Saltar navegación e ir al contenido principal
Biblioteca digital de Bogotá
Logo BibloRed
Saltar el buscador

Esta ingresando al contenido principal

  • Prensa

Lectura y Arte - N. 1

CONTENIDO DE LIBRE ACCESO

Este contenido es de libre acceso. Solo haz clic en el siguiente botón.

Ir a este contenido
  • Año de publicación 1903
  • Idioma Español
Descripción
Citación recomendada (normas APA)
"Lectura y Arte - N. 1", -:-, 1903. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3683658/), el día 2025-08-29.

Contenidos relacionados

Imagen de apoyo de  Las aventuras de Gato: La hermandad del Agua Clara

Las aventuras de Gato: La hermandad del Agua Clara

Por: Daniel Rabanal | Fecha: 2022

Los suelos del páramo son de origen glacial y volcánico. La ceniza y la materia orgánica que se acumula en su superficie le da cualidades particulares para almacenar el agua y distribuirla. Los muiscas peregrinaban a Chingaza o la Serranía del dios de la noche a agradecer al agua y, especialmente, a Chiminigagua, la luz primera entre la oscuridad. Algo que sorprende de las historietas de Daniel Rabanal es su capacidad de hablar con sutileza de problemas políticos y sociales sistemáticos del país, haciendo una captura del presente con tanta fidelidad y, sin hacer una bajada de línea, nos cuenta qué pasaba en Colombia enlos noventa. En Las aventuras de Gato podemos ver nuestro propio hábitat dibujado de una manera exquisita y un cambio de lugar de los personajes con poder.
  • Temas:
  • Otros
  • Cómics

