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Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 164

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 164

Por: | Fecha: 11/08/1900

BoGOTA, AGosTo 11 DE 1900 ---------------------- -- -- -------~~ --4--- Ora-ano del Miuisterio de Guerra y del Ejército Director ad honorem Francisco J. Ver¡rara V. Ion colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del E jércit., General, Miembro de la Sociedad Colom'bia•a de Ingeniero• ::N"U:LV.I:. 104 República de Colombia-Ministerio de Guerra-Sección I.•-BogD­tá, 31 de ]ulio de I 900 Sr. Gener~l Francisco J. Yergara y Velasco-Presente. El Poder Ejecutivo ha tenido á bien nombraras Comandante de la Plaza. Lo que tengo el gusto de comunicaros. GUILLERMO QUINTERO c. ~~---.o~GG!X9~ \ .. J)~~CTEJ:N AL ~~; ~dl!t @lli)~~~~ffi~~@ FRAGMENTO DE UN !:STUDIO ESPAÑOL SOBRE ASCENSOS Y lt.!COMPENSAI I Hasta aquí, como habrá podido observarse, hemos tratado sólo de los ascensos en la~ diferentes jerarquías de los oficiales particulares. Tócanos ya hablar del ingreso en el Generalato y de las promociones dentro de esta elevada clase. En España, país de los contrastes y viceversas, mientras consideramos pecaminosa la elección en las graduaciones infe­riores á Ooronel, hallamos digna de reprobación Ja antigüedad de Coronel para arriba. ¡A qué criterio obedece esta uüeren'. Vlll-l:t._ • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 162 BOLETIN f MILITAR ~ cia' Esto es lo que' procuraremos poner en claro, suavemente, porque ha traído males sin cuento. Por lo pronto á un estudiante o de e~cmulra!" Uno de los j6,.·enes que mfts l10nrau al Ejército por su cul­tura, por sus mérito·, por su e u tu iasmo y 'US incesantes tra­l,) ajos, en notabilisimo estudio que ha consagrado á La Educa- , Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. QOLETIN MILITAR ~ 165 ci6n JJUlitar *, recordando ciertas palabras de Taine acerca de Ja Sociedad i~glesa., y aplieéJndola8 á la Soeieda.d militar, dice, y con razón, quo no es fácil cosa llacer un General .v mucho menos un camlitlo. Porque el geuio, en •fecto, no surge ni de la Uuiversiditd, ni del campo de mauiobras. Francia, Italia y Prusia buscan auhelo~as la selección más pura. Un.minando con paso seguro Ingla.teira, 1mesta la Yista en el Generalato pru­siano, uo olvida aquellas ruda~ pero exactas palabras del Ge­neralísimo Wolseley: '•Los Generales qne 110 t'Studian, que ig­noran su graves y pesa,das obligaciones, sou unos asesinos. Inspirémouos en la constitución del Generalato alem{ul .... Nada de teóricos, ni de practicone~, ui de Geuerales de gabi­nete .. Sencillamente hacen falta Generales que conozcau sus deberes." • * • A mediados de Junio de 1894 publicaron los periódicos franceses, la Gazette de France entre ellos, varios documentos de extraordinaria importancia. hi~tóriea. Uno de dicllos docu­mentos, ele fecha 12 de Octn u re de 1880, era u u a carta reser­vada del General Galifctt á Gaml>etta., Presidente de la Cáma­ra á la sazón. "Estuve a.,rer-escribía el GeneraJ de.sde Tours-unas ho­ras eu París, con el objeto de evacuar alg-unos asuntos perso­nales, y he teuido oca~ión de recoger las opiniones emitidas por Jos agregados militares extranjeros con motivo s son los Generales-aña de Galifett,-y del Coronel ruso Kaulbars es la frase)." "Este mismo Coronel. conversando con el General L'Hotte, que manda la. caballería (lel 6. 0 cuerpo, ha quedado sorprendi­do de sus pocos alcanee y de su 'rnediocrité, salvo en equita- • La Etiucari611 AfilUar, por D. José Ibáñez Marfn, Comandante de infan . ~ería-Madrid, 1&99. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 166 BOLETIN MILITAR ~ ción. Las maniobras de la caballería han sido vergonzoHamen­te malas. Se ha combatido á pie. Y en la caballería decimos que el combate á pie es el recurso de aquellos que no saben qué hacer con la caballería." "Hay en esta arma, según se ha visto, muchos Capitanes, Tenientes y Subtenientes de porvenir; algunos Coroneles, Te­nientes Coroneles y jefes de,escuadrón lo son también. Pero en las maniobras verificadas entre Lunéville, Epinar y Mirecourt, el director y los dos divisionarios han resultado de lo más me­dianos." "El General de Brigada de Oools, que manda una Brigada de caballería, es el único que entre nueve Generales ha sabido lo que hacía. Sin embargo se le ha advertido inexperiencia en el manejo de su arma. (E!Sto era natural: hacía su deb'ttt.)" "En mi cuerpo de ejército, de los dos divisionarios uno de ellos, Sonis, ha estado bi~n. El otro, Arnandeau, es absoluta­mente incapaz. Con~tantemente se ha puesto en ridículo. Este hombre, muy instruido en ciencias, no tiene aptitud militar de ning.una clase. Es un hombre precioso en P~u· ís para una comi­sión mixta de trabajos públicos." "Todas estas cosas no han sido advertidas solamente por Jos oficiales extranjeros. Ayer, durante las dos horas que he pasado en el Mini. terio de la Guerra, lo he oído repetir en to­dos los despachos." "EL J\IlNIS'l'RO QUIZÁ SERÁ EL ÚNICO QUE 1.0 IGNORA, Ó NO LE CONVENDRÁ QUE SEPAN QUE LO SABE, y dirá que los Generales son buenos porque sirven al Gobierno de la Repú­blica. Es, en efecto, esencial servir al Gobierno con celo y leal­tad; pero hace falta también servirlo con inteligeucia." Este documento no estaba destinado á la publicidad. Reu­ne, por lo tanto, todos los caractere de una confidencia since­ra. Del mismo modo debe ser apreciado el juicio que otro Ge­neral, ilustre también, hizo en 1880, en el terreno de las confi­dencias, al Presiden te de la U á mara, á propósito de la promo­ción de Generales preparada por fines de aquel año. "Los que de erían elegirse-escribía-parecerían muy modernos al J\linü;tro." "Uarrelet es muy mediano; L'llotte viPjo y opuesto á tolo progreso. Los demás no merecen ni que Re les cite. Latheula­de, l\'Ionterby, Oudinot, Gnyon-Vern1er, antereau Dupar, Du Val de Dampierre, Petit, ele Flaynes, Guyot soluta.. La ofensiva mucho menos. Ya formen las moutañas un simple obstáculo lineal é barrera, que se deba salvar como largo desfiladero, para caer en el llano de la otra parte; ya constituyan el teatro de la guerra y el núcleo defensivo, la ac­ción de la ofensiva debe ser eficaz, más aún que en las llanu­ras, por su energü:t,, por su iniciativa estratégica, si bien tQm­plada por gran mesura y circunspeccióu táctica. en las marchas, encuentros y combates. Si en la defensiva entra ¡Jor mucho el terreno, la ofensiva requiere su exacto "conocimiento," que no puede obtenerse sin continuos, prolijos y acertados reconoci­mientos. Bien se ve qne sin aquél y sin éstos, los amagos, las demostraciones, los falsos ataques y llamadas, tan recomenda­bles para que el enemigo se esparza y desatienda los puntos codiciados, podrían llegar á ser una serie de choques sin resul­tado, 6 quizá una suma de sangrientos descalabros. Nada más frecuente ni más censurable en la guerra de montaña que la manía de tomar y perder, y volvf3r á tomar posiciones, deján­dolas encharcadas de sangre, para estar al fin de la jornada Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 170 BOLETIN MILITAR '-y-" peor que al principio, y quizá teniendo á la e~palda más enva­lentonado al enemigo qne antes estaba al frente. Si en la guerra de montaña influye con preferencia la es­tructura y naturaleza del tm·t'eno, no hay que desatender ideas y elementos que se relaciouan con la organización y con lapo­lítica. Esta última, singularmente, acrecientaJos embarazos al constituír la g?.tet·ra y al proseguirla. Si unas veces conviene el siRtema, hoy tan conocido en medicina, de similia si1nilibus, ó de herir por los mismo filos, es decir, de contraguerrillas, de dis· persión, de dislocación ; otras veces conveudrá localizar la gue­r? ·a, para. establecer una c~ntrarrevol'ución ó bloqueo, como hoy se dice, hm·mético j otras, en fin, obrar, como el ariete sobre una muralla, por golpes repetidos de una masa única y poderosa. Demostrado hasta la evidencia cuán varia y complicada es la guerra de m.ontaiia en su esencia, todas las reglas que se quisieran Ueuucir para RUS opet·acionlJS secundarias y pormeno­res ién el espacio de que <:;e disponga, la artillería con vivo cañoneo podrá apoyar un rápido despliegue, ó con más frecuen­cia, en valles encajonados, se t udr{¡, que romper el ataque des­de luego con las cabezas de columna. La ínstáeu­los localc .. quo pre ente la boca del desfiladero. Por demplo: en un valle ó garganta, las primeras alturas ó estribos; en nu ca­mino entre bosques, los primeros manchone' y matorrales. En tal dispo~ición la. artillería Se distribn ·e tlonle, espía el momento de cargar por el flanco {l. la columna enemiga que avance. l3ieu se compreude qne una po­sición de este g~nero lo misn1o puede tomarla una retaguardia al cubrir retirada, que la vang'uardia de una tropa en marcha ofeneiva. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 173 Y haremos aquí también una advertencia, repetida pero necesaria, sobre la jar al desprenderse del grueso todo lo que abulta y embaraza, incluyendo á veces basta lo indispensable, como la mocllila y la grupa. En grande y en pequeño, es indudable que el defensor, á la entrada de ttn de.sfiladero, lleva implícitamente esa desven­taja iuicial y casi constante en la guerra del que espera y se defiende. No ha.v, pues, más remedio qne suplir y comptlnsar con táctica y valo1· lo desventajoso que la maniobra envuelve en sí. En ella justamente no hay elección de terreno: forzoso es acomodarse, cla"\·arse al suelo. Irse muy adelante es buscar voluntariamente el ser envuelvo y cortado; es desatender el objeto esencial, que cabalmente estriba en que ~l enemigo no se anticipe y guarnezca ó corone la entrada. Más vale, cuando ya no se pueda resistir el empuje, iniciar á tiempo el retroceso, retirando despacio la artillería. y el escaso bagaje que se lleve, y mientras una. parte escogida. corra. á establecerse en el inte­rior ó á la salida, verificar el repliegue con la calma y el orHen posibles, comeuzando·por las alas ó por (>l centro, según eon­venga . .A. la extrema retagua1·dia es á qui<.~n toca el peligroso honor tlio tit·o de distancia si es posible, enfila por el eje c..lel desfiladero, arroj< grauada · de roe­tralla contra el enemigo, que naturalmente e ·tar{t aglomerado dentro. Si no, toma colocación lateral para cruzar fuegos obre la salida. La caballería bicu se ~e que ha de est~ r recogida ha­cia las alas, para cargar, siempre de jlctnco, á la primera co­lumna que desemboque. El ataque 6 paso ofensivo s guardias y en sostenes sobre una milla de extensión, y para cubrir con ellos no más que cada punto del terreno comprendido en la línea de enlace. En efecto, como el adversario más emprendedor no puede, en la oscuridad, intentar nada absolutamente si no es siguiendo las carreteras, dedúcese que una gran guardia que se establece con sus centinelas para obtener el enlace entre dos caminos, es una fatiga inútil que se impone ·á la tropa, y una causa de debilidad para los destacamentos que tienen además que cubrir los dichos caminos. Cuando éstos están próximos ó se cortan, es práctico situar, en el punto de cruce, una tropa encargada de patrullar, y que, en vez de centinelas, mantiene á su frente un incesante servicio de rondas. Los ejercicios de paz, con sus reconocimientos en la oscuri­dad de la noche, y su tendencia, con la mira de la instrucción del soldado, á establecer en cuanto cabe, pero constantemente, un ~ordón continuo de centinelas con puesto de examen, patrullas Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 177 volantes, de enlace y de ronda, han hecho nacer en el espíritu de muchas gentes la idea de que siempre debía ser así en la guerra; que en ausencia de un enlace sólido entre los centinelas, éstos y las grandes guardias de que dependen, estaban muy expuestos; y por último, que toda sorpresa debía ser coronada pQr el éxito. En la guerra de movimientos, la seguridad de las avanzadas, como ya dijimos para la vanguardia, consiste, por el contrario, más en buscar al enemigo que en cubrir y batir todo el terreno. No es el número de las grandes guardias, ni su enlace, lo que ga­rantiza á un cuerpo principal, establecido en campamento, la se­guridad más c¡>mpleta; muy al contrario, una línea continua de avanzadas ofrece el primer inconveniente de hacer impracticable el deseo que se puede tener de alojarlas al frente durante la noche, medida que, en presencia del adversario en la guerra de movimien­tos, sería ciertamente ventajosa en extremo, tanto desde el punto de vista de la exploración cuanto desde el de la seguridad real. La añeja teoría con arreglo á la cual se debía, durante la no­che, replegar las avanzadas, no tenía otra base que la idea de la necesidad de un cordón no interrumpido de centinelas. Siempre ha sido posible en la guerra enviar al frente compa­ñías durante la noche, sin riesgo alguno, hasta la distancia de me­dia milla poco más ó menos, y dejarlas aisladas, sin otro enlace que un pelotón de caballería; y gran falta habría sido por parte de dichas compañías querer guardarse por todos lados, mediante un cordón continuo de centinelas, en vez de buscar su seguridad en la ocupación sólida de un punto fácil de defender (una granja ó cortijo, por ejemplo), y en patrullas dirigidas del lado del enemigo. Es de notar, por el contrario, en la guerra de movimientos, que aun en el caso de establecerse centinelas aislados á mucha dis­tancia al frente, el peligro que corren durante la noche es insigni­ficante, puesto que tienen la facultad de retirarse en caso de ata­que súbito. Sin embargo, conveniente es observar que la mayor parte de las veces obra tan violentamente sobre el espíritu de cier­tos jefes el temor de no hallarse en seguridad, que con frecuencia prefieren vivaquear en campo raso, sin leña y sin paja, lejos de toda posición defensiva, á establecerse en una granja que les pro­porcionaría abrigo, seguridad y facilidad de resistencia. El fantas­ma de un enemigo que los sorprende, flota ante sus ojos, y no quieren exponerse á esta eventualidad. Empero, en la guerra de sitios ya no es lo mismo, y tampoco durante ciertas largas suspensiones de operaciones; puesto que en­tonces el contrario intentará de preferencia sorpresas, con grandes probabilidades de éxito, gracias al exacto conocimiento que habrá adquirido del terreno y todos sus accidentes. En estos casos pre­cisamente es en los que todo el mundo reconoce como evidente que las grandes guardias deben, en cuanto quepa, ser establecida¡¡ Ylll-l~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 178 BOLETIN ILITAR ~ en casas de labranzas, cortijos, etc., para que estén más seguras y más en aptitud de mayor resistencia; y si un centinela es destaca­do á lo lejos á un punto de observación importante, ningún Jefe creerá por eso correr un peligro particular, pues que tomará siem­pre las medidas conv~ientes para ser advertido por las patrullas de la aproximación del enemigo, lo suficientemente. á tiempo para poder retirarse. Hay en la humana naturaleza contradicciones de las más ex­trañas; así, con frecuencia es condición de las organizaciones más enérgicas y bravas, ver durante la noche toda clase de fantasmas. Un jefe debe contar con semejantes dificultades, ó saber preve­nirlas haciendo notar, por ejemplo, la inmensa ventaja que preci­samente durante la noche tif>ne el defensor más débil, á quien es dable disparar, desde un emplazamiento oculto, sobre un atacante más fuerte, que se ve obligado, por causa de la oscuridad, á man­tenerse en el camino en una masa cerrada; debe también recor­dar que lanzando un vigoroso ¡adelante! ó ¡á ellos! unos cuanto5 hombres pueden lograr intimidar á un agresor que no se halla en estado de cerciorarse del número de adversarios que le acometen. 5. 0 Si en la guerra de movimientos, en la que en tan alto gra­do ha de economizar la tropa, no hay nada más falso y más fati­goso para aquélla que dispersarla en una multitud de pequeñas y grandes guardias con cordón continuo de centinelas, en los blo­queos y en Ja guerra de sitios ~s preciso, por el contrario, no des­cuidar nunca esta disposición de las avanzadas; pues que importa entonces no sólo garantirse de las salidas y de las sorpresas, sino también impedir el paso .de las patrullas, el de los espías y de cualesquiera otros individuos aislados. Prescríbese en. este caso emplear buen número de grandes guardias y de puestos de sar­gentos, porque las patrullas de caballería por sí solas no pueden asegurar un acordonamiento. Entre los caminos y sendas, y sobre todo en ciertos parajes propios para que en ellos se disimulen las patrullas contrarias, es donde con viene establecer los centinelas. Comoquiera que para un círculo de acordonamiento de gran desarrollo no es posible disponer de rodas las fuerzas nece·arias para vigilarlo todo perfectamente, preciso se hace que se recurra á medios ingeniosos, que den á los centinelas (tan debiles en í mis­mos) mayor fuerza de resistencia, y pongan impracticable en una gran extensión el terreno intermedio. T'ambién se puede, durante la noche, hacer retroceder la grandes guardias y los centinelas, á fin de reducir y estrechar más el círculo de acordonamiento. Igualmente debe ejercerse una exquisita vigilancia sobre las gentes del país, que se presentan muchas veces con apariencias inofensivas, y por último, tampoco corfviene tolerar que las casas situadas en las inmediaciones de las avanzadas continúen habita­das, por dura que pueda parecer una medida que consiste en echa( ! los habitantes de sus hogares. - Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIII MILITAR ~ 179 6. 0 Durantt una larga suspensión de operaciones, Ó también 1n los comienzos de una campaña, cuando el ejército verificntra un adversario figurado por algunos jinetes. Se proce­de del mismo modo para la instrucción de unidades más consi­derables. En fin, después de esta maniobra, la ca baile ría toma también parte en Dtras, ejecutadas con el concurso de tropas de las demás armas, y que habitualmente se organizan por simple acuerdo entre los jefes de cuerpo. • En el capítulo destinado especialmente á los oftciMle!, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 186 BOLEY.IN MILITAR ~ Todos los ejercicios del servicio de campaña se hacen con el armamento completo, pero sin equipo; y se repasa en consecuen­cia con ellos, durante todo este período, la instrucción individual, á pie y á caballo. V uélvese del mismo mudo á la equitación en pelo y bridón, y se vigila particularmente la de los reclutas. No puedo dejar este asunto sin decir además algunas palabras de las marchas ó etapas que con ella se relacionan naturalmente. U na marcha se dice corta cuando no excede de 3 millas ( 22kil., 5); ordinaria, hasta 4- millas ( 30 kil.); larga, hasta 5 mi­llas .(37 kil.5), y forzada, cuando pasa de este límite. Por otra parte, este nombre de marcha forzada se aplica menos á la longitud mis­ma de la jornada que á la forma en que se ha recorrido. Así pues, podrían ~itarse muchas marchas mayores de cinco millas y que no se han considerado de ningún modo como forzadas, porque se han ejecutado en circunstancias muy favorables. El aire empleado, el estado del tiempo y de los ca mi nos, el de los mismos hombres y caballos, son otras tantas condiciones que es preciso tener en cuenta para saber si una marcha debe ó nó citarse como forzada. Si, por ejemplo, en una jornada de 3 millas se han hecho al trote los tres cuartos de cada milla, puede decirse que es una marcha forzada. Se admite como perfectamente posible recorrer durante las marchas hasta una milla entera (7 kil., soo), al trote, y de un tirón. Para hacer una milla se admite que habitualmente es preciso: al paso, poco más de una hora ; al trote, 32 minutos ; con aires mixtos, 45 minutos. Este aire mixto consiste en descomponer la milla próximamente como s igue: un octavo al paso, otr·o al trote, otro al paso otra vez, un cuarto al trote, un octavo al paso, y otro cuarto pl trote. Lo que hace cinco octavos recorridos al trote en 20 minutos y tres octavoc:; al paso en 25 minutos, esto es, omo se ve, un total de 4-5 minutos. En las últimas campañas, y aun á ve­ces durante la grandes maniobras, se citan casos en que la caba­llería ha hecho 10 millas (7 5 kilómetros) en veinticuatro horas. ~ ~ ~­. A.~:t:EDADES - '(Continuación) (Continúa} Por una pequeña y desvencijada puerta entramos á un pasadizo, obstruido con vigas, cueros y tR bias viejas, y en se· guida al patio poblado do auimales y nada limpio. Mo tráronnos al frente la sala, dando este pomposo nom l>re á una pieza larga con pavimento natural, es decir, ue tierra pisada, mesa empol­vada próxima á un poyo de ladrillo, dos sillas de cuero con· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN !LITAR 187 '"-y--' tempmráneas de la conquista, y en las paredes toda la corte celestiial, representada en estampas al humo, gr~-.,barlas en ma­dera, ilumimulas Yalerosamente con azafrán y achiote, y nn San .A\.ntonio de bulto, perdidos los colores, raído el hábito, y extenuliendo las mutiladas manos hacia do sartales de friso les interp>Olados con musgos que invadían la puerta. del nicho del a:fiigiu.1o Ranto, como para impedirle la salida; y en verdad que los bi en aventurados no debían permanecer allí sino prisioneros y mal de su grado, en compaí1ía de las escandalosas gallinas, que dle cuán(lo en cuándo trepaban llasta el andamio beatifi­do, CO)n la manifiesta intención irrespetuosa de convertirlo en nido. La po adera en jefe era una vit.•j \cilla enjuta de carnes, de gernio agrio y al parecer rezandera, muy celosa de una mu­chacb a mofletuda y desgreñada, de quien se hacía acompañar, y la ccual, según las apariencia del rostro, manos y pies, pro­fesabaa tenazmente la teoría gallega de que "la cáscara guarda al}laJJo." No quise vi~itar la, cocina porque estaba seguro de perdefr, con detrimento del a.petito, el resto de las ilusiones que aún n·ne quedal>an. Llegó por fin la hora de comer y cenar en comp(leudio, y salirn.os heroicamente de aquel mal paso, cli~po­niencUo en segnic.la nuestra peuitentes camas en la sala y en prese1 ucia de los santos susodichos, por cuanto el dormitorio no se halbía barrido desde la coustrucción de la casa, y las dos enjas allí ·oterradas no daban muchas garantías. -"¡Oh señor!'' prorrumpió la voz de la patrona por de­bajo dde sLl alto y amarille1 to sombrero (le palma: "¡cómo no se acune tan en el dorrnitorio y uo aqui por onde una tiene que dir á st cuarto 1" -' .._:Tacla tema , rígida virtud," contestó mi compañero, '' puess e hallarús hbrc de acechan7-aR ." -'· Chau~aR 0? ajo ) 1 ·ujas! " - -- '' r ora 1" continuó la interesante patroua un tanto pi· cada, " ¡, m s no tá bueno qne no tenga una por oude pasar sin que . .... · " UJ ronquido nasal y vigoroso de mi compañero, y una sú­bita cea m jada. mía.., pusieron fin al importuno diálogo: salióse )a viej~ja, grnfi~nllo, y á pocos ruomeuto volvió, y procurando no hacer-: r ido y empujando por delante á la jaspeada :Maritornes, cansa t. ( e su .ser,·acióu, que e~pero ver clemostr , al examinar la rotura de la cortlillera. hacia Saboyá y Pne Nacional, pues deJa parte del llano se presentan rápidos y ' carnaclos cou escalone que manifieMan los sucesivos derr bes que han padecido, al paso que del lado opuesto conser fntegros sus declives deslle la cumure, y entera su form .ao primitiva. Demn de esto, lo' croni · ta s de la couquista m cionan por incidencia la gran laguna de Cncunubft y Ub lugare · hoy enjutos y hturatlos, lo que hace creer que en ton comenzaban en el primero do esto.· pneulos las aguas del 1 de F úquene, restos del antiguo mar dulce. Poco más adelante de Ubaté He acaba el eamino llan sigue por encima de cerros escarpados, uno de los cuale Alto de BnenaYistn, mide 2,769 mett os de elevación, y la e bre siguiente, llamacta Vol«dor «e Fú.quenc, 2,8!)5 m~tros, a gándm~e y dificultándose uotal>lem eute el camiuo por aquel eminencias, cuamlo ¡10dl"Ían rodearse fácilmente siguiend • I~a exi stencia de tales lagos la niega la P aleontología con los restos de tedonte que guardan en albuudancia nuestras al tiplanicit>s, y en cambio el autor da la acción de las heleras, cuando la nieve las cubrió en el perfodo glaciar. A de la teoría de los cataclismos es una hert:jfa para los geólogos modernos-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 189 de la laguna de Fúquene hasta Susa. Sin embargo, la cos­re y el espíritu de rutina conservan esa uispendiosa y bár-vía de comunicación abierta por los indios y frecuentada 1 Jos espaf1oles cuando la llanura estaba anegada. Entonces cesida.d los disculpaba: allora, varia<.las las cosas, es de ad-rse cómco no se ha pensado en mf:\jorar y acelerar la comu-ción eutr e Jos productivos valles de Ubaté, Susa y Simijaca. De lo alf110 <.lel Volado¡· de Fúquene alcanza la vista sobre ~grande · xteusión de país hasta los linderos de la planicie "'hiqni 1q nirá. Largo rato estuve contemplando aquella :ma magnifica, aquel océano , H e1or. Todo peregrino qne por primera vez pasa eumbt"e, d viaje á Ohiquiuquirá á cumplir promesa, pone •·nz «le nun lera, ó la graba eu las peña~· ó en la. corteza de irholcs,. c~onfurme 'Taya de prisa ó despacio. -" Se~úin eso, y por la cantidad de tuue ·tra devotas que :<:>n estre rea ino, la peregrinación á Chiquinquirá debe ser ' numen·o~sau. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ioo BOLETIN MILITAR ~ -"Oh, señor, sí Jo es! El Cura de Chiquinquirá, coge más de 20,000 pesos al año en misas, salves y ofrendas, por enseñar la Virgen milagrosa. -"¡,Y él clla, tamLiéu iucliuaua al culto de sautnari : tl. vecialcs, ha producido una raza de lwwhre · fJUe aunque no creen que t•l Cura de Chiqninquirá dice to(las las misas que l e c>neomicndan, per isten en cr ~er que i uo ·au allá á ?.'isitar á la iTgen, nada obtendrán d ella. Vau, pu ~, con el {mimo pue ·toen el diver­tido viaje, y bien di. tantc 1 a. e.., tá ocu­pada J¡>Or nuestro benemérito compatriota Z a. El J>oi rno de Veueznela, que 1 ha tomnado {t su cargo la libertad (le une tra u pim~la patria. E~:itas . Provincias y el Ejéréito, ueudores al GeueL·al Bc,lí\?ar del brillauute estado en que ·e llallau, deben, por otro acto de grati­tud, soometerse á la. autoridad qu'" cUguarueute l·jerce. Yo el prime ro he renovado mis votos de obe(liencia, umisión y res­peto altl Gobierno venezolano. Por tanto, y sin ánimo de com­prornenter los derechos del pueblo granalici­tar á V. E. más sin duda por hal>er V. E. rcstableciuo el Go­bierno constitucional (le ella, que por un suce ol'dinario en el orden de la justicia, como el de ht expresada elección. (Siguen elogios de orclenanza)-Co pi a do del libro respectivo . • • • Parte del G~;neral Santander al General Bolívar, sobre el re~ultado de la invasión de lo1 enemigos en Casauare en 1819-Publicado en "El Correo del Ori noco" Cuartel general en la Isla de Cazaderos, á 2 L de ..4.bril de 1819-9.0 Excelentísimo Sefior: El enemigo reunió todas sus fuerzas por ~1arzo en las posiciones 1le Paya y La Salina, y amenazó invadir los llanos egún tuve el houor de comunicarlo á V. E. Hice un movimiento general sobre sn línea para tle~cnbrir si sus verdaderas intenciones eran atacarme ó defenderse, y logré to­marle algunos prisioneros y proteger sus desertores. Bl 6 del co­rriente apareció en el Llano, por la vía a en tres columuas cerradas sosteuitlns por una de 800 hombres de cal>allería, y luégo q u o alió á la llanura frente á mi campo dirigí do colnmnas de infantería y caballería obre su vanguardia y rctaguardü para detener algunos 'le u cuer­pos, y empeñarlo en utm función que me hnuie ·e ido favora­ble; 1 ero redobló o.:h marcha, . · apoyado á la cordillera ga.nó terreno deba tante l>o C}n , y frustró mis d si•'HÍO . Bien pu­diera haberme dPcidido en e ta. o c a ióu á obligarlo á un com­bate forzoso, si J>Ol' una p~ rte hnhie en esla.flo junto mjs de 600 hombres, qne ll garou al :ig-nientc dí(, y si por otra. no hubiera tenido pr<;.'entes las órdeues do V. h., de ma.rwjarme con prudencia v circuu ·pec ·ión, entre tanto qne las operacio­nes que V. ~J. ba mandatlo hace r eri V~uezn ~ la. dan seguridad á las mías. El 14 marchó el euemi o , obre la po.·ici6n del Pal­maT, que yo había dt.'jaüo, sitn{wlome más de tloJ leguas l~jos de la serrauía.: nuestros p 1e ·tos a v t nz..- dos tirot ·~ ~ ban su des­cubierta, y al resentarse un cuerpo de cab a llería para soste­nerlos, el enemigo cambió a.llería. y drag·one~, la evacuó y tomó el ~amino de 'l'ocaría, que había tra.ído.-Oontinúa FRANCISCO DE P. SANTANDE& Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 164

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 138

Por: | Fecha: 10/02/1900

ANO IV Bogotá, Febrero 10 de 1900 NUM. 138 BOL~ ~m MILITAR --~·~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIUCTOR AD•HONOREM, FRANGISCO J. VERGARA y V. Coronel, Miembro de 1& Sooiedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natoa de este periódico todos loa Jefes 7 Oficiales del EJército de la República OFICIAL Oonferencias de los Oficiales de la Misión Francesa NOCIO~ES DE TOPOGRAFIA (Continuación} Sección · 3.•-Jn trurncntoa onfomé-trlcoa Hay dos clases de instrumentos goniométricos: los que permiten medir los ángulos en sus planos, y los que dan los ángulos de los planos Yerticales que pasan por los puntos mirados, es decir, los ángulos hori­zontales. § 1.0 -Instrumentos que dan lo• ángtLlos en 1us planos El principal instrumento de esta clase es el uxtantt, fundado en el principio de la doble reflexión. PriJJCipio de la doble rejlexióll-Cuando t.ln rayo de luz se refleja sucesivamente sobre dos espejos, el ángulo 70J" (figura A A' A" 59) del rayo incidente y del rayo reflectado es el doble del ángulo a. que forman los dos espejos M y N. En efecto tenemos : ct.=i+i' y 'm'=2i+2.i' de donde 70J"=2.ct. Esta demostración no es exacta sino cuando la doble reflexi6n s~ hace en un plano perpendicular á ambos espejos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 162 BOLETÍN HILIT.A.ít . Sextantt-El sextante se compone esencialmente de los elementolt siguientes (figura B 6o) : MBC, sector de 6o0 , cuyo arco es un limbo graduado; MD, alidada que puede girar al rededor del centro M; M, grande espejo fijado en la alidada; m, pequeño espejo fijado en el limbo, paralelamente á MC; su mitad superior sin estafiar; Y, par de pínulas ó anteojos. Medi(/6n de un ángulo-El ojo colocado en el punto V puede ver: 1.0 1 directamente, por la parte no estañada del pequefio espejo, un ob­jeto O; 2.0 , por doble reflexión, un objeto 0', siempre que ambos obje­tos estén en el plano de] limbo. El ángulo OAO' que forman las direcciones de ambos puntos, es igual al doble del ángulo que forman Jos espejos M y m, cuando se so­breponen ambas imágenes; este ángulo es igual al ángulo CM D; se lee el valor del ángulo de las dos direcciones en el limbo, dividido en medi06 grados, y cifrado como si fueran grados enteros. Con un par de pínulas se ve la línea de separación de las dos mi­tades del pequefio espejo, y ambo:; objetos no son visibles sino en parte; la auperpo5ición de las imágenes es muy difícil de obtener. Con un anteojo, la línea de separación no se distingue, y ae pue­den ver las imágenes completas de ambos objetos; por consiguiente, es más fácil hacer coincidir ambos objetos. NoTA-No podemos estudiar la comprobación ni tampoco el ma­nejo de este instrumento, que no existe en el material de ingeniería de que ~s ponemos. § 2. 0 -lnstrrsmento& qu1 dan ángulo1 hori%ontQlel Algunos de estos instrumentos no permiten medir sino ángulos in-variables. · Tales son la escuadra de agrimensor ó cartabón, que mide ángulos rectos y de 45°, y que ya hemos estudiado. Otros pueden medir cualquier ángulo, y se componen de un lim­bo graduado horizontal, sobre el cual se mueve, girando al rededor de un eje vertical (eje de movimiento particular) una alidada provista de nonios. Fijando la alidada sobre el limbo, el conjunto puede girar al rededor de un eje concéntrico al primero (eje del movimiento general). Las visuales se dirigen por medio de pínulas 6 anteojos fijados al limbo y á la alidada. Estos instrumentos se llaman goniómetros. Grafimetrtí-EI grafómetro es un limbo semicircular, graduado y horizontal; uno de sus diámetros está provisto de un par de pínulas; una alidada de pínulas puede moverse sobre el limbo. Con los dos pa­res de píuulas se dirigen visuales á dos objetos; el ángulo se lec en el limbo graduado. Se ha renunciado casi ror completo al empleo de est~ instrumento, incómodo ó inexacto. Goniasmómetro-Este instrumento fue inventado en 1822 por un Subteniente de Ingeniería, francés (figura O 61 ). Se compone de dos cilindros iguales sobrepuestos, y cuyos ejes coinciden; el eje puede ponerse vertical á ojo, ó mejor, por medio de un nivel esférice. N. El cilindro inferior L eitá graduado y se emplea como Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLB1'b JDLITAB el limbo del grafómetro; dos hendiduras que forman un plano visual, per­miten dirigir la visual correspondiente al diámetro marcado O. El ci­lindro superior A reemplaza la alidada del grafómetro; e~tá provisto de dos hendiduras, formando un plano visual movible, y de dos nonios en los extremos de un diámetro. Se puede fijar el cilindro inferior por un tornillo de presión P; . haciendo girar el cilindro inferior, el superior sigue el movimiento (mo­vimiento general). Por medio de un botón B, se puede hacer girar el cilindro supe­rior sobre el inferior, que queda fijo (movimiento particular). Compro/Jafión del g~nitumómttro-1. 0 Dos hendiduras opuestas de­ben determinar un plano, lo que ocurre si un mismo punto es siempre visible, haciendo mover el eje á lo largo de una hendidura, sin variar la posición del instrumento. z.• Cuando se dirige la visual al mismo punto con el par de pínu­las del cilindro superior y con las hendiduras superiores, los nonios de­ben marcar 0° y 180°; si no sucede así, hay un error constante (error de colimación) que se debe corregir en todas las lecturas. Se suprime este error, dirigiendo la visual en ambas direcciones con el plano visual superior; la diferencia de las lecturas da el valor del ángulo. Precisión-La precisión del goniasmómetro es análoga' la del cartabón: 5' á 6', si se emplean dos hendiduras; 101 á 12.1, si se emplea una hendidura y un hilo. OTA-Al tratar de la ni velación y de Jos instrumentos que per­miten medir ángulos verticales, estudiaremos la brújula de eclímetro y el tacheómetro, que sirven para medir á la vez ángulos horizonLales y verticales; y la regla de eclímetro, que es una alidada de pínulas, me­jorada. SEGU DA PARTE NIVELACIÓN · O!Jjeto Je la niflelafión-Si los mapas topográficos indicaran única­mente Jos detalles de la planimetría, el terreno representado por ellos se convertiría en una superficie horizontal. Es preciso, para repre­sentar las elevaciones y depresiones del suelo, hacer en el terreno una serie de operaciones distintas de la planimetría. Es lo que se llama nifle­ladón dtl terrm~. Cotas y alturas-En la nivelación las diferentes quiebras del suelo se representan tomando por superficie de comparación el nivel del mar que idealmente se supone prolongado bajo Jos continentes. Para los levantamientos de terrenos poco extensos, la parte correspondiente de esta superficie de comparación puede confundirse sensiblemente con un planfJ h1rizontal. Sólo nos serviremos, pues, de esta denominación. Se refieren al plano horizontal de comparación (que reemplaza la superficie del mar) todos los puntos del terreno, y se llama altura de un punto la distancia vertical de este punto al plano de comparación. Ex­pre~ ando en metros esta distancia vertical, el número que la repretea se llama tola del punto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 164: BOLETlN MILIT.A.lt Ejemplo: Sea un terreno cuyo perfil (intersección con un plano vertical) es representado por la línea r, 2, 3, 4 (fig. D 62). Si del pun­to 3 se traza la perpendicular 33' sobre la línea 1-4, que representa el plano horizontal de comparación de la superficie del mar, y si la línea 33' es igual á 400 metros, diremos que el punto 3 tiene la cota 400, lo • que significa que su altura sobre el nivel del ,mar es de 400 metros. Diftrencia de nivel entre dos ptmtos-Ahora, si en lugar de la altura del punto 3 acotado 400, se quiere conocer la altura de ese punto res­pecto de otro punto 2 acotado 3 12, bastará ca1cular la diferencia +oo- 312, ó sea 88 metros. Esta cantidad 88 metros es la altura relati­va del punto 3 respecto del punto 2; es lo que se llama la diferencia dt nivel entre los puntos 3 y 2. La noción de la diferencia de nivel permite, conocida que sea la cota de un punto 2, y la diferencia de nivel entre los puntos 2 y 3, cal­cular la cota desconocida del punto 3· De esta manera se evita tomar constantemente el nivel del mar como plano de comparación, lo que sería impracticable. En la nivelación topográfica se buscan diferencias de nivel. Esas di­ferencias servirán, conociendo la cota de un punto fijo, para determinar la cota de un punto vecino, que servirá á su turno para determinar la cota de otro punto, y así sucesivamente. Lo más á menudo no se conoce la cota del punto fiJo, al cual se re­fieren los demás puntos del terreno. Dec;de luego se le puede dar una cota arbitraria, mayor que todas las diferencia _ de nivel entre este punto fijo y todos los puntos más bajos del terreno. Es decir, que se escoge un plano horizontal auxiliu de comparación, de manera que todos los pun­tos cuya cota se busca queden encima de él. Cuando se trata de buscar las cotas del fondo del mar, el plano auxiliar se escoge de manera que todos los puntos queden debajo de él, es decir, que se escoge este plano en el del nivel del mar. Por consiguiente, para que sean inteligibles las cotas de un mapa topográfico, es decir, su nivelación, será siempre preci o anotar junto á la escala (que hace inteligible la planimetría) una nota análoga á la siguiente: NoTA-El punto fijo de comparación R., ~cotado 1oo,oo (por ejem­plo), es la parte superior del umbral de la puerta de entrada de tal edificio. Y en el plano se marca este punto, de un modo muy visible, (( !::. R )) de manera que sea fácil reconocerlo en el terreno. 100,00 NoTA-Referir las cotas de los puntos nivelados á un punto fijo acotado 1 oo,oo, por ejemplo, es escoger un plano horizontal de compa­ración situado á 100 metros debajo del punto fijo. Si, por acaso, algunos puntos del terreno se hallaren debajo del pla­no de comparación, sus cotas 5erán negativas. Las cotas se escriben en los planos dentro de un paréntesis, para distinguirlas de las cifras de la planimetría. Nivelación directa é indirecta-Hay dos clases de nivelaciones to­pográficas: 1.o La niflel6tiÍn directa, en la e u al la cota de un punto B se de­duce de la cota conocida de otro punto A, haciendo uso para medir la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 167 S 3· Agrimen!ura y problemas que se resuelven con cadena y car­tabón. Capítulo ~.0 Generalidades sobre algunos aparatos empleados en las operaciones topográficas. § 1. Anteojosólunetas. § 2. Mius. ; 3· Nonio ó vernier. Capítulo 3. 0 Medición de distancias. ; 1. M edición directa de distancias. · ; 2. Medición indirecta de distancias. Estadías. Capítulo 4.• M edición de ángulos. Sección 1. • Instrumentos goniográficos. Planche tu y alidadu. Sección s.• Brújulas. Sección 3· • Instrumentos goniométricos. ; 1. Instrumentos que dan los ángulos en sus planos. Sextante. ; ~. Instrumentos que dan ángulos horizontales. Segunda parte-Nivelación Capítulo 1.0 Nivelación directa. Capitán SABAR THEZ (de Ingenieros) N. DE LA D.- Has ta aquí había preparado el material de sus con­ferencias el autnr, las que por lo tanto quedan truncas á causa de la muerte del distinguido Capitán de ingenieros Sabarthez ya conocida de nuestros lec tares. -- ~· -- A~OEIVO NAOIONA:t, DQCY~E~TOS INÉDITO~ Cnmpaña de I819-182o en el CattctJ (Continuación) El otro bando (que se publicó y dirigieron copias, como en él se previene) contieue los siguientes artículos: 1.0 Que dentro del preciso y perentorio término de seis días, con­tados desde la publtcación de él, todos los propietarios de cualquier es­tado, clase 6 condición que sean, 6 sus mayordomos ó confidentes, pre­senten todas las cabillllerías que posean, sin excepción de ninguna, in­el u si ve las yeguas mansas de silla, para oc u par unas y otras en s~rvicio del Ejército. 2.0 Que se hará la presentación de ellas :al Juez Mayor del De­partamento por los que habiten en su cabecera, y al territorial, los que en los res pec ti vos partidos; 3. 0 Se prohíbe, bajo el más serio apercibimiento, e] uso de otras caballerías; y ofrece el Gobierno, luégo que se dé fin á la presente campafía, devolverlas á sus respectivos duefíos, para lo que los Jueces á quienes se consignen llevarán un libro formal en que consten las par- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1~ BOLETfN MILIT A.R tidas firmadas por él y el propietario, con demarcación de su seiíal, para que á su tiempo no se traduzca equivocación; 4.0 Que todo individuo que no dé cumplimiento á lo prevenido, · en el término setialado, á más de la pérdida de sus caballerías, será juz­gado como enemigo de la Patria; 5· u Que igual pena sufrirán los Jueces convencidos que por su inacción, condescendencia 6 cualquier otro defecto culpable de su parte, hagan ilusoria 6 entorpezca esta providencia; 6.0 Que será castigado cualquiera que trate de encubrir, ó que siendo sabedor de alguna ocultación no la denunciare al Gobierno ó al Juez que corresponda ; ¡.0 Que se somete la ejecución de esta providencia á los Jueces Mayores 6 Partidarios á que corresponden los propietarios, y que luégo que se hayan colectado las dirijan al Gobierno con ·los libros ó testi­monios de ellas; S.o Que se faculta á todo individ~to para que vele en el particular sobre la conducta de dichos Jueces Mayores y Partidarios, y dé cuenta al Gobierno en caso de que ella no sea conforme. Se sacaron copias para la Escribanía y s~ circularon. Esta noche me ha informado el Sr. Juan Gregorio Hoyos, que sigue de Administrador general de rentas <'1 las Provincias del Chocó, que en el Zitará hay veinte cargas de tabacc que se remitieron de esta Factoría. He dispuesto que se vendan y se remita su valor á este Go­bierno. 711nio 1.0 -Se publicó un bando de este Gobierno, en que se manda: "Que todos los Administradores de rentas públicas den cuenta exacta de las respectivas á su manejo, exhibiendo los intereses qur. exis­ten en su poder dentro del perentorio término de seis días; "Que los empleados de dichas rentas que hayan malgastado tales intereses y que por temor se hayan ocultado ó r.o descubran lafolnuia, se presenten á rendir las cuentas de su cargo, como los demás, con la buena fe que corresponde á la confianza pública, bajo la seguridad de que en vista de los motivos que la hayan ocasionado y de sus padeci­mientos, disimulará y abrogará los arbitrios convenientes para su rein­tegro, sin perjuicio de sus personas y honor. Que el que no lo hiciere así dentro del término asignado, ó se le probare mala fe, será castigado conforme á las leyes de la materia y gravedad de circunstancias; "Que todos los que sepan la existencia ú ocultación de bienes de espafioles, europeos ú otros enemigos de la causa republicana, los de­nuncien dentro de tres días. Que la misma obligación se impone á todos los que tengan 6 supieren depósitos de intereses de cualesquier género ó especie que sean. Que si pasado el término fijado no hubier~n cumpli­do con estos deberes y se les probare el fraude de encubridores, respon­derán con el duplo y sufrirán las demás penas á que haya lugar, como unos enemigos perjudiciales á la sociedad.,. Se revisó el Diario de operaciones del Comandante M urgueitio, el 16 del corriente, en que dice lo siguiente: "''Que los 50 caballos ligeros y otros de línea pasaron el Palo á las 7 de la noche del día 1 5; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 169 " Que á las dos de la m afian a del I 6 atacó al enemigo en el puen­te de Japio y fue batido completamente; "Que dejando guardia al campo marchó á Quilichao, donde á las cinco de la mañana fue aprehendido en su cama el Comandante Rafael Ledesma, y con él allí se hicieron trece pri~ioneros más; "Que el resultado de esta acción ha sido las muchas muertes del enemigo (82) y caballos ensillados, tres galápagos, tres sables, muchas lanzas y alguna:a carabinas; que de nuestra parte sólo hubo un soldado levemente herido y diez caballos cansados; que se remiten loa prisione­roc; á este Cuartel divisionario." Se ofició al Sr. Mini tro de Guerra y de Hacienda remitiéndole el Diario de operaciones del Comandante M urgueilio del 16 del corrien­te, y se le dice que aunque fueron cogidos algunos papeles, no se le ·acompañan por no tener nada de rarticular. Se remitieron copia ' á los Jueces Mayores departamentales p~ra que impusieran á los pueblos de las ventaja· obtenidas ~obre el ene­migo en J apio. Ser cibicron tres oficios del Teniente Coronel Antonio Main, Comandanre de la vanguardia de Cartago, con fecha 14- del corriente. En el primero dice que el 12 llegó á aquella ciudad con la División de retaguardia, y que en aquel punto e le entregaron las instrucciones que le dejé con fecha 8 para su manejo; en el !egundo, que hará Jo que le previne en oficio de 9 del prc ente acerca del relevo del Oficial y tropa que quedó en Boquía; y en el tercero, que á pesar de la genero­sidad con que se le ofreció garantía á D. Jerónimo Antonio Oruz (Co­mandante enemigo entre los ansermcfios) con tal que presentasen las armas, nada se ha con cguido sino un oficio de aquél, del punto El In­dio, con fecha 12 del corriente, en que dice ''que se halla en reposi­ción de la gran enfermedad que le acometió, por lo que es muy corto el término que se le señala, por sede prcci o hacer la solicitud de las pe .rc;qna~ por .el .riesgo en que. se . hallan las .armas, pues la noche que se retiró, cada uno lo hizo con la que tenía; pero que si se confía en su palabra, de las que acopie dará cuenta para su percibo. A las siete de la noche ha llegado la primera Compañía del segun­do Escuadrón de caballería de línea de Cali, al mando del Subteniente Sebastián Barbosa. Junio 1 8-Se han recibido los prisioneros de ]apio; queda el Qficial Ledesma en capilla y los demás en seguridad. Se recibió oficio del Juez Mayor de Buga, en que dice ha recibi­do las cuatro cargas de sal que le remitían de Cartago, y que de ellas ha dejado un tercio para esa Provincia, y mitiendo á este Cuartel los siete tercios restante~, y han sido entregados al Proveedor con una carga de arroz que compró el mismo Juez en doce pesos, pagándolos de se­senta que entregó Casimiro González, por cuenta del remate del paso de ~Ioreno en Cauca; y en otro oficio dice que con Joaquín Peña Pla­za mafiana remite quinientos pesos que Vicente Ramírez ha consignado. Se ha recibido el Diario de operaciones del Comandante Mur­gueitio, correspo11diente al 16 y 17 del corriente. en que expresa que á consecuencia de mi orden y con fecha de ayer, ha oficiado al Sr. Ge­neral Valdés, dándole aviso de mi llegada á este cuartel, y que com& Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 170 BOLET1N MILITAR yo le he prevenido en virtud de sus conocimientos en la Provincia, ins­truya á dicho Sr. General del punto más conveniente para la reunión de aquellas fuerzas con éstas; con fecha 17 se ha oficiado acompañán­dole un mapa que á la ligera y sin instrumentos ha hecho para que elija la senda más adaptable á las circunstancias, manifestándole las diversas que hay, las dificultades y el tiempo que invertirá. También le acompaño el Diario de sus operaciones desde el 16 y 17 del corriente: dice que el suceso del 15 ha hecho dasaparecer la gran tllttmna de qperationts del Ya/le y hace una pintura de cuantos ma­les y horrores han hecho desde el Bolo á Popayán: que ha mandado zo caballos ligeros y los de línea á reunir las pocas reses que andan disper­sas por las llanuras de Caloto y Quilichao para que sirvan de subsisten­cia á la tropa; que los espías anuncian que el 16 huyó precipitadamente para Popayán el español Eugenio Payo], comandante de los facinerosos, C()n dos Compaí'Ías que tenía en Santa María, otra que ocupaba la Balsa, los destacamentos de San Vicente y Cerrogordo y los derrota­dos de Japio. Que la tropa de línea que cubría á Pitay6 ha contramar­chado á Popayán, dejando en aquel punto veinte paisanos lanceros al mando de Antonio Lino Hurtado. (Continúa) JOSÉ CONCHA SECCION DOCTBIN AL ARREGLADO SEGÚN LA ESTRATEGIA DE BLUME En la guerra los acontecimientos aislados varían hasta lo infi­nito, y los factores que los engendran son igualmente numerosos y diversos; también las relaciones de tiempo y espacio en que se cumplen dichos acontecimientos se diferencian sin cesar. Las com­binaciones resultantes de tales factores son tan varias, que jamás el mismo hecho militar se reproduce de idéntico modo, por secunda­rio é insignificante que se le suponga. Y sin embargo es preciso buscar los hilos conductores que nos orienten en medio de esas m ú lti pies manifestaciones de la guerra; preciso es estudiar la naturaleza de los factores de esas manifesta­ciones, sus relaciones con el tiempo y el espacio, y luégo agrupar los resultados del estudio en forma de reglas generales que en cam­paña nos sirvan de puntos de apoyo para obrar con probabilidades de acierto en cada circunstancia análoga que se nos presente, sin olvidar, se entiende, que apenas es dado al hombre levantar una punta del velo que cubre los secretos que entraña cada nueva gue­rra <¡ue estalla delante de nosotros. • El hoy General Bliime es mirado en Alemania como uno de los primeros expo· sitores militaret de la época: su obra sobre Estr;ttegia, que le dio el nombre y la autoridad de que soza1 la escribió siendo Coronel, Jefe de un Regimiento de infantería. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :aOLET.fN MILITAR 171 En efecto, aun cuando una operación militar se combine con toda la prudencia y habilidad que permiten las facultades humanas, siempre en su ejecución quedara ~uficiente espacio donde aparez­can incidentes que derriben los cálculos primeros, porque la previ­sión del hombre no uede abarcar to ios los elementos y factores que obran en una guerra, y porque la voluntad es impotente para dominarlos todos á la vez. En la guerra los actos de uno de los partidos se desprenden ó deducen de los que ejecuta el contrario, y todo~ saben cuánto es incierto el conocimiento que se adquiere de los actos y designios del adversario; y cuánto interesa su conocimiento para obrar con acierto. Además la exten ión ó superficie que debe'! abarcar el ojo del Jefe de operaciones se acrece sin ce ar con el aumento de los efectivo., la construcción de ferrocarriles, el mayor alcance de las armas, etc., y la probabilidad de engañarse y adoptar resoluciones viciosas, aumenta en la mi ma proporción. De lo antedicho re u Ita que es inmen ·o el campo abierto al azar y múltiples las probabilidades que tienen jefes y soldados de hallarse á uiario en prc:sencia de circunstancias imprevistas. Cree­mos al enemigo en retirada, y marcha sobre nosotros con intención ue atacarno ; COih.:e ntrarnos fuerzas para acometerlo en la po ición en que suponemo. re istirá, y allí ólo encontramos las cenizas de las h Jg u e r as del vivac que prendi6 con el objeto de engañarnos; p ~ n a 10 que el adver!'iario e tá en imposibilid~d de franquear una e rra ni l para atacarn o s por el Ranc >y la \ruza, y quedamos ex­p• re:tu' á peligro~í · ima agn:. sión. Rara vez obra el enemigo confor­rr. e 1 > habíanHJS imaginado, y feliz de aquél cuyos cálculos funda­mentos no resulten de baratados por eso. imprevi tos que lo· igno­rantes. suelen llamar sorpres:.ts. · Los rozamiento que se hallan al poner en obra los diver­so~ <Írganos de un ejército, difieren con la especie de cada .uno de ello. , pero siempre son múltiple · y variado, y por insignificantes que parezcan, ejercen no obstante grande in fl ucncia sobre el curso de los acontecimientos. Desde luego ~ e comprende que son menos numerosos y gra­ves en un ejército bien organizado y adiestrado, que en tropa5 le­vantadas en pocos días, pero su infl u encía perniciosa sub-iste: un informe importante que no llega á su destino ó llega demasiado tarde, porque el portador ó no cumplió su deber, ó un accidente atrasó su marcha; una orden mal comprendida y que al p~merse en práctica se lo hiz dándole giro contrario al deseado, porque su re­dacción fue viciosa; una columna que se equivoca en su marcha, porque la tropa no conoce el territorio y no llegó á tiempo donde se la esperaba con ansiedad; un camino con el cual se contaba y resul­tó impracticable por el invierno y la destrucción de los puentes que salvaban ríos invadeables; un centinela que se distrae y acaba con la necesaria vigilancia y seguridad allí donde se la creía asegura- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 172 nOLEt.tN 11ILITA.B da; la enfermedad de un jefe que aniquila las esperanzas que se fincaron en la comisión confiada á sus dotes personales, etc. La historia militar encierra millares de ejemr>los de esta especie de accidentes, cuya repetición siempre es posible y cuyas consecuen­cias siempre serán nocivas. Y, por último, no es raro tampoco que en la guerra los fenó­menos naturales burlen los cálculos mejor hechos; por causa de un chubasco repentino crecen los ríos, destruyen los puentes ó cierran el pa5o en un camino sobre cuya viabilidad se combinó una operación delicada; una espesa bruma oculta al enemigo ó hn, porque en la guerra I)Í el más grande ge­nio militar puede suplir la falta de iniciativa de su · subalternos *. Para que los jefes puedan obrar con iniciativa es preciso, en primer lugar, que sus conocimientos se extiendan bien allá de 1a esfera de acción que se le imparte, y que comprendan las exigen­cias y manifestaciones de la guerrJ.. Si así sucediere, cuando la guerra los coloque en una situación particular, estarán en capaci­dad de apreciar rápida y exactamente, no sólo la importancia de esa situación, sino el lugar que le corre ponde con respecto al conjunto de las operaciones de la campaña. En fin, esas cualidades son las mejores garantías contra el peligro de la iniciativa extremada, tra­ducido en inconvenientes para la unidad de acción. La iniciativa exige, además, el valor moral, gt acias al cual se ejecuta resuelta y enérgicamente lo que se juzga oportuno hacer, sin dejarse amilanar por el miedo de Ja responsabilidad. Y el valor y el talento de un jefe quedarán particularmente sometidos á ruda prueba cuando las hipótesis que dieron origen á una orden recibida, resultan inexactas, y por lo tanto tiene:: que • Buen testimonio de ello nos dan Grouchy en Waterloo1 Davoust en Auerstaedt '1 Rondón en Pantano de Vargas, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍN MILITAR 177 hacer' caso omiso de ella, y sin embargo obrar tan conforme como le sea posible con el pensamiento del que dio la orden. En fin, para que se pueda apelar á la iniciativa de los subal­ternos es preciso que éstos posean una abnegación tal, que se esté seguro de que se someterán voluntaria y completamente á los de­signios de los superiores que los dirigen. En este punto, que como se comprende es de importancia nunca bien ponderada, se tendrá la garantÍa deseable si los di versos grados de la jerarquía se otor­gan conforme á principios justos. La masa se inclina con gusto ante la superioridad dd talento, la energía, el carácter y la vetera­nía, en tanto que el sentimiento de una injusticia de que se es víctima hace penosa la sub ' rdinación. Por esto si un cuerpo de oficiales no posee verdadero espíritu militar, no se pueden evitar la envi<.lia, los celos y los abusos de autoridad, ni aun con el mejor sistema de ascensos dable. Cuando los subalternos tengan los de­fectos apunta,dos es preciso restringir su iniciativa en guarda de la unidad de acción. El valor moral, indisolublemente ligado al espíritu de inicia­tiva, casi siempre se presenta acompañado de otra cualidad que hace aún mis nece aria una justa libutad de acción; nos referimos al de ~ eo de obrar bien y distinguirse. Si los jefe·, por espíritu de iniciativa, se e -fuerzan p~r acelerar la ejecución de disposicione5 del que m nda; si para conseguirlo utilizan toda! las ocasiones favorables; si empeñan su responsabilidad para aprovechar el mo­m: nto propicio sin dejarlo huír pidiendo explicaciones que llega­rían tarde, se produce en las operaciones ese brío y empuje que duplica las fuerzas y paraliza las del adversario. En ningún ejército el entusiasmo ser.í nunca excesivo, y b:u­ta cuidar de que no d .... genere en una e:'p-cie de "carrera hacia adelante," ·como sucedería: si lo's sub'alterr1os· olvidaran cúárita es' la · imp:>rtancia de la unidad d ... acción ó no la apreciaran de una m¡­nera conveniente. Sin embargo, en todo caso vale más exponerse á que un vivo espíritu de iniciativa impulse á "correr hacia ade­lante," que á ahogar en un ejército el espíritu que engendra la ini­ciativa y la personalidad. Al contrario, despertar y desarrollar ese espíritu, guiarlo por el b:.1en camino y restringirlo á sus límites racionales, será siempre una de las tlreas mis importantes, aun cuando difícil, entre las confiadas á los que de un modo ú otro están lla:nado á ejercer alguna influencia sobre la vida y la mar­cha de un ejército. Desde la organización misma del ejército, preciso es tomar en cuenta estas consideraciones, porque si los di versos elementos de ese 0rganismo no se regulan y hermanan de un modo racional, no es posible hacerlos obrar con armonía y unidad de acción. Por esto ciertos reglamentos y disposiciones tienen que ser comunes al ejército, y otros han de referirse únicamente á las unidades que lo componen, per0 cuidando de no reglar ni centralizar lo que puede: • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 178 BOLETÍN MILITAR dejarse al criterio individual sin que se perjudique la unidad de acción. Al dar al soldado reglas fijas, sobre todo lo que es elemen­tal y que para él se convierten entonces en hábito, se da al jefe medio eficaz de desembarazarse de las cadenas que imponen el cuidado constante de Jo¡ pequeños detalles; pero si se abusa de esas reglas sólo se consigue ofuscar el espíritu. En los países donde la dirección de las operaciones militares está centralizada con exceso, los jefes de tropas pierden el hábito de la iniciativa y noción de la responsabilidad; lo contrario sucede don­de desde tiempo de paz se deja á cada cual la parte de iniciativa que comporta su esfera de acción. Y es cosa fuera de duda que la au­toridad de los superiores jamás está mejor asegurada que cuando, al dar órdenes, se limitan á lo necesario y vigilan con toda seve­ridad su estricta ejecución; pero los superiores, al limitarse así en sus mandatos, no deben descuidar la instrucción y educación de sus inferiores. Creemos, por lo dicho, que debe declan"rse viciosa toda educación que no sabe ni despertar la iniciativa de los inferio­res, ni obtener su sumisión vvluntaria y razonada. Verdad es que semejante tarea no puede acometerse sino en un. ejército donde el terreno se ha preparado con una previa ins­trucción y educación del espíritu y el carácter de los oficiales, que un día serán jefes. Son, pue ~ , los elementos componentes del cuer­po de oficiales y el espíritu que en ellos se sostiene y desarrolla, los que hacen que en caso de guerra el Estado pueda contar ó nó con las grandes ventajas que procura la inteligente iniciativa por parte de los jefes, cuya importancia ha crecido de modo extraordi­nario con el aumento de los efectivos y la mayor amplitud de las operaciones militares. Las masas obran con flojedad y penosamen­te, aun á órdenes de un genio, si éste no cuenta con la iniciativa de sus subordinados, la que debe ser mayor en los comandantes de las grandes unidades, porque el jefe de una de éstas no podrá ha­cer nada que valga la pena si no posee las dotes de un buen General y no dispone de un buen Estado Mayor. Y tánto número de tales hombres no se encuentra sino en un ejército donde se ha cultiva­do con esmero el espíritu de iniciativa. Para completar las consideraciones que sugiere el estudio de la iniciativa importa averiguar hasta qué punto el telégrafo facilita el mando, ya que este es un medio poderoso para obtener en la guerra el acuerdo entre el jefe y sus diversos subalternos, por la rapidez con que transmite órdenes, informes, preguntas y respues­tas. Mas si es cierto que en su empleo procura ventajas innega­bles, también lo es que con frecuencia se exagera su importancia. Desde luego la comunicación telegráfica no es tan rápida que la ocasión propicia para obrar no pueda huír en el intervalo que siem­pre media entre la pregunta y la respuesta, y se cifra de ordinario por horas cuando no por dí as. Si del telégrafo se hace uri uso con­~ iderable) los despachos se acumulan en las estaciones terminales ó Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 179 en las intermedias, y duermen en ~nas ú otras. Hasta cuando los di versos grupos de tropas están ligados t:onvenientemente por el te­légrafo, las interrupciones son frecuentes, producidas por los fenó­menos naturales, por las tentativas del enemigo y mil otras causas de todos conocidas, por lo cual sólo excepcionalmente se puede contar con sostenida comunicación telegráfica entre el jefe y los subalternos. Por esto, por importante que sea el telégrafo para transmitir órdenes é informes y mantener entre las grandes unida­des la identidad de criterio, cuanto al conjunto de las operaciones y la determinación de los objetivos que se persiguen, en manera alguna puede suplir la iniciativa y espíritu de acción de los jefes, y menos disminuír el valor de tales cualidades. Además, la escasa seguridad de semejante medio de comuni­cación exige que se le emplee con discernimiento, aun en los casos ~n que de él se dispone, tanto por los errores que suelen cometerse en la transmisión de los despachos, co'mo para que los jefes no pier­dan el hábito de obrar con iniciativa y no se tornen indecisos y vacilantes cuando el telégrafo falte. Servirse del telégrafo para en­frenar á los subalternos y dirigir todos sus actos, entraña inconve­nientes que no guardan proporción con las aisladas. ventajas que procura este medio de comunicación. Lo antedicho se desprende principalmente de dos s:o!lsidera­ciones capitales: De la amplitud de la e fcra de acción de los jefes y del tiem­po necesario para que puedan comunicarse con sus superiores, ó sea de la inseguridad del telegrafo ·y de la distancia que separ~ al que manda del que ejecuta, en cuyo tiempo los acontecimientos pueden precipitarse ó modificar<>e. En <;onsecuencia, el jefe . superior á sus . inmediatos agentes que obran independientemente uno de otro, sólo da directivas que les trazan la marcha general que deben seguir para alcanzar los objetivos inmediatos. Cuanto á los dichos agentes inmediatos tam­poco les será posible dirigir constantemente á sus propios subalter­nos por medio de órdenes diarias, como que los partes de lo ocu­rrido la víspera de ordinario llegan lo bastante tarde para que no se les pueda utilizar para la redacción de las órdenes que se expe­dirán á la mañana siguiente. Sólo será, pues, á los jefes de unida­des muy cercanas, que están en el mismo campamento por decirlo así, á quienes se puede comunicar órdenes cada mañana ó cada vez que lo exija la marcha de las operaciones. En resumen, delimitar netamente las atribuciones de manera que cada cual tenga su esfera de acción y no la rebase ,.;~n~a; exigir que cada jefe no dé órdenes sino á sus subalternos inmedia­tos, y sin nec<>sidad no se inmiscúe en ]as naturales atribuciones de éstos; tales son, decimos, las condiciones esenciales que habrán de satisfacerse para que sea buena la dirección de las operaciones militares. · Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. iso BOLETÍN MILITAR En circunstancias particulares, sobre todo en las diffciles, po­drá ser necesario, á veces, apartarse de los principios anterior('s: por ejemplo, en un mismo día el jefe superior puede ver¡e obligado ora á enviar nuevas instrucciones y aun dar órdenes precisas refe­rentes á detalle3 sobre la dirección de una fuerza, ora á disponer directamente de ciertas fracciones de tropas, con la condición sí que de ello informe lo más pronto posible á su jefe directo. Y como este procedimiento á menudo es pernicioso, no debe empleársele sino para hacer frente á inconvenientes más gran­des aún, porque es muy de temerse la incertidumbre que se apode­ra de los jefes y la mayor fatiga que resulta á las tropa. si, por abandonar la norma señalada, las órdenes se cambian durante la ejecución de las anteriormente comunicadas. Error sería, sin duda, creer que en la guerra no tendrán que darse contraórdenes, pero tamaño mal debe evitarse en cuanto sea posible, y de esta necesidad se desprende otra regla que abarca todos los grados de la jerarquía militar: las prescripciones deben detenerse allí donde se hace imposible prever los acontecimientos del mañana con alguna exactitud. _ Por lo dicho, los jefes que éJan una orden deben tener presen­te las reglas siguientes: 1.• U na orden que resulta inejecutable quebranta la autoridad del que la da y disminuye la confianza que en él tenía el subordi­nado que la recibe. Razón es esta, además, para no pretender pre­verlo todo y para no limitar con ext:eso la acción de los subordi­nados. En especial es nociva la impresión que produce una orden inconsulta, cuando la imposibilidad de su ejecución depende de errores palpables que se habrían podido evitar y así lo comprenden los subordinados : por ejemplo, cuando no se tiene en cuenta el tiempo que necesita la transmisión y la ejecu.ción de una orden. Natural parece que esta cuestión del tiempo debiera siempre compu­tarse correctamente por l0s jefes; pero por desgracia se olvida con tánta frecuencia, que hasta en las mismas órdenes de Napoleón se han hallado errores de esta especie ; 2.• Si varios cuerpos de tropas ó fracciones de ellos resultan mom-entáneamente reunidos para ejecutar una operación dada, es de primera importancia colocarlos á órdenes de un solo jefe, ínte­rin dura la operación. El olvido de esta regla también ha prúdu­cido con frecuencia funestas consecuencias ; 3.• La unidad de acción se facilita si los comandantes d tropas conocen las misiones asignadas á las fuerzas vecinas, y en muchas circunstancias convendrá dar á todas ellas la:; mismas directivas generales; 4.• Para obtener la transmisión rápida y segura de las órde .. nes es preciso que el jefe elija juiciosamente un punto para esta blecerse, y desde allí entrar en relaciones con sus subordinados; s prevé que tendrá que intervenir personalmente en cierta zona, s Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 'BOLET .fN MILITAR J 181 puesto natural está en ella. Los subalternos deben poder aproxi­marse al jefe en toda circunstancia y sin pérdida de tiempo, lo que será imposible si él cambia de lugar con frecuencia; S·" La rapidez y seguridad en la transmisión de las órden~s depende del valor de lo~ órganos empleados en tal servicio y de la confianza que inspiren, trátese de telégrafo, ayudantes ó jinetes estafetas. Para concluír, conviene poner de relieve las ventajas que pro­curan la actividad y la iniciativa, por cuanto en la guerra el éxito no depende de las fuerzas de que se dispone, sino de la habilidad con que se las emplea. La historia militar no tributa admiración á la (zurza qut rttrocede ni á la inteli'gtncia que deifallue. La his­toria militar sólo honra el nombre de los que supieron emplear con habilidad y energía las fuerzas confiadas á su dirección, aun cuando no hayan recogido los laureles de la victoria, y condena, al contrario, á los que en la guerra no hicieron todo aquello que en sus manos estaba ejecutar y cumplir. Entre mayores esfuerzos y sacrificios haga el Estado para asegurar el triunfo de sus armas, con mayor intensidad también deberán buscar los jefes no sólo la victoria, sino lo que es más importante, terminar la guerra en bre­ve plazo. Los grandes ejércitos cuestan demasiado caro para que se les pueda sostener largo tiempo, y Ja duracic>n de la guerra se abrevia dando vigoro ~ o impulso á 1as fuerzas en operaciones. La rapidez de é tas, unida á su conveniente dirección, aumenta las fuerzas del soldado y las del ejército. Tropas acostumbradas á considerar una marcha de cuatro leguas como su tarea ordinaria, se fatigan con más facilidad que las habituadas á caminar seis en el día. La actividad en el empleo de las tropas aumenta su moral si á la vez conciben la esperanza de que el éxito coronará sus es­fuerzos: marchas y contramarchas sin objeto producen contrario resultado, por cuanto las tropas comprenden perfectamente cuándo se las conduce con método y energía y cuánd con vacilaciones y al acaso. Lt actividad y la rapidez en el empleo de las tropas equi­valen á aumentar los efectivos; un jefe que hoy bate una parte del enemigo, y mañana, mediante una rápida marcha, cae sobre la otra para aniquilarla, de hecho duplica las fuerzas de que dispone con la energía y la r..tpidez de sus operaciones. "Actividad, energía, ra­pidez/' fue la consigna de Napoleón á sus mari cales al principiar en 1809 sus brillantes operaciones entre el A ns y el Isar, para impulsarlos á que sacasen partido del tiempo y de los soldados puestos á sus órdenes. Ell la guerra las horas son preciosas; á menudo un ligero avance en el tiempo decide del resultado de una operación ca­pital. * Mediante la rapidez y la energía logramos que al enemigo sea más diftcil el conocimiento de nuestros plane y le impedimos el • Ejemplo capital de esta verdad hallamos er1 l• camp.tña de Boyac.i. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 182 BOLETIN MILITAR oportuno empleo de las contramedidas con que pudiera contr2riarlos; así obtendremos las ventajas que procura siempre la sorpre a. Ade­más, semejante procedimiento es en la guerra el único medio de colocar al enemigo en una dependencia tal, que agote sus fuerzas en obviar las malas consecuencias que le resulten de 11 uestra labor, obligándolo por tanto á que renuncie á sus propios designios. Obrar así es dar la ley al adversario, ganándole de mano. Y el que tiene la batuta en la mano escoge los objetivos que le conviene alcanzar, busca los puntos débiles de la línea enemiga y sobre ellos acumula fuerzas superiores, lo que es un gaje de victoria. El que espera á que el adversario obre para en consecuencia adoptar su propia línea de conducta, llegará casi siempre tarde para plan­tearla y se estrellará contra nuevas disposiciones del enemigo, que trastornarán los proyectos que pretendía realizar Ganar de mano levanta la moral del ejército; el que persigue un objetivo determi­nado netamente, y para alcanzarlo emplea todas sus fuerzas, ad­quiere superioridad moral sobre el que resulta obligado á tomar como punto de partida las miras y operacivnes del contrario. Por lo mismo que en la guerra es tan difícil saber á ciencia cierta las intenciones del enemigo, el que subordina sus procederes al conocimiento de esas intenciones sufre, militarmente hablando, más que su adversario: del un lado voluntad clara y firm ,aumen­to de la moral del soldado, desarrollo de las fuerzas fí icas é inte­lectuales del ejército; del otro, dudas, vacilación con tante y lucha interna que arruinan las mejores tropas. En resumen, sólo el que emplea ofensivamente sus tropas puede sacar ventaja real de las fal­tas del adversario; el que se limita á defender e tiene que reducirse á buscar el éxito en las faltas que supone habrá de cometer el ene­migo. ¿Y si no las cometiere á tiempo? La iniciativa en las operaciones es el único remedio contra las malas consecuencias que los olvidos, equivocaciones, etc., oca­sionan en campaña, ya difiriendo la realización de una idea, ya buscando el mismo fin p .r otros caminos. En la defensiva las fa­tales consecuencias de esos incidentes ~on irremediables. Si ya los adversarios están en contacto, y un cuerpo no recibe á tiempo la orden de marcha que se le envió, fácil es juzgar cuáles serán las consecuencias, según que pertenezca al ej i: rcito que lleva la ofen­siva ó al que se defiende. El vencido por un adver ario .más resuel­to y activo podrá tempre citar un gran número de incidentes que contrariaron sus designios y favorecieron los del enemigo, pero nosotros no debemos olvidar que no es por casualidad, sino por a fuerza misma de las cosas, que el que es activo recoge los frutos que puede producir el azar. En todos los siglos los grandes Generales emplearon siempre sus tropas ofensivamente, hasta cuando estuvieron reducidos á la defensiva estratégica. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOYACÁ Ee&udle láctleo.,. eetraté8'1eo (0ontinuaei6n) Si bien es cierto que en las batallas, aun en las de encuentro, lo ordinario es hallar, cuando se analiza su desarrollo, la existencia de ciertas fases-momentos de los tácticos, -que en len1tuaje vulgar podemos llamar preparación, desarrollo, ejecución ó combate de­cisivo y ruptura de la lucha, \JUe se traduce en persecución ó reti­rada; si esto es lo común, decimos, al tratarse de Boyacá f"ue tal la rapiJez con que se desarrollaron y consumaron los acontecimien­tos, que los períodos de la lucha se sobreponen, por decirlo así, hasta confundir sus límites normales, y quizá no registra la historia otra batalla rampal¡en que, como en ésta, haya sido más rápido el dra­ma, haya vacilado menos la fortuna, y el resultado de la jornada haya sido tan decisivo, lo cual depende, conforme ya se dijo, de que Boyacá no es sino el desenlace de Pantano de Vargas, y por lo mismo, en el campo táctico, es el tipo pedecto de la batalla de en­cuentro, pero tipo que rara vez se repetirá, ora por lo escase de los efectivos en pugna, ora por la situ=tción política y social que ser­vía de razón de ser á la contienda, ya que la incapacidad del ge­neral vencido sí es, por desgracia, hecho frecuente en la historia y la clave de esa catástrofes que transforman la marcha de la hu­manidad, aun eh ctpartadas regiones del planeta. Empero, ante.i de engolfarnos en consideraciones de éierto orden,. pl'eciso es dilucidar. algunos .puntos .mera.mente .históricos; y en primer término la duración de la batalla propiamente dicha. El Boletín no indica la hora á que terminó, pero dice que consu­mada la ~errota de Barreiro, la vc1nguardia republicana "siguió n el mismo acto en persecución de los dispersos," hasta Venta­quemada, que dista cosa de 12 kilómetros del Puente. El día 8, á las siete de la noche, llegó á Bogotá uno de los oficiales españoles ue se salvaron de la derrota y había estado en la batalla hasta el fin: la marcha Je e;;te oficial, que tenía que recorrer 24 leguas, no udo durar más de veintisiete horas, lo cual indica que la jornada oncluyó cuando más temprano á las cuatro de la tarde. La perse­ución de la vanguardia es fama se detuvo en V entaquemada al ce-rar la noche, y cr>mo in, destinado á la campaña de Cúcuta, bajo las órdenes del Co­ronel Simón Bolívar, después Libertador de Colombia. Desde la acción de annas en la Angostura de la Grita, terri­torio de Venezuela, en Abril de 1813, empecé á ver mi nombre con honor en las gacetas de aquella época*. Unas veces mandé columnas bajo las órdenes inmediatas de otros Jefes, y otras las mandé inde::pendientemente. Mientras que Bolívar llevaba á cabo, con audacia inimitable, su gloriosa empresa de arrojar á Montever­de de Caracas, yo quedé encargado Jc la seguridad del valle de­Cúcuta, y después de varios encuentros con los enemigos en Lo mapelada, San Faustino, Capacho y Zulia, en que fueron derrota~ dos, lo fui á mi turno en el llano de Carrillo. No me acusa m 1 conciencia de haber dejado de llenar mi deber en aquella desgracia· Yo pedí un juicio militar, que se me negó por el Gubierno; pedí mi licencia atJsoluta, y también se me negó. Seguí, pues, sirviendo en aquel territorio bajo las órdenes ya del General escocés Mac Gregor, ya del General granadino Rovira, y últimamente del Ge­neral U rdaneta, hasta Junio de I 81 5· Durante esta época el valle de Cúcuta fue alternativamente ocupado por las tropas enemigas y reocupado por las independientes. (Continúa) F. DE P. SANTANDER • En la Gaceta extraordinaria de Cunclinam;.rca, del 8 de Mayo de 1818, número 10, ae publicó el parte del Coronel Castillo sobre la jornada de la Angostura de la Grita. Allí ee lee Jo siguitnte: "Destiné al Mayor Santander con las compañÍlls 1.• y 3.• del batallón S·o á ocupar la altura de nuestra derecha, en cuya declinación estaba situado el enemigo y apoyaba eu ala izquierda .• , Santander concluyó su operación ein eer notado, y en tan corto tiempo y con tal astucia, que no será creíble sino a Jos que lo presencia­mos, y que logró subiendo por el escarpado, dejando á su espalda l:~s vi~ías del enemi­go ...... entre tanto Santander batía al enemigo en su propio campo. Se han aguerrido loa rcclutu, puee las dos compañías con que Santander batió al enemigo er.m de las del batallón s.• ." Entre los recomendados está el Mayor Santander. En el Argo1 de la Nueva GrtJnada, periódico del Gobierno general de la Unión, se encuentran otros documentos, á saber: en el de 24
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 138

