Aquí los gatos no siempre maúllan, a veces caminan la ciudad, la observan y se enfrentan a sus tensiones. Recorre Bogotá desde uno de sus barrios más simbólicos para hablar de memoria, poder y vida.
Las historias locales se cuentan desde la calle, desde los recorridos diarios y desde los conflictos que atraviesan nuestra ciudad. En los años noventa, Bogotá era un lugar marcado por cambios políticos, tensiones sociales y preguntas urgentes sobre el país. La historieta ha sido una forma directa y potente de narrar ese contexto sin solemnidad, combinando imagen y relato para mirar de frente lo que pasaba alrededor.
Historieta, memoria y ciudad
Daniel Rabanal, en "Las aventuras de Gato: El triángulo de La Candelaria" construye un relato que se aleja de la aventura clásica para hablar, con sutileza, de problemas políticos y sociales del país. No se trata de un gato como animal, sino de un personaje que se mueve por La Candelaria; Gato es el nombre del protagonista quién recorre la ciudad mientras se convierte en parte activa de la historia.
A través del ritmo visual, el relato muestra un cambio en los lugares de poder, en los roles tradicionales y en la forma de representar la realidad colombiana de los noventa. La historieta no simplifica el contexto, pero tampoco abruma: propone una lectura atenta, crítica y cercana, donde lo local se vuelve una clave para entender el presente.