Compartir este contenido

Las aventuras de Gato: La hermandad del Agua Clara

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Lectura y Arte - N. 1

Lectura y Arte - N. 1

Por: | Fecha: 1903

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. A CO DE LA 1 LfOTECA LUIS A ,. .. oc . c;c•s•- _H ___ M _ .-1::. ___ ..,..__ SALUDO -------- Los Directores de esta Revista se com­placen en ignificar aquí sus agradecimien­tos á la prensa de esta ciudad que tan bon­dadosamente anunció la aparición de Lec­tura y A rte. CONDICIONES DE ESTA REVISTA . . Suscripción por un año ...... $ 120 Después de publicado el tercer número, un año vale. . . . . . . . . . 150 Número suelto ..... ______ ... 12 ~ ú me ro viejo __ .. __ . _ . __ . . 1 5 Se devuelven los originales, cuando su dueño ac::í lo exija. Se admiten avisos para las tapas inte­riores. Agente general, . FRA. ' CI. CO A. LA TORRE. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. MEDELLIN - JULIO DE 1903 . Vencidas las dificultades con que hu­bimos de tropezar en un principio, presen­tamos al público el número primero de Lectura y Arte, periódico que con inusita­da benevolencia fué anunciado por la pren­sa de esta ciudad. Empezamos hoy la dura y laboriosa tarea que nos hemos impuesto, de hacer una publicación mensual especialmente de carácter artístico y literario, á la vez que campo adecuado para las producciones de interés patrio universal que nuestros cola­boradores quieran confiarnos, toda vez que deseamos para nuestra Revista no solamen­te lo agradable y lo ameno, sino también lo de marcada utilidad general. Que se califique de atrevimiento loco el que nos dejemos ir por esta vía á todas luces ingrata, poco nos importa, pues que buscamos sólo el bi n final; sino que sol­tando un poc de rienda á este amor de or- 't'fe. ~·a~ or el más ingrato de los cultivos 6(). en Colombia, el cul- J~ tivo del e píritu, deja- . ~ n;os á u~ lado el inte- , · · -~ re propto, y nos e- /IJ: chamos en pos de un ({ · de luz para noso- 1 y para los demá . Seguimos el ejemplo de El Reperton.'o Ilustrado y de El Montaiiés, de simpático recuerdo; pero confiamos en que no será ni la indiferencia del público por una parte, ni lo insustancial de nuestra publicación por otra, los males que den en tierra con esta empresa. Sería conveniente para estos fines, que nuestros colaboradores se acomodaran al consejo de un pensador del día, consejo que nosotros procuraremos seguir igualmente: "Para ejercer influencia eficaz sobre los es­píritus modernos es necesario escribir corto, escribir claro, y escribir culto." Esta Revista, creemos un deber de­cirlo, no pertenece á ninguna escuela; aquí tendrá cabida todo lo bueno. Al lado del cuadro y de la caricatura, publicaremos el retrato de la personalidad del día, del hom­bre que esté en alto, justa ó injustamente, como nota de actualidad, sin loas, sin re­proches, sin comentarios. Puede llegar á nuestra mesa algo que pugne con las ideas nuestras, que será pu­blicado, si es bueno, en espera de algo que le haga controversia, para que venga la luz, para que resalte la verdad. Como se vé, nuestros pro­pósitos son modestos, y espe-ramos dejarlos cumplidos .. Medellín, Julio de 1903. \ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. M. O. V. TEMAS DE CON ­VERSACION. SE SOLICITA UN APOSTOL. + + + + I Un poder de abstracción apenas infe­rior al de i\.rquimedes, necesítase para po­der pensar hoy en este país en ciencias, ar­tes, literatura, en cualquier cosa, en suma, que no sea la miseria del momento: la si­tuación; la asfixiante situación política, fiscal, económica: social, en una palabra. Yo, por mi parte, confieso no tenerlo ; y comparto con mis conciudadanos la honda preocupación con que el inmenso desa tre ha venido á acabar de entri tecer el carác­ter de la raza, ó mescolanza de razas, me­jor dicho, que puebla á Colombia. Y por lo que vivo preocupado, estoy atento á los remedios y soluciones que á cada paso están proponiéndose para el de­sastre ese. Y me parece que todos los bien intencionados doctores se han quedado, co­mo quien dice, á flor de piel; que 110 han bajado á las raíces del mal. Porque yo con­sidero el caso nuestro sencillo y terrible: es, simplemente, que estamos enfermos de barbarie. Búsquese, si no, la alida de cual­quiera de las dificultades actuales, y á poco andar se tropieza con esa verdad. Por ejemplo, el papel moneda: U ni­versalmente conocidos son los remedios para este mal. Pero todos ellos requieren la seguridad de que no se emitirá más: e decir, que el Gobierno podrá y querrá vi ­vir de sus rentas. Lo que, en un país tan pobre como éste, presupone un Gobierno que sea, entre otras cosas, honorable y po­pular; que pueda sostenerse sin gran ejér­cito é inspirar confianza; que administre mucho y politz"quée poco; y partidos políti­cos cultos y honrados~ respetuosos de la ley y de sí propios ó sea, por lo pronto, respeto al sufragio. ¿ Pero siquiera hu­bo nunca entre nosotros sufragio popular respetable? ¿Puede haberlo hoy, en nues­tro actual estado de civilización, es decir, de barbarie ? .... __ Y llegamos á la con­clusión: La enfermedad de Colombia es. bar­barie ·: barbarie maligna. Ese, el diagnóstico; que por lo que hace al remedio, no hay más que uno: ci- 4 vilización. Pero la civilización no se compra he­cha, como ropa de cargazón; por más que muchos sí lo crean. Ella tiene que ser pro­ducto indígena; resultado de una cultura razonada y consciente del alma colectiva de la nación. Pues para mí, civilización es comprensión y tolerancia; y civilizar es, por tanto, un