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 150

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Af:tOIV Bogotá, Mayo S de 1900 NUM.150 --~·~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIRECTOR AD-HONOREM 1 FRANCISCO J. VERGARA y V. Genet·al, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos loa Jefes y Oficiales del Ejército de la República OFICIAL BAT.~L!.ON PO:.ITEONIOO Conferencias de los Oficiales de la Misión Francesa (Comunicadas por un anti¿-uo oficial del Cuerpo) SERVICIO DEL CARÓN DE MONTARA Puntería y tiro El ángulo de tiro es el ángulo que el eje de la boca de fuego hace con el plano horizontal: es también el ángulo que indica un nivel colocado sobre la faceta del refuerzo. La distancia de tiro es la distancia que hay de la pieza al blanco sobre el cual se dispara. El punto de caída es el punto donde el proyectil viene á encontrar el suelo. El alcance es la distancia que hay de la pieza a1 punto de caída. El alcance (en los límites ordinarios de tiro) es tanto más grande cuanto más inclinada e-tá la pieza. La duración del trayecto es el tiempo que media desde la salida del proyectil del cañón hasta la llegada á su punto de caída. La trayectoria de un proyectil es la línea seguida por el pro­yectil desde la boca de la pieza hasta el punto de caída. El desvío es la cantidad de metros que el proyectil se separa á la derecha de su dirección primitiva, por consecuencia de sumo­vimiento de rotación. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 530 BOLETíN MILITAR El rmvnmento del proyecti 1 puede ser comparado al movi­miento de un trompo durante u movimiento de rot&ción. Si se inclina un poco, el trompo adquiere un movimiento lento que se llama movimiento de preasión. La flecha AB indica el movimiento de rotación del trompo; y la flecha CD indica el movimiento de precesión. Los dos son del mismo modo y CJmbus en el sentido de las agujas de un reloj. Un proyectil en su trayectoria adquiere un movimiento de rota­ción que le es dado por las rayas. Su pe o lo inclina un poco, y des­pues toma un movimiento de j>ruesion del mismo lado que el movi­miento de rotación. Principiando su movimiento de precesión el proyectil, se pre­senta oblicuamente al aire, y de pués la resistencia del aire produce un desvío, que es más grande en los cañones cuanto más grande es el alcance. En esta separación que se llama dt!sv/o se ve que se hace á la derecha para la pieza rayada ét let derecha, y á la izquier­da, para la pieza rayada á la izquierda. El desvío de las tabla e la cantiJad de milímetros que se necesita correr el trazo horizontal dd alza para corregir la des­viación. NoTA-En el fusil hay también de vío, pero se le corrige po­niendo la ranura 'le mira un poco á la izquierda ó á la derecha clel eje del arma, según que el fusil sea rayado á la derecha ó á la izquierda. Un tiro es largo ó corto, según que el punto de caída esté más lejos ó más cerca que el blanco. Un tiro está á la derecha ó á la izquierda, según que el pun­to de caída se halle á la derecha ó á la izquierda de la línea que va de la pieza al blanco. Por efecto del viento el proyectil va á caer del lado hacia el cual sopla. Un desnivel de las ruedas hace de viar el tiro del lado de la rueda más baja; á la izquierda, por ejemplo, si la rueda izquierda está menos alta que la d,.recha. Para averiguar si las ruedas están á una misma altura, el apuntador debe colocarse atrás de la pieza y comprobar á la vista ó con la ayuda de una plomada que el alza no e:;tá inclinada á ningún lado. Para di minuír la influencia de un desnivel de las rueda5 se puede hacer una zanja en el puesto de la rueda más alta; en cada caso debe siempre volverse á colocar la pieza en batería en el mismo punto, 1~ más exactamente que sea posible. La línea de mira es la línea recta que pasa por el centro del ocular del alza y la mitad del intervalo de las puntas del guión. El ángulo de situación es el ángulo que forman el plano ho­rizontal y la línea recta que une la pieza con el blanco. Apuntar una pieza es colocarla en las condiciones precisas para que el proyectil vaya á tocar el blanco. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MI LIT A R 531 Para apuntar una pieza es preci!o darle una inclinación t{tl que el proyectil vaya á caer á .la altura del blanco, y en la dirección co:1veniente para que t>l proyectil llegue sobre el blanco. La puntería puede hacer;;e ya con el alza sola ó con la ayuda del nivd de puntería; en este caso la dirección debe ser dada por un procedimiento que varía con las circunstancias, no permitiendo dar el nivel sino la inclinación. La dirección se da, sea con una plomada si el apuntador, es­tando de pie, detrás de la pieza, puede ver el blanco; sea dirigien­do la línea de mira sobre un jalón ó un sable colocado en Ja di­rección del blanco. Casi siempre esta manera de obrar no se em­plea sino para primera puntería, y se tiene siempre cuidado de tomar un punto de mira auxiliar sobre el cu<:~l se apunta la pieza para lo otros ti ros. En ciertos casos, en los cuales la punterÍ cort.> n hrgo, sep;LÍn que ocul­ten el objetivo cí que aq11cl "e divist! ~nhre li ha nube . La ob-.;ervaci6n se ha,...e á h simple vista, y m ejor con ayuda de un anteojo (, binóculo. Arreglar el tiro de una batería, es hallar el alza que debe em­plc< trse para que los proyectile lanzad por su diferentes pieza , llegando á a~rupar e al red edor del objetivo, produzcan el mayor efecto que se pueda. Se cono;igue este resultado por medio de la observación de los punto de caída de cierto número de pro- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 534 BOLE'l'IN ?tiiLI'r.AR yectiles, rectificando luégo metódicamente las alzas empleadas en este tiro de ensayo. Pero aun terminado el tiro de ensayo, se necesita \' eriftcar el alza p.1ra evitar los errore~. f/erijicación dtl alza- La verificación ~el alz.a es una opera­ción por la cual se asegura el artillero yue una alza da puntos de caída próximos al blanco. Esta verificación se hace de la manera siguiente: ·e observa un tiro del alza para verificar, si este tiro es corto ó largo se tira un segundo con el alza aumentada ó disminuí da en so metros. Si los dos primeros tiros están del mismo lado, se tira un ter­cero, aumentando ó disminuyendo también el alza en so metros. Si el desvío no cambia· de lado, por el tercer tiro se \'erá si 1 verificación no sale bien y se vuelve á empezar el arreglo. Ejemplo: alza para verificar á 2,250 metros. 2,2so corto. 2,300 corto. 2,350 corto. Arreglo y \'olver á empezar. e aprecia, al contrario, que la vcrificaci6n ~ ale bien, ~ ¡ el desvío cambia de lado, sea al segundo tiro, sea al tercero. Se verifica el alza en las circunstancias siguiente": 1.0 Para la ejecucion del arreglo; 2.° Cuando en un tiro de conjunto se oh ervan olamentc unos tiros del mismo lado; 3· 0 Si la eficacia del tiro no parece suficiente; 4.° Cuando la di ~ tancia del blanco es la que una artillería ha hallado ante por un arreglo; 5.° Cuando se observa, durante el arreglo, un tiro en el blanco. La reglas para continuar el tiro despues de la verificacion son las siguientes: 1.0 El dtsvío cambia ¡{ .. lad? al St!KU 'Id? ti1:;- i la vcri ficación está hecha para la ejecucÍÓ;l del arreglo, 6 de . pues d<' un tiro de conjunto que dio solamente tiros del mismo lado, e toma la mi­tad entre las alzas empleadas para l0 ~ dos tiros. Ejemplo: alza para verificar á 2,250 metros. 2,250 corto. En lo verificar. 2,300 largo. Se toma 2,2 7 5· 3. 0 , 4. 0 y 5. 0 casos, se vuelve á emplear el alza para Ejemplo: durante el arreglo e ob ~ erva el alza de 2,4-00 me­tro · que dio un tiro en el blanco, verificamo. : 2,400 corto. 2,450 largo. Se vurlve á u ar d alza de 2,400 metro que dio un tiro en el blanco. 2.0 El dtsvzo cambia de lado al tercer tiro. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍN MlL11.'AR. 535 Se toma en todiJs /IJs casos para continuar el tiro, la mitad de las alzas con las cuales se tiraron estos tres tiros. Ejemplo: alza para verificar 2,250 metros. 2,250 corto. 2,300 corto. 2,350 largo. Se toma 2,300 metros. ()rro ejemplo: el alza de 2,400 dio un tiro en el blanco; ve­riJiquémosla: 2,400 corto. 2,450 corto. 2,500 largo. Se toma 2,450, aunque 2,400 metros diese un tiro al blanco Arreglo dI tiro-Es sólo el Capitán quien regla las correc­ciones relativas al error de alcanc~. Siendo corto el primer tiro, hará tirar un segundo proyectil, un tercer\>, etc ... aumentando cada vez el alza en 200 metros ó 400, según que la distancia sea inferior ó superior á 3,000 metros. Luégo qu~ por mt:di ,> ele este procedimiento se haya obtenido un tiro largo, elt'apitán h.1rá tirar el siguiente con un al!.a igual al valor medio Je lo do último tiros. Se continuará después el tiro ele ensayo empleando como alza, á cada tiro nuevo, el alza media entre las que han dado anteriormente el tiro largo y el tiro ' orto má aproximado: uno Je otro. Obrando de e~ta manera, ·e obtendrán pronto Jos al.l..ts, cuya diferencia sea de 100 metros, y que cor-re-pondan una á un tiro· largo y la otra á un tiro corto. El Capitán indicará el alza media entre estas dos alza~, mandará la vaijicación, y designará, si lv juzga convenientt":, una parte del objetivo á cada sección ó cada pieza, como blanco, y hará emplec.~r tiros de conjunto de cuatro tiros cada uno. En los tiros de conjunto, lo tres en el blanco cuentan por la mitad largos y por la mitad corto . E 1 alz.1 pu~dc ser considerada como buena cuando svbrc cuatro tiros resultan dos cortos y dos largos. Cuando el objetivo es una tropa descubierta y en líne.1 del­g ada, s::: pued~ consiJerar como buena un alza que dio sobre uatro tiros, dos ó tres tiros cortos, pero solamente si lo:, tres tiros cortos no son los tre primeros del tiro de conjunto . .El alza debe ser modificada en 25 metros después de cada tiro de conjunto que no dio el resultado deseado. Si los tres primeros tiros de un tiro de conjunto caen de.l mismo lado, e verificará el alza empleada. Ejemplos. El blanco es una línea de artillería. A 3,500 metro:', viento medio viniendo de la derecha. Se cot re el ocular á la derecha 7 milímetros. 3,500- I .a pieza, fuego. L:argo. 3, l0:)-2.~ pieza, fuego. Corto. 3,300- 3·n pieza, fuego. N o observado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 536 BOLETÍN MILITAR 3,300-4. • pieza, fuego. Largo. 3,2oo-5.a pieza, fuego. Corto. 3.250-- Alza para verificar. 6. 11 pieza, fuego. Corto. 3,300-1 .n. pieza, fuego. Largo. La verificación sale bien; se emplea el alza de 3,27 5· 3,275-Tiro de conjunto, 2.11 pieza, fuego. Corto. 3,27 5-Tiro de conjunto, 3.• pieza, fuego. Corto. 3,275-Tiro de conjunto, 4.• pieza, fuego. Corto. Los tres primeros tiros resultaron cortos, se necesita verificar el alza. 3,325-5.• pieza, fuego. Largo. La verificación sale bien, se adopta 3,300 metros. 3,300 metros-6. • pieza. Larbo. 3,300 metros- I .a pieza. Corto. 3,300 metros-2. • pieza. Corto. 3,300 metros·-3.a pieza. Largo. El alza está arreglada.-(Cmtinúa) ------~··~------ SECCION DOCTBfN AL VJtllHÓN LIDilE PARA XL 11 DOLitTfN MILITAR" • Apenas se llega á tierra montañosa, á la región de las cum­bres eminentes, y, recorriendo el terreno, se le estudia desde el punto de vista militar, la derrota de ciertas ideas preconcebidas es completa, y provoca hacer todo lo contrario de lo prescrito por el reglamento, para poder t.plicarlo á la guerra en la m ntaña. En efecto, los proccd· miento~ de marcha no pueden :;er los mismos que en las llanuras ~n donde fuertes columnas pueden mo­verse por carreteras bien conservadas, y los servicios de exploración y seguridad exigen condiciones aJecuadas y aun diferentes. El estacionamiento presentará numerosas y considerables di­ficultades. El ataque y Ja d fcnsa de posiciones no se desarrolla del mis­mo modo que en la ll..tnurci, t!onde la menor elevz.ciun dd terreno se torna obstáculo formidable para el ataque, y facilita la defensa creando extenso campo de tiro, en el cual es fácil la apreciación de las distancias y donde la aplicación de los preceptos reglamen­tarios puede hacerse sin mayores dificultades. • Como término de e te trabajo hrtremo'! .tlgunas obsen·uciones indispensables en nuestra cordilleras, tan distintas de los Alpes, y en las que si falta la nieve in­vernal, en ca.nbio ·e p-te!:'ent .. n dificultades de otlo 1den, de t·ruo<'ida en la Euro­pa centr,l-(rf. del T.) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETiN MILITAR 537 En la montaña, 5Í las grandes leyes de la guerra permanecen inmutables, pues no dependen del terreno, su aplicación no es idéntica á lo que se hace en la llanura poblada y cultivada. Una parte de las tropas de la Nación está encargada especial­mente de la defensa de la frontera alpina, y en el:a se encuentran ya quienes, merced á una constante práctica, conocen la guerra de motañas; el mayor número lo ignora aún. La fuerza no tiene ni al equipo, ni la instrucción, ni l;J práctica necesarias. Los jefes, desde l~s más jóvenes hasta los de mayor categoría, no poseen ni el vigor-aumentado por el adestramicnto é intJtil sin él,-ni el arte de manejar la tropa entre los riscos, sea en marcha, sea en combate. Y no puede ser de otra manera: V en idos de todos los rincones del país, in tener idea anterior de lo que es una mo11taña, llegan y pa an, tras un sumario apren­dizaje, legando á los que los reemplazan los mismos errores y la mismas ignorancias_ Preci ·o es variar el sistema de reclutamiento de estas tropas y luégo establecer un reglamento de servicio dedu­cido de la práctica de los que allí sirvan, para que el día del peligro, á falta de experiencia, á lo meno haya un libro que ilu tre á los ignorantes y guíe á los presuntuosos y atropellado • I- GE ERALIDADES Haríamo bien en imitar á Descartes cuando hizo tabla ra a de la ciencia y la fdosofía antiguas para no buscar la verdad ino por mctlio del raciocinio, y por eso á nuestro turno nos serviremos tan sol0 del raciocinio y la experiencia para indagar los mejores mé­todos pétra marchar, descansar y combatir en la montaña. Para rea­lizar e te desiderátum debemos ocurrir á los montañeses, y de sus prácticas deducir un esbozo de reglamento que ponuría luégo en práctica una tropa de 100 hombres venidos de todos los rincones Jel país, \larianuo cada día las fdtigas, los peligros y las pruebas que habrían de vencer para dominar las cumbre . Hecho e to, fácil sería entonces establecer un código de reglas segura y apropiadas para enseñar á la mayoría de los habitantes á hacer la guerra en la montaña. Las primeras observaciones naturalmente habrán de referirse al equipo y ve tid del soldado. El calzado debe ser ancho á la vez que ajustauo al pie., on la. uela. obrcsaliente y guarnecida Je cla\ os de abeza grande, con ·on.lún ¡nra amarrarlo por dchnte, alto lo bastante para abrigar el tobillo pero in e torbar los movi­mientos del pie. El calzado de cuero duro que no puede man te­nerse elástico y ab:,orbe la tran piración y el polvo es detestable y lastima el pie, cuyo descanso no puede obt~ner e sino cambiando de calzado si éste e.s apropiado para la marcha. Con el calzado descubierto como la alpargata*, el pie queda demasiado libre, e hincha y ]a$tÍma. • Cue·tión de co!'tnmbre: 81JUÍ la tropa Oll calzJ.do ería iníítil en la montañ.­y con alpargatas 6 t¡ltimbas y aun descalza hace marcha asombrosas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 538 BOLKTÍN MILITAR Si tras una fue1 te marcha el pie adolorido se la va y seca, y en seguida se recoge en un calzado sólido, resistente y á la justa me­dida, descansará perfectamente, y el bienestar que de esto resulta se extenderá á todo el organi mo. En una palabra: el soldado en la montaña nece ita dos pares de botines, uno en los pies y otro en el morral. El uso de la media cort::t ó calcetín es excelente, puc da al pie má elasticidad dentro del calzado, y aun cuando muchos solda­dos pueden prescindir de él, dado su e~tado f1sico, es indispensa­ble en las altas cumbre , cuando el frío arrecia. No debe olvidarse sí que esta prenda del vestido demanda aten ión especial, tanto para su aseo como para el modo de usarla. La higiene del pie es capital en campaña, y todo cuidado es poco á fin de que en él no se produzcan heridas: es error comtín que un par de botines medidos al pi convienen al individuo p:~ra la marcha. 'l'al calzado que llena la condiciones de longitud, an­chura y aju. te, hiere de pués de do ó tre días de marcha, porque s_ form:w pliegue· ó el pie se hincha, y ya no cabe bien, ó lo lasti­ma el ontrafuertc, cte. El a eo es condición indispen able para conservar el pie en buen e tado. Los diver os accidente que p:1eden producirse, am­poll. t!' con tu. iones, lastimaduras, etc . ., deben curarse en el acto. Si aca~o d dailo ocasiona dolore en tod un mú:culo de la pierna, se impnne el reposo completo hasta que el dolor haya desaparecido, y si ocurre una hemorragia hay que detenerla á cualquier precio, inclu ive con cor~1pre a de yerba y ti rra en t2nto que 1 ega el médico. El calzado debe so:;tencr la garganta v el tobillo, pero el pan­talón debe caer con lib...rtad, ajuc;tar'e á las caderas y tener la am­plitud ·uficiente en el fondo y entrepierna para que los músculos pucJan j11gar con entera oltura. Por e<:.to todo calz,ón que apriete la rodilla debe desecharse. Si se quiere ajustar lc1 parte inferior del calz,ón, b.1 ta y sobra un alfiler de nodriza para arreglarlo, como lo u. an lo ciclistas. Las band~s ó fajas de paño, dichas MolletierN, son lÍtiles si no comprimen la pierna, porque preservan del polvo y a u 11 del lodo que no puede penetrar en el calzado. Es indispensable la franela. La camisa de génuo e n un cin­turón de franela no basta, porque es necesario que la tran piración .ea absorbida sobre todo el cuerpo, en especial el pecho y los bra­zos; la cintura en refer~ncia no garantiza ino el vientre, y en vez d~ una rc · ultan dvs prenda, que debe cuidar el soldado. El vestido erá amíllio, con mangas ancha , que no compri­m1 los hombros ni el pecho y deje libre juego á la respiración. U na blu a por el e~tilo de la que usan los cazadores, e el ve ti do que llena mejc r e tas conJ.icioncs. Nuestra incómoda y antipática chaqueta de inf.lntería es el más ckte table de lo,; vestidos: com­prim .... lm hombros y el tórax, apri'.!ta las caderas, mantiene los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE~'ÍN .l.\HLI~'AR 539 brazos como dentro de un estuche, ~e de arregla con el más Ji gero movimiento, forma pliegues y aun la tima al soldado así que éste tiene que hacer grandes esfuerzos, de suerte que se ve entonces obligado á desabotonar los ú !ti m os botones p.1ra darle más ampli­tud y estar con mayor comodidacl. Es el ve tido diarnetralm~nte opueno al que se necesita en la montaiía. El vestido debe ser completado con un manto: el actual ca­pote de infantería no es práctico, requiere estar á la medida, y no lo es así, resultando ser muy ancho y feo, ó muy estrecho é in­cótnodo. Se necesita, pues, no un capote sino una capa amplia, que e u bra bien el cuerpo, e :; té pr~>vÍ:->ta de u na capucha, y sirva no en la marcha si no en el vivac y en el servicio de avanza­das. El mejor moJelo es el que usan lns rusos, cuyos delanteros se cruzan sobre el pecho sin comprimir! , y tiene una capucha fijada en la espalda. En fin, se nece5ita un sonbrer que Cttbra Lts orejas y la nuca; el birrete de los alpinistas es prenda de \'e tido de ópera cómica; el kepis no tiene en su apoyo si no la costumbre. Lo que sirve en la serranía es l<1 gorra de paiw de alas que pueden bajar e; el pasa-montaña poco elegante, pero adecuado al fin á que se le de tina. Vestido el soldado, resta saber qué carga llevará sobre lo~ hombros, la cual entre más liviana mejor. Regla absoluta: todo el cq ui po debe acomodarse sobre la espalda y hombros, y nada obre las caderas. La mochila (morral) no debe encerrar sino lo indis­pen able: una muda de ropa, aguja é hilo, y dos días de víveres. El cinturón con cartucheras para 120 cartuchos, pero sostenido por correas que hagan gravitar ~u peso sobre los homhrm;. l)cl cinturil, un bastón herraJ ,>, la can­timplora, y el soldado estará listo para la guerra de m rmtaña. T .' CTICA DE MARCHA I- Preparaci6n del soldado ·rres cosas son indispen'iables al soldado en la montaña: la moral, el jarrete y el pulmón; las dos primeras se pueden adquirir si faltan, en tanto que la última es independiente de nuestra vo­luntad. 1.0 La moral-Es el factor fundamental en el asunto. En la montaña el soldado habrá de encontrarse enfrente de serias diíicul­tades, de peligros reales de que no saldrá si no con erva la sangre fría que permiten desplegar íntegros la energía y el valor. La moral se adquiere, y aun fácilmente, si el hombre se adies­tra progresiva y metódicamente; primero es preciso habitu,trlo á la fatiga que produce la carrera en la tl'_lontaña: desde que sepa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT A.R marchar sin dificultad, con seguridad y esté educado su jarrete, se le hará abandonar lo3 5enderos transitados y atacar de frente las pendientes. En toda región de altas montañas las pendientes se muestran de naturaleza y calidad muy diversas, pero que puede11 reducirse á tres ti~os: la cubierta de césped ó de pedregales, el derrumbe y la roca v1va. La falda, pedregosa ó cubierta de césped, se sube no sin pena, porque es resbaladiza, y la suela del zapato se alisa á los pocos pa­sos, pero no presenta grandes dificultades, y de ordinario su incli­nación es mediana, sucediendo otro tanto con los pedregales. Los derrumbes varían al infinito en forma, caracteres y ex­tensión, pero iempre pertenecen á uno de los tres tipos siguientes, en cuanto composición: grava ó arena, piedra y cantos de roca. Solament.:: la experiencia ense~ará cuál es el mejor sistema para abordarlos, ya según la línea de máxi:na pendiente, ya en lí­nea oblicua que con aquélla forme ángulo más ó menos abierto. Por regla general los derrumbes de grava deben ascenderse i­guiciHlo la línea de mayor pendiente, cualquiera que sea el sub-uelo que los soporte, porque tomándolo al se g , si la tropl es numerosa, abre un largo surco, y como entonces las capas superio­res quedan in apoyo, e deslizan empujada por su peso, y pueden causar des·:tstres, formando aludes de piedras. El peligro aumenta aún si el sub·uclo e de marga ó roca lisa, por lo que cualquiera que sea la dificuitad, hay que subir los derrumbes por la línea de mayor pendiente. Los de piedras pueden atacarse oblicuamente· si el subsuelo es firme, pues de lo contrario hay que proceder como en el caso anterior. Los de rocas sin vacilar deben afrontarse por la línea más recta; la sola precaución que debe tomarse e que el guía de la Cyar e ó el e·pacio se reducido, corre inminente peligro de h1 erio caer al abismo que lo atrae, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET~ MILJTAR • Nadie puede afirmar que no es accesible al vértigo, porque quien no lo siente en unos casos, puede sufrirlo en otros, en espe­cial cuando prolongada fatiga debilita las fuerzas y quebranta el ánimo; pero conforme queda dicho, aparte de esos casos excepcio · nales, el vértigo es estado nen' ioso que se aprende á vencer. El mal de montaña es causado por la rarefacción del aire: constitúyelo una laxitud invencible seguida de fuerte fiebre, y no tiene otro remedio.:> que un reposo absoluto. Nadie está exen lo de este mal, ni aun los viejos montañeses, y según el tiempo, la esta­ción y el estado del organismo, se principia á sentirlo á los 3,ooo metros de altura. El vertigo, al contrario, nada tiene que ver con la altura: el que lo sufre lo siente lo mismo en un balcón de tercer piso que en una enhiesta roca, y desaparece con el menor apoyo, una cucrJa que el menor e fuerzo rompería, y viceversa. En todo caso, á partir de 2,ooo metro , aun cuando no se ienta el mal de montaña, ya se respira con más dificultad, la¡ fuerzas disminuyen y la fatiga domina con mayor facili~ad. Con la educación, pues, podemos producir la moral en el sol­dado, es decir, la sangre fría, ]a energía, la audacia que vaya hasta la temeridad, pero sin perder la razón; y esa moral se rctempla y afirma á medida que se ejercita. Sólo el que ha hollado las cum­bres solitarias sabe cuánto placer se siente después de la ascensión, no por el paisaje visto, ino por las fatigas y peligros vencidos, por la dosis de energía, calma y sangre fría puestas en obra; por la fuerza gastada, por el desdén de la muerte que lo acechaba á cada paso, por el orgullo del triunfo obtenido sobre la naturaleza en desigual batalla.-( Continúa) H. BARAUDE ... INFORME SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continuación) Remonta y desecho de caballos Los caballos necesarios para la caballería, así cG>mo para la artillería y el tren, se sacan directamente de los quince depósitos de remonta, que contiene cada uno de 400 á 500 caballos, los que se en­tregan á los cuerpos periódicamente y á medida de sus necesidades. La provincia de la Prusia oriental contiene, para su servicio, siete depósitos de éstos, y provee ella sola la mitad (3,ooo) del número de caballos que son precisos anualmente á las tropas prusianas. Estos depósitos de remonta dependen del Ministerio de Gue­rra, pero están organizados sobre los mismos principios que las ye- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 542 BOLE'fJN MILITAR guadas del Estado, es decir, que po een como éstas algunas tierras que administran libremente. En los depósitos los caballos están todo el año alimentados con paja ó heno seco, y alojados en caballerizas capaces para 25 ani­males. Pero aun cuando estas cuadra'\ están provistas de pe ebres, no se ata en ellos á los caballo , que andan libremente. Dt>l cuello de cada uno pende una placa de hoja de lata con un número que ha de seguir al animal hasta e1 fin de su carrera militar. Estos nú­meros se determinan para cada remonta, anualmente, y difieren de un depósito á otro, de manera que se puede saber siempre, en el acto, de qué depósito viene cada caballo y por quién ha sido com­prado. Sólo se compran, para los depósitos, caballos de tres años. Los que se destinan á la caballería ligera (dragones y húsares) deben tener una talla de cinco pie y dos á cuatro pulgadas ( 1"',37 5 á 1 m,625), y para la caballería pesada (hulanos y corace­ro~), de cinco pies y cuatro á ocho pulgadas ( 1 m,62.5 á 1 ... ,727). Los caballos que se tienen en más es ti rna son los de la Prusia oriental. Las compras se hacen directamente por cuenta de los depó­si ros de remonta, por seis comisiones especiales ( Remmte-Ankaufi­Commissiolh'm), operando cada una en radio determinado, del cual llega de este modo á conocer bien lo productos. Cada comisión se compone de un pre. idente (oficial superior ó capitán de caballe­ría) y de tres vocale (dos teniente y un veterinario). Tiene ad­juntos un secretario y algunos soldados ordenanzas. Estas comisiones no se constituyen sino para el acto de las compras, que empiezan el mes de Mavo. El pre · idente es el único miembro permanente, y durante el ·invierno los seis presidentes tienen su trabajo en el Ministerio de Guerra. Los otros miembros de b comisión se nombran cad·{ año en los cuerpos, elegidos entre los oficiales que conozcan bien los caballos y parezcan aptos para ser más tarde presidentes. Así pues, se procura enviar á los mis­mos oficiales varios ar1os seguidos para este servicio. Cuando se terminan las compras, estos oficiales vuelven á sus cuerpos. Algún tiempo antes de empezar estas operaciones, cada co­misión hace publicar la indicación de las localidades y los días en que tendrá lugar lo que se llama los mercados ó ferias de remonta (Remonte-Markte). En el día que se determine se traslada la comi­: aión á la localidad indicada y compra al precio corriente los caballos de tres años que se le ofrecen. Estos caballos se reúnen por grupos, y conducidos por des­tacamentos que prororcionan los regimientos de caballería inme­< liatos, se dirigen al depósito de remonta más próximo, en donde permanecen un aiío entero. Por excepción pueden algunos conser­varse allí dos años. Para poner la dignidad del presidente al abrigo de todas las proposiciones impertinentes de los corredores, está admitido que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETÍN MILITAR 543 sea él quien decida definitivamente la compra de cada caballo; pero corresponde al teniente más antiguo gestionar el solo las con­di ~iones de la venta con el propietario del animal, mientras que el oficial más moderno hace proceder á su reseña, etc. La reman ta de la caballería, arti llen'a y del tren del cjérci to prusiano exige cada aiío próximamente 6,o:)O caballos. El reparto por armas se hace . iempre por el inspector de remontas, quien con este objeto pasa en tiempo oportuno la revista de todos lo caballos de la remonta llegaban Á los cuerpos en c·l otoiío, y tal cambio proviene principalmente de que hasta ahora los caballo viajaban siempre por jornadas, lo t:ual retardaba much su llegada. Hoy, por el contrario, se ha re­gl mentado su tran porte por el cam1no de hierro, y no se recurre al antiguo modo de conducción sino para los regimiento. que se encuentran en punto ~ inmediatos al depó ito de remonta. Como por otra parte los desecho d ~ caballo ólo se hacen al fin de las gr.tndc;, maniobra~, resulta que durante algún tiemp el efectivo de los caballos er1 los cuerpo es superior á la cifra regla­mentaria. Así pue . , se autoriza á los regimientos para de embara­zarse en parte de este excedente, vendiendo hasta 20 caballo in­mediatamente después de la llegada de las remontas. Un regimiento de caballería recibe anualmente 63 caballos, que se distribuyen á razón de I 2 ó I 3 por escuadrón, más un número variable, según las necesidades, de caballos suplementa­rios des ti na dos á la categoría de caballos de oficiales, que llaman OJ!izier-Chargenpferde. · l'odos los tenientes de caballería, adern ás de l caballo que deben poseer personalmente, tienen derecho á tomar además otro de los de filas. Los del Chargenpferd no deben entregarse al oficial sino después de una doma completa, porque el mucho servicio del oficial de caballería no le permite entregarse á esta operación, y se cuida esencialmente de que cada oficial posea siempre un caballo bien amaestrado. Estos caballos, entregados gratuitamente á los tcnien tes, vienen á ser propiedad del poseedor al cabo de cinco años. Y el oficial que no hace uso de su derecho de tomar caballo del escuadrón, recibe en cambio el precio medio de caballo de remonta, pagado en cinco anualidades correspon­dientes á los cinco años al cabo de los cuales el caballo hubiera sido de su propiedad. A tales oficiales no por eso deja de obligár­seles á tener dos caballos, y en general se cuida rigurosamente en el ejército prus;ano de que todo oficial, cualquiera que sea su arma, tenga constantemente presentes en el cuerpo el número de • E decir, desde el nño 1 75, que e al que el autor se refiere. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 544 BOLE'l'ÍN MILIT A.R caballos que ordenan los reglamentos para el tiempo de paz. ~ otro modo, en caso de movili2'ación, no podría desempeñar el pa­pel que le incumbe. El inspector de remontas, al hacer la reparti­ción de los caballos en los depósitos, hace poner en la categoría de Chargenpferde los que resultan rnejores desde todos los puntos de vista. Esta designación, por otra parte, no limita en modo al­guno la libertad de elección de los oficiales, que pueden siempre ejercerla entre todos los caballos de remonta, no directamente sin emb:1rgo, sino con la intervención de una comisión compuesta dct un jefe, un capitán y un teniente, la cual debe aprobar las elecciones. Por lo que respecta al desecho de los caballos, el reglamento deja la más completa libertad á los capitanes, teniendo presente que éstos, con conocimiento perfecto de todos los caballos del es­cuadrón, están mejor que nadie en estado cle juzgar si tál ó cuál es ó nó apto para el servicio. No hay regla p a rticular al g una que determine la duración normal del tiempo que debe servir un caballo; por lo regular su entrada en el cuerpo es á lo cu a tro años, y permanecen, por tér­mino medio, poco m á s de una decena de años; de manera que la mayor parte de ellos s~ desecha n entre los catorce y quince años; pero como en todo esto el capitán es el solo responsable, no se le obliga á desechar sus caballos, y puede, si lo cree posible, conser­varlos en el servicio hasta la edad de veinte años. Este es el límite extren1o, y, por r gla general, un caballo de veinte años debe ser sustituído *. 1 comandante del escuadrón debe ser muy circun pecto en sus desechos, porque estando determinado el número de caball06 de remonta una vez para siempre, sólo recibe anualmente la can­tidad de ellos así fijada (trece próximamente), no variando, por lo demás, esta cifra sino á consecuencia del mayor ó menor número de caballos designados para Chargenpjerde. Resulta de esto que un capitán que haya recibido~ supongamos, trece caba­llos en el mes de Julio, no desechará igualmente sino trece en Septiembre, después de las maniobras, si bien puede ser que tenga más de éstos en su escuadrón que merecieran ser desechados. Su­cede que, por ejemplo, un caballo muere en el curso del año, y no se le reemplaza: en el otoño se procurará desechar uno meno> para mantener siempre el completo del efectivo. Si esto es impo­sible, y un capitán se viese obligado á desprenderse de más ca­ballos de los que ha recibido de la remonta, el déficit persiste du­rante un año, y el número de hileras del escuadrón se encontrará, por lo tanto, reducido. • Sin embargo, se encuentran eh los cuct pos C;lbtlllos qne tienen veintiun6 y aan veintidós año , como lo veremos má· adelante. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 545 Puede también suceder que en el curso del año resulte un caballo impropio para el servicio, y que el capitán del escuadrón juzgue imposible conservarle en las filas. Entonces informa al jefe del regimiento, quien da la orden para que se reúna la comisión de examen (Pferde-Prüfungs-Commision), compuesta de un capitán, dos tenientes y un veterinario, á cuya comisión se presenta el ca­ballo, y sin más apelación da su dicta.ntn, sin que haya tampoco necesidad de que su decisión sea aprobada por la autoridad supe­rior. Si el caballo es declarado inútil para el servicio, se vende in­mediatamente en subasta. Cuando tenga lugar el desecho siguien­te, el capitán procura desprenderse de menos caballos para poner al completo su escuadrón. Se ve, pues, que en suma el capitán del escuadr6n es absolu­tamente el dueño de sus caballos, y el mismo coronel no tiene el derecho de exigirle se de~haga de tales ó cuáles caballos. Aún se encuentra en e te momento en varios regimientos de la caballería prusiana una categoría particular de caballos llama­dos Augmmtations-Pferrle, di tri bu í dos entre los cuerpos para llenar los vacíos que se produjeran durante la última guerra. El número de estos caballos varía mucho naturalmente de un regimiento ó de un escuadrón á otro. En algunos no lo hay, y en otros podrán contarse unos 40, esto e , casi el tercio del efectivo. Esto depende enteramente de las pérdida sufridas en el curso de la campaíia. A í, por ejemlo, el 1.0 de dragones de la guardia, que perdió en 1V1ars-la-·rour casi la mitad de su caballos, tiene aún hoy de 30 á 40 Augnuntatior.s-Pfcrde por escuadrón. En fin, exi::;te también cierta clase de cahallos ql!e se llama ,·aba/fas de compra ( Aukaufs-Pjn·dc), porque han sido comprados por Jos mismos escuadrones. Hé aquí en qué forma. Hemos dicho antes que el caballo que muere en el curso del aíio no se le reem­plaza inmediatamente, y que el escuadrón tiene que soportar este déficit ha ta la llegada de la próxima remonta; pero en el ínterin tl Gobierno continúa abonando al regimiento la cantidad de ra­ciones correspondientes á su efectivo reglamentario. De suerte que el e cuadrón que haya perdido un caballo recibe, no obstante, l;1s raciones para él como si estuviese siempre presente. El capi­tán separa esta raciones, las vende, y con su producto compra un nuevo caballo, que viene á ocupar en el escuadrón el puesto del que fue baja. Compréndese, por otra parte, que estos caballos constitu­yen realmente una excepción y que no se encontrarán en todos los escuadrones. Antes que algún caballo de desecho sea vendido, todos los capitanes de escuadrün, no sólo del mismo regimiento, sino de otros cuerpos de tropas á caballo de la guarnición, tienen el der~~­cho de elegir, entre los caballos de ech~dos por sus colegas, aque­llos que les parezcan mejores que tal ó cuál caballo que tenga 2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 546 BOLETÍN MILITAR precisión de conservar en su propio cuerpo *. Así pues, cada vez que un cuerpo cualquiera hace un desecho de caballos, se apresura á advertirlo en tiempo oportuno á los cuerpos más próximos. Los cambios se efectúan entonces amistosamente entre los capitanes y sin que nadie tenga derecho á intervenir para cohibir la libertad de sus elecciones en un sentido ó en otro. Cada cual no tiene aquí más mira que la del bien del servicio, y se conJprende que un ca­pitán, responsable ente1amente del buen porte de su escuadrón, no incurrirá jamás en el caso de hacer el cambio de un buen caballo por otro malo. Todo cuanto hemos dtcho relativo á la remonta de la caba­llería, puede aplicarse por completo á la artillería. Los regimien­tos de esta arma reciben los caballos que se les destina de los de­pósitos de remonta más próximos, á razón de cuatro ó cinco cada año por batería montada y de nueve por batería ;l caballo. Estos caballos, como los que deben remontar al arma de caballería, son comprados á la edad de tres años, y pasan un aíio ó dos en los de­pósitos, con el objeto de que no lleguen nunca á los cuerpos antes de haber cumplido los cuatro años. La artillería nece s ita caballo de silla que atisfagan á las mismas condiciones que lo · de la caballería y de caballo de tiro, en los cuales se de ea más bien el vi ~ or que la ligereza. u alzada debe estar comprendida entre 1 "',620 y 1 m,67 o . Como las necesidades de lo cuerpo· respecto á caballos de una y otra categoría, pueden variar ·f! glí n lo s años, los regimien­tos deben manifestar con tiempo el número de caballerías de cada especie que le son necesarias. Los caballos llegan á los regimientos durante el verano, ge­neralmente en el mes de Julio, y quedan como excedente del efec­tivo hasta después de terminadas las maniobras de otoño, en segui­da oe las cuales los jefes de regimiento determinan el número de caballos que necesitan desechar en cada batería, según el de los caballos de la remonta puestos á su di ·posición. El ganado desechado se vende en pública subasta, y si ocurre que un caballo resulta inútil para el servicio en otra épo~a del año, se examina inmediatamente p r una comisión especial formada en el regimiento, y se vende con la autorización del jefe de la brigada. Instrucciones de la caballería-Gtneralidades El año de instrucción, comprendido en él la doíT1a de los ca­ballos de la remonta, comienza en la segunda mitad de Septiem­bre, seguidamente después de las grandes maniobras. V éanse aquí las divi~tiones principales: durante el otoño, el invierno y una • Por consecuenci son, por el cnntnuio, r elativameute tHt·nos nunH."roso.; en h caballerfa, como lo he1110 ' lllclw en el cupí· tulo del 1edutamiento. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 548 BOLETÍN MILITAR so de instrucción de la caballería deberá comenzar en esta época. Y se ve que desde este punto de vista esta arma se encuentra en peores condiciones que la infantería: esta última recibe el mismo día la casi totalidad de sus reclutas, mientras que en caballería, los hombres llegan en dos períodos, unos el 1.0 y los otros el 15 de Octubre, y aun en la Guardia todavía más tarde.* De donde para estos últimos un retardo en la instrucción que puede llegar á tres y aun á seis semanas. Compréndese, pues, que el período preparatorio no puede existir en la caballería, ó por lo menos debe encontrársele confun­dido con otros ejercicios . .En las dos semanas, y algunas veces me­nos, que transcurren desde las grandes maniobras y la repetición de las instrucciones, es difícil formar instructores para los reclu­tas. Así pues, durante todo el año es cuando el capitán debe pro­curar ir preparando poco á poco su personal á estas funciones de­licadas. Al mismo tiempo, busca también para los reclutas los caballos más tranquilos, hace poner en buen estado los dormitorios v trajes que se les destinan, etc., como lo hemos explicado á propó­sito de la infantería. Hé aquí, en suma, cómo se pueden designar los diversos pe­ríodos entre Jos cuales se divide el año de in trucción con sus du­raciones aproximada~: 1.0 Período de la inst1 ucúón individual ó d~ los reclutas­Desde el 1.o de Octubre y 1.0 de Noviembre hasta 1.0 de ~1ayo. 2.o Ptríodo de los ejercit.ios de primavt•ra-Desde el 1.., de Mayo hasta mediados de Junio. 3.0 Período de servicio de tampaña - · De~de mediados de J u­nio hasta principios de Agosto. 4.0 Período de los ejercicios de otoií.!)- Durante la primera mi­tad de A¡!osto. 5.n Período de las grandes maniobras-Hasta la segunda mi­tad de Septiembre. Examinaremos cada uno de estos p'=ríodos en particular; pero antes vamos á decir algunas palabras sobre la doma de los caballos.-( Continúa) --···-- :msrru:o:tcs SOBRE EL UNIFORME MILITAR (Continuación) Equipo de los Institutos montados En la investigación de las condiciones del uniforme se ha tratado ya del que debiera vestir la caballería; pero nada se ha di­cho hasta ahora sobre el equipo de los institutos montado , y cier- • Hacia mediado de Noviembre. Véase t:l capítulo obt·e el reclutamiento. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. lJOLET:fN MILITAR 549 tamente no faltan motivos para desear reformas en el actualmente reglamentario, tanto para el jinete como p~ra el caba1lo. Por razones no fáciles de alcanzar, se ve colocado sobre el caballo el armamento que el jinete debe manejar cuando esté pie á tierra, y por el contrario, el hombre lleva sobre su persona el que sólo á caballo put·de e grirnir. ¿ Por qué no se ha de establecer el orden que parece natural ? Vayan el sable ó la lanza sujetos al caballo, pues que á caballo se juegan, y lleve sobre sí el soldado la tercerola ó carabina, que es la única de sus armas que estando desmontado usara con fruto. El servicio avanzado y de exploración encomendado á la Cá­ballería, encarece y extrema la conveniencia de que tenga aptitud para defender un puesto pie á tierra, si no como oficio habitual, por lo menos fortuitamente. Hoy que la velocidad en Jos movimientos es tan importante que á vece depende . u éxito de la cele.ridad con que se ejecutan, ¿no sería conveniente aprovechar en absoluto la idoneidad de la caballería para e te efe cto, aumentando hasta el último límite su ligereza? ¿ o sería útil el que e ta arma pueda ocupar rápidamente un punto importante, anticip:ind o e al enemigo, y sostene1se en él ha tala llega da de la infa ntería? Re uelv a n otros má. competentes e tas arduas cuestiones, y en ocasión más adecuada de exponer las razone que las puestas para conseguir la abso­luta inmovilidad del arma con relación al jinete, aun en los aires más violentos. N o es el peso de la tercerola lo que más molesta cuando se lleva á caballo, terciada á la espalda. Lo que más mo­lesta es el golpeteo del arma contra el dorso, y sobre todo ]o:; cho­ques del guardamonte con la columna vertebral y las costillas, consecuencia natural de la disposición en que se lleva colgada. Dos medios se ocurren, que empleados simultáneamente evi­tarían tales molestias: J .• Que se aplique á la espalda uno de los dos costados de la caja de la tercerola, que son aproximadamente planos, en vez de la parte éJnterior cuyo perfil quiebra el aro del guardamonte con su contorno saliente; 2. 0 Sujetar la tercerola de suerte que no se mueva; para que esto se alcance sin que el porta­tercerola ó bandolera ejerza exce:ii\'a compresión sobre el pecho, es preciso variarlo en la forma que se dirá. Se logrará que al colgar la tercerola quede de plano sobre la espalda, colocando u na barreta en forma de puente en la unión de la garganta de la caj~ con la parte casi plana de la culata. Para facilitar el resbalo de la tercerola á lo largo de la correa porta­tercerola, deberá e·tar el puente fijo cubierto por un1 coscoja. En cuanto al segundo medio, razones idénticas á las em­pl"! adas para proponer la su presión del correaje de la infantería, aconsejan que la tercerola "'ya sujeta al coleto, no dejando otro papel á la bandolera que el del lazo de unión que de empeña ahora cuando la carabina queda enganchada; cuáles sean las disposicio-­nes adoptadas para llegar á e:lte fin y los recurso5 de que se ha echado mano para conseguí rlo, es lo que á continuación se trata de explicar lo más clar;:,mente que se ha acertado. Se adoptarán sobre el coleto: 1.0 Un rectángulo de cuero de o,m 15 de ancho, por o,m4o de largo, amoldándolo al fll)mbro izquierd desde la parte anterior. Sobre este refuerzo de e-u .: ro irá ti jo por su rama más corta un gancho de plancha de acero en figura de U y cuya rama libre termi11a forma 1do una baguilla fija. La rama que e aplica sobre el cuero deberá hallar e colocadél precisamente encima de la fosa supra-espina del omoplato. (El papel de este gancho es sostener la tercerola). 2: U na bagui11a fija algo más arriba de ]a cintura, en el cos­tado derecho de la espalda. (Esta baguilla servirá para sujetar la bandolera). 3.• Dos baguillas fijas en la cintura, en el costado derecho del pecho. (Por estas baguillas se pasará el látigo de la correa des­crita en el § s.o). 4·a U na correa de I metro 6o centímetros de longitud y 0,4 de anchura, que tendrá una hebilla en uno de sus extremos, y á los 50 centímetros de la hebilla un tope. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 551 Esta correa se colocará pasando el látigo de abajo á arriba, por la bagui lla fija en la espalda (§ 2 ... ), y después por la del gancho de acero (§ r. .,), cruzándola hasta que la hebilla y el tope las toquen respectivamente; tr 1yendo después el látigo por encima del hom­bro, se cruzar:í por delante del pecho, sujetándolo por fin en la hebilla que se ha quedado á la espalda. (El oficio de esta correa sed el mismo qu.: d..:: em;)eñaactualmente la bandolera). 5.0 ()tra correa de .x_ metro de largo y o "\02 de ancho . .Esta correa pasará por las Jos baguillas de la cintura(§ 3.o) y vendrá á formar á la espalda un lazo en el cual se sujetará el caii ón de la tercerola. * Con estas dispo iciones, m<Ís engorrosas de explicar que difí­ciles de concebir, quedará la t.:rcerola como se ha ofrecido, es decir, colgada del gancho de acero, ter ·i·~Ja del hombro izquierdo al coc.tado derecho, con la culata sobre aliendo del hombro, la punta á la izquierda, y el talón hacia la cabeza, la boca del cañón mirando al suelo, el guardamonte hacia abajo, las partes planas de la caja, culatín y ca.1a apli~.:adas contra la esp.dda y sujeta con el látigo hasta no tener movimiento. Claro está que la barreta y las anilla del mod elo de 187 I deben desaparecer. • De la colocación de la espada y de la lanza s6lo se dirá que (h:bcn ir sujetas á la montura; la primera como la llevan l0s jine- U~: . .trrullallilo ·1 g.w ·ho de pl.u\ ·ha de nccro '§ 1. 0 ) . ohre un plano re. tltnre llll!l fig-ur.t de COIItOrliO ICl"l, ngulh 1C "1 ~ÍmétrÍt•a COll re pc•(."tn á U eje, de O.mJ5 ele lougitud, y de diferente.· nndto, que ~erán (contan u la· lungitm.le:s eu .c:utitlu del t·je ele inllttfn y la:- audtura~ pcrpendicnlarnh.•nte á él): o .m 04 á cada lado del {'je, en lo. primetoo. o.m 06 de lougitnd. o.m 02 á cacl.t lado del rje, en Jo ~ !>iguit•ntes 0.10 08 de longitud. o.nliJ5 á cud lado d t:l ej ·, en lo: re~tnnte ... o.m ()1 ele longitud. Uniendo los \ 'értice .-imHric:o. de lo . ángulo" cutrante:<, t¡uedará di,•iditla la fi.gur:t en tres n:ctánguio:-, que ·e ll.mHtrán, para f.lCilitar !tU explicación, }.O, 2.o y 3.• rt:ctáugulo, y cuyu¡., lados tenc.ltán, en el 1 .0, t>u "~ntulo del eje, o. m Oü; pcrpcthlicnlnrmente á él, o. m 08. 2. 0 , en S,.litÍtlo del eje, Ü.mQ ; pcrpc tclicularmente á éJ, Q.m 04. 3. 0 , e!l eutido ele! l'je. O,m Ol; pet pcndicnlanncnte á él, o.m 10. Par.t vul\'er á dar á C!-t 1 plancha de o. m 002 de grue ·o • u forma primitiva t·n que hcl de usar:sc y que ·e h'.l de hecho al d~sarrollarla, e practicará lo iguiente: J .o ;..,e con Tr~atá plano el primer rectá11gulo. 2.u s~ 1.'11<'011\' trá llllil l ougitud dt> o.m02.0 rectángulo, á partir de ia unión con el 1.", for!twnd.l uw . upcrficic cilft,clrica t a ngente en su ori~t·n al plano d.el pri111cr rectángulo y en !-.U ter ,11 in e ión á la p trie clcl :-egundo tcctángnlo t¡ue dt:be quedar p ann. La !>ccdón tct"ta de e·. t .t ~npcilicie cilíndrica tendrít próximamente la figllla de una como' invertill <•, p¡tra que lu pnrte que ha c¡uedat.lo plana del sl•gundo rec . tángulo, .t: apli<¡ue sohn: l'i pt·i111ero. ' 3.11 Las ch.s p:.t:tt's clcl t c r~er rectángulo c¡ue exceden de la anchura del segunrlo, . e cl .. bla.áll h .. cii\ ,, ¡ rib:t de 1110 lo que '"engan á unirse, formando un:t b; guiila del lado de Lt cara cxlcriot del .t·gumlo tel:tángul u , 6 sea t.lc la que uo e tá en contacto con el pri tncro. • P .t ra coluc.t r la tercerola :-":e hará lo :iguien:e: l.' La tnano iz'luiercla recibirá ¡,, tercerola cogiéndola por la cañ3, con el dedo pulgar cxt~..n.lidu .,.obre ella, eu prolougacióu del gnardan.o .. te y u ex!lemo próxi- 1\1 " á la aht czadcra; los cu tro restantes roclc:mdo al cartón por debajo del alza, de t11odo c¡ue resulte el auna con el cañ611 ,ti fre11te, el pttcnt~ hacia arriba y LL boca del célñ6n á In izquierd':t. DE t .... Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 554 BOLE'l'ÍN MILI'l'AR Bu 1-t IIV'().nción tle Üc;tila. l!J ·fuerzo· acth'os hicieron Jos DiptttcHlos t'llcarg:-Hlos del' ta. intriga Jl t()llu ful' inútil. I.Jcl'tador-Presid ·nt , ·que :vo lliO pn•Ren té en l ·to.· n ·out •cimi uto.- han Yi ·ita1lo la Eur p; mu ·laos dt- usi · ·ompat.l'iota:, y e toy .·,•guro qnc no hay uuo oJo qne haya oído ha bi:J r de L1s p1· 'l 'tHl i,l a. ri<1 u<:zHs q w· .·e tlecía hau r _yo depo:ilado en Jo.- banco de I11gla 'tTa., llolcuula, cargo y data del 111p1é tito que deben senir para formar l.1 general, n(·ccdi6 . E. á ello; pero no expedí t:ntonct·~ las 6rcle11t·. pon¡ue e~per anteriu1es dcbí.:n ya Jecibiu;e muy pronto¡ nw~ uo habil'ndo ~ucediJo a~f, por t 1 ¡nóxir11o correo teclalllaté las que a(Jn f.dt~n. Tengo 1·. honra de Cl.llt(•star á la nota de V. E., fecha 12, ele repetÍ! me con la clebid" COI• idU';u·ión y respeto de Y. E. ob~dicute ervidur, l. l. DEL CA .. TILLO • El S.:ct"t"' ¡,¡de la Cáuur.1 de H.epre ·entantes, Dr. ~fanuel de Beruardo Al­vare?., n:e dio la· certiftcal·iom:s <·orrc.pondienteo acreditando que la Cámara no ha­bía l'llL'OIItrado t'iHJ:-a para una :'t..usncióll. E. tu ~nccdfa en l 827, cuando yo no ejer­d ·, t•l Gobierno. L<~ iguiente nota (.fici:d e::. un documento i1 Lchabl~:.: ReptiiJlicn de CulomiJin-Cámara de Reprneutuutes-Bogolá, á 16 de .1gosto de 1827 •• Al E:otcelentbimo .'r. Yicepresi•lente de la Re¡¡úblic:l, encarg¡ttlo del Poder Ejecutivo. Exc:mo. Señot: Irupue~t 1 la Cámara de lte:preslntantes de la nota de V. E., ele 9 clelc nient<', l'n que recuerda la rt•peti !a~ .olit·ituth. que tn lastre.· l'.!one legi­! ativils ha hecho, pidiendo con ahinco tlue el Congre o examine su conducta públi­('; 1 h. jo todo: a ·pecto , y exigiendo declare la Cálll<•ra i h;t hallado can a para in­' e:-tig .. n dich 1 conducta e< nf.1t m¿ al artü:ulo ~!) de la Co1 stitnción, y prirrcipalme11te obre k. punt~·~ á que ~e refiere In nota de 12 de Mayo <¡U-! diligiú al Cougre. o, haueos, rd nueiorH•s. í'ontra ellos. g¡ úrtieo hauco as eorr~:poncli•~ntN~. La revolución paraL' ú VerH'7-IH·Ia dt.• la. N neva Grnnade:l, Y• par. ju · t.iliear tllt <Ül ~ lltado tan criruinal t:;O ))ltl>licarou •nor·nw cargo· cont t'a luí, qne dchÍit opollt:'I'IUL' al proyecto. u en. a iiol:l han pa:aa an't>pL•utido d • ~m <:oulleillstittteiollal. Donll tras q u o Dolí \Ta r' Hólo p 'IL ·ó •11 1 i huta,. estos paíse ~ de la dominación e.·p:v1ola, eontrayc11do excln. ·h·ameut ~ sn~ miras y o. fnerzo · {t ,lt.• truír el Pjército enemigo, . n~ empresal:i fn ~ro1i heroiea ·, útilP: :ns sacrifieios ,\' gloriosos los re ·ulta· do . 'fodos lt~ ayndamo ·ou pr·e ·teza, ton. Pt~ro lnégo qne logró pasear trinrt6ute el e ·tligTo~a ·, por euyo HH.'s amigo~, .Y, lo peor de todo, ele 'lWLtó algnua ' arnl>it~iont>s, t•cuni~mo (loude se hundieron Uolor11bia: .ns IP:es, Bolín1l' y ~u glori:-t. Yo fui 11110 (le los q nc, sicudo Vi e •¡n·esidt•Jt te do Uolom bia, colltrat.lijt•J o11 y re~istierou n • proyectos con firmeza y )(•g·al idad; me opuse ü la tlietadnl'a. militar ú qne ·q a~·pin ba arcli •ut ·nHmte, fomeutaudo reaccione tumultuaria, y a ·ona.das en el ej6rcito; me opuse al Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 556 BOLE'l'ÍN MILI'l'AR ultrHje y aholieión <](') 'ót ' tta t h ·o, Jiüpn lar y rrspon~a ble . . 1\J e bonro de haber· bPc•ho fl BolíYar <.>~ta oposición, en C'ircnn. tancias tle ha­berme ofrecia á envol\·er con . us proycetm;; legi ·lativos. BoJh·ar staba pcr:nndiclo s en la. cnHl~t y prolong·ada guerra ele la Iulatin>s á ella. 1\li/'\ t>IH'lliÍgos pr<'h'lltliPtOII di'Htlcr •1litnr la 'on. titución de 'úenr:1, que yo XCI u. i n.tmeu te~ deHti mHlos ú zaherí r·nw, cartRto com­probaba, que {t falta de hnena razones para corn· e1wcr al • No se cncontra1á un .olo documento qne lo compruebe. En J819 y 20 creí (~Uc la ci1cunstancias del momento cxigf:tn 1111 podf:'r fuerte en 111altO; tle llolívar para hacer la guerra á lo: españoles, pero jamá corona, ni cetto, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 557 . país de lo pei:jmlicial qne le era el onlen político existente, y r por la fnerza, R("" apela­ba á mi ·eraule personalidades y orlialeva<.la, anilm de Uit metro; y como al nd.·mo ti~mpo la anehuta re ella dilatan su copas euredaOso.s que los que meuciouamos antes de los caminos por tierra. En otnts oca~iones el ataque se hace por la parte iuferior, eucontr{wdo.sc · de repente la cauoa como lJalauceánuo e sobre un pueute iu­oportuuo, tendido dH orilla á orille~, y qne con i ·te en el trouco robusto de algún árbol de los de la Lu pida ti la que crece e u las márgenes del río, al que alguua. borra ca de plomó ol>re él ruosa, y apoyan la palanca en las 1m­naneas laterales, ó en el fondo mismo, si el río es ~o mero. El extremo su¡wrior del palo ó gnaarcaeióu e11 aquello~ pnn tos e11 q ne la houd ara no les permite hacer fuerza en el leeho dan con violencia nu:¡yor. Eu la. uaYegación ~t' va siempre coRte:tllllo cnauastanll una ftH'rza más grande. lJa de:-~ignal anchura de 1< corriente que s ~sig-ne ó que se rcmon ta., y el di \'er. ·o en lor de sus ag·u as, so u la~ ítn ica cosas en CJHe puede \·ariar, ó ntrí a , la per · pcctiva, qt.tebnuias mús ó menos cau dalosas, que Yiencn á morir· al juntarse en la e tTiente eu que todas se coufnllden. La Yista no alcanza otro objoto qu<1 la faja de agnas escu­rriétttlose por entre un monte no interrumpiusto~, las flore~ y las planta:-; se entretejen formando como nua sola nuva ele \'enlura, de troneos, de ramas y colores qne la naturaleza ha amontonado allí, t-;iglo tra. de siglo, en toda la libertad del desierto y con todo el lnjo ala sobre las piedras de u lecho, y el grito destemplado y monótono con que acotupat'a el boga los golpf'S e por horas seguidas en aque­llos presa; lo que sólo tendrá lugar cuando la. pohhlci0n .r las IIPce.sidal cual, á pesar de todas su~ prpcaucioll< s, tuYo que exverimeutar mil. cnhtmirado {t lu-tllar á su alrere llJÚ.' n·<·nr o~ que su habili­dad y la fortalezH y el ln'thito lln . tani •s para ~uplirlo todo y ~nrostrarlo todo; a. í como tamhi ~~~ ]a qne llay entre el que trabaja por JHitriotismo: y t-1 qu ~ ante~ que otra co5a. busca su propia utilidad. Uumple ú lo. qu • lwmo ·iSIItero cou que está ejecu­tando Ja obra de qu<• 11 ne. tra pa tli a, l'eeaba rá mú~ ventaja y más gloria. Siga IUO~ a hora para Qni udó. Por la que!Jrarla a 11 ta g)<·Ha • P e11 t nt en la dó nues· tra persp~ctiva era hermosa co11 tocla la ltPrmoSlll'a de la nove­fla( l y tle la esplendiamos, Jos rayos horizontales del sol ponientt'. Majestuoso y gip:autesco el Atrato se dila­taba. como uua anclla IHmina de plata. y la cindaa sobre sus andamios :-'t contelllpli!rlo á sn paso. (Continua¡ á) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 150

