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Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 146

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 146

Por: | Fecha: 07/04/1900

ARO IV Bogotá, Abril 7 de 1900 NUM. 146 --~· ...... -- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DlllECTOJt AD•HONOUM, FRANCISCO J. VERGARA y V. General, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este peri6dico todos los Jetes y Oficiales del Ejército de la República OFICIAL :c:mo~:mrro NUla::m:?.o .. :o :m 1900 (18 DE MARZO) por el cual se organiza una Columna El Presidente de la República DECRETA Art. 1.° Créase en la Sabana de Bogotá una Columna que se denominará Columna Antl)nio B. Cuervo, compuesta de un Ba­tallón de 441 plazas, con el nombre de Batallón ll-fadrid, y de los Escuadrones denominados 1.0 y 2.0 de Bogotá, con 7 5 individuos de tropa cada uno. Art. 2.0 Lo Oficialidad de estos Cuerpos se formará de los jóvenes voluntarios que han venido sirviendo como individuos de tropa en el EscuadrÓ't 1. 0 de Bogotá y que más se hayan distin­guido por sus servicios al Gobierno y por su buen comporta­miento. Art. 3. 0 Mientras se efectúa la organización del Batallón Madrid y del Escuadrón número 2. 0 , el Escuadrón número I .o dt Bogotá quedará provisionalmente como cuerpo de ofi<;iales en dis­ponibilidad, pero los individuo!' que lo componen continuarán sir­viendo, como hasta ahora, como soldados, con el siguiente pers~ nal de Jefes y Oficiales ; (L Ut REPuauc Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 402 BOLETÍN MILITAR Un Coronel, primer Jefe; un Sargento Mayor, segundo fefe; un Capitán, Ayudante Ma_vor; un Teniente, segundo Ayudante; un Subteniente, Abanderado; un Subteniente, encargado de la Bri­gada; un Subteniente, Clarín; un Tenieute, Habilitado; y un Ca­pitán, un Teniente y Jos Subtenientes para cada una Je las Com­pañías 1.• y 2.", de que constará el Escuadrón. Art. 4·0 Los jóvenes voluntarios que han venido prestando sus servicios como individuos de tropa, con ración de Sargentos primeros, gozarán en lo suce ivo Jel sueldo de Subtenientes, pero continuarán sirvi~ndo, con.o se dijo antes, en calidad de clase y soldaoos. Los Ordenanzas ttndrán ración de Sargentos primeros. Art. 5. 0 U na vez formados y organizad o; el Batallón Ma­drid y el Escuadrón número 2.0 , el Escuadrón r .0 de Bogotá queda­rá, así como aquellos otros dos Cuerpos, funcionando con el per­sonal de Oficiales y tropa y con las asignaciones que señala el Código Militar. Art. 6. 0 Nómbrase Jefe de la Columna al Sr. General D. Enrique de Narvharate el camino y lo obstruya para poder co­ger al enemigo ó perseguidores. 21. 0 Los movimientos rápidos valen más que los combates; es me­jor darle una vuelta 1lenemigo que dejarse perseguir en lí.1ca recta, sal­vo el caso de que se interne mucho el enemigo, para mcter:o en un pantano, tembladal, y quitarle luégo toda retirada. 22.° Casi siempre se puede repetir un golpe, porque la repetición no se espera; pero no debe intentarse por tercera vez. 23.0 Entre m ;Ís atrevido sea el jefe enemigo, más fácil será coger­lo; entre m;Í.~ seguro esté del triunfo, más fácil sed vencerlo. 24. 0 DeJconfi¡r mucho de todu; no ofender ni tratar mal á nadie. zs.o Adquirir nociones dl: cirugía y cargar vcnd je:; y med cinas en abundancia; tener siempn; camillas y mujeres para transportar uu he­rido después de hacerle las primeras aplicaciones. 26.0 Pensar despacio y obrar aprisa. 27.1) Tratar bien las bestias, que cuando no estén irvierdo estén comiendo; no andar en bestias ::;in herradun y cargar herraduns prepa­radas y herramientas para herrar. Llé .. ·ense bestias de remuda: déjense en lugar conocido y seguro. 28.° Cuando se huye debe destruírse el camino, y en los obstácu­los atajarse al enemigo, haciéndoie fuego de sitio seguro; a!Í cogerá respeto. 29. 0 Desech:u á los cobardes y viciosos, á los crueles y san.,uinarios, porque ésto son los peores cobardes y siempre da11an. 30.0 N o atenerse al espionaje que puedan hacer los co¡: rtidario5 pacíficos que no estén en campaiia. El verdadero guerriller tiene e - rionaje propio y permanente, para lo cual se forma un cuerpo ó comi­sión compuesto de soldados y oficiales expertos, avisados y va crasos. 31. 0 Elegir para teatro de operaciones terreno perfectamente co­nocido para los guerrilleros, y procurar que sea desconocido para el enemigo. 32.• Sin descuidar en lo mis mínimo el servicio activ, la tropa debe dormir y reposar el ti e m~ 0 necesario. 33.0 Dedicar tiempo suficiente para que todos los soldalos de la guerrilla aprendan las reglas anteriores y los toques de corneta . • 1 ••••• SE~CION DOCTRINAL (TRADUCIDO DEL FllANC¡S) Mientras fueron poco numerosos los ejércitos, pudiendo de­terminarse en los reglamentos sus movimientos y procedimientos de combate, no fue necesario tener, para mandarlos, ofi.:iales ins­truídos y experimentados. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR Hoy el empleo de grandes ejércitos ·operando lejos de la vista del generalísimo, con un fin estratégico común, no permite ya á un hombre dirigir solo tales masas. No es tanto el general en jefe el que alcanza la victoria, cuanto una organización sabi•men­te preparada de ~ntemano. Se encu("ntra la solución de e te problema : En ]a iniciat;va d jada á todos lo jefe de unid::Jdes; En la unidad de doctrina, la q U P. hace que todos los oficiales tengan las mismas ideas militares y se conduzcan, en todas cir­cunstancias, como lo harían sus superiores; En la organización de un estado mayor general, creador y con­servad r de una doctrina; · En el reclutamiento del alto comando entre los oficiales de es­tado mayor. Iniciativa-Según las ideas en curo en Alemania, tod• crí­tica ó apr iación del uperior, obre la operacione ó trabajo de sus subordinado , debe in pirar. e en la benevolencifl, que no lasti­ma el amor propio y fomenta ó desarrolla la ini iativa personal del oficial. "Caballeros-decía_ loltke un día-no presento á us­tedes mi solución sino á título de ejemplo y como mi parecer per­sonal, lo que no quiere decir que otras oluciunes no s~an tan bue­nas como la mía." E ta libertad de pensamiento y de acción, de intento conce­dida á los subordinados, remedia las dificult4de del comando, da oportunidad y eneq)a á los acto ejecutado , y engendra, mere _d á la comunidad de opiniones, la unidad de dirección. Entonce si el general abdica parte de sus poderes y delega su autoridad en subordinados, sabe que ésto se conducirán y obra­rán como lo haría él mismo, in pirándo e en su pensamiento. Esta iniciativa dentro de la obediencia permite salvar, siquie­ra en parte, los obt~iculos del espacio y del tiempo. Al centro úni­co de pensamiento, forzo amente insuficiente, sustituye varios centro con instrucciones idéntica3. La voluntad del jefe es así de antemano ejecutada, aun antes de haber sido transmitida á los su­bordinados. Donde existe tan perfecta disciplina de los e píritus, el su­perior puede tener entera confianza en su subordinados y estar seguro de que cumplirán coll inteligencia sus prescripciones. Aunque ausente, todo pasa exactamente como si hubiera dado ór­denes personalmente. Unidad d e d?ctri,z'1 -La iniciativa es poderoso elemento de éxito cuando e manifiesta según idea comunes á todos, firme­mente enseñadas y admitida . Sus efecto no son de temer en un ejército donde reina unidad de doctrina, conservada por un perso­nal de ofici:1les poco numeros ' , de composición homogénea, de al::o valor intelectual y consta11ternente sometidos á la dirección efectiva del jefe cie estado mayor general. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN KILITAR Con esta unidad de doctrina, transmitida hasta. el último es­calón de la jerarquía, las situaciones de guerra hasta las más im­previstas serán consideradas y resueltas por todos, en todas partes, siempre de la misma manera. Los errores individuales que pudie­ren producirse serán salvados por una especie de fenómeno de compensación y equilibrio general. La iniciativa, en fin, muy le­jos de entorpecer las operaciones, decuplicará la acción del jefe, sin invadir sus derechos. Estado Mayor general- Es el foco de la unidad de doctrina y la llave maestra del servicio en el ejército. A su doble misión de instrucción y de preparación de la guerra, une la de verdadera escuela de aplicación de estado mayor, á consecuencia de las funciones que en el desempeñan los oficia­les mác; aptos, por su intdigencia y carácter, para dirigir un iervi­cio de cuya buena ejecución depende el éxito de las guerras. Es á esta alta enseñanza que debe atribuírse la homogenei­dad del Estado Mayor alemán, la que permite llegar á una con­cordancia casi absoluta en la manera de considerar una situación militar dada; resultado precioso, que introduce unidad perfecta en la dirección de un ejército, estableciendo unidad en los metodos seguidos y armonía en la elección de las medidas apropiadas á las diversas circunstancias de la guerra. A fin de realizar de manera más completa aún la unidad de instrucción de ]os oficiales de es­tado mayor, las promociones se r~gulan de manera que cada uno vuelva á servir en el Estado Mayor general cierto tiempo durante el resto de su carrera. El personal de oficiales de Estado Mayor del ejército alemán es poco numeroso, pero cuidadosamente escogido. El oficial que no da pruebas de competencia es mandado á continuar sus servicios en un cuerpo de tropas. Rulutamiento del alto comando-La organización del alto co­mando, en Alemania, es la 0bra lenta de disposiciones sabias y de la instrucción superior da,la á los oficiales de estado mayor, de entre quienes salen los oficiales generales, pues allí no se ha caído en el error de dar más importancia á los jefes y oficiales de tropa -al brazo que ejecuta-que á los de estado mayor, el cerebro que piensa y dirige. La traducción que antecede podría ser de alguna utilidad entre nosotros si no siguiésemos, de casi un año á esta parte, un camino que nos va alejando rápidamente del concepto ejército para retrotraernos al concepto milicia y montonera, corriendo paralela­mente aquel camino que nos aleja del concepto naúón para vol­vernos al concepto tribu. Es, pues, traducción perdida, trabajo inútil; irá á unirse con otros tantos lanzados á la publicidad por algunos oficiales llenos de ilusiones por demás candoro$as, á quie- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 409 nes les pasó lo que á aquel viajero que, al desembarcar, miró re­lumbrar á lo lejos fajas, elásticos, plumas, charreteras con flecos de un pie, y se dijo ¡qué ejército! Al acercarse vio que Jos que l1eva­ban tan brillantes insignias tenían por uniforme un calzoncillo y mostraban los pies desnudos: era el ejército de Suluque. A. A.M. (De El Pnrvtnir Militar de Bueno aires) :t.A :O:tSC:tPI.iiNA :9AJO N.t.POI.iEON :t (DJ: LA COilR~SPONDJ:NCIA MILITAR D~L J:MP~RADOR) Al Madscal Berthter Milán, 30 llore:lt del año xm (1.0 de Mayo de J 8c 5) Haced conocer á Soult mi desagrado porque en las diversas revis­tas pasadas á su campo, el príncipe José • se ha presentado de otra ma­nera que como coronel; decidle que nadie en un ejército puede eclip­sar á su jefe; que el J:rfncipe puede revistar su regimiento cuando le parezca, pero que el ' día de una revista general, si era preciso obsequiar un almuerzo, esto incumbía al general del1ejército y no al príncipe: esto interesa en extremo al servicio. La regla absoluta es que un príncipe coronel en el servicio no es sino coronel: el príncipe no podía ausen­tarse de Boloña sin permiso de su general. Escribiréis igualmente á José, . diciéndole he sabido se separó de su campamento sin permiso, y por tal acto no puedo menos de expresarle mi desagrad.>; le diréis que la dis­ciplina no tiene excepciones, que un ejército es -un todo completo, en el que manda es el todu; que mi voluHtad es que vuelva á incor­porarse á su regimiento y en él llene, en toda la acepciÓn de la palabra, sus deberes de coronel. Haced le comprender que se engañaría de modo singular si cree que ya posee las cualidades necesarias para mandar bien su regimiento-NAPOLEON Al Mariscal Soult Milán, 19 prarial de~ año xm (8 de Junio de 18o5) Por vuestra carta veo con placer que vuestro proceder con el prín­cipe José fue como debía ser, porque mi pensamiento es que no hay príncipes en el ejército. En él hay soldados, oficiales, jefes, generales, y el general en jefe~ que debe cubrirlo todo y estar por sobre todos. N o conocía algunoc; detalles del asunto, pero por interés de la disciplina militar fincaba mucha importancia en que fueseis vos quien ofrecía el almuerzo á los oficiales reunidos después de las maniobras. Tampoco deben los príncipes obsequiar dinero á la tropa, bajo ningún pretexto, salvo que se trate del cuerpo que manden directamente. También he hecho saber al príncipe mi desagrado, advirtiéndole que una vez incor- • Hermano del emperador. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 410 BOLETlN MILITAR porado en las filas no podía moverse sin vuestra orden ó sin vuestro per­miso expreso. Todo esto, que perc;onalmente no perjudica al príncipe Jo é por ser hombre formado, lo haría, y mucho, tratándose de jóvenes que quisieran cubrir su gus to por la disipación y la pereza con .••• (falta en el original). He visto, adem:í , que en el asunto los periódicos ti~nden á extra­viar la opinión; per:> esto es la obra de amigos necios que no compren­den que no es hermoso sino lo que es justo y útil, y no es justo ni con­veniente que un coronel, cualquiera que sea su rango social, pase re­vista y haga lo que haría un general en jefe. Si se hubic e destinado al general en jefe á comandar la flotilla, y el príncipe José, Coronel, se hubiera encontrado con él, se habrfa sen­tido la difcrenci.t á que me refiero, y en este caso el acto no abría sido de naturaleza de extraviar la disciplina militar-NAPOLEON DEL TIRO DE LA ARTILLERIA EN CAMPA; A segtln las LefYons tl'artilluie de E. Girardin. 1-f-.L:NER.ALI AOI!:' a) Definiciones- Reglar el tiro e arreglar de tal suerte lo disparJs de una pieza, que el punto medio de la ca1da de lo ~ pro­yectiles en el tiro p .... rcutante, ó el punto medio de ~xplo ¡"n en el fusante, ocupe :.d posición con re·pecto al blanco, que el tiro adquiera la mayor eficacia po ible, siend de advertir que e a po­sición n se confunde necesariameute con el blanco. En efecto, en el tiro percutante sobre un grupo de tiradores por ejcmplol el punto medio en referencia debe quedar un poco adelante del blanco ú objetivo, á cierta distancia que depende Je los ~fectos del cono ó haz de cascos en que se parta el proyectil al chocar en el suelo. E il el tiro directo sobre un obstáculo, una pared por ejem­plo, el punto medio de caída de be hallarse, al contrario, un poco más allá del obstáculo, y lo mismo sucederá en todos los casos del tiro parabólico contra un objetivo oculto tras una masa cubr\dora cualquiera. En el tiro vertical contra un abrigo blindado el punto medio de caída debe confundirse con el centro del blanco, é igual requi­sit >es indispensable llenar cuando se regla el tiro sobre un blanco auxiliar para transportarlo en seguida sobre el blanco verdadero. En el ca o de un tiro fusante contra soldados abrigados ó descubierto·, la experiencia enseña q u~ la mejor trayectoria media que puede adoptarse es laque pa a por el blanco, y en ella el pun­to medio de explo. ión debe hallarse á cierta distancia del suelo, á altura angular que se llama altura (o:; y varía con la naturaleza y velocidad del proyectil. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILI'l'.AR 411 Ma~, sea de ello lo que fuere, el punto medio de caída ó ex­plosión deberá encontrarse en la dirección del objetivo, es decir, sen iblemente en la línea recta que tí na el centro de la batería con el blanco. De lo dicho resulta que es precis di · tinguir en el disparo de proyectiles: I .o, reglaje del alcance; 2.0 , reglaje de la dirección; 3. 0 , reglaje de la altura de explosión. h) Necesidad de reglar el tiro-Es preci o reglar el tiro hasta cuando se conoce exactamente la di tancia á que está el blanco, y el punto medio de caída debe confundirse con aquél; ó en ouos terminos, no ba · ta agregar al dato de la di rancia los elementos que dan las t.'lblas de tiro, aun corregido en vi ta de la altitud, fuerza dd vi~nto, inclin,tciún del je de los muñone', etc., para obtener con certeza que el punto medio de caída de los proyecti­les y el blanco se confundan. La razón de lo antedicho es múltiple; en primer lugar las condiciones atrnosfericas del día (temperatura, humeJad del aire, presión barométrica), de la cuaJe· depende la densidad del aire, y por ende su re i tencia, no son idéntica á las medias en las cuales se determinaron los elemento~ de la tJbl·, de tiro; en egundo lugar la cantidad de p6lvora empleada puede por u calidad no dar la misma vel ciclad inicial que la mirada como tipo, en especi~l despué::. de algún tiempo de fabricación y almacenaje; la sequedad y el cal >r favorecen el rendimiento de la carga, que produce mayor alcance en tierra cálda y en verano; y meuor en invierno ó Jugare · húmedo, . Adem:ís, en la práctica del tiro, la distancia nunca se conoce ino aproximadamente, y las correcciones de los element·}3 que determinan la puntería no otrecen matemático rigor. El reglaje del tiro remedia á tod~s esta causas de desvío y conduce á señalar como distancia dd blanco una que difiere más ó menos de la topografica ó real, se llama distancia balístic~,, y difiere de la anterior en cierta cantidad denominada desvío del rtglaje del día. Con mayor razón es preciso confesar la necesidad del reglaje del tiro cuando se trata de colocar el punto medio de caída no ya sobre el blanco, sino una ciet ta di. tancia adelante y aun atrc\s del objetivo. e) Distinciim entre los principi'Js y el mecanismo dt los métodos dtl tiro-En los métodos empleados para reglar el tiro, preciso es no confundir los principios realmente dignos de ese nombre y los elementos que constituyen el mecanismo del tiro. Los principios son los mismos, trátese del tiro del cañón que se quiera, y reposan esencialmente sobre el conocimiento de la dispersión de los disparo. en el tir y sobre los efectos Je los pro­yectiles que se di spa ran, pero el mecani m o varía, no sólo con ellos, sino ante todo con la organización del material y del empleo que de éste se haga. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 412 BOLETIN MJLIT A~ Por Jo dicho, los manuales reglam entarios del tiro, aun cuando presentan los mismos principios, pueden cambiar cuanto á los me­dios de aplicación. La primera condición de un buen método de tiro, considera­do desde un punto de vista meramente mecánico, es la sencillez y la rapidez; pero estas cualidades dependen en e pecial del material y sobre todo de lo órganos que sirven para la puntería. Las voces de mando entran en la parte mecánica de los mé­todos: deben ser cortas y sencillas. El empleo de la manivela como instrumento de reglaje, á pesar de ciertas ventajas, ayuda á com­plicar las que inserta el manual de campaña. En estas páginas no se trata sino de los principios de los mito­dos de tiro, es decir, de su justificación técnica, basada en la disper­sión de los disparos y los efectos de los proyectiles. Para esto debe­mos examinar sucesivamente: 1. 0 Tiro percutan te sobre blanco fijo. 2.o Tiro fusante normal sobre blanco fijo (precedido por per­cutante para el reglaje). 3.0 Tiro sobre blanco móvil (percutante y fusante). 4. 0 Tiro fusante de conjunto (reglaje por la observación de los cohetes). 5.0 Tiro progresivo. 6.0 Tiro de metralla. 7.0 Tiro de grupo. JI-Tiro percutantc •obre blanco fijo d) Para destruír obstáculos se emplea la granada percutante á todas las distancias. Contra blancos animados se hace u.:;o del tiro percutante aun á las distancias cortas (menos de r,soo metros), porque entonces la superioridad del tiro fusante desaparece y la espoleta de percusión, que no exige arreglo del cohete, es de más rápido empleo, en especial en el tiro de campaña. e) Reglaje del tiro en alcance; tiro de ensayo; tiro de conjunto. En esta operación búscase enmarcar el blanco lo más pronto posi­ble, entre dos puntos de caída, uno largo y otro corto, obtenidos empleando alzas que difieran entre sí una cantidad llamada tena­za (fourchette), nombre con que también se designa el enmarca­miento dentro del cual se abraza el blanco. La tenaza más cerrada, en la práctica, corresponde á una pro­fundidad ó magnitud de 4 desvíos probables en alcance, ó sea 50 metros, término medio, para los cañones de montaña en el tiro de campaña. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR De lo dicho resulta que tirando con el alza que corresponde á la mitad de la tenaza, aiJí cae el 8o por 1 oo de los disparos con­forme lo indica la escala de dispersión (fig. siguiente) LARGO "' ~ ................................. ~ ............ . 25 . 1 •................ MQ ·•··•·•···· ~-·· .•.•..... 16 ·§ u • • • • • • • • • • • • • •••••••••••••••••• ""C • - •••• 25 CoRTO Para obtener el enmarcamiento del blanco se dispara un pri­mer proyectil con el alza de la puntería inicial, ó sea la que co­rresponde á la di tancia calculada; si el disparo resulta corto, se dan saltos sucesivos en dirección hacia lo más lejos, á cada salto aumen­tando el alza en una cantidad de milímetros que corresponda á cuatro tenazas (200 metros), hasta obtener un primer disparo lar­go, y desde que se está en posesión de este marco, cuya profundi­dad por lo regular no excederá de 16 desvíos probables, se modi­fican las condiciones del tiro partiendo del último disparo (el largo) para reducir el marco al duplo de la tenaza ' Y después á esta sola. Si, al contrario, el primer disparo resulta largo, se procede del mismo modo, sólo que los saltos se dan hacia lo más cerca. El tiro de las piezas de acero de la moderna artillería difiere tan poco, que es posible efectuar el reglaje en alcance empleando todas las bocas de fuego de una misma batería; no sucedía lo pro­pio coa los antiguos cañones de carga por la boca, pues cada uno de ellos tenía su régimen particular. Desde que se está en posesión de la tenaza, para mayor se­guridad se pueden verificar sus límites como se indica adelante. Esta primera face del tiro percutante sobre blanco fijo, que comprende la línea de una tenaza reducida, y, eventualmente, la verificación de sus límites, es lo que se llama tiro de ensayo: termi­nado éste sábese que se tiene el blanco dentro de un marco relati­vamente red u ciJo, pero aún no se conoce cuál es la trayectoria media más ventajosa para batirlo. Para encontrar esta trayectoria se toma provisionalmente como alza la que corresponde al centro de la tenaza mínima, que es sin duda alguna la alza probable del blanco, * y, en todo caso, el punto medio de caída que le corresponde no puede distar del blan­co más de 2 desvíos probables. Para terminar el reglaje se ejecuta • L:t teoría del cálculo de probabilidades demue tra que, cuando se e~tá en posesión de un marco cual4uiera, la posición 111ás probable del blanco, e. decir, la <¡ ue tiene más visos de ser la verdadera, se halla en el centro de dicho marco, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 414 BOLETÍN MILIT A.R con dicha alza un tiro de conjunto por series de 6 y mejor de 4 disparos; la prop.xci<)n que resulte entre los di paro largos y cor­tos que se obtengan hace conocer la posición del punto medio con relación al blanco (en alcance), y si e ta posición no es la más fa­vorable desde el punto de vista de la efic~cia del tiro, se modifica el alza. Cuando el punto medio debe confundirse con el blanco se tratará de obtener, en un tiro prolongado, tantos disparos largos como cortos (3 en 6 y aun 2 sobre 4); si debe quedar delante del blanco (una tropa descubierta en orden delgado) á una distancia próxima á un desvío probable, se buscará el 75 por 100 de tiros cortos y el '2. 5 por 1 oo de tiro larg s (4 corto y 2 largos en 6 ó bien 2 ó 3 cortos en 4); i se nece ·i ta caiga más allá (un obstácu­lo en relieve, pared, trinchera, etc.), se cuidará de conseguir dis­paros capace de atravesarlo persiguiendo como mayoría los dis­paros largo~ (3 ó 4 obre 6 o bien 3 de 4). .. Para el tiro Je conjunto es m;ís lógico e tablcccrse ya en el límite corto, ya en el largo, ya en el centro mi.mo Je la tenaza, según que e bu que m a yon a de disparo corto., ó largos, ó bien la alza del blanco; pero es más sencillo 5ituar los proyectiles en el centro del haz reducido, como e regla en el tiro de campaña. · n el \.1anual de tiro e halla la iguiente regla: cuando en el tiro de conjunto una serie de 6 disparos ha dado 3 sob1e 4 en el sentido de la mayoría deseada, se considera reglado el tiro; en caso contrario se efectúa en el sentido de~eado una modifit::ación de alza igual á media tenaza despues de la primera serie y otra de un cuarto de. pues de las demás. Cl) o N .... '~ ........... - .. .. ... :.~ 7 ····CLJ..2i····,········· -: e r6 N Q. S:: •••. 3 ......•.•..... ~ zs% B''' límite superior B" B' B M limite inferior --------------------0--------------------- 7 rs Esta regla puede justificarse a í: tiénese, por ejemplo, adop­tada como alza en el tiro de conju1 to la del límite inferior de la tenaza (caso en que se busca mayoría de disparos cortos). Sea _ll,f Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETlN MILITAR 4:15 el punto medio escogido para ello y MN ]a longitud de la tenaza con las fajas de la escala de dispersión (fig. anterior). La posición del blanco puede variar en el marco obtenido entre M y N. Si queda en M se obtienen tantos disparos largos como cor­tos y se conserva el alza del blanco. Si queda en B, á un desvío probable más lejos que el punto M, se obtiene el 7 5 por 1 oo de disparos cortos (unos 4 por cada 6), luego nada hay que cambiar. Si el blanco se hallare en B', en mitad de la tenaza, sólo se obtendrá el 10 por 100 de tiros largos (menos de I en 6), lo que es insuficiente; pero aumentando ~el alza en media tenaza . e transporta el punto medio á B' y se aseguran 3 tiros cortos sobre 6. Si el blanco lolsupone,nos en B",Ha misma corrección de me­dia tenaza transporta el punto rrtedio á B' y e to d rá 4 tiros cortos sobre 6. En fin, si el blanco estuvie~e en N, vecino al límite uperior, la misma corrección tra.lada el punto medio á B'; pero como en la salva siguiente la racional pr porción de disparos cortos y lar­gos aún no e habrá obtenido, será preciso ejecutar una segunda corrección de! de tenaza para c-ambiarlo de B' á Bn y conseguir así la proporcion de eada. Para el tiro percutan te de campaña sobre blanco fijo previene el manual: "Tiénese por buena la alza, cuando sobre 4 disparos observados e obtienen 2 cortos y 2 largo·, y se la modifica en 25 metros (~ tenaza menor), tras toda serie de 4 disparos que no den resultado satisfactorio. Si el objetivo es una tropa descubierta en orden delgado, puede considerarse como buena una alza que pro­duzca 2 ó 3 disparos cortos sobre 4· Debe sí observarse que la aplicación de las proporciones de la escala de dispersi6n á un nú­mero de disparos tan restringido como 4 ó 6, no se justifica sino por los resultados satisfactorios que da en la práctica del tiro. J) Amplitud de los saltos-El primer salto debe ser suficiente­mente amplio para obtener en él un enmarcamiento holgado con un número reducido de disparos. Además la amplitud del salto será tanto más fuerte cuanto mayor sea la lejanía del blanco, por­que entonces los desvíos probables y los errores de apreciación de la distancia aumentan con aquella. En fin, el salto debe ser tal que los límites observados no puedan ~er falseados por los desvíos producidos por la dispersión normal del tiro; y desde este punto de vista hay certeza de que á lo menos un0 de los límites es exac­to si el enmarcamiento abarca 8 desvíos probables. La amplitud del primer salto si se da igual á 4 tenazas equi­vale á unos 16 de~víos probables. En el tiro de campaña se dan saltos de '100 metros (4 tenazas de so) á menos de 3,ooo, pero esa amplitud subirá á 400 á distancias superiores y cuando e] des­vío del primer disparo parezca considerable. g) Amplitud de la tenaza menor-Es evidentemente que el enmarcamier:to dentro del cual puede pretenderse colocar el blan- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 416 BOLETÍN MIL IT A.R co, en la práctica, ha de ser tanto más profundo cuanto más dista y menor es la precisión de la boca de fuego; tal resultado se con­sigue precisamente adoptando una tenaza que sea un múltiplo del desvío probable en alcance, puesto que éste crece con la distancia y varía con la precisión de la pieza, la cual representa en caracteres numéricos. • En d tiro contra trinchera$ la tenaza varía con la carga y el alcance y su valor se halla en las tablas de tiro. En el tiro de campaña, á fin de simplificar el mecanismo del tiro se ha adoptado uniformemente la tenaza de 50 metros que corre~ponde á 4 desvíos probables prácticos de 12 metros del cañón de 9omm á las distancias medias de combate (2,500 metros) * Sería ilusorio pretender servirse de una tenaza más reducida á causa de la dispersión natural del tiro. En años anteriores se prescribía la tenaza de 2 desvíos probables, es decir, 25 metros á las distancias medias (k de vuelta ó Imm de alza); pero su adopción condujo á mandos complicados, y durante el reglaje se obtenían muchos disparos muy próximos al blanco, de observación dificil y germen de frecuentes contradicciones. Esto se explica si se obser­va que en esas condiciones y aun uponiendo el blanco en medio de la tena2.a, la dispersión normal de lo di paros d-tba en un fuego prolongado el 25 por 100 de disparos largos cuando se tiraba sobre el límite mínimo del marco y viceversa. El tiro de granada percut;tnte no es eficaz contra las tropas sino cuando esta bien reglado, y otro tanto sucede cuando se le emplea en la destrucción de obstáculos como edificios, muros, trincheras, etc., lo cual explica la adopción de una tenaza reduci­da para esta clase de tiro. 7 límite largo __ -::P-_--;!:~---~=------- 16 Blanco : Tenaza de z ••••••••• O .••••• ¡ desvíos pro-límite corto 2 5 O ¡ bables ----~--~M~----~----------zs 16 7 h) J7eri.ficación de los límites de la !maza- De acuerdo con el método usual para buscar la tenaza parece como que se admite • Las tabl11s de tiro dan la máa convenie:~te para c :ula alcance ele las piezas de montaña-(L. D.) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 417 que si una alza dio un disparo corto, por ejemplo, es realmente corta, es decir, que en un tiro prolongado dará un punto medio de caída corto con respecto al blanco. Esta conclusión sería falsa, porque equivale á olvidar que caben errores en la puntería, las voces de mando y la observación; y aun por la sola dispersión del tiro. Esta última circunstancia sobre todo se presenta con frecuencia cuando los puntos de caída quedan muy próximos al blanco, por lo cual es útil verificar los limites de la tenaza, á fin de no exponerse á creer erradamente que ya se tiene e1 blanco enmarcado. Teórtcamcnte para verificar si una ah,a es corta sería nece­sario disparar un gran número de proyectiles con dicha alza; pero en la práctica se ha reconocido que dos disparos bastan para obte­ner re ultados sati factorios: si los dos disparos resultan con el mismo igno, corto por ejemplo, e tiene el alza como corta; si son dt! signo contrario, se dice que hay contradiccion, y para liqui­darla se di par.m otro~ dos proyectiles en las mismas condiciones. Si sobre la· cuatro ob ervacione · a · í hechas resultan tres en un mismo sentido, s ~ tiene su indicación por exacta; si dos quedan en un sentido y do. en otro, e admite que se tiene la alza del blanco, es decir, la que en un tiro prolongado daría disparos cortos y largos por igual. Esta aplicación de ]os resultados suministrados por la escala de dispersión dd tiro á un número de di ~ paros tan reducidu como cuatro, puede parece r ilógica de de el punto de vista de la sola teo­ría; pero en la práctica no hay inconveniente grave en admitir que se está en pose ión del alza del blanco, cuando en realidad lo es un poco corta ó larga, ya que el error cometido no puede exce­der de la amplitud del enmarcamiento (cuatro desvíos probables), v por esto se ha t1doptado la regla en rcfe r .. ncia en atención á su sencillez y á los re ultado sati -factorio que procura. L\. lo dicho debe agre gar.-e que al ejecutar el tiro de conjunto es pos ible hacer las correccione de alza que haga necesarias la ob­servación de lo nuevos di paros. i) f/eri)icación de una alza-En tesis general, verificar una alza adoptada provisionalmente, es asegurarse de que el blanco que­da en verdad comprendido por la tenaza que conviene al género de tiro que se ej ecuta, considerada dicha alza como uno de los lí­mítes de la tenaza. Para conseguirlo se hace un primer disparo con el alza que quiere verificarse, luégo otro con la misma alza aumentada (ó dis­minuída) con la cantidaJ que corresponde á la tenaza buscada, se­gún que el primer disparo fue corto ó largo. En el tiro percutante sobre blanco fijo, en vez de buscar la tenaza menor (50 metro) y verificar luégo lo límites, se puede, para mayor sencillez v prontitud del reglaje, buscar primero una tenaza amplia, ó s~a el doble de la primera (por ejemplo la de 100 metros), adoptar como alza de ensayo la del medio de tal tenaza y 1. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR verificarla. Si resulta corta (ó larga) se hace el segundo disparo con el alza del límite superior (ó inferior) de Id tenaza amplia que en­tonces queda verificada. límite largo verificado , alza probable l ~ : ... ... .................... - • ! o .,; : alza de ensayo ¡..,., e:. _ ......... . ......... 'C O • O • .. : límite corto 162~ Ahora bien, es claro que e~ta ope­ración conduce al mismo tiempo á encontrar la tenaza menor de 50 metros, cuyo centro se bu ca, antes de pasar al tiro de conjunto; la úl­tima alza así adoptada se llama alza probable del blanco, y puede diferir de la real á lo sumo en 25 metros (fig. adjunta). Si la verificación de la alza de en ayo no produce efect desde el primer disparo, esto equivale á obtener una contradicció1 sobre uno ú otro de los límites de la tenaza mayor; entonces se hace una segunda modificación de alza igual á so metros~ y i e ta vez sí se obtiene un disparo de signo contrario al que dio el hecho con el alza de ensayo, hay derecho para mirar como alza probable del blanco la que produjo la contradicción, y por esto se la ado ta para el tiro de conjunto. En fin, si la verificación no se consigue después de dos mo­dificaciones, esto proviene de que el blanco no está en mar ado, y por lo tanto hay que principiar de nuevo el reglaje del tir . Este método del tiro de campaña puede ernplear::,e tambien en el de atrincheramientos, sólo que en este caso el marco mayor cebe ser igual á 2 tenazas de las que dan las tablas, y la modificación, al verificar el alza de ensayo, será de sólo una tenaza.-( Gcntinúa). ---·-- EJEMPI.OS TAOTIOOS POR H. HELVIG, DEL ESTADO MAYOR ALEMÁN Versión libre para el Boletín Mi!itr.r PARTE PR.I.liEKA-EL BA'.l'ALLON QUINTO EJEMPLO Un batallón (cuatro compaíiias) contra dos comJ>ailías Consideraciones tácticas Cuando es uno quien posee la superioridad numérica, pued"n divi­dirse las fuerzas, si fuere preciso, para atacar á la vez dos puntos diferen­tes de la posici6n del enemigo. Con la proporción considerada en este caso s6lo por rareza podrá temerse un comraataque del enemigo; pero en caso de di vid ir las fuerzas. las fracciones separadas deberán est•blecer­sc de modo que puedan sostenerse mutuamente, de suerte G,UC Lna por- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 419 ci6n continúe vigorosamente la ofensiva si la otra se ve obligada á pasar momentáneamente á la defensiva para resistir un choque del contrario. El enemigo ocupa una posición, y aún no se conoce cuál es su fuerza. El batallón avanza: primera compañía, de vanguardia; segunda y tercera compañías, de grueso; cuarta compañía, de reserva. PRIMER MOMENTo - La fl an • • .• .• .• • • • • • • • • • • • • • • • • .• • • .• .• • • guardia es recib ida con flio- 1. a ltntl fuego por el tntm igo. Dlspn lción : primer a compañía, despli ega íntegra­roen te en tiradores; ugunda compañía, avanza como sos­tén; cuarta compañía, se reú­ne á la terctrtl , y ambas se forman en columna de com ­pañía á intervalos de desplie­gue. ~00 ~ ~~~ 4··~· .... Primer mommto ~ ~~ .. ~~2. t ' 1 \ ' ---,~ \ ' ' ' • • • • • • • • • • SEGUNDO MOMENTO- El ~- ........ . ifT. 1 a advenario refuerza JUJ tira- : • ~-. • dorn, y pflr Jlt parte pronu11- ; ··.. tia ataque contra la izr¡uier- • : • ... K. da de 11uestra primera compa- ~ <');' •• ...., -w ·. nza. •• • •• +---·--·--··------ ----- Disposición: primera compañía, martillo defensivo en el ala izquierda; segunda compañía, pelotón por pelo­t6n sobre dicha ala izquier­da, en tiradores: fuego de descargas; tercera y c11arta compañías, marchan hacia e{ mismo ru11to. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 420 BOLETÍN MILITA.R TERCER MOMENTo-Durante el anterior movimiento el enemigo u ha dado cuenta de nuestra superioridad numérica y se repliega á su primitiva posición. IJisposlclón: primera y ugunda compañías, atacan la izquierda ene­miga; tercera y cuarta c?mp,;fíías, hacen lo mismo con la derecha contra­ria. Cada compañía despliega dos relotones en tiradores. Tan luego como la tercera y cuarta alcanzan la dirección en que deben atacar, se dará la señal (para todos): avance11. El ala derecha inicia su movimiento ofensivo por la derecha y en escalones, y lo propio hará la izquierda, llevando ésta en cabeza. CuAPTO MOMENTo-E/ e11emigo permanece en su puesto y refuerza J/tJ tiradores. En el acto en que las compañías tercera y cuarta lleguen á unos 400 pasos de la izquierda de la ugu11da compañía, y han tomado la dirección normal contra la derecha enemiga: Señales (para todos): aflance11! •• •• ,.·: ,: 'J(.. 1 1 1 1 1 1 \ \ \ \ \ \ 400 pasos • • • -f-· ........... ·-?-· •• ~~88~ z.a e uarto momento • • • .. . . . QuiNTO MOMENTo-E/ memigo acerca su compañía aún en reurfla IÍ su ala derecha, y parece preparar un _contraataque por ese lado. hlsposlelón: primera y segunda c~mpañías, continúan avanzando, en tanto que tercer11 y cuarta hacen alto. SExTo MOMENTo-La derecha del adt..~trsario ataca nuestras compañías ttrura y cuarta con una y medi a compañía . • •• ... ~ ~ .. •• •• J.;~ • •• •• Sexto momento Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 421 Disposición: ttrcera 1 cuarta compañítlJ, alto, fuego rápido; pri­mera y ugunda compañías, aceleran su movimiento de avance. SÉPTIMO MOMENTo-Es rechazado d contraataque del mrmigo; á la fleZ las compañías primera y segunda amenaza11 su retaguardia y lo h11un retirar apresuradamente. Señales (para todos): marchen 1 marchen! OcTAVO MOMENTo-E/ enemigo continúa su retirada en desordn1 ~. • • • • • • • • • • • • • •••• t/J. • • • • "f{!P. . . "\• • ••••• • • • • • • • • • . .,. 1-· ' · .. , ··~-.... -.. ..... -+ ~~ ~ 0~~ ~~ 4·1\ Octavo momento Ulsposldón: primera y ugunda compañías, persiguen al enemigo, íntegramente desplegadas en tiradores; tercera y cuarta compnñítu, se reúnen en sendas columnas de compañía; después lo hará la primera, y la segunda queda encargada de cubrir el bata116n. --···-- SOBRE EL UNIFORME MILITAR (Continuación) Segunda cualidad-Ser ligero Como se verá más adelante la higiene, entre las materias de que se puede construír el vestido externo del soldado,. indica en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 422 BOLETÍN MILITAR preferente lugar los tejidos de lana, y partiendo de este dato preci­~> O no dependerá su pe o de otras causas que de la calidad de los paños que se emplean, y de la hechura y disposiciones de las pren­das que se adopten. Los tejidos vellosos y de trama floja son ligeros y proporcionan grande abrigo á reserva de no estar expuesros á mojarse. En este caso absorben, por su misma contextura, gran can ti dad de agua, y aumentan considerablemente de peso; circunstancia que por sí sola bastaría p.1ra colocarlos en inaceptables condicion~s re~pec­to de la cualidad de li;ereza, aun no parando mientes en las anti­higiénicas que tendrán en tal disposición y que por completo vedan su empleo para usos militares. Queda reducido el campo de elección al de los paños tundidos, y de éstos, por razón de mejor calidad y mayor duración, á los más tupidos y abatanado , que son casi impermeables. En la hechura ó corte de las prendas que con ellos se confeccionen, se ha de mirar más que á :w poco peso á la cualidad tercera, y de ella se tratará este punto. Los zapatos, el pantalón, la polaina, la chaqueta, el capote, la levita, la gorra y el cubre-cabeza constituyen las prendas de vestuario de todas las armas, con la pelliza y el dormán. Los zapatos son convenientes y adecuados, ~in excluír por esco la alpargata, que para el soldado acostumbrado á usarla, es un calzado muy ventajoso, principalmente en terreno seco. El pantalón y la chaqueta están bien apropiad0s; solamente la levita constituye una redundancia que conviene suprimir. El capote, la gorra y el cubre-cabeza admiten modificacio­nes en su forma, que proporcionarían algún alivio en su peso. La ropa interior no parece necesitar modificación alguna, tanto respecto de las telas que en ellas se emplean (lienzo fino) como de su forma. El equipo, que se ha considerado como parte del traje, puede admitir algunas modificaciot1es desde el punto de vista de la dis­minución de peso; comp ínese en la actualidad: para los institutos á pie, de mochila (morral), cartuchera, bolsa de municiones, cin­turón, patín, vaina de bayoneta y correas accesorias; para los de á caballo, y consicierando solamente las prendas que lleva el hombre desmontado, de cartuchera y cinturón con tirantes. La mochila-morral reglamentaria e5 un progreso sobre los antiguos cajones forrados de baqueta, pero aún se aligeraría ha­ciéndola de lona ó de tela impermeable*. Del sitio en que se ha ya de colocar se tratará después. La c~rtuchera debe suprimirse y sustituírla, igualmente que las bolsas de municiones, con una ó dos cananas hechas de la mis- • Un oficial general, cuyo nombre no estoy autorizado para decir, posee el me­dio de hacer completamente impermeable cualquier tejido, á beneficio de preparación tan eenctlla como barata, y que tiene además la ventaja de no alterar niJfolut,mente e~& •adtJ las demás circunstancias de las telas á que se aplique. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. "BOLETíN MILITAR 423 ma materia que la mochila; en ellas podrán llevarse de setenta á ochenta cartuchos, y los veinte re tantes hasta el completo de la dotación, en dos ca rgadores rápidos del sistema Kranka, ó en bol,illos colocados en la parte inferior de la región torácica. El cinturón es conveniente, y tan solo en su forma habría de sufrir alteración., completándolo con una faja ancha de lana de te­jido fuerte y resi s ten te, igual á la que tienen los llamados cinturo­nes gimnásticos, y mejor como la que usa el pueblo. Respecto al patín y vaina de la bayoneta, nada se puede hacer que altere su peso actual. Las correas sostienen la mochila, r las tirante que partiendo de las cartucheras anteriores vienen á sujetarse en la colocada á la espalda, no son necesarias. En la caballería poco puede hacer e en favor de esta tercera cualidad por lo reducido del equipo per~onal del oldado. La c :-lr­tuchera suspendida de una bandolera i ndepc:ndiente podría ir su jeta al cinturón del sable y suprimir en éste la tirantes, co as, como se ve, de poca monta parc1 el objeto, y que además se resuelven de otro modo en el lugar en que de esto ·e habla. En re umcn, de; t: ta egunda cualidad resulta conveniente la supre ~ ión de la levita y parte del corre•je y la modificación de la gt>rra, el cubre-cabeza, el capote, la mochila, la cartuchera y el cinturón. Terara cualidad.-No emharaz.ar los movimientos La manera de conseguir el fin que se indica es evidente: de­jar la amplitud necesaria al juego de las articulacione ·, co, a en realidad más fácil de enunciar que <.le conseguir. Limitada ya por la segunda cualidad la tela de que ~e haya de construír los uniforme , solamente en su hechura y corte habrá de influír esta tercer~l. Deben proscri bi r!;e los rell "'nos de e!:. topa y los forros de lona que par.1 armar el uniforme militar suelen poner los sastres en lo­vestidos del tronco, pues de ellos dimanan la rigide¿ 6 tiec;ur.t d ., estas prenda, que es sumamente molesta y no produce otro efecto que convertir en soldados de madera fabricados en N uremberg á los que deben serlo de carne y hue ~ o, satisficiendo el mal gusto de los que admiran el pf>cho abombado y la espalda como una tabla, de lo. de.graciad s á quienes se impone este emparedamiento. Para el cuerpo vec: tidos holgad s y que no le opriman, y más ajustados, aunque sin llegar á ser ceñidos, para las extremidades; esto es lo que s e trata de obtener. Entiéndase, empero, que tanto lo uno com lo otro d ·be enc-errarse dentro de razonables límites, que si lo apretado impide el movimiento, la anchura excesiva lo dificulta. Un pantalón muy estrecho no permite doblar las piernas al que lo lleva, y por lo tanto subir ni inclinarse, pero un calzón bombacho será un entorpecimiento para marchar y para correr. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETm MILITAR Serán convenientes para el vestido del tronco: anchura en la unión de la manga con el cuerpo (sisa) para p .:: rm:tir el juego de la articulación del hombro, e -cápulo humeral, y en el pech y la cin­tura para alclnzar igual resultado respecto de las articulaciones de las vértebras, del tórax, de la pelvis y del pubis; largo proporcio­nado para que no dificulte la marcha. Y en las mangas y el pan­talón la holgura suficiente para no estorbar los movimientos de los brazos y las piernas en sus respectivas articulacionc del codo, coxo-femoral, de la rodilla y tibio-tarsiana.- (Continúa). NAZARlO CALONJE --··-- SOBRE EL EJÉRCI'L'O ALEl\IÁN (Continuación) Período de servicio de campaña Despué de los ejercicios de brigada en la Guardia, y los ejer­cicios de batallón en la Jrnea, viene uno rle los períodos más im­portantes de la in trucciún de Jas tropzs: la del servicio de campa­ña. Habiendo dejado á Alemania durante el estío, no he podido desgraciadamente seguir en persona todas sus fases; pero algunos días durante los cuales me ha sido posible acompañar á las tropas al terreno, me han bastado plenamente para convencerme de la importancia que se concede á todo cuanto se hace en e te período. Bajo el nombre de servicio en campaña, los alemanes compren­den no sólo el servicio de se~uridad, sino todo lo relativo al empleo de las tropas sobre el campo de batalla. Por ejemplo: adaptar al terreno los movimientos de un cuerpo ~e tropas ó de individuos aislados; las marchas con todas las precauciones que se usan en la guerra; las pequeñas maniobras; el ataque y defensa de las diver­sas quiebras del terreno y el franqueamiento de obstáculos que pu­dieran encontrarse en él; la disposición y la guardia, tanto interior como exterior de.! un vivac; los puestos avanzados y los trabajos de zapa. Además se prosigue a e ti va mente el ti ro al blanco y se dan á los soldados algunas lecciones de natación. En fin, para contrarrestar los hábitos de abandono que pudieran fácilmente introducirse en razón á todos estos géneros de ejercicios, se continúan durante todo este período las maniobras regulares, los ejercicios individua­les y el servicio de guardia, según las necesidades de la guarnición. Como en todos los casos, la progresión de la instrucción es en este período objeto de un cuidado muy p:1rticular, e fvrzándose tam­bién, para aprovechar el tie,npo, en reunir en una misma e ión en cuanto es posible, diferentec; ejercicios anál gos, lo que además de permitir cierta variedad en el trabajo sostiene la atención y el ardor Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BQl.ETfN MILITAR 425 de los hombres, y hace la in~trucción mucho más interesante. Hasta principios ó mediados de Junio toJo estos ejercicio~ e hacen ge­neralmente por compañías, y hacia esta época lo jefe- de regimiento pasan la inspección, despues de lo cual las misma' in trucciones se repiten en más grande escala, es decir, por batallones, luégo por regimientos enteros y con el concur~o de tropas de otras armas. La manera de combatir que e ha impuesto hoy día, y la prác­tica misma de las últimas guerra , han hecho una necesidad des­arrollar en el más alto grado el e píritu de iniciativa y la aptitud para obrar, entre todos los jefes ha ta de la!: más pequeílas unidades, desde la compañía hasta la patrulla y el puesto avanzado inclusive. Así pues, la mayor parte del tiempo, durante el verano, se deja por completo á la di posición del comandante de la compañía. Sólo en la segunda mirad de este período de i n~trucción se pasa á los ejer­cicio de fracciones más con id ·rabies, para dar igualmente á sus jefes la ocasión de practicS capitanes se entienden de antemano, de manera que puejan ello> y sus oficiales p~ner toda su atención en la instrucción de su tr0pa, dar á sus soldados toJa las explicacio­nes necesarias y anotar los parte5 de los centinelas y de las patrullas. A la exactitud de estas noticias se concede la mayor impor­tancia, esforzándose por hacer comprender á cada soldado que debe cuidadosamente distinguir lo que haya visto bien claramente de lo que no haya hecho má que entrever ó sup ner, y se exige que en todo parte enuncie primero los hech s bien probaclos y después la sup icione á que le hayan dado lugar. Además del castigo á que e haría a ·reedor el autor de una noticia inexacta ó de pura invención, no se perdona oca ión de mostrar á todos, ha­ciéndoselo ver de cerca, las con ecuencias que semejantes lige­rezas podrían tener en la guerra. Rec rdaremos á este oropósito que tanto en las maniobras ó ejercicios obre el rampo, como en tiempo de guerra, se hace uso para los p irte..;, en t do el ejército prusiano, de bre de un mo­delo uniforme y de pequeño· cuadernitos, en los que cada lwja llev~, impresa de antemano, t das las indicaciones necesariac:;. La imprenta ecreta dd .. tado en I3erlín prepara e tos cuadernos y estos sobres en cantidades muy considerables, con el objeto de poder en toda ocasión pr vee-r abundantemente de ellos á las tropa . En el sóbre, aJemás de la dirección, hora de su envío y recibo, se seña­la tarnb¡én iempre la velocidad que debe llevar el portador del mensaje; el signo x indica que debe ir al pa o; xx, al trote; xxx, al galope. Estando el jinete obligado á conformar e estrictamente al aire indicado, se puede evitar e tropee inútilmente su montura. Al expedidor corresponde, por lo demás, fijar el aire de la marcha, scgú:1 el grado de urgencia y la importancia del despacho. Los partes y la dirección se c~criben siempre con lápiz. Creo deber llamar aguí la atención sobre cuán práctica es la idea de un modelo u ni forme de partes, adoptado para todo el ejer­cito, y que, por consecuencia, viene á ser tan familiar para todo el mundo, que el último soldado conoce perfectamente su uso, así como las regla que se deben seguir para la transmisión de órdenes }'noticias. Ademá , estas dimen iones idénticas de todo~ los partes facilitan mucho su c-.>nservación y clasificación en los diarios de operaciones y en los archivos. Todo oficial ó sargento que durante estos ejercicios se en­cuentre ~ncargado de un mando p;,.rticular, debe presentar á su regreso un crvquis dibujado sobre el ten eno, acompailado de una descripción rapida de lo que ~e haya hecho, y de un informe res­pecto á la misión de que ha sido en o rgado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 427 Cuando la instrucción de las compañías es completa, se pasa á los mismos ejercicios por b~tallón, después por regimiento, ha­ciendo siempre ocupar por cada fracción constituída todo el espa­cio que, según las condiciones particulares del terreno, debieran realmente cubrir con su efectivo de guerra. En esta maniobras, cuya duración es algunas veces muy la ..... rg .t , o;e tiene cuidado de con­fiar á todos los oficiales misiones indep .... ndientes, de las cuales dan luégo cuenta, como ya lo hemo d1cho. 2. o Para familiarizar á los oldados con las marcluu y !.1S me­didas de uguridad que !u son anexas, se aprovecha siempre el tra­yecto de ida y vuelta del campo de ej rcicios. Aun aquí ·e em­pieza por compañías, para pasar sucesiva mente al manejo de cuer­pos de tropas más considerable . Con frecuencia do compañías ó dos batallones toman cada uno una ruta diferente, y tratan des­pués, durante el tiempo de su marcha, ya de reunirse, ó ya, por el contrario, de vigilarse recíprocamente. En todos los casos se intere­sa en el cumplimiento de u:1a misión c::.pecial al mayor número de hombres posible, y la explicaciones rehtivas :l lo que tienen que hacer, cómo tamhién !.1 crítica de sus actos y de sus informe5, tte­nen siempre lugar en presertcia de todos los demás, con el fin de que cada uno tenga los medios de hacerse cargo d .. lo qu se hace y de la manera como las actos deben sucederse. 3· 0 Esta dos clases de ejercicio~ se relacionan naturalmente con !u instrucción sobre la manera de organi-r.ar y guardar un vivac. E ta empieza ya en la compañía, pero no adquiere todo su des­arrollo sino en las maniobras ~e alguna mayor duración que se eje­cutan por fracciones más considerables. En ell.ls se h .ice conocer á Jos soldados las reglas que deben seguirse en la disposición de un vivac; se establecen lo vigilante y otros centinelas; se d~termina la colocación de cocinas, y aun á vece se proveen de todo lo ne­cesario para hacer realmente las comidas. Entonces se obliga á los soldado~ á construír los hornillos, según las indicaciones de los oficiales y sargentos, que les enseñan también, cuando la oca ión se presenta, cómo se puede á veces improvisar recunos con medios diferente de los que regularme11te están en uso, sacando partido de materiales que pueden ha!1ar al alcance de la mano, tales como la­drillos, piedras, etc. Durante todo esto lo soldados no ocupado, sentados ó de pie, alrededor de los que trabajan, escuchan las ex­plicaciones que se les da. Las tropas llevan la leña que debe que­marse, ó bien ~e toma en el mismo punto, previa inteligencia con los propietarios. Para ejercitar á los oficiales y sargentos á elegir terreno para un vivac, se hace preceder á la tropa que va á la maniobra de una patrulla mandada por un oficial encargado de buscar el sitio más conveniente para hacer vivaquear el cuerpo á que pertenece y aun de otras tropas Jetermin;ada que pudieran no existir en realidad, interesándose siempre en que estos ejercicios redunden en prove- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 428 BOLET.f:N MILITAR cho de la instrucción general. Así pues, no se fijará la posición de un centinela, de un pequeño pue · to ó de una cocina, etc., sin dar en alta voz las explic:aciones necesarias en medio del círculo for­mado por los soldados no empleados directamente y que siguen con atención los preparativos. 4.0 Durante las pequeñas maniobras y otro5 ejercicios, se apro­vechan todas las circun · tancias para enseñar á lo soldados á salvar taló cuál obstáculo natural que puede ofrecer el terreno. Si se presenta una zanja, por ejemplo, se les obliga á saltarla con todo el equipo; franquear los vallados, atravesar bosques espe­~ os, llamándose continuamente unos á otros para no perder nunca el mutuo contacto, adoptando entonces cada fracción formada una contraseña especial para rehacerse. En consecuencia, todos los soldados de un regimiento, á medida que penetran en el bosque y se pierden de vista, comienzan á lanzar gritos convenido de ante­mano, tales co1no Wolf, Boer *, etc., lo cual permite á los indivi­duos de los diversos batallones, compañías, etc., reconocerse unos á otros. Si se encuentra un arroyo no se deja á los soldados vadear­lo y exponerse a í á estropear sus efecto ó su calzarlo, sino que se aprovecha la ocasión para enseñarle á organizar prontamente un medio de pasaje, utilizando los materiales que se encuentren en el sitio, con tal que est pueda hacerse sin perjuicio para los propie­tarios y con su consentimiento. En distintos puntos se arrojan, de una á otra orilla, maderos ó tronco , con cuyo auxilio deben los soldados uno á uno atravesar el curso de agua, cosa que atrae mu­cho el buen humor y las burlas hacia los desmañado que no con­siguen pasar ó toman un baño forzado. Bien entendido que tam­bién se aplica aquí el sistema de enseñanza que se sigue en todo; es decir, con explicacio:1es de todas especies, como el por qué se ha colocado el tronco aquí mejor que allí; á qué puntos debe, sobre todo, llevarse la atención cuando se examinan las orillas de un río; cómo y en qué sitios se puede tallar en los ribazos pen­diente de acce o en el caso en que se tuviera que hacer pasar un carruaje, etc. 5· 0 Las pequeñas maniobras, el ataque y la defensa de las diver­sas quiebras del terrazo se hacen también al principio por compa­ñías, con enemigo figurado 6 sin él. En todas la circunstancias los comandantes de compañía y los otros oficiales no pierden ja­más la ocasión de explicar á los soldados el por qué prefieren con­ducir el ataque de tal manera más bien que de cualquiera otra. He tenid•> oca ión de asistir un día á una de estas explicaciones. El ca­pit. ín, d~ pie ante el centro de su compañía, decí::: á los soldados que había recibido la orden de atacar tal pueblo; que el terreno, como ello.; lo veían, f!ra de tal naturaleza, y pre entaba por consiguiente ta­les ventajas é inconvenientes. "Si yo os conduzco de tal modo Gcu- • Lobo, o.o. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILIT A.R 429 rrirá esto, y si de tal otro, aquello, y por tanto lo mejor es proceder de tal ó cuál manera." Después de lo cual explicó á sus soldados so­bre qué punto durante el ataque debían, sobre todo, fijar su aten­ción, y cómo de tal ó cuál cosa dep .... nJía el éxito de la empresa, etc. En una palabra, en todo y por todo vese siempre á los oficia­les dar pruebas del celo más activo, é interesar e vivamente en la operación que tengan que ejecutar. 6. 0 Durante todos los ejercicios dt> que acabamos de hablar, se enseña sin de canso tanto á los hombres aislauos como á las com­pañías enteras, á sacar partido del terren!J en todas las circunstan­cias posibles, haciéndoles sic m pre conocer, á la vez que la numera como es preciso proceder, la razón por la cual debe obrarse así. 7. 0 En toda partes donde las circunstancias lo permitan, ja­más se omite instalar una escuela de natación (schwimmschule), enseñándose con método á nadar á todos los soldados. Ordinaria­mente se hacen los ejercicios de natación á continuación de algún otro. Así, por ejemplo, á la vuelta del tiro al blanco ó de cual­quiera otra instrucción que no cause mucha fatiga, los soldados pasan á dicha escuela, en donde toman un baño. La mayor parte de los cuerpos tienen al presente estos esta­blecimientos de baños, que además de la ventaja de contribuír al desarrOllo del arrojo y agilidau de los oldados, producen también excelentes efectos de de el punto de vi ta higiénico. 8. 0 N o se instruye en los cuerpos á los soldados en ejercicios de cañón. En cambio, los jefes de batallón destacan todos los aí1os de uno á cuatro gifreite, con conocimientos de artillería, para apren­der á conducir cajones de cartuchos de infantería. Cada batallón se arregla de este modo para poseer cierto número de hombres per­fectamente al corriente de este género de servicios, gracias á los cuales podrá á vece'> salir de una situación difícil. 9.o La instrucción de trabajos de zapa toma de año en año un desenvolvimiento más considerable, y á él se concede en el ejército alemán la más seria atención. Con el objeto de tener bue­nos zapadores instructores en los regimientos, cada uno de éstos destaca todos los años, después de las maniobras de primavera, un oficial y seis sargentos cerca del batallón de zapadores correspon­diente, donde aprenden á ejecutar los distintos trabajos que pueden ser útiles en el servicio de la infantería. Seguidamente, depués de las grandes maniobras, se forma en cada regimiento lo que se llama pelotones de zapadores (Pionier­Züge); para constituírlo·, cada compañía destaca 8 soldados y cada batallón un oficial. De la reunión de estos 12 pelotones re­sulta el destacamento regimenta/ de zapadores, al cual el oficial y sargentos destacados al batallón de zapadore¡ durante el verano precedente, se encargan de transmitir la instrucción que han reci­bido. El destacamento regimenta! de zapadores contprende, pues, en definitiva, contando sus instructores, 4 oficiales, 6 sargentos r 96 soldados. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 430 BOLETÍN MILITAR El oficial instructor debe dar entonces á este destacamento, en seis ó siete semanas, el mismo curso que acaba de seguir en el batallón de zapa dore , sujetándo. e á la mi~ m a progresión. Se ve que estos ejercicios tienen lugar precisamente durante el período que hemos llamado preparatorio, á tiempo en que el capitán de compañía se ocupa en preparar instructores para los reclutas que espera, y en el momento en que el servicio de guar­dia y comisiones impiden practicar otro·· ejercicios. En el fin de este curso de cuarenta y ocho días, es decir, un poco antes de la llegada de los reclutas, el jefe del regimiento pasa la inspección del dest·Kamento regimenta! de z.apadores. Esta fracción será la que durante el período del servicio dt campaña del año siguiente, se empleará siempre cada vez que haya lugar en eje~utar trabajos de zapa, agregándole en caso de necesidad oficiales y soldados que hayan formado parte de los destacamentos en los años precedentes. . El efectivo de e ta frac .... ión podrá parecer demasiado débil para un regimiento, pero es preci o no perder de vista que reno­vándose cada aílo su composición, el regimiento llega en definitiva á poseer en permanencia un conjunto de tres fracciones semejan­tes, esto es, no ya 96 si no 288 soldados bien instruíJ0 , bajo cuya dirección los demá pueden perfectamente trabajar. Adem " , como todos los añ s se de·tacan un oficial y sei sargento~, sucede natu­ralmente que al cabo de cierto número de años, casi todos los te­nientes del regimiento y mucho~ oficiales de graduación más ele­vada han pasado por aquel batallón; y el regimiento posee también un número bastante considerable de sargentos al corriente de los trabajos de zapa, tanto más cuanto se eligen siempre para ser en­viados al batallón de zapadore los sujetos más distinguidos bajo todos los conceptos.- (Continúa) His•roRIA APUNTAMIENrros PARA LAS MEMORIAS SOBRE COLOMBIA Y LA NUEVA GRANADA (Continuación) El 20 de Septiembre de 1819 me nombró Bolívar Vicepresidente de la Nueva Granada, con facultades amplias en todos los ramos del Gobierno. Mis insrrucciones y la ley que me entregó no contenían iÍno una disposición: libertar el país de ltl dominación española á toda costa. Agradecí mucho este nombramiento, porque me creí con fuerzas para cumplir fielmente mi comisión, y porque las circunstancias difíciles y peligrosas en que se hallaba el país, lo que debía yo trabajar para llenar mi5 deberes, y los pequeños recursos militares que se me dejaban, me hicieron estiin.1r dicho nombramiento como una señal de distinguida Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETiN MILITAR 431 confianza en mi capacidad política y militar. Permítaseme este rasgo al recordar mis esfuerzos en la Vicepresidencia de Cundinamarca desde el 1.1 de Septiembre de 1819 hasta Octubre de 181.1 para ensanchar, ó por mi propia dirección, ó cooperando con Bolívar, el territorio desti­nado á ser la morada de la libertad. Iml-resas están las A1nnorins escri­tas libremente por mis Secretarios Vergara y Osario, en que han desen­vuelto en términos muy honrosos para mí todo lo que hice en aquella angustiada época, no sólo en la parte militar sino en los diferentes ramos de la Administración; y cuando aquellas Memorias no pudiesen ya ha­blar, porque el transcurso del tiempo haya sido capaz de sacrificarlas á las pasiones de la envidia, de la venganza y del rencor; cuando no fuese ya escuchado el testimonio del General Bolívar, que tántas veces confesó ser deudor de sus triunfos y glorias á mi acti\'a y eficaz coope­ración, ahí están todavía BarbacCJas en el Magdalena, Pitayó en Popa­yán, Antioquia libre de Warleta, Tenerife y el General Maza, Mom­pós y el General Córdoba, Santa M arta libertada por Carreña, Cartage­na rendida por Montilla, Yaguachí y Pichincha dando fama á Sucre, y Cara bobo ofreciendo un espléndido tri unto á Bolívar, todos son tes­tigos intachables de que los sacrificios que exigí de estoi pueblos en oportunidad y con la más grande eficacia, fueron indi pensables para ilustrar, en nombre de la libertad, tánros lugares. Aunque la mejor recompensa que yo pude übtcncr de estos ser icios fue la destrucción dc:l ejército español, la patria todavía me dispensó otr señalados honores recibía yo de los reprecentantes del pueblo, á pesar de haber hecho fusilar en Santafé, el r 1 de Octu· bre de 1819, 38 oficiales del ejército español, tomados prisioneros en la campaña; un suceso que entonces fue ensalzado por todos los patriotas, como que sin él quizá habría sido estéril la victoria de Boyacá, ha esta­do sirviendo posteriormente de arma para herir mi conducta. Dos edi­ciones se hicieron en aquel tiempo (y la segunda sin mi conocimiento y á costa de los amigos de la tranquilidad de Cundinamarca) del in­forme que di al General Bolívar sobre los motivos que me obligaron á aquel acto solemne de reprcsalict, cuyo informe pareció satisfactorio al mismo General Bolívar, según me lo expresó en carta oficial que origi­nal conservo • .-(ContbJÍta) • El Gen1ral José Hilario L6pez, ecretuio de Etitado en el Despacho de Guerra y Marina, certifica en virtud de la nnterior re olución marginal, que en el archivo de la Secretar!a de mi cargo se halla uua comunicación que comienza así; Cuqrla! Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 482 BOLETÍN mLITAR general de Pamploua, á 26 de Octubre de 1819-9.0 Sim6n Bolívar, PresidE ttJ tle la República, Capitán geneml de los ejércitos de Venezuela y de la Nueva Gra1. lda, etc. ele. Al Excelentí.\ÜWJ Sr. Vhr.presirlente rie las ProJ,incia.~ libres de la }{uevfl Granada, que dicha co uunicación contit•ne, entre otr:~s co 1., un acápite cuyo tenor e~ t:l si­guiente:" He sabido cou e ,ti ttit.:nto la pérfida coudueta de touestro, pti~il.leros de guerra, que}¡ 111 obligado á V. E. á pasarlo por la ¡¡r111a , en circun . tanci ·en que estab t pendiente una negoci tci6n de canje qtH: tanto honor hace al Gobierno de la Rep6 hlic·t , por d aplauso Cllll qnc mir·t ll la. lltnt reputaci1n pacle­cerá ~in duda¡ t:n recotllpen.;;¡, el apl:tuso dt• nue>tros pueblos y el lluevo udor con que Sl:'rvir:ín á l:t ltep6hlica será nuc.tro con uelu." Y por tílt' 1110, que la t:le wionada cunlluticación e tá anh•rizHla al pie con media firnw y rtihrica clt•l n)i n1o General Bo¡f,·ar.-.Bogotá, 3 de Nuvieu1bre de 1837.-27.0 -Jusí: lllt.Alll<> LOPEZ Uepzíblica rlt. Cülombia-r.uartel general de Trujzllo, á J. O de Di ci· •mbre d- 1820- Al Exento. Sr. \f¡ceprcsidcnte de CtliH.Iinamarca-Hc tt'cihidu el o!icio d' V. E., fecha 13 de Novictnbre últiuw, qttc C\"llcu6 V E. en cumplimiento ele D~cr to de 2[) de SC;ptiembre, telativamcnh: á la cle\·apitat•tón de 38 olici lt·s esprnioll"~. S. ha visto co11 satisfacci6n lus desca1·g ~ que V. E. da, que des •a obren la ju. tificaci6 ante la Comt~ión permanente á quien con esta fech.t ·e dirigen. Dios gu .rde á V. E. mu­cho aii.:s. Et :\Iini~tro, I•t:J>ttO DIUCEÑO :\.1 ,NDEZ Todo este ofi~.:io e tá t.'l'critn de leLra tld :\1 iui t.,_.. El General 13ulh·ar 111e dij11 en cart.a partí •ular de 8 de Noviemhr de 1819 dcstle Pamplona lu i;;uic:ntc: " li ahrá otro Boy.tcá e11 Yen zuela; pcn• no habrá otro liarreil'o que co•rer, port¡m• el Sr. ;\1 ori !lo es <1 nmsi,,clo feliz pa r.1 1 e resenlar la egund:t parte cíe la e:-cen.t ele .nt :fé. i o dudo qne el JH•lriotismo :e ay;t an­ment,> du con el martirologio ele! 11 de Octuhrc." F.n otr t cart de Trujillo de fecha 1.0 de Di<:ie111brc dt: 1820, ntc l' crihi6: "He redbido :,u t•at ta de 13 y e informo pedido por la comí ;6ot. Una y otrt~ tienen 1111 1néri o influito. Su iuforme le hace~ u te infinito hon·•r por la eleg-ancia y di.di:dica que emple.• en él¡ ·i n mb rgo, u~ted ha comeudo tlo · f.db:, .·el!;6n mi opinión, que es haber cit ~tlo la ohr maestra de Ze ,t, po1quc ·u ntérito in~;omparable di minuye l'l de u apoiogía; la ·e~nnda es haberuo acusado á no~otros; á nosotros qul' 110 som?s acusadores! A. Lua que no tiene excus '• y li mf que h e sido la víctima." El inglés \V. White. bien con•tt'Írlo por su at ts p•tchlos ante y
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 146