procedimiento por el cual se le ensanchan las entendederas al vulgo-y cuidado que vulgo somos todos, ó casi-­y se le hace capaz de asimilar idea que no nacieron en su cerebro ó en su medio am·­biente; y de tolerar y respetar opiniones que no comparte. Civilizar es educar las masas. Pero para educar la masas, hay que empezar educando á los educadores. Por supuesto, que educadores no quiere decir implemente los maestros de escuela. Los educadores de un pueblo son aquella porci 'n del pueblo mi m o que por su inte­ligencia y su energía-y por su riqueza á vece -se destacan incon;:,cientemente de la línea común, y vienen á constituirse sin pensarlo en modelos de lo demás; encar­nando por 1 momento la a piraci 'n-el ideal inmediato, podría decirse-que bulle informe en la mente de todos. Y conform ·ean nobles ó mezquinos esos modelos, así será elevado ó rastrero e e ideal inmediato, e a meta hacia la cual corren ellos arra. : trando tras sí al pueblo. Por e o educa­dore es por los que hay que empezar. De modo que si yo hubiera de civilizar á Colombia, empezaría por educar á A n­tioquia; ya que por circunstancia , que no hay hoy e pacio ni ocasión de detallar, la considerq en condici nes más propicias pa­ra el caso que cualquiera otra porción del país. Y en Antioquia, empezaría por esa porción de ella que está verdaderamente en estado de comprender qué es y cuánto va­le la educación. Lo que es decir que fundaría una ver­dadera U ni ersidad; la cual sería la prime­ra que hubiera existido en el país; ya que los establecimientos de enseñanza superior que en él han llevado aquel nombre, ape­nas si lo merecen. Aquella Universidad, ricamente dota­da, autónoma, abierta á la verdad sin te­mor, libre de influencias oficiales y de sec­tarismos, habría de ser la expresión más elevada del pensamiento antioqueño. En ella se estudiarían y se investigarían, con espíritu amplio y métodos modernos, to- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. das las cue. tiones científica , artísticas, in­dustriales, sociales que interesan á Colom­bia. Allí se discutiría con razones y sin có­lera; y tendría derecho á ser oída toda voz que el saber autorizara. Allí se iría for­mando el gusto estético, de que tan en ab­soluto carecemos; se irían haciendo fami­liares los métodos científicos r.wdernos; se escudriñarían las ignotas riquezas de nues­tro territorio, y la manera de explotarlas; s~ estudiaría el modo de sanificar y sua­vtzar nuestras costumbres, de salvar la vi­talidad material y moral de la raza-que tan de cerca amenazan hoy el alcohol, la abyección y otros enemigos-; y, fomen­tando todo vigor fisico, moral, intelectual, se iría haciendo la ida en esta tierra más útil y más dulce: más vivible. Esa Universidad, tal com yo la figu,ro sería no ya la fábrica oficial de copartida­rios, ó el semillero de aspirante á los em­pleos públicos, ni oficina de patentes para p eudo-sabio rutineros y pretenciosos, i­no el cer bro mismo de Antioquia: vivien­do la vida de ella, é infundí ' ndosela nu va. Allí .lo graduados ejercicios de t la laya de arrollarían los músculos, la energías y las facult~des de los que llegaran encogi­dos estud1antes ; y en el rcsp to por el al- 1/~a matcr in pirarían el r spet de sí pro­ptos, fundamento único de la dignidad d indi iduos y nacione . De allí saldrían hom­br s s.a,no. de e. píritu y de cuerpo: una ge­neracJOn de audaces y pacientes; los e u­cadores del pueblo ; lo conq ui tadores dC' esta naturaleza tropical, insidiosa y hostil. Habría quizás entone s menos doctore que hoy ; pero habría más hombres. ... se fuera el principio de la curación de Colombia. Y el principio de e e principio ¿cuál es ? Un apóstol. Un entusiasta, que poseí­do de esa idea, no repose hasta ponerla por obra, entusiasmando á los otros · men­digando, inventando recursos: un Pad're Ra­bagliati de la Universidad. ¿Surgirá? .... Tal vez otro día pueda entrar en de. talles sobre todo esto. Hoy falta espacio. S. RESTREPO . SOM ­BRIA . """" "" "" Habían ido centenares de veces á esa ribera magnífica del río, que acogía sus amo­res con una indulgencia paternal en sus márgenes severas y apacibles. Aquella tarde bajaban también, apre­su. rados, abstraídos en sus propios pensa­mtentos, Tonio y Silvia. Tenían la misma edad,-trece años. El era esbelto blanco y rubio. de ojo esplendorosament~ azules que contrastaban con sus mejillas ardientes. Ella un poco morena, de labios encen­didos, con una cabellera de rizo perfu­mados y profusos. Todos lo conocían en el pueblo y sa­bían sus amores inocentes y sonreían de ello . '1, lo amenazaban en bromas con que le quitarían su novia. A ella, le decían que él la olvidaría por otra, antes de mu­cho. Los dos escuchaban indiferentes aque­llas amenazas que carecían de ignificación para sus almas aún nueva·. . . De camino, llegando Gasi al río, dijo tlvta: ¿ abes? dentro d una semana nos vamos á ivir allá-y s ñaló e n la ~ano una vivienda del otr lad del río, á ¡oca. cuadra · obre la falda oriental. Venían a ·id s del brazo. Tonio la sol­tó rep ntinamente y en medio del camino ·e plant ' á contemplarla con una especie de admiración e túpida. 