Saltar navegación e ir al contenido principal
Biblioteca digital de Bogotá
Logo BibloRed
Cargando contenido
¿Qué estás buscando?
  • Escribe palabras clave como el título de un contenido, un autor o un tema que te interese.

  • Búsqueda avanzada

Seleccionar

Contenidos y Experiencias Digitales

Filtrar

Formatos de Contenido
Tipo de colección
Género
Idioma
Derechos de uso

Selecciona contenidos según las condiciones legales para su uso y distribución.

Estás filtrando por

Cargando contenido

Se encontraron 17787 resultados en recursos

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 4

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 4

Por: | Fecha: 26/01/1901

~~~ BoooTA, EHER026DE1901 SERIE II-TOMO l-lf. 0 4. 0 BOLETIN ~IILITAR DE COLOMBIA btgaño del Ministerio de J Director ad honorem Guel'ra y del Ejército ~ F. J. VERGARA Y V. &n eolaboradores de este periódico loe + General de Ingenieros, Miembro de Jefes y Oficiales del Ejército f varias Sociedades Cientiftcaa DECRETO NUMERO ... DE r9oi (14 DE ENERO) por el cual se dictan varias disposiciones EJ Vtápresúienü de la Rep!íblica, encargado del Poder Ejecutivo. En uso de sus facultades constitucionales y legales, CONSIDI!:RANDO 1.0 Que los rebeldes no cuentan n el territorio de la Repd­blica con ningún Ejército regular, y que sólo ti nen guerrillas inca­paces de presentar batallas formales ; 2.0 Que esas guerrillas viven actualmente del merodeo, arrui­nando las riquezas particular y pública, y están incapacitadas para triunfar sobre el Gobierno y las instituciones ; 3.0 Que esas fuerzas irregulares se deniegan á s0meterse al Gobierno, no por el convencimiento que tengan de su propia fuer­za, sino en virtud de las noticias falsas con que las alientan los re­volucionarios urbanos ; y 4.° Finalmente, que conforme á las leyes, el Gobierno tiene facultad para vivir de los bienes de los enemigos situados en el territorio que ocupen sus fuerzas, DECRET.A Art. 1.0 Los Ejércitos deJ Gobierno que ocupen las Provin­cias sublevadas, vivirán en eJJas de Jos bieries de los desafectos al Gobierno. TOllO 1-7 • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Milita, Art. 2.0 Los Jefes de guerrillas que dentro de treinta días no depongan las armas, y continúen sosteniendo sus fuerzas · con em­préstitos y expropiaciones ó con cualquiera otra clase de expoliá­ciones, serán considerados como autores de robo cometido en cua­drilla de malhechores. §. El plazo concedido por este artículo se contará desde el día en que sea publicado por bando el presente Decreto en la capital del respectivo Departamento. Art. J.0 Los compradores y rematadores de bienes expropia­dos ó tomados por las fuerzas rebeldes, no adquieren dominio sGbre la cosa comprada, que sus legítimos dueños pueden perse­guir en poder de cualquiera que la tenga, sin perjuicio de la acción directa contra el comprador ó rematador, son cómplices del delito de robo, é incurren, además, en una multa igual al valor de la cosa comprada 6 rematada y en la pena de tres años de confina­miento en el lugar que designe el respectivo Jefe Civil y rvtilitar de Depl'.rtamento. Art. 4.0 Los que por medio de impresos, cartas, postas 6 de .cualquiera manera propalen noticias falsas que tiendan á hacer persistir á los rebeldes en su actitud hostil, 6 los auxilien con re­cursos de cualquiera especie, serán reducidos á prisión, que sufri­rán en las cárceles de Cartagena por el término que dure la rebe­lión. §. Los Jefes Civlles y Militares de los Departamentos harán efectivo lo dispuesto en este artículo por simples resoluciones ad­ministra ti vas. Comuníquese y publfquese. Dado en Bogotá, á 14 de Enero de 1901. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERo C.-El Subse­cretario de Relaciones Exteriores, encargado del Despacho, AN­TONIO JosÉ URIBK-El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, MIGUEL ABADlA MiNnEz-El Ministro de Guerra, josi DoMINGO ÜSPINA C.-El Ministro del Tesoro, E:f­RIQUK RxsTRRPo G ARCÍA. DECRETO NUMERO ÓL (RNKRO 18 DE 1901) por el cual ae regulariza la circulación de los billetes de cincuenta pesos ($ 9G) fabricados en la litografía de Otto Schroeder El Vicepresidmie de la Reptíblica, encargado del Poder Ejentti'IJfJ, En uso de sus facultades, y CONSIDERANDO . 1.• Qye en la Litografía7 dirigida por el Sr. Otto Scbroedcc, que estaba encargada de fabricar billetes para el Gobierno,~ • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mz'lt'ta., ·'99 perpetró en la noche del 17 de Septiembre último, por Reinaldo Goelkel, un hurto de esqueletos de billetes de cincuenta peSos ($ 50) que, al haber sido emitidos por el Gobierno, habrían repre­sentado legítimamente la suma de un millón ciento diez mil sete­- cientos cincuenta pesos ($ 1.1 10,7 50); 2.0 Que esos esqueletos fueron puestos en circulación por el ladrón, de quien han sido cómplices para ese efecto los revoluciO­- narios y sus parciales ; 3.0 Que el Gobierno tiene datos exactos de que los proventos de ese hurto se han destinado al fomento y auxilio de la presente rebelión, lo cual es, por otra parte, de pública notoriedad ; 4· 0 Que como consecuencia de esos hechos, y á pesar de las varias disposiciones que el Gobierno ha tomado para hacer cono­cer los billetes ilegítimos, éstos han venido á parar, en cantidades considerables, á manos de gentes, muchas de ellas inocentes y des­validas, y merced á la violencia que en gran número de casos les ha sido hecha. por los revolucionarios ; 5. 0 Que la desconfianza que este hurto produjo n cesaría­mente, con relación al tipo de billetes de cincucuta pesos ($ 50), ha hecho que la circulación de ese tipo se dificulte en gra:n mane­ra, con detrimento del Fisco y de los particulares. DECRETA Art. 1 .0 Decláranse de curso forzoso en todas las Oficinas pú­blicas y particulares, y en toda cJasc de transacciones, los billetes de cincuenta pesos ($ 50) editados en la Litografía del Sr. Otto Schroeder, cualesquiera que sean las circunstancias relativas á la numeración, sello y resello de que hayan podido tratar resoluciO­nes del Gobierno anteriores al presente Decreto. Art. 2.0 Para indemnizar al Tesoro público del perjuicio que le ocasiana el reconocimiento que por el presente Decreto se orde­na, el Gobierno procederá á imponer las contribuciones de guerra necesarias, al tenor de lo permitido en el artículo 121 de la Cons­titución, y de lo preceptuado en los 182 y 231 á 234 del Código Penal, sin perjuicio de la responsabilidad criminal en que han in­currido los autores, cómplices y auxiliadores del referido dehto. Dado en Bogotá, á 18 de Enero de 1 go 1. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QUINTERO C.-El Subse­cretario de Relaciones Exteriores, encargado del Despacho, AN­TONIO JosÉ URIBE.-EI Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, MIGUEL ABADiA MENDEz.-EJ Ministro de Guerra, JosE DoMINGO ÜsPINA C.-El Ministro del Tesoro, EN· JUQUE R.ltsTREPO GARCÍA. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. , B olet{n M t'lita;;. DECRETO NUMERO 49 DE I9DI (16 DE ENERO) por el cual se confieren varios ascensos El Vicepruidenle de la Rept:blica, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Artículo único. Asciéndese á Generales en jefe á los Sres, Generales Ramón González Valencia, Carlos Albán, Lucio Velas­co, Toribio Rivera, Manuel José Uribe, Enrique Arboleda, Ma- ' riano Ospina Chaparro, Mariano Tobar, Julián Arango, Nicolás Perdomo, Pedro Nel Ospina y Pompilio Gutiérrez. Dése cuenta de estos ascensos al Honorable Senado en sus pr6ximas sesiones, para los efectos constitucionales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 16 de Enero de tgor. JOSE MANUEL MARROQUIN. El Ministro de Guerra, Josi DoMINGO ÜSPINA C. DECRETO NUMERO 46 DE I9DI (16 DE ENERO) por el cual se hacen varios nombramientos El ftí'cepresidenle de la ReptíÓHca, encargado del Poder .Ejecutivo, DECRETA Art. 1.0 Por renuncia admitida al Sr. General Jorge Moya Vásquez del puesto de Comandante en J e fe d e l Ejército de Boya­cá, nómbrase en su reemplazo al r . G neral Julián Arango. Art. 2. 0 Hácense además los siguiente s nombramie ntos para el Cuartel general del mismo Ejército: J fe de Estado May ·x ge ... neral, Sr. General Manuel Jiménez López; Primeros Ayudantes generales, Sres. Coroneles Juan de Dios Sánchez y Carlos Julio Piñeros; Segundos Ayudantes generales, Tenientes Corone les Hi­pólito Herrera y Luis M. Ortega; Adjunto, Teniente Roberto Fe­rrer; Habilitado, Teniente Coronel Alejandrino Antolínez, asimi ­lado á su grado para los efectos fiscales. Art. J.0 Nómbranse los siguientes empleados administrativo del Ejército de Boyacá: Capellán, R. P. Enrique Albela, asimilado á primer Jefe de Cuerpo para los efectos fiscales ; Intendente .• Ge­neral Esteban Esca116n, asimilado á su g-rado para los efectos fis­cales; y Comisario Pagador, Coronel Enrique Ortiz, asimilado á General para los efectos fiscales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 16 de Enero de 1901. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, JosÉ DoMINGO ÜSPINA C. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar DECRETO NUMERO ... DE IlJOI ( 12 DE ENERO). por el cual se hace un nombramiento IO.( El Vi'cepresidmte de la República, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Artículo único. N6mbrase Comisario Pagador del Ejército en operaciones sobre el Norte del Departamento de Bayacá al T~­niente Coronel Juan de Dios Sánchez, asimilado á Coronel primer jefe de Cuerpo, para los efectos fiscales. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 12 de Enero de Igüi. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, JosÉ DoMINGO ÜSPINA C. DECREJO NUMERO ... DE r9or ( 1 2 DE ENERO) por el cual se hace un nombramiento lli Vicepresidente de la Repllblz'ca, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Artículo único. N6mbrase Comisario Pagador de las fuerzas -en operaciones sobre las Provincias de Ubaté y Chiquinquirá al Sr. Cor nel Rafael Urdaneta, asimilado á su grado para efectos fis­cales. Comuníe¡uese y publíquese. Dado e n Bogotá, á 12 de Enero de IgüL JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, Jo É DoMINGO ÜSPINA C. DECRETO J\TUMERO ... DE r9oz ( 14 DE ENERO) por el cual se hace un nombramiento El Picepresidenle de la R epúblt'ca, encargado del Poder Ejecutivo, Dli:CRETA Artículo único. N6mbrase Comisario Pagador de las fuerzas á. órdenes del Coronel Justo Guerrero, jefe Militar de la Provincia de Guatavita, al Sr. Moisé ~ DQlgado, asimilado á Coronel para los efectos fiscales. Comuníquese. Dado en Bogotá, á 14 de Enero de 1 go 1. JOSE MANUEL MARROQUIM El Ministro de Guerra, JosÉ DOMINGO OsPINA C. 1 N O 0" r L ~ p lltt 1 1e(to., .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ' . I02 Bo/et{n Milttar- ~nrt€iual .ESPIR/7 V IJE UN ARTÍCULO , CONSIDERACIONES SOBRE EL ARTICULO 21 DE NUESTRAS •6R.DENKS GENERALES PAllA OFICIALES" "Todo Oficial que tuviere orden absoluta de conservar su puesto á toda costa, lo hará." Breve, frío é imperante, este hermoso artículo de nuestras .Ordenanzas compendia en su laconismo, verdaderamente esparta­' rio, todo el espíritu de nuestra profesión, que es la religión del honor y del deber, de la abnegación y del sacrificio en aras de la Patria. Sin perífrasis ni artificio de ningún género nos prescribe la obligación de morir cuando, á juicio del superior, sea preciso sal­var el honor de las armas ó impedir una derrota, y viene á ser como un resumen de toda disciplina, de toda obediencia y de to­das las virtudes militares, sin las que sería imposible llevar al com­bate ninguna fuerza armada que mereciese dignamente el nom­bre de Ejército. Todos los grandes hechos de la Historia militar; todas las. proezas individuales, y aun todos los preceptos de nuestras admi­rables Ordenanzas, han tenido que inspirarse en la severidad in­flexible de este artículo, para cuyo cumplimiento es preciso sentir la vocación del heroísmo y profesar en nuestra religión, cuyo sím­bolo es la bandera nacional, y cuyo lema es morir por ella cuando recibamos orden., de mantenerla enhiesta á todo trance y á toda costa. Leonidas en el desfiladero de las Termópilas; Guzmán El Bueno en los muros de Tarifa; Palafox en Zaragoza; Al varez de Castro en Gerona, y en nuestros días los defensores de la Torre de Colón y los de Baler, pertenecen á la pléyade laureada de hé­roes que nos alientan señalándonos el camino de la gloria que ellos conquistaron obedeciendo ciega y valerosamente el terminante precepto contenido en este sublime principio de nuestros cánones; artículo, además, eminentemente altruísta, puesto que exige, en. las ocasiones supremas y decisivas, el sacrificio de los menos para.. la salvación de los demás. "Teniente Coronel, dijo en cierta oca­sión Napoleón, resistid con el cuerpo de vuestro mando, allí donde la salvación del Ejército exige que todos perezcáis." · El deber del sacrificio no es peculiar de ningún Ejército, ni de ningún pueblo, ni menos de determinada época. Este deber es tan antiguo como el sentimiento de la Patria y la noción de defender­la; de aquí el que la Historia presente, desde la más remota an­tigüedad, innumerables ejemplos de indomable fiereza y de valor · temerario, que tiempos después dieron lugar á estas severísimas prescripciones, al propio tiempo que progresaba el Arü miltlar y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mü·ita'" I03 la organización de los ejércitos; y así, lo que antes se practicaba por la mera intuición del deber, por el innato sentimiento del ho­nor y de la valentía de los ánimos esforzados, ha venido á ser el fundamento de los códigos militares y lo que más carácter y preS­tigio imprime á la por todos títulos noble profesión de las armas en las naciones cultas del mundo que tienen ejércitos bien conS­tituidos. En Esparta, la ley mandaba á Jos ciudadanos que iban á la guerra vmcer ó morir, y las mismas madres exhortaban á sus hijos para que se hicieran matar antes que volver vencidos á sus hoga­res. No hay nada comparable á la sublimidad del sacrificio lleva­do á cabo por los 300 espartanos que, con su Rey Leonidas al frente de tan maravillosa raza de titanes, aceptan estoicamente su muerte en horrible y desigual combate contra los innúmeros ene­migos que iban en pos del fastuoso Jerjes, Rey de Persia. Ni en la Historia antigua ni en la Historia moderna podrá hallarse un hecho semejante al Paso de las Termópz'las, el acto más heroico, la hazaña más memorable y valerosa que ha podido llevar á cabo un caudillo con la fuerza de su mando. Y bien sabemos que en el si­tio que aquellos defensores convi1·tieron en altar de sacrificio, un epitafio dice con sencilla elocuencia: Pasajero, vé á dedr á Esparta (jUC sus hijos han muerto 'por obedecer sus santas leyes. ¡Dichosos los pueblos que llaman santas á sus leyes y tienen el fanatismo de mo­rir por ellas 1 Estos hechos nos demuestran que el espíritu del artículo 21 de nuestras Ordenes generaleJ para Ojidales lo practicaban aquellos re­motos pueblo y lo consignaban en sus leyes como necesario para la salud de la Patria. En la Edad Media se nos presenta un caso histórico, la defen­sa de Tarifa por D. Alonso Pércz de Guzmán, en el que encarna el artículo citado como ejemplo de la defensa de un puesto á toda costa; y en este esforzado caudillo es de admirar su fidelidad al Rey Sancho tv El Bravo, su valor, y la entereza de ánimo que ne­cc itó para salir victorioso de la durísima prueba á que lo sometió el sitiador, el Infante D. Juan, presentándole ante los muros de la plaza al hijo de aquél, maniatado y como precio de la rendición. A esta villanía de refinada crueldad, todos sabemos cómo contestó el defensor de Tarifa: prefiriendo que con su mismo puñal se con­sumase el sacrificio de aquella inocente criatura, antes que entre­gar la plaza de que el Rey le hiciera guardador, dando con esto á entender que sus entrañas de padre eran ~ tan firmes como el indo­mable valor de su ánimo y como la acrisolada lealtad de su pecho. ¡Bien merecido tiene el sobrenombre de El Bueno!; y el recuer­do de tan bravo caudillo e uno de los mejores timbres de la fie­reza incontrastable de nuestra raza. Más cercanos á nuestra época están los nombres de Palafox y Alvarez de Castro, citados anteriormente y que se inmortaliza­ron defendiendo á toda costa las memorables plazas de Zaragoza y Gerona, respectivamente, que nos recuerdan las horribles escenas de Sagunto, Numancia y Calahorra. Y ya en nuestros tiempos, y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milt"tt~r para que se vea cómo ni los años ni las costumbres han podido al­terar el verdadero espíritu del artículo que nos ocupa, .nos han presentado las guerras coloniales ejemplos de abnegación y forta­leza de ánimo en el episodio de la Torre óptica de Colón y en la defensa de Baler, que ha sorprendido, con admiración de propios y extraños, por las singulares circunstancias en que se ha realizado . ••• Todos estos acontecimientos, y los innumerables de la misma índole que e5maltan la historia de los pueblos, podemos repetir que tienen por fundamento el espíritu del artículo 21 de nuestras Ordenes generales para Ofidales, que no es otro que el espíritu del honor que debe sentir todo militar, máxime si ejerce algún mando, por muy subalterno que sea. En este artículo, tal vez más que en ningún otro, es donde es­triba la diferencia inmensa que existe entre las fuerzas que cons­tituyen un Ejército y las híbridas acumulaciones de las turbas ar­madas como de las enormes masas persas de Jerjes, los salvajes mexicanos de Motezuma, las bárbaras de Atila y todas las demás de que nos da cuenta la Historia, siendo comparables á cuerpo$ iin alma, sin nervios y sin otra trabazón en sus miembros que la fuerza bruta del despotismo y de la barbarie de sus soberanos y caudillos; fuerzas, en fin, completamente ajenas á toda moral mi­litar, á toda virtud, á todo honor, á toda abnegación y sacrificio para los momentos decisivos de los combates. Así es como se ex­plican las grandes victorias de los pocos, buenos y bien disciplina­dos, contra las muchedumbres reclutadas apresuradamente entre una población de esclavos ó de bárbaros sin ideales ni nociones de los altos principios d e l honor militar. Véase, por Jo expuesto, cuán grande es nuestro deber de con­tinuar la leye nda del honor inspirada en la severidad de las Orde­IUS generales para Oficzales, muy particularmente cuando llega la hora suprema del sacrificio, que en modo alguno se puede eludir, pues si bien según el d e recho natural es permitido defenderse del peligro inminente sin incurrir en pena, la profesión de las armas remonta sus votos y juramentos á otrá.s esferas más sublimes y ejemplares que las prosaicas exigencias de la propia naturaleza. En las modernas formas de combatir influyen, más que nunca~ las condicion es morales del combatiente, y cualquiera que sea la categoría del Jefe de la fuerza, atleta ó pigmeo, puede y d e be cumplir la orden terminante de sacrificarse y de imponer á los de­más esta obligación. Ba ta para todo esto la fortaleza de espíritu, que quien no la tuviere puede adquirirla mediante la educación y el conodmiento de sus deberes, y quien no la sintiere así, no puede pertenecer dignamente á esta profesión, que tantas veces exige el ~acrificio de nv.estras afecciones y de nuestras vidas. Pero de lo sublime á lo ridículo no media más que un paso ; paso muy posible de darlo, pues donde hay disc.iplina se manda y obedeGe fácHmente ; m~ lo, dif{cil es mandar con acierto, y puedo haber incurrido en error al presentarlas; el modo verdadero de verificar lo dicho es analizarlas conforme se indica en su lugar, y entre más defectos les halle el oficial estudioso, más segura prueba tendremos de su labor en el asunto. 57. Empero, al aplicar este procedimiento de instrucción, debe cuidarse de no forjars~ un cierto número de variantes sobre los tipos reglamentarios para repetirlas mucho en busca de una eje­cución correcta. No es de esto de lo que se trata; no es aprender un oficio reducirse al estudio de alguno casos particulares, porque e to equivale á rechazar la reflexión y la inspiración. 1 ampoco se trata de transformar los tipos reglamentarios repitiendo la tarea en vista de lo CJUe habrá de ejecutarse en las insJ:-ecciones, puesto que de antemano no pueden conocerse los problemas que propon­drá 1 Inspector, de donde el que sea preciso estar listo para re­solver todos los casos posibles al presentarse y no sólo algunos de ello 58. En fin, al tratarse de la caballería, es decir, de sus ata­que , es preciso atender á otra circunstancia capital : hablo del cómputo del tiempo. A mi juicio es mejor, n tal caso, que la compañía permanezca en el lugar que ocupa, quieta, una vez to­madas las disposiciones convenientes, á lo menos un cuarto de mi­nuto antes del choque previsto; porque calmar la tropa antes de ese crítico instante es cosa tan necesaria, que creo vale más obte­nerlo que hacer una descarga. Con el mismo fin opino por supri­mir en las voces de mando todas las palabras que no son esencia­les, sobre todo en las preven ti vas. Por ejemplo, para el tiro con­tentarse con mandar carguen, y para ordenar el fuego prescindir de indicar el blanco y la distancia, pues es evidente que basta di­rigir sobre los. pies de los caballos la línea de mira natural. Quien lo dude, que con reloj en mano observe cuánto tiempo se emplea en tales mandatos, y en las cargas de la caballería el éxito suele depender de ganar algunos segundos conforme queda dicho. Observación. Si la caballería se detiene á regular distancia, 2,000 pasos digamos, del flanco 6 frente de la compañía, no preo­cuparse por ello; destacar una patrulla de observación y continuar TOMO 1-8 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • Bolet{n Milz'tar cumpliendo las órdenes recibidas, de manera que contra ella no se tomará disposición especial sino cuando amenace cargarnos. Como regla general ; no preocuparse con una caballería sólo porque aparece en el horizonte, sin ademán de atacarnos, y no incurrir en el frecuente error de detenerse para resistirla porque la vemosJI. aun cuando no trate de atacarnos- ConHntl!. ------- ~~·-------- EL MANDO Y LA INICIATIVA • Teniendo por costumbre dar á la publicidad mis ideas é im­presiones sobre asuntos militares, y creyendo qüe con ellas, si no aprenden, recordarán mis subordinados cuanto es preciso no olvi­dar para mantener constantemente el entusiasmo por el arma, de ahí que de vez en cuando con vierta la orden del Cuerpo en confe­rencia y dedique á los Jefes y Oficiales el fruto de mis observacio­nes en aquellos asuntos que más contribuyen á sostener y levantar el espíritu militar, creando el verdadero compañerismo, difundien­do á la vez ideas y conceptos sobre los servicios que está llamada á prestar la Caballería y la forma y modo de ejercer el mando, para que, á la vez que enérgico y absoluto en los casos precisos, sea en todo tiempo agradable y eficaz, pues como decía hace años un ilustrado General del Arma, para ser enérgico no hace falta, en quien tiene en su mano la autoridad para imponer el cas­tigo, ser rudo y violento, porque nada sienta mejor ni n::tda hay que más e.naltezca la superioridad ?e la persona como el conoci ... miento qu e han de tene r sus subordmados el e que la le y y la razón han d e se r siempre los móvil e d e s u conducta. Y para e 5to hay que se r d esapasionados, no d e jarse ll evar d e las prime ras impre­sion e s ni juzgar de lige ro y pre cipi tadam e nte los h e chos, ino ma­durar las d e te rminaciones, procurando d e finir y separar la faltas voluntarias de las qu e se comete n incon s ci ente m e nte, así co mo á los que por instinto ó maldad e j e r cen e l daño, de los que lo hac en por ignorancia; que si á toda falta ha de s eguir sie mpre el castigo en la milicia, éste ha de ser proporcionado al daño que se trata d e corregir, siendo de efecto más útil, por ejemplo, en la marcha or­dinaria de los servicios, saber esperar el momento favorable para llamar la atención del subordinado, que hacerlo en todas oca" siones y por rutina, pues entonces, además de no convencer y co .. rregir, se le perturba en el ejercicio de sus funciones, aturdiéndole y fatigando su espíritu inútilmente. Tampoco los gritos y ademanes descompuestos son las formas más á propósito para conseguir estos fines, pues he aprendido en la práctica que los que más se hacen respetar y querer de sus subor­dinados son aquellos que, usando buenas formas, llevan al ánimo del soldado ú oficial el convencimiento y la razón del castigo ó re­prensión á que se haya hecho acreedor, sin que esto esté reñido con las dotes necesarias para el mando, que más que esos desplan ... • De unas Conferencias que su autoriedica á los Jefes y Oficiales del R zitniento Cazadores de Galicia, 25 de Caballería. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mtlitar I!;S tes, los da la seriedad en el servicio, la formalidad en todos los actos, el respeto á los superiores y la consideración y buen trato á los inferiores, pues el ejemplo en el que manda es la mejor ense­ñanza para el inferior, que, por punto general, copia é imita en todo á quien tiene que obedecer. Tampoco acusa mayor interés y celo por el servicio aquel que aguarda que esté el s~erior delante para reprender; lo cual e~ también contrario á la disciplina y revela que no ha cumplido an­tes con su deber, ni el que más se descompone é irrita, sino el que con calma y persuasión, demostrando su competencia en todos los asuntos militares y absoluto dominio sobre sí mismo y sobre sus subordinados, les hace más fácil y agradable su paso por el Ejér­cito, sacando todo el partido posible de las diversas aptitudes de cuantos tiene á sus órdenes; que el mando no sólo se ha de ejer­cer por la autoridad que da el empleo, sino también, y en parte muy principal, por su reconocida superioridad, excelente educa­ción y distinguido trato; cosas, repito, y dispensadme si en esto insisto mucho, que no están reñidas con la energía en el mando, la absoluta obediencia en cuantos tienen que obedecer, y una bue­na subordinación y disciplina ; bases, como todos sabéis, de un buen ejército, y cualidades que, en el poco tiempo que tengo la honra de mandaros, me complazco en reconocer en todos vos­otros, y que confiadamente espero seguiré reconociendo mientrai el destino nos tenga reunidos. Os dije á mi presentación que yo gustaba de conocer las ini­ciativas de todos, para lo cual dejaría á cada uno dentro de su es­fera moverse con holgura, para que llevase á la práctica sus en­señanzas; en lo que no creía obrar mal, pues en último término siempre estaba mi autoridad para contenerlas ó corregirlas al]{ donde esas iniciativas pudiesen ser perjudiciales para la marcha armónica del regimiento; é insisto hoy sobre este punto, porque nada, á mi juicio, dignifica tanto al hombre, y por consiguiente al empleo que ejerce, como la responsabilidad de sus actos, y nada le enseña mejor á pensar y resolver como esa iniciativa, que le hará incurrir en elogio ó en censura, según el criterio que des­arrolle, pero que siempre le enseñará á mandar y resolver por sí los problemas de la vida, sin esperar y consultar á cada momento la opinión del superior; que si este sistema es cómodo y descan­sado por la irresponsabilidad que en sí lleva y lo poco que tiene que discurrir el inferior, en cambio embota los sentidos, y cuando el caso llega, todo son dificultades y dudas, cuando precisamente en nosotros los que pertenecemos á esta Arma, toda acción, todo movimiento, pensar y obrar, deben ser cosas simultáneas. El acostumbrarse á que el jefe intervenga en todo y lo dispon­ga, repito que será muy cómodo para algunos ; pero creo yo que el oficial que tenga amor propio, el oficial que en algo se estime, se debe sentir mortificado, pues el no dejarle iniciativas dentro de su empleo, es reconocer su incapacidad 6 convertirle en un resorte mecánico, sin acción ni espíritu propio, sin más virtud ni más méri­to que el de una sumisión inerte. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. IIÓ B olet{n Milita,. Por eso hoy de nuevo os invito á que desarrolléis vuestras ideas; á que demostréis en toda ocasión y con cualquier pretexto vuestro deseo de mejorar la marcha del regimiento en instrucción, disciplina y conocimientos que redunden en beneficio del Arma, pues esa c;onfianza para llevar á la práctica esas iniciativas que en vosotros d.eposito, confío ha de ser muy eficaz para que con ma­yor interés me secundéis en el mando, qub si es difícil para uno, se convierte en fácil y hacedero desde el momento en que todos por igual contribuyamos á su mejor marcha y desarrollo, sin que por ello deje de ser yo siempre el único responsable de la marcha tO­tal del regimiento. Y nadie mejor juez que vosotros para apreciar hasta qué punto estimula los sentimientos del honor y empeña la voluntad esa confianza que se hace á vuestra discreción y celo, de la que, á de­cir verdad, espero gran éxito, sin que por ello se mermen en un ápice ni mi autoridad, ni mi gestión en el mando, ni mis faculta­des, sino que, por el contrario, creo se ensancha y agranda mi ac­ción, puesto que tengo que moverme en esfera más amplia, toda vez que, teniendo que recorrer las mismas líneas que vosotros, he de desarrollar mis iniciativas y enseñanzas allí donde han de te­ner límites la vuéstras. Y para cimentar este derecho á exigir responsabilidades, doy holgura á todas las clases en el ejercicio ó desempeño de sus obligaciones, dejándoles así la responsabilidad de sus actos, y con ella la satisfacción ó la vergüenza de su conducta. En la inte­ligencia que hasta los errores y las torpezas en la vida ordinaria, hijos la mayoría de las veces de la inexperiencia, no pudiendo ser disculpados con la presión del J fe, su corrección ocasiona prove­chosa enseñanza, sirviendo de experiencia á los interesados y de lección á los demás, sin para ello ofender su dignidad, rebajar su actitud ni mermar arbitrariamente sus prestigios. Es cierto, y así tiene que suceder para que el mando sea una verdad, que el jefe principal asume en sí toda la responsabilidad, y para ello debe conocerlo é inspeccionarlo todo, para sancionarlo ó corregirlo cuando no esté con arreglo á sus instrucciones, pues no ha de servirle de disculpa ante sus superiores el descuido ó la omisión del inferior; pero para esto no debe descender constante­mente hasta los últimos detalles, y hacer necesaria su presencia en todos los actos, pues esa constante inclusión en el servicio de todos, acabaría por rebajar el nivel de su autoridad y anular á todas las clases, que precisamente están para auxiliarle y hasta para relevarle en muchos casos de la gestión directa y personal. El ilustre General Letona, de feliz recordación para el Arma, recuerdo que decía: " El cabo, el sargento y el Oficial tienen en sus revistas funciones de actores, porque están obligados á enmen­dar materialmente las faltas en que incurran la inexperiencia Ó el abandono de sus subordinados; pero el Jefe superior, cuyo deber es esencialmente el de hacer que los demás cumplan el suyo, pier­de por lo común en la influencia de su prestigio á medida que acentúa su predilección por los detalles, y hace monótona y can­sada la presi6n de su autoridad." Y esto es tan certísimo, que yo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B olet{n Mt.lita1• IT7 recuerdo, como él, el desagrado que he sentido y la violencia que me he hecho siempre que he estado á las órdenes de algún Jefe caracterizado por su infatigable detallismo, y como yo no soy de los que olvidan, de ahí que me afane por llevar á la práctica lo que la experiencia me tiene enseñado y lo que aconsejan los bue­nos maestros. Por último, yo soy de los que profesan la creencia de que aun en el trato militar muy bien puede hermanarse el compañerismo con el respeto y la confianza familiar con los deberes del servicio, consiguiendo con ello mayores frutos que con el aislamiento abso­luto, que nos priva de conocer al inferior hasta en sus públicas ma­nifestaciones, porque creo que nadie pone más empeño en salir airoso de su cometido, puesto que tanto le obliga, que aquel que á la responsabilidad de su cargo une la confianza y el aprecio de su Jefe, lo que viene á ser un aguij6n más para que, velando por el prestigio y buen nombre del compañero, quede siempre el Jefe en el lugar que le corresponde, y porque después de todo, ese prestigio y ese buen nombre recaerá sobre toda la corporación, y siempre es grato oír elogios del regimiento en que servimos y del Arma á que pertenecemos, y porque, en último caso, en su mano está eJ desprenderse del que, careciendo de mérito y de educaci6n mili­tar, pt·etend::t abusar de esa confianza. * * • Y no quiero terminar esta mi primera conferencia sin dedicar cuatro palabras á un asunto de actualidad, porque tengo el deber de dirigiro y aconsejaros, y aspiro á que además de vuestro Jefe me tengáis por vuestro consu1t01-, correspondiendo así á la confian­za que n vosotros depo ito comunicándoos mis impresiones, y por­que para mí sería un golpe rudo el que mis subordinados hiciesen acto alguno sin previa consulta, por muy independiente que lo cre­yesen del servicio, pues cuando menos acusaría no haber entre nosotros solidaridad de ideas, 6 que yo no había sabido inspiraros ese re pet y ese cariño de que he hablado en esta conferencia. Es el caso que estamos atravesando una época en que, con raz6n 6 sin ella-sin ella de seguro,-el pueblo nos mira con prevenci6n, y por eso mismo es preciso que la uni6n sea mayor y que extre­memos la nota en el cumplimiento de nuestro deber, velando por el prestigio del uniforme, por el decoro de la clase y por la digni­dad de nuestras personas. Precisamente hoy que se ha puesto de moda el rebajar nues­tros servicios y mérito, que se quiere 6 pretende reducirnos hasta lo imposible, hace falta que, demostrando gran amor al oficio, como nos aco:1seja la Ordenanza, 1levemos á todos los ánimos el con­vencimiento de que s6lo las naciones que poseen un Ejército fuerte y bien disciplinado podrán hacerse respetar. Y como esa fuerza y esa disciplina residen en nosotros, los Jefes y Oficiales, todos están en el deber de poner siempre de relieve su entusiasmo por la carre­ra, sus cualidades nobles y caballerosas, su porte digno y decente, su excelente trato social y su comedimiento al hablar de nues­tros asurt+os, pues esas son las garantías que hemos de presentar á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. II8 Boletfn Milüa,- todos nuestros detractores para demostrarles que el Ejército ha de responder siempre á lo que la Patria tiene derecho á exigirle, ha­ciéndoles comprender también que aún hay hierro bastante en sus venas para soportar con vigor las desflichas, y que tiene en su or­ganismo ardimiento y virilidad suficientes para acometer todas las empresas. . Por esto os aconsejo que animéis al que entre vosotros sea mdolente, que convenzáis al incrédulo, que corrijáis al extraviado, si hubiere alguno, y que todos nos aunemos para hacer brillar el uniforme y para que todos vean que debajo de una guerrera late siempre el corazón de un soldado digno y caballeroso y con en­tusiasmo para defender el j~ramento prestado á los Estandartes y velar por el prestigio del Arma, y reverdecer, si el caso se pre­senta, los laureles de los gloriosos hechos de armas llevados á cabo en otros tiempos por nuestros dignos ascendientes y valerosos guerreros. RICARDO CARUNCHO, Coronel del 25 de Caballería. (De la Revista Tlmica dt /nja1tftrla y Cabal/tria de Madrid, España). ------- ~------- TACTICA DE COMBATE DE LA CABALLERIA Fuera del campo de batalla y delante de las columnas com­puestas de las otras armas, la caballería está. llamada á asegurar un servicio de exploración y un servicio de seguridad, en primera línea, y un servicio de protección inmediata á las columnas. En principio. se confía la exploración á las divisiones de ca­ballería in 1ependi e nte que pueden operar aisladamente ó ser agrupadas en cuerpo de caballería. La seguridad de primera línea es asegurada por las brigadas de caballería de los cuerpos de ejército que están-6 s e encuentran á disposición de Jos comandantes de cuerpos de ejército 6 reuni­das por grupos de tres ó cuatro-bajo las órdenes de un General de División que no depende entonces sino del General de ejército. , SERVICIO DE EXPLORACION La exploración tiene por objeto explorar el país, tomar el contacto con el enemigo y conservarlo constantemente, combatir y rechazar á la caballería adversaria, para aproximarse á las masas enemigas ; apreciar sus fuerzas y conocer sus emplazamientos y sus movimientos, á fin de proporcionar al Comandante en Jefe las informaciones generales de que tiene necesidad para dirigir las operaciones. Reconoceré informar, tal es, pues, la misión d e la e xplora­ción, que constituye un servicio muy distinto, independi e nte de las tropas en marcha, y que sólo directamente contribuye á su pro­tección. El Comandante de la caballería de exploración recibe del Comandante en Jefe instrucciones precisas sobre la misión que tie­ne que cumplir ; pero aunque ciñéndose á dichas instrucciones, conserva su libertad de acción y adopta los procedimientos que juzga mejores. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .Boletín !Yfilitar SERVICIO DE DESCUBIERTA El cuidado de buscar al enemigo es confiado á elementos que constituyen el servicio de descubierta. Consiste este servicio, no en batir el campo en toda la extensión del frente de marcha, sino en dar golpes de sonda sobre puntos y direcciones determinados. Las fuerzas que se emplean con tal objeto deben reducirse á lo estric­tamente necesario, á fin de que el jefe de la exploración, que con­serva bajo su mano la más fuerte masa de combate posible, pue­da conducirla rápidamente sobre el punto en que llegue á ser oportuna su intervención. Se asegura la descubierta : 1. 0 Por patrullas de oficial que, lanzadas en la dirección en que se presume se encuentra el enemigo, no comprenden, además del oficial, sino á algunos jinetes escogidos, á fin de que pasen más inadvertidos, según el principio de que no se necesita ser muchos para ver bien ; y 2. 0 Por destacamentos cuyo jefes son elegidos con el may01· cuidado, y cuyo número, composición y fuerza, dependen del obje­lz'vo, del terreno y de las circunstancias. o teniendo estas patrullas y estos destacamentos por objeto combatir, sino proporcionar informes, jamás deben sus jefes sacri­ficar el objeto de su misión al deseo de distinguirse. Los destaca­mento de cierta fuerza sólo pueden combatir, pero la movilidad es para ellos, como para las patrullas, la condición principal del éxito. Informado por la descubierta, el comandante de la explora­ción marcha resueltamente sobre la caballería enemiga, la com­bat , y si queda victorioso, se lanza rápidamente hacia el grueso del enemigo, á fin de no darle tiempo de tomar medidas que se opongan á su aproximación. De preferencia opera sobre los flan­cos y espaldas del enemigo, que sin duda se encontrarán menos guardados y en donde puede causar un daño serio al adversario, mostrándose de improviso y fatigándolo sin cesar. Si es batido, maniobra para atraer á la caballería enemiga en una dirección opuesta á la que quería tomar, y lanza en esta última dirección pequ ñas patrullas, que quizá llegarán hasta el grueso del enemigo, pudiendo reconocerlo. Se emplean todos los medios de comunicación para asegurar la transmi ión de informes entre el servicio de descubierta y el 'Comandante de exploración, y también entre éste y el Comandante en Jefe, como estafetas á caballo, en carruaje ó en velocípedo, telegrafía eléctrica ú óptica, puestos de correspondencia, palomas mensajeras, etc. SERVICIO DE SEGURIDAD Seguridad en primera línea-En el servicio de seguridad en pri­mera línea la caballería, que precede más ó menos una jornada de marcha á la tropa que cubre, es responsable de su seguridad y desempeña frente á ella el papel de una extrema vanguardia. Marcha concentrada en lo posible, en la dirección principal indicada por el comando: vigila, por medio de patrullas de oficial y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I20 Bofe titt M ·ilitar de destacamentos, todas las vías de acceso utilizables por el enemi­go; proporciona al jefe superior todos los informes necesarios para las marchas, acantonamientos y operaciones del día siguiente; hace reparar y mejorar, en caso necesario, los caminos que deben seguir las columnas; hace preparar víveres cuando los recursos del IJaÍs lo permiten, etc. Como la exploración, la seguridad en primera línea debe,. pues, reconocer é informar; por otra parte, ella tiene también la obligación de proteger contra toda sorpresa á la tropa que cubre y de mantenerse en unión y en constantes relaciones con ella. Para aumentar la fuerza de resistencia de la caballería de se­guridad y recogerla en caso de necesidad, se podrá proveerla de sostenes de infantería y de baterías de artillería ; los cuerpos fran­cos, ó acaso en el porvenir, tropas de velocipedistas organizadas como en Inglaterra, podrán ser ventajosamente empleados en este servicio. Necesario es, sin embargo, guardarse, bajo pretexto de sos­tener á la caballería, de entorpecer y, por consiguiente, entra­bar su acción. Los sostenes deberán ser colocados bajo las órde­nes del comandante de la caballería, quien les indicará los puntos que deben ocupar y sobre los cuales, en ca o de un fraca o, podrá replegarse. En la proximidad del enemigo, la seguridad en primera línea debe continuar, completar y confirmar los informes proporciona­dos por la exploración. Sus patrullas tratan de precisar la exten i6n del frente del adver ario, us formaciones de marcha y los acantonamien·os ocupados; reconocen el terreno para hacer cono­cer los ob táculos, las facilidades de acceso, los abrigos, te. Cuando, por la proximidad d 1 nemigo, la caballería de ~e­guridad se ve obligada á detenerse, se mantiene en observación,_ continúa reconociendo y ocupa los puntos principales del t rreno, hasta que sea relevada por la caballerla divisionaria. Entonces se dirige á tomar, despejando los caminos, la colocación que le ha sido asignada por el comando. Prolecdón immdz'ala de colum1las-La mi ión del escuadrón agre­gado á cada división de infantería no consiste en operar reconoci­mientos, y menos aún en detener por medio del combate al enemi­go; consiste en afianzar la seguridad inmediata de la Di visión en todas las circunstancias de la guerra. Esta misión sobrepuja á todas las otras : los demás servicios (exploración, seguridad en primera línea) no están asegurados, en el límite de lo posible, sino en cuanto lo permite el efectivo de la caba11ería. La tarea del escuadrón divisionario será cumplida desde el momento en que haya señalado el enemigo á bastante distancia y con el suficiente tiempo para permitir á la División que se prepare á la lucha; es, pues, á una di tancia de 2,000 á 3,000 metros del camino seguido, á la cual debe operar el escuadrón. En marcha, la Di visión puede estar en un ala, encuadrada ó. excepcionalmente aislada. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn Mz'litar I2I División de ala-Las cuatro cuartas del escuadrón divisionario se reparten como sigue : La primera cuarta forma la punta de van~uardia y marcha á 3 kilómetros más ó menos de la cabeza de la vanguardia de infan­tería. Destaca sobre cada flanco una patrulla de 4 á 6 hombres, que marcha á su altura y á 2 ó 3 kilómetros del camino seguido. La segunda cuarta se fracciona de manera de suministrar una clase y algunos jinetes á cada guardia de flanco de infantería y á la retaguardia. Suponiendo, por ejemplo, que cuatro guardias de flanco de infantería cubran el ala amenazada, se pondrá una cla­se y cuatro jinetes en cada guardia de flanco, y una clase é igual número de jinetes quedarán para la retaguardia. Los jinetes de las guardias de flanco marchan entre la van­guardia y el grueso de la columna. Se destacan de la columna hasta el punto mismo que ocupen las guardias de flanco de infantería, á las cuales han sido agregados, las preceden sobre las posiciones que deben ocupar, las que exploran desde lejos; se repliegan al mismo tiempo que ellas, y cuando se reúnen á la columna, marchan con los jinetes de retaguardia. Estos últimos marchan más ó menos á 1 kilómetro de los últimos elementos de infantería y forman la punta de la retaguardia. La tercera y la última cuarta, bajo las órdenes del capitán comandante, marchan entre la vanguardia de infantería y la pri­mera cuarta, á la cual en caso necesario sirven de sostén. El ser­vicio de la caballería divisionaria es penoso y produciría segura­mente un rápido desgaste de los caballos si éstos fueran empleados de una manera activa y continua. Existe, pues, un interés mayor en dejar de cansar lo más que se pueda dos de las cuartas del escuadrón, destinadas á relevar al siguiente día á la primera y á la segunda. En el mismo orden de ideas, la caballería divisionaria no está obligada á marchar al mismo paso que la infantería, sino que con­serva su propio a1re de marcha. A fin de que las distancias no se aumenten desmesuradamente, bastará que la caballería prolongue convenientemente los altos horarios. Dzvúz!m encuadrada-Las mismas disposiciones para la cuarta de vanguardia. No habiendo necesidad de vigilar los flancos, mar­chan las otras tres cuartas con el capitán comandante detrá · de la cuarta de cabeza. Las comunicaciones entre las columnas se aseguran por me­dio de oficiales de estado mayor, á Jos cuales se facilitan algunos jinetes de escolta. Dzvisz!m az'slada-Las medidas adoptadas para vigilar el flan­co exterior, en el caso de una división de ala, se aplican á cada uno de los flancos; pero el número de los jinetes agregados á cada guardia de flanco de infantería, se reduce al mínimum estricto, de manera de dejar, si fuere posible, dos cuartas con el capitán co­mandante. Cuando la vecindad del enemigo obliga á la seguridad en pri­mera línea á desguarnecer el frente, la caball ría divisionaria ocupa ese pue~lo y continúa su papel, que si t.:·mpt·e es el de re- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I22 Boletín ¡}ftlúar conocer al enemigo. Vigila los flancos y no cesa de cubrir las co­lumnas. Patrullas poco numerosas, pero inteligentemente conduci­das, se deslizan para determinar los puntos de apoyo del enemigo y sus disposiciones preparatorias de combate. Cuando la caballería divisionaria se ve obligada á su vez á replegarse, deja algunos jinetes á disposición de las unidades de infantería para que le sirvan de exploradores en la zona de ma­niobra, y va á tomar colocación en un ala ó en los intervalos de la línea de batalla. Caballería dlvúz'onaria en. los cuerpos de e:féráto y en los ejérczios­La división de infantería no tendrá que marchar aisladamente sino en casos excepcionales. Fuera de estos casos, forma parte de un cuerpo de ejército, y las dos ó tres divisiones de este cuerpo esta­rán ya unidas ó ya colocadas las unas detrás de las otras. El cuer­po de ejército mismo formará parte de un ejército y estará ó en­cuadrado ó colocado en un ala. En estas diversas circunstancias, el escuadrón divisionario se deja á disposición del comandante d,, la divi ión de infantería para explorar adelante ó sobre los flancos, salvo en caso que el cuerpo de ejército esté encuadrado ó en que sus divisiones marchen las unas tras las otras; la caballería divisionaria no tendrá en­tonces misión alguna qué cumplir en el interior de la columna, y junta marcha á la cabeza de la columna bajo las órdenes del ge­neral comandante del cuerpo de ejército. Los escuadrones reúnense á sus respectivas di visiones tan lue­go como lo permiten las circunstancias. 1 COMBATE DE LA CABALLERIA Combate co1tlra tropa de la múma arma-Precedida por explora­dores del terreno y cubierta por todos lado por patrullas de com­bate, la caballería combate tropas de la mi ma arma en escalones más 6 menos numeroso , según el objeto que se quiere alcanzar y las condiciones del terreno. En principio, se forma en tres líneas. La primera, que es la línea de ataque, está destinada á dar los primeros golpes. Su jefe goza de compl ta libertad de acción, procura estudiar el punto en que debe atacar, y maniobra para alcanzarlo. La segunda línea representa más particularmente la línea de maniobra. Su jefe, aunque posee la mayor iniciativa, procu­ra, sin embargo, secundar con todo su poder la acción de la primera línea, prolongándola con el número de escuadrones ne­cesarios, si nota que ha sido desbordada por el enemigo, 6, en el caso contrario, atacando de flanco la primera línea enemiga, 6 di­rigiéndose al encuentro de la segunda línea del adversario, etc. La tercera línea forma la reserva y queda en las manos del comandante de la ca baile ría. Las distancias entre las líneas varían notablemente según las circunstancias, el terreno y el número de escalones; pero cual­quiera que sea el número de éstos, es necesario mantener los que deban concurrir á la acción de la primera línea á una distancia tal, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn ivfzlz"ta.r I2.J que puedan hacerlo en tiempo oportuno, sin embargo, sin arries­garse á er arrastrado prematuramente á la acción de esta línea. Los que. por el contrario, forman la reserva, deben estar bastante alejados para no sufrir el contragolpe de un fracaso de los pri­meros escalones. Las baterías agregadas á la caballería deben, tan luégo como la situación comience á diseñarse, trasladarse á toda brigada al emplazamiento escogido y abrir inmediatamente el fuego, á fin de poder aprovechar, para disponerse, el corto espacio de tiempo que precede al encuentro de ambas caballerías. Los principios esenciales que deben guiar á un jefe de caba­llería en un combate contra tropas de la misma arma, pueden resumirse así : Atacar el primero, y si se ha dejado al enemigo la iniciativa, adelantarlo siempre en la carga. Tratar de atacar por sorpresa utilizando los abrigos y quie­bras del terreno. Esforzarse en tomar al enemigo por el flanco 6 aun por de­trás: una tropa relativamente débil puede con toda confianza eje­cutar e te género de ataque contra un enemigo muy superior en número. De. pl ·garse lo más tardíamente posible, á fin de conservar hasta lo último toda libertad de maniobra. Rodear los obstáculos, más bien que abordarlos de frente: la caballería es esencialmente un arma de movimiento. Proteger sus propios flancos y procurar una reserva, por dé­bil que sea, para el fin del ccmbate, sin perder de vista, sin em­bargo, este principio de Napoleón: El que conserva tropas frescas para emplearlas el día siguiente de la batalla, es siempre batido. Combate contra la artzllería-En un combate contra la artillería tratará la caballería de obrar por sorpresa; los ataques se logra­rán, sobre todo si on ejecutados sobre una artillería en movimien­to 6 sobre una artillería parte de cuyas piezas tan solo se encuen­tran en posición. Ellos serán dirigidos, en lo posible, de frente, de flanco y por detrás. El ataque de frente lo hará una línea de forrajcadores, para ofrecer menos blanco á los tiradores; los de flanco y por detrás, en orden compacto. Combate contra la i1ifanlería-El reglamento establece como un principio general que "visto el alcance de las armas actuales y más aún la rapidez de su carga," un jefe de caballería, á menos que haya llegado la hora del sacrificio, no tomará sobre sí la res­ponsabilidad de atacar á una infantería que no haya sido sorpren­dida 6 no se encuentre quebrantada por el fuego del enemigo. Pero este jefe encontrará á menudo la ocasión de caer de improviso sobre una infantería mal guardada 6 quebrantada por el fuego y que ha llegado á ese punto de fluctuación y de desorden en que basta la irrupción de una tropa de caballería para cambiar el desorden en derrota. El éxito depende entonces de la rapidez y oportunidad del ata­que. Este debe ser efectuado con el vigor más extremo, sin perder Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletin Mt'lt'ta~ un instante, y lo más á menudo en el orden mismo en que se está formado en el momento en que se pres~nta la ocasi6n de cargar~ siendo necesario siempre cargar á fondo. Papel de la caballería sobre el campo de batalla-Sobre el campo de batalla tendrá la caballería numerosas ocasiones de intervenir~ sobre todo si sus jefes no pierden de vista este principio reglamen­tario: "De todas las faltas que puede cometer un jefe de caballe­ría, una sola es infamante, la inacci6n." Puede ser llamada particularmente, aparte de su misión de policía y de vigilancia del campo de batalla, á trasladarse so­bre los flancos Ó sobre las espaldas del enemigo para producir, so­bre todo con la artillería, una acci6n más eficaz ; á preceder y á apoyar toda maniobra que tenga por objeto desbordar un ala ene­miga ; á oponerse á una maniobra análoga del adversario, 6 por lo menos á señalarla y á retardarla en los límites de sus medios. A combatir resueltamente toda ofensiva de la caballería ad­Yersaria. A atacar masas de artillería. A llenar provisionalmente Jos vacíos que lleguen á producirse en la línea de batalla. A formar en línea y atraer sobre sí los esfuerzos del enemi­go para librar tropas comprometidas, etc. etc. Después del combate, la caballería empieza la persecuci6n, se lanza de preferencia sobre los flancos del enemigo y sobre su línea de retirada, y ' mplea todos lo medios, hasta el completo agotamiento de sus caballos, para hacer cambiar la retirada de aquél en derrota. En caso de fracaso, la caballería interviene para dar á las otras tropas tiempo para escapar y tomar sus di posiciones para ]a retirada ; i es necesario, e sacrifica para det ner 6 á lo menos retardar la persecuci6n d e l enemigo. ( Del Bolctln Mllttar de 'hi le) PALONEGRO IV-OPERACIONES PRELIMINARES. RL PA O DE LA CORDILLERA En los último día de Abril lo. ejércitos contendores, estable­cidos en el valle del Pamplonita, se hallaban frente á frente en po­siciones elegidas con cuidado y distantes una de otra á lo sumo dos leguas. Los rebeldes, en número muy superior al de los legitimistas, tenían sus batallones dtsde los Altos de Bochalema á los de Con­cordia, pasando por Chinácota, 6 sea del valle del Zulia al del Tá­chira, al través de el del Pamplonita, en una extensi6n de cosa de cuatro leguas. Detrás quedaban Cúcuta y el Ferrocarril, por donde recibían del Extranjero, por puerto venezolano, los recursos que necesitaba su ejército. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn M'ililar I25 Los legitimistas, al mando de Pinzón, en número de 8,000, tenían su cuartel general en Pamplona, y frente á los rebeldes ocu­paban línea no menos extensa, de los Callejones á Mundonuevo por Chopo é Iscalá. Detrás tenían la vía de Bogotá por Boyacá, el flanco derecho tocaba la frontera para impedir al enemigo pene­trara por ese lado al interior, y el izquierdo cubría la ruta de Bucaramanga. Los rebeldes, para avanzar, ó arrollaban á los • nuéstros, cosa á que no se atrevieron, 6 tenían que ejecutar un mo­vimiento de flanco, buscando la provincia de Soto para apoderarse de la vía de Bogotá por Santander. Este último supuesto deman­daba para su ejecución un largo rodeo y que Pinzón lo ignorara, porque de lo contrario, los legitimistas podían llegar antes á Buca­ramanga á cerrar á tiempo el paso del interior á los invasores. La tercera solución del problema, la que hubiera dado el triun­fo á la revolución, la marcha sobre la Costa por Ocaña, que Pin­zón no podía impedir ni aun retardar, no fue pensada siquiera por el ejército de Vargas Santos, pues en caso contrario hoy la bande­ra rebelde seguramente flamearía en el Capitolio, en tanto que en Palone¡;ro cayó vencida para siempn~ en nuestra querida Co­lombia. Después de su derrota, Uribe Uribe escribió que si conforme él lo propuso, los rebeldes se hubieran movido por Cucutilla al Pescadero por el páramo de Alta, habrían triunfado; quizás recor­daba que, cuando después del triunfo casual de Peralonso marchó á Bucaramanga por ese sitio de Pescadero, allí tuvo en las manos las llaves de Bogotá, y las despreció por ir á aquella ciudad á pronun­ciar discursos. La fortuna nunca ofrece dos veces sus favores, y el mov•miento mencionado, nada menos que una marcha de flanco al alcance del enemigo, sobre no ser ino un absurdo táctico, habría sido aprovechado á tiempo por Pinzón, quien mantenía seguro es­pionaje en lo páramos. Más racional habría sido el movimiento rebelde sobre el Va­lle de Las Angustias, nvolvi ndo la derecha legitimista. Verdad que ese movimiento no podía hacerse por territorio colombiano, pero Uribe Uribe escribió sobre el particular : " el Gobierno del Táchira ofrecía ciertas facilidades para pasar por Venezuela á es­paldas del enemigo." ¿Por qué no se ejecutó la operación? Igno­rabimu. s. También censura Uribe Uribe á los suyos que perdieran 80 días (no fueron sino 40), puesto que el parque lo recibieron el 2 de Marzo, prueba evidente-Peralo1lso se libró el 17 de Diciembre­de que aquél no se importó entonces, sino de que ó estaba listo ó lo dio el venezolano Castro; y también les critica que en vez de reservarse Vargas Santos un cañón de dinamita traído del Extran­jero, lo hubiera enviado con la expedición que ocupó á Riohacha. Sea de ello lo que fuere, el jefe rebelde resolvió invadir á Soto, cruzando la magistral de cumbres por el páramo de Bague­che. El 23 de Abril la columna revolucionaria de la izquierda re­trocedía de Planadas á Cúcuta (? 1) en busca del camino de Sala­zar y Arboledas, seguida luégo por el centro y la derecha, no que­dando en el campo sino la retaguardia para engañar á los legiti­mistas. Los rebeldes sufrieron bastante demora en el paso del Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I2Ó B olet{n Mt"lita, Zulia, crecido, y las primeras tropas entraron el 26 á Arboledas, después de tirotearse con partidas de observación legitimistas en Salazar y La Cabuya. El mencionado pueblo, por ser conservador, fue saqueado bárbaramente, como en Febrero a:1terior lo había sido Gramalotes ó Galindo, El 27 la vanguardia rebelde se apoderó del boquerón del Es- • corial, mal defendido por una guerrilla que huyó cobarde cuando pudo y debió sostener el puesto. El paso de la cordillera quedó asegurado á Vargas Santos. Los revolucionarios continuaron el movimiento emprendido con suma lentitud é indecisión, de suerte que, resuelto por fin el avance sobre Santurbán, hasta el 30 no ocu­paron á La Trinidad, y aun cuando el 1 •0 de Mayo entró su vanguar­dia á Vetas, sólo el 3 avanzaron una partida á Santurbán, que ha­bía estado desguarnecido la víspera: allí se libró un combate en que la soberbia revolucionaria fue humillada, digno preludio de lo que había de suceder pocos días después en Palonegro. Después de ese rechazo y de fracasar sus demás tentativas de ocupar los páramos, los rebeldes retrocedieron á Rionegro: Uribe Uribe quería que se ocupara "la línea de Santa Rita-San Igna­cio- La Paja, para atrincherarse en ella, ó bien la del Alto Gui­llén- el Boquerón y la Cuchilla de Matanza, por cuanto los con ser .. vadores no eran aptos para la ofensiva." En esa misma línea libró combate Uribe Uribe á su vuelta de Ocaña, y fue derrotado por los legitimistas. En Rionegro resolvió entonces Vargas Santos avanzar al Sur por el camino de Palonegro, en la esperanza de ocupar la Mesa de los Santos y ponerse así á retaguardia de Pinzón. La operación pudo ejecutarse sin tropiezo tres días antes, y habría obligado á los legitimistas ó á librar batalla con la frontera á retaguardia, ó á reti­rarse á toda prisa por vía paralela á la del enemigo. Por segunda vez los rebeldes despreciaban la ocasión de llegar al corazón de la República, y, como se comprende, la mitad de la victoria quedó por esto, de antemano, en poder de Pinzón. Tan luego como el enemigo ocupó á Arboledas conforme que­da dicho, Pinzón comprendió claramente de qué se trataba, y en consecuencia, dispuso la marcha de sus hu~stes para cerrar el paso al enemigo. Con justa previsión principió por concentrar su Ejér­cito en Mutiscua, lo que quedó realizado el 29; y cierto ya del avance por Bagueche, ordenó la marcha á Bucaramanga de ma .. nera de cubrir los páramos y no llegar á esa población sino cuan­do ya todo el ejército rebelde hubiera pasado la cordillera y en­trado definitivamente á Soto. El 3 ocupó á Santurbán la s.• División, y uno de sus Batallo­nes, el Bolívar, llegó á las 7! a. m. al Alto de la Horca, que por el Oriente domina el pueblo de Vetas, á donde la antevíspera había entrado una fuerte columna rebelde que intentó subir al páramo, pero que fue totalmente rechazada por el Bolívar en tres horas de reñido combate. La moral del ejército perdida en Peralonso prin­cipiaba á recuperarse, pues quedaba deshecho el fantasma de la invencibilidad de los revolucionarios y de su armamento irre­sistible. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Milüar El 4 treparon también la serranía de Santurbán las Divi­hiones 4 .. y 1 I.", enviadas en apoyo de la s: ; la última ocupó la parte Sur (Los Lajones), donde se avistó con otra rebelde de pa­chada para sostener á los suyos, pero á la cual rechazó en varios tiroteos y escaramuzas, arrojándola sobre Vetas. El mismo 4la descubierta de una columna legitimista (6." Di­visión y Columna del Cauca) encontró y rechazó en Cuestabola, camino de Mutiscua á Tona, la de otra fuerza rebelde que por ahí intentaba salir á Pescadero. El 3 había llegado también la g." División al Grama!, al E. del camino de Vetas á Tona, y se tiroteó con otra rebelde, esta­blecida al O. de la misma vía, en Los Arcos, sin resultado sensible; pero el 5, entre 9 y 10 a. m., llegaron en su apoyo la 8." y la Arti­llería : ésta, con tres cañonazos hizo replegarse al enemigo por la vía de Suratá, cubierto por la espesa niebla que entonces cubrió el campo. Del 3 al 5 avanzaron de Mutiscua á Vetas por el camino del Viejo, áspero y fragoso, las Divisiones g.\ 12.", 3: y la Le!Jz!m Bolívat·, fuerte columna que ocupó la cordillera sobre el flanco de los rebeldes que estaban en la hoyada, los que en vista de tal ope­ración desistieron de su pretenso movimiento sobre Santurbán. El 5 á las 8 de la mañana la 8: División dejó el Gramal y avanzó á ocupar á Tona, pueblo que arrebató al enemigo con há­biles maniobras, ejecutadas con acierto á pesar de las dificultades que presentaron los riscos que rodean ese lugar. En fin, el mi mo 3, y como operación preliminar de las an­teriore , la 10." División, apoyada por parte de la 8.\ se movió de Mutiscua á Pescadero, para de ahí seguir por el camino de Juan Rodríg-uez á. Piedecue ta, y de e t lugar avanzar á Bucaramanga y revolver sobre Tona por la espalda, operación que contribuyó á la ocupación de este lugar, lo cual creían imposible los rebeldes: la Di vi ión pr stó adem<~s el servicio inmen o de reparar lo daños causados en la vía por el enemigo, estableció una línea telefónica y restableció la tclegt·áfica, que esa misma noche funcionaron con Bucaramanga. La gran tentativa de los rebeldes, de ocupar La Mesa de los Santos antes que Pinzón, quedaba burlada. En resumen, el ejército legitimista avanzó de Mutiscua por cuatro vías para cubrir los páramos, impedir su acceso al enemigo y estar en posibilidad de caer en masa sobre Bucaramanga para defenderla de Vargas antos. Esas vía5 fueron : la del Viejo, la de Santurbán, la de Cuestaboba y la de Pescadero. Las dos pri­meras confluyen en Vetas, la tercera se une á la segunda por me­dio de la del Volcán, y la última hace lo mismo por la de los Arcos. Merced á tal disposición quedó expedita la de Mutiscua á Tona­Bucaramanga, la de operaciones de Pinzón, y resultaron cubiertas todas las que el enemigo podía tomar entre Suratá, Vetas y Tona para ascender al páramo y abrirse paso á García Rovira conforme á su primer plan de campaña. Las siguientes operaciones forman ya los preludios de Palo­mgro.-( Contz"núa). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mtlt"tar 1 á Ocaña y la Costa 0 La Amarilla ........ - - ........... ---··------ ---- ------ -- --- ---- -- --· --- -- - --·· ·- -- -::_:::.:~~~~~~: \ Diagrama de la marcha ~mm~ \-­AyboltdasC:/ ... · ··-·:.: .. :./ ;~ § Q, B ~ del Valle del Pamplonita al del Lebrija Bogolá-Imprmllz de Vapor-Callt ro, ntJ-mero r68 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 4

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 183

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 183

Por: | Fecha: 22/12/1900