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 152

Por: | Fecha: 19/05/1900

AROlV Bogotá, Mayo 19 de 1900 NUM. 152 ---..·~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIRF.CTOR AD-HONOUM, FRANCISCO J. VERGARA y V. G ene1·al, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este peri6dico todos los Jefes y Oficiales del Ej6rcito de la República SECCIO OCT IN L DE LOS ..JEFES DE CUERPO (D e l libr o fran cé. El Getteralato, por Durat - Lasallc) Lo Ofi ·iales nperi t' . , Jefes de Ouerpo, fn ra de ·u i ns­trucción y de su' deber .· militare·, ti neu qne ll nar uua mi­sión tau grave é importaute, qne, ~in faltar á una obligación imperio a, uo podrían (l jar ue at nderla y ~iempre han de peu­Rar eu ella con madurez. J)e ellos e' de donde ¡,arte y se deriva la acción moral: como el mando en la" fiJas; por us buenos ejemplo tieuen que dirigirse los hombres que se haJlan á su11 órdenes, y e tolo obliga á conducirse siempre in desviarse u u ápice de las virtudes militares y sociale:::;. Con e te motivo va­mos {t recordarles las .. abia instruccione:::; que el Mariscal de Belle-I le formuló para el üonde de Gisorts, u hijo, cuando éste fue uombrado para el mando del reg·imiento de Champag­ue. Las cosa han cambiado mucho de eutonccs acá; pero et fondo de instrucción y los principios que ell\lal'iscal de arrolla con táuta sabiduría., pertenecen á todos los tiempo , y iempre serán dignos de ~as meditaciones de los Ooroneles y demás J e­fes de Cuerpos. lnstrucci6n del .Mariscal de Belle-lsle " El Regimiento cuyo mando el Rey acaba de concederos, decía el Mariscal de Belle-Isle á su hijo, es uno de los mejores Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 594 BOLETÍN MILITAR del Ejército; u Teniente Coronel es un militar respetable por sus excelentes y dilatados ·ervieios; todos los Capitanes que lo componen son de más edad que Yos, y uo hay uiuguno de ellos que, con iderado por ns ~rYicio' per onale~, no hubiera merecido má qu YO el n muramiento de Oo·ronel, y, ·in em­bargo, oi YOd qui n va á mandarlos; que e ta primera ad­vertencü no e aparte jamá de Ync.:tra mente. "..1.: o os diré que procnréi. meree<•r la timación del Cuer­po que vai á mandar; esta má.·ima ~. . · ('. to m dio llO ·ería eguro ni glorio. o· o. quh~o<;aríaL·, r pito, al creer que una ola virtncl, por urillante y {i·liz qne .·ea, ptHliera concilia­ros este en ti miento; pnP no 'on lo· ojo· .·oto. <1< una mujer los que no. cautiYan, eino el conjunto y la armonía <1 Hli gr. - cia . Por lo mismo, no .· rú ~·itto ck la nmuión , se compromete d la manera má evidente . .1: o olvidéis que los (le vue~tro He~imiento son hom­bre franco ·e , vue ·tro ignale , y que dcbéi , en consecuencia, al darle ,·ne ·tras órd nes, emplear 1111 tono caballeroso u an­do las frase q ne con viene á persona cuyo móvil es l ho­nor: croed, hij.> wío, que este es el único medio bueno; que sólo él es capaz de hacer re ·petar la ór lenes y llacerla cum­plir con agrac.lo, acelerando n ejecución é inspirando en los soldado e a confianza u su Oficiale , que QS la madre de una buena disciplina y el origen ele todo feliz resultado. ~'N o os sirváis jamá de ·ca tigo que la ley r prueba y el espíritu nacional condena: cuando os veáis forzado á casti­gar, que Yue tros subordinado lean eu Yuestra faz la pena que o cau a el veros obligado á ocurrir {t tan dnra extremi­dad. o d jéis e capar el momento tle pre tar útiles servicios á los Oficiales de \Ue tro Cuerpo; perder las oca iones d cou­tar con su gratitud, os expondría á no servirlo nunca. Tales como son pequeña la precauciones que con en·an las virtu­des, a í son pequeños Jos servicios que ganan los corazones. Solicitad con tesón y ardor todas la gracias á que se hayan hecho acreedores los Oficial ó individuos de tropa de vues­tro Regimiento: bien ponte üoronel; 'Í, hijo mío, sólo haciéndoo capaz d oenp. r todo· lo. pu to8 que s hallan bajo el Yne tro, podréis lleuar dignam nte el que e o· ha confiado, . poner á lo uemús en el caso re ~, la Jey impera, y lo que máR, se h\. ama. Procurad la depuración de las co tumbre , poro no p'='n éis que pued .n imponer e; se muestran y e in "piran, hé ahí todo : la au~oridad del jemplo e en e t caso má"' fn rte que la de la Yoluntad; en vano la vigilancia no.' harü rlescuurir n los otros lo vi­cios que podrían reprocharuo.· á no:;otr mi ·mo . i Yues­tra co tumbres on pur-a., lo serún también la de vuestro regimiento; vne tro temperamento .·e forLificará eeonomizan­do mucho el tiempo; cuidad de no ca r nn nca en el ridíl'ltlo; no seréis nuuca el juguete de la. circunstancia. , y la. estima­ción pública os iudemuizar{t de la privaciones que oa hayáis impue to. "E quivad 1 juego, y ·obre todo lo juegos de azar; prus­cribidlo de vuestro regimiento, pues origina la pérdida de mu­chos oficiales. "Guardaos de adquirir gu to por el viuo, cuya tendencia es embrutecerno ; que vue tra mesa. ea buena, nunea opípara ni ostento a; admitid en ella á los oficiale de vue tro regi­miento, prefiriéndolos á los Oficiales Generales, {t lo Coroneles y á los otros Jefes; que en vne tra ca a la atencione. e distin­gan por el grado de estimación que merezca11 vuestros invitados. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 599 "Redncid vuestro equipaje á lo absolutamente necesario; os toca. dar el (ljemplo deJa sencillez y la motiene á ese precio ni es hermo a ni du­rable. "Los Coroneles francesa hace tiempo que di frutan en Europa un honorífico concepto por su exqui ito trc to; estoy seguro que no se hará de vos una excepción qu o injuriaría; lejo de queajo de eso modelos, e ·pero que haréis lo posible por excederlos: la mayor parte de lo · Ooro11 1 sólo son políticos con sus superiores y us i crüales ; tratad de serlo, por vuestra. parte, con 1 inferiores. Jamá hablaréis á los y de lo Oficiale · de vuestro r g·imiento con e e tono im­perio o y ligero que afectau alguno J fe· de cuerpo: acoranz~ de que he sido obj to por no ha.l>er hecho , entir jawá d p de mi au­toridad, o deben e timular á imitar mi con lucta.. "Si alguna ez cowet •is una falta, apre uraos {t r cono­cerla, y, obre tollo, · repararla. Aunque ea. 1nuy natural esta manera de obrar, y no merezca, por lo mi mo, uingún elogio, ella, sin embargo, o ganará muchas aprobaciones, y esto b. ta para que os consideréi p rdonado, o' lo digo con experiencia, pues yo mi mo lo he o o .. ervatendréis esas ventajas si no prestái uua in ce 'ante atención á los oficial e jóve­nes, hal>ituáudolos de de temprano ú una conducta. r guiar. IIa· ced de manera que los oficial s antiguos conciban por los jóve­nes la ternura que el padre tiene por us hijo 6 un mentor por su pupilo; haced que los jóvene ofi.ci les teugan con los anti­guos lo8 miramientos, la conde cendencia y el respeto que los niños bien educados ob ervan con los mayores ; haced nacer y mantened la unión en vuestro regimiento; apresuraos á sofo­car las desuniones nacientes, á desarraigar las enemistades,¡ ó Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT A:R 601 á lo menos á prevenir sus efectos destructores; esa es, hijo mío, una de las primeras y más difíciles obligaciones impuestas á los Ooronele . "Sabed todo lo que pasa en Yuestro regimiento, pero no apeléis jamá al medio vil d el espionaje : l que hace el oficio de delator ó e pía de sus carnal'ada8, es nn hombre indigno de la confianza de nadie; no recurráis á otros ojos ni á otros bra­zos, sino cuando os ea impo ible verlo y hacerlo totlo vos mismo; de cended á toaute: 1.0 Metaies de diversas formas y que se sujeten por medio de tornillos. 2. • Plumeros, llorones, cimeras, etc. Para la guerrera: I. ° Cordones, alamares, petos, presillas, etc. 2.0 Hombreras de paño, sin armaduras, con flecos ó cintas. Para el capote: Cordones, alamares, petos, presillas, etc. (Concluirá). NAZARIO CALONJE Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE1'fN MILITAR 609 DI~P.ERSIÓN DEL TIRO Y ZONA PELIGROSA ( Traducción libre de las Let;rms d' A,·tillerie por E. Girardin ) Si cor~ la misma arma ¡y en condiciones tan iguales como sea posible, se dispara un cierto número de proyectile ' se ob· serva que las t)·ayectm·ias de é. tos no se superponen sino que for­man una especie c.le haz 6 m, noj0, en el cual la cima 6 itio de unión e la l>oca uel arrua, quedando la ba e ó círculo de separa­cióu ( ilisper ión) en l terreuo, en torno d l l>lanco á que se apunte. En una palabra, los proyect.ile no tocan en uu solo p,uuto un plauoAne té horizontal ó ·ertical con re peto al ha~, y por lo tauto en el tiro 110 puelar de h certidu:tnb're ue herir el l>larico eu uu punto dado, ino de la probabilidad de conseguirlo. l.Jo primero pro ·ectiles di p, r~ulo parecen disp r..,arse al azar, pero si el tiro ·e prolouga aparece una porción ._ érva ·e qu ~e agrupan con gran den idad en torno de un pnuto central, ~· que, {' partir de éste, la densi­dad 1i mitm~·e n tollo · .. ntido, primero de una. manera poco acentuada, y Jnégo ·on mayor rapidez, ba. ta quedar ai -·lados uno de otros n lo límit xteriore. de Ja. zona. l>atida. El reg·nero <.le bala a í ol>servado" llama dispersi6n del u,·o, denomináudo ·e punto' de caída lo punto' de ene entro de los proyectiles con el nelo ó u u blanco horizontal, y puntos de impacto el qne resulta euando tocan un l>lanco vertical. Causas de la di pet·sión-Sal>emos que los principales cle-nentos que iufluyen . ol>r • la formad la trayeetoria son el án- · gulo de tiro, la Yelocigirse previa­mente, se traduc n eu forma de dP ·viacione irregulares que se manifiestan indiferentemente, ya c11 un ·t~uti' tal q1le, en 'Un tiro sufi­cientemento prolonga,dv, resulta un 50 por 100 de dispa1·os cuyo de vio es numor que él y un 50 por 100 que le e superior. egúu su m1 me definición, el desdo probable es tal, que la probabili les y los casos posibles. El desvío probable no significa, pues, el que se obtendrá probablemente, -ino el que hay más probabilidad tle alcanzar. El cálculo de prohal>ili<.la.cle aplicado á los desvíos acci­< lt:'ntal s obtenido~ en el tiro, mue tra que el desvío probable BP es igual 6 voco menos á lo8 !· del desvío medio Em. Es decir: EI>= 0.8453 E m. Lo mi mo que para el desvío medio hay que distinguir el de vío probable en alcance :(altura), en dirección y ab oluto. (Continúa) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 612 BOLETÍN MILITAR TACTICA DE MARCHA V~RSJON LJBRI: PARA EL "BOLETJN MU.ITAR" (Continúa) IY -Seguridad en marcha Según lo antedicho, las vanguardias en la montaña no tie­nen que constituírse como en la llanura, salvo que se trate de fuertes columnas que se muevan por los buenos c01.rninos del fondo de los valles. En efecto, las columnas escalonadas por compamas á 100 metros de distancia y ocupando cada una de ellas una profundidad mínima de 300 mc:tros, no presentan los inconvenientes de las ma­sas profundas, blancos seguros para el tiro, lentas, y que no se despliegan sino con dificultad. Sin embargo, el punto no puede resolverse prácticamente ino teniendo en cuenta : En primer lugar, en ciertos puntos de los camino montaño­sos un puñado de hombres puede detener una columna, cualquiera que sea su fuerza, si en paso obligado enfilan el sendero, ocupan un resalto del terreno en un boquerón ó una vuelta del camino, ó si_ surgen de repente ante la cabeza de la columna. Un grupo de soldados que ocupe las alturas ó pendientes que d inan un camino y hagan fuego sobre el llaneo de una columna, pueden introducir el desorden en ésta. De lo dtcho resulta que toda columna en marcha tiene que mirar muy lejos adelante y sobre los flancos, de donde la necesidad de un servicio de seguridad diferente del de la llanura. Cada com­pañía debe instruír un grupo de hombres escogidos, una escuadra, de montañeses á ser posible, al mando de una clase enérgica é in­teligente, la cual constituirá una escuadra franca. Las escuadras francas de un batallón y aun de una columna pueden marchar so­las ó reunidas, á órdenes de un oficial. Se trata de revivir los antiguos vigilantes. El oficio de esas es­cuadras es conseguir la seguridad de la marcha y reconocer el terre­no. Cuando una columna deba ponerae en marcha, las e cuadras francas Sf' dividirán en dos partes. La primera marchar á á la cabeza qe la columna y ocupará antes que ella la posición que se trata de alcanzar, la segunda acompañará la columna manteniéndose á su altura sobre las crestas ó á lo menos sobre una posición dominante del sendero que sigue el grueso. Rara vez habrá que proteger ambos flancos, sólo cuando se mueva la columna por el fondo de un va1le, pues desde que emprenda el ascenso de unz. altura lo hará á media ladera, en cuyo caso uno de los flanco& quedará guardado por la hondura que se abre á sus pies. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR ill Dichas escuadras partirán con antelación: las de cabeza, la víspera por la noche ; las del .flanco, á lo menos tres horas antes para escalonarse sobre la vía á alturas convenientes. En el caso de que las primera encuentren al enemigo, no deben vacilar en empe­ñar el combate, pero combate lento, de entretención, á menos que el terreno permita tomar una vigorosa ofensiva, lo que será el caso ordinario, porque en las pequeñas operaciones en la montaña, la desproporción en las fuerza no se toma en cuenta : todo hay que fiarlo á la audacia y á la decisión. En caso de combate el Jefe de la columna, prevenido en el acto, toma sus di posiciones, ya para sostener la:; escuadras francas, ya para cambiar la dirección de la marcha y caer sobre el flanco ó retaguardia del enemigo. Las escuadras d'.!l .flanco obrarán del mismo modo, pero vivien­do sobre aviso para no caer en alguno de los lazos que no dejarán de tendérseles por el adversario para suprimir la seguridad del flan­co de la columna, y caer sobre éste desprevenido. El Jefe de la co­lumna, por su parte, e s tará atento, para que proceda á suspender su marcha y afrontar el ataque de flanco, ó á apresurar el movimien­to y ocupar una posición defensiva. i lás escuadra de cabeza llegan á la posición designada, se establecen en ella y guardan todos los senderos y pendientes peli­gro os: la columna, á su avi so, la relevará e tableciendo los pues­tos del caso. La marcha de lls escuadras francas será más segura y rápida que la de la columna, en atención á su esca o efectivo y sobre todo á causa de su personal, pues como queda dicho no comprenderá sino hombres enérgicos y vigorosos mandados por jefes capaces de toda e m presa. Por esto no siempre será necesario enviar las escuadras de ca­beza desde la víspera, sino que de ordinario bastará que partan tres horas antes, á lo que . e agrega que durante la marcha pueden ganar otra hora á la columna. Por lo demás, en este asunto, en que no caben reglas fijas, la experiencia del jefe será el mejor juez para resolver de modo con­veniente los problemas que se le presenten. Mas como á pesar de estas precauciones el enemigo puede sorprender ó burlar una e cuadra franca, la columna propiamente se hará preceder p Jr una vanguardia: una sección bien mandada, que partirá una hora antes y con la cual marchará el personal de campamento. Su mi -ión es observar, y si e atacada, entretener el combate mientras llegan los refuerzos ó el Jefe de la columna. Jamás con la vanguardia marchará artillería, para evitar el tro­pel que produzcan las be ti as de carga, y porque la misión de di­cha vanguardia no es combatir ino explorar. Si á lo dicho se agrega la lentitud y dificultades para entrar las piezas en batería, la nece idad que tienen de un sólido sostén de infante_ría, su efec- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 614 BOLET.fN MILITAR to y acción casi nulos sobre tropas veteranas, tendremos justifica­da de sobra esa prohibición. La vanguardia estará en constante relación con la columna, ya por medio de correos, ya por señales ópticas, conforme veremos en su lugar-(Continúa) ENRIQUE BARAUDE SOBRE EL EJÉRCI'rO ALEMÁN (Continuació n) El trabajo en silla y bridón comprende también la ejecución de las vueltas y cambios de dirección al galope, así como los ejer­cicios al galope largo (500 pasos por minuto). Se encuentra útil para eso conducir á los soldados al campo de ejercicios y hacerles ejecutar simultáneamente carreras individuales y enteramente á voluntad sobre un gran espacio. Así, de un golpe de vista se ve qué jinetes son ó nó dueños de sus caballos. Es además un medió excelente de enseñar á los soldados á gobernar su montura y des­envolver entre ellos la facultad de moverse de una manera inde­pendiente. Pero es preciso que estos ejercicios se continúen por mucho tiempo para que conduzcan al resultado que se quiere al­canzar. J. 0 El trabajo con silla y brida, pero sin armas, dura próxi­mamente dos semanas. Antes que los hombres se sirvan de la bri­da, se empieza por explicarles teóricamente el uso y hacerles com­prender en qué se diferencia del bridón. Estas indicaciones se com­pletan prácticc:lmente por la demostración que se da sobre el caballo de madera, del modo como se deben tener las riendas y la mano de la brida. Después se hace montar á los soldados en caballos em­bridados, pero que dirigen primero sirviéndose sólo del filete para no llegar sino gradualmente al uso de la brida. Cuando, en fin, están familiarizados con este nuevo modo de conducir, vuelven á emprenderse las carreras á voluntad, de que ya hemos hablado an­teriormente., repitiendo á los jinetes que cuanto menos vi&ible sea la acción de la mano sobre la, riendas será mejor. En otro tiempo se pensaba que para ser verdaderamente dueño de su montura era indispensable tener cortas las riendas y muy recogido el caballo. Hoy las ideas sobre este asunto se han modificado completamente, y se exige que el caballo quede libre, larga las riendas, con sólo un ligero apoyo de la mano. Si durante los ejercicios se nota que algún jinete tiene las rienJas demasiado cortas ó largas, nunca se le da la orden parti­cular de alargar ó recoger la rienda derecha ó izquierda, etc.: se manda simplemente á todo el peloton: ajustar las ri~ndas, con el objeto de que cada uno se habitúe á tomar por sí mismo la longi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET.fN MlLITAB 61~ tud que se desea. Y se aprovecha la ocasión para mostrar á todos la manera de ejecutar esta operación sin herir á sus inmet!iatos cuando se está con armas, cosa difícil, particularmente para los hulanos, á causa de sus lanzas. 4·~ Equitación con armas-Esta serie de ejercicios se inaugu­ra como la precedente, por explicaciones teóricas acompañadas de demostraciones prácticas en el caballo de madera, haciendo ver al recluta cómo, estando á caballo, debe sacar, tener y envainar el sable, la lanza, la carabina y la pistola, de manera que no moleste ni hiera á sus compañeros. Un soldado no debe montar con armas á caballo hasta que le sea muy familiar el manejo de éstas. Así pues, el manejo de las armas que se hace á pie forma parte de los ejercicios de la tercera serie, aprendiendo los soldados á dar sobre diferentes objetos estocadas y cuchilladas, ejecutar paradas, etc., y se procura, de ~ arrollando a í su fuerza y destreza, acostumbrar á los soldados á herir de tal . uerte, que la r~acción no se comuni­que jamá á la parte inferí r d e su cuerpo, y que la mano izquier­da quede eu todo lo P. sihle inm<>vil. L s golpes deben darse con vigor y preci ión, pero de modo que el cab. llo se inquiete lo me­nos que se pueda. Solamente cuando estos movimientos han sido ejecutados á pie de una manera conveniente, e cuando se pcisa á la equitación con arma _ y se en eña á lo reclutas á dar cuchilla­das y estocada á todos lo s aire., sobre diversos objetos plantados ó echados en el sudo. Al mismo tiempo se ejercita á los jinetes en hacer la rueda del enemigo que quieren a!canzar, describiendo á su alrededor una vuelta del más pequer10 diámetro posible, golpeándole sin descanso. Este ejercicio sólo se ejecuta al paso ó trote, porque para galo­par en tan pequeño círculo ería preciso un jinete de una destre­za extraordinaria, y aun habría peligro de accidente para el caballo. El trabajo á caballo con armas dura pr0ximamente seis se­manas, después de lo cual se pasa á los ejercicios que deben cons­tituír, para los reclutas, la preparación directa para los ejercicios de escuadrón. 5.o Trabajo en campo abierto Ó en el gran campo de maniobras­En e ta ~erie de ejercicios destínase exclusivamente á enseñar al soldado y al caballo todo lo que les es indispensable saber para abordar la e cuela de escuadrón: alinearse, marchar en línea al ga­lope largo y al galope de carga, salvar los diversos obstáculos que pueda presentar el terreno, etc. 'rodos estos movimiento, que se hacen primero sin arma , después con ellas, y por último con el equipo completo, se ejecutan tomando una formación bastante pa­recida al orden normal con las filas cerrada ; colocados los jinetes en un ~t fila, gu.trdan entre sí el intervalo de un cuerpo de caba1lo, que cierra11 despué:> poco á poco á medida que la instrucción ade­lanta. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 616 BOLEl'ÍN MILlTA-a. Como .estos diferentes ejercicios son todos más ó menos de fatiga, tanto para el hombre como para el caballo, es indispensa­ble que uno y otro se acostumbren gradualmente conducidos á ellos; así pues, esta quinta serie es objeto de una atención particular, y se procura prolongarla todo lo posible. Ningún recluta puede ser admitido á la escuela de escuadrón si no está en estado de manejar perfectamente su caballo, salvar fácilmente todos los obstáculos y arreglar su marcha á la del con­junto. Es preciso que esté completa y suficientemente suelto en los aires vivos, para no experimentar nunca esa especie de emo­ción involuntaria de que se resienten siempre los novicios en pa­recidas circunstancias. U na rápida carrera debe serle cosa de tal moCJo habitual, que no le haga perder en nada su sangre fría y le deje siempre bastante dueño de sí mismo para observar hasta en sus menores detalles el campo que le rodea. Mientras no esté en estas condiciones es incapaz un soldado de gobernar su caballo; no podrá prestar oído á los mandatos de su jefe ni fijar la vista en los detalles del terreno que recorre, estando muy expuesto ácon­fundir los objetos y ha ta á constituír una causa de peligro para sus camaradas del escuadrón. Hasta qué punto estos resultados e hayan realizado en la práctica, es cosa de la cual e , ha tante difícil juzgar; todo lo que yo puedo decir es que los oficiale de caballería están unánimes so­bre la necesidad de obtenerlos. De lo que yo he visto pur mí mis­mo, me es preciso concluír que la instrucción tiende esencialmente á desenvolver al extremo, tanto entre los soldados como entre los caballos, la vivacidad y las cualidades de resistencia á la fatiga. Tal es, por lo demás, la manera de pensar de todos los oficiale alemanes de caballería. Cuando hablemos de los ejercicios de primavera, vol­veré sobre esta cuestión, y solamente entonces es cuando se com­prenderá hasta qué punto el recluta debe ser fuerte en equitación para hallarse en estado de tomar parte en las maniobras de escua­drón tal como se practican en la caballería prusiana. La enseñanza del galope de maniobra (soa pasos por minuto) y del galope de carga se gradúan de una manera notable y, á lo que parece, muy racional. Así pues, yo creo deber hablar aquí de ello con algún detenimiento. Como sería imposible para los instructores, según lo veremos en seguida, vigilar á cada recluta en particular, est0s ejercicios se ejecutan mezclándolos con soldados antiguos. Cada uno de éstos se agrega á un recluta, á quien acompaña en la formación mante­niendo con él el tacto de botas, y haciéndole todas las indicaciones necesarias. En el campo de ejercicios se clavan tres pique tes; el segundo á 300 pasos del primero, y el tercero á 200 del segundo, con lo que s~ determina una línea recta de 500 pasos de longitud. Por lo regular se conduce al terreno un pelotón de 20 ó 24 caballos, compuestos por mitad de soldados antiguos y modernos • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 61 Al principio los reclutas trabajan solos formando el cuadrilongo y guardando de un hombre á otro una distancia de dos cuerpos de caballo, hasta que jinetes y caballos estén en cierto grado acostum­brados á los aires vivos. Cuando éstos parezcan bien determinados, los soldados antiguos se unen á sus compañeros. El cuadrilongo se halla dispuesto de tal suerte, que uno de sus ángulos coincida con el piquete número 1, y que uno de sus lados forme la prolongación de la línea recta cuyo trazado hemos indi­cado. Los jinetes, dispuestos por parejas formadas de un recluta y un soldado viejo, empiezan por dar la vuelta al cuadrilongo al galope largo hasta conseguir que sus caballos marchen bien tran­quilamente á la misma altura. Entonces se da la orden á una pa­reja de partir al galope. Al llegar al piquete número 1 abandonan el cuadrilongo y siguen directamente la línea recta cuya longitud, determinada por los piquetes, permite al instructor, reloj en mano, comprobar cuánto puede diferir del galope reglamentario el que llevan los caballos. No bien hayan alcanzado los dos jinetes el pi­quete número 3, dan media vuelta y regresan al paso al cuadrilon­go. La segunda pareja no parte al galope hasta que la primera esté al paso, etc. Se obra a í para que cada caballo tome bien el aire que se desea por sí mismo y no por imitación, dejándose llevar á remolque por los demás. Al mismo tiempo encuentra el recluta la posibilidad de conducir realmente su caballo y mantenerle á galope con la velocidad indicada. Excusado será decir que no se exige á los soldados que alcancen de primera intención la velocidad nor­mal, sino que deben por grados llegar á ella. El mismo ejercicio vuelve á empezarse luégo por todo el pelotón á la vez, siguiéndose las parejas á una distancia determinada. Los soldados antiguos, que naturalmente son elegidos entre los mejores jinetes, procuran con­ducir gradualmente á los reclutas al aire reglamentario, y durante la marcha corrigen los errores que puedan cometer. Cuando por este medio se ha llegado á determinar bien el galope> lo que exige próximamente dos semanas, se pasa al aire de carga, al cual se llega también por una gradación cuidadoc;amente dirigjda. En este caso también una pareja emprende el galope, recorre á este aire la distancia del piquete número I al número 2, y al galope de carga los otros 200 pasos hasta el piquete núme­ro 3· Entonces retrocede al galope ó trote, según el estado de fa­tiga del caballo, y regresa al cuadrilongo. La pareja siguiente efec­túa lo mismo, etc. Después se hace poner el caballo al galope en el mismo cuadrilongo, se recorren al aire de carga los 300 pasos del número I al número 2, más tarde la línea entera de 500 pa­sos, y por último los 6oo pasos completos *. Los mismos movi­mientos se ejecutan después por todo el pelotón á Ja vez, conser­vando siempre entre las parejas distancias bastante grandes para / Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 61s- BOLETÍN MILITAR que Jos caballos no puedan excitarse los unos á los otros, lo que fácilmente podría suceder siendo el galope de carga un aire que nunca se trata de determinar, pero en el que se procura, por el con­trario, hacer desplegar á cada caballo toda la vP.locidad de que es susceptible. b) Ejercicioa de la fuerza veterana Examinemos ahora de qué manera se ocupa á los s()/dados antiguos durante este período consagrado á la instrucción de los reclutas. · · Es preciso primero tener presente que estos soldados, no sien­do todos de igual fuerza en equitación, están, desde este punto de vista, di vid idos en dos clases. Los mejores jinetes del escuadrón, á los cuales la enseñanza de los caballos de remonta les es además familiar, constituyen la segunda clase. La primera comprende to­dos los demás solJados, á excepción de lo recluta , que sólo se distribuyen entre las do clases después de su admisión á la escuela de escuadrón. Además, como el efectivo de e tas clases es dema­siado considerable para que ello pudies en formar una sola tanda de picadero, cada una ·e subdivide á su vez en grupos de diez á quince hombre, siempre según la fuerza que haya para equitación y teniendo en cuenta sus di tintos conocimientos • .Esta di tribución en clases y grupos ó tandas, como sir\'e de base á toda la organización dei curso apuai de instrucción, creo necesario indicar aquí mismo de qué manera se hace, tanto en lo referente á los hombres como á los caballos. Además de las dos cla,· es de que acabamos de hablar, se dis­tingue también en ellas otra tercera que, no obstante, no lleva oficialmente esta denominación. Se compone de lo mejores y más experimentados jinete de la segunda clase que se hallen en e tado no sólo de conducir teórica y prácticamente la enseñanza de un caballo ~e la remonta, sino también de remediar los defectos de una educación viciosa, y sobre todo de instruír á lo5 demás, y prin­cipalmente á los reclutas. Se ve, pues, que esta categoría no debe comprender más que á los oficiales y cierto número de sargentos antiguos, enteramente aptos para servir de instructores tanto de los reclutas corno de los soldados antiguos. En resumen, el escuadrón puede dividirse en tres grupos principales: !.0 Los reclutas (35 á 45 hombre), que forman tres ó cua­tro tandas de picadero. 2.• La primera clase de equitación (40 á 50 hombres), divi­didos ordinariamente en tres tandas. 3· 0 La segunda clase de equitación (40 á 45 hombres), for­mando igualmente tres tandas. De suerte que admitiendo para el escuadrón como efectivo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE1'ÍN MILITAR 619 medio del pie de paz la cifra de r 35 caballos, * las tandas se dis­tri huirán así: Caballos I.a Nueva remonta ____ ---- . ..•...... -·....... 13 2.a Remonta antigua (La tanda de la 2.3 clase).. • . __ 13 3· a 2.a tanda de la 2. a clase. • . • • . . . . ... . . . . . . . . . . . 1 S 4·a 3·a íd. íd. íd .•• ··----··· • ·-- ~--------- 15 5·a r.a íd. r.a clase ____ ------------ ----·---- 12 6.a 2.a íd. íd. íd ___________________ -------- 12 7.a 3·a íd. Íd. íd ____ ---·· --------·· ····---- II 8.a r.• íd. de lo~ reclutas.---··--------··· ..• ---- ro 9· a 2. ~ íd. de los íd._-. __ -- , •. --.. . ............... . . . I O ro: 3·a íd. de los íd ____ ---------------------- ro I r.a 4.• íd. de los íd __ ........ ---- ~--- --------... ro 12.a Tandadetrompctas- ..................... ----·· · 4 'rotal de tandas y caballos ____ ~------- ... 135 Esta distribución sólo subsiste hasta fin de Abril; tan pron­to como empiezan los ejercicios, toda la instrucción se arregla á la subdivisión táctica del escuadrón por pelotones. Hé aquí ahora cómo, según su calidad, Jos caballos se distri­buyen entre las diversa categ rías indicadas más arriba: Se dan á los rec1utas los mejores y más nobles caballos ; los demás caballos buenos, así como los de la remonta, antiguos y modernos, se confían á los jinetes de la segunda clase; el resto constituye la porción de la primera. Como la segunda cla'e comprende· muy rara vez más de 45 hombres, de los cuales es preciso aún destacar seis ú ocho para la instrucción de los reclutas, y como los caballos que se les afecta son próximamente en número de s6, entre los que se incluyen los de la remonta que deben montarse todos los días, resulta que los sol­dados que forman parte de la primera sección de esta clase, es de­cir, los mejores jinetes del escuadrón, se les obliga á montar á ca­ballo dos veces al día, mientras que los demás sólo montan una vez. Por otra parte, á esta primera sección de la segunda clase es á la que se confían los caballos más difíciles ó resabiados para edu­carlos ó corregirlos. La segunda sección de la segunda clase constituye lo que se llama la sección modelo (musterabtheilung) del escuadrón. En fin, en la tercera sección están clasificados los buenos jinetes, soldados de do años ]a mayor parte, y que prometan ser de seguida aptos para la educación de Jos caballos de remonta. Resulta de todo esto que para juzgar del valimiento de un es­cuadrón respecto á equitación, basta fijar la atención en lo j~ne- E1 el número reglamentario de caballos rle silla. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 620 BOLETÍN MILIT .A.R · tes de la primera clase *. Cuanto mejores sean éstos, mejor es e] escuadrón, é inversamente. Está determinado que los caballos en educación se monten todos los días, mientras que los otros no lo son más que cinco veces por semana. Durante los seis me es que dura la instrucción de los reclutas, los jint.tes de cada una de las clases siguen un cur­so de instrucción especial, cuyo programa está determinado mes por mes, por los jefes de regimiento y escuadrón. - (Continúa). --··· - - His·roPtiA AP'O'NT.f..MIENTOS PARA LAS MEMORIAS SOBRE COLOMBIA Y LA NUEVA GRANADA (Cuntinuf\c ión) i h 1.1 clw, ni hago cargo á lo que uo pudieron r . i . tir al tol'r nt • en qno 1'\ ahogaron la 'ou titnción ele 'iícnta y lo' der eh qu hn. · ·il ·un. t. ncias irr · ·istihl s par< lo · pueblo.·, y qu •le tal modo . ·e e tabl ·e •n lo· gobiernos de h •ho. que hay 11 •ce~Sidaiéu ci •1 to, qn ntr om t •r.. por la fu rza. fí:si ·a ó mo-ral á nu gobierno il(•gítimo, y haecr traición á . n .· jnramet.to. para utrouizar P •. • mismo gohi •rtw, hay nna enorme dif•r· ·n­cia. El pueulo colombinno incnltHt.ble (le haber ~ ·omet.ido á la dictad nra d 1 '~8 y á la usurpación de 1 ao; m a ¡, ~~rán igualmente iucnlpd.hlcs los que hollaron la Uoustitución, )' fal­tando á u· juramento., trabajaron eon ahínco, y ·oml>ati .ron por privar de ·u libertadc á la ..... Tacióu y ú lo ciudadano·. La hi. toria imparcinl lo U •cidir{t. rO ·i m pre me gloriar\ llO ólo de llO hab •r sido de los qne coutradij l'Oll • l' i tieron ·iu temor pro y \cto.' y acto tan prod i torio.·; er pre ta.do tui firma ui mis pe lal>rc s pe re e tablee r la dictadura militar; d no haber erd término á la comi, ión. re. ervo á tra ~ plum a.· el · pintar y en alzar j n. tamcu te 1 patriotismo oon que lo pnehlos e e. forzaron en 1 re. tal>l ei· nliento del Gobierno legítimo uacional, y la a uanilo en Hon­da, el :.-eneral Fú,br &a y l Coronel Herrcrc en Panamá, Con­cha, Durftn, arga y ~eo~cauo con otros u las Pro·dncia del Norte, Po ad, y Gonz{lez en .1: eiva .... .1:To es pol'ible citar todos lo· no1nbr s de nuestro di.·tinguido militares en la reacción contra la autoridad establecida por una reh Jión triunfante. El General Caic do, llabiéndo e declarado en ejer­cicio del Gobierno, (lio unid< d á e t. patriótica reacción, y a eguró u éxito feliz. El re ultado de tan glorio a empre a fue lar :)unió u de Ja Convención Oon.·titu_yen te, la creación de la Repúl>Jica d • l n V< Orauacla y la Uou titución de 1 32. Merecí de e ta . amblea, entre t,ras ui ·tincioncs, el nombra­miento d Pr .sideute interino de la. t •pública, que se me comu­nicó {' ueYa rorl p . 111 dio de llll COllli ion· do esp •cial. En nota oficiale y n carta.· pe rticular ,· ·e me llama,l>a cou ur­genci, , conj tll án<.lom 11 uom br d • la patria. á que no retar­dase mi regr so á lla. i pude ni debía t· •si tir á e te hermoso triunfo qn la opinión nacional me concedía: me embarqué para, aut l\Iarta, ~- pisé nuevamente las playa granadina. el día 17 de Julio de 1 3J. LC'jo " de apr • urarme á llegar á llogo­tá, subiendo rápi<.lam •u te l río 1\lagdalena para ~ciar la ausia de gobernar que me suponen mis enemigo;:,, concebí la idea de vi itar á Cartagena y pa ar {L Oúcuta por Ocaña, para rE!correr toilas las vroviucia del ttúu · ito, oud ar Ja opinión pública y v I' por mi propio oj la u ce idades que podían repararse. De de anta i\[arta ha ' ta Bogotá ob ·ervé un disgu to g~neral con la lmini ·tración del Vicepre, hlentc Iárquez, en unas partes con poca :r en otras con obrada rezón. 1\li cond neta, al oír todas Jaa quejas y di 'gu to ·ontr .. el Gobierno, fue abso . lutameute imparcial, excu ándolo ó di ·peu ándolo cuanto pude, y excitando á todo á que cerra ·en los oülo á la discordia y trabajásemos á una n la estabilidad de las iustituciones. Im­ploro el te timonio de la~ provinciR, por donde pasé eutouces, en comprobación de esta Yerdad. No se me ocultaban las difi­cultade de la época, ni lo rencores que había engendrado la guerra civil, y conocía l>a tante al Dr. ltlárquez para hacer la justicia de creer que las circun tancia en que se encontraba eran nperiores á su genio. Elevado yo á la Presidencia por un voto ca i uniforme de la Nación, expresado por sus celegios electorales en l. o de Ago to, no tenía necesidad de adoptar la miserable política de rebajar el mérito ajeno y rivalizar á los JJombres de capacidad y de crYicios, para hacerme prosélitos en el ulgo y granjearme una popularidad efímera. El 7 de OctuLre tomé pose:sión del Gobierno, y en la franca aloeueióa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 622 . 'BOLETÍN MILIT A.R que al día siguiente dirigí á la Nueva Granada, desenvolví los principios con que pensaba gobernarla. La he leído varias ve­ces despué de haber expirado el término con titucional de la Presidencia, y uo hallo que bubie e dejado de cumplir lo que ofrecí al pueblo grauadino ingenua y fra.Hcamente. • Mi manejo ha ta cou los que tu vieron parte en mis perse­cuciones, fue generoso, y según scribía. el Dr. Ca tillo al Ouispo de Cartagena, como 110 lo e pcraban. l\1e propuse hacer respetar la Constitución á todo tranec, y reuuü· á u red dor á todos los disidente' haciendo ju ticia, matar la revoluciones, vengar el honor granadino, tánta veees ultrajado á lo ojos de los pueblos extranjeros, y present~rles . la. R.epública .tranquila y pacífica bajo t"l in1perio de sns leye,. Si lo he logrado 6 nó, lo dirán los hombre imparciales, ya que uo qni reu confesarlo lo .. que hoy gozan del iuestimaul uieu de la paz, que tántos c.lisgu to , odio ·idade. y l'ie go me ha co.·tado atito que antes no habLw podido realizar·~. A todo los empleado se les debfan us sueldos. • Por moderación no he querido publicnr por la imprenta la felicitaciones que he recibido despué~ de haberm" eparado de] Gobierno. Tengo de h ciudad de Girón, ele la villa de Sogamo o, de Zipar¡ uirá! Barrauquilla, oledad, anta ~Iarta, Ca rtagena, ~fompó;, Panamá, Lo at tos, La Chorrera, y de e::;ta capital. Podría añaclir á e tas pieza· innumerables cartas particulares de per onas distinguidas ele dentro y fuera de la República en que SP me favorece uperabunclantemente; entre ella figuran las de lo~ Sres. Joaquín, Rafael y Manuel ~[arfa Mosquera, Santiago Arroyo, las de los Obtspos de Cartagena, Popayán, anta :Marta, Panamá y Antio­quin, del Capítulo Catedral.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 152

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Por: | Fecha: 12/05/1900

AfitOlV Bogotá, Mayo 12 de 1900 NUM.lGl --~· ..... -- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIRJtCTOR AD•HONOUM, FRANCISCO J. VERSARA y V. General, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oftc~ales del ~jército de la Re~ública O ICIAL EJERCICIO DE TIRO AL BLANCO ITII Jnne~ 30 de Ahri1 último, ;\la 7 a. m., se pnso en mar­cha, hacia á los afueras <1 ~ Bog·o r., unn. hat río. tl 1 Batallón 2.o de Artille·ría, llel"anclo nn eañón de monta fin. tle bO milíme­tros, sist<.·Hna Bange, un cañón Withwort /1, rle 2~ lihnu:;, y una ametralladora Gatling, con el objeto de practiear ejercicios de tiro al blauco. Se eligió como campo de t.iro una colina sobre el río San 01·istóbal, con el fin de acostumbrar á los Oficiales y tropa á vcucer las dificultades qne presenta 1a conducción de una arti­llería rm1arla por caminos quebrados. Sobre un morro desigual y montuoso se hicieron entrar las piezas en batería, tomando por blanco la boca de nna mina de arena (que con el binóculo se divi aba tlel tamaño de un hom­bre), situafla en una de las faldas clel cerro tle La Peña, terlien· do de por medio la profunda cañad;.t atirlo con fuegos oblicuos, que dieron el resultado que se expresa en el cuadro siguiente : ' ' Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 562 BOLETÍN MILITAR Oañón de montaña de 80 milímetros Blanco, la boca de una mina de arena. Día opaco. Viento euave y en la dirección del blanco. Altitud, 2,800 metros. Tiro con granadas 01·dinarias. Primer tiro á 300 metros. Corto. Segnudo tiro á 500 metros. Corto Tercer tiro á 700 metros. Blanco. Cuarto tiro á 7 50 metros. Largo. Quinto tiro á 700 metros. Blanco. Se tomó para el tiro de · conjunto una alza de 725 metros. Sexto tiro á 725 metros. Blanco. Séptimo tiro á 725 metros. Blanco. Octavo tiro á 725 metros. Blanco. Noveno tiro á 725 metros. Blanco. Los tres tiros restantes se dirigieron á puntos colocados á la misma altura del blanco y eu sus cercanías, y ritaba la pieza basta dar el bote, y se hacía imposible situarla exactamente en el mismo lugar donde se había hecho el disparo anterior, quedando, por tal motivo, desuiveladas en diferentes se11tidos la' ruedas, falta que se ob· viaba haciendo en la escala de los desvíos las correcciones indi­cadas en el reglamento. E tas misma (lificultades pusieron de relieve la bondad de las piezas Bange, cuyo tiro es de una exactitud que nada. deja que de~ear. Oafión. Withw01·th de 22- libt·oa Se hicieron con un cañón de este modelo 3 di paros que no pudieron ol>serva.r e porque la gt'cHlu.da carecía de e poleta y el terreno no se prestaba á que la caída. d.e aquélla levantara una masa sufieieuto de tierra. Amet,·alladot·a Oatling E~ta pieza sólo e 11 vó al tcrr no ]>ara e tndiar los deft>c­tos qu preReuta el i. tt:>ma y proceder á su corrección, lo cual He couaiguió como se t.le ·eal>a. Conferencias de los Oft.ciales de la Misión Francesa (Comunicadas por un antiguo oficial del Cuerpo) SERVICIO DE.L CARÓN DE MONTA~A (Conclusión) Otro ejemplo. El blanco es una línea de infantería. 2,200 metros -El viento sopla muy fuerte y viene de la izquierda. A 2,200 metros-Correr el ocular, á la izquierda, 6 milí-metros. 2,200 metros- 6. 8 pieza, fuego. Largo. 2,ooo s.a pieza, fuego. Largo. 1,8oo 4.a pieza, (uego. Corto. 1,900 3·" pieza, fuego. Cvrto. 1,950 Alza para verificar. 1,950 2." pieza, fuego. Largo. 1,900 t. a pieza, fuego. Largo. 1,8 so 6. • pieza, fuego. Corto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 564 BOLETlN MILITAR La verificación sale bien al tercer tiro; se fija 1,900 metros como distancia para el tiro de conjunto. 1,900 metros-s.a pieza, fuego. Largo. I ,900 metros-4." pieza, fuego. Corto. I ,900 metros-3. • pieza, fuego. Largo. 1,900 metros-2. • pieza, fuego. Largo. El tiro de conjunto no dio el resultado deseado; se modi 1c2 el alza en 25 metros. I 87 5 metros-l.• pieza, fuego. Corto. · 6.• piez.a, fuego. Corto. 5· • pieza, fuego. Larga. 4·a pieza, fuego. Corto. Como el blanco está al descubierto, el tiro de conjunt es bueno. Otro ejemplo. El blanco es una batería de artillería. :t,500 metros-El viento es suave y viene de la derecha. 2.,500 metros--Correr el ocular 2 milímetros á la derecha. 2,500 metros-1.• pieza, fuego. Corto. 2.,700 metros-2.• pieza, fuego. C.:>rto. 2,900 metros-3.• pieza, fuego. No observado. 2,900 metros-4.• pieza, fuegG. No observado. 2,900 metras-s.• pieza, fuego. No observado. Cuando tres tiros sucesivos no pueden observarse, se aumenta el alza 200 metros. 3,1 oo metros- 6. • pieza, fuego. Corto. 3,300 metros- I. • pieza, fuego. Largo. 3,2oo metros-2. a pieza, fuego. Corto. 3,250 metros -Alza para verificar. 3,250 metros-3.• pieza, fuego. Corto. 3,300 metros-4.• pieza, fuego. Corto. 3,350 metros-5.• pieza, fuego. Corto. Si la verificación no sale bien al tercer disparo, se vuelve á empezar el reglaje del tiro. 3,500 metros-6. • pieza, fuego. Largo. J,+oo metros- r. • pieza, fuego. Corto. 3,450 metros-Alza para verificar. 2. ~ pieza, fuego. Largo. 3,400 metros--3. a pieza, fuego. Corto. Si la verificación sale bien, se toma como distancia para e ti o de conjunto 3,425. 3,425 metros-4.• pieza, fuego. Corto. 3,425 metros-5.• pieza, fuego. Corto. 3,425 metros- 6.• pieza, fuego. Corto. Si los tres primeros proyectiles caen del mismo lado, se r.ece­sita verificar el alza. 3,475 tnetros-1.• pieza, fuego. Largo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ROLETÍN MILITAR Si la verificación sale bien, se necesita tomar 3,450 metros ara otro tiro de conjunto. Disparo con las espoletas de tiempo El tiro de percusión no produce efecto en los alcances ntayo­Jres de 1,200 metros, porque los proyectiles al caer con grandes :ángulos se entierran, y por consiguiente sus balas ó sus cascos no dan en el blanco; entonces debe r:mplearse el tiro de espoleta de tiempo para hacer estallar los proyectiles en el aire á una distan­cia de unos cincuenta metros adelante del blanco. Con el cañón de 8o milímetros, de montaña, Bange, el tiro de percusión es eficaz hasta I,ooo ó 1,200 metros; para los alcances más grandes se necesita emplear las espoletas de tiempo. Cuando estalla en el aire un proyectil armado de espoleta de tiempo, las balas, después del estallido, se reparten en un haz EA EB que se extiende más hacia atrá¡ del punto e, en donde debiera caer el proyectil, que hacia adelante de este punto. Cuando el punto del estallido resulta demasiado alto, en F, la distancia de e~:te punto al blanco Fe es también dr:masiado grande, y las bala:;, no teniendo á su llegada suficiente fuerza para herir, se reparten en una superficie DK, demasiado grande, y el haz no es suficientemente denso. Lo contrario sucede cuando el punto de explosión se halla muy bajo, en e, el haz demasiado tupido no produce efecto sino en un limitado espacio HI. Hay una altura del punto de estallido que da el máximum de efecto, y esa altura se halla á los 1 0\, 0 del alcance. Esta al­tura es la que se ve con 4 milímetros de alza (cañón de s~ milí­metros, Bange), ó con 5 ó 6 milímetros vistos al extremo del brazo, según la talla del observador, ó también con 6 divisiones del anteojo de batería. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 566 BOLETÍN MILITAR Para los alcances ordinarios de guerra con el canon de 8o milímetros de montaña, la altura de 1 0J 0 0 la distancia CB es de unos 5 metros, y la distancia AC de unos 25 metros, pero el haz será mucho más denso hacia la vecindad del punto e en donde de­bería caer el proyectil. Por consi~uiente resulta: I.0 , que cuando el tiro está más ó me­nos arreglado, se puede obtener algún efecto; y 2.0 , que el máximum de efecto se obtiene cuando la trayectoria atraviesa el pie del blanco. Todos los proyectiles que estallan á la altura de -¡-0 8 0- 0- se estiman á buena altura; los que e tallan abajo de e ta altura se tienen como bajos; los que estallan entre una altura de ¡- 0 1 00 y dos alturas de To~o 0 cada una, se reputan altos; y los que estallan arri­ba de dos alturas de 1 0 8 0 0 cada una, se consideran muy altos. El tiro con las espoletas de tiempo tiene una causa muy im­portante de error, que es la influenc-ia de la altura del lugar donde se ejecuta el disparo: cuanto mayor es la altura más se necesita disminuír la duración indicada en ]as tablas de tiro del alza. La regla para disminuír esta elevación, empleando el cañón de So milímetros de montaña, es la siguiente: se multiplica el nú­mero de kilómetros de la distancia por 2, y luégo otra vez por el número de kilómetros de la altura del lugar donde se dispara. De este modo se obtiene el número de divisiones de la escala en que se necesita disminuír la del alza. Ejemplo: tiramos á 2 kilómetros (2,000 metros), y el lugar donde se ejecuta el disparo tiene 2 kilometros y medio de altura (2,500 metros); multiplicamos 2 kilómetros de alcance por 2, cuyo resultado es 4; después multiplicamos 4 por 2 y medio de altu­ra, lo que da por resultado 10. Se necesita, pues, disminuír 10 divi­siones del alza por causa de la altura. Si el al-za indica una duración de 55, se emplea la de 45· La regla para hallar la duración es la siguiente: se emplean dos tiros para modificar la duración. Después de dos tiros muy altos aumentar cuatro divisiones; de un tiro muy alto y un tiro alto, aumentar tres; de dos tiros altos y un tiro muy alto, aumentar do~; de un tiro alto y uno á buena altura, aumentar uno; de un tiro alto y uno bajo, no se cambia nada; de un tiro bajo y uno á buena altura, disminuír uno; de dos tiros bajos y uno á buena altura, disminuír dos; de un tiro bajo y uno de percusión, disminuír tres; de dos tiros de percusión, disminuír cuatro divisiones. El arreglo del tiro se ejecuta primero obrando como en el de percusión, y después ajustando la duración como se ha dicho antes. Ejemplo: tiro á 2,ooo metros. · 2,ooo metros- 1.• pieza . . . --C. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 2,200 metros-2. • pieza ...•... L. 2,1oo metros-3.• pieza ______ c. 2,150 metros Alza para verificar. 4·· · pieza·- __ ~. C. 2,200 metros-s.• pieza __ L.¡ 1567 2,175 metros-6.• pieza __ e. 1 La verificación sale bien. 2.175 metros-La pieza .. C. ~Tiro de conjunto. ~,175 metros-2.• pieza __ L. 1 D .masiado corto, aumt. 25. 2,175 metros-3.a pieza .. C. J 2,200 metros -4.o. pieza ...•... L. 1 S · · r. • a · L 1 ene sattstactona. 2,200 metros-5. pteza. . . . . . L S · 1 · corl b a . e r e empteza e tiro 2,200 metros- . pteza. . . • . . 4 1 d · • . e J espo eta e ttempo. 2,200 metros- r. pteza . . . . . . 2,200. Duración de las tablas, 61. Pero estamos en Bogotá, á ~,soo metros de altura; se necesita disminuír 2 x 2 X 2,5= 10. Tomaremos 51. 2.• pieza C. 5 r -3.• pieza de percusión, tiro de espoleta de tiempo. 4· a pieza de pcrcu ión, disminuiremos 4· 5· a pieza de percusión. 6.• pieza de percusión. 47-1.• pieza. Bajo. Nueva duración. 2.• pieza. Bu e na altura, disminuiremos 1. 3.• pieza. B. 4.• pieza. B. 46 -5.• pieza. Alto. Nueva duración. 6.• pieza. Bajo. El tiro está arreghido. Hay otra manera de conducir el fuego para empezar lo más pronto posible el tiro con espoleta de tiempo. Se "rregla con todas las piezas de la batería el tiro de per­cusión, hasta yue se ha obtenido la tenaza de lOO metros; des­pués, partiendo su batería, el Capitán conserva en su mano una sección para verificar el alza, ejecutar los tiros de conjunto y ob­servar los movimientos del blanco, si este blanco es una tropa. Las otras dos secciones ejecutan, bajo la órdenes de sus jefes, un tiro con espoleta de tiempo, pidiendo cada vez el alza de la sección del Capitán, que se llama, por e ta razón, Sección guía, y arreglan­do cada uno, con(! rrne á ella, la duración de sus espoletas. Ejemplo: 1,ooo. C. 2,2oo. L. 2,100. C. El Capitán da la orden de tomar 2, r 50 metros, y á las dos secciones de izquierda, por ejemplo, de ejecutar un tiro con espo­leta de tiempo; con la sección de la derecha se verifica el alza. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR :t,I 50-1 .• pieza. C. :1,200-2.• pieza. L. Si la verificación sale bi<-n, el Capitán ejecuta el tiro de con-junto con el alza de 2,17 5· 2,175-1.• pieza. L. · 2,175-2.• pieza. L. 2,175-1.• pieza. L. Si los tres primeros tiros de un tiro de conjunto resultan lar­go!, se verifica el alza. 2,125-2.a pieza. C. Si la verificación sale bien, se toma: 2,150--1.• pieza. L. 2,1 50-2.• pieza. C. 2,150-1.• pieza. L. 2,150-2. 8 pieza. C. Los jefes de las Seccionu no guías piden cada vez el alza al jefe de la Sucifm guía y arreglan sus espoletas por su cuenta. SECCION D CTRI AL VER~JON LIBRE PARA l:L 11 BOLETlN MILITAR" (Continúa) TÁCTICA DE MARCHA Preparación del soldado 2.o El jarrete-Debe y mucho insistirse sobre esta cualidad necesaria al montañés, agregando que con un adiestramiento pro­gresivo to o el mundo puede adquirirlo, y es más fácil conse­guirlo en la montaña que en la llanura. La marcha en caminos planos y monótonos es penosa y fatigante, tanto para la parte mo­ral como para la física; la monotonía del paisaje obra de modo nocivo sobre el espíritu, y el mismo movimiento, fatigando los mismos músculos, produce más pronto la fatiga. En la montaña nunca hay monotonía, las horas pasan y vue­lan trayendo en sus alas nuevos encantos, y las alternativas de las cuestas, de las subidas y bajadas rápidas, al poner en movimiento todos los músculos uno tras otro, les procuran á la par reposo y fatiga. U na tropa enseñada puede marchar en la montaña más tiempo que en la llanura. 3·0 El pulmón-Todos han visto á los montañeses subiendo ]as cuestas á paso cadenciado, lento al parecer y sin embargo in­creíblemente rápido: sobre el pie bien sentado y la pierna ligera­mente plegada, e) cuerpo se balancea alternativamente hacia ade- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR ]ante sobre una y otra pierna. H é ahí el secreto de la marcha, en la cual la velocidad no se- obtiene sino con el paso lento y rítmico; sobre todo si se lleva carga como el soldado; si alguno quiere apu­rar el movimiento, se sufoca, y si acaso llega el primero en trayectos cortos, desde que la marcha alcanza cierta longitud pierde la ven­taja, se queda atrás y, por último, se ve obligado á hacer alto aun cuando no le falten ni el jarrete ni el pulmón. ¿Por qué? Porque no los aplica con método. Y hasta cuando tenga buen pulmón, si de tiempo atrás no se ha habituado á la montaña, aun marchanuo con método, á medi­da que suba y el aire se rarifique, sentirá sufocación y tendrá que detenerse á tomar aliento. El viajero muy ejercitado en un tiem­po, si tras un período de descanso vuelve á la montaña, siente la necesidad de nuevo adiestramiento, y los primeros días le son peRo. os. En resumen, en la montaña se imponen los descanso., des­cansos frecuentes para los que no son monuñese~, porque éstos ig­noran tal necesidad y no se cansan jamás: al soldado le ba'Sta dete­nerse un minuto ó dos apoyándo~ e en un talud para acomodar bien el morral sobre las espaldas y tomar resuello, y en seguida partir, seguro de llegar á la jornada pronto y bien. ·raJes son las bases esenciales para la marcha en la montaña, á las que deben añadirse las siguientes prescripciones de detalle: En primer lugar, son indispensables ciertas condicione~ fisio­lógicas en el soldado: ~1 asma y las enfermedades del corazón pueden ocasionar accidentes graves en las cumbres" por lo cual convendría que el examen médico se hiciera á este respecto con el debido cuidado, evitando desgracias que no se presentarán si en este caso se cambia el destino del oficial ó del recluta. En alimentación es preciso introducir un régimen especial: el desayuno debe ser ligero, té ó café ; el al rr.uerzo frugal, y sólo la comida-merienda, al terminar la jornada, realme!lte digna de su nombre para restaurar las fuerzas para el siguiente día. Agua adi­cionada con té ó café, ó una pequeña cantidad de alcohol ser á la bebida ordinaria: en todo caso, debe beberse muy poco, lo menos posible, y desconfiar de la aguas de las montañas, que con frecuen­cia <>on crudas y nocivas. El alcohol es funesto: inutiliza las piernas. Siempre se hará alto en sitios abrigados contra el viento (abri­gaños); jamás en los boquerones donde reinan siempre corrientes de aire helado, funestas para el soldado que allí llega bañado en su­dor después de una ascensión penosa. Imposible es fijar hora normal de partida, pero en el particu­lar hay principios generales que no pueden violarse sin peligro: si deben cruzarse nieves es preciso hacerlo antes de '-lue el sol haya producido el deshielo de la superficie, porque verificado éste, la menor imprudencia será de ·astrosa: eJe las ro a. m. á las 4- p. m. es el tiempo de las lurtes. Es preciso partir de noche para llegar Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ó70 BOLETÍN MILITAR temprano á los pasos difíciles, que ser~a una locura cruzar entre las sombras. Es preciso esperar la tarde para bajar de ciertas cumbres, porque el calor acumulado en las honduras durante el día es incó­modo y peligroso cuando se baja de cimas donde el aire es vivo y fresco. En efecto, de temerse son los golpes de cabr si el descen­so se hace á medio día, ya que el calor se acumula si¿;uiendo una línea de nivel tan marcada que al tocarla, en la bajada, se siente la misma extraña impresión que al entrar de repente á una estufa. Admítese que en la subida se ascienden 308 metros, en el descenso se bajan 6oo y se avanzan tres kilómetros en una hora; pero estas cifras varf an según el tiempo, el terreno y la fatiga del soldado*. I1 -INSTRUCCIÓN DE LOS CUADROS Además de las cualidades provenientes del adiestramiento físi­co, el jefe, cualquiera que sea su grado, deberá conocer á fondo la montaña, y entiéndese por esto no el simple conocimiento de un sector ó grupo de cerros ó de una región montañosa, sino el cono­cimiento del régimen de toda ella, de suerte que transportado el mi­litar d'! una región á otra, sepa apreciar los terrenos, las dificultades y ventajas que presentan para la marcha y el combate, y también para valuar las distancias y el tiempo necesario para recorrerlas. Como la guerra de montaña con iste en una multitud de com­bates aislados, hasta en los grados inferiores habrá que dar prueba de iniciativa y resolución, por lo cual terreno, pendientes, derrum­bes, debe ser familiar hasta á lzs clases para que puedan valuar co­rrectamente las dificultades de la marcha y el tiempo necesario para vencerlas. La apreciación de las distanciag y la valuación del tiempo son, en efecto, los dos factores esenciales de la guerra de montañas, y sólo un largo hábito permite cometer poco error en tales cálculos. Horizontalmente se aprecian siempre muy cortas las distan­cia : todo el que ha frecuentado la montaña conoce la alegría ex­perimentada á la vista del primer jirón de nieve que brilla á los rayos del soL ___ está fuera del camino ____ quiérese correr para alcanzarla: en diez minuto , en un cuarto de hora á lo sumo se estará de vuelta ____ la ilusión corre delante, y muchas veces una hora !.Hga pasa, y aun ni siquiera se ha llegado al punto deseado. La vista con dificultad mide distancias y espacios que pare­cen er diminutos en medio de las grandes moles que las dominan por todas partes, y á las cuales falta todo término de comparación. La medida de distancias de abajo arriba es muy difícil, porque nunca se ve unida la pendiente que enlaza el ojo con la cumbre, la que no se distingue sino al través de un caos de faldas, rocas y barrancos que muestran la distancia como en abreviatura. • Véase el n!ímet·o 118 de e te semnnnrio. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET.í.N MILITAR 571 Toda valuación de distancia entre dos puntos separados por un valle profundo, es muy difícil: á fuerza de experiencia se lJega á calcular la distancia horizontal., la proyección de la línea que une aquellos dos puntos; pero es casi imposible hacerlo siquien. sea aproximadamente, si se trata de la distancia dt marcha que los separa, la que á menudo se eleva á ocho ó nueve horas para una horizontal de una legua. Ese estudio de terrenos y distáncias entraña el del tiempo necesario para recorrerlos, y tal conocimiento no se adquiere sino con incesante trabajo en toda clase de terrenos, en todo tiempo, aislado, con pocos compañeros y con tropa de alguna fuerza, sien­do imposible fijar reglas sobre la progresión que más conviene seguir á cada cual para alcanzarlo, pues lo único que puede afir­marse es que el conocimiento de la montaña demanda mucho tiempo. Y si tenemos algunos batallones· aptos para la guerra de mon­tañas son muchos los que lo ignoran ó á lo sumo apenas tienen idea de sus dificultades y tropiezos, siendo esto un defecto que importa remediar cuanto antes. lll-LA MARCHA PROPIAMENTE DICHA Si una columna considerable se ..pone en marcha en la mon­taña de acuerdo con las prescripciones del reglamento, produciráse un alongamiento considerable, desproporcionado, si se compara con Jo que sucede en la llanura, reagravado con una considerable disminución de la velocidad de marcha, de donde forzosa conclu­sión: es preciso fraccionar ]as columnas en pequeñas secciones. En la montaña no debe esperarse hallar sino rara vez un camino en la verdadera acepción de la palabra, y cuando se le ha­lla, de seguro no servirá sino para esca5a porción del itinerario, pues de ordinario habrá que andar en fila india por estrechos senderos. En estas condiciones el hombre ocupa 1.50 m. y el caballo 6 m., ó lo que es lo mismo, 300 metros una compañía, 1,200 un batallón, 4,ooo el regimiento y 1 I,ooo, sin intervalos, la brigada. Supongamos que la columna encuentra un paso malo, lo que es común, el sendero interrumpido por un derrumbe, descompuesto por las lluvias ó el paso de otras tropas, mal trazado entre las ro­cas, ó á media ladera sobre abismo peligroso, etc.: la longitud de la columna se duplicará, y tendremos la brigada escalonada en fila in­dia sobre 20 kilómetros de longitud. De esto resulta que en las marchas de paz ó lejos del enemigo, la brigada es la unidad .nás fuerte que puede moverse, formando por sí sola columna, y que por unidad de marcha se impone la más pequeña de las fracciones constituídas, ó sea la compañía. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. li72 BOLETÍN MILITAR _ En la montaña, entre las compañías, deberá dejarse un espa­cio de 1 oo metros para hacer frente al alongamiento y dar cabida á las monturas de los oficiales y las cargas de la compañía. Pre:::iso es averiguar qué sitio corresponde en esa columna á cada cual. Es indispensable que el oficial vea el terreno, que no marche adherido á su tropa, sino que auba á los puntos que pue­dan servir de observatorio, y de allí inspeccione el campo, y esté siempre listo á hacer frente á todas las eventualidades que puedan presentarse. Nunca debe confiarse en otros para ver, teniendo como norma el principio de que sólo él tiene derecho y deber de juzgar el terreno y la situación, por lo que necesita conocer lo que es la montaña, y tener la t:ostumbre inteligente y razonada de re­solver tales problemas, ya que no puede contar sino con su mis­ma personalidad. Las cartas geográficas, aun las mejores que poseemo , no valen gran co a, no son sino la indicación general de una dirección y de un nivelamiento: las pendiente , Jos terrenos y caminos jamás se indican en nuestras cartas de un modo satisfactorio. Los informes de los habitantes. Serán e · casos aun cuando exac­tos cuando se puede hallar alguno á la mano, pero exactos para otro montañé , por lo cual será preci o adecuarlos á tropa de ve­locidad de marcha muy diversa á causa de su efecti o y su com-posición. · Las patrullas. No hay que fiarse de ellas; á menos de cono­cer perfectamente el carácter de los sargentos que las manden, au­daces ó tímidos, vacilantes ó fanfarrones. En la montaña, la medida es Jo esencial; hasta la audacia y la temeridad deben ser medidas, razonadas, debiéndose temer por igual los temperamentos tímidos y los carácteres fanfarrones, que en una operación no ven sino el lado pintore~co ó el difícil, y sue­len sacrificar el verdadero éxito á la vana glorio la de franquear un paso difícil. En resumen, el puesto del capitán es á la cabeza de la com­patíía, nunca á retaguardia; ligero, bien adelante ó hacia los flan­cos, se moverá de suerte que lo vea todo y de todo se dé cuenta. La mejor clase de la compañh, como montañés, será guía de cabe­za; el teniente secundará al capitán y los otros oficiales, y e] sar­gento 1.0 se situarán á la izquierda de la tropa. De lo dicho se desprende además ]a necesidad de que á la oficialidad se equipe á lo montañés. Del coron~l al alférez, el oficial no usará su caballo, salvo en los caminos y buenos sende­ros, pues en los demás casos las monturas irán á la izquierda de ]a columna junto con las bestias de carga y ambulancia. Siempre se prestará especi41 atención á la policía é higiene de ]a columna: en ello estriba la conser'Vtción de la salud y del efectivo normal, que á la menor imprudencia se fundirá como la nieve bajo las rayos del sol. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLETÍN MU..ITAR 573 En ningún caso una columna se comprometerá en un sende­ro en zigzag sin las mayores precauciones: según la naturaleza del terreno, piedras ó tierras se desprenden al impulso de los pies de los soldados, y al deslizarse por la pendiente adquieren conside-rable velocidad que hace su choque peligroso y aun mortal, por pequeño que sea el volumen del proyectil. .En las faldas se evitará, pues, formar zigzag cortos y numerosos que se superpongan los unos á los otros, cuidando de que los empleados sean suficiente­mente dilatados para contener íntegra una compañía. Si es preciso orillar escarpas y picos, debe hacérselo m u y contra la peña, para que las rocas que pudieran desprenderse de lo alto y describen al saltar una parábola, pasen por sobre las cáb~zas. Severamente se prohibirá arrojar objetos como piedras, tron­cos, etc.; los soldados gustan verlos rodar á. saltos hasta caer en lus precipicios, olvidando que con ello pueden causar gravísi m os daños. En los pasos peligrosos, aristas de rocas, caminos de precipi­cios, etc., conviene colocar algunos hombres en la orilla, dando frente á la columna, para dar apoyo moral á los de cabeza débil. Si es tan angosto el paso que dicha medida no pueda realizarse, se recomendará á los soldados miren al frente y nunca al abi mo, y mar:chen con calma y despacio; si el abi mo se encuentra á ambos lados, los débiles y temerosos se colocarán entre los fuertes y se­renos, apoyándose en el bastón que éstos lleven, y se les hará con­versar para distraerles la imaginación. La velocidad de marcha es muy varia y las cifras citadas ape­nas son un término medio. La columna se detendrá dos minutos cada quince minutos de t)1aícha: el soldado se apoyará contra la barranca para soliviar el morral; cada cincuenta minutos de marcha se hará un alto de diez, la cola cierra sobre la cabeza y los soldados pueden sentarse con el fusil entre las piernas. Nunca en una cuesta ó falda se reunirá la tropa, porque esto no procura jamás ventaja alguna y aumenta las fatigas del soldado. Los grandes altos, penosos en la llanura si no se hacen hacia el fin de la jornada, cuando no falten ya sino un par de horas á lo sumo para llegar á la dormida, son funestos en la montaña. El hombre come en ellos cuanto pllede, porque el apetito está excita­do con la marcha y el aire vivo; se pone pesado, y si debe trepar en seguida una cuesta, será tal el suplicio, que si no posee una grande energía, la fatiga acabará por dominarlo, impidiéndole seguir. Por lo tanto tales altos no se harán sino con suma prudencia, y nunca en un puerto ó boquerón, ni en el fondo de una cañada. Cuanto á ]ahora de partida, se tomarán en cuenta las siguientes prescripciones: si por delante se tiene un camino ascendente, en buen estado, débese partir aún oscuro, para llegar á los lugares peli­grosos con luz y evitar los valles profundos donde el calor se acumula desde que sale el sol; si hay que atravesar nieves, debe hacerse esto antes de que el sol ablande la superficie. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 574. DOLETÍN KILITAB Al contrario, si hay que bajar de una cumbre, en día caluro­so, se dará á la tropa un largo descanso antes de empeñarla en las honduras donde reina calor sufocante. Por lo que hace á las marchas de noche, puede afirmarse que si el terreno es dificil y peligroso será muy delicado usarlas, é imposible en ciertos puntos. Además debilitan la moral del solda­do manteniendo su espíritu en tensión perpetua y presa de ansie­d .. d y emoción continua. Sin embargo, la historia registra marchas de noche cumplidas con éxito feliz en las peores condiciones imaginables.-( Continúa) E. BARAUDE SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continuación) Doma dt caballos En virtud del tiempo que se le consagra y la manera como se dirige, la dorna comprende en realidad dos períodos distintos. En el ejército prusiano, en efecto, se cuida esencialmente de que todos los caballos estén al cabo de un año en condiciones para en­trar en campaña si sobreviene una orden de movilización. El pri­mer año que pasan en el regimiento se emplea, pues, en obtener este resultado, y constituye lo que llamaremos el período princi­pal de la enseñanza. Los ejercicios para amaestrar á los caballos son por lo demás sencillos y en pequeño número, pero se les juzga suficientes para enseñar al caballo de guerra todo lo que debe saber. Preciso es hacer notar que en Alemania no se ve generalmente entre los ca­ballos de tropa nada semejante á esos aires exageradamente refre­nados que acostumbra•nos en Rusia. En todas las maniobras á que me ha sido dado asistir, me ha llamado siempre la atención lo largas que se usaban las riendas. Los soldados cogen juntas las rien­das de brida y filete, y se sirven de las dos á la vez. Los aires son siempre prolongados y los caballos andan bastante libres y aban­donados á sí mismos. En toda la caballería alemana se observa que el hombre, sólido en la silla y capaz de manejar su caballo y sus armas, sabe todo lo que es preciso para la práctica de la guerra. Se estima que basta plenamente el sistema de enseñanza adop­tado dude el punto dt vista militar, y que al exigir más, si se obtie­ne un caballo algo más diestro y de manejo más fácil, en cam­b'o sólo se tendrá ya un caballo arruinado y mucho menos resis­tente á la fatiga. Y el desenvolvimiento máximo de la marcha es el objeto de la más constante atención. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR . 1>11> Período de la instrucción individual a) Ejercicios de los reclutas Todo lo que hemos dicho en el capítulo de la infantería, sobre la manera de proceder con respecto á los reclutas, se aplica igualmente á la caballería, y no lo rep~tiremos aquí. Tan pronto como un escuadrón ha recibido su contingente lo divide en grupos de diez á doce hombres, y confía cada uno d~ ellos á un sargento experimentado, elegido y enseñado exprofeso para este objeto. En cuanto á los voluntarios de un año; en lugar de ser como en infantería, separados del resto de los reclutas é ins­truídos aparte hasta su admisión á la escuela de compañía, aprenden ó repartidos entre los diferentes grupos, ó reunidos en uno de ellos: según la manera de ver del capitán que manda el escuadrón. Lo que sirve de base generalmente para esta repartición es la manera como cada uno sabe montar á caballo. No obstante, como los vo­luntarios van llegando al cuerpo desde el 1.0 de Octubre, es decir, algunas semanas antes que los otros reclutas, ordinariamente for­man un grupo particular. La vigilancia y dirección de todos los grupos del escuadrón se confia á un oficial elegido por el capitán, no con arr glo á su an­tigüedad, sino según su aptitud para llenar esta función como con­secuencia de su experiencia y carácter: el valimiento que más tarde tendrá el escuadrón, depende enteramente de la manera como ha­yan sido instruídos los reclutas. Un oficial demasiado joven no tendría sobre los sargentos la autoridad necesaria para conducir los ejercicios de un? manera completamente independiente; así pues, se prefiere encargar de esta misión á un oficial experimentado, capaz de dirigir todas las partes de la instrucción, de hacer notar los errores cometidos por los sargentos y de tomar las medidas ne­cesarias para remediarlos. La elección de este oficial instructor viene á ser cosa tanto más importante cuanto la caballería escasea de buenos sargentos. El capitán que manda el escuadrón, aunque siguiendo atenta­mente la marcha de la instrucción, se contrae á dejar la mayor la­titud posible al teniente que ha elegido, y no interviene sino en c:aso de absoluta necesidad. En la elección de los sargentos debe también mostrarse muy circunspecto. Estos, en efecto, deben no sólo conocer á fondo su oficio, sino también dar prueba de una imparci ,didad completa, que de no tenerla, podría ocurrir que sus subordinados fuesen tratados por ellos de una manera muy des­igual. A cada sargento instructur se le agrega además otro como ayudante, elegido entre los más modernos de su grado, pero que parezca te-ner aptitudes para estas funciones. Es un excelente me­dio para formar instructores para el año siguiente y de ponerlos inmediatan1ente á prueba. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR El teniente instructor, después de haberse preparado á su dificil misión, elabora un plan de instrucción conforme á las exi­gencias del reglamento y también según las miras que sobre este punto tenga su capitán. Seguidamente, después de haberse enten­dido con éste, y recibida todas la~ explicaciones necesarias, pónese inmediatamente á la obra, distribuyendo por días el trabajo á sus sargentos, indicándoles la marcha que deben seguir, los puntos so­bre los que deben particularmente insistir, etc. Recibiendo anualmente el escuadrón de 35 á 45 reclutas, se reparten éstos por lo común en tres ó cuatro grupos. Cuanto me­nos numeroso sea un grupo, con más atención se pueden seguir los progresos de cada soldado, y la instrucción general gana con ello. Es menester decir también que se agregan á los reclutas aque­llos soldados antiguos que aún dejan bastante que desear respecto á la equitación, obligándoles así, como castigo, á volver á pasar por todos los ejercicios que ya han seguido una vez como reclutas. Este método tiene la doble ventaja de completar la educación de unos y de ofrecer á lo otros un saludable ejemplo que les impulsa á hacer todos sus esfuerzos por no encontrarse á su vez n el año siguiente en esta situación desagradable. Inútil es de ir que los ~oldadc;>s antiguos á quienes se les impone semejante humillclción, son el blanco de las broma de sus compañeros, que los tratan de quintos, tic. Todo recluta, aun cuando resulte de primera fuerza en equi­tación, debe pa:sar por toda la serie de los mismos ejercicios que los demás. Es un caso que se presenta con bastante frecuencia en la caballería alemana; porque la equitación es uno de los ejercicios favoritos de la juventud del país, y entre los voluntarios de un año se encuentran frecuentemente excelentes jinetes. Pero la regla es siempre estrictamente observada, y se sujeta aun á los mejore3 jinetes á que aprendan si~temáticamente los principios elementales que sirven de base á la instrucción. El capitán se ocupa en elegir para los reclutas los caballos más pacíficos y de más fácil manejo del escuadrón. Para juzgar del grado de agilidad y aptitud para la equitación de sus nuevos soldados, tiene precisamente medios durante los primeros días, consagrados á darles nociones preparatorias, y en su consecuencia reparte los caballos, dando los más mansos á los hombres más dé­biles. Esta elección de caballos destinados á los reclutas es objeto de una extrema atención, porque se considera que la buena ó mala impresión que experimente un recluta el día en que monta á ca­ballo por primera vez, puede persistir con frecuencia hasta el fin de su tiempo de servicio. Siempre es con alguna desconfianza, quizá aun con cierto sentimiento de temor, con el que suben á su cabalgadura; es, pues, de la mayor importancia que el recluta se sienta holgado sobre el caballo y llegue al mismo tiempo á con­vencerse de que la cosa no es tan terrible como parece. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 67'1 Por otra parte, no conviene tampoco que el caballo sea ya demasiado manso y sin energía, pues esto inspiraría descuido en el jinete. Así pues, se consideran como preferibles para los reclu­tas aquellos que, muy bien educados, son en general sosegados, aunque un poco vivos. Y para preparar mejor á estos animales al papel que se les asigna, se confian durante algunas semanas de las que preceden á la llegada de los nuevos soldados, á los mejores jine­tes del escuadrón, que se encargan de amaestrados particularmente con este objeto. El curso de equitación de los reclutas, que dura seis meses, puede subdividirse como sigue: 1.0 Trabajos en picadero cubierto con bridón. 2. 0 ldem con silla y bridón. 3.o ldem con silla y brida. 4· • Id e m ídem con armas. 5.0 ldem en campo raso. V amos á revistar rápidamente los ejercicios comprendidos en estos cinco títulos, y procurando indicar el tiempo que se consagra á cada uno de ellos. 1.0 Trabajos en picadero cubierto con bridón-La enseñanza de los primeros principios, que: es de una importancia capital y puede influír en todo lo que re ta de la instrucción, se da primero con una circun pección extrema. No se emplean menos de dos meses en el estudio de estos elementos, no pasando jamás de una lección á otra antes de que el soldado haya comprendido perfecta­mente la anterior, guardándose cuidadosamente de una precipi­tación irreflexiva, que por el parecer de todos sólo podría dar malos resultadvs. Desde este punto de vista, el primer título comprende varias lecciones distintas. a) Ocúpanse primero en hacer adquirir al soldado el asiento ó equilibrio á caballo. Esta parte de la in trucción se da siempre en el picadero para evitar los accidentes, en el caso en que algún nuevo soldado no pudiese dominar su cabalgadura, y además para nv exponer á bs reclutas á las burlas y críticas del público. Por otra parte, en los regimientos que, como por ejemplo la mayor parte de los de la línea, tienen varios picaderos, frecuentemente uno por escuadrón, la serie de las instrucciones de los reclutas, !salvo, bien entendido, las del título V, se dan en el picadero; pero allí donde, corno en las grandes ciudades, el número de p;caderos es insuficiente, es preciso, de buen ó mal grado, que la mayor par­te de los ejercicios se hagan fuera del cuartel. Comúnmente se hace marchar en cabeza de la tanda un sol­dado antiguo montado sobre un buen caballo. A( principio no se insiste en la regularidad de la posición, no sosteniendo demasia­do tiempo los aires y haciéndose paradas frecuentes, durante las cuales se dan á los reclutas las explicaciones necesarias, de modo que se les enseñe poco á poco todas las reglas concernientes á la posi- 2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 578 "BOLETÍN MILITAU ción del jinete á caballo. En cuanto á las distancias, no se observan sino lo preciso para evitar demasiado desorden en la columna. U na vez que el soldado ha conseguido alguna firmeza, se comienza á hacerle conocer los principios del empleo de las piernas y de los movimientos que deben hacerse para servirse de la espuela. Cuando, en fin, torlo está bien comprendido y ejecutado al paso, se pasa al trote. Este, no obstante, no debe sostenerse mu­cho tiempo, y las paradas son entonces aún más necesarias para dar á los soldados tiempo para descansar. Durante estos ejercicios se concretan á hacer sostener las riendas todo lo largas que sea posible, para impedir á los reclutas que adquieran la costumbre de apoyar e en ellas. Se les permite, sin embargo, no sólo asirlas con las dos mano, sino también reu­nirlas alternativamente en la mano derecha ó en la izquierda. En las primeras lecciones se con ten tan con hacerles marchar alrede­dor de la pista in entrar en los ángulos: después, cuando se nota que los reclutas comienzan á adquirir el hábito de inclinar, en las vueltas, el cuerpo hacia el interior de la pista, entoncc , para desarrollar en ellos má esta práctica de subordinar los movimien­tos del cuerpo á los del caballo, se les hace trotar en círculo, cam­biando de mano con la maryor fr ec uencia, esto es, describiendo la cifra 8. En caso de desobedecer el caballo, se permite al jinete servirse de la fusta. Cuando el oficial da por s í mismo la lección á los reclutas, se colocan generalmente en los cuatro ángulos dd picadero, el sar­gento instructor del grupo, un adjunto y uno ó dos gejreite. Estas distintas clases no intervienen para dar la instrucción, pero ~iguen con la vista la tanda, repitiendo en voz baja, á los hombres que pasan ante ellos, las observaciones que hace el oficial, ó rectifican las irregularidades de detalle. Está expresamente prohibido á todo instructor tener m las manos látigo ó fusta alguna; de otro modo podría ocurrir con frecuencia que en un movimiento de impaciencia se fustigase inútilmente á los caballos para excitarlos, y aun encolerizarse alguna vez sacu­diéndoles á golpes. b) Después vienen las lecciones consagradas á dar á los solda­dos una posición regular á caballo y hacerles conocer el uso de las piernas, cosas á las que se concede una grande importancia. Los ejercicios prácticos van siempre acompañados de explicaciones ora­les, las cuales tienden, sobre todo, á que comprendan bien los reclutas el empleo que deben hacer del peso de su propio cuerpo, á la vez que se obra con las rienda y las piernas; porque de ordina­rio en esto es en lo que más difícilmente consiguen los reclutas adquirir seguridad. Se les enseña asimismo á servirse de la espuda, á ejecutar cambios de dirección por la acción de una sola pierna, revolverse hacia atrás, recoger el caballo al trote, siendo este aire cada vez más acelerado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLETÍN MILITAR En estos ejercicios, como en todos los demás, hay un princi­pio del que no se desiste nunca: modificar en cada instrucción ti orden en que se han hecho suceder los diferentes movimientos. Sin esta precaución los caballos adquirirían tan fácilmente la costumbre de hacer tal movimiento detrás del otro, que concluirían por ejecutar ellos mismos lo que se mandara sin que el jinete hiciese nada para cumplirlo. El oficial instructor es enteramente respon able á este respecto. Debe vigilar que los sargentos se sometan á esta regla, tanto más importante en esta ocasión cuanto siendo los caballos destinados á los reclutas los más reposados y mejor amaestrados, es­tán inclinados más que los otros á ejecutar los movimientos que se manden independientemente de la acción del jinete. En fin, para evitar á los instructores, durante las instruccio­nes de picadero, la necesidad de entrar en largas explicaciones ora­les que desviasen su atención, la enseñanza teórica se conduce pa­ralelamente con los ejercicio:, y siempre los precede, de modo que los hombres conozcan y comprendan totl.as las expresiones técni­cas que pueda haber necesidad de emplear al darles la lección. e) Cumhios de diruci ón, vueltas y movimientos d e apoyo lateral­Los reclutas han adquirido ya la suficiente firmeza para s.ue se pueda al presente hacerles salir del picatlero y continuar fuéra su educación. Sin embarg , cuando el n .gir iento posee los pic11dero en cantidad suficiente, siempre se hace la instrucción dentro de sus muros. Los ejercicios son precedid os Je explicacione~ teóricas, en las cuales se hace comprender á lo sold·\dos ~ue r.ara la ejecu­ción de todos estos movimientos es esencial que el jinete sepa mu­dar convenientemente el p~so dt: su cuerpo en uno ó en otro sen­tido. Se ejecutan las vueltas, en cuanto ea posible, hombre por hombre, porque se ha observado que los caballos, marchando en la pista, dan frecuentemente las vueltas sin que su jinete las indique. U na vez bien confirmados los reclutas en estos principios, es tiempo de pasar á la rquitación en orden disperso; en este ejercicio l s jinetes recorren el picadero en todos sentidos, marchando á vo­luntad, pero conservando el paso indicado por el instructor. Al encontrarse se ceden recíprocamente la izquierda. Hé aquí, por lo demás, la progresión que se sigue. Empiezan por hacer salir de la tanda grupos de dos jinetes, del que cada uno ejecuta á volun­tad algunos movimientos individuales. Más tarde, cuando los re­clutas han adquirido alguna co tumbre de dirigir su cabalgadura, se repite el mismo ej ·rcicio por todos á la vez. Cuando se verifica en el terreno de ejercicio , el oficial instructor determina los lími­tes que no deben pa arse. Cuando este oficial quiere despué reu­nir el pelotón, se coloca á algunos pa os del punto donde ha de formarse uno de los R.ancos, indicando al mi mo tiempo la direc­ción del frente. Entonces, á la voz Je mando ó toque de llamada, los reclutas se reúnen al aire indicado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 580 BOLETíN MILITAR En los ejercicios de escuadrón estas reuniones se hacen siem­pre al galope de carga. Estos ejercicio individuales son considerados como el mejor medio de enseñar á los soldados á manejar sus caballos con des­treza y hacer un prudente empleo de las ayudas, obligando á los a ni males á ejecutar Jas vueltas y cambios de dirección en todos los sentidos posibles. Con el mismo objeto se hacen practicar me­dias vueltas y describir al mando diferentes f.guras, tales como la cifra 8, etc. Pero cuídase ante todo de que cada soldado pase por todos estos movimientos aisladamente y á voluntad, para ímpedir que los caballos obren por imitación, limitándose á seguirse los unos á los otros, sin que sus jinetes se molesten en dirigirlos. Si, por ejemplo, se da la lección en el campo de ejercicios y en tanda, se mandará: números impares, vuelta á la derecha, ó números pares, vuelta á la izquierda, ó se les hará dar simultáneamente las vueltas en sentido opuesto; en una palabra: no se descuida medio alguno para conseguir que los caballos sean realmente conducidos por los hombres y no contraigan la detestable costumbre de seguir á todaa partes á sus compañeros, con frecuencia á de::,pecho de los esfuer­zos del jinete. Al mi mo ti~mpo se enseña á los reclutas á hacer apoyar 5US caballos á derecha ó á izquierda, ya sea á lo largo de la valla, ya so­bre el interior mismo del picadero; movimiento que se ejecuta pri­mero individualmente, después p r toda la tanda á la vez, volviendo los caballos la cabeza hacia la valla y marchando de co. tado, guar­dando entre sí las mismas distancias que en el trabajo sobre la pista. d) Galope y salto de valla- Según lo3 reglamentos, el trote de maniobra debe ser de 30:> pasos y el galope de 500 al minuto. Pero en los ejercicios, y sobre todo en el picadero, es difícil im­pulsar este último aire hasta tal velocidad, y en consecuencia se contentan frecuentemente con el galope medio ó de picader0, de­jando para más tarde la práctica del galope real de maniobra. Con la enseñanza del galope empiezan para los reclutas los ejercicios de salto. Se coloca primero la barrera simplemente sobre el suelo, y se hace pasar suce::;ivamente á los jinetes al paso, al trote y al galope. Luégo, cuando los caballos pasan por encima sin dificultad, se la eleva medio pie del suelo y se franquea de nue­vo á todos los aire , cuidándose particularmente de que los solda­dos no den tirones de brida, conservando bien el asiento y dejando al animal saltar libremente y como quiera. La misión del jinete sólo debe consistir en obligar á su cabalgadura á abordar franca­mente el obstáculo y conservar de pues del salto la misma marcha que antes. Cuando este nuevo ejercicio está bien ejecutado, se eleva la valla otro medio pie más, y así sucesivamente hasta darle la altura reglamentaria. . En la caballería prusiana el obstáculo normal que el soldado debe franquear con armas y equipo completo, está representado Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN 1\ULI'l'AB 581 por una valla de tres pies (om91) de altura, ó por una zanja de seis á ocho pies de ancho (1 111 80 á 2m45). Para desacostumbrar á jine­tes y caballos á arrimarse á las paredes cuando llegan al obstáculo, se prefiere disponer la valla en medio del picadero. El salto de la barrera se repite todos los días, por más que este ejercicio llega á ser muy pronto familiar á hombres y caballos. 2. 0 Trabajo con silla y bridón-Cuando el jinete consigue mantenerse sólidamente á caballo en el picadero, y conservar á todos los aires buen asiento y posición regular, se pasa á la equi­tación en silla y bridón, á la que se consagra un mes próxima­mente. Al principio se hace montar á los reclutas sin estribos para impedir contraigan la mala costumbre de tomar sobre ellos un punto de apoyo exagerado, olvidando t}ue sólo deben servir para dar al hombre más facilidad para ponerse en la silla y con ervar el equilibrio en los aires violentos. En estas condiciones se pasan to­dos los ejercicios ejecutado~ sin silla; de pués, al cabo de algún tiempo, se empiezan á tomar los estribos al trote ó al galope, no so~tc:.niendo al principio estos aires má que durante el menor tiempo po ible; y en fin, cuando los reclutas han adquirido cierta costumbre en la silla, se llega al uso permanente de Jos estribo . La longitud normal á que deben llevarse éstos está determi­nada por los reglamentos, pero para enseñar ::;u u o no se pro­cede en todos los cuerpo de la misma manera. Algunos oficia­les juzgan preferible exagerar mucho al principio esta longitud, para acortarlos de pués poco á poco, á medida que el soldado ::;e ha­bitúa al uso del estribo. Otros, por el contrario, Jos hacen llevar muy altos al principio, alarg:ndolos después gradualmente, porque dicen que procediendo asf s~ Jlega conse ·uti\'amente á hacer com­prender al soldado el uso del estribo y se le habitúa á conservar siempre su contacto. Yo debo decir, sin embargo, que la idea más general es la de hacer poner siempre los estribos á la longitud nor­mal, aten ido que, en la mayor parte de los casos, parecerán toda­vía demasiado largos al jinete que se sirve de ellos por la primera vez. De ordinario se exige que á todos los aires el pie quede lige­ramente en contacto con e1 estribo, cuidando particularmente de impedir á los reclutas lo sostengan con rigidez, pues esto no ten­dría otro rt>sultado que el de producir á cada paso un choque del estribo contra la bota. Cuando los reclutas han conseguido servirse correctamente de sus estribos, se juzga útil, en algunos regimientos, enseñarles á trotar á la inglesa. Esto es, por lo demás, la excepción, y los reglamentos nada dicen sobre este particular. Se admite que en principio el trote á la inglesa aligera al caballo, pero c;olamente si el jinete conserva un asiento muy correcto. Pero como es imposi­ble esperar que la masa general de los soldad s adquiera una habi­lidad sufici("nte, resultaría que para la tropa el trote á la inglesa sería más perjudicial que útil. No ob:ltante, he tenido ocasión de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 682 BOLETÍN MILITAR ver regimientos enteros hacer uso de él no sólo en las marchas sino también en los ej e rci ios, para ejecutar al trote movimientos de una duración un poco hrga, porque los jefes de los cuerpos en­contraban que e te aire defendía mucho mejor la espina dorsal de los caballos y hace para los hombres mucho menos sen si bies las reacciones. (Continuará) SOBRE EL UNIFORME MILITAR (Co ntinuación) Armamento Lígas de los Jefes se hace la reforma de colocar sobre los galones las estrellas con el objeto de que la vuelta pueda bajarse sobre la mano cuando sea conveniente. La diferencia de ancho entre las trencillas (3 milímetros) y los galones (12 milímetros) no originaría confusión en los grados, que sería fácilmente descubierta si sólo se tratara de confundirla con malicia. En el segundo sistema se adopta como base el indicar la ca­lidad de oficial por un galón de 1 o milímetros de ancho, de oro ó Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. CLASES GRADOS EMPLEADOS __ , ... 1 . ó • 1 -, , _ __;... __ ( ~1 ..... ~ i' jj e,) l ~r ~ L Soldado de 1.• clase Cabo 2.0 ............ . eabo t.o ............ . Furriel1 ............ . Sargento 2.• ....... .. Sargento 1.• ....... .. Alférez .............. . Teniente .......... .. Capitán ............. .. . ~ (1 Cot~andante ........ . ~ ~ ~ Temente Coronel... ..., 1 l Coronel ............. . 1 ll ~ r 1 Brigadier ........... . ~ 1. .Mariscal de campo ~ ~ lj Teniente General.. Capitán General.. I '- ....__ 1 t- 1 estrella de 4 puntas de g mm .•••••••••• 2 estrella~ de ~ puntss de 9 mm ......... .. 3 estrellas d·e 4 puntas de 9 mm .•••••••••• 1 estrella de 6 puntas de 18 mm .......... . 2 el'trellas de 6 pui1tas de 18 mm .••..•. . •. 3 estre1las de 6 p Ílntas de 18 in m .•••••••• 1 estrella de ~ puntas de 18 mm •••••••••. 2 estrellas de 4 puntas de 18 mm .• .' ••••••. 3 estrellas de 4 puntas de 18 mm .••.•••••• 1 estrella de 8 puntas de 38 mm ..••••••••. 2 estrellas de 8 puntas de 38 mm •••••••••. 3 estrellas de 8 puntas de 38 mm .••••.•••. 1 entorchado de 860 mm. y ·1 trencilla 8 mm. 1 entorchado de 360 mm. y 2 trencillas 1 mm. 1 entorchado de 360 mm. y 3 trencillas 3 mm. 3 entorchados .•••••••••••.••••••••••••. - . 1 .~ . '11 d • • 1"" = • . t.renct a e v mm................................ 1. -o"' _g 1 .... ,.. u 2 trencillaa·~d, 6 mn1.......... ... ....... •• . .. . .. ... 1 ~ ~ ; l· ce • 3 trencillas de 6 mm ................... ;........... e- ~ ~ 1 trencilb de 1 11\Dl· y 1 g~16n de 12 mm.... ¡ J ~ S '&16 2 trencillas de 1 mm. y 1 galón de 12 mm.... t ~ ;. ~ (. ::--. &1 3 trencillas de 1 mm. y 1 galón de 12 m:n.... 1 e ,, "' l g~:- 1 trencilla de S mm.... ........................... :], : e "' e 2 treucillRs de 3 mm............................ .. ~ o .u • 4) ..... e 1 trencillas de 3 mm .................... ~ ......... ) Q ~..:! 1 trencilla de 3 mm. y 1 galón de 12 mm .... 1 ~ ~ ~ _g 1 ~"' u 2 trencillas de 3 mm. y 1 ga16n de 12 mm.... "' ~ ~ ; lOS o ~ 3 trencillaa ~de 3 n\rn. y 1 galón de 12 mm.... ~], "'~ 1 o ~ . ~ ~2~ S :::::::::::::::::::::~::::::::::::::·::::::::::::::::::::: 11 : ~ ~ ~ '-=~"0 ············ ···· ····· ..... . ······ ·····················1 ~~ ~ ~ ~ u .. cG .......................................................... ) Q ~ ~ ~ - ¡ tzt o ~ t-3 :..., ~ m ~ t Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETlN MILITA.B 687 plata, según los cabos, la graduación de Alférez con una trencilla de 2 milímetros, 5 de plata si los cabos son dorados, y de oro si son de plata; la de 'l'eniente con una del mismo metal que los cabos; la de Capitán con dos trencillas colocadas una en la parte su pe­rior y otra en la inferior, en la misma forma que los ·renientes de navío de segunda clase; para las graduaciones de Jefes se susti­tuyen las trencillas por galones de igual ancho y clase, el tomado como base. En el tercer si ·tema, que es el que se ha adoptado como base de todas las combinaciones ulteriores, se indicará en los empleos y¡ grados del siguiente modo: Las divisas que marcan el empleo efectivo irán sobre la bo­camanga en forma de suncho y sin hacer martillo. Las estrellas que indican la graduación se colocarán separa­das entre sí y de las di visas de efectividad por una distancia igual á su diámetro. Los distintivos de los Oficiales Generales y de las clases de tropa se colocarán sobre el r:.tño de la manga. Las divisas de 1 s Oficiales Generales que pertenezcan á cuer­pos e peciale , y las de lo Jefes y Oficiales de todas las armas, se colocarán sobre paño del col.:>r distintiv.o del cuerpo. Los galones y trencill:ts obre una faja cuyo ancho exceda en 3 milímetro por cada lado, del ancho de aquéllos, y las estrellas sohre polígonos, cuyos vértices coincid-tn con las punta de· aquéllos. Los Generales que hayan ejercido mando independiente, como Tenientes Coroneles ó Coroneles, podrán usar las estrellas de es­tas graduaciones colocadas sobre paño de color correspondiente al cuerpo en que los hayan desempeñado. Declarados los Brigadieres Oficiales Generales, es de rigor que sea el entorchado de su uniforme del mismo metal Hue los de las jerarquías superiores, para conservar la constante norma que se observa en la progresión marcada por las divisas de los de­más empleos, que, como se ve, consiste en marcar con una, dos ó tres trencillas los tres empleos comprendidos dentro de cada una de las categorías de Oficiales y Generales. Exceptúase únicamente de esta reglA la alta jerarquía de Capitán general de ejército. Las divisas serán siempre de oro para todos los militares que ten{?:an ó puedan tener mando de tropas, y de plata para los asimi­lados, sin que obste el que los cabos del uniforme ~tean de oro ó de plata. Pudiera resolverse también que las divisas de los cuerpos asi­milados fueran de oro, como sucede en los de la armada. El empleo efectivo se indicará en el capacete 'Ó gorra, con los galones y trencillas que correspondan. En los cuerpos en que haya dualismo, los empleos dentro del cuerpo se marcarán en las caídas de la faja. (Continúa) NAZARIO CALONJE Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR HISTORIA AP"C'NTaMIENr:t'OS PARA LAS MEMORIAS SOBRE COLOMBIA Y LA NUEVA GRANADA (Continuación) La opinión pública. del mundo liberal ha condenado ya ~ Bolívar bajo el carHcter de legislador, haciéndole la dehhb justicill como el caudillo de las huestes libertadora fle Colorn· bia, Perú y Bolivia. Ba~taríau los vigorosos escritos de Benja· mfn Constant para que callasen los qne, por una ceguedat. imperdonab)(~, todavía encomian Jos proyeetos de Bolívar, juz. gados in apelación por la opinióu imparcial. !Jlegó á tal pnut la confianza de Bolívar en su poder moral, que no temiend reaccióu alguua del pueblo contra sn dictadura, se entregó á h. más ciega seguridad: El ~5 de Septiembre de 1828 fue para é un desengaño tan cruel, que descle aquella noche fatal perdi< su energía. y su vigor. Del extremo de una seguridad ilimitad~ pasó al de una desconfianza . in igual. fJOS pnñale (le los conspi· radores tl<~l 25 de Septiembre se le presentaban á la. imagina. ción en sueño , en la müsa, en la calles, en todas parte . Y Ain ser agente ui director de la con piración, sufrí por e11a hu vengauzas de lo qne me bal>ían considerado uuo de los má fuertes obstáculos {1 la realización de los plane. de Bolh·ar. Es. difnHo eutrar •u los pormenores de un acontecimiento e que, á la par ele la audacia de los jóvenes conspiradores, hul>< · una grande impreYisión. Eu vano se mitigan mi enemigos e hacerme cómplice (le aquel acto: ni la Aenteneia lo aRegnra, u el Gobierno mismo e atrevió {a. afirmarlo <>n la. circular á loa Ministro d Colombia en Europa •. Yo no inteuto ahora jnsti· • El infr;:scrito ccrc:tado de E . tado en el De. pncho del lntel'ior y Relacione& Exteriores del Gohiernu de Nueva Gran¡¡da, certifico de orden de S. E. el Pre j . deute de L1 R -:! pííhlica: Que en t•l libro copi. rlor ele In corre pondeucia oficial de la Sccrf'taría ele R Jacione 1-:xtcriore!'l de l~ autigua Co1olllbi , con ln Lcgal'i6n del misma en In. glntcrra, abil'Jto en H· de Jnlio ele 1827, exil>te c opia, á l.1 página 77, de una n o tl oficial del tcJ.or siguiente: 41 .Al honorable Jod Fenuinde:r; .Madrid, Envirrdo, etc. - Número 153-Nouiembre 14 de 1828. '' Seiior: "La caus, cguicta ~lo reos d · la conspirnci6n del 2.5 de Septiemhre contn la per 1111 ;, y vicl.l de S. E. el J¿ibcrt•u.lor-Presidcnt l' , se ha termin~do ya del lllod• (¡ue u<>ted \'Crá en el dictamen que t'n copi.t tf'ngo el houor de diriJórlc, dado por e Consejo de Mini tros á S. E., en cons<-cuencis de In ~entencia ííltimamtntc pro­uuuci~ tda en d negocio. La ju . ticia ha obrado con los reo r¡ne se aprehcndit!rm al principio. y ruya coopCJaci6n putlo comprobar e inmediatamente. Entone<' 111 porlfa haber lug. r ~la ciPmencia, porque el escnrmie11l0 era nece ario, y el p6blic• deseaba un ca ·tigo muerte al c.>x-General Santan. der y A otros cinco que fueron condenado á lu pérdida de la "iJa. antander no h1 resultado del proceso que hubiese tenido una parte inmediata y próxima en h Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MlLITAlt 589 .flcar ni condenar aquella conjuración: me limito á decir que no la dirigí, ni la fomenté, y que el modo con que se me juzgó fue más imcuo y más horrible que el que los españoles paciftcado­res emplearon contra los patriarcas de la Independencia. Si la conjuración fue un crimen, mayor crimen fue toda vía fusilar á sus autores y condenarnos á muerte á otroo, sin forma. de jui­cio y sin oírnos una dbf~nsa. El solo hecho de omitir estas fór­mulas protectoras ue la vida y del honor, es el más grande cri­men que se ha podido cometer bajo la tlictatlnra. Bolívar se mostró generoso conmigo, pot·que no vodía jamás comprobar ante el mundo que yo había tenido parte en la coujuración del 25 de Septiembre; así fue que tuvo que apelar, para dar razón de su clemencia, á que su gloria lo requería. Y(\ agradecí la conducta de Bolívar, aunque declamaré ~ierupre contra el jui­cio y contra la medtda gubernati\~a de conservarme preBo en una de las fortalt'zas ían conseguido en Pasto uua capitulacióu, tan hon­rosa para ellos como vergonzosa para Bolívar, en la cual, aun-conspiración del 25 : hab{cl dado consejos y propuesto medios para que e verificase una cuando saliera de Colombia para los Estados Unidos, á doude debía seguir muy pronto á de empeñar el de tino de Plenipotenciario de e~ta República cerca de aquel Gobierno: y estos consejos seguramente le hacían un criminal diguo de la muerte, conforme al Decreto dado por el Libcrt •• dor acerca de con pir~tdore , y En que e,tá fundada su .entencia pronunciada por el Comnnd11ntc general, que tan•bién acompaño á u~.ra. N o hay duda ninguna sobre la inculpabilidad, en general, de Santander, aunque st la hay en cuanto á la aprobación que le haya mcrt'CÍt o el horrible iitentado cometido en la noche del 25; v esto ha movido al Ministeaio á aconsejar al Libertador qne, ate11didas otras ra:to11t~ de política que no se ocult11rtin 'la penetración de U fa, prive fÍ ~autaudu de los mulios de st•r peligroso á la Rrptí.­blica, al mismu tiempo que le ·alva.(e la vida. cuyo acriticio sería quizás idítil :.i ,e eonsegnía el otro y piÍncipal objeto. Si ~e hubiese Jlevado á efedo la s nten ia, { la verd d ju!'tu, dada por la Com;wduncia general, como la pena no podía ni debía recaer sobae la parte que pudo probar ele hubu téuido en 1 conspiración d l 25, aino obre los na•dios que iutlic6 como muy á J>rop6aito para efectu-.r una cuando llega e la ocu i6n, qnizll e haba fa :..tribuído cl>to á lllira. 110 sólo. jt: :ts d 1 car,<:ter noble y gen ·ro. u del Libe1t dor, iuu alt u•tutt: ofen iv11a, y por tanto p rjudi ·i Jea ' u Gobierno. 'e h. mandado h cer la public ci6n de los proce os, y uu an li ia de ello se insert •rá en la Gaceta. Remitirt! á U~.fa, en su oportunidad, aanb 1111- J>n O!, y entonce polllá Uda uplir por í 111i mo lo11 de(cl'lo 1111e nota U fa en esta comunicación, y que la premura dt!l ti mpo no me permite ::.uh~>aDfa lle guía }Jaru d¡¡r cuenta de él, biier­v ndo iempre ht drcun pec ·ióu que n todos <:~so , y princípalu.cute eu li te, ea tan ne<'e._aria pura que e punga de mauifie to el acierto y geuerosidad con que ha qu rido proceder el Libertauor. "Soy de U ía, con perfecto respeto, muy obediente servidor, ltSTANIILAO VERGARA" "NoTA--La premnr. del tiempo no me p~rmite comunicar' los Sre:;. Palacio y Bello los suce~os á que me n·fiero en e. ta 11ota; y por lo tanto et>pero que Usía ae tlirva comunicárselo:. de mi orden, con remi i6n de una copia de los documento• que acompaño. Lo mismo hará U fa con respecto al Sr. Tejada, nuestro Miuistro en Rom." Y para la debida constancia firmo el presente certificado, en Bogott, ' 16 de Noviembre de 1836. LU•o DE POMBO Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 590 BOLETÍN MILITAR que ae había estipulado la libertad de los detenidos por la con­juración det 25 de Septiembre, no se había cumplido. Bolívar babía concebido la fal a idea de que teniéndome en un ca tillo 6 (lestPrrado en Europa, podfa llegar más fácil m~nte al poder omnipotente que aRpiraua.. ¡Qué miserable eugaíio! Yo sufrí mi del-iticrro, dulcificatlo, es veruad, con la bené,-ola acogida que obtuve en Europa, y que jamás oh·idaré •, y Colomlli· se­guía ex¡wrimentaudo IlUc\·as agitaciones y tra tornos. El Ge­neral Uordoua se alzó en Antioquia contra la autoridad de Bolh•ar, y 8llcnmbió á pesar de Ru m hre de 1829, y ~eg·uiclauwnte :se constituyó Estado ~oberauo; el E ·uador hizo lo mi mo luégo. Los pueblos todos manife tarou un odio mortal al proyecto <1~ monarquía que el Oon~ejo de Gobierno había. acordatlo en ogot{t en Sep­tiembre de dicho ano, pr ... via iut ligeucia con los 1\lini tros ex­tranjeros de Francia~, de Inglat~rra. Colombia fue de ·apare­ciendo poco á poco, {t impu1Ros de la opinión y ta los ciudadnnos. En Nueva York fui obsequiado en püblico como no lo hab(u sido hijo alguno de la antigua Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .Paso del Cuento •col~rad1s 0 La Florida :BOLETíN MILITAR o • = o i 4> ~ o ¡ • Sahonttll osuratá o Matanza IS i o ... = 0 La Baja 591 á Mutiuua J P •mpl111a Rie áraba Teatro de la guerra en el Norte Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. &92 BOLETíN MILIT A.R Teatro de la guerra en el Norte DISTANCIAS C"chirf i Surntli .....••• :S leguas Surat4 á Matanza ...•• 1 i .Matanz:l i Ducararnr1nga 8 Bu cara mangn á Rionegro 5 Rionegro á Matanza ..... 5 Matan u á Tona .......... 5 Tona ! Bucaramanga .... 6 Tona ' Vetas............... 4 Vetas á Sumtá ............ . .. Vetas á Mogorontoque .... . Tona á l\fo~orontoque ... .. Suratá á Pe.cadero ...... .. Bucaramang& ·á Pescadero Bucaramauga al Tau i~t zo Rioncgro al Tablazo ....... 4 7t 6i 10 10 . 7 8 legul\8 "Igualmente desierta y solitaria es la vasta porción de tierras montuosas que pertenecen al cantón de Bucaramanga, · desde esta orilla para el Norte hasta el espinazo de Las Jurisdicciones; país regado por multitud de torrentes y catorce nos que bajan de las serranías colosales del Oriente, despeñándose al Lebrija . .Entre Jos complicados estribos de esta serranía quedan Rionegro, ceñido y como aislado por selvas de majestuo a belleza; 11atanza y Suratá, situados sobre la hoya del río así llamado; Tona, bañado por los hielos del vecino páramo; y finalmente, Baja y Vetas, solares de antiguas minas de oro y pla a. "Hay entre Bucaramanga y l\1atanza casi ocho leguas de fragoso camino, yendo siempre p r las riberas del Suratá, que rom­pe sus aguas contra las peñas y ensordece con el perenne ruido. Al principio es la marcha por el llano de Bucaramanga hasta la cortadura del río '1 ona, de de la cual en adelante avanza el ca­mino por la hoya del Suratá, estrechada entre cerros revolcados por las avenidas de este río, que n·coge las aguas vertientes de los páramos Rico, Santurbán, Angostura y Botija, formando en el in­vierno crecientes desastrosas por su volumen y velocidad. A tre­cho~ se anda bajo la sombra de caracolíes y arbustos cargados de olorosas flores, entre frescor y verdura; á trechos por descampados ardientes, sin vegetación ni abrigo, empobrecida la tierra por el irracional sistema de incendiar matorrales para limpiarlas." ANCIZAR • A la fe ·ha la mayor pttrte de esas tierras está convertida en dehesas para ganados y plautlo de café-L. D. BOGOTA-IMPRENTA NACIONAL Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 151

