaron con su constancia y valor los tiempos de F ernández, U crós, Garcigonzá­lez de Silva, y demás héroes que contribuyeron á someter este te­rritorio á la Corona de Castilla. Hacia n-ediados de Enero de 1817 llegué á Venezuela, donde tuve conocimiento exacto de la situación de la Provincia. No era ya la Venezuela que dejé con las fuerzas necesarias paaa mantener la integridad de su territorio. Un Cuerpo de 3,ooo hombres de caballería mandado por Páez, uno de los Generales disidentes, atacó al General Latorre, dos días antes, en Mucuritas, en el paso del Apure. Catorce ataques consecutivos contra nuestros ya cansados batallones, me enseñaron á conocer que tenía que enfrentarme con soldados y no con unos cobardes aventureros, como me lo habían dicho. Pero los soldados que tenía á mis órdenes se acordaban de que eran españoles, y los enemigos fueron rechazados constantemente. (Continuará) Deseosos de reunir el mayor número po ible de documentos que se refieran á las operaciones militares cumplidas en el país, á fin de facilitar su estudio á nuestra oficialidad, nos apresuramos á insertar en seguida las dos cartas auténticas que verán en seguida nuestro lectores y se refieren á una campaña de indudable impor­tancia por su enlace político con la guerra de 1876, Sr. Coronel Manuel Montúfar.-Prcscnte. Bogotá, Marzo 2.6 de 1876 M u y señor mío y estimado: Hoy que las agitaciones políticas, producidas por la ültima lucha electoral, parece van pasando, y en <]IIC la rnón · el sano juicio deben recuperar su imperio, á fin de poder deducir de los pasados acontcci- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE~'ÍN MILITAR 73 mientos las enseñanzas que ellos nos hayan legado, ya sobre los hombres que han figurado en dichos sucesos, ya sobre sus actos, ya sobre las con­secuencias que lógicamente deban de prenderse de ellos; me atrevo á ocurrir á usted en su carácter de caballero y de pundonoroso militar, á fin de que me haga usted el obsequio de escribirme una página que co­locaré en mi libro de memorias, en la cual relate usted slfs impresiones r sobre todo, su concepto sobre la campaña del Magdalena que co­menzó, puede decirse así, desde el día en que d finado General Joa­quín Riascos desembarcó en Dibulla, hasta los días 7 y 8 de Agosto en que se libró la batalla de San Juan de Cesar y en la cual este malogra­do General murió al lado de usted. Agradeceré á usted mucho, que emita sus opiniones con toda fran­queza, aunque al efectuarlo usted así, aparezca yo censurado, pues si así fuere. creeré que la buena fe y rectitud de intenciones presidirán siempre los juicios de usted. Antes de terminar debo encarecer á usted no se excuse en decir, si sabe que en las veces en que el finado General Riascos mandó á To­marrazón sus comisionados, yo empleara contra éstos, procedimientos contrarios á los preceptos del Derecho de Gentes, y si vio usted algún documento oficial ó carta particular firmado por mí en que hiciera al e~presado General promesas de paz tendientes á embrollar las negocia. ctones. M e congratulo en suscribirme de usted atento seguro servidor, FELIPE FARÍAS Bogotá, Abril 8 de 1876 Sr. General Felipe Farías. Presente. Muy estimado seíior. Con la franqueza que el asunto requiere y sin prevención de nin­guna especie, doy gustoso, con testación á la atenta car_ta que e sirvió usted dirigirme con fecha 26 de Marzo pró.·imo pasado. Procuraré, pues, traer á la memoria mis recuerdos para satisfacer en lo posible sus deseo . Por no cr del caso en esta contestación, pasaré en silencio la pri­mera época de la campaíi:I ültima del Magdalena, que comenzó el 4 de Mayo anterior, con el movimiento revolucionario encabezado en la Ciénaga por el General .Franciscn Lavarcés; y sólo me contraeré á los puntos {L que usted se refiere en su carta citada, haciendo un ligero re­lato de los hechos cumplidos durante el tiempo que usted se sirve in­dicarme. El General Joaquín Riascos, encargado legalmente de ]a Presiden­cia del Magdalena, estando en el deber de restabl~ccr el orden consti­tucional que había sido turbado en el Norte del Estado, y despué~ de haber dado libertad á los prisioneros que tenía en su poder, se puso en marcna desde Santa Marta, el 6 de Julio último, con u Cuartel gene­ral y parte de las miliciao: de la Ciénaga y aira; y al día siguiente se efectuó el desembarco <.:11 d puerto d<.: Dibulla, adonde también llegó, al propiu tiempo, una Comp.liiía de S.unarius, yuc había a anzado con anticipación por el camino de tierra. E tas fuerzas: unidas á los olun- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 74 BOLETÍN MILITAR tarios de Dibulla, ascendieron á unos 400 hombres, con los que el Ge­neral Ria<;cos abrió operaciones sobre el pueblo de Camarones, donde. se sabía que estaban los enemigos del Gobierno legítimo. El día 10 de dicho mes. al llegar la descubierta y la avanzada de nuestras fuerzas all punto de N vío-quebrado, cerca del mencionado pueblo, se encontra­ron con toqas las que usted comandaba, y allí se libró un combate de poca duración; que dio por resultado el triunfo de nuestras armas y la casi completa dis?ersión de su ejército, el cual no pudo m:ted contener por más esfuerzos que hiciera para conseguirlo; viéndose, por tanto, precisado á retirarse al pueblo de Tomarrazón (Teinta) con los restos que le quedaban. Si el General Riascos no ordenó la persecusión inmediata á la de­rrota, que hubiera sido ent·Jnces el medio más eficaz y decisivo para la terminación de la guerra, fue porque obraban en su ánimo, entre otros poderosos motivos que se lo impidieran, el de evitar á todo trance el derramamiento de sangre, y porque se prometía, asimismo, resultados favorables de la comisión confiada al Sr. Dr. Luis A. Robles, quien lo acompañaba desde Santa Marta, donde fue puesto en libertad, y se prestaba gustoso á interponer sus buenos oficios cerca de usted, con el fin de conseguir el restablecimiento dd orden en el