BocoTÁ, DxcrEMBRE 22 DE 1900 ·------------------------- -------~~-- --- ·--- -- -----------~---------- Or¡rano del i'-lillisterio de Director ad honoreJD Guerra y del Ejército Francisco J. Ver1fara V. Son colaboradores de este periódico los Jefes y General de Ingenieros, 1\Iiembro de varia• So· Oliciale~ del Ejército ciedades Cientfticas .A.N<> :J:'V" N'"U:Lv.l:. 1aa " La victoria no da derechos." Esta sentencia se re­pite entre nosotros con tanta frecuencia, que creemos opor­tuno exan1inar su valor, lo que tiene adentro; si es protesta anticipada, acto de fe, exposición de principios, manifesta­ción de sensiblería, una d;! estas frases huecas que vagan por el mundo para que las utilice algún elocuente rétor, una simple n1acana, ó, en fin, una n1áxima moral *. Insinuaremos, sólo de paso, que sería prudente no dar n1otivo á enojosas interpretaciones, repitiendo en cada dis­curso que la victoria-á la conquista-no da derechos. Esta repetición de ]a mi<:;nla frase se parecería al ademán del pobre chico que siempre levanta el brazo sobre la ca­beza para parar un golpe de otro más fuerte. " La victoria no da derechos," es sin1ple máxima mo­ral al uso de los pueblos chicos para que los grandes no les conquisten; inofensivo espantajo, que no in1pide el sa­queo de la huerta. Es aún una protesta anticipada, una · Reproducimos este artículo, haciénciolo nuéstro para editorial \lel BolelÍIJ l'lfilitar, porque en momento¡¡ en que el iiberalismo cae vencido en la luch:1 material, después de haberlo sido en el campo moral, sería el colmo del absurdo hacer concesiones de doctri­na ó de procerlimientos, toc¡¡ndo en lo más mínimo el credo conservé:dor, por cuya ge-· nuina restauración se verificó la gran revolución moral del 31 de Julio, sin par en los anales ele la historia, y en la cual la opinión publica llevó al Poder a un ciudadano civil, quien en el acto contó con el apoyo de los miles y miles de soldados que en el campo ele batalla habían salvado la existencia misma de la Repúblic1 cristiana que se conoce en el rol de las naciones con el nombre ele CoLOMBIA; la única hoy de la América latina que no ha renegado ele la idea en cuya persecución el genovés Colón descubriera el Nue­vo Mundo, merced al apoyo de Isabel de Castilla-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 712 BOLETIII MlliTAI ~ falaciosa seguridad que á sí mismos por ahora se dan, pero de la cual pasarán fácilmente después á ]a resignación. Es peligrosa, como todas las máximas falsas y flojas. * * * Se ha dicho que la conquista no daba derechos; que admitirlos sería como negar ]a existencia del derecho pri­vado, público é internacional. Sin duda; ¿pero no es la fuerza la única base y la única sanción de este derecho in­ternacional, el que además admite el de la guerra y lo re­glamenta? ¿Hay alguna pauta, algún padrón de las accio­nes de las naciones y de los pueblos? Absolutamente nada, salvo la fuerza. Es en ella que fundan la justicia. * *. Si estas verdades parecen crueles é inmorales á las almas sensibles; si su austera conciencia repugna admitir que la conquista, la victoria, la fuerza, no crean derechos, esas cándidas almas no podrán evitar de constatar que son hechos y que nada existe, nadie tiene derechos, que no sean nacidos de la fuerza, es decir, de la victoria y la conquista. Los elocuentes declamadores de brillantes fiorituras sobre la máxima esa, oradores de tierno corazón-¡ oh, tan simpáticos todos !-tienen por lo general gruesas rentas: ¿de dónde provienen? De la conquista, pues; de la con­quista del capital sobre el trabajo, de la apropiación por uno del trabajo de diez ó cien paisanos suyos; de la toma de posesión ó de la retención de cien leguas de campo que pertenecen á prorrata á otros hon1bres, que tratarán algún día de reconquistarlas. ¿En virtud de qué derecho estamos aquí, nosotros los blancos? En virtud del derecho de conquista, la que se realizó de la más execrable manera por el robo, el asesinato, la matanza en masa de los indígenas, que tal vez ellos mis­mos habían así desalojado, miles de años ó de siglos antes, á otros indios autóctonos. * * * Todo es conquista. Y no hay derechos que no estén basados en la victoria, incluso las declaraciones de indepen- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 763 den:ia: el nacimiento de un pueblo procede de una violen­cia, una conquista, y si la victoria no diese derechos, ¿ cuá­les serían los {luéstros? La libertad de todos los pueblos, la existencia de todas las naciones, el origen de todas las posesiones, la base de todas las constituciones : todo tiene por causa primera Ja conquista, la victoria, la fuerza. Y, existencia, libertad, propiedad, constituciones y de­rechos, es aún la fuerza la que los conserva. La fuerza, único Dios ante quienes todos se posternan, hasta los que alardean de serie incrédulos. * * * Dejen1os á un lado esas sensiblerías, esas maxtmas platónicas, que en el fondo son pura hipocresía. Sepamos que no hay derechos que no hayan nacido de la victoria, los nuéstros como los de los demás, y hagan1os lo necesa­rio para ser dignos de nuevas victorias y nuevas conquis­tas; para que teniendo n1ayor territorio, tener nuevos dere­chos, es decir, hagámonos fuertes: los fuertes son los buenos y los justos-M. (De El Port:enir .Militar de Buenosaires, Argentina) EN TIEMPO DE GUERRA 11 ráC;ticas france as 1-GEN EII.ALIDA DES En los ejércitos la artillería está encargada del manejo y ser­vicio de las bocas de fuego, incluso el establecimiento y construc­ción de toda dase de baterías, el aprovisionamiento de ]a tropa en armas y municiones y la construcción de los puerJtes militares. Por eso en cada ejército hay un estado mayor de artillería del cual depende la fuerza de esa arma, con la cual marchan el respec­tivo parque y el equipaje de puentes. Por regla general, el comandante de la artillería acompaña al jefe de la fuerza á que está adscrita para recibir sus órd~nes y SQ-Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ meterle las proposiciones que juzga útiles en bien tiel servicio Durante el combate manda personalmente sus baterías y recibe órdenes del jefe superior. El comandante de la artillería extiende su acción á todo el servicio de la artillería en la fuerza en que figura, y da exclusivamente órdenes á las tropas de artillería que no hacen parte de un cuerpo de ejército ó de una división, siendo responsable, además, del aprovisionamiento del ejército en material y municiones de guerra. Los oficiales comandantes de tropas de artillería deben estar en relación continua y regular con los jefes de la infantería á cuyo lado ú órdenes estén colocados, para tener noticia oportuna de los movimientos de 1a5 tropas, obtener escoltas si fueren n~cesarias, campos ó alojamientos adecuados á su servicio, recibir víveres, etc. Es esencial que de antemano conozcan las disposiciones del ataque ó la defensa, las posiciones que habrán de ocuparse, el fin que se persigue, etc., sobre lo cual presentar~n sus observaciones al superior, llegado el caso, sometiendo además á su aprobación todas las medidas que sean conducentes á obtener de las piezas el mayor efecto posible. Los comandantes de la artillería de una fuerza, de una divi­sión, por ejemplo, dependen del jefe de ésta en lo relacionado con servicio, policía y disciplina; pero en lo referente á material y apro­visionamientos se entienden con el jefe superior de la artillería del ejército de que hacen parte. Los oficiales de artillería no pueden comunicar la situación de sus municiones sino á los oficiales ge­nerales de quienes dependan y á los superiores de su arma. En los convoyes de municiones el mando pertenece al oficial de artillería que lo dirige, si es de grado igual ó superior al que manda la escolta; y en caso contrario este último difiere al juicio del primero en todo lo relacionado con el servicio, movilización y defensa del con voy. Los oficiales generales que mandan la artillería, lo mismo que los comandantes de las divisiones y columnas, van acompañados por un jinete que en el día lleva una banderola y en la noche una linterna, señales que en los campos y combates se fijan en el alo­jamiento ó puesto ocupado por dicho oficial general. En la artille­ría la banderola del jefe superior es escarlata y azul celeste en ban­das diagonales, y la linterna roja; en las unidades inferiores la linterna es verde-oscura y la banderola lleva los mismos colores, pero el escarlata se coloca encima y el azul debajo; en los parques la linterna es azul ó amarilla, según la categoría, y la banderola de ese mismo color. Los oficiales superiores del arma tienen derecho á un orde­nanza por cada dos caballos de los que les correspondan para el servicio. Los ordenanzas de los jefes sin tropas hacen parte de la ,s.• compañía del ec¡cuadrón del tren de equipajes. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ T65 En todo cuartel general los artilleros arlscritos al servicio del estado mayor de la artillería forman un grupo á órdenes de un oficial encargado del mando del destacamento, sin que por eso queden segregados de la batería á que pertenecen. El comandante de la artillería somete á la aprobación del jefe del ejército las medidas que conviene tomar para asegurar la conservación de las armas en los hospitales y ambulancias, lo mis­mo que para incorporar en los parques las de los muertos. 11-ItiARCHAS Toda batería se fracciona en tres grupos: I .o, la batería de com­bate (piezas y municiones); 2.g, la reserva (municiones y fragua); 3.0 , la subsistencia (víveres y bagajes); de ordinario los dos primeros marchan reunidos, pero los terceros forman una columna esp~cial. Las secciones de municiones (parque) también forman grupo especial, cuyo jefe determina el orden de marcha y la repartición del personal en la columna. Los bagajes, víveres, cantinas y bes­tias de repuesto de un estado mayor de artillería hacen parte del tren regimentaría del respectivo cuartel general. Cuanto al orden normal d~ marcha, cabe advertir que cada pie­za va seguida de su armón (municiones) con los unos sirvientes so­bre él y los otros montado~ á lostlados ó en columna tras la pieza. Si el enemigo está lejano, todos los sirvientes montados se reúnen en c:olumna á vanguardia de las piezas. En terreno muy difícil, ó cuando la marcha es lenta, los sirviente ·~ , salvo los cocheros, caminan á pie con las bestias del diestro. En caso de peligro un oficial y dos clases marchan á la cabeza de la batería para estudiar el terreno y reco­nocer el campo. Las bestias de remuda siguen al grupo de com­bate. Si la marcha urge, pueden separarse las piezas de los armo­nes, engancharse aquéllas con tirantes, y de éstos apurar sólo lo mejor atalajados: los otros se reúnen á la batería cuando ella haga alto ú ocupe posiciones. En las columnas la artillería se reparte entre la vanguardia y el grueso, si aquélla se compone de varios batallone5; si no, mar­cha dividida en escalones tras los grupos de infantería que com­pongan la columna, con forme lo demanden las circunstancias. El parque se distribuye en escalones, de los que unos siguen con la fuerza y otros marcharán á uno ó dos días detrás de ella: de los primeros una porción acompaña á las unidades respectiv el asunto merece ser tratado en un capítulo especial, tanto más cuanto el sistema puede ser empleado en el ata­que y en la defensa. II. Razones de la frecuencia del hecho-Que adversarios tan fuertemente apegados al empleo de astucias y de estratagemas se dejen engañar á menudo tan fácilmente, es hecho debido sin duda, y de modo especial, al desprecio que hacen de los métodos estúpi­dos (stoiid mcthodes) de la guerra regular. E !los ven cuál es la len­titud de los movimientos de sus adversarios. Agazapados en em­boscadas para apoderarse de los rezagados, ocultos por la noche á inmediaciones de las avanzadas, vigilando el servicio diario del campo del ejército regular, se dan cuenta de que el sistema de la guerra de voluntarios es para ellos el mejor medio para resistir. La experiencia les demuestra que en este punto ellos son casi siempre más fuertes que el soldado regular. De este modo llegan á despre­ciar la habilidad con q a e sus adversarios pueden obrar, empleando también contra ellos las astucias y las estratagemas. La grande importancia del efecto moral en estas pequeñas guerras ya ha sido tratada en un capítulo anterior. El carácter impresionable de los adversarios de las tropas regulare en esta clase de operaciones, se convierte en poderoso factor cuando entran en juego las tretas. Porque esta impresionabilidad los expone á ha­cer at.1ques prematuros ó ~abandonar posicione que juiciosamente habían escogido. Se dejan intimidar presto por el avance firme y la actitud resuelta del ejército regular en sus marchas y en sus ataques; pero, por otro lado, están singularmente dispuestos á distinguir los síntomas de vacilación ó de retroceso del ejército. Un jefe de espí­ritu levantado y de recursos se aprovechará de tiempo en tiempo de semejante situación. l I I. Ardor del cnemÍJ(O en la persecución de una columna en reti­rada- Se pueden citar numerosos ejemplos del ardor de los guerre­ros irregulares para aprovecharse inmediatamente de las ventajas que les presenta la retirada de sus adversarios. Este ardor en la persecu­ción puede minorarse pronto; pero al principio tales guerreros obran llenos de energía y de confianza. Si el ejército regular les cede el terreno, se precipitan sobre los que creen en derrota. En la excita- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 774 BOLETIN MILITAR ~ ción de su supuesta victoria, los jefes pierden la poca autoridad que tenían. El cambio es instantáneo. Cuando sienten caer sobre ellos pesadamente la disciplina y la superioridad de armamento, se aba­ten, se desmoralizan, listos á huír; pero cuando ven volver cara á sus adversarios, su entusiasmo no tiene límites y avanzan temera­riamente, dando libre curso á su ferocidad. Ejemplos-En Denghil 'Tepe, en 1879, los Turcomanos es­taban profundamente desorganizados por el bombardeo de los Ru­sos, y guarnecían las murallas de su fortaleza ya dese"perando de su causa, cuando se encontraron rodeados; pero no habían acabado de darse cuenta de la retirada desordenada de las columnas asaltan­tes, cuando salieron cargando furiosamente á las tropas rusas. Su contraataque fue terrible. Sin la intervención de la <3rtillería el pe­queño ejército de Lomakin habría podido ser no sólo derrotado, sino destruído. Y sin embargo, hasta ese momento los Turcomanos habían mostrado poco ardor en librar batalla á sus contrarios. En el notable combate de Bang Bo, cerca de Langson, en el Tonkín, en 1885, de que más ddelante se hablará, fracasó un ata­que de los franceses sobre las trincheras de los chinos, lo que suce­día por primera vez en la campzña. En ese momento los chinos estaban muy desorganizados por sus derrotas sucesivas; pero tan luego como se dieron cuenta de que las columnas de asalto se reti­raban, se lanzaron tras ellas y las persiguieron durante algún tiem­po con tal empeño, que no sólo fueron rechazados los franceses, sino que sufrieron también una derrota muy seria. ~ En 1852 una gran reunión de Momunds ocupaba las monta­ñas al norte de Shabk.hadar, fuerte situado cerca de Peshawur. Sir C. Campbell mandaba las tropas. U na tarde una banda enemiga bajó á la llanura á merodear. Sir C. Campbell salió 1del fuerte con una pequeña columna de caballena y una sección de artillería á cab:1llo; atacó el flanco de los montañeses en un terreno perfecta­mente descubierto, y los rechazó hacia las montañas, causándoles grandes pérdidas. Pero como se acercaba la noche, Sir Colín se vio obligado á retirarse: entonces los Momunds dieron media vuelta y persiguieron á la pequeña columna en retirada con tanto vigor, que la artillería tuvo que ponerse varias veces en batería y disparar con metralla. De este modo logró la columna volver al fuerte sin pérdidas serias. IV. Medio de sacar partido de este ardor del enemigo-Se po­drían multiplicar los ejemplos de esta prontitud del enemigo en volverse contra las tropas regulares que se baten en retirada, y de la intrepidez espasmódica (sic) de que hace uso cuando se lanza á la persecución en el primer arrebato del triunfo. Esta es una ca­racterística de su modo de hacer la guerra, y hay que tenerla e cuenta. Los guerreros irregulares no comprenden la persecució metódica; pero sí la entablan con vigor y encarnizamiento. Un Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 775 jefe prudente, que tiene sus fuerzas bien á la mano, puede en oca­siones aprovecharse de esta característica para con adversarios sal­vajes y medio civilizados. Simulando una retirada ó dándose bien cuenta de un momento de vacilación, puede colocar al enemigo en una posición táctica desventajosa. V. Los jefes enemigos no pueden vigilar á sus guerreros-Hasta cuando el adversario está bien disciplinado y bien sujeto á sus jefes, el afán que produce la vacilación ó la retirada de las tropas regulares rompe los lazos de la subordinación. En el entusiasmo de una victoria supuesta, el enemigo se desprende de sus jefes. Esta pérdida de los lazos de la disciplina en un momento de triun­fo sólo se verifica entre los adversarios de las tropas regulares. La mayor parte de las naciones europeas emplean soldados indígenas y contingentes locales en las pequeñas guerras que se ven obliga­das á sostener. La experiencia ha demostrado que los contingen­tes del ejército egipcio, espléndida tropa de combate, difícilmente se contienen cuando ven á su enemigo huyendo. En el Tonkín los oficiales de los Turcos, en el calor de la acción, tenían la cos­tumbre de hacer cesar el fuego y de hacer acostar á sus hombres, á fin de tenerlos bien á la mano. Los jefes enemigos pueden des­cubrir la trampa, pero no pueden atajar el arranque de hombres medianamente instruídos cuando como soldados se lec; figura tener ya la presa entre sus manos, y temen dejar escapada *. VI. Los Zulúes llevados á un ataque prematuro en Kambulá­El hecho siguiente, tomado de la guerra contra los Zulúes, es un excelente ejemplo, y muestra de qué modo un jefe de tropas capa­ces puede sacar ventaja. No hay que olvidar que los Zulúes, mal armados y apenas organizados, e~ taban relativa mente bien disci­plinados y de ordinario obedecían á ciegas á sus jefes. El ejército Zulú, marchando al ataque de Kambulá, se di­vidió en tres columna~ al aproximarse al campo. La primera co­lumna envolvió la derecha de la posición, la segunda la izquier­da, mientras que la columna del centro marchaba derecho sobre la posición. La columna de la derecha llegó la primera al sitio, y se detuvo fuera del alcance de la artillería. El Coronel 'N ood hizo salir la gente de á caballo, bajo el mando de los 'Tenientes Coro­neles Russell y Buller, y los empeñó contra esta columna de la de- • Un hecho análogo se verificó en 1890 en el Dahomey, en el com b:1te de Achupa, de que ya ha hablado el a11tor. Los oficiales que han conducido al (!ampo de batalla á los tiradores del Senegal, saben que esta tropa es, para emplear las ex­pre ione;; del autor, splendidfigkting material; muy diffcil de sostener fija en el fuego á caus~ de su ardor. En el combate de Achupa, los tlel Dahomey e retiraban des­pul: s de uno de sus numcro&o é infructuo o asaltos; el Coronel Terrillón, querien­do asegul'ar el triunfo, resolvió mover el cuadro á vanguardia. A la voz Je mando, toda la compañía Pausier, que formaba la cara derecha del cnadro, caló bayoneta, y se lanzó tumultuosamente en el bosque, en persecución de lo~ del Dahomey. Co6ltó sumo tr:1bajo volver 1l reunir á los titadores en su puesto de combate. Durante algún tiempo el flanco detecho del cuadro qut:dó abierto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 776 BOLETIN MILITAR ~ recha. Los jinetes ~e aproximaron á caballo, luégo echaron pie á tierra y rompieron los fuegos. La débil disciplina zulú no pudo im­pedir que toda su columna se precipitase sobre los de caballería, quienes volviendo á montar y entreteniendo el combate, atrajeron á los Zulúes hacia el laager, en donde los salvajes cayeron bajo un fuego nutrido, porque el terreno era completamente descubierto. Las pérdidas de los Zulúes fueron tales, que se batieron en retira­dz para buscar abrigo en las rocas, y no tomaron más parte en la acción. En resumen: una tercera parte del ejército enemig0 se encontró en derrota antes del principio del ataque formal sobre la posición inglesa *. VII. Otros ejemplos-El hecho de inducir al enemigo á lanzar­se á un ataque prematuro simulándole una retirada, ó, como en Kambulá, haciendo salir un pequeño destacamento á provocarlo, ha sido frecuentemente empleado con grande éxito. En Sikak el único combate regular librado por Abd-el-Kader á las tropas francesas, el General Bugeaud, obligado á evitar momentáneamente un en­cuentro, á fin de poner en seguridad su cúnvoy, atrajo hacia él las fuerzas del Emir para atacarlas en seguida sobre un terreno favo­rable. Esta maniobra es muy antigua, y se empleó á menudo en la época en que los ejércitos combatían en masas compactas bajo el mando inmediato de su jefe. Los Normandos lo emplearon en Hastings con éxito notable. Los soldados regulares lo practican con mucha ventaja contra fuerzas cuya organización deja que de­sear. En 1521 Barbarroja recurrió á la astucia, para hacer salir á los Arabes, á los Berberiscos y á los Kábilas, de su campo atrin­cherado de Millel, é infligirles en seguida una sangrienta derrota. J omini cuenta cómo, en 1799, los Franceses atacaron á N á­poles, defendido por el populacho: simularon una retirada después de haber penetrado en la ciudad, y los lazzaroni se lanzaron tras ellos; en seguida, volviéndose contra los que les arremetían, los batieron á campo raso, y se abrieron camino por entre las calles de la ciudad, picándole los talones al populacho, que huía. Las pequeñas guerras modernas ofrecen excelentes ejemplos de esta manera de proceder, entre otros el siguiente incidente de la sublevación de la India: Sir H. Javeloclc, partiendo por primera vez de Cawnpore para ir en auxilio de la residencia de Lucknow, encontró á los rebeldes que ocupaban la aldea de Onao, y los arrojó de allí. Faltaba algo de espacio, las dos orillas del camino principal estaban cir<::undadas de pantanos, y dándose cuenta de que acudían en defensa del ene­migo grandes refuerzos, evacuó la aldea con el fin de ocupar á al­guna distancia una posición favorable en donde ocultó una parte de sus fuerzas. El enemigo, envalentonado por este movimiento de • V6anse las Ezpediciones Inglesas en 4/rica, p'ginas 218 y siguientes. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y--' i7f retirada, atacó y cayó así en la tram~a. Los Ingleses lo barrieron todo á doble fuego, en tanto que algunos destacamentos, atrave­sando el ¡JJntarlo, hac:an demostraciones contra los flancos del ene­migo, que tomó la huída abandonand'J quince caílone~. V 1II. Yahr d~l recurso rü una retirada simulada en las guerras de imurrtcción-AI debelar insurrecciones, las tropas regulare pue­den emplear venta jo amente e'ta e, tratagema, hasta cuando sus adversariOs son inteligentes y bien armados; porque los sublevados no tienen ni cohe::.ión r1i confianza en su" jefes, á los que les falta autorrdad. Un notable ejemplo dt> este hecho se presentó en 1821 cuando el alzamiento de la Valaquia contra el yugo otomano. El comandante de una columna turca, sahiendo que un bata­llón rebelde, especialm~nte conocido como el batallón sagrad::>, se encontraba en la vecindad, envió en su busca á algunos jinetes desmontados, cuy os caballos se ocultaron. E 1 batallón, to . ando á los jinetes por soldados de inf.tnten, hace resaltar la aptitud e:pecial de la inf..tntería mont..tdtl. p.tra te 1 ler tramp.1s; p >rqu~; en ca i t > l )S los caso-. la ca­b.- dlería t.Lb.! echar pie á tiara par.1 ohtener el efecto desead . La caballería es por tanto preferib~c de e ciert ·l punto, de vista, pue to que, ·i se lorrra ocult.tr lo:; c.-tb llo, no sol.llnt.ntc h y una gran prob tbilidad de atraer al enemi•_ro, sino que ademá se pre. en­tarán oc.L iones de dar cargas m u y efic,l.cc .. sobre lo" a Jv rsario- que avanz·1n en desorden. Lo~ dos ejemplos siguientes se han Je citar en apoyo del y:t ner cíonad de la guerra de la independencia de VaLH]uia. t: n 1860 una re: u ni ún considerable de W aziris bajó de sus montai1as, sin ser provocada, para hacer una excursión en la lla­nura, ~er~a de ~r an k * l y s tq ue;1r la ciudad. El r.!Haldar * S tadat Kh.1 ••, que mdnu.lb.t 1u tropa d~ C reunió algu­nos otros v.>luntarios á caball\> y m:1.rchó al encuentro de lo Wa­ziris. Los enco11trÓ sobre u11 terreno de;;Í:1vorable inmediato á • T iltk es uno rltl lo~> pu~;rto.-. iug e ·e1 del Gom.1l Pu ... • Oiicial intlígt!na. VIJ I -5 0 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. '178 80LETIN MILITAR "'-y"--' las montañas; retirándose entonces poco á poco, los atrajo á un sitio descubierto, y luégo, dando repentinamente media vuelta, les cortó el camino de las montañas y les acometió con doscientos macheteros. El enemigo, que contaba tres mil hombres, fue com­pletamente derrotado, y huyó precipitadamente dejando trescientos muertos y muchos heridos, entre ellos el jefe de la tribu. En esta brillante hazaña la caballería no tuvo sino un muerto y algunos heridos. Al final de la guerra de los Cafres en 1878, una columna mixta de tropas inglesas y de tropas coloniales se encontraba en posición en un sitio llamado Kwintana que estaba amenazado por Jos Galekas y los Gaikas; estos últimos (esto se ha sabido más tarde) no debían tomar parte en el ataque sino hasta cuando su Jefe Sandilli lo juzgase oportuno. Para forzar el combate, los hombres de á caballo recibieron orden de avanzar y de retirarse en seguida precipitadamente delante del enemigo. La estratagema sali6 á maravilla. Los Galekas se lanzaron con ardor en pt>rsecu­ción de las tropas montadas; los ()"aikas, escapándose á la acción de su. jefe, siguieron á los Galekas. La infantería permaneció ot:ulta en las trincheras, esperando á que los Cafres estuviesen al alcance de SlJS fusile ; algunas descargas bastaron entonces para poner al enemigo en completa derrota. X. Atraer al ennnigo a una emboscada- En el caso preceden­te, el enemigo fue atraído á una emboscada preparada con destre­za. Los francese . , en 1\..rgelia, usaron en varias ocasiones de astu­cias análogas. Los jefes cuyos nombres se hicieron famosos durante los años de guerra que siguieron á la toma de Argel, Lamoriciere, Changarnier, Saint-Arnaud, adquirieron una grande habilidad para esta clase de operaciones. "La guerra, dice un proverbio árabe, es la astucia combinada con la fuerza." Abd - el-Kader y sus satélites pa!:aron por maestros en el arte de ejecutar sorpresas y de tender emboscadas. Los france ~ es tomaron este método de guerr.1 de aque­llos á quienes habían conquistado. Bastará un ejemplo de estas operaciones. Cuatro batallones atravesaban la g:uganta de Muza:i, en 1840, cuando supieron que los Arabes se encontraban cerca t:n número considerab 'e. El convoy se alejó bajo la guardia de un batallón; dos batallones se ocultaron detrás de un pliegue del te­rreno; el cuarto, tomando contacto con el enemigo, se batió en scaguida prontamente en retirada atrayendo á sus contrarios á la emboscada que le habían preparado. Los das batallones que se habían ocultado cargaron súbitamente sobre los Ara bes, á la bayo-neta, y los pusieron en d rrota. · XI. Algunas veus el en emigo cae sin intención en la trampa­Las tropas irregulares ~e dejan con frecuencia engañ a r completa­meute por un síntoma de debilidad involuntaria ó intencional de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ parte del adversario. Este hecho se comprobó bien en la acc10n de Arojée, en Abisinia, en 1 8b8, jornada en la cual el enemigo fue atraído fuera de una formidable posición por un movimiento de las tropas regulares, movimiento que no se dispuso con tal intención. Las fuerzas del Rey Teodoro ocupaban alturas muy difíciles de acceso; cubrían las cercanías de Magdala y dominaban un vaiJe sobre el cual la columna inglesa debía necesariamente desembocar en su marcha sobre la fortaleza abisinia. El convoy de la brigada de vanguardia, siguiendo un camino distinto al del grueso de la briga­da, llegó al valle casi al mismo tiempo que el resto de las tropa!. El Rey Teodoro, viendo el tren de mulas sin escolta aparente, or­denó á sus soldados que se precipitasen para apoderarse del botín. Las tropas inglesas apresuraron su marcha para contener al ene­migo y proteger los bagajes, y se encontraron con las bandas abisinias en el llano en donde ya no tenían la ventaja de la posi­ción. El resultado fue una victoria decisiva, con pérdidas ligeras: la tropa del Rey se desmoralizó, lo que permitió que algunos días después se tom.tse, sin seria resistencia, la fortaleza de la montaña. (Continúa) --•-+-• --- E N EL E R V I . C 1 O M 1 LIT A R (Continúa) No hay que oenlthr, por otra parte, que el mayor uúmero­de lo~ beu~ficial'ios del artículo 23 son, si u contl'adiecióu, loa e~tuuiantes qne se consagran á la~ ca1 reras liberalt•s. Se ha atil'madn que para iHJHéllos el uin~J (le lo. e ·ttHlio~ u t'ltwarí:• por la ouligucióu immr·ita. eu la ley ele baher ol.>teuiclo t•l diplo­ma reglamentario á la ellaIIZ,ll' sus estr11lio~. Si ;1 sns Vt>iutisóis HTios, ú. pe· sar dP RUs t>~"fllerzos, (]u iz{t sprios, {t pt•sar tle n 11 t I'H h:-~jo re~·n. lar, e ... tt• hon1hre rro puedt> ollterwr el diplo111a de sobl'e él y á cleteuerle Pll t>l eu;-ut..-1 dur·aute dos aüos "1 Yo digo que el'\tO c·s impr:wtil~ahle é Ílllposiblt>, y ;~contP<~erá Hllil. dP Sto.s jún1 flt.•.s, compreudienclo cnál es la cousecnPII('Ía de la falta ele éxito dt•l <'allditlato, hasta les otor­ga. r·:íu los diplomas, y tle ... ~te modo uo sP conseguir{\ tSiuo que UHje el 11 i n.,l de los t'Stnlnhros USpPCtO de Jos mmdidatos UIICL Íllt)nJgell· cía patP.I'Ilal, lH'"rfectameute co11rpn•11sihl~ pot' otra parte. B.s para. eono­Ct> r su el';t a do tle ilu i uro .Y \·atorar los tesoros tle l>onda.1l que Cllciena. su t~Ot azón, en otros ti e m pos tan tlispue.stos {t la ,'t'\'C· ridad. Uomo ha.hdua de terH•r ellos ntlot' de \ oh·er á t""ll \'Íar al cuartel ájón~rws <¡tll"" llau sdis las circun~t:tr1cia~ qnizá han impe,li•lo cousagT;u· á sus c:-;tutlios tanto euhlatlo y tiPillJ)O <~omo se re· quería. Al~· ttllos do . u.; colt.•gH~, tlu uat.ttt·al..-za uu·tto"\ l'lellsihl•~, deplora u lo (] ne eoustdera11 ~~01110 culpa \¡)ps dt•hi litladPs, pt.•ro sus n~criminadorw~ 8tHI ("". tél'ilc•s, y ead:t. }tÍio e Vt' cr·Pct~r me· cáuiea.mPIItc el HÚIUPI'o tle tlnetorP .... La eort.'P<~IIPIH~ia. tan twi­deutl~ t:onw ll tllllllclo eutero. 'n IP:,.:ítima rt'JHtt<-ICión y sn brillo no JHt,·•lr-u sint) auuaentar.st~ h~•jo la lt·:.!·islaei()u qtw lali rige y euu los reem·sos que lt>~ proe tr.t. Los ¡n·ofe·mn·s, a.dprn;'ts dt.1 estu, ti~IIPII tleua ;l~iatlo celo rwr· ~~~ I'PspoH.sahili,latl .r por ~u bc)llol' para. 110 ~llriqu..-eer Ílwe~aratemcute ul glut·iuso patr·imo- Jlio que lJertltiH.J'()IJ (fe 8llS abuelOS. . l..~o •ane heleemos JH'esP-ure, "'in h l ar­tículo ~~3. El l\Ii 11 istro de Guerra no pnexpti(~ac\onel', que, por otra partP, el artí(~nlo 23 ha ~ido u u privilegio tentndor. Hé aqní el número clt.' los militares á qnie11e~ se ha. :..!Íf'::a· ción aetnal. lo pro1~nr·a el lllO\'imieuto de lo· estudiantes de las clit'Prt•utt-- · Uni\"t--rsicl:-ttl t.•s. Mie11tral'! quo eu la U ni\· •r hlad de PaJi la cifra el(:'. lo~ t>R - tuien pronto un vnruadero peligro social. Qniéra e ó uo, los dominio~ (lf,,l mója sentir el malestar qne sufre e~ta ehl~e de traoajadores in­telectuales. La nueva ley militar, eximierHlo dos años de ser­vicio á los jó\-enes qne se comprometen á obtener á Jos veinti­siete •le edacl su doctorado, ha aumentado la gra\·eelatl de la situación, de ta.l moclo qne eu nue~tnl época, la eoncnrreucia en la proftlsión métlica es ta.l, qne se puede <-leeir que en el punto de vista puramente material, lo~ proveutos de gr:.J.n nú­mero de métlicos han llegado á sm· inferiores fL las asignacio­nes de mouestos erupleao que s<~ obstina en no vuur. Víctima ele la ch•se. ¡wracióu, ¡de qné lado t)e ral tarnhiéu reeihió in~trncdonc.·~ rPlat.in•~· á la couclucta que debía seguil' para prott>gt•r Ja. almharear Pll ella:.;. Di\·icliclo tle e:-;te moclo el ejérei10, para ohE'cleeer á la.· ley ; de la rtt•ce:-.iclad, ~'-'<~ mantn\·o t•u t>l Apnrc•; eRtaha f11rmn~to Cl'eí elt•lu~r ma.n teru•rmo á u euheza pam no ham•r ru~nlPr á los sohhulos la confiauza que mi prc.a~t>ucia. parc.ada illspir·af'lc.•R. Di orde.n tle qne se Jt-\·anta"'<' en San Fernarulo una fortifi­cación ca paz ele hacPr iu fr·•wtnoRns hu~ ·t••utat i \'aR de lo~ rf'l>el· des cont r·a loH cuerpos de tropa~ que dE'hían paHar allí la <'Stn­ción tlel Íll\'it-'rtiO; t>ll Rt.~guicla distribuí á la~ canoas fn(:>rzas llnfid(•llt.t-s para potwl'la~ t->n (:>8tatlo de st>gnir ,·inje por el do IJa:-;ta PI pa~o de Juan 1\.fatt>o, ('Jt donde ih:-tn {i l"t'l' ~t>p:-tradas. Dt>. pnél-4 de tomar 4.-•:-;tas elispo~ieiones me dir·ig-í eon el ejército 'jorua•laH cort~1~ á 1\fen•mr re y 811R alredPclort•N, reco~ic.•t~clo t'U el tr·;'w:-;ito á lo~ hahitantt>:-; qne habÍHII emigraclo á. la~ mouta· iias y ltaciPu•lo pa~~• r á la otra J'Í her-a. el el .A r·atwa tCHlas las l>eS· ti as y ca ha.llot\ C]IW fne po~i hl•~ mammtr·ar. El p;li'O del río s~ ve· riflcó por seguut.la vez pet'o siu uiugún ol>Htáculo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETtN MILITAR '-Y-"' 78l J nzgné <•tttOJH'f'FI (]llf' f'<'flH ventRjo~o-o la;.lcf'r J'f'l'OJTPr PI pafs y ~njPht rlo á la oht>d Ít>lleia, .,,, YÍH pHnl que tattto ellos como ~us solclacloH oh¡.;pn·:-ll't•JI la <'OIIfugi ... clo f'tt ht~ ntot•t·tñ~~- Los e~<·mulro­ne:-; particAr·ou <'11 clistintj~lrou Y<-'r Pll tc•do 1m~ puntos; Yi~itaroH ¡nnti<·ul;.~rmentP :l Ori«'lliiiiH J A<·hagml~., y traJPron nu Jltllll<-'1'0 <:oul"itlerablt• ele f;~milia:-:, Jll'H~él la mi­seria m:l~ t>:-:pmttosa, q1tP ~n~ mit>nahro~, llllO~ por fu••tza~ otrO~" por aneh;l to, se ~nstrt-tjProu á la a 11 tm·iJ'lla 1 el el Rt>.Y p:HH :-;o~twt<-"t · ~c" {t la doutifltieiilll m:):-; h{nhar;,. No :-:t-' de• · cuidó uingún mc•clio pma ittspirarlc•:-; cnutblltZH; {l todS tnt tó <~j~r<~i to <'OTl ti 11 nó ~n m~ r<'liH sohr~ A<'lwgna~, en donde dPhhttuo~ ..-:-;tadnnarn.,s á <·anl"a <1<-' la \'t>H­t} tja de~ Nm posigft nao~ H lli t•l 8 dH Marzo. A nttc .. ~tra pr<>~Pnda eompuz:non al fin {t. re~pirar los habi. tHntc->1'1, .Y la ,·ista dt' los ttopas rt>ale~, pintadaH por lo~' facdo . so.· <~OII los m(ts twgTt~H eolores, lt•s pan•<·ió <•l úni< :O lllt'dio <·a.­paz clt> :-;ah'Ht' l'll:-4 Yidas, ~11 tlc·n ·c·ltO,. n ltoJtor y :-;us illtt'l'NW • Yo eo11.·agTél h ~t todo~ 111is dc·S\'t>los il llll'Í(ll' :lr la !-'tH.•rt<· de til11h1s ino<'t'lliPs ví<·tirnaH (]p la .Rt·,·olnc-ion. Un gran IIÍlfll ~t·o de ,· iucht.· y ele huérfano~ YJIIO á rd'uginnm il lct H(lllthra de Jllli'Hf ras hallclc•ras, y tun~ la ~atisf;•<·c~ióu ele \'t•r á llltH·Iaos hotnhrt>s extnl\' iro:-icbH1 y d.-pcnt•t· la arma~. A tocios se ),."' eonc~Pdieron ht~ Yc·utajas de que yo q nerria goz:.tsf'll lo~ :--ú hclt to~ tit•lt•s ~d He• ~· . l>c·~pu(í. dt"l pn:-:o clt>l Araii'~H. fH'I'I'\II:ttliclo tlP qn~ mi.· pro­m<'~: tR 110 podÍttll tOIIIaJ'~t' <:01110 efc•dO d~_. tPIIIOl' Ó dP dt>bilidafl, ofn·d una \ ' PZ 111ií~ la paz ú lo.: la;thitaattP.' tlf-' C'StH~ <'Olllllrc·~•s; la paz q11 • hilt ,·h·atliPHtf .. clt•.- .. alt;i • u !tl:t.i•·· ta ht •r h:H:Pr oír t>l )ptJgll:tj•• dt•l ho11o1' y dH !a ntz<ÍII ;í bt~ tro­pali ing-lt•. a~ cpw <·on uosotroH habían c·onthHtido t•n E:-;pnfia á las órclt.•IIPH dc~l (JC. .. tH•.ral llill. V<~au . ·c t'Rta. clo~ }H'ot·lattHiS, qn<"' cl.-!itliehaclameute uo tn\·icron la acogida que yo tc11ía de­recho á esperar: "Hahitaut,~~ ch~l Apnre y Ma hl~~. pérfi r ln~ y H m hicioso~, ~E> lu111 1~­vant: uln Hohn'~ ,·o~oti'oH, Pmpnhr ... ,:iéndoo~. ~ttgañ:l11cloo~ eon UWiltintH ~, eon .... 1 \'ano f,uat,.tHIIl;t. tl...- n11a oprc•si611 qnimérica. La patrid, que llau cou vertitlo e u ca m vo de desolación y de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. f.86 80LETIN rliLITAI ~ u e lo, ha pre~tatlo su augttsto no m ore á tan vergonzoso sacri· Jegio. '' Hahitantes de Jos Llanos: VilSotros sois bneno~, dóciles y valero::;os; esos miserabl..-~ os h atria no eutra pr~ra nada. ~~~ ~u~ proyectos; feliz sería ella sin tan bárbaro ~ocorro; ello~ no quieren sino domiuar, perde­ros y adornarse con no m hn)>s fastuo8os, fJ u e no met·ecen. "Los ricos rebaños de vuestras fét·tiles dehe~ .. u~, el co­mereio interior de las pro,•incia.s, las uacieutet:\ hahitaciones qne comenzalMis á ver JHOsperar, la paz y la cmnotlitLltl parti­eular (le cada 11110 ele vosotrol'l. e:üo~ :-;on lm~ hienes fJ ne os ltan arrel..>ata(lo eso verdatle1·o~ ti ranos fJ tw hahhtn si~m pre de Ji. bertatl y re \"UeRtras calwz>ts! '' Vosotros los veis h uír y o en 1 ta.rse coba.t•tlemente á la proximación ~to ninguna barrera. á soldados agnenidos q ne u o ~ieuen, como los otros, á arrebataros nte.stra. trauq ni 1 iclacl eon tOt·pes astucias, sino á re~ta.hlPcer el m·clen, la. paz y la jnstieia. H Depotwtl laR armas y tornatl á Yue:-;tros hog-nrN~; Repa roos (le esos f"rtméticos setliento-; ele sangre y tlt> Yenganza, y tra\mj(•rnoR juntos por la prospel'idntl th~ estas orHlatl paternal tlt~l Rt .. y, n~ngúis {t colocaros hajo Ru J>roteccióu y l>ajo la del ejército qne él ha enviado pat·a \•uestro escu.tc. Cuartel general (le Nuevo Paso dt•l Rey, sobre el At·auca, 4 de Fehrei·o do 1819. El G •ncral en J •ft•, PABLO l\JOHILLO" • • • 16 A lu!l Jt'ft.~. Oficialt!6 ,11 soldad ~• inglesu acltv.lme 1t e al servicio de lo.~ ins~trget~tel "El Gobierno ra. como lo' ~úbtlitos de Su Majesta.d Bl'itiinica. han sitio t>Hg an-onar SU:l hogares, con inteución de establecerse eu estos ¡>4-\Í- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIII MILITAR ~ f8~ &~s,.con la faoX()Pctativa de obtener, por premio de sns servicios, ¡nopietlarle~, fortuua, houoreli: ¡pero cuán cruelmente los han enguiiaclo! "Iuglese~, á vosotros me dirijo, {L vosotro~, que conocéis ya á ~~e famoso ptw~ouaje que, si11 tlurla, cnctndo e~tabais en luglaterra h::thréis cornparaclo púhlica, sus tropas, sus ~Pnerales y á los miserables que componen su go­uierrw, dPhéis \'Í\'ir COIJ\'PilCtdOS ele qne hahéis Sido PUg"afiadOS (lel moeie. El pueblo fle Venezuela no dt>~wa ~;iuo la paz y t~l extermi11io rle e~t.os mon~truo~. ''Sé qut' \·al'ios iug:eses y otros extranjPros se encuentran f,.t tos de rned ioR pt->cu ui:uio~ ~' en im posi bilitlad para st•parar~c uo esta Cl-insa iuicna. Por esto tno ntre,·o i"1. ofreeer y á gAran­tizar la sPg·nrithul ptlrsonal {t aqut>llos qne ~e prPscnten á mi f:\jét'cito; ~e les recibirá al SPrYieio tle su ~Injestad Católica ó se les euYiará al país qne escoJan. "La bnena inteligencia que rP.ina entre vne. tro Gohierno y la monarquía esp aíiol fltle ha eomhatitlo por la lihe.-tatl tle Enropn, e ... to.r R<>g-nro tlo que ::;er:'t cot~.::idt! rcttla por \' o ott os t:omo sincer ' iuYiolable. "ünartcl general en A ·hagnas, 26 de !\Iarzo do 181 !), El General u J e o · el Ejército real en V cneznela, l\1 O HIL LO '' Durante la permanencia del Pjército en Achagnas, el se­gundo hat·LIInt•raJ. Los rebeldes no po,lían ignorar la preReucia de mis tropas en un pafs en doncle la. maym· parto habían uacitlo y conserv·a­ban amistades; JHH' l'sto t>~taban ell01~ pt-rfectameute impuPstos dü mw~tros m~uort:•s wodmitmto~, y Bolí\'ar, que lle~ó ele Gua­yana con alguno~ n fuerzos, couci hió la ~Hpera nza de batirnos en detall, por medio ue nna marcha rápida y oculta. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. '788 80LETIN MILITAR ~ Páez r BoJínlr, reunit>JHlO RUR fnf'rZ:H~, paR~ron Pl Aranca con 'los mil qmnit>uto~ llomhrPs, ele lo~ Cllidt's etliltJ·ot.~iPutos er¡.¡u avPntnrt>ros ingiPRes. Se prest•ut.:.u-on 'lt~ i•nproviso delan­te dd .Moliuo dtA Gnanwrra, d~ qtw lw hablado rwú~ aniha; todo bada comJH'PiliiPr qne ,-enÍi'lll muy ~t'lo{lll'os 'lel éxito. El Vormwl D. tlc,:-;é PPrt. .. ira. (}tte dt. .. ft•udía t>l'ltP pnuto, 110 tt>rlla á su dispo~icióu si 110 do~cit .. ll tol'l \·ei 11 tisit>te i uf.autt>s y odumta cara hi 1wros; t>l rt-sto de t-i liS fuer zas estaua. t.llsetu ir nulo e u <.ti­versos puntos lt·jauos . .A pesar de una inft.•rioricl~ul tan grande, el Coronel Pe· reir·a f(-'soh·ió I'!O~teru•l' el honol' de lns al'IIIHS t>spaiíolas .Y su re­putacióu •ni litar; el'\pPró {t los n·lwldt. .. ~ con nna trancprili•hul ud mira hit>, y IP-:-J opuso n u a rPsist t.•twia. q rrt.~ t · ~ta ha 11 h•jn:-\ de agnar,lar. Tr .. s \'eces voh·i,•t·on á la ear~a c~on ht mitad de sns fuerzas, y tres veet .. ~ ~e vieron n·chazados ft la hayout>ta .Y for­zados á hnír \'t>rgonzmmmcnte. Sn pérdida H lc~a uzú {t más tle trescientos ltomhrcs t .. utre mm .. rtos y bt>riclos. ·yt~intintun-e pri­sion~ roR Qllt>(larorr en poder de IH~ tropi'ls realeti, con alguuos fu:-;iles y otros objetos de cquipo-Cuntimía. El 18 cltl Agol':to último pnhlie6 Tribnurt, Riu (~omentarios -¡, catllliclPz ó piearclía i -ttn n~lato de batalla dado eu Uolom­hia Plltl't~ d11s particlns nwolnc~iouarios. ¡ Qné matauza! U ay una distauda enormP. eutre ~.a hata.­Jia ~· la~ de los soldados dd Papa, ó an11 lgratiaha ;\1 PrP · iclente l\lae 1{1111.-y el Allllirautt• Dt•WPy-tal \' t•z st•rú Sdtlt·y o S;llnpson - qn•~ dtt­rante el combate un jon•n timonel dt> sPguuda cla~e ya pica­do de \'Ínwhts, se ha toreiclo 1111 pie al ,· ... uir á O(mpar· sn put--s­to t>n la rnttda d •1 timón." H.•rrgn~h~t rnistno 110 pasa dt.., stmple eRcararnuza si lo compar:.uuo~ co11 la hnnot·o~a hatalla ele Oo­lom hia, ú la cual, pal'a a rno1·thrnar algo el pf...,eto tPJTOI ífitm que en Jos áuimns causaría, ha 8ido necesario dar dos uomhre~: Lebrija y Palonegro. l)t>ro dc·jemos la palabra á Tribun(t, qne verdaderamente es inimita hle: "Et 11 de l\layo em¡wz6 la hatalln, qne ha ~iclo nna (le las más hnrrihlPs f)llP ~e rpg·il·•tnw en las p;'1~ina~ a la victoria. s~ sigue luchando día y lloche 1Ja8ta el ~ü." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 789 ¡ Qnince (lías ~Pgnitlo~! no s:ou clo~ no:nbres los qne habría qu~ ct<-1r· á la batalla, Mltto n11a do<~t"IIH! '· De t•:o-~ta hara lltt t"spauto~a., imagím·s:e el frag-or y el es­trago dt" lllltehns eaiío11e~ y HIIH .. trallatloras y ele :30,00:• fusiles dt~ fll't·t~isióu moderno~. clisp;~ratlos c:ou ardor fn~nétieo cluraute quince días y qui111~~ noeh.-s. Imagírw,.¡e e11 eatla. soldado, en catla otieial, t>ll muht.kf..,., la fati~·<~, l,t zozohra, la :-~etl, t'l hambre, t~l insn11a11io, el sol, el :-;~reno, {t bt. Íl!te'llJH•rie, en 1111 tern~no dis­} HJtado paluao á palmo, eu uuís ele closcientaq hol'as de lucha euwtrni~;tda llast;a. la cl ... st~spt~t·aeiún. hahie.tHlo lle~!atlo 1:-\ mayor parte dH lcts tt'opas al sitio tlel combate con marcha-8 forzadas iucn·í hles. '· ImagínPse la ra.hioRa. compasión por cada compañ~ro QlW cae para no IPntnt.ar, las altt"t'll;-at.h·as eh~ esperauza .V de dc•s¡weho, por fin las tlinutlos <)11~ in\·ocan á la espo:-;a. {t. los hij~,s, {l. la matltt'~ ahltlltlouados por· una pat.r·ia · que c¡nié11 ~ahe si s4j apro\•eohará th·l sa.{~ritieio. ¡Oh, quit~ra Dios que á lo m t .. nos , ohrt .. la haei naetón de h neso:-c que hlan· Qllt .. arú en P:-ot> ca111po dt:\ gloria.\' ele muertP, ~e cortl-\olide para t:;ÍelllJH'O el impt~rio tlt~ la. legitimillS qnP hr·no:-.~ ,\· eomo rt-nHttt~ tl ÍI-\IHll'ado~ con freuét.ieo al'tlor durltttt•• quiuee día:-; y qniuee nodws .... Bsta hatalla. de l}alone.r¡ro clt .. smi~nte e\·if1Pntemt~nte los C~tleulos ele los esm·itor·ps utilitar·es, dH la. g-e11te (Jne ~"t~ Ct't•e cou•pt•h•ntc~ Pll pstas matt•I'Ía8 ~· pretc>Htle qne las hatallas tllfí­eilnw•• tt~ lm·,,r.ln mils dt• do.· d a:-~, qtw todo .. jér·cito qu ... haya lwt·dirlo t.•l \·ciutl! ó tr ·iuta. poi' cieuto do su cf~,,ti\'o tt:null'{' quo r tiriH .·e•. ¡ Qn<~ tlos días y tn•int.a por ciPuto! B~t•u e .· c~iert•• (1''"' no eonoel,IIIOS t•l IIÚtn(•J'O ~1~ mnerto~ y heridos Pll Lehl'lj<' ,\· l'a),,ne.rJ'·o; pe•o por lo.· dt•tallt"s (}tlt~ he· mr»s tn•u~·~•·ito e~ dahlt ,~ret .. l' (}ll~-' hayau pasaclo th~l IIO\'t•uta. y <Ürtcm por cit~uto ••• Puliría t;eL' tamiJiéu qtte 110 l11tbie ·e hahi· do ha.talla ... . -.11. • ( 0~:~ El Porvenir Militar ele Btlenosaires, A rg~ntin:a) "' L r•:; c1111 · e ¡ .to~ el el e .,:r it .r • rge11tÍ11•1 son pruE-h1 snhra•la rle h import:tncia de la h t •• . }., de P.-tlo111·gro, dt':-.rlt' el punto ele vi:-t r táctico, y la ju-t , fi·~ •ci6n de los tttlc rlt's1lo.: .wte~ ele lanco~ del pu ÍJ mn c¡ue á blan~:os que t.uubién m.•t 111 Por lo dt•má•, P.tl011egro e· una prueh,L Ítrt'cusab•e de la bon­dad le la inf,nterí.' colo;nbiaua, ya muadtin,,-L. V. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 700 80LETIN MILITAR '-y--" (Continúa) ContiPno 61 ca nt6n de Ch iq ui uq nir{t 26,600 h~ hitantf'~, irre­gularmeute uíclos ~ohr~ nu tPnitorio d~ ~~4 lt"'¡!.{tta8 ~ra­nadiuas cuad nHlas, dc~ )as ,m a lt>s 140 ~o•• tlt· sit·rtos eou tin nos, la. mayot· parte l>altlíos. Las S l h·gnas enatlt·adas I'P~tautN• r¡ne se •lau pOI' hahitad:-~l'l, uo lo t>sUtlt en propon·ión {¡ ~-'11 ft .. rtilidad ui Hl tamaño de los clistl'Ítos, pues PI de Chiquiuqniní eliPilta ,ooo habitantes, ... 1 tle Oattipauna 5,000, PI tle SahoJ;Í a,7CJ0. el mt \'ist a. 1 ,600, el dt- Itoeo 1 ,~CtO, los de Ooper, .l\luzo:; PHillle HOO ('~tra qne impropiam nte pnt>ch·n IIHmar~e po­blados. IJa pohlación aume11ta en lo~ em-ttro primeros~· disllli­nuye en los restautes, ~ohl'e tocio eu Muzo, Bueua\'i~ta y 1\fari­pf, no )'orque sus eliu1a:o~ fwau mal~anu:.;, sino por falta. ele quidnet-t animen la. inclul'ltria y e~onijau las etJstnmht'PS. De Jaa 84: leguas qt e se clieett pobladas, Hpeuas la décim;.t. parte Re halla ocnpatla por ~wlllelltet'8 de ualdíos. Hállause IIIÍilaS clt .. lJit·l'ro, ·~ al'hou, sal, cobre, plomo. oro de a.luvióu, eal, .Y~so y a huudaucia dt' Hznfre eu varias combinaciones. En ¡muto ft Hnimalt•f1 y reptilc•s no par(.•ce sino que allí se han congregado los ele toda la Aruériea., eucontraudo cada lleÍt'l'I'H. tlll aroma ex· qUJsito. El catubio tlt estos frutos ~t:' \ ' Critica. en mercados ()119 se tienen en catla. pueblo uu día tle la. st>maua, J•or Jo n•gnla.rel domingo, y el tt·ausporte lo hact'll á lomo dt~ btwy, úuietJ ruedio praeticahlt> en aqnt>llo~ camiuos fragosoM y aha11do11atlo~. El pa· padeutt., animal, euja.lma.tlo y t•oJI un ); , ¡·go c~aht:~:-.t.. ·o, ~tt.aclu at agujel'O qne le ahren t'll la tt·ruilla llP la. uariz, marcha. dt~lauttt del contluctor cou dos gTaudes tuocldlas cueima, y á n•ces uua mujt>r ó nu rnnchHelto por añadidura. Un gTito ó nn lllO\' imit>n­tu tlel cabestro le haceu apn~sur<~r ó detPuer el paso, clid~i i ~e á fllen~d1a ó izquienla, ó subirse á lo::; barrancos para tlar paso al Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ vi~nclantc.~ qn(~ Be enctwntra eon lns cargas en los estrechos ca­llt'jotlt':- t por dmulP 110 es pmdhh . ., pasHr ~iuo en tila. J)e r~gre89 del mereay, :-~iu ca rg;.¡, Re con vierte en cabalgadura del amo,";\. eoutra toda:-~ :-;u:-; aptitnclel'l trota y galopa de nua maue­nt g-rote¡.;ca qne llace rd•· al qup por primera vez presencia el iuu.sitaC'lo HrHbtr de ;H¡ttt ... llos e~ball(> ~ con ctwruoR, obedientes y manl-'o · twhre tocla po11cl(•t ·ad6u, compHfitorol-1 iuse¡uuahlt.·~ del il~~ que uiugúu otro ¡·e~mplaza­ría en J:.ts fat->na~ del mtlliJIO y dt-'l tnítieo. S..- da fal'\t id iosa la e u u nwnacióu de las riq nezas naturnlee qne guardan eu :-~u .st>11o lo~ i11tcrmiuahles bosques de e~te ca.n ­tóu t'H los di:-;trito~ dP temperatura. m'dicla. MHderas prf'ciosas, resina:-; :uomit t ica~, h{ll:-:H m os y pla utas me<.licinah.-•s de sor­JH't-' IHiente etkaeia se t•lletlt-'lltt·au á enuclautc· caza de cit.·n·o~. Yeuaclo:s y ruuchec.lumhre ele otr o. · ;tllilualt·.· clP ca•·tws 1-'Hcult.•nta~, olviclau su terocidafl y llu)- l'll (h•laute c.lt•l llomhr(-', ;ti cual sólo aco~ado~ y mortitimlclo llJ uat m·alista put>de r correr si u l•t·ligro alg·uuo la:i 11o l'Xplor, <:omo ¡.., o1 c((~d r ú tllu~ M ro ~ahio, motle~to y m a logrado eom patriota Ué .... pt.•dt·s, hahlcuulo uel'al. <'(llll(' IIZ du~ y juzgado fut>ron lo~ ·iguit•ute : -==-1--=::_ ------D·1--L- t_T_O_ s _ ___ ____ l-=~- 2 1 4 6 10 1 1 8 o 1 2 2 Jlurto ....... . .. . ........ . Riiia . .... . . . .............. . Homicidio •••••.•.......• . 11 " n g-a . . • • • . • . . . . . • . • ••. ·¡ li (•t·ichtS . • - •••••••.•••••••. H.c·~ pottNa hi 1 it l aft• <:to de ~\ ht~hitht f)lle ,,.~PI ,·ieio pl'~·lornÍII illtt•, partitmLtl'lllt>llte ell las ~ntlltles reuuÍt>liPS ele lch lll·'l'l:ados .Y Ít>I'Í Js pre~os fu~a!'nll de la prisión, uo oh .... talltt• l)llt~ la· e(u·c,·lt·~ eareet>11 tle ~wgtu·itl:t · l y sn11 ea-;.ts t~onulrlt's dt• paja er>ll prt rt·d~~ dt-\ ttPrra. La-; c:uJsM~ tlt:> n•spoiiSrtarios por 111al llt""SPIIl· ¡wfio tle sns llHUt'f't•s IIHg-arorl (l ,., .. ¡u t isiPtt"', hi~11 q ~~~ d Íl"'Z no 1u~s pl'Pstarotl mérito par 1 pr·o<: 1h•r·. J~...;te ht>tdlo Ps eonehttivo á la. carencia tle instruedón qnn hact~ •h·l A.lcaldt1 nna \'er•la.· cf~ri\ ,.,ctitu.t, ena1ttlo 110 es lll,trn •twnto pasl\'o t},~ los {I'On.f)nrt­le$ del pu~hlo s ele al~úu tilltl"'I'Íiln 11t>eio y Pllt't•tl;~tlol', tle don­de pt·ot:e•le el 01lio eon ()lit~ rtiiPstros caiiiJH•sillos miran t-se c,u·go por mil rt'SJH't~to · orrt•i'O ;o. Aun Clltllclo se tome en con­Sitlenwiúu lo i llll>Prfeeto dt~ la ~\ti 111 i nist ra,~h)n flt"' j 11stieia p.n lo~ tlistritos, totl:.t\'la Ps eit•rt.o qnt~ Lt t.ahla dn cielitos arr1ha exprt·satlos para n11a pohlaeiú11 •lt> ~().0'10 ltahitautt>s, es , ... J rne­ ·~u' te:-;tllllOIIio dula hllellali1latl tlt"' <:orntpt~ióll iu\'t>ter·ada, sino th~ cansa~ HCt~hlellt. alps qne lllla ,.,.z r«>lllo\·ida'4 po11dríau ténni­uo al 11tH l. Ij ts prilleipalt•s sn11 dos: las ~randes distaneí:-ts {¡, que ~u ~rll:lleutt'HII alg· u11o~ ''r-CIIItLHios a· .. ~sJweto dt~ lrt. rpsillPn­t: i"\ ch'l Ü ll'llt:Íl)ll St' IH'C~SI~IIIdt• l'llt.OilCt'S pat'a ftH'ttHU' la~ faruilias; .Y d pr•·•~iu, c~xl~t~rhitaute p .tra aqut~llos infelie~.,., :í q tw se \'t•u • lt~ c•l::) tt:t'.llll •ulo tlt•l ru.Lt.rirrtolliu. Do lile­quiera qne lw ltallrt.tlo 1111 Uura g-~awrww .V eh~ uohl ·~ iclt•.ts »e H·ca de su 111 i ulstt•t io, los re~ist.l'tH parroq rt ia IP · pn·~t·ll t.a han nnelws m . ~otrÍIIltHIÍo~ y poe11 · nadmi t•utus ilt•;.dtímo-.: cloutl~, a· el et)ttt.ra.ritl, t•l Uttl'i\ nwtali~ : lo, c• .-.¡wtmlitdl)l' o a \'ar••. d~­gr; tla SIIS ,'illlt, a~ ÍlltH:ÍOIIPS, (~011 \'ÍI'f iéudolas t'll \'ef':,!'OII~OS() CO· a t>l't~io U\'\ rt~!!'att'ns y ~~or11 p t .. ns:wltHH'"' ""''"·arias, los 111 ri tri llltlltios un rart)s, y las f 1111i 1 ias i 1(:&,!..!'1 t.i r11as fdt'tll · l n la rrmyorLL dt' aq ne­llas m.tl rt>gídas a-.odac~Í•IItt·-"· D ~ •• . ,ra-. ftrutla." sa.leu los .iú,·e­es lit:t"'IICitHOS, (}llt' t~ial e .~ r·aptdt:o-~im ... : Rlt m .tl üur.l pll ~1},~ dP.eirst~ qtt•• prostit.ll,\''' la. tnitrttl d~ sn"' feli­~ · ·t•8e.i y t,rasl on1a lct lHst~ f,u"Lun 11 t.a.l tlt• t01la 80<~It•tL1tl cr·is­tl< lll<~ ,V civilll.adil, LA. PAi\ItLIA. L~:G\L, t•8 Üeeit', la. Cllll
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 183

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 16

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 16

Por: | Fecha: 20/04/1901

BOLETIN ~fiLITAR DE COLO~iBIA Director ad honorem Organo del Ministerio de ¡ Guerra y del Ejército F. J. VEBGARA Y V. Son cola.borndore · de e¡:; te periódico lo~ ~ General de Ingeniero , Miembro de Jefe y Oficiales del Ejército ~ varias Sociedades CientHlcas i\-OCIO.VES DE CEOGRAFIA 11IILJTAR Continúa 1 OROGRAFIA TEORJA DE!. TERRE1VO ~Iontaílas-\ allc~-;-Llanuras-~Ics tas Las palabras monte, monlcuia, tan inteligibles en el lenguaje Yulgar, son en el científico ambiguas é indeterminadas, porque unas veces c. ·presan la elevación absoluta, y otras la rclati ra 6 diferen-cial, c. decir, el contraste entre un lugar alto y otro bajo. Lo que un habitante ele país montañoso considera como colz"na, es sierra 6 monlaiia enorme para el habitante de la llanura. Los Pirineos en la parte que sirve de frontera, son montes.; en su prolongación al Oeste 6 Poniente ya son monlmias, de Santander, de Asturias. T~r;ir-'~=:!;; mayor altura 6 altitud (como se llama á la altura absoluta sobre el nivel del mar) es en España uno de los picos de Sierra Nevada que tiene 3,500 metros; pues bien: esta altura máxima se llama Cerro de Mulhaccn. En la l\;1ancha es úerra cualquiera línea de co-lilzas ó cerros que rompa la uniformidad del horizonte. Lo mejor para entenderse es, dejándose de montes, sierras y arros, comparar primeramente lo alto y lo hondo con sus cerca­nías, y luégo su relación con el nivel constante del mar. E1, con su horizonte general, nos da el cero de la escala para las asperezas, desigualdades 6 bajorrelieves de la tierra. Así, el nombre genérico de motzte 6 montaiia debe aplicarse á toda protuberancia, pliegue, resalto 6 arruga que sobresale más 6 menos, no sólo del nivel ge­neral del mar, sino del particular del plano local 6 parcial en que descansa. T~MO l-3 1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 474 Como muestra de la copiosa nomenclatura que según las pro­vincias, tienen los puntos elevados, citaremos: aguja, alcarria, alti­llo, altozano, berrocal, braña, cabezo, canchal, cerro, cilindro, cor­dal, cordillera, cueto, derrocadero, desgalgadero, farallón, hacho, mesa, meseta, mogote, morrón, muela, muga, otero, picacho, pico, pobo, poyo, puig, reventón, serranía, sierra, ribazo, tezo, risco, tela, terraza, torcal, tozal, etc. (V. Dice. Mil.). La superficie de la tierra presenta, en sus grandes comarcas montañosas, notables desvíos de la forma esférica, contrarios á las leyes de gravitación y movimiento: es, por lo tanto, evidente que otras fuerzas además han debido concurrir á su estructura. Hum­boldt llamó ya "reacción del inte rior del globo contra su corteza sólida," la fuerza que ha producido las grandes desigualdades de la superficie, esto es, las montaJias. on, en efecto, hinchazones, in­tumescencias locales de la epidermis ó costra terrestre, compara­bles, si se quiere, á los tumores de la piel humana : como ellos, se producen de dentro á fuera, y como e llos también al reventar, es­parcieron sobre la superficie la materia líquida que viene de adentro. La idea de la " fOI-mación de las montañas por levantamzento" no es nueva; varias veces ha sido emitida y luégo olvidada en tiem­pos en que la geología sólo se fundaba obre conjeturas; pero en el día está ya generalmente admitida *. Solamente algunos geólogos que creen poder explicarlo todo por las causas tlcluales, apoyándose en el hecho local y concreto del levantamiento lento de la . uecia, y sobre al o-unos otros movimientos del suelo debidos á la acción volcánica, quier n que lo levantamzentos se hayan verificado hnlamentc y por una serie de esfuerzos largo tiempo repetidos ; mientras que otros piensan, con De Buch y Elie de Beaumont1 que ha sido de una manera repenti'na y violenta. Esta última opiniún es la de la mayoría de los geólogos ; y parece ra­zonable, al aspecto de las singulares torsiones, desgarraduras, plie­gues y dislocaciones que presentan las montañas. Recientemente se ha hecho contra la palabra levaniamzenlo una objeción : las grietas ó hendiduras-han dicho-por las cua­les se han eleYado las cordzlleras, sol" debidas á un hnndzimento ge­neral que la corteza ha debido sufrir, para seguir la contracción más considerable de la masa fluida interior; luego las montañas son en definitiva el resultado de un huudz'lwento, y no de un levania­mt" enlo. Esto sería fundado, si al emplear la palabra levanlamz'ento, se la quisiera aplicar al conjunto de modificaciones que ha debido su­frir la corteza en una época dada ; pero no es menos cierto que una cordillera, en particular, resulta de una acción, de una reacción, si se quiere, que obra de abajo arriba ; y no hay el menor inconvenien­te, en este caso, en emplear una palabra que representa muy bien el hecho, y que además sería difícil de reemplazar por otra expre­sión tan cómoda y breve como ésta. • Esto se escribía hace algunos años. En la actualidad la Geología mar. cba por otros senderos-N. del D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. fiofct!n Jlilz"tar 475 Dentro de ese principio general puede haber ciertamente di­ferentes clases de origen, a í como también hay numerosas com­binaciones de forma, resultantes de sus desarrollo y degradacio­nes en diferentes épocas. La tres clases principales son : r :, por eyaculación, inyección, de borde y aglomeración de masas ó ma­terias eruptivas á la superficie, y que suelen distinguirse con el nombre geológico de monlallas volcdmcas; 2."-, por levantamiento de partes preexistente de la corteza sólida, ocasionado también por masas ígneas inferiores, y que forman las mo171íulas llamadas plu­tómcas~ · y 3.\ las producidas de mil modos por compresión lateral, por movimientos de báscula y palanca, á manera de nesgas, plie­c. rues, arrugas de la corteza. En un mismo s1~rlcma ó maczzo monlaílo- · so se encuentran á veces combinadas varias ele estas clases. pesar del natural empeño de conocer la altura de monta­ñas notables, y del esmero con ue en todos tiempos se han bus­cado re ultado exactos, no debe extrañarse h discordancia de éstos, ni retraer de nueYos esfuerzos el mal é. ·ito, que posterior­mente e comprueba. on tantas las cau as de error y de extravío en este género de investigaciones, que sólo deben acep~arsc, y con resen·a los resultados de operacionc xactas, como las que en nuestros tiempo permiten los adelantos de las ci ncias~ y aun más de los instrumentos (que en este ramo son agentes principales), y podemos sacrificar sin rcmordimi nto datos tradicionales de inse­guro origen. Debemos ver in extrañeza descender de sus respectivos ran­go , minencias que los han ocupado mucho años, in rival. Esto es de todos tiempos. A principios del siglo xvur continuaba el pico de Tenerife ln pose ión del título de "montaña más alta dd mun­do" (véa e la Geografía de Vareníus), á pesar de estar bien á la vista los Alpes y los Andes. En los Pirineos, recorridos por sabios académicos, pa aba por más alto el Canigou, y hoy abemos que el Mont-Perdu le lleva 6oo metros. El Chimborazo mismo, tan célebre por los trabajos de Bouguer, La Condamine y Humboldt, tuvo que ceder su puesto preferente y dejárselo al Himalaya. En esta enorme cordillera del Asia central, que constituye la mayor elevación del globo, se disputan hoy la primacía los dos picos de Kunchinjunga y de Gaurisankar, que tienen unos 8,840 metros Los viajeros, geógrafos y naturalistas confunden las monta­ñas de diferentes órdenes, por falta de buenas definiciones que las distingan entre sí. Hasta ahora estas definiciones han sido arbi­trarias: ningún principio ha servido de guía, y la principal dificul­tad estriba en la elección de caracteres. Considerando las montañas con relación á sus dimensiones ó á sus alturas, en algunas cordilleras, en algunos grupos se ven cum. bres ó cimas de 2,000 m. dominar todo el sistema y formar monta­ñas de primer orden, relativamente á las otras ; al paso que en otro macizo, frecuentemente poco apartado del primero, los picos de 3,000 á 4,000 m. no son más que de segundo 01'den, por estar domi­nados por montañas de más de 6,000 m. de altura; además hay cadenas ó cordz:Zleras secundarias, regidas y caracterizadas eviden- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M·ilz'ta1' temente por otra principal, que ofrecen muchas veces picos más elevados que los de la masa á la cual la naturaleza parece haber­las subordinado. En los Alpes, por ejemplo, con respecto á la vegetación, se consideran seis regiones : J .a. ubmontana 6 de lo nogales, hasta los......... 800 m. 2.n !\fontana ó de las encinas ............ de 800 á I ,300 3·a Subalpina ó de los pinares .......... de 1,300 á 1,700 4."' Alpina ó de los 3.rbustos ............ de r ,700 á 2, roo 5."' Subnival ó de las gramíneas ........ de 2,100 á 2,700 6.a Nival, nh·ea ó de nieve" perpetuas arriba de ... 2,700 De todas esta regiones naturales, que se Yan sucediendo como pisos en la falda de una montaña, ninguna tiene un carácter al parecer tan señalado como el de las m~"'i: es perpetuas, es decir, las que resisten al estío, 6 se renuevan en cuanto un derretimiento par­cial durante el estío ó la primavera ha disminuído su masa. Fácil es comprender :jUC la línea llamada límde de las mi:­ves perpetuas, se encuentra á una altura absoluta tanto mayor cuan­to má calor hace al nivel del mar. 1.Iientras n las regiones pola-e , por ejemplo en el ~ pitzbcrg, 79° latitud no:te, e tá al ni\·e1 mismo del suelo, tiene grande elevación en las 1·egiones ecuato­riale , como en el Himalaya. falda septentrional á 36° latitud nor­te, donde sube á 5,300 m.· ó en los Andes de Quito, 1° latitud sur, á 4, 20 metros. Pero esto dd límite de las nieves p rpctuas es muy complejo. Depende de la temperatura; del estado higrométrico d 1 air · de la forma de las montaña ; de la dirección de los vientos reinantes; de u contacto, sea con la tierra ó con el mar; de la altura de la montaña· del escarpe de sus faldas, y en fin, de la e.·tcn ión su­perficial y elcYación absoluta de las mest'las que soportan sta 771077- talia. Todo ello contt·ibuve á dar al límite de las mcves su carácter de variabilidad. ~ Este empeño 6 necesidad de dividir y clasificar las monta­ñas por su altura, hace que cada tratado de geografía adopte un método ; pero el más aceptado parece el que la clasifica en cuatro órdenes: el I . 0 , de 3,500 metros arriba, con cuatro regiones 6 zo­nas, que son : la del cultivo, la de los bosques ó forestal, la de los rados 6 pastos, la de las nicYes perpetuas; el 2.0 , de 3,500 metros á 2,700 metros, también con las cuatro regiones; el 3. 0 , de 2,700 metros á 1,200 metros, con tres solamente, pues que se suprime la de las nieves perpetuas; y por último el 4.0 , de menos de 1,200 metros, con sólo las dos primeras regiones ó más bajas, la culti­wada y la forestal. Para darse razón y hacer comprender la disposición ordinaria de una sierra 6 cordz1lera y de sus partes constitutivas, se la pinta ó supone teóricamente como formada por dos planos inclinados que se reúnen en ansia como los de un tejado ; 6 como un prisma triangular, muy prolongado, que insiste sobre una de sus caras en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milztar enemigo es fuerte ó está fuertemente atrincherado, la artillería debe hacer sentir su efecto á fin de permitir á la infantería que ata­que sin peligro, aun cuando debe saberse que en casi todas las acciones que tienen lugar en estas guerras, el principio de hacer avanzar la artillería no pierde su valor. Ya sea en las faces preli­minares del combate, durante el desarrollo del ataqu~, ó ya sea en el momento de la crisis de la batalla, la artillería puede y debe maniobrar con un atrevimiento que no se consiente en los com­bates entre ejércitos regulares. La preparación por la artillería ofrece desde luego características que difieren poco de la concen­tración prolongada del fuego de baterías amontonadas, conocida con el nombre de j;nparad(m en la fraseología militar actual. El efecto moral de la artillería es muy grande contra enemi­go irregulare . e ha hablado ya de la alta estimación en que tienen lo asiáticos los cañones. ~ i la posición ó la superioridad numérica es con iderabl , hay que utilizar este efecto moral; pero el efecto material e aún más Yentajoso; y si el enemigo no es formidable, es esencial, cuando se hace uso de la artillería, cau­sarle pérdida . Teniendo n ~enta la~ con ideraciones precedente , 1 prin­cipio, en acciones contra tales adversarios, LS, sin duda, emplear la artillería á corta distancia, de modo de utilizar todas sus ven­taja . E te es un principio verdad ro en ca i todos los caso~ en que se trate de obrar ofensivamente entra adver ario irregula­res, porque el fuego d éstos no s preciso. La gu rra contra los Boers ha sido una . ·cepción ; en la represión de revu ·Ita n país civilizado, el en migo puede tener buena arma de fu ,go y aber hacer uso de ellas; p ro las condiciones no son ordinaria ·. II . . En el alar¡ue !tTS jn'ezas han de 1/n•arse arca del obj¡.:fi7.Jo-En la mayor parte de la p ,qu ñas guerras, las pieza pueden condu­cir e sin pelicrro á di tancia á que inevitablemente serían reduci­das al ilencio por la infantería r .guiar, i é ta no fu se ante · desorganizada por la preparación por la artillería, ó por otro medios. La elección de las posicione frecuentemente s muy limi­tada por la quiebra d ·1 terreno. alvo e te ca o y el de la im­potencia de la artillería cuando está en movimiento, casi se puede asentar como rco·Ja general que la colocación conveniente de las piezas es sobre la línea de fuego de la infantería. Mientras más cerca, el tiro es más eficaz. Si ellas tienen que abrir vías á la in­fantería, deben, tanto como lo permitan las circunstancia , ponerse en acción en el instante mismo en que la infantería ha del ido dete­nerse. Según este principio, cuando las tropas regulares han toma­do la ofensiva, la artillería precede, si está bien montada. La sublevación de la India ofrece numerosos y notables ejem­plos de esta táctica ofensiva de la artillería. Citaremos dos: e~ kunderbao-h y hah Nujeef, en Lucknow. Antes de que la infan­tería pudiese atacar el ekunderbagh, las piezas fueron conducidas á menos de roo yardas de los muros almenados, y tu i ron que emplearlas durante algún tiempo en terreno descubierto, á e a distancia inmediata. Luégo que se tomó por a alto el Sekunder- / Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mzl-itar 479 bagh, se hizo necesario tomar el Shah Nujeef, no menos formida­ble. Los cañones de la Naval Brigade fueron conducidos por los marinos y el 93. 0 á menos de 20 yardas de los muros macizos del edificio. "El Capitán de buque Peel, como lo escribió Sir C. Camp­bell en su despacho, se portó e ·actamente como si hubiese condu­cido el Shannon al abordaje de una fragata enemiga." La mezquita resistió largo tiempo á todos los esfuerzos de los acometedores. Ya era de noche cuando cayó en manos de los Ingleses. Pero á la mañana siguiente, temprano, señales y toques de corneta que par­tían de la cubierta del grande edificio, informaron á la guarnición ansiosa de la Residencia que todo iba bien, y que concluídas sus penosas velada , iba á poder participar del combate. Hasta el hecho de colocar en batería las piezas á los pies mismos de las murallas del Sekunderbagh y del Shah Nujeef, es un espléndido ejemplo de táctica ofensiva de artillería *. En Amoaful tuvieron que llevar las piezas varias veces sobre la línea del fuego para romper la resistencia del enemigo en el . bosque, y á tan corto alcance, hicieron gran carnicería entre los .. i\.shantis. En Ordahsu una pieza seguida por la infantería, y ga­nando terreno poco á poco, avanzó recta sobre la aldea. Casi la redujeron al silencio, pero prestó servicios t. En el ataque de Konoma, en Jos Taga Hills, en r 88o, luégo que se tomó por asalto la primera trinchera enemiga, las dos pie­zas sio-uieron á la columna al penetrar en esta defensa, y desde allí rompieron el fuego sobre otra trinchera, que sólo distaba 50 yardas, y abrieron brecha. Tres asaltos fracasaron. Después del tercero, 1a retirada de 1a columna qu ..... atacó fue efica7.mente pro­tegida por las pie7.as que, disparando por encima de la cabeza de la columna, barrieron las murallas que habían vuelto á ser ocupa­dos por los ... agas, en el momento en que la infantería intercep­taba el fuego de la artillería ¡ . * Véanse las Expedicioua ingluas en Africa, página II 1. t La descripción del Sekunderbagh ha sido ya dada en una nota prece­dente. El Shah ... ujeef e taba á algunos centenares de metros al TO. del Sekun­derbagh. Era la s e pultura del primer Rey del Oudh: el edificio consistía en una bella tumba blanca en forma de cúpula, rodeada de un patio y cerrada por gran­des muros de piedra almenados de 20 pies de alto. La construcción estaba casi oculta por un matorral espeso, y no se dieron cuenta de su fué\.za de resistencia sino cuando estaban encima de ella Los rebeldes concentraron un nutrido fuego sobre los marinos del Capitán Peel, quienes sufrieron tales pérdidas que una de las piezas ({ucdó sin quien la disparara. ( Forty oue years itt Iudia, by Fidd .flfars­hall Lord Roberts, página 183 y siguientes). t Los Naga Ilills son montañas cerradas del Assam, situadas entre el Bramapoutra y las fuentes del Irawaddy. En el ataque de las trincheras chinas de IIoa :Moc por la columna france­sa que marchaba en socorro de Tuyen Kwang, en el Tonkín, en 1885, ataque en el curso del cual los defensores combatieron con mucha resolución, uno de los reductos resistía aun después de la toma de las otras trincheras. Se condujeron con prontitud dos piezas de montaña á menos de 50 yardas para atacar el para­peto, y en breve se abrió la brecha. Estos episodios se citan como buenos ejemplos del principio de hacer .avanzar la artillería. El medio más seguro, en estas pequeñas guerras, para em. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B o/etín i11i/z'tar do de las piezas. Así era como procedían en el Tonkín contra la artillería de los Chinos. Pero en lucha contra artillería ene­miga no hay que olvidar que el punto final debe ser la toma ele esta artillería, y que si bien un fuego intenso de granadas la somete casi de fijo al silencio, el resultado de estos disparos puede obligar al enemigo á retirar us piezas al darse cuenta de que está perdido en e te duelo. En estas pequeñas guerras es preciso, sobre todo, que la arti­llería se encuentre inmediatamente disponible en el momento crí­tico y bi~:::n adelante. Las dificultades de terreno en unos casos, y en otros el hecho de que las piezas son de ordinario llevadas, y no arrastradas por caballo , hacen á Yeces imposible los movimien­tos rápidos. Y in embargo, lo que conviene es que puedan ser movilizadas tan prontamente como la infantería. Si 1~s ca­ñon s e tán reunidos en un solo punto, es fácil que no lleguen oportunamente al lugar en que se les necesita. La práctica y la teoría parecen estar de acuerdo para recomendar que las piezas sean fraccionadas en pequeñas unidades, secciones ó medias ba­terías, é independientes. En Tel el I<.ebir, la artillería inglesa es­taba amontonada en el centt·o de la primera formación de ata­que, y formaba 1 eje sobre el cual la· di-visiones de infantería colccada. sobre los flanco~ podían apoyar e en caso de mal é."ito. Per tí la concentración sucedió la dispersión, desde que la in­fantcda p netró 'n las líneas egipcias. To hubo fuego en ma.sa *. V. Dúper //m de la ar/¡J/a!a en la dt:{t'llszva-El principio de la di p r ión de la artillería se aplica igualmente en la def nsiva. Rara v z s n "C ·ario concentrar las pieza· en un punto parti­cular, pu s 1 fin principal s tener una 6 do piezas li ta para di parar por toda partes por donde el nemigo intente acom ter á fondo ..t. .... e ha hablado ya de la colocación de cañon en el in­terioi · de lo cuadros, en el capítulo q~..:e concierne r ecialmente á esta formación. * Véase el croquis de la formación di! ataque en las E. -pcdicioues ingle­sas t'll A.frica, página 320. t esta rcgh se conformó el • in.lar J~itchener al Ji tribuir su n mcrosa artillería el día de la batalla de Ondurmán (2 de . 'eptiembre de 1898). Esta ar­tillería comprendía: 1.0 En la. División ingle a (.Iayor General Gatacre): la batería 32.• de campaña (z cañones Ann trong de á 40 libra.); la batería. 37.n de campaña, con dos obuses de 5 pulgadas; un destacamento de lo Fusileros reales irlandeses con 4 ametralladoras :Jfdxims; una batería de la 16.(\ compailía de artillería con 6 JJ.Iá:cims. 2. 0 En la División egipcia (.Mayor Gl!neral Hunter¡: una bate.ria á caba­llo de. cañones Krupp de 75 milímetros; 4 baterías de campaña con dáxims; 1 batería l\Iáxims de 10 cañones Nordenfelt . El. 'irdar dispuso su ejército en un zeribá en forma de herradura ó de media circunferencia apoyada en el .l ·¡¡o; el río, formando el diámetro de la media circunferencia, e taba inclinado sensiblemente ud norte. La tropas se tepartieron del siguiente modo, part icnclo d.! la extremidad sur del diámetro y siguiendo la media circunferencia: Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín lV/zlz"taP"' VI. Valor de la artz'!lería en la difens/va-Es muy raro que la:S piezas no puedan defender su propio frente, á menos que el campo de tiro no sea muy limitado. En el ataque intentado por los Afga­nes en Ahmed Khel, los esfuerzos del enemigo armado de sables para lanzarse sobre las piezas, no dieron otro resultado que la mortandad de los asaltantes, causada por el fuego de esas piezas, que disparaban á boca de jarro. En Tamay, una batería se en­contró aislada entre los dos cuadros en el momento crítico ; sin embargo, rechazó la acometida de lo Arabes y no cambió dte lugar. El apoyo dado por la artillería á las otras armas, en un momento crítico, por ejemplo cuando la infantería se encuentra mal apostada en pre encía de un ataque del enemigo, es inapre- ..... ciable. Cuando la tentativa desdichada del eneral Lomaldn para tomar por asalto á Denghil Tepe, el fuego eficaz de la artillería detuvo á lo Turcomanos que perseguían las columnas de a alt desconcertadas después del mal éxito. Lo que la artillería á Ycce tiene qu temer má , es ver que el enemigo atropelle su flanco~. En Maiwand se perdió una sección de artillería montada, porque la infantería situada sobre el flanco había ido de organizada por la acometida de los Ghazis. En tanto que los flancos están seguro , el frente nada tiene qué temer, á menos que las piezas e!:)tén e una posición muy de favorabl . En la dcfen a de puesto aislados, la artillería presta gran­des servicio . El General kobelef, en la organización de los depósitos avanzado sobre la 1 ínea que debían seguir sus tropas en marcha sobre Denghil Tepe, colocó varias piezas en cada depó­sito. Durante la deft;nsa del fuerte improYi ado de Potch f trom, en 1881, el fuego de la artillería contribuyó mucho á mantener á los I3oers á re ·petuo a distancia .. e podrían citar mucho casos semejantes. VII. Impoltm:ia relall'va de la arfdhría contra las aldeas difcndt"­das por tapt'as-Aun cuando la cuestión de material y de organiza­ción de la artillería no entra n el cuadt·o de e ta obra, tiene esta cuestión algunos lados que se ofrecen n bs pequeñas guerras y que merecen llamar la atención. El primero es que en la guerra en Asia se evidenció que las aldeas de tierra pi ·ada resi ían muy bien El 21.0 de Lanceros; los dos cañones de á 40 pr. de la batería 32.a (piezas rayadas que se cargan por la boca, de calPl>re Je 12 centímetros poco más ó menos) .M:ixims; toda la División inglesa; Máxims (en la cima de la media circunferencia); tres brigadas de infantería egipcia; la artillería egipcia; la ca­ballería egipcia; el t.amd Corps egipcio (en la extremidad norte del diámetro ; una brigada egipcia que formaba la reserva general. ~e repartieron artilleros arriba y abajo de las extremidades del diámetro; esta artillería tomaba así de flanco toda la media circunferencia. En e ta formilción defensiYa recibió el Sirdar Kitchener el primer choque del ejército del Kalifa, de las sei y media a las ocho de lt mañana. Sólo hasta las ocho y media voh·ió el Sirdar á tomar la iniciativa de los movimiento . Du­rante c·te tiempo, con los caüones y los obuses de 5 pulgada· de l:t 37.n. batería se bombardeaba á Ondurmán Khartum y la isla Tutí. Los Madistas atacaron con su habitual temeridad, y sufrieron pérdidas te­rribles; lo que hizo decir al Corresponsal del Daily .fifail que asistió al combate, que aquello no fue una batalla, sino una ejecución capital. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Jlf·ilzta'l' :i los obuses. Las paredes no se hundían, y las habitaciones peque­ñas, características de estas aldeas, absorben la explosión del pro­yectil y atenúan su efecto: este es hecho importante que no hay que olvidar, porque un bombardeo preliminar puede no desmoralizar del todo á los defensores de la aldea; lo que prueba que sería ventajoso, en semejante ocasión, disponer de piezas de gran calibre ara disparar grandes proyectiles con fuertes cargas de explosión. Pero por otro lado las exigencias de las pequeñas guerras dificul­tan el empleo de otras piezas que no sean de pequeño calibre, á ausa de su acarreo. * VIII. Las pzezas deben ser ligeras y lransporlables.-A. causa de as dificultades del terreno, lo liviano del material de artillería se mpone casi invariablemente. Se reconoce cada vez más que, en la eneralidad de los casos, la artillería uncida no se puede emplear. En las llanuras de la India, ó en la hoya del Pelho, en las estepas del Sir Daría ó en la región situada al pie del I<.ofret Dagh entre 'os Teques, sobre lo grupos redondeado del Zululand y en mu­cha regiones del Maroc y de Argelia, la artillería á caballo y la artillería rodada pueden maniobrar tan fácilmente como en Bél­~ ica ó en Lorena ; pero esto no sucede en la mayor parte de las pequeñas guerras. En los arenales del Egipto en 1882 se probó ue las piezas de montaña eran absolutamente tan movible como la artillería montada. En el Tonkín la artillería arrastrada fue al­o- unas Yeces un grande estorbo. En su marcha de l<.abul sobre Kandahar, ir F. Roberts no tenía sino piezas de montaña. En el Ashante. en el Dahomey, en el Chitral y en muchos teatros de operaciones recientes, no se pueden empkar sino pieza· tran5por­tables ; estas piezas no pueden ser nunca muy fuerte , pero pue­den seguir á la infantería por dondequiera, y generalmente es esto lo que hay que buscar en la guerra irregular. IX. 1\eceúdad de la caja de perlrcc!JOs. -Puesto que en estas campañas el gran principio que rige la táctica de la artillería en el ataque es llevar las piezas lo más cerca ¡~osible del enemigo, y puesto que la defensiva en Marruecos, en Argelia, en el Sudán, en China, en el Afganistán y por todas partes, muestra que la artillería puede parar los ataques á quemarropa, es evidente que * L:\ historia de nue tras primeras campañas en el Sudán demuestra el poco efecto que producían sobre los muros de arcilla de los tatas los proyectiles de .. nuestras antiguas piezas de á. 4 de montaña. Por esto en 1890 el Teniente Coro· nel Archinard tuYo que conducir el 95 delante de Ségu. ,. Más recientemente, en Abril de 1898, en sus notables operaciones de sitio contra Sikasso, el Coronel Audéoud empleó el 95 y el 8o de campaña. En Inglaterra la artillería montada y la artillería á caballo conducen piezas de 75 milímetro : la artillería de montaña se sirve de piezas desmontables del calibre de 63 milímet.,s y que se cargan por la boca. Pero cuando los Ingleses preYén que tienen que destruir poderosos obstá­culo , no Yacilan en arrastrar ó hacer llevar piezas de 40 pr. Como ya se ha di­cho, e;;to son cai'ione rayados del calibre de 12 centímetros, que se cargan por la boca, yobu es del calibre de r6 centímetros. En la India la batería pesada comprende cuatro piezas de 40 pr. y dos obu­ses de 6,3 pulgadas, es decir, del calibre de 16 centímetros (5 oficiales, 95 hom­' Jrcs de tropa. 5 caballos, 12 elefantes y 252 bueyes) . • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo!etín Militar tici·s que tenga el Jefe de Estado Mayor y crea conveniente co­mu1icarles, así como las disposiciones convenientes al buen serYi­cio. Este procedimiento tiene la ventaja de que todos los Oficiales de os diversos Estados 1\1ayores, que concurren á la orden, se impongan de la situación general del enemigo y de la de los Cuerpos próximos á los suyos, y puedan comprender mejor las dis¡ osicione s particulares que se hayan dado, así como las miras del G e n e ral en Jefe. En esta reunión sólo se dice lo que conviene al movimiento en ..reneral, sin entrar en detalles. Las órdenes extraordinarias que en el curso del día tengan qu darse, pueden transmitirse por telégrafo ó por teléfono, si hay seguridad de que la línea no esté interru pida ó en poder del ene­mi o; p e ro en todo caso, toda orden dada por una de estas vías, del e rá luégo confirmarse por escrito. Cuando el uso del telégrafo no es posible, hay que recurrir á otrvs medios. Si la orden es de suma importancia, se destinará para llevarla un ficial d e órdenes, á quien se le darán dos ó tres soldados de escolta muy bien montados. Si la distancia pOI- recorrer es muy grande, se establecerán de 10 en 10 kilómetros, puestos de correspondencia, cuyo efectivo se fijará en cada caso, como lp previene la instrucción para el ser­vicio de la caballería en campaña. Estos pue stos se establ ccrán sobre el camino, en lugares bie n visibl e s, aprov chanclo las casas que cerca de allí se encuen­tre n, y e vitando entrar á poblaciones de ci rta importancia, i éstas son hostile s. Se colocará un centinela sobre el camino; y en el lugar cupado por un puesto, debe haber una señal exterior, visibl , tanto de día como de noche. Todos los puestos de corres­pano ncia deben estar informados del lugar que cada uno ocupa. Una te1·cera parte de los soldados estará siempre lista para montar; otra tercera puede desembridar y dar agua y forraje, tener flojas las cinchas; y el resto puede, además, si la seguridad del puesto lo permite, desensillar. Cada Jefe de puesto tiene un cuaderno numerado y sellado por el E tado Mayor de donde depende; en él anota las piezas que recibe, el nombre del que las entrega, las horas de llegada y salida, y otras observaciones que pudieran hacerse. · El soldado que entregue en un puesto la correspondencia que lleva, deberá recoger un recibo, para cubrir su responsabilidad. El portador de una orden urgente no se detendrá, aun cuan­do en su tránsito encuentre á algún superior. Se le dispensa echar pie á tierra para entregar los pliegos de que es portador. Ninguna autoridad que no sea mandada por la superior que dio la orden, deberá detener la correspondencia que lleve un sol­dado ú Oficial, ni enterarse de ella; antes bien, todo Jefe de Cuer­po ó de destacamento, le facilitará al portador lo que necesitare para el pronto cumplimiento de su misión. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boleti1z Mz"f·itar Si la orden dada es verbal, el Jefe que la dé deberá hacérsela repetir por el que la lleva, para cerciorarse de que ha sido bien comprendida. Toda orden verbal será siempre transmitida por un Oficial. Las más veces, es prudente iniciar al portador de un des­pacho, de su contenido, sobre todo si durante el trayecto hubiere peligro de ser sorprendido por el enemigo; el portador de una orden podrá destrufrla, antes de entregar los papeles que lleva. Todo portador de una orden escrita, dede pedir un recibo del destmatario, para cubrir su responsabilidad; en estos casos, es bueno enviar varios individuos, cada uno por distinto camino, para procurar que la orden siempre llegue á su destino, en caso de que uno ó dos de los portadores fueren apri~ionados. La velocidad de la marcha que deberá observar e l portador de una orden, se le indica en el sobre así: un + significa que el ca­mino debe recorrerse al paso y al trote, recorriendo, por término medio, el kilómetro en 6 minutos; tt, que la marcha ha ue ha­cerse al trote, recorriendo el kilómetro yn 4 minutos; y -;~ ... t, que el aire debe ser tan rápido corno sea posible, teniendo en <;onside­ración la re~ istcncia del caballo. Las mismas indicaciones se harán al portador de una orden verbal. , TITuLO III-SERVICIO DE EXPLORACIO. ' 17 .-El servicio de exploración tiene por objeto su mini trar al General en Jefe los informes generales que le son nece sarios para dirigir las tropas y asegurar el éxito de las operaciones. En un ejército, si el enemigo está todavía á gran di tancia, este servicio incumb particularment á las DiYisiones el e caba11e­ría que cuentan con artillería á caballo. La mi ión esencial de ]as Divisiones de caballería qu ejecu­tan el servicjo de e. ·ploración, e~ tomar el contacto con el enemi­go, y con ervarlo constantemente, combatiendo y t·echa.zando á la caballería del adversario, para aproximarse á las masas de la in­fantería enemiga. Pr cediendo de lejos á las cabezas de columna, y averiguando lo que concierne al enemigo, proporcionará los medios de hacerse cargo de la situación general, al mismo tiempo que cubrir los mo­vimiento del Ejército. El General que manda la caballería de exploración, recibirá del General en Jefe de quien dependa, las instrucciones necesarias para la misión que debe desempeñar. Conformándose á estas ins­trucciones, conserva su libertad de acción, y adopta los procedi­mientos que juzga más á propósito para cumplir su misión. Debiendo hallarse siempre apto para combatir, conservará siempre el grueso de sus fuerzas tan agrupado como sea posible, y confiará el cuidado de la exploración del enemigo, á elementos que enviará á ciertos puntos y en direcciones determinadas. Estos elementos constituyen la descubierta. La descubierta desempeñará este servicio, enviando reconoci­mientos de Oficial y destacamentos de efectivo variable, cuya com- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn Militar posición y fuerza dependen del objeto que se quiere alcanzar y de las circunstancias. El papel esencial de los reconocimientos de Oficial y de los destacamentos, es ver. Los destacamentos de cierta fuerza podrán tener que combatir; pero tanto para ellos, como para los recono­cimientos, la condición principal del éxito está en su movilidad. Importa, además, escoger con el mayor cuidado el Jefe de toda fracción empleada en la descubierta. Las instrucciones que se le den deberán precisar el objeto de su misión y la especie de datos que deberá recoger, y contener las indicaciones necesarias respecto de la manera de transmitir dichos datos. Todo Jefe de reconocimiento ó de de tacarnento, que haya tomado el contacto, está obligado á conservarlo, y no lo abando­nará sino cuando reciba orden para ello. Los reconocimientos y destacamentos emplearán todos los medios de comunicación de que puedan di poner, para la transmi­sión de los datos que recojan: estafeta~, telégrafos, puestos de co­rrespondencia, etc. El jefe de la caballería exploradora se mantendrá constante­mente en comunicación con el General en Jefe, por cuantos medios estén á su alcance.- Cout/mía. --------~~ ----- - ESTU DIO DE LA BATALI:A DE AUSTERLITL POR D. C~STRO BAREAS1N Es ya viejo, pero no por viejo menos provechoso, el consejo aquel de apolcón 1 de estudiar y reestudiat· las campañas de los célebres capitanes, como medio el más seguro de llegar á adqui­rir conocimientos más profundos y seguridad en el arte de la gue­rra. Pudiera parecer, sin embargo, que habrá de ser menguado el provecho que podremos sacar del estudio de las batallas de tiem­pos ya alejados de nosotros ; si es por la lejanía de la época pre­cisamente, por lo variados que están los elementos de la lucha. El curso de estos estudios, no obstante, ha de probar, así á lo menos lo esperamos, que siguen siendo de útil enseñanza aquellos ejem­plos, lo cual quizá pudiéramos demostrar con pocas palabras; pero preferimos no intentarlo, dejando que ellos por sí mismos se en­carguen de evidenciar que en no pequeña parte, y no la menos im­portante seguramente, los problemas siguen planteados de la misma manera, y que hoy, lo mismo que ayer, quizá lo mismo mañana y mientras la guerra exista, y siempre que la batalla sea el acto principal, el atacar con fuerzas superiores el punto decisi­vo, el dejar caer con enérgica resolución, con vigoroso impulso, la masa principal de nuestras fuerzas en el centro de gravedad de las disposiciones del enemigo, ·será lo que concederá la victoria á los ejércitos. Y como la existencia de ese centro de gravedad es tan vieja como el mundo, y las relaciones que lo determinan, aun- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletbz Mzlztar que Yariables al infinito, son también antiguas como la lucha, siem­pre resultará que las líneas generales, el empleo de la masa, la dirección, obedecerán á los mismos principios, en tanto que la ac­tual sociedad siga organizada sobre las mismas bases, si bien las modificaciones introducidas en las armas, la inten·ención de nue­vos agentes ó de agentes transformados y desfigurados, tienen su influencia, é influencia no despreciable y en otro punto interesante, en la modalidad particular que cada época y cada ejército adopta, en presencia de circunstancias accidentales y contingentes, para poder trazar, en la ocasión determinada, esos grandes rasgos que son siempre los mismos. Esos estudios, sin pretensiones, tampoco tienen otro objeto que. el apuntado, ni aspiran á constituír cuerpo de doctrina de nin­guna clase. No estamos obligados, por Jo tanto, á seguir orden al­guno preestablecido : iremos presentando las batallas según Yayan acudiendo sus nombres á la memoria, y saltaremos de unas á otras guerras, de unos á otros teatros, á medida de nuestro gusto, salvo el caso de que dos ó Yarios hechos de armas estén tan relaciona­dos que sean los unos consecuencia táctica de los otros, que enton­ces claro es que no tendremos más remedio que considerar cada conjunto como una bata11a, y los habremos de estudiar en el orden en que se riñeron. Nada perderá llector con estos saltos, pues así conseguiremos dar Yariedad en el tipo, en el desarrollo y en el empleo de los medios, lo cual contribuirá seguramente á hacérse­los menos fastidiosos y monótonos. 1.0 Anteceden/es. La campaña de 1805 e sin disputa una obra. maestra, un mod lo digno de estudio en cuanto á la pr paración y :i las operaciones stratég·icas que e realizaron, y á la e.·qui ita previsión ele que dio muestras apolcón 1 y que dieron por resul­tado la capitulación de 1ack en Ulm, con la que el Emperador de los Franceses se había desembarazado de uno de los ejércitos au - triacos con que la coalición quiso anonadar el poder militar de Francia. Era un bellísimo comienzo sin duda alguna el anular, sin haber librado una gran batalla y sin haber e.·perimentado sino la pérdida de unos 6,ooo hombres, á un ejército de cerca de 40,000; pero al fin y al cabo sólo era un comienzo que aseguraba bri11an­tes resultados : qucdábanle al Austria dos ejércitos más; el mejor, á. cuyo frente habían puesto al General más inteligente, más hábil y más prestigioso, en Italia, donde el Gobierno au triaco creyó erra­damente que se ventilaría la cuestión principal ; y otro en el Tyrol, que había de enlazar á este ejército con el de la Alemania del Nor­te; á marchas forzadas avanzaban dos ejércitos rusos seguidos de una reserva, que estaban destinados á formar el verdadero ejército de operaciones de Alemania, del que el con ti gente de Mack venía á ser la vanguardia ; Prusia, irritada por la violación de su terri­torio en los comienzos de las operaciones, estaba decidida á entrar en la coalición, y por último otro ejército ruso con algunos contin­gentes ingleses y hannoverianos á las órdenes del Rey de Suecia, debía inquietar á los Franceses atacando á Holanda. Era preciso, pues, una victoria soberbia, esplendente, para conjurar aquella Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo!et{u .~.11ilitar tormenta que en tan distintas direcciones amenazaba á Napoleón 1, y para lograrla era indispensable proceder con gran actividad y energía, con audacia y rapidez. . Napoleón abía muy bien el peso que en toda campaña tiene la batalla; tenía onciencia de que era superior á sus enemigos en el combate; y la convicción de que por la rapidez de sus manio­bras y la prontitud y precisión de sus decisiones habría de ser fuerte allá donde quisie1·a dar el golpe, le llevaba á buscar la ba­tal! a dt nde estuviera el ~ne migo. Con habilidad dip1omática apresuró la rendición del ejército de Mack; y apenas capitulado, emprendió una persecución activa de los restos que habían podido escapar con el Archiduque Fer­nando, y se apresuró á salir al encuentro del primer ejército ruso antes que pudiera alcanza¡- el Inn. Kutusow, que lo mandaba; tuvo noticia de la d trucci6n del jército de l\1ack, y como ya su a van­ce no tenía objeto ./ . u ·itu·tción podía ser muy peligrosa si se pre­sentaba ai laclamente á apoleón, bu có ante todo reunirse con el segundo ejército ruso. La per ecución que para impedir esta reu­nión emprendió rap león, fu de las más activas é inteligentes, y estuvo á punto de dar· el t·esultaclo apetecido; Kutusow llegó á estar en situación asa'Z críti a n f¡· ·nte de Murat y Lannes; pero 1\tfurat qui ·o engañar al ru o anunciando al jefe de la retaguardia, Bagratión, un ;: rmisticio, y e n el mismo artificio ngañó Kutusow á Murat, haciéndole p rder diez y ocho horas, durante las cuales el grueso del jército u-anó dos jornadas el d lantera y e ·capó de las man s d lo l• rancese'-', Lien ¡u d jand comprometido á Ba­gratión, c.uyo cu q o perdió más 1 1 ter io d · ·u efectivo. La reu­nión de 1,.. u tu ow e n el ej~rcito ruso que conducía el Emperador Al ·jandro y con un e Jntin•rente au triaco que había podido reunir el hmp rador d Austria, no pudo ya evitarse. El 19 de oviem­bre s verificaba en \-\.ischau, y no muy lejos se encontr·aba la re­serva ru a que onducía el ran Duque Con ·tantino. Urgía, sin embarg-o, á ·apoleón 1 librar la batalla cuanto an­tes. Bien que hubiera tomado u. medidas para obligar al Archi­duque Carlos á adopta¡· el camino más largo con su ejército de Ita­lia, para lo cual destacó á Marmot hacia Hungría, y que la ma­yor parte del ejército ud Tyrol había sido destruído por Ney y Augereau, si los aliados maniobraban de concierto y procurando acercarse al Archiduque, las probabilidades disminuían, no sólo por el aumento numérico que representaba el contigente de este prín­cipe, sino por el prestigio y las dotes del Jefe, que era quizá el único capaz de medirse con Napoleón. Esta contingencia podía llegar: los aliados podían darse cita en Hungría y unirse al Archidu­que. Detrás de éste venía, sin embargo, Massena ; el Tyrol, guar­dado por una división bávara, dejaba disponibles los cuerpos de Ney y Augereau ; Mortier era suficiente para asegurar la posesión de Viena, y las tropas que había escalonado en su línea de opera­ciones, en su mayor parte de los aliados, le permitían contar con la totalidad de su ejército : ocho cuerpos y la guardia hubiera po­dido reunir para la batalla : el campo de batalla hubiera sido otro;. TO!riO 1-32 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M·ilttar los aliados, á las órdenes del Archiduque Carlos, no hubieran come­tido los graves errores que cometieron; Napoleón hubiera tenido que luchar con un ejército hábilmente dirigido ; quizá la fortuna no le hubiese hecho traición, pero las probabilidades del triunfo eran mucho menores. Así se explica que teniendo su ejército diseminado, bien que con habilidad que le permitía reunir para la batalla una masa respetable, pusiera de su parte todos los medios para provocarla, cuando en realidad sólo podía disponer de cuatro cuerpos, la guardia y la caballería, y aun de estos cuatro cuerpos una división no podía tomar parte sino en el caso de retroceder todo el ejércL to, y otras dos, una de infantería y otra de caballería, llegarían durante el curso de ella. Ya sabía que de este modo no alcanzada superioridad numérica, por menguados que fueran los contingen­tes de los ejércitos rusos y de los restos austriacos, que él con su actividad acostumbrada había puesto en estado de defensa; los caudillos de las tropas enemigas no le infundían gran cuidado; sus soldados, hasta entonces vencedores, le inspiraban gran confianza; podía tentar la fortuna, propicia para él hasta allí; tenía, en fin, confianza en sí mismo. 3. 0 El campo de batalla-El terreno donde iba á librarse la batalla era conocido por oult, Lannes y Murat y gran parte de las tropas francesas, porque, como ya hemos dicho, la vanguar­dia francesa había llegado hasta Vischau en la dirección de 01- multz y hasta Austerlitz. Napoleón recorrió la meseta de Pratzen el 30 de Noviembre, y eh jo á los encrales que le acompañaban: " i yo quisiera detener al enemigo, me situada aquí; pero enton­ces se libraría una batalla ordinaria; si, por el contrario, rehuso mi derecha replegándola hacia Brunn y los Rusos abandonan estas alturas, son perdidos sin remedio." Con las tropas de que disponía podía efectivamente ocupar la meseta de Pratzen, extendiendo su línea desde Krzeno al mon­te del Santón por Blasowitz, presentando así una línea de bata­lla perpendicular á la dirección de marcha de los aliados proce­dentes de Olmultz, que era la carretera de esta plaza á Brunn. También si los aliados acentuaban más pronto la tendencia á in­clinarse sobre la derecha de los Franceses, podía extenderse hacia Kowalowitz. De todos modos la derecha hallaría sólido apoyo en las alturas del Krzeno, que dominan el valle de Litta wa, bajo y pantanoso, de difícil paso para un movimiento envolvente: el res­to de la línea encontraría igualmente en las alturas de Stari-Wini­bradi, al NE. de Pratzen, y en el Santón, ó en aquélla y las de Krug y Kowalowitz, de suficiente dominación y pendientes fuertes, lugar apropiado para ofrecer una seria resistencia, juntamente con la que podía organizarse en las aldeas y caseríos allí esparci­dos : en los intermedios podían maniobrar perfectamente las tropas, pues aunque ondulado en general el terreno, se presenta unido por esta parte. El campo exterior, en cambio, se ofrecía quebrado y susceptible de prestar apoyo á unas tropas tenaces que quisieran Juchar; por la derecha del valle de Littawa, no era más propio para Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BolettJt lldilitar 49I la maniobra, y por el frente las alturas de Weilesor, Lla wikowitz, Krazek, habían de hacerla difícil y penosa. Ocupando, pues, Na­poleón la meseta de Pratzen, hacia la vertiente oriental, podía ce­rrar el camino á los Rusos, pero toda la masa compacta y con la superioridad que tendrían, venía á librar batalla contra las tropas del Emperador, y se libraría, según su expresión, una batalla or­dinaria en que la ventaja de la posición estaría compensada en la superiorida.d numérica y en la que todas las tropas de uno de los contendientes tendrían que luchar á la vez contra todas las tropas del otro. Napoleón quería algo más que eso, esperaba conseguir más, sobre todo si los aliados maniobraban para no presentarle la batalla de frente; y por esto, en lugar de quedarse en esta exce­lente posición, se había retirado detrá del Golbach, en donde su línea de batalla quedaba oculta á la vi ta de los austro-rusos entre las aldeas, estanques y bosquecillos que rodean el arroyo. La vertiente occidental de la meseta se e. ·tiende desde Tel­nitz hasta Blasowitz. Desde Telnitz hasta las lagunas de Kobelurtz, las pendientes son rápidas y dan orig n á profundos desfiladeros en los cuales apenas e puede transitar fuera de los caminos; desde 1-coue}nitz la V rtiente no ofrece apenas dificultades, ]a pen­diente es suave y acc sible á todas las armas, y cortada de trecho en tre cho por el cauce de varios arroyo tributarios del Goldbach. La meridional conduce rápidamente al valle pantanoso de] Littawa y á la lagunas de atschau, y no ofrece desarrollo para un cuerpo d e tropas de alguna consideración. En la meseta sobresalen como puntos dominante las alturas de Pratzcn, al S. de la aldea, y la de Stari- Winibradi, al NE., y entre esta aldea y Blasowitz. Está surcada en todas direcciones por camino. naturales que, irradiando de Pratzen de Aujezd y Cirziko en su mayor parte, unen los pueblos de los valles del Littawa y el Goldbach entre sí y con la carretera de Olmutz i Brunn. El curso del Goldbach como Jínea de defensa no es, en ver­dad, un obstáculo de importancia ; pero los pueblos de Telnitz, Sokolnitz, Kobelnitz, Schlapanitz, y las alturas del vivac del Em­perador y el Santón, dominando éstas y cerrando aquéllos las des­embocaduras de los caminos, podían constituír en unas manos há­biles y con buenas tropas, excelentes puntos de apoyo para dete­ner la marcha á fuerzas superiores. Algunos puntos en la izquier­da del Goldbach, como Puntowitz, Cirziko y Dwaroschna, podían considerarse como apoyos para una acción ofensiva sobre la me­seta. Quedaba entonces ésta, como campo exterior de la posición, de fácil acceso, por lo menos en el espacio comprendido entre las lagunas de Kobelnitz y la carretera, y con terreno á propó~ito para las maniobras de tropas de todas las armas. 4· 0 Plan de batalla-Napoleón había deducido de las entrevis­tas de que antes hicimos mención, que los aliados no se contenta­rían con batirle, sino que aspiraban á envolverlo. El movimiento de traslación que habían iniciado los Rusos el día 29 de Noviembre hacia Hodiegitz, le hada prever que trataban de operar por la iz­quierda del Littawa, evitando las lagunas para venir á establecerse Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn 114-ibiar en posesión tal que amenazaran su línea de retirada que suponían era sobre Viena. Pero ya el 30 abandonaron aquéllos su propósito de operar estratégicamente, y se presentaron en la meseta de Pratzen, á poca distancia del campo francés. Si los aliado persistían en su propó­sito de envolverle y en el error de uponer que su línea de retirada le llevaba hacia Viena, tendrían que maniobrar inclinando el grue­so del ejército hacia Hostie1·aden Aujezd y T'elnitz; y como no era probable que comprometieran en una marcha de flanco, por te­rrenos estrechos, á todo el ejército, á la vista y al alcance del ca­ñón de Jos Franceses, habrían ele dividirse en dos masa , una mayor que otra.- Co11tz'mía jlfJ::¡1/QNJAS DEL r:ENERAL PABLO ¡Y/QRJLLO Continíta • ' 1 )IERO IV _fe remitiréis en t .l menor término un · stado ele los lugares dep ndicntes de vuc tra juri dicción en lo que la vacuna ·e haya propao·aclo, y de los que aún espet·an la introducción ele 'Stc be­neficio. Cuidaréis de indicarme las u:as 1ue han impedido su propag-ación. Dios os guarde, etc. Cuartel general de . antafé, 29 de .f g\)Sto de r 8 r6. lVíORILLO 1 • 'l.:l\IERO V Considerando q\ole los pobres de los dominios de u Majestad no tienen otros establecimientos ó colegios para aprender oficios y hacerse útiles y diestros artesanos, sino los talleres, canteras y ar­senales del Rey ; Considerando también cuán atrasadas están en estas vastas provincias todas las artes de primera neGesidad, tendréis cuidado de recoger á todos los huérfanos y después á los hijos de mendi­gos, y los encaminaréis hacia esta capital, en donde se les ense­ñará el oficio al cual demuestren más inclinación. Antes de enviar á Santafé aquellos que se encuentren, es me­nester hacer entrar el mayor número posible en los talleres que el Rey posee en esta provincia, y hasta obligar á los artesanos ricos á que se hagan cargo de algunos aprendices que les estarán su­bordinados conforme á los reglamentos de los cuerpos de oficios, y obligados á llenar todos los deberes prescritos por esos negla­mentos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milita?' 493 El cumplimiento de esta onlen será un paso asegurado hacia ]a prosperidad de esta provincia, y es esa una recompensa bien Jisonjera para un Jefe que pretende hacer las veces de padre; y así no dudo que desempeñaréis esto con el más diligente celo. No descuidaréis tampoco nada que sirva á propagar la vacuna y á con en·arla; con tal propó ito ,·enceréis todos los obstáculos y em­ple- aréis todos los medios á Yue tro alcance para la prosperidad de la proYincia que mandái . Dios os guarde, etc. antafé, 2 de Septiembre de 1816. MORILLO Inslrucoont'S d que del,en conformarse en sus marcJzas los jifes de cuerpos ó de de /acamen/os 1. 0 La di ciplina de la tropa y su buena inteligencia con los habitante , es el objeto principal. La tropa marchará unida y con las mi -mas precauciones que si tu,·iese el enemigo á la vista. 2. 0 1 -ro se pueden pedir más a u. ·ilios de raciones y transportes de los séñalado en la ord n de marcha, á menos que en ésta haya ido ¡1rcciso incorporar n el destacamento algunos individuos, ca del mi rno cuerp , sea d ~ cualquiera otro; ntonce el comandan­te ó el juez del lugar tomarán nota, á fin ele que se ob erven las fórmulas d l ca o. 3. 0 En 1 ca ·o en que dos d stacamentos en marcha se en­cu ntren, y qu · d han . guir la mi. ma dir cción, ma1·charán jun­to · ha ta el Juo·ar de su común de tino, ó de . u separación obliga­da; ntonccs el mando el las fu .,rza r unida corresponderá al Oficial :argento ó ca¡.~oral más antiguo de los dos d"stacamentos, que erá r sponsable del orden de la marcha, y del e1·á tomar todas las medidas militares que juzgue conY niente ; en cuanto á la adrnini ·tración interior, se observarán la instrucciones particu­lares de los jefes de cada de tacamcnto. 4. 0 Los medios de transporte para los bagajes, e suminisrra­rá. n con regularidad en cada lugar de abastecimiento ; y si algún oficial se opusiere á ello de manera de retardar· el cuerpo ó des­tacamento, e procederá á hacer el gasto, sin pt:rjuicio de la res­ponsabilidad que esto le ocasionará en razón del mal que su falta cause al servicio; el oficial comandante debe dar inmediatamente cuenta al Jefe de 1~ .. tado Mayor general, para que se tomen las medidas del caso. 5. 0 En dondequiera que haya un Comandante de la Plaza, el Jefe del cuerpo 6 del destacamento debe presentar e ante él, aun cuando sea de grado superior; y este militar se pondrá de acue1·do con el oficial de justicia, á fin de que las provi iones y m dios de transporte estén listos sin falta á la hora dicha. Para esto, si la tropa en marcha es de más ele 50 hombres, debe avi­sarse á las autoridad( con Yeinticuatro horas drnp ·ia d' ha1T de cua ro á cinco pies dt: largo y con vari ,., ahu.Jcami 'nt _ n forma de bola, que e comunican unos con mru~, por canaic. C'!::.tr . ches. Estas trompetas dan sonido, ·.·tremaJarn· nte lús·ubn .. Lo. ] ·suítas an cultivado con é.·ito el gu ·tu ncttL.:ral de lus . 'áli,·as por la mús:ca instrumental, y aun despu~s tle la d~;;~truccH)n !e la compañía, los misioneros. del río l\feta han on 'nado en San ~ 1ig·uc·l d ' .._ 1acu­co una bella mú ica de i!rk ia la ('11S ·ñnnza musit ·d d1' h ju­ventud indío·cna. o há m~cho Úunbi 'n qu . un 'iajero que<.ló sor­prendido al oír :.i los naturale · del país tucaT yj lín, ioloncello, triángulo, g-uitatTa y flauta '"'ii. El régimen de las misione aisladas dd Orinocu no es tan fa­\' Orable á los progresos ele la civiliz, ··i-'n y al aumento d J la po­blación de lo . 3liva , como el r¿gimen que St: sigue "n las llanura~ de Casanan.! y d"l ~1 ta p r lo ¡· ·ligi o el an Agustín t. En Macuco Jos naturale se han apro\'cchado ele su comuni­cación con 1 bbncos que hal>itan la mi ·ma aldea, los que casi todo son rifugiados dd Socorrv ¡. En el Orinoco, n tiempo de lu J~. uítas, la ~r •, < lcl as ele Pararuma, del 'astillo ó 1larumasuta y ,h., Carichana: fueron re­fundidas n una sola la d Carichana, qu p01· esto ll o·ó á ser una mi ·ión muy con id raLle. 1:n I 7 59, cuand > la f(Jr/alc::a de .San Franásco Jav/er y su tr s i at .I'Ía · aún .. ·i tían, el Padre Caulin contaba en la misión de Carichana 400 sáliva . En r oo apenas encontré 150. No qul:!dan de la aldea sino al:,.unas cabañas cons­truídas con ti rra gr dosa, y colocada allí im~trirament en tor­no de una cruz de altura prodigiosa. * Cumi/la, tomo 1, c.1p. , Il!, p~í.g ·. 209 · 224; (/J!i, tomo l. p.í¡:;. 57; tomo li, pág. 44- • D1ario dd /)rubitero J'osi Cort.'s 3Imlarriaga, n1 s11 'i'Jaje de .simtaj'! de Bogotd por el r!o .1Jida cf Caracas. IS.t .1 (manuscrito). t Rccoktos que tlependen del gran 'ulegio tlc la Cantlel. ri.t de Santafé de Bogotá. t La ciudatl dd 'acorro, al ·ur dd río Sogamo'-o y al norte norueste de Sant::tfé de Bogotá, era el centro de la asonada que estalló en el reino de la Nueva Granada en 1781, en tiempo Jd Arzobi po Virrey Góngora, por causa de los vejámcnes sufriuo por el pueblo por la introducción Jc la contribución del tabaco. 1\luchos habitantes, trabajad ore Jel . 'ucorro, emigraron en esa épo­ca á los llanos del Meta para escapar á la persecuciones que siguieron á l:t amnistía general concedida por la Corte de Madrid. A estos emigrados los lla­man en l¡¡.o; misiones sororrd'ío.! ?'t'j'ugiados. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletí.'t _;/ú'z"l"l,.. 50I Nueva Geografía de Colombia JSGRITA- POR REG,.ONES NATURALES :.r ESTRAS l E LOS GR. DADOS IANCO LA E U LIC 1 101 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 502 Boletín M-ilz.tar r---------------------~~s------------~--\..o.·s< ~ \" o-S \..o~ . e,"('\ Ó.q,S\ ~ ~ :§ (1) ~ d ;:) ~ o "? 1::. ~ u ~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mz/z:tar 1 z 'L_L_A_V_u_e_I_T_A_d_b _______ _ Gjr~'f dol Río Magdalena-La Vuelta de Girardot Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo!etíu, M-ilitar "' (lJ .... o o ~ Bogo/á-Imprenta de Vapor. Calle IO, 1l!Ímero I68 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 16

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 10

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 10

Por: | Fecha: 09/03/1901

~~ BOGOTA, MARZO 9 DE 1901 SERlE II -TOMO I- N. 0 10 BOLETIN ~iiLITAR DE COLOMBIA Organo del Ministerio de 1 Director ad honorem Guerra y del Ejército F. J. VERGARA Y V. Son colaboradores de este periódico los ~. General de Ingenieros, Miembro de Jefes y Oficiales del Ejército ? vnrir.s Sociedades Cientificas EL C01l!BA TE DEfi'E, \TSJ VO SECU_V C. FISII La defensiva no se justifica en rasa campaña sino cuando es preciso compensar una marcada inferioridad numérica con la fuer­za de la po ición que se ocupa para cerrar el paso al enemigo. El combate defensivo tiene, pue , por objeto mantener una posición dada; pero como la simple defensa de un punto no conduce á nin­gún resultado práctico, por lo cual la táctica la condena de un modo absoluto, tras re i tir el choqu , preci o será pasar de la defen iva á la ofensiva, si se quiere derrotar al enemigo. Luego para librar una batalla defensiva, es indispensable, en primer tér­mino, quebrantar el empuje del agresor, y conseguido esto, atacarlo para obligarlo á que se bata en retirada. De lo dicho resulta qun la defensiva, prima un principio totalmente opuesto al que rige la ofensiva: en ésta para obtener desde luego la superioridad numérica y moral, preciso es consti­tuír fuertemente la primera línea ó frente de combate, en tanto que en aquélla la mayor parte de las fuerzas no entran en línea sino sucesivamente para reforzar los puntos atacados cuando esto sea necesario. En una palabra, en la defensa el frente de combate se constituye con poca tropa y se apoya con sostenes establecidqs á proximidad de los sitios cubiertos, para conservar tropas con qué oponerse al ataque final (al asalto) del enemigo. Resumiendo lo dicho, tendremos que en último análisis los pro­gresos del armamento no han modificado la marcha general de la defensa, salvo en la necesidad de apoyar los flancos de manera que lo sean contra un obstáculo favorable. Pero antes de seguir conviene estudiar un caso concreto, ó sea un ejemplo. Supongamos que se tratara de una fuerza de 7 batallones, 3 escuadrones y una batería de artillería. La posición que va á defenderse está á caballo sobre el camino X Y, se apoya á la izquierda en una casa grande (a), á la derecha en un bosque ó porción de terreno arbolado (e), y en el centro, en una venta á orillas del camino (b). Entre los puntos de apoyo y el camino exis­ten varias alturitas, y á retaguardia (en d) hay otro grupo de ár­boles que también puede servir de punto de apoyo. Sobre el frente de combate hay, pues, tres puntos de apoyo: el bosque, la venta y la casa, cada uno de los cuales será ocupado por un batallón,~ que en primera línea pondrá una cadena de tira­dores apoyada á retaguardia por sostenes. El resto de la fuerza se situará más atrás como reserva. La figura 1." muestra la posición de las tropas antes del ataque. Parte de la caballería (x) ade­lante para explorar el campo. En a y t, apoyos de las alas, 2 com­pañías en primera línea, y en segunda, otras dos del mismo bata­llón, como sostenes, para dar vigor á la cadena de tiradores y que sirven además para reemplazar las bajas que aquélla sufra, para relevarla parcialmente si es preciso, y para neutralizar los éxitos parciales del agresor. El centro (b) lo ocupa una sola compañía, porque el resto del batallón protege la artillería que se establece en las alturas intermedias. El resto de la fuerza (4 batallones y 2 escuadrones) se establece como reserva (cy). Supongamos que el asaltante dirige su ataque preliminar sobre el centro ocupado por un batallón (tres compañías en las trinche­ras- abrigo y la venta; una como sostén, tras de la alturita de la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín il1ilzta1' izquierda, próxima al camino). El c>bjeHvo general del defensor con respecto al asaltante, desde el punto de vista de un combate deci­sivo, puede ser doble. 1.0 No utilizar la posición defensiva sino para obligar al ene­migo á que ataque, esperando que en su natural maniobra envol­vente ó de flanqueo presente algún punto débil ó algún momento crítico, y aprovechar éste para á su turno, tomar vigorosamente la ofensiva, prevenir el ataque principal y lanzar al asaltante á un terreno en donde tenga que tornarse en defensor y el suelo le sea desfavorable en esa clase de lucha; 2.0 Utilizar la posición para recibir el choque del asaltante, y aprovechando luégo el momento en que la fuerza viva de aquél queda rota, atacarlo vigorosamente y repelerlo. En el primer caso la posición defensiva no es sino una posi­ción de espera, cubierta con puntos de apoyo que facilitan el paso á la ofensiva. En este caso la posición será tanto mejor cuanto menor número de tropas sea preciso para ocuparla y mayor nú­mero quede disponible para la acción ofensiva. Entonces bastará un campo defensivo de poca extensión y con solo un punto de apo­yo, con tal que éste sea bastante fuerte para obligar al enemigo á que ejecute un movimiento envolvente. La acción ofensiva intenta­da en el momento en que el adversario ha ya agotado sus fuerzas en el esfuerzo que intente contra la posición,'es lo que dicta la pru-dencia misma. · En el segundo caso se obtienen mayores resultados si la for­tuna es favorable : en efecto, este método entraña más probabili­dades de éxito, á causa de las ventajas naturales de la iniciativa, si la acción se dirige con habilidad y energía-( Co11/z?uía). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín JJ(Jz'lz'tar LA ARTILLERIA DE CAMPANA CONDICIONES ESELVCIALES QUE DEBE REUNIR SU DESEMPEÑO EN EL COMBATE Es de mucha importancia para los artilleros, y especialmente para los que se dedican á la artillería de campaña, 6 sea la artillería del campo de batalla, conocer todos los casos en que está llamada á actuar en su calidad de arma combatiente, así como los factores á que debe sujetarse y las circunstancias que favorecerán su mejor aprovechamiento. Su estudio nos ha llevado al convencimiento de que es impo­sible adaptar al terreno una artillería que reúna todas las condi­ciones que debería reunir para que se pueda obtener el máximum de efectos balísticos con el máximum de velocidad, que en este caso estaría conciliado con el mínimum de peso. Bien convencidos de esta verdad científicamente probada, vamos á intentar hacer un pequeño estudio con apreciaciones pro­pias (adquiridas naturalmente con la lectura 6 estudio de las obras de nuestros maestros), de las condiciones y el papel que toda artillería de campaña debe reunir y llenar para su buen desem­peño. Como tendremos oportunidad de Yer más adelante al tratar de los diverso::, casos en que esta arma debe intervenir, varias son las condiciones que debe llenar, según sean los fines que se trate de alcanzar. Tendremos, pues, que la artillería de campaña debe reun*" en sumo grado una gran potencia destructora y grande al­cance, para poder así contener y de truír al enemigo antes de que llegue á la zona eficaz del fusil, para combatir la artillería enemi­ga, para proteger la retirada, y por último, para la persecución, de manera que no encuentre obstáculos en sus fuerzas ni en las otras armas, ni en el terreno. También afirmaremos que debe reunir en proporciones no menos apreciables una gran movilidad para poder ser la iniciadora del ataque; para poder acudir con rapidez en cier­tos momentos del combate á lugares determinados, como el paso de una corriente de agua 6 de un desfiladero, 6 á cualquier punto don­de se considere conveniente su presencia ; para preparar y cubrir el despliegue de las tropas, y en fin, para ayudar á la persecución. Si á esto agregamos la certeza ó seguridad de sus tiros, así como la facilidad de su aprovz'sz'onamúmto y manejo, se verá cuán difícil y hasta imposible es tener una artillería con todas las condiciones re­queridas, optándose, en su defecto, por un justo término medio que reúna todas las ventajas que estas cualidades pueden darnos, aun­que perdiendo en todas también una parte, ora de su potencia, ora de su movilidad. Por estas razones todas las potencias han trata­do de dar á su material de campaña una relativa movilidad adap­table al terreno en que debe operar, pero conciliada con la suficien­te potencia para batir los blancos que puede hallar en el combate. Veamos ahora su papel en las distintas faces del combate. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boleti1Z M-ilitar 2 93 Sabemos que la unidad táctica de la artillería, correspondien­te á la compañía en infantería y al escuadrón en caballería, es la batería. La batería en nuestra artillería de campaña, como en la de otras naciones, está compuesta de seis bocas de fuego con el número de carros de municiones que se ha juzgado necesario para un día de lucha. Se agrega á esto la fragua, los botiquines, la cu­reña de repuesto y los carros de aprovz"szonamzento, de manera de mantener en perfecto estado el material, personal y ganado para el combate. Esta unidad, por sí sola difícil de administrar y atender á su subsi tencia, se hace manejable en el combate, sobre todo si tene­mos presente que sólo han de ser las piezas las que estarán más expuestas á los tiros enemigos, pues los carros de municiones que no sean estrictamente indispensables, así como los demás carruajes complementarios de la batería, permanecerán á retaguardia, con el segundo y tercer escalón. Existen diversas reg-Ias para sacar el mejor provecho posible de esta arma, y toda eiias se sujetan á la táctica, ó sea á su ma­nejo en el campo de batalla y á los métodos de tiro que emplea la. artiiiería una vez mpeñada en combate. A pe ar de lo grandes perfeccionamientos del armamen­to portátil de la infantería, s evidente la inmensa superioridad de la artillería por su mayor alcance, su potencia y aun por su mayor efecto moral ; pero la artillería no es un arma que pueda regir un combate, porque sus condiciones no la hacen aparente para e objeto, antes bien la obligan á estar constantemente su­bordinada á sus hermanas (infanlterfa y caballería) y á conformar­se con el1as n todos sus movimientos de avance ó retirada, para po­der cobijadas con sus fuego 6 protegerlas y permitirles rehacer­se. Bien que ella tenga sus medios especiales de acción, se com­prende la nece idad en que está de sujetar toOR TASSO FRAGOSO Capitán del Estado Mayor del Ejército Drasilero Traducción libre por el Coronel Bernab! Herrera y Obes Continúa Más tarde comprendió Federico u la ventaja de proveer al Estado Mayor de oficiales competentes; aumentó el número de los que servían en el Estado Mayor general, y veló por su in trucción militar. Debido á e to aumentó ca-da vez más en Alemania la im­portancia del servicio del Estado Mayor. Federico Guillermo u refundió en un olo cuerpo, bajo la denominación de Estado Ma­yor del Cuartel General, el Estado Mayor general, al que pertene­cían todos lo oficiales sin mando de tropa, y el Estado Mayor del Cuartel General. Bajo la dirección de hombres como Massenbach, Schanhorst, Muffing, y, finalmente, de Moltke, el Estado Mayor echó raíces profundas, de arrollándo e y progresando en esa forma definitiva que hoy día sirve de modelo á todos los paí­ses militarizados. b.n el transcurso de esa larga evolución se afir­maron todos los puntos capitales relativos al servicio del Esta­do Mayor. e estableció la necesidad de la formación de un gru­po de oficiales dotados dE' conocimientos teóricos y prácticos apropiados para el servicio; se r .... solvió su reclutamiento y su frecuente regreso á los cuerpos regimentados; se crearon los grandes Comandos permanentes, con Estados Mayores también permanentes, y se estableció, por medio de las Academias de gue­rra de Berlín y Munich, esa incomparable emulación entre los ofi­ciales, para quiene , desde aquella fecha, un cargo en el Estado Mayor era la más honrosa recompensa á las arduas tareas de la profesión. Lo mismo que en Alemania, los antiguos ejércitos de Francia no tenían un verdadero Cuerpo de Estado Mayor: "Las funciones de los auxiliares del mando--dice Delaperrierre en su inestimable libro sobre la organización del ejército francés-eran apenas tem­porarias y confiadas en cada arma á M a y ores Generales (major generaux) llamados entonces Mariscales Generales del lugar, del cargo ó empleo de Brig::.tdier, Mariscal de Campo y hasta de Te­niente General. Les servían de auxiliares los Ayudantes Mayores Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mz.lita'l' Generales (aide major generaux)." H Era de su incumbencia-dice el Mariscal Brion-determinar el sitio del combate, escoger y fortifi­car el lugar ó punto en que debían acampar las tropas, poner al ejército en orden de batalla y dirigir sus marchas." Por Decreto de 18 de Agosto de r 790, la Asamblea Nacional sustituyó esa organización por un servicio especial, desempeñado por Ayudantes Generales ó Ayudantes de Campo, del cargo de Coronel, Teniente Coronel ó Capitán. En su informe de 18 de Noviembre de 1790 decía la Comisión Militar: "Es necesario que los yudantes Generales y los Ayudan­tes de Campo sean elegidos entre los oficiales de filas y que tan solo puedan ascender de empleo volviendo nuevamente á ellas. Des­pués de algunos años de ej~rcicio en esas funciones importantes, los Ayudantes Generales serán designados para mandar un regimien­to, llegando de este modo á Oficiales generales, después de haber adquirido todas las condiciones necesarias para el mando de tro­pas durante la guerra, y sin que les sea extraña ó desconocida nin-guna parte del servicio " ..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ... . . . . . . . . . . . . De lo que precede resulta que los oficiales empleados en las diversas funciones del Estado Mayor, no formaban un cuerpo es­pecial, en la verdadera acepción de la palabra, pues eran obliga­dos á volver á las filas para poder ascender de empleo. Durante la restauración, se reunieron en un solo cuerpo de esta especie, estableciéndolo así la ordenanza de 6 de Mayo de 1818, modifica­da más tarde por la de 10 de Abril de 1826, 22 de Febrero de 1831 y 23 de Febrero de 1833, y por las que el reclutamiento se practicaba por medio de una escuela especial establecida en las diversas armas, así como también la con ervación de Jos oficiales fuera de las filas, siendo estos los caracteres principales de esta organización. A partir de 1818, el cuerpo del Estado Mayor se transformó, pues, en un cuerpo especial cuyos oficiales, desde el empleo de Teniente al de Coronel, se destinaban á ayudantes de campo de los mariscales de Francia y de los oficiales generales, y á la for­mación de los Estados Mayores de los ejércitos y divisiones. Les incumbía, además de eso, ejecutar los trabajos necesarios para la formación del mapa de Francia, preparar estadísticas militares de las otras naciones, recopilar documentos que fueran de utilidad para los ejércitos combatientes; levantar mapas detallados de los diferentes países; reunir, en una palabra, todos· los documentos que pudiesen facilitar la acción de mando desde el comiezo de las hostilidades. En campaña les competía fijar las disposiciones interiores de los campamentos; preparar y dirigir la ejecución de los movi­mientos ; trazar los itinerarios y proceder á los reconocimientos de cualquier especie, á fin de proporcionar informes exactos sobre las posiciones del enemigo, lo mismo que sobre los diversos recursos de los países ocupados. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Militar 2 99 La Ley de 20 de Marzo de x88o, relativa al Estado Mayor, modificó la organización de 18 I 8, operando una reacción en las ideas de 1 790· Varios escritores militares, y:especialmente los Ge­nerales Lewal y Fa y, habían desde 1870 detallado los principios que entonces dominaban. A dos se pueden reducir los desiderátums que ellos consiguieron ver aceptados por los legisladores : r 0 El cuerpo de Estado Mayor no debe ser un cuerpo cerra­do, en el cual el oficial no pueda entrar si por cualquier evento no fue admitido al dejar las escuelas militares, y donde debe perma­necer durante toda su existencia, sean cuales fueren las aptitudes que revele para esa clase de servicios. " La verdadera reforma consistiría en tener en un cuerpo especial, además del peculiar que le corresponde, un servicio de Estado Mayor en el cual se pudiesen iniciar los oficiales más ins­truidos del ejército, sin distinción de armas ni de Cuerpo." De esa manera esos oficiales prestarían un concurso esclare­cido para el mando, sin que cesasen por esa causa de pertenecer á su Cuerpo, al cual volverían después de cada promoción, para que no perdiesen la costumbre de mandar tropas. 2. 0 Es menester que el Oficial del Estado Mayor conozca prácticamente el servicio regimentado. "El servicio de Esta o Mayor suministra á quien lo desempe­ña, conocimientos indispensables al oficial que aspira al mando. Puede ser comparado á una eminencia, á un campanario, desde el cual se puede ver y juzgar bien del conjunto de una ciudad ó de una ·región, aunque el observador tenga algunas veces la necesi­dad de descender de él para conocer de cerca los pormenores, si no quiere quedarse con nociones muy imperfectas sobre los de­talles." Era nuestro objeto aprovechar la feliz ocasión que hoy se nos presenta para trazar á grandes rasgos la historia del Estado Mayor en el Brasil, describiendo las reformas en él realizadas por el movimiento progresivo del militarismo europeo, con especiali­dad en los dos países á que acabamos de referirnos. Desgraciadamente, tan grandes fueron las trabas que halla­mos, tan escasos lo' elementos sobre los cuales pudiéramos·asen­tar una construcción sólida, que casi hubiéramos abandonado la dificultosa empresa, si por acaso hasta el final no nos animara el deseo ardiente, aunque de una manera somera, de tratar este asunto. Casi nada, por no decir nada, existe publicado entre nosotros con respecto á la historia del Ejército brasileño, y asimismo no contamos con una relación de la última campaña en que estuvimos empeñádos. Nuestros archivos, sin duda alguna, deben contener valiosos datos para el historiador que se proponga bosquejar la situación militar del país, en la fecha en que desatámos los lazo.:; ofi­ciales que nos vinculaban á la Metrópoli Portuguesa, y seguir la evolución lenta de nuestras instituciones militares. Es tal, no obs­tante, el estado en que se encuentran, que la más insignificante pes- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 300 Boletín lJ1zlz'tar quisa degenera en extenuante trabajo de meses y hasta de años. * El limitado plazo de que disponemos no nos faculta para describir convenientemente el cuadro del militarismo brasileño, á partir del 7 de Septiembre de r 822 ; pero todo nos induce á creer que ya en aquella fecha existían en el Brasil oficiales de Estado Mayor. Proclamada la independencia de nuestra patria, quedó en pie, reglamentando nuestra vida militar, la antigua legislación portuguesa. La última reforma importante realizada en Portugal antes de 1822, consta en un Decreto de r6 de Febrero de r8r6. En él se señala la composición de los Estados Mayores, del Ayudante General y del Cuartel General del Estado Mayor, y la formación, con esos Oficiales, de los Estados Mayores de las divi­siones y brigadas. En los incisos 4.0 y 5. 0 del artículo 3. 0 se lee: "4.0 Los Oficiales del Estado Mayor serán escogidos en todas las armas, teniéndose tan solo en cuenta su mérito, causa por la cual en este Cuerpo se hace necesario el concurso de Oficiales para escoger los que tengan otra instrucción que la simple rutina. "5.0 Los Oficiales de este Cuerpo tendrán acceso á él, en el orden y proporción de los otros del ejército; podrán, no obstante, pasar á los Cu e rpos del arma en que hubieren servido, cuando el General en Jefe lo juzgue conveniente, entrando á ejercer aque­llos empleo que les correspondan, de conformidad con su antigüe­dad y mérito. Los Oficiales d e l Estadv Mayor empleado en las divi­siones y brigadas, no serán fijo . Los Generales en Jefe los r leva­rán por otros en el servicio cuando lo con ideren conve ni en t ·- ·" E to simples extra to prueban que en Portugal ya exi tían algunas nociones preci,as con relación al servicio del E tado Ma­yor, y que se consid_raba fundamental el principio, hoy dominante en todas partes, de que el oficial de E tado Mayor, ante que todo, debe ser un oficial de filas. Es posible que éstos concurrieran con otros para la promo­ción. in embargo, este punto no queda bastante aclarado en lo que acabamos de transcribir. El4 de Diciembre de 1822 se dictó en el Brasil el primer De­creto capaz de suministrar luces con respecto á la campo ición del Ejército bra ileño en aquel año. No se menciona en él la existen­cia de un Cuerpo especial de Estado Mayor, puesto que sólo se re­fiere al "Estado Mayor empleado en cuarteles generale á. la ór­den es de los comandantes de armas," y á "Dipu~ados y asistentes de los Ayudantes Generales y cuarteles-maestres generales." En r827 tuvimos que hacer frente al ejército del General Al­vear, el cual se batía por la independencia de la Provincia Ci~pla­tina, anteponiéndole las escasas y mal equipadas fuerzas del Mar­qués de Barbacena. El Ejército Imperial, como en aqut.l entonces lo llamaban nuestros contendientes, presentaba una particularidad nunca vista • Cosa igual sucede en Colombia Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar en el Brasil, ni antes ni después de aquella guerra: tenía un Jefe de Estado Mayor en la persona del Mariscal H. Brown, Oficial alemán, contratado especialmente para servir en aquella campa­ña. Apreciando el hecho, escribió el Capitán Ladislao de los San­tos Títara : " Fue la primera vez que en el ejército del Brasil, en el cual aún se seguía en todo la rutina del de Portugal, hubo el em­pleo de Jefe de Estado Mayor General." El ensayo de ese cargo data del siglo pasado, durante el rei­nado de Luis xrv de Francia; pero sólo fue desenvuelta su teoría por Carnot durante la Rev0lución francesa; Napoleón lo elevó á la perfección, y le fue de grande utilidad. Entre nosotros el primer en­sayo que juiciosamente se intentó, trajo la manzana de la discordia, porque en vez de convertirse el Jefe de Estado Mayor en la cúpu­la del gran edificio llamado ejército, para armonizarlo y hacer todo el bien posible, consta que, por el contrario, lo trastornó todo, desmoralizándolo á la vez. Cuando el Jefe de Estado Mayor de un ejército posea las cualidades esenciales para ese cargo, como gran capacidad, firmeza, integridad, inteligencia y actividad ; cuando sus subordinados tan solo piensen en ayudarle y obedecerle por com­pleto; cuando, por último, él no sea el instigador de intrigas, su actuación en el ejército será de prósperos y grandiosos resulta­dos .;¡:-.-Continúa. --- ~e------ SER VICIO PROTECTOR DURALVTE EL REPOSO Ó SER VICIO DE AVAiVZ.dDAS, SEGU.V LE TVAL Las tropa durante su reposo, ya se hallen acantonadas, ya vivaqueen, se encuentran siempre en situación la menos á propósi­to para el combate, y necesitan adoptar medidas especiales que garanticen su descanso y les den tiempo de alistarse para la lucha, caso de ataque del enemigo. En tal virtud, desde que una tropa se estaciona para descansar por una ó más noches, se rodeará de un sistema especial de protección, compuesto de varios elementos ex­tendidos á lo lejos y que se comprenden con el nombre genérico de avanzadas. Las avanzadas, cuya misión es oponerse á todo ataque repen­tino, sostenerse sobre el terreno que ocupan hasta que el grueso venga á reforzarlas, y rechazar al asaltante cuando sus fuerzas sean pocas para no turbar inútilmente el reposo de los más, constan de un conjunto de destacamentos dispuestos de acuerdo con la for­mación de combate, es decir, arreglados como hitos para el des­pliegue de todo el ejército. Este servicio, prestado principalmente por la infantería, requie­re un tipo normal que sirva en todo caso, guíe á los que carezcan de experiencia, y sin poner trabas al valor é iniciativa de los Jefes, contenga el demasiado celo de unos y recuerde su deber á otros. • Del libro Memorias del grmz ejército libertador de Sud América. r852. CO OE l R.EPUBUCA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 02 Bolet{n Mzlz'tar El tipo normal no admite cambio en sus funda~entos para evitar así la confusión, pero prestándose á modificación en los detalles, se pliega á todo lugar y circunstancias, y eso es lo que constituye su valor. Las avanzadas deberán, pues, tener su tipo normal esta­blecido sobre las necesidades de la guerra: 1.° Como objeHvo, ga­rantir de todo ataque la tropa que cubren, y asegurarle su reposo, y esto siempre, ya sea en la llanura ó en la montaña, ya en el día 6 por la noche, ya se esté cerca 6 lejos del enemigo; y 2.° Como base, la formadón de combate, única posible para combatir siempre. CAPiTULO I.0 -BASES DEL SISTEMA Como la necesidad del servicio protector es siempre la misma, no puede existir sino una especie de avanzadas, cuyo tipo general se estudiará sobre la situación ordinaria en campaña: el reposo de la noche tras cada día de marcha y cuando la lucha no es aún segu­ra para el próximo día. Las demás situaciones, excepción de la re­gla, confirman ésta, pues apenas exigen modificaciones de detal, como en su lugar veremos. Tras cada marcha, aun cuando se llegue de noche al fin de la etapa y sea difícil en la oscuridad reconocer el terreno, el servicio de avanzadas se establecerá siempre, sin dejar de hacerlo confián­dose en el descuido ó cansancio del contrario, para no exponerse á recibir una dura lección. La situación normal de las avanzadas es existir de noche y desaparecer de día, y sobre esto ha de ra­ciocinarse para establecer su servicio. Por lo general, el movi­miento se inicia temprano para lograr que esté concluída la etapa á las 5 p. m. á más tardar; así, será ya á la oración cuando quedan establecidas las avanzadas, cuyo servicio dura hasta el amanecer del día siguiente, al continuarse la marcha, extendiéndose por lo tanto á una ó dos horas de día y á unas doce de noche. Siempre que sea posible, el servicio se establacerá antes de que llegue la noche, como que hacerlo durante ésta es más delicado y penoso; pero la guerra lo exigirá así muchas veces, y eso mismo es una. poderosa razón para crear un método normal que facilite siempre el establecer el servicio protector. Cuestión cardinal es la de la lucha en las avanzadas : se las establece para resistir, no para batirse en retirada, pues que ocu­pan el terreno elegido para el combate, y es allí á donde ha de ir á. desplegarse el grueso. Tal es la regla: hoy se combate en or­den abierto con sucesión de esfuerzos, y por eso la disposición que se da á las avanzadas representa el orden normal del combate, el que deben sostener mientras son reforzadas por el grueso, para en seguida pasar á la ofensiva, no retirándose ó siguiendo á la de­fensiva el total de la fuerza, sino en caso de derrota 6 de marcada inferioridad numérica. No es admisible la retirada de las avanzadas, tanto porque es perjudicial moralmente, como porque acampándose á retaguardia del terreno reconocido y elegido para el combate, ceder es privar al grueso del modo de pelear con éxito, y exponerlo además á que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M,ilitar sufra el fuego del enemigo estando aún en formación compacta. Se acampa á retaguardia del teatro probable de la lucha, porque el despliegue á retaguardia es difícil, porque es ccnveniente que se efectúe á vanguardia para animar la tropa, y porque si el grueso quedara sobre el terreno elegido, el despliegue, ya fuera á vanguar­dia ya á retaguardia, lo llevaría á otro terreno y de nada serviría el haberlo elegido. Las avanzadas son las que se sitúan sobre el tea­tro elegido para combatir y lo defienden hasta que llegue allí el grueso ; no puede objetarse contra este modo de obrar el caso de una sorpresa, porque esto lo que prueba es mal desempeño en el servicio de seguridad y la necesidad de ejecutarlo bien. Es, pues, principio al establecer las avanzadas, ocupar con ellas las posiciones elegidas para el combate, reforzándolas cuando fue­re preciso, para que Siempre puedan mantenerse allí. Cierto que no siempre habrá combate en las avanzadas; pero como es difícil asegurar qué día lo habrá y cuál no, en la e ven­tualidad de un empeño lo lógico es que siempre se hallen en situa­ción de combate, con lo que no es necesario sino un tipo normal y ademtís se simplifica el servicio y se consigue formar rápidamente buenos soldados para su desempeño. Siendo el orden de combate la base esencial de la disposición de las avanzadas, se deducen cuáles serán los detalles de su orga­nización ; sólo que como en aquél la disposición de las tropas es muy densa, y en éstas se busca el emplear el menor número de gente para que el mayor pueda descansar, las posiciones elegidas serán ocupadas por el menor número posible de hombres. A causa de lapoca gente empleada, ésta se limitará á marcar las principales líneas que comporta la lucha, de lo que resulta una formación aná­loga á la de combate, aunque más dilatada, y las avanzadas serán el esqueleto del orden de combate. Otra condición del tipo normal es que las fracciones dis­persas sobre el terreno puedan estrecharse fácilmente á la llegada de las reservas, para que la intercalación de nuevas fracciones se haga sin producir confusión ni movimientos peligrosos. El orden normal de combate requiere que cada grupo princi­pal tenga fuerzas en primera línea, y de consiguiente en las a van­zadas, á fin de que cada cuál encuentre señalado su sitio para la lucha, sin llevar, sin embargo, este principio muy lejos, porque en­tonces se rompería la unidad de mando, y sería imposible proce­der por fuertes unidades orgánicas, de lo cual resulta que en esta. materia hay un minímum y un máximum que la enmarcan, y de Jos que no es conveniente separarse. Fácil es comprender que las fracciones inferiores hasta la compañía, á menos de obrar aisladamente, no deben ser repre­sentadas en las avanzadas, porque entonces éstas carecerían de solidez, y no habría ni unidad ni dirección posibles; pero también se comprende que ya un batallón sí puede ser allí representado, pues cualquiera de sus fracciones que lo haga puede dispersarse sobre el frente que aquél ha de ocupar luégo, sin dejar de estar en la mano de su jefe, y también estrecharse para dejar campo á las más ~punidades del batallón, sin tener para esto que efectuar gran- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar des movimientos. Resulta, pues, que el grupo orgánico mínimum que debe ser representado en las avanzadas es el batallón. Es evidente también que si una unidad más fuerte que el ba­tallón, como la brigada, es representada por una sola fracción en las avanzadas, queda destruída la formación de combate. Disper­sada en una extensión enorme, su manejo será difícil si no imposi­ble, sus movimientos lentos y considerables, y sobre todo sobreven­dría, al entrar el resto de fuerza~ en línea, la confusión de las unida­des orgánicas, falta que á todo trance hay que evitar. Aun hay más: al entrar en línea los demás batallones carecerían de hom­bres que, habiendo visto el terreno, los infm m en sobre la localidad, y así se verían obligados á batirse sobre un suelo que no conocen, lo que en la oscuridad podría ocasionar funestos resultados. Por otra parte, las avanzadas resisten sobre la línea que ocupan, y la que nunca deben abandonar, por exigirlo así las necesidades de la lu­cha: al llegar ésta los refuerzos lt) hacen para darles auxilio, y algún tiempo después entran en pugna los batallones que han de formar 1 a primera línea. Llegando éstos de pronto y en la oscuridad, la prime­ra necesidad de sus jefes es ponerse al corriente de la situación, y so­bre todo del terreno en que van á combatir; datos que sólo pueden suministrarles las fracciones que están en las avanzadas, las que de nada servirían si desaparecen agrupándose en un solo punto, de­jando espacio á las demás fuerzas para su entrada en línea. Si las avanzadas no se recogen, se mezclarán los cuerpos, sobrevendrán dificultades, y por último la confusión; tampoco puede r e levárselas, porque hacer esto de noche y ya entre las balas, e imposible, y además porque las noticias que puedan comunicar al relevo serán dadas muy á la ligera y de nada servirían. Por el contrario, si una fracción constituída está desplegada en una línea de corta extensión, los acontecimientos se suceden con extrema sencillez; cada batallón, al entrar en línea. se encuentra informado de todo lo que le interesa saber, y conserva en su seno á los que conocen bien el terreno y han presenciado los hechos desde su principio, y la línea fundamental ni desaparece ni es inte­rrumpida por la lucha. Lo dicho hace concluír que el servicio de avanzadas debe ser practicado por batallón: la brigada, compuesta de varios batallo­nes, como establece dos en primera línea en el combate, los hará representar en las avanzadas, y asf queda establecido el máximum y el mínimum de que atrás se habló. En resumen: las bases sobre que reposa el servicio de a van­zadas s<¡n: r.• Situación del servicio protector sobre las posiciones elegi­das para el combate ; z: Resistencia absoluta de las tropas empleadas en él; serán reforzadas en caso de ataque, pero nunca retrogradarán ; 3 ... La disposición de las avanzadas será calcada sobre la for­mación normal de combate; y 4."' Todo batallón de los que han de luchar en primer3. línea, será representado en las avanzadas por medio cle un destacamento tomado de su seno.-Continúa. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mz'l·itar 305 PRINCIPIOS GE.VERALES .DE ESTRATEGIA Y DE TACTICA EN LAS PEQUEÑAS GUERRAS por el {ayor C. E. Callwell, del Ejército inglés TRADUCCI6 . DE ISIDORO LAVERDl: AMA YA-Co1ltimía CAPITULO XIII PERSECUCIO~ES Y RETIRADAS I. El en emigo uo estd preparado para una vzgorosa persecuczon si es derrotado, ni r;abe tampoco completar enérgú:amente stt vú:ton·a sz· queda trúm:fante-La cuestión de las persecuciones y de las retira­das en las pequeñas guerras depende en mucho de una particu­laridad de los guerreros irregulares, particularidad de tal manera confirmada en todos los tiempos, que se ha convertido en una ca­racterística distintiva. Esta es la de que, pasado el primer momen­to de excitación, estos guerreros son lentos en la persecución después de la victoria, y que, por otra parte, i los derrotan, no cuentan con que e les perseguirá con energía. Lord N'olseley dice que nada desmoraliza tanto á un enemi­go indisciplinado, como la rapidez de movimientos, la inmediata energía y la renovación constante de los esfuerzos que se hacen contra él. i, por su parte, este enemigo obtiene una victoria, el éxito parece agol.Jiarlo y calma sus movimientos ulteriores. e distrae con el pillaje ó con la alegría de u victoria; y al contrario, se es­panta y se deja dominar por el pánico, si tras una victoria de vuestra parte, procedéis de manera diferente de la suya, activando vues­tros movimiento y desplegando una energía incesante en la per­secución. II. La 1ll07n'lzdad dt·l enem/go lwce difidl su persecuczon-Por otra parte, la rapidez de los movimientos de estos adversarios hace muy difícil una persecución eficaz. Estos guerreros, una vez ven­cidos en el campo de batalla, se retiran con la mayor celeridad. Recorren el terreno con una rapidez pasmosa ; pero después de haber recorrido algunas millas, no suponen que se pueda perse­guirlos aún, y grande es su espanto si no se encuentran entonces en seguridad. Por esto es muy importante tener una fuerza de caballería inmediatamente disponible en el campo de batalla para lanzar­la contra el enemigo que huye; porque la extrema movilidad de este enemigo le permite escapar á la infantería. Esta es una pre­caución indispensable si se prevé un suceso táctico decisivo. En algunas pequeñas guerras, la falta de tropas montadas con este fin, ha sido muy perjudicial. Al comenzar la sublevaci6n de la lndia, durante la marcha del General Haveloc de Allahabad sobre Cawpore, y de Cawpore sobre Lucknow, la falta. de caballe­ría impidió alcanzar todas las ventajas que podían derivarse de los brillantes triunfos alcanzados sobre los rebeldes en combates sucesi- TOMo I-20 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Milt"tar yos. Después del combate de Kwintana, en la Cafrería, en 1877, la pequeña columna de tropas montadas fue insuficiente para verificar una persecucion eficaz. Hicks Pachá no tenía caballería en Marabia cuando su cuadro infligió tan gran derrota á los Madistas, de suerte que éstos se encontraron en seguridad desde que estuvie­ron fuera del alcance de la artillería y de la fusilería. Cuando la posición de Hunza Nagar pudo al fin ser envuelta en I 8g2, no había tropas montadas para ejecutar el ataque; pero este hecho no tuvo importancia porque el enemigo fue completamente des­truído. La infantería no puede llevar á cabo la persecución inme­diata; y si el enemigo no se dispersa, hay mucha probabilidad de alcanzarle á algunas millas del lugar de su derrota. Se imagina que el ejército victorioso descansará sobre sus laureles, y no pien­sa en una persecución enérgica; no prevé tal movimiento, que des­barata todos sus cálculos. III. La tendencia que Henen á d?Spersarse produce el múmo efecto. Otra particularidad que ofrecen los enemigos que las tropas re­gulares encuentran en estas pequeñas guerras, particularidad que influye mucho en la persecución, es la tendencia de estos enemigos á dispersarse en todas direcciones cuando son derrotados. Esta tendencia no es exclusiva de los salvajes ó de los montañeses. En las pequeñas guerras todos los enemigos proceden del mismo modo. Rara vez ensayan batirse en retirada y en orden; en aquel mo­mento sólo se trata de que se salve el mayor número. Los del Zuhí y los del Sudán tuvieron esta afinidad común con las tropas egipcias de Tel el Kebir. Los fanáticos, que atacan con la mayor temeri­dad, no valen más, á este re pecto, que los más débiles ó pusiláni­mes de las ra¿as inferiores. El efecto moral del desastre obra en todos. El vigor y la impetuosidad son la esencia de la persecución eficaz en la guerra; pero en las pequeñas guerras, las tropas lan­zadas á la persecución pueden, por lo general, proceder con una confianza mucho más grande que en la guerra regular. Un ejército disciplinado, á menos que quede íntegramente destruído, se re­tira combatiendo, defendido por una retaguardia. Los perseguido­res son constantemente detenidos en su marcha por pequeños des­tacamentos que ofrecen una resistencia encarnizada y que hasta se sacrifican para cubrir la retirada de la columna ; no acontece lo mismo en las pequeñas guerras. La sola dificultad es conservar el contacto con adversarios que huyen y que se dispersan en todas direcciones. IV. De ord/nan·o, el terrmo hace di.fíálla persecución-Esta es el único tropiezo, en lo que concierne al enemigo. Pero el terreno presenta también generalmente grandes dificultades. En las mon­tañas de la India, frecuentemente la caballería no puede obrar; en los bosques, la persecución es casi imposible ; en el Daghestán y el Transcáucaso, en Nueva Zelandia, en el Achín, en el Daho­mey y en el Ashantí, las victorias nunca han podido completar­se como hubieran debido serlo. El enemigo se dispersaba, á me­nudo sin haber sufrido pérdidas serias. Esta es una de las mayores dificultades con que tropiezan las tropas regulares en sus opera­ciones contra irregulares en terreno quebrado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mtlitar V. Empleo de la caballería y de la arlz'llería montada en las per­stcuctones- Algunas veces el enemigo se batirá en retirada con cierta apariencia de regularidad ; pero esta es la excepción. En­tonces, el objeto de la persecución es, como en la guerra regular, tratar de convertir la retirada en derrota, romper los lazos de la disciplina y la cohesión de la columna batida y ya seriamente desmembrada. Para conseguir este fin, el concurso de la artillería montada y de la caballería es naturalmente inapreciable, si el te­rreno se presta á ello. En la sublevación de la India, el concurso de estas dos armas procuró más de una vez en las periecuciones resultados muy notables. El combate de Jaora Alipore, después de la derrota de Tantia Topi en Gwalior, por Sir H. Rose, es un ejemplo notable. Seis­clentos sables y una batería montada bajo las órdenes del Coronel Napier, fueron, tras corto retardo, lanzados en persecución de los rebeldes. El enemigo, que contaba 4,000 hombres y 25 cañones, ocupaba una ventajosa posición. Pero la resistencia no fue larga. Los rebeldes fueron derrotados con pérdida de toda ~u artillería y de sus bagajes, VI. Retiradas-El manejo de una retirada se considera con justa razón como la más delicada de las operaciones de guerra. El papel del que gana es siempre más fácil que el del que pierde ; pero movimientos retrógrados en presencia de guerreros irregula­res presentan ciertas dificultades especiales. VII. Dificultades que ett la retz'rada susczla el lransporle de /oz heri­des- La retirada después de un desastre se hace especialmente difícil · en las pequeñas guerras por la necesidad de conducir los heridos. En combates contra salvajes asiáticos, pieles rojas y otros enemi­gos semejantes, el transporte de los heridos es una necesidad. Hasta en la guerra de guerrilla contra campesinos de regiones civilizadas, no se debe dejar caer á los heridos en poder del enemigo, porque serían maltratados. La guerra civil es desmo­ralizadora : engendra represalias lamentables de parte de los sol­dados y de los insurgentes. La guerra de voluntario¡ en Ven­dee y en la Península, se caracterizó por las atrocidades co­metidas por las guerrillas. Fue una particularidad plausible de la guerra de los Boers el que fuesen bien tratados los heridos ingle,es que no pudieron ser conducidos en la retirada nocturna que siguió al combate de Ingogo; pero este es un hecho completamente ex­cepcionaL En la singular campaña del Príncipe Vorontzoff en los bosques de la Chechnaya, los Rusos salían todos los días á hacer exploraciones y volvían al campo por la tarde; el transporte de los heridos durante la retirada era siempre un motivo de ansiedad y de embarazo. Los heridos son carga muy pesada en el momento en que el ejército está menos en capacidad de transportarlo¡. VIII. Los guerreros z'rrcgulares son activos al comenzar la persecu­ción, pero su ardor decae en breve-En el primer arranque de la vic­toria, los guerreros irregulares son generalmente activos en la persecución. A los primeros indicios de indecisión en las filas de las tropas, aquellos mismos que en las filas enemiga~ han perma- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. J08 Boletín Mz"litar necido vacilantes, irresolutos y escrupulosos, se sienten con valor y se muestran listos á lanzarse al ataque á par de los más atre­vidos. Pero tras la excitación del éxito, su ardor decae; la per­secución se apaga; la tentación de detenerse para entregarse al pillaje es demasiado fuerte. Estos enemigos no comprenden la importancia de hacer la victoria completa y durable; ellos juzgan que su misión ha terminado cuando se ha ganado la victoria, y persiguen con tibieza, dejando que el ejército vencido escape á sus acometidas. Se pueden citar muchos ejemplos de este hecho. Ejemplos-Después del muy serio desastre sufrido por los Ingle­ses en el segundo ataque de Bemaru, cerca de Kabul, en 1841, las tropas, bien que completamente desmoralizadas, no fueron perseguida hasta sus acantonamientos por los Afganes. Si _el ene­migo hubiera procedido con vigor, todo el ejército habría podido ser destruído. * Al comenzar la sublevación de la India, después del levanta­miento de Dinapore, cuando los rebelde se habían dirigido obre Arrah y sitiaban el corto número de europeos encerrados en esta plaza, un destacamento partió por la noche del acantonamiento para tratar de socorrer á la guarnición. Después de acercarse de noche á Arrah, sin encontrar resistencia, la columna cayó en una emboscada, y, sorprendida, fue derrotada. El resto de la columna logró, sin embargo, volver á sus vapores sobre el Canges, y regresó á Dinapore. i los rebeldes hubiesen llevado á cabo una persecu­ción vigorosa, t0do el destacamento, ya e. ·tenuado por una mar­cha nocturna, habría sido probablemente destruído. La persecución de los Afganes despué de Maiwand, fue muy floja. Durante una milla ó dos, el enemigo hizo una persecución muy enérgica, y el regimiento 66 sufrió pérdidas espantosas, com­batiendo con vigor para tratar de detener al enemigo. Pero desde que los Afganes se encontraron libres de esta fracción de infante­ría que les oponía vigorosa resistencia, juzgaron que la victoria estaba completa, y minoraron la persecución. Grandes pérdidas causaron las gentes de las aldeas en la retirada sobre Kandahar, y muy pocas el ejército de Ayoub Khan. Después del mal éxito de los Franceses en Bang Bo, cerca de las fronteras del Tonkín, los Chinos tuvieron una ocasión muy pro-­picia para causar pérdidas irreparables, por medio de una vigo­rosa persecución, á la columna en derrota; pero persiguieron con lentitud, y dieron de este modo á las tropas del General Négrier, tiempo de rehacerse y de medirse de nuevo, algunos días más tarde, en Kailua, en donde tomaron gran desquite del revés de Bang Bo. Los del Manipurí persiguieron con lentitud las tropas que evacuaban su capital en 1 8g2. IX. La deslruccz'ón de las tropas regulares se ha debü:/o general­mente á un completo at'slami'enlo ó á causas espedales-Cuando en estas pequeñas guerras, fuerzas regulares han sido totalmente destruí- • Buen ejemplo de ello tenemos en Peralonso.