6 -Qué? dij nada mas, por último. Silvia repitió con naturalidad:-Que nos vamos á vivir allá, á aquella casa del tr lado. -Y entonces? preguntó él_. on voz de alarma. -Pues-dijo ella-entonces tu viene aquí al puente, y yo también vengo aquí al puente. Aquella solución inesperada arranc' un suspiro de satisfacción á Tonio:-Yo si que soy bestia! exclamó; y haciendo en se­guida una cabriola, se inclinó rápidamente cogió una piedra y la despidió tan vigoro~ samente que produjo un silbido al atrave­sar el aire. Ella lo contempló un instante, enorgullecida del vigor que manifestaba. . S~guieron su camino mas de prisa, ca-st c~rr~end? para.ll_egar al puente que ya se dtstmguta. Pns10neras entre márgenes abruptas, corrían las agua del gran río, re - Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. dta . l\\ ~+:\ ,/~ ~l··~ ·~ ~~lf'A[f;; -· ~' \ · \ 1 . --~·- - V . ~ \. _ _::,- / .l' · l.. - jt, ' con un arrullo medita- ~ , ;:" : .. ~' . ndo y pausado. El horizonte de la tarde / ~~t. dllataba sobre el mundo sus senos de azul ::;r;! pálido, con una nube aquí y allá, como una '-UD~' isla vaporosa. Allá abajo-dijo Tonio indicando las riberas explayadas, á media milla del puen­te- se ahogó el domingo un hombre. -Como? interrogó Silvia. -Bañándose-En la orilla no es pro-fundo .... y fué entrándose .... y fué en-trando y ... . Tonio no concluyó, sino que hizo un gesto vago que ind~caba el naufragio fatal, lo irreparable. Silvia fijó entonces los ojos en el lugar designado, con un leve movimiento de mie­do en las facciones, como si hubiese con­t~ mplad~ la cara de un traidor, de un ase­smo. Un ruido de alas los hizo mirar hacia la altura. La tarde moría ya; y bandadas de palomas cruzaban el espacio, volando al palomar. Venían de dos en dos, lentas y graves, deslizándose en el aire largos tre­chos, sin una trepidación, como si una fuer­za invisible las hubiese conducido. tras se­guían luego, más veloces, pre u rosas d lle­gar al final de su carrera. Las últimas cru­zaron como saetas. -¡V é! ¡ míra! exclamaban los dos al­ternativamente, contemplando los vuelos de las aves. Cuando éstas dejaron de pasar, dijo Tonio: Yo ya tengo cien palomas. otro día· no tenías sino ochenta, observó Silvia. -Sí-pero he conseguido más. . ..... -Y son tuyas solas? interrogó ella aún. --Mías -afirmó Tonio con énfasis. -Me regalas un par? volvió ella de un modo provocante. Otra vez Tonio la miró con sorpresa. Permaneció como un minuto en suspenso. or último exclamó: -Es que son mías, pero para ti, por suppesto. Ella se echó á reir con una risa blan­da de placer y de victoria. Se habían acer­cado el uno al otro. Familiarmente le echó él el brazo sobre el hombro y el cuello, y los dos inclinados miraban en silencio hacia las aguas oscuras que seguían entonando su cántiga apacible bajo los arcos del puen­te. Habían aparecido en el cielo algunos as­tros; y las últimas nubes de la tarde, teñi­das de fulgores vespertinos, reflejaban sus formas luminosas en la corriente tranquila. A lo lejos, río abajo, las aguas se rompían . con clamores tumultuosos en una barrera de peñascos. -Oyes ?-preguntó Silvia sobresal-tada. -Qué? dijo él. -Creí .... me pareció, dijo ella, que habían hablado allí. El tendió el oído. Con voz firme afir ­mó luégo: Es el río en los saltos-é indic' hacia el lugar de donde venía aquel sonido. En el silencio dé la noche las ráfagas de bri. a les traían los ec s alte rnos de las aguas. Tonio había parecido varias veces re­coger sus fuerzas para decirle algo. Había querido decírselo en verdad; pero se ha­bían detenido en sus labios las palabras. Por fin, medio titubeando, empezó: Silvia . ... -Qué? - .... dime .... nos vamos? -Sí; ya es tiempo, contestó ella; y se volvió para ponerse en marcha. Pero él l.a cogió con suavidad de un brazo. Bueno, dt­jo; pero antes de irnos dime .... y se con­tuvo aún, incapaz de formular la pregunta. -Qué quieres que te diga? le pregún-tó ella. -Yo .... dime Silvia: tu te casas con­migo? articuló él por último, con una rotun­didad que revelaba la indecisión y el temor. Ella permaneció un instante cohibida. Por último, medio tímidamente, le preguntó á su vez: no te dije ·que iÍ desde la otra tarde? -Tú? exclamó Tonio asombrado. Silvia se quedÓ' pensativa unos instan- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. tes. ¡Cierto que nó 1 dijo por último. Fué que soñé que tú me habías preguntado y que yo te había dicho que sí. El exhaló un ah! de convicción y de satisfacción profunda; y se pusieron en mar­cha. Iban de prisa, temerosos, seguros de mano mayor, risueñamente, lo que Tonio proyectaba. El chico volvió á escaparse co­lérico y desolado como antes. y no vol~ió á decir nada, pero una angustia confusa le lle­naba el corazón al pensamiento de que no hacían sino rei ando él hablaba de sus Sil que serían reñidos porque tardaban~~?~/ ... --.~- ceso. ~~..:;.,2 ~-· , ' ~ 2..!"" ~~ --N o ves? decta ella- / ~~ Cuando nos vamos para el otro le.do, podrás venir todos los días des-de temprano, y no.s estamos en el puente toda la tarde. La casa es ahí, muy cerca. La idea del amor era para ellos inse­parable del río, del puente, de la tarde, que habían sido los pretextos de aquellas excur­siones vespertinas. · Ahora, el pensamiento de que Silvia se casaría con él, llenó á Tonio por comple­to. En verdad que sería después, cuaqdo estuvieran grandes, como su hermano y la hermana de Silvia que se habían casado un año atrás. Pero con esa carencia de perspectiva que tiene el tiempo en los primeros años, l{más tarde," para Tonio, era un tiempo tan cercano, que se le hacía indispensable con­templarlo e mo inmediato de de lueg . A los p cos días, dijo á s u madre, formalmen ­te, con una gravedad soberbia: Yo me oy á casar con il vi a. -¿De veras? exclamó ella con acento de irrisi 'n; y s ltó la carcajada. Tonio se sonrojó vivamente y salí ' huyendo. U na sensación turbia de cólera se apoderaba de él. Después, hizo muchas preguntas á s u hermano. Quería saber cómo había hecho él para casarse. Cómo había