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 156

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lftO IV Bogotá, Junio 16 de 1900 NUM.'156 __ ,. . ......, __ ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIRJ:CTOR AD•HONOREM, FRAt~GISGO J. VERGARA y V. General. Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los J'rf~s y Oficiales de1 Ejército de la Reptiblica . OFICIAL :CEOitE~O Nt1 :m O .. :CE 1900 (6 DE JUNIO) por el cualAe organiza una Compañía especial de jnfantería El Presidente de la República DECRETA. Art. 1. 0 Organizase en esta. cintL el nna Compañía de in­fantería, que se denominará La Vni6n, y se co~npondrá dejó­vene voluntarios que sepan leer y escribir) hasta en el núme­ro de ciento cincuenta. Art. 2. 0 En e ta Compaílía, dada la calidad del personal gue habrá de componerla, y por cuanto no durará organizada sino mientras termine la presente guerra civil, se pagarán loa siguientes sue1dos: . Oapitáu, Comandante de la Uompaíiía, el ele primer Jefe de Batallón ; . Teniente, el de segundo Jefe de Batallón; Subtenientes, cada uno ........................... $ 100 Sargentos primeros, cada uno. . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . 80 Sargentos segundos, cada. uno . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75 Cabos primeros, cada uno...... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 70 Cabos segur. dos, cada uuo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 65 Soldado , cada uno. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60 Art. 3.• Los individuos que quieran prestar sus servicios incorporándose en esta Oompañía, deberán solicitarlo perso- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 722 BOLETfN MILIT A.R nalmente en el Ministerio de Guerra, y comprometerse á. es­empeñar cualquier servicio que e les imponga. ; En caso de marcha es entendido que el Gobierno no les suministrará. bagajes ni monturas. Art. 4. 0 Nómbrase Comandante de esta Compañía a l Sr. Gerardo Pulecio, á quien se autoriza para nombrar los Ofcia­les inferiores, dando cuenta al Ministerio de Guerra pam su aprobación. Art. 5.o El Ministerio de Guerra pondrá á órdenes del Jefe de la Compañía el local para cuartel, el armamento y el ve8- toario del caso. Art. 6. 0 La Compañía tendrá un Habilitado especial, que devengará el sueldo a~ignado en este Decreto á los Sarg tos primeros. Art. 7.o La Oompañía La Unión dependerá exclusiva en-te del Ministerio de Guerra. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 6 de Junio de 1900. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIA1f0A 1 • • . SOBII.E CIRCULACIÓN DE TARJETAS TELEGRÁFICAS POSTALES ENTR.E :.os HABILITADOS D.E LA CAPITAL c~manáancia en Jefe del Ejército-.Bogotó, Junio 8 de 19oo La Comandancia en Jefe del Ejército, teniendo en cuenta las dificultades con que tropiezan los Habilitados de la guarn"ción para cambiar billetes grandes por pequeños; considerand que el cambio de unos por otros presupone fuerte gravamen para el Tesoro, que debe evitar e en cuanto fuere posible; cou ideran­do que en el Estado 1\Iayor general existen obre 280,00 tar­jetas telegráficas postales del Yalor de 10 centavos á 1, rre­glada. s como tiquetes de cambio por la extin~uida In peeción del servicio de plaza; considerando que la Habilitación del Ouartel general puede servir d<~ oficina rle cambio pa la mencionadas tatjetas, si para ello se cuenta con los fondo~ ne­cesarios; y, en fin, teniendo en cuenta que con tal objfto el Ministerio de Guerra ha situado una fuerte suma, en billetes del Banco Nacional, en dicha Habilitación, en prueba de que estima conveniente la medida que se trata de tomar, RESUELVE l.o Permitir que el Habilitado del Ouartel general cambie á los Habilitados de la guarnición, por las mencionadas tarje­tas telegráficas, debidamente reselladas, los billetes grandes Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 723 qme reciban en ]a Pagaduría Central, á fin de facilitar el pago dro haberes y raciones. Dicho cambio se hará en cada semana en1 la proporción y cantidades que determine la Mesa de Con­talbilidad del Estado 1\fayor general ; 2. 0 El Habilitado del Cuartel general cambiará en su ofi­cima y á su presentación, por billete del Banco Nacional, las mooncionadas tarjetas telegráficas. Tal cambio se efectuará to­dols los días uurante una hora por lo Ineno¡o;, y de él se encar­ga¡, rá exclusivamente uno de los Ayudantes del Habilitado del Cwartel general, á fin de que lo intere ados no hallen tropiezo en la conversión de las mencionadas tarjetas por moneda legal. El cambio de que se trata en este inciso principiará á las 2 IP· m. de lo~ días no feriados ; 3.0 Los Habilitados de la guarnición pueden pagar haba­re y raciones en las mencionaía en la despensa 18 rrobas de carne de muy bueua calidatl. En despensa separada e bailan las papa , pauela, plútano , granos, etc., eu cautida­les n fici u tes, y e u otra. la l •eh e qne so con u me diariamente. E do e."pen rs que el lini ·terio de Guerra ordene la con trncción de un p quoiio pal>cllón para las operaeiones qui­rúrgicas que s practican con frecnenci: , p~ ra ai lar á los en­fermos operado y ponerlo· en mejore· c~oudiciones higiénicas, fuera do la. i uflnencias patoo·é nica. de las emanaciones de las cnfermerí~ s; allí podría peruoctar no practicante para in vigi­lar al operado y segnir la iudicacione lel cirujano. Creo que para ste pabellón, pedido por el Sr. Cura., Dr. Forero1 despachada por ia Farmacia uel I)r. Abraham Ap~ricio, y entregadas al Sr. Cabrera para su re-mlsión. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 595 50 llfarzo 15-Factura de drogas cmnpradas en la Farmacia del Dr. Abrallam Aparicio, para re­mitir al Ejército 'lel .1. orte en .Pamplona; fueron llevadas por el Sr. Miguel Arbeláez, adjunto á la ambulancia del Norte, en compañía del Sr. Daniel Ortiz ... - . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3,297 50 Afarzo 16-Drogas despachadas por Buendía y Herrera, para el Hospital de Ibagné, y entrega­das al Sr. de La Cuadra, comí ionado por el Go-bernador ........... -.... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1,609 50 llfarzo 17-Factura de drogas para las fuer­zas aeantonadas en Villa.vicencio de pachadas por García 1\fedina, y entregadas al Mayor Moisés Ortega Lleras . .... . ...................... . _... 655 70 1J.larzo 17-Factura de drogas para el Hospi-tal l\Jilitar ele Zipaquirá, despachada por García Pasan ..••... _ ... * 17,682 65 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 728. BOLETíN MILITAR Vienen ............ $ Medina & O~, y entregadas al Dr. CarJos Aguirre PI ata .•........................................ Marzo 27-Para las fnerzas antioqueñas á ór­denes del General Lesmes, y remitidas con el Oo. ron el Miguel Murillo.. . . . . . • . ............... . Abril 7 -Factura despachada por García 1\le­dina & O.•, para la Divisi6n Holguín, y entregada al Médico Elisio Valdés ........................ . Abril 11-Factnra despachada por García Medina & o.a, para la . fuerzas .acantonadas en 1\fediua, á órdenes 'del G~neral Jesús García; fue­ron entregadas al Comandante Geranlo M el o .... Abrilll-:Factura de drogas despachadas por García ~fedina & o. a, para la fu rzas de Villeta, y remitidas al Jefe Civil y Militar .... . ........ . .A.bt·il 16-Factur.. de pachada por Garoía Medina & c.•, 1 ara el Ejército del Norte, según el telegrama en que las pide el Dr. Pntnam . .... .. .Abril19-I aia el Ejército d l Norte, según factura del r. Putnam, despach .. d~~ por García Mediua & 0.", y remitida en un convoy eu\iado por el Mini terio de Guerra ................... . .A.b'ril 30-Para el Ej rcito antioqueño en el Norte, factura de droga despachada por García Medio a & O.~, y remitidas con el Coronel Baena .. Mayo 4-Por factura de drogas compradas á Buendía y Herrera, para el Hospital de Guaduas, y entregadas all\Iédico Julio Uricoechea ....... . . ill.ayo 23-I.,or las drogas de. pachadas por García 1\fedina ... u.•, egún factura, para la guar­nición y 1Io8pital de Villeta, y entregadas al r. Daniel Gaitán . _ .... _ . . . . . . . . . . . ............ . Mayo 23-Por las droga despachadas por García 1\'Iedina & C.a, para la fu rzas acantona­das en Villaviceucio, y entregadas al :Mc: .yor Moi-sés Ortega Lleras ........................ _ .... . J1¿nio l.o- or las drogas para la División Bolívar, despachadas según factura por Buendía y Herrera, y entregada~ al Dr. Bernardino Vargas Junio 5-Por la drogas compradas á Barbe­ri y Durán Borda, para la Di visión del General Ospina Ohaparro, que marchó al Occidente, y en-tregadas al Dr. Ricardo Uricoecbea. _ .......... . Junio 5-Por iu trumeotos, hilas algodones, etc., comprados á García fedina y entregados al Pasan ............. $ 17,682 65 552 80 387 60 1,131 80 372 80 525 70 1,949 60 2,560 2;724 1,038 70 484 20 282 40 770 50 1, 796 .. 32,208 65 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR Vienen .....••..... 8 Dr. Ricardo Uricoechea, 1.Iédico de la División del General Os pina Chaparro ..................• .Además ele las partidas anteriores, se com­praron las siguientes drogas que se han ido dis­tribuyendo proporcionalmente á las diversas Am· bulancias: El día 4 de Abril se compraron al Sr. Pablo Díaz ocho libras y tres cuartos de algodón yodo-formado ........................... . . - .... . .. . El día 10 de Mayo se compraron al Sr. Moisés Angulo ochenta onzas de sulfato de quinina, á $14cada. una .......•......... . .... ·····---· J 'u,nio 5-Pagado á la Farmacia del Dr . .Abrabam Aparicio por las drogas y recetas des­pachadas para los presos politicoo pobres del Pa­nóptico, según convenio hecho con el Ministerio de Guerra .....•............•....••...........• Suma total. ........... e 129 32,208 65 337 80 122 50 1,120 .. 52 30 33,841 25 Bl Inspector en el servicio médico científico militar, LIBORIO ZERD A. -··- SECCION DOCTB.IN AL La bravura es una cualidad tan indispen able á los milita­res, que sin ella casi es impo ible que el hombre pueda per­manecer bajo banderas. Esta virtud no es natural : ella se adquiere desde la edad más tierna, y se desarrolJa á menu­do hasta el punto de convertirse en una ciega temeriuad. Ciertamente antes de arribar al mando de los ejércitos, el Ge­neral habrá podido, por el hábito de los peligros y de los aza­res, destruír los últimos gérmenes del temor y la debilidad, r cibidos de la naturaléza; habrá, in duda, mostrado varias veces su bravura persona] ; así pues, no entra en nuestro plan aquí tratar de inspirar el valor al General, sino solamente mos­trarle el empleo que debe hacer de él. "Bl valor, dice Iviontaigne, tiene sus límites, lo mismo que las otras virtud e , los cuales una vez frauqueados, se está sobre la peudiente del vicio, de mauera que el valor se expone á con­vertir e en temerión, berilio mortalmente en el ata­que de Roma, ordenó que se le cubriera con un manto, á fin de sustraerse á la miraua · ue u soluado , que nada ~abían del accidente ocurrido á su General ; e .~ notorio tam l>ién que él mismo respondía á lo qne pa auan á.~ u inmediación, inquirien­do por su general : seguid, seguid, Bo,rbón se halla á la van­guardia. El abate Vertot refiere en su hi toria de las revoluciones de Portugal un hecho tan instructivo en este géuero, que viene la tentación de suponerlo imaginario. J\fulley Molluc libraba una batalla decisiva á .M.ulley l\lalwmet, su rival al trono de Marrue­cos; atacado repeutiuamente por una enfermedad mottal, se mnostra, sin embargo, á sn olrreno á vanguardia. En resumen, en el centro el combate no pasó de sim­ple é inútil tiroteo durante toda la jornada. Hacia las dos de la tarde los restos de los highlanders que no se habían movido después del fracaso de la mañana, fueron presa de inexplicable pánico. Entre la una y media y las dos el fuego de fusilería, que durante algún tiempo había sido bastante lento, de repente se encendió en toda la línea, y al mismo tiempo el terreno unido que ocupaba la izquierda inglesa cambió de aspecto. Un · granadero que del ala opuesta observaba por casualidad esa parte del campo, donde estaban los highlanders, como viese de golpe surgir torbellinos de polvo en la llanura, supuso que los boers salían de sus trincheras para atacar á los ingleses. Un oficial que estaba cerca de dicho sargento miró con su binóculo, y afirmó que la pol­vareda la levantaba la caballería imperialista, que tomaba el galope para copar al enemigo. En realidad lo que sucedía era que los highlanliers se p,:mían en salvo á toda carrera. La fuga fue tan es­pantosa, que ningún oficial pudo contenerla. Del montículo que ocupaba la batería montada podía vérsele arremolinearse al través del veldt (llano) como un enjambre de abejas, hasta que se p--rdieron de vista. A causa de este pánico las baterías rodadas quedaron sin Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 737 sostén en mitad de la llanura. Lo que acababa de suceder "era el espectáculo más triste que nunca ha presenciado un soldado inglés; un espectáculo inolvidable." * Aun cuando expuestas al fuego eficaz de los fusiles boers, las baterías inglesas se portaron con bravura y cubrieron de proyec­tiles las trincheras enemigas hasta que aquel fuego disminuyó en intensidad. Por fortuna parte de los Gord:ms, que apenas distaban I 30 metros dt las trinchtras enemigas *, permanecieron en su pues­to, y á pesar de la retirada general, no cedieron una pulgada de terreno, y contestaron con brío el tiroteo de los republicanos. La buena suerte de los fugitivos quiso que los boers no los acribillasen á shrapnels mientras huían. En ese momento llegó uno de sus jefes con una orden del General Methuen para los highlan­ders, la que más parecía súplica que mandato. Todo lo que el Ge­neral en Jefe pedía era que la brigada permaneciera en su puesto hasta la venida de la noche; pero aquella fuerza estaba tan desor­ganizada, que el portador de la orden (que era de la misma) no pudo hallar un sol<> oficial que le ayudara á comunicarla á los dis­persos soldados. Verdad que no era poco pedir á lo<; highlanders permanecieran aún expuestos durante cinco horas al mortífero (?) fuego de los de­fensores de la trincheras, á pe ar de lo cual la tropa se reunió al toque de cornetas y cornamusas, y los restos de la brigada, recogi­dos por los Scots guards, volvieron cerca de la artillería, en punto donde no estaban expuestos al fuego de fusilería que chisporrotea­ba en la c:ima de los kl)pjes. En el ejercito inglés se creía que á la entrada de la noche la guardia iba á cargar á la bayoneta, apoyada por el grueso de los Gordons, y se repetiría lo sucedido en Modder River, es decir, que los hoe'rs evacuarían sus posiciones ante dicha carga. Los corres­ponsales dudaron de tal re ultado "á causa del serio obstáculo que formaban las redes de alambre, aun cuando los granaderos se ha­brían lanzado ciertamente al ataque sin cuidarse de las balas, para abrir el camino á los demás. Sin embargo, la suerte dispuso lo contrario, y debemos darnos por satisfechos de que se hubieran sal­vado de una destrucción completa tropas que se habían batido hasta entonces con tanta bravura." • Entre lo:; profesionales se habb temido mucho, de tiempo atrás, esta tenden­cia á prorlucirse pánil!os en las bat:lllas morlern11s, y pl)r eso en este semanario ee llamó tánto la atención sobre el particular antes de que estallara la presente guerra civil. • El famoso Ju~m de Bloch afirm6 (tomos 1 y VI): "A fuerzas iguales puede dejar~e acercar al asaltante h::tsta doscientos metros, pues bast:1 entonces á los defenso· res tirar los cinco proyectiles contenidos en el almacén de ·u fusil para anonadar á 6US adYersarios." También dijo que 100 tirado re ba~tabun para destruír en cuatro miOLltos una batería situada á 1,000 metros! La experiencia de la m!lyor batalla litltada hasta ahora en et Ttansvaal lo desmintió, como era de esperarse. 2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 738 BOLETíN MILITAR Hacia las 5~ de la tarde la artillería boer, que hasta ese mo­mento había permanecido silenciosa, rompió repentinamente su fu~go, disparando sobre las cajas de municiones de las piezas ingle­sas, las que se encontraban al abrigo de las balas de la fusilería en un pliegue del terreno. Ese inesperado cañoneo fue el golpe de gracia para los high­landers: apenas estalló el primer shrapnel boer, cuando los restos de la brigada Wauchope, presa nuevamente del pánico, huyeron hasta dar con las ambulancias: esta vez ya no podía pensarse en volverlos al fuego ; la dicha brigada se habh dispersado de un mo­do irremediable, dejando de existir como unidad combatiente. En tales condiciones el asalto nocturno habría sido una teme­ridad por parte de los ingleses, porque los highlanders no podían ya ni aun guardar su propio convoy, y la guardia, á la cual perte­necían los Coldstreams, que habían peleado recio durante el día, nu habría podido cargar sino en el caso de contar con un sostén. La batalla estaba, pues, perdida por parte de los ingleses, cuya artillería disparó sin cesar durante veinte m in u tos para cu­brir la retirada, y la batería de grueso calibre, para cerrar el drama, disparó una descarga de granadas con lydita, que hizo temblar el suelo. La artillería fue, pues, Je gran provecho á Lord Methuen en esta jornada, en la que estuvo en acción casi durante trece horas tirando, término medio, algo más de mil proyectiles por batería, ó sea unos 170 por pieza, lo que justificó la doctrina alemana del nuevo reglamento del arma, que señala 200 como dotación ordina­ria de cada cañón de tiro rápido para una batalla. Cuanto al globo cautivo de la sección de aero táticos, hizo varias ascensiones en el curso del día, con duración de uno á diez minutos, sin provecho bien marcado. En esta batalla, como de ordinario, cierto número de tira­dores boers escogidos se ocupó en apuntar especialmente á los oficiales ingleses. Un soldado del batallón 3.0 de los Seajorth High­landers, que cayó herido en esta jornada, contó lo siguiente: "Vi á un boer de aspecto alemán, correctamente vestido, con calzado muy limpio, que se paseaba con un cigarro en la boca, y escogía mucho el bulto á que apuntaba. Estaba solo, y con frecuencia se servía de un binóculo para mirar los oficiales y hacerles fuego. Como yo tenía un brazo roto, no pude usar contra él mi fusil." "En nuestras filas-escribía un boer-la brillante victoria que acabábamos de obtener no produjo exaltación alguna; un pro­fundo silencio sucedió á la terrible experiencia del día." A pesar de su fr:1caso, las tropas inglesas pasaron la noche en el campo de batalla; los cuerpos de la guardia establecieron su vivac sobre sus propias posiciones, pero prolongándolo hacia la iz­quierda, para ocupar el terreno abandonado por los highlanders. Al­gunos soldados de dicha fuerza se adelantaron por la noche hasta mu¡ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR f39 cerca dtlas trincheras boé"rs, y pudieron observar que éstos se entre­gaban á sus habituales libaciones de ginebra. La lluvia de la noche anterior resultó menos desagradable que el frío penetrante de ésta que seguía á la batalla, de suerte que se estimaron dichosos quienes tuvieron una manta para abrigarse, pues fueron muchos los que durmieron sobre el duro suelo. "Pen­sábamos con tristeza, dice un corresponsal, en los numerosos heri­dos que yacían en el campo y á los cuales fue imposible recoger esa noche." Empero, debe hacerse justicia al servicio de sanidad, que cumplió bien y valerosamente su deber: uno de los médico3 pereció sobre la línea misma de combate, mientras allí recogía heridos. "Cuando una batalla dura hasta la llegada de la noche, inevitablemente quedan en el campo algunos heridos, por cuanto escapan á las investigaciones de los camilleros." El cadáver dd General Wauchope no se halló h¡:1sta la mañana del r 2, bien que hubiera perecido en la noche del ro al I I. Muchos heridos per­manecieron veinticuatro horas sin auxilio alguno: jefe hubo que cayó tras un matorral á las 7 de la mañana, y no se le halló hasta el siguiente dfa á la 1 ~' ósea estuvo sin socorro durante treinta horas. El silencio de la noche fue turbado pronto por los gritos de los cafres, los chasquidos de las fu tas y el sordo rumor que produ­cen las ruedas de los furgone,:,. Era que los convoyes ingleses se replegaban rápidamente obre el río Modder, á fin de anticiparse á las tropas, cuya retirada debía principiar al amanecer. Al nacer el 12 los boers rompieron otra vez sus fuegos, que la artillería inglesa c:ontcstú sin demora; pero ese combate sin efec­to duró poco, pues á las r r principió el repliegue sobre el Modder. En el acto en que los cañones ingleses s pusieron en marcha el enemigo aceleró sus disparos, y los que se retiraban fueron el blan­co de una lluvia de proyectiles que las piezas que cubrían la r~tira­da no pudieron dominar. "La brigada de la guardia estuvo mao-­nífica: á pesar de tan tremendo fuego se replegó en perfecto orde~1, como si sólo se tratara de una maniobra en H yde Par k." * Después de medio día hubo una suspensión de armas para que el servicio de sanidad cumpliera su lúgubre tarea : los carruajes ingleses fueron hasta el campo boer á recoger sus heridos, varios de los cuales se hallaban en las trincheras enemigas, y durante ese ar­misticio la conducta de los boers fue irreprochable, no obstante un incidente que pudo producir desagradabilísimas consecuencias: á lo¡ sirvientes del cañón de marina no se avisó el armisticio, y rompieron el fuego precisamente contra las ambulancias inglesas, cuando esta­ban en las líneas enemigas, pero por fortuna se le pudo hacer cesar • O los boers no son los famoso tiradores que nos pintan los periódicos, 6 el fusil de calibre reducido es un instrumento muy mediano en el combate cuando esta operación no costó á los ingleses centenares de bajas. Parece que ambla coaaa son v rdad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 740 BOLETÍN MILITAR casi inmediatamente. ''Este incidente hará ver que no somos infali bies, á pesar de lo cual siempre estamos listos para censurar á los boers cuando han incurrido en análogo error."-1'he Morning post. Las pérdidas de los ingleses las resumimos en el siguiente cuadro: OFICIALIDAD TROPA CUERPOS .,., 0'2 U> "" .;,. ~ e:> e:> e:> ~o """ .... ~ .,-::l -~ ... - 4.> .,u = = = '-------- :=rl = = A~ -- ---- Caballerfa (lanceros) ........................ . ........... ... ... 6 24 .. . Artillería .•.... ...... ........ ...... .. .................... . ... 2 .. 7 .. . Batallón 2.0 Royal lli~hlande rs . . .. ......... , ..•. 5 11 70 203 68 Batallón 2.• Seaforlh Righlander s .... .............. 5 7 44 137 22 Batallón l.• Argyll and Sutller·land 1/ig hla nder s ... 3 4 23 69 2 Batallón 1.• Gurdo11 Hig hlanders .• ..• , .. ........ . 3 2 6 33 Batallón Highland Light i n/alllrí .. . .......... . ........ 2 7 12 59 6 Batallón 1.0 de Coldslream g uards ....... .. ....... ... 6 1.) 42 5 Batallón 2.0 de Coldstrenm guards .. . ............. .. 1 ... 2 22 1 Batallón Yorkshire Liglit i1ifcmtri ...... ... ........ . ... ... ] 10 .. . El resto de la inf nter{a (7 cu er p os) . .............. 3 2 3 8 ... ~====================~T==o t=a=lg=e=n=e=ra=l.=.= .. = .. = .. = .. : .. ===9=i=.l====~• E. M., etc ..... .............................. ...... ..... 2 5 ... .. . .. . ----· - · - - 24 45 18~ 616 J 04 Las pérdidas de los boers no son conocidas con detalles. En Magersfontein las fuerzas en lucha se diferenciaban poco: á lo sumo 12,000 ingleses con 22 cañones, y ro,ooo boers con 10 piezas de artillería, por lo cual, si prescindimos de las pérdidas produ­cidas por el combate de la noche, tendremos que en un día de bata­lla, con armas modernas y lucha cercana, apenas se produjeron de 6 á 700 bajas, ósea á razón de 50 por hora término medio, lo que pre­supone el ~ por 100 cada 6o minutos, resultado que por lo mismo anula y reduce á la nada no pocas de las teorías escritas en los últi­mos años sobre la batalla moderna. Conforme lo dice Painvin, es muy difícil criticar juiciosa­mente una operación militar cumplida en sitios distantes cuando aún se carecen de todos los datos del caso; pero las impresiones de un vencido, escritas á raíz del hecho, indican siempre el estado moral de la tropa después de la derrota, y por lo mismo debe ser conocida la carta escrita el 13 en Modder River por un oficial de la guardia: "Partímos, libramos la batalla y estamos de vuelta derrota­dos, cuando en mi concepto pudimos envolver al enemigo y ani­c¡ uilar sus fuerzas. En vez de obrar, hicimos lo que es más funesto Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR en la guerra, no hacer nada, y nos hemos retirado por añadidura. El General no ejecutó las grandes operaciones que todos esperá­ban1os, y ha perdido la confianza de la tropa. "El ro dejámos el campo para efectuar una marcha noctur­na: ahora bien, cuando se marcha de noche no puede ser sino con un solo objeto: el de sorprender al enemigo. ¿ Y qué fue lo que hi­cimos? Dc.sde meJio día plegamos bs tiendas, á la vista del enemi­go, p/ira que supiera que nos íbamos á poner en marcha; después adelantámo la artillería á que cañoneara la posición boer para dar al enemigo segundo aviso de nuestros proyectos, y por último, antes de abordarlo, le dimo tiempo para que se rehiciera de los efectos del bombardeo, si algunos produjo éste. Hl\llás tarde se nos informó que nue~tra brigada debería po­ner e en marcha una vez entrada la noche, á fin de esguazar el !VIodder por vado y vivaquear en su rilla Norte; allí debíamos descansar hac;ta la una de la mañana, y en seguida cargar sobre la posición bocr. "¿Por qué no pa ámos el río en pleno día, cuando el vado apenas di taba una milla de nuestro campo, y el enemigo no podía observar tal operación? Lo ignoro. ¿Que sucedió? Como era difí­cil por l.. oscuridad distinguir las piedras que debíamos pisar para cruzar el río, la operación, para nue:;tra ola brigada, duró dos horas, y la mayor parte de los soldados se mojó en e la hasta los hue­so . Consecuencia de tal demora fue la de que no pudimos entrar al vivac sino á las ro, principió á llover entonceg, y volvimos á partir á la I. La noche era oscurí ima, y á poco de movernos ~u­pimos que nos habíamos extraviado; la cabeza de la columna ha­bía desaparecido en las tinieblas, é ignorábamos dónde estábamos. "¡Y así es como un General lleva sus tropas al asalto! Al cla­rear el día oímos tremendo fuego de fusilería hacia nuestra izquier­da: parece que la brigada de los Highlandtrs, marchando eri quater column, se e tre1ló obre las trincheras enemigas cuando me­nos se lo imaginaba, lo que naturalmente le ocasionó enormes pérdidas. Cuanto á nosotros, ignorando lo que sucedía, no pudimos movernos en su socorro: nos desplegámos y llegámos sobre las po­siciones del enemigo sin ver otra cosa que una fila de alturitas, ni oír sino un vivo fuego de fusilería. He oído decir que en estos momentos los hí'ghlanders, á quienes fue imposible reunir, atacaron varias veas, y en ocasiones po,~ grupos tan solo de 20 Ó 30 hombres, las posiciones boers, por lo cual todas sus intentonas fueron rechazadas, pues el enemigo e taba muy bien atrincherado. Nosotros~ entre tanto, tendiclos en tierra, nos entreteníamos en observar los efectos de las gr· nadas cargadas con lydita. "Aquí, como en l\1odder River, me llamó especialmente la atención que no recibíamos orden algun/l. El jefe de la batería mon­tada nada sab1a sobre la marcha general del combate, é ignoraba qué objetivo debían batir sus fuegos: se redujo á disparar sobre los pun- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR to! que le parecieron más dignos de ser atacados. Al venir la noche dicha batería se replegó y vivaqueó con otras tropas en el revés de una colina. Se suponía que el enemigo había sido quebrantado de un modo serio, y evacuaría la posición esa noche como lo hizo en Modder River. A la mañana siguiente se sospech0 que los boers no se habían replegado, y entonces nuestro General creyó que lo mejor era reconocerse vencido y batirse en retirada.* ¿Por qué no intentámos envolver al enemigo por uno de sus flancos ? No lo sé. ¿Por qué no permanecer á lo menos en las posiciones ocu­padas y seguir bombardeando al enemigo? También lo ignoro. El General mandó enviar algunas granadas á los boers, y como és­tos respondieron con energía, nos replegámos más que de prisa, pero en orden, á nuestro antiguo campo, y dejámos al enemigo en paz para que reforzara sus trincheras y se regocijara de su victoria. lt is monstrous!" La carta copiada no necesita comentarios, por lo cual dijo con razón el periódico inglés que la dio á la estampa: "La derrota de Magersfontein es el acontecimiento más grave producido hasta ahora en esta guerra. El ejército ha sufrido un rev;;s serio, en un momento en extremo crítico de la campaña." En efecto, el Gene­ral Methuen, cuyas tropas sufrieron gran quebranto en la jornada, quedaba en incapacidad de proseguir su movimiento ofensivo, se veía obligado á retroceder, á ponerse á la defensiva en Moder Ri­ver, hasta la llegada de refuerzos suficientes, y la liberación de la asediada Kimberley, que era su objetivo, resultaba aplazada hasta fecha desconocida. Y con todo, esa situación delicada iba á convertirse en favo­rable, porque los boers> en_migos de la ofensiva, resolvían, hacien­do el juego á Inglaterra, no sacar partido de su victoria, arguyendo "que no tienen soldados que perder, y un boer no se reemplaza, ·en tanto que á Inglaterra sobran los soldados/' precepto que puede ser todo lo humano que se quiera, pero que en el campo de la guerra y de los bien entendidos intereses de un país, no pasa de ser una herejía militar, cuyas consecuencias han palpado á la fecha los boers. Ambos partidos quedaban, pues, á la defen iva, y durante se­manas enteras la situación tenía que ser de estancamiento; de pérdida de tiempo, espacio y dinero por los boers, quienes se redu­cirán á fortificar sus posiciones y reavituallarse sobre J acobsdal, en tanto que los ingleses, dueños de un ferrocarril, pronto podían ob­tener lo que necesitaban para recuperar la victoria. Más tarde, con " U na batalla ganada es una batalla que el contrario cree h~tber perdido," decía Suwaroff. Y en todas partes-de ello aquí tenemos pruebas recientes,-aun vencido un ej€rcito, si el jefe resuelve no estar denotado, de diez veces nueve suya será la vic­toria, que en síntesis es cuestión de moral. Al contrario, por perseguir bicoca~, pue­blos en vez de tropas enemig s, ~it10 don.le hacer oratoria desperdiciando las oca­siones que la fortuna esr¡ulva no brinda sino d~ tarde en tarde, se pierden no ya batallas, sino campaiias de cierto resultado con un poco más de milicia y un poco melios de naidad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 14.8 esfuerzos inadecuados, en vano intentarán los boers copar las co­municaciones de Methuen: al contrario, por no sacrificar á tiempo algunos cientos de soldados, debí'an á poco tener que entregarlos por millares, en una capitulación que abrió las puertas del territo­rio patrio al invasor. La lección no puede olvidarla la táctica expe­rimental. EN EL COMBATE El batalló:-t obra aisladamente, ó formando parte ae una fuerza mayor. El jefe de un batallón aislado, ademá'> de las disposiciones que le corresponde ordenar en caso de combate, y de la conducta que debe observar durante la acción, ordenará también todo lo necesario respecto á la impedimenta*, los heridos *,la reserva de municiones, y tántas otras cosas de que sus soldados necesitarán después del combate (lo víveres, por ejemplo); á él incumbe hacerse cubrir por avanzadas, y dar las órdenes convenientes para la persecución del enemigo, ó para la formac· ón de una retaguardia; y por últi­mo, también le compete la redacción del parte de la acción, la ae la relación de las bajas y pérdidas de material, de las propuestas para recompensa , etc. cte. Cuando el batallón está reunido con otros, son distintos sus deberes, según que sea vanguardia, sostén, parte del grueso, reta-guardi :1 ó tropa de persecuci6n. . lmpórtale en estas diversas situaciones (que con arreglo al estado general de las co.:;as pueden exigir una conducta defensiva ó un servicio de expectativa, de demostración, de reconocimiento, ó por último, una ofen i\'a decisiva); impórtale, repetimos, en lo que respecta al mando de su batallón, cuidar con esmero de que su tro­pa esté constantemente bajo su mano, sin imponer á la indepen­dencia de las compañías otros límites que los absolutamente pre­ct~ os. Refiriéndonos á las eventualidades del campo de batalla, rara vez se emanciparán los batallones de la autoridad de sus jefes, á no ser en el caso de ofensiva y de retirada, por lo cual es útil indi­car aquí los medios convenientes para remediar, en cuanto cabe, este inconveniente. • Los carru,tjes de ~mbulancia y los de municiones deben situarse lo mlis cerca posible. Lo restante , más lej os á retnguardin, de mnnera que puedan circular en todas direcciunea, aunque sin obstruír los caminos. • Para las primeras curas se elegitán empl nzamientos en 1ugart!S cubiertos, lo m' cerca po ible del campo de batalloa, y que tengan agna en sus inmediaciones. Las casas situlldas dentro delalcauce de Jo proyectiles de la artilleda no eoavienen para recibir heridos, á no ser después de terminado el combate. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 744 BOLETÍN MILITAR Ante todo, no creemos sup~rfl uo manifestar que en un sim­ple combate expectativo ó demostrativo, y en la defensiva, ningún jefe de .batallón mandará con más ventaja que el que domina inte­lectualmente toda la situación, y que, lejos de dar órdenes contra­dictorias ó incoherentes, sabe hacer ver ( cowo lo demostrarán sus prescripciones) que tiene en su mente un objeto determinado y único, y que desarrolla hasta el fin las disposiciones que ha adoptado. La formación en que el jefe de batallón ha de llevar sus cua­tro compañías á la zona de los fuegos de la infantería, debe res­ponder al objeto para que las emplea, sin lo cual, aun en la situa­ción más sencilla, perdería en breve la dirección moral de las mismas. Por ejemplo, si solamente ha de contener al adversario, ó efectuar una demostración ó un reconocimiento, conseguirá, del modo más fácil, impedir todo empeño formal por parte de los co­mandantes¡ de compañía demasiado emprendedores, no comprome­tiendo más que una de éstas y ordenándole avanzar simultáneamen­te contra el enemigo por varios puntos á la vez. En semejante formación será muy dificil, aun para el capitán más audaz, hacer otra cosa que una simple demostración *. Y si sabe contener las otras tres c o mpañías (probablemente en masa en una posición á cubierto) ha ta el momento de etnplear­las, dispone entonces de las fuerzas necesarias para pasar, sin tran­sición, de la demo~tración al ataque decisivo. De un modo casi diametralmente opuesto debe proceder cuando su misión consiste en preparar con su batallón el ataque que han de emprender masas mayores, ó en reconocer á viva fuer­za la posición enemiga. lmpórtale entonces atacar vigorosamente el centro y las dos ala ( ó una sola, si Ja posición es muy extensa), y obligar al adversario á desplegar la mayor parte de sus fuerzas. En semejante caso, el jefe de batallón debe dirigir simultá­neamente varias compañías sobre puntos diferentes, recomendán- • El despliegue total de un:1 c-ompañfa en un extenso frente es siempre una formación poco propia para obtener re u ltados deci 5ivo ; mientras que, por el con­trario, conviene admirablemente para un reconocimiento 6 una demostración. Ha habido cas<'s, sin embargo, en que alguno com andantes de compañías ais­ladas han aplicado e. ta formación obteniendo sorprendentes rcaultados; pero sólo en el caso en que el movirniento iba dirigido contra un objetivo visible para todo• (como, por ejemplo, una granj<~, una \.att!ría , etc.l, y en que el comandante de la compañía era lo bastante Hfortunado para, termina d o el combate, disponer del tiem­po necesuio para reconcentrar su tropa bajo su mano. En general es conveniente recordar que, cuando se trata de una ofen i va for­mal, y que el enemigo se encu e ntra todaví.1 muy dist'lnte, e siempre una falta des­plegar fracciones enteras en un l a rga línea de tiradores. L os sold a dos así di pues­tos escapan á la acción de sus jefes, y ya no es posible, en se guida, emplearlos en una acción enérgica y uniforme . ¡Se quiere desplegar una tropa con el único objeto de diaminufr las bajas? Preciso es eutonces, para darle toda u fu etza ofensiva, indicarle de antemano un punto de concentración. En otras condi<'iones, nun la tropa más hiz a rra, desplegada sobJe un extenso frente eu los momento de la acción real, no s e rá capaz, por sí sol a, sino de una demostraci6n, y no puede tener el arranque necesario para una vigo­ro~& ofensiva, si no es por el impulso que recibe de las tropas qub la xefuen:an. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETÍN MILITAB f45 doles que conserven por lo menos un pelotón como sostén, y él, á su vez, se quedará con otra compañía á sus órdenes, para dirigirla sobre el punto que, con arreglo á la marcha del combate, le parez­ca más importante. Por analogía, en lo referente á la persecución, y cuando sabe que tiene á su espalda mayores masas, hará bien el jefe de batallón en ocupar un frente muy extenso, por medio de tres compañía~t, empleando la cuarta como sostén; y si, con el fin de envolver á un enemigo que se bate en retirada, se siente inclinado á servirse también del sostén, su conducta está en este caso plenamente jus­tificada, puesto que le siguen de cerca otras fuerzas que le apo­yarán oportunamente. En la defensiva parece que la tarea del jefe de batallón es in­finitamente más sencilla, y sin embargo no es así. Las mejorea posiciones han sido perdidas, ora porque los sostenes fueron em­pleados demasiado pronto ó demasiado tarde, ora porque se tomó la ofensiva fuera de sazón. Necesario es también aquí que eljefe, si quiere ser realmente dueño de la situación, se dé cuenta de antemano y claramente de la manera como piensa desempeñar su misión. Debe pesar loa medios de que disponga, y aumentar sus probabilidades de buena defensa mediante los auxilios de la fortificación pasajera y del campo de batalla, y la creación de abrigos, á fin de poner por todas partes el terreno del ataque bajo la acción del fuego más efi­caz: dará las reglas de tiro convenientes para dicho terreno, y las prescripciones particulares conducentes á asegurar el rápido em­pleo de los sostenes y toda la eficacia de los mismos al ser puestos en acción. No sólo debe evitar la mezcla de las compañías, sino ade­más facilitar á cada una de ellas la ejecución particular de su cometido (nada de frente demasiado extenso), y por último, reco­mendará que todas las peticiones de refuerzos (á menudo prema­turas) no sean acogidas sino con la mayor reserva. Cuando un batallón no ha de atender sino á la defensa de un frente de unos 300 ó 400 pasos de desarrollo, debe poder, por poco que las circunstancias se presten á ello, rechazar el ataque de frente de tres batallones, lo que no será posible cuando pueda ser envuelto por una parte de esos batallones. Si se halla expuesto á la posibilidad de un flanqueo, tam­bién está en las atribuciones del jefe de batallón el cuidado de pensar con antelación en adoptar medidas tales, que el enemigo, en su movimiento envolvente, encuentre los flancos tan capaces de resistirle como en un frente bien fortificado. A este resultado pre­cisamente es al que debe contribuír la formación de una reserva. Si, por el contrario, el frente por defender es de tal extensión con relación á la fuerza del batallón, que da al atacante la posibi­lidad de mo::;trarse con fuerzas superiores sobre varios puntos á la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLB~íN MILITAR Y.ez, es entonces doblemente importante sacar partido de todas las ventajas de la posición, é inducir al agresor, por medio de ciertaa medidas, á adoptar inconvenientes ó falsas disposiciones de ataque. Estas medidas son, en general, las siguientes: 1 .a El establecimiento de grupos de tiradores, apoyados por pequeños sostenes, instalados á cubierto, pero á su alcance, en los intervalos que separan á las fuerzas principales que permanecen concentradas en el punto más importante. Tiene por objeto esta disposición aparentar que la ocupación es más fuerte de lo que en realidad acontece; 2 ... La prescripción de romper el fuego sobre los destacamen­tos -enemigos, lo suficientemente á tiempo para ofenderles cuando todavía se hallen en orden cerrado, y obligarles así á desplegar de­masiado pronto. Para lograr este resultado puede ser conveniente destacar pequeños piquetes á 300 ó 400 pasos y aun más, al fren­te de la posición, resguardarlos en puntos convenientes y darles orden de no tratar de resistir á un empuje superior, sino que, por el contrario, en vez de esperar el ataque decisivo, procuren, reti­rándose, llevar al agresor en falsas direcciones, ó inducirle á dis­persar sus fuerzas en toda ]a línea; 3.a La cesación completa del fuego contra los tiradores del adversario cuando hayan tomado posición á 300 ó 400 pasos, con lo que se les atraerá á exponerse á un fuego más eficaz; 4·· La prohibición á los sostenes de dejarse ver antes del oportuno momento de su empleo, pues es preciso que el contrario no pueda darse cuenta de la situación de dichos sostenes. Con esto ae logrará muchas veces que apareciendo de repente un sostén en la línea de tiradores, consiga desconcertar el ataque del enemigo, aun cuando le sea superior en fuerzas. Con este último objeto es con el que se conserva el último sostén (cuando todavía queda alguna esperanza de rechazar un ataque), en orden cerrado á retaguardia de las guerrillas, hasta el momento en que el agresor emprende su ataque general y decisi­vo *· Pero si se prevé que no será posible sostenerse, no se esperará el último asalto, sino que, ó se hará (como lo acostumbran los fran­ceses) una corta salida (ataque) para engañar al atacante y retirar rápidamente las fuerza'l principales á favor de ese movimiento, ó se designará sin dilación el destacamento que habrá de so tenerse y formar la retaguardia. Los 30stenes se replegarán en se uida sobre un emplazamiento de recepción, haciendo que les sigan sus guerri­llas, las que se reunirán inmediatamente á retaguardia de la posi­ción precedente. Entonces procurará la retaguardia engañar al • Una carga de caballer!!t, ejecntad1 de improviso por el defensor, puede ser en este momento de impottancia decisiva; pero conviene no darla demasiado pronto. Un solo escuadrón podría introducir el deaorden entre los tiradores ea los instantes de su último ataque. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR enemigo mediante un fuego nutridísimo en toda la extensión del frente, y desaparecerá sucesivamente antes del postrer asalto. Pero si el batallón no es sino una fracción de las tropas en­cargadas de la defensa de una posición, el jefe que lo mande de­berá intentarlo todo para no comprometer el punto cuya custodia y defensa se le ha confiado; y si sabe calcular bien el empleo de las fuerzas de que dispon=, en la defensiva, sobre todo, es donde podrá multiplicar la importancia de las mismas.-(Continúa) VON ARNIM (alemán) ..... HISTORI~tt PARA LAS MEMORIAS SOBRE COLOMBIA Y LA NUEVA GRANADA (Continuación) 'El repo o y el orden, acompañados de la justicia y de la legalidad debíc u aniquilar el de I oti mo y la anarquía, y fun· dar el honor y crédito de la. ueva Or· nada; sobre el repo o y el orden debía fomeutars y extender ·e la in ·trucción pública, proteger ·e la agricultur,, avivar ·e el comercio, e timular e la in· dnstria, regularizarse la recaul s y . in r e . trieción al,.!.UIJa; t>ll otro ·, dt• po­jar á los 1\tagi ·trado. legítimo de ·u autoridad, ucender e la guerra civil, armar. e y combatir; y eu ca:i tollo ' entoqwcerse la acción del vertlaclero i terna repr lJltaUYo. To debemo8 de conoc r que el alejamiento roviía estallar la revo­lución: tomé las medidas convenientes para npr hender infra­ganti á los conspirntlore , y Jo habría logrado sin la fatal y la­mentable muerte dada á mi noble y buen amigo el Coronel José 1\ianuel Montoya.. El proce o contra los delincuAntes se siguió por lo, tt·ámi­tes legales, concediéndole tollo los recur "OS nece. arios para su defen a. El Juez de primera. iu ta.ncia, Dr. ! , 01 tu nato Gam­ba, pronunció sentencia de muerte, y el Trihunal Superior de .Apelacione , compue t de los abogados Dre . Vicente Azuero, Ezequiel Rojas y Oipriano Cuencn, la confirmó por los térmi­nos debidos. • El Tribunal, usando ele sus atribuciones, no so~ licitó conmutación de l· p na. para diez de los reos; y, según la. Constitución, el Poder Ej cntivo conmuta la pena capital sólo cuando la solicita· el Trilmnal que la impone. Los diez su~ frieron el castigo de la ley con iete más á quienes por su con­ducta anterior no juzgué que h conveniencia pública exigía la conmutación. Ooufieso que tuve que hacerme una fuerza supe~ riot p';lra no ceder á lo clamo re de las familias de ésto des • . graciados reos, y al espectáculo de 17 víctimas sacrificadas al o1•den, al honor y á la estabili
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 156