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 153

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ARO IV Bogotá, Mayo 16 de 1900 NUM. ~~3 BOL 'ETU\J IVULITAR __ ...,. . ...., __ ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO 0IUCTOJl AD•JfONOUM, FRANCISCO J. VERSARA y V. Gene1·al, Miembro de la Sociedad Colombiana de ln&enteroa Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefe• 7 Oficiales del Ejército de la Rept\blica ECCION DOCXRIN AL DISClPLIN A Y SUBORDIN ACION !.Ja disciplina es el alma de los ('jércitos; del manteni­miento y de la exacta observancia de la. di ciplina dependen la salvación de lal'J tropas y el éxito ele "US empresas. La falta 1de disciplina destruye el conjunto tle la acción militar y aísla los esfuerzol'f, que naturalmente tienen que ser impotentes; sólo la disciplina puerle reunir todas las voluntades eu la del jefe, alentar la energía y el valor de cada cual, y fundirlo en el interés de todos para obtener, en fin, aquello que asegura la victoria, gara.ntiza el orden y la confianza, sin lo cual el vigor y la. abnegación son inútiles é infructuosos. Un pequeño nú­mero disciplinado logra casi siempre vencer á otro mayor que carece de disciplina; además, impidiendo los excesos . ~e los vencedores, la disciplina dispone á los vencidos á la sutni· sión, asegura así el éxito, y á menudo obtiene más resultados que la fuerza y la victoria. La se,·eridad de las leyes militares indica tompre la falta de disceruimiento y de inte­Jigeucia en el militar. ¿Qué ymeordinacióu es tan culpable como el que deserta al frente del euemigo; antbos son cobat·des, el uno aute el deber y el otro ante la muerte; ambos atacan real ~ · · · · · · mente los intereses más preciosos de SLlS camaradas y del ejército. Los soldados que faltan {t la disciplit1a frecuentemente, deshonran á su regimieuto; u:s camaradas no deben olvidar que esos hombres son RUS peores enemigos, porque la discipli. na es la. ley que protege el lwuor y la vida. de los bravos y de los buenos sohlados. Los camarada deben, pue", tener si e mpre nn gran inte­rés en volver á su deber al soldado iu olnt~ iutlif r neia por sí mi. · mo cotHluce á la re­Jajacióu d todas la ooligaciou 'y 110 ta.rcla en hacer perder á uu hombre su nwjore cualidades . . El amor propio del . olc.hulo •s e e af,•cto houoraltle que todo hombro c.lebe t~ ener~e •n proporción de u valor; seuti­mieuto que toca á la estimauión do sí mi rno, que nos ha~e tan scllsiole á los reprodws y á los ca · tig-os, que sin cesar nos excita. á obrar bi n y aun m •joe, para merecer la aprobacio­nes y las impatía d ~ los clemá . El amor propio así ohm eutendic.lo siempre encuentra las razones más adecuadas para ooedecer y nunca para resi tir. - - ···--- ( Continúa) • El fusil G·ras e una arma de cerrqjo, adoptado en 1874 para el armamento de la. infa.n te ría. franca a, en la. cual de un modo ú otro estln·o en servicio lla ta 1897, y en la actualidad • Extracto~ de un libto que próximamente se publicará, profu amente ilustra­do, y que contendtá la descripción y mant:j de toda · la arm · s t'Xi ·tentes en el par­que. Como dato curios'> auotuemos aquí que los fu ilcs que en la actualidad gozan 6 han gozado de algún renombre on: .Albini- braendlin, .Amsler-ll1ilhank, Beaumont, Beaumont-Vitalí, Budrm, B J.rer, Carean o, Chassep ot, Comblain, D ttuleteau, Dreyse, Enfield-Snider, Engh, Friihwirth, G1.ffard, Gms, Jlebler, lfenry, Hiram-.Ma.rim, Ju.r­malln, Krag-Joorgeuse (~), Kragpl'iersen, Kn1ka, Kropatscltel;, J,eht>l, Lee, Lee-Metford, Lorenz, ~lanliclter {-1-), ,l[zrtini-Ilr,nry, ~lauser (-!-), Minie. Montalembert, Mourata, Ptlravicílw-Carcano, Pe"!Jorty, Pu ·Levito, &rninglon, Uttbin, Ru.so rle 1891, Schmidt, Sltarp, Ruider, Spencer, pitalcki, Springjield, Tersen, Treüillc de Beaulien, J'etterli ( ~ ), Yitali, 1Viin:z.l, 1Va1let:z.el, 1Verder, JVenarJdl, Wiucltester. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 628 BOLETlN MILITAR aún es reglamentario en Grecia, y en Colombia constituye el arma introducida en mayor número en los últimos tiempos. Como en todo~ los fn ·ilt>~, .·e di. tint:?;uen eu él el cafión, el me­canismo de cierre y percm ión, la caja y las guarnicioues. Oañ6n-El cafión, za. produce la expul­~ ión u~ la ~aina al retirar el cilirulro obturador (cerrojo). Tam· bién en el fondo, pero á la parte eL terior, ha.v otro tornillo que njeta el muelle del cli para lor, en. ·a. uña. penetra al interior por una ranura q ne para llo tiene la caja t>n cnestión. A la de­recha existe otro tornil1o que hace de tope (tornillo garbanzo) é i m piel con 'U punta la salida del cil intlro obturador 6 cerrojo en su movimi nto retrógrado. Cilindro móvil ó cerrojo-E ta es la pi lza capital del arma, pul'S contiene y mueve u órganos principales: el obturador, el percutor y el extractre la parte anterior el el cilindro que comprime dicha vaina. contra la recámara, impidiendo sn alitla por efec­to del disparo, y e~tá, por cou iguiente, c~ elante del cilindro, al cual se liga por un re~alto, itnado encima, que lo t-oma al girar aquél, pues el obturador sólo participa de los movimientos de traslación del cerrojo y nunca de los rotativos. En el costado derecho del refuerzo uperior hay una mortaja donde entra un diente del cilindro al levantar la mauiv·ela; en tanto que en la inferior exi, te la canal para que funcione el tornillo expul or y no impida su movimiento de nt y \·en, y á la derecha de la parte cilíndrica la en que juega el tornillo tope. Para que el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 629 punzón 6 aguja llegue hasta el cartucho, el obturador está tal3- drado, y para asegurar su completa inmoviljdad, la parte inte­rior- posterior de e~e taladro e prkmática, de la mL;: m a forma que el trozo de punzón que en él se aloja, de , uerte que sólo los extremos anteriore de amba pieza~ on cilíndricos. b) Extractor-En uu estuche 6 cama praeticado en el re­fuerzo clPl ohtnral]wrcutor, y en el m nor tan olo. n e piga; (~.r terio ml'!nte el cilindro ti n .. acl­berhla una mauigueta. ó manin•la, ó mango n la. (]tte t-tjns ­ta la cnñn-tope <1•1 gatillo al hac r la percusión 6 ir haeia adelaute. La ele la cler cha recibe la cnfia-tope en la po. ición inmediata á la p •tetvión. y la ranura ele la. izqui nla al estar cerrarla la recámara; entre é. tnH la H(loción (~~de p( rtil heJi ·oi­rlal qn , a poy{wclo 'H 'n otra <'orreHponcliellte do la c:uña-tope, r~tira antOUlÚtHmllH.' Ilte el JlllllZOil, lJa •ieJit}O retrOCetlel' el gati· llo al levautHr la mani,·ela. rl) Gatillo-El gatillo colocado á continuación de la pit•za < e.erita <.'~un cilindro con el refnerzo n la parte SUJH'l·ior para s rvir d gnfa eu fm movimi nto de tra lación, cnyo re­fuerzo termina. en uu tnlóu labrado, sobre el cual Re actúa cuando ólo e qni n .. arnl-lrtillar el arma. La cuña-tope ó fiador pen traen la corrpspon5 en 2- metro de 400 {ii 1200 en la Yarilla del co tac.lo izqni rtlo. Para los 1300 ·e apunta por la ranura snperior. D • do t400 incln ~ive ha ta 1800 e hace uso llas el pavón duraría poco tiempo.-( Oonclu.irá) T.~OTIO.~ DE ESTACIONAMIENTO (Continúa) CAPITULO II PUESTOS AVAN7. DOS - SU DISPOSlCIÓN GE 'ERAL-.!STADLiCIMIENTO Y SERVI-CIO DE LOS PUE STOS-REGL S DE CONDUCTA-PUESTOS IRREGULARES Las di posicione de seguridad que en los cantones ó campa­mentos tornan la tropa para ponerse al abrigo de cualquier ata­que, con tituyen un crvicio e pecial, que comprende varios pues­tos avanzado hacia el enemi g o. Su 1nisión principal es resistir los ataque· de fuerza upcriore. el tiempo necesari para que el grueso Je la propias ocupe sus posiciones y se apreste al combate, replegándose despué sobre ellas, aun los que no han sido hostili­zados, ó rechazar por sí solos los pequeños ataques que no exigen una re. istencia superior á la que ellos pueden presentar. Lo puestos . e e tabler.en á van guardia y sobre los flancos de la posición de combate elegida por el cuerpo principal, la cual deben Conocer (!Xactamente para obrar COn acierto, pues Ja f .. Jta de este conocimiento podría dar lugar á su retirada prematura, por rreer á aquél ya establecido, 6 á su estéril destrucción, por resistir má · de lo necesario. Su fuerza varía según las circunstan­cias. Ante un adversario que se retira batido, 110 debe ser tanta como ante otro fu~rte }' entero que busca el combate; tropas ague­rridas y di.ciplinaJas requieren menos vigilancia que las bisoñas ó desmoralizadas por un revé , así com las que se guarec(!n en cantonee; de ben prevenirse más que las acampadas, y é ·tas, en una sola noche de vivac, no necesitan guardarse tanto como en varias ons e utiv ,ls. No e , pues, p sible dar reglas pr(!cisas; y, según las a ntedicha. circun:tancias, la proximidad del enemigo y las con­iicion e· topográíacas del terreno, se emplea en e te servicio un . fcctivo que pueJe variar entre -Ir y ! del total, con el mínimum 1ue la prudencia aconseje y teniendo en cuenta que el aumento ue la armas modernas han dado á la fuerza de res'stencia de cualquiera tropa y el apoyo que el terreno puede prestarle, permi­en reducir algú11 tanto lo efectivo ·, . in gran detrimento de su otencia defen iva. El . ervicio ·1vanzado se cubre con infantería y caballería: quélla para re::.istir, th ... upand la alturas, los terrenos ásperos y odo · los punto · que exigen una defen a enérgica; ésta para reco- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 632 BOLBTIN MILITA'& rrer y explorar los que le son accesibles, en toda la extensión que permite su movilidad. La artillería sólo tiene aplicación en los grandes puestos que cubren puntos de importancia. La línea de puestos avanzados afecta la forma de un extenso arco de círculo que cubre el cuerpo principal y sus posiciones, y cierra las avenidas, caminos ó desfiladeros por donde se puede te­mer una agresión, pasando por las alturas ~u e ofrecen un buen radio de observación. Los puntos expuestos al ataque se guarne­cen sólidamente con infantería, y si hay tiempo se fortifican; los de observación se cubren con efectivos menores de la misma arma, y los espacios intermedios se vigilan desde los puestos, que durante el día extienden por ellos su lfnea de centinelas hasta unirla con ]a del inmediato, y por la noche, destacan patrullas que los reco­rren, y mantienen la comunicación entre todos. Esta línea de infantería constituye la parte fija del servicio, ó sea· la línea de resistencia; su complemento es la parte móvil ó la línea de observación, formada por la caballería, ocupando una zon'a más avanzada, distribuída en puestos volantes, cuyo punto de estación se sitúa frente á los intervalos de los de infantería y bajo su protección. Ambas líneas se apoyan recíprocamente, y cada una completa la acción más ó menos eficétz que la otra puede ejercer en los diferentes terrenos, puesto que en los descubiertos y poco quebrados, que son los m~s impropios para la resistencia que debe hacer la infantería, puede la caballería llevar muy lejos su exploración, mientras que en los cubiertos y ásperos que no per­miten extenderla tanto, encuentra la infantería mayores recursos defensivos, y por consiguiente los medios de contrarrestar los pe­ligros de la sorpresa. La linea de puestos de infantería consta de cuatro escalones, semejantes á los del orden de combate. El primero lo forma un cordón de centinelas, el segundo los pequeños puestos intermedios, el tercero las grandes guardias y el cuarto la reserva de éstas. En una línea poco extensa que sólo tenga una ó dos grandes guardias se suprime el cuarto escalón. Cada uno de ellos procede del inme­diato por retaguardia, que lo apoya y refuerza si es atat:ado; pero así como en la disposición de combate, la resistencia se des­arrolla en el primero, que absorbe sucesiva mente á los demás, en ésta tiene lugar sobre el tercero ó sea la gran guardia, que es la que detiene al enemigo hasta que el cuerpo principal se halla dis­puesto á recibirlo. Los centinelas son casi siempre dobles: uno fijo y otro que se mueve en un radio determinado, explora el terreno y mantiene la comunicación con los inmediatos. Los puestos intermedios son pequeños y numerosos, compuestos regularmente de una escuadra ó un pelotón, cuya cuarta parte se invierte en un trozo del cordón de centinelas. Las grandes guardias constan de una sección, de dos, ó de una compañía entera, y destacan la mitad de su fuerza Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT A.R 633 para formar los puestos intermedios. La reserva de éstas es igual al otal de fuerza distribuída en los tres escalones primeros. La distribución de la fuerza en cad:1 pue to no se sujeta á reglas sistem'áticas que harían muy difícil su colocación conve­niente y acomodadc1 á las circun ~ tancias. A 1, por ejemplo, u~ batallón encargado de este servicio deja dos compañías en rese1va y distribuye las otras dos en varias grandes guardias, mayores ó menores, iguales ó desiguales, según la importancia del punto que se les confia, y cada gran guardia destaca á su vez los puestos in­termedios que son necesarios, con igual libertad. La distancia entre los escalones depende de la situación de cada puesto con relación al enemigo, de sus condiciones de defen­sa y de su alejamiento del cuerpo principal, al que deben proteger de modo que lo mantengan en los primeros momentos de un ataque fuera del alcance dt• la artillería agresora. En terreno regu­larmente variado se puede establecer como tipo medio de distan­cias, la de mil metros desde el cuerpo principal á la reserva, 8oo desde ésta á las grandes guardias y 500 de la gran guardia á sus puestos. La línea de centinelas se adel a nta uno 2 0 0 metros de los puestos, con tal que todos sean vistos desde ellos, y la misma distancia se deja entre lo dos centinelas de cada pareja. En terre­no muy quebrado se disminuyen las distancias prudencialmente, y ]o mismo en los cuerpos pequeños, cuyo servicio más reducido exige naturalmente mayor concentración. Algunas veces, sobre todo durante la noche, es conveniente reemplazar los dos primero escalones por una línea de pequeños puestos de un cabo y ocho hombres, que ocultándose en las quiebras ó tendiéndose en tierra á 300 ó 400 metros de la gran guardia, adelantan dos centinelas ó escuchas á 20 ó 30 metros *. La reserva de las grandes guardias se sitúa en un punto cen­tral ó hacia el que más probabilidades tiene de ser atacado, y de un modo análogo se colocan las grandes guardias sobre las aveni­das que les corresponde vigilar; los puestos intermedios ocupan los caminos que cruzan su emplazamiento y los puntos más fáciles de abordar por sorpresa. Los distintos escalones mantienen una regular y continua correspondencia entre sí, y el último con el cuerpo principal. Las grandes guardias destacan además, durante la noche, pAtrullas que recorren los intervalos entre los puestos y exploran el terreno de­lantero á los centinelas, y el comandante del servicio y los de ellas se aseguran de la vigilancia y exactitud con que se hace, re­corriéndolas con frecuencia. Generalmente, ]as avanzadas vivaquean al raso; en las esta­ciones muy crudas se permite á la reserva, y aun á las grandes guardias, utilizar los lugares habitados comprendidos en su empla- • Entre nosotro , por obvias razone . , e. te último .i tema deberá ser el nor­maJ.-( J ... D.). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 634: BOLETíN MILITAR zamiento; pero los puestos intermeJios nunca se guarecen bajo techado, pudiendo cuand más re guarJarse de la intemperie detrás de algún edificio, sin perder de vi ·ta los centinelas. Los puesto. de caballería se constituyen de un modo análogo á los de infantería, formando de ordinario cada gran guardia con un escuadrón. Los volantes no tienen lugar fijo para establecerse, sino un punto de partida y un radio determinado d~ exploración. La reserva de los puestos de caballería se aleja dos ó. tre kilómetros del cuerpo principal y destaca sus grande guardias á 1 ,6oo ó 1 ,8oo metros; éstas adelantan sus puestos intermedios á I,ooo ó I,soo, y los centinelas se sitúan á 6oo ó . 700 metros á vanguardia de ellos. Por la nocht se repliegan los escalones sobre el último y establecen un servicio mixto concentrado, que ]o:, dos primeros escalones hacen á pie y con la carabina. EETABLECIMIENTO Y SER\' ICIO DE LOS PUESTOS Los puestos avanzados están á las órJene · de un oficial su­perior, que recibe del Comandante en Jefe Je las fuerz.as la (.>rde­nes é instrucciones sobre la situacic>n general de la línea, apoyo que debe tener, colocación de los má importantes y el santo y seña de cada día; siendo responsable de la seguridad del campo ó cantón. Antes de instalar los puestos, reconoce detenidamente las posi­ciones que han de cupar, elige el emplazamiento de cada uno, comunica sus instrucciones á los comandantes y los despide á sus destinos. Despué de instalados lo inspecciona, rectifica lo qu~ le parece con\'eniente en su colocación, omp1eta las instrucciones dadas y ordt!na la manera de hacer el servicio nocturno, para que los comandantes puedan e.studiarlo durante el día; pasando des­pué: i á situarse en la reserva ó puesto principal, desde donde se mantiene en correspondencia con todo ellos. El comandante de cada gran guardia, luégo que ha recibido sus instrucciones, la conduce al puesto, llevando delante una van­guardia ó patrulla exploradora, y llegado á él, reconoce el terreno que ha de cubrir, elige loR puntos de instalación de los centinelas y loR coloca por sí mismo, empC7,?.nJo por un extremo; Cll:tndo ha e tablecido los del primer puc to, fija la situación de éste, y con­tinúa colocando los demás de igu.:~.l modo hasta concluír. Si 1 cord6n es muy extenso, le ayuda un subalterno que empieza p r el extremo opuesto. Los centinelas se colocan formanoo una línea que nadie pue­da atravesar sin ser visto, y alcance a enlazar con la de los puestos inmediatos; las consignas deben hjar con claridad d radio Jt ob­servación de ada pareja, el m do de d .1r lu . a\ i o la conducta que han de seguir si on •ltacad ~ ,y todo· deben on cer n exac­titud la situación del puesto á que pertenecen, la de los inmedia- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 635 tos por ambos lados, la de la gran guardia y la dirección que traerán las rondas y patrullas. Establecido el cordón, el comandante de la gran guardia rectifica si es necesario la situación de los puestos, de modo que queden próximos al centro del trozo que cubren, á conveniente distancia y ocultos en lo posible á la vist;.l del enemigo, señala las horas de relevo, da sus últimas instruccione , se incorpora á la gran guardia que hasta entonces habrá permanecido sobre las armas, envía al jefe del servicio el parte de haberse efectuado la instala­ción y ordena á su fuerza que organice d campo. Todo comandante de gran guardia debe estar provisto de papel, lápiz y unos gemelos de campaña, siendo conveniente que tenga además una brújula de bolsillo para orientarse. Durante el día se ocupa en recorrer el puesto, reconociendo sus caminos y estudiando una buena disposici6n para el servicio de noche, y á la vez elige para hacer agua y leña los lugares que la ofrecen más cerca, visita con frecuencia los pequeños puestos y hace que lo ejecuten también sus subalter110s. El servicio de día lo reo u ce en lo que permite la seguridaJ, para que descanse la mayvr fuerza po!'ible, y á la caída de la tarde dispone la que debe prestar el de patrullas, pone la fuerza sobre las armas, y hace una descubierta de los alrededo1 es preparándose á la concentración. Esta se ejecuta por retirada de todos los escalones sobre el último, deteniéndose cada uno de vez en cuando para observar, y volviendo á emprender la marcha hasta que el inmediato llega cer­ca de él sin indicar noved:1d. Concentrado el puesto, rectifica la disposición general con arreglo á la nueva situación que toman los centinelas, los cuales coloca por sí evitando hacerlo en las partes más elevadas para que no se destaquen y puedan ser vistos de lejos*. Si el tiP-mpo es muy frío, permite encender algunas hogueras á reta­guardia, en sitio bajo ó en hoyos, teniendo prevenida agua ó tierra junto á cada una, para apagarlas instantáneamente, y dispone que la fuerza vaya por tandas á calentarse. El servicio ~e patrullas empieza inmediatamente después de Ja concentración, formándo e de dos clases: unas exteriores, que reconocen el campo en dirección del enemigo, y otras de comuni­cación, que marchan trasversalmente de un puesto á otro y man­tienen la relación entre ellos. Como su objeto no es combatir sino observar ocultamente, se componen de un cabo ó s~rgento y cua­tro ó seis hombres escogidos como inteligentes y serenos, dando á cada jefe instrucciones precisas s bre la dirección que ha de llevar y puntos que debe reconocer con más detención, y fijándole un tiempo prudencial para el regre o. Procedimiento inver o, es decir, adelantar á la oración puestos m:mtenidos próxi" mos durante el día, e impone en la lucha contra guerrillas.-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 636 BOLETlN MILITAR La marcha de las patrullas debe ser pausada, sigilosa, bien orientada, evitando los sitios muy despejados, la luz de la luna y cuanto pueda descubrirla, deteniéndose de vez en cuando para escuchar. Las exteriores esquivan el encuentro con las enemigas, y si tropiezan con alguna superior en número, se ocultan deján­dola pasar ó procuran sorprenderla, y hacerla prisionera si es pe­queña. Las de comunicación marchan hasta encontrar á la del puesto inmediato en un punto intermedio escogido de día, se reco­nocen por seña convenida, y después de comunicarse una á otra lo que hayan observado, regresan al punto de salida ; si no se en­cuentran, continúan hasta el puesto inmediato para dar parte de la falta y regresan al suyo. Las patrullas de comunicación deben ir muy prevenidas para reconocerse y salir á una hora fija de todos los puestos, siendo las mejores las que median entre las de relevo de centinelas. A la salida se informan de lo que éstos han observado, y al regreso co­munican al jefe del puesto el resultado de su exploración. Hasta media noche la vigilancia se ejerce con facilid. d, pero de esta hora en adelante el sueño empieza á rendir á la tropa, y como el enemigo que intenta una sorpresa escoge los momentos de mayor cansancio y abandono, es preciso redoblarla á medida que avanza la noche, teniendo despierta u na parte de la fuerza. Media hora antes de a•11anecer todo el puesto toma las armas y espera el día para hacer la descubierta. La fuerza encílrgada de ella sale luégo que ha amanecido, di­vidida en tres patrullas, y se dirige á explorar el frente y los flan­cos. La del centro lo hace directamente hacia el enemigo, prece­dida de dos exploradores que avanzan poco á poco, deteniéndose alguna vez y reconociendo las menores quiebras: á medida que avanza, deja de trecho en trecho un hombre que sirve para no per­der la correspondencia con el puesto y continúa hasta llegar á una distancia prudencial, eligiendo para detenerse un punto que ofrezca buen radio de observación. Las otras patrullas proceden de igual modo, saliendo por derecha é izquierda y describiendo en su explo­ración un arco de círculo, que va á cerrar sobre el extremo de la línea que sigue la patrulla central, en el cual se unen las tres, y después de comunicarse sus observaciones, envían parte de ellas al comandante del puesto. Este se adelanta entonces con su tropa á tomar los puestos de día, y después de cerciorar~e por sí de que no hay novedad, coloca los centinelas y pequeños puestos, hace retirar las patrullas y envía al jefe del servicio avanzado parte de la insta­lación con las novedades que hubiere. Para ahorrar trabajo á las tropas es costumbre formar las pa­trullas de descubierta con los mismos hombres que han de entrar de centinela en el cordón de dia, y si han de ser muy fuertes, se les agrega los que deben formar uno ó dos pequeños puestos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN Mll1l~AR 687 Si al hacer la instalación observa el comandante que el ene­migo ha variado algo sus disposiciones, modifica con arreglo á ellas la del puesto, y lo hace presente en el parte. El servicio avanzado dura veinticuatro horas. Los relevos se hacen al amanecer, en el momento de la descubierta, ó al oscurecer, cuando se concentran los puestos. La fuerza entrante llega á ellos en silencio, forma junto á la gran guardia saliente, y su coman­dante, después de informarse por el de ésta, de las instrucciones y consignas, reconoce el terreno que debe ocupar, y procede al relevo de los pequeños puestos y centinelas. Cuando el ejército se pone en marcha, los puestos avanzados toman ]as armas para retirarse, pero no abandonan la línea, hasta que la ha rebasado la extrema vanguardia, y si la marcha es retró­graaa, esperan para hacerlo á que todo el ejército esté en movi­miento y se haya organizado el cuerpo de retaguardia. (Concluirá) MANUEL M0RENO CHURRUCA HABLAR Y ARENGAR Á LAS TROPAS El General ti ne la strecba obligación de manten r una coiTe8pondencia o tenida con su oberano y lo mini tro ; debe darl cuenta acta de sus operacione'; necesita dictar las órdenes general e , y expedir por e, crito la' particulares. Si en todas estas circnn.·tancias no sabe escribir con pureza su propia lengua; i su estilo uo reúne á la sencillez, la claridad, la conci ·ión y la energía, sus despacho· y sus órdenes pueden ser mal eutenrlidos y dar lugar á fnnestas equivocaciones. Los Generales hallarán monto de hablar á: as tro· pasante de la batalla, en el curso del combate y rlespu s de la victoria, es un arte que el General debe poseer á la perfección. Los malos arengadores, el énfa"·is de alguno Generales en cir· constancias Recnudaria , el abuso que hacen de discursos y órdenes escritas á la tropas, sólo sit·ven para poner de relieve el maravillo o efecto de la arengas snbJimes de los grandes capitanes de la antigüedad y de los tiempos modernos. En una arenga militar pronunciada antes del combate, el General debe hablar á sus soldados de la superioridad de su armamento, de su instt·ucción, ele su di. cipliua y su , .. alor; debe llamarles la atención hacia las ventajas de la posición que ocupan y del or­den en que se hallan colocados; en ese momento decisivo debo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 638 BOLETIN MILITAR lisonjear los talentos y la bravura de los jefes en general, ¡y quién osaría cotu1euarlo, si hablase de sí mi roo con un eierto orgullo! Sin embargo, bé ahí un escollo; es necesario que todo lo atribuya {~ la buena calidad de sus tropas, rebajando el mérito de los enemig-os y guardáuclose bien rle infundir la idea de un éxito difícil. Inferior en número, citará ejemplos en que los ejércitos superiores han sido irremediablemente derrotados: debe presentar el cuadro de las consecuencias de la derrota y de la victoria, pero en semE>jante materia, las reglas oratorias quedan muy atrá de los ejemplos. Citemo algnno,. Unando Leouidas se encamiualJa á defender el pa o el~ l~s Termópila~, alguien exclamó: llé ahí á lo.~ persas que se nos · aproximan. Y nosot·ros á ellos, con te tó el héroe tranquilamen­te. Otro esparciata, habiendo diclw que el ol se ocult~ ría bajo las uubes ele las flechas per a , tanto mejor, replicó Leonidas, combatiremos á la somb1·a. Camilo, cerca de Satrico, ob ervan­do que la pre encía tle las uumer .. a tropa .. enemigas aterra­bn. {t sus ·olda.do ·, monta á caballo, recorre las fila~ y 1 dice: Oa1naradas, ¿ dónde se hallan ese gozo y esa ansiedad de combatir que siempre he arll'e·rtido en vuestro se1n1Jlante . ¡ IlabéiR olvi­dado quién soy yo, quién sois vosot1·o. y quién el enemigo ¡No debéis la conquista de vue tras glorias á los volsco y ú los latinos 1 ¡ No habéis bajo mi· 6rdene conquistado á Vije , de ·n ·otado á los galos y libe>·tado á Roma? ¿Re dejado de se1· Camilo ? Mar­chad como de co ·twnb>·e, y como de costumbre también, los enemi­gos hui,·án despavorido . ~~~ la batalla. c.le üauuas, rnomeutos antes al dice á u~ oldatlo" : Basta, estlJ olo día para poner tér­mi" o á vuestras fatigas; y hoy al dm·os el i'lnperio y los bienes do lo& romanos, vais á ser dueiíos del Unit·e~·so. En otra ocasión: Desp·ués de tres victo ·das con8e(;ut ·ivas, ¿qué discursos ni qué pa­labras pueden atc.ima1·os mejor que vuest·ros propio· hechos 1 En Farsalia, Cé ar ordena que se derriben las muralla y se sie­gueu los fosos; porque, añndía,11a8aremos la noche tan cóm.oda­mente cO?l'Z.O en el cantpo de Pom.peyo. Arminio, eu los iu tan tes de combatir contra las tropas ro­manas, que antes había derrotado casi en el mismo Jugar, cuanclo estaban bajo las órdenes de Q. Varo, exclama al frente de sus soldados: Hé ahí á Va1·o y sus legiones que van á ser batidas pm· segunda vez. Al>a-Suan, Capitán sarraceno, decía á sus soldados antes de la batalla de Yarmoue: Fieles discípulos del g-ran profeta, pensltd en que el pa1·aíso está adelante, el d1·ablo y el fuego atrás. El Califa Ornar, al comenzar uua batalla: Combatid por Dios, Él os dará la tier·ra. Cuando en 1066 Guillermo el Conquistador abordó á In­glaterra, creyó, para inflamar el -valor de sus soldado , que de­bía quitarles toda esperanza de 1·etirada: Amigos, les dice, anojando él mismo la prim ra tea sol>l'e ~n flota, este recuJ-.'lO es hoy ·inútil, y pu.es que no tenéis el designio de huí·r y reg-,·esar á Franc;ia, n14estro único asilo sefá Londres; ubrárnonos camino 6 perezcamos bajo nuestras bande·ras. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE1'ÍN MILIT.A:R 639 Pocos Capitanes tuvieron, como Gonzalo, el talento de hablar á las tropa y de reanimarlas, pareciendo contar sif>m­pre con su valor .V su fortuua. A los principios de uua acción, ve volar sn almacéu de pólvora, y an eu los Jihros. Impor­taba úuicam uto 1uo, t1 ·ar qn ·, • Pgún el earáct r d los Eljérci­to , sus j f,... mpleabau la ironía, el desdén, la gloria, l inte­ré,, la prome a d la r comp n a· la nwmoria de la grandes accione.~, la. nohl 'Z' , ,¡orgullo, la religión y 1 honor. En otro ortlen encoutraríamo · t•jemplos ·em jautes. A ·í, uu Uoronel que 11 1~1 •ru , pronto ú carg·ar, uo abía. cómo animar á us soldado , de ·contento. por halwr utnulo eu campaiia •in uni­forme , le· die : .1lli • amigo.·, hé aquí algo pa·ra con.~olaros : tenéis la fortuna de hafla·ros en p·resencia de un regimiento que hace ala·rde de sus uniformes nttevos; cw·guemo scon 1:igo·r, y vi&· támonos. Eu la uatalla o q u lo, que le m u e ven á él t El arte de la. pa.laln·a le erú aún más nece ·ario en Jos Consejos que ha a de r )unir bajo u Pre i
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 153