Estado. Resuelta la marcha hacia la capital del Departamento, llegámos á Riohacha el día 1 1, y allí se elevaron nuestras fuerzas i 500 hombres, poco más ó menos, con los individuos que espontáneameute se presen­taron. En dicha ciudad, el General Riascos envió varias veces al pue­blo de Tomarrazón otros comisionados cerca de usted, siendo éstos, si mal no recuerdo, el Sr. Presbítero Dr. Rafael Celedón y los Sres. An­tonio Amaya Daza y Luis Pacheco; comisionados que tenían por obje­to recabar la consecución de un convenio honroso, que trajera consigo el afianzamiento de la paz. Ahora, con respecto al tratamiento que us­ted diera á los expresados comisionados, le diré : que no me consta que usted empleara contra ellos procedimientos opuestos á los precep­tos del Derecho de Gentes ; así como tompoco vi documento alguno, oficial ó particular, firmado por usted, en que hiciera promesas de paz que tendieran á embrollar las negociaciones, ignorando yo cuáles serían los términos de éstas; pero sí juzgo que tales negociaciones fueron inú­tiles, toda vez que se rompieron de nuevo las hostilidades. Suspensas ó terminadas ya las negociaciones, el General Riascos supo por una carta de persona respetable dirigida al General Santo Domingo Vila y que le fue á él transcrita, entre otras cosas, que del Banco habían sido enviados en auxilio de usted 120 hombres de la Guardia colombiana, y además, varias cajas de rifles Rémingtons y de cápsulas; entonces se dispuso inmediatamente la marcha para librar el combate antes que dichos recursos le llegaran á usted; y el 2+ por la noche del citado mes de Julio, nuestro ejército se puso en movimiento, acampando el día 27 muy cerca dt~ las posiciones qne usted ocupaba en Stm Pablo, punto inmediato á Tomarrazón: en dicho punto, al practi ­carsc el reconocimiento del terreno, tuYo 1 ugar un tiroteo que no oca­sionó algunas pérdidas, sin que nuestras fuerzas pudieran causar da fío alguno á las de u ted que se hallaban perfectamente atrincheradas. (En este mismo día, si no me equivoco, le llegaron á usted los primeros 1 Jo rilles rémingtons, con su correspondiente dotación, que le fueron remi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT A.R 7lS tidos del Banco; los demás elementos los recibió más tarde, pero siem­pre oportunamente). Convencido, pues, el General Riascos de que en aquellas posicio­nes inexpugnables no podía librar acción sin comprometer su éxito, determinó ejecutar alguna evoluciones estratégicas, á fin de sacar las fuerzas de usted de sus atrincheramientos, para combatir en campo raso con probabilidades de triunfo. Al efecto, nuestro Ejército se mo­vió en dirección á los pueblos de Cotopriz y Soldado, hasta llegar á Hato-mavo; en aquel lugar, sabedor el General Riascos de que usted se hallaba en el punto de Pozo-hotJdo, le dirigió con uua persona neu­tral su última nota, única que yo vi, en la que le manifestaba sus vehe­mentes deseos de evitar el derramamiento de sangre entre hermanos, y lo invitaba á una conferencia que él se prometía fuera el augurio de una nueva éra de paz para el Estado. Si usted estimó prudente dar á la referida nota su coP.testación, ésta no llegó ó no tuvo tiempo de llegar á manos del General Riascos. Estando en el pueblo de Fonseca fuimos informados de la de­fección ocurrida en el punto de Los Corazonts, entre los individuos de la Guardia Colombiana, en su marcha de Valledupar á San Juan de Cesar : pero no llegámos entonces á saber que dicha fuerza, después de sublevada y de haberse regresado, se sometió de nuevo al gobierno del señor Dávila García, y siguió á desempeñar la triste comisión que se le confiara. La noticia, tal como la recibímos, no podía ser más plaustble para nosotros, pues nos veíamos por lo pronto desembarazados del más fuerte de nuestros enemigos; así fue que el día 6 de Agosto salímos del citado pueblo con ánimo de batir á las fuerzas de usted que se hallaban situadas en Bttmavista, lo cual no fue posible verificar por el mal tiempo que ese día nos hizo, y por haber llegado, muy avanzada ya la tarde, á la altura del lugar expresado; por consiguiente, seguímos un poco más la marcha y pernoctámos en El Paraíso. Al día siguiente, teniéndose noticia cierta de que usted con todas las fuerzas á sus órdenes, había levantado el campamento desde por la noche y dirigídosc al pueblo de San Juan de Cesar, los Genc-rales Rias­cos y Herrera acordaron tomar la vía de Villanueva, incorporar á n uei­tro pa o los partidario· de la legitimidad que mandaba el Sr. Juan J. Morales, y sin pérdida de tiempo seguir hasta la ciudad del Valledupar, en la que era de e perarse e nos reunien también la gente del Patilla) que se le había sublevado al finado Sr. Maya. Esta operación militar, que sin duda era la mejor, tenía ademas el doble objeto, de ponernos en comunicación con la Ciénaga, y obligar á usted á que nos atacara en la referida ciudad del Valledupar, donde contábamos tener todas las ventajas de nuestra parte. Pero las cosas estaban dispuestas de otro modo. Una falsa noticia, recibida á muy mal tiempo en el camino, hizo creer al General Riasco que usted abandonaba el pueblo de San Juan y se ponía en completa derrota al saber nuestra aproximación, lo que dio por resultado el cambio repentino del plan acordado, y que enea· minara sus fuen~as al mencionado pueblo con intención de ocuparlo. Marchando en la dirección últimamente indicada, :omo á las sie­te de la noche dd citado día 7 de Agosto, se rompieron los fuegos á lé! entrada de la población, y pronto el combate se hizo general y san- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 76 BOLETÍN MILITAR griento, sostenido con ardor por una y otra parte. (En el curso de la noche llegó al campamento de usted la fuerza colombiana que nosotros suponíamos muy lejos del teatro de los acontecimientos). Al amanecer del día 8, el combate se encarnizó con mayor fuerza ; los fuegos, más nutridos y mejor