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 161

Por: | Fecha: 21/07/1900

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 66 Intendente general del Ejército de la República, con las atribu­ciones y deberes que detalla el mismo Decreto. Art. 2. 0 ómbra e Intendente leneral del Ejército de ]a Re­pública al Sr. General Rufino GutJé~rez, quien disfrutar á de la asignación mensual de quinientos peso , abonables por la Habili­tación del Cuartel gen~ral del Ejército ac~ntonado en esta ciudad. Comuníquese. \ Dado en Bogotá, á 1.1 de Julio de 1900. Por dele gación el Excmo. Sr. residente, El Ministro de Guerr MA UEL CASABIANCA - - LIDlliJ ll®®® (12 DE JULIO) ' . por el cual se confiere un ascenso El Presidente de la República CO SIDERANDO -Que el Genera l graduado Sr. Juan Aguilar ha prestado en todo ti e n po inte res ado y valiosos servicios á la República, ya exponiendo su vida en los campos de bata11a, ya-sacrificando sus intereses para o tener la buena causa; Que el General AguiJar, durante la actual revuelta, ha luchado con valor y den e o ejemplares en la penosa campaña del Tolima, DECRETA Artículo único. Asciéndese á General efectivo de Brigada al General gradu o Juan AguiJar. §. Dése cuenta al honorable Senado en su reunión venidera {;omuníques.e y publique e. Dado en Bogotá, á 12 de Julio de 1900. Por dele ación del Excmo. Sr. Presidente, El Mini tro de Guerra, MANUEL CASA BlANCA. -- ·~·-- @ a o •• liD~ JI.~®@ (1 3 DE JULIO) por el cual se honra la memoria de un valeroso Jefe del Ejlírcito El Presidente de la Repúhlica CONSIDERANDO Que el día 5 de los corrientes falleció en Bucaramanga eD General Víctor Alvarez, constante y heroico defensor de la buena causa; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 80LETIN MILITA~ '-y--' 67 Que en todo tiempo, sin omtttr sacrificios ni esfuerzos, 1el General Alvarez estuvo listo para ofrendar su vida en los campos de batalla, en defensa de sus convicciones, y el valer con que sabía luchar era proverbial entre !'Ll compañeros de armas; Que en la actual rebelió,J peleó como bravo en Bucaraman­ga y Palonegro, distinguiéndose e ambas acciones por su ejemplar valor y disciplina, DECRETA Artículo único. El Gobierno lamenta profundamente el fa­Ilecimieuto del General Víctor Alvarez, deja constancia de que la bandera de la legitimidad p·erde un irreemplazable servidor, y re­( C mienda al Ejército su patriotismo y denuedo, como dignos de imit· ción. §. Sendas copias del presente Decreto, con notas de ate•1 ión, ~se án. en viadas á la vi u da del finado, y al General,' Jefe Civil y .lMilitar de Santander. Comuníquese y publíqucse. Dado en Bogotá, á I 3 de Julio de I 900. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, El Ministro de Guerra, M. t'\UEL CASABIANCA ------ I!D~~~W]~:Q) JThiu 0 - - m> m 1l!ID®® (1 3 DE JULIO) por el cuar·a el rancho; y el excusador, Fray Juan Antonio Buenaventura, OJbs.eq uió mucho al Sr. GcnC'ral, Cuartel Maestre y sus Ayudantes. Yiemes 27 de Noviembre Salió la tropa de Cajicá á las nueve y veintitrés minutos de lm r.nanana, y llegó á las doce y cincuenta minutos del día á c:;sta v ' ill·a de Zipaquirá, sin novedad: no ha habido detención en el ca­mlirno. Día claro y sol muy fuerte. A las dos y media de la tarde h ttró una caja de guerra, una e pa( a, quince fusiles con bayo­ne .., y 'icdra , dos bJyo1 etas má , d s a '1etes, portabayonetas y e rtucheras con cartuchos, algllna con veinte, y una dos lan­za . S hi ier n diez prisioncr s, e1 tre t:l os uno que volunt ría­mente se ha presentado con su fu il l n n.itura . or nuc ua parte no ha habid > rná novedad que un anc r herido mort lt ente en en la cara, y otro de Chocontá en una ingle. Por extraordinario que acabé! dl! llegar de Chiquinquirá se sabe que las tropas armadas de ~!'unja han >cupado el puente e la Balsa, me.dia h::gua de aquella villa. Volemos á e carmentar á nuestros enemigoc;; llené monos de valor y de en tu ia m o para \ ol­ver á nuestros hogares llenos de honor y gloria militar; el campo se no presenta para volvernos h éroes. * * Boletín d11 noticias del día-Número •.1-3- 1111laj.:, ü de Dici•mbre de 1812 Felizmente ha salido falsa la noticia de haberse hecho pri)io­nero el Sr. General D. Jo é de Leyva. Ayer se ha recibido un oficio en que ~omunica ¡u llegada á Enemocón, el que entre otras co a-; dice lo siguiente: "Oficio del General Leiva, :~.1 Excmo. Sr. Pr e~idcnte Excmo. Señor: Anoche á las 9 llegué á e-;te pueblo de Enemocón, sin que antes pudiese lograr un momento ni proporción para participar á V. E. lo ocurrido desde el 2 en la noche. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 72 lETI ILI con nue~ ro que no e p c1 pense V. E. 1 'n4m ero 2 1•- Sa tajé, Diciemb 23 de 1812 e ad~ J 1 la l arg a enterm n o e t o 1 erft" w te · · 1• ciclo, han podido en- _ntimicntos de mi honor, y de mi amor á la patria. a punto de ser invadida y asaltada, me determiné á salir á c. nsa, . acri ftcanlívar): combate feliz de l\I. Cortés Campomanes con A. H.chu-tillo. 1812-0l•cja.~ (Bolívar): comb,ttc feliz de .M. Cortés C!i.mpomaucs con A. Re-bustillo. 1812-Guáimaro (Magdalen.:t): combntc feliz de P. Labatncl con P. Domínguez. 1812-Cispaltí (l3olfvar): combate feliz de ~ligue] ~arahaiío con T. Pa<"heco. 1812-Cerru de Scm Antonio (.fagdalena): comh,1te feliz de P. I..abatud con P. Do-mínguez. 1812-La Cié1wga (M gdalctl:t): com~ate feliz de P. L. batud con V. T.lleclo. 181 '2-Stm Jurzu ( ~hg (Cauca): combate feliz de G. Vir 'o con tropa ele )!. AymcnclL 181 ·~-Ctbollas (Cauca}: coll!b;,te feliz de G. \'ng-o uon ttop.t. \•e . l. . yn erich. 1814-T,\CJ. J::S (Cauca): b, tdla g,n:Jtla por A . .~...-aniiu á :\1. .\y .. crich p,.l-00 contra 2,000) ]<)14-Pilsto (<·j:clo) (Cnucn): Con!bate feliz de A. Nuiiio ·on P. Noriega. 1~1!-Cebul/as Cauc.tl: combate infeliz (tn.icióll le D. n.o db'' z) co 1 P. No1iega. 181/)-Barrrmquilla (l3olÍ\'nr) : combate infeliz de P. Rihón con V. ,C 1pm.¡ni. 1815-Mompós (ll >IÍ\'11): comb •• te infeliz de F. e ll'aU'Ill 1 COil l. L dl'll~ 181.3-0v~jas !1 'Jlowl omo (Cnuca): combate infeliz de P .. Ion·ah·c con A. Vitlan-rrázaga. 1815-EL P .\.LO (C,lllca): batall'l g.mada por J. M. Cau,tl á '1 lUI'lát.tbJ. (¡,300 > contta 1,~00). 1815 -Chimcí (Bolí\•ar : comb1te de•.gr, cio~do ele P. Rihón c•on .T lbv(1r. 1815-Santa Ana de Barú (Bolívar): combate de graciado de L. At~ry con .T. Ca-macho. 1815-Nechi ( \ntioqui tl: cot~bate cles;;raciaclo de P. Yillüpol t n V. S'inc1 ~ Lim:t. 1816-CIIIIH:: B yt<'): batalla ganada por J. Ricaurte; ·.e 7. d (J,L.JOcon-tra 2,300). • 1815-Balágula (S wt wal..tcio, con S. e 117., da. 1815-PUE::'oiTE DE CnJT\G,\ (Santancl·•·): b,tall,L >..:tdid ,o It. U! ¡,c;t, cc..~tra S. Calzada (1 ,000 contra 2,000). 1815-Boquilla (Bolívar): combate cle:grachclo de R. Ton, <'On F .. f. \lora es. 1815-La Popa (Bolíval'): combate feliz de~. Soublctte c•on J .. l. Viilavicencio. 1815-Tierm!Jomúa (U >:Í\':u): combatc llesgr.t<.; ,d., de lt. Toro e Hl F. J .• I H·,Jes. 1815-Ca.stillo det /lngc-l (BoÍ\' r): comh:1te feliz ele J. Zota con F. J .•• Jo ra les. 18t5-TO\I \ DE CART\GEN'\. (Bo11var): batall L po;!rdid.L por López y Palacios contra :\forillo (2.000 contra 5,000). 1816-.Alto de Cw:hirí (Santander): combate fdiz de C. G. Rorira e;ou S. Calz.~da. 1816-C.\CIIIRÍ (S:u:t ·nd~r): batalla perdida por C. G. Itovira contra S. Calzada (1,000 contra 2.100), 1816-C,ícuta (SantC~nde:): conbate deligraciatlo tlc J.,;\[. ~fontilh con F. J)¡,Jwtdo; 18lü-Ceja .4lta (A:1 tioquia): combate de graciado de M .. \. Lin res cou lt'. War­h! ta. 1816-Angostraa de Cm·are (Antioquia); combate Jesgr.tciado eJe l". Aguilar con D. Santacruz. 1816-Puso de Rionegro (Quetame, CnndinnmHca): comhate de!'graci:Hlo de:\!. R. Serviez con A. Gómez. 1816-Upía (Cundinl~t·utrca): combate desgraciado de~\[. R. Serviez con M. Lalc.rrc. 1816-San. Pablo (Cauc:a-Choc6): combate desgraciado de :\1. Buch con J. Bayer. J8W-Guacltiría (Boyacá): combate desgraciado de J. N. Moreno con ~I. Villavi-cencio. 1816-Retnyes (Boyacá): combate desgraciado ele .l. T. Pércz con N. mpueda. l!H6-CucHILt. l>F:r. 'l'A tno (Cauca): batalln. perdid:t por L. Mejía contra J. á-mano (800 contra 2,000). 1816 -La Plata ( Tolima): combate pertlido por L. l\fejfa contra C. Tolrá. 1817-Citire y Pore (Boyacá): combate feliz de J. Galea con .\1. Jim6nez. 1817-Ciwcoutú (Cunclinarn,\rca): combate desgraciado de Los Almeidas con C. Tollá. SEGUI'\DA FARTE-REACCIÓN Y VICTORIA 1819-Paya ( Boyacá): combate feliz entre F. de P. Santander y J. Tolri. 1819-Corralcs (Boyacá): combate desgraci':ldo entre J. Driceño y J. M. Darreiro. 1819-Puente de Gámeza (Boyacá): combate indeciso entre F. de P. Santander y J. M. Barreiro. 1819-PANT.\. o DE VARGAS (Boyacá): batalla indecisa entre Bolívar (2,200) y J. M. Barreiro (2,400). 1819-Molinos de Bow~a (Boyacá): comblte feliz entre Bolívar y J. M. Barreiro. 1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y--" 75 1819-Toma de Tunja (Boyacá): combate fet:z en r Bolívar y N., fontañés. 1819-Boyacá (Boyacá): batalla gan:ala por Bt:lí\'t•l' (2,800) á J. l\L lLneiro (2 ,600) . 1819-Guasca (C tndinamarca): combate feliz ent1e N. O.:pina y A. Pla. 1819-Gurmábano ( Canpa); combate f·liz P.ntrc .J. l\I. A!Yatf.'Z y P Domíngnez. 1819-Sall Jucmito (C.tUca): combate feliz entre ,T. Riconrte (2,000) y l\I. Hodrí-guez (35o). 181 9-R!ohac/w ( ~! · g elitr~ J. ?\I. Gómez y F. \-~ar1cta. 1820-C/wrroshlancos (Antioqnia): combatefeli:;o: c1 t1 .T •• 1. Córtl ha y F. \Var!eta. 1820-0cr¡ña (Santander): combate feliz entre F. C rmona y 1 " . .Táeome. 1820-Riohacha (:\Iagclalena): combate feliz ent1e f. ~·Iontitla y J. Solís. 18~0-Lu Pl·tla (Cauca); combatl' f~.;liz entre Jo t: .1: [ r¡ ·y .J. Domfuguc;r,. 1820-Laguna Salada (Magdalena): comb te ft.:IÍZ t.l tre ¿ I. fontill.1, y J. ~;ánchez Litm (·WO contra 2,000). 1820-Pn'\YÓ (Cauca): batalla g. nada por :.\J. V. l·lés (2,100) á ...... López (1,500). 1820-.Uajagual (Bolívar): combate feliz entre . Curl~.;l 1 y e. G Lll·rrero. 18~0-El Banco (~1agtlalena): combate de; p · p' r 1 (llt e• 1 . ~Iondozn y V. Villa. 1820-CIIIRJGU \ ·Á (\f:Jg Ntw•o (-:\Iagdalcrw): comhate f li:-: c.nt1't:. :JL l\lollti:ln y E. Dí•1z. 1820-1'urbaco (Bolívar): comhr.te de gr. ciado entre l . Aynla t1,000) y :\f. Val-buena (150). 1820-Río de la Fundación ( l\lc~gtlalcn. J: combate feliz entre J. .1. f. Carreíío y V. Sánchez L. 1 820-Riofrío ("l\[~¡oy (Cnuca): batalla perdida por M. ·v. ldés ( 1 ,000) contra B. Gar-cía (1,000). 1821-Boca riel Si111í (Bolí,rar): comhatc ti·l iz de ,T. L.1ra contra .T. Cándamo. 1S21-Popayrín (Canea): combate feliz de P. L. 'l'orn .. cuntr:l B. García. 1821-Cartagcua (Bolívar}: combate fcli:;o: de .T. p,Hiilla contra ntonio Quintana. 1821-/Jocacltica (Bolfv¡¡r): capitula con .M .• lontilla J. M. del Olmo. 1821 Quilcaré (Cauca): combate desgraciado de L. Infante con J. M:. Obando. 1821-PopayrÍl¿ (Cauca): combate feliz de P • . Murgueitio con ~1. M. C6rdoba. 182l-Jluleuci6n (Bolívar): comlH1tc inclec:i. o rle M. Montilla con G. Torres. 1821- S'rw Jurm ( Cauca): combate feliz de .T. Sardá con ~1. Caiialete. 1822-Bo:-.woNÁ (Cauca): batalla indecisa libmda por Bolívar ( 2 ,700) á D. Gar-cía (2,300). 1822-Pasto (Canea): ocnpaci6n de ln. ciudad por Bolívar (2,300 contra 1 ,300). ] !:i22-Pa. o del Uuáilara (Cauc·t): combate desgraciatlo de A. Obando contra J. B. Dove~. 1822-Taindala (Canea): batalla indeci.a eut re A. J. de Sucre (1,200) y J. B. l3oves (2,000). 1822-TAI..:DA LA (Canea): batalla itHlccisa entre A. J. de Sucre {2,000) y J. B. Bove (2,500). 1822-YACUA. QUER (Cauca): béltalla ganada por A. J. de Sucre (2,000) á J. B. Boves (2,500). 1822-PAsTo (Cauca): batalla ganada por A. J. de Sucre (2,000) á J. B. Bo~ ves (2,100). 1823-Santa Marta (Magdalena): combate desgraciado de Riux y Carmona contra F. Labarcés. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 76 BOLETIN MILITAR ~ 1823-La Ciénaga (Magd11lena): combate feliz de J. A. Reimbolt contra J. Busta-mante. 1823-Santa 11-farta (Ma~dalena): combate feliz de M. Montilla contra F. Labarc~s. 1823-La Cienaga C:.\.lagdalen ét): combate feliz de Carrnona (•ontra J. Bu,tamante. 18:¿;) Valled11par (:Magdalena): combate fdiz de C. 1.\.fend<~za contra P. F1, llo. 1823-V./adorcito (Magdalena) _: con1bate feliz de .M. Montilla contra N. I,ópez. 1823-Catambuco (Cauca): combg,te de graciado de J. J, Fl6rez contra A. Agua-longo. · 1823-PASTO (C<•lll'a) :, bata la indecisa d.e n. S '\lom contra A. Agualongo (1,000 contra 1,500). 1823-CATAMBUCO (Cauca): batalla indecisa de B. Salom cvntra A. Agualongo ( 1,000 coutra 1500). 1823-Berruecos (Cauca): combate desgraciado de J. M. Córdoba contra A. Agua-longo. 1823-TAUSAYA (Cauca): batnlla indecisa de J. Mire. contra A. Agualongo. 1823-Aranda (Cauca): coml.JiitE: feliz de Arévalo contra A Agualougo. 1824-Tambo pintado ( Cauca): combate feliz de C:tlcletón contra A. Agualongo. 1821.·-Bm·úacoas (Cauca): ('Omhate feliz de T. C. ~Iost¡uera contra A. Agualongo. 1824--N~c!tao (Cauc.a): comb nte feliz de J . M. Ub:mclo contra A. Agualongo el 24 de JnniL, y que pnede decir..:e fue el últitJIO de b. guerra de Pasto y la final derrota de la can3a reali-t.l en Colombia. III t•RESITPUES'.I'O GENERAL DJ! LOS GASTOS DEL DEPARTAMENTO DE LA GUERRA Suddos de lo empleados de la Secretaría y ga, to de oficina •.............. Sueldos de lo entplendos de los Estados Mayores de los Depaltamentos y gasto3 de oficina ...••........................... •. Sueldos de los <'mpleaclos de lo~ E. tados Mayores de artillería y gal'tos de l'>ficina Sueldos de los Generales, Jefes y Oficiales sin s:olo('aci6n... .... . ................•... Paga, Mayorín y \'e:tu. rio de las Cornpa­iiías de artillería .• _ . _ .•.•.......•..... ra·an ................. . 11,066 13,380 151,240 183,092 16,320 22,272 24-1-,000 210,8 ·10 290,240 327,188 712,866 :i37,372 13,380 ~51,760 22,272 178,680 327,936 7!H,028 • !'ara la mejor inteligencia de este cuadro debemos anotar: Los Estados Ma­yores departamentales numcntaron en el trienio de 10 que eran á u.; lo~ Estados Mayo­res ele artillería, de 4 á 8; las compañías sueltas ele esta arma, de zo á 26; los batallonea de infantería veterana, de 30 á 35; los de milicias (cuadros), ele IJ á 97; los escuadrone• (veteranos), de 24 á 2¡; los cuadros de caballería de milicias, de 20 á 82; los hospitale,, de 20 (calcul:ldos para s,ooo cnfamos) á 24j los caballos comprado~;, de s,6oo á 8,ooo; y la pólvora consumida representaba 3!- millones de cartuchos El ejército ele línea no fue menor de zs,ooo, y las milicias pasaban de to,ooo. Es decir, para sostenimiento del ejército patriota se gastaron no menos de $ 1 zo.ooo,ooo durante la magna guerra, y como el realista no debió costnr mucho menos, tendremoe una suma de 200 millones, ó lo que es lo mismo, cosa de 120 millones al año, término medio, computarla enlamo­neda actual. Y como al terminar la guerra la deuda pública ascendía á 103 millones, xesulta, agregando rentas, bienes expropiados, etc., que la Independencia noa costó Aobre 305 millones, que representa un desen•bolso de S 3o,ooo }>lata Cliarios, que por cierto nada tiene de excesivo. Poco más ó menos cantidad igual cuesta la presente guerra civil.. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR '-"y--" Vienen ................. . P. ga, M·tyoría y vestuario dP lo hatalloncs de iufantería de línea .............. . ......... . p, . .,.,., .r.yoría y ve:-;tnario de lo· escn;.dro­ncs de c:tb~lletía ...••.•. . .••..•...•.. St el dos y g11sto · de las oficinas de adminis­tr, tcÍÓI• militar. . • • .. • .. .... . .. .. .. ........ Sueldo., , g tstos de las oficin·t: ue Cnent.t y r. zón de artill erí· ....................... .. Paga erttc ·ho,, equipo y mmamcuto ........... . Suh;i:;tcnci lS (r.710 49,8H l3!J,.JS' 17,024 200,000 183,156 1 '1·SS,l S7 2J,Oul 3'7 1:,000 .39,030 5:1 48! !) 1.500,000 878,112 10,080 18 720 38::>,296 1J3.972 73,171 52,1.53 19,824 13!) 5 '8 17,021! 195,5·W 1·8'' .187 2;5,060 100,000 79, ~.)0 'i-U>82 1.900,000 9.ooo,a3 1 10.33!1,786 Tot:tl del tricr io en· ~3.879.·HO (Continuación) Recordará el lector que al definir la ofensiva y la defen­s iva, se proenra establecer alguna (listinción entre las los vvoce defensiva y deferu.;a. Jomini en este último párrafo la pone de relieve. La defensiva en graude, en conjunto, 6 lo qque e lo 1nismo, la defensa est,raté[Jica, no es tan favorable en hlas montañas como la defensa, tcktica, es decir, local, parcia l, s uce iva, de las fuertes por;iciones qun en ellas abundan. Un general, muy conocido por lo profundo y sentencioso dde s lenguaje, dijo, no hace muchos ailos, que se podía per­dder una campaña ganando todas las acciones. Continua y t triste aplicación suele tener este dicho á la guerra de 'montaña, t:tant p or parte del defensor como del a-gresor. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 78 80LETIN MILITAR "--y---" Cerraremos estas largas tn n cripciones, que ou e\yiden· temente uece:saria~ p .. ua imprimir autoridad. en materia tan ardua y .complt•ja, co11 los ,' iguieutes púrn fos eu qtw elun:smo J01uiui resnme hh' pri c1~.mles coudiciones y embarazos de la guerra de moutafi< : "Podría, d ~cir también qne en esta guerra, m~'i~ qn en cualquiera otra, se deh' tratar de hacerla. á la comu li~aciones del enemigo; en fin, que en e:to~ paises escabl'o ·o:-., bueuas ba~t'.' t mporah.·s, ó li11(~, s tle n:a, establN·Hla ,' ('Jl el m•n­tro ele las gTl pafs." '' .J.::rO t:•' posible, ._·iu emlmrgo, terminar este artícnlo sin hacer obser -~n que los pt.lí.·es rle montafias on p~rtieulanlH'll· te fa.Yorab s {t la laciorw suble\'ada. dPfit>JHl~ll tcuaz­mentc sns hobares con el eutnsia.·mo qne prPsta 111a causa justa: entonc~es cada. pa.'o que da <'l invasor 1<~ etw:-.ta los ma­yorl'S sacrifkios. :Mas para CJne el triunfo coroHe l3. Y efectivamente, bien podemos los españoles, sin s·:llir de casa, estudiar y aprender la guerra de montañas. Descendiendo por nuestros anales desde Cova- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y---" 79 doncrn, en toda~ épocas f.;OlHnn ensc~fianzas y s 11to y bie 1 pre~·<·ntada," eou o Jomiui la qniere. El lector comprende· rá le solna las IHZOileS que en c~tas lÍI e~~-· Ycdnn ha t<.~ ht me wr a~nsió!t. Todo lo e~·pnesto eoncurre á demost.r nr que la ear:ln ~ia, qua nl principio C'ida, d{ ra~gos y n ·ci<.kllt<' ·, uo itl illliem;;, sino se m ·j< ntc~. El dt.,~ <.'O (le e:elar ·Ct'l y eo 1fil'mar e:ta. i(le< , mneYe hoy ú inclun· algaliaS eonsideraciolll'H ger.IÓ[Jic;as Cll el estudio de los Bceonocimifmtos, qne po:idn parecer t'.·tt·~ fia~, qne :on imludablt>meute li~Pras; p •ro (e uiugú11 m >do iuopor­tuna. ·, dada la íll~a La he· cho fuerte! Y siu embarg-o, por ntHL de p:: s ap< rentl•s eon­tradiecioues que cl'Íz!ln y dificultan <.•l e~tnIJden <.·1 u.<., de ella eo11tinno, iudispc11sahle cu la uucrrct do 1/lOillaiia. E11 llaHm·a::-;, ·i.·iul<'mt•ntc, no es tan fúci1 cortar y er vol­ver á u11 t>j(!rcito d(3 100,000 homl>r<·H, que 110 lo qniera permi· tir. Todo se reduce {t cambim· de frente. Pero en rnontnfias, estos cambios on por todo extremo difíciles y ocasiouainaeiones de ]a guena un país de nwntaiía puede prcseutar.·e h, jo aspPctos mny di t•r ·os: r·,ou~ t1tnj't ndo el teatro completo te e:ta. g-n ·rra, 6 fonnaudo una zonn ó parte de él;:, en ambos e: .. ·os toda la snperticie pu•n qt e perjui<:io a.l Pjéreito que hn. logrado ;-·nperarlo. En <'fc>eto, llenldc- la guel'ra á la ll; nnra, puede con:iderm:.;e la e:tn•clla cvrdillera que SH acaba de pa. er lo que pasa al otro l:.ulo; la: cal.wzas de columna, le par<•c ·rán ejéicito.·; .. ·e verá ohliganc1le eucontrar la defensa es la limitación d la· COIIIUilicaeion s tlel vencellor á HU espal­da. Si la cordill rae· mny estrecha, lo mejor eu muehos easos será no dejar en las cnru bres más que dest~ camentos ó )HH~._·tos avnnzado:o;, y reunir las .fuerzas principales en algún punto ventajoso, para caer sobre el flanco del euenugo que sale de las montañas; y si se logra batirlo, puede llacér"·ele desa ·trosa la retirada por un solo camino, uaturalmento obstruído con parques é impedimenta. sen·ar desde las cumbres, proteger un flan­co propio 6 amenaz"ar el del enemigo, la c~mpaüa naturalmente desarrollará su priucipal ac0ión en terrenos adecuados para grandes masas. I~ste caso no puede considerarse incluído en la guerra de montafic(, propiamente dicha .. Fuera de aquellas en que, por servir de líneas . estratégicas de defensa, sea necesario Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MIL TAR ~ l atacar y forzar las zonas montano~ns pnr t•l Pjército entero clo op<'raeiones, rar·o e~ qne lo~ país..-s eh~ m••lltañ .t se tomen cmno ttatro de uua. gnetTa. cu gT;wclt-; ~· anu así, lu~ combate~ cleci­SÍ\' os sit-mpre tienen lll:!;il' en lo~ \';!Jllc.s lmjos, t;ttltiva; soln·e todo, st f,u·,¡w sal Ít'J•te~ á lila twt·a dt~ h. tina l'tc ó fttj· cl.Ja, .sol> re et frente c·:-;tra tég-ic~o ele 1111 ftmfro de openwion11s, tli \'Í· dit·udo e~teúltilllo eu dos pHtte .-.t.)s•·<~lot·••:o~tlistiutu~, ya. la cosa crece en importanc:ia: .Y ps c·\·ici•·Jtt\• C}tW la adquit-n· total, cuan­do ya 110 se trata d~ :-;i111pl•·=-- zontt.~ :-;t·t~nudarias ó ac·t·esorial'l, sinn que < .. 1 teaf)'O PlltPro dt~ la g-u.-n':L Hl'" n•rdadt·ro t)((Í.~ dt: montwfia, ea cuyo caso tud J ;ulcJIIÍcrc lllttj'ul' gnt\'Cd la." c·itas arftc•riorc>!':, cpt~ !':P ]liW­de asegurHI' (}lte Hila ntluurad linllt' .r lt• .. •·ott·a pnt•d•· tu:',s t·~pe­cialnH'IItt> t-'11 la g'llet ra tle llllllltafia C]llt' todos los fll'l'l~t·ptos tft•( lllllltdo. luduclahlt•lltPIIfl' t'll c·sta gllt·tT.I c·l j •··~u clt~ la oj~IUiit'l' y de 1:-t rtrj't:,wortt adqnic•l't• ft•11si•u• tal, rg-Í.t t·Xe•·lwiollal; y :-;ns trop. ts tamhtén verse\'t.'l'c.lllcia .V tt~ nac~id a•l. a•lq lltrr•las put· :t•lc•mta•los t~jt•n·tdo~. Tudo comand;tlltt-> tlt-> c:nllltlltta ú ~~~~··rpo •JIH' upt·re 1'11 111o11tafia, d~->he nhl'al' por :-.11 t~llt->llta IIIIH~It:ts \'c~w·:-:, pnrqnt• c•l j t> t't• su¡wriot• del ...jérdto 110 poclra iudtt'allt· ~~ ... la 1a1111 tlt• los Jlln\' ÍIIIit•lltos qnu dcha t•jeciltat•: ha~ta tptt• St~ lt• uuttc:h.~ opnrttlltafiH•Jitt• la~ o¡w­racioue~ pro.n·t~htdas por dJt·ho t~Ül'cito, cl··j;'tllclole ec-t:-;i :-;iempre Cll ('Oillplt->tH lih~t·tad ele~ ;u:t•Ítllt. Es por·),, t.aut", ;lltttl)llt .. no :-;t•a 11111.\' alta. stt <~atc-.o~oda. nn pl'qut'fit' O~•wral tn ,Jd·~·, y clt•ht .. renuit·, t•u clt·h1d•• pt·opon~inu, totltt~ las eomlieiout•s que •·xig-t• 1111 IIHtllclo iudt•¡u~lldic•llft•. D••ht.1 ser poi' tempenlllteuto PIIIJH:t•ud,•dor. \'t>rdadt.•ro lwmhre tle ac­ción, cun ' t'='IHHtt(tuea. iu,~limwióu it. la of··n:-.Í\'H, ,\· s1 hieu tt.>tléiZ y ~uér~deo paa·a da1· dma. il sus plaut·~. juutar a la \'CZ t>lastici­dat l ,\· e ltsert-ein 11 para \'aria rlus a 111etl J(la ti•: 1 as ci J'<:llllStaucias. No 1~ ba:-;ta. 't•l' c .. XIH'I tu «'11 los Ht't'Ídt•fltt•s qne canw~eri~an la gnerr.t dt• motataita; dt·lu· eoiiiJII't~. lld .,. ta111hién lo:-~ pn~ cepto:-. ge­lJ .. ralt's ele la :.!U•·tT.t c•u ~'J'rtutl, • , p.tr.a. Ht'tttulli.r.at· ,\' t•uc~uaclntr sn~ JH'qnt•iias opt->t·adnllt~:-o <~"" t•l t'oll.inuto, .\' apn·,~ iar la oportuui­datl de) JllOIIWIIfO Pll IJIW :o-ll llltt't' \'t'llt:IOil St•a JU:'ts t-'fie , t~. };a exet~:-.i nt J•l'lldt·llt:ta q "' ~ ray . ~ t'll t.i uatdt·~. o d fHH:o tt~són al JlOIIt-'11' por ohra los pro_Yt .. ,·.los, t"illl'lt•ll ('IJt'l'\"tLI' .V t'tll hotar las JUÚ:-4 perspÍt~I\;\S f,¡cJllt; dl'S: 1'11 la~ lltolltaii IS ~~.LhaiJIIHIItt~, lllU· viuaitmtn:-. Cjlll~ t->11 h!ol'Ía parPt!t'll iiiiJII';wttamlllt·s, Noll lm; qn~ •·l éxito Cl•l'olta pot· lv .sol'prewhHJte 1h1 lo.::~ rc.sutt.L.los. La. iudcci- YUI~i ' Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIII MILITAR ~ sión, la tardanza en adoptar cambios que Jas circnn8tancias impouen, haee muchas \'eces peruer tanto tiempo, (]11,~ ~~~·~le acabarse la luz del día ant •s de tertlliuar uua <.>Jwraeióu que hubiera debido durar pocll s horas. Por Jo iclo t•s que la iufautt>rí 1, ~n mon­tafía. t•omo eu todas partes, conRtitu~· e t>l arma pdn,·ip.tl, y 111 •­jol' aú 11 si es tú co:llJHWst a de mon t<~ü..-~ws t•jt•rei tadus; pPro e ." ah. nrdo. eomo atrás qtH .. d:.t. tlicbo, s11pri 11 tit· uua opot t1111a tlot:t· cióu de cahalleda.. Desde luego el st·a·, ·icio a\· auzado, esto t.•s, la e.x:plm·lwión, el rccouocinlit~ nto, hts noticias, sólo t lla Jo put .. d o­lleuar; y tendrá ntilitlatl iudiscntible pat'a lo~ combates f'll nt- 11<.·~ t-tnchos ó cuatHlo con \'t.•uga. tulo al suelo pt•dr{·g-o~<> y ú. la ll•.uti tutl i utli~}H'IIS<:tble p•-trnt·i;t. t>ll t'l llano, se sicuten ~uturp •eidoR y ~u las pl'Ílltl'l' mHrdtns sin sns autig·na.s fuerzas. A e . ..,to~ t>jereieios dP. p.tz de.ln~ tbh. elt•R <~Oill· pleto dt>RaiTollo bajo el a~pecto int<.·l •ctual, tanto para que los jefe8 se hahiTÍl~'ll al lll:lll clo ,Y direct:i ·)11, como fHtra qttt> lus su­balternos adqnil'r:tn la práctica rH•et>saria en t.•:ta da .· ~_ .. dt> gu •­rra, ahuud:tnrP, tut'ts qut~ niug-uua. otra, .. 11 O(~asiolle .... y lcliH~·s )lara ol11·ar t:•H• indt·pl•ndeueia. U11os y otros adqnirit·:'tu la fUea­da. rúpida, la eotTeda.~ ; cualidad importa11tí~ima, ¡,orque IH:i columnas 110 lleg·arán eu el lltollH'Ilto oportuno :'L Jos puntos de­sigundos de 1't>IIIIÍÓu 6 eonct'llttación, :-;t 110 pt· t•t!eth~ 1111 eúlculo exacti~.iull.l. rro lta,r qne liarse re ello~ ~~..~ pm•dt· hasat· plan ~'<'g'IIIO. lJct. Yista engalla; pan·ce que ·u ajar á un vallt·, y Juégo se tardan dos y tres lwras. Poeos st•r·,·icws se pu •1len t•sperar jt->rcitacipitar­Be en la llanura, como fnt·ios•, ton·l'tJtt·, ,\' t~ll t~l munwnto oportu­no retirarse con prn1lencia y h:t hi l itl~tl ti a hrigo eientemente Italia, ath•IJJÚ)oo, tl• l'lls antiguos bersnglio·i, ha crea slweialt•s con l'l uont Ul'e l ¡weho, ~ÍIIO ~nhn~ los Jwlllht'OS y t'Rpalcla J~(} ntPjor es afloptar el traje de <~.ul · p:tÍ~. gu totluetr ettanto ~e pueda lamo­chila: ha~ta c¡ue <'ll <·!la qut>pa una 1111Hla de n•put-1-\to y la ra­ción. Como :l lo~ otieiales 110 ,'l' ha tledarcano JHtnt t·l eqnip:tjf .. , lo (}tH' uo .~f' JHH•da llt~ntr ú lonw lo lh·,·adtn los asisteute8. EH calzado (':S lo pl'iuci pa 1: se tu•et>sitan flo." p;ll'l'S l SPrvi<:io c.lt~ infonwu·innvs .Y uutit~J<~s, lo quo (.•xig-e atleran1~ del onliult>et•rá. st•g·(lll los pl'iueiplth •·· · gi :•Jlll'tJtario:s .Y N:ttwiolltwn t•l itwoJI\' ·nie11te (•MÍ\•a ·. J~OS cafiottHzos ~· pl't,trdos dt-h(;m prefl•I'Ít'Sl..,, !l;wÍl'lldo u¡.¡o, t'll los JHHito:s {t, que el eaiión no te(Jg-a, ae•:t•:..;o, de harn•uo.· ahit·tt•>s c~11 las ¡·oca~. E~ta8 ~t·i'lales 110 JliWdPII :st-rvir Hillo pma. tlat· t~l alar11m para ad n•r·tit· u un, uo,·c•L• ti, t>l a \'11sahlH el tt~légTaf,). I~as red(.!S tt•lt·grúfit~H~ dt>ht'n t-.·tahlt·cer.·e de lllO(lo qnH n~ mallHK eouqn·eutlau r·a IIHIIZl\S lllUiltaclos, COII part.PS CSl~l'ltO' ,V dt'• talhulos. Bs ath•utús forzoso stú. eu gspafht Jll'l'fPt'c~·os .natla. por el de ing-enit'ros. Uou estas st•i1al~:-:, qnH lllll•ll la· avanzado.'/ y ¡n.1estws eou hts n:~ervw;, .Y ~ingularru•·•atl~ las co­lwuna:> l [}I'Ue:.¡o, st• p11••t\•~ c·n toda:; circnnstaueias, y lHtsta en PI mismo Ht.~to tkl combate. oltteut•L' toda la unidad y ~wg·nrJdHcl ;qu·tt~cihlt"s. AunquP. el geut~ral couHwtl.aua•, pot· PI t•~pionaj•· .Y l'Xpln· aeió11, esté euteraclo Stttd.J;Jdo .-1 tll•hl • ele t~ollth; toclu :'t•rú ÍJaútil si rno dispoue tle eamiuos adt't'twclni'O, nH·jnntllclo lns t•xistt•ut•·s ú "aln·iendo tle llttt•\·o" los qttl.' JHtl't•zt·aH t>\'Íth .. ntt•nwratt• Ju•c·H· -sario~. Be to pttg-ua c•oJl la l't·g la, por ;.~!~ntlnM Hcltuittcla, tlt• 1)11•' en g-uet'l'a. lle uwutaiia lo JH'ÍIH'iptil PS i111petlir il t~~da eust.1 d accelw, ~, pm· con:-;iguit-nte const•rvar el meuot· IIÍlllt~"ro el•· t·o­JnntJieadntw:.:;, :sin teuer ("11 mu.•11ta CJill' los 111alos (:aruiuos un i)ogTall e11 mtwhos caHo:.:; •leteuPr al Pttt~rtti~n, pPro c•n todos t'lll­~ bm·azau la dt:f'en:w, que ha ele recunir á la •-J"euliÍl'tt, ~-,¡ ha tlu ·outeu("r t't'.:ultaeish· o:4. En t-'1 día, por las grande~ roturndonc->M ~; los )H'o~J'l'l"O~ clo la agricultura, nut IWrtliPIIIIO la~ mout<\ii.as :-.u aut.i~ua ,\' tc•mi ble aspPn~z:\. En las regiouP:; ua{ts altas JW :-ttl'h.• ha.ht•t' hnsqu•·~, sino grandes p:tstizale~, eou ¡wntlit•llt .. ~ 11~) Jllll,Y agrhls y pr.u;· ticablt•s por lo tauto sm enminos abie•rtos. J)C' totlos IUO u t•l nomentu qn .. le eon\•t•uga tomar lanft•usint. H.,ltn~ todu •lt•lwdl a.n..-ar lo:; caminos latt·r~aJ ..... , poa· los que t~l t'flt•tlll~u podrh• 'ntt•utar 1111 ata•¡ne tle th11u:o o Pll\'oh·c•t•f•·, tunt .IJtdn rautllié.a l'PeaucioJJt•H péll'a iuqwdir tjlle se deslíe~ pur eur.ru luti puL•.-,Lo:i .de obtiel'\'acióu avauzatla.. 5. Dr.fem:a A JW~;:tr rvar es siempre más fácil que­conquistar: de douue se d~tlnce qu .. , á igualtlacl ae medios, la. defPnsa es más fácil que el ataque. Y coutl'ihu,,·e á la facilulad. de t~ons<•rvRr, que tortla, to«lo­Jo q11e ol·dde 6 descuide vit-He en prov<•cho del defensor. La . fol'lll:t. dt.~ft"nsh·a es, pues, en la gnena la m:-'iR fuerte, la ofen· si va la. más débil." Si t>ll los tiem¡H s dt-1 ilnoo:tre eRcritor prn· siano t-~to era ven1atl, caleúle:o;e d valor que t.'ll el día teuclrá esta afirma<•ión, algn ah~olnta, con las nuents armas y los une· vos procedinaiPntos que lmn erettdo. Aplicada á la guen·a de tlW'Jttmia es dt-- to(lo 1m u to 1 unsa graves itwou,·enieutes Dc..-'stle hwg·o tertPr c¡ne Yigilar aceeso , que cacla día \'all siendo tHás fn-!ellcute~" por los progresos de la ci- ·•Jización. A en da bocpwte que SP tapa, ~::o:e aure otro llUevo:­• t•:-\ta. mÍI'\llla ahnnllaueia, qne )H.:>tmitt-- al agTPSOr multipliea:E f\ns au1ag-m~, e ~tití la atlopcióu clP idc.~a~, platlt•s ~· procPt1imiento t~nóiH~os, q tu~ <•o u el llCPII <\ 1 tlt~. ·n~t ro. o xistema de conl6u, c•s lll'a forutnr· n erras l'f~ uf1ales. siu <·uya iutc.•n'Pllción· Jt}tcla (HIP4lt· .· t·r· decisiro; JIIWH annqtH~ d· · sltllllhn~ la th·fcn~a 1t·IIHZ y glol'imm dH al:.tnno ele <'Ho~ Jll'(}IH·ftos 1me:·dnx, c·omo g·e· twnduu 11fP tont·luy .. 1'"~' H• · r tom:u.lo, 110 t•jt ... rce tlt·dsinl iuflnen­ciH ~ohre la OJh1'twiún 4.'11 <~oujuuto. El <·oJ·clóu muy exteuso aunwnta las nh-'~ para r• .. pararlo y anb~ una nfensivrt enér­gica con imposilHlitlad ahsolnta dt~ rPnoir l'ill...: fu,~rza~. 1\Lts por hnír clt•l ec11·d 1 ,, 110 Jlc•lu~ t: . t tH '"t~ t'll c.. .. l ~xtn"\mo opuesto (h~ nna nx ·~ ·· r.t In e"': •11tl' ei .111 d~ f t ·rz t-.:, lc•j lllllo la Jínet:t Pxtn•ma. g'lllt'IIP :i Lt por JH•f]IH'iio • JHI I·, tos, q•w 110 pue­dan •letetll'r al t•nprnig- 1 .r se•,¡ u an c•'l,ulu. con tal preeipitacH>o, que no ll<'gll.,n á ti.-m~>o hts f(• . ...:pn·Hs. Ya qtwcló ant~t'tnr n ·u t.~~ al ··~•·tr lo qn 110 son en la'1 altas montafi \ s la.· p?sieione . ..; t••nitl t.; p ,,. 1:1t ttc t t •tt!Jll~s, de-itÍilln n, Lt · preft~rihle-; pt' sobre él, ya forzosa nw11 t · tn 11 (]111' hra 11 tn lo por su~ att-tq nes i 11 fl'uctuo­sos, qtu• h·t~f <1 p ul rá 11 to.u 11· Lt . uf ·nsi \'a, Ür de J) 'H \SI~ t~ );fl(ll't'lldt• lJIII', ¡'¡, p h 11' tl! l.t. dlfi· cnlta•l•le prot i .. i·we . .;, d~·l dd'l·t~tu tl .. ahr· j .. ·,,., l'll!., c•11 él:.;t~ ap ·~· taso el g-r·n··.-4, tln In"' tro¡ns. Pl'l'n <~ouw sit•.!tprt• "••Y, ya. qne nn mny nPt' ~a, {¡. lo ''' ''no"' t'lt el tH~t'Íoll ·tl'l) dt•l f;·ente e.~t;·crté.¡ico f1el m wi:~.) 111 ·tt, tií 1 ., q •··· se (}nit·t·t~ tl ~· f,•rtd ·'1', o ro· \. tri•H p t· so~, rP:m!t: l rt ~~~la P''"i¡;ÍÓ t ~~., i sit~ntpn~ podl':l l'it!r rt•h:tsa.Ja ó envu ~~ lta.. No lt ·ty, pll •' =". \' ~11taja al~·11 1 1 ; l (~11 ap • ·t ll' c•l ~'1'1\t'~fl ele la· fn ·rz ..; (•it un 1 ' de Htunt:tii ''· P11r p ,u~a t~rwr~L\. HL' 1111 )IIIPclP 1 \'1\'il' tll ahri~·:ai'.•H'; lllll<~h:l~ \'t'Ct'S 11d (l'll• flrún ag'll'l ni lt•ii ,t; p ,,. f ,, ,¡,, lo c·11al •·· I;ÍII t•XpiH'sL:ts ú inllll·~ll· cía~ c~lrm ttéric•t-.; qu.~ Las d ~htlil;tr.'l 1 ,\' dit·zut .tr:'ttl autP.s 1}11•' •l enemig-o e llll¡)l'•ncl.t stt af.I(J'I •. ••• • Jl¡¡:n ~ 1tt~ cl1t1 intpclrt.auci • l y a la p . H ·.-illl&t d • lo· 1111d., · d l tll•llltat-11" aqtW· llm~ qn llt) lts UOllOI~ H l ni eot!II)H',•¡¡ L~n la elas ~ dt~ g'llt~l'l'iL qne en \lla · "~' h <:t'. ú Jlll' "" tit·•t~·rt s .ll •t··~ t·l ,, 'HII ft) :o-Í lid id •.t~ ad· qni1 i •l.t.· PiJ su !.! 1 • ut·L _, de c.·Llldid." .A~ í o tlrco t•l <.hmcral Ktah 11-( Con! i 1tÚa ). Jo..:l~ L\.fJ~IliL\_r'rill Geuel'.il de lugeuie.o:; TRAD~CIOO D2L FRA:'oiCÉS POR EI. CAPITÁN JOSÉ E. RODRÍGUEZ IJaR J)f'ÍiltPI'H~ ll111Ptr:tllhtlot•:ts inglC"1-;ns fuprou (•l Norcl( uft~ el Ganlnct' y t"\1 O 1tliug tle dm• ,·>,·anos <.·;tflotte;-:, d<.~ pt>l"CJ n·la.­tiv~ nlH nt." eo~t,idcrahl,•, y cuya alta 110 c..>stalm gratlu •. ul.t. p.lra 1ná~ al b'\ de l,~uo met1 ·o~ . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 87 '' DP~pné. de nna larga y ftwrte opo~ición (1e part e el& lH'rsmla~ pn=-n"llitlns o intPtt>satlm~-f·scl'ihía en lHS() el Gen f'ral WolsPlt·,r ,-tt'lll lrPmos a 1 ti 11 a nH•tralladorns (]lle ~el'!1 n n ti liza­( las •·n t~antpHií;l P ''l' nnPstra infrín. Emplt•adas inte i~t-11· tPIIII'IIÍI', !:1 · Hllwtralladnnts •h·l eahhre del fnsil el e la infan­t .. , f' <~cHI p6h·ora ~in humo y enya alza esté gnuluatnlllacloraR e:-:tán organiz 1 otkhll, 1~ homhrPs, 2 anwtr:=tlla­< lorn~ .\' ~ t·:lJTo~. El :tpro,·i=--iunarui •uto total para cada ame­traii: Hiora <':-{ dt• :r;,.·oo t·artudw.·. luccrlitlum/Jr(~ 1 ('sp,;do ú. su mr;jm· empleo-El empll~o t<íeti­co tll~ J;¡:-; atlll·tt·alladoras no t•stú dt·<:i lidu ddillitt,·:lliH'tlte aún. \l:.!l!llos l:ts lltiran t•omo 1111 uos n·.·ultados •n gttt.•tra · in·t·g:nhtr' ,· .\' .· dif'it·ilt•: "'' q11t> tt·11clrú q11e adlliH' frct·neut ~tllt>ltf <'.'·t< 'lrlll •, 1111 podn't .·t.•r t'111plt·r~da ·s i!lo ú ·o11tliei611 tl qne.l'a. liYi:tna. · tt·at•s p tl't;tl•lt• .• \.dt·tn(ts, la:t ta t>s(o.' últilllosafw~ 110 ~e podía lt• 11i11·:nua nt:lllt'I'H <'untar <~oll lnH ;~met. ralladoras t->11 t·ltuu­llt• ld•• eiÍtlco, t:omo en Ulundi, D .galt, .;\hu J{len y Tof'rt>k, en JIIP clt•j ·1ron de fnudon:11·. ,\' ~i('lllpn~ eoll Jns uHís ro si 110 <.'S ·iuo 1111 ¡wligro, Pll 1111 ffiiiiiH~Jtto ele ci'ÍsJl'{ snprcma. su preseucia ~ 11 1 a <·o 11111111 a p 11 (~ d ,. t ·a u.· a r n 11 'm d t IT i h 1 t •• Por otra partt', bts llh'llh'\1 tt· lant.l y f>n la C~ltmpafia. (lt-1 Chitral. Es ~,·idente que­las »t'HH\8 de llll motl~lo fiwilltH'Ilt~ trau~portaiJle y con las cna­Jes ~f" ptwue coutar ~iempn·, 8ou ittapreciablPs Pn las gnenas irregnlare8; se emplearún pl'obablPmente mucho tuá~ en 1<> futuro. l~l agr·upamiento de á ilo.y es la mejo·r combinación táctica­No existe motivo JHtrtimllar· para orgn11izar batt .. rírt~ J·íau lHtt->tlrt proporción. Si ~e ngr .... g·an {¡, la calmllt·l'Ía, será nece~al'io, por lo rpgnhl", conmeut~ muy {'{kact->R . . Es inh•rpRaute hacer notar qne (>ll f\1 comhat~ clel Sll~111g·alli J{.hTN·, ~u ~1 ~latal>ale­hwd, de~pués C]tW la tentath·a clt~ tomar al rPy ft·acasó, las trl>Jnu.;, annqtw oenpaseu una mala. posicióu, uo pudieron du­rante algtín tiPmpo tnmar otra nH-:j ~ >r, ptws durante el cam­bio eh~ posición 1<~~ amPtrallaclonts 110 hnbiP-ran potlido ~er uti­JizadaR. J~J c•f•~..to c.lt~ seuH~Jnnh>s armas coutra los asaltos tle Znlns, (](> Chazio.;; ú otros fanáticos e terrible si Rn fuego está hic•n dirig-ido. Eu la t xeitación ría ptu•cle uo st>r t->tit·az, mientra. f(tW el til'o tle la ame­tralladora, si su mc.'canisruo uo se tra.lJa, producirú, terril>les estragos c•u la masa cu .. miga. I~l pt->1 ft•t·<~iou;mti< .. n to ele sn con. trncC'ión PR n" unto de los innmtof't'li. PPt'O eomo ~ · compm tn·d o c.l~ e~¡wrar que Ne pn •da eueoutrar· t1pos clt• }trnetrallacloras con que ~e pn .. da. contar eu t()(lo ea~o; t·xi~te fnndatla razón l{ara creer <}lle esta. cla~e do arma tit->tH~ hl'illaut<• J>Ol"\·Puir. No'I'A-hl prt>sPntP artic·nlo fne e~r.rito un aiio antes ele la gtwrra :wtual de·l 'rrattNntal, cloncle,, Pg"Ílll notieia · n•cihida dt·l t<·atro clt~ la g-ta~na. fnneiot.1an con é . ·ito <~UH'trallacloras perfe,~c:ionada.·. Uua Ye~ que krmin~ la lneha y. ns rP ·tllta­dos ~e C:OIIOZC'(lll COII dt'faJlp,, \'o)n•rt•fJIOS {l llah)al' ,Je esta arma, CJUC 1-'t,.l'Ú nn f.wtor podct·o:·IÍ~imo c·n la~ g-tWITas (le Amé­ri<: a y .oh 't" todo <'ti la Ht•púlli<·:t .t l'geutiua, cuyo territorio es tan seuwjante al del Tnuts\·aal. (De El Purvnlir .Militar de Buenosaircc:, Argentina). Un ht•f'n rPglameuto d<~ RPrdcio iutt~rllo abraza to•la la <'XÍS· tencia ue} KO}clado J twn estatlo las armas. (Ni el capitán ui los otkiales tw ~e ocupan din·chtlll~nt6 de este último, qne es ... incnmht•ucüt. de las clase·, para paJSar re\·istas y asegurarse que se cumple). Un soldado á quien se lla iucnlcado bien la costumbre rle estos cuatro preceptos, el5 un lwm bre con q ni en se puede contar. Pero por lo mismo que cada hombre tit~ne, como 8e <1ice, alma á la Yez qne cuerpo, toclo asuuto lnnuano tie11t~ uu ludo material y un lado moral. El hldo mate1·ial, eu el Ke\·i<:iG interno, se manifiesta por las fh~mostracior1~s e:>xtPruas de respeto, del.>itlas á los distintos gTados; baciéut'o ien <'riados como ellos, y, ademru~, d~m á ,·us 8olda.dos el <>jemplo uo poca auto­ridad para recomerular ~st·t. catída.tl {t los dem(IS. ~1 pl'imer preeepto: llacer lo qne ordeua el fo\nperior, f:'S ah· solnto, p r·o so compreiHle que es ha 'ta. dorule lo ahsunlo Plll· pit~za, porque el dereeho y el del> ~r dt~l iuforior t~ reennir • á ' lt libro cl'iterio cuauclo lo qne .· e le orjemplo, t;i el Coronel dt~ Grnnjecueión dt->1 ~wrdcio militar. Oeupáudo e en acostnmhra.r al ~olthHlo eu la ejeeución ele Rns deben·~, es indispen .... '<Ü.>le dilrle l'l :-it:>tttimiPnto in~trncti­Yo de su i'mportanc·ia 'relnti r a. En la pr:letiea, dos exigeucias del f.íervieio pH<-'dt>n prt>stársele al mi~1110 tiempo, y si uo se le ha enseñado {t cumplir primero la 111á.· itnportaute, puede de­jarl. l para. cumplir algo qne lo es nwtws. Uu superior pasa; al mismo ti ~mpo otro 'npcrior es atacado por un malhechor-~r en nyntla. del attlcado 7 Es esta nna demostnlCión absu.·rda., per 11ecesaria, pues es muy COtaiÚn ver nu sol.hulo con pesada e •rg-a, y las do~ manos ocu­}) an Aosteuerla, ponerla en el suelo, (le ~pué~, para. salutlar á un ofiei .. tl. El ddwr del aoldatlo erIIOS importante. Se pnecle i11culcar al soldado el s<>ntimiE.>nto ~tar J't ~ pt'ntiuo, eae eu la mtllo . Pasa 1111 ~ol­cltttlu () lll' toma la po~ici6u 111 i !11 a 1' y s~tltula. LIPg:a ot.ro conit•n­{] o, f]m·, sin 1'\alllcljemplo lotlada: "e to •a fJellcrala ,· ya t:>l ellelllig"o, t•} }Hlii~ro, (•J liiCPIHlio, lo f)lle ea, •·Htá <'IH'Ílllciil P t• d l O c•l u l';lltde : Pll la Ol'llt>lliliiZH. c .·tún ('SCritos los u. ·os y <~ost n 111 hr·· · ~, pPt' O no lo. · H(;dllt>utes y casut~liclaclps, Y ('OtnO c.•l PstHdo (h gtH'ITH, t .. ll vi~hl.· atTollat en ~1 1'\0ichulo )l erite­río ~nficiente pam. qne tome Ptl <:acla ca~o la. r ~olnción qne im­porta . l hneu ~cn·ieio, 1'\e:,!ún PI tiempo y las cirenustaucias. Los ofje1: h~~ snbaltet·uo~, <•n geuer·al jóvene!';, conocen bien los re~lamHn to~, Em lPtr<~; no tienen ex¡wriencia suficiente }) '"'~ hahercompreiHlitlosn t>~píritn; no sahen tampoco c6mo se h:thla {a ~ohlaclo~, (le intPli:.!t>lleia. mny limitada; los AHI'g"t'lltos, sohr~ totlo con n 11 mal si~tl'BUt ele reclntarnieuto, no se eltnTan ca8i tlllltc.a. á la altnra. neee.s;u·ia para l'nselhu· bien al soJ,lado; es ya mucl10 poder estat' satisftcho del modo como vigilan la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ • 91 ejecución del servicio; es ptws al capitán á quien incmuhe l a hermosa tarea ele en~l~ila.des á totlos ht parte considerable dH la instrnecit)n militar q ne no se lee en la or eon ~­titnye los accirlentes y ca.s ztalidttde.r; de la vida, militar ll<-- qno hablaba. Pe II·o <~1 Gr.wde, trausft)rnut.ntlo Slt compaiiía. un tnontóll rle hombres, eu .un org< uismo compacto, cuya cabeza sea é 1 m hm10. E. eRta. p ·trte nohilí ·irn:t ue la misión del oficial, ]n, pnr­te moral la carrera de la~ at•m ts 1it~'" no un ofido, :-;ino una proft·si6n, nna profesión liheral, y I %OS (}U<'" exige tlfo s y c .. tbos en•wñ;W el mec;tllil'Jmo tlel Réruington 6 éis rnandatlo dnr;llltl1 tlns Lt~ras \'llPstra SP(!<·ión ó cotnpaiiía en la instrtu:ell)ll dt•l h:tt.()n·euir lililí tal' de nuenosairl.':-, A rg<>ntin~t). --···-- EN EL COMBATE (Conclusión) Un Jefe de batallón debe, en el momento de ]a movilización, temer mtJy presc11te en su espíritu todas estas situaciones tan cs­peciia 1 mente importantes desde el punto de vista del combate •Tlo­< lermo y preparar sus comprñías para una gran cohc5ÍÓn y una gram flexibilidad de movimientos. Con este objeto, aprovet ht~r~ toda~ S la ocasiones que se presenten para ejercitarlas en la pnh ti ca del ce m bate; y así hallará en breve el medio de entenderse con los capiltanes bastante hábiles ó bastante inteligentes para com¡ rtn­den, e bit!n. En efecto, tan en el interés de éstos está, como en el del itfe del lba tttllón, que las compañías al pie de guerra se hallen habitua- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 92 80LETIN MILITAR das, antes de entrar en fuego por primera vez, á moverse sobre el' terreno en grandes líneas de tiradores, y sobre todo á conducirse correctamente en orden cerrado. Deberán también ser ejercitadas. en hacer aplicación de todos los expedientes propios para facilitar la cohP.sión de las subdivisiones durante el combate, y la transmi­sión de las órdenes bajo el fuego. Es indudable que no habrá un solo comandante de compa­ñía que, sin una profunda preparación preliminar en tiempo de paz, se encuentre en aptitud de ver claro y darse rápida t:uenta de todo en medio de los múltiples cometidos que pueden serie confia­dos. Por lo demás, siempre que.dará el recurso de elegir entre Jas compañías cuando se trate de ciertas misiones difíciles y deli­cadas *. Importa pues, en consecuencia, saber lo que puede hacer el jefe de bata11ón en tiempo de paz, para preparar convenientemen­te, como prescribe el reglamento, sus compañías para estas diver­sas situaciones; es decir: ¿Cuáles son as formaciones sencillas, impuestas po~ la gue­rra, que la tropa debe haber aprendido, en tiempo de paz, á fin de ejecutarlas c<..n orden y seguridad en todas las situaciones? VON ARNIM • Un3 de las misiones más difícile. para nn cnmancbnte de comp a iiía en la guerra, e~ la de reconocer lns fuerza del enemigo. La mi!.:ón ele n·ct nocet á un ad­versario más fucrte y bien !iitunflo, terminll á 300 tnettO de J, po~ición t'llCiltÍga por 1egla general, y en conseCUl'ncia, todo cuanto de>.de est:l di!-tancia no hu podido ser ob::.ervado, queda oculto para el que pr:tcticn el reconocimieuto. Se nece:.it't un ojo ejercitado, snnf!re frfa y cierta de~trc•7.:t, p:lra deducir, por medin ele c·iertos iu!licios, npreci!lciolles exactas acerca de hL fuerz ;~s 11el <'"CR!-.:tS prupon·i ont's c·ontra lo pt•lutollC- IJIIC avanz n á l>ll r> ll <'llt"n tro. ""'á 1111 iPdicio ci rto que ~ns aecioues sea11 mal in­ ·tt>rpretatla:o; y 1-\eYeramt•utl~ crítit·as. Los ho111ures 110 podemos peusar de uu mi'smo UHJclo, ui t>stá eu lllH:'Strn Hrhitrio snjPtar si~lll!'l'e las pasic.mt->~ illnohles. Yo, pot· los dif~reutt~s puestos que he oenpado eu ~7 aftos, por mis opiuioue~ y mis actos, ue .Oebido mulriplimu· mis t'lh:luJg-os t>ll uuos tit>rupos tan fecnnlloli en 1 a ·tidos :-,· tli8t.'llsiuues. Un~o qnt> ¡nwtlo \'auagloriarme de lwL, r sido \'íctuua de la libertad de impn·uta desdt• 1~26 hHsta boy. Gallanlo y uctMa ciel'to puu to apn•ciahle era el a taq ne cuaudo mi asieuto e8taha colocado pot· la ley en lng:.tt• mús elllineute pant gohet'IIHl' la Uepúbliea; pero después 1le que me he desHtHlado de todo }HHh•r, y ,·i\·o co111o un particular, es iu­uoule y \'i llano e8tar atacándome con recuerdos g-ado al tiempo del terror·, UOIHle u o sálo c.~rau dt• lito los heehos, :-;i u o hastn. las palaura~, di fm·en te c1H lo C}tte afirma. Tiwito stwedía bajo la til'élllÚl c.le Aug-utito. Ningnua. persona clo me1liano hu~u "!entitlo puede aprohat· que se esti111ttle ú, escribir diatribas y sarcasmos por mt>diu do t·e­eompen~ as cou los empleos públicos, 111 que ~e erijan en acción de patriotismo y (lo cHllaesi6u a 1 g-ollieruo el i n:sul tu y la calum­nia co11tra lo~ autignos 1'\et'\•i,lon ... ~ el~ la patria, a<~og-ierulo con agasHjo el jpfe del gobierno en SL1 casa <Í tal~~ escriton~s. Hi e ta fut'ra. la oeasióu de t~lenu· mis qiH·jas ai murulo ltbentl eout.ra Helllt>jantes ¡u·ocedimieur.o~, me solJrarían moti\·os para fuudal'las. l't•t'o 1 o tt'·tto t.->11 c•s t os apnutamieutos, tSÍIIo do cl,·~­IU~ ntir e011 tlocnmeutos antéutieos vados hechos rda(l .r ju~ttci;t. Al tc·r·ruru..t.&' &lit t. ..... hH'i tu La u r·á pi1lamPn te.~ t ra.baja•lo como éstt .. , quit-ru ~atisfwt·t· á. las Jll.•t':40tJ:t:o;. IJIIt:> anunh,a~ \'t•ct.•s me bau acoust>jado l'e li il'.tnu.-~ d J Joi w ·g 1H r ' s plí )}Wo:i como uu Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIII MILITAR ~ medio de acallar á mi8 enemigos, y vtVIl' en paz. Yo no cl('ho aeoger este cot1St>jo despué::; de hab~rme LlllZatlo en la reYolu­ción, y tomado uua parte a<:tint eu t'lla, sin atl'IHl<'t' á Jog ries· gos y ¡H·Iig-ro~ que pndhtu sobren•JIÍI'IIIC:'. El (: goí.· uu, c¡ue PAO quiere decll' para. tní rt•l it'llos ptu·uo re~-.oln· nne al ora, que he reeorrido laR clos ter· c~ras partes l e<.~mino. LHfayettt=> C'OII 80 aü(•S murió sin al>auuouar los 11egocios públic()s, ~, la hh;toria elugia. eomo (lt--he e$ht co••sag-ntcióu á su pai~. Cés,,r se empeíió eu <}lle Uict'róll se aparta~e R jlll-ltO, ui útil, 11i lwut·oso qn e yo me con\·it•rta t'll c•xtnwjt>ro g·nardaul'e la cusa pú blica. H I..~a libPrt.;ltl es t•l pan que los ptH-3· blos d•·h<·n ga11ar con el ~udor r.'' "Utertades. Dogot<í, 2~ de Oetnhre tle l8:r; - :!7. li..l Geueral, Fl"tANULS v t) D~J P. s_\.NTANDER Nnl'A-Pol' mi propio d<.•eoro, y por •·1 de mi paí. ·, me he nhsteuido ir lo f}llO 110 ua sueeará, cou documento.::~ int!fragables, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoLETIN MILITAR ~ 95 qnP- lns tnlfls cartas no son m~s que fll vilJauo d~sabogo ele Ja, endclia. ó dA la veugauza. )'¡;;e comprohal'á ~otamente eu b~ueti­cio ele la verclad de la hil'\tol'ia ele la Nneva Granada; pues por lo dem;'t ·, los aliÓIIÍillos clt· ~ntldos de JH'ttt>has 110 son documen­tos :'t C}lll! io (~Jt el gahinete, h•g-iRiador, (-'t'ttH>ral Santuucl~r del t•j( ! It!ito (le ,.,..<"ne­zn ~1;~ ou l~lli par;t ,.c>rlÍr ;1 O •~alt;u·e, expidio d Jd'e tlel E;:)tad.J l\1 .t,Ynt· gc•t.el'rladorrs, GeuPral de brig ada de l o:; tjércilos de lrt Ueptíblic t, Jt/r: del E Bat·t~Ploua, se pl'l'I'\CIIfÓ {1 S. E. el Üol'Oll(~l Fnt 1 H'i:-.c·o de Pa u la ~:111 r andt•t', q ne n·u ía tlelt->jército de Apure, y 1f'ttt~ tlt•stl.-! lué~o irwt~rp n rad" ~ tlt· ~tiuado al l~slaclo .l\Iayor g'B· lH~ I ral P.lt la elast .. ctH A,\' lldau t · Ü• ' lll'ral; cou Cl'\le carúcttw ~irvió eu ]; t t~ ; ttnp;tiia dt• {';-..t.; r Pto\·tllt:L•, habit-'ll(lo tle::-;rulpefiado la~ fnuu: ¡,,,,<.•s tlt.~ J,•ft .. dt• l•~ ... t .. dn M.•yot· de la Din~ióu Piar, y la do Jt- f,• tl,•J tle ht lir~t•a dt· l ¡,,.j t, Uarotrí. El~~ de Septiemhl'e del ñ1o p .1sa•!o fLH .. pro rr•o,· ido a t;ubjt•f tlt·l }1jstaclo 1\Ltyot· gt·ueral dt~ ¡, L l >i\'L·ioll Urde~ut•t • •, po1· :->t'l' ahsoltttle en t• ll la, hasta tH•ra 1 por t•rd't-l'lllt:tla•l tuía tlt·:·itlt• t. •l :w dt· F t~ · l'l'H'J' •• IPtsta el lil de l\larz", y por· tni au,·l'tH :ia th·~de el ~U del wi i .... JI! tll IIH·.· d l\lar/',o lt.1. ta qttt.• ,·oh·i ú e:-.ta Proviucia <:oll t•f Jt .. ft.• S~tpn · uro t ' ll ,}Ilirio últiiiiO . ~~· Ita (!JI(:Olltntdo ('Jl el fllett~ ]JJl·i mu euaudo lo/'\ l':-.¡aaÜIIIt·~ t •\ ' di-(Cout,nÚ(t) • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. l"árnmes ~\O Me5a~O): f .. ~ ( ~ B o l ~:-. ~~o~--cque¡c ~ ( .~ -- ----.;._~ S~ ... p~· ~ V ~ o J ~~~-\ ~ o z 1 ·- Leguas t - Diag~ma de la Ho¡a del Sumapaz \... ~o Doa :'$'0~ ~~~~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 161