-N. del D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mzlitar das, como el ejército de Hicks Pachá en el Sudán, de ordinario las circunstancias han sido tales que el ejército en derrota se en­contraba en la imposibilidad de batirse en retirada. En las estepas, columnas rusas han desaparecido del mismo modo, á causa de las distancias enormes que es preciso recorrer en este país para alcanzar un objetivo militar. La retirada de Kabul, en 1841-42, se llevó á cabo al través de gargantas y de desfilade­ros en montañas infestadas de enemigos ; este desdichado ejército fue gradualmente aniquilado, más bien por los guerreros de las tribus situadas entre la capital Afgán y Gandamak, que por las fuerzas de Akbar Khan, que lo perseguían. X. El pn"ncipz'o de la retz'rada es el período crítzco-El momento crítico es generalmente cuando comienza el movimiento retrógra­do, porque entonces el enemigo aparece ardiente y resuelto. Acude en gran número, y la prontitud de su marcha le permite guardar el contacto. La retirada de un campo de batalla es siempre una empresa delicada y peligrosa, mucho más difícil hasta en la gue­rra irregular que en las condiciones ordinarias de las operaciones militares modernas, porque ya se sabe que los vacilantes y los tímidos que se cuentan en las filas de los adversarios, entran en línea con los combatientes que han alcanzado la victoria. Es claro que la retirada debe efectuarse gradualmente, haciendo fren­te siem¡:;re una parte de la columna al enemigo. En tal momen­to el concurso de la artillería es inapreciable; ella puede mantener á raya al enemigo, y luégo, si el terreno se presta, retirarse rá­pidamente y tomar una nueva posición. Así fue como la artillería prestó &rrandes servicio en Maiwand. La caballería á pie y la in­fantería montada pueden igualmente prestar grandes servicios. En la guerra regular, perseguidores y perseguidos se mueven durante la retirada con la misma agilidad· pero este no es el caso en la pequeña guerras, en do:1de, si se quiere, el enemigo puede con facilidad adelantarse á la infantería. Por esto los batallones, las compañías ó las secciones designadas para atajar á los enemigos que hostilizan las retaguardias del ejército en retirada en tanto que el resto de la columna gana terreno, tienen que luchar con grandes dificultades. Esta es una operación muy penosa, aun para las mejores tropas; pero si ellas se sostienen con éxito una ó dos horas, por lo común pueden contar con que podrán retirarse en seguida sin ser seriamente inquietadas. En la guerra regular, las tropas vencidas están en situación mucho más mala, porque la persecución del enemigo no cesa en las cercanías del campo de batalla. Los vencedores avanzan, insolentes y en orden, resueltos á no dejar piedra sobre piedra, á fin de consolidar su victoria. La diferencia es muy marcada. Este hecho merece llamar la aten­ción, si se considera que es un principio importante de guerra. Conl'intÍa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 3IO Bolet{n Mt'litar MARCHAS Y COMBATES SEGUN LOS REGLAMENTOS ARGENTINOS POR EL TENIENTE CORONEL AUGUSTO A. ltALIGNE- ConHnúa 4. 0 Dispositivo de marcha Las tropas, los trenes de combate, las ambulancias, los con­voyes, etc., son los elementos generales de las columnas, dispuestos en orden que responda á la idea siguiente: abordar al enemigo lo más rápidamente posible y atacarlo con el mayor efectivo posible. Su marcha se basa en los principios siguientes : 1. 0 Toda columna debe ser organizada en previsión del com­bate; 2.0 Debe estar al abrigo de sorpresas; 3.0 La posición de las tropas en ella debe determinarse se­gún la urgencia de su llegada al campo de batalla ; 4. 0 Debe dársele la mayor velocidad posible, sin cansar hom­bres ni animales ; 5. 0 Lejos del enemigo, y si se tiene la seguridad de que no hay ataque que temer, se puede subordinar la colocación de las tropas en la columna á la comodidad de la marcha y á las necesi­dades que imponen los aires de las diferentes armas ; pero á proximidad del enemigo, todo se subordina á la condición de po­der aceptar combate en cualquier momento y de cualquier mane­ra que se presente aquél; 6.0 En las marchas en retirada, ya sea después de un combate desgraciado, ya sea para evitarlo, las columnas se dividen, como lo hemos dicho en artículos anteriores, pero como si hubiesen dado media vuelta. La retaguardia tiene entonces la importancia de la vanguardia, pero su misión, su composición y sus distancias son otras, y las estudiaremos cuando tratemos de las retiradas después de la pérdida de una batalla. Veremos entonces que así como el ¡::.apel de la vanguardia es activo y consiste en dañar al enemigo, el de la retaguardia es relativamente pasivo, y consiste en impedir que el enemigo nos dañe. A una columna interior, es decir, á una que marcha entre otras columnas, poco expuesta en sus flancos, le basta mandar algunas patrullas qu establezcan la comunicación con las colum­nas vecinas. Una columna aislada, al contrario, está amenazada por todos lados, y como sus partes débiles son sus flancos, tiene que cubrirlos, á menos que lo haga la naturaleza misma, esto es, que Ia:columna desfile costeando un río no vadeable, ó pantanos intran­sitables, y siempre que úno y ótros la protejan á algunos kilómetros, puesto que la infantería enemiga podrá causarle pérdidas impor­tantes á distancia de 2,000 metros y la artillería desde los 4,000. Suponiendo que la columna marche aislada y no sea cubierta en sus flancos por obstáculos naturales, que es lo ordinario, ¿ cómo los cubriremos militarmente? Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Milt.tar 3II Con destacamentos que marcharán paralelamente á la colum­na y que destacarán flanqueadores. Como la columna principal se­guirá casi siempre el mejor camino, no quedarán para los destaca­mentos sino caminitos, senderos, ó sólo el suelo natural. El servicio de guardaflancos ó flanqueadores sería, pues, muy pesado para la infantería, y se haría mal y resultaría ilusorio. Para que no lo sea, lo haremos ejecutar por la caballería, y si no la hubiere, aprove­chando las aptitudes naturales por infantes montados, organiza­dos de antemano ó improvisados. El servicio de los guardaflancos comprende todo lo que abar­ca el servicio de reconocimientos: ver, avisar á la columna y dete­ner al enemigo hasta que ésta se despliegue. Enumeraremos rápidamente los medios de ejecución : ocupar las entradas y encrucijadas de los caminos, sobre todo cuando son quebrados, ó la salida de los bosques, de las cañadas ; ocupar las alturas, las estancias, los puentes, todo lo que sobre un flanco puede servir al enemigo para emboscarse, ó á la columna para defen­derse. Si la columna es algo importante, como no podría ser atacada. seriamente sino por fuerzas también importantes, las que tampoco podrían acercarse mucho sin ser sentidas, el servicio de guar­daflancos puede simplificarse y ser así menos cansado. Daremos un ejemplo: en un país medianamente quebrado marcha una columna aislada de cuatro batallones, cuatro escuadrones y tres baterías: una brigada mixta con efectivo de cuatro á cinco mil hombres. El camino que debe recorrer:en el día es de 22 kilómetros, y en ese trayecto y á distancia de 4 á 5 kilómetros, término medio, existen en ambos flancos puntos topográfkos de alguna importancia: una loma, una punta de bosque: una estancia, la salida de un camino entre alambrados 6 cercos, etc. El comandante de la vanguardia destaca una sección dividida. en tres grupos en cada flanco. El comandante de la columna también destaca una sección en tres grupos en cada flanco. Ambos les ordenan ocupar sucesivamente la loma, la estan­cia, etc., durante algunos minutos, y hacer, además, cubrir su cos­tado exterior con algunos jinetes que les procuren noticias si las hubiere. Hecho por infantes y jinetes mandados por oficiales que sepan inspeccionar y no crean que hay algo cuando nada hay, este servicio resguardará de todo peligro á la columna sin agotar en su tarea de vigilancia las fuerzas destinadas al combate. En efecto, ¿cómo se deslizaría inadvertido entre dos grupos de guar­daftancos ua enemigo tan numeroso que pudiera ser un peligro para. una columna de 4 6 5,000 hombres? II. Las columnas. 5. 0 Encolumnamiento Acampadas, vivaqueadas ó acantonadas las tropas, no lo es­tán siempre en el camino que seguirán, sino á sus costados. Si el efectivo es de alguna importancia, las distancias que las separan, sobre todo en los acantonamientos, pueden ser considerables • • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. JI2 Boleti1z Militar Estas tropas están obligadas á formar una sola columna, y de­ben ser colocadas en ella según cierto orden sucesivo. Para esta reunión y colocación, que llamaremos encolumna­miento, se adopta un punto fijo, situado hacia adelante, conocido 6 fácil de encontrar en el terreno ó en el plano topográfico, y de fá­cil acceso: es el punto inidal del encolumnamiento y la marcha. 6.o Punto inicial Supongamos una reunión de tropas de las cuatro armas y compuesta como la división que sirve de tipo en el Reglamento de infantería del General Capdevila para fijar los principios del com­bate ofensivo. Tiene dos batallones en una estancia, á dos kilómetros á la de­recha del camino ; dos batallones vz'vaqueados, á dos kilómetros más atrás, y uno más afuera ; cuatro á la izquierda, á la altura de los tres primeros, pero á tres kilómetros ; tres atrás de los cuatro últimos, á tres kilómetros; la caballería á dos.kilómetros adelante; la infantería, parte á la derecha, parte á la izquierda ; la artillería y los ingenieros á la altura de las primeras fracciones de la in­fantería, pero inmediatos al camino. Supongamos que esta reunión de tropas deba emprender mar­cha al día siguiente, en una sola columna, en la siguiente forma: A vanguardia, 2 batallones de infantería, 3 escuadrones de caballería, 3 baterías de artillería y 2 compañías de ingenieros. Atrás, á ocho kilómetros, el cuerpo principal, ligado con su vanguardia por algunas fracciones de tropa. Admitido esto, las horas fijadas para que cada unidad llegue al punto inicial, señalado á dos kilómetros á vanguardia del vi­vac de la caballería, serían las siguientes: Una hora antes de la salida del sol, que suponemos ser á las seis, el escuadrón de descubierta. A las cinco y cuarto, los tres escuadrones y los ingenieros. A las cinco y media, un batallón y las tres baterías. A las cinco y tres cuartos, otro batallón. A las siete y media, los tres primeros batallones de la dere-cha del camino. A las siete y tres cuartos, toda la artillería. A las ocho, el resto de la infantería de la derecha del camino. A las ocho y media, toda la infantería de la izquierda del ca-mino. Pero al fijar las horas en que deben llegar al punto inicial y desfilar, el Estado Mayor, que tuvo en cuenta para ello el ale­jamiento de las tropas, no determinó la hora en que \iebían batir tiendas, detalle que se deja á cargo de los comandantes de unida­des y que se arregla en vista del camino que debe recorrer en­tre el vivac y el punto inicial. Lo esencial es que las tropas lleguen al punto inicial á la hora fijada, que para ello no se les haya hecho tomar las armas con inútil anticipación, ni recorrer malos caminos, cuanao los hay bue­nos; y que no se les hayan impuesto fatigas innecesarias. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Militar Como se ve, la columna se forma por la llegada sucesiva de las unidades principales, formadas á su turno por la de grupos me­nores, como un río se forma con otros ríos y éstos con arroyos; de suerte que á la postre columna y río corren en un solo cauce. Cuando una columna es poco numerosa, el encolumnamiento es fácil, puesto que las unidades están acampadas á corta distan­cia; pero tratándose de una división, las horas de partida del vi­vac y de llegada al punto inicial, deben ser fijadas cuidadosamente, pues todo error ó negligencia i'11plica un aumento de fa ti gas para la tropa, y hoy, más que nunca, es con las piernas con las que se ganan las batallas. Para verificar el orden en que las unidades entran en la co­lumna, darles la hora oficial, recib1r los partes y transmitir las órdenes del General, se sitúa un oficial del Estado Mayor en el punto inicial; este oficial estará autorizado para resolver las dificul­tades de ejecución, la más frecuente de las cuales es la detención de alguna unidad, causada por la llegada tardía de otra que de­bería precederla. i la demora es ya larga, si la interposición no puede causar graves perjuicios, se hace marchar la tropa detenida, y se rectifica luégo, si es indispensable, la colocación relativa de las unidades. Entre no otros, que maniobraremos por muchos años aún con cortas columnas, las dificultades del encolumnamicnto serán siem­pre pequeñas, pero debíamos preverlas. El Comandante en Jefe mismo ó su Jef de Estado Mayor estará en el punto inicial, y su presencia contribuirá á la e.·acta ejecución de las órdenes. Pero aun así, no sed be olvidar que un batallón no debe cargar mochilas y tomar arma , la artillería atalajar y la caballería montar á caba­llo, sino para emprender marcha, y que toda espera inútil e ~ una fuerza 1 erdída que puede causar una derrota. 7. 0 Alargamiento de la columnas Cuando la tropa marcha en columna, sus elementos se alar­gan poco á poco, á consecuencia de falsos movimientos individua­les, de quiebras, de obstáculos del terreno, de la tendencia del soldado á abrir las distancias para marchar con más comodidad, etc., de manera que su profundidad es siempre mayor durante la marcha que á la partida. Esta diferencia entre las dos profundi­dades se llama alarganzzento. El alargamiento varía en razón de la profundidad de la co­lumna de la extensión de la marcha, de la naturaleza del terreno, de la clase de soldados que forman la columna, de las armas, etc., y crece sin cesar desde la salida hasta la llegada. Es imposible evitarlo, y hay que calcularlo para no engañar­se en las disposiciones de marcha; pero una buena disciplina de marcha lo limita. Se calcula que la disciplina de marcha es buena cuando en una columna de las tres armas, de Io,ooo metros de profundidad y después de una hora, en buenos caminos, el alargamiento no pasa de un cuarto de la profundidad á la partida. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn M-ilt'tar Hemos visto que el alargamiento es inevitable, que con tro­pas y circunstancias normales es de un cuarto, y que ha y que cal­cularlo para no caer en equivocaciones peligrosas. Para e11o, en la infantería se puede usar de la fórmula práctica siguiente: el alar­gamiento normal de un cuarto iguala en metros el octavo del efec­tivo del batallón. Siendo, v. gr., el pie de guerra de un batallón de 8oo en nú­meros redondos, el alargamiento será de 100 metros ; si el batallón es sólo de 500 plazas, será de 6o metros. Esta fórmula es suficiente. En efecto, si las tropas son malas, reclutas ó cansadas, si el camino es malo, etc., y se prevé que la columna se alargará la mitad, se calcula un alargamiento de dos Teces un octavo. Si al contrario, las condiciones son favorables, se puede calcular medio alargamiento normal, esto es, la mitad de un octavo. Es sencillo, rápido y bastante exacto. El alargamiento de diez por ciento, que calculan algunos vade mécum, es solamente exacto á la partida, en marchas de paz, con carga reducida; y aun así, pronto llega á alcanzar el 25 por 100, ó el cuarto, que consideramos prudente tener por norma. El alargamiento de la caballería y de la artillería se calcula igual al de la infantería; pero el de los convoyes, en razón de la mayor dificultad de conservar en ellos una buena di~ciplina de marcha, puede alcanzar de 30 á 50 por roo. El alargamiento excesivo de las columnas constituye un grave peligro, puesto que demora en un tiempo considerable el despliegue de las tropas, y es necesario para contenerlo, que se observen con exactitud é inteligencia las prescripciones del capítulo que trata de la disciplina de marcha. No basta que los oficiales sean capaces de impedir con energía que e pierdan las distancias; es necesario, sobre todo, que sepan y hagan las marchas menos penosas, pues­to que i es relativamente fácil impedir que la tropa se canse inú­tilmente, es imposible hacer marchar una tropa que ya no puede. 8 ° Profundidad de las columnas Es su largo entre su cabeza y su cola. Se compone del fondo de cada subdivisión y de las distancias que las separan. El vade mécum del ejército francés da las profundidades si­guientes, para columnas en un solo camino : I .° Cuerpo de ejército, 36,500 m., de los cuales la vang-uardia ocupa 7,600 m. y el tren regimentado 6,800 m. La retaguardia se encuentra á 28 kilómetros del cuerpo principal de vanguardia, y necesitará 7 horas para entrar en combate á su lado. 2.0 División de infantería, 15,500 m., de los cuales la vanguar­dia ocupa 5,150 m. y el tren 3,000 m. La retaguardia se encuen­tra á 10 kilómetros de la cabeza de vanguardia, y necesitará dos horas y media para entrar en combate con ella. Si, por imposible, 11egara el caso de tener que formar en una sola columna la división argentina, cuya composición determina el capítulo I.0 del Reglamento de servicio en campaña, 12 batallo­nes, 16 escuadrones, 12 haterías, dos compañías de ingenieros, etc., ocuparían con todos sus servicios, próximamente, 14,000 m., Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n ll:filitar debiendo recorrer su retaguardia unos 13 kilómetros para llegar á la línea de combate ya establecida por las tropas de vanguardia, lo que le exigiría tres horas. Como se comprende, esta profundidad de las columnas cons­tituye un peligro á proximidad del enemigo, puesto que las tropas de la vanguardia y aun de la cabeza del cuerpo principal, están ex­puestas á entrar en combate sin poder ser oportunamente sosteni­das por las que la siguen. En consecuencia, es regla no marchar en columnas profundas cuando es posible hacerlo en dos ó tres más pequeñas, en columna de división, v. gr., cuando se puede marchar en columna de bri­gada. En efecto, los despliegues se hacen con más rapidez y faci­lidad cuando proceden de varias columnas paralelas ; pero los in­tervalos entre ellas deben ser bien calculados y sus comunicaciones fáciles. Es así que nuestra división, en vez de formar una columna de 14 kilómetros, formaría tres de 6 kilómetros, separadas por in­tervalos de 3 ó 4 kilómetros.- Coniz'núa. ~i~fnria ZUMALACÁRREGUI GUERRA CIVIL Dlt NAVARitA, 1833-1835 Traducido para el Boldhz llfilitar Continú• Zumalacárregui, después de probar que sabía escapar á sus adversarios, tenía que demostrar que podía combatirlos y aun vencerlos. . u ascendiente sobre los insurrectos dependía de esas condiciones. Resolvió combatir, y para ello atrajo al terreno que había elegido, á la columna de Lorenzo que el Coronel Oraa aca­baba de reforzar con una división del Ejército de Aragón. En esa lid bien sabía que sería vencido; y hasta tomó sus disposiciones para no conservar el campo de batalla, si acaso salía vencedor. Como se verá, pensaba en lo que sucedería después del combate. El punto escogido parece predestinado para campo de carnicerías: fue Asarta, en el valle de Berrueza, en un camino dominado por rocas cubiertas de bosque y que termina en el puente de Arquijas sobre el Ega. Había sido ya fatal esta posición, primero á Mina, quien allí fue rudamente escarmentado por los Franceses, cuando la guerra de la independencia; y después á Quesada, vencido por los constitucionales en 1822. Zumalacárregui mismo lidió allí tres veces con éxito vario. En esta ocasión, la lucha principió el 29 de Diciembre de 1833, una mañana pura y brillante. El combate no fue largo, pero á lo menos los voluntarios se batieron más resueltamente de lo que su jefe esperaba ; resistieron hasta que se les agotaron los cartu­chos. Zumalacárregui entonces, antes de que fueran destrozados, 1 os hizo replegar en buen orden tras del puente de Arquijas, y de a\\í los condujo al valle de las Amescoas. Comprendía muy bien Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 3IÓ Boletín Militar que los cristinos no osarían perseguirlo ; pero no por esto dejó Lo­renzo de dar parte de su triunfo. La exageración era habitual á los dos partidos: si todos los soldados dados por muertos en sus boleti­nes por los Generales españoles hubieran realmente perecido en las batallas, la población entera de España no habría bastado para alimentar esa guerra civil. Como ni Lorenzo ni Oraa persiguieron á los carlistas sobre las Amescoas, y antes bien hasta dos días después de la batalla no volvieron á Arcos, el efecto moral del combate de Asarta aprove­chó á Zumalacárregui. Lo que había previsto sucedió : después de la jornada de Asarta, muchos voluntarios acudieron á reforzarlo en Guezalaz, arriba de Estella; y los ricos propietarios de los valles, hasta entonces indiferentes, se comprometieron entonces con una causa que prometía ser bien defendida en la pelea. Las primeras operaciones de Zumalacárregui dieron por re­sultado la caída del Ministerio en Madrid, la remoción de Saars­field y una conscripción de 25,000 hombres. Una nueva campaña iba á principiarse junto con el año de 1834. El General carlista había tomado por cuartel de descanso á las Amescoas, estrech0 valle encajonado entre dos sierras y por todos lados p1·otegido por peligrosos desfiladeros. Este valle, que encierra diez aldeíllas, há­llase situado entre Pamplona y Salvatierra, á tres leguas de una y otra ciudad, á la misma distancia de Este11a y á seis de Victoria. De ahí Zumalacárregui podía fácilmente obrar sobre todos los centros de operacione de sus adversarios, sjn peligro de ser aco­rralado en su retiro. Valdés, el nuevo Comandante en jefe de los cristinos, creyen­do que la intención de los Na Yarro era llevar el teatro de la gue­rra á la Baja Navarra, qu se extiende de Pamplona hasta el Ebro, desde Victoria envió á Lorenzo y á Oraa la orden de cubrir la Hnea de Puente J .a Reina á Estella. El proyecto de Zumalacárrc­gui, al contrario, consistía en transportar el centro de sus opera­ciones del lado de Lumbier, sobre el terreno má doblado de los valles interiores. Por esto, en tanto que el enemigo se ocupaba en fortificar la línea de Estella, Zumalacárregui ejecutó un movimiento rápido hacia el Norte, y logró la adhesión de los valles de Salazar, de Ayescoa y de Roncal, hasta entonce. esquivos á la insurrección, y regresó á Lumbier, previendo que el enemigo saldría á encon­trarlo. Los valles que el jefe carlista acababa de desarmar y some­ter al paso, lo mismo que las Amescoas, podían servirle de lugar de refugio, como ya Jo habían sido para los voluntarios de 1811 y de 1822 ; además, para Zumalacárregui tenían la ventaja de cubrir el valle de Bastán, á donde enviaba sus reclutas, tenía sus depósitos y se hallaba establecida la junta insurrecciona} de Navarra, bajo la protección de los voluntarios del Brigadier agastibelza. En Lumbier, Zumalacárregui se burló de los golpes de Lo­renzo y de Oraa, como antes se había burlado de los de Saarsfield en Dicastillo, y de tal manera que las columnas cristinas, atraídas sin cesar por la esperanza de un encuentro siempre evitado, volvieron Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletí11, Milita1~ JI7 al cabo á sus acantonamientos, más agotadas por la fatiga y más maltratadas por las nieves y las privaciones que si hubieran sufrido una derrota. Al mismo tiempo que burlaba al enemigo con las dos columnas volantes de Zubirí y de Iturralde, Zumalacárregui, á la cabeza de un tercer destacamento no sospechado por Jos cristi­nos, se apoderó en Ayescoa de la fábrica de Orbaiceta, donde en­contró un cañón, 200 fusiles y 50,000 cartuchos. Siempre aconteció esto mismo con aquel hombre extraordina­rio. No era solamente para fatigar á sus adversarios para lo que emprendía esas marchas y contramarchas fabulosas; también lo hacía ora para alejar al enemigo del punto que quería atacar y sorprender ; ora para regresar por la tarde á la población de donde los cristinos lo habían sacado por la mañana, de manera de hacer creer á los habitantes que había vencido al enemigo en el intervalo; ora para burlar una combinación estratégica de Jo jefes de las columnas enemigas. Una vez que había logrado introducir as( la confusión en los movimientos de los adversarios, Zumalacárre­gui ejecutaba una de esas marchas de noche que sólo los Na­varros pueden hacer y que lo llevaban á doce leguas del punto don­de había sido visto la víspera. Entonces era cuando las guarnicio­nes orprendidas caían en su poder; cuando Victoria, espantada, se atrincheraba en sus calles invadidas; cuando las ricas ciudades del Ebro, que podían creerse fuera de riesgo, veían sus graneros sa­queados por un enemigo venido no se sabía de qué punto. Bien pronto los cristinos se desmoralizaron tanto con los brus­cos movimientos del jefe carlista, que cuando obtenían sobre él alguna ventaja, no se atrevían á aprovecharla ni á perseguirle en su retirada, por el temor en que vivían de que tal movimiento no fuera sino estratagema para atraerlos á segura emboscada. Preciso es anotar, por supuesto, que Zumalacárregui fue mara­villosamente ayudado contra sus adversarios por una población de la cual cada miembro era un espía y un posta. Estableció en todos los pueblos una verdadera conscripción de postas: cada uno debía partir, por turno, cuando llegaba un despacho. La conducción de los despachos de ida y vuelta al campo carlista se hacía de esta manera, de pueblo en pueblo, con maravillosa rapidez. Zumalacá­rregui estaba siempre advertido oportunamente de los movimientos del enemigo, y seguro siempre de que las órdenes que enviaba á sus tenientes llegaban á tiempo y con seguridad: no hubo ejemplo de que ni uno solo de esos postas voluntarios fuera traidor. Un hecho probará hasta dónde llegaba la obediencia leal de las provincias insurrectas. Zumalacárregui envió una circular á las municipalida­des, en la cual les prohibía, bajo pena de muerte, dar ninguna noticia á los cristinos, ya verbal, ya escrita. Todo individuo á cuyas manos llegara la circular estaba obligado á firmarla para probar que asumía la responsabilidad del caso. Pues bien: esa circular pasó por todos los lugares ocupados por los cristinos, penetró hasta el Alto Aragón, y volvió á poder de Zumalacárregui, cubier­ta de firmas. Ninguno había rehusado una responsabilidad que podía perderlo; no hubo uno que se atreviera á denunciar al ene­migo á los que habían firmado antes que él. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn Mz.iitar. Así, el jefe carlista sabía siempre dónde se encontraban sus enemigos, en tanto que éstos ignoraban completamente su para­dero. ~Podía también . saber sus intenciones por la intercepción de sus despachos, que casi siempre llegaban á su poder, ora en­tregados por los mismos mensajeros enviados por los cristinos, ora interceptados por los aduaneros que había repartido en Ja co­marca por partidas de doce á quince hombres. Estos aduaneros no sólo prestaban á Zumalacárregui el servicio de bloquear los luga­res ocupados por los cristinos, sino que además observaban ]a mar­cha de sus columnas. El jefe carlista los enviaba á menudo en al­tas horas de la noche al campamento enemigo, á inquietar á balazos á los cristinos ya fatigados por los combates ó la marcha del día, los que creyendo en un ataque nocturno, pasaban entonces el resto de la noche sobre las armas. Con todos estos medios fue con los que Zumalacárregui pudo dar las proporciones de una guerra seria á lo que sin él no hubiera pasado de una insignificante insurrección. Valdés acudió en ayuda de sus dos abatidos tenientes; pero no fue más feliz que ellos: nunca pudo atrapar á Zumalacárre­gui, á pesar de todos sus esfuerzos y de disponer de muchos ba­tallones. Estos acontecimientos y los ataques que se le hicieron en los periódicos de Madrid, lo obligaron á dimitir, como su predece­sor Saarsfield. Le reemplazó Quesada. Valdés había dispuesto de 12,000 hombres; á Quesada se le entregaron 20,000. Por este con­tinuo aumento de fuerzas :Se puede juzgar qué progresos había hecho la insurrección en Navarra-Conlznúa. CASOS Y COSAS .DE GUERRA UNA NUBE .DISIPADA Quien se limita á recorrer las diversas partes de un territorio, sin colocarse á veces en puntos desde donde pueda formarse idea del conjunto, nunca podrá guardar en la mente idea fiel de la comarca visitada. Otro tanto sucede cuando se trata de aconteci­mientos lejanos que llegan á saberse en un lugar, por cuanto la cro­nología del conocimiento puede no estar de acuerdo con la de la verificación de los dichos sucesos, y entonces si el criterio no entra en juego para coordinarlos de manera debida, muy fácil será que la impresión que su conjunto produzca en el ánimo, sea una impre­sión falsa ó errónea. Ocúrresenos recordar esta trivial verdad en vista de la poca ó ninguna importancia que muchos ciudadanos han acordado á acon­tecimie} IÍtos militares recientes, por mirarlos como hechos aislados ó sin enl,Áce íntimo, á causa de haberse cumplido aquí y allá, ora por guerrlllas pequeñas, ora en diversas semanas, cuando en realidad todos eran parte de un vasto plan, de una grande empresa, carac­terizan el último considerable esfuerzo de la rebelión agonizante, y así reunidos dejan ver el nuevo peligro de que se han salvado las institucione~ legítimas de Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B olet{n Mt'litar Invasión del Táchira vencida en el Rosario; combate victorio­so de Chiquinquirá ; desastre de una guarnición en Chita ; sorpresa de Sogamoso por una guerrilla ; formación transitoria de la gue­rrilla de Curití, etc. etc., no son en verdad sino los capítulos del novísimo plan revolucionario tendiente á incendiar el centro de la República después de los desastres de Uribe Uribe en la Costa y de los de las guerrillas combin~das en Girardot. ¿Cuál fue ese plan? De los hechos cumplidos resulta que sus grandes lineamientos consistían en preparar una doble invasión sobre Santander y Boyacá para apoderarse de esta suerte de la frontera y de una parte de las planicies andinas, á fin de aparecer con un ejército considera­ble lo más cerca posible de Bogotá; rodear la capital con sinnúme­ro de guerrillas para impedir que el Gobierno enviara refuerzos y parque á las zonas que carecían de elementos suficientes como Bo­yacá, ó apoderarse de ellos en el tránsito, y por último, librar una gran batalla cerca de la Sabana, para de un solo golpe acabar c0n el Gobierno si la fortuna en ella era adversa á las armas conser­vadoras. Las dificultades con que siempre han tropezado las tropas en Colombia, la extensión de los territorios por recorrer, y la mala calidad de los caminos, impidieron á los rebeldes dar á su plan el de arrollo conveniente, sin lo cual nada valía, y permitieron al Go­bierno atender sucesivamente á los nuevos peligros cuyo enlace era desconocido, á medida que surgían. En efecto, la tercera invasión del Táchira se adelantó muchí­simo en su acción, de seguro en la esperanza de que no sería ata­cada en el acto: natural era suponer que las fuerzas de Cúcuta se replegarían á esperar en buenas posiciones lo refuerzos que se les enviaran del interior del Departamento, lo cual demandaba mu­chos días y además la movilización de tropas que tenían que dejar descubiertos puntos importantes sobre los cuales debería marchar entre tanto la llamada invasión de Arauca. Por fortuna, los soldados conservadores no cuentan el núme­ro de sus enemigos, y la guarnición de Cúcuta atacó y venció en el acto, á la bayoneta porque le faltaban municiones, á los nuevos invasores, infligiéndoles castigo tan severo que habrán de recor­darlo por muchos días. Esta noticia no fue creída por los rebeldes de Casanare, los que en apoyo de sus compañeros siempre cruzaron la cordi11era y senta­ron el pie en la Provincia de Gutiérrez (Boyacá). Los soldados legiti­mistas, allí también se apresuraron á atacarlo~, y aun cuando la for­tuna se les mostró esquiva, á lo menos consiguieron detener el avan­ce del enemigo, muy superior en número, lo cual permitió al Go­bierno reunir un Ejército en Boyacá, después de cerrar el paso á los rebeldes de Cundinamarca y Tolima. En efecto, aun cuando en apa­riencia la derrota de Chita entregó á los rebeldes el Departamento hasta Sogamoso, la mir.ma extensión del territorio que así les que­daba en las manos, demoró sus movimientos y ensanchó sus pre­tensiones, de suerte que cuando lograron reunir en Sogamoso un verdadero ejército, el Gobierno ya. les tenía enfrente otro superior en número y en veteranía. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 320 Boletin Mz"lz'tar Tal concentración, no esperada por los rebeldes> equivalió á la derrota de éstos, puesto que no osando afrontar su ata­que, se dividieron y replegaron á los diversos pasos de la cordille­ra, de donde también fueron lanzados sin mayor trabajo y reduci­dos á partidas incapaces de acción seria y á las cuales no quedó otro recurso que internarse en la desierta y malsana llanura. Pero antes de realizarse la mencionada concentración ya los numerosos guerrilleros de U11oa habían sido derrotados en Chi­quinquirá por un puñado de valientes, cuando por ahí intentaron pasar á Boyacá pretendiendo engrosar las filas del ejército rebel­de de Soga m oso. Dicho jefe toda vía intentó segunda vez el mismo movimiento, pero además de que sufrió segunda y más ruda lección, aun cuando entonces hubiera logrado su designio, ya era tarde por la retirada de sus compañeros. En fin, con estas operaciones fueron correlativas las encami­nadas á vencer á los guerrilleros de Oriente, Sumapaz y porción li­mítrofe del Tolima, lo cual dejó libres varios cuerpos de tropas para atender á donde fuera necesario, los que unidos á los que re­gresan de la campaña de Boyacá, bastarán para terminar la gne­rra en el occidente de Cundinamarca, única zona donde á la fecha hay guerrilleros en el Departamento. Por lo demás, la captura 6 dispersión definitiva de guerrillas en territorios quebrados que les son amigos, demanda tiempo y lentitudes que á veces conmueven los nervios de los amigos, pero que en lo humano son imposible de evitar. En efecto, conforme lo dice Rustow, "si los guerrilleros están siempre en movimiento y es­parcen noticias falsas sobre su situación, sucederá que transcurren semanas enteras ante de que el ejército conozca exactamente su importancia, su número y su plan.' Y Napoleón en España para dominar·Ios guerrilleros tuvo que recurrir á establecer ¡jbestos fortificados (almacén, hospital, parque y guarnición), porque con su genio comprendió pronto que donde las partidas de insurrectos causan muchos daños, no puede darse un paso adelante sin asegu­rar antes las líneas de comunicaciones. Y, detalle característico, para concluír. En los momentos en que los directores secretos de la guerra en Bogotá, se dieron cuen­ta de que el Gobierno sí podía enviar y enviaría algunos batallo­nes de aquí á Boyacá, ora como escolta de los convoyes objetivo de los rebeldes, ora como refuerzo del ejército de operaciones, re­cibió el Ministerio de Guerra un anónimo hábilmente escrito, en el cual se le hacía saber que si el Batallón Artillería se alejaba de la ciudad, en ésta ocurriría un levantamiento. El Ministerio com­prendió lo que el anónimo significaba, y en el acto ordenó la. mar­cha del citado Batallón, cuya presencia en Boyacá, es decir, la de los cañones, produjo tal pánico entre los rebeldes, que por parti­das desertaron de su campo; eran de seguro hombres que habían estado en Palonegro ó Cúcuta y sabían que luchar sin cañones contra artillería, es marchar á segura derrota. Lo propio sucede hoy con todas las fuerzas revolucionarias, á las cuales inspira páni­co la aparición de esa. arma en cualquier campo de batalla. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 10

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 184

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 184

Por: | Fecha: 29/12/1900

BoaCTÁ, Dici&WBJtB z9 DE 1900 Or::ano del .Uiai terio de ~ .(;uerro. y del Ejército en ~olaboradores de e11te periódico los Jefe11 1 Oficiales del Ejércitu .A.:S.'TC> X'V' Director ad honorem Franci•co ;J. Ve reara T. General de Ingf'nieros, Miembro de Y&rlaa Sv· c.edades Cientificu :N"U1v.l:. 104 !iDllil ~ID.l?l~ 'O.> h~. o • • . lb)I~ ll~® ~ü) (JO DE NOV · EMBRE) que aprueba la teorganizaci6n del Ejército del Centro del Tolima El Yiupresidtnt~ d~ la RP-pública Enc.1rgad~ dtl Podtr Ejuutiw DECRETA Artículo único. Apt uéhase la reorg-anización del Ejército del Ct.~tttro del Tolima, qnc cou fe(~ha 9 <1.-1 pre~ente mes hizo 8tl tlefe de E .·tado Mayor general, Sr·. Ni(•olás Penlomo, am­pliam ~nt a¡~toriza(lo para ello l•Ol' d P· •l~r Ejecutivo, eu la form~ ~ig-nit.~ute: El Ejót·cito . e compondrú. (los Dh· i. ion<'s y una Brigada llamacla Brigada del Tolima, y t<.HHlrr el siguiente personal: U u A R'l'J·;L (:Hl g. Vill~; SP~mulos Ayns: Primera Brigada-Con los Batallones Jlfarroquín número l.o, Briceño número 2.o y uua Bater{a de Artillería. Segunda Bt··igada.-Con los Batallones Vencedorts número 3.o y Oazado·res núme~·o 4.0 , y Escuadrón T()ba-r, del Regimiento­Moya Vásq·uez. Cuartel General de la División-Comandante geueral, Ge­neral Pedro Sicard Briceño; ,lefe de Estado l\Iayor geueral, General Benjamín Silva; Primer Ayudante geueral, Oorouel Fernando Piuzón; y los demá · empleados que hoy tiene uicho Cuartel general. Primera Brigada. Oua.rtel general -Uoruandaute general,. General Daniel Estévez; Jefe de Estado Mayor, Coronel Prós­pero Piedrahita; y los demús empleados que hoy tiene este ()uartel general. Batallón Marroquín número Lo-Primer JefP, Coronel l:laximino H.h-era; St .. gunuo Jefe, Sargento Mayor Ju~tino Angel. Batallón Briceño núme1·o 2. 0 -Primer Jefe, Teniente Coro­nel Alejandro Srumlwz; S~gnntlo ,Jeü~, Sargeuto l\layor Ramón Rodero. Ba.terírt de A~·tillería-Capit{lll, Fnweisco Villo L. 1-Iatallón 5. 8 de Garz6n-Pl'imer Jefe, Coronel Jlonorat()l Díaz; Seguudo Jef~, Sargento Jt.Iayor Auge! .1\-L SilYa . . Medio Batallón Sanftt Rosa-Primer Jett!, Teuiente Coro· nel Antonio Uánlena~. J.JoS Unart<.•ks geueralc5\ de las lJrigatlas ron. taráu ele do8 prin) ros Ayudantes g·enera1es Ooronelcs ó 'l,euienteN Uorone­les); dos seg·nndos Aylalnnte~ generaleH ( argentos 1tlayores);:; dos Ayudante~ de campo (oticialt-s inferiores); un Col'ucta de órdenes y hasta seb~ iu}ana ~1ayor; y Jo Escuadrones se organizarán couforme Jo previo­no d Oúdi~o Militar. J..JOS C• manda u tes gent-ra1es ra.mieu tos de Oticiah!s inferi01·e~ y Hahili­tauo de tiu.· Ül erpos, ~- wel>crán dar cuenta de ellos al Estado­Mayor geueral del Ejército. Comuniques y publíques(1. Dado en Bogot:'l, á :10 de Noviembre de 1900. JOSE MANUEL 1\IARUOQUIN. El Jrliuistro ele Guerra, JOSÉ DOMINGO ÜSPlNA 0. -----1~··-_._. __ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR -y---' EN TIEMPO DE GUERRA Prácticas francesa 111 -SOBRE EL CAMPO DI'~ H:lTALLA Disposicionu preliminares-Para las reuniones que en cierto¡ casoc; pueden preceder al combate, la artillería debe desocupar lo¡ caminos. U na batería sola se forma en batalla, con la reserva tras los armones de la batería de combate; varias baterías se forman en masa (una tras otra en batalla) cada una con.su reserva respectiva establecida como acaba de indicarse. Durante el reconocimiento general de la posición, el jefe de la artillería acompaña al jefe superior, y en seguida dirige las baterías á un emplazamiento á retaguardia del que haya reconocido útil para la lucha, al abrigo de la vista del enemigo en cuanto sea posible. Ha­ce saber esto al director del parque, asigna puesto á las secciones de municiones y lo indica á los jdes de las baterías. Por regla gene­ral las municiones de infantería se estacionan cerca de las de arti- 1lería, á menos de orden contraria emanada del jefe superior de toda la fuerza. Los comandantes de batería, después de establecer sus piezas en el sitio designado por el jefe de la artillería, se trasladan á donde él esté, acompañado cada uno por dos ó tres clases y dos cornetas, á recibir órdenes, tras lo cual vuelven á su puesto, y desmontados se adelantan á reconocer el campo, tratando de no llamar la aten­ción del enemigo. Reconocer el emplazamiento de los diversos elementos de la batería, el blanco que debe batirse, apreciar la dis­tancia del tiro y darse cuenta de la posición de las tropas vecinas en estado de proteger la batería es lo que tienen que hacer allí. Durante ese tiempo los jefes de sección lo hacen alistar todo para el combate: asegurarse de que armones y cajillas no están con cerradura; hacer jugar los mecanismos de cierre y de puntería; pasar las barrenas por los oídos; verificar si los sirvientes est~n equipados con Jos juegos de armas completoc: y en ellos se encuen­tran los útiles necesarios; hacer abrir los armones y asegurarse de que saquetes de carga y proyectiles pueden retirarse sin tropiezo; hacer que los soldados recojan los morrales si iban sobre los ar­mones. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR '-y--' 79f Los elementos que deben entrar inmediatamente en accton son la~ piezas con el armón de la derecha de cada sección, y el per­sonal cvmpkto para el servicio de las dos piezas. Los sirvientes de reserva se colocan junto al armón de la izquierda de cada sección. Elección de las posiciones. Baterías-La primera condición que debe llenar un buen emplazamiento de combate es que tenga sufi­ciente vista sobre el blanco indicado, y en cuanto sea posible en todas direcciones, hasta las más próximas distancias. Después se procede á cubrir la batería por medio de abrigos naturales, colú­cándola de manera que no sea vista fácilmente por el enemigo. En una palabra, gran campo de visi0n, no ser vista, y facilidad para dejarla cuando así convenga, es lo que constituye la buena P,osi­ción de combate de la artillería. Buscar á vanguardia un terreno plano y descubierto en toda la extensión del tiro; ocupar los sitios dominante:;, prescindiendo de los muy elevados, que tornarían fijantes los disparos y no deja­' ían barrer las pendientes aledañas; si no interesa batir el pi de la falda, cubrirse con la cresta de la altura; tratar de colocar las piezas sobre fondos sombríos, como cortinas de árboles, etc., y de manera que no se perfilen sobre el cielo; evitar los terrenos pedregosos y aRrovechar los obstáculos que pueden detener los proyectiles ene­migos ó sus cascos (pantanos, fosos, desmontes, etc.). El estado del suelo no debe ser un obstáculo para los movimientos de las baterías. Alejarse de las casas, de los árboles aislados y de todo lo que pueda · ser cómoda señal para el enemigo, buscando en cambio las posicio­nl'! s que le dificulten la regulación del tiro: colocarse entre los cul­tivos, á cierta distancia á retaguardia de las cercas y etos, en es­pecial sobre u na cresta estrecha que no permita observar los puntos de caída adelante y atrás de los cañones y oculte los armones, etc. En cuanto sea posible, alejarse de los barrancos, tallarec:, gru­pos de arbustos, etc., difíciles de vigilar ó no explorados; b11scar desembocaderos fáciles que aseguren la movilidad hacia adelante y hacia atrás; cuidar de que la línea de piezas no pueda ser enfilada ni cogida de revés. En terreno plano cuidar de que los cañones no queden cerca de la espalda de las 11 neas de infantería, y en suelo ondulado establecer varios pisos de fuegos en los puntos que quie­ran tornarse fuertes en extremo. Municiones-Colocarlas unos I ,500 metros á retdguardia de la línea de combate, cerca de los bivios de los caminos, en un pueblo, á orillas de una corriente, en puntos fáciles de ' indicar y de encon­trar; pero en todo· caso á proximidad de caminos practicables, mas no en ellos, y si es preciso hacerlo, disponerlas en una fila para de-jar libre el paso. • Ocupación del terr~no. Battrías-Reconocida la posición, el comandante de la batería la hará amojonar por los dos cornetas mencionados antes, se asegura de que el blanco podrá verse de los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 798 BOLETlN MILITAR ~ •itios en donde habrán de quedar las piezas, para lo cual se aga­ ·Chará hasta poner el ojo á h. altura del ~uión, y manda avanzar la batería, la cual lo hará á buen paso, en columna de piezas ( ó de sección) por los caminos, ó á campo traviesa, con frente de sección, si se está fuera del alcance de los disparos del enemigo, en línea de columnas si son muchas las piezas. Bajo el fuego, avanzar en bata­lla, cuidando de no dar el flanco al enemigo. Dar á las baterías indicaciones tan precisas como sea posible, para no tener que ejecutar movimientos á brazo; no retirar brus­camente una pieza sobre otra; adoptar frente de despliegue tan perpendicular á la dirección del fuego como sea posible; desenfilar los armones sin alt~jarlos mucho de las piezas, y establecerlos de manera que no haya riesgo de una sorpresa: en este caso hasta se pueden desenganchar las bestias. En caso de tenerse que conservar cerca los avantrenes, alejarlos una veintena de metros por lo menos. Abrigar las cajillas de combate, pero sin alejarlas tanto que sea causa de fatiga para los proveedores. Construír espaldones, á ser posible. Adoptar intervalos de r 5 á 20 metros entre las piezas, y no reducirlos á 1 o sino en caso de necesidad absoluta. Colocar las ruedas á la misma 3ltura. Los sirvi~ntes pondrán su morral en tierra, r metro á reta­; guardia de su puesto; los terceros pasan al armón de su sección; los polvoristas, sin oficio por lo pronto, instalan el anteojo de bate­ría; el sargento brigada toma el tn;tndo de los otros tres armones, , de las bestias de re m u da y de los sirvientes de reserva, y con ellos se sitúa hasta 30::> metros atrás de la batería, según lo indiquen los .abrigos que se encuentren en el terreno. La reserva, i no ha podido seguir á la batería de combate, se aproxima y constituye segundo escalón de 500 á 8oo metros á re­taguardia, al abrigo de los disparos del enemigo, y su jefe se pone en el acto en comunicac:ión con el de la batería. Por regla general, las reservas se agrupan como las baterías, de acuerdo con las formaa del terreno y cerca de un camino ó sendero. Los jefes superiore1 de la artillería harán vigilar e s tas operaciones por medio de sus .ayudantes de campo. Municion~j -Los jefes del parque deberán mostrar grande ini­ciativa y obrar de suerte que las municiones lleguen al campo de batalla Jo más pronto posible. Desde que se empeñe el combate se hará avanzar, stn esperar órdenes, una sección de municiones de .artillería y otra de infantería, haciéndose saber á los jefes respecti­YOS ellu; llamar siempre derecha ó iz­quierda del enemigo lo que éste mismo llamará con esas voces; adoptar como blanco para regularizar el tiro: contra una batería la pieza má visible de la sección d:::l centro, salvo que el viento sople oblicuamen'te, pues en este caso se tomará la pieza colocada en la extremidad ó ala por donde sopla el viento; sobre tropas en formación cerrada, el centro de la primera fila; sobre tropas en or­den disper o, un punto bien visibl~ de la línea de tiradores ó de lai reservas. Regular el tiro ordenada pero lo más rápidamente posible, ¡:or­que esta condición es de la mayor importancia en la lucha de arti­llería contra artillería. Hacer en las circun!'tanctas ordinarias del combate dos á tres disparos por minuto: á ·razón de seis se agotarían en dos h oras todas las municiones de una batería. A las distancias cortas, cuando se puede juzgar bien del efecto producido, tirar rá­pidamente; á las grandes ó cuanJo el fuego es poco eficaz, hacerlo con lentitud. Por regla general no disparar una pieza hasta que no haya estallado la granada de la anterior; aumentar la rapidez del tiro cuando se acentúa el combate, y llevarla á su máx1mum en los momentos decisivos. No emplear el fuego por descargas sino en casos excepcionales, para batir tropas amontonadas, en maniobra é para prevenir una carga de caballería-(Concluirá) DK ESTRATEGIA Y DE TÁCTICA EN LAS PEQUEf;iAs GUERRAS por el Mayor C. E. Callwell, del Ej ército inglés TllADUCCIÓN D~ ISIDORO LAV.;RDE AMATA . (Continuación) XII. Atraer al enemigo exponiendo los bagajes, etc.-Este ejemplo de Arogée muestra de qué m..>do el enemigo se verá al­gunas ocasiones tentado á combatir cebado por el botín. En Aro­gée los bagajes fueron presa que tentó á los Abisinios; pero la marcha del convoy no había sido dispuesta por el comandante in­glés con el fin de atraer al enemigo fuera de su formidable posi- ..ción, aun cuando así sucedió. Este hecho prueba que semejantes Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 800 80LETIN MILITAR ~ adversarios se sienten inclinados á combatir al columbrar expues­tos convoyes, ganado, etc., con la intención de despertar su co­dicia. Los guerreros indisciplinados no sueñan sino con el pillaje .. En las rebeliones el enemigo va movido por el patriotismo ó ex­citado por el d . .:c;eo de vengarse de un pretendido daño; pero en muchas pequeñ - s guerras, opuesto á las tropas regulares, combate principalmente por amor del botín: el pillaje es el fin de su entra­da en campañ~. Se bate por batirse, porque la victoria produce el pillaje. De este modo fácilmente llega á caer en la trampa si el cebo es tentador. XIII. Obligar al tnemigo á que permanti.ca tn su posición cuan­Jo tient dtuos de retiraru- U na vacilación fingida ó una retirada momentánea decidirán algunas veces al adversar!o, inhábil en la apreciación de la situación militar, á permanecer en su posición, cuando en otras circunstancias habría podido e caparse y evitar d combate. Un gran desarrollo de fuerzas puede, como se ha demos­trado en un capítulo precedente, asustar al enemigo, que se retira. Y á la inversa, el enemigo puede <1rriesgar el combate si e le disi­mulan los efectivos. Los resultados del gran reconocimiento que se ejecutó por una parte de la columna de Sir F. Roberts la víspera de la batalla de Kandahar, * es de ello una prueba incontestable. Cuando la tropa del reconocimiento, después de haber logrado su objeto, volvió sobre sus pasos, los A fganes la siguieron á alguna distancia. Ellos se imaginaron que esa demostración había sido tln verdadero ataque sobre su posición, y tomaron de ahí una con­fianza excesiva al ver el mal éxito. Ayub Khan parece que se impresionó tnlJCho con los acontecimientos del día, y que e.)o in­fluyó en su resolución de permanecer en posición. De estt modo, pue~, el reconocimiento no sólo permitió recoger numerosos y pre­ciosos datos para la batalla del siguiente día, sino que produjo el resultado de sostener al ejército afgán en su posición y empeñarlo en un combate decisivo. XIV. Astucias qut conci~rntn al ataqu~-De e!>ta suerte estos adversarios, á pesar de su prudencia y de su astucia de salvajes, no solamente á menudo se les arroja en una acción prematura ó se les saca de una posición favorable, sino que se dejan también en­cañar por -astucias y estratagemas empleadas para cambiar el pun­to de ataque escogido por el comandante de las fuerzas regulares. • • Véanse las Expediciont>s Inglesas en Afin, pá¡. 256. El Mariscal Lord Roberts ha escrito después á este propósito: ·'Según la noticia. ebtenidaa por este reconocimiento, ) o juzgaba que era muy posible flanquear por la derecha i los Af,;anes, y situarme detrás de la altura de Baba Wali; decidí, pues, atacar la posición á la mañana siguiente. Además sabía que el movimiento retrógrado de la pequeña columna tle Guh 5e consitleraría por el enemi3o como una derrota; éste, si nosotros no seguíamos inmediatamente adelante, pensaría de aeguro que teníamos miedo de tomar la iniciativa. y, por conaecuenc:ia1 ae haría mb atrevido ...... " (Furtyone !lea1·1 in India, Capítulo LXJJ. p&\c. 487). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BDLETIN MILITAR '"-y--" Los maestros en el arte de la guerra de partidas recurren á men·u:­do á tales astucias, y logran así la mayor parte de las veces enga­ñar hasta á oficiales experimentados. Algunas veces, sin embargo, les pagan en la misma moneda. En el combate que siguió á la toma del fuerte de Nilt, en la región del H unza-Nagar, frect!er:t­tes tentativas sobre el centro de la posición enemiga habían a-~ raí­do sobre este punto la atención del adversario. Una columna escaló audlzmente rocas escarpadas y atacó la extrema izquierda , e la posición, en donde el enemigo, que no esperaba el asalto, pe.rmz.­neció sorprendido. Un ejemplo interesante del éxito de eHa cla­se de astucias nos lo ofrece el combate do Batoche en I 88 5, en el cual los rebeldes reunidos por Riel fueron definitivamente di.J­persos. El General Middleton encontró á Jos mestizos ocupand una larga línea cubierta de tiradores, que cerraba el terreno·rode2- do por un extenso ángulo saliente del Sackatchewan. Las fuerzas del Gobierno acamparon enfrente de una de las extremidades de esta línea de defensa, formaron un zeribá, y permanceieron cuatro días disparando contra el enemigo. Al tercero las tropas montadas hicieron una demostración contra el centro del enemigo, y se notó que una partida de Jos soldados de Riel abandonaba la extremida de la línea de defensa enfrente del zeribá para venir á reforzar e punto amenazado. A la mañana siguiente se n:.novó esta demos­tración por las tropas montadas y una se~ción de artillería, las que Yolvieron en seguida tranquilamente al campo. Por l::t tarde toda hls tropas del Gobierno atacaron la extremidad, muy desguarneci­da, de la línea de los rebeldes, arriba del zeribá, la rompieron, y es­peraron .i Batoche. El terreno, ondulado y cubierto de bosque y de sotos, favoreció mucho el logro de esta treta. Por otra parte, Rie1. y sus mestizos parece que supusieron que el ataque tendría luga &obre su centro, y que er. tal virtud habían procedido *. XV .. En algunos casos no u puede lograr qu~ ~1 ~nemigo com­ilata- Se podrían multiplicar los ejemplos que muestran en cuán­to son eficaces estas tretas durante el combate, y de qué manera el enemigo, por una hábil maniobra, llega á abandonar las venta­jas de su posición, ó verifica un ataque prematuro, ó reúne-s fuerzas lejos del punto decisivo. Pero antes de terminar este ca· . ' • Después de la ex!)edi c i6n '!el Rfo Colorado de 1870, exoedici6n de que ya hablado el antnr, Luis Rit>l, Jefe! ele los me!!tizos franco-canadeuses, tn\'() que exp - triaue á los Estados UnidO!', de clondc volvió amnistiado, algunos :~ños mác; tard Obligados por las invasinnf' de los anJ?lo-snjones, los frauco-c:maden eH f.C levant:J ­ron tle nuevo en 1885, y pu,;ieron á Luis Riel á sn cabeza. El General Middelc. ton tomó el mando de las fuerzas del Gobierne Los mestizos franco-cjecuci6n de!!pert6 inJignaci6u e u todo el Car.adi. Ot Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 102 80LETIN MILITAR ~ pítulo, se puede hacer notar que se han pre~entado episodios que demuestran que algunas veces los guerreros irregulares no caen en la trampa. Las campañas de los Ingleses en las fronteras de la In­dia prueban que á mpnudo es muy difícil inducir á los montañe­ses á que se batan en la llanura; los indígenas se dan instintiva­mente cuenta de que al abandonar sus pendientes rocallosas se entregan voluntariamente á sus adversarios. Todas las tentativa¡ para atraer á los Matabclés fuera de sus bosques, fracasaron; ellos no ocultaban que querían escoger el momento para atacar á las fuerzas coloniales. La notable jornada de Toski, en r 889, merece citarse como ejemplo de una columna que contaba sobre todo con musulmanes fanáticos-guerreros particularmente inclinados á de­jarse arrastrar á la persecución de un enemigo en retirada-y que rehuso el combate, bien que una parte de la columna hubiese ya mpeñado la acción, y esto se debió simplemente á que una vo­luntad enérgica se encontraba á la cabeza de esta columna. Ya se ha hablado más arriba de la marcha notable de Wad en Nejumí, hacia el Norte, más allá de Wadi Halfa. El Egipto era su objetivo. Despreciando las amenazas sobre su línea de re-irada y los sufrimientos de su columna por falta de agua y de ví­veres, no dando ninguna atención á la imponente c0ncentración de tropas que él sabía se hacía para librarle combate, este jefe se avanzó resueltamente sobre Toski. Un poco más lejos se encon­craban colmas rocallosas y escarpadas que él quería ocupar á fin de resist1r eficazmente á las fuerzas egipcias. El General Gren­fell resolvió impedírselo, y los hechos lo probaron; d jefe derviche estaba no menos decidido á volver al abrigo de sus rocas. Saliendo de Toski para reconocer la po3ición de los Dervi­ches en el desierto, el General Grenfell oh ervó que el terreno que debía recorrer el enemigo en su próxima marcha era muy descu­bierto y favorable para una acción. Como todas las tropas que se reunían en perspectiva del combate no habían llegado á Toski, se ordenó un reconocimiento de tropas montadas para la mañana siguiente. Se debía mostrar un frente tan extenso como fuera po­sible, y tratar de obligar al jefe derviche á que domorase su mar­cha hacia adelante. Cuando por la mañana la fuerza de reconocimiento se acercó al enemigo, éste iba á ponerse en marcha. A la vista de las tro­pas egipcias el enemigo se desconcertó al punto, y las tropas se vieron obligadas á retirarse poco á poco, arrastrando en su segui­miento á los Derviches. El General Grenfell envió á buscar la infantería, que se mantenía li ta en el campo. P~ro antes de la llegada de ésta, Nejumí había evidentemente resuelto evitar el combate, y se dirigía hacia el terreno quebrado. Se envió á las tropas montadas, dando un largo rodeo, á que le cerrasen el ca­mino; la infantería apresuró su marcha, y el enemigo tuvo al fin t¡ue combatir, y fue derrotado después de un reñido combate. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MiliTAR ~ 803 Al principio se trató de comprometer á los Derviches en un encuentro parcial; pero Nejumí estaba decidido á llevar á cabo su proyecto de marcha; por esto comenzó una marcha de flanco delante de las tropas montadas, cubriendo su flanco en descubier­to con nubes de tiradores. Nejumí se mostraba de este modo como jefe muy capaz y resuelto. Sin la prontitud del General Grenfell en llevar su infantería y en tomar la decisión de obligarle á un en­cuentro general, el ejército maravillosamente organizado de lo~ Derviches habría pasado de To ki y llegado á un terreno quebrado, en donde las cosas habrían terminado de muy distinta manera. Esta cuestión de tretas y estratagemas para estimular al ene­migo al combate, se ha tratado con alguna extensión, porque es hecho reconocido gue los adver.sarios de las tropas regulares hace 1 mucho uso de engaños y de astucias. Hasta se podría suponer que es difícil aventajarles; pero este no es el caso, como lo prue­ban numerosos ejemplos. A pesar de su astucia innata, el salvaje puede ser engañado, lo mismo que el montañés. No son fortuitas las ocasiones tan frecuentes en estas pequeñas guerras, de derrotas de guerreros irregulares con ayuda de una estratagema, porque la disciplina y la cohesión de soldados regulares le permiten á un General hábil maniobrar sin correr riesgos, de manera de hacer creer al enemigo que puede prescindir de toda la prudencia 1 comprometerse en un terreno en donde la superioridad táctica del ejército regular recobra todas sus ventajas. Este es un punto im­portante que no hay que olvidar en la guerra contra gut:rreroi irregulares; porque para batir á estos guerreros de una manera de­cisiva, casi siempre es necesario cogerlos en terreno descubierto. ContinM6 Han sido tan grandes los adelantos conseguidos en el fusil como arma repetidora y de precisión, que el problern.1 objeto de estas líneas puede considerarse hoy de capital importancia, tanto más cuanto cada día se opone más á &u debida observancia la na­turaleza de los factores que en ella influyen. No refiriéndose la disciplina del fuego á la mayor ó menor uniformidad en ejecutarlo, .sino á la cantidad de municiones con­sumidas, á la oportunidad en hacerlo y buen aprovechamiento, tendiendo siempre á obtener el mayor efecto útil con el menor gasto posible de ellas, se comprende fácilmente que son varios lo10 elementos que con sus variaciones modifican aquélla en cada mo­mento del combate, de modo que con relación á la unidad del tiempo vendrá expresada aritméticamente en cada caso particular por un número distinto. En tal sentido, del oficial más que del Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 804 80LETIN MILITAR '--y-"' !oldado depende la ejecución de lo que podemos Jla mar uuocitn d~ la disciplino de/fuego, puesto que siendo ésta variable, el oficial es el llamado á resolverla en cada momento y según las diversas cir­cunstancias, fijándola en números para el soldado, además de vi­gilar su exacto cumplimiento, y sin que esto quiera decir que no flebamm dirigir nuestros constantes esfuerzos á que todos y cada uno adquieran el conocimiento de lo que dicha disciplina signifi­ca, pues si llegáramos á conseguirlo se simplificaría mucho el pa­pel del oficial. Mas cbmo no es probable que el soldado, en medio del acaloramiento y multitud de causas que le excitan durante la lucha, tenga la suficiente serenidad para darse cuenta d~ lo oue nos hemos permitido llamar ecuación, su papel debe limitarse á obedecer lo ordenado por el oficial, adquiriendo en las prácticas de tiro el hábito é instrucción precisa para ello; instrucción tanto más necesaria cuanto hoy, por una especial paradoja, aunque ló­gica socialmente con iderada, no sólo no se ha perfeccionado el soldado en la medida del fusil, sino que, por el contrario, el poco tiempo de servicio vigente, al cual poderosas razones obligan, nos impone también, para manejar armas complicadas y de gran per­fección, hombres q e no reúnen ni con mucho las condiciones de nuestros antiguos soldados, de cuya aptitud no nos cabrá duda al considerar que se pasaban, por decirlo así, toda la vida manejando un sencillo mosquete ó una más se ncilla pica, y por tanto á éstos les bastaba su instrucción individual para el manejo del arma. He:nos dicho que es cuestión de capital importancia y que son varios los elementos que la hacen variar, pudiendo decir que de este número son todos los que influyen en el combate, y hasta los menores detalles ó peripeci..ts de éste; así pues, la calidad del fusil propio y del del contrario, municiones disponibles, naturaleza del terreno y del enemigo, carácter ofensivo ó defensivo del com­bate, y si se lucha en campo abierto ó detrás de trincheras, por lo cual todos los llamados accidentes del combate, terreno y enemigo, serán datos que hay que tener en cuenta y que deben marcar al jefe la densidad y forma del fuego en cada momento. Suponiendo iguales los demás elementos, de dos fuerzas con­trarias podrá abrir antes el fuego aquella que tenga mejor fusil en alcance y precisión, para aprovechar dichas ventajas descon­certando al enemigo y causándole bajas cuando él no está aún en capacidad de hacerlas. Se debe ser muy parco en este fuego á ~randes distancias, y emplear preferentemente el de descargas ce­rradas contra masas enemigas, y el fuego lento á discreción con­tra guerrillas y pequeñas fracciones, mandando á menudo alto ti fuego para que la tropa, obligada durante un momento á no tirar, mire frente á frente el peligro y conserve el do mi ni o sobre sí misma y el oficial sobre ella, puesto que es p~rfectamente ilusorio que en un fuego practicado sin interrupción sea posible fijar y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 8DLETIH MILITAR ~ comprobar las diferentes velocidades convenientes, dado que no hay nada que se apodere más imperiosamente de los soldados que el deseo de disparar, y si se les permite hacerlo sin interrupción pierden la serenidad y hac;ta son más accequibles al miedo, siendo consecuencia inmediata de ello que al acortarse las distancias, lejos de aumentar los efectos del fuego, di"minuyen. A las grandes dis­tancias, aunque se disponga de un fusil de repetición, no se debe aprovechar, pues esta cualidad debe aplicarse solamente en la ú lti­rna fas'! del combate; en las preliminares todos los esfuerzos del qu~ tiene mejor fusil deben tender á hacerle s:!ntir sus efectos al contrario, y estos efectos serán tanto m a y ores á gran distancia, cuanto mayor sea la lentitud y :;erenidad en hacer los disparos. Las municiones disponibles son muy dignas de tenerse en cuenta, pues de nada serviría tener un buen fusil capaz de las ma­yores velocidades en el fuego, si la escasez de aquéllas nos impo­ne su economía; en general puede decirse que, salvo para un ejér­cito que se mantenga á la defensiva, bien en fortificaciones perma­nentes, bien improvisadas, donde le sea fác-il almacenar repuestos, lo regular será que una fuerza no lleve e-l excesivo número de car­tuchos que las armas modernas exigen, adquiriendo excepcional importancia el talento del jefe en saberlas ahorrar, eligiendo para ello los momentos más oportunos del combate. La naturaleza del suelo in fi uye de una manera poderosa, pues mientras en un terreno llano y despejado ó de suaves pendientes, por prestarse á ello, puede hacerse uso del fuego desde hora muy temprana, continuándolo en la forma ordinaria; en otros terrenos muy quebrados su naturaleza podrá ser tal, que resulte el enemi­go casi por completo desenfilado, y haciendo un fuego inoportuno y poco eficaz cac;i nos ha::emos más daño que al contrario, debili­tando nue tra moral, y por tanto en semejantes caso no se debe romper el fuego hasta que se esté á poca distancia y se haya lo­grado por medio de movimientos enfilarle desde una posición con­veniente. No podemos menos de citar el caso, tan frecuente en Cuba, de una columna que marchando por un camino era atacada por fuego de flancos desde una alta loma; lo discreto en tal ocasión hubiera sido siempre, puesto que se tenía superioridad sobre el ene­migo, escoger posiciones que lo flanqueasen, y de~de ellas comen­zar el fuego y el ataque, procurando quedara la menor fuerza po­sible en la posición desventajosa del camino. En vez de esto, lo practicado regularmente era detenerse en el mismo camino, donde se inmovilizaba y atontaba al soldado con un bonito fuego por des­cargas, siguiendo después la marcha como si hubiera algo más im­portante que destruír á un enemigo que tantas penosas marchas costaba encontrar, tan sólo porque se creía que en el mal terreno donde estaba colocado no se le podía batir, puesto que el fuego no Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 806 BOLETIN MILITAR ~ le hacía suficiente daño, ya que no le impedía contestarnos; esto era verdad, pero obedecía á que no se aprovechaba el terreno, y al mal empleo del fuego. Si la disciplina consistiera sólo en la uniformi­dad de las descargas hechas á Ja voz de mando, no hay duda que en semej~ntes casos se observaba bien; pero ya hemos dicho que la disciplina no estriba precisamente en eso, sino en hacer d fuego más oportuno, cumpliendo con )Js reglas convenientes, lo cual no se realizaba, pues hemos visto hacer descargas tan uniformes como en un simulacro, en las que no sólo se sacrificaba la puntería á la oportunidad para no discrepar, sino que en mucho3 ca.sos, ni si­quiera se colocaba convenientemente el alza, y olvidando lo prin­cipal, mal puede conseguirse ningún efecto, y menos decirse que se observa disciplina. Si se lucha con un enemigo poco organizado ó disciplinado y que no avanza ó aguarda en formaciones correctas, debe procurar­se no acostumbrarle poco á poco al fuego haciéndoselo á grandes distancias, pueSto que esta clase de enemigo suele mover ~ e mucho dificultando los blancos; se debe avanzar ó dejár<>elo hacer hasta qa~ esté á una di ·rancia tal qu .... el fuego sea necesariamente mor­tífero, y sorprenderle entonces de im()roviso con las muchas ba · jas q ut le oca. ion e un fuego nutrido al que, por no estar bien pre-parado, será origen de su espanto y súbita retirada. Luchando contrJ tropas fc)gueadas y disciplinadas, se debe tratar de h r d e ·cargas. Esa ten:5ión de e5píritu d.!be buscarse con un fu>!go ejecutado de t'll m tnera, que las b.tj .ts que sufra el con­trario v.:1yan aumentando progre . ..;i .,S y las b tja;; sufrida haya la misma relación que entre una progresión P' >r diferencia y una progresión p r cocien­te, única forma de llevarle á la creencia de que lubrá un sitio en que el avance será im¡nsible y neces;.¡ri'l la retirada; para esto el fuego rtantes, con recnnocida i nfaioridad numérica respecto al ene­migo, inferioridad que tratará de contrarrestar atrincherándo e, puede decirse que en campo abierto un~ tropa no se mantendrá ... n absoluto á la defensiva, dc!rendiendo su conducta del resultado del primer encuentro y tnodi ficándola siempre según los sucesi-os: la única idea preconcebida que puede tener el jefe que la mande, es la de no tomar la iniciativa para no abandonar posicio­nes ventajosas, á reserva de hacerlo, sin embargo, si la marcha del combate es t-al que la ventaja de una oportuna ofensiva resulta mayor que- la que su po tción le proporciona, y tiene la seguridad de volver á ocupar ésta sin que pueda hacerlo antes el enemigo. Para el objeto que nmotros perseguí m os, de relacion:1r la disciplina del fuego con el carácter ofensivo ó defensivo del com­te> no debemos, l>Ín embdrgn, con :. iderar el total desarrollo de ~ste, sino su marcha ó carácter en cada momento, pue toque uélla será también distinta en cada inst<'nte. Una tropa que e mantiene á la dcf..!nsi\'a puede y deb.., ha­t:. er m,ás u5o del fu eg0 que otra que tome la of-.n - iva. Si es en el Gomien·zo de la lucha, p >rque habiendo tenido tiempo en general para elegir posiciones de atemano, sabe los puntos probables de ataque y conocerá regularmente la'5 t.Jistancias á cada una de las uicb r.ts del terreno, por pequeñ1s que sean, y que el enemigo eng.l que atrave:.ar, con lo que podrá alcanzar gran eficacia en el e-=-o, h que debe aumentarse indudablemente, de un lado por l m:>vimient s del enemigo, que le pondrán al descubierto en casi >nes det ~ rminad.ls, y de otro p~r la baena p •Jntería que pue­den hacer soldados q •te, agurtrd tnd >á pie tlr.ne, no se encuentran fAtigados por lc.1 marcha, y cuyo pulso debe por e nsiguiente estar eren<). Si la actitud defensiva no es tomada al principio de la ac­ión, la única ventaja de que no se gozará será la de no conocer las distancias, pero en todo caso la marcha que debe seguir e en el fue-tt · e~ la que anteriormente hem'>S indicado al tratar del combate Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 809 contra un enemigo organizado y disciplinado, no debiendo olvi­darse, sirviendo e5to de norma, que al prescindir de los movimientos en un momento dado, todo se fía á la acción del fuego, y son po­cos cuantos cuidados se tomen en la buena ejecución de éste. En la ofensiva, por el contrario, se hará poco uso del fuego, pues tratándose de obtener el éxito por la combinación de fuego y movimientos, debe procurarse que el excesivo uso de aquél no impida la ejecución de éstos, clavando inoportunamente la tropa en puntos determinados, é impidiendo su avance y transformando quizá el at:.aque en defensa, con todos sus inconvenientes, pues to­dos sabemos que es muy fácil pasar de la ofensiva á la defensiva, mientras es muy difícil el problema recíproco. Hemos dicho que el que se mantiene á la defensiva conoce las distancias y puntos probables por donde puede venir el ata­cante, y por tanto éste debe procurar, por la variedad y rapidez de sus n'ovimientos, cambiar el frente de ataque creído probable por la defensa, sorteando las mayores dificultades para caer en los puntos débiles y donde no es esperado, ocultando en lo posible sus movimientos y limitando la acción del fuego á lo necesario para quebrantar la defensa, conservando el empuje del que ataca, dando á la fuerza, en lo5 momentos que decaiga su moral, la energía su­ficiente, y teniendo también en cuenta, además de lo expresado, que hasta el mismo cansancio de la tropa haciendo el fuego poco eficaz, aconseja que no se prodigue, pues aumentando el valor y fuerza moral dd contrario, en razón directa del fuego resistido, é in­versa de las bajas sufridas, puule decirse que en tal smtido todos lo1 proyutiles disparados y que no hagan dafí.:; á la defensa, se lo haan al atacante. En resumen: en el ataque debe emplearse el fuego como preparación al paso suce~ivo de una posición á otra, dispa­rando pocos cartuchos para que el soldado no le llegue á coger apego ni al fuego ni á la po ición, y aco tumbrándole á no mirar cacla una de éstas sino como un punto de descanso que debe aban­donar para continuar con nuevo brío la marcha, á tiempo que debe tratarse de fortalecer su moral, arraigando y con firmando la creencia, que él supone lógica, de ser el más fuerte, puesto que ataca. En todo lo que llevamos apuntado hemos supuesto implíci­tameC? te q':ie _el .combat~ se desarrollaba entre dos infant~rías; pero aunque menos frecuente, puede darse también el caso de tener que luchar aquella arma con caballería y aun con artillería, impri­miendo cada una de estas dos armas, por su naturaleza especial, un carácter completamente di tinto al papel que enfrente de ellas desempeña, pues mientras su actitud es defensiva ante la caballe­rí<~, es, por el contr:rio, francamente ofensiva contra la artillería. La gran precisión y rapidez en el fuego conseguidas con las armas modernas han hecho afirmar á muchos rotundamente que VIII-$2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 810 BOLETIN MILITAR ~ el papel de la caballería había desaparecido del campo de batalla, debiendo limitarse en lo sucesivo á desempeñar el importante y difícil de explorar el terreno y el enemigo antes de llegar á las manos; nosotros, si bien creemos que han dismi:luído mucho las probabilidades de lucha entre infantería y caballería, no la creemos imposible ni con el fusil actual ni con otro más perfeccionado, mientras tenga que manejarlo el hombre, cuyas pasiones y moral no pueden sujetarse con los eslabones de la ciencia, como el me­canismo de un fusil. Las cargas, pues, subsistirán, bien indicadas lógicamente por la desorganización de la infantería contra la que se dirijan, bien por la necesidad de salvar, sacrificándose, una por­ción importante del ejército, impidiendo su persecución ó evitan­do su retirada, ó bien para entretener al enemigo y dar tiempo á la ejecución de un movimiento decisivo. En el combate de infantería y cabaiJería hemos dicho corres­ponde á la primera el papel defensivo, confiando el éxito -al fuego; á la segunda arma el de la ofensiva, que lo fía á la rapidez de sus movimientos, y hasta en gran parte al efecto que espera causen en los infantes el estrépito de una caballería cargando, como la trepi­dación del galope, choque de armas, etc., siendo pues, de capital importancia, y en este caso más que en ningún otro, el conservar la disciplina y serenidad. No siendo de temer que la caballería pue­da causar bajas hasta que la infantería esté al alcance de sus sables, compréndese fácilmente que en todos aquellos casos en que ha ob­tenido éxito una carga, ha sido debido á la moral deprimida por la perspectiva de una avalancha de jinetes, ante los que parece que todo va á desaparecer; el o1icial ó jefe de infantería debe, pues, imbuír á los soldarlos la idea de que, puesto que no han de recibir ningún daño de los jinetes, les basta un cartucho ó dos para des­embarazarse de ellos, y por tanto nada tienen que temer, puesto que pueden aguardarlos impunemente hasta una pequeña distancia en que aprovechen seguramente los cartuchos. Sin embargo, estas ideas no serán realizables prácticamente, pues será muy difícil que una tropa conserve la presencia de áni­mo suficiente para ello, sirviendo sólo para realzar la moral del in­fante, dándole idea de lo que puede frente á la caballería y facili­tando la buena ejecución del fuego, que debe hacerse por descargas siempre, y comenzándolo bajo la dirección de los oficiales á la dis­tancia de 1 ,soo metros en que puede esperarse sea eficaz, no de­biendo nunca hacer uso del fuego á discreción, porque siendo lo regular que individualmente el soldado no se entera del efecto de su fuego, el gran aparato con que la caballería se presenta hace na­cer en él ]a necesidad de ejecutarlo muy nutrido, dando fácilmente paso al miedo si ve que aquélla sigue avanzando. Si es poco frecuente el combate de infantería y caballería, menos frecuente es aún el de aquélla y la artillería, pues antes Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y-"' 811 que los infantes puedan llegar á la distancia del alcance del fusil, se habrá decidido el éxito de una artillería sobre otra, y la vencida habrá quedado desmontada ó se habrá retirado por no caer en po­der del enemigo; mas si llegase el caso de la lucha anteriormente indicada, ha de tener sobre todo presente la infantería que su inte­rés está en salvar prontame nte la distancia que de los cañones la separa para recibir el menor número de disparos, puesto que cada uno de éstos debe ?reducirle muchas bajas, teniendo además en cuenta que por la misma razón no le conviene inmovilizarse para recibir el fuego de aquéllos, aun cuando sea á una ciistancia en que ella pueda causar bajas en los sirvientes. Así pues, la fuerza encargada del ataque debe avanzar en formaciones muy poco com­pactas y con rapidez, reconcentrando preferentemente sus fuegos sobre la escolta de las piezas, y dejando á unos pocos, buenos tira­dores, el cuidado de destruír los sirvientes de aquéllas; por lo de­más, la disciplina que debe observarse en el fuego es Ja de todo combate ofe11 ivo, haciendo aquí menos falta el fuego que la ra­pidez. En resumen, la disciplina del fuego puede definirse diciendo: que es el arte de emplear en cada caso el más apropiado á las dis­posiciones del enemigo, municiones disponibles, condiciones del terreno y demás factores del combate, y siendo esta la idea que so­bre este punto hemos de tener, debe ser cuestión principal el sa­berlo ordenar con élrreglo á las múltiples circunstancias que en él influyen, siendo secundario, aunque siempre importante, lo relati­vo á la ejecución. Debe, pues, desecharse el sistema de hacer siem­pre la misma clase de fuego, como igualmente la arraigada creen­cia de que es el todo en el combate, pues si en esto hay mucho de cierto, es porque nos da el medio de aprovecharnos del terreno pro­tegiendo nuestros mo\'imientos; terreno y movimientos que recí­procamente han de faci litar el uso eficaz del fuego. Es indudable que entre dos enemigos llevará una gran ventaja el que mejorar­mado esté, pero si éste descuida el aprovechamiento de los demás elementos tácticos, puede fácilmente llegar á perder aquélla. En 1870 los franceses, fiados en la superioridad del Chassepot sobre el fusil de aguja, quisieron encomendarlo todo á la acción del fuego, y adoptando generalmente la defensiva para su mejor aprovechamien­to, prescindieron de otros f;.