dicho á su no­via; cómo había dicho en su ca­sa. La madre oyó un día sus preguntas y di-jo al her- En las tardes había llovido. N o podía ir al puente (}n busca de ella, que ya vivía del otro lado. Un sábado, camino de la es­cuela, tropezó con el párroco en la calle. Era un sacerdote joven, afable, de rostro jovial, risueño, y franco. Conocía mucho á Tonio. Tonio al verlo, dió con el pié vigo­rosamente en el suelo. Le había ocurrido una idea. El cura era quien hacía los ma­trimonios. Sombrero en mano se le acercó. Pero le daba vergüenza. Sinembargo, con rodeos y vacilaciones, acabó por exponerle el caso: yo tengo ganas de casarme, dijo. El cura lo contempló con admiración. -Tienes novia? le preguntó. - í señor, contestó él; y en voz baja, co n dulzura, murmur' despué : Silvia. El cura abri ó los ojos desmesurada­m ente. Record ' que los muchachos eran novios, que tenían sus amore infantiles, conocidos de todos en el pueblo. - Ja, ja, ja,! prorrumpió en una nor­me carcajada. Tonio, confuso, inclinó la cabeza, rien­do un poco también, pero irritado, y tenien­do como jamás la sensación del sarcasmo. El Cura fué á hablarle, á preguntarle más para divertirse. Pero Tonio se marchó sin despedirse. Al medio día, cuando vclvió á la Escuela, supo que el maestro estaba enfermo. Había vacaciones hasta el lunes. Miró al cielo. Estaba nebuloso. Llovería de seguro. Se encogió de hombros con violen­cia. Qué importaba? .... y se lanzó á toda prisa en dirección al río. N o pensaba, no sentía nada, sino que iba á ver á Silvia y á .. _ ----- ~ .. -. ~- => . con versar con ella. Cuando llegó al puen­te, se le ocurrió, por primera vez, que ella no sabía su venida, que no lo esperaría sino en la tarde. De­cidió entonces subir Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. hasta su casa, en busca suya. Había que eguir un trecho por la ribera, río abajo. Estaba agitado; sin aliento: tan rápida ha­bía sido su carrera. De tiempo en tiempo se detenía á respirar, á ecar e el udor que le rodaba por las mejillas. En un leve reco­do de_l sendero, repentinamente, hizo alto con brusquedad y dejó escapar un grito. Había visto á Silvia, acababa de distinguir­la, al travé de unos arbustos, bañándo e en el río. Sin detenerse, poseído de un júbilo incontenible, corrió, llamándola por su nom­bre, hacia ella. -¿Tú? exclamó ilvia, atónita, sin a­ber que hacer; y añadió con premura, ¡' é­te! véte! -N ó! ¡ y e! I le venido á buscarte, dijo él con voz de angustia y acercándose á la orilla. U na ola inesperada, de e n cicla de regocijo le había dominado al descubrirla tan cerca y solitaria. Ella, viendo u agita­ción, se quedó entone s indecisa. Qué hay? le preguntó. Tonio no sabía cerno empezar. Sentía y pen aba confusamente una multitud de cosas. Lo había acompañado en su carrera la esperanza de que encontrando ' á ilvia, encontraría un alivio, una olución para el problema incompren ible que le venía tor­turando. hora, en frente de lla, no hacía mas que mirarla, y admirarla, absorto, perdida la hilación del pensamiento. Le parecía asombrosa de hermosura, medio oculta en­tre las piedras cercanas á la orilla, con los brazos y el cuello descubierto , y los cabe­llos intensamente negros, abrillantados por el agua. -¿Qué ha sucedido ?-vol vi ' ella á preguntar, viendo en el ro tro del mucha­cho pintada la confusión de emocione . -Ah! ¡N o sabes! empezó él. Ahora verá . ¡N o podemos casarnos! Ella sonrió. ¿Por qué? dijo distraídamente en e­guida. El, entonces, con palabras entrecorta­das y en desorden, le contó lo ucedido. Interesándose en la narración, ella se acer­có lentamente á la orilla, hasta sentar e, con los pies sumergidos en el agua, sobre una de las piedras. Agitaba lo cabellos en el aire con una de sus manos. Parecía haber­se preocupado también, pero menos que el muchacho. Grandes árboles sombreaban allí la margen. El agua se detenía en un reman­so como un lago, y estaba cubierta, á gran­des trechos - de juncos y nenúfares. De tiempo en tiempo, una trepidación fugaz agitaba la muchedumbre de las corolas acuáticas. -Y por qué viniste hoy? preguntó Silvia. Tonio á esas palabras pareció volver de otro mundo, despertar de un largo ueño. Siguió ~u relación: el maestro enfermo, su carrera veloz, su ira, su miedo y acabó por pre untar: ¿qué hacemos? 8 Ella e encogió de hombros. -Qu' importa? dijo. Esa expresi 'n le desconcertó por com­pleto. No quiso mirarla y volvió los ojos su­cesivamente á las cumbres remotas de los montes, á lo. senos profundos del espacio y á las aguas. Soplaba una brisa muy te­nue, haciendo tremolar los xtremos uti­le de los juncos y las rama · menuda de 1 s árboles. ilvia le miraba, absorta, 1S1- blemente e nmovida por esa convulsión in­terior que le parecía inexplicable. Los ojos azules del muchacho continuaban extravia­do , dirigiendo sus errátiles miradas don­dequiera. P r fin, lo fijó en ella otra vez. Quiso llamarla articular u nombre¡ Silvia! Silvia! como si ella hubi se huido, como . i fue ya lejos. Pero u oz ·e ahogó en un llozo invencible, y . u · pupila . e 11 naron de lágrima. ilvia, ent nce , e pu en pie, páli-da, conmovida por la cxplo ión de e ·e os­curo pe ar cuya amargura p rcibía en to­da su inten idad por último. ó! ¿ Por qué llora. ? -¡ Cálla, Tonio! Y no acertó tampoco á decir más, es­trangulada su voz por el contagio de la tri - tez a. Se quedaron silencio os, ella acaricián­dole el rostro y la cabeza con la mano, limpiándole las lágrimas, recogiéndolas en las yema delicadas de los dedos á medida que brotaban. El agua lenta en el remanso, parecía gemir