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 147

Por: | Fecha: 14/04/1900

AROlV Bogotá, Abril 14 de 1900 NUM. 147 --~·~-- OllGANO DEL 1\HNJSTERlO DE GUERRA Y DEL EJERCITO UIRECTOR AD-HONOREM, FRANCISCO J. VERGARA y V. Genr:n·al, Miembro del~ Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los J'efes y Oficiales del EJército de la República O 'I ;rAL D:ElO? .. ETO N'O'~!:zl? .. O .. D:sl 1900 (28 DE MARZO) por el cual se fija el per:on·d y asignacione y demá gil tos de la Flotilla Jcl Alto · !\lagd:dena El Presidente de la República DECRETA Art. 1." La Comandantia de la Flotilla del Alto Magdalena tendrá el siguiente personal, con las asignaciones que á continua­ción se expresan: Un (:reneral Jefe, con quinientos pesos mensuales. Un primer Ayudante general, con trescientos pesos men­suales. Un segundo Ayudante general, con doscientos cuarenta peso:. Cuatro Capitanes Ayudantes, con ("ien pesos cada uno. Dos Tenientes adjuntos, con ochenta y siete ptsos cincut!n­ta centavos cada uno. Ocho Sargentos primeros cornetas y tambores y cuatro Sar­gentos primeros ordenanzas, con treinta y siete pesos cincuenta centavos cada uno. Art. 2. 0 El personal de cada uno de los buques de la Flotilla será el siguiente: Un primer Comandante, con trescientos pesos mensuales. Un segundo Comandante, con ciento sesenta peso.;. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 434 BOLETÍN MlLIT A.R Un Capitán náutico, con trescientos pesos. Un Oficial Ejecutivo (Contador), con doscientos cincuenta pesos. Un primer ingeniero, con doscientos cuarenta pesos. Un segundo ingeniero, con ciento veinte pesos. Dos aceitero, con cincuenta peso cada uno. Un primer práctico, con doscientos cincuenta pesos. Un segundo práctico, con ciento ochenta pesos. Un timonel, con noventa pesos. Un primer carpintero, ... ·on noventa pesos. Un segundo carpintero, con cuarenta y cinco pesos. Un celador, con cuarenta pesos. Cuatro candeleros, á treinta y cinco pesos cada uno. Un primer contramaestre, con ochenta pesos. Un segundo contramaestre, con cincuenta peso~. Doce marinero , á treinta pesos cada uno. Un despensero, con e enta pesos. Un panadero, con treinta y cinco pesos. Un primer cocinero, con uarenta y cinco pesos. Un segundo cocinero, con treinta pesos, y Seis sirvientes, á diez pe os cada uno. Art. 3.0 La guarnición de cada buque la compondrán: Un Capitán, dos ·renientes, do ubtenientes, dos Sargentos primeros, dos Sargentos segundo , dos Cabo primero., dos Cabos segundos y veinte oldados con la mi mas asignaciones de que goza la gnarnición de Girardot. Art. 4.° Cada buque podrá di ~ poner mensualmente hasta de mil ochociento pe os para combustible, hasta de do::; mil para ali­mentación del personal permanente, y hasta de ochocientos iesen­ta y ocho pe os para gastos imprevi tos en reposición de materia­les y alimentación de Oficiales de trán ito. Comuníquese y publíquese. Dado en Tena, Cundinamarca, á 28 de Marzo de 1900. MA ·uEL A. SANCLENIENTE El Ministro de Guerra, JOSE SANTOS ORDEN GENERAL DEL EJERCITO PARA HOY MIERCOLES 4 DE ABRIL DE 1900 Servicio: Art. 13 I 4· El Ministerio de Guerra, en oficio número 97 5 de 3 del presente, dice á la Comandancia en Jefe lo siguiente: "Por informes recibidos en este Despacho, sábese que hay ó parece haber una contradicción entre disposiciones de servicio Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 43 prescritas por la Orden general de 19 de Noviembre de 1887, y la doctrina contenida en el Manual Militar, aprobado por decreto efectivo, lo que ha ocasionado algunas dificultades e·n la práctica." Estudiando el asunto, fácilmente se comprende que lo que hay en el Manual Militar es, por una parte, un aditamento á la citada orden, el que no puede cumplirse sino cuando el Estado Ma­yor distribuya "Señal de campo," y por otra, una oscuridad de re­dacción que es la que importa aclarar. Sobre el Manual y la orden citada está la doctrina del Código Militar, por cuanto es la Ley y ésta previene que la Ronda mayor dé al Comandante de guardia ó puesto, por conducto del Sargen­to ó quien haga sus vece , el "Santo y la Contraseña," y como es natural que la verdadera llave de un campamento no llegue á conocimiento de los individuos de tropa, y el Código nada dice de la "Seña," e evidente que é ta puede y debe reservarse, y moral­mentt hablando venir á ser el "Santo" en la verdadera acepción que á esta palabra se da en lo5 ejércitos extranjeros, lo cual justi­fica la doctrina de la citada orden general, la cual fue además aprobada por es t e l\1ini sterio. En tal virtud, en el recibo de la Rondas en las guardias y puestos militares, es entendido que aquellas rinden al Sargento el "Santo" y la" Contraseña," y directa y personalmente al Oficial de guardia la "Seña" del día. No hay inconveniente en que el Comandante de la guardia dé la "Señal de campo" á la Ronda que llegó al pue to, pero debe advertirse que como seguridad esta precaución nada significa, ya que la "SeJízl de campo" es de mu­chos conocida, y la ~uardia ó destacamento no puede ponerse á órdene-. de Jefe alguno que de antemano no tenga á ello derecho, y éste por tanto tiene<) que ser personalmente conocido por el Ofi­cial del puesto, si se repartió parada, ó conocido de nombre á lo meno , toda vez que é. te debe figurar en la re~pcctiva Orden gene­ral sobre servicio. Y como no es prudente confiar al criterio de los individuos de tropa cierta clase de apreciaciones, y no conviene poner sobre aviso á quien intentara con fines indebido~ pasar por Ronda mayor, á lo menos en tiempo de guerra, mientras dure turbado el orden público, dispone este Despacho que el resguardo que recibe á la Ron­da no terciará armas sino hasta tanto que el Oficial, satisfecho con el parte del Sargento, comunique á éste la orden de que la Ronda puede avanzar; conviene tener presente que en horas avanzadas de la noche, cuando la tropa es aquejada por el sueño, hay verda­dero peligro en que el resguardo tercie armas en presencia de un enemigo atrevirlo y audaz. Estas aclaraciones se publicarán en la Orden generalísima para su cumplimiento por parte de los militares que entran de facción. Dios os guarde. JOSE SANTOS Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 436 BOLETlN MILITAR :o:mor>";alrz'O NUMERO 121 D li 1 QOO (10 DE MARZO) por el cual e honra la memoria del Capitán del vapor Guaeral Tobar, Sr. D. Orencio Hcnnes~>y El Jefe Civil y Militar del Tolima CONSIDERANDO: Que el día 14 de Febrero último murió á bordo del vapor Ge11eral Tobar el Capitán Orencio Hennessy como Capitán de dicho vapor, en tl combate que se libró para rescatar el vapor 17e­nez. uela, el cual había caído en poder de los revolucionarios por medio de la traición y el asesinato; Que en el expresado combate el Capitán Orencio Hennessy dio muestra de valor y lealtad que deben cr imitados; Que el Capitán HPnnes y, á pesar de que sus opiniones polí­ticas eran contrarias á las in tituciones que informan el Gobierno, prefirió cumplir el juram~nto prestado ante· que traicionar á costa de su propia honra; Que el hecho de morir á bordo cumpliendo su deber, fue la más elocuente protesta contra la traición y el asesinato cometido por sus copartidarios en los Jefes y Oficiale::; del vapor 17enez.uela, DECRETA Art. 1.0 El Gobierno del Tolima honra la memoria del dis­tinguido Capitán del vapor General Tobar, Sr. D. Orencio Hen­nes y, y deplora su fallecimiento como un acontecimiento funesto para el Tolima. Art. 2. 0 La señora viuda del citado Capitán tendrá derecho á percibir en la Te~orería del Departamento el sueldo que durante el estado de si ti o hubiera correspondido á aquél. Art. 3.o Copia de este Decreto ¡e pa¡ará á la familia del finado. Comuníquese y publíquese. Dado en !bagué, á ro de Marzo de 1900. FEDERICO TOBAR El Secretario de Gobierno, José M Tobar. • • HONO:Ei..ES MILI~AP.ES República de Colombia- Telégrafos Nacionales-Soatá, 30 de Mar­zo de 1900 Sres. Ministro de Gnerra, y Jefe Civil y Militar de Boyacá y Medellín. Tengo el honor de transcribir á continuación, para la censura del Sr. Ministro de Guerr.1, y para que el Sr. Jefe Civil y Militar Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 4.e Ap ioguia se sirva, á mi nombre, transmitirlo á las faroili.as del Cor.onel jesús M. Arango, Sargento Mayor Federico Laverde y Capitán Gregorio Betancur, ·el siguiente Decreto que- dicté ayer: ''DECRETO UMERO 94 por el o 1 ae mandan ejecutar lo honores y medida de ju ticia á que ti6nen dere­cho loa miembros del BalaU6n Salami1uJ, individu 1 y colectivamente, por su con­ducta en el combate de Oapitaujo " ·El General, Comandante tn Jefe del Ejército de Antio­quia, haciendo uso de las facJJltades que le ha conferiao el Supre­mo Gobierno, y CO SIDBR.ANDO "I.oQue en la acción de armas que tuvo Jugar en Capitaneja, el día 17. de los corrientes, rindieron la vida luchando con valor heroico, digno de la cau que defendemo y del bierno 41ue la repres nta, lo res. enient Coronel le ú M. Arar go, 2.• J fe; Capitá Federico Laverde, yudante Mayor, y el Teniente Gre­gario Betancur, todo del Bata/Ión Salamina; "2.. 0 Que e deber de ju ticia honrar la memoria de los ab­negad que así sellan con u sangr on jda y aun con el infortu io que legan á sus hogares, ante felice , la urna de sus convicciones políticas, DBCR..ITA " rt. 1.0 Hónrase la memoria de los Sres. Teniente Coro­nel J ús M. Aran o, Capitán Federico Laverde y Teniente Gregorio Betancur, y se la recomienda á la gratitud del jér­cito, como ejemplares digno de ser imitados; y dedárase acción distinguida de valor la ejecutada por el Batallón Sa/amin11, que, . compuesto de 140 plaza , y habiendo mJJerto su Jefe á la primera hora de combate, resistió por cuatro horas más á un enemigo en ndmero casi diez veces uperior, hasta retirarse á mejores posicio­nes, mientras IJegaban pertrechos, puesto que habían quemado el último cartucho. " rt. 2.° Conftérese á Jos Sres. Teniente Coronel Aran~o, Capitán Laverde y 1 eniente Betancur, héroes de Capiunejo, los ascensos de Coronel al primero, Sargento Mayor al segundo y Capitán al tercero. " rt. 3 ° Confiérese asimismo ascenso al empleo inmediata­mente uperior al que hoy desempeñan, á todos y á cada uno de lo Oficiale Jel mi mo Batallón que asistieron al combate de Ca pi t· nejo. " rt. ·4. 0 Declarase que la familias de los Sres. Teniente Coronel rango, Capitán Laverde y eniente Betancur tienen derecho al sueldo de que é tos debí n gozar, de acuerdo con lo decretado aquí y a puesto en práctica por el upremo Gobierno. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 438 BOLETÍN MILIT .A.R '' Art. 5.° Concédese á los Oficiales é individuos de tropa del Batallón Salamina, y que toma(on parte en el combate de Ca­pi tanejo, ci('n pesos á cada uno de los primeros, y diez sos á cada uno de los segundo ~ , como ob · eq uio que con grande sa-i fac­ción les haré, en nombre del Supremo Gobierno, para que puedan reponer los avío> y enseres de uso personal perdido en el combate. "Art. 6.o El Ejército de Antioquia llevará luto p r tres días, y por nueve el Batallón Salamina. "Sendas copias de este Decreto serán enviadas á los Sr · .M t­nistro de Guerra y Jefe Civil y Militar de Antioquia para la cen­sura de;] primero y conocimiento del segundo, y á las familias de los militares cuyas memorias h nra. "Dado en Soatá, á 29 de Mar z.o de I 900. "El General, R. LE MES "El Coronel, Ayudante general, cESAR CAMPO" De S. S. respetuoso servidor, . LE" MES ."\?wOHIVO N.A.OION-"\ L .DOOUMEN'l'OS lNÉDl'l'OS Campaña de 1819-1820 en el Cauca (Continuación) En el tercero acompaña el oficio que con fecha 17 de A ril del corriente remite el Sr. Leandro Salas al Comandante de la fragata LoJ AnJn y de la costa, ciudadano Juan Illingrot, y la proclama d! éste 6 manifiesto, á consecuencia de los sucesos que han ocurrido en Is:uandé, y decreto inserto en ella que comprende tres artículos sobre que las provincias de Iscuandé y Micav, con la jurisdicción de Tumac y Pro­vincia de Esmeraldas, quedan bJjo la protección del Gobierno d_ Chile, por cuyas armas se hallan libres . Que todas las autoridades civiles y militar~s recibirán sus nstruc­ciones de ]a Comandancia. Que estos dos artículos tengan fuerza hasta tanto se restab'ezca el Gobierno patriótico en Popay~in, ó vaya la fuerza suficiente para la de­fensa de dic..has provincias ó que determine el a unto el Superior Go­bierno de ]a República de Colombia, con ac uerJo del de hile Que se 1~ presten todos lo au;ilios por las autoridades d ambas 6rdenes al Sr. Coronel José 1\tlaría Cancino, Gobernador Jcl Chocó, que pasa tr0pas al cuartel de instrucción. Que siendo aquellos puebl0s parte integrante de la prov ncia cie mi mando, y él como Comandante de artillería del Dcpartaocnto, y ambo. por las ventaja que resultan á la causa de la libertad. Por haberse entablado ya por aquella vía la comunicac ón con Chile y Buenos Aires, demanda todo allí ]a permanencia de .. n hom- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN .MILITAR 439 bre capaz de gobernar esos pueblos, y que me digne nombrar uno que aea de toda mi confianza, que ocupe tan importante destino: En el cuarto dice que á mas de los inf0rmes que tendré de la con­ducta de Ledesma, que ha sido prisionero y de cuyos hechos se <.¡ueja este pueblo y el valle entero, los cuales lo han hecho digno de obtener entre loa traidores el empleo de Alférez, hace presente: que en la Re­pública pasada, al ocupar Sámano esta provincia, se vio en la precisa necesidad le enterrar unos cañone · de artillería de gruv:;o calibre á presencia de e te mi mo Lede ma (alias Pr1tibrr1J), que era entonce ~argento primero de artillería de la Re¡.níbltca, y que cuando Sámano llegaba á Quilichao, estt: criminal le había dado el denuncio, y este fue el motivo para que se perdie en; que por <.: tos y los demás crímenes se empeña en favor de la justicia para que no se use de benignidad con él. En el quinto dice: que teniendo 1a brig01da de artillería suma es­casez de oficiales, y que los pocos que hay están destinado á la campa­fia de Barbacoas, y no teniendo uno que se encargue del puc to de la Buenaventura, puesto que el Tenien.e Gobernador de Raposo que ha cuidado de él todo este tiempo, tiene otras arendencias en su destino y las constante:. rec1amacion~.:s de sn relevo, se ve en 1::~. preci­sión de hacerlo pre::.entc, para pinosa, d~ Cartago, fecha r6 del corriente, en que comunica haber entregado la Visita de Rentas al Comisionado propicta- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~40 BOLE1.'ÍN MILITAR rio Manuel José Castrillón, con todos los conocimientos que ha adq I­rido en virtud de mi orden, y papeles cr~ados en la materia; y que ha comenzado á obrar en la Comisión, y que le avise si sigue en la Secre­taría. Se recibió oficio del Comisionado José Castrillón: en que comu­nica haber llegado á Cartago á consecuencia de mi orden comunicada por la Secretaría, y que ha comenzado á obrar, segtín el mérito que prestan los dccumentos entregados por el Comisionado interino, y que necesita le libre yo el título correspondiente. Que me digne corrobo­rar el título hecho por mi antecesor en el ciudad ano Cayetano Espino­sa. Con fecha 19 del presente remite el Juez mayor de Buga, Agustín Bernardo Santocoloma, en una carga de costales, 32 varas jerga abrigo y una pieza que dice contiene, según su ancaje, 45 varas, y 500 pesos de Ramírez, que todo conduce el ciudadano Joaquín Pei1a y Plaza; que ha­biéndolo verificado se le entregó al Proveedor Pedro Ospina, que hace de Comisario de guerra, interinamente, y se le mandó dar recibo. A las cua­tro de la tarde de este día llegó á ésta el Ten icnte Coronel M urguei­tio á convalecer u salud, quedando en su lugar ocupando el puesto el Capitán Custodio Gutiérrez. Día 21-Se recibió, con oficio de 20 del corriente, el expediente original sobre la averiguaci6n de los deudores á la renta de diezm0s, con la razón certificada del N otario de ella, dirigido por el Juez mayor de Cali, en virtud de mi orden de 1 5 del presente. Con fecha 19 del presente me comunica el Comandante del campo de El Palo, Capitán Custodio GutJérrez, por conducto del Jefe de Estado Mayor, haber llegado el día antes allí, y héchose cargo de él y su fuerza, quedando impuesto de todo; remi e un estado de fu~rza, arma~, mnn1ciones, ca­ballería y monturas que ha recibido del Comanclante Murgueitio; que no ha ocurrido novedad y que piensa seguir al día siguiente á Matarre­donda á traer un ganado que hay y que se dice pertenece al español enemigo Perdereles, con 6o hombres. Que le diga de d6nde echa mano para las carnes, por no haberlas en aquel campo, en caso de haber el dicho ganado. Pide le r~mita cuatro ó cinco cuadernillos de papel. Que á más de las dos compañías de caballería se han agregado 1 5 hom­bres más, sin armas y á pie, y que le avise lo que deba hacer con éstos y los má~ que se le presenten. Que siguieron á las doce del día los dos pliegos que le remitieron para La Plata, y que le mande sal por no ha­berla por allí. En este día ha eguido el Capitán Martínez á hacerse cargo del cuarto Escuadrón de caballería que está destacado en El Palo y bajo las órdenes del Comandante Gutiérrez. Día 22-Se contestó al Visitador general de Rentas, Manuel José Castrillón, el oficio de 16 del corriente, en que se le dice queda impuesto el Gobierno de su llegada á Cartago á consecuencia de la orden que se le comunicó, y de haber recibido del ciudadano Cayetano Espinosa, Comisionado interino, todos los documentos y demás perte­neciente á la Visita; en cuyo concepto está y debe seguir obrando, sir­viéndole de título dicho oficio, ínterin las circunstancias permiten ha­cerlo en forma. Se le encarga la más pronta ejecución de los asuntos de rentas en Cartago, y se venga cuanto antes á Cali, de donde podrá dar impulso á las de lo · demft s 1 ugarcs, que están en el rnayor trast r­no. Que por no estar impuesto de si la Visita general debe tener un Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍN MILITAR 441 Secretario para actuar, ó lo deba hacer con los Escribanos públicos de cada lugar, como cosas de oficio, no ratifica el nombramiento que hizo el Sr. Gobernador Obando en el ciudadano Cayetano Espinosa, pero que, sin embargo, puede seguir éste en clase de primer Oficial de la Tesorería general de esa Provincia. Que, considerando colectado el re­partimiento que se hizo á los vecinos de Cartago, remita ese dipero y el demás que haya en la Tesorería, pidiendo á ese Juez mayor el auxi­lio que necesite para la custodia de esa remisión. Se contestó al ciuda­dano Cayetano Rspinosa su oficio de I 6 del corriente, aprobando la entrega de documentos y órdenes concernientes á la Comisión ó Visita general de Rentas, que obtuvo interinamente, al Comisionado propie­tario Manuel José Castrillón, quien se impondrá del destino á que se ocupa. Se ofició al ciudadano Luis Espinosa que supuesto haberse res­catado la imprenta y ser él el impresor que la m:.~ncja, se ponga en este lugar, en el más breve término, a hacerse cargo de ella, y que para su transporte lo auxiliará aquel Juez mayor, á quien se le oficia en la mis­ma fecha. Se le ofició en este día al Juez mayor de Cartago que fran­quee todos los auxilios que necesite el ciudadano Luis .Espinosa para su transporte á ésta. Se le ofició al J ucz mayor de Cal i, previniéndole haga que en el término de la di tancia se.; presente en este Cuartel el Presbítero Juan José García, á quien se le ha nombrado Capellán del tercer Escuadrón de caballería de línea .. Se le acusó recibo al Juez mayor de Buga, del oficio de 20 del corriente con que remite al mu­lato Leandro y condujo Fernando Cárdenas, diciéndole haberlo des­tinado al servicio de la armas; y que representando otro Leandro y ha­biéndose presentado otros esclavos á tomar el mismo servicio n virtud de los bandos publicados, han sido devueltos á sus amo~; que no se cree, pero que en caso de ejecutarse, sería este procedimiento del todo criminal, así por la desorganización de las órdenes superiores, como por privar á la República de esos brazos en el tiempo que más los necesita, y por el perjuicio que á ellos se les sigue en la manumisión que les está declarada y consiguen por ese medio, y sobre el particular se to­marán las medidas que dicte la prudencia. (Continúa) JOsÉ CONCHA 1 •••• ~. SECCION DOCTBIN AL NOJ?.MA Y :CIREOOION DEL TIRO DE LA ARTILLERIA EN CAMPA A según las Le~ons d'a,·tillerie de E. Girardin. (Continuación) Tiro [usan te normal sobre blanco fijo Sábese que en el tiro fusante la trayectoria media que procu­r.:~. el máximum efecto es la que pasa por el blanco, y que el punto medio de explosi<ín debe quedar á la altura tipo que convenga al proyectil y al género de tiro de que se trate. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 442 DOLE1.'ÍN MILITAR i) Tiro en fortificaciones-En ~ te caso la trayectoria me ia que pasa por el blanco se obtiene tr,ls un reglaje previo y comple­to, realizado por medio del tiro percutante. Despué de hallar la tenaza estrec:ha (4 desvíos probable ), se coloca el tiro en el cen­tro y se modifica el alz1 conforme á los resultados del tiro de con­junto, de suerte que se obteno-an tanto disparos cortos como lar­gos; así encontrada la alza del blanco, se monta el cohete de suerte que corresponda con la di tancia y se procede á reglar la altura de la explosión del proyectil. Si el blanco está al descubierto se hace pasar la trayectoria media por el pie de aquél; si se muestra abrigado se la hace pasar por la cresta de la masa protectora; des pué , en ciertos caso , se aumenta el ángulo de tiro, de 5 hasta ro minutos, antes de mon­tar el cohete. Este realzamiento de la trayectoria es necesario sobre todo en el tiro p1rabólico con ángulos inferiores á 20° y con shrapnrles de haz ligeramente hueca, para. evitar que la masa protectora detenga los proyectiles de la nda inferior. j) Tiro de camprdía- En el tiro de campaña con shrapnel no pue~e buscarse el alza del blanco ante de montar el cohete, porque es esenci~l obtener en el menor término posible la mayor eficacia del fuego. Por tal razón hay que limitar e á buscar apri a una te­naza amplia, siempre la de 100 metro , salvo á las distancias me­dianas y pequeñas, cuando es fácil la observación, pues entonce!' la tenaza se pone de 200. Como alza de ensayo se toma la del medio de dicha tenaza, que corresponde á 8 desvíos probables prácticos en las distancias ordinarias de combate, y se divide la hatería, es decir, dos secciones (centro y una ala) montan el cohete y reglan sin demora la altura de la explosión. Entre tanto el capitán, con la sección del ala que continúa disparando con espoleta percutante (sección !(UÍa), verifica el alza de ensayo, adopta en seguida la alza probable del blanco (como en el percutante sobre blanco fijo), es decir, la de la tenaza mínima (so metros), y aun la mejora mediante un tiro de conjunto si lo cree conveniente, como cuando se dispara contra artillería enemiga. Así que se encuentre el alza probable del blanco, las seccio­ne fusantes, que in cesar se reglan sobre la percutante, es decir, á cada disparo emplean el alza del momento que da aquella sección, la utilizan sin demora y en concordancia con ella gradúan el cohete para aprovechar el beneficio del reglaje. A su turno la sec­ción ercutante pa ·a á er fusante cuando lo cree oportuno el ca­pitán. Entonces este último manda repartir el juego, fija el alza y envía una ráfaga de proyectiles en fuego rápido (tantos tiros por pieza). En el caso en que la maniobra y la observación dt:! los di p~1- ros ean fáciles, puede suceder que convenga dividir la batería de de el principio del tiro; al contrari , en e pecial cuando la ob­servación es difícil, puede el capitán no practicar tal separacíón y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 443 encargarse él mismo de la graduación del cohet'!. Con frecuencia importa, antes d e ejecutar el fue o-o rápido enviar al enemigo una l d . . b ' sa va e repartiCIÓn, que p e rmite ver i el cohete está bien regla-do y si el fu ego está bien repartido sobre el objetivo. Sábese que á las distancias medias de combate una gra- AB=trayectoria media nada de metralla aislada (de 9omm), bate eficazmente una profundidad de 200 metros por unos 30 de anchura (hg. adjunta), en tanto que en una serie de disparos esa pro­fundidad u be a 300 metros. En consecuencia la tenaza de roo metros (y aun la de 300 metros *), en medio de la cual se establece el blanco para principiar el tiro fu . an- -~ te, ya produce efecto ensible, bien que el máximum de éste corresponda al caso en que la ---- trayectoria media pase por el ----- blanco, lo que ju tifica la pos- xoo -¡oo-terior busca del alza probable d el blanco y, eventualmente, su me­jora empl("ando tiros de conjunto á fin de obtener la alza real del blanco. límite ]argo B' o M límite corto B 1 1 ¡ tenaza de 100 l metros ¡ 4mm dcalza 1 : Es fácil darse cuenta de las variaciones de la eficacia del tiro según la posición del blanco en la tenaza amplia de roo me­tros ó en la menor de 50 metros entre By B'. Sábese que 100 metros corresponden á uno; 4mm de alza, 50 metros á 2, y 25 á I; por consiguiente el alza de ensayo (centro de la tenaza de I oo metros), expresada en función del alza real del blanco h, varía de h+2mm á h-2mm p ,t · ando por h: conforme á lo resultado de los experimento la eficacia corre pondiente va­ría de 28 á 36 filas atravesadas pa ando por el máximum que e 46. Igualm'!nte el alza probable del blanco (centro de la tenaza de 50 metros), varÍa de lz + Im m á lz - l mm pasando por lz, según }a posición del blanco entre By B', y la eficacia cambia de 42 á 43 • En el hrapnel de mont nñ ~ b cifra es menor. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 444 BOLETIN MILITAR pasando por el mismo max1mum de 46 filas atravesadas á 2,200 metros (22 á 4-,ooo). tenaza de 50 metros B' límite largo 1 1 1 1 1 1 ! 1 ;o M 1 1 1 1 1 1 1 B límite corto zii'Dm de alza l) Reglaje del cohete. Para reglar el cohete ó mecha de la es­poleta de tiempo, es preciso atender á la altura y al intervalo de la explosión, y á los medios para levantar ó bajar el punto medio de la explosión, ó sea para colocar ésta á la altura tipo del proyectil •. Los puntos de expl sión de los proyectile en el aire están sometido á las misma leyes de dispersión que sus puntos de caída en el suelo. La di per ión proviene de los desvíos accidentales que pueden producirse en la inflamación y combustic>n del cohete, y en segundo lugar de los que resultan de la divergencia misma de las trayt.ctoria ; en Ja práctica esta ultima causa es nula compara­da con la otra. El cohete, variable en su acción con el alcance, figura en las tablas de tiro y en las alzas de los cañones, pero su regulación en cada sesión de fuego se itupone por las razones siguientes: 1.\ las condiciones de combustión Je los cohetes, en un día dado, no son identicas á la condiciones medias de 1 s experimentos en vir­tud de lo cuales se construyeron las tablas de tiro; 2.8 , la veloci­dad de e mbustión del cohete puede variar por culpa de la fabri­cación; 3:, una gran densidad del aire, la sequedad de éste, el viento soplando de frente pueden activar la ignición del cohete. En el reglaje del cohete es ventajoso, si no indispensable, em­plear cohetes de la misma duración en tiempo. Toca ahora indicar los principios conforme á los cuales se ve­rifica el reglaje del cohete. La experiencia enseña que en la granada francesa fusante la diíerencia probable en tiempo (duración de la ignición) es de~~ de segundo. Sea E el punto medio de explosión ó la altura tipo de 1 0 4 ,, n' sobre la trayectoria media _ll,f EC; sabido es que en el tiro directo el trayecto Ec corre ponde á cosa de -/'0 de segundo. To­mando el ~~ de dicha longitud y llevándola cuatro veces sobre y cuatro debajo del punto E, obre la trayectoria, se obtienen aproxi- • Lám•\se altur~ lipo 1111 valor a ugula1· que con e~; po ude á una altnra ('. presada e~ 1~1etro y varfa eun la distan c i il. Bl asunto scr · d e los prnp tt ilc ·-( L. D. ) . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 445 madamente las ocho zonas de dispersión de los golpes fusantes, cada una de las cuales equivale á /o de segundo. Zona de tiros muy altos • . • . . • • • . . • • • . • . . . . . .••... 1. 5 • • . • . • . . . • . . • . . . • . • • • . • • . . • • . . . 7 Zona de tiros alto···· · ··16 • • • • • • • • • • . . • • • • • . • • • • • . . • • • • • . • • • • . 2 5 •••.• . •••..••• 2 5 Zona ele tiros bajos········ 16 b ..• .•• . . . . ........... 7 Llámanse bajos los proyectiles que estallan á menor altura que el punto E en la zona Ec y tienen por lo mismo :J.ltura menor que la tipo. Percutantes , los que lo hacen en la zona cd suroniendo pro­longada la trayectoria bajo el suelo. Altos, los que lo hacen sobre el punto E, en la zona Ep, me­nor que el valor de do3 alturas tipo. En fin, muy altos son los que estallan á más de dos alturas tipo, ó sea sobre p. Esto sentado, si los dos primeros disparos tirados con cohete reglado resultan percutantes, hay motivo para creer que el punto medio de explosión, en un tiro prolongado, quedaría bajo Ja super­ficie del suelo, en la zona e d y aun más bajo, lo que justifica la re­gla de "disminuír la duración del cohete en 1' 0 '' para remontar la explosión y acercarla al punto E. La inversa se impone si los dos primeros disparos resultaron muy altos. En tesis general, "una variación de r'o de segundo corres­ponde, término medio, en 4 disparos al cambio de sentido en el desvío del tiro por relación á la altura tipo," y "cuando una serie de +disparos da tantas explosiones altas como bajas, puede mirarse el cohete como reglado." La justificación de estas sencillas reglas resulta del examen de la escala de dispersión de los tiros fusantes. Según el Manual de tiro de campaña, de acuerdo con los ex­\> erimentos de polígono, el reglaje del cohete puede lograrse tan solo con dos series de dos disparos. En seguida la duración se au­menta (ó disminuye): / o tras 2 tiros altos (ó percutantes); lo des­pués de uno muy altor uno alto (ó uno percutante y uno bajo); 1 2 0 - tras dos altos (ó bajos); lo al estallar uno alto (bajo) y otro á la altura deseada. Después de modificar así la duración del cohete si la serie disparada en seguida provoca una nueva c0rrección en sentido contrario, igual ó superior á su valor absoluto, se adopta definitivamente un valor intermedio entre las dos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 446 BOLETÍN MILIT A.R . Con la altura ~ipo ( 1 , / 0- 0 ) adoptada para el shrapnel en el tiro dtrecto, un ... fuego bten grad~d~ no debe dar sino disparos fu­san~ es, y estos cortos por anadtdura, porque si la explosión se venfica s0bre el bla~co no pr~duciría resultado alguno . .En efecto, entonces el proyecttl marchana sobre una trayectoria media pero larg~ de ~ás en ~o á roo metros (4mm de alza ó 15' de ángulo), á las dtstanctas medtas de combate, y se sabe que siendo h el alza del b.lanc?, la alza ~ +.4 mm n? cor~esponde en un fuego prolongado s1no a una eficacta tgual a 4, s1endo 46 la del máximo. Si no pro­duce efecto la granada de balas en el caso anterior mucho menos lo producirá un disparo fusante largo. , -- i5 minuto · (nreo) + 100 ms. Si el blanco se pre enta al descubierto, la altura de la explo­sión se cuenta á partir de su pie; si e ~ tá abrigado por una trin­chera, á partir de la cresta de esta última. OBRE EL EJÉRCITO ALE IÁN (Continuación) El tiro Vamos ahora á pa ar á uno de lo puntos más importantes de la instrucción del soldado de infante ría: el tiro al blanco. En reíilidad, los ejercicios de tiro duran todo el año en el ejército alemán. No obstante, como durante el verano es, sobre todo, cuando reciben su impul o más activo, parece que su estudio corresponde más naturalmente al período mencionado. Estos ejer­cicios son objeto de la más constante atención y se conducen en todas partes con una actividad y metodo extraordinarios. De nin­gún modo exagero al decir que en realidad preceden á todos los demás y que éstos se arreglan según aquéllos para no entorpecer nunca su marcha regular. También se procura no interrumpirlos jamás durante mucho tiempo, para evitar que el soldado no olvide de una á otra lección la instrucción que ha recibido y las obser­vaciones que se le han hecho, hasta el punto de que aun en pleno invierno con-10° de frío, las tropas van al t:iro al blanco. Como la enseñanza del tiro está dirigida en todo el Ejército de una manera perfectamente uniforme, nos bastará examinar el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 447 modo como las cosas pasan en un cuerpo de la Guardia, con h observación, sin embargo, de que éste, como en general todas }a¡ tropas estacionadas en las grandes ciudades, se encuentra desde este punto de vista en las peores condiciones. Porque sin hablar de los inconvenientes que impone un servicio de guarnición más recar­gado, ca~i siempre el campo de tiro e. tá situado en tal caso muy lejos del cuartel, de donde resultan pérdidas de tiempo y una gran fatiga para los hombres, circunstancias desfavorables para la eje­cución del ti ro. A pesar de esto, los regimientos de Berlín están de tal ma­nera acostumbrados á e tas largas marchas, que la obligación de andar cada día cuatro y aun siete verstas * para ir al tiro al blanco, parece una pura bagatela. Hay además muchos coroneles y capitanes que consideran este alejamiento del campo de tiro como una cosa muy conve­niente. Prett-nden que el tiro se efectúa así en las condiciones más próximas á la realidad del tiempo de guerra, puesto que el soldado no empieza á tirar, sino despues de h':iber llevado la mochila du­rante una hora ú hora y media, y añaden que este paseo mili­tar cuotidiano de dos ó tres horas constituye un excelente ejerci­cio de marcha. En general, respecto á este punto, como en todos los demás, aparece en el ejército alemán ese e fuerzo constante de no hacer ni enseñar nada que no pueda ser de una utilidad directa en la guerra. Todos los oficiales no piensan más que en preparar sus hom­bres para desempeñar el papel que pueda incumbirles en el cam­po de batalla, y despliegan, p:tra alcanzar este fin, todas sus fuer-zas é inteligencia. · Nada lo prueba mejor que el cuidado que se pone en la ins­trucción del tiro, y los mismos procedimientos á que se recurre para darla á la tropa. Alguna vez he tenido ocasión de visitar los campos de tiro durante el ejercicio, y siempre me ha impresionado vivamente el celo y la atención extremos de que eran objeto cada tirador y cada disparo. Nunca tira más que uno cada vez, y el capitán en persona está siempre allí para guiarles y darles sus consejo~, tratando, por todos los medios posible.s, de desarrollar entre sus subordinados no sólo la ciencia, sino también el gusto del tiro. En caso de ausencia otro oficial de la compañía ocupa su puesto. 'Todos los campos de tiro de la guarnición de Berlín están muy lejos de la ciudad, salvo el del 2. 0 regimiento de granaderos de la guardia, Emperador Francisco, que se encuentra en la barria­da inmediata al .cuartel. Los demás regimientos no tienen menos de una hora ú h0ra y media de marcha que hacer para encontrar- • La ver ta e igual á 1,067 metros, 6 sea poco más de un kilómetro. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 448 BOLETÍN i\IILITAR se en el terreno, particularmente el regimiento de fusileros de la guardia, el peor dotado á este re pecto, pues u campo de tiro, situado cerca de la Tegel, está lo menos á una milla alemana (7,500 metro ) de su cuartel. Estos campos de tiro presentan todos la misma disposición general. Se;;ún los reglamentos, un regimiento de tre5 batallones debe disponer de nueve líneas de tiro, de las cuales dos son de 6oo me­tros, tres de 400 y cuatro de 300. Se comprende que las circuns­tancias locales no permiten siempre la realiz<3ción de este deside­ratum, y que bajo este concepto Jos campo de tiro difieren poco u no· ~e otro . En todas las partes donde es posible darles mayor longitud, se hace desde luego; pero no se admite tengan menos de 6oo metros. Como consecuencia del desarrollo de la agricultura en Ale­mania, con frecuencia e muy dif1cil encontrar terreno convenien­te , sobre todo en la cerctalles de ejecución de los div, en el poseedor del arma y entre todos los asistentes al acto. Si un fu il parece realmente malo, se recurre al caballete. El oficial hace algunos disparos, y después de haber determinado la naturaleza de lo~ defectos, indica al soldado sobre qué detalle debe ante todo poner su atención cuando se sirva de esta arma, ó bien, si es necesario, le da orden de en viaria al armero. De cual­quier modo que sea, no p9r eso deja el oficial de resolver definitiva­mente la cuestión, y los soldados ven en él siempre y en todos los casos una autoridad ante la cual les es preciso inclinarse. Lo que contribuye ad~más al mismo resultado es el celo ex­tremo con el que los oficiales se ocupan en la instrucción del tiro. Los hombres se di ponen por grupos de á cinco y se colocan en hilera uno detrás del ~Jtro; el primero carga, apunta y tira. Du­rante este tiempo el oficial se mantiene cerca de él, siguiendo todos sus movimientos, rectificando su posición y dándole con­sejos apropiados á su carácter particular, que siempre conoce perfectamente. Hecho el disparo, el tirador permanece en su pues­to hasta yue el marcador le haya indicado el punto herido por su bala. Dando entonces un paso al costad da cuenta en alta voz al instructor: "El soldado N. ha tirado á tal punto y ha dado en tal otro." Después aquél se dirige á su pu esto á la cola del grupo, y así sucesivamente hasta que cada uno haya tirado el número de balas fijado para aquel . día. No lejos de allí un sargento, sentado cer­ca de una mesilla, guarecido, si se nece~ ita, bajo un inmenso para- · guas de tela, inscribe cada bala tirada en el libro de tiro de la compañía. Además, la misma anotación se hace en la libreta de tiro que tiene en su poder cada soldado, con cuya inspección puede éste saber en todo instante cómo tira, sobre qué punto le es preciso particularmente poner su atención y qué condiciones le quedan aún por atisfacer para pasar á la clase superior ó para terminar lo ejercicios de la que forma parte. Se exige que todo soldado conozca siempre perlcctamente en qué situación se en­cuentra respecto al tiro, y ocurre con frecuencia que un superior, al encontrar un soldado en la calle, le dirige de pronto una pre­gunta sobre este asunto. Entonce. está obligado á dar las indica­ciones más detalladas sobre todo l que heme dicho anteriormente. Se concede gran i11"portancia á que el tirador sepa perfecta­mente reconocer sobre qué punto del blanco estaba dirigida su arma en el momento mismo de efectuar el disparo. Y preciso es confesar que nada es más propio para apreciar y comprobar el tiro, tanto para el mi m o tirador como para el instructor-( Continúa) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETÍN MILI1.'AR 453 SOBRE EL UNIFORME MILITAR l Continuación) Cuarta cualidad-Preservar de los agentes morbosos externos. f?¿uinta cualidad-No entorpecer las funciones fisiológicas. Para cumplir con las condiciones impuestas por estas cuali­dades, es necesario examinar, siguiera sea sucintamente, cuáles son las causas de enfermedades que la higiene puede combatir por me­dio del vestido, y cuáles son los órganos más expuestos á ellas. La temperatura, la luz y la humedad influyen poderosamente sobre la superficie del cuerpo humano, y sobre los órganos en ella colocados. La temperatura influye por su elevación ó por su depresión, siendo tan pernicioso al cuerpo humano el excesivo frío, y mucho más i por transición repentina se pasa de una alta temperatura á una baja, pudiendo llegar no ólo á alterar la econom1a de los teji­dos externo·, in o á dPsorganizarlos totalmente y á causar lesiones graves en órgano internos importantísimos. A precaver el efecto de los cambios repentinos de temperatu­ra, ó á contrarrestar el que pudiera producir la influencia constan­te de temperatura anormal, se dirige la higiene al dictar las leyes á que e 1 vestido debe someter·e. El cuerpo del hombre, cuya temperatura de unos 3í0 es casi uniforme en todos los puntos del globo, tiende á equilibrar su ca­lórico, producido en su mayor parte por las reaccione químicas á que dan lugar las funciones respiratorias con el del medio en que se le coloque, por radia ·ión dd calor propio si la temperatura e& más baja, ó por ab orción del extraño, si es más alta; para evitar ambo extremo irve d ve tido, y erá mejor cuanto mayor su eficacia para conseguirlo. Pero es necesario tener en cuenta que la piel que cu hrc la periferia del cuerpo hu mano tiene eiialadas en la ~conomía funciones depuratoria g u e no Jeben ser contrariadas. E 1 vestido debe con ti tuír, por tanto, una e pecie de pantalla que conserve Jentro de límites conveniente la temperatura de la capa atmosférica inmediata al cuerpo y en circunstancias higro­métricas favorable., facilitando la normal exhalación y absorción que al travé Jel dcrmi y la epidermis se efectúan. Para Í11ve. tigar cuáles de las materia tl'xtiles que se ~uelen emplear en el traje d~ 1 horn br~, son las más provechosas, se han hecho diversos experimentos, partiendo siempre de que las más fa­vorables serían d~.:sJc el punto de vista calordico la meno con­ductoras, y desJe el higromc..trico las que mejor abs rban la hume­dad del ambiente. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 454 BOLETÍN MILIT.At.R De las del doctor Coulier (médico militar francés) resulta que por su poder radiante las t~las siguientes están colocadas de más á menos en el orden en que se citan: 1. a Tela de algodón para forros. 2.a Tela de cáñamo para forros. 3·" Tela de algodón para camisas. 4.• Paño azul oscuro. 5· • Paño encarnado para pantalón. 6.a Paño azul claro para capote. El poder absorbente con relación á los rayos del sol, da el que á continuación se expresa, también de más á menos. 1. a Paño azul claro para capote. 2. a Paño encarnado para pantalón. 3·a Paño azul oscuro. 4·a Tela de cáñamo ':rudo. 5· a 're la de algodón para forros. 6. a Tela de algodón para camisas. Hammond en 1863, en Filadelfia, obtuvo respecto al poder radiante la colocación siguiente: 1 .• Algodón para camisas. 2.a Tela de cáñamo. 3.• Franela blanca. 4.• Paño azul oscuro. 5.• Paño azul claro. El c.:>lor influye también en el poder absorbente, como lo de­muestran los experimentos de Franklin, Davy, y más reciente­mente los de Stark en Edimburgo, condensados en el cuadro que sigue: Poder absorbente de los color es con relación á los rayos del sol I.0 Negro; 2. 0 Azul oscuro; 3.0 Azul claro pardo; 4. 0 Ver­de; 5. 0 Púrpura; 6~ Encarnado grana; ¡.0 Amarillo; 8. 0 Blanco El médico militar Hermant dice que para hacer subir un termómetro envuelto en telas de lana de 10° á 70° han sido nece­sarios, cuando estaban teñidas de negro, 4'; grana, 5'30; verde, 5'; blanco, 8' Sobreponiendo unas telas á otras, se ha visto que es mayor el poder absorbente de lana sobre algodón, que el de algodón sobre lana. De e;;tos datos se deduce la consecuencia de que los tejidos de lana son muy buenos para proteger el frío, porque impide que se pierda en la atm ós fera el calor del cu erpo, favoreciendo la absorción del solar, y qu e, por el contrario, los tejidos de al~odón son eficaces contra el calor, pues permiten más radiación á la par Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍN MILITAR 455 que moderan la infl u encía de los rayos del sol, y en cuanto á los colores, que los oscuros son ventajosos en las lanas y los claros en el algodón. Patente se n uestra aquí la conveniencia de dos trajes para el soldado, uno para tierra cálida y otro para clima frío. En un país, en que la temperatura varíe desde + 1 o 0 hasta 35° no e-. razona­ble exigir de un traje que proteja con igual fortuna contra las dos. La razón económica, que á primera vista parece oponerse á que se haga un vestido de lana para el frío, y uno de algodón para el calor, no lo es en realidad; pues siendo mucho más barato el se­gundo que el primero se ganaría la diferencia de precio entre uno y otro, por el mayor tiempo que durarían; y si hoy, por ejemplo, en cuatro años se consumen dos capotes de paño, enronces se gas­tarían, en el mismo plazo, un capote y la prenda de algodón con que se le su tituya en verano ó tierra cálida. Pero si esto no puede hacerse, no cabe duda en la elección, y es preferible adoptar, para tod tiempo, el traje de lana. Los efectos del frío son mucho más perjudiciales que los del calor para la economía, en cuanto á la defensa que el tr .. tje pueda proporcio­nar. El frío mata directamente sólo por ser frío, y el calor, si bien s cierto que tam hién mata, no produce e te efecto, aun cuando indefen a y sin cubierta alguna s11fra la piel los ardores del sol; el calor produce la rarefacción del aire y la muerte, ó por asfixia por falta de oxígeno para el desempeño d~ la fun ione. re piratorias, ó por congestión cerebral i la cabeza sufre sus rayos, ó por viciar la atmósfera, ó por otras causas en que el vestido es de ninguna importancia, si se exceptúa lo que á la cabeza se refiere, en que vuelve á recobrarla, porque tratándose de esta parte del hombre, puede y debe prestar efica7. ayuda á su reparo. De las condiciones higrométricas resta tratar, y en este pun­to, como se ve en el adjunto cuadro, también está la ventaja de parte de los tejidos de lana: CANTIDADES DE AGUA QUE ABSORBEN DIFERENTES CLASES DE TELAS Dt•signación de las telas Jlumed~td Hum4'
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 147