¡ctorcs importantísimos, cuyo abando­no fue causa de su derrota, á pesar de que en casi todas las accio­nes, y no obstante salir victoriosos, eran más las bajas sufridas por los alemanes que por los vencidos. A nosotros en Cuba nos ha sucedido lo mismo, pues si bien es verdad que no hemos ~ido nunca derrotados, salvo algunos pe­queños destacamentos, una derrota moral era, sin embargo, dejar escapar al enemigo (lo que era siempre su objetivo) por conten­tarse con hacer fuego, cuando hubiera podido impedine movién- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 812 BDLETIN MILITAR ~ dose oportunamente las columnas y haciendo menos uso de aquél; pero era la consecuencia de ciertas ideas sustentadas, pues como alguna vez nos extrañáramos de que se desperdiciaran tantas balas sin ver al enemigo ni procurar descubrirle, moviéndonos y sin mandar siquiera colocar convenientem~nte las alzas, alguna habrá, se nos contestaba_--- N o somos partidarios del proverbio ruso de que" la bala es loca y sólo la bayoneta es cuerda;" pero por muy sabia que sea la bala, si por medio del alza no se le dice dónde tiene que ir, mal podrá ella acertarlo, y mereciendo entonces pro­piamente el nombre de loca, el mucho abuso de ella puede at:a­rrear el trastorno de otro factor, cuya cordura es más importante que la de la bala ó bayoneta, cual es el soldado. JOSE YUMREP, Capitán de infantería (De la Revista Técnica de .4rtillería é 111/antería ele 1\fadtid, España) SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continuación) r I. Ejercicios de fuego- En los primeros días de este perío­do se ejecutan comúnmente al fin de los ejercicios de las baterías enganchadas; después, más tardt>, cuando los reclutas han adqui­rido cierta costumbre y los caballos ya no se espantan, durante el curso mismo del ejercicio. Estos ejercicios de fuego deben servir de preparación al tiro real, y por consecuencia van empre acompañados de explicacio­nes sobre las medidas de precaución que deben observarse en el servicio de las piezas, manejo de las cargas, de los estopines, del mecanismo de cierre, etc. I 2. Cmfección de las municionts- Durante este período, cada batería debe preparar tantas cargas como ha de consumir durante las escuelas de fuego del período siguiente. Todos los reclutas deben concurrir á este trabajo, que bajo la vigilancia de un oficial, los sargentos y oher-gifreite les enseñan á ejecutar. Los candidatos á oficiales, sargentos y artificieros * están igualmente obligados á concurrir á ellos, así como los vo­luntarios de un año. Cada sesión va precedida de explicaciones orales é indicación de las precauciones que es necesario observar cuando se maneja pólvora de cañón. Se dan también algunos detalles sobre el desti­no y empleo de los diferentes proyectiles, y por último, se pasa revista á las cargas confeccionadas. • Ober-Feuerwerker. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 813 13. Tiro de pistola y preparación de cartuchos-Todo el per­sonal de las baterías á caballo y los conductores de las baterías montadas son ejercitados en el tirú de pistola. Primero tiran indi­vidualmente con cartuchos sin bala, después al blanco á la distan­cia de 18 metros. Seguidamente se ejercita la batería entera en el tiro á caballo, ya sea á pie firme ó marchand:J. Los artilleros deben aprender á confeccionar sus cartuchos por sí mismos. 14. Movilización de las baterías-A fin de asegurar que en caso de guerra todo esté presto y cada uno perfectamente al co­rriente del papel que le incumbe en tales circunstancias, se ejecu­ta todos los años en cada regimiento un simulacro de movilización de una batería, sirviéndose del material conservado en los almace­nes del cuerpo. La batería movilizada se forma con todas las demás, las que contribuyen cada una con la fracción que se le ha prescrito. Así, por ejemplo, tal batería movilizará una pieza, tal otra un armón, una tercera facilitará los hombres, etc. Además cada batería mon­tada debe movilizar uno de los carruajes que forman parte de la columna de municiones que se le atribuye. El problema propuesto cambia naturalmente todos los años: la batería que haya puesto al pie de guerra una pieza en 1874, movilizará un armón ú otra cosa en 187 5, etc. Todo el personal de la batería toma parte en estos ejercicios, particularmente los oficiales, sargentos y ober-gefreite, cuya situa­ción á este respecto es objeto de la más seria atención. Si el tiem­po faltara para ejecutar la movilización en esta época del año, la 'operación se deja para el período siguiente, después de las escuelas de fuego, pero se cuida rigurosamente de que cada batería pase todos los años por este ejercicio. I S· Instrucción sobre los transportes por camino de hierro- Para ,este objeto se forma de todas las baterías de un regimiento una lbatería combinada con el efectivo de guerra y provista de todo el material, carruajes, etc., qu~ debería conducir á campaña. Des­¡ pués, al mando de uno de los ca pi tan es, esta b.nerí a se transporta ¡por ca mi no de hierro á una pequeña distancia para enseñar á ttodos á embarcarse y desembarcar rápidamente. Todo lo que se rrefiere á estos ejercicios es organizaJo y reglamentado por el ca­¡ pitán que manda la batería. A él corresponde ponerse en relación ccon la dirección dd camino de hierro, redactar la orden del movi­rmiento, exigir la ejecución de todos los trabajos indispensables y welar que el embarque y desembarque se haga conforme á las pres­ccripciones reglamentarias y en el menor tiempo posible. Le es ¡preciso cambiar, tanto con la compañía del camino de hierro como con otras autoridades, toda la correspondencia que sería necesaria en tiempo de guerra para que la batería fuese transportada y abas- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 814: 80LETIN MILITAR ~ teccrla de todo cuanto tenga necesidad durante la marcha. Des­pués, ter m in a do el ejercicio, eleva un parte detallado de todo lo que haya sucedido. Esta instrucción tiene lugar bajo la vigilancia del jefe que mande la ahtheilung y en presencia de todos los oficiales, sargen­tos, ohtr-gejrcite, voluntarios de un año y candidatos para oficia­les. Sobre el terreno mismo se dan explicaciones á todos, de manera que cada cual sepa lo que tendría que hacer en ocasión semejante. 16. Marchas militarts-No se ejercita en ellas sino á las baterías que se encuentran de guarnición en los puntos inme­diatos á los ca m pos de tiro, porque en el caso contrario, que es muchas veces lo más general, :1l hacer el trayecto necesario para ir al polígono, constituye un ejercicio de marcha muy suficiente. Las blterías de la guarnición de Berlín, por ejemplo, para ir á su campo de tiro sobre las márgenes de la Tégel no andan menos de 15 á 20 kilómetros (ida y vuelta). Por lo q IJe hace á las baterías que no tienen esta ocasión de ejercitarse, se las obliga á ejecutar, como mínimo, cada año, dos paseos por l0 menos de 3 millas (z.2k,soo). Estas marchas se com­binan habi tuJ.!mente con otros ejercicios; así, todas las veces que se.t posible, se deja el camino ordinario para ir á tornar posiciones, medir distancias, etc. Todos los artilleros, cualesquiera que puedan ser sus funcio­nes especiales, deben estar perfectamente al corriente de los prepa­rativos que comprende una marcha, como también de todos los debereJ que incumben al soldado, tanto en las marchas como en los acantonamientos . .ti.! orden más perfecto debe ser siempre, en uno y otro caso, estrictamente observado, y de esto se cuida rigu­rosamente. Como en estos paseos se tiene ocasión con frecuencia de atra­vesar terrenos de aspecto y de naturaleza diferentes, se aprovechan para dar á todos indicaciones sobre el empleo de. la artillería en la guerra, ejercitarles en la apreciación de distancias, á elegir y ocu­par posiciones y ponerse en marcha con precaución, etc. 1 7· Tiro d! fusil -Los hom bre5 descinado á ser agregados á las columnas de municiones están armados de fusiles r se les ejer­cita, así como á los sargentos, en el tiro al blanco. Además de todo lo que hemos enumerado, un regimiento de artillería se encuentra también durante el período que acabo de describir, obligado á aplicar dos semanas próximamente á la ins­trucción de los reservistas y de los hombres de la landwthr. Se les distribuye entre las baterías que los ejercitan para impedir olviden lo que han apre11Jid1J durante su tiempo de servicio activo y para ponerles en e.;tado desempeñar el papel que les correspondería en caso de guerra. Durante los dos últimos días de su estancia se reú- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 815 nen aparte de sus baterías y se les conduce al polígono para prac­ticar las tscutlas de Jutgo. E¡;¡ fin, la artillería se encarga además de los diversos traba­jos relativos á la conservación y reparación de las armas y de los proyectiles en los arsenales y plazas de guerra. El número de hombres que se dan para este trabajo varía mucho de una ciudad á otra. En algunas es bastante considerable, en otras, por el con­trario, es casi nulo. En Berlín no hay, por término medio, sino uno 6 dos hombres por batería cada día-Continúa. __ .__.. __ _ (DEL FRANCES) De actualid a d para Colombia Corta ya la duración del servicio, que está probablemente llamada á reducirse más todavía, se hace indispensable que la inHrucción del hombre sea. dirigida de manera de no perder un mino to de este tiempo precioso. Para tral>::¡jar aprisa y bien es indispensable poseer exce- 1entes útiles en cómodos talleres; es decir, cuadros perfecta­mente instruídos en campos de maniobras y terrenos apropia­dos y bien distribuídos. Esto entado, veamos los modio9 de que tliApone el ejército francé para ht instrucción de la infantería y nt 'S pérdidaA del tiempo á la ida y al regreso), y también cou frecuencia está de8tinado á varios regimientos. Cada uno pnecle utilizarlo nno 6 dos veces á la semana, lo que, descontando los días de muiente; sobre todo es en los fre­cuentes ejercicios ~le conjn nto de ciertas di \'il:;iones del Este más favorecidas, jecutar e á condición re debería tirar "obre blaneo variados que es ne­cesario aparezcan de improvi~o en diferentes tlirecciones. Ado­ruás, eu el stand no se puede tirar iuo paralelamente al (lje del tiro. También la instrucción del tiro de combate individual, CU) a importancia ha u cou tata(lo la generalidad de los oficia­les en las e ·eueb de tiro, es en los stands necesariamente de­fectuosa, y, sin em l>argo, son los úuicos terrenos de que se <.lis­pone. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 81'1 La instrucción del tiro se completa con el tiro de combate, en el cual el hombre debe a prender la disciplina y el su balter­no la le, la creación de cuatro má~: otl'o más en el Este y el resto en el Sur, en el Oesto y en el Centro; lo que potlría ol>teuer~e, sea por t->nsan­chamiento de loR campos ya existentes, sea por compra ras. Eusaucba.r dos campos y crear otros do~, tales serían, pues, Jos primeros gastos que sería indispensable hacer cuanto antes fuera posi hle. EN EI. BX'l'RAN.JERO-Los alemanes nos han precediate rnoderuo por el fuego, es necesario habituar á los jefes y á h\ trop<~ á maniobrar como en tiempo de guerra en granue nnidacl s táctic;as." De ·de 1891 e han comprado diez y siete nuevos campos, lo que, ag-regaclo á los tres sa existentes, eleva su número á veinte. l.JnS principales ~:;on: Dól>eritz para la guardia, on el centro de la Marca de BralHlel>nrgo, en la JH'oximiog; A.rys, cerca de Boyen, para el twirner cuerpo ; l;ol>nrg, para el 1 v ; Bi >rar el otofio de 1900. Los campos de Spottan, para el VI cuerpo; Padeuoru, para el vn; Montjoie, para. el vrrr ; Lockitedt, para el IX ; Soltau, para el x, y Grappc para el XTII. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 811 Alemania ha gastaclo en la aclquigici6n de lo~ 17 campos comprados clespués de 1891, la suma de 80.000,000 de franc.os. Pal':t 1900 se ha presupuesto la st1ma de 2 .500,000 franco:J para la atlqnisición de un Huevo terreno en Alsacia. Los cam­pos tienen, por término medio, 2,500 hectáreas cada. uno, lo que fija el precio de la hectárea en unos 1,900 francos. Examinemos ahora lo que costaría á Francia el estableci­miento 6 ensanchamiento de los campos demandados más arriba. Supong-amos que la hectárea suba al precio muy remune­rador de 2,500 francos, más 6 menos. P.ua ensanchar el campo de Bois- l'E,·eque habría. que agregarle Jo menos 1,200 hectá­reas, lo que repreRentaria un ga~to de 3.000,000 de fraucos. Con 3.000,000 de francos podría duplicarse, sin duda algu­na, el campo le en los grandes ejércitos moderuog. l\1ieutra!i tanto, el presupnesto incluye annalmente un mi ­llón por afio que, pnetle a egurarse, es gastado á pura. pér­dida. En efecto, tan pronto como el E tado hubiera adquiriclo algún terreno en cualqui e r parte, con la intención, para tOllO'i evidente, de ensa.ncllarlo po. teriormente, lo precios llegarían á ser inabordal>les, porque los jurados de expropiación explota-rí< tn la situación egnrameute. . · Estoya ha ocurrido, especialme nte en el E ·te, de manera . que desde luego lla.y ya Departamentos en que el Estado uo encuentra terreno it. menos jos del Unnrtel general; , e hacía, put•s, necesario esperarla para no c.•xpouerla {t las contiugcucia tle umt cterrota probable, si el enemigo, mny npcl'ior en núnwro, alía á su enctwutro y caía. sobro ella ele iruprod~o. Un temor tan ju to me retn,·o alg-u11a ,' horas en .Acbngua:oi, y estt d mo:.·~ sa.1YÓ siu dmla la tropa,· que yo esperaba. El 29 ~~ ('jército r unido marchó hacia lo lng-are"' en donero me vi obligado á abandonar ese proyecto, impo­sibilitado para vencer los numerosos obstáculos que se oponíau á, su ejecución. Desde este instante los enemigos dejaron de presentárse­nos, y hasta renunciaron á, la guerra tle partidas que nos ha­bían hecllo hasta entonces. EL ejército volvió á us acantonamientos de A.chagnas, y d~spués c.le alguno jaron á las tropas reales más ue cincuenta lHW'VOS prisioneiOS, trescientOS animales y almacenes abundantemente ¡n·ovistos tle víveres. La tercera división carecía eu absoluto de sem~jant{)S pro­Yisiones, de suerte que se dedicó milnwiosame11te á, vonerlas en seguridad; salió entouccs de Tn11ja y bajó al llauo el 6 He Abril; derrotó completamente vm íos tlestnmuneutos ien informado. ¡ El servicio de dos aiio8! Uommela, venhulcramente con· suela que haya también ea Ohile gente ignorante y mil· ar Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. , BOLETIN MILITAR ~ 823 de ideas equivocadas. Como Chile y la Argentina tienen igual población de reclutamiento, si flotase en la. ntruó~fera del Pa­cífico ~einte por ciento menos de tonterías qw .. ' ~n la. del Atlán­tico, sería una Yentaja de "'·eiute por ciento que nos llevaría Chile en poder bélico. El General Koroer sabe perfectamente que para formar excelentes solres más. Pero partiremos de la base admitida, 15,000 homht·e y uue\·e me8es, para comparar los rPsultados que producida. con los del er\·icio de dos años. Los dcfensore de ésto, tan ignorantes allá como aquí, afect¡.¡ n corn pa.rar sólo la i 11 trucción de j~uHlo á un hulo los demás facto­res del problema. Podría m os dedl'les que si un soldado sabe bien lo que debe n.her á los tres me ·e·, no lo abrá mt-jor á los u neve, pero creemos que les cou\•euCl.,rá mejot· uu argumen­to numérico. El qne 'tnplea el 11lercurio de Valparaí o. Hélo aqni: 15,000 hombres dura.ute nue\·e meses cuestan lo que 5~1>00 tlurante dos afio~.¿ Prefiereu ustedes 5,600 hombres á 15,000 ~ That is the question. ¡Y como esta. difcreneia anual va sumándo ·e t ¡ Prefioren nstedes un <'jército aclivo formado con diez con­tingentes de 5,üoo ó de 15,00lH Un total
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 184

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 171

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 171

Por: | Fecha: 29/09/1900

BocoTÁ, SEPTIEMBRE 29 DE 1900 -------------------- ------------- -~~ - - -- ---- -- --------------------- Organo del Miailiterio de Guerra y del Ejército Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejército Director ad honorem Franci8co J. Vergara V. General de Ingenieros, Miembro de varias So. ciedades Cientificae liD}]CQJ~¿_g~~ ~~Ql,'liE~Ll'~'ID ®W 1IDJJI 11~~® (20 DE SEPTIEMHRt:) sobTe creación de una Intendencia El Vicepr(sidentc de la República, encargado del Poder Ejecutivo En uso de las facultades que le confiere el artículo 121 de la. Constitución, y CONSIDERANDO ~e se ha efectuado la demarcaci.ón y amojon.tmiento de los límites ent e Colombia y Venezuela en la Sección 6.a determina­da en la farte dispositiva del Laudo proferido por el soberano es­pañol, y que, con motivo especialmente de la perturbación del orden en el país, conviene proveer sin demora á la administración de aquella parte del territorio colombiano, estableciendo las res­pectivas autoridades encargadas, entre otras funciDnes, de la vigi- . lancia y policía de las fronteras, y de fundar, en los lugares más .adecuados, los centros de población necesarios para reducir á la vida civilizada las numero as tribus diseminadas en esas regionts, ' que han venido á quedar definitivamente bajo el imperio y juris­dicción de la República, DECRETA Art. !.° Créase una Intendencia especial, sometida á la au­ttoridad directa del Gobierno, en la parte del territorio de la Re­ública comprendido dentro de los siguientes lí ~ites: VJl,I-~5 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 878 BOLETIN MILITAR ~ El meridiano tercero al Oriente del meridiano de Bogotá hasta cortar el río Meta; este río aguas abajo hasta su desemboca­dura en el río Orinoco; luégo por este río, siguiendo la frontera con los Estados U nidos de Venezuela, hasta la piedra del Cocuy, límite de dicha República con el Brasif; y luégo por los límites con las Repúblicas del Brasil y del Perú, hasta llegar al meridiano tercero, al Oriente de Bogotá. Art. 2.0 El territorio así demarcado se denominará Intenden­cia Oriental, y tendrá provisionalmente por cabecera á Maipures. Art. 3.o El Intendente que se nombre para esta sección queda investido de autoridad suficiente para reglc:lmentar todos los ramos del servicio público, de acuerdo con la Constitución y las leyes y la ulterior aprobación del Gobierno. Art. 4.0 Destínase hasta la suma de seis mil pesos, oro, para los gastos que exija la organización y servicio de ]a nueva In­tendencia. Art. 5.0 Queda á cargo de los respectivos Ministerios la in­mediata ejecución de este Decreto, en lo que á cada uno corres­ponde. Dado en Bogotá, á 20 de Septiembre de I900. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C.-El Ministro de Relaciones Exteriores, CARlOS MAR'IÍNEz SILVA­El Ministro de Guerra, PRÓSPt"RO PHZÓN-El Ministro de Ins­trucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, MIGUEL ABADÍA MENDEZ- El1\1inistro del Tesoro, ENRIQUE RESTREPO GARdA ~~-----'J~g(g~ l.._')~~OT:E:I:N .A.L ~ JI ~ .:.t\~~ill IL~ MÉTODOS DE MANDp, EDUCACIÓN É INSTRUCCIÓN POR EL GENERAL H. BONNAL Traducción para el Bolt>tí11 ltf1litar • PllOEIUIO El GPtlf'ral Moraufl, nno fh'l los iln. trfl~ jPfe. flhrilolionarios que servían á ónl~11e · del .M a rie~cal Davout, e 'cl'il>ió cou razóu: • Con verrlancro pl;~cer no . apresnrilmo á ofrecer á lo~ lectores de est~ sema­nario la traducción del libro del Gc11 e rlll Bonnal que ac·tha de pub licar,.e en París, cuya Dparición se e!iperahn l'On an ia en los círculos milibres clt' Franci11, y qne, en nuestro juicio, f'S en 1ealidad la • hra ntá..; nott~h 1 e 1ne sohre l a materia ha visto la luz púhlice~ en la 6 lt11na clécada del siglo. Su atento e:tnrlio se i ·npone á todo oficial de infanterb que aepire á llenar cumplidamente su obligacióu.-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y--" 379 "La infant(>rÍa es el ejército: cuando avanza se delínea la victoria, pero si retrocede la tlerrota está próxima." Formar una buena inf¡;¡ntería es, pues, una de las más im­portantes tareas de los jefes, y por buena infantería debe en­tentltJrse la que es capaz de de~empeñar seriamente la~ diver­sas fnncionm~ q ne pne(leu incum birle en campaña. Los jt>fes formados en esta arma, con in8ticia apellidada la reina de las batallas, han contribuí<.lo todos, cuál más, cuál meuos, al pcrfecciouamiento de sus métodos de instrucción y educación. Sobre todo después de la última guerra (la franco - alema­na (le 1870-71) los libro~ y foll~to sol>rt' 1os <.liv•~ rsos modos corno se [Htf'fle emplear la ir ,fantt.:>ría so11 tántos, que ni aun aproximath·amente se puede calcular su número. Y esas publicacione , además de que casi todas encierran ideas y enseñanza· ue un \· alor real, representan en su conjun­to una suma enorme de trabajo. Pero como toda obra retleja el estaclo mental del que la. ejecuta, no carece ucia ejercida en el ánimo l mes de Agosto, lH'ovist.os de las ~ctnaiP armas, sin camhiar una líuea. á u orgauizacióu, ~u mando supremo y di ntlor téc deo, no se ve qué modi tieación .·eria habl'ía i 11 tl'otl nciclo <~1 tmt>vo armamento al re~ultado (le la~ jorll batalla la. infantería al mana pudo apt·o. i 10 trse ha. ta me11o go, la (lestrucción St>gura de todo atnq ue con­sumado al descubierto, la nece ·idajércitos que mauiohrau •. Lo experuueutos del po lígouo son ~imples experimentos de laboratorio: el Cc-ttnpO de lJataiJa es el ÚUÍCO teatro donde se re~mel ven los problemas üe la guerra ¡,Por qué~ Porque el ruando, lct iustrueeión táctica de las tropas, su uwral, las faltas dt->1 t'IIPilllgo, la coo¡wraci •)Jl de las di" el'Si:ts :H'mas, son f f,utol'eS de primer ordeu que i ufluyeu en el r~sulta.do de li:t lucl!a uo weuos que la. velocidad, el alcance y la precisión del tiro. • • • La mayor parte tle los antort>i militare~, preocuparlo~ ante to(lo por dJstUtllttlr la~ pérdidas de la iufa,utel'Ía. eu till rnat•clla de aproXilllaciou al enemigo, hau perdrdo de vi~ti:t el coujuuto de circuustaucicil'lo así. Ahora. lu ·n: no tie pued~ wauiour,u· Slllo ~~~ JUMHL y al a.l1ri~o de la vi~ta. y el fu~go del ~uemigu, pol'LJ ne esta es u u a. v~nhul d~ to1los loti ~ü­gws, que lo~ tlle:t.yores p1'ugresos del armauwu to u o puede u al­tera!'. ¡Y cou quó ohjeto se maniobra eu las litutes del campo de batalla 7 ~IUJpletuellt~ para ascg·urar la l't'particiou de las fuer­zas, de utaut>ra adecuad'" á la coudw1oues tuúltiple de tiu y Wt"uiol'\, y t~llleudo pre~:PHte que t'· a repartición teudrá prepon· Ueraute wtlueueta ~ll los l'eSUI tado~ de la lucha. ~~~ uu t'jérciro tle cuatro ó ciuuu cuerpos (de ejército) por ejemplo, tal r~pal'twiou uo corre,·pouderá siempre, desde el prll10lplo, á las ueuesitlatl s •lo la situacióu, porqu~ ésta, antes del etllpt>ño de las vauguanhas, de onlmario so preseutará a.ún mal c.h·li Lllda. De lo dwllo re ulta que á una primera repartición de las tropa. , onleuatla Ull poco a ci .... ga.~, llat.H:á que 8Ustituír uua se­guuüa, algo mal::i a\lecuada uou lati cirüUll ·tcdJCias, y á veces hasta uua tercera, pal'a alca.uzar el tiu perseguido. • Te .,tigo elocuente la presente guerra civil: el Mánnlint:her, que en Concón causó estragos á l,OJ,J metros, y al cuis .. tas dt: gabinete 1-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 381 Y 1a8 modificaciones sucesivas ~ la reparti(~ión y emplaza· miPnto de la!'! tropas 110 pnNlPn rPl:llizane con PI or<..lPII y la ce· leridns t~ctieas lJan Rido pro,~Píoas d~ esa cualidacon~titnyamoR la batalla de Wagran, célebre entre to­das las de la ~poea Na polpóuica, por n sa hia ,Y larg-a prPpa.ra­ción, por la importHtH.da de le~s ftwt· za~ <]tu> ltl libraron, por el ardor eon Qtl(ll se clispntó el triunfo, y, en fin~ por la grau Yalía de loR jefps qne ml:lndaron loR Pjér<'itns conteudort>s En la noche clel 4 al 5 ele Julio St>i~ ctwrpos ele P;]ército, la guardia y cuatro cli d~iont's de ea ha 1 lt>rítl, fi'H nq ne:-tron t>l hrazo menor del Da11nhio por cinco puente.:-:, lanzados por soqn·t-sa entre la parte mPriclional de la isla de Loba.u y la frouteriza y montuosa orilla clel río. La m ;.~ fíana hrni+>lltP. se empleó en tPrminar el pal'lo y en estahlt>c~Pr el Gr' anclp Ejéndto sohre l'Ía f>ll los intt rvalo , . l..JHS ::t. La rt--unión del Granclf> Ejéreito qtwcló eonelnída el 5 entre las 10 y las 11 de..~ la maíiantl., dt>shorchwclo la t--XtrPma. izquier · da anstriaefl. El ptwhlo dP EnzPrl'ldorf, próximo al río, st-ñrda­ba la izquierda francP~a. El artioulo 14 df> ht orden inqwrial pl paso clP.I Dannhio, escrito t>l 2 eh-' .Julio á la· ll de la noelw, elijo: "En tPsis ~reupral, la rnarolJa s<~ P,]Pentará por la dert>eha toman(lo eomo PjP dPI giro á. Enzersjt>cnt:-tron, á la somhra de sus tropas avanzaflas, nll de. plit>gue en abanico con el fin ele rechtlZ la hatalla. St•gún el GenPral Peld, entmtct> . A.rncl:uJtP día. t>l t>j é rcito easi entero, formado en mnsH, cwupaha un ¡wquttíio espacio en el cual hom­br , oaballo y e~i1oues npar' (' ('Íall como amontonados p e ro eu el orc..leu más bello: era una brillante el va de bayonetas y sa­bles, pero muy pronto t- ,·a tropa así reunida iban á extender­se y á ·nhrir vastas llaJtura:-1." A ca u. a de 1m~ eom ha tes rlPl 5 por la tarde, que no teJ·mina. ron sino entraet>r·, ¿.;obre Pl cnPr¡m dt·d centro. Napoleón se pl'ocuraha así la lib rt:td de corulueir sn ejér­cito renni(lo {t, la zona. e~cogida. para dPsplegarlo, porqne se­gón el General Pelet, "teniendo t.odo~:; Jos cuerpos hnjo su mano, pooü\ repart·irU.,s lfl el momento mismo en que convenia emplearlos." " Esta es la veruadet•a mauiobra ele Ja bataJiu." ( Ot>"tin'l!a) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 382 80LETIN MILITAR ~ LltCCIONJI:S TOMADAS P • .O,RA .EL .EJ É RCITO COLOMBIANO !:N LOS TltXTOS Dl': SORBU:Il1 BOUNJ:It AZIBERT 1 l!:TC. INTRODUCCIÓN Nada de lo que se relaciona con la guerra se puPrle im­pro\ isar: ni el material, ni la organizacióu, ni los soltla<.los, ni Jos oticiaiPs, ni el estndio visto y estudiado: este es el objeto (le la estrategia y de la táctic.a. La e.itrateg·ia es la ciencia de la guerra en su aspecto más elevado: elección de movirniPntos que han de ejecutarse; de­terminación ele las vías auecua(las parét alcanzar con más se­gul'ida< l el fin que se persigue; hábil empleo de couju~!to y de los mes, por lo cual su conocimiento completo se impone á todo oficial. En re, umen, la estrategia os la dirección superior de las operacione~, la cie ucia del manclo en campHñ .. ; la táctica ense­fi. a á la tropa á ejl~Cntar lo mandado por el jeft3, es el arte ú ofi­cio de todos lo que ob rlec n. Las conce pciones e tratégicas pertenecen exclusivamente al m, ntlo uperior de una fuerza, por lo cual, en un estudio como el pre.' ute, no hallan cabida útil. Lo eontrario sucede con los principio. que rigen la táctica, ya que t dos los oficia-l debeu conouel'lo'i, put>sto qne tOgn ra r la más rápida con­dueción posi hle dH las tropas al campo (}e batalla, alwrráudo· les á la vez las fatig-as iuútiiPs, a~wgnrátuloles la alimPntación y poniéndolas a 1 abrigo ·a. Son reglas ele apli­cación pr('cisa fnera del campo de bntalht y qne constitnyen nua verdadera cieJJ<·ia por clt>eir lo así, parar s t>jPcntar una marcha de maut:>t·a intacllahle, 110 sucediendo lo mismo con la táctwa óll como un tratado de pint.ura no forma un Rafael, JH•ro aquél es tan iudispensahle ;.¡) j<.--fe como éste al piutor, Riquier·a sea para e>itarle conwta faltas y errores de cierta rnagnitucl y para formarle un fondo de criterio raci()ual que reemplace, aun cnauclo ea en parte, las enseñanza~ de la experiencia, si carece l E>.stnjércitos rnoderuo¡; corn~ .· ponde á los oficiales hacer &mnplir eu mar<:has y e~taeionamientos las prescripciones re­glanwut~ ria del ca:o, y e~to tanto m{ estriC'tamente cuanto son hoy mayort-. la.~ clifienlt~HlPs (le la mo\' Ílizaeión de las fuer­zas por razón misma ele sns oonsitlf'rahtes efeeth'oS. El Pjército qu puede t>jecut,tr marchas fe; su preparación indica el valor del Estado Mayor; y ~n ejecución sir\'e de piel méto(lo raeioual con i2te en e~t udiar primeto Jo¡;; principios r•1111idos Pn los d •versos reglrgeuma i nteligeute de tod:-ts las voluut;ult.~s haeia un nu~mo Hu. Y para que los priuciJJios se eompl'eudan oi~n, cou . u venhulero alcauce, pre­ciso es ocurrir {t la llistol'ia. rra de Ashantí es igualmente un ejemplo muy bueno. La verdadera Ií nea de ataque era, hacia el Norte, la ruta más corta de Cape-Coast-Castle á Kumasi; pero tres columnas sepa­radas, de poca importancia, procedían de modo independiente sobre los flancos y en defensa de éstos. La de la izquierda no penetró nunca en el territorio A hantí; mas parece que ella, sin embargo, redujo á la inmovibilidad á gran número de los enemigos. Otra columna sobre la derecha marchaba paralelamente y á gran dis­tancia de la columna principal, la cual se retiró sin combatir; esto, no obstante, distrajo la atención de destacamentos considerables Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 388 80LETIN MILITAR '-y--' de los Ashantís. La tercera columna, situada muy lejos, hacia lt derecha, tenía cierta importancia: penetró en el corazón del te­rritorio enemigo, y encontró alguna resistencia que dominó, lo­grando al fin llegar á Kumasi por la derecha, después de que esta ciudad había sido destruída y abandonada por la columna princi­pal de sir G. Wolseley; y dicha tercera columna se retiró por la misma ruta que había seguido la columna principal en su marcha de avance y de retirada. Los Ashantís tuvieron, pues, que enfren­tarse á cuatro columnas y se vieron obligados á desprenderse de numerosas partidas para atajar lo" progresos de la invasión de dos de ellas que no tenían ninguna importancia efectiva. De este modo debilitaron sus filas, sin motivo, desde el punto de vista militar*. V. Varias columnas tienen la ventaja de que, hasta cuando una de ellas jracasa,Jacilitan la marcha de las otras-Hay otra razón para invadir el territorio enemigo con diversas columnas, razón que hará este procedimiento ventajoso en algunas de tales campañas. Es incierto el éxito cuando hay que vencer grandes dificultades de terreno ó que no se pueden obtener noticias exactas en el teatro de la guerra; entonces es difícil alcanzar el objetivo siguiendo una sola línea de operaciones. En tales casos es evidente que, dada la posibiliJad, es una precaución sabia la de march a r siguiendo va­rias líneas, puesto que es justo suponer que todas las líneas de ope­raciones no serán impracticable . Tales condiciones son raras, sin duda, pero la historia muestra que se pre entan algunas veces. En la campaña de los rusos contra Khiva, se recordará qu e la columna que partió de Krasnovod. k se vio obligada á retroceder por causa de falta de agua, pero el oasis fue tomado por las otras dos colum­nas. La reciente campaÍlo del Chitral es también un ejemplo: si la columna del Coronel Kelly no se hubiera podido reunir á la guarnición sitiada, es dudoso que el ejércico que avanzaba del Sur llegara á tiempo para salvar esa guarnición. VI. La separación 11.? se permite hasta tanto que cada destaca­mmto se hallr en estado de luchar solo. Dificultad de prever los efecti­vos necesarios - La di vi ión de la columna se determina así, algunas veces debido á las circunstancias; en otras, la condiciones de un caso particular conducen á que se resuelva la división, á despecho de las objeciones estratégicas, bien conocidas, que se hacen á la división de las fuerzas sobre el teatro de la guerra. E~ta divi ión no se justifica, sin embargo, sino cuando cada destacamento es bastante fuerte para sostenerse solo contra cualquiera columna que el enemigo envíe contra él *· Hé aquí, pues, una dificultad en la • Luego haoer pa~ui'lts 6 sea tlividir lns fuettas ~ · proc()dimiento inadmisible en buena estt·t~tegla-t. D. • 1!1s declr1 cunth1ó el Jnnsor tiehe tal !Utpt>riolidnd l'lútl.~tioa que el sitnple aune~ plJt lt mtlor lti\ea al! bpehoiuhes itbt!ide ~rohtb ltelhtlb de ltt ~atnpdia-L. ;o, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. bOLETIN MILITAR ~ 389 preparac10n de la campaña; porque á menudo es imposible pre­ver hasta qué punto las fuerzas del enemigo puedan ser capaces de reunirse en un punto cualquiera del teatro de la guerra. Cuando es tan Jirícil determinar las fuerzas totales del ene­migo, naturalmente lo e3 mucho más el calcular el grado de resis­tencia con que se haya de tropezar en cada una de las varias líneas de operaciones. La gran movilidad del adversario, lo imprevisto de sus concentraciones y la completa disgregación de sus fuerzas des­pués de un desastre, todo tiend~ á complicar el problema. Por otra parte, existe siempre la po.ibilidad de que los adversarios tengan á ~u cabeza un jefe que sepa aprovecharse del fraccionamiento de las tropas regulare sobre el terreno. En la sublevación de la In­dia, los Jefes rebeldes, en un momento crítico deJa campaña, die­ron prueba de su conocimiento en el arte c1e la guerra, cuando colocaron á los ejércitos ingleses en una situación peligrosa: ellos hicieron avanzar una columna formidable contra Cawnpore, mien­tras que Sir Colín Campbell marchaba por primera vez al socorro de Lucknow. Si estos Jefes hubieran sido más activos, la guarni­ción de Cawnpore habría podido ser destruída antes de que la co­lumna de Lucknow pudiese volver en su auxilio. El tjemplo siguiente muestra los ríe gos inherentes á la di­visión de las fuerzas en las guerras de esta nat11raleza. Ejemplo de desastre d >! bido á la separación-En 1876 hubo fuertes eocuentros cerca de Yellow ·tone Ri ver, entre las tropas de los Estados U nido· y los Pieles Rojas. En el curso cuela de Vcr~alles. Prhnera lección-:Neceaidad de la fortificación lmprovieada Utilidad -De tiempo atrás á la fortificación piden auxilio, el defen or para reforzar las partes débiles del campo de batalla, y el agresor para asegurar la con ervación dd terreno que ha ganado á costa de charcas de sangre. Los atrincher:¡mientos así considera­dos, si antes fueron útiles, son hoy indi pensables, por la tendencia creciente que impone el progreso de las armas, de convertir en sitio rápido las antiguas batallas campales. Los doctos en la materia ocurren á la historia de la época napoleónica en demanda de hechos que prueben cómo entendió el asunto el maestro incomparable y cómo lo realizó en la práctica en sus campañas memorables, por cuanto el Gran Capitán, e.n afo­rismo clásico, pedta que todo oh.lado, junto con el fusil, llevara una herramienta de zapador. Por eso el General Foy, subalterno del Emperador, pudo decir con razón: H Europa queda sembrada con los reductos y las trincheras levantados por nuestros soldaJos." • Y el rcsu ' tado es t:l lllisiTIO. La mejor prtH ba contra e a, ,divhinma se halla en la toma de Tauau:\Tlve por los franceses, quienes entonces no formann sino una sola columna de inva~tióu.-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 392 80LETIN MILITAR ~ Entre las causales de éxito de las armas napoleónicas, puede figurar el hábil empleo de la fortificación improvisada, señalado por el General Dum<3S en las siguientes líneas: " Todos los mili­tares de Europa reconocen que los ingenieros franceses han sobre­pujado á sus antecesores en esta clase de trabajos, y han utilizado mejor las ventajas nuturales del terreno, dando á sus trazados des­arrollo más hábilmente calculado para el emplazamiento de la arti­llería, la economía del fuego y los movimientos y acción de la tropa destinada á la defensa de las posiciones y de los atrincheramientos." Por su parte, el General Noizet afirma: "Es un hecho que en tiempo de Napoleón se hizo uso prodigioso de la fortificación de campaña, tanto en el ejército francés como en el adversario, siendo de sentir que la historia no conserve recuerdo de tales atrin­cheramientos sino cuando resultaron ligados con los acontecimien­tos de mayor importancia: no es posible olvtdar los reductos de Montenotte y de la Moscowa, las líneas de Torresvedras, las baterías de Bautzen, las lunetas de Dre!'de, etc.; pero á la par con ellos, cuántos campos atrincherados, cuántas cabezas de puente, cuantas líneas y obras de menor importancia no se construyeron en torno de los ejércitos, y no fueron vistos y apreciados sino por un reducido número de oficiales, y hasta quedaron ignorados por el ejército, por cuanto ó oo tuvieron sino influencia indirecta so­bre las operaciones militares, ó resultaron simples obras de precau­ción, que en la marcha de los acontecimientos dejó á un lado. De ahí esa opinión errónea de que la fortificación es inútil, for­mada en los espíritus superficiales, contraria á la de los Generales de más nota, y, sobre todo, á la del mismo Napoleón." En efecto, acaso Napoleón no escribió: "La fortificación de campaña es siempre útil, nunca estorbosa cuando se la aplica con­venientemente." "Sostener que la victoria es del que marcha, se mueve y maniobra, y por lo tanto no hay que trabajar el suelo, puede ser hermosa palabrería, ¿ pero es despreciable? " .Acción del fusil-Y después de Napoleón las cosas han cam­biado, el progreso ha sido incesante y la marcha de la humanidad á este respecto, en vez de hacer inútil la pala en el combate, la de­manda más y más. El fusil moderno, que dispara diez veces más aprisa que el de los soldados de- Napoleón, que á I,ooo metros tiene más precisión que aquél á 200, y cuya tensión de trayectoria hace innecesario el cálculo de la distancia hasta los 500 metros, tiene que ser arma de mayor efecto en el combate, sin contar con que su bala atravie­sa 4 á 5 hombres, y por cuanto emplea pólvora sin humo no revela la situación de los tiradores abrigados en un campo de batalla. Ahora bien: la fortificación improvisada aumenta la eficacia del fuego de la infantería, tanto por las condiciones más ventajo­sas en que merced á ella dispara el soldado, como porque aminora las pérdidas de la fuerza que la defiende. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 393 En el supuesto de dos tropas iguales en número, calidad moral, instrucción y armamento, atrincherada la una y movién­dose la otra al descubierto, preciso será estudiar los elementos que se enumeran en seguida para juzgar con acierto del resultado de la lucha: 1.0 Dimensiones del blanco (en altura y profundidad): me­nores en la tropa atrincheráda; 2.° Condiciones físicas de los tiradores (fatiga y seguridad del puh>o): menores en fu misma; 3·0 Posición del fusil (apoyado ó nó): da más fijeza al tiro de la misma. 4.° Conocimiento de la distancia (medida previa del campo): ídem ídem la misma. 5. 0 Aprovisionamiento de municiones (cartuchos á la mano): ventaja para la tropa atrincherada, porque es más fácil remunicio­nar al que no varía de puesto; 6.0 Rapidez del tiro: superior en la tropa atrincherada, por­que es mayor la fatiga del soldado que camina, y porque el solda­do atrincherado puede tener las municiones á su lado, fuera de la cartuchera; 7. 0 Intensidad y permanencia del fuego: el que ataca du­rante el asalto tiene que suspender sus disparos; 8.0 Dirección del fuego: tarea más fácil para los oficiales cuyos soldados están inmóviles; 9·0 Eficacia del fuego: de ordinario tras la trinchera no ha­brá sino una fila de soldados, y el asaltante llegará formado en enjambres que equivalen á una formación sobre varias filas; 10. Supresión del humo: facilita la puntería del defensor y quita al asaltante la cortina que antes cubría sus movimientos; Ir. Des!Jlazamiento del blanco: es favorable al ataque, pero no debe olvidarse que lo rasante del proyectil mjaudo en el viaje una gran parte del personal. De ahí en adelante fue impo~ible hacerlas ~van­zar un paso á pesar del brío de la tropa, por lo l alza de 2,200 . •• 1 l ti) crl ot; 8 ~ .... -::! ~ ~ Repite : aumen- ~ .§ ten 50 décimos,· or- o·- lQ ~ ~ ). den a á su , ección Repite las voce · ; indi'ca á su Sec­ción 2,250, retorna 2,250 y manda: á mi orden. Hace di paJar las piezas carg•tcla con gran:1da percutante y m a nda: corran el ojillo de desvíos tan .. íd. íd. t ~ 4i 1 2,250,retorna 2,250 ~ ., g ! manda cargen sin E c-t - mterrupciór.. - ..... ~ -- ~,_.. 1 <. d tos mm á la izquierda; destaperl el oJo que el ojillo cohete á 9 segundo.~ 9 décimos; cargucll de d e s v í o s lo ....; ~) m:tnda correr ~ la derecha El fuego de conjunto á 2,300 necesita una corrección de 25 metro . El Capitán determina el alza y la velocidad del tiro. ( Repite las voces del J C:tpitán, anuneia 2,275 y luégo manda: á mi or- 1 dm 2,27 5, desta pen con 10 egnndos 1 décimo (e ·cala recibida de las ~ secciones fusantes y no 1 modificada por el Capi­tán). l Cargen sin interrupción. La 8.• sección dispa1a despuéa de la 1.•, á unos 20 segundos de intervalo. Repite : fijen et alza 6 di.~paros por mirwto; coloca la corredera á 2,275, anuncia 2,275, 10 segundos 1 (cohete arrc­glado) y manda: 2,275= destapen 10 con 1; car· guen sin iutermpción. Lhta la~. • sección, la t.• hace su descarga. íd. íd. ítl. íd. íd. La 1.• sección tira después de la 2.•, á 20 segun­dos de intervalo. ( ContittútJ). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ DEL GENERAL PABLO MORILLO (Contint'ia) 399 Al otro rlía se supo que un cuerpo de insurgentes parecía pretender reorganizarse. El Brigadier Correa se separó con al­gunas tropas á. ti n ele ir á. oponerse á este proyecto, pero el ene­migo no lo esperó. Fue entonces cuando el ejército realista pudo reconocer sus pér(lidas, las que alcanzaron á cieu muertos y á otros tantos heridos; el Comandante General D. Miguel de la Torre se contaba eu el número de estos últimos; le reempla­zó, en consecuencia, el Jefe ele Estado :Mayor general, Briga­dier D. Ramón Correa. Las tropas os tu vieron, sin tomar ningún alimento, una marcha estias y á cuidar {t los herido¿¡, los que partieron el 4 para. San Carlos bajo la escolta del Batallón Pardos de Va­lencia y algunas otra compañías de Infantería. Por la tarde, el ejército ya pro\·i ·to de recursos, vino á acam­par á la ribera izquierda de Cogedes. Al otro di' a por la maña­na continuó su marcha tra del enemigo, y el 11 llegó á Gua­narito, en la Proviucia. de Barinas, en floude ~e put:;o en comu· nicación con los Coronele Calzada y Reyes Vargas. Todas las tropas que formaban la primera División pasaron á órdmu.)s ele este último ,Jefe, quien recibió orden de mar·char á u cabeza obre Nutria , eu dond , ·egún liver o a\·i ·o , debía encon­trarse uu cuerpo d rebelde •. Al re to del ejército hice tomar la ruta de Baúl, que e con­vertía en pnuto central á causa. de las operaciones del Bri­gadier Iora.les Robre Calabozo, y os tomaron sus acantonamientos. • Es tiempo de volver nue tras miradas sobre la operaciones del Brigadier J\.1orales, á quien dejamos listo para marchar hacia Calabozo. Sólo después de larga tarea. logró él ocupar dicha posición de manera ventajosa; entonces reunió todas las fuerzas puestas á su dispo:iición, y dio batalla entre el Calvario y Ca­labozo. El enemigo perdió eu esta jornada cerca de cuatrocien- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 400 80LETIN MILITAR ~ tos de caballería y trescientos de infantería, y el resto de la pri­mera fue perseguido hasta el paso del Guayabal. Ciento cincuen­ta hombres, todo lo más, llegaron allí en bastante buen orden. Entretanto el batallón del Iufaute D. Francisco fue envia­do de San Carlos á Gnanare, para servir de reserva á las tro­pas de Apure. El Comandante de este cuerpo dio entonces á conocer en el Cuartel general el resultado de la expedición á Nutrias, de que ya hemos hablado arriba. Se mataron más de cien rebeldes, y los prisioneros tomados fueron en número poco más ó menos igual; entre ellos se eucontraron varios jefes. Dos revolucionarios sumamente peligrosos, Romero y Cuesta, pagaron con su vida su acto de rebelión. El Coronel Calzada tuvo en la misma época un encuentro cerca jército real. l puerto de Tola de la H.epública del Ecuador, y la cría de algún ganado, on la pl'incipé 1 s ocupaeiones de di­cho haoitantes, los cua.les vit'en por cierto patriarcalmente, sujeto de he ·ho al má autian de la isla., en la que todos sou parí n te· nuí 6 meno cerca. u o . Auuque uo de sangre de ula.nco • in mezcla, como se lo persuad n, pne to qu , aun cuatHlo no fácil averi uar su origen, debe cousid~rán~elo como cuarterones, tle~;precian al­tamente á los negros y á los iu~lios, á los que anmtajé n, eso sí, bajo todos reRpectos. Los horu l>rcs son robustos é in teligen­tes, y tienen u u trato fino que llan u prendido (l>ll su~' correrías, pues frecuentan todos los puerto' del Pacífico desde Panamá hasta. Guayaquil. Si se cousidBra qne en las dilat~ulas costas del Chocó uo habitan sino indios salvajPs y negros l)ozates, 6 gente de color huitla. de los presidio.', se ve que d~ laR (.le Bar­bacoas, donde moran los i leños radas de raucbo~ en que vh~en los negros, :r euuiertas por una vegetación secular. La ciudad de Barbacoas se eueuentra en la latitud de 1o, 44' 45' ' del N., y en la lougitud de 3° 57' 40' al O. delmeri· diano de .Bogotá, á 22 metros sol>re el uivel del mar, del cual está á 10 leguas grauadinat'i eu clistaucia directa. Está situada. en el extremo it->rto ia.s las cenizas á que redujo sus dos terceras y nwjores partes el fatal incendio que sufrió á principios del presente año de 1853, y que no es el primero que ha experimentado. La parte re tante, con excepcióu ue alguuas casas de ma<.lerH, t:~ Jtj\ m:nr~~~n~EA CAJf.(PAÑA DE 1812 Teatro de la guerra (superficie): 45o,ooo kilómetros cuadrados (ocho veces el De· partamento de Antioquia). Duración: 5 meses 21 días. Principia el 24 de Junio EFECTIVO DE LOS EJÉRCITOS Fra11ceses • Rusos • 442,ooo hombres t (xSs,ooo caballos) (x,zoo cañones) 1 -- -- 2.20,000 infantes al principiar la 2 5,000 jir:etes 1 940 canonea guerra -- 2oo,ooo franceses 242,ooo aliados 1 á principios de G 2 x 3 300 hombres Octubre 2 so ooo hombres ' Tom~ de M.oscu ' l~á fin;;o~~embre ~===-- 6S,ooo hs. Paso del . 1 54-,ooo hombres Beresma • Según los rusos, del pt incipal ejército francés (363 1ooo hombres) hicieron 1 ~o,ooo prisioneros y enterraron 243 1000 cadaveres. ! El mayor ejército que reunido ha visto • El ejército ruso que á mediados de Oc· tubre contaba 12o,ooo hombres, á fines de Diciembre estaba reducido á 421ooo, en Wilna. el siglo. DESTRUCCIÓN DEL EJÉRCITO FRANCÉS 1 .....,.--~-:------~-363,000 hombres 1 229,000 hor~ TI S 5 ,ooo hum bres pasan el Niemen-2.4 de Junio llegan á Vitebsk-Fin de Julio llegan á Smolensk-Io de Agosto salen de Smolensk-2o de Agosto 1 1 s6,ooo hombres 1 I 34,000 hom~ combaten en Borodino -- 1 5,000 hombres entran á Moscu 50,000 hbs. vuelven á Smolensk-9 de Noviembre - 3 3,000 p:~san el Beresina-z8 de Noviembre ~~ repasan el Niemen-15 de Diciembre Napoleón no fue vencido, y sin embargo resultó víctima ele la mayor c:~tástrofe militar que registra la historia. En la retirada caminó 1 ,zoo kilómetros en cincuenta y ocho dÍa1. Fuerzas contendoras LAS BATALLAS fulses pierden el 4- por xoo-Vencedorea Bmolensk.... J......l l pierden el 10 por xoo-Vencidoa rusos .Borodino • ... ~~ III:IIIJ.I pierden el 2 5 por 1 oo-Venced orea pierden el 35 por xoo-Vencidoa rusos LAS MARCHAS NAPOUÓN-Del Vistula á Wilna .........•.••• De Wilna á Smolensk . .••.•••.••• De Smolensk á Moscu.. . . . ••••.. Rusos: BARCLAY-De Wilna á Smolensk . ...... . De Smolensk á Borodino • • • • ••••• BAGU.TlON-De Wolkowitz i Smolensk. •.•••••• soo kilómetros en ZJ días 440 26 días 4-40 27 días s6o kilómetros en 29 días 300 19 días 86o 33 díu Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 171

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 174

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 174

Por: | Fecha: 20/10/1900

BoaoTÁ, OcTUBRI 20 o~ 1900 ·------ -------- -- --- -- --- ------- - ~~- ----------- - -- - --- ------- -- - ---- Ora-ano del lUiuis~erio de Guerra y del Ejército Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejércit,, Director ad honorem F•·ancisco J. Verifnra V. General de IngPnieros, Miembro de varia.s So­ciedades CienHficaa ~'"0"1\1.1:. 174 :IID~c? l~~~_Q) ~.o -· IIDllil 1l®@ ,ro (3 DE O~TUBRE) en desarrollo el el artícu lo 3 .• de l Decreto número 777, de 11 de Junio último El Vicepresidente de la República, encargado del Poder Ejecutivo, CO ' SIDERAl' DO Que de acuerdo con el memorial elevado al Despacho de Ha­cienda por varios comerciantes y exportadores de esta ciudad, el día 22 del mes próximo pasado, hay urgencia suma en proveer á las necesidades d~l comercio de importación y exportación, espe­cialmente del último, pues los frutos y artículos destinados á {'Ste comercio se hallan detenidos há largo tiempo en puertos y bode­gas, con grave riesgo de pérdida ó deterioro; Que por razón del estado de guerra y á causa de las exigen­cias de la misma, sólo el Gobierno puede atender debidamente esas necesidades, brindando al comercio ]a seguridad posible, sin perturbar por ello el servicio de la guerra ni poner en peligro la seguridad pública, DECRETA Art. I.0 Organízase una Flotilla mercantP, compuesta de seis buque , de los cuales dos prestarán servicio en el alto Magda­lena, y los restantes en la parte baja del mismo río, destinados ex­clusiv. lmente á transportar, desde el día 15 del presente mes, ]a carga de importación y expor.ación que se halle detentda en las Aduanas del Atlántico, y en los puertos y bodegas del río Mag­dalena. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 474 80LETIN MILITAR ~ Art. 2.o Los buques expresados se tomarán de preferencia entre los que tiene el Gobierno actualmente á su servicio para operaciones militares; pero si éstos fueren insuficientes para aten­der á un tiempo á las exigencias de la guerra y á las necesidades comerciales, el Administrador general tie la._ Flotilla mercante po­drá, ppa. Exceptúase el caso de que se presente mercancía susceptible de descomposición ó desmejora, como materias alimenticias, pues entonces se dará preferencia á esta clase de carga. Art. 6.° Kn las bodegas de Calamar, Jesús del Río, Magan­gué, Banco y demás lugares de embarco situados entre Barranqui­lla y La Marfa, los respectivos bodegueros presentarán al Capitán del buque una relación por duplicado de la carga que tengan para embarcar, y este empleado deberá recibir á cada comerciante la cuota proporcional que le corresponda, atendido el espacio sobran­te en el buque, con la misma excepción contenida en el artículo precedente. Art. 7.0 En cada uno ele los dos ejemplares de la relación arri­ba indicada, y que deben presentarse para el embarque de la carga, se hará constar al pie, bajo la firma del interesado, el monto de la carga recibida de acuerdo con el prorrateo prescrito. Un ejemplar de la relación se conservará en !a Oficina del Contador del buque, y el otro deberá enviarse al Administrador general de la Flotilla mercante para todos los efectos á que hubiere lugar. Art. 8.0 En ningún caso y por ningún motivo se recibirá más carga de la que puedan contener los buques en sus bodegas, quedando siempre despejadas las cubiertas. Art. 9. 0 El valor de los fletes se cobrará en las respectivas Agencias que determine el Administrador general de la Flotilla Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR 475 mercante, las cuales serán de preferencia las Administraciones de Hacienda nacional ó las Administraciones subalternas de Correos que tengan el carácter de Administra~iones de Hacienda nacionaL En las bodegas y puertos intermedios de las riberas del río en donde no existan tales empleados, el cobro lo hará el Contador de cada buque. Art. ro. El personal de los buques de la Flotilla mercante al servicio del Gobierno disfrutará de las mis.nas asignaciones de que gozan actualmente los empleados de igual clase en ]a Flotilla de guerra. Art. Ir. Créase el empleo de Administrador de la Flotilla mercante, el cual será el Jefe superior de esta Flotilla, y tendrá una asignación mensual de seiscientos pesos ($ 6oo). Art. r 2. Son funciones del Administrador general de la Flo­tilla mercante: a) Reglamentar los t'ansportes que deban verificar5e en los buques de la Flotilla y fijar el itinerario de éstos; h) Organizar convenientemente el personal de la Flotilla, d:mdo cuenta de todo al ivlinisterio de Guerra para su aprobación; e) Reglamentar el cobro de los fletes y pasajes; d) Disponer la manera como se deba atender al pago de los empleados de los buques, y á las demás erogaciones que el servicio de éstos demande; e) Fijar el número de soldados que debe llevar a bordo cada buque para la seguridad de éste y de su cargamento; j) Cuidar de que las Oficinas recaudadoras de fletes y pasajes, después de atender á los gasto que les correspondan, remitan el excedente de los produ tos á la Oficina principal, que lo será la de Honda; g) Formar un inventario minucioso en que conste el estado de cada buque al recibirlo ó tomarlo para el servicio, y los elemen­tos para servicio del mi mo ; h) Hacer lo nombramientos de los empleados y fijar los so­bresueldos á que sean acreedores los empleados de ]as oficinas re­caudadora , atendido el mayor recargo de trabajo ; pero en todo ca~o dará inmediata cuenta al Ministerio de Guerra para su apro­bación; i) Cuidar de que los empleadvs de las oficinas recaudadoras lleven sus cuentas con toda escrupulosidad y las rindan oportuna­mente, y disponer la manera como los Cuntadores de los buques deben rendir las suyas en cada viaje y qué libros deben llevar; j) Inspeccionar y vigilar constantemente las oficinas recau­dadoras y las operaciones que se realicen á bordo de los buques ; k) Cuidar de que los empleados de ]a Flotilla cumplan estric­tamente con sus deberes, é impedir que é ' toS tran"porten carga por su cuenta, bajo pena de desntución inmediata y una multa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIJI MILITAR ~ equivalente al doble del flete de la mercancía transportada fraudu­lentamente ; t) Rendir al Ministerio de Guerra un informe mensual sobre los productos y gastos de la .Flotilla, sobre su estado y necesida­des; y m) Obedecer y hacer obedecer las órdenes que se le comuni-quen por el Ministerio de Guerra. · Art. 1 3· Los buques de la Flotilla mercante prestarán su con­curso, en casos urgentes y bajo la dirección de los Jefes militare~, en las operaciones de guerra ; y á su vez los buques de la Flotilla de guerra, cuando las circunstancias lo consientan, prestarán su servicio en el transporte de carga. Art. 1 4· El Ministerio de Guerra queda ampliamente facul­tado para dictar todas las resoluciones necesarias para la cumplida ejecución de este Decreto ; para determinar las condiciones con que, en cada caso particular, deben ex~dirse los salvoconductos, á fin de que el transporte de los frutos de exportación se haga por tierra con toda seguridad y garantía para el propietario. Art. 15. Las Compañías de navegación fluvial que quieran movilizar carga de importación y exportación podrán hacerlo ; pero deberán sujetarse á las condiciones y reglamentos que les im­ponga el Administrador general de la Flotilla mercante, y deberán prestar ante el Ministerio de Guerra, y á satisfacción de éste, una fianza de cien mil pesos (~ 1oo,ooo) por cada buque, para respon­der de que éste no ~erá tomado por los revolucionarios ni les pres­tará ayuda en forma alguna, sin que sea válida la alegación de la fuerza mayor ó caso fortuito. Art. 16. Los gastos que demande el cumplimiento de este Decreto se harán por antici p~~CTEJ:N AL ~:::J ~Th1 rJ©1lliT©ílE~rcJEJ~~@~ Pocas voc~~ técuicas habrá 11tes ui tan útiles, en opinión de militares muy autoriza,los. El reconocimiento ofensivo es un combate. Al "practicar un fuerte reconocimiento "-que es la frase l.Jabi­tual- 1'\e trata de compeler á vint. fuc..•rza al en~migo á qne ce s y ua~ta ,}e Rus intentos; haciéndole que forzosarn~ute descubra sus atriucheramientos, u baterías, que despliegue sus tropas, que revele, en fin, sus recursos y sus proyectos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 480 BOLETIN MILITAR ~ Esto no puede conseguirse sin trabar escaramuza, sin empeñar un combate por lo menos de avanzareeiar y di.'tinguir el mérito real del trabajo, sin necesidad de acentuarlo cou vretensiones pe­dantescas. Comisión ele reconocimümto puede recibirla rlirectamente el oficial de infantería ó caballería, ó bien indirectamente al Rer nombrado comandante de la pequeíia escolta ó partida que de onliuario acompaña á uno ó más oficiales facultativos, sin­gulannente del cuerpo especial de estado mayor, al cual, como se ha 8tá com 1 n .. n. dirla la ley uni\·er al, á la. cual nada . o.:tlR· tl'a r,'e; stigio, su diguisaparezca como agrupación benéfica, dis­gregándose los eslabones que la constituyen; por eso necesita. indispensablemente un .. organismo que la proteja. "Este organismo, imperiosa exigencia de aquél, es el Ejér­cito, el cual, como parte soliuaria <.lel Estado, representa HU fuerza defensiva, tan necesaria para su vida. "De aquí vemos que la ley deJa lucha por la existencia sigue cumpliéndose aun en organismos tan po<.lerosos y bien constituidos como el Estado. • • • "¿Pero el E8tado es la Patria' Nó: la segnnrar corno nnestra madre común. '' ANí lo ate ti guaba Uicerón al afirmar: Porque todos los bienes se reciben de la Patria, no debe ser tenid() co ·mo grave nin­gún mal que por ella se ,fJujra, s·ino, poJ· el contrario, debemos con­sidera? · como sabios á todos aq1tellos que anteponen los peligt·os d~ ésta tí su p·ropios peligros, ya pot·que devuelven á su patria el honor que la deben, ya pm·que prefieren, mm·ir po1· muchos antes que morir con muchos. '' Rermo as palabras qne nos dicen que todo lo que fueron nuestro padre , lo que somos uosotros y lo W8 mejat· para la Patria que para la gloria, pues cada uno debe pre ferir á la utilidad común _la Pat·ria. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 488 BOLETIN MILITAR ~ " Sin necesidad de razonamientos, descubrimos la su b1i­m: dad de la Patria y el sagrado deber ~~~ IID~ ~m~Jr~J1~mit~ • OBSERVACIÓN DE LOS DISPAROS EN EL TIRO DE CAÑÓN A) Observación directa a) GENERALIDADES-La regulación del tiro no es posible sin~ cuando u conoce el sentido del desvío, tanto en alcance camo en dirección. Como es sabido, llámase corto el disparo si el proyectil estalla más acá del blanco, y largo, en el caso contrario. Dícese, igual­mente, que está en dirección, si estalla sobre la línea que une el ojo del observador con el blanco apuntado; á la d~recha, cuando lo hace á la derecha de la misma línea; y á la izquierda, en el caso inverso. Los disparos cortos ó largos tienen desvío en alcance con respecto al blanco; los que estallan á derecha ó izquierda de la ci­tada línea, lo tienen en dirección. Para apreciar el sentido del desvío en alcance, es preciso que el proyectil esté en direcc1ón, lo que es, por otra parte, requisito indispensable para la eficacia del tiro. Cumplida esta condición, el mejor elemento para apreciar el sentido del desvío de alcance es, sin duda ninguna, la poskión del humo que produce la explosión de la granada con respecto al blanco: si el humo oculta .' blanco, el disparo es corto, y al contrario, será largo si el blanco se destaca sobre dicho humo. A falta del humo (cuando no estalla), el polvo y la tierra le­vantada por el proyectil al dtocar con el suelo, pueden dar algún indicio: en el agua se toma como tal la columna líquida que le-vanta la granada. . En el tiro fusante, cuando se ve el polvo producido por las balas y cascos delante del objetivo, el disparo es corto, y largo en caso contrario; si sobre un suelo seco y no rocalloso no se observa polvareda delante del blanco, lo más probable es que el disparo fue­ra largo; si el terreno sobre el cual está el blanco es una falda que desciende hacia la batería, el tiro será corto, ó largo, si choca so­bre el suelo, abajo ó arriba de dicho blanco. Como la carga interior de la granada de cañón de montaña es muy reducida, el humo que produce su inflamación es poco, y por tal motivo su observación el> dificil á más de 3,ooo metros en el tiro percutante, por lo cual sería de desearse se invente una pólvo- • • Traducirlo para el Boletín Militar, del curso de E. GtRARDtN. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 BOLETIN MILITAR ~ ra que con reducido volumen produzca una gran cantidad de humo. Entre mayor sea el ángulo de caída, más penetrará la grana­da en el suelo y menos rápidamente tornará á levantarse para re­botar, por lo cual también más adherido al suelo quedará el humo y se alzará mezclado con tierra y polvo, lo que dificulta su exacta observación. En los terrenos blandos (labrados, humedecidos por la lluvia, etc.), en los pantanos, ttc., los proyectiles percutantes forman fogata, es decir, estallan entre el suelo, levantan únicamen­te tierra ó agua, y el humo apenas se ve: en este caso es preciso regular el tiro por medio de proyectiles fusantes. Las granadas percutantes que no estallan y sólo levantan tierra á modo de surtidor, de ordinario producen la ilusión de un tiro largo, siendo corto cuando la discontinuidad del surtidor deja ver á su través una parte del blanco. b) Utilización del humo arrastrado por el viento-El humo de • la' granadas que no caen en dirección permite juzgar del sentido del desvío cuando el viento lo arrastra hacia el blanco, por lo cual es preferible forzar desde un principio la corrección inicial de desvío exigida por el viento, que hacerla débil. Si el viento es perpendicular á la línea de tiro, el humo de un proyectil que no esté en dirección y caiga más allá del blanco forma cola tras él, y al contrario, la cola pasa delante en el disparo corto. Si la dirección del viento es oblicua, las indicaciones que suministre el humo así arrastrado, en especial cuando los proyec­tiles caen cerca del blanco, deben recogerse con mucha circuns­pección. Cuando el viento sopla del lado de la batería, todo proyectil cuyo humo pase más allá del blanco indica precisamente un dis­paro largo; al contrario, cuando aquél corre hacia el blanco y el humo pasa más acá de este último, indica un disparo corto. Pero el humo de un proyectil de tiro largo, por ejemplo G~ caído muy cNca del blanco puede ser arrastrado hacia adelante de una por­ción de aquél y provocar la ilusión de un disparo corto, y vice­versa (fig. 1 .a). o a ·'···... __ ./7< ...... .·#' 0········ .. , D ... ········ D ···.'-.~ o·····~·/ Figura 1.• Figura z.• Además, en todos los casos en que se pueda utilizar como in­dicación el humo arrastrado por el viento, es preciso desconfiar si Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoLETIN MILITAR "-y--' aquél se viere descarmenado, siendo de advertir que cuando el vi en· to es muy fuerte descarmena el humo rápidamente, lo cual torna delicada la observación aun á 2,ooo metros. En efectQ, cuando el humo de un disparo corto está descarmenado, como los contornos del blanco pueden divisarse al través de la ligera cortina de aquél, provocan fácilmente la ilusión de un tiro largo. A la inver~a, el humo descarmenado de un tiro largo pero vecino del blanco, puede ocultar los contornos de éste, s1 no es muy neto, con lo cual haría creer que el disparo fue corto. Lo antedicho se aplica igualmente al caso en que se espere que el humo sea descarmenado, aun en una atmósfera calmada, an­tes de es ti mar el sentido de los disparos. e) Utilidad del anteojo de batería- En todos los casos, el des­orden producido en un blanco animado por los disparos que lo hie­ren, sin contar la disminución de su fuego que es la consecuencia más común, constituye un indicio de suma importancia, que será preciso tomar en cuenta. En este caso el anteojo de batería, cuyo aumento es conside­rable, es un instrumento precioso, por cuanto permite inspeccio­nar á fondo el terreno y mirar los setos, cultivos naturales, etc., donde pudiera disimularse el adversario á la vista ordinaria y aun á la de un simple binóculo. El anteojo de batería, por la estrechez de su campo visual, no es propio para la observación de los disparos mientras se regula el tiro; pero á falta de buenas cartas permite darse cuenta de la for­ma del terreno y de los accidentes que avecinan el blanco, lo que es muy importante. En efecto, es preciso desconfiar de las cejas, setos, mieses, etc., que en parte oculten el objetivo, porque se po­dría caer en el error de regular el tiro con respecto á tales acci­dente por causa de un error de óptica frecuente. También es pre­ciso ponerse en guardia contra las depresiones del terreno situadas delante ó detrás del blanco, porque en ellas desaparecen los di. pa­ros percutantes próximos al blanco, en cuyo caso es preciso á ve­ces esperar algún tiempo antes de observar el humo de los dispa­ros cuando se levanta hacia el cielo. d) Obse1·vación con auxilio de los disparos Jusantes-Los dispa­ros fusantes se ven á las mayores distancias porque el humo del shrapnel forma un globlo denso, blanco y nítido. Cuando se regula el tiro con granadas fu san res buscando el alza conveniente, deben tomarse en cuenta los disparos que resul­ten m u y próximos al suelo para mirarlos, sin error sensible, como en la intersección de la trayectoria con el terreno. Por esto los dis­paros altos ó á la altura del blanco, en los que una parte del surtidor parezca corto (ó que haya marcado como cortos la observación in­directa), deberán ser mirados como dudosos, puesto que pueden per­tenecer á .trayectorias largas (fig. 2.a). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 496 BOLETIN MILITAR ~ Los disparos señalados como en el blanco por la observación indirecta, deben computarse como largos, si á la vez no se señalan como bajos ó percutantes. Al contrario, un surtidor prolongado, ó un disparo indicado como largo, corresponde siempre á una al~a larga con respecto á ]a distancia real. Un disparo fusante bajo corresponde al alza del blanco, si su surtidor enmarca dicho blanco ( ó si se señala como en e) blanco), ó á una alza corta, si el surtidor parece corto ó se le señaló como corto. Cuando se regula el tiro por la duración del trdyecto, bus­cando la que conviene á la posición del blanco, un disparo fusante alto ó bajo, si su surtidor levanta tierras delante del blanco; indica forzosamente una duración corta del cohete; pero un disparo per­cutante corto puede corresponcler á una duración larga, por lo cual no se Ie puede tomar en cuenta cuando se busca la tenaza de tiem­po. Sin embargo, en la práctica se admite que puede servir para verificar un disparo fusante corto. e} Consejos sobre la observación de los disparos-La rápida y exacta apreciación del sentido de los desvíos en alcance, es de la mayor importancia para el jefe de una batería, por lo cual los ofi­ciales deben ejercitarse asiduamente en la materia. Es preciso acostumbrarse á juzgar de] sentido del desvío en el momento en que estalla el proyectil, es decir, cuando la nube de humo es más densa: si se espera á que éste se desvanezca, es posible incurrir en errores, como atrás se dice. Cuando el blanco esté cubierto por humo proveniente de an­teriores disparos, ó de las piezas, ó producido por modo artificial, se debe observar el contorno aparente dé] dicho humo desearme­nado que rodea e] blanco, para distinguirlo de] producido por el estallido del proyectil. Si el contorno de este último es continuo y se destaca bien sobre el descarmenado, el disparo es corto; al con­trario, será largo, si ese contorno no es nítido en su intersección con el existente que ya cubría el blanco. Debe evitarse formar opinión previa sobre el probable sentido del desvío de un proyectil antes de que estalle, porque entonces es fácil ser víctima de una ilusión personal, que consistirá en t::reer que realmente el disparo presentó el desvío previsto y que sí se es buen juez en el asunto. Esa ilusión se presenta en especial duran­te la verificación de los límites de una tenaza ó de una alza de ensayo. No debe vacilarse en declarar dudoso todo disparo de cuyo sentido (dirección, alcance, altura) no se esté seguro: sin duda ninguna es de suma importancia evitar esa clase de tropiezos que no hacen adelantar la regulación del tiro; pero es más grave co­meter por precipitación ó aturdimiento un error de tal especie. Esta recomendación t>S especialmente importante cuando se trata de verificar una alza. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ F) Observación Indirecta La observación indirecta de los disparos se verifica, !5ea en la batería misma, sea á sus inmediaciones, por el oficial que laman­de y vea el blanco; siendo ventajoso que la línea de observa~ión de dicho oficial sea lo más próxima posible á la dirección del tiro. Por línea de observación se entiende la recta que enlaza el ojo del observador con el blanco, y por dirección del tiro la recta que úna el centro de la batería (ó la pieza que dispara) con el blanco. Cuando el jefe de la batería no ve el blanco, tendrá que recu­rrir á la observación indirecta, para lo cual confía el cuidado de observar los disparos á dos observadores colocados á uno y otro lado de la dirección del tiro, más allá de los flancos de la batería y un poco adelante de ella. La línea recta que úna á los dos ob­servadores, próximamente perpendicular á la dirección del tiro, se llama base de observación. En ciertos casos la observación del tiro será unilateral. e} Fundamento de la acción bilateral-Sea A B (figura 3.•) la anchura del blanco ó de una parte bien visible del mismo y al cual se V n á referir las observaciones; C y 0 dos observa­dores laterales colocados en puntos de donde puedan ver el blan­co, pero separados por una base de observación bastante grande A la dere cha t-l o _,?< --- -:::--- -:-------:--:-------,,,'' o Base de observación ~ A la derecha 1 ~ ,- +++ Figura 3·a A la izquierda Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 498 80LETIN MILITAR ~ para que las líneas visua1es que cada uno dirija sobre A y sobre B se corten con nitidez. La longitud de esa base no puede ser me­nor del -io de la distancia, ó sea, por ejemplo, I 50 metros si la distancia es de 3,ooo metros. Los dos observadores se dan frente pero mirando á la vez el blanco, y cada uno observa Jos desvíos con relación á su línea de observación, es decir, que úna sus ojos con el blanco sin tener en cuenta la dirección del tiro, y avisa al jefe de la batería á la voz, por gestos ó con un hombre á caballo, el sentido de los desvíos en dirección, como si los proyectiles los lanzara 1 cañones puestos á su lado y asestados según su dicha línea de observación. En una palabra, el observador e, puesto frente al observador conju­gado O, anuncia á la izquierda todo estallido visto á la izquierda del plano vertical e A; á la derecha, el que resulte á la derecha del plano vertical e B, y en dirección, el que parezca entre las líneas CA y C B, indicando además en este caso, si es posible, si el dis­paro es corto ó largo. El otro observador hace lo mismo con re­lación á las líneas O A y O B. Si los observ~dores están á la vista del jefe de la batería le comunican el resultado de las ob:;ervaciones con gestos muy sen­cillos, á saber: extender horizontalmente el brazo erecho, si el estallido se vio á la derecha; extender del mismo modo el izquier­do, si se ve á este lado; levantar los dos brazos, si se ve en direc­ción; mover los brazos en el aire, si no se pudo observar el disparo. Ahora bien, del examen de la figura 3·a resulta: !.0 Todos los proyectiles caídos en la zona P A M B ~serán largos (brazos tendido hacia el blanco); 2.0 Los que caigan en la zona CA NO B serán cortos (los brazos estarán dirigidos hacia el lado opuesto del blanco); 3· o Los proyectiles que estallen en la zona P A C ó en la JtB O serán dudosos, puesto que el un observador extenderá un bra­zo y el otro el opuesto, bien que e:::ta circunstancia sólo ocurre cuando la dirección del disparo es defectuosa; 4-. 0 Todo proyectil vi to en la zona A M B N, corno se indica agitando los observado­res los brazos, sea largo ó corto, resultará incierto en dirección pero cercano al blanco. En resumen: brazos dirigidos hacia el blanco, tiro largo; brazos diri~idos en sentido contrario al blanco, tiro cor­to; brazos al aire, tiro incierto; los dos brazos en sentidos opuestos, tiro dudoso; un brazo hacia el blanco y otro al aire, tiro largo; un brazo en dirección opuesta al blanco y el otro al aire, tiro corto. (Continúa) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIK MILITAR ~ ~99 SÍNTOMAS DE UNA EVOLUCIÓN TÁCTICA AL PRINCIPIAR EL SIGLO XX Géneros, medios, ejecución • " N o omitir esfuerzo para conocer los medios de ata­que, morales y materiales, de los Estados vecinos." '' Preciso será buscar los medios de neutralizar los efectos de un material perfeccionado, siendo sin duda lo primero que indica el buen sentido, modificaciones en el armamento y el equipo de las tropas, y luégo la adop­ción ele una nueva táctica que produzca el desenlace de la lucha lo más pronto que fuere posible"-Jomini. CAPITULO l Ciertos indicios dejan entrevm· una nueva tendencia táctica entre los alemanes-Cada Estado consagra su reflexión al estu­dio de los métodos de guerra de las nacione vecinas, para se­guir de cerca las modificaciones que ellos adopten: el retardo en este trabajo intelectual, el error en la apreciación de tales acontecimientos, tendrá como consecuencia un inferior rendi­miento para la máquina moral y material que constituye la fuerza del Estado. ¿Acaso en 1806 la completa destrucción de las fuerzas mi­litares do Prusia no fu~ el rescate de los triunfos anteriores del orden lineal sobre el profundo i Queremos en e .. ta líneas averiguar si los recientes perfec­cionamientos introduciOl A pesar de los perfeccionamientos del arte posteriores á Federico, el procedimiento no ha variado: el armamento no es aún tan poderoso que permita ase:star los golpes brutales, irre­sistibles, que reclama el ataque de frente. No hay sino una excf'pción, pero E:\lla se refiere al Maestro, á Napoleón, quien gracias á la clarovideucia que tenía de la guerra, pudo permitirse el empleo de todos los métouos, reser­váu< lose la escogeucia oel que cóuveuía mejor al caso del mo­mento •. Su regla de obrar sobre el punto débil lo llevó á me­nudo contra una ala del adversario; pero en otras ocasiones lo encontró eu diverso lugar, como e11 Austerlitz, Ligny, Rivo­li, Montenotte. Esc:L independencia de criterio, ese desdén por los siste­mas- tipos, fue propiedad exclusiva de Napoleón: sus ad v·ersa­rios y sucesores, es decir, sns admiraJores y plagiarios no sa­lieron de la rutina. Por lo demás, Napoleón consideraba tan improbable el ataque del centro de su línea, que no vacilaba en desguarnecerlo para reforzar sus ala . Ataque y d-efensa de la Rothie're (l. o de Febrero de 1814)­Esta batalla hace resaltar lo que acabamos de decir. Los cuer­pos arranco basta en­contrar el tronco del árbol; desde aquí parten cuatro grueaas guaduas trabadas á di tancia tle uu palmo por tra\·esaño~ fir­memente atados debajo, formauuo uu piso susteutado eu el aire por un espeso tejido de bejucos que bajan tle las ramas del árbol y eulazan las guaduas, que ailadic.las unas á otras, se prolongan de ribera á ribera, hasta eucoutrarse sobre el centro • "Los tu os, á pesar ele todos sus esfuerzo , no habían logrado apoderarse por completo c.lel villorio (La Rothiere) ...... La situ:tción general, ·in ser brillante, dis­ta La mucho de estar comprometida ha ta el momento en que el ataque de Werc.le contra Marmont {izquierda) vino á cambiar la faz de los acontecimientos. '-Coman- 6aaute W•ll. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 8oLETIN MILITAR ~ G03 del rio, describiendo una curva irregular, cuya parte media se levanta cerca de ocho varas encima de las aguas. Couforme avanzan las guaduas hacia el ápice de la cun~a, se multiplican los bejucos de suspensióu, eu térmiuos que á la mitad del puen­tes*" espesan y juntan, y se cruzau y eutretejPn los de allá y los de acá cou uua profu:sión de mH.los q ne indican el afán del artífice por salir airoso del difícil paso. Sobre las guaduas, y de media en media vara, hay planchas sacadas de la misma plauta y afirmadas al piso con Lwjucos delgados; fiua.lmente, encima de estos tra\·esaños y Qn el sentido de la longitud del puente: hay uu listón ce .ntral de una t rcia de ancho, formado de cintas angostas de guaduas, y destwado á ser el piso tran­sitable <.h· l puente. Lo angosto de éste y la oscilacióu que le comunica el transeúnte, no permiten pasarlo á caballo ni con bestia cargatla: laR cargas pasan poco á poco á espaldas d~ Jos peones, y el viajero toma su mula