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 155

Por: | Fecha: 09/06/1900

Afi:tOlV Bogotá, Junio 9 de 1900 NUM. 155 --~·~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIRECTOR AD-HO OREM, FRANGISGO J. VERGARA y V. Gene1·al, Mie mbro de 1, Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del EJército de la República o 'I e L :o.o~.:mrro NU .. ~ E? ... o .. ·-:CE 1;oo (l." DE JUNIO) por el cnal e crea un empl eo y se le asi g nan funciones El Presidente de la República DECRETA Art. 1.° Créa. e el pue to de In p ctor general de Arma­m~ nto de los Parques e coustituír el material del Batallón 2. 0 de Arti­llería. § De dichos inventarios pasará copia auténtica al Minis­terio de Guerra. Art. 6. 11 Igualmente será obligación d 1 lnRpector general de Armamento recoger, cla~itlcar y hacer ingr ar al Parque el material que th·jaren los Uuerpo~ q ne a.lgan (}e la capital. A.rt. 7.o .Para el de empeño do sus funciones el Iu.·pector general dA Armamento t(; ndl'á un Ayuau eu .1\Iager fouteiu, también reforzados y resueltos á resü;tir al invasor. La batalla de 1\:Iager~fontein se dio el11 de Dici m bre pa­eado, pero coutando sus preludios (la marcha y cañoueo del 9 y el lO) y la retiraIar iuo de la batalla propiamente dicha, y de los prelnle para la inteligeucita. de aquélla. El bombardeo del domingo 10 de Diciembre no fue coutestado iqUJera po1· los boers, y cuando la noche llegó los inglese · habían ga tado sus municiones sin ventaja alg-nua, pero l\letlJueu creyó que los enemigo se retirarían á fa or de la o curidad ; y prohiuió á la tropa encend r hogueras, fumar y hablar eu voz alta. Eu la noche del 10 al 11, hacia la uua d l, la mañana, e puso en ¡Jie la fuerza inglesa para avanzar sobre la posición de • Según el reciente libro dd C<~r-itán fraucé Painvin. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET:fN MILITAR 691 los boers, "habría podido creerse que se trataba de la marcha de un ejército de e~pectros, il usióu que sa din•\!ción, eu la ltanura, por una larguí­ima t.rJucllt:- ra.-c brig·o; p ero t a l no <.'rala iut n ióu d l\lethuen: e te jt·ft1 (}ttt•r¡, apoderarse dt.~ los kopjPs, de frente, atacándo-los á la hrt\'oraeta t>ntre lc1 • ontbra.· de la 11 che.. on~ ,i·m ~al picHI tl • l Tt~ rH·r ·al ~lethtH'Il Pra la 1 riga <: tt tar e: e ataque .'~ sin .·aberlo iba á e. trcllanw en, columna Cl: J'I'arla clH tra una j(umiriable pmdción. qutJ por c~ rru:r se c;rt:i tt mAs rUstante: .. ~N y¡..;z ur.; OLtP&E.NOER Á LOS BOl<..R ·, t<;RO LO ' l 1 'GL I~ l<~ .· LO.' ,'Ol-tPl ENDIDOS. En cfl•• !t t ., la H ' i~ada \Vaneltopt> (4 batalloup.· ) avttnzó n quarter colum (c•,lulllllrto H huPn or(len ; á nnoH üOO mt:•tros del nem igo lo:-; ba tallottt>M i nglt·~t>s , · p viPron dPtenidos por n na erca el a L-unhre CJ u e pnd ieron fra11q uear·, p~>r·o m<'l alli'l nte prt•pttr.tci h · o; apenas pnu­eipial, a á cnmplil'"'e la orclt>n, cuando Ronó tlll tiro, y poco mo­r. n~nto · c.Jp fHté" partió de la trinch ~ra. hoer nna guurizatla e baJa. q tle cogi , por 1 fr 11 tt• -;; t>l thu1c derecho la brig·ada., '' ;:;egando lo.· horn ltres por e m pafíía ." Iml u da btemeute el ti ro ai ·lado q u prPc oer que maruhalm cerca. do Los inglese . En efecto, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 692 BOLETIN MILITAR las tropas de Methuen, sorprendidas por ese disparo que rom­pía de repente el silencio de la uoclte, perdieron la uoción de Jo que sucedía, tle suerte que de pué· ueclararou creían esta­ban ya á 100 metro uel enemigo, cuando en realidad di taban de 3 á 400. La opinión general fue que uno ó má exploradot·es boers siguieron la columna inglesa deslizándose á pocos pasos de distancia, siendo uno de ello quien cli paró 1 tiro; sáb se, ademá , que otro boer indicó la aproxm~ación de los ingleses por medio de una linterna sorda. El General Wa.nch pe fue una de las primeras víctimas de . la sorpresa. Cayó á la cabeza 1le u tropas, pues ·u cuerpo acri· billado de hala se encontró á 15 yars: impre iouado lo ~ boers por tanta bravura, su~peu los ' h c ers, cuando u realidad di taba d cuatro á einco al p t·tir ht plimera de carg-a de los repu­blicano . 11.J "' inn gahle qu en s m mento la brigada stc1b~, pu< s, e11 colnruna cenada, sin sospechar siquiera el sitio en dond se h, liaba, y sto á tal punto, que esa uocbe un oficial del Estaclo Mayor <1 ijo á un corre pons- 1, no t ni a u entonces la menor iclea <.le la po.·ieión del enemigo y que ha ta. ignoraban que hnhiera trincheras delante de ~llos. "Cuauuo los uoers rompieron s•1 fnego. añadía. uu sargento, estábamos apiñados como arjército inglé la formación eu quartm· colum,n {.) ~Hlopta iem pre que se trata de u na marcha nocturna, porqne e. la única formaCión po ible si no se quiere perder la dirPccióu y el alineamiento. En el caso presente, las tropa marchaban co11 pésimo tiempo; la luna estaba velada por entero y Jlo·dó á cáutaro de las 9 á las 3, lo que aumentaba aún la difieultad de cou ervar la dirección. Espeso seto' ele cactu cortaban el suelo y hacían casi im· po ible esa ta.r{'"a. Los oficiales que dirigían la marcha iban y venían por el flanco de la columna. Empero, sea de ello lo que fuere, lo cierto es que cuando se ha llegado á menos de un kiló- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 694 BOL:ETiN MILIT !R metro •lel ol~i , i"tTo, es pr .ciso aI'\Ís y di.·eutir los IIÚUIL~to. que ex.­prt' ·an lh pérdida d lo~ highlanrlen; y de la· t'on 48 otieiale y 617 •olllado~, 6 St'a t•l ~~%, q n~ n hP- al 252%, cou­t< ndo lo tle.·aparecidos; la pértlída · más fuer·t , conespon­dieron al ~. 0 Bt~yat highlouder.'i: :3.>8 mut>rto~, bt>ritlo•.; y (les­aparecidos, ó .·ea t•l 3t>%, que JHtnl lo~-; otientles \..17 ftwra de combate) alcanza al 59%, cua. do el dt• la hrig·a, ·¡weto el novi imo armam nto pro•ln ·i•·á, e •u ucia JH>ntino, produciendo euor­me" de trozo· en el coutrario, lo enales, in ·mbarA·o, uo harán subir el por •ieutnje m •lar el rnuudo sobre su · cimientos." Uuanto á los hoer~, apenas tuvieron en toda la jornada 219 bcja (60 muerto~) y ~ nn cuando triunfaron, uno ue sus co­nHuHlos (el eRcarHlilla.\·o), sobre un efectivo de 80 homures tu\?O 18 rnuerto.s, 43 heridos y · 1 re to casó pri ionero. Por 11 ue~tr .. t parte debemos rectificar los cálculos sobre el tiempo e u que .s produjcrou la btlja. ele lo.s highlanders, que no pudierou ocurrir todas eu la 80rpr .. sa d la noclw, puesto que en los as~llto ·que iut 11tó post ~riorruente mueho d bió ufrir, 6 no son cierto:-) éstos: lo m~· pl'obable e que ~e tra.tH de una confu­sión eutr peri¡wcia.· ocu1 rida .. á dh·cr ·a hora. á di ' tintos cuer­]) O , ch., lo.~ cualc ' se hizo un su lo tollo, como es tan común 11 los r latos <.l(• guerra. ' ott'jHalllo ·ou la l't>Ci ute bate lla d Palone­gro, ten •mos que 11 é. ta. las baja uo ll garon al 10 pot' 100 del tot~tl y e n •partie ron en muclw tiempo, pol' lo cual pudo durar la lucha. tauta llora , fac;ilitrt~ Yeces menos por la uife· reucin. ia una ley ueelaró una. vez que to(lo colombiano, por el solo hecho tle alce. uzar .~ u m;tyor· edad, podía ser geueral ! En Ma. ,. ersfontein se demostró que la ofeush?a no eH un mito para fuerzas ignales á la enemigas; que no toda batalla dura largo tiempo, y que lo: fu iles modernos, en una ola descarga, uo l>arrPII nn t>jérmto: la brigada Wauchope no ocupaba m{ls de media. cnadra de frente por tloti de profundidad, recil>ió de fren­te y d( flanco, {t. quemarropa, en nn instante, á lo menos diez mil p ·royecti[eH (de ISOltladOS atrinclJerados), muchoe ue }OS CUales dehierou herir dos 6 más víctima~, y in embargo sólo causaron u u medio millar ate.-Cominúa __ . ....._ __ (Del francé ) El combate, en su realidad, e · un drama néro .. a · i>or la érlu­cación el hábito, á prueb. -... m ni ti pl icadas, \Tarhulas é i m pre­vi ta . La!:i que tocan á lo~ Oficial"'s eucargac.los del mando, en su dh·er ·o. gTaorciona.da, difieren de la que alcanzan á la masa. de los e m batientes; pero todos tieueu 1-:iU p· rtP, p atHlo la má grave, por upue~­to, sobre l Ooman1lante en J{ fe. Ante sta prnelJ·t~, e os hom­breo.: dados difieren mnch entre si, y ú, m nudo ueede ~ue son también muy de,· iguale, en cuauto ú n r sponsabilidad mi rna, e decir, ·on re p .. cto {t lo qne han , ido n otros combates. Es que la ela. tici lad, 1 impnl·o, labra ·nra., la intelio· nci· mi~ma, tienen ·n~ hu uo. y sus malo.· días. Preounpacion . le fnmilia 6 ¿m o.:- q n · n la gu ·rra. xperimen­tado en cien e ml>ates, pu d , iu jactatwia, responder en día dado, de la plena y en t ra· pose. ÍÓil Ue 'U facultades di- • Qué di ·tancin hn enorme, por roncho que e e criba. diga, entre el ejér­cito francé de pué· de las magníficss can·.paña · de 1 05 á 1609 (Au terlitz, Jena, Eylau, Friedland, y Wagram), y el prno amente recon t ttuído cle. ·pué. de la desaa­trosa retirada de Ru.id, en la campaña de 181 a! La solidez del instrumento, muy dismin1tícla, no e ·taba ya en rel:~eión c on la amplitud de lo clesignios. La observa· ción filosófica milihr que me propongo e t-tblecer pudo desde entonce predecir el desenlace fune. to. bien q11e brillantemente di!\putado, de la arma · francesas en e!>ta gran lucha. Nue ·tro reve e ele 1813 á 1815 e explican mejor por el estado de los espíritus ( oldados, cnadto y Generales), que por las di ertaciones estratégicu y tácticas y las ospechas de traici6n. La campaña de Sadowa ofrece á este respecto una demostración mucho máa sorprendente aún. Dn gran efecto moral, resultado de uaa gr:1n derrot'l, ba. tó para aniquilar lo e fuerzo de todo un valiente ejército, aún muy numeroso y potente, y la~ esperanzas de la N ación y de su gobierno. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 697 rectoras; que nadie puede estar seguro de mantenerse inalte­rable y de hallarse en todas oea ione~ en di~posición de do­minar las impresiones que pnedf\n acometerlo. Y mi conclusión es: que entre todas Ja.s cualidades de nn hombre de guerra, la quf\ comprueba má a1tam nte la solidez de su carácter y la realiflad de su valor, es la mode ·tia. Por otra parte, Al combate mflama el patrioti:smo, la ab­n gación, las ambiciones. Todas e tas cam;;as ciertas de excita­ción y las mny po ·ibl da extennamieuto que be enumerado, se di pntau los espiritns ag·itándolos en st-uticlo diferente. Parece que por la inten ulml. como por la divt>rRitlad de los sentimieuto ·,de las emocione~, de Jo. intón, r corriendo 1 frente de la~ líneas próxi­ma á mp e fíéu ·.· ~, halla.ha , iempr algo con quó electrizar al soldado. (En a'l.'ant! la France vous 'regcwde). Adelante! la .Francia o e ·tá mirando. • Es también la hora. de maniobrar, es decir, de tomar las po" icione t:'tctica qne acon '~jau la formas deJ terreuo, loa movimieuto· del enemigo y la circnn tancia,, porque se ba llan aún entera , á le ... , decid: ¡ pen­sáis qn~ eu e~o~e momento el iucentivo <.1~ la gloria para algn­no , de )a rec mpe11 a para otro. , ba, ta á . o. ten r lo . corazo­Uf\ 8 som tido á tales prueba Y No, el101::1 neet sit~\n ttrl estímulo má noble: n .cesitan el elevado h ntimieuLo de lo grandes deberes y del , aerificio. En ese momeuto e ctHlfHlo ello mar­chan firm "'S y dt•cidiclo á la. mtwrte. Y ntre nosot.J'o Jo frau­c , s, sólo a'í1'1 11m~ que cr en eu otra vilt•s .'nprran á la .. bne­na. , particularnu. u te cnaurta .Y le ·, HOtl eu e e momento \ ' erdadero. enfan.ts terribles. Un primt.,ro corre azorado auuneiando que la derecha pliega: un segutJtlo, que el centro .e lJalJa, am Haza(lo por una tempe tad do ca.hall(:ría: un tercero, que el enemigo ha envu lto la izquier­da. 'roido preparadas eonYe· nier.temellt ¡ cuando no han ttnido oportunidad da penetrarse de e5-ta idea: que,¡ mfdio "'á-' ug11ro de a1i1tir d lo1 heridos es butir al enemigo, .tupue.tto f"' en la derro­ta qrurltHt •~fuuftJ' á 1er 1acrijicados, á menuc.lo se c.la el caso de que una muchedum­bre extraordwar1<1 de solclados se lance sobre ellos para conducirlos~ la ambulancia, no obgt:mte el r t· gl1mento que lo prohibe El efectivo de los combatientes se reduce por consiguiente, y este e' un principio funesto de de!lorden. H •ty allí un !entirnien­to natural y recomendable: el del socorro, al lado de otro mucho menos digno el de sustraerse al peligro, dando á su retirada el pasaporte de uoa buena acción . . ' / Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 699 derredor, toda~ las reservas marcharían antes de su hora, y el momento decisivo lo f'neontraría deRarmado. E8 nece~mrio qne ntantenga toda. su frialtlad, e tutliatHlo, juzgando, esperando qnP- nn rayo de luz (li , ipo la o s cnri, , lo·~. argento. y el con­junto CUJHl •ión de los :r e n ral e :-~ v ·r laclerarn •u te dignos y capa­ces atites. que en la paz y en la ciudad l1evan la espada siempre pronta. á salit· de la cubierta y propietarios de una. reputación teórica de valentía, que en esos momento se mue trau profundamente turbados y aturdidos; algunos ha¡sta incapaces de di imnlar ~u emoción y de medir sus efectos, desaparecen del ·cornhate de la manera más afren­tosa. Otros, bien que entregados á una dolorosa agitación, la contienen á fuerza de carácter, pero nada ven, nada entienden, y no pudiendo ni siquiera coordinar sus ideas, son incapaces de conducir y tienen que ser conducidos. Hombres fríos, dul­ces, á menudo juzgados como tímidos en la paz, muestran un Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 700 BOLETIN MILITAR valor impetuoso, dan,lo un ejemplo admirable de bizarría. Aturdido en qnienes se supone una cabeza mal Pqnilihrafla, dan pruehas ele una ca Jma, de una solidez ele juicio y de u u a VO· Juntad dir ctora ine~perada. En t ligros y de las emocione ll ·1 combate, ~ má durable qn ~ todos lo lazo conocirlos. o hay parentesco, de eg·uro, más e · trecho que ol contraído u el campo ue batalla. De pués del combtüe, por una mudanza cuyos efectos son mny singulare., la mayor parte de lo qne , obr viv n vuel­ven gratlualmnnte á la actitucl qn le, er< lmhitual antes del cot,flicto, • in darse cuenta, de la tra.n forrnadont- ~ qu durante él se bahían operado en su uatural<•za. Un e8peetrwnlo nn ~o s ofrt>ce u tone •s á la ob el'\' a •ión filo Mica. Uaiar dt í la. r :pommbilidaIS , !)(~ l':sOIHtl• . . i\Iá ' fl• Ull anclaz e pre uta enma. c:arado ante la. opinión, int nt· ndo arranear fa. vor • inmerecintra.s qne lo ¡lreseut s y los audact~ se apron,cba.n d loR la.nrele que en el p ligro no su­pieron couqui tar. Sic vos no?t vobis fertis aratra vobes. No ba. hlo, bien entendido, ·ino de las pobres gente enrolada en las ma :u~, y HO de los personajes militare·, que no olvida el bole· tín en ningún ca o. He dicho lo nficiente para mo trar la magnitud de los deben~ del que manda, á quien compete buscar y uescnbrir la • Yo he admirado, en el curo de mi c arrera milit:; ,/ Octaflo momento • •••• . ·. ~· .... · y .: ~ •• . . . . ~··~ ~· -< /'···~ No fleno momento DÉCIMO 1\IOMENTO-Los dos escuad·rones enemigos avanzan al ü·ote conf'ra la segunda y terce,·a compa­ñía para impedir les con­tinúen su 'reti'rada. Señales: para todos, al­to! Fm·m,a,· en colu1nnal (La e: ballería ataca las compañías indicadas). ÜOT .A. VO MOMENTO-La caballería enentiga es re­chazada j pe,·o el fuego ene­' Jnigo aumenta en intensi­darl. Uisposición: primera y C'l.ta?'ta CO'Htpa¡iías, ues­pliPgau cada una dos pe· lotoues en tiradore para cnl>rir la retirada de se­gunda y terce,·a : éstas rápida retira la. y reunión sobre la marcha.. NOVENO ltiO rENTO-La i)zfante1'Ía enerniga nos ap,·ieta con fuertes enjam.­b'res de ti'l·adm·es; la ca­ballería e 1'eúne sobre la derecha del conh·a,·iu y en­vuelve n-ue tra izquierda • eiíales: pare todos, en, 'retirada 1 o o /,......,_' \ \ \ o o 1 : +-l.- ,' 't................ o 1 2.1\ +-l-............. o 1 't --"' Décimo momento J. a ,, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 709 • • • • tx• •• • \':. • • • ... •• .., Ur1décimo momento UNDÉOIMÓ MOMENTO • El enernigo que atac6 las· compañías segunda y ter­cera fue rechazado con g'ran des pb·didas. El jefe del batallón re-n lveapro,·ecllarel tiem­po gc nanen Ot'den, f'jecutau­do a u te un lig ro con­tra- ata(} n obre lo tira­dor , el l adYer ario. Di posición: pri1nera y cua'rta compafílas, ín te- . grarn ~nte eu tiradores; segunda y tetce}·a c1 n I: . o~ á r~t: guardia como 0 téu. Señales: para todo , avanzar! DUODÉrnro IO.:Ih 1'0 La inf de mira, y en su extremidad anterior aparece adelgazada para no dejar sino escaso juego entre el cañón y la camisa. Todas las ventajas que en teoría se habían atribuído á la camisa no se han realizado en la práctica sino incompleta­mente: la experiencia ha demostrado que aquélla alcanza pronto una temperatura bastante para quemar la mano del tirador, que se enfría con lentitud, favorece el recalentamiento interior del cañón y complica sin necesidad la fabricación de éste *. El cilindro móvil presenta en su parte anterior dos trinquetes 4tnálogos á los del Lebel, y en el gatillo lleva un aparato de seguri­dad idéntico al del Máuser. El mecanismo de repetición es igual al del tipo austriaco que veremos en seguida. El almacén, que es cen­tral, contiene cinco cartuchos uperpuestos y colocado en un carga­dor simétrico de delgado latón de acero. El montaje es de una sola pieza. La vaina del cartucho no tiene reborde, y c e rca del culote muestra una ranura en la cual penetra la uña del extractor. La bala pesa 14gr ·7, y se compone de un núcleo de plomo endurecido, colocado dentro d~ una camisa ó envoltura Je acero recubierta con una capa de maillechort *. U na carga de 2grs .7 5 de pólvora sin humo le imprime una velocidad inicial de 620 metros. El peso del cartucho asciende á 2 7grs.3, y el del cargador con cinco alcanza á 154, es decir, tanto como tres y medio de Rémington. Las propiedades balísticas del fusil Mánnlincher alemán son casi equivalentes á las del Lebel, pero el funcionamiento del meca­nismo deja que desear desde ciertos puntos de vista: el transporta­dor colocado en el fondo del almacén obra de un modo defectuoso sobre los cartuchos que levanta mucho, de suerte que la bala no siempre se presenta exactamente frente á la recámara, lo que causa frecuentes tropiezos. El fuego tiro por tiro es incómodo, pues para ejecutarlo· es preciso tener el cuidado de introducir la bala en la recámara, sin lo cual el cartucho se hunde en el espacio ó hueco preparado para el cargador, por lo que esta clase de tiro será poco menos que imposible en un combate con el fusil alemán , • Por lo cual se le reemplazó en Alemania, hace poco~ años, cambiándolo por otro modelo mejorado. • De Maillot y ChoriE: r, us in ventor e : liga de cobre, zinc y níquel, que tiene el color de la plata y se u a muchísimo en la metalúrgica moderna. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN .MILITAR 711 que P.stá construído para tirar exclusivamente á repetición. Los primeros de estos fusiles, entregados al ejército en I 888 y I 890, ocasionaron numerosos accidentes cuya causa se ignora, pero que parece se evitaron luégo, y también fue preciso corregir el escape de los gases para que no hiriera al tirador. 2.o 1ipo austriaco-Arma de repetición y cerrojo adoptada en I 886 para el armamento de ]a infantería austriaca. Distínguese de la mayor parte de las otras armas de cerrojo en que este se abre y cierra por medio de simples movimientos rectilíneos, con apoyo en la parte inferior. Al principio su calibre era de 11 milímetros, pero al aparecer el Lebel ~e modificó y redujo á 8. El cartucho al principio se cargaba con pólvora negra que lanzaba una bala en­vuelta en maiilechort con velocidad inicial de 5 30; pero en 1890 se reemplazó aquélla por otra sin humo, que con cantidad de 2 gramos 7 5 imprime á un proyectil de 16 gramos una velocidad inicial de 620. El mecanismo de repetición se compone esencialmente de un almacén formado por la pieza inferior del cajón ó culatín, entre lo:; labio dd cual coloca el tirador un cargador asimétrico de latón de acero y capacidad para cinco cartuchos. De éstos el que queda debajo se apoya en una plancha que mueve un re orte fijado en el fondo del almacén; después del di paro de cada cartu­cho, la plancha empujada por la acción del resorte presenta otro frente á la recámara, y disparados todo., el cargador vacío, que no estaba detenido por la parte inferior sino por los cartuchos que guardaba, cae por la abertura que con tal objeto se dejó en el fondo del almacén. Con este fusil no puede dispararse tiro por tiro. En 1895 se cambió e te tipo por otro más liviano (3k8oo, sin bayoneta), con cierre análogo al de la carabina de caballería y guardamano para proteger la mano del tirador. En este tipo el movimiento rectilíneo del cerrojo determina, por medio de filetes ó roscas de tornillos helisoidale, la rotaci6n de la cabeza móvil, de suerte que en el acto del disparo ésta se apoye, por medio de dos trinquetes, en sendas mortajas abiertas con tal objeto en la parte posterior de ]a recámara. 3· 0 Tipo holandés-Calibre de 6m5 con guardamano de ma­dera. No parece que éste haya venido al país. 4.0 Tipo rumano-Análogo al anterior: el cartucho no pesa sino 25 gramos. CAFtÓN Y REVÓLVER Oaií6n Van Dusen de montaña-Para per~ eguir eu las mon­tañas á lo ins1u·gentes filipino , acaban de enviar lo america­nos á la tierra de Rizal y de Ag·uinalllo un nuevo cañón, cuya Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 712 BOLET!N ~ILITAR aflopción sería de g-rantle utiliflad en la5~ comarcas Rndina . El inventor del mwYo cañón, con:-;tt· uí(lo e11 los talltt·e. ingle.·es o.· paralt'lo • nno central y mayor acolado á do~ latel'ales y ma p qu ' llos qta 110 lan­zan proyectil,¡ntl'' no son otraco a qn~ freuos lJi(l d ulieo' des­tinados ú, impedir el rettoceso S vuelta á su primitiva po. ició11 por do:-~ resortl'• eu e. piral, uvuel­ven las varillas de los ~m holo~. Como ~e corn pl'ene ser sencillí.·itno para. efod nado sin trop1eznio.·o pro­cedimiento <1t1 con~tru • ·ión, ese Jw.·o se n part en euatro car­ga:-~ casi equi\'al•ut('l'l, eacla una ck la. cua.IP" ptwd . tran. por­tarse á lomo tl mnla.. Una, ill< e · ¡pcial, de fij(•za p t'fc•cta y 40 libr.ll-4 el~ pe:-~o, sil'v para eolocar hv diver;a~ part<>s de la pieza durante la marcha. Para moYilizar cada cañón con sus accesorios y doce tiro , se uece ·itau ciuco mulas, a í: l. • Cañón y acc sorios. . . . . . . . . . . . . . 8~ H rrobas (119 ks.) 2.° Cureña, fr no, e 'eohillones, etc ... 8~ arrobas ( 120 ks.} 3.° Contera y aceesorios . ........... 8J! arroba' (114 ks.) 4.o H.uedaH, eje, ctHwrir la culata ó de modificar la puntería de la pieza. Los experimentos rPglamentarios se hicieron en Sandy­Hook en presencia. del Comité de Artill ría, y los re ultados superaron á lo que se esperaba: se l B ) á G,OOO metros, con 320 de velocidad iui<'ial; p(l.ro el alza 110 t• .'tá graduada sino hasta 4,500 (1 ,ooo má · que la uel Bange). El sh 'rapnel,en especial, pro­duct-' efPctos dt>sa 'tro ' os. PuJtola lrfáu.se1· '*-I.Ja pi tola ~lHu er, de tiro rápido, es un intermedio entre la carahina p1'opiameut(-\ dicha y la pistola. Su pe.·o es el (le un re ól ver conn1n de ~t~i tiros, pero es mu­chísiuw más eficaz: cien t'e<.'c.l;ldo-a(tn ptwden atr. '? N~tlr ur~a taula do 50 centíme-' tros y matar á Ull homhre qn e té tra .· ella. De ·pué (l 1 ¡H im :l f di paro el< rma torna automática: el retroe so «1~ dieho di 'paro st a.prov cln para fPctnnr •1 E\egnu­do, y a í uce~inunentt, no ua.hiendo p ligro de d >jar oh·icámara cilíndriea (tambor). El calibre es muy reducido; es el mifuno del Krag- JorgcnHen, actualmente en nso en la inf.t.ntería. ~"m 1t'i • ~ ; ut l., .Y ,[t~l M de París, para opPra.r en segui­da su unión cou el <·jército qnc clt'fend ía c.·a ca pita l. ..Al~unas pN]U<•ñas ve11tajas ol>tt:-ni1 a.· sobl'e lo~ bfí""aro del Gener<.tl Von cler Tarw, habían u\·atentomHlo á Jos fr< nee, es, y Gambetta aeabaha. tz, lll'g-abau n marcha· rápida {t 1 forzar los puntos débile d la~ po ·i ·iorw tmpada. por el ejérei to alemfw, y ~alín n .a 1 eucuentl'O llel ejército del Loire al mando del Genera 1 de A.urellt.·s. ue ·tra ird:~·riorillal'< nejéreito e.·taba, eonc ,nt.ra1lo en Liou. E ·tñhamo ohligare con. e­gnímos que un 8tro , olnérgicameute al terreno, Utilizando Hlll'CO' y :'tl'lH>lPH para. pOtlPI'Ht' al abrigo uel terrrble fnego rápit , la rientlas en la mano izquierda y apoyada la derecha . obre la rodilla, ·eguía con la mirao· les que so m hrt>~HI el cgar-. e Jeutatn€.nte, perse­guida. por el ftwg-o untrido de la. iufautería enemiga .r por los shrapnels de su artillt•ría. Eu e~te momento u ral, coute,·tó el Coronel de ulanos. Esto partiea·tmaltrote,ylo ayntlaute. regre~aroná usen rpos. -¡ Uapitán! gl'itó el General al Uouutndante u la bat da. Mi GeiH:'l'al .. respotHlió acereáudo. e a 1 .1 fe rohuno, de largo bigote ruuio y de faccio· ues nérgieas ... ¡ Dnra11te entinto tiPmpo Cl't•e u~tetl guro con ten r l IDO\'irnhmto ofen.·ivo <1 los fra11ct> 'e, con :u bat ría t -Durantt todo el tiempo que mi Geueral lo ortlene y que mis mnnieioue. lo p r mit~ n. -¡ E8tá bien ! haré rcpl~gar poco á poco á las tropas que ocupan e, ta po·icióu a\'anzada, é iré á establf>cerlas allá, •n aquella pt•qneña ahlea. ituada. atrás tle nosotros. Cuando haya­mos pa •a do e~t~ coli u a Jos tiros de la artillt->ría enemiga no serán muy peligro os para 11 otro , 1> lr Jo tanto haga apuntar con prefen:'IICia. sobre las columnas de i11fantería qne avauzan; espero r~fuerzos ... Cnamlo hayamo~ llegado á la. aldea, podrá usted también r tirar ·e . · Me ha compr ndido t -A till órdc11e. , mi Gl:'neral .. _. -Y ahora, ~diós .... Si . capumos á la persecución del enemigo, ~wrcí g-rcteJas á u~ted, Capitán. El Gt>neral lle\'Ó el írHlice de su mano derecha á su casco, y el Capitán, saludan(l< con la espa(la, volvió á ~u brttería á galo­pe. Dio una ordeu, y el fuego de la piezas ce:-<ó por un in ·tan­te. Los Jefes u e sección miraron con ansiedad á su Capitán .••• Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 118 BOLETÍN MILITAR Nuevas masas de infantería francesa salían del bosque. -Granadas! sobre la infantería, á 1,500 metros ! ordenó el Capitán. A 1,500 metros .... repitieron los Comandantes de sec­ción. Las piezas, cambiadas bruscamente de dirección, en un instante fueron cargadas y apuntadas. -Fuego lento! á 1,200 metro ! Para las piezas cargadas fuego rápido 1 fueron las Huevas órdenes que se oyeron. Después las detonaciones repercutieron tiro por tiro en el Talle; la infantería enemiga se detuvo, retrocedió y desapa­reeió en las ondulaciones del terreno, detrás de los cercos y en loB fosos. · Una sonri a de satisfacción iluminó las facciones severa• del General, y dio las órdenes para Ja retirada de las tropas de primera línea. Los batallones prusiano , tliezmados y causado , formando líneas largas y delgadas de tiradores, e r pl C)gaban pasando cerca de la batería, cuyas descargas e sucedían in interru¡Jción, y se formaban en columna. detrás de la altura para retirarse hacia la aldea. En este momento los u1anoR volvían á galope. !;a caballe­ría francesa, que había evitado ·u carga, apareció obre nues· tra derecha, y de r pente varia l>· teria nviaton á nuestros bravos ulauos algunas descarga mortífera . El General permanecía cerca de la bat ría, aun cuando las granadas enemiga caían y e ta1labau eu t0rno de ell<. La ar­tillería francesa había tomado como único obj .. th"O esta batería aislada, á la cual acribillaba á balazo , como si quisiese ani­quilarla de un solo gol pe. Pero á pesar de las granada. que la diezmaban, Ja batería dirigía todos us fuegos Robre la infantería, que avanzaba cada vez más amenazadora. Los tiradores prusianos lanzaron, al pasar e rca de sus bravos camaradas de la artillería, burras entusia tas. -¡ Hurrah I respondían con energía los artilleros ennegre­cidos por la pólvora y enrojecidos por la angre de us cama­radas. Y continuaban sirviendo sus piezas entre la sangre y el humo. En cuanto al Capitán, á caballo, á un costado de la bate­ría, dirigía el fuego con calma admirable. Sus ojos lanzaban rayos y los músculos de su cara se con­traían, pero no olvidaba lo que se exigía de él y de su baterfa, y trataba de vencer su coraje para poder observar y utilizar cada incidente ral. El General se alejó á galope y detuvo el primer batallón que encontró: -Comandante, 'tiene municiones! -N o, mi General. -¡No importa! Deténgase, y si la batería es atacada, car-gue al euernigo á la bayora~ta. -A sus órdenes, mi General. ¡Batallón, alto! Descansen armas! La caballería enemiga apareció de nuevo sobre nuestro flanco derccllo. Un hermoso regimiento de cazadores franceses, montaclo casi exclnshT~unente en caballos griRes, se formaba en batalla y parecía preparar~e á carg·ar la batería. -Mi Octpitán, caballería. á la derecha . . .. ¡ Calma! Calma! Esperen, no tiren toda. vía, jó á galope, después de haber le orgullo ilumiuó Ru pálida cara. -¡Mi t.~IIN'al 7 .. .. - ¡ ~Ii valiente cnmaracla.! se le va á tran portar á la a:u. bulancia.. Remo recibido refut'rzo,, y el p •ligl'o ha pasado. Con su batería, u~t •tl ba tSH h·ado une.·tr clesta.cawento. -¡ D<•masiado tarde, mi Gcuel'al l. . . -¡N6, nóf -¡ Dt~masiado tnrrle, mi Geru?n 1 ! Un fa\or.. . E criba á mi mujer y [l, mi~ hijos par~ qne sepan cómo he muerto .... -Le doy mi palahra, cauHH'éltla .••. -G1·acia . .. camarada .. . ad ió~ ... mi mujer ... mis hijos. Vol\ió á caer, y exhaló hondo su ·piro. Había muerto. El General se levantó, ue pué de haber cerrado lo ojos al héro~. -Vuestra batería va á ser relevada, dijo, con voz que temblaba, al único ofida1 so brf•vi vi ~u te. El joven ofid::tlllevó por toda re~pue ta.la lllano á su casco, y el Gen~ral, deMpnóH de habet· saludado tos restos t.le ]a lJate­ría, so ah~ó seguido de su ayudante. Los dos guardaban si­lencio. Despnés rle haber recorrido cierta di tancia, el General se detuvo, se alzó sobre sus e tribos, y contempló un instante la altura sobre la cual el cielo formaba nna bóveda llena
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 155