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 144 y 145

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AN01V Bogotá, Marzo 3 1 de 1900 SU M. 1« y 145 ---··~--- ORGANO DEL MINI 'fERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DJUCTOil AD-HONOAEM, FRANOISOO J. VERSARA y V. General, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefe• 7 Oft.ciales del Ejército de la República OFif~IAI. (26 DI! FEBR.2RO) por el cual se abren varios créditos •uplementales al Presupuesto de Gastos tlel .Wiftia­terio de Guerra correapoodiente al bienio de 1899 y 19oe El PrnitltnU "' la Repú/J/ittt En uso de la atribución que le confiere el arde ulo 121 de la C•as­tituci6n, y CONSIDERANDO Que por razón de la guerra y de la organización consiguiente e~ un numeroso Ejército como el que hoy mantiene la República, el a - mento de los gastos ha sido proporcional, y son insuficientes las partidas sefialadas á varios Capítulos del Presupuesto de 1899 y 1900, y Que el Consejo de Ministros ha determinado la apertura de loe créditos suplementales de que se tratará en seguida, OECR~TA Artículo único. Abreose al Presupuesto de Gastos del Minietcrie· de Guerra, correspondiente al bienio de J 899 y 1900, los siguiente~ ~réditos suplcmentales: Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN Hl.LITAB VIGENCIA DB 1 899 Y 1900 rJ~jJartament6 de Guerra-Capítulo 40-Ministtrio de Guerra- Material Art. 293. Para gastos de escritorio y aseo del Minis-terio. . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . • . . . . . • • - .... $ C apítul(/ 41 -Ejército de la República-Penonal Art. 294. Para el gasto que ocasione el personal del Ejército . . . . . . . . . . . .. ....................... . Art. 29 5. Para personal de E s tados Mayores, Audi­torías, Parques y demás empleados administrativos del Ejército ........ . ...•...•.... . ...............• Capítulo 42 - Ejército de l a República- Material Art. 296. Para arrendamicn to y reraración de e uar-f. OOO 7.000,000 1.200,000 teles y parques.... . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Ioo,ooo Art. 297. Para compra de armamento y municiones. to.ooo,ooo Art. 298. Para gastos de vestuario, equipo y menaje, escritorio, alumbrado y lavado, empaques, transportes, co-misiones, mobiliario, pastajes y otros gas tos cau~ados por la fuerza pública. . . . . . . . . . . . . • . . • . • • . • . . . . . . . . . . 1 o .ooo,ooo Capítulo 43-Marina de Guerr.:z-Personal y material Art. 299. Sueldos de los empleados de las cañ0neras La P1pa, Boyacá, General Nariño, Cruuro Córdoba y de las demás embarcaciones que se juzguen necesarias para las costas de la República... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5oo,ooo A~t. ,3?0- Para provisiones de personal, combustibles y demas uttles...... . . . . . . . . • . . . . • . . . . . . • . . • . . . . . Joo,ooo Capítulo 44-Hospitales militarts-J1tateria/ Art. 302. Para los gastos de ropa, muebles, enseres, medicamentos, escritorio, a] umbrado, etc .............. . 170,000 Capítulo 45-Gnstos varios Art. 305. Para gasto~ imprevistos de este Ministerio. 6o,ooo Suma.... . . . ...••..•.... $ 29·334,000 \ Por el Ministerio de Guerra se dará cuenta de este Decreto al Congreso en sus próximas sesiones, de acuerdo con el artículo 6.e de la Ley 19 de 1894. Dado en Tena, Departamento de Cundinamarca, á 26 de Febrero ele 1900. MANUEL A. SANCLEMENTE El Ministro de Gobierno, RAFAEL M. PALACio-El Ministro de Hacienda, CARLos CALDERÓN-El Ministro de Guerra, Jos:R SANTos­El Ministro del Tesoro, MARGELIANO VARGAs-El Ministro de Instruc­ci6n Pública, MARCO F. Sv.Á1taz. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN JdiLITAk 355 SE~;ciON DOCrrBINAL TABLAS UE TIRO Con el nombre de tablas d~ tire se designan unas tabl..ts uu­méricas, de doble entrada, que dan los elementos dd tiro para cada boca de fuego y para cada género de tiro de la pieza en referencia. A la cabeza de las tablac: figuran las indicaciones concernientes al pesfl de la carga ó cantidad de pólvora necesaria para el disparo, el peso del proyectil, la velocidad inicial, e~ decir, la con que el pro­yectil sale del caiión, y el ángulo de altura, porque el conocimiento de esos elementos es indispensable para reglar el tiro. Cuanto al cuadro, contiene una serie de columnas que de or­dinario se disponen en el orden siguiente: I . 0 Aleonas ó distancias, de I oo en 1 oo metros; 2.0 Alzas, expre aJa en milímetros; 3. 0 Desvíos, expresados en la misma unidad y que juntos con lo anteriores permiten obtener en cada caso la línea de mira corres­pondiente á un alcance dado; 4·u .Angula de t;ro, para obtener los mismos alcances ó distancias cuando en vez de alza e apunta con el nivel de puntería; 5.0 Angulo de caída, correspondiente á los di­versos ángulos de tiro, para así determinar la forma de las dos ra­mas de la trayectoria; Ó. 0 Yelocidades restantes, que indican la fuer­za de traslación que el proyectil ha perdido en cada aistancia por la resistencia del aire; 7. 0 Duración del trayato, en segundos; 8.0 Desvzos de los proyectilu, ósea el número de metros que ellos se alejan á la derecha de la prolongación del eje de la pieza en cada al­cance; 9.• Flechas máximas de la trayectoria, ósea la altura máxima á que el proyectil pasa sobre el plano del cañón en cada caso y co­rresponde al punto de unión de las Jos ramas de la trayectoria; ro. 0 , 11.0 y 12.o Duvíos probables en alcance, dirección y altura para las correcciones de la puntería, y 1 3· '? y 1 4· 0 Zonas peligrosas, para la caballena y la infantería, ósea el número de metros en que antes del blanco el proyectil pasa á tal altura del suelo que alcanza á herir un jinete ó un hombre de pie que esté colocado en el plano vertical del tiro. Estos di ver os datos permiten efectuar el tiro del cañón en toda circunstancia con perfecto conocimiento de causa. Otras tablas dan los mismos elementos no ya para el tiro diruto ó con carga normal, sino con cargas variables con el alcance por ar­gumento. Al reprvducir en seguida las tablas de tiro de los cañones que constituyen nuestra artillería de montaña, naturalmente principia­remos por las del Bange, por constituír éste el material regular, ya que )os otros sistemas en uso apenas pueden mirarse como auxiliares~ ó 5ea como material irregular. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. CAÑON BANGE-TABLA PRIMERA Tiro directo: carga 400 gramos de pólvora: C 1 -peso del proyectil 5.605; vel cirtatl inicial, ~51 (Comisión de Bourges, Diciembre de 1879) Aogulo de altnra, 40' o ~ ANGULOS ~ ~... P&l B.ABLBI ZONA P& • 2 "" DI:SVJOI - 1 ~ - ~ : LIGROII.A ~ _e ª á .::: ""' E Metros M etros 'O i ~ ~~ !! ] "' .o 1 .~ ~ ~ ! o ~ ~ ~ .g ~ -: :g = ~ ~ ·~ ~ 4 ~ z 1 ;. .!:: ~ •ü ~ ~ &, '~ ~ ~ ~ ~ ~ .:. :! !!!! co ~ ... u ..=!~ .... Q .,~ c.a.... co ....... tD QJ • .. ..-: ~ ~ "' "' ..,..e; l ::sen ..,,... ~,.e; s:: s:: s:: e i5 1 ü o .ü 1 4 1 8.9 o 2 0.2 6oo 13. 6 o .5 1 3.') 2.20 2 ,~0 2 o 0.8 6 8 9 0.2 0 .3 200 tsol 600 18.0 0.5 2.0 2.50 :l40 2.4 1 1 8 :8 9 0.3 o 4 1 700 22.0 1.0 2 30 3.25 235 2.85 J .4 1 J 8.9 o 3 0.5 800 26.0 J .O 3.0 1 3.55 2351 3 . 3 1.7 H 9.0 O 4- 0.6 69 51 1 900 30.5 }.(1 3 30 4.30 ;l30 3.15 2.1 18 9.0 o 5 o 7 ' 1,00l• 35.0 1.0 4.0 1 5.0 2301 4 2 2 ~ 2~ 9.0 0 .6 0.8 . 1,1011 39.0 }..'j 4.30 5 .35 225 4.6:> 3.0 27 9.0 0.7 0 .9 1,200 43 5 1.5 5 .0 6 . 15 225 lU 3 5 3:l 9.1 0 .8 J. O BO ~3 1 1,300 4~ . 5 1 5 5.30 6.:,o 220 5 M 4 1 3H 9. 1 O 9 1.1 ' 1,400 53.0 1.') 6 .5 7.30220 6 .0 47 44 92 1.0 1.2 1,600 58.0 2.0 6.35 8 . lCJ215 6 .5 53 51 92 1.1 13 Cl,&OO 630 20 7 . 10 8.50215 7.0 60 59 9.3 13 1.4 1,100 68.o 2.0 7.4:) 9 . a5 210 7.6 6.8 68 9.4 1 5 1.5 1,800 73 . 5 2.0 8.20 10.20 21<1 8 .0 7 .7 77 9 5 1 7 l. 7 1,900 79.0 2.5 9.0 Il-5 210 8.5 8 7 87 9.6 1.9 1.9 2,ooo 84 o 2. 6 9.3.5 11.50 ~o 9 .o 9.8 9~ 9 .8 2 1 2.1 21 u 2,1001 HO.O 2.h 10.15 12.40 205 9.61 10. 9¡'110 10 O 2 .4 2 3 2.200 96.0 3.0 10.60 13.30 20.:> 10.1 12 1 122 10.2 2.7 2.5 :l,soo 102.0 so 11.30 a .·w 2ou 10.1 13.4 135 10 .5 3.0 2.1 15 11 2.400 108.0 3.5 12.15 15~ 10 200 11.2 14.8, 1 ·1 9 10.8 3.4 2 .9 2500 114.5 3.5 12.55 16 ~ 200 11.8 16.4.1164 11.1 3.8 3.2 1 , 1 2 600 121.5 3.5 18.40 17.0 195 12 4 18 2 11 180 11.5 4.2 8.5 ~ ~·700 128. 5 4.0 14.25 18.0 195 13.0 20. 1 198 120 4.7 38 12 9 2:800¡ 136 6 4 .0 15.10 19.0 195 13 .6 22 1 218 ¡2.5 52 4-.2 2 900 143.0 4.5 15.55 20 . ~ 190 14 2 24 2 239 13.0 58 47 3'ooo 1 151.0 4.5 16.45 21.10 I9o 14.9 26.5¡ 261 18.6 6.5 5 .2 ' , 1 · 1a 100 159.0 so t7.40 22 20190 I5.6 29.01 286 14 2 7.2 58 a'2ool67.5 5.01830 23.30190 163 31.81 310149 s .o 6.5 3'3oo11n.o 55 19 . 30 24.45 19u 11 o 34.8 337 15 7 8 9 12 9 J 7 l s'4oo! l86.5 6.o 20.30 26.0 185 118 38.oj 366 16 6 9.9 8.1 j •1 ¡:a:soo 197.0 6. 6 21.30 21.20 185 18.6 42.ol 398 11 6 1 10 9 9 1 9 tJ ! 3.600~ 208. 0 7.0 22.35 28.45 185 19.4 46.0 433 18.7 12 1 10 3 j ~ 700 220 . .5 7 5 23.45 30.15 !85 20.3 51.0 472 19 9 13 5 11 6 5 3 a;8oo 234.0 8.5 25.5 3t.50 185 21.2 57.o 1 515 21.8 J5.o 13. 2 ... 3 1 a,go 249.5 9 o 26.30 33.35 180 22.2 65.o '63 22 9 16 8 15.2 a ~ -t,OOO 266.5 10.5 28.5 35.35 180 23.3 74.0 620 24.8 19.0 17.7 .•...... -t,too ....... 12. 0 2~.55 a7.551SO 24.6 86.o 658 27.4 21.1 21.0 ~::: ·.:::. -t,IOO .•••• 14 5 32 20 40.50 180 26.2 104.0 774 30 4 25 4. 26.3 . • • • • . •.~oo ..•.. 20.0 36 2 0 45.20 180 28. 6 140 o 916 36.2 32.1 a6.o ... . . . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE'I'ÍN MILITAR 357 " . 1 } TA.EL.A.. SEG-LT~D.A.. ro COR carga mediana: cuga, ok300 de pólvora C¡ -Peso d~l proyectil, sk6os Velocidad inicial, 216 (Comiaión de Bourgea, Diciembre de 1879) hgulo de elevacion o altura, 35' ..¡ u z ;5 1 ANGULOS 1 ~ la < lo4 ~ "" "" 1 DRsvios PROBABLES ZONA PE ~ LlOROSA o-1 < ,o < - o e ~ ~ t;~ E .. ~ i 1 < N ~ < o "" ~ ~ Q ~ ~ ~ ~ ¡;: ~ ; :¡ -9 ~ Q.,. '<•:::!:~ z ~ e ~ -~ -g ., e < !:; ~ ~ g~~~~~=~ ~ ,_¡~ , "'~ :;;~ ~~ ~ ~ ~ ~ ~ e .,.. Q Q .., z ~ Metroa z ,o ü u lo4 "' E z ~ z ~ Metros ., lo4 ~ z < ... ~ 0.0 0.0 5.5 o 5 11.0 0.5 16.5 1.0 22.0 1. 0 ---,- ------ 0.00 0.35 215 0.1·5 0.1 1 10.5 0.1 0.1 .......... . lOO 200 310 400 e~ OO 0.40 1.10 21 o¡ o.9 0.3 2 10.5 0.2 1.15 1.50 210 1.4 0 .5 3 10.5 0.3 0.2 200 200 0.3 135 90 1 55 2 . 25 205 1.9 o. 7 5 10. 5 o . 1< 0 . 4 ... . ...... .. 2.3t't 3 .5 205 2.4 1.2 7 10.5 o 5 0.5 79 58 600 700 800 900 1,000 1,100 1,200 1,300 1,~00 1,500 28.0 33.5 39.5 4.5.5 52.0 1 58.0 64 .• 5 71.0 78.0 85.0 1.0 1.5 ].5 20 2.0 2.5 1 2. 5 2.5 8.0 3.0 3.10 3 .• so 4.30 6.15 5.55 3 . 50 20.') 2.9 1.7 4.30 200 1 3.-1· 2.2 5.15 2001 3.9 2.8 6.0 ] !15 4 .4 3.4 6 .• so 195 4 9 4 1 1 6.·10 7.40 7.'20 8 30 8.05 9.25 8 . 50 10.20 9.35 11.20 l !M 5 .·:J. .... H ] ~)Q : 6 o 5. 8 190 6 () 6.8 1851 7.2 7.9 185: 7 .s ~u 1,600 92.0 1 3 5 10.25 12.20 1,700 99.5¡ 3.5 11.15 13 20 1,600 107.5 4.0 12.0.5 14.25 1,900 115 5 4 o 13.0 15.35 2,ú00 124.0 4.5 13.55 16.45 1851 .4 lOA· 1so 1 9.0 11.8 1801 9.6 13.3 175, 10.3 14- .9 175 11.0 16.7 1 2,1 01) 133.0 2,200 142.5 2,300 152.5 2,4oo 162 5 2,500 173.5 2,600 185.5 2.700 1985 2,800 213.0 2,900 228 5 3 , 000 246 o 3,100 3,200 3,300 4 5 14 .• 55 1 17.55 5.0 , 15 .55 19.10 5 . 5 1 16.5{) 20 30 5 5 18.0 21.55 6.0 19.10 1 23.25 6 5 20.20 1 25.0 7.5 , 21.40 , 26.40 8.0 23 .5 28.30 9.0 1 2-t-.;~.'i 30.25 10.0 26 . 10 32.35 11 5 28.5 1 35.0 13 5 30.30 1 38.0 17.5 33.55 42.15 1 1 175 11.7 18.7 170 12.4 20 9 170 13.1 23 •. '3 170 13.8 26 o 165 H.7 29 . 1 1 165; 15.5 32.6 16.5 , 16.4 36 .7 1 165 17.3 41.4 1651 1 .3 47.0 160 19.4 53.8 1601 20.6 62.7 160 ' 22.1 7 .... 8 160 24-.1 95.0 l JO 10.6 14 10 . 7 19 10.~ 2+ 10.9 30 ll.l 361 11.3 43· 11..5 51 l 1 71 61 12.0 72 l ~.3 , 83 12.7 95 1 13.1 109, 13.6 1 124 1 .. 1 1401 H.6 157 15.2 176 15.9 197 , 16.7 220 17.5 2 ·1-6 , 18.5 274 19.6 305 20.8 339 22.2 378 1 23.8 422 25 7 475 , 28.0 543 30.9 645 : 35.7 g: ~ , 0. ~ 0 . 9 1.1 0. 7 ...... . .... . 0 .8 · ····· .. .. .. 1.0 40 30 1.1 ........... . 1.3 .......... . 1.2 1.5 28 20 1,1: 1.7 . .. . .. . ... .. 1.6 1.9 ...... .... .. ~ : ~ g .. úf"i"4 ~~i l ;:~ "'i'6 1"'i'21 3.0 3 6 ...... ...... , 3.4 1 4.0 ..... . ... .. ::: ::; .. :.~ .... -~1 4 . 8 5.8 ........... ,, 5.... 6.5 . ......... .. 6 l 7.4 .......... .. ;_:¡ :.: .... 9 .... 6 8 .8 10.9 .......... .. 9.9 12. 5 .......... . 11.2 145 .......... .. 12 8 16.9 7 ¡ 5 14.8 19.9 .......... . 17.4 24.3 ........... . 21.6 31.8 4 311· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 358 BOLETÍN lrHLlTAR T.A.::SL.A... TE.R..OEJR..A-Carga de tiro reducid(\: o ka. :r.oo gn. de pólvora Ca - Peso del pro yectil, 5 i.1 . 'os ­Velocidad inicial, 172 (Comiaión de Bourgea, Diciembre dt 1879) Angulo de aUura 30' - .;. o lo Esv tu ut i-o 1111 Col o < Z O MA PZ - o Á~OULOS :: Col :z: z - •O >- o PROBABLES LtORO~A < g < :..:1 o . ~ ...l - ~ ~ Metro• ...l g 6 < o i-o Col < M e tro• < z!:i ...l Q ::;¡ ----- - -- V '..::1 ... " z 1 •O 6 ~ ... ~ Col < ;;< j.¡J • O 11 - ~ Q 1 Q - ...l '< o ü < < 1 ~ < Col z o ·<"' ;a .. z o a:: . - .. O "'' < ::> :111 o o 1 U) o Q e i-o - d U) o < ~ o l.:l i-o "' '"' z .. o a:: o z o ::1 o!:; :z: ... ...l a:: ...l .,¡ <~ > ¡:: < en z z z z .. Q ...l 1112 .. Col foil ~ :; < Q .:::1 Q > Q Q "" "' llll j.¡J .... --- --- -- --- --- -- -- - -- -- - -- -- -- 100 4.0 0.5 0.25 l. O 170 0.6 0.1 1 12 ,9 0.1 0 . 2 lOO 100 200 12 .5 0. 5 J .25 1.55 167 1.2 0.3 3 13 0.2 o ... 9 5 90 300 21.0 1 o 2.25 2.5 5 165 1.8 07 !j 13.1 0.3 0.6 90 90 400 29.5 1.0 3. 25 4.0 165 2.4 1.2 8 13 . 2 0.4 08 80 70 600 38.6 1.5 4.25 5.0 165 3.0 1.8 l:l 13 .41 0.6 1.1 65 .50 600 47 . 5 2.0 6.25 6.5 160 3. 7 2.5 17 13. 6 1 0.8 1.4 45 32 700 57 . 0 2.0 6.30 7.15 160 4.3 3.3 23 13.91 l. O 1.7 40 36 800 66.5 2.5 7.35 8.25 155 5.0 4 .2 30 14.2 1.2 2. 1 301 20 900 76.5 3 8.40 9.40 155 5.7 5.3 38 1461 1.5 2.5 25 JO 1,000 86.5 8.5 9.50 11.0 155 6.3 6.6 48 15. 1 1.8 2.9 20 16 1,100 97 .0 4.0 11.0 12 20 150 7.0 8 .1 59 15.6 2.1 3.4 19 ¡ 15 1,200 108.0 4.0, 12.15 13.45 150 7. 7 9.8 71 16 2 25 4.0 18 14 1,300 120.0 4 . 5 13.30 1 15.20 150 8.5 11.6 85 ¡ 16. 8 2.9 4.7 17 u 1,400 132.5 1 5 1 1+.50 17 .0 14.5 9.3 13.5 101 17.5 3.4 5.5 16 12 1,500 146 o 5 .. 5, 16 15 1 18.45 145 10.1 15.6 120 18.3 4.0 8.4 15 11 160.0 1 1 1,600 6.0 17.45 20 35 145 10.9 18 .0 Hl 19.3 4.7¡ 7. 4 Hl ]~ 1,700 176.0 6 .5 19 .21J I 2:l.35 140 11.8 20 .9 164 20.4¡ 6.5 8.6 12 1,800 192 5 7.5 21.5 24 .45 140 12.7 24. 5 191 21.7 6.4 10.1 11 1,900 211.5 8.5 22.55 27.10 140 13.7 29 .0 222 1 23.3 7.4 12.0 10 2,000 283.0 9.5 , 25 .0 29 .45 135 14.8 34.6 2561 25.2 8 .7 14.3 9 2,100 ..... 11.01 'J.7.25 32.45 18.') 16 .0 41.9 300 27.6 10.3 17.5 8 ··~ 2,200 ...... 14 o 30.35 36.30 135 17.6162.9 356 30.8 12 5 22.5 7 2,300 ...... 21.0 35.30 42.10 130 19.8 78.0 452 36.7 16.5 32.5 6 2,400 ...... ... , ...... ... . .. . .. ... . .. 1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ' 'BOLBTfif KlLITAK T ..A.. EL .A. OU .A .R. T .A.. COMPAftAClÓN DE LOS ELEMt:NTOS PRINCIPALES D~ L-.s ANTBiliOlll!la { 400 gramo& Velocidad inicial, ~17. Aogulo de elevación, 4-0' Cargas 300 gramos. Velocidad inicial, 216. Angulo de elevación, 35' 200 hramo • Velocidacl inicial, 172. Angulo de elevación, ~o· ,;, o ~ t.: (,) ~ DESVÍOS .., cz: .., =: 11 ÁNGULOS (,) ;... (,) PROBABL~S :z; . -o w < • < ~ a: . ,J , e: (,) o w Metros ~ ,J -~ 1 < e ... Q ~ o ~ zt: ,J ~ " e cz~ w < :z; ~ o ~ Q ,J >< ~al '() (,) < :..::l Q 1 .. -< (,) ü ~ Cal - .. ~ 1 < < w z o ~ ::a ., :z; (,) " -o-c ~E ~ ::::» Q (,) o o Q e~ - d < e w :z: .... 1 ..8 " (,) cz: .. .., ~~ ;:: < (,) z ~ ~ -4) :!: .... ,J Q ,J Wl ~~ ~ ~ (,) o< ~~ ~~ ~ ~ ~ N lll ,J ~ ~(/) ,J Q ,J r.;¡ Cal Cal w w ,J :z; z :r; (,) ~ Q Q Q > Q Q c.. Cal rol w --- --- ----- --- --- -- --- -- -- -- -- -- 1 0.0 M 100 0 .0 0.0 1 0.25 255 0.4 0.1 1 8.9 0.1 0.1 m ...... 00 0.0 00 0.35 215 0.45 0.1 1 10.5 o 1 0.2 m ...... 4.0 0.5 0.25 1.0 170 0.6 0.1 1 12.9 0.1 02 M so o 13 5 0.5 1.35 2.20 240 2.0 0.8 6 89 02 0.3 m ······ 22 o 1.0 2.30 3.5 205 2.4 1.2 7 10.5 0.5 0.6 m ······ 38.5 1.5 4.25 5.0 165 8.0 1.8 12 13.4 0 .6 1 1 M ~·:~~~~ 35.0 1.01 4.0 5.0 230 42 2.5 22 9.0 0.6 0.8 Jll 52.0 2.0 5.55 6 50 195 4.9 -l-.1 30 11.1 1.1 1.3 .,. 86 .• 5 2.() 9 . .50 11.0 155 6.3 6.6 48 15.1 1.8 2.~ M 2,000 84.0 2.5 9.35 11.50 2051 9.0 9.8 98 9.8 2.1 2.1 m ...... 124.0 4.5 13.55 16.45 175 ] 1.0 ~6.7 140 14.6 38 4.5 m ...... 233.U 9.5 25.0 29.45 135 14.8 34.6 256 25.2 8.7 Ht.3 M 3,000 151.0 45 16.45121.10 190 149 26.5 261 13.6 6.5 5.2 m ..... 246.0 10.0 ~~~~-~ ~::~.~ 160 19.4 53.8 422 25.7 12.8 16.9 m ...... ... , .. ... . ...... ... ... . .. . .. . .. M 4,000 266.5 10 5 28.5 35.3.5 ~.~o~~~:~ .. 74.0 620 24.8 19.0 17.7 m 1 , ..... ...... . .. ...... . ...... ... ... . .. . .. . .. m ...... ... .. ... ...... ······ ... . ..... ... ... ... ... . .. • M, carga múima ó normal; m, carga median a; m, carga mfnima a6n efleas NoTA--Esta tabla permite elegir r'pidamente, en cada caso, la oarga eoa­• enieote, y por ende los elementos del fuego cuando se trate del tiro en eondieiea• .determinadas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. TABLA.. QUIN"T.A.. TABLA DE LA C.UA CAIL, ó SEA LA CASA CONSTRUCTORA Pese del proyectil, 6 kilogramos; catga de pólvora, 400; velocidad iuicial, 2.).5 cott pólvora negra, 265 con pólvora sin humo r 1 1 .. ~ ~ 1 = u z -e u ...:¡ ~ 500 1,ooo ! t,socJ 2,0001 2,soo 3,000 3,5oo 4,000 f,soo .. ~ o Cll ~ e ::; ¡... 1.<1 ~ e ! o 14 -e p H Cl ...:¡ :r. ~ ~ 1 3· 5 1.30 35·0 4 ss.o 6.30 8f·5 9·3° 1 If·S J 3·0 151 .o 16.45 197·0 21.30 z66.5 28 --.. fO e :z: .. ... lklg c.. rol V A RIACIÓlf DE ;:·~ - ¡... 100 MTe. :t.lf ~ ~ ll;=:: c.: ALCANCE <11 ¡. e;: -~ ~ ...:¡ wl p.¡ ~ Q"' "' ..; Q)l: OB•ERVACIÓN 7-.g .. )!:g l i .o e o u tá 3» ... u o 1 tJIII ~ce -¡; ~bl) < Prn "' Ql! <11 N "'~ ..: ... 14 prn w :z; .. ..,Q _. J-Q _..:- -<~ > ------ 0.5 2.0 f.O 0.30 1 o.o ~ ~-¡; ~ ¿, ·- :Q (.) > (,) ce ~.e cr. \0 u¡ l. O .:f-.20 4·50 o 30 5·0 :0 ~ b 'll-~ 6.50 e~~~\:!$ 2.0 s.o 0.30 3·5 Q) ~- ~ cu ~'":?=3~E 5·5° 0 ·45 c:o~"',... 2.5 9·0 2.5 'O ...... - ~ '(j e::~~ g 3·5 1 1.8o 6.so 0.45 2.0 ~:_o.,u~~ 8.o :.aC/)~~~8 4·5 I.f.·9° l. O 1.5 ~ 8 ca :O •1"'4 ·¡: - ....... "' e: G) !t.o ¡l. S ;>-.(1)~+-J-~ 6.s t8.6o,II.O 41 s > "' 41 ~ -<11 ~ g .,~ >-.3 ~ 10.5 23.10 16.o 1.30, 1.0 ~-;; ~ ].ql zo.sl 30-30,25.0 2.0 1.0 _ 41 S "'¡:_ ~ OONVERSION de minutos 6 segundos sexagesimales en decimales y viceveTsa ( 60 : 1000) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BóLK'l'fr. MlLtTAR 361 T ABL.A SEl~TA Comparación del tiro con cañ6n de 80 m. de camp11ña que usa el m;smo pruyectil, tJUe el de montaña tiundo en éste con carga llormal ( 400 gs.), y en el otro con normal (lk.SOO) y reducida (400 gs.) f-4 < o 1 • ÁNGULOS ~ ~ ~ oesvtos PROBABLES! Metros .. e z ~ ~ g o ------ ~ ~ ¡:; -<: "' e U) Q e := ~ cj < ~ ----z-- := :E Q Q .., ~ -~ ~ 'G < Cll ~ 1 ... < ... 7. o -< - ;::¡¡ "' z u e:.: lli!IS 1 en · Qo -o-o cno o~ IU :::> ~~ U) .e ~ ~ ü~ tj~~~~~ ~e:!:; ~::E ~ 1 ;';; f-4 1 ~ 3::E ~~ ~::E ~~ < Q < ~ ~ ~ ¡:.¡ .... .... :::> ¡:.¡ ~ 7. z z < < Q Q Q;;. Q ~'"' t:J ¡:.¡ ... --¡--- -- -----,-- 600 4·0 l. O 2.55 :1 . 1 o 21 o 2 2 1.1 1 6 1 o 91 o. 1 o 6 1 1 ;3.;) O 5 1.30 2 20 NO 2 O 0 .0 6 8 9 0.2 0.3 ¡ -:.s ';; sj ;20 1 M5 7os 1-:; ;;-21 15 ;o ;1 ; 1 1,000 1);) 21.5 1 6.5 6.3.í 200 4 7 3.51 27 11.4 0.3 1.3 ~ ~... 4 1 ~o .:_so 4_;o ::_s 32 ~o ~> ~8 16 0.5 ;10 1 1.50 360 2.4 o 7 1 7 8.0 0.2 0.3 1,500 135 4 o 9.35 10 40 190 7 4 8 o 1 6·1- 12. 3 0.6 2 3 ~ ¿ ~3o 1 ~~o .:_15 6~0 ~a ¿• ~2 ~l ~3 295 1.0 2.5 3.10 325 39 l.P J 17 82 0.4 05 81-.5 2.5 9.30 11.50 205 9.0 9 8 9~ 9 8 2.1 1 2.1 2,0tJ O 191-5 6 O 14AO 15.35 180 10 3 15 .0 122, 13 7 1.0 3 8 1 , ¡.; u¡ 3~1s ;so 7oo s~ ;1 -:;4 1 ;5 ¡ ;;-7! ;;:; 1 2,5001267.0 8.5 18.25 21.30 174 13.4 25 4 210 15 .8 1.6 6.4- 114.5 3.5 13 165 20011.80 164 16411.1 38 3.2 63 8,000 866 5 151.0 1;; 25 12.5 45 3 .5 4.30 24. 35 16.45 5 55 280 7.2 7.6 6.501 29.20 170 17.7 43.4 2:.201 ~90 ~~ 2~5 9.0 266 9 o 12 ~919~0 344118 .8 ~1¡1~6 961 9.7 0.9 J. l. 2 4 10.5 6 5 5.2 1.3 1.5 • En carl:1 grupo de 3 cifras la marcada con un'-" corresponde sl cañ6n tle moBtaña, la inferior lll de campaña con•carga notmal, y la superi"' á e te mi. mo con la .:ar¡-a mínima. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 62 DOLBT'Ú4 KILI,.A..lt CUADRO COMPARATIVO de los datos de tiro del alza y ele las tablas • ALOA NCE !- -- ALZ ~ ! ANGULO DE TIRO pieza Metro11 Alza Tablaa \ Alza de la Tablas 1 ~-- --5oo¡--w --13.5 ~ --- - 1040· --1.30 1,000 1 37 1 35 1 4015' 4. 1,500 62 58 70 5' 6.30 2,000 90 84.51 10°15' 9.30 2,500 121.32 1145 , 13°4-7' 13.0 3,000 160. 3 151.2 17°50' li.45 • Los mi mos elatos figuran en las tabln para proyectil cle 5•600 y 6". Las cli· ferenci:u: entre los datos del alza de la pieza y de las tablaa de tito, deben re oluue experimental mt!nte. __ __ . ...__ _ _ PililZAS :EOTOEXIGS . El cafi6n Hotchkiss, de montaña, es una pieza de tiro rápido, c¡ue ranza granada perforante y bote de metralla. En el concurso abi~rto por el Almirantazgo inglés con el fin de prnveer á la marina de una. pieza ligera, fue aceptado por las siguientes razones: ser de retrocarga y muy preciso hasta los 3,500 metros; comunicar al proyectil velocidad inicial considerable; usar proyectiles de hierro ó acero, unidos á la car­ga por medio de un cartucho; disparar, apuntando, por lo menos cinco tiros por minuto; mínimo de retroceso volviendo las piezas á so sitio después de disparadas; admitir manteleta, ó pieza de quita r pon para resistir el fuego de fusilería, y escaso peso. Desgraciadamente el pro­yectil pesa muy poco, pero podría emplearse mayor, disparándolo con . p61 vora sin humo. Como puede construirse la pieza de mayor calibre, $in que el pe5o llegue á 1 ooks, máximum de la carga normal de una mula en nuestras montañas, usando el gatillo para disparar y lanzando granadas hasta de sks., con estu condiciones sería una pieza de arti· llería de montafia casi ideal. El catión es de acero Withworth, flufdo, comprimido y templado en aceite. Consta el cuerpo principal de un tubo y un manguito, con su culata y muñones; únese el manguito al tubo por contracción, y ambos estin sujetos con un anillo roscado para evitar todo movimiento: ~n este anillo va colocada la mira. El mecanismo para abrir y cerrar la culata consiste en una cuña, movida horizont.almente por medio de una palanca, á la vez sencilla y fuerte y que funciona con gran comodidad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. OAftON BOTOHKISS DE KONT~ A Tabla de Clro C~alibre, 42 mm.; longitud de la línea de mira, 456 mm .; peso del proyectil. ftk. 880; carga, 17 5; pólvora, MC3o; velocidad inicial, -t-10 mb.¡ carga de pól­vora sin humo, 100; velocidctd inicial con (!sta, 500 ; presión máxima en la n­cámara, 2 toneladas. bgulo de alton, ~O' c.Ofh 1 el> "' .. 1 ..; ·~ .. ..., =ói § ·a ·;; .... o ., ... _..., J).l1'108 u ;i IUCI) -o! "' ., ., ...,, =·· ...... ,.,. .. .., -ce; .., .o¡ do .. -o'<:! O .,.., 1~ o o .. o :S~ :gti oso ~H.~~ ..,.- :; -::s A .. ¡:U oo"' =- '3 ~Q) ~~ .. ::sa 2~ tw to~oS 1>1) ~lO .. :;- ... O'-- !!6 t:: ¡:d d Q) ... ~ ::s ... ~a ~M:::I < < < < ""11 > · ~- ~ u-& --- -- --- ---- ---- -- --- ----- ·-- 100 o. o 0.0 0.10 0. 0 388 0.3 0 .0 o. o 2110 os 02 o 22 ..... 869 06 00 00 800 1.8 0.14 0.84 ...... 862 0.9 o. o o. o 4tJO 34 O.'l6 0.46 ... ... 83'7 1.2 0.1 0.1 600 6.2 o 39 0.59 1.13 324 1.6 02 0.2 600 7.1 o 64 1.14 ...... 813 1.8 3 0.2 700 9 l 1.9 1.29 ....... 804 2.1 0.4 O. S 800 1 .2 1.26 1.46 ...... 2t5 14 0.5 O. S ~00 13 4 1.41 2 1 ....... 287 2.7 0.7 0.4 1,oot 16.8 1.69 2 . 19 8.0 280 3.0 0.9 0.4 1,100 18 3 2 .19 2.38 ...... 2'13 8 .4 }.1 0.6 1,200 20.\f 2 87 2 67 ...... 266 3.8 1.8 0.6 1,800 28.5 2. 6'7 3.17 ...... 260 4.2 1.& 0.6 1,40() 2t\.2 3.18 3.88 ...... 264 4.6 20 ().6 ' 1,600 29.0 3 39 a 61* 6.26 248 5.0 ~.4 07 1,600 82 o 4 1 4.21 ...... 243 ISA 2.8 0. 8 1,700 86.0 4.24 4.44 ...... 238 58 83 0.9 1,800 88.1 4.47 67 ....... 238 6.3 3.9 1.0 1,900 41.3 6.11 5 S1 ..... 228 6.7 46 1.1 2000 44'7 6.37 6.67 8.38 228 7.2 6.2 12 1 2,100 48 3 63 6 23 ...... 218 7 6 6.9 1.3 2,200 62 o 6 31 6.5\ ...... 218 8 1 6.7 1.4 2,300 l>b 9 7.0 7.20 ....... 208 8.6 7.6 1.6 2,400 69.\J 7.29 7.49 12 3ó 203 9.1 8.6 1.6 ~500 640 8.0 8.20 ...... 199 9.6 9.7 1.8 2,600 68 3 8.32 8.ó2 ...... 196 10.1 10.9 2.0 2,700 72.8 9. 6 9.26 ..... 191 10.6 12.2 2.1 2,800 7'1.6 9.41 !0.1 ...... 187 11.1 13.6 2.3 2,900 82 6 111. 16 10.36 ...... 183 11.'7 16.1 2.4 3,00U 87.6 10.6;-i 11.13 17.40 179 12.3 16.8 2.6 8,100 92.8 11.82 11.62 ······ 176 12.9 18.8 2.8 8,200 98.6 12.13 12.83 ...... 171 18 6 20.9 3.0 3,800 104 6 12 66 13.16 ······ 167 14.8 28 2 3.~ 8,400 110 9 13. 42 14.2 ······ )6:{ 16.0 26.6 8.6 8,600 117.7 14.80 14. 60 24.20 169 16.'7 !8.3 3.8 ll,600 124.8 16 19 15 39 ····· 166 16.4 81.6 4.1 8,700 1!32.2 16.11 ló.81 ...... 163 17.1 849 4.6 3,800 140.41 17. & 17.26 ...... 160 17.9 39.0 4..9 ~.900 148.8 18.4 1~.24 , ..... 146 18.7 43 6 6.4 4-,000 167.3 19.4 19.24 32.40 148 19.6 ~8.6 0.8 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 364: BOLB'l'ÍN KILITAR P I E Z A Calibre •••••.••••• Longitud total. •.... Longitud del ánima ... Número de rayas .•• Angulo de inclinación de ]as rayas ..•••• Longitud de la líne.1 de mira ......... . Pe o total. ...•....•• f2"' .. 1•17CS, 2 5 calibres. 10 PROYECTIL Peso del cartucho.... 1 so gramos Peso de la carga para la granada . . . . . • • 17 5 íd. Peso íd. bote de me-tralla.. . . • • • • . . .. . . 1 so íd. Peso de la granada co-mún...... . . . • . • ok88o Peso de bote de me - tralla . .......... 1k28o ~ granada .. Pec;o total b o te de metralla .. Peso total del cartu-cho .... . .••.•.. Carga para la granada común ........ . Balas del bote de mc-trall a .........•• 1k210 okso 30 Longitud de la cureña. I m40 Peso de la cureña.... +tk Peso de las dos ruedas. Altura del eje de mu­ñones sobre el suelo. Diámetro de las rue-das • . •••••.....• Longitud del eje .••• VARIOS Campo de tiro (verti- 1) { elevación ... ca d . , epres10n ... Peso del cañón con cureña • • ..... .. Peso del avantrén ..• Peso de las 4 cajillas .. Peso de las íd. carga-das (112 tiros) ..•. Peso del avantrén car-gado ... . ........ . Peso del cañón, avan­trén, etc. • . • . .. Peso del arnés y basto del cañón ...•.. . • Peso que transporta la mula de pieza .••• Peso del arnés de la mula de cureñas .• Peso que transporta la mula de cureñas .. Peso del arnés de la mula de c~jillas .... Peso que transporta la m u 1 a de cajillas, inclusos 56 ti ros ... 56 k 1 S S • IOOk. t6k I54k 375k 130k ~6k J26k Los cañones Witbworth son piezas de acero rayadas de modo espe­cial (hacia Ja derecha), de carga por la boca ó por la culata; las rayas, en número de 6, tienen fondo formado por un arco de círculo tangente á los costados, tc.mbién inclinados. Aquí e:x:isten cationes de este sistema, de dos especies diferentes,. aun cuando del mismo calibre, á saber: los de dos y media libras el pro­yectil (tres libras corto), utilizables como piezas de montaña, y los de tres libras y carga por la culata, que! p r u peso no pued~n servir sino como artillería de campaña. Los proyectiles son de dos especie ~ : u11o prismáticos, en su parte posterior terminados por un e u lote ó cara plana, y en la anterior por Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLETÍN KILITA.R 36~ una ojiva; otros, tronco-cónicoJ, terminados atrás por una ojiva trun.­cada, y adelante por una ojiva semejante á la de los anteriores. En am­bos la sección entre el culote y la ojiva delantera, siguiendo un plano perpendicular al eje, es un polígono regular de seis lados con ángulos redondeados; la su pcrficie lateral del proyectil resulta, pues, formada por seis caras que corresponden á los flancos 6 lados de las seis rayas. La base fllndamental del sistema consiste en que el metal es acero comprimido por fuertes presiones en estado flufdo, el ánima de figura exagonal y la recámara cerrada por un largo tornillo, que se enrosca por medio de una anilla que hace las veces de cascabel: esto en las pie­zas que se cargan por la boca. En las de retrocarga el cierre es una cufia de tamaño considerable, que por medio de una cremallera corre de iz­quierda á derecha y viceversa, trasversalmente al ánima, para descubrir la recámara y permitir la carga, y 1 uégo cerrarla convenientemen­te. Las piezas de carga por la boca, por su ligereza, largo alcance y emplear granadas explosivas, son muy apreciables como artillería lige­ra de montafia, á falta de piezas Hotchkiss. ELE:MENTOS NUMÉRICO. P 1 lE Z A Calibre (diámetro entre dos paredes opuestas) Diámetro entre dos rayas opuestas .•••.•.••. 'Número de rayas 6 planos ..•••....••.••• Paso deJas rayas (constante) ....••...••.•• Longitud del ánima .......•.•.•••..•.••.• Peso de la pieza ...•..•.•...•...•.••.•.• e U R E ~ A P d ) ñ ( . d ) { madera ...... . eso e a cure a sm rue as hierro ........ . Peso de las ruedas •.•••• . ..••.••••••••..• Peso de la limonera ..•..........••••...• Peso de la caja de municiones (con ellas) •... Peso ciel avantrétt (con ruedas y cajas) .•.•. Número de cargas que caben en la caja ..... . PROYECTILES Calibre ............••.••.•..•..•.•..... Longitud de la granada (prismática) .••...•.• Peso de la granada, inclusa la espoleta Du-mar<:' St ...........•........•.•...•... Peso de la carga interior de la granada •..•• B d IJ { Peso total .•...••.•.... ote e metra a Número de bala• .•....• e A 1t. e A 2l libru 3 libras (~ libras eorto) +3 •• 59 ...8-13 6 6Js·~~~ 1m070 IJJk i-7k 133k 1-f.+k -f.Sk 90k 12k -f.O k 220 20 1-0 (36 granadas, y + botes de metralla) 1k190 fOgr IkSS• sogr 1kzoo '%7 (9 capas) Clase de pólvora .••• , • • • . . . • • • . . . • • • . • Ordinaria R. L. & de taft6n Bouc hct, d•rll Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLB'l'Ü~ 111LIT.A.1l Peao de la carga... . . . . . . . . . . . . . •.... Alcance máximo •••.•. . .... - •. . ....... Velocidad inicial . . . . . .... . ... . •.... Angulo de tiro del alcance máximo ...... . 1 sogr •h400m 316m25 3 5°46' OAÑON WITHWORTH 250gr 5,4oom 384m6o 37°5 1' T.-bla de tiro del de do• y media libraM (3 libra• corto ) Veloeidad inicial. 300 metros ~------~----·----------~-----~--~--~------------~ 1 1 ~ t 1 IUE VIOS ó ERRORES < i:í E 1 PROBABLE EN (metros l ~ Q ~ ~ : 1 ~ Q ..J o lA = = Q Q , ..., )1 ~ ~ 7 ~ ~ ~ ~ :¡ ;;! ¡ ~ 1 ~~ ~ ~8 ~ ~ e:~ ~-g ~~ 1 ~ '? < 7. z O'l ~= .:: .. - - ~ .... :: :.., ::S UJ !:: ~ ~ =:: .... :::l 1:> .... >"' <~ 1 .... < lol ;:) U :;::! N;::;l "' ~ t!l t!l r.:;a ¡o:(/) z;:a ~ <:! .. ~· ~ ~ 1 ~ ~ ~ ~ ~ 1 ~ ;; ~ -----------1------- 200 5, 7 2,9 0,21 0,36 O,t>4 0,6, 171,0 19,0 0,25 0,2 400 16,4 3,0 0,58 -- 1,40 ] ,3 89,0 19,b 0,55 0,4 6oo 26,2 3,2 1)37 . . 2,20 2,0 54,0 20,9 o,oo ¡ o,7 800 37,6 3,4 2,19 -- 3,00 2,7 37,5 21,8 1,301 1,1 1,000 49,5 3,7 3,03 3,46 4,00 3,5 27,5 22,9 1,70 1,5 1,200 62,3 4,2 3,50 -. 5,20 4,:.3 21,4 23,8 2,10 , 2,0 1,400 75,8 4,81 4,40 .. . 7,00 5,1 17,5124,8 2,60 2,6 1,600 90,6 5,4 5,34 . - 9,40 6,0 14~5 25,8 3,10 3,2 1,80Q 105,2 6,0 6,31 . . 12,00 6,9 12,4¡ 26,8 3,60 3,9 2,000 123,8 7,0 7,.'35 2,200 142,6 8,5 8,43 2,400 162,3 11,0 9,54 2,600 183,0 ] 4,0 11,08 2,800 205,6 17 ,o 12,28 9,54 15,00 7 9 1 10,41 1 27, 1 . . 19,00 8,9 9,0 28,8 . . 24,00 10,0 7,8129,8 . . 30,00 11 ,t) 6,9 30,8 . . 32,00 12,0 6,0 31,8 4,201 4,8 4,90 5,8 5,601 6,9 7,40 8,1 8,50 9,6 1 3,000 230,4 21,0 13,55 19, lo 43,00 13,5 5,3 32,8 9,80 11,2 3,200 270,6 26,0 15,32 . . üO,OO 14,9 4, 7 34,0 11,40 13,0 3,400 294,4 31,0 17,34 . . 75,00 16,51 4,1 , 35,5 13.:>0 15,4 3,600 337 ,8¡ 36,0 19,58 . . 93,00 18 3 3,9 38,0 . - . - . 17,5 3,800 386,51 43,0 22,34: . . ] 20,00 20,01 3,8 42,5 .... 20,0 4,000 447,2157,0 25,41 135,33 130,00 1 22,2 1 3,7 47,0 ..... 23,0 4,200 531,8¡ 29,461 . - . -.... . . . . . .... 4,400 570,0 35,46 . . . .... - .. - .. - . -. NoTA-Los datos correspondientes á distancias intermedias entre dos alcances consecutivos se obtienen por interpolación empleando una simple proporción ó mejor las fórmulas que se hallarán más adelante. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOJ.BTÍN KILlTAB. 367 -rAOTIOA DE l'"OEOOS EL TIRO nE METRALLA En el tiro de metralla el bote que guarda las balas es roto por el choque de los gases que produce la deflagración de la pólvora, y los dichos proyectiles, golpeados entre sí y contra las paredes del ánima del cañón, salen de é te con velocidades variable y di ver­sos ángulos de proyección. Por regla general las velocidades ini­ciales son menores que las de la granada comun y shrapnel, por­que una gran parte de lo gases de la pólvora e escapa por lo intersticios que se producen en el ánima, por lo cual no puede· estimarse en más de 400 metros por segundo. Las trayectorias de las balas, consideradas separadamente, forman, pues, un cono de dis- · persión: unas tocan inmediatamente el suelo y otras dan más allá del punto de caída de las más. En todo caso, ese punto queda rela­tivamente cercano, porque lo ángulos de proyección son pequeño y porque la resistencia del aire ejerce grande influencia sobre la balas pequeñas, que en el presente caso tocan el suelo, siguiend ángulos de escasa magnitud, rebotan del mismo modo y dan así una serie de saltos ra ante ha ta agotar su fuerza viva. El nÚTl'ero de balas del bote de metralla (93 para el Bange, 97 para el Withworth, 20 para el Hotcskiss) y su fuerza de percusión son los dos factores de los cuales depende la eficacia de este tiro, en el que naturalmente tiene superioridad la pieza de mayor carga calibre. La naturaleza del suelo tan . bién ejerce una grande in­fluencia en el particular: firme, igual ó ligeramente inclinado, favorece el rebote, en tanto que blando, ascendente ó desigual, le es desfavorable. La disper ión de la~ balas puede estimarse en el décimo de la distancia y posee su máximum de eficacia entre los I 50 y los 300 metros. A partir de los I oo metros la dispersión de las balas es bastante granrle para batir todas las piezas de una baterÍa estable­cida en batal1a á distancias cerradas ; á más de 300 se aumenta de tal modo, que ya no es posible obtener acción re:¡Jmente eficaz sobre un espacio reducido, á que se agrega que la fuerza de percu­sión que aún resta á las balas es muy pequeña. En fin, más allá de los 400 de ordinario no es suficiente para poner fuera de com­bate hombres y animales. Además, por ser rasante la trayectoria de las balas, el tiro de metralla no puede emplearse sino cuando se trata de batir un blan­co al descubierto, pero demanda menos precauciones á causa de la gran dispersión de los proyectiles. El servicio de la boca de fuego se abrevia: no hay que escobillonarla, la punterÍa no exige la mis­ma precisión y no hay espoleta que reglar, por Jo cual se distingue por la rapidez que alcanza, y conviene, sobre todo, en la defensiva contra un ataque brusco y cercano. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 368 BOLETÍN MILIT A.R. El shrapnel, merced á su espoleta de tiempo, estalla á dis­tancias de 150 á 200 metros, y por lo mismo, en ciertos casos, puede reemplazar ventajosamente el tiro de metralla; pero bueno es recordar que el error que se comete en la puntería al apuntar por el guión y la escotadura de mira antes cid blanco, en vez de hacerlo sobre el pie de éste, puede producir fácilmente un falso punto de caída, lo que haría nulo el efecto del disparo. Otro incon­veniente del shrapnel, es que á distancias inferiores á 200 metros casi no produce efecto: en este caso no obrará sino como bala rasa. Mas si se pudiera reglar el cohete de modo que el shrapnei estallara en el acto en que sale tiel ánima, desaparecerían los dos inconve­nientes apuntados, y el bote de metralla podría suprimirse en las municiones de la artillería de campaña. Bien que el tiro de metralla sea el natural contra las sorpre­sas ó ataques cercanos y pueda hacerse con gran rapidez, para que produzca efecto es preciso hacerlo con gran calme~, pieza por pie­za, á la voz de los jefes de sección y de preferencia á la de los jefes de pieza. Para andar más aprisa basta apuntar la pieza dirigiendo la. visual por la generatriz superior de la recámara. Teóricamente, para obtener el máximum de efecto debería darse á la pieza el ángulo necesario para que la trayectoria del centro del haz de ba­las pase por el blanco; pero la experiencia demuestra que sin in­conveniente mayor, basta dirigir el eje de la pieza sobre el blanco, y aun colocarla horizontalmente en la dirección del blanco, lo cual depende de que si en este caso disminuye el número de im­p~ etos dirutos, el de impactos por rebote aumenta de tal modo, que hay compensación, y por lo tanto es posible un tiro rápido y dicaz, cosa indispensable cuando se trata de rechazar un ataque inopina­do. Conviene, pues, tener presente corno regia general para el tire de metralla con las piezas de que dispone la artillería de montaña, que sus efectos son púco menos que nulos á más de 6oo metros; que á la voz tiro de m etralla, todas las piezas, incluso las que estén cargadas con granada, se dirigen sobre el blanco señalado y se colo­can poco más ó menos horizontalmente, y que para los disparos siguientes no se vuelven á poner los cañones en batería y sólo se revisa la puntería á la ligera, en dirección, para restablecerla é can biarla, si hay tiempo, y si no la maniobra se reduce á introdu­cir el bote y la carga y disparar ; para recorrer 300 metros, por ejemplo, un batallón que ataca emplea por Jo menos cinco minuto¡ en tierra quebrada (una falda), y en ese intervalo un cañón puede lanzarle una docena de botes, ó sea un millar de balas, que de ordi­nario bastarán para destrozar!.:> y contenerlo en su marcha ofensiva. Cuando fuere posible apuntar la pieza, en este tiro se em­pleará el alza así: para 200 metros, 5 milímetros; para 300 me­tros, 10 milímetros; para 400 metros, 20 milímetros; para 500 metros, 30 miJímetros, y para 6oo metro,, 50 milímctrot. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'fÍN MILITAR 369 NO~MA Y DIREOOION DEL TIRO DE LA ARTILLERIA EN CAMPAÑA seg(í.t el Aide 111emoire des offici(;rS d'artillerie • Preliminares- Para reglar el tiro se emplean todas las piezas de la batería. Antes de l:omenzar el fuego se indica á lo~ jefes de seccion, tan claramente como sea posible>, e] blanco que se trata de batir, el género de tiro que habrá de emplearse, la distancia y las correcciones que demanJen las circun tancias del momento. El fuego se principia emp~eanc4o alcance inferior á la distan­cia calculada, y tanto más cuanto menos probabilidades de exacti­tud presen~e dicho cálculo; por regla general esa disminución será de 2 0 0 metro . El fuego se manda por el jefe, situado sobre el llaneo de la batería, del Lt do del viento, á di ~ tancia que no haga imposible á la tropa o í r su voz; el jefe ob rva la caí-.la de lo proyectiles sea á la simple vi s ta, se: a con bi núculo á ser posi blc; si dispone de an. teojo de batería no lo empleará sino en casos extremos y nunca en los primeros disparos. Tiro d e ensayo-Los di s paros se escalonan mandando que en las pieza · se dé suce ivamente un nÚm.:!ro dado de vueltas de ma­nivela, en progre::,ión aritmética, hasta que se observe un error de sentido contrario al del primero. De ordinario hacer aumentar el nú­mero de dtchas vu e lt..~s, u na por una, cuando la distancia se calculó inferior á 2,0::>0 metrus; de dos en dos vueltas, si se estimó entre 2,ooo y 4,000 metros, y de cuatro vueltas, si lo fue superior ~ 4,000. A partir del momento en que el blanco re ulte enmarcado entre dos disparos, corto uno y largo el otro, estrechar el haz hasta ! de vuelta, disminuyendo progresivamente la amplitud de los mo­vimientos de la manivela; cada una de las nuevas modificaciones será la mitad de la anterior. Transformar en milímetros las vuel­tas de manivela que dieron disparo corto en el haz; modificar en consecuencia el alza y tomar la que así se obtiene como alza de ensayo. Cuando contra las previsiones, ó á causa de las circunstan­cias locales que obligaron á reglar el tiro por medio de disparos largos, el primero que se haga resulta largo, se acciona la m a ni ve­la en el sentido más próximo, de acuerdo con lo antedicho . Tiro de conjunto-Basar las modificaciones que se introduz­can en el alza de en ayo, primero sobre la observación de una serie de 6 disparos y en seguida sobre series de I 2 proyectiles. Para or-fll Publicada en 188 3 y aún vigente. Las notas han sido arregladas por la Dirección, y en próximo número ae msertará lo conducente del curso de la ~cuela de Versalles, pu­b · icado el año pasado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 370 BOLETÍN MILITAR denar esas modificaciones tener pre ente que una va.riac10n de r milímetro en el alza hace variar 2 sobre 6 el número de disparos largos. Si se hace fuego sobre una l1r1ea delgada y descubierta se tratará de obtener por mitad que lo tiros sean largos y cortos; si fuese profunda ó cubierta, obtener ; de di paros cortos. Funciones de l?s jifes de sección-Indicar claramente á los jefes de pieza y á los sirvientes apuntadores el punto sobre el cual deben apuntar y reglar el tiro; rc.;petir en alta voz las indicaciones del capitán; a:segurarse de que l.ls pieza descansan sobre la cabeza del tornillo de puntería, arrcglaJo a la distancia pre·crita; situar las piezas, en cuanto sea posible, sobre un suelo firme y horizontal, vigilando que de pues de cada disparo sean de nuevo puestas en batena en el mismo ::;itio. Verificar el alza; indicar la corrección necesaria cuando las ruedas no que den al mi m o ni vd *; hacer jalonar (reperer) las pie­zas después de la primera puntería; cuando Ja seccion está lista, acercarse al capitan y mirarlo levantando la mano; ob ervar la di­rección de los disparos de la sección y ordenar las correcciones ne­cesarias al de v í o. Tan luego como el capitán dé la orJen de repartir el fuego, indicar la parte de objetivo que deben batir las pie&as de su sec­ción; ob ervar lo:s punto:, de caíJa y prescribir, si fuese preciso, las modificaciones que necesita el alza, previo permiso del capitán, por causa del viento *, altura, alcance, etc. Blancos poco visibles-Si el btanco no fuere bien vi ible para todos los apuntadores, tan solo se indica la dirección del tiro, seña­lando para ello un punto que se vea pcrfectamen te, y las piezas se apuntan con el nivel. Jalonar la puntena con el al&a y reglar ésta en seguida, conforme queda dicho. En el caso en que no se en­cuentre un satisfacrono 0bjeti vo auxiliar de puntena, se regula el alcance con el nivel como si fuera con el alza, recordando que un milímetro de alz<:~ corresponde á cinco minuto. de angulo, termino medio, para todas las piezas de montaiia. Cambio dt objettvo-El capitán prescribe el número de vuel­tas de m a ni vela y la m o di ticación necesaria del alza para dirigir el tiro sobre el nul'!vo objetivo. Las piezas ya apuntadas sobre el blanco anterior se dirigen sobre el nuevo sin cambiar el alza, y terminada que sea la punte- • Para esto basta aplicar la siguiente regla práctica: mover el ojo de la planchuela de desv10s hacia el lado de la rueda mas alta, un número de mihmetros igual al producto de multiplicar la sexta parte del alza, valorada en cent1metros, por su inclinación (lateral) medida en grados. • La influencia de un viento que sople perpendicularmente á la línea de tiro seco· rrige para cada cinco metros de velocidad, corriendo eJ. ojo de la planchuela de mira hacia el lado de donde supla el viento, tantvs milímetros ó fracciones de mihmetros como kilÓ· metros y fracciones njunto de la manivela para todas las piezas. Verificación dt los disparos -Para verificar un disparo se le re­pite; si el segundo da un resultado del mismo signo que el prime­ro (-=corto; +=largo), se tiene éste como bien observado. Si el segundo disp.1ro e de igno contrario al primero, se tira otras dos veces con la mi · ma alza. Cuando sobre las cuatro observacio­nes así hecha hay tres en un sentido y una en el contrario, se tiene p r exacta la respalddda por las tre ; si hay do en un senti­do y dos en otro, se adopta como alza de en::,ayo el alza media que Jos produjo. Tiro fusante- El alza se regula como para el tiro percutan te, y desde que se enmarca el blmco entre do · disparos que sólo difie­ran media vuelta de manivela, el capitán ordena á una de las alas continúe el tiro percutante, en tanto que la otras piezas se prepa­ran para arreglar la espoleta de lo shrapndes. ~l capitan prosigue la determin tción del haz de { de vuelta de la m a ni vela con las piezas cargada , fija el alza y manda arre ­glar la espoletas de tiempo: sobre una línea delgada se adopta el alza del disparo corto del haz; sobre otra profunda la del disparo largo. El cohete de la espoleta se arregla conforme al alza, siendo de advertir que en el shrapnel Bange de 80111111 conviene disminuír el cálculo de la duración del trayecto en cuatr.o décimos de segun­do. Para los disparos siguientes las piezas no vuelven á cargarse sino cuando el capitán prescribe la nut.va graduación para el cohe­te. Hace variar ésta, si fuere preciso, de dos en dos décimos de segundo, hasta que se obtenga una serie de cuatro disparos que contengan á la vez tiros fusantes y percutantes. En seguida se re­gla el tiro de modo que se obtengan del tercio al cuarto de disparos percutan tes, recordando que una variación de un décimo de segun­do hace variar el número de proyectiles que estallan por percusión en cada cuatro disparos. Tirar en seguida una serie de ocho gra­nadas con el cohete así corregido, y cuando la serie sólo presenta dos ó tres percutantes, el cohete e tá convenientemente arreglado. La sección que hacía fuego percutante pasa entonces á hacerlo fusante. Sobre una línea delgada en un tiro fusante bien reglado, el nú­mero de proyPctiles que estallen por percusión más acá del blanco debe ser superior al de los que lo hagan más allá: si no se observa esta proporción, se ejecuta una salva percutante para corregir el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN .MILITAR 373 alza y paralelamente el cohete, recordando que cada un milímetro más ó menos de alza corresponde, término medio, á un décimo de segundo en la duración del trayecto del proyectil. Para escalonar las alza en el tiro fu san te, ya determinadas aquéllas por el percutan te, los jefes de sección ordenan que en cada pieza se arregle el cohete de modo que corre ponda con su alza; el ca pi tá n observa, como queda dicho, la re.lación entre el número de disparos percutan tes y fusantes, y ordena las modificaciones de conjunto que pueda nece itar el arreglo de las espoletas. Para reglar el riro fusante directo se principia con una sola alza corta y el cohete arreglado para ella; conservar el cohete y modificar el alza para producir el estallido á la altura del blanco, partiendo del hecho de que á distancias de r ,ooo, 2,ooo, 3,ooo me­tros un octavo de vuelta de manivela modifica la altura en cosa de r, 2, 3 metros. Tan luego como un cohete ha dado origen <Í un disparo per­cutante (corto ó largo), se modifica su graduación, y con la mani­vela se corrige paralelamente el alza. Las primera variacione del cohete y la maní vela serán Cohete: o•6 1 8 2 2 4 M a ni vela: r vuelta 2 \'ueltas 4 vueltas según que el tiro e haga á di tancias inferiore á 2,:::>:::>:::> metros, La m;mivela empleada como instrumento de reglaje del tiro cxiae rle los oficialca el perfecto conocimiento de la corresp ndcncia que existe entn: loa movimientos ele ella el alza. el ángulo de tiro y la duración del trayecto) á fin de que puedan ciar las órdcnc; del caso sin esfuerzo ele intcli.;cncia ó memoria, sino maquinalmente, por decirlo así. MOVI t t F:!I:TOS DE AT,Z C:'>: IÁ.'OUf,() DJ DURACIÓN DJFERP.:NCJAS DE ALCANC1 1'.: METROS DEL 1-------~~------- TillO TRAYECTO Ha.tn 2,500 De 2,500 ií término medio 4,1100 metro!\ LA L\1'\lVELA .\lll.Í .\11 ~T lto~ r-----------1-------- ---·--1------ ---- -1'------ o S 1 vuelta ............ . 7·5 o. so 1.3 320 260 t ... ........ 3·S 0.25 0.4 200 ISO * ............ 2 . 0.12 02 lOO 8o * ········· .. o.6 0.1 so 40 2 ........... . J S 1.45 2.2 3 23 z . .¡.o 3· 4 ······· .. J2. 3·45 4· 5 40 4·35 4·7.::> 6 48 5·3° S·5° 7 ............ ~6 6.10 6.3 8 6s 7·2S 7· Este Cll:'lrlro indica la cor¡cspondenci'l en el cañón de mootañr~ aunque con e"ca~a aprox.im1ción, brer, que lnst~: 1·n la práctica. Debe observarse: ;ulemás, que el empleo de la manivcl.t p<~ra vari:tr metódicamente la inclinación de las picz.1s 1 aun cuanrlo rápido y cómodo, alarga las órdenes, necesita transformaciones de vueltas en mil! metros, gradoa 1 etc Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 374 BOLETIN MILITAR de 2,ooo á 4-,000 ó á más de 4,ooo. Cuando se observa un disparo de signo contrario al de los anteriores, se aplica el procedtmiento de los términos medios sucesivos hasta obtener un haz de 083 de amplitud. Verificar en seguida los límites del haz y adoptar para toda la batería el cohete y el alza del disparo corto. Tiro sobre blanco móvil-Si el blanco está animado de escasa velocidad se observa ésta y su dirección para determinar la canti­dad en que es preciso modificar el alza y el desvío, á fin de tomar en cuenta el tiempo necesario para cargar, disparar y que el pro­yectil llegue al blanco. Cada apuntador, después de dar el alza y el desvío convenientemente calcubdo *, hace desplazar progresi­vamente la pieza~ de manera que la línea de mira se dirija sobre el punto al cual se ha de apuntar. A la voz tal pieza, el apuntador se levanta y ocupa su puesto, lo mismo que el segundo sirviente de la derecha; el primero de este lado coloca el estopín, y al man­dato fuego, dispara. En las otras piezas se corrige en el acto el des­vío, si es preciso, de acuerdo con la observación que se haga del primer disparo, corriendo la plancheta sin sacar el alza de su canal, y en seguida, cuando el apuntador se levante, se corrige el alza por medio de la manivela. De esta suerte se siguen haciendo las correcciones conforme atrás se dice para blanco fijo. Ejecutado el primer reglaje, si el blanco se aproxima á la ba­tería, se dispara lentamente con la alza que dio el mejor disparo corto hasta que resulte uno largo, en el cual momento ~e hace fuego rápido hasta que no se obtengan sino disparos largos, pues entonces se disminuye el alza (á la manivela), en I 50 á 250 me­tros, se;ún la velocidad del blanco. Si el blanco se aleja de la batería se dispara lentamente con el alza que dio el mejor tiro largo y se manda fuego rápido en el momento en que se presenta el primer tiro corto, pues entonces se aumenta el alza en 150 á 250 metros, como en el caso anterior. Cuanto á los errores en dirección, cuando el proyectil cae sobre un punto que aún no ha alcanzado el blanco, basta aumentar el intervalo entre las dos voces de mando: tal pieza y fuego. Es lógico, por otra parte, que el haz sea tanto más abierto {largo} cuanto más dista el objetivo, y el empleo de la manivela conduce á la adopctón de haces expresados en vueltas y fracciones de vuelta, de suerte que la extensión abarcada disminuye á medida que la distancia es mayor, pero esto no presenta inconvenientes graves para distancias infe­riores á 2 1ooo metros. En el tiro el haz largo mide una vuelt11, el normal de tiro fusante media v elta y el de percutante un cuarto. Por esto la adopción del alza de cremallera, en la que las modificac10ne3 se ejecu­tan con rapidez y precisión, sin tener que sacarla del canal, ha permitido acelerar la ve­locidad del fuego y adoptar haces idénticos, expresados en metros, para todas las distancias. Para casos de urgencia tos jefes de sección tendrán siempre á la mano una regleta de co­rrespondencias entre los milímetros del alza y los grados del nivel de puntería A nuestra• piezas de montaña no ha sido difícil arreglarles alza cie cremallera siendo de advertir que la necesitan con más urgencia que si fueran de batalla. • Convendría construir tablas que permitieran dar estas órdenes con rapidez y exac­titud en los casos más comunes (infantt> al paso, al trote, de.), porque do otro modo este importandsimo tiro dará escasos resultados entre nosotros. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 375 También puede arreglarse el tiro sobre un blanco m6vil, re-gulando la puntería sobr .... un punt escogido en el c1mino que parece seguir el blanco, y mandar fuego ra pido cuando el blanco llega á dicho punto *. TirCJ sobri? una caballería que se aproxima á los cañones. I . 9 Dis­posicione. preparatoria de combate: ·oflamar las piezas; escalonar la alza : por ejemplo, para r ,ooo metros en la sección de la izq uiercla, 1, ro o en la del centro y r ,200 en la de la derecha; dar los de,;víos de dichas alzas; colocar el tornillo de puntería como para el tiro á esas distancias en terreno horiz.ontal; cargar los cañones; los pri­meros sirvientes de derecha se proveen de esto pi ne ; 2.° Coloca­ción en batería: la pieza no se enrayan ni se vuelven á poner en batería; el capitán pre cribe el número de vuelta de manivela que necesita la di t~ ncia, pero de manera que las alzas queden cortas; el fuego se ejecuta por de cargas; lo irvientes apuntadores siguen el blanco ~on la línea de mira y se levantan á la voz de piezas; 3· 0 Reglaje y dirección del fuego; como regla general la piezas se apuntan con el alza de partida y no se ha e transformación al­guna de vueltas de manivela en milímetros de alza: a) Si una des­carga enmarca el blanco de manera sati factoria, la siguic11te se hace con un-a vuelta de m.111Ívcla menos; b) Si queda corta, no se hace rnoditicaci6n ó á lo umo media vuelta, i fue muy corta. • Ob enmcioncs sobre /r¡ l'elncidad del tiro -Dur:a11te el período d e rc:;l<,je, ;~ntl·. di' hn ·cr 1111 rli p .aro, e, prec i o ,, ~ t anl.11 !i qne . e h ¡t y.t oh.et v,ulo el :tutcrior,· ;¡hor:carga c~uida . T;,n ltaeg-o COIIlO ,e ha rtgl"cl. el tiro contra tropa en posición, e· de principio ejecnt;ar el fiuf!o rápido á mzón de T \ . ·To rlisparos po1· pitz.a, á fin de lanzar :subte el enemigo una vcnbdeta 11 tt \'ia lt 1 rnyecti es; el c fl'cto mor;.! e· tanto mayor cua11to menor es el tiempo en que .e causa una gran mortand.td. De ahí proviene la impor­tancia de los caiiones de tiro tápido. L ·1 rapiclt•z del tiro dcpe 1dc esenci .dmente de l,as siguientes operacione : n- tt­Licc ·er la pit:za eu b .t ... ría, HJ nntarla, 11 rreglar )¡,s espoletas de tiempo, carg1r y di ·. patar el proyectil. El rettoc ·. o, a11n cu.llldo lo iit11iten los freno , delllora el tiro pOl­que h1.ce nf·cesario vol\'l'r á coluc:tr la pi za en b · terf:a y desarregla la puntería. } .. 1 1stema ó 11111do de apuntar l ~t s pit·za a1¡uí ex.i . tente. e· largo y poco preci:-.o i uo ·e ejeL·ut l~OII ~r.an le ¡, t , tH:ión; :e impone un mccani. mo que permita el ele ·plaz:1- mit·nto l u tc l' al <.le la curcñ '· El ,¡ tema ue a e.:opolet, de tiempo ubre lento, incó­modo y oc:a, Íil ll<•.do á crrurc:, 110 dej 1 l111ell ·1 lle la durc.ci6n t:IIIJ•It:11tla, Para a<'eler;ar el tim u11 lll p ·1:-ib ie cunve 11tlrit adcuHÍ. el uso de la c'p.ttla 6 cartucho metálico en el cnñ6n y el di p;.uo pur percu~ión pam evitu el estopín, yuc dej.L aúu mucho qw~ desear cuanto á perfecciOJnmicrito. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 376 BOLETlN MILITAR Tiro de grupo de baterías-Llevarlas imultáneamente á la línea de fuego, y si esto no es po ible, hacer entrar primero la que deba quedar bajo el viento: en e te caso cada batería regla su tiro, tomando como punto de partida los resultados obtenidos por las baterías ya instaladas. Cuando todas entren al tiempo en línea, cada una regla su tiro como le sea más cómodo. Tan luego como cada batería esté reglacb, hará conocer al jefe de todas el alza empleada, para que e ·te pueda ordenar las correcciones y recti ficacione que es ti me convenientes, valiendose para ello de fuegos por descarga si fuere preciso, pero por baterías y sucesivamente á partir de la que esté bajo d viento. Cuando el humo, un vient fuerte, etc., no permita á las baterías hacer simultáneamente el reglaje de su ti ro, el jefe su pe­rior de ellas determinará el alza por descargas por batería ó media batería, como lo hace el capitán con la suya ai lada. Indicadtt el alza, cada capitán acaba luégo de rectificarla como queda dicho. La& baterías reunida que empleen pól\'ora negra deben ponerse en guardia contra el humo, para emplertr el nivel cuando no sea po ible apuntar directamente la pi eza y darle la r:Jirección empleando cualquier procedimiento para jalonarla. Notas complementarias. 'J'iro c?Jltra trinch eras. Tiro parabólico. El alcance y el ángulo de caítla on la ba-:e para reglar este tiro. Tomar como ángulo de caída L1 inclinación de la línea que úna la cima de la cresta ó parapet en el punto más bajo en que ~e la pueda alcanzar á batir ; e m picar la carga de pólvora correspon­diente. Amplitud de /()s desvíos.-Cuando éste se conoce se princtpla con el ángulo de tiro de la tablas ; se disparan cuatro proyectiles por vía de en ayo, haciendo de puc de cada uno una corrección igual al desvío observado dividid por el número del proyectil, no tomando en cuenta las cifi·as inferiore á una y media veces el pro­bable de la pieza ; en este ca o el desvío que no se corrige se añade al del disparo anterior. Dirección de los desvíos. Ensayo-Cuando se conoce la direc­ción del desvío para reglar el tiro, ·e hace un primer di ·paro em­pleando los elementos de las tablas: si es corto ó largo, se aumenta ó disminuye suce~ivamente el ángulo de tiro una cantidatl igual á ocho veces el desvío probable de la pieza, hastc1 ob ervar un di paro de signo contrario. Obtenido é:.te, se cierra el hr.z hasta dos des­víos probable , empleando por ángulo de tiro el que ea término medio entre los dos ángulos que dieron el último corto y el pri­mero largo, ó viceversa. Cuando el reglaje se hi7. ·obre un objeti­vo auxiliar, se transporta sobre el real después del primer tiro de conjunto. Efectos de loJ proyectiles de artillería.-- El calón de 8omm de montaña da con la granada común 32 cascos, 4 de más de 300 gra­mos de pe~o y 7 de menos de 25; el shrapnel rs.;, de los que 33 varían de JO á 300 gramos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 377 La granada de e~pole'ta percutante, al tocar c ... ] suelo bajo ángu­lo pequerw, exc~va un. urco, se levanta de nuevo y estalla en esta segunda trayectoria: como la altura á que lo hace es casi nula, la posición y forma del haz depende de tres elementos: retardo de la espoleta, ángulo del rebote y amplitud del cono que abarca los c:a. cos. El retardo e de ordinario de 2 metros á los I,ooo metros, di ·minuye con la di tancia, y á 3,ooo la granada estalla al tocar el suelo formando fogata; el rebote en terreno firme y horizontal va­ría de uno y meJio á do veces el ángulo de caída; la amplitud del cono de casco depende de la velocidad restante, de la ve.locidad de rotación y de la velocidad que imprime á las caras la carga in­terior: con proyel:tilcs bien con:.truíJos puede mirarse corno de­pendiente solo de la di tancia. El proyectil de 8.J 111 m sobre objetivo de 2 metro de altura, 40 de frente y 40 de profundidad en que se pongan 4 filas de blanco, , á 2,ooo metros, si es ligeramente corto el tiro, da ha ta 50 imp:tcro., ó en otros término , si estalla á 100 metros del blanco ya no cau a daño sensible, pre:entando el máxi­mum de.: efecto si lo hace á 1 o metros de distancia. En el tiro fwante la di:.pcr. iún de lo cascos obedece á las misma cau_a señalada para el pcrcutante, pero en el centro del cono habrá un vacío o c upad ~pena~ por lo, ca. co del culote si la carga interior ocupa es, acio sobre el eje del proyectil, lo que no sucede si é . ta e coloca en la parte del s 2.z669 y 184 88. Con la pólvora Or p tra e l proy ectil de So milímetros k= 370.6 y su largo 2. s689. para di e ha pó l vora el logari t mo a =0·3 718 ; logari t­mo b=o.26619; el valor de m e::s :.438 y el error relativo mí.ximo de temerse en el alcance / 0 • La intercalación se efectúa conforme á la regla de N ewton: los medios acitméticos usuales y diferencias primeras y segundas, son: om o' 1:::. b. 2 soo 44 I,ooo 99 x,soo 164 2,000 237 z,soo 319 44' (+9·5) SS ( 6o) 6s (69) 73 l 1 lO 8 La fórmula cf>=cf>+-11 - b. + ~ {- n- -) 2 b. 2 upo niendo á nL 500. ;oo 50" Para buscar entre 1,soo y z,oo ome tros losalcanc csde 100 en 100 me ­tros, por ej emplo, á 11 se dará sucesivamente el valor de roo, zoo, 300 y +OO. ángulo vertical del alcance; n=-}, }; : y ! respectivamente; b. =69 b. z=8. Para la primera intercalación para obtener el ángulo sería: 1600= 164-+; (69) + ~(!) 2 8 = I6++ 13.8 +o.I6= 178 La m.1 nivela-Empíricamente cada vu elta de manivela equivale :í. 7 milímetros de alza para todas las distancia ; pero si se trata de un gran número de vueltas deben tomarse 32 milímetros cíe alza por cua­trn vueltas. En tesis general puede usarse el siguiente cuadro para las variaciones de alcance. á 1 ,ooo metros I vuelta 250 " ~ " 125 t " 6o á z,ooo 180 90 45 á 3,000 140 JO 35 á 4,000 100 so 2j POR H. H ELVIG, DEL ESTA DO MAYOR ALEMÁN Versión libre para el Boletín Militür PARTE PRI:llEltA-EL BA.TALLON CUARTO EJEMPLO Un bat ollón contra batallón y medio (cuatro compañías contra st:is compaiHas) Cot..Jideraciotus tácticas Si el enemigo, superior en número, se divid~ en porciones iguales y no concentra .\ grueso de su fuerza contra un punto detcrminado de la posición, es preciso tratar de reunir momentáneamente fuerzas superiores Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 379 contra una de 1as alas del adversario, y tomar allí la ofensiva: semejante contraataque puede ser decisivo si al mismo tiempo se amenaza la línea de retirada que debe seguir el enemigo para reunirse con otras tropas. El batallón ha tomado posiciones. La cuarta compañía, adelantada como vanguar:iia, se cubre con algunas patrullas; la tercera se sitúa 300 pasos atrás como línea avanzada; las compañías primera y segunda otros 300 pasos atrás de la anterior, en columnas de compañía á intervalo de despliegue, funcionan como grueso 6 línea principal. PRIMER MOMENTo-Las patrullas señalan la aparición del enemigo. l)lsposlclóo : la cuarta compañía despliega su pelotón de tiradores; fuego lento y cuidadosa puntería. SEGUNDO MOMENTo-E/ ttumigo.• • • • • * • * •..., • • • • • • • •"" •"" •""..., muestra fuerzas superiores y 4vanza 4· a t contra nuestro fruiU. ¡ Dlsp6slclón : cuarta compañía, ¡e despliega íntegra en tiradores; terara compañ í r, en línea funciona como sostén 1 so pasos á retaguar­dia de la cadena; primera y segun­da compañías se aproximan hasta quedar á 300 pasos del sostén. • :•so ~ :, pasos 3·· 8 egundo m~mtnto 300 : pasos o o o o 1 t TERCER MOMENTo-E/ adverJario despliega en tiradores dos compa­ñías, qut avanzan apoyadas por cuatro co/umlJas de compañía, y obliga á ajar á nuestros tintdores. Ulsposlclón : tercera compañía, se sitúa á la derecha de la cuarta, en posición de refugio para sostenerla por el flanco . • .... . . . .... .... . .... .... . . .... .... .... . .... .... . . . .... . • • • • • • • • 4·a •• ... • • •• '··.... • • :¡p. ·, •• ~'i> ···..•. . :. ')' · .......... ~· ~0 :8$.~~ ~~ ~ ~~~ ~~ 2.a La. T erar momento Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 380 BOLETÍN MILITAR Señal: después de verificada la operación anterior: cuarta ~ompa­ñía, lentamente en retirada, hasta colocarse á la altura del ala izquierda de la tercera. • ••• • • ,+.._ •• . . .'- .. .. ~ / .. . . ')' / .. CuARTo MOMENTo-E/ enemigD despliega otra com­pañía e11frente de la terce­ra, y trata de ~ogerla de flan~ o. • • • • • • • • • 1 • • • • • • • • • • /-- ----------+ 4·" // Disposición: tercera ~ompañía, martillo defen­sivo en el ala derecha; primera y segunda ~ompa­ñías avanzan á apoyar el ala izquierda. • e uarto momento QuiNTO MOMENTo-E/ enemigo se presenta ~on tres ~cmpaíiím despftg,¡das en tiradores apoyados por tres en orden cerrado. Ulsposlclón : tercera compañía lentamente en re· tirada, hasta alinearse con Quint, momento la cuarta; primera y se-gullda compañías, desp,iegan sus pelotones de tiradores de modo que for­men martillo ofensivo á la izqui -:rda de la cuarta, con los pelotones en filas cerradas 1 so pasos atrás. SExTo MOMENTo-E/ enemig(/ refuerza sus tiradores y aprieta nuestra tercera "mpaílía. Señal: fuego rápido 1 IHsposldón: la tercera compañía contiene al enemigo que tiene al frente cuanto sea posible; primera y segunda compañías avanzan, el ala izquierda adelantada á la c;eñal de avancen!,· la cuarta compañía se enla­za con los pelotones de tiradores de las compañías primera y ugundtJ, de­jando atrasada su ala derecha. SÉPTIMO MOMENTO - E 1 mo1.timiento orde110do amenaza el flanco derecho dd enemigo y contin1e su marcha ofensiva. Señal: avancen! (La mar­cha ofensiva se ejecuta con­forme á la disposición indi­cada). • . .. x ••• -ttt **-11 • • ... ?( ~~~ :. -$--m..•. ..:x -$-"'~ ••. · . ~ ......... . • • • • • • • • • 4·& J.a Séptimo mdmentQ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. not.E~ÍN MILITAR 381 ÜCTAVO MOMENTo-E/ ene· migo haa af/anzar u1111 CIJflt­pañ !a en filas cerradas sobre la línea de combate, del lad~ de su ala amenazada, y ejem­ta juego de descargas. Seña/u: para todos, alto! fuego rápido! •• -$e •• -~~ .. ... ~. •* .· ~··. •• ~ .. ~-'- .. ~ ;ttT •• •• ~ ·:. ./;~ .. •• •• •• •• • . . . .... • • • • • O ctaf/o momento 4· a 3. a NovENO MOMENTo-E/ ene­migo se tJe obligado á haar replegar un poco su ala de­recha . . · ~. . . • •• -$;: • • Ut. po~lción ; la tercera -x=$--ttr • • compañía queda en la posi- ,/, • • • • • • • '6 _.. ~ • • • • • • • c1 n que ocupa . . · 3.• Señal: afiancen! Nof/eno moment1 DÉCIMO MOMENTo-E/ enunigo, amenazado en stt línea de retirada, trata de resistir con su derecha, para entre tonto acercarle su alo izquierda af/anzada con exceso. Señales: para todos, alto! fitego rápido! avancen! A esta última se­tia} ]a primera, segunia Y cuarta compañías se lanz.m al atae¡ue de la de­recha enemiga; la tercera sostiene el ataque con fuego rápido. U N DÉCIMO MOMENTo-E/ ala derecha tnemiga retrocede lentamente. Señalts: para todos, avance rápido! .?í . .· ••••• '!~.:. ..x .L: ~· ./'~·· .. . .. · • ..d:t. •• ""tfT..d:t. •• ~ .-.;¡:r • .?í • • • • • • • • • • • • • • 3·· Undécimo momento Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 382 BOLETíN MILITAR. DuoDÉCIMO MOMENTO - Nuntro ataque es recibido por 1111 fuego violento; el enemigo entre tanto ha reunido JUJ fuerzaJ Jobre JU ala derecha y u retira !eJJtamente. Seña fn: para todos, alto! Uisposlclón : primera J ugw1d11 compaiiíaJ siguen al adversario con fuertes en­jambres de tiradores; tercera y cuarta u r eÍinm. El bata­llón vuelve á s u primitt\ra posición y no deja avanuda sino la primera compañía. •• •• •• :' ··. . " .. ~~ ~ l888B~ ~~ ~~ ~~ 4 .a l. a •• • • a ~ • • .'~-t¡r •• -(., Duodéc imo momento --··· -- SOBRE EL U !FORME MILITAR El traje mdit4r ha si.lo en casi todos los ejércitos, obj:to de estudios y de cambios que demuestran su indudable Importancia. Apartándose por lo general de antigl.Jos caminos, ya desusados, no se trata de conseguir en él un aspecto agradable ó humildemente sujeto á las volu ble:s é irrazonadas exigencias de la moda ; pues si bien es cierto que no debe separarse por completo de la manera de vestir de los contemporáneos, no debe tampoco ser copia exacta de cuanto se idea por quien tiene su principal ocupación y oficio en inventar nuevo, y sobre todo variados modos de vestir. Otras son ciertamente las condiciones con que debe cumplir; y ejemplo de ello tenemos en las ropas usada-; por los que á ocupaciones es­peciales se dedican. No viste el cazador de la misma suerte que el albañil, ni el maquinista como el que á las labores del campo ptde el pan de cada día. ¿Por qué, pues, siendo la guerra el principal empleo y mas excelso del soldado, ha de vestírsele á semejanza de los que viven al seguro abrigo de intemperies y fatigas en las calles r casas de poblado? La estancia del militar bajo techado es acci­dental, pues no ha de cumplir su cometido encerrado en los cuar­teles. Si ha de arrostrar toda intemperie y de soportar cualquier fatiga por desempeñarlo, parece lógico no aumentar su ya penoso oficio con molestias artificiales; sí, por el contrario, acuoir en lo hacedero á su reparo para evitarles las posibles, y amenguar las irremediables. Debe ser el uniforme, puesto que en el campo ha de usarse, traje de campo y no de ciudad, y si bien no ha de tenerse compla- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 383 cencia en darle aspecto sobremanera agreste, tampoco d~be sacri­ficarse á la buena vista condición ninguna esencial, que no es ne­cesario para llenar el primer objeto vestir al soldado de tan extraña suerte que llame la atención de su inu s itada apariencia. Las actuales costumbres, prácticas ante todo, han allanado grandemente el camino para esta reforma, y ciertamente el ejérci­to no se adelantaría á sus coetáneos hacient'o más convenientes y apropiados sus vestidos; la moda, con tnás entendimiento del que podía suponerse en tan caprichosa señora, ha adoptado trajes en general cómodos y holgados y no exige á sus adoradores que su­fran, por acatar sus imaginaciones, los tormentos que los corbati­nes, calzones ajustado , mangas estrechas y cinturas microscópicas les ocasionaban no hace aún medio iglo. Y no se diga que la rigidez y tiesura son necesarias para inculcar al camp .... sino y al ciudadano costumbres militares; esto sería bueno en el tiempo en que la uniformidad y acompasamiento en el manejo de las arma , el canto d el fusil y su brillo deslumbra­dor, unos bucles bien empolvados, el paso á la Federico, y otras mil cosas de igual jaez, se tenían por el colmo de la perfección en el arte militar. El tiempo que se perdía en obtener tal resultado, se aprove­chará dedicándolo á ejercitar en la paz lo que en la guerra se practica. Hoy que á todo militar se le exige, dentro de sus obligacio­nes, una gran iniciativa y que el último soldado ha de saber gober­narse y combatir aisladamente, parece contradictorio hacer de él una máquina y pedirle luégo que marche sin dificultad, entregado á sí propio. Hoy que por la índole misma de las modernas guerras son más necesarias que nunca costumbres de obediencia y disciplina, si no ha de convertirse en lamentable barullo lo que debe ser, según las recientes di posiciones tácticas, ordenado desorden (en realidad lo primero y en apariencia lo segunrio), es preciso que de­jando aparte lo accesorio, se dedique especial atención á lo esen­cial, que es procurar rapidez en las marchas, seguridad en el tiro y agilidad en los movimientos. Dos de estas condiciones exige que se eduque al soldado con el objeto de obtenerlas, y por lo tanto que se le ponga en condi­ciones físicas tales que no encuentre en su propio individuo, es decir, en su vestuario y equipo, los principales obstáculos á su logro. Sobradas causas externas, ya vengan del enemigo, ya del terreno, ya de las intemperies, encontrará con qué luchar sin que se aumenten otras más, que haya de vencer, so pretexto de endu­recerlo contra las fatigas de la guerra, ó que su aspecto sea más militar. Puesto que el ejército ha de servir para el combate, debe ser la aspiración de los militares, tratar de colocarlo en las mejores Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 384 BOLETÍN MILITAR condiciones para guerrear, prescindiendo de que á los paisanos les agraden más ó menos la tropas cuonJo las ve.tn en la· paradas ó desfiles, que no irán seguramente á aplaudirlas en las penosas marcha , los inclem~!ltcs alojamientos ó los sangrientos campos de batalla. Si por dicha el Erari anduviese tan sobrad de recursos que pudiera, sin quebranto, dedicar uno cuanto~ cientos de millone á lo superfluo, despue d ... haber ga · tad e11 lo nece:,ario que fd!ta otroi mucho·, en buena hora que se.: i .. learan lujo,í_imos unií rmes para usarlos en las poblar:iones, sin p erjui ·i ele almacenarlos y vestir otros más cómr Jos cuando de f.tenas militare· e tratara; per de graciadamen te no acontece t ti cosa , y, aun á trueque de descontentar los ojos de los pagan>, h1brá qt~e ver ele emplear con la p si ble utdidad dd E jérc1 to y del Estado los exiguos recursos de que se di p ne. Esto por lo que hace á lo extrañ á la pr~fe·ión militar, pues los que cursan las ·o a~ de 1· :Tuerra, pvco ó n..1d ,1 han de fijarse en si es m ' ó meno- vi.,to,o d un i~>rrne , ante bien, dán­dole la import,lllcia que verlladeramente tiene, ¡Mr.1dn la conside­ración c:n cualidade más ho:tdas é interc antes. En dos cJtegorías pueden encarars' ésta:s: mi lit, res é higié­nicas. Por cualidades mili tares ueben entenderse las q te cxclusi va­mente se refieren á la e.)peci,ll ocupación del o dad. > y us medios de llevarla á término, y p r hi 0 iéni ·a la que e diri6 ·n á con er­varle en estad de saluJ ó precaver la.; causas que puedan alterarla ó destruírla. Líganse aquellas y é;:,ta.- 111timam-...nte, y no es fácil á veces cumplir con l.ts una_ si11 pcrju,li(: 1r ,t la otra., pero siempre que.da el recurso de optar por la :sol11 ión de que menos daño pue­da originarse, que en vano sería disponer los wldado con prefe­rente atención para el mo nento de la lucha i, por haber desaten­dido las precauci nes higiénicas, las enfermedades ó las fatigas los postrasen, impidiéndole llegar á este último y apretado trance de la guerra. Y de nada serviría tampoco mante11erlo., sanos y robus­tos á costa de disposiciones que llegarían á empecer sus aptitudes militares. Por tanto, cualidades militares y cualidades higiénicas espe­ciales debe tener el uniforme, combinadas en justa medida, para que mutuamente no se perjudiquen, antes todas ellas concurran al mismo deseado fin. Los primeros, por las razones dichas, han cambiado notable­mente, pues ya no es posible pedir al vestido que se defienda fuerza á fuerza de los golpes de las armas enemigas. En lo.) combates á alguna distancia, porque á tanto no llegan ni aun verdaderas armas defensivas como la ro raza, y en los combates al arma blanca, por­que no se podría lograr eficaz prutccci ó n sino á trueque de au­mentar sobren1anera d peso que ha de llevar el soldado. Lai pocas Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR veces que se llega á las manos no ,notivarían la adopción de trajes muy defensivos, convenientes para este caso, pero paco á propósito para marchar con velocidad y moverse ágilmente. Pero si no puede buscarse la protección del indivicluo en estos medios directos, debe buscarse en medios indirectos que serán tan eficaces por lo menos. Si no :;e puede contrarrestar la fuerza LOR..EJS CONDICIONES 11 En terreno descu~icrto .... . ---- --.-- -- ---- En terreno roque no ....... . Al horde del mar ...... .. . Sobre el agua.. . ....•••• Sobre obras de tierra ..... . Sobre obras de piedra . ... . e \ Al amanecer . .... .. . . ~tAl alir el sol ..... . . . ~ A medio día ... ... . ~ A la puest::l del s 1 . .. . \Al amanecer.... . . .. ~ J Al salir el sol ....... . ~ J A medio día.. . . ... . :.á 1 A la puesta del sol ... . ~ 1 Lloviendo .....•.. . .. l Lloviendo y con niebla. --5 { Con luna . . .•.• .. .... ~ Estrellado . ......... . En terreno descubierto .... . En terreno roqueño ...... . Al borde del mar.. . . . • •. Sobre el agua . ......... . Sobre fortificación de tierra. Sobre fortificación de piedra + 2 1 J 2 1 1 2 1 8 8 1 8 2 2 8 8 I l 1 t l 2 2 4- 3 7 3 2 2 5 ~ 1 6 1 6 3 8 ! j 3 + 1 2 1 3 4 5 3 2 4 + 3 2 5 4 4 3 3 + + 3 4 6 3 3 4 5 4 S 3 S 5 4 3 5 4 4 4 3 3 4 4 3 5 3 7 8 4 4 ! 1 3 + 5 4 + 3 7 7 7 S 6 7 7 6 7 S 8 8 5 8 6 6 8 8 1 6 8 7 8 8 7 8 8 6 8 6 -------------- S u mas ..... . ..... 68 90 1 9+ 98 165 l 16é .. .. 11 Pardo ó gris plomizo resultan ser en efecto los colo:-es que menos se ven en el campo, y aunyue éste no sea de las calidades antes dichas, también son éstos los colores más favorecidos en los demás ten enos 'y ocasiones que se consignan en el adjunto Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ROLETiN MlLl'l'.AR 387 cuadro formado por el renombrado cazador Julio Gerard y el ar­mero l\tl. Devisme. El número 1 indica los colores que más se ven y el número 8 los que no se ven ab ·olutamente nada. Inducidos por la experiencia y por análogos ensayos, la mayor parte de los estados mili tares han modificado el color de sus ejér­citos. Austria, prescindiendo de antiguas tradicione:.i, ha desterra­do sus levitas blanc<1 , Alemania emplea los colores azul y gris, Rusia el verde oscuro, Italia el gris y el azul, únicamente Ingla­terra conserva la casaca graca, y Francia y E!paña los pant Iones encarnados. El negro azulado, y mejor aún, el gris plomizo, ó el pardo, son los colores cuya dopción presenta más ventajas, no sólo por las razones que se originan de los cuadros anteriores, sino también porque son colores sufrido , que no se deterioran fácilmente ni descubren las injurias del uso, lo cual los hace al mismo tiempo ser baratos por su mayor duración en buen estado. Contra las herida que infieren las armas blancas, debe tener el soldado su mejor defen a en el buen manejo del fusil armado de bayoneta. Las charret<:ras llevadas con el objeto de amortiguar la violencia de los sablazos en el hombro, son excesivamente moles­tas, y no tan eficaces que no las sustituyan, sin gran desventaja, las hombreras de paño almohadilladas. Estas tienen sobre aquélJac; ]a ventaja de evitar la incomodidad que el peso del fusil causaría en la posición de armas sobre el hombro, ya apoyándose sobre la charretera, que como cuerpo duro transmite su presión á la claví­cula, ó ya sobre este mismo hueso, si no se interpone más que una tela delgada. El casco de cuero, el morrión ó el chacó se han usado con el objeto anteriormente expue to, desempeñando su ofi cío protector respecto á la cabeza; pero el haber sido desechados, adoptando ke­pis, cuyas únicas propiedades militares son la ligereza y la estabi­lidad, es razón bastante para no volver sobre ello. Y aun á riesgo de repetir lo dicho, debe insistir e en que la infantería lucha tan pocas veces cuerpo á cuerpo con la caballería, que no habría pari­dad entre las ventajas que proporcionase un cubre- cabeza resisten­te al sable en absoluto, y los inconvenientes debidos á su pPso y á lo molesto de 5U uso. En las refriegas entre caballería tampoco son tántas las ven t ajas del casco de hierro ó acero, que se deban pasar por alto los graves inconvenientes que re ultan para el jinete de la elevación del centro de gravedad y del golpeteo sobre el cráneo en los aires violentos. Las correas que soportan y sujetan el equipo se han preconi- 7ado como protectoras, llegando, en algunas ocasiones y con tal pretexto, á dárseles exageradas dimensiones y á disponerlas de ma­neras viciosas, como cuando se cruzaban sobre el pecho, sobre­cargándolas con chapas de metal, cuyo único efecto era aumentar Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 388 BOL.K'l'IN MIL1'1'Ah el peso sin lograr detener las balas (faltando al encargo que tenían de salvar á su dueño). Otros medios se han propuesto, tales como petos, almohadi­llas, mochilas para balas, medias corazas, etc., que acaso fueran útiles para desempeñar servicios especiales, trabajos de zapa, defen­sas de posiciones, etc., pero que en tesis general no pueden acep­tarse, siendo, como es, muy dudosa su eficacia, aun en estos casos particulares. Resulta, por lo dicho, que el medio de que se dispone para cumplir esta primera condición sin perjudicar a las demás, estriba en adoptar uno de los colores mencionados, el negro azulado, el pardo ó el gris plomizo.-(Continúa). N AZARIO CALONJE INFORl\~E OBRE EL EJÉHCITO ALEMÁ!i (Continuación) Las Í'tspucionu Como la mayor parte de las inspecciones y las más importan­tes se aplican precisamente á los ejercicios del período de prima­vera, parece sea esta la ocasión de decir algunas palabras. Primero vamos á dar la lista de ellas, luégo examinaremos la manera coma se pasan, y, en fin, procuraremos poner de manifiesto su carácter general y dar á conocer las particularidades más importantes. Desde el día de la incorporación de los reclutas hasta aquel en que son licenciados los hombres clasificados para la reserva al fin de su tercer año, se puede enumr-rar como sigue la serie de inspecciones que tiene que sufrir un soldado prusiano. En Enero, es decir, antes de la inspección de los reclutas, de que ya hemos hablado más arriba: 1.0 Inspección de la instruc­ción individual, teórica y gimnástica (y 1por consecuencia es­grima, que siempre van unidas) de los soldados antiguos, pasada por compañías por el jefe del regimiento. En Febrero: 2.0 Inspección de los reclutas. Ya hemos dicho en qué consiste y cómo se pasa. En la línea * no tiene lugar ge­neralmente hasta principios de Marzo; 3.0 Inspección del perso­nal sanitario por el jefe del regimiento. En Marzo: 4.0 Examen de los sargentos y de los reengan­chados que siguen el curso de la escuela regimenta], por el jefe del • Las fechas indic1das se refieren á la Guardia, en la cual se hace la instrucción, como ya hemos dicho, de una manera más regular. Por esta causa se encontrarán men­~ ionaifas así, cuando se ofrezca, las épocas correspon d ientes para la línea. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 389 regimiento. 5.0 Inspecciones de compañía * por el mismo. En la línea tienen lugar en Mayo. En Abril: 6.• Inspecciones de batallón, pasadas por los jefes de brigada ó de división. En la línea tienen lugar en Junio. En Mayo: ].0 Inspecciones de regimirnto, pasadas en la Guar­dia por el Emperador, y en la línea, en la cual se efectúan duran­te el verano, portlos comandantes generales de cuerpo de ejército. 8. 0 Inspecciones de gimnástica y de instrucción teórica, pasadas á cada compañía por el jefe del regimiento. 9. 0 En la Guardia, re­vista general, por el Emperador, de todos los regimientos de guar­nición en Berlín. Esta revista en parada nu se pasa en la línea. A fin de Junio: 1 o.0 Inspección del tiro, pasada en la Guar­dia por los jeft:s de brigada, y en la línea por los de regimiento. A principios de Julio: 1 I. 0 Inspección del servicio de campa­ña, pasado por compañías por el jefe del regimiento. En Agosto: 12.0 Inspección de gimnasia por el jefe del regi­miento. En Septiembre, antes de empezar las grandes maniobras y ge­neralmente en el punto de la concentración de fuerzas: 13. 0 Re­vista general de todas las tropas que deben tomar parte en ellas, pero sólo en el caso de que el Emperador asista en persona. En el caso contrario esta revista no se pasa por los comandantes genera­les de cuerpos de ejército sino cuando ello lo juzgan conveniente. A fin de Octubre: 14.0 Inspección de las fracciones regimen­tales de ingenieros, por el jefe del regimiento. A esta inspección se puede, además, agregar una revista de detall *, pasada cada tres ó cuatro años al principio del verano, por los jefes de brigada, y una inspección de las armas, que no tiene lugar sino cada diez ó doce años, en épocas indeterminadas. Se pasa por un oficial general que designa á este efecto el Ministro de la Guerra. Lo que sobre todo Í.Jnpresiona en la manera como se organi­zan estas di versas inspecciones es, por una parte, el minucioso cui­dado con que se sostiene, en todas circunstancias, el principio de la independencia personal á que cada uno tiene derecho en los límites de su esfera de acción; y por otra, las precauciones constantes que se observan para no quitar á la instrucción de los hombres sino el menor tiempo posible, concediendo plenamente á cada oficial los medios para que pueda darse cuenta exacta, desde todos los puntos de vista, del estado en que se encuentren las tropas sobre las que ejerza mando. • Es preciso entender por tál la inspección con que se termina la eacuela de compa­ñía; más adelante se verá la misma inspección para el batallón, regimiento, etc. • Que no ea en verdad sino una revista de material como lo veremos más adelante. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 390 BOLETÍN MILITAR A primera vista parecerán e~tas dos condiciones contradicto­rias é inconciliables; pero la práctica ha demostrado que no lo son, y q u P. de hecho es muy posible conciliarlas, ob ervando riguro a­mente las reglas iguientes, a la cuale s e conforrr1an siempre en el jército alemán : 1: No pasar jamás dos vece .~ :í la misma tropa el :·ni~mo gé­nero de inspección. Dos oficiales subordinados el uno al otro, pa­san á la tropa que mandan do::. inspec iones diferente, pero nunca la misma. 2. 8 En lugar de consagrar á la inspección una e ión espc-­cia1, convenirse, tan o como sea posible, para aprovechar el mo­mento en que la tropa recibe preci amente el genero de instrucción que se quiere examinar. Contentar e asimi ·mo en rigor, en pre­sentar á la in. pección ó á b re vi · ra, una parte solamente de las tropas, aquellas cuyo trabajo de instrucción pueda re:;entirse menos. Conformándose estrictamente á e::.t s principios fundamenta­les es como la autoridad uperior ha llegado á e tar siempre de un modo perfecto al corriente del estado de la tropa , sin pasar más que un número de inspecciones tan reducido como es posible, á fin de no entorpecer nunca la march~ de la in trucción. t\lgunos ejemplos harán comprender bien c<)mo se con igue sati facer las condiciones indicadas más arriba. En la lista que hemo;, dado de la diversas inspeccione se puede notar que las de gimnasia é instn.:cción individual y teórica se repiten en realidad varias veces al año. Es una prueba de la i m­port. mcia que e concede en el ejercito alemán á todo lo que puede contribuír al de arrollo Í1sico e inttlectual del S< ldado. Pero en cambio ha de bid o ver e también que estas mú !ti p!es inspecciones se pasan por 1 jefe del regi mient , c · to es, por el hombre que está en las mejore· condtciones de ob en ar lo que se hace sin in­terrumpir la marcha de la instrucción. Este c., por lo demás, un principio al que los coronele se conforman e· crupulo amente, y tienen siempre el cuidado de ele­gir, para ver tal ó cuál parte de la in trucción de una compañí2, el momento mismo en que la ecíbe. A 1, por ejemplo, el coronel sabe que mañana hay gimnasia en la tercera compañía e instruc­ción teórica en la séptima, ha. ce saber p r medio de la orden, con ervando en lo po ible las horas fijadas por los comandarne5 de compañía, que mañana habrá para la tercera compañía inspección sobre gimna ia, y para la séptima examen de enseñanza teórica. Toda la diferencia entre semejante inspección y la instruc­ción de cada día, con iste implemente en que en t:des circunstan­cias el capitán presenta el completo de su fuerza, incluí dos los or­denanza , con el traje ordenado para la inspección, y entrega al coronel un estado que contiene todas las noticia que e le piden. Jamás estas inspecciones e pasarán por otro que no sea el jefe del regimiento. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILI'l'AR 391 Si dos oficiales di fe rentes tienen que pasar á una tropa el mi mo género de inspección, hé aquí cómo obran siempre de ma­nera que la tropa no sea inspeccionada dos veces sobre el mismo asunto. En la época de la in pecciones de batallón, en d mes de Junio, el comandante general de la di vi ión dará á los de brigada orden para inspeccionar los segundos batallones de su regimientos, re ervándose ver los primeros y terceros ó inver amente, y jamás un comandante general de división inspeccionará un batallón que lo haya sido ya por el de brigada. El mi mo principio se igue aun cuando se trate de la ins­pecci<') n de unidade5 tá ticas má considerables. Así, en 1a Guardia, cuyos regimientos y brigadas se presentan al Emperador mi mo, 61o el r :1 sará la inspección de brigada ó regimiento; pero como todos asi&ten á las que él pasa, es siempre perfectamente posible á cada Jefe de cuerpo aprovechar la ocasión para ver su tropa. Podrá uno quizás inclinarse á creer que un comandante ge­neral de división que no haya in-peccionado sino el segundo ba­tallón de un regimiento, no cst. rá enterado del mérito del pri­mero y tercero. Nada de e · to: los conoce tan bien como al otro, porque ha a istido á la in pección que hizo á estos batallones el jefe de la brigada, en las que escuchó las obse-rvaciones críticas finales, y quizá también haya sorprentfido así algún detalle que se le hubiera escapado con ocasión de su inspección particular. Y aun en las má elevada graduaciones de la jerarquía mili­tar e e fuerzan para no del\componer jamás la marcha regular de la instrucción, aprovechando para las inspecciones los días en que el regimiento se encuentre reunido en su campo de in trucción. Por lo que toca al Emperador, se comprende que no pueda stempre someterse á esta regla, pero en todo caso cuida de fijar el día de sus inspe ciones en lvs límites habituales de los períodos de in - truccion corre pondiente . V éa e cómo se dispone en la Guardia : el Jefe de E tado 1vlayor, despu és de poner ~ e de acuerdo con los jefes de regimiento, brigada, t:tc., formaliza una lLta de todas las inspecciones que debe p:1 sar el Empera dor, a igna ndo á cada cuer­po un día elegido de manera que di s traiga lo menos posib1e su ins­trucción. Este programa se somete en se g uid:-t á la aprobación de S. M., después de lo cual se litografi::t y ¿ : ~tribuye con profusión de modo que todos aquellos á qüienes la cosa intere s e pu e dan asistir á las inspecciones. Otro tanto se hace para to d a la inspecciores que se pa an en las di visiones, brig!!da - y regí mientos, púr sus jefes re. pectivos, etc. Se da cuenta al .E tad ·> iVl ayor del cuerpo de ejército, quien formaliza á su vez la lista general y la comunica al Emperador y á toda la guarnición de Berlín y us inmediaciones: resultado, que todo oficial que lo desee puede a istir á estas inspecciones, siendo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 392 B:)LETÍN MILITAR muchos los que aprovechan las facilidades que se conceden. EI mismo Emperador va con frecuencia á las inspecciones que pasan Jos jefes de regimiento, y en general también los oficiales genera­les van á las que pasan sus subordinados. En todas estas circunstancias se renuevan las escenas que ya hemos descrito. Los altos personajes no asisten más que como es­pectadores, muy atentos sin embargo, á la inspección, que cuidan de no turbar en nada, manteniéndose generalmente á distancia; pero yendo siempre á escuchar la crítica final. Así se encuentra mantenido el principio de independencia individual, á la vez que se desarrolla entre los oficiales la facultad de explicar abiertamente sus ideas, con lo cual todos ganan, pues además de sus observacio­nes personales, puede también aprovecharse de las de otros. Para todas estas inspecciones las tropas se disponen en orden desplegado, hasta el regimie11to inclusive. Las brigadas se forman casi siempre en columnas, como en el orden de reserva. En todo caso, el oficial encargado de la inlipección es el único que pasa por el frente de las tropas; ni sus superiores, aun cuando a i tan á la revista, ni sus subordinados, por más que le esperen sobre el terre­no, no inspeccionan las tropas antes ni después que él. Aun en aquellas revistas que pasa el Emperador, nadie recorre el frente de ]as tropas antes que S. M. Esta es una regla excelente, porque permite no llevar las tropas al terreno sino lo más tarde posible, Igual práctica se exige en ]o que concierne á los honores que se rinden. No se presentan las armas sino al oficial que hace la inspección ; para los demás, cualesquiera que sean, se concretan á mandar firmes. El estado oficial de la fuerza no se da sino á esta sola persona. Sin embargo, como puede ocurrir que el Emperador ó algunos oficiales generales asistan también á la reviHa, los ayu­dantes de regimiento y batallón se proveen siempre de algunos ejemplares que ponen á su disposición. Si durante la inspección aparece sobre el terreno algún oficia 1 de graduación más elevada que el que la pasa, este último manda firmes, y dejando la tropa en el orden de formación en que se en­cuentra, sale al encuentro de su superior, al cual le da parte de que "á tal cuerpo está pasando tal género de inspección;" ~eguida­mente, después de haber obtenido su autorización, continúa sus operaciones sin preocuparse más de la presencia de su jefe. Terminada la inspección, el oficial que la ha pasado reúne sus oficiales, hace su crítica, que vienen á escuchar .sus superiores, á los que, cuando ha concluí do, pide únicamente permiso para re­tirar su tropa. Tal es el aspecto general que presenta una inspección; aspec­to que no modifica en nada la presencia de cualquiera, sea quien fuere. Todo pasa dentro de cada jerarquía, con calma, sangre fría y sin agitación ni emoción aparente. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BULgl'f N ~llLI'rA R 39 El oficial que debe pasar una inspección no comunica el pro­grama á la tropas hasta la víspera; precaución muy útil y que excluye toda posibilid;~d de preparación especial. Una vez que se ordene una inspección, no se da contraorden sino en circunstancias sumamente excepcional-:s. El mismo Em perador se conforma rigurosamente á esta regla hasta el punt de que si por una razón mayor le es imposible pasar la inspección, delega para reemplazarle al comandante general del cuerpo de ejército, quien le da parte después del estado de las tropas. El so­berano no repite jamás una inspección así pasada, porque la per­turbación que resultaría en el programa general perjudicaría la marcha regular de la instrucción. Para las inspecciones de compa­ñía los oldados se presentan siempre con los efecto de número que desea examinar el jefe del regimiento: ordinariamente los efec­tos número I, porque el coronel ha tenido frecuentemente ocasiúr durante el invierno de ver lo otros *,pero las in pecciones de lo oficiales generales tienen lugar por lo regular con los efectos nú­mero 2 ó número 3, según el e tado del tiempo, á lo cual se pres­ta siempre la mayor atención. La autoridad superior da siempre el ejemplo de economía en este asunto, interesándose por econo­mizar en todas circunstancias el vestuario de las tropa, por lo qu no es raro ver algunos generales que la mañana misma de un día de inspección, hagan telegrafiar á un regimiento la orden de com­parecer con sus prendas usadas, por t~mor á que el mal tiempo es­tropeara las nuevas. Compréndese que con tales precaucione el vestuario del ejército se mantenga siempre extremadamente bri­llante, sf!gtín lo explicaremos más adelante. Con el objeto de con­servar la bayoneta nunca se pone ésta en el fusil en los ejercicios, inspecciones ó paradas, ni aun para montar las guardias. Tiene esto además la ventaja de hac~r comprender á los soldados que no de­ben jamás hacer fuego con el sable-bayoneta, el cual hace desviar la bala, da más peso al arma y se deteriora bajo la acción cie los gases de la pólvora. No se pone, pues, la bayoneta más que para determinadas facciones de noche, ó bien para desfiles, formar el cuadro y dar una carga, y en las revistas ó maniobras solamente en las ejecutadac; en presencia del Emperador. En todos los ejercicios inspecciones ordinarias, basta con simularlo á la respectiva voz de mando. Todas las inspecciones, y fuera de esto, la mayor parte de los ejercicios tmpiez.an siempre con un desfile. Se obra así porque se juzga que los soldados han de desfilar mejor y más correcta­mente cuando no se les ha fatigado todavía. Un buen desfile se considera para el soldado como la más difícil de todas las manio­bras, y por consiguiente como un criterio infalible para juzgar de la firmeza de una tropa. • Ya hemos dicho que el soldado prusiano t" ene comúnmente hasta seis jue¡na ele dectes de veatuario, los cuales tiene numeradoa e 1 ielie.-(N. ele! T.) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 394 BOLI<.;Tll'i ~IlLl'l.All Nunca se determina con jalone la línea del desfile; esta pre­caución parece superflua, y se requiere la atención de lo oficiales colocado en las alas para regular la marcha sin ayuda alguna exterior. Aun en las grandes paradas en pr '= e ncia del Soberano, se ob­serva el mi · mo principio, concretándose á de tacar en la vanguar­dia dos oficiale· a las órdenes, que se colocan á derech:1 e izquier­da del Emperador, sobre la línea que Jebe eguir el flanco de la columna. Una. observé..ción general que debe hacerse sobre estas ins­pecciones, es que si bien en ellas e ejecuta siempre cierto nú­mero de movimientos reglamentarios para apreciar la destreza y agilidad de la tropa, no se detienen mucho tiempo en esto, pasán­dose bien pronto á la solución de cualquier problema táctico plan­teado sobre el mi mo terreno. Al proceder de este modo, el inspector puede juzgar á la vez oel grado de la instrucción militar de los soldados y de la inteli­gencia de su jefe, pudiendo asegurarse de qué manera éste y sus oficiales sabrían tomar, en ca o de necesidad, una re olución y eje­cutarla. A í, por ejemplo, en una in pección de batallón despues del desfile, algunos cambios de formación y marchas en línea, el 'efe de la brigada plantea al del batallón el problema siguiente: "Su batallón de usted marcha en columna de viaje aislada­mente y sin contacto con otras tropas. Al llegar á cierto punto, usted sabe que una posición que se encuentra sobre su camino está ocupada por el enemigo, y usted se decide á atacarle para po­der continuar su marcha." El jefe del batallón dispone al momento su tropa en d orden de marcha. Destaca una vanguardia, retaguardia y exploradore á los flancos. Luégo se lanza al galope hacia u vanguardia para ob­servar á distancia al enemigo representad por los músicos del regimiento que el ayudante de la brigada ha colocado al efecto. T'oma entonce su disposiciones para hacer un ataque de frente, y tambien, ~i el terreno se presta, un ataque de flanco. Todas las órdenes y explicaciones se dan en pre encia del in pect r, quien se ab tiene por principio de intervenir en nada, re ervando todas sus observacione para el fin de la in pccción. Al tet minar el capítulo cle las inspecciones no será quizá fue­ra de lugar decir aquí algunas pal a bra obre las revistas dt parada. N o se con ideran como inspecciones, puesto que no permiten en modo alguno juzgar del e tado de la instrucción de las tropas, y más bien pre entan el carácter de solemnidades militares, y como tienen además el inconveniente de su traer mucho tiempo á la instrucción de las tropas, el jefe las evita con el rrayor cuida­do. En la Guardia, como ya lo hemos dicho más arriba, no hay cada año más que una gran revista de parada, al fin de lo ejercí· cios de primavera. U na se pasa, además, al comienzo de las gran- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN 1\'UJ ... ITAR 395 des maniobras, en el mismo punto de reumon de las tropas que deben tomar parte en ellas, pero solamente cuando el Emperador asiste en persona, porque de otra manera la mayor parte de los co­mandantes generales de cuerpo de ejército no la pasan. En virtud del mismo principio, es decir, el de no interrum­pir la in trucción de las tropas, no se hace a istir á la gran parada de Berlín sino á los cuerpos que tienen su guarnición en ]a capital. Los regimientos estaciouado en las inmediaciones, aun cuando pertenezcan también á la Guardia y formen parte de las brigadas y divisiones que han de concurrir á la parada, no dejan jamás su guarnición. No se quiere di traerlos de sus ocupaciones durante un tiempo que sería necesariamente mucho más largo que para lo regimientos establecidos en Berlín. No hay más excep­ción que para los dos regimientos de Spandau, y esto únicamente porque dichos regimientos se encuentran precisamente en Ber­lín en esta época del año, porque van á pasar allí algunas sema­nas para ejecutar una parte de los ejercicios de prima vera, de con­ciert con los regimientos de sus brigadas respectivas. La víspera de ]a parada, un oficial de Estado Mayor se encar­ga de preparar el terreno, marcando con un pique te el ala derecha de cada regimiento y batallón. Hecho e to, las cosas se suceden al día siguiente con una calma y sencillez notables. Habiéndose fija­do la parada á las once de la mañana, se ve á las diez solamente llegar al terreno los jalonero , á razón de uno por batallón, batería ó regimiento de caballería. E tos jaloneros son los mismo hom­bres que la víspera han preparado el terreno en compañía del capi­tán de Estado Mayor. Pocn después llega este oficial, y á una señal suya, cada hombre va á colocarse cerca de su piquete, ali­neándo' 5e por RUS inmediato . El oficial rectifica el alineamiento, y en menos de media hora todo e tá dispue to. A las die?_ y media apareció sobre el c.1mpo el primer regimiento, y á las diez y tres cuartos se formó el último eH línea. A las once menos veinte mi­nutos llegaron los generale con mando en las tropas, y un poco más tarde lo- que iban á asistir á la parada: por último, á las once en punto apareció el .Emperador en compañh del Rey de Suecia. N a die antes que el soberano había pasado por el frente de las tropas. Él mismo lo recorrió al paso, según el. uso universalmente observado en Alemania, con el fin de juzgar mejor de la regulari­dad de las formaciones. Y i bien Jos regimientos no llegaron al terreno sino con una media hora de anticipación al comienzo de la parada, puede decirse que la precisión de su alineamiento era verdaderamente notable. Por lo demás, se cuida riguro amente de que las tropas no lleguen demasiado pronto al terreno, para luégo mortif.carlas allí inútilmente durante muchas hora . No faltan ejemplos de duras reprensiones dirigidas á jefes que no se sujetaron á esta regla. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 396 BOL'li~TÍN MJLIT.A.R. Se exige también que los jefes de batallón sepan alinear con prontitud su tropa sobre las demás, tanto más cuanto el apoyo de su ala derecha les ha sido claramente indicado. Si algún regi­miento ó batallón no está bien alineado, nadie sino su jefe es res­ponsable, y así se consigue que cada cuerpo se coloque por sí mismo de una manera perfectamente regular. Nada causó mejor impresión que la calma y el orden, que no cesaron de reinar, tanto en el momento de la reunión de las tropas. como durante todo el tiempo de la parada. Todos los oficiales de Estado Mayor del cuerpo de ejército permanecieron como meros espectadores en la comitiva de su jefe, quien no tuvo desde el principio hasta el fin una sola orden que dar. Antes de la parada un plano litografiado que indicaba el pues­to de lac; tropas y de los oficiales, se había distribuído á todos los jefes de cuerpo. Cada uno de ellos, ajustándose á él, sabía, pues, exactamente, lo que tenía que hacer. Siempre existe, como se ve, el mismo principio tan c-aracterí tico de independencia completa, y en compensación, de responsabilidad entera, dejadas á cada uno en los límites de su esfera de accion. Nos resta decir alguna palabras ::le la revista de detall (muste­rung), que no e verific.t sino cada tres ó cuatro años, al pnncipio del verano. Es, ante todo, una revi ta del material, y no cuestión de exámenes ó ejercicios. Antes de la revista aparece casi siempre una orden qu~ indica ~u marcha detal :ada. El general inspector* va acompanado de un funcionario de la intendencia y de un maes­tro armero para el examen de las cuestiones que se refieren á su especialidad. Estas revistas generalmente son muy largas, y los regimientos se preparan para ellas con un año ó más de anticipa­ción. El inspector e tá obligado, en eft-cto, á examinar todo lo que constituye el material del cuerpo, tanto al pie de paz como al de guerra; y se pasa la revista, no superficialmente, sino pieza por pieza hasta el último botón. E ta inspección no se refiere, sin embargo, sino á los ob­jetos que constan en los estados reglalllentarios. 1 odo lo que el cuerpo haya podido economizar, por un medio cualquiera, queda como propiedad suya particular y no se somete á examen alguno. Así, por ejemplo, según los reglamentos, cada regimiento debe puseer lo que se llama lagarniture (equipo) de guerra*, esto es, los ef~ctos de vestuario y equipo para un efectivo de siete batallones y medio; el todo dispuesto en absoluto á prestar servicio, y además de esto, una sola garniture de paz. 'l'odo ello se examina; pero en cuanto á los efectos números 3, ~h 5 y algunas veces 6, nadie tiene que verlos, en atención á que el cuerpo no ec;tá de ningún modo obligado á poseerlos, }' si existen, es gracias á los procedimientos de ad- • Que es, como hemos dicho, el jefe ele la brigada. • Lo a prusianos designan con el n:>mbre de gar11Uure un juego completo de efectoa. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 397 m1mstracJOn del regimiento. Estos constituyen ]a propiedad parti­cular de cada compañía. Por lo demás, volveremos á dar detalles sobre este asunto. La inspección de las armas sólo se verifica cada diez ó doce años. Se refiere á las armas y sus accesorios, y se pasa por un ofi­cial superior designado especialmente á este efecto por el Ministro de la Guerra, que manifiesta cada añ.o los cuerpos cuyas armas de­ben sufrir la revísta.-(Continúa). HISTORI.f.__ PARA LA S MEMORIAS SOBRE COLOMBIA Y LA NUEVA <..RANADA (Coutinuación ) El cruel desengaño que Barreiro recibió en Casanare, la disminu ­ción de sus fllerzas, causada por el género de guerra adoptado allí, la moral que había creado mi división, el estado en que se hallaba, las noticias favorables que recibí del iuterior de la Nueva Granada, y Jo¡ informes verbales que dio el General Lara decidieron á Bolívar, que estaba en Manteca! á orillas del Apure, á emprender una catnpaña so­bre el Virreinato, reuniendo sus tropas á las mías, á desrec ho de loa obstáculos que presentaban las inundadas llanuras del Arauca, y la des­nudez del ejército. Esta reuni6n, precursora de tantos días de gloria, se verific6 en Pore, capital de Casanare, el día 28 de Junio de 1819, ha­biendo yo presentado 1,200 hombres armados de fusil y 6oo llaneros montados. Aquí debo mencionar que, estando en Casan are antes de la in va­sión de Barreiro, recibí órdenes para nombrar Diputados al Congreso de Guayan a, que debía instalarse el 1 5 de F~brero de 1 819, ylse nombra­ron en efecto por Casanare á los señores Zea, Salazar, Vergara, U ribe y M uñoz, instruyéndoles que! salvasen siempre los derechos de la N ue­va Granada para cuando fuese libertada. Cuando recibí otras órdenes para reconocer la autorid td del Congreso, y la de Bolívar como Presi­dente de Venezuela, lo ejecuté al frente de las tropas declarando que este reconocimiento lo prestaba entre tanto que no eHuviesen libres las Provincias granadinas, á las cuales tocaba deliberar sobre su futura suerte. Conservo el documento respectivo, escrito de letra del General Antonio Morales, que servía en mi Estado Mayor. Apenas supe la resolución de Bolívar de mc..rchar á unirse conmigo en Casanare para obrar sobre Santafé, envié con el Capitán Ramón Zapata (hoy Coronel) á los pueblos oprimidos por los españoles la si­g'Jiente proclama, que, como es bien notorio, fue conocida de ellos y produjo un entusiasmo general en la capital y en las provincias, no obstante las medidas de precaución de las autoridades españolas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 398 BOLETÍN MILI'rA& FRANCISCO DE PAULA SANTANDER del orden d~: los Libnladnres, GP11eral de Brigada de los Ejércitos de 1-'enezuela y Co­mandante en Jtfe de la P(lnguardia dtl Ejérrito Libertador de la Nuev1t Grauadrs ¡Granadinos! El momento de vuestra libertad ha llegado. La in­trépida vanguardia de un poderoso ejército marcha bajo mis órdenes á despedazar vuestras cadenas y á vengar lo3 ultrajes recibidos del bár­baro español. Alentáos, y reunid y reunid por un instante vuestros es­fuerzos á los nuestros : en un instante de vigor y de actividad vais á recobrar el dón más precioso del cielo, que !>Óio la seducción, ia intriga y la perfidia pudieron arrebataros. Las arma de la independencia triunfan por todas partes. En México, en Chile, en el Perú, en Lima misma acaba de obtener "icto­rias decisivas de la libertad de América; Venezuela, la heroica Vene­zuela va á fijar su de tino, de pués de haher pulveri7.ado el mayor ejér­cito espat1ol que ha salido de la Península. Sólo vosotros, granadinos, aún gcrn1s e11 la servidumbre. Mas no durará muchos días tan triste condición. El ilu tre Bolívar aparecerá triunfante en vuestro territorio seguido de gran número de bravo , que han jurado no envainar su espada mientra existan tiranos. Entre tanto, los tiranCJs de Chile y Bue­nos Aires libertan las Provincias de la desventurada Quito. Compatriotas : Vuestro honor, vuestra felicidad reclaman impe­riosamente vuestra más eficaz cooperación. El ejército que mando se compone de vuestros hermano--, de vuestros parientes y de vuestros amigos. Yo mismo oy uno de vosotros. No tenemos codos otra ambi­ción que re tituiro!> al goce de vuestra libertad. Ausente de vosotros, oyendo siempre el ruido triste de vuestras cadenas, no he tenido otro consuelo que ver cubiertos los campos de Venezuela con los cadáveres de los bárbaros que os subyugaron. ¡ A las arma·, compatriotas ! Venganza contra el fiero espafiol que ha derramado la sangre de nue tros m 8s ilustres ciudadano, y ha asola­do nuestro país. Reuníos á las tropas de m1 mando, contribufd vosotros mismos á libertaros : reuníos pronto, y marchad sobre el miserable resto de bandidos que profanan nuestro territorio. Venid seguros de que el suceso coronara vuestros esfuerzos. C:.~artel general de vanguardia en Manare, á 2+ de Mayo de I 8 19-9'! FRA 'CJ-CO DE PAULA SANTANDER Precediéndonoc: esta proclama, y nuevamente nombrado Coman­dante de la vanguardia del ejército, salió todo él de Pore por el camino de Paya, y habiéndose atrasado la retaguardia, que mandaba el intrépi­do General Anzoátcgui, tocó á la vanguardia forzar este paso ocupado por el enemigo, que fue después denominado Los 'Termópilas de Paya. En la traducción que recientemente se ha publicado en esta ciudad del artículo Colombia de la Enciclopedia britá11ica, se ha hecho ya mención de un hecho importante, que hubo interés de parte de Bolívar en no mencionar y del cual existen todavía testigos oculares. Ocupado Paya Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍK lt.lLfTA k 399 por mi división, la de retaguardia 'vivaqueó en el llano de Miguel con el cuartel general, por no haber podido las tropas venezolanas marchar hasta dicho Paya. Con el Capitán Freytcs, edecán de Bolívar, recibí una carta llamándome al expresado vivac para conferenciar sobre la posibilidad de continuar la campaña haci n contra los enemigos dominadores de la Nuc"a Granada, que retro­ceder á lo Llano , y que la di visión sola debía seguir adelante Y o pasé el día siguiente al llano de Miguel, y allí nos reunimos á conferenciar el General Bolívar, los Generales Soublcrte y Anzoátegui, los Coroneles Lau y Salón y yo. Bolívar nos manifestó la desnudez de las tropas, y el mal estado en que se hallaban con sólo un día de marcha por la cor­dillera ; las penalidades que se les esperaban al pasar lo más elevado de ella, donde una nevaci'l p0día concluír con el ejército, la falta de caba­llos y el disgusto de los llaneros de marchar por un país montañoso; no hizo ver que si en tal conflicto el enemigo se colocaba al pie de la cor­dillera, y retiraba los recur' os que podrían servirnos, nuestra destrucción seda completa, y que en tal situación era mejor retroceder para inten- . tar por GuJ.dualito una incursión por el valle de Cúcuta. Yo me opuse á este plan con cuantas razones me sugirieron el conocimiento del te­rritorio y mis deseos de libertar á mi patria, y por fortuna me apoyó muy bien el CoroPel Lara: al fin propuse que para salvar las tropa venezolanas, que eran las que habían estado haciendo frente á ]as de Morillo en el Apure, yo atravesaría la cordillera con mi división, reco­nocería el terreno, obser..-ada si el país tenía recursos, me informaría de la opinión de los pueblos, y resisriría al enemigo si estaba apoderado de los puntos por donde debíamos entrar en la Provincia de Tunja; que si éramos destruídos, las tropas de Venezuela quedaban intactas para seguir obrando, como antes lo habían hecho, sin contar con las que yo tenía en Casanare; pero si, al contrario, la campaña presentaba una per - pectiva lisonjer.· , todos reunidos la seguiríamos hasta lograr el objeto. El General Anzoátegui, que tenía la creencia de que era capaz de ha­cer lo que cualquier otro hiciera, ofreció también ejecutar lo mismo que yo proponía, y de este modo logramos hacer cambiar de plan á Bolívar. Nuestros primeros encuentros parciales con el ejército enemigo en la Provincia de Tunja, no fueron fdices : una compañía de mi di­visión fue batida en Gámeza, y una partida de caballería de la de An­zoátegui dispersada en Cornles. Pero en el puente de Gámeza comen­zó á sentir Barreiro que estaba lidiando con hombres muy decididos á vencer á todo trance. Mi di visión sufrió mucho en esta jornada ; y() perdí entre otros, los Oficiales Arredondo Lobo Guerrero y Gómez. Por no ser difuso en estos apuntamientos, no inserto el Boletín de Gá­meza y el de Vargas, donde se hizo la justicia debida á la vanguardia y al Jefe que la mandó en estas batallas. Sin embargo, la gloria de Vargas pertenece al Coronel Rendón y al Teniente Coronel Carvajal, ambos de los llanos de Venezuela. A ningún otro se concedió, sino á ellos, en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 400 BULE'l'IN MlLl'l'A.R a-queL glorioso día, el renombre de valientes. De las compañías británicas se hizo honrosa mención en el Boletín del ejército. La batalla de Boyacá nos puso en posesión de la capital del Yi­reinato. Nuestra pérdida ea este día no alcanzó á 20 hombres en todo 1 ejército, y la mayor parte los perdió mi división, porque, como lo expresa el
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 144 y 145

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 143

Por: | Fecha: 17/03/1900

AN"OlV Bogotá, Marzo 17 de 1900 NUM. 143 --~·~-- ORGA O DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIR~CTOR AD-HONOR'I':M, FRANGJSGO J. VERGARA y V. General, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República O ICIAL D:mo~.~ero NU'M~?.O 661 :CE 1900 , ( 12 DE MARZO) por el cual se otorga una gracia El Presidente de la República CONSIDERA N 1.>0 Que es un deber de todo Gobierno civilizado reconocer los esfuerzos y estimular el patriotismo de sus servidores ; Que, por regla general, los ciudadanos que inmolan su vida en defensa de la causa de la Legitimidad, se ven obligados á aban­donar el hogar y mueren dejando á sus familias en orfandad com­pleta; y Que ya está sentado el precedente de que á la familia de todo militar que rinde la vida en servicio del Gobierno, éste le recono­ce, como alivio inmediato, el sueldo que correspondía al respectivo deudo, DECRETA Art. 1.0 Los deudos de militares ó de individuos que, hacien­do parte del Ejército ó de la Marina de la República, hayan muer­to ó mueran en la presente guerra por cau a del servicio, y carez­can de bienes de fortuna, disfrutarán, en calidad de recompensa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 322 BOLETÍN MILITAR provisional, del sueldo de que gozaba el finado, desde el día de su fallecimiento, sin perjuicio del derecho que les asista, conforme á la Ley 194 de 1 896. Art. 2.o Los deudos favorecidos por el presente Decreto son los comprendidos dentro de los grados de parentesco señalados en la citada ley para la asignación de recompensas. Art. 3· 0 En cada caso, previas las comprobaciones de muer­te, etc., que el Ministerio de Guerra crea conveniente exigir, éste dará las órdenes necesarias para que en la Pagaduría Central se cubran los sueldos respectivos en la forma usada para el pago de las radicaciones militares, las que continuarán pagándose á los agra­ciados mientras aparejan los precitados comprobantes. . Art. 4.o El derecho para cobrar los sueldos de que se trata cesará tan pronto como el Congre o re uelva si hay lugar ó nó al pago de pensión ó recompensa á los interesado~, ó estos hagan uso del derecho que les confiere la ley sobre la materia. Art. 5.0 Los deudos de los individuos de tropa muertos en servicio del Gobierno, en las mismas circunstancia:-; de que tratan los artículos precedente , tendran derecho á que se les abonen por el Ministerio de Guerra, por ur1 ola vez, las raciones que hu­bieran corresp ndido al finad en el término de ei meses. Las reclamaciones de esta especie serán <::levadas por conducto del Es­tado Mayor generalísimo, quien les dará curso inmediato, rindien­do los informe de su incumbencia. Art. 6.0 Los gastos que oca ione el presente Decreto se im­putarán al capítulo 41, artículo 249, del Pre u puesto vigente. Comuníquese y publíquese. Dado en Tena, Departamento de Cundinamarca, á 12 de Marzo de I 900. MANUEL A. SANCLEMENTE El Ministro de Gobierno, PAFAEL M. PALACio-El Mi­nistro de Relaciones Exteriores, CA.R LOS CuERvo MARQUEZ­El Ministro de Hacienda, CARLOS CALDERON- El Ministro de Guerra, JosE SANTOS - El Ministro del Tesoro, MARCE­LIANO VARGAs-El Ministro de Instrucción Pública, MARCO F. SuAJ.tEZ. Conferencias de los Oficiales de la Misión Francesa SERVICIO DEL CAÑÓN DE MONTAÑA (Continuación) DESCARGAR EL MATEil IAL 7· Antes de hacer descargar las mulas el instructor las hace colo­car en hilera, la mula de cureña á tres metros de la de ruedas, ambas Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETÍN MILITAR 323 dando frente hacia adelante, la mula de pieza á tres metros de la mula de ruedas con frente á retaguardia, y la mula de cajillas á ocho metros de la mula de pieza, dándole frente. Los primeros sirvientes á la altura de la mula de pieza, los segun­dos sirvientes á la de la mula de ruedas, los terceros sirvientes á la de la mula de cureña, todos dando frente á donde quede la cabeza de las mulas. El primer sirviente de derecha se coloca á la izquierda de la mula de pieza y el primer sirviente de izquierda á la derecha; los otros sirvientes se colocan del lado de sus puestos con respecto á las mulas de ruedas y de cureña. DESCARGAR LA MULA DE RUEDAS 8. Remmn1 de ltl maniobra-Deshebillar la limonera y las ruedas. Quitar la limonera y las ruedas. Colocarlas en tierra. Quitar la palanca y los frenos. Para hacer descargar la mula de ruedas el instructor manda: 1. 0 Prepílrtnse tÍ dncargar la mula de rued(u; 2. 0 DeJCarguen la mula dt ruedaJ. A la voz prep áreme ti dncarg,¡r la mula dt ruedru, los terceros sir­vientes 'e sitúan á paso de trote cerca de la m u la de ruedas, los segun­dos y terceros sirvientes deshebillan la limonera y después las ruedas, los terceros sirvientes colocados cerca de la cabeza de la mula. A la voz deJCargum la mula de rucdaJ, Jo terceros $Írvicntes quitan la· limonera, el escobillón y la palanca de repuesto, y los colocan en el suelo, la cabeza de la limonera tres metros hacia atrás, los brazos á la altura de la grupa de la mula. Los terceros sirvientes quitan las ruedas y las colocan en el suelo detrás de ellos, recostadas sobre el pequeño cabo del cubo. Las llevan después cerca de la mula de cureña y se colocan á la altura del eje. Los segundos sirvientes quitan los frenos, el segundo sirviente de derecha quita además la palanca, que coloca sobre la limonera. Ambos se acercan á la mula de curctía y se colocan frente á la grupa de esta mula. El conductor de la mula de ruedas sitúa su mula descarghda á un metro atrás de la mula de cajillas. DESCAR..GAR LA MULA DE CURERA 9· Rnumen de la matJiobra-Deshebillar la curefia. Bajar la cure­fia. Poner la contera en tierra. Sostener la cabeza de curefia. Volver á colocar las ruedas. Levantar las sobremuñoneras. Para hacer descargar la mula de cureña, el instructor manda: x.o Prepárenu á dncargar la mtJltl de cureña; 2.0 DeJCargrun la mula Je c11reña. A la voz prepáreme á deJCargar la mula de cureña, los terceros sir­vientes deshebillan la cureña y agarran, cada uno de su lado, los pesoncs del eje, dando frt!nte á la grupa de la mula; los segun.dos sirvientes aga­rran la contera. A la voz dncarguen la mula de confl'ra, y á la indicación alcen, he­cha por el segundo sirviente de derecha, todos levantan la cureña y la colocan entre las ruedas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 324 BOLETÍN MILITAR Los segundos sirvientes colocan la contera en el suelo (el segundo airviente de derecha coloca el pie so~re la contera para impedirle que resbale), el segundo sirviente de Izquierda se coloca junto á .a cabeza de la cureña y la sostiene con ambas manos. Los terceros sirvientes quitan los pernos y las arandelas. colocan las ruedas y vucl ven á colocar las arandelas y los pernos. El segundo sirviente de izquierda levanta las sobremuñoneras y vuelve á ocupar su puesto á la altura de la contera. El segundo sirviente de derecha agarra la palanca de culata, el lazo y el escob.ll6n y se sitúa detrás de la mula de pie:.a . Los terceros sirvientes ocupan sus puestos cerca de la cajilla de izquierda. El conductor de la mu.a de cu­reña lleva su mula á un metro atrás de la mula de ruedas. DEiCARGAR LA MULA DE PIEZA lO. Re1umen de la maniobra-Quitar el tapaboca y el ta_ aculata. Colocar la palanca y el escobillón. Levantar la pieza. Colocarla sobre la curelia. Volver á colocar las sobremuñoneras. Para hacer descargar la mula de pieza el instructor mmda: 1 .o • Prepárenu á deuargar la mula de pieza; z.o Deuarguen la mula de pieza. A la voz prepáreme á dncargar la mula de pifza, los prioeros sir­vientes quitan: el de derecha el tapaculata, el primero de izq ierda el tapaboca, que coloca en la cureña junto con el tapaculata que recibe del primer sirl'iente de derecha, y deshebillan la pieza. El primer sirviente de derecha coloca la palanca, que le pasa el segundo sirviente de dere­cha, debajo de la culata y Ja agarra con ambas manos. El p imer sir­viente de izquierda amarra la culata á la palanca con el lazo, y la agarra con ambas manos. Los primeros sirvientes dan frente á la grupa de la mula. El segundo sirviente introduce el escobillón en el ánima, el ataca­dor hacia afuera y lo agarra con ambas manos. A la voz deuarguen la mula de pieza, y á la indicación alcm, hecha por el segundo sirviente de derecha, todos levantan la pieza y la colo­can sobre la cureña, haciéndola pasar por encima de la rueda derecha. El segundo sirviente de derecha coloca las sobremuñontras, saca el escobillón del ánima y vuelve á ocupar su puesto. El primer sirviente de izquierda suelta el lazo, coloca 1 alza en au canal y vuelve á ocupar su puesto. El primer siniente de derecha va á colocar la palanca sobre las mufioneras, saca el tirafrictor y ocupa su puesto. El segundo sirviente de izquierda baja el tornillo de puntería y vuelve á su puesto. El conductor de la mula de pieza la sitúa un metro a:rás de la mula de curefia. DESCARGAR LA MUI:A DE CAJILLAS 1 1. Para hacer descargar la mula de cajillas el instructor manda: J .o Prepáreme á deuargar la mula de cajilla1; 2. 0 Deuarguen lJ mula dt cajillas. A la voz prepá,-enu á deuargar la mttla de ca} illa1, los primeros sirvientes se acercan con rapidez á la cajilla de su lado, lo: tercero$ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 325 sirvientes deshebillan cada uno del lado de su hilera la sobrecincha. Todos agarran las empuñaduras, los sirvientes de izquierda la más próxima á la cabeza de la mula. A la voz descarguen la mula de cajillas, y á la indicación alcen, he­cha por el tercer sirviente de derecha, todos quitan las cajillas descol­gando las cadenas y las colocan á la derecha y á. la izquierda de la mula. Los primeros sirvientes vuelven á la pieza. Los terceros sirvientes entran á sus puestos. CARGAR LAS MULAS 12. Antes de hacer cargar las mulas, el instructor dispone todo el personal corno está prescrito en el número 2. Para hacer cargar simultáneamente la pieza, la cureña, las ruedas y las cajillas, el instructor manda: cargue11 las mulas. A la vuz cargue• ltu mulru, los conductores de las mulas de e u re fía y de pieza colocan con rapidez sus mulas en el puesto indicado para la carga, pasando á la derecha de los elementos á pie firme; el conrluctor de la mula de ruedas sitúa la suya fre11te a frente de la de pieza y á un metro de distancia, lJsta para colocarla entre las ruedas cuando se alce la cureña; el conductor de la mula de las cajillas coloca la suya entre las cajillas. Los artilleros ejecutan sucesivamente y sin interrupción los mo,_­mientos rrescritos para cargar las mula5. Cuando ha conduído la carga, la mula de pieza da media vuelta y todas las bestias estrechan la distan­cia hasta reducirla á un metro. DESCARGAR LAS MULAS 1 3· Antes de hacer descargar las mulas el instructor iispone todo el personal como está prescrito en el número 7· Para hacer descargar simultáneamente las cajillas, las fuedas, la cureña y la pieza, el instructor manda: de.scarguen las mulas. A la voz descargum las mulns, los artilleros ejecutan sucesivamente y sin interrupción lo que está prescrito para descargar las mulas de ruedas, de cureña, de pieza y de cajillas. ENGANCHAR LAS MULAS DE Pll!:ZA Y DE CUREÑA 14-· Estando la pieza armada con su limonera, los sirvientes en sus puestos y las mulas en hilera detrás de las cajillas como queda dicho en el número z, para ejercitar los artilleros á enganchar las mula~ de pieza y de cureña, el instructor manda, después de haber hecho girar á la pieza: tngandeJI las mulas. A est 1 voz los conductores de las mulas de pieza y de cureña traen sus mulas hacia adelante, en la dirección de la limonera, la mula de cureña delante de la mula de pieza. Cuando están dispuestas, los se­gundo!- ó sirvientes hacen adelantar la pieza cou la ayuda de los primeros sirvientes, que se aplican á las ruedas como para el movimiento á brll­zo tÍ retngt.~t~rdia. Los segundos sirvientes colocan !os brazos de la limo­nera en los sostenes de la sobrecincha y cierran las hebillas de las correas de retranca pasándolas por los grampones de atrás. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 326 BOLETíN MILITAR El segundo sirviente de izquierda baja lo más que se pueda el tor­nillo de puntería. El conductor de la mula de pieza quita los contrafuertes de la pe­chera de los anillos del basto y los asegura á los grampones de los extre­mos de ]a asa de l a limonera. El conductor de la mula de cureña quita los contrafuertes de la pechera de los anillos del basto, desarrolla los cables y los engancha por la argolla á los ganchos de tiro de la limonera, empezando por el cable derecho; después hace templar un poco los cables. Los primeros y segundos sirvientes vuelven á ocupar sus puestos y dan frente al mismo lado que las mulas. Cuaudo se enganchan las mulas, el segundo sirvienre de izquierda engancha la cadenita á la cadena de la clavija para impedir la salida de ésta de su alojamiento durante la marcha. DESENGANCHAR LAS MULAS 1 S· Para hacer desenganchar las mulas de pie7.a y de curefia, el instructor mand:1: dtJtngtlluhen !aJ mulaJ. A esta voz el conductor de la mula de cureña hace retroceder su mula, desengancha los cables, los enrolla y los cuelga á los ganchos de atrás del basto, después hace adelantar su mula tres metros y vuelve á asegurar el contrafuerte de la pechera á los anillos del basto; el con­ductor de la mula de pieza de hebilla los contrafuertes de la pechera, los quita de los grampones y vuelve á asegurarlos á los anillos del basto. Los segundos sirvientes deshebillan las correas de retranca, las quitan ae los grampones de tiro y vuelven á cerrarlas, sostienen la li­monera y sacan los brazos de lo sostenes de la sobrecincha mientras que el conductor hace adelantar su mula. Después ponen la contera en el suelo. Los primeros y segundos sirvientes vuelven á ocupar ~us puestos frente á la pieza-(Co1Jtinúa) AO!.A~AOION Bogotá, Marzo 12 de 1900 Sr. Director del Boletín Militar-E. S. D. En el número 142 de su importante semanario, correspon­diente al 10 del presente, en la sección Oficial, Crmfirencias sobre el servicio del coñón d1. montaña, transporte del material á lomo de m u la, se enser. a que según lo previene el reglamento francés sobre la máteria, levantarán la pieza y la conducirán sobre la mula tres sirvientes, cosa impracticable entre nuestros soldados, por no tener las condiciones de estatura y de fuerza que se requieren en los ejércitos europeos para ser artilleros. En la práctica he tenido que hacer ejecutar la maniobra de cargar las mulas del modo siguiente: Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 327 C1rgar la mufa de pieza-Los dos primeros sirvientes y el segundo sirviente de la derecha ejecutarán los movimientos que previene el reglamento francés; el tercer sirviente de fa derecha tomará la palanca de caña, la pasará por deb1jo de la parte cónica de la pieza, lo más cerca p ible de las muñoneras, la asegurará con una cue.·JJ. como la palanca de culata, y á la voz de alcen ayudará á levantar la pieza y á cargarla sobre la mula como está prescrito en el reglamento. Cargar fa mufa de curtña-Los segundos y terceros sirvientes ejecutarán la maniobra como e tá prescrito, los primeros sirvientes se colocarán al lado d'! la cureña, en us respectivos puestos, para ayudarla á levantar por las gualderas á la voz de alcen y colocarla sobre la montura. El sistema para cargar las mulas de ruedas y de cajillas no ofrece dificultad algtlfla en la práctica. Me he tomado, Sr. Director, la libertad de hacer estós indi­cacione , para que us ted, i lo e tima convenientr., lo haga poner en práctica en las mAniobras que juzgo se ejecutarán en el Cuer­po de Artillería de esta ca pi tal. Quedo del Sr. Director afectísimo seguro servidor y amigo, JO!É M. FORERo Antiguo ComandantE: de batería • • SECCION DOCTBIN AL SEG6N ARD .\~T DU PIC *. LO .i\10RAL Y LO MATERIAL La acción de un ejército, de una tropa, sobre otra fuerza es á un tiempo moral y material. La primera es su potencia destr~c­tora; la segunda el temor que inspira. _• El C ~ tOn e l fnn cés~ autor de los e turltos. que hoy vertemos libremente 11 } espanl)l, rnun6 en 1 70 baJO lo · mur_o de .:\fetz, y apen¡¡ s lo dejó en borrador; pero c~Hno fuer o n pro lucto d e s ~ lll i! S d octrm;L , lu · añ o ~ h ·m pn arlo sobre ellos, in inuti­lizarlo en lo g e n e r.d. D e s .. g uro e_l va le ro o j e f e fr a n é.-, si en sn trab¡¡jo pensó an tes ~t las b 'l t.·d_l a c¡u l! en es .t t rá gt ca gn •rra "t:tn 16 B ,t z ·line. cl eb16 sufrir tortura~ h o r11hle:;; y VIVIr h~r;ts lllllY . o nbrías en prescnci·t de lo c>rrores de l manclo y dt> la falsa t eorí t qu y_nvaba e u 6 - te: la de las guerra corta , c o n la nece ühd ele gran­~ es b n_ta_ll_'l~ de '1St vas c omo con ecuPnci 1 d e l p e rfe c cionamiento de la ~ armas y la Il?fH>slbtltd t d de cl c r~otar á qt~i e n ocup t rt hta e n as po si ciones, sin contar la ignor:Jil­c~ a del cálc ulo c. pe-:_• •tl q ••e n ~e lo r e ff: rentc á la gu rra . Un j efe incap¡¡z y ~ubor­dtnaclo -. _tfli C nr! k. th 'l tl e r. z aga, e¡ , frente d e hombres expE· tto-. en u ofi .: io; fa ltos del esptl'ttu de t ll l ciatlv.t. r~· e nplazado por !-.iugular pu ilanimid:ül moral, de ec;a que no excluye el valor per on tl, y que contrastaba con lo procedere. de los jefes ad- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. s28 BOLETfu MILITAR Ahora bien: en el combate accionei morales, más aún que materiales, entran en juego y tri un fa la más fuerte: de ordi­nario el vencedor pierde por el fuego mayor número de hombres que el vencido, porque la acción moral no se presenta en razón directa de la potencia destructora real, sino más bien en razón de esa potencia presumida por el contrario, y que se manifiesta ora en forma de una fuerte reserva pronta á continuar la lucha, ora con un ataque resuelto por el frente, ó por tropas que se dejan ver sobre uno ó sobre ambos flancos. La acción material es tanto mayor cuanto más perfectas son las armas que se u an, más numeroso , robustos ó instruídos en su oficio los hombres que las manejan, ó porque pueden resistir más largo tiempo las fatigas del combate. A igual potencia destructora, y aun con una inferior, vence quien por su resolución y su ener­gía marcha hacia adelante, y por sus di posiciones y movimientos hace flotar sobre su adversario la amenaza de una nueva acción material, es decir adquiere, en un:1 palabr., el ascendiente de la ac­ción moral. Esta última no e , pue:: , sino el temor que inspira el más resuelto, con poco esfuerzo se cambia en terror para el ene­migo, y quien lo consigue ha hecho suya la victoria. Lo que constituyó la fuerza de los conquistadores antiguos fue el terror; fue no tanto u fuerza real cuanto su ferocidad: asesinaban todo lo que resi tía, a esinaban sin buscar siquiera la excusa de la resistencia. El terror por heraldo abatía los corazo­nes. La necesidad de vencer ó morir exalta .... la cobardía, y el pueblo invadido se rendía .••. por temor de ser vencido. Cuando la confianza que se finca en una incontestable supe­rioridadad material para mantener el enemigo á distancia, resulta fallida por la resolucióu con que éste se acerca al mejor armado, afrontando tales armas, la acción moral del enemigo se aumenta con toda la confianza perdida por las propias tropas, y esa acción domina el campo y los amilanados huyen. Así ceden las tropas atrincheradas ó que fían su defensa á las llamadas buenas posi­ciones militares *. El sentimiento del impulso moral es el sentimiento de la re­solución que anima á una tropa, sentido por el enemigo. En Aros­teten, según se afirma, una tr0pa en línea esperó, hasta llegar al ve1sarios. Amargos debieron er su últimos momeutos, irviendo i 6rdene de un superior :.in voluntad, incapaz de tomar re ueltamente un pntido y meno· de impo­ner el cumplimiento de 6rrlenes que daba in fe. Cuando en Mars-la-Túllr lo fran­ceses, más numerosos y en mejore condicione que lo pru iauo , en la jornada del 15 no pudieron obtener una vict01ia decisiva, probaron que er;, n inca pace de luchar con los invasores, y !emejante e"pectáeulo no era por ·ierto con oladora esperanza para quien morfa como bravo por su patria, después de ca i ptofetizar los de astres que ~ufriera el ejército francés. • Ya Federico el Grande había dicho que en caminar al enemigo; otro tanto sucede con la confianza que se tiene en las :urnas de fuego perfeccionadas cuya acción se limita al al­cance normal del arma, lo mismo que antes. De lo dicho resulta que las carga á la b:,¡yoneta (en las que nunca hay bayonetazo ), * ó en otros términos, la marcha hacia adelante bajo el fuego, tendrá día p?r día un tjectiJ m~yor, quedand la victoria por q 1ien en tales marchas logre reunir á un tiempo el mayor orden y la más enér­gica re· lución, por cierto difíciles de adunar, pero factible cosa con inteligencia y buena voluntad, pues al mantener con firmeza tropas de sostén in mediato, es posible defender ó ganar y conser­var el terreno que se disputa. Por lo dicho no se puede prescindir nunca de usar la acción destructora ante:; de emplear la moral; no se puede prescindir de tener tiradores por enjambres, ya que sin el! s ningún ataq11e lle­gará á su último período, porque iendo tiro de azar el rápid de los modernos fusile , e· preci~o multiplicar ese azar cuanto sea dable para intimi lar al adversario. Desde las trincheras de Friburgo hasta Areola y Solferino, las hi torias narran intinidad de maravillosa empre a , ó sea rela­to de la toma de fuerte po tctone, por imple ataque de frente, que engañan á todo·, general e:> y burgueses, y provocan la repeti- • La histotia milit!lr confirma e t¡L al parecet extraña a erción. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 330 BOLETÍN MIL IT .A.R ción de f. tale errores: en efecto, en ninguno de los tres casos ci­tados los atrincheramientos fueron tomados por simple ataque de frente *. Siempre la mala costumbre, ]a impaciencia del resultado sin atender á lo medios para conseguirlo. Por lo demás, claro está que juzgar cuá 1 e el momento propicio para el ataque, y saberlo prtparar anteladamente, son la indicativa del buen jefe de tropas. Verdad que sin cañón y sin maniobras se ha conquistado más de una posici6n, pero á trueque de qué sacrificio ! Cuántas veces, después de perder un mundo de tropas en ataques ciegos, ó mejor dicho, loco , se ordenó lo que debió hacerse desde un principio, quebrantar á cañonazos la resistencia del contrario. Difícil es, en verdad, imaginarse la justa diferencia que existe entre la prá ctica y la teoría en asuntos de guerra. Cuántas veces un General en rn ni obras emplea ' us tropas dando á su su bordi­nados órd~.;;nes como" Coronel, vaya allá abajo;" y al preguntar el Coronel: "H ace dme el favor, rni General, de precisarme qué di­rcrción llevo, de qué punto á qué punto debo ocupar al fuego, qué tropa quedarán á mi derecha y á mi izquierda, etc.," re ponde el eneral: " i a rche usted sobre el enemigo; e o basta, me parece; ¿qué sio-nifican . us vacilaciones?" Y como es natural, la razón e tá de parte del Coronel, á quien pueden ofrecerse múltiples m~­ncra. Je cumplir la orden. En este ca o potlemos agregar: "¿Si no sabéis elegir la buena dirección é indicarla con claridad á vuestro ·ubordinado, comprender y aclarar sus dudas, seréis realmente Ge­neral ?" Cuanto al combate mismo, al empleo de las acc:iones mate­rial y moral, bueno es recordar que desde hace tiempo el Príncipe Lign'! dio al traste con los órdenes de batalla, sobre todo con el famoso orden oblicuo, y que Napoleón puso punto final á la cues­tión por no tratarse en el particular sin de mera pedantería. Mas no se confundan tales órdenes con el establecí miento de la tropa en csc::tlone, porque moralmente hablando e ta dispusición se basa en la certidumbre del so tén, la defensa del flanco, la sucesión de los e fuerzas, la amenaza suspendida sobre el enemigo. Y no hemos hablado sino del infante, porque es para él, hoy como ayer, que el combate es más terrible: en la antigüedad, si era vencido, por u lentitud q uedG ba á merced del vencedor; en la ac­tu a lidad el jinete corre al través del peligro-el caballo incita á hu1r, - cn tanto que el infante sólo marcha: en el mismo lugar, y á \ eces largo tiempo, ha de permat1ecer inmóvil ante la muerte. Q¿_1ien conozca la moral del infante, la sometida á pruebas más ru­das en el comb.tte, ése conoce lo que es la moral de todo el ejército. • :\lucho: on lo ejemplo que pudieran citarse en corroboración de e ta afir­mación. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. UOLETÍN MILITAR 331 EJEMJ?LOS r:t'AOTIOOS POR H. HELVIG, DEL ESTA DO MAYOR ALEMÁN Versión libre para el Boietin ~filit,-.r PAK'.I'E PRilUEKA-EI, Hrio.'.I'ALLON TERCER EJEMPLO Un batallón contra batallón y medio (cuatro compañía contra sei• compaftiu) Comideraciones tácticas Ante fuerzas superiores es preciso, en todc} caso, tener reunida en reserva una porción disponible de tropas, pues sólo con esa reserva pue­den intentarsr. cortos conrraaraqucs que detengan la marcha ofensiva del enemigo, y, llegado el caso, cuhran nuestra retirada. En consecuen­cia, tan luego como esa reserva éntre en línea, es preciso constituír sin demora olra, por pequeña que sea. El batallón marcha de frente; primera compañía de vanguardia; .re­gunda compañía de sostén; tercera y cuarta C?mpaií ías de grueso, en co­lumnas de com~añía á intervalo de desp.iegue. PRIMER MOMENTo-E/ enemigo 4 • 4 • • • 4 • ._• • * 4 * • • • •.., * • • • • • • 4 • • avanza con dos comptliíí4s contra el ala derecha de la primera compañía. I)J posición: primera comptliíía, dos pelotones en tiradores; segun­da compt~ííía, prolonga la cadena de tiradores hacia la derecha con dos pelo ton es; tercera y cuarta compa· ñías, 300 pasos á retaguardia de la cadena. ®!81® ®®® 0~~ 181181® )811810 ~0® 4 .a J.a Primer momeJlto • • • • •* *• ""• • • .... • * • * • * • * • • • • * * • SEGUNDO MOMENTO- El enemigo 1. n. 2. n parece pretende atacar nuestras dos ~ ...... l8H8!® 181®181 ®181® 18l®® ®®181 ®®® ... //}.·.:.>.13· a Segundo momell!o alas envolviéndolas; sobre el frmte ntttstros tiradores contienen á los suyos. Uisposiclón: la cadena de tira· dores es reforzada por los sostenes; tercera y cuart11 compaíiías, se sitúan I 50 pasos atrás del ala derecha: ante todo importa rechazar el ata­que contra el ala que vencida ponga en peligro nuestra línea de retirada TERCER MOMENTo-El etumigo muestra tL1l medio batallón tras cada una de las alas de su línea de tiradores, las cttales fuerzas avanzan co11tra nuestras propias alc:s. Oisposición: trimera comptlñía, permanece en posición y trata de contener con fuego rápido al enemigo que está frente á ella; tercera compaíiía, se despliega íntegra para reforzar la stgttnda,· c11arta c~mpañía, por pelotones se establece como sostén 1 o o pasos atráb del ala derecha. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 332 BOLETÍN MILITAR Señal: marchen! marchen! Las compañíai ugrmda, terctra y cuarta se lanzarán al ataque al oírla; el comandante indicará un pliegue del te­rreno, aun cuando sea insignificante, como límite de hasta dónde se impulsar:.l el ataque. 2.at t tJ.a .... .. .. "" ...... . . . :• . ..,. : ... :• .. 1 1 ' ' : 1 fl81181® :®1810 :®181® ~ • * • • : !4. a f ...... . : : , 1 • a : : f r 1 ' 1 1 1 : : ! e u arto momento CuAJtTO MOMENTo-E/ ala izquierda enemiga Je r;e obli­gada á detuurJe; laJ compa­ñíaJ que el advenari1 tenía reu!lidm traJ ella principian á de1plegane. Señale J: marchen! marchen! primera compañía, futgl rá­pido! • • • • • • • • • • • • • • • : 2.1\ QurNTO MOMENTO- El ene­migo rtpliega JU altJ izquitrda así trtacada, pero en cambio aprieta vivamente nuntra iz­quierda. • • • • • • • a• • • •• l. DI posición: pri1fura com­pañía, martillo defensivo (ala izquierda); terce~a y crurrta compañíai, en ret1rada, pelo­tón por pelotón, á reunirse zoo pasos atrás de la pri­mera. Stñaln: cumdo esas com­pafiías han ocupado su nue­va posición: ugunda compa­ñía, el/ retirada, lentamente! • • • • '· ',"" * * •• 1 1 1 1 1 \ \ \ *' .. \\',',,, •• •• •• .. Quinto m~mento ~ . • • ~. ·~ ... '\. . . · ... -~ Sexto momento Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE'l'ÍN MILITAR 333 SExTo MOMENTO- El numigo c~ntinúa aflanzando JU derecha, frurü it unaJ cuatro compañíaJ, y obliga á 1JtleJfra primera compañía á retirarse. Dispo~ldóo: tercera _Y cuarta compaiííaJ, cada una dos pelotones en tiradores para relevar la primera que se bate en retirada; primera flmpañía, se retira d pidarnen te después de relevada; ugrmda compañía, se liga por su izquierda con la nueva cadena de tiradores. Señal: fuego rápido! S:áPTIMO MOMENTo-La marcha oftnriva del enemigo eJ contenidtt mo­mentáneamente por el fuego de loJ cuatro pelotonu. Disposición: primera compañía, reunión y á situarse como reserva 300 pasos atrás de la tercera y cuarta compaiííaJ . ÜCTAVO MOMENTo-E/ ene­migo no ha dejado frente tÍ la ugunda compañía Jho 1111 cor­'' número de tiradorn y ruin~ todaJ JttJ fuerzaJ contra nun­trl ntteflo frente. Dlsposldén: ugunda com­pañía, reúne dos pelotones que se sitúan tras el ala iz­quierda de ella misma; pri· mera compañía, avanza á re­forzar el ala izquierda. • • ••• •••••••• ••••• •• •• .. ~ ..• ~~ .:· "). • • •• .. ~ •• ..&.~ ~ • ~ b<.. NovENO MOMENTo-E/ enemigo attiva Jtt fuego, aproxima á JUJ tira­doru laJ tropa! que mantinu en formación unida y prepara un ataqtu general. Disposición;: sostenes sobre la cadena de tiradores; primera com­pañía, al ala izquierda, á paso gimnástico, para flanquear al enemigo con fuegos de descargas y tiradores. Señal: marchen! marchen! al oírla las subdivisiones de las compañía! .segunda y primera pronunciarán su ataque contra los ílancos del enemigo . .Lh_ ...... $v- ••••• ~: 2.a •• e¡¡. -$-•• ,.., . • • '!!> .,.. b<." •• .181~.· .~.·. I.a ~ Nofleno momenta Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 334: BOLETÍN MILITAR DÉciMO MOMENTo-Sobrevitne el ataque general del enemigo. Señal: fuego rtípido! UNDÉCIMO MOMENTo-E/ elJenJigo Je detie11e en Jtt fllurcha o.fensifJa. Señal: marchen! marchen! -f-..........•• • • ~d •• ~ c-i -f-.........• '* t U1tdéc imo mome11to ••• •• ••• • f/J~~ Duodécimo momento • • DuonÉcrMo MOME "To-Los ti­rridorcs emunig?s retroceden un po­co, pero JJucstro propi1 ataque es recibido con tu: f11ego fliolento, y 110 podemos gtmar más tfrreno ha­e Ítl addti7Jfe. Seíirdes: altrJ, para todos, en retirada! Las compañías primera )' ugrmda cubren la retirada con fuertes enjambres de tiradores; la tercera y cuarta se: reúnen du­nmtc la marcha en retirada. La ametralladora Gatling, en uso en Colombia, consta de diez cañones de fusil, de 12 milímetros de calibre y 50 centíme­tros de longitud, colocados al rededor de un eje central y movibles con él, atornillados por su extremo posterior en un disco metálico soldado al eje, y pas(:)dos por la boca en otro disco, también f. jo al mismo eje. Este es bastante más brgo que los cañones en unas, saliendo apenas algo por delante de su b 1Jcas en otras, y prolon­gándose por detrá en todas para atravesar la culata fija, donde se encierra el mecanismo que hace fun("ionar el arma. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITA:U 335 Esta va sostenida por un marco con nuñones, en el que el eje gira libremente, apoyado por su extremo anterior en una mu­ñonera · ó abertura colocada en la parte anterior del marco, y por su otro extremo en una placa que hay en la caja de la culata; el movimiento se produce por un manubrio colocado ya detras, ya al costado derecho de la pieza, y que, ó por medio de un piíión, en­grana en una rueda dentada en que termina el eje, ó mueve direc­tamente éste. Los cañones son de ánimas recamaradas, y omo están inva­riablemente unidos á lo disco , gir n con ello , e tando dispuesta· las piezas de la culata de modo que todos los cañones se car ~ uen y disparen mientras dan una vuelta completa. El mecanismo con el cual e obtiene suce::,ivamente, y de un modo continuo la car;a y el disparo de todos lo cañone , e tá contenido en un tubo de br nce, fijo concentricamente al cilindro que forma la culata. e comp ne de un cilindro hueco de metal, cuya superficie exterior 1leva diez canales emicirculares, corres­pondiendo cada una de ellas al án1ma de uno de los c~uíones, en cuya prolongación e tán, para recibir y guiar lo cartucho que vayan cayendo del depósito ó proveedor ha ta llevarlo~ á sus re - pectivas recámara·. T'ambié.l sirven e tas canale~ de guía para sacar luégo las vaina . Detrás de este cilindro hay otro, también unido al eje, en cuya superficie van sujetos los obturadores con el mecani mo de percusión. Cada obturador l'eva, además del cilinJro de obturación, un extractor de uña, unido á é!, que obligado por la forma del rebajo que hay en la recamara del cai1ón, agarra el reborde del cartucho para poder arrastrar hacia atrás la vaina después del dispJro. En d interior de los émbolos de obturación va el percutor, que es una aguja movida por un muelle en espiral, la que termina por un tope que puede correr á lo largo del émbolo para comprimir el muelle, por lo cual puede retirarse la aguja y quedar montada para hacer el disparo. El mecanismo que sirve para abrir y cerrar la culata, reti­rando los obturadores para que puedan entrar los cartuchos y mon­tar al mismo tiempo las agujas, consiste en un anillo que va detrás del cilindro cerrador y está cortado interiormente de modo que presente dos filete helizoidales, inclinados entre Sl y enlazados por una pequeña superficie plana. Los cilindros obturadores tienen un movimiento longitudinal, apoyando constantemente su extremo sobre los filetes del anillo, yendo hacia adelante ó hacia atrás, según la inclinación de los filetes : para esto cada cilindro lleva un diente ó resalto esférico que sirve para guiarlo. La amplitud del movimiento de los obturadores es suficiente para que, cuando retroceden, puedan colocar e delante de ellos los cartuchos y avanzan luégo lo bastante para hacerlos entrar en la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 336 BOLETÍN MILITAR recámara, cerrándola por completo, y quedando apoyados en su extremo posterior para aguantar la reacción producida por cada d1sparo. La aguja se monta por medio del resalte ó botón, que es cogido por el principio de la curva helizoidal y empujado hacia atrás, á medida que ésta va girando; el re orte encerrado en el cilin­dro se distiende, y cuaHdo lo está por completo, el tope encuentra bruscamente la rotura de la curva que lo deja e. capar, y p0r con­siguiente la aguja, impulsada por el resorte, que se recoge, va á inflamar el cartucho. El cilindro guía de los cartuchos, está cubierto por encima del marco por una tapadera metálica, semicilíndrica, que en su parte superior lleva una abertura de la forma y magnitud necesa­ria para que pueda pasat un solo cartucho á las canales, según se van presentando éstas debajo. Sobre dicha abertura es donde se colora el depósito de cartuchos que surte al arma, cayendo uno tras otro en las canales, á medida que van haciéndose los disparos. La parte inferior del cilindro guía de cartuchos, está descubierta para que las vainas puedan caer al suelo, á medida que las van sa­cando les cxtractore~. Los cartuchos (42 gramos) son de cobre, de igni~ión central, muy semejantes á los de rémington, y los proyectiles oblongos, de plomo, y de 25 gramos de p :so; la carga de pólvora es de 5 gra­mos y la velocidad ini ial pasa de 420 metros en el primer se-gundo. . . . . Las cajas ó depósitos de cartuchos que se colocan sobre las ametralladoras son de hoja de lata, largas y e trechas, de sección trapezoidal, y están abiertas solo por abajo; también hay otras que son ciltndricas y de palastro: las primer<-~s llevan 40 cartuchos, y las últimas, que sólo se emplean en cierta· ametralladora de las de pequeño calibre, tienen diez y eis divisione , agrupadas alrede­dor de su eje, y en cada una de ellas van 20 artucho , ó sea 320 por caja. El depósito deja caer lo· cartuchos uno á uno sobre las cana­les del cilindro, y suce.;;ivamente de sus di. tintas seccione , si es ci­líndrico. Cuando se \'acia•uno, :se le su:tituye con otro por un mo­vimiento sencillísimo, y que requiere un intervalo de tiempo casi inapreciable. Un agujero ó ranura practicado en la caja permite observar con el dedo ó con la vista cuándo pasa d último cartucho, y en­tonces es cuando se ]a reemplaza por otra llena, pudiendo conti­nuar el fuego durante esta operación, pues e obtiene aquel indi­cio permanentemente ó cuando resten aun cinco ó seis cartuchos sin disparar. Esta ametralladora se coloca sobr~ u na cureña semejante á la de los cañones ordinarios de campaña, y puecL montarse también sobre uno de plaza ó marino, ó sobre un trípode, según el servicio Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN .MILITAR 337 á que se la destine; con el primer sistema fácilmente la arrastran dos bestias. El tornillo de puntería es semejante al que se emplea en las piezas de campaña. También se aplica á esta arma un aparato que sirve para dar un movimiento automático de dispersión á los disparos sucesi·vos. Para esto, en la de cañones descubiertos, hay unido al eje de la ma­nivela un cilindro que lleva en su superficie dos ranuras helizoi­dales abiertas en sentido contrario, y en las cuales entra la punta de una aguja ó tope que va unido á un brazo que parte del tor­nillo de puntería, y cu:1ndo gira la manivela, la aguja, moviéndose en las ranuras helizoidales, da un movimiento de vaivén á los ca­ñones, cuya amplitud suele ser de tres grados. En las qus tienen los cañones cubiertos, el vaivén resulta de la mi5ma fuerza que hay que aplicar á la manivela para hacerla girar, y como es defec­tuoso el procedimiento y mal empleado perjudica la buena marcha del fuego, preferible es no usarlo en las situaciones difíciles. Cuando no se quieren dispersar los disparos, se suelta la aguja para que no engrane en el cilindro, ó se aprieta el resorte que, dis­tendido, deja oscilar la pieza. La manera cie funcionar e ta ametralladora es co'llo sigue: colocado el depósito ó almacén de cartuchos, y arreglado el torni­llo de puntería y el disp.:rsador ó regadera, si se ha de emplear, el sirviente co&e con su mano derecha el manubrio, y lo hace dar vueltas, con lo cual el eje, movido por su engranaje, ó directa­mente, hará girar el cilindro guía de cartuchos y el cerrador con sus obturadores. Las diez canales se irán así presentando sucesi­vamente debajo del alrnar.én ú depósito colocado en la plataforma ó tapa, é irán recibiendo los cartuchos, que caen por su propio peso, sin que puedan salirse de la ranura respectiva, por la envuelta semicilíndrica que lo cubre; al mismo tiempo el movimiento del cilindro cerrador produce el de los obtura ores, aproximándolos primero á las recámara· de los cañones, á donde hacen entrar los cartuchos, y empujándolos luego hasta que ocupen completamente la recámara, cuya abertura e u bren, sirviendo de pieza de cierre. Al verificarse e~ta primera parte del movimiento, es detenido por su tope ó botón el muelle de cada aguja (en tanto que el ob­turador ha avanzad ), resultando así preparado cada cañón; el ex­tractor corre'pondiente entra en su caja, y en virtud del plano in­clinado de ella viene á coóer fu~rtcmente con su ul.a el rebvrde del cartuch . Er1 el mo:n--nto en q e el ejl.! del cañón así dispues­to llega á OLupar la posición inferior, deja de ser contenida el tope de la aguja, y ésta se ese tp t con fuerza, produciéndose un disparo.) Continuando el giro de lo clñ' >nes, se inicia el movimiento de retirada del obturador, arra trado por su tope, y como el extrac­tor va unido á él, sacará la vaina del cartucho disparado, soltándola en cu1nto se halle fuera dd ánima, :í causa de su elasticidad, que 2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 338 BOLETÍN MILITAR lo hace levantarse un poco, con lo cual la vaina es lanzada al suelo. Como se ve, en cada vuelta corresponde á cada cañón y su mecanismo, la serie de operaciones que siguen: recibir un cartucho del depósito, llevarlo á la recámara, cerrar ésta, montar la aguja, dar fuego, sacar la vaina y preparar el hueco ó canal para recibtr otro cartucho; se deduce, por lo tanto, que en cada vuelta com­pleta del aparato se harán diez disparo , los que se reproducirán de un modo continuo, mientras se dé vueltas al manubrio y haya cartuchos en el depósito. Entre más rápic!o sea el movimiento de rotación, mayor ~erá d número de disparos que e haga en un tiempo determinado, pu­diendo, para hacer un fuego muy sostenido, colocar un depósito auxiliar sobre el ordmario de la ametralladora, reemplazándole en cuanto éste se vacía, de manera que el depósito inferior esté siem­pre lleno. Para servir esta pieza se necesitan tres hombres, de los cuales uno da vuelta al manubrio, otro col ca los depósitos de cartuchos, y el tercero cuida de apuntar en la dirección conveniente. Ade­más se necesitan tres hotll bres que preparen las cajas de cartuchos para entregarlas al que las coloca sobre la ametralladora. De este modo se pueden hacer de 100 á 16o disparos por minuto. El mecanismo es sencillo, dados los muchos movimientos que han de ejecutarse, y sólido; pero exige una gran perfección al construírlo y mucho cuidado en su conservación y manejo; tiene el inconveniente de que si se acuña un cartucho al entrar ó una vaina al salir, ó se calza un cañón, basta esto para estropear el me­canismo del cañon en que esto sucede, y sólo con dificultad puede seguirse disparando con los otros. Cuando.por cualquier circunstancia convenga sacar los car­tuchos después de estar en los cañones ó canales, se quita el pe­pósito superior y se da vueltas al manubrie en sentido contrario al de hacer fuego. Otro de los inconvenientes de esta arma es que se caldea de­masiado cuando se hace un fuego un poco sostenido, y que expone un gran número de cartuchos á ser destruídos con facilidad por el tiro del cañón enemigo. Esta ametralladora produce un fuego continuo mientras tiene cartuchos; no se parece, como otras, á los cañones de campaña, y alcanza eficazmente á I,ooo metros: con la cureña pesa 530 kilo­gramos incluso el armón. Las modificaciones introducidas en el mecanismo primitivo han sido reemplazar el engranaje del eje por una rueda que va fija en él, pero que toma su movimiento de un tornillo sin fin que mueve el manubrio. Los tambores de carga, que daban lugar á detenciones frecuentes en el tiro, también se cambiaron por cajas Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 339 de 40 cartuchos, que se colocan verticalmente, con una corredera, encima del eje de la ametralladora, y además en la corta de diez cañones se ha puesto la manivela sobre el mismo árbol que los ca­ñones, en ve? de estarlo en el costado. El mecanismo de disper ión es distinto en algunas ametralladoras de diez cañones, y en muchas una cubierta de bronce protege lr's cañones y el mecanismo, dán­doles el aspecto de un cañón de campaña. La de cinco cañones cortos, que no existe aquí, se monta en un trípode para la defensa de fortificaciones, y pesa menos de so kilogramos; puede también colocarse sobre una cureña ligera para 1levarla con la caballería y aun transportarla á lomo. El armón de la de diez caíiones, ligera, contiene 2,ooo cartuchos en so cajas, y con ella se pueden hacer de ordinario I oo disparos por minuto; con la de cinco se pueden obtener 8o tiros por minuto. Otra modificación que- se encuentra en las ametralladoras aquí en uso, es que en ellas se pueJen separar ó colocar los obtura­dores en el arma sin necesidad de separar la plancha del cascabel, la que se h:tce perforada con tal objeto, cerrando su abertura con una llave ó pestillo que sirve p~ra el fin mencionado. El ángulo de tiro es ilimitado, pue si el montaje lo permite, puede dispararse la ametralladora colocada verticalmente, con la boca hacia arriba ó hacia abajo; pero en este caso lus proveedores dt!ben llevar resorte que empuje lo; cartuchos, que entonces no pueden avanzar movidos por su peso. La fuerza de penetración de los proyectiles es considerable, y lanzándolos sobre un mismo punto del blanco, en pocos minutos pueden destruírse ó perforarse obstáculos considerables. Conviene, al emplear estas ametralladoras, disparar con cierta mesura, tanto para evitar daños al mecanismo como para no con­sumir municiones con exceso. La rapidez máxima no debe em­plearse sino en los casos extraordinarios y por bre\'es momentos. SOBRE EL EJÉRCI'rO ALE~IÁN (Continuación) La memorable jornada de Saint-Privat, particularmente, y las pérdidas enormes sufridas por la infantería prusiana al atravesar bajo un fuego mortífero esa descubierta y vasta llanura, parece haber contribuído en gran manera para dar á las ideas sobre la ins­trucción de las tropas, la dirección que tiene hoy día. En todas partes, en efecto, se estudian activa mente las más apropia'-las formaciones para conducir un ataque en terreno descu­bierto, sufriendo el menor número posible de pérdidas. Cada cual busca á su modo la solución del problema y la variedad de las solu- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 340 BOLETÍN MILITAR dones propuestas, con las discusiones á que dan lugar, excitan por todas partes el más vivo interés. He visto también á algunos coroneles, dejando á U'l lado en­teramente los ejercicios en terreno llano, es forzarse por lograr re­gularidad en las formaciones y la mayor precisión posible en las maniobras operando sobre un terreno tnuy quf>brado. E problema no es tan fácil de resolver-, . 'J bre todo cuando se quiere al propio tiempo no ejecutar sino formaciones tácticamente apr piadas á la naturaleza del terreno. S e puede afirmar que es mucho más di­ficil conseguir aquello que alcanzar esta p erfeccion verdcderamente ideal, de que la mayor parte de lo s regimientos dan el e pectáculo cuando maniobran sobre un terreno igual y descubiert . No hay exageración en las palabras perfección ideal. Yo he visto r- egimien­tos, con motivo de su prese ntación, p.l ar por toda la seri de ejerci­cios con una regularidad tan absoluta, una corrección 3e tal ma­nera ptdantesca, que á menos de haber sido te. tigo, es imposible formarse idea. Pero lo que hay de más notable en est es que los regimientos h~ bi tuado. á ejercí tarse en terrenos quebrados, se muestran en general super íore á los otros, y que la precisión de sus movimientos excede á todo lo que ~e pueda imaginar. • Lo que no prueba, por otra parte, sino una cosa, y es ue la ma­niobra en los lugares de ejercicios viene á ser fácil parad que está acostumbrado á conservar el orden y la regularidad en un terreno quebrado. Después de esta exposición en globo de los ejercic os del pe­ríodo de primavera, nos queda todavía por anotar su fisonomía general y sus rasgos característicos : en primer lugar, omo aca­bamos de decir, la precisión y un rigor meticuloso en la ejecución de los movimientos. Hay, además, en todas circunstancias, una calma y un silen­cio tan completos, que causan en el espectador la mejor impresión. Se exige que los soldados ~e alíneen por sí mismos á la v z de alto, y lo hacen generalmente con una rapidez y una exactiud que no dejan nada que desear. Después de mandar firmes, la i 1 movilidad es absoluta. En lo que respecta á los oficiales de todas h.s gradua­ciones, jamás se verá la menor turbación, ni montar en cólera, ni proferir gritos, cosas todas ellas que les están por lo cemás for­malmente prohibidas, hasta el punto de que se ha visto á oficiales relevados de su cargo por habérselas permitido. Salvo las voces de mando, dadas siempre en un tono extremadamente breve y enérgico, no se oye el más ligero rumor durante la maniobra. Si se comete alguna falta, el instructor detiene el movimiento, se aproxima al oficial que se ha equivocado, y le explica tranquila­mente lo que debe hacer. Muchos prefieren esperar al fin del ejercicio, y sola"'lcnte en­tonces, en el círculo que forman los oficiales á su alr!dedor, es cuando hacen notar los errores de cada uno. A un en presencia del Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 341 soberano, las cosas pasan exactamente lo mismo que de ordinario. Los ayudantes de campo y oficiales de órdenes no se ponen en movimiento sino que en•circunstancias muy excepc:ionales, y pue­de decirse que casi nunca se les ve por parte alguna. Es de principio en 1o5 ejercicios, no repetir jamás ninguna orden. El que la haya dad ~l, espera pacientemente su ejecución, y ai algún sub'lrdi nado vacila ó se equivoca, se contenta con hacerle la observación cuando tiene lugar la crítica con que termina siempre la instrucción. Pero se recomienda especialmente que du­rante el ejercicio haya posibilidad y al mismo tiempo la obligación, de reflexionar y decidirse por sí mismo para asegurar la ejecución del movimiento que se manda. Promover y desm·rollar la iniciativa individual tn todos l?s gra­dos de la jerarquía, desde el último subteniente hasta el general, tal u el fin al cual se tiende constantemente y sin descanso en el ejército alemán. Y hé aquí cómo un jefe de este ejército me explicaba las ideas inveteradas que sobre este punto había entre todos sus co­legas: "Por más que nosotros tengamos- me decía-el perfecto de­recho de hacer observaciones en todo caso á nuestros inferiores, nos abstenemos de ello por principio, aun cuando les oigamos exponer, en sus críticas., opiniones no conformes con las nuéstras. No todos, en efecto, tienen el mismo modo de ver las cosas, y estimamos que antes de juzgar un sistema es preciso esperar y ver á qué resulta­dos conduce. Cuando llega el día de nuestra inspección, podemos en­tonces formular nuestras exigencias y dar á conocer á la vez nues­tra opinión. Lo que se persigue, ante todo, es desarrollar entre nuestros oficiales la iniciativa y el gusto por el oficio, y pensa­mos que el mejor medio de conseguirlo es dejarles siempre plena y entera libertad en la elección de la senda que deben seguir para alcanzar el fin que les hayamos fijado. Por otra parte, oyendo sus crític:1s, recogemos á la vez estimables elemento~ de aprecia­ción sobre su valimiento personal." 'rales son las ideas y los principios en vigor en el ejército prusiano, pri nci pi os que, por otra parte, no se con ten tan con for­mular teoricamente, sino que se conforman á ellos cuidadosamente en la práctica. Y compLce verdaderamente ver la sangre fría y facilidad perfecta con las que en semejantes circunstancia lvs ofi­ciales más jóvenes desarrollan su ideas frentt.: á sus superiores, sin que ]a presencia de é<>tos, aun cuando sean de la más alta gradua­ción, parezca en n1odo alguno turbarles ó cohibirles en la expre­sión de su manera de pensar. Véase aquí, por lo demás, un hecho del que yo he sido testi­go y que puede dar una idea del modo como habitualmente sue­len ocurrir las cosas. Un comandante instruye su batallón en el campo de manio­bl as, cuando \e aparecer un general que se dirige hacia el pu ntu Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 342 BOLETÍN MILITAR donde se encuentra. Al instante detiene su tropa y manda firmu, y saliendo al encuentro de su superior le dice: Mr g eneral, el hata­lifm N., dtl regimientD N., hace. sus ejercicios de hatallón.-Continúe usted.-El comandante vuelve hacia su tropa y continúa en efec­to con la mayor calma y sin preocuparse ya más del general, quien por su parte va y viene como simple espectador de la maniobra. ·rerminada ésta, el comandante, siguiendo el uso establecido, hace á sus oficiales formar en círculo, y empieza la crítica, discutiendo ampliamente sobre lo que se ha hecho, censurando á unos, elo­giando á otros, etc. El general se aproxima al grupo para escu­char sus observaciones. El comandante, sin manifestar ninguna turbación por su presencia, concluye lo que tenía que decir, y des­pués, dirigiéndose á él, dice: El ejerciciD ha terrninado, mi gen, ral; ¿me permite usted retirarme con el batallón? Signo de asentimien­to, saludo del comandante y marcha de la tropa, que se retira tran­quilamente á su cuartel, mientras que el general se aleja sin decir una palabra, y se dirige á otro punto del campo, donde la misma escena se re pi te. No omitamos hacer constar que semejante sistema, además de la poderosa manera con que contribuye á desenvolver la inicia­tiva individual, tiene aún la gran ventaja de obligar á todos los oficiale , cualquiera que sea su grado, á conocer su oficio en los más pequeños detalles, á elaborar maduramente su plan de ins­trucci0n y á pesar cuidadosamente cada palabra de su crítica. Otro rasgo saliente de los ejercicios es la vivacidad not b)e con que se ej ecutan todos los movimientos, vivacidad que da al conjunto un car á cter de animación extraordinaria. En mar ha, todas las formaciones ó c~mbios de una á otra se hacen al paso ligero en medio de una confusión que no es más que apar~nte y que se disipa tan pronto como el movimiento ha terminado, to­m:¡ ndo inmediatamente entonces cada uno el paso ordinario, ó mar­cando fuertemente ]a cadencia. Pero no bien restablecido el orden sobreviene un nuevo mando del instructor, que parece tener el pro­pósito de que se sucedan sin tregua los unos á los otros, no dejando entre ellos más que el intervalo estrictamente necesario para su ejecución. La cosa es en verdad un tanto fatigosa para los hom­bres, pero la maniobra gana con ello en interés, la atención está siempre despierta, y todo el mundo, oficiales y tropa, concluyen por adquirir una destreza y una agilidad de espíritu y de cu rpo verdaderamente maravillosas. Bien entendido, como ya lo he os dichú, que estos ejercicios doctrinales se sujetan religiosamente á todas las prescripciones del reglamento de maniobras, siendo úni­c:: tmente para este objeto que los alemanes estiman verdadera su utilidad práctica. Para ellos no es más que un medio proclama­do altamente indispensable de subordinación y disciplina. Y es solamente á este título que aún se conservan hoy multitud de disposiciones, tales como las formaciones en tres filas, el cu3ldro, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍ.N MILITAR 343 el relevo de una línea de tiradores, sus movimientos avanzando ó en retirada por escalones, etc., que unánimemente se han consi­derado como inútiles ó inaplicables en la guerra. De todos estos movimientos se exige en el campo de ejerci­cios la ejecución más minuciosamente correcta, en virtud del prin­cipio de que es preciso en tiempo de paz pedir lo más para obtener lo menos en tiempo de guerra. Y el resultado más directo y más es ti mab1e de e ·tos ejercicios doctrinales es disciplinar la tropa y ponerla admirablemente á merced del jefe. Véase aquí, por lo demás, el resumen de las opiniones que en este asunto se profesan por la mayor parte de los oficiales pru­sianos: "Todas las formaciones reglamentarias son por nuestra parte objeto de un estudio profundo, y las concedemos una impor­tancia extrema. Nuestros soldados no sirven má!t que tres años; ninguno de ellos ha estado en campaña., y por consecuencia les es imposible juzgar por sí mismos la mayor ó menor utilidad que puede presentar tal ó cuál formación que se les mande. No vemos inconveniente alguno en dejarles creer que todos estos movim ien­tos deben ejecutarse así bajo el fuego J ··l enemigo. Con ello no estarán sino más atento; á la voz d~ su jefe y más dispuestos á obedecerle. Si, por el contrario, interpretamos el reglamento á nuestro antojo, no tardarían nuestros soldados en figurarse que para la guerra no hay ya reglas, y que todo se modific3 según las circunstancia : esto daría lugar á la disper i6n. A í como se cono­ce al soldado disciplinado en su manera de entender el deber y el honor militares, se puede también apreciar hasta qué punto una tropa está verdaderamente disciplinada y obediente á su jefe, en el modo como sabe y practica su reglamento de maniobras. El regla­mento es la piedra de toque para probar la disciplina, y muchos de sus artículos no tienen importancia sino desde este punto de vista. Así es también como lo consideran todos los buenos ofi­ciales, y en estas condiciones no no preocupamos porque pueda encontrarse eu él tal ó cuál imperfección. Estamos seguros de que, dado el caso, se hará siempre su aplicación de una manera in­teligente." Por lo que toca á las medidas á que se recurre en tiempo de paz para asegurar sobre el campo Je batalla lo que se ha lla­mado la disci'plina del fiugo (J ur disciplin), esto es, para permitir al comandante de una tropa conservar siempre la dirección del fuego de su gente, nadie ha podicio darme una respuesta cate­górica. La opinión general es que un jefe sólo podrá, hasta cier­to punto, mantener su tropa tan obediente en lo que á esto se refiere, como la tenga en todo lo demás. Ninguna regla especial se ha dictado á este respecto, y nadie piensa en formularla. La disciplina del fuego no es con iderada por tot' os más que como un caso particular de la disciplina gen eral, y como ésta, debe estar ase­gurada por idénticos medios, es decir, por el completo sistema Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 344 BOLE1.'ÍN :MILITAR de educación ll)ilitar del tiempo de paz, cuyo objeto constante debe ser: mant~ner al soldado, en todas partes y en todas las circuns­tancias del servicio, dócil á la voz de su jefe directo, atento á sus órdenes y con confianza en él. Así pues, á adyuirir e te ascendiente moral sobre sus hom­bres, es á lo que han de tender todos los esfu e rzos de un oficial; entonces soh1mente podrá comcguir, hasta cierto punto, dirigir el fuego de su t1opa. Hemos subrayado estas últimas palabras intencionalmente, porque todos los oficiales prusianos están de acuerdo en reconocer que hay instantes sllpremos en la lucha, en los que la excitaci4n es tan grande, la emoción tan poderosa, que no está en l2s facultades de todo el mundo el conservar la san­gre fría necesaria para obedecer lo que se mande, sin perturba­ción en el ánimo. Es más: en las maniobras de tiempo de paz no es raro ver, durante un fuego violento, equivocarse un l'olda­do y tomar un ruido cualquiera por la voz de su jefe. Con cuán­ta más frecuencia el mismo hecho no se reproducirá en medio de las escenas tumultuosas de una batalla. Aun cuando en los ejerci­cios de escuela del tiempo de paz se cuida riguro amente de la eje­cución metódica del fuego por descargas, nadie se hace la ilusión sobre la posibilidad de aplicarlo realmente en la guerra. En toda la última campaña no se cita más que un ejemplo: un capitán pretende haber conseguido se hiciera una descarga por su compa­ñía contra la caballería francesa en la batalla de Sedán; todavía esta descarga única, por confesión misma de su autor, estuvo muy lejos de ser pura y degeneró inmediatamente en fuego rápido. Para terminar nuestras reflexiones sobre este asunto, creemos deber decir aquí algunas palabras sobre el nuevo reglamento de maniobras con que se ha dotado á la infantería alemana en I 876, y el que tanto por su aspecto exterior como por su contenido sim­boliza admirablemente las ideas puestas á la orden del día en este momento en el ejérdto prusiano. Se compone de dos partes muy distintas: una puramente re­glamentaria, obligatoria para todos, y que indica los movimientos que deben ejecutarse, puesto de cada uno y voces de mando que corresponden; y la otra parte, llamada táctica, no da si no consejos é indicaciones sobre el empleo que debe hacerse de las formacio­nes reglamentarias. La primera parte comprende la escuela del soldado y todo lo concerniente á las de compañía, batallón y brigada para los movi­mientos y formaciones en orden cerrado; en una palabra: todo lo que constituye la Schul-Exercieren. Esta no es, en definitiva, más que un tratado metódico de disciplina y de enseñanza preparato­ria, pero de la cual, por esta misma razón, se ejecutan todas sus prescripciones con el mayor rigor. En cambio, es preciso reconocer que todo ello se encuentra tan reducido y condensado como es posible, puesto que este volu- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .BOLETíN MILITAR 345 men de pequeña forma é impreso en grandes caracteres, contiene en 226 páginas t do lo relativo á Jos ejl'rcicio individuales, de compañia, de batallón y de brigada, y además las reglas concer­nientes á órdenes de parada, modo de recibir y de pedir la bande­ra, toques y toda la parte dctica. Una co.a que debe señalarse, es la · usencia de figuras para la xplir:.!ción de los mo imientos. No hay más que dos en total: una pé.ira la formación del cuadro, y Otra para la columna de regimi · to Ul ]as pzradas que, vista SU complicaci(;n, habría sido bastante difícil explicar con el texto solo. Todas las demá formacione son de tal St1erte sencillas y de tal manera bien conocidas por tod s, que se ha juzgado el texto perfectamente suficiente para hac<.r cornprencer ó recordar los de­ralle!, que puditran haber escapado de la memoria de alguno. Además, y por princij>io, se ha evitPdo hacer uso de dibujos en la parte tá tic a dd libro. Se q uicre, c>n efecto, evitar así todo menoscabo á la iniciativa individual y á la independencia que se entiende ha de dejar e á cada uno cuando e trata de aplicar sobre el terreno las formaciones rcglamcntari€.s. 'T'éme~e que con una figura dada como ejemplo se inspire á los espíritus la falsa idea de que al modelo es preci o, por obligación, conformarse. No menos notable es todavía la opinión, muy extendida, de que en la parte táctica las láminas serían más perjudiciaLs que convenientes, porque dicen que .e Jlcg. ría :í aplicarlas pura y sim­plemente en muchos ca os en los que valiera má imaginar cual­quiera otra cosa. Esto ~ería la muerte del trabajo intelectual y de la ren r~ xión con que cada uno debe formarse p:~ra sí mismo una opinión sobre los casos que pueden presentarse en la guerra. Así pues, como se ve, el desarrollo de la iniciativa in di vi­dual que los prusianos consideran como una de la más grandes fuerzas de su ejército, se encuentra francamente consagrada por su reglamento. Podría pensarse quizás que de esta iniciativa desarrollada así, y de la ausencia de figuras en la parte r eglamenta,.ia, resultara cierto defecto de uniformidad en la ejecución de los movimientos entre los diversos regimientos del ejército. En realidad no hay nada de esto. Por d contrario, puede decirse que las formaciones regla­mentarias están, en cierto modo, de tal manera enct::rnadas entre todos los oficiale~, que no se nota en este asunto, de un cuerpo á otro, la menor diferencia. Precisamente esto es lo que ha permi­tido prescindir de figuras que indiquen disposiciones bien conoéi­das de todos, y á las cuales se halla habituado el ejército desde hace muchos años. Debe ad· ertirse que el reglamento no contiene artÍculo al­guno especial para los ejercicios de regimiento, que considera, sin duda, corno mero intermediario entre los de batallón y los de brigada. En cuanto á las evoluciones de una división entera, ya hemos dicho que los prusianos jamas las hacen, no admitiendo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 34:6 BOLETlN MILITAR que una división pueda en caso alguno desplegarse sin dejar un~ de sus brigadas en reserva. V ale más entonces, dicen, hacer ma­niobrar estas dos brigadas aisladamente, que dejar una con los brazos cruzados contemplar á la otra. En tin, no creo poder terminar mejor lo que acabo de decir sobre el reglamento, que con la cita de esta reflexión hecha un día ante mí por un olicial del ejército: "Para mandar bien una campañía, basta un militar instruído y que conozca bien su regla­mento; pero el mando de un batallón exige ya una seria prepara­ción táctica"-( Continúa). CAMPARAS NAPOLEÓNICAS (Selección arreglada para el Boletín Militar) 1-lto.lia: opero.ciooe contra Ocaulicu {Continuación) El 15, aún más que el 14 por la noche, sonreía á Napoleón la pers­pectivJ. de obligar á los piamonteses á pedir la paz; á nada podía con­ducirle la p -.. rsccución de los austriacos, cuyo contacto había perdido, por 1 cual estaban en capacidad de rehuír la lucha, y en este caso moverse sobre ellos era dar golpe en vago. Además, entre tanto Colli podía replegarse Sl>hre Turín, cubrir la capital y poner á salvo sus tro­pas, con lo cual ya no era posible imponerle la paz, dejar fuera de combate uno de los dos adversarios y adquirir la ansiada superioridad numéricl. Ahora bien, el plan de campaña descansaba sobre esta pre­misa: después de separar las fuerzas aliad :u, obligar inmediatamente á los piamonte~cs á pedir la paz, á fin de as:gurar e una buena base para las opcrctciones futuras y no tener en ellas al frente sino un solo adver­s: uio. La historia militar rcgistrd numerosos ejemplos de generales que se dejaron arrastrar por el éxito táctico á explotar directamente las ven­tajas aJquiridas sin atender al plan general de las operaciones •; Napo­león, llegado á este momento decisivo, no pierde la cabeza, y obede­cicnd0 á los dictados de la lógica, avanza sobre los piamonteses. Debe observarse sí que Narolc6n principió el segundo período de las operaciones por enviar la división Laharpe vía de Sassello, y aun la hizo sostener por Massena, operación no muy inteligible, pero es de observar que son grandes las lagunas existentes en la correspondencia de la campaña; además es prúbable que muchas cuestiones se trataron de vi va voz, porque Napoleón se imponía fatigas durísimas á trueque de intervenir dondequiera que su persona era necesaria. ''Mi vida aquí es inconcebible, escribió al Dir~ctorio, llego á la dormida fatigado, y sin embargo me es preciso pas1r la noche en vigilia para administrar é ir á todas partes para re'tablecer el orden." • Conforme lo prueba de modo amargo nuestra historia militar. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 347 El 16 de Abril Augcreau fue dirigido sobre la postciOn atrinchera­da de Ceva, y al caer el día había Árrojado de ella á los piamonteses, que se replegaron vía de Mondovi. El 17 llama á Laharpe á Dego, y Massena y Serurrier se mueven sobre Ceva, .i donde el último llega por la poche. Napoleón traslada su cuartel gener 1 á Saliceto. El 19 se ata­ca á Colli; Serurrier se carga á la izquierda para en vol ver al enemigo y coparle el camino de Mondovi; Augereau avanza á envolver la derecha por Castellino, y Massena ataca directamente, ó sea por el frente. Colli intenta replegarse sobre Mondovi, y aún obtiene ventajas parciales sobre Serurrier. Napoleón se ha trasladado á Ceva entre tanto; hacia media noche avanza hasta Lesegno, y allí, á la una, da la orden de ejecutar un ataque general contra Colli, complementando 1 uégo sus instrucciones cuando ya conoce la v~rdadera posición del en..:migo. Según esas nuevas órde­nes, Massena debe marchar 5obre Lesegno con parte de las tropas de Augereau; el resto de éstas tomará posición, parte en Castellino para amenazar el flanco izquierdo de los pi:tmonteses, parte en Mombarcaro para observar el valle del Bormida, por donde pueden llegar los austria­cos. Para mayor seg~ridad, Laharpe es llamado igualmente á Mombar­caro con orden de guardar la posición atrincherada de Ceva, no dejando en el Cairo sino una brigada. El 21 á las 2 de la madrugada Massena cruza el Tanaro y marcha sobre Lesegno; en la mañana Serurrier recibe la orden de pasar el Cur­saglia por el puente de Torre y caer sobre el flanc<;> derecho del enemi­go, que ocupaba posiciones tras el dicho Cursaglia, y en seguida avanzar hacia Mondovi. Empero, el enemigo no espera el ataque y se retira por Mondovi. Serurrier no logra alcanzar sino una retaguardia en posición sobre la línea Mondovi Niella-Castellino, y en cierto modo permanece inmóvil La composición del ejército republicano exigía sin duda un tiempo de alw absolutamente indisrensable para reformar los lazos tác­ticos, y Napoleón no estaba seguro de que Colli no pretendía tomar la ofensiva. Como el enemigo nada intenta, el 23 dispone que Scrurrier continúe marcha por la vía de Fossano y 1\-[assena por la de Chcrasco, ambos con orden de adelantarse hasta más allá de Pesio; Augereau pasa á Dogliani, y Laharpc seguirá el 24 hasta Niclla. En Lesegno Napoleón dicta una orden para reprimir el merodeo entre las tropas. Él, como todos los grandes capitane~, explotó siempre hasta el extremo los rcc ursos del territorio en beneficio de sus tropas, pero siempre prohibió el pillaje por considerarlo como seguro destruc­tor de la disciplina. Además, el saqueo repugnaba á su naturaleza, tan benévola é indulgente en el fondo, que no supo odiar ni aun á sus enemigos. El 23, en tanto que sus columnas pasaban el Pesio, recibió una nota de Colli pidiéndole un armisticio, á la que con testó estaba pronto·á conce­der lo pedido si se le entregaban las pi azas fuertes de Alejandría, Coni y Tortona, y si en seguida se iniciaban negociaciones para acordar un tratado de paz, lo cual fue aceptado por los piarnonr~scs, por lo qtrc el 2 8 cesaron las operaciones militares contra ésto5. Y hemos llegado al término del primer período, victorioso, de la primera campaña napoleónica, cuyo examen habrá de: suministrarnos una primera luz sobre el genio militar de Bonaparte. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 348 BOLETIN MILITAR El examen de estas operaciones mili tares da en primer término pre­ciosa característ1ca sobre el genio militar de Napoleón. Desde luego lo que más llama la atención es el desenfado con que el joven General acep­ta la carga y desempeña su papel: nada de é'Citos á medias ó reveses que le sirvan de ?enosa escuela para aprender su oficio; principia por un golpe de maestro, 1o mismo que Alejandro, Aníbal y Carlos xu. Fuera de duda está que ciertas cualidades físicas é in . electuales deben hallar­se reunidas en un hombre para que sean posibles tales resultados, pero también es cierto que en achaques de guerra hay cosas que pueden y deben aprenderse para conseguir el éxito. En vano se posee el espíritu más elástico y brillante: esto no suple el trabajo previo, porque el arte de la guerra tiene su lado profesional Rl mismo Napoleón lo dijo : "Aquiles fue hijo de una diosa y un mortal, y por eso es la imagen del genio de la guerra." Todos saben cuánto se había preparado bien el joven Capitán para entrar á. la carrera militar, cuánto el teatro de gue­rra italiano había sido objeto de sus maduras reflexiones. Ahora bien, como á esto debe agregarse que la fortuna fue pród1ga con él en dones naturales, el éxito no sólo era merecido sino forzoso. En nuestros días Gam betta es ejemplo de que Ir: m tÍJ grtmdt rnergía adu11ada al espíritu mrjor dotado no puede co11q11iJtar f,z victori11 cuando falta el collccimiento del oficio. Si ahora examinamos en detal los actos de Napoleón, podremos apreciar j un tamen te su resolución y la habilidad de ejecución, dada la peligrosa situación estratégica en que encontró e1 ejército francés, des­granado en una estrecha faja de tierra entre los montes y el mar; la única vía que lo enlazaba con Marsella quedaba por un lado expuesta á las intentonas de un enemigo superior en número que podía desem­bocar por el Col de Tende para cortarla, y por otra á los insultos de la flota inglesa, dueña del mar, sin contar con que á retaguardia del ejér­cito carecía de protección, pues como línea de comunicaciones prolon­gaba el flanco izquierdo, es decir, creaba una de las situaciones más desfavorables conforme el mismo Napoleón lo hizo sentir á los prusia­nos en 1 So6. ¿Qué partido saca de tan peligrosa situación? Tres sema­nas después el ejército francés, aseguradas sus comunicaciones, está ya concentrado debidamente, uno de los adversarios derrotado y arrojado lejos, y el otro vencido y con su capital amenazada. En los albores mismos de la campaña se destaca la característica del genio napoleónico: la noción clara del empleo de la masa. Jornini, e u ya grandiosa teoría surgió de los actos del más grande de los prácti­cos, dijo "que el principio fundamental de la guerra consiste: 1 •0 , en llevar sucesivamente por medio de combinaciones estratégicas el grueso de las fuerzas á los puntos decisivos del teatro de guerra, en cuanto sea posible sobre las comunicaciones dd enemigo sin comprometer las pro­pias; z.o, en maniobrar de suerte que se empeñe el dicho grueso de las fuerzas sólo contra fracciones del ejército enemigo." Esta verdad Napoleón la conoció a priori, pues en I 794 se expresó a í: "Los sistemas de guerra deben ser como los si ti os: se reúnen las fuerzas contra un solo punto, y abierta la brecha queda roto el equilibrio, todas las dem-ls defensas resultan inútiles, y la plaza cae. Luego en vez de diseminar los ataques se debe concentrarlos." En 1799, cuando vio á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 349 Moreau por primera vez, la conversación rodó sobre las cosas de guerra. n Siempre el mayor número vence al pequeño," dijo Moreau. "Te­néis razón, replicó con viveza Napoleón, siempre el mayor número vence al menor," y luégo añadió á guisa de comentari o : "Cuando con fuerzas inferiores me he encontrado en preseñcia de un gran ejército, agrupo con rapidez el mío, caigo como el rayo sobre una de las alas, y la arrollo. Aprovecho el desorden que esta maniobra causa siempre en las líneas contrarias para atacar otra porción de ellas, siempre con fuer­zas superiores. Así pues, derrotaba en detal al enemigo, y esa victoria, como lo veis, era el triunfo del mayor número sobre el m á s pequeño." En la aplicación de este principio reside todo el secreto del arre napoleónico; pero para aplicarlo es preciso adem·ís, y siempre, de una ojeada, saber encontrar el punto donde debe empeñarse la masa y tener cabeza suficiente para despreciar los accesorios por importantes que parezcan á primera vista, para no lanzar aquélla sino sobre el punto de­cisivo. Es principalmente esa clarovidencia, esa lógica en el raciocinio estratégico, comprobada en Napoleón, lo que causa nuestra admiración y hace fecundo el estudio de sus campañas. Al fin de esta campaña que analizamos, cuando victorioso cruzó á 1 tali para entrar á Ausrria, dijo á propósito de su método de guerra: "Existen en Europa muchos buenos generales, pero se fijan en muchas cosas á un tiempo, en tanto que yo no veo sino una: las masas enemigas, y trato de destruí das, seguro de que los accesorios caerán 1 uégo por sí mismos." Por esto al principio de la campaña lo vemos tranquilamente abandonar el camino de Génova á Beaulieu, limitarse á observar á Colli y arrojarse con fuerzas
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 143

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 154

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\Í~O IV Bogotá, Junio 2 de 1 900 NUM.l54 ----..·~-- ORGANO DEL Mh ISTEI lO DE GUEHRA Y DEL EJERCITO DIRECTOR Al>--HONOREM, FRANOISOO J. VERGARA y V. Genel'al, Miembro de 11'1. Sociedad Colombiana. de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República OFICI L (19 DE MA.YO) org:'ínico de un Consejo de Guerra ¡.ermanentc El P 'residentc de la República En u. o (lo la~ faeu1tad s ele qne e halla in estido, con­forme al artículo 121 do 1: Coustitucióu, y CON DERANDO Qne e ele imperio~a necesidad, para mantener la orero si el amor propio es útil á la di ciplina en ciertos ca­sos, Jo mi mo que al soldado para a.leutarlo en u~ trabajos y excitarlo al bien, á menudo es muy perjudicial á mucbos que, faltos de inteligencia, lo confunden cou el orgullo, la pre uucióu y la vanidad. Imposible negarlo: el amor propio unido á la inteligen­cia y al buen seutido puede hacer á uu hombre capaz y digno er, preci o es ern­¡) lear el ca ·tigo. tl'i tí._ ima u ce itlad que hace forzosa la in­dignidad del ollhulo, porqn eu materia de correccione , e la fu rza la única. lt',Y <}Ue obliga al hombre malo á ejecutar lo qu l 110. iente •n su cora~óu. li..l oldado castigado, . i no es malo iiidaitlo á que no todo lo ohlatlos poseen suficiente di cer­nimieuto para. comprender Jo' th·here del superior, se qu(•ja.n alguuas vece' contra esta clifer ucia. de ca tigo , y á menudo e les oye decir que se le tiene m a la Yoluutad; ¡u~ ro que cucben menos lo .. con ·~jos de ·u vanidad, y entonce de cub1·irán en toda su plenitud la ju ticia. de u' jefe con re pecto {1. ello . Lo oldados que pos )en cierta inteligencia, que compren­den la dsiciplina, que aben que us intereses son comunes á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 660 BOLE1'IN MILITAR todos, llenan 8U deber cou celo, sin que á ello los obligue el te­mor; ellos saben muy bien qne la. everidatl de lo jefes no hiere á los bueno sino á los malos, que el mayor número de los ~oldados castigado en los cuerpo se forma de hombres es­casos de raciocinio y corazóu, y sobre todo, de esos espíritus falsos cegados por la ntuidad. El buen soldado sabe que los regh mento militare y el Código Penal no fueron conc l>i hombre ya no o ·ará erguir la frente, ni jac­tarse al vol \·er á su domicilio y al seno de su familia, de que en un tir.mpo fne sohlado. El habrá comparPcido ante un eonsPjo de guerra, y sufrido una condeua <; _ruel. ;, ..... T"o e Yenlad que; necesita que un hom­bre piet·cla del tojt•eneione en lo condcto condenados, qua han de.·fihHlo ú .-u vista con nua a'lena ó un grillete al pie, cnnndo sólo · ~ IL~ ~xig;< lo qne e jn. to y bouorítico al indivi­duo, lo f)IH~ es útil al bien general, {¡, la grandeza y á la gloria do su patria ? La. impol'tanein 'le la tli ciplina y la ubordiuación es aún mayor e u estado de guerra, n campaiía, en el combate y en los peligros upremo . · Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 662 BOLETIN MILll'Aa En campaña, obrar sin esperar la Yoz de mando, 6 des­obedecer, es un crimen al que no hay bastante s veritlad para castigarlo; á medi(la que s~ antuza hacia el enemigo, el solde:\· do se debe más al interés gen ,re 1, y debe {t ns snperiore la obediencia m á ab. oluta.v la complct:.L ahntlgación. Ijos hombres que en esos momentos solemn ~ fa.ltau {L la en·s de oldado y de hombre tabl "'eerlo, si llega á qnebrantar e en un in~tante crítico; dt'b n nuirse pat·a forzc r al deber y al silencio ft. los rado por sus innobl · pasiout'~. Dun nt la p ,¡,a, ningún milité. r del.w ,' [H\rar e ni una 80ia pulg; tla fe..~, quien ni •ra. que sea, para oír y ejt en tar . u" órdenes con L>río y resolución, único r •cur­so de alvacióu en e a crisi . El militar que vueh·ecara y suelta u arma ,-oluntariameute, uo sólo s nn cobartl• de la. peor especie, sino uu inseusato, porq ne de ordinario es víctima de RU mala acción, pues aislado ó fugiti ,.o tiene meno, pl'obabilidades de salvar ·e, que apoyado eu la fuerza de su~ cam. rada y en la inteligencia de sn jefe~. El coharara conseguirlo, teudi ndo esta disposició11 á C\'ita.r que pudi':!ta disparar ·e el arma a11 te ' 37=37 77 69 863 á 900= 37 .......... 000. 931=3<1 71 56 966 á 1000 = 34 ......... 1000 á 1033=33 67 -i-5 1 , Yo y haz de trayectorias Distancia máxima á que debe tirarse ugím el bla1uo ¡ ·~ 85°t0 70 50 4-8 4 ~ ·10 S5 28 23 16 24 3! H 52 6.5 82 96 123 ~ a 3 <1 a ... ~ • A 11 100 :lOO 300 400 500 600 700 800 900 95 100 71 84- 47 61 23 41 ... 29 100 100 8·1- 90 69 78 52 65 88 .51 22 3í) 100 JOO 100 100 100 100 90 100 8:l 95 73 6 63 78 lOO 100 100 100 100 100 lOO 100 lOO 100 100 100 82 !}5 95 100 100 100 100 95 86 78 67 56 45 32 20 .. 1 ... O.m. o 36 0 .86 1.81 3.0 4.72 6.90 9.62 ~:0 1 100 200 200 800 300 400 400 1,000 1,100 1· 1,200 1,300 ... 1G 53 67 41 56 30 45 20 33 11 18 73 86 86 63 78 78 1)2 67 67 41 51 56 30 38 45 21 27 32 12 15 20 18.0 17 .05 :l2.15 27.87 34.75 1 500 500 600 700 700 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ROLETÍN MILITAR M9 'C'NA PAGINA :CE GEOGP.Ai'IA EL MUNICIPIQ DR LEBR IJ A * La. extraordinaria importancia qne n nne tra historia mi­litar ha adquirido de repente la parte oriental d l Munidpio de Leb,dja, comprendida entre tierras de H.iouegro al N., Bucara­manga al E., y Girón al S., de la cuales, en te is general, la separa el río de Oro (iremo de Occül ute á Oriente y de Norte á Sur, para la mejor intelig ncia del campo de batalla. El resto comP.reud 5 corr git lientos. Oorregi?niento del 1. ~aratvo-Linrija.), aguas abajo hasta doude la corta el ca mi no central de Puerto Santos, y luégo é te hasta el Oaiiaverale . Hay en el corregimiento una treintena artil'ino (4 kilómetros), por· el camino seccional del O 'o á Bucaramanga, de de Las Moradas hasta el puuto de Llanadas; por el N m·te, con el O o (5 kiló­metros), por la quebrada Lagnua, de de Las ~Ioradas haMta su boca. El suelo del partido plano, si u t m nteraR, t..lco y e. té­ni, no obstante lo cual ncierra 90 yivienrija, •l Oso y Cefcrino, y de la cual. hacia el E., e d prende ott·a que sigue á enlazarse con el camino de Bucaramanga. Aguada de Cefedno-Linda por el Occidente con el 0Ho '7 i kilómetro"), qu.eb't·ada ],;a. Laja agua arriba, d d u uoca en l Oro ha. ta ) coclo 11 tloude dej~ '\1 uir cción .r' • á S. }lBI'S lar al E., •n bu ·a el su origon, en 1: cordillera d Oanta; por el 'tn·, co11 Palonegro (5 kiló1netro ), queb·rafla Laja de por medio; por el Ot'ie~ttc, cou 13ucaramanga. (5 kilómetro ), río de Ot·o ahajo, ha, ta. .. ¡ pu u te H.oldán ; por el "'m·te, con Río ne­gro (5 kilómetro.·), río d • Oto de por medio. El parti<.lo ocupa 1a falda occidental y el extremo norte de la cordillera de Canta, con suelo e téril y de Yaria. forma, en que e encuentran 45 ca.­sas (uua de t •ja) y 250 habitantes. De S. {t ~. Jo cruza el cami­no de Lel>rija á Rionegro, por totlo el lomo de la serranía, del cual, l1acia el E., e de prende una \·ereda que guía á Bocara­rnanga. Ousamán -Linda por el Occidente con San Joaquín (5 ki­lómetro ), por la eordi llera de e~ te nombre ó el Cacique ; por el Sur, con Santa Bárbara y lo Alpes (5 kilómetro ), sir­viendo de divi 'Oria .el camino del Oacique á Cantabria hasta la Tigre, y loégo e ta quebrada hasta u término eu La Angu­la; por el Oriente, con Puyana (5 kilómetro ), de de la desem­bocadura de Ja ~au Nicolá hasta la qu,ebrada Tigre; por el Norte, con Capitane ( 5 kilómetro.), e~ta última corriente de por medio. El partido demora al O. de La Angula., en la fal­da E. del Cacique, cou suelo ~eco cubierto de pa tos y careta­le , qne encierran 53 ca a (3 kilómetro ), por La Tigre arriba, ha ta el camiuo de Ca.ntabria al Cacique. Ocupa una parte de la llanada ele Santo Domingo, s .mhra.da. ria al Ua.eif}u~, dotHle e une al ca­mino d~ Puerto anto~, y de ella e desprende hacia el N. otra que guía á Onsamán. Gan:tabria-Linja) y 150 habitantes · ; de E. á O. lo riega la quebrada de" n nomure, tributuria de l.Jt.Ja. Angula, y que á su turno recoge la Sangral, compue.·ta. de ést:ta y de La Lajita., nacida ambas eu el valle. D :1 S. á N. atra ' Í e­san el partido dos caminos que guían de Lel>rija á Puyana y Agnirre. Mirabel-Linda. por el Oeste con Cacique (2 kilómetr )S ), por la cuml>r j~• el rumbo N . S . . , y de aquí, linea recta, á lo orígt>nes de la. . Te gra; por el 7 0 tete, t~ou Santa Bárbara. (3 kilómetro ), por el camino central d do Puerto Santos, de la eordillera del Cacique á la quebt·ada Sa an Nicolás. El partido ocupa la parte . de la llanada d Santo Do>o· mingo, seca, sana, cubierta de pa tos y cafetales; en su ten-ri-ri· todo nacen las quebradas El Tigre, que rueda hacia. el N., y · h la San Isidro, que corre con rumbo opue to por el pie E. del ja), con 400 habitautes, y las principales porciont•s (' <.lenomiuau 01.> ervatorio, Buenos­aires, Cañadas y J.Jaguna de San Pablo. Eu e ta falda nacen los arroyos Sauta Uo a, los Suárt>z y las Areiniega. , que corren de O. á E., y se dirige11 el primero al partido de su nombre, y los otro al de lloyalarga. Uon el münllo rumbo lo cruza el camino real de Bncaramauga. San Gabriel- Linda por el Oe te cou Caciqu (4 kilóme· tros), por la quebradlt de Santa Rita, ha ta ·u confiueneia con la Boca del l\lonte; por el ~u~·, on Giró u (3 kilómetros), por esta. última q·u,ebrada; por el E. te, eon :-.auto Doruiugo (5 kiló­metros)~ por la cordillera de 'ant.a. Iné~, dP 'itantes. Santo Domingo-Linda por t•l Oeste con ~a.n Gabriel (5 kilómetro·), por la cordillera. de Santa Inés, hast:t la quebrada Booa del Monte; por el Sttr, con Girón y Angula (4 kilómetro ), por esta última queb·rada arri l>a, ha: ta la. boca de la. del .. Macho, por ésta á. su origen cu la. cordillera de Sau Nicolás ó Carraspo­so, y de aquí, lín a recta, á La. Angula, frente á la boca de La Puente; por el Este, con San Nicolás (3 kilómetro'), por la cor­dillera. de este nombre, basta la fueute de La. Negra; pür el Norte, con Mirabel (3 kilómetros), por la cuchilla. de San Nico­lás, línea recta á La. Negra, y ésta abajo hasta encoutrar la cordillera del Cacique, allí llamada S tnta Iué . Ouupa. el par­tido un valle amplio, (le fontlo plano, eutre lo· 1·elieves de San Nicol{u; al E. y el Cacique al O., de suelo seco, con semente~ raH, pastos y cafetales, 46 ca as (2 ele teja) y 400 habitantes, y lo cruza el camino de San Gabriel, qne viene á unirse con el central de Puerto San tos. Antigua-Linda por el Oeste con Santo Domingo (4 kilóme­tros), par La Angula arriba hasta la boca del arroyo Bl Barro; por el Sur, con Angula (42- kilómetro ), por e te arroyo arriba hasta su origen eu la cuchilla po. o y San Pablo: en u cnm bre nacen Jos dos arroyos llamndoH J¡a Puerta y El Cancho, que ruedan ha­cia el 0., e r "(w n al pi e d t• la falcia, y d e RJHI ~_. poso basta la::; fueute: clt4 1 arroyo facho, que dcsci< ns coliun y alturita ·, cul>it>tto de: dehesas para ganados. Lo riegan la .A.u­gula, qne nace ~n jnl'i dicción cte Girón, y corre 4le SE. á NO. y lué{.{o vuelve al N.; l;a Ptt~n te, q ne naee e u el mismo M nnicipio, rueda hacia. el O., y desemboca en aq nélla; la del Salado, con igual origen y término, pero rumbo S. á N., y remate en. el sitio rlel Salto. De N. á S. ernza el partido el camino de Lebrija á .1\{arta. y Zavatoea, pa ·a.ndo por la. casa de Angulo, y hacia el S. del valle se erwnen tran 15 casas (2 de teja), y 70 almas. La Puen.te-Lirula al Oe te con Angulo (6 kilómetro~), por el cauduo ca mi no ceutral hasta. Ja cumbre tle Canta; por· el Este, oon Girón (4 kilómetros), por la cumbre de esta última cordillera ha~ta encontrar el nacimiento de la cu. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 678 BOLETÍN MILITAR chilla de El Reposo; por el Norte, con el Caucho (3 kilómetrofi), por esa cuchilla al>ajo hasta el camino de Angulo. 'fambién ocupa este partido una parte de la falda Oe~te de la cor­dillera de Cauta, de peudi~ nte StHL\~ e y fértil, con plantíos tro~; 2. 0 l O gira el camiuo de lo puertos Sautos s \Vilclle ·, con pu •ut' • obre la Angula (La Victoria), el cual, d~. pué · (lo cruzar la cordilh:~ ra de~ San Nico­] ás y el llauo de auto Domingo tra · mont~ lgo el CC· rrito del Naranjo: g:ana la hoJa d la Cutagatá, por cuya mar­gen llega al río L •brija á lo, · 55 kilbmetr fle l ngiture de San NicolúH, E:>l llauo de mito Domingo, Ja ere t ría de Las Cruce~ ó Santa Iné · s cae á la bo a d 'a u 'al> h·l de donde pasa á Liucoln, cas~rio ya en tierra de Girón; 2. 0 El que con­duce á Sa11ta.liáruara y lo , Al pe y reeorr uua parte de la cor­< lillera (le Snn Nicolás por t .. rreuo e ·carpado; 3. 0 ~1 que parte del Cacique y gma á. Li uoa y .Au1 ora, cruzando la cordillera ele La Cruce ó Sauta Ana; 4. 0 El qn de Aguadulct~ gnia {t San Joaquín y r mata en el Uafia.vt•ntl .' siguiendo una cafia<.la hú­meda; 5. 0 El que. eparáudoHe dE:>I d Puerto Santos en La Cru­ces vuelve á reuuír.'ele eu t.~ l Naraujo, <.le :Jué, d atrave ar la Cutagatá; 6. 0 El de Cautabria, que parte del poulado para el .r .... , cruza la colina del Bo que, el arroyo Uafiabrava, el caserío de Oantabria, las queb·railus Las l;ajn y Santa Ro a, el llano de Pnyana, la queb-;·ada de Agnil'l y termina en la Aguada de Oeferino. donde se juuta al de Rionegro. Do este camino se desprenden varias ~eudn , á. aber: a) De Oantabria al Cacique cruzando la qlleb-;·adas S~n Ticolú' y Gaque, con un ramal de San Nicolá á Cnsamún; b) De Palerm á Cusamún y Capita­nes; e) La de Aguirre al O 'O y Capitaue cruzando La Angnla; d) Le qne (le Pnyana pnrte ~ll E. y e une al camino de Buca· ra.manga en PalonPgro al través de terre11o e.·carpado; e) La ele .Aguirre hacia el E., la cual cruza la cordillera do Canta y el camino de Rioul'gro, por tierra est ril, y también guía á Bnca­ra. maoga. De Leurija arrauea ademá. nna se1ula qn • CIUZ:.lo las quebradas Mirla, Pn ute y Augula, y empalma con el camiuo de Girón á Puerto )!arta. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETfN MILITAR 670 A lo antecliebo agregaremos las siguientes lineas, e~critas hace alguno año, por persona conocedora de la localidad : "Como posición militar tiene I.~Phrija una ium(\jorahle p~ra la defensiva, y es PI filo de la cordillera do Oanta, que se extiende dP d~ Puento Rolclán sobre el río cindario, el filo N. de la. Mesa de Los Sa11to~. la Mesa de ltitoqne al O. de Piedecuesta, y to(lo el llano del ~In­nicipio de LPbrija, comprendido entre ella (Canta) y la cordi­llera c.lel Caciqne. Como 1 untos débil tiene el pa o del Tabla­zo u el Sogamo o, al S., ~· el tle Cañaverales en el Lebrija, al N." En fin, d reciente documento oficial tomamos lo que sigue: "Al O. de Rncaramauga, en una hoya profunda, corre el río Girón 6 del Oro; de la. misma orilla i?.qniürcla del río se levanta una corclillera para nbir á la cual bay algo más de m (lia legua por e, minos ele rápida pentli(\ute. El camino que gnía tl~ Bncaram; uga ~ 1 pu ~bto tl~ L brija c..• l llamado del Tirabuzón •, '!!y por él. e ncnentra, al remate de la ene, ta, la lwci .AJHla <1 Palonegro, contigua á la en al hay otras tre ó cuatro pi, ntacioues de café con ~n' ca a , patios, cercas y co­rra leja:-;. l~ te ¡muto e , la llave de lapo. ición del enemigo. De Gir6n ú. Lebrija ~ Ya. por la ~nbicla. (ene 'b) del ctam u te des, le Bnca­ramang- a, y entre ella se levanta ntHt altura que ha sido teuaz­meute disputada poi' lo conterHlPrcs." Uon ~to ata.lh de Paloneg~·o y Lebrija. • Por rápido zigzag. • Es de c ir, al través d e Hoyalarga. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR PARA I.A ARTILLERfA DE CAMPANA ltlétotlo alcnuin ( Traducidas para el Boletín Militar) 1) Reglaje del tiro por el C omtmdante de batería Se rompe el fuego á la distancia calculada *, apuntando de preferencia sobre un punto del blanco que pueda distinguirse neta­mente y en caso de im "posibílidad sobre un blanco auxiliar. Como de ordinario no puede reconocerse con exactitud cuáles disparos alcanzan al blanco, ó valuar la magnitud de los desvíos y, por consiguiente, basar sobre e:;e dato las correcciones qúe hayan de efectuarse, para reglar el tiro se ocurre al procedimiento si­guiente: a) Investigación de ln distancia Si el primer disparo es corto, para el segundo se aumenta el alza en 200 metros (á las distancias medias, ó ea de I,ooo á 2,ooo metros), y así se continúa ha ta que de dos disparos consecutivos uno resulte corto y otro largo. Si el primer disparo resulta largo, inmediatamente se dismi­nuye el alza todo Jo que sea necesario para que el segundo caiga más acá del blanco: cuando se haya logrado abarcar el blanco entre dos disparos consecutivos, se estrechan los límites así obtenidos hasta reducir la distancia á 50 metros, tomando sucesivamente el término meaio entre las dos distancias geñaladas por el último dis­paro largo y el primero corto. Si ocasionalmente se puede apreciar la magnitud del desvío de un disparo (por ocupar una posición dominante) ú observarlo bajo (tiro contra alturas), la tenaza e reduce á menor amplitud. Si se observa con certeza que un proyectil hiere directamen­te el blanco, se continúa tirando á la distancia que produjo tal impacto. En ningún caso se tomará como base de corrección un pro­yectil cuya caída no se observó con certeza. En este caso se con­sidera el disparo como nulo, y el siguiente se ejecuta con la mis­ma alza. b) Direcci6u del tiro una vez encontrada la distancia El fuego se continúa eu seguida con la más pequeña de las dos distancias que constituyan la tenaza, cuidando sí de repar- • En tierra de montaña parécenos que el primer disparo debe siempre buscarse cortn, ya para tenet la certeza de la observación, ya para medir la di t;~ncias ínter· medias que son tan difíciles de apreciar en los valle:~ y flancos de los montes.-( L. D.). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETiN MILITAR 681 tirio. Las correcciones subsiguientes no se ordenarán sino tras un mínimum de ocho disparos, salvo que los tres primeros que sigan al reglaje resulten cortos, pues si esto sucede se procederá en el acto á hacer la corrección del caso. Si más de la mitad de los ocho disparos mencionados resul­tare corta, se aumenta la distancia en 25 metros; pero si sólo se obtiene menos de :f, se la disminuye en 25 metros. Si S(. observa un número muy pequeño de disparos cortos, de suerte que varíe entre el ! y la -2 de los hechos, el tiro está re­glado. Al continuarse el fuego el comandante de batería \·igilará que cada serie de di paros dé siempre la proporción exacta entre los cortos y los largos. c)-Ti•·o flOr grupos 6 serie.r Cerrada la tenaza se hace un cierto número de disparos (6 á 8), á la más pequeña de las distancias halladas: si el número de los que resulten cortos es superior á la mitad del total, se vuelve á principiar el tiro aumentando la di;;tancia en 25 metros; si los tres primeros re ultaren cortos, la corrección se hará sin esperar el fin de la serie. Si el número de disparos cortos es inferior al i del total, se vuelve á principiar la serie, disminuyendo el alza en 25 metros. Si la proporción de los cortos resulta comprendida entre el t y el 2- del total, el tiro está reglado. A distancias inferiores á 1,500 metros, el comandante de batería puede mirar el tiro como reglado, si la proporción de los cortos es inferior á t (de i á -k). Si el blanco fuere considerable (batalla ó columna), se pueden aumentar los 25 metros si los dos primeros disparos del grupo resultan cortos: en todo caso se hará el aumento cuancio la mitad de la serie sea corta. Cuando se pueda observar los disparos que hieran el blanco, ó valuar la magnitud de los desvíos (disparos cortos ó bajos), como cuando el blanco está en una altura bien iluminada, se pasa al tiro por series en el acto en que se averigua que el desvío obtenido es inferior á la dispersión media en alcance ( ó altura) de la pieza. El valor de esta dispersión media puede fijarse en 20 metros para las distancias medias y en 30 para las que no exceden de 3,ooo; la media en altura puede estimarse en To1 0-0 de la distancia: por ejem­plo, á 2,ooo metros será igual á 2 metros. Al contrario, si el desvío observado es superior á la disper­sión media, antes de pasar al tiro por grupos se estrechará la te­naza á sus límites ,~onvenientes. Cuando el comandante crea haber hallado la distancia exacta, indica á cada sección (tomando en cuenta la naturaleza del blanco), el punto al cual debe dirígir su fuego, y manda conserven TAL dis­tancia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. (¡82 BOLETÍN MILIT.A.R Reglado el tiro, su dirección continuará en manos del capi­tán, quien á partir de ese momento vigilará en especial que el con­junto de disparos de la batería dé siempre la proporción conve­niente entre los cortos y los largos. · %) CorrtaitmtJ de IDJ jtjtJ dt uuión a) Correccionu en dirección Los jefes de sección están exclusivamente encargados de rec­tificar la dirección del tiro, si ello fuere preciso, vigilando que sus mandatos se cumplan estrictamente. Esta es una de sus principa· les funciones, porque tal clase de correcciones tiene importancia especial en el tiro sobre blancos estrechos (artillería). La dirección se rectifica al primer disparo, si el desvío obser­vado es superior á la dispersión media; en caso contrario (igual 9 inferior), no se hará sino después de dos ó más disparos concor­dantes. Puede admitirse que la dispersión media lateral es igual á la en altura, ó sea Ti o 0 de la distancia. U na variacic)n de 1 \- de grado produce igual desplazamiento en el punto de impacto. Si los disparos se alejan del blanco á la derecha se aumenta el desvío; si á la izquierda, se disminuye: no deben hacerse conec­ciones inft:riores á 1 1T de grado. b) Corrrcciottll en nlcattce (oltura) En tesis genera!, los jefes de sección no pueden ordenar correcciones en alcance (ó altura): vigilarán sí que la distancia se­ñalada por el capitán se emplee exactamente en cada disparo y que las piezas se apunten sobre el punto designado. Sin embargo, si una ú ambas piezas de la sección tiran cons­tantemente corto ó largo, podrá introducir una corrección de ± 25, dando cuenta de ello al Jefe de la bcttería. ' ..•. '' VARIEDADES La batalla de Palonegro 71 Lebrija RELATC DE CONJUNTO ESCRITO PARA EL "liOLITIN MILITAR" El jueves 10 de Mayo el General Pinzón, encargado del man­do en Jefe del Ejército del Norte, por promoción del General Ca­sabianca al Ministerio de Guerra, durmió en B ucaramanga, donde estaba el grueso de aquél, quedando aún tropas escalonadas en el camino de Pamplona hasta el páramo, para guardar las vías que de Suratá y Matanza conducen á García Rovira. Además, fuerzas le- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR giti mistas guarnecían á Piedecuesta, Florida y Mesa de Jéridas, y más distantes otras de algún efectivo sostenían á Zapatoca, San Gil y Málaga. El Ejército no estaba concentrado, pues no se pre­veía próxima la gran batalla que debía poner fin á la contienda en Santander. El enemigo, después de pasar la cordillera por El Carbón, tenía sus huestes en Suratá, Matanza y Rionegro, convertido este último en e uartel general y base de operaciones para intentar la marcha que debía conducirlo á la línea del Chicamocha, flan­queando ó dejando atrás al Ejército nacional. Con el fin de asegurar su marcha y Jistraer ó desorientar al General Pinzón, tropas rebeldes se aproxima ron á B ucaramanga por la vía de Rionegro; pero á la vez otras asomaron en las cum­bres de Canta, lo cual bastaba, en verdad, para despertar sospechas sobre la real.intenc:ión del enemigo, por le que, con el objeto de guardar y observar tan importante vía, se dispuso que dos Cuer­pos marcharan á ocupar esa cordillera por el camino real. En efecto, el viernes I I las tropas señaladas desfilaron, y a las dos de la tarde dieron con el enemigo, dándose principio á un tiroteo que por lo pronto pareci6 sin importancia mayor, pero que arreció luégo, por lo cual el General en Jefe se trasladó con algu­nos refuerzos al campo, y merced al cañón, logró aca1lc1r los fuegos del contrario, que un tanto maltrecho y con pérdida de Jefes y ban­deras, se replegó á las casas de PaiiJntgro, cesando la lucha hacia la media noche, hora en que el General Pinzón se establecía en firme en la cumbre de Canta, consiguiendo su pretensión de cerrar á los rebeldes el camino del Sogamoso. Los revolucionarios, sorprendidos en su intentona y conven­cidos de que nada conseguirían si vacilaban en sus operaciones, aprovecharon la noche para mover fuerzas considerables por el camino de Puente Roldán, de suerte que al amanecer tenían en Palonegro numerosos Batallones enfrente de las pOC4S tropas que personalmente acaudillaba el General Pinzón, ordenando á la vez un ataque simulado sobre Bucaramanga para impedir que de allí se enviaran refuerzos al verdadero campo de bata1la. * * * Había principiado una batalla de encuentro y una batalla de­cisiva, teniendo por el momento los revolucionarios todas las ven­tajas de su parte: en armas, en número y en ~alidad física de soldados. Sólo ~n el terreno moral y legal era superior el Ge­neral Pinzón. El 12, con el primer rayo de luz, se rompieron formalmente los fuegos, que no debían suspenderse hasta las I 1 de la noche, que fue hermosísima, revistiendo la lucha e pecial intensidad hacia los lados de Lehrija, donde no sólo resistieron, in0 que avanzaron algún tanto los legitimistas. Los rebeldes, al mismo tiempo, ata- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 684 BOLETfK MILITAR caban con cierta resolución aparl"'nte á Bucaramanga por el Nor­te, y lograban inmovilizar allí media decena de millares de solda­dos. En la cordillera, derrochando municiones, lograron encasti­llarse fuertemente en las casas y cafetales de Palonegro, contra los cuales se estrelló luégo sin éxito el empuje del General Pinzón, quien dándose cuenta de lo que sucedía, pidió á Bucaramanga no ya simples refuerzos, sino el envío de todas las tropas acuarteladas en la ciudad. A.l terminar el I 2, nadie dudaba que se libraba un gran combate, pero ninguno creía que se trataba de una jornada decisiva. En vista de ]a marcha de los sucesos, se llamó á la capi­tal de Santander á las tropas que cubrían lo~t pár~mos, y á las guarniciones de Florida, Piedecuesta y Jéridas. El brioso empuje de los legitimistas había producido el feliz resultado de restablecer del todo la herida que la moral del ejército sufriera en Las Lajas (Peralonso), pues nuestros soldados quedaban convencido¡ de que el enemigo se componía de hombres como ellos. Reforzado el General Pinzón, el combate fue aún más recio, si cabe, el día 13: el enemigo, haciendo un supremo esfuerz.o, de tal manera y en tanto número cargó sobre nuestra derecha, que al caer el día rechazó la artillería, y por un momento copó al Gene­ral Pinzón sus comunicaciones con Bucaramanga y estuvo á punto de abrirse paso hacia el Sogamoso; pero la llegada de una Brigada enviada de la capital, permitió recobrar algo de lo perdido y contuvo el empuje del enemigo por aquella parte, lográndose mante­ner el campo. Los fuegos se suspendieron avanzada la noche, y las fogatas encendidas en el campo enemigo mostrar n que allí estaba el grueso de la invasión, más de 8,ooo hombres, siendo preciso, por Jo tanto, que el General Pinzón recibiera cuanto antes todos los refuerzos de que se pudiera disponer, para sostener con éxito la lucha, que sólo la noche había lograJo interrumpir. En tanto que en la serranía se lidiaba con tanta intensidad, al N. de Bu­caramanga el combate sólo prendía por intervalos, y al Ocaso se desarrollaba con lentitud sobre las colinas que señorean á Lebrija. También al amanecer se reanudaron los fuegos el 1..4-, día en que la fortuna se nos quiso mostrar esquiva y la victoria se cernió un momento sobre el campo revolucionario. En vano el General Pinzón, á1 la cabeza de tres batallones frescos da carga tan tremenda, que arrolla y recobra las posiciones la víspera perdidas, cerrando el paso á la derrota; en vano nuevas divisiones por la mañana y al medio día arriban á nuestras líneas, y el brío se sostiene en nues­tras filas con d anuncio de próximos y mayores refuerzos. En Bu­caramanga había permanecido arma al brazo, y detenido por los amagos del contrario, todo un ejército que pudo haber pesado de modo decisivo en la balanza, pero que no lo hizo porque no entró en lid sino á retazos, de suerte que al morir el día, aun cuando el enemigo resultó quebrantado y reducido al tt"rcio de sus primiti­vas posiciones, quedában]e las más fuertes, y el triunfo decisivo se escapaba esa noche de nuestras manos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 685 Con ansiedad inmensa se esperó la aurora del 15, y aun cuan­do un nuevo ejército había aumentado la primitiva y ya maltratada fuerza del General Pinzón, pues ya estaban en la línea de batalla González Valencia, y U pegui, y Córdoba, y González (Cayetano), y Olarte, y ~ijano, y Barrero, y otros bravos, también el enemigo recibe refuerzos importantes este día, y la lucha sigue tenaz, inde­cisa, sangritnta, y los postas vuelan llamando al campo á los bata­llones más próximos, de cuya llegada parece dependerá el éxito de la jornada. Al terminar el 14, pareció asegurado el triunfo, y así se festejó en los lugares Yecinos; pero al morir el 15, permanecían los ejércitos en sus campos respectivos, la noche no era bastante á suspender el recio batallar, y los legitimistas habían recibido el último batallón y la última caja de pertrechos existentes en Buca­ramanga. Por fortuna los rebeldes también carecían ya de muni­ciones, agotado el cuantioso parque introducido por Maracaibo ( r .2oo,ooo cartuchos), y aunque la victoria parecía no querer deci­dirse por ninguno de los contendores, en verdad cubría con sus alas las tiendas del General Pinzon, porque próximos estaban los refuerzos y municiones anhelados y reducido al enemigo á las casas y cafetales de Palonegro, sobre los cuales tenía que ser eficaz la granada del cailón ; lu~ rebeldes no tenían modo de reponer por lo pronto el consumido parque, y sus terribles macheteros, de quienes esperaban la victoria, yacían todos tendidos por la metralla, y na­die osaba reemplazarlos para intentar nuevas cargas contra los va­lientes sostenedores de la Legitimidad. El 16 amaneció encontrando casi sin fuerzas á los soldados, no obstante Jo cual nuestra izquierda destrozó y batió la derecha ene­miga, y la batalla continuó tenaz á pesar de recia lluvia: de frente una División fresca atacaba á Palonegro, que los cañones batían por los flancos, y el ejército recibía fondos suficientes para el pago de sus haberes atrasados, lo cual levantó, aun si cabe, su moral. El día corrió bajo la influencia de anhelante expectativa: quien primero recibiera nuevos refuerzos y municiones, sería el vencedor, y los jefes legitimistas hacían supremos esfuerzos por vencer en esta otra lucha de velocidad, de la cual dependía el éxitoen el cho­que material. Los fuegos se suspendieron á la oración ; los menos animosos de los enemigo& por grupos principiaron á replegarse á Rionegro, y por fin, á las 9, llegaron los pt imeros ansiados refuer­zos, idos de García Rovira, los que al entrar en línea recrudecieron por algunos momentos el fuego, ya medio extinguido, y aseguraron el éxito comprado á tan alto precio. El 17 se deslizó sin lucha, á modo de tregua: el resumen de los seis días de batalla podría escribirse así por parte de los legitimis­tas: veinte cargas desesperadas resistidas, cuatro derrotas contenidas por los esfuerzos inauditos de los Jefes, el ejército medio diezmado y casi disuelto por 8o hora-; de ayuno y recia labor, y sin embargo en pie. Con todo, el descanso no fue considerable, porque en la no- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 6 6 BOLETÍN MIL IT .A.'R. che tentó el en~migo una última carga, aun cuando sin éxito nin­guno. * * * El enemigo queda, pues, encastillado en Palonegro y su línea de batalla se extiende hacia el ocaso hasta Lebrija, enfrente y casi paraleh á la de los legitimistas tendida del Alto de Girón al pie de Lebrija, por San Pablo, distando las dos apenas medio kilómetro, por lo cual el espacio intermedio era campo de muerte para el que osaba atravesarlo, y los muertos allí quedaban insepultos y los heri­dos yacían abandonados á su dolor. En el campo legitimista, otro medio kilómetro á retaguardia, en una cuchilla, se construyó un reducto destinado á hacer frente á cualyuier revés, y el enemigo, dominado, no vencido, hallaba socorro especial en su misma posi­ción, porque el bosque de los cafetales le prestaba seguro abrigo contra el fuego de nuestros soldados, de suerte que aun cuando allí sólo conservaba s,ooo hombres, éstos podían resistir con ventaja el asalto de los 8,500 de que podía disponer el General Pinzón. En el combate el manlicher, principal fusil del enemigo, como era natural, resultó más resistente que el máuser, de suerte que los trescientos de aquéllos cogidos á los rebeldes sirvieron eficazmente á los legitimistas, fuerza que consistió principalmente en el cañón, cuyos proyectilt:s explosivos, de media arroba de peso, causaron tremendo estrago en las filas rebeldes. Debemos sí observar que d enemigo, obligado á guardar la lar­ga línea de Palonegro á Rionegro (20 kilómetro ), cortada por la hondonada del Oro, por más que su izquierda la defendieran riscos y peñascales y en las hondonadas de la derecha tuviera tendidas em­boscadas, estaba expuesto á ser trozado en dos si fuerzas suficientes atacaban á tiempo el Puente Roldán, lo que desgraciadamente no pudo hacerse. Según los informes de los Jefes, el enemigo presentó al fuego I 2,ooo hombres, á quienes resistieron y vencieron Io,ooo soldados de la Legitimidad, empeñados sucesivamer.te, quedando en el campo 1,200 muertos y 3,500 heridos de ambas partes, las que en junto contaron algo así como -4-,000 dispersos. Jamás en tierra colombiana se habían medido dos ejércitos de tan considerable efectivo, ni se había luchado con igual tenacidad. * • * Del 18 al 24, es decir, por una semana entera, por la fuerza misma de las cosas el drama militar de Palonegro presentó nueva faz: los con ten dores carecían de municiones suficientes para librar otra batalla formal; los muertos infestaban el campo; los soldados necesitaban reposo; era preciso atender á los heridos; las fortifica­ciones se aumentaban, y era peligroso á cada cual tentar un supre­mo empuje sin recibir refuerzo y reorganizar los diezmados batallones. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET1N MILITAR En esta semana de forzada tregua, durante el día tan solo se prendían ligeros, tiroteos que aquí y allá fulguraban como las úl­timas llamaradas de un incendio; pero en la noche el mismo esta­do moral de las tropas los hacía arreciar, y el enemigo tentaba una y otra carga, de seguro para q uit4lrnos el reposo necesario ó sondear la vigilancia en la extensa línea de combate que medía diez kiló­metros de longitud, para ~vitar lo cual los batallones que la soste­tenían se relevaban para comer y descansar. Y por sobre el cuadro espantable de aquella carnicería, á in­tervalos retumbaba el estampido del cañón que metódica, pausada­mente cumplía su obra de exterminio, convertía á Palonegro en un nido de la muerte, y al lado de las trincheras enemigas que destro­zaba levantaba otra no menos sólida pero formada con cadáveres. Por fin el Ejército legitimista, ya listo para representar el final del drama, fuerte ahora de 9,ooo soldados llenos de brío, con sus parques reforzados por convoyes que se sucedían unos á otros, en­viados por el Ministro de Guerra hasta del mismo Bogotá y de los que algunos recorrieron ochenta leguas, caminando todos, por su orden, dedía y de noche, al través de valles y montañas; así refor­zado, entró de nuevo en plena actividad: el 25 al amanecer las tres divisiones 'lue componían su ala izquierda, atacaron y barrieron las fuerzas rebeldes que ocupaban á Lebrija y Cantabria, hacién­dolas retroceder medta legua, ósea hasta la mesa de Puyana,abrien­do el camino sobre el flanco de Palonegro, y en la noche, de las ó á las 7, .el grueso atacó de frente y tomó el último reducto del enemigo, que de prisa hubo de retroceder, abandonando armas, equipo, municioues, víveres y heridos, para repasar sin tardanza el río de Oro é ir á encerrarse en las breñas de Rioncgro, á esperar el golpe de gracia, aislado del exterior y envuelto por todas partes por tropas anhelantes de devolver al país la paz y la tranquilidad. En efecto, en Rionegro, previamente atrincherado, el ene­migo, fuerte de 3,ooo hombres, no esperó el choque: al aparecer los primeros batallones legitimistas, huyó, presa del pánico, aban­donando en las calles y caminos las urnas por centenares, buscan­do el mayor número asilo en las selvas vírgenes de la comarca. La pujante rebelión caía convertida en cadáver. Fecunda en enseñanzas de todo género la gran jornada, será inolvidable en nuestra historia, y los qut: á ella asistieron han gana­do lauro inmarcesible, de suerte que quienquiera que á alguno de ellos veí1, tendrá que decir: ese es un vrliente. Ministerio de Guerra El anterior relato ha sido escrito por la Dirección de El Bo­letín Militar, en vista de los telegramas auténticos venidos del campo de batalla. El Subsecretario, CLfMACO LOSADA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILIT AB HISTORIA. .f.P"C'NrrAlv.tiENrrOS PARA LAS MEMORIAS SOBRE COLOMBIA Y LA NUEVA GRANADA (Coutinuaci6n) .Antes de hablar de la conspiración del 23 de .Julio arte de mi Mensaje al Congreso (le 1837, en que le manifesté cufll babia sido mi política en la anes anteriores !Jabí· n eug ll(}rado tántos enco­notJ y animo ~idade , cuando la. Uou \. ucióu Con~tituyent ha­bía decretado la ind peud ncia y trélZ{Hlole una. canera propia; cuando l Goui ruo tenía que orgauizar la adrnini ·tración, re­sistir á u u tit~mpo la, r a.cci IH~ · • ntr· el · i t m a e. taulecido y contra lali per ona encarga•ln
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 154

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 162

Por: | Fecha: 28/07/1900

BoGOTÁ, juLIO 28 DE 1900 -------------------- ----------- ~~ ---_------------------------ --· lle•111r~tu ~~ Or¡rano del :Jiiraisterio de (Guerra y del Ejército on colaboradores de este periódico Jos Jefes y Oficiales del Ejército Direct3r ad honorem Franci!llco J. Verg"ara V. General, Miembro de la StJCiedad Colom~ia.a de IngE>nieros JSTU1V.J:. 182 )]}~@ .._:. ~Jjp@ Jt\jo 0 •• M~ lJ.®@@ (r I DE JULIO) reform 11 torio clel q•le orgnniz!\ un Consejo ele Gue:rra vetbal permanente El Presidente de la República DECRETA Art. I .0 Para evitar las dificuitades que se han presentado para la constitución e instalación de un Con ejo de Guerra verbal permanente, creado por Decreto anterior, dicho Consejo quedará ~onstituído por cinco miembros, de acuerdo con el Código Mili­tar, así: dos Generales, dos Coroneles y un Sargento Mayor; tendrá además un Coronel Fiscal y un Oficial Secretario. Art. 2. 0 N 6m brase p ara tal efecto á los Sres. Generales Antonio B. Rebollo y Agu s tín Garzón; á los Coroneles Francisco ·robar Morales y Julio Escallón; y al Sargento Mayor J O!)é Luis Pieschacón. Art. 3. 0 Los nombrados en el anterior Decreto que no figu­ren en el presente ocuparán los destinos que tenían antes d'! la expedición del Decreto reformado. Comuníquese y publíquese. Dado en Vi lleta, Cundinamarca, á r I de Julio de rgoo. MANUEL A. SANCLEMENTE El Ministro de Gobierno, RAFAEL M. PALACio-El Minis­tro de Relaciones Exteriores, CARLOS CuERvo MÁRQUEz-El vn~-7 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 98 BOLETIN MILITAR ~ Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA-El Ministro del Tesoro, F. J. lNSIGNAREs-El Ministro de Instrucción Pública, Encargado del Despacho de Hacienda, MAR.Co .F. SuÁREZ. --~·--- riDmJ©Jmm~~© ~.o .• m>~ JI®®® (18 DEJULIO) por el cual se traspasa una fa culta d al Director general de la Policía Nacional El Presidente de la República DECRETA Artículo único. Desde la publicación del presente Decreto co­rresponde únicamente al D i rector g eneral de la Policía Nacional la facultad de expedir salvoconductos y pasaportes á extranjeros y personas civiles para transitar en el Departamento y fuera de él. §. El Director general de la Policía cobrará por la expedición de salvoconductos y pasaportes los 11 ismos derechos que hoy cobra la Jefatura Civil y Militar de Cundinamarca, y los fondos que de esa manera se recauden ingresarán en la Administración de Ha­cienda de este Departamento. Comuníquese. Dado en Bogotá, á I 8 de Julio de I 900. Por delegación del Excmo_ Sr. Presidente, El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA --~·--- Rqpúó/ica dt Cq/omb i a- MiniJ te r io dt Guerra- Sección 1.•- Nú­mero 547-lJtJgotá, 4 de No v iembre de 1899 ir. General Comandante en Jefe de i E j ército Por Decreto de car~cter legislativo, de 18 de Octubre próxi­mo pasado, del cual debéis ten e r conocimiento, se di~puso que, en atención al excesivo trabajo en el Mini sterio de Guerra, se au­mentara, como en efecto se aum e ntó, en un 50 por 100 el sueldo de los en1pleados civiL:! s del Mini terio de Guerra; hoy me permito signiScaros que e ta gracia se ha he h > extensiva al Habilitado del Cuartel general del Ejército, Sr . .t.milio García, al Teniente Bruno de los Santos y al Subteniente Jacinto Uribe, estos dos últimos Adjuntos al Estado Mayor generaltsimo, y que trabajan en este Despacho. Lo que tengo el honor de comunicaros para los fines consi­guientes. Soy vuestro atento servidor, Por el Sr. Miniitro, el Subsecretario, cLÍMACo LOSADA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y--' (Cor.t:nuaci6n) Repartición de las fue'rzas 91 Para defender un país de montaña es indispensable, como e queda repetido, recurrir al empleo combinado de la ofensiva y lla defensiva: para lograrlo hay que di,·i(lir las fuerzas general­Jmente eu tres líneas, ó más bien fajas, una detrás de otra, como een el servicio avanzado, com<:> en la guarda de 'l.U~ ·río, como en tto(lo cornbate en general. La primera, de tinada á obse'rVaJ· a nemigo y también opon(•Jle, cna11do ataque, la mayor resisten-} <..Cla pOlSi u le. Ularo elS, por con iguien te, que llO basta formarla tcon pequeños puestos, <]ue fúcilmeute sean rechazados y reba-sados: es pr{)ciso, al contrario, colocar eu ella tropas suficien­ttes y bien situadas para mauterwrle en jaque. La línea extrema sse conformará á las reglas generales del ervicio avanzado; 1 pero como en las montañas se agravan las penalidades por el suelo y por el clima, debe reducirse el efecti\·o á lo estrictameu­tte necesario. Eu segurllla línea, y á distancia. variable de la primera, ddeben apostarse los primeros apoyos, sostenes 6 'reservas, que aalguuos denominan tácticas, por opo icióu á las segundas reser­' •a , más lejanas y en terc~ra líuea, que llaman estratégica~ . .P.Aceptaudo los dos aer{t e _mplearlas prt~fprentemente en el ser­vicio (\e a va nzatlct, put> 'to q u • t'l'ito.s rnon ta Ji eses conocerán perfectanwnte sn propio uelo .Y tPrulrún iuteré.s en cleferulerlo. Siu embcngo, no tlt>be Cdntian~e por t:>tnero este servicio á gentes que, sin instnwción militar, ,' 1n ("Xperi('JH:ia de la guerra J expue~tas de ~Suyo á alanuas inftlltdada~, podrían abarHlonar prematuramente, eu ca8o de at<-HJIH', ciertos pnutos principales. (Jouviene, pues, alternar, intt~rcalar en lo~ puestos mús impor­tantes fuerzas del ejército rt'g-nlar. De todos modos, los parti­darios 6 guerrilleros (si reúnen la' cotHliciones rHlo el papel mpo á la llegada dt~ las rel'\er\'as f'~::~tratégicas, 6 para Pjecn.tar laR maniobr-a~ Jll'(•paratoria¡.; de nn golpe deci-) sivo, el eomanclante (le la re~Pr\'a túetiea no dl'lle ¡wHlouar me­uio de entorpecer el progrt:>so y el axanee, ya multiplicando los obstáculos artificiale , ya apr·ovt>ehan1lo los tmtllralt~s, hacieudo frente al a.tlversario eu pnntos relati\·autente fLwrte~ preparados al · efecto, y tentÍt'CtÍ\·o total oe las tropas, si se qnier • qne l<1s ru. 'l'lTas tficticas lleueu comple­tameute su encargo. A u lllt'tl taudt) esta pt oport•ióu, se debi li­tal'Íau las reservas estraJétJicas, apo. t;.tter~e de dos tt•reio:-., ó pot lo meuos rvar lilH·rtad de :te<~ ión, no dehen estar dema­shido próxi me:H5 ~ las rcst•t·,·as lác:ticas; al c,,n tnnio, lm~tan te detrás, en lo8 punto, .n te e¡ ne en este pn nto, ó Pll su proxi­mi< lajano de 1 a primera línea. de defensa, conviene cliRtrihnírlas Pn l;ts líneas interior(.>S de comunicación 6 de nwniolwa e¡ ne cortPn tra n~v<>rHaluwn te las de operacioue~. Así h1s tropas fHH·den vivir, alojarsP, alimet:tar:e más c6molla­mente, y t>jt>cntar tamhiéu eon mayor holgura y rapidez los m o vi mi en tos y m a niohras necesarios. Cnanclo las líneas ~tiu.ulas ú Hllft>usiva, 11i esperar el ataque en posiciones pre­parada. · IPs :in auxilio de tig-nras qna en esto ca,os más mbrollan que ~ · ~clarpe 1 11. Ahnndan <·ft>etivam •ntP •11 laR comareas montañosa, 1M~ pm;ir.ion es, : i 11 }.!111 a l'IIJt•u h~ rlf:lcns i ¡;as. e¡ ne reúueu la tlia tan grave inconveniente, adoptando para los flancos (que se pt' ocnrará adelantar todo lo posible) una. formación escalonada, cubierta por talas ú otros obstáculos. Si el defensor <.lel valle apoya uno de ~ns flancos en un arro­yo ó torrente, ordinariamente muy encajonado, deberá vigilar el lecho con suma atención, no aólo cuando venga eco, sino aun­que traiga mncha agua.. Nunca dejará ele ocupar la margen opnesta; porque si se de defian por nimias ciertas precaucio­nes, una columna enemiga quizá logre deslizarse por el lecho del torrente, casi siempre practicable, y tomar al defensor de flanco y de revés. Generalmente las buenas posiciones con el frente á la cabecera del valle, no sc:1encuentran sino en aquellos parajes en que otros valles y cañadas la.terales ó ~ecundarias vienen á conflnfr en el va.He principal, sir-viendo en cierto modo como de foso á aquellas posiciones. En este caso la pendiente de la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ lO~ montaña, sobre la cual se establece el defensor, es rápida hacía el enemigo; las comnnicacionPs por Jo g-E-neral están Jpjos, y á vece::; no conducen si u o á la ca.becera del valle inrnPdiato; y entonces se pne(len cortar ~. tos cnmino~, lo que obligará al arlvt>rsario á moYirnientos muy ex<·éntrico~, f>n los que perderá mucho tiE-mpo, elNnento e~f>ucial en la cl.-fell~a rel-ltiva. Ent.re las (lesventajas de estas po-.,iciones en el foudo de un valle, la mayor es qne casi siempre hallo sobre la corriente fecto. Con dt>nP, pnes, ren nnciar ft tales posiciones, sobre todo en valles algo' anchos, porqn~ PS marchar á uu des­calabro inevitable, sin consegnir el re ·nltale. Mejor será en tale~:~ casos retírar~e des1le lu.-go, y retroceder al punto más próximo en qne el valle se estreche. Las po~iciones en el fo11llo del valle, con el fr·ente á la de3- embocadura, tienen por lo regular la ventaja de ser dominantes, porque tanto la solera del valle como ltts alturas qne la circun­dan van gradualmente :'!ubien1lo á medi1la que se remonta á la cabecera. Siempre cotn"Í(>ne protf'ger lo~ fhtucos con formacio­nes e~calona.das á vangnarclia; annqne bi n se comprende que Jo~ moví mi en tos envolventes del enemigo han de aumentar en dificulta(leu con .. iderar corno inata­cables de ft·cnh.•, porqne el enf'mi~o, expnesto al fuego •lomi nante del defensor, eMá ohlig-aclo primeramente á pa -arel río ó arroyo que corre por delante uel frente, y cuan~· n:-lor. Y eomo la ejecu­ción de nn movimiento envoh·ente cuesta mnebo tiempo, y el tiempo, repetimos, es f;.tctor mny principal en la defensa, se pnede conclnír eon segnrWad qne e~tas po iciones á media la­dera son las qn , ofl'ecen mrts VPntaja. en paí~ de montañas. Lo movimientos euvol\~eutes y de flaneo son f:-lcile de contrarrestar, :r el eneargo ntorpe?cerlos pue- · de darse al paisanaje, que guardará los pa.~os uifíciles siu gran esfuerzo. · Las posiciones sobre nna cumb't·e donde se reúnan dos 6 más ' valles necesitan, tanto en la dPfenRa como en el ataque, fuerza relativament€ con. iclPI'ahle. La primP.ra se guardará biPu de abandounr con flnjPclaH ~rtos ó pa.~os, y apostará desde luego la ·reserva táctica en ellos rnistuos, lo más cerca po­sible del borde de la vertiente que mira al enemigo, y que se Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 104 80LETIN MILITAR ~ reforzará con trincheras, talas, etc. A la vez estas posicione1 dan la ventaja al clefensor de tomar la ofensiva, cuando le pa­rezca opoL·tnno, y lle\ar la guerra al territorio enemigo. Respecto á las cwnb~·es ó al tu ras, se com prencle q ne las reglas para su elección, ocupación y ct.efensa han ele variar se­gún su respectivo pn:fil .( :.:tsí se llama un cort~ imaginario ó .sección transversal de la montaña); según la mayor ó menor pendiente de las faldas ó laderas, y según también la naturaleza cubierta 6 rasa y la e ·tructura del sueto que las forme. Este ángulo de inclinaci \ n ó declh·e, es decir, el que la vertiente forma con el plano borizonta,l, determina ~eusibles tliferencias. El de 45 grados, ó mitad tlel ángulo recto, se considera " téc­uicameute" como inacct"sible ó impracticable; el de 42 grados, en terreno areni co es el limite casi para el cazador suelto; el de 35 es muy difícil todavía; el de lfl lo es para acémilas car­gadas; el de 7 á 8 se considera como máxiruo para carruajes. De manera que puede llamarse declive, ó pendiente, ó rampa. l!mave la que varía eutre 8 y 15 gnulos; fuerte ó agria, desde 30 hasta 40. Aquélla favorece el fuego rasante y la reacción ofensiva contra el que ataca: esta última perjudica bajo ambos a~pec­tos. VisiblemeJtte la primera, más casi que defensiva, está in· dicada como posición ofensiva: mientras que la segunda, por lo que embaraza y dificulta los movimientos agresivo , con\·ida á la defen a patJiva y absoluta. Por eso el sistema de alturas con alternativa de pendient~ · , con r~~a.ltos 6 rellauos, hermas y escaloues, da á la posición un carácter mixto, que concilia ventajosamente los llos extremos. La de pendiente muy suave y descubierta (de 8 á 15 gra­dos) se ocupa, ó técnicamente, se co?"·ona, di~poniendo el grueso de 1~ infantería á 40 ó 50 pasos lo más ele la cresta 'militar, como suele llamarse á ht arista ó línea, no muy marcada, de encuentro rlel plano de la 1Jenrliente con el de la cumbre, cima. ó mes¿ota. Sobre ella se esta )lece la artillería, destinada á barrer con fuego ?'·a~ante la rampa d uhitla. Ma , por suave y li~a que ésta sea, .·iempre tendrá alguno~ árboles, mataH, hoyos y asperezas qne utilizarán los bueno~ tiradore . Estos, al avan­zar el euemigo, cuidan inacioues de infi­nit. a variedad que sería. prolijo tlescribir. Si un gran ,·el llano corta la pendiente en dos, la defensa lo utiliza, <.lh·idiendo también su fuerza én dos trozos. Pero cui­da do mucho ele la cmnunicación, para que al eva.cuar el esca. lót hajo, no sólo sea pronta y segura la. -retirada, sobre todo de la rtilleda qne se hubiese esta.blecillo, sino que el frente quede al punto despejado, pM O COMANDANTE DE AVANZADAS Ó JEFE DE VANGUARDIA Para las situaciones particulares en que la infantería va siem­pr ·e apoyada por un destacamento de caballería, y á veces por al­gwn ~as piezas de artillería, no encuentra el jefe de batallón, ni en la t:eorías ni en las escuelas del tiempo de paz, las instrucciones ne.! cesarias relativamente al ejercicio de su mando; y sólo la prác­tic:: a de la guerra ha confirmado la verdad los textos reglamenta­riros, según el cual "es preciso que en cada caso el criterio priva- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 108 80LETIN MILITAR '--"y-" do sepa discernir: 1 .0 , cuáles son las condiciones de cumplimiento de la misión principal, cuyo fin es asegurar en todas ci~cunstan­cias al grueso del ejército, e11 estación ó en marcha, el tiempo que le es necesario para tomar sus disposiciones de combate; 2.0 , qué fuerzas deben emplearse para lograr ese res ultado." Las prescripciones de los reglamentos se encaminan más bien á dar á las tropas una instrucción uniforme, que á trazar reglas invariables para esta rama del servicio. La nueva manera de hacer la guerra ha puesto ya muchas veces en aplicación, para el servicio de exploración y seguridad de las tropas avanzadas, nuevos principios que, teórica y práctica­mente, no están del todo fijados todavía, y que rara vez llegan á ser comprendidos aun en las maniobras de paz, donde ante todo se trata de hacer un estudio instructivo de las prescripciones gene­rales. De impor:tancia suma es que el jefe de batallón que se halle en la guerra en situación de adoptar disposiciones particulares con­venientes á la dirección de un servicio de vanguardia ó avanzadas, sepa claramente, á este propósito, las medidas que puede dictar, la situación y las disposiciones que debe prescribir á las compañías y al destacamento de caballería colocado á sus órdenes. Impórtale, ante todo, cumplir su cometido, gastando lo menos posible de s us medios y sus fuerzas; porque durante la guerra, en que con fre­cuenciA es desempeñado el servicio de exploración y de seguridad largu tiempo por unas mismas tropa , antes de que sea dable rele­varlas con otras, es esencial que la s economice, y que sepa en qué límites puede hacerlo, sin perjuicio de la buena ejecución del ser­vicio, y sin comprometer su res pon abilidad personal. Un jefe en cuya cabeza no haya sino ejemplos sacados de los ejercicios de paz y de los reglamentos, está m u y predi ~ puesto á exigir de su tropa un servicio sumamente dificil y penoso, sin que por eso logre me­jor el objeto capital de su misión, que consi te: 1.0 , en informarse de todo, rápida, exactamente y en tiempo oportuno, para poder ponerse siempre en seguridad contra las empresas del ene mi g o; 2.0 , en tratar de descubrir los emplazamientos que e l adversario ocupa y los movimientos que efectúa, y dar noticia de ellos con exactitud. Un comandante de vanguardia ó avanzadas necesita, más que cualquier otro jefe de tropa en lí nea, saber orienta rse con prontitud sobre el terreno y sobre el mapa, y abarcar la situación en su conjunto estratégico. Debe igualmente, por medio de indi­cacione;) cortas y precisas, trazar á sus subordina dos la línea de conducta que hayan de seguir en cada caso particular, cuidando con sumo esmero de no infundirles aprensiones demasiado vivas, ni una seguridad tal que los incline á la negligencia. Como no siempre puede contar, para el cumplimiento de su misión, con subordinados que sepan juzgar por sí mismos, pron- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoLETIN MILITAR ~ 100 tam1ehte y con inteligencia, de la manera como habrán de cum­plir las misiones que se les confíen, de:berá indicarles la regla que hay1an de seguir, y trazarles, en todos los casos, su acción perso­nal y hasta la parte de iniciativa que podrán tomar; pero evitará dar cometidos demasiado difíciles á quienes no posean la suficien­te ccapacidad para desempeñarlos cumplidamente; y de no serie dabJle esto, auxiliará á los nombrados con la claridad de sus ins­tru cciones. En circunstancias importantes no ha de temer dar personal­me! nte instrucciones minuciosas á los oficiales ó á las patrullas, puees este es uno de los caso<> en que procede precisar el límite de la JJibertad de acción que debe dejarse á los jefes subalternos para el ccumplimiento de su ·servicio. Sin embargo, el jefe de batallón quee descendiese continuamente hasta los más mínimos det:-tlles, desstruiría con tal conducta en sus subordinados todo espíritu de iniiciativa personal, todo deseo de emplear su inteligencia en cum­pli ! r bien. Por otra parte, es esencial que, en ciertos casos importantes, has.sta el establecimiento de un centinela, ó la fuerza, ó la marcha de las patrullas, sean determinados por el mismo jefe del batallón. De todo esco resulta que no es posible trazarle sus deberes poor medio de reglas fijas, dado que, por lo general, cada situación ex~ige medidas particulares. Hay que limitarse, pues, á indicar cier­toss medios que han sido reconocidos prácticamente como exactos en1 numerosos casos, por más que algunos pormenores puedan apa­reccer en contradicción con las teorías actuales y las prácticas del tieem po de paz. 1. 0 En la marcha en avance hay razón para considerar como de · suma importancia el que la exploración del terrer10 no ocasione dettenciones á la misma marcha (cosa que, desde luego, prescribe el , reglamento). Estas detenciones son inevitables cuando la exploración corre á ( cargo de la infantería, para la que siempre es dificultoso en ex­treemo efectuar esta clase de 'operaciones; al paso que, aun en te­rreeno enteramente cortado, las patrullas de húsares poseen la su­ficciente aptitud para trepar á las alturas cuyas pendientes no sean deemasiado pronunciadas, proporcionándose así un campo de vista maá exten o. Igualmente les es posible, aun en países en insurrec­ci< ión, atravesar al galope los pueblos; y tienen, además, la facultad dee envolver al enemigo en un vasto círculo, y, á favor de la velo­cicidad de sus caballo , señalar por dondeq uier.i. la presencia de sus deestacamentos. Verdad es que muchas veces la"l patrullas de caba­lleer- a, al llegar ante pueblos ó ante bosques, han debido retirarse poor causa del fuego de algunos guerrilleros ó partidarios, y esperar á < q Je h infantería les despejase el camino; pero á consecuencia dee las mejoras que ha recibido el armamento podrá la caballería, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 11ft . BOLETIN MILITAR ~ en semejantes casos, mostrarse mucho más osada en lo sucesivo. Si no penetra de frente en una posición, le será factible, por lo menos, ocupar audazmente, mediante rodeos, sus avenidas. En todas partes ha quedado demostrado que el mejor servicio de seguridad de marcha, lo mismo que la mejor exploración del terreno, no consiste exclusivamente en registros más ó menos mi­nuciosos, sino por el contrario,•en buscar al enemigo, enviando á largas distancias á u encuentro, y por todos los caminos que á él conducen, patrullas mandadas por oficiales, ó partidas de caballería. Un comandante de vanguardia, aunque pertenezca al arma de infantería, debe evidentemente poseer ciertas nociones de todos ·estos de~alles, con el fin de poder tomar sus disposiciones en con­secuencia. En un terreno muy cortado los destacamentos de infantería de escasa fuerza que operan aisladamente, se exponen á algunos riesgos á causa del ataque que pueden recibir por sus flancos ó su retaguardia; cuyos riesgos, sin embargo, es fácil conjurar con una poca circunspección. Pero cuando se trata de gruesas columnas importa saber dónde se encuentra el enemigo y la dirección en que marcha; cosas que se averiguan recorriendo todos los cami­nos y no haciendo ejecutar simples exploraciones. Cuando se presume que el adversario puede atacar uno de nuestros flancos, no hay cosa mejor que disponer que marche, por el camino paralelo más cercano, un destacamento de suficiente fuerza, y compuesto de las tres armas. El paso de grandes colum­nas al través . de los desfiladeros de las más ásperas montañas, ha demostrado, durante las últimas guerra5, en las que el enlace no ha sido posible sino por medio de destacamentos de caballería en­viados por las carreteras transversales, que la mejor seguridad en un terreno cortado consiste en avanzar por gran número de ca­minos á la vez, haciéndose preceder por la caballería. Por este medio, en efecto, los pequeños destacamentos con­trarios que han podido ocupar algunas posiciones favorables, se ven obligados á una retirada inmediata, si no quieren exponerse al peligro de ser cortados por una de las columnas contiguas. Aun en las grandes selvas, de las que se trata de desalojar al ene~igo, es preferible mantenerse á lo largo de Jos caminos y ser­virse de ellos para avanzar en varios destacamentos, enlazados en­tre sí por patrullas de caballería dirigidas por las sendas transver­sales, más bien que dejarse arrastrar, por temor á las emboscadas, á hacer explorar la selva por extensas líneas de tiradores, incapa­ces de una ofensiva enérgica, como de una resistencia eficaz. Un solo caso hay en que es indispensable hacer explorar minuciosa­mente el terreno por la infantería (y es en dicho caso cuando más ae prescinde de ello), á saber: cuando se trata de perseguir al con­trario en un terreno cubierto ó quebrado, sobre todo después de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 111 un largo combate, que ha tenido por objeto desalojarle de una po­sición. Conviene entonces emplear en e:.te servicio una parte de la vanguardia (aunque nunca la que abre la marcha), la cual bati­rá detenidamente el terreno en busca de los soldados extraviados, de los heridos y aun de los mismos enemigos ocultos bajo cual­quier disfraz. Con este último objeto se deben registrar en los pueblos y aldeas hasta las casas particulares. 2. 0 La misión de la vanguardia, cuando se encuentra con el adve sario en marcha ó en posición, se ha representado muchas veces como una operación esencialmente defensiva ó demostrati­v~ cual si dicha tropa no tuviese otro com~tido que entretener al enemigo, ó contenerle hasta que el cuerpo principal se halle dis­puesto al combate, ó conservar la posición que se le haya designa­do e la línea t:le batalla. Incontestable es que la vanguardia llena­rá mucho mejor su misión, la mayor parte de las veces, to,nando sin tardanza una vigorosa ofensiva, puesto que en los primeros m mentos no tiene que habérselas sino con las tropas avanzadas q e ocultan las fuerzas principales del contrario. En la operación de rechazar estas tropas avanzadas, es en lo que consiste el verda­dero reconocimiento de la posición enemiga, el cual da al jefe del gr ue:so la posibilidad de tomar, con pleno conocimiento de causa, su:.s disposiciones de ataque. La vanguardia debe, por lo menos, tratar de apoderarse de ciertos puntos que no sea posible atacar sin un gran despliegue de fu terz as, y susceptibles de ser socorridos por fuertes destacamentos qwe puedan aproximarse á cubierto. En este caso el papel principal corresponde á la infantería; la caballería se establece en observación á retaguardia de una de las; alas, ó de ambas á la vez; gana los puntos desde los que es da­hice wer á lo lejos; explora todos los caminos que van hacia el ene­m ii gc>; y por último, puede desde una de las alas lanzar de impro­vü: so oficiales acompañados por un corto número de jinetes bien mraciones militares en los puntos que .admiten varia solución. Desde luego el avance del Ejército de Ocaña fue excesivo, por tardío, en la fecha en que se llevó á cabo; ejecutado en momentos en que el grueso de los rebeldes aún estaba en Bucaramanga y el Ejército del Norte podía ya tomar la ofensiva, habría sido correcto hasta Salazar y Gramalote, ó bien no ten::iríamos tacha que oponerle si detiene su vanguar­dia en Salazar ínterin entraba en comunicación con la masa prin­cipal de tropas legitimistas. Claro que si el Jefe de las fuerzas de Ocaña ignoraba lo que sucedía más al Sur, y tenía ~otivos para suponer á los rebeldes contenidos en Bucaramanga por el Ejér­cito del Norte, su avance no es censurable, aun cuando sí se ejecutó sin todas las precauciones que demanda una operación de esa natu­raleza. En todo caso, de lo sucedido sí se desprende una grande en-eñanza, la de que entre nosotro'> ha sido deficiente la coordina­ción de movimientos de masas distantes, por falta de cartas geo­gráficas correctas y Estados Mayores organizados á la europea, por lo cual es preciso que en tales casos cada jefe obre en lo futuro como si estuviese aislado, á fin de evitar desagradables y funestas sorpresas. Los revolucionarios en la situación indicada, es decir, una masa central entre dos tropas distantes, ó sea poseyendo una línea central de maniobra entre las dos separadas sobre las cuales se mo­vía el adversario, aprovecharon su situación para intentar batirlo en detall, lo cual les fue posible, porque el punto de convergencia de los segundos e taba dentro de la misma zuna base de su con­tcndor. Sabido es que el Ejército de Ocaña fue sorprendido en Terán y batido completamente por un enemigo superior en número; pero lo que no tiene la misma notoriedad es que los revolucionarios, á pesar de su ventajosa situación, no alcanzaron la victoria sino ocurriendo á medios reprobados entre soldados de honor, cual es e de fingirse tropas amigas para acercarse ó envolver al adversario. Cierto que e'5te peligro no debe olvidarse por ningún jefe, pero el descuido del uno no absuelve la villana cobardía del segundo. La rota de Terán prueba que si el Ejército de Ocaña es más nu­meroso ó se guarda mejor, ó su acción se ejecuta en combinación real con el del Norte, el resultado de la lucha habría sido muy distinto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETII MILITAI ~ lll Cuanto al ejército del Norte, es más dificil aún juzgar coR ~cie to sus operaciones en tales momentos por ser diverso el sentir de los jefes superiores, sin duda en todos ellos basado en las noti­cias que poseían sobre el contrario y susceptibles de diversa inter­pretación. Para unos, aun á pesar del fracaso de Terán, y de los rec rsos de que en ese campo se apoderó el enemigo, éste podía ser bati o mediante pror-lta y enérgica ofensiva; para otros tal no era la situación, porque juzgaban que aún quedaban restos del pánico de La Laja, reagravados con 1<1 noticia de la derrota del Ejército -de Ocaña. Y aun cuando se llegase á publicar la exacta situación de los Te beldes después de Terán, como el fallo j u to re ultaría a posterio­ri, claro está que podrá emitirse en són de enseñanza práctica, pero no en el de censura documentada sobre este ó aquel jefe. Redu­ciendo el punto á mera opinión personal, creemos, con los partida­rios de la enérgica ofensiva~ que es muy seguro se hubiera triunfado con ella por cuanto los cuantiosos elementos que los re~eldes es­pennban de fuera aún no les habían llegado, r el.avance comunica brío•s extraordinarios al soldad0. Sea de ello lo que fuere, después del avance del Ejército del Nou-te, y el repliegue de Jos revolucionarios, la situación fue aná­loga á la establecida después del triunfo de Bucaramanga, con la sola diferencia de cifras, por lo cual se tradujo en dos ejércitos fren­te á frente, el uno apoyado en su base, el otro distante de la suya, .sier11do de advertir que la zona ocupada por las tropas era mucho maJVor, y el legitimista tenía que atender ahora á custodiar buena p.arte de una larga línea de comunicaciones. Los dos contendores, ya enfrentados, se cubrieron con buenos atrimcheramientos que les impedían llegar á las manos Í!1te1 in algu­no 1d'e ellos no se creyera con fuerzas suficientes para aventurar una j og:ada que, por la marcha de los acontecí mi en tos, se presentaba .cc::>n caracteres de decisiva. Establecidos los dos campos en posiciones elegidas y refor­z :ad,os con cuidado, los rebeldes contra la frontera por donde reci­b, íar los elementos que obtuvieran en el Extranjero, los legitimistas em llas breñas de Pamplona en espera de los recursos demandados á hu c:apital, se mantuvieron unos tres meses en mutuo acecho. La tmr~a de los segundos era más difícil, puesto que obligados á cu­hJrir- las vías del interior, en e peciallas de Bucaramanga y Tunja, y em definitiva á atacar al enemigo en sus propios reductos, nece­si ta.ban acrecenrar de modo serio sus fuerzas, y cada día de espera rceswltaba en provecho de los primeros, quienes tan luégo como se emc,ontraran suficientemente fuertes para tomar la ofensiva, tenían amt~do en Alemania en 0.75 metros, 6 del paso del caballo, que, como lo hemos dicho más arriba, dehe medirse de O 80 metros. • Tod{)s saben que t:l ~alope es incomparablemente más: fatigoso en un picadero· 1•e en lfnea recta. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ llt En todas las inspecciones pasadas á los dragones, húsares y laul.anos, s~ hacen ejecutar ejercicios de combate á pie, con la so­} uctón de un pequeño problema táctico del género que he indicado más arriba. Ya he explicado en qué orden y manera los hombres se desmontan del caballo cuando se trataba de combatir á pie, que es en resumen todo lo que los reglamentos dicen sobre este asunto. Al capitán corresponde hacer echar pie á tierra al número de hombres que juzgue necesario st"gún las circunstancias: una, dos ó tres secciones; la cuarta quedará generalmente á caba!lo, á menos que se disponga de otro escuadrón para proteger á los en­cargados de guardar los caballos. En cuanto á la formación de com­bate de los hombres á pie, no está reglamentada de ninguna mane­ra y depende enteramente de las circunstancias. Así pues, podrán constituír uno, dos ó tres grupos, ó bien con mayor frecuencia, se desplegarán en tiradores para ocupar seguidamente una zanja, un vallado, la linde de un bosyue, etc. Jamás esta maniobra se ejecu­ta en terreno descubierto, á no ser como instrucción, para hacer comprender á los hombres su mecanismo. Pero se juzga entera­mente inútil establecer otras reglas, porque las circunstancias en que pueda tener lugar para la caballería el combate á pie son de tal manera variables, que el despliegue en tiradores será, con la mayor frecuencia, la sola disposición aplicable, y que es preciso dejar siem­pre al jefe que haya dado la orden de combatir á pie, el cuidado de indicar el fin que se debe alcanzar y de fijar el número de hombres necesario para conseguirlo. Yo creo que no e~tará fuera de lugar, puesto que se trata del combate á pie, decir aquí algunas palabras sobre los experimentos á que se han entregado varios regimientos de 1a Guardia para ha­llar el mejor medio de llevar el arma de fuego del jinete. Los dra­gones y los húsares prusianos tienen la carabina fijada á la dere­cha, á lo largo de la silla, la boca de·l cañón hacia adelante y pa­sando por una abertura practicada en la funda del capote ; la caja del arma reposa !'obre el muslo del hombre. Es el modo de sujeción que ha parecido menos molesto y más apropiado á su objeto. Tiene, sin embargo, grandes inconvenientes. El arma colocada así golpea sobre el muslo, y en los aires vivos estos choques repe­tidos y bastante violentos deben ser muy sensibles. Después, cuan­do el hombre desciende del ca hallo, en lugar de poder saltar viva­mente á tierra le es preciso perder algún tiempo en desatar su ca­rabina. No quiere esto decir que este tiempo sea muy interesante, porque en los casos P.n que la caballería echa pie á tierra no son generalmente tan apremiant~s que semejante retardo pueda tener grande importancia. Pero ya no es lo mismo cuando se trata de volver á montar á caballo. Entonces, y es lo más frecuente, es pre- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 120 80LETIII MILITAR ~ ciso apresurarse á toda costa * y se ha debido establecer como regla que los hombres pongan simplemente su carabina en bandolera y ~e lancen vivamente á la silla ; y una vez saJidos del paso, apro­' Vechen el primer momento de espera para volver á colocar el arma -en su lugar. Pero en el entretanto no habrán dejado de sufrir me­nos con los choques reiterados de ésta que no está dispuesta para ser llevada á la espalda y á lo cual no están habituados. En cuanto á llevarla así constantemente, ajustándola ad hoc, no se ha conside­.- ado tal método como práctico, á causa de las contusiones que ·pudiera producir en la espalda del jinete, y aun á veces á su caballo. Preciso es reconocer que los dos sistemas tienen el gran defecto de . ser tanto uno como otro más ó menos molestos para el hombre y ~ cabaHo. e han ensayado del mismo modo diferentes procedimientos de -ajuste del sable á la silla con objeto de permitir á los dragones y hú­sares dejarlo en aquélla cuando echan pie á tierra. Resulta, en efecto, ec;;ta arma muy embarazosa para el combate á pie. Se han conten­tado en un principio con suspender el sable en el costado izquier­do de la silla, pero la cosa no ha parecido práctica, porque al toque de á caballo, en lugar de montar los soldados con prontitud, debían, .en primer lugar, desatar su sable y e11gancharlo en el cinturón. Para remediar este defecto se ha imaginado fijar el sable horizon­ ·talmente al costado izquierdo de la silla, de tal manera que el sol­dado pueda moutar á caballo sin tomarlo, quedando bajo su pierna izquierda á la altura de la rodilla. lntítil in istir sobre lo que tiene de poco práctico este método, de cuyo empleo podría resultar que .al saltar rápidamente un hombre á caballo para perseguir al enemi­go ó huír de él, se viese obligado á galopar por largo tiempo con .el sable bajo el muslo izquierdo. Sería mucho más sencillo dar á .toda la caballería prusiana la chachka de nuestros dragone , arma iigera y cómoda, tanto á pie como á caballo. Análogos experimento · han tenido lugar en los re g imientos de hulanos para buscar un medio de fijar á la silla á la vez el sable .Y ta lanza, con el objeto de desembarazar al soldado cuando en una marcha se vea obligado á conducir su caballo de la brida. Pero has­ta ahora todos estos ensayos no han terminado, y las carabinas per­manecen fijas al costado derecho de la silla mientras que los solda­< los conservan el sable á la cintura cuando echan pie á tierra. A continuación de las inspecciones de escuadrón los regi­mientos pasan á los ejercicios de regimiento y brigada. Más arriba he dicho su objeto, su duración y el pequeño número de sesiones que se les consagra. No habiendo podido asistir personalmente á este período de instrucción anual, me conformaré con mencionar- • Ya para dar remate á la victoria con una vigorosa per. ecudón, ya para re­- tirarse, en caso de descalabro, puesto que esta iíltima operación debe, como lo hemoa •isto más arriba, efectuarse igualmente: al galope de carga. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIII MILITAR ~ 121 Jo aquí, recordando solamente que se termina de una manera análoga á los demás., con las inspecciones de regimiento y de bri • gada, pasaré desde luego al período siguiente, ó sea el del servicio .de campaña-( Continúa). .. ... .POR LAS PROVINCIAS DEL NORTE DE LA NUEVA GRANADA, EN 18 50 Y t 8 51 I 21 de Enero de 1850 Era la mañana, y los primeros rayos del sol derramaban eopiosa luz sobre Bogotá y la extensa planicie que demora al frente de la ciudad andina. Leves vapores se alzaban desde el pie de la cordillera inmediata, escalando lentamente las majes­tuosas cimas de J\Iouserrate y Guadal u pe, C1aya sombra ·se pro­yectaba l>ien ":tdelante de sns ba.ses, contrastando la sua\"'e oscurid~d de éstas con la brillante iluminación de las crestas y picachos salientes de la parte superior. El ambiente puro, li­gero y perfumado con los innumerables olores de los arbustos de la ladera y de los rosales y campánulas que crecen silves­tres a orillas de Jos vallados y alamedas, producía en todo mi sér una impresión indefinible de bienestar, sintiéndome vivir desde el fácil movimiento del pulmón, vigorizado al aspirar aquel aire diáfano y fresco, haBta la palpitación de las más pe­queñas arterias de mi cuerpo. Una brisa tenue mecía 1os flexi­bles sanees de la Alameda ·vieja, por entre los cuales se veía á intervalos la vecina pradera, verde-esmeralua, matizada de innumeral>les flores de achicoria, y poblada de reses quepas­taban la menuda yerba cubierta ue luci e nte rocío cto. una simple abra de la cordillera del E., ft·outeriza á la Venta del Contento, le envía los vientos del pára­mo y esteriliza el terreno: al paso que el abrigo de los cerros de Fusc~ y Ja acción prolongada rle los rasos solares sobre la ladera de Torca, determinan allí, á más de 2,700 met.ros de al­tura sobre el mar, el crecimiento de un bosque robusto y ele­vado. De esta manera no Rólo la altura de las planicie y valles de nuestro país y la con. titución g e ológica del terreno, sino aun las mPras sinuosidades y quiebras del suPlo, prodnm~n la inagotable variedad de frutos con qn~ la Providencia ha euri­quecido las bellas y delicios a .· comarcas de los A.n<.les. A poco andar 11eg~mo~ {l, un arroyuelo claro y purisimo, que haja l d la vida, inocent~ y pura Hl principio, opri­mida (lespnés por las r~glas Rociales, perturbada y tumultuaria al fiu, pt>rrliéndo~e eu las insondables tiuieulas s 9 líeito estar des­piert() eu tales po~adas, me apresuré á gastar el resto det dia et visitar el Puente del Común, objt~to de nuestra detención allí. Mide 440 vara8 de longitntl, iuclusos los camellones au. juntos, y la obra es (le sillares y mampostería, bastante só­litla para resistir el abandono en qne yace. Sobre el cuerpnio diligeute que haga valer su fecundidad. Pero s, qué mucho que así vayan las cosas en orden á lo material, cuaudo en lo intelectu3\- tiene que lamentar el patrio­ta la ausencia de una simple escuela primaria 1 Fincan :su em­peño los zipa.quireños en añadir lentamente piedra á piedra en la fábrica de una iglesia colosal, espouja que embebe inútil­mente dineros que, empleados en fundar escu~las y mejorar caminos, mautemlrían hoy próspera y floreciente la ciudad, en vez egundo, y ae le agreg11rá al sueldo dt! qué se trate. BOGOTA-IMPRENTA NACIONAL • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 162

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