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 174

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 181

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 181

Por: | Fecha: 08/12/1900

BoaoTÁ, DiciEMBRE 8 DE 1900 -------------- - ~-~ -------.- -------------------- Organo del Miui terio de Guerra y del Ejército Son colaboradores de este periódico los Jefe~; y Oficiales del Ejércitn .A.:iSí" C> X"V" Director ad honorem Franci•co J. Vera-ara V. General de Ingenieros, Miembro de varias So­ciedades Científicas J.IDlli1@m~~:m IDY [)o •• m>J]ll JJ.®®m> ( 20 DE NOVIEMBRE) por el cual se suspenden los Palomares Militares y se hace una cesión á los Lazaretos El f/icepresidentt dt la República encargado del Poder Ejecutivo C<..>NSIDERANDO Que los Palomares lvlilitares que en la actualidad sostiene el Gobierno causan gastos de mucha consideración y no prestan ser­vicio al Gobierno; Que un respetable grupo de cab:tlleros solicitó la cesión de la!, palomas mensajeras para destinar su valor á los Lazaretos de Agua de Dios y Colltratación, con lo cual se hace un positivo be­neficio, desde luego que transcurr"rá aún algún ti rnpo antes de que el Gobierno pueda atender directamente á la subsistencia de Jos elefancíacos) DECRETA Art. 1.° Cédense las palomas mensajera· que hoy sostiene el Gobierno en los Palomares Militares, á los Lazaretos de Agua de Dios y Cantratación. Art. 2. 0 Autorízase al Sr. Intendente general de la República para que haga formal entrega de ellas al R. P. Evasio Ravagliati. Comuníquese y publ:quese. Dado en Bogotá, á 21 de Noviembre de 1900. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C.-El Ministro de Relaciones Exteriores, CARLOS MARTÍNEz Srr.VA­VJll- 45 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 898 BOLETIN MILITAR ~ El Ministro de Hacienda, PEDRO ANTONIO MoLINA-El Minis­tro de Guerra, JosE DoMINGO ÜSPINA C.-El Ministro de Ins­trucción Públic·:1, N!IGUEL ABADÍA I\1ENDEz-El Ministro del Tesoro, ENRIQUE REsTREPO GARcfA. ESTUDIO FRANCÉS DE ACTUALIDAD El romanticismo ha querido pervertir la estrategia: desvián­dola de la vía científica y sólida pretende transformarla en una es­peci~ de arte caprichoso, paradoxal, brumoso, indeterminado, espe­cie de terreno abertal en donde cada cuál á su antojo puede apa­centar sus caprichos. Esopo en su tiempo mostró que la monomanía médica era la más frecuente, puesto que todo individuo daba consejos á los otroa en caso de enfermedad. En nuestros días prevalecen los estrategis­tas: todo el mundo se cree apto para tratar las más hondas cues­tiones militares. El talento y aun el gracejo no faltan, pero la com­petencia de los aficionados sí falla á cada paso. El instinto belicoso de lus Galos atrae á todo francés hacia las cosas de la guerra, pero á la vez le inspira repugnancia visible por el estudio de las cuestiones á ella referentes. El burgués mo­derno es estrategista de nacimiento, y ]a mejor prueba de ello la tenemos en la manera como se discuten las leyes militares en los Congresos: gusta del lado caballeresco de la carrera, pero abomina sus mil detalles; viste con placer el uniforme, mas detesta el ejer­cicio. Es, por otra parte, antimilitar y le repugna la disciplina; la fantasía lo domina. No s;ent~ en su alma las sencillas virtudes del soldado, y sin embargo cree tener las condiciones de un gran ca-pitán. . Discutir sobre la guerra 1o seduce y lo marea: pronto está ~ repartir críticas y elogios: censura lo que se hace y lo que no se hace, y vapula á las gentes del oficio. Especialmente vive ena­morado de las operaciones imaginarias, de la confecció:1 de planes de campaña, hasta el punto de que habría inventado la estrategia especulativa si ésta no hubiese existido desde antaño. El mismo día en que Monsieur Prudhomme se inscribió en la milicia le asaltaron pensamientos estratégicos, é imposible se­ría anotar todas las necedades guerreras que han salido de su3 labios. Esto se explica fácilmente, porque fácil es dejarse arras­trar ~acia las cosas de pura imaginación: los conjuntos seducen1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ las altas concepciones atraen; cómodamente se cabalga sobre las quimeras, y con gusto se pasan algunas horas en el país de los en­sueños. El campo allí no tien~ límites ni obstáculos: en ese suelo propicio se maniobra con holgura, sin preocuparse por las posibi­lidades prácticas, mirada<\ como cosas que no merecen la atención de un espíritu superior. En el dominio de la fantasía, toda concepción parece ejecu­table; á juzgar por las apariencias, dirigir es una obra cómoda: parece suficiente tener ideas, y las ideas estratégicas abundan sobre todo en los cerebros de las personas extrañas á la carrera militar. Ya Clausewitz lo había observado hace años: "Cuando se leen los relatos que de sus campañas escribieron los grandes gene­rales; cuando se les ve mover miles de miles de hombres con tanta destreza como si sólo se tratara de su propia persona; cuando se les oye exponer los motivos que los incitaron á obrar de éste y no de otro modo, raciocinando sobre causas nada complicadas, Jlegan­do á veces á atribuír sus actos á un simple movimiento de su ins­tinto de soldado, nada parece tan sencillo como dirigir un ejército desde el fondo de un gabinete." Y en efecto, muchas son las gentes que están persuadidas de que nada es tan sencillo como dirigir un ejército, no obstante que el reducido número de los generales notables debiera indicar que la tarea es más ardua de lo que se supone. Los escritores militares, colocándose en otro punto de vista, han coadyuvado á generalizar el error de que la estrategia c~tá al alcance de todas las mano~. Por ejemplo, Jomini e cribió en sus Grandes op~racionu: "La estrategia funciona sobre líneas geográficas invariables, cuya importancia relativa se calcula por la situación de las fuerzas con­tendoras; situación que no puede entrañar. nunca ~ino un pequeño número de soluciones, pu sto que la:> tropas e~tán separadas ó reu­nidas, sea obre el centro, sea sobre uno de los extremos. Nada, pues, tan natural como someter ele ent s tan sencillos á r gl s derivadas del principio fundamental de la guerra, por lo cual nun­ca ciencia militar alguna tuvo tan sólido asiento como la estrate­gia moderna." Pero esta tesis es perfectamente falsa. La estrategia no es ni sencilla, ni está fijada; la cantidad de malas combinaciones ejecu­tadas lo demuestra de sobra para lo pa:;ado, é indica que en lo por­venir la obra aún será más deli~ada, visto:> los enormes efectivos que habrá que mover. Esto es de toda evidencia, y, sin embargo, todo se aventuran en el terreno de la disertación e tratégica, que según parece, ofre­ce alicientes irre istibles. D~ ahÍ e·a ca!Hidad innumerable de elu­C braciones inútiles, introducidas por la literatura novelesca en la estrategia, en las que se reempla~.w, con alidJs más ó menos espi­rituales, el razonamiento, el cálculo, la ciencia y hasta la misma h ·storia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 700 80LETIN MILITAR ~ A partir de la guerra desgraciada de 1870, la monomanía de la estrategia ha adquirido proporciones colosales: nue3tros reveses se convirtteron en mina inagotable para esa clase de explotadores. Críticas, ataques, recriminaciones, calumnias, llovieron sobre los que habían cumplido modestamente con su deber. Los que poco hicieron, y sobre todo, los que nada habían hecho, exultaron. Cada uno de ellos habría salvado la patria si se hubiera aceptado su plan; cada uno poseía un secreto y lo ofrecía con la respectiva do­tación de consejos. La antigua historia del retórico de Efeso, que daba lecciones sobre el arte militar, enseñando lo que no sabía, es siempre real. El uno vaticinaba 'sí: una vez en país libre (aun sin enemi­go), los batallones de franco-tiradores, describiendo gigantesco circuito, se lanzarán en abanico sobre el flanco del enemigo, y en herradura sobre su retaguardia. Esa tropa no será, sin duda, sino un cordón; pero ese cordón será una inmensa línea envolvente, y la envoltura se convertirá poco á poco en m u ralla de hierro. Otro decía: pasó el tiempo de las sabias combinaciones: basta la energía. Uno de los ejércitos, disimulando su marcha con los bosques, cortará la línea de comunicaciones del enemigo por me­dio de un vasto movimiento envolvente, en ta to que el otro, franqueando de improviso el río, lo asaltará de frente. Sorprendido y cogido entre dos fuegos, su destrucción es segura. Muchos deben recordar esas elocuentes tiradas; recuerdos, reminiscencias, sueños, todo se encontraba en ellas, menos senti­do común, menos espíritu práctico. Los fabricantes de proyectos y planes creían realizables las concepciones de su cerebro desbo­cado, sin caer en la cuenta de que su dedo majestuosamente pa­reado sobre una carta geográfica no era ni un puente, ni un cor­dón, ni una muralla. Entre sus lucubraciones y una aplicación cualquiera, había un abismo, y ese abismo no acertaban á decir cómo se podía salvar. .. Otro tercero afirmaba: el enemigo nos sorprende, nos asalta, nos rechaza, sin ce¡ar nos inflige nuevas derrotas: no podemos soportarlo. Arrebatémosle sus procedimientos, y la victoria será nuéstra. Esas frases, vacías de sentido, llenas de bombo, recordaban la lección de esgrima de Monsieur Jourdan: todo consiste en dar estocadas y en no recibir ninguna. Con suma gravedad repetían el precepto de Moliere, pero sin indicar los medios de realizarlo. Desde hace medio siglo Clausewitz criticó esa estrategia ro­mántica con suma donosura. "Fácil es formar el proyecto de en­volver al enemigo por la derecha ó por la izquierda; lógico el pen­samiento de mantener concentrado el ejército para ser dondequiera superior á un enemigo que se ha extendido; natural la idea de suplir la inferioridad numérica con la rapidez de los movimientos; todo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 701 eso, decimos, se acepta tan pronto como se enuncia. El descubri­miento 110 puede, pues, admirarnos, y de ideas tan sencillas no ten­dremos que decir sino que son muy sencillas." Antes de nuestra fatal guerra otros dos autores, reviviendo la idea de Clausewitz, pusieron en_ escena, en la Gran Duquesa, ese dislate tan común de los confeccionadores de planes de campaña: cortar y envolver, como si se tratara del bizcocho del colegio. En­tonces se rió á boca llena; pero la lección fue perdida, puesto que nadie se corrigió, según se vio poco después. · La reorganización del ejército, la defensa del territorio, las futuras operaciones, los nuevos si-temas de guerra dieron pábulo inagotable á la monomanía estratégica, creciente sin cesar. La ideología militar es uft recurso maravilloso, una djstracción amena, un campo sin límites para entretenerse en lanzar masas de hom­bres unas sobre otras, y donde se espera mostrar talento elaborando planes de campaña. En esos combates imaginarios se halla la em-briaguez y el vértigo de la victoria ____ sin dificultades, así como los fumadores de opio se procuran en su embriaguez el vértigo de la voluptuosidad. En esta clase de disertaciones todo proviene de la e13pecula­ción, y nada de lo real: su autores, embarazados se verían al con­cretar el asunto, en tanto que generalizando se llegan á creer, en cierto modo, generales de veras. La parte artística de la estrategia es de un manejo cómo­do: cualquiera se mueve sin tropiezos en ese dominio nebuloso. Las concepciones, los planes, la críticas, con5>tituyen un álgo elás­tico y dúctil que se amasa sin esfuerzo: se pliega, se extiende, se redondea, se aplana y recibe dócilmente las más variadas formas. Como en aquélios nada se presenta determinado, todas las conje­turas son lícitas, todas ]a;, hipótesis permitidas: cualquiera puede elucubrar á su · ntojo; hasta lo extravagante puede afirmar e, sin que se pueda contradecir, porque, en rigor, el mi rno imposible e adm.si le quitaao el fren de la razóh. Las nocio1 e vagas, los principios universales, se apiican á todo, al decir de los decadentes. l\1ultitud de individuos desprovis­tos de nociones militares abordan sin pestañear las más intrincadas cuestiones de la guerra; emiten u opinión sobre los nuevos fusiles y pólvoras cuando los especialista aún suspenden su juicio. Otros escritores explican lo que será la guerra futura, de qué manera fun­cionarán los grande e· ércitos, cómo se librarán las batallas tcrres­tres y navales, y señalan lo que sucederá en 1895 ó 1900. Esos libros, escritos en estilo llano y con cierta gracia, tienen algo de sabor apocalíptico, por lo cual recuerdan más ó menos la predicción del Cura de Dormunt sobre la gran batalla de tres días en 1-t encrucijada de Bouleau. Su lectura divierte como la de una novela, pero nada :nás. ANco DE lA REPU! ICA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 702 BOLETIN MILITAR ~ Ese género de literatura se distingue por su carácter abstrac­to, citas generalizadas sin tino, y un abundante emp~eo de expre­siones técnicas, puntos estratégicos, transportes estratégicos, esta­ciones estratégicas, y hasta tranvías estratégicos, etc. etc. Fue también Clau ewitz quie~ hizo la crítica anticipada de esas necedades tan comunes en el día: "Las expresiones: posi­ción dominante, pcsición cubridora, llave de posición y otras seme­jantes, no son de ordinario sino pal.1bras sin sentido; y es á fin d~ salpimentar ]a muy aparente vulgaridad de sus combinaciones gue­rreras para lo que ciertús pseudo doctores en estrategia e m pican pre­ferentemente esas expresiones sonoras que constituyen el tema pre­dilecto que desarrol1an siempre con el mismo són ante sus adepto!S." En efecto, los vocablos sonoros dan apariencia de erudición, y en el fondo nada significan por tener valor esencialmente tcm­poral y relativo. En esos relatos oscuros que ninguna claridad alum­bra, todo pretende ser profundo, y en realidad no guarda sino el vacío. Esas concerciones militares se asemejan á piezas dramáti­cas escritas por quitnes ignoran lo que es el teatro, y por lo tanto no se pu<'den representar. En un teatro 0e ciudad como en un teatro de operaciones, se imponen nccesidad<'s del mismo orden: en absoluto es preciso qu,. la obra sea práctic·, y ante todo hay que conocer el oficio para crearla. Si esas ccn di ciones fundamentales no existen, el fiasco es seguro. La única d i ferencia e tá en que tn el primer cas<' el autor no hace mal sino á sí mismo, y en el segundo lo hace á la cosa pública, presentatldo el espejismo como una realidad, y al sembrar esperanzas quiméricas, exaspera luégo aun más ]a decepción. Semejante exposicione~ rematan en conclusiones pcligrosísi­mas: puesto que las soluciones estratégicas son tan sencillas que cualquiera puede hallarlas, ¿cómo es que escapan al cerebro de las gentes del oficio? Y ese razonamiento, que surge en lo ánimos de los burgueses en ti t> mpos de revuelta, resulta acrecentado con loe- es­critos ó dicho e~pc r· iosos de los estrategistas de novela. Ese es uno de los grave~ incc :t \"enientes de la propensión á transfcrm.ar en juego de ima~i,,ación ó terna de sobremesa las arduas y serias cuestiones de la gutrra. General LEWAL (ex-Ministro de la Guerra) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 703 LltCCIONl5 DADAS EN LA ESCUELA MILITAR DE VIENA POR EL TENII'!NTZ CO~ON!L DE INGENIEROS MAURICIO BRUNNER Traducidas libremente de la 5.• edición para el Boletín Milif«r PARTE TEORICA eapitule t.•-Mi•ión primordial de la fortificación en eampaaa (Conti11úa) C- Cubierta.& Las cubiertas ó abrigo~ pueden ser: a) Un simple foso 6 triucl.tera (zanja) (figura 7.a); b) O~jetos que se interponen en­tre úuo y el enemigo para iuter'ceptar las balas de éste (ftgn­ra 8.•); e) Ambas espeeies reuuidas, que es lo que constituye el atrincheramiento militar propiamente dicho (figura !J.a) ; ti) Construcciones huecas (abrigos), es decir, espacios cubier­tos al abrigo de los proyectiles (figura 10). Figura 7·" Pi¡ura 10 Figura 9· El suelo natural puede prPSPHtar CU UÍertaS qn Sa­ti. faga11 más ó menos In~ eolHlic~ion("'H df>seailas, ta­les e m no za uja s, st.•to~, fl r­hole8, pare(les, t>ra otros materiales que se hallen á la mano. Nomenclatura-Las líneas y los planos que limitan la ma­yor parte de las cubiertas han recibido nombre propio. En Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--r-' 705 masa cubridora 6 parapeto (figura lR), marcados con puntos y trazos en el perfil y el plano tenemos : x y 6 línea de tierra, es decir, el suelo uatural 6 terreno; a o, Ja cresta inte·rior ó ma­gistral, es la línea c'ltbridora, también llamada l·ínea de fuegos en los parapetos defensivos; abes el talud interior, siendo b el pie del mismo; a e es el declivio, en el que e marca la cresta inte­rior; a 1 e 1 es el espesor ó cuerpo del parapeto, sin contar los taludes; a a 1 es la altura del parapeto ó de la cresta interior, 6 el relieve del parapeto; e f, el talttd exterior, en el que fes el pie; a. a 1 , la altura, y a1 b, la u ase rlel talud interior, represen. tanuo e o 1 y e 1 f las mi~mas partes del exterior; e e 2 representa la inclinación del declivio. En el foso (sea interior 6 exterio ¡' ) se hallan: x n y r p, ó talud interior; x 1 r, 6 borde superi01 ; n p, 6 pie; r r 1 , 6 altura, y p r 1 , ó base; z p, 6 fondo; z b es el talud exterior (anterior) ele! foso; m 1 z, el pie; b 1 y, la cresta; y z 1 , la altura, y z z 1 , la base del mismo; r r 1 , la profundidad Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ del fo~o; y r, la anchura de la boca 6 superior; z p, la del fondo 6 inferior; h h 1 , la. altura de la. cubierta, que es la del parape­to, aumentada con la profundidad del foso interior; f r es la berma ó banda de tierra natural que separa el foso del pa­rapeto. En el foso exterior el tal1¿d exterior se llama también con· traescarpa, y el interior escarptt; en el foso interior las misma8 partes se denominan talud dt- la banqw:ta, (pared anterior), y talud de revés el exterior. Las tierras del foso interior pueden servir para aumentar el espesor ue la cnhi~rta, 6 bien para constitnír el parapeto ; el fo&o exterior, cnautlo es profundo y tiene taludes muy pen­dientes, constituye nn obstáculo, porque en otras condicione! apenas sirve para dar tierra~ para la trinchera. En fiu, en las tt·aviesas y para,los tamhién hay cresta (lfneft. de mayor altura), declivio y talud exteJ"·ior é interior-Oontinúa. D! LAS PIRZ.\S EN LA ARfiLLERfA RODADA Jt,~lil !t~nto provi'linual arregla lo por la Co,nandanch milit 1r de l11 Pl11t:tt s oficiales ordenan n ' ACCJÓ~ y repiten la indicación Jefe­rente al alza que. va á emplear e. A la voz en acción los sirvientes ejecutan la Cé:lrga á voluntad como se pre"cribe en su lugar. Los oficiales se aseguran de que el alza empleada e ]a man­dada, y verific<.~n rápidamente la puntería. El jefe indica, según la dirección del viento, si el fuego principia por la derecha ó por la izquierda, y se sitúa en el punto donde pueda observar mejor )os disparos. Si el viento sopla. por la derecha, el fuego principia por la izquierda, y recíprocamente. Tan luego como las piezas están apuntadas y eon el provee­dor puesto, el jefe manda: tal pieza, FUEGO. El primer sirviente de la izquierda de la pieza designa~a repite la voz fuego y principia á disparar hasta agotar el proveedor ó hasta que se mande ALTO :IL FUEGO, Las piezas se designan por su número de orden en la lí­nea, contándolas de derecha á izquierda. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 108 BOLETIN MILITAR ~ Fuego por descargas-Para ordenarlo, el jefe manda: fuego po, diScargas; á tantos metros, ROMPA N EL FUEGO. En seguida se pro­cede en todas las piezas como en el caso anterior, el jefe manda: piezas (ó tales piezas), FUEGo, voz que repiten simultáneamente los primeros sirvientes de la izquierda antes de descargar los respecti­vos proveedores, si no se ordena ALTO EL FU EGO antes de agotarlos. Fuego por descargas con serie progresiva -El jefe indica el blan­co que habrá de batirse; adopta una distancia inferior á la real, y manda: fuego por descargas en serie progresiva; tantos proveedores, á tantos metros, ROMPAN EL FUEGO. U na vez preparadas las piezas como en los c1sos anteriores, manda el mismo jefe: piezas, FUEGO. Los primeros sirvientes descargan los proveedores respectivos, pero á cada uno nuevo que se coloque en la pieza, los segundos sirvien­tes de la izquierda hacen describir al volante del tornillo de punte­tería un cuarto de vuelta de izquierda á derecha, sin que de nuevo se apunte la pieza por la ranura de mira. Cuando el jefe juzga que los disparos alcanzan bien el blan­co, y que por lo tanto está hallado el alza conveniente, mandará: FIJEN EL ALZA, á lo cual los sirvientes cesan de mover el tornillo de puntería, y el fuego sigue con la misma alza hasta que se ordene ALTO EL FUEGO. Al darse la voz de fijen el alza, los jefes de pieza colocan el alza en la graduación que coincida con la inclinación que en ese momento tiene la pieza sobre el plano horizontal, in­forman á los oficiales de cuál es el alza así obtenida, y éstos, des­pués de rectificar la puntería si fuere preciso, transmiten el dato al jefe de la maniobra. Fuego á discreción-El jefe indica el blanco y manda: Juego á Jiscreci6n, á tant?s m etros, ROMPAN EL FUEGo. Después cada ofi­cial, así q UP su pieza está lista, ordena : pieza, FU EGo, el cual con­tinúa hasta que se mande cesar el fuego. NoTA - Durante la ejecución de los diversos fuegos el jefe de la maniobra puede ordenar el empleo del mecanismo de dispersión lateral, lo cual hará indicando qué amplitud (corta, mediana, gran­de) dehe darse á la dispersión de los prorectiles. Si aún no fuere suficiente esa dispersión, como cuando varias ametralladoras deben batir una extensa línea de tiradores, se ocurrirá á la dispersión de los fuegos dando á la contera movimiento de vaivén con la palan­ca de puntería, como se indica en su lugar. En ningún caso se podrá modificar el alza empleada, sino por la orden Jel oficial de grado superior que mande la pieza ó piezas. Cesar el fuego Para suspender el fuego el jefe manda: ALTO EL FUEGo, y se procede conforme se dijo en el número 8. 0 Este mandato no es re­petido por los oficiales ó jefes de pieza. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ S,.lir de batería Para que las piezas vuelvan á formar en columna con la dere­cha en cabeza, el jefe manda : artilleros á la dtTecha, á cerrar dis­tancias sobre tal pieza, MARCHEN. A la primera voz los artilleros giran á la derecha; á la segunda, todos lo~ oficiales, excepto el del pelotón que debe formar la cabeza de la columna, mandarán: (~­iumna de frente, y á la voz ejecutiva MARCHEN, que repiten los oficiales, menos el primero, los pelotones se ponen en movimiento. Luégo cada oficial manda : pelotón, ALTO, cuando el de su mando se ha acercado al anterior. Formada la columna el jefe mandará: columna de pie-.as, d1 (rente, MARCHEN. Si la columna ha de formarse con la izquierda en cabeza, el jefe mandará : artilleros á la i-r.quierda, etc., y el movimiento se ejecuta de modo análogo pero inverso al anterior. Es claro que para formar la columna si las piezas no se están moviendo á brazo sino atalajadas, se harán enganchar previamente á los armones ó avantrenes. NoTA-Cuando varias piezas que están reunidas para la ma­niobra forman dos ó más baterías, los capitanes comandantes de ellas repiten las voces del jefe superior. Además, en los fuegos su­cesivos las piezas se disparan en cada batería por mandato del res­pectivo capitán. La ametralladora con su armón arrastrada por dos bestias ocupa 2mo frente por I o de fondo, que suben á I 2 si ~1 tiro se dobla, como sucede en los terrenos dificiles.-Continúa. D.l ESTRATEGIA Y DE TÁCTICA EN LAS PEQUENAS GUEJlllAS por el Mayor C. E. Callwell, del Ejército ingléa TJ.ADUCCIÓ.N DE JSIDOAO l.A VZRDX AMA Y A (Continuación) Los tres cuadros de Hicks Bajá en Sekán, en donde su ejér­cito fue atacado y destruído por los .1\lladistas, guardaban el enor­me tren que exigía la conducción de víveres para cincuenta días y el agua para algunos. 1'al convoy debió ser un terrible estor­bo durante el combate, y contribuyó probablemente á producir el desastre que sobrevino. Sin duda que un hecho semejante rara vez se presenta en la guerra, porque es un caso sumamente raro el de un ejército que abandone sus comunicaciones para lan­zarse á varias jornadas de marcha en el interior de un país sin agua y sin recursos, y ocupado por un adversario bastante temi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 710 80LETIN MILITAR ~ ble para hacer indispensable la formación en cuadro, y esto e~ justamente lo que sucedió. De ordinario en semejante caso el método e~ formar un z.eribá ó vivac atrincherado, en donde se deja el convoy protegido por una parte de la ~olumna, c:uyo resto se forma en cuadro para p1 ec:;entar combate al adversario. XXV. Si es posible, antes del combare, los bagajes st colocan m un -x.eribá-Antes de los combates de Tomay y de Abu-Kiea se formaron z.eribás, en el interior de las cuales se colocaron en se­guridad, durante la lucha, las provisiones ·y los no combatientes. Este procedimiento es generalmente fácil en un terreno descu­bierto, pero es imposible en las regiones cubiertas de malezas y de arbustos, como en los alrededores de Suakín, atendiendo á que no se sabe en qué punto esté el enemigo y á que el lugar y el momento inminente del combate no pueden fijarse ni aproxima­damente por las tropas regulares. La regla de que cuando está próximo un encuentro se ha de dividir un cuadro de marcha en uno de combate y en un depósito fortificado, no es, desde luego, siempre aplicable. XXVI. Formación del cuadro elástico en marcha- El proble­ma se simplifica muchísimo cuando la naturaleza y la táctica del adversario en estas guerras irregulares permiten adoptar para la marcha una formación en cuadro más elástico. Desde luego hay más espacio en el interior de un cuadro elástico que en uno rígi­do; en segundo lugar la misma existencia de los intervalos facilita los movimientos de toda la columna. XXVI L C:;/umnas dispuestas de manera de formar rápida­mente ti cuadro-En el Dahomey, como ya se ha dicho, la co­lumna expedicionaria del General Dodd3 marchaba generalmente al principio en grupos paralelos dispuestns de manera de poder formar rápidamente un cuadro de trc lados en el mome ¡Ho de contacto con el enemigo. Los reconocedores del ter reno no po­dían apartarse mucho de las columnas por causa de la densidad de la selva, y por esta razón la presencia del enemigo de ordinario no se notaba sino á última hora; sin embargo, las tropas francesas al­canzaron casi siempre á tomar á tiempo la formación de combate. Pero después de cerca de un mes de experimentos el General mo­dificó sus disposiciones, y en la marcha final de Akpa á Abomey adoptó la formación de marcha en cuadro, sobre todo para envol­ver las numerosas trincheras de los del Dahomey y para tener más alerta á toda su columna. Pero este cuadro tenía siempre grande elasticidad, y al disparar, la formación, como ya se ha dicho, fue á menudo ca¡i abandonada porque una ó varias caras atacaban al enemigo. El orden de marcha volvía á tomarse tan pronto como era posible. Algunas veces, cuando la selva era muy tupida, el cuadro avanzaba muy lentamente; pero después de todo, el siste­ma de marchar en cuadro se sostuvo hasta la llegada de la colum­na al frente de la capital del enemigo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 111 En lo que concierne á la formación rápida en cuadro de una columna en marcha, importa hacer notar que el deaastre de la co­lumna Baker Bajá en I 88 5, cerca de Tri nkitat, parece en parte imputable al hecho de que sus tropas no tuvieron tiempo para for­mar el cuadro en el momento del ataque de los Madistas. Pero esas tropas eran tan poco veteranas y tan poco diestras, que no se puede sacar grande enseñanza de este desastroso combate. XXVIII. La artilftría y la caballería en los cuadros tn mar­cha- La colocación de la caballería y de la artillería en los cuadros en marcha está sujeta á los mismos principios que han determi­nado la colocación de estas dos armas en los cuadros en acción. La artillería en movimiento está sin defensa. Por tanto, cuando se adopta el cuadro como orden de marcha, á fin <.le re­chazar los ataques súbitos del enemigo, es evidente que las piezas deben estar en el interior del cuadro. Por fuera correrían riesgo de ser atacadas antes de poderlas poner en acción. 'Tales condi­ciones, si el enemigo es audaz y está resuelto, presuponen una forma rígida del cuadro. La colocación de las piezas durante el combate, sea en los ángulos, sea sobre los frentes, ha de .fijarse de antemano, y lai piezas deben marchar en el interior del cuadro c~r­ca de los sitios en que han de colocarse. En una formación en cuadro más elástica, la artillería, por lo común, debe también co­locarse en el interior. Por otra parte, en marcha, la caballería estará necesaria­mente fuera del cuadro; ella es inapreciable para el servicio de re­conocimientos y puede de este modo prestar grandes servicios al cuadro. Su retirada al interior de éste en cas::> de ataque, rara vez será prudente, á menos que, como en Ulundi, el enemigo no sea muy numeroso y no envuelva la columna, ó que no di. ponga del tiempo necesario para que esta retirada se ·verifique de propósito deliberado y en buen orden. Desde luego que, en circunstancias ordinaria , la cabal eria es cornP.letamente iudependiente del cua­dro. Durante la marcha hacia los pozos <.le Abu- lea, lo mismo que al Teb y á Tamay, la caballería marchaba á alguna distan­cia de los cuadros; y lo mismo pasó en el Dahomcy. Hicks Bajá parece que adoptó idénticas disposiciones. Cuando el cuadro es atacado, la caballería puede obrar seg.:in las circunstancias, y has­ta puede hacerlo muy eficazmente contra un enemigo en derrota, como se demostró tan bien en el Teb. Cuando los centinelas de caballería marchan al frente de un cuadro en marcha, deben estar prevenidos, que si dan sobre un fuerte número de enemigos, se re­tiren hacia uno de los flancos, de manera de d scubrir el fuego de la infantería y de Ja artillería. En el Dahomey, en donde la naturaleza del terreno y lo reducido del destacamento de caballe­ría paralizaba toda acción de esta arma, las tropas montadas se mantenían por lo común, durante la marcha, sobre el flanco. Al­& unas veces, cuando el enemigo aparecía numeroso, la caballerít. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 712 80LETIN MILITAR ~ se retiraba detrás de la columna y formaba la cara trasera del cua­dro de combate. XXIX. f7ivac en cuadro-No hay mucho que decir sobre la formación del vivac en cuadro. Cuando hay que recurrir á él, casi siempre es mejor transformar el vivac en un puesto fortificado provisorio, ó zeribá, ó en laager, si á la columna siguen carruajes. Los franceses en Egipto vivaqueaban en cuadro. En las opera­ciones de guerrilla en Argelia, en la mayor parte de las campa­ñas de los rusos en el Asia Central, en el Sudán, en Achín y en la generalidad de las operaciones en bosques, el orden normal de vivac es el cuadro. La víspera del combate de Kashab, en Per­sia, * la columna de Sir J. Outram vivaqueaba en cuadro cuan­do fue repentinamente atacada por el enemigo. Hay que pre­ver la posibilidad de un ataque de todos lados. Esta cuestión se estudiará mejor en el capítulo siguiente, que trata de los zeribás y de los laagers. CoNCLUSI6N-Nos hemos extendido mucho sobre la forma­ción en cuadro, más bien con el fin de mostrar las diversas condi­ciones en que se ha empleado dicha formación en las guerras irre­gulares, que para sentar principios sobre la oportunidad de ella y sobre la mejor manera de organizarla. Ella no goza de gran presti­gio entre ciertas personalidades. Es cierto que en teoría se puede decir mucho en su contra; pero en tanto que tropas regulares se vean estorbadas con los bagajes indispensables, y tengan que com­batir con guerreros que por causa de su gran superioridad numé­rica y de su rapidez de movimiento ó de la naturaleza del teatro de operaciones ataquen por todos lados y cuando quieran, será di­fícil encontrar nada mejor que el cuadro *.-G"'ontin~a • En 1857 el Virrey de la India h bh enviado á Per~ia una columna com~ pne ta de tropas ingle ·asé incli~~ mandada· por Sir James Outram. E:.ta columna debía con¡,treñir ,.1 Shah de Per ·ia á que abandona e. us preten. iones ~obre Hérat y Kandahar, "los do· puntos del Afganistán oecident.d que dominaban las líneats eiarnprt! seguidas, desde Alejandro ha ta Ahrnael Shah, por lo invasores de la fn. dia, y que por e. ta causa debían ser ocupado~ por attligos de la India Británica 6 por ésta misma." La colum11a de Sir Jame · Outrnm de embarcó en Bu!~hir, sobre el Golfo Pérsico, obtuvo dos victorias, unn de ellas la de K'lshab, y forz6 al Shah de Persia á pedir la paz. The lndian Muting of 1857, by colonel Malleson, páginas 25 y 26. • El Mariscal '\Volseley se expre. a sobre este punto así: " Es absolutameu· te indispens!lble en el desierto que toda columna tenga caballería que asegme el servicio de lo reconocimientos; porque si no tenéis tiempo de prepararos á recibir la carga de los 'rahe~, ::;eréi~ destruí,los. Yo sé que la teoría me enr;;efta qne una línt-a puede con su ÍL1cgo rechaz •r al enemigo más audaz, y que los teóricos mili. t.1res rechaz:m todas las formaciones eu cuadro. ¡ Pero que Dios ayude á la línea estorbada con las provisiones y camellos que se'\ atacada por los árabes, como aque­llos que cargarou en el Tcb y en Ahu-Klea! Cuando os aproximéis al entmigo es mejor formar un zeribá y colocar en él la mayor parte de los llagajes que podáis; en stguida marcharéis al atal¡ue en nno, dos 6 tres grandes cuadros en escalones, liegún vuestros efectiY'os1 lanzando la ea ballet fa en todas direcciones •••• '' Soldin'' Pocklt Book, p¡gina 341. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y-" DEL ESTUDIO DE LA HlSTORIA PATRIA Páginas dedicadas al Sr. General M. D. M. 711 La virtud más recomendable en un ciudadano es el amor á la Patria. A favor de tan generoso y noble impulso se han llevado á cabo grandes hechos. Lo que más mueve d ánimo á las arduas empresz.s guerreras es el des de ver engrandecida y pujante la nación en donde uno ha nacid . Por eso nos complacernos tan á m en u do en evocar la memoria de los Próceres, porque ellos expu­sieron su vida á los azares de una lucha encarnizada, tenaz y lar­guísirna, sin otro móvil preponderante que el de la libertad y el progreso del suelo patrio. Cuando nuestros sentimientos republicanos se vean combati­dos por la duda; cuando demo más valor á la posesión de nues­tras comodidades quP. al de·eo del bien general, y cuando el can­sancio de los años nos induzca á ser i ndif~.::rentes en la suerte del país, tratemos de recordar un pasado que nos deslumbra con sus glorias y que, quitándonos repentinamente la venda que nos ofus­ca, nos d<:volverá el vigor del hombre que se siente dueño de sus acciones: que ama el bien y sueña con las glorias de la Patria. El Panteón de: nuestros hombres ilustres es el que guarda los restos mortales de tántos valic::ntes corno se contaron en las prime­ras filas del ejército republicano. ¿Qué mayor título para adqui­rir fama que el exponer la vida con osadía por fundar Ja patria ? Por esto se concibe: que el pre tigio militar que surgió de )a guerra de Independencia fuera tan ab · oluto. La sociedad tnton­ces, vacilatlte en su marcha, desorientada del rumbo qut debía to­mar., y dando pábulo á m zquina Je confianza~ q 1e hicieron sur­g; r con torpe liviandad Ja ambiciones per onal s de algunos polí­ticos, creyó cuerdo oponerse á lo que se llamó el militari. mo. Este no era, materi2.lrnent~.; h.lblando, sino el exceso de= fuerzas, que aleccionadas en el campo dr! la guerra, dueñas del indisputable prestigio de su valor y di::;ciplina, paseaban s•1s armas vencedoras de un t-xtremo á otro dt.l territorio libertado. U na rivalidad secreta enardecía los ánimos de los letrados 1 abogados de la Nueva Granada, quienes pretendía11 ver en cades heroico lidiador una amenaza contra el derecho. En su afán por ver mejorada la sociedad, todo lo concedían al buen juicio y pa­triotismo de que se creían ó sentían animado , sin calcular cuánta era la significación moral d-:! los militares para mandar, ni cuál el grado de sus incontables sacri licios *. De de entonces se sembró ---------------- • E'l po!iible qne irsfluyera en mucho á formar este juicio la consi1leraci6n de que fue un grupo 'le hombres de pluma el que preparó el Clmbio político del pds.. VIJI-46 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 714 80LETIN MILITAR '-y--" por los campos de nuestra política esa nociva semilla de }as des­confianzas, que al andar del tiempo produjo la formación de los partidos y el constante soc:avamiento de la e nece· 81ta <1 JOI),'tf at·, Unjo tOtbiS .StlS f'Ol'Jll¡l, ) Jl80Ctl'(~ ct.J fin en JlUC,­tra legis!adóu. ¡, St•rá llPces,tl'Ío recordar cuán \ ru·ouzosa­nwnt e ' ' tol(tcla fm~ la igualuacl a.nte la justicia bnjo ol • uti­~ ·w rég·inwu'Y Parlameuto~, trihnna.le~ de 8eg·unclo orclcn, ju­Jbcli(: ciones extraol'tlinaria& s ~in lazo que ~e anogahau el derecho lo lle\ar {t los justieinhlt>s ú. ~u barra. 11 tal de:-~¡u·ocio de proc climieutos que uu ahogatlo del rP.r pu,lo flecir que la justicia tle sn tiempo· era nn JHIIajc. No e.·i ·tía ninguna. unilhul en la legislación; casi tHntos eócligo COIUO prO\'ÍIIcia • Fue la. n~\'"O!ución la qu6 eu la Dt·claraeióu ele los a á asegtu·ar la. unitbul (le L.t legislauión. ¡En nue~tros día.:::~ totlct.\'Ía los triuuuale:::~ militares no sou, eu tiempo de paz, vestigiod de uua socieds pri vilegia.uas, el clero y la. uobleza, lmjo pretexto de que el u no reza. ha y la otra. com u a tía, relt usal>a tomar part& en Ja~ (jarg·as pública:-\; ésta:::~ recaían sobre el tercer estado, que f11era. de los impuest s reales llebía, por acre<·entamiento, pagat· una f:lerie ién fne predso qne La. Revolución .estal>lecie~· e et uivel de la ley común. Los célel>res decretos tlo Ja. uoehe tlel 4: de Agosto de 17~9 abolieron los impuestos más ubusivos, y mús tarde, en 1793, la. Couveudón arregló equita­tivameute, por •nedio tle un si~tema. de contribuciones direo­tas é iutlireetas, la parte •le calica ,le 1~4S, el su­ft ·agio uuivtwsal, forma \·i\·ieute y cto, el tiem w lle tres años ape­nas de sct·vwio. L · )~ miembro~ de la euseñs 1.~> y 4.u en letras y ciencia , de dootot· e11 llel'ecuo, de doctor en llledicina, de fa.rmaceuta de pr.ime.ra clase, de veteriwuio, ó el título de iuteru't de los llos­italc: i, noml>l'Ha. el diploma superior que se otor~a. á lo~ (liscípulos externos de la e~cuela rle l">nen­teR y Ualz~ul;.ts, la escuela superior de minas, la e~H·nela de ar­tillería marítima, sea el (liploma. snpel'ior concedido por el Instituto nacional agronómico, la e~cuela de los Raras jercen industl'ias de arte qne sean de~iguaclas por un jnra•lo .Jppartamental formatlo de ohreros y Jlatrones. El núrnP-ro de estos jóvenes no podrá pasar en uiu­gnn caso de nn mcclio por ciento del eontingeute que deua in· corporarse para tres años.-Oontinúa. DEL GENERAL PABLO MORILLO (Continúa) Por e te mismo t.icrnpo l\lariiio pretendió ha.tir en detal la~ g-na¡·nie1o!H'S de Oar·ítpa.no, de Ual'iaeo y gnitln sohr·e C.r1mallfí y bloCJnear esta. plaza por tierra y por mar. El 31 de Oc~tulH·e á uwclio día se prt.•t\eutó, á ]a cahe:;m 0() hom ln t~. , del a u te ra. á la cabt~zn. ele sus. tropas, .Sile (}Olido llacía. alg·unas i llClli':-IÍOiteS :'t Los Lhlnos con sn iufanteda y tllt retlucido número íl t~ jiuete~. Anu cucuHlo víveres no le f.tltaron HUHca, los etwneutros <]tle tn,·o con el enemigo 110 dieron resultc.ulo uingnuo satisfat~torio. La. q ui 11 ta di \'JSión, que permant>ció eutre N u t rias, Ohi~pos, etc., durante la forz. La cornuuieacioue · perma~aece n iut{~tTnm· pidas, y el temor de las euferaH~ sa¡ntrecl'r la inundación. Durante el reposo del l-jército collwllcé n11 géll<'l'O de tra­bajo menos peuoso que el que acababa <~í <~n Valeneia una com1sión encarga­da de remetliar totlos estos abusos, y confhwdome enteramente á su celo, juzgué que podía ponel'mo en eamiuo pa.ra. pasar re Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR '-y--' '119 ista á mi ~jé1·cito. Tenía qne recorrer una v·asta ext(msión del país, pero e~te viaje era indispeusa.ule pa.1·a ordenar bien la cawpafía que iha á abrirse. Me traslaclé pr¡.mero á Barquisimeto por el camino re üalahozo, en a bajo las ól'deues Llel Brigadier D. Francisco To­más Mora les. gst.cjefe, · iempre infatigable en sen?icio del Rey, había logr·aclo ya reunir mil cnatt·ocient.o· hcLbitantes de los llanos, totlo~ m ny bien mon taclo .. 1 n~tru ído ·, (lebió eostttl'le i ncn. ettlahlos t.t'.thnjo~. El s ~lllulo B,ltallúll (le Val< fle ~.,., ele reei<~nt~ f,n·mnción, bací· parte d su 1 ivisión Qt )clé al taulP 1 t <~o m p tiempo so completó en t.oclo, que«la.nclo perf~<:tamentt• el}tlil,ata­ban ya 8ecas; durante todo el inderno el enemigo oeupó ~1 San Fernando y á San Juan de Payara, y tle tiempo en tit>mpo (lP-s­tacaha parte de su eaballería llasta üarnag-uán y San .Taime> para obsen·ar nuestras fuerzas. Al principio no hubo siuo al­gunas escaramuzas de poca importancia, cuyo éxito quedó balanceado. A juzgar por la atHhwia que ostentaban Jos rebeJ ~llll toda apa­riencia, annqne Ye ~·tidos cou uuiform •s relega(los ya en InO'la­terra por viPjos. Los habitante. de las llanurm;, de ·Jum brados con tales preparativo~, se ereían .. n s<>gnritlad sol>re la dert-'clm del Apure, y no rlu(lahau de la , · ictoria si las tropas d"l Hey osa­ban preseutar e. Siu embargo, hada la mitad <1" Diciembre cuatro de nuestras clh·i ·iones se ponían en rnareha. para. La Portngnesa con el fin de re u u irse e u el paso del Chorrerón. Justamente en eso momeutos snfrí en üaraca~ una caítla de á caballo tan violt'IJta c¡ne nw imposibilitó para poder ha­cer Ul'iO, durante alg-ún ti ... mpo, ele la. piPrna. izqniPrda. l\le vi obligado {!, gtwnlar canw, y tu\'e <]IIP co11tiar al 1l;tri~cal de campo D. Miguel Latol'l'e t>l mando ele )a vaug-uardia y de la 6egunenc.->fieeucia r .s¡wcto de estoR impmta:iltes fun­ciouarios que, como he dicllo antes, lo son ~·ono en pueblos retiraga floja y deto;virtnada, si aca. o llt>ga.. ¡ Plugnieso á Dios que por tiu .·~ aboliera la perniciosísima prúctie de cobrar dinero por la a:lmiui ·tración de los ~acra.mentos, v •t'(la.· dero ,if ot i ·moque des nto iz· y vilipeudia. el minil;terio del Cura y lt> despoja dé su prestigio moral á los ojos de Jo feli· gr .·e , al pa~o que propaga. entre é-.tos la corrupción y el con­cubinato! • Pero uo l>asta.rá señalar Rneldo {t lo Cnras para fJU6 vivan mode tamente; 1· ju ·ticia. ~· la con veuieucia el •mandan que se pien.·e también en crear nn fl)mlo de pensiones de retiro para los iu\Tálidos del sac rdoci0 ~ctivo á quienes la vPjez y la pohn!za ,orpretHlan é inutilicen en meÚl'J'ocos ruraleR, sin reconl refuta á cada pa'!o: laa excepciouea no coustituytn rf'gla- L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 722 80LETIN MILITAR ~ envejecen, .V env~jecen roaearlos . F11e preciso llesmon­tar ·s<~ y dt=-ja.rse rocita que, totla azort.Mla., tratctb i\ escalar nn cerro qne se alzaba det·echo y descarna(lo sobre la quebrada. No había otro camino sino una senda. mn,y angosta q ne SPrpentealH\ en cortos zig-zag basta la eJe,·adacumhre piramidal. Uouforrne subíamos, el J)rohlema. se complicaba más y más. El suelo de la setHht "e componía de pizarra es uso y costumbre en la mayor parte de lo~ nnéstros, snbe á la cima misma. del picacho, aprovechantlo totl~ la al t11ra p:tra despnés proporciouat· el placer de u u a b:~ja1la correspondiente: a8í las Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 723 agraclable~ emocione~ del tránsito se prolongan ba~ta qne no hay clón(le encaramar~e, como si SL' hnbiesc querido ponPr á pruPha la SPren iclar­m ·uHlo paredón. Al fin •lcl r~coierta aq nella~ e. traiia.s cabl'iolas. - "¡,Y flllién te ha dicho, alcoruoqne, replicó mi cmnpa­ñero dese le lo alto. fllle este camino se ha. hecho para. caminar?" -"Sí, mi arno. el camino e~tí .fierecittJ, pero en h1-1.ja.rulo la otra. mu~sta eutr;:trc~mos en lo llano, qno aunque es un poco pan­tano" o no tieue peligro." -"¡Otra enesta y nn 11a.no ptlntanoso! exclamé desmon· tán(lorne. bn(l'n consnelo! & Y vos clecí:i, ala. ha.qniano, qtte este camino :fierecit() es mejor qnc el qne am;l.n (le arriba?" -'·Sí, señor: el (h~ arl'i balo ba ta.p ll) el monte, y hace tiem­po que no lo componen." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LElUI MILITAR '-y-" -"¡Y qué bac~n el Alealuía eYi­dentenwnte n1ás de malicioso qne de cándido; razón a(licional para clt->jarlo en pacífica po~esión (le su reser\·a. Todo· los ca­minos de la parte baja del Cantóu de Chiqninqnirá. se parecen al que .., '? Ni debe sorprencler la próxima extinción de los pueblos de Bnena\'ista, Muzo y Pu­rip1, cuan1lo á la falt.a de caminos trausitahles se une para des­truíl'los la ausencia ue to(la policía y el egoísmo y la avaricia de los vecinos que po(lrían atajar la ruina, pero que no la per· cibeu 6, ¡co~a extraña! estft.u interesados en ella, como las au­toridncles de M uzo. Bien entracla la tardt~ llegamos á Canipauna, pueblo asta.nte eoucurreucia y mod­miento, Cf-\lebrárHlose los cambios y contrato. pri11cipalmento con Yeeiuo.' de Ohiquinquirá. Canipnnua eneittTTa muchos ele­nHmtos de progreso, y adelantará sin (}ucla si la. suerte le d~­para Alca.lcles como d que hallamo:~ funcionan llo, jo\~en lleno ele patrioti . In'> y clPseo ·ísim ele la f~licicla1l cta ele dos y mn lia legua.:;, en el últ.imo término de unas rio d colina.s d •sct·ecien­tes qne cle,'tle Oa.nip.:tuiH h·ljan iul~ta Hl pie tle la maje .. tnosa serranía cl..-1 Tam brial. el h~hmmos los \·értices blattr¡ necino y erectos de Furat<)ua. Para llegar allú. Pra preciso dar nrt roch~o de casi cinco leg-uas yenclo por el eami11o mpresa lwmé riea, no siendo r.,c~il atr·avesn.r las selnts y desiertos qne ele él nos separa.han. A la mafia.na signiente partirnos,~,. como á las tres ele ht tarcle llegca.mos á la. casa del Sr. P .. ttlilla., donde hnhimo'i de clt•jar las cabalgtt.(lnra.s pa.n\ tra~poner un <'erro qne nol:i tli­vidía del objeto de nuestra excursión. No había camino alguno~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ y fue menester abrir á machete una. pica por entre el hosque: el calor <>ra a.hra~aclor y la. fcltiga no peq neña, pues las lacleras del cerro son en extremo esca r¡)a
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 181

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 182

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 182

Por: | Fecha: 15/12/1900

BocoTÁ, Dicr~WBilB 1 S oa 1900 ·---------------------------- - ~~~~- ---- - -- -- ------------------ ---- Organo del iliiaisterlo de Guerra y del Ejército Son colaborad orea de este periódico los Je!ea 1 Oficiales del I::jérci~'' .A..::ST<> X"V" Director ad honorem Francisco J. Vergara Y. General de lngrnieros, Miembro de Y&riu So­ciedades Cientfticaa :ISTU:t\1.1:. 102 J!Dllil&J~'1Jj~~ k11'. 0 ~41Sl JWTª Jl~®® (10 DE DICIEMBRE) que honra la mem ria del Ilustrísim0 y Re\.·erendísimo Sr. Dr. D. MANUEL JosÉ MosQUERA El Vutpresidentt de la República encargado del Poder Ejuuti'Us co , ·siDERANDO O .te la Iglesia colombiana ha dispuesto honrar hoy de un modo ~special la mern ri.t del ilus trísimo y Reverendísimo Sr. Dr. D. MA:-:UEL JosE .V1.osQUERA, Arzob ispo de Bogotá, por ser est· fecha aniver:, ario de · u f.diecimicnto; Q~ e e te i 1signe va r. ón p o r su profunda ciencia y sus exi­mias Vlrtudc5 preste) incalculables SCn'i c i· >s á )a formación de }a inteligencia y de L1s volunt(\des, ora. con su elocuente palabra en los colegios y en la cátedra, ora con sus admirables escrit s, y ya ta nbién con Si! abnega:ió :1 y mansedumbre á maravilla armoni­Zld.. ls con la cons t..1ncia y ener5ía que en día aciagos desplegó en defensa de los fu e rm de la Rdigión C a t c)lica, b.1se del orden social, DECRP.TA Art. r .o El G >l:>iern 1 de la República se ria dd ilu~tre m irtir y gran defen.or de la Fe, Ilustrí...imo y RevaenJÍ::;im ·J Sr. Dr. D. \1. ~NUlH .. ]osE MosQUERA, dignísimo Arzobisp~ de Bogotá. VUI-4-7 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. '130 80LETIN MILITAR ~ Art. 2.0 El Gobierno presenta al pueblo colombiano como­ejemplo y dechado de caridad y celo apostólico la vida del gran Arzobispo. Art. 3·° Copia auténtica de este Decreto le será presentada al Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. Arzobispo de Bogotá. Dado en Bogotá, á 1 o de Diciembre de 1900. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C. • • JID}j}@~~~l» ~~~o ~~1]; ID>~ 11~®® (ro DE DICIEMBRE) por el cual se tributan honores á la memoria del Sr. Dr. D. AQUILEO pARRA El Yicepresideñte de la Rtpública encargado del Poder Ejecutivo CONSIDERANDO Que ha fallecido en el Municipio de Pacho, el día 4 del co­rriente mes, el Sr. Dr. D. AQUILEo PARRA; Que el finado, por sus méritos distinguidos, de5empeñó por un período constitucional la Pre idencia deJa República, y ejerció­los empleos de s~cretario de Estado y Gobernador Secciona!, y mereció también por su moderación y prudencia la confianz-a de gran parte de sus conciudadanos, como Director político, DECRETA Artículo único. El Gobierno deplora el fallecimiento del meritorio ciudadano y distinguido hombre público Sr. Dr. D. AQUILEO PARRA, y dispone que se tributen los honores póstumos que son de costumbre en casos semejantec;. Este Decreto se enviará en cop:a auténtica á la familia del finado. Dado en Bogotá, á 10 de Diciembre de 1900. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Mini tro de Gobierno, GuiLLERMO ÜUINTERO C. "" Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ '131 SOBRE LA FORMAC I ÓN DE SIRVIENTES APUNTADORES EN L0J. CUERPOS DE ARTILLERÍA Arr~glada del francés para el BJleli11 Militar SEGUNDA P ARTE - J os,rucción e s p ecial La instrucciórl especial comprende: a) Los ejercicios de pun­tería; b) Los de alineamiento; e) Los de corrección de Ja puntería; d) Los de conjunto, y las prueb21s para la definitiva clasificación de los apuntadores. La instrucción especial se dará en cada batería ó grupo de piezas por lo3 oficiales, b.1jo la dirección dd superior res­pectivo. Los ejercicios se ejecutuán primero en el patio del cuartel, empleandJ tantas piezas cuantas sean necesarias: la maniobra en cadc1 caso corre á cargo de lo5 artillero;; designados p:tra desempe- ' ñar las funciones de primer sirviente de la izquierda y segundo de la derecha. Lo3 otros artilleros permanecen observando tras la pieza, hasta que les toca el turno de reemplazar á aquéllos. En fin, para facilitar la vigilancia se reducirán los intervalos entre las. piezas. Primera lección-Puntería con ~1 alza sola Puestas las piezas en batería y colocados los artilleros tras de ellas, el instructor designa cuáles de los soldados desempeñarán las funcione$ de primer sirviente de la izquierda y segundo de la derecha, )es hace ocupar sus puestos, y en seguida indica cuál es el punto sobre el cual se debe dirigir la línea de. mira, mandando: cvn (tal) alza y (tal) desvío, APU:-JTEN. El primer sirviente de la izquierda repite en voz alta los ele­mentos de )a puntería indicados por el instructor, y asesta la pie­za, ayudado por el segundo rie 1.~. derecha. Apuntada la pieza am­bo:; vuelven á su puesto en la fila, en seguida de lo cual los jefes. de pieza verifican la puntería y la rectifican en caso necesano. Antes de a"estar la piez.1, el primer sirviente de la izquierda se asegura de que la culata descansa sobre la cabeza del tornillo de puntería. El instructor indica entonces una nueva alza y otro des­vío, y así continúa la sesión, haciendo que los mismos individuos ejecuten varias veces seguidas diver · as punterías, hasta que todos los artilleros hayan desempeñado las funci,mes de primer sirviente de la izquierda t ras p.lsar por lJs de segundo Je L.t derecha. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 732 BOLETII MILITAR ~ En las primeras sesiones el instructor indicará las aJzas en milímetros, c;iendo más tarde cuando lo hará en distancias con laa voces á (tantos) metros, con (tal) desvío, APUNTEN. Los desvíot los indicará ora á la derecha, ora á la izquierda, conforme sucede en el tiro real. Segunda lección-Puntería con alza y nivel Cuando se haya de disparar á distancias superiores á aquellas que están indicadas en el alza, se hace uso del nivel de punte­ría para dar á la pieza la inclinación conveniente. El instructor dará el nivel al primer sirviente, quien lo coloca en el saco de es­topines, en seguida seña!a el blanco y manda : con (tal) desvío 1 (tantos) grados, APUNTEN. El primer sirviente de la izquierda repite en voz alta los da­tos enunci~dos, coloc'i la corredera del alza en la última división en ésta marcada, introduce la espiga en su canal y asesta la pieza, .auxiliado por el segundo sirvie-nte de la derecha. En seguida, to­rna d nivel de puntería, coloca la corredera en la tdi visión corres­pondiente, aprieta el tornillo de presión, pone el nivel sobre la culata, á plomo, con la flecha dirigida hacia el blanco, y hace que el segundo sirviente de la derecha mueva el tornillo de puntería hasta que las extremidades de la burbuja de aire queden á igual distancií:l de los dos trazos marcados en el cristal. Terminada la puntería los sirvientes se retiran á sus puestos y el jefe de pieza procede como en la lección anterior. Cuando obstáculo; naturales ó artificiales, situados entre la pieza y el blanco, impidan dirigir la línea de mira sobre aquél, mirando por el ojillo del alza, y sí sea posible que el artillero lo vea colocado de pie tras la cular.1, se hará uso del nivel de punte­ría para dar á la pieza la inclinación correspondiente, y la direc­ción se determina por medio del alza y de la plomada. En este caso, al mandato de con (tal) desvío y (tantos) grados, APUNTEN, el primer sirviente de la izquierda repite el desvío in­. dicado y coloca el alza en su canal con la corredera en la divi­sión correspondiente al ángulo de tiro indicado, ó en la última, si fuere superior á la escala de ella, arreglando en seguida la inclina­ción de la caña por medio del nivel de puntería. Hecho esto se coloca algunos pasos á retaguardia de la pieza, se empina, si fuere necesario, hasta ver el blanco, y se sitúa de .manera que el hilo de la plomada que tiene en la mano cubra el -. ojillo del alza y las puntas del guión, y hace mover la contera á derecha é izquie-rda, siguiendo el movimiento del ojillo, hasta que :el hilo de la plomada cubra á la vez el centro del ojillo, la mi­t3d del espacio entre las puntas del guión y el blanco. Como en­ ·.t.onces la pieza está apuntada en dirección, retorna á la culata, ve- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ 733 ri fica la i ncli nací ón de la caña, y la rectifica, si fuere precisf', COIT' el nivel de puntería. Cuando á corta distancia adelante de la pieza existe algún· obstáculo ó relieve que impida el empleo del procedimie11to que acaba de indicarse, la dirección de la pieza se obtiene por medio de dos jalonadores. Para esto dos artilleros ( ó dos estacas) se trasladan á la cresta de la ceja, cima de la pared, etc., manteniéndose á cier­ta distancia uno de otro, el instructor los alínea entre el blanco y la pieza, y sobre ellos apunta el cañón el apuntador. Asegurada la dirección, el ángulo de tiro se obtiene por medio del nivel de puntería. Tercera lección-Alineacion de la pieza sobre una señal á vanguardia Siempre que no se pueda apuntar directamente las piezas so­bre el blanco con la sola alza, ó se tema qne aquél pueda desapa­recer durante la lucha, á lo menos para los apuntaJores, se debe jalonar la dirección primera dada á las piezas. Apuntadas las piezas conforme se ha dicho atrás, el instructor escoge á vanguardia y en dirección ce--cana á la 1 í nea de mira, un punto de referencia netamente indicado y bien visible, y manda: sobre (tal) objeto, JALONEN LA PIEZA. Los primeros sirvientes de la izquierda, sin modificar la dirección de la pieza, determinan el alza y el desvío que resultan necesarios para que la línea de mira pase por el punto de referencia. Para conseguir esto sacart n el alza de su canal, aflojan los tornillos de presión de la corredera y de la planchuela, vuelven á ponerla en el canal, y la bajan ó suben de manera que el borde su­perior de la planchuela coincida con el o~jeto señalado, en cuyo momento ajustan de nuevo la correriera. En seguida mueven la planchuela hasta que la ranura de mira quede sobre el blanco, he­cho lo cual aprittan el re pect·vo torr ill . Los jefc:s de pieza se asegurarán entonces Je que la pieza no se ha movido, y de que la nueva línea de mira pasa por el punto de referencia, ó sea el auxiliar de la puntería. El instructor, en cuanto sea posible, se conforma á la progre­sión siguiente para esta enseñanza: designar primero como punto auxiliar ó de referencia un objeto situado sobre la misma vertical que el blanc-o, clavando convenientc;mente una estaca si no lo hay; después otro colocado sobre la misma horizuntal, y en fin, uno si­tuado en una posición cualquiera con respecto al blanco. Para verificar las operaciones, el inHructor desplaza las piezas ligeramente, hace apuntar sobre el punto de referencia con el alza y el desvío auxiliares antes obtenidvs, y derll sobre A, con lo Ctl'tl b el" tanci.t eutre l¡ s dos c:o• reclrrc1.~ rcsult~rá at mentadOn dos estac¡¡s de gancho clavad.:s rlehnte de las rued;t$. L. D. • Para facilitar la puntería en e)o.te ca~o ~s preferible clavar adelante ó atrb pero en la prolongación del eje de la pieza, tres estacas ele m:aynt á meuor, la ú tima' unoa -5 metroil de la baca (contera), y subre ell11!:, más baja que la crior. Colocad<~ lét re~la de correderu, la correcci611 se h3ce á la voz de corran la •orredera (ta11to.~) miUmetrul 4 la derecha (izquierda). • En el A frica Austral tocla obra l etrte de :1fuer·t. e ~onstruye una trinchcrs i11gluas m A/rica, págiua 146, la dt:~cripci6n del b,.­ll• elt-walo", del Africa Austral. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ cuando esa protección se levanta de improviso sólo para proteger á los no combatientes, mientras que el resto de la columna se bate á campo raso. Pero antes de discutir la cuestión más en detall, conviene hacer notar que, por lo común, este modo de manejar las operaciones es, en suma, la adopción de la defensiva durante el combate, y cuando uno no se bate, la formación de laagers y de z.erihás produce en las tropas el mismo efecto que ]a defensiva, esto es, que aumenta la moral de Jos contrarios. III. Objeciones-El sistema, tan extensamente empleado en muchas de estas pequeñas guerras, de encerrar siempre la columna en una especie de fuerte, ¿tiene efecto moral pernicioso s~bre bue­nas tropas? Este punto es controvertible ; pero lo natural es que todos saquen ]a conclusión de que ciertamente el ejército es inca­paz de combatir con el enemigo á campo raso: por esto muchos jefes experimentados pr~tenden que este sistema ejerce influencia depresiva sobre sus soldados. Sir C. Napier, después de su brillan­te triunfo de Meanee, en el Sind, se vio obligado á construír un un campo fortificado, porque cuerpos considerables de Beluchis se­guían todavía la campaña. Pero él hizo acampar su columna fue­ra del campo atrincherado, temiendo que sus tropas, entusiétsmadas con la victoria, no se imaginasen, con motivo de la ocupación de las líneas fortificadas, que su causa peligraba. La confianza en ]as fortificaciones es una prueba de inferioridad con respecto al adver­sario. Los laagers y Jos zeribás no implican el espíritu de ofensiva. El soldado que todos los días se rodea de estacadas y de obstáculos á fin de alejar al enemigo, llega á creer que, falto de esta defensa, no se puede medir con su salvaje adversario. Si se ve con indife­rencia el factor moral, esta manera de hacer la guerra se reco­mienda en muchos casos. Pero el factor moral no carece de im­portancia. IV. Sitt•acioncs que hacen necesario rl emp/e6 de los laagerr y de los zeribás-Cuando el ~iército regular está paralizado por la e­ponsal i .idaJ de la cus~odia de u~1 gran convoy; cuc.ndo no es si no una e:.colta de sus propias provisiones, los laagers y los zcri­hás son casi obligatorio~, si el enemigo es numeroso y emprende­dor. En las malezas y bosques por donde el enemigo pu\!de avan­zar, arrastrándose sin ser visto, v caer repentinamente c;<'bre la columna, es muy ventajoso rode~r el campo de algunas 'obras de­fensivas. Para resistir á los ataques de hordas fanáticas, ó para atajar los asaltos de salvajes que atacan sin tener en cuenta las pérdidas causadas por ]as armas modernas de precisión, los obstá­culos son inapreciab)eg. Lo mismo aconcece en los países en don­de hay que temer las cargas repentinas de caballería irregular. Pero tal modo de manejar las operaciones no deja de ser, hasta cierto punto, una contravención al gran principio que gobierna todo el éarte de la guerra: el triunfo debe buscar~e en el ataque, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ en la conservación de la iniciativa de los movimientos en táctica como en estrategia, en la adquisición completa de los beneficios del efecto moral, en la torna de una actitud de iniciativa que no hay que abandonar nunca. V. Condicionu necesarias para su construcción- La formación de zeribás y de laagers exige ciertas condiciones. Los zeribás, en la acepción ordinaria de la palabra, son espacios cerrados por talas ó matorrales espinosos. Para formarlos es preciso encontrar en el sitio jarales, bosques ó malezas. Los laagers se construyen con carruajc:c;, y sólo en ciertas pequeñas guerras acompaña á las tro­p- as material rodante. Algunas veces estos sitios ó espacios defensivos transitorios se refuerzan con parapetos formados con los arneses y las cajas de provisiones, con trincheras cu bridoras, etc. Pero el fin de esta clase de fortificación rápidamente improvisada no es tanto (para emplear la frase0logía del ingeniero) abrigar la defensa cuanto oponer obstáculos al ataque. Se trOita de proteger las tropas regu­lare~ contra el choque personal del adversario más bien que contra su fuego. VI. Campañas en las cuales los z.eribás y los laagers han sido principalmtnte empleados- Sobre todo se hizo uso de los zeribás en Jas campañ<>s del Sudán, en donde la táctica del enemigo con­sistía de modo especial en asaltos repentinos de temerarios fa~láti­cos armados de lculZas. De ordinario se encuentran á mano mi­mosas y matorrales. Los bosques espesos de los alrededores de Suakín favorecían la aproximación inesperada de gruesas bandas de enemigos, y la construcción de parapetos era el medio sencillo r evidente de contrariar la táctica de los Madistas. En el Daho­mey, en los vivacs en cuadro, los franceses se guardaban por me­dio de trincheras improvisadas y empalizadas; era, en suma, á modo de zeribás. Estos recintos defensivos se construían espe­cialmente para protegerse durante la noche. Los laagers han stdo una característica especial de la guerra en el Africa Austral y en la América Septentrional. En país descuLierto y en las llanuras los zapadores de la civilización marchaban en grupos pequeños con sus familias y sus bienes colocados en grandes wagones, cons­truídos especialmente para estos países montuosos y faltos de ca­minos; detrás de estos carruajes encontraban una muralla eficaz en caso de ataque. ,i4 n estas condiciones las armas de fuego des­empeñaban un papel muy importante, y los asaltos del enemigo eran atajados y rotos. Las tropas regulares que hacían campaña en estos países adoptaron el mismo método, y les salió bien. Las fuerzas de los Estados U nido!', en sus operaciones contra los Pie­les Rojas, formaban á menudo laagers ó corrales, como se les lla­maba generalmente. Durante la represión de Ja revuelta de Rie1, en 188 5, las tropas del Gobierno construían laagers des pué a Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETII MILITAI ~ f4.1 -de cada marcha. En las guerras contra los Zulúes y Jos Matabe­lés, los laagc:rs se levantaban siempre en cada alto si había carruajes y si se temía un ataque. VII. Sus ventajas especiales. Economía de ~uardias de avan­zada- U na gran ventaja del laager ó del zeribá, es la economía te respaldo, transformarse en una co­lumna exclu Ívamente de combate, salir CUJ.ndo estUVO Jista y .combóttÍr en un terreno ventajoso. Fue sostenida por el fuego de la artillería, que permaneció en el zeribá, y que por consiguiente no dificultó sus 1 ovimien-os. Se puede igualmente citar el ejemplo que sigue, sacado de las campañas contra los indios Pieles Rojas, de un laager forma­do, p r causa de un ataque vigoroso y súbito del ~nemigo, sobre una posición defensiva desfavorable, y que siu embargo salvó á Jas tropas de la destrucción. En 1879 una columna pequeña de caballería., seguida por un tren de carruajes, marchaba hacia el White River Agency, en el Colorado. La caballc:ría, que precedía los carruajes., cayó · nopinadamente, cerca del Milk River, sobre el grueso del ene­migo, y fue obligada á b:.1tirse en retirada. Los carruajes forma­ron apresuradamente, cerca dd río, un laager, que se completó en una de sus caras con los caballos. herido5, los que ultimad~s form¿ron una especie de parapeto. La posición era muy desfc~vo- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 742 BoLETIII MILITAR ~ rabie para la defensa. Sin embargo, las tropas reststteron a1lí por una semana, hasta que fueron al fin auxiliadas; durante ese tiem­po habían recibido cortos refuerzos. Las pérdidas en hombres y en caballos fueron muy considerables; pero la columna se salvó. La experiencia muestra también que zeribás y laagers pue­den levantarse en posiciones del todo favorables, y que los ataques del enemigo, en lo general, se pueden p;ever. En Ginghilovo, en la guerra contra los Zulúes, en lmbembesi y en Shangani, en la guerra contra los Matabelés, la posición de los laagers se escogió á voluntad. En Tofrek, cerca de Suak.