dirigidos, hicieron estragos considerables en nuestras filas ; y á las ocho de la mañana, después de la muerte del valeroso General Riascos, todo quedó terminado con la victoria completa que usted alcanzó en aquella jornada, sobre nuestras fuerzas, bastante debi­litadas ya, y además en desconcierto y desalentadas por la irreparable pérdida de su distinguido Jefe. Fuera de la muerte del General Rias­cos, tuvimos que lamentar otras muchas desgracias de Jefes, Oficiales é individuos de tropa, que perecieron en el referido combate en cum­plimiento de su deber. Las pérdidas que usted sufrió en su Ejército, si fueron menores, no por eso dejaron de ser considerables. Es llegado el momento de manifestar, que el trato que usted usó con los prisioneros de guerra, entre los que yo me encontraba, fue siem­pre decente y caballeroso; no autorizando vejamen de ninguna especie. En cuanto á los habitantes de San Juan de Uesar, sin distinción de co­lor político, ellos se mostraron hacia nosotros con sentimientos magná­nimos y humanitarios, de los que, en cuanto á mí, les estaré siempre reconocido. Acaso he sido demasiado prolijo, tratándose de los estrechos lími­tes de una carta; pero usted se servirá dispensarme, en atención á que sólo he procurado corresponder á los deseos de usted; y por esta razón me permito, al terminar, emitir mi desautorizado juicio acerca de los sucesos cumplidos en la última campaña del Magdalena, y de las con­secuencias que naturalmente se de~prenden de ellos· El General Joaquín Riascos no asaltó el poder como arasionada­mente se ha dicho; la causa de su advenimiento al Gobierno del Esta­do, fue la abdicación del Sr. Ignacio Díaz Granados, que luchaba en vano contra la opinión; y usted recordará que el primer paso del Ge­neral Ria cos, al encargarse del Ejecutivo, fue dirigirse á varias perso­nas de influencia en los Departamentos, solicitando su apoyo para la buena marcha de la administración. De manera, que él no creó en el Estado una situación anormal; se puso al frente de la que encontró creada; y su carácter nobilísimo y abnegado, lo indujo á corresponder á la confianza que los pueblos habían depositado en él, llevando su heroísmo y su consagración al servicio público, hasta el punto de ofrendar su vida en defensa de la soberanía del Estado, de la causa de la justicia, del derecho y cie la legitimidad que él representaba. Yo, que tuve el honor de acompañarlo en aquella desgraciada campaña, fui testigo de muchos de ·us actos; y puedo asegurar á us­ted que él hubiera devuelto la tranquilidad á aquella importante sec­ción de la República, si el Gobier.1o general, obstinado en falsear :Í todo trance el sufragio de los pueblos, haciendo uso de las armas y el Tesoro de la Nación, no hubiera escogido corno teatro de sus designios á aquel infortunado suelo. De su .... rte que si usted no cuenta con el apoyo que le prestara dicho Gobierno, hoy no tendríamos que lamen­tar d menoscabo de la soberanía de aguc..:l Estado, el que además se vio regado con la sangre de multitud de víctimas, cutre las que figura el nunca bien sentido General Riasco ·. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. noLET:ÍN MILITAR 7'1 ¿ Qué surgirá de todo esto ? Que la situación política de aquella ección será cada vez más precana : que los círculos harán más en­carnizadas sus luchas; y cuando esto suceda, los que hoy han celebra­do como un suceso próspero la muerte del General Riascos, habrán de echarlo de menos, al pasar revista en las filas de los leales sostenedores de las instituciones republicanas, conculcadas por los mismos encarga­dos de custodiarlas. DisiRlule usted mi franqueza en el modo de hacer las apreciacio­nes anteriores, y créame su sincero y atento seguro seruidor, MANUEL MONTUFAR ---·· ... --- VARIEDADES POR SANTIAGO PÉREZ Punto de parti da-Ansermanuevo-Paso de la montaña-Juntas de Tamaná (Continúa) En aquel punto debíamos subir sobre nuestros respectivos cargueros, que allí nos aguardaban, el largo bordón en la mano, unos cortos calzones Je la cintura al muslo por único vestido, y sin más apero quP. la silla de guadua sobre los lomos desnudos. La escena apenas podía ser menos interesante ; sin embargo, por el lado filosófico tenía más grande significación. Allí estaba la digni­dad humana parodiando el servilismo bestial. Ibamos nosotros, para estudiar y conocer el país, por la sen­da por donde, para devastado, venían ántes de la conquista, los indí­genas del Chocó ; y no sólo llevábamos la senda misma, sino que la hallábamos en el mismo estado, como si apenas estuviera salien­do 1de ella el salvaje del siglo XIV para que entrara el hombre civilizado del XIX. En trescientos años que llevam s de vida, y yo no sé cuántos de •civilización, nada hemos hecho para salvar esa muralla de montes que separa el Edén dd Cauca del Dorado del an Juan. La silla era una simple armazón, á propósito para hechársela á uno á cuestas de cualquier modo ; y estaba compuesta de dos tablillas como de una vara de largo r algo menos de ancho, for­madas de fajas de guadua unidas estrechamente, que al juntarse ha­cían un ángulo agudo, uno de cuyos lados medía todo el dorso del sustentante, mientras que el vértice era de la íntima vecindad de su coxis. Tres anchas cintas de un fortísimo bejuco, una de las cuales señía las sienes, y las otras dos, cruzándose, entramb.:>s hombros1 sujetaban la silla completamente. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 78 BOLETlN MILITA.R Sobre la tablilla restante, que salía del cuerpo del carguero como una espina, y que estaba sujeta á la otra por dos cuerdas la­terales, nos acomodamos, sentados como Dios fue servido permi­tirnos, dejando caer, á no poder más, los pies sobre un estribo pendiente de la misma silla. Y nos echámos á andar, mirando más ó menos hacia arriba, según que nuestro porta persona tenía que inclinarse más ó menos hacia abajo. De este modo tuvimos que consignarnos en cuerpo y alma á la buena fe, y sobre todo, á las buenas piernas de unos hom­bres á quienes ni de visttt conocíamos, y en unos sitios que por primera ocasión íbamos viendo al revés, como que al fin cada uno de nosotros no era sino la espalda mirona y pensativa de un animal, semejante nuéstro, que había asumido sobre la suya nuestra res­pectiva personalidad. Era de esperarse que desde el momento en que el hombre en­traba á refundirse con las bestias, haciendo su oficio, depusiera ipso facto toda pretensión á aristocr;).ticas categorías. Pero ¿quién ha dicho que no existen éstas hasta entre los irracionales? Existen; y las mismas, por tanto, se observan entre los cargueros, los cuá­les, en cuanto bestias, se dividen en dos clase : los de silla y los de carga, ni más ni menos que los caballos. Los cargueros de silla lle­van gente, los de carga llevan /íchigo. U na especie de cesto de figura cónica, formado con una red de bejuco, cubierta por am hos lados con las anchas y dobles hojas de bihao, y dentro del cual va todo al abrigo de la intemperie, es lo que esdrújulamente se llama líchigo. Después de hacer tomar la iniciativa á ]os lichígueros, por un refinamiento de prudencial etiqueta, desfilámos de dos en dos, esto es, de uno en uno con otro encima, formando una procesión sui géneris de escenas más cómicas que místicas, y sin más en cada paso que un santo mártir y un nazareno. U na vez in!:. talada la persona en la ango ta silla, y dada la voz de marcha, hay que entregarse al más completo quietismo, porque en aquellas veredas desiguales y breñosas, en donde cada paso que se da es una dificultad vencida, el más pequeño movi­miento de la individualidad superputsta produce una especie de terremoto, que, alterando al viandante todos sus cálculos de equi­librio, no le deja dominar la situación, teniendo lógicamente que dar en tierra con entrambas humanidades. Antes de corridas dos leguas, caminando de Anserma nuevo al O. casi en línea recta, primero por la llanura despejada de los ángulos del Valle del Cauca, al pie de los cortos e&tribos que la gran cadena occidental desprende hacia el E, y después pasando y repasando una quebrada que parece enredada en los pies del viajero, como que llega á perderse la espe ranza de verla por últi­ma vez, la selva se va haciendo más tupida, y empieza á treparse la montaña. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 79 Pertenece ésta á Jos terrenos de transición ; y tiene su eje principal en la dirección N-N- E. A su costado oriental se dilatan, por el lado N., las tres riquísimas Provincias de la antigua Antio­quia, cuyos abundantes criaderos de oro están en la misma cordi­llera, y por el del S., el fértil y hermoso Valle del Ca u ca, de terreno sedimentoso. Mientras que á su costado occidental se estienden las dos hoyas, del San Juan, que va al Pacífico, y del A trato, que va al Atlántico, separados sus dos valles de altura desigual, aunque inferior Jade ambos á la del Cauca, por el corto istmo de San Pa­blo, de una legua y mil metros de anchura. Por este mismo costa­do bajan perpendiculares al eje principal de la cordillera cinco lar­gos estribos que separan los lechos de cuatro pequeños ríos tribu­tarios del San Juan. El punto más elevado de esta dilatada cordillera se hal1a en los farallones del Citará, á los 3,300 metros sobre el nivel del mar; y aquel por donde íbamos nosatros á atravesarla apenas alcanza, en Palo Gordo, que es el de mayor elevación, á 2,465 metros. (e ontinuar á) ----4·-- - GEOORAFIA DE I.A AMERIOA I.A!J:'INA HONDURAS• DISTRITOS (DEP .A.RTAM,EN1'0S) Y MUNIOIPI03 Tegucigalpa TEGUCIGALPA, Comayaguela, Santa Lucía, Valle de los An­geles, San J uancito, San Antonio Cantarranas, Talanga, Cedros, Guaimaca, Sabanagrande, La Venta, Ojojona, Reitoca, Curarén, Támara, La Bodega, Marale, Lepaterique, Maraita, Tatumbla, Armenia, San Buenaventur:1, SanJuan de Flores 25. O lancho J uticalpa, Catacamas, Campamento, Concordia, Salamá, San Francisco de la Paz, Manto, Gualaco, San Esteban, rocón IO. El Paraí o Yuscarán, Güinope, Daulí, J acaleapa, El Paraíso, Texiguat, . San Lucas, Soledad, Liure, 9· Cholutcca Choluteca, San Marcos, El Corpus, Pespire, Orocuina, Con­< cepción de l\.1aría, 6. ( 1) "En todos los Municipios, menos los que van en bastardilla, existe oficina tele­{ gráfica; en los otros sólo hay administración de correos. Con un • se marc~n los puntos ( donde hay Aduana. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80 BOLETÍN ~HLITAR El Valle Nacaome, Amapala, Goascorán, Coray, Langue-, La Brea, San Lorenzo, Aceituno, Aramecina, Caridad, Alianza, 1 r. Coma yagua CoMA y AGUA, el Rosario, Siguatepeq u e, San José, Protec­ción, Villa de San Antonio, Esquías, Minasdeoro, Lamaní, Ell Espino, La Libertad, Meám bar, Cuevas, 14. La Paz La Paz, Santa María, ..Marcala, San Antonio del Norte, Opa­toro, Aguanqueterique, 6. Intibucá. La Esperanza, Guancapla, Ca masca, Jesús de Otero, Masa­guara, Magdalena, Colomoncagua, 7. Gracia Gracias, Evandique, Candelaria, Mapulaca, La Virtud, Va­lladolid, Guavita, Gualcince, Belén, 9· Copó. u Santa Rosa, Corquín, Santa Rita, El Paraíso, Ocotepeque, San José, San Marco , ·rrinidad, San Nicolás, Cucuyagua, Sen-· sen ti, La Florida, San Agustín, Santafé, r 5· Santo. Bárbara Santa Bárbara, Colina·, San Luis, Trinidad, Naranjito, Minas de Santa Cruz, Quimistán, N acuclizo, Atiura, San Nicolás, Ilaura, San l\1.arcos, Scguaca. r 3· Corté& San Pedro Sula, Choluma, San Manuel, Río Blanquito ó Baracoa, ·ralpetate, * PuERTO CoRtEs, La Laguna, Potrerillos,, Santa Cruz de Y ogoa, O moa, V illan u e va, La Pimienta, El Paraí­so. 15. Y oro Y oro, Jocón, Arenal, Olanchito, Sulaco, Yuruca, Yorito, Tela, Colorado, El Negrito, Progreso, Morazán 12. Coloro *·Trujillo, *La Ceiba, Ilanga, Sonaguera, El Porvenir, Ba-­rra de Aguan, Barra de Limón, Iriona, Balfate, El Salado, Juan López r 1. Isla. de la llu.hía. * Roatán, Utila, Guanaja 3.-166. 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Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 113