también, ahogadamente, acariciando con suavidad la ribera silenciosa y el reba­ño de nenúfares dormidos. A veces, sobre las aguas, pasaba una rápida sombra. Gran­des pájaros, de alas cenicientas, atravesa­ban el aire, sobre el río, en direcciones oblícuas. .Silvia se estremeció un momento. V é- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. te allí, espérame, dijo con suavidad. Tengo frío, pero me vestiré en un instante y nos iremos para el puente ó para la casa juntos. El se desprendió de ella y dió un pa­so para irse, pero volvió aún á mirarla. En la expresión de su mirar había una especie de honda súplica, un grito-no me olvides! ¡no me dejes! imposible de articular en pa­labras. Silvia miró de nuevo al río. El sol des­tellaba sobre las aguas que seguían desli­zándose .soñolientas y henchidas con una especie de voluptuosidad serena. -Me voy? dijo Tonio, comprendien­do que ella vacilaba. -Espéra, contestó Silvia. Voy á ba­ñarme otra vez, un momento. -Pero míra, añadió luego: aquí,-y señaló bajo la sombra de los árboles,-es muy profundo. Para allá,-y rle ·ignó en sentido opuesto-es más bajito, pero hay piedras y me da miedo de caerme. Dáme la mano para pasar un pedacito. El entró al agua apre uradamente, lle­vándola con tiento, explorando el piso él mi mo é indicándole 1 camino palmo á palmo. e había levantado un viento fu rte, que agitaba los cab llos d la muchacha sobre ·us hombros y su e paldas, ciñ 'n­d los á vece , como un d gal rle seda en derred r del cu llo. En torno de ellos la onda· turbias se rizaban con una agitación e mo un estr mecimiento n rvioso y seco­r naban de e pum a . -Espéra, dijo ella con tem r, miran­do hacia la ribera que parecía ya lejos. Do pájaros e habían detenido s bre la rama de un árbol que avanzaba en el eno del río casi á flor de agua. Los dos cantaban, la eterna canción, inolvidable é invariable, de las parejas aladas; Tonio y Silvia e quedaron mirándolos y oy 'ndolos. El canto se prolongaba, in ·istía, dila­tando en el espacio sus vibraciones cris­talinas. Sobre la rama, los bellos cantores revoloteaban. e miraban de frente, silen­ciosos, un instante; acercaban los picos, me­nudos y brillantes, hasta tocarlo . Era el tiempo de los nidos. Tonio miró á u compañera ávidamen­te. El empuje de las aguas la hacía á ella oscilar, balancearse como una hermosa plan­ta de aquellas que elevaban su talle esbel­to y ágil en el seno de las aguas. El viento seguía sacudiendo sus cabellos, esparcién­dolos, agitándolos como un negro turbión 9 en redor de su cuello y de sus hombros y sobre sus brazos desnudos. -Silvia, te quiero mucho, con toda mi alma, exclamó él por último, apasiona­damente; y la cubrió de caricias atrayén­dola á sus brazos. Ella reía, abandonán.do­se, agitan do las aguas con los pies y deján­dose besar complacida en los labios y en los ojos. -No ves? decía-Yo también te quie­ro mucho y no me casaré sino contigo. ¿Qué importa que se rían? Tonto! .... ton-to!. ... llorar. ... un hombre .... tú!. .. . Insensibles ·habían ido avanzando, de­jándose llevar más y más lejos, atraídos por el esfuerzo de la corriente. Cuidado! dijo Tonio de pronto. Házte acá. No sigas, que allí fué donde se ahogó el hombre. Y quiso volverse teniéndola de la mano. Inconscien­temente habían cambiado de posición, que­dando ella con la espalda vuelta al río. En ese instante, al retroceder atray 'ndola, vió él un gesto rápido de terror sobre los ras­gos de ella y sintió que se hundía, que se iba, llevándoselo consigo. - Tonio! ténme! socórreme! grit' ella agarrándose de él violentamente. El e echó atrá , buscando bajo las ondas desespera­damente una piedra, cualquier cosa en que apoyar e para poder contenerla. Habían pasado la zona de las piedra y pisaban un banco de arenas movedizas y de fango, cu­yo borde había cedido. Tonio luch' aún por un in tante, intiendo que el . uel se hundía bajo us pie , agarrándose convul­. ivament de ella, como ella ·e agarraba de 'J. U na vez y otra sacaron las cabezas. espués, las aguas inmen as se e rraron so­bre ellos impasibles. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 1 ·' 1'1 1/ '• ,, 1 1 1 1¡ .. \1 ¡ 1 1 ' 1 1 IJ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. CARLOS E. RESTRE ­PO . CERA Y DIA ­MANTE . "- "- "- "- Rafael Giraldo y Viana nació en Ma­rinilla el 7 de Mayo de I 8 59 y murió en Bogotá el 24 de Abril de 1903. Entre estas dos fechas se encuadra una vida dulce, delicada; tanto, que el escritor teme profanarla al referirse á ella, como se teme empañar, si se toca, la brillantez y tersura de la seda blanca; pero al mismo tiempo se encuadra una vida fuerte, enér­gica, ...JUe desafía aun al hierro quemante de la calumnia. Giraldo y Viana tenía contex­tura de acero cubierta de armiño. Y entre esa contextura, un corazón formado de igual maravilloso modo: de ce­ra para el sentimiento, de diamante para la resistencia. De lo blando nacían con mansedum­bre la modestia, la humildad de su carácter; el amor desinter sado-un amor de virgen núbil, ardiente y candoro~o-á la familia, á la Patria, á la humanidad y, po~ sobre to­d o, á Dios. Aquella suavidad lo hizo poeta; de a llí e manan estro fa como e stas, in spiradas por la arti sta ra. T . L. de G. •E s á vec es tu voz blando murmullo de cris talina fuente, ó el arrullo de tímida torcaz ; e á veces, la múltiple arme . ; ,1 Que forma la grandio a sinfouía del anchuroso mar. E el s u urro d e la brisa 1.. · que blandamente resbai · ... . , mueve • las hoja del p..i mtar, ó cuando agita el bosque centenario. de la tranquila sol edad ~antuario, la voz d rl huracán. Mas .... silen cio: las hondas emocione · no puedo, y las dulcísimas fruicione , pintar del corazón cuando, sobre el teclado, ágil resbala tu blanca mano y tu garganta exhala temísima canción." Con lo diamantino del corazón resis­tía Giraldo y Viana-con serenidad de hé­roe y de mártir que recibió por atavismo­todo cuanto para su alma de hombre hon­rado y de cristiano, debía resistirse: la fuer­za de la sangre, las adversidades, la fasci- 11 nación de los abismos y el vértigo de las alturas. Era una voluntad, pero una voluntad sin contracciones: la ejercitaba con fácil sencillez, porque así debía ser, no impor­tándole- poco ni mucho-el efecto produ­cido. Siempre obró lo mismo, como en los dos 3.Ctos que abrieron y cerraron su carrera pública. Fue el primero cuando, ya casado, re­gentaba la e cuela primaria de San Pedr , después de 1876. El partid vencedor, ex­altado e n los recientes triunfos, y ávido de ensayar ideas nuevas, no quería que las escuelas fueran dirigidas por personas co­mo Giraldo y Viana, vencido y del credo añejo. Se le notificó que había opositores á la escuela, con título de Normal, que él no poseía; robó entonces muchas horas al sueño, en poco -tiempo se preparó con sufi­ciencia, se presentó á examen y obligó á sus contrarios á extenderle título de Maes­tro graduado. Volvió á la escuela y, ven­cedor en el ataque, se retiró prontamente. Fresco está el otro hecho: quiso un su­perior jerárquico obligarlo á que opinara como no opinaba; aquél se enardeció por­que lo supusieran susceptible de error; exi­gió la renuncia al inferir levantisco, y éste la hizo en términos tales que el renunciante fué aclamado al salir como ningún Gober­nante de Antioquia lo fué al entrar. A los pocos días el cadáver de Giraldo y Viana recibía del Gobierno Nacional los honores de General de División y de Gobernante inmaculado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Diez y seis años há, cuando Giralda y Viana era casi un adolescente, publiqué su m iniatura. Hombr e maduro á su muerte, merece que de él se d iga lo mismo. ¡Tan poco así lo afectaron las cosas y los hom­b res; el lodo del tiempo no empañó el can­dor de su a lma! Héla aquí: "El que entra predica su abolengo; es el hijo de un mártir. Figura curiosa es este Rafael Giraldo y Viana; t iene rostro de Cristo sin padecer; las mucltaclzas lo quieren Lien y se le arri­man, porque aunque es un buen mozo, no inspira tentaciones: es un armiño. Heredó de su padre las aficiones mi­litares, y tánto, que cuando ha querido li­brarse de una multa, dice que le tiene más miedo "Que al ruido estruendoroso del combate." Gusta imaginarse erguido entre nubes de balas y adormecido con el tronar de los cañones. Y se lo creo. Pues aunque es sentimental como él solo, se pli ga, d 'cil, al recuerd de u in­fancia, de su colegio y de su madre, y es afectuoso como una niña; su sentimentalis­mo no es de es romancesco ni neu rós ico que empalaga: cu corazón tiene fibra u­tile , delicadas, que e extremecen al me­nor contacto, per . on de acero bi en tem­plado; ¡vibran agitadas por las graneles en­saciones, pero con firmeza inqu e branta­ble." (El Casino l,itn·ario. I 887.) Ahora que ha muerto, su familia debe lamentarlo, y lo lamenta con el estrem c·i­miento de las ruinas domésticas totales. Gi­raldo y Viana la multiplicó sin contarla, encomendando á su fé robusta lo proble­mas de una prole numerosa; y á ésta, pura y gentil, 1~ trasmitió esa fé que ha de sal­varla del cataclismo en que fue abi mada. Colombia debe lamentarlo; en esta bancarrota de hombres y avería de volun­tades q u e atravesamos, menos vi ibles pero más.profundas que la bancarrota fiscal y la avería financiera, una voluntad y un hom ­bre como Giraldo y Viana hacen falta in­decible. Por él ¿debemos lamentar su muerte? E n los grandes nau fragios, cuando, ro­tos hélice y casco, estalladas las calderas, 12 la pérdida de todos los tripulantes es irre­mediable ¿serán de lamentarse los que mue­ren primero? Medellín, Junio de I 903. ENRIQUE W. FER ­NANDEZ. A RAFAEL GIRALDO Y VIANA. Te ta gallarda, olímpico emblante, Ojos ingenuos cual la luz del día, Boca viril en que el valor reía, Busto como el de Apolo, de lumbrante; Alma como el reflejo del diamante, Corazón como el oro y la ambrosía .... ¿ Y un sér a s r de tán ta y tál valía Se hunde y muere y se borra en un in tan te? ¡Oh no, jamá ! El ánimo maltrecho Gime y tiembla al mirar las sepulturas, Ese tu.rhión tan lóbrego y estrecho Que e traga v oraz, la vestiduras ; Pero el sér mora siempre en nuestro pecho Y titila sin fin en las altura . Bogotá, Abril 25 de 1903. ANGEL MARIA CASTEL L. PEREZ GALDOS Y LOS EPISODIOS NA CIONALES . Pérez aldós, el ilu tr m a e ·tr , e· l a p r o­nificación de la actividad y d e l trab a jo. En es te tiempo se le podría ver pas eando al g ún ra to por la tarde, p ro el pa~eo le ·irv para ir á correg ir pruebas ó dar instrucciones en la impr nta donde imprime sus obras en la Carrera de San Franci sco, ó para dar una vuelta por su casa editora! de la calle de Hortaleza. Viv e en una casa no muy lujo­sa del Pa eo de Arenero , y en ella trabaja muchas horas del día in recibir visita que forzosame nte le di traerían de :.,~1 estudio · y de sus trabajo . Por rarísima e ·ccpción, quiso recibirme un día de la emana p a ·ada. E1 , r las diez de la mañana, y el insigne :critor lleval, a dos h')ras de trabajo, según me ," : 1 criado .... cuando hicimos la pa-c s porqu • ímo ·. sin reñir el fiel servidor del maestro y ·o. : {e lo negó el criado, y ya estaba en la calle u: .. do salió tra. de mí llamándome. D . Benito hah ~ · 1.ntado la con · irrna en mi obsequio. Dio se l1. 