ín, en 188 5, el sitio del ze­rihá se escogió cuidadosamente. El enemigo vacila casi siempre en atacar vivacs defendidos de este modo. Por otra parte, empleando esta fortificación improvisada para defender á los no combatientes, las fracciones de una columna de tropas regulares que combaten pueden salir y entrar en pelea cuando lo juzguen conyeniente. Esto pasó en Ulundi, en Tamay y en Abu-Klea. Los franceses, en el Dahomey, dejaban á menu­do sus convoyes al abrigo de defensas improvisadas, y salían de sus zeribás para combatir á su tiempo y en un sitio escogido .. Cuando las cosas pasan de este modo, el iaager ó el zeribá Ji bran á la columna de sus bagajes estorbosos, y, por otro lado, le sir­ven de refugio si la suerte de las armas es desfavorable. X. Facilitan el rep~so de las tropas durante las largas operacio­m ·s-U n ejército q 1Je penetra en los territorio~ de razas díscolas y guerreras tiene á veces necesidad de reposo y de seguridad, sin em­bargo de que el hecho mismo de detenerse es en cierto modo una confesión de debilidad. El enemigo 1deduce que es falta de fuer­za, y cobra valor. En un alto, las tropas regulares están muy ex­puestas á los ataques de los adversarios, á quienes esa momentánea inacción infunde atrevimiento. Las tropas nada tienen que temer en el interior de los iaugt!rs y de los z~ribás. Cuando las tropas tie­nen realmente necesiJad de reposo, el tomar una actitud defensiva y también de defensa pasiva es legítima; algo más, á veces es hasta obligatoria. XL Cmclusiones gen~rales -Se podrían añadir otros podero­sos argumentos en f.1vor de e:,te método de ha ... 'er b guerra . .En much.ts campailc1s de estos últimos año·, la práctica ha sido inva­riablemente furmar el laagt r y el zeribá todas las veces que las tropas se deren tan por la noche ó por un lapso más largo. En el Dahomey, en el Zululanci, entre lo3 Matabdés, en la expedición contra Riel, y en d Asia Central en muchos casos, las tropas regu­lares han adoptado este sistema, conf,Jrmándolo á las circu nstan­cias diversas con grande éxltl). Algunas persona<> piensan que tiene un efecto depresivo, y t e men que influya sobre la moral de las tropas. Pero si no se abus t, si se recurre á él en casos de necesi­dad; si no se consiente que consumc1 las energías ó dificulte una Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoL~TIII MILITAR ~ acc10n ofensiva juiciosa, hay mucho que decir en favor de este sistema militar que protege las provisiones de un ejército y le permite algún descanso. XII. Los zerihás pueden servir de puestos defensivos en la lín~4 de comunicaciones, ó ie depósitos de víveres para un tjército en mar­cha- Con el tiempolos zerihás se transforman en pu tos defensi­vos. Cuando la columna avanza, los zerihás de la retaguardia for­man las etapas de la línea de comunicaciones. Algunas veces t~mbién el empleo de los zeribás es un medio de hacer a\·anzar las provisiones á la cabeza de un ejército en marcha. En 1885, cuando se resolvió partir de Suakí n hacia el Sudoeste, un convoy, fuerte­mente escoltado, se envió con orden para las tropas de construír un zeribá en el cual se debían dejar las cargas, bajo la protección de una parte de la escolta. Las tropas volvieron entonces á su base con los animales de transporte. El zeribá se establ ció, á pesar de que hubo que rechazar un furioso ataque cuando apenas estaba medio construí do. En seguida, durante varios días, se envia­ron allí convoyes hasta que hubo provisiones suficientes para per­mitir á la columna seguir adelante. En esta emergencia el zeribá sirvió primero de depósito de víveres y luégo de punto fortificado sobre la línea de comunicaciones, cuando el ejercito pasó adelan­te. Este ejemplo demuestra bien un aspecto Je lo que puede lla­marse guerra de /a a gen y de z.er·ibás- Continúa. SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continuación) En estns ejerc1c:os se fija la atención en la destre7.a de Jo conductores y la manera como dirigen sus piezas, pero no se des­cuiJa lo que concitrne al servido de los caíione., y se exige de los sirvientes una ejecuciJn en cierto modo maquinal, á fuerza de cos­tumbre, de sus diferentes funciones. Los sold2dos no deben omitir ninguno de los detalles que com­prende la carga, tales como cercicrarse de la buena posición de Ja es­poleta, tomar y colocar el e<>top1n, apuntar pronto y correctamente la pieza sobre el objeto indicado, disponiendo el alza según la dis­tancia. La puntería se verifica frecuentemente por los oficiales. ·Todas e tas maniobras se ejecutan de la misma manera en las baterías á caballo que en las montadas, salvo que en las primeras las evoluciones de abtheilung son m u y raras, y pueden, en el caso de que faltara el tiempo, demorarse para el período siguiente. Al mismo tiempo se continúa activamente la instrucción de los apuntadores, de suerte que al fin de este período se pueda apre- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIII MILITAI ~ ~iar con bastante exactitud la suficiencia y las cualidades particu­lares de cada uno. Así pues, en este momento es cuando se efectúa la repartición por pieza de todo el personal de la batería, esforzán­dose por destinar á las diversas bocas de fuego hombres que valgan, en cuanto sea posible, desde el punto de vista de la destreza, fuerza, inteligencia, instrucción, moral, etc. Esta repartición queda luégo tomo definitiva hasta el fin del año de instrucción. 6. 0 Paso de una zanja c~n una pieza enganchada--Se empieza por hacerlo ejecutar á los caballos de silla y de tiro, éstos sin en­ganchar, pero reunidos dos á dos ; después por parejas con el ata­laje. U na vez que los animales saltan resueltamente, se les hace abordar el obstáculo enganchados. No se abusa de este ejercicio que fatiga el material. Aun en campaña, y por una razón análoga, es decir, para economizar los hombres, los cabdllos y las piezas, se procura no saltar la:; zanjas sino en c;¡so de necesidad absoluta, pues casi siempre es posible atravesarlas con precaución eligiendo sitios cuya pendiente en las orillas es menos rápida y permite descen..Jer á la zanja y salir de ella. N o ob tan te, se considera corno necesa­rio ejercitar de cuándo en cuándo á los hombres y los caballos á sal­var los obstáculos de esta suerte, y por el mismo motivo se hace trepar frecuentemente á las baterías por taludes de pendientes pro­nunciadas, recorrer terrenos arenosos, campos labrados, etc. 7. 0 ApreciaL·ión de distancias por los ojicialts, sargentos y ober­gifreite- Se hJce también tomar parte en ella á los artilleros dota­dos de buena vista y á los apuntadores más inteligentes. Como pr~paración á estos ejercicios se comienza por medir, con pasos de hombres y de c1ballos, porciones determinadas de una luenga línea trazada sobre el terreno y marcada con pique tes de 1 o o en 1 oo metros. U na vez medida esta línea, pueden servirse de ella para comparar y señalar los pasos del hombre y de los caballos á las di-t! rentes velocidade . Despué· se reparte el personal de cada batería en dos grupos, de los que cada uno debe contener hombres monta­dos y á pie. Estos dos grupos se separan en el centro de la línea, ae alejan uno de otro siguiéndola, y examinándose mutuamente determinan ]a distancia que los separa. Estos ejercicios son ejecutados en todos los terrenos, quebra­dos y otros, las grandes vías, etc., de manera que se puedan ex­tt> nder tc1n tejos como sea posible. Se enseña también á determinar las distancias sirviéndose de la plancheta ó por medio de planos. Durante los ejercicios de la batería, ocurre á veces que se hace un descanso, el cual se aprovecht p .ua d.:terminar la distan­cia de tal ó cual punto y se hace ver á los artilleros bajo qué as­pecto se presentan, según la naturaleza del tiempo y la luz de que di~ponen Jos objetos que les son familiares y cuya distancia es exactamente conocida. La vista se acostumbra así á hacerse cargo de estas di versas infl u encías. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y-" '145 Todos estos ejercicios son objeto de la más constante aten­ción. Inútil es insistir sobre la extrema importancia que tienen en la guerra las cuestiones de apreciación de distancias y de reglas del tiro. 8. 0 Aplicación de los ejercicios al tn·reno.-Se aprovechan todas las ocasiones para enseñar á la tropa á disponer las piezas confor­me á la naturaleza y forma del terreno, esto es, á colocarlas de tal manera que, sin entorpecerse unas á otras, se hallen bien cubiertas y en estado de obrar eficazmente. La solución de un problema táctico sirve siempre d-:! ba~e á estos ejercicios, que se van ejecu­tando sucesivamente por pieza, sección, etc., hasta que los princi­pios y procedimientos de ejecución sean imperturbablemente co­nocidos de todos los oficiales jefes de pieza y de los sargentos. La misma práctica tiene lugar con las baterías ó abtheilungen enteros, en los cuales se observan siempre las misma reglas. Así pues, se les pone en los di versos casos que pueden presentarse en la guerra; se disponen las baterías como para so tener un ataque ó cubrir una retirada, atacar ó defender un desfiladero, ó un pue­blo, favorecer ó impedir el paso de un río, etc. En todas estas circunstancias se procura conseguir que los soldados dispongan sus piezas de una manera inteligente, se hagan cargo de la dist~ncia y apunten sobre los objetos que sea más importante batir, según las condiciones del problema propuesto. E 1 ejercicio se termina siem­pre con la crítica del comandante de la batería ó del comandante de abtheílung, si maniobran · juntas varias baterías. En este ú !timo caso no se descuida jamás el explicar á los artilleros de una batería el por qué la batería inmediata, que debe obrar de conciertG con la suya, se ha colocado en tal punto mejor que en otro, sobre qué punto dirige su fuego y por que, etc. Se ejercita tambi~n á las baterías {t alinearse con prontitud sobre una pieza ó una sección dada, establecida en posición. Esto no es, en efecto, sino un caso particular de la aplicación de Jos mo­vimientos éll terreno cuando éste es enteramente llano y descubier­to. Se envía por delar te una pieza ó sección que se pone en segui­da en batería y rompe el fuego sobre el objeto indicado; las demás deben venir entonces á colocarse á su altura y romper igualmente el fuego. Durante este movimiento se procura sobre todo que lo que se mande sea hcch á tiempo, que los toques de clarín sean regulares y se sucedan en el orden deseado; que el objetivo que debe batirse sea clararnent designado,- su distancia apreciada, el género de proyectil que se h 1 r a i n 1 i o en fin, el cañón cuidadosamente apuntado, conforme á la distancia y como si se tratara del tiro real. Para ejercitarse á contrabatir la artillería enemiga se ejecutan maniobras á doble acción: sección contra sección y batería contra batería, y se enseña á los soldados á apuntar las piezas lo mismo VIII--48 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. f46 BOLETIN MILITAR ~ en terreno descubierto que detrás de abrigos y á dirigirlas sobre las bocas de fuego enemigas, ya se hallen inmóvilP.s ó en movi­miento. En estos ejercicios se queman habitualmente algunos sa­quetes de pólvora para dar á los artilleros ocasión de dirigir su puntería sobre los fogonazos de la artillería adversaria. Como complemento de todos estos ejercicios, los comandan­tes de abtheilung emprenden con sus oficiales y sargentos excur­siones ó paseos de reconocimientos (Recognoscirungs-Rite). Duran­te estos paseos se da para resolver á cada uno un pequeño problema táctico, conforme á cuyos datos deben con prontitud elegir posi­ciones para la artillería, c.listribuírla correctamente en diferentes puntos del frente supuesto de las tropas, y determinar la distancia al objetivo contra el cual se trata de romper el fuego. Estos ejercicios sirven de preparación á las pequeñas manio­bras, que la artillería jamás deja de ejecutar de concierto con tro­pas de otras armas, todas cuantas veces se encuentren en la misma guarnición. Basta para esto un simple acuerdo entre los jefes de cuerpo. 9.0 Ejercicios de fuerza-Se unen estrechamente á los ejer­cicios de las baterías enganchadas, y los soldados deben haber re­cibido en tiempo oportuno la instrucción teórica y práctica nece­saria para poder durante el curso mismo de éstas reparar ó cambiar una rueda, reemplazar un afuste roto por el de repuesto, levantar una pieza caída, hacer descender ó subir una boca de fuego por un talud de fuerte pendiente, etc. Se les ejercita también en las mismas condiciones al reemplazo rápido de los caballos ó de los sirvientes muertos, etc. 10.0 Servicio de campaña-Bajo este título encontramos una serie de ejercicios que tienen principalmente por objeto la instruc­ción de los oficiales, sargentos y candidatos á este último grado. Se refieren á la organización é instalación de vivacs, reglas que deben seguirse para la disposición de los caballos, construcción de chozas y de abrigos contra el viento, etc.: el establecimiento de abrigos rápidos se ejecuta, según las indicaciones del reglamento, sobre el servicio del zapador de campaña (Leitfaden for den Unter­richt der lnfanterie in Feld-Pionier-Dienst); las precauciones que deben observarse en el servicio de puestos avanzados y de gran guardia; los cuidados que deben tomarse con los caballos durante los altos cortos ó largos; las reglas que deben seguirse para forra­jear ó en caso de alarma, ó bien cuando una batería debe dar media vuelta en un e&trecho desfiladero ó pasar un vado-para preservar las cargas de la humedad,- etc. En fin, este capítulo comprende además todo lo que concierne al municionamiento de las baterías sobre el campo de batalla, así como la manera de dis­poner las piezas y de ejecutar el tiro en ciertas circunstancias par­ticularmente difíciles.-ContinNa. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoLETIN MILITAR ~ EN EL SERVICIO MILITAR (Continúa) 74'1 Tales son, pues, hoy las cuatro categorías que constituyen excepción á la regla sentada por el artículo 2.0 : "La obliga­ción del servicio es igual para todos." A Cuáles son las circuns­tancias que han infiuído para que este artículo 23 se ha~ a in­troducido en la ley á pesar de la hostilidad de la Cámara! Esto e~ lo que vamos á examinar con ayuda de los debates parlamentarioR. Desde las primeras deliberaciones, y la discu­sión duró vario~ años, la Cámara había claramente sostenido su resolución de separar todo lo que podía aparecer como pri­vilegio. Al Senado, que se obstinaba en querer favarecer cier­tas carreras que juzgaba importantes para la prosperidad in­telectual y moral del país, la Cámara respondía con los mismos votos, con el mismo rechazo. El conflicto amenazaba prolon­garse, cuando el término inmediato uua una. el?cuente declaración que traducía ad­mirablemente el sentimiento general : '' Señol'es, decía él, de­cididos á votar el proyecto de ley obre el reclutamiento, tal como la Oomi ióu del Jército lo ha pre~cntado; pero uo vien­do en este proyecto sino una reforma incompleta n semejante cuestión la última palabra quede al su­fragio universal; no es po ible que el conflicto y la resistencia se prolonguen más largo tiempo. Por otra parte, si persistimos enérgicamente en . ostener la aplicación de este principio, sí la mayoría del partido repuulicano se ha pronunciado siempre ~n este sentido, no es cou al fin exclusivo de re. ponder al senti­miento ue igualdad que est[t en el corazón de la Nación; es, so­bre todo, porque queremos dar al Ejército francés toda la fuer­za material y moral que necesita para llenar su misión. "Sujetando á los jóvenes m á im;truídos al mismo .término de ~erncio que los otros, atlquirir{t fuerza la manera de organi­zar los cuadros audonado por los rebchles á pesar de las baterías y de las trincheras con que lo habían fortificado. 1\Iucllas armas y objetos de equipo que dejaron atrás fueron recogidas por nuestros soldados. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR ~ '/53 Di orden de establecer mejor una de las baterías que el enemigo había preparado y de construír una trinchera sobre la ribera izquierda, para formar así una cabeza de puente que protegiese el paso del río, nuestras canoas y los equipajes que el ejército no podía llevar. Como ignorábamos dónde habían parado los rebeldes, las tropas. tomaron po iciones, y el mismo día una partida de ob­servación, como de dosci8ntos hombres, se presentó delante de nuestro campo. El Comandante D. Antonio Ramos la cargó á la cabeza de su escuadrón, y la puso al punto en derrota; murieron cuarenta de estos desdichados y ciuco cayeron prisio­neros. El Comandan~e Ramos recibió en este encuentro un lanzazo muy peligroso. El 11 la vanguardia marchó á la descubierta, y Páez aprovechó esta ocasión para caer sobre ella tle improviso, con 1,200 hombres de caballería. Las tropas reales hicieron alto al pnu to, y esperaron la carga en buen oruen ; pero su aire de confianza intimidó á los rebelues, quienes se contentaron con desplegar todo el aparato ére~ amcuazaha. la provincia de Bariua por el Alto Apnre. e hacía. urgente pru­veer á la ·eguridad de e te país, tan importante por .·u po ·i­cióu g-eográfica, .-u agricultura. y n IHlllteJ'o. a en itua­ción muy embarazosa para, conciliar tauta.s dificultades, y yo o quería sacrificar el preeio re, según las cir­cum~ tancias lo e1..igiesen. El General Latorre ol>tuvo el mando de estas fuerzas, y partió con orden de hacer construír E-mbar­caciones en esta pro,·irwia, cnya montafíat~~ y ríos ofrecen todas las facilidades de~eables para tal género de construcción. ContÍnÍt• (Continuación) Fue é~ta en su origen un alto estribo de la serranía u el NO., roto al travé por a.lgúu terremoto que dio pa o al 1\linero. Las agua" clel río, que allí e caudalo..,o y corre {t razón de una legua por llora., labraron la rotura basta bajarla al nivel del cauce, cortarulo la peña ,•erticalrnente. El cerro mayor (Fura) mide 625 metros ~obre el río, de lo cuale..:', 100 son una línea perpendicular, determiuáudose clesde este límite. á la cúspicle UJm ligera inclinación hacia atrás, sin má, vegetación que al­gunos arbustos. La. parte posterior del cerro. á trechos mon­tuosa, \.>aja en onclulacioue~ rápidas y cortas dt>jando al descu­bierto la altiva cresta del coloso, descarnada y eu forma de un inmenso bonete coronando una pirámide irregular. El cerro meuor (Tena) mide 380 metros del pie á la cima, cortado per­pendicularmente sobre el río, y formando sn espalda un plano inclinado ondulante, que comienza á un tercio de la altura de la cnml>re, dL~jánertura 2,500 metros de espacio arriba, y 500 metros en la base. El ce­rro cortado mide 3,531 metros ue altura, y las paredes del bo­querón descansan en muros perpendiculares de 1,050 metros de elevación, formado cada cual por una sola roca de gres. Narla puede ser comparable al supremo esfuerzo de la naturaleza para romper así aqnella enorme masa de rocas que parecen creadas para resistir las mátl violentas conmociones; el ánimo se sobrecoge al con iderar la. magnitud del poder puesto en ac­ción para vencer tamaño obstáculo, y se admira la oportuni­dad con que la mano del Creador abatió la estupenda barrera á fin de dar libre paso ft los dos ríos, que de otra manera ha­brían inund ~Hlo toda la comarca, detenidos en "'u curso por al­tas serranías capaces de resistir inmobles cualquiera presión ele las aguas. Como el día se nos acababa tratámos de regresar tempra­no á tomar unestras cabalgaduras y nlcanzar el pueblQ no muy entrada la noche; mas en la penosa. faena de escalar á pie el áspero y montuoso cerro que uo separaba de la l'~ ta.ncin del Sr. Padilla, gastamo el resto del día; y el dueño (le la. ca a, anciano respetable, amable y frauco, qne en aquella ~oledad vive patrüircalmente rodeado de sn!-l hijo, y nietos, no uos permitió seguir, dándonos "n mesa y hm~pedaje de una mane­ra tan cordial que r.()era posible r~hmmr el oportuno beueficio. Hablámosle del Otro .rTnndo. H He estado en él," nos dijo, y no pudimos menos de son reírnos por lo estl'am bótico del quid­pro- quo: ''es un vecindario n bienes indu:->triales, pero ricos en mina de sal, cobre, plomo y hierro, en madtwas lle toda especie y en terrenos fórtile f<.tvorecido:.i por temperaturas muy variadas desde 180 á 290 del centígratlo. La población de entrambos Distritos no pas de 2,100 habi ·tntel!J, que esparcido en un va to territorio apeuas m< rcan la huella. iua.cioues invente acerca de la opulencia quo Dios tiene reservada {l, estas comarcas siugu­lares, va to recipiente de riquezas infinitas que se acumulan en silencio, esperando á sus futuros señores. Tierra como esta no ha. sido creada sin graudes designios; y Jos desíguJos de la Pr-ovidencia no son instable corno los proyectos, ni efímeros como las generaciones del hombre. Poco más de dos leguas al N. cbas *. El bueno, el ilustrado, el benéfico fraile Bartolomé de Las Oasas redujo también á cenizas lo" monumentos y cró­nicas de Chiapa, con intención de perjudicar al Diablo, siendo así que Bólo á las ciencias y á la historia antigua de América pe1judicó. Todos erau igual s en este punto: todo nutridos con las ideas bárbaras y asoladoras de la Inquisición; y por cierto que si el Diablo los vio alguna vez en el afán de qu •mar los auales y documento americanos, Jejo" de enojar 'e hnbo de aplaudir á Jos ~jecutore"', pue to que trabajaban en beneficio de la ignorancia, verdadero y acaso úmco Diablo, cau a de los crímenes que deshonran y
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 182

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 1 y 2

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 1 y 2

Por: | Fecha: 12/01/1901

Boletín Militar __..DE COLOMBIA~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA MILITAR COLOMBIANA BOLETIN MILITAR Orga'lo del JV{i'listerio de Guerra y del:Eiéreito DIRE.CTOR AD HONOREM Qenertll1e Inrenieros, llitmbro de nrias SOi1edal1a CtentJ..tl.•n / SEGUNDA EPOCA-Jt:ÑO V-TOMO I Números 1 á 26, de 5 de Enero á 29 de Junio BOGOTA IMPRRH'l'A DE VAPOR-CALLE 10, NUMERO 168 l~OJ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. l~diee del 5}foJl1o (.o SERIE II Números 1 á 26-Enero á Junio de 1901 OFICIAL Brigada de la Plaí'a. Relación de las b tia compra­Págiua das por la C mandancia 11ilitar de la Plaza, por mandato del Mini ·terio de Guerra....................... '161 Relación de las be tias entregada para sen·icio d tropa , por la Comandancia Militar d la Plaza 162 y 194 omandancia Militar de la Plaza. Informe clel J fe d 1 Bala/Ión Arlz'l!tría Rodada. Combate de M sagrande. 68 DECRETO Decreto número 1. 0 de rgor, sobre honores á la me-moria de] . r. General D. Próspero Pinzón............. 2 Decreto número 2 ele rgor, por el cual • recompen-an los servicio del General Próspero Pinzón en la personas de su viuda é hijos............................... 6 Decreto número 1.0 de 1901 (del Jefe ivil y Militar de Cundinamarca ), por el cual se honra la memoria del Sr. General D. Próspero Pinzón.......................... 4 Decreto número ... de 1 goo, por el cual se crea un Círculo militar................................................ 65 Decreto número ... de rgo 1, por el cual se hace un nombramiento. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 66 Decreto número ... de rgor, por el cual se hace un nombramiento ................. ,........................ 66 Decreto número ... de 1901, por el cual se hace un nombramiento................................................ 67 Decreto número ... de rgor, por el cual se dispone la incorporación del Batallón Rz'caurle al Ejército 1 a-cional.. ......... ... ........... .. .... ... . .. . .. ........ .. ...... ... . 67 Decreto número ... de rgor, por el cual se dispone 1& Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. VI 1 BOLETL. :MII.IT AR DE COLO:\IBIA formación del medio Batallón Rodrfgurz ... ............ . Decreto número de 1901, por el cual se dictan varias disposiciones (sobre orden público) ...................... . Decreto número 61 de 1901, por el cual se 1·egulariza la circulación de los billetes de $ 50, fabricados en la Litografía del Sr. Otto Schroeder ................... . Decreto número 49 de 1901, por el cual se confieren varios ascensos .............................................. . De~reto número_46 de 1901, por el cual se hacen va-rios nombramientos ......................................... . Decreto número .. ·. de 1901, por el cual se hace un nombramiento ............................................... . Decreto número ... de r 90 r, por el cual se hace un nombramiento ................................................ . Decreto número .. . ~e r go 1, por e 1 cual se hace un nombramiento ............................................. . Decreto número ... de 1901, sobre unos reconocimien-tos ( militares inválidos) ................................... . Decreto número ... de 190 r, por el cual se reforma el de 23 de Noviembre de rgoo (reorganización del Batallón I.0 de Arll'!!ería ) .. ............................... . Decreto número ro de 1901, por el e al se concede una pen ión de los fondo dell\Iontcpfo Militar (al Sr. José 11. Pardo R.) ......................................... . Decreto número 105 de 1901, por el cual se fija la in­teligencia del artículo 2. 0 d la Ley 39 de 1896 ...... Decreto número 212 de 190 r, por el cual e introducen re~o~mas <'n los procedimientos judiciales en materia crrm1nal ....................................................... . Decreto número 3 ( bt's), del Comandante en Jefe del Ejército del Atlántico, que impone una contribución forzo a á lo desafectos al Gobi rno ................... .. Decreto número 141 de 1901, por 1 cual se aprueban los marcados con los número 2 (bis) y 3 ( bú ), del Comandante en Jefe del Ejército del Atlántico ....... . Decreto número ... de rgo 1, aprobatorio de otro dic-tado po1· el . r. Jefe Civil y Militar del Cauca ........ . Decreto número 98 de rgor, por el cual e reorganiza la Columna de Occidente ................................. . Decreto número 101 de 1901, por el cual se org;¡niza la 6." División del Ejército ................................ . Decreto número 2 (bis), del Comandante en Jefe del Ejército del Atlántico (reorganiza ión de dicho Ejér-cito) ................. .......................... ................. . Decreto número 323 de rgor, por el cual se aumentan unas asignaciones (Comandante en Jefe, Jefe del Es­tado Mayor general y Comandante Militar de la Plaza) ........................................................ . Decreto número 324 de rgor, por 1 cual se honra la memoria del r. General antiago Buriticá .......... .. Pági?ta 68 97 98 100 100 101 101 101 129 130 1 3 l 193 225 226 227 257 258 259 261 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ' IXDICE DEL Tü:\IO I-SERIE 11 v¡I Página Decreto número 326 de 1901, por el cual se suprimen algunas asimilaciones militares........................... 386 Decreto número 327 de 1901, por el cual se hacen va-rios nombramiento . . . . . . . . . .. . . . . . . . . .. . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . 387 Decreto número 328 de 1901, por el cual se hace una incorporación (el Batallón Canal en la 8."" División). 387 Decreto número 329 de rgor, por el cual ~e incorpo-ran dos Batallones en las fuerzas nacionales ( Tequm-dama y I. 0 de La Mesa)............... . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . 388 Decreto número 352 de 190 r, por el cual e hace un nombramiento (Ministro de Guerra)..................... 417 Decreto número 257 de 1901, por el cual se organi-za una expedición ( sobre la región de San Juan de Rio eco)........................ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 418 Decreto número 258 de rgor, por el cual se segrega un Cuerpo del Ejército de Boyacá (Batallón Sucre) y se incorpora á las fuerzas dependientes de la Co-mandancia en Jefe del Ejército........................... 418 Decreto número 267 de 190 1, por el cual se incorpo-ra un Batallón al Ejército Nacional ( Batallótt Car-doso á la 5." División)....................................... 419 Decreto número 276 de rgor, por el cual se aprueban varios Decretos dictado por el Jefe Ci \'Íl y Militar de Bolívar..................................................... 419 • Decreto número 284 de 1901, por el cual se crea un Círculo :Militar (el de Zipaquirá) y se hace un nom-bramiento...................................................... 419 Decreto mímero 303 de 1901, por el cual se incorpo­ran unos Cuerpo al hjército Nacional (Batallones Colombz'a y T/radorcs y los tres Escuadrones de Zipa-quirá)........ .. . .. .. . . . . . . . . .. . . . . .. . ... . . . .. . . . . ...... .. . ...... 420 Decreto númet·o 35 3 de 1901, por el cual se adscribe al 1.\tlinist rio ele Guerra la Jefatura Civil y Militar del Departamf'nto de Cundinamarca....... .. . . . . . . . . . . . 449 Decreto número 355 de 1901, por el cual se nombra Jefe Civil y Militar de Antioquia..... . .. .. . .. .. . . ... . . .. 450 Decreto número 357 de rgor, por el cual ~e encarga á un Jefe de la Dirección de la Policía Nacional y se hace un nombramiento..................................... 450 Decreto número ... de 1 go 1, por 1 cual e hace un nombramiento................................................ 45 I Decreto número ... de 1901, por el cual e encarga á un Jefe de la 'omandancia en Jefe del Ejército...... 45 I Decreto número ... ele 1901, por el cual se reorganiza un Bata1lón ( Guard1'a d~ Bogotá, antes Depósito)...... 45 1 Decreto númcrb 420 de 1901, por el cual se confiere una autorización al Ministerio de Guerra (aumentar los sueldos militare ). .. .. .. . .. . .. .. . . .. .. . .. . .. .. .. .. .. . .. . 537 Decreto número ... de rgor, por el cual se restablece la 4·& División del Ejército................................. 538 . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. VIII 1 BOLETIX :MILITAR DE COLO~IBIA Págma Decreto número 502 de 1901, por el cual se aumentan los sueldos y raciones del Ejército de la República... 569 Decreto número ... de rgor, por el cual se crea un des-tino y se hace un nombramiento.......................... 6o1 Decreto número ... de rgor, por 1 cual se hacen una asimilaciones y se asignan unos ueldos.. ... . .. . ... . .. .. 602 Decreto número ... de rgor, por el cual se incorpora un Batallón en las fuerzas nacionales ( Batallón Pz·_ chincha en la 8.n. División)................................. 602 Decreto número ... de 1901, por el cual se hace una promoción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6o2 Decreto número ... de 1 go r, por el cual se crea un Cuerpo de Guardia Cívica y se nombra Jefe de él... 6o3 Decreto número ... de rgor, por el cual se hace un nombramiento............................... .................. 6o3 Decreto número de rgor, por el cu~l se nombra Habi-litado de un Cuerpo.......................................... 6o4 Decreto número ... de rgo r, por el cual se incorporan varios Cuerpos á las fuerza nacionales (Batallón Brú:eiio; Compañías sueltas de Guayabal, Agualar-ga y Madrid; y el Piquete volante de Soacha ).. . .. . 604 Decreto número ... de rgor, por el cual se dispone la organización del Ejército de Re erva, se llama al servicio activo á un Jefe y se le destina... .. .. .. .. . .. .. 6o4 Decreto número ... de 1 or, por 1 cual s hace un nombramiento ....................... :............. ........... 6os Decreto númer 473 de I9(>I, por 1 ual e hace un nombramiento................................................ 6os Decreto mímero 474, por el cual ·p hace un nombra-miento................................. ..... .................... 6o6 Decreto núm ro 477 de rgor, por el cual se forma un Batallón con 1 personal de dos E uadrone (Bata­llón Juan José Neira con 1 s E cuaclrones anlos y Neú·a). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6o6 Decreto número 485 de 1901, por 1 cual refunde un Batallón en otro (el Cardoso n ~1 G/rardot ).. . .... . .. . 6o6 Decreto número 4 7 d r go 1, por el cual refunden en uno do Batallones ( Tú·adores y Pú:lu'nc ha ), e llama al servicio activo á do Jefes y se les destina. 607 Decreto número 497 de rgor, por el cual se hace un nombramiento................................................ 607 Decreto número 497 ( b/s) de rgor, por el cual se hace un nombramiento....................... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6o7 Decreto número 503 de rgor, por el cual se llama al servicio activo á varios Jefes y se les destina.......... 6o8 Decreto número SS7 de Igüi, por el cual se restable-ce la navegación en el Alto Magdalena................ 642 Decreto número 6oS de 1 go r, sobre honores á la me-moria del Sr. General Manuel Casabianca............ 666 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 I.t TDICE DEL TO.MO 1- SERIE II Decreto número ro r de I go r, por el cual se honra la memoria del Sr. General Manuel Casabianca ........ . Decreto número 627 ( b/s) de 1901, por el cual se dic­ta una disposición especial sobre prestación y pago del servicio de transportes concernientes al Ejército. Decreto número 632 ( b1s) de 1901, por el cual se or­ganiza accidentalmente una División (Dzvúión Nára) Decreto número 646 de 1901, por el cual se hace una promoción ..... ............................................... . Decreto número 647 de rgor, por el cual se honra la memoria del Sr. Genet~al Pantaleón González 0 ..... . Duelo Nacional .................................................. . Discur o del 'r. Ministro de Guerra, pronunciado en el Cementerio el día de la Peregrinación á la tumba del Genet~a] Pinzón .......................................... . Homenaje oficial al General Pin:~.ón. Discurso pronun­ciado en 1 Cementerio por el Ministro de Guerra, Dr-. José omingo Ospina C ............................. .. Honores Militar s (al General Nemesio Quiñones) ... . Honores al Cn. ncral Casabianca (Discursos de los se­ño:~ c.s D. Lot·enzo Marror¡uín y General Juan F. Po- ·ada ) .................. ....... ........................... ...... . Mement0 ........................................................ . Muerte (La) de un héroe ................................... .. Nuevo .. 1ini trode Gu 'ITa ................................. .. Orden general del 16 de Enero de 1901 (sobre com-portami nto d 1 Batallón Artillería Rodada) ........... . Ord n r;encral dt 1 3 de ~!ayo de rgor (relath·a al Jefe de la 3·& 'ivfcsa d l Estado Mayor general) ........... .. Proposición del Consejo de E tado, sobre honores á la memoria d e l r. en eral D. Próspero Pinzón ......... Proposición del Consejo iviunicipal de Bogotá, sobre honore:-. :i la mt:moria del Sr. General D. Próspero Pin/:ón ................................... . .... ................. . Prvposición del Consejo de Estado, sobre honores á la memoria del r. General Manuel Casabianca ........ . Palo1le,<;ro.& u~ yi, odio de la inr,1Qrtal JOrnada. Fatigas de la 4· Dlvlslon ............................................ . Reorganización del Ejército. Militarización del territo-rio ........................... ................................... . Resolución número 1. 0 del Ministerio de Guerra, rela­tiva al Decreto nt' mero 15 1 de IgüO, sobre aumento de st. Idos militares ...................................... .. Servici'.) h cai del Ejército. Consultas y resoluciones .. . Sueldos militar s. Racione de tropa ..................... .. Tráfico de mulas ............................................ ···· IX Página 667 729 730 731 731 66g 6 539 670 634 9 417 70 538 5 6 667 635 13 194 6o8 610 353 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. X BOLETÍN MILITAR DE COLOMBIA DCJOTRINAL ARTE MILITAR Pdgina Abrigos de vivac................................................. 194 Artillería (La ) de campaña.................................. 292 Combate (El) defensivo .............................. 289 y 361 Desarrollo de los grandes ejércitos......................... 81 1 Escuela superior de guerra argentina..................... 228 Estudio de la batalla de Austerlitz.......................... 487 Espíritu de un artículo de la ordenanza...... .. .. . . . . . . . . 102 Ejército (El) Burgher ( Boer ): su mérito y sus defectos 522 Espíritu (El) militar de una Nación. ( Discurso del P. D~dón):~ ................ ..: ........................ 732, 761 y 793 Fortif1cacwn de campana..................................... 39 Guerra de Secesión. El General Pope. 505, 543, 579 y 707 Infanterías (Las dos) que combaten en el Sur de Africa 679 [nforme sobre el Ejército alemán. 203, 239, 336, 370, 46 3' 55 2' 7 5 3 y. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 8 5 Instrucción sobre la formación de sirvientes apuntado-re~ en los Cuerpos de Artillería .................... 42 y 8o Igualdad (La) en el servicio militar........................ 182 Juramento (El) á la bandera................................. 520 Manual para la preparación de la Compañía al· com-bate .................................................. 17, 70 y 106 Marchas y campamentos ............ 45, 132, 207, 247 y 427 Mando (El) y la iniciativa................................... 1 14 Maniobra y servicio de las piezas de la Artillería Ro- -dada............................................................ 188 Marchas y combates según los reglamentos argentinos 263, 3 IO, 332, 363 Y· .. · ...... ·· .. ···· .... · ..... ·· .... ······ 390 Necesidad de estudiar la Geografía y la Historia ele América........................................................ 643 Napoleóo. La última jornada................................ 745 ociones de Geografía militar. Teoría del terreno. 452, 473, 513 539, 575, 6r8, 648, 674, 701, 737 y... 770 Operaciones militares de la época........................... 244 Preparación de la 'infantería alemana para el comba-te ......................................................... 137 y 163 Principios generales de c . trategia y de táctica en las pequeñas guerras. 33, 83, 149, 176, 198, 232, 269, 305, 326, 356, 396, 420, 458, 477, 5 r8, 548, 586, 614, 656, 683, 705, 741, 777 y............................ 8o6 Procedimientos ( Los ) ele combate de la artillería 388 y 434 Porqué (El) de una catástrofe... . .. . . . . . .. .. .. .. .. . .. . .. . .. 57 I Programa para la instrucción en nueve meses de los · contingentes de los Cuerpos de Artillería de monta-ña y á caballo.............................. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 697 Progreso (El) oe la guerra................................... 766 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. fNDICE DEL TOMO I-SERIE Il XI Página Reglamento mexicano para el sernc10 de campaña 437, 460, 484, 715 y........................................ 749 Servicio de Estado Mayor ............................ 2 7 3 y 297 Sindéresis napoleónica......................................... 61 1 Servicio protector durante el reposo .......... 301, 321 y 353 Táctica de combate de la caballería....................... II8 INSTRUCCION Combate (El) defensivo .............................. 289 y 361 Escuela superior de guerra argentina..................... 228 Espíritu de un artículo.................................. . .. .. . 102 Ejército (El) Burgher ( Boer ): su mérito y sus defec-tos..................................... ... . .. . . . . .. . . . . . . . . . . . ... 522 Espíritu (El) militar de una Nación. (Discurso del P. Didón ) ............................................ 732, 761 y 793 Guerra de Secesión. El General Pope. sos, S43, 579 y 707 Infanterías ( Las dos) que combaten en el Sur de Afri-ca..................... ............ ........ ......... ............. 679 lgualdad (La) en el servicio militar........................ r 82 Informe sobre el Ejército alemán. 203, 239, 336, 370, 46 3' S S 2 7 S 3 y.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 8 5 Juramento (El) á la bandera............................... S20 Marchas y combates según los reglamentos argentinos 263, 3 ro, 332, 363....... . ... . . .. .. . . .. ... ... . . .... .. . .. .... 390 Mando (El ) y la iniciativa................................... II4 Napoleón. La última jornada................................ 745 Preparación de. la infantería alemana para el comba-te ...................................................... 137 y 163 Preparación de la compañía al combate, 17, 70 y ro6 Progre. o (El) de la guerra...... .. . . .. . .. . . . .. . .. . . .. . . . .. .. 766 Porqué (El) de una catástrofe.............................. 571 Reorganización del Ején;ito. Militarización del territm·io 13 Reglamento mexicano para el servicio de campaña 437, 460, 484,7 IS y ..................................... · ... 749 S~1·v~cio _de Estad~ ~ayor ....................... 273, 297 y 460 Smck:res 1s na¡.nleomca.............. .... . .. .. .. .. .. . .. .. . .. . . .. 61 I Estrategia y t:ictica en las pequeñas guerras ( princi-pios generalc.:> ), 33, 83, 149, 176, rg8, 232, 269, 305,326,356,395,420, 4S8,477,5I8, S48, s86, 614, 6s· , 683, 705, 741, 777 y........................ ... .. .. .. 8o6 Estu io d..; la batalla dt! Au terlitz...... .. . . .. .. . . .. . . . . . .. . 487 11archas y campamento 4S, 132, 207, 247 y............ 427 Operaciones militares dt! la época..................... ..... 244 Servicio protector durante el reposo 301, 321 y......... 353 Táctica de combate de la caballería.................... . .. 1 18 ARTILLERÍA Tlro y fortificación de campaña.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . I 94 Artillería ( La) de campaña... . .. .. .. .. . . . . .. .. .. .. .. .. .. 292 á caballlo. Opinione chilenas.............. . .. . 8 I S Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. XII 1 BOLETL' :m LITAR DE COLO liBIA Página Fortificaci6n de campaña...................................... 39 Instrucci6n sobre la formaci6n de sirvientes apuntado-res en los Cuerpos de Artillería .................... 42 y 8o Informe del Jefe del Batallón Artillería Rodada. ( Véa-se Oficz'a.l) . ................................................... . Maniobras y sen·icio de las piezas de Artillería rodada. 188 Proccdim'entos (Los) de combate de la artillería. 388 y 434 Programa para la instrucción en nueve meses de los contingt.ntes de los cuerpos de artillería de montaña · ;l ca, >all u ................. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 697 GEOGR Flt\ Fronteru. (La) Costarricense .......................... 91 y 96 l\1archa (La) del Valle del Pamplonita al del Lebrija. 128 N u \·a Teografía de Colombia ( vistas, planos y cartas geogd!1cas). I-501,533, 565,597,631,663,695,727 759, 791 y..................................................... 821 Necesi~J~d el e estudiar la Geografía y la Historia de Arn'-r1ra......... .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . 643 Occid ·nt · (El) antioqueño. 621,658, 691, 718 y...... 755 Teorf< del t..: I-r no. (Nociones de Geografía m1litar) 452,473, 513, 539, 57 5, 618, 648,674, 701, 737, 770 )' 799 Viaje á. las r~gione::. equinocciale . 344, 408, 446, 468, 498, 529 y..................................................... 818 Viajes por Mé. ico _ Sudamérica. Nueva Granada. 56 I, 625, 723, 757 .. ·· ..... . ................... ................. . 787 :B:ISTr )R.,T [ Memoria . Jel Gc e ral Pablo 1 f rilo. 15 6 , :.no, 277, 375,401, -1f)2, 591 y..................................... 687 Palonegn} . ........................... 55, 64, 124, 128, 159 y 160 Zumalact~ reO' i. Gu rra civil de ravarra (1834-1835). 21-5, 2."0, 282, 315, 34 I, 380, 405, 443, 49"\ 525 Y... 556 V 1 RIE r.J ...... .<\..DES Casos y e ).as de guerra. Una nube disipc.da............. 318 Dem grafía cundinamarquesa..................... ... . . . . . . . . 253 Errata.... . ............................................... . . . . .. . 630 Frontera (La) Costarricense .......................... 91 y 9n Nueva G'Jgrafía de Colombia 1, 501, 533, 565, 597, 631,663,695, 727, 759 791 )'............................ 821 Occident (El) antioqueño .......... 621, 658, 691, 718 } 7 55 Palonegr o . 1v1archas y combates ......... 223, 224, 255 y 256 Peregrinación de Alpha ............. 219, 286, 347, 413 y 594 Rccreacione. científicas ............................... 190 y 382 Viajes :í l.ts regiones equinocciales. 344,408, 446, 468. 498, 529 Y···················································· 8I8 Viajes por México y Sudamérica. Nueva Granada. 561, ñ25, 723, 757 y......... . .. .. .. .. .. .... .. ... .. .. .. .. .. .... 787 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN ~IILITAR DE COLOMBIA Or¡ano del Ministerio de ¡ Guerra y del Ejército t3on colaboradores de eete periódico lo1 Y lefea y OficiRlee del Ejército ? Director ad honorem F. J. VERGARA Y V. General de Ingenieros, Miembt•o de ~arine Sociedades Cientiflcaa 1BG7-1.0 :CZ Z~E30-t 1901 PROSPERO PINZON Gobernante z'mparci'al; adnzz'mslrador íntegro y dz1igmte; magiStrado juslzdero ~· pttblú:z'sla di's­H11. guido; du.dadano Vl.rluoso_y abmgado; soldado valeroso; aslu.lo guerrz'llero ; Gmeral invzclo. Jife de Estado ~fayor gmeral: Comandante m .fife del Ejército · Mi?zistro de Guerra; fl¡'rtc­lo1 · general de operaciones militares. 1876 -1885 -1895 -1900 Susacón, Chita, La Donjuana, Pan de Azú­car, La Ramada, Cruz Colorada, CAPITANEJO, Palonegro, Cúcula, Capitanes. EL DIRECTOR DEL Boletín M1'll'tar SE ASOCIA RESPETUOS~IENTE AL HOMENAJE QUE LA REPÚBLiCA TRIBUTA EN SU:\IUERTE AL MÁS IL STRE DE LOS SOLDA­DOS CONSERVADORES DE CoLOl\lBIA EN EL S'IGLO XIX. Tmto I-1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2 B oletin JJft"lz'ta,~ DECR.E~1'0 .. VU1VERO I.0 D.E-. I90I (EXERO 1 . 0 ) sobre honores á la memoria Jel Sr. General JJ. PRÓSPERO PL ·z6x .El V/ccpreszdenle de la Rep/tblú:a, mcargado del Poder Ejecut/vo, COXSIDERANDO 1.0 Que hoy ha fallecido en esta ciudad el Sr. General D. PRÓSPERO PINZÓ·, Comandante en Jefe del Ejército de la República; 2. 0 Que el Sr. General PI:-;zox desempenó altos puestos públi­cos, como el de Gobernador de lo · Departamentos de Boyacá y Cundinamarca, Tesorero general de la República, miembro del Consejo de Estado, Ministro de Guerra, jefe de Estado Mayor Ge­neral del Ejército. Comandante en jefe del mismo, y en todos ellos prestó importantes servicios á la República ; 3. 0 Que el r. General P1xzó.· se distinguió desde su juventud por su acendrado patriotL m o, por u amor al bien público, por su ejemplar piedad religio a, por u acrisolada honradez, por su valor y pericia militare · y por otra muchas virtudes públicas y privadas ; 4. 0 Que el General P1xzó,· ·e distinguió como militar de altas y excepcionales dotes, las cuales puso al servicio de la causa del orden en las guerra~ civiles de 1876 y 1877, 1885, 1895 y 1899 y 1900, y en especial en <. sta última alcanzó renombradas victorias ·obre lo enemigos del Gobierno, ntre ellas una que dari á Colom­bia rrloria perpetua ; 5. 0 Que el Gen ral P1.·zó. contrajo la enfe1·medad que le pro­dujo la muerte, en lo~ momento de estarle prestando al Gobierno y á la Patria muy cficace. s n·icio. en su carácter ele General en Jef de los Ejército de la República ~ y 6. 0 Que el ·r. General Pczóx, i pe arde haber hech mu­chos muy granclt s bienes á la :\Tación, obró siempre con desin­tcnEs poca veces io·ualaclo, y mo' ido ólo por u amor á la Patria, DE C R 1!: T.\ .\rt. 1 .0 El Gobierno ele Colombia deplora el fallecimiento del Sr. General Dr. PRÓ PERO Prx~óx, recomienda la vida de este ciudadano como modelo digno de imitarse, y considera su muerte como desgracia nacional. Art. 2. 0 Las Honra. fünebre que han de hacerse al cadáver del General P1x¿Ó. · serán co~teadas por e1 Tesoro público y e e - lebrarán con toda la solemnidad posible. Art. 3. 0 El Ejército y todos los empleado· civiles residentes en la capital concurrirán á dichas Honras. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .Éoletíu JV/z'lz'tar Art. 4.0 Todos los miembros del Ejército de la República Ile­varán luto por el término de treinta días. Art. 5. 0 Durante nueve días consecutivos las bandas del Ejér­cito residente en la capital tocarán retretas fúnebres en la Plaza de Bolívar de esta ciudad. Art. 6.0 Todos los Ejércitos de la República cumplirán las respectivas prescripciones del Código Militar, tributando los hono­res de ordenanza á la memoria del finado General PINZÓ~. Art. 7. 0 Un ejemplar de este Decreto será puesto en manos de la señora viuda y los hijos del Sr. General PINZÓN". Dado en Bogotá, á 1. 0 de Enero de r go r. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C.-El Ministro de Relaciones Exteriores, CARLOS MARTÚmz SILVA-El Ministro de Instrucción Pública, encarg-ado del Despacho de Hacienda, MI­GUEL ABAnlA MÉNnEz-El Ministro de Guerra, JosÉ Do:\HNGO ÜsPI­NA C.-El Ministro del Tesoro, ENRIQUE RESTREPo GARcÍA. DECRETO NUMERO 2 DE I90I (ENERO 2) ppr el cual se recompen an lo ~en· icio del General PR6SPERO PINZÓN en las personas de su viuda é hijos El Vicepresidente de la Rep¡~bli'ca, ~ncargado del Poder .E)eculz'vo, En uso de sus facultarle constitucionales, y CONSIDERANDO 1.0 Que ha fallecido el Sr. General PRÓSPERO PINzóx en cam­paña activa al servicio del Gobierno ; 2. 0 Que en la conciencia pública nacional está la convicción de la deuda inmensa de gratitud que el Gobierno tiene contraída á favor del General PINZÓN, y consiguientemente á favor de su familia; 3. 0 Que ya que 1 Gobierno no pudo premiar como debiera y quiso los servicios del General Pn;z6N, en vida de éste, debido á la modestia y al desinterés que le caracterizaban y que le hacían re­huír todo género de distinciones y recompensas, es muy natural y justo que lo haga con su viuda é hijos huérfanos, á quienes no legó sino su amor á la Patria y sus indiscutibles títulos :í la gratitud nacional; y 4.0 Que es un deber de todo Gobierno retribuír los servicios de los que, como el General PixzÓN, consagran su vida al engrande­cimiento de la Patria, con el patriotismo, desinterés, modestia, abnegación y constancia con que lo hizo el héroe cuya perdida en­lutece hoy al país, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 4 Boletín JWt.l·z'tat DECRETA Artículo único. Del Tesoro nacional se entregará á la viuda del General PRÓSPERO Pr. zÓN la suma de doscientos mil pesos ($ 200,000) para que sea repartida por iguales partes entre aqué­lla y cada uno de sus hijos, todos menores de edad. Esta suma se con iderará incluída en el Presupuesto de Gastos de la vigencia en curso, con imputa:ión al Departamento de Guerra. Publíquese y ejecútese. Dado en Bogotá, á 2 de Enero de 190 I . JOSE MANUEL MARROQUIN El l\llinistro de Gobierno. GuiLLERMO QuiNTERO C.-El Ministro de Relaciones Exteriores, CARLos MARTÍNEZ SILVA-El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, MIGUEL ABADlA ivlÉNDEz-El Ministro de Guerra, JosÉ DmnNGO OsriNA C. El Ministro del Te~oro, ENRIQUE REsTREPO GARCÍA. JJ.ECR.ETO NUMERO I.0 DE I90I (ENERO 1.0 ) por d cual se honra la memoria del Sr. General D. PR6SPERU PINZ6N .E'l Jefe Ovil y Mt"Hiar de Cundinamarca CONSIDERANDO r. 0 Que ha fallecido hoy en esta ciudad el r. General D. PRÓSPERO PINzóx, Comandante en Jefe de los Ejércitos de la Repú­blica; 2. 0 Que el ~·r. General Pt. ·zó. fue distinguido servidor de la República, en la cual desempeñó, siempre con honradez, tino y el más alto patrioti mo los más delicados puestos públicos; 3. 0 Que J Sr. General PrxzÓN sirvió, á contentamiento del pueblo de Cundinamarca, el cargo de Gobernador de este Depar­tamento; -4. 0 Que en lo~ ültimo tiempos prestó el Sr. General PINZÓN servicios inapreciables á la Nación en su calidad de: Comandante en Jefe de los Ejércitos de Colombia, y alcanzó grandes victorias sobre los enemigos del orden público ; 5. 0 Que el Sr. General Pr. ·zóx se hizo notable entre sus con­ciudadanos por su proverbial honradez, por su religiosidad sincera y ejemplar, por su patriotismo nunca desmentido, por sus altas dotes de militar, por su respeto aJ derecho y á la ley, y por otras grandes Yirtudes públicas y privadas; todo lo cual hace que su fallecimiento sea suce o g-eneralm nte sentido, DE C RE 1 ,\ Art. 1.0 El Gobierno de Cundinamarca deplora Ja muerte del Sr. General D. PRÓsPERO P1xzóx, la califica como una desgracia pú­blica, y presenta su Yida como ejemplo di~no de imitación, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar 5 Art. 2. 0 Los empleados del Departamento y los miembros de la Policía Nacional que e!tán bajo la dependencia de la Jefatura Civil y Militar de Cundinamarca, concurrirán á las Honras fúnebres que se harán al Sr. General PINZÓN. Art. 3. 0 Los miembros de la Policía Nacional lle-varán luto por el término de treinta días, en señal de duelo por el fallecimiento del Sr. General PINZÓN. Art. 4.0 Un ejemplar de este Decreto será presentado á la señora viuda y á los hijos del Sr. General PI:-iZÓN, Dado en Bogotá, á r. 0 de Enero de 1901 . ARISTIDES FERNÁNDEZ El Secretario de Gobierno, joaquí'fl .NI. Urz'be B.-El Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda, encargado del Despacho, Davz'd Pontón C.-El Secretario de Instrucción Pública, José Joaquín París. PR OPOSICION El Co11sejo de Estado CONSIDERAXDO Que ha fallecido en esta ciudad el benemérito ciudadano Ge­neral D. PRÓSPERO PINZÓN; Que el General PINZÓN prestó á la Patria inestimables servicios durante su corta pero fecunda vida pública, sosteniéndola con sus heroicos esfuerzos y honrándola con sus virtudes ; Que el Sr. General PINZÓN, abnegado hasta el fin en servicio de su Patria y de la santa causa de sus conYicciones, ha muerto en cumplimiento de su deber como patriota y como funcionario pti­blico; y Que tan ilustre patricio hizo parte de esta Corporación en los años de 1892 á 1894, prestando en e1la el valioso contingente de sus luces y de su noble carácter, RESUELVE Consignar en el acta de este día la expresión de su duelo por la irreparable desgracia que ha sufrido la República con la pérdi­da de este eximio ciudadano, preclaro patriota y magnánimo cam­peón de la civilización cristiana ; y asistir en Corporación á los fu­nerales que tendrán lugar en la Iglesia Metropolitana. Copia de esta proposición será enviada á la señora viuda del ilustre finado. Publíquese. Bogotá, Enero 3 de Igot El Pr~sidente, JosÉ MARÍA GoNzÁLKZ V..-.r.RNCIA-El Secretario tlerardo Puledo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 6 Bo/etiu JV/ilitar PROPOSICIO.lV sohrc honores á la. memoria del Gent~ral PRÓSP:E.RO Pno:ó. El Consejo Jvlumcipal dt Bogotd, dolorosamente impre ionado con la inesperada muerte del benemt­rito General PRÓ PF.RO Pn;7.6~, acaecida ayer en esta capital, RESUELVE 1.0 Laméntase profundamente el fallecimiento del invicto Ge­neral PrNzÓN, como un desgraciado suceso que llena de duelo la República; 2.0 Recomiéndase su memoria y sus importantes y oportunos servicios á la gratitud del pueblo de Bogotá; 3. 0 El Consejo Municipal concurrirá en C01·poraci6n á las exe­quia.:~, que tendrán lugar el \'iernes 4- del presente en la Iglesia Me­tropolitana ; 4.° Comisiónase al Concejcro r. General Rafael Ortiz para que lleve la palabra, en nombre de esta Corporación, en el acto de la inhumación del cadáver; 5. 0 Por Acuerdo separado se dispondrá lo conveniente para la colocación de los restos del preclaro General PrNzÓ. • en t ugar especial del Cementerio público; y 6.° Copia de esta resolución será llevada por una Comisión del seno del Concejo á la señora viuda del ilustre difunto. Bogotá, Enero :,¡ de r go r . El Presidente, c ,,RLO. UGRÓs -El ecretario A11/Mtio JU. Lo7J­dQflo. Homenaje oficial al General Pinzón DISCURSO I'RONúNCIADO EN EL CEJ!ENTERJO POR EL ;\IJ, 'ISTRO DF. GUERRA DR. D. JOSE DO!IIINGO OSPINA C Señores: Con la inteligencia conturbada por ehrudo o·olpe , • .. h que aqu1 nos tiene congregados, á pesar de la comi-sión con que me ha honrado el Gobierno. y del amplio campo á que dan espacio los relevantes méritos del Sr. General PRÓSPERO PrNZÓ)J', las palabras d-:! encon1io. lo mismo que las de lamento, se deniegan á salir de mis labios. La manifestación espontánea de un vehemente dolor no son las lágrimas, nó los gemidos : es el silencio. Obligado á romperlo, no voy á narrar Jos a~tos pechos del Gen~ral PINZ9N, porque el país sabe qu~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo!etí?Z, M-ilitar 7 apenas pisaba los umbrales de la juventud, cuando por vez primera ciñó la espada en defensa de la causa del orden. y que con ella desenvainada y cubierta de lau­reles, ha descendido al sepulcro. ¿A qué recontar esos triunfos que todos hemos presenciado y que si hicieron de PINZÓN el primer adalid de la República. también son esplendorosa muestra del vigor de un alma tem­plada al calor de la Religión y del deber? Tampoco vengo á ensalzar las virtudes del Ma­gistrado. Ninguno de los presentes ignora que lo n1ismo en la oscura Prefectura ele Provincia, que en los más elevados puestos de la jerarquía civil. fue el General Pe~ZÓN n1oclelo de civismo, de abnegación y de honra­dez. Su benevolencia, su parsimonia y su anhelo por el adelanto nacional, lo señalaron como hon1bre capaz ele dar á este suelo querido los días de paz y de progre­so con que soñó la generación que en los principios del pasado siglo enarboló el pendón ele !a libertad. A.yer no tnás lo vin1os aclatnado por el entusiasmo d un pueblo agradecido; ayer no n1ás lo vimos recibir con la humildad del guerrero de Cristo las palmas de laurel que Dios en su sabios designios ha trocado hoy en coronas funerales. Los hechos del General PI ·zóN están escritos en nuestra tnemoria, y la historia los ha recogido para ofrecerlos como ejemplo y estínntlo á las nuevas generaciones. Pretensión ridícula sería querer. con mis descosidas frases, ensalzar lo que por sí mismo está enaltecido. Vengo sólo á depositar en la tumba al malogrado prócer y á dar valor á mi alma atribulada con el re­cuerdo de PINZÓN. Los dogmas de la Iglesia eran el alimento de su inteligencia, y la moral católica la ;;;evera pauta de sus acciones. Pertenecía á la escuela conservadora en razón de sus creencias religiosas, y no por simples lucubra­ciones políticas : por eso, sin elegir nunca el puesto, com­batía en el que se le señalaba; y luchaba en él con tesón y sin descanso, con la fe del creyente, pero sin las ambi­ciones, sin las pasiones del hombre público. Deseaba el éldelanto y la felicidad de su Patria y el bienestar He Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 8 Boletín JV/ilita1~ sus conciudadanos, y para él sólo buscaba la paz en la oscuridad de su tranquilo hogar, y la dicha en el amor de su esposa y las caricias de sus hijos. El odio fue desconocido para el corazón de PINZÓN. N o tuvo siqui~ra el placer de perdonar, porque antes de sentir la herida había olvidado el notnbre del agre­sor. Si no hubiera admirado su carácter, en más de una ocasión me habría burlado de la especiosidad de los pretextos con que atenuaba los ataques y ultrajes de los que le querían tnal. En él todo era buena voluntad, y en su corazón no había quedado nada ele lo que la so­berbia ele los hombres quiere di!::>frazar con el pomposo nombre de dignidad. En su carrera política con1batió con denuedo al adversario, pero tendió siempre la ma · no, generosa, para levantar al vencido. PINZÓN era humilde por temperatnento y por vir­tud : ni la desgracia lo an1ilanaba. ni lo ensoberbecía la fortuna. Jamás hablaba de sucesos que le dieran gloria ó estimación; y si en alguna ocasión se veía obligado á relatarlos, lo hacía de n1an e ra que el n1érito de la acción recayera sobre sus con1pañeros ó subalternos. ToJo he­cho digno de alabanza era obra del favor divino ó ele extraña y oportuna coopera :ión ; en ello no había cabi do parte á su valor, ni á su talento, ni siquiera á su l re­visión. Dios, que sabe que no todos los que defienden la justicia son justos, pide, y á las veces toma para salvar las grandes causas, víctin1as expiatorias- que lieven so­bre sus hotnbros los pecados de la tnultitud. La víctima ha de ser pura; y ¿quién se atrevería á negar que EL no hubiese elegido al inmaculado General PINzÓn con1o ho. locausto ofrecido en aras de la paz y la concordia que diariamente le pedimos? La miseria hutnana no puede adivinar si lo que el mundo apellida desgracia, es en la mano de Dios pretnio ó castigo. Lá n1uerte del General PINZÓN, que es una desgracia nacional, ¿es obra de )a justicia ó de la mise­ricordia divina? El tiempo se encargará de decírnoslo_; pero entretanto acaten1os reverentes los inescrutables fallos de Aquel que tiene en sus manos la balanza en que son pesados los pueblos y las nacionea, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bo/et{n Militar 9 ~difnrial LA MUERTE DE UN HEROE Por natural conforn1ación del aln1a de las nlultitu­des, éstas siempre habrán de sentÍr:ie arrastradas á glo­rificar t0do aquello que las deslun1bra y conrnueve, ó á escarnecer lo qLle les repugna y hace sufrir. Y esa alma, esencialmente simplista en su sindéresis, ora deslun1brada, ora entenebrecida, según que la luz ó la sombra, á su rnanera. destaquen las fi~uras que ha­brán de ser n1iradas por el :a con1o ídolos ó c.omo de· monios, descuida siempre los detalles de la escultura si no resaltan con fuerza, aun cuando sean n1uy dignos de tomarse en cuenta para forn1ar juicio cabal sobre el verdadero puesto que al sujeto debernos asignar: Na­poleón y sus victorias. el dictador Francia y su gobier­no son1 brío, el th\lg Faríngea y su~ crírnenes siniestros, Francisco ele Asís y sus seráficas virtudes. s0n tnodelos que llamarán siernpre la atención del vulgo cuando los halle al paso; en tanto que figuras con1o un Luis de Va­lois el Santo. un Fultrn el padre del vapor, un Turcna el militar metódico, un Warren Hastings el político mal­vado, jan1ás desencadenaron en vida el an1or ó el odio de los pueblos, no perteneciendo sus hechos sino á la pluma del historiador ó á las meditaciones del filósofo. Por ese motivo, cuando se trata del hombre lla­mado PRósPERO PINZÓN, la muititud no Jo concibe sino envuelto por los rayos de fuego y el estruenoo de tremendo batallar, largo, sangritnto y tenaz con1o en PALONEGRO, terriblemente sublime cotno en el asalto de Cúcuta, ó dando golpes de n1uerte como en Capitanes ; ó bién probo y modesto en absoluto en época de co­rrupción, desatentada soberbia y mercantilismo sin fre­no, ó, por otra faz, creyente convencido y observante en un siglo de duda é in1piedad. Y esas cualidades y virtudes de pri1ner orden ~on las que se ensalzan en el periódico, en la ca11e, en la choza del labriego, en tanto que para no$otros muy Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ro Boletí11, Milita1· poco significan, pues pa1ic1ecen ante las que llamaremos heroicas, resultc.lntes del culto del deber sin glt)ria, del sacrificio fructuoso ¡Jero en apariencia oscuro y aun es­téril. Grande vimos á PI "\Z '>_ T en la majestuosa basílica, al doblar humilde la rodilla ante EL para ofrendarle los tributos de una entrada triunfal ; pero grande con gran­deza hun1ana, por decirlo así : dorninónos el cuerpo n1as no el aln1a. En e1 seno de la amistad ganado nos había el corazc)n ; pero sin ofuscarnos la mente con el esplendor de sus victorias, ora pacíficas, ora cruentas, porque entre las flores de las coron:ls así conquistadas no titilab:1n los lurninares del martirio, con1plemento indispensable de las vidas que tienen derecho~ se:· mi­radas con1o ejemplo digno de irr,itación entre los hom­bres y con1o tin1bre de orgullo para el pueblo que las contó en su Seno. Empero, lo que: no virnos en la vida del hombre lo hallamos en su n1uerte. porq1te fue al caer, al pos· trarse en tierra, cuando se hizo in1posible no apreciar su talla de gigante, sus ahora ~í orla, las sienes con la coro­na del n1artirio. Y esa pre"~a á C} u e no prestara atención la n1ultitud. por'lue PL ·z6~ la guardó celoso con1o si qui· siera arrastrarla consigo á la eternidad, es la que á nos­otro~ nos ob1iga á llamarle Grande y á mirar su pérdida con1o daño irren1ecliablc parcl la actual generación. La muerte del hér(le es en verdad la lección que lega á los hijos de Colon1bia; lt·cción esct·ita de manera que nadie pueda ni ignorarla ni dejarla de aprender, y que al común de los hon1bres aun cuando nos abruma con peso casi insostenible, que hace flaquear y palide­cer al pensar en el rnon1ento en que puede tocarnos re­petir a, al1nisrno tiempo sirve ele acicate para respon­der alerta cstd, á la voz de alerta coP que el Capitán se ha despedido de nosotros para descansar al pie de una cruz. En efecto, arrostrar la n1uerte, luchar con brío cuando la luz alumbra el espe1táculo y n1iilc.tres de sol­dados son testigos de nuestros actos de arrojo ó del frío cumplimiento del deber. es sin duda glorioso pero ~iene algo de humano, algo de obrq. de carne en que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milt.tar II caben la soberbia 6 el amor propio, y por lo mismo constituye acto registrado una y otra vez en las pági­nas de la Historia ; pero ofrendar la vida en el silencio y las tinieblas, ó cuando sólo Di<,s es testigo del acto heroi-:o realizado, tiene algo de sublime,. de extrahunla­no, que no todos los mortales alcanzan. á ejecutar. PINZON, al regreso de la campaña del Norte, cu­bierto ele gloria y ele laureles, convertido en el hombre de una gran causa, el ídolo de un partido y una espe­ranza para la Patria, con el S' )lio presidencial en pers­pectiva. va á Guaduas á c0ntraer la fiebre que incen­diará su sangre y devorará su existencia. í Por qué ese viaje, para él lleno de presentimient<'s y en apariencia inútil? Ahí está precisamente el acto heroico, el sacri­ficio que á nuestros ojos lo C<>nvierte en n1ártir cuando antes no era sino héroe. Con sabia previsión ordena concentrar las fuerzas del Tolin1a en Giran.lot. y por esa r.auc;a en doble jor nada se desbarata el últin1o esfuerzo serio que pueden intentar los rebeldes del interior de la República; con no n1enor cordura asegurado había la defensa de cuan­tioso parque en su transporte de Honda á la capital. recorriendo Ja vía para establecer debidamente los batallones. i A qué volver á esa ruta ahora invadida por la fiebre, cuando á pritnera vista nada exigía allí su pre­sencia. abandonando las dulzuras de un hogar feliz? Ahí está el voluntario sacrificio. A su venilla á Bo­gotá, encontró, como secreto de Estado, que en el parque no existía ni tt1Z solo fuszlnz' un solo cartucho para Gras, que las guerril1as no podían ser perseguidas por esa falta, que en caso de nuevos con1bates se corría el peli­gro de perderlos por carencia de n1uniciones, y al mis· mo tiempo ]a falta ele vehículos prometía alarg~r la operación decisiva, y la fiebre, surgiendo de improviso, amenazaba disolver las únicas tropas de que se podía disponer para defensa del convoy. Así planteado el problema, la solución era clara: la operación, antes secunclari;1, se tran-.;form~ en decis;i · va~ y de nuevo. com en PALONF.GRO .. va el Jefe á llevar aliento á los soldados con su ejemplo y á repetir COJ?. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I2 Boletín Militar V?Z mucho más elocuente aunque no hablada: " De aquí nt un paso atrás; artuí muero; los que quieran aconl­pañarme quédense." i Quién negará que la muerte ele PrNz c)N fue el acto más sublin1e de su vida 1 i Quién neaará que fue un mártir del deber? o Al sentirse herido por la muerte que ahora se ser .. vía traidora de arma desleal para cun1plir anhelos no cor,seguidos en cien combates; al sentirse PlNz6N heri­do, resuelve no perrnanecer en los campamentos para no arnilanar á los soldados con su enfermedad, y hace á bestia un viaje que comprende hecho así ha de serie fatal. Viene además á procurar á los suyos el anla:-go placer de que le vean morir entre sus brazos ..... . La n1uerte del Capitán se equipara por esto á la del centinela que cae sin testigos en lucha va1entísima contra una partida enen11ga, salvando quizá el campa· mento, para que al siguiente día tal vez se le crea vícti­ma de la bala de algún merod eador ; es la muerte del viajero que da la vida por salvar la de algt'1n infeliz cui­tado, corriendo el riesgo c.l e que su muerte se achaque á la mano de un salteador <)á un accidente imprevisto. Es. pues. la n1uerte de PrN zÓ N uno de esos sacrificios de que sólo Dios es testigo, p e ro que en pren1io á sus vir­tudes no quedó ignorado y le ciñó las sienes con la au­réola del martirio. Es la gran lección que lega al Ejér­cito de Colombia y el lazo con que liga á todos los de­ferasores del derecho, para que no dejen perecer la obra principiada en PALONEGRO, imponiéndoles la obligación de combatir y triunfar de todos los rebeldes, desafiando por igual las balas y los climas y sacrificando sin vaci­lar, no la vida, sino lo que es más, hasta las esperan- . zas de descanso ó de risueño porvenir .... . ---o.