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 125

Por: | Fecha: 11/11/1899

~NOIII Bogotá, Noviembre 1 1 de 1899 NUM. 125 ---·--- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DtRLCTOR AD-HONOREM, FRANCISGO J. VERGARA y V. Coronel, M1embro de la Sociedad Colorol1iana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República O F I C I L :e~ 1699 ( 20 DE OCTUBRE) pJr el cual :~e determinan las funcione5 de los Jefes Civiles y Militan:l El Prnidentt dt la Rtpftbf,ca Vistos los artículos 61 y 121 de la Constitución, DECRETA Art. 1. 0 Los Gobernadores, en su carácter de Jefes Civiles y Mili­ares, quedan investidos de las siguiente facultades: I .... Las que por las leyes y ordenanza vigentes corresponden á los Gobernadores; z.• Organizar ]as fuerzas militares que se:,.n necesarias para el res­• tablecimiento del orden y ponerlas á disposición del Gobierno; 3.• Nombrar, con aprobación del Gobierno, los Jefes de las fuer­ ·zas que se organicen; 4 ... Dirigir las operaciones militares que el Gobierno ordene y confíe á su dirección; 5 ... Prestar los auxilios que los ejércitos de operaciones ordenadas por el Gobierno les pidan mientras estén en el territorio de su mando; 6.& Decretar las expropiaciones y empréstitos forzosos ó volunta­xios que las circunstancias demanden; 7 ... Destinar á los gastos que exija el restablecimiento del ordea el producto de las rentas y contribuciones del Departamento; 8. • Las demás que delegue el Gobierno. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~18 :BOLETÍN MlLIT.AR Art. 2.. 0 Los Jefes Civiles y Militares que funcionen en territo­rios á donde no pueden lh.gar fácilmente ]as órdenes é instrucciones del Gobierno, quedan facultados para obrar discrecionalmente, según lo demanden las circunstancias. Comuníquese y publíquese. Dado en Anapoima, Departamento de Cundinarnarca, á 20 de Oc-tubre de I 899. MANUEL A. SANCLEMEl TE. El Ministro de Gcbierno, RAFAEL M. PALACio.-El Mini tro de Relaciones Exteriores, CARLOS CuERVO MAR~UEZ.-E ~ Ministro de Ha­cienda, ÜARLOS CALDERON.-El Ministro de Guerra, Jo É SANTos.­EI Ministro de Instrucción Pública, MARCO F. SuÁREZ.- El Ministro del Tesoro, JoRGE HoLGUÍN. (24 DE OCTUBRE) po1 el cual se anexa el ca-.erío de La PradPra al Distrito de Zipaquirá El Presidente de la Rt.':Pública. CONSIDERANDO Que la Empresa de La Ferrería de La Pradera ha sido y es c o mide­rada por el Gobierno como de utilidad pública; Que á pesar de haber sido ocupada por fuer7. é instrumentos quirúrgicos de que deba estar provista -cada ambulancia. Art. 4. 0 La ambulancia estará á órdenes del respectivo Médico Jefe, tanto el personal como el material y bestias para el transport~:. Art. 5° Se proveerá al Médico Jefe y al Cirujano Mayor de una bestia de silla y otra de carga para cada uno; y de una bestia de silla para cada uno de los médicos de Batallón y practicantes. Además se dará á cada ambulancia las bestias de carga para el transporte de lOi botiquines. Art. 6. 0 De los materiales y bestias pertenecientes á las ambulan­cias no podrán disponer ni el Jefe de la División ni ninguna autoridad militar, para otro servicio diferente del á que están destinados. Art. 7.0 Si el Jefe del Ejército 6 Divi ión ordenase la separación de parte de las fuerzas, pedirá al Médico Jefe la parte de la ambulancia que le corresponda, tanto en el personal como en el material. Art. 8 ° El personal de la ambulancia procederá en sus funciones .de acuerdo con las disposiciones militares y el Jefe de la División. Comuníquese y publíqucse. Dado en Anapoima, Departamento de Lundinamarca, á z6 de ctubre de 1899. MANUEL A. SANCLEMENTE. El Ministro de Guerra, JosÉ SANTOS :OE 1a99 (3 1 DE OCTUBRE) p.or el cual se crea y organiza una Maestranza para la confecci6n de vestuarios para el Ejército El Presidente de la República CONSIDERANDO . Que en las actuales circunstancias no son suficientes los talle­es que tiene establecidos la Sociedad de San VicentUS jefes de hile­ra, á 1 ~ metro de ellos y bi n alineados. A.sRIR Y CeRRAR FILAS. Abran las filas. MARCHEN: la se­gunda fila retrocede hasta que se encuentre á 6 metros de distan­cia de la primera y el guía avanza 6 metros. Cierren las filas. MARCHEN. Se ejecuta el movimiento inverso. Retroceso: Pelotón á retaguardia. Marchen . .El guía y los jinetes retroceden paso á paso hasta oír la voz peloton: ALTO. MARlH '\ EN tsATALLA. El guía dirige la marcha colocado delante del centro; con un ge to i~\dica el punto de dirección que debe observarse y manda: de frente, MARCHEN. El sargento sigue tras el guía sin pt'rJe r Ja distancia. Si se encuentra un obstáculo que impida á algunos jinetes marchar en línea recta, sin esperar voz ni orden alguna se colucan como fila exterior tras de los que han podido avanzar, para volver luégo á su puesto. Si el terreno está lleno de obstáculos la marcha se ejecuta á volantad, y vencidos aquéllos se ordenan de nuevo las filas á la voz de Reunión. El mo­vimiento se ejecuta al galope si el pelotón estuviere desordenado. Media vuelta individual á la izquierda (ó á ]a derecha), MARCHEN. A esta voz los jinetes se detienen y ejecutan el movimiento orde­nado. El guía hace lo mismo y atraviesa ráptdamente el pelotón de modo que se encuentre siempre á su frente. Si el guía mandare reu­nión después de dar media vuelta, atraviesa el pelotón, el cual queda formado en batalla delante del guía que se situará tras el centro. CoNVERSION SOBRE EJE FIJO-Pelotón á la derecha. Pelotón media vuelta á la derecha. Pelotón á la semiderecha, MARCH.EN.