11, ·•n e y el santo del día. El criado ha­bía cum~ h · ') ~u deber . N o cabía enojo de mi par­te. } ,i autor de los Episodios uacionales trabaja P n "'11 uarto de e tudio y dormitorio á la vez: una gran sal a sin drapería ni lujos pero con mucha luz, mucha ventilación y, en uma,' mucha hirriene. La cama á un lado · al otro la mesa, creo que de pintado pino, y sobre ella una cartera, un tintero , muchas cuartillas y un atril muy sencillo, sobre el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. que había colocado algunas de aquella ya termi­nadas · en diversas sillas, libros y periódicos en montón. Con tanta modestia vive el que por u ta­lento y con sus libros es uno ele lo escritores que má dinero ganan. Tenía entre manos Los duendes de la Camari­lla, el tercero de los Episodios de la cuarta serie. - Se publicará- me dijo-á mediados de Abril y comprende los años de 185o, 1851 y 1852 hasta el mes de Febrero, que es cuando el cura Merino atentó contra la vida de la Reina Isabel.. .. el 2 de Febrero de aquel año .... E muy interesan-te la historia de los suceso. relacionados con aquel regicidio. Este libro es de lo que me han costado má trabajo. La palabra camarilla que he pue to en el título obliga á mucho, y es preciso explicar todos sus misterios .... A este libro serruirá La re71olución de Julio, que es una relación de los uce os de 18 54 la su­blevación militar del Campo de Guardia· el ma­nifiesto de Manzanare el oriaen de la Unión li­beral .... A La re11olución de Julio seguirá O Donnell, la historia política de aquel caudillo que llegó á con - tituiru no de lo, gabinetes má. duraderos de la Espa­consti tucional. El s xto libro será Aita Tettauen ó sea La guerra de Africa. He adoptado el título en árabe, porque erá un r lato de aquella rosa y Versos es deliberada, hija del estudio y la reflexión, que le han mostrado donde está el gusto castizo de sus paisanos. Aho­ra bien, como Jo entiende el mismo señor Ospina, la obra del poeta popular es in­consciente, los cantos de él no nacen de la reflexión, son espontáneos y primitivos co­rno los gorjeos de las aves montañesas; ca­suales como le sonó la flauta á Epifanio Mejía cuando compuso el canto del antio­queño. • "" "" Hemos oído decir con insistencia que la publicación de El Recluta fue un fiasco. No lo estimamos nosotros así. La publica­ción de El Recluta fue un triunfo, el triun­fo de D. Tomás Carrasquilla sobre todos los que escribimos por acá. En ese libro se presentó un certamen que tuvo más efica­ces resultados que el Concurso de La iJ!Iis­celáuea [aquel en que ganaron medallas de honor D. Samuel Velásquez y D. José An­tonio Gaviria] porque al juzgar El Recluta, el jurado calificador fue el público, y en lu­gar de medalla hubo la consagración defi­nitiva de nuestro gran literato. Ante todo admiramos á Carrasquilla por su cuento A la plata. Por supuesto que ese cuento es poco antioqueño: aquí don­de el sentimiento de familia está tan arrai­gado, donde el hombre es altivo y pundo­norosn, la mujer honesta y recatada, el ca­so del cara tejo Langas y su hija, es muy raro, fenomenal. Pero A la plata es un cuento muy bonito! Tememos, eso sí, y esto nos amarga ~1 gusto, que en otras partes tomen el asun­to del cuento como ordinario en Antioquia. Dios nos perdone el elogio de la obra si se ha de dar á ella tan desusado alcance. Entre los escritores antioqueños hace excepción D. Tomás Carrasquilla en punto á moralidad. El libro El Rec:luta, que era jardín de inocentes flores montañesas, lo echó -á perder con su cuento A la plata (para lzombres solos). pues no se atrevieron los padres de familia á llevar á sus casas el precioso libro. Nosotros, como somos hom- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. MODAS. Señoras y amigas mías: Los directores de Lectura y Arte han tenido á bien elegirme para que presente á Uds. esta sección de su periódico, y yo lo hago gustosa en la creencia de que aceptaréis agradecidas este esfuerzo tan simpático y tan Íttil. Hoy no podré dar en materia de modas otra cosa que la copia de algunos figurines de los que vienen de Eu­ropa y Estados Unidos, figurines que por sí solos se explican y que no exigen para su confección otros conocimientos que los que feliz­mente poseen nuestras modistas. Otra vez, si aceptáis este comienzo con ei cariño con que se os ofrece, entraré á hacer algunas indica· ciones, que si van dirigidas en parte no pequeña á la s modista s , son quizá más indispensables á aquellas que las c.cupan. Hoy faltan es­pacio y tiempo para ello. Quedaría yo muy contenta si en cambio de mi esfuerzo en favor del periódico Lectm .. ay Arte, Uds. lo recibie­ran con la simpatía que yo siento por él, y aún agradecería muchísi· mo las indicaciones que me hicieran las amigas por medio de cartas enviadas á la Dirección. S. S . S. y amiga, FIGURINES . No. I · Blusa para señoras, de !wláll, muselina ó cualquier otro género lavable. N

Compartir este contenido

Lectura y Arte - N. 1

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

¡Disfruta más de la BDB!

Explora contenidos digitales de forma gratuita, crea tus propias colecciones, colabora y comparte con otros.

Afíliate

Selecciona las Colecciones en las que vas a añadir el contenido

Para consultar los contenidos añadidos busca la opción Tus colecciones en el menú principal o en Mi perfil.

Mis colecciones

Cargando colecciones

Compartir este contenido

Condorito - 15/12/23

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

¿Eliminar esta reseña?