•·~-- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar IJ REORGANIZACIOlV DEL E:JERCITO A:!ILITARIZACION DEL TERRITORIO La similitud de situaciones ó de condiciones entraña la simili­tud de problemas por resolver ó de consecuencias á que hacer frente. En la América latina los diversos Estados tienen más de un punto de semejanza, en especial en lo que hace á orden públi­co y á luchas de partidos, por lo cual las soluciones que de tales problemas se presenten en ellos, bien merecen ser tomadas en cuenta, sobre todo en el terreno militar, en el que no caben ban­derías ni otros principios que los del buen sentido. Por estos motivos reproducimos en seguida un escrito reciente de un militar uruguayo, porque el problema que plantea y la solu­ción que aconseja nos parecen tanto más adecuados para Colombia, cuanto aquella República necesita con menor urgencia el reme­dio del mal de que se trata. No negaremos que el problema no pueda tener otra solución más eficaz; pero como no la conocemos, hemos abundado siempre en las ideas del escritor en referencia. Además, el reciente desas­tre de Peralonso y la larga lucha de guerrillas que ha arruinado el país demuestran de sobra que el ejército de línea sólo es firmí­simo sostén del orden cuando las milicias, los voluntarios ó como quiera llamarse á los miembros armados de un partido, le acompa­ñan y ayudan en su delicada tat·ea. Y no se alegue que hay peligro en mantener armadas esas milicias, porque ni los propios se declararán nunca en rebelión, ni las revoluciones estallan como el rayo: los que primero se alzan en armas necesitan algunos días para organizarse y poder presentar combate, lo cual da positiva superioridad á los milicianos apoyados aquí y allá por cuerpos de línea que vie"len á ser como los huesos de recio organismo. Y en caso de no poderse salvar el orden pú­blico ni aun con tales medidas preventivas, la formación de mili­cias, es decir, la di visión y organización militar del país, se impone, porque los cuerpos de línea nada logran contra las pequeñas gue­rril1as que sólo pueden ser refrenadas y vencidas por contrague­rrillas, ó sea por los habitantes á quienes interese la pronta pacifi­cación de cada parte del territorio nacional. ••• H Los persistentes rumores que circulan y anuncian una próxi­ma invasión ó alzamiento en armas contra el Gobierno constituído, traen nuevamente á discusión el problema de la organización mi­litar del territorio. u Probablemente no habrá nada, los rumores no tendrán aca­so fundamento, y todo ello no pasará de una tormenta en un vaso de agua; pero no es lo que ahora pueda suceder por falta de ele­mentos revolucionarios, lo que nos debe preocupar, sino lo que acontecerá el día en que estos elementos se acumulen y sean capa- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín lkfilitar c~s -para promover la guerra, 6 cuando un enemigo exterior se dtsponga á combatirnos. Ese día, hablando militarmente, será des­graciado para d honor d e l Ejército d e la República que, consu­miendo fabulosas sumas en su presupuesto de guerra, no tendrá soldados que oponer al irwasor. Bastará una centena de revolucio­narios para producir los mayore s estragos, recorriendo á mansalva la campaña. "El Ejército p e t-manente cubre apenas las necesidades del servicio ue guarnición, y no se puede contar con él exc1usivamente para un caso de revuelta, pOI-que además de dejar desatendido el servicio que presta, se cometería un desacierto llevándolo á com­batir á determinado punto, cuando no existiera la seguridad de que allí estaba el Yerdadcro foco revolucionario, y de que allí única­mente había enemigos del orden. "Cuando las r Yoluciones no son el producto de cerebros des­equilibrados, se organizan de modo que es difícil reunir todos sus hilos, y cuando atacan lo hacen por sorpresa, combatiendo los puntos más vulnerables. Es de suma importancia para los suble­vados comenzar sus operaciones con un triunfo, aunque sea muy pequeño, porque de otra suerte no avanzarán un paso. Esto es lo que hay que tener en cuenta en todo tiempo. " Se ha pensado tan poco en las causas que permiten el des­arrollo de las revoluciones 6 alzamientos en armas contra los Po­deres públicos, que generalm e nte se cree que es imposible evitar­los, pot~quc ellos son la conse cuencia de la idiosincrasia de los pueblos. Esto no es cierto. Tan inquietos son los unos como los otro . Dondequiera que haya hombre , existirán revolucionarios. Las ocasiones que les ofrezcan posibilidade~ de manifestarse, de­terminarán siempre u acción. Hay error en . u pone r qu e ~ i 1 "> paíse latino- americano pi rden con tanta fi- e cue ncia su c quilil>rio, e mpeñándo~e en aven­turas revolucionaria , es por e fe cto del carácter nacional. Lo que verdaderamente hac que . tos países sean inquietos, es la falta de orcranizaci6n militar y de la fuerza pública que está destinada á mantener el orde n. América c o mo Euro pa y como cualquiera otra partL: del mundo, t e ndrá hombr si mprc dispuestos á derrocar un gobierno, pero stos hombre s jamás se a ventura rían en una jorna­da semejante si no tuvie ran facilidad e s precisas. Los gobiernos que se ven combatidos y los que cae n, no siempre son los malos, :,ino los que e descuidan en atender á su propia seguridad. El que se la sepa procurar, será invulne rable. " e dirá que esto es propio d e lo gobiernos absolutos, de lo~ gobiernos que no descansando en la opinión pl1blica, se \·en obliga­dos á recurrir al proc~dimiento de la fuerza. No aceptamos la teo­ría. El malo como el buen golJierno necesita defenderse. Lo que el malo hace por egoísmo, el bueno lo practica por deber. Los nuéstros, lo mismo los buenos que los malos, vivieron siempre en abandono respecto á su seguridad. que la fiaron, no al cumpli­miento dt::l deber de la fuerza pública encargada de sostenerlos, sino al agradecimiento de los hombres que elevaron, sin mérito Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletí1t llfz'lz'tar las más de las veces, y que faltos de la virtud ciudadana ó militar que forman los buenos servidores del Estado, abandonaron la de­fensa cuando fue más necesaria. Toda la fuerza defensiYa se con­gregaba alrededor del gobernante, y mientras él se creyó seguro, poco importaba el desamparo de la Nación. Siempre fue cosa fácil convulsionar la campiña. Y no porque no hubiera medios de evitarlo, sino porque jamás se pensó en utilizar los medios que es­taban á la mano, bien por el temor que tuvieron los malos gobier­nos de que los elementos d e seguridad se les volvieran adversos, 6 por la confianza, que abrig-aron los otros, ele que nadie había de atreverse á combatirlos. Todos pecaron, los unos por suspicacia, los otros por optimismo. Su falta dañó al país, que nunca gozó de calma. "Sobre este pasado imprevisor debemos reaccionar. El día que todos se convenzan de que el Gobierno dispone de una fuerza organi,mda de tal mJJo qu ~ sea capaz d e.: sufvcar en el primer momento cuak¡uicra intentona revolucionaria, acabarán las locu­ras de esos ánimos inquietos que insensiblementE:, y sin concien­cia acaso de su obra, nos van llevando á nuestra anulación políti­ca; cesarán esos alarmas que nos desacreditan, aun careciendo de base, y el país podrá entrar en una verdadera éra de paz, que permitirá el desarrollo de su fuerzas vivas, que no son pocas. "Recientemente-sosteniendo nosotros una polémica que no concluyó porque se r.os d jó libre el campo-un periodista na­cional nos habló con mucha énfasis de los países europeos en donde-nos dijo-nada turbaba la paz interior, merced á la eclu­cación ó al progTeso que sus ejércitos habían realizado en los últi­mos tiempos. El hecho es cierto; Alemania y Francia, citadas por el periodista aludido com(J m o d e los qu e d bemos imitar, hace mu­chos años que no sufr "n las cons "' Cuencias de disensiones internas ; pero no . á la "' clucación sino á la org-anización ele sus ejércitos á lo que deben el bien ele que di frutan. E paña misma, ese país tan duramente castigado por sus gu e rras civiles en la península, y de quien no nos cansamos d e cl ec i1- que heredamos el carácter y algo m'ís, e , al pres e nte, como Ale mania y como Francia, un modelo de sensatez, desde que su organización militar ha hecho imposible aquellas guerra . No es que allí arli tas ó republicanos estén con­vencidos de que el sistema impe rante sea 1 mejor 6 de que la na­ción necesita repo5o para restaña¡- las h rielas del pasado. Hoy, lo mismo que hace 25 años, se agitan los partidos y están ganosos de conquistar el Poder; pero la organización del ejército permanente y su reserva les detiene en sus deseos y enfría sus ímpetus. La di­visión militar del territorio fue el gran paso que dio la monarquía de Alfonso xu para restablecer la defensa de la corona. Aparte del Ejército permanente exi te un creciclísimo número de cuadros de Jefes y Oficiales, como base de los Batall nes de reserva y que, distribuídos en las diferentes cabezas de los Departamentos ó capitales de Prm·incia y pueblos de importancia, son los que en determinado momento y en pocas horas pueden movilizar quinien­tos 6 seiscien os mil hombre , que perteneciendo á las reservas Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. t6 Bolet{n Mt·lt·ta-r (especie de guardia nacional) y no estando sobre las armas, tienen el deber de acudir á ellas al primer llamamiento del Gobierno. Sus oficiales están, puede decirse, en contacto con esas fuerzas, y están á la vez continuamente relacionados con los funcionarios civiles y judiciales. En los casos de urgencia los Batallones y Regimientos de reserva se pueden movilizar incontinentemente, y así está defen­dido el territorio hasta en sus más pequeños rincones. En esto es­triba el secreto de la quietud interior de los países europeos. Una cosa parecida ó de resultados idénticos hemos proyectado nosotrc;>s en números anteriores al hablar de la organización del Ejército y de su ley constitutiva. El número de Jefes y Oficiales que tenemos en la República permite organizar la división militar del territorio, sus zonas y circunscripciones, de modo que la acción militar se haga sentir en el momento en que sea necesario. Los cua­dros de los batallones departamentales, á los que deberían adscri­birse, según nuestro proyecto, los individuos pertenecientes á la Guardia Nacional, y cuyos Jefes y Oficiales podrían prestar el do­ble servicio militar y de policía, serían los encargados de la cam­piña. Instruyendo á los inscriptos en la época oportuna, forma­rían soldados, y pudiendo congregarlos en las extraordinarias á la orden del Gobierno cuandv las circunstancias lo exigiesen, impedi­rían todo movimiento subversivo sin grande esfuerzo; y cuando esto fuera imposible en determinado momento-caso extremo y poco esperado-porque el número se les impusiera por sorpt·esa ó de cualquiera otro modo, los que se viesen atacados ó imposibili .. tados de defenderse, siempre prestarían un servicio inapreciable: ellos serían los que daban la voz <.le alarma, y en un momento es­taría movilizada militarmente toda la República para sofocar la rebelión, que nunca pasaría de un nsayo. "A nosotros nos parece que esta es la única solución práctica que puede aceptars ~ como bue na y eficaz ; porque por más que hemos pensado, no h e mos visto que nadie t e nga objeciones serias que oponerte, pues ni siquiera lo sería la que se hiciera con res­pecto al gasto que d ·manda la organización militar del territorio, desde que el personal que hubiera de emplearse existe mantenido por el Estado, y desde que este mi!-.mo personal podría utilizarse en otro servic!o que no se sostiene sin graneles erogaciones. Sobre todo, son tan claras é importantes las ventajas que se ofrecen en la realiza­ción de esta idea, que no trepidamos en someterla al Ministro de la Guerra, en la seguridad de que aquilatándola en su mejor criterio, h 1. de sacar todo el provecho que ella entraña para la tranquilidad de la Nación, pues esta idea desarrollada sin titubeos ni suspica­cias, es el medio que tenemos para quitar al Ejército ese carácter de partido que al presente tiene, y que levantando resistencias, le hace perder, en el concepto de muchos, la consideración y el apre­cio á que le dan derecho sus sacrificios dEl pasado y la modera­ción que viene observando en las luchas de la política." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mil-z.tar I'f MANUÁL PARA LA PREPARACION DE LA COMPAÑIA AL COMBATE, POR EL GENERÁL DRACOMIROFP Jefe del ejército MISO , INTRODUCCION Los reglamentos militares y las instrucciones, que también ti · ­nen fuerza de ley, sólo determinan la marcha que ha de seguirse para formar el soldado con relación á cada ramo aislado de la ins­trucción; pero la fusión general de esos diversos elementos en un todo único, y la combinación íntima, necesaria, para poder aplicar­los sobre el campo de batalla, no son ni podrían ser tema d t.: nin­guna reglamentación. Un trabajo de esa clase sale forzosamente del marco de un reglamento, puesto que depende de la aplicación combinada de muchos reglamentos, teniendo además en cuenta el tiempo, los lu­gares y los medios de que se puede disponer. Invitamos á los jefes d e tropas á no considerar como obliga­toria la letra de este Manual. Es preciso e n primer término esforzar­se en aplicar su espíritu, de dicando á la práctica d e los consejos que conti e n e, todo lo que se pu e da d e bue na voluntad y de inteligencia pe rsonal. El asunto val e la pena, puesto que la sue rte d e millares de pe rsonas, la victoria ó la derrota, la gloria ó el d e shonor, de­pe nd e n d e qu e la e ducació n d e las tropas se haga con mayor ó menor acierto. El presente Manual d e fin e e l obj eto qu e se trata de alcanzar, y contiene cierto núm e ro de indicacion e " s o bre la mane ra de con­se guirlo; pero ninguna d e e llas pre se n t a carácte r completamente obligatorio. Todo de p e nde de los e leme ntos d e que se pueda dis­poner; y e l rigor con que se hayan de practicar los pre ceptos con­tenidos en este Manual, resultará de los medios de c¡ue se disponga. Se ejecuta lo que se puede, y si hay partes que lo médios y las circunstancias no permitan llevar á la práctica, se dejarán á un lado, pero después de haberse convencido plenamente el oficial de que s e r e troce de d e lante d e una imposibilidad no aparente sino re al. Se comprende que c uando se trata d e fundir las diferentes ramas de la instrucción e n un todo que se aproxime lo más posz.1le á la práclz'ca de la guerra y del combate, hay conveniencia en poner á un lado muchas cosas que han podido servir para perfeccionar cada una de las ramas particulares de la instrucción, consagrando, por el contrario, especial atención á otros puntos. El éxito de la instrucción depende del carácter que se le haya impreso á la educación del soldado, es decir, del grado en que él adquirió la conciencia de sus deberes. TO?tto 1-2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I8 B olet{n Militar Si ha sido educado de manera que cumpla todas las obliga­ciones que le impone el servicio, sin separarse una sola línea, lo mismo cuando no se le ve que cuando se le vigila, la instrucción dará buenos resultados rápidamente. En consecuencia, será esa educación la que para nosotros ocupa el primer lugar. 1 ED CACION I. El jife de compaií.Ía es responsable de la buena educad(m. dada á sus hombres y al mismo tiempo d todos los cuadros de la compaliía-Sobre ~ta base él tiene el deber de asegurarse de cómo cada uno de ellos conoce sus obligaciones, y de tomar las medidas del caso para que desaparezcan todas las insuficiencias que en ella pueda des­cubrir. Una perniciosa costumbre, perpetuada desde la época en que los oficiales eran para los soldados su/ores, coloca á los comandan­tes de compañía, frente á los oficiales infPriores, sobre un pie de familiaridad mal comprendida, y les hace considerar como molesto el completar y comprobar la instrucción de esas g-entes, jóvenes en su mayor parte. Es tiempo de abandonar eso rrores. El compa­ñerismo serio, verdaderamente digno de gentes que se estiman, no excluye las obligaciones del servicio, sino que, por el contrario, las presupone. El que tiene la autoridad y el deber de enseñarme la profesión de que depende mi porvenir, y retrocede ante esa misión por un falso sentimiento de delicadeza, no es un verdadero com­pañero. El compañerismo está tan lejos de ser incompatible con las exigencias del servicio, que emana directamente de ellas; pero la familiaridad es inadmisible en el servicio, porque es contraria á los interese del mismo. 2. Cuando se trata del hombre es pr ciso recordar ante tod ,que durante el combate no es sólo en virtud de la educación qu se le ha dado como sus piernas le llevan con mayor 6 menor intre­pidez y sus brazos trabajan de una manera más ó menos sensata. Todo depende, en primer lugar, de la manera como late el corazón y razona la cabeza. Por esto, cuando se trata de formar un soldado, es preciso tener en cuenta ante todo: la cabeza y el corazón. El tiempo en que se pensaba que dirigiendo las piernas y los brazos se dirige también el corazón y la cabeza, ha pasado para siempre. Toda una serie de gueiTas ha probado la falsedad de tal creencia. Sin duda aun hoy exúten gentes que la conservan, pero esto mismo ucede con todas las ideas antiguas cuando son rec n1p lazadas por otra5 más modernas. Y hasta esas gentes apo::,Latan poco á poco, obligadas por el progreso de las armas á aceptar ideas que há poco calificaban de herejías. Es incontestable que por las piernas y los brazos se puede llegar á hacer entrar álgo en el corazón y en la cabeza; pero en primer lugar ese álgo no es suficiente para el hombre llamado á dar la vida por su patria, y en segundo se obtienen algunas veces, valiéndose de ese medio, los resultados más inesperados, más di­rectamente opuestos á los que se desean. El jefe de una compañía Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletfn Mzlitar -comete un grave error si se figura que enseñando á su gente el tiro, el manejo de la bayoneta, las evoluciones y el empleo del te­rreno, ha hecho todo lo necesario, y que lo demá vendrá por añadidura. Se puede ser de primera fuerza en esgrima, en tiro,. etc., y al mismo tiempo no tener la menor idea del deber militar. Buscad ante todo arraigar en el soldado el sentimiento del deber militar, desarrollad en su cerebro las ideas de honor y honradez,. afirmad y elevad su corazón; el resto vendrá por sí solo. "Así, según vuestra opinión no hay necesidad de en eñar la marcha, el tiro, el uso de la bayoneta; bastará inculcar el senti­miento del deber," objetarán probablemente ciertas gentes. No del todo; pero si confirmáis al hombre en el sentimiento del deber y desarrolláis en él la _ honradez y el honor, os será diez veces más fácil enseñarle todo lo que acabáis de enumerar, que si (-'S tu viera privado, en todo 6 en parte, de esas cualidades moral e · . 3. Nuestra misión se: torna, pues, muy complicada, y el éxito no es posible sino á condición: r .0 De repartir el trabajo de la ma­nera más conforme al fin propuesto; 2. 0 De hacer elección de un método que dé resultados tan sólidos y tan rápidos como . ca po­sible. El primer punto exige: I.0 Que un plan racionalmente elabo­rado presida á toda la instrucción, á menos de correr el riesgo de omitir alguna cosa, ó de c"Onsagrar á las diferentes ramas de la instrucción un tiempo no relacionado con la importancia relativa de cada una; 2.0 Que el jefe de la compañía se forme idea exac­ta de cuál es la parte que le incumbe necesariamente en la ins­trucción, y cuál la que corresponde á Jos oficiale , á los sargentos á los instructores. 4· Se sabe que la preparación de las tropas compr nde dos ramas bien distintas: la educación y la instrucción. La primera comprende los reglamentos sobre el servicio interior y el de plaza; la segunda abarca los reglamentos de ejercicios y de maniobras, la instrucción del tiro, la esgrima de bayoneta, las maniobras con fin táctico, cte. El jife de compa1'1Ía debe encargarse personalmente de confirmar á los reclutas en lo que constz"tuye la przinera de estas ramas, aunque no en su totalidad, pues esta rama presenta dos fases dife­rentes, á saber : las obligaciones propiamente dichas y el ceremo­nial usado para ejecutarlas. Se comprende, en efecto, que el jife de la compailía 110 esld obligado personalmente szrzo á znculcar las obligacz"ones propz"amente dzdlas. La enseñanza del ceremonial puede confiarse á cualquier instructor un poco inteligente, y el jefe de la compañía se limita en esta parte de la instrucción á comprobar el trabajo de sus ayudantes. 5. En cuanto al método, se puede formular en dos palabras : preferir el ejemplo puesto ante los ojos á la explzcaci!m 7Jerbal, en todos los casos en que sea poúble, y aun cuando no haya ningún medio de evitar algunas explicaciones verbales preliminares, convendrá aprovechar la primera ocasión que se presente para confirmar y aclarar la cosa por un ejemplo. Más vale mostrar una vez que ex­plicar veinte veces. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 20 B oletfn Militar 6. A propósito de la enseñanza oral observemos que no se ha de olvidar nunca que se dirige á gentes sencillas, y que es necesa­rio: 1.0 No presentarles nunca más de una ó dos ideas á la vez, y exigir inmediatamente que repitan lo que se acaba de decirles, no enseñándoles jamás en conferencias; 2.0 Evitar las palabras que sólo se emplean en los libros; 3.0 No enseñar nada que no sea absolu­tamente indispensable ; 4· 0 Aprovechar todas las ocasiones de aplicar la demostración objetiva, reduciendo las palabras á las es­trictamente necesarias; 5. 0 Establecer la primacía de las obliga­ciones sobre el ceremonial por la insistencia que se emplee en la enseñanza de las primeras. 7. Para llevar á buen fin la misión propuesta, es preciso unir á la perseverancia la energía en la senda indicada. Hay gentes que confunden la energía con los arrebatos y aun con la irritabili­dad personal: es un gran error. Las exigencias del servicio no llevan consigo ardores de esa naturaleza. Por el contrario, el que se pone fuera de sí no hace sino satisfacer una tendencia natural á la cólera; pero las obligaciones d e l servicio no tienen nada que ver con ella. Ese procedimiento sólo puede inspirar á los subordina­dos el cuidado de complacer los nervios de su jefe, y por tanto no es en esa escuela donde lograrán aprender la buena ejecución del ser­vicio. Yo no quiero hablar de algunos que llegan hasta á vías de hecho, pues esas lecciones están absolutamente prohibidas por la ley, y por tanto disminuyen el respeto que se le debe. Con la com­posición actual de los contingentes se llegaría por este sistema más bien á vol verlos locos que á instruírlos, y como consecuencia á hace rlos menos propios y algunas veces completamente impropios al s e r icio. Dad vuestras órde n e s y ha c~ d vuestra s ob servac iones l>reve ­mente , con pre cisión, y ~ n un t o no qu .. impo ng a la ob edie n ci a, d e manera que todos pue dan compre nde r lo que que t·éis y darse c uen­ta de que lo queréis por s er n e c e ario y conv e ni e nte , y con se gu­ridad no te ndré is que gritar ni maltratar á vu e stros h o mbre s. E verdad que en nuestra profesión (princ ipalmente en los ejercicios) uno se incomoda á veces sin adve rtirlo. Pero no s e ha de olvidar nunca que dejándose arrastrar por el te mperamento p e rsonal, no se satisfacen las exigencias del servicio, y que se debe procurar reprimir esos arrebatos en vez de desarrollar la propensión á la cólera. 8. El recluta llega al cuerpo dispuesto á obedecer todas las órdenes que se le den, porque antes de su entrada en el servicio, desd e su niñez, ha contraído la co tumbre de obedecer al jefe de la familia, y al hacerse hombre, á los r e prese ntantes de la autori­dad, que es t án en contacto inmediato con los campesinos. No fal­ta, pues, sino especializar esa facultad, dándole una dirección con­forme á. las exigencias y el carácter del servicio militar. 9· Ahora bien: el carácter propio al cumplimiento del ser­vicio militar consiste en la puntualzdad y la pro11.titud para ejecutar las órdenes, basadas en una abnegadón sz'n límzles y sostenidas por un funcionamietllo más activo de la inteligencia. Todas estas condicio- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2I nes son indispensables para la guerra, puesto que el éxito depen­de del concurso unánime de las masas para la ejecución del pensa­miento y la voluntad de uno solo. O mejor dicho : sin puntualidad ni prontitud de ejecución, no puede existir acción común; sin ab­negación no puede haber buena voluntad para sufrir y morir; sin actividad de la inteligencia, no habrá aptitud ni para entender la voluntad del jefe ni para encontrar los medios de realizarla en las mejores condiciones de éxito. No debemos olvidar que nuestra mi­sión es matar, haciéndonos matar, y este es un punto sobre el cual se ha de pensar constantemente. Hacer la guerra matando, sin hacerse matar, es una quimera ; hacer la guerra, dejándose ma­tar, "in que uno lo haga á su vez, es una tontería. Es preciso sa­ber matar, estando uno mismo pronto á perecer. El hombre de­cidido á morir es terrible : nada le detendrá en el camino de su objeto, á menos que una bala lo derribe; pero si se puede herir un hombre, no es tan fácil matar una compañía. Hace falta, por consiguiente, modelar el soldado de tal modo, que no tema hacer­se matar y que sepa al mismo tiempo vender cara su vida. Para ello es preciso abnegación y también inteligencia, y para ayudar á esta última, es necesario dar al soldado, lo mismo que al oficial, ilustración muy profunda y muy razonada de todo lo que constituye u especialidad. El espíritu de sacrificio se fortifica en el guerrero, principalment _ por la educación, en tanto que el des­arroll de su inteligencia, en el sentido de la guerra, se adquiere por la instrucción. Y la educación y la instrucción, conducidas ra­cionalmente, se prestan mutuo apoyo. Cuando la educación ha he­cho del hombre un ejecutante concienzudo y fiel, es más fácil en­señarle á cumplir todo lo que se quiera, inclusive el tiro, los ejer­cicios, etc. ; é igualmente, á fuerza de repetir los actos á que obligan esos diferentes ramos de la instrucción, el hombre está mejor dispu . to para ejecutarlos. La z'nslrucción conlrz'buirá lanlo más á confirmar los resultados de la educacz'ón, cuanto las exigmcias dt aquH!a esl~n más en armonía con el fin propuesto, es decir, cuando cada una d e esa exigencias deje entrever mejor el objeto que se propo­ne. Ejemplo: 1.0 Yo en eño al soldado á apuntar una, dos, veinte veces seguidas, y el más ignorante comprenderá mi intención; 2.0 Y · hago repetir á los soldados veinte veces un movimiento de manejo de arma, y el más inteligente no comprenderá mi objeto. Podrá suceder que yo le ha:ga repetir ese movimiento por vía de mortiricación, pero en ese caso debo proceder de modo que el sol­dado comprenda que lo hago para castigarlo. 10. No hay que creer que el empleo de castigos -severos pue­de crontribuír á acelerar y perfeccionar la educatión del soldado, pues nada es más falso. El mejor procedimiento de educación con­siste en mostrarse siempn~ igual, inflf>xible é invariable en las exi­gencias manifestadas al '>olclado desde el principio. Que él sepa que lo que se le ha dicho una vez, debe ser ejecutado siempre como se le enseña esa v<->z, bajo pena de incurrir infáliblemente en un castigo; que se convenza, por su experiencia personal, de que ciPrtos <'lc~os 'ltTastrí'ln siempre (';iertos castigos, y que por el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 22 lloletín Jfú'itar mismo hecho no será reprendido un día y cumplimentado al si­guiente. En una palabra, que vea hacer y haga lo mismo hoy,_ mañana y durante todo su tiempo de servicio ; y entonces se for­mará por sí mismo á la ejecución de sus deberes, lo que se hará entonces para él una rutina, es decir, una segunda naturaleza. SERVICIO INTERIOR 1 1. El servicio interior abraza toda la existencia del soldado y determina sus deberes al mismo tiempo que sus derechos. El soldado debe conocer únos y ótros de manera completa, para con­vencerse de que la ley, al mismo tiempo que le impone obligacio­nes, le garantiza contra injustos atentados. Pero sin olvidar ha­blarle al soldado de su~ derechos, es preciso insistir, durante la instrucción, en sus obligaciones. Las bases del servicio interior están contenidas en los cuatro preceptos siguientes: 1.0 Ejecúta todo lo que tu superior te manda; 2.0 No te ausentes nunca sin permiso; 3.0 i te sucede alguna cosa, cuéntala siempre á tu jefe inmediato; 4.0 Ten cuidado de tus armas, de tu cuerpo y de tus vestidos (el comandante de compañía no tiene tiempo para ocupar­se de este último punto, que corresponde á los sargentos, pero pasa revistas, para obligar á todos á conformarse con lo mandado). Un soldado al cual se ha inculcado bien el hábito de cumplir con las cuatro prescripciones precedentes, es un hombre con el cual se puede contar: es preciso no exponerse, por atender á detalles, á perderlos de vista en ningún ca o. Además, como cada hombre tiene un cuerpo al mismo tiempo que un alma, todos los asuntos humanos comprenden un lado moral que corresponde al alma, y un lado material que concierne al cuerpo. El lado material en el ervicio se traduce por las muestras exteriores de respeto debi­das á los diferentes grados. Haciendo los honores á un superior, el oldado expresa su subordinación, al mismo tiempo que cumple un deber de cortesía, exigido por la educación aun fuera de la so­ciedad militar. Pero hay reciprocidad en esas muestras exterio­res, y los oficiales que no responden á los honores que se les hacen, cumplen mal con su deber, pues no sólo dejan ver que son pero educados que sus soldados, sino que dan á éstos un ejemplo sensi­ble de infracción á las prescripciones reglamentarias. Cuando uno no se distingue por el exacto cumplimiento de sus obligaciones, falta la autoridad para inculcar á los otros cualidad tan apreciable. r 2. Tratándose de afirmar á los soldados en la ejecución de sus deberes, es indispensable que constantemente se procure des­arrollar en ellos el sentimiento instintivo de su importancia relati­va. En la práctica pueden presentarse muchas exigencias á la vez, y como es imposible hacer dos cosas al mismo ti mpo, el mejor soldado, si no ha aprendido á hacc>r distinciones, puede jecutar la menos importante, descuidando la más esencial. Ejemplo: un u­perior pasa delante de un soldado, y en el mismo momento un mal­hechor se arroja sobre aquél. El soldado deberá dar frente, rectifi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mz"litar car su posición y hacer el saludo militar, ó arrojarse sobre el mal­hechor para libertar á su jefe ? *. Se llega á inculcar al soldado el sentimiento instintivo de la importancia relativa de sus obligaciones, primero, graduando los castigos que se le imponen~· por(]ue si se castiga por infracciones lige­ra tan severamente como por faltas graves, se le deja la impre-ión de que únas y ótras tienen zgual importa1uia. En segundo lu­gar, conviene dar desarrollo á su discernimiento por medio de ejemplos juiciosamente elegidos, pues si bien un hombre de cortos alcances no comprende ó comprende al revés cuando se le dan ex­plicaciones abstractas, todos pueden entender y retener una pa­rábola. Otro ejemplo: un oficial enferma en la calle y se cae. Pasa un soldado, se detiene y hac el saludo militar. Llega otro soldado que sin hacer ningún honor al oficial, se acerca, lo le­vanta y lo conduce á su casa. ¿Cuál de los dos e el verdadero soldado? Otro ejemplo: ucede una catástrofe, y se neeesitan so­corros sin perder un minuto. e toca generala: un soldado corre con 1 mismo uniforme que llevaba un momento antes, no demo­rándose má. tiempo que el necesario para recoger su fusil y ·us cartucho , y n un abrir y cerrar el ojos está en el lugar donde era nece aria u presencia. Otro se retarda para ponerse en traza conv niente, y por lo tanto no 11 -ga á tiempo. ¿Cuál d e tos dos soldados ha cumplido m e jor'? Ci rtam nte tenía razón Pedro el Gran e cuando decía en una de sus órdenes inmortale -, que "en el r glamento e ·tán esc1·itos lo u . os y costumbres, pero no se hace mención del tiempo ni del azar' ; por lo que conviene aplicar los primero · con mucho di.c rnimiento. í, el olclado (y con mayor razón el oficial) d ebe ten r . n cuenta no sólo el r glamento ~ino taml it!n el tiemp y las ir unstancias. ¡, Quién puede dar al hombr' a n. eñanza moral á no ser 1 Comandante de la compañía y únicamente él'? 'i ha hecho bien u rvicio hasta --1 mom nto de llegar á j fe de compañía, debe conocer el r glament y p ce r también el art"' de tonal izar sus prc cripcione , ele modo que el oldado sabi~ndo qué es lo impor­tante, no <.1 je de jecutar con puntualidad toda· sus obligaciones, por in ignificante que parezcan. En una palabra, sólo él puede co­noc r "los tiempos y las circun tancias, '' n tanto que á Jos oficia­le ubalternos, aun abicnclo el reglament , les faltará por lo pron­to la e.·pcrienciá. y apenas abrán cómo hay que hablar á gentes de cortos alcances. sf, antes de encargarle. esa clase de instruc­ción, s pr ciso que sean "alumnos del Jif~ de compa11ía." Tampoco puede pensarse en confiar esa misión á los sar­gento , porque con la duración actual del servicio, es ya un buen resultado conseguir que lleguen á ser buenos ejecutantes y que vigilen la manera como desempeñan los hombres las obliga­ciones que les señala el servicio, y no puede pretenderse que sean • Cunndo el atentado cometido en an Petcrsburgo contra Loris-Meli­coff, fue el mismo General el que detuvo al individuo que acababa de hacer fuego sobre aquél, en tanto que el plantón que había en la puerta, excelent«! hombre_ antiguo soldado, permanecía haciendo el saludo n ililar. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mt:tz:tar capaces de enseñarlo. Sin duda puede haber excepciones, pero nosotros no hablamos de las excepciones. El jefe de compañía que desee cumplir con su deber, inculca­rá por sí mismo á los hombres las partes esenciales del servicio in­terior, teniendo para hacerlo así, además de las razones anterio­res, o t ra de importancia capital. Teniendo que pasar sucesivamente por sus manos todos los contingentes, llegará á conocer perfecta­mente la parte moral y la material de sus hombres y á hacerse conoce r por ellos, condición de grande importancia para transformar Ja compañía, de un montón de hombres en un organismo compacto cuya cabeza sea él mismo. 13. Repartiendo así el trabajo, los oficiales subalternos, los sargentos y los instructores quedarán encargados: de ilustrar á ios suldados antiguos en el conocimiento de sus deberes ; de ha­ct~ rles ejecutar, así como á los reclutas, los ejercicios preparatorios de maniobra, el manejo de la. bayoneta, el tiro; de enseñar á los reclutas las muestras exteriores de respeto debidas á los superio­res, y en general todo lo relativo al ceremonial. En cuanto al jefe de compañía, se reservará la inspección general de toda la ins­trucción, y el cuidado de coronarla fundiendo en un solo cuerpo todo lv que debe entrar en e . a combinación. SERVICIO DE GUARDIA 14. El servicio de guardia es el primer paso en la vía que permite ll e gar á la preparación del soldado para el servicio del camr.:> d .__ batalla, y como tal tiene una significación enorme. Una Yez e locado de facctón, el simple soldado se encuentra encargado d e la ·alvarruardia d t_ objeto é intereses de la mayor importancia, qut;;dando, por con iguiente, investido del derecho terrible de vida 6 mue rte o~ r e sus semejantes, y abandonado á su solo dtscernimiet~­lo para ju~ar de las circunstancias en que ha de aplicar e e de­recho, sin que nadie pueda guiarle ni indicarle qué decisión ha de tomar. Si no mata cuando es preciso, lo juzgan; é igual resultado obtiene si mata cuando no es necesario hacerlo. El soldado de fac­ción está oblig-ado á ob rvar su con igna hasta la muerte ; no pue­de obedecer las órdenes de aquellos á los cuales, en tiempo ordina­rio, debe sumisión absoluta ; está obligado á luchar contra la fatiga, sin que ninguna vigilancia, 6 muy pequeña le estimule; no pue­de abandonar su pue sto, aun cuando esté amenazado de pérdida segura, en tanto que no le releve el que lo ha colocado ; en fin, es preciso que resista á toda clase de tentaciones. En una palabra, el servicio de guardia es el primer servicio real del soldado en tiem­po de paz; todo lo demás no es otra cosa que una preparación pára este servicio. El servicio d~ guardia exige, como condición expresa, que el soldado tenga sentido y carácter ; pero á su vez, el servicio de guardia contribuye á desarrollar esas cualidades, y ciertamente hay que convenir en que se ha de tener la cabeza muy sólida y el corazón muy firme para salir airoso de situaciones en que deben Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M-ilita-r tomarse decisiones tan opuestas como matar ó no matar, obedecer 6 no obedecer. No hay necesidad de más desarrollos para comprender que, á excepción del jefe de compañía, es decir, del hombre responsable y madurado por la experiencia del servicio, nadie de la compañía podrá ser encargado de echar las bases de instrucción tan espinosa y tan erizada d e diñcultades para un recluta. I 5. ¿Pero qué m e dios se emplearan para enseñarla, para que el soldado se la a si mile pronto y sólidamente? Es inevitable empe­zar por el libro que contiene el reglamento; ¿pero cómo? ¿Acaso se debe abrir el r e g-lamento del servicio de plaza y empezar desde la primera página? D e sgraciadamente hay muchos que obran de ese modo, empc ·,·ando por las obligaciones d e l comandante de la plaza, ó á lo m e nos por el capítulo que trata de "Los diferentes puestos, puestos de oficiales, de sargento , etc."¡ Cuánto bagaje úut­lz'l para utz recluta y aun para uu anllguo soldado! ~y alguna cosa puede i'nleresarles en esa parle d el servü:zo de las plazas, la aprenderán mucho mejor por la prdcüca, á m edz'da que adelante la Ú'tSiruccz'ón ; pet·o lodo eso n o / /e n e r daálm alguna con los debereJ más z'mporlanteJ del soldado, en especz'al con l os que le son mds úzdúpensables, los d eberes del centinela. El jef d compañía no debe olvidar ni un momento que en la instruceión del soldado, principalmente en la primera instruc­ción, t odo lo que es tiuítil es uocz'vo, porque sólo puede servir para perturbar '1 e spíritu del soldado en lo que le es verdadera­m e nte n t cesario, siendo esto la causa d e que al empezar la ins­trucc irSn d las obligaciones orrespondientes al servicio de guar­dia, s e pre ocupe más el jefe d e lo que debe callar que de lo que debe d e ·ir. I Ó . Así, antes d e empe zar esa instrucción, d e be darse cuenta: 1.0 , d e lvs p á rrafos que d efin e n las obligaciones propiamente di­chas y de lo que arreglan e l ceremonial, es decir, los formalis­mos; 2. 0 , d e los párrafos que han de formar parte del cuadro de ins trucción particular á cada individuo, según el rango que ocupe en la <· )rnpai1ía. e subentiende que los oficiales y el sargento prime ro J e b c n conocer todos los párrafos; pero hay ya una prime­ra eliminac ió n que hace r para los sargentos, después una segunda para los cabos y soldados distinguidos, no conservando para el . imple soldado más que los párrafos que le sean en absoluto ne­cesarios y qu deben ser perfectamente sabidos por todos los que le son superiores en jerarquía. Después de todo Jo anterior, será preciso limitarse estricta­mente, para la instrucción de los reclutas durante los primeros tiempos, á los párrafos qu e definen los deberes del centinela. Pero en cambio habrá que empleat· toda clase de esfuerzos para incul­cárselos á fondo á todos sz'n excepdlm. Sobre este punto no debe admitirse que haya quien lo eluda por maligno ni por torpe; porque si en un momento difícil da la casualidad de que á un torpe. es decir, á un hombre cuya instrucción no se ha tomado el trabajo de terminar, se le presenta una situación delicada é im­portante, pueden resultar enormes desgracias, tanto más de lamen- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 26 Bolet{n M·ilitar tar, cuanto no es imp::>sible adiestrar convenientemente á lodos los reclutas, cuando se sabe proceder en la aplicación de los mé­todos. 17. Para alcanzar ese resultado es preciso siempre recurrir al ejemplo y no limitarse nunca á explicaciones verbales. Aplicado al servicio de guardia, el ejemplo se convierte, hablando con pro­piedad, en una pru.eba. Veamos cómo se puede proceder, y para ello supongamos que un recluta cualquiera sepa explicar verbalmente todo lo que debe hacer cuando está de facción : no dejar á nadie que le quite el fusil; no obedecer á nadie en absoluto más que al que lo ha colocado de centinela y al jefe del puesto; no aceptar regalos de nadie; no aceptar consignas de nadie, etc. ¿Podemos tener la conciencia tranquila respecto de él'? ¿Tenemos la prueba de que conoce á fondo su obligación? Hemos comprobado que sabe ex­plicarla, pero no estaremos seguros respecto de él mientras que no lo hayamos visto en la práctica. Pongámoslo á prueba, es de­cir, en una situación embara:r.osa que pueda inducirle al olvido de alguna de las obligaciones que enumera vet·balmente, y veamos lo que hace. Ejemplos: e toman algunos reclutas de los que conozcan las obligaciones del servicio de guardia, y se les coloca de facción á cierta distancia unos de otros, suponiendo que el ángulo del edificio frente al cual se encuentren, representa la puerta del cuartel, la de un almacén de pólvora, etc. O aproximáis á uno y os hace lo honores: "¡Eh, amigo! ;, cómo tienes tú el fusil? Más á la derecha! Ahora, más á la izquierda! Pero no es así! V é, así e pone ! '' Y al mismo tiempo cogéis su fusil como si fuerais á enseñarle la verdadera posición. i él cae en el lazo : "Cómo! Qué vergüenza 1 Un centinela que se deja arrebatar u fusil ~" El soldado quedará muy confuso, y es seguro que no le volv rá á pasar un caso análo­go. Si al contrario, el oldado no se deja eno-añar: "Muy bien, bravo! Ten, tóma para que bebas á mi salud!" i rehusa la propina, perfectamente: es un hombre que sabe su deber. Pero si la acepta : " Cómo? tú aceptas regalos estando de facción ! Qué vergüenza ! " Supongamos ahora que ~ e trata de un centinela colocado de­lante de un polvorín. Os acercáis llevando n la boca un cigarro encendido. i el hombre no os manda detener, ya comete una fal­ta; pero si os da la voz de alto, continuad andando como si n 6 o hubierais oído, para obligarle á dar la voz con más imperio. bien, decidle : "Cómo! á mí, al jefe de tu compañfa le prohibes pasar!-" No se pasa!"-'' Vamos, hombre! Que no se pasa~ Y si yo no te hago caso ?"-En este momento, generalmente, el centine­la se queda confuso, y cuesta bastante trabajo convencerlo de que debe dar un tiro ó un bayonetazo á cualquiera que intente contra­venir la consigna. " Vamos, hiéreme si yo violo tu consi~na ; no olvides nunca que cuando estás de facción, eres un sér sobrenatu­ral, que dominas á todo 1 mundo.· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletfn Jlfz"lz'ta r Si queréis aseguraros de que vuestros hombres se acuerdan de que no han de obedecer más que al cabo del puesto, ordenad en voz alta, al fin de esta instrucción, relevar los centinelas, pero habiendo dispuesto de antemano que la operación la realice un cabo distinto. Se pueden inventar pruebas análogas correspondientes á cada una de las obligaciones que 4:omprende el servicio de guardia, y cada jefe de compañía tiene la libertad de combinarlas á su gusto. Ese modo de obrar, yo hablo por experiencia, permite incul­car al soldado la conciencia de sus deberes. Para gentes de corto, alcances, recitar las teorías es emprender un camino malo, estéril y lento; pero los ejemplos, los casos particulares, entran de prisa en su espíritu y se graban fuertemente. Todo el ceremonial del servicio de guardia debe ser practica­do bajo la dirección ·de los instructores y demostrado excluszz•amen­le por ejemplos; teniendo en cuenta que ni durante el período de instrucción, ni durante las inspecciones hechas para comprobar los resultados de esta enseñanza, deben exigirse respuestas verbales sobre su objeto, porque el ceremonial es asunto solamente de for­ma y de ejecución, y no hay necesidari de saber recitarlo. Se evita así una pérdida de ti mpo, en beneficio de otro objeto realmente necesario. 1 ' 1 INSTRU CION INDIVIDUAL Y PASO A LA INSTRUCCION RN F RACCIO .. 'ES 1 CO . 'STYTUIJ)AS 18. La in trucción para el empleo del fu il debe empezar por los ejercicios preparatorios de tiro y el trabajo de la bayoneta, y no por el manejo del arma. Aunque esa progresión en la in truc­ción sea reglamentaria después de veinticinco año , hay aun hoy más de un capitán de compañía que coloca en primer término el manejo del arma. 19. Gz'nmasz"a. A fin de desarrollar la fuerza de resistencia muscular y la destreza en un sentido verdaderamente práctico para la guerra, es preciso que la enseñanza de la gimnasia en la infantería, comprenda en primer lugar los ejercicios siguientes: saltos en anchura y en profundidad; salto de barreras; marcha sobre las vigas; ascenso y descenso rápidos por escalas altas y rígidas. La mejor instalación de gimnasia para ejecutar esos ejer­cicios es un atrincheramiento de tierra, de gran perfil, con talas y pozos de lobo delante del frente, una empalizada sobre el camino cubierto y otra en el fondo del foso. Una compañía cuyos hombres están individualmente en estado de escalar una obra de esa clase,. está preparada á salvar todos los obstáculos que pueda pre­sentar sobre el terreno el punto más fuerte. Sólo falta fundir los elementos de esa compañía, enseñándole la manera de atacar esa misma obra en masa y bien unida. Se ve que no hay mejor procedimiento para encontrar todos los medios posibles para izar­se hasta el parapeto, ayudarse á pasar unos á otros, etc. Además, con solo abrir los ojos los soldados se familiariza11 con todos los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. lJoletíu 1Vfilitar detalles de la fortificación de campaña y aun de la semiperma­nente. Las obras que realmente tendrán que asaltar, serán casi siempre mucho más débiles que su ciudadela de ~imnasia. Las tropas que están situadas en cuarteles, en ciudades don­de hay murallas antiguas ó en las inmediaciones de obras de· for­tificación, pueden completar los ejercicios precedentes fingien.:lo el ataque de los cuarteles, muros y obras. Como complemento indispensable del curso de gimnasia con­viene ejercitar marchas frecuentes, con equipo completo. Una in­fantería marcha bien cuando está en estado de soportar jornadas de 30 kilómetros durante muchos días seguidos, dejando muy pocos rezagados. Pero para conseguir ese resultado es preciso observar la prugresión más rigurosa en el aumento de la carga y de la du­ración de la marcha. Conviene preparar el soldado desde la pri­mavera, de modo que esté en disposición de ejecutar todos los ejer­cicios del período estival con carga completa. 20. Esgrhna. Para que los hombres se acostumbren á usar la bayoneta con destreza sobre el campo de batalla, es nece ario practicar lo siguiente: En los ejercicios de esgrima contra un objetivo inanimado, conceder atención especial á la fuerza y certeza de los golpes, es decir, fijarse menos en la perfección de los movimientos de pier­nas y de las paradas que en los golpes vigorosos y bien dirigidos al punto marcado sobre los maniquís confeccionados con paja, lana, etc. Los soldados deben herir con la bayoneta, sin dejar de correr ni retrasar la velocidad en el momento del choque. Es la única manera de desarrollar en ellos la costumbre de retirar pron­tamente la bayoneta después del golp . Como ejercicio de certeza es útil enseñarles á ensartar al vuelo maniqu{es que se balancean al extremo de una cuerda. En la esgrima entre dos, se debe tratar de conseguir como objeto principal el ardor y la am'mación de la lucha hasta el limz"le ex­tremo, prescindiendo para ello de ejecutar literalmente la regla de parar prúnero y lurir después, porque esta regla es buena para gen­tes de temperamento tranquilo y que poseen e n el arte de la es­grima mayor habilidad de la que podría obtenerse en la instruc­ción del soldado. Este no logrará dar golpes en el campo de bata­lla más que en el caso de haber aprendido que no debe pensar en la propia defensa. Para que el golpe sea bueno, se debe mante­ner el arma con las dos manos, no abandonándola completamente con la mano izquierda, cuando se la empuja con la derecha. Al mismo tiempo hay que explicar á Jos soldados que los pro­cedimientos empleados en un asalto entre dos, sólo son admisibles en el campo de batalla para la lucha individual, pero no para el choque de las masas, pues en ese caso sólo se debe pensar en dar bayonetazos al frente, teniendo el arma bien cogida con ambas ma­nos y poniendo en el golpe toda su alma. Por eso es bueno hacer ver este ejercicio á los soldados, colocándolos por pequeños grupos frente á maniquíes. En las instrucciones de esta clase es preciso no pedirles más Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn Jllililar que una cosa : lanzarse con decisión desde la distancia señalada para correr al asalto, y herir en seguida con la bayoneta recta ensartán­dola hasta el mango. No hay para esta enseñanza reglas metódicas y positivas que prescribir, pues introducir en este caso reglas de ese género, sería probar que no se comprende la esencia de la cosa. Sólo advertiremos que en este ejercicio debe darse atención muy particular á que la bayoneta sea retirada rápülamente después de haber henao. 21. Nota general para todos los e.ferddos. Las voces de mando deben ser dadas con energía y de una manera clara, es decir, bien articuladas, porque como indican el objeto propuesto, deben ser bien oídas para que puedan ser bien comprendidas. La ejecu­ción corresponde al tono en que se manda. i la voz es débil, la ejecución se hará con negligencia. 22. L~mgilud del paso. Durante los primeros ejercicios de mar­cha no convien~:: preocuparse de la alineación, p!..les ante todo se tratará de obtene·r un pas0 resuelto, y cuando se haya conseguido ese resultado, la alineación vendrá por sí sola. Si, por el contrario, se busca primero la alineacUn, se acorta el paso, sin notarlo, por la sencilla ra.tón de que es más fácil alinearse marchando al paso corto. En otro tiempo, cuando las marchas en línea constituían la preocupación dominante, se redujo en Rusia la longitud del paso á tres cuartos de la usual, lo que dio lugar á ]a siguiente nota de ouvaroff: "Se ha acortado el paso en un cuarto de su longitud, y la consecuencia ha sido que cuando se busca al enemigo, sólo se andan treinta verstas en vez de cuarenta." 2 3. Observaúones sobre las diferentes clases de 1/ro y su empleo­De de la adopción de los fusiles de tiro rápi o, se ha hecho indis­pensable que tod~ estén bien convencidos de la verdad del axio­ma: " Pocos tiro·, pero que sean certeros." Partiendo de esto, se debe en los ejercicios practicados en tiempo de paz, restringir en lo posible las prácticas viciosas capaces de desarrollar en el solda­do la costumbre de apuntar con descuido y tirar con precipitación, así como la creencia de que puede disponer de su fuego no sólo en el orden abierto sino también á veces en el cerrado. En conse­cuencia, conviene: 1. 0 Evitar el tiro con cartuchos sin bala, que contribuye á enseñar al soldado á agitarse mucho, apuntar mal y tirar precipitadamente *. 2. 0 Hacer que los jefes dirijan el fue­go en el orden cerrado, y también siempre que sea posible en el orden abierto. Esta última proposición es indiscutible para el orden ce­rrado, pues en él debe poder el jefe, sin excepción alguna, dispo­ner de la elección del blanco, así como del momento oportuno para tirar. La marcha de la instrucción debe contribuír á inculcarle al soldado la convicción de que sólo los cobardes se apresuran á tirar, • Este tiro sólo puede emplearse con ventaja: 1.0 Para acostumbrar los re. clutas á las detonaciones; 2. 0 Para los ataques entrecruzados; 3. 0 Para las ma.. niobras de doble acción, con objeto de indicar la pesición ocupada por el de. fensor. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. JO Boletfn Mzl·üar y que todo soldado que se respe41 á sí mismo, tiene que esperar siempre la voz de mando, pues el individuo que en orden cerrado dispara sin esperarla, es reo del crimen de desobediencia á su jefe, estando en formación. En orden disperso, los jefes * no determinan siempre el mo­mento en que se ha de tirar; pero deben guz'ar á los tiradores para la elección del objell'vo y ordenarles suspender el fuego todas las veces que las ventajas probables no correspolldan al consumo de cartuchos necesarzo. 24. Para la dirección del fuego propondremos las indicaciones siguientes: Economizar los cartuchos-En orden cerrado, tirar siempre por descargas, preferidas también en el orden disperso. A distancias su­periores á 800 pasos (rusos de o m 7 1) las descargas valen más que el fuego individual, porque la dirección queda á los jefes, el humo no molesta para tirar, y se puede observar el punto de caída de las balas. Es preciso tirar tranquilamente, apuntando á un blanco de­terminado, y ejecutarlo siempre con el mayor cuidado posible. La rapidez del tiro, obtenida á expensas del cuidado que debe consa­grarse á la puntería y á disparar sin sacudidas, aumenta el gasto de las municiones, disminuyendo las probabilidades de hacer blanco. Los jefes de escuadra, en lugar de velar sobre los soldados, para obtener que coloquen bien el alza, tiren con orden y tengan en cuenta todas estas advertencias, se entregan algunas veces á una agitación irrazonable, hacen mucho ruido pero no ven nada. Es preciso enseñarles á desempeñar su cometido desde sa puesto, tran­quilamente, con buen sentido y sin lanzar gritos * *. Son los primeros tiros los que producen impresión más pro­funda sobre el adversario. Así, es necesario que sean muy certe­ros, porque si no hacen blanco lo enardecen, pues cree que nues­tro fuego tiene poco valor. 25. Damos á continuación algunos datos aproximados respec­to á las 6iimensiones de los blancos sobre los cuales debe abrirse el fuego individual según la distancia. A 8oo pasos y distancias mayores, sobre masas. De Soo á 300 pasos, sobre grupos de cuatro hombres, á lo menos. De 100 á 300 pasos, sobre grupos de hombres semicubiertos ó sobre hombres aislados al descubierto. • Hay que entender por jefes, sobre la cadena de tiradores, no sólo los ofi­ciales que mandan la tropa, sino también los sargentos y cabos que mandan pelotones ó escuadrones. u El of1cial casi nunca puede conservar la vigilancia inmeiiata del em­pleo juicioso de los fuegos de la guerrilla. No debe preocuparse sino de una cosa: de preparar, desde tiempo de paz, subordinados que se encarguen de la ejecución de ese deber importante, y á los cuales indicará, sobre el campo de ba· talla, los blancos á que con preferencia debe diri~irse el fuego. Se da esta ense. ñanza, ordenándoles algunas veces, durante las sesiones de tiro, dirijan el fue­go no sobre todos los blancos (suponiendo que haya varios), sino sobre algunos de ellos en particular. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. A partir de 300 pasos, sobre hombres aislados, aun acostados. El jefe posee, sobre el campo de batalla, un medio muy sen­cillo para impedir á los hombres tirar antes de que él lo crea con­veniente, y es quedarse de pie á van~uardia del frente, hasta el momento en que se decida á romper el fuego, no retirándose hasta que va á dar la voz de mando. En las descargas á 300 pasos y distancias menores, debe apun­tarse siempre á los pies y ejercitar los soldados á que lo practiquen así, dedicando á esto especial cuidado *. Aun á todas las distancias es preferible apuntar al pie del blanco, porque valen más los tiros de rebote que los demasiado largos. Debe evitarse siempre, sobre el campo de batalla: I . 0 Tirar por descargas con muchas alzas, porque la dispersión de las balas es suficiente sin eso; 2.0 El tiro de cartuchos contados y el rápido, pore'lue una y otro degeneran fácilmente en tiroteos muy difíciles de detener. * -t- - NoTAs-Por lo que ya se dijo, se ve que no vale la pena tirar sobre hombres aislados á distancias mayores de 300 pasos. Se ve también que los casos en que r.onviene emplear el fuego de descargas á grandes distancias, se presentan pocas veces, y que en general debe esperarse para hacerlo á que se encuentren frac­ciones enemigas formada en orden cerrado, dentro de la distancia señalada. Pero como una vez llegado á esa distancia, el jefe, que conoce bien su deber, no se deja fusilar, y después de dos ó tres descargas, marcha al asalto, lanzándose á la bayoneta, los mo­mentos de que dispone el defensor para sus descargas son muy cortos y su fuego se limitará al ~asto de algunos cartuchos por fusil. Resutta de aquí que durante el primero, es decir, durante el más largo período del combate, se presentarán pocas veces blan­cos que permitan á la vez tiros certeros y rápidos, y que en el se- • Aunque el alza está dispuesta sobre el fusil de modo que permita al­canzar un hombre á 400 pasos, apuntándole á la cintura, se ha observado sobre el campo de batalla qut! en el tiro á cortas distancias, la mayor parte de las balas pasan por encima de la cabeza. Cualquiera que sea la razón de ese hecho, bien provenga de que los hombres, al apuntar, traen su arma de arriba abajo y, faltos de sangre fria, no esperan siempre que la línea de mira llegue á la horizontali­dad, bien que obedezca á otras causas, no deja de ser cierto que los que tienen experiencia adquirida en los campos de batalla, acon ejan, en el tiro á cortas distancias, renunciar al deseo de una precisión que resulta engañosa, y apuntar constantemente á lo pies, á fin de dar á los brazos del soldado una costumbre constante. Por lo demás, las balas que hieren el suelo delante del frente enemi. go, á. causa de un gran descenso del fusil, pueden tocar de rebote, en tanto que las que pasan sobre el adversario no alcanzan á nadie, ó, si por azar hieren en alguna parte, no es donde había necesidad. Procedimiento para enseñar á apuntar á los pies : colocar á 200 6 300 pa­sos las dos mitades de la compañía frente á frente, y hacer apuntar, ó bien colo­car los soldados á la misma distancia de una censtrucción cualquiera, y hacerles apuntar al pie. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B olet{n M·ilüar gundo período, por el contrario, habrá blancos numerosos, pero la duración de esta faz del combate será solo de algunos instantes. En consecuencia, es claro que un tiro eficaz, es decir, certero, no podría ser rápido. Ese tiro tampoco podría ser ráptdo por la razón sjguiente: sólo reteniendo el tiro entre ciertos límites de velocidad, se puede conseguir que los hombres tengan un poco de aplomo y se les impide acalorarse hasta el punto de tirar al azar. Hé ahí la razón por la cual se vuelve siempre al aforismo " pocos tiros, pero certeros," y que enseña el error que se comete al calificar el fusil actual de arma de tiro rápido cuando sólo es un arma de carga rápt'da. Los jefes nunca deben olvidar que apresurándose á tocar so­bre blancos que no presenten grandes probabilidades de éxito, arriesgan el quedarse sin municiones durante los momentos def combate en que la suerte les presente ocasiones de disparar sobre ellos á boca de jarro. La experiencia de la guerra de 1877 ha inspirado á muchos militares la convicción de que el fuego por descargas, en plata­bandas, puede ofrecer serias ventajas, aun á las mayores distan­cias. Los turcos tiraban sin apuntar; no tenían limitación de car­tuchos, puesto que nunca atacaban, y combatían en posiciones pre­paradas de antemano, á donde las municiones se 11evaban con abun­dancia. Si se tiene en cuenta, además, la falta de instrucción preli­minar de la mayoría, se llegará á comprender que su fuego era sencillamente un tiroteo desordenado, que sería extraño convertir en tema de instrucción, puesto que se producirá por sí solo en todo ejército compuesto de reclutas. Pero un ejército disciplinado é instruído no debe recurrir á esos procedimientos, porque los soldados que lo forman estarán imbuídos tle la convicción de que la eficacia del tiro depende de la certeza y no de la velocidad, y que un cartucho tirado muy lejos, al azar, es perdido para los momentos del combate en que se puede contar con disparos á boca de jarro. Pueden presentarse casos raros en extremo, en que el enemigo descubra reservas en masa compacta, á distancias largas, pero comprendidas en la esfe­ra ele acción de los fuegos de infantería. ¿Por qué no enviarles al­gunas descargas, si no tenemos otro blanco por el momento? Pero eso no es una razón para incluír en la instrucción esa clase de fue­gos; el jefe mandará, tirarán los soldados y las balas caerán al azar. Conviene, además, observar que los blancos de esa clase pertenecen mejor á la artillería que á la infantería; y que si las reservas del adversario aparecen á una distancia de I ,500 á 2,000 pasos, es porque su primera línea está ya frente á nosotros, to­cándonos casi, por lo que nuestra infantería de la línea de com­bate tendrá bastante qué hacer con afrontarla para que pueda ocu­parse de las reservas. Así, si se nos pregunta si el tiro en platabandas á gran distan­cia es racional, sólo podremos contestar una cosa: que ese tiro es racional si la provisión de cartuchos es inagotable y si el ejér­cito que la emplea es bastante ignorante para que no se pueda Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. obtener de él .otra clase de fuegos, per-o que no hay fundamento: alguno .para ver en ese género de tiro un nuevo elemento de la t'ctica de los fuegos.-( Conhnúa). -------~------- PJUNCIPIOS GENERALES DE ESTRATEGIA Y DE TÁCTICA EN LAS PEQUEN4S GUEIUUis­por el Mayor C. E. Callwell, del Ejército inglés TJLADUCCI6N DE ISIDORO LAVE:RDE AMA Y A-Cfmli,Úa CAPITULO XI TÁCTICA DE ATAQUE l. La lácHca ofensz"va ts generalmente imperalt"va-En la mayorfa de las pequeñas guerras las tropas regulares han adoptado gene­ralmente, y como era natural, la ofensiva sobrt! el campo de bata­lla. El enemigo rehusa atacar : se confía en las ventajas de Ja posición y en las defensas. naturales ó impro:visadas. Los mi~mos Sikhs, la raza más aguernda con que ha temdo que combatir el ejército inglés en Oriente, adoptaban de preferencia la defensiva, bien que comprometidos en una campaña esencialmente ofensiva. Pero aun cuando el enemigo no mostrase esta repugnancia na­tural á tomar el papel de asaltante, el principio fundamental de estas pequeña gu rras es atacar siempre, si es posible, al ad­versario. Guerrero" deridido y fa.náti s, que combaten en masa y adoptan la táctica de · hoqu , obligan algunas veces al ejército re­gular á ponerse á. la defensiva, á marchar y á combatir en cuadro, y á renunciar á las ventaja morales que procura el ataque; pero estas condiciones son excepcionales. En los capítulos precedentes se ha hablado de la grande im­portancia que hay en hacer sentir al enemigo su inferioridad, de la ventaja de una actitud de iniciativa sobre el terreno, del valor del efecto moral. Un plan de campaña audaz y resuelto es la me­jor garantía de éxito final, y aun sobre el terreno este gran prin­cipio se sostiene íntegramente, y la historia de las guerras pequ~ ñas lo confirma casi de modo evidente. Las victorias decisivas ga­nadas por débiles cuerpos de tropas regulares sobre grandes ma­sas de bárbaros, como en Pla ley, en Isly y en ~lean ce, se deben generalmente á la toma de la ofensiva atrevidamente. Este hecho da al estudio de la táctica contra semejantes adversarios un inte­rés especial. II. Es Üllporllznle lograr un é.xzlo decisiv• m el combate-Ya .se ha puesto de manifiesto que el éxito decisivo en el combate es. m-. cuestión importantísima del manejo de es.tas pequeñas guerras,._ Toda vez que es difícil suscitar el combate, y que el campo de ba­talla es el desiderátum supremo, lácil es comprender que wur TOllO I-J Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. simple victoria no es suficiente, y que se hace preciso derrotar en absoluto al enemigo ; de donde nace la necesidad de ataques en­volventes y de operaciones dirigidas contra la línea de retirada del enemigo, conforme se ha tratado en el capítulo In •. III. Preparadón por la artillería-Pero antes de hablar de esta tan importante cuestión como es la dirección que debe darse al ataque, y de los motivos que haya para escoger esa dirección, con­viene fijarse en los medios de preparación por la artillería, que des­empeña papel muy importante en la táctica moderna. Esta prepa­ración es interesante para el desarrollo de un combate, cualquiera que sea la dirección del ataque. La experiencia de recientes grandes campañas en Europa, prueba que la preparación por la artillería es un principio esen­cial del ataque en la guerra regular, un principio absoluto admiti­do sin discusión por los tácticos, un principio igualmente verdade­ro hasta cierto punto en las pequeñas guerras El primer deber de la artillería en el combate es reducir al silencio la artillería adver­sa, y el segundo es derribar á cañonazos la defensa del contrario en el punto escogido para el ataque. En las pequeñas guerras ge­neralmente no hay necesidad de considerar sino la segunda faz de la acción de la artillería. En efecto, i el enemigo posee cañones, rara vez se sirve de ellos con ventaja. Así pues, en general en estas pe­queñas guerras la acción de la artillería se limita á abrir una bre­cha en la línea de batalla del enemigo para dar paso á la infan­tería. En ciertos casos, es e 1 prólogo indispensable del asalto. IV. Cuándo y m dónde esta preparación no es vmlajosa-Pero este prólogo no siempre es necesario, ni aun prudente. En todas las guerras la artillería ejerce un grande efecto moral. Los Asiá­ticos se pagan mucho de tener cañones. Guerreros irregula1·es que pueden disponer de algunas piezas de campaña para su línea de batalla, conceden grande importancia á esa artillería. En­tre tales adversarios esta es una característica de que pueden apro­vecharse las tropas regulares, como se verá más adelante. Mas la cosa es que adversario que dispone éle cañones teme mucho el fue­go de la artillería. Hasta cuando no tiene cañones y no conoce la artillería, el adversario se aterra cuando las granadas lo alcanzan. Por esta razón un bombardeo preliminar tiPne por efecto, en am­bos casos, arrojar al enemigo de su posición y hacerlo huír antes del desarrollo del ataque ; este es un resultado que no es codicia­ble. Durante los ataques de los Franceses sobre Bacninh y sobre Hu:· .~·-Hoa, en el Tonkín, en 1884, el fuego de la artillería causó la rdirada de los Chinos, quienes no sufrieron sino pérdidas lige­ras, cuando hubiera sido muy conveniente haberks infligido una sangrienta derrota. Algunas veces, por motivo especial, puede ser ventajoso arrollar de este modo al adversario; pero, por regla ·general, al principio de una campaña es ciertamente una gran .contrariedad que los guerreros irregulares abandonen sin lucha la posición en donde se disponían á aceptar el combate. • Esto confirma lo dicho entonces como objeción al autor-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n A-'f·ilt'tar 35 V. Objeciones-A veces la preparación por la artillería indica .al enemigo e) punto de ataque, lo que no siempre es de de5ear ; -esta preparación es naturalmente incompatible con toda idea de sorpresa. La salida de Kandahar contra la. aldea de Deh-Koja, en 1880, es de ello un ejemplo : una media hora de bombardeo no ..sirvió sino para alarmar á los Afganes, quienes acudieron en masa de todos lados ha~ia el punto amenazado. Y esta primera objeción no es tan importante como la segunda ; es á saber: que tal prepa­ración produce la huída del adversario sin que haya habido com­bate. "El efecto de la artillería, dice Lord Wolseley, es absurda:.. mente insignificante contra un enemigo que no combate en masas -ó siquiera en cuerpos organizados." * Esta observación se aplica -naturalmente á los efectos materiales de la artiJlería, y no al efecto moral. Las probabilidades de infligir una derrota decisiva á un adversario tímido, pueden quedar destruidas por el envío prema­turo de algunos proyectiles poco ó nada mortíferos. VI. Esta preparacibn. se impone cuando el enemigo está fuertenunle atrincherado-Pero á veces la preparación por la artillería es indis­pensable. Si el enemigo está fuertemente atrincherado y decidido ..á la lucha, un bombardeo preliminar puede ser útil. Cuando la su­blevación de la India, la artillería prestó grandes servicios abrien­- do paso á la infantería. Una maniobra muy ventajosa fue la de enviar algunas piezas sobre los dos flancos, de modo de enfilar la posición enemiga. Pero en esta campaña los rebeldes estaban bien .armados y con frecuencia combatían con encarnizamiento. Si el enemigo está atrincherado y si la resistencia que haya de oponer parece que ha de ser considerable, urt bombardeo preliminar se impone. Se podrían multiplicar los ejemplos de la necesidad de la intervención de la artillería en semejantes casos á fin de abrir ca­mino á la infantería. Los puntos que deben servir de guía para la decisión respecto de la preparación por la artillería, son : la natu­: raleza de la posición enemiga, el valor del enemigo y la cues­tión de saber si la toma misma de la posición ocupada por el ene­migo tiene por el momento más importancia que la de una simple lección dada al adversario. VII. Ejemplos de la neceszdad de la preparacz(m en la arlz1lería.­La falta de un bombardeo preliminar ha ocasionado algunas veces resultados muy de lamentarse. El combate de Chillianwallah es bien conocido t. En el combate de Wad Ras, cerca de Tetuán, • Correcto aforismo aplicado á la mal organizada y peor servida artillería i nglesa de montaña; pero enorme desatino táctico en otro caso-L. D. t Chillianwallah es una aldea del Ungah, sobre la ribera izquierda del Sind .de Thelum. El 13 de Enero de 1849 Lord Gough atacó imprudentemente, cerca -de esta aldea, al ejército sikb mandado por el célebre Shere Sing, de quien el autor ha hablado antes. Este ejército ocupaba una posición naturalmente fuerte, ~eforzada con trincheras provistas de numerosa artillería, y por delante de la .cual se encontraba un bosque impenetrable. El ejército inglés, inclusa la brigada -de caballería Popa y las dos divisiones de Sir Walter Silbah y de Sir Lolin Camphell, avanzó valientemente, bien que algunos jefes se diesen cuenta de la imprudencia de lanzar algunas débiles brigadas contra fuertes baterías y tropas frescas del enemigo, apostadas en medio de una floresta virgen. No hubo preparación por la artillería, y esta horrible carnicería (tenib!e Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mt'!t'tar 'en I35g, los Españoles atacaron la aldea de Amsal sin prepara­~~ ión previá por la artillería ; varias veces fueron rechazados, y no la tomaron definitivamente sino después de sufrir muy grandes (pérdidas. La falta de preparación por la artillería parece h ber sido la causa principal de las grandes pérdidas que los Holan­deses experimentaron en sus ataques contra las trincheras de ~"Achin en 1873-74; la artillería habría sido muy eficaz contra es­- tas aldeas, y la prueba es que el Kratón de Kota Raja, la princi­pal fortaleza enemiga, fue abandonada después de un bombardeo. Las guerras irregulares son quizá tan abundantes en esta cla­se de ejemplos, como las grandes campañas de la historia. Parece inútil decir que vale mucho más arrojar al enemigo de su posición con el solo fuego de artillería, que sufrir un revés por falta de bombardeo preliminar. La preparación por la artillería es en oca­siones un acto esencial, y sólo cuando no es así surge la cuestión de saber si esta preparación es ventajosa ó nó. * VIII. Imporianda de la loma de la arh1lería mem(ga-Mientras que tratamos del capítulo de la artillería, se puede hablar del prin­cipio importante que se desprende de la táctica ofensiva : cuando adversarios como aquellos contra los cuales tienen que Juchar las tropas regulares en estas pequeñas guerras, llevan artillería al cam­po, es muy ventajoso ponerle la mano á esa artillería. Ya se ha hablado de la importancia considerable que estos guerreros irre­gulares conceden á los cañones. Los Asiáticos se inclinan á medir la fuerza de un ejército por el número de sus cañones. Es cierto que el material de artillería de estos adversarios rara vez es for­midable; generalmente es anticuado, las municiones son malas, y las usadas casi nunca dañan. No es, pues, tanto el concurso que esa artillería presta al enemigo en el combate, lo que hace desear que sea tomada pronto, cuanto el efecto moral que produce el qui­társela. Estos guerreros irregulares olvidan una derrota, pero no la pérdida de su artillería. Un ejército de bárbaros que párte á la guerra con un gran tren de artillería, símbolo del poder militar en el pafs que atraviesa, y que vuelve sin sus cañones, trae, evidente­mente, las señales de la detrota. La artillería es un dije (playiit"ng) para potentados medio ci-vilizados; los jefes tienen gran confianza en ella, y los simples guerreros la consideran como una poderosa máquina de destrucción. Cuando ven tomados sus cañones, pierden toda esperanza de vencer; entonces llega el momento del sálvese t¡uietr. pueda. slaughtu), que habría evitado un jefe de sangre fría y más prudente que el bravo · Lord Longh, comenzó por la derrota de la brigada Pope, y costó á los ingleses 89 oficiales y 2,357 hombres muertos y heridos; además seis piezas y cinco ban. fieras quedaron en las manos de Shere Sing y de los Sikhs. Por su lado, Shere Sing perdió 4¡000 hombres y 45 piezas enclavadas. t (British batlu la11d «ud sea, by :James lgmnt, pág. 62) *' El cañón es hoy elemento indispensable de combate-L. D. t Entoneea no existfe.n eaiionérrde acero y retrocmrp -L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M -ilitar 37 Por lo demás, la artillería ·de . estos ejércitos no es difícil de capturar. La. batería forma rara vez una unidad móvil. A los ca­ñones se les sube, no importa cómo, sobre la posición; una vez en batería, no hay medio ninguno para quitarlos de ese lugar en el momento que se quiera, cuando el asaltante dirige contra ellos un ataque resuelto. En todos los combates de la última guerra de Afganistán, ~n . los cuales el enemigo poseía cañones, combates que fueron triunfos para los Ingleses-Charasia, el Peiwar Kotal y Khandahar, por ejemplo,-casi todos los cañones cayeron en poder de los Ingleses. En la sublevación de la India los cañones de los rebeldes eran por lo general defendidos bien y vigorosamente; pero rara vez logró el enemigo retirarse con ellos, y varios pasaron á engrosar el botín después de los triunfos de las arm~s inglesas á campo raso, y sin embargo dicha artillería era formidable, y los rebeldes tenían, con justa razón, mucha confianza en ella. Algunas de sus baterías de campaña maniobraban admirablemente. Las grq.ndes pérdidas en material de artillería que sufrieron los rebeldes provinieron sin duda en parte de que estas piezas permanecían bravamente en ac­ción hasta el último momento. Esas pérdidas hicieron perder toda confianza al enemigo, quien, al fin, combatía sin esperanza de venc r. En la guerra de China de 1 86o, la toma que los aliados hi- .. cieron de muchas piezas en los dos combates librados durante la marcha de Tientsín sobre Pekín-Shanhia wan y Palikao-produ­jo grandísimo efecto moral en los contingentes chinos. Buen ejemplo del efecto moral que produce la toma de la ar­tillería, es el incidente siguiente. En 1854los Khokandiers se reu­nieron en gran número y bloquearon el fuerte Perowski, puesto .avanzado de los Rusos sobre el Sir Daría. El comandante resol­vió dar un golpe vigoroso, y á este efecto envió las tropas de que podía disponer á atacar inopinadamente al enemigo. Esta peque· ña columna se encontró bien pronto en una situación crítica, amenazada por todos ladps. Pero en la ejecucióQ de su movimien- • to nvolvente, el enemigo había dejado su artillería sin protección; lo que visto por el comandante ruso, le incitó á dirigir sobre las pie­zas un impetuoso ataque. y se apoderó de ellas. E;l efecto fue inme­diato. Los Khakodiers se asustaron y huyeron en desorden, dejando numerosos trofeos en las manos de la pequeña columna rusA-; su derrota fue completa. IX. Co11.jia~a que tienen los gufrreros irregulares en sus cañotus­Es interesante hacer notar que la artillería. ~s á menudo no sólo causa de estorbo para guerreros irregulares, sino hasta un peligro .evidente. La causa de Schamyl declinó desde el día en que élatJr mentó su artille
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 1 y 2

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Selecciona las Colecciones en las que vas a añadir el contenido

Para consultar los contenidos añadidos busca la opción Tus colecciones en el menú principal o en Mi perfil.

Mis colecciones

Cargando colecciones

¿Deseas limpiar los términos de la búsqueda avanzada?

Vas a limpiar los términos que has aplicado hasta el momento para poder rehacer tu búsqueda.

Selecciona las Colecciones en las que vas a añadir el contenido

Para consultar los contenidos añadidos busca la opción Tus colecciones en el menú principal o en Mi perfil.

Mis colecciones

Cargando colecciones