-­El guía y los jinetes mueven sus caballos hacia adelante, y prin- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETÍN MILI'l'AR cipian á conversar. El guía indicz con un gesto el punto hacia el cual debe marchar el pelotón después de la conversión. El Cabo que sirve de eje gira en su sitio, cuidando de no retroceder; el otro Cabo describe un arco de círculo. Los jinetes de segunda fila, si la hubiere, desde d principio de la conversión ganan terreno hacia el ala d e mm·clw, de mcHlo que cada uno rebase en dos jine­tes á su jefe de hilera, hacia afuera, para entrar paulatinamente despues á su puesto al terminar el movimiento. Para la media vuelta el guía nbra como si se hubiera mandado dos veces á la dere­cha sucesivamente. Cuand0 el ala de marcha e. tá próxima á llegar á la nueva línea, el jefe manda iAlto 1 Los jinetes se detienen y los de segunda fila se colocan detrás de sus jefes de hilera. Co VERSI O SOBRb. EJE MOVIL-Girar á fa derecha (izquier­da); D e jrcntt·. AL. RCHEN - El guía indica, además, los movimien­tos con el ge · to. El eje describe un arco de círculo de 15 metros de radio ; d Sargento sigue al guía ; si h1y fila exterior, esta apura el pa ~ o y regula su movimiento s >bre el jinete del centro. A la oz D r frente, que debe dar e cuando el guía llega á la nue­va dircc ión de ma r cha, el eje y tod o s Jos jinetes avanzan al paso que llevaban antes de la conversión. MARCHA OB, ICUA - ObFa' o a la dn·t-• cha (izquierda), MAR­CHE1' - El guía y el Cabo de la a la de marchJ. dan media vuelta á la derecha (izquierd a), y i guen de re ho, de frente, sobre la n ue­va dirección ; los demás jinetes oblicuan poco á poco, apenas tie­nen el es paci necesario, colocando cada u no de ellos la rodilla derecha atrás de ht rodilla izquierda de su vecino de la derecha. CoLUM NA POR CUA'I RO o POR nos- En la columna por cua­tro, por dos ó por uno, Ja distancia entre las filas se reduce á la mitad para disminuír la profundidad de la columna. a) RoMPER POR CUATROS O POR DOSES - Estas rupturas no se ejecutan sino por la d erecha del p elotón. Cuando e rompe é · te para plegarlo en columna, el guía se coloca 1 "'.50 adelante del centro de la ó la primeras hilera , y dirige la columna. Estando el pe­lotón á ptc firme, á la o·z de Por cuatros, M RCHEN, la segunda fila cierra á media distancia sobre la primera ; las cuatro hileras de la derecha avanzan de frente, y oblicuamente la siguen las otras fracciones de cuatros hasta entrar en la columna. Para ejecutar el movimiento por doses, avanzan las dos hileras de la derecha y siguen las otras; si ya se está en columna de cuatros, el primer grupo de estos rompe por doses y los derrás hacen lo mismo ape­nas tienen espacio para ejecutar el movimiento. Para volver á la columna de cuatros, marchando en desfilada ó por doses, se manda: marchen por cuatros, MARCHEN. Las dos pri­meras hileras se ponen al paso; las dos que le siguen se colocan al lado de las anteriores oblicuando á la izquierda hasta que se el:l­cuentren á la altura de las primeras, y dan frente á donde lo tiene Ja columna. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'.riN MlLl'l'AR e) MARCHA EN' COLUMNA-Formado el pelotón en columna, el jefe manda: de frente, MARCHE~, y llegado el caso, columna, ALTO. Para viaje se u~a la columna por doses, y en los caminos m..tlos se impone la fila india. En los cambios de dirección el arco de círculo que debe recorrer el guía medirá 5 metros de radio, y lo sigue la primera fila de las cuatro (6 dos) hileras de la derecha, qu.... forma la cabeza. La marcha oblicua individual se ejecuta del mismo modo que en batalla. Para doblar el fondo el movimiento se ejecuta al trote si la columna v::t al p.1so, ó al galope si está al trote. d) DESPLIELJUEs-Marchando la columna al trote ó al galo­pe, á la voz de en bataflr¡, M \RCH EN, el guía y las cuatro (dos) primeras hileras se ponen al paso después de haber avanzado 6 metros; las otras fracciones de cuatros oblicuan á la izquierda, avanzan en esa dirección, ganan su puesto por el camino má! corto y dan fr'!nte al frente seiíalado para la línea de batalla. El guía se coloca en el centro, y la segunda fila se establece á I! me­tros de la primera. Marchando la columna al trote ó al galope, á la voz de á la izquierda en batalia, MARCHEN, el guía y las primera<; cuatro (do) hileras giran á la izquierda y se ponen al paso tras avanzar 6 me­tros eP esa dirección; las demás fracciones continúan marchando en la direción que llevaban, y cada una gira sucesivamente á la izquierda y va á situarse á la izquierda de la fracción que la pre­cede. Si se quiere detener la tropa antes de que la formación haya concluí do, se indica al gub el punto donde el pelotón debe dete­nerse: al llegar á él el guía y las hile1 as ya en línea se detienen y las otras van á colocarse á la di tancia normal. CARGA- Las condiciones de la carga on la rapidez de la marcha, la cohesión de las filas y la impetuosidad y el vigor del choque. El galope de carga se adopta alll-::gar á 300 pasos del ene­migo, y se prolonga hasta 700 ú 8oo más allá de él. A la voz de · reunión los jinetes ponen al hombro el sable ó la lanza, moderan la velocidad, y el pelotón recobra su formación detrás del jefe, quien continúa avanzando hasta el punto conveniente. La reunión -se ordena á vanguardia cuando la carga fue feliz, y á retaguardia en el caso contrario. Toda carg~ se ejecuta en batalla, á ser posible por escalones, y será precedida por patrullas encargadas de avisar la presen~ia del enemigo y de reconocer sus posiciones y movimien­tos. Para reconocer el terreno uno ó do5 jinetes preceden al pelo­tón á un centenar de metros. CARGA E N FORRAJEROS -Esta carga, única rac:ional con ji­netes poco veterano:, comprende dos movi1nientos: 1 . 0 , la disper­sión de los jinetes; 2.0 la carga. A la voz de En forrajeros, lo· jinetes parten á galope, desenvainan el sable ó enristran la lanza y se dispersan en abanico hacia el frente hasta ocupar una exten­sión de unos 200 metros: los jinetes de l. e fila toman intervalos poco más ó menos iguales; los de 2.