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 157

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ANO lV Bogotá, Junio 23 de 19oo NUM. 157 --~·~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DtnCTOR AD·HONOR&M, FRANCISCO J. VERGARA V V. General, Miembro de 1 Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del EJército de la República SECCI J D , C ' , IN 1 J.J E scrito e n fr a n cé por él G e n ral D t r . t-L·• al le Al bahlar r , nainral es re­com udar al G~!H'ral pr1 c.lefe <1 un t'jéreito •1 e ."tudio de los li­bros; preeiso le e~ ~ 1 e :s twliarse, eoiWt~ er ' t á HÍ mi~mo, <1 ".·e n­der á su propio corazón, intt rrogar su :píritu, e~pareir:-;e tAl el mundo, en una palabl'a,, vivir ·i .mpn• en ml'dio de los horulH·es 8in tl scuiclar la. lli . toria. L r) t>jt>!tlplo qru .:"" ttrgen en la ·o­cicuad, bajo n u e ·tl'os ojos, por decir lo a . ·i, (}(·jan en 11nestra. alt.na una. huella m á ~ profunda que lo eje m ploH y las leccion s que encont r amo~ en lo libros; pero para llt>g-ar al conoeirnien­to de la co. a', la ruta que debe egnir el General es del tcHlo <.lifereute; del.>e reunir al nH•ditado e ~ tudio de los libros, u11a fuert atención con tan te y sosteuüht, uhsP.tTacione ~ exactas y comparaciones l.teclH\S con gran cuila lo. Qnc el g·é11ero (le vicla. uuiforme y arrt>ghulo, y la. soledatl que propouu1ws al General, no le impresionen; el e~ · píritn eneueutra algo pPuo,' o, en el pri­mer iusta.ute, eu todo lo que lo ocupa, fuertemente, en todo Jo que k pre e11ta materia de me(litaeióu y de trabajo; el amor á Ja di 1paeion y el iu ·tiuto del placer cotHlt>nall e ·as prPteut:as l'rivacioue. , pero prouto las profmHlas n·flex10tH's 8t'rict, y al> . tractas, totlo lo que paree~ al priueipio tau duro, laborío o y re­pugnante, atrae, seduce, arra ·ta y vü•ne á couYertirse en una fuente de placeres los más ¡nno8, y ue goces los mús reales y positi,·os. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR El primero, e.l más esencial de los conocimiento~, el que puede casi suplir á los uemá::;; el que hasta cierto puuto podría ocupar el lu~ar de las virtudes morales y de las cuahdatles físicas; el conocimiento, cuya falta aun la lm~ otros, es el u e la ciencia. de la guerra: esta ciencia tan 1:asta y complicada, compuesta del conjunto de vadas ciencias reunidas y encadenadas entre sí, que se prestan un apoyo mutuo, y del cual-no se ¡nude des. prender un solo anillo sin que la ca de na se interr'ltmpa j esta ciencia debe ser la primera y la principal ocupación del Gene· ral que manda tropas; pt~ro que se guarde bien r ntes arwa , Rola y reu· nida , los couvoyt>s, los destacam nto , las comunicacioue , el orden general ,}e las su U"-'Í te u cías y lo · fonaje ~;, la elección del campo de batalla, la mauera de combatir·, de llac •¡· ( utrar en jne· golas tropa , y las disposiciones en caso de victoria ó derrota. Debe, sin duda, como lo veremos más a(lelaute, e8tudiar el arte de Vaul>au y el de la artill~ría.; d~be couoeer la manPra de aprovisionar un ejército, sentar sns posicione~, su campos y fortificarlos; lo que concierne á las ambuiaucia , los hm~pita· les, el transporte de las municiones de guerra, de los eufermoe y heridos. Sea qne estudie ó que llaga. pouer en práctica algu­nas de estas partes secundarias del arte de la guerra, 13e desen­tenderá, por decirlo a f, d~ los detalles, á fin de qnc le quede suficiente tiempo y fuerza para meditar las partes más iwpor· tante~, ó vigilar su ejecución. La división que acabamos de hacer disminuye infinitamen­te el trabajo del General en Jefe; pero corno la ciencia militar ofrece, á pesar ele esta reducción, uu campo vasto y penoso, pues las reglas generales son pocas y difiCJles de aplicar; Jos buenos guías, 1wco comunes, y sobre todo difíciles de encon­trar; los experimentos, propios á rectificar las itleas y á expe­rimentar los uuevos descul>riruieutos, casi impo!SihJes de ha· cerse, procuraremos concretar todas las dllicultades, iutlicando é los guerreros las fuentes eu las cuales hallarán abundante y ,aua dQctrina sobre el particular. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 755 En el último siglo, los militares estudiosos, lo mismo que los literato , se clivi(li t·on en dos campo~; ~n dt>tracto1·es y en partidarios de la antigih•da l. Lo' j0rcito~; por consiguieute la uuwera <1 hacer la gtH·rra. no eM la mi.'ma, s los libros o.:·tros en ~ te arte, lo 111 ismo quo en lot:i otros so u JltH•Htros 11wjorPs mo <1 ella .J..Tapoleón. ~in eml>argo. no titulH!auws en ral no lh·gará { . pr rPalnwnte hábil, ~ino de pués dt• cottocc r á los autor'" aL.tigttos y N;ttHliado It,. 11•0· d .1'110 . Del1e ienqn·t cc¡rnf'nz:u-.·~ ¡>(11' In IN~t ura dt! los :llltig· no~, porque on, Ri es dable PXplit·ar~'e a. i, la flu.•nte plopon(l o. Xcnfifintfe ·-HPtir:ula. lémaeo lflll. A dría no- Ex¡wd i<'ioue · dl. A tt•: :111'1 ro. Poliúio-lll:tori: militar io, con un tratado sobre el ataque y la dt ft'nsa tle la plazas ... __ .......... 1757 ...tlfontecuculli-l\lt·morias . ... .........•...•......•. 1725 Santa Oruz-Rdlt>xiouc:s políticas y militares .••.... Puységnr- rte 'le la g·uel'ra por principios ......... 1748 Oonde de Sa:.r:onia-~lh~ e u, u .. ilo ......•..••••••••.••• 1756 G·uibert-Ensayo general de táctica .••.•••• , ~ •••••• 177~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 756 BOLETlN MILITAR Turpín de Orissé-Oomentarios sobre César, Vegecio y Montecucnlli. ...................................... 1783 Lloyd-Iutroducción á la hi toria de la guerra de Alemauia.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1784 Lloyd-Historia de la guerra de Alemania durante los años J 756 y sig·uientes...... . . . . . . . .............. 1803 Mauvillon-Eusayo sobre la influencia de la pólvora de cafióu e u el arte de la guerra...... . . . . . . . . . . . . . . . . 1788 .Ll-/au,víllon-Enciclopetlia metóclica ................. 1784 Foissac-Tratado teórico y práctico de la guerra de atrincheramic .. •utos ................................... 1789 Jomini-Trata.ajo del Geu ral Jornini; pero u Resumen del a·rte de la gt~e)·ra es cl n<'en. D ~pués de nutrir ·e ror mucho tit•mpo e n la leccione cont nida eu la. oura." clicláctimL, • cnaudo e ~j,~cuta. todo lo que ~lla enst>ñan •· 1)re la mauern. de aplic< r lé ~e ría á la pr ' ctica; etHltHlo e pi-tutean <•n el papel y en el t •rreuo una multitnd tle Rttpo icione. cli~ .. rentc", perfec 0iomttHlo l golpe de vi ta, apreudi<,uclo todo lo qne corr ,·potule á enda ~rat.lo, a i · tiendo, por npne to, á las gratule renuione. <1 tropa·, for­mando parte de lo campos H, JHIP~, volv r 1~• vista hacia loH gl'andes motlelos f.'ln lo8 e.·critos de César, 1\lonte­cucnll i, i\Ion tluc, y sobre toLlo, N a pole6n ; en ti n, e u la vida do los bombr,~~ ilu:tn·~, en las historias pa.rticulare de los gran­de~ hombres y tle la ca.rnpaña~ má famosas, etc. Por uu e8- tlldio meditaclo de tollas e~as obras se conseguirá familiarizar­se cou el arte ele la gnena, identificarse con lo grande~ hom­bres, de .. pué~ de haber leíclo con i u terés ns al tos u echo , tratando de er nna e¡;pecie de émulo, e cndriñan(lo lo medio que el lector I.Jal.>ría empleado en circunstancias semejantes, se logra aproximar e ó · nwjarse á esos guerreros; e m peñán­uo~ e ~. n ele. cubrir la. can a de la victoria y la de la derrota , se llPga á obtPnPr la unas y preveuir la otras; acanclo, en fin, una l-'cción de Clt!Ll. una (}e las acciones que Ull ~tutor ues­critH, e pueH Ita] ia, con­taba ya con un<\ i ustrut·ción prof\uulél, y que deuió su inmen· sos é inuumeraltl~. trin11fo:, tanto {t la cieneia. a nn >tar las faltc-ls eometidas por los grantl(;s h01uhr.-:- , cuya. h i. ·tori a. se tit>ItO á la Yi h, tm(~K Jos enore ROH tan útil e s t:ouw la. •. -pm icncin. q no :e pum le aclq uil'ir á su ex¡wu ·a;· ; y en lo gellt'ral e· mejor i n:truír ' e por las faltas tle lo otro. , qu e pol' uua. e HHlnctn~s, con los cuales e famili: riza t•l lcetor, e n con ervar.·e con cui­ua< lo; toda las acciones <1 qne h: " ido testigo, deben recor­darse. A í pne:-1, Jtatlie, como )1 que <."studia. y examina, tiene ta.uta. f,teilida.d pa.ra. pt· e verlo y re ohr ~rlo todo, pon¡ne nadie pneo en t'l teneno mi 1 i tar, de Ruertt3 que lo 1 i hros pnl>licapjérci to en Fraucia . . H. Ilelvig-l!.jemplo t<~ctico .. Sironi-Geocrrafía c. tra t gica. Niox- eografia militar. JJe Brack- vam ada d caballería. Br-une}·-Fortificación d campaña. 13onie--E ·tu dio· 'obre la caballería. Chevahne-IJa ~twrra nocturtta . .Alm.irattte-Guía del oficial ~n campaña. Los reglamentos. obre servicio n campaña y tiro, de Ru­sia, Alemania, .A nsLria, Italia y Francia. Lo memorándum¡.¡ ofieia.lc de los mi. mos países, sobre Estado Mayor y las di versaR arma • Estado :Uaym· alemán-La gn rra franeo-alemana (rle esta obra ua.v un compendio e:crtto por Scheibe'rt). J>eri6dicos-1Jia'rio de ainwias 'militares; Revi ta Militat· del Extra1~jero; A nuado Militar j Boletín de los Oficiales, etc.j Revistas sobre las cliversas arma& ue las Naciones mencionadas. ------·-- STORMBERG-IO DE DICIEMBRE DE 1899 * Para atacar á los boers en sus posiciones de Stormberg, los ingleses, e~tablecidos en Putters Kraal, tenían que caminar .40 kilómetros, distancia no muy grande pero que los últirnos esti­maron demasiado fuerte como jornada, no sólo para los infantes, por cuanto debían entrar en combate apenas la hicieran, sino para • Según P<~in vin. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT A.R '161 ]a caballería, aún no repuesta de las fatigas de la travesía. Por es­tas razones, el Jefe ingles, General Gatacre, se decidió por e] si­guiente plan : transportar sus tropas por ferrocarril de Putters Kraal á Molteno ( 26 kilómetros), recorrer de noche, por tierra, los 14 kilómetros que separan PSte lugar de Stormberg, y atacar la posición en miga á la bayoneta, el I o de Diciembre, á las 3 de la mañana. Las tropas debtan marchar sin impedimenta alguna, que por el momento quedaba en Putters Kraal con la orden de reu­nirse á la columna más tarde. El 9, á las + de la tarde, la columna, fuerte de 2~ batallones de infantería, un piquete de infantería montada y dos baterías ro­dadas, por todo 2,500 hombres, se embarcó en Putters Kraal en góndola , y desembarcó en Molteno. De allí siguió por el ferro­carril hacia Stormberg un tren blindado, en tanto que la colum­na tom6, á las 9 de la noche, el camino de Steynsburgo, tras dejar en 1\tloiteno, como guarnición, 2 compañías del Ro;•a/ Scots Fusiliers y la I 2. a compaíí 1a de Zapadores. Cuanto á la columna, desfiló por tierra en el orden siguiente-: Royal lrish Rijln, Nort­humberlaml }usiliers, 7+·a batería, policía del Cabo (á caballo), des­tacamento de infantería montada; 77. • batería, otro pique te de infantería montada, tren de combate. OMolteno Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. f62 BOLETíN MILITJ..B Los boers ocupaban las faldas NO., O. y SO. del Rodi Kop. La intención de Gatacre era atdcar la altura por el lado SO., para lo cual la columna d~bía adelantar por el camino Molteno­Steynsburgo unos 6-k á 8 kilóntetros, y en seguida dirigirse recta­mente al N E., sobre el objetivo señalado. El plan era sencillísimo; pero como d~bía llevarse un guía para ejecutar tal movimiento, fracasó éste, porque el elegido, que iba con la cabeza de la columna, sea por voluntad propia, sea por la oscuridad que era intensa, en vez de girar á la derecha en el punto A (véase el croquis), para seguir sobre E, avanzó por el camino hasta B, de donde, tras dirigirse un poco al NE., volvió luégo al S. y llevó la fuerza sobre la falda NO., al punto D, que era precisamente el más fuerte de la posición 'nemiga. En una palabra, en vez de seguir el itinerario Molteno­A E, la columna sigui0 la ruta Molteno-.ABCD *,con lo cual, sobre recorrer una distancia dos veces mayor que la prevista, la tropa fue á estrellarse sobre una faz inaccesible de la posición boer •, error gravísimo que la expuso á ser totalmente aniquilada si da con un enemigo un poco m ás experto en ach aques de guerra, puesto que los ingleses, tras marchar siete h vras en vez de tres y media, ape­nas se reposaron una, y dieron inopinadamente y cansados sobre la posición boer al apuntar el día. La tropa del General Gatacre marchaba en columna de cua­tros, sin vangu/1rdia propiamente dicha, y daba la vuelta á una altura, sin sospechar la mala vecindad en que se hallaba, cuando de repente fue sorprendida por un intenso fuego de fusil~ ría, ej ecutado á cortísima distancia y sobre todo su flanco. Las compañías de infante­ría u lanzaron en el acto, á paso de carga, sobre las alturas ocupadas por los bot"rs, pero á poco di eron con una muralla de rocas inacce­sible, de lo alto de la cual aquéllos les disparaban sus fusiles á sól~ CINCO Ó SEIS METROS DE DISTANCIA, á pesar de lo cual los asaltan­tts no quedaron destruídos, no obHante las predicciones de Bloch •. La artillería inglesa apresuróse á romper su fuego, pero engañada por la luz aún incierta del día, lanzó muchas granadas sobre su propia infantería, fatal error que acabó de introducir el desorden en las filas de esa malhadada tropa, cogida entre dos fuegos y sin modo de defenderse de ellos, por lo que una parte se desbandó, y Gatacre, juzgando desesperada la situación, por cuanto todas sus fuerzas habían quedado empeñadas en la lucha simultáneamente y no tenía reserva, hizo tocar retirada general. • Prueba evidente de que entre los oficia lea ingleses ni uno aolo llevaba hr6jula, y tod os des conocí n la cienci:l de la orientación en campaña. • Aun cuando se trate de la intentona de un asalto nocturno, en la guerra mo derna, no es posible mover trop~s de infrtnterfa, en el probable campo de batalla, sin los exolora rlores de co .nbate indicados por los militares más distir.guidos de Alema­nia y Francia. • En estt caso no es la ofensiva la que fracasa, pues la derrota de loa ingles•• provino del modo absurdo como Gatacre comprometió las tropaL Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .. BOLETÍN MILITAR 763 Un testigo presencial de los acontecimientos dice lo siguiente: "Si las tropas hubiesen obedecido con más prontitud el toque de retirada, seguro es que habrían podido replegarse sin sufrir pérdidas considerables, y aun quedado en capacidad de tentar un nuevo ataque con esperanzas de éxito. Empero, no fue así: un cierto número de soldados no quería replegarse, sino al contrario, avanzar, en tanto que otros, los más, cansados en extre­mo, preferían abandonarse á los azares de la suerte y permanecer echados en tierra, antes que ejecutar una retirada que exigía una rápida marcha por terreno descubierto: fue esta la razón para que más de 500 hombres, aún sin herid~s, cayeran prisioneros. "Cuanto á las tropas que, obedeciendo la orden, se batieron en retirada, lo hicieron en el mejor orden, al paso, deteniindou con frecutncia para disparar, tal como si se tratara de un ejercicio en el campo de maniobras. En este trance los Northumberfand y los lrish Rifi's dieron un hermoso ejemplo de una reta~uardia protegiendo una retirada: tras disputar al enemigo el terreno a palmos, los sobre­vivientes de este infausto ataque iograron por fin ganar una línea de a)turitas que, tendidas en herradura, se alzaban á más de 1,400 metros del sitio de la catá s trofe, y d es de las cuales ya fue posible ganar la vía que siguiera la columna la noche anterior: esas altu­ras constituyeron un excele nte campo de reunión, y fue una for­tuna para nosotros encontrarlas á nuestro paso. "En tanto que varias compañías ocupaban las crestas de esa posición para detener al enemigo, los desbandados tornaban á for­marse en quarter column, 200 metros á retaguardia de aquéllas, dándoseles la orden de retirada sobre Molteno á lo que se perdió toda es peranza de recoger má-; fugitivos y dispersos. <) y el Royal lrish. Lo boers confesaron 8 muertos y 2 7 heridos, es decir, su~ bajas a ccndieron casi á la mitad de las de los vencidos, no obstan-­te las excepcionales condiciones en que libraron la batalla. Los ingleses enumeraron como sigue las causa de su derrota: I .0 La falta dt! cartas geograficas-La cartas de la región son malísimas, la idea que dan del terreno e falsa, y hasta los caminos están mal representados en ellas. 2.0 Ni aun los Jefes llevaban instrumento alguno, incluso brújuia, por lo cual no pudieron darse cuenta del error cometido por el guía. Además, como todos ignoraBan á dónde iban y cuái era el objetivo del ataque, en el momento en que sonaron los primeros tiros nadie creyó que ya se había llegado sobre la posi­ción boer, y no pudo ponerse remedio á la sorpresa sufrida. 3· 0 Más de 500 hombres, es decir, el } de la columna cayó en una emb scada y fue hecho prisionero,* por lo cual, al reunir •- No es la cienci:t militar ~>ino la sociologf, la que puede explicar Jos fenóme­nos que hoy se cumplen en los campo de b:1talb, de :.uerte que en aquélla es pre­ciso rch la rettrada, apenas se hacía alto para tirar los soldados caían profundamente dormidos, de suerte que más de un oficial, á puntapiés, tuvo que despertarlos para que continua­ran la marcha y no quedaran en poder del enemigo." 5.° Como la artillería cayó en la misma emboscada que la infantería, tuvo que replegarse á cie1 ta distancia para poder entrar en acción, y eso al través de un terreno dif1cil, en el que una pieza rodó al fondo de una barranca, y otra hubo de abandonar e por muerte de todos los caballos que la arrastraban. 6. 0 La columna partió de Putters Kraal con dos horas de retardo, de suerte que á la tropa se privó, sin motivo, de tres horas de descanso necesario. A estas causa· debe agregarse una mayor: la pésima or­ganiza ión de la columna de marcha; tan mala, que al principio no más del movimient una compañía del Royal lrish perdió el contacto con el resto de su cuerpo y sigui o directamente al N., no siendo sino al rato cuando ayó en la cuenta de su error, que por fortuna pudo subsanar. El tren de combate (cajas de municiones, hospital de sangre, camilleros, y el cañón Máxim del 2. 0 Batallón de los Royal lrish) se extravió igualmente al principiar la marcha, dirigiéndose directt.tmente de Molteno á Stormberg, vivaqueando al cabo en F., sin saber lo que había sido de la columna, pero con­vencido su Jefe de que e~taba sobre la buena vía, porque según la orden de marcha de Gatacre los ingle·es debían marchar de lvlol­teno á torm berg por d camino real, y cuando á última hora se cambió de plan, de tal cambio no se dio aviso ni al jefe del tren ni al de la guarnición que se d~jó en Molteno. En verJad, por milagro, no cayó ese tren en manos de los boers, no debiendo su salvación sino á los corresponsales de la prensa, que por casualidad comprendieron iban á dar á la boca del lobo, y de ello dieron aviso al Jefe. Además, hacia las cuatro de la mañana esos mismos tres corresponsales, acompañados por algunos infantes múntados, hicieron de exploradores; oyendo tiros del lado del O., marcharon en tal sentido, dieron con las huellas de la columna que se batía en retirada, y guiado luégo por ellos, pudo el tren reunirse á sus soldados. Tan extraño fue lo sucedido en esta ocasión, por no emplear otro calificativo, que uno de los corresponsales, en el acto en que ~e dio cuenta de que el tren estaba solo y en peligro inminente de perderse, regresó á Mol te no en busca del Jefe de la guarnición allí dejada para pedirle instrucciones, y lo encontró durmiendo é igno­rante del cambio de itinerario resuelto por Gatacre. Por último, ese mismo Jefe, cuando ya más tarde recibió aviso oficial de lo sucedí- 1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 '166 BOLETIN MILIT -'.R do, permaneció inactivo en la población, en vez de hacer tomar las armas á las tres compañías que tenía á sus órdenes y salir con ellas á ocupar una posición que le permitiera ayudar á cubrir la retirada del grueso de los ingleses. Cuanto al tren blindado, enviado de Molteno hacia Stormberg, por la carrilera, también estuvo á punto de caer en manos de los boers, que habían quitado las eclisas en una parte de la vía, y puesto allí, en batería, un cañón de grueso calibre f'ara ametrallar el tren tan luégo como hubiera caído en h trampa; por fortuna los que montaban el tren percibieron el peligro á tiempo y echaron má­quina atrás: el caiión boer disparó sobre el tren, pero sin lograr herirlo. Después del desastre, Gatacre tuvo que continuar su retirada hasta Sterkstron, donde se redujo por muchos días á una defensiva pasiva, esperando refuerzos. El Times, juzgando á los jefes ingleses en Africa, escribió después del desastre de Stormberg. "Ev i dentemente se ha decla­rado una ("Specie de epidemia de aberración mental entre nuestros jefes bajo la influencia del clima del Africa austral. Proverbial es que Africa se mira corno la tumba de las reputaciones militares, pero además, ahora caen tambi é n con ellas nues tros valientes sol­dados. Acabaremos por vencer á los boers, no debido á la buena dirección de la guerra, sino merced á nuestra abrumadora superio­ridad numérica •" En fin, para resumir la jornada de Stormberg diremos que Gatacre, que esperaba sorprender á los boers, fue sorprendido á su turno, y tánto, que durante la retirada exclamó con lágrimas en los ojos: O my poor boys (Ah! mis pobres soldados!). 11 • EN EL COMBATE (Continuación) 1 mpórtale sobremanera prevenir la alteración ó quebranta­miento moral de las compañías, y para ello es preciso que el jefe de batallón se halle en estado de discernir con toda claridad cuál es la disposición que le convendrá tomar para que sus tropas pue­dan librarse del fuego de la artillerÍl enemiga que prepara el com­bate, y que tan poderosamente infi uye sobre el espíritu del soldado. En las primeras fases del ataque debe dejarse en este caso cierta latitud á los sostenes y las reservas. Todo el mundo sabe, en efecto, que un sostén que se encuentra bajo el fuego de una bate- ' La aín~sis de b t~tica alemana eD la guerra de 1810. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET.f:N MILITAR 76'1 ría, puede preservarse fácilmente de sus efectos, trasladándose 50 ó 1 oo pasos al frente ó á un costado. También debe establecerse como principio, que un sostén que todavía no toma parte activa en la lucha, ha de estar formado en línea, y mantenerse en la posición tendido detrás de algún resalto del terreno (aunque es t e obstáculo favorable se encuentre á corta distancia de la retaguardia de la guerrilla). De este modo se sostendrá la fuerza moral de la tropa mucho mejor que obligándola inútilmente á estacionarse en la zona peli­grosa de los proyectiles de la artillería. Aun cuando algunas com­pañías se hallen detras de baterías en posición ó de pueblecillos ocupados (en ocasiones, y por m{ts que sea sensible, es preciso dar á las reservas emplazamientos semejantes), el fuego contrario no tendrá efecto alguno sobre ellas, si se les permite echarse en tierra, en línea ó en columna de pelotón *. En cambio, d esde que el ataque del enemigo queda completa­mente preparado y se comprende sobre qué punto dirigirá sus prin­cipales esfuerzos, deja de ser conveniente el economizar Jos sostene¡, y ha de trat4rse, por el contrario, de sacar de ellos todo el partido posible. A.l efecto, se les conducirá tan cerca de las guerrillas, que sus comandantes puedan hacerse cargo, por sus propios ojos, de la marcha del combate, y se hallen prontos, á la primera señal, á hacer que su tropa ejecute fuegoa eficaces en la dirección conve­niente. Sostenes y reservas que, en el momento de la carga enemiga, se encontrasen todavía de I 50 á 300 pasos á retaguardia de los tiradores, llf"garían siempre demasia-.io tarde y con falso rumbo, dado que el fuego de la artillería, que tan directamente bate el terreno á retaguardia de las guerrillas, no los hubiese desmoralizado hasta el punto de que su acción se pareciese más á la de una turba intimi­dada que á la de una tropa de reserva. 'rampoco deberá perderse de vista que las reservas estable­cidas á la espalda de un pueblo que se halla dentro del campo de la acción y es defendido por tropas amigas, no tienen sino una mediana impurtancia desde el punto de vista de la conservación del pueblo; al paso que, una sola compañía de reserva, oculta hacia sus costados en acecho del momento en que le sea posible hacer fuego de improviso sobre el asaltante y precipitarse sobre su flan­co, prestará más servicios que tres compañías juntas en la otra situación. Un JPfe de batall6n, que de antemano no se haya dado exacta ~uenta de todas estas condiciones, y que no esté preparado para preverlas, será incapaz, aun en acción defensiva, de conservar sus • Antes de proseguir conviene advertir que la comp: ñfa prusiana consta, en pie de guerra, de 250 ho . .n bres, y que se divide en tres peloto1 •es, cada uno de é~otoa en dos medios pelotones, y cada pelotón en secciones de cuatro hilera& cuando m~· '0111 seis cuaudo m~-(N. del T.). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 768 BOLETÍN MILIT A.R compan1as bajo su mano; y con mayor razón sucederá lo mismo cuando, hallándose próximo á las guerrillas (y por consiguiente pie á tierra), tenga que darse cuenta de las medidas adoptadas por el ene­migo. Es un hecho incontrovertible que las más fuertes posiciones han sido perdidas frecuentemente en el momento más inesperado. La única explicación que de esto puede darse es que los jefes, con­fiados en la fuerza de la posición, no han fijado anticipadamente su atención en la dirección que convenía dar al combate; que se han dejado ganar de mano por el agresor, en vez de adivinar sus designios antes de la ejecución de los mismos, y no han adopta­do en tiempo oportuno las contramedidas convenientes. Un coman­dante de compañía que, antes del momento decisivo, no hubiese hecho avanzar sus sostenes, llegaría demasiado tarde, y cometería igual falta que la que el jefe de batallón que no quisiese emplear sus reservas hasta el momento en que el enemigo da una carga. Las posiciones más difíciles de atacar son las que pue~en ser r>rotegidas por diversos órdenes de fuegos, como por ejemplo, los atrincheramientos con glasi ofensivos, las alturas con caseríos en la ladera que mira :1l enemigo, los caminos encajonados que se pue­den ocupar delante de la posición principal (y que sean vistos desde ella), etc. Por lo demás, cuando enfrente de ]a posición principal, y den­tro del alcance de las armas de fuego, exi te granja, bosque, etc., á nuestra disposicion, 110 cabe vacilaci6n alguna; debe ocuparse, á menos que se quiera abandonar con anticipación y sin combate al adversano una posición que seguramente utilizará para disparar sobre nosotros, y al abrigo de la cual podrá concentrarse y prepa­rarse para un ataque deci ivo. Excusado parece decir que tales acci­dentes del terreno no se ocuparán sino proporcionadamente á las fuerzas con que se cuente, de modo que no quede desatendido nada de lo que exige la posición principal. Como en la defensiva dispone el jete de bataiión de todo el tiempo necesario para tomar sus disposiciones preliminares, deberá: 1.o Designar las compañías que habrán de obrar en primera línea, y trazarles una direccióu única; 2.0 Hacer observar á los comandantes de compañía y á los de pelotón la marcha probable del ataque del adversario; 3.• Darles á conocer exactamente la di~tancia de ciertos pun­to susceptibles de ofrecer algún abrigo á los tiradores contrarios ó á sus sostenes, y recomendarles que hagan al enemigo un fuego muy nutrido antes de que logre aproximarse á dichos abrigos y utilizarlos. El jefe de batallón deberá ponerse de acuerdo con sus Capita­nes en lo relativo á la fuerza que haya de darse á la primera ocupa­ción, á los momentos en que se deberá reforzar las guerrillas, y, por constguiente, en lo tocante al empleo de los sostenes; porque en el acto del combate ya no le será posible dar órdenes sobre esto, excepto en el lugar en que personalmente se encuentre. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR En cuanto á las comp~ñías de segunda línea, y por Jo tanto á la reserva, no podrá recomendar de antemano otra cosa que los m~dios de comunicación (con auxilios de ordenanzas que habrán de no perderle de vista), para la pronta transmisión de sus órdenes, y el reconocimiento del terreno que tengan delante; á fin de que todo capitán que reciba orden de ponerse en movi­miento, esté orientado con antelación sobre el ca1nino que debe seguir. Veamos ahora lo referente á la ofensiva: La principal causa por que en la ofensiva escapa la tropa á la acción de jefe del bataL6n, está por completo en la naturaleza del combate moderno, es decir: Lo En el despliegue prematuro de un gran número de tira­dores (la mayoría de las veces antes de que e haya podido recono­cer la posición del enemigo, y distando todavía de ella r,2oo á r,soo p.1sos); 2.0 En la extensión del frente que ocupl la tropa; 3· 0 En la imposibilid~d en que se halla el jefe, durante un tiroteo á pie firme, de permanecer á cab · llo detrás de su tirado­res, y de ser visible para todos hasta el último momento; 4.0 Por último, en l. impo ibilid:td (re5ultante de lo que ante­cede) en qu .... e \' C d ... poder h ,tccr llegar rápidamente, en cada mo­mento del combate, órdenes á la subdivisiones empeñadas al fuego. -.o Con arreglo á esto, difícil es afirmar que sea siempre culpa del jefe d que una fraccis en que las tropas demasía o aud:.h.es ne_c itan que la línea que .as sigue les suministre refuerzos constantemente reno\'ados; sien Jo la consecuencia inmediat.l d ~ esto: 1 . 0 , h.tcer impo·ible la concc - ción y la realización de un plan co nbiuad de ataque; 2. 0 , no. r posible esperar el tri un(! ( tb tracci<)n h cha d..:! la bravura de Jas tropas), sino en el C.iSO Je ci:-cun tJncia felicc~, y sobre toJo, e faltas cometida p'>r el cnn de la subdivi iones, u flt:.·ibilid l 1 en el combate, y su con­centración inmediata d._s 1ué. de una~ e ión. Si acudiésemo aq 1Í al reglamento, veríamos qu e prescri e terminanteml!nt:e á los ofi ~jales sub.ll·erno.; que no pierdan nunca de vista la cohesión d 1 conjunt >, en e~pccÍ:ll en su bat ,tlló n, y que se esfuercen constantemente, aun en el CL so de estar real izan­do misiones independientes , p r restablecer el enlace con él tan pronto como sea factible. * demás, las prescripciones más recientes hacen entrever la posibilidad (ya que la columna sobre el centro h.t quedado casi re­legad.! al olvido, y con n .zr)n, com olumna dt combate y hasta de maniobra) de adoptar t>nnaciones que permitan permanecer, hasta. una distancia de 8oo m tro del enemigo, e n orden cerrado y según un orden d ... b:ualla determinado, bajo la única protección de tiradores que avancen por salto. o carreras su esivas. En tiempo de paz la compañías en línea con pequeños in­tervalos entre sí, rompiendo en ~·CC iones por pcloton, podrían to­mar una formación cuyo empl'"'o en la guen a permitiría marchar en pelotones, representando mas del d >ble del frente de las com­pañías (en cuatro ó seis fila , au11 d!:: · pués dd despliegue de los tiradore ), ó de formar una e·pecie de línea de c-.>lumnas por com­pañía con cuatro hlas de fondo: como e >nse~uencia de tal fraccio ... • Se supone en todos los c.a:os, qul' el j efa> ele b :t tallón ln fij ; do ií:nites á e ta misión. Ningú 1 comaud mte de e< mp tif ,, u1 ca. o alguno, etá dejado árbttro de extender su cometido segCín las circun t.111cia , 6 ele no ~;reedo tetminado h .. sta t¡uo el c:ombute ha¡a concluíclq. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :80LETfN MILITAD namiento cada uno de los tres pelotones, colocados uno al lado de otro, formaría en medios pelotones la figura siguiente: 3 2 1 + + • í 1." modios pelotones í ~-:-:-0 Í ~-:-:-0 \=~O Línea de¡ ~ O O ~ O O ~ O O columnas l 1 • --- 1--- 1-- t 01 medios pelotones L · · · · · · · · O t · · · · · · · · O l · · · · · · · · O o o o o o o 3 2 1 pelot6n La formación indicada ofrece la ventaja de colocar sobre el frente todos los o ficiales, y la de permitir al mÍ:imo tiempo que las movimientos de flan o e ejecuten fácilmente, por la conversión de los pelotones por medios pelotones ó por seccione . Por último, tenemos también los ejercicios de paz, que ense­ñan el avance, por carreras sucesivas, de líneas enteras de tirado­res, á uua señal ó á una voz de mando, así como las prescripcionea que le imponen la obligació 1 de dirigir todos su e fuerzos, du­rante la carga, hacia el punto d signado por el jefe de batallón . .En esto hay med ios dic. ce:., t .\ntO para disciplinar grandes guerrillas y hacerlas manejables, como para ejercitar á los oticiales ::;ubalternoa en no dejarlas escapar nunc,l por completo á su acción, y en po-­nerlas por entero bajo ella dd modo más f.icil posible. Otros preceptos deducidos de la experiencia, y conformes con el espíritu del reglamento, prescriben, con el objeto de obtener una sólida cohesión en el combate del batallón, que una fracción de­terminada, cerca de la que Jebe hallarse el jefe en persona, sea de .. signada por é:,te para llevar la dirección: los movimientos de esta fracción servirán icmpre de b ... se, y ella e Ja que indicará el punto de reunión ó concentración, aun en el caso de que el terreno que hayan de recorrer las fracciones inmediatas parezca alejarlas de ella. En lo referente á la transmisión de órdenes, incluso durante la acción, hay ciertos meJios empleados con exito, aun para en­viarlas hasta la misma línea de l..ts guerrilla , con auxilio de orde­nanzas bien adiestrados, y sobre todo de intermediario$; procur~n­dose así conservar, lo más exactamente posible, las comunicaciones entre el jef> y los comandantes de comp:1Í1Ír1, sin distraer á unos y. á otros de la atención que deben dedicar á cuanto ocurre del lado del enemi¡o.-( Continúa). VoN ARNIM (alemán) • 1 ••• ~' Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 'T72 BOLETÍN 1\nLIT.A.R DE LA 11\FAN'l ERÍA ALEMANA Por rescripto de 16 tiro para. la infan­tería c.lel Ejército alPm del fn"i 1 IIHHldo eh~ um8, cuya. alza y almacéu diti• n•n mtwho dB los cl•l fu::;il (le 1888 (~I:wnliucller·) porqu Pll propiedad·~ balística son iguales el nue,~o fu~il y <.1 H nteJ ior. El alza ele! fnsil ele l~fl8 es ele eualo ~u ht guerra, faoilita la in ·tr1.wción del .'wldado. El uue,·o n~glanwutu <:oll .. <'f\~ Jo~ blanco. c•n n.o; pero en reemplazo el• la:-\ silut>tal'i <'II,Ya .·u¡wdi<:i ~ ;Jnmentaha con la ns­to (para 50il) .r el troueo (par; Ü\ '0) de un h 1111 hr .l ele piP, co­loca. una <'la~ h J'cicios de tiro ú, lits distancia~ p qncil:l~ p.tra Hto <1etulla. las reí'ompensns qne se dis­ciernen á los lmeuo. tinHlon•¡.¡: in.·ig·tliHs p: rn los 8ol<1a honor para lo.· oficiale", y primaa de 60 por l>atallúu, para di ·trJbuü· eu el afio entre los mejores tiratlore . Eutre el autigno y el nuevo regLlmento exi te una dife­,: encia. notable en lo relativo á las dimensiones que puedeQ. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETÍN MILITAR 773 asignarse al hn.z en 1 til'o colectivo. El antig-uo decfa: "El terreno cuhiertu pOl' las halal-1 en el tiro COII <:liza¡;; ue ÜÜÜ me­tros pata. aniba, mide nna profttnres de mediana habilicla•l, ('ll t<•ITt>llO parah~Jo ú la. Jíuea de mira y co11 tj( alza. exacta de la. di.staueia, la profundidad de dicllo nú­cleo será: 170 metros á la ra, sobre la cooperacion eficaz (le lo' <1 i \'t>rsos úrg-ano.s encar g ' dos de la dirección del fm~go. lo mi mo qne sol>re el e.~ta(lo rrerw y la diseiplilla del fnego. !.JOS velocipe(listas 110 ha.rá11 tiro tle revólver: e;jtlcutan so­lamente la 'erie g·ellel'ctl (le tiros con el fusil mouelo de 1898, y además cnatro eou el de 189l. ~u re ·umeu, el nue\'o reglamento uo modifica los princi­pios fuudrluwntales del tiro aeeptatlos de tiempo atrás en el ~iército ale ruán; y especial mente se contrae á hacer uotar la importancia en Jo que se rt-fiere á u aplicación en las circuns­tancias que más se asemejen á las de la guerra real. Capitán BILORI (francés) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. f14 BOLETíN MIT..ITA.R SOBRE EL EJÉRCI'rO ALEMÁN (Continuación) ~u carácter más saliente es, en efecto, ura vivacidad en los movimientos y una rapidez de ejecución llevadas al extremo; y puede decirse que un escuadrón que se encuentre maniobrando no toma nunca el paso sino para desfilar. ·Durante la mayor parte del ejercici•, que á veces dura varias horas, los caballos marchan á los aires más vivos. Sin conceder demasiada importancia á la gran precisión de las formaciones, se exige sohuncnte una ejecución de los mandos ó de los toques tan inmeJiata y correcta como sea posi­ble, con la conservación del tacto de botas en dondequiera que esto a ea necesario. Lo que sobre todo llama la atención en e tos ejerci­cios, es la longitud de la distancias que se recorren á los aires violen­to!. Al m 'smo tiemp se h cepa ar á l tropa por todas las formacio­ne imaginableg, tratando, como con la infantería, de hacer variar constantemente el orden en el cual se suceden los movimientos, viniendo .tsí á ser ab.,olutam .... nte impo ~ ible preverlos de antemano, lo que, combinado con la rapidez de la ejecución, obliga á toda la fuerza á una atención siempre ostentda, y pone además á prueba continua la inteligencia Je los oíiciales y sargentos. Los ataques e hacen á toda velocidad; el aire de carga selle­Ta hasta á sus últimos límites, haciendo á cada instante variar la dirección según la cual se ha ejecutado. Tan1bién se carga, par­tiendo de diferente formacioncg, para arraigar en el espíritu de los 1oldados la convicción de que no hay posición alguna del ncuadrón indt la cua 1 no se pueda arrojar sobre el enemigo, de cualquier lado que u presente. Se aprovechan todas l~s ocasiones para hacer salvar á los soldados con la mayor frecuencia los diferentes obstáculos que pueda presentar el terreno. Allí donde no existan se crean artifi­ciales, de una longitud algo superior al frente de un escuadrón des­plegado; después se les hace saltar por regimientos enteros, tanto en línea como en columna. Las condiciones particulaes en que se encuentra la guarni­ción de Berlín son también muy favorables al desenvolvimiento de la agilidad y del espíritu de iniciativa. Preciso es notar, en efecto, que, salvo dos ó tres pequeños lugares de ejercicios que sirven so­bre todo para la instrucción individual, no hay para las tropas de la capital otro campo de maniobras que la vasta llanura de Tempelhof, situada cerca del pueblo de este nombre. Así es que desde el día en que se reanudan los ejercicios de escuadrón, todos los regimien­tos de caballería van casi cuotidianamente á este terreno, y como en la misma época empiezan también las maniobras generales de lu ouat tri'JlaJ, éttat Tan allí á ejercitarse i¡ualmonte. R.Multa -tu• Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLET{N MILITAR "obre este espacio de una extensión de 5 á 6 verstas cuadradas con frecuencia se encuentran concentrad 1s masas considerables de tro­pas maniobrando t das al mismo tiempo. Una mitad del terreno, por añadidura, está cspecialrnente Jestinada á la infantería, la que no comparte su lote con Lls otra-5 arm:l · si no en la época de los ejer­cicios de brigada. fero el rest · e divide entre la caballería, la ar­tillería y el tren, sucediendo alil con frecuencia que todas estas tro­pas se cruzan unas e >n otras en todos sentidos. No sería posible establecer un turno con este objeto entre los diferentes cuerpos, y no se hace si 10 para 1· i n"pt..:ccio :Jes ó cuando se trata de evolucio­nes de las grandes unid · des t:ícticas. El resto del tiempo su ocu­pación es común á todos, y e- Ja cuerpo maniobra allí por su cuen­ta dunde y como mejor pued ·1. ()rdinariamente, al llegar un e~cuadrún al terreno, elige en él un ángulo libre para practicar la equitación individual y otros ejercicios .emejantes; pero cuando vienen luégo Ío.; cjer i io J e;;c 1ad1 <)n propiamente dichos, loa ejecuta sobre la superficie entera de la llanurz, sin preocup.¡rse por la presencia de otras tropas. En e tas condiciones e compren( e ocurra á cada instante que los diferent s cu rpo se encuentren en la marcha, que un es­cuadn) n eh )que con 1 t i11fant e ría ó con una b:..ttcría en disp sición de hacer fuego. ~ero lej o d e tcm r e tos encuentros, e les considera provecho o para h. bi t 1ar ; lo· cab· llo ·· no asustarse, y tienen, ade­más, la v..::ntaja de obligar á to o á e·tar siempre atentos y á ma­niobrar sin de can o para evitarlo~,. Agreguemos á esto que la llanura Je Ternp...: lhof c:-tá en tres de sus 1 do· íJanqueada por ca­mino~ de hierro, Ctl lo., cua les t circul ción e· muy activa y donde los mi liare de ruidos d ~ trcne que ru~dan y máquinas que silban, constituyen el mej >r medio para hacer á los caballos reposados y ain miedo en todas circ n . tancias. El cc1.pitán es, se su ) .! lltiende, enteramente dueño de dirigir los ejercicios de su e cuadrún, con la progre ión, sin embargo, que tan generalmente se si:-ue. Así pues, cada ejercicio comienza casi siempre con un poco de trabajo individual, siguiendo la marcha, sea en el cuadrilongo ó en !1 nea recta, y lo tnás frecuente, acompañada de ejercicio de sable, alanceando ó acuchillando mauiquíe.. A e·te trab.tj su ceJe, cu:1nd) hay lugar, el desfile, y soldmente al final e uando se ej · ~cutan las diferentes formacio­nes. Durante estas maniobr.t se deja una extrema libertad á loa caballos, que arrancan á correr5 tendido el cuello y las rienda flo­tantes ca i siempre. La firmeza á caballo de los soldados es tam­bién muy desembarazada. Esto llama, sobre todo, la atención á loa aires de "note y galope. En cuanto al de carga, no es más para Jo¡ caballos que una carrera á todo escape, durante la cual sólo se pide al jinete el diestro manejo de sus armas. Lo~ ejercicio;:, de equitación en el picadero no difieren en nada de los que ac ejecutan en el C.lmpo de maniobraa. Se dirigen Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. '176 BOI~ETfN MILITA'B únicamente con la mira de preparar al hombre y al caballo á estos últimos y á desarrollar bs cualitladcs militares del caballo, es decir, el aliento y la velocidad máxima á todos los aires. La misma educa­ción se da, además, uniformemente á todos los individuos de tropa, y no se prepara á ninguno para el servicio de ordenanza mo11tado, porque se calcula que un regimiento encontrará siempre entre sus filas, en tiempo de guerra, tantos buenos soldados montados como puedan serie precisos para el cumplimiento de cualesquiera misio­nes especiales. En cuanto á los oficiales, se exige Je ellos conocimiento pro­fundo de los principios de equitación y de todo lo que c:ontiene el tí tul o 1 JI del Reglamento de lo instruccion á caballo (lnstruction zum Rtitunterricht) *. Los sargentos son, generalmente, mejores jinetes que los sim­ples soldados, porque permanecen más tiempo en el servicio *. No por eso dej~n de estar como ellos, repartidos entre las dos cla­se¡ de equitación, según su manera de montar á caballo. Se comprende, por otra parte, que sobre este asunto deberá haber alguna difet encía entre lo regimientos, ~egú n el modo de pensar de los coronelc . La mayor parte e limita á exigir lo que puede ser realmente de una utilidad práctica en la guerra, e to es, destreza en el manejo de las armas y del caballo, y el desarrollo en toda su extensión de las cualidades de vigor y re i. tencia en los ani­males. Pero sobre este punto mi molas ideas e~tán divididas. U nos creen que lo ejercicios frecuente y prol0ngados, á los ai re3 vi vos, son necesarios para desarrollar la agilidad y la fuerza del hombre y del caballo, y esto e:, para ello~ la mejor preparaci 6n para la guerra. Otros alegan, y quizá no se equivoquen, que al tratar de de&arro­llar las fuerzas del caballo es prcci o, in embargo, economizarlas, y que pidiendo dcmastado al animal durante la paz se aventura á agotar y destruír sus miembros. Es bien evidente que el exceso en todo es un defecto; pero no obstante, I~s oficiales de la caballería prusiana están unánimes en este punto, de que es preciso hoy, de toda necesidad, conducir la instrucción vivamente y con energía, y que cierta atracción que tsto ejerce entre los caballos ha venido á ser cosa indi~pensable. Cuando el trabajo individual á todos los aires ha terminado, se pasa á otros ejercicios. Se divide el escuadrón, por ejemplo, en dos mitades que se forman en línea á 300 ó 400 pasos frente á fren­te, una de otra, cubriéndose con dos cac.Jenas de exploradores des­tacados á vanguardia. Des pues los exploradores de los dos partidos ie avistan y traban entre sí una serie de combates individuales, á la vez que cada uno de los medios escuadrones se separa en dos pelo- • Este título ru, que encierra las teglas de la alta. e.:.cuela, eatá deatinaclo sobre tocio al ef;cuadt6n de instrucción. • ~oa aargentoe ea Alemania son caai siempre 6 uen¡aulaadoa 6 alumaea pre~ cHentet tlt laa ttouel"' tif ••ra••toa. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET.fN MILITAR '/77 tones que van á colocarse á modo de reservas á retaguardia de las alas de sus exploradores respectivos. Estos se relevan frecuente­mente, á fin de que todos, hombres y caballos, alternen en este ejercicio. Cuando han tomado todos parte en él, los cuatro peloto­nes se lanzan al ataque uno contra otro, tratando mutuamente de acometerse por el flanco, cosa no muy f: cil y que exige mucha habilidad y circunspección. E ra maniobra se repite varias veces, acompar1ada siempre de explicacione dt:l capitán, quien pone de relreve las faltas de cada uno é indica á todo. el punto respecto al cual debe prestarse atención. Estt!s explicaciones se dan en presen­cia de todos los solJ~dos reunidos, obligándolos á escucharlas ha­ciéndoles preguntas de improviso sobre Jo que acaba de decirse. Después se reúne el escuadrón, fórmase en línea en el orden normal, y se da principio á la ejecu ión de despliegues y formacio­nes reglamentaria . Ordinariamente se hace todo esto al trote, un trote vivo y deciJido, del cual se pa a pronto al galope, y entonces es cuando entra la parte de verdadera fatiga de la maniobra, lo que se llama el entrainenunt (adiestramiento) de los caballos. Sin dete­ner e jamá., ni tomar aliento, el e cuadrón recorre en todo~ senti­do', al galope largo, toda la superficie, á veces, como en Berlín, m u y considerable, del terreno Je ejercicios. Se recorren así de un tirón vario kilómetros, in ce ar jamá de maniobrar y de ejecu­tar carga de frente, sobre los flancos ó en otras direcciones. Al mismo tiempo se da contra otras tropas á las cuales se le· debe dejar libre el paso, y por último, cuando se llega á la barrera de que hemos hablado ó á aigún otro obstáculo, es preciso fran­quearlo en la misma f<)rmación en que se maniobra. En los ataques se n·currc con frecuencia al empleo del ardid siguiente: en el momento de la carga uno de los pelotones de las alas, conteniendo algo su marcha, pasa á retaguardi3 del flanco del escuadrón, y cuando su adversario, que puesto á vanguardia no ha podido apercibirse de e te movimiento, trata después de envolverlo por el flanco, es súbitamente atacado de flanco y de espalda poi el pelotón que se hallaba oculto . .E ta maniobra me ha parecido bas­tante práctica. Por lo menos yo he podido comprobar que colo­cándose uno delante del escuadrón que cargaba, era dificil saber cuándo y de qué lado se operaba la separación del pelotón que caía así de improviso sobre el enemigo, arrojándose tan pronto hacia el flanco derecho como hacia el izquierdo. Sobre el campo de batalla tan súbito ataque podría producir un efecto decisivo. Después de una hora próximamente de este ejercicio, el ca­pitán detiene el escuadrón, no para hacerle descansar sino para mandar seguidamente combate á discreción, á cuya voz se dis­persan todos sobre una extensión de terreno determinada, corrien­do cada cual hacia d9nde quiera. Al mismo tiempo todos ejecutan las medias vueltas esgrimiendo el sable en todas direcciones ó tratando tic cerrarse mutuamente el camino. No puedo omitir Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 'T78 BOLET.fN MILITAR aquí, á propósito de esto, un hecho del cual he sido testigo. Un escuadrón se hallabJ ca ·u al m en te en ci momento de efectuar el combate á discreci<'in detenid ante el mism frente de una bate­ría que hacía un ejercicio uc fuego muy vivo, al mis1110 tiempo que sobre su flanco, á cincuenta pasos del lugar, avanzaba silban­do y rugienuo un enorme tren de mercancía:;. A pesar de todo, l()s caballos se dispersaron m u y tranquil ame nte, y los soldados, se­gún pude observ.tr, eran p e rfcctJrnente dut>ños de ello~. Estas cargas individuales duran de cinco á diez minutos, des­pués de lo cual ·el escuadrón se· form·. generalmente en hn<'!a, al galope de carsa, al tOlll C! de 11-lmada. Much :; capitanes, después de cada ataque en !mea, mand:.tn wrg·¡ á discrcc:ión, para figurar así la refriega con el adverwario, d ::~pués hacen tocar llamada y cargar en línea de nuevo, muchas vece· sin esperar á que todos los jinetes hayan o.:up:1do su pue. to en línea. ToJo esto se ejecuta con una rapidez vertiginosa, y exi e de parte de todo una aten­ción perfectamente so.,tenida h sta el rnás alto grado-(Cmtinúa) V J?t I <, n _ D S z::. o:Eoo~ -~ ~!:: · _;. o. :o :m:. ~Io-:.o POR •• -\ NTJAGO Pt~REZ (Continua1á) .,onfesamo~ qn , <'1:-\ta mag-ní(ka P. . cena \'(~. tirsP, coruo lo tiell''ll q te hacP-l' para entrat· á la cin· datl, si no quieren ue Ja, policía lo· encierre bonitamente en la cárcel. Qniu(ló, como ódta, 110 ern. <>n qns principioR. ino un real do mina.', y llt•V;ll>a el u o m hre ién el de nna de laR tl'es grandt•s tt·ibu. que hahitab;. n lo qn~ hoy se dt·uomiiict Oluw6. lla. ta ella pt-!letrarou en 1G.34 tTe~níta. mi­sioneros, q tH"' fut>rou rPPJH plazatlo:-1 pot· Ctuas en 1687. Gouer­uó: f' por nu Tenit)llh\ ,1 .. 1 Hey hasta la formación, <•n 17:39, de la Pro,·incia. qtw , tituló •l•l Ulwcó, .'l~g'Úll lo llevamo~ referi1lo :,ra. E ·te e el origt•u ron su principio á la ~xplotaeión 1lel oro. Hállase Qnibdú á la altura de 4:t mPti'Os obre e.l niv 1 del mnr, á 5°37 (le latitwl Norte, y un la l<.mg·lttHl eibían. Stu <:•mb;,rg·o. cu Qnihdt) e:-; mayor t~l nÍlm ro ro uo hay 1111a f. 'thricl.l, un eHtauleci­mi •nto púhli < ~o, ui nn hu'" eclitieio. Ac t~o jam. s concluyan la com~t rnccióu del ü•trt plo q ne h •tn pri nei piculo. La. pobhch)n dó la capi-tal, e~, ~egiín <'1 el·u~o de lt>.31, de ~:J,5H7 babita11te8, es dt>cir, poco nuyor q tw l.t e hacer. ·e n na oh. ·orv d ~ las Pro\·incias d Autio­quia S uel Uhoc. ' y N\ ,\. misma eordillera, exteudiétHlos hacia el ~., rwpa.r:tnclo 1: :'4 agna · trihntal'ias tJ, .. ¡ Oauea lPec;onarhl~ ha u h e cho hajat· la. lí IH'~t di \·L·o•·ia. del U rro ele Oaram · uta,, u1 d~ud e (lt :ja c•l Uhoc6 de cnlitular con la Provin ia ele ~ lc·del lin, por un ram, 1 Clll • e ne ien: la· v•·rtien­te. clc•l río San l\lig-n •1, (}ll e u ·ca cl<~l Art·ayan(tl, cu­ya~ ag-1ta , dertt\11 al 'anea; pero enyo,· hahitant •s deb m \·otar co11 lo~ ele la hoJ"a del A t.rato, allefHlt~ ll ca el ~na oceidental de lo: Ancle.'; p · r< que i nm •nttm los Anfragio ' tlel cantón Atr·ato hasta C ' Hltra 1)e~ar lo .' cl•l c :wtóu de S..tll Juan, que se dicen reprt>APnta 11 te de opin iouPs d1 Vl•r.·a.·. BNtOH prineipio., o mils bien fine tle divi, ión territorial, con ulta.rán aea.·o los iutt>reses ele un ba11do por un ti~mpo dado; pero uo co!t ·ultaH de modo alguuo la buena ait· n en la cabecera. de lo· río.-, y m uo · lo q u o en número mayor, y eon. etTanue rrotieüt de Pilo:.;, y á C'ans·t 1lt> CJtt t• lo· ocultan e~tu­dio. HllH utl', por· no p:rg-ar lo: (h• n·eho: (l t· p:1rroqnia y :p1 ·e.só el vmtf•t·ahle acet·dote, Cura de :T ódtil, al . umiuistrarnos bondaclo~ameute lo (lato .. · que le peduno~ sohr~ el mo\' Írnieuto de la población en su di trito. · 'r1 e11 éste 6;11!)7 h:thitante:, y (lm·allte el aüo de 1852 ocnrri e t'')ll 117 n¡wiulit>ntos y !J~ tiPfntwioru .. ~s, lo qne 'la un aunt(: utü anual de 7:.> iutlh· idnos, resnltado (}tw, al eompa­rarlo con t-l de aiio~ m1terion·s, ptwtle tom ; tr~e po1· tPrmino medio; 'ito, .sin hacer ntt·at 11 Cli<'Jtta l;t mny 11otahle oir­cunstancia. tlt>l nuen> (• t.ado so ·ial itarttns, entre lo~ c!ttal · la~ reladone txnal •.· el:uulP~tinas .· ott la~ ru ;'í · eomniiP ·, .sin que.~ al el dr e. to nos n•tiramos únieam e ntt~ ú lo:-1 tl• pit!l tJP~ra • ptH'S dt\ los blanco , a , í llamad~~ all :'t, no :ea.' .. an qni •mp.· •n atra~o moral é iutPI• ·tnal v,tyan lllll,Y H l ; par <:on .·u· ant.io·no c.•:ela\TO'. · P H' el clidw dt 1 ~~·. Ü tll' al Yi ti nen tmlto alguno, e.·terior por lo menos; los indios, má/3 ó nwnos i1liota:, HJH~ml~ .·i han l Dios Yer·datlero · y los nPg-rol'l, ~il'lll pre hoza\es y emo: C}llé mi. · ionero poeta, Ít>rmau to1lo el de\·ociouano popular·. 'rn \'Í m os oca ióu (le e ·en­citar nnn. pleg,u·ia, que en for·ru;t ele <:anto fue entona iéu, uesue sus respccti vas barbacoa : Rogá'e á mi Dio por mí, Que yo rogaré p or voo. Y ~ignieron berrt'an~ ndonar (•11 un pnuto la prPteusi 'n á ser creído, para lo cual iu~ist ía en sn protesta rídicos labios oímo~ y snpi111os, escuchán­dolo todo con mue ·tras de pmmw, y sohrf:> todo tH :ia~ quiz{l más llOtahJe cld homhm: }a <¡tl t: Jo Jle \·a {t (' llg'Hll:ll' {t J l. tletuáli, y la qnc lo hact~ l'llgaflar."e 'í l ruisuw ('Oil lo :Haradllo."o. N o ohH «lll te, á pet so u as di~ 11a~ de f'l•, y q n • e tlecfan tes­tigos pr : .. ncial .·, oi111os Ptlcoutinr 1<1 llahi li (lad. · cl('.'tl'P%a eon qne alp;nuo: IH g·l'o: e hahí.t u ll r ~ < tclo ~• lwcl'r lo .. domiunclore~, por decirlo aHí, haHta d e la.' m a~ ores y m {t ~ Yiolt.•utHH cull·hral;, e( mola Sobreeama, la JJ errugosa J Jal'.l quis; lm; cnale~ Yenían á enrollarse tns de las vit tuch .. s tle las plaul a~, <'011 las <'na les operan otros milagros tl e i1lé11tico p<' Jjt•ílo. Udiriéronuns nno de éstos, :i hit:>ll ah:teui é nlato. Y ftw, JHH·s, c¡•w d t•.scatulo 1111 non sancto curandero de csm~, ~ zorar :1 ·iPtto fí:ico de cslnwjis, qtw afec· taha al' PI Hlny hril·ún eit•tt.lla la mi:tt~rios ;t lwj;t, y producir~e nnn cnpio:a lwmonagia, qne aRomhró y alarllló ú toe rt>h .ahilitaría en la. púhlica opiuiflll eon :ólo 11omhrar la. jPrba contraria, que pwlwra cortar los JH•rnic~io:os d' ·ctos (le ]a priuwrn. . .cT i aun esto pllllo llac(:\r •·1 a.\'ergouzado doctor, ~··nieuclo al tin Stl cru l adversario l ·tn n te, tn n poco hi ela g-o~ y g-Pnero. <'S lo nPgros que llegan á. adquirir ntlO ó mú · <1~ t•. o: pn·eiol"o. · ~<·ert>tos, que no hny t•n •l 1Ut111do < · a~: que los lwgi\. ren:lat'los. Un el'.;ela\~o del St. i\losqtwra. t•j t> cntú la a.·mnbtos:t <:nraciúll de un (.>lt•fan­cíaco fl'tuatado; su amo 1 • ofn:· ció sn Jihcrt:ul y ltl ~uma ele oro qtH exig-iera, porqtH le d<• .· e11brh.•ra la. mt>dic:i n a ele qu • "'e había valido; pero él St" dl'lle ,ú mlo como esclavo; ,Y, d,•.·preeianc o pro111t>~a~ y HIIH'ltpnl­cro Hn \'alío ·o tt•l"oro. Oír11o. t•sta t· ·l:wión {t u11 r<>. ¡wtahie Ye­ciuo d' .r Ó\' ÍL\; . · dl, \ ' al por u,il 111Ú~ . obr • •J mi~mo ohjt to. AdemÚI'\ tlt.• lo.· nP g ro., (jtH', eoruo 11 ~ · ;111 10.' (lit:lto, forman casi Ja totalidad <.l • la poblacJún d •l ' Lweó, lo.· iutlios qne <'ll e ta. Pro,rillcia :-;e Pll<:lll'lltran, último: y poeo llitlllc>l'o:o~ n·stos de la~ \'alit'llh·: tlibn. l tt e enqH~ cilladalllt'llh , dd't• Pdit.>Joll de l )lo\ conq ti:tador .. ~ .· r: i11d"p •Juh•Jte i n ~· ~n lPITitorio, uwree<'u, por ruás de uua raí'.Óil, q11 • lt-. eon. :t ;! ll'tlto.· :tlg'lltta línen , <:ou el fin n, y de lJos­q twjar· ·tt.' eo. · tnmln (' ·. L·t:-\ e >:ta. d •1 G o lfo l D : u·i :n y la , : r dan de m lra,Ja. it en.-Jt,t'l) u . t: W il ·~, qt n · ·i h i t ~ ll t• LHI an unidas por rín •ttl01'4 de l'i l'lll t' j paraci(~ ll a llti;!-'lil d1! su g·nhi J'llO .Y la dh·er­sida< l de Htt8 dialPeto ~ . gi'Hil t>~tas < ~ llatro nadonPH los J),. l'ie­ueH, los Zitaraps, los Ulwe H' ·.V lo s ~ o :111 ... m •.·. E . to~, al Le lit cnadratla qne SO al~a. en 1111 r •co1ld ch•l r w 1t , dt•j rntl JHH' tl ·bajo los f:.wgales de uu ten~uo frvcu •ntenwut Crthit•rlo por las a,4na .. Lo· ..... Toú, 11amo~, qtu·, por eit•rro, no han sido lo~ m:l~ hdi­co :, dando ton t·llo 111gar á. :-;u opre.· i t'l u pot· h1~ otra· ea ' taR, Jo que por sí uo m ú Pxpli<·a. ~n 1:otoria inf ·riol'ida'l en nú 1ero é Ílllporta.nci.•, se <'llCtl! .. ntrall altora prir11·ipalt1 •11te en la hoya del S.w Jnl d ~ thtabn', símbolo é iu ·tnuttetttt) de sns ruido­sas di \Tt•rsione~. U<·rcau el t'c tu:ho ¡wr .-1 un latlo, · ignieudo la mar~en clcldo, largos plantío: de eaii:t duh:t•, y por el otro tuphlo~ plataual<·s, eou lo qne ineeHl:llllt'mentc tit·m·H asándose soOt'< la hognera al g unos JlilH' S tl • m alll, ó .-:'Hl'tas rmpm1zofindH::-~. So11 1 lt'S Jo.· n · twtros principa­les que nnte. La ('lldll'tan eon u11a púa, y la eolo<:an Hl fm•go ha,'ln. quo transpira por los poros dt-1 ,·it•ntr • un lwmor YÍ~<·o:o, en el e nal empnpan los Yirott·s, euya hCiida l'8 llhlrt:tl; ~-;iu qn He eonozta. de é:-~t.t>, sin duda mucho 111ás fuPt'te qtw <•1 de ·urare, tli ann por los mi mo~ in clP los n:'~c - tales eH el que llamau ?;c1wno de palo, que s;H ~ juco igual al de l\lnllthwú, tl tres á cuatro !'ltl «r:ulas
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 157

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 166

Por: | Fecha: 25/08/1900

BOGOTA, AGOSTO 2 5 DE I 900 ------ --- -- ---- -- --- -------- --- --~~ ---- . ---- -.-- ---------- • Or¡rano del l'f.Ihli•terlo de Director ad honorem Guerra y del Ejército Francisco J. Ver¡rara v. Son colaboradores de este periódico los Jefes y General de Ingenieros, .Miembro de varias So- Ofioiahll del Ejército cie s, ó ejecutaren ~ualesq uiera otros actos prohibid os por la mo­ral de la guerra, se les hará efectiva, con todo rigor, la sanción penal establecida para castigar tales delitos. Art. -+· Las condiciones para verificar la entrega de las ar­mas, y las _garantías que en consecuencia se otorguen, serán fija­das por el Jefe Militar respectivo, de acuerdo con las instruccio­nes que reciba del Gobierno. Art. 5.0 El presente Decreto se comunicará por telégrafo á los Jefes Civiles y Militares de los Departamentos para su inme­diata publicación y ejecución. Dado en Bogotá, á 19 de Agosto de 1900. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GUILLERMO QUINTERO C. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR '-y-' D:ia~:illllil~@ ~a 0 .- m>m 1L~®® (r8 DE AGOSTO) 227 por el cual ae honra la memoria de loa Generalea Luia Franciaco Sánchcz y Jesús Ca saa C., y del Teniente Coronel Auguato Pardo La Comandancia tn Jeft Debidamente autorizada por el Ministerio de Guerra, ~ CONSIDERANDO Que han muerto recientemente los Sres. Generales Luis Francisco Sánchez y Jesús Casas C., y Teniente Coronel Augus to Pardo, el primero á consecuencia de las fatigas de campaña en Santander y en el 'T'olima, y los dos segundos en el campo deba­talla de Lincoln; ~e los Oficiales Genera les nombrados se distinguieron como militares disciplinados, leales y valerosos; Qye en la presente rebelión concurrieron con brillo á las in­mortales operaciones de Palontgro., y luégo los dos últimos á la toma de Cúcuta, y el primero á la importante batalla de Tibacuy, en la que se distinguió notablemente; Que dichos Oficiales Generales dejan familia i cuya5 necesi­dade! debe atender la República, DECRETA Art. r . 0 El Gobierno lamenta el fallecimiento de los Sres. Generales Luis Francisco Sánchez y Jesús Casas C. y Teniente Coronel Augusto Pardo, y reconoce los servicios que siempre le prestaron con decisión y patriotismo. Art. 2.0 El Gobierno declara ascendidos á General de Divi­sión al de Brigada Luis F. Sánchez, á General efectivo al General graduado Jesús Casas C., y á Coronel al Teniente Coronel Au­gusto Pardo. Art. 3·0 El Ejército tributará á la memoria de los citados Oficia les Generales lo; honores que les corresponden, de lo cual se encarga especialmente á la Comandancia general de la r.a Divi­sión del Ejército permanente. Art. 4.0 La Comandancia en Jefe !olicita del Ministerio de Guerra que recabe á su turno del próximo Congreso, vote á favor de las familias de los muerto¡¡ la recompensa á que tienen derecho, y dispone mientras tanto que en la Pagaduría Central del Ejército les sea pagado el sueldo que en vida correspondía á los Jefes cuya memoria c;e honra. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 225 BOLETIN MILITAR ~ Art. s.• Copia auténtica de este Decreto será enviada por la Comandancia á los deudos de los Sres. Lui5 Francisco Sánchez, Jesús Casas C. y Augusto Pardo. Art. 6.• Este Decreto será sometido á la aprobación del Po­der Ejecutivo por medio del Sr. Ministro de Guerra, y solicítese que por conducto de dicha Superioridad lo sea á la del Senado de la República. Dado en el Cuartel general, en Bogotá, á 18 de Agosto de 1900. JORGE Mov A V ÁSQUEZ Poder Ejecutivo Nacional Aprobado. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, encargado del Despacho de Guerra, GuiLLERMO QyrNTER.O C. ORDEN GENRRAL PARA EL DÍA I 7 DE AGOSTO DE 1900 Art. 2450. La Comandancia en Jefe, ampliamente autori­zada por el Ministerio de Guerra, ha dispuesto reorganizar los Cuerpos que componen el Ejército permanente en tres Divi­siones y dos Columnas, del modo siguiente: 1 .• División-Batallones: 2.o de Artillería; Vencedor en Boyacá; Próspero Pinzón; Marroquín y Regimiento Húsares de la Sabana. 2: División-(Antigua 3·· División). Batallones: Posada Gutiérrez; 4. 0 de Cundinamarca; 5. 0 de Cundinamarca, y Es­cuadrón Mochuelo. 3· • División-(Antigua 4·"" División). Batallones: Ospina Chaparro; Tequendama y Granaderos; Escuadrones Vargas, Bo­gotá y Losada y la Policía de Soacha. Dependerán del Cuartel Generalísimo las fuerzas que orga­niza en la Sabana el General Miguel Amaya y el Cuerpo de Depósito. El Escuadrón U rdaneta continuará adscrito al personal del Cuartel Generalísimo. Columna Marroquín-Batallón Funza y Regimiento Moya Vásquez. Columna Junín -Batallón Zapadores y Escuadrón Ricaurte. El General Jefe encargado, FRANCisco J· VERGARA Y V • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 229 RPpública dt Colombia-Ministerio de Guerra-Sección ••. --Núme­ro 401-Bogotá, 21 de Agosto de 1900 Sr. Director del Boletín Militar Para los efectos consiguientes, participo á usted que á un memorial el'.!vado por el Sr. General D. Francisco J. Vergara y V., recayó la siguiente resolución: · " Ministerio de Guerra Este Ministerio, encontrando justa y legal la anterior petición, RESUELVE Inscríbase en el Escalafó~ del Ejército, como General de Ingenieros, al General D. Francisco Javier Vergara y V e lasco, declarándolo, además, en posesión del diploma científico del caso. Publíquese lo resuelto en la Orden General del Ejército y en el periódico oficial. Bogotá, Agosto 20 de I 900. ' El Ministro, GUILLERMO QUINTERO C.' Dios guarde á usted. Por el Sr. Ministro, el Subsecretario, JUAN N. MENDEZ LuiS FRANCISCO SANC:EEZ Con profunda pena registramos hoy la prematura muerte del joven General que tan alto rayó por su intrépida bravura y su prudencia y sagacidad en las operaciones de Palonegro y 'Tibacuy. Sánchez era una de las figuras más hermosas de la nueva genera­ción de soldados conservadores, y mucho se prometía de sus talen­tos militares nuestra noble causa, que él amaba y servía con tánto entusiasmo y desinterés. Lo respetaron los proyectiles enemigos en homéricas lides, no lo esperó la muerte cuando la e saltó atrevido á pecho descubierto, y ella en venganza y traidoramente le empon­zoñó la sangre con esa fiebre que ha diezmado en esta guerra á los defensores del régimen legal. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~30 BOLETIN MILITAR ~ DE LA PATRIA Asunto es el de la educación del soldado moderno, que anda más que descuié\io, de progreso, cuyos bienes se palpan briosa y rápidamente en la nación que tiene la fortuna de auongan á las presentes disposiciones. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 240 BOLETIN MILITAR '--v--" En campaña hay un capitán de día que vigila el servicio de la guardia de prevención, cela que las distribuciones en, en los acantona­mientos, redoblar su vigilancia para a~egurar los cuidados de limpieza y aseo, y el entretenimiento de los efectos de vestua­rio, armamento, con ervación que constituyen sn correspondencia militar, traduciremos las más caracte rísticas para &olaz de uuestros lectores. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '-y--' Si á causa de los preparativos que para tal operación tienen que ejecutar los franceses, los austriacos, orillando el Tanaro, lo­graran juntarse con los piamonteses, será preciso que nuestro Ejército haga dos marchas sobre Acqui, es decir, avance hasta Cairo y Spigno, con lo cual puede estarse seguro de que aquéllos se apresurarán á retroceder para guardar sus comunicaciones con el Milanesado. La operación que debe ejecutarse es sencilla. ¿ Permanecen solos los piamanteses ? Marchar sobre ellos por Garesio, Bagnasco, La Solta, Castelnuovo y 1\1ontezemolo. Batidos y forzado su cam­po atrincherado, habrá que sitiar á Ceva, empresa preliminar de todas las posteriores, cualquiera que sea la vía que luégo se quie­ra seguir. ¿ Los austriacos tienen la cordura de reunirse en Monteze­molo con los piamonteses ? Preciso es separarlos de nuevo, para lo cual hay que marchar sobre Alejandría, y apenas se consiga Jo buscado, ganar veinticuatro horas para/orzar el campo atrin­cherado de Ceva. Ocupado este campo el enemigo necesitará doble fuerza para obligarnos á levantar el si ti o de la fortaleza. La artil1ería de sitio desembarcará en Vado; para su movili­zación no hay temor de que falten carretas, porque el territorio de Langes abunda en elementos de transporte, y el sitio apenas exige de 24 á 30 piezas de grueso calibre. Tomado Ceva no debe perderse un instante en hacer 0:1vanzar la División que guarda á Tende, Briga y las alturas de Niza hasta Borgo; su reunión se efectuará por Monduvi, en tanto que la Di­visión del centro asedia á Coni, adelantando en seguida el grueso sobre Turín. Ejecutado esto, el Rey de Cerdeña hará, seguramen­te, proposiciones de paz, á las cuales el General en Jefe debe con­testar que no tiene facultaJes para escucharlas, que tiene que pedir instrucciones á París, lo que obligará á di.cho Rey á mejorarlas de tal suerte que será imposible rehusarla . , y satisfarán por lo mismo los anhelos del Gobierno, pero de lo contrario se bombardeará á Turín sin hacer caso de la Ciudadela. Por lo demás, como la guerra en Italia depende de la esta­ción, cada mes exige un plan de campaña adecuado, y para ejecu­tarlo es preciso que el Gobierno tenga plena confianza en el Jefe del Ejército, le deje gran libertad de acción y e limite á señalarle el fin que se pretende conseguir: un correo d~spachado de Savona gastará un mes en el viaje redondo, y durante ese tiempo la situa­ción del Ejército puede cambiar. Ocupado Turín, el sitio de las fortalezas de Alejandría y Tor­tona se hará innece'5ario ; entraremos al .Nlilanesado como á Cham­pagne, sin obstáculos. El Gobierno debe ordenar que se termine el trPn de puentes y pilotes que yo principié á construír para el Mincio y el Oglio; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ pues de esta suerte se tendrá en Italia todo lo que se necesita para cruzar el Po, el Adige, el Tesino y el Tanaro. El valiente Ejército que se adueñe de las llanuras del Piamon­te y el Milanesado encontrará en ellas vf veres, vestuario y bagajes. BoNAPATRE (Concluye) Servicio de seguridad en marcha-La vanguardia-Fuerzas de que se compone y ma­nera de disponerlas-Reglas generales de conducta- La retaguardia-Su importan­cia en la retirada y elementos que la constituyen-Conducta de una retaguarclia de lante del enemigo-El flanqueo-Su utilidad-Modo de proteger una marcha de flanco. El servicio de segnridau en marcha se cubre á grandes distancias con la caballería exploradora, y á inmeuiaeión de las tropas, con destacamentos protectores sacados de sus mismas columnas que reciben los nombres ue vanguardia, retaguardia 6 flanqueos, según su situación con respecto al cuerpo prin­cipal. La vanguardia tiene por o~jeto reconocer el terreno qne ba de atravesar la columna, limpiándolo de emboscadas y obs­táculos, proteger sn paso por los desfiladeros, descubrir al ene­migo y empeñar el combat , entreteniéndolo el tiempo :&ecesa­rio á que el re-sto de las fuerzas despliegue y se disponga á to­mar parte ~n él, con las mayores ,~entajas tácticas posibles. Cuaudo el encuentro con el adversario está previsto y la marcha obedece á una maniobra ofeusiva, el papel de la van­guardia es fácil y está bien determinado, reduciéndose á em­peñar francamente la lucha ofensiva; pero si una exploración incompleta 6 la falta de e~te importante servicio da lugar á un encuentro imprevisto, exige mayor cautela y se limita á una actitud pur~mente demostrativa, que sin dejarse imponer por la del contrario deje com¡)letamente libre la acción del cuerpo principal. Obrar de otro modo es improcedente, pues un ataque irreflexivo ~e estrellaría contra la resistencia preparada del ad versario, y sería rechazado antes de que el grueso pudiese ter­minar su despliegue, resultando empeñado en una luclla, ciega por lo inesperada., en la que no siendo posible reconocer su situación ni elegir con acierto el punto de ataque, y sin tiempo para disponer regularmente las fuerzas, quedarían desde un principio en favor de aquél todas las ventajas. A no ser que tropezando con un ad\ersario muy débil 6 que se retira des­pués de ser batido, se cu6nte con una notoria superioridad so­bre él, pues en ta.l caso la acción rle la vanguardia debe ser e 'encialmente ofensiva para obligarlo á detenerse y dar tiem­po á que lo alcance el gTneso de las fuerzas y lo destruya. La fuerza de una vanguardia se calcula por el efectivo to­tal de tropas, pues aunque á primera vista parece que debiera Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 250 80LETIN MILITAR ~ también tenerse en cuenta el tiempo más ó tnenos largo que, según el terreno, pueden tardar en de plegar, como que la na­turaleza
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 166

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 169

Por: | Fecha: 15/09/1900

BocoTÁ, SEPTIEMBRE 1 5 DE 1900 ·-- -------------------- ---------- ~~----------- - - -------- -·------- --- Or¡rano del llliai•terio de Guerra y del Ejército Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejército A.&<:> X'V" Director ad honorem Franciaco J. Vergara T. General de Ingt>nieros, Miembro de variaa So­ciedades Cientiticaa JST'Ul.\1.1:. l.C39 ARREGLADO PARA XL "BOL.ETIN MILITAR" l. EL JEFE-Un jefe de guerrilla ó contraguerrilla no pue­de obtener éxito mayor sino conformándose sin cesar ~ estas dos condiciones : secreto y actividad. Nadie debe conocer sus planes- y propósitos, á nadie puede confiarse; es preciso que aprenda á en­gañar á todos sobre la verdadera dirección de sus movimientos y el objeto de sus empresas: si quiere ir hacia á la derecha, que deje el campamento por la izquierda. Evitará, en cuanto pueda, caminar de día, y no soltará nunca un baquiano hasta no estar en per fecta seguridad, pues de lo contrario se expondría á verse traicionado. Es preciso que un jefe de guerrillas tenga siempre á ]a mano una buena carta de la región en que obra: las resoluciones debe tomar­las con rapidez, sobre la silla, y ejecutarlas sin vacilación ninguna. Es esencial cambiar á menudo la dirección de la marcha: el plan que habrá de ejecutarse lo tendrá en la cabeza en sus gran­des lineamientos, pero las circunstancias regirán los detalles de la ejecución. El objetivo primordial es causar daño al enemigo, im­portando poco que el lugar donde esto se consiga esté más acá ó más allá. La mayor dificultad con que tropieza un jefe de guerri­llas es la de hacer llegar al General de quien dependa noticias exactas de él mismo y del enemigo : el mejor medio de conse­guir esto es el de moverse de tiempo en tiempo sobre el flanco del enemigo que asedia, y de allí enviar aviso con un oficial seguro á la fuerza amiga más cercana. Vlll-21 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 314. BOLETIN MILITAR ~ Para ser un buen jefe de guerrillas es preciso tener ojeada mi­litar y actividad, renunciando, además, á toda clase de comodida­des. Ante todo hay que aprender á distinguir lo cierto de lo falso en los decires de la población : error gravísimo sería creer todo lo que entre ella circula. En fin, el jefe de guerrillas debe hacer la guerra por placer y como sport, y no por el halago de los ascen­sos y las recompensas. El jefe debe ser infatigable, sin cuidarse del reposo ni para sí ni para los suyos. A los soldados hay que persuadidos de que el enemigo tiembla ante ellos; pero en cambio debe evitarse con cui­dado todo combate desigualó contra posiciones muy fuertes ó atrin­cheradas, porque una derrota mata la confianza del soldado, que en­tonces está pronto á buscar otro jefe á la primera ocasión. Cuan­do se ataque debe caerse sobre el enemigo ciegamente y con la rapidez del rayo; si no es posible procurarse la ventaja de la sor­presa no debe atacarse al enemigo. En fin, aun despué~ del mayor éxito, no conviene permanecer en el campo, sino al contrario, ale­jarse del teatro de la lucha mediante una marcha forzada, para en­tonces reposar con entera calma y seguridad-General LoEVENS­TERN (ruso). II. PuEsros AISLADOs-Los destacamentos á quienes se con­fíe la guarda de un puesto determinado se compondrán siempre de infantería auxiliada por algunos jinetes. El oficial á quien corresponda mandar el destacamento cuida­rá de acuartelar su tropa si hubiere en el lugar local adecuado, re­conociendo en seguida los alrededores, y hará construír las obras de fortificación necesarias para poner la fuerza al abrigo de un golpe de mano. Si no existe cuartel se escoge el edificio más sólido y situado en la posición más ventajosa para establecerse allí militarmente. La torre y la casa municipal en los pueblos son casi siempre los edificios más adecuados para esta clase de puestos, tanto por su so­lidez como por las dificultades con que tropieza el enemigo para incendiarlos en caso de ataque. Escogido el edificio se condenarán todas sus puertas menos una, que se defenderá con una palizada en forma de torrecilla, ó con un muro aspillerado. Del mismo modo se procede con las ventanas, en las cuales, si son bajas, el muro se alzará lo menos hasta cuatro pies sobre el suelo, dejando en cada una dos aspilleras como mínimo. Si el edi­ficio tiene balcones es preferible colocar en los vacíos de ellos ado­bes que formen aspilleras, porque entonces se tendrá una especie de torrecillas salientes que flanquean la pared principal y con sus fue­gos cruzados impiden la aproximación á ésta. En esta clase de obras, que se amoldarán siempre á las cir­cunstancias y á la localidad, el jefe del puesto no perderá de vista 'lue el objetivo que debe tener en mira es no sólo preservar el des~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 8DLETIN MILITAR 311 T tacamento de una derrota en caso de ser atacado por fuerzas supe riores, si de esto hay peligro, sino lo que es más importante, pod~r conservar el puesto con el cuarto del efectivo d~l destacamento siempre que la mayor parte de a u efectivo salga á batir el campo y tarde uno ó dos días en volver *. Cada puesto será provisto de agua, de u1u reserva de víveres para tres ó cuatro días y de municiones suficientes para la fuerza que lo defiende. El jefe es responsable de la existencia y conserva­ción Je tal depósito, y si se ve obligado á evacuar el puesto por orden superior ó por la fuerza de los acontecimientos, lo llevará con­sigo ó lo destruirá antes que dejarlo caer en manos del enemigo, bién que á semejante extremidad no ocurrirá sino cuando le falten en absoluto tiempo y medios para transportarlo á otro lugar. El jefe del puesto cuidará de que la ~ropa viva en buena armo­nía con los habitantes; impedirá las vejaciones, protegerá las au­toridades, y de éstas y de las personas cuya confianza se haya cap­tado, obtendrá cuanta noticia pueda sobre la situación de la co­marca y de los guerrilleros enemigos que la infestan. En especial le interesa conocer qué territorios frecuentan y qué cam111os prefieren aquéllos, ya para conseguir víveres y recursos, ya para ejecutar sus depredaciones; con qué personas tienen mayores relacio­nes, etc. U na vez establecida la tropa, el jefe del cuerpo no dejará en el cuartel, para guardarlo, sino el número de hombres estricta­mente necesario, y con el resto recorrerá la comarca, tratando de ponerse en relación con los puestos vecinos, siguiendo siempre las vías por donde presuma puede e-ncontrar las partidas sueltas de los enemigos. El jefe del puesto debe familiarizarse con todos los caminos, sendas y pasos del territorio en cinco leguas á la re­donda de su cuartel, y con los jefes de los puestos vecinos tendrá entrevistas, para las cuales se variará cada vez la hora y el lugar. Estos procedimiento, necesarios para informarse del enemi­go, no exigen largas marchas que fatiguen á la tropa, sino al con­trario, corren as cortas pero repetidas, salvo que sepa la presencia de una partida en un lugar donde pueda alcanzarla, pues entonces la perseguirá sin descanso, dando el aviso del caso á los puestos vecinos para que le ayuden á interceptar el paso á aquélla, cuya persecución no dejará sino cuando ésta no ofrezca esperanzas de éxito. Es importante proveerse de medios de transporte para mu­niciones y heridos, cuando se prevé un encuentro. Ningún destacamento, sea en marcha ó en posición, deja­rá que se le aproxime otro sino con todas las precauciones y for • Tte 6 cuatro put.>stos 11af establecidos á dii>tancias tales que puedan prote~ gerse meJiante marcl\as q11e no excedan de cinco horas, pueden sosteuert>e coutra neímero quíntuplo de enemigos, si éstos carecen de artillería-L. J.), Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 316 80LETIN MILITAR ~ malidades militares, y obrando siempre con el cuidado que le sugiera la mayor desconfianza, pues ingresando en las guerrillas los desertores con uniforme, posible sería á éstos engañar con la apa.riencia de tropas amigas á un oficial abandonado, que entonces haría víctima á su tropa de su confianza y descuido. Recomiéndase á los jefes de puesto oír la opinión de los em­pleados locales de policía, porque el conocimiento que ellos tienen del territorio y de las personas los hacen especialmente aptos para esta guerra de guerril1as, cuyo conocimiento no se adquiere en la campaña formal, por lo cual los oficiales del ejército regular deben ilustrarse con el consejo de quienes sobre ellos tienen esa superiori­dad de la experiencia.-General CAFFARELLI (francés *). III. I •0 DESTACAMENTOS MÓVILES-Tan luego como un des­tacamento (es decir, una contraguerrilla) llegue á un territorio don­de puede encontrar al enemigo ó esté expuesto á un ataque repen­tino por parte de fuerzas superiores, ó á ser envuelto y copado, no marchará sino de noche y con baquianos, descansando de día en lu­gares apartados de los caminos, en los bosques de preferencia. N a die debe haber visto dónde se efectúa ese descanso, y el gum se reten­drá con la tropa para impedir que avise al enemigo el sitio ocupado por el destacamento. 2. 0 El destacamento nunca se dejará arrastrar á empeñarse en combate con un enemigo muy superior en número: su misión consiste en sorprender y destruír los convoyes de víveres y muni­ciones dd contrario, las pequeñas partidas destacadas del mismo, los postas, etc., en una palabra, en quitar toda tranquilidad á los servicios que utilizan los caminos reales, haciendo vigilar éstos por medio de los habitantes de la comarca, ya en un punto, ya en otro, de manera que nadie pase por ellos sin que él no sea informado á tiempo. 3·° Cuando convenga, el destacamento se presentará como la vanguardia de un cuerpo numeroso, para el cual pedirá los recursos del caso, haciendo creer que tropas amigas ocupan la región con efectivo considerable, y durante la nor:he cambiará bruscamente de dirección para despistar á los enemigos. 4.• Los destacamentos be guardarán bien de cruzar los ríos por los puentes de las poblaciones, haciéndolo por vado, barca, etc., en lugar menos visible, pues deben evitar todo sitio donde se les pueda observar y contar minuciosamente. s.• Los oficiales y clases de un de>tacamento móvil deben conocer todos los boquerones y vados que existan en su línea de retirada, á fin de que puedan escapar en caso de revés. • Instrucciones dadas en 1810 para la guerra de España cuando á esa comarca fue enviado por Napoleón, de pués de haberse distingnido en AustP.rlitz y dt:serupe• fiado el cargo de Miniatro de Guerra y Marina del Reino de ltalia.-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 317 6.• Si el enemigo se presenta con fuerzas considerables por distintos puntos y no es fácil escapar unido, el destacamento se fraccionará par'i. hacerlo por pequeños grupos. 7.0 Se cuidará de indicar á todo destacamento ó patrulla mó­vil muchos puntos por donde pueda reunirse á fuerzas amigas, á fin de que tenga más libertad en sus movimientos. 8.• En las marchas de día el destacamento se hará preceder á gran distancia, un cuarto á media hora de camino, por explora­dores, á fin de evitar emboscadas y moverse con más seguridad. 9.0 Es importante enviar, además de las patrullas volantes, campesinos en muchas direcciones, tomándolos de preferencia en las viviendas aisladas. Entre tanto el destacamento tpermanecerá oculto en un bosque ó lugar retirado. A los campesinos así em­pleados se les trata bien, se les paga y se les amenaza con incen­diarles sus casas si llegan á traicionar. 10. Cuando un destacamento móvil permanece mucho tiem­po en una misma región, no se convertirá en puesto fijo ni se guardará con avanzadas, pues se expondría á ser destrozado ó capturado por fuerzas superiores. Para evitar este peligro el grue­so se establecerá ora aquí, ora más allá, pasando la noche ya ade­lante, .~ a atrás del sitio donde estuvo en el día, y cuar1do se pueda se ocultará de tal mod0 gue pare-zca que ha abandonado la comar­ca. E11 re tanto patrulla:; volantes de tres hombres, campesinos de vigías, etc., continuarán observando los caminos y lugares impor­tantes, sin despertar sospechas. I 1. La:; partidas volantes nunca pasarán dos noches segui­das en el mismo lugar, no dormirán en poblado y en éste no des­ensillarán las bestias. Si la to·pografía ó las operaciones exigen que permanezcan cerca de una población, sucesivamente lo harán á uno y otro lado de ella, sin turno obligado, escogiendo de pre­ferencia para ese alto los pequeños caseríos ó las casas aisladas cuyos ..... ontornos estén despejados, á reserva, se entiende, de cam­biar de sitio al caer la noche, y esto de tal suerte que nadie sepa dónde van á dormir. I 2. El jefe de un destacamento móvil cuidará dondequiera de que sus proyectos sean mal interpretados ó ignorados y de que el verdadero objetivo de ellos permanezca desconocido. 13. Tam bien cuidará de ponerse en relación con toda per­sona que pueda servirle de intermediario para obtener noticia de los movimientos del enemigo, en especial de sus convoyes. 14. En todo caso la topograíía de la comarca, las circuns­tancias, el espíritu de la población, etc., indicarán al jefe los me­dios que dt:be emplear de preferencia para desempeñar su misión con éxito, sin olvidar que debe preferir los senderos á los caminos trillados, que nunca entrará á un poblado directamente sino ha­ciendo alto en las casas más distantes para de allí enviar paisanos • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 318 8DLETIN MILITAR ~ ó un par de soldados sin armas ni uniforme á tomar lenguas del enemigo; que las poblaciones crecidas no se atraviesan sino de no­che, y en fin, que si se ve obligado á volver sobre sus pasos, no lo hará por la misma vía por la cual había avanzado.- Instrucciones dadas á los gu errilleros del ejército prusiano en I 8 I 3· IV. Dos EJEMPLOS CLÁSICOS: a) LA soRPRESA DE ANGUIANO (1809: Guerra de España)-Cuando el General Thiebault era Go­bernador de Burgos, atravesó una ocasión el bosque de Covaleda y llegó á Los Palacios de la Sierra (Viniegria de abajo) persiguiendo unos guerrilleros. En ese lugar supo que varias partidas de éstos se debían reunir al día siguiente en Anguiano, lugarejo situado sobre el mismo torrente que Viniegria y distante de éste cuatro leguas en línea recta. Era imposible dejar de pensar en utilizar el lecho del torren­te para sorprender esa tropa; pero interrogado el Alcalde sobre la posibilidad de la operación, respondió : "¿ Creéis que si eso fuera po­sible los habitantes caminarían veinte leguas en vez de cuatro para ir de aquí á Anguiano ? " El General no se dio por vencido, y á fuerza de investigación dio con un viejo de noventa años, que en sus mocedades había hecho la excursión en compañía de su padre. El hombre estaba paralítico, pero conservaba el uso de su razón, y declaró que real­mente la empresa ofrecía graves dificultades, por cuanto enormes pedrejones colmaban el lecho del torrente, en el cual se formaban á trechos profundos pozos. Además, á esas dificultades debía agre­garse un peligro serio, y era que con cualquier aguacero el torrente se hinchaba de tal manera entre las altísimas rocas á pico de su lecho, que de Ioo,ooo soldados que en un momento de esos se ha­llasen en el cauce, no podría escapar uno. Era el 20 de Agosto; el tiempo se mostraba espléndido, y un excelente barómetro, que se ñalaba buen tiempo fijo, no había ex­perimentado variación alguna en el día. Fiado á esta indicación, el General Thiebault hizo tocar tropa á ]as dos de la madrugada, y al clarear el día, con asombro de lo s soldados y estupefacción de los habitantes, el General se lanzó con sus 1,400 hombres al lecho del torrente. A la cabeza de la columna iban los más ágiles, y logró con ellos salir del espantoso desfiladero á las diez y cuarto de la noche. Allí se detuvo y reunió los que le seguían de cerca, repitiendo la orden de guardar silencio profundo. A media noche se le dio parte de que 400 hombres e ·taban reunidos. En el acto los hizo formar en columna, y con la bayoneta calada se lanzó briosamente sobre Anguiano. Aun cuando los españoles no temieran ninguna sorpresa por este lado, con todo te[)Ían allí un centinela, cuyo alto no fue contestado, y aun cuando hizo fuego, tras el disparo los tambores tocaron carga y la tropa entró al pueblo, en donde~ gracias á la se- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ guridad con que dormían los guerrilleros, éstos perecieron casi to­dos, la mayor parte sorprendidos en sus mismos lechos.-Teniente Cor"onel V ALLIER (francés). b) SoRPRESA DEL CAMPO DE Srnr EMBAREK POR EL GENE­RAL 'I'EMPOURE- En Noviembre de 1843 Sidi Embarek, khalifa y jefe militar del Emir Abel-el-Kader, trataba de reunir sus fuerzas con las de éste, á cuya operación quería oponerse el General Tem­poure mediante una lucha de velocidad. El jefe francés, con sólo Sao infantes y 500 jinetes, partió de Arsi-el-Kerma á media noche, y á las nueve de la mañana llegó á Zametit, donde por las huellas del enemigo comprendió iba sobre el buen camino. El jefe francés hizo alto para dar algún descanso á la tropa, porque el tiempo se había tornado horroroso. A las r r se continuó la marc.ha sin guía que conociera bien la comarca, pero por fortuna dos infelices habitantes, sorprendidos al caer el día, informaron que el enemigo había dormido la víspera á cinco leguas del sitio donde pensaba pasar la noche el jefe fran­cés, quien juzgando que en .tan corto tiempo no podía haber reco­rrido mucho trayecto el enemigo, según se deducía de las huellas del dicho vivac, se resolvió á caminar una otra noche para sor­prenderlo. "Me puse en camino á media noche, á pesar de una lluvia torrencial y de las dificultades de un camino reputado casi imprac­ticable para bestias; pero esa lluvia secundaba mis proyectos, por­que era natural que detuviera al enemigo en su marcha. La noche fue horrible, y al amanecer llegamos á donde el enemigo había dor­mido la víspera pPrmaneciendo hasta muy tarde, pues aún ardían los fuegos del vivac. Un esfuerzo más, y estaba conseguido lo que se anhelaba. "La lluvia seguía cayendo á torrentes; el suelo era un fangal; la tropa estaba cansadísima; mas cuando á ésta demostré la certi­dumbre de alcanzar al enemigo, olvidó su fatiga y los rigores de la estación, y se puso de nuevo en marcha llena de entusiasmo." "-_--En este momento la persecución se tornaba interesan­te: ora caminábamos por el fondo de barranco convertido en le­cho de verdaderos torrentes, ora cruzábamos espesos matorrales, y á cada paso era preciso detene1 se para buscar de nuevo la hue- 1la perdida. Al fin vimos una gran humareda que salía de un bos­que en las cabeceras del Yalle de Malah, y como no dudaba que allí estaba el enemigo, reuní la columna á la sombra de una ceja del terreno y dispuse el ataque." El General francés formó tres columnas de ataque y una escogida de reserva, no dejando sino 250 hombres de escolta del convoy, y despacio, para evitar el desorden, avanzó hasta cerca de una colín:~, desde cuya cima, á tiro de fusil, vio al enemigo, en cuyo campo reinaba la seguridad más completa, pero que corrió á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 320 BOLETIN MILITAR "-y--' tomar las armas advertido por un centinela: No había que perder un instante, y los franceses se lanzaron al ataque. La lucha fue terrible, y tremenda la carnicería. Los árabes dejaron en el cam­po 404 hombres, entre ellos á su jefe, y 280 prisioneros, de suerte que sólo se salvaron unos 150. Los franceses apenas contaron dos muertos y 8 heridos-Según el parte del General TEMPOURE • • • • SOBRE EL SERVICIO DE LAS TROPAS EN CAMPAÑA (EJÉRCITO BELGA) (Concluye) Yivac de un ~scuadr6n Art. 59. Un escuadrón suelto se establece en vivac como si formase parte de un regimiento. El comandante del escua· drón da á conocer sobre qué flanco deben situarse las hogue­ras; y sobre el otro flanco se establecen los forrajes. Modo de atar los uballos en el vivac Art. 60. Cada jinete atará su montura por medio del ron. zal á un piquete. El piquete Re clava con auxilio de la cabeza del hacha que lleva consigo cada cabo. Si ~e hubiese ele vivaquear durante mucho tiempo en un mismo ter~eno, se buscan mejores medios tle amarre, u tilizantrinas .:ino indiddualmente y es­coltado por un •ol05ible forzar al prudente Emir á combatir. Las tropas inglesas han encontrado re­cientemente las mismas dificultades en Birmania y también en la guerra contra los Cafres. Esta es una característica de ca i todas las guerras de insurrección, como por ejemplo en el Montenegro en 1876-77. El gran jefe circasiano Schamyl resistió á los Rusos con ventaja durante algunos años, gracias á su táctica de guerrilla; per­dió su preponderancia de de el día en que organizó á sus guerre­ros en ejército y entorpeció sus movimientos transportando artille­ría. Los Poloneses, en 1863, cometieron el fatal error de formarse en cuerpos organizados; si se hubieran limitado á la guerra de azar, su destrucción habría sido más difícil. Pero las circunstancias á menudo son de tal suerte que no se puede obligar al enemigo á combatir, si él opta por hacer la guerra de guerrilla. Esta even­tualidad está tratada especialmente en e::! capítulo VI. VII. La indecisión en la dirección de las operaciones produce la guerra sin plan-La indecisión en los movimientos de las tropas • El autor es inglés, y por eso no habla de la celebérrima campaña siguiente en que Mauagaacar fue reducido á Colonia francesa.-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 328 80LETIN MILITAR '-y--' regulares engendra operaciones sin concierto, de las cuales la gue­rra de guerrillas es la forma más enojosa. Marchas sin objetivo determinado ó aparente, ofensivas seguidas de retiradas, ataques sobre las posiciones enemigas y evacuación del terreno conquista­d0: tales son las operaciones que exaltan la moral del enemigo y hacen la campaña larga, costosa, ineficaz y desastrosa á la salud de las tropas. Toda acometida debe tener un fin determinado y especial, y un::t vez comenzada debe ejecutarse á fondo, á menos que alguna dificultad insuperable é inesperada se presente. Hay que obligar al enemigo á que comprenda lo que quiere el ejército regular, lo que tiene intención de hacer, cualquiera que sea la em­presa que se intente. Las medidas á medias son fatales. Las desgracias de los Rusos en el Cáucaso fueron sobre todo imputables á la ausencia de objetivo en sus expedit::iones. Ellos reunían una gran columna y recorrían millas al través de la selva y de las montañas para apoderarse de alguna guarida que encon­traban abandonada. Regr~saban entonces, hostigados en todo lo largo de la vía por los belicosos Circasianos, Georgianos y checha­nos, y tornaban á ocupar sus acantonamiento§ hasta el momento de volver á empezar alguna nueva empresa espasmódica (sic) por el estilo. Durante la campaña de Marruecos, en I 8 59, las fuerzas espa­ñolas se dejaron arrastrar varias veces por los Moros á encuentros sin objeto. Y bién que ellas obtuviesen algún éxito en el combate, se veían obligadas al fin á abandonar el terreno que habían ganado, y los !vloros interpretaban este movimiento retrógrado como una victoria para ellos. Es preciso evitar estas acciones sin objeto, que cuestan pérdidas inútiles. En todas las ocasiones en que las tro­pas españolas atacaron vigorosamente las fuerzas del Sultán con un fin bien determinado, obtuvieron en recompensa un triunfo señalado. Las pequeñas columnas rusas enviadas contra los Tekkes Turcornanvs * en 1876-77, son ejemplos del inconveniente de las operaciones sin concierto é indecisas; bien que de 01 dinario las guerras de los Rusos en Asia hayan sido manejadas de muy distin­ta manera. Destacamentos demastado débiles para obten~r venta­jas se ponían en esa campaña en marcha sin objeto preciso, y tor­naban á sus pustos sin más resultado que la mengua del prestigio ruso y el aumento del espíritu de resistencia de los Turcomanos. La campaña contra los Madistas, en los alrededores de Sua­Jcin, en 188s, comenzó por el combate de Hashín, que consistió en tomar algunas colinas á pocas millas al Nordeste de la ciudad. U na de esas colinas, la más lejana y muc-ho más grande y más importante que las otras, fue tomada con bizarría, pero las ma- " Pueblos de Asia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 329 lezas que rodeaban la base de la colina eran espesas, y la ac­ción quedó allí indecisa. Cuando, algunos instantes después, la colina fue abandonada, el enemigo la volvió á ocupar al punto. Y como la columna inglesa se retiró sobre Suakin, después de dejar una guarnición en los Zeribás * construídos á alguna dis­tancia á retaguardia, los Derviches quedaron autorizados para vensar que si no habían alcanzado la victoria, tampoco habían sido también algunas veceR, cuando el ene­migo obtiene la ventaja, que el de5trozo causado por las armas de precisión lo persuade de que su causa está irremisiblemente perdi da: Isand Iwhana, esa batalla tan terriblemente desastrosa para las tropas inglesas, mostró á los Zulúes con qué clase de adversanos debían combatir, y quebrantó la confianza que tenían en su inven­cibilidad. Rara vez el enemigo combate de nuevo con el mismo ardor cuando ya ha experimentado la acción de Jas armas y los métodos de un ejército regular. Este es un hecho muy importante y un po­deroso argumento para buscar la solución por el combate. La historia de las guerras civiles prueba superabundan temen te que las campañas señaladas con algunos raros encuentros genera­] es son las más decisivas. Tal fue la guerra contra los Zu1úes, á pesar de sus desgraciados comienzos. La sublevación de la India fue notable por el ardor del enemigo en aceptar el combate; si las cosas hubieran pasado de otro modo, la represión definitiva habría, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 331 sido más difícil. Los Rusos, en el Asia central, han andado con mucha suerte al tener que combatir con adversarios que buscan acciones decisivas. En Yedshar, en 1866, un ejército muy fuerte partió de Bokhara y marchó sobre Tashkend, con la esperanza de tomar esta ciudad; pero lo detuvo una columna .1rusa muy infe­rior en número: el combate fue de lo más reñido, y los Rusos ob­tuvieron un éxito completo. Dos años después tuvo lugar una batalla decisiva bajo los muros de Samarcanda. Estas dos grandes batallas decidieron de la suerte del Turkestán; la toma de Tash­kend dio á los Rusos, en el país, un sólido punto de apoyo en su marcha ulterior hacia adelante. La ausencia de encuentros peque­ños es, pues, de notarse en esa lucha. Casi todos los episodios de las expediciones que condujeron á los Cosacos á Bokhara y á las fuen­tes del Sir Daria fueron operaciones importantes de guerra. XL Las expediciones en fas cuales las circunstancias obligan al enemigo á buscar las acciones decisivas, son las más felices-Las con­diciones de la lucha fuerzan á menudo al enemigo á librar una ac­ción decisiva. Nada más ventajoso puede suceder. En la expedi­ción de Abisinia, por ejemplo, en 1868, el Rey Teodoro se confió en lo inexpugnable de su posición de Magdala, en sus fortificacio­nes y en sus cañones, y esperó en la plaza la llegada de las tropas inglesas. La primera fase de la invasión francesa en Argelia-la ruina del poder del Bey y la toma de su capital--no causó sino poco trastorno á las fuerzas regulare5, porque había un objetivo bien definido que el enemigo estaba obligado á defender; tan 1uégo como el General Bourmont efectuó su desembarco, las tropas del Bey quedaron concentradas con la esperanza de detener la marcha de los franceses; naturalmente fueron derrotadas por completo. La toma de Delhí por los sublevados, en 1857, procuró una ventaja cierta á las tropas inglesas, porque Delhí era el centro de la rebelión, centro estratégico de la más alta importancia, que el enemigo defendía con ardor, lo que permitió á nuestras tropas, al volver á tomar la ciudad, dar un golpe mortal á la insurrección. En las guerras del A hantí y del Dahomey, las columnas inglesa y francesa tenían por objetivos las capitales reales; á los Reyes Koffi. y Béhanzin se les obligó á cerrar la ruta lo mejor posible, y tuvieron que exponer así sus ejércitos al riesgo de acciones ge­nerale , en las cuales las tropas regulares pudieron ostentar con éxito su superioridad de armamento, de disciplina y de mando. Durante las largas hostilidades en el htoral del Mar Rojo, cerca de Suakin, las fuerzas de Ü;:,mán Digmá se apoyaban constante­mente en el territorio fértil de Tok.ar. U na aversión natural á com­prometerse en empresas militares impidió largo tiempo á las auto­ridades del Cairo ocupar e ta ciudad; pero cuando en 189 I se en­vió una columna para tomar y ocupar á Tok:ar, el sagaz jefe Der­viche reconoció el grande alcance de las consecuencias de esta Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 132 80LETIN MILITAR '--y-" operacton, é intentó desesperadamente detener la marcha de los egipcios que habían salido de Trinkitat. Esta tentativa produjo, cerca de las ruinas de Tokar, un encuentro decisivo que acabó definitivamente con el poder de los Madistaa en este teatro de gue­rras largas y desacertadas. XII. Dada la dificultad de conducir al enemigo al combate, es 'Utntajoso asegurar una victoria decisiva cuando él acepta la lucha­Las tropas regulares deben, pues, buscar el combate. Puesto que, por regla general, el enemigo evita los encuentros á campo raso, es preciso, á todo precio, lanzarlo al combate, atraerlo con hábiles disposiciones y comprometerlo á una acción seria si muestra el menor deseo de combatir. Porque si es tan dificil provocar un re­sultado táctico, es evidente que, cuando se logran los esfuerzos en este sentido, el combate debe ser decisivo. Esta cuestión de obli­gar á combatir á tales adversarios la trataremos en un capítulo ulterior sobre la táctica, lo mismo que la cuestión de los ataques de flanco y los movimientos envolventes contra la línea de retira­da del enemigo, operaciones que se hacen indispensables por la importancia que hay de batirlo completamente cuando se decide á la acción. Como estos combates son tan difíciles de lograr, bien se com­prende que, empeñada la lucha, hay que .sacar de ella el mayor partido posible. La simple derrota del adversario no basta: el ene­migo debe ser batido de llano en plano, de modo que quede inca­pacitado para resistir después; y si es posible, ha de quedar des­truído, en el sentido militar de la palabra. Se necesita una victo­ria decisiva y no un simple triunfo. La aplicación completa de este importante principio fue la principal característica de la campaña de Egipto en 1882, de que ya se ha hablado. Algunos días antes de la batalla de Tell-el-Ke­bir el ejército egipcio salió en gran número de sus trincheras y atacó á las tropas inglesas en Kassassín, á donde éstas se recon­centraron entonces con rapidez. El enemigo fue fácilmente re­chazado y perseguido hasta corta distancia de Tell-el-Kebir. L:1s obras de defensa de los egipcios se habrían podido tomar en se­guida sin resistencia seria, pero las fuerzas inglesas disponibles en ese momento no eran suficientes para obtener una victoria del todo decisiva, y la cabal1ería no estaba en condición de ayudar á coronar el éxito. En todo caso, el ataque de las trincheras enemi­gas durante el día habría costado muchas pérdidas, y por esto las tropas fueron retiradas y el ataque se aplazó hasta que todo estuvo listo. A este movimiento retrógrado, momentáneo, siguió un brillante triunfo, que justificó de modo evidente la demora. (Contin~a) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ ESTUDIO POR J. MECKEL, DEL ESTADO MAYOR ALEMÁK Traducido libremente para el Boletín Militar (Continóa) U-Ofensiva y defen•iva 313 1.° Caracteres de la ofensiva y de la defensiva-Todo com· bate puede librarse ofensiva ó defensivamente. El ata.que (ofemsiva) tiene como característica buscar al ad· versario para combatirlo. Eu la defensa (defensiva), al contrario, se e&pera al cnemi· go para oponer resistencia á su ataque. El ataque tira. el golpe; la defensa lo pára. Puede sucedér también que para librar el combate ambos con ten dores tomen la ofensiva; en cambio, la simultánea de­fensiva de ellos jamás puede producir un combate. En fin, al priucipiarse la pugna puede presentarse con­traste l.>ieu marcado entre la defensiva y la ofensiva; pero en el curso de ella siempre se prol Poder Ejecuti\·o de Uolombia, y no eu el Perú, donde se hallaua. Por la ley orgánica militar de 18 de Abril de 1826 que,ló suprimida la clase de General en Jefe,~ yo conservo los anteriores documentos como uua prueba. auténtica de que se me creyó acreedor á este grado por la::; dos supremas autorida­des de la Nación. A. S. E. el Libertndor Presidente de Colombia, etc., etc. Excelentísimo Señor: Bogotá, 3 de Octubre de 1826 La sorpresa que he recibirlo leyendo las actas de 28 de Agosto de Guayaquil, y de 5 de Septiembre de Quito, es ignal á las absurdijaute actos. Prescin­diendo de los falso8 argumentos en qne s apoyan, y de la ab­soluta ignorancia. de los principios del derecho público que manifiestan, ha taría para llt:'uaroe de amargura todo corazón patriota, el ver que se babia de dictadura n la República de olombia, cdieu te c·rvidor, (Continúa) JOSÉ MANU!CL PESTREPO DEL GENERAL PABLO MORILLO (Continú 1) El eRcmulróu de lanceros del Perú, que no pudo tomar parte al comouzar la acció11, haeia la mitart> todo, á la llegada tan oportuna del esforza­do batallón de la Uuión, á la que (}ebe atriuuirse el éxito de la joruaua; la firmeza y la experiencia militare que desplegó en el momento más crítico, se sobrepouen al mejor elogio, por lo cual todo el Ejército aplaudió la promoción del Mayor D. Ma­nuel Bausá, Jefe de este CuE-rpo, á Corouel, sobre el misruo campo de batalla. Pude, después de la victoria, calcular con exactitud las fuerzas enemigas: antes del combate se elevaban á 2,000 sol­dados de infautería y á una caballería no menos numerosa. Los rebeldes llegaron á Calabozo, pero sin haber podido ejecutar su retirada en orden; allí se de tu vieron tratando de rehacerse, y para esperar los auxilios que t:lebía traerles Páez . .Este Jefe se batía. separado de Bolívar desde el Sombrero para ir á estrechar el sitio de San Fernando. l\1ás tarde hablaré de la suerte funesta y gloriosa á la vez de esta ])laza á órdenes del joven y valiente Capitán D. José María Quero. El ejército real acampó e117 en San Juan de los Moro , á donde el Brigadier D. Miguel de la '.rorre vino á tomar, iuteri­namente, el mando en jefe, mientras que ;yo me trasladaba á Valencia, á n·ponerme de mi herilla. Al propio tiempo ~e urde­ron a 1 ejército los batallones de Ca" tilla y lo de Pardos de Caracas, con cuatro compañías del batallón Burgos. E.·tos últimos cuerpos perma11 ci ron en San Jna.n de los 1\'loro , con orden de ocupar suce ivamente á Ortiz y Parapara, á meclida que avanza e el Ejército. Esta. allerífl, el ejér­Cito retrogradaría dnra.ute la uoelle. En esta retirada se su­frió primero por fa! ta de agua .Y u e pué· por la mala. calidad de la que e logTú cOtiHegnir. A la ,•t•gnrHla jornada. eutró el ejér­cito á Ortiz., donde d Brigadier la 'forre onlenó que permune­eie en aeompaii:i.tulole lo· bata! Ion ~s de Ca tilla, de la. Unión y c.le Valeueia, y el P. ·cuculróu (lel l11faute D. Uarlos. Estas fuerza' ruon tauan ~í mil lloruhr s; >} r sto de las tropas fue á l>us<;ar otl'o.· sitio.· para situar·e: le:t iufant ríe .. u villa de Uura y la eahallel'Ía. eu las aldeas Ycciuas, á orilla de Iet. Laguua. El cuerpo del Uoruuel López r cibió onlcn de marchar hacia la \'illa (lel Pao, y ·e ·eparó del grueso del ejército al terminar la pl'i ruer<~ jornada. Era dü cr·e .. rse que el enemigo, tras las derrotas reiteradas qne había sufrido d~spué de la jornacla del ~..: ombrero, se en­contraría en impo ·ihilüla(l ,¡e emprcutler une,·o ataques, ó que {t lo meuos e vería obligado á. tle8causar al abrigo tlel río Apure y rle la plaza de Sc-l.u Fernando. Siu embargo, apeua~ el ejército rea.l había ocupado los puntos meneiouados arriba, cuaouo el 26 de Marzo los rebel­des se presentaron frente á Ort1z, COll cerca fectuar ninguna diversión sobre la derecha, por el camino del Som brero, única maniobra que fácilmente podía ejecutar su caua­lleria. - Al principio de la acción nue tras 3'\"'anzadas contuvie­ron con trabajo la impetuo idad del enemigo; pero el ba­tallón de Pardos de Valeucia, y bien pronto S de Calabozo para reorganizar su infantería que había sufrido mucho. En esta retirada varios soldado. del batallón de Numancia yde la compañia del batallón deBal'iua._, que formaban la guar­nición jo y los Tizuados la direceióu del Sombrero y de Bal'bacoas. A e ·te último Jefe le había dado yo el títnlo de Co­mandante general de los Llanos, y la onleu de atacar al enemigo tan luego como lo encontrase, para impedir q ne e uniesen Bolívar y Páe~, lo que debía verificarse en San Carlos. Mientras tanto el Coronel Calzada volvía á la Provincia de BarinaR, cu. ' O mando ejer·cía; sn preRencia y su influencia eran necesarias para coutener eu t'sta parte Jos progresos del enemigo. El Coronel López ganó ~in pérclida, de tiempo á Hatoviejo, y des pué rte {t vario~ J(•fp y Oficiale.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 169

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 129

Por: | Fecha: 09/12/1899

Bo6ot á, Diciembre 9 de 1899 NUl\1. 129 ---·----- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO --- ~- -- DIRECTOR AD-HONOUM, FRANCISCO J. VERGARA y V. Coronel, Miembro de la Sociedad Coloml)iana de Ingenieroa Son colaboradores natos de este periódico todos loa Jefes 7 Oficiales del EJército de la Rept\blica 9 DE DICIEMBRE DE 1824 AYAC OH OFICIAL que honra la memoria del Coronel Heliodorc Piescha.:ón. (20 DE NO\'IEMBRE) El Prnidente dt la República, CONSIDERANDO: Que el Coronel Heliodoro Pieschacón falleció el I 5 del presente mes en el punto denominado El Neme, víctima de su arrojo; y Que en toda época prestó el Coronel Picschacón sus servicios al Gobierno con decisión y valor DECRETA Art. x.o El Gobierno lamenta el fallecimiento del Corone] Helio­oro Pieschacón; Art. z.o La Com1ndancia en Jefe del ejército dispondrá que se:. t ibute á la memoria del Coronel Pieschacón los honores de ordenanza-. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BULWl'i:N MILlTAH Art. 3.o El Ministerio de Guerra, solicitará del próximo Congres~ ec decrete á favor de la viuda del Coronel Pieschacón una peltsión dd Tesoro Público. Art. -4-.o Copia de este Decreto se enviará á la f,.milia dd finado. Dado en Bogotá, á 10 de Noviembre de 1899. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente de la República, El Ministro de Guerr.a, JOSÉ SANTOS ---·---- ORDEN GENERAL PARA HOY 18 DE NO\'IEMBRE DE 1899 RriÍtólita 1Ü Colomhin-Comandnncin en J~ft del Ejército f11 opuntionu sobre ti río Magdalena y d Dtp11rtamrnto de S. ntandtr. Jefe de dÍa : para hoy, ........ , • Para m:.ñana, ....... . Art. Para conocimiento del Ejército se transcribe en esta orden ¡eneral el siguiente Decr<.to dictado hoy: DECRETO NUMERO .... DE 1899 ( 18 DE NOVJEMBR¡.) fO' el cual te re1t1ble:e traneitoriamcnte el ttáfic mt'rcantil en el río Magd:tlen.1 y se ' dictun v11rias displlsicionc!l sobre este servic•o. Edmrmdo C(rfltJllttJ General Jefe de operaciones sobre el do Magdalena y Sant.mder~ en virtud de las amplias autorizaciones de pccialmente de los Jefes militares, procur;~r, p(JT cuantos medios e~,én á su c:~kance, el pronto restablecimiento de la pn,. con el uso libre de las vías de comunicación, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .0Lftbf1 KILIT.A.R lS4:7 DECit.!TA: '.)Art. 1.• El General en Jefe de las futrzas del Atlántico, Sr. ; .Francisco J. Palacio, procederá á hacer entrega á Jas respectivas empre­us de los buques López Ptnka, Amóa/ema, Bísmar(k, z~~~, Migue/ . Gam­' ftr y Rü4urtt; §. Las Compat\ías propietarias de vapores deben comprometene á Te~ponder por los dafios y perjuicios que se causen en cas-o de .que:- los etñpleados de los buques referidos tornen parte en acto, proyecto ú or­¡ anización de catácter revolucionario. ,.~ Art. %.o El empleado en alguno de Jos buques, sean de guerra 6 mercantes, que hacen la travesía en e] Río Magdal~na, que en adelan­te tome parte en niovímiénto revolucionario,.será juzgado militarmen­te como traidor, de conformidad con los artículos 1647 y 1648 del €ódrgo Militar. Art. 3.o Consérvanse en servicio del Gobierno, armados en gue­J'ra, Jos buques Wtue!J, Píuz, Alitia, Catalina, Flora, C~tuca, Martínez B~uio, Aycardi y Enrit¡ut. Art. f.o Queda autorizado el referido General, .Jefe de las fuerzas del Atlántico, para disponer, cuando lo crea conveniente, el aumento ó disminución de la flotilla del Gobierno. Art. 5·, Los buques que se t":ntteg 1n á las Compañías propierarias de ellos, así como los demás de que no había dispuesto el Gobierno, podrán hacer libremente tdfico p">r el Bajo Magdalena, quedando por consiguiente libre el comercio por las aguas de dicho río. Art. 6.o Organízase una exped1ción por el río Lcbrija, que JJevari por objeto perseguir y capturar la partida de malhechores encabezada por Hilario Meneses. Tanto á este individuo como á los que Jo acom­paf'lan, se ]es juzgará conforme al Derecho de Gentes, coP~idert nrlolos como piratas si no se rinden y entregan las armas tan pronto como se les intime la rendición. _ Art. 7.0 La expedición de que se habla en el artículo anterior se compondrá de los buques Enriqut, Cauca y Flora, el primero de los cuales permanec~..rá en las bocas del Lebrija, y los otrosfdos subirán el río con el objeto indicado. Será Jefe de esta expedición el Coronel Eugenio Castillo, y se ­¡ undo el Coronel Nacianceno Vélez, quienes Jlevar-.in á sus órdenes tlos Compañías del Batallón Briaiío de la 3.• División de Antioquia y el E"cuadrón Rengifo de la 5· • División del Cauca. Art. 8? Los buques que quedan armados en guerra se destinan á convoyar á los mercantes, en la forma que disponga el General Jefe de la flotilla, de acuerdo con instrucciones que recibirá de esta Coman­dancia. Comuníquese y publíquese. Dado en Puerto Nacional, á bordo del vapor Hérculn, á 18 de Noviembre de 1899. EDMUN OO CERVANTES. El Coronel primer Ayudante general, Secretario, MICUEL A. PENAREDONDA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 548 BOLETÍN MILITAR Art. El General Jefe de operaciones sobre el río Magdalena y el Departamento de Santander, en uso de las amplias facultades de que está investido, y ciñéndose á lo dispuesto en el Código Militar, confie­re los siguientes ascensos á los Jefes y Oficiales que se distinguieron, á bordo del Hérculn, en el combate naval librado el 24 del mes pasado. Al Teniente Coronel José Manuel Lasprilla, segundo Comandante -del buque, á Coronel efectivo; al Capitán Luis María Ramos, primer .artillero, á Sargento Mayor efectivo; al Capitán Antonio J. Barros, ·contador del buque el día del combate y encargado de la segunda pieza de artillería, á Sargento Mayor efectivo ; al Capitán José Teodoro Sil­va, Comandante de la guarnición militar, á Sargento Mayor efectivo ; al Teniente Jenaro Castro, del Batallón Junín, á Capit:.ln efectivo, y al SubtenieA.te Emiliano González, á Teniente efectivo. A cada uno de los individuos que componían la tripulación del Hérc11lts, el día del re­ferido combate, se les concede una recompensa en dinero, equivalente á tres meses de sueldo, que le será pagada por el Administrador de la Aduana de Barranquilla, en virtud de libranza que al efecto presentará .el primer Comandante del vapor Hérculn. Art. Estando ausente el General Diego de Castro, Comandante general de la flotilla del bajo Magdalena, continnará con este cargo el General Elías Rodríguez, Comandante del Hérculn. Art. N6mbrasc segundo Jefe de la flotilla, encargado del detal, al Sr. General Arturo Salas, quien á la vez desempeñará las funciones de Comandante militar del vapor e atalina. Art. Compondrán la flotilla del bajo Magdalena los siguientes buques: Weue/J, Páez, .Alicia, Catali11a, Flora, Cntua, Martíntz Boui1, Aycardi y Enrique. Art. Debiendo partir el Ejército tan pronto como se concluyan los preparativos para la marcha, se ordena á los Jefes DivisiOnarios y de Cuerpo que tengan completamente lista y arreglada la gente de su mando para c:mprender viaje inmediatamente que se les ordene. Dada en el Cuartel general en Puerto Nacional, á bordo del vapor Uerpo de guardia, el Comandante de ésta debe siempre asegurarse de la legitimidad de ellas. AJ tocar la ronda á la puerta de la muralla, 6 al acercarse al pues· to, el centinela preguntará: "¿Quién va á la guardia?, ó "¿Quién vivel ,,. y al recibir la respuesta de que es una de las rondas mayores, mandará: "diez pasos á retaguardia la ronda, ó alto," según el caso; y cerciorán­dose de que su orden ha sido cumplida, avisará á su Cabo la llegada de la ronda. En caso contrario, dará la voz de alarma. Avisado el Oficial, hará formar su fuerza sobre dos filas, dando frente á la puerta éstas, y terciar las armas, calando el centinela la suya. Entonces el Sargento ó Caho entreabrirá la puerta y preguntará de nuevo: "¿Quién va á la guardia?" y obtenida respuesta satisfactoria, mandará: "Haga alto la comitiva" (si la hubiere); y luégo: "Avance el que así se anuncia, á rendir el Santo y Contraseña;" y abriendo un poco más la puerta, dirigiéndose á los cuatro soldados que forman el • Vigente esta orden general, se reproduce por orden del Comandante en Jefe de los Ejércitos de la República, para que se le dé eatricto cumplimiento por los militarca CJUC entren •~ facción. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOL;K:l'~ HJLIT & resguardo y estarán tras él: "Resguardo, de frente, marchen;" y al lle­¡ ar á la a!tura de la ronda: "Resguardo, á derecha é izquierda, calen.'• La puerta del cualtel se cerrará al salir -el r~sguardo, y el centinela ob­servará por el ventanillo lo que sucede. ReCibido el Santo y Contra­• efta de a.c;~erdq q:m lo di$p~.I.e.s~q en el ardcul9 7.3 1 del Có~i~ Mili­tar, mandará el Sargento ó Cabo respectivo: "Pramer cosr: .1do dere­cho, tercien," y "Paso lateral, 64al ftente,''" según la disposición ea. que se hallen, á fin de que el soldado se le aproxtme, y le dirá al oído: 4 'Diga al Comandante de la guardia que-viene bien ó mal anunciada.'• Recibida de dicho Comandante la orden de que la ronda puede avan­- zar• terciará sY«rm-. S~· lo hará saber asf á la ronda, y mandando te.r:­c: · rrátlfl. r'Jgu.atdo. CAtrad. C.QR él al ~~rPQ de. g'}a~Aif traa.la r~nda. S~·lih r~d se• h_,bier~ aP~Uncia4o ~ali eJ Oft.cia.l ll}"qdará orpen ~ ~ &rgQ~o p.u•fquC), in imándolc p!isi9n, sig,_a,l Ctle~B~ de la g . uJr~i~ . entrJ la~ lnypn.~~'" cah.da.J, y la m.,_n~endrá allí en~_re dps cen,tin~l~ dp ; vista, hasta tanto pueda dar aviso al superior respectivo y re.cibj.r d~ .. é~·l órdenes del caso. Si el caso fu~r;e graye ó la situ~ción anprmal,. el Ofic,ial m¡¡ncbrá didw aviso en el acto. La puerta de todo cuerpo de guardia no se abrirá para permití!'! la salidá á rondas, Jefes ó patrullas, sino cuando la tropa esté. formada en dos lilas abiertas, con las armas caladas, y en el momento de abrirse dicha puerta se mandará al ·resguardo: "Resguardo, marchen"; y ya e r la calle la persona que debe salir, cerciorado de que no hay peligro: "' Paso atrás, marchen., Si la ronda tuviere que permanecer algún tiempo dentro del cuer­po de·guardia, mandará que la tropa se retire, á· fin dt: no cansarla in­útilmente, no ordenando se forme de nuevo sino cuando fuere tiemp9 1 de salir para recibir un ~a ronda; si la fuerza de la guardia excediere ,de1 diez nútneros de facción, el Comandante de ella no tiará' formar sino. la par-te que esté de vigilancia, para . permitir, su reposo al resto, salvo .ea , cl icaso del artkulo 718, ó cuando así lo disponga la ronda ya recibida. Todas las guardias cumplirán con la p,arte que les corresponde de: lo prevenido en el artículo 49 5, y ningún oficial que entrare: de facción. podrá ser reemplazado por otro, sino por orden del Jefe de Día, de quten dependen inmediatamente las guardias, pero puesto de acuerdo con ct'Jefe del Cuerpo á que pertenezcan la tropa,sal•o el ca o de que e.t Comandánte de la ·guardia estuviere ebrio, ó cometiendo falta grav~. pues- entonces el Jcfe ~ de Dfa debe relevarlo inmediatamente, encar­gándo de la guardia á otro de los Oficiales, ·si los hubiere, y si no tr~-. yéndolo del Cuerpo respectivo, donde lo pedir 1. sea de día 6 de: noche. De acuerdo con el artículo 727, los Jefes de Día son responsable• d-el estricto cumplimiento de estas disposiciones. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLK'l'ÍN lllLlT.AR , eo.nferenciaa de los Oficiales de la Mia\6n l'ra ce • NOCIONES Dl TOPOGRAFIA (Continuación.) CAPlTULO 11 . S t '. A111tDj11 6 lu1tifiii-:­Casi todos los . anteoJos· de los instrumentos son ante­ojos astronómicos, que ~aa • imágenes invertidas. 0 }r rr 11 1 Anteojos astronómitos-Lo. . . , . ) .. .. . t anreoJOS astronom1cos estaa formados esehcialmente ' e dos vidriCJs puestos en cada ' extremo de · un tubo ciUn- 1 drico. Estos vidrios son: ' 1.• Un lente converg e L,que se coloca :iel lad() de obje­to observadq, y que s llama ~eti~•; 2.0 O rcr len con­ver! nte L', al ecual so apli­ca el ojo y q9e se Ita •t•­lar. For!"atiflll 4e la imag1• nai-I.Jos rayoa de luz ema­nados del objeto, fc man, después de pasar por el obje­ci vo L (fig. 34-), una imagen o¡, real é invertida, de me­nor tamaño que el objeto A B. Llámase real J• ima­gen que se puede ver colo­cando un pape 6 un vidrio plano despulido en el pun­to en d :.mde se forma; así, por ejemplo, la im gen que .. se forma en una cám-.tra fo ­tográfica; si en lugar do rmi­rar la imagen directameate¡ se la observa con un leJttc L 1 (' esta imagen, siempre innt'• ti da, ·~ veri aumeDta~ e a 1 ANCO DE LA tatJOr ~EPU UC Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 552 BOLETÍN MILITAR A 1 h'; en los anteojos el ocular es el lente que sirve para aumen­tar la imagen formada por el objetivo. Llámase centro óptico de un lente un punto tal que todo rayo de luz que pasa por este punto sale del lente sin desviación. El centro óp­tico de un lente es un punto perfectamente definido y variable sólo con la forma del lente. Ejt óptif1 ó fiÍJRal dd anteDjo-Si en un vidrio plano despulido,. colocado en el punto en que se forma la imagen producida por el ob­jetivo, se trazan dos líneas perpendiculares, la línea que une el punto­de encuentro de estas perpendiculares y el centro óptico del objetivo,. será también una línea perfectamente definida y constante, si no se cambia la posición de las perpendiculares. Las líneas perpendiculares trazada~ en el vidrio despulido se reem­plazan en los anteojos por una retícula formada por dos hilos de seda, de tela de araf\a, ó de plarino, y la línea que une el punto de inter­sección de los hilos y el centro óptico del objetiv«t, es determinada de un modo muy exacto. Esa línea se liama tjt óptico ó r~isual del anteojo. Notemos que la dirección del eje óptico e ~ completamente indepen­diente de la posición del ocular, y no cambia aun cuando se tenga el ocular en la mano. Este eje óptico, de posición innriable en un anteojo,. cuando no se cambia la posición de la retícula con relación al objetivo,. no hay que confundirlo con el eje de figúra del anteojo, ni tampoco. con la 'ínea que une los centros ópticos del objetivo y del oc u lar . .Apu11tar IIft awttojo-Procurando hacer coincidir la imagen de un puRto del objeto mirado con el punto R de intersección de los hiJos de la retícula, el punto del objeto se hallará en la prolongación del eje óptico del anteojo (figura 3 5). En efecto, !lea O el punto mirado. La imagen C' del punto C se forma siempre en la prolongación de la línea que une el punto O con el centro óptico del objetiro (definición del centro óptico). Por consiguiente, la lfnea CC' que une el punto C y su imagen pasa por el centro óptico O. Pasa también por el punto R,. por hipótesis, y se confunde con el eje óptico. En esta disp.osición, dí- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLJ4~TÍN MlLl'l'AR 553 cese que el anteojo est1 apuntado al punto e, y la dirección del punto C está perfectamente definida por el eje óptit:o. Desde luego los ins­trumentos de topografía que darán las mediciones de la direcci6n del eje óptico de la luneta, darán al mismo tiempo las mediciones de 1& direcci6n del punto apuntado. C61otación al punt1-Hemos visto que, ademá!i del objetivo y de ocular, un anteojo consta de una retícula. Estos tres elementos están fijos, cada uno en un tubo independiente, de tal modo que se puede cambiar la posición de un elemento respecto de otro objetivo. Se sabe que en fotografía, el operador, después de destapar el objeti\'o, se coloca detrás del vidrio despulido y cambia la posición de éste, moviéndolo ha­cia adelante ó hacia atrá~, hasta que parezca bien visible la imagen : esta operaci6n se llama colocaci6n al punto. Con un anteojo se hace la misma operación, siendo reemplazado el vidrio por la retícula. Pero, puesto que se mira la imagen con un lente, la operación consta de d<>i partes: J. • Hacer visible la retícula cambiando la posici6n del tubo del ocular respecto de ella; cuando está bien visible, no debe cambiarse la posición del tubo del ocular respecto de la retfcula, para todas las ope­raciones hechas por el mismo observador. 2..o Hacer visible la imagen del objeto, cambiando la !'Osici6n de1 conjunto de los tubos del objetivo y de la retícula rc.-specto del tubo det objetivo; esta segunda operación depende de la distancia del objeto apuntado. Después de hacer estos dos movimientos, puede subsisur muchas veces el defecto llamado p~tralaje dt LDJ hi!oJ, cuando no coinciden exactamente los planos de la retícula y de la imagen. Para reconocer este defecto, se cambia ligeramente la posición del ojo perpendicular­mente á uno de los hilos de la retícula; si el hilo no se v~ inmóvil en su lugar, y parece como que cambia de poc;ición con relación á la ima­gen, hay paralaje, que se corrige cambiando la posici6n del conjunto Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN HJLIT ~K de ,la retícula y del ocular respecto del objetivo; por tanteos se llega i suprimir la paralaje, y á hacer visibles al mismo tiempo con mucha claridad la retícula y la imagen del objeto. El Coronel Goulier, en Ull estudio sobre los anteojos, recomiend• para suprimir estos tanteos, hacer la primera operación, es decir, el: movimiento del ocular respecto de la retícula, tapando el objetivo con ~ - - -- . . 6 'u . e . 11 • ~o, porque "·~l!WF(W~._; ( campo -~~~,~-tM~rx e ojo del ~ a e · ~ IIJ.~ dt4!1~~~~~§./·s el anill9 Pfl!:lq/Ji/o:s de la edaula. Este diafr g.-na ..es ':v.il P.Or de _ tornillos de m ner.a de .cambiar, si se quiere, la posiciów del centro de la retícula. A veces la retícula está formad:t de más de dos hilos. La inter­sec~ ión de lo hilos centrales determina el eje óptico del anteojo. En realidad, los oculares y los objetivos constan casi siempre de dos 6 más lentes; pero el plan de este estudio no nos permite exami­nar ,estos detalles de construcción, que tienen principalmente por objeto.., rea}jzar el acromatismo de los anteojos. Ant~oj()J terrnlrn-Para no dañar la claridad de las . im4gene~ se :¡ deja la imagen invertida en los anteojos de los instrumentos de top,o­grafía. El observador se habi.úa muy pronto á este modo de ver 1loe 1 objetos. Sin cmbarg ., algunos instrumentos tienen oculares espec,ialet de repuesto para enderezar las imágenes, y por consiguiente transf.or­mar los anteojos astronómicos en anteojos terrestres . .Ant~ojt~s dt Galileo-El anteojo de Galileo está formado de un objetivo convergente y de un ocular divergente, que permite acortar el instrumento. No se forma imagen real en ese ant:ojo, y desde luegc¡> el u~o de la retíc.::ula es imposible; por consiguiente, los anteojos de Ga­lileo no pueden servir para determinar un punto, ni tampoco para ha~e~ m<;diciones exactas y no se emplean en los instrumentos de topografía..; c L0s binócülos cst.Í11 formados de dos anteojos de Galileo paral,e­] os; los tubos de los objetivos están unidos por traviesas en sus extre­~ o.s; , otra traviesa une los tubos de los oculares, de manera H_Ue se pue:.r d¡&Jl mQve~ á la vez ambos tubos, y colocar simultáneamente al puntp., aQl.hos anteojos por medio de un tornillo puestq entre los tubos. Alg~­nc;>' b~nócuJos tienen un segundo tornillo para cambiar la dist~pcia- e91'7 re · •JPb9~ ant~ojos, h-cerl¡a jgual á la distanci" entre )os ojos del obs~~;, -~~ ~ iiJll?~flif , la fornta~i6n d~ d~ imáa~n~J distiocae. Etta pr~•pc,i~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN HIL~;t'A.B e~ m~y importante, y cuando se co~p .ra un binóculo que no teng'- est.e_, ~es.~ndo tornillo, es preciso medir la distancia entre Jos ojos y ped.ir al . co~!ructo~ un instrumento que tenga entre los anteoios esa mis"\~ di.s-. t&f\CI~ ~.~ Mi,.as-Con lo~ anteojos de los instru~entos , topoc-:~ficot te apu~t• s~a á jalones, á s fiales na~urates 6 artifi~ia~e~ sef á. re¡J~ , ¡r - du&,das de v~ioa modos, que se lla~•n miraJ._ S~ emp_lean como miras: 1~ · ~111~ l{~~uad,~, á l9 .l~~go de la . cualea p~ cq.r:r~1 , • jl~(lliM , ptll~fa, ,CP.. colores. vjvos¡ en est' pJ..ncfla. e~t~ . traz~da , u~d~'tll '. ¿,,¡;, á 1 la,q_ue . s~ •suntJ el apteojo; el aypd~nt' que , lleva la qajL• 1 • (R.qr~qaira.) fe~ la d'visi6n de la regla irad\Jada correspondi4~, :e . á . la lípe~ de. f~ {mira~ de corredera, jalones, mira~}. Much~J vece,• 1,, 1(1¡¡ u de fe es la línea de separación de rectángulo- pintados unqs en , blapc().,. otf.os- en cQ)or¡¡d9 (figura 38). El hilo de la r~dcula puede cubrir e{l la Pkl,lf~a un~ ma~itHd 1d~ 3, "+ ó ~s milím~troa, f puesto que la Hne, de fe n~ tiene espc$or, se puede com~t~r, cuando se a,Runta. u error de la, tJi11lt~d de esa magn~tud. En las miras del medelo de la Escuela de Artif!ería é Ing~ni~r!a ~ de Francia~ u~ada.s en el ejército fraP,cés (figura 39), las líneas de ·¡; son Hneas ideales constitu{das por los ejes de fajas, suficientemente anchaa .. para que los hilos de la retícula no las cubran nunco1. Para apuntar se bisectan las fajas con el hilo de la retícula, y se obtiene de este modo una precisión mucho mayor que en el caso precedente. z.0 Reglas anchas en las cuales están pintadas divisiones muy •i­aibles, que el operador puede leer directamente con los anteojos, en el punto correspondiente al hilo horizontal de la retícula (mir;as parlantes, estadías). 3· Nonio 6 vernier-En los instrumentos de medir ángulos, el no­nio 6 vernier es un arco de círculo graduaio que se mueve frente á un limbo fijo, y que permite hacer 1 cturas apreciando e actamente cierta fra_cciQn de la menor división del limbo. Por ejemplo (con los instrumentos divididos en grados centesima-. les), el limbo est;l dividido en grados, y el n9nio permite apreciar la d 'cima parte de un grado ó de diez minutos. Se hacen las lecturas fren_te . al' cero del aonip. Supongamos que el cero se halle entre ~as divi~ion~1 . Ji y z 5 del limbo (figura 36); tenemos que valuar la fra~c16n o "'• .para . IQ c~al se aplica la .resl'a !iguiente: "Jnp11ís tlt.Jif1Ur P!f. 11Íif11UI át 0 gra_i/,s ._\ J,li/idilií• t•t 11 lui/IJ 111 tllim/Jt ••lis itl ur1 tlt/116711!• 11 '"". 111_ 1('!.~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. i56 noLE'l'ÍN MILITAR ni# ~1 núm~ro d~ minutoi, !#mando tantaJ vutJ 10 cuatJtaJ unidadn h11y ~n d núm~ro t¡tt~ indita la diviJió11 del Vtr1Jitr, t¡tt~ t1intid~ lo mtÍJ ~xactam~11- lt co11 111111 divirión del limbo." Así, en el caso de la figura, )a séptima di­visión del nonio coincide con una división del limbo, y se lee: z4°7o'. En efecto, para construír el nonio se han tomado 9 grados del no­nio, que se han dividido en diez partes iguales. Cada una de las divi­! iones del nonio es igual á o09 =901 , y la diferencia entre una división del limbo y una división del vernier, es de 1 o'. En el ejemplo de la .figura, puesto que la 7 .• división del nonio coincide con una división del limbo, la 6~ divisi6n del nonio se halla á una distancia de 101 de la división precedente del limbo; la s.• á una distancia de zo'; la +·· á. una distancia de 30', etc., etc., y la 1.•, ó el cero del nonio, á una distancia de 70' de la división m del limbo, es decir, que la distancia m 1, es de 70'. Regla gtntral d~ la e •nJtruuión d~ loJ 11111ios.-Si se quiere apreciar una fracción ia de la menor división del limbo, se toman en el nonio 11-1 divisiones del limbo, que se dividen en 11 partes iguales. Por consiguiente, todo el nonio representa el valor de 1a menor división del limbo; y cada una de las divisiones del nonio repr('senta la .¡jferencia constante ( 1 1-,) entre las divisiones del limbo y del nonio. Para hacer la lectura, se lee en el limbo todo lo que su graduación puede dar directamente, es decir, se lee la división del limbo que pre­cede inmediatamente el cero del nonio. En seguida se CU('ntan laa di­visiones que haya después del cero del nonio hasta la división que coin­~ ida más exactamente con una del limbo, y se multiplica este número por la diferencia ...!_ (11 es igual al número de divisiones del nonio). PerG 11 prácticamente están marcados en el nonio los productos de estas multi­plicaciones, y basta hacer la lectura de la división que coincide, lectura que se suma, con la lectura hecha en el limbo. El nonio se puede construír del mismo modo en los instrumefttos •~ medir longitudc:s (miras, reglas del Coronel Goulier). -(C1ntinuará). Capitán SABAR THEZ (de ingeniero') -- ·~· -- INB'l'P-. 'O'O~ION PARA LAS MANIOBRAS DE CABALL!RIA (Continúa) Eaeaela de la &ropa de••oalada Z/pe/qtÓJJ-Estando el pelotón en batalla, en marcha 6 á pie firme, se le pliega en columna por cuatros 6 por doses, á las voces de hil4ra_J por ~uatroJ (6 doses) á la dtruba (izquierda), MARCHEN. Cada fracctó~ de cuatre hileras (doses) ejecuta una conversión conforme á lo prevemdo para la de eje fijo: Jos números extremos de la derecha (iz­quierda) sirven de ejes. El guía se coloca un paso adelante de las hile­ras que serán la cabeza de la columna. Cuando la conversión está al terminane, se mandará 1111, ó de frttJtt, marcbtll, según el caso. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'J'L'~ ?fiiLJl'AR 557 La columna del pelotón desmontado marcha y cambia de direc­ción conforme se dijo para el pelotón á caballo. En la marcha las pri­meras filas conservan exactamente las distancias, á fin de porler volver á formar en batalla por medio de un movimiento general. Al cambiar Compañías del Cazaaorn y un piquete de caballería; éste se ha dirigí.;. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MlLITA.B do por la v!a de Timbío hasta La Horqueta, en donde se dice hay una partida enemiga. Este lugar dista doce leguas de aquí, por camino de Almaguer. Dititmhrt 17-Nada notable. Diciembre 18-Este día se ha recibido un parte del Capitán Cus­todio Gutiérrez, en que :omunica que en La Vega de Supfa y Rioseca han sido aprehendidos por el mismo Capitán, un Subteniente, 40 sol­dados americanos y 8 españoles, los cuales obraban bajo el mando del español Mendigurcn, el cual pudo escapar sólo con 2 oficiales y f es· pafioles; quedando completamente libres los pueblos de La Vega de Supía y entablado el correo de esta Provincia á la de Antioqllia. Tam­bién se han tomado 50 fusiles, 30 bayonetas, 50 piedras, 500 cartu­chos, 50 cartucheras, y J caja de guerra. Didembre 19-Sin novedad. No habiendo tenido hasta la fecha r noticia alguna de la co'umna que salió hacia Patfa. Sólo se c;abe por chispas, y ninguna digna de crédito, que Calzada se aproxima á esta. Diciemhre 20-Este día nada ha habido notable. Diciembre 21-Este día llegó la partida compuesta de las cuatro compafifas de Cazadores de Nueva Gunada, la que trae noticia que en los llanos de Santa Luda, distante un día, S<" halla el Coronel López con una partida de 30 hombres, que igualm~nte ha andado una partida de cabal ~ ería at mando del Capirán R c)cha por el pueblo de Timbfo y sus alrededorec;, y que en el Cabuya!, adt:lante de la cuchilla del Tam­bo, hay otra partida, pero que se ignora el número. También se pasó en este día por las armas á un pastuso de los prisioneros en Manito, que fue agregado al servicio de la República y dc:sertó con el fin de pasarse al enemigo, pero fue aprehendido y sufrió la pena que arriba se expresa. Diciemhre 22.-Nada notable. Diciembre 2 3-Este día salieron dos partidas: la una por la vfa de Antón Moreno, dos leguas distante, y la otra por la de Riohondo á igual distancia; han regresado sin novedad. Ditümbn 24-Nada notable. Dicinnhre 2 s-Este día salieron dos partidas: la una por la vía de Timbfo, hasta dus leguas distante, y la Olra por la de Riohondo, á igual distancia. Nada se ha descubierto de particular. Diciembre 26-Nada de particular. Diciembrt 27-Nada notable. D iciemhre 28-Este día salieron dos partidas: la una por la vía de Timbío, hasta dos leguas distante, y la otra por la de río Hondo á igual distancia, habiendo regresado éstas sin no\-·edad. Duitmbre 29-Nada de particular. Diciembre 30-Este día salieron dos partidas: la una por la vía de Timbío, hasta dos l<"guas distante, y la otra por la de Riohondo á igual distancia. Diciemhre 31 -Este dfa salió una columna compuesta de cien hombres de mfantería y doce de caballería, con dirección á la cuchilla del Tambo. Popayán, Enero 2 de 1820. LEÓN GALINDO-Visto Bueno. O BANDO Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. t60 .BOLKTlN )lll..l'l'AK OAM~AÑA :CE OOOID:slNT~ 1.099 (CONCLUSIÓN) Al día siguiente, despué de recorrido el campo y recogidos los heridos, se continuó la persecución del enemigo por Pantani­llo y Agualarga, en donde, al tomar éste la vía del carretero de Cambao, fue perseguido por respetable fuerza del Gobierno, pro­cedente de Facatativá, quedando por tanto interpuesta esta fuerza entre la de mi mando y la de Figueredo, hasta el día siguien­te, 4 de los corrientes, en que la tropa de Figueredo apareció en Facatativá, en ·vía para La Vega y Nocaima, por el camino de El Dintel. Fue entonces cuando concebí el plan de ataque sobre La Vega y Nocaima, tal como se verá en el croquis que tengo el honor de acompañar al presente informe. Dicho plan fue dispuesto y eje­cutado de la manera siguiente: De Facatativá, por el camino de El Dintel, marchó el Escua­drón Madrid y las Compañías de Zapadores é Infantería al man­do de sus respectivos Jefes, con el General Rebollo y el Coronel Luis F. García á la cabeza, sobre La Vega. De Sasaima se movió en dirección á La Vega el resto del Escuadrón Republicano y el Batallón Sasaima, al mando del Comandante Rojas y del Coronel Antonio García, respectivamente. El mismo día por la noche con­tramarcharon el medio Batallón Casabianca y el medio Boyacá al mando del Coronel Juan Aguilar, }' la Compañía dd Bolívar al mando del Mayor Soto y Capitán Durán, que se encontraban es­calonados en Patiobonito, El Cuartillo y El Carmen, en el camino de la variante, entre Chimhe y V iJleta, fuerzas que entraron á esta plaza en las primeras horas de la mañana del día 5, las cuales si­guieron inmediatamente para Nocaima y El Limonal. La fuerza del Coronel Aguilar había llegado el día antes, procedente de Honda, lo mismo que el medio Batallón Córdoba de la guarnición de Honda, que desde el día 4 ocupó las posicione5 de Chimhe, al mando del segundo Jefe del expresado Batallón, Sargento Mayor Rafael Reyes L. ' Esta fuerza y la del Coronel Aguilar llegaron como refuerzo de ]a de mi mando, bajo las inmediatas órdenes del General Nico­lás Perdomo, quien, como militar de honor y pundonoroso, con gusto se puso á mis órdenes, situándo~e en Chimhe con el medio Batallón Córdoba y la batería de Artillería del Politécnico, en re­emplazo del General Rebollo, que había seguido con su fuerza para Facatativá el día 4· En la mañana del día 5 ordené que se moviera con ra?idez paraNocaima· el Piquete Volante del Escuadrón Republicano al Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍN MILI1.'.A.R 561 mando del Capitán Uldarico Rodríguez, fuerte de 40 hom­bres, y el Batallón ~uebradanegra al mando del segundo Jefe, Comandante Moisés Gómez Linares y del Ayudante l\tlayor Teodoro Bustos, y que su primer Jefe, el Coronel Martínez, mar­chara con el Coronel Aguilar y la fuerza de su mando, en número de 160 hombres, como refuerzo del Piquete Volante y de los 70 hombres del I?(uebradanegra, con instrucciones de ocupar las posi­ciones de Nocaima antes que fueran tomadas por la fuerzcl de Fi­gueredo, y orden de sostenerlas á fuego y sangre, si fuese nece­sario; fue apoyada dicha fuerza por la del General Rebollo, por el camino de La Vega, y por los I oo hombres del Bolívar, situados en El Limonal, á las directas órdenes del suscrito. Dichas órdenes fueron cumplidas con entusiasmo y prontitud por las fuerzas de los Coroneles Aguilar, Martínez y García, Jefe del medio Bata­llón Casabianca, y por el Comandante Gomez Linares, Mayor Bustos y Capitán Rodríguez, quienes encontraron decidido apoyo en Nocaima en el señor Nliguel Bohórquez, nombrado el día an­tes Jefe Civil y Militar de esa plaza. El entusiasmo y valor de estos 270 hombres fue tál, que rayó en heroísmo, pues resistieron el ataque de todo el grueso de la fuerza de Figueredo. Distin­guiendose valerosamente todos los Jefes, Oficiales y tropa, espe­cialmente el Abanderado, Subteniente Julio B uriticá T., de la fuerza del Coronel Aguilar, el cual con denuedo interceptaba la r nea de batalla del enemigo, clavando adelante la bandera, lo que e n arrojo verificó repetidas ~ece5. De esta manera se obtuvo el completo triunfo sobre el Ejér­c · to de Figucredo, en la me:1 rabie jornada de N oc-ti mJ, en la e al si se salvaron las in tttuctOnes y el .7.:>bierno legítimo, en cambio hay que lamentar la sangre derramada en inconcebiiJle guerra fratricida. U no de los accidentes más funestos fue la prematura muerte dl(!l General Zenón Figueredo, víctima de su propio denuedo y b•izarría. El que rinde el presente informe, á pesar Je no tener víncu­lo ninguno que pudiera relacionarlo con el malogrado General Figueredo, puesto que apenas 1o conocía de vista, hizo todo lo que humanamente es po,ible por salvar tan preciosa existencia. El pormenor y detalles de este combate no hacen parte de e%te infor:ne por ser ya conocidos. El día 6 se recorrió el campo, se recogieron ]os heridos, se e·nterraron los muertos y e cla · ilicaron los prisioneres entre Jefes, Oficiales y tropa; distinción que se hizo oara darles el tratam:;;)n­to correspondiente á sus respectivas categorÍag. En general fueron trratados de conformidad con las reglas de magnanimidad propias dtel caso. 2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE1.'fN MILITAR 563 El día 7 se estableció de nue.vo el Cuartel General en Ville­ta, en donde se reunieron todas las tropas, volvier do á Honda to­das las procedentes del Tolima bajo la& inmediatas órdenes del General Perdomo, después de haber pasado la respectiva revista. Los Batallones Sasaima y ~uebradánegra fueron acantonados en Sasaima y Nocaima, respectivamente, hasta nueva orden. El resto de la fuerza d'! Occidente, con el Cuartel General á la cabeza, conduciendo todos los prisioneros, regresó á esta capital, á donde entró el día 12 de los corrientes, con el Batallón Politécnico y los 100 hombres del Bolívar, habiendo quedado acuartelados en Fa­catativá y Se.rrezuela los Escuadrones Republicano y Madrid, res­pectivamente. Toda esta última distribucióu de fuerzas se hizo de acuerdo con las instrucciones recibidas de e e Ministerio. De esta manera quedó pacificada la región de Occidente, en­comendada á mi cuidado; restablecidas las autoridades legítimas y las líneas telegráficas. Este plausible resultado se obtuvo en el término de diez y siete días, sin adoptar medidas fuertes, respe­tando los derechos de todos los ciudadanos como corresponde al tiempo de paz. Termino este mal elaborado pero verídico informe, recomen­dando á la consideración del Gobierno, por el honorable conducto de S. S., el buen comport~ miento de todos los miembros que for­maban la Columna de Occidente, desde los (]enerales Rebollo y Perdomo hasta el último soldado; con e pecialidad de la fuerza que componía los 160 hombres al mando de los Coroneles Agui­lar y García, y Sargento 1\tlayor Alejandro Rubiano. De Jos 79 comandados por el Coronel Ivlartínez, Comandante Gómez Li­nares y Sargento ..1\tlayor l'eodoro Bu tos, y de los 40 al mando del Capitán Rodríguez y del Teniente Pla:~. as, que se cubrieron de gloria en la acción de Nocaima. De la mi ma manera lo hago para con la fuerza del Escua­drón Madrid y sus Jefes Coronel Escallón y Comandante Pedro lgnacio Berna}, héroe de Chimbt. Igualmente recomiendo al Coronel Eugenio Cerva¡;ttes y al Dr. Daniel Gaitán, que prestaron sus importaPtes servicios al Gobierno, el primero como primer Ayudante General, y el segun­do como Medico Jefe de la Ambulancia. Dios guarde á S. S. FLORO GÓMEZ NoTA-En el número anterior se puso por error Jesús Duarte en vez de Jesús Durán. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 564: BOLE'.rÍN :)!ILI'l'AR SECCI N ~O( CTRIN AL LOS VALLES (Continuación) Caracteres geológicos- Cualq u· era que sea el origen de un va­He y la forma plá-tica con que hoy e presente á nuestro ojos, como estará abierto en alg•:ín terreno, éste será su fundamento, por decirlo así, y conviene por lo mi mo estudiar de qué manera lo ha producido la tierra en la serie de lo- tiempos, ya que no pueden ser igu4les los que constituyen p:.~rte integrante del relieve, los primitivos, y lo p?stt.riores, es decir, los resultantes de estría cau­sadas por los siglos -la erosión, ·egún el término clá ·ico-sobre la superficie, y que pode m o cvmparar á las artezas que el pie de los transeúntes abre en la b:1ldosas de la aceras . .A. f/alles primitivos-Aplícase e te nombre á las dehisencias que forzosamente habrán de aparecer al formarse ur. relieve, ó en otros terminas, á los que on corltcrnporáneos de la aparición de las montañ::1s, por lo u:.1l también e le· suele llamar va !IN orográ-ficos. Como e comprende, e to accidente ó partes conwmidas son junt con las cimaj ó p:.1rte::. saliente los ra ~os característi os y co­rrelativos de la arquitectura de los sistema montaíiosos, por lo cual ciertos detalles vendrán mejor cuando e:;tudiemos la orografía pro­piamente dicha. 1. 0 f/all·s de pliegue, disÜJCación y fradm·a.-La acción plutó­nica 6 eruptiva, si adrnitimo· que 10' montes provienen de e fuer­sos de adentro hacia afuera, ó los hun iimientos de la corteza te­rrestre, i preferimo creer que las montañas e deben á la e ntrac­ción de nuestro globo y p0r lo tanto ·e a emejan m.ís bien á las arrugas que alteran la superficie de una manzana que disminuye de vol u nen al ·ecarse ; la acción prn u e ti va de bs montañas, no podrá manife tare, geológicamente hablcmJo, sino de tre modo : si rnple encorvadura de las capa ó es tratas, forma de b6v.1da como en el caso de la manz:ma ; fra tura de l.t capa pvr reb.1sarniento del límite de su ela ticidad; ap.trición ó urgimiento de h roca que se levanta, sea por erupción ó e. fuer/A) de adentro hacia afuera, ó por compresión de la corteza rota y Je plomada obre materiales aún en fusión,* corno brota el agua del interior de un estanque Esta fusión de los materiales en el inlt•rior del globo e. un hecho evidente, pero en t.mto que para los unos todo el núcleo rlc h tien a aun está fluido, para los otros el reblandecimiento de las rocas á cierta profunrliclatl proviene de peso mismo de las montañas y mares que soportan. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN :\HLlTAR 565 helado superficialmente cuando rompemos la capa de hielo en cual­quier punto . .Estos orígenes podemo·, pues, expre arlos en la clasi­ficación siguiente : Abombamiento del terreno -Cadena en bóveda: valle de pltegue Ó artez.a (A, A') (Cadena de fractura: valle de fractura ~ (CDE) Ruptura de las capas C d d d. 1 . .,. valle de dz.slo- , a ena e IS ocac1on: ( ct'ción (FGH). Aparición de materialts internos cadena ó macizo eruptivo: valle eruptivo (B, B') Rocas ilttenuu .A .A' Conviene observar, por otra parte, que cuando la fuerza se aplica sobre dos puntos vecinos K, K' y hace surgir dos montes MM' naturalmente la región intermedia T, que habrá de con ti­ruír el vall , se habrá levantado con re peno al plano ~ntcrior de comparación, por más que re ulte inferior al tope de las mole que la enmarcan. Lo mi mo ucederá i la corteza e baja por con­tracción del núcleo cuando porcione~ vecinas, apoyándose una sobre otra, e hunden meno que la demás de la región afectada por el fenómeno. En una palabra, lo valles primitivo puedeu á la ez ser de elevación ó de depresión, siendo de advertí r que de ordinario e. tos últimos ll.D • on sino lo primeros trabajado por la erosión que, suprimiendo ]a aspereza , lo ha torJJado inconocibles, de su(!rtc que si T 1\1' era el flanc ó falda en el m mento de formarse el valle, puede hoy ser tnm, habiendo sido devorada por el tiempo la parte TNVI't'nm, y á la fecha s61o una punta ó resalto rocalloso que urge aquí ó allá, on la únicas huellas de ]as escar­pas primitivas Por ]o demá , claro está que de lo valles primitivos unos han podido formarse en la superficie ya emergi,la, y otro en ]a que aún cubrían los océanos y e levantaba poco á poco, debiendo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 566 BOLETíN MILITAR las corrientes manttmas, en este caso, haberlos retocado mientras estaban sujetos á su acción. .... .. 'S ..... ~ o::s .t. ~ .... ~ ~ 2.0 f/alles de hundimiertto y de comunicación -Lo'J va1les de hun­dimiento, cuya existencia no se discute, se atribuyen á dos causas distintas: hundimientos ó derrumbes de porciones de superficie bajo las cuales quedaron huecos ó espacios al formarse los relieves. Otros niegan el supuesto, aun cuando debe observarse que esta clase de valles se encuentran en toda clase de terrenos, y que la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'rÍN l\IILITAR 567 pesantez no pudo dejar indefinidamente en el mismo estado de e~uilibrio lo. prismas que debieron resultar de las fracturas de la corteza que dieron origen á las montailas, siendo natural que á dicha formación siguieran derrumb s internos, y por esta parte sí parece tienen ra;,;ón los partidc.rio de la se~u nda hipótesis, ó sea de lo que creen que los valles en cuestió 1 se produjeron al tnismo tiempo que los relieves. M' De ordinario ]a forma de estos valles es circular ú oval (en circo é ca/d,-a), sier.do ora.vol ~tnico, ora no volcánicos. En nues­tras montai1as abundan ambo; tipo que abarcan no pocas de esas enormes grieta donde se ahoci nan los río que buscan paso al ex­terior. Cuanto á lo valle de comunicación, no son en verdad sino {alfas que iguen la üirección de un istema montaños ó lo cor­tan en ángulo agudo ' en línea recta ó ligeramente quebrada. S n, pues, una serie de valle~ unido por cndo" puertos y que per­miten re~orrcr el macizo á lo largo sin abandonar el corazón del relieve, y esto por montes y valles que ddíncan una serie de des­filaderos divididos cntr~.:: SI por lomo. de menor acentuación. En todo ca.o, aun cuando de conocido' para lo pseudo ;;tcógrafo , son los surcos más profundamente grabado en los relieves y en los nue tro , como e natural, lo~ que marcan u alineamientos capitales, J¡,¡s direcciones magistrale de los sistemas, los ejes me­dios, ó mejor dicho, lo linde exteriorc de la zonas de los plie­gue orográfico:.; ejemplos: Catatumbo Lebrija--- uárez-Suba­choque- Apul9; Cara re- Tcgro; Zulia- Chica mocha- U pía, etc.- (Continuará). FRO.TTERA VE~ EZOLANA (sECCIÓ DEL NORDESTE) (Extractos tic Ft'IIC-rtcla l!uslracla, por M. Tejera) E. tatlo Zulla Este Estado se halla dividido en 7 Distritos, denominados: Maracaibo, Colón, Bolívar, Sucre, Miranda, Pulgar y Guzmán Blanco. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 568 BOLETÍN .MlLl'L'AR Estadísticn-Tiene 10,027 casas con 59,235 habitantec:, de los cuales son varones 2 7~289, y hembras 3 I ,946. El movimiento de la población en el año económico de 1872 á 1873 ha sido: nacimientos, 3,24.l, de los cuales son varones 1,636, y hen,bras 1,6o6; defunci,mes, 1,488, de los que 741 son varones y 747 hembras; matrimonios, 405. Aumento de población en di­cho período, I, 7 54 personas. Instrucción pública-En estos últimos años se han hecho mu­chos trabajos en favJr de la instrucción popular. Hoy existen en el Estado 55 escuelas primarias, de las cuales son públicas 44 y privadas 1 I, y asisten á ellas 2,930 alumnos. Hay, además, varios colegios en la capital del Estaco para la en­sei1anza secundaria y profesional. En el Colegio Nacional del Zulia hay cátedras de derecho civil y canónico, de medicina, en todos sus ramos, de filosof1 a~ latín, gramática castellana y dibujo lineal. En la Escuela de Ingenieros se hacen los estudios mate­máticos en seis años. Exi te, además, una esc-uela de náutica y pilotaje, un colegio nacional para mujeres y otro particular para hombres, cuyos institutos en totalidad están concurridos por 293 alumnos. Riqueza natural-Abunda e te Estado en todo género de maderas de construcción. Sus bosques son una verdadera maravilla de la naturaleza. Sus árboles se elevan como colosus, y el viajero no puede menos de detenerse á contemplar la majestad con que se ostenta en sus selvas la vegetación. Allí se encuentran en abundancia: la vera, que se eleva á más de 40 metros; el ébano, que tiene más de 25; el flor-amarilla y el curarire, que son semejantes y miden más de 20 metros; el esto­raque, el gateado, el baluarte, el dagaro, el caritiva ó marfil, el membrillo, el gua1maro ó charo, el bálsamo, el carreto, el maría, el quiebra-hacha, el cañada, el caoba, el canalete, el cedro y otra multitud, ú riles para construcción y ebanistería, que sería dema­siado largo enumerar. Hay además numerosos árboles que producen tintes, bálsa­mos y resinas preciosos, entre los cuales nombraremos el mora, el drago, el cucharo, el bosugo, d mangle de diversas clases, el cara­ño, el tacamahaco, el copaiba, el cabuco y muchos otros más. Tiene este Estado otra gran riqueza en sus numerosas sali­nas, de las cuales se sacan al año próximamente 4.ooo,ooo de ki­logramos. DisTR1 o MARACAIBo-Este Distrito se halla dividido en 5 Municipios, que son: Concordia, Santa Bárbara, Chiquinquirá ó San Juan de Dios, y Santa Lucía, que forman la ciudad de Mara­caibo, y Cristo de Aranza. 1 iene 4,013 casas con 25,642 habitantes, de los cuales son varones I 1,074 y hembras 14,568. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .BOLETÍN MILITAR 569 Maracaibo-Esta ciudad, capital del Estado y del Distrito que lleva su nombre, es hoy la segunda población de Venezuela. Fue fundada en 157 I por Alvaro Pacheco, en el mismo sitio en que Alfinger construyó en I 529 algunas casas. Por muchos años esta ciudad, que fue bautizada con el nombre de Nueva Za­mora, se mantuvo sin hacer progresos de ningún género. Hállase situada á los 10° 41' de Iat. N., y 4o 41' de long. O. del meridiano de Caracas, y á una altura de 9 metros sobre el nivel del mar. Su posición es bella y muy conveniente para el comercio. Hermosas perspectivas se ofrecen á la vista desde la parte más alta de la ciudad que se extiende hacia el Norte sobre un pe­queño declive que se desprende de cercana colina. Hacia el Este se ve el lago, cruzado por las embarcaciones que vienen y van del puerto de Altagracia, y en el claro y despejado horizonte se divi­san vagamente los cerros, cocales, villas y caseríos de la opuesta ribera, distante de allí cerca de I 7 kilómetros. Otra parte de la ciudad, y la más importante, se extiende hacia el Poniente sobre un golfete que mide 3.60 kilómetros de longitud. Más pintoresco es por este lado el paisaje: las aguas cruzadas por nume~osas y pe­queñas embarcaciones; los buques de gran porte aneJados en el puerto, entrando y saliendo de él; las bellas quintas ó haticos que en la opuesta orilla se ostentan cubiertas de magníficos y exten­sos coca les; la pureza y transparencia del cielo, ofrecen allí el más bel1o conjunto. Las calles de la ciudad son ti radas á cordel; hay en eJla 4,22 3 casas, 6 plazas, y ocupa una área de 2.299,479 metros cua­drados (r ). Entre los edilicios públicos que existen, merece particular mención el palacio de Gobic::n o, y entre las plazas, la de San Se­bastián, que es un verdadero paseo y en el cual hay una estatua del Libertador (que dicho sea de paso, es muy mala). Además, existen 6 templos, 3 capillas, 4 hospitales, I teatro, 1 astillero y algunos edificios públicos notables. El •uercado de esta capital es acaso, después del de Caracas, el más abundante de toda )a República. "Situado á la margen del lago, recibe comestibles de más de 6o embarcaciones que lle­gan diariamente de diferentes punros del lago. Sus cargamentos son de plátanos, maíz, queso, panela, hortalizas, verduras, frutas, pescado y otros productos diferentes, los que se expenden para el consumo de la población y Jos campos adyacentes. Recibe tam­bién de éstos aves de todas clases, cueros, leche, queso, caza y otros artículos. Las carnes son tan abundantes y variadas, como no las hay en ningún otro mercado de la República." El número de personas que concurren diariamente allí, no baja de s,ooo. (1) Datos tomados de la estadística del Estado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 570 BOLETÍN MILITAR El astillero se halla situado también á orillas del lago. En él se construyen magníficas y veleras naves que gozan de merecida fama. Es, pues, Maracaibo, un importantísimo punto para el co­m<:- rcio, para las industria , para la agricultura y el pilotaje. Ella es, como dijo muy bien Codazzi, "el ala Izquierda de la defensa de la República, y el que posea su lago, amenaza de flanco á la Nueva Granada y á las provincias de Coro y Barquisimeto, de frente á las de Trujillo y Mérida, y puede allí tomar de revés á las demás." Ella es depósito de las numerosas producciones de los feraces valles de Cúcuta en Nueva Colombia, y de los Estados de Táchi­ra, Guzmán y Trujillo. Maracaibo está Barnacla por su magnífica posición á ser una de las más hermosas é importantes ciudades, no sólo ele Venezue_ la, sino de la América del Sur. Su clima es cálido, y se goza allí de muy buena salud. El centígrado marca por término medio 2 7°221 Tiene una pobla­ción de 21,954 habitantes. Estadística comercial-En 1850 el movimiento comercial era de r.61 1,6oo fr. en capitales importados, y de 2.68o,ooo fr. ex­portados. Para r86o había ya aumentado tánto, que las importa­ciones fueron de 6.274,636 fr., y las exportaciones de 9.120,000 fr. No obstante los acontecimientos políticos que desde entonces tuvieron lugar hasta 1873, el comercio continuó su marcha pro­gresiva, de suerte que para esta fecha los valores importados fue­ron de 6.8oo,ooo fr., y los exportados, de I 7. 79o,ooo fr. En el año siguiente las exportaciones ascendieron á I 7.86o,ooo fr. Los principales artículos que se exportan son: café, palos de tintes, cueros, cacao, bálsamos y otras producciones más. Esta Aduana ha sido cerrada para el comercio exterior por el actual Gobierno, y su comercio exterior se hace hoy por Puerto Cabello. DISTRITO CoLÓN-Este Distrito se halla dividido en 2 Mu­nicipios, que son: San Carlos de Z ulia y Valderrama. Tiene 86o casas, con 5,164 habitantes, de los cuales son va­rones 2,908, y hembras 2,256. San Carlos-Esta villa se halla situada sobre el río Escalan te, á poco más de 44 kilómetros del lago de Maracaibo. Su posición no puede ser más ventajosa para el comercio y la agricultura, pues todos los terrenos de este Distrito son de una feracidad admirable, y puede fácilmente sacar por el río, que es navegable, no sólo sus producciones, sino muchas del Táchira y de Nueva Colombia. Su posición astronómica es de 8°55' de lat. N. y 4°48' de long. O. del meridiano de Caracas. Está á 41 metros de altura sobre el nivel del mar. Su clima es cálido y á veces mahano; el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 571 centígrado marca por término medio 26°67. Su población es de +,208 habitantes. · DISTRITO BoLÍVAR-Este Distrito se halla dividido en 3 !\1unicipios, que son: Concevción (cabecera), Carmelo y Chiquin­quirá. Tiene 7 I 5 casas, con 5,354 habitantes, de los cuales son va­rones 2,528, y hembras 2,826. Concepción-Este pueblo naciente es la capital del Departa­mento. Su temperatura es muy cálida, y su pobladón de 2,5 I 3 ha­bitantes. DISTRITO SucRE-Este Distrito se halla dividido en 5 Mu­nicipios, que son: Gibraltar (cabecera), Bobure, General Urdane­ta, San Antonio y Santa María. Tiene 999 casas con 4,702 habitantes, de los cuales son va­rones 2,4-03, y hembras 2,305. Gibraltar- ·Esta villa, capital del Distrito, fue fundada por González Peña Lidueño en I 595· Los indios la destruyeron en 16oo, mas luégo fue vuelta á poblar. Sesenta y cinco más tarde fue saqueada por el pirata L'Olonais, y en I 663 corrió igual suerte con la entrada á ella del pirata Gramont. Esta población había progre­sado más que Maracaibo desde su fundación. En las selvas del Distrito se halla el cacao silvestre; así es que á su cultivo se han contraído muchos de sus habitantes. Gibraltar está llamada, por su posición sobre el lago, á ser un gran centro comercial para el Estado de Mérida y las costas meri­dionales del lago. Se halla situada á los 9° I I' 30" de lat. N., y 3° 53' de long. O. del meridiano de Caracas. Su altura sobre el nivel del mar es de 24 metros. El centígrado marca por término medio 29o, y tiene una población de I,ooo habitantes. Drs-rR ITO MIRANDA-Este Distrito se halla dividido en 6 Municipios, que son: Altagracia (cabecera), Lagunillas, Cabimas, Santa Rita, Siruma y Democracia. Tiene I,8JI casas con 9,328 habitantes, de los cuales son varones 4,065, y hembras 5,263. Altagracia-Hállase situada esta villa en un terreno árido y bajo un clima ardiente á la orilla ori~ntal del lago de Maracaibo, y á 34 kilóm~tros de distancia del mar. Desde ella se goza de la bella perspectiva que ofrece la costa opuesta, donde se halla la ciu­dad de Maracaibo. Hay en ella un regular templo y algunas casas bien edificadas. El termómetro marca por término medio 26° 67. Su posición astronómica es de 10° 46' 40" de lat. N. y 4° 34' de long. O. del meridiano de Caracas, y su altura sobre el nivel del mar es de 8 metros. Hoy tiene ·h393 habitantes. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 572 BOLE'l'lN MILITAR DisTRITO PuLGAR--Este Distrito se halla dividido en 3 l'v1u­nicipios, que son: San Rafael (cabecera), Sinamaica y San Carlos. Tiene 1,022 casas con 5,539 habitantes, de los cuales son varones 2,711 y hembras 2,828. San Rafael-Esta villa, capital del Di trito, se halla situada á la orilla occidental del lago de Maracaibo, al frente de la isla de Toas. Su clima es cálido y sano. Su caserío de poca importancia por lo que respecta á la construcción. Tiene 2,935 habitantes. DrsTRITu GuzMÁN BLANCo-Componen este Distrito los Municipios Federación y Libertad. Tiene 594 casas con 3,500 habitantes, de los cuales son va­rones 1,6oo, y hembras 1,900. Federación- Há11ase situada esta villa á los 10° 8' de lat. N. y 5° 21 1 de long. O. del meridiano de Caracas, en una pequeña altura rodeada de una hermosa sabana. Hay cerca de la villa algu­nas colinas, y en una de ellas tiene sus vertientes el río San Juan. Está á una altura de I06 metro sobre el nivel del mar; el termómetro C. marca por término medio 27° so, y su población es de 2,000 habitan tes. Estaclo Táclaira Este Estado se halla dividido en 6 Departamentos, denomina­dos: San Cristóbal, Entrena, San Antonio del Táchira, Táriba, Lobatera y Rojas. Estadística-Tiene 13,305 casas y ranchos con 68,619 ha­bitantes, de los cuale son varones 34,325 y hembras 34,294. Cuenta con 493 establecimiento indust1 iales y 2,021 rurales. lnstruec:ión pública-De e te E tado debe decirse como de los demás: la instrucción popular ha ido vi ta con mucho de :uido hasta estos últimos años, en que el gobierno general ha planteado bajo sólidas ba es la enseñanza primaria. Sin embargo, debe decir­se que el Táchit a á pesar de todo se hallaba para 1873 en mejor situación que muchos otros. Para esta fecha h2.hía 40 escuelas primarias, y asistían á ellas 1,400 alumnos, y para fines de 1874 ya se contaban 19 escuelas primarias con 1,005 alumnos, 12 particulare<; con 374, y 6 fede­rales con 290 alumnos, lo cual da en totalidad un número de 1,669. Además, se ha mandado establecer y debe ya estar funcionando á la fecha un colegio para la instrucción secundaria. DEPARTAMENTO SAN CRIS r6BAL-E te Departamento se halla dividido en 3 Distritos, denominados: San Cristóbal, Rubio y Capacho. Tiene 4,403 casas y rancho!: con 25,033 habitantes, de lo cm:lles son varones 12,715, y hembras I2,318. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 573 Cuenta con 170 establecimientos industriales y 970 rurales. San Cristóbal-Esta ciudad, capital del Estado y del Depar­tamento de su nombre, se halla situada en una planicie elevada, por cura parte inferior pasa el río Torbes. Su posición es suma­mente ventajosa para el comercio con la Nueva Colombia. Ultima­mente ha sido arruinada por el terremoto de Cúcuta (18 de Mayo de 1 87.5). Mas son tantos los elementos de este Estado, que dentro de poco se habrá repuesto y seguirá progresando. Su clima es agradable y sano; el centígrado marca por térmi­no medio 21039. Está á 914 metros de altura sobre el nivel del mar, y tiene 11,903 habitantes, contando sus alrededores. Su posición a tronómica es de 7° 32' de lat. N. y 5° 19 1 20' de long. O. del meridiano de Caracas. DEPARTAMENTO ENTRENA-Este Departamento se halla di­vi dido en 5 Distritos, que son: La Grita, Pregonero, San Pedro de Se boruco, Rosario de Queniquea y Vargas. Tiene 3,731 ca a$ y ranchos con 19,025 habitantes, de los e ales son varones 9,476 y hembras 9,549· Cuenta con 106 establecimientos industriales y 360 rurales. La Grita- Esta ciudad, capital del Departamento, está situada á los 7° 49' 40" de léit. N. y 5° 19' 20 11 de long. O. del meridia­no de Caracas, en una me s eta comprendida entre dos ríos que se unen allí. Su posición e sumamente adecuada para el comercio, pues puede por el río La Gnta llevar sus productos al lago de l\11aracaibo. Tiene, contando las cercanías, 8,88o habitantes. DEPARI' AMENTO SAN ANTONIO DEL TÁCHIRA- Este De­p; artamentCl se ha lla dividido en 2 Distritos, que son: San Antonio chel ~r á chira y U reña. Tiene 1,463 casas y ranchos con 6,438 habitantes, de los c tuales son varones 3,164 y hembras 3,274. Cuenta con 74 establecimientos industriales y 117 rurales. San Antonio. - Hállase situada esta villa á la margen derecha dlel río Táchira, que sirve de línea divisoria con Nueva Colombia. Ha sufrido mucho con el terremoto de Cúcuta. Su población es de 2,500 habitantes. El clirrla es cálido y samo. Su posición astronómica es de 7° 32' 25" de lat. N. y habitantes. Su clima es agradable y sano. DEPARTAMENTO LoBATERA-Este Departamento se halla dividido en 2 Distritos, que son: Lobatc;ra y Constitución. Tiene 697 cz.sas y ranchL>s con 3,332 habitante, de los cua­les son varones 1,675 y hembras r,657· Cuenta con 31 estable cimientos industriales y 63 rurales. Lobatera. - Esta villa está situada á los 70 42' 2011 de lat. N. y 5° r 7' 40" de long. O. del meridiarw de Caracas, y á una altura dP. 1,137 metros sobre el nivel del mar. El termómetro C. marca por término medio 20° 95· Pasa por ella el río de su nombre, y no obstante esto que le ofrece facilidades para el co.ncrcio, pues cerca se halla el puerto de Guamas, ha decaído much\), de suerte que hoy apenas cuenta apenas 2,ooo habitan tes escasos. DEPARTAME TO RoJAS - Este Departamento se halla divi­dido en 2 Distritos, que son: .~.'vlichelena y San Juan de Colón. Tiene 1,168 casas y ranchos cr'n 5,741 habitante, de los cuales son varones 2,9 09 y hern bras 2,8 32. Cuenta con 55 establ ecimientos indu s t r iales y 2 73 rurales. Michdena - Hállase esta villa á poco kil<')m etros al N. de Lobatera. Ha prt>gresado much'> en estos últimos aííos. Su pobl.., ción pasa de 3, 00 .:::> h a bitantes. Su clima es suma­mente agradable y sano. (Continuará) - - ·--- Todos los soldados en el combate deben pe rmanecer penetrados de esta importantísima verdad: lo s tiradores que causan más daño al enemigo no son lm, que queman mayor número de cartuchos, sino los que apuntan con calma y sangre fría, aprecian la distancia y dan con frecuencia en el blanco. Los tiradores deben, pues, considerar el fusil moderno com'> una arma de carga rápida que les permite siempre estar listos para disparar, cuando se les presenta la OCdSión de hacerlo con alguna proba bilidad de acertar. General BOURBAK. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETiN MILITAR 575 Frontera venrzolana--Coordenadas geográficas • LoEngttlud Latitud E 11 LoEngtlturl Latitud ·-~ LUGAllES 1 -. 7.19.t> 1790 FundaCión ... 2lc).30 1 7°35' 1.13D Veta!'....... 1 6 :30 7.4· 30 :3.220 Zea. . ........ 2.18 .20 8.11.20 915 L;d~:~tcca ..... 1 1°26 7.1:3.1-5 lAGO El Peñón... 2°22' 2°22' 755 Toledo ....... ¡ 1 26 55 7.H 40,1.600 Tobar........ 2.20 30 8. 8.30 9()0 J>OJtac1welo Guarac¡ue ... 2.21.55 7.5 .10 1.630 ' de _T:ullá ... , ~ 0 ~8 7°/ ~ 117 Po·ego.nero... 2.19.101 7.49 30 1.275 ~~~~h~ua. ... 1.1~-~~ 0~;!~·1.: , - ~1~ '?:ue111quea :· 2.2.15 7°42' 1.6,1-0 CucutJih..... 1.9.c)a 7 - .10 1.3 ,'J S.m Antonto Atboled .s.... l. .4J 7u;37j 968 (U:ribante).. 2.22 30 7. 9 .40 180 'tl;ozat ...... . , lOJ0'30 7°J:.l'l5 9u0 L;tgunilla· .. 2.37.55 8.16.30 110 G·dindo Pneblo nuevo .36.:~0 1 8.11.20 1.100 (Gramalote) 1.12.30 7.49 , l.080 Libertad (Ca- 'tnC .. yet:wo 119.1.1 717.15 2;}f) naguá) .. . .. 2.37.35 7°:31' 1.525 'llltÍ:tgo .... • 1.11-.20 7.•15.'1·0 4·60 Sua Junn. ... 2.40.4·5 8°17' 1.105 Znli:t !Ct.át>i· ' '11\ José.... 2..10 JO 8° 1' 2 000 ti)....... . 1.19 10 7°50 MUI'IIChiiChí. 2.4:2.15 7°43' 1.1.50 Limonci· o .. 1. HJ 3') 8.30 .\.ceq liÍit ·.... 2.·1-5.20 8° 5' 1.800 Encontrado!... 1.29.:!0 9.9.10 .Mucut11y.... 1.45.40 7.'1·9.20 2.000 Pue•to Villa- 'anta Bárba-miz tr. .... .. 1 °:H.'30 OH 7.59 hO 7 IJ. 5 7 +8 10 7 31..).3 tll )· illl~lino 1 1 21-i.·l·;) S 111 Jusé ..... , 1°23' 10" Cú1·nt1........ 121-55 ChilllÍCt t.l.... ] 21.5 Bovh.de rii 'L.. l 0 17 1 'hopo....... 1 18 ~., J> .. ul 1,lona. .. 1 18 fl 7°;3a fV .• rgas). 1.~:3 ~;anta Cruz 7 1!J :!.:l O ele Mor·¡, Cácn t 1.. . . .. 1° 19 7.11 1.410! .El:\! 1rrn •... 1 :\lut:nsurú ... ~lundo 'ue. VO ........ . Concorclia .. . Jt '"ario ... .. S 111 .\llttlllio Unña ...... . H.nhto . ... .. Su. C i.,róu .1 Tárih 1 ...... , c. 1pacho vi e . 1 JO. • · • • ... '111 .Juan dt: Cu l ó :l ........ L Jb otcn .• . \liche l'tla .. 1 Borotá ( Cons-titución) ... .. Cordero •••• Guá i no .... . El Río ..... . Puerto Gua-nlas ...... .. 1.27 7.21· 30 1.0 '5 .\ric:1gua ..... 1.27:20 7.:32 20 HH P.:tlmzt lt l '1.5 :3> 7.41-30 4-i.'J l Viej\ .. . 1,27.10 7.•1-:L)U 4ü-:> l L ·a ~l ··· a .... .. l.27.:W 7.19.10 toO L~ Puntt .. .. 1·•;$6' 70,1 t. ·:w" ' 8()0 L' Chorrera. 1.4-5.10 7.1:020 81-·> 1b.wagran· 1.4J 15 7 -1-3.10 1 b O de ........ . .. Pu~blo hon-1 1.3 . J..j 7. 1 3.;30 1.39,) do .......... . 1.39 30 1.4.) .. 5 1.45.151 l. 1-5 551 1.48.40 1.45.25 1.40.30 1 J .jr ... 7 57 ,) 1 Chignará .. . 749.;)0 9(.) L1 T .tla ... .. 7.JJ.30Il.23tl ll S· 11 Jo.;ecito .. 111 Pablo ... . 7. ~8 50 1.50.) :\1érida .... .. 7.45.20 l. 165 Paso ele Zum- 7.53.10 795 P.t.,;o de Por-tachuelo .••. 7.41- 50 1.14 bador ........ 1 1 46 20 806' 120 • Véase la nota de la página 496. 2.47.20 7.22.40 230 251.20 8°16' 1.215 1.58.:)0 7 .• 5G.;w 905 1. ,1-z.so ¡ 7.3i.60 1oo 2 0.5 l 2.21-.35 1 2.:31.50 2uJo l 2.53.30 2.5:3.30 2.'H>.20 2 . .54 301 201-..¡. 1 2. 6.30, 2.10:W 2 4·0.50' 2.2!J .. )0 2.2J.30 1°43 2°18 1 2°;38 1.56.30 2.12 30 7.51.5 2.010 8.13..1-0 590 8. 6.30 1 .8l0 0 :UW 7.43.30 1.015 7.22 40 :.HO 8°19 1.600 8.1 ldO,UH O :.L2:¿.10 1 1Al0 8. 1.10 1 2.000 8 4.1 12.25') 8.2:UO l.S15 • 18.30 96/) 8 20 151 920 7.32.20 505 8. 1.10 1.()00 8.16.35,1.630 7.49.30¡ 2.765 7.59.30 13.230 F. 1, V, V, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • o .. -w a o O. • ~ = ,... e .. ,.. • o 1 ~ ,... e,¡ = ti ¡¡.. • ( .. ti ~ .... - ) • o ~ o • ) - o ti -= • -= e .. .. e --- u "'' ., u -ce_, ·- u ·a~ ·- a e: o ~ e: ., ~ g-= ~ ., .. ...;¡ • oS.Y. Puerto Yillami~ar o oLaFria oL o S.F. OG Escalan ti o OT 0 p OCh 0 o OM G T harO Z P/1 osp 0 s o Bailadores La Grita O 0 SJ o S o 0 R 0 Lobatera oM oC oS. Pedro o G o Z O O U o G S o o SAN JosÉ o oB o Cordero o Rb Pregonero o o SC o R 0 . C Táriba o Q o Salazar o S.Antomo o SAN c~sTÓBAL O.A o Ch oC oc O Suratá OB 0 Concordia O Rubio o SJ o Ch O Mundonuevo o PAMPLONA oT OL o FliJrida O F Jaji o oCh SJ 0 M Lo MiainAo o Ejido Ph op o A 0 o O Morro SJ o oM o Libertad o M Arica gua O Muchachi O StCI Bárbara o op o1' o':M • o San .tfntonio Ot ~ ~ tD o ~ ~ ~ ~ z ¡s; 1-4 ~ .... ~ ~ co Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 129

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 127

Por: | Fecha: 25/11/1899

A~Olll Bogotá, Noviembre 2 5 de 1899 NUM. 127 ORGANO DEL MJNISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIRECTOR AD-HONORJI:M, FRANGISOO J. VERGARA y V. Cor.'Jnel, Miembro de la. SoCledad Colom'l)icma de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del EJército de la República OFICIAL ~RDEN GENER'\L DEL EJÉRClT PARA H Y s/8'\DO 18 DE NOViEMBRE DE I 899 Repúb/i.-11 de Colombia-Ejército Ntuiona!-EsttJd? M.~yor General Servicio Art. 474· El Sr. Coronel Heliod">ro Pieschac6n, primer Ayu­dante General del Esta lo :\1{yor d~.: la 1. 11 División del Ejército, á la~ órdenes del Sr. G ... neral Miguel Montoya, Jefe d operaciones sobre la Provincia de Choconn y Orienle del D..::p :utamento de B >yacá, murió en el Boquerón de Machetá el 15 del corriente, cumpliendo heroica­mente con su deber y haciéndose notable al frente del enemigo por su valor y lealtad en defensa del G1bierno de la Repúb lica y de las insti­tuciones patrias, sagrada consigna que supo con gloria defender con sus armas y sellar con su sangre. El Ministerio de Guerra, la Comandancia en Jefe y este Despacho, deploran su pérdid"l y lo mucstnn fl sus camaradas en d Ejército como ejemplo de notables virtudes militares. El Genera Jefe, RICARDO ACEBEDO Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 482 BOLETÍN MILITAR Conferencias de los Oficiales de la Misi6n Francesa EJERCICIOS Y MANIOBRAS DE INFANTERfA VoeeM de nta11do (Continúa) JNSTRUCCION DE LA ESCUADRA Principios dt: alineamiento Dos hombres de la derecha (ó iz-quierda), tres pasos al frente, Marchen. Tres (cuatro, cinco, etc.). Sobre la línea. Firmes. Alineación derecha (ó izquierda). Derecha. Firmes. Dos hombre'i de la derecha (ó iz­quierda), cuatro pasos á reta­guardia. Marchen. A retaguardia, alineación derecha ( ó izquierda). Derecha. Marchas Marchar á vanguardia (estando á pie firme) Marchen. Marchar á retaguardia (estando á pie firme) Guía á la derecha. Paso atrás. Marchen, 6 se hace dar media vuelta y después se manda como en el movimiento á vanguardia. Marchar dia~onalmente Diagonal á la derecha (ó izquier­da). Marchen. De frente. Marchen. Guía á la derecha (ó izquierda). :Marchar á retaguuardia (utando en marcha) A retaguardia. . Marchen (en el momento en que el p1e va á sentarse en tierra). Guía á la d~recha (ó izquierda). Dirección á tal pumo. Cambiar de direcci6n á pie firme E scuadra, á la derecha (ó Íz'!uier­da) (movimiento á pie firme, con eje fijo, alineación del lado del eje). Marchen. Firmes. Cambiar de dü·ección sobre la marcha Giro á la derecha (se da esta voz cuatro pasos antes del punto en que se va á ejecutar el giro). El eje describe una pequeña curva marchando. Todos dan \·ista al guía que debe estar en el flanco saliente. Marchen. (Se da la voz en ei pun-to mismo en qur debe girarse). De frente. Marchen. Gufa á la derecha (ó izquierda). Dirección á tal pu11to. Yariar á la derecha (ó i:zqll:erdll) Variación á la derecha (ó izquier­da) (se da la voz cuatro pasos antes del punto en que se debe ejecutar la variación), Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETiN MILITAR 483 Marchen (se da la voz en el pun­to mismo en que se quiere eje­cutarla. Arrodillar la escuadra 6 acostarla ( est an­do en marcha) Rodilla en tierra. Alto. De pie. A tierra. Alto. De pie. Deshacer laformación Rompan. Filas. Restablecer laform'lci6r& Formen (el centro á e uatro pasos frente del Cabo, alineación por el centro)-Firmes. llfarchas de jla1lco Flanco derecho-Derecho. Flanco izquierdo-lzq uierdo. Cuenten cuatros. Cuatros á la derecha-Derecha. De frente-Marchen. Cuatros á la derecha-Marchen. Escuadra-Alto. Cuatros á la izquierda-Izquierda. Diagonal ;Í la derecha (6 izquier-da)- Marchcn. De frente-Marchen. Cuatros á la izquierda-Alto. üuatros á la derecha (ó izquierda) en batalla-lVIarchen. Por dos-Marchen (siempre por la derecha). Por uno-Marchen (siempre por la derecha). A formar dos-Marchen (siempre haciendo diagonal izquierda). A formar cuatros--Marchen (siem­pre haciendo diagonal izquierda) Derecha de frente, cuatros á la de­recha- Marchen (á pie firme ó en marcha). Por la izquierda al frente en ba­talla, guía á la derecha- Mar­chen. lnstrucci6n de combate para la escuadra Por hileras. En una fila. Por hileras. A formar. Por hileras á cinco (seis, ocho, etc.) pasos. En una fila. Instrucción para la sección La sección maniobra según los prin­cipios enseñados para la escua­dra, sustituyendo esta voz por la de sección e uando fuere necesa­rio; guía último (quinto) (furriel) Formación en batalla Los jefes de sección á la derecha' en la primera fila de su sección· Sus guías detrás. Alineación Guías á stu puestos-S~len los 5 guías frente al Capitán y se co­locan una cuarta adelante del punto donde debe situarse el nú­mero 1 de su sección. El guía último en el lugar de la última hilera. Alir.eaciÓIJ derecha-Cada jefe vi­gila la alineación de su sección. Firmes-V u el ven los guías á sus puestos detrás de sus jefes (que dan un paso hacia adelante para facilitarlo). Columna ele compañía C olttmlla de CtJmpaíiÍa- I. a (sección) Firmes. 2.'', 3.•, 4.a-Cuatros ó la derecha Derecha. Marchen-Cuatros ó la izqttierda Alto. Firmes-Los jefes avanzan 2 pasos al frente del centro. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 4:84 BOLETÍN MILIT A.R + 0, ___ + ___ ''·· .. 6 pasos ..... , + o + ...... · ...................... , 6 pasos+ 0 + '····,'···.,·.. -.,,'···-... 6 pasos ·······... '···· .. --·~--- + 0------- -----· + ~ Por la izquierda en batalla-2.\ 3·\ 4: Cuatros izquierda, iz­quierda. Marchen-Cuatros á la derecba en batalla, marchm. Sección alto. Firmes - Todos vuelven á sus puestos. ---··········-·········--·--t---···························- ¡ + ·········----7--·····-··- Estar1do la comp<~ñía en marcha deteuerla Marcha en hatalla. Dirección nJ tal puntq. Guía derecho, de frente, marchm. El jefe de la 1. • á 2 pasos ade­lante de su sección, su guía en la I.a fila. El guía último á la izquierda de la 4.a sección. .//// O+ _.,/",. Para marchar ulamlo en columlla de corn-pañía Guía deruho. De frenff. Marche!). Compañía, alto-Alineación dere­cha (sin voz). Los jefes dos pasos afuera. 1 ~ i + Compañía, alto-Alineación dere· cha (sin voz). Firmes. Marchando e11 batalla Por secciones, dtrecha de frente. c11atros derec,ta, marclun. Guía deruho-Cada sección eje­cuta el movimiento como si es­tuviera sola. / / 0+ Firmes-Vuelven. Para cambiar de dirección, marcha11do Giro izquierdiJ, marchen-La pri­mera sección gira de acuerdo con las voces del Capitán. De frente, marchen, guía derecho­Las otras tres conforman su mo- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 485 vimiento con el de la sección anterior; sus guías salen obli­cuamente hacia la derecha, de manera que caminen siempre detrás del guí4 anterior. ................................................. +f$\\0 ---+-- ----0 + ----· ---0 + --------0 Para cambiar de direcci6n á pie firm6 Columna á la izquitrda. Cur1tros á la derecha. Derecha­Las cuatro secciones ejecutan cuatros derecha. Marchen- La primera sigue á su guía en la dirección escogida por el jefe, que manda: Cuatros izquierda, alto, de manera que la úlnma hilera se le sitúe junto y atrás (él no se mueve). Las otras tres hacen lo mismo, detenién­dose los jefes al llegar A la línea formada por el Capitán y los demás jefes. / + //·-.a...--+~---- / ........... ·······, + ............... ·•· ~-~~:-:---- + +. + + Finnn-Los gu(ac; vuelven á la izquierda (excepci6n única). 11-farcha de ft meo pnrliemlo de la cnlumn t de compañía CurJiros á l.z derecha, derecha. Guía izqtúerdtz (dirección) De fren:e. Marchen-Los guías y las cabezas de las cuatro secciones avanzan en la misma lfnea. Cambiar d~ dirección ( marcha~tdo por los fl~txcos) Columna izquierda, marchen-La sección del eje maniobra como si estuviera sola, pero tiene que esperar á la del O:tneo saliente an:es de r0mper la marcha en la dirección nueva. .Marchnndo de frente la columnn d1· com­pnñía, seguir en la mi.smn dir(;cció'' par cw;tros Derecha de frente, cuatr~s tÍ la de­recha. Marchen- La primera maniobra como si es~uviera sola. Las demás se detienen, y ejecu­tan después el mismo movimien­to después de q•.Je el oficial dé la voz del caso. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 486 BOLETÍN MILITAR Derecha de frente, cuatros derecho, marchen, de manera que cada sección sigue marchando inme­diatamente detrás de la anterior. Columna con distancias Columna con distancias. ] J + ____ ............ · ....... / + Esta11do en columna con distancia, volver á formar en batalla Batalla izquierda- Sección á la izquierda. Marchen. Firmes. Estando e1. columna co1~ dislm1cia, vohe á la columna de compaiíí.a Columna de compañía-La 1. a sec­ción se detiene; la otras siguen el movimiento. Guía derecho, de (rnJte. Marchen - Las otras seccwnes continúan la marcha hasta que el respectivo jefe dé la voz 8ec­ciÓ1t, alto, lo cual ejecutan á 6 pasos de la anterior. Firmes. Marchar de frente lo mismo que se dijo de la col u m na de com­patiía. Cambiar de dirección. Giro derecho-Cada jefe, al llegar al punto, mandará: Giro izquierdo. Marchen. De frente. Marchm. Guía derecho. Cada sec. ión maniobrará como si estuvi~.:ra sola. ltfarchando la columna ~ort distancias, se­guir por cuatros Derecha de jrente-(Lo mismo que á pie firme). A la voz del Capitán Frmte á la aerechd. Sección á ltJ derecha. Marchn1-Alineación derecha (sin voz) Firme¡- Los jefes dos pasos al frente del centro. + + cada sccci6n maniobra como si estuviera sola. Cuatros derecha. Marchen. Marchando por cuatros, volver á la colum­na con dist aucias Columna con distancias, por la iz-quierda. Por la izquierda, de frntte batalla Marchen. A pie firme las mismas voces de mando, pero después se agrega la de: Finlles. !lfarchando en rolnmna con dist a11cias formarse en batalla sobrr la den•rha ó la i~quierria Marchando con guía derecho. S obre la derecha en batalla. El jefe de la 1. a sección mandará: f/ ariaciÓ11 derecha. Mt1rche11. De manera que la primera hilera de la sección llegue junto al apit~{n. Los demás oficiales mandarán lo mismo de modo que se apoyan sobre la última hilera de la sec­ción anterior. Alineación derecha sobre el últi­mo guía ya colocado desde an­tes por el Capitán. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILI'l'A.R 487 7 o----=+--- 0 + o---+-:---- 0----- : t ! : 1 l \ ¡ ¡ ¡ 1 1 ¡ + 1 l 1 1 • ••....•..•.••.... !. 1 1 -·······L/ _ .......... _/ ~-········~) ~-··········7 .,..,. E.~/autlo t•n columna de cumpañÍ(J Co!ttm/1,7 contra ca/;,¡//ería, 11nrchen La 1 ~ sección se detiene ó no se mueve. Las 2.• y 3.• dan por mitades res­pectivamente frente á la derecha y á la izquierda. La 4-.a se acerca á la 3.a y da frente á retaguardia. Todos arman. Firmes-CJ:odos por el centro). Para volve1· á columna de compañía Columna de compañía-Movimien­tos contrarios. Marche.,J. Para formar .A formar-Cada jefe se coloca unos diez pasos·detrás de su pues­te y manda á formar. Después coloca su sección en su ruesto con alineación sobre el guía respectivo. Firmn. ,---:""+--4 ¡ i 1 i l--------3 +o!----------------- 4 + 3 +o ----~--2 + 2 + 0----------- +o-------- 7 Guías en la ll~:ea Ultimo guía [, o [, [, [, [, ¿ Guías frente al Capitán. ·~==~====~==~ U O O O Jefes de sección. AfimiJCi(JI! derec h a. F irmes---A Jineación por sc..:cción . Vuelven los guías derr s de su j_fc respectivo, el cual da un paso adelante para f..tcilitarlc el paso. Abrrw fas ji!llJ-Los 5 guías se colocan 4 pasos atrás, dando frente á retaguardia para contar esos 4 pasos y vucl en á dar frente. Marchen-Los guías vigilan la alineación de la segunda fila. Firmes. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 488 BOLETÍN MILITAR ·Columna de rompuñía Cuatros á la derecha (dcrechrt). Mandan los jefes de sección, á excepción del de la primera. Marchen- Acompañan los jefes de sección á su guía y mandan cuatros izquierda, alto. Firmes- V u el ven los jefes de sección á colocarse al frente del centro de su sección. Por la izquierda en batalla, cuatros á la izquierda. Marchen, cuatro'> derecha en batalla, marchen. Firmes, sección, alto.-(ContiJm1rÍI) - - ·--· - - PARA LAS MANIOBRAS DE CABALLERIA * Escuela del Escuadrón montado (Continu ción) Cargas.-El escuadrón carga en batalla y en columna ; en orden compacto y en forrajeros (orden di pero). Los principios señalados para la carga de pelotón son aplicables al Escuadrón. En los ejercicio el enemigo erá representado por cuatro hombres á órdenes de un cabo, los cuales se e. pacian de modo que figuren los cuatro pdotones de un escuadrón. El Comandante- hace en­ristrar la lanza ú de env::tinar el sable, y después de que la tropa se ha puesto al galop , manda: para att1car, y e sitúa ~n el alinea­miento de los jefe de pelotón. Cuand > el escuadrón llega á 50 ó 6:> pasos del enean;go gur.tdo,a{JU ·1 ordl!na: CARGUEN, a cuya voz, repetida por lus jetes de pelotón, la t1 opa , e onft rma con lo pres­crito en su lugar, y los jinete que repre ·entan al advcr ario dan media vuelta y , e retiran rápi.lamcntc. El Comandante detiene l.t e 1rga con la voz de: reunión, que también repiten 1 jefes de pel )t6n · en lo ejercicios manda Es­cuadrón, ALTo, ~uando lo jinet .~ han pue. to de nuevo 5u cabal­gaduras al trote. Para reunir el escuadr<ín á retaguardia se proce­de conforme se prescribió para ·1 pel tón . ..t.n un ataque de frente, cuando el Com.tndante quiere envolver al enemigo rodeando una de sus alas, mandará al jef< de pelotón de la derecha ó de la iz-· quierda se aleje oblicuamente durante la marcha ofensiva que pre­cede á la carga, lo cual hará dichr> jefe apurando el g-alope para en seguida volverse, por medi · de una conversión, sobre el ala enemiga. • Esta instrucción sumaria, prep~rada por orclen superior, e:tá destinada á servir á la instrucción ele las trop'ls de cab:t lena t 1ientns el :\1inisterio ele Guerra no disponga citra cosa, por cuanto á la fecha no hay tác-tira (reglamento de maniobras) de caballería adoptada oftcialmentf" Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN l\IILITAR 489 También puede el escuadrón combinar un ataque de frente con otro paralelo, lo cual se ordenará con la voz: primer (cuarto) pelo­tón, FLANCO OF E , ·s¡v~...>. A 1 contrario, cuando el escuadrón se en­cuentra amenazado en una de sus alas, durante la marcha ofensiva el Comandante ordenará al jefe del pelotón amenaza1o se separe del grueso meJiante una conversión y h aga frente al enemigo, con la voz de: primt·r (cuarto) pt!lotón, FLA ·co DEFENSIVO. Para ejercitar el escuadrón en esta última maniobra, se designan algunos jinetes que fguren el enemigo que amenaza por el costado. Regla absoluta: todo cuerpo de caballería que ataca deberá constituíru una reserva. El e cuadrón aislado no dejar:~ en reserva un pelotón entero sino cuand0 el Comandante lo juzge conve­niente. El escuadrón carga p2rtiend0 del orden en columna cuando no tiene tiempo 6 espacio suficiente para desplegarse, ó cuando se trata de romper á cualquier precio un cierto punto de la línea enemiga. Estando la columna en marcha, á la voz de primer pr­lotón, CARGUEN, dada por el Comandante, el jefe del pelotón de­signado se lanza á la carga, y el resto sigue á 100 pasos de distan­cia para apoyar el movimiento. Lo.; otros pelotones se forman en línea si el terreno lo permite, ó cargan sucesivamente partiendo del orden en columna. La naturaleza misma de este movimiento indica que la r~: unitn de los pelotones rechazados se hará á reta­guardia de las fracciones de ti nadas á sostenerlo', y el Comandan­te dirige la carga del pelotón que en su concepto va á ejecutarlo en el momento más propicio para alcanzar el fin que se persigue. FoRRA] ER OS .Estando el escuaJrón en batalla ó en colum­na, se le ejercitará en la carga de forrajeros, ya íntegramente á la vt.:z, ya por uno ú varios pelotones que de ~ ignará el Comandante entre lo que forman la línea ó la columna. A la voz de en forra-j eros, el escuadrón 6 los pelotone~ de ignados se dispersan, cargan y se reunen conforme se prescribe en la e cuela de pelotón, y el Comandante procede de modo análogo al señalado allí al jefe del pelotón. NoTA-E peligroso lanzar grandes líneas en este orden, porque despué del ataque no se rl'Únen entonces con rapidez sino la tropa m u y veteranas. De ordinario será preferible conservar un pelotón en reserva, ya para que sirva de núcleo de reunión, ya para hacer frente ¡Í los contraataques dd enemigo. En los ejerci­cios la carga en forrajeros se combinarán con cargas en orden compacto, cuidando en especial de que los forrajeadores, rechaza­dos ó rt.:unidos, de ·e u bran rápidamente el frente de la tropa que los sigue. El enrmigo se representará siempre á fin de asegurar la di­rección de las carga, pero e mpletando el imulacrocon la hipótesis del caso, puesto que en la aplicación las reglas gcnerale:; del comba­te se modifican según que se trate de cargar infantería, cf.lba/lcría ó artillería. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET !N MILITAR ExPLORADORES- El e cuadrón en el combate irá precedido siempre á 200 metro de distancia por do jinetes que e llam.aq exploradores y tienen po1 con igna señalar los obstáculo que pue­den dificultar la marcha: buscan lo pasos, y llegado el caso, con una señal (quitarse la gorra y saludar) indican que el escuadrón tiene que reducir u frente nara poder avanzar. En tanto que uno de los dos exploradores sigue marchando, el otro se detiene junto al obstáculo, y si fuere preciso, hasta retrocede para informar al Comandante y servirle de guía en el mal paso. En el momento del ataque el papel de los exvloradores es im­portantísimo, pues les corresponde impedir que la tropa que carga vaya á caer en un terreno impracticable. Al llegar á proximi­dad del enemigo los exploradores se dejan alcanzar por el escua­drón y cargan con él. CoMBATE Á PIE -El escuadrón se ejercita en el combate á pie de acuerdo con lo prevenido en la escuela del pelotón. Por regla general, tres pelotones se desmontarán para combatir usando el fuego, y el cuarto permanece á caballo como reserva y garantía de seguridad, pero estará listo para aprovechar cualquier oportuni­dad que ofreciere el combate. El Comandante tomará el mando de los soldados de montado~, y un Teniente ó Capitán queda al fren­te de los que permanezcan á caballo. En caso de que los pelotones combatan á alguna distancia uno de otro, los caballo formarán otros tantos grupos que se mantendrán con respecto á los comba­tientes conforme se enseña en la escu ela de pelotón. VocEs DE MANDO Y SE.~ALEs - El timbre de la voz de mando será animado, la pronunciación clara y la entonación proporcionada á la cuantía de la tropa. La voz atención s e dará á todo pecho, íipo­yando la primera sílaba y prolongando la última. De igual mane­ra se manda carguen. Las voces ejecuti nts se en un ciarán en tono más fuerte que las preventivas, y se prolonga su pronunciación, para que el movimiento que los ha de eguir se tran smita de l hom­bre al caballo in sobre altos, y de este modo se eviten los vaivenes y encontrones en las filas. Las voce preventivas refe,-entes á los aires deben quedar separadas de l..ts ejecutivas por un intervalo de tiempo corto y a la vez apreciable. En ejercicios á pie y en el manejo del arma, la voz cjecuti va se dará en tono firme y breve. La voz jinete de frazte, M -\RCHFN, sirve de tipo en la entonación de los mandamiento que terminan en sílaba llena; la voz jinett', obfi­Cit?, á r etaguardia, M RCH E ' , lo será de los que acaban en sílaba Seinimuda. La dicción d~·sca~lS f, RMA, es tipo para las voces del manejo del arma, la carga y el fuego á pie. CuanJo el mandato es á un tiempo indicativo, preventivo y ejecutivo (por ejemplo, doblar el fondo, pasar al trote), e pronuncia como la meramente indica- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 4:91 tiva *, ó sea sin ninguna inflexión de la voz y en tono menos fuerte que los mandatos de ejecución. SEf:tALES.- En la caballería se usará el pito, que es un auxiliar útil para el Jefe en los detalles del servicio ordinario, y sobre todo cuando se necesite que la tropa disimule su presencia ó sus mcvimientos, como en los reconocimientos, avanzadas, ope­raciones nocturnas, emboscadas, y en el combate á pie. A fin de evitar la confusión que resultaría del empleo de se­ñales numerosas, que tendrían que parecerse, no se adoptan para el Ejército sino las siguientes : Un pi tazo: atención; dos, marchen: cuando se está al trote ó al galope significa que debe seguirse al paso; tres, alto; cuatro, al trote ; cinco, al galope ; seis, á la derecha ; siete, reunión ; ocho, á la izquierda; nueve, retirada ; diez, media vuelta; once, romper el fuego; doce, cesar el fuego.-( Continúa). __ ..,.... ___ _ SECCfON DOCTBIN AL LOS VALLES ¿ Que serían las mon taíías sin los valles? A esta pregunta, que m á~ de una vez se han hecho los geólogos, la respuesta es unánime. Consi­derem s por un momento las agrestes breñas y encumbradas mesas de Pasto y Túq u erre , é imaginemos que lo enhiestos ne ados y volcanes se precipitan unos contra CJtros y cierran las inmensas hendiduras que se­paran :;us bases; en el acto quedaría dcstruída la economía geográfica de la comarca. A lo" valle pint rescos ó grandiosos; á las gargantas por donde ruedan furiosas las agua , ramifican las cresterías y facilitan su í-lCCe o reduciéndolo al del puerto; á lo lagos cuyas aguas reflejan toda clas~ de paisaje.:;; á las altlllanuras cubiertas de pastos que las flores es­maltan y pacen los ganados; á ese mtmdo, en una palabra, sucedería una mesa desierta, inho!>pitalaria, batida de continuo por el huracán y azo­tada por el granizo. Además, los valles no soi"! únicamente el ornato y la condición de la viabilidad de la montai'ia: la flora y la fauna se abrigan y escalonan en ellos en busca del calor y de la humedad que necesitan, rehuyendo siempre las cumbres de máxima altitud, dominio de )as tem­pestades y el perdurable invierno. Los 'allt.:s, e decir, los lwuos simétricos de los rdicves, las depre­sionc · que ahlan ó separan las rnon tañas, no son un problema de geo­grafía fi ica re ·udtoen absoluto, porque ni todos los valles provienen de que existan csa:salicntcs que denominamos montañas, ni los dos elemen­tos pueden e tudiarse desde un mismo punto de vista; el geógrafo esru- ---------- La voz indicaliiJa sirve de señal para fijar h atención ele la tropa; la preve~&­tiva indica el movin1iento que h ·, de ejL·cutarsc, y l:t ejl!cutiva, que llegó el momento de ejecutar lo mandado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 492 BOLETÍN MILITAR dia la rno11taña en su arquitectura y agrupamiento, en tanto que analiza el valle para darse cuenta del perfil de sus flancos y las vicisitudes de su fondo. El diagrama de una línea de cumbres, ó sea de una crestería, en verdad no figura sino el coronamiento, el caballete del edificio. ¿Y á qué horizonte referirlo? Sin duda ninguna que al fondo del valle, por más que éste se levante c.1 movimi~nro parabólico hacia el corazón mismo de las serranÍa'>, por cua.nto de ordinario el mar ó la· llanura se encuentran á enormes distancias. Quien ha viajado en las cordilleras y comprende ha sido frecuentemente víctima de extrañas ilusione, com­prende también la necesidad de horizontes cercanos, de planos de com­paración próximos para no errar en los cálculos sobre valor de la! pen­dientes, distancias de los objetos ó altura de las cumbres. Desde el punto de vista orométrico el conocimiento de un valle reposa sobre la comparación de dos elementos: las ariscas del marco ó sea de los costado~, y el perfil de la vaguada ó thalweg ; pero como en la práctica las dificultades de semejante estudio no son pocas, basta co­nocer algunos jalones bien escogidos: cumbres y puertos, ensancha­mientos (circos) y angosturas (desfiladeros) del 'hueco ó depresión que dominan aquéllos. Desde luego que grandes son las diferencias que presentan los va­lles entre sí; porque ora son cisuras en un mic;ruo terreno, ora grieta sobre la lfnea de contacto de dC's formaciones diferentes; aquí la fractu­ra, allá la denudación, les han dado el sér. Sin embargo, las causas y proporciones de los contrastes que ellos nos presentan merecen tanto más nuestra atención cuanto no son el resultado de caprichos de l:t na­turaleza sino de las leyes que rigen la formación y desarrollo del relieve del globo. En efecto, y dígasc lo que se quiera, la geografía no se encuentra escrita en las cartas de una comarca, en esFecial cuando no son preci­sas, sino sobre los caminos, y sobre todo en los menos frecu ·ntados de ellos. Quienes despu6; de estudiar las falsas teoría hidrogdfic as que se enseñan en los colegios ó malíc;imos textos elementales de que se dispo­ne en el paí·, viajan por una de nuestras cordilleras, cruzan sus c que dan verdadera idea del magnífico edificio. f/alle y cadma son palabras qu~ carecen de sentirlo preciso: la ca­dena es, por decirlo así, el elemet1to molecular de las masas montaño­sas, y sin embargo, todos abusamos y la aplicamos á !iistcmas enteros; ¿dónde está la escala que dentro de la palabra valle separa 6 expresa la diversidad que hay entre el valle de Tenza y el valle del Cauca, el valle de U par y el valle de Aburrá, por ejemplo? En vano para rehuír la dificultad, para e capar á lo indeterminado, se multiplican las perí­frasis y los calificativos. Una bola de marfil es, sin duda ninguna, una bola, pero una bola de marfil: tal precisión no la hallamos cuando, para describir un valle, se dice que es angosto, profundo, estrecho, de flancos abruptos y rocallosos, por cuanto exJ!>ten centenares de valles que tie­nen esas condiciones y sin embargo no son semejantes. ¿Dónde hallar eso que se llama el color local del objeto? Unicamente en los caracte- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 4:93 res geológicos; hay que remontarse á sus orígenes. Aquí estará tallado, por ejemplo, eu el espesor de bancos calcáreos fracturados y violenta­mente separados, el río que lo surca rueda al pie de taludes de escom­bros y abre su lec:10 en una cinta de aluviones; además, las hiladas de calcáreo, d1spuestas en gradería, di vi den los Banco-; en una serie de te­rrazas. En el acto la idea toma cuerpo, el valle se perfila á nuestros ojos, y si se agregan los prio~cipales elementos numéricos, las cotas que nos dicen cuál es su clima y por ende su vegetación, cuál su desarrollo y la altu­ra del marco, y también la obra que en él han realizado los hombres, grabaremos en la mente una imagen correcta del dicho accidente geo­gr Uico que nos perrnitin reco•10cerlo sin vacilar si de repente nos transrortuan á su seno. Los caracteres geológicos y matemáticos han desvanecido las brumas de lo ge11eral y determinado los caracteres plás­ticos de lo pt~rticular. • Y no se objete qu- la geografía no puede escudiar desde punto de vista tan elevado todos Jos val/u, porque es claro que con tal palabra no es posible abarcar sino los que merecen dichu calificativo, y no las hen­diduras de unos pocos kilómetros de exten::;ión, que por lo común es­trian el flanco de las m1sas levantadas que f rman la cuenca de un río, porque ellos sf ofrecen caLacteres propios en grandes extensiones, ósea en tanto que atra\•iesan el mis m) terreno ó siguc.:n el linde de formacio­nes geológicls dalas; del punto 11 al punto b, por ejemplo, sus caracte­res geológicos son tale-; dd punto b 1l punto e se presentan estos otros, ere. Las expresiones geológicas tienen valor decerminado, por lo cual valle de fr.!C[IJra, de pliegue, de dislocación, de erosi 'm, etc., re­cuerdan á un mismo tiempo el hecho original y las form 1 especiales, y absurdo sería no adoptarla , sobre todo cuando ya hacen parte del lerl­guaje común de las gentes del oficio allende el Atlántico.-(Colltinúa) . ' LA FRONTERA DEL SUR Extracto de conferencias á los oficiales de la guarnición Necesario es sin duda alguna para el militar, y en primer término, aprender á leer y analizar los documentos cartográficos para confrontarlos, elegir ó aceptar con juicio las correcciones ó mo­dificaciones resultantes de informes, trabajos ó estudios posteriores. Del mismo modo que hemos visto al estudiar la historia de la gue­rra, que la crítica desempeña en ese ramo del saber humano papel princi palísi m o, puesto que ella nos en eña á encontrar las razones en virtud de la cual aceptamos, rechazamos ó modificamos los re­latos de los cronistas, previa confrontación con los documentos de la época y las fu.1d,unentales cuestiones de tiempo y espacio, del mismo modo también en geografta, y sobre todo en cartografia, la crítica llevada hasta los último., detalle;; nos en.>eí1a á valorar debi­damente las cartas para no deducir de ellas otras enseñanzas ó Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 494: BOLETÍN MILITAR. referencias que las que pueden deducirse exactamente, ó en otros términos, á diferenciar en ellas la verdad del error, señalando á un tiempo los límites de una y otro. Tomemos como ejemplo la frontera del Sur en su parte prin­cipal, ó sea en la región de Túquerres y Pasto, famosa desde cual­quier punto de vista que se la considere, digna de estudio cual nin­guna para el geógrafo, y aún por desgracia apenas medio explorada, no obstante que ha sido teatro :le clásicos estudios. Pongamos de presente la carta corográfica del Cauca, y á pe­sar de que ella nos dice ser edición oficial, podemos romper traba­jo con esta rotunda afirmación, respecto de la zona mencionada: carece de todo valor científico, y día llegará en que los colombia­nos se asombren del singular proceder de quienes la dibujaron, pues tal parece que se hubieran propuesto burlarse del país, lo que sería el cargo menos grave que pudiéramos hacerles. En efecto, en esa zona, por desidia ó por descuido, están vueltos al revés los rumbos, y de seguro los moradores de ella cavilarán y cavilarán en vano cómo llevan el Oriente á su derecha cuando marchan ca­minos que ven pintados cual si corrieran de O. á E:, ó vice­versa. En vista de semejantes falsedades, con aparente justicia la obra de Codazzi se ha desacreditado, porque nuestros flamantes car­tógrafos, aun cuando suprimieron el nombre del ilustre geógrafo al publicar una tergiversada reducción, en lo que hicieron por lo mismo muy b1en, se apresuraron luégo á achacarle los errores cra­sos que pululan en las cartas im pre as y de que ellos son los únicos responsables. Tan grave afirmación debe probarse, pero antes de demos­trarla conviene una observación. Codazzi, á partir del momento en que principió á levantar la carta, n pudo ejecutar un trabajo seguido y sosegado, y murió ante de terminarla, es decir, de haber recorrid todo el país y pue to en limpio su colo al labor, por lo cual las cartas que sucesivamente entregaba de las Provincias no pueden mirarse sino como borradores utilizables, como valio· o re­? ertorio de dato, que e:peraban su definitiva organizacióa y revi­sión ; pero en vez de acometer esa labor indispensable, nuestros pseudo-cartógrafos se limitaron á reducir los originales al pantó­grafo y á la cuadrícula, y á compaginado á la diabla sin revisar­los y confrontarlos con los cálculos numéricos que habían servido para establecerlos. Y como en esos borradores-mal dibujados por añadidura por gentes legas en el oficio-se encuentran errores ex­traños, aparentemente tienen ra7Ún quienes critican la obra de Codazzi sin estudiarla ni entenderla, y mucho menos sin acometer la delicada y paciente revisión que demanda la parte dibujada confrontándola con la parte numérica, por decirlo así. Esto sentado, entremos en materia. De Túquerres á Cumbal la 'arta da 5 leguas, y los itinerarios indican 32t kilómetros¡ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'fÍN MILITAR 495 basta leer éstos para comprender que el dibujante olvidó una legua de Túq u erres al Espino ; los itinerarios dan de I piales á !mués 37 kilómetros, y la carta sólo indica 27}, faltando el resto entre Pupiales é !les; los itinerarios mencionan 36 kilómetros de Males á Funes, que en la carta se convierten en otros 27t. Ahora bien: como se trata de tres caminos próximamente paralelos y di­rigidos de N. á S., la mencionada supresión, unida á errores inver­so en las direccione transversale , ó sea <.le E. á 0., dio por re­sultado, como era natural, trastrocar las dimensiones y dirección de todos los acci~entes geográficos intermedios, pues sabido es que Codazzi calculaba é to por e tima con respecto á lo puntos cuyas coordenadas conocía ó calculaba. Y no se alegue que los itinerarios no son prueba decisiva en da unto, porque fácil es replicar que el error existe igualmente entre el dibujo y la coordenadas que en tablas acompañan á cada dibujo: en la carta impre a las latitudes de Ipiale y Funes sólo difieren 4', y en las tabla esa diferencia sube á cerca de 9', 6 sea ca i r r kilómetros de error; las de Tú­querres y Cumbal, consideradas del mismo modo, dan un error de 4', ó sea de 7 kilómetros. La prueba es, pues, concluyente, y queda explicado por qué en la carta el río S apures corre de O. á E., y en el terreno lo hace de á S. SO. á N. N E.; porqué con el Guáitara sucede en partes cosa análoga; por qué el San Pablo rueda de S. á N. y e tá pintado de SE. á NO. En una palabra, el terreno comprendido entre el Sapuyes y el Blanco-Guáitara, á partir del cuello de Guachucal, que es un óvalo de esca a anchura (E - 0) y con iderable longitud (S-N), quedó en la carta no Rólo invertid,> - la máxima 1 ngitud de O. á E.-sino lo que es peor, de figurado, poniendo al Guáitira en vez de un arco dos porciones que delínean un ángulo recto. Ya puede juzgar e lo que habrá sucedido con la geografía de la · tierra aledañas, en especial si se considera que en estas, á los errores transportados de la zona de Túquerre , se suman otros nuevos: por ejemplo, del Peñol al J uanambtí el dibujante olvidó otra legua. Lo dicho explica de sobra los ab urdus que á la simple vi ta presenta el diseño de los caminos directos entre multitud de poblaciones, y al pronto hace suponer sin criterio alguno á quienes los abrieron ó trazaron. Y dicho ea de paso, la obra de Codazzi, para quien la estudia á fondo, es admirable y revela en su autor un profundo conoci­miento de los caracteres topográficos de nuestro suelo, por cuanto en las porciones que personalmente no pudo recorrer, interme~ias en su red de triángulos, de ordinario adivinó lo que no veía, y sus errore provinieron en esos casos de las nunca bien maldecidas teorías hidrográficas, tan aceptadas por todo el mundo entonces y tan contrarias á la verdad de los hechos. Además, como la obra de Codazzi consi te principalmente en itinerarios apoyados de trecho en trecho en coordenada cuyas cifras conocemos, con los lugares intermedios ó aledaños determinados por estima, llegamos á la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 496 'BOLE'l'1N 111IL1TAR conclusión importantí ima de que al calcular directamente las coordenadas intermedias si resulta error, este, por regla general, es igual en su especie para ambas ordenadas, de donde que al rectifi­car las coordenadas de los puntos base si hallamos que es preciso mover su posición sobre la carta, sin gran dtf1cultad pero sí con paciente trabajo, fácil es hacer la corrección del di~eiio de la re­gión geográfica natural de que se trate. De modo análogo pode­mos aprovechar el resultado de cualesquiera otros trabajos de ex­ploración ó reconocimiento posteriores, y aun rectificar en éstos los errores de rumbo, mucho más comunes y graves de lo que el público imagina, como lo comprueban sin réplica los juicios que sobre el particular cursan en nuestros juzgados, y revelan que el conocimiento exacto de los puntos cardinales no abunda ni aun entre los ingenieros. En una palabra: las cartas impresas adolecen de gravísimos errores porque la obra de Codazzi no se supo poner en limpio antes de pu blicarlc, y las incorrecciones ó equivocaciones en que cayera el ilustre geógrafo fácilmente s~ sub·anan con los trabajos posteriorP.s. Por lo dicho me habéis oírlo siempre hablar con pro­fundo respeto del único General de ingenieros que ha figurado en el escalafón de Colombia, y en verdad que sólo repetidos viajes, ce­rrando circuitos sin ce ar, en nuestras montaíias, enseñan las difi­cultades y tropiezos técnicos que debe vencer un hombre para for­mar cartas de alguna corrección, y permiten apreciar en su justo valor una obra como la citada. Por lo pronto, á estas conferencias acompaña el que habla, una tabla de coordenadas de los pri nci palcs lugares de la me. a de Túquerres, tal como él las arreglara para construír la carta del país y escribir la geografía del mi mo *, dejando para luégo discutir los número que encierra; pero que de de ahora os permitirá formar un buen croquis de la comarca, en el que poJrci3 introducir, sin gran trabajo, los detalles que figuran la carta oficial. "* Geoarnfla. de Colombia; Cnrtn {!eOf!rá/ir:a rfe Colomhifl por F. J. V. y V. (inéditos). El autor se reserva el derecho ele permitir ó nó la circulación de cart:~s 'ue se construyan con las coordenadas por él arregladas, cnte11clienclo que modificaciones que aólo Ja¡, afecter. en m,.nos de un minuto, si no provienen de cálculos sobre el terreno, constituirán simplemente un plagio.-F. J. V. y V. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 497 Coordenadas geográficas de la mesa de Túquerres PUEBLOS PUEBLOS Longi- Lat ittud 1 Longi- ~ Norte. tud O. de :--. 1 Bocrotá. -.: Y SITIOS O> O' O" O• O' O" jMdros ---1------,- - TÚQUERRES. l" 5' 20" , 3.31' 5" 3.060 -Chiles .. 0.5l.30 Guachuc ·d •. 0.5~.35 1 ~.~o·.J~" 3.0?0 - Orej<~ ... 0.,5~.30 Mnellauues .. 0 . 5t.4U 3.39 2.; 3.130 Pa!:t,l Hu.1ca. 0 .4 3.35' 3 010 Id .... (\'olcán) 0.59.30 3.19 3 50 3 . 14.30 3.400 Poto í.. .. • .. O 51'00" a.25' 50" 2 7 O - 2. -80 1 lera ........ 1.13' Gnacha;c" ... l.l~: ,. ~·:~~-3;) ~· .'.íO L 1111:1 Alb .. l.lii' Cu:trchu ..... \l 1 15 .3 2 .l.S .3.:W 1 Consacá .... 11.1 2.35 ~lall 11\ ,1 .... . 1. •1 25 ;) t-:~ :w 12.:3135 1 .'.tltdoná ..... 1.17 Picdnnc h ... l. 6. 3 16.15 l.S.jl) P~iio l .. . ..... 1 1S lticuurtc ..... I.H'30" :3 t-8 .2.3 l.I:JO Pbo Gtn.c.li.;J;i'30" :\lit dhrt!: ... 0.58.111 :1.-t- !J.IU 2 700 ' P.lllg.t ......... 1.26':10" 3 .21 1.700 3.1 !).15 2.730 3.17 .25 2.6+0 3.5 3.400 3.19 4.120 3.23. 30 3.~ 11• :3.2(; 50 1.(j55 3.27.10 l.liJ5 3.23 50 1.6 .j 3.26.30 485 3.27 6811 ;\fayt•·qucr .. 1 1 0.51-.L) :~. :;~ 1•1 ' .Ou.) Lin .m:s ....... 1.2:.1'20'' Cctt o;\ :t. ufr.tl l. 6 JO 3 .39 f 070 .\u cuy t ...... l. HLI5 - Cu•nhal.('!>fi.3U a. J.;, ;}O 1·.7!.10 .\lt• · ......... l. 1\).30 3.28.20 835 3.29.50 1.37 ,) 3.'l7.30 2 1011 F . J. V. V. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR ARREGLADA PARA EL" BOLETÍN MILI'l'AR" (Continuación) Btbidm.- Este es uno de los puntos más importantes en campaña, puesto que del agua que se incluye en las bebidas, sólo la porable puede beberse sin peligro, y no toda la que se encuentra es buena para beber. El agua potable carece de olor, tie!'le un sabor fresco y agradable, es dulce y no insípida; hierve sin enturbiarse ni formar pozo; cuece la carne y las legumbres sin endurecerlas; disuelve el jabón sin formar grumos, por lo e u al basta di sol ver en ella un poco de jabón para reco­nocer si es ó nó potabl ~. Mas como en campaña no siempre se consigue lo que se desea, preciso es saber utilizar lo que se halle á mano Para atenuar la crude­za del agua que lo sea, se le mezcla un poco de aguardiente ó café; el paso del agua al través de arena basta para purificarla del limo ó materias terrosas: para ello se la vierte en un barril ó caja llena de arena fina y apretada, y se recoge la que !>alga por la parte inferior. Las aguas pútri­das é insípidas ~ueden filtrarse en carbón ( 1 kilogramo por 1 o libras), pero en este caso hay que aercarlas antes de usarlas. Las aguas corrien­tes cargadas de caliche lo pierden al hervir; las pantanosas se purifican dejándolas reposar una noche mezcladas con alumbre á razón de dos gramos por medio litro. Para purificar grandes cantidades de agua fétida ó sucia, tomada en un arroyo ó zanja, se establece una canal, de suerte que el líquido ~uave­mente llegue á un tonel cuyas paredes superior é inferior estén agujerea­das yel interior lleno de series de capas alternadas de arena fina, carb6n y alumbre, separadas por trozos de tela de tejido fuerte. El agua de este tonel se recibe en un receptáculo donde se acrea antes de distribuírla. A ser posible, se la hace pasar por un segundo tonel antes de recibirla en el depósito. Si el tiempo urge, se puede improvisar un filtro colo­cando en re cuatro telas una capa de carbón molido entre dos de arena. Si es preciso que los caballos beban en un pantano fétido, conviene arrojar antes al agua un poco de carbón vegetal. En las tierras cálidas y húmedas el mejor medio de evitar el palu­dismo es hervir el agua; pero como este sistema es lento, conviene que los jefes lleYen clorhidrato de quinina disuelto en alcohol y viertan algu­nas gotas en el agua sospechosa que va á beber la tropa. Sitios hay don­de es preciso redoblar las precauciones, porque las aguas corren carga­clac; de sales cobrizas, que son un veneno para el orgJtnismo Los oficia­les harán bien en proveerse de uno de esos pequeños fi 1 tros que se en­cuentran en el mercado, y que les prestará grandísimos servicios. Debe cuidarse que tropas de tierra fría que han hecho campaña en tierra caliente, al regresar á la primera no beban agua unos días sino con parsimonia y quitándole la crudeza; otro tanto se hará en el pára­mo con todos los que sufran el más leve accidente catarral. Los licorn tomados con moderación ayudan á la digestión, levan­tan las fuerzas y disminuyen la fatiga. El aguardiente es bueno en lot ' Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE1'ÍN MILITAR 499 climas húmedos y fríos : mezclado con seis 6 siete veces su volumen de agua, es tónico y combate el sudor abundante. En tierra caliente debe usarse con s,.una cautela, pues dernCJstrado está que el alcohol faci­lita á la fiebre amarilla su acceso al organismo humano. Un mal alcohol es un veneno, afecta los centros nerviosos y produce esas borracheras furiosas que siempre ocasionan escenas trágicas : para averiguar si el líquido es puro, basta frotarse rápidamente las manos apenas humedeci­das con él : si está adulterado, se obtendrá un olor fuerte y desagra­dable. En las tierras cálidas y húmedas conviene· mezclar al alcohol un poco de quina y beber un trago una media hora antes de las comidas. En estos climas una de las bebidas más sanas es la cerveza pura. El gua­rapo es nocivo -usado en la marcha para calmar la sed, pues produce enfriamientos y es causa de cólicos y diarreas para los naturales de tierra fría. La chicha es de ordinario nociva por la manera como se prepara ; en todo caso se impedirá que se la tome con exceso y fuera de las co­midas. El café es hoy parte indispensable de la ración de todo ejército bien organizado : en tierra caliente es tónico contra la acción debili­tante del clima, conserva el buen humor y hace olvidar las privaciones de la campafia ; hace menos larga y dura la fatiga nocturna ; tomado antes de la marcha, con pan, da fuerza5 ; mezclado con agua y lJcva­do en la cantimplora, calma la sed durante la jornada. Empero, como el café obra sobre el sist~.:ma nervioso, no debe abusarse de su empleo, y conviene evitarlo en la tierra e ilida y seca, re~mplazándolo por una infusión de algunos granos sin tostar en una tan de agua. Cuanto al tabaco, agradable compafiero d~... fatigas para quien lo usa, y útil en los p á ramos, en los terrenos pantanosos, en tiempos de epidemia, etc., es lln Yeneno si rle él se abusa. En todo caso es una ne­cesidad ficticia y conviene combatir su uso, pues si llega á faltar á quie­nes lo acostumbran influye de un modo inconveniente sobre la moral de la tropa.-(Oontinuani) ---·· .... --- (PROYECTO) (De la &vista Militar de Lima) Hasta ahora no ha habido entre nosotros verdadero Estado Mayor por la dificultad para reclutar el personal llamado á cumplir sus difíci­les funciones, pues no puede darse este nombre á las oficinas que lle­van la estadística del Ejército, ni á las agrupaciones imperfectas de oficiales que lo han formado en las épocas de guerra. Leyendo la organización y el reglamento de esta Academia espe­cial del Ejércio ruso, que ha producido notables Generales y cuyos tra­bajos son apreciados por las primeras potencias militares de Europa, hemos extractado las bases fundamentales de su sencilla organización, que podrían adaptarse perfectamente á nuestro modo de ser y á nuestro¡ recursos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1)0(} BOLETÍN MILITAR El Gobierno cuenta, para llenr á efecto esta idea, con un hermoso local dotado del material necesario, con un presupuesto de 2 s,ooo soles que importa la Escuela de Aplicación ; puede aprovechar útilment<7 los conocimientos de Jos Jefes que componen la Misión Francesa, y sin aumento de gastos, con economía quizás, fundar esta institución, y hacer práctica la reorganización del Ejército. La Escuela de Aplicación tiene hoy un Batallón de T nfantería, un Escuadrón de Caballería, una Batería de Artillería y una Sección de Zapadores; e te inmenso personal, que llega á formar la cuarta parte de nuestro Ejército, sólo tiene razón de ser como una medtda de circuns­tancias, para tener en todo caso una fuerza regular, disponible para sa­l. ir á campaña, pero de ninguna manera responde á las necesidades del Ejército y al fin práctico que debe perseguir su establecimiento; pues si suponemos que dentro de dos años esta tropa haya concluído su ins­trucción, había más del perso.1al necesario para reformar los cuadros de todo el Ejército, y como en adelante cada e uerpo deberá ser una escuela de la misma clase, tendremos que concluír forzosamente que una vez instruído el primer contingente, la escuela carecería de objeto. Creemos, pues, que reduciendo el personal de tropa á la mitad, siempre tendríamos más de las clases necesarias á la cifra del Ejército, lo que permitiría, sin gasto para el Gobierno, fundar la academia que proponemos, que sería el centro intelcctua de nuestro Ejército y de donde saldrían oficiales instruídos y estudiosos, capaces de señalar á nuestros soldados el camino de la victoria. Nuestro proyecto se reduce, pues, á disminuír el efectivo de la tro­pa de la Escuela, quedando el resto en la mi sma condición con el nom­bre de .Academid de Clases, y á establecer una sección para oficiales con el nombre de .Academia de Estado Mayor, en cuya organización y bases fundamentales nos vamos á ocupar. PERSONAL DE ENSEÑANZA La Escuela estará bajo la autoridad inmediata del Jefe de Estado Mayor General, al mando de un oficial superior, auxiliado por un Se­cretario. La Academia de Estado Mayor estará al mando de otro oficial su­perior, á las inmediatas órdenes del Comandante de la Escuela. Un Conseio, compuesto de todos los profesores y presidido por el Comandante, coo2erará á la preparación de los programas de instrucción. La Academia se dividirá en dos Secciones : de Estado Mayor y Geodésica. El personal de enseñanza se compondrá de oficiales de todas las armas para la parte técnica y de profesores civiles. Habrá sólo diez profesores principales (inclusive los jefes de la mi­si6n) y dos adjuntos, todos militares, que dictarán los curso iguientes : Arte é Historia Militar, Táctica y E trategia, cuatro principales y un adjunto; Administración Militar, un principal y un adjunto; Geo­grafía y Estadística Militar, dos principales; Geodesia, tres principales. De los cuatro profesores que enseñen el Art.e y la Historia Militar, c~da uno se dedicará á una rama especial. No hay curso especial de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETfN MILITAR 5 01 Estado Mayor: este estudio se hará en los de táctica y en los trabajos de aplicación. El curso de Administración militar comprende el estudio de los ferrocarriles y la movilización. Todos los alumnos están obligados á seguir el curso de Geodesia, pero Jos de esta sección deben poseerla á fonrlo. La parte técnica de Artillería y Fortificación se ensefia por oficia­les especiale . Los cursos de HistCJria general son dictados por profesores civiles. Los cursos de Dibujo, Geografía, Idiomas y Telegrafía son también dictados por profesores civiles de menor nngo. Organizado d~bidamente el Estado Mayor, se adjuntarán por gru­pos los al u m nos á los Oficiales para que dirijan su instrucción práctica durante un año, lo que permite gue los alumnos sean apreciados direc­tamente por un jefe que puede obtener los mejores resultados bajo el punto de vista de la instrucción. • Los Oficiales profesores de la Academia desempeñan al mismo tiempo otras funciones en el Estado Mayor General, en armonía con el curso que regentan. ENTRADA Á LA ACADEMIA Al fin de En ero de cada año el E stado Mayor General indicará las modificaciones del programa, é invita ;Í los candidatos al examen. Los Ofic iale de todas !a s armas gue hayan sen·ido en el Ejército dos años pueden presentarse á la ~\cademia, hasta la e la~e de Teniente (inclusive). La edad máxima es de veintiséis años. El examen de admi s ión comprenderá los cursos iguicnres: Reglamentos !ll if.."tt~re.r.-(T1 c tica de infantería, caballería ó artille­ría, in s truc c ión de tiro y e rvicio interior). Fortificac ión pasajera. Elt'1!1er. l os de orgtw i z ,;ción mi / i tar.-(Heclutamiento, organización de la Admini stración, di sciplina y Tribunales militare ·. Jll tJ!tmlít icm tlemmtales.-(Has ta trigonometría plana inclu sive)_. Historia general y particular. Geografía fí sica y poi ítica. Idiomas (Traducción con diccionario). ORCA . " lZAC IÓN GENERA r, o ;:: LOS CURSOS La in s trucción comprenderá dos ail os de estudios teóricos y traba­jos prácticos. Los cur~os se di\·idirín en principales y accesori vs. Cursos princi-pales. Sección de Estado Ma;•flr 1. Táctica-2. Estrat<'gia-3. Historia Militar -4. Administra­ción- s. Estadística (Gcografía)-6. Geodesia y Topografía-7. Tele­grafía y Dibujo. IANCO o lA TICJ\ El UfSliCA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 502 BOLETfN MILITAR Sección Gtodésica 1. Astronomía-2. Geografía ffsica-3. Geodesia, Topografía y Dibujo-4. Car:ografía-5. Estadística-6. Táctica-7. Estrategia-S. Matemáticas superiore~-Astronomía. Cursos accesorios de Estado Mayor 1. Idioma nacional-2. Fortificación-3. Artillerí t---4· Historia política y nociones de Derecho internacional.-S. Geografía física- 6. Idiomas-7. Astronomía. Curs6s accesorios de la Sección Geodésica 1. Idioma nacional-2. Fortificación-3. Historia militar-4. Idiomas. ENSEÑANZA EN EL PRIMER A~O 'Táctica de las tres armas y táctica general-Historia del arte mili­tar hasta Napoleón. 'Topografía-Geodesia y Astronomía para todos los alumnos. Dihujo topográjiro en hachuras y curvas, ampliaciones y reduc­ciones . .Administración-Organización de las cropas de los servicios admi-nistra ti vos-Ejércitos extranjeros. FortijicaciÓJJ . .Artillería. Idioma nacional. Idiomas (sólo los alumnos que no hayan tenido el calificati\rÍg; J dier D. Ramón de Correa, llamado al cargo de Jefe de Estado layar General interinamente. Este Coronel reunía bajo sus órdene los dragones de la Unión, los guías del General, los lanceros venezolanos y los Batallones de Victoria y Numancia: su Divi i6n ocupaba la margen del Apure, N u trias y los 2.lrededores. La quinta se formaba del Batallón Bari­nas, dragones fieles á Fernando vu, y de varios Escuadrones de la mi ma arma, organizados según la co turnbre del país, ituada de San Fernando á Camajuán, y tenía por Comandante al Coronel D. Sebastián de la Calzada. La segunda Divi ión comprendía el Batallón de Burgos, dos Batallones del Regimiento de Navarra y un E_cuadrón de lanceros del Rey. La tercera ocupaba el Virrei11at de la N ue a Granada. Tenía bajo mis órdenes inmediatas, en Calabozo, una parte de los Regimientos de Navarra y caballería del Rey, y el Batallon de la Unión, que hacía parte de la primera División. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MJLJTAR 50~ Las principales fuerzas enemigas se reducían á dos cuerpos de alguna importancia: .Bolívar ocupaba la Guayana con algunos pequeños destacamentos de caballería y numerosa infantería; Páez se mantenía entre los ríos Orinoco y Apure, en las llanuras; Zaraza, Infante y varios otros guerrilleros ocupaban particular­mente la margen izquierda del Orinoco. Esas fuerzas, compuestas de mil do cientos hombres de caballería y de ochocientos de infan­tería, se encaminaban al centro del país por Chaguaramas. En Casanare, el atroz cura Mariño y el mulato Donato Pérez tenían bajo su órdenes una partida de siete á ochocientos hombres. La fuerza de Bolívar amenazaba á San Diego y San }ernan­do por el curso del río; la de Páez comenzaba sus operaciones á fa­vor del verano, por el ataque de los puestos avanzados de N u trias, donde dejaba más de quinientos hombres de caballería para obser­var la cuarta División. Doy estos detalles generales para el conocimiento de los su­cesos de la campaña cuya r{'lación va á seguir. Recibí en Calabozo los despachos del Coronel D. Sebastián de la Calzada, en que me anunciaba de Camajuán, que el rebelde Páez tomaba la dirección de S~n Fernando. Esta noticia me deci­dió inmediatamente á ponerme en marcha con el Batallón de la Unión, un Escuadrón de lanceros dd Rey, y alguna caballería del país, reclutada por el Te11iente Coronel D. Rafael López. Mi objeto era prevenir la unión de la fuerzas de Páez con las de Bobvar, CJUe segtín diversos informes, avanzaba sobre San Fernan­do por el Orinoco. A mi salida orden " al Brigadier la Torre . e dirigiera al en­cuentro del rebelde Zat aza, quien se aproximaba á Chaguaramas. Le dejé para e ta expedici6n el cgundo Batallón de Navarra, el de Ca ~ tilla y los b1í ares quipado egún el uso del país. En Camajuán encontré al Coronel Calzada con lo dragones lealc , una parte del Batallón de Barinas, el Escuadrün de Gu~·a­bal y algunos guerrilleros. A la cabeza de todas estas tropas reuni­das . eguí la orilla izquierda del Apure; fue necesario pa ar ut nú­mero onsiderable de ríos )' lagunas. Al fin, después de nueve jor­nadas de marcha, llegamos á San Antonio. Era en e~ te lugar donde, según todos los informes que me lle­garon, creía encontrar los enemigos; mi preví i . Después recibió orden de dirigirse á Chaguaramas, haciendo un movimiento com­binado con las tropas del valle de Orituco. En esta nueva marcha infligió al enemigo nu evas pérdidas, batió al rebelde Rondón, y se apoderó de varios j cL: s de partidas. Sin embargo, un de::;tacamento de tropas del cuerpo reunido en las orillas del Apure, bajo las órdenes del Coronel Aldama, ocupa­ba á Apurito, y d re to estab,t acantonado cerca de San Antonio. El enemigo recorrió y atacó varia vece á Apurito con alguna caballería y su dcbil infantería; iempre fue rechazado hasta la sa­bana vecina, donde tenía reunidas todas sus fuerzas; ordené enton­ces al Coronel Aldarna se acampara para rehacer su caballería, que se encontraba en un triste estado. El 25 de Diciembre se di­rigio al Jobo, y siguió has ta Santa Cruz, donde permaneció algún tiempo, con la precaución de enviar exploradores hasta Nu­trias, entre tanto que el Coronel Calzada pacificaba el interior y levantaba caballena. A principios de Febrero me vi en la necesidad de permitir al Cor nel Aldama abandonar ~u mando para restable cer su salud. Lo reemplace inmediatamente con el Coronel D. Scbastián de la Calzada, á quien confié al mismo tiempo las funciones de Jefe po·· lítico de la Provincia. Este oficial trasladó pronto su Cuartel ge­neral á N u trias, donde permaneció hasta la época de la cual habla­ré más adelante. El 5 de Enero salí de Calabozo con una parte de mi Estado Mayor de camino para Victoria, donde se reunía una junta de las principales autoridades de Venezuela, para arreglar los medios de proveer á las necesidades del Ejército. En seguida me encaminé á Valencia, de donde hice partir para España mis despachos, confia­dos á mi primer Ayudante de Campo el Coronel Villavicencio, y . al fin llegué á San Carlos, para observar los movimientos de Páez~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 510 BOLETíN MILITAR quien según los últimos informes que recibí, amenazaba la Provin­cia de Barinas. Las cartas del Teniente Coronel López me anunciaban que Bolívar continuaba por tlerra su operación proyectada, siguiendo la margen izquierda del Orinoco. Pero esta noticia no se verificó, pues Bolívar, aprovechando un viento favorable, subió rápidamen­te el río, saltó á tierra en la Urbana, y se reunió con Páez, que se encontraba con todas sus fuerzas en San Juan de Payara. To­dos estos detalles me fueron comunicados por ~relésforo Gutiérrez, soldado de mi Ejército, hecho prisionero pero que logró escaparse, y me fue envi..tdo por mi Jefe de Estado Mayor General D. Ra­món Correa. Gutiérrez me encontró en San Carlos. Partí inmediatamente para Calabozo, donde llegué el 10 de Febrero, despué~ ·de haber prevenido al Coronel Calzad:1 del movimiento que debía ejecutar sobre el Gua dar rama. Igualmente había ordenado á todas las tro­pas acantonadas en el Sombrero y otras posiciones, marchar sobre Calabozo para reunirse al Ejército é ir precipitadamente al socorro de San Fernando. Envié .orden al T~niente Coronel López de trasladarse al Guayabal, y atacar de paso, si era necesario, los restos de las tro­pas de Zaraza y Rondón que se atrevieran á aguardarlo. Todas las guarniciones y partidas volantes recibieron sus instrucciones, y establecí puestos de comunicación entre Calabozo y los sitios avanzados de Camajuán y Guayabal, donde dejé alguna caballería. Estas avanzadas fueron rechazadas el mismo día que llegué á Calabozo, y se replegaron sobre la plaza. El día siguiente, al entrar la noche, llegó el Regimiento de húsares, que para más grande comodidad de los caballos, acampó abajo de la ciudad, donde quedaban aún algunos pastos. El mismo día supe que una partida del enemigo se había pre,:;entado en el paso del río Orituco, poco apartado de Calabozo. Se creyó que eran solamente algunos exploradores, porque no era probable que los rebeldes hubieran levantado el sitio de San Fer­nando, que emprendieron con tanto ardor; además debíamos des­cansar en los avisos de nuestras avanzadas. Durante la noche preparé una orden de marcha sobre San Fernando, para comunicársela á las tropas al día siguiente, 12 de Febrero, por la mañana. Pero desde las ocho de la mañana los enemigos se presenta­ron en la llanura de Calabozo, primero en pequeño número, luégo con todas sus fuerzas, consistentes en 2,500 hombres de caballería y cerca de 1,soo de infantería, y dos piezas de campaña. La infantería enemiga estaba apoyada con la artillería en el camino de Guardatinajas, y la caballería formaba una especie de semicírculo al rededor de la ciudad, interceptando el camino entre ·los dos campos, y se dejaba ver hasta la orilla derecha del Guairia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'.L'fN MILITAR 511 En la orilla izquierda de este río el enemigo no tenía smo algunos destacamentos, pero en número suficiente para estorbar nuestras comunicacionas con el interior. En este estado de cosas, el Batallón de Castilla y los húsares se encontraban separados de mi cuerpo de Ejército, así como una compañía de cazadores del Regimiento de Navarra '1ue se había reunido á ellos. rrenía en la plaza do:. Batallones del Re­gimiento de Navarra y de la Unión con tres p~czas de artillería. Desde la primera descarga monté á caballo con mi Estado Mayor y me dirigí á la sabana, donde tomé las medidas del caso para facilitar á los cuerpos separados los medios de replegarse á la plaza. El Batallón de Castilla logró e~te fin sin resistencia, no obs­tante que el enemigo pudo impedírselo; pero su buena presencia de ánimo en columna cerrada se impuso á los rebeldes y rechazó toda esta parte de su circunvalación. Los húsares y los cazadores de Navarra. fueron menos afortu­nados: todas las fuerzas enemigas se dirigieron á su encuentro ; habían comenzado su marcha en el mejor orden posible, y ya lle­gaban á la sabana limpia cuando la totalidad de la caballería les cargó en todas direcciones. Como los h1ísares no excedían de 300, es fácil adivinar cuál sería el resultado de una lucha tt~n desigual. Los húsares sostuvieron valerosamente varias cargas; pero, siem­pre acometidos por tropas frescas, perdieron 40 ó 50 hombres entre muertos y prisioneros. El resto logró retirarse á la plaza, con ex­cepción de algunos soldados que fueron obligados á dispersarse y huír á los bosques.-:.._(Ccntinuará} PvZO'O'ln~DOS DE LA CAMPAÑA DE 1876 Y 1877 (üonclusi6n) El General aprobó el convenio y de una vez empezó á darle estricto cumplimiento; las armas y municiones fueron entregadas á satisfacción de la persona encargada de recibirla~, y los bagajes que existían se devolvieron á sus dueños, todo lo cual satisfizo plenamente á los Comisionados del Gobierno, quienes expidieron en seguida los salvoconductos para la seguridad personal de Jos amnistiados. Disolvióse inmediatamente el ejército de la Rege­neración que existía en la Provincia de Ocaña, reservándose cada uno de los jefes y soldados la divisa que había usado durante la campaña; y con aire de vencedores, que era el que correspondía á aquellos valientes que durante ocho meses habían soportado con estoica resignación toda clase de sufrimientos, regresaron á sus hogares) haciendo antes á su Jefe la promesa de acudir al prim<:r Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 512 BOLETÍN MILITAR ll~m~miento que les hiciera para defender la causa de sus con­vlccwnes. Es de ocasión consignar aquí que los. Comisionados del Go­bierno, en particular el Dr. Salvador Camacho Rold.ín, desplega­ron patriótic0 interés en celebrar las negociacione á que no he­mos referido, y en que fueron efectivas para los con ervadores ]as promesas de paz y de seguridad personal que se hicieron en el convenio. La conducta de aquel republicano sin tacha fue admi­rada y aplaudida entonces, e mo merecía serlo ; y nosotr s, que como conservadores ocañeros gozámos de Jos b ... neficios que ella produjo, nos consideramos en el deber de manife tarJen uestra gra­titud, lo que hacemos hoy con po itiva sati ' f-icción. D.:!spués de pacificada la Provincia de O caña, se retiró el General Quintero á vivir con Lt mo estia que ha acostumbrado siempre, y que tánto satisface sus humildes aspiraciones, al pueblo de La Cruz, donde se dedicó á trabajar con notable interés y acier­to por la reorganización de su partid ; en esa época fue cuando se hizo conocer, por su correspondencia epi tolar, del Dr. N úñez y de otros personajes, á quienes llamó la atención el talento y el juicio con que desde el retiro en que habitaba, juzgaba iempre la situación política del país. En ese pueblo permaneció el General hasta el año de r 883, en que, habiendo sido elegido miembro de la Junta de Delegados del Partido Conservador, vino á e ta capital á asi tir á las sesio­nes de tan respetable corporación. En la guerra que estalló en Santander en r 884, contra el Gobierno del General Wilches, no quiso tomar parte el General Quintero, porque consideraba que era sumamente peligroso para los conservadores hacer causa común con lo libe rale, y a í lo ma­nifestó á una Comisión que, e n el objeto de conocer su pinio­nes, le enviaron varios copartidarios de B ucaramanga que tenían interés en apoyar la rebelión, y á quienes hizo retirar de sus filas. Vamos á terminar la tarea que nos impu irnos, y por la rela­ción que hemos hecho de lo· actos de valor y de arrojo ejecutados por el General Quintero y u, compañPro durante la campaña de 1876 y 1877, se verá que no hubo exageración de nuestra par­te al decir en el primero de estos rn~l forjado e crito , que esa campaña es una de las más importantes que se han ejecutado en el país en nuestras guerras ci vi le ; por esta relación se p drá tafn­bién apreciar de qué magnitud fueron los servicios pre· tados á n4.estro partido en aquella época por el Jefe á quien, andando el tiempo, vimos luégo ocupar, aunque por pocos días, el solio en que se sentaron Bolívar y Santander en los tiempos de la Gran Colombia, y Márquez, Mallarino y 03pina en los buenos tiempos del Partido Conservador. IGNAUO S. HOYOS Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 127

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