• se colocan á la altura y un Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .BOLE'l'ÍN MlLlTAB poco á la izquierda de su jefe de hilera. Los jinetes tratan de ro­dear al enemigo, y cuando en el ejercicio han recorrido unos 150 metro:; al paso de aire de carga, el jefe manda tocar reunión. A este toque los forrajeros se ponen al paso y el pelotón recobra su for-ación normal á espaldas del jefe. ExPLORADOREs.-Los jinetes que hacen el servicio de segu­ridad á veces tienen que emplear la carabina: detrás de un obstácu­lo infranqueable pueden desmontarse para disparar. Las señales que se transmiten á los exploradores son ALTO, REUNIÓN, ROMPAN EL FUEGO, ALTO EL FUEGo, las que siempre se darán con pito y nuu­- ca con el clarín. CoMBATE A PIE- A la voz de combate á pie los jinetes se de­- tienen y ejecutan el m.ovimiento prescrito para echar pie á tierra, pero los números 2 no se desmontan. En cada f.la los números I, 3, 4, después de des montarse pasan las riendas por sobre la ca­beza de las bestias; los números I y 3 las entregan al número 2, quien las toma á unos 0.30 de su extremo; el número 4 enganch" hs de su montura á la anilla de rit-ndas del caballo número 3· Los números 1, 3, 4, se forman sobre dos filas á vanguardia del pelotón, en el orden en que estaban montados, y después de pasar las cartucheras al co~tado rompen el fuego. En la defensiva puede ordenarse que un solo jinete tenga las riendas de los caba­llos de una fila: el hombre de ignado se desmonta y coloca en d brazo plegado las riendas de los caballos agrupados en torno suyo. Formado el pelotón á pie, el jefe designa las hileras que deben constituir el sostén y á la cla e que ocupe el centro de la cadena de tiradores se indica la línea que dt!bcn ocupar aquéllos ó la direc­ción en que deben avanzar. Después se manditarios que contieM toda carne y al desarrollarse e transforman en gusanos (lom­brices) intestinales. La carne de caballo muerto en buen e tado de sa­lud es buena (2); si está muy flaco ó ha pasado varios días casi sin comer es poco nutritiva, la carne de caballo se distingue de la de res por su color má. oscuro y c;us fibras más apretadas, y aun cuando menos sápida es igualmente propia para la alimentación. Para hacer una buena sopa se necesita U71 kilogramo (dos libras) de carne por 4 litros (4 botellas grandes) de agua, 16 gramos (media onza) de sal y 6o gramos (2 onzas) de verduras. La carne s€ pone en el agua fría que se calienta lentamente á fuego moderado : el agua de la olla debe reducirse á una tercera parte durante la cocción, ósea á fuerza de hervir. Si ya hecho el caldo se le agrega agua para aumentar su canti- ( 1 J La buena carne es roja y firme sin ser dura, y no dt>be eles pedir ningún olor JU presentar en su superficie mucuosidades ó vetas marm6reas. (2) Bueno es combatir la preocupación que reina en nuestro pueblo sobre el uso­tle la carne ele caballo, mula y asno, alimento completo, lo cual permitiría en más de una. ocasión, en campaña, aprovechar riqueza que se suele desperdiciar lastimosamente en. ocasiones decisivas como cuando se abandonan en los paramos caballos que perdie­ron el casco por falta de herraduras, que se matan en una caída, ó los heridos en comba­te. Recuérdensc los episodios de la Conquista aobre el particular. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE1'ÍN .MILITAR 435 iad, pierde sus mejores cualidades como alimento. Hasta cuando se carece de pan es preferible hacer la sopa ó el caldo, que comer muchos días seguidos carne asada ó frita, cuyo uso exclusivo engendra la disen­tería. El talento del cc.cinero está en hacer hervir largo tiern po el agua ~ fuego lento, á fin de que el jugo de la carne sature el agua y se pro­duzca un caldo realmente nutritivo. Para convertir un kilogramo de carne en caldo, debe hervir el agua tres horas por lo menos : en menos tiempo sólo se obtiene un jugo graso que no equivale al consomé. Junto con las cualidades nutritivas deben venir las del buen sabor para que sea agradable, y además la sopa debe variarse con la adición de legumbres, en especial de las refrescantes de que por desgracia no se hace tanto uso como se debiera. Una ó dos veces por semana con­nene cambiar la sopa por rata, ó sea carne asada con papas, cebollas, zanahorias, etc. Las carnes saladas (cecina) son poco nutritivas; á ser posible, pre­ferible sería el uso de conservas y extractos. El arroz, alimento de primer orden, bien cocido con un poco de carne, previene y aun á menudo contiene la diarrea. Las papas, sin ser muy nutritivas, se digieren bien, y como se las halla donde quiera en las tierras frías, son un gran recurso para las tro­pas en campaña : prohibir el uso de las que no están suficientemente maduras, y de las ma1uhadas y 1/dtidas. Las julianas ó conservas de legumbres, desconocidas ag uí, pueden ser de gran auxilio, como que ciertas legumbres (zanahoria, remolacha, etc.) cortadas en tajadas, se reducen á volumen tan pequeño y tan fácil de transportar, que 2 5 gramos sumergidos en agua algunas horas, repro­ducen diez veces el volumen de las frescas : una carga de este artículo alcanzaría para formar 12, soo raciones. El maíz: inútil c5 hablar de este precioso grano, recurso sin igual para la!> tropas, como sustancia con que se prepara la mazamorra y la arepa, que tostr1do es alimento de marcha, es la base de la chicha, etc. En las tierras calientes, la yuca, batata, arracacha, fiame, plátano, etc., procuran á la tropa alimentos tan sanos como nutritivos y desco­nocidos para el soldado en Europa. En especial debe citarse el plátano, tesoro irreemplazable de los países tropicales, como que una hectárea produce al año 6o,oo~ kilogramos y diez cargas bastan para alimentar un batallón en un día. La panela, artículo abundante por fortuna en estos países, es otro bién que no se aprecia como se debiera : 2 onzas de ella bastan para dar fuerzas á un hcmbre de suerte que resista la jornada del día, por lo cual un pedazo, comido dura~te el gran alto de medio día, quita ]a fatiga de la marcha de la mafiana y da vigor para hacer con brío la marcha de la tarde y esperar el caldo ó la SOfa que se prepare en el sitio de la dormida. En consecuencia, es en extremo convenieate que Jos Jefes y Oficiales traten de que la tropa haga uso diario de la panela como alimento reparador. En ciertas regiones paramunas se acostumbra moler juntos maíz y café tostados con panda, preparando así una harina nutritiva y tónica por excelencia, y muy adecuada para obtener con rapidez un líquido no del todo desagradable y que prestará eficaz servicio en circunstancias apuradas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~36 BOLETÍN )flLITAR La harina de trigo no tiene entre nosotros la importancia que .t'n el Extranjero, por cuanto aquí la tropa no prepara el pan : debe ser de color blanco amarillento, sin puntos de otro matiz, seca y suave al tacto, adherente á los dedos, que forme pelota al comprimirla en la mano ; sin granulaciones ni 5eñales de fermento, ni mal olor de nin­guna especie. El pan para que sea bueno, debe tener color moreno, indicativo de que está bien cocido ; presentar ojo¡, ó sea intersticios en la miga; no estar aplastado como arepa; ser elástico, lo cu.tl es signo de que la masa fermentó convenientemente; la miga debe volver á es­ponjarse después de comprimida y no contener grumos y pelotas ; en fin, debe ser seco y tener un ligero sabor á avellana. En veintic u a ero horas un horno no puede dar más de 16 hornadas de pan, y no pueden ·.cocinarse á la vez sino 12 panes de om.2 3 de diámetro por metro cua­drado de horno. En Europa la ración de pan pesa 7 so gramos (libra y media), de suerte que 6 arrobas de harina, adicionados con 4 veces su peso en agua, apenas dan 1 6o raciones. El pan debe 1uddr veinte horas, y no conviene distribuírlo ó cargarlo sino veinticuatro horas de.>pués de 3U salida del horno : el ordinario se conserva de cinco á seis días en tierra cálida, y 10 en el páramo; el abizcochado resiste veinte días. Las legumbres feculentas constituyen alimentos ricos en ázoe y .carbono. Las lentej ts , guisantes, habas, garbanzos, contienen hasta 4 por 1 o o de ázoe y 4 3 por I oo de carbono, en tanto que 1 a papa no en­cierra sino 0.33 por 100 del primero y 11 por 100 del segundo. El queso también e ·, al imento nutritivo; pero nada reemplaza la carne, porque su analog(a con la de nuestros tejidos la constituye el alimento por excelencia en campana en las tierras frías. La sal es indispensable al organismo, pero no debe ingerirse más de una onza al día para no irritar el tubo digestivo; la pimienta y el ajf fa­cilitan la digestión de los vegetales, pero su abuso torna perezosos loa intestinos y deb:n combatirlo los superiores. Los ajos y la cebolla usados con moderación, son buenos condimentos. Las frutas maduras y comidas sin e ageración aprovechan al orga-ísmo : en tie,rra cálida los jefes deben vtgi1ar su uso, porque las hay nocivas para los naturales de tierrct fría, y porque aun de las sanas el abuso provoca diarrea , disenterías y fiebres que diezman los efectivo¡ disponibles. En tesis general, no debe permitirse su comida sino en la mafiaoa. En conclusión : en tierra caliente, allí donde hay sol, por decirlo así, la base de la c.omida de la tropa debe ser veget¡¡J, ó sea á la inver a ile la conveniente donde hay frío; la ración que el soldado necesita e .campaña para resistir las fatigas sin emfermar, ha de ser de 3 libras dia-ias, por lo men os, pero recordando que se debe comer para vivir, y no ~ivir para comer, y que el soldado necesita ración doble ó triple cuan­a o en el día se le hace recorrer el doble 6 el triple de lo que es u a -- ornada ordinaria. NoTA-Una res da el 4S por 100 de su peso bruto en carne uti­f izable, y si ese 45 por 100 es inferior á 2 so kilogramos para e l tor , 160 para la vaca y 2 5 para el cordero, bien puede temerse que la car e sea de calidad mediocre : de ordinario un toro gordo da raciones para un. batallón en un día, un cordero sólo alcanza para media compafi·a ;y un cerdo cebado para 1 01') hombres. {Continn11ri) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BULETfN MILITAR 431 LOS PUERTOS Ó BOQUERONES (1) 1-Definiciotle6 Al analizar geográficamente la superficie del planeta fácil fue demostrar que las formas generales del relieve tienen sus cau­sas que dan luz para guiarse en d aparente dédalo de sus comple­jas nervaduras. Ahora bien: como los pasos ó pue~tos son simples quiebras de las crestas montañosas, es decir, hacen parte inte­grante de ellas, también en su forma y distribución en cada co­marca deben obedecer á ciertos principios ó leyes cuyo conoci­miento es urgente necesidad para el militar. En efecto, el puerto tiene su razón de ser en cuanto hecho geológico, á veces acentua­do aun más por la interve:1ción de los agentes meteóricos, y su lugar determinado como consecuencia de las leyes que han engen­drado las montañas. Mas ante todo conviene en el asunto separar el lado técnico del práctico, es decir, tener P' esente que no todo paso ó depresión cuya posición deducimos de los princ: pi os teóri­cos tendrá igual valor comercialmente hablando, ó sea para las re­laciones ordinarias de los habitantes que moran en los valles sepa­rados por una cresta montañosa. También debemos observar previamente que por su configu­ración la mesa no presenta pasos ó puertos, y que si está cruzada. ó rodeada por montañas como la Sabana, los pa os de éstas caen bajo el dominio de las leyes comunes; el paso ó pu("rto no existe sino en la cadena ó cresta y en el macizo. Verdad que la situación ó distribución de lo pasos varía con la estructura particular de cada sistema, pero esto no es inconw·niente por cuanto los pri - cipios puedelf generalizarse y se aplican por igual á las escalaS! geográfica y topográfica. Sabido es que el puerto ó paso deriva su importancia de que:)